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diff --git a/13904-0.txt b/13904-0.txt new file mode 100644 index 0000000..278fe32 --- /dev/null +++ b/13904-0.txt @@ -0,0 +1,6191 @@ +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13904 *** + +JORGE OHNET + +UN ANTIGUO RENCOR + +TRADUCCIÓN + +DE + +F. SARMIENTO + + + +[JORGE OHNET] + + + +LIBRERÍA DE LA Vda DE CH. BOURET + +PARÍS 23, Rue Visconti, 23 + +MÉXICO 14, Cinco de Mayo, 14 + + +1895 + +Propiedad del editor. + + + + +ÍNDICE + + +CAPÍTULO + + + --I.--De cómo se puede odiar por haber querido demasiado + + --II.--De cómo una casualidad vuelve á encender la guerra + + --III.--Donde hacen traición los aliados con quienes se creía poder +contar + + --IV.--El ataque y la defensa + + --V.--Donde la victoria se inclina del lado de la bondad + + --VI.--Dominada por la maldad + + --VII.--El rapto + +--VIII.--El secuestro + + --IX.--El bloqueo + + --X.--En el que se rompen las cadenas + + --XI.--Que trata de un antiguo fuego oculto bajo la ceniza + + + + +UN ANTIGUO RENCOR + + + + +CAPÍTULO I + +DE CÓMO SE PUEDE ODIAR POR HABER QUERIDO DEMASIADO. + + +Las campanas sonaban alegres en una atmósfera tibia y ligera; las +golondrinas pasaban rápidas, en bandadas, arrojando sus agudos +chillidos; el sol de junio derramaba sus rayos dorados á través de las +ramas, y á lo largo del paseo de tilos que conduce desde la plaza de la +iglesia hasta la quinta de la señorita Guichard, la boda caminaba +lentamente sobre el césped. + +En el momento en que la comitiva, con los novios á la cabeza, +desembocaba ante la verja completamente abierta, todos los curiosos de +la aldea, agrupados cerca del pabellón del jardinero, prorrumpieron en +tan descompasados gritos, y los petardos, prendidos por el cochero, +estallaron con tal estrépito, que todos los pájaros que anidaban en el +ramaje volaron espantados. El novio sacó del bolsillo todo el dinero que +había preparado para las circunstancias y arrojó en círculo una lluvia +de monedas de cincuenta céntimos sobre aquella horda de desgreñados, que +se arrojó por el polvo con tal furor, que en un momento no se vió más +que una mezcla confusa de calzones, brazos y piernas enredados. + +Después se deshizo el montón y con algunos pedazos de vestido de menos y +algunos bultos en los ojos de más, todos los alborotadores se marcharon +corriendo hacia la tienda de comestibles. La boda penetró en el jardín, +siguió solemnemente la orilla de la pradera, subió la escalinata y entró +en el salón completamente adornado con ramos blancos. Las señoras +rodearon á la novia, oculta bajo un largo velo y la felicitaron con +ardor. La señorita Guichard, apoyada en la chimenea, con el empaque de +una reina, recibía los cumplimientos de la parte masculina de la +reunión. + +Era la tal una mujer alta y delgada, de cara amarillenta á la que +formaban cuadro unos cabellos de un negro azabache. Los ojos orgullosos, +coronados de espesas cejas, estaban como incrustados en una frente +estrecha y altanera. La boca era fina, sinuosa y como contraída con +desagrado. La barbilla puntiaguda indicaba á su pesar tendencias +autoritarias llevadas hasta la tiranía. En aquel momento hablaba con la +señora Tournemine, mujer del alcalde de la Celle-Saint-Cloud, sin dejar +de observar con el rabillo del ojo á los jóvenes desposados, que, poco á +poco, se habían quedado solos en el hueco de una ventana. + +--Señorita, he aquí un día lleno de emociones para usted, dijo la +alcaldesa. Verdaderamente el señor Mauricio Aubry es un joven encantador +y que parece animado de las mejores disposiciones. Amará á usted tanto +más cuanto mayor sea la dicha que va á proporcionarle su deliciosa mujer +... y en vez de una sola afección, va usted á estar rodeada de una doble +ternura por esa amable pareja que nunca la abandonará.... + +--¡Jamás! exclamó con energía la señorita Guichard; el señor Aubry se ha +comprometido á ello formalmente. + +--Sin duda, replicó con afectada dulzura la señora Tournemine; tiene +unos sentimientos bastante buenos para pensar nunca por sí mismo en +faltar á ese compromiso ... pero el tiempo trae frecuentemente +modificaciones en los planes mejor formados.... Los caracteres se +manifiestan libremente, las simpatías se debilitan, las ideas de +independencia se abren paso.... Ciertamente, usted es una persona +avisada y resuelta.... Usted sabe ver claro é imponer sus deseos.... +Pero, sin embargo, bueno es prever que el marido pueda ser mal +aconsejado.... + +Hacia un instante que la señorita Guichard estaba agitada y moviendo los +pies como si quemase el suelo. Al oir las últimas palabras no pudo +contenerse y exclamó en voz alta: + +--¡Mal aconsejado! ¡mal aconsejado! ¿Por quién? + +--Cálmese usted, querida señorita, dijo con aire asustado la alcaldesa. +No tome usted en mal sentido mis palabras, inspiradas sólo en el interés +que por usted tenemos mi marido y yo.... + +--Su marido de usted ... interrumpió la fogosa solterona, ¿qué ha +sabido? Dígame usted la verdad! + +--Pero si no sabe nada; supone solamente, como yo, que don Mauricio +podrá, en un momento dado, ser impulsado por una influencia ... +exterior.... + +--¡Cuál! Diga usted todo su pensamiento.... + +--¡Pero si eso sería tan natural, querida señorita!... El señor Roussel +de Pontournant.... + +--¡Oh! Ya se ha pronunciado ese nombre execrable, exclamó con amarga +sonrisa la señorita Guichard; si, el señor Roussel, el tutor de +Mauricio. + +--Y primo hermano de usted, insinuó la señora Tournemine. + +--Y mi más mortal enemigo, sí, señora. He aquí el peligro para mí.... +Pero lo he prevenido de antemano. El señor Mauricio Aubry está +indispuesto con su tutor y la ausencia del señor Roussel en un día como +este es buena prueba de lo que la digo. Sí; para entrar en mi casa, el +marido de mi sobrina debía romper todos los lazos con el que me odia.... +Era preciso que escogiera entre él y nosotras y así lo ha hecho. ¿Podría +haber dudado un solo instante? + +Al decir esto, la señorita Guichard señalaba á los recién casados que +estaban de pie cerca de la ventana del jardín, muy cerca el uno del +otro, sonrientes y radiantes, formando un precioso grupo. La joven se +había quitado el velo y la corona y con el traje blanco cubierto de +flores de azahar, rubia y sonrosada y los ojos animados por la alegría, +era la imagen viva de la felicidad. Muy moreno, la barba en punta, el +cabello cortado coronando una hermosa frente, viva la mirada, Mauricio +había cogido la mano de Herminia y la hablaba con animación. ¿Qué decía? +La señorita Guichard no podía oírlo. Pero la joven movía la cabeza con +aire de duda y una cierta inquietud. Dió algunos pasos por la escalinata +y lentamente, seguida por Mauricio, descendió al jardín. Una vez allí, +seguros de estar á salvo de los indiscretos, reanudaron la conversación +empezada en medio de sus invitados. + +--Era el único partido que podíamos tomar, dijo Mauricio. + +--Pero ¡qué peligroso! suspiró Herminia. + +--Si hubiéramos descubierto nuestros proyectos todo estaba perdido; +¿podíamos entonces obrar de otro modo que como lo hemos hecho? + +--Es verdad. Pero, sin embargo, me oprime el corazón la idea de que +engaño á la que me ha servido de madre. + +--Es por su misma tranquilidad. + +--¿Estás bien seguro? + +--Mi padrino está pronto á reconciliarse con ella.... Ayer mismo me lo +repitió y lo hará por cariño hacia mí. ¿Puedes admitir que la señorita +Guichard sea más intransigente y menos tierna?... Hay que contar con la +primera impresión que producirá á tu tía la presencia del señor Roussel. +Él está decidido á ofrecerle la mano y hasta á darle explicaciones, ¡y +bien sabe Dios que no se las debe!... Si ante tanta condescendencia la +señorita Guichard no se desarma, será preciso desesperar de todo. Yo +estoy lleno de esperanza porque te adoro, y sin esa reconciliación no +hay dicha posible para nosotros. + +--¡Ah! Mauricio, hemos sido muy atrevidos ocultando la verdad á mi tía +...¡Acaso hubiera sido mejor decírselo todo! + +--¿Para que un cuarto de hora después me hubiera puesto en la puerta y +me hubiera impedido volverte á ver? + +--Es posible que yo la hubiera enternecido con mis súplicas y mis +lágrimas. Me quiere verdaderamente y hubiera dudado antes de causarme +tanta pena.... + +--Eso era dudoso, querida Herminia, mientras que ahora soy tu marido, me +perteneces, tengo derechos sobre ti. Y si fueran puestos en duda.... + +--Bien, ¿qué harías? preguntó la joven con encantadora sonrisa. + +--Tomaría una resolución violenta. Te llevaría, de aquí, y lejos de las +luchas de familia, al abrigo de antiguos rencores, viviría para ti sola +y trataría de hacerte olvidar con mi ternura las afecciones +transitoriamente abandonadas.... + +--Eso sería una ingratitud. + +--Eso sería habilidad. Ya verías como se establecía prontamente la +inteligencia. El vacío que haríamos traería la reflexión y la reflexión +produciría la reconciliación.... Créeme, querida Herminia, unidos somos +muy fuertes.... Y si me dejas conducirte, si obras como yo te lo +aconseje, tenemos segura la victoria. + +--Me hace mucha falta creerlo así.... + +Estaban en este momento en una preciosa calle de frondosos árboles, +lejos de todas las miradas. Mauricio rodeó con el brazo el talle de su +joven esposa y la atrajo hacia sí. Herminia, ruborizada, bajó sus +hermosos párpados y con un movimiento de gracioso abandono, apoyó la +cabeza en el hombro de Mauricio.... Éste se inclinó hacia ella y +dulcemente acarició con un beso la blanca frente y los cabellos de oro +de la mujer amada.... Y con lentitud tomaron de nuevo el camino de la +casa, donde, en el salón, abierto de par en par, la señorita Guichard +seguía haciendo los honores, ignorando el peligro que le amenazaba. + +"Antiguo rencor" había dicho Mauricio hablando de los disentimientos que +dividían hacía veinte años al señor Roussel y á la señorita Guichard. +Hubiera podido añadir "rencor de amor", porque si la tía de Herminia +odiaba tan ardientemente al tutor de Mauricio, era por haberle amado +demasiado. Una pasión convertida en aborrecimiento y cuya levadura +fermentaba siempre con violencia en el corazón de la solterona. Hacia +el año 1867, el señor Guichard, soltero muy rico y cuyos herederos eran +su sobrino, Fortunato Roussel y su sobrina Clementina Guichard, había +acariciado el sueño de no dividir su fortuna y de casar á sus sobrinos. +Esta alianza había sido fijada en una de las cláusulas de su testamento, +y queriendo servirse del interés como agente de su voluntad, había +desheredado al que se negase á casarse con su coheredero. + +Después de haber llorado al difunto lo que pedían las conveniencias, +Fortunato y Clementina tuvieron una entrevista con el notario, el cual, +al ilustrarles sobre las intenciones de su tío, les procuró una sorpresa +que no era precisamente en los dos de la misma naturaleza. Mientras +Clementina saltó de gozo, pues había sentido siempre resuelta +inclinación por su primo, á quien se llamaba en su casa el bello +Roussel, Fortunato torció el gesto, pues se sentía menos que +medianamente predispuesto al matrimonio, por sus ideas generales acerca +del santo lazo y mucho menos aún por su gusto particular hacia la +señorita Guichard. Tan poco entusiasmo demostró, que su prima concibió +un violento despecho, que se manifestó, no ciertamente con frialdades, +sino con un aumento de amabilidad. + +Lo peor del caso fué que este modo de estar amable tenía en Clementina +algo de molesto y de autoritario que crispaba los nervios de Fortunato. +Parecía decirle: "Estoy condescendiente con usted, porque usted me +pertenece. Mis bondades son una de las consecuencias de mi poder sobre +usted. Le tengo á usted en mi gracia, como á mis perros, á mis loros ó á +mis criados, si me acarician, me divierten y me sirven bien. Pero, ¡ay +de usted, como de ellos, si no procura por todos los medios +satisfacerme!" Y el diablo quiso, precisamente, que ese despotismo +afectuoso fuese, entre todas las formas de ternura, la que más +disgustase á Roussel, muy vivo, muy independiente, y absolutamente nada +inclinado á dejarse dirigir, siquiera fuese por una mujer bonita. Porque +Clementina, de edad de 23 años, era agradable, á pesar de un cierto aire +masculino que se indicaba por la abundancia de sus cejas, la firmeza de +su perfil, la dureza de su voz y ciertos movimientos bruscos que +hubieran gustado en una cantinera. Con todo, tenía estatura elevada, +buen aire, ojos magníficos, tez mate y admirable cabello negro. + +¿Cómo, con tales prendas, Clementina no tenía pretendientes y se +disponía á la ingrata tarea de vestir imágenes? Fortunato daba la +explicación en pocas palabras: "Produce cierta inquietud y malestar, +decía; ¡le parece á uno que está haciendo la corte á un hombre!" Sin +embargo, no por ambición de dinero, porque Roussel estaba al frente de +un negocio muy lucrativo, sino por obedecer la última voluntad de su +tío, Roussel no había rechazado la idea de casarse con Clementina y +había resuelto intentarlo; lo que denotaba en él que era un buen +muchacho, porque su prima no le gustaba y él tendía poderosamente á la +libertad. + +Convinieron en verse para tratar de ponerse de acuerdo y todas las +tardes iba Fortunato á tomar una taza de té en casa de Clementina. Ésta +se hacía de almíbar para recibirle y ordinariamente, cuando ella le +había instalado á un lado de la chimenea, Roussel se decía, mirándola á +buena luz: Verdaderamente, no es fea. Y procuraba por su parte romper el +hielo que se amontonaba entre ellos. Todo iba bien durante una hora, +pero después la provisión de amabilidad de Clementina y las reservas de +paciencia de Fortunato se agotaban poco á poco, y llegaban las +contradicciones, las discusiones, las frases agrias, y el primo salía de +la casa con precipitación, pensando: Dios mío; ¡qué desagradable es! +Ella le veía huir con pena, suspiraba y se echaba en cara su humor +batallador, porque se daba cuenta perfectamente de su defecto, y se +prometía poner de su parte el día siguiente cuanto fuera preciso para no +alterar la buena armonía, pero jamás lograba dominarse. + +Un asunto de conversación la preocupaba sobre todo y le abordaba con +frecuencia, aunque fuese motivo para que su desacuerdo con Fortunato se +acentuase con violencia. El abuelo de Roussel, general del primer +imperio, había recibido de Napoleón primero el título de Barón después +de la campaña de 1813, en la cual se había portado como un héroe. El +barón Roussel había constituído un mayorazgo de diez mil francos de +renta y añadido á su título el nombre de la tierra de Pontournant. Su +hijo, que en tiempo de Luis Felipe se había dedicado á la industria, +creyó oportuno llamarse sencillamente Roussel, y Fortunato, continuador +de los negocios y partícipe de los escrúpulos de su padre, dejaba en el +olvido su título nobiliario. Ni la más insignificante enseña de nobleza; +ni el más pequeño _de_; nada de Pontournant; Roussel á secas; ¡el bello +Roussel! y aun, para los íntimos, ¡Roussel el menor! Y él se reía de +eso; ¡horror! + +Á Clementina ese olvido no le hacía gracia ninguna. El título de Barón, +y ese nombre con rastrillo, con barbacana y con torres almenadas, +Pontournant, le fascinaba por su aire de la edad media y hubiera +querido llevarle. Ser baronesa de Pontournant con los ochenta mil +francos de renta del tío Guichard, con más la fortuna de su primo y la +suya; ¡qué sueño! ¡Y este Fortunato, poco complaciente, no quería que se +le hablase de tal asunto! se burlaba de las veleidades aristocráticas de +Clementina y no quería absolutamente proporcionarse el ridículo de +convertirse en barón de Pontournant á los cuarenta años y siendo un +notable comerciante, condecorado bajo el sencillo nombre de Roussel. + +Cuanto mayor era su repugnancia á satisfacer ese deseo de su futura, más +grande se hacía el ardor con que ésta se empeñaba en imponérsele. +Discutiendo el pro y el contra del escudo nobilario habían roto ya +algunas lanzas y de esto vino todo el mal. Clementina, rechazada con +ironía, se había batido prudentemente en retirada; pero una retirada no +es una derrota para quien posee una voluntad decidida y nuestra heroína +acechaba una ocasión de volver victoriosamente á la carga. Fortunato +Roussel acababa de ser nombrado capitán de la Guardia Nacional de +caballería, cuerpo aristocrático en el que procuraban servir entonces +todos los elegantes de París. Al felicitarle por su nombramiento, +Clementina dijo á su primo: + +--Ya estás enteramente metido en honores.... + +Serás recibido por el Emperador en las Tullerías.... Te estoy viendo +entrar en gran uniforme.... Estarás magnífico. Pero ¡cuánto mejor sería +el efecto si al entrar te anunciasen: "¡El señor capitán barón de +Pontournant!..." + +--¡Bah! dijo el novio. El capitán Roussel suena muy bien. + +--Sería de muy buen gusto volver á llevar el nombre de una ilustración +del primer imperio.... + +--Mi abuelo no pondría buena cara á un miembro de la caballería ligera +de la burguesía parisiense.... + +--Que podría entrar en la aristocracia tan fácilmente. + +--¡Bonita ventaja! + +--Un bonito nombre cuadra muy bien á un hombre arrogante. + +--Prima, ¡tú te propasas! + +--Pero, en fin, ¿á qué viene ese empeño de no llevar tu nombre? + +--Porque yo soy un hombre de negocios. + +--Déjalos. + +--Dios mío, ¿y en qué pasaré mi tiempo? + +--En ocuparte de mí. + +Á estas palabras siguió un largo silencio, como si Roussel hubiera +estado midiendo todo el fastidio de semejante proposición y la señorita +Guichard calculando toda su inverosimilitud. Por fin, Clementina +reanudó la primera la conversación y dijo: + +--¿Por tan fútil motivo vas á causarme una pena seria? + +--Mi motivo no es más fútil que tu deseo. + +--¿Tan testarudo eres? + +--¿Y tú tan vanidosa? + +--¡Tan desgraciado serías por haberme hecho baronesa! + +--¿Y no es, acaso por serlo por lo que tanto deseas que nos casemos? + +Aquí se detuvieron, espantados del cambio de sus fisonomías: Fortunato, +rojo como un gallo, estaba á dos dedos de la apoplejía y Clementina, +devorada por la bilis, parecía amenazada de ictericia. Se encontraron +mal y después de algunas palabras insignificantes, necesarias para +atenuar la amargura de sus réplicas, se separaron muy descontentos y á +mil leguas de una inteligencia. Roussel se fué á pie para calmar la +efervescencia de su sangre y dando al diablo á su tío Guichard y á sus +fantasías testamentarias. + +--¡Bonita idea la de quererme casar con esta soltera rabiosa! ¿Creería +que por ochenta mil francos de renta iba á arriesgar la dicha de toda mi +vida? Pardiez, no necesito su dinero ...¡Que lo guarde ella, puesto que +el matrimonio es la condición _sine qua non_ de la herencia! Yo seré +siempre bastante rico, con tal de estar libre y tranquilo ... ¡Si fuese +marido de Clementina, gastaría todo el dinero del tío Guichard en +consolarme de vivir á su lado ...¡Mal negocio! + +Una vez en su casa, durmió mal; tuvo pesadillas espantosas y se despertó +decidido á permanecer soltero. Clementina, después de haber pasado una +parte de la noche rabiando y llorando, acabó por calmarse y se levantó +con el propósito decidido de ceder en todos los puntos para no alejar á +Fortunato, sin perjuicio de reconquistar, una vez realizado el +matrimonio, todas las posiciones abandonadas. Se sentó á su mesa y +escribió á su primo la más amable de las esquelas invitándole á venir á +pasar la tarde con ella. Apenas había salido la doncella para llevarla, +llegó una carta de Roussel anunciando á Clementina que un negocio +imprevisto le obligaba á ausentarse por algunos días. La señorita +Guichard exhaló un suspiro, se propuso hacer pagar después á Fortunato +las humillaciones que la dedicaba, y no pudiendo hacer cosa mejor que +esperar, esperó. + +Al cabo de quince días, como no recibiese noticias de su prometido ni +oyese hablar de él, perdió la paciencia y se decidió á informarse. +Interrogada la portera de la casa, respondió que el señor Roussel +estaba en París, del que no se había movido, y que acababa de entrar en +su casa. Á Clementina se le subió la sangre á la cabeza; se vió burlada, +desdeñada; el temor y la cólera la sublevaban al mismo tiempo. +Prorrumpió en una exclamación que asustó á la portera y enseguida, +tomando su partido en un segundo, se lanzó á la escalera, subió los dos +pisos, llamó con violencia, y sin preguntar nada al criado, que la +conoció y estaba estupefacto, entró como una avalancha en el gabinete de +su primo. + +Fortunato, sentado en una gran butaca y con una excelente pipa en la +boca, leía tranquilamente su correo de la tarde, cuando la puerta, al +abrirse bruscamente, le hizo levantar la vista. Se levantó rápidamente +al reconocer á Clementina, colocó la pipa sobre la chimenea, metió las +cartas en el bolsillo y con voz un poco temblorosa, porque tenía la +sospecha de haberse conducido sin galantería, dijo: + +--¡Calla! querida prima, ¿eres tú? + +Después de esta vulgaridad, permaneció cortado, mirando con embarazo á +Clementina, que estaba pálida, verdosa, sofocada, con los ojos dorados +por la hiel. Por fin pudo recobrar la respiración y temblando de cólera, +dijo: + +--¿Con que me ha engañado usted, diciéndome que se ausentaba? Yo le +creía de viaje y está usted en París.... + +--He vuelto antes de lo que pensaba, balbuceó Fortunato. + +--No mienta usted; porque no ha salido de París. + +--Pero.... + +--¡Oh! Ahora comprendo porqué no quiere usted llevar su título ... No +vendría bien con su carácter.... + +--¡Prima mía!... + +--Se ha portado usted conmigo como un patán. + +--¡Ah! + +--Si, ¡lo que ha hecho usted es una cobardía! + +Y excitándose con el ruido de sus propias palabras, animándose con sus +mismas violencias y viendo á Roussel consternado, Clementina llegó al +paroxismo del furor. Traspasando todo límite, perdió la cabeza y si su +primo hubiera respondido en el mismo tono, hubiera sido capaz de +pegarle. Pero él estaba tan pacífico como ella excitada. En vez de +replicar, de defenderse, observaba á su adversario y se afirmaba en la +resolución de no unirse con semejante furia. Y, sin embargo, si en ese +instante Fortunato hubiese proferido una sola palabra afectuosa; si +hubiera procurado hacer vibrar el corazón apasionado de la señorita +Guichard, la hubiese hecho prorrumpir en sollozos, la hubiera obligado á +pedir gracia y la hubiera permitido demostrar la verdadera ternura que +sentía por él. Y acaso el uno y el otro hubieran sido felices, hasta tal +punto arregla las cosas el amor. Pero Roussel no pronunció la palabra de +afecto y Clementina, ahogada por la rabia y no encontrando ya más +injurias que lanzar á la faz de su primo, arrojó un grito desgarrador y +cayó en el sofá, víctima de un ataque nervioso. + +Fortunato, que era la bondad misma, se precipitó á su socorro y recibió +algunos puntapiés y alguna que otra tarascada, pero no retrocedió y +empezó á desabrochar á Clementina, que lanzaba débiles quejidos. Le mojó +concienzudamente las sienes con agua de Colonia y le hizo aspirar un +frasco de sales. Estando inclinado hacia su prima, abrió ésta los ojos, +le reconoció, se levantó de un salto, le dirigió una mirada de +indignación, se volvió á abrochar y de pie en el umbral de la puerta, +dijo: + +--Conste que soy yo la que ha dado un paso de conciliación. Espero á +usted á su vez esta tarde. Reflexione usted en las intenciones de +nuestro tío Guichard y vea si le conviene sufrir las consecuencias de +desobedecerle. + +Clementina había vuelto á ponerse dura y arisca y acabó de desagradar +definitivamente á Fortunato, el cual, creyendo necesario quemar sus +naves y cortarse por completo la retirada, dijo en tono muy dulce: + +--La consecuencia que tocaré, querida prima, será verte tomar mi parte +en la herencia; tómala, pues: creo que no es un precio muy elevado para +la libertad. + +Acababa de hacer oir á Clementina las palabras más crueles que pudiera +esperar de él. Su cara se descompuso y levantando una mano trémula á la +altura de la cabeza de Fortunato, respondió: + +--Está bien; usted se arrepentirá toda su vida de lo que acaba de +contestarme. Desde hoy le considero á usted como mi más mortal enemigo. + +Esperaba, acaso, en un arrepentimiento causado por la inquietud; pero +había escogido el peor de los medios para atraer á Roussel, que no +replicó; hizo una inclinación de cabeza; abrió la puerta á su prima y +cuando la vió en la escalera, volvió á entrar en su casa, encendió de +nuevo la pipa y continuó la lectura del correo de la tarde. + +Sin embargo, no debía quedar tranquilo después de esta salida +amenazadora y muy pronto pudo darse cuenta de que Clementina, fuera de +su casa, era todavía más formidable. La señorita Guichard empezó una +guerra sorda contra aquel á quien odiaba con todas las fuerzas de su +amor engañado. Desde luego, como había que explicar el rompimiento á las +personas de su intimidad y esta explicación, dada por Clementina, tenía +que serle favorable y perjudicial, por tanto, para Roussel, la dulce +prima dió á entender que había descubierto en su primo cierto vicio que +le infundía temores por su tranquilidad en el porvenir. Y como se +hubiesen manifestado dudas, no exentas de curiosidad, había declarado +que la temperancia de Fortunato dejaba que desear. No hacía falta más +para que se esparciese el rumor de que aquel perfecto caballero, que +parecía tan sobrio y arreglado, bebía y volvía á su casa en situación de +necesitar, para subir la escalera, la intervención de su criado y de su +portero. + +Estos rumores llegaron á oídos de Roussel, que empezó por encolerizarse, +pero después tomó el partido de reirse de ellos, contando con que la +gente que le conociese no daría crédito á tan ridícula especie. Pero si +la credulidad pública rechaza con fastidio lo que redunda en ventaja del +prójimo, acepta con apresuramiento lo que viene en su perjuicio. Decid á +cualquiera: "Parece que Fulano ha hecho una buena obra ó realizado una +hermosa acción," y ese cualquiera os responderá con aire contrito: +¡Puede!... Decidle, en cambio, que Fulano ha robado en el juego ó +cometido estafas y exclamará en tono de triunfo "¡Ah; eso era de +esperar!" + +En seis semanas, Roussel pasó por un borracho. Tenía hacía diez años una +cocinera que le daba de comer á su gusto y Clementina se la llevó, á +fuerza de dinero, y cuando sus amigos la felicitaban por su delicada +cocina, ella respondía: "¿Qué quiere usted? No ha podido permanecer en +casa de Roussel, porque no pagaba jamás sus gastos. Había veces que le +tenía adelantados cuatro ó cinco mil francos, y cuando era absolutamente +indispensable entregar dinero, gritaba hasta el punto de hacer necesaria +la presencia del juez de paz. Entre nosotros, creo que los negocios de +Fortunato van bastante mal." + +El primo de la señorita Guichard perdía clientes que habían oído decir +que Roussel podía muy bien "faltar" cualquiera mañana. Para desmentir +esos funestos rumores, no hizo, durante dos años, más que negociaciones +al contado. + +Tenía en Montretout, enfrente del bosque de Bolonia, una casa de campo +encantadora, en la que sostenía un maravilloso lujo de flores. Sus +estufas estaban colocadas en condiciones tales que recibían el sol y la +luz desde por la mañana, gracias á un gran solar, no edificado, que las +separaba de las propiedades próximas. Ya Roussel había querido comprar +ese terreno para plantar legumbres, pero el propietario no había +accedido nunca á vendérsele. Por qué maniobras obtuvo éxito la señorita +Guichard donde su primo había fracasado, nadie pudo saberlo; pero una +mañana vió Fortunato unos contratistas y después una cuadrilla de +albañiles que se instalaban en el solar y elevaban una tapia que le +quitaba la luz. Fué preciso cambiar de sitio las estufas, que ya no +produjeron frutos ni flores tan buenos como antes. En una palabra, en +todo y por todo Clementina se ingenió para atormentar, molestar y vejar +al que se había empeñado en permanecer soltero. + +Así como ella se mantuvo sin casarse, para consagrarse por completo á la +guerra continua que hacía á Fortunato. Acaso conservaba en el fondo de +su corazón un resto de sentimiento por ese monstruo, como ella le +llamaba. Clementina hubiese podido casarse fácilmente; era muy rica, no +muy madura y muy agradable para los que no temen á las mujeres del +género granadero. Pero ninguna proposición la encontró bien dispuesta. +¿Quién sabe si creía que á fuerza de malas partidas habría de traer á +buenas á Roussel y tener la dicha triunfal de verle á sus plantas +humillado, arrepentido y barón? + +Sin embargo, al cabo de algunos años debió renunciar á toda esperanza, +porque su odio se hizo más concentrado y más mortal. Las calumnias +esparcidas por ella contra su primo habían acabado por disiparse; porque +la buena vida y las acciones claras son la mejor prueba de honradez que +puede dar un hombre. Roussel consiguió dominar la dura corriente de +malas voluntades desencadenada contra él. Hubo que reconocer, al +principio, que había alguna exageración en los rumores esparcidos á su +costa y llegó á resultar después evidente que eran falsos. No faltó +quien quiso averiguar el origen de aquel envenenamiento social, pero la +misma víctima se interpuso entre su verdugo y los curiosos. Por otra +parte, acababa de ocurrir un hecho importante que llevaba á su +existencia un elemento de interés que Fortunato no había jamás +sospechado. + +Sin haberse casado, se convirtió en padre. Uno de sus amigos más +queridos murió, dejando solo en el mundo á un niño de ocho años. Llamado +á la cabecera del moribundo y como éste le rogara con el ardor de una +profunda angustia paternal que uo abandonase á su hijo, Roussel, sin +grandes frases ni actitudes dramáticas adquirió el compromiso de velar +sobre el huérfano, al que apenas conocía. Á fin de darle la triste +noticia, fué á verle al colegio y quedó conmovido ante aquel rubillo que +lloraba á lágrima viva, solo, enteramente solo ya, y sin otro apoyo que +el de un extraño. + +Las palabras afectuosas que Fortunato no había encontrado para +Clementina, acudieron á sus labios para Mauricio. Al cabo de cinco +minutos, el muchacho estaba sobre las rodillas del solterón y éste +observaba que aquellos bracitos temblorosos que le estrechaban como á +una postrera esperanza, eran la más sólida de las cadenas. Y como +Mauricio no se calmaba, el buen Fortunato le llevó á su casa, le instaló +en una habitación próxima á la suya, y por la noche, al oirle suspirar, +se levantó para ver si estaba enfermo. + +El niño, dormido, lloraba en la cama, soñando sin duda con su padre. + +Gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y mojaban la almohada. +Roussel, en camisa y con el candelero en la mano, se sintió presa de un +súbito enternecimiento, y aun á riesgo de coger un resfriado, permaneció +contemplando al huérfano. + +La luz, hiriendo los ojos de Mauricio, le despertó. Abrió éste un +instante los párpados hinchados por el llanto y viendo inclinada sobre +él una cara que expresaba bondad y ternura, murmuró en medio de su +sueño: "¿Estás ahí, papá?..." Roussel se sintió conmovido hasta en los +más íntimos repliegues del corazón é imprimiendo en la frente húmeda del +niño un tierno beso, dijo en alta voz, como para tomar por testigo al +muerto: + +--Sí, duerme, hijo mío: ¡tu padre está aquí! + +Mauricio no volvió al colegio. Fortunato había llegado á la edad en que +el hombre siente placer en vivir dentro de su casa á condición de no +estar en ella enteramente solo, y gracias á su hijo adoptivo, encontró +el atractivo que podía conducirle al hogar y retenerle en él. Al niño +debió, pues, la rectitud de su vida, la seriedad de sus pensamientos, la +dignidad sonriente de su madurez. Demasiado inteligente para no darse +cuenta de lo que así ganaba, agradeció á su pupilo haberle proporcionado +la ocasión de emprender una vida arreglada y se prometió pagarle en +felicidad la tranquilidad que por su causa gozaba. + +Y tomó en serio su papel de padre. Terminados sus negocios, se ocupaba +de Mauricio. ¿Qué tal había trabajado? ¿Estaban contentos de él en el +instituto? ¿Había estudiado sus lecciones? ¿Á qué había jugado en el +recreo? Comía con el muchacho, que le daba conversación. Le veía +acostarse y dejándole al cuidado de su antigua ama de gobierno, salía +con el espíritu tranquilo, é iba al teatro ó á las sociedades, pero +jamás se retiraba tarde, atraído por el recuerdo de aquel muchacho tan +débil y que tan preferente lugar había tomado en la vida de su tutor. + + + + +CAPÍTULO II + +DE CÓMO UNA CASUALIDAD VUELVE Á ENCENDER LA GUERRA. + + +Cuando la señorita Guichard supo que Fortunato tenía un niño á su lado, +su primer impulso fué esparcir el rumor de que sería algún pilluelo +escapado de Mettray ó de la prisión de jóvenes que éste había recogido +en la calle para jugarla una mala partida; pero, contra lo que ella +esperaba, la historia no hizo fortuna. Todo el mundo había conocido al +señor Aubry, el padre del huérfano, y la generosa intervención de +Roussel fué bien juzgada. Su primo Bobard, astuto abogado, llegó á +insinuar que el acto era hábil, porque, decidido á permanecer soltero, +Roussel se proporcionaba un heredero como medio de desheredar á la +señorita Guichard si moría antes que ella. + +Clementina no había prestado nunca atención al desagradable pensamiento +de que si ella era heredera de su primo Fortunato, también éste debía +heredarla, en su caso. En un momento, esa perspectiva abierta por Bobard +la sublevó. ¡Cómo! ¡Algo de lo suyo podría ir á su enemigo! ¡Podría éste +jactarse de haberse desembarazado de su odio al mismo tiempo que se +apoderaba de su herencia! ¡Tendría la alegría salvaje de verla descender +á la tumba de familia y de gozar después no sólo de la fortuna del tío +Guichard, sino de la suya propia! ¡Nunca! Sus cabellos se erizaron de +horror, y exclamó: + +--¡Ah! ¿Él tiene un hijo adoptivo? Pues bien, ¡yo también tendré otro! + +Bobard, que tenía un hijo en el colegio, insinuó en seguida á Clementina +que podía encontrar en ese muchacho un hijo sólido, obediente y +respetuoso, pero un varón no convenía á la señorita Guichard. El +instinto de su sexo le hacía desear una niña. Hizo saber su deseo á un +médico y le declaró resueltamente las condiciones que debía llenar la +candidata; tener dos años al menos y tres cuando más; no tener madre ni +padre, á fin de evitar toda reclamación; ser bonita, rubia, con ojos +azules. En cuanto al carácter, ella se encargaría de formársele y sería +bueno. + +Ocho días después la señorita Guichard recibía aviso de que una nodriza +de Courbevoie tenía una niña que realizaba absolutamente el programa +formulado. El padre y la madre habían muerto y como hacía un año que +nadie pagaba las mensualidades, aquella mujer, muy pobre, se iba á ver +precisada con gran sentimiento y después de haber tardado todo lo +posible, á llevar la criatura á la Inclusa. La señorita Guichard subió +inmediatamente al coche, se fué á Courbevoie, vió á la niña, que se +llamaba Herminia, la encontró á su gusto, dió quinientos francos á la +nodriza y se fué colmada de bendiciones y llevando triunfalmente á su +heredera. + +En su condición de mujer soltera, le pareció inconveniente el ser +llamada mamá y enseñó á Herminia á llamarla "mi tía." Pudo desde +entonces desafiar á Roussel no sólo en el presente, sino también en el +porvenir. La hija de la una valía por el hijo del otro. Pero, cosa +singular, el corazón de Clementina no se fundió, como el de Fortunato, +al calor de esta nueva afección. Amó á Herminia, no por la dicha de +amar, sino porque le servía de aliada contra su enemigo. El encanto, la +gracia, la inocencia de la niña no lograron apoderarse por completo de +la señorita Guichard, que no fué verdaderamente sensible más que al útil +apoyo que le proporcionaba aquella criatura, en su lucha contra +Fortunato. + +No pudo desconocer, ciertamente, la dicha que entraba en su casa, que +era, antes de la adopción de Herminia, como una jaula sin pájaro y que +ahora llenaba la niña con sus risas, con sus cantos, con su alegría. +Pero Clementina era menos accesible á estos goces deliciosos que á la +áspera satisfacción de pensar veinte veces al día: "He perjudicado á +Roussel." + +Educó á Herminia con perfección pero severamente. La cuidó con el celo +de un artillero por su cañón. Cuando la niña estuvo enferma, la señorita +Guichard experimentó vivas inquietudes, llamó al mejor médico y hasta +pasó en vela algunas noches; pero jamás experimentó ese ardor espiritual +que templa la atmósfera en torno de un niño y le hace vivir en medio de +la mayor seguridad, en la evolución de un tranquilo desarrollo. Jamás su +corazón de mujer tuvo los pequeños refinamientos de afecto, las +delicadas atenciones que Roussel prodigaba á Mauricio. + +Se hizo amar por su hija adoptiva, pero se hizo más respetar. El nombre +de "tía" convenía por su frialdad á las relaciones afectuosas que +Herminia tenía con la señorita Guichard: llamarla mamá hubiera sido +imposible, porque en realidad era tratada como una sobrina. + +Durante quince años la vida no ofreció graves incidentes. El rencor de +Clementina no estaba extinguido, sino en ese estado de incubación +semejante al de los volcanes que no revelan su actividad interior más +que por los tenues hilos de humo que se escapan por sus costados. Ni +Roussel ni la señorita Guichard habían hablado de sus disentimientos á +Mauricio y á Herminia, obedeciendo al miedo de sembrar el odio en +aquellos sencillos espíritus. + +Los dos muchachos crecieron y entraron en la edad juvenil. Mauricio, +después de terminar sus estudios, había manifestado una afición muy +marcada por la pintura. Como estaba llamado á ser rico, pues el capital +de su padre, cuidadosamente administrado, producía treinta mil francos +de renta y Mauricio le había asegurado una considerable fortuna por una +donación _inter vivos_, poseía todos los medios necesarios para realizar +sus aspiraciones artísticas. Roussel, siempre práctico, no se contentó +con que su hijo fuese un simple aficionado. + +--Todo lo que se hace, le decía, es preciso hacerlo con perfección. +Deseas pintar, no me opongo; pero te exijo que trabajes como si tuvieras +necesidad de tu paleta para vivir. Vas á entrar en la escuela de Bellas +Artes; te recomendaré á Baudry, que es amigo mío, y á Meissonier, á +quien conocí en la Guardia nacional. Si quieres hacer grandes cuadros á +la manera de los grandes maestros italianos del Renacimiento, el primero +te será útil; si prefieres dedicarte al arte minucioso de los Flamencos, +el segundo te dará consejos; pero, cualquiera que sea tu elección, +conviene que te apliques á ella con todas tus fuerzas. + +Mauricio adquirió ese compromiso y le cumplió. Á los veintitrés años +obtuvo el segundo premio y por una rara delicadeza, no quiso concurrir +al año siguiente, aunque estaba casi seguro de la victoria. Para +explicarlo, dió á su tutor razones que le conmovieron vivamente: + +--Tengo tres concurrentes enteramente pobres y pueden desesperarse por +un fracaso. Cualquiera de ellos que obtenga el primer premio tiene su +carrera asegurada. ¿Voy yo, que soy rico, gracias á mi padre y á usted, +á servir de obstáculo á ese porvenir que puede ser tan fecundo y tan +dichoso? Puedo hacerlo, materialmente, pero moralmente no tengo ese +derecho. Mi segundo premio me da bastante distinción; soy conocido y +apreciado. ¿He llegado al fin que usted me había mandado alcanzar? +¿Exige usted que haga más? + +--No, dijo Roussel abrazando á su hijo; eres un buen muchacho. + +El año siguiente, Mauricio expuso su gran cuadro "La orgía en Caprera", +que hizo profunda sensación, y el retrato de su tutor; y obtuvo una +tercera medalla. + +La señorita Guichard supo por los periódicos el éxito del pupilo de +Fortunato y quiso ir á la exposición de pinturas. Fué sola temiendo +venderse y que Herminia conociese su ira. Buscó la sala A., donde, en +medio de los cien lienzos colgados en la pared, se destacaba una figura, +como una aparición fantástica, apoderándose de sus miradas y ejerciendo +sobre ella como una especie de atracción hipnótica: Roussel, de un +parecido inverosímil, fresco, sonrosado, con sus cabellos blancos, +satisfecho, pacífico. Se salía, literalmente, del cuadro y Clementina +creyó que se dirigía hacia ella desafiándola con su mirada dichosa, y +con su boca sonriente; injuriándola con su insolente alegría. La +señorita Guichard avanzó hacia él atrevida, amenazadora y llegada ante +el lienzo, con la cabeza trastornada por la cólera, los labios apretados +para no estallar en injurias, levantó su sombrilla con actitud furiosa é +iba á golpear á su enemigo cuando una mano la detuvo, al mismo tiempo +que una voz decía: + +--Pero, señora, ¿qué hace usted? + +Volvió en sí y se encontró al lado de un guarda de la exposición que la +miraba con asombro y refunfuñaba. Clementina balbuceó: + +--Hace mucho calor aquí.... He tenido un momento de turbación.... + +Y fuera de sí, no pudiendo permanecer ante aquel retrato sin ceder al +deseo de rasgar la tela, huyó, mientras el empleado decía severamente: + +--¡No se debía dejar entrar aquí á las locas! + +La señorita Guichard volvió á su casa confesándose que Roussel poseía +sobre ella una marcada superioridad y que jamás Herminia tendría ni un +gran talento para pintar, ni gran voz para hacer sensación como +cantante, ni buen arte como pianista para rivalizar con los Poloneses. +Dijo cosas desagradables á su sobrina, que no comprendía nada de todo +aquello, y se acostó preguntándose qué mala partida podría jugar á +Fortunato. + +La casualidad, ese cómplice de los que nada pueden, se encargó de +proporcionarle un terrible desquite. Se había instalado en la +Celle-Saint-Cloud, como todos los años, para pasar el verano, y en sus +paseos por el bosque de Saint-Cucufa, veía en la eminencia de Montretout +la casa de su primo. Con mucha frecuencia pensaba: "Si tuviera á mi +disposición durante un día uno de los grandes cañones del Mont-Valerien, +¡cómo aniquilaría la casucha de ese miserable! Sería asunto de algunos +cañonazos bien dirigidos." + +Pero el Estado francés no presta sus cañones á los particulares, aunque +sea para bombardearse en familia, y Clementina tuvo que resignarse á ver +la casa maldita que se levantaba á lo lejos, punto blanco en el +horizonte verdoso de los bosques. Fuera de esto, vivía tranquila en +aquel país encantador gozando de un bonito jardín y de sus hermosas +flores. Herminia especialmente, era dichosa en la Celle-Saint-Cloud. +Amaba la tranquila libertad del campo y pasaba los días bajo un +emparrado adornado con guirnaldas de madreselvas, cultivando la amistad +de los jilgueros que venían á cantar para ella, revoloteaban al alcance +de su mano y comían miguitas de su merienda. De vez en cuando, vibraba +una voz fuerte que decía: ¡Herminia!, y los pajarillos volaban +espantados hacia el espeso follaje, la arena rechinaba bajo el peso de +un pie varonil y aparecía la señorita Guichard con su labor, se sentaba +cerca de su sobrina, bajo la sombra embalsamada, y se ponía á trabajar, +manejando las agujas de su malla como si fueran espadas y atravesando la +lana á grandes pinchazos, como si se hubiera tratado del pecho del +aborrecido Roussel. La joven se ingeniaba entonces para agradar á la +terrible solterona, la hablaba con amabilidad y trataba de arrancar una +sonrisa á sus labios severos y una caricia á sus manos nerviosas. + +Una tarde de julio, estaban juntas en aquel sitio, cuando oyeron sonar +en la plaza risas estrepitosas, acompañadas de piafar de caballos. Eran +unos empleados de comercio y algunas jóvenes, que montados en caballos +de alquiler, se dirigían á Ville-d'Avray para ir después á París. El +jardinero de la señorita Guichard, ocupado en rastrillar un terraplén +que caía sobre el bosque á lo largo de una calleja, miraba por encima de +la tapia la partida de la bulliciosa cabalgata, que había salido al +galope y no podía contener los caballos, estimulados por un pienso +extraordinario. De repente, el buen hombre lanzó un grito, levantó los +brazos al aire y dejando caer de golpe el rastrillo, dijo con voz +alterada: + +--¡Ah Dios mío! ¡Acaban de atropellar á un hombre!... + +La señorita Guichard y el jardinero llegaron al mismo tiempo á la puerta +del jardín. La cabalgata se alejaba más de prisa de lo que hubiera +deseado, entre una nube de polvo, y sobre las piedras del camino se +encontraba caído un joven, sin conocimiento y con la frente +ensangrentada y el bastón, roto en dos pedazos, cerca de él. Clementina +tenía un genio resuelto, probado en muchas circunstancias. Con voz +vibrante llamó á su cochero, que estaba á alguna distancia, y dijo +dirigiéndose al jardinero: + +--Hay que llevar este desgraciado al pueblo.... + +--¡Oh! tía mía, exclamó con angustia Herminia, ¿estará muerto? + +--¡Muerto! Bah ... no se muere así como así. Está desvanecido.... Un +poco de agua en la cara ... vinagre en la nariz y esto no será nada.... + +El jardinero y el cochero cogieron al joven el uno por los pies y el +otro por los hombros, se le llevaron y le extendieron sobre unos +almohadones, en la cochera, sin que recobrase el conocimiento. El +cochero le lavó la cara para quitar la sangre que le desfiguraba y le +puso bajo la nariz el vinagre que le servía para los caballos, pero nada +de esto sirvió. Pálido, los labios contraídos, los ojos cerrados, el +desconocido permanecía inerte y la señorita Guichard tuvo miedo. + +--¡Oh! Oh! ¿Acaso será esto más serio de lo que había pensado? Será +preciso llevarle á la alcaldía. + +--¡Oh, tía mía!, suplicó Herminia; ¿dónde puede estar mejor cuidado que +en nuestra casa? + +--¡Es verdad!, contestó con convicción la señorita Guichard. En todo +caso, habrá que llamar un médico.... + +--Señorita, el doctor Fortier ha vuelto á su casa hace una media +hora.... Le he visto pasar en su coche por el camino.... + +--Vaya usted á buscarle. + +--Algunos minutos después, el médico de la Celle-Saint-Cloud, el +excelente doctor Fortier, llegaba á toda prisa. + +--¿Qué pasa, señoras? preguntó; ¡se mata á las gentes en la puerta de +esta casa! ¡Oh! ¡Oh!... Vamos á ver qué razones puede tener este mozo +para no responder á tan excelentes cuidados ...¡He! diablo! Ha recibido +un revolcón tremendo ... y tiene ... sí, tiene el hombro izquierdo +dislocado.... + +--¡Dislocado! exclamó la señorita Guichard; ¡pero eso es espantoso! Eso +es.... + +--Casi nada; una bagatela, interrumpió el doctor.... Vamos á ponerle +esto en su sitio inmediatamente.... Tiene una contusión en la cabeza.... +Parece que le han atropellado unos caballos, según me ha dicho el +jardinero.... Sin duda la herida de la frente ha sido causada por una +herradura.... El pulso es bueno ... la respiración, regular.... Si +ustedes quieren darme media docena de toallas le arreglaré este hombro, +con la ayuda de estos dos buenos muchachos.... + +--Herminia, corre al ropero.... + +Herminia, como una sílfide, estaba ya en la escalinata. + +--Es un hombre distinguido, dijo el doctor; su porte es cuidado y tiene +una buena fisonomía.... Algún excursionista á quien han atropellado esos +locos.... El alquilador de caballos de Ville-d'Avray me vale +ciertamente, un año con otro, diez brazos rotos y costillas +fracturadas.... ¡Ah! Aquí están las toallas.... Señoras, la operación +que voy á practicar no es nada peligrosa, pero sí penosa hasta más no +poder.... Agradecería á ustedes mucho que por algunos minutos me dejasen +solo con el herido y mis ayudantes. + +--Pero ¿qué va usted á hacer? + +--Amarrar el herido á la pared, engancharnos en su brazo y tirar hasta +que el hombro vuelva á su sitio.... Es doloroso y, sin embargo, muy +sencillo.... + +El doctor las empujó hacia el patio. Cuando se encontraron solas, oyeron +ruido de pisadas detrás de la puerta de la cochera, después órdenes +dadas en voz breve y por último ese grito casi inarticulado que lanzan +los marineros cuando tiran del cabrestante. De repente se oyó un quejido +desgarrador; un clamor de tortura que aterró á las dos mujeres, y casi +en seguida se abrió la puerta y apareció el doctor, enjugándose la +frente y diciendo: + +--¡Esto se acabó! + +El herido yacía sobre los almohadones, más pálido que antes y todavía +inanimado. + +--¿Es él quien ha gritado? preguntó la señorita Guichard. + +--Sí, el dolor le ha despertado, pero se ha desmayado otra vez.... + +--¿Y qué vamos á hacer? + +--Yo no creo prudente trasladarle por el momento. ¿No podría usted darle +hospitalidad por veinticuatro horas? + +--Y bien, elijan ustedes una habitación adecuada ... y que sea á +propósito. + +--La que habita el primo Bobart cuando viene, podíamos darle.... + +--Sea por el cuarto del primo Bobart.... Así la humanidad será respetada +y las conveniencias satisfechas. + +--Herminia, sábanas.... + +--La joven volvió á desaparecer, como si hubiera tenido alas. La +señorita Guichard, un poco inquieta, decía al médico: + +--Y diga usted doctor, ¿no tendremos enfermedad para tres meses? + +--Mañana estará en pie ó, poniéndonos en lo peor, en estado de ser +conducido á su casa.... + +--Entonces, todo va bien. + +Se subió al herido durante este tiempo y la joven volvió cargada de +fundas de almohada, sábanas, mantas.... + +--Sería preciso tratar de averiguar con quién nos las habemos, sin +embargo, dijo la señorita Guichard, con un resto de desconfianza; +porque, al fin, le hemos recogido en medio del camino y acaso es un +vagabundo. + +--No tiene absolutamente trazas de eso, dijo Herminia. + +--¡Vea usted esto!, dijo Clementina riendo; presumes, á lo que parece, +de tener buen golpe de vista!... ¡Hele aquí garantido por Herminia; no +hay más que hablar! + +--¡Oh! tía mía, usted se burla y eso no es caritativo. + +--Bueno; tampoco yo quiero mal á tu protegido. Vamos á cuidarle. + +Subieron, precedidas por el doctor, una escalerilla y en un bonito +cuarto, tapizado de tela persa, encontraron al herido confortablemente +acostado en un mullido lecho, en el fondo de una alcoba. El médico le +reconoció de nuevo, puso una receta y anunció que volvería á primera +hora de la noche. Las dos mujeres quedaron solas cerca de su huésped, +un poco inquietas, á pesar de los buenos presagios del médico, por +aquella prolongada inmovilidad. Le miraban en silencio y el interés que +les inspiraba su estado resultaba aumentado por una singular simpatía +causada por la dulzura de su cara. Tenía verdaderamente una fisonomía +atrayente y aun estando pálido, con los ojos cerrados y la frente +cubierta con una compresa, resultaba sumamente agradable. Herminia, que +iba y venía por la habitación, encontró sobre una silla, en desorden, la +ropa del desconocido. Creyó que debía arreglarla y estaba haciéndolo +cuando cayó una carta de uno de los bolsillos. + +--Dame ese papel, dijo la señorita Guichard; en él encontraremos acaso +alguna indicación acerca del nombre y la condición social de este +joven.... + +Herminia entregó dócilmente la carta y no bien su tía hubo echado sobre +ella una mirada, palideció, y con una emoción inexplicable exclamó: + +--¡Es su letra! + +Buscó febrilmente la firma y llena de horror descubrió estos dos nombres +execrados: _Fortunato Roussel_. + +Herminia, asombrada, permanecía en pie delante de su tía sin comprender +sus acciones ni sus palabras. Por fin se arriesgó á preguntar: + +--¿Usted sabe, pues, tía mía, quién es este joven? + +--¡Es él, es él! exclamó Clementina con ímpetu. + +Después, mirando á su sobrina y viéndola llena de curiosidad dijo +severamente: + +--¿Por qué te ocupas en lo que no te concierne? Vuélvete á nuestras +habitaciones, tu sitio no es este. + +Herminia, extrañada por este repentino cambio, dirigió una última mirada +al enfermo y abriendo la puerta, salió de la habitación. + +En cuanto se vió sola, la señorita Guichard se apoderó de la _jaquette_ +de su huésped, la registró con mano febril, descubrió una cartera, la +abrió y tomando una tarjeta, leyó: _Mauricio Aubry_. Dejó la cartera +sobre la chimenea y sombría, con la carta en la mano, se sentó, +reflexionando profundamente en el concurso singular de circunstancias +que conducía bajo su techo al hijo del que ella odiaba implacablemente. +Poco á poco su vista cayó sobre la hoja de papel cubierta con la letra +aborrecida y leyó maquinalmente: + +"Querido hijo mío; mi viaje empieza bien. Los créditos que he venido á +realizar...." Aquí Clementina saltó algunos renglones pues los negocios +de Roussel le parecieron insignificantes.... "No estaré de vuelta antes +de tres semanas y Dios sabe si voy á echarte de menos durante ese +tiempo, ingrato, por no haber querido acompañarme.... Afirmas que +Inglaterra no es un país artístico.... Si vieras qué interesantes son +estos centros manufactureros de Manchester y Birmingham ... en ellos se +toma el pulso de la actividad de un país...." ¡Espíritu prosaico y +mercantil! murmuró Clementina.... "La Escocia es una maravilla.... He de +traerte aquí y verás hasta qué punto eran erróneas tus ideas. Cuídate +bien, porque sabes que no tengo más que á ti en el mundo y que si tú me +faltases, todo habría acabado para tu viejo amigo...." + +La carta se deslizó de los dedos de Clementina y cayó sobre la alfombra. +Aquella mujer reflexionaba. Los veinte años que acababan de transcurrir +acudían á su memoria llenos de malos procederes, de acciones pérfidas, +imaginadas por ella para atormentar á Roussel, y ante la afección, tan +sencillamente expresada, que éste experimentaba por aquel joven, la +solterona comprendía porqué sus venganzas habían resultado infructuosas +y que si sus artimañas no habían producido efecto, era porque el corazón +de su enemigo no ofrecía más que un punto vulnerable. No habiendo +asestado sus tiros contra ese punto, no le había herido jamás +seriamente. + +Y este niño, que lo era todo para su enemigo, según él mismo declaraba, +estaba allí, á su disposición.... Adoptó una actitud terrible ante el +lecho, como si quisiera aniquilar aquellos rehenes que la casualidad le +había entregado, pero se contuvo. Mauricio acababa de arrojar un +profundo suspiro y había abierto los ojos. Paseó enderredor una mirada +turbada, se incorporó sobre el codo derecho y dijo con voz débil: + +--¡Ah! es usted, señora, la que me ha recogido, cuidado, salvado.... + +--Usted no ha estado en peligro..., interrumpió secamente Clementina, +como si no quisiera haber contraído tales méritos respecto del hijo de +su enemigo. + +--¡No importa! Estoy sumamente agradecido.... + +La solterona hizo un gesto que significaba: "Como usted guste", ó "No +hay de qué," y dijo: + +--Voy á hacer venir una persona para que le cuide. + +Se despidió con una brusca inclinación de cabeza y salió. + +Por la noche, el doctor Fortier encontró á su enfermo mucho mejor y le +ordenó una sopa y un ala de pollo. La señorita Guichard envió á su +huésped todo lo necesario, pero no pareció por su habitación. Al día +siguiente, á las diez de la mañana, el médico dió de alta á Mauricio y +éste, ya vestido y ofreciendo el aspecto de un bello mozo, solicitó en +vano el favor de dar las gracias á la dueña de la casa. Dejó una carta, +en la que prometía volver, subió en un coche y se dirigió á Montretout. + +Si Clementina se había negado á recibir á Mauricio, Herminia había +presenciado su partida, á través de las transparentes cortinillas de su +ventana, y su aturdimiento había crecido al ver que su tía no quería +despedirse del que tan caritativamente había cuidado. Había en esto un +enigma para ella y en vano se esforzaba en buscar la solución. + +Después que el enfermo hubo partido pareció que Clementina respiraba más +libremente. Salió de su habitación, en la que se había encerrado, y bajó +al jardín, pero permaneció turbada. Un pensamiento importuno atormentaba +á su espíritu y á veces, Herminia, que no la perdía de vista, con la +industriosa paciencia de las gatas y de las mujeres, la sorprendía +hablando sola. Pero si no comprendía las palabras incoherentes que la +preocupación arrancaba á su tía, veía, sin embargo, que eran de +violencia y de odio. + +¡Odio, rencor! ¡Cómo su bienhechora, que era para ella el ideal de la +generosidad y de la bondad, podía abrigar semejantes sentimientos! ¿Y +por qué prodigio aquel joven desconocido los despertaba en su corazón? +Porque, no habla duda, era la lectura de aquella carta, cuyo autor era +conocido por su tía, puesto que había exclamado: "Es su letra," lo que +había producido semejante desencadenamiento de pasiones. + +En esto pensaba la pobre Herminia mientras la señorita Guichard, incapaz +de dominar su agitación, se paseaba por el salón, con las manos en la +espalda y el cuerpo inclinado, en una postura meditabunda, digna de +Napoleón. Una tempestad formidable se formaba desde la víspera en su +cerebro. Había pasado toda la noche sin dormir, rumiando proyectos +espantosos de venganza. ¿Por qué? ¿Qué nueva afrenta había sufrido? +¿Cómo explicar tanta exasperación? ¿Qué razón había para tanta +animosidad contra aquel muchacho á quien nunca había visto y á quien +execraba tanto como al otro, al horrible, al infame Roussel? + +Una sola frase de la carta leída había hecho este monstruoso milagro: +"tú lo eres todo para mí." Esas seis palabras habían valido á Mauricio +el odio de la señorita Guichard. Puesto que era tan querido de +Fortunato, debía ser, en proporción, odioso á Clementina. Pensó un +instante en recibirle cuando él pedía despedirse, para darse el gusto +de ponerle en la puerta diciéndole lo que pensaba de su padre adoptivo, +pero después pensó que era más digno sustraerse á su agradecimiento y +responder á su urbanidad con un silencio desdeñoso. Ella también le vió +partir oculta detrás de una cortina y no pudo evitar el encontrarle +elegante, sencillo y agraciado. Tan pronto como hubo salido, tiró +violentamente de la campanilla para llamar al cochero y al jardinero. +Interrogados, los dos servidores no escasearon los elogios. + +--¡Ah! ¡Es un bello joven! + +--Nos ha dado las gracias como si le hubiésemos salvado la vida. + +--Y estaba muy contrariado por no ver á la señorita. + +--Nos ha encargado mucho que dijésemos á la señorita que estaba muy +agradecido.... + +--Y después, no habrá partido sin gratificaros, dijo Clementina, deseosa +de coger á Mauricio en flagrante delito de tacañería. Supongo que os +habrá dado una moneda á cada uno.... + +--¡Una moneda! dijo el cochero; nos ha puesto buenamente un billete de +cien francos en la mano y nos la ha apretado al mismo tiempo! + +La señorita Guichard se mordió los labios y dijo á sus gentes con voz +ruda: + +--¡Está bien! Salid. + +Después añadió con acento de desprecio. + +--¡Estrechar la mano á mis criados! tiene los gustos bajos de su padre. + +Esta conclusión la satisfizo, aunque no fuera justa, y Clementina volvió +á entregarse á sus ocupaciones habituales. Á los tres días y á eso de +las tres de la tarde, estaba Herminia trabajando bajo el emparrado, +cuando la hizo estremecerse una campanada que sonó en la verja. El +jardinero abrió y la puerta dió paso á Mauricio Aubry. Llevaba el brazo +izquierdo en cabestrillo y su cara estaba todavía pálida. Esperando que +vinieran á decirle si iba á ser recibido, se acercó maquinalmente al +pabellón del portero. Tenía verdaderamente un aire distinguido y +Herminia, que le miraba con sencillez, encontraba en verle un vivo +placer. El tiempo que el jardinero empleó en ir á prevenir al criado, +pareció á la joven sumamente corto. Y cuando oyó crujir la arena bajo +los zuecos del jardinero, pensó: "¿Qué tiene hoy Giraud, que corre +tanto?" Aprestó el oído para oir la respuesta, que fué seca y +terminante. + +--La señorita está delicada y no recibe. + +--¡Qué mentira! murmuró Herminia, que sintió de pronto un involuntario +descontento. + +--¡Ah! Esto me contraría verdaderamente. Pero, ¿qué día podré ver á la +señorita? + +--No lo ha dicho. + +--Bueno; volveré. Por el bosque, es un paseo. + +Y salió. ¿Cómo sucedió que Herminia se levantase y dejando el emparrado +se dirigiese hacia el terraplén que daba sobre el camino en que había +sido atropellado Mauricio? No es posible explicárselo más que por uno de +esos impulsos instintivos que son una especie de autosugestión. +Mauricio, deseando ver el sitio donde había rodado á los pies de los +jinetes de Ville-d'Avray, entró en la calle y se encontró en presencia +de Herminia que le miraba desde lo alto del terraplén. La saludó con +política sonriendo amablemente. Herminia se puso tan turbada al verse +cogida en flagrante delito de curiosidad, que hizo un brusco movimiento +y el bordado se escapó de sus manos y vino á caer á los pies de +Mauricio. La joven palideció de contrariedad y las lágrimas acudieron á +sus ojos, mientras Mauricio recogía la labor y se la ofrecía +sencillamente á Herminia, que hubiera querido que la tierra la tragase. +Pensó un momento en huir por el jardín, pero sus piernas se negaron á +prestarle ese servicio y se vió obligada á poner buena cara, coger su +bordado y dar las gracias con voz tan débil como un suspiro, pero que +pareció deliciosa al joven. Éste saludó de nuevo y un poco animado, +dijo: + +--Tenga usted la bondad de dispensarme, señorita, si me permito +dirigirle la palabra sin tener el honor de conocerla.... + +Herminia tembló, pensando: "¿Qué va á preguntarme?" + +El joven dijo sencillamente: + +--¿Seré tan dichoso que esté hablando con alguna amiga ó pariente de la +señorita Guichard? + +Era preciso responder, so pena de pasar por una grosera. + +--Soy su sobrina, balbuceó Herminia. + +--¡Oh! Me alegro infinito! dijo él con calor. Usted podrá ser intérprete +cerca de ella de mi reconocimiento, en tanto que puedo expresárselo yo +mismo.... + +Herminia, aterrorizada por la necesidad de sostener la conversación +desde lo alto del terraplén, contestó con las primeras palabras que +vinieron á su mente y que, naturalmente, fueron las que respondían mejor +á sus íntimos sentimientos: + +--¡Ah! señor, buen susto nos ha dado usted.... y fuimos muy dichosas +cuando tuvimos certeza de que no estaba usted gravemente herido. + +Se interrumpió, se puso muy encarnada y permaneció delante de Mauricio, +asombrada é inquieta por haber hablado tanto. El joven la miraba con un +placer manifiesto. Herminia estaba vestida con un traje de batista muy +clara y en el terraplén, sobre un fondo de follaje, coronado de racimos, +su silueta se dibujaba de un modo encantador para un artista. Mauricio +vió en un momento la composición de un cuadro y prolongando su sensación +artística, examinó á su gracioso modelo, detallando su fino cuerpo, sus +hombros redondos, su cabeza orlada de cabellos rubios que un rayo de sol +hacía brillar como un nimbo de virgen. El pintor pensó: "Es bonita como +un ángel y tímida y adorable en su cortedad. Siento no poder pedirle que +me deje sacar un croquis, pero esto sería poco correcto." Se quitó el +sombrero y dijo muy respetuosamente: + +--Veo, señorita, que usted también ha tenido la bondad de interesarse +por mí; reciba, por ello, mi más vivo agradecimiento.... + +Y con pena, pero comprendiendo que las conveniencias lo exigían, se +alejó. Herminia le siguió con la vista mientras pudo y volvió á su +cuarto soñando por vez primera en su vida. Mauricio tomó un camino de +travesía por el bosque y se volvió á Montretout, donde comió y pasó la +noche pensando en la joven del terraplén. + + + + +CAPÍTULO III + +DONDE HACEN TRAICIÓN LOS ALIADOS CON QUIENES SE CREÍA PODER CONTAR. + + +Al siguiente día de su accidente, Mauricio escribió á su tutor para +contarle la ocurrencia. Tenía entonces el corazón lleno de gratitud +hacia la mujer hospitalaria que tan bien le había cuidado, pero ahora la +encontraba mucho mejor y sus sentimientos se complicaban con un interés +muy vivo por la encantadora persona que vivía con ella, y cuyo nombre no +sabía siquiera. Desde que había conocido á la sobrina, amaba cien veces +más á la señorita Guichard. + +Pasó una noche muy agitada y por la mañana se encerró en su estudio y, +de memoria, hizo un boceto de Herminia sobre el terraplén. Trabajó +durante cuatro horas con ardor y cuando el criado vino á anunciarle que +el almuerzo estaba servido, el cuadro se destacaba de un modo +encantador. La cabeza solamente permanecía borrosa. Sus rasgos estaban +grabados en la memoria del pintor, pero éste tenía miedo de +desfigurarlos al fijarlos en el lienzo. Prefirió guardar confusa la +dulce imagen y pensó: + +--Volveré á la Celle-Saint-Cloud y veré de nuevo á mi modelo. Entonces, +seguro de mí, le daré un parecido perfecto. Hasta entonces, que +permanezca en la vaguedad de un ensueño. + +Pasó tarareando al comedor y al lado del plato encontró un telegrama que +acababa de llegar. Le abrió y vió con alegría la firma de su tutor; pero +al leerle quedó asombrado; leyó de nuevo y vió que decía: + +"Bajo ningún pretexto vuelvas casa señorita Guichard. Explicaré todo.... +Vuelvo apresuradamente. Roussel." + +Dejó el papel azul sobre la mesa y siguió almorzando, presa de un +asombro indecible. Su tutor volvía repentinamente, interrumpiendo un +viaje importante, diferido hacía dos años y volvía al saber que él había +sido cuidado en casa de la señorita Guichard á quien no conocía y de la +que nunca había oído hablar. ¿Qué significaba esto? ¿De qué se trataba? +¿Acaso la señorita Guichard era una persona poco recomendable? +Entonces, su sobrina ... no, eso era imposible: con aquéllos ojos tan +cándidos no podía ser más que un ángel. Entonces, ¿qué pensar? + +No se razona siempre bien el primer impulso y las facilidades de +comunicación que el telégrafo y el teléfono han creado en la sociedad, +ofrecen á las personas vivas de genio numerosas ocasiones para dejarse +llevar del calor de una impresión. Apenas pagó Roussel su telegrama y le +vió pasar á manos del telegrafista, sintió una contrariedad. "He hecho +una tontería, se dijo. No hubiera debido advertir á Mauricio. Hubiera +ido á casa de la señorita Guichard, que le hubiera hablado mal de mí; él +no la hubiera creído, hubiera salido de allí con indignación y asunto +terminado; mientras que ahora le voy á meter en pleno drama y á excitar +su imaginación: ¡quién sabe si hará alguna tontería!" + +Iba á abrir la boca para pedir el telegrama, cuando vió al empleado +desaparecer con él en el cuarto donde estaban los aparatos de +transmisión. Desistió ante las explicaciones que tendría que dar; +suspiró y salió pensando: "¡Sea lo que Dios quiera! Después de todo, +puede que Mauricio sea más razonable á los veintiocho años que su tutor +á los sesenta." + +Roussel no se engañaba contando con el buen juicio de su hijo adoptivo, +pero la prudencia de los hombres es engañada frecuentemente por el +capricho de los acontecimientos. El joven pintor, después de haber +meditado sobre el telegrama de Roussel, sin conseguir imaginar, ni poco +ni mucho, la verdadera situación, había resuelto observar +escrupulosamente la consigna: "Bajo ningún pretexto vuelvas casa +señorita Guichard." + +Sin embargo, encerrado en el estudio y vuelto del lado de la pared el +boceto trazado por la mañana, Mauricio se puso á trabajar en un cuadro +de género que tenía empezado, y que representaba una joven recién casada +despojándose del velo ayudada por la madrina, mientras otra joven miraba +con curiosidad las alhajas de la canastilla. La composición de esta +escena era agradable. El estudio del vestido blanco, destacándose de un +fondo muy claro, había interesado á Mauricio, que miraba su lienzo con +cierta satisfacción pensando que no estaba mal. De repente, la cabeza +morena de la desposada le desagradó; era una mancha brutal de tinta en +la tierna escala de tonos delicados que había agrupado tan +armoniosamente. Cogió un raspador y de un solo golpe decapitó á la +novia. Entonces, con pincel acariciador rehizo la cabeza cambiando +enteramente su carácter. En lugar de la cara acentuada de su modelo +ordinario, una hermosa muchacha de Batignolles, de ojos negros, pómulos +salientes y labios rojos, surgía poco á poco en el lienzo una dulce y +delicada faz que no era sino el retrato de Herminia, con sus guedejas +rubias, sus ojos azules y su boca sonrosada. Era ella rasgo por rasgo y, +sin embargo, no lo era bastante todavía, según el gusto de Mauricio, +porque dejó la paleta sobre el taburete, arrojó los pinceles con +desaliento y mirando su obra con profunda atención, murmuró: + +--¡Ah! qué lejos estoy de la realidad!... ¡tendría que verla otra vez +para estar completamente seguro de lo que hago!... + +Encendió un cigarrillo, se tendió en un sofá y permaneció arrojando +círculos de humo que subían, formando espirales, hacia el techo del +estudio. Meditaba, sin dejar de seguir en sus evoluciones caprichosas +las bocanadas de humo, mientras que en el fondo de su ánimo se preparaba +sordamente una capitulación de conciencia: + +--Después de todo, mi padrino me ha prohibido que vaya á casa de la +señorita Guichard, pero no á los alrededores de esa casa. No entraré +ciertamente en ella, pero ¿por qué no he de rondarla para tratar de ver +á la gentil sobrina? Se trata sencillamente de un capricho de +artista.... Tengo ya dos cuadros arrinconados por falta de ese parecido +exacto, porque yo no podría nunca ver á mi desposada de otro modo que +con la cara de la encantadora virgen del bordado ... Y sería lástima no +terminar el bonito esbozo que la representa inclinada sobre el +terraplén. ¿Qué mal habría en que tratase de verla?... ¡Bah! ¡Allá voy! + +Y poniéndose en pie empezó á quitarse el batín que usaba en el taller. +Entró en su cuarto; se vistió con mucho esmero para un pintor que va +sencillamente á buscar un apunte, y tomó el camino del bosque. + +Si Roussel estaba alarmado por la carta de Mauricio y si éste +experimentaba hacía dos días una extraña agitación, la señorita Guichard +y Herminia tampoco estaban tranquilas. Después de haberse negado á +recibir al joven, Clementina había reflexionado y el resultado de sus +reflexiones fué la certeza humillante de que había cometido una torpeza. +De este modo Roussel y su enemiga estaban en la misma situación moral +por haber cedido uno y otro á sus primeros impulsos. En cuanto á +Mauricio y Herminia, sus sensaciones y sus aspiraciones eran en un todo +semejantes, pues cada uno de ellos se ocupaba únicamente del otro y +ambos soñaban con la dicha de volverse á ver. + +La señorita Guichard, encerrada en su cuarto, había analizado friamente +la situación creada por la aparición del hijo adoptivo de Roussel en su +vida, y no había podido menos de pensar que esa situación podía ser +fecunda en ventajas, siempre que ella supiese aprovecharla en todo lo +posible. Lo menos que podía obtener era sembrar la discordia y alterar +las relaciones del pupilo y del tutor. Bastaba para esto aparecer como +una buena señora, halagar al joven, atraerle, hablarle de Roussel con +respeto y de este modo, lo malo que Fortunato diría seguramente de ella +sería considerado como prueba de la más injusta malquerencia. Y +precisamente había adoptado, desde el primer momento, la línea de +conducta más opuesta. Había tratado duramente á Mauricio, le había hecho +despedir por su criado y, en fin, se había conducido al contrario de lo +que exigía el sentido común. Si el joven tenía más orgullo que +agradecimiento, no volvería y todo habría terminado. ¡Qué hermosa +ocasión perdida de asestar un golpe certero á aquel monstruo de +Fortunato! + +Herminia, muy inocentemente, pensaba en Mauricio, porque le había visto +al principio muy enfermo y, al marcharse, muy interesante, y después muy +sano y mucho más interesante aún. Tenía en el oído el sonido de su voz, +y la mirada límpida, franca y ¡tan dulce! que le había dirigido, había +penetrado hasta su alma. Habiéndose negado su tía á recibirle, era lo +más probable que no le viese más y esto le producía una tristeza +inexplicable. Por primera vez sintió una especie de pesadez, que la +oprimía el corazón y no podía definir con precisión si era alegría ó +pena lo que experimentaba. Pero era, eso sí, una sensación muy fuerte +que le parecía que había de durar toda su vida. + +Como por casualidad había descubierto un banco en el terraplén, no en el +sitio en que ella se encontraba cuando Mauricio pasó por el +camino,--allí estaba demasiado en evidencia,--sino al extremo de la +tapia y detrás de un vallado. Desde aquel sitio, se veía sin ser visto, +á todo el que pasara, á menos de poner un poco de su parte, con buena +voluntad, é inclinarse como para coger las clemátides que tapizaban el +muro y pendían hacia fuera. Pero Herminia no pensaba inclinarse, sino +ver, y esto era ya en ella muy extraordinario. + +Pasó las primeras horas del día con la señorita Guichard y á eso de las +tres se dirigió al terraplén. Allí, sentada en el banco de piedra, con +la labor sobre la falda, se asemejaba á la Virgen del bordado, como +decía Mauricio. No trabajaba gran cosa y pensaba ... pensaba más que +había pensado desde su nacimiento. Esperaba que vendría la persona por +la cual se había apostado en observación; puesto que ella había tenido +la idea de acechar su paso, le parecía muy natural que á él le hubiese +ocurrido la de pasar. + +Al cabo de una hora, Herminia no había hecho progresar gran cosa su +bordado, pero había dirigido muchas miradas por encima del muro. +Empezaba á impacientarse y á dirigir mentalmente acusaciones á Mauricio, +cuando, al sonar la hora en la iglesia del pueblo, se oyó un paso ligero +que rompía el pesado silencio de la calleja. El que se aproximaba no +venía por la plaza, sino por detrás de Herminia, del lado del bosque. La +joven pensó: "¿Seré tonta? ¿Cómo podía haber atravesado todo el país? Es +mucho más prudente en él llegar á la quinta por caminos solitarios." + +Los pasos se aproximaban. La joven, en su banco, estaba enteramente +oculta y no tenía que hacer sino permanecer sentada para que Mauricio +pasase sin verla; ¿fué una emoción repentina? ¿fué el deseo de ver mejor +al que pasaba, ó fué cualquiera otra la razón de que se levantase? Ello +fué que estando el joven pintor examinando con cuidado el muro, un +ligero ruido de ramaje llegó á sus oídos. Retrocedió prontamente algunos +pasos y, alargándose su perspectiva, descubrió á la sobrina de la +señorita Guichard en su nido de verdes hojas. + +Como la víspera, la saludó sonriendo y dirigiéndose á ella como si +fuese una antigua conocida, dijo: + +--¿Seré hoy más dichoso que ayer y podré llegar hasta la señorita +Guichard? + +Herminia juntó las manos y dirigió á Mauricio una mirada suplicante. + +--Hable usted más bajo, se lo suplico ... ¡Si nos oyeran, sería +terrible! + +--¿Por qué? + +--Porque desde que usted entró en esta casa, el carácter de mi tía ha +cambiado por completo. Está inquieta, atormentada.... + +--¡Ella también!, exclamó impensadamente Mauricio. + +--¿Cómo ella también? Acaso por parte de usted.... + +--¡Oh! no: me he equivocado al decir esto. Continúe usted; se lo +suplico.... + +--Existe, por fuerza, entre mi tía y usted, ó alguno que le toque de +cerca, una diferencia grave y que yo ignoro. + +--¡Y yo también! + +--¡Ah! ¿Ve usted como hay algo? + +--Es verdad; hay algo, pero ¿qué? + +--Entonces, ¿no se trata de usted? + +--Hace tres días, no conocía á la señorita Guichard. + +--¿Luego no es usted el culpable? ¡Tanto mejor! + +--¡ El culpable!, exclamó Mauricio; pero, señorita, esté usted segura de +que la persona que yo supongo que está en desacuerdo con su tía de usted +no tiene ciertamente nada de qué acusarse.... + +--¡Mi tía tampoco! + +--Hace usted muy bien en defenderla.... Pero lo único claro en todo esto +es que soy víctima de una hostilidad á la que en modo alguno he +contribuído; que encuentro cerrada la puerta de esta casa y que si no +tuviera la fortuna de hablar con usted.... + +--Por encima de la tapia, ¡lo que está muy mal hecho! + +--No hubiera sabido siquiera porqué he sido despedido tan +deliberadamente por la señorita Guichard ... con harto sentimiento mío, +porque tengo un placer infinito en ver á usted y en oirla. + +Herminia comprendió que la conversación tomaba un giro que podía llegar +prontamente á ser peligroso, y dijo, adoptando un aire grave: + +--Dispense usted, señor mío; he respondido á usted acerca de los puntos +que le interesaban.... Creo que no tenemos nada más que decirnos. + +--¡Cómo! ¡Nada que decirnos!, exclamó con vehemencia Mauricio. Apenas +hemos cambiado diez palabras y tenemos que esclarecerlo todo.... Porque +es imposible que nuestras familias permanezcan enojadas ... Á nosotros +corresponde reconciliarlas.... ¿No quiere usted? + +--¡De todo corazón! + +--Al menos, debemos conocer las causas de sus diferencias ... Usted +parece mejor informada que yo.... + +--No, señor. + +--Entonces, ¿quién nos dirá la verdad? + +--¡Yo!, dijo detrás de los jóvenes una robusta voz. Y al mismo tiempo la +señorita Guichard, surgiendo de la espesura desde donde escuchaba hacía +un momento á Mauricio y á Herminia, apareció majestuosa y terrible. + +--¡Mi tía!, exclamó Herminia aterrada. Y levantando los brazos con +ademán desesperado, tomó la fuga y desapareció, ligera como una corza, +por el extremo de la alameda. + +Mauricio, esforzándose en aparecer tranquilo, quedó solo en presencia de +la señorita Guichard. Sin embargo, se creía algo en ridículo, al pie del +muro y con el sombrero en la mano, y pensaba: "Debo parecer un mendigo +pidiendo limosna" ... Pero tuvo una agradable sorpresa. + +--Puesto que usted, caballero, tiene curiosidad de saber lo que nos +tiene divididos al señor Roussel y á mí, va usted á oírlo. Más para tal +confidencia el sitio me parece incómodo, aunque sea usted quien le ha +elegido. Tenga, pues, la bondad de seguir la tapia hasta la verja y allí +me encontrará usted para abrírsela. + +Y con la mano le indicó la dirección que debía tomar, aunque él la +conocía muy bien, y descendió del terraplén. Al dirigirse hacia la +verja, Clementina se preguntaba: "¿Qué hará? He visto en su mirada la +idea de huir y no volver. Si se marcha, se acabó el episodio; no le +volveré á ver jamás. Si viene ... ¡entonces, nos veremos, señor Roussel! +Es tu bien más querido, y voy á tratar de quitártelo." + +Mauricio, andando por el camino, pensaba: "Mi tutor me ha prohibido +entrar en su casa y verla y me veo obligado á desobedecerle. Si emprendo +la carrera y huyo sin tambores ni trompetas, no obraré con política, +aunque sí, acaso, con prudencia. Pero de este modo quedaría en ridículo +... ¿Qué pensaría de mí la Virgen del bordado? Me tomaría por un lacayo, +por un don Juan de villorrio, que intenta emprender intrigas con las +jóvenes por encima de las tapias, y no la volvería á ver! ¡Vamos, pues! +Á mal tiempo, buena cara. Salgamos de este mal paso lo más correctamente +que sea posible." + +Al llegar Mauricio á la verja, se abrió el postigo y la señorita +Guichard, muy amable, dijo: + +--Entre usted. Le encuentro con mejor salud que la primera vez, por lo +que me felicito. + +--Y yo se lo agradezco á usted, porque á sus buenos cuidados lo debo, +señora.... + +--Llámeme usted "señorita" dijo Clementina con aire majestuoso. + +--Pues bien, señorita, acentuó Mauricio, usted ha sido tan buena, para +mí.... + +--Y no lo siento, dijo Clementina, admitiendo el elogio, aunque usted +sea singularmente emprendedor y merezca severas reprensiones ... ¿Es el +señor Roussel quien le ha enseñado á hablar con las jóvenes sin el +consentimiento de sus padres?... + +--El señor Roussel no me ha dado más que buenos ejemplos, dijo +dulcemente Mauricio, y confieso que si él me hubiera encontrado donde +estaba hace un momento, hubiera sido, sin duda, menos indulgente que +usted.... + +--¿Porque se trataba de mi sobrina? + +--Porque se trataba de una señorita, á las cuales él me ha enseñado que +se debe respetar infinitamente. + +--Vamos, pues ... Puesto que usted mismo se acusa ... yo estoy +desarmada. + +--Contra mí, dijo Mauricio sonriendo; pero contra mi tutor.... + +--¡Él! Eso es otra cosa ... Yo tengo el deber de defenderme. + +--Pero, ¿es usted atacada? + +Hablando así, habían entrado bajo el emparrado, y se sentaron. + +--¡Atacada! replicó la señorita Guichard. Hace veinte años no he dejado +de serlo ... Puedo decir que las únicas penas de mi vida han venido del +señor Roussel. + +--Señorita, dijo Mauricio con estupor, no puedo suponer que usted me +engañe, ... y sin embargo, lo que me está contando es tan extraño, tan +inverosímil ... Hace veinte años que estoy al lado del señor Roussel y +es esta la primera vez que oigo hablar de tales disensiones. Mi tutor no +me ha dicho jamás una sola palabra y nada indicaba en su actitud un +hombre turbado por las combinaciones de una guerra intestina ... Sí, su +espíritu estaba libre.... + +--¿ Cree usted que Herminia.... + +--¡Ah! su sobrina de usted se llama Herminia?... interrumpió Mauricio. + +--Sí, señor ... ¿Cree usted que esta niña ha podido sospechar algo? La +he ocultado cuidadosamente mis tristezas y mis temores, como el señor +Roussel disimulaba delante de usted sus agitaciones.... + +--Pero, Dios mío, señorita, ¿por qué esa hostilidad? ¿Qué son ustedes +el uno para el otro? + +--Somos primos hermanos y hemos estado para casarnos. + +Mauricio no encontró una sola palabra que responder. En su pensamiento, +asociaba la sonriente bondad de Roussel con la sequedad angulosa de la +señorita Guichard y no se daba cuenta de la posibilidad de una unión +entre estos dos seres tan poco á propósito para entenderse. En verdad, +comprendía que se hubiesen repelido, como los elementos afines de la +electricidad, y adivinaba qué sacudidas habían debido producir esas +corrientes encontradas. + +Clementina, viéndole absorto, continuó sus explicaciones, en las que +siempre se adjudicaba la mejor parte. Pintó su corazón herido por el +abandono de un hombre á quien amaba y á quien su tío la había destinado +desde la infancia. No habló de sus pretensiones, de sus calumnias, de +sus maldades ni de toda aquella guerra de alfilerazos que había hecho al +pobre Roussel. No; la víctima era ella; inocente y dulce criatura +abandonada por un prometido infiel é ingrato. Se mostró llorosa como +Dido después de la partida del hijo de Anquises; pero ella no había +subido ¡ay! á la pira fatal, sino que había consumido su vida en las +penas. Una reclusión completa había sido la consecuencia de la cruel +decepción experimentada. Había renunciado al mundo y llorando su perdido +porvenir se había consagrado á la educación de Herminia, su hija +adoptiva, que era la sola alegría de su soledad. + +Escuchando á la señorita Guichard, Mauricio pensaba: "¿Será posible que +mi tutor se haya mostrado tan duro con esta pobre mujer? ¡Cómo! +¿tiernamente amado, la abandonó? ¡Quién pensara, al verle ahora con su +cara rubicunda y sus cabellos blancos, que en otro tiempo había hecho +desgraciadas! No era muy seductora su prima Clementina ... pero, después +de todo, la palabra es palabra. Si esta mujer me contase la verdad ... +¿Y cómo no? el telegrama enviado desde Liverpool, prohibiéndome volver á +casa de la señorita Guichard, prueba la aversión que mi tutor dedica á +su exprometida ... ¿Qué habrá pasado entre ellos? ¿Y por qué, sobre +todo, no me ha hecho jamás la menor alusión á todas estas historias? +¿Será eso una prueba de que es suya la falta? ¡Sería entonces la única +de su vida!" + +Esta disculpa en favor de su tutor alivió á Mauricio, que hacía un +momento se estaba haciendo aliado de Clementina y no bastante defensor +de su padre adoptivo. Clementina decía: + +--Usted juzgará de mi emoción cuando esta carta caída de su bolsillo y +que está firmada por el señor Roussel, me reveló quién era usted.... + +--¿Luego usted me conocía? preguntó ligeramente Mauricio. + +--La naciente celebridad de usted no me permitía ignorar su nombre. + +--El pintor se inclinó ruborizándose. + +--Lo poco que yo valgo se lo debo al señor Roussel. + +--¡Tiene tanto gusto y tan admirable inteligencia! exclamó Clementina +con una admirable hipocresía. ¡Ah, señor! Era muy seductor, cuando +joven; ¿cómo no había de agradar? Yo no quiero que mi sobrina sea tan +desgraciada como yo ... Ahora que nos hemos explicado, no vuelva usted +más, caballero ... Todo nos separa.... + +--Pero, señorita ... dijo Mauricio en tono de protesta y muy molestado. + +--¡Oh! no se defienda usted ... Es encantadora y sé lo que usted piensa +de ella. Les escuchaba hace un momento cuando usted la hablaba al pie +del terraplén. Todas las dulzuras que usted la dedicaba me recordaban +los artificios en que yo misma me dejé coger!... Si usted ama á +Herminia, pierde el cariño de su tutor ... Vea, pues, si no es mejor que +no vuelva usted jamás.... + +--Déjeme usted al menos hablarle ... explicarle.... dijo Mauricio con +calor, sin observar que, muy diestramente, le acababan de entregar +Herminia. + +--¡No, nada, no vuelva usted! Es usted un amable joven y si ella le +volviese á ver, ¡sabe Dios lo que podría suceder á esta niña, de corazón +tan sencillo y tan puro!... + +--Pero, señorita, mi tutor tiene por mí una intensa afección y estoy +seguro de que conseguiría vencer sus prevenciones.... + +--¿Usted lo cree? ¿Es usted un hombre honrado? + +--¿Y puede usted dudarlo? + +--No lo dudo y la prueba es que le autorizo para quedarse ... ¡Qué +dicha, el poder acogerle sin desconfianza! Usted me agradó desde el +primer momento ... No diga usted ni una palabra á Herminia ... No le +permito hacerle la corte sin que el señor Roussel haya dado su +consentimiento.... Pero comerá usted con nosotras y observará que no +somos tan malas personas.... ¡Herminia! + +La Virgen del bordado, viendo que la conversación se prolongaba y +devorada por la curiosidad, había tomado el partido de dejar ver el +extremo de su traje blanco por el otro lado del vallado. Á la llamada de +su tía, se acercó llena de emoción y por eso mismo más encantadora ... +Y Mauricio, perdiendo en su presencia la poca resolución que le quedaba, +olvidó las órdenes de su tutor y entró en aquella casa de la que hubiera +debido huir. + +Al día siguiente, Mauricio tuvo ocasión de acabar el cuadro y el boceto, +porque tenía en el pensamiento, clara y precisa, la deliciosa cara de +Herminia. Trabajó todo el día con ardor, pero sin alegría, porque, en el +fondo, estaba descontento de sí mismo. "¿Cómo explicar á mi tutor lo que +ha pasado? se decía; y ¿cómo va á tomar mi desobediencia? ¡Ah! si +conociese á Herminia, me comprendería y me disculparía! Pero no conoce +más que á la señorita Guichard y es fuerza confesar que no es lo mismo +... Y, sin embargo, no es mala esa mujer. Lo peor que tiene es aquel +aire tan hombruno; ... eso será lo que habrá alejado á mi tutor. Y, +¡diablo! ¡él era un buen mozo cuando joven, á juzgar por sus retratos, y +el rompimiento debió ser penoso para la tierna Clementina, que le +quería!... ¡Oh!, de veras. Mi tutor creía que en esa casa me hablarían +mal de él y esto le contrariaba. ¡Como si todo cuanto pudieran decirme +fuese á hacerme olvidar sus bondades! Aunque fuera un monstruo, no por +eso habría dejado de ser mi segundo padre. + +Por la noche, la soledad de la casa y el silencio del campo le +fastidiaron y se fué á París. Entró en un teatro; encontró insípida la +obra que se representaba, á pesar de que llevaba doscientas +representaciones, y volvió á Montretout en el último tren. Dormía +profundamente por la mañana, cuando la puerta de su cuarto se abrió +bruscamente y entró el señor Roussel diciendo: + +--¡Soy yo! ¡Cómo, perezoso! ¿estás todavía en la cama? Ven á abrazarme. + +Mauricio no se lo hizo repetir. Saltó al suelo y estrechó á su tutor +entre sus brazos. + +--Vamos; vístete, dijo Fortunato; vas á coger frío. + +--Pero, ¿cómo es que llega usted tan de mañana? + +--Tomé el vapor ayer por la tarde; he corrido toda la noche en +ferrocarril y aquí estoy. + +--Pero debe usted estar muy cansado.... + +--Nada, absolutamente. Hablemos de ti. + +Durante este tiempo, Mauricio se había vestido. + +--Pasemos á tu estudio y estaremos mejor que aquí, dijo Roussel. + +Cogió al joven por el brazo, apretándoselo tiernamente, dichoso por +tenerle allí, como si hubiera abrigado el temor secreto de no +encontrarle en su casa al volver. Llegados al estudio, se sentó, sin +haber examinado los lienzos puestos en el caballete, como tenía por +costumbre, y dijo, mirando á su hijo adoptivo: + +--Cuéntame con detalles tu accidente y tus aventuras con la señorita +Guichard. + +--El accidente es de los más sencillos y de los más estúpidos ... +Imagine usted que fuí cogido en una calleja por una cabalgata de +horteras y atropellado antes de haber podido guarecerme.... Tenía la +frente contusionada y dislocado un hombro, cuando el jardinero de la +señorita Guichard me vió sin conocimiento en medio del camino.... La +señorita Guichard me hizo transportar á su casa y me cuidó perfectamente +... No hay más. + +--¡No hay más!, murmuró Roussel en tono de sospecha. + +--¡Nada! + +--Entonces ¿has visto al monstruo mismo? + +--Un monstruo nada feroz, dijo Mauricio riendo. + +--¡Diablo! ¿Cómo te las has compuesto?... Pero, sin duda, ella no te +conocía cuando te acogió é ignoraba el vínculo que nos une. + +--Es verdad que, en cuanto lo supo, su actitud cambió completamente. + +--¡Ah! ¿Lo ves? exclamó Roussel triunfante. + +--Sí; pero si cesó de venir á mi cuarto, siguió teniéndome en su casa y +sus atenciones, dignas de todo agradecimiento, no se interrumpieron.... +Acaso permaneció alejada por delicadeza. + +--¿Por delicadeza? ¡Ah! Decididamente, no la conoces. Sería menos +peligroso tratar de aprisionar leones ó tigres, que vivir en buena +inteligencia con ella ... ¡Oh! ya veo que se ha hecho de miel contigo; +cuando quiere, sabe ser amable.... pero eso es imposible que dure ... yo +lo sé bien.... He tratado de domarla durante seis semanas y tuve que +apelar á la fuga ... ¿Te habrá dicho que soy un bandido, eh? + +--Todo lo contrario. Me ha contado que le había amado á usted mucho ... +Y por su actitud, por el tono con que me hablaba, juraría que aún.... + +--¡Calla, desgraciado! interrumpió Fortunato con un ademán de horror. +Gracias á Dios esto libre de ella y el diablo mismo no me haría ponerme +voluntariamente en su presencia ... ¡Calla! ¿has cambiado la cabeza de +tu desposada? + +Roussel, paseándose de arriba abajo, en la agitación que le producían +aquellos recuerdos, se había detenido delante del cuadro empezado por +Mauricio antes de su partida y miraba con atención la figura que +representaba á Herminia. + +--Sí, dijo Mauricio; me ha parecido que el rubio estaba mejor en la +escala de los colores: el moreno resultaba brutal. + +--La fisonomía es encantadora. ¿De qué modelo te has servido? + +--De ninguno: está hecho de imaginación.... + +--¡Ah! Pues no es esa tu costumbre.... + +Se calló. Acababa de ver el estudio de la virgen del bordado y le +examinaba con aire cuidadoso. De una ojeada había reconocido el +terraplén de la quinta del tío Guichard, en el que había jugado durante +toda su infancia. Y en aquella joven inclinada hacia la callejuela y +rodeada de follaje, volvía á encontrar á la desposada cuya cara había +cambiado Mauricio por un repentino capricho. ¡Una extraña coincidencia, +verdaderamente, y muy á propósito para alarmar á Roussel! Éste +permanecía delante del lienzo, no atreviéndose á volverse por no mostrar +á su hijo adoptivo su cara sombría, pero viendo, sin embargo, que era +necesaria una explicación. Por fin, se armó de valor, y dijo: + +--¿Es nuevo este boceto? + +--Sí, padrino; he emprendido este cuadrito después que usted se marchó. + +--Es la misma cabeza de la desposada ... ¿También de imaginación?... + +Levantó la frente y clavó su mirada en los ojos de Mauricio. El joven se +sonrojó un poco y dijo sencillamente: + +--No he mentido á usted nunca y no he de empezar á mi edad ... Esta +cara es la de la sobrina de la señorita Guichard. + +--¿Ha venido aquí? preguntó Roussel con violenta angustia; ¿la has hecho +entrar en mi casa? + +--No; no ha venido; he hecho este retrato de memoria.... + +--¡De memoria! repitió Fortunato moviendo la cabeza. ¿Cuántas veces la +has visto entonces? + +--Dos veces. + +--¿Dónde? + +--La primera en el terraplén, tal como usted la ve en este boceto ... Su +graciosa silueta me pareció que encuadraba bonitamente en el follaje.... +Había en esto un precioso asunto ... La pinté de memoria y después, como +la cabeza no me satisfacía.... + +--¡Has vuelto! + +--Sí, padrino; y esta vez, estando hablándola, fuí sorprendido por la +señorita Guichard.... + +--Que te echó una reprimenda ... Yo en su lugar.... + +--Nada de eso; que me rogó que entrase, se explicó muy cordialmente +conmigo, me acogió con gran benevolencia ... y después.... + +--¿Y después? repitió Fortunato estremeciéndose. + +--Y después, me hizo quedarme á comer. + +--¿Has comido en su casa? + +--Antes de ayer. + +--No te ha hablado mal de mí; te ha acogido con benevolencia y te ha +convidado á comer, resumió Roussel ... ¡Ah! Hijo mío, todo esto es más +grave de lo que había previsto. Veamos; vamos á poner los puntos sobre +las íes, porque va en ello mi tranquilidad presente y tu seguridad en el +porvenir. Dímelo todo, como á un padre.... Esa joven ... encantadora si +es como tú la has pintado ... ¡Ay! sé muy bien cómo logras los parecidos +... esa joven ... ¿te ha gustado? + +--¡Oh! sí, mi querido padrino, exclamó Mauricio con fuego. Si usted +supiera hasta qué punto es bonita, dulce, sencilla.... + +--¡Eh! todo lo que tú quieras ... un ángel. + +--Un ángel, sí, padrino.... + +--¡Pero tiene el diablo á su lado! ¡Y no tendrás el ángel sin verte +obligado á cargar también con el diablo!... ¡Ah! querido hijo mío, tú +sabes cuánto te quiero y cómo te lo he probado desde hace veinte años. +Debes estar convencido de que si sólo se tratase de sacrificar mi reposo +á tu dicha, no dudaría ... Pero tener á Clementina por suegra ... +¡porque sería tu suegra! no habría en el infierno suplicio semejante. +Hay que haberla conocido joven para sospechar lo que debe ser ahora que +es vieja. Y su plan lo adivino ahora como si lo estuviera viendo ... +Quiere robarme tu cariño ... Ha puesto á su sobrina como un cebo para +cogerte en sus redes ... Sí, ya sé lo que me vas á decir; la sobrina es +encantadora ... ¡Al casarse con una joven, no se casa uno con su madre y +mucho menos con su tía! Pero estoy seguro de que Clementina tomaría sus +precauciones, que se impondría á la joven pareja ... ¿qué digo? que la +secuestraría y exigiría al marido que jurase vivir con ella ... Este es +el secreto de su buena acogida.... Ha visto en ti el yerno ideal ... Un +muchacho guapo, bien educado, rico y ya célebre y como remate mi hijo +adoptivo ... Su sueño es apoderarse de ti para que yo quede solo, á mi +edad, y me muera de pena en mi rincón, como un pobre perro abandonado. + +Y hablando así el buen Fortunato se había enternecido. Su voz se perdió +en un sollozo y las lágrimas rodaron por sus mejillas. Ante esta pena +tan sincera del hombre que le había educado, Mauricio se abandonó á su +emoción: se abalanzó á Roussel, le estrechó entre sus brazos, le obligó +á sentarse en una butaca, se colocó en un taburete cerca de él, le cogió +la mano y, llorando también, dijo: + +--Basta, mi querido padrino; ni una palabra más ... Usted no me conoce +... ¡yo, abandonarle! ¡Dejarle acabar su vida, que espero será todavía +muy larga, sin aprovechar la dicha de su continua presencia! ¿Cómo ha +podido usted pensarlo? ¡Preferiría renunciar á todas las mujeres de la +tierra, mejor que causar á usted una pena ... Usted llora, mi bueno y +único amigo, por mi causa.... Es la primera vez y será la última ... +Tranquilícese usted; jamás haré nada que le atormente ni que siquiera le +disguste; sería un ente desnaturalizado si pensase en otra cosa que en +complacerle. Los hijos deben obediencia á sus padres y usted es aún más +que un padre para mí, porque no es la naturaleza la que le ha hecho +serlo, sino su voluntad.... Yo soy su hechura moral ... No creo que haya +en el mundo lazos más fuertes que los de mi cariño y mi +reconocimiento.... + +Roussel lloraba todavía, pero al mismo tiempo se sentía dichoso, porque +veía la sinceridad con que hablaba Mauricio. Le abrazó con efusión y ya +ruborizado, el buen señor, por el egoísmo con que aceptaba la renuncia +de su querido hijo: + +--Casi no la conoces, exclamó, y olvidarás fácilmente á esa joven ... +¡Bah! Ya buscaremos otra, aun más bonita y que no dependa de la atroz +Clementina ... Si tú supieras.... + +--No quiero saber nada; creo á usted bajo su palabra. + +--¡Ah! eres un buen muchacho, dijo Fortunato con efusión, y en este +momento me pagas veinte años de ternura.... + +--Entonces, no se hable más del asunto, contestó Mauricio con afectada +calma y que se borre hasta el recuerdo de esta aventura. + +Roussel y Mauricio volvieron á emprender su plan de vida ordinario, en +apariencia al menos, porque, en realidad se había producido entre ellos +una causa de molestia. El pintor no buscaba, como en otro tiempo, la +presencia de su padrino, é, instintivamente, Fortunato estaba retraído. +No podían hablarse sin reticencias y se veían obligados á reflexionar, +antes de emprender una conversación, á fin de asegurarse de que no había +de descarrilar del asunto principal, en desenvolvimientos peligrosos. +Ocupados incesantemente en dominarse, afectaban una tranquilidad que +estaba muy lejos de sus espíritus. No se atrevían á dirigirse mutuas +preguntas y se espiaban, temiendo sorprender en sus fisonomías la huella +de una inquietud, la prueba de una pena. Hubieran querido convencerse de +que habían renunciado, Roussel á sus prevenciones y Mauricio á su +amor.... Pero sabían que esto era imposible y ambos sufrían. Estos dos +seres que habían vivido tanto tiempo en una deliciosa intimidad, no se +veían ahora más que á las horas en que les era imposible evitarse; por +la mañana en el almuerzo y por la tarde durante la comida y de +sobremesa, y aun entonces estaban juntos con alguna inquietud. De este +modo, Clementina había conseguido introducir la turbación en casa de su +enemigo y envenenar su tranquila felicidad. + + + + +CAPÍTULO IV + + +EL ATAQUE Y LA DEFENSA. + +Durante quince días Roussel sufrió valerosamente esta situación tan +nueva y tan penosa. Pensaba: "Es el primer momento; esto pasará. Un +nuevo capricho seguirá al actual y ya no habrá cuestión. Podremos +entonces respirar, lejos de la horrible Clementina, y vivir en paz." +Pero sus esperanzas optimistas no se realizaron. ¿Era que Mauricio +estaba más seriamente enamorado que lo que había dicho? ¿Era que la +violencia hecha á sus sentimientos había aumentado su fuerza en vez de +disminuirla? Mauricio cambiaba mucho, física y moralmente. Él, que era +la actividad misma, pasaba días enteros tendido en el diván de su +estudio, fumando cigarrillos. No cogía un pincel. El boceto de la +_Virgen del bordado_ y el cuadro de los _Desposados_ estaban vueltos +hacia la pared. Tenía en completo abandono los estudios empezados para +la decoración de la sala de actos de la alcaldía de Saint-Denis; +importante trabajo obtenido en buena lid, en un concurso en el que tuvo +por antagonistas á los más célebres pintores. Nada le interesaba. Estaba +sufriendo una crisis de desaliento y de disgusto. + +Por la primera vez en su vida, Roussel le veía de este modo, lo que le +alarmaba seriamente. Disimulaba, sin embargo y no lo interrogaba, +temiendo una respuesta que abriese de nuevo el debate. Esperaba todavía +que "aquello pasara", pero veía que no "pasaba" jamás. + +Por las tardes Mauricio salía solo con frecuencia. Las primeras veces, +Roussel le había preguntado: "¿Adónde vas?" y el joven le había enseñado +un álbum, y respondido: "Voy á buscar apuntes ..." Y no había invitado á +su tutor á que le acompañase y hasta, pareciendo temer que éste se lo +propusiera, casi se había escapado. Roussel no había repetido la +pregunta; pero un día en que el álbum de los croquis estaba sobre una +mesa, en ausencia del pintor, había levantado la cubierta, recorrido las +hojas y adquirido la certeza de que todas estaban inmaculadas. Entonces, +¿en qué pasaba Mauricio los días? ¿Habría faltado á su promesa y vuelto +á casa de la señorita Guichard? Roussel no lo sospechó siquiera; sabía +que era incapaz de faltar á un compromiso. Y sin embargo, ¿qué hacía? + +Resolvió seguirle, y una tarde en que Mauricio había salido por el +camino de Saint-Cloud con el famoso álbum de las hojas en blanco, +Fortunato se dispuso á ir de lejos en su seguimiento. Pudo sin +dificultad no perderle de vista, porque el joven marchaba sin +desconfianza. Ni una sola vez se volvió y en el camino polvoriento, su +silueta se destacaba visible á quinientos pasos de distancia. Volvió +hacia la derecha; tomó un sendero de travesía que conducía al bosque y +una vez llegado á la espesura, se sentó, con el álbum sobre las rodillas +y permaneció más de una hora sin moverse, como si esperase á alguien, +pero nadie llegó. Salió de su abstracción y á paso lento, siguiendo su +paseo, se dirigió hacia la Celle-Saint-Cloud. + +Fortunato se estremeció. ¿Se habría engañado? ¿Sería capaz Mauricio de +tanto disimulo? ¡Qué! ¿iría á casa de la señorita Guichard? ¡No! +imposible. Y, sin embargo, tomaba una dirección nada dudosa hacia una +plazoleta en la que desembocaba la callejuela donde el joven había sido +atropellado. Pero Mauricio, en vez de apretar el paso, como aquel á +quien se espera, le acortaba. Dobló la esquina de la calleja y allí se +detuvo su tutor. Mauricio avanzó hasta que pudo descubrir el terraplén +de la quinta y allí, oculto detrás de una espesura de madreselvas que +brotaban en la cerca de un jardín, esperó. + +Desde su puesto de observación, Roussel le veía mirar con insistencia +hacia la finca de la señorita Guichard. Y hasta le veía la cara lo +bastante para notar su profunda tristeza. ¿Esto era, pues, el objeto de +sus paseos misteriosos? Venía á contemplar el sitio donde había visto +por primera vez á Herminia. Esperaba verla de lejos si pasaba por la +alameda de las ramas colgantes. Acaso ella se mostrase tan triste como +él y entonces, esa identidad de sentimientos sería un alivio para su +pena. Y el curtido corazón de Fortunato se apretó al recibir esta prueba +de la pena efectiva y devoradora del hijo á quien amaba tan tiernamente. + +Una gran melancolía se apoderó de él. Presintió que estaba destinado al +más cruel de los sacrificios; el de la tranquilidad de sus últimos días. +Vió que no podría dudar entre su dolor y el de Mauricio. Estimó que no +era justo aceptar el sufrimiento de aquella juventud como precio de la +quietud de su vejez. No había igualdad entre la vida del uno, en su +aurora, y la del otro, en su ocaso. Por último, temió que Mauricio le +juzgase egoísta y tuviese de Clementina mejor opinión que de él y quiso +demostrar la diferencia que había entre ellos y hacer apreciar su +abnegación comparada con la inflexibilidad de la señorita Guichard. + +Mauricio dejó su sitio lentamente y como á disgusto. Aquel día Herminia +no había aparecido en el jardín. Tomó de nuevo el camino del bosque, con +la cabeza baja y al llegar á la plazoleta, arrojó un grito ahogado y +palideció: su tutor estaba delante de él. El anciano estaba grave y un +poco pálido, pero su fisonomía y su actitud no acusaban enfado alguno. +Viendo á Mauricio perplejo, se adelantó sin hablar, le cogió +afectuosamente el brazo y marchó á su lado en dirección á Montretout. + +Después de algunos minutos de silencio, levantó la cabeza, miró á su +hijo adoptivo con dulzura y dijo con voz enternecida: + +--Así pues, hijo mío; ¿_eso_ es más fuerte que tú? ¿Es absolutamente +preciso que la vuelvas á ver? + +Á estas palabras tan afectuosas, tan verdaderamente paternales, +Mauricio, conmovido, balbuceó con voz alterada: + +--¡Oh! mi querido padrino, perdóneme usted, pero ¡es tanta mi pena!... + +--Vamos, hijo mío; has hecho lo que has podido, bien lo veo; á mí me +toca hacer el resto. + +--¡Padrino mío!... + +--¿Acaso has creído que te he criado como lo he hecho, durante veinte +años, para cambiar de repente, el mejor día, y hacerte desgraciado? ¡No, +no! Te quiero para ti mismo y no para mí y no puedo soportar la idea de +que alimentas una pena que una palabra mía puede disipar. + +--¡Oh! pero yo no aceptaré que usted tenga el menor disgusto por mi +causa, interrumpió Mauricio con energía. Soy un cobarde por no haber +sabido soportar mejor esta decepción. Pero yo daré buena cuenta de mi +debilidad ... Hace mucho tiempo que estoy proyectando un viaje á España +... Partiré ... partiremos juntos. + +--¡No!, dijo tristemente Roussel; porque llevarías contigo el recuerdo +de Herminia y serías aún más desgraciado estando lejos de ella ... Y yo +tendría la doble tristeza de verte sufrir y de pensar que sufrías por +ser yo un egoísta ... Lo que me impedía dejarte en libertad de amar á +esa muchacha, que es sin duda adorable y buena.... + +--¡Ah! mi querido padrino; si usted hablase con ella solamente un cuarto +de hora, estaría usted seguro de ello. La dulzura de su voz, la gracia +de su mirada, todo atestigua un corazón exquisito. + +--Yo creo que si tú te has puesto á amarla tan deprisa y tan fuerte, +dijo Fortunato sonriendo, es que tiene un encanto irresistible. + +--Y con todo eso, es tan modesta, tan bien educada.... + +--¡Oh! no se parece á Clementina ... Pero te decía que me había +contenido el temor de que fueses víctima de la señorita Guichard, como +lo he sido yo ... He pensado mucho en todas estas cosas desde que volví +de mi viaje y he adquirido la certidumbre de que podrás escapar al +peligro. ¿Qué es lo que tú quieres, en suma? Una mujer y no una fortuna. +Y bien; cásate con Herminia, y si la señorita Guichard te atormenta, +coges á tu mujer del brazo y te la llevas. Tú serás siempre +independiente. Así pues si Herminia te ama.... + +--Me amará. + +--¡Debe amarte ya! Pero la señorita Guichard estará, de seguro, furiosa +por no haberte visto desde hace dos semanas. Va á ser preciso jugar mano +á mano con esa buena pieza. ¿Estás dispuesto á seguir el plan que te voy +á trazar? + +--Ciegamente. + +--Pues bien, escucha. Si cometieras la imprudencia de presentarte mañana +en la Celle-Saint-Cloud, con el aire radiante y diciendo á Clementina: +"¡Heme aquí! Mi tutor consiente en que me case con su sobrina de usted; +¿quiere usted concederme su mano?" puedes estar seguro de que te +pondrían en la puerta con todos los honores debidos á tu posición de +hijo adoptivo de un hombre execrado. Será, pues, necesario que te +presentes con cara de contricción y de inquietud, que pidas hablar en +secreto con la señorita Guichard y que cuentes que te he sorprendido +yendo á su casa y que ha habido entre los dos una escena violenta, cuya +conclusión ha sido este _ultimátum_ formulado por mí: romper toda +relación con mi enemiga ó abandonar mi casa. + +--¡Cómo! ¿Será preciso abandonar á usted? + +--Durante el tiempo necesario para las capitulaciones y hasta el +matrimonio. Si Clementina te viese continuar viviendo conmigo, como es +lista, sospecharía alguna astucia y te daría que sentir. La única +probabilidad de éxito que tienes con ella es aparecer enfadado conmigo y +que sea yo el condenado á sufrir. De este modo te acogerá como á un +aliado, porque, es triste decirlo, pero ella no entrega su sobrina á un +buen muchacho capaz de hacerla feliz, sino á un hijo ingrato que pone en +peligro la dicha de mi vida. No protestes; yo sabré, naturalmente, á qué +atenerme y la apariencia de la falta bastará. Tú, continuarás amándome +tanto más cuanto más grande te parezca mi sacrificio. Pero no dejes +sospechar nuestro convenio ni demuestres cariño hacia mí: el día en que +Clementina no vea en ti un instrumento de rencor, te odiará y todo se +habrá perdido. + +--Pero ¿después? + +--¡Oh! Después ... después será cuando empiecen las verdaderas +dificultades. Tendrás que mostrarte lleno de deferencia por la señorita +Guichard. Si no haces causa común con ella contra mí, si confiesas una +reconciliación con tu tutor, el diablo se desencadenará y entonces +sabrás á ciencia cierta lo que es esa señora ... Porque, amigo mío, +ahora no puedes juzgarla ... no la conoces. + +--Es usted tan bueno, dijo Mauricio con alguna indecisión, que me voy á +atrever á dirigirle una pregunta verdaderamente arriesgada ... Llegado +el caso, ¿consentiría usted en reconciliarse con la señorita Guichard? + +--¡Consentiré en todo para hacerte dichoso! Pero no te hagas ilusiones; +es á Clementina á la que habrá que decidir. Yo jamás le he hecho nada +malo, si se exceptúa el no querer llamarme barón de Pontournant y +dejarla para vestir imágenes.... No puedo hacer más que ofrecerme á +estrechar su mano ... Y te doy mi palabra de que tendré ese heroísmo.... + +--Entonces todo saldrá á pedir de boca. Usted exagera su rencor. La +edad ha amortiguado los fuegos de su cólera ... Se ha calmado mucho. + +--Eso me asombra ... El vino gana en sabor al hacerse viejo, pero el +vinagre, por el contrario, aumenta en acidez ... Y la acidez de +Clementina.... Cuando la conozcas, verás lo que es bueno. + +--¡Padrino mío! + +--No; no lo digo para retirar mi promesa. Estoy decidido, pero sé á lo +que me comprometo. Hace veinte años, retrocedí ante el abismo; ahora me +arrojaré á él. ¿No hubo en Roma un ser sublime llamado Curtius que se +echó armado en una sima para apaciguar á los dioses? + +--Sí, padrino mío; ese fué el asunto de mi primer concurso para el +premio de Roma. + +--Pues bien ¡yo imitaré á ese mártir! Pero, cuando esté en el fondo, ¿no +me dejarás solo? + +--Seremos dos para acompañar á usted, para amarle. + +--Entonces, corriente. Dame hoy doble ración de ternura, porque desde +mañana viviremos separados ... ¡Así lo exige la política! + +Habían llegado á la verja de la quinta de Montretout; entraron y pasaron +la velada haciendo proyectos para el porvenir. + +Al día siguiente, como había dispuesto Roussel, Mauricio se presentó en +la Celle-Saint-Cloud y fué recibido sin dificultades. Introducido en el +salón, tuvo que esperar algún tiempo. Sin duda la señorita Guichard +quería tomarse tiempo para pensar lo que iba á decir y acaso también +enseñar á Herminia adornada con elegante sencillez. Sin embargo, la +dueña de la casa apareció sola y avanzó con la frente oscurecida por una +nube. + +--Celebro infinito ver á usted, señor Aubry, dijo con voz bastante +firme. Sin duda ha estado usted enfermo, porque hace quince días que no +sabemos de usted. + +--Dispénseme usted, señorita, pero no he estado enfermo. + +--¡Ah! exclamó Clementina con severidad amenazadora. Entonces habrá +usted estado ausente. + +--No, señorita; he estado en Montretout.... + +--¿Tan cerca?, dijo expresando una áspera ironía. Entonces, ¿qué le ha +impedido á usted venir? + +--He tenido vivos disgustos ... disgustos de familia ... Mi tutor ha +vuelto y.... + +--¿Y qué?... interrogó Clementina, devorada por una ardiente curiosidad. + +--Y se han producido entre nosotros algunas dificultades.... + +--Las palabras salían penosamente de la boca de Mauricio. Era preciso +que amase mucho á Herminia y que su padrino, en el momento de salir, le +hubiese recomendado de nuevo el disimulo, para que se decidiese á mentir +de aquel modo. Pero no le fué necesaria mucha habilidad. En un instante, +la actitud de la señorita Guichard había cambiado. Su violencia +desapareció, las nubes de su frente se disiparon y con la faz radiante, +sonrió á Mauricio como á un amigo. Le tomó la mano, le atrajo hacia ella +en un canapé y exclamó, con los ojos brillantes de alegría: + +--¡Pobre joven! cuénteme usted eso. + +Mauricio contó lo que había convenido con Roussel y pudo comprender en +la triunfante exaltación de Clementina hasta qué punto su padrino le +había dicho la verdad. Sí; el móvil único de la señorita Guichard era su +rencor implacable; todo estaba subordinado en su existencia al deseo de +hacer mal á Fortunato. Era esto tan evidente, tan claro, que á Mauricio +se le pasaron ganas de levantarse y exclamar: "Todo lo que estoy +contando es falso de la cruz á la fecha. Mi padrino es el mejor de los +hombres y antes que causarme la más pequeña pena está dispuesto á +olvidar lo que usted le ha hecho y á reconciliarse con usted." + +Pero no tuvo tiempo. La señorita Guichard se levantó, llamó y dijo al +criado: "Ruegue usted á la señorita Herminia que venga." Esta sencilla +frase borró los escrúpulos de Mauricio. Pensó que iba á ver á la Virgen +del bordado y que podría acabar su boceto del natural. El amor al arte, +su ternura por Herminia; todo iba á ser satisfecho al mismo tiempo. +Bendijo mentalmente al hombre que le proporcionaba todas estas +satisfacciones y juró indemnizarle del esfuerzo que le habría costado el +resignarse. Precisamente la señorita Guichard se volvía hacia él con +complacencia y le decía con énfasis: + +--Olvide usted el mal proceder de un hombre egoísta. Yo le devolveré la +afección que él le retira.... y usted encontrará en mi casa, cerca de +mí, la compensación de sus cuidados.... + +Una última sacudida de su honradez indignada estuvo á punto de +apoderarse de Mauricio ... Ya abría la boca para responder: "No necesito +compensaciones y usted sería incapaz de amar á nadie, ni á su sobrina, +como yo soy amado por mi tutor." + +Pero entró Herminia, rubia, sonrosada, fresca, sonriente; y todo quedó +olvidado. + +El plan formado por Roussel resultaba, por otra parte, en todas sus +partes, y Mauricio, con el egoísmo natural del hombre, gozaba tan +plenamente de su dicha como su padrino tenía el corazón á la vez +satisfecho y desgarrado. Sin embargo, el joven no olvidaba al que se +había sacrificado por él y le escribía largo y tendido todas las tardes +al volver á París, después de haber comido en la Celle-Saint-Cloud, +porque comía todas las tardes con su futura, hasta tal punto temía +Clementina que se le escapase su prisionero. Sus cartas estaban llenas +de noticias sóbrela actitud de Clementina, sobre sus palabras, sobre la +gracia y la bondad de Herminia. Roussel respondía dando instrucciones á +su hijo y recomendándole prudencia y, sobre todo, discreción. Jamás se +permitía una palabra desagradable respecto de su enemiga; nunca una +crítica amarga. Desde el día en que Mauricio fué admitido en casa de la +señorita Guichard, Fortunato pensó, con mucha delicadeza, que convenía +poner en buen lugar ante su pupilo á una mujer con la que iba á estar +unido por estrechos lazos. + +De vez en cuando, cuando se aburría mucho en Montretout, hacía una +escapada á París é iba á sorprender á Mauricio, por la mañana, en su +estudio. Llegaba con la cara radiante y las manos llenas de flores de +sus estufas; abrazaba á su querido hijo, le contemplaba, le acosaba á +preguntas y daba vueltas á su alrededor con inquieta ternura. Pero +prontamente veía que Mauricio no había dejado de quererlo y se iba +dichoso. + +Tomaba precauciones, parque sabía que era espiado. En varias ocasiones +había sorprendido rondando su casa al primo Bobart, el confidente de +Clementina, y hasta le había visto seguirle á París. El darle esquinazo +no había sido más que un juego. Las robustas piernas de Fortunato habían +burlado fácilmente el espionaje del antiguo abogado. Preguntado Mauricio +acerca de este personaje había contado que Bobart iba con mucha +frecuencia á casa de la señorita Guichard. Una vez había llevado consigo +á su hijo, oficial de húsares y aspirante desahuciado á la mano de +Herminia. Pero ni el padre ni el hijo parecían peligrosos. Roussel, sin +embargo, ponía á su pupilo en guardia contra ellos. + +--Mientras no hayas salido de la iglesia con tu mujer del brazo, le +decía, no habrán acabado las dificultades. Y realmente, entonces +empezarán de nuevo. Navegas entre escollos; no lo olvides. No sabes de +lo que es capaz Clementina. Es mujer que por una sospecha puede echarlo +todo á rodar el último día, en la alcaldía misma. Por mucho que +desconfíes, nunca será bastante. + +Mauricio encontraba un poco pueriles tantas precauciones. Había dado un +largo paseo por el jardín con Herminia y sabía que podía contar con +ella por completo, porque también le amaba. Aquellos corazones se +habían entregado al mismo tiempo y no debían separarse jamás. + +Una mañana, al llegar al estudio, Roussel encontró á su hijo más +contento que de costumbre y cuando le preguntó la causa, éste sacó del +bolsillo una carta y se la entregó. Era de Herminia, que llamaba á +Roussel "querido padre," le daba las gracias por su abnegación, le +prometía pagársela con su cariño, y le abrazaba, entretanto, de todo +corazón. El buen señor se enterneció al principio y aseguró que aquella +chiquilla era verdaderamente deliciosa, pero después reflexionó y acabó +por no aprobar que Mauricio la hubiese revelado su táctica. ¡Las mujeres +son tan charlatanas! ¿Podrían estar seguros de que, con la mejor +intención, no cometería Herminia alguna indiscreción, aunque fuese +ligera? Porque si Clementina vislumbraba solamente la verdad.... + +Esta vez Mauricio trató á su tutor de visionario y dijo que exageraba +verdaderamente el carácter de las personas. La misma señorita Guichard +estaba tan contenta con este matrimonio, que si ahora se le descubriese +la buena inteligencia de Mauricio y de su tutor, no cambiaría en nada +sus proyectos. Herminia y él estaban convencidos de que aquella +atmósfera de pura alegría había dulcificado su corazón y de que se +prestaría de buen grado á reconciliarse con Roussel. + +Éste, ante una afirmación que no podía combatir más que por suposiciones +fundadas en su experiencia, movía la cabeza y respondía deseando que no +se equivocasen. De este modo llegó la víspera del gran día. + +Por la tarde, después de una comida muy alegre, y en el momento en que +Herminia y Mauricio se disponían á bajar al jardín, la señorita Guichard +se adelantó hacia el pintor y le dijo: + +--Querido hijo mío, desearía hablar cinco minutos con usted ... Herminia +me perdonará que le separe á usted de ella ... será la última vez ... +Anda, hermosa mía, ve á coger un ramo de rosas para Mauricio ... Cuando +hayas acabado, te le devolveré.... + +Herminia cambió una mirada inquieta con Mauricio y salió. Puestos en +presencia el uno del otro, el prometido y la tía se observaron un +momento. Ambos estaban sonrientes pero sus fisonomías aparecían un tanto +contraídas. La señorita Guichard tomó la palabra y dijo con voz firme: + +--Mi querido Mauricio, henos ya en el día decisivo. Usted me hará la +justicia de reconocer que ni una sola vez le he hablado de mí y que no +he tenido otra preocupación que la dicha de ustedes dos. Conviene, sin +embargo, que tratemos á fondo un asunto importante; el de nuestras +relaciones en el porvenir. Usted sabe cómo he educado á Herminia y ve la +afección que tiene por mí. Su ausencia de mi casa produciría aquí un +vacío muy cruel y me atrevo á lisonjearme de que yo también haría alguna +falta á esa niña.... No quiero, sin embargo, ser obstáculo á la libertad +necesaria á dos jóvenes, ni interponerme entre vosotros ... He +reflexionado mucho en estos detalles, que no dejarán de tener influencia +en nuestra tranquilidad futura, y he aquí lo que voy á proponer á usted. +Acabaremos aquí el verano y el año que viene haré preparar vuestras +habitaciones y un hermoso estudio en el edificio donde están situados +los cuartos de los amigos ... Usted le conoce, porque allí fué donde +pasó la enfermedad producida por su accidente ... Estaréis, por tanto, +independientes, y yo gozaré de vuestra presencia.... Comeréis conmigo, +si así lo queréis, y recibiréis á vuestros amigos como si fueseis los +dueños de la casa ... Yo seré la que represente el papel de una invitada +... En París os ofrezco el entresuelo de mi casa de la calle de +Courcelles ... Yo vivo en el primero. Estaréis, pues, en vuestra casa, +en completa separación, si eso os conviene ... El estudio lo tendrá +usted donde guste, porque no le hay en la casa y, por otra parte, las +idas y venidas de los modelos podrían molestaros. Es mejor que ni su +mujer de usted ni yo nos encontremos con esas personas, ordinariamente +un poco ... libres ... Ya ve usted que soy un poco exigente, aunque no +lo parezca; mi pretensión se reduce á no separarme por completo de mi +sobrina y gozar también un poco de vuestra dicha. + +Hubo un momento de silencio. + +--¡Y bien!, continuó Clementina, ¿no responde usted? ¿Qué le sucede? +¡Parece usted estupefacto! + +Mauricio lo estaba, en efecto. El exordio lleno de precauciones de +Clementina le había hecho inundarse en sudor frío, porque había previsto +complicaciones horribles. Pero la exposición de aquellas pretensiones, +después de un miedo tal, le parecía de una moderación absoluta. Imbuído +en las prevenciones de su padrino, esperaba que la señorita Guichard +intentaría acapararle enteramente, tenerle en tutela, convertirle en una +especie de cartujo privado. Y en lugar de tales medidas de rigor, +reclamaba modesta y casi humildemente que no se prescindiese de ella. El +tirano se metamorfoseaba casi en víctima. Negarla lo que pedía hubiera +sido conducirse como un hombre sin educación y sin delicadeza. No +pensaba que consentir en habitar la Celle-Saint-Cloud en verano, aunque +fuese en edificio separado, y en invierno en la calle de Courcelles, aun +en otro piso que Clementina, era consentir en la proscripción de +Roussel. Porque, sin una completa reconciliación, ¿cómo iba á poder +Fortunato ir á casa de la señorita Guichard para ver á sus hijos? + +Mauricio, en la expansión de su alegría, no miraba tan lejos. Además +para él la reconciliación era segura; y como quiera que fuese, en casa +de la señorita Guichard ó en otra parte, la vida se le aparecía de color +de rosa. + +--Estoy estupefacto, respondió, por la ingeniosa y práctica sencillez de +las combinaciones de usted. + +--¿Le parecen á usted, pues, satisfactorias? + +--Absolutamente. + +--Entonces, ¿las acepta usted? + +--Con muchísimo gusto. + +--¡Ah! querido hijo mío; ven, quiero abrazarte. + +--Y le estrechó en un abrazo vigoroso, y le plantó en cada mejilla un +beso sonoro. Si Mauricio hubiera estado en aquel momento capaz de +reflexionar, la ardiente alegría que la señorita Guichard demostraba, le +hubiera puesto en guardia contra la facilidad con que acababa de acceder +á las pretensiones de la despótica solterona; hubiera pensado que, para +empezar, el paso á que se lo obligaba era muy largo y que si el segundo +iba á ser del mismo tamaño, le conduciría infaliblemente á la +esclavitud. + +Pero en aquel momento y gracias á la óptica especial del amor, la +señorita Guichard le parecía muy moderada. Al volver Herminia, con un +haz de flores entre los brazos, encontró á su tía y á su prometido +encantados el uno del otro y se regocijó cándidamente por su buen +acuerdo. + +Clementina triunfaba y apenas podía contener los transportes de su +alegría. Una vez franqueado aquel desfiladero, cuyo ataque venía +preparando, hacía una semana, con habilidad consumada, no veía ante ella +obstáculo alguno. Mauricio, caído en su poder, gracias á la maga que lo +había encantado, estaba separado de Roussel y la empresa de odio +emprendida hacía veinte años recibía su complemento. + +Roussel, con el cual pasó Mauricio la mañana, antes de ir á la +Celle-Saint-Cloud para firmar el contrato, no se engañó acerca del valor +de las concesiones que Clementina había arrancado tan diestramente al +joven. Se juzgó amenazado del modo más grave y comprendió que la mujer +que había dirigido contra él tan formidables baterías, no habría de +desarmarse como esperaban los jóvenes esposos. Pero tuvo el supremo +valor de callar sus inquietudes, por no aminorar la alegría de su hijo, +no queriendo ver ni una sola arruga en aquella frente radiante. Y para +estar más seguro de no ser causa de una complicación á última hora, +anunció á Mauricio que partía para el Havre. + +--¿Pero volverá usted mañana por la mañana? preguntó Mauricio con algún +cuidado. + +--Mañana por la tarde. Cuando estéis casados, me presentaré en casa de +la señorita Guichard según vuestro deseo, y haré cuanto sea posible para +asegurar la concordia general. + +--Gracias, querido padrino, en nombre de Herminia y en el mío. + +--¡Abrázame y que seáis dichosos! + +--El padre y el hijo se estrecharon en un tierno abrazo con una efusión +extraordinaria. Y Mauricio partió para la Celle-Saint-Cloud, donde +Herminia y la señorita Guichard le esperaban para almorzar antes de ir á +la alcaldía. + + + + +CAPÍTULO V + +DONDE LA VICTORIA SE INCLINA DEL LADO DE LA BONDAD. + + +En el hermoso jardín, cerca del terraplén que había sido testigo de sus +primeras palabras, Herminia y Mauricio se paseaban, bajo la bóveda de +árboles, mientras la señorita Guichard recibía á los invitados. El señor +Tournemine, muy felicitado por el precioso discurso que había +pronunciado el día anterior en la alcaldía, acababa de llevar á su +mujer, y faltaban los Chevalier, primos de Clementina por parte de +madre, los Bobart y los Truchelet, cuyo jefe, Eduardo Truchelet, miembro +del Instituto, es el gran profeta de las variaciones atmosféricas. + +Cuando Truchelet publica en los periódicos y revistas científicas que el +mes de junio será lluvioso y el de diciembre glacial, no hay cuidado; +habrá una sequía excepcional y el invierno será benigno. Nunca se ha +hecho justicia á la memoria de sabio de Truchelet, y sin embargo, en +teoría, sus pronósticos son indiscutibles. + +Bobart padre, antiguo abogado, acababa de hacer entrar al miembro del +Instituto en su terreno favorito, preguntándole qué influencia ejercía +el viento norte sobre el cultivo de los albaricoques en el centro de +Francia, y Truchelet, apoyado en la chimenea, se disponía á probar que +el descenso más ó monos rápido de la temperatura polar, produciendo +mayor ó menor calor en las corrientes submarinas, era causa de las +buenas ó malas cosechas en el país más templado de Europa, cuando la +señorita Guichard llamó á Bobart con un ademán y lo hizo acercarse á +ella. + +Encontrándose libre, por primera vez desde por la mañana, quería +interrogar á su factótum. + +--¿Cómo va la construcción de la tienda para el baile de esta noche? + +--El patio está ya cubierto ... Los obreros del señor Belloir no tienen +que hacer más que clavar una tela en el suelo y arreglar las sillas ... +Se entrará por el jardín y por las ventanas del piso bajo ... Está muy +hábilmente dispuesto. + +--¿Cuántas personas podrán estar sentadas? + +--Por lo menos, doscientas. + +--Perfectamente. La música del pueblo, ¿será exacta? + +--Á los postres, es decir, á eso de las nueve, empezará á tocar. + +--Seremos treinta y dos á la mesa. ¿Habrá espacio para todos? + +El jefe de cocina asegura que cabrían cincuenta. + +--Entonces, todo está bien. + +--Tú triunfas; pero has jugado una partida muy arriesgada. Si ese joven +no hubiera sido tan fácil de conducir, hubieras podido sufrir alguna +avería ... Mientras que otro ... + +--Tu hijo, ¿no es verdad? + +--Sí, mi hijo; respondió Bobart con aire contristado. + +--No agradaba á Herminia ... + +--Si le hubieras dejado hacerle la corte ... + +--¡Él se la ha hecho, sin pedirme permiso! + +--¿Mi hijo? exclamó estupefacto el antiguo abogado. + +--Sí, tu hijo, el oficial de húsares en persona. Y de tal modo, que se +ha permitido escribir á mi sobrina una esquelita, que Herminia me +entregó, naturalmente, sin abrir ... Está escrita con un buen estilo la +tal esquela ... Podrás leerla, si quieres ... + +--¡Cómo! ¿Se ha atrevido?... + +--Se ha atrevido. Y yo, sin decirte nada, para no disgustarte, mi pobre +primo, me atreví por mi parte á decirle que si no cambiaba de proceder, +le pondría en la puerta con todos los honores debidos á sus galones ... + +--Puedes creer, respetable prima mía, que yo ignoraba ... + +--Hubo un momento en que pensé que eras tú el que habías impulsado á ese +badulaque, pero la torpeza de su conducta me probó claramente que obraba +por su propia iniciativa. Yo no os quiero mal, Bobart. Bien sabes que os +profeso una antigua afección ... En resumen, la adopción de Herminia ha +destruído las esperanzas que tu hijo podía abrigar respecto de mi +herencia, y hace mucho tiempo que he resuelto reparar este perjuicio que +os causaba. En mi testamento he asegurado doscientos mil francos á tu +oficial de húsares ... Esto le consolará ... + +Bobart, abrumado por esta liberalidad inesperada, se deshizo en +protestas; pero Clementina, con la autoridad de una soberana sobre su +vasallo, cortó aquellas expansiones entrando en un orden de ideas que le +parecía más interesante: + +--¿Y hay noticias de Roussel esta mañana? + +--Partió ayer, como te dije, por el ferrocarril del Havre ... Se ha ido +á digerir su fastidio en la orilla del mar ... Se ha dado el golpe +mortal ... + +--Le permito vivir, declaró magnánimamente la señorita Guichard, á +condición de que, en adelante, permanezca en su puesto ... + +--¿Y qué remedio tiene? Has cortado las garras á ese león y ya está +domado ... + +--Han sido necesarios veinte años de lucha para llegar á ese resultado +... Pero no me arrepiento de mis esfuerzos. + +¡Veinte años de lucha! Clementina llamaba lucha á la persecución que +había hecho sufrir al buen Fortunato y contra la cual ni una sola vez se +había éste rebelado. Una lucha á aquella serie no interrumpida de +vejaciones y de infamias, sufridas por su enemigo con la paciencia +inalterable de un hombre que se da cuenta del peligro de que ha escapado +y que se dice: "Habiendo evitado tal desdicha, puedo soportarlo todo con +resignación." ¡Al fin, la señorita Guichard le permitía vivir! + +Y él estaba decidido á usar de ese permiso, porque apenas las últimas +palabras de la tía de Herminia se habían confundido con el hueco rumor +de las disertaciones de Truchelet, cuando entró un criado, se aproximó á +la dueña de la casa, é inclinándose respetuosamente, murmuró esta frase: + +--El señor Fortunato Roussel pregunta si la señorita tendrá á bien +recibirle. + +Un rayo cayendo sobre la casa; las palabras proféticas del festín de +Baltasar apareciendo en la pared en letras de fuego; el nivel del Sena +cambiando de repente y haciendo que el río se precipitase sobre el +jardín; el Presidente de la República apareciendo de pronto escoltado +por su cuarto militar para bailar en la boda de Herminia; ningún +cataclismo, ninguna manifestación divina, ninguna inverosimilitud +social, hubieran causado á Clementina un estupor semejante al que +sintió. + +Sus ojos se abrieron inmensos; una llama subió á su frente; después se +puso pálida como una muerta y sus manos se abrieron y se cerraron en el +vacío. Quiso hablar y no pudo más que producir un ruido que lo mismo +expresaba alegría que terror. + +Ya Bobart extendía el brazo para sostener á su respetable amiga, cuando +por un supremo esfuerzo de la voluntad, Clementina recobró su aplomo, +dominó á su cerebro y tomando una decisión, dijo: + +--Hágale usted entrar en el saloncillo. + +Y como Bobart, con la boca abierta, parecía pedir una explicación, le +dirigió una mirada fulminante y le dijo: + +--¡Conque estaba en el Havre! + +--Pero, mi bella prima ... + +En los momentos críticos, Bobart tenía la costumbre de desarmar á +Clementina llamándola "bella prima." La lisonja hizo su efecto. Una +sonrisa altanera crispó los labios de la señorita Guichard; lanzó un +vigoroso suspiro que la libró de su opresión y dijo, mirando con +altanería á su primo aterrado: + +--¿Crees que le temo? Ahora vamos á vernos los dos. + +--Viene, sin duda, á pedir gracia, insinuó Bobart. + +Este pensamiento conmovió á Clementina. Hasta entonces no había +imaginado más que un Roussel amenazador y terrible, avanzando armado de +derechos iguales á los suyos y reclamando su parte de afecciones, de +dicha y de esperanza, y en un momento se figuró un Roussel aniquilado, +vencido, aproximándose tímido, suplicante y dispuesto á consentir que se +pusiera sobre su cabeza un pie victorioso. Se estremeció de alegría y +haciendo un ademán de soberbia, contestó: + +--¡Es probable! Viene á capitular ... Bueno, ¡vamos á ver!.. Sustitúyeme +con mis convidados y que nadie sospeche lo que aquí sucede. + +--Vete tranquila. + +Abrió la puerta y alta la frente, firme la mirada, entró en la +habitación donde esperaba Fortunato. + +Éste estaba de pie cerca de la ventana y miraba á Herminia y á Mauricio, +que paseaban por el jardín. Ignoraban su llegada y, entregados por +completo á la dicha de verse juntos, marchaban con ese andar perezoso é +igual, propio de las parejas enamoradas. En verdad que el paso que +Fortunato daba en este momento era para él muy penoso, pero todo lo daba +por bien empleado al ver á los jóvenes tan plenamente dichosos. + +La puerta, al abrirse, le hizo volver la cabeza. Clementina, majestuosa +y soberbia estaba delante de él. + +Ambos se examinaron en silencio durante unos instantes. Ella le encontró +bien con su cabello blanco y rizado que servía de apropiado marco á una +cara llena y sonrosada. Tenía, como siempre, hermosa presencia y su +elegancia era propia de su edad. Con una amargura que no pudo vencer, +Clementina pensó: "No tiene trazas de haber sufrido mucho." + +Roussel la saludó con sonriente cortesía y ella hizo una ligera y seca +inclinación de cabeza. + +--He aquí, dijo, una visita que yo no esperaba y que más que +sorprenderme ... + +--La vida no es más que una serie de sorpresas, mi querida prima, +respondió. Fortunato en tono amable; y seré feliz si ésta que te +proporciono te parece agradable. + +--¿Te burlas? + +--La ocasión no me parece bien escogida para eso. + +--¡Oh! tu tacto y tu delicadeza me inspiran muy poca confianza. + +--Enhorabuena, dijo Roussel riendo; veo que no has cambiado ... en lo +que se refiere al carácter, al menos. + +--¿Te atreverás á dirigirme impertinencias en mi propia casa? + +--¡No lo quiera Dios! mi querida prima. Eres siempre la misma en lo +moral, pero no en lo físico ... Has ganado mucho. + +--Hazme gracia de tus piropos, dijo Clementina en tono más dulce, y ten +la bondad de decirme el objeto de tu visita. + +Pues qué, ¿no es bastante visible? ¿Hacen falta explicaciones? Nuestros +hijos se han casado esta mañana, ¿no es este mi sitio en día semejante? +Sé las consideraciones que se te deben. Eres la madre de la desposada; +yo he servido de padre al novio; la boda se hace en tu casa ... y he +venido. + +--Jamás ha existido lazo alguno de parentesco entre ese joven y tú ... y +después de la indignidad de tu conducta respecto de él, no tiene ningún +motivo de reconocimiento. Por consiguiente tu presencia no está +justificada y nos veremos en la precisión de evitarla. + +Roussel no se movió. + +--Es verdad, dijo, que en el primer momento, cuando supe por Mauricio +que so quería casar con tu sobrina, experimenté un vivo descontento +contra él y le obligué á abandonar mi casa. Pero, después he +reflexionado: la soledad es buena consejera. He pensado que, después de +todo, ese muchacho tenía el derecho de amar á quien quisiera y me he +resignado con tu sobrina. Mis informes han sido muy favorables á +Herminia, debo confesarlo; he cambiado de modo de pensar y me he +arrepentido de mi conducta con Mauricio. Apruebo su matrimonio, lo +reintegro en su situación de heredero, le devuelvo mi cariño y me +preparo á rivalizar contigo en ternura para la joven pareja. + +--¡Dios mío! exclamó Clementina levantando los brazos con estupor; ¿qué +es lo que oigo? + +--Lo que oyes, querida prima, es el lenguaje de la sana razón. Acaso +habías perdido la costumbre de oirle en los veinte años que hace que no +nos vemos, pero nunca es tarde para ceder á los buenos consejos. Ya ves +con qué confianza he venido á buscarte ...; os que, en realidad, no se +trata ya de ti ni de mí, sino de esos muchachos, que merecen ser +dichosos ... + +--Nos pasaremos sin ti para su dicha como nos hemos pasado para su +matrimonio; llegas tarde. Cuando se quiere imponer condiciones es +preciso formularlas antes de firmar las capitulaciones. Hemos arreglado +nuestros asuntos sin ti y sin ti continuaremos, quieras ó no. ¡Está +bien! ¡He aquí un divertido personaje que viene á adjudicarse él mismo +su parte en una dicha á cuya preparación ha sido extraño! Tú has +prescindido de nosotros; no te conocemos. + +--Pero yo os conozco todavía. Me he juzgado más firme de lo que soy en +realidad. He creído que podría vivir sin estar rodeado de las atenciones +á que estaba dulcemente acostumbrado y he visto después que me engañaba +y que moriría de pena en la soledad. + +--Muere; no vemos en ello ningún inconveniente. + +--Habla por ti, querida prima; pero no en nombre de Mauricio. Estoy +seguro de que bastará una sola palabra para hacerle venir á mí y con él +á su mujer. + +Á esta afirmación la señorita Guichard se estremeció, porque veía su +verosimilitud. Toda su combinación estaba fundada en un resentimiento +que, gracias al rencor de que suponía animado á Roussel debía ser +definitivo. Y de repente, el que ella creía separado de Mauricio por +sentimientos que necesariamente debían irse agravando, se presentaba +calmado, sereno, con palabras de conciliación en los labios y prendas de +paz en las manos. Ni Mauricio ni Herminia podían ser rigorosos con él: +uno y otro iban á saltar de alegría á las primeras insinuaciones de +Fortunato; él obedeciendo á su antiguo cariño y ella seducida por la +novedad del personaje, serían conquistados sin remedio. Y ella, +Clementina, quedaba en descubierto, en el momento en que se creía +invulnerable, y era desposeída de sus más seguras posiciones por este +hábil movimiento envolvente del enemigo. + +"No tengo, pensó, más que una probabilidad de salirme con la mía; buscar +querella á Fortunato, hacerle salir de sus casillas, obligarle á +pronunciar una palabra violenta y llamar en mi socorro á Mauricio y +Herminia, procurando que consideren mi causa como suya Entonces le pongo +en la puerta y todo se ha salvado." No bien formado por ella este plan, +empezó á ponerle por obra. Realmente, si la política es, como muchos +creen, el arte de embrollar las situaciones para hacer daño al +adversario y sacar provecho para sí mismo, la señorita Guichard poseía +estas cualidades en su esfera privada. Se volvió hacia Roussel y dijo +con áspera ironía. + +--En resumen; ¿vienes guiado únicamente por el egoísmo? Me decías ahora +que no he cambiado ... ¡pues tú tampoco! + +--Soy modesto y no me gustan los privilegios. + +--Posees uno, sin embargo, y bastante raro; el de olvidar las injurias +... cuando te lo exige tu interés. + +--¡Humildad cristiana! + +--Pues yo te he conocido menos paciente. + +--Se calma uno cuando envejece. + +--Y, sin embargo, te he jugado muy malas partidas. + +--Eres la única que las recuerda; yo las he olvidado. + +--¿Y la tapia que he construído delante de tu jardín? + +--Me ha proporcionado excelentes espaldares. + +--¿Y el criado que tanto te convenía y que te quité á peso de oro? + +--Empezaba á servirme mal. + +--¿Y el descrédito que he arrojado sobre tus costumbres? + +--¡Bah! No me ha disgustado pasar por un vividor. + +--En fin; todo lo que he hecho en veinte años que hace que te aborrezco, +y que te lo pruebo, ¿ha sido perder el tiempo? + +--No; porque ha servido para demostrar que no podías olvidarme. + +--¡Eres un insolente! + +--Y tú eres adorable. + +Clementina se había avalanzado hacia él con la cara descompuesta, los +ojos inflamados y la mano amenazadora. Fortunato permanecía impasible y +sonriente. La solterona le miró un instante con extravío, preguntándose +si no era juguete de una pesadilla. Todo cuanto veía y escuchaba hacía +un cuarto de hora, le parecía fantástico. Pero Roussel no se desvaneció +como una aparición; permaneció en su sitio y con mucha sangre fría dijo: + +--Mi querida prima; creo que debes haber agotado las malas palabras; no +busques más en tu fondo de reserva, porque sería inútil. Comprende que +cuando me he decidido á afrontar tu presencia, es que me sentía seguro +de mí mismo. No conseguirás hacerme montar en cólera, porque me importan +poco todas las injurias. Renuncia, pues, á provocar un escándalo y +resígnate. Estoy aquí y, como dijo un ilustre hombre de guerra, aquí me +quedo. + +Clementina se vió vencida; arrojó un grito sordo, se le subió la sangre +á la cabeza y le pareció que la habitación daba vueltas con +extraordinaria rapidez. Extendió los brazos buscando un punto de apoyo y +oyó á su enemigo que exclamaba: + +--¡Bueno!; ahora una congestión: no faltaba más que esto. + +Clementina se desmayó. Cuando recobró el conocimiento, estaba medio +tendida en el sofá; el cuerpo de su vestido estaba desabrochado y +Roussel tenía cogida su mano y se inclinaba sobre ella con inquietud. +Después de veinte años, se encontraban en la misma situación que el día +de su rompimiento. Se levantó azorada y dijo con amargura: + +--¡Confiesa que has deseado mi muerte! + +--¡Dios mío! ¿Yo?, respondió Roussel con un horror sincero; he hecho +cuanto he podido para reanimarte; ¿por quién me tomas? Vamos, pues; +ahora debes estar calmada. Escúchame y verás las ventajas que estoy +dispuesto á concederte. Nuestra enemistad es demasiado pública para que +pueda cesar sin que demos una explicación del cambio. Esa explicación +quiero que sea enteramente favorable para ti. Diremos que tú has +olvidado tus agravios y que yo he pedido el perdón de mis faltas. Yo +habré dado todos los pasos y tú habrás tenido la grandeza de alma de +perdonar. Considera que semejante concesión á tu amor propio merece +alguna indulgencia y que yo la reclamo, no ficticiamente, sino con +verdad. Todo lo que pido, es el derecho de amar á esos muchachos tanto +como tú. Te invito á una nueva lucha, pero pacífica, en la cual el +vencedor será el más tierno, el más cariñoso para esa joven pareja, que +es preciso encuentre fácil y expedito el camino del porvenir. + +Clementina exhaló un gemido. Aquella grandeza de alma de su enemigo la +aniquilaba. Enseguida pensó: "¿Por qué no ha sido tan generoso cuando se +trataba de mí? ¡Cuán pequeñas eran las concesiones que yo le pedía +comparadas con las que se impone él mismo! ¿Tanto me odiaba que no quiso +concederme nada? Si él hubiera querido, sin embargo, hace veinte años +seríamos dichosos y esta hija que se casa podría ser nuestra ... ¡Oh! +qué duro, qué ingrato, qué culpable ha sido ... y ¡cuánto le detesto!" + +No obstante, no le miraba ya del mismo modo que al principio de la +conversación. La ternura que había abrigado por Fortunato debía estar +bien arraigada en su corazón, porque, después de tantos años, se +encontraban aún vestigios de ella. Así las antiguas ciudades de Oriente, +enterradas bajo el polvo de los siglos, y cuyos restos aparecen inmensos +á los viajeros y les dan ideado una civilización colosal. + +Miraba á Roussel; le encontraba todavía seductor y se exasperaba más y +más. + +--En fin, dijo, es preciso que arreglemos nuestra respectiva situación. +¿Tú pides la paz? + +--La imploro. + +--¿Reconoces, pues, que no tienes medio de resistir? + +--Lo reconozco, y todo lo que tú quieras por añadidura. + +--Así pues, soy yo la que dicta las condiciones del tratado. + +--Tú. + +--Será preciso que respetes las estipulaciones hechas por mí con +Mauricio. + +--Si no tienen por objeto impedirme ver á esos muchachos, las suscribo. + +--No contienen semejante cláusula. + +--Entonces está convenido. Venga esa mano. + +Clementina se la dió con profunda satisfacción al ver que salía +victoriosa de su guerra de veinte años. Porque resultaba victoriosa, en +el fondo, puesto que Roussel había tenido que hacer acto de contrición, +y en la forma, porque obtenía públicamente el laurel de la victoria. +Tuvo un instante de orgulloso delirio y cuando Roussel la besó con +galantería el extremo de los dedos murmuró: + +--¡Ah! Roussel, si hubieras querido! + +Fortunato tuvo miedo de este enternecimiento y respondió con +volubilidad: + +--No pensemos en eso, querida prima. Preparémonos á ser compadres. Y á +propósito, hazme el favor de presentarme á tu encantadora sobrina. + +La frente de Clementina se contrajo. Esta primera ejecución del convenio +le padecía humillante. Tuvo, sin embargo, que resignarse y abriendo la +puerta del salón, llamó "¡Bobart!" El antiguo abogado apareció, con aire +de inquietud, no sabiendo si manifestar cordialidad ó reserva. La +actitud de Roussel aumentó su indecisión: el mortal enemigo de la +señorita Guichard estaba allí como en su casa y Clementina no parecía +dispuesta á hacerle arrojar á la calle. + +--¿Quieres tener la bondad, amigo mío, de enviarme á Herminia y al señor +Aubry?... + +--No les prevenga usted que estoy aquí, Bobart, añadió tranquilamente +Fortunato; quiero gozar de su sorpresa. + +Estupefacto por la desenvoltura de Roussel, Bobart consultó á +Clementina con una mirada. Ella asintió con la cabeza. Entonces el +complaciente primo, adivinando que acababan de ocurrir acontecimientos +de extraordinaria gravedad, se lanzó al jardín en busca de los jóvenes +esposos. Apenas Fortunato y Clementina tuvieron tiempo de advertir la +molestia de encontrarse juntos, porque enseguida entraron Herminia y +Mauricio. No fué necesaria presentación alguna. Al ver á Roussel, el +novio gritó: + +--¡Mi padrino! + +Y enseguida Herminia añadió en una exclamación de alegría: + +--¡Qué dicha! + +Sin pedir explicación alguna, una súbita sospecha hirió á la señorita +Guichard como un rayo de luz; pero no tuvo tiempo de reflexionar. + +Mauricio, empujando á su mujer hacia los brazos de Roussel se arrojó en +los de Clementina. + +--¡Ah! mi querida y respetada tía! ¡Cómo agradecer á usted su bondad!... +¡Porque á usted debemos la dicha de ver aquí á mi padrino en este día! + +Y la abrazaba con una efusión que no dejaba de tener sus encantos para +la solterona. Ésta pensaba volviendo con obstinación á su impresión +primera: "Pero, ¿cómo sabe tan bien lo que acaba de pasar entre +Fortunato y yo? Y Herminia, ¿cómo no manifiesta sorpresa y exclama de +buenas á primeras: ¡Qué dicha!" + +Roussel hablaba con Herminia y la señorita Guichard se vió obligada á +interrumpir sus reflexiones para escuchar lo que decían: + +--Cuando usted sepa, señora, cuánto quiero á este muchacho, comprenderá +el deseo que tenía de conocerla ... + +--¡Oh! sé lo bueno que usted ha sido para Mauricio ... Me ha contado su +infancia ... + +He conocido á usted tarde, interrumpió Roussel, que encontraba que la +joven no fingía bastante sorpresa, pero espero recuperar el tiempo +perdido ... Usted verá que no soy tan áspero como mi acceso de rigor +puede haberla hecho creer ... Me arrepiento de él y para hacer que usted +olvide la contrariedad que he podido causarle ... + +Sacó del bolsillo un paquetito, desenvolvió el papel que le rodeaba y +entregó á Herminia un estuche de tafilete blanco con las iniciales H.A. + +--He aquí mi regalo de boda ... + +La joven abrió la caja y arrojó un grito de admiración, de confusión, de +alegría. El estuche no contenía más que dos perlas negras, pero gruesas +como avellanas y de un oriente, de una redondez, de un brillo +incomparables. Era aquel el regalo elegante, refinado, de un hombre que +no procura deslumbrar pero que sobresale sobre todos los demás por la +rareza y el gusto de lo que regala. + +--¡Oh! señor, dijo Herminia, ¿cómo me atreveré á adornarme con una +alhaja de tan gran precio? + +--Hija mía, dijo Roussel sonriendo, esa joya no tendrá verdadero valor +más que cuando usted se la ponga. + +--Habría que recorrer todas las joyerías de París y no se encontrarían +otras semejantes, dijo Mauricio examinando los pendientes como artista +enamorado de todo lo bello. + +La señorita Guichard no pronunció más que una palabra: + +--¡Soberbios! + +Permaneció pensativa, extrañada del singular acuerdo que revelaban las +palabras y las acciones de aquellas tres personas que debían estar +violentas al encontrarse juntas y que, sin embargo, parecían unidas por +la mayor confianza como si se hubieran visto el día anterior. + +La situación pareció tan peligrosa á Roussel, que juzgó conveniente +abreviarla, por muy dulce que le resultase este momento, esperado por él +durante un mes. + +--Pero hace mucho tiempo, querida prima, que te estoy sustrayendo á tus +convidados, dijo, y añadió con graciosa galantería, inclinándose ante +ella: + +--¿Qué ordenas ahora á tu servidor? + +--¿Qué deseas que yo te ordene? replicó ella con una acritud mal +disimulada por su sonrisa. + +--Comer con vosotros esta tarde, si me lo permitís. + +--Pues bien, ve á ponerte un frac y vuelve á las siete. + +--Muchas gracias. Voy á Montretout. Durante mi ausencia tendréis el +tiempo necesario de preparar á nuestros parientes y amigos para mi +aparición. + +Y saludó, no atreviéndose á ofrecer la mano á Clementina, tanto era su +miedo de embrollar las cosas. Mauricio y Herminia hicieron un movimiento +para acompañarle, pero la señorita Guichard detuvo á su sobrina por +medio de una imperiosa mirada. + +--Hasta luego, dijo Roussel; y salió con Mauricio. + +Apenas estuvo sola con Herminia, la cara de la señorita Guichard cambió +de expresión y poniéndose sonriente, dijo: + +--He aquí una feliz sorpresa, ¿no es verdad, hija mía? ¿Tú no esperabas +ver aquí al tutor de Mauricio el día de tu matrimonio? + +--¡Oh! Estábamos seguros, Mauricio y yo, de que os reconciliaríais, +respondió Herminia con convencimiento. Toda vez que el señor Roussel se +prestaba á ello, era evidente que usted, tan buena, no había de +negarse.... + +--¡Ah! dijo alegremente Clementina; ¿se trataba pues de un efecto +preparado? ¿Había un complot? ¿Y desde cuándo data la intriga? + +--Mi querida tía, mucho me habían encargado no dejar á usted sospechar +nada.... Pero ahora que todo está arreglado, ¿no es verdad? el secreto +no tiene objeto.... Mauricio no ha estado nunca enfadado con su tutor. +Temía que usted no le acogiera bien si aparecía en buen acuerdo con un +hombre á quien usted tiene tantas razones para no amar, y, entonces, +para destruir sus prevenciones.... + +--Me ha representado una comedia. + +--La voz de Clementina sonó con tal dureza, que Herminia se estremeció, +miró á su tía con inquietud y preguntó: + +--Pero usted no le quiere mal, tía mía, ¿no es verdad? + +--¿Yo? ¡El pobre muchacho! ¿No está todo arreglado á pedir de boca, +gracias á su pequeña añagaza? Entonces, él veía á su tutor.... + +--Casi todos los días.... + +--¿Y se ponían de acuerdo sobre lo que convenía decir y hacer? + +--¿No han maniobrado bien? + +--Maravillosamente. Debo, en realidad, mucho al uno y al otro por lo que +han hecho y dicho, pero toda vez que estaba en el programa que yo no +supiera nada, supongamos que nada sé todavía. No digas una palabra, ni á +Mauricio, de tu amable y afectuosa confidencia. Yo continuaré +aparentando que no estoy al corriente de la verdad. + +--Si, tía mía. Pero déjeme usted que la abrace para demostrarle mi +agradecimiento por haber sido tan buena. Gracias á usted, vamos todos á +ser muy dichosos. + +--Ahí vuelve Mauricio, dijo la señorita Guichard, mirando por la +ventana; ve á su encuentro. Yo vuelvo al salón. + +Herminia bajó al jardín y Clementina quedó sola. + + + + +CAPÍTULO VI + +DOMINADA POR LA MALDAD + + +La señorita Guichard se sentó en una butaca y con la faz alterada, la +boca contraída por la amargura y los ojos sombríos, se abismó en sus +pensamientos. De modo, que había sido burlada, ella, que se creía tan +fuerte. Dos niños la habían llevado por la punta de la nariz hasta +concluir un arreglo que alteraba toda su vida, turbaba todas sus ideas, +cambiaba sus combinaciones y la imponía la presencia del ser á quien más +detestaba en el mundo. Pero ahora que estaba advertida, ¿iba á dejar +correr las cosas? ¿Soportaría tal humillación? ¿Aceptaría semejante +servidumbre? Ella que siempre había sometido á los demás á su voluntad; +ella, á quien nadie, fuera de aquel Roussel aborrecido, había sabido +jamás resistir, ¿se confesaría vencida? ¿Dejaría á sus adversarios +reirse de ella? Porque, ciertamente, se reirían de su credulidad, de su +tontería.... + +Todas las palabras pronunciadas durante su conversación con Roussel +venían á su memoria y la hacían encogerse de hombros, de lástima de si +misma, ¡Cómo! ¿Y era ella la que había hablado así? ¿Donde tenía la +cabeza cuando había dado aquellas lastimosas respuestas? Hubiera sido +preciso decir tal ó cual cosa y Roussel se hubiera visto confundido ... +Realmente no había estado á su habitual altura: la sorpresa, la emoción, +la habían privado de sus facultades. ¿Pues no había cerrado la discusión +desmayándose? ¡Desmayarse, cuando hubiera debido arrojarse á la cara de +aquel malvado y sacarle los ojos! Recordaba que había tenido esa +intención, pero la habían hecho traición sus fuerzas. + +Después pensó: "Ha debido encontrarme degenerada. ¡Y estaba irónico, el +muy ... ¡Bien se ha burlado de mí! ¡Oh! yo tendré mi desquite y le +enseñaré que todavía sirvo para darle una lección. Pero, ahora, ¿qué +hacer?... ¡Ante todo, no quedar bajo el peso de esta derrota!..." + +Reflexionó profundamente y cuanto más examinaba los diversos aspectos de +la situación más peligrosa la encontraba. Era evidente que Mauricio +había sido cómplice de su tutor en todo este negocio, y que sabía á qué +atenerse sobre las relaciones que habían existido entre Roussel y ella. +¿Cómo había adquirido el compromiso que ella le había exigido antes del +matrimonio? Eso era que estaba decidido á no cumplirlo. La señorita +Guichard se puso en el caso del joven y se confesó que ella hubiera +también obrado del modo de que le suponía capaz. Y con furor lleno de +espanto comprendió que estaba á merced de sus adversarios y que éstos +podían hacerla sufrir el mismo tratamiento que les tenía preparado. +Roussel, & quien creta tener en su poder, la tenía á su discreción. Él +seria quien se llevarla á Herminia, gracias al ascendiente de Mauricio. +Y esta muchacha, ¿no estaba decidida de antemano? ¿No lo probaba la +acogida que había hecho á aquel hombre maldito? Sí; todo se venía abajo; +el desastre era inevitable, si un golpe de fuerza no restablecía sus +ventajas y cambiaba repentinamente su derrota en victoria. + +Para esto, no había más que un medio: deshacer su propia obra; romper +los lazos que ella había atado; indisponer aquel matrimonio antes de que +tuviese tiempo de consolidarse; aplastar en germen la sublevación +tramada contra ella. Y esto enseguida, sin perder un segundo; provocar +la discusión, procurar una querella y á favor del desacuerdo llevarse á +Herminia, á fin de que no pudieran volverse á ver, ni, por consecuencia, +reconciliarse. Acaso Mauricio muriera de pena y su sobrina también; +pero, en su exasperación contra ellos, no veía en esto inconveniente +alguno. Hubiera prendido fuego á la casa y se hubiera quemado viva, si +hubiera estado segura de que Roussel y la joven pareja ardían también. +Ningún escrúpulo, ninguna debilidad, ninguna conmiseración debía +detenerla en su plan. Y su plan era, sencillamente, destruir la +felicidad de dos hijos. + +No pensó ni un solo momento en dirigirse al corazón de Herminia y á la +razón de Mauricio. Y, sin embargo, aquel era el punto débil en el que +hubiera sido preciso herir para asegurar la victoria. Como ella era toda +odio, no hizo entrar en sus cuentas el cariño que Herminia la profesaba. +Mujer pérfida, no fundó esperanza alguna en la lealtad de Mauricio. Á +las primeras explicaciones, sin embargo, Herminia se hubiera arrojado á +su cuello y á los primeros cargos el pupilo de Roussel se hubiera +sonrojado por haber engañado á una mujer que le acogía sin desconfianza. +Ciertamente, todo se hubiera allanado y por una conversación de un +cuarto de hora la tranquilidad de todos hubiera quedado asegurada. Pero +Clementina no quiso explicaciones: se juzgó vendida y sólo pensó en +preparar secretamente su desquite. + +Por de pronto, quiso ser informada jurídicamente y abriendo la puerta, +llamó á Bobart, que, desde la aparición de Roussel en la casa, estaba en +acecho. Fuera de que siempre había profesado al hermoso y rico Fortunato +la animosidad propia del hombre feo y pobre, sentía ahora cierta +inquietud á causa de la actividad desplegada por él en servicio de la +señorita Guichard. "Si se reconcilian, pensaba, será á costa mía y yo +seré quien pague los gastos de la guerra." Se apresuró, pues, á acudir +en cuanto vió á Clementina hacerle una seña y respiró al observar que +Roussel se había marchado. "Le ha puesto á la puerta, se dijo, y su +fisonomía se esclareció." + +--Y bien, amiga mía, preguntó, ¿el monstruo ha partido?. + +--Por el momento, replicó con rudeza Clementina; pero va á volver +enseguida. + +--¿Para qué? + +--Para comer. + +--¿Para comer ... en tu casa? + +--En mi casa. + +Los dos se miraron, él con estupor, ella con cólera. + +--Me has dado, por cierto, muy exactas noticias ... Te felicito ... +Parece que Mauricio y él no han cesado de verse en su vida. ¿Quién era +el que les espiaba por encargo tuyo? + +--El portero del señor Aubry. + +--Pues te ha robado el dinero y se ha burlado de ti. + +--¿De quién fiarse entonces? + +--De sí mismo, y esto á condición de no ser un mentecato. + +--Pero, amable prima.... + +--¡Basta! El mal está hecho: tratemos de repararle. ¿Qué recursos ofrece +la ley para romper un matrimonio? + +--Romper un matrimonio.... ¿Acaso?... + +--¡Nada de comentarios!... Responde categóricamente. + +--En la legislación actual, tenemos la separación y el divorcio.... La +primera deja subsistir el lazo legal, poniendo la persona y los bienes, +ó los bienes tan sólo, de la esposa, por ejemplo, al abrigo de las +disipaciones ó de las sevicias del marido; y el segundo, que disuelve +completamente el matrimonio y hace á los esposos extraños el uno al +otro. + +--El divorcio me gustaría más.... Pero es una palabra muy dura, que +asustaría á mi sobrina.... + +--¿Luego es ella?... + +--¿Y quién quieres que sea? exclamó Clementina; te pones enteramente +obtuso.... + +Pero, amiga mía; semejante resolución ¿no es para sorprender? Si me +fuera permitido darte un consejo, acaso, en efecto, la separación +bastaría, por el momento ... Después sería más cómodo convertirla en +divorcio. + +--¡Bueno! No nos ocupemos entonces más que en la separación. ¿Cuáles son +los motivos ó los pretextos que la ley juzga suficientes? + +--Por de pronto, la mala conducta del marido ó de la mujer.... + +--Adelante, interrumpió púdicamente Clementina. + +--Los excesos, las sevicias ó las injurias graves. + +--¿Y qué entendéis por excesos? + +--La embriaguez por ejemplo, y otras malas acciones que es difícil +detallar ante ti. + +--Adelante. ¿Y no hay más? + +--Secuestro de la mujer, privación de alimentos, negativa de dinero.... + +--¡Todo eso es estúpido! Otra cosa.... + +--Negativa del marido á habitar con la mujer.... + +--¡Ah! ¡Ah! Esto pudiera ser ... con un poco de habilidad ... pero seria +muy difícil ... ¡Se aman! + +Esta atroz circunstancia, que era la condenación de la tentativa de la +señorita Guichard, no turbó á Bobart, que no vió en la confidencia de +Clementina sino una dificultad más. No pensó ni un segundo en la dicha +de aquellos jóvenes, en su porvenir, en todo lo que podían perder de +esperanza, de paz y de alegría en aquel enredijo judicial. El abogado +respondió con una risa espantosa. + +--¡Bah! En mi larga carrera he contribuído á separar más de doscientas +parejas que se adoraban y á los cuales sus padres han probado que no +podían vivir juntos! + +--Entonces, ¿me secundarás? + +--¿Puedes dudarlo? + +--¡Ah! Tú eres un verdadero amigo.... + +--Y sin embargo, no has parecido creerlo. Si hubieras entregado Herminia +á mi hijo.... + +--No volvamos á eso, interrumpió Clementina con fastidio; ya no es +tiempo. + +--Si, lo es, si rompes el matrimonio. + +--En efecto, es verdad. + +La señorita Guichard creyó necesario dejar esta esperanza á su cómplice. +"Me servirá mejor, pensó, si trabaja para sí mismo al mismo tiempo que +para mi." + +--¿Y qué instrucciones me das? preguntó Bobart. + +--Vigila atentamente á Roussel cuando venga y trata de saber lo que +prepara. Pero sé prudente. Yo velaré por mi parte ... Y todo lo que haya +de hacerse lo decidiré yo sola ... No llamemos la atención de Mauricio +y de Herminia con una conversación demasiado larga ... Volvamos al +salón. + +El número de los convidados había crecido durante aquellos tempestuosos +debates. Los parientes alojados en la casa y en los pabellones se habían +puesto de veinticinco alfileres. Los notables del país, invitados á +comer, iban llegando. Clementina tuvo que pensar en su atavío. En las +angustias de su situación, había olvidado que el tiempo pasaba y que era +preciso sacrificarse por el decoro. Pasó rápidamente entre los +convidados, á quienes Mauricio y Herminia hacían los honores de la casa, +y encontró que ya se había propagado el rumor de la reconciliación. En +el ardor de su alegría, los recién casados no habían podido contenerse y +habían difundido la buena noticia. Todos los amigos que conocían las +antiguas diferencias y los recientes malos tratos, estaban llenos de +curiosidad. Una vaga esperanza de alguna sorpresa de efecto germinaba en +los espíritus. Aquel cordial acuerdo, tan repentino, ¿era sincero? ¿No +se podía presagiar que la armonía, difícilmente restablecida, no duraría +mucho tiempo? Las caras sonreían; las palabras aprobaban; pero cada +cual, allá, en su interior, hacía las necesarias reservas.... + +Encontrando el terreno preparado, la señorita Guichard, con la firmeza +habitual de su carácter, no evitó las explicaciones. Se multiplicó para +dar testimonios de alegría. Sí, una enemistad antigua, había terminado. +La boda de aquellos queridos hijos había sido la ocasión de perdonar las +injurias. El señor Roussel había llegado con los brazos abiertos +pidiendo que todo se olvidase y ella no había creído que debía negarse á +la indulgencia. Tal conducta no hubiera sido propia de una mujer ni de +una cristiana. Perdonaba, pues, y todos iban á vivir en adelante en la +más perfecta concordia. El señor Roussel había ido á su casa para +vestirse y volvería para comer con la familia y los amigos de la +señorita Guichard. + +Algunos de los presentes no conocían á Fortunato; otros le conocían sólo +de vista. Muchos le consideraban como un hombre muy importante por su +fortuna y por su posición social. Todos tenían gran deseo de verle de +cerca y de presenciar aquella comedia de la cesación de una hostilidad +inveterada. + +El doctor Truchelet aventuró una alusión sabia á las bodas de Pirito, +ensangrentadas por el combate de los Centauros y de Lapites, y felicitó +á la señorita Guichard por no haber renovado las luchas de las Amazonas +contra Hércules y Teseo. Acaso la comparación con Hércules hubiese +agradado á Roussel, pero el ser asimilada con las Amazonas extrañó +singularmente á Clementina, quien por vez primera empezó á sospechar que +un académico podía muy bien ser un imbécil, y deploró que esta +desagradable excepción recayese precisamente en su familia. + +Desapareció para ir á ponerse un traje muy historiado. Pero jamás era +pesada en su atavío y al dar las seis, volvía á entrar en el salón. Era +tiempo, porque á la sazón llegaba Roussel. Éste no se había puesto de +negro; se presentó con un pantalón gris, chaleco blanco y frac azul, con +botones de oro. Estaba en realidad muy elegante de este modo y produjo +una favorable impresión en la parte femenina de la concurrencia. Los +hombres intentaron criticarle, pero fracasaron ante la admiración de sus +compañeras. La señorita Guichard se puso amarilla de despecho. Puso, sin +embargo, á mal tiempo buena cara, y adelantándose hacia su primo, le +presentó á los convidados. + +Roussel se sometió con gracia á sufrir este mal paso y se mostró +sencillo y cordial, con un cierto matiz de altanería que á Clementina le +pareció que contrapesaba desagradablemente la ventaja que ella había +obtenido públicamente de la sumisión de aquel rebelde. Creyó que se +levantaba un poco deprisa y vió en esta actitud un indicio del doblez +con que, á su juicio, se había conducido. + +Si hubiera podido penetrar en la mente del buen señor, hubiera quedado +asombrada, pues no hubiese hallado ninguno de los pensamientos +amenazadores que le atribuía. Roussel no pensaba sino en regocijarse, en +gozar de la hora presente y en tratar de que se arreglase el porvenir de +un modo soportable. La astucia que Clementina le imputaba como un +crimen, era supuesta, ilusoria y quimérica. La mala fe de Fortunato no +existía más que en la imaginación de Clementina. Herminia y Mauricio +eran todo expansión y todo sonrisas. Se encontraban dichosos entre +aquellos dos enemigos reconciliados por ellos y á quienes amaban tan +sinceramente. + +El jefe de comedor se presentó y pronunció las importantes palabras: + +--¡La señorita está servida! + +Entonces Clementina, con aire de reina, se adelantó hacia Mauricio y +después, adoptando el ceremonial en uso, dijo en tono imperioso: + +--Herminia, toma el brazo del señor Roussel. + +Y pasaron en comitiva al comedor, que debía servir por la noche de salón +de baile, y que ostentaba en su centro una gran mesa. Un toldo de tela +rayada, adornada con plantas verdes, adornaba todo el patio y tres +arañas difundían una viva claridad. El mantel estaba resplandeciente de +cristalería y de plata; unas guirnaldas de flores serpenteaban alrededor +de la mesa y servían de marco á un espléndido servicio de postres de +antigua porcelana de la China, que procedía del tío Guichard. Roussel le +dirigió una mirada de antiguo amigo; era la única cosa que hubiera +deseado de la herencia tan espléndidamente abandonada á su prima. + +La señorita Guichard se sentó entre Mauricio y el sabio Truchelet; +Roussel á la derecha de Herminia, porque Clementina había adjudicado +doblemente la presidencia á las señoras en su persona y en la de su +sobrina. Roussel estaba transportado de júbilo: le hubieran colocado en +una esquina de la mesa y no hubiera chistado. Se encontraba al lado de +Herminia y radiante, rejuvenecido, empezó desde luego á hacer la corte +en toda regla á su nuera de adopción. + +Siempre había sido amable, con cierto aire florido, un tanto pasado de +moda; pero en esta ocasión se excedía á sí mismo y todo en él tendía +hacia este fin: agradar á aquella niña, de la que quería hacerse amar. +No tenía, por otra parte, grandes esfuerzos que hacer; la puerta que +pretendía forzar estaba abierta de par en par para él. Aquel joven +corazón se ofrecía con ternura filial y no habla que hacer más que +apoderarse de él. + +Herminia escuchaba á Roussel con placer no disimulado. Le encontraba +galante, gracioso, encantador. Fortunato tuvo la habilidad de hablarle +de Mauricio y de referirle episodios de su infancia y con tan agradable +historia la tuvo atenta toda la velada. Clementina, separada de ellos +solamente por la mesa, no les quitaba ojo. Veía á Roussel desplegar +todas sus gracias y pensaba: "No pierde el tiempo para apoderarse de la +muchacha; ¡cómo la engatusa! La pobre se dejará coger por sus hermosas +palabras, porque no le conoce, pero yo la ilustraré acerca de ese zorro +viejo y ella volverá al justo conocimiento de las cosas." + +La señorita Guichard escuchaba distraidamente las protestas afectuosas +de Mauricio; cuanto el joven le decía era para ella letra muerta. +Consideraba su amabilidad como un ardid de guerra y la consideraba nula. +Todo lo que Mauricio le hablaba de cariño y de reconocimiento no tenía +más efecto que distrerla desagradablemente de la conversación de Roussel +con Herminia. + +En cuanto á Truchelet, disertó en vano acerca de los epitalamios, porque +Clementina no le oía siquiera. + +El fin de la comida, amenizado por variados brindis, pareció +mortalmente largo á la dueña de la casa; y como el joven Héctor Bobart, +que estaba un poco achispado con el Champagne, anunció que en su +condición de testigo reclamaba la liga de la desposada, Clementina, con +una mirada fulminante, levantó la sesión y condujo á sus convidados al +salón mientras se quitaba la mesa para transformar el sitio del banquete +en salón de baile. + +Sin embargo, el joven oficial de húsares, no dándose por vencido después +del primer fracaso, se había aproximado al grupo que formaban Herminia, +Roussel y Mauricio y, alegremente, pedía indemnizaciones; por lo menos +la primera contradanza, puesto que Mauricio debía abrir el baile con la +señorita Guichard. Pero Fortunato hizo valer oportunamente sus derechos +y el hijo del abogado tuvo que contentarse con un vals ... Mauricio +sentía una instintiva hostilidad hacia aquel mozo tan insignificante, ya +porque le hiciese responsable de la cautelosa oposición de su padre, ó +ya porque le desagradasen sus maneras familiares con Herminia, y no +pudiendo contenerse, hizo observar á la señorita Guichard la actitud un +poco descomedida del heredero Bobart. Clementina respondió melosamente: + +--¡Oh! Eso no tiene importancia; Herminia y él se han criado juntos. + +Esta respuesta tan sencilla y tan natural, tuvo, sin embargo, el +privilegio de irritar á Mauricio, que estaba sin duda un poco nervioso +aquella noche. Pero razonó friamente y se dijo "¡Soy un tonto! ¿Voy á +preocuparme por este majadero, cuya existencia mi mujer no tiene trazas +de sospechar siquiera?" Pero sus nervios no se calmaron y su cara +expresó un descontento que llamó la atención de Clementina hasta el +punto de pensar si el mal humor de Mauricio no sería ventajosamente +explotable. + +¿Por qué no fomentar aquel pequeño acceso de celos, en vez de disiparlo? +¡Quién sabe si podría obtener de ese modo algún provecho! Después de +todo, Héctor Bobart era un pretendiente desdeñado y ... de repente vino +á la memoria de Clementina el recuerdo de las cartas que aquél había +dirigido á Herminia y vió en aquellas delgadas hojas de papel el medio +de prender un incendio. Hacerlas caer diestramente en manos de Mauricio, +provocar una explicación entre Herminia y él, una escena acaso, ¿no era +medio de excitar la discordia? ¡Es tan fácil irritar las pasiones y tan +difícil calmarlas! El orgullo, la cólera, obran tan pronto sus efectos y +hacen tales estragos en un cerebro humano, que es imposible saber hasta +donde puede ir un incidente así comenzado. De todos modos, si el +resultado no era como ella esperaba, ella se encargaría de imprimirle el +impulso decisivo. + +Reflexionando así, subió á su cuarto y dió instrucciones á la doncella +para que los últimos regalos ofrecidos á Herminia fuesen llevados á las +nuevas habitaciones, y ella misma se propuso entregar á su sobrina un +cofrecillo que contenía sus joyas de soltera y algunos pequeños +recuerdos cuidadosamente conservados. + +Al cogerle, le ocurrió una idea que la hizo sonreir. Abrió su +escritorio, buscó en un cajón y sacó cinco ó seis pliegos de papel, +doblados. Eran las cartas dirigidas por Héctor á Herminia y que ésta +había entregado á la señorita Guichard sin leerlas: cartas +insignificantes de un buen muchacho á una prima á quien quiere inflamar +y que no salían del nivel de la medianía en achaque de amplificaciones +sentimentales. + +Sin dudar ante la atrocidad de la acción que cometía y disculpándose, +acaso, en el fondo, por la necedad misma de aquellas epístolas, +Clementina cogió las cartas y las colocó muy á la vista en el +cofrecillo, encima de todos los objetos cuidadosamente arreglados por +Herminia. Después cerró la caja y quitando la llave, descendió al salón. + +Los invitados llegaban en montón y el salón de baile rebosaba. Todos +los alrededores habían enviado lo más escogido de sus habitantes. La +música de la Celle, reforzada por la señorita Guichard, no esperaba más +que la señal del alcalde, señor Tournemine, para hacer sonar sus +trompetones. El tendero había preparado petardos y los bomberos, +igualmente aptos para apagar que para encender, se habían encargado de +las bengalas que debían iluminarlas arboledas del jardín. + +El salón pequeño había sido prudentemente reservado por la señorita +Guichard para el caso de que alguien se sintiera fatigado ó indispuesto +en medio de aquellos regocijos, y allí fué á donde ella se dirigió. Puso +el cofrecillo sobre la chimenea y después de dirigir una última mirada á +su máquina infernal, se fué con admirable tranquilidad á reunirse con +aquellos á quienes soñaba con hacer sus víctimas. + + + + +CAPÍTULO VII + +EL RAPTO. + + +El aspecto del salón de baile era encantador. En un tablado, al fondo, +estaban colocados los músicos. Todo alrededor, sillones para la gente +seria y sillas para los bailarines. El jardín, iluminado con faroles á +la veneciana, aparecía invadido por los invitados. La señorita Guichard +se vió en seguida rodeada por sus parientes y por sus amigos. Á una +señal de Bobart se desencadenó la tempestad instrumental y exaltó á la +concurrencia. Si Clementina hubiera tenido libre el espíritu, ¡qué +satisfacción hubiera experimentado en este instante en que dominaba á +toda aquella reunión por en medio de la cual se paseaba majestuosamente +siendo el blanco de todas las miradas y el objeto de todas las sonrisas! +Pero su alegría estaba envenenada por preocupaciones malvadas, y sin +dejar de recibir saludos, Clementina pensaba: + +--¿Conseguiré destruir esta dicha que todos proclaman, elogian y +envidian? + +Vió á Mauricio que hablaba alegremente con Herminia, mientras Roussel, +en un círculo de señoras, prodigaba sus gracias y sus amabilidades. Una +nube oscureció la frente de la solterona. Con una señal llamó al joven y +cogiéndole del brazo le dijo con tono indiferente. + +--Acabo de hacer llevar á vuestras habitaciones los últimos regalos +recibidos por Herminia, porque ahora no debo guardar nada suyo.... + +--Excepto ella misma, interrumpió galantemente Mauricio. + +--¡Oh! Pertenece á usted por completo, replicó la señorita Guichard +observando al joven. + +--Nos la repartiremos, respondió éste. + +Clementina pensó: "¡Hipócrita! intenta engañarme, pero no sabe que estoy +apercibida: sus astucias no tendrán efecto." Y en voz alta añadió: + +--En el saloncillo, sobre la chimenea, encontrará usted un cofrecillo +que contiene los recuerdos de soltera de Herminia. Ábrale usted mismo; +he aquí la llave. + +Mauricio la cogió, la guardó en el bolsillo del chaleco y respondió: + +--Voy enseguida. Pero hubiera usted podido, mi querida tía, esperar á +mañana para entregarnos esas cosas. En parte alguna ese tesoro hubiera +estado más seguro que en el sitio donde usted le ha puesto ... + +--¡No! ¡no! ¡es preciso hacer las cosas con regularidad! + +--Como usted guste. + +Mauricio le dirigió su más amable sonrisa y se encaminó hacia el +saloncillo, sin sospechar el lazo que se le tendía. Entró en la +habitación, á la sazón desierta, y vió el cofrecillo sobre la chimenea. +Era una caja de forma cuadrada con incrustaciones de marfil, como se +hacen tantas en Florencia. Debajo, vió Mauricio al volverla, grabadas en +la madera, estas palabras: "Pellegrini, via Maggio." Conocía muy bien +aquella via Maggio y en el momento acudieron á su memoria el +Ponte-Vecchio, con sus tiendas y el Arno cenagoso, corriendo entre sus +muelles de piedra. + +Tenía en la mano el cofrecillo y un ruido metálico se produjo en el +interior, como el sonido de anillos de oro. Mauricio pensó: "Son las +joyas de Herminia; sus adornos de soltera." Y un gran deseo de verlos se +apoderó de él. No pensó que fuese grande la indiscreción que cometía; lo +que había visto la tía, podía muy bien verlo el marido. La llave pareció +ponerse espontáneamente entre sus dedos como si una adversa y +misteriosa influencia mandase á su voluntad. Abrió la caja y al levantar +la tapa vió desde luego las cartas acusadoras. + +Las tomó, sin sospechar nada malo. "Alguna correspondencia de colegiala, +pensó; dulces y sencillos secretos de la infancia." Desdobló uno de los +pliegos y le echó una mirada, sin intención de leerlo. Pero aquella +letra de hombre cambió enseguida sus disposiciones. Sintió primero +asombro, después sorda irritación y por último un ardiente deseo de +saber lo que aquello significaba. Leyó y, á medida que avanzaba en la +lectura, su frente se contraía con sombrío descontento. Nada más vulgar +que aquella carta, clásica declaración de un oficial de curia á una +obrera florista, y firmada "Héctor," sin apellido. Pero no había duda +posible; era del hijo de Bobart, del oficial de húsares, del comensal, +un poco atrevido, del banquete de boda. + +El primer movimiento de Mauricio, como Clementina había previsto con +toda exactitud, fué cerrar el cofrecillo, volver al salón de baile, +llevarse á Héctor á un rincón solitario y allí aplicar sobre su nutrida +cara un buen par de bofetadas. Pero resistió esta tentación y juzgó más +razonable hacer á su tutor árbitro de la situación. Se metió las cartas +en el bolsillo, cerró la caja y salió de la habitación. Á veinte pasos +de él, Roussel hecho como siempre un héroe de madrigal, completaba la +conquista de las mujeres, jóvenes y viejas, cuya seducción se había +propuesto hacer. En su alegría, hubiera seguido la misma conducta hasta +con Clementina. Su sorpresa fué, pues, desagradable, cuando sintió que +le tocaban en el hombro y vió á su lado la fisonomía alterada de +Mauricio. Más por muy amortiguadas por la alegría que estuviesen sus +desconfianzas, tuvo enseguida el presentimiento de que alguna cosa +anormal había ocurrido y apartándose con su hijo algunos pasos, +preguntó: + +--¿Qué hay? + +--Venga usted conmigo y lo sabrá. + +Atravesaron la multitud, entraron en el saloncillo y, una vez solos, +dijo Mauricio, entregándole una carta: + +--¡Lea usted! + +--Roussel recorrió vivamente la carta, frunció las cejas y volviendo á +tomar toda su gravedad, dijo: + +--¿Dónde has encontrado esto? + +--En ese cofrecillo. + +--¿Y quién te le ha entregado? + +--La señorita Guichard; hace un instante. + +--¿Con la llave? + +--Sí. + +--¿De qué modo estaban colocadas las cartas, encima, muy á la vista? + +--¿Cómo lo sabe usted? + +--¡Desdichado! ¿Es difícil de adivinar? Es esa malvada Clementina la que +ha dado el golpe. + +--¡Padrino! + +--Es capaz hasta de haber falsificado las cartas. + +--Pero, ¿con qué objeto? + +--Con el de producir un disturbio entre tu mujer y tú. Por medio de una +querella, de una riña, de una explicación, cuenta con arrojar la cizaña +entre vosotros, apoderarse de Herminia y ... ¿quién sabe? ¡acaso +separaros para siempre! + +--¿Es serio lo que usted habla? ¿Sospecha usted de la señorita Guichard? + +--Y tú, ¿sospechas de tu mujer? replicó con energía Roussel. Tienes que +escoger: ó Herminia es una farsante que tiene por cómplice al ejército +francés representado por el hijo de Bobart, ó Clementina es una bribona +que ha aprovechado una casualidad, si es que ella misma no la ha +provocado, para ponerte ante los ojos una correspondencia que debía +impulsarte á algún acto violento. Por mi parte, mi elección está hecha; +acuso á Clementina. + +--¿Pero Herminia ... padrino mío?... + +--¡Herminia! Es posible que ni siquiera conozca esas cartas ... En todo +caso es preciso tener el valor de preguntárselo. + +Á esta declaración Mauricio palideció. + +--¡Qué! ¿Ponerla al corriente de esta infamia? ¿Interrogarla sobre tal +asunto? + +--Sí, ponerla al corriente; no interrogarla: consultarla lealmente como +persona leal que es. Y verás como, si está inocente de todo compromiso, +y esto me atrevo á jurarlo, aprecia tu franqueza y tu confianza. + +--Sea, pues. Así como así, no puedo soportar por más tiempo una sospecha +semejante. Hágame usted el favor de enviármela. + +--¿De enviártela? No, por cierto: yo te la traeré. Quiero asistir, si me +lo permites, á vuestra conversación, aunque no sea más que para impedir +que digas tonterías.... + +--¡Padrino! + +--Pues qué, ¿no habías empezado á decirlas hace un momento? + +--Sí, tiene usted razón. Permanezca usted y sea mi consejero y mi apoyo, +como siempre. + +--Puedes estar tranquilo. Seré aún más moderado por tu cuenta que lo he +sido por la mía. Espéranos aquí. + +Y salió. Mauricio quedó solo, sumergido en dolorosas reflexiones. Veía +sombrío el porvenir; pensó por primera vez que acaso su tutor no había +exagerado las malas acciones de que le había hecho víctima Clementina, y +no estuvo lejos de creer que la tía de Herminia fuese un monstruo. +Estimó, en todo caso, que la perfidia con que acababa de obrar le +dispensaba de toda gratitud y le devolvía su libertad de acción, y se +propuso, no devolverla mal por mal, pero al menos impedirla que siguiese +haciéndole daño. + +Sin embargo, por muy culpable que apareciese la señorita Guichard, había +un hecho que no se la podía atribuir y era la correspondencia misma, +punto de partida del incidente. Pensara Roussel lo que quisiera, las +cartas procedían efectivamente del hijo de Bobart; había, pues, existido +un amorcillo entre Herminia y él, y este solo pensamiento le exasperaba. +Y, no obstante, no podía imaginar siquiera a la Virgen del Bordado +cambiando amores tiernos con aquel húsar. Esto no estaba dentro del +orden de las cosas admisibles, ni en armonía con su naturaleza delicada +ni con el tono de sus cándidos ojos. Había evidentemente una pérfida +maniobra en todo aquello ... ¡Pero ella había recibido las cartas! + +No tuvo tiempo de llevar más lejos sus inducciones, porque Herminia +entraba con Roussel. El joven no tuvo tiempo de abrir la boca para +formular una pregunta; su tutor exclamó, apenas hubo cerrado la puerta: + +--¡Todo está aclarado! Ni siquiera ha leído las cartas, la pobre niña; +se las entregó cerradas á su tía. + +¡Cerradas! Mauricio tuvo tal acceso de alegría, que saltó al cuello de +Fortunato, pero éste dijo sonriendo y defendiéndose mal del apretón: + +--¡No es á mi á quien debes abrazar, majadero! + +Y les impulsó el uno hacia el otro. + +Por primera vez Mauricio, cogiendo á Herminia en los brazos, la estrechó +contra su corazón y desfloró con sus labios aquella rubia cabellera. + +--¡Había que ser verdaderamente maligno para adivinar que Clementina os +preparaba esta emboscada! Hijos míos, la situación es grave. Juzgad por +lo que acaba de hacer como principio de juego, de lo que es capaz si no +consigue enseguida separaros.... + +--¡Separarnos! + +Y al decir esto formaron tan hermoso conjunto, que Roussel no pudo menos +de sonreir. + +--¡Vamos! He aquí una unanimidad tranquilizadora! Pero desconfiad, +queridos hijos; estáis en peligro ... En el estado de mis relaciones +con la señorita Guichard, no me es posible daros un consejo; parecería +que abogaba contra ella y en favor mío. Es evidente que mi repentina +intrusión es lo que ha modificado las intenciones y cambiado los +proyectos de Clementina. Ha realizado un formidable cambio de frente y +trata á Mauricio como enemigo en vez de considerarle como aliado. Ya +estáis advertidos. Tomad una resolución, pero que sea adoptada por +vuestras propias inspiraciones. No veáis sino vuestro interés y no me +tengáis en cuenta para nada, pero contad conmigo. Cuando hayáis +resuelto, pondré tanta energía en apoyaros como reserva he empleado en +daros consejos. Ahora, os dejo. Os amáis; defended vuestra dicha. + +Herminia y Mauricio quedaron solos y se miraron un instante sin hablar. +Después, el marido cogió la mano de su mujer y atrayéndola hacia sí, +dijo: + +--Mira como estamos; y no hace veinticuatro horas que me perteneces; +¿qué nos prepara, pues, el porvenir? Una serie incesante de +dificultades, de luchas que no habremos hecho nada para suscitar y á las +que no podremos sustraernos. ¡Qué tristeza, Herminia, después de la +esperanza de tantas alegrías! + +--Pero Mauricio, ¿es posible que mi tía lo haya hecho ver esas cartas +que yo ni conocía? + +--¡Ay! Herminia; es muy cierto; pero no la acuses; ha obrado bajo la +influencia de la cólera y no de su corazón. + +--¿ Tú la disculpas? Y sin embargo, contra ti estaba tramada esta +horrible maniobra ... Pero qué locura inspira el odio para que en un +momento haya cambiado completamente una mujer tan buena, que ha sido +para mi una verdadera madre.... + +--Me aborrece ahora, bien lo ves, tanto como á mi padrino. No tiene más +que una idea; separarnos. No lo ha conseguido esta vez, poro volverá á +empezar hasta que en una ocasión más favorable.... + +--¿Podrá encontrarla? + +--La hará nacer, como hoy. + +--Entonces ¿qué va á pasar? + +--¿Tienes confianza en mí, Herminia? + +--Absoluta. + +--¿Crees que mi único deseo, fuera de toda consideración extraña á +nosotros, es nuestra propia dicha? + +--Lo creo. + +--¿Y piensas que aquí, entre mi tutor y tu tía, podremos escapar á los +disturbios y á las malas influencias? + +--Creo que no. + +--Entonces, deduce tú misma la consecuencia. La joven permaneció un +instante pensativa y con la rubia cabeza inclinada y algunas lágrimas +rodaron por sus ojos. Después murmuró: + +--¡Es preciso huir! + +--Sí, marcharnos, niña querida; salvarnos, para ser el uno del otro, +lejos de todo lo que no sea confianza y ternura. + +--Pero eso, ¿no será mostrarme ingrata hacia la mujer que me ha educado +y que ha sido excelente para mí? + +--Eso será mostrarte fiel al que te ama y al que tú habrás de amar. + +--Y al que amo ya, Mauricio, dijo Herminia, sonriendo á través de sus +lágrimas. Pero yo no soy más que una mujer y no tengo valor para decidir +entre lo que me parece mi deber y lo que es mi deseo ... Tú, que tienes +la firmeza necesaria, manda; yo obedeceré. + +Mauricio movió la cabeza. + +--No, Herminia; yo no puedo hacer lo que pides. Por graves que hayan +sido las faltas de la señorita Guichard hacia mí, no me considero como +absolutamente desligado de los compromisos que con ella contraje. He +prometido no obligarte jamás á separarte de ella; te dejo, pues, en +libertad. Si quieres quedarte, nos quedamos. Si partimos, es preciso +que sea por que hayas dicho: "¡Quiero partir!" + +--¡Oh! Mauricio, ¿qué exiges de mi? + +--Que salves tú misma, y sola, nuestra dicha. ¿Es mucho? Reflexiona +acerca de lo que sucede enderredor. Aquí está el desorden donde perecerá +nuestro reposo; fuera de aquí, la calma, la libertad de amarnos. +Herminia, ¡tenemos tanto tiempo delante, y tan hermoso! Algunos días +bastarán para que la que nos ha hecho tanto daño recobre la razón y nos +llame, y entonces podremos volver y gozar en paz de la tranquilidad que +tan bien habremos ganado. ¿Es esto tan espantoso? ¿Prefieres correr los +riesgos de una guerra en la que todos los tiros vendrán á herirnos en el +corazón? + +--Mauricio.... + +Herminia dudaba. Mauricio se puso á sus plantas y mirándola hasta el +fondo del alma, añadió: + +--Herminia, un minuto de resolución; una palabra decisiva, y todo se ha +salvado. ¿Tienes miedo de confiar en mi? Bien sabes que te adoro. En el +mundo no hay más que nosotros dos; lo demás poco importa. ¿Quieres +sacrificarnos á rencores pueriles y á odios vergonzosos? ¿Qué hemos +hecho nosotros para merecer tales sufrimientos? ¿Cuál es nuestro +crimen, amarnos? ¡Crimen muy dulce, por cierto! + +La joven se había inclinado hacia él. Mauricio tomó su mano y la apoyó +contra el corazón. Herminia lanzó un gran suspiro y después dijo con voz +firme: + +--¡Partamos! + +--¡Ah! ¡Qué dichoso soy! + +Herminia le dirigió una mirada que probaba que aquella exclamación de +alegría recompensaba su esfuerzo. En este momento entró Roussel. + +--Hijos míos, es preciso volver al salón. Os buscan por todas partes y +ya he tenido que impedir á Bobart que viniera á interrumpiros ... +¿Estáis de acuerdo? + +--Sí, padrino mío; nos vamos. Herminia es la que lo quiere. + +--Y tiene razón. Yo no quiero aconsejaros, pero en esta época, una +temporada en la orilla de los lagos de Italia, en Bellaggio, por +ejemplo.... + +Los ojos de Herminia se iluminaron. Nunca había viajado y no conocía +nada. Roussel se arrepintió de haber introducido aquel elemento tentador +en la resolución de Herminia, y pensó: "Esto no es juego limpio; pero +¡cómo se manifiesta siempre y en todo la mujer! ¡Qué mirada la de esta +muchacha! + +--Querido Mauricio, decídelo todo ahora, dijo Herminia; yo vuelvo al +lado de nuestros amigos. + +Y desapareció ligera y casi alegre. Roussel se volvió hacia su hijo y +dándole golpecillos en el hombro, le dijo: + +--¡Ah, bribón, no tienes de qué quejarte! ¿Vas, naturalmente, á llevarte +á tu mujer? + +--Usted lo ha dicho. Son las nueve y media: á las doce prescindo de la +compañía de la gente de la boda. + +--Tengo una excelente carretela que me espera en la plaza: ¿la quieres? + +--¿Me llevará á París? + +--Desde luego. Es cuestión de propina. + +--Entonces, está dicho. Prevenga usted al cochero. + +--Enseguida. Tu mujer, ¿ha puesto mucha resistencia? + +--La necesaria para que su decisión tenga una significación cariñosa ... +¡Es un ángel! + +--¡Bueno! Se lo pagaremos después. + +Fueron interrumpidos por una tempestad de armonías: era la banda que, en +el patio, empezaba, al unísono con la orquesta, el rigodón de honor. En +este momento se mostró en la puerta la fisonomía inquieta de Bobart. + +--Señor Aubry, le buscan á usted por todas partes.... La señorita +Guichard le reclama.... + +--¡Anda! Ve á cumplir tus deberes, dijo Roussel cambiando una mirada con +Mauricio. Mientras, tomaré el aire en el jardín. Hace aquí un calor +terrible. + +Se separaron y Mauricio se dirigió, á través de las filas de curiosos, +hacia la señorita Guichard que le esperaba en pie, altanera y masculina, +en medio del salón de baile, teniendo enfrente á su sobrina, del brazo +del señor Tournemine. + +--¡Ah! ¡Por fin! dijo dirigiéndole una mirada imperiosa. Vamos; +colóquese usted ahí y empecemos. + +Rugieron los instrumentos, y las parejas, poniéndose en movimiento al +mismo tiempo, emprendieron la primera figura del rigodón. + +Bobart, preocupado con el doble conciliábulo que acababa de verificarse +en el saloncillo, primero entre Herminia y Mauricio y después entre +Mauricio y Roussel, en lugar de entrar en el salón de baile, se aventuró +por el jardín en seguimiento de Fortunato. Por instinto adivinaba una +maniobra ofensiva por parte de los enemigos de su prima. Amargamente +vituperado por Clementina, que le acusaba de no haber vigilado +suficientemente á Roussel, tenía empeño en tomar un desquite. Y su amor +propio, su odio y su interés reunidos le impulsaban á seguir las +huellas del solterón. + +La noche estaba oscura y serena. Los faroles venecianos alumbraban las +calles de árboles en torno de la casa. Las arboledas del jardín y el +terraplén estaban en la sombra. Roussel empezó por pasearse por el +parque con aire indiferente y después, poco á poco, se aproximó á la +puertecilla que daba al rincón de la callejuela en que estaba la tapia +en la cual Mauricio había visto por primera vez á Herminia. Roussel se +volvió para observar si era espiado, y Bobart apenas tuvo tiempo por +esconderse detrás de un árbol. Desde allí vió al tutor abrir la puerta y +salir vivamente. + +Echó á correr y llegó al terraplén á tiempo para ver á Roussel acercarse +á un coche que estaba parado en la plaza y hacer señas al cochero para +que acercase el vehículo á la esquina de la callejuela, á dos pasos de +la puertecilla. + +Mientras la carretela atravesaba la plaza para colocarse al pie del +terraplén, Roussel la seguía con aire plácido. Se aproximó al cochero y +antes de entrar de nuevo en el jardín, le dijo á media voz: + +--¿Ha entendido usted bien, no es verdad? Un caballero y una señora, +dentro de hora y media. Tendrá usted veinte francos de propina al llegar +París.... Y sobre todo, permanezca usted ahora en el coche hasta el +momento de partir. + +--Vaya usted tranquilo, señor Roussel, dijo el cochero. + +Inclinado sobre el muro del terraplén, en la sombra, Bobart no había +perdido ni una palabra de estas recomendaciones. Pensó: "¡Un caballero y +una señora que el cochero debe conducir á París en el coche de Roussel! +Esto es claro como la luz; se trata de Mauricio y Herminia. La +intervención de mi excelente prima produce su efecto: los recién casados +meditan una fuga. No es esto ciertamente lo que la señorita Guichard +esperaba; luego es preciso prevenirla." + +Fortunato atravesó el jardín con paso tranquilo y entró en el salón de +baile; Bobart le siguió y al llegar á la puerta vió que llamaba á +Mauricio y Herminia y les daba explicaciones que los jóvenes escuchaban +con extraordinaria atención. Después se separaron y Herminia y Mauricio +recorrieron del brazo el salón mientras Roussel se paseaba con aire +distraído. En estas circunstancias cuya gravedad adivinaba, Bobart no +dudó; se fué derecho á la señorita Guichard, que parecía una reina en +medio de sus convidados, y llevándosela al pie del tablado de la +orquesta, dijo: + +--Procura no dejar que se altere tu cara, mi excelente amiga, porque +nos observan y tengo que darte serias noticias. Dentro de hora y media +parten Mauricio y Herminia para París. + +--¿Qué dices ahí? exclamó la señorita Guichard con voz temblorosa por la +cólera. + +--Cálmate y escucha. Lo he descubierto todo hace un instante. Roussel es +quien ha aconsejado y preparado el plan. + +--¡El miserable! + +--Su coche espera al lado de la puertecilla del jardín y va á servir á +los recién casados para alejarse de aquí. + +--¿Y qué hacer para impedírselo? + +--No perder de vista á tu sobrina. + +--Pero mañana volverán á las andadas. Y la ocasión sería tan buena para +romper.... Ellos me provocan.... Yo no hago más que defenderme.... +Quieren quitarme á Herminia ... ¡Si fuese yo quien se la quitase!... + +--¡Admirable idea! Cambias la situación. Creían vencerte y serás tú la +que triunfe.... + +--Pero ¿cómo? + +--Adelanta la hora de la partida. Envía á buscar á tu sobrina una +persona con cuya fidelidad puedas contar. + +--Su doncella. + +--¡Bueno! Esa muchacha previene á Herminia que su marido la espera en +el coche.... La joven baja sin desconfianza.... En lugar del marido +encuentra á la tía y.... ¡Arrea, cochero!... + +--Me voy á París y desde allí á Rouxmesnil, en Normandía.... Una +propiedad aislada, en la que soy inexpugnable.... + +--¡Magnífico! ¿No cambias de traje para partir? + +--Tengo en París todo lo necesario. + +--Es probable que tu sobrina vaya á quitarse su vestido blanco. + +--Dejémosla libre en sus movimientos. Pero tú, dedícate á Mauricio y no +le pierdas de vista. + +--Convenido. + +Mientras se urdía este doble complot la fiesta llegaba á su apogeo y era +fácil prever que el baile duraría hasta por la mañana. En la plaza del +pueblo se había instalado una música al aire libre y las gentes del país +saltaban sobre el césped á la luz de unos faroles á la veneciana +colocados por el tendero. La señorita Guichard había enviado algunos +toneles de vino para que refrescasen los bailarines, y estos diversos +atractivos hacían que se agrupase delante de la verja una gran multitud. + +En la callejuela sombría esperaba la carretela. El cochero, fiel á su +promesa, no la había abandonado, pero se había hecho llevar una botella +de vino y bebía á la salud de los novios. Las once acababan de dar en +el campanario del pueblo. El momento de la partida se aproximaba. El +cochero quitó la manta á los caballos, les puso las riendas y enseguida +montó en el pescante, un poco aturdido por la oscuridad y por el vino. +Empezaba á quedarse dormido, cuando se abrió la puertecilla y una señora +muy tapada y que hablaba con alguien que se quedaba en el jardín, abrió +vivamente la portezuela del coche y montó. + +En el mismo momento, otra mujer de alta estatura y maneras desenvueltas, +se adelantó hacia el coche y dijo dirigiéndose al cochero: + +--¡Volando! ¡Á París. + +El cochero, asombrado, dijo: + +--Pero mis viajeros debían ser un caballero y una señora.... + +--El caballero no parte ya ... ¡Vivo! + +Y abrió la portezuela. Un grito: "¡Dios mío! mi tía!" se oyó en el +interior del coche; pero la portezuela golpeó, vigorosamente atraída, y +el ruido de las ruedas ahogó el resto de las quejas de Herminia. + +En el salón de baile los invitados se removían con ardor. Mauricio sacó +su reloj y vió que eran las once y media. Hacía algunos momentos ya que +Herminia había desaparecido. La señorita Guichard acababa de +encaminarse al saloncillo á fin de dar órdenes, sin duda, para la cena. +Juzgó que la ocasión era favorable. Bajó al patio, atravesó los +pabellones, subió ligeramente la escalera que conducía á sus nuevas +habitaciones; llamó, y como nadie le respondía, entró. + +En el cuarto, alumbrado por una lámpara, estaba extendido sobre la cama +el vestido de novia de Herminia. Los cajones estaban abiertos y todo +indicaba los preparativos de un viaje. + +Mauricio pensó "Está ya en el coche." Cogió su abrigo y un sombrero y +bajó vivamente. Salió por la puertecilla, volvió la esquina de la +calleja y no vió coche alguno. Supuso que el cochero, habría entendido +mal y esperaría, acaso en el otro extremo de la calle, y corrió á +cerciorarse. La callejuela estaba desierta. + +Volvió á la plaza, latiéndole el corazón y con el espíritu turbado por +un principio de inquietud. Allí una fila de coches esperaban á los +invitados y todos los cocheros estaban en el café. Muy alarmado, +Mauricio volvió al jardín, se quitó el abrigo y entró en el salón en +busca de su tutor. Roussel no tuvo más que mirar á su hijo para +comprender que ocurría un incidente inesperado. Se le llevó á un rincón +y le preguntó con acento inquieto: + +--¿Qué hay? + +--Hay, que no he encontrado el coche y que no sé dónde está Herminia. + +--¿Qué es lo que dices? + +--Herminia se ha vestido y, evidentemente, ha ido á la carretela. Pero +la carretela no está. + +Se miraron, con un principio de sospecha. + +--¿Dónde está Clementina? preguntó Roussel. + +--Ha salido del salón hace más de un cuarto de hora. + +--¡Busquémosla, preguntemos por ella ... en la casa ...¡Ah! ¡Bobart!... +¡Apoderémonos de Bobart! + +Cayeron sobre el abogado, que con aire inocente saboreaba un helado, +sentado en un mullido sillón, y allí, sin levantarla voz, pero con +miradas muy expresivas, preguntaron: + +--Bobart, ¿qué es de la señorita Guichard? + +--Pues lo ignoro, balbuceó el abogado, levantándose para escapar á las +preguntas. + +--¡No se mueva usted! y responda, dijo Roussel. ¿Dónde está la señorita +Guichard? + +--¡No sé! señores, contestó Bobart gritando para llamar la atención +sobre él. No comprendo vuestra insistencia.... + +--Hable usted más bajo, dijo Mauricio, ó le llevo al salón inmediato y +allí ... va usted á ver. + +Estaba tan amenazador, que Bobart, espantado, permaneció en su butaca +sin hacer un movimiento, sin pronunciar una palabra. + +--Le doy á usted un minuto para decidirse á responder. Dentro de un +minuto le haré á usted responsable de la emboscada que aquí se ha +ejecutado. + +--¡La emboscada! exclamó Bobart, fuera de sí por el terror. ¿Quién la ha +preparado? + +--¡Ah! ¿Usted sabe, pues, lo que ha sucedido? Usted conviene en ello.... + +Yo no convengo en nada.... Ustedes me violentan ... me amenazan.... + +--Sí; todo lo que convenga para saber dónde está la señorita +Guichard.... + +--Pues bien.... ¡Ha partido! + +--¡Ha partido! ¿Con la señora de Aubry? + +--Con la señora de Aubry y en la propia carretela de usted. Vaya; ¿está +usted satisfecho? dijo Bobart con expresión de radiante alegría. + +--¿Adónde la conduce? + +--¡Vaya usted á preguntárselo! + +--¿La ha obligado á acompañarla? + +--¡Obligado! exclamó Bobart. ¿Cómo es eso posible? ¿Por qué no robado á +la fuerza? ¡En medio de quinientas personas! ¡No, no! La señora de Aubry +ha seguido á su tía de buen grado.... La señorita Guichard la ha +ilustrado acerca del aspecto moral del acto que iba á cometer. La joven +ha reconocido que había sido inducida á error y ha partido libremente y +por su propia voluntad!... + +--¡Viejo tunante! exclamó Mauricio exasperado, y cogiendo á Bobart por +un hombro, le sacudió tan rudamente que Roussel vino al socorro del +abogado y sé interpuso entre su ahijado y él. + +--Vamos, hijo mío, un poco más de calma. En todo lo que el señor dice no +hay sin duda ni una palabra de verdad. Hemos jugado una partida y +acabamos de perderla: tratemos de tomar el desquite. Para esto no nos +las entendamos con los lacayos, sino con los dueños. + +--¡Lacayos! repitió Bobart. Sepa usted señor mío.... + +--¡Nada! interrumpió Roussel; conozco á usted hace mucho tiempo, señor +hipócrita, señor pedante.... He dicho lacayo y hubiera podido decir +espía.... + +--¡Y si no está usted contento, añadió Mauricio, puede usted enviarme su +hijo! + +--No, señor, declaró enfáticamente Bobart. Soy muy suficiente para +vengar yo mismo mis injurias. Usted sabrá lo que cuesta tener que +habérselas con un hombre como yo.... + +--¡Los clientes de usted lo han sabido muy bien, maestro en vilezas! +dijo Roussel. Pero téngase por advertido y que no le encuentre yo en mi +camino, ó le hago pagar las costas con más gracia que usted mismo lo +hacía.... + +Y tomando á su hijo por el brazo, dijo: + +--Ven, Mauricio, ven. No tenemos nada que hacer aquí. + + + + +CAPÍTULO VIII + +EL SECUESTRO. + + +Por la mañana del siguiente día, estaba Roussel todavía dormido cuando +entró Mauricio en su cuarto, descorrió las cortinas y se sentó en una +butaca al pie de la cama. + +--¿Qué hora es pues? preguntó Fortunato incorporándose. + +--Las cinco. Perdóneme usted que interrumpa tan pronto su sueño, pero +estando solo, me volvía loco.... + +--¡Oh! hijo mío; has hecho muy bien en despertarme. Espera, voy á +levantarme. + +--No, permanezca usted acostado; lo mismo podemos conversar y con tal de +que me hable usted de Clementina, quedaré aliviado.... + +--¿Tú no has dormido? mi pobre hijo.... + +--¡No! Pero eso importa poco. Sufriría todas las penas sin quejarme con +tal de saber dónde está mi pobre mujer. + +--Tranquilízate; lo sabremos. Y entonces.... Pero, ahora pienso ... +Federico, ¿está levantado?... Sí. Llama. + +--¿Para qué? + +--Vas á verlo. + +Mauricio llamó. Al cabo de un instante apareció el ayuda de cámara de +Roussel. Era un excelente servidor que había sustituído al criado modelo +que la señorita Guichard había quitado á Fortunato veinte años antes. +Ningún ofrecimiento había hecho mella en Federico; por eso, en sus días +de buen humor, Roussel le llamaba Hipócrates. Un día en que el ayuda de +cámara se atrevió á preguntar á su señor porqué le llamaba así, éste le +respondió: "Por causa de los presentes de Artajerjes." Federico no +comprendió mucho más y permaneció estupefacto. Y Roussel añadió "¡ +Bueno! No se caliente usted la cabeza: Hipócrates era un hombre +incorruptible." Federico se dió por satisfecho y adquirió mucho mayor +importancia á sus propios ojos. Con el tiempo se había hecho enteramente +adepto y, sobre todo, adoraba á Mauricio. + +--Federico, dijo Roussel, ¿está usted todavía en buena inteligencia con +el portero del señor Bobart? + +--Sí, señor. Por recomendación del señor, yo he sido quien le ha +proporcionado su plaza. + +--Bueno. Federico, va usted á salir inmediatamente para París. Irá usted +á ver á su protegido y le pedirá, como un servicio de capital +importancia, que, en el caso de que el señor Bobart salga de París, +indique á usted la estación por donde ha partido. Y si puede usted +obtener que le informe acerca del departamento ó el país extranjero de +donde lleguen cartas para el señor Bobart, nos prestará á Mauricio y á +mí una ayuda inapreciable.... Usted nos conoce muy bien para creer que +se trata de algo vituperable.... + +--¡Oh, señor! Con los ojos cerrados le obedeceré.... Con los ojos +cerrados.... + +--Y bien, no los cierre usted.... Ábralos, por el contrario, todo lo que +pueda.... Quédese usted en París y á las horas de la distribución del +correo esté siempre en casa del portero ...¿El señor Bobart le conoce á +usted? + +--No, señor. + +--Tan pronto como tenga usted noticias que darnos, vuelve sin perder ni +un segundo. + +--El señor puede contar conmigo. + +Y salió. Mauricio permanció sentado, interrogando á su tutor con la +mirada. + +--He aquí mi idea, dijo éste. Está fuera de toda duda para mí que el +tunante de Bobart es cómplice de la señorita Guichard. Él nos espió la +noche última y él fué quien la previno. Es, pues, cierto, que tan pronto +como se crea en seguridad, Clementina va á escribirle y acaso á llamarle +cerca de ella. Por el sello de la carta sabremos dónde está y si Bobart +se marcha, la estación de que parta será una nueva indicación. + +--¿Y entonces qué haremos? + +--No lo sé todavía; es preciso reflexionarlo. Por otra parte, acaso no +sea por Federico por quien sepamos donde está la señorita Guichard ... +Tu mujer es muy capaz de burlar la vigilancia de Clementina y escribirte +... + +El joven movió tristemente la cabeza. + +--¿Cómo ha consentido en acompañarla? + +--¡Buena es esa! ¿Sabes cómo habrán pasado las cosas? La señorita +Guichard es robusta como un coracero ... ¿Quién te dice que no se ha +llevado á Herminia por la fuerza? + +--No es posible. ¡En medio de quinientas personas! ¡Cuando el cochero no +estaba prevenido y hubiera bastado un grito de llamada, un acto de +resistencia, por débil que fuese, para que el coche se detuviese! + +--¿Y si Clementina ha mentido? Si la ha dicho que era solamente de mí de +quien huían, pero que tú irías á buscarlas por la mañana ... Con la +señorita Guichard, ¿entiendes? es posible todo. Es una vieja Eva sin +Adán, que por distraerse en su paraíso vacío, se ha comido todas las +manzanas y ha domesticado á la serpiente! + +--Esperemos, pues. + +--Paciente y cuerdamente. Piensa que tienes el porvenir delante de ti, +¡y qué porvenir! ¡Herminia sin la señorita Guichard! Porque, después de +semejante barrabasada, estarás en tu derecho tomando precauciones, y la +primera.... + +--Consistirá en separar á Herminia de ese monstruo de maldad. + +--¡Ah! ¡Ah! dijo Roussel. Te ha llegado la vez. ¡Te hacías ilusiones +sobre Clementina y no estabas lejos de acusarme de exageración! ¿Cómo la +encuentras ahora tan deliciosa tía? Pues bien, amigo mío, ahí tienes la +esposa que el difunto Guichard, ¡paz á sus cenizas! había soñado +imponerme de por vida. ¿Comprendes que me haya defendido como un tigre? +¡El dichoso esposo de Clementina! Cuando pienso en esto me estremezco +todavía. + +Hablando y paseándose por el estudio y por el jardín, los dos hombres +llegaron al medio día y se sentaron melancólicamente en el hermoso +comedor. No era así como Mauricio había pensado almorzar aquella mañana. +Roussel leía este pensamiento en su cara y estaba triste por su +tristeza. El día se pasó más pronto de lo que hubieran creído; pero la +velada, largamente prolongada, tanto temían uno y otro no dormir, les +pareció interminable. Por la mañana, estaban de pie al despuntar la +aurora. La impaciencia de Mauricio rayaba en el frenesí. Se paseaba á lo +largo del estudio como una fiera en la jaula. Roussel, sentado en un +sofá miraba sin hablar al joven: no hubiera sabido qué decirle, fuera de +las vulgaridades agotadas hacía mucho tiempo. El correo llegó sin carta +de Herminia. Y sin embargo, hubiera tenido tiempo de escribir si hubiera +querido ó podido hacerlo. Era evidente que no había podido. En esto +encontraba Roussel un gran campo de discusión y le aprovechaba, ocupando +á Mauricio con sus razonamientos y forzándole á distraer su dolor en +controversias. En resumen, sospechaban que la señorita Guichard había +secuestrado á la señora de Aubry de un modo tanto más criminal cuanto +que no tenía sobre la joven ni derechos naturales ni derechos +adquiridos. Además la impedía que llenase sus deberes respecto de su +marido habitando con él y donde á él le conviniera. Y Roussel citaba el +código. En suma, si Mauricio quería, había allí materia para un gran +proceso, y tomando un ilustre abogado, se podía poner á Clementina en +una posición muy desagradable. + +Llegaron así al almuerzo, que les reunió otra vez en el comedor, tristes +y sin apetito. Hacia las dos, la sobrexcitación de Mauricio era tan +aguda, que hablaba de marcharse á París, subir á casa de Bobart y +cogerle por la garganta para obligarle á revelar los secretos de la +señorita Guichard y decir dónde ocultaba á Herminia. Á las tres, mirando +por la ventana hacia el camino, como si esperase ver á su mujer aparecer +súbitamente y correr á él con los brazos abiertos, lanzó un grito: + +--¡Ahí está Federico! + +--Seguramente tiene noticias, puesto que vuelve. + +Mauricio había bajado ya la escalera. Cogió al criado por el brazo, +preguntándole, aturdiéndole y, sobre todo, impidiéndole hablar. +Solamente en presencia de Roussel, encontró Federico su equilibrio. Se +enjugó la frente y dijo: + +--Ya sé lo que el señor deseaba averiguar. + +--¡Buen Federico! + +--Mauricio le estrechó en sus brazos. + +--Si el señorito Mauricio quisiera no ahogarme, podría contarle lo que +he sabido. + +--Veamos; déjale hablar. Este muchacho.... + +Mauricio se sentó en el sofá; y Federico volvió á tomar la palabra. + +--Desde ayer no he dejado la portería de la casa del señor Bobart. +Francisco, que es mi amigo, me instaló en un rincón de su cuarto y allí +he esperado los acontecimientos. Nada ocurría; ningún suceso, ninguna +agitación. El señor Bobart se retiró ayer á las diez. Esta mañana no +salió. La distribución del correo nada había indicado. Yo estaba +consternado, cuando á medio día, en un montón de cartas, se encontró una +para el señor Bobart. Examinado el timbre de salida, nos dió esta +indicación: Clères (Sena Inferior). + +--¡Ah! exclamó Roussel; ya la tenemos. + +--Espere el señor, que la cosa se va á hacer más precisa dentro de un +segundo ... Hacia las doce y media, la cocinera del señor Bobart entró +en la portería. Iba á buscar un coche para su señor y entraba para rogar +á Francisco que subiese, á fin de ayudar al criado á bajar un baúl. +"¿Según eso se va de viaje su amo de usted? dijo Francisco. + +--Sí, respondió ella ... Va á ver á unos parientes á Rouen...." + +--¡Bravo! interrumpió Roussel. Rouen y después Clères. La señorita +Guichard está en Rouxmesnil, una tierra que posee en Normandía, cerca +de Dieppe ... Gracias, amigo Federico; ha maniobrado usted como un +verdadero agente de policía. + +--¿Y el señor Bobart partió? + +--Partió, sí, señor; un cuarto de hora después. + +--¡Bueno! Federico. Ahora puede usted bajar; su misión ha terminado. +Coma usted, beba, descanse. + +--Doy mil gracias al señor. + +Roussel y Mauricio, al quedar solos, se miraron, y enseguida, como si +les animara un pensamiento único, dijeron á un tiempo: + +--¡Partamos! + +--Hay un tren esta tarde; tenemos tiempo de hacer nuestros preparativos, +añadió Roussel. Y no nos ilusionemos; va á ser preciso, acaso, emplear +la fuerza para dar buena cuenta de la señorita Guichard. + +--La emplearemos. + +En todo caso, empecemos con precaución, para no poner en guardia al +enemigo. Si fuésemos reconocidos, Clementina sería capaz de cambiar de +residencia y nuestras pesquisas tendrían que empezar de nuevo. + +--Pues bien, si es preciso, nos disfrazaremos. Yo le desfiguraré á +usted. + +--¡Ah! Por fin te veo animado. ¿Vives ahora? + +--Sí, empiezo á esperar. + +--Ve á preparar tu maleta. No llevaremos más que lo estrictamente +necesario. ¡Nada de caja de colores ni de caballete de campo sobre todo! +Un pintor llamaría la atención en diez leguas á la redonda. + +--Tiene usted razón. + +El joven entró en su cuarto y un instante después, Roussel, con una +satisfacción profunda, le oyó tararear. + +El castillo de Rouxmesnil es una edificación blanca, perdida entre el +verdor de un parque de diez hectáreas y rodeada de muros y de +precipicios. Un espeso bosque de hayas centenarias la defiende del +viento del mar, que barre furiosamente toda la llanura. Una importante +hacienda dependía del castillo, que no estaba habitado hacía mucho +tiempo. Al tío Guichard le gustaba esta propiedad, que había heredado de +su padre. Pasaba en ella dos meses del año, en la época de la caza. Las +llanuras y los bosques que rodean á Rouxmesnil son muy sinuosos. El +mobiliario de las habitaciones, conservado tal cual, aunque parecía +incómodo y pasado de moda, había vuelto á ser del gusto del día. Estaba +formado por aquellas encantadoras maderas estilo Luis XVI, cubiertas de +terciopelo de Utrecht, camas, armarios y cómodas de caoba, adornadas con +cobre dorado. Los tapices eran antiguas telas de Jouy, de colores +amortiguados por el tiempo. El polvo del abandono cubría los muebles. El +piso bajo, ventilado solamente dos veces al mes por el jardinero, que al +mismo tiempo era conserje, olía á humedad. Pero las ventanas daban á una +gran pradera á la que servían de marco hermosas arboledas, y á lo lejos, +más allá de la llanura, los bosques comunales de Saint-Victor extendían +sus ramas sombrías en las que cantaban los melancólicos cucos. + +Al llegar á Rouxmesnil, Herminia, que no había estado allí más que dos +veces con la señorita Guichard y llevaba los ojos hinchados de llorar, +la cabeza aturdida por el insomnio y el corazón oprimido por el +pensamiento de la pena que debía experimentar Mauricio, creyó que +entraba en una prisión. Las maderas cerradas hacían reinar una oscuridad +húmeda en todas las habitaciones. Un silencio profundo reinaba en la +finca y, para colmo de tristeza, una lluvia torrencial, que había +empezado en Clères, al salir del tren, borraba el horizonte en una bruma +gris. + +La señorita Guichard, afectando con Herminia una dulzura llena de +compasión, como si acabase de arrancarla al más espantoso peligro, daba +órdenes á la doncella que las había acompañado, y decía en su habitual +tono de mando: + +--¡El departamento de Herminia, ante todo! Que esta querida niña tenga +enseguida un sitio para descansar! ¡Tiene de ello tal necesidad después +de semejantes emociones!... Envíe usted á buscar gentes á la quinta ... +Quiero que dentro de dos horas esté todo en orden en el castillo ... +¿Cómo te sientes, querida hija mía? ¡Esperarás el almuerzo!... + +--¡Oh! No tengo apetito ninguno, tía ... + +--Es preciso comer, niña querida, para ponerte en estado de soportar la +prueba ... + +--Pero, tía mía, ¿qué prueba? preguntó Herminia con irritación. + +--¡Paciencia, hija mía; ya lo sabrás todo! Entonces comprenderás la +infamia de que ibas á ser víctima y yo contigo ... + +--¡Una infamia!... ¡De Mauricio, es imposible! + +--No era él el culpable ... Pero el abominable mentor que le dirige! +Dejemos estas explicaciones para después; sabes que puedes contar con mi +afección ... ¡No te abandonaré jamás! + +Herminia ahogó un suspiro. La perspectiva de no dejar nunca á la +señorita Guichard no era á propósito para tranquilizarla. La señorita +Guichard sin Mauricio, ó Mauricio sin la señorita Guichard; tal era la +disyuntiva que se ofrecía á su pensamiento, y en aquella hora no era +posible dudar: hubiera querido estar con Mauricio. + +Había sido preciso todo el ascendiente moral que ejercía sobre ella su +bienhechora, y un poco, también, la violencia material, para impedirla +saltar del coche cuando había visto aparecer á Clementina en lugar de su +marido. Clementina tuvo necesidad de cogerla por la cintura, sin dejar +de dirigirle los más violentos reproches. Hasta París, Herminia no había +hecho más que sollozar. Toda la noche había estado inquieta en el lecho, +regando las almohadas con sus lágrimas. Por la mañana había sido aún +necesario violentarla para llevarla al ferrocarril. + +Y ahora, en aquel antiguo castillo, frío, húmedo y desolado, continuaba +rebelándose. No lo hacía en voz alta, porque tenía miedo á su tía, pero +en el fondo juzgaba severamente su manera de obrar. La sublevación moral +de la joven era tan visible, que Clementina se creyó obligada á algunas +explicaciones. No esperaba encontrar tal energía en aquella delicada +rubia que había obedecido tan perfectamente desde que dependía de ella. +¿Pero qué importaba la resistencia á la fogosa Clementina? Á los que la +resistían, los aniquilaba. Roussel y Mauricio sabían algo de esto. + +Condujo á Herminia á una habitación del primer piso y abriendo vivamente +las persianas, dijo: + +--Esta es la habitación que yo habitaba en otro tiempo, cuando vivía el +tío Guichard ... Te la doy, hija mía ... Comunica con otro cuarto que +será, para tu marido cuando haya cesado de enfurruñarse y venga á +reunirse contigo. + +--¿Podrá, entonces, venir? + +--Sin duda alguna. + +--Pero, ¿sabe que estamos aquí? + +--Voy á escribírselo yo misma, inmediatamente. + +--¡Oh! Déjeme usted ese cuidado, tía mía, exclamó la joven. + +--Eso no sería ni correcto ni conveniente, contestó Clementina. +Parecería que te sustraías á mi jurisdicción y que hacías concesiones, +cuando es él quien debe hacerlas ... + +--¡Oh! tía mía, nada más que una palabra al final de la carta ... + +--Una palabra, sea, dijo la señorita Guichard, pensando que, después de +todo, un ruego de Herminia activaría la sumisión de Mauricio. El pobre +muchacho está tan mal aconsejado que sería capaz de no venir. + +--¿Lo cree usted? + +--Lo creo todo mientras Roussel esté cerca de él. ¡Ese hombre es su +genio malo! + +Saltó, dejando á su sobrina entregada á sus reflexiones. El plan que +había formado era muy sencillo. Por segunda vez quería obligar á +Mauricio á adquirir compromisos y el primero sería renunciar á Roussel. +¿No accedía? pues no tendría á su mujer. Había que elegir: ó venía á +buenas y cumplía siquiera la mitad de sus promesas, caso en el cual la +dicha de Roussel estaría muy comprometida, ó no cedía, y entonces era +fácil hacer pasar su resistencia por egoísmo, por indiferencia, y +procurar una disensión entre los esposos. En el primer caso, Clementina +triunfaba y continuaba siendo omnipotente; en el segundo, se vengaba +terriblemente de los que hablan intentado burlarla, y esto era también +una victoria. + +En sus nuevas posiciones se creía muy fuerte; casi invencible. Por de +pronto, su Rouxmesnil le parecía inexpugnable. Para llegar hasta +Herminia sin permiso y sin entrar por la puerta grande, había que +escalar el muro, franquear el foso y atravesar el parque, y el guarda, +prevenido, rondaría constantemente. El arrendador de la hacienda le +había prestado un perro que vigilaba de día y era feroz de noche. Por +último, Clementina llamaría á Bobart en su ayuda. En semejantes +circunstancias tenía necesidad de los consejos jurídicos y de las +artimañas de aquel práctico astuto. + +Le escribió enseguida. Á Mauricio le escribiría al día siguiente: +convenía que el tiempo calmase su cólera y produjese el desaliento. Por +la mañana, en efecto, entró en el cuarto donde Herminia había acabado +por dormirse con un sueño febril y puso una carta sobre la mesa, +diciendo: + +--Lee y añade lo que quieras. + +--La carta era amistosa, decía á Mauricio que se esperaba su llegada y +terminaba así: "He olvidado el daño que ha querido usted hacerme, porque +sé muy bien que no obedecía usted á sus propias inspiraciones, y estoy +pronta á acogerle como á un hijo respetuoso y sumiso." Herminia no echó +de ver con qué pérfida habilidad habían sido escogidos los términos de +esta carta para herir á Mauricio, á quien se trataba como un niño por la +que tan duramente acababa de hacerle sentir su autoridad. La joven no +vió más que la llamada á su marido y esto bastó. Cogió una pluma y al +pie de la carta escribió. "Ven, mi querido Mauricio, te espero con mucha +impaciencia. Cree que soy toda tuya." Ardía en deseos de añadir: "Te +abrazo y te amo," pero no se atrevió. Firmó con letra un poco alterada, +porque el corazón le latía y le parecía que arriesgaba su vida en este +momento. La señorita Guichard cerró el sobre y dijo: + +--Tú misma darás la carta para que la pongan en el correo al ir á +esperar á Bobart. + +--¿El señor Bobart llega? + +--Claro está. ¿Crees que vamos á vivir como dos prisioneras? No nos +ocultamos, porque no hemos hecho nada malo. + +Sin embargo, Herminia vió muy bien que se adoptaban todas las +precauciones para que ella no pudiese tener comunicación alguna con el +exterior. Por la tarde llegó el desagradable Bobart. Comió y enseguida +se encerró con la señorita Guichard. Herminia se refugió en su +habitación y con la ventana abierta soñó, contemplando la luna que +aparecía por encima de las hayas y las plateaba con su luz. Una paz +profunda reinaba en la campiña. Solamente los buhos hacían oir en los +abetos su grito monótono y triste. + +La joven pensó que acaso estaba destinada á vivir siempre en aquella +soledad y aquel silencio. Si Mauricio no acudía; ¿cómo conseguir +reunirse con él? ¿Quién los aproximaría? ¿Quién disiparía todos aquellos +errores interesados? ¿Cómo caerían los obstáculos acumulados por +voluntades hostiles? Una gran tristeza se apoderó de ella y rodaron +sobre su cara gruesas lágrimas, lentas y amargas. + +Era cerca de media noche cuando subieron Clementina y Bobart. Herminia +cerró la ventana, se desnudó, hizo su oración, rogando al cielo que la +devolviese su marido, y se durmió más calmada. Por la mañana se +presentó para el almuerzo y tuvo que sufrir los cumplimientos insidiosos +del ex-abogado. Durante el día Clementina propuso un paseo por el +parque, pero á Herminia le pareció un suplicio pasear entre Bobart y la +señorita Guichard. Pretextó una jaqueca y se quedó. + +Pasó este día y el siguiente en una profunda ansiedad y prestó el oído á +todos los ruidos del camino creyendo á cada instante ver llegar á +Mauricio. Todas las noches se acostaba con el corazón oprimido, +diciéndose: "¡Mañana será!" Y el día siguiente no traía tampoco noticias +del marido esperado, que no venía. + + + + +CAPÍTULO IX + +EL BLOQUEO. + + +Al cabo de cuatro días Herminia empezó á sentir cierto despecho. +Verdaderamente, Mauricio era muy indiferente ó muy orgulloso. ¡Qué! ¿No +podía decidirse á venir al lado de su mujer? ¿Estaba tan ofendido por su +partida en la noche de la boda? ¿No debía creer que no lo había hecho +por su voluntad? Sin embargo, no perdía la esperanza. + +Observaba siempre al guarda en acecho y oía ladrar al perro feroz todas +las noches. Su tía le lanzaba maliciosas miradas como queriendo decirla: +"¿Eh? Ahí tienes tu amor, mira lo que es ... ¡Su intensidad no es +bastante para hacer olvidar á un hombre su amor propio ofendido!" ... +Cuando la hablaba la llamaba con afectación: "Mi pobre hija" con un tono +de lástima que molestaba extraordinariamente á Herminia. + +La señorita Guichard empacaba á pensar seriamente que Mauricio estaba +resuelto y no volvería y esto la agradaba en extremo, porque era la +separación y el divorcio asegurados. Le pareció que seria buena política +redoblar su cariño por la joven y mostrarle alguna confianza. Sin +aflojar la vigilancia exterior, dejó á la joven algo más libre en el +parque. La invitó á que se paseara, diciendo: + +--Toma el aire, anda. De otro modo caerás enferma, y ¿qué dirá tu marido +cuando se decida á venir? + +Herminia no respondió y sonrió tristemente. + +Hacia cerca de una semana que estaban en Rouxmesnil, cuando una tarde, +en que se paseaba á lo largo de un foso que daba sobre la llanura, la +joven vió al pasar, echado en un campo de trigo, un hombre de blusa, con +el sombrero apabullado, que dormía á pierna suelta, á consecuencia, sin +duda, de algunas copas de aguardiente. Iba á pasar con alguna +repugnancia, cuando el borracho se volvió lentamente de lado, levantó el +brazo que le ocultaba la cara y debajo de aquellos sórdidos harapos y en +aquel hombre echado en el polvo, Herminia reconoció con estupor al señor +Roussel, que la dijo en voz baja: + +--¿Está usted sola? + +Ella respondió: + +--Si; pero, ¡cuidado! me vigilan siempre. + +--Lo sé. Hace seis días que rondamos la propiedad. + +--¡Dios mío! ¿Mauricio está aquí pues? + +--¿Dónde quiere usted que esté? En este momento acecha en la entrada del +castillo ... Está vestido como yo, pero á él no le reconocerá usted ... +tiene una barba gris.... + +--¿Cómo verle? ¿Por qué no viene á mi encuentro? + +--¿Y su tía de usted?... + +--Le ha escrito para que viniera á reunirse conmigo. + +--No ha recibido la carta. ¿Puede usted venir mañana á misma hora? + +--Lo procuraré ... Tenga usted cuidado ... alguien viene. + +Roussel volvió la cara hacia el césped y se volvió á dormir. El que +llegaba era Bobart, con una escopeta al hombro. + +--¡Cómo! señor Bobart; ¿caza usted? dijo Herminia con volubilidad para +distraer al abogado, que miraba con desconfianza al hombre echado al +lado del foso. + +--Sí, señorita; me distraigo matando maricas. Hay muchas en este +país.... Vea usted, un borracho ... ¡Oh! La embriaguez es la plaga de +los campos!... + +--Un ronquido sonoro respondió á las lamentaciones humanitarias de +Bobart. Herminia dejó al ex-abogado y volvió al castillo. + +Si no hubiera estado vigilada, hubiera cantado, tan alegre tenía el +corazón. En un segundo todo había cambiado para ella. El porvenir, antes +tan negro se había vuelto de color de rosa. Mauricio, á quien creía +indiferente y orgulloso, era tierno y amante. No había pensado más que +en reunirse con ella y ciertamente, en cuanto hablase con él cinco +minutos, se presentaría en el castillo. Se puso á reír sola pensando en +la figura tan graciosa que hacia Roussel echado en el césped y vestido +como un harapiento, él, á quien había conocido de punta en blanco el día +de la boda ... Después se preguntó porqué todas aquellas precauciones y +tan raras estratagemas. ¿La situación era, pues, más complicada de lo +que había pensado? + +Reflexionando sobre esto, relacionó el disimulo de Mauricio y de Roussel +con la vigilancia ejercida por la señorita Guichard; y los disfraces de +los unos le pareció que correspondían exactamente á las medidas de la +otra. Rondas y perros feroces por la noche, y paseo de Bobart con una +escopeta al hombro ... Herminia pensó: "No sé exactamente lo que pasa; +no comprendo la razón precisa de los actos de mi tía. Hay algo muy grave +y yo corro un peligro." + +Su imaginación se exaltó y llega á una situación verdaderamente +novelesca. Se figuró que era una joven princesa guardada estrechamente +en una torre por crueles tiranos; una Pía de Tolomei, á quien amigos +devotos se esforzaban en libertar. Y no tuvo más que una idea, la de +facilitar la misión de los libertadores. Ante todo, quería ver á +Mauricio, hasta con una barba gris. Dió vuelta alrededor del castillo, +entró en el patio de honor y llegó hasta la mohosa verja, que daba á una +gran calle de castaños. Miró con interés y no vió á nadie que pudiera +dar la más remota idea de Mauricio disfrazado. Á cien metros de la +entrada estaba un viejecito sentado sobre la cerca de madera de un prado +y un enorme perro gris se revolcaba en el polvo. El hombre no se movió +ni hizo señal alguna de haberla reconocido. Al cabo de algunos segundos +Herminia se decidió á alejarse y al volverse, vió, en una ventana del +primer piso á la señorita Guichard, que la miraba. Juzgó necesario +hacerla un saludo gracioso con la sombrilla y continuó lentamente su +paseo, pensando: "Acaso ese viejecito era mi marido. Habrá visto á mi +tía y no se habrá atrevido á moverse. Tengamos paciencia y esperemos á +mañana." + +El resto del día no le pareció largo; ya no se aburría. Su vida estaba +llena por un interés inmenso. Llegó hasta á no disimular bastante y +estando Bobart y su tía hablando cerca de la chimenea, Herminia rompió á +reír sola de un modo tan repentino y tan poco justificado, que la +señorita Guichard levantó los ojos con severidad y dijo agriamente: + +--¿Qué te pasa, hija mía? ¿Somos, acaso, Bobart y yo, más cómicos de lo +que habíamos creído? + +Herminia se quedó helada y permaneció muda durante toda la velada, pero +las sospechas de Clementina se habían despertado y, cuando la joven se +fué á sus habitaciones, preguntó: + +--Dime, Bobart, ¿no has observado nada anormal alrededor del castillo? +Esa alegría repentina de Herminia es muy singular ... Tenía esta tarde +una cara tan regocijada ... ¿No habrá recibido alguna advertencia ... +alguna noticia?... + +--Nada he observado, querida prima, que pueda justificar tus temores ... +¿Quieres que haga venir al guarda? + +--Te lo agradeceré. Tengo inquietudes ... Me parece presentir la +presencia de Roussel en estos alrededores. + +Román Rouet, introducido en el salón, declaró que no había visto nada +sospechoso en sus rondas. Era el tal un viejo, medio labrador, medio +guarda y, más que nada, cazador furtivo, con la cara curtida por la +lluvia y el sol, enmarañadas cejas, que se hacía cortar como el cabello, +y dientes destrozados por la acidez de la sidra. + +--Mi ama, nadie ha llegado al país y nada he visto que se parezca á +gentes malintencionadas ... Siempre se arrastran algunos harapientos por +el camino ... Éste, que viene de Maromme ... Aquél, que va á +Fontaine-le-Bourg ... Pero gentes que quieran entrar ... Yo estoy aquí +para impedirlo ... + +--¡Bueno! dijo Clementina. Vaya usted y vigile. + +--Con los dos ojos, mi ama. + +--¿Por qué estaba tan alegre esa muchacha?... repitió la señorita +Guichard pensativa. + +Pasó la velada jugando al _bezigue_ con Bobart y soñó por la noche que +Roussel había entrado á viva fuerza en el castillo, con la cara +embadurnada de negro, como los antiguos bandidos, y la había puesto un +puñal en la garganta para obligarla á decir dónde había ocultado á su +sobrina. Un vivo dolor la despertó; debatiéndose en su cama, acababa de +pincharse la barbilla con una horquilla desprendida de ana cabellos. + +Había muy buenas razones para que el guarda de la señorita Guichard +ignorase la presencia de Mauricio y de Roussel en el país. Éstos no +habitaban en él. Román Rouet había podido recorrer todas las tabernas +del país sin encontrar indicio alguno. Roussel y Mauricio se hablan +quedado á cuatro leguas de Rouxmesnil, en Auffai, en casa del dueño de +una gran fábrica de hilados, amigo de Fortunato desde la infancia. +Alojados en el castillo de Perceville, los dos parisienses estaban allí +á sus anchas y hacia seis días recorrían á su gusto los alrededores, sin +que fuese notada su presencia. + +Tomaban el ferrocarril; se bajaban en Cléres y desde allí se iban á la +propiedad de la señorita Guichard. Mauricio había hecho amistad, desde +el primer día, con un perro de ganado, de talla colosal, que el dueño de +Perceville había traido de Irlanda, y escoltado por aquel formidable +compañero, de un olfato admirable, bloqueaba las cercanías de la prisión +de Herminia. El viejo que la joven había visto de lejos, sentado en la +cerca, era Mauricio. + +Éste se había estremecido viendo en la verja, al principio una sombrilla +de color, después una vaga silueta y por último á su mujer, que se +aproximaba mirándole. Estuvo á punto de levantarse y correr hacia ella; +pero la aparición repentina de la señorita Guichard en la ventana, había +helado su entusiasmo y, renegando y dando al diablo á la solterona, +había permanecido inmóvil, mirando á su compañero, que se revolcaba al +sol. Por la noche, su envidia fué extremada cuando supo que Roussel +había tenido la buena fortuna de hablar con la joven, y no se serenó más +que por la seguridad de que él tendría la misma dicha al día siguiente. +Pero Roussel no se daba por satisfecho con la ventaja, demasiado +platónica, de haber conversado y conversar otra vez con Herminia, y +necesitaba resultados prácticos, materiales y decisivos. + +--Me vas á hacer el favor, ¿eh?, de no perder mañana el tiempo en +arrullos, como Romeo en el balcón de Julieta. Los campos están llenos de +alondras que te cantarán la canción de la partida. Ahora bien, esa +partida no debes efectuarla solo. Toma tus disposiciones con Herminia +para llevártela el mismo día, si es posible. Tendremos todo el día y +toda la noche una excelente silla de posta en la aldea de Rongemare, á +un kilómetro del sitio en que debes encontrar á tu mujer.... + +--Esté usted tranquilo, padrino; no perderé la ocasión. El tiempo +apremia ... y acabaremos por ser despistados. Es premiso, pues, +violentar las cosas y si hay resistencia.... + +--Yo estaré allí para prestarte ayuda ... Á nosotros dos sería preciso +el diablo para ponernos en derrota. + +Mientras se formaban estos proyectos agresivos, la señorita Guichard, +más y más inquieta, preparaba una maniobra sumamente peligrosa para +nuestros conspiradores. Por la mañana se había presentado en el cuarto +de su sobrina, á la que había encontrado en peinador, ocupada en peinar +sus admirables cabellos rubios. La joven sin más que mirar el aire de su +tía, presintió complicaciones graves y se dispuso á hacerlas frente. + +--Hija mía, dijo Clementina sentándose cerca de la ventana; ayer hizo +una semana que estamos aquí ... Sabes que el día siguiente mismo de +nuestra llegada escribí á tu marido para rogarle que viniese á reunirse +con nosotras ... ¿Cómo es que no ha venido, ni ha dado siquiera noticias +suyas? + +--Pero, tía mía, dijo claramente Herminia, si nosotras no hubiéramos +partido, no hubiera sucedido todo esto.... + +La señorita Guichard, asombrada por esta respuesta, levantó los ojos +sobre Herminia y viéndola muy tranquila, tuvo un movimiento de +irritación. + +--Hija mía, si no hubiéramos partido lo hubierais hecho Mauricio y tú, +con desprecio de todos los compromisos adquiridos ... He parado, +sencillamente, un golpe que me asestaban.... + +--Tía mía, replicó Herminia con firmeza, el primer golpe no fué asestado +por mi marido; usted lo sabe muy bien. + +--¿Qué quieres decir? + +--Dispénseme usted de explicarme acerca de ese punto; pero sepa que no +ignoro nada de lo que ha pasado y que yo no puedo culpar á mi marido. + +Á estas palabras, que eran una verdadera declaración de guerra, la +señorita Guichard se levantó. Su cara se puso lívida, sus ojos +despidieron llamas y extendiendo hacia Herminia una mano agitada por un +temblor nervioso, exclamó: + +--¡Qué! Después de veinte años de cuidados, de afección, de protección; +cuando te he tratado como á una hija, ¿me hablas con semejante +ingratitud, por un advenedizo á quién no conocías hace seis semanas? +¿Contra todo respeto, juzgas mis actos y contra todo agradecimiento te +unes con mis enemigos? ¿Es esto lo que yo debía esperar de ti? ¡Eres un +monstruo! + +--No, tía; no soy un monstruo, dijo la joven respirando con esfuerzo, +tan violenta era la emoción que la embargaba; no, yo no soy +irrespetuosa, ni ingrata; pero tampoco ciega ni estúpida. Sé lo que veo +y entiendo lo que oigo. Soy justa, créalo usted, y me hago cargo de la +irritación que debió usted experimentar viendo todos sus planes +desbaratados; pero no puedo admitir que por una cuestión tan mezquina, +por una diferencia tan antigua, por agravios que hace mucho tiempo +debieran estar olvidados, ponga usted en peligro mi dicha y la de mi +marido. Usted le acusa de ser orgulloso é indiferente ... ¿Qué hubiese +usted hecho en su lugar, usted, que ha perseguido por tan largo tiempo y +persigue todavía con su odio al señor Roussel, por una afrenta mucho +menor que la que usted ha infligido á Mauricio?... + +--¡He aquí lo que tú piensas! gritó la señorita Guichard exasperada. +¡Oh, mal corazón y espíritu perverso! Eso es lo que tú murmurabas +durante tus largos silencios ... ¡Me hacías traición en pensamiento, +antes de hacérmela en acción! Pero ¡yo te arreglaré! ¡Tengo sobre ti +autoridad! + +--Que usted se atribuye, pero que no existe. No tengo más dueño que mi +marido.... + +--¡Yo te separaré de él! gritó la solterona en el colmo del furor. + +--Desafío á usted á que lo haga. + +--¡Ah! ¿Tú me provocas? Pues bien, tú sabrás de lo que soy capaz cuando +se me fuerza. + +--Me lo habían dicho y ya lo he visto. Pero jamás me hubiera atrevido á +creer que usted, tan buena, se convirtiese hasta tal punto en perversa. + +--Yo te haré arrepentir de lo que has hecho. + +--Usted me hará arrepentir de haberla amado: nada más. + +--¡Herminia! + +Clementina estaba con el brazo levantado y amenazador, la cara +descompuesta por la rabia, los ojos verdes de bilis, los dientes +apretados y crujientes. Herminia tuvo miedo de que la atacase una +congestión y muriese allí, herida por ella, á la que, en suma, había +servido hasta entonces de madre. Se levantó y con una inspiración +persuasiva propia para conmover hasta un alma tan dura, dijo, +arrojándose á sus pies: + +--¡Por Dios, mi buena tía, olvide usted todo lo que la turba, lo que la +irrita, lo que la pone fuera de sí, porque usted no es dueña de sí misma +ahora, y vuelva á ser tal como yo la he conocido; justa, benévola y +generosa. No me obligue á luchar contra usted, lo que me causaría una +horrible pena. No me ponga en el trance de decidirme entre mi afección +antigua y mi nueva ternura. Tenga usted piedad de esta hija á quien ha +amado, á quien ama todavía. Devuélvame usted la libertad y la dicha. +Hágame usted feliz de buen grado, con sus propias manos, y yo la +bendeciré en todas las horas de mi vida por el favor que me habrá hecho +y con el cual habrá sobrepujado, en un momento, las liberalidades de que +me ha colmado durante toda mi existencia. Usted debe comprender que +quiero, que debo ir á buscar á mi marido. ¡Oh, tía mía querida! ¡Un +relámpago de bondad! Ponga usted todo en paz, usted que puede hacerlo, +¡seremos tan plenamente felices! ¡Y será tan grande nuestro +agradecimiento!... + +Cogió las manos de la señorita Guichard y con sollozos y ruegos se las +besó apasionadamente. Ésta, torturada por aquella ardiente suplica, +helada por aquellos reproches tan dulces y tan humildes, humillada por +el sentimiento de su inferioridad ante aquella niña que la hablaba tan +leal y animosamente, permanecía inmóvil y muda. Por fin, dejó caer de +sus labios trémulos estas palabras: + +--¡No, no cederé! tengo, para obrar como lo hago, razones superiores que +no puedes juzgar. Tú me darás después las gracias por el servicio que te +hago ... ¡Todos los hombres son infames! + +--¡Tía mía! ¡Cuidado! gritó Herminia desesperada. + +--¿Me amenazas?, dijo la señorita Guichard, no disimulando ya. ¡Tú debes +tener cuidado! Desde este momento no tengo confianza en ti. Sé que +tengo una enemiga en mi casa; no encontrarás, pues, extraordinario que +tome mis precauciones. Permanecerás hoy en tu cuarto y mañana nos +marcharemos al extranjero. + +Y sin añadir ni una palabra, la señorita Guichard salió. Herminia quedó +sola y consternada, pero sin arrepentirse de su franqueza, por muy cara +que debiera costarle. Porque, ahora, la señorita Guichard había arrojado +la máscara y después de esta explicación no se podía esperar de ella el +menor acomodo. + +La joven se preparó á hacer una resistencia desesperada. Una sorda +inquietud la molestaba hacía un momento; cómo sería interpretada su +ausencia á la cita dada por Roussel. Porque era seguro que no podría ya +pasearse por el parque. ¿Y qué pensaría Mauricio? ¿Supondría que le +abandonaba? ¡No! eso era imposible. Pensaría que había sido vigilada, +detenida. Y entonces sería capaz de entrar en el parque y llegar hasta +el castillo y, vestido de ese modo, el guarda ó Bobart podían tomarle +por un merodeador y pegarle un tiro. + +Un miedo espantoso se apoderó de ella. En el desarreglo de su +pensamiento estuvo á punto de llamar á su tía y prevenirla para que, al +menos, no se hiciese daño á Mauricio, pero la detuvo una reflexión: +"¡Quién sabe si, en el estado de exasperación en que se encuentra, dará +mi tía las órdenes más rigurosas y atraeré el peligro sobre mi marido, +queriendo protegerle! Es preciso dejar que marchen los sucesos sin +intervenir; Mauricio es diestro y el señor Roussel prudente; ellos +conseguirán arrancarme de manos de mis perseguidores. Porque ya, para +ella, su tía, Bobart y el guarda eran sus perseguidores, y se sentía +dispuesta á todo para escapar. Hasta hubiera hecho de buena gana algún +daño á Bobart, que verdaderamente la atormentaba sin motivo, por gusto, +por amor al arte. + +Examinó con cuidado la disposición de su cuarto, previendo que acaso +sería preciso evadirse. Una de las ventanas, la de la fachada, daba á +una estufa cuyos vidrios estaban colocados casi á plomo á dos metros por +debajo. Por aquí la evasión parecía imposible. La otra ventana, en +distinta dirección, daba sobre un bonito jardinillo á la francesa. Un +salto de seis metros y la perspectiva de enredarse en los sostenes de +los rosales; tampoco por allí podía hacerse nada. El cuarto de tocador +estaba cuatro escalones más bajo y ocupaba una torrecilla redonda en un +ángulo del castillo. Recibía la luz por una estrecha ventana, pero +tenía reja. Las precauciones estaban bien tomadas y la señorita Guichard +sabía lo que había hecho alojando á Herminia en aquellas habitaciones. Á +falta de las ventanas quedaba la puerta que daba á un largo corredor +embaldosado en cuyo extremo estaba la escalera de servicio que conducía +á las dependencias. Atravesadas éstas, se estaba en el patio, pero, para +llegar á la escalera era preciso pasar por delante de las habitaciones +de la señorita Guichard y de Bobart. ¡Cuántas probabilidades de ser +cogida antes de llegar al piso bajo! Y aquel era, sin embargo, el único +paso practicable. + +El almuerzo llegó cuando Herminia se entregaba á estas combinaciones y +proyectos. La doncella de la señorita Guichard le traía en una bandeja. +Decididamente, Herminia estaba prisionera. No la encerraban con llave, +pero estaba, sin duda, estrechamente guardada. Resolvió cerciorarse y á +eso de las dos cogió el sombrero y la sombrilla y bajó. Al penetrar en +el vestíbulo encontró á la doncella cosiendo al lado de una mesa. La +muchacha levantó la cabeza y con cierta compasión dijo: + +--La señorita ruega á la señora que entre en el salón. + +Herminia no respondió y abriendo la puerta del salón encontró leyendo á +la señorita Guichard. + +--¿Sales, hija mía?, preguntó la solterona con una perfecta +tranquilidad, como si nada hubiera pasado entre las dos aquella misma +mañana. + +--Sí, tía mía; si usted no tiene inconveniente. + +--Te acompaño, dijo la señorita Guichard, y se levantó. + +--Es usted muy amable; respondió Herminia con serenidad. + +Salieron por el parque y echaron á andar delante del castillo. Pero este +paseo tan lejos del foso en que se impacientaba Mauricio no entraba en +los cálculos de Herminia, que dijo al cabo de un instante: + +--Hace mucho sol por aquí; ¿quiere usted que vayamos á la sombra? + +--Como tú quieras, contestó la señorita Guichard. + +Y tomaron un paseo circular. + +No bien habían andado cien pasos, apareció Bobart armado con su +inseparable escopeta y escoltado, además, por el perro que tenía por +misión devorar á los merodeadores en general y á Roussel y á Mauricio en +particular. El abogado, como obedeciendo á una consigna, se colocó al +lado de Herminia. El perro abría la marcha. La joven tenía gran deseo de +volverse, pero al extremo de aquel camino estaba el foso donde había +visto el día anterior á Roussel y sin duda en este momento la esperaba +allí su marido. Al verla pasar con semejante escolta, comprendería lo +que había sucedido y tomaría resoluciones en consecuencia. + +Apenas llegaban á la llanura que, bañada de sol, se presentaba en +perspectiva, el perro, que iba de vanguardia, empezó á gruñir +furiosamente y erizó los pelos del lomo. Herminia pensó "Ahí está; +contra él gruñe este dichoso animal. ¡Con tal que no le muerda! Avanzó +enseguida y en el mismo sitio en que el día anterior estaba Roussel vió +un hombre echado. Un gran perro gris estaba extendido cerca de él y amo +y perro parecían dormir. Sin embargo, la mano del hombre tenía cogido el +collar del perro como para contenerle. El mastín de la granja, +envalentonado por aquella inmovilidad, ladró con furia y enseñó los +dientes. + +--¡Es increible! dijo Bobart en voz alta. ¡Un borracho en el mismo sitio +que ayer. Parece que le han tomado afición! + +El perro tomó sin duda estas palabras por una orden, porque, de un +salto, franqueó el foso y se lanzó con la boca abierta y los ojos +feroces sobre el pacífico grupo. Pero en un segundo, la escena cambió. +El hombre levantó la cabeza y con voz enronquecida, que Herminia no +reconoció, dijo: + +--¿Qué es esto? ¿Se hace devorar á los viajeros en este país? ¡Á él, +Dear!... + +Soltó el collar y el gran perro gris, saltando con una ligereza y una +fuerza increibles, cayó sobre el mastín, que se mostró resistente é hizo +honor á Rouxmesnil sosteniendo el choque. Pero el perro gris era de una +agilidad increible y antes de que los espectadores de este combate +pudieran hacer un movimiento, los dos animales, enlazados, habían rodado +al fondo del foso. + +--¡Llame usted á su perro! ¡Llame usted á su perro! gritó la señorita +Guichard, oyendo á su mastín aullar lastimeramente. + +--¡Llame usted al suyo! respondió tranquilamente el hombre de la voz +ronca. ¿Acaso le hemos ido á buscar? + +--¡Cuidado! creyó Bobart que debía exclamar; voy a pegarle un tiro!... + +--¡El que toque al perro, toca á su dueño! respondió el hombre con una +expresión tan amenazadora, que Bobart se estuvo quieto. + +Al hablar así se había levantado y Herminia no encontró ni un solo rasgo +de su marido bajo los cabellos grises y enmarañados y la ruda barba de +aquél hombre. Y, sin embargo, era él. + +--¡Esto es una infamia! exclamó la señorita Guichard; ¡mi perro muerto! + +Era verdad. El mastín, después de una resistencia honrosa, atestiguada +por las huellas sangrientas de la piel de su adversario, acababa de +morir. + +--Usted me le pagará, buen hombre. Bobart, corre á buscar al guarda. + +--¡Para qué! dijo el hombre con su voz aguardentosa; ¡para qué! Que pase +solamente el foso y hago con él lo que mi perro ha hecho con este otro. +¿Oye usted? So vieja. + +--¡Vieja! gritó la señorita Guichard. ¡Insolente! Usted verá quién soy +yo ... + +--¡Perfectamente! apoyó Bobart; una demanda de indemnización ... + +--¡Sí! ¡Ya te daré yo la indemnización! vociferó el hombre con ademanes +violentos. ¡Ven aquí, que te voy á hacer que escondas la cabeza debajo +del ala, gallo viejo! ¿No te da vergüenza, á tu edad? + +--¡Vámonos! ¡Está ebrio! exclamó la señorita Guichard. + +--¡Ebrio! Pero no de amor por ti, carcamal ... Por la buena persona que +te acompaña, es posible. + +Y volviéndose hacia Herminia, el harapiento apoyó una mano negra en los +labios y le envió un beso. Al mismo tiempo, de sus ojos, ocultos bajo +unas espesas cejas, brotó una mirada luminosa. Y esta vez Herminia, +roja de placer y latiéndole el corazón, adquirió la seguridad de que +tenía delante á su marido. + +Hubiera querido permanecer allí, por singular que pareciese su +curiosidad; alguna palabra de doble sentido la hubiera trazado, acaso, +una línea de conducta. Hubiera sido una satisfacción refinada para +Herminia hablar con su libertador bajo la mirada misma de sus +carceleros; pero no pudo disfrutar ese placer. Su tía la tiraba del +brazo y Bobart se había ya pronunciado en retirada. Perseguidos por las +injurias que les dirigía el dueño del perro gris, volvieron á entrar en +el castillo. + +--¡No has estado heroico, Bobart, dijo la señorita Guichard con acritud. +Nos has dejado insultar, á mi sobrina y á mi, por ese miserable, sin +contestar siquiera. + +--Querida y respetable prima, respondió el abogado: el hombre no me +intimidaba; pero el maldito perro me infundía cierta aprensión ... Bien +has visto lo que ha hecho, de una dentellada, con el pobre Stop ... + +--Haberle metido un tiro en el vientre ... + +--Hubiera podido no acertarle y entonces ... + +--Pero, ¿no sabes tirar? + +--Te confieso que conozco mejor el código que el tiro. + +La señorita Guichard arrojó á su auxiliar una mirada de desprecio y, sin +añadir una palabra, entró en el castillo con Herminia. + + + + +CAPÍTULO X + +EN EL QUE SE ROMPEN LAS CADENAS. + + +La joven subió á su habitación. Era dichosa, aunque estuviese +secuestrada, y el beso de Mauricio la había dilatado el corazón. Un +sentimiento de orgullo la asaltaba, al verse tan ardientemente +disputada. ¡Cuán atrevido y diestro se había mostrado su marido! ¡Y su +disfraz era verdaderamente una maravilla! Si no hubiese estado +prevenida, jamás hubiera reconocido al elegante Mauricio, en aquel +pisaterrones. + +Se rió sola de los horrores que Mauricio había dicho á Bobart y á su +tía. Pensaba que el joven se habría desatado en injurias de aquel modo +para disimular; y, sin embargo, debió tener un secreto placer en +maltratar así á sus enemigos. Pero, ¿de quién sería aquel terrible perro +gris que combatía tan valientemente por ella? Nunca había oído á +Mauricio hablar de un perro. Puede que fuese de Roussel; en todo caso, +le amaba. + +Sonó la hora de comer y también se sirvió á Herminia en su cuarto, lo +que le causó sumo placer. La comida entre su tía y Bobart hubiera sido +insoportable. Comió con apetito, como si un secreto instinto le dijese +que muy pronto tendría necesidad de todas sus fuerzas. Vió al sol +descender por detrás de las negras hayas, y extenderse poco á poco la +sombra sobre el cielo rojizo, hasta quedarse todo obscuro. Cerró +entonces la ventana y cogió un libro. + +En el salón, la señorita Guichard y Bobart no jugaban esta noche su +partida acostumbrada. La solterona estaba pensativa; el episodio del +perro le parecía muy extraño. Hizo venir á Román Rouet y le interrogó +detenidamente acerca de todos los perros grises que existían en el país. + +--Un gran animal capaz de estrangular á Stop, decía el guarda, no, mi +ama; no le conozco ni gris, ni negro, ni rojo. ¡Ah! Diantre! ¡qué +desgracia no haber estado yo allí! ¡No correría por los caminos á estas +horas! + +--Pero, en fin; ¿usted no supone á quién podría pertenecer? El perro era +demasiado hermoso para su amo.... + +--¡Bien puede ser que le hubiera robado!... + +--¡No! El animal no le hubiera defendido á una simple indicación, como +lo ha hecho ... + +--Á menos que no sea el gran perdiguero del señor Julleville d'Auffray +... + +--¿Quién es ese señor Julleville?... + +--Un almacenista del valle ... + +--¿Y se pasea por los caminos en blusa y á pie? + +--No, por cierto; prefiere ir de levita y en su carricoche de dos +caballos ... + +--¿Prestaría su perro? + +--Puede que sí ... y puede que no. + +--¡Vaya usted, Rouet, dijo la señorita Guichard, y haga buena guardia +... + +Se volvió hacia Bobart y dijo: + +--Este es un ser absolutamente estúpido y no le creo leal. ¿Qué +confianza puedo tener en él? ¡Por veinte francos me haría traición! + +--Pero, ¿qué es lo que temes, mi amable amiga? + +--¡Todo! exclamó Clementina, como una explosión. ¡Me ha parecido +reconocer á Mauricio bajo la blusa de ese miserable de hace un momento! + +--¡Á Mauricio! + +--Sí, á Mauricio. No era su cara; no era su voz; y sin embargo, un +instinto me dice que era él. ¡Si yo lo supiese! Yo ... + +Y Clementina se puso lívida. + +--Vas á ponerte mala, dijo melosamente Bobart. Vete á tu cuarto ... Yo +voy á dar una vuelta para vigilar y ver si todo está tranquilo. Yo mismo +cerraré las puertas y las ventanas para que puedas dormir en paz.... + +--Tienes razón. Subo á mi cuarto, cierro con llave la puerta del de +Herminia y me acuesto. Buenas noches; hasta mañana. + +Eran las diez. Herminia estaba todavía leyendo en su cuarto. Reinaba un +profundo silencio. De repente creyó la joven haber oído un ligero ruido +en los cristales de la ventana, y escuchó, creyendo que, acaso, algún +murciélago había rozado el vidrio con las alas. Un instante después, se +renovó el mismo ruido, que pareció como de fino granizo que hirióse los +cristales. Herminia miró al exterior; la noche estaba hermosa y el cielo +cuajado de estrellas. Abrió suavemente la ventana y un puñado de fina +arena cayó en el cuarto. Se inclinó vivamente con una palpitación de +esperanza, y á menos de un metro por debajo de la cornisa de piedra vió +una forma negra que estaba de pie en el herraje de la estufa. La joven +dejó escapar una exclamación. La sombra se separó un poco del muro y +Herminia reconoció á su marido. + +--¡Mauricio, dijo, en nombre del cielo, bájate de ahí; ¡te vas á matar! + +--¡Silencio! dijo el pintor en voz baja; no hay ningún peligro. Si no +temiera hacer ruido, ya estaría á tu lado. ¿Dónde habita tu tía? + +--Al lado mío, respondió Herminia. + +--Entonces, vamos despacio. ¿Tienes cortinas sólidas? + +--Tengo algo mejor ... La cuerda con que estuvo atado mi baúl ... Es muy +gruesa.... + +--¡Bueno! ¡átala á esta barra de apoyo ... + +--Pero, ¿y si se rompe?... + +--No se romperá. + +--Pero, ¿qué intentas? + +--Lo sabrás dentro de un instante ... ¡Cuidado! ... Se abre una +ventana.... + +Mauricio se pegó al muro y Herminia no se movió. + +En el silencio de la noche se oyó la voz de Clementina, que decía: + +--¿Eres tú, Bobart, el que está abajo? + +--Sí, excelente amiga; respondió sordamente otra voz. + +--Éntrate y echa bien los cerrojos. + +La señorita Guichard cerró la ventana y Herminia respiró libremente. + +--Herminia, dijo Mauricio con una alegría que, en tal momento, pareció +caballeresca á la joven; no es Bobart el que ha respondido, es mi tutor, +que está esperándome al pie de la estufa ... + +La esposa acabó de atar la cuerda y la dejó caer hacia afuera; Mauricio +la cogió y de un solo esfuerzo llega hasta la cornisa. Su mujer tenía +tal miedo de verle caer, que le cogió del brazo y le atrajo hacia ella +con una fuerza inesperada. Tenía de este modo la boca tan cerca de la +cara de la mujer amada, que no pensó más que en aprovechar tan feliz +circunstancia y el grito de júbilo de Herminia se apagó con un beso. +Después la curiosidad recobró su imperio, y la joven preguntó: + +--Pero, ¿cómo has llegado hasta aquí? + +--Saltando el foso. El perro no estaba allí ya, para morderme las +pantorrillas ... + +--¿Lo había intentado? + +--Si, el primer día; entonces traje conmigo el perro gris ... y ya has +visto cómo le ha tratado. + +--Pero, ¿y si hubieras encontrado al guarda? + +--Le he encontrado varias veces ... + +--¡Oh! Dios mío ... + +--Lo que me ha costado veinte francos por vez ... Esta noche, ciento ... +pero hoy la cosa era más grave ... ¡había escalada! + +--¡Qué dicha, que ese hombre sea un bribón! + +--Si: ya lo ves, nada es inútil. Hasta los malvados sirven para algo. + +--En fin, has llegado hasta aquí. Y ahora, ¿qué vamos á hacer para +marcharnos? + +--¡Ah! Has dicho "marcharnos", dijo Mauricio alegremente. + +--No creerás que quiero quedarme con mi tía ... + +--¡No! querida Herminia; pero me llena de gozo que me hayas evitado +pedirte que me sigas. + +--¡Oh! mi único amigo, exclamó llorando la joven, ¿qué me queda fuera de +ti? ¿Con qué puedo contar más que con tu ternura? ¡Ya ves qué +desgraciada soy y cuan injustamente ... ¡Ámame mucho, para consolarme de +tantas tristezas! + +--¡Te amo! ¡Te amo! querida mía, con toda mi alma. No tengo más que á ti +y á mi buen padrino ... ¡ Oh, sí! Te amo y yo haré que todo lo olvides. + +Un puñado de arena que venía del parque les volvió al sentido de la +realidad. + +--Es mi padrino, que se impacienta ... Y tiene razón ... Vámonos. + +--¿Por dónde? + +--Por la puerta. + +--Pero, está cerrada por fuera.... + +--¿No es más que eso? + +Sacó del bolsillo un estuche complicado, abrió una hoja en forma de +destornillador y con la tranquila habilidad de un ladrón de oficio, se +puso á desmontar la cerradura, que á los cinco minutos estaba sobre la +mesa. Entonces, cogiendo la cuerda y metiéndola en el bolsillo, dijo: + +--Ponte un abrigo y un sombrero y huyamos. + +--Pero, si encontramos alguien.... + +--Le compro ó le mato; como él quiera. + +--¡Vamos! + +Herminia, en la exaltación propia del caso, llegaba á creer muy +naturales esos medios extraordinarios. Salieron al corredor y á paso de +lobo, se encaminaron hacia la escalera que bajaba á las dependencias. +Los criados debían estar durmiendo, porque todo estaba apagado en el +castillo. Un rayo de luna, muy molesto, iluminaba la galería y la +escalera; y el patio estaba enteramente blanco. Llegaron al piso bajo y +estaban orientándose para llegar á la cocina, que tenía una puerta al +patio, cuando del lado del vestíbulo, hacia la derecha, se oyeron unos +pasos. Los fugitivos se detuvieron en un rincón y Mauricio miró en +aquella dirección y murmuró: + +--¡Es Bobart! + +Herminia sintió un horrible temblor. El abogado avanzaba con una +linterna en la mano y su inevitable escopeta en bandolera. Había +declarado que no se servía de su arma habitualmente; pero ¿quién sabe +de lo que es capaz un torpe dominado por el miedo? Lo menos que podía +hacer, era despertar á todo el castillo. ¡Y entonces, escándalo, lucha, +prisión acaso! En un momento, el cerebro sobrexcitado de Herminia +imaginó muchos dramas. + +Bobart venía, sin embargo, muy pacíficamente. Había cerrado todas las +puertas y se disponía á acostarse. Se aproximó al sitio en que los dos +jóvenes estaban como embutidos, y en el mismo instante, una mano tan +rápida como vigorosa le cogió la escopeta y se la arrancó. Con gran +espanto, Bobart se encontró frente á frente con Mauricio, que tenía á +Herminia á su lado. + +--¡Señor!... exclamó.... + +Y no pudo acabar. Cinco dedos se habían enroscado á su cuello y le +apretaban tan enérgicamente, que su cara se puso morada. + +--¡Ni una palabra! dijo Mauricio, ó te estrangulo como á un pollo.... + +Bobart no hubiera podido pronunciar esa palabra aunque le hubieran +ofrecido por ello el trono de Francia. No hubiera exhalado ni un +suspiro. Mauricio soltó su presa y dijo en un tono que no admitía +réplica: + +--Nos vamos mi mujer y yo. Usted va á conducirnos hasta el extremo del +parque; allí quedará libre y no tendremos nada que temer de usted ni de +los suyos. Vaya usted delante y al menor intento de despertar la alarma, +no le dejo hueso sano. Bobart, cogido por el brazo, abrió él mismo la +puerta y como quisiera alumbrar el camino, con su linterna, dijo +Mauricio: + +--¡Demasiadas atenciones! La luna basta ... y sobra. Hay que ir á buscar +á mi padrino á la estufa. + +Ante la idea de encontrarse enfrente de Roussel, Bobart se estremeció, +pero echó á andar, sin embargo. No tenía deseo alguno de resistirse. +Pasaron por debajo de la ventana de Herminia, que aún estaba abierta, y +Roussel se les reunió sin hacer una pregunta y sin que pareciese que +había reconocido á Bobart. Atravesaron el parque, pero en vez de +dirigirse hacia el foso, llegaron á una puerta practicada en el muro. +Bobart la abrió y á cincuenta pasos vió un coche que estaba parado en la +esquina de un camino de travesía. Al llegar á la cabeza del caballo, un +hombre que guardaba el coche, se adelantó y dijo: + +--¿Está aquí la señora? + +--Aquí está, respondió Roussel, que habló entonces por primera vez. + +--Suba usted, señora. + +Herminia se disponía á poner el pie en el estribo; pero el tutor de +Mauricio, cogiéndola por el talle, la atrajo hacia sí y con emoción que +se comunicó á la joven, dijo: + +--Ahora que está usted libre, niña querida, abracémonos. + +Se volvió después hacia Bobart, y, con voz muy tranquila, añadió: + +--Adiós, Bobart; estoy tan contento, que olvido todas sus canalladas. +Pero no abuse usted de mi benignidad para volver á las andadas, porque +en ese caso, no seré ya tan indulgente, ¡Mis recuerdos á Clementina! +Subió, y el coche partió al trote de un caballo que podía correr diez y +ocho kilómetros por hora. + +Bobart, muy corrido, emprendió el camino del castillo, murmurando: "Y +ahora, ¿qué voy á hacer? ¿Conviene despertar á la señorita Guichard? +¿Conviene esperar á mañana para darle la fatal noticia? Si la despierto, +noche toledana ... pero si no la despierto, me acusará de falta de celo +... Ahora no hay que esperar que separe á Herminia de su marido; nada +une á dos jóvenes como una aventura corrida así, en común. Mauricio +resulta embellecido por un prestigio novelesco; ¡ha conquistado á su +mujer!... ¡Vaya usted á quitársela ahora! Herminia se dejaría morir de +hambre, se ahorcaría con sus cabellos, se arrojaría por la ventana, +alborotaría todo el barrio, mejor que seguir por segunda vez á la +señorita Guichard. El negocio está perdido, absolutamente perdido. +Clementina está derrotada en toda la línea ... ¡Falta saber cómo tomará +la cosa! Si se enfada, puede desheredar á su sobrina, y entonces yo +recobro la herencia ... ¡que vale la pena!... Así pues, debo mostrar un +gran celo en estas circunstancias; todo hace creer que recibiré la +recompensa con el tiempo." + +Durante este monólogo, se acercó al castillo. Sin vacilar, fué á la +campana que servía para llamar á comer y, tirando vigorosamente, rompió +el silencio de la noche con un repique rabioso. Al cabo de un instante +aparecieron luces en los corredores y se mostraron en las ventanas +formas inquietas. + +--¿Qué hay? preguntó el criado. + +--¡Llame usted á la señorita, despiértela! gritó Bobart, con voz +entrecortada de intento. + +--¿Hay fuego en el castillo? preguntó imperiosamente Clementina, que +apareció en chambra y gorro de dormir. ¿Qué significa ese ruido, Bobart? + +--¡Ah! buena y querida amiga, balbuceó el abogado, ¡qué suceso! + +--Pero ¿qué, qué ha sucedido? Habla, pues, en vez de gimotear! + +--Pues bien ... ¡Tu sobrina ha partido! + +--¡Ha partido! exclamó la señorita Guichard. ¿Pero cómo? ¿Por dónde? + +--Con su marido; por la puerta. + +--¡Ven aquí! ordenó la solterona; y levantando la cabeza hacia los +criados, que estaban asomados á las ventanas del piso superior, añadió: +"Vosotros, volved á acostaros!" + +Todas las ventanas se cerraron y reinó de nuevo el silencio. Bobart +trepó por la escalera, y á penas llegado al descansillo, la mano +convulsa de Clementina le atrajo hacia el salonillo. + +--¡Ahora ... veamos, Bobart; ¿qué es eso que dices ahí?... ¿Herminia? + +--Se ha marchado con Mauricio, hace un cuarto de hora. + +--¡Corramos! Los alcanzaremos.... + +--Tienen un caballo demasiado bueno para eso.... + +--Pero, ¿quién les ha abierto la puerta? gritó Clementina con +desesperación. + +--Ellos mismos se la han abierto. + +--¿Y Mauricio estaba en el castillo? + +--Y por poco me estrangula. + +--¿Dónde le has encontrado? + +--En el piso bajo. Su mujer estaba con él. + +--¡La infame! + +--Se arrojó sobre mí de improviso y no pude defenderme. + +--¡Haber tirado, al menos; ¿no tenías la escopeta? + +--La tenía. + +--Pero, según veo, no te sirve jamás.... + +--Me la arrancó al principio de la lucha.... + +--¡Luego ha habido lucha! ¡Y nadie ha oído nada! ¿No podías gritar? + +--¿No te digo que me estrangulaba? Y su endiablado tutor vino en su +socorro. + +--¡Roussel! ¿Estaba allí? + +--Era el hombre de blusa del día anterior. + +--¿Qué hombre de blusa? + +--El que dormía al lado del foso. + +--¿El que nos insultó? + +--- ¡No! Éste debía ser Mauricio.... + +--¡Y me llamó "vieja." ¡Ira de Dios! + +--É hizo devorar tu perro por aquella bestia rabiosa ... como me hubiera +asesinado hace un momento, si yo hubiera resistido.... + +--¡Es decir que no has resistido! + +--Todo lo que he podido, buena y dulce amiga.... + +La buena y dulce amiga, no sabiendo sobre quién desahogar la bilis que +le carcomía el corazón y el cerebro, arrojó sobre su aliado una mirada +feroz y con la boca contraída por una amarga risa, dijo: + +--¡Bobart! si no fueras tan estúpido, creería que me has hecho +traición.... + +--¡Mi buena amiga!... + +--¡Bobart! tienes una cobardía que me repugna. + +--¡Querida amiga!... + +--¡Bobart! tú tienes la culpa de todo lo que ha sucedido. ¡Me has +aconsejado estúpidamente!... + +--¡Yo no he.... + +--Y cuando era necesario mostrar energía, has sido blando como papel +mascado.... + +--¡Sin embargo!... + +--El único partido que yo podía tomar era unirme sinceramente á la joven +pareja y reconciliarme con Roussel. Tú eres el que me ha extraviado con +tus maniobras interesadas y tus pérfidos consejos.... + +--¿Es posible? Pero si jamás.... + +--Después de lo que acaba de suceder, comprenderás que debemos +separarnos para siempre. + +--¡Oh! + +--Yo me voy á París mañana temprano. Tú, partirás cuando gustes. ¡Buenas +noches! Vete á descansar, rayo de la guerra; ¡bien lo has ganado! + +Le asió por el brazo, le empujó hacia el corredor y cerró violentamente +la puerta detrás de él. Una vez sola, se sentó y meditó durante una +hora. Después se levantó y se encaminó á su cuarto pensando: + +--Si; no me queda más que ese medio de arreglar mis asuntos de un modo +honroso, ¡Una reconciliación! Acaso de esto modo vuelva á adquirir +influencia con Roussel. + +Tomada su resolución, entró en el cuarto, se acostó y se durmió. + + + + +CAPÍTULO XI + +QUE TRATA DE UN ANTIGUO FUEGO OCULTO BAJO LA CENIZA. + + +En el hermoso comedor de la quinta de Montretout, Roussel, Herminia y +Mauricio acababan de comer. Los jóvenes y su padrino estaban locos de +alegría. Por la ventana, que daba al jardín, entraban perfumes de +clemátida y el sol, al ocultarse en el horizonte por detrás de los +bosques, se apagaba en un cielo matizado de rosa, verdoso y anaranjado. + +--¡Qué diferencia! decía Herminia, entre esta deliciosa comida y las que +hacia en Rouxmesnil, entre mi tía y Bobart! + +--Sí; ¡se acabó la tristeza! Mañana nos vamos á Florencia y Venecia. + +--También debía partir para el extranjero con mi tía ... Estoy +predestinada á los viajes. + +--Con la señorita Guichard ese viaje hubiera sido un destierro. + +--Mientras que, contigo, querido Mauricio, voy á ver países ... ¡Qué +contenta estoy! + +--¡Enhorabuena! dijo Roussel. Desde que empezamos á comer, esta es la +segunda vez que lo dices. + +--¡Tengo tal placer en explayarme, en desbordar, en hablar como pienso y +en pensar como me agrada ... ¡Oh! aquí respiro ... renazco. + +--¡Querida Herminia! + +--Y es que usted no me turba absolutamente nada. Delante de mi tía no me +atrevía á decir una palabra ... Con usted, las ideas me acuden +naturalmente ... Y me parece que no soy tan imbécil como suponía el +señor Bobart.... + +--¿Cómo? + +--Sí; un día, al pasar por delante de las ventanas del salón, oí á +Bobart que decía: "Esta pequeña es bastante bonita, pero imbécil como un +ganso ..." + +--¡Viejo idiota! exclamó Roussel. + +--¡Despreciable bribón! dijo Mauricio. + +--¡Debe hacer una buena figura, añadió el joven, frente á frente de la +señorita Guichard, en el gran comedor de Rouxmesnil! + +--¡Suponiendo que estén allí! dijo Roussel moviendo la cabeza. + +--¿Dónde cree usted que podrán estar? + +--Bobart, en el demonio; yo me refiero á Clementina. Desde el momento +en que no le ha necesitado, le habrá puesto en la calle sin tardanza. +Pero ... ¡Ella! ¡Tiemblo á la idea de que pudiese aparecer! + +--¡Aquí! dijo Mauricio con un ademán de duda. + +--Si, hijos míos; aquí. + +Herminia se aproximó instintivamente á su marido, como si esperase +necesitar su protección. + +--Desde esta mañana os veo regocijaros; os oigo cantar victoria ... y os +dejo hacer. Hay que gozar de los buenos instantes, cuando se presentan; +siempre es esto una ventaja sobre los fastidios de la existencia. Pero +yo, que soy viejo y experimentado y, sobre todo, que sé, á mi costa, +quién es Clementina, preveo el porvenir y espero algún nuevo asalto. + +--¡Le rechazaremos! + +--Sin duda. Pero siempre que hay batalla, hay golpes y heridas. Los +golpes, los daréis vosotros, sea; pero acaso echéis de menos el tiempo +en que los recibíais. + +--¿Por qué? + +--Porque contra Clementina tirano tenéis vuestra conciencia primero y la +opinión del mundo después. Mientras que contra Clementina víctima.... + +--¿Víctima? exclamó Mauricio; víctima de sus propias maquinaciones. + +--Todo lo que tú quieras, pero víctima triste, abandonada, después de +haber educado á Herminia y de haberla educado bien. Si la hubiera casado +con X ó Z, hubiera sido excelente para el marido de su sobrina ... Las +personas que la conocen la encontrarán muy desgraciada y tendrán razón, +porque lo será ... Y nos acusarán de esa desgracia ... Olvidarán las +faltas, para no ver más que la expiación. + +--Pero, ¡entonces! dijo Mauricio turbado. + +--Entonces, la situación es delicada. Pienso en ello desde esta mañana. +Si tenemos la suerte de que la señorita Guichard arroje rayos y llamas y +nos cubra de maldiciones y de injurias, nuestro asunto será bueno ... +Pero si se enternece y viene á buenas ... ¡No sé cómo saldremos del +lance! + +--¡Se sale siempre! + +--Sin duda. Pero es preciso salir correctamente ... ¡Dios sabe si he +sido paciente, y tranquilo y silencioso, cuando me colmaba de malos +tratamientos! Pues bien, no han faltado personas que me quitaran la +razón, á pesar de todo, porque yo era hombre y Clementina, mujer. +¡Juzgad lo que se diría de vosotros, hijos rebelados contra una madre! + +--¡Pero eso sería estúpido! + +--¿Y crees que el mundo no lo es? Con una actitud sentimental bien +adoptada se le enternece, y está dado el golpe. + +--Entonces, padrino mío, ¿usted supone que la señorita Guichard ha +dejado Rouxmesnil? + +--Esta mañana, á primera hora. + +--¿Y que está en París! + +--Y acaso en camino para Montretout. + +Como si las palabras de Roussel hubiesen tenido el poder de evocar á la +que todos temían ver aparecer, una campanada resonó en la puerta, la +verja del jardín se abrió y en la vaga obscuridad del crepúsculo, avanzó +una sombra negra, silenciosa, amenazadora. Siguió la calle de árboles, +llegó á la escalinata, la subió lentamente y desapareció en el +vestíbulo. + +Roussel, Herminia y Mauricio, de pie delante de la mesa, se miraban +estupefactos, aterrorizados, mudos. Por último Mauricio, como si no +creyese á sus ojos, se inclinó hacia el jardín y buscó al espectro. + +Pero no vió más que un coche de alquiler que se colocaba delante de la +verja, esperando á la terrible visitante. + +--¡Es ella! dijo por fin Roussel en voz baja. ¡Vais á ver! + +--¡Oh! Dios mío, suspiró Herminia, y se echó en los brazos de Mauricio, +como si temiese que los separasen de nuevo. + +En este momento, se abrió la puerta del comedor y Federico, pálido, +avanzó diciendo en tono consternado: + +--¡Señor! Es la señorita Guichard ... + +--¡Oh! Bien la hemos visto, contestó Roussel con calma. Hágala usted +entrar en el salón. + +Y volviéndose hacia los jóvenes, dijo: + +--Hijos míos, no hay que titubear, es preciso recibirla ... así, con +sangre fría. Hablad poco ... y escuchad mucho ... Si se dicen +atrocidades, es mejor que las diga Clementina ... Aquí estoy yo ... ¿Sí? +Entonces, seguidme. + +Abrió la puerta del salón y con la misma tranquila seguridad de ocho +días antes en el salón de la señorita Guichard, dijo: + +--Buenas tardes, mi querida prima ... Sé bien venida á mi casa. + +Clementina, de pie y contraída, esperaba el choque, y aquella acogida +cortés, después de tantas villanías hechas por ella, la desconcertó. +Cambió de fisonomía, sus manos temblaron, y viendo á Herminia que, +aterrada, se había detenido á tres pasos, se puso á gritar: + +--¡Mi hija! ¡Oh, Dios mío! ¿Me aborreces ya? Entonces ¿qué va á ser de +mí? + +Grandes sollozos sacudieron nerviosamente á la solterona, que, +avergonzada de su debilidad, se cubrió el rostro con las manos y cayó +aniquilada en una butaca. + +No se rompen fácilmente los lazos de una afección de veinte años, cuando +se tiene un corazón tierno y generoso; Herminia fué la prueba. No pudo +ver llorar tan amargamente á la mujer que la había educado y dejando el +brazo de Mauricio, corrió á la señorita Guichard, con los ojos llenos de +lágrimas y exclamando: + +--¡Tía mía! No llore usted más ... ¡Me desgarra usted el corazón! + +--¡Ah! ¡Por fin te encuentro! balbuceó Clementina, estrechando á +Herminia hasta ahogarla. ¡Ah! querida niña, con la que he sido tan dura +y que me absuelve sin una vacilación!... ¡Oh! pequeña mía!... ¿Cómo +obtener jamás que olvides todo ese daño?... Pero ¡estaba loca! +¿sabes?¡No sabía lo que hacía!... + +Las dos mujeres se abrazaron como si se vieran después de haber escapado +las dos de un gran peligro. Roussel las miraba con aire inquieto y +murmuró al oído de Mauricio: + +--¡Esto es lo que yo temía! Y es mayor el peligro porque esta mujer +parece sincera. + +--Si es sincera, todo puede arreglarse ... + +--Sí ¡pardiez! por ocho días!... Pero, ¿después?... + +La señorita Guichard, teniendo á Herminia como escudo contra el +resentimiento de los dos hombres, se volvió hacia Mauricio y dijo: + +--Y usted, pobre amigo, ¿podrá perdonarme todo lo que le he hecho +sufrir? Estaba mal aconsejada ... Me han empujado en el sentido á que me +inclinaba, en lugar de contenerme ... Pero me doy cuenta de mi error y +¡quisiera á toda costa repararle!... + +--No debo acordarme más de lo que usted me ha hecho, querida tía; es, +por tanto, inútil hablar de ello. Pero hay alguien respecto del cual +usted ha cometido faltas serias ... Á éste no le ha dicho usted nada +todavía ... + +La señorita Guichard lanzó un doloroso suspiro y bajó la cabeza con +desesperación. ¿Sentía remordimientos por lo que había intentado contra +Roussel, ó solamente disgusto por no haber vencido? El diablo sólo +hubiera podido saberlo, porque sólo el diablo podía leer en el alma de +la solterona. Mauricio continuó: + +--Si usted quiere que la semana que acaba de pasar se borre de nuestra +vida, es preciso que emprendamos de nuevo la existencia tal como la +habíamos arreglado el día de mi boda. La base de nuestra convenio era +el perdón franco y sin reservas de los daños recíprocos y la concordia +en la familia. ¿Está usted resuelta á firmar la paz en esas condiciones? + +--Estoy á vuestra discreción, gimió la señorita Guichard. + +--No; no es así como hay que responder, interrumpió Mauricio con +firmeza. Usted es libre; nada la imponemos; haga usted lo que desee. +¿Quiere usted vivir en adelante en buena inteligencia con todos +nosotros? + +--De todo corazón. + +--¿Comprende usted bien lo que quiere decir "todos?" + +--Lo comprendo y lo aceptó. + +--Entonces abracémonos, tía mía, y que no se hable más del asunto. + +Á estas palabras, Herminia saltó de alegría, pero fué la única que +manifestó satisfacción cordial. Había ya pasado la efusión del primer +momento, y la señorita Guichard y Roussel tenían la frente cargada de +nubes. Mauricio los miraba con inquietud. Clementina pensaba: "¡Yo sufro +el yugo; no hay que decirlo: estoy vencida y él triunfa!" Roussel decía +para sus adentros: "Hemos obtenido una victoria como la de Pirro: ¡otra +como esta y estamos perdidos! ¿Quién se encargará de atar corto á esta +loca cuando haya vuelto á sus veleidades belicosas? Habrá perpetuamente +en nuestra vida causas de disgusto, y la tranquilidad de estos muchachos +no estará segura. Por otra parte. ¿Es sincera cuando promete mostrarse +razonable? ¿No representa una comedia? ¿No prepara nuevas baterías para +aplastarnos? Es preciso saberlo y yo soy el único que puede penetrar sus +intenciones." + +Levantó la frente y adelantándose hacia Clementina: + +--Has tratado con Mauricio y con Herminia: está muy bien, dijo +graciosamente; pero no estás arreglada conmigo. ¿No te parece, mi +querida prima, que tenemos algo que hablar? Es preciso no ocultar nada +en el corazón en una situación como la que vamos á afrontar. Vaciemos, +pues, nuestro saco, para no volver más sobre el asunto. + +La señorita Guichard asintió con una inclinación de cabeza, pero su cara +estaba tan sombría que Mauricio y Herminia se miraron con ansiedad. De +esta conversación suprema, ¿saldría una nueva guerra ó la paz +definitiva? Todo era de temer. La pólvora y el fuego puestos en contacto +no podían producir más formidable explosión que Roussel quedándose en +presencia de Clementina. Sin embargo, á una señal de Fortunato, los +jóvenes se cogieron del brazo y salieron. Por lo menos ahora estaban +seguros de que nadie conseguiría separarlos. + +En el salón, Roussel y Clementina se examinaban en silencio. Quien los +hubiera visto en este momento, difícilmente hubiera pensado que estaban +bien dispuestos el uno para el otro. Roussel tomó el primero la palabra +y dijo tranquilamente: + +--Dime, querida prima, ¿es seria tu resolución? + +--Si no lo fuera, replicó la señorita Guichard, ¿qué hacia yo aquí? + +--¡Eh! ¡Buena es esa! Estás aquí porque no has tenido otro remedio. Si +Herminia estuviera todavía en Rouxmesnil, ¿nos ofrecerías la paz? + +Á estas palabras que le recordaban la afrenta recientemente sufrida, +Clementina cambió de color, y con voz agria dijo: + +--Primo, te felicito: llevas bien la blusa. + +--¿Qué sabes tú, si no me has visto? + +--Me lo han dicho. + +--¿Quién? ¿Ese canalla de Bobart? + +--Ese ... ¡tranquilízate; no le verás más! + +--Después de su mala suerte, no lo dudo. Tú eres como Napoleón; en punto +á lugartenientes no te gustan los que no tienen suerte ... + +--¡Ah! ¡Bien me la habéis jugado! + +--¡Regular! + +--Pero ¿dónde habitabais? + +--Cerca de Auffay, en el castillo de Peroeville ... El perro gris +también era de allí ... + +--Habéis hecho bien en no volverle á llevar. Le había hecho preparar +veneno. + +--Lo sospechaba. + +--¡Eres hábil! + +--La escuela de la desgracia. Tú eres la que me has formado. + +Se miraron, él desconfiado, ella, ya exasperada. + +--Si no hubiera sido abandonada por Herminia, no me tendrías á tu +discreción. + +--Bien lo sé. Debías haberte conducido con Herminia de modo tal que la +hiciese incorruptible. Mira como Mauricio no me ha abandonado ... + +--¿Y por qué el uno ha sido fiel, mientras la otra me ha hecho traición? + +--Voy á explicártelo. Eso proviene, sencillamente, de la diferencia de +nuestros caracteres. Yo he pasado mi vida amando á Mauricio por él +mismo. Tú, has amado á Herminia por ti. Esa niña no ha sido en tus manos +más que un instrumento de rencor y con ese tacto fino de las mujeres, +Herminia ha acabado por darse cuenta de ello. De aquí la pérdida +inmediata de toda confianza. Jamás ha dudado Mauricio de que yo +estuviese pronto á sacrificarlo todo por verle dichoso; por eso ha +seguido ciegamente mis consejos. Herminia no estaba completamente segura +de que tú obrases en su interés y, en un momento dado, ha visto que la +tratabas como enemiga. Entonces ha desertado. Esto es sencillo y lógico +y no podías evitarlo. + +La señorita Guichard bajó la cabeza sin responder. Roussel continuó: + +--Á estas horas, después de tus lágrimas y tus promesas, apostaría á que +esa niña no está muy segura de ti, se pasea por el jardín con su marido +y hablan ¿sabes de qué? de la situación que les produces, y dicen: +"¿Cómo acabará esto?" Y si acaba esta noche, ¿volverá á empezar mañana? +En la vida, llena de promesas de esos muchachos, has conseguido ser un +estorbo ... + +Cogió á la señorita Guichard por la mano y, con autoridad, la acercó á +la ventana. La luna alumbraba los macizos del jardín y, cogidos del +brazo, los dos jóvenes paseaban á lo largo de las filas de plantas, +refrescadas por el aire de la noche. Iban lentamente, con paso +cadencioso, graciosos y encantadores. + +--¡He ahí, sin embargo, lo que querías impedir, continuó Roussel con +severidad. Has opuesto tu veto á esa felicidad. Bien se conoce que nunca +has sabido lo que era amar. + +Clementina levantó la frente, sus ojos brillaron, un ligero rubor +acudió á su cara, y dijo con voz entrecortada: + +--¡Tú sabes muy bien que lo que dices es falso! Sí; he amado, y +demasiado exclusivamente, á un hombre que me ha despreciado ... ¡Sí! He +amado! Bien puedo confesártelo ahora que soy vieja. Por haber amado +demasiado, he sufrido tanto ... Yo también había soñado con andar en la +vida del brazo de un hombre que fuese todo para mí ... y mi sueño se ha +disipado. Yo hubiera sido, como otra cualquiera, tierna y buena con el +que amaba, si hubiera sabido disimular la vivacidad de mi carácter, un +poco absoluto acaso. Yo hubiera sido una esposa llena de abnegación y +una madre apasionada ... ¡Oh! Si hubiera tenido un hijo ... ¡mío! le +hubiera adorado! ¡Cuántas veces he llorado de pena y de cólera al pasar +por los jardines donde jugaban los niños á la vista de sus madres!... La +envidia, el pesar me oprimían el corazón y achacaba la responsabilidad +de mis torturas al que había desbaratado mis proyectos y destruído mi +porvenir. ¡Y eres tú el que me acusa de no haber amado! ¡Tú! Después de +lo que acabo de decirte, confiesa que es una ironía muy cruel y muy +inmerecida. + +--Pero, Dios mío, mi querida prima, dijo Roussel con algún embarazo; me +haces más culpable de lo que lo he sido. Si hasta ese punto te +horrorizaba el celibato, con tu fortuna, hubieras podido sustituírme con +ventaja. Por falta de hombre el matrimonio no fracasa. + +--Ninguno me agradaba sino tú. + +--¡Por espíritu de contradicción! + +--¡Á mi costa, en todo caso! Porque por ti he quebrado mi vida. Amaba el +mundo, y he tenido que vivir retirada. Sin familia, mi solo consuelo ha +sido la adopción de una niña que no era nada mío. He tenido que +comprimir todos mis sentimientos y he envejecido estéril é irritada ... +Todo por tu causa. Cuando te oía hace un momento enumerar mis faltas, +encontraba que eran muy pequeñas comparadas con las tuyas. Sí, he sido +mala; he querido vengarme de ti; pero ¿no has hecho tú todo lo posible +por incitarme á ello? Sí, tú, causa primera de nuestras disensiones, +debieras ser responsable de lo que ha sucedido, y yo sola soy castigada. +Porque, tú lo decías hace un instante y has tenido buen cuidado de +explicármelo; se me tolera, se me sufre, pero no se me ama. Si tengo un +poco de orgullo, después de lo que me has declarado, debo desaparecer y +marcharme á terminar mi vida en un rincón, sola, arrastrando mis últimos +días con el pensamiento devorador de que todo el mundo es dichoso, +menos yo! + +Esta vez, era sincera. Roussel lo veía claramente y se conmovió. Su +conciencia se había sublevado al oir á Clementina y le advirtió de que +la mitad de las acusaciones que ésta le dirigía, eran ciertamente +merecidas. Le había faltado paciencia: había desconocido la voluntad +suprema del tío Guichard é infligido una cruel afrenta á la mujer que le +estaba destinada. Después de todo, el matrimonio acaso la hubiera +transformado. Otros milagros mayores se habían visto. ¡Quién sabe si +hubiera podido ser, como ella decía, buena esposa y excelente madre! Y +por él, por un amor exclusivo, que en el fondo le halagaba, y le hacía +sonreir con cierto deje de contento, había permanecido soltera. Aquello +era un agravio muy duro, por el cual no resultaba castigado ... La miró +con algo mayor benevolencia y experimentó un sentimiento tan parecido á +la simpatía, que se quedó asombrado. ¿Era posible que Clementina le +pareciese soportable? Fortunato dijo: + +--¿Por qué exageras las cosas? ¿Quién te dice que te vayas? Si tu +orgullo te impulsa á marcharte, resístelo y permanece en medio de +nosotros. + +--Sufriría demasiado. Mi situación será siempre inferior ... No +olvidaréis nuestros antiguos disentimientos, mi resistencia y mi derrota +... Á ti, te amarán; á mí, me tolerarán ... Yo no podré soportarlo y +volveré á ser mala ... y os haré daño á todos ... + +Esta confesión turbó á Roussel más que todo lo que acababa de oir. +Puesto que la señorita Guichard se daba cuenta de su estado, todavía era +posible curarla. Si se la dejaba entregada á sí misma, los irresistibles +impulsos de su carácter batallador la arrojarían á cometer excesos que +serían causa de cuidados y penas para Mauricio y Herminia. Era preciso á +toda costa apoderarse de ella. Fortunato permaneció un momento +pensativo, y después, aproximándose á su enemiga, dijo: + +--Veamos, Clementina; esos muchachos y nosotros empezamos una existencia +nueva. ¿Quieres que el porvenir sea en todo diferente del pasado? Estoy +decidido á ayudarte sinceramente. Retrocedamos veinte años. Tú no tienes +más que veintitrés y yo treinta y cinco. El tío Guichard acaba de morir +y nosotros somos prometidos ... Pretendes que hubieras podido ser una +buena esposa; pruébalo. + +La señorita Guichard se puso pálida como si fuera á morir. Sus ojos +interrogaron confusamente la cara de Roussel, que estaba grave y +solemne. Después balbuceó: + +--Fortunato ... ¿qué quieres decir? No me des una falsa alegría ... ¡Me +matarías! + +--¡Lejos de mí tal pensamiento! Quiero que vivas para que te muestres +perfecta. En consecuencia, Señorita Guichard, ¿quiere usted hacerme el +honor de concederme su mano? + +Clementina permaneció un momento inmóvil, vacilante, bajo aquel golpe +tan inesperado. Un temblor nervioso agitó sus labios y no pudo +responder. Su fisonomía, alterada, expresaba al mismo tiempo la pena del +pasado lamentablemente perdido, y la loca alegría de un porvenir por +tanto tiempo deseado y reconquistado por milagro. + +Roussel creyó que perdía la cabeza. Pero todo duró el espacio de un +segundo. Se recobró y en un delirio de dicha que indemnizó á Roussel del +esfuerzo que acababa de realizar, exclamó: + +--¿Que si quiero? ¡Ah! ¡Dios mío! hace veinte años que sueño con esas +palabras ... + +Y con tanto vigor en la afección como había mostrado en el odio, saltó +al cuello de Fortunato. + +En el mismo momento, Mauricio y Herminia, un poco inquietos al ver lo +que duraba la conferencia, abrieron la puerta del salón. El espectáculo +que se ofreció á sus ojos era de tal modo sorprendente, que +permanecieron inmóviles: la señorita Guichard y Roussel se abrazaban, y +no para ahogarse, porque ambos reían con algo de enternecimiento. + +--Venid, hijos míos, dijo Roussel. Deseabais la concordia y vamos á +daros la unión. En adelante, formaremos una sola familia: me caso con la +señorita Guichard. + +Mientras Herminia, dando un grito de júbilo corría hacia su tía, +Mauricio se inclinó hacia su padrino: + +--Eso es más que adhesión, dijo; ¡es heroísmo! + +--¡Bah! contestó Fortunato; hay que saberse sacrificar por los suyos. Y +luego, después de todo ... Acaso tengamos una sorpresa. + +La tuvieron. Sin duda alguna, la merecían; pero, como hacía observar +Roussel á la joven pareja con sonriente filosofía, nadie es tratado en +la vida según sus méritos. + +Una nueva Clementina, aquella á quien sólo Herminia había conocido hasta +su boda con Mauricio, se reveló á Fortunato. Buena, alegre, un poco +imperiosa, pero perfecta dueña de su casa, la baronesa--porque ha +conseguido ser baronesa y no desespera de serlo de Pontournant--asombra +á los suyos por las cualidades de su corazón. Calmado su rencor, ha +vuelto á lo que estaba destinada á ser; una mujer muy viva, pero +excelente, que se esfuerza en pagar con amabilidades los movimientos un +poco bruscos de su carácter. Roussel se acostumbró á ella prontamente. Y +un día en que se hablaba delante de él de una mujer muy dulce y un poco +pasiva: + +--¡Desengáñense ustedes! exclamó; una mujer sin carácter es como una +ensalada sin vinagre! + +--Sí, amigo mío, insinuó Clementina con deferencia; ¡pero también es +preciso que la ensalada tenga un poco de aceite! + + + +FIN. + + + +París.--Imprenta de la Vda de Ch. Bovary. + + + + + + + + + + +End of Project Gutenberg's Un antiguo rencor, by George (Jorge) Ohnet + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 13904 *** |
