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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13904 ***
+
+JORGE OHNET
+
+UN ANTIGUO RENCOR
+
+TRADUCCIÓN
+
+DE
+
+F. SARMIENTO
+
+
+
+[JORGE OHNET]
+
+
+
+LIBRERÍA DE LA Vda DE CH. BOURET
+
+PARÍS 23, Rue Visconti, 23
+
+MÉXICO 14, Cinco de Mayo, 14
+
+
+1895
+
+Propiedad del editor.
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+CAPÍTULO
+
+
+ --I.--De cómo se puede odiar por haber querido demasiado
+
+ --II.--De cómo una casualidad vuelve á encender la guerra
+
+ --III.--Donde hacen traición los aliados con quienes se creía poder
+contar
+
+ --IV.--El ataque y la defensa
+
+ --V.--Donde la victoria se inclina del lado de la bondad
+
+ --VI.--Dominada por la maldad
+
+ --VII.--El rapto
+
+--VIII.--El secuestro
+
+ --IX.--El bloqueo
+
+ --X.--En el que se rompen las cadenas
+
+ --XI.--Que trata de un antiguo fuego oculto bajo la ceniza
+
+
+
+
+UN ANTIGUO RENCOR
+
+
+
+
+CAPÍTULO I
+
+DE CÓMO SE PUEDE ODIAR POR HABER QUERIDO DEMASIADO.
+
+
+Las campanas sonaban alegres en una atmósfera tibia y ligera; las
+golondrinas pasaban rápidas, en bandadas, arrojando sus agudos
+chillidos; el sol de junio derramaba sus rayos dorados á través de las
+ramas, y á lo largo del paseo de tilos que conduce desde la plaza de la
+iglesia hasta la quinta de la señorita Guichard, la boda caminaba
+lentamente sobre el césped.
+
+En el momento en que la comitiva, con los novios á la cabeza,
+desembocaba ante la verja completamente abierta, todos los curiosos de
+la aldea, agrupados cerca del pabellón del jardinero, prorrumpieron en
+tan descompasados gritos, y los petardos, prendidos por el cochero,
+estallaron con tal estrépito, que todos los pájaros que anidaban en el
+ramaje volaron espantados. El novio sacó del bolsillo todo el dinero que
+había preparado para las circunstancias y arrojó en círculo una lluvia
+de monedas de cincuenta céntimos sobre aquella horda de desgreñados, que
+se arrojó por el polvo con tal furor, que en un momento no se vió más
+que una mezcla confusa de calzones, brazos y piernas enredados.
+
+Después se deshizo el montón y con algunos pedazos de vestido de menos y
+algunos bultos en los ojos de más, todos los alborotadores se marcharon
+corriendo hacia la tienda de comestibles. La boda penetró en el jardín,
+siguió solemnemente la orilla de la pradera, subió la escalinata y entró
+en el salón completamente adornado con ramos blancos. Las señoras
+rodearon á la novia, oculta bajo un largo velo y la felicitaron con
+ardor. La señorita Guichard, apoyada en la chimenea, con el empaque de
+una reina, recibía los cumplimientos de la parte masculina de la
+reunión.
+
+Era la tal una mujer alta y delgada, de cara amarillenta á la que
+formaban cuadro unos cabellos de un negro azabache. Los ojos orgullosos,
+coronados de espesas cejas, estaban como incrustados en una frente
+estrecha y altanera. La boca era fina, sinuosa y como contraída con
+desagrado. La barbilla puntiaguda indicaba á su pesar tendencias
+autoritarias llevadas hasta la tiranía. En aquel momento hablaba con la
+señora Tournemine, mujer del alcalde de la Celle-Saint-Cloud, sin dejar
+de observar con el rabillo del ojo á los jóvenes desposados, que, poco á
+poco, se habían quedado solos en el hueco de una ventana.
+
+--Señorita, he aquí un día lleno de emociones para usted, dijo la
+alcaldesa. Verdaderamente el señor Mauricio Aubry es un joven encantador
+y que parece animado de las mejores disposiciones. Amará á usted tanto
+más cuanto mayor sea la dicha que va á proporcionarle su deliciosa mujer
+... y en vez de una sola afección, va usted á estar rodeada de una doble
+ternura por esa amable pareja que nunca la abandonará....
+
+--¡Jamás! exclamó con energía la señorita Guichard; el señor Aubry se ha
+comprometido á ello formalmente.
+
+--Sin duda, replicó con afectada dulzura la señora Tournemine; tiene
+unos sentimientos bastante buenos para pensar nunca por sí mismo en
+faltar á ese compromiso ... pero el tiempo trae frecuentemente
+modificaciones en los planes mejor formados.... Los caracteres se
+manifiestan libremente, las simpatías se debilitan, las ideas de
+independencia se abren paso.... Ciertamente, usted es una persona
+avisada y resuelta.... Usted sabe ver claro é imponer sus deseos....
+Pero, sin embargo, bueno es prever que el marido pueda ser mal
+aconsejado....
+
+Hacia un instante que la señorita Guichard estaba agitada y moviendo los
+pies como si quemase el suelo. Al oir las últimas palabras no pudo
+contenerse y exclamó en voz alta:
+
+--¡Mal aconsejado! ¡mal aconsejado! ¿Por quién?
+
+--Cálmese usted, querida señorita, dijo con aire asustado la alcaldesa.
+No tome usted en mal sentido mis palabras, inspiradas sólo en el interés
+que por usted tenemos mi marido y yo....
+
+--Su marido de usted ... interrumpió la fogosa solterona, ¿qué ha
+sabido? Dígame usted la verdad!
+
+--Pero si no sabe nada; supone solamente, como yo, que don Mauricio
+podrá, en un momento dado, ser impulsado por una influencia ...
+exterior....
+
+--¡Cuál! Diga usted todo su pensamiento....
+
+--¡Pero si eso sería tan natural, querida señorita!... El señor Roussel
+de Pontournant....
+
+--¡Oh! Ya se ha pronunciado ese nombre execrable, exclamó con amarga
+sonrisa la señorita Guichard; si, el señor Roussel, el tutor de
+Mauricio.
+
+--Y primo hermano de usted, insinuó la señora Tournemine.
+
+--Y mi más mortal enemigo, sí, señora. He aquí el peligro para mí....
+Pero lo he prevenido de antemano. El señor Mauricio Aubry está
+indispuesto con su tutor y la ausencia del señor Roussel en un día como
+este es buena prueba de lo que la digo. Sí; para entrar en mi casa, el
+marido de mi sobrina debía romper todos los lazos con el que me odia....
+Era preciso que escogiera entre él y nosotras y así lo ha hecho. ¿Podría
+haber dudado un solo instante?
+
+Al decir esto, la señorita Guichard señalaba á los recién casados que
+estaban de pie cerca de la ventana del jardín, muy cerca el uno del
+otro, sonrientes y radiantes, formando un precioso grupo. La joven se
+había quitado el velo y la corona y con el traje blanco cubierto de
+flores de azahar, rubia y sonrosada y los ojos animados por la alegría,
+era la imagen viva de la felicidad. Muy moreno, la barba en punta, el
+cabello cortado coronando una hermosa frente, viva la mirada, Mauricio
+había cogido la mano de Herminia y la hablaba con animación. ¿Qué decía?
+La señorita Guichard no podía oírlo. Pero la joven movía la cabeza con
+aire de duda y una cierta inquietud. Dió algunos pasos por la escalinata
+y lentamente, seguida por Mauricio, descendió al jardín. Una vez allí,
+seguros de estar á salvo de los indiscretos, reanudaron la conversación
+empezada en medio de sus invitados.
+
+--Era el único partido que podíamos tomar, dijo Mauricio.
+
+--Pero ¡qué peligroso! suspiró Herminia.
+
+--Si hubiéramos descubierto nuestros proyectos todo estaba perdido;
+¿podíamos entonces obrar de otro modo que como lo hemos hecho?
+
+--Es verdad. Pero, sin embargo, me oprime el corazón la idea de que
+engaño á la que me ha servido de madre.
+
+--Es por su misma tranquilidad.
+
+--¿Estás bien seguro?
+
+--Mi padrino está pronto á reconciliarse con ella.... Ayer mismo me lo
+repitió y lo hará por cariño hacia mí. ¿Puedes admitir que la señorita
+Guichard sea más intransigente y menos tierna?... Hay que contar con la
+primera impresión que producirá á tu tía la presencia del señor Roussel.
+Él está decidido á ofrecerle la mano y hasta á darle explicaciones, ¡y
+bien sabe Dios que no se las debe!... Si ante tanta condescendencia la
+señorita Guichard no se desarma, será preciso desesperar de todo. Yo
+estoy lleno de esperanza porque te adoro, y sin esa reconciliación no
+hay dicha posible para nosotros.
+
+--¡Ah! Mauricio, hemos sido muy atrevidos ocultando la verdad á mi tía
+...¡Acaso hubiera sido mejor decírselo todo!
+
+--¿Para que un cuarto de hora después me hubiera puesto en la puerta y
+me hubiera impedido volverte á ver?
+
+--Es posible que yo la hubiera enternecido con mis súplicas y mis
+lágrimas. Me quiere verdaderamente y hubiera dudado antes de causarme
+tanta pena....
+
+--Eso era dudoso, querida Herminia, mientras que ahora soy tu marido, me
+perteneces, tengo derechos sobre ti. Y si fueran puestos en duda....
+
+--Bien, ¿qué harías? preguntó la joven con encantadora sonrisa.
+
+--Tomaría una resolución violenta. Te llevaría, de aquí, y lejos de las
+luchas de familia, al abrigo de antiguos rencores, viviría para ti sola
+y trataría de hacerte olvidar con mi ternura las afecciones
+transitoriamente abandonadas....
+
+--Eso sería una ingratitud.
+
+--Eso sería habilidad. Ya verías como se establecía prontamente la
+inteligencia. El vacío que haríamos traería la reflexión y la reflexión
+produciría la reconciliación.... Créeme, querida Herminia, unidos somos
+muy fuertes.... Y si me dejas conducirte, si obras como yo te lo
+aconseje, tenemos segura la victoria.
+
+--Me hace mucha falta creerlo así....
+
+Estaban en este momento en una preciosa calle de frondosos árboles,
+lejos de todas las miradas. Mauricio rodeó con el brazo el talle de su
+joven esposa y la atrajo hacia sí. Herminia, ruborizada, bajó sus
+hermosos párpados y con un movimiento de gracioso abandono, apoyó la
+cabeza en el hombro de Mauricio.... Éste se inclinó hacia ella y
+dulcemente acarició con un beso la blanca frente y los cabellos de oro
+de la mujer amada.... Y con lentitud tomaron de nuevo el camino de la
+casa, donde, en el salón, abierto de par en par, la señorita Guichard
+seguía haciendo los honores, ignorando el peligro que le amenazaba.
+
+"Antiguo rencor" había dicho Mauricio hablando de los disentimientos que
+dividían hacía veinte años al señor Roussel y á la señorita Guichard.
+Hubiera podido añadir "rencor de amor", porque si la tía de Herminia
+odiaba tan ardientemente al tutor de Mauricio, era por haberle amado
+demasiado. Una pasión convertida en aborrecimiento y cuya levadura
+fermentaba siempre con violencia en el corazón de la solterona. Hacia
+el año 1867, el señor Guichard, soltero muy rico y cuyos herederos eran
+su sobrino, Fortunato Roussel y su sobrina Clementina Guichard, había
+acariciado el sueño de no dividir su fortuna y de casar á sus sobrinos.
+Esta alianza había sido fijada en una de las cláusulas de su testamento,
+y queriendo servirse del interés como agente de su voluntad, había
+desheredado al que se negase á casarse con su coheredero.
+
+Después de haber llorado al difunto lo que pedían las conveniencias,
+Fortunato y Clementina tuvieron una entrevista con el notario, el cual,
+al ilustrarles sobre las intenciones de su tío, les procuró una sorpresa
+que no era precisamente en los dos de la misma naturaleza. Mientras
+Clementina saltó de gozo, pues había sentido siempre resuelta
+inclinación por su primo, á quien se llamaba en su casa el bello
+Roussel, Fortunato torció el gesto, pues se sentía menos que
+medianamente predispuesto al matrimonio, por sus ideas generales acerca
+del santo lazo y mucho menos aún por su gusto particular hacia la
+señorita Guichard. Tan poco entusiasmo demostró, que su prima concibió
+un violento despecho, que se manifestó, no ciertamente con frialdades,
+sino con un aumento de amabilidad.
+
+Lo peor del caso fué que este modo de estar amable tenía en Clementina
+algo de molesto y de autoritario que crispaba los nervios de Fortunato.
+Parecía decirle: "Estoy condescendiente con usted, porque usted me
+pertenece. Mis bondades son una de las consecuencias de mi poder sobre
+usted. Le tengo á usted en mi gracia, como á mis perros, á mis loros ó á
+mis criados, si me acarician, me divierten y me sirven bien. Pero, ¡ay
+de usted, como de ellos, si no procura por todos los medios
+satisfacerme!" Y el diablo quiso, precisamente, que ese despotismo
+afectuoso fuese, entre todas las formas de ternura, la que más
+disgustase á Roussel, muy vivo, muy independiente, y absolutamente nada
+inclinado á dejarse dirigir, siquiera fuese por una mujer bonita. Porque
+Clementina, de edad de 23 años, era agradable, á pesar de un cierto aire
+masculino que se indicaba por la abundancia de sus cejas, la firmeza de
+su perfil, la dureza de su voz y ciertos movimientos bruscos que
+hubieran gustado en una cantinera. Con todo, tenía estatura elevada,
+buen aire, ojos magníficos, tez mate y admirable cabello negro.
+
+¿Cómo, con tales prendas, Clementina no tenía pretendientes y se
+disponía á la ingrata tarea de vestir imágenes? Fortunato daba la
+explicación en pocas palabras: "Produce cierta inquietud y malestar,
+decía; ¡le parece á uno que está haciendo la corte á un hombre!" Sin
+embargo, no por ambición de dinero, porque Roussel estaba al frente de
+un negocio muy lucrativo, sino por obedecer la última voluntad de su
+tío, Roussel no había rechazado la idea de casarse con Clementina y
+había resuelto intentarlo; lo que denotaba en él que era un buen
+muchacho, porque su prima no le gustaba y él tendía poderosamente á la
+libertad.
+
+Convinieron en verse para tratar de ponerse de acuerdo y todas las
+tardes iba Fortunato á tomar una taza de té en casa de Clementina. Ésta
+se hacía de almíbar para recibirle y ordinariamente, cuando ella le
+había instalado á un lado de la chimenea, Roussel se decía, mirándola á
+buena luz: Verdaderamente, no es fea. Y procuraba por su parte romper el
+hielo que se amontonaba entre ellos. Todo iba bien durante una hora,
+pero después la provisión de amabilidad de Clementina y las reservas de
+paciencia de Fortunato se agotaban poco á poco, y llegaban las
+contradicciones, las discusiones, las frases agrias, y el primo salía de
+la casa con precipitación, pensando: Dios mío; ¡qué desagradable es!
+Ella le veía huir con pena, suspiraba y se echaba en cara su humor
+batallador, porque se daba cuenta perfectamente de su defecto, y se
+prometía poner de su parte el día siguiente cuanto fuera preciso para no
+alterar la buena armonía, pero jamás lograba dominarse.
+
+Un asunto de conversación la preocupaba sobre todo y le abordaba con
+frecuencia, aunque fuese motivo para que su desacuerdo con Fortunato se
+acentuase con violencia. El abuelo de Roussel, general del primer
+imperio, había recibido de Napoleón primero el título de Barón después
+de la campaña de 1813, en la cual se había portado como un héroe. El
+barón Roussel había constituído un mayorazgo de diez mil francos de
+renta y añadido á su título el nombre de la tierra de Pontournant. Su
+hijo, que en tiempo de Luis Felipe se había dedicado á la industria,
+creyó oportuno llamarse sencillamente Roussel, y Fortunato, continuador
+de los negocios y partícipe de los escrúpulos de su padre, dejaba en el
+olvido su título nobiliario. Ni la más insignificante enseña de nobleza;
+ni el más pequeño _de_; nada de Pontournant; Roussel á secas; ¡el bello
+Roussel! y aun, para los íntimos, ¡Roussel el menor! Y él se reía de
+eso; ¡horror!
+
+Á Clementina ese olvido no le hacía gracia ninguna. El título de Barón,
+y ese nombre con rastrillo, con barbacana y con torres almenadas,
+Pontournant, le fascinaba por su aire de la edad media y hubiera
+querido llevarle. Ser baronesa de Pontournant con los ochenta mil
+francos de renta del tío Guichard, con más la fortuna de su primo y la
+suya; ¡qué sueño! ¡Y este Fortunato, poco complaciente, no quería que se
+le hablase de tal asunto! se burlaba de las veleidades aristocráticas de
+Clementina y no quería absolutamente proporcionarse el ridículo de
+convertirse en barón de Pontournant á los cuarenta años y siendo un
+notable comerciante, condecorado bajo el sencillo nombre de Roussel.
+
+Cuanto mayor era su repugnancia á satisfacer ese deseo de su futura, más
+grande se hacía el ardor con que ésta se empeñaba en imponérsele.
+Discutiendo el pro y el contra del escudo nobilario habían roto ya
+algunas lanzas y de esto vino todo el mal. Clementina, rechazada con
+ironía, se había batido prudentemente en retirada; pero una retirada no
+es una derrota para quien posee una voluntad decidida y nuestra heroína
+acechaba una ocasión de volver victoriosamente á la carga. Fortunato
+Roussel acababa de ser nombrado capitán de la Guardia Nacional de
+caballería, cuerpo aristocrático en el que procuraban servir entonces
+todos los elegantes de París. Al felicitarle por su nombramiento,
+Clementina dijo á su primo:
+
+--Ya estás enteramente metido en honores....
+
+Serás recibido por el Emperador en las Tullerías.... Te estoy viendo
+entrar en gran uniforme.... Estarás magnífico. Pero ¡cuánto mejor sería
+el efecto si al entrar te anunciasen: "¡El señor capitán barón de
+Pontournant!..."
+
+--¡Bah! dijo el novio. El capitán Roussel suena muy bien.
+
+--Sería de muy buen gusto volver á llevar el nombre de una ilustración
+del primer imperio....
+
+--Mi abuelo no pondría buena cara á un miembro de la caballería ligera
+de la burguesía parisiense....
+
+--Que podría entrar en la aristocracia tan fácilmente.
+
+--¡Bonita ventaja!
+
+--Un bonito nombre cuadra muy bien á un hombre arrogante.
+
+--Prima, ¡tú te propasas!
+
+--Pero, en fin, ¿á qué viene ese empeño de no llevar tu nombre?
+
+--Porque yo soy un hombre de negocios.
+
+--Déjalos.
+
+--Dios mío, ¿y en qué pasaré mi tiempo?
+
+--En ocuparte de mí.
+
+Á estas palabras siguió un largo silencio, como si Roussel hubiera
+estado midiendo todo el fastidio de semejante proposición y la señorita
+Guichard calculando toda su inverosimilitud. Por fin, Clementina
+reanudó la primera la conversación y dijo:
+
+--¿Por tan fútil motivo vas á causarme una pena seria?
+
+--Mi motivo no es más fútil que tu deseo.
+
+--¿Tan testarudo eres?
+
+--¿Y tú tan vanidosa?
+
+--¡Tan desgraciado serías por haberme hecho baronesa!
+
+--¿Y no es, acaso por serlo por lo que tanto deseas que nos casemos?
+
+Aquí se detuvieron, espantados del cambio de sus fisonomías: Fortunato,
+rojo como un gallo, estaba á dos dedos de la apoplejía y Clementina,
+devorada por la bilis, parecía amenazada de ictericia. Se encontraron
+mal y después de algunas palabras insignificantes, necesarias para
+atenuar la amargura de sus réplicas, se separaron muy descontentos y á
+mil leguas de una inteligencia. Roussel se fué á pie para calmar la
+efervescencia de su sangre y dando al diablo á su tío Guichard y á sus
+fantasías testamentarias.
+
+--¡Bonita idea la de quererme casar con esta soltera rabiosa! ¿Creería
+que por ochenta mil francos de renta iba á arriesgar la dicha de toda mi
+vida? Pardiez, no necesito su dinero ...¡Que lo guarde ella, puesto que
+el matrimonio es la condición _sine qua non_ de la herencia! Yo seré
+siempre bastante rico, con tal de estar libre y tranquilo ... ¡Si fuese
+marido de Clementina, gastaría todo el dinero del tío Guichard en
+consolarme de vivir á su lado ...¡Mal negocio!
+
+Una vez en su casa, durmió mal; tuvo pesadillas espantosas y se despertó
+decidido á permanecer soltero. Clementina, después de haber pasado una
+parte de la noche rabiando y llorando, acabó por calmarse y se levantó
+con el propósito decidido de ceder en todos los puntos para no alejar á
+Fortunato, sin perjuicio de reconquistar, una vez realizado el
+matrimonio, todas las posiciones abandonadas. Se sentó á su mesa y
+escribió á su primo la más amable de las esquelas invitándole á venir á
+pasar la tarde con ella. Apenas había salido la doncella para llevarla,
+llegó una carta de Roussel anunciando á Clementina que un negocio
+imprevisto le obligaba á ausentarse por algunos días. La señorita
+Guichard exhaló un suspiro, se propuso hacer pagar después á Fortunato
+las humillaciones que la dedicaba, y no pudiendo hacer cosa mejor que
+esperar, esperó.
+
+Al cabo de quince días, como no recibiese noticias de su prometido ni
+oyese hablar de él, perdió la paciencia y se decidió á informarse.
+Interrogada la portera de la casa, respondió que el señor Roussel
+estaba en París, del que no se había movido, y que acababa de entrar en
+su casa. Á Clementina se le subió la sangre á la cabeza; se vió burlada,
+desdeñada; el temor y la cólera la sublevaban al mismo tiempo.
+Prorrumpió en una exclamación que asustó á la portera y enseguida,
+tomando su partido en un segundo, se lanzó á la escalera, subió los dos
+pisos, llamó con violencia, y sin preguntar nada al criado, que la
+conoció y estaba estupefacto, entró como una avalancha en el gabinete de
+su primo.
+
+Fortunato, sentado en una gran butaca y con una excelente pipa en la
+boca, leía tranquilamente su correo de la tarde, cuando la puerta, al
+abrirse bruscamente, le hizo levantar la vista. Se levantó rápidamente
+al reconocer á Clementina, colocó la pipa sobre la chimenea, metió las
+cartas en el bolsillo y con voz un poco temblorosa, porque tenía la
+sospecha de haberse conducido sin galantería, dijo:
+
+--¡Calla! querida prima, ¿eres tú?
+
+Después de esta vulgaridad, permaneció cortado, mirando con embarazo á
+Clementina, que estaba pálida, verdosa, sofocada, con los ojos dorados
+por la hiel. Por fin pudo recobrar la respiración y temblando de cólera,
+dijo:
+
+--¿Con que me ha engañado usted, diciéndome que se ausentaba? Yo le
+creía de viaje y está usted en París....
+
+--He vuelto antes de lo que pensaba, balbuceó Fortunato.
+
+--No mienta usted; porque no ha salido de París.
+
+--Pero....
+
+--¡Oh! Ahora comprendo porqué no quiere usted llevar su título ... No
+vendría bien con su carácter....
+
+--¡Prima mía!...
+
+--Se ha portado usted conmigo como un patán.
+
+--¡Ah!
+
+--Si, ¡lo que ha hecho usted es una cobardía!
+
+Y excitándose con el ruido de sus propias palabras, animándose con sus
+mismas violencias y viendo á Roussel consternado, Clementina llegó al
+paroxismo del furor. Traspasando todo límite, perdió la cabeza y si su
+primo hubiera respondido en el mismo tono, hubiera sido capaz de
+pegarle. Pero él estaba tan pacífico como ella excitada. En vez de
+replicar, de defenderse, observaba á su adversario y se afirmaba en la
+resolución de no unirse con semejante furia. Y, sin embargo, si en ese
+instante Fortunato hubiese proferido una sola palabra afectuosa; si
+hubiera procurado hacer vibrar el corazón apasionado de la señorita
+Guichard, la hubiese hecho prorrumpir en sollozos, la hubiera obligado á
+pedir gracia y la hubiera permitido demostrar la verdadera ternura que
+sentía por él. Y acaso el uno y el otro hubieran sido felices, hasta tal
+punto arregla las cosas el amor. Pero Roussel no pronunció la palabra de
+afecto y Clementina, ahogada por la rabia y no encontrando ya más
+injurias que lanzar á la faz de su primo, arrojó un grito desgarrador y
+cayó en el sofá, víctima de un ataque nervioso.
+
+Fortunato, que era la bondad misma, se precipitó á su socorro y recibió
+algunos puntapiés y alguna que otra tarascada, pero no retrocedió y
+empezó á desabrochar á Clementina, que lanzaba débiles quejidos. Le mojó
+concienzudamente las sienes con agua de Colonia y le hizo aspirar un
+frasco de sales. Estando inclinado hacia su prima, abrió ésta los ojos,
+le reconoció, se levantó de un salto, le dirigió una mirada de
+indignación, se volvió á abrochar y de pie en el umbral de la puerta,
+dijo:
+
+--Conste que soy yo la que ha dado un paso de conciliación. Espero á
+usted á su vez esta tarde. Reflexione usted en las intenciones de
+nuestro tío Guichard y vea si le conviene sufrir las consecuencias de
+desobedecerle.
+
+Clementina había vuelto á ponerse dura y arisca y acabó de desagradar
+definitivamente á Fortunato, el cual, creyendo necesario quemar sus
+naves y cortarse por completo la retirada, dijo en tono muy dulce:
+
+--La consecuencia que tocaré, querida prima, será verte tomar mi parte
+en la herencia; tómala, pues: creo que no es un precio muy elevado para
+la libertad.
+
+Acababa de hacer oir á Clementina las palabras más crueles que pudiera
+esperar de él. Su cara se descompuso y levantando una mano trémula á la
+altura de la cabeza de Fortunato, respondió:
+
+--Está bien; usted se arrepentirá toda su vida de lo que acaba de
+contestarme. Desde hoy le considero á usted como mi más mortal enemigo.
+
+Esperaba, acaso, en un arrepentimiento causado por la inquietud; pero
+había escogido el peor de los medios para atraer á Roussel, que no
+replicó; hizo una inclinación de cabeza; abrió la puerta á su prima y
+cuando la vió en la escalera, volvió á entrar en su casa, encendió de
+nuevo la pipa y continuó la lectura del correo de la tarde.
+
+Sin embargo, no debía quedar tranquilo después de esta salida
+amenazadora y muy pronto pudo darse cuenta de que Clementina, fuera de
+su casa, era todavía más formidable. La señorita Guichard empezó una
+guerra sorda contra aquel á quien odiaba con todas las fuerzas de su
+amor engañado. Desde luego, como había que explicar el rompimiento á las
+personas de su intimidad y esta explicación, dada por Clementina, tenía
+que serle favorable y perjudicial, por tanto, para Roussel, la dulce
+prima dió á entender que había descubierto en su primo cierto vicio que
+le infundía temores por su tranquilidad en el porvenir. Y como se
+hubiesen manifestado dudas, no exentas de curiosidad, había declarado
+que la temperancia de Fortunato dejaba que desear. No hacía falta más
+para que se esparciese el rumor de que aquel perfecto caballero, que
+parecía tan sobrio y arreglado, bebía y volvía á su casa en situación de
+necesitar, para subir la escalera, la intervención de su criado y de su
+portero.
+
+Estos rumores llegaron á oídos de Roussel, que empezó por encolerizarse,
+pero después tomó el partido de reirse de ellos, contando con que la
+gente que le conociese no daría crédito á tan ridícula especie. Pero si
+la credulidad pública rechaza con fastidio lo que redunda en ventaja del
+prójimo, acepta con apresuramiento lo que viene en su perjuicio. Decid á
+cualquiera: "Parece que Fulano ha hecho una buena obra ó realizado una
+hermosa acción," y ese cualquiera os responderá con aire contrito:
+¡Puede!... Decidle, en cambio, que Fulano ha robado en el juego ó
+cometido estafas y exclamará en tono de triunfo "¡Ah; eso era de
+esperar!"
+
+En seis semanas, Roussel pasó por un borracho. Tenía hacía diez años una
+cocinera que le daba de comer á su gusto y Clementina se la llevó, á
+fuerza de dinero, y cuando sus amigos la felicitaban por su delicada
+cocina, ella respondía: "¿Qué quiere usted? No ha podido permanecer en
+casa de Roussel, porque no pagaba jamás sus gastos. Había veces que le
+tenía adelantados cuatro ó cinco mil francos, y cuando era absolutamente
+indispensable entregar dinero, gritaba hasta el punto de hacer necesaria
+la presencia del juez de paz. Entre nosotros, creo que los negocios de
+Fortunato van bastante mal."
+
+El primo de la señorita Guichard perdía clientes que habían oído decir
+que Roussel podía muy bien "faltar" cualquiera mañana. Para desmentir
+esos funestos rumores, no hizo, durante dos años, más que negociaciones
+al contado.
+
+Tenía en Montretout, enfrente del bosque de Bolonia, una casa de campo
+encantadora, en la que sostenía un maravilloso lujo de flores. Sus
+estufas estaban colocadas en condiciones tales que recibían el sol y la
+luz desde por la mañana, gracias á un gran solar, no edificado, que las
+separaba de las propiedades próximas. Ya Roussel había querido comprar
+ese terreno para plantar legumbres, pero el propietario no había
+accedido nunca á vendérsele. Por qué maniobras obtuvo éxito la señorita
+Guichard donde su primo había fracasado, nadie pudo saberlo; pero una
+mañana vió Fortunato unos contratistas y después una cuadrilla de
+albañiles que se instalaban en el solar y elevaban una tapia que le
+quitaba la luz. Fué preciso cambiar de sitio las estufas, que ya no
+produjeron frutos ni flores tan buenos como antes. En una palabra, en
+todo y por todo Clementina se ingenió para atormentar, molestar y vejar
+al que se había empeñado en permanecer soltero.
+
+Así como ella se mantuvo sin casarse, para consagrarse por completo á la
+guerra continua que hacía á Fortunato. Acaso conservaba en el fondo de
+su corazón un resto de sentimiento por ese monstruo, como ella le
+llamaba. Clementina hubiese podido casarse fácilmente; era muy rica, no
+muy madura y muy agradable para los que no temen á las mujeres del
+género granadero. Pero ninguna proposición la encontró bien dispuesta.
+¿Quién sabe si creía que á fuerza de malas partidas habría de traer á
+buenas á Roussel y tener la dicha triunfal de verle á sus plantas
+humillado, arrepentido y barón?
+
+Sin embargo, al cabo de algunos años debió renunciar á toda esperanza,
+porque su odio se hizo más concentrado y más mortal. Las calumnias
+esparcidas por ella contra su primo habían acabado por disiparse; porque
+la buena vida y las acciones claras son la mejor prueba de honradez que
+puede dar un hombre. Roussel consiguió dominar la dura corriente de
+malas voluntades desencadenada contra él. Hubo que reconocer, al
+principio, que había alguna exageración en los rumores esparcidos á su
+costa y llegó á resultar después evidente que eran falsos. No faltó
+quien quiso averiguar el origen de aquel envenenamiento social, pero la
+misma víctima se interpuso entre su verdugo y los curiosos. Por otra
+parte, acababa de ocurrir un hecho importante que llevaba á su
+existencia un elemento de interés que Fortunato no había jamás
+sospechado.
+
+Sin haberse casado, se convirtió en padre. Uno de sus amigos más
+queridos murió, dejando solo en el mundo á un niño de ocho años. Llamado
+á la cabecera del moribundo y como éste le rogara con el ardor de una
+profunda angustia paternal que uo abandonase á su hijo, Roussel, sin
+grandes frases ni actitudes dramáticas adquirió el compromiso de velar
+sobre el huérfano, al que apenas conocía. Á fin de darle la triste
+noticia, fué á verle al colegio y quedó conmovido ante aquel rubillo que
+lloraba á lágrima viva, solo, enteramente solo ya, y sin otro apoyo que
+el de un extraño.
+
+Las palabras afectuosas que Fortunato no había encontrado para
+Clementina, acudieron á sus labios para Mauricio. Al cabo de cinco
+minutos, el muchacho estaba sobre las rodillas del solterón y éste
+observaba que aquellos bracitos temblorosos que le estrechaban como á
+una postrera esperanza, eran la más sólida de las cadenas. Y como
+Mauricio no se calmaba, el buen Fortunato le llevó á su casa, le instaló
+en una habitación próxima á la suya, y por la noche, al oirle suspirar,
+se levantó para ver si estaba enfermo.
+
+El niño, dormido, lloraba en la cama, soñando sin duda con su padre.
+
+Gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y mojaban la almohada.
+Roussel, en camisa y con el candelero en la mano, se sintió presa de un
+súbito enternecimiento, y aun á riesgo de coger un resfriado, permaneció
+contemplando al huérfano.
+
+La luz, hiriendo los ojos de Mauricio, le despertó. Abrió éste un
+instante los párpados hinchados por el llanto y viendo inclinada sobre
+él una cara que expresaba bondad y ternura, murmuró en medio de su
+sueño: "¿Estás ahí, papá?..." Roussel se sintió conmovido hasta en los
+más íntimos repliegues del corazón é imprimiendo en la frente húmeda del
+niño un tierno beso, dijo en alta voz, como para tomar por testigo al
+muerto:
+
+--Sí, duerme, hijo mío: ¡tu padre está aquí!
+
+Mauricio no volvió al colegio. Fortunato había llegado á la edad en que
+el hombre siente placer en vivir dentro de su casa á condición de no
+estar en ella enteramente solo, y gracias á su hijo adoptivo, encontró
+el atractivo que podía conducirle al hogar y retenerle en él. Al niño
+debió, pues, la rectitud de su vida, la seriedad de sus pensamientos, la
+dignidad sonriente de su madurez. Demasiado inteligente para no darse
+cuenta de lo que así ganaba, agradeció á su pupilo haberle proporcionado
+la ocasión de emprender una vida arreglada y se prometió pagarle en
+felicidad la tranquilidad que por su causa gozaba.
+
+Y tomó en serio su papel de padre. Terminados sus negocios, se ocupaba
+de Mauricio. ¿Qué tal había trabajado? ¿Estaban contentos de él en el
+instituto? ¿Había estudiado sus lecciones? ¿Á qué había jugado en el
+recreo? Comía con el muchacho, que le daba conversación. Le veía
+acostarse y dejándole al cuidado de su antigua ama de gobierno, salía
+con el espíritu tranquilo, é iba al teatro ó á las sociedades, pero
+jamás se retiraba tarde, atraído por el recuerdo de aquel muchacho tan
+débil y que tan preferente lugar había tomado en la vida de su tutor.
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+DE CÓMO UNA CASUALIDAD VUELVE Á ENCENDER LA GUERRA.
+
+
+Cuando la señorita Guichard supo que Fortunato tenía un niño á su lado,
+su primer impulso fué esparcir el rumor de que sería algún pilluelo
+escapado de Mettray ó de la prisión de jóvenes que éste había recogido
+en la calle para jugarla una mala partida; pero, contra lo que ella
+esperaba, la historia no hizo fortuna. Todo el mundo había conocido al
+señor Aubry, el padre del huérfano, y la generosa intervención de
+Roussel fué bien juzgada. Su primo Bobard, astuto abogado, llegó á
+insinuar que el acto era hábil, porque, decidido á permanecer soltero,
+Roussel se proporcionaba un heredero como medio de desheredar á la
+señorita Guichard si moría antes que ella.
+
+Clementina no había prestado nunca atención al desagradable pensamiento
+de que si ella era heredera de su primo Fortunato, también éste debía
+heredarla, en su caso. En un momento, esa perspectiva abierta por Bobard
+la sublevó. ¡Cómo! ¡Algo de lo suyo podría ir á su enemigo! ¡Podría éste
+jactarse de haberse desembarazado de su odio al mismo tiempo que se
+apoderaba de su herencia! ¡Tendría la alegría salvaje de verla descender
+á la tumba de familia y de gozar después no sólo de la fortuna del tío
+Guichard, sino de la suya propia! ¡Nunca! Sus cabellos se erizaron de
+horror, y exclamó:
+
+--¡Ah! ¿Él tiene un hijo adoptivo? Pues bien, ¡yo también tendré otro!
+
+Bobard, que tenía un hijo en el colegio, insinuó en seguida á Clementina
+que podía encontrar en ese muchacho un hijo sólido, obediente y
+respetuoso, pero un varón no convenía á la señorita Guichard. El
+instinto de su sexo le hacía desear una niña. Hizo saber su deseo á un
+médico y le declaró resueltamente las condiciones que debía llenar la
+candidata; tener dos años al menos y tres cuando más; no tener madre ni
+padre, á fin de evitar toda reclamación; ser bonita, rubia, con ojos
+azules. En cuanto al carácter, ella se encargaría de formársele y sería
+bueno.
+
+Ocho días después la señorita Guichard recibía aviso de que una nodriza
+de Courbevoie tenía una niña que realizaba absolutamente el programa
+formulado. El padre y la madre habían muerto y como hacía un año que
+nadie pagaba las mensualidades, aquella mujer, muy pobre, se iba á ver
+precisada con gran sentimiento y después de haber tardado todo lo
+posible, á llevar la criatura á la Inclusa. La señorita Guichard subió
+inmediatamente al coche, se fué á Courbevoie, vió á la niña, que se
+llamaba Herminia, la encontró á su gusto, dió quinientos francos á la
+nodriza y se fué colmada de bendiciones y llevando triunfalmente á su
+heredera.
+
+En su condición de mujer soltera, le pareció inconveniente el ser
+llamada mamá y enseñó á Herminia á llamarla "mi tía." Pudo desde
+entonces desafiar á Roussel no sólo en el presente, sino también en el
+porvenir. La hija de la una valía por el hijo del otro. Pero, cosa
+singular, el corazón de Clementina no se fundió, como el de Fortunato,
+al calor de esta nueva afección. Amó á Herminia, no por la dicha de
+amar, sino porque le servía de aliada contra su enemigo. El encanto, la
+gracia, la inocencia de la niña no lograron apoderarse por completo de
+la señorita Guichard, que no fué verdaderamente sensible más que al útil
+apoyo que le proporcionaba aquella criatura, en su lucha contra
+Fortunato.
+
+No pudo desconocer, ciertamente, la dicha que entraba en su casa, que
+era, antes de la adopción de Herminia, como una jaula sin pájaro y que
+ahora llenaba la niña con sus risas, con sus cantos, con su alegría.
+Pero Clementina era menos accesible á estos goces deliciosos que á la
+áspera satisfacción de pensar veinte veces al día: "He perjudicado á
+Roussel."
+
+Educó á Herminia con perfección pero severamente. La cuidó con el celo
+de un artillero por su cañón. Cuando la niña estuvo enferma, la señorita
+Guichard experimentó vivas inquietudes, llamó al mejor médico y hasta
+pasó en vela algunas noches; pero jamás experimentó ese ardor espiritual
+que templa la atmósfera en torno de un niño y le hace vivir en medio de
+la mayor seguridad, en la evolución de un tranquilo desarrollo. Jamás su
+corazón de mujer tuvo los pequeños refinamientos de afecto, las
+delicadas atenciones que Roussel prodigaba á Mauricio.
+
+Se hizo amar por su hija adoptiva, pero se hizo más respetar. El nombre
+de "tía" convenía por su frialdad á las relaciones afectuosas que
+Herminia tenía con la señorita Guichard: llamarla mamá hubiera sido
+imposible, porque en realidad era tratada como una sobrina.
+
+Durante quince años la vida no ofreció graves incidentes. El rencor de
+Clementina no estaba extinguido, sino en ese estado de incubación
+semejante al de los volcanes que no revelan su actividad interior más
+que por los tenues hilos de humo que se escapan por sus costados. Ni
+Roussel ni la señorita Guichard habían hablado de sus disentimientos á
+Mauricio y á Herminia, obedeciendo al miedo de sembrar el odio en
+aquellos sencillos espíritus.
+
+Los dos muchachos crecieron y entraron en la edad juvenil. Mauricio,
+después de terminar sus estudios, había manifestado una afición muy
+marcada por la pintura. Como estaba llamado á ser rico, pues el capital
+de su padre, cuidadosamente administrado, producía treinta mil francos
+de renta y Mauricio le había asegurado una considerable fortuna por una
+donación _inter vivos_, poseía todos los medios necesarios para realizar
+sus aspiraciones artísticas. Roussel, siempre práctico, no se contentó
+con que su hijo fuese un simple aficionado.
+
+--Todo lo que se hace, le decía, es preciso hacerlo con perfección.
+Deseas pintar, no me opongo; pero te exijo que trabajes como si tuvieras
+necesidad de tu paleta para vivir. Vas á entrar en la escuela de Bellas
+Artes; te recomendaré á Baudry, que es amigo mío, y á Meissonier, á
+quien conocí en la Guardia nacional. Si quieres hacer grandes cuadros á
+la manera de los grandes maestros italianos del Renacimiento, el primero
+te será útil; si prefieres dedicarte al arte minucioso de los Flamencos,
+el segundo te dará consejos; pero, cualquiera que sea tu elección,
+conviene que te apliques á ella con todas tus fuerzas.
+
+Mauricio adquirió ese compromiso y le cumplió. Á los veintitrés años
+obtuvo el segundo premio y por una rara delicadeza, no quiso concurrir
+al año siguiente, aunque estaba casi seguro de la victoria. Para
+explicarlo, dió á su tutor razones que le conmovieron vivamente:
+
+--Tengo tres concurrentes enteramente pobres y pueden desesperarse por
+un fracaso. Cualquiera de ellos que obtenga el primer premio tiene su
+carrera asegurada. ¿Voy yo, que soy rico, gracias á mi padre y á usted,
+á servir de obstáculo á ese porvenir que puede ser tan fecundo y tan
+dichoso? Puedo hacerlo, materialmente, pero moralmente no tengo ese
+derecho. Mi segundo premio me da bastante distinción; soy conocido y
+apreciado. ¿He llegado al fin que usted me había mandado alcanzar?
+¿Exige usted que haga más?
+
+--No, dijo Roussel abrazando á su hijo; eres un buen muchacho.
+
+El año siguiente, Mauricio expuso su gran cuadro "La orgía en Caprera",
+que hizo profunda sensación, y el retrato de su tutor; y obtuvo una
+tercera medalla.
+
+La señorita Guichard supo por los periódicos el éxito del pupilo de
+Fortunato y quiso ir á la exposición de pinturas. Fué sola temiendo
+venderse y que Herminia conociese su ira. Buscó la sala A., donde, en
+medio de los cien lienzos colgados en la pared, se destacaba una figura,
+como una aparición fantástica, apoderándose de sus miradas y ejerciendo
+sobre ella como una especie de atracción hipnótica: Roussel, de un
+parecido inverosímil, fresco, sonrosado, con sus cabellos blancos,
+satisfecho, pacífico. Se salía, literalmente, del cuadro y Clementina
+creyó que se dirigía hacia ella desafiándola con su mirada dichosa, y
+con su boca sonriente; injuriándola con su insolente alegría. La
+señorita Guichard avanzó hacia él atrevida, amenazadora y llegada ante
+el lienzo, con la cabeza trastornada por la cólera, los labios apretados
+para no estallar en injurias, levantó su sombrilla con actitud furiosa é
+iba á golpear á su enemigo cuando una mano la detuvo, al mismo tiempo
+que una voz decía:
+
+--Pero, señora, ¿qué hace usted?
+
+Volvió en sí y se encontró al lado de un guarda de la exposición que la
+miraba con asombro y refunfuñaba. Clementina balbuceó:
+
+--Hace mucho calor aquí.... He tenido un momento de turbación....
+
+Y fuera de sí, no pudiendo permanecer ante aquel retrato sin ceder al
+deseo de rasgar la tela, huyó, mientras el empleado decía severamente:
+
+--¡No se debía dejar entrar aquí á las locas!
+
+La señorita Guichard volvió á su casa confesándose que Roussel poseía
+sobre ella una marcada superioridad y que jamás Herminia tendría ni un
+gran talento para pintar, ni gran voz para hacer sensación como
+cantante, ni buen arte como pianista para rivalizar con los Poloneses.
+Dijo cosas desagradables á su sobrina, que no comprendía nada de todo
+aquello, y se acostó preguntándose qué mala partida podría jugar á
+Fortunato.
+
+La casualidad, ese cómplice de los que nada pueden, se encargó de
+proporcionarle un terrible desquite. Se había instalado en la
+Celle-Saint-Cloud, como todos los años, para pasar el verano, y en sus
+paseos por el bosque de Saint-Cucufa, veía en la eminencia de Montretout
+la casa de su primo. Con mucha frecuencia pensaba: "Si tuviera á mi
+disposición durante un día uno de los grandes cañones del Mont-Valerien,
+¡cómo aniquilaría la casucha de ese miserable! Sería asunto de algunos
+cañonazos bien dirigidos."
+
+Pero el Estado francés no presta sus cañones á los particulares, aunque
+sea para bombardearse en familia, y Clementina tuvo que resignarse á ver
+la casa maldita que se levantaba á lo lejos, punto blanco en el
+horizonte verdoso de los bosques. Fuera de esto, vivía tranquila en
+aquel país encantador gozando de un bonito jardín y de sus hermosas
+flores. Herminia especialmente, era dichosa en la Celle-Saint-Cloud.
+Amaba la tranquila libertad del campo y pasaba los días bajo un
+emparrado adornado con guirnaldas de madreselvas, cultivando la amistad
+de los jilgueros que venían á cantar para ella, revoloteaban al alcance
+de su mano y comían miguitas de su merienda. De vez en cuando, vibraba
+una voz fuerte que decía: ¡Herminia!, y los pajarillos volaban
+espantados hacia el espeso follaje, la arena rechinaba bajo el peso de
+un pie varonil y aparecía la señorita Guichard con su labor, se sentaba
+cerca de su sobrina, bajo la sombra embalsamada, y se ponía á trabajar,
+manejando las agujas de su malla como si fueran espadas y atravesando la
+lana á grandes pinchazos, como si se hubiera tratado del pecho del
+aborrecido Roussel. La joven se ingeniaba entonces para agradar á la
+terrible solterona, la hablaba con amabilidad y trataba de arrancar una
+sonrisa á sus labios severos y una caricia á sus manos nerviosas.
+
+Una tarde de julio, estaban juntas en aquel sitio, cuando oyeron sonar
+en la plaza risas estrepitosas, acompañadas de piafar de caballos. Eran
+unos empleados de comercio y algunas jóvenes, que montados en caballos
+de alquiler, se dirigían á Ville-d'Avray para ir después á París. El
+jardinero de la señorita Guichard, ocupado en rastrillar un terraplén
+que caía sobre el bosque á lo largo de una calleja, miraba por encima de
+la tapia la partida de la bulliciosa cabalgata, que había salido al
+galope y no podía contener los caballos, estimulados por un pienso
+extraordinario. De repente, el buen hombre lanzó un grito, levantó los
+brazos al aire y dejando caer de golpe el rastrillo, dijo con voz
+alterada:
+
+--¡Ah Dios mío! ¡Acaban de atropellar á un hombre!...
+
+La señorita Guichard y el jardinero llegaron al mismo tiempo á la puerta
+del jardín. La cabalgata se alejaba más de prisa de lo que hubiera
+deseado, entre una nube de polvo, y sobre las piedras del camino se
+encontraba caído un joven, sin conocimiento y con la frente
+ensangrentada y el bastón, roto en dos pedazos, cerca de él. Clementina
+tenía un genio resuelto, probado en muchas circunstancias. Con voz
+vibrante llamó á su cochero, que estaba á alguna distancia, y dijo
+dirigiéndose al jardinero:
+
+--Hay que llevar este desgraciado al pueblo....
+
+--¡Oh! tía mía, exclamó con angustia Herminia, ¿estará muerto?
+
+--¡Muerto! Bah ... no se muere así como así. Está desvanecido.... Un
+poco de agua en la cara ... vinagre en la nariz y esto no será nada....
+
+El jardinero y el cochero cogieron al joven el uno por los pies y el
+otro por los hombros, se le llevaron y le extendieron sobre unos
+almohadones, en la cochera, sin que recobrase el conocimiento. El
+cochero le lavó la cara para quitar la sangre que le desfiguraba y le
+puso bajo la nariz el vinagre que le servía para los caballos, pero nada
+de esto sirvió. Pálido, los labios contraídos, los ojos cerrados, el
+desconocido permanecía inerte y la señorita Guichard tuvo miedo.
+
+--¡Oh! Oh! ¿Acaso será esto más serio de lo que había pensado? Será
+preciso llevarle á la alcaldía.
+
+--¡Oh, tía mía!, suplicó Herminia; ¿dónde puede estar mejor cuidado que
+en nuestra casa?
+
+--¡Es verdad!, contestó con convicción la señorita Guichard. En todo
+caso, habrá que llamar un médico....
+
+--Señorita, el doctor Fortier ha vuelto á su casa hace una media
+hora.... Le he visto pasar en su coche por el camino....
+
+--Vaya usted á buscarle.
+
+--Algunos minutos después, el médico de la Celle-Saint-Cloud, el
+excelente doctor Fortier, llegaba á toda prisa.
+
+--¿Qué pasa, señoras? preguntó; ¡se mata á las gentes en la puerta de
+esta casa! ¡Oh! ¡Oh!... Vamos á ver qué razones puede tener este mozo
+para no responder á tan excelentes cuidados ...¡He! diablo! Ha recibido
+un revolcón tremendo ... y tiene ... sí, tiene el hombro izquierdo
+dislocado....
+
+--¡Dislocado! exclamó la señorita Guichard; ¡pero eso es espantoso! Eso
+es....
+
+--Casi nada; una bagatela, interrumpió el doctor.... Vamos á ponerle
+esto en su sitio inmediatamente.... Tiene una contusión en la cabeza....
+Parece que le han atropellado unos caballos, según me ha dicho el
+jardinero.... Sin duda la herida de la frente ha sido causada por una
+herradura.... El pulso es bueno ... la respiración, regular.... Si
+ustedes quieren darme media docena de toallas le arreglaré este hombro,
+con la ayuda de estos dos buenos muchachos....
+
+--Herminia, corre al ropero....
+
+Herminia, como una sílfide, estaba ya en la escalinata.
+
+--Es un hombre distinguido, dijo el doctor; su porte es cuidado y tiene
+una buena fisonomía.... Algún excursionista á quien han atropellado esos
+locos.... El alquilador de caballos de Ville-d'Avray me vale
+ciertamente, un año con otro, diez brazos rotos y costillas
+fracturadas.... ¡Ah! Aquí están las toallas.... Señoras, la operación
+que voy á practicar no es nada peligrosa, pero sí penosa hasta más no
+poder.... Agradecería á ustedes mucho que por algunos minutos me dejasen
+solo con el herido y mis ayudantes.
+
+--Pero ¿qué va usted á hacer?
+
+--Amarrar el herido á la pared, engancharnos en su brazo y tirar hasta
+que el hombro vuelva á su sitio.... Es doloroso y, sin embargo, muy
+sencillo....
+
+El doctor las empujó hacia el patio. Cuando se encontraron solas, oyeron
+ruido de pisadas detrás de la puerta de la cochera, después órdenes
+dadas en voz breve y por último ese grito casi inarticulado que lanzan
+los marineros cuando tiran del cabrestante. De repente se oyó un quejido
+desgarrador; un clamor de tortura que aterró á las dos mujeres, y casi
+en seguida se abrió la puerta y apareció el doctor, enjugándose la
+frente y diciendo:
+
+--¡Esto se acabó!
+
+El herido yacía sobre los almohadones, más pálido que antes y todavía
+inanimado.
+
+--¿Es él quien ha gritado? preguntó la señorita Guichard.
+
+--Sí, el dolor le ha despertado, pero se ha desmayado otra vez....
+
+--¿Y qué vamos á hacer?
+
+--Yo no creo prudente trasladarle por el momento. ¿No podría usted darle
+hospitalidad por veinticuatro horas?
+
+--Y bien, elijan ustedes una habitación adecuada ... y que sea á
+propósito.
+
+--La que habita el primo Bobart cuando viene, podíamos darle....
+
+--Sea por el cuarto del primo Bobart.... Así la humanidad será respetada
+y las conveniencias satisfechas.
+
+--Herminia, sábanas....
+
+--La joven volvió á desaparecer, como si hubiera tenido alas. La
+señorita Guichard, un poco inquieta, decía al médico:
+
+--Y diga usted doctor, ¿no tendremos enfermedad para tres meses?
+
+--Mañana estará en pie ó, poniéndonos en lo peor, en estado de ser
+conducido á su casa....
+
+--Entonces, todo va bien.
+
+Se subió al herido durante este tiempo y la joven volvió cargada de
+fundas de almohada, sábanas, mantas....
+
+--Sería preciso tratar de averiguar con quién nos las habemos, sin
+embargo, dijo la señorita Guichard, con un resto de desconfianza;
+porque, al fin, le hemos recogido en medio del camino y acaso es un
+vagabundo.
+
+--No tiene absolutamente trazas de eso, dijo Herminia.
+
+--¡Vea usted esto!, dijo Clementina riendo; presumes, á lo que parece,
+de tener buen golpe de vista!... ¡Hele aquí garantido por Herminia; no
+hay más que hablar!
+
+--¡Oh! tía mía, usted se burla y eso no es caritativo.
+
+--Bueno; tampoco yo quiero mal á tu protegido. Vamos á cuidarle.
+
+Subieron, precedidas por el doctor, una escalerilla y en un bonito
+cuarto, tapizado de tela persa, encontraron al herido confortablemente
+acostado en un mullido lecho, en el fondo de una alcoba. El médico le
+reconoció de nuevo, puso una receta y anunció que volvería á primera
+hora de la noche. Las dos mujeres quedaron solas cerca de su huésped,
+un poco inquietas, á pesar de los buenos presagios del médico, por
+aquella prolongada inmovilidad. Le miraban en silencio y el interés que
+les inspiraba su estado resultaba aumentado por una singular simpatía
+causada por la dulzura de su cara. Tenía verdaderamente una fisonomía
+atrayente y aun estando pálido, con los ojos cerrados y la frente
+cubierta con una compresa, resultaba sumamente agradable. Herminia, que
+iba y venía por la habitación, encontró sobre una silla, en desorden, la
+ropa del desconocido. Creyó que debía arreglarla y estaba haciéndolo
+cuando cayó una carta de uno de los bolsillos.
+
+--Dame ese papel, dijo la señorita Guichard; en él encontraremos acaso
+alguna indicación acerca del nombre y la condición social de este
+joven....
+
+Herminia entregó dócilmente la carta y no bien su tía hubo echado sobre
+ella una mirada, palideció, y con una emoción inexplicable exclamó:
+
+--¡Es su letra!
+
+Buscó febrilmente la firma y llena de horror descubrió estos dos nombres
+execrados: _Fortunato Roussel_.
+
+Herminia, asombrada, permanecía en pie delante de su tía sin comprender
+sus acciones ni sus palabras. Por fin se arriesgó á preguntar:
+
+--¿Usted sabe, pues, tía mía, quién es este joven?
+
+--¡Es él, es él! exclamó Clementina con ímpetu.
+
+Después, mirando á su sobrina y viéndola llena de curiosidad dijo
+severamente:
+
+--¿Por qué te ocupas en lo que no te concierne? Vuélvete á nuestras
+habitaciones, tu sitio no es este.
+
+Herminia, extrañada por este repentino cambio, dirigió una última mirada
+al enfermo y abriendo la puerta, salió de la habitación.
+
+En cuanto se vió sola, la señorita Guichard se apoderó de la _jaquette_
+de su huésped, la registró con mano febril, descubrió una cartera, la
+abrió y tomando una tarjeta, leyó: _Mauricio Aubry_. Dejó la cartera
+sobre la chimenea y sombría, con la carta en la mano, se sentó,
+reflexionando profundamente en el concurso singular de circunstancias
+que conducía bajo su techo al hijo del que ella odiaba implacablemente.
+Poco á poco su vista cayó sobre la hoja de papel cubierta con la letra
+aborrecida y leyó maquinalmente:
+
+"Querido hijo mío; mi viaje empieza bien. Los créditos que he venido á
+realizar...." Aquí Clementina saltó algunos renglones pues los negocios
+de Roussel le parecieron insignificantes.... "No estaré de vuelta antes
+de tres semanas y Dios sabe si voy á echarte de menos durante ese
+tiempo, ingrato, por no haber querido acompañarme.... Afirmas que
+Inglaterra no es un país artístico.... Si vieras qué interesantes son
+estos centros manufactureros de Manchester y Birmingham ... en ellos se
+toma el pulso de la actividad de un país...." ¡Espíritu prosaico y
+mercantil! murmuró Clementina.... "La Escocia es una maravilla.... He de
+traerte aquí y verás hasta qué punto eran erróneas tus ideas. Cuídate
+bien, porque sabes que no tengo más que á ti en el mundo y que si tú me
+faltases, todo habría acabado para tu viejo amigo...."
+
+La carta se deslizó de los dedos de Clementina y cayó sobre la alfombra.
+Aquella mujer reflexionaba. Los veinte años que acababan de transcurrir
+acudían á su memoria llenos de malos procederes, de acciones pérfidas,
+imaginadas por ella para atormentar á Roussel, y ante la afección, tan
+sencillamente expresada, que éste experimentaba por aquel joven, la
+solterona comprendía porqué sus venganzas habían resultado infructuosas
+y que si sus artimañas no habían producido efecto, era porque el corazón
+de su enemigo no ofrecía más que un punto vulnerable. No habiendo
+asestado sus tiros contra ese punto, no le había herido jamás
+seriamente.
+
+Y este niño, que lo era todo para su enemigo, según él mismo declaraba,
+estaba allí, á su disposición.... Adoptó una actitud terrible ante el
+lecho, como si quisiera aniquilar aquellos rehenes que la casualidad le
+había entregado, pero se contuvo. Mauricio acababa de arrojar un
+profundo suspiro y había abierto los ojos. Paseó enderredor una mirada
+turbada, se incorporó sobre el codo derecho y dijo con voz débil:
+
+--¡Ah! es usted, señora, la que me ha recogido, cuidado, salvado....
+
+--Usted no ha estado en peligro..., interrumpió secamente Clementina,
+como si no quisiera haber contraído tales méritos respecto del hijo de
+su enemigo.
+
+--¡No importa! Estoy sumamente agradecido....
+
+La solterona hizo un gesto que significaba: "Como usted guste", ó "No
+hay de qué," y dijo:
+
+--Voy á hacer venir una persona para que le cuide.
+
+Se despidió con una brusca inclinación de cabeza y salió.
+
+Por la noche, el doctor Fortier encontró á su enfermo mucho mejor y le
+ordenó una sopa y un ala de pollo. La señorita Guichard envió á su
+huésped todo lo necesario, pero no pareció por su habitación. Al día
+siguiente, á las diez de la mañana, el médico dió de alta á Mauricio y
+éste, ya vestido y ofreciendo el aspecto de un bello mozo, solicitó en
+vano el favor de dar las gracias á la dueña de la casa. Dejó una carta,
+en la que prometía volver, subió en un coche y se dirigió á Montretout.
+
+Si Clementina se había negado á recibir á Mauricio, Herminia había
+presenciado su partida, á través de las transparentes cortinillas de su
+ventana, y su aturdimiento había crecido al ver que su tía no quería
+despedirse del que tan caritativamente había cuidado. Había en esto un
+enigma para ella y en vano se esforzaba en buscar la solución.
+
+Después que el enfermo hubo partido pareció que Clementina respiraba más
+libremente. Salió de su habitación, en la que se había encerrado, y bajó
+al jardín, pero permaneció turbada. Un pensamiento importuno atormentaba
+á su espíritu y á veces, Herminia, que no la perdía de vista, con la
+industriosa paciencia de las gatas y de las mujeres, la sorprendía
+hablando sola. Pero si no comprendía las palabras incoherentes que la
+preocupación arrancaba á su tía, veía, sin embargo, que eran de
+violencia y de odio.
+
+¡Odio, rencor! ¡Cómo su bienhechora, que era para ella el ideal de la
+generosidad y de la bondad, podía abrigar semejantes sentimientos! ¿Y
+por qué prodigio aquel joven desconocido los despertaba en su corazón?
+Porque, no habla duda, era la lectura de aquella carta, cuyo autor era
+conocido por su tía, puesto que había exclamado: "Es su letra," lo que
+había producido semejante desencadenamiento de pasiones.
+
+En esto pensaba la pobre Herminia mientras la señorita Guichard, incapaz
+de dominar su agitación, se paseaba por el salón, con las manos en la
+espalda y el cuerpo inclinado, en una postura meditabunda, digna de
+Napoleón. Una tempestad formidable se formaba desde la víspera en su
+cerebro. Había pasado toda la noche sin dormir, rumiando proyectos
+espantosos de venganza. ¿Por qué? ¿Qué nueva afrenta había sufrido?
+¿Cómo explicar tanta exasperación? ¿Qué razón había para tanta
+animosidad contra aquel muchacho á quien nunca había visto y á quien
+execraba tanto como al otro, al horrible, al infame Roussel?
+
+Una sola frase de la carta leída había hecho este monstruoso milagro:
+"tú lo eres todo para mí." Esas seis palabras habían valido á Mauricio
+el odio de la señorita Guichard. Puesto que era tan querido de
+Fortunato, debía ser, en proporción, odioso á Clementina. Pensó un
+instante en recibirle cuando él pedía despedirse, para darse el gusto
+de ponerle en la puerta diciéndole lo que pensaba de su padre adoptivo,
+pero después pensó que era más digno sustraerse á su agradecimiento y
+responder á su urbanidad con un silencio desdeñoso. Ella también le vió
+partir oculta detrás de una cortina y no pudo evitar el encontrarle
+elegante, sencillo y agraciado. Tan pronto como hubo salido, tiró
+violentamente de la campanilla para llamar al cochero y al jardinero.
+Interrogados, los dos servidores no escasearon los elogios.
+
+--¡Ah! ¡Es un bello joven!
+
+--Nos ha dado las gracias como si le hubiésemos salvado la vida.
+
+--Y estaba muy contrariado por no ver á la señorita.
+
+--Nos ha encargado mucho que dijésemos á la señorita que estaba muy
+agradecido....
+
+--Y después, no habrá partido sin gratificaros, dijo Clementina, deseosa
+de coger á Mauricio en flagrante delito de tacañería. Supongo que os
+habrá dado una moneda á cada uno....
+
+--¡Una moneda! dijo el cochero; nos ha puesto buenamente un billete de
+cien francos en la mano y nos la ha apretado al mismo tiempo!
+
+La señorita Guichard se mordió los labios y dijo á sus gentes con voz
+ruda:
+
+--¡Está bien! Salid.
+
+Después añadió con acento de desprecio.
+
+--¡Estrechar la mano á mis criados! tiene los gustos bajos de su padre.
+
+Esta conclusión la satisfizo, aunque no fuera justa, y Clementina volvió
+á entregarse á sus ocupaciones habituales. Á los tres días y á eso de
+las tres de la tarde, estaba Herminia trabajando bajo el emparrado,
+cuando la hizo estremecerse una campanada que sonó en la verja. El
+jardinero abrió y la puerta dió paso á Mauricio Aubry. Llevaba el brazo
+izquierdo en cabestrillo y su cara estaba todavía pálida. Esperando que
+vinieran á decirle si iba á ser recibido, se acercó maquinalmente al
+pabellón del portero. Tenía verdaderamente un aire distinguido y
+Herminia, que le miraba con sencillez, encontraba en verle un vivo
+placer. El tiempo que el jardinero empleó en ir á prevenir al criado,
+pareció á la joven sumamente corto. Y cuando oyó crujir la arena bajo
+los zuecos del jardinero, pensó: "¿Qué tiene hoy Giraud, que corre
+tanto?" Aprestó el oído para oir la respuesta, que fué seca y
+terminante.
+
+--La señorita está delicada y no recibe.
+
+--¡Qué mentira! murmuró Herminia, que sintió de pronto un involuntario
+descontento.
+
+--¡Ah! Esto me contraría verdaderamente. Pero, ¿qué día podré ver á la
+señorita?
+
+--No lo ha dicho.
+
+--Bueno; volveré. Por el bosque, es un paseo.
+
+Y salió. ¿Cómo sucedió que Herminia se levantase y dejando el emparrado
+se dirigiese hacia el terraplén que daba sobre el camino en que había
+sido atropellado Mauricio? No es posible explicárselo más que por uno de
+esos impulsos instintivos que son una especie de autosugestión.
+Mauricio, deseando ver el sitio donde había rodado á los pies de los
+jinetes de Ville-d'Avray, entró en la calle y se encontró en presencia
+de Herminia que le miraba desde lo alto del terraplén. La saludó con
+política sonriendo amablemente. Herminia se puso tan turbada al verse
+cogida en flagrante delito de curiosidad, que hizo un brusco movimiento
+y el bordado se escapó de sus manos y vino á caer á los pies de
+Mauricio. La joven palideció de contrariedad y las lágrimas acudieron á
+sus ojos, mientras Mauricio recogía la labor y se la ofrecía
+sencillamente á Herminia, que hubiera querido que la tierra la tragase.
+Pensó un momento en huir por el jardín, pero sus piernas se negaron á
+prestarle ese servicio y se vió obligada á poner buena cara, coger su
+bordado y dar las gracias con voz tan débil como un suspiro, pero que
+pareció deliciosa al joven. Éste saludó de nuevo y un poco animado,
+dijo:
+
+--Tenga usted la bondad de dispensarme, señorita, si me permito
+dirigirle la palabra sin tener el honor de conocerla....
+
+Herminia tembló, pensando: "¿Qué va á preguntarme?"
+
+El joven dijo sencillamente:
+
+--¿Seré tan dichoso que esté hablando con alguna amiga ó pariente de la
+señorita Guichard?
+
+Era preciso responder, so pena de pasar por una grosera.
+
+--Soy su sobrina, balbuceó Herminia.
+
+--¡Oh! Me alegro infinito! dijo él con calor. Usted podrá ser intérprete
+cerca de ella de mi reconocimiento, en tanto que puedo expresárselo yo
+mismo....
+
+Herminia, aterrorizada por la necesidad de sostener la conversación
+desde lo alto del terraplén, contestó con las primeras palabras que
+vinieron á su mente y que, naturalmente, fueron las que respondían mejor
+á sus íntimos sentimientos:
+
+--¡Ah! señor, buen susto nos ha dado usted.... y fuimos muy dichosas
+cuando tuvimos certeza de que no estaba usted gravemente herido.
+
+Se interrumpió, se puso muy encarnada y permaneció delante de Mauricio,
+asombrada é inquieta por haber hablado tanto. El joven la miraba con un
+placer manifiesto. Herminia estaba vestida con un traje de batista muy
+clara y en el terraplén, sobre un fondo de follaje, coronado de racimos,
+su silueta se dibujaba de un modo encantador para un artista. Mauricio
+vió en un momento la composición de un cuadro y prolongando su sensación
+artística, examinó á su gracioso modelo, detallando su fino cuerpo, sus
+hombros redondos, su cabeza orlada de cabellos rubios que un rayo de sol
+hacía brillar como un nimbo de virgen. El pintor pensó: "Es bonita como
+un ángel y tímida y adorable en su cortedad. Siento no poder pedirle que
+me deje sacar un croquis, pero esto sería poco correcto." Se quitó el
+sombrero y dijo muy respetuosamente:
+
+--Veo, señorita, que usted también ha tenido la bondad de interesarse
+por mí; reciba, por ello, mi más vivo agradecimiento....
+
+Y con pena, pero comprendiendo que las conveniencias lo exigían, se
+alejó. Herminia le siguió con la vista mientras pudo y volvió á su
+cuarto soñando por vez primera en su vida. Mauricio tomó un camino de
+travesía por el bosque y se volvió á Montretout, donde comió y pasó la
+noche pensando en la joven del terraplén.
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+DONDE HACEN TRAICIÓN LOS ALIADOS CON QUIENES SE CREÍA PODER CONTAR.
+
+
+Al siguiente día de su accidente, Mauricio escribió á su tutor para
+contarle la ocurrencia. Tenía entonces el corazón lleno de gratitud
+hacia la mujer hospitalaria que tan bien le había cuidado, pero ahora la
+encontraba mucho mejor y sus sentimientos se complicaban con un interés
+muy vivo por la encantadora persona que vivía con ella, y cuyo nombre no
+sabía siquiera. Desde que había conocido á la sobrina, amaba cien veces
+más á la señorita Guichard.
+
+Pasó una noche muy agitada y por la mañana se encerró en su estudio y,
+de memoria, hizo un boceto de Herminia sobre el terraplén. Trabajó
+durante cuatro horas con ardor y cuando el criado vino á anunciarle que
+el almuerzo estaba servido, el cuadro se destacaba de un modo
+encantador. La cabeza solamente permanecía borrosa. Sus rasgos estaban
+grabados en la memoria del pintor, pero éste tenía miedo de
+desfigurarlos al fijarlos en el lienzo. Prefirió guardar confusa la
+dulce imagen y pensó:
+
+--Volveré á la Celle-Saint-Cloud y veré de nuevo á mi modelo. Entonces,
+seguro de mí, le daré un parecido perfecto. Hasta entonces, que
+permanezca en la vaguedad de un ensueño.
+
+Pasó tarareando al comedor y al lado del plato encontró un telegrama que
+acababa de llegar. Le abrió y vió con alegría la firma de su tutor; pero
+al leerle quedó asombrado; leyó de nuevo y vió que decía:
+
+"Bajo ningún pretexto vuelvas casa señorita Guichard. Explicaré todo....
+Vuelvo apresuradamente. Roussel."
+
+Dejó el papel azul sobre la mesa y siguió almorzando, presa de un
+asombro indecible. Su tutor volvía repentinamente, interrumpiendo un
+viaje importante, diferido hacía dos años y volvía al saber que él había
+sido cuidado en casa de la señorita Guichard á quien no conocía y de la
+que nunca había oído hablar. ¿Qué significaba esto? ¿De qué se trataba?
+¿Acaso la señorita Guichard era una persona poco recomendable?
+Entonces, su sobrina ... no, eso era imposible: con aquéllos ojos tan
+cándidos no podía ser más que un ángel. Entonces, ¿qué pensar?
+
+No se razona siempre bien el primer impulso y las facilidades de
+comunicación que el telégrafo y el teléfono han creado en la sociedad,
+ofrecen á las personas vivas de genio numerosas ocasiones para dejarse
+llevar del calor de una impresión. Apenas pagó Roussel su telegrama y le
+vió pasar á manos del telegrafista, sintió una contrariedad. "He hecho
+una tontería, se dijo. No hubiera debido advertir á Mauricio. Hubiera
+ido á casa de la señorita Guichard, que le hubiera hablado mal de mí; él
+no la hubiera creído, hubiera salido de allí con indignación y asunto
+terminado; mientras que ahora le voy á meter en pleno drama y á excitar
+su imaginación: ¡quién sabe si hará alguna tontería!"
+
+Iba á abrir la boca para pedir el telegrama, cuando vió al empleado
+desaparecer con él en el cuarto donde estaban los aparatos de
+transmisión. Desistió ante las explicaciones que tendría que dar;
+suspiró y salió pensando: "¡Sea lo que Dios quiera! Después de todo,
+puede que Mauricio sea más razonable á los veintiocho años que su tutor
+á los sesenta."
+
+Roussel no se engañaba contando con el buen juicio de su hijo adoptivo,
+pero la prudencia de los hombres es engañada frecuentemente por el
+capricho de los acontecimientos. El joven pintor, después de haber
+meditado sobre el telegrama de Roussel, sin conseguir imaginar, ni poco
+ni mucho, la verdadera situación, había resuelto observar
+escrupulosamente la consigna: "Bajo ningún pretexto vuelvas casa
+señorita Guichard."
+
+Sin embargo, encerrado en el estudio y vuelto del lado de la pared el
+boceto trazado por la mañana, Mauricio se puso á trabajar en un cuadro
+de género que tenía empezado, y que representaba una joven recién casada
+despojándose del velo ayudada por la madrina, mientras otra joven miraba
+con curiosidad las alhajas de la canastilla. La composición de esta
+escena era agradable. El estudio del vestido blanco, destacándose de un
+fondo muy claro, había interesado á Mauricio, que miraba su lienzo con
+cierta satisfacción pensando que no estaba mal. De repente, la cabeza
+morena de la desposada le desagradó; era una mancha brutal de tinta en
+la tierna escala de tonos delicados que había agrupado tan
+armoniosamente. Cogió un raspador y de un solo golpe decapitó á la
+novia. Entonces, con pincel acariciador rehizo la cabeza cambiando
+enteramente su carácter. En lugar de la cara acentuada de su modelo
+ordinario, una hermosa muchacha de Batignolles, de ojos negros, pómulos
+salientes y labios rojos, surgía poco á poco en el lienzo una dulce y
+delicada faz que no era sino el retrato de Herminia, con sus guedejas
+rubias, sus ojos azules y su boca sonrosada. Era ella rasgo por rasgo y,
+sin embargo, no lo era bastante todavía, según el gusto de Mauricio,
+porque dejó la paleta sobre el taburete, arrojó los pinceles con
+desaliento y mirando su obra con profunda atención, murmuró:
+
+--¡Ah! qué lejos estoy de la realidad!... ¡tendría que verla otra vez
+para estar completamente seguro de lo que hago!...
+
+Encendió un cigarrillo, se tendió en un sofá y permaneció arrojando
+círculos de humo que subían, formando espirales, hacia el techo del
+estudio. Meditaba, sin dejar de seguir en sus evoluciones caprichosas
+las bocanadas de humo, mientras que en el fondo de su ánimo se preparaba
+sordamente una capitulación de conciencia:
+
+--Después de todo, mi padrino me ha prohibido que vaya á casa de la
+señorita Guichard, pero no á los alrededores de esa casa. No entraré
+ciertamente en ella, pero ¿por qué no he de rondarla para tratar de ver
+á la gentil sobrina? Se trata sencillamente de un capricho de
+artista.... Tengo ya dos cuadros arrinconados por falta de ese parecido
+exacto, porque yo no podría nunca ver á mi desposada de otro modo que
+con la cara de la encantadora virgen del bordado ... Y sería lástima no
+terminar el bonito esbozo que la representa inclinada sobre el
+terraplén. ¿Qué mal habría en que tratase de verla?... ¡Bah! ¡Allá voy!
+
+Y poniéndose en pie empezó á quitarse el batín que usaba en el taller.
+Entró en su cuarto; se vistió con mucho esmero para un pintor que va
+sencillamente á buscar un apunte, y tomó el camino del bosque.
+
+Si Roussel estaba alarmado por la carta de Mauricio y si éste
+experimentaba hacía dos días una extraña agitación, la señorita Guichard
+y Herminia tampoco estaban tranquilas. Después de haberse negado á
+recibir al joven, Clementina había reflexionado y el resultado de sus
+reflexiones fué la certeza humillante de que había cometido una torpeza.
+De este modo Roussel y su enemiga estaban en la misma situación moral
+por haber cedido uno y otro á sus primeros impulsos. En cuanto á
+Mauricio y Herminia, sus sensaciones y sus aspiraciones eran en un todo
+semejantes, pues cada uno de ellos se ocupaba únicamente del otro y
+ambos soñaban con la dicha de volverse á ver.
+
+La señorita Guichard, encerrada en su cuarto, había analizado friamente
+la situación creada por la aparición del hijo adoptivo de Roussel en su
+vida, y no había podido menos de pensar que esa situación podía ser
+fecunda en ventajas, siempre que ella supiese aprovecharla en todo lo
+posible. Lo menos que podía obtener era sembrar la discordia y alterar
+las relaciones del pupilo y del tutor. Bastaba para esto aparecer como
+una buena señora, halagar al joven, atraerle, hablarle de Roussel con
+respeto y de este modo, lo malo que Fortunato diría seguramente de ella
+sería considerado como prueba de la más injusta malquerencia. Y
+precisamente había adoptado, desde el primer momento, la línea de
+conducta más opuesta. Había tratado duramente á Mauricio, le había hecho
+despedir por su criado y, en fin, se había conducido al contrario de lo
+que exigía el sentido común. Si el joven tenía más orgullo que
+agradecimiento, no volvería y todo habría terminado. ¡Qué hermosa
+ocasión perdida de asestar un golpe certero á aquel monstruo de
+Fortunato!
+
+Herminia, muy inocentemente, pensaba en Mauricio, porque le había visto
+al principio muy enfermo y, al marcharse, muy interesante, y después muy
+sano y mucho más interesante aún. Tenía en el oído el sonido de su voz,
+y la mirada límpida, franca y ¡tan dulce! que le había dirigido, había
+penetrado hasta su alma. Habiéndose negado su tía á recibirle, era lo
+más probable que no le viese más y esto le producía una tristeza
+inexplicable. Por primera vez sintió una especie de pesadez, que la
+oprimía el corazón y no podía definir con precisión si era alegría ó
+pena lo que experimentaba. Pero era, eso sí, una sensación muy fuerte
+que le parecía que había de durar toda su vida.
+
+Como por casualidad había descubierto un banco en el terraplén, no en el
+sitio en que ella se encontraba cuando Mauricio pasó por el
+camino,--allí estaba demasiado en evidencia,--sino al extremo de la
+tapia y detrás de un vallado. Desde aquel sitio, se veía sin ser visto,
+á todo el que pasara, á menos de poner un poco de su parte, con buena
+voluntad, é inclinarse como para coger las clemátides que tapizaban el
+muro y pendían hacia fuera. Pero Herminia no pensaba inclinarse, sino
+ver, y esto era ya en ella muy extraordinario.
+
+Pasó las primeras horas del día con la señorita Guichard y á eso de las
+tres se dirigió al terraplén. Allí, sentada en el banco de piedra, con
+la labor sobre la falda, se asemejaba á la Virgen del bordado, como
+decía Mauricio. No trabajaba gran cosa y pensaba ... pensaba más que
+había pensado desde su nacimiento. Esperaba que vendría la persona por
+la cual se había apostado en observación; puesto que ella había tenido
+la idea de acechar su paso, le parecía muy natural que á él le hubiese
+ocurrido la de pasar.
+
+Al cabo de una hora, Herminia no había hecho progresar gran cosa su
+bordado, pero había dirigido muchas miradas por encima del muro.
+Empezaba á impacientarse y á dirigir mentalmente acusaciones á Mauricio,
+cuando, al sonar la hora en la iglesia del pueblo, se oyó un paso ligero
+que rompía el pesado silencio de la calleja. El que se aproximaba no
+venía por la plaza, sino por detrás de Herminia, del lado del bosque. La
+joven pensó: "¿Seré tonta? ¿Cómo podía haber atravesado todo el país? Es
+mucho más prudente en él llegar á la quinta por caminos solitarios."
+
+Los pasos se aproximaban. La joven, en su banco, estaba enteramente
+oculta y no tenía que hacer sino permanecer sentada para que Mauricio
+pasase sin verla; ¿fué una emoción repentina? ¿fué el deseo de ver mejor
+al que pasaba, ó fué cualquiera otra la razón de que se levantase? Ello
+fué que estando el joven pintor examinando con cuidado el muro, un
+ligero ruido de ramaje llegó á sus oídos. Retrocedió prontamente algunos
+pasos y, alargándose su perspectiva, descubrió á la sobrina de la
+señorita Guichard en su nido de verdes hojas.
+
+Como la víspera, la saludó sonriendo y dirigiéndose á ella como si
+fuese una antigua conocida, dijo:
+
+--¿Seré hoy más dichoso que ayer y podré llegar hasta la señorita
+Guichard?
+
+Herminia juntó las manos y dirigió á Mauricio una mirada suplicante.
+
+--Hable usted más bajo, se lo suplico ... ¡Si nos oyeran, sería
+terrible!
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque desde que usted entró en esta casa, el carácter de mi tía ha
+cambiado por completo. Está inquieta, atormentada....
+
+--¡Ella también!, exclamó impensadamente Mauricio.
+
+--¿Cómo ella también? Acaso por parte de usted....
+
+--¡Oh! no: me he equivocado al decir esto. Continúe usted; se lo
+suplico....
+
+--Existe, por fuerza, entre mi tía y usted, ó alguno que le toque de
+cerca, una diferencia grave y que yo ignoro.
+
+--¡Y yo también!
+
+--¡Ah! ¿Ve usted como hay algo?
+
+--Es verdad; hay algo, pero ¿qué?
+
+--Entonces, ¿no se trata de usted?
+
+--Hace tres días, no conocía á la señorita Guichard.
+
+--¿Luego no es usted el culpable? ¡Tanto mejor!
+
+--¡ El culpable!, exclamó Mauricio; pero, señorita, esté usted segura de
+que la persona que yo supongo que está en desacuerdo con su tía de usted
+no tiene ciertamente nada de qué acusarse....
+
+--¡Mi tía tampoco!
+
+--Hace usted muy bien en defenderla.... Pero lo único claro en todo esto
+es que soy víctima de una hostilidad á la que en modo alguno he
+contribuído; que encuentro cerrada la puerta de esta casa y que si no
+tuviera la fortuna de hablar con usted....
+
+--Por encima de la tapia, ¡lo que está muy mal hecho!
+
+--No hubiera sabido siquiera porqué he sido despedido tan
+deliberadamente por la señorita Guichard ... con harto sentimiento mío,
+porque tengo un placer infinito en ver á usted y en oirla.
+
+Herminia comprendió que la conversación tomaba un giro que podía llegar
+prontamente á ser peligroso, y dijo, adoptando un aire grave:
+
+--Dispense usted, señor mío; he respondido á usted acerca de los puntos
+que le interesaban.... Creo que no tenemos nada más que decirnos.
+
+--¡Cómo! ¡Nada que decirnos!, exclamó con vehemencia Mauricio. Apenas
+hemos cambiado diez palabras y tenemos que esclarecerlo todo.... Porque
+es imposible que nuestras familias permanezcan enojadas ... Á nosotros
+corresponde reconciliarlas.... ¿No quiere usted?
+
+--¡De todo corazón!
+
+--Al menos, debemos conocer las causas de sus diferencias ... Usted
+parece mejor informada que yo....
+
+--No, señor.
+
+--Entonces, ¿quién nos dirá la verdad?
+
+--¡Yo!, dijo detrás de los jóvenes una robusta voz. Y al mismo tiempo la
+señorita Guichard, surgiendo de la espesura desde donde escuchaba hacía
+un momento á Mauricio y á Herminia, apareció majestuosa y terrible.
+
+--¡Mi tía!, exclamó Herminia aterrada. Y levantando los brazos con
+ademán desesperado, tomó la fuga y desapareció, ligera como una corza,
+por el extremo de la alameda.
+
+Mauricio, esforzándose en aparecer tranquilo, quedó solo en presencia de
+la señorita Guichard. Sin embargo, se creía algo en ridículo, al pie del
+muro y con el sombrero en la mano, y pensaba: "Debo parecer un mendigo
+pidiendo limosna" ... Pero tuvo una agradable sorpresa.
+
+--Puesto que usted, caballero, tiene curiosidad de saber lo que nos
+tiene divididos al señor Roussel y á mí, va usted á oírlo. Más para tal
+confidencia el sitio me parece incómodo, aunque sea usted quien le ha
+elegido. Tenga, pues, la bondad de seguir la tapia hasta la verja y allí
+me encontrará usted para abrírsela.
+
+Y con la mano le indicó la dirección que debía tomar, aunque él la
+conocía muy bien, y descendió del terraplén. Al dirigirse hacia la
+verja, Clementina se preguntaba: "¿Qué hará? He visto en su mirada la
+idea de huir y no volver. Si se marcha, se acabó el episodio; no le
+volveré á ver jamás. Si viene ... ¡entonces, nos veremos, señor Roussel!
+Es tu bien más querido, y voy á tratar de quitártelo."
+
+Mauricio, andando por el camino, pensaba: "Mi tutor me ha prohibido
+entrar en su casa y verla y me veo obligado á desobedecerle. Si emprendo
+la carrera y huyo sin tambores ni trompetas, no obraré con política,
+aunque sí, acaso, con prudencia. Pero de este modo quedaría en ridículo
+... ¿Qué pensaría de mí la Virgen del bordado? Me tomaría por un lacayo,
+por un don Juan de villorrio, que intenta emprender intrigas con las
+jóvenes por encima de las tapias, y no la volvería á ver! ¡Vamos, pues!
+Á mal tiempo, buena cara. Salgamos de este mal paso lo más correctamente
+que sea posible."
+
+Al llegar Mauricio á la verja, se abrió el postigo y la señorita
+Guichard, muy amable, dijo:
+
+--Entre usted. Le encuentro con mejor salud que la primera vez, por lo
+que me felicito.
+
+--Y yo se lo agradezco á usted, porque á sus buenos cuidados lo debo,
+señora....
+
+--Llámeme usted "señorita" dijo Clementina con aire majestuoso.
+
+--Pues bien, señorita, acentuó Mauricio, usted ha sido tan buena, para
+mí....
+
+--Y no lo siento, dijo Clementina, admitiendo el elogio, aunque usted
+sea singularmente emprendedor y merezca severas reprensiones ... ¿Es el
+señor Roussel quien le ha enseñado á hablar con las jóvenes sin el
+consentimiento de sus padres?...
+
+--El señor Roussel no me ha dado más que buenos ejemplos, dijo
+dulcemente Mauricio, y confieso que si él me hubiera encontrado donde
+estaba hace un momento, hubiera sido, sin duda, menos indulgente que
+usted....
+
+--¿Porque se trataba de mi sobrina?
+
+--Porque se trataba de una señorita, á las cuales él me ha enseñado que
+se debe respetar infinitamente.
+
+--Vamos, pues ... Puesto que usted mismo se acusa ... yo estoy
+desarmada.
+
+--Contra mí, dijo Mauricio sonriendo; pero contra mi tutor....
+
+--¡Él! Eso es otra cosa ... Yo tengo el deber de defenderme.
+
+--Pero, ¿es usted atacada?
+
+Hablando así, habían entrado bajo el emparrado, y se sentaron.
+
+--¡Atacada! replicó la señorita Guichard. Hace veinte años no he dejado
+de serlo ... Puedo decir que las únicas penas de mi vida han venido del
+señor Roussel.
+
+--Señorita, dijo Mauricio con estupor, no puedo suponer que usted me
+engañe, ... y sin embargo, lo que me está contando es tan extraño, tan
+inverosímil ... Hace veinte años que estoy al lado del señor Roussel y
+es esta la primera vez que oigo hablar de tales disensiones. Mi tutor no
+me ha dicho jamás una sola palabra y nada indicaba en su actitud un
+hombre turbado por las combinaciones de una guerra intestina ... Sí, su
+espíritu estaba libre....
+
+--¿ Cree usted que Herminia....
+
+--¡Ah! su sobrina de usted se llama Herminia?... interrumpió Mauricio.
+
+--Sí, señor ... ¿Cree usted que esta niña ha podido sospechar algo? La
+he ocultado cuidadosamente mis tristezas y mis temores, como el señor
+Roussel disimulaba delante de usted sus agitaciones....
+
+--Pero, Dios mío, señorita, ¿por qué esa hostilidad? ¿Qué son ustedes
+el uno para el otro?
+
+--Somos primos hermanos y hemos estado para casarnos.
+
+Mauricio no encontró una sola palabra que responder. En su pensamiento,
+asociaba la sonriente bondad de Roussel con la sequedad angulosa de la
+señorita Guichard y no se daba cuenta de la posibilidad de una unión
+entre estos dos seres tan poco á propósito para entenderse. En verdad,
+comprendía que se hubiesen repelido, como los elementos afines de la
+electricidad, y adivinaba qué sacudidas habían debido producir esas
+corrientes encontradas.
+
+Clementina, viéndole absorto, continuó sus explicaciones, en las que
+siempre se adjudicaba la mejor parte. Pintó su corazón herido por el
+abandono de un hombre á quien amaba y á quien su tío la había destinado
+desde la infancia. No habló de sus pretensiones, de sus calumnias, de
+sus maldades ni de toda aquella guerra de alfilerazos que había hecho al
+pobre Roussel. No; la víctima era ella; inocente y dulce criatura
+abandonada por un prometido infiel é ingrato. Se mostró llorosa como
+Dido después de la partida del hijo de Anquises; pero ella no había
+subido ¡ay! á la pira fatal, sino que había consumido su vida en las
+penas. Una reclusión completa había sido la consecuencia de la cruel
+decepción experimentada. Había renunciado al mundo y llorando su perdido
+porvenir se había consagrado á la educación de Herminia, su hija
+adoptiva, que era la sola alegría de su soledad.
+
+Escuchando á la señorita Guichard, Mauricio pensaba: "¿Será posible que
+mi tutor se haya mostrado tan duro con esta pobre mujer? ¡Cómo!
+¿tiernamente amado, la abandonó? ¡Quién pensara, al verle ahora con su
+cara rubicunda y sus cabellos blancos, que en otro tiempo había hecho
+desgraciadas! No era muy seductora su prima Clementina ... pero, después
+de todo, la palabra es palabra. Si esta mujer me contase la verdad ...
+¿Y cómo no? el telegrama enviado desde Liverpool, prohibiéndome volver á
+casa de la señorita Guichard, prueba la aversión que mi tutor dedica á
+su exprometida ... ¿Qué habrá pasado entre ellos? ¿Y por qué, sobre
+todo, no me ha hecho jamás la menor alusión á todas estas historias?
+¿Será eso una prueba de que es suya la falta? ¡Sería entonces la única
+de su vida!"
+
+Esta disculpa en favor de su tutor alivió á Mauricio, que hacía un
+momento se estaba haciendo aliado de Clementina y no bastante defensor
+de su padre adoptivo. Clementina decía:
+
+--Usted juzgará de mi emoción cuando esta carta caída de su bolsillo y
+que está firmada por el señor Roussel, me reveló quién era usted....
+
+--¿Luego usted me conocía? preguntó ligeramente Mauricio.
+
+--La naciente celebridad de usted no me permitía ignorar su nombre.
+
+--El pintor se inclinó ruborizándose.
+
+--Lo poco que yo valgo se lo debo al señor Roussel.
+
+--¡Tiene tanto gusto y tan admirable inteligencia! exclamó Clementina
+con una admirable hipocresía. ¡Ah, señor! Era muy seductor, cuando
+joven; ¿cómo no había de agradar? Yo no quiero que mi sobrina sea tan
+desgraciada como yo ... Ahora que nos hemos explicado, no vuelva usted
+más, caballero ... Todo nos separa....
+
+--Pero, señorita ... dijo Mauricio en tono de protesta y muy molestado.
+
+--¡Oh! no se defienda usted ... Es encantadora y sé lo que usted piensa
+de ella. Les escuchaba hace un momento cuando usted la hablaba al pie
+del terraplén. Todas las dulzuras que usted la dedicaba me recordaban
+los artificios en que yo misma me dejé coger!... Si usted ama á
+Herminia, pierde el cariño de su tutor ... Vea, pues, si no es mejor que
+no vuelva usted jamás....
+
+--Déjeme usted al menos hablarle ... explicarle.... dijo Mauricio con
+calor, sin observar que, muy diestramente, le acababan de entregar
+Herminia.
+
+--¡No, nada, no vuelva usted! Es usted un amable joven y si ella le
+volviese á ver, ¡sabe Dios lo que podría suceder á esta niña, de corazón
+tan sencillo y tan puro!...
+
+--Pero, señorita, mi tutor tiene por mí una intensa afección y estoy
+seguro de que conseguiría vencer sus prevenciones....
+
+--¿Usted lo cree? ¿Es usted un hombre honrado?
+
+--¿Y puede usted dudarlo?
+
+--No lo dudo y la prueba es que le autorizo para quedarse ... ¡Qué
+dicha, el poder acogerle sin desconfianza! Usted me agradó desde el
+primer momento ... No diga usted ni una palabra á Herminia ... No le
+permito hacerle la corte sin que el señor Roussel haya dado su
+consentimiento.... Pero comerá usted con nosotras y observará que no
+somos tan malas personas.... ¡Herminia!
+
+La Virgen del bordado, viendo que la conversación se prolongaba y
+devorada por la curiosidad, había tomado el partido de dejar ver el
+extremo de su traje blanco por el otro lado del vallado. Á la llamada de
+su tía, se acercó llena de emoción y por eso mismo más encantadora ...
+Y Mauricio, perdiendo en su presencia la poca resolución que le quedaba,
+olvidó las órdenes de su tutor y entró en aquella casa de la que hubiera
+debido huir.
+
+Al día siguiente, Mauricio tuvo ocasión de acabar el cuadro y el boceto,
+porque tenía en el pensamiento, clara y precisa, la deliciosa cara de
+Herminia. Trabajó todo el día con ardor, pero sin alegría, porque, en el
+fondo, estaba descontento de sí mismo. "¿Cómo explicar á mi tutor lo que
+ha pasado? se decía; y ¿cómo va á tomar mi desobediencia? ¡Ah! si
+conociese á Herminia, me comprendería y me disculparía! Pero no conoce
+más que á la señorita Guichard y es fuerza confesar que no es lo mismo
+... Y, sin embargo, no es mala esa mujer. Lo peor que tiene es aquel
+aire tan hombruno; ... eso será lo que habrá alejado á mi tutor. Y,
+¡diablo! ¡él era un buen mozo cuando joven, á juzgar por sus retratos, y
+el rompimiento debió ser penoso para la tierna Clementina, que le
+quería!... ¡Oh!, de veras. Mi tutor creía que en esa casa me hablarían
+mal de él y esto le contrariaba. ¡Como si todo cuanto pudieran decirme
+fuese á hacerme olvidar sus bondades! Aunque fuera un monstruo, no por
+eso habría dejado de ser mi segundo padre.
+
+Por la noche, la soledad de la casa y el silencio del campo le
+fastidiaron y se fué á París. Entró en un teatro; encontró insípida la
+obra que se representaba, á pesar de que llevaba doscientas
+representaciones, y volvió á Montretout en el último tren. Dormía
+profundamente por la mañana, cuando la puerta de su cuarto se abrió
+bruscamente y entró el señor Roussel diciendo:
+
+--¡Soy yo! ¡Cómo, perezoso! ¿estás todavía en la cama? Ven á abrazarme.
+
+Mauricio no se lo hizo repetir. Saltó al suelo y estrechó á su tutor
+entre sus brazos.
+
+--Vamos; vístete, dijo Fortunato; vas á coger frío.
+
+--Pero, ¿cómo es que llega usted tan de mañana?
+
+--Tomé el vapor ayer por la tarde; he corrido toda la noche en
+ferrocarril y aquí estoy.
+
+--Pero debe usted estar muy cansado....
+
+--Nada, absolutamente. Hablemos de ti.
+
+Durante este tiempo, Mauricio se había vestido.
+
+--Pasemos á tu estudio y estaremos mejor que aquí, dijo Roussel.
+
+Cogió al joven por el brazo, apretándoselo tiernamente, dichoso por
+tenerle allí, como si hubiera abrigado el temor secreto de no
+encontrarle en su casa al volver. Llegados al estudio, se sentó, sin
+haber examinado los lienzos puestos en el caballete, como tenía por
+costumbre, y dijo, mirando á su hijo adoptivo:
+
+--Cuéntame con detalles tu accidente y tus aventuras con la señorita
+Guichard.
+
+--El accidente es de los más sencillos y de los más estúpidos ...
+Imagine usted que fuí cogido en una calleja por una cabalgata de
+horteras y atropellado antes de haber podido guarecerme.... Tenía la
+frente contusionada y dislocado un hombro, cuando el jardinero de la
+señorita Guichard me vió sin conocimiento en medio del camino.... La
+señorita Guichard me hizo transportar á su casa y me cuidó perfectamente
+... No hay más.
+
+--¡No hay más!, murmuró Roussel en tono de sospecha.
+
+--¡Nada!
+
+--Entonces ¿has visto al monstruo mismo?
+
+--Un monstruo nada feroz, dijo Mauricio riendo.
+
+--¡Diablo! ¿Cómo te las has compuesto?... Pero, sin duda, ella no te
+conocía cuando te acogió é ignoraba el vínculo que nos une.
+
+--Es verdad que, en cuanto lo supo, su actitud cambió completamente.
+
+--¡Ah! ¿Lo ves? exclamó Roussel triunfante.
+
+--Sí; pero si cesó de venir á mi cuarto, siguió teniéndome en su casa y
+sus atenciones, dignas de todo agradecimiento, no se interrumpieron....
+Acaso permaneció alejada por delicadeza.
+
+--¿Por delicadeza? ¡Ah! Decididamente, no la conoces. Sería menos
+peligroso tratar de aprisionar leones ó tigres, que vivir en buena
+inteligencia con ella ... ¡Oh! ya veo que se ha hecho de miel contigo;
+cuando quiere, sabe ser amable.... pero eso es imposible que dure ... yo
+lo sé bien.... He tratado de domarla durante seis semanas y tuve que
+apelar á la fuga ... ¿Te habrá dicho que soy un bandido, eh?
+
+--Todo lo contrario. Me ha contado que le había amado á usted mucho ...
+Y por su actitud, por el tono con que me hablaba, juraría que aún....
+
+--¡Calla, desgraciado! interrumpió Fortunato con un ademán de horror.
+Gracias á Dios esto libre de ella y el diablo mismo no me haría ponerme
+voluntariamente en su presencia ... ¡Calla! ¿has cambiado la cabeza de
+tu desposada?
+
+Roussel, paseándose de arriba abajo, en la agitación que le producían
+aquellos recuerdos, se había detenido delante del cuadro empezado por
+Mauricio antes de su partida y miraba con atención la figura que
+representaba á Herminia.
+
+--Sí, dijo Mauricio; me ha parecido que el rubio estaba mejor en la
+escala de los colores: el moreno resultaba brutal.
+
+--La fisonomía es encantadora. ¿De qué modelo te has servido?
+
+--De ninguno: está hecho de imaginación....
+
+--¡Ah! Pues no es esa tu costumbre....
+
+Se calló. Acababa de ver el estudio de la virgen del bordado y le
+examinaba con aire cuidadoso. De una ojeada había reconocido el
+terraplén de la quinta del tío Guichard, en el que había jugado durante
+toda su infancia. Y en aquella joven inclinada hacia la callejuela y
+rodeada de follaje, volvía á encontrar á la desposada cuya cara había
+cambiado Mauricio por un repentino capricho. ¡Una extraña coincidencia,
+verdaderamente, y muy á propósito para alarmar á Roussel! Éste
+permanecía delante del lienzo, no atreviéndose á volverse por no mostrar
+á su hijo adoptivo su cara sombría, pero viendo, sin embargo, que era
+necesaria una explicación. Por fin, se armó de valor, y dijo:
+
+--¿Es nuevo este boceto?
+
+--Sí, padrino; he emprendido este cuadrito después que usted se marchó.
+
+--Es la misma cabeza de la desposada ... ¿También de imaginación?...
+
+Levantó la frente y clavó su mirada en los ojos de Mauricio. El joven se
+sonrojó un poco y dijo sencillamente:
+
+--No he mentido á usted nunca y no he de empezar á mi edad ... Esta
+cara es la de la sobrina de la señorita Guichard.
+
+--¿Ha venido aquí? preguntó Roussel con violenta angustia; ¿la has hecho
+entrar en mi casa?
+
+--No; no ha venido; he hecho este retrato de memoria....
+
+--¡De memoria! repitió Fortunato moviendo la cabeza. ¿Cuántas veces la
+has visto entonces?
+
+--Dos veces.
+
+--¿Dónde?
+
+--La primera en el terraplén, tal como usted la ve en este boceto ... Su
+graciosa silueta me pareció que encuadraba bonitamente en el follaje....
+Había en esto un precioso asunto ... La pinté de memoria y después, como
+la cabeza no me satisfacía....
+
+--¡Has vuelto!
+
+--Sí, padrino; y esta vez, estando hablándola, fuí sorprendido por la
+señorita Guichard....
+
+--Que te echó una reprimenda ... Yo en su lugar....
+
+--Nada de eso; que me rogó que entrase, se explicó muy cordialmente
+conmigo, me acogió con gran benevolencia ... y después....
+
+--¿Y después? repitió Fortunato estremeciéndose.
+
+--Y después, me hizo quedarme á comer.
+
+--¿Has comido en su casa?
+
+--Antes de ayer.
+
+--No te ha hablado mal de mí; te ha acogido con benevolencia y te ha
+convidado á comer, resumió Roussel ... ¡Ah! Hijo mío, todo esto es más
+grave de lo que había previsto. Veamos; vamos á poner los puntos sobre
+las íes, porque va en ello mi tranquilidad presente y tu seguridad en el
+porvenir. Dímelo todo, como á un padre.... Esa joven ... encantadora si
+es como tú la has pintado ... ¡Ay! sé muy bien cómo logras los parecidos
+... esa joven ... ¿te ha gustado?
+
+--¡Oh! sí, mi querido padrino, exclamó Mauricio con fuego. Si usted
+supiera hasta qué punto es bonita, dulce, sencilla....
+
+--¡Eh! todo lo que tú quieras ... un ángel.
+
+--Un ángel, sí, padrino....
+
+--¡Pero tiene el diablo á su lado! ¡Y no tendrás el ángel sin verte
+obligado á cargar también con el diablo!... ¡Ah! querido hijo mío, tú
+sabes cuánto te quiero y cómo te lo he probado desde hace veinte años.
+Debes estar convencido de que si sólo se tratase de sacrificar mi reposo
+á tu dicha, no dudaría ... Pero tener á Clementina por suegra ...
+¡porque sería tu suegra! no habría en el infierno suplicio semejante.
+Hay que haberla conocido joven para sospechar lo que debe ser ahora que
+es vieja. Y su plan lo adivino ahora como si lo estuviera viendo ...
+Quiere robarme tu cariño ... Ha puesto á su sobrina como un cebo para
+cogerte en sus redes ... Sí, ya sé lo que me vas á decir; la sobrina es
+encantadora ... ¡Al casarse con una joven, no se casa uno con su madre y
+mucho menos con su tía! Pero estoy seguro de que Clementina tomaría sus
+precauciones, que se impondría á la joven pareja ... ¿qué digo? que la
+secuestraría y exigiría al marido que jurase vivir con ella ... Este es
+el secreto de su buena acogida.... Ha visto en ti el yerno ideal ... Un
+muchacho guapo, bien educado, rico y ya célebre y como remate mi hijo
+adoptivo ... Su sueño es apoderarse de ti para que yo quede solo, á mi
+edad, y me muera de pena en mi rincón, como un pobre perro abandonado.
+
+Y hablando así el buen Fortunato se había enternecido. Su voz se perdió
+en un sollozo y las lágrimas rodaron por sus mejillas. Ante esta pena
+tan sincera del hombre que le había educado, Mauricio se abandonó á su
+emoción: se abalanzó á Roussel, le estrechó entre sus brazos, le obligó
+á sentarse en una butaca, se colocó en un taburete cerca de él, le cogió
+la mano y, llorando también, dijo:
+
+--Basta, mi querido padrino; ni una palabra más ... Usted no me conoce
+... ¡yo, abandonarle! ¡Dejarle acabar su vida, que espero será todavía
+muy larga, sin aprovechar la dicha de su continua presencia! ¿Cómo ha
+podido usted pensarlo? ¡Preferiría renunciar á todas las mujeres de la
+tierra, mejor que causar á usted una pena ... Usted llora, mi bueno y
+único amigo, por mi causa.... Es la primera vez y será la última ...
+Tranquilícese usted; jamás haré nada que le atormente ni que siquiera le
+disguste; sería un ente desnaturalizado si pensase en otra cosa que en
+complacerle. Los hijos deben obediencia á sus padres y usted es aún más
+que un padre para mí, porque no es la naturaleza la que le ha hecho
+serlo, sino su voluntad.... Yo soy su hechura moral ... No creo que haya
+en el mundo lazos más fuertes que los de mi cariño y mi
+reconocimiento....
+
+Roussel lloraba todavía, pero al mismo tiempo se sentía dichoso, porque
+veía la sinceridad con que hablaba Mauricio. Le abrazó con efusión y ya
+ruborizado, el buen señor, por el egoísmo con que aceptaba la renuncia
+de su querido hijo:
+
+--Casi no la conoces, exclamó, y olvidarás fácilmente á esa joven ...
+¡Bah! Ya buscaremos otra, aun más bonita y que no dependa de la atroz
+Clementina ... Si tú supieras....
+
+--No quiero saber nada; creo á usted bajo su palabra.
+
+--¡Ah! eres un buen muchacho, dijo Fortunato con efusión, y en este
+momento me pagas veinte años de ternura....
+
+--Entonces, no se hable más del asunto, contestó Mauricio con afectada
+calma y que se borre hasta el recuerdo de esta aventura.
+
+Roussel y Mauricio volvieron á emprender su plan de vida ordinario, en
+apariencia al menos, porque, en realidad se había producido entre ellos
+una causa de molestia. El pintor no buscaba, como en otro tiempo, la
+presencia de su padrino, é, instintivamente, Fortunato estaba retraído.
+No podían hablarse sin reticencias y se veían obligados á reflexionar,
+antes de emprender una conversación, á fin de asegurarse de que no había
+de descarrilar del asunto principal, en desenvolvimientos peligrosos.
+Ocupados incesantemente en dominarse, afectaban una tranquilidad que
+estaba muy lejos de sus espíritus. No se atrevían á dirigirse mutuas
+preguntas y se espiaban, temiendo sorprender en sus fisonomías la huella
+de una inquietud, la prueba de una pena. Hubieran querido convencerse de
+que habían renunciado, Roussel á sus prevenciones y Mauricio á su
+amor.... Pero sabían que esto era imposible y ambos sufrían. Estos dos
+seres que habían vivido tanto tiempo en una deliciosa intimidad, no se
+veían ahora más que á las horas en que les era imposible evitarse; por
+la mañana en el almuerzo y por la tarde durante la comida y de
+sobremesa, y aun entonces estaban juntos con alguna inquietud. De este
+modo, Clementina había conseguido introducir la turbación en casa de su
+enemigo y envenenar su tranquila felicidad.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+
+EL ATAQUE Y LA DEFENSA.
+
+Durante quince días Roussel sufrió valerosamente esta situación tan
+nueva y tan penosa. Pensaba: "Es el primer momento; esto pasará. Un
+nuevo capricho seguirá al actual y ya no habrá cuestión. Podremos
+entonces respirar, lejos de la horrible Clementina, y vivir en paz."
+Pero sus esperanzas optimistas no se realizaron. ¿Era que Mauricio
+estaba más seriamente enamorado que lo que había dicho? ¿Era que la
+violencia hecha á sus sentimientos había aumentado su fuerza en vez de
+disminuirla? Mauricio cambiaba mucho, física y moralmente. Él, que era
+la actividad misma, pasaba días enteros tendido en el diván de su
+estudio, fumando cigarrillos. No cogía un pincel. El boceto de la
+_Virgen del bordado_ y el cuadro de los _Desposados_ estaban vueltos
+hacia la pared. Tenía en completo abandono los estudios empezados para
+la decoración de la sala de actos de la alcaldía de Saint-Denis;
+importante trabajo obtenido en buena lid, en un concurso en el que tuvo
+por antagonistas á los más célebres pintores. Nada le interesaba. Estaba
+sufriendo una crisis de desaliento y de disgusto.
+
+Por la primera vez en su vida, Roussel le veía de este modo, lo que le
+alarmaba seriamente. Disimulaba, sin embargo y no lo interrogaba,
+temiendo una respuesta que abriese de nuevo el debate. Esperaba todavía
+que "aquello pasara", pero veía que no "pasaba" jamás.
+
+Por las tardes Mauricio salía solo con frecuencia. Las primeras veces,
+Roussel le había preguntado: "¿Adónde vas?" y el joven le había enseñado
+un álbum, y respondido: "Voy á buscar apuntes ..." Y no había invitado á
+su tutor á que le acompañase y hasta, pareciendo temer que éste se lo
+propusiera, casi se había escapado. Roussel no había repetido la
+pregunta; pero un día en que el álbum de los croquis estaba sobre una
+mesa, en ausencia del pintor, había levantado la cubierta, recorrido las
+hojas y adquirido la certeza de que todas estaban inmaculadas. Entonces,
+¿en qué pasaba Mauricio los días? ¿Habría faltado á su promesa y vuelto
+á casa de la señorita Guichard? Roussel no lo sospechó siquiera; sabía
+que era incapaz de faltar á un compromiso. Y sin embargo, ¿qué hacía?
+
+Resolvió seguirle, y una tarde en que Mauricio había salido por el
+camino de Saint-Cloud con el famoso álbum de las hojas en blanco,
+Fortunato se dispuso á ir de lejos en su seguimiento. Pudo sin
+dificultad no perderle de vista, porque el joven marchaba sin
+desconfianza. Ni una sola vez se volvió y en el camino polvoriento, su
+silueta se destacaba visible á quinientos pasos de distancia. Volvió
+hacia la derecha; tomó un sendero de travesía que conducía al bosque y
+una vez llegado á la espesura, se sentó, con el álbum sobre las rodillas
+y permaneció más de una hora sin moverse, como si esperase á alguien,
+pero nadie llegó. Salió de su abstracción y á paso lento, siguiendo su
+paseo, se dirigió hacia la Celle-Saint-Cloud.
+
+Fortunato se estremeció. ¿Se habría engañado? ¿Sería capaz Mauricio de
+tanto disimulo? ¡Qué! ¿iría á casa de la señorita Guichard? ¡No!
+imposible. Y, sin embargo, tomaba una dirección nada dudosa hacia una
+plazoleta en la que desembocaba la callejuela donde el joven había sido
+atropellado. Pero Mauricio, en vez de apretar el paso, como aquel á
+quien se espera, le acortaba. Dobló la esquina de la calleja y allí se
+detuvo su tutor. Mauricio avanzó hasta que pudo descubrir el terraplén
+de la quinta y allí, oculto detrás de una espesura de madreselvas que
+brotaban en la cerca de un jardín, esperó.
+
+Desde su puesto de observación, Roussel le veía mirar con insistencia
+hacia la finca de la señorita Guichard. Y hasta le veía la cara lo
+bastante para notar su profunda tristeza. ¿Esto era, pues, el objeto de
+sus paseos misteriosos? Venía á contemplar el sitio donde había visto
+por primera vez á Herminia. Esperaba verla de lejos si pasaba por la
+alameda de las ramas colgantes. Acaso ella se mostrase tan triste como
+él y entonces, esa identidad de sentimientos sería un alivio para su
+pena. Y el curtido corazón de Fortunato se apretó al recibir esta prueba
+de la pena efectiva y devoradora del hijo á quien amaba tan tiernamente.
+
+Una gran melancolía se apoderó de él. Presintió que estaba destinado al
+más cruel de los sacrificios; el de la tranquilidad de sus últimos días.
+Vió que no podría dudar entre su dolor y el de Mauricio. Estimó que no
+era justo aceptar el sufrimiento de aquella juventud como precio de la
+quietud de su vejez. No había igualdad entre la vida del uno, en su
+aurora, y la del otro, en su ocaso. Por último, temió que Mauricio le
+juzgase egoísta y tuviese de Clementina mejor opinión que de él y quiso
+demostrar la diferencia que había entre ellos y hacer apreciar su
+abnegación comparada con la inflexibilidad de la señorita Guichard.
+
+Mauricio dejó su sitio lentamente y como á disgusto. Aquel día Herminia
+no había aparecido en el jardín. Tomó de nuevo el camino del bosque, con
+la cabeza baja y al llegar á la plazoleta, arrojó un grito ahogado y
+palideció: su tutor estaba delante de él. El anciano estaba grave y un
+poco pálido, pero su fisonomía y su actitud no acusaban enfado alguno.
+Viendo á Mauricio perplejo, se adelantó sin hablar, le cogió
+afectuosamente el brazo y marchó á su lado en dirección á Montretout.
+
+Después de algunos minutos de silencio, levantó la cabeza, miró á su
+hijo adoptivo con dulzura y dijo con voz enternecida:
+
+--Así pues, hijo mío; ¿_eso_ es más fuerte que tú? ¿Es absolutamente
+preciso que la vuelvas á ver?
+
+Á estas palabras tan afectuosas, tan verdaderamente paternales,
+Mauricio, conmovido, balbuceó con voz alterada:
+
+--¡Oh! mi querido padrino, perdóneme usted, pero ¡es tanta mi pena!...
+
+--Vamos, hijo mío; has hecho lo que has podido, bien lo veo; á mí me
+toca hacer el resto.
+
+--¡Padrino mío!...
+
+--¿Acaso has creído que te he criado como lo he hecho, durante veinte
+años, para cambiar de repente, el mejor día, y hacerte desgraciado? ¡No,
+no! Te quiero para ti mismo y no para mí y no puedo soportar la idea de
+que alimentas una pena que una palabra mía puede disipar.
+
+--¡Oh! pero yo no aceptaré que usted tenga el menor disgusto por mi
+causa, interrumpió Mauricio con energía. Soy un cobarde por no haber
+sabido soportar mejor esta decepción. Pero yo daré buena cuenta de mi
+debilidad ... Hace mucho tiempo que estoy proyectando un viaje á España
+... Partiré ... partiremos juntos.
+
+--¡No!, dijo tristemente Roussel; porque llevarías contigo el recuerdo
+de Herminia y serías aún más desgraciado estando lejos de ella ... Y yo
+tendría la doble tristeza de verte sufrir y de pensar que sufrías por
+ser yo un egoísta ... Lo que me impedía dejarte en libertad de amar á
+esa muchacha, que es sin duda adorable y buena....
+
+--¡Ah! mi querido padrino; si usted hablase con ella solamente un cuarto
+de hora, estaría usted seguro de ello. La dulzura de su voz, la gracia
+de su mirada, todo atestigua un corazón exquisito.
+
+--Yo creo que si tú te has puesto á amarla tan deprisa y tan fuerte,
+dijo Fortunato sonriendo, es que tiene un encanto irresistible.
+
+--Y con todo eso, es tan modesta, tan bien educada....
+
+--¡Oh! no se parece á Clementina ... Pero te decía que me había
+contenido el temor de que fueses víctima de la señorita Guichard, como
+lo he sido yo ... He pensado mucho en todas estas cosas desde que volví
+de mi viaje y he adquirido la certidumbre de que podrás escapar al
+peligro. ¿Qué es lo que tú quieres, en suma? Una mujer y no una fortuna.
+Y bien; cásate con Herminia, y si la señorita Guichard te atormenta,
+coges á tu mujer del brazo y te la llevas. Tú serás siempre
+independiente. Así pues si Herminia te ama....
+
+--Me amará.
+
+--¡Debe amarte ya! Pero la señorita Guichard estará, de seguro, furiosa
+por no haberte visto desde hace dos semanas. Va á ser preciso jugar mano
+á mano con esa buena pieza. ¿Estás dispuesto á seguir el plan que te voy
+á trazar?
+
+--Ciegamente.
+
+--Pues bien, escucha. Si cometieras la imprudencia de presentarte mañana
+en la Celle-Saint-Cloud, con el aire radiante y diciendo á Clementina:
+"¡Heme aquí! Mi tutor consiente en que me case con su sobrina de usted;
+¿quiere usted concederme su mano?" puedes estar seguro de que te
+pondrían en la puerta con todos los honores debidos á tu posición de
+hijo adoptivo de un hombre execrado. Será, pues, necesario que te
+presentes con cara de contricción y de inquietud, que pidas hablar en
+secreto con la señorita Guichard y que cuentes que te he sorprendido
+yendo á su casa y que ha habido entre los dos una escena violenta, cuya
+conclusión ha sido este _ultimátum_ formulado por mí: romper toda
+relación con mi enemiga ó abandonar mi casa.
+
+--¡Cómo! ¿Será preciso abandonar á usted?
+
+--Durante el tiempo necesario para las capitulaciones y hasta el
+matrimonio. Si Clementina te viese continuar viviendo conmigo, como es
+lista, sospecharía alguna astucia y te daría que sentir. La única
+probabilidad de éxito que tienes con ella es aparecer enfadado conmigo y
+que sea yo el condenado á sufrir. De este modo te acogerá como á un
+aliado, porque, es triste decirlo, pero ella no entrega su sobrina á un
+buen muchacho capaz de hacerla feliz, sino á un hijo ingrato que pone en
+peligro la dicha de mi vida. No protestes; yo sabré, naturalmente, á qué
+atenerme y la apariencia de la falta bastará. Tú, continuarás amándome
+tanto más cuanto más grande te parezca mi sacrificio. Pero no dejes
+sospechar nuestro convenio ni demuestres cariño hacia mí: el día en que
+Clementina no vea en ti un instrumento de rencor, te odiará y todo se
+habrá perdido.
+
+--Pero ¿después?
+
+--¡Oh! Después ... después será cuando empiecen las verdaderas
+dificultades. Tendrás que mostrarte lleno de deferencia por la señorita
+Guichard. Si no haces causa común con ella contra mí, si confiesas una
+reconciliación con tu tutor, el diablo se desencadenará y entonces
+sabrás á ciencia cierta lo que es esa señora ... Porque, amigo mío,
+ahora no puedes juzgarla ... no la conoces.
+
+--Es usted tan bueno, dijo Mauricio con alguna indecisión, que me voy á
+atrever á dirigirle una pregunta verdaderamente arriesgada ... Llegado
+el caso, ¿consentiría usted en reconciliarse con la señorita Guichard?
+
+--¡Consentiré en todo para hacerte dichoso! Pero no te hagas ilusiones;
+es á Clementina á la que habrá que decidir. Yo jamás le he hecho nada
+malo, si se exceptúa el no querer llamarme barón de Pontournant y
+dejarla para vestir imágenes.... No puedo hacer más que ofrecerme á
+estrechar su mano ... Y te doy mi palabra de que tendré ese heroísmo....
+
+--Entonces todo saldrá á pedir de boca. Usted exagera su rencor. La
+edad ha amortiguado los fuegos de su cólera ... Se ha calmado mucho.
+
+--Eso me asombra ... El vino gana en sabor al hacerse viejo, pero el
+vinagre, por el contrario, aumenta en acidez ... Y la acidez de
+Clementina.... Cuando la conozcas, verás lo que es bueno.
+
+--¡Padrino mío!
+
+--No; no lo digo para retirar mi promesa. Estoy decidido, pero sé á lo
+que me comprometo. Hace veinte años, retrocedí ante el abismo; ahora me
+arrojaré á él. ¿No hubo en Roma un ser sublime llamado Curtius que se
+echó armado en una sima para apaciguar á los dioses?
+
+--Sí, padrino mío; ese fué el asunto de mi primer concurso para el
+premio de Roma.
+
+--Pues bien ¡yo imitaré á ese mártir! Pero, cuando esté en el fondo, ¿no
+me dejarás solo?
+
+--Seremos dos para acompañar á usted, para amarle.
+
+--Entonces, corriente. Dame hoy doble ración de ternura, porque desde
+mañana viviremos separados ... ¡Así lo exige la política!
+
+Habían llegado á la verja de la quinta de Montretout; entraron y pasaron
+la velada haciendo proyectos para el porvenir.
+
+Al día siguiente, como había dispuesto Roussel, Mauricio se presentó en
+la Celle-Saint-Cloud y fué recibido sin dificultades. Introducido en el
+salón, tuvo que esperar algún tiempo. Sin duda la señorita Guichard
+quería tomarse tiempo para pensar lo que iba á decir y acaso también
+enseñar á Herminia adornada con elegante sencillez. Sin embargo, la
+dueña de la casa apareció sola y avanzó con la frente oscurecida por una
+nube.
+
+--Celebro infinito ver á usted, señor Aubry, dijo con voz bastante
+firme. Sin duda ha estado usted enfermo, porque hace quince días que no
+sabemos de usted.
+
+--Dispénseme usted, señorita, pero no he estado enfermo.
+
+--¡Ah! exclamó Clementina con severidad amenazadora. Entonces habrá
+usted estado ausente.
+
+--No, señorita; he estado en Montretout....
+
+--¿Tan cerca?, dijo expresando una áspera ironía. Entonces, ¿qué le ha
+impedido á usted venir?
+
+--He tenido vivos disgustos ... disgustos de familia ... Mi tutor ha
+vuelto y....
+
+--¿Y qué?... interrogó Clementina, devorada por una ardiente curiosidad.
+
+--Y se han producido entre nosotros algunas dificultades....
+
+--Las palabras salían penosamente de la boca de Mauricio. Era preciso
+que amase mucho á Herminia y que su padrino, en el momento de salir, le
+hubiese recomendado de nuevo el disimulo, para que se decidiese á mentir
+de aquel modo. Pero no le fué necesaria mucha habilidad. En un instante,
+la actitud de la señorita Guichard había cambiado. Su violencia
+desapareció, las nubes de su frente se disiparon y con la faz radiante,
+sonrió á Mauricio como á un amigo. Le tomó la mano, le atrajo hacia ella
+en un canapé y exclamó, con los ojos brillantes de alegría:
+
+--¡Pobre joven! cuénteme usted eso.
+
+Mauricio contó lo que había convenido con Roussel y pudo comprender en
+la triunfante exaltación de Clementina hasta qué punto su padrino le
+había dicho la verdad. Sí; el móvil único de la señorita Guichard era su
+rencor implacable; todo estaba subordinado en su existencia al deseo de
+hacer mal á Fortunato. Era esto tan evidente, tan claro, que á Mauricio
+se le pasaron ganas de levantarse y exclamar: "Todo lo que estoy
+contando es falso de la cruz á la fecha. Mi padrino es el mejor de los
+hombres y antes que causarme la más pequeña pena está dispuesto á
+olvidar lo que usted le ha hecho y á reconciliarse con usted."
+
+Pero no tuvo tiempo. La señorita Guichard se levantó, llamó y dijo al
+criado: "Ruegue usted á la señorita Herminia que venga." Esta sencilla
+frase borró los escrúpulos de Mauricio. Pensó que iba á ver á la Virgen
+del bordado y que podría acabar su boceto del natural. El amor al arte,
+su ternura por Herminia; todo iba á ser satisfecho al mismo tiempo.
+Bendijo mentalmente al hombre que le proporcionaba todas estas
+satisfacciones y juró indemnizarle del esfuerzo que le habría costado el
+resignarse. Precisamente la señorita Guichard se volvía hacia él con
+complacencia y le decía con énfasis:
+
+--Olvide usted el mal proceder de un hombre egoísta. Yo le devolveré la
+afección que él le retira.... y usted encontrará en mi casa, cerca de
+mí, la compensación de sus cuidados....
+
+Una última sacudida de su honradez indignada estuvo á punto de
+apoderarse de Mauricio ... Ya abría la boca para responder: "No necesito
+compensaciones y usted sería incapaz de amar á nadie, ni á su sobrina,
+como yo soy amado por mi tutor."
+
+Pero entró Herminia, rubia, sonrosada, fresca, sonriente; y todo quedó
+olvidado.
+
+El plan formado por Roussel resultaba, por otra parte, en todas sus
+partes, y Mauricio, con el egoísmo natural del hombre, gozaba tan
+plenamente de su dicha como su padrino tenía el corazón á la vez
+satisfecho y desgarrado. Sin embargo, el joven no olvidaba al que se
+había sacrificado por él y le escribía largo y tendido todas las tardes
+al volver á París, después de haber comido en la Celle-Saint-Cloud,
+porque comía todas las tardes con su futura, hasta tal punto temía
+Clementina que se le escapase su prisionero. Sus cartas estaban llenas
+de noticias sóbrela actitud de Clementina, sobre sus palabras, sobre la
+gracia y la bondad de Herminia. Roussel respondía dando instrucciones á
+su hijo y recomendándole prudencia y, sobre todo, discreción. Jamás se
+permitía una palabra desagradable respecto de su enemiga; nunca una
+crítica amarga. Desde el día en que Mauricio fué admitido en casa de la
+señorita Guichard, Fortunato pensó, con mucha delicadeza, que convenía
+poner en buen lugar ante su pupilo á una mujer con la que iba á estar
+unido por estrechos lazos.
+
+De vez en cuando, cuando se aburría mucho en Montretout, hacía una
+escapada á París é iba á sorprender á Mauricio, por la mañana, en su
+estudio. Llegaba con la cara radiante y las manos llenas de flores de
+sus estufas; abrazaba á su querido hijo, le contemplaba, le acosaba á
+preguntas y daba vueltas á su alrededor con inquieta ternura. Pero
+prontamente veía que Mauricio no había dejado de quererlo y se iba
+dichoso.
+
+Tomaba precauciones, parque sabía que era espiado. En varias ocasiones
+había sorprendido rondando su casa al primo Bobart, el confidente de
+Clementina, y hasta le había visto seguirle á París. El darle esquinazo
+no había sido más que un juego. Las robustas piernas de Fortunato habían
+burlado fácilmente el espionaje del antiguo abogado. Preguntado Mauricio
+acerca de este personaje había contado que Bobart iba con mucha
+frecuencia á casa de la señorita Guichard. Una vez había llevado consigo
+á su hijo, oficial de húsares y aspirante desahuciado á la mano de
+Herminia. Pero ni el padre ni el hijo parecían peligrosos. Roussel, sin
+embargo, ponía á su pupilo en guardia contra ellos.
+
+--Mientras no hayas salido de la iglesia con tu mujer del brazo, le
+decía, no habrán acabado las dificultades. Y realmente, entonces
+empezarán de nuevo. Navegas entre escollos; no lo olvides. No sabes de
+lo que es capaz Clementina. Es mujer que por una sospecha puede echarlo
+todo á rodar el último día, en la alcaldía misma. Por mucho que
+desconfíes, nunca será bastante.
+
+Mauricio encontraba un poco pueriles tantas precauciones. Había dado un
+largo paseo por el jardín con Herminia y sabía que podía contar con
+ella por completo, porque también le amaba. Aquellos corazones se
+habían entregado al mismo tiempo y no debían separarse jamás.
+
+Una mañana, al llegar al estudio, Roussel encontró á su hijo más
+contento que de costumbre y cuando le preguntó la causa, éste sacó del
+bolsillo una carta y se la entregó. Era de Herminia, que llamaba á
+Roussel "querido padre," le daba las gracias por su abnegación, le
+prometía pagársela con su cariño, y le abrazaba, entretanto, de todo
+corazón. El buen señor se enterneció al principio y aseguró que aquella
+chiquilla era verdaderamente deliciosa, pero después reflexionó y acabó
+por no aprobar que Mauricio la hubiese revelado su táctica. ¡Las mujeres
+son tan charlatanas! ¿Podrían estar seguros de que, con la mejor
+intención, no cometería Herminia alguna indiscreción, aunque fuese
+ligera? Porque si Clementina vislumbraba solamente la verdad....
+
+Esta vez Mauricio trató á su tutor de visionario y dijo que exageraba
+verdaderamente el carácter de las personas. La misma señorita Guichard
+estaba tan contenta con este matrimonio, que si ahora se le descubriese
+la buena inteligencia de Mauricio y de su tutor, no cambiaría en nada
+sus proyectos. Herminia y él estaban convencidos de que aquella
+atmósfera de pura alegría había dulcificado su corazón y de que se
+prestaría de buen grado á reconciliarse con Roussel.
+
+Éste, ante una afirmación que no podía combatir más que por suposiciones
+fundadas en su experiencia, movía la cabeza y respondía deseando que no
+se equivocasen. De este modo llegó la víspera del gran día.
+
+Por la tarde, después de una comida muy alegre, y en el momento en que
+Herminia y Mauricio se disponían á bajar al jardín, la señorita Guichard
+se adelantó hacia el pintor y le dijo:
+
+--Querido hijo mío, desearía hablar cinco minutos con usted ... Herminia
+me perdonará que le separe á usted de ella ... será la última vez ...
+Anda, hermosa mía, ve á coger un ramo de rosas para Mauricio ... Cuando
+hayas acabado, te le devolveré....
+
+Herminia cambió una mirada inquieta con Mauricio y salió. Puestos en
+presencia el uno del otro, el prometido y la tía se observaron un
+momento. Ambos estaban sonrientes pero sus fisonomías aparecían un tanto
+contraídas. La señorita Guichard tomó la palabra y dijo con voz firme:
+
+--Mi querido Mauricio, henos ya en el día decisivo. Usted me hará la
+justicia de reconocer que ni una sola vez le he hablado de mí y que no
+he tenido otra preocupación que la dicha de ustedes dos. Conviene, sin
+embargo, que tratemos á fondo un asunto importante; el de nuestras
+relaciones en el porvenir. Usted sabe cómo he educado á Herminia y ve la
+afección que tiene por mí. Su ausencia de mi casa produciría aquí un
+vacío muy cruel y me atrevo á lisonjearme de que yo también haría alguna
+falta á esa niña.... No quiero, sin embargo, ser obstáculo á la libertad
+necesaria á dos jóvenes, ni interponerme entre vosotros ... He
+reflexionado mucho en estos detalles, que no dejarán de tener influencia
+en nuestra tranquilidad futura, y he aquí lo que voy á proponer á usted.
+Acabaremos aquí el verano y el año que viene haré preparar vuestras
+habitaciones y un hermoso estudio en el edificio donde están situados
+los cuartos de los amigos ... Usted le conoce, porque allí fué donde
+pasó la enfermedad producida por su accidente ... Estaréis, por tanto,
+independientes, y yo gozaré de vuestra presencia.... Comeréis conmigo,
+si así lo queréis, y recibiréis á vuestros amigos como si fueseis los
+dueños de la casa ... Yo seré la que represente el papel de una invitada
+... En París os ofrezco el entresuelo de mi casa de la calle de
+Courcelles ... Yo vivo en el primero. Estaréis, pues, en vuestra casa,
+en completa separación, si eso os conviene ... El estudio lo tendrá
+usted donde guste, porque no le hay en la casa y, por otra parte, las
+idas y venidas de los modelos podrían molestaros. Es mejor que ni su
+mujer de usted ni yo nos encontremos con esas personas, ordinariamente
+un poco ... libres ... Ya ve usted que soy un poco exigente, aunque no
+lo parezca; mi pretensión se reduce á no separarme por completo de mi
+sobrina y gozar también un poco de vuestra dicha.
+
+Hubo un momento de silencio.
+
+--¡Y bien!, continuó Clementina, ¿no responde usted? ¿Qué le sucede?
+¡Parece usted estupefacto!
+
+Mauricio lo estaba, en efecto. El exordio lleno de precauciones de
+Clementina le había hecho inundarse en sudor frío, porque había previsto
+complicaciones horribles. Pero la exposición de aquellas pretensiones,
+después de un miedo tal, le parecía de una moderación absoluta. Imbuído
+en las prevenciones de su padrino, esperaba que la señorita Guichard
+intentaría acapararle enteramente, tenerle en tutela, convertirle en una
+especie de cartujo privado. Y en lugar de tales medidas de rigor,
+reclamaba modesta y casi humildemente que no se prescindiese de ella. El
+tirano se metamorfoseaba casi en víctima. Negarla lo que pedía hubiera
+sido conducirse como un hombre sin educación y sin delicadeza. No
+pensaba que consentir en habitar la Celle-Saint-Cloud en verano, aunque
+fuese en edificio separado, y en invierno en la calle de Courcelles, aun
+en otro piso que Clementina, era consentir en la proscripción de
+Roussel. Porque, sin una completa reconciliación, ¿cómo iba á poder
+Fortunato ir á casa de la señorita Guichard para ver á sus hijos?
+
+Mauricio, en la expansión de su alegría, no miraba tan lejos. Además
+para él la reconciliación era segura; y como quiera que fuese, en casa
+de la señorita Guichard ó en otra parte, la vida se le aparecía de color
+de rosa.
+
+--Estoy estupefacto, respondió, por la ingeniosa y práctica sencillez de
+las combinaciones de usted.
+
+--¿Le parecen á usted, pues, satisfactorias?
+
+--Absolutamente.
+
+--Entonces, ¿las acepta usted?
+
+--Con muchísimo gusto.
+
+--¡Ah! querido hijo mío; ven, quiero abrazarte.
+
+--Y le estrechó en un abrazo vigoroso, y le plantó en cada mejilla un
+beso sonoro. Si Mauricio hubiera estado en aquel momento capaz de
+reflexionar, la ardiente alegría que la señorita Guichard demostraba, le
+hubiera puesto en guardia contra la facilidad con que acababa de acceder
+á las pretensiones de la despótica solterona; hubiera pensado que, para
+empezar, el paso á que se lo obligaba era muy largo y que si el segundo
+iba á ser del mismo tamaño, le conduciría infaliblemente á la
+esclavitud.
+
+Pero en aquel momento y gracias á la óptica especial del amor, la
+señorita Guichard le parecía muy moderada. Al volver Herminia, con un
+haz de flores entre los brazos, encontró á su tía y á su prometido
+encantados el uno del otro y se regocijó cándidamente por su buen
+acuerdo.
+
+Clementina triunfaba y apenas podía contener los transportes de su
+alegría. Una vez franqueado aquel desfiladero, cuyo ataque venía
+preparando, hacía una semana, con habilidad consumada, no veía ante ella
+obstáculo alguno. Mauricio, caído en su poder, gracias á la maga que lo
+había encantado, estaba separado de Roussel y la empresa de odio
+emprendida hacía veinte años recibía su complemento.
+
+Roussel, con el cual pasó Mauricio la mañana, antes de ir á la
+Celle-Saint-Cloud para firmar el contrato, no se engañó acerca del valor
+de las concesiones que Clementina había arrancado tan diestramente al
+joven. Se juzgó amenazado del modo más grave y comprendió que la mujer
+que había dirigido contra él tan formidables baterías, no habría de
+desarmarse como esperaban los jóvenes esposos. Pero tuvo el supremo
+valor de callar sus inquietudes, por no aminorar la alegría de su hijo,
+no queriendo ver ni una sola arruga en aquella frente radiante. Y para
+estar más seguro de no ser causa de una complicación á última hora,
+anunció á Mauricio que partía para el Havre.
+
+--¿Pero volverá usted mañana por la mañana? preguntó Mauricio con algún
+cuidado.
+
+--Mañana por la tarde. Cuando estéis casados, me presentaré en casa de
+la señorita Guichard según vuestro deseo, y haré cuanto sea posible para
+asegurar la concordia general.
+
+--Gracias, querido padrino, en nombre de Herminia y en el mío.
+
+--¡Abrázame y que seáis dichosos!
+
+--El padre y el hijo se estrecharon en un tierno abrazo con una efusión
+extraordinaria. Y Mauricio partió para la Celle-Saint-Cloud, donde
+Herminia y la señorita Guichard le esperaban para almorzar antes de ir á
+la alcaldía.
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+DONDE LA VICTORIA SE INCLINA DEL LADO DE LA BONDAD.
+
+
+En el hermoso jardín, cerca del terraplén que había sido testigo de sus
+primeras palabras, Herminia y Mauricio se paseaban, bajo la bóveda de
+árboles, mientras la señorita Guichard recibía á los invitados. El señor
+Tournemine, muy felicitado por el precioso discurso que había
+pronunciado el día anterior en la alcaldía, acababa de llevar á su
+mujer, y faltaban los Chevalier, primos de Clementina por parte de
+madre, los Bobart y los Truchelet, cuyo jefe, Eduardo Truchelet, miembro
+del Instituto, es el gran profeta de las variaciones atmosféricas.
+
+Cuando Truchelet publica en los periódicos y revistas científicas que el
+mes de junio será lluvioso y el de diciembre glacial, no hay cuidado;
+habrá una sequía excepcional y el invierno será benigno. Nunca se ha
+hecho justicia á la memoria de sabio de Truchelet, y sin embargo, en
+teoría, sus pronósticos son indiscutibles.
+
+Bobart padre, antiguo abogado, acababa de hacer entrar al miembro del
+Instituto en su terreno favorito, preguntándole qué influencia ejercía
+el viento norte sobre el cultivo de los albaricoques en el centro de
+Francia, y Truchelet, apoyado en la chimenea, se disponía á probar que
+el descenso más ó monos rápido de la temperatura polar, produciendo
+mayor ó menor calor en las corrientes submarinas, era causa de las
+buenas ó malas cosechas en el país más templado de Europa, cuando la
+señorita Guichard llamó á Bobart con un ademán y lo hizo acercarse á
+ella.
+
+Encontrándose libre, por primera vez desde por la mañana, quería
+interrogar á su factótum.
+
+--¿Cómo va la construcción de la tienda para el baile de esta noche?
+
+--El patio está ya cubierto ... Los obreros del señor Belloir no tienen
+que hacer más que clavar una tela en el suelo y arreglar las sillas ...
+Se entrará por el jardín y por las ventanas del piso bajo ... Está muy
+hábilmente dispuesto.
+
+--¿Cuántas personas podrán estar sentadas?
+
+--Por lo menos, doscientas.
+
+--Perfectamente. La música del pueblo, ¿será exacta?
+
+--Á los postres, es decir, á eso de las nueve, empezará á tocar.
+
+--Seremos treinta y dos á la mesa. ¿Habrá espacio para todos?
+
+El jefe de cocina asegura que cabrían cincuenta.
+
+--Entonces, todo está bien.
+
+--Tú triunfas; pero has jugado una partida muy arriesgada. Si ese joven
+no hubiera sido tan fácil de conducir, hubieras podido sufrir alguna
+avería ... Mientras que otro ...
+
+--Tu hijo, ¿no es verdad?
+
+--Sí, mi hijo; respondió Bobart con aire contristado.
+
+--No agradaba á Herminia ...
+
+--Si le hubieras dejado hacerle la corte ...
+
+--¡Él se la ha hecho, sin pedirme permiso!
+
+--¿Mi hijo? exclamó estupefacto el antiguo abogado.
+
+--Sí, tu hijo, el oficial de húsares en persona. Y de tal modo, que se
+ha permitido escribir á mi sobrina una esquelita, que Herminia me
+entregó, naturalmente, sin abrir ... Está escrita con un buen estilo la
+tal esquela ... Podrás leerla, si quieres ...
+
+--¡Cómo! ¿Se ha atrevido?...
+
+--Se ha atrevido. Y yo, sin decirte nada, para no disgustarte, mi pobre
+primo, me atreví por mi parte á decirle que si no cambiaba de proceder,
+le pondría en la puerta con todos los honores debidos á sus galones ...
+
+--Puedes creer, respetable prima mía, que yo ignoraba ...
+
+--Hubo un momento en que pensé que eras tú el que habías impulsado á ese
+badulaque, pero la torpeza de su conducta me probó claramente que obraba
+por su propia iniciativa. Yo no os quiero mal, Bobart. Bien sabes que os
+profeso una antigua afección ... En resumen, la adopción de Herminia ha
+destruído las esperanzas que tu hijo podía abrigar respecto de mi
+herencia, y hace mucho tiempo que he resuelto reparar este perjuicio que
+os causaba. En mi testamento he asegurado doscientos mil francos á tu
+oficial de húsares ... Esto le consolará ...
+
+Bobart, abrumado por esta liberalidad inesperada, se deshizo en
+protestas; pero Clementina, con la autoridad de una soberana sobre su
+vasallo, cortó aquellas expansiones entrando en un orden de ideas que le
+parecía más interesante:
+
+--¿Y hay noticias de Roussel esta mañana?
+
+--Partió ayer, como te dije, por el ferrocarril del Havre ... Se ha ido
+á digerir su fastidio en la orilla del mar ... Se ha dado el golpe
+mortal ...
+
+--Le permito vivir, declaró magnánimamente la señorita Guichard, á
+condición de que, en adelante, permanezca en su puesto ...
+
+--¿Y qué remedio tiene? Has cortado las garras á ese león y ya está
+domado ...
+
+--Han sido necesarios veinte años de lucha para llegar á ese resultado
+... Pero no me arrepiento de mis esfuerzos.
+
+¡Veinte años de lucha! Clementina llamaba lucha á la persecución que
+había hecho sufrir al buen Fortunato y contra la cual ni una sola vez se
+había éste rebelado. Una lucha á aquella serie no interrumpida de
+vejaciones y de infamias, sufridas por su enemigo con la paciencia
+inalterable de un hombre que se da cuenta del peligro de que ha escapado
+y que se dice: "Habiendo evitado tal desdicha, puedo soportarlo todo con
+resignación." ¡Al fin, la señorita Guichard le permitía vivir!
+
+Y él estaba decidido á usar de ese permiso, porque apenas las últimas
+palabras de la tía de Herminia se habían confundido con el hueco rumor
+de las disertaciones de Truchelet, cuando entró un criado, se aproximó á
+la dueña de la casa, é inclinándose respetuosamente, murmuró esta frase:
+
+--El señor Fortunato Roussel pregunta si la señorita tendrá á bien
+recibirle.
+
+Un rayo cayendo sobre la casa; las palabras proféticas del festín de
+Baltasar apareciendo en la pared en letras de fuego; el nivel del Sena
+cambiando de repente y haciendo que el río se precipitase sobre el
+jardín; el Presidente de la República apareciendo de pronto escoltado
+por su cuarto militar para bailar en la boda de Herminia; ningún
+cataclismo, ninguna manifestación divina, ninguna inverosimilitud
+social, hubieran causado á Clementina un estupor semejante al que
+sintió.
+
+Sus ojos se abrieron inmensos; una llama subió á su frente; después se
+puso pálida como una muerta y sus manos se abrieron y se cerraron en el
+vacío. Quiso hablar y no pudo más que producir un ruido que lo mismo
+expresaba alegría que terror.
+
+Ya Bobart extendía el brazo para sostener á su respetable amiga, cuando
+por un supremo esfuerzo de la voluntad, Clementina recobró su aplomo,
+dominó á su cerebro y tomando una decisión, dijo:
+
+--Hágale usted entrar en el saloncillo.
+
+Y como Bobart, con la boca abierta, parecía pedir una explicación, le
+dirigió una mirada fulminante y le dijo:
+
+--¡Conque estaba en el Havre!
+
+--Pero, mi bella prima ...
+
+En los momentos críticos, Bobart tenía la costumbre de desarmar á
+Clementina llamándola "bella prima." La lisonja hizo su efecto. Una
+sonrisa altanera crispó los labios de la señorita Guichard; lanzó un
+vigoroso suspiro que la libró de su opresión y dijo, mirando con
+altanería á su primo aterrado:
+
+--¿Crees que le temo? Ahora vamos á vernos los dos.
+
+--Viene, sin duda, á pedir gracia, insinuó Bobart.
+
+Este pensamiento conmovió á Clementina. Hasta entonces no había
+imaginado más que un Roussel amenazador y terrible, avanzando armado de
+derechos iguales á los suyos y reclamando su parte de afecciones, de
+dicha y de esperanza, y en un momento se figuró un Roussel aniquilado,
+vencido, aproximándose tímido, suplicante y dispuesto á consentir que se
+pusiera sobre su cabeza un pie victorioso. Se estremeció de alegría y
+haciendo un ademán de soberbia, contestó:
+
+--¡Es probable! Viene á capitular ... Bueno, ¡vamos á ver!.. Sustitúyeme
+con mis convidados y que nadie sospeche lo que aquí sucede.
+
+--Vete tranquila.
+
+Abrió la puerta y alta la frente, firme la mirada, entró en la
+habitación donde esperaba Fortunato.
+
+Éste estaba de pie cerca de la ventana y miraba á Herminia y á Mauricio,
+que paseaban por el jardín. Ignoraban su llegada y, entregados por
+completo á la dicha de verse juntos, marchaban con ese andar perezoso é
+igual, propio de las parejas enamoradas. En verdad que el paso que
+Fortunato daba en este momento era para él muy penoso, pero todo lo daba
+por bien empleado al ver á los jóvenes tan plenamente dichosos.
+
+La puerta, al abrirse, le hizo volver la cabeza. Clementina, majestuosa
+y soberbia estaba delante de él.
+
+Ambos se examinaron en silencio durante unos instantes. Ella le encontró
+bien con su cabello blanco y rizado que servía de apropiado marco á una
+cara llena y sonrosada. Tenía, como siempre, hermosa presencia y su
+elegancia era propia de su edad. Con una amargura que no pudo vencer,
+Clementina pensó: "No tiene trazas de haber sufrido mucho."
+
+Roussel la saludó con sonriente cortesía y ella hizo una ligera y seca
+inclinación de cabeza.
+
+--He aquí, dijo, una visita que yo no esperaba y que más que
+sorprenderme ...
+
+--La vida no es más que una serie de sorpresas, mi querida prima,
+respondió. Fortunato en tono amable; y seré feliz si ésta que te
+proporciono te parece agradable.
+
+--¿Te burlas?
+
+--La ocasión no me parece bien escogida para eso.
+
+--¡Oh! tu tacto y tu delicadeza me inspiran muy poca confianza.
+
+--Enhorabuena, dijo Roussel riendo; veo que no has cambiado ... en lo
+que se refiere al carácter, al menos.
+
+--¿Te atreverás á dirigirme impertinencias en mi propia casa?
+
+--¡No lo quiera Dios! mi querida prima. Eres siempre la misma en lo
+moral, pero no en lo físico ... Has ganado mucho.
+
+--Hazme gracia de tus piropos, dijo Clementina en tono más dulce, y ten
+la bondad de decirme el objeto de tu visita.
+
+Pues qué, ¿no es bastante visible? ¿Hacen falta explicaciones? Nuestros
+hijos se han casado esta mañana, ¿no es este mi sitio en día semejante?
+Sé las consideraciones que se te deben. Eres la madre de la desposada;
+yo he servido de padre al novio; la boda se hace en tu casa ... y he
+venido.
+
+--Jamás ha existido lazo alguno de parentesco entre ese joven y tú ... y
+después de la indignidad de tu conducta respecto de él, no tiene ningún
+motivo de reconocimiento. Por consiguiente tu presencia no está
+justificada y nos veremos en la precisión de evitarla.
+
+Roussel no se movió.
+
+--Es verdad, dijo, que en el primer momento, cuando supe por Mauricio
+que so quería casar con tu sobrina, experimenté un vivo descontento
+contra él y le obligué á abandonar mi casa. Pero, después he
+reflexionado: la soledad es buena consejera. He pensado que, después de
+todo, ese muchacho tenía el derecho de amar á quien quisiera y me he
+resignado con tu sobrina. Mis informes han sido muy favorables á
+Herminia, debo confesarlo; he cambiado de modo de pensar y me he
+arrepentido de mi conducta con Mauricio. Apruebo su matrimonio, lo
+reintegro en su situación de heredero, le devuelvo mi cariño y me
+preparo á rivalizar contigo en ternura para la joven pareja.
+
+--¡Dios mío! exclamó Clementina levantando los brazos con estupor; ¿qué
+es lo que oigo?
+
+--Lo que oyes, querida prima, es el lenguaje de la sana razón. Acaso
+habías perdido la costumbre de oirle en los veinte años que hace que no
+nos vemos, pero nunca es tarde para ceder á los buenos consejos. Ya ves
+con qué confianza he venido á buscarte ...; os que, en realidad, no se
+trata ya de ti ni de mí, sino de esos muchachos, que merecen ser
+dichosos ...
+
+--Nos pasaremos sin ti para su dicha como nos hemos pasado para su
+matrimonio; llegas tarde. Cuando se quiere imponer condiciones es
+preciso formularlas antes de firmar las capitulaciones. Hemos arreglado
+nuestros asuntos sin ti y sin ti continuaremos, quieras ó no. ¡Está
+bien! ¡He aquí un divertido personaje que viene á adjudicarse él mismo
+su parte en una dicha á cuya preparación ha sido extraño! Tú has
+prescindido de nosotros; no te conocemos.
+
+--Pero yo os conozco todavía. Me he juzgado más firme de lo que soy en
+realidad. He creído que podría vivir sin estar rodeado de las atenciones
+á que estaba dulcemente acostumbrado y he visto después que me engañaba
+y que moriría de pena en la soledad.
+
+--Muere; no vemos en ello ningún inconveniente.
+
+--Habla por ti, querida prima; pero no en nombre de Mauricio. Estoy
+seguro de que bastará una sola palabra para hacerle venir á mí y con él
+á su mujer.
+
+Á esta afirmación la señorita Guichard se estremeció, porque veía su
+verosimilitud. Toda su combinación estaba fundada en un resentimiento
+que, gracias al rencor de que suponía animado á Roussel debía ser
+definitivo. Y de repente, el que ella creía separado de Mauricio por
+sentimientos que necesariamente debían irse agravando, se presentaba
+calmado, sereno, con palabras de conciliación en los labios y prendas de
+paz en las manos. Ni Mauricio ni Herminia podían ser rigorosos con él:
+uno y otro iban á saltar de alegría á las primeras insinuaciones de
+Fortunato; él obedeciendo á su antiguo cariño y ella seducida por la
+novedad del personaje, serían conquistados sin remedio. Y ella,
+Clementina, quedaba en descubierto, en el momento en que se creía
+invulnerable, y era desposeída de sus más seguras posiciones por este
+hábil movimiento envolvente del enemigo.
+
+"No tengo, pensó, más que una probabilidad de salirme con la mía; buscar
+querella á Fortunato, hacerle salir de sus casillas, obligarle á
+pronunciar una palabra violenta y llamar en mi socorro á Mauricio y
+Herminia, procurando que consideren mi causa como suya Entonces le pongo
+en la puerta y todo se ha salvado." No bien formado por ella este plan,
+empezó á ponerle por obra. Realmente, si la política es, como muchos
+creen, el arte de embrollar las situaciones para hacer daño al
+adversario y sacar provecho para sí mismo, la señorita Guichard poseía
+estas cualidades en su esfera privada. Se volvió hacia Roussel y dijo
+con áspera ironía.
+
+--En resumen; ¿vienes guiado únicamente por el egoísmo? Me decías ahora
+que no he cambiado ... ¡pues tú tampoco!
+
+--Soy modesto y no me gustan los privilegios.
+
+--Posees uno, sin embargo, y bastante raro; el de olvidar las injurias
+... cuando te lo exige tu interés.
+
+--¡Humildad cristiana!
+
+--Pues yo te he conocido menos paciente.
+
+--Se calma uno cuando envejece.
+
+--Y, sin embargo, te he jugado muy malas partidas.
+
+--Eres la única que las recuerda; yo las he olvidado.
+
+--¿Y la tapia que he construído delante de tu jardín?
+
+--Me ha proporcionado excelentes espaldares.
+
+--¿Y el criado que tanto te convenía y que te quité á peso de oro?
+
+--Empezaba á servirme mal.
+
+--¿Y el descrédito que he arrojado sobre tus costumbres?
+
+--¡Bah! No me ha disgustado pasar por un vividor.
+
+--En fin; todo lo que he hecho en veinte años que hace que te aborrezco,
+y que te lo pruebo, ¿ha sido perder el tiempo?
+
+--No; porque ha servido para demostrar que no podías olvidarme.
+
+--¡Eres un insolente!
+
+--Y tú eres adorable.
+
+Clementina se había avalanzado hacia él con la cara descompuesta, los
+ojos inflamados y la mano amenazadora. Fortunato permanecía impasible y
+sonriente. La solterona le miró un instante con extravío, preguntándose
+si no era juguete de una pesadilla. Todo cuanto veía y escuchaba hacía
+un cuarto de hora, le parecía fantástico. Pero Roussel no se desvaneció
+como una aparición; permaneció en su sitio y con mucha sangre fría dijo:
+
+--Mi querida prima; creo que debes haber agotado las malas palabras; no
+busques más en tu fondo de reserva, porque sería inútil. Comprende que
+cuando me he decidido á afrontar tu presencia, es que me sentía seguro
+de mí mismo. No conseguirás hacerme montar en cólera, porque me importan
+poco todas las injurias. Renuncia, pues, á provocar un escándalo y
+resígnate. Estoy aquí y, como dijo un ilustre hombre de guerra, aquí me
+quedo.
+
+Clementina se vió vencida; arrojó un grito sordo, se le subió la sangre
+á la cabeza y le pareció que la habitación daba vueltas con
+extraordinaria rapidez. Extendió los brazos buscando un punto de apoyo y
+oyó á su enemigo que exclamaba:
+
+--¡Bueno!; ahora una congestión: no faltaba más que esto.
+
+Clementina se desmayó. Cuando recobró el conocimiento, estaba medio
+tendida en el sofá; el cuerpo de su vestido estaba desabrochado y
+Roussel tenía cogida su mano y se inclinaba sobre ella con inquietud.
+Después de veinte años, se encontraban en la misma situación que el día
+de su rompimiento. Se levantó azorada y dijo con amargura:
+
+--¡Confiesa que has deseado mi muerte!
+
+--¡Dios mío! ¿Yo?, respondió Roussel con un horror sincero; he hecho
+cuanto he podido para reanimarte; ¿por quién me tomas? Vamos, pues;
+ahora debes estar calmada. Escúchame y verás las ventajas que estoy
+dispuesto á concederte. Nuestra enemistad es demasiado pública para que
+pueda cesar sin que demos una explicación del cambio. Esa explicación
+quiero que sea enteramente favorable para ti. Diremos que tú has
+olvidado tus agravios y que yo he pedido el perdón de mis faltas. Yo
+habré dado todos los pasos y tú habrás tenido la grandeza de alma de
+perdonar. Considera que semejante concesión á tu amor propio merece
+alguna indulgencia y que yo la reclamo, no ficticiamente, sino con
+verdad. Todo lo que pido, es el derecho de amar á esos muchachos tanto
+como tú. Te invito á una nueva lucha, pero pacífica, en la cual el
+vencedor será el más tierno, el más cariñoso para esa joven pareja, que
+es preciso encuentre fácil y expedito el camino del porvenir.
+
+Clementina exhaló un gemido. Aquella grandeza de alma de su enemigo la
+aniquilaba. Enseguida pensó: "¿Por qué no ha sido tan generoso cuando se
+trataba de mí? ¡Cuán pequeñas eran las concesiones que yo le pedía
+comparadas con las que se impone él mismo! ¿Tanto me odiaba que no quiso
+concederme nada? Si él hubiera querido, sin embargo, hace veinte años
+seríamos dichosos y esta hija que se casa podría ser nuestra ... ¡Oh!
+qué duro, qué ingrato, qué culpable ha sido ... y ¡cuánto le detesto!"
+
+No obstante, no le miraba ya del mismo modo que al principio de la
+conversación. La ternura que había abrigado por Fortunato debía estar
+bien arraigada en su corazón, porque, después de tantos años, se
+encontraban aún vestigios de ella. Así las antiguas ciudades de Oriente,
+enterradas bajo el polvo de los siglos, y cuyos restos aparecen inmensos
+á los viajeros y les dan ideado una civilización colosal.
+
+Miraba á Roussel; le encontraba todavía seductor y se exasperaba más y
+más.
+
+--En fin, dijo, es preciso que arreglemos nuestra respectiva situación.
+¿Tú pides la paz?
+
+--La imploro.
+
+--¿Reconoces, pues, que no tienes medio de resistir?
+
+--Lo reconozco, y todo lo que tú quieras por añadidura.
+
+--Así pues, soy yo la que dicta las condiciones del tratado.
+
+--Tú.
+
+--Será preciso que respetes las estipulaciones hechas por mí con
+Mauricio.
+
+--Si no tienen por objeto impedirme ver á esos muchachos, las suscribo.
+
+--No contienen semejante cláusula.
+
+--Entonces está convenido. Venga esa mano.
+
+Clementina se la dió con profunda satisfacción al ver que salía
+victoriosa de su guerra de veinte años. Porque resultaba victoriosa, en
+el fondo, puesto que Roussel había tenido que hacer acto de contrición,
+y en la forma, porque obtenía públicamente el laurel de la victoria.
+Tuvo un instante de orgulloso delirio y cuando Roussel la besó con
+galantería el extremo de los dedos murmuró:
+
+--¡Ah! Roussel, si hubieras querido!
+
+Fortunato tuvo miedo de este enternecimiento y respondió con
+volubilidad:
+
+--No pensemos en eso, querida prima. Preparémonos á ser compadres. Y á
+propósito, hazme el favor de presentarme á tu encantadora sobrina.
+
+La frente de Clementina se contrajo. Esta primera ejecución del convenio
+le padecía humillante. Tuvo, sin embargo, que resignarse y abriendo la
+puerta del salón, llamó "¡Bobart!" El antiguo abogado apareció, con aire
+de inquietud, no sabiendo si manifestar cordialidad ó reserva. La
+actitud de Roussel aumentó su indecisión: el mortal enemigo de la
+señorita Guichard estaba allí como en su casa y Clementina no parecía
+dispuesta á hacerle arrojar á la calle.
+
+--¿Quieres tener la bondad, amigo mío, de enviarme á Herminia y al señor
+Aubry?...
+
+--No les prevenga usted que estoy aquí, Bobart, añadió tranquilamente
+Fortunato; quiero gozar de su sorpresa.
+
+Estupefacto por la desenvoltura de Roussel, Bobart consultó á
+Clementina con una mirada. Ella asintió con la cabeza. Entonces el
+complaciente primo, adivinando que acababan de ocurrir acontecimientos
+de extraordinaria gravedad, se lanzó al jardín en busca de los jóvenes
+esposos. Apenas Fortunato y Clementina tuvieron tiempo de advertir la
+molestia de encontrarse juntos, porque enseguida entraron Herminia y
+Mauricio. No fué necesaria presentación alguna. Al ver á Roussel, el
+novio gritó:
+
+--¡Mi padrino!
+
+Y enseguida Herminia añadió en una exclamación de alegría:
+
+--¡Qué dicha!
+
+Sin pedir explicación alguna, una súbita sospecha hirió á la señorita
+Guichard como un rayo de luz; pero no tuvo tiempo de reflexionar.
+
+Mauricio, empujando á su mujer hacia los brazos de Roussel se arrojó en
+los de Clementina.
+
+--¡Ah! mi querida y respetada tía! ¡Cómo agradecer á usted su bondad!...
+¡Porque á usted debemos la dicha de ver aquí á mi padrino en este día!
+
+Y la abrazaba con una efusión que no dejaba de tener sus encantos para
+la solterona. Ésta pensaba volviendo con obstinación á su impresión
+primera: "Pero, ¿cómo sabe tan bien lo que acaba de pasar entre
+Fortunato y yo? Y Herminia, ¿cómo no manifiesta sorpresa y exclama de
+buenas á primeras: ¡Qué dicha!"
+
+Roussel hablaba con Herminia y la señorita Guichard se vió obligada á
+interrumpir sus reflexiones para escuchar lo que decían:
+
+--Cuando usted sepa, señora, cuánto quiero á este muchacho, comprenderá
+el deseo que tenía de conocerla ...
+
+--¡Oh! sé lo bueno que usted ha sido para Mauricio ... Me ha contado su
+infancia ...
+
+He conocido á usted tarde, interrumpió Roussel, que encontraba que la
+joven no fingía bastante sorpresa, pero espero recuperar el tiempo
+perdido ... Usted verá que no soy tan áspero como mi acceso de rigor
+puede haberla hecho creer ... Me arrepiento de él y para hacer que usted
+olvide la contrariedad que he podido causarle ...
+
+Sacó del bolsillo un paquetito, desenvolvió el papel que le rodeaba y
+entregó á Herminia un estuche de tafilete blanco con las iniciales H.A.
+
+--He aquí mi regalo de boda ...
+
+La joven abrió la caja y arrojó un grito de admiración, de confusión, de
+alegría. El estuche no contenía más que dos perlas negras, pero gruesas
+como avellanas y de un oriente, de una redondez, de un brillo
+incomparables. Era aquel el regalo elegante, refinado, de un hombre que
+no procura deslumbrar pero que sobresale sobre todos los demás por la
+rareza y el gusto de lo que regala.
+
+--¡Oh! señor, dijo Herminia, ¿cómo me atreveré á adornarme con una
+alhaja de tan gran precio?
+
+--Hija mía, dijo Roussel sonriendo, esa joya no tendrá verdadero valor
+más que cuando usted se la ponga.
+
+--Habría que recorrer todas las joyerías de París y no se encontrarían
+otras semejantes, dijo Mauricio examinando los pendientes como artista
+enamorado de todo lo bello.
+
+La señorita Guichard no pronunció más que una palabra:
+
+--¡Soberbios!
+
+Permaneció pensativa, extrañada del singular acuerdo que revelaban las
+palabras y las acciones de aquellas tres personas que debían estar
+violentas al encontrarse juntas y que, sin embargo, parecían unidas por
+la mayor confianza como si se hubieran visto el día anterior.
+
+La situación pareció tan peligrosa á Roussel, que juzgó conveniente
+abreviarla, por muy dulce que le resultase este momento, esperado por él
+durante un mes.
+
+--Pero hace mucho tiempo, querida prima, que te estoy sustrayendo á tus
+convidados, dijo, y añadió con graciosa galantería, inclinándose ante
+ella:
+
+--¿Qué ordenas ahora á tu servidor?
+
+--¿Qué deseas que yo te ordene? replicó ella con una acritud mal
+disimulada por su sonrisa.
+
+--Comer con vosotros esta tarde, si me lo permitís.
+
+--Pues bien, ve á ponerte un frac y vuelve á las siete.
+
+--Muchas gracias. Voy á Montretout. Durante mi ausencia tendréis el
+tiempo necesario de preparar á nuestros parientes y amigos para mi
+aparición.
+
+Y saludó, no atreviéndose á ofrecer la mano á Clementina, tanto era su
+miedo de embrollar las cosas. Mauricio y Herminia hicieron un movimiento
+para acompañarle, pero la señorita Guichard detuvo á su sobrina por
+medio de una imperiosa mirada.
+
+--Hasta luego, dijo Roussel; y salió con Mauricio.
+
+Apenas estuvo sola con Herminia, la cara de la señorita Guichard cambió
+de expresión y poniéndose sonriente, dijo:
+
+--He aquí una feliz sorpresa, ¿no es verdad, hija mía? ¿Tú no esperabas
+ver aquí al tutor de Mauricio el día de tu matrimonio?
+
+--¡Oh! Estábamos seguros, Mauricio y yo, de que os reconciliaríais,
+respondió Herminia con convencimiento. Toda vez que el señor Roussel se
+prestaba á ello, era evidente que usted, tan buena, no había de
+negarse....
+
+--¡Ah! dijo alegremente Clementina; ¿se trataba pues de un efecto
+preparado? ¿Había un complot? ¿Y desde cuándo data la intriga?
+
+--Mi querida tía, mucho me habían encargado no dejar á usted sospechar
+nada.... Pero ahora que todo está arreglado, ¿no es verdad? el secreto
+no tiene objeto.... Mauricio no ha estado nunca enfadado con su tutor.
+Temía que usted no le acogiera bien si aparecía en buen acuerdo con un
+hombre á quien usted tiene tantas razones para no amar, y, entonces,
+para destruir sus prevenciones....
+
+--Me ha representado una comedia.
+
+--La voz de Clementina sonó con tal dureza, que Herminia se estremeció,
+miró á su tía con inquietud y preguntó:
+
+--Pero usted no le quiere mal, tía mía, ¿no es verdad?
+
+--¿Yo? ¡El pobre muchacho! ¿No está todo arreglado á pedir de boca,
+gracias á su pequeña añagaza? Entonces, él veía á su tutor....
+
+--Casi todos los días....
+
+--¿Y se ponían de acuerdo sobre lo que convenía decir y hacer?
+
+--¿No han maniobrado bien?
+
+--Maravillosamente. Debo, en realidad, mucho al uno y al otro por lo que
+han hecho y dicho, pero toda vez que estaba en el programa que yo no
+supiera nada, supongamos que nada sé todavía. No digas una palabra, ni á
+Mauricio, de tu amable y afectuosa confidencia. Yo continuaré
+aparentando que no estoy al corriente de la verdad.
+
+--Si, tía mía. Pero déjeme usted que la abrace para demostrarle mi
+agradecimiento por haber sido tan buena. Gracias á usted, vamos todos á
+ser muy dichosos.
+
+--Ahí vuelve Mauricio, dijo la señorita Guichard, mirando por la
+ventana; ve á su encuentro. Yo vuelvo al salón.
+
+Herminia bajó al jardín y Clementina quedó sola.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+DOMINADA POR LA MALDAD
+
+
+La señorita Guichard se sentó en una butaca y con la faz alterada, la
+boca contraída por la amargura y los ojos sombríos, se abismó en sus
+pensamientos. De modo, que había sido burlada, ella, que se creía tan
+fuerte. Dos niños la habían llevado por la punta de la nariz hasta
+concluir un arreglo que alteraba toda su vida, turbaba todas sus ideas,
+cambiaba sus combinaciones y la imponía la presencia del ser á quien más
+detestaba en el mundo. Pero ahora que estaba advertida, ¿iba á dejar
+correr las cosas? ¿Soportaría tal humillación? ¿Aceptaría semejante
+servidumbre? Ella que siempre había sometido á los demás á su voluntad;
+ella, á quien nadie, fuera de aquel Roussel aborrecido, había sabido
+jamás resistir, ¿se confesaría vencida? ¿Dejaría á sus adversarios
+reirse de ella? Porque, ciertamente, se reirían de su credulidad, de su
+tontería....
+
+Todas las palabras pronunciadas durante su conversación con Roussel
+venían á su memoria y la hacían encogerse de hombros, de lástima de si
+misma, ¡Cómo! ¿Y era ella la que había hablado así? ¿Donde tenía la
+cabeza cuando había dado aquellas lastimosas respuestas? Hubiera sido
+preciso decir tal ó cual cosa y Roussel se hubiera visto confundido ...
+Realmente no había estado á su habitual altura: la sorpresa, la emoción,
+la habían privado de sus facultades. ¿Pues no había cerrado la discusión
+desmayándose? ¡Desmayarse, cuando hubiera debido arrojarse á la cara de
+aquel malvado y sacarle los ojos! Recordaba que había tenido esa
+intención, pero la habían hecho traición sus fuerzas.
+
+Después pensó: "Ha debido encontrarme degenerada. ¡Y estaba irónico, el
+muy ... ¡Bien se ha burlado de mí! ¡Oh! yo tendré mi desquite y le
+enseñaré que todavía sirvo para darle una lección. Pero, ahora, ¿qué
+hacer?... ¡Ante todo, no quedar bajo el peso de esta derrota!..."
+
+Reflexionó profundamente y cuanto más examinaba los diversos aspectos de
+la situación más peligrosa la encontraba. Era evidente que Mauricio
+había sido cómplice de su tutor en todo este negocio, y que sabía á qué
+atenerse sobre las relaciones que habían existido entre Roussel y ella.
+¿Cómo había adquirido el compromiso que ella le había exigido antes del
+matrimonio? Eso era que estaba decidido á no cumplirlo. La señorita
+Guichard se puso en el caso del joven y se confesó que ella hubiera
+también obrado del modo de que le suponía capaz. Y con furor lleno de
+espanto comprendió que estaba á merced de sus adversarios y que éstos
+podían hacerla sufrir el mismo tratamiento que les tenía preparado.
+Roussel, & quien creta tener en su poder, la tenía á su discreción. Él
+seria quien se llevarla á Herminia, gracias al ascendiente de Mauricio.
+Y esta muchacha, ¿no estaba decidida de antemano? ¿No lo probaba la
+acogida que había hecho á aquel hombre maldito? Sí; todo se venía abajo;
+el desastre era inevitable, si un golpe de fuerza no restablecía sus
+ventajas y cambiaba repentinamente su derrota en victoria.
+
+Para esto, no había más que un medio: deshacer su propia obra; romper
+los lazos que ella había atado; indisponer aquel matrimonio antes de que
+tuviese tiempo de consolidarse; aplastar en germen la sublevación
+tramada contra ella. Y esto enseguida, sin perder un segundo; provocar
+la discusión, procurar una querella y á favor del desacuerdo llevarse á
+Herminia, á fin de que no pudieran volverse á ver, ni, por consecuencia,
+reconciliarse. Acaso Mauricio muriera de pena y su sobrina también;
+pero, en su exasperación contra ellos, no veía en esto inconveniente
+alguno. Hubiera prendido fuego á la casa y se hubiera quemado viva, si
+hubiera estado segura de que Roussel y la joven pareja ardían también.
+Ningún escrúpulo, ninguna debilidad, ninguna conmiseración debía
+detenerla en su plan. Y su plan era, sencillamente, destruir la
+felicidad de dos hijos.
+
+No pensó ni un solo momento en dirigirse al corazón de Herminia y á la
+razón de Mauricio. Y, sin embargo, aquel era el punto débil en el que
+hubiera sido preciso herir para asegurar la victoria. Como ella era toda
+odio, no hizo entrar en sus cuentas el cariño que Herminia la profesaba.
+Mujer pérfida, no fundó esperanza alguna en la lealtad de Mauricio. Á
+las primeras explicaciones, sin embargo, Herminia se hubiera arrojado á
+su cuello y á los primeros cargos el pupilo de Roussel se hubiera
+sonrojado por haber engañado á una mujer que le acogía sin desconfianza.
+Ciertamente, todo se hubiera allanado y por una conversación de un
+cuarto de hora la tranquilidad de todos hubiera quedado asegurada. Pero
+Clementina no quiso explicaciones: se juzgó vendida y sólo pensó en
+preparar secretamente su desquite.
+
+Por de pronto, quiso ser informada jurídicamente y abriendo la puerta,
+llamó á Bobart, que, desde la aparición de Roussel en la casa, estaba en
+acecho. Fuera de que siempre había profesado al hermoso y rico Fortunato
+la animosidad propia del hombre feo y pobre, sentía ahora cierta
+inquietud á causa de la actividad desplegada por él en servicio de la
+señorita Guichard. "Si se reconcilian, pensaba, será á costa mía y yo
+seré quien pague los gastos de la guerra." Se apresuró, pues, á acudir
+en cuanto vió á Clementina hacerle una seña y respiró al observar que
+Roussel se había marchado. "Le ha puesto á la puerta, se dijo, y su
+fisonomía se esclareció."
+
+--Y bien, amiga mía, preguntó, ¿el monstruo ha partido?.
+
+--Por el momento, replicó con rudeza Clementina; pero va á volver
+enseguida.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para comer.
+
+--¿Para comer ... en tu casa?
+
+--En mi casa.
+
+Los dos se miraron, él con estupor, ella con cólera.
+
+--Me has dado, por cierto, muy exactas noticias ... Te felicito ...
+Parece que Mauricio y él no han cesado de verse en su vida. ¿Quién era
+el que les espiaba por encargo tuyo?
+
+--El portero del señor Aubry.
+
+--Pues te ha robado el dinero y se ha burlado de ti.
+
+--¿De quién fiarse entonces?
+
+--De sí mismo, y esto á condición de no ser un mentecato.
+
+--Pero, amable prima....
+
+--¡Basta! El mal está hecho: tratemos de repararle. ¿Qué recursos ofrece
+la ley para romper un matrimonio?
+
+--Romper un matrimonio.... ¿Acaso?...
+
+--¡Nada de comentarios!... Responde categóricamente.
+
+--En la legislación actual, tenemos la separación y el divorcio.... La
+primera deja subsistir el lazo legal, poniendo la persona y los bienes,
+ó los bienes tan sólo, de la esposa, por ejemplo, al abrigo de las
+disipaciones ó de las sevicias del marido; y el segundo, que disuelve
+completamente el matrimonio y hace á los esposos extraños el uno al
+otro.
+
+--El divorcio me gustaría más.... Pero es una palabra muy dura, que
+asustaría á mi sobrina....
+
+--¿Luego es ella?...
+
+--¿Y quién quieres que sea? exclamó Clementina; te pones enteramente
+obtuso....
+
+Pero, amiga mía; semejante resolución ¿no es para sorprender? Si me
+fuera permitido darte un consejo, acaso, en efecto, la separación
+bastaría, por el momento ... Después sería más cómodo convertirla en
+divorcio.
+
+--¡Bueno! No nos ocupemos entonces más que en la separación. ¿Cuáles son
+los motivos ó los pretextos que la ley juzga suficientes?
+
+--Por de pronto, la mala conducta del marido ó de la mujer....
+
+--Adelante, interrumpió púdicamente Clementina.
+
+--Los excesos, las sevicias ó las injurias graves.
+
+--¿Y qué entendéis por excesos?
+
+--La embriaguez por ejemplo, y otras malas acciones que es difícil
+detallar ante ti.
+
+--Adelante. ¿Y no hay más?
+
+--Secuestro de la mujer, privación de alimentos, negativa de dinero....
+
+--¡Todo eso es estúpido! Otra cosa....
+
+--Negativa del marido á habitar con la mujer....
+
+--¡Ah! ¡Ah! Esto pudiera ser ... con un poco de habilidad ... pero seria
+muy difícil ... ¡Se aman!
+
+Esta atroz circunstancia, que era la condenación de la tentativa de la
+señorita Guichard, no turbó á Bobart, que no vió en la confidencia de
+Clementina sino una dificultad más. No pensó ni un segundo en la dicha
+de aquellos jóvenes, en su porvenir, en todo lo que podían perder de
+esperanza, de paz y de alegría en aquel enredijo judicial. El abogado
+respondió con una risa espantosa.
+
+--¡Bah! En mi larga carrera he contribuído á separar más de doscientas
+parejas que se adoraban y á los cuales sus padres han probado que no
+podían vivir juntos!
+
+--Entonces, ¿me secundarás?
+
+--¿Puedes dudarlo?
+
+--¡Ah! Tú eres un verdadero amigo....
+
+--Y sin embargo, no has parecido creerlo. Si hubieras entregado Herminia
+á mi hijo....
+
+--No volvamos á eso, interrumpió Clementina con fastidio; ya no es
+tiempo.
+
+--Si, lo es, si rompes el matrimonio.
+
+--En efecto, es verdad.
+
+La señorita Guichard creyó necesario dejar esta esperanza á su cómplice.
+"Me servirá mejor, pensó, si trabaja para sí mismo al mismo tiempo que
+para mi."
+
+--¿Y qué instrucciones me das? preguntó Bobart.
+
+--Vigila atentamente á Roussel cuando venga y trata de saber lo que
+prepara. Pero sé prudente. Yo velaré por mi parte ... Y todo lo que haya
+de hacerse lo decidiré yo sola ... No llamemos la atención de Mauricio
+y de Herminia con una conversación demasiado larga ... Volvamos al
+salón.
+
+El número de los convidados había crecido durante aquellos tempestuosos
+debates. Los parientes alojados en la casa y en los pabellones se habían
+puesto de veinticinco alfileres. Los notables del país, invitados á
+comer, iban llegando. Clementina tuvo que pensar en su atavío. En las
+angustias de su situación, había olvidado que el tiempo pasaba y que era
+preciso sacrificarse por el decoro. Pasó rápidamente entre los
+convidados, á quienes Mauricio y Herminia hacían los honores de la casa,
+y encontró que ya se había propagado el rumor de la reconciliación. En
+el ardor de su alegría, los recién casados no habían podido contenerse y
+habían difundido la buena noticia. Todos los amigos que conocían las
+antiguas diferencias y los recientes malos tratos, estaban llenos de
+curiosidad. Una vaga esperanza de alguna sorpresa de efecto germinaba en
+los espíritus. Aquel cordial acuerdo, tan repentino, ¿era sincero? ¿No
+se podía presagiar que la armonía, difícilmente restablecida, no duraría
+mucho tiempo? Las caras sonreían; las palabras aprobaban; pero cada
+cual, allá, en su interior, hacía las necesarias reservas....
+
+Encontrando el terreno preparado, la señorita Guichard, con la firmeza
+habitual de su carácter, no evitó las explicaciones. Se multiplicó para
+dar testimonios de alegría. Sí, una enemistad antigua, había terminado.
+La boda de aquellos queridos hijos había sido la ocasión de perdonar las
+injurias. El señor Roussel había llegado con los brazos abiertos
+pidiendo que todo se olvidase y ella no había creído que debía negarse á
+la indulgencia. Tal conducta no hubiera sido propia de una mujer ni de
+una cristiana. Perdonaba, pues, y todos iban á vivir en adelante en la
+más perfecta concordia. El señor Roussel había ido á su casa para
+vestirse y volvería para comer con la familia y los amigos de la
+señorita Guichard.
+
+Algunos de los presentes no conocían á Fortunato; otros le conocían sólo
+de vista. Muchos le consideraban como un hombre muy importante por su
+fortuna y por su posición social. Todos tenían gran deseo de verle de
+cerca y de presenciar aquella comedia de la cesación de una hostilidad
+inveterada.
+
+El doctor Truchelet aventuró una alusión sabia á las bodas de Pirito,
+ensangrentadas por el combate de los Centauros y de Lapites, y felicitó
+á la señorita Guichard por no haber renovado las luchas de las Amazonas
+contra Hércules y Teseo. Acaso la comparación con Hércules hubiese
+agradado á Roussel, pero el ser asimilada con las Amazonas extrañó
+singularmente á Clementina, quien por vez primera empezó á sospechar que
+un académico podía muy bien ser un imbécil, y deploró que esta
+desagradable excepción recayese precisamente en su familia.
+
+Desapareció para ir á ponerse un traje muy historiado. Pero jamás era
+pesada en su atavío y al dar las seis, volvía á entrar en el salón. Era
+tiempo, porque á la sazón llegaba Roussel. Éste no se había puesto de
+negro; se presentó con un pantalón gris, chaleco blanco y frac azul, con
+botones de oro. Estaba en realidad muy elegante de este modo y produjo
+una favorable impresión en la parte femenina de la concurrencia. Los
+hombres intentaron criticarle, pero fracasaron ante la admiración de sus
+compañeras. La señorita Guichard se puso amarilla de despecho. Puso, sin
+embargo, á mal tiempo buena cara, y adelantándose hacia su primo, le
+presentó á los convidados.
+
+Roussel se sometió con gracia á sufrir este mal paso y se mostró
+sencillo y cordial, con un cierto matiz de altanería que á Clementina le
+pareció que contrapesaba desagradablemente la ventaja que ella había
+obtenido públicamente de la sumisión de aquel rebelde. Creyó que se
+levantaba un poco deprisa y vió en esta actitud un indicio del doblez
+con que, á su juicio, se había conducido.
+
+Si hubiera podido penetrar en la mente del buen señor, hubiera quedado
+asombrada, pues no hubiese hallado ninguno de los pensamientos
+amenazadores que le atribuía. Roussel no pensaba sino en regocijarse, en
+gozar de la hora presente y en tratar de que se arreglase el porvenir de
+un modo soportable. La astucia que Clementina le imputaba como un
+crimen, era supuesta, ilusoria y quimérica. La mala fe de Fortunato no
+existía más que en la imaginación de Clementina. Herminia y Mauricio
+eran todo expansión y todo sonrisas. Se encontraban dichosos entre
+aquellos dos enemigos reconciliados por ellos y á quienes amaban tan
+sinceramente.
+
+El jefe de comedor se presentó y pronunció las importantes palabras:
+
+--¡La señorita está servida!
+
+Entonces Clementina, con aire de reina, se adelantó hacia Mauricio y
+después, adoptando el ceremonial en uso, dijo en tono imperioso:
+
+--Herminia, toma el brazo del señor Roussel.
+
+Y pasaron en comitiva al comedor, que debía servir por la noche de salón
+de baile, y que ostentaba en su centro una gran mesa. Un toldo de tela
+rayada, adornada con plantas verdes, adornaba todo el patio y tres
+arañas difundían una viva claridad. El mantel estaba resplandeciente de
+cristalería y de plata; unas guirnaldas de flores serpenteaban alrededor
+de la mesa y servían de marco á un espléndido servicio de postres de
+antigua porcelana de la China, que procedía del tío Guichard. Roussel le
+dirigió una mirada de antiguo amigo; era la única cosa que hubiera
+deseado de la herencia tan espléndidamente abandonada á su prima.
+
+La señorita Guichard se sentó entre Mauricio y el sabio Truchelet;
+Roussel á la derecha de Herminia, porque Clementina había adjudicado
+doblemente la presidencia á las señoras en su persona y en la de su
+sobrina. Roussel estaba transportado de júbilo: le hubieran colocado en
+una esquina de la mesa y no hubiera chistado. Se encontraba al lado de
+Herminia y radiante, rejuvenecido, empezó desde luego á hacer la corte
+en toda regla á su nuera de adopción.
+
+Siempre había sido amable, con cierto aire florido, un tanto pasado de
+moda; pero en esta ocasión se excedía á sí mismo y todo en él tendía
+hacia este fin: agradar á aquella niña, de la que quería hacerse amar.
+No tenía, por otra parte, grandes esfuerzos que hacer; la puerta que
+pretendía forzar estaba abierta de par en par para él. Aquel joven
+corazón se ofrecía con ternura filial y no habla que hacer más que
+apoderarse de él.
+
+Herminia escuchaba á Roussel con placer no disimulado. Le encontraba
+galante, gracioso, encantador. Fortunato tuvo la habilidad de hablarle
+de Mauricio y de referirle episodios de su infancia y con tan agradable
+historia la tuvo atenta toda la velada. Clementina, separada de ellos
+solamente por la mesa, no les quitaba ojo. Veía á Roussel desplegar
+todas sus gracias y pensaba: "No pierde el tiempo para apoderarse de la
+muchacha; ¡cómo la engatusa! La pobre se dejará coger por sus hermosas
+palabras, porque no le conoce, pero yo la ilustraré acerca de ese zorro
+viejo y ella volverá al justo conocimiento de las cosas."
+
+La señorita Guichard escuchaba distraidamente las protestas afectuosas
+de Mauricio; cuanto el joven le decía era para ella letra muerta.
+Consideraba su amabilidad como un ardid de guerra y la consideraba nula.
+Todo lo que Mauricio le hablaba de cariño y de reconocimiento no tenía
+más efecto que distrerla desagradablemente de la conversación de Roussel
+con Herminia.
+
+En cuanto á Truchelet, disertó en vano acerca de los epitalamios, porque
+Clementina no le oía siquiera.
+
+El fin de la comida, amenizado por variados brindis, pareció
+mortalmente largo á la dueña de la casa; y como el joven Héctor Bobart,
+que estaba un poco achispado con el Champagne, anunció que en su
+condición de testigo reclamaba la liga de la desposada, Clementina, con
+una mirada fulminante, levantó la sesión y condujo á sus convidados al
+salón mientras se quitaba la mesa para transformar el sitio del banquete
+en salón de baile.
+
+Sin embargo, el joven oficial de húsares, no dándose por vencido después
+del primer fracaso, se había aproximado al grupo que formaban Herminia,
+Roussel y Mauricio y, alegremente, pedía indemnizaciones; por lo menos
+la primera contradanza, puesto que Mauricio debía abrir el baile con la
+señorita Guichard. Pero Fortunato hizo valer oportunamente sus derechos
+y el hijo del abogado tuvo que contentarse con un vals ... Mauricio
+sentía una instintiva hostilidad hacia aquel mozo tan insignificante, ya
+porque le hiciese responsable de la cautelosa oposición de su padre, ó
+ya porque le desagradasen sus maneras familiares con Herminia, y no
+pudiendo contenerse, hizo observar á la señorita Guichard la actitud un
+poco descomedida del heredero Bobart. Clementina respondió melosamente:
+
+--¡Oh! Eso no tiene importancia; Herminia y él se han criado juntos.
+
+Esta respuesta tan sencilla y tan natural, tuvo, sin embargo, el
+privilegio de irritar á Mauricio, que estaba sin duda un poco nervioso
+aquella noche. Pero razonó friamente y se dijo "¡Soy un tonto! ¿Voy á
+preocuparme por este majadero, cuya existencia mi mujer no tiene trazas
+de sospechar siquiera?" Pero sus nervios no se calmaron y su cara
+expresó un descontento que llamó la atención de Clementina hasta el
+punto de pensar si el mal humor de Mauricio no sería ventajosamente
+explotable.
+
+¿Por qué no fomentar aquel pequeño acceso de celos, en vez de disiparlo?
+¡Quién sabe si podría obtener de ese modo algún provecho! Después de
+todo, Héctor Bobart era un pretendiente desdeñado y ... de repente vino
+á la memoria de Clementina el recuerdo de las cartas que aquél había
+dirigido á Herminia y vió en aquellas delgadas hojas de papel el medio
+de prender un incendio. Hacerlas caer diestramente en manos de Mauricio,
+provocar una explicación entre Herminia y él, una escena acaso, ¿no era
+medio de excitar la discordia? ¡Es tan fácil irritar las pasiones y tan
+difícil calmarlas! El orgullo, la cólera, obran tan pronto sus efectos y
+hacen tales estragos en un cerebro humano, que es imposible saber hasta
+donde puede ir un incidente así comenzado. De todos modos, si el
+resultado no era como ella esperaba, ella se encargaría de imprimirle el
+impulso decisivo.
+
+Reflexionando así, subió á su cuarto y dió instrucciones á la doncella
+para que los últimos regalos ofrecidos á Herminia fuesen llevados á las
+nuevas habitaciones, y ella misma se propuso entregar á su sobrina un
+cofrecillo que contenía sus joyas de soltera y algunos pequeños
+recuerdos cuidadosamente conservados.
+
+Al cogerle, le ocurrió una idea que la hizo sonreir. Abrió su
+escritorio, buscó en un cajón y sacó cinco ó seis pliegos de papel,
+doblados. Eran las cartas dirigidas por Héctor á Herminia y que ésta
+había entregado á la señorita Guichard sin leerlas: cartas
+insignificantes de un buen muchacho á una prima á quien quiere inflamar
+y que no salían del nivel de la medianía en achaque de amplificaciones
+sentimentales.
+
+Sin dudar ante la atrocidad de la acción que cometía y disculpándose,
+acaso, en el fondo, por la necedad misma de aquellas epístolas,
+Clementina cogió las cartas y las colocó muy á la vista en el
+cofrecillo, encima de todos los objetos cuidadosamente arreglados por
+Herminia. Después cerró la caja y quitando la llave, descendió al salón.
+
+Los invitados llegaban en montón y el salón de baile rebosaba. Todos
+los alrededores habían enviado lo más escogido de sus habitantes. La
+música de la Celle, reforzada por la señorita Guichard, no esperaba más
+que la señal del alcalde, señor Tournemine, para hacer sonar sus
+trompetones. El tendero había preparado petardos y los bomberos,
+igualmente aptos para apagar que para encender, se habían encargado de
+las bengalas que debían iluminarlas arboledas del jardín.
+
+El salón pequeño había sido prudentemente reservado por la señorita
+Guichard para el caso de que alguien se sintiera fatigado ó indispuesto
+en medio de aquellos regocijos, y allí fué á donde ella se dirigió. Puso
+el cofrecillo sobre la chimenea y después de dirigir una última mirada á
+su máquina infernal, se fué con admirable tranquilidad á reunirse con
+aquellos á quienes soñaba con hacer sus víctimas.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+EL RAPTO.
+
+
+El aspecto del salón de baile era encantador. En un tablado, al fondo,
+estaban colocados los músicos. Todo alrededor, sillones para la gente
+seria y sillas para los bailarines. El jardín, iluminado con faroles á
+la veneciana, aparecía invadido por los invitados. La señorita Guichard
+se vió en seguida rodeada por sus parientes y por sus amigos. Á una
+señal de Bobart se desencadenó la tempestad instrumental y exaltó á la
+concurrencia. Si Clementina hubiera tenido libre el espíritu, ¡qué
+satisfacción hubiera experimentado en este instante en que dominaba á
+toda aquella reunión por en medio de la cual se paseaba majestuosamente
+siendo el blanco de todas las miradas y el objeto de todas las sonrisas!
+Pero su alegría estaba envenenada por preocupaciones malvadas, y sin
+dejar de recibir saludos, Clementina pensaba:
+
+--¿Conseguiré destruir esta dicha que todos proclaman, elogian y
+envidian?
+
+Vió á Mauricio que hablaba alegremente con Herminia, mientras Roussel,
+en un círculo de señoras, prodigaba sus gracias y sus amabilidades. Una
+nube oscureció la frente de la solterona. Con una señal llamó al joven y
+cogiéndole del brazo le dijo con tono indiferente.
+
+--Acabo de hacer llevar á vuestras habitaciones los últimos regalos
+recibidos por Herminia, porque ahora no debo guardar nada suyo....
+
+--Excepto ella misma, interrumpió galantemente Mauricio.
+
+--¡Oh! Pertenece á usted por completo, replicó la señorita Guichard
+observando al joven.
+
+--Nos la repartiremos, respondió éste.
+
+Clementina pensó: "¡Hipócrita! intenta engañarme, pero no sabe que estoy
+apercibida: sus astucias no tendrán efecto." Y en voz alta añadió:
+
+--En el saloncillo, sobre la chimenea, encontrará usted un cofrecillo
+que contiene los recuerdos de soltera de Herminia. Ábrale usted mismo;
+he aquí la llave.
+
+Mauricio la cogió, la guardó en el bolsillo del chaleco y respondió:
+
+--Voy enseguida. Pero hubiera usted podido, mi querida tía, esperar á
+mañana para entregarnos esas cosas. En parte alguna ese tesoro hubiera
+estado más seguro que en el sitio donde usted le ha puesto ...
+
+--¡No! ¡no! ¡es preciso hacer las cosas con regularidad!
+
+--Como usted guste.
+
+Mauricio le dirigió su más amable sonrisa y se encaminó hacia el
+saloncillo, sin sospechar el lazo que se le tendía. Entró en la
+habitación, á la sazón desierta, y vió el cofrecillo sobre la chimenea.
+Era una caja de forma cuadrada con incrustaciones de marfil, como se
+hacen tantas en Florencia. Debajo, vió Mauricio al volverla, grabadas en
+la madera, estas palabras: "Pellegrini, via Maggio." Conocía muy bien
+aquella via Maggio y en el momento acudieron á su memoria el
+Ponte-Vecchio, con sus tiendas y el Arno cenagoso, corriendo entre sus
+muelles de piedra.
+
+Tenía en la mano el cofrecillo y un ruido metálico se produjo en el
+interior, como el sonido de anillos de oro. Mauricio pensó: "Son las
+joyas de Herminia; sus adornos de soltera." Y un gran deseo de verlos se
+apoderó de él. No pensó que fuese grande la indiscreción que cometía; lo
+que había visto la tía, podía muy bien verlo el marido. La llave pareció
+ponerse espontáneamente entre sus dedos como si una adversa y
+misteriosa influencia mandase á su voluntad. Abrió la caja y al levantar
+la tapa vió desde luego las cartas acusadoras.
+
+Las tomó, sin sospechar nada malo. "Alguna correspondencia de colegiala,
+pensó; dulces y sencillos secretos de la infancia." Desdobló uno de los
+pliegos y le echó una mirada, sin intención de leerlo. Pero aquella
+letra de hombre cambió enseguida sus disposiciones. Sintió primero
+asombro, después sorda irritación y por último un ardiente deseo de
+saber lo que aquello significaba. Leyó y, á medida que avanzaba en la
+lectura, su frente se contraía con sombrío descontento. Nada más vulgar
+que aquella carta, clásica declaración de un oficial de curia á una
+obrera florista, y firmada "Héctor," sin apellido. Pero no había duda
+posible; era del hijo de Bobart, del oficial de húsares, del comensal,
+un poco atrevido, del banquete de boda.
+
+El primer movimiento de Mauricio, como Clementina había previsto con
+toda exactitud, fué cerrar el cofrecillo, volver al salón de baile,
+llevarse á Héctor á un rincón solitario y allí aplicar sobre su nutrida
+cara un buen par de bofetadas. Pero resistió esta tentación y juzgó más
+razonable hacer á su tutor árbitro de la situación. Se metió las cartas
+en el bolsillo, cerró la caja y salió de la habitación. Á veinte pasos
+de él, Roussel hecho como siempre un héroe de madrigal, completaba la
+conquista de las mujeres, jóvenes y viejas, cuya seducción se había
+propuesto hacer. En su alegría, hubiera seguido la misma conducta hasta
+con Clementina. Su sorpresa fué, pues, desagradable, cuando sintió que
+le tocaban en el hombro y vió á su lado la fisonomía alterada de
+Mauricio. Más por muy amortiguadas por la alegría que estuviesen sus
+desconfianzas, tuvo enseguida el presentimiento de que alguna cosa
+anormal había ocurrido y apartándose con su hijo algunos pasos,
+preguntó:
+
+--¿Qué hay?
+
+--Venga usted conmigo y lo sabrá.
+
+Atravesaron la multitud, entraron en el saloncillo y, una vez solos,
+dijo Mauricio, entregándole una carta:
+
+--¡Lea usted!
+
+--Roussel recorrió vivamente la carta, frunció las cejas y volviendo á
+tomar toda su gravedad, dijo:
+
+--¿Dónde has encontrado esto?
+
+--En ese cofrecillo.
+
+--¿Y quién te le ha entregado?
+
+--La señorita Guichard; hace un instante.
+
+--¿Con la llave?
+
+--Sí.
+
+--¿De qué modo estaban colocadas las cartas, encima, muy á la vista?
+
+--¿Cómo lo sabe usted?
+
+--¡Desdichado! ¿Es difícil de adivinar? Es esa malvada Clementina la que
+ha dado el golpe.
+
+--¡Padrino!
+
+--Es capaz hasta de haber falsificado las cartas.
+
+--Pero, ¿con qué objeto?
+
+--Con el de producir un disturbio entre tu mujer y tú. Por medio de una
+querella, de una riña, de una explicación, cuenta con arrojar la cizaña
+entre vosotros, apoderarse de Herminia y ... ¿quién sabe? ¡acaso
+separaros para siempre!
+
+--¿Es serio lo que usted habla? ¿Sospecha usted de la señorita Guichard?
+
+--Y tú, ¿sospechas de tu mujer? replicó con energía Roussel. Tienes que
+escoger: ó Herminia es una farsante que tiene por cómplice al ejército
+francés representado por el hijo de Bobart, ó Clementina es una bribona
+que ha aprovechado una casualidad, si es que ella misma no la ha
+provocado, para ponerte ante los ojos una correspondencia que debía
+impulsarte á algún acto violento. Por mi parte, mi elección está hecha;
+acuso á Clementina.
+
+--¿Pero Herminia ... padrino mío?...
+
+--¡Herminia! Es posible que ni siquiera conozca esas cartas ... En todo
+caso es preciso tener el valor de preguntárselo.
+
+Á esta declaración Mauricio palideció.
+
+--¡Qué! ¿Ponerla al corriente de esta infamia? ¿Interrogarla sobre tal
+asunto?
+
+--Sí, ponerla al corriente; no interrogarla: consultarla lealmente como
+persona leal que es. Y verás como, si está inocente de todo compromiso,
+y esto me atrevo á jurarlo, aprecia tu franqueza y tu confianza.
+
+--Sea, pues. Así como así, no puedo soportar por más tiempo una sospecha
+semejante. Hágame usted el favor de enviármela.
+
+--¿De enviártela? No, por cierto: yo te la traeré. Quiero asistir, si me
+lo permites, á vuestra conversación, aunque no sea más que para impedir
+que digas tonterías....
+
+--¡Padrino!
+
+--Pues qué, ¿no habías empezado á decirlas hace un momento?
+
+--Sí, tiene usted razón. Permanezca usted y sea mi consejero y mi apoyo,
+como siempre.
+
+--Puedes estar tranquilo. Seré aún más moderado por tu cuenta que lo he
+sido por la mía. Espéranos aquí.
+
+Y salió. Mauricio quedó solo, sumergido en dolorosas reflexiones. Veía
+sombrío el porvenir; pensó por primera vez que acaso su tutor no había
+exagerado las malas acciones de que le había hecho víctima Clementina, y
+no estuvo lejos de creer que la tía de Herminia fuese un monstruo.
+Estimó, en todo caso, que la perfidia con que acababa de obrar le
+dispensaba de toda gratitud y le devolvía su libertad de acción, y se
+propuso, no devolverla mal por mal, pero al menos impedirla que siguiese
+haciéndole daño.
+
+Sin embargo, por muy culpable que apareciese la señorita Guichard, había
+un hecho que no se la podía atribuir y era la correspondencia misma,
+punto de partida del incidente. Pensara Roussel lo que quisiera, las
+cartas procedían efectivamente del hijo de Bobart; había, pues, existido
+un amorcillo entre Herminia y él, y este solo pensamiento le exasperaba.
+Y, no obstante, no podía imaginar siquiera a la Virgen del Bordado
+cambiando amores tiernos con aquel húsar. Esto no estaba dentro del
+orden de las cosas admisibles, ni en armonía con su naturaleza delicada
+ni con el tono de sus cándidos ojos. Había evidentemente una pérfida
+maniobra en todo aquello ... ¡Pero ella había recibido las cartas!
+
+No tuvo tiempo de llevar más lejos sus inducciones, porque Herminia
+entraba con Roussel. El joven no tuvo tiempo de abrir la boca para
+formular una pregunta; su tutor exclamó, apenas hubo cerrado la puerta:
+
+--¡Todo está aclarado! Ni siquiera ha leído las cartas, la pobre niña;
+se las entregó cerradas á su tía.
+
+¡Cerradas! Mauricio tuvo tal acceso de alegría, que saltó al cuello de
+Fortunato, pero éste dijo sonriendo y defendiéndose mal del apretón:
+
+--¡No es á mi á quien debes abrazar, majadero!
+
+Y les impulsó el uno hacia el otro.
+
+Por primera vez Mauricio, cogiendo á Herminia en los brazos, la estrechó
+contra su corazón y desfloró con sus labios aquella rubia cabellera.
+
+--¡Había que ser verdaderamente maligno para adivinar que Clementina os
+preparaba esta emboscada! Hijos míos, la situación es grave. Juzgad por
+lo que acaba de hacer como principio de juego, de lo que es capaz si no
+consigue enseguida separaros....
+
+--¡Separarnos!
+
+Y al decir esto formaron tan hermoso conjunto, que Roussel no pudo menos
+de sonreir.
+
+--¡Vamos! He aquí una unanimidad tranquilizadora! Pero desconfiad,
+queridos hijos; estáis en peligro ... En el estado de mis relaciones
+con la señorita Guichard, no me es posible daros un consejo; parecería
+que abogaba contra ella y en favor mío. Es evidente que mi repentina
+intrusión es lo que ha modificado las intenciones y cambiado los
+proyectos de Clementina. Ha realizado un formidable cambio de frente y
+trata á Mauricio como enemigo en vez de considerarle como aliado. Ya
+estáis advertidos. Tomad una resolución, pero que sea adoptada por
+vuestras propias inspiraciones. No veáis sino vuestro interés y no me
+tengáis en cuenta para nada, pero contad conmigo. Cuando hayáis
+resuelto, pondré tanta energía en apoyaros como reserva he empleado en
+daros consejos. Ahora, os dejo. Os amáis; defended vuestra dicha.
+
+Herminia y Mauricio quedaron solos y se miraron un instante sin hablar.
+Después, el marido cogió la mano de su mujer y atrayéndola hacia sí,
+dijo:
+
+--Mira como estamos; y no hace veinticuatro horas que me perteneces;
+¿qué nos prepara, pues, el porvenir? Una serie incesante de
+dificultades, de luchas que no habremos hecho nada para suscitar y á las
+que no podremos sustraernos. ¡Qué tristeza, Herminia, después de la
+esperanza de tantas alegrías!
+
+--Pero Mauricio, ¿es posible que mi tía lo haya hecho ver esas cartas
+que yo ni conocía?
+
+--¡Ay! Herminia; es muy cierto; pero no la acuses; ha obrado bajo la
+influencia de la cólera y no de su corazón.
+
+--¿ Tú la disculpas? Y sin embargo, contra ti estaba tramada esta
+horrible maniobra ... Pero qué locura inspira el odio para que en un
+momento haya cambiado completamente una mujer tan buena, que ha sido
+para mi una verdadera madre....
+
+--Me aborrece ahora, bien lo ves, tanto como á mi padrino. No tiene más
+que una idea; separarnos. No lo ha conseguido esta vez, poro volverá á
+empezar hasta que en una ocasión más favorable....
+
+--¿Podrá encontrarla?
+
+--La hará nacer, como hoy.
+
+--Entonces ¿qué va á pasar?
+
+--¿Tienes confianza en mí, Herminia?
+
+--Absoluta.
+
+--¿Crees que mi único deseo, fuera de toda consideración extraña á
+nosotros, es nuestra propia dicha?
+
+--Lo creo.
+
+--¿Y piensas que aquí, entre mi tutor y tu tía, podremos escapar á los
+disturbios y á las malas influencias?
+
+--Creo que no.
+
+--Entonces, deduce tú misma la consecuencia. La joven permaneció un
+instante pensativa y con la rubia cabeza inclinada y algunas lágrimas
+rodaron por sus ojos. Después murmuró:
+
+--¡Es preciso huir!
+
+--Sí, marcharnos, niña querida; salvarnos, para ser el uno del otro,
+lejos de todo lo que no sea confianza y ternura.
+
+--Pero eso, ¿no será mostrarme ingrata hacia la mujer que me ha educado
+y que ha sido excelente para mí?
+
+--Eso será mostrarte fiel al que te ama y al que tú habrás de amar.
+
+--Y al que amo ya, Mauricio, dijo Herminia, sonriendo á través de sus
+lágrimas. Pero yo no soy más que una mujer y no tengo valor para decidir
+entre lo que me parece mi deber y lo que es mi deseo ... Tú, que tienes
+la firmeza necesaria, manda; yo obedeceré.
+
+Mauricio movió la cabeza.
+
+--No, Herminia; yo no puedo hacer lo que pides. Por graves que hayan
+sido las faltas de la señorita Guichard hacia mí, no me considero como
+absolutamente desligado de los compromisos que con ella contraje. He
+prometido no obligarte jamás á separarte de ella; te dejo, pues, en
+libertad. Si quieres quedarte, nos quedamos. Si partimos, es preciso
+que sea por que hayas dicho: "¡Quiero partir!"
+
+--¡Oh! Mauricio, ¿qué exiges de mi?
+
+--Que salves tú misma, y sola, nuestra dicha. ¿Es mucho? Reflexiona
+acerca de lo que sucede enderredor. Aquí está el desorden donde perecerá
+nuestro reposo; fuera de aquí, la calma, la libertad de amarnos.
+Herminia, ¡tenemos tanto tiempo delante, y tan hermoso! Algunos días
+bastarán para que la que nos ha hecho tanto daño recobre la razón y nos
+llame, y entonces podremos volver y gozar en paz de la tranquilidad que
+tan bien habremos ganado. ¿Es esto tan espantoso? ¿Prefieres correr los
+riesgos de una guerra en la que todos los tiros vendrán á herirnos en el
+corazón?
+
+--Mauricio....
+
+Herminia dudaba. Mauricio se puso á sus plantas y mirándola hasta el
+fondo del alma, añadió:
+
+--Herminia, un minuto de resolución; una palabra decisiva, y todo se ha
+salvado. ¿Tienes miedo de confiar en mi? Bien sabes que te adoro. En el
+mundo no hay más que nosotros dos; lo demás poco importa. ¿Quieres
+sacrificarnos á rencores pueriles y á odios vergonzosos? ¿Qué hemos
+hecho nosotros para merecer tales sufrimientos? ¿Cuál es nuestro
+crimen, amarnos? ¡Crimen muy dulce, por cierto!
+
+La joven se había inclinado hacia él. Mauricio tomó su mano y la apoyó
+contra el corazón. Herminia lanzó un gran suspiro y después dijo con voz
+firme:
+
+--¡Partamos!
+
+--¡Ah! ¡Qué dichoso soy!
+
+Herminia le dirigió una mirada que probaba que aquella exclamación de
+alegría recompensaba su esfuerzo. En este momento entró Roussel.
+
+--Hijos míos, es preciso volver al salón. Os buscan por todas partes y
+ya he tenido que impedir á Bobart que viniera á interrumpiros ...
+¿Estáis de acuerdo?
+
+--Sí, padrino mío; nos vamos. Herminia es la que lo quiere.
+
+--Y tiene razón. Yo no quiero aconsejaros, pero en esta época, una
+temporada en la orilla de los lagos de Italia, en Bellaggio, por
+ejemplo....
+
+Los ojos de Herminia se iluminaron. Nunca había viajado y no conocía
+nada. Roussel se arrepintió de haber introducido aquel elemento tentador
+en la resolución de Herminia, y pensó: "Esto no es juego limpio; pero
+¡cómo se manifiesta siempre y en todo la mujer! ¡Qué mirada la de esta
+muchacha!
+
+--Querido Mauricio, decídelo todo ahora, dijo Herminia; yo vuelvo al
+lado de nuestros amigos.
+
+Y desapareció ligera y casi alegre. Roussel se volvió hacia su hijo y
+dándole golpecillos en el hombro, le dijo:
+
+--¡Ah, bribón, no tienes de qué quejarte! ¿Vas, naturalmente, á llevarte
+á tu mujer?
+
+--Usted lo ha dicho. Son las nueve y media: á las doce prescindo de la
+compañía de la gente de la boda.
+
+--Tengo una excelente carretela que me espera en la plaza: ¿la quieres?
+
+--¿Me llevará á París?
+
+--Desde luego. Es cuestión de propina.
+
+--Entonces, está dicho. Prevenga usted al cochero.
+
+--Enseguida. Tu mujer, ¿ha puesto mucha resistencia?
+
+--La necesaria para que su decisión tenga una significación cariñosa ...
+¡Es un ángel!
+
+--¡Bueno! Se lo pagaremos después.
+
+Fueron interrumpidos por una tempestad de armonías: era la banda que, en
+el patio, empezaba, al unísono con la orquesta, el rigodón de honor. En
+este momento se mostró en la puerta la fisonomía inquieta de Bobart.
+
+--Señor Aubry, le buscan á usted por todas partes.... La señorita
+Guichard le reclama....
+
+--¡Anda! Ve á cumplir tus deberes, dijo Roussel cambiando una mirada con
+Mauricio. Mientras, tomaré el aire en el jardín. Hace aquí un calor
+terrible.
+
+Se separaron y Mauricio se dirigió, á través de las filas de curiosos,
+hacia la señorita Guichard que le esperaba en pie, altanera y masculina,
+en medio del salón de baile, teniendo enfrente á su sobrina, del brazo
+del señor Tournemine.
+
+--¡Ah! ¡Por fin! dijo dirigiéndole una mirada imperiosa. Vamos;
+colóquese usted ahí y empecemos.
+
+Rugieron los instrumentos, y las parejas, poniéndose en movimiento al
+mismo tiempo, emprendieron la primera figura del rigodón.
+
+Bobart, preocupado con el doble conciliábulo que acababa de verificarse
+en el saloncillo, primero entre Herminia y Mauricio y después entre
+Mauricio y Roussel, en lugar de entrar en el salón de baile, se aventuró
+por el jardín en seguimiento de Fortunato. Por instinto adivinaba una
+maniobra ofensiva por parte de los enemigos de su prima. Amargamente
+vituperado por Clementina, que le acusaba de no haber vigilado
+suficientemente á Roussel, tenía empeño en tomar un desquite. Y su amor
+propio, su odio y su interés reunidos le impulsaban á seguir las
+huellas del solterón.
+
+La noche estaba oscura y serena. Los faroles venecianos alumbraban las
+calles de árboles en torno de la casa. Las arboledas del jardín y el
+terraplén estaban en la sombra. Roussel empezó por pasearse por el
+parque con aire indiferente y después, poco á poco, se aproximó á la
+puertecilla que daba al rincón de la callejuela en que estaba la tapia
+en la cual Mauricio había visto por primera vez á Herminia. Roussel se
+volvió para observar si era espiado, y Bobart apenas tuvo tiempo por
+esconderse detrás de un árbol. Desde allí vió al tutor abrir la puerta y
+salir vivamente.
+
+Echó á correr y llegó al terraplén á tiempo para ver á Roussel acercarse
+á un coche que estaba parado en la plaza y hacer señas al cochero para
+que acercase el vehículo á la esquina de la callejuela, á dos pasos de
+la puertecilla.
+
+Mientras la carretela atravesaba la plaza para colocarse al pie del
+terraplén, Roussel la seguía con aire plácido. Se aproximó al cochero y
+antes de entrar de nuevo en el jardín, le dijo á media voz:
+
+--¿Ha entendido usted bien, no es verdad? Un caballero y una señora,
+dentro de hora y media. Tendrá usted veinte francos de propina al llegar
+París.... Y sobre todo, permanezca usted ahora en el coche hasta el
+momento de partir.
+
+--Vaya usted tranquilo, señor Roussel, dijo el cochero.
+
+Inclinado sobre el muro del terraplén, en la sombra, Bobart no había
+perdido ni una palabra de estas recomendaciones. Pensó: "¡Un caballero y
+una señora que el cochero debe conducir á París en el coche de Roussel!
+Esto es claro como la luz; se trata de Mauricio y Herminia. La
+intervención de mi excelente prima produce su efecto: los recién casados
+meditan una fuga. No es esto ciertamente lo que la señorita Guichard
+esperaba; luego es preciso prevenirla."
+
+Fortunato atravesó el jardín con paso tranquilo y entró en el salón de
+baile; Bobart le siguió y al llegar á la puerta vió que llamaba á
+Mauricio y Herminia y les daba explicaciones que los jóvenes escuchaban
+con extraordinaria atención. Después se separaron y Herminia y Mauricio
+recorrieron del brazo el salón mientras Roussel se paseaba con aire
+distraído. En estas circunstancias cuya gravedad adivinaba, Bobart no
+dudó; se fué derecho á la señorita Guichard, que parecía una reina en
+medio de sus convidados, y llevándosela al pie del tablado de la
+orquesta, dijo:
+
+--Procura no dejar que se altere tu cara, mi excelente amiga, porque
+nos observan y tengo que darte serias noticias. Dentro de hora y media
+parten Mauricio y Herminia para París.
+
+--¿Qué dices ahí? exclamó la señorita Guichard con voz temblorosa por la
+cólera.
+
+--Cálmate y escucha. Lo he descubierto todo hace un instante. Roussel es
+quien ha aconsejado y preparado el plan.
+
+--¡El miserable!
+
+--Su coche espera al lado de la puertecilla del jardín y va á servir á
+los recién casados para alejarse de aquí.
+
+--¿Y qué hacer para impedírselo?
+
+--No perder de vista á tu sobrina.
+
+--Pero mañana volverán á las andadas. Y la ocasión sería tan buena para
+romper.... Ellos me provocan.... Yo no hago más que defenderme....
+Quieren quitarme á Herminia ... ¡Si fuese yo quien se la quitase!...
+
+--¡Admirable idea! Cambias la situación. Creían vencerte y serás tú la
+que triunfe....
+
+--Pero ¿cómo?
+
+--Adelanta la hora de la partida. Envía á buscar á tu sobrina una
+persona con cuya fidelidad puedas contar.
+
+--Su doncella.
+
+--¡Bueno! Esa muchacha previene á Herminia que su marido la espera en
+el coche.... La joven baja sin desconfianza.... En lugar del marido
+encuentra á la tía y.... ¡Arrea, cochero!...
+
+--Me voy á París y desde allí á Rouxmesnil, en Normandía.... Una
+propiedad aislada, en la que soy inexpugnable....
+
+--¡Magnífico! ¿No cambias de traje para partir?
+
+--Tengo en París todo lo necesario.
+
+--Es probable que tu sobrina vaya á quitarse su vestido blanco.
+
+--Dejémosla libre en sus movimientos. Pero tú, dedícate á Mauricio y no
+le pierdas de vista.
+
+--Convenido.
+
+Mientras se urdía este doble complot la fiesta llegaba á su apogeo y era
+fácil prever que el baile duraría hasta por la mañana. En la plaza del
+pueblo se había instalado una música al aire libre y las gentes del país
+saltaban sobre el césped á la luz de unos faroles á la veneciana
+colocados por el tendero. La señorita Guichard había enviado algunos
+toneles de vino para que refrescasen los bailarines, y estos diversos
+atractivos hacían que se agrupase delante de la verja una gran multitud.
+
+En la callejuela sombría esperaba la carretela. El cochero, fiel á su
+promesa, no la había abandonado, pero se había hecho llevar una botella
+de vino y bebía á la salud de los novios. Las once acababan de dar en
+el campanario del pueblo. El momento de la partida se aproximaba. El
+cochero quitó la manta á los caballos, les puso las riendas y enseguida
+montó en el pescante, un poco aturdido por la oscuridad y por el vino.
+Empezaba á quedarse dormido, cuando se abrió la puertecilla y una señora
+muy tapada y que hablaba con alguien que se quedaba en el jardín, abrió
+vivamente la portezuela del coche y montó.
+
+En el mismo momento, otra mujer de alta estatura y maneras desenvueltas,
+se adelantó hacia el coche y dijo dirigiéndose al cochero:
+
+--¡Volando! ¡Á París.
+
+El cochero, asombrado, dijo:
+
+--Pero mis viajeros debían ser un caballero y una señora....
+
+--El caballero no parte ya ... ¡Vivo!
+
+Y abrió la portezuela. Un grito: "¡Dios mío! mi tía!" se oyó en el
+interior del coche; pero la portezuela golpeó, vigorosamente atraída, y
+el ruido de las ruedas ahogó el resto de las quejas de Herminia.
+
+En el salón de baile los invitados se removían con ardor. Mauricio sacó
+su reloj y vió que eran las once y media. Hacía algunos momentos ya que
+Herminia había desaparecido. La señorita Guichard acababa de
+encaminarse al saloncillo á fin de dar órdenes, sin duda, para la cena.
+Juzgó que la ocasión era favorable. Bajó al patio, atravesó los
+pabellones, subió ligeramente la escalera que conducía á sus nuevas
+habitaciones; llamó, y como nadie le respondía, entró.
+
+En el cuarto, alumbrado por una lámpara, estaba extendido sobre la cama
+el vestido de novia de Herminia. Los cajones estaban abiertos y todo
+indicaba los preparativos de un viaje.
+
+Mauricio pensó "Está ya en el coche." Cogió su abrigo y un sombrero y
+bajó vivamente. Salió por la puertecilla, volvió la esquina de la
+calleja y no vió coche alguno. Supuso que el cochero, habría entendido
+mal y esperaría, acaso en el otro extremo de la calle, y corrió á
+cerciorarse. La callejuela estaba desierta.
+
+Volvió á la plaza, latiéndole el corazón y con el espíritu turbado por
+un principio de inquietud. Allí una fila de coches esperaban á los
+invitados y todos los cocheros estaban en el café. Muy alarmado,
+Mauricio volvió al jardín, se quitó el abrigo y entró en el salón en
+busca de su tutor. Roussel no tuvo más que mirar á su hijo para
+comprender que ocurría un incidente inesperado. Se le llevó á un rincón
+y le preguntó con acento inquieto:
+
+--¿Qué hay?
+
+--Hay, que no he encontrado el coche y que no sé dónde está Herminia.
+
+--¿Qué es lo que dices?
+
+--Herminia se ha vestido y, evidentemente, ha ido á la carretela. Pero
+la carretela no está.
+
+Se miraron, con un principio de sospecha.
+
+--¿Dónde está Clementina? preguntó Roussel.
+
+--Ha salido del salón hace más de un cuarto de hora.
+
+--¡Busquémosla, preguntemos por ella ... en la casa ...¡Ah! ¡Bobart!...
+¡Apoderémonos de Bobart!
+
+Cayeron sobre el abogado, que con aire inocente saboreaba un helado,
+sentado en un mullido sillón, y allí, sin levantarla voz, pero con
+miradas muy expresivas, preguntaron:
+
+--Bobart, ¿qué es de la señorita Guichard?
+
+--Pues lo ignoro, balbuceó el abogado, levantándose para escapar á las
+preguntas.
+
+--¡No se mueva usted! y responda, dijo Roussel. ¿Dónde está la señorita
+Guichard?
+
+--¡No sé! señores, contestó Bobart gritando para llamar la atención
+sobre él. No comprendo vuestra insistencia....
+
+--Hable usted más bajo, dijo Mauricio, ó le llevo al salón inmediato y
+allí ... va usted á ver.
+
+Estaba tan amenazador, que Bobart, espantado, permaneció en su butaca
+sin hacer un movimiento, sin pronunciar una palabra.
+
+--Le doy á usted un minuto para decidirse á responder. Dentro de un
+minuto le haré á usted responsable de la emboscada que aquí se ha
+ejecutado.
+
+--¡La emboscada! exclamó Bobart, fuera de sí por el terror. ¿Quién la ha
+preparado?
+
+--¡Ah! ¿Usted sabe, pues, lo que ha sucedido? Usted conviene en ello....
+
+Yo no convengo en nada.... Ustedes me violentan ... me amenazan....
+
+--Sí; todo lo que convenga para saber dónde está la señorita
+Guichard....
+
+--Pues bien.... ¡Ha partido!
+
+--¡Ha partido! ¿Con la señora de Aubry?
+
+--Con la señora de Aubry y en la propia carretela de usted. Vaya; ¿está
+usted satisfecho? dijo Bobart con expresión de radiante alegría.
+
+--¿Adónde la conduce?
+
+--¡Vaya usted á preguntárselo!
+
+--¿La ha obligado á acompañarla?
+
+--¡Obligado! exclamó Bobart. ¿Cómo es eso posible? ¿Por qué no robado á
+la fuerza? ¡En medio de quinientas personas! ¡No, no! La señora de Aubry
+ha seguido á su tía de buen grado.... La señorita Guichard la ha
+ilustrado acerca del aspecto moral del acto que iba á cometer. La joven
+ha reconocido que había sido inducida á error y ha partido libremente y
+por su propia voluntad!...
+
+--¡Viejo tunante! exclamó Mauricio exasperado, y cogiendo á Bobart por
+un hombro, le sacudió tan rudamente que Roussel vino al socorro del
+abogado y sé interpuso entre su ahijado y él.
+
+--Vamos, hijo mío, un poco más de calma. En todo lo que el señor dice no
+hay sin duda ni una palabra de verdad. Hemos jugado una partida y
+acabamos de perderla: tratemos de tomar el desquite. Para esto no nos
+las entendamos con los lacayos, sino con los dueños.
+
+--¡Lacayos! repitió Bobart. Sepa usted señor mío....
+
+--¡Nada! interrumpió Roussel; conozco á usted hace mucho tiempo, señor
+hipócrita, señor pedante.... He dicho lacayo y hubiera podido decir
+espía....
+
+--¡Y si no está usted contento, añadió Mauricio, puede usted enviarme su
+hijo!
+
+--No, señor, declaró enfáticamente Bobart. Soy muy suficiente para
+vengar yo mismo mis injurias. Usted sabrá lo que cuesta tener que
+habérselas con un hombre como yo....
+
+--¡Los clientes de usted lo han sabido muy bien, maestro en vilezas!
+dijo Roussel. Pero téngase por advertido y que no le encuentre yo en mi
+camino, ó le hago pagar las costas con más gracia que usted mismo lo
+hacía....
+
+Y tomando á su hijo por el brazo, dijo:
+
+--Ven, Mauricio, ven. No tenemos nada que hacer aquí.
+
+
+
+
+CAPÍTULO VIII
+
+EL SECUESTRO.
+
+
+Por la mañana del siguiente día, estaba Roussel todavía dormido cuando
+entró Mauricio en su cuarto, descorrió las cortinas y se sentó en una
+butaca al pie de la cama.
+
+--¿Qué hora es pues? preguntó Fortunato incorporándose.
+
+--Las cinco. Perdóneme usted que interrumpa tan pronto su sueño, pero
+estando solo, me volvía loco....
+
+--¡Oh! hijo mío; has hecho muy bien en despertarme. Espera, voy á
+levantarme.
+
+--No, permanezca usted acostado; lo mismo podemos conversar y con tal de
+que me hable usted de Clementina, quedaré aliviado....
+
+--¿Tú no has dormido? mi pobre hijo....
+
+--¡No! Pero eso importa poco. Sufriría todas las penas sin quejarme con
+tal de saber dónde está mi pobre mujer.
+
+--Tranquilízate; lo sabremos. Y entonces.... Pero, ahora pienso ...
+Federico, ¿está levantado?... Sí. Llama.
+
+--¿Para qué?
+
+--Vas á verlo.
+
+Mauricio llamó. Al cabo de un instante apareció el ayuda de cámara de
+Roussel. Era un excelente servidor que había sustituído al criado modelo
+que la señorita Guichard había quitado á Fortunato veinte años antes.
+Ningún ofrecimiento había hecho mella en Federico; por eso, en sus días
+de buen humor, Roussel le llamaba Hipócrates. Un día en que el ayuda de
+cámara se atrevió á preguntar á su señor porqué le llamaba así, éste le
+respondió: "Por causa de los presentes de Artajerjes." Federico no
+comprendió mucho más y permaneció estupefacto. Y Roussel añadió "¡
+Bueno! No se caliente usted la cabeza: Hipócrates era un hombre
+incorruptible." Federico se dió por satisfecho y adquirió mucho mayor
+importancia á sus propios ojos. Con el tiempo se había hecho enteramente
+adepto y, sobre todo, adoraba á Mauricio.
+
+--Federico, dijo Roussel, ¿está usted todavía en buena inteligencia con
+el portero del señor Bobart?
+
+--Sí, señor. Por recomendación del señor, yo he sido quien le ha
+proporcionado su plaza.
+
+--Bueno. Federico, va usted á salir inmediatamente para París. Irá usted
+á ver á su protegido y le pedirá, como un servicio de capital
+importancia, que, en el caso de que el señor Bobart salga de París,
+indique á usted la estación por donde ha partido. Y si puede usted
+obtener que le informe acerca del departamento ó el país extranjero de
+donde lleguen cartas para el señor Bobart, nos prestará á Mauricio y á
+mí una ayuda inapreciable.... Usted nos conoce muy bien para creer que
+se trata de algo vituperable....
+
+--¡Oh, señor! Con los ojos cerrados le obedeceré.... Con los ojos
+cerrados....
+
+--Y bien, no los cierre usted.... Ábralos, por el contrario, todo lo que
+pueda.... Quédese usted en París y á las horas de la distribución del
+correo esté siempre en casa del portero ...¿El señor Bobart le conoce á
+usted?
+
+--No, señor.
+
+--Tan pronto como tenga usted noticias que darnos, vuelve sin perder ni
+un segundo.
+
+--El señor puede contar conmigo.
+
+Y salió. Mauricio permanció sentado, interrogando á su tutor con la
+mirada.
+
+--He aquí mi idea, dijo éste. Está fuera de toda duda para mí que el
+tunante de Bobart es cómplice de la señorita Guichard. Él nos espió la
+noche última y él fué quien la previno. Es, pues, cierto, que tan pronto
+como se crea en seguridad, Clementina va á escribirle y acaso á llamarle
+cerca de ella. Por el sello de la carta sabremos dónde está y si Bobart
+se marcha, la estación de que parta será una nueva indicación.
+
+--¿Y entonces qué haremos?
+
+--No lo sé todavía; es preciso reflexionarlo. Por otra parte, acaso no
+sea por Federico por quien sepamos donde está la señorita Guichard ...
+Tu mujer es muy capaz de burlar la vigilancia de Clementina y escribirte
+...
+
+El joven movió tristemente la cabeza.
+
+--¿Cómo ha consentido en acompañarla?
+
+--¡Buena es esa! ¿Sabes cómo habrán pasado las cosas? La señorita
+Guichard es robusta como un coracero ... ¿Quién te dice que no se ha
+llevado á Herminia por la fuerza?
+
+--No es posible. ¡En medio de quinientas personas! ¡Cuando el cochero no
+estaba prevenido y hubiera bastado un grito de llamada, un acto de
+resistencia, por débil que fuese, para que el coche se detuviese!
+
+--¿Y si Clementina ha mentido? Si la ha dicho que era solamente de mí de
+quien huían, pero que tú irías á buscarlas por la mañana ... Con la
+señorita Guichard, ¿entiendes? es posible todo. Es una vieja Eva sin
+Adán, que por distraerse en su paraíso vacío, se ha comido todas las
+manzanas y ha domesticado á la serpiente!
+
+--Esperemos, pues.
+
+--Paciente y cuerdamente. Piensa que tienes el porvenir delante de ti,
+¡y qué porvenir! ¡Herminia sin la señorita Guichard! Porque, después de
+semejante barrabasada, estarás en tu derecho tomando precauciones, y la
+primera....
+
+--Consistirá en separar á Herminia de ese monstruo de maldad.
+
+--¡Ah! ¡Ah! dijo Roussel. Te ha llegado la vez. ¡Te hacías ilusiones
+sobre Clementina y no estabas lejos de acusarme de exageración! ¿Cómo la
+encuentras ahora tan deliciosa tía? Pues bien, amigo mío, ahí tienes la
+esposa que el difunto Guichard, ¡paz á sus cenizas! había soñado
+imponerme de por vida. ¿Comprendes que me haya defendido como un tigre?
+¡El dichoso esposo de Clementina! Cuando pienso en esto me estremezco
+todavía.
+
+Hablando y paseándose por el estudio y por el jardín, los dos hombres
+llegaron al medio día y se sentaron melancólicamente en el hermoso
+comedor. No era así como Mauricio había pensado almorzar aquella mañana.
+Roussel leía este pensamiento en su cara y estaba triste por su
+tristeza. El día se pasó más pronto de lo que hubieran creído; pero la
+velada, largamente prolongada, tanto temían uno y otro no dormir, les
+pareció interminable. Por la mañana, estaban de pie al despuntar la
+aurora. La impaciencia de Mauricio rayaba en el frenesí. Se paseaba á lo
+largo del estudio como una fiera en la jaula. Roussel, sentado en un
+sofá miraba sin hablar al joven: no hubiera sabido qué decirle, fuera de
+las vulgaridades agotadas hacía mucho tiempo. El correo llegó sin carta
+de Herminia. Y sin embargo, hubiera tenido tiempo de escribir si hubiera
+querido ó podido hacerlo. Era evidente que no había podido. En esto
+encontraba Roussel un gran campo de discusión y le aprovechaba, ocupando
+á Mauricio con sus razonamientos y forzándole á distraer su dolor en
+controversias. En resumen, sospechaban que la señorita Guichard había
+secuestrado á la señora de Aubry de un modo tanto más criminal cuanto
+que no tenía sobre la joven ni derechos naturales ni derechos
+adquiridos. Además la impedía que llenase sus deberes respecto de su
+marido habitando con él y donde á él le conviniera. Y Roussel citaba el
+código. En suma, si Mauricio quería, había allí materia para un gran
+proceso, y tomando un ilustre abogado, se podía poner á Clementina en
+una posición muy desagradable.
+
+Llegaron así al almuerzo, que les reunió otra vez en el comedor, tristes
+y sin apetito. Hacia las dos, la sobrexcitación de Mauricio era tan
+aguda, que hablaba de marcharse á París, subir á casa de Bobart y
+cogerle por la garganta para obligarle á revelar los secretos de la
+señorita Guichard y decir dónde ocultaba á Herminia. Á las tres, mirando
+por la ventana hacia el camino, como si esperase ver á su mujer aparecer
+súbitamente y correr á él con los brazos abiertos, lanzó un grito:
+
+--¡Ahí está Federico!
+
+--Seguramente tiene noticias, puesto que vuelve.
+
+Mauricio había bajado ya la escalera. Cogió al criado por el brazo,
+preguntándole, aturdiéndole y, sobre todo, impidiéndole hablar.
+Solamente en presencia de Roussel, encontró Federico su equilibrio. Se
+enjugó la frente y dijo:
+
+--Ya sé lo que el señor deseaba averiguar.
+
+--¡Buen Federico!
+
+--Mauricio le estrechó en sus brazos.
+
+--Si el señorito Mauricio quisiera no ahogarme, podría contarle lo que
+he sabido.
+
+--Veamos; déjale hablar. Este muchacho....
+
+Mauricio se sentó en el sofá; y Federico volvió á tomar la palabra.
+
+--Desde ayer no he dejado la portería de la casa del señor Bobart.
+Francisco, que es mi amigo, me instaló en un rincón de su cuarto y allí
+he esperado los acontecimientos. Nada ocurría; ningún suceso, ninguna
+agitación. El señor Bobart se retiró ayer á las diez. Esta mañana no
+salió. La distribución del correo nada había indicado. Yo estaba
+consternado, cuando á medio día, en un montón de cartas, se encontró una
+para el señor Bobart. Examinado el timbre de salida, nos dió esta
+indicación: Clères (Sena Inferior).
+
+--¡Ah! exclamó Roussel; ya la tenemos.
+
+--Espere el señor, que la cosa se va á hacer más precisa dentro de un
+segundo ... Hacia las doce y media, la cocinera del señor Bobart entró
+en la portería. Iba á buscar un coche para su señor y entraba para rogar
+á Francisco que subiese, á fin de ayudar al criado á bajar un baúl.
+"¿Según eso se va de viaje su amo de usted? dijo Francisco.
+
+--Sí, respondió ella ... Va á ver á unos parientes á Rouen...."
+
+--¡Bravo! interrumpió Roussel. Rouen y después Clères. La señorita
+Guichard está en Rouxmesnil, una tierra que posee en Normandía, cerca
+de Dieppe ... Gracias, amigo Federico; ha maniobrado usted como un
+verdadero agente de policía.
+
+--¿Y el señor Bobart partió?
+
+--Partió, sí, señor; un cuarto de hora después.
+
+--¡Bueno! Federico. Ahora puede usted bajar; su misión ha terminado.
+Coma usted, beba, descanse.
+
+--Doy mil gracias al señor.
+
+Roussel y Mauricio, al quedar solos, se miraron, y enseguida, como si
+les animara un pensamiento único, dijeron á un tiempo:
+
+--¡Partamos!
+
+--Hay un tren esta tarde; tenemos tiempo de hacer nuestros preparativos,
+añadió Roussel. Y no nos ilusionemos; va á ser preciso, acaso, emplear
+la fuerza para dar buena cuenta de la señorita Guichard.
+
+--La emplearemos.
+
+En todo caso, empecemos con precaución, para no poner en guardia al
+enemigo. Si fuésemos reconocidos, Clementina sería capaz de cambiar de
+residencia y nuestras pesquisas tendrían que empezar de nuevo.
+
+--Pues bien, si es preciso, nos disfrazaremos. Yo le desfiguraré á
+usted.
+
+--¡Ah! Por fin te veo animado. ¿Vives ahora?
+
+--Sí, empiezo á esperar.
+
+--Ve á preparar tu maleta. No llevaremos más que lo estrictamente
+necesario. ¡Nada de caja de colores ni de caballete de campo sobre todo!
+Un pintor llamaría la atención en diez leguas á la redonda.
+
+--Tiene usted razón.
+
+El joven entró en su cuarto y un instante después, Roussel, con una
+satisfacción profunda, le oyó tararear.
+
+El castillo de Rouxmesnil es una edificación blanca, perdida entre el
+verdor de un parque de diez hectáreas y rodeada de muros y de
+precipicios. Un espeso bosque de hayas centenarias la defiende del
+viento del mar, que barre furiosamente toda la llanura. Una importante
+hacienda dependía del castillo, que no estaba habitado hacía mucho
+tiempo. Al tío Guichard le gustaba esta propiedad, que había heredado de
+su padre. Pasaba en ella dos meses del año, en la época de la caza. Las
+llanuras y los bosques que rodean á Rouxmesnil son muy sinuosos. El
+mobiliario de las habitaciones, conservado tal cual, aunque parecía
+incómodo y pasado de moda, había vuelto á ser del gusto del día. Estaba
+formado por aquellas encantadoras maderas estilo Luis XVI, cubiertas de
+terciopelo de Utrecht, camas, armarios y cómodas de caoba, adornadas con
+cobre dorado. Los tapices eran antiguas telas de Jouy, de colores
+amortiguados por el tiempo. El polvo del abandono cubría los muebles. El
+piso bajo, ventilado solamente dos veces al mes por el jardinero, que al
+mismo tiempo era conserje, olía á humedad. Pero las ventanas daban á una
+gran pradera á la que servían de marco hermosas arboledas, y á lo lejos,
+más allá de la llanura, los bosques comunales de Saint-Victor extendían
+sus ramas sombrías en las que cantaban los melancólicos cucos.
+
+Al llegar á Rouxmesnil, Herminia, que no había estado allí más que dos
+veces con la señorita Guichard y llevaba los ojos hinchados de llorar,
+la cabeza aturdida por el insomnio y el corazón oprimido por el
+pensamiento de la pena que debía experimentar Mauricio, creyó que
+entraba en una prisión. Las maderas cerradas hacían reinar una oscuridad
+húmeda en todas las habitaciones. Un silencio profundo reinaba en la
+finca y, para colmo de tristeza, una lluvia torrencial, que había
+empezado en Clères, al salir del tren, borraba el horizonte en una bruma
+gris.
+
+La señorita Guichard, afectando con Herminia una dulzura llena de
+compasión, como si acabase de arrancarla al más espantoso peligro, daba
+órdenes á la doncella que las había acompañado, y decía en su habitual
+tono de mando:
+
+--¡El departamento de Herminia, ante todo! Que esta querida niña tenga
+enseguida un sitio para descansar! ¡Tiene de ello tal necesidad después
+de semejantes emociones!... Envíe usted á buscar gentes á la quinta ...
+Quiero que dentro de dos horas esté todo en orden en el castillo ...
+¿Cómo te sientes, querida hija mía? ¡Esperarás el almuerzo!...
+
+--¡Oh! No tengo apetito ninguno, tía ...
+
+--Es preciso comer, niña querida, para ponerte en estado de soportar la
+prueba ...
+
+--Pero, tía mía, ¿qué prueba? preguntó Herminia con irritación.
+
+--¡Paciencia, hija mía; ya lo sabrás todo! Entonces comprenderás la
+infamia de que ibas á ser víctima y yo contigo ...
+
+--¡Una infamia!... ¡De Mauricio, es imposible!
+
+--No era él el culpable ... Pero el abominable mentor que le dirige!
+Dejemos estas explicaciones para después; sabes que puedes contar con mi
+afección ... ¡No te abandonaré jamás!
+
+Herminia ahogó un suspiro. La perspectiva de no dejar nunca á la
+señorita Guichard no era á propósito para tranquilizarla. La señorita
+Guichard sin Mauricio, ó Mauricio sin la señorita Guichard; tal era la
+disyuntiva que se ofrecía á su pensamiento, y en aquella hora no era
+posible dudar: hubiera querido estar con Mauricio.
+
+Había sido preciso todo el ascendiente moral que ejercía sobre ella su
+bienhechora, y un poco, también, la violencia material, para impedirla
+saltar del coche cuando había visto aparecer á Clementina en lugar de su
+marido. Clementina tuvo necesidad de cogerla por la cintura, sin dejar
+de dirigirle los más violentos reproches. Hasta París, Herminia no había
+hecho más que sollozar. Toda la noche había estado inquieta en el lecho,
+regando las almohadas con sus lágrimas. Por la mañana había sido aún
+necesario violentarla para llevarla al ferrocarril.
+
+Y ahora, en aquel antiguo castillo, frío, húmedo y desolado, continuaba
+rebelándose. No lo hacía en voz alta, porque tenía miedo á su tía, pero
+en el fondo juzgaba severamente su manera de obrar. La sublevación moral
+de la joven era tan visible, que Clementina se creyó obligada á algunas
+explicaciones. No esperaba encontrar tal energía en aquella delicada
+rubia que había obedecido tan perfectamente desde que dependía de ella.
+¿Pero qué importaba la resistencia á la fogosa Clementina? Á los que la
+resistían, los aniquilaba. Roussel y Mauricio sabían algo de esto.
+
+Condujo á Herminia á una habitación del primer piso y abriendo vivamente
+las persianas, dijo:
+
+--Esta es la habitación que yo habitaba en otro tiempo, cuando vivía el
+tío Guichard ... Te la doy, hija mía ... Comunica con otro cuarto que
+será, para tu marido cuando haya cesado de enfurruñarse y venga á
+reunirse contigo.
+
+--¿Podrá, entonces, venir?
+
+--Sin duda alguna.
+
+--Pero, ¿sabe que estamos aquí?
+
+--Voy á escribírselo yo misma, inmediatamente.
+
+--¡Oh! Déjeme usted ese cuidado, tía mía, exclamó la joven.
+
+--Eso no sería ni correcto ni conveniente, contestó Clementina.
+Parecería que te sustraías á mi jurisdicción y que hacías concesiones,
+cuando es él quien debe hacerlas ...
+
+--¡Oh! tía mía, nada más que una palabra al final de la carta ...
+
+--Una palabra, sea, dijo la señorita Guichard, pensando que, después de
+todo, un ruego de Herminia activaría la sumisión de Mauricio. El pobre
+muchacho está tan mal aconsejado que sería capaz de no venir.
+
+--¿Lo cree usted?
+
+--Lo creo todo mientras Roussel esté cerca de él. ¡Ese hombre es su
+genio malo!
+
+Saltó, dejando á su sobrina entregada á sus reflexiones. El plan que
+había formado era muy sencillo. Por segunda vez quería obligar á
+Mauricio á adquirir compromisos y el primero sería renunciar á Roussel.
+¿No accedía? pues no tendría á su mujer. Había que elegir: ó venía á
+buenas y cumplía siquiera la mitad de sus promesas, caso en el cual la
+dicha de Roussel estaría muy comprometida, ó no cedía, y entonces era
+fácil hacer pasar su resistencia por egoísmo, por indiferencia, y
+procurar una disensión entre los esposos. En el primer caso, Clementina
+triunfaba y continuaba siendo omnipotente; en el segundo, se vengaba
+terriblemente de los que hablan intentado burlarla, y esto era también
+una victoria.
+
+En sus nuevas posiciones se creía muy fuerte; casi invencible. Por de
+pronto, su Rouxmesnil le parecía inexpugnable. Para llegar hasta
+Herminia sin permiso y sin entrar por la puerta grande, había que
+escalar el muro, franquear el foso y atravesar el parque, y el guarda,
+prevenido, rondaría constantemente. El arrendador de la hacienda le
+había prestado un perro que vigilaba de día y era feroz de noche. Por
+último, Clementina llamaría á Bobart en su ayuda. En semejantes
+circunstancias tenía necesidad de los consejos jurídicos y de las
+artimañas de aquel práctico astuto.
+
+Le escribió enseguida. Á Mauricio le escribiría al día siguiente:
+convenía que el tiempo calmase su cólera y produjese el desaliento. Por
+la mañana, en efecto, entró en el cuarto donde Herminia había acabado
+por dormirse con un sueño febril y puso una carta sobre la mesa,
+diciendo:
+
+--Lee y añade lo que quieras.
+
+--La carta era amistosa, decía á Mauricio que se esperaba su llegada y
+terminaba así: "He olvidado el daño que ha querido usted hacerme, porque
+sé muy bien que no obedecía usted á sus propias inspiraciones, y estoy
+pronta á acogerle como á un hijo respetuoso y sumiso." Herminia no echó
+de ver con qué pérfida habilidad habían sido escogidos los términos de
+esta carta para herir á Mauricio, á quien se trataba como un niño por la
+que tan duramente acababa de hacerle sentir su autoridad. La joven no
+vió más que la llamada á su marido y esto bastó. Cogió una pluma y al
+pie de la carta escribió. "Ven, mi querido Mauricio, te espero con mucha
+impaciencia. Cree que soy toda tuya." Ardía en deseos de añadir: "Te
+abrazo y te amo," pero no se atrevió. Firmó con letra un poco alterada,
+porque el corazón le latía y le parecía que arriesgaba su vida en este
+momento. La señorita Guichard cerró el sobre y dijo:
+
+--Tú misma darás la carta para que la pongan en el correo al ir á
+esperar á Bobart.
+
+--¿El señor Bobart llega?
+
+--Claro está. ¿Crees que vamos á vivir como dos prisioneras? No nos
+ocultamos, porque no hemos hecho nada malo.
+
+Sin embargo, Herminia vió muy bien que se adoptaban todas las
+precauciones para que ella no pudiese tener comunicación alguna con el
+exterior. Por la tarde llegó el desagradable Bobart. Comió y enseguida
+se encerró con la señorita Guichard. Herminia se refugió en su
+habitación y con la ventana abierta soñó, contemplando la luna que
+aparecía por encima de las hayas y las plateaba con su luz. Una paz
+profunda reinaba en la campiña. Solamente los buhos hacían oir en los
+abetos su grito monótono y triste.
+
+La joven pensó que acaso estaba destinada á vivir siempre en aquella
+soledad y aquel silencio. Si Mauricio no acudía; ¿cómo conseguir
+reunirse con él? ¿Quién los aproximaría? ¿Quién disiparía todos aquellos
+errores interesados? ¿Cómo caerían los obstáculos acumulados por
+voluntades hostiles? Una gran tristeza se apoderó de ella y rodaron
+sobre su cara gruesas lágrimas, lentas y amargas.
+
+Era cerca de media noche cuando subieron Clementina y Bobart. Herminia
+cerró la ventana, se desnudó, hizo su oración, rogando al cielo que la
+devolviese su marido, y se durmió más calmada. Por la mañana se
+presentó para el almuerzo y tuvo que sufrir los cumplimientos insidiosos
+del ex-abogado. Durante el día Clementina propuso un paseo por el
+parque, pero á Herminia le pareció un suplicio pasear entre Bobart y la
+señorita Guichard. Pretextó una jaqueca y se quedó.
+
+Pasó este día y el siguiente en una profunda ansiedad y prestó el oído á
+todos los ruidos del camino creyendo á cada instante ver llegar á
+Mauricio. Todas las noches se acostaba con el corazón oprimido,
+diciéndose: "¡Mañana será!" Y el día siguiente no traía tampoco noticias
+del marido esperado, que no venía.
+
+
+
+
+CAPÍTULO IX
+
+EL BLOQUEO.
+
+
+Al cabo de cuatro días Herminia empezó á sentir cierto despecho.
+Verdaderamente, Mauricio era muy indiferente ó muy orgulloso. ¡Qué! ¿No
+podía decidirse á venir al lado de su mujer? ¿Estaba tan ofendido por su
+partida en la noche de la boda? ¿No debía creer que no lo había hecho
+por su voluntad? Sin embargo, no perdía la esperanza.
+
+Observaba siempre al guarda en acecho y oía ladrar al perro feroz todas
+las noches. Su tía le lanzaba maliciosas miradas como queriendo decirla:
+"¿Eh? Ahí tienes tu amor, mira lo que es ... ¡Su intensidad no es
+bastante para hacer olvidar á un hombre su amor propio ofendido!" ...
+Cuando la hablaba la llamaba con afectación: "Mi pobre hija" con un tono
+de lástima que molestaba extraordinariamente á Herminia.
+
+La señorita Guichard empacaba á pensar seriamente que Mauricio estaba
+resuelto y no volvería y esto la agradaba en extremo, porque era la
+separación y el divorcio asegurados. Le pareció que seria buena política
+redoblar su cariño por la joven y mostrarle alguna confianza. Sin
+aflojar la vigilancia exterior, dejó á la joven algo más libre en el
+parque. La invitó á que se paseara, diciendo:
+
+--Toma el aire, anda. De otro modo caerás enferma, y ¿qué dirá tu marido
+cuando se decida á venir?
+
+Herminia no respondió y sonrió tristemente.
+
+Hacia cerca de una semana que estaban en Rouxmesnil, cuando una tarde,
+en que se paseaba á lo largo de un foso que daba sobre la llanura, la
+joven vió al pasar, echado en un campo de trigo, un hombre de blusa, con
+el sombrero apabullado, que dormía á pierna suelta, á consecuencia, sin
+duda, de algunas copas de aguardiente. Iba á pasar con alguna
+repugnancia, cuando el borracho se volvió lentamente de lado, levantó el
+brazo que le ocultaba la cara y debajo de aquellos sórdidos harapos y en
+aquel hombre echado en el polvo, Herminia reconoció con estupor al señor
+Roussel, que la dijo en voz baja:
+
+--¿Está usted sola?
+
+Ella respondió:
+
+--Si; pero, ¡cuidado! me vigilan siempre.
+
+--Lo sé. Hace seis días que rondamos la propiedad.
+
+--¡Dios mío! ¿Mauricio está aquí pues?
+
+--¿Dónde quiere usted que esté? En este momento acecha en la entrada del
+castillo ... Está vestido como yo, pero á él no le reconocerá usted ...
+tiene una barba gris....
+
+--¿Cómo verle? ¿Por qué no viene á mi encuentro?
+
+--¿Y su tía de usted?...
+
+--Le ha escrito para que viniera á reunirse conmigo.
+
+--No ha recibido la carta. ¿Puede usted venir mañana á misma hora?
+
+--Lo procuraré ... Tenga usted cuidado ... alguien viene.
+
+Roussel volvió la cara hacia el césped y se volvió á dormir. El que
+llegaba era Bobart, con una escopeta al hombro.
+
+--¡Cómo! señor Bobart; ¿caza usted? dijo Herminia con volubilidad para
+distraer al abogado, que miraba con desconfianza al hombre echado al
+lado del foso.
+
+--Sí, señorita; me distraigo matando maricas. Hay muchas en este
+país.... Vea usted, un borracho ... ¡Oh! La embriaguez es la plaga de
+los campos!...
+
+--Un ronquido sonoro respondió á las lamentaciones humanitarias de
+Bobart. Herminia dejó al ex-abogado y volvió al castillo.
+
+Si no hubiera estado vigilada, hubiera cantado, tan alegre tenía el
+corazón. En un segundo todo había cambiado para ella. El porvenir, antes
+tan negro se había vuelto de color de rosa. Mauricio, á quien creía
+indiferente y orgulloso, era tierno y amante. No había pensado más que
+en reunirse con ella y ciertamente, en cuanto hablase con él cinco
+minutos, se presentaría en el castillo. Se puso á reír sola pensando en
+la figura tan graciosa que hacia Roussel echado en el césped y vestido
+como un harapiento, él, á quien había conocido de punta en blanco el día
+de la boda ... Después se preguntó porqué todas aquellas precauciones y
+tan raras estratagemas. ¿La situación era, pues, más complicada de lo
+que había pensado?
+
+Reflexionando sobre esto, relacionó el disimulo de Mauricio y de Roussel
+con la vigilancia ejercida por la señorita Guichard; y los disfraces de
+los unos le pareció que correspondían exactamente á las medidas de la
+otra. Rondas y perros feroces por la noche, y paseo de Bobart con una
+escopeta al hombro ... Herminia pensó: "No sé exactamente lo que pasa;
+no comprendo la razón precisa de los actos de mi tía. Hay algo muy grave
+y yo corro un peligro."
+
+Su imaginación se exaltó y llega á una situación verdaderamente
+novelesca. Se figuró que era una joven princesa guardada estrechamente
+en una torre por crueles tiranos; una Pía de Tolomei, á quien amigos
+devotos se esforzaban en libertar. Y no tuvo más que una idea, la de
+facilitar la misión de los libertadores. Ante todo, quería ver á
+Mauricio, hasta con una barba gris. Dió vuelta alrededor del castillo,
+entró en el patio de honor y llegó hasta la mohosa verja, que daba á una
+gran calle de castaños. Miró con interés y no vió á nadie que pudiera
+dar la más remota idea de Mauricio disfrazado. Á cien metros de la
+entrada estaba un viejecito sentado sobre la cerca de madera de un prado
+y un enorme perro gris se revolcaba en el polvo. El hombre no se movió
+ni hizo señal alguna de haberla reconocido. Al cabo de algunos segundos
+Herminia se decidió á alejarse y al volverse, vió, en una ventana del
+primer piso á la señorita Guichard, que la miraba. Juzgó necesario
+hacerla un saludo gracioso con la sombrilla y continuó lentamente su
+paseo, pensando: "Acaso ese viejecito era mi marido. Habrá visto á mi
+tía y no se habrá atrevido á moverse. Tengamos paciencia y esperemos á
+mañana."
+
+El resto del día no le pareció largo; ya no se aburría. Su vida estaba
+llena por un interés inmenso. Llegó hasta á no disimular bastante y
+estando Bobart y su tía hablando cerca de la chimenea, Herminia rompió á
+reír sola de un modo tan repentino y tan poco justificado, que la
+señorita Guichard levantó los ojos con severidad y dijo agriamente:
+
+--¿Qué te pasa, hija mía? ¿Somos, acaso, Bobart y yo, más cómicos de lo
+que habíamos creído?
+
+Herminia se quedó helada y permaneció muda durante toda la velada, pero
+las sospechas de Clementina se habían despertado y, cuando la joven se
+fué á sus habitaciones, preguntó:
+
+--Dime, Bobart, ¿no has observado nada anormal alrededor del castillo?
+Esa alegría repentina de Herminia es muy singular ... Tenía esta tarde
+una cara tan regocijada ... ¿No habrá recibido alguna advertencia ...
+alguna noticia?...
+
+--Nada he observado, querida prima, que pueda justificar tus temores ...
+¿Quieres que haga venir al guarda?
+
+--Te lo agradeceré. Tengo inquietudes ... Me parece presentir la
+presencia de Roussel en estos alrededores.
+
+Román Rouet, introducido en el salón, declaró que no había visto nada
+sospechoso en sus rondas. Era el tal un viejo, medio labrador, medio
+guarda y, más que nada, cazador furtivo, con la cara curtida por la
+lluvia y el sol, enmarañadas cejas, que se hacía cortar como el cabello,
+y dientes destrozados por la acidez de la sidra.
+
+--Mi ama, nadie ha llegado al país y nada he visto que se parezca á
+gentes malintencionadas ... Siempre se arrastran algunos harapientos por
+el camino ... Éste, que viene de Maromme ... Aquél, que va á
+Fontaine-le-Bourg ... Pero gentes que quieran entrar ... Yo estoy aquí
+para impedirlo ...
+
+--¡Bueno! dijo Clementina. Vaya usted y vigile.
+
+--Con los dos ojos, mi ama.
+
+--¿Por qué estaba tan alegre esa muchacha?... repitió la señorita
+Guichard pensativa.
+
+Pasó la velada jugando al _bezigue_ con Bobart y soñó por la noche que
+Roussel había entrado á viva fuerza en el castillo, con la cara
+embadurnada de negro, como los antiguos bandidos, y la había puesto un
+puñal en la garganta para obligarla á decir dónde había ocultado á su
+sobrina. Un vivo dolor la despertó; debatiéndose en su cama, acababa de
+pincharse la barbilla con una horquilla desprendida de ana cabellos.
+
+Había muy buenas razones para que el guarda de la señorita Guichard
+ignorase la presencia de Mauricio y de Roussel en el país. Éstos no
+habitaban en él. Román Rouet había podido recorrer todas las tabernas
+del país sin encontrar indicio alguno. Roussel y Mauricio se hablan
+quedado á cuatro leguas de Rouxmesnil, en Auffai, en casa del dueño de
+una gran fábrica de hilados, amigo de Fortunato desde la infancia.
+Alojados en el castillo de Perceville, los dos parisienses estaban allí
+á sus anchas y hacia seis días recorrían á su gusto los alrededores, sin
+que fuese notada su presencia.
+
+Tomaban el ferrocarril; se bajaban en Cléres y desde allí se iban á la
+propiedad de la señorita Guichard. Mauricio había hecho amistad, desde
+el primer día, con un perro de ganado, de talla colosal, que el dueño de
+Perceville había traido de Irlanda, y escoltado por aquel formidable
+compañero, de un olfato admirable, bloqueaba las cercanías de la prisión
+de Herminia. El viejo que la joven había visto de lejos, sentado en la
+cerca, era Mauricio.
+
+Éste se había estremecido viendo en la verja, al principio una sombrilla
+de color, después una vaga silueta y por último á su mujer, que se
+aproximaba mirándole. Estuvo á punto de levantarse y correr hacia ella;
+pero la aparición repentina de la señorita Guichard en la ventana, había
+helado su entusiasmo y, renegando y dando al diablo á la solterona,
+había permanecido inmóvil, mirando á su compañero, que se revolcaba al
+sol. Por la noche, su envidia fué extremada cuando supo que Roussel
+había tenido la buena fortuna de hablar con la joven, y no se serenó más
+que por la seguridad de que él tendría la misma dicha al día siguiente.
+Pero Roussel no se daba por satisfecho con la ventaja, demasiado
+platónica, de haber conversado y conversar otra vez con Herminia, y
+necesitaba resultados prácticos, materiales y decisivos.
+
+--Me vas á hacer el favor, ¿eh?, de no perder mañana el tiempo en
+arrullos, como Romeo en el balcón de Julieta. Los campos están llenos de
+alondras que te cantarán la canción de la partida. Ahora bien, esa
+partida no debes efectuarla solo. Toma tus disposiciones con Herminia
+para llevártela el mismo día, si es posible. Tendremos todo el día y
+toda la noche una excelente silla de posta en la aldea de Rongemare, á
+un kilómetro del sitio en que debes encontrar á tu mujer....
+
+--Esté usted tranquilo, padrino; no perderé la ocasión. El tiempo
+apremia ... y acabaremos por ser despistados. Es premiso, pues,
+violentar las cosas y si hay resistencia....
+
+--Yo estaré allí para prestarte ayuda ... Á nosotros dos sería preciso
+el diablo para ponernos en derrota.
+
+Mientras se formaban estos proyectos agresivos, la señorita Guichard,
+más y más inquieta, preparaba una maniobra sumamente peligrosa para
+nuestros conspiradores. Por la mañana se había presentado en el cuarto
+de su sobrina, á la que había encontrado en peinador, ocupada en peinar
+sus admirables cabellos rubios. La joven sin más que mirar el aire de su
+tía, presintió complicaciones graves y se dispuso á hacerlas frente.
+
+--Hija mía, dijo Clementina sentándose cerca de la ventana; ayer hizo
+una semana que estamos aquí ... Sabes que el día siguiente mismo de
+nuestra llegada escribí á tu marido para rogarle que viniese á reunirse
+con nosotras ... ¿Cómo es que no ha venido, ni ha dado siquiera noticias
+suyas?
+
+--Pero, tía mía, dijo claramente Herminia, si nosotras no hubiéramos
+partido, no hubiera sucedido todo esto....
+
+La señorita Guichard, asombrada por esta respuesta, levantó los ojos
+sobre Herminia y viéndola muy tranquila, tuvo un movimiento de
+irritación.
+
+--Hija mía, si no hubiéramos partido lo hubierais hecho Mauricio y tú,
+con desprecio de todos los compromisos adquiridos ... He parado,
+sencillamente, un golpe que me asestaban....
+
+--Tía mía, replicó Herminia con firmeza, el primer golpe no fué asestado
+por mi marido; usted lo sabe muy bien.
+
+--¿Qué quieres decir?
+
+--Dispénseme usted de explicarme acerca de ese punto; pero sepa que no
+ignoro nada de lo que ha pasado y que yo no puedo culpar á mi marido.
+
+Á estas palabras, que eran una verdadera declaración de guerra, la
+señorita Guichard se levantó. Su cara se puso lívida, sus ojos
+despidieron llamas y extendiendo hacia Herminia una mano agitada por un
+temblor nervioso, exclamó:
+
+--¡Qué! Después de veinte años de cuidados, de afección, de protección;
+cuando te he tratado como á una hija, ¿me hablas con semejante
+ingratitud, por un advenedizo á quién no conocías hace seis semanas?
+¿Contra todo respeto, juzgas mis actos y contra todo agradecimiento te
+unes con mis enemigos? ¿Es esto lo que yo debía esperar de ti? ¡Eres un
+monstruo!
+
+--No, tía; no soy un monstruo, dijo la joven respirando con esfuerzo,
+tan violenta era la emoción que la embargaba; no, yo no soy
+irrespetuosa, ni ingrata; pero tampoco ciega ni estúpida. Sé lo que veo
+y entiendo lo que oigo. Soy justa, créalo usted, y me hago cargo de la
+irritación que debió usted experimentar viendo todos sus planes
+desbaratados; pero no puedo admitir que por una cuestión tan mezquina,
+por una diferencia tan antigua, por agravios que hace mucho tiempo
+debieran estar olvidados, ponga usted en peligro mi dicha y la de mi
+marido. Usted le acusa de ser orgulloso é indiferente ... ¿Qué hubiese
+usted hecho en su lugar, usted, que ha perseguido por tan largo tiempo y
+persigue todavía con su odio al señor Roussel, por una afrenta mucho
+menor que la que usted ha infligido á Mauricio?...
+
+--¡He aquí lo que tú piensas! gritó la señorita Guichard exasperada.
+¡Oh, mal corazón y espíritu perverso! Eso es lo que tú murmurabas
+durante tus largos silencios ... ¡Me hacías traición en pensamiento,
+antes de hacérmela en acción! Pero ¡yo te arreglaré! ¡Tengo sobre ti
+autoridad!
+
+--Que usted se atribuye, pero que no existe. No tengo más dueño que mi
+marido....
+
+--¡Yo te separaré de él! gritó la solterona en el colmo del furor.
+
+--Desafío á usted á que lo haga.
+
+--¡Ah! ¿Tú me provocas? Pues bien, tú sabrás de lo que soy capaz cuando
+se me fuerza.
+
+--Me lo habían dicho y ya lo he visto. Pero jamás me hubiera atrevido á
+creer que usted, tan buena, se convirtiese hasta tal punto en perversa.
+
+--Yo te haré arrepentir de lo que has hecho.
+
+--Usted me hará arrepentir de haberla amado: nada más.
+
+--¡Herminia!
+
+Clementina estaba con el brazo levantado y amenazador, la cara
+descompuesta por la rabia, los ojos verdes de bilis, los dientes
+apretados y crujientes. Herminia tuvo miedo de que la atacase una
+congestión y muriese allí, herida por ella, á la que, en suma, había
+servido hasta entonces de madre. Se levantó y con una inspiración
+persuasiva propia para conmover hasta un alma tan dura, dijo,
+arrojándose á sus pies:
+
+--¡Por Dios, mi buena tía, olvide usted todo lo que la turba, lo que la
+irrita, lo que la pone fuera de sí, porque usted no es dueña de sí misma
+ahora, y vuelva á ser tal como yo la he conocido; justa, benévola y
+generosa. No me obligue á luchar contra usted, lo que me causaría una
+horrible pena. No me ponga en el trance de decidirme entre mi afección
+antigua y mi nueva ternura. Tenga usted piedad de esta hija á quien ha
+amado, á quien ama todavía. Devuélvame usted la libertad y la dicha.
+Hágame usted feliz de buen grado, con sus propias manos, y yo la
+bendeciré en todas las horas de mi vida por el favor que me habrá hecho
+y con el cual habrá sobrepujado, en un momento, las liberalidades de que
+me ha colmado durante toda mi existencia. Usted debe comprender que
+quiero, que debo ir á buscar á mi marido. ¡Oh, tía mía querida! ¡Un
+relámpago de bondad! Ponga usted todo en paz, usted que puede hacerlo,
+¡seremos tan plenamente felices! ¡Y será tan grande nuestro
+agradecimiento!...
+
+Cogió las manos de la señorita Guichard y con sollozos y ruegos se las
+besó apasionadamente. Ésta, torturada por aquella ardiente suplica,
+helada por aquellos reproches tan dulces y tan humildes, humillada por
+el sentimiento de su inferioridad ante aquella niña que la hablaba tan
+leal y animosamente, permanecía inmóvil y muda. Por fin, dejó caer de
+sus labios trémulos estas palabras:
+
+--¡No, no cederé! tengo, para obrar como lo hago, razones superiores que
+no puedes juzgar. Tú me darás después las gracias por el servicio que te
+hago ... ¡Todos los hombres son infames!
+
+--¡Tía mía! ¡Cuidado! gritó Herminia desesperada.
+
+--¿Me amenazas?, dijo la señorita Guichard, no disimulando ya. ¡Tú debes
+tener cuidado! Desde este momento no tengo confianza en ti. Sé que
+tengo una enemiga en mi casa; no encontrarás, pues, extraordinario que
+tome mis precauciones. Permanecerás hoy en tu cuarto y mañana nos
+marcharemos al extranjero.
+
+Y sin añadir ni una palabra, la señorita Guichard salió. Herminia quedó
+sola y consternada, pero sin arrepentirse de su franqueza, por muy cara
+que debiera costarle. Porque, ahora, la señorita Guichard había arrojado
+la máscara y después de esta explicación no se podía esperar de ella el
+menor acomodo.
+
+La joven se preparó á hacer una resistencia desesperada. Una sorda
+inquietud la molestaba hacía un momento; cómo sería interpretada su
+ausencia á la cita dada por Roussel. Porque era seguro que no podría ya
+pasearse por el parque. ¿Y qué pensaría Mauricio? ¿Supondría que le
+abandonaba? ¡No! eso era imposible. Pensaría que había sido vigilada,
+detenida. Y entonces sería capaz de entrar en el parque y llegar hasta
+el castillo y, vestido de ese modo, el guarda ó Bobart podían tomarle
+por un merodeador y pegarle un tiro.
+
+Un miedo espantoso se apoderó de ella. En el desarreglo de su
+pensamiento estuvo á punto de llamar á su tía y prevenirla para que, al
+menos, no se hiciese daño á Mauricio, pero la detuvo una reflexión:
+"¡Quién sabe si, en el estado de exasperación en que se encuentra, dará
+mi tía las órdenes más rigurosas y atraeré el peligro sobre mi marido,
+queriendo protegerle! Es preciso dejar que marchen los sucesos sin
+intervenir; Mauricio es diestro y el señor Roussel prudente; ellos
+conseguirán arrancarme de manos de mis perseguidores. Porque ya, para
+ella, su tía, Bobart y el guarda eran sus perseguidores, y se sentía
+dispuesta á todo para escapar. Hasta hubiera hecho de buena gana algún
+daño á Bobart, que verdaderamente la atormentaba sin motivo, por gusto,
+por amor al arte.
+
+Examinó con cuidado la disposición de su cuarto, previendo que acaso
+sería preciso evadirse. Una de las ventanas, la de la fachada, daba á
+una estufa cuyos vidrios estaban colocados casi á plomo á dos metros por
+debajo. Por aquí la evasión parecía imposible. La otra ventana, en
+distinta dirección, daba sobre un bonito jardinillo á la francesa. Un
+salto de seis metros y la perspectiva de enredarse en los sostenes de
+los rosales; tampoco por allí podía hacerse nada. El cuarto de tocador
+estaba cuatro escalones más bajo y ocupaba una torrecilla redonda en un
+ángulo del castillo. Recibía la luz por una estrecha ventana, pero
+tenía reja. Las precauciones estaban bien tomadas y la señorita Guichard
+sabía lo que había hecho alojando á Herminia en aquellas habitaciones. Á
+falta de las ventanas quedaba la puerta que daba á un largo corredor
+embaldosado en cuyo extremo estaba la escalera de servicio que conducía
+á las dependencias. Atravesadas éstas, se estaba en el patio, pero, para
+llegar á la escalera era preciso pasar por delante de las habitaciones
+de la señorita Guichard y de Bobart. ¡Cuántas probabilidades de ser
+cogida antes de llegar al piso bajo! Y aquel era, sin embargo, el único
+paso practicable.
+
+El almuerzo llegó cuando Herminia se entregaba á estas combinaciones y
+proyectos. La doncella de la señorita Guichard le traía en una bandeja.
+Decididamente, Herminia estaba prisionera. No la encerraban con llave,
+pero estaba, sin duda, estrechamente guardada. Resolvió cerciorarse y á
+eso de las dos cogió el sombrero y la sombrilla y bajó. Al penetrar en
+el vestíbulo encontró á la doncella cosiendo al lado de una mesa. La
+muchacha levantó la cabeza y con cierta compasión dijo:
+
+--La señorita ruega á la señora que entre en el salón.
+
+Herminia no respondió y abriendo la puerta del salón encontró leyendo á
+la señorita Guichard.
+
+--¿Sales, hija mía?, preguntó la solterona con una perfecta
+tranquilidad, como si nada hubiera pasado entre las dos aquella misma
+mañana.
+
+--Sí, tía mía; si usted no tiene inconveniente.
+
+--Te acompaño, dijo la señorita Guichard, y se levantó.
+
+--Es usted muy amable; respondió Herminia con serenidad.
+
+Salieron por el parque y echaron á andar delante del castillo. Pero este
+paseo tan lejos del foso en que se impacientaba Mauricio no entraba en
+los cálculos de Herminia, que dijo al cabo de un instante:
+
+--Hace mucho sol por aquí; ¿quiere usted que vayamos á la sombra?
+
+--Como tú quieras, contestó la señorita Guichard.
+
+Y tomaron un paseo circular.
+
+No bien habían andado cien pasos, apareció Bobart armado con su
+inseparable escopeta y escoltado, además, por el perro que tenía por
+misión devorar á los merodeadores en general y á Roussel y á Mauricio en
+particular. El abogado, como obedeciendo á una consigna, se colocó al
+lado de Herminia. El perro abría la marcha. La joven tenía gran deseo de
+volverse, pero al extremo de aquel camino estaba el foso donde había
+visto el día anterior á Roussel y sin duda en este momento la esperaba
+allí su marido. Al verla pasar con semejante escolta, comprendería lo
+que había sucedido y tomaría resoluciones en consecuencia.
+
+Apenas llegaban á la llanura que, bañada de sol, se presentaba en
+perspectiva, el perro, que iba de vanguardia, empezó á gruñir
+furiosamente y erizó los pelos del lomo. Herminia pensó "Ahí está;
+contra él gruñe este dichoso animal. ¡Con tal que no le muerda! Avanzó
+enseguida y en el mismo sitio en que el día anterior estaba Roussel vió
+un hombre echado. Un gran perro gris estaba extendido cerca de él y amo
+y perro parecían dormir. Sin embargo, la mano del hombre tenía cogido el
+collar del perro como para contenerle. El mastín de la granja,
+envalentonado por aquella inmovilidad, ladró con furia y enseñó los
+dientes.
+
+--¡Es increible! dijo Bobart en voz alta. ¡Un borracho en el mismo sitio
+que ayer. Parece que le han tomado afición!
+
+El perro tomó sin duda estas palabras por una orden, porque, de un
+salto, franqueó el foso y se lanzó con la boca abierta y los ojos
+feroces sobre el pacífico grupo. Pero en un segundo, la escena cambió.
+El hombre levantó la cabeza y con voz enronquecida, que Herminia no
+reconoció, dijo:
+
+--¿Qué es esto? ¿Se hace devorar á los viajeros en este país? ¡Á él,
+Dear!...
+
+Soltó el collar y el gran perro gris, saltando con una ligereza y una
+fuerza increibles, cayó sobre el mastín, que se mostró resistente é hizo
+honor á Rouxmesnil sosteniendo el choque. Pero el perro gris era de una
+agilidad increible y antes de que los espectadores de este combate
+pudieran hacer un movimiento, los dos animales, enlazados, habían rodado
+al fondo del foso.
+
+--¡Llame usted á su perro! ¡Llame usted á su perro! gritó la señorita
+Guichard, oyendo á su mastín aullar lastimeramente.
+
+--¡Llame usted al suyo! respondió tranquilamente el hombre de la voz
+ronca. ¿Acaso le hemos ido á buscar?
+
+--¡Cuidado! creyó Bobart que debía exclamar; voy a pegarle un tiro!...
+
+--¡El que toque al perro, toca á su dueño! respondió el hombre con una
+expresión tan amenazadora, que Bobart se estuvo quieto.
+
+Al hablar así se había levantado y Herminia no encontró ni un solo rasgo
+de su marido bajo los cabellos grises y enmarañados y la ruda barba de
+aquél hombre. Y, sin embargo, era él.
+
+--¡Esto es una infamia! exclamó la señorita Guichard; ¡mi perro muerto!
+
+Era verdad. El mastín, después de una resistencia honrosa, atestiguada
+por las huellas sangrientas de la piel de su adversario, acababa de
+morir.
+
+--Usted me le pagará, buen hombre. Bobart, corre á buscar al guarda.
+
+--¡Para qué! dijo el hombre con su voz aguardentosa; ¡para qué! Que pase
+solamente el foso y hago con él lo que mi perro ha hecho con este otro.
+¿Oye usted? So vieja.
+
+--¡Vieja! gritó la señorita Guichard. ¡Insolente! Usted verá quién soy
+yo ...
+
+--¡Perfectamente! apoyó Bobart; una demanda de indemnización ...
+
+--¡Sí! ¡Ya te daré yo la indemnización! vociferó el hombre con ademanes
+violentos. ¡Ven aquí, que te voy á hacer que escondas la cabeza debajo
+del ala, gallo viejo! ¿No te da vergüenza, á tu edad?
+
+--¡Vámonos! ¡Está ebrio! exclamó la señorita Guichard.
+
+--¡Ebrio! Pero no de amor por ti, carcamal ... Por la buena persona que
+te acompaña, es posible.
+
+Y volviéndose hacia Herminia, el harapiento apoyó una mano negra en los
+labios y le envió un beso. Al mismo tiempo, de sus ojos, ocultos bajo
+unas espesas cejas, brotó una mirada luminosa. Y esta vez Herminia,
+roja de placer y latiéndole el corazón, adquirió la seguridad de que
+tenía delante á su marido.
+
+Hubiera querido permanecer allí, por singular que pareciese su
+curiosidad; alguna palabra de doble sentido la hubiera trazado, acaso,
+una línea de conducta. Hubiera sido una satisfacción refinada para
+Herminia hablar con su libertador bajo la mirada misma de sus
+carceleros; pero no pudo disfrutar ese placer. Su tía la tiraba del
+brazo y Bobart se había ya pronunciado en retirada. Perseguidos por las
+injurias que les dirigía el dueño del perro gris, volvieron á entrar en
+el castillo.
+
+--¡No has estado heroico, Bobart, dijo la señorita Guichard con acritud.
+Nos has dejado insultar, á mi sobrina y á mi, por ese miserable, sin
+contestar siquiera.
+
+--Querida y respetable prima, respondió el abogado: el hombre no me
+intimidaba; pero el maldito perro me infundía cierta aprensión ... Bien
+has visto lo que ha hecho, de una dentellada, con el pobre Stop ...
+
+--Haberle metido un tiro en el vientre ...
+
+--Hubiera podido no acertarle y entonces ...
+
+--Pero, ¿no sabes tirar?
+
+--Te confieso que conozco mejor el código que el tiro.
+
+La señorita Guichard arrojó á su auxiliar una mirada de desprecio y, sin
+añadir una palabra, entró en el castillo con Herminia.
+
+
+
+
+CAPÍTULO X
+
+EN EL QUE SE ROMPEN LAS CADENAS.
+
+
+La joven subió á su habitación. Era dichosa, aunque estuviese
+secuestrada, y el beso de Mauricio la había dilatado el corazón. Un
+sentimiento de orgullo la asaltaba, al verse tan ardientemente
+disputada. ¡Cuán atrevido y diestro se había mostrado su marido! ¡Y su
+disfraz era verdaderamente una maravilla! Si no hubiese estado
+prevenida, jamás hubiera reconocido al elegante Mauricio, en aquel
+pisaterrones.
+
+Se rió sola de los horrores que Mauricio había dicho á Bobart y á su
+tía. Pensaba que el joven se habría desatado en injurias de aquel modo
+para disimular; y, sin embargo, debió tener un secreto placer en
+maltratar así á sus enemigos. Pero, ¿de quién sería aquel terrible perro
+gris que combatía tan valientemente por ella? Nunca había oído á
+Mauricio hablar de un perro. Puede que fuese de Roussel; en todo caso,
+le amaba.
+
+Sonó la hora de comer y también se sirvió á Herminia en su cuarto, lo
+que le causó sumo placer. La comida entre su tía y Bobart hubiera sido
+insoportable. Comió con apetito, como si un secreto instinto le dijese
+que muy pronto tendría necesidad de todas sus fuerzas. Vió al sol
+descender por detrás de las negras hayas, y extenderse poco á poco la
+sombra sobre el cielo rojizo, hasta quedarse todo obscuro. Cerró
+entonces la ventana y cogió un libro.
+
+En el salón, la señorita Guichard y Bobart no jugaban esta noche su
+partida acostumbrada. La solterona estaba pensativa; el episodio del
+perro le parecía muy extraño. Hizo venir á Román Rouet y le interrogó
+detenidamente acerca de todos los perros grises que existían en el país.
+
+--Un gran animal capaz de estrangular á Stop, decía el guarda, no, mi
+ama; no le conozco ni gris, ni negro, ni rojo. ¡Ah! Diantre! ¡qué
+desgracia no haber estado yo allí! ¡No correría por los caminos á estas
+horas!
+
+--Pero, en fin; ¿usted no supone á quién podría pertenecer? El perro era
+demasiado hermoso para su amo....
+
+--¡Bien puede ser que le hubiera robado!...
+
+--¡No! El animal no le hubiera defendido á una simple indicación, como
+lo ha hecho ...
+
+--Á menos que no sea el gran perdiguero del señor Julleville d'Auffray
+...
+
+--¿Quién es ese señor Julleville?...
+
+--Un almacenista del valle ...
+
+--¿Y se pasea por los caminos en blusa y á pie?
+
+--No, por cierto; prefiere ir de levita y en su carricoche de dos
+caballos ...
+
+--¿Prestaría su perro?
+
+--Puede que sí ... y puede que no.
+
+--¡Vaya usted, Rouet, dijo la señorita Guichard, y haga buena guardia
+...
+
+Se volvió hacia Bobart y dijo:
+
+--Este es un ser absolutamente estúpido y no le creo leal. ¿Qué
+confianza puedo tener en él? ¡Por veinte francos me haría traición!
+
+--Pero, ¿qué es lo que temes, mi amable amiga?
+
+--¡Todo! exclamó Clementina, como una explosión. ¡Me ha parecido
+reconocer á Mauricio bajo la blusa de ese miserable de hace un momento!
+
+--¡Á Mauricio!
+
+--Sí, á Mauricio. No era su cara; no era su voz; y sin embargo, un
+instinto me dice que era él. ¡Si yo lo supiese! Yo ...
+
+Y Clementina se puso lívida.
+
+--Vas á ponerte mala, dijo melosamente Bobart. Vete á tu cuarto ... Yo
+voy á dar una vuelta para vigilar y ver si todo está tranquilo. Yo mismo
+cerraré las puertas y las ventanas para que puedas dormir en paz....
+
+--Tienes razón. Subo á mi cuarto, cierro con llave la puerta del de
+Herminia y me acuesto. Buenas noches; hasta mañana.
+
+Eran las diez. Herminia estaba todavía leyendo en su cuarto. Reinaba un
+profundo silencio. De repente creyó la joven haber oído un ligero ruido
+en los cristales de la ventana, y escuchó, creyendo que, acaso, algún
+murciélago había rozado el vidrio con las alas. Un instante después, se
+renovó el mismo ruido, que pareció como de fino granizo que hirióse los
+cristales. Herminia miró al exterior; la noche estaba hermosa y el cielo
+cuajado de estrellas. Abrió suavemente la ventana y un puñado de fina
+arena cayó en el cuarto. Se inclinó vivamente con una palpitación de
+esperanza, y á menos de un metro por debajo de la cornisa de piedra vió
+una forma negra que estaba de pie en el herraje de la estufa. La joven
+dejó escapar una exclamación. La sombra se separó un poco del muro y
+Herminia reconoció á su marido.
+
+--¡Mauricio, dijo, en nombre del cielo, bájate de ahí; ¡te vas á matar!
+
+--¡Silencio! dijo el pintor en voz baja; no hay ningún peligro. Si no
+temiera hacer ruido, ya estaría á tu lado. ¿Dónde habita tu tía?
+
+--Al lado mío, respondió Herminia.
+
+--Entonces, vamos despacio. ¿Tienes cortinas sólidas?
+
+--Tengo algo mejor ... La cuerda con que estuvo atado mi baúl ... Es muy
+gruesa....
+
+--¡Bueno! ¡átala á esta barra de apoyo ...
+
+--Pero, ¿y si se rompe?...
+
+--No se romperá.
+
+--Pero, ¿qué intentas?
+
+--Lo sabrás dentro de un instante ... ¡Cuidado! ... Se abre una
+ventana....
+
+Mauricio se pegó al muro y Herminia no se movió.
+
+En el silencio de la noche se oyó la voz de Clementina, que decía:
+
+--¿Eres tú, Bobart, el que está abajo?
+
+--Sí, excelente amiga; respondió sordamente otra voz.
+
+--Éntrate y echa bien los cerrojos.
+
+La señorita Guichard cerró la ventana y Herminia respiró libremente.
+
+--Herminia, dijo Mauricio con una alegría que, en tal momento, pareció
+caballeresca á la joven; no es Bobart el que ha respondido, es mi tutor,
+que está esperándome al pie de la estufa ...
+
+La esposa acabó de atar la cuerda y la dejó caer hacia afuera; Mauricio
+la cogió y de un solo esfuerzo llega hasta la cornisa. Su mujer tenía
+tal miedo de verle caer, que le cogió del brazo y le atrajo hacia ella
+con una fuerza inesperada. Tenía de este modo la boca tan cerca de la
+cara de la mujer amada, que no pensó más que en aprovechar tan feliz
+circunstancia y el grito de júbilo de Herminia se apagó con un beso.
+Después la curiosidad recobró su imperio, y la joven preguntó:
+
+--Pero, ¿cómo has llegado hasta aquí?
+
+--Saltando el foso. El perro no estaba allí ya, para morderme las
+pantorrillas ...
+
+--¿Lo había intentado?
+
+--Si, el primer día; entonces traje conmigo el perro gris ... y ya has
+visto cómo le ha tratado.
+
+--Pero, ¿y si hubieras encontrado al guarda?
+
+--Le he encontrado varias veces ...
+
+--¡Oh! Dios mío ...
+
+--Lo que me ha costado veinte francos por vez ... Esta noche, ciento ...
+pero hoy la cosa era más grave ... ¡había escalada!
+
+--¡Qué dicha, que ese hombre sea un bribón!
+
+--Si: ya lo ves, nada es inútil. Hasta los malvados sirven para algo.
+
+--En fin, has llegado hasta aquí. Y ahora, ¿qué vamos á hacer para
+marcharnos?
+
+--¡Ah! Has dicho "marcharnos", dijo Mauricio alegremente.
+
+--No creerás que quiero quedarme con mi tía ...
+
+--¡No! querida Herminia; pero me llena de gozo que me hayas evitado
+pedirte que me sigas.
+
+--¡Oh! mi único amigo, exclamó llorando la joven, ¿qué me queda fuera de
+ti? ¿Con qué puedo contar más que con tu ternura? ¡Ya ves qué
+desgraciada soy y cuan injustamente ... ¡Ámame mucho, para consolarme de
+tantas tristezas!
+
+--¡Te amo! ¡Te amo! querida mía, con toda mi alma. No tengo más que á ti
+y á mi buen padrino ... ¡ Oh, sí! Te amo y yo haré que todo lo olvides.
+
+Un puñado de arena que venía del parque les volvió al sentido de la
+realidad.
+
+--Es mi padrino, que se impacienta ... Y tiene razón ... Vámonos.
+
+--¿Por dónde?
+
+--Por la puerta.
+
+--Pero, está cerrada por fuera....
+
+--¿No es más que eso?
+
+Sacó del bolsillo un estuche complicado, abrió una hoja en forma de
+destornillador y con la tranquila habilidad de un ladrón de oficio, se
+puso á desmontar la cerradura, que á los cinco minutos estaba sobre la
+mesa. Entonces, cogiendo la cuerda y metiéndola en el bolsillo, dijo:
+
+--Ponte un abrigo y un sombrero y huyamos.
+
+--Pero, si encontramos alguien....
+
+--Le compro ó le mato; como él quiera.
+
+--¡Vamos!
+
+Herminia, en la exaltación propia del caso, llegaba á creer muy
+naturales esos medios extraordinarios. Salieron al corredor y á paso de
+lobo, se encaminaron hacia la escalera que bajaba á las dependencias.
+Los criados debían estar durmiendo, porque todo estaba apagado en el
+castillo. Un rayo de luna, muy molesto, iluminaba la galería y la
+escalera; y el patio estaba enteramente blanco. Llegaron al piso bajo y
+estaban orientándose para llegar á la cocina, que tenía una puerta al
+patio, cuando del lado del vestíbulo, hacia la derecha, se oyeron unos
+pasos. Los fugitivos se detuvieron en un rincón y Mauricio miró en
+aquella dirección y murmuró:
+
+--¡Es Bobart!
+
+Herminia sintió un horrible temblor. El abogado avanzaba con una
+linterna en la mano y su inevitable escopeta en bandolera. Había
+declarado que no se servía de su arma habitualmente; pero ¿quién sabe
+de lo que es capaz un torpe dominado por el miedo? Lo menos que podía
+hacer, era despertar á todo el castillo. ¡Y entonces, escándalo, lucha,
+prisión acaso! En un momento, el cerebro sobrexcitado de Herminia
+imaginó muchos dramas.
+
+Bobart venía, sin embargo, muy pacíficamente. Había cerrado todas las
+puertas y se disponía á acostarse. Se aproximó al sitio en que los dos
+jóvenes estaban como embutidos, y en el mismo instante, una mano tan
+rápida como vigorosa le cogió la escopeta y se la arrancó. Con gran
+espanto, Bobart se encontró frente á frente con Mauricio, que tenía á
+Herminia á su lado.
+
+--¡Señor!... exclamó....
+
+Y no pudo acabar. Cinco dedos se habían enroscado á su cuello y le
+apretaban tan enérgicamente, que su cara se puso morada.
+
+--¡Ni una palabra! dijo Mauricio, ó te estrangulo como á un pollo....
+
+Bobart no hubiera podido pronunciar esa palabra aunque le hubieran
+ofrecido por ello el trono de Francia. No hubiera exhalado ni un
+suspiro. Mauricio soltó su presa y dijo en un tono que no admitía
+réplica:
+
+--Nos vamos mi mujer y yo. Usted va á conducirnos hasta el extremo del
+parque; allí quedará libre y no tendremos nada que temer de usted ni de
+los suyos. Vaya usted delante y al menor intento de despertar la alarma,
+no le dejo hueso sano. Bobart, cogido por el brazo, abrió él mismo la
+puerta y como quisiera alumbrar el camino, con su linterna, dijo
+Mauricio:
+
+--¡Demasiadas atenciones! La luna basta ... y sobra. Hay que ir á buscar
+á mi padrino á la estufa.
+
+Ante la idea de encontrarse enfrente de Roussel, Bobart se estremeció,
+pero echó á andar, sin embargo. No tenía deseo alguno de resistirse.
+Pasaron por debajo de la ventana de Herminia, que aún estaba abierta, y
+Roussel se les reunió sin hacer una pregunta y sin que pareciese que
+había reconocido á Bobart. Atravesaron el parque, pero en vez de
+dirigirse hacia el foso, llegaron á una puerta practicada en el muro.
+Bobart la abrió y á cincuenta pasos vió un coche que estaba parado en la
+esquina de un camino de travesía. Al llegar á la cabeza del caballo, un
+hombre que guardaba el coche, se adelantó y dijo:
+
+--¿Está aquí la señora?
+
+--Aquí está, respondió Roussel, que habló entonces por primera vez.
+
+--Suba usted, señora.
+
+Herminia se disponía á poner el pie en el estribo; pero el tutor de
+Mauricio, cogiéndola por el talle, la atrajo hacia sí y con emoción que
+se comunicó á la joven, dijo:
+
+--Ahora que está usted libre, niña querida, abracémonos.
+
+Se volvió después hacia Bobart, y, con voz muy tranquila, añadió:
+
+--Adiós, Bobart; estoy tan contento, que olvido todas sus canalladas.
+Pero no abuse usted de mi benignidad para volver á las andadas, porque
+en ese caso, no seré ya tan indulgente, ¡Mis recuerdos á Clementina!
+Subió, y el coche partió al trote de un caballo que podía correr diez y
+ocho kilómetros por hora.
+
+Bobart, muy corrido, emprendió el camino del castillo, murmurando: "Y
+ahora, ¿qué voy á hacer? ¿Conviene despertar á la señorita Guichard?
+¿Conviene esperar á mañana para darle la fatal noticia? Si la despierto,
+noche toledana ... pero si no la despierto, me acusará de falta de celo
+... Ahora no hay que esperar que separe á Herminia de su marido; nada
+une á dos jóvenes como una aventura corrida así, en común. Mauricio
+resulta embellecido por un prestigio novelesco; ¡ha conquistado á su
+mujer!... ¡Vaya usted á quitársela ahora! Herminia se dejaría morir de
+hambre, se ahorcaría con sus cabellos, se arrojaría por la ventana,
+alborotaría todo el barrio, mejor que seguir por segunda vez á la
+señorita Guichard. El negocio está perdido, absolutamente perdido.
+Clementina está derrotada en toda la línea ... ¡Falta saber cómo tomará
+la cosa! Si se enfada, puede desheredar á su sobrina, y entonces yo
+recobro la herencia ... ¡que vale la pena!... Así pues, debo mostrar un
+gran celo en estas circunstancias; todo hace creer que recibiré la
+recompensa con el tiempo."
+
+Durante este monólogo, se acercó al castillo. Sin vacilar, fué á la
+campana que servía para llamar á comer y, tirando vigorosamente, rompió
+el silencio de la noche con un repique rabioso. Al cabo de un instante
+aparecieron luces en los corredores y se mostraron en las ventanas
+formas inquietas.
+
+--¿Qué hay? preguntó el criado.
+
+--¡Llame usted á la señorita, despiértela! gritó Bobart, con voz
+entrecortada de intento.
+
+--¿Hay fuego en el castillo? preguntó imperiosamente Clementina, que
+apareció en chambra y gorro de dormir. ¿Qué significa ese ruido, Bobart?
+
+--¡Ah! buena y querida amiga, balbuceó el abogado, ¡qué suceso!
+
+--Pero ¿qué, qué ha sucedido? Habla, pues, en vez de gimotear!
+
+--Pues bien ... ¡Tu sobrina ha partido!
+
+--¡Ha partido! exclamó la señorita Guichard. ¿Pero cómo? ¿Por dónde?
+
+--Con su marido; por la puerta.
+
+--¡Ven aquí! ordenó la solterona; y levantando la cabeza hacia los
+criados, que estaban asomados á las ventanas del piso superior, añadió:
+"Vosotros, volved á acostaros!"
+
+Todas las ventanas se cerraron y reinó de nuevo el silencio. Bobart
+trepó por la escalera, y á penas llegado al descansillo, la mano
+convulsa de Clementina le atrajo hacia el salonillo.
+
+--¡Ahora ... veamos, Bobart; ¿qué es eso que dices ahí?... ¿Herminia?
+
+--Se ha marchado con Mauricio, hace un cuarto de hora.
+
+--¡Corramos! Los alcanzaremos....
+
+--Tienen un caballo demasiado bueno para eso....
+
+--Pero, ¿quién les ha abierto la puerta? gritó Clementina con
+desesperación.
+
+--Ellos mismos se la han abierto.
+
+--¿Y Mauricio estaba en el castillo?
+
+--Y por poco me estrangula.
+
+--¿Dónde le has encontrado?
+
+--En el piso bajo. Su mujer estaba con él.
+
+--¡La infame!
+
+--Se arrojó sobre mí de improviso y no pude defenderme.
+
+--¡Haber tirado, al menos; ¿no tenías la escopeta?
+
+--La tenía.
+
+--Pero, según veo, no te sirve jamás....
+
+--Me la arrancó al principio de la lucha....
+
+--¡Luego ha habido lucha! ¡Y nadie ha oído nada! ¿No podías gritar?
+
+--¿No te digo que me estrangulaba? Y su endiablado tutor vino en su
+socorro.
+
+--¡Roussel! ¿Estaba allí?
+
+--Era el hombre de blusa del día anterior.
+
+--¿Qué hombre de blusa?
+
+--El que dormía al lado del foso.
+
+--¿El que nos insultó?
+
+--- ¡No! Éste debía ser Mauricio....
+
+--¡Y me llamó "vieja." ¡Ira de Dios!
+
+--É hizo devorar tu perro por aquella bestia rabiosa ... como me hubiera
+asesinado hace un momento, si yo hubiera resistido....
+
+--¡Es decir que no has resistido!
+
+--Todo lo que he podido, buena y dulce amiga....
+
+La buena y dulce amiga, no sabiendo sobre quién desahogar la bilis que
+le carcomía el corazón y el cerebro, arrojó sobre su aliado una mirada
+feroz y con la boca contraída por una amarga risa, dijo:
+
+--¡Bobart! si no fueras tan estúpido, creería que me has hecho
+traición....
+
+--¡Mi buena amiga!...
+
+--¡Bobart! tienes una cobardía que me repugna.
+
+--¡Querida amiga!...
+
+--¡Bobart! tú tienes la culpa de todo lo que ha sucedido. ¡Me has
+aconsejado estúpidamente!...
+
+--¡Yo no he....
+
+--Y cuando era necesario mostrar energía, has sido blando como papel
+mascado....
+
+--¡Sin embargo!...
+
+--El único partido que yo podía tomar era unirme sinceramente á la joven
+pareja y reconciliarme con Roussel. Tú eres el que me ha extraviado con
+tus maniobras interesadas y tus pérfidos consejos....
+
+--¿Es posible? Pero si jamás....
+
+--Después de lo que acaba de suceder, comprenderás que debemos
+separarnos para siempre.
+
+--¡Oh!
+
+--Yo me voy á París mañana temprano. Tú, partirás cuando gustes. ¡Buenas
+noches! Vete á descansar, rayo de la guerra; ¡bien lo has ganado!
+
+Le asió por el brazo, le empujó hacia el corredor y cerró violentamente
+la puerta detrás de él. Una vez sola, se sentó y meditó durante una
+hora. Después se levantó y se encaminó á su cuarto pensando:
+
+--Si; no me queda más que ese medio de arreglar mis asuntos de un modo
+honroso, ¡Una reconciliación! Acaso de esto modo vuelva á adquirir
+influencia con Roussel.
+
+Tomada su resolución, entró en el cuarto, se acostó y se durmió.
+
+
+
+
+CAPÍTULO XI
+
+QUE TRATA DE UN ANTIGUO FUEGO OCULTO BAJO LA CENIZA.
+
+
+En el hermoso comedor de la quinta de Montretout, Roussel, Herminia y
+Mauricio acababan de comer. Los jóvenes y su padrino estaban locos de
+alegría. Por la ventana, que daba al jardín, entraban perfumes de
+clemátida y el sol, al ocultarse en el horizonte por detrás de los
+bosques, se apagaba en un cielo matizado de rosa, verdoso y anaranjado.
+
+--¡Qué diferencia! decía Herminia, entre esta deliciosa comida y las que
+hacia en Rouxmesnil, entre mi tía y Bobart!
+
+--Sí; ¡se acabó la tristeza! Mañana nos vamos á Florencia y Venecia.
+
+--También debía partir para el extranjero con mi tía ... Estoy
+predestinada á los viajes.
+
+--Con la señorita Guichard ese viaje hubiera sido un destierro.
+
+--Mientras que, contigo, querido Mauricio, voy á ver países ... ¡Qué
+contenta estoy!
+
+--¡Enhorabuena! dijo Roussel. Desde que empezamos á comer, esta es la
+segunda vez que lo dices.
+
+--¡Tengo tal placer en explayarme, en desbordar, en hablar como pienso y
+en pensar como me agrada ... ¡Oh! aquí respiro ... renazco.
+
+--¡Querida Herminia!
+
+--Y es que usted no me turba absolutamente nada. Delante de mi tía no me
+atrevía á decir una palabra ... Con usted, las ideas me acuden
+naturalmente ... Y me parece que no soy tan imbécil como suponía el
+señor Bobart....
+
+--¿Cómo?
+
+--Sí; un día, al pasar por delante de las ventanas del salón, oí á
+Bobart que decía: "Esta pequeña es bastante bonita, pero imbécil como un
+ganso ..."
+
+--¡Viejo idiota! exclamó Roussel.
+
+--¡Despreciable bribón! dijo Mauricio.
+
+--¡Debe hacer una buena figura, añadió el joven, frente á frente de la
+señorita Guichard, en el gran comedor de Rouxmesnil!
+
+--¡Suponiendo que estén allí! dijo Roussel moviendo la cabeza.
+
+--¿Dónde cree usted que podrán estar?
+
+--Bobart, en el demonio; yo me refiero á Clementina. Desde el momento
+en que no le ha necesitado, le habrá puesto en la calle sin tardanza.
+Pero ... ¡Ella! ¡Tiemblo á la idea de que pudiese aparecer!
+
+--¡Aquí! dijo Mauricio con un ademán de duda.
+
+--Si, hijos míos; aquí.
+
+Herminia se aproximó instintivamente á su marido, como si esperase
+necesitar su protección.
+
+--Desde esta mañana os veo regocijaros; os oigo cantar victoria ... y os
+dejo hacer. Hay que gozar de los buenos instantes, cuando se presentan;
+siempre es esto una ventaja sobre los fastidios de la existencia. Pero
+yo, que soy viejo y experimentado y, sobre todo, que sé, á mi costa,
+quién es Clementina, preveo el porvenir y espero algún nuevo asalto.
+
+--¡Le rechazaremos!
+
+--Sin duda. Pero siempre que hay batalla, hay golpes y heridas. Los
+golpes, los daréis vosotros, sea; pero acaso echéis de menos el tiempo
+en que los recibíais.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque contra Clementina tirano tenéis vuestra conciencia primero y la
+opinión del mundo después. Mientras que contra Clementina víctima....
+
+--¿Víctima? exclamó Mauricio; víctima de sus propias maquinaciones.
+
+--Todo lo que tú quieras, pero víctima triste, abandonada, después de
+haber educado á Herminia y de haberla educado bien. Si la hubiera casado
+con X ó Z, hubiera sido excelente para el marido de su sobrina ... Las
+personas que la conocen la encontrarán muy desgraciada y tendrán razón,
+porque lo será ... Y nos acusarán de esa desgracia ... Olvidarán las
+faltas, para no ver más que la expiación.
+
+--Pero, ¡entonces! dijo Mauricio turbado.
+
+--Entonces, la situación es delicada. Pienso en ello desde esta mañana.
+Si tenemos la suerte de que la señorita Guichard arroje rayos y llamas y
+nos cubra de maldiciones y de injurias, nuestro asunto será bueno ...
+Pero si se enternece y viene á buenas ... ¡No sé cómo saldremos del
+lance!
+
+--¡Se sale siempre!
+
+--Sin duda. Pero es preciso salir correctamente ... ¡Dios sabe si he
+sido paciente, y tranquilo y silencioso, cuando me colmaba de malos
+tratamientos! Pues bien, no han faltado personas que me quitaran la
+razón, á pesar de todo, porque yo era hombre y Clementina, mujer.
+¡Juzgad lo que se diría de vosotros, hijos rebelados contra una madre!
+
+--¡Pero eso sería estúpido!
+
+--¿Y crees que el mundo no lo es? Con una actitud sentimental bien
+adoptada se le enternece, y está dado el golpe.
+
+--Entonces, padrino mío, ¿usted supone que la señorita Guichard ha
+dejado Rouxmesnil?
+
+--Esta mañana, á primera hora.
+
+--¿Y que está en París!
+
+--Y acaso en camino para Montretout.
+
+Como si las palabras de Roussel hubiesen tenido el poder de evocar á la
+que todos temían ver aparecer, una campanada resonó en la puerta, la
+verja del jardín se abrió y en la vaga obscuridad del crepúsculo, avanzó
+una sombra negra, silenciosa, amenazadora. Siguió la calle de árboles,
+llegó á la escalinata, la subió lentamente y desapareció en el
+vestíbulo.
+
+Roussel, Herminia y Mauricio, de pie delante de la mesa, se miraban
+estupefactos, aterrorizados, mudos. Por último Mauricio, como si no
+creyese á sus ojos, se inclinó hacia el jardín y buscó al espectro.
+
+Pero no vió más que un coche de alquiler que se colocaba delante de la
+verja, esperando á la terrible visitante.
+
+--¡Es ella! dijo por fin Roussel en voz baja. ¡Vais á ver!
+
+--¡Oh! Dios mío, suspiró Herminia, y se echó en los brazos de Mauricio,
+como si temiese que los separasen de nuevo.
+
+En este momento, se abrió la puerta del comedor y Federico, pálido,
+avanzó diciendo en tono consternado:
+
+--¡Señor! Es la señorita Guichard ...
+
+--¡Oh! Bien la hemos visto, contestó Roussel con calma. Hágala usted
+entrar en el salón.
+
+Y volviéndose hacia los jóvenes, dijo:
+
+--Hijos míos, no hay que titubear, es preciso recibirla ... así, con
+sangre fría. Hablad poco ... y escuchad mucho ... Si se dicen
+atrocidades, es mejor que las diga Clementina ... Aquí estoy yo ... ¿Sí?
+Entonces, seguidme.
+
+Abrió la puerta del salón y con la misma tranquila seguridad de ocho
+días antes en el salón de la señorita Guichard, dijo:
+
+--Buenas tardes, mi querida prima ... Sé bien venida á mi casa.
+
+Clementina, de pie y contraída, esperaba el choque, y aquella acogida
+cortés, después de tantas villanías hechas por ella, la desconcertó.
+Cambió de fisonomía, sus manos temblaron, y viendo á Herminia que,
+aterrada, se había detenido á tres pasos, se puso á gritar:
+
+--¡Mi hija! ¡Oh, Dios mío! ¿Me aborreces ya? Entonces ¿qué va á ser de
+mí?
+
+Grandes sollozos sacudieron nerviosamente á la solterona, que,
+avergonzada de su debilidad, se cubrió el rostro con las manos y cayó
+aniquilada en una butaca.
+
+No se rompen fácilmente los lazos de una afección de veinte años, cuando
+se tiene un corazón tierno y generoso; Herminia fué la prueba. No pudo
+ver llorar tan amargamente á la mujer que la había educado y dejando el
+brazo de Mauricio, corrió á la señorita Guichard, con los ojos llenos de
+lágrimas y exclamando:
+
+--¡Tía mía! No llore usted más ... ¡Me desgarra usted el corazón!
+
+--¡Ah! ¡Por fin te encuentro! balbuceó Clementina, estrechando á
+Herminia hasta ahogarla. ¡Ah! querida niña, con la que he sido tan dura
+y que me absuelve sin una vacilación!... ¡Oh! pequeña mía!... ¿Cómo
+obtener jamás que olvides todo ese daño?... Pero ¡estaba loca!
+¿sabes?¡No sabía lo que hacía!...
+
+Las dos mujeres se abrazaron como si se vieran después de haber escapado
+las dos de un gran peligro. Roussel las miraba con aire inquieto y
+murmuró al oído de Mauricio:
+
+--¡Esto es lo que yo temía! Y es mayor el peligro porque esta mujer
+parece sincera.
+
+--Si es sincera, todo puede arreglarse ...
+
+--Sí ¡pardiez! por ocho días!... Pero, ¿después?...
+
+La señorita Guichard, teniendo á Herminia como escudo contra el
+resentimiento de los dos hombres, se volvió hacia Mauricio y dijo:
+
+--Y usted, pobre amigo, ¿podrá perdonarme todo lo que le he hecho
+sufrir? Estaba mal aconsejada ... Me han empujado en el sentido á que me
+inclinaba, en lugar de contenerme ... Pero me doy cuenta de mi error y
+¡quisiera á toda costa repararle!...
+
+--No debo acordarme más de lo que usted me ha hecho, querida tía; es,
+por tanto, inútil hablar de ello. Pero hay alguien respecto del cual
+usted ha cometido faltas serias ... Á éste no le ha dicho usted nada
+todavía ...
+
+La señorita Guichard lanzó un doloroso suspiro y bajó la cabeza con
+desesperación. ¿Sentía remordimientos por lo que había intentado contra
+Roussel, ó solamente disgusto por no haber vencido? El diablo sólo
+hubiera podido saberlo, porque sólo el diablo podía leer en el alma de
+la solterona. Mauricio continuó:
+
+--Si usted quiere que la semana que acaba de pasar se borre de nuestra
+vida, es preciso que emprendamos de nuevo la existencia tal como la
+habíamos arreglado el día de mi boda. La base de nuestra convenio era
+el perdón franco y sin reservas de los daños recíprocos y la concordia
+en la familia. ¿Está usted resuelta á firmar la paz en esas condiciones?
+
+--Estoy á vuestra discreción, gimió la señorita Guichard.
+
+--No; no es así como hay que responder, interrumpió Mauricio con
+firmeza. Usted es libre; nada la imponemos; haga usted lo que desee.
+¿Quiere usted vivir en adelante en buena inteligencia con todos
+nosotros?
+
+--De todo corazón.
+
+--¿Comprende usted bien lo que quiere decir "todos?"
+
+--Lo comprendo y lo aceptó.
+
+--Entonces abracémonos, tía mía, y que no se hable más del asunto.
+
+Á estas palabras, Herminia saltó de alegría, pero fué la única que
+manifestó satisfacción cordial. Había ya pasado la efusión del primer
+momento, y la señorita Guichard y Roussel tenían la frente cargada de
+nubes. Mauricio los miraba con inquietud. Clementina pensaba: "¡Yo sufro
+el yugo; no hay que decirlo: estoy vencida y él triunfa!" Roussel decía
+para sus adentros: "Hemos obtenido una victoria como la de Pirro: ¡otra
+como esta y estamos perdidos! ¿Quién se encargará de atar corto á esta
+loca cuando haya vuelto á sus veleidades belicosas? Habrá perpetuamente
+en nuestra vida causas de disgusto, y la tranquilidad de estos muchachos
+no estará segura. Por otra parte. ¿Es sincera cuando promete mostrarse
+razonable? ¿No representa una comedia? ¿No prepara nuevas baterías para
+aplastarnos? Es preciso saberlo y yo soy el único que puede penetrar sus
+intenciones."
+
+Levantó la frente y adelantándose hacia Clementina:
+
+--Has tratado con Mauricio y con Herminia: está muy bien, dijo
+graciosamente; pero no estás arreglada conmigo. ¿No te parece, mi
+querida prima, que tenemos algo que hablar? Es preciso no ocultar nada
+en el corazón en una situación como la que vamos á afrontar. Vaciemos,
+pues, nuestro saco, para no volver más sobre el asunto.
+
+La señorita Guichard asintió con una inclinación de cabeza, pero su cara
+estaba tan sombría que Mauricio y Herminia se miraron con ansiedad. De
+esta conversación suprema, ¿saldría una nueva guerra ó la paz
+definitiva? Todo era de temer. La pólvora y el fuego puestos en contacto
+no podían producir más formidable explosión que Roussel quedándose en
+presencia de Clementina. Sin embargo, á una señal de Fortunato, los
+jóvenes se cogieron del brazo y salieron. Por lo menos ahora estaban
+seguros de que nadie conseguiría separarlos.
+
+En el salón, Roussel y Clementina se examinaban en silencio. Quien los
+hubiera visto en este momento, difícilmente hubiera pensado que estaban
+bien dispuestos el uno para el otro. Roussel tomó el primero la palabra
+y dijo tranquilamente:
+
+--Dime, querida prima, ¿es seria tu resolución?
+
+--Si no lo fuera, replicó la señorita Guichard, ¿qué hacia yo aquí?
+
+--¡Eh! ¡Buena es esa! Estás aquí porque no has tenido otro remedio. Si
+Herminia estuviera todavía en Rouxmesnil, ¿nos ofrecerías la paz?
+
+Á estas palabras que le recordaban la afrenta recientemente sufrida,
+Clementina cambió de color, y con voz agria dijo:
+
+--Primo, te felicito: llevas bien la blusa.
+
+--¿Qué sabes tú, si no me has visto?
+
+--Me lo han dicho.
+
+--¿Quién? ¿Ese canalla de Bobart?
+
+--Ese ... ¡tranquilízate; no le verás más!
+
+--Después de su mala suerte, no lo dudo. Tú eres como Napoleón; en punto
+á lugartenientes no te gustan los que no tienen suerte ...
+
+--¡Ah! ¡Bien me la habéis jugado!
+
+--¡Regular!
+
+--Pero ¿dónde habitabais?
+
+--Cerca de Auffay, en el castillo de Peroeville ... El perro gris
+también era de allí ...
+
+--Habéis hecho bien en no volverle á llevar. Le había hecho preparar
+veneno.
+
+--Lo sospechaba.
+
+--¡Eres hábil!
+
+--La escuela de la desgracia. Tú eres la que me has formado.
+
+Se miraron, él desconfiado, ella, ya exasperada.
+
+--Si no hubiera sido abandonada por Herminia, no me tendrías á tu
+discreción.
+
+--Bien lo sé. Debías haberte conducido con Herminia de modo tal que la
+hiciese incorruptible. Mira como Mauricio no me ha abandonado ...
+
+--¿Y por qué el uno ha sido fiel, mientras la otra me ha hecho traición?
+
+--Voy á explicártelo. Eso proviene, sencillamente, de la diferencia de
+nuestros caracteres. Yo he pasado mi vida amando á Mauricio por él
+mismo. Tú, has amado á Herminia por ti. Esa niña no ha sido en tus manos
+más que un instrumento de rencor y con ese tacto fino de las mujeres,
+Herminia ha acabado por darse cuenta de ello. De aquí la pérdida
+inmediata de toda confianza. Jamás ha dudado Mauricio de que yo
+estuviese pronto á sacrificarlo todo por verle dichoso; por eso ha
+seguido ciegamente mis consejos. Herminia no estaba completamente segura
+de que tú obrases en su interés y, en un momento dado, ha visto que la
+tratabas como enemiga. Entonces ha desertado. Esto es sencillo y lógico
+y no podías evitarlo.
+
+La señorita Guichard bajó la cabeza sin responder. Roussel continuó:
+
+--Á estas horas, después de tus lágrimas y tus promesas, apostaría á que
+esa niña no está muy segura de ti, se pasea por el jardín con su marido
+y hablan ¿sabes de qué? de la situación que les produces, y dicen:
+"¿Cómo acabará esto?" Y si acaba esta noche, ¿volverá á empezar mañana?
+En la vida, llena de promesas de esos muchachos, has conseguido ser un
+estorbo ...
+
+Cogió á la señorita Guichard por la mano y, con autoridad, la acercó á
+la ventana. La luna alumbraba los macizos del jardín y, cogidos del
+brazo, los dos jóvenes paseaban á lo largo de las filas de plantas,
+refrescadas por el aire de la noche. Iban lentamente, con paso
+cadencioso, graciosos y encantadores.
+
+--¡He ahí, sin embargo, lo que querías impedir, continuó Roussel con
+severidad. Has opuesto tu veto á esa felicidad. Bien se conoce que nunca
+has sabido lo que era amar.
+
+Clementina levantó la frente, sus ojos brillaron, un ligero rubor
+acudió á su cara, y dijo con voz entrecortada:
+
+--¡Tú sabes muy bien que lo que dices es falso! Sí; he amado, y
+demasiado exclusivamente, á un hombre que me ha despreciado ... ¡Sí! He
+amado! Bien puedo confesártelo ahora que soy vieja. Por haber amado
+demasiado, he sufrido tanto ... Yo también había soñado con andar en la
+vida del brazo de un hombre que fuese todo para mí ... y mi sueño se ha
+disipado. Yo hubiera sido, como otra cualquiera, tierna y buena con el
+que amaba, si hubiera sabido disimular la vivacidad de mi carácter, un
+poco absoluto acaso. Yo hubiera sido una esposa llena de abnegación y
+una madre apasionada ... ¡Oh! Si hubiera tenido un hijo ... ¡mío! le
+hubiera adorado! ¡Cuántas veces he llorado de pena y de cólera al pasar
+por los jardines donde jugaban los niños á la vista de sus madres!... La
+envidia, el pesar me oprimían el corazón y achacaba la responsabilidad
+de mis torturas al que había desbaratado mis proyectos y destruído mi
+porvenir. ¡Y eres tú el que me acusa de no haber amado! ¡Tú! Después de
+lo que acabo de decirte, confiesa que es una ironía muy cruel y muy
+inmerecida.
+
+--Pero, Dios mío, mi querida prima, dijo Roussel con algún embarazo; me
+haces más culpable de lo que lo he sido. Si hasta ese punto te
+horrorizaba el celibato, con tu fortuna, hubieras podido sustituírme con
+ventaja. Por falta de hombre el matrimonio no fracasa.
+
+--Ninguno me agradaba sino tú.
+
+--¡Por espíritu de contradicción!
+
+--¡Á mi costa, en todo caso! Porque por ti he quebrado mi vida. Amaba el
+mundo, y he tenido que vivir retirada. Sin familia, mi solo consuelo ha
+sido la adopción de una niña que no era nada mío. He tenido que
+comprimir todos mis sentimientos y he envejecido estéril é irritada ...
+Todo por tu causa. Cuando te oía hace un momento enumerar mis faltas,
+encontraba que eran muy pequeñas comparadas con las tuyas. Sí, he sido
+mala; he querido vengarme de ti; pero ¿no has hecho tú todo lo posible
+por incitarme á ello? Sí, tú, causa primera de nuestras disensiones,
+debieras ser responsable de lo que ha sucedido, y yo sola soy castigada.
+Porque, tú lo decías hace un instante y has tenido buen cuidado de
+explicármelo; se me tolera, se me sufre, pero no se me ama. Si tengo un
+poco de orgullo, después de lo que me has declarado, debo desaparecer y
+marcharme á terminar mi vida en un rincón, sola, arrastrando mis últimos
+días con el pensamiento devorador de que todo el mundo es dichoso,
+menos yo!
+
+Esta vez, era sincera. Roussel lo veía claramente y se conmovió. Su
+conciencia se había sublevado al oir á Clementina y le advirtió de que
+la mitad de las acusaciones que ésta le dirigía, eran ciertamente
+merecidas. Le había faltado paciencia: había desconocido la voluntad
+suprema del tío Guichard é infligido una cruel afrenta á la mujer que le
+estaba destinada. Después de todo, el matrimonio acaso la hubiera
+transformado. Otros milagros mayores se habían visto. ¡Quién sabe si
+hubiera podido ser, como ella decía, buena esposa y excelente madre! Y
+por él, por un amor exclusivo, que en el fondo le halagaba, y le hacía
+sonreir con cierto deje de contento, había permanecido soltera. Aquello
+era un agravio muy duro, por el cual no resultaba castigado ... La miró
+con algo mayor benevolencia y experimentó un sentimiento tan parecido á
+la simpatía, que se quedó asombrado. ¿Era posible que Clementina le
+pareciese soportable? Fortunato dijo:
+
+--¿Por qué exageras las cosas? ¿Quién te dice que te vayas? Si tu
+orgullo te impulsa á marcharte, resístelo y permanece en medio de
+nosotros.
+
+--Sufriría demasiado. Mi situación será siempre inferior ... No
+olvidaréis nuestros antiguos disentimientos, mi resistencia y mi derrota
+... Á ti, te amarán; á mí, me tolerarán ... Yo no podré soportarlo y
+volveré á ser mala ... y os haré daño á todos ...
+
+Esta confesión turbó á Roussel más que todo lo que acababa de oir.
+Puesto que la señorita Guichard se daba cuenta de su estado, todavía era
+posible curarla. Si se la dejaba entregada á sí misma, los irresistibles
+impulsos de su carácter batallador la arrojarían á cometer excesos que
+serían causa de cuidados y penas para Mauricio y Herminia. Era preciso á
+toda costa apoderarse de ella. Fortunato permaneció un momento
+pensativo, y después, aproximándose á su enemiga, dijo:
+
+--Veamos, Clementina; esos muchachos y nosotros empezamos una existencia
+nueva. ¿Quieres que el porvenir sea en todo diferente del pasado? Estoy
+decidido á ayudarte sinceramente. Retrocedamos veinte años. Tú no tienes
+más que veintitrés y yo treinta y cinco. El tío Guichard acaba de morir
+y nosotros somos prometidos ... Pretendes que hubieras podido ser una
+buena esposa; pruébalo.
+
+La señorita Guichard se puso pálida como si fuera á morir. Sus ojos
+interrogaron confusamente la cara de Roussel, que estaba grave y
+solemne. Después balbuceó:
+
+--Fortunato ... ¿qué quieres decir? No me des una falsa alegría ... ¡Me
+matarías!
+
+--¡Lejos de mí tal pensamiento! Quiero que vivas para que te muestres
+perfecta. En consecuencia, Señorita Guichard, ¿quiere usted hacerme el
+honor de concederme su mano?
+
+Clementina permaneció un momento inmóvil, vacilante, bajo aquel golpe
+tan inesperado. Un temblor nervioso agitó sus labios y no pudo
+responder. Su fisonomía, alterada, expresaba al mismo tiempo la pena del
+pasado lamentablemente perdido, y la loca alegría de un porvenir por
+tanto tiempo deseado y reconquistado por milagro.
+
+Roussel creyó que perdía la cabeza. Pero todo duró el espacio de un
+segundo. Se recobró y en un delirio de dicha que indemnizó á Roussel del
+esfuerzo que acababa de realizar, exclamó:
+
+--¿Que si quiero? ¡Ah! ¡Dios mío! hace veinte años que sueño con esas
+palabras ...
+
+Y con tanto vigor en la afección como había mostrado en el odio, saltó
+al cuello de Fortunato.
+
+En el mismo momento, Mauricio y Herminia, un poco inquietos al ver lo
+que duraba la conferencia, abrieron la puerta del salón. El espectáculo
+que se ofreció á sus ojos era de tal modo sorprendente, que
+permanecieron inmóviles: la señorita Guichard y Roussel se abrazaban, y
+no para ahogarse, porque ambos reían con algo de enternecimiento.
+
+--Venid, hijos míos, dijo Roussel. Deseabais la concordia y vamos á
+daros la unión. En adelante, formaremos una sola familia: me caso con la
+señorita Guichard.
+
+Mientras Herminia, dando un grito de júbilo corría hacia su tía,
+Mauricio se inclinó hacia su padrino:
+
+--Eso es más que adhesión, dijo; ¡es heroísmo!
+
+--¡Bah! contestó Fortunato; hay que saberse sacrificar por los suyos. Y
+luego, después de todo ... Acaso tengamos una sorpresa.
+
+La tuvieron. Sin duda alguna, la merecían; pero, como hacía observar
+Roussel á la joven pareja con sonriente filosofía, nadie es tratado en
+la vida según sus méritos.
+
+Una nueva Clementina, aquella á quien sólo Herminia había conocido hasta
+su boda con Mauricio, se reveló á Fortunato. Buena, alegre, un poco
+imperiosa, pero perfecta dueña de su casa, la baronesa--porque ha
+conseguido ser baronesa y no desespera de serlo de Pontournant--asombra
+á los suyos por las cualidades de su corazón. Calmado su rencor, ha
+vuelto á lo que estaba destinada á ser; una mujer muy viva, pero
+excelente, que se esfuerza en pagar con amabilidades los movimientos un
+poco bruscos de su carácter. Roussel se acostumbró á ella prontamente. Y
+un día en que se hablaba delante de él de una mujer muy dulce y un poco
+pasiva:
+
+--¡Desengáñense ustedes! exclamó; una mujer sin carácter es como una
+ensalada sin vinagre!
+
+--Sí, amigo mío, insinuó Clementina con deferencia; ¡pero también es
+preciso que la ensalada tenga un poco de aceite!
+
+
+
+FIN.
+
+
+
+París.--Imprenta de la Vda de Ch. Bovary.
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Un antiguo rencor, by George (Jorge) Ohnet
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13904 ***