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+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 12627 ***
+
+ OBRAS COMPLETAS
+
+ DE
+
+ D. JOSÉ M. DE PEREDA
+
+ DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
+
+
+
+ TOMO V
+
+ ESCENAS MONTAÑESAS
+
+ MADRID
+
+ 1919
+
+
+
+
+ADVERTENCIA
+
+_Ha llegado el momento de realizar el propósito anunciado en la que se
+estampa en el tomo I de esta colección de mis_ OBRAS; _y le realizo
+incluyendo en el presente volumen los cuadros_ Un marino, Los bailes
+campestres _y_ El fin de una raza, _desglosados, con este objeto, del
+libro rotulado_ ESBOZOS Y RASGUÑOS, _en el cual aparecerán, en cambio y
+en su día_, Las visitas y ¡Cómo se miente!, _que hasta ahora han formado
+parte de las_ ESCENAS MONTAÑESAS. _Por lo que toca á_ La primera
+declaración _y_ Los pastorcillos, _si algún lector tiene el mal gusto de
+echar de menos estos capítulos en cualquiera de los dos libros, entienda
+que he resuelto darles eterna sepultura en el fondo de mis cartapacios,
+y ¡ojalá pudiera también borrarlos de la memoria de cuantos los han
+conocido en las anteriores ediciones de las_ ESCENAS!
+
+_Con este trastrueque, merced al cual ganan algo indudablemente ambas
+obras en unidad de pensamiento y en entonación de colorido, se hace
+indispensable la supresión del prólogo de mi insigne padrino literario,
+Trueba, el cual prólogo es un análisis de las_ ESCENAS, _cuadro por
+cuadro, y en el orden mismo en que se publicaron en la primera edición;
+y suprimido este prólogo, claro es que debe suprimirse también el mío,
+que le precede en la edición de Santander y no contiene otro interés
+para los lectores que el engarce de unos párrafos de Menéndez y Pelayo,
+en los cuales se ventila á la ligera una cuestión de arte que el mismo
+ilustre escritor trata con la extensión debida en el estudio que va al
+frente del tomo I de estas_ OBRAS.
+
+_Y con esto, y con añadir que todos los cuadros de este libro que no
+lleven su fecha al pie, ó alguna advertencia que indique lo contrario,
+son de la edición de 1864, queda advertido cuanto tenía que advertir al
+público en este lugar su muy atento y obligado amigo_,
+
+J.M. DE PEREDA.
+
+Septiembre de 1885.
+
+
+
+
+SANTANDER
+
+(ANTAÑO Y OGAÑO)
+
+I
+
+
+Las plantas del Norte se marchitan con el sol de los trópicos.
+
+La esclavizada raza de Mahoma se asfixia bajo el peso de la libertad
+europea.
+
+El sencillo aldeano de nuestros campos, tan risueño y expansivo entre
+los suyos, enmudece y se apena en medio del bullicio de la ciudad.
+
+Todo lo cual no nos priva de ensalzar las ventajas que tienen los
+_Cármenes_ de Granada sobre las estepas de Rusia, ni de empeñarnos en
+que usen tirillas y fraque las kabilas de Anghera, y en que dejen sus
+tardas yuntas por las veloces locomotoras nuestros patriarcales
+campesinos....
+
+Pero sí me autoriza un tanto para reirme de esas largas disertaciones
+encaminadas á demostrar que los nietos de Caín no supieron lo que era
+felicidad hasta que vinieron los fósforos al mundo, ó, mejor dicho, los
+fosforeros, ó como si dijéramos, los hombres de ogaño.
+
+Y me río muy descuidado de la desdeñosa compasión con que hoy se mira á
+los tiempos de nuestros padres, porque éstos, en los suyos, también se
+reían de los de nuestros abuelos, que, asimismo, se rieron de los de sus
+antepasados; del mismo modo que nuestros hijos se reirán mañana de
+nosotros; porque, como es público y notorio, las generaciones, desde
+Adán, se vienen riendo las unas de las otras.
+
+Quién hasta hoy se haya reído con más razón, es lo que aún no se ha
+podido averiguar y es probable que no se averigüe hasta que ría el
+último; pero que cada generación cree tener más derechos que ninguna
+otra para reirse de todas las demás, es evidente.
+
+He dicho que el hombre se ríe de cuanto le ha antecedido en el mundo; y
+he dicho mal: también se ríe de lo que le sigue mientras le quedan
+mandíbulas que batir.
+
+Resultado: que el hombre no halla bueno y tolerable sino aquello en que
+él toma parte, ó en que la toman los de su lechigada. Mientras es actor
+en los sucesos del siglo en que nace, todo va bien; pero desde el
+momento en que, gastado el eje de su vida, se constituye en mero
+espectador, nada es de su agrado.--Abrid la historia de las pasadas
+sociedades; leed al filósofo crítico más reverendo, y le veréis mientras
+se jacta de haber dado ensanche al patrimonio ruin de la inteligencia
+que heredó de sus mayores, lamentarse de los locos extravíos de la de
+sus hijos.
+
+Y cuando á los nuestros entreguemos mañana el imperio del mundo,
+palparemos más evidente esta verdad. Una vez apoderados ellos del cetro,
+veréis lo que tarda nuestra generación, entonces caduca é impotente, en
+llamarlos dementes y desatentados; casi tan poco como en que ellos nos
+miren con lástima, y, alumbrados por el sol de la electricidad, se rían
+á nuestras encanecidas barbas de los resoplidos del vapor de nuestras
+locomotoras.
+
+Y esto ¿qué significa?
+
+Que la humanidad siempre es la misma bajo los distintos disfraces con
+que se va presentando en cada siglo.
+
+Y si el lector al llegar aquí, y en uso de su derecho, me pregunta á qué
+conducen las anteriores perogrullescas reflexiones, le diré que ellas
+son lo único que saqué en limpio de mi última sesión con mi buen amigo
+don Pelegrín.
+
+Don Pelegrín Tarín es un señor fechado aún más allá de la última decena
+del siglo XVIII, uno de esos hombres cuyo conocimiento se hace en el
+café con motivo de una jugada á las damas, ó la duda de una fecha, ó el
+relato de un episodio de la guerra de la Independencia; un señor chapado
+y claveteado á la antigua, y en cuyo ropaje y fachada se puede estudiar
+la historia civil y política de su tiempo, del mismo modo que sobre un
+murallón cubierto de grietas y de musgo se estudia el carácter de la
+época en que se construyó ... y no sé cuántas cosas más, según es fama.
+
+La verdad es, sin que importe el cómo, que don Pelegrín se hizo amigo
+mío, y que raro es el día en que no me echa un párrafo de historia
+antigua, apenas entro en el café, su morada habitual desde las tres de
+la tarde hasta las ocho de la noche, y me siento en mi rincón
+preferido... Y ahora recuerdo que la coincidencia de buscar los dos el
+ángulo más apartado, á la vez que el sofá más mullido del café, dió
+origen á nuestro conocimiento.
+
+Comenzó el buen señor por aburrirme muchas veces, hablándome de la
+guerra _del francés_, como él dice, y del Duque de Wellington. Hablábame
+también á cada paso de la política del Rey y de los puntales del Tesoro,
+del pingüe resultado de los _gremios_ ... y qué sé yo de cuántas cosas
+más; y haciendo sus aplicaciones á las modernas doctrinas y al presente
+sistema administrativo, sacaba las consecuencias que le daba la gana,
+porque yo á todo atendía menos á contradecirle. Pero comenzó un día á
+hablarme del Santander de sus tiempos y de las costumbres de su
+juventud, y sin darme cuenta de lo que me sucedía, halléme con que me
+iba interesando el viejo don Pelegrín. ¿Y cómo no interesarme si es la
+mejor crónica del pueblo, la única tal vez que nos queda? Desde entonces
+estreché más mi trato con él, y di en agobiarle á preguntas. Pero el
+bendito señor, sea efecto de sus años ó de su carácter vehemente, tiene
+la costumbre de comentar todo lo que dice y de meterse á filosofar y á
+hacer digresiones sobre la cosa más trivial; de suerte que nunca pude
+obtener un cuadro exacto y bien detallado del Santander de antaño, tal
+como yo le quería para dársele á mis lectores, seguro de que me le
+agradecerían como una curiosidad. Lo más acabado que salió de su
+descriptivo-crítico ingenio, es lo que ustedes van á leer (si tanta
+honra quieren dispensarme).
+
+Malo ó bueno, ello es de la propiedad de don Pelegrín, y en él declino
+mi responsabilidad....
+
+
+
+
+II
+
+
+Después de un vago preámbulo, exclamó así el buen señor:
+
+--Mire usted, amigo mío: yo no estoy literalmente reñido con esa
+batahola infernal, con ese movimiento que forma hoy la base de la
+sociedad en que ustedes viven, no señor: comprendo perfectamente todo lo
+que vale y el caudal inmenso de ilustración que representa; pero esto no
+puede satisfacer las humildes ambiciones de un hombre de mis años.
+Desengáñese usted, yo no puedo menos de recordar con entusiasmo aquellas
+costumbres rancias, tan ridiculizadas por los modernos reformistas:
+ellas me nutrieron, entre ellas crecí y á ellas debo lo poco que valgo y
+el fundamento de esta familia que hoy me rodea, y, aunque montada á la
+moderna, respeta mis _manías_, como ustedes dicen, y me permite vivir
+cincuenta años más atrás que ella. No tengo inconveniente en decirlo:
+mis vigilias, mis anhelos, todos mis afanes materiales han sido y aun
+son para mis hijos; pero lo demás.... ¡Ah!; lo demás, incluso el traje,
+como usted está viendo, todo lo rindo en honor de aquellos felices
+tiempos de mi juventud.
+
+Dicho lo cual sin resollar y con visible emoción, don Pelegrín, como de
+costumbre, disertó sobre la sencillez de las costumbres de sus tiempos,
+afanándose por convencerme de que eran mucho más recomendables que las
+nuestras, con la cual intención, asegurándome que la historia de los
+hombres de entonces, socialmente considerados, era, _plus minusve_, una
+misma en cada categoría, trazóme de la suya lo que _ad pedem literae_
+voy á copiar:
+
+--Á los diez y siete años--dijo--había terminado yo la escuela; sabía
+las cuentas hasta la de _cuartos-reales_, y tenía una forma de letra
+que, como decía mi maestro, se escapaba del papel. Á los diez y ocho
+entré con los Padres Escolapios á estudiar latín; á los veintitrés era
+todo un filósofo apto para emprender cualquier carrera literaria.
+
+Mi señor padre (que Dios haya), fundándose en que ya había en la familia
+un fraile, un guardia y un empleado en las Covachuelas de Madrid, se
+empeñó en que yo fuese jurisconsulto, por lo cual había escrito á
+Salamanca, un año antes de terminar yo la filosofía, en demanda de
+hospedaje y de recua que me condujese, en retorno de una de sus
+expediciones semestrales de garbanzos, juntamente con los otros dos
+estudiantes que, según se murmuraba por el pueblo, debían marchar
+también con igual destino que yo.... ¡Me parece que fué ayer cuando, por
+primera vez en mi vida, salí á correr el mundo!...
+
+En el mesón del _Monje_, que estaba al principio de la calle de San
+Francisco, monté sobre un macho cargado de azúcar y campeche; después de
+haber recibido la bendición de mi señor padre que me contemplaba con
+sereno rostro, aunque con el alma acongojada por la idea de separarse de
+mí. También estaban allí los padres de mis dos compañeros de expedición,
+los amigos de todos ellos y los curiosos que nos habían visto confesar
+el día antes; medio pueblo, amigo mío, nos rodeaba en el mesón; medio
+pueblo que nos siguió hasta el Cristo de Becedo, que estaba en el lugar
+que después ocupó el Peso público, y últimamente esa gran casa que
+llaman también del Peso. Allí rezamos un _Credo_, postrados todos de
+hinojos; eché algunos cuartos en el cepillo del santuario, volví á
+montar sobre el macho, y con un «buen viaje» de todos y una mirada de mi
+señor padre que hizo brotar las lágrimas de mis ojos, partimos mis dos
+amigos y yo para Salamanca, adonde llegamos sanos y salvos, después de
+mil divertidos episodios, que tal vez le cuente en otra ocasión, á los
+diez y nueve días, ocho horas y catorce minutos.
+
+--¿Es posible--dije interrumpiendo á don Pelegrín--que sólo tres
+estudiantes salieran de Santander en un año?
+
+--Y era mucho salir--me contestó en tono enfático.--Repare usted que
+estaba carilla la carrera de letrado. Solamente el arriero costaba al
+pie de quince duros aunque era de su obligación mantenernos á su costa
+durante el viaje; y la estancia anual en Salamanca no nos bajaba á cada
+uno, con ropa limpia y derechos de Universidad, de mil quinientos á dos
+mil reales.
+
+--¡Cáspita!--exclamé yo muy serio, acordándome de lo que había gastado
+en los tres días del último carnaval de mi vida de estudiante.--¡Ahí era
+un grano de anís!... Pero no sabía yo, don Pelegrín, que fuese usted
+abogado.
+
+--Y no lo soy, ¡ca!...; porque verá usted lo que pasó. En las primeras
+vacaciones que me dieron, y en recompensa de la buena censura que obtuve
+del sinodal en el examen, me permitió mi señor padre que hiciese un
+viaje de recreo adonde más me acomodase y por todo el tiempo que me
+pareciese prudente. Entonces estaba muy de moda entre los jóvenes
+pudientes de aquí, irse á San Juan de Luz y á Bilbao, con motivo de unos
+célebres partidos de pelota que había á cada paso entre vascongados y
+bayoneses. Yo elegí el último punto por la comodidad con que entonces se
+hacía el viaje; pues había un _paquete_ quincenal entre aquel puerto y
+éste; un quechemarín que se ponía junto á la botica del doctor
+Cuesta.... ¿Se admira usted? Es que entonces ni existía la plaza de la
+Verdura, ni en su existencia se pensaba, porque llegaba la marea muy
+cerca del Arco de la Reina. Pues, señor, tomé pasaje en el quechemarín,
+cuyo capitán era conocido de mi padre; y en la confianza de que
+tardaríamos día y medio en llegar, como era costumbre del barco, según
+decían, y por eso se llamaba el _Rápido_, hicímonos á la mar. Pero dió
+en soplar un vientecillo del Nordeste apenas montamos el cabo Quejo, que
+nos echó sobre Llanes cuando pensábamos alcanzar á Portugalete. Allí se
+armó un zipizape del Noroeste con tal cerrazón y tales celliscas, que al
+cuarto día amanecimos mar adentro y sin ver una pizca de tierra. El
+capitán, según entonces nos confesó, nunca había navegado más que por la
+costa de Vizcaya, ni conocía la altura en que nos hallábamos, ni, lo que
+era peor, el modo de averiguarlo: así fué que, encomendándonos á Dios,
+pusimos la popa al viento, trincamos el timón, y á los siete días de
+tormenta nos colamos de noche en un boquete que al capitán se le antojó
+Santoña; mas al preguntar, cuando amaneció, al patrón de un patache que
+teníamos al costado, en dónde nos hallábamos, supimos que en Castropol.
+Para abreviar, amigo mío: á los diez y siete días de nuestra salida de
+Santander volvimos á fondear en las Atarazanas, después de habernos
+equivocado en todos los puertos de la costa, y sin poder tropezar con el
+que íbamos buscando. Á mi familia, que en todo ese tiempo no tuvo
+noticias mías, figúrese usted que entrañas se le habrían puesto: por lo
+que hace á mi padre, juró que en su vida me volvería á separar de su
+lado, y así sucedió.--Ahora comprenderá usted por qué abandoné la
+carrera.
+
+Veinticinco años había cumplido cuando entré en una de las pocas casas
+de comercio que había en Santander, con ánimo de instruirme en el ramo
+para poder bandearme después por mi cuenta. ¡Qué vida aquélla, cuan
+diferente de la de ustedes ... y qué placentera, sin embargo! Y eso que
+no teníamos bailes de campo en el verano, ni fondas en el Sardinero, ni
+trenes de recreo, como ahora. No hablemos de los días de labor, porque
+en éstos se daba por muy contento el que de nosotros sacaba permiso para
+ayudar una misa en Consolación ó para cantar un responso con los Padres
+de San Francisco; pero llegaba el domingo, ¡válgame Dios!, y ya no nos
+cabía en el pueblo tan pronto como se acababa el Rosario de la Orden
+Tercera, durante el que (Dios me lo perdone) nunca faltaba un ratoncito
+que soltar entre los devotos, ó alguna divisa que poner en la coleta de
+algún currutaco. ¿Ve usted esas casas primeras de la Cuesta del
+Hospital? Pues en su lugar había un prado que cogía parte de la plaza de
+San Francisco. Allí jugábamos al _jito_, y á la _catona_, hasta sudar
+la gota de medio adarme; también jugábamos á las _guerrillas_ y al
+_rodrigón_, juegos muy en uso entonces que los había traído un salmista
+de Cervatos, emigrado por cierto pique que tuvo con un prebendado de
+aquella Colegial. Otras veces nos íbamos á echar cometas al Molino de
+Viento, ó á chichonar grilleras á los prados de Viñas, según las
+estaciones del año, ó á saltar las huertas de San José, que á todo
+hacíamos, como jóvenes que éramos.... Yo, sobre todo, con este genio tan
+francote y acomodado que Dios me dió, gozaba con todo mi corazón. Tenía
+dos amigos en la calle de San Francisco que parecían nacidos para mí. El
+uno tocaba el pífano y el otro el rabel, entrambos de afición; pero ¡qué
+tocar!... Yo también era aficionadillo á la música, y punteaba en la
+guitarra un baile estirio y dos minuetes. Pues, señor, nos poníamos los
+tres al anochecer de los domingos del verano, después de nuestra partida
+de _jito_, á la puerta del balcón, y dale que le das á los instrumentos,
+llegábamos á reunir en la calle una romería. Personas de todas edades y
+condiciones, cuanta gente volvía de pasear ó de la novena, se plantaba
+al pie del balcón hasta que nosotros nos retirábamos.... Y vea usted,
+qué demonio: en cuanto llegó á hacerse de moda en aquella calle la
+reunión del pueblo, nos prohibió tocar el señor Corregidor. Yo no sé
+qué se corría entonces por la ciudad sobre francmasonería. La guerra del
+francés había dejado á las gentes muy recelosas y asombradizas, y la
+nota de _afrancesado_ todavía quitaba el sueño á más de cuatro
+españoles. Lo cierto es que por entonces comenzaron á gastar los
+elegantes el _pequé_ sobre el _sortut_, y las madamitas la _escofieta_
+con sus _airones_ de á media vara; también se introdujeron en la mesa la
+sopa á la _ubada_, el principio de _pulpitón_ y el postre de _compota_,
+que de allí data el que ustedes usan...; en fin, que las señas eran
+fatales; que se temía una logia á cada vuelta de esquina, y que creímos
+muy natural la prohibición del señor Corregidor, que temblaba, como él
+nos dijo, toda reunión que pasara de tres individuos.
+
+
+
+
+III
+
+
+--Pues, señor, volviendo al asunto, y en la imposibilidad de referir
+punto por punto toda la historia de mi juventud, porque no acabaríamos
+hoy, le diré á usted que á los cinco años de mi práctica de comerciante,
+habiendo conocido perfectamente el manejo de los negocios y á una joven
+vecina de mi principal, monté de cuenta propia un establecimiento de
+géneros de refino, y me casé el día mismo en que cumplía treinta y un
+años; cosa que me costó mis trabajillos, porque los once meses de
+Salamanca me habían procurado una reputación de calavera de todos los
+demonios.--Casado ya, mi vida tomó un giro enteramente diverso del de
+hasta entonces. Desde luego fuí nombrado síndico del gremio de
+zapateros, procurador municipal de dos pueblos agregados á este
+ayuntamiento, vocal perpetuo de una junta de parroquia, tesorero de la
+Milicia Cristiana y asesor jurado de una comisión calificadora para los
+delitos de sospecha de traición á la causa del Rey. Con todos estos
+cargos me puse en roce con las personas más importantes de la ciudad y
+me dieron entrada en _palacio_, que era todo mi anhelo ya mucho tiempo
+hacía, porque Su Ilustrísima era hombre de gran eco entre las gentonas
+de Madrid, y lo que por su conducto se averiguaba en Santander, no había
+que preguntar si era el Evangelio. Tenía Su Ilustrísima tertulia diaria
+de ocho á nueve de la noche, y la formábamos un médico muy famoso por
+sus chistes, que hablaba latín _como agua_; el P. Prior de San
+Francisco, hombre sentencioso y de gran consejo; un abogado del Rey,
+caballero de Carlos III; mi humildísima persona, y un Intendente de
+rentas, hombre de bien, si los había, temeroso de Dios como ninguno,
+servicial y placentero que no había más que pedir.... Por cierto que
+murió años después en Cádiz, de una disentería cuando el sitio del
+francés. Éstas eran las personas constantes alrededor de Su Ilustrísima;
+además había otras muchas que alternaban cuando les parecía oportuno.
+--Para que usted se forme una idea del carácter del bendito señor
+Intendente, voy á referirle un suceso digno, por otra parte, de que se
+imprimiese en letras de oro.
+
+Presentóse una noche en la tertulia algo más tarde de lo acostumbrado y
+con aire de hondo disgusto en su fisonomía. Tratamos de averiguar la
+causa, y después de mil ruegos, hasta del señor Obispo que le quería
+mucho, pudimos arrancarle estas palabras:--«Señores, tenemos comediantes
+en la ciudad»; palabras que hicieron en la tertulia una impresión
+desagradabilísima, porque faltaban diez y siete días para la cuaresma, y
+el pueblo, con la guerra y con las ideas locas que se iban apoderando de
+la gente, más que comedias necesitaba sermones. Pues, señor, tratóse
+seriamente sobre el particular, y se autorizó al fin al Intendente para
+que él lo arreglara á su antojo. Y, efectivamente, al otro día se
+presentó al director de la compañía, que ya había arrendado una bodega
+en la calle de las Naranjas, diciéndole que era preciso que á todo
+trance saliese de Santander.--El pobre hombre se quedó hecho una
+estatua al oir la proposición.--«Señor, le dijo, mire V.S. que vengo
+desde más allá de Becerrilejo; que traigo ocho de familia y cuatro
+caballerías para ellos y para los equipajes; que he pagado adelantado el
+alquiler de la bodega, y he gastado mucho en colocar la tramoya que V.S.
+está viendo. Si me marcho sin dar media docena de funciones, me pierdo
+para toda la vida.--¿Cuánto pueden valerle á usted las seis funciones?,
+le preguntó el Intendente.--Yo cuento, señor, con que no baje de
+quinientos reales después de pagar la bodega, las luces y los dos
+tamborileros que han de tocar durante los intermedios.--Pues ahí van
+mil, contestó el bendito señor, dándole un cartucho de monedas que ya
+llevaba preparado al efecto; pero es preciso que ahora mismo desaloje
+usted el local, y sin perder un solo minuto salga con su gente de
+Santander.» El comediante vió el cielo abierto, hizo lo que deseaba el
+Intendente, y, sin salir éste de la bodega, se desarmó la tramoya, se
+cargaron las caballerías, montaron los comediantes ... y nadie volvió á
+acordarse de ellos. ¿Pero usted cree que cuando el Intendente, lleno de
+júbilo, entró por la noche en la tertulia, hallábamos medio de hacerle
+tomar la parte que nos correspondía de los mil reales? ¡Que si quieres!
+Fué preciso que Su Ilustrísima se lo suplicara con mucho empeño.--«He
+hecho una obra buena, decía; ¿qué mejor aplicación he podido dar á esa
+parte del caudal que el Señor me ha confiado?...» Le digo á usted que
+era todo un bendito de Dios el señor Intendente.
+
+Reíme de veras con el sucedido de los comediantes.
+
+--¿Es posible--dije á don Pelegrín--que tal idea se tuviese entre
+ustedes del teatro?; ¿que así le tomasen como foco de desmoralización?
+
+--¿Y qué le diré yo á usted?--me contestó:--entre nosotros no faltaba
+quien dijera, como ustedes hoy, que era, más que escuela de vicios,
+cátedra de moralidad; pero, sin embargo, yo opinaba mejor (y cuidado que
+no soy fanático) con el padre Prior que decía, cuando de ello le
+hablaban: «Podrán los devotos del teatro asistir á él como á una cátedra
+de virtudes; pero lo cierto es que en ninguna parte se predica más moral
+y más clara que en el púlpito, y si se pusiera la entrada á dos cuartos,
+tal vez ni los monaguillos nos escucharan.» De todos modos, el pueblo no
+echaba en falta esos pasatiempos: ¿á qué empeñarnos en dárselos cuando,
+por lo menos, le habían de crear una nueva necesidad?
+
+--Según ese sistema--repuse,--aún estaríamos como el indio Caupolicán.
+Sepa usted, don Pelegrín, que es un deber para el nombre adoptar todo
+aquello que puede dar ensanche á su inteligencia. Los progresos
+materiales....
+
+--Ya pareció el peine--me interrumpió con cierto despecho;--¡como si
+hasta que ustedes vinieron al mundo no supiera el hombre lo que era
+dignidad!
+
+--No se ofenda usted, don Pelegrín, y óigame con calma. En todos tiempos
+y en todas épocas ha habido hombres ilustres: no hago al talento ni á la
+dignidad patrimonio de nuestros días; pero ¿á que en los suyos echaban
+esos mismos hombres muchas cosas de menos?; ¿á que hallaban un vacío en
+la sociedad, como si adivinaran algo de la gran revolución que muy
+pronto iba á operarse en las costumbres? Usted mismo....
+
+--¡Qué vacío ni qué calabaza!--exclamó mi viejo amigo, verdaderamente
+sulfurado, y con unos ademanes que no me dejaban duda de que había
+cometido una torpeza en tocarle este resorte, precisamente cuando
+necesitaba é iba yo á saber grandes cosas de la tertulia de Su
+Ilustrísima.--Lástima--continuó--me causan ustedes cuando les oigo
+hablar de esa manera. Ustedes, ustedes son, por el contrario, los que
+desean siempre _algo_, y este algo es precisamente lo que nosotros
+teníamos de sobra: la paz del espíritu. Ustedes tienen la sensibilidad
+encallecida, expuesta al roce de todos los sucesos del siglo en su
+atropellada marcha; el alma rendida de vagar por un espacio enmarañado y
+de atmósfera pestilente, y las ideas revolviéndose en una órbita
+insegura y desequilibrada, que no les permite encariñarse con un objeto
+sin que otro nuevo venga á borrar su huella.
+
+Nosotros, merced á lo que hoy se llama ignorancia, teníamos las
+afecciones más limitadas, y con la sensibilidad casi virgen, nos
+preocupaba el suceso más común en la vida de ustedes; nuestras ilusiones
+eran pequeñas, es cierto, pero fuertes, y, sobre todo, consoladoras.
+Nosotros, por lo mismo que ambicionábamos poco, nos satisfacíamos al
+instante; pero ustedes, cuya ambición no conoce límites, no se
+satisfarán jamás. Yo, únicamente, que he pasado por las dos épocas,
+comprendo cuánta verdad encierra lo que le estoy diciendo: para que
+usted lo comprendiera del mismo modo, sería preciso que tocase y palpase
+aquello cuyo recuerdo le merece tan desdeñosa compasión; es decir, que
+junto á este Santander de cuarenta mil almas, con su ferrocarril, con
+sus monumentales muelles, con su ostentoso caserío, con sus cafés,
+casinos, paseos, salones, periódicos, fondas y bazares de modas,
+surgiese de pronto la vieja colonia de pescadores, con sus diez mil
+habitantes y seis casas de comercio provistas de Castilla por medio de
+recuas, ó de _carros de violín_; la vieja Santander sin muelles, sin
+teatro, sin paseos, sin otro periódico propio ó extraño que la _Gaceta_
+del Gobierno, recibida cada tres días. Era preciso que usted pudiese
+apreciar vivos estos dos cuadros para que no dudase sobre cuál de ellos
+cernía más el tedio sus negras alas, y que generación vivía más
+tranquila y más risueña, si la que se cubre con el oropel de la moderna
+sabiduría, ó la cobijada bajo los harapos de nuestra vieja ignorancia.
+Seguro estoy de que no serían mis contemporáneos los que en esta
+exposición presentasen más arrugas en el alma. Por lo demás, amigo mío,
+pobres teníamos y pobres tienen ustedes; ricos avaros existían junto á
+ellos, y ricos insaciables existen. Es verdad que á nuestros pobres
+envilecían los mismos privilegios que hacían odiosos á los ricos; pero
+ustedes, quemando con la luz que han dado á los primeros las
+prerrogativas de los segundos y dejando las fortunas como estaban, han
+hecho pobres orgullosos, y ricos que á ciencia y conciencia son sordos á
+la voz del infortunio, y ciegos al aspecto de la miseria.... ¡Luces,
+ilustración!...; todo estaría bien si á su claridad hallase pan el
+hambriento y abrigo el que tirita de frío; pero, desgraciadamente, la
+tan decantada luz sólo sirve para hacer más patentes la miseria y la
+opulencia, y más insoportable para el pobre este eterno contraste.... Si
+esto es una preocupación mía, que lo diga la historia política y social
+de Europa de algunos años á esta parte. El mismo tiempo hace que le
+dijeron al hombre desheredado de la fortuna: «no tienes oro, pero tienes
+derechos que conquistar, que al fin te valdrán oro»; y desde entonces se
+está rompiendo el bautismo en las calles, detrás de las barricadas, para
+que se los arrebate el mismo que le provoca á la lucha; para no dejar de
+ver, ni por un solo instante en la sociedad, junto á uno que se muere de
+hambre, otro que revienta de harto. ¿Qué es esto, amigo mío? Pues todo
+ello ya lo teníamos nosotros sin tanta música ni tanto cacareo de
+dignidad y de derechos; y aun teníamos más, porque con la misma
+desigualdad de fortunas, había buena fe en los de arriba y resignación
+en los de abajo. Resultado: que había paz en los pueblos, alegría en los
+hogares, y grandes virtudes en el corazón. Ahora, si estas menudencias
+no valen nada para ustedes, la cuestión cambia de aspecto; y si el
+destino del hombre sobre la tierra es otro que hacer risueño y apacible
+el grupo de una familia cobijada al calor del hogar doméstico, confieso
+sin repugnancia que nuestras patriarcales costumbres fueron un borrón
+que manchó á la humanidad en los tiempos del llamado obscurantismo.
+
+Aquí don Pelegrín se limpió los labios con su pañuelo, arregló la capa
+sobre las rodillas, sacó la caja de rapé y tomó un polvo con marcial
+desenfado. En vano le llamé al orden y le rogué que continuase
+hablándome de la tertulia de Su Ilustrísima: le había tocado su cuerda
+más sensible, y, como siempre, se engolfó entre sus rancias memorias: no
+hallé medio de dirigirle una pregunta sin obtener por respuesta
+parrafadas como la anterior. En vista de ello, supuse una ocupación
+urgente, despedíme de él y salí del café, haciendo que me reía de sus
+lucubraciones, ó, lo que es lo mismo, comentando la sesión en términos
+iguales ó parecidos á los que han servido de introducción á este
+bosquejo.
+
+
+
+
+EL RAQUERO
+
+I
+
+
+Antes que la moderna civilización en forma de locomotora asomara las
+narices á la puerta de esta capital; cuando el alípedo genio de la
+plaza, acostumbrado á vivir, como la péndola de un reló, entre dos
+puntos fijos, perdía el tino sacándole de una carreta de bueyes ó de la
+bodega de un buque mercante; cuando su enlace con las artes y la
+industria le parecía una utopía, y un sueño el poder que algunos le
+atribuían de llevar la vida, el movimiento y la riqueza á un páramo
+desierto y miserable; cuando, desconociendo los tesoros que germinaban
+bajo su estéril caduceo, los cotizaba con dinero encima, sin reparar que
+sutiles zahories los atisbaban desde extrañas naciones, y que más tarde
+los habían de explotar con tan pingüe resultado, que con sus residuos
+había de enriquecerse él; cuando miraba con incrédula sonrisa arrojar
+pedruscos al fondo de la bahía; cuando, en fin, la aglomeración de estos
+pedruscos aún no había llegado á la superficie, ni él advertido que se
+trataba de improvisar un pueblo grande, bello y rico, el Muelle de las
+Naos, ó como decía y sigue diciendo el vulgo, el _Muelle Anaos_, era una
+región de la que se hablaba en el centro de Santander como de Fernando
+Póo ó del Cabo de Hornos.
+
+Confinado á un extremo de la población y sin objeto ya para las faenas
+diarias del comercio, era el basurero, digámoslo así, del Muelle nuevo y
+el cementerio de sus despojos.
+
+Muchos de mis lectores se acordarán, como yo me acuerdo, de su negro y
+desigual pavimento, de sus edificios que se reducían á cuatro ó cinco
+fraguas mezquinas y algunas desvencijadas barracas que servían de
+depósitos de alquitrán y brea; de sus montones de escombros, anclotes,
+mástiles, maderas de todas especies y jarcia vieja; y, por último, de
+los seres que respiraban constantemente su atmósfera pegajosa y
+denegrida siempre con el humo de las carenas.
+
+De nada de esto se habrán olvidado, porque el Muelle de las Naos, efecto
+de su libérrimo gobierno, ha sido siempre, para los hijos de Santander,
+el teatro de sus proezas infantiles. Allí _se corría_ la cátedra; allí
+se verificaban nuestros desafíos á _trompada suelta_; allí nos
+familiarizábamos con los peligros de la mar; allí se desgarraban
+nuestros vestidos; allí quedaba nuestra roñosa moneda, después de
+jugarla al _palmo_ ó á la _rayuela_; allí, en una palabra, nos
+entregábamos de lleno á las exigencias de la edad, pues el bastón del
+polizonte nunca pasó de la esquina de la Pescadería; y no sé, en verdad,
+si porque los vigilantes juzgaban el territorio hecho una balsa de
+aceite, ó porque, á fuer de prudentes, huían de él. Esta razón es la más
+probable; y no porque nosotros fuéramos tan bravos que osáramos prender
+á la justicia: es que sobre ésta y sobre nosotros mismos, medio
+aclimatados ya á aquella temperatura, estaba el verdadero señor del
+territorio haciendo siempre de las suyas; el que intervenía en todos
+nuestros juegos como socio _industrial_; el que pagaba, si perdía, con
+el crédito que nadie le prestaba, pero que, por de pronto, ganaba cuanto
+jugábamos; el que con sólo un silbido hacía surgir detrás de cada montón
+de escombros media docena de los suyos, dispuestos á emprenderla con el
+mismo Goliat; el que era tan indispensable al Muelle de las Naos como
+las ranas á los pantanos, como á las ruinas las lagartijas; EL RAQUERO,
+en fin. Éste era el terror de los guindillas, el aluvión de nuestras
+fiestas, la rana de aquellos pantanos, la lagartija de aquellos
+escombros; el original del retrato que con permiso de ustedes, voy á
+intentar con mejor ánimo que colorido.
+
+La palabra _raquero_ viene del verbo _raquear_; y éste, á su vez, aunque
+con enérgica protesta de mi tipo, del latino _rapio, is_, que significa
+_tomar lo ajeno contra la voluntad de su dueño._
+
+Yo soy de la opinión del raquero: su destino, como escobón de
+barrendero, es apropiarse cuanto no tenga dueño conocido: si alguna vez
+se extralimita hasta lo dudoso, ó se apropia lo del vecino, razones
+habrá que le disculpen; y sobre todo, una golondrina no hace verano.
+
+El raquero de pura raza nace, precisamente, en la calle Alta ó en la de
+la Mar. Su vida es tan escasa de interés como la de cualquier otro ser,
+hasta que sabe correr como una ardilla: entonces deja el materno hogar
+por el Muelle de las Naos, y el nombre de pila por el gráfico mote con
+que le confirman sus compañeros; mote que, fundado en algún hecho
+culminante de su vida, tiene que adoptar á puñetazos, si á lógicos
+argumentos se resisten. Lo mismo hicieron sus padres y los vecinos de
+sus padres. En aquellos barrios todos son paganos, á juzgar por los
+santos de sus nombres.
+
+
+
+
+II
+
+
+_Cafetera_, para servir á ustedes, era el de mi personaje.
+
+_Cafetera_, en el diccionario callealtero, es sinónimo de borrachera,
+una de las cuales tomó aquél, cuando apenas sabía andar, á caballo sobre
+una pipa de aguardiente, de cuyas entrañas extrajo el líquido con una
+paja.
+
+Cafetera nació en la calle Alta, del legítimo matrimonio del tío
+_Magano_ y de la tía _Carpa_, pescador el uno y sardinera la otra. Ya
+ustedes ven que, para raquero, no podía tener más blasonada ejecutoria.
+
+Su infancia rodó tranquila por todos los escalones, portales y basureros
+de la vecindad.
+
+No hay contusión, descalabro ni tizne que su cuerpo no conociera
+prácticamente; pero jamás en él hicieron mella el sarampión, la
+alfombrilla, la grippe, la escarlata ni cuantas plagas afligen á la
+culta infantil humanidad. Solamente la sarna y las viruelas pudieron
+vencer aquel pellejo: con la primera perdió la mitad de los cabellos;
+con las segundas ganó los innúmeros relieves de su cara.
+
+Pero así y todo, le querían en su casa; tanto, que no había cumplido
+cuatro años cuando la tía Carpa le metió, de medio cuerpo abajo, en una
+pernera de los calzones viejos de su padre, dádiva que, añadida á una
+camisa que, también de desecho, le regaló su padrino el tío _Rebenque_,
+llegó á formar un traje de lo más vistoso, y á ser la envidia de sus
+pequeños camaradas, condenados á arrastrar su desnuda piel por los
+suelos, mientras su industria no les proporcionase más lujosa
+vestimenta.
+
+Siete años contaría, cuando su madre, conociendo por la chispa de que ya
+se hizo mención y por otras proezas análogas, que era apto para las
+fatigas del mundo, comenzó á darle los tres mendrugos diarios de pan
+envueltos en soplamocos y puntapiés. Cafetera, que no era lerdo,
+comprendió al punto hasta dónde alcanzaba su privanza y lo que podía
+esperar de sus dioses lares; y como, por otra parte, sus libérrimos
+instintos se le habían revelado diferentes veces hablando con sus
+compañeros sobre la vida raqueril, se decidió por el _arte_ en el cual
+hizo su estreno pocos meses después del último mendrugo, que le aplastó
+la nariz para nunca más enderezársele.
+
+Era un día en que el tío Magano andaba á la mar, y la tía Carpa á vender
+un carpancho de sardinas.
+
+Cafetera estaba solo en casa, sentado sobre un arcón viejo, único mueble
+de ella, no contando el catre matrimonial, rascándose la cabeza como
+aquel que acaricia una idea de gran transcendencia, y murmurando algunas
+palabras, no todas evangélicas, las más de un colorido asaz rabioso.
+Después de un largo rato así invertido, alzóse de su asiento, corrió la
+tapadera del mismo y sacó media _basallona y_ un arenque, provisiones
+hechas por su madre para toda la semana y que él dividió en dos partes
+iguales. Comióse la primera, y guardó la segunda en el pecho de su
+camisa de bayeta verde. En seguida dió un par de chupadas á una punta
+que halló pegada á la testera del catre, mientras se amarraba con una
+escota los enciclopédicos calzones á la cintura; ocultó sus greñas bajo
+la cúspide de un gorro catalán; y, por último, lanzóse calle abajo en
+busca de aventuras, osado el continente, alegre la mirada, y tan lleno
+de júbilo como pudiera estarlo, en un caso muy parecido, el famoso
+manchego, si bien, á la inversa de éste, no se le daba una higa porque
+la posteridad recordase ó no que ya el rubicundo Apolo extendía sus
+dorados cabellos por la faz de la anchurosa tierra, cuando él, perdiendo
+de vista su casa, comenzó á respirar los corrompidos aires de la
+Dársena.
+
+Llegado al gran teatro de sus futuras operaciones, su primer cuidado fué
+buscar á la gente de su calaña, á fin de orientarse mejor.
+
+No tardaron en aparecérsele media docena de raqueros que, por única
+bienvenida, le sacudieron tal descarga de coquetazos y de _piñas_, que
+el pobre quedó tendido en el suelo, aunque sin extrañarse de semejante
+acogida, como no se extraña un novel académico, al ingresar en el seno
+de la corporación, del consabido elocuentísimo discurso que le dedican
+los veteranos.
+
+Pasada la cachetina y solo Cafetera, limpió con el gorro sus lágrimas de
+coraje, y con la flema de un inglés recién llegado comenzó á reconocer
+el terreno que pisaba.
+
+Aburrido de pasear el Muelle en todas direcciones sin fruto alguno,
+encendió en un tizón de una carena una colilla que halló al paso, y se
+sentó á mirar cómo trabajaban los calafates.
+
+Cuando notó que éstos le habían vuelto la espalda y que la estopa y las
+herramientas andaban al alcance de sus manos, virgen de toda noción de
+fueros de pertenencia, creyó lo más natural del mundo trasladar al
+insondable pecho de su camisa algunas libras de cáñamo y un escoplo;
+hecho lo cual, por consejo de su prudencia levantóse con sigilo é hizo
+rumbo al polo opuesto.
+
+Pensando estaba en lo que haría con el hallazgo, cuando topó con la
+misma gente que poco antes le había zurrado la badana: no hay necesidad
+de decir que el novel raquero, á la vista del enemigo, se preparó á
+virar en redondo; pero no le sirvió la maniobra. El jefe de los otros,
+pillastre de patente, con más asomos de bozo que de vergüenza y que se
+llamaba _Pipa_, sacando por algunos hilos que se escapaban de la camisa
+del primero la madeja que ocultaba, cortóle sus vuelos, y echando la
+zarpa al bulto, dijo, guiñando el ojo á los suyos:
+
+--Arría en banda, Cafetera.
+
+Éste, viéndose abordado de tal manera, aunque sin esperanza de
+salvación, trató de defenderse á mordiscos y patadas.
+
+--¿Por qué tengo de arriar?--gimió, apretando los dientes.
+
+--¡Arría, te digo!
+
+--¡Que no me sale, vamos!
+
+--¡Atízale, Pipa!--le decían los otros.
+
+Pero Pipa estaba por seguir, antes de la violencia, los trámites
+pacíficos.
+
+--¿Quién te dió esa estopa?
+
+--Lo he trincao--contestó Cafetera con acento sublime.
+
+¡Mágica palabra! Con ella dió el neófito, sin sospecharlo, una idea de
+su capacidad futura. Aquella cabeza chata, crespa y enmarañada, se había
+engrandecido á los ojos de la patulea con la aureola del genio; el chico
+prometía mucho. Pipa, que no se parecía en nada á las eminencias de
+nuestra esclarecida sociedad, lejos de sofocar aquella naciente
+inteligencia, soltó la presa que tenía agarrada y se dispuso, después de
+mirar á los suyos, á prestarle toda la influencia de su posición.
+
+--Sígueme--le dijo con ademán solemne.
+
+--¿Aónde?
+
+--Á pulir la estopa. ¿Tienes más?
+
+--¡Tengo un escoplo, de mistó!
+
+--¡Aprieta!... ¡Viva Cafetera!--exclamó el jefe, echando á correr hacia
+San Felipe.
+
+--¡Viva!--contestaron los demás, siguiéndole y llevándose en medio al
+protegido.
+
+Por un callejón que entonces era intransitable por lo pendiente, y hoy
+es inaccesible porque forma ángulo recto con la bóveda celeste, echaron
+nuestros personajes á paso de carga, y no se detuvieron hasta llegar á
+una pequeña barraca, incrustada entre un murallón de San Felipe y otro
+del Cristo de la Catedral, en cuyo estrecho recinto se veían amontonados
+diversidad de objetos, clasificados con la mayor escrupulosidad, y todos
+de la especie de los que ya Pipa había recibido de manos del neófito.
+
+Allí, desde tiempo inmemorial, afluían los raqueriles productos de todo
+el pueblo, que, aunque singularmente valían cortísimas cantidades,
+llegaron, según es fama, á formar, en cuerpo colectivo, un decente
+capital al humilde mercader que, ocultando su mustia fisonomía bajo una
+gorra de pieles, y detrás de unas gafas como dos ruedas de polea, tenía
+fuerza de voluntad ó codicia bastante para luchar de sol á sol con tan
+notabilísima parroquia.
+
+Clasificando estaba unas chapas de cobre, cuando asomó Pipa la cabeza
+dentro de la tienda.
+
+--¿Qué traes tú, pillete?--le interrogó, mirándole por encima de las
+gafas.
+
+--Esto--contestó lacónicamente Pipa, depositando el género sobre una
+mesa.
+
+El mercader de estopas y de cobre lo miró un instante como para
+evaluarlo, y sacó del bolsillo, con mano torpe y perezosa, media peseta
+que dió al raquero.
+
+--¿No echa más usted?--dijo éste contemplando la moneda.
+
+--Nada más.
+
+--¡Ay, qué contra!... ¡Pues si el escoplo solo vale medio chulé!
+
+--¿Sí?--gruñó el comprador;--¡pues descuídate y verás si te llevo al
+Capitán del puerto, tunante!
+
+Pipa comprendió que más valía callar que comparecer ante tan encopetado
+personaje. Así es que tomó la moneda, enseñó la lengua al de las gafas
+... y, á ser tan buen negociante como raquero, hubiera podido
+comprender, á la sola consideración del contrato que acababa de hacer,
+que, sabiendo comprar, hasta la estopa, bien exprimida, arroja productos
+de oro. Pero ni el nene había soñado jamás con la piedra filosofal, ni
+reparaba en los rendimientos de sus empresas cuando maldito el capital
+arriesgaba en ellas. Por eso salió muy ufano á la calle, reunió á los
+suyos, contólos uno á uno, miró á Cafetera con un poquillo de ternura, y
+con otra seña muy expresiva los arrastró á todos á la taberna de
+enfrente, en la que entró gritando:
+
+--¡Seis tazas de café y seis copas de anisao!
+
+Cuando los granujas trasegaron á sus estómagos, en dos sorbos, las
+pócimas infames que les sirvió el tabernero, pagó Pipa el gasto con la
+media peseta, más un cuarto que sacó de un pliegue de su mugriento
+gorro, y salieron todos á la calle. En ella formaron círculo, y el
+capitán, después de escupir contra la cara del más inmediato, echó mano
+á Cafetera y así le habló:
+
+--Ya sabes, nene, dónde se compra cuanto se apanda. Mucho ojo y mucha
+vela. En un apuro, cuenta con nosotros. Raquear, á barredera, y mejor el
+cobre que el chicote. Si ves que andan las _chapas_, al vuelo ... y
+aprieta á correr. Si hay _cané_, orza y arría la mayor...; y avisa
+cuando haya trigo, que ya sabes cómo se gasta.
+
+Calló Pipa, miró á Cafetera que le escuchaba muy serio, y arrimándole un
+puntapié por la popa,--¡Á vivir!--le dijo.--Y se disolvió el corro,
+marchándose cada quisque por donde quiso.
+
+
+
+
+III
+
+Bien enterado Cafetera de los azares y estatutos de su nueva profesión,
+no quiso lanzarse á ella sin prevenirse antes contra las eventualidades.
+Al efecto, logró colocarse en uno de los botes del servicio público.
+
+Era de su incumbencia achicar el agua; componer estrovos; buscar fletes
+y cuidar de la embarcación cuando el botero no estaba presente; todo lo
+cual le producía un ochavo de café para el desayuno, una propina de
+cuatro ó seis cuartos por cada flete si éste valía la pena, lecho sobre
+el panel y una copa de caña de vez en cuando, amén, de algún chicotazo
+que el patrón le sacudía siempre que lo juzgaba oportuno.
+
+Fuera del tiempo que esto le llevaba, consagraba el día al ejercicio de
+su industria.
+
+Ésta, en toda su esfera legal, le hacía legítimo dueño de cuanto cobre,
+estopa, hierro y madera de desperdicio hallara á sus alcances, ya sobre
+la superficie del Muelle, ó revuelto entre el fango de la Dársena. Pero
+como el Muelle y la Dársena no tienen un límite determinado para la
+industria raqueril, solía tomar como prolongación del primero la
+cubierta de algún buque atracado, llevándose á buena cuenta, si el
+vigilante se descuidaba, tal cual _menudencia_, como escotas, poleas,
+etcétera, etc.
+
+Con la propia sencilla buena fe, desde el centro de la Dársena se
+extendía hasta los contornos; y si se forraba algún casco, nunca le
+faltaba una chapita ó clavo de cobre que ocultar en su remendada
+espuerta.
+
+Tal era la parte menos legal de su industria, que, en el poco tiempo que
+la ejerció, expuso su individual independencia á mil y un riesgos
+apuradillos.
+
+Por lo demás, lo pasaba en grande.
+
+No se pegaba de trompadas con los suyos más de tres veces al día; su
+madre no lograba echarle la vista encima arriba de una por semana, y
+para eso había de cogerle durmiendo; de modo que sus siniestros de
+muelas, orejas y cabellos, por temporal materno, aunque pocos y buenos,
+aún le prometían pellejo sano para muchos años.
+
+Alguna vez, entre otras, hacía sus correrías hasta el interior del
+pueblo, porque al raquero también le gusta el contacto de la
+civilización, por si algo se le pega; pero como ésta suele andar muy
+precavida, y, por otra parte, sus raqueables materias no son del mayor
+aprecio en la oficina del comprador de hierro viejo, Cafetera
+frecuentaba poco este trato, y casi siempre tenía que huir de él á uña
+de ... raquero, acosado por las estantiguas del municipio.
+
+También se le ocurrió, como hijo que era de matriculado y marisco por
+los cuatro vientos, solicitar, á ejemplo de muchos de sus compañeros, un
+puesto y quiñón correspondiente en una lancha pescadora; pero esto le
+ocuparía demasiado. Tendría que esperarla todas las noches, limpiarla y
+vigilarla todo el año y _desenmallar_ sardina en el verano.
+
+Precisamente su resistencia á este empleo era lo que más provocaba la
+ira de la tía Carpa, que proyectaba sacar un buen pescador de su hijo, á
+quien, _velis nolis_, había ya matriculado, y, por ende, sujetado á las
+ordenanzas de la Comandancia de Marina.
+
+Semejante idea preocupaba mucho á Cafetera, quien, como todos los de su
+laya, no concebía que ningún tribunal del reino alcanzase hasta el
+Muelle de las Naos con su vara, al paso que no podía recordar sentado y
+con paciencia la cara del Capitán del puerto.
+
+La cárcel pública es para ellos un bulto más en la población pero los
+rebenques y los chicotes de á bordo, ¡ira de Dios!, cosas son que les
+hacen temblar y no de frío. Hubiérale á él dejado libre de toda
+persecución el cabo de mar, y á fe que en poco tiempo, burlando la
+vigilancia de lo terrestre, se _embarba_, como él decía, de raqueo; y
+hasta comprado hubiera el almacén de hierro viejo, máximun de las
+fortunas, según se creía en el Muelle de las Naos. Pero como no sucedía
+así, los meses corrían y hasta los años, y Cafetera, lejos de llegar á
+capitalista, perdió los últimos pingajos de su vestido, ganando en
+cambio muchas nociones de baraja y no pocos títulos de borracho sobre el
+que ya tenía bien merecido.
+
+Entonces comenzó á mirar con desaliento la mezquindad de la Dársena, y
+la penuria de su explotación legal. Sucedíale algo de lo que al jugador
+que, acostumbrado á poner grandes cantidades á una carta, mira con
+aversión el corto salario que en la sociedad le proporciona el ejercicio
+de su profesión.
+
+En fuerza de meditar sobre su situación concluyó por tirar su cesto á la
+mar; y sin otras armas que su ligereza de manos y de pies, se lanzó á lo
+sublime del arte.
+
+De todo había en su nueva esfera de acción, especialmente de zozobras é
+inquietudes, dándoselas, y no flojas, la mala _traducción_ que sus
+obras hallaban en el almacén de marras, único punto adonde él se atrevía
+á llevarlas, porque en la población del centro seguro estaba él de que
+no pasaban.
+
+Todo, sin embargo, iba hallando colocación detrás de los montones de
+estopa del almacén, aunque á muy bajo precio por ser género de _mala
+venta_; pero no pudo haberla para el objeto de la última campaña de
+Cafetera.
+
+Esto traía volado al raquero, que no sabía cómo deshacerse de él; pues
+ni regalarle quería, ni tirarle al mar, sin indemnizarse de los peligros
+que corrió al trincarle en la cámara de popa de un buque de gran porte.
+
+El obstáculo que oponía á su compra el comerciante, era, aunque no se lo
+decía al raquero, el nombre del buque y el de su armador, diestramente
+esculpidos en la parte más integrante del aparato; nombres que no podían
+borrarse sin exponer la estructura de éste, ni darse al público sin
+grave riesgo de los haberes y libertad del mercader.
+
+Largos días pasó Cafetera meditando sobre el asunto; y ya casi olvidado
+de él estaba una mañana en que había _libado_ bastante, sentado sobre un
+guardacantón, fumando una colilla, á caza de fletes para el bote y en
+espera de sus amigos para jugar al cané.
+
+Mucha gente había pasado sin contestar al «¿quiere un bote?» con que el
+raquero interpelaba á todo el mundo, cuando apareció en escena un señor
+que, según dijo el pillastre, traía _cara de flete_.
+
+--Usté, ¿quiere un bote pa dir á bordo?--le dijo, como tenía por
+costumbre, así que le tuvo á su lado.
+
+El señor, contra las presunciones del granuja, pasó de largo, echándole
+á la cara una bocanada de humo de su grueso cigarro.
+
+Cafetera lo tragó con ansiedad, y retirando de los labios su colilla, se
+fué detrás del puro.
+
+--¿Me da la punta usté?
+
+Chocó al interrogado la desvergüenza del raquero. Miróle muy
+detenidamente, y
+
+--¿Quién eres tú, chicuelo?--le preguntó.
+
+--Yo soy ... Cafetera.
+
+--¿De dónde eres?
+
+--De la calle Alta.
+
+--Y tu padre, ¿cómo se llama?
+
+--El tío Magano.
+
+--Pero ¿cuál es tu nombre de pila?
+
+--¿De qué pila, usté?
+
+--De la de bautismo, animal.
+
+--Otra, ¿qué sé yo?... ¿Me da la punta!
+
+--¿Conque tú fumas, eh?
+
+--¡Ay, qué contra!...; ¿quiere ver como las _tapo_?
+
+Y diciendo y haciendo, tragó dos chupadas de su colilla, arrojando
+después el humo por boca y narices con la abundancia y facilidad de una
+chimenea de vapor. El señor desconocido le miraba cada vez con mayor
+curiosidad.
+
+--Y ¿á qué te dedicas tú?
+
+--Á cuidar el bote del tío Bandiate.
+
+--¿Y nada más?
+
+--También soy raquero.
+
+--¡Hola, hola! ¿Y qué tal el oficio?
+
+--¡Quiá, señor; si no sale para café!... ¿Me da dos cuartos?
+
+--Veremos si los mereces.... Dime antes lo que raqueas.
+
+--¡Como no raquee! ¡Si andan más listos á bordo!...
+
+--Pero alguna vez ya se descuidarán.
+
+--Quiá, no señor. Ayer trinquemos, entre Pipa, Michero y yo, como tres
+libras de cobre; y pa eso, de poco nos guipan.
+
+--¿En dónde lo trincasteis?--insistió el señor con más interés que
+nunca, dando dos cuartos al raquero.
+
+--Pos en esa freata que están aforrando en el paredón--contestó Cafetera
+con la mayor sencillez, guardándose los cuartos en el faldón de la
+camisa y escupiendo por el colmillo.
+
+Para evitar tiempo, papel y paciencia, diremos que en fuerza de acosar
+y prometer el uno, acabó el otro por ir largando trapo, hasta que del
+último remiendo de los calzones sacó un magnífico cronómetro de
+bolsillo, alhaja que, sin conocerla, le había dado tanto que discurrir.
+
+Á su vista, el buen señor quedóse haciendo cruces y bendiciendo á la
+Providencia en sus adentros.
+
+Después de prometer á Cafetera la compra como éste decía, del
+_estrumento_, mandóle que le siguiera para entregarle el dinero, lo cual
+hizo al punto lleno de júbilo el incauto raquero, sin sospechar lo que
+le había de suceder, cosa que le hubiera sido muy fácil al ser tan
+diestro conocedor de los atributos de un comisario de policía como de la
+verdasca de un cabo de mar.
+
+Grande fué la sorpresa del pilluelo cuando, siempre al lado del presunto
+comprador, llegaron á detenerse en la Capitanía del puerto.
+
+Allí fueron los sobresaltos y congojas; tanto que, á no estar muy listo
+el grave señor de las borlas, se queda sin su presa, que ya andaba en
+trazas de escurrir el bulto.
+
+Entregado éste y el cronómetro á la autoridad, declaró Cafetera, llamóse
+á Pipa y á Michero, cantaron todos de plano, y fueron al punto
+conducidos á la cárcel, de donde después de algunos meses de reclusión,
+salieron ... á tirar del _Bombo_ de la Carraca.
+
+Allí estuvieron tres años agarrados á la maroma, hasta que, satisfechos
+sus jueces y la vindicta pública, los mandaron de retorno á su país con
+algunos vicios de más y mucha vergüenza de menos.
+
+Su primer pensamiento al pisar el patrio suelo, fué para el Muelle de
+las Naos; pero no fué poca su sorpresa cuando, en él colocados;
+comenzaron á examinarle en todas direcciones.
+
+La escollera de Maliaño, la estación del ferrocarril, el nuevo empedrado
+y otras reformas hechas precisamente mientras duró la condena de los
+pilluelos, era lo que ellos no podían comprender; mas lo que extravió
+sus razones hasta el extremo de llegar al espanto, fué la aparición, por
+la Peña del Cuervo, de un monstruo silbando y arrojando nubes y fuego
+por la cabeza. No atreviéndose á pronunciar una sola palabra, miráronse
+los tres sobrecogidos cuando notaron que el monstruo se acercaba á paso
+de gigante. Entonces perdieron la brújula; gritó Pipa «¡aguanta!» y se
+dieron á correr pensando que el mundo se acababa.
+
+Después acá, aunque con la llegada de los trenes, á medida que la han
+visto repetirse, van familiarizándose bastante los raqueros, no ha sido
+hasta el punto de que éstos permanezcan tranquilos en el Muelle de las
+Naos. Por el contrario, empujados y oprimidos por el potente movimiento
+que la población ha tomado allí en los últimos años, van abandonando el
+territorio: ya tiene el raquero cien Argos que le contemplan, y no puede
+pasearse erguido como antes, señor de aquella ínsula remota.
+
+Para concluir, y en pro de este tipo tan popular en Santander, haré una
+ligera observación: de vástagos tan carcomidos y tortuosos son muy
+frecuentes aquí robustos y fructíferos troncos. La historia de este
+puerto abunda en páginas brillantes debidas á la honradez, pericia y
+heroísmo de nuestros marineros, muchos de los cuales han recorrido en su
+infancia un sendero tan expuesto y espinoso como el del tipo que acabo
+de bosquejar. Nuestro comercio tiene pruebas repetidas de lo que digo; y
+á fe, á fe, que no pecó de pródigo con los venerables harapos de tan
+valientes marinos, al extender los anchos pliegues de su rico manto.
+
+
+
+
+LA ROBLA
+
+
+De maldita de Dios la cosa sirvieran los contratos de compraventa, si al
+tiempo de consumarlos no llevaran más requisitos que el mutuo convenio
+de los contratantes y el _ante mí_ del tabelión más competente del
+juzgado.
+
+Y cuidado, señores legistas, con atribuirme la pretensión de poner en
+duda la legalidad de las fórmulas que sobre el particular se vengan
+usando desde la fecha de las Pandectas.
+
+¡Líbreme de ello Dios! Voy separándome del centro _civilizado_ donde la
+ley se halla en toda su pomposidad, y estoy refiriéndome á los incultos
+moradores del campo, entre los cuales, sin dejar de acatarse el vigente
+código en todo lo que vale, aún se rinde culto reverente á la tradición,
+la cual constituye para ellos un derecho tan sagrado como el que más se
+funde en cuantas leyes se vengan haciendo desde la fabla de don Alonso
+el Sabio.
+
+Desengáñese la previsora jurisprudencia: sin un requisito que les sea
+peculiar, estos paisanos no dan por terminado ningún negocio, aunque
+para cumplir con la ley le amortajen en más testimonios y sellos que hay
+en un archivo de hipotecas. Pasar un objeto de las manos de Juan á las
+de Pedro sin cierta solemnidad _sui géneris,_ valdría tanto como para la
+conciencia de un cristiano viejo un buen creyente sin bautizar, símil en
+que, sin duda alguna se fundaron los _académicos_ de mi lugar para
+llamar á dicha ceremonia _mojar el asunto_.
+
+No vale en el día de mañana, para disfrutar pacíficamente la posesión de
+lo comprado, restregar los hocicos del vendedor con la resellada
+escritura de legítima pertenencia, que si ante la ley le asegura en la
+posesión, no es suficiente, sin embargo, para librar al poseedor de un
+litigio cada semana, en el que, por lo menos, pierda la paciencia, amén
+de algunos dinerillos que suelen irse en pos, por vía de procuración,
+asesoramiento y demás adminículos de que es costumbre proveer á todo
+aquel que tiene la mala humorada de pesar sus derechos en la prudente
+balanza de Astrea. No hay, pues, título de propiedad que valga, si falta
+la fe de _bautismo_, el _fiat_ del tabernero más próximo, LA ROBLA[1],
+para decirlo de una vez.
+
+El origen de esta ceremonia no consta en las crónicas montañesas, porque
+se pierde en la antigüedad de la afición de los montañeses al acre mosto
+riojano[2].
+
+Su definición precisa tampoco es fácil sin que se me olvide algún rasgo
+gráfico de ella; por lo cual juzgo de rigor que nos traslademos
+adondequiera que se _eche_ una..., y allá nos vamos.
+
+Raro es el colono montañés que al poco tiempo de establecido no posea,
+como producto de sus _aparcerías,_ una pareja apta para las labores del
+campo, algún novillo _uncidero_, es decir, capaz de ser uncido, ó
+cualquiera otra res vacuna; pero en absoluta propiedad y sin que el
+arrendador de sus haciendas tenga que intervenir en su venta, cambio ó
+emparejamiento; casos en los cuales el colono, por lo que le va en ello,
+pone los cinco sentidos y emplea la mayor solemnidad posible. Tras ella
+va siempre la robla.
+
+Luego vamos á una feria.
+
+El lugar de ella queda á elección del lector, pues, gracias á Dios,
+abundan aquí como los helechos. Abran ustedes un calendario, y donde
+topen con su santo, cátense una feria. En este dichoso país, el día que
+no es de fiesta tiene mercado; de los restantes del año, los unos marcan
+feria, y los otros romería.
+
+Elegido el punto más cercano, tuvo que ser, por precisión, un pequeño
+bosque de cajigas ó de castaños, verde, fresco, frondosísimo, bello como
+es la naturaleza aquí hasta en su menor detalle.
+
+Estamos ya bajo el tupido follaje.... Cierra, lector, los ojos por un
+momento. ¿No te crees transportado, en una serena noche de verano, á la
+orilla de una inmensa charca, y jurarías que sus ranas, en número
+infinito, cantan todas á la vez? Es el sello de nuestras ferias y
+romerías: el sonido de las _tarrañuelas_ de cien y cien bailadores _á lo
+alto_, al compás de las panderetas que tañen las mejores mozas del
+lugar.
+
+Sigamos.--Sin reparar en el corro de bolos en que acababan de gritar
+cincuenta bocas á la vez _¡eseeé!_ al hacer un _emboque_ uno dé los
+jugadores; abriéndonos paso á través de la batería formada por los
+pellejos de vino, barriles y cacharros que sobre un carro, debajo y á
+los lados de él, á la sombra de un castaño, son la delicia de los
+bebedores; echándonos por la derecha para no turbar el sueño pacífico de
+los jamelgos de un cura y un señor de aldea, que están amarrados al
+_cabezón_ del mismo carro, quizá por casualidad, quizá porque los
+jinetes tomaron este norte como de mejor atractivo para cuando vaya
+anocheciendo; guardando el cuerpo del fogoso trotón de ese jándalo, que
+atraviesa la feria llevando á las ancas la parienta más joven é
+inmediata que encontró en su pueblo cuando volvió de Andalucía, y cuyo
+chal de amarillo crespón, no menos que su vestido blanco de empinados
+volantes, forman extraño contraste con su reluciente y pasmada
+fisonomía; sin responder á las voces de las importunas fruteras, de los
+_agualojeros_, rosquilleros y otros análogos industriales que nos
+asedian al paso; sin fijarnos, en fin, en ese maremágnum alegre y
+estimulante que el cuadro presenta á primera vista, salgamos á aquella
+braña donde hay un grupo de ocho personas y una pareja de novillos
+uncidos. Allí va á haber robla.
+
+El que está apoyado sobre sus engalanadas cabezas, hombre que tiene la
+suya algo más sucia, calzones de _manga corta_, con un tirante sólo,
+chaqueta al hombro y sombrero de copa alta, más que medianamente
+apabullado, es el dueño de la pareja, y conocido y honrado en su pueblo
+por el nombre de Antón Perales.
+
+El otro, más joven y de mejor traza que éste, que pasea alrededor de los
+novillos examinándolos con gran atención, es el comprador: llámanle
+Ogenio Berezo, y es de las inmediaciones. De los que forman el círculo,
+los cuatro son meros curiosos que, á título de conocidos de los
+primeros, se han aproximado al olor de la robla. La mujer, que come una
+manzana y tras de cada bocado que le tira se rasca la cabeza por debajo
+de la _muselina_, es la costilla de Antón Perales. El otro personaje,
+más viejo que todos los demás, y que observa el cuadro, taciturno y
+reflexivo, es convecino del comprador: llámase tío Juan de la Llosa, y
+asiste, á la sazón, en calidad de perito. Sus títulos al efecto están en
+toda regla. Es público y notorio que en más de cien sangrías que lleva
+hechas en el pueblo á los animales de sus vecinos, á la oreja, _al
+pelo_ y al rabo, que es la más difícil, no se le ha desgraciado una sola
+res. Para poner una bizma, ó sea un emplasto de trementina y polvos de
+suelda, no hay otro que se le iguale. Distingue á la legua un cólico de
+un _empanderamiento_, y en las cojeras no confunde el _zapatazo_ con el
+_babón_; y si no ha curado un solo caso de _solenguaño,_ es porque la
+enfermedad es mortífera, mas no por haber dejado de echar á tiempo, «por
+la boca abajo» del paciente animal, con el auxilio conductor de una
+teja, el agua de jabón, aceite y vino blanco bien caliente. Por algo
+dice él que, si le hubieran _desaminao, albitre_ podía ser; y es la
+verdad. En cuanto á las condiciones externas del ganado, ahora le verán
+ustedes.
+
+El comprador ha dejado de rondar la pareja, crúzase de brazos y exclama
+de repente:
+
+--Pues, señor, ¿á qué hemos de decir una cosa por otra? La pareja me
+gusta. ¿Qué le parece á usté, tío Juan?
+
+Éste guarda en un bolsillo del chaleco la punta que mascaba rato hacía,
+da dos pasos al frente, cárgase á la izquierda sobre el garrote, pone la
+diestra en jarras, cruza las piernas y reflexiona un instante.
+Entretanto el vendedor se sonríe con cierta malicia, su mujer menudea
+los mordiscos á la manzana, y murmura algunas palabras hacia los otros
+personajes que emiten su dictamen á media voz.
+
+--Apaséalos--dice en tono grave el perito.
+
+Antón Perales hace caminar sus novillos un corto trecho, al son de las
+alegres campanillas que les adornan el pescuezo.
+
+--Ahora, hacia abajo ...--añade el primero.--¡Oooó, joois!--canturria,
+luego que el vendedor le ha complacido, para indicarle que pare ya.
+
+--Lo que toca al particular--dice la mujer, á quien no le cabe ya la
+lengua en la boca,--no tienen tacha. Tocante á eso, no es porque sean
+míos; pero, como dijo el otro.... Vamos, que son dos perlas.
+
+--Como que los he criao yo en casa--repone su marido;--y éste que se
+llama _Galán_, es hijo de la _Leona_, y este otro, _Cachorro_, de la
+_Gallarda_, dos vacas que, mejorando lo presente, son dos soles.
+
+--Justo, que las vendimos el mes pasao al sobrino del Regioso, con
+perdón de ustedes, que por aquel pique que tuvo por la cuñá del
+Mostrenco, que ya con este mote le han de enterrar, por el lindero del
+prao que le tocó á resultas del _cobicillo_ que encontraron debajo del
+jergón de su tío, que en santa gloria esté..., y ahí está el mi hombre
+que no me dejará mentir, que á la verdá que anduvo como una estorneja de
+acá para allá, ahora que la botica, después que el señor cura, luego que
+la unción, porque el enfermo daba el ¡ay! que partía el alma, sin que
+hubiera en aquella casa un mal nacido á quien volver los ojos..., y no
+se lo tome Dios en cuenta á la que tanto fachendea hoy gracias á los
+cinco carros de tierra que apañó.... Pues resulta de que....
+
+Á la buena mujer se le va la burra entre tanta maraña, mientras el tío
+Juan no quita los ojos de la pareja. El comprador mira al perito como si
+quisiera leer en su fisonomía la opinión que va formando; el vendedor
+atusa el pelo á los novillos, y los intrusos los ponderan cuanto les es
+permitido, con objeto, evidentemente, de contribuir á que se cierre el
+trato y no se pierda la robla.
+
+Después que el perito y el comprador han visto que los animales _se
+plantan_ bien al caminar, que no se aprietan, que no _zambean_ del
+cuarto trasero, que son bien encornados y que igualan perfectamente en
+alzada y color, el primero les mira la boca, les palpa bien los
+_brazuelos_ y las nalgas para ver si están _despicados_ de algún remo, y
+les examina escupulosamente las astas por si son estoposas, las pezuñas
+por si _blandean_, y los ojos por si tienen _nube_ ó _glarimeo_.
+
+Hecho este examen, el tío Juan, sin perder un solo rasgo de su gravedad,
+dice en tono solemne:
+
+--Caballeros, la pareja..., lo que toca á la pareja, no tiene pero. Son
+dos rollos de cuatro años, sanos como dos corales.
+
+--Pos á mí--añade el comprador,--lo que toca al particular, también me
+gusta la planta y el aquel de la pareja.... Conque si el señor trae gana
+de vender, diga, si á mano viene, en lo que estima su hacienda, que yo á
+comprar he venío.
+
+--Al respetive de eso mesmo--replica el vendedor,--no me quedo yo atrás;
+que hoy por ti y mañana por mí..., y, como dijo el otro, mortales nos
+hizo Dios.... Vamos al decir, que si tú traes ganas de comprar, no
+reñiremos.
+
+--Cabales, que ni al mi hombre ni á mí nos ha perseguido nunca la
+justicia por embusteros; y cuando vemos que se trata con gente de
+formalidá y de requilorios....
+
+--Esa es la verdá; y vamos, Antón, á estimar la pareja, como el otro que
+dice, con equidá.
+
+--Pos la pareja, Ogenio, por ser para ti..., la pareja; que, como ha
+dicho el señor, no tiene pero; la pareja, y que no vea la cara de Dios
+si te engaño; la pareja vale treinta doblones[3] como dos cuartos.
+
+--Tú no quieres vender, Antón--contesta con cierto desdén el atildado
+Ogenio.
+
+--Ogenio--replica Antón,--tú me ofendes.
+
+--Que te digo que no quieres vender.
+
+--¡Que mal rayo me parta si he venío á otra cosa á la feria! Y sábete
+que por ese dinero ya no tendría en casa los novillos hace una semana,
+si los hubiera querido vender...; pero hoy por ser pa ti....
+
+--Pos yo no doy por ellos más que veinticinco doblones.
+
+--Tú no quieres comprar, Ogenio.
+
+--Á eso vine á la feria, Antón...; y si no, que diga tío Juan si me
+pongo en lo justo.
+
+--Lo que toca á mí--dice el aludido, que durante la escena referida se
+ocupaba en hacer rayitas en el polvo con el palo,--lo que toca á mí, no
+me gusta meterme en la hacienda del vecino, que cada uno puede estimarla
+en aquello que, pongo por caso, le acomoda.
+
+--De manera es--replica el comprador,--que aunque usté diga uno, ó dos,
+ó medio; ó que la pareja vale tanto ó cuanto, ó que por aquí ó que por
+allá, no ha de ser medida la palabra de usté.
+
+--Eso es--añade Antón;-que como dijo el otro, ná se pierde con oir á
+éste y al de más allá.
+
+--Andando--gruñe su mujer, clavando los dientes en la quinta
+manzana,--que todos somos hijos de Dios, y más ven cuatro ojos que dos.
+
+--Es de razón--exclaman á coro los demás circunstantes.
+
+--Pues, caballeros--concluye el perito con cierto tonillo de
+autoridad;--creo que se pueden dar veintisiete doblones por la pareja.
+
+--Ya lo oyes, Antón...; y yo no dejo mal á ningún amigo.
+
+--Por dicho de eso, yo tampoco, Ogenio; y si das los veintiocho, tuya es
+la pareja.
+
+Grandes murmullos en el grupo; anímase el tío Juan, y exclama,
+imponiendo silencio á los circunstantes:
+
+--Ni los veintisiete ni los veintiocho, que han de ser los veintisiete y
+medio, y se pagará la robla además.
+
+--Corriente--dice Ogenio.
+
+--Pues buen provecho te hagan--añade Antón, entregando la ahijada al
+primero, como símbolo del dominio que le transmite....
+
+El pequeño circuló se agita con gran ruido; todos se felicitan
+recíprocamente, todos hablan á la vez, y entre todas las voces se
+destaca la de la exdueña de los novillos que charla más que nadie y
+desbarra como nunca.
+
+Autorizado competente uno de los testigos del ajuste, marcha á buscar al
+punto más inmediato dos azumbres de vino tinto para _mojar el trato_, es
+decir, para _hechar la robla_; y mientras vuelve, el comprador se sienta
+en el suelo, saca un pesado bulto del bolsillo interior de su chaqueta,
+y comienza á desliarle capa á capa, como si fuera una cebolla. Así van
+saliendo, sucesivamente, un pañuelo de percal aplomado, un viejo pañal
+de una camisa y una bula, dentro de la cual aparecen, como núcleo de
+todo el envoltorio, un montón de napoleones y algunas monedas de oro
+cuidadosamente guardadas entre los amarillentos repliegues de una hoja
+de un catecismo.
+
+Con grandísimas dificultades cuenta los veintisiete doblones y medio, ó
+sean 1.650 reales, y se los entrega al vendedor, quien, en el acto, y
+con no menores amarguras, los cuenta también; y envueltos en la bula, y
+la bula en la muselina de la mujer de Antón Perales, desaparecen en los
+profundos abismos de la faltriquera que debajo del refajo lleva ésta[4].
+
+El que fué por el vino vuelve con un enorme jarro lleno de él en una
+mano, y con una taza de barro blanca en la otra. Desátanse, á su vista,
+más y más las lenguas del corrillo; sonríense todas las fisonomías, y el
+rústico Ganimedes, apoyándose en la _yugata_ de la pareja, comienza á
+escanciar el vino con gran pulso y mucha solemnidad.
+
+El tío Juan, para quien es la primera taza, levantándola en alto,
+brinda:
+
+--Por la salud de los presentes, que se disfrute muchos años la pareja,
+y que en el cielo nos veamos.
+
+--Amén--contesta á coro la reunión.
+
+La taza sigue pasando luego de mano en mano y de boca en boca, hasta que
+se agotan las dos azumbres de rioja.
+
+Pero Antón Perales no quiere ser menos que su contrinca, y paga otros
+ocho cuartillos que se beben con la misma solemnidad que los anteriores,
+con el mismo ceremonial, pero con mayor locuacidad de parte de los
+bebedores y con peor pulso de la del escanciador.
+
+Entretanto la tarde va acabándose, y el ganado y la gente que llenaban
+la feria se retiran poco á poco.
+
+Ya no se oyen las tarrañuelas, ni los panderos, ni un solo grito en el
+corro de bolos. Los taberneros recogen sus baterías, y embridan sus
+jamelgos los curas, los jándalos y los señores de aldea; y perdiéndose,
+por grados, desde el lugar de la feria, por la campiña adelante en todas
+direcciones, se oye el sonido de las campanillas del ganado que se
+aleja. Nuestros conocidos, detrás de los novillos, llevan, como quien
+dice, la llave de la feria, cierran la marcha ... y bien lo necesitan.
+Tal andan todos ellos, que no les basta entero el ancho del camino para
+no darse de calabazadas unos con otros. Aquello ya no es hablar: es una
+algarabía incomprensible é insoportable. La mujer de Perales, sobre
+todo, desafina como una cotorra; cuenta lo suyo, lo de los vecinos y
+hasta lo que no sabe. Su marido se empeña en que relampaguea, y está el
+cielo sin una sola nube; antójasele que los troncos de los árboles son
+ladrones y lleva á su costilla agarrada fuertemente por la saya para que
+no la roben el dinero. Tío Juan, el perito, canturria, con voz atiplada
+y temblorosa, aires de sus mocedades, y, recordando galantes aventuras,
+enamora á la disimulada á la mujer de Antón. Ogenio palpa con torpe mano
+las monedas que le quedan en el bolsillo, y contando por los dedos de la
+otra, sostiene y jura que ha dado dinero de más á Perales.--Los cuatro
+intrusos dan la razón á todo el mundo, pero trocando los asuntos. Á
+Perales le aseguran que Ogenio le engañó, dándole dinero de menos; á
+éste, que está, en efecto, relampagueando y que al fin tronará; á la
+pobre mujer, que realmente ha sido muy _atravesá_ y muy revoltosa, y que
+si pellizca al tío Juan, hace muy bien, porque ella se entiende.... Pero
+al oir esto, su marido, aunque no es celoso, ni mucho menos, da
+instintivamente un tirón á la saya que lleva agarrada entre sus dedos;
+y como su dueña no está para grandes pruebas de equilibrio, viene al
+suelo como un fardo. En el mismo instante Ogenio toca en el bolsillo á
+Antón para advertirle que quiere ventilar la duda que le preocupa, y
+éste, siempre soñando con los ladrones, sobrecógese de horror, dase por
+muerto, quiere huir, tropieza con su mujer y cae sobre ella; apresúrase
+el otro á levantarle, pierde el equilibrio y da de hocicos sobre los dos
+caídos; acuden, al estrépito, los demás personajes; creen que aquello es
+una lucha, enmaráñanse para separarlos, empújanse los unos á los otros,
+y al cabo y al fin caen todos amontonados sobre la desdichada mujer que
+grita y se lamenta medio sofocada por tan enorme peso. Estrújanse y
+aráñanse todos buscando un punto de apoyo para salir de aquel enredo; y
+poco á poco, y con grandes fatigas, van levantándose uno á uno; y
+renqueando y vacilando, se vuelven á poner en marcha, y llegan á un
+punto en que se bifurca la carretera. Allí deben separarse el tío Juan,
+Ogenio y dos de los intrusos. Pero da la casualidad (y estas
+casualidades abundan en la Montaña más que las ferias, que los mercados
+y que las romerías), da la casualidad, repito, que en el punto de
+empalme de los dos caminos hay una taberna; y como tío Juan de la Llosa
+es hombre que no queda mal con sus amigos por un par de azumbres más ó
+menos, invita á sus camaradas á beber, para demostrarles que «si
+_aquello_ ha sido guerra, que nunca haya paz».
+
+Inútil es decir que el convite se acepta y se agradece.
+
+Pero los bebedores se han metido en la taberna y han atado la pareja á
+un poste del portal, indicios todos de que sólo Dios sabe á que hora
+concluirá aquello y bajo qué techo dormirán nuestros conocidos la robla
+de los novillos.
+
+Además, la noche ha cerrado ya; me comprometí, lector, á acompañarte á
+una feria para que supieras con un ejemplo práctico lo que es una robla:
+he cumplido mi palabra como me ha sido posible, y creería abusar de tu
+amabilidad obligándote á pasar la noche al raso. Retirémonos, pues..., y
+hasta la vista.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 1: De _robra:_ escritura ó papel autorizado para la seguridad
+de las compras y ventas ó de cualquier otra cosa. DIC.
+ACAD.--Refiriéndose á este cuadro, escribía años ha el eminente literato
+don Juan Eugenio Hartzenbusch: «También allí (en la provincia de Cuenca)
+se usaba, aunque más en pequeño, _echar la robra_ en términos parecidos
+á los de la Montaña, pero dicen _robra_, y robra significa una firma,
+una escritura, cualquier documento.»]
+
+[Footnote 2: Mi erudito amigo y paisano don E. Pedraja Samaniego, dijo
+en _El Averiguador de Cantabria_, respondiendo á una pregunta hecha en
+el mismo acerca de la antigüedad de esta costumbre por mí descrita:
+_«Robla._--La costumbre de convidar el comprador ó el vendedor, después
+de consumado el contrato, á los que han intervenido en él, es tan
+antigua, que ya se halla mencionada con la palabra _Alvoroc_ (hoy
+alboroque) en el título 25 de las _Cortes de León celebradas el año de
+1020_.»--El M.° Berganza, en el tomo I de sus _Antigüedades de España_,
+pág. 311, dice: «En el año 1025, Zite Morielez vendió al Monasterio de
+Cárdena una viña por sesenta sueldos de plata y cinco que se gastaron en
+el _Alvoroc_.» El mismo, en el catálogo de palabras antiguas que trae al
+fin del tomo II, define así la palabra _alvoroc: «robra_ que confirma la
+compra».
+
+(_Notas del A. en 1876._)]
+
+[Footnote 3: El doblón, en la Montaña, es una moneda imaginaria,
+equivalente á 60 reales.]
+
+[Footnote 4: Quizás me objete algún montañés _resabido_ que no es usual,
+ni tal vez tolerado, recibir el vendedor en la misma feria el importe de
+lo vendido. No disputaremos sobre el caso, siempre que él me conceda que
+en los pormenores del pago no he puesto yo uno solo que no sea
+verosímil.]
+
+
+
+
+«Á LAS INDIAS»
+
+
+ «Á las Indias van los hombres,
+ á las Indias por ganar:
+ las Indias aquí las tienen
+ si quisieran trabajar.»
+
+ _(Canc. pop. de la Montaña.)_
+
+
+
+
+I
+
+
+Madre, este carraclán está mal hecho.
+
+--¡Jesús, qué condenao de chiquillo!... ¡Si le está, que ni pintao!
+
+--¡Tisana, que me aprieta por todas partes, y los faldones se me suben
+al pescuezo cada vez que me voy á quitar el sombrero!
+
+--Di que eres un mocoso presumido, y no me rompas la cabeza.
+
+--Diga usté que no sabe coser por lo fino..., ni esta tarascona de mi
+hermana.... ¿Lo ve?... Lo mismo coge la aguja que las _trentes_.
+¡Tisana, qué camisa me está cosiendo!... ¡Á ver si das más cortas esas
+puntadas!...
+
+--¡El demonio del renacuajo!... ¿Cuándo soñaste tú en gastar levita?
+¡Después que me llevo mes y medio sin pegar el ojo por servirle á él!...
+Madre, yo no coso más.
+
+Y la censurada costurera, que es una mocetona como un castaño, arroja al
+suelo la camisa que estaba cosiendo, y vuelve las espaldas con resuelto
+ademán al escrupuloso elegante, rapaz de trece años, listo como una
+ardilla y tan flaco como el mango de una paleta.
+
+Su madre, mujer de cuarenta años, aunque las arrugas del rostro y la
+curva de sus espaldas la hacen representar sesenta, después de comerse
+media cuarta de hilo para hacerle punta y que pase por el ojo de la
+aguja que apenas se ve entre sus callosos dedos, pone en orden á la
+susceptible costurera, se acerca al muchacho, le hace girar tres veces
+sobre sí mismo, le estira con fuerza la levita que lleva puesta y
+después de contemplar un instante su obra, vuelve á sentarse, exclamando
+con acento de profunda convicción:
+
+--Que la pinte mejor un sastre.
+
+Pero antes de ir más lejos, y para mejor inteligencia de los lectores,
+es justo que, como diría el inédito poeta don Pánfilo, expliquemos la
+situación.
+
+Que nuestros personajes son montañeses, debe haberse deducido del estilo
+del diálogo anterior; y si éste no lo ha demostrado bastante, conste
+desde ahora que lo son en efecto.--El lugar de la escena puede el lector
+colocarle en el punto de esta provincia que más le conviniere, si bien
+su parte oriental es preferible por ser en ella más frecuentes que en
+las demás, cuadros semejantes al que voy á describir.--El escenario es
+aquí el ancho soportal, ó tejavana de una casa pobre de aldea.--Ésta,
+como todas ó la mayor parte de las de su categoría, tiene en la humilde
+fachada del portal tres huecos: la puerta principal en el centro; la de
+la cuadra á la izquierda, y á la derecha la ventana de la cocina.
+Sentadas en el alto batiente de la primera, cosen las dos mujeres; la
+segunda está entreabierta, porque acaba de entrar por ella á arreglar el
+ganado el bueno de tío Nardo; jefe de la familia, ó esposo y padre
+respectivamente de los personajes de nuestro diálogo. Por lo que hace á
+la ventana, aunque no la necesitamos para nada, diré, á fuer de verídico
+historiador, que está cerrada, pues su destino, más que dar luz á la
+cocina, es dejar que salga el humo de ella cuando hay fuego en el hogar,
+el cual está ahora tan frío como la borona que en él se coció por la
+mañana para todo el día...; y dicho se está con esto que la escena es
+por la tarde: conste también, sin que este dato sea, como parecerá á
+primera vista, una minuciosidad inútil, que corre el mes de septiembre.
+Ahora sólo nos resta consignar que el pequeñuelo interlocutor, al
+dirigir tan graves cargos á su madre y á su hermana, llegaba al portal,
+vestido con levita, pantalón y chaleco de mahón gris; agarrotado su
+cuello entre los revueltos y atropellados pliegues de una enorme corbata
+de percal con grandes cuadros rojos; medio oculta su diminuta é
+inteligente cabeza bajo las anchas alas de un sombrero de paja con cinta
+verde, y calzado, por último, con gruesos zapatos de Novales. El polvo
+que los cubre, el arrebatado color de la cara del muchachuelo y el
+garrote que éste trae en una mano, prueban bien á las claras que acaba
+de hacer una larga caminata. En cuanto á las razones que tiene para
+quejarse de las tijeras de su madre y de la aguja de su hermana, no
+dejan de parecer fundadas, si se mira su vestido con alguna atención,
+pero también es cierto que las pobres mujeres nunca las vieron más
+gordas, y que el intolerante rapaz se mete por primera vez bajo aquellos
+faldones que le estorban. También debe constar que á pesar de lo que
+dijo al presentarse en escena, hay en su fisonomía algo de risueño y
+placentero que denota una satisfacción interior; su viaje debe haber
+tenido un éxito feliz.... Mas para saber lo que hay sobre esto y otras
+cosas que nos proponemos referir, volvamos á tomar el asunto donde le
+dejamos para hacer esta digresión.
+
+Mientras la madre pronunciaba las palabras que dejamos escritas, hecho
+el examen de la levita de su hijo, éste se sentó en el poyo del portal,
+entre las dos puertas; y limpiándose luego con el pañuelo del bolsillo
+el polvo de sus zapatos, replicó vivamente:
+
+--Eso lo dice usted aquí porque no hay comparanza; pero si me viera al
+lado de don Damián como yo acabo de verme.... ¡Tisana, qué levita!...;
+¡aquéllas sí que son costuras!... Ni siquiera se conocen.... ¡Y qué
+corte! Da gloria de Dios el verla. Y no estos costurones ... ¡más mal
+asentaos!
+
+--Pero, condenao, ¿cómo quieres tú comparar aquel paño tan fino con este
+mahón de á tres reales?
+
+--¡Qué mahón ni que ocho cuartos! En las manos consiste toa la
+cencia.... Si me hubiera hecho la ropa un sastre de Santander, como yo
+quería.... Lo mismo que el chaleco ... y los calzones: por un lado me
+sobra media fanega, y por otro no me puedo revolver adentro.... ¡Y estos
+zapatos!... Yo no sé en qué consiste que cuanto más tocino les doy, más
+peor se ponen. ¡Qué zapatos los de don Damián, tisana! Relumbran como el
+sol de mediodía.
+
+--Pero, hijo mío, ¿no ves que don Damián es un señor muy rico?...
+
+--También tú te vestirás así el día de mañana, ¿verdá, madre?
+
+--¡Anda, anda!; ya te estás relambiendo con los vestidos que te he de
+regalar.... ¡Como no pongas otros!...
+
+--Ni falta que me hacen, para que lo sepas; probe nací, y con saya de
+estameña y tirando de la azada me han de querer....
+
+--Calla, tonta, que lo dije por oirte: ¡miá tú qué me importará á mí el
+día de mañana vestirte como una señora prencipal!... ¿eh, madre?
+
+Á la buena mujer, mientras sus dos hijos comenzaban á contender en este
+terreno, se le iban enrojeciendo los ojos, fenómeno que, en idénticas
+circunstancias, había observado de algunos días á aquella parte el tío
+Nardo con no poca sorpresa; y sabiendo por la experiencia que si no
+combatía la emoción á tiempo no podría disimularla, dió al diálogo otro
+giro diverso, preguntando al muchacho:
+
+--¿Te dió la carta don Damián?
+
+El interrogado que por otra parte, parecía estar deseando que se le
+hiciera semejante pregunta, llevó la diestra al bolsillo interior de su
+levita; después á uno de los del chaleco; ocultó entre sus dedos una
+moneda, y sonriendo con expresión de triunfo, exclamó, alzando
+progresivamente la voz:
+
+--Aquí está la carta ... y aquí esto...; ¿lo ven bien? Esto ... ¿qué
+dirán que es esto?... ¡Tisana!, que no lo aciertan.... Pues esto es ...
+¡media onza!...
+
+--¡Media onza!...
+
+--¡Media onza!
+
+--¡Media onza!--añadió el tío Nardo asomando la cabeza por la puerta de
+la cuadra;--¡media onza!--repitió mientras descubría el tronco;--¡media
+onza!--exclamó, en fin, trasladándose de un brinco junto al grupo que
+formaba su familia admirando la moneda que Andrés (y ya es hora de decir
+como se llamaba el rapaz) mostraba como una reliquia.
+
+--¡Media onza, sí!--recalcaba este último girando en todas
+direcciones;--¡media onza más maja que el sol!... Aquí está; don Damián
+me la dió para mí solo.... ¡Viva don Damián!
+
+Después que hubo pasado la moneda de mano en mano por todas las del
+grupo, y que todas las personas que le componían la hubieron mirado y
+remirado y hecho sonar contra las piedras, Andrés se volvió á apoderar
+de ella, y reclamando la atención de toda su familia, desdobló la carta
+que también le dió don Damián, y leyó en ella, con mucha seguridad,
+aunque con bien poco sentido gramatical, lo que sigue:
+
+ «Señor don Frutos Mascabado y Caracolillo.
+
+ »Habana.
+
+ »Mi querido amigo y antiguo compañero: El dador de ésta lo será,
+ Dios mediante, el joven Andrés de la Peña, que saldrá de Santander,
+ al primer tiempo, en la fragata _Panchita_ con rumbo á esa ciudad,
+ en la cual se propone probar fortuna. Al efecto, me tomo la
+ libertad de suplicar á usted le auxilie en todo lo que esté de su
+ parte, tratando por de pronto de proporcionarle acomodo conveniente
+ á sus circunstancias. Dicho Andrés es muchacho listo y de buena
+ conducta, tiene excelente pluma y sabe de cuentas hasta la de
+ _compañías_ inclusive.
+
+ »Contando con la buena amistad de usted, me atrevo á anticiparle
+ las gracias por lo que en obsequio de mi recomendado haga, que
+ será, desde luego, uno de los buenos servicios entre los muchos que
+ ya le debe su afectísimo amigo y seguro servidor
+
+ Q.S.M.B.
+
+ _Damián de la Fuente_.»
+
+Después de esta carta, parécenos excusado decir á nuestros lectores lo
+que significan la levita de Andrés y el inusitado movimiento de toda su
+familia alrededor de su equipaje.
+
+
+
+
+II
+
+
+Por regla general, á los niños, apenas dejan los juguetes, les acomete
+el afán, sobre todas sus otras aspiraciones, de hombrear, de tener mucha
+fuerza y de levantar medio palmo sobre la talla. Pero cuando los niños
+son de estas montañas, por un privilegio especial de su naturaleza, su
+único anhelo es la independencia con un _Don_ y mucho dinero. Y, según
+ellos, no hay más camino para conseguirlo que irse «á las Indias»....
+Los abismos del mar, los estragos de un clima ardiente, los azares de
+una fortuna ilusoria, el abandono, la soledad en medio de un país tan
+remoto ... nada les intimida; al contrario, todo estos obstáculos parece
+que les excitan más y más el deseo de atropellarlos. ¿No es cierto que
+en América es de plata la moneda más pequeña de cuantas usualmente
+circulan? Pues un montañés no necesita saber más que esto para lanzarse
+á esa tierra feliz; la vida que en la empresa arriesga le parece poco, y
+otras ciento jugara impávido, si otras ciento tuviera.
+
+¿Hay quien lo duda? Ofrezca un pasaje gratis desde Santander á la Isla
+de Cuba, ó una garantía de pago al plazo de un año, y verá los
+aspirantes que á él acuden. Y no se apure porque el pasaje no sea en
+primera cámara: un montañés de pura raza atraviesa en el tope el Océano,
+si necesario fuese.
+
+Díganle «á las Indias vamos», y con tan admirable fe se embarca en una
+cáscara de limón, como en un navío de tres puentes. Este heroísmo suele
+ir más allá aún. Un indiano de semejante barro ve transcurrir los
+mejores años de su juventud de desengaño en desengaño, y no desmaya. No
+hay trabajo que le arredre, ni contrariedad que apague su fe: la fortuna
+está sonriéndole detrás de sus desdichas, y la ve tan clara y tan
+palpable entonces, como la vió de niño, cuando, soñando sus ricos dones,
+se columpiaba en las altas ramas del nogal que asombraba su paterna
+choza.
+
+De lo cual se deduce que la honradez, la constancia y laboriosidad de un
+montañés, son tan grandes como su ambición.
+
+Nadie, en buena justicia, podrá quitar á esta noble raza un timbre que
+tanto la honra.
+
+Nuestro Andresillo, pues, vástago legítimo de ella, no bien supo hablar,
+ya dijo á su madre que él sería indiano. Creció en edad, y la idea de
+irse á América fué el tema de todas sus ilusiones; y tanto y tanto
+insistió en su proyecto, que su familia comenzó á deliberar sobre él muy
+seriamente.
+
+Un día fueron tío Nardo y su mujer á consultarlo con don Damián,
+indiano muy rico de aquellas inmediaciones, y de quien ya hemos oído
+hablar. Don Damián había hecho, es cierto, un gran caudal: esto es lo
+que veía toda la población de la comarca y lo que excitaba más y más en
+los jóvenes el deseo de emigrar; pero en lo que se fijaban muy pocos, si
+es que alguno pensó en ello, era en que don Damián se hizo rico á costa
+de veinte años de un trabajo constante; que en todo ese tiempo no dejó
+un sólo día, una sola hora, de ser hombre de bien, ni de cumplir, por
+consiguiente, con todos los deberes que se le imponían en las
+dificilísimas circunstancias por que atravesó. Además, don Damián había
+ido á América muy bien recomendado y con una educación bastante más
+esmerada que la que llevan ordinariamente á aquellas envidiadas regiones
+los pobres montañeses. Todas estas circunstancias que obraron como base
+principal de la riqueza de don Damián, le obligaban á exponérselas á
+cuantos iban á pedirle cartas de recomendación para la Habana, y á
+consultarle sobre la conveniencia de salir á probar fortuna. Cuando
+semejantes consideraciones no bastaban á desencantar á los ilusos, daba
+la carta que se le pedía, y á las veces su firma garantizando el pago
+del pasaje desde Santander á la Habana.
+
+Los padres de Andrés oyeron del generoso indiano las reflexiones más
+prudentes y los más sanos consejos, cuando á pedírselos fueron en vista
+de las reiteradas insinuaciones de aquél. En obsequio á la verdad, la
+mujer del tío Nardo no necesitaba de tantas ni tan buenas razones para
+oponerse á los proyectos de su hijo: era su madre, y con los ojos de su
+amor veía á través de los mares nubes y tempestades que obscurecían las
+risueñas ilusiones del ofuscado niño; pero el tío Nardo, menos aprensivo
+que ella y más confiado en sus buenos deseos, apoyaba ciegamente á
+Andrés; y entre el padre y el hijo, si no convencían, dominaban á la
+pobre mujer, que, por otra parte, respetaba mucho las _corazonadas_, y
+jamás se oponía á lo que pudiera ser _permisión del Señor._ El párroco
+del lugar le había dicho en muchas ocasiones que Dios hablaba, á veces,
+por boca de los niños; y por si á Andrés le había inspirado el cielo su
+proyecto, se decidió á respetarle en cuanto le pareciese deber hacerlo
+así.
+
+Sobreponiéndose, pues, á las reflexiones del indiano la fuerza de
+voluntad de Andresillo y la buena fe de su padre, el primero prometió su
+protección al segundo; y desde aquel día no se pensó más en la casita
+que conocemos que en arreglar el viaje lo más pronto posible.
+
+Los preparativos al efecto eran bien sencillos: sacar el pasaporte y
+hacer el equipaje.
+
+Éste se componía:
+
+De tres camisas de estopilla;
+
+Un vestido completo de mahón, de día de fiesta;
+
+Otro ídem íd. íd., para diario;
+
+Una colchoneta y una manta, y
+
+Un arca de pino, pintada de almagre, para guardar, durante el viaje, la
+ropa que Andrés no llevase puesta.
+
+Del pago del pasaje se encargó don Damián hasta que Andrés supiera
+ganarlo.
+
+El producto de la única vaca que tenía el tío Nardo, vendida de prisa y
+al desbarate, dió justamente para los gastos de equipo del futuro
+indiano y para el pequeño fondo de reserva que debía llevar consigo,
+fondo que se aumentó con medio duro que el señor cura le regaló el mismo
+día que le confesó; con seis reales del maestro que le dió últimamente
+lecciones especiales de escritura y cuentas, y con la media onza de que
+tiene noticia el lector. Y no se arruinó completamente la pobre familia
+para «echar de casa» á Andrés, gracias al generoso anticipo del indiano;
+de otro modo, hubiera vendido gustosa hasta la cama y el hogar. Los
+ejemplos de esta especie abundan, desgraciadamente, en la Montaña.
+
+El día en que presentamos la escena á nuestros lectores era el último
+que Andrés debía pasar bajo el techo paterno: le había destinado á
+despedidas, y ya tuvimos el gusto de ver el resultado que le dió la de
+don Damián; día que, dicho sea _inter nos_, había costado muchas
+lágrimas á la pobre madre, á escondidas de su familia, pues no podía
+resignarse con calma á ver aquel pedazo de sus entrañas arrojado tan
+joven á merced de la suerte, y tan lejos de su protección.
+
+Pero las horas volaban, y era preciso decidirse. Cuando Andrés acabó de
+leer la carta, su único amparo al dejar su patria, y á vueltas de
+algunos halagüeños comentarios que se hicieron sobre aquélla, la pobre
+mujer, á quien ahogaba el llanto, mandó entrar en casa á su hijo para
+que su hermana le limpiara la ropa que llevaba puesta y se la guardara,
+mientras ella daba las últimas puntadas á una camisa.
+
+Andrés, entonando un aire del país, obedeció, saltando de un brinco
+sobre el umbral de la puerta; pero su madre, al ver aquella expansiva
+jovialidad en momentos tan supremos, fijos en él sus turbios ojos
+mientras atravesaba el angosto pasadizo, abandonó insensiblemente la
+aguja, y dos arroyos de lágrimas corrieron por sus tostadas mejillas.
+
+--¡Pobre hijo del alma!--murmuró con voz trémula y apagada.
+
+Tío Nardo, más optimista, por no decir menos cariñoso que su mujer, no
+comprendiendo aquel trance tan angustioso, hacía los mayores esfuerzos
+por atraerla á su terreno.
+
+--Yo no sé, Nisca--le dijo cuando estuvieron solos,--qué demonches de
+mosca te ha picao de un tiempo acá, que no haces más que gimotear. Pues
+al muchacho no soy yo quien le echa de casa, que allá nos anduvimos al
+efeuto de embarcarle...; y por Dios que no lo afeaste nunca bastante, ni
+te opusiste de veras.
+
+--Y ¿qué había de hacer yo? Tampoco hoy me opongo, aunque cuanto más se
+acerca la hora de despedirme de él.... ¡Pobre hijo mío!... Dícenme que
+puede hacerse rico...; ¡y nosotros somos tan pobres! ¡Ofrecen tan poco
+para un hombre estos cuatro terrones que el Señor nos ha dado!... ¡Ay,
+si Él quisiera favorecerle!...
+
+--Pues ¿qué ha de hacer, tocha? ¡No, que no!...; ahí tienes á don
+Damián....
+
+--¡Siempre habéis de salirme con don Damián!
+
+--Y con muchísima razón. ¿Qué mejor ejemplo? Un señor que vino al pueblo
+cargado de talegas; que á todos sus parientes ha puesto hechos unos
+señores; que no bien sabe que hay un vecino necesitao, ya está él
+socorriéndole; que alza él solo casi todas las cargas del lugar; que
+corta todos los pleitos para que no se coma la Justicia la razón del
+que la tiene y el haber de la otra parte, y que no quiere por tanto
+beneficio más que la bendición de los hombres de bien. ¿Qué más
+satisfacción para nosotros que ver á nuestro hijo en el día de mañana
+bendecido como don Damián?
+
+--¡Ay, Nardo!; en primer lugar, don Damián fué siempre muy honrado....
+
+--No viene Andrés de casta de pícaros.
+
+--Después, Dios le ayudó para que hiciera suerte.
+
+--Y ¿por qué no ha de ayudar á Andrés?
+
+--Don Damián fué un señor desde sus principios, y cuando salió de aquí
+llevaba muchos estudios y sabía tratar con personas decentes...; y había
+heredado la levita, que esto vale mucho para bandearse fuera de los
+bardales del lugar.
+
+--¡Bah, bah!...; ríete de cuentos, Nisca, que todos los hombres nacimos
+de la tierra y tenemos cinco dedos en cada mano.
+
+--Valiera más, Nardo, que en lugar de fijarnos en ejemplos como el de
+ese buen señor para echar de casa á nuestros hijos, volviéramos los ojos
+á otros más desgraciados. ¡Cuántas lágrimas se ahorrarían así!... Sin ir
+más lejos, ahí está nuestra vecina que no halla consuelo hace un mes,
+llorando al hijo de su alma que se le murió en un hospital al poco
+tiempo de llegar á la Habana.
+
+--Sí; pero ese muchacho....
+
+--Era tan sano y tan robusto como Andrés, y como él era joven y llevaba
+buenas recomendaciones. También las llevó el del tío Pedro, y murió
+pobre y desamparado en lo más lejos de aquellas tierras.... Bien
+colocado estaba el sobrino del señor alcalde, y malas compañías le
+llevaron á perecer en una cárcel; y Dios parece que lo dispuso así,
+porque cuentan que si sale de ella hubiera sido para ir á peor paraje.
+Veinte años bregó con la fortuna su primo Antón, y, por no morirse de
+hambre, anda hoy de triste marinero ganando un pedazo de pan por esos
+mares de Dios. Bien cerca de tu casa tienes al pobre hijo de Pedro Gómez
+esperando á que se le acabe la poca salud que trajo de las Indias al
+cabo de quince años de buscarse en ellas la fortuna, para que Dios le
+lleve á descansar á su lado; pues ya, pobre y enfermo, ni vale para
+apoyo de su familia, ni para el pueblo, ni para sí mismo, que es lo
+peor...; y bien reniega de la hora en que salió de su casa....
+
+--¡Anda, anda!...; ¡echa por esa boca desventuras y lástimas! ¿Por qué
+no te acuerdas del hijo del Manco y de el del alguacil, que dicen que
+gastan coche en la Habana y que están tan ricos que no saben lo que
+tienen?
+
+--¡Mal año para ellos, que dejan morir de miseria á sus familias que se
+arruinaron por embarcarlos, y ni siquiera se acuerdan de la tierra en
+que vieron el sol! ... mucho quiero á ese pobre hijo que se va á ir por
+ese mundo; pero antes que verle mañana sin religión, olvidado de su
+familia y de su tierra (Dios me perdone si en ello le ofendo), quisiera
+la noticia de que se había muerto.
+
+--Vaya, Nisca, que hoy te da el naipe para sermones de ánimas....
+Todavía me has de hacer ver el asunto por el lado triste.
+
+--¡Dichoso de ti, Nardo, que no le has visto ya!
+
+--No seas tonta, que yo no puedo ver esas cosas como tú las ves....
+Porque este lugar haya sido poco afortunado para los indianos....
+
+--Calcula tú cómo andarán los demás ... cuando en este rincón solo hay
+tanta lástima. ¡Ay, Nardo!; aunque yo no lo tocara con mis manos ni lo
+viera con mis ojos, los consejos de don Damián, con la experiencia que
+tiene, serían de sobra para que yo llorara al echar, sola por el mundo,
+á esa pobre criatura.
+
+La salida de Andrés interrumpió este diálogo. Traía puesto su traje de
+camino, nuevo también, pero de corte más humilde que el que se había
+quitado para que su hermana se le guardase.
+
+Tía Nisca se enjugó apresuradamente los ojos al ver á su hijo, y plegó
+con esmero sobre sus rodillas la camisa que había concluído.
+
+Toda aquella tarde se invirtió en arreglar el equipaje de Andrés, y al
+anochecer se rezó el rosario con más devoción que nunca, pidiendo todos
+á la Virgen, con esa fe profunda y consoladora de un corazón cristiano,
+amparo para el que se iba, y, para los que se quedaban, resignación y
+vida hasta volver á verle.
+
+
+
+
+III
+
+
+Ahora, si el lector lo consiente, que sí lo consentirá, pues no le
+cuesta dinero ni cosa que lo valga, vamos á trasladarnos con la escena á
+otra parte.
+
+Estamos en el magnífico Muelle de Santander.
+
+Como de ordinario, multitud de carros, bultos de mercancías, básculas,
+corredores, dependientes, comerciantes, marineros, pescadores, vagos y
+curiosos forasteros, en el más agitado y bullicioso desorden, le hacen
+intransitable desde la Ribera al café Suizo. Fijémonos un momento en
+este último punto, como el más despejado. Frente á la puerta pasan tres
+personas que nos son muy conocidas, y siguen, sin detenerse un segundo
+ante las vidrieras del establecimiento para ver sus espejos y divanes,
+hacia la punta del Muelle. Estos personajes son Andrés, su padre y su
+madre. El primero en medio de los otros dos, metidas las manos en los
+bolsillos de sus anchos pantalones, tiradas hacia la espalda las solapas
+de la levita consabida, y el hongo muy calado sobre el cogote. El tío
+Nardo á la derecha, con su vestido nuevo de paño pardo, y su mujer al
+otro lado, con muselina blanca á la cabeza, la saya morada de los
+domingos colgada al hombro, y terciado en el brazo opuesto un gran
+paraguas envuelto en funda de percal rayado. Los tres caminan sin
+decirse una palabra: tío Nardo con las más visibles muestras de
+indiferencia; su mujer abismada como siempre en su pena, y mirando al
+través de sus lágrimas el barco fatal que espera á su hijo, meciéndose
+sobre las aguas á una milla del Muelle. En cuanto á Andrés, á juzgar por
+su resuelto continente y por su sonrisa desdeñosa, puede asegurarse que
+acaricia la ilusión de construir por su cuenta, á su vuelta de América,
+un barrio tan elegante y monumental como el que va recorriendo.
+
+Tres días hace que llegaron del pueblo. Despachados los papeles y demás
+diligencias indispensables á todo pasajero, sólo se pensó ya en
+complacer á Andrés y en proporcionarle cuantas distracciones estuvieran
+al alcance de sus recursos. Tuvo éste á su disposición dos días y cerca
+de veinte duros. De modo que á la hora en que le volvemos á encontrar,
+no cuenta un solo deseo que no haya visto satisfecho; es decir, se ha
+bebido, vaso á vaso, más de media cántara de agua de limón «fría como la
+nieve»; ha comido, de seis en seis, más de un ciento de merengues; ha
+convidado á cuantos paisanos y conocidos hallaba al paso; ha comprado
+una _sinfonía_ en una tienda de alemanes, y ha oído una misa mayor en la
+Catedral. Total de gastos, con hospedaje y alimentos de las tres
+personas en el _Cuartelillo_, cinco napoleones. Nada, pues, le quedaba
+ya que ver, como él decía, cuando le avisaron que era preciso
+embarcarse, porque estaba la fragata lista para darse á la vela.
+
+Esta noticia, que no le sorprendió lo más mínimo, acabó de anonadar á su
+madre y sacó, por un instante, de su habitual atolondramiento á tío
+Nardo.
+
+Sigámosles ahora por el Muelle. En la última rampa se embarcan en un
+bote que se dirige en seguida á la fragata que aún no ha contemplado
+Andrés más que de lejos, sin que por ello la haya perdido de vista un
+solo día desde su llegada á Santander; por consiguiente, no ha podido
+formarse todavía una idea exacta de lo que ella es.
+
+Á medida que se aproximaban los tres al buque, éste va desarrollando á
+sus ojos sus gigantescas proporciones; su negra mole parece que surge
+del agua, y tía Nisca, aunque jamás se forja ilusiones ni las toma en
+cuenta para nada, lo cree como el Evangelio. Y cree más: para ella,
+aquel volumen enorme tiene una fisonomía, fisonomía satánica, imponente,
+que la mira siempre y con un gesto terrible que hiela la sangre en sus
+venas. Los gritos de adentro y el sinnúmero de caras que asoman sobre la
+borda mirando á los del bote que llega, le parecen el alma diabólica y
+multiforme de aquel monstruoso cuerpo en cuyos antros va á desaparecer
+quizá para siempre, el hijo de su amor. El atezado rostro de tía Nisca
+se vuelve lívido.
+
+Andrés, por el contrario, se entusiasma más y más según que se acerca á
+la fragata. La magnitud de su casco, la elevación de sus palos, el
+laberinto de su jarcia, todo le enamora y hasta le enorgullece. ¿Qué
+vale la pobre choza de su aldea junto á aquel flotante palacio que va á
+habitar durante mes y medio?
+
+En cuanto á tío Nardo, si hemos de ser justos, desde que pudo apreciar
+la magnitud real y efectiva del barco hasta que llegó á su costado, no
+pensó más que en calcular cómo no se iría á pique un cuerpo tan pesado,
+siendo el cuerpo tan _duro_ y tan _blando_ el elemento que le sostenía;
+cuestión que trató con sus vecinos más de una vez, á su vuelta á la
+aldea.
+
+Otro cuadro más raro tienen que contemplar nuestros tres conocidos al
+llegar sobre cubierta: montones de jarcia, cajas de provisiones, una res
+acabada de desollar, enormes jaulas conteniendo vacas, cerdos y
+carneros, y otras menores con gallinas; grupos de marineros acá izando
+una verga, allá bajando pesados bultos á la bodega; y por último,
+revueltos y deslizándose entre tanto obstáculo, más de un centenar de
+muchachuelos del corte de nuestro aspirante á indiano. Todo esto junto
+produce un ruido infernal. Tío Nardo se marea, su mujer solloza y Andrés
+observa impávido.
+
+De aquella turba de niños, algunos lloran, otros meditan tristemente
+reclinados contra la borda, otros miran atónitos cuanto les rodea...,
+¡muy pocos ríen! Todos, como Andrés, van á América buscando la fortuna;
+todos van, como él, poco más que á merced de la casualidad.... Seamos
+exactos: muchos de ellos no llevan ni siquiera una carta como la de don
+Damián.
+
+De todos los que acompañan á Andrés, acaso no encuentre uno solo lo que
+va buscando; quizá todos ellos contemplen por la última vez de su vida
+la tierra sobre que han nacido.
+
+Tía Nisca logra ver el sitio que se destina á su hijo en la fragata.
+
+Sobre la carga que ésta lleva en sus bodegas, se han tendido unas tablas
+de pino; entre estas tablas y la cubierta, espacio mucho más bajo que la
+talla de un hombre, se han colocado en fila tantas colchonetas como son
+los pasajeros: una de ellas es la de Andrés. Este departamento es el que
+se conoce con el nombre de _sollado_. La pobre madre se estremece al ver
+la mezquindad del sitio destinado al reposo de su hijo. Aquello es
+insano, no tiene bastante ventilación...; ¡si Andrés se pusiera
+enfermo!...
+
+No corre, vuela en busca del capitán.... Quiere gratificarle..., comprar
+un poco de comodidad para aquella inocente criatura. Se palpa los
+bolsillos, rebusca los de su marido; pero sólo puede reunir ... ¡medio
+duro! ¡Y el capitán es un señor tan elegante! ¿Con qué cara le ha de
+ofrecer ella diez reales? Pero nota, en su defecto, que tiene la mirada
+muy noble. Se decide á hablarle, y entre lágrimas y sollozos,
+
+--Señor--le dice,--el hijo mío que va á la Habana es Andrés, aquel
+muchacho tan guapo y tan listo que está mirando hacia acá. Créame usted,
+señor: no va en primera cámara porque ni aun vendiendo la camisa
+hubiéramos podido reunir tanto dinero si habíamos de dejarle algo al
+pobre muchacho por lo que pudiera sucederle fuera de su casa. Le juro á
+usted que es la pura verdad lo que le digo. Pero yo no sabía que el
+sitio donde tenía que ir era tan angosto, que si no, ¡ay, Dios mío! ...
+mire usted señor, somos unos pobres; pero si al mi Andrés le atendieran
+algo por el camino.... No es esto decir que yo desconfíe de usted, ¡ave
+María Purísima! Usted es hombre honrado, y no hay más que mirarle para
+... voy al decir, que.... ¡Hijo mió de mi alma!...; yo no sé ya lo que
+digo ni lo que he de hacer porque lo pase más á gusto.
+
+Las lágrimas ahogan á la pobre mujer, y el dolor perturba su razón.
+
+El capitán, respetándole en todo lo que vale, promete á la afligida
+madre un sitio en primera cámara para su hijo en cuanto se hagan á la
+mar y trata de consolarla con cariñosas aunque breves palabras.
+
+Esta misma táctica ha seguido siempre con todas las madres de los
+pasajeros que han ido á su cuidado, porque es de advertir que todas
+ellas han solicitado para sus hijos lo mismo que la tía Nisca para
+Andrés. Convengamos en que, en la imposibilidad de complacerlas, es muy
+recomendable esta manera de engañarlas á todas.
+
+Tía Nisca vuelve más animada adonde está su hijo, á quien refiere entre
+bendiciones, la buena acogida que le dispensó el capitán. Después,
+abrazándole estrechamente, le recomienda de nuevo mucha devoción al
+escapulario bendito de la Virgen del Carmen que lleva sobre su pecho;
+que sea bueno y sumiso; que huya de las malas compañías; que piense
+siempre en su pobre choza y en su patria..., en fin, cuanto es de
+necesidad que recomiende una madre cariñosa á un hijo querido en el
+instante supremo de una larga ó tal vez eterna separación.
+
+Pero el sonido metálico y vibrante del molinete se oye: comienzan á
+levar anclas, y es preciso separarse.
+
+La desdichada madre siente que hasta la voz le falta para decir el
+último «adiós». Andrés comprende por primera vez lo que es perder de
+vista su hogar y su patria, y lanzarse niño y solo á los desiertos del
+mundo, y también por primera vez llora, y acaso se arrepiente de su
+empresa; tío Nardo mira hacia el Muelle y procura no hablar para que no
+se vean las lágrimas que al cabo vierte, ni descubra su voz la pena que
+hay en su pecho; y deseando abreviar aquella escena por afligir menos á
+su hijo, estréchale en silencio entre sus brazos, coge por otro
+bruscamente á su mujer y desciende con ella al bote, imponiéndose la
+dura penitencia de no mirar á la fragata hasta que llegue al Muelle.
+
+Cuando en él desembarcan, tía Nisca se deja caer en el umbral de la
+primera puerta que hallan al paso. Con los codos sobre sus rodillas, la
+cabeza entre las manos, los ojos fijos en la fragata y la cara inundada
+en llanto, espera inmóvil, como una estatua del dolor, á que el buque
+desaparezca. Tío Nardo de pie á su lado, pero algo más tranquilo,
+respeta la situación de su mujer y no se atreve á separarla de allí.
+
+Transcurre media hora.
+
+La fragata despliega al viento su blanco velamen; hunde la proa en las
+aguas, como si dirigiera un galante saludo de despedida al puerto, y,
+deslizando rápidamente su quilla, desaparece en breve detrás de San
+Martín.
+
+Al perderla de vista no cayó la pobre aldeana exánime sobre las losas
+del Muelle, porque Dios ha dado á estas criaturas una fuerza y una fe
+tan grandes como sus infortunios....
+
+
+
+
+IV
+
+
+Aquella misma tarde, á la caída del sol, atravesaban tío Nardo y su
+mujer la extensa sierra que conduce á su lugar. Mustios iban los dos y
+cabizbajos, el uno en pos del otro. Pensaban en Andrés. Pero tía Nisca,
+de imaginación más activa que su marido, examinaba interiormente el
+cuadro de sus pesares, ¡y no le faltaban causas con que justificar toda
+la amargura de los dolores que sentía! Por eso no pudo menos de dirigir
+un duro apóstrofe á la tierra que pisaba, viéndola poblada de ásperos
+escajos, y cuya aparente esterilidad alejaba de ella á sus hijos para
+buscar en país remoto lo que la madre patria no podía darles. ¡Cargo
+injusto, por cierto, y que, perpetuamente en boca de tantos ignorantes,
+sostiene en esta provincia la plaga de emigración que la despuebla!...
+
+Pero antes que de la pluma se me escapen ciertas reflexiones, más
+propias del periodista que del pintor, volvamos á nuestros personajes,
+aunque no sea más que para despedirnos de ellos.
+
+Es ya inútil: pasada la sierra, han desaparecido por una extrecha y
+larga calleja formada por dos frondosas seturas, verde y pintoresco
+toldo cuyas paredes no pueden atravesar los débiles rayos del sol que va
+á ocultarse: tampoco se columbra un alma en la campiña; y sólo turba el
+silencio de aquella soledad la voz de una mujer que, desde el fondo de
+la calleja, canta á grito pelado:
+
+ «Á las Indias van los hombres,
+ á las Indias por ganar:
+ las Indias aquí las tienen
+ si quisieran trabajar.»
+
+Esta mujer ha debido de encontrar, yendo á la fuente, á tía Nisca y á su
+marido. Quizás al verlos caminar silenciosa y tristemente hacia su casa,
+ha recordado esa estrofa que, por otra parte viene como de molde para
+dar fin á este cuadro, porque precisamente es la síntesis de él.
+
+
+
+
+LA COSTURERA
+
+(PINTADA POR SÍ MISMA)
+
+
+--Qué linda está usted hoy, Teresa!
+
+--¡Vaya!
+
+--Es la pura verdad. Ese pañolito de crespón rojo junto á ese cuello tan
+blanco....
+
+--¡Dale!
+
+--Ese pelo, tan negro como los ojos....
+
+--¡Otra!
+
+--Y luego, una cinturita como la de usted, entre los pliegues de una
+falda tan graciosa. ¡Vaya una indiana bonita!
+
+--¡Jesús!
+
+--Es que me gusta mucho el color de lila..., cae muy bien sobre un
+zapatito de charol tan mono como el de usted.... ¡Ay qué pie tan
+chiquitín!... ¡Si le sacara un poco más!...
+
+--¡Hija, qué hombre!
+
+--Yo quisiera tener una fotografía de usted en esa postura, pero
+mirándome á mí.
+
+--¡Vaya un gusto!
+
+--Ya se ve que sí.
+
+--Pues también yo tengo fotografías, sépalo usted.
+
+--¡Hola!
+
+--Y hecha por _Pica-Groom_.
+
+--¿En la postura que yo digo?
+
+--¡Quiá!; no, señor. Estoy de baile, como iba el domingo cuando usté nos
+encontró junto á la fábrica del gas.
+
+--Por cierto que no quiso usted mirarme. ¡Como iba usted tan
+entretenida!...
+
+--¡Si éramos ocho ó nueve!
+
+--¡Pero qué nueve, Teresa! Parecían ustedes un coro de Musas.
+
+--Usté siempre poniendo motes á todo el mundo.
+
+--Es que entre aquellos árboles, y subiendo la cuesta..., ni más ni
+menos que la del monte Helicona....
+
+--¿Ónde está eso?
+
+--¿Helicona?... Un poco más allá de Torrelavega. El que no me gustó fué
+aquel Apolo que las acompañaba á ustedes.
+
+--Si no se llama Polo.... Es un chico del comercio.
+
+-Lo supongo. Quiero decir que iba algo cursi. ¡Y ustedes iban tan
+vaporosas, tan bonitas!
+
+--¡Otra! Si íbamos al baile de Miranda, como todos los domingos.
+
+--Ya oí el organillo.
+
+--Y aquél que nos acompañaba era uno de los que dan el baile.... Y como
+nos había regalado billetes para todos los de verano en la huerta, y, si
+á mano viene, nos convida también á los de ivierno, de salón....
+
+--Ya sé que son chicos muy galantes esos empresarios y sus amigos: ellos
+pagan para que ustedes bailen todo el año gratis.
+
+--Cabal. Y tan buenas somos nosotras como las señoritas que hacen lo
+mismo.
+
+--Ya se ve que sí.
+
+--Me parece que _La Nata y Flor_ y _El Órgano_, no tienen nada que
+envidiar á ningún baile.
+
+--Sobre todo en caras bonitas y cuerpos de sal y pimienta.
+
+--Es que, como usté decía....
+
+--Lo que yo decía, ó iba á decir, es que el ir á un baile no es motivo
+para que usted deje de saludar en la calle.
+
+--¡Jesús!; ¿qué se diría!
+
+--¿Cómo que «qué se diría»?
+
+--Pues es claro.... ¡Tratarse usté con _costuderas_!
+
+--Lo dice usted con un retintín....
+
+--No por cierto, hijo; pero es la verdad.
+
+--Pues no hay tal cosa. Yo saludo á todo el mundo en la calle, con
+muchísimo gusto ... y sobre todo á usted.
+
+--Muchas gracias; pero....
+
+--¿Pero qué?...
+
+--Que no le creo á usté, vamos; que usté es muy truhán ... y que no me
+fío de usté, en plata.
+
+--¡Hola!; ¿esas tenemos? ¿Y por qué me teme usted?... De fijo que no
+será por seductor.
+
+--No por cierto. Es que entre usté y otros como usté, se cuenta lo que
+es y lo que no es.
+
+--Me hace usted poco favor, Teresa.
+
+--Lo siento, pero yo digo siempre la verdad. Cuando usté pasó el domingo
+junto á nosotras, íbamos hablando de eso una amiga y yo.
+
+--¿La que iba á la derecha de usted?
+
+--¿Por qué se fija usté en esa?
+
+--Porque me hace mucha gracia: es una rubia saladísima.
+
+--¿Le gusta á usté la _Bigornia_?
+
+--¿Qué es eso de la bigornia?
+
+--¡Otra!; pues esa chica, que la llaman así.
+
+--¿Y por qué la llaman así?
+
+--Porque es hija de un calderero.
+
+--¡Ave María Purísima!
+
+--¿Y tampoco sabe usté cómo llaman á la que iba á mi izquierda?
+
+--No, hija mía.
+
+--Pues ¿en qué mundo vive usté, cristiano?
+
+--Eso le probará á usted cuan injusta fué conmigo antes, al sospechar
+de mi sinceridad.
+
+--Pero ¿quién no conoce aquí á la _Faisanuca_?
+
+--Yo no la conozco por ese nombre.... ¿Y por qué se le han dado?
+
+--Porque su madre vende alubias en la plaza.
+
+--¡Qué atrocidad!
+
+--¡Otra!...; y al tenor de esos, todas tenemos mote.... ¿Pero ahora se
+desayuna usté?
+
+--Le aseguro á usted que sí. ¿Y quién se entretiene en bautizarlas de
+ese modo?
+
+--Pues en la _enseñanza_, cuando somos chiquillas..., ó en los bailes
+después, nunca falta alguno que, por reirse un rato de nosotras, nos
+ponga un mote; y como lo malo corre mucho....
+
+--¡Vaya una barbaridad! ¿Y ustedes entre sí, se llaman por esos nombres?
+
+--¡Quiá!... Pero lo sabemos; y como no la deshonran á una....
+
+--Es claro.... Pero volvamos á la rubia.
+
+--Parece que la tiene usté entre las cejas.
+
+--Como me ha dicho usted que iban hablando de mí....
+
+--¿Yo he dicho eso?
+
+--Por lo menos una cosa muy parecida.
+
+--Lo que yo dije es que íbamos hablando de lo mucho que se alaban
+algunos hombres de cosas que no les han pasado.
+
+--Eso sí que no iría conmigo.
+
+--No por cierto; pero iba con algunos que usté conoce muy bien.
+
+--Podrá ser así.... ¿Y sabe usted, Teresa, que de algún tiempo á esta
+parte anda muy entonada la rubia?
+
+--¡Lo ve usté!
+
+--Lo digo sin ánimo de injuriar á esa muchacha.
+
+--Es que así se dicen todas las cosas, y luego ... el diablo las
+enreda.... En cuanto una se pone un día un poco vestida.... Hija, ¡qué
+lenguas!... Ya se ve, ustedes están acostumbrados á oir que una señora
+gasta el oro y el moro para salir á la calle medio decente; y como
+nosotras no tenemos rentas, en cuanto nos ven algo majas, ¡es claro!, en
+seguida, que se lo regalan á una.... ¡Como no regalen!... Ni la rubia ni
+yo tenemos otras rentas que la peseta que ganamos á coser en las casas
+adonde nos llaman, y la jícara de chocolate, por la mañana y por la
+tarde, que nos dan además, como usté sabe. Pero conocemos nuestra
+obligación, y con dos varas de tul y seis de percalina hacemos un traje
+que los que no lo entienden piensan que vale un dineral.... Lo mismo que
+lo que ahora llevo puesto...; pues cuatro veranos tiene, y Dios sabe lo
+que tirará todavía si no se van del mundo el agua, el jabón y las
+planchas.... ¡Vaya!
+
+--Si yo estoy en eso mismo, hija mía.
+
+--Es claro, esa muchacha es de suyo vistosa y arrogante; después, tiene
+unas manos divinas para cortar y coser, y hace un vestido de baile
+aunque sea de unas enaguas....
+
+--Si no digo yo lo contrario....
+
+--Y al verla en la calle compuesta, como ella tiene aquel semblante y
+aquel cuerpo..., ¡uf!, lo que menos se figura la gente que lo ha ganado
+de mala manera. Pues mire usté, para que se vea lo que son las cosas,
+todavía, después de vestirse con la peseta que gana la infeliz, le queda
+para que fume su padre.... ¡Pero ya se ve!..., es una pobre
+costudera..., ¡y allá va eso! Pues si fuera yo á decir todo lo que
+sé.... ¡Cuántos vestidos de moaré se pasean por esas calles que no se
+han pagado, y cuántos se han pagado sin el dinero del marido de las que
+los llevan!... Pero esas son señoras y tienen bula para todo.... Lo
+mismo que lo demás.... ¡Cuántos cuerpecitos que á ustedes les marean
+están hechos por estas manos!... Pero más vale callar.
+
+--Es usted cruel, Teresa; lo que he dicho de la rubia fué ... por decir
+algo. Desde hace dos ó tres días, cuando pasa á las doce por la plaza
+Vieja, la veo más compuesta que de costumbre....
+
+--Eso es decir que usté se pone allí para verla pasar todos los días.
+
+--No diré que por ella; pero por ella y por usted y por otras por el
+estilo, quizá, quizá.
+
+--Y ¿qué saca usté de eso?
+
+--Recrear la vista. ¡Como son ustedes tantas y tan bonitas!... Por
+cierto que me ha chocado ver cómo se las arreglan ustedes de manera que
+pasan siempre por la Plaza, sea cualquiera la procedencia que traigan.
+
+--Pues eso quiere decir que por todas partes se va á Roma, y que cuando
+una deja la costura al medio día, de la hora que le queda para comer
+aprovecha la mitad para ver gente y tomar un poco el aire.
+
+--Y ¡qué bonita era aquella amiga que la detuvo á usted esta mañana en
+la esquina del Puente!...; pero no es tan elegante como usted.
+
+--¿Una morena? Aquélla no es amiga; es _costudera de sastre_.
+
+--¡Ah, ya!... Como la vi hablar con usted....
+
+--Me estaba dando un recado. Y no es porque yo tenga á menos ser amiga
+de algunas de _esas_, sino que como las que cosemos en blanco en las
+casas tenemos sociedad aparte.... Y no crea usté que nos faltaría motivo
+para darnos tono con ellas, porque ahí están las modistas que parece que
+nos honran cuando nos saludan en la calle.
+
+--¡Vea usted qué demonio!
+
+--Y ahora que me acuerdo, ¿qué le decía usté esta mañana á aquel otro
+señor de patillas, cuando nosotras pasábamos, que nos miraban tanto?
+
+--¿Luego me vió usted?
+
+--Yo veo todo lo quiero.
+
+--¡Ah, pícara!; me servirá de gobierno. Pues decía á mi amigo que
+estaban ustedes mucho más bonitas cuando salían á la calle en pelo, tan
+primorosamente peinadas, y con aquellos pañolitos al cuello, como el que
+usted tiene puesto ahora, que con la mantilla y el chal que les comen lo
+mejor de la figura.
+
+--¡Otra!...; ¡mira qué reparón!
+
+--Ya se ve que sí.
+
+--Pues no llevan todas mantilla.
+
+--Y usted es una de esas excepciones; y para que nunca caiga en el
+pecado de ponérsela, se lo advierto.
+
+--¿Y qué habría en ello de malo?
+
+--Que con la mantilla dejaría usted de ser un tipo lindísimo y de pura
+raza santanderina, para confundirse con la vulgaridad de las señoritas
+más ó menos cursis.
+
+--Yo tengo amigas que llevan el velo muy bien.
+
+--Es que el velo no le va bien á nadie, por que, sin cubrir una
+caballera fea, obscurece una bonita, y exige un chal que oculta las
+formas....
+
+--¡Qué enterado está usté de esas cosas, ave María!
+
+--Soy artista, Teresa.
+
+--¿Y qué tiene que ver lo uno con lo otro?
+
+--¡Friolera! Estudio la belleza dondequiera que la encuentro.
+
+--Lo que usté estudia son picardías.
+
+--Eso no es exacto, ni siquiera una razón en favor de los velos.
+
+--Si á mí no me gustan tampoco; pero la moda.... ¿Qué está usté mirando
+con tanto empeño por las vidrieras?
+
+--¿Por qué se ha puesto usted tan colorada?
+
+--¿Yo? ¡Jesús!... Puede que sea usté capaz de creer que es por ese chico
+que está en el portal de enfrente.
+
+--Eso se llama curarse en sana salud.
+
+--Es que pudiera usté creer cualquiera otra cosa; y como es un chico que
+me carga.... Y eso que es muy buen mozo.
+
+--Usted no me dice la verdad.... Yo conozco bien á ese chico y sé que no
+la esperaría á usted todos los días á estas horas si no tuviera grandes
+esperanzas por lo menos....
+
+--¿Habrá sido capaz, el muy tunante, de decirle á usté lo que no es?
+
+--Mi palabra de honor que no he hablado con él de este asunto.
+
+--Es que como se ha visto tanto de eso....
+
+Pues mire usté, porque no se crea otra cosa, ese chico no deja de
+gustarme pero está perdiendo el tiempo.
+
+--No comprendo....
+
+--Hace un año que bailó conmigo en la _Natar y Flor_. Desde entonces yo
+no sé cómo él averigua en dónde coso; pero lo cierto es que todas las
+tardes me le encuentro, como ahora, al dejar la labor..., sobre todo en
+ivierno, que salimos de noche..., y esto es precisamente lo que me
+carga.
+
+--¿El que la acompañe á usted de noche?
+
+--No, señor: el que tenga á menos acompañarme de día.
+
+--Entonces, ¿qué hace ahí enfrente?
+
+--Esperarme; pero al llegar conmigo á la esquina me da una disculpa
+cualquiera y se larga.... Y cuando coso en el Muelle, ó en alguna calle
+del centro, me espera en el mismo portal: allí estamos un rato hablando,
+y luego ... cada uno por su lado. Como usté comprenderá, esto no halaga
+nada á una mujer.... Por eso me gustan más los de mi parigual.
+
+--¿Y quiénes son esos?
+
+--Pues los chicos del comercio. Con éstos se entiende una bien; y si
+mañana ú otro día..., vamos..., ¿está usté? Quiere decirse que allá nos
+andamos, y de pobre á pobre va.... Pero de estos señoritos entran pocos
+en libra.... Y, ¡ay de la infeliz á quien le toca uno!...; ¡qué
+belenes, hija!; primero con él, y después con su familia que la persigue
+á una como si una le hubiera ido á buscar.... Vea usté.... Y es claro:
+ellos empiezan por pasar el rato; y como suele suceder que una es tonta
+y se los cree, á lo mejor se encuentra con que no puede arrepentirse
+ya.... Por eso le digo á usté que ese chico pierde el tiempo.
+
+--Yo creo ahora todo lo contrario; porque acaba usted de decirme que á
+veces se los cree á pesar de todo.
+
+--Es que yo he escarmentado en cabeza ajena.... Mire usté que tengo una
+amiga, ¡ay, la infeliz las lágrimas que ella ha llorado, las palizas que
+la ha dado su padre y la estimación que ha perdido por un pícaro de esos
+que la engañó!... No, hijo, no: pobre nací, y no quiero ser señora á
+costa de tantos trabajos.
+
+--Muy bien pensado. Pero, entretanto, usted no despide á su adorador.
+
+--Hasta ahora no me compromete; quiere decirse que el día en que esto
+vaya á suceder, ya será distinto.
+
+--¡Ya!
+
+--Y eso que nosotras nos hemos propuesto no hacer caso de ningún
+_aristecrata_; pero vienen los bailes, y, como usté sabe, van á
+ellos...; porque lo que es en este particular, en nuestros bailes están
+todos los hombres que van á los de las señoras..., y muchos más. Pues,
+señor, la bailan á una, la hablan tan finos..., y una ¿qué ha de hacer?
+Pues es claro.
+
+--Total, que el mocito que está en el portal de enfrente no perderá el
+tiempo.
+
+--Parece que va usté á medias con él.
+
+--Ojalá, Teresita...; aunque en semejante negocio me sería muy difícil
+dar participación á nadie.
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque es usted demasiado bonita.
+
+--¿Me va usté á hacer el amor?
+
+--Como usted me corresponda, sí.
+
+--¿Y si se lo digo á la rubia?
+
+--No tengo el gusto de conocerla más que de vista.
+
+--De todos modos, no me gusta usté.
+
+--Gracias por la franqueza.
+
+--Tiene usté mala opinión de las mujeres.
+
+--Si todas me tratan como usted, no me faltan motivos.
+
+--Ya me hizo usté romper una _abuja_....
+
+--No importa, yo la regalaré á usted un paquete.
+
+--Es que á este paso no acabo la camisa en ocho días.
+
+--Mejor: así la veré á usted más veces.
+
+--Y le saldrá á usté muy cara la obra.
+
+--Á ese precio vaya usted haciéndome camisas.
+
+--Pues ya que no regatea usté el tiempo, voy á robarle hoy un cuarto de
+hora.
+
+--¿Para charlar?...; aunque sea medio día.
+
+--No, señor, para ir á una tienda que está junto á la calle Alta, á
+comprar ... cuatro cuartos de _orejones_, que me gustan mucho.
+
+--(¡Llévete el mismo Satanás, grosera!)
+
+--Como los trae de Castilla por mayor la tendera, que es amiga mía, da
+muchos más por cuatro cuartos que en las otras tiendas.... ¿No le gustan
+á usté?
+
+--¡No!
+
+--¡Jesús, pues vaya una rareza!... Hágame el favor de dar esa tira que
+está debajo de usté, para amarrar la labor.... Muchas gracias.... ¡Pero
+qué mala cara se le ha puesto á usté de repente!
+
+--Es que ... tengo un flemón.
+
+--¿Y no le dolía á usté antes?
+
+--No tanto como ahora.
+
+--Pues _chumpe_ usté un higo paso, que es muy bueno para los flemones.
+
+--Muchas gracias.
+
+--Conque hasta mañana, que voy á por los orejones.
+
+--¡Vaya usted con Dios!
+
+ * * * * *
+
+Escribir un libro de costumbres montañesas y no dedicar algunas páginas
+á la costurera, sería quitar á Santander uno de los rasgos más
+característicos de su fisonomía. Tan notorio, tan visible es entre su
+población este _ramo_, que el sexo débil de ella puede, hechas las
+exclusiones de rigor, dividirse por partes iguales en mujeres-costureras
+y mujeres que no lo son. Pero hablar de las costumbres de las primeras
+tiene tres perendengues para un hombre que, como yo, no las conoce bien,
+porque equivocarse en el menor de los detalles tendría tres bemoles. En
+plata, lector: la costurera me infunde cierto respetillo, y no quiero
+echar sobre mi conciencia el compromiso de hacer su retrato.
+
+Y supuesto que el estilo es el hombre, y por ende, la mujer, entérate
+del diálogo anterior, que es histórico; ve lo que de él puedes sacar en
+limpio, y allá te las arregles después, si Teresilla se cree agraviada
+(en lo que no sería justa) con tus deducciones. Por mi parte, estoy á
+cubierto de sus iras con decirle, en un lance apurado:
+
+--_Tu es auctor_.
+
+
+
+
+LA NOCHE DE NAVIDAD
+
+I
+
+
+Está apagando el sol el último de sus resplandores, y corre un _gris_ de
+todos los demonios. Á la desnuda campiña parece que se la ve tiritar de
+frío; las chimeneas de la barriada lanzan á borbotones el humo que se
+lleva rápido el helado norte, dejando en cambio algunos copos de nieve.
+Pía sobresaltada la miruella, guareciéndose en el desnudo bardal, ó cita
+cariñosa á su pareja desde la copa de un manzano; óyese, triste y
+monótono, de vez en cuando, el _¡tuba!, ¡tuba!_ del labrador que llama
+su ganado; tal cual sonido de almadreñas sobre los morrillos de una
+calleja...; y paren ustedes de escuchar, porque ningún otro ruido indica
+que vive aquella mustia y pálida naturaleza.
+
+En el ancho soportal de una de las casas que adornan este lóbrego
+paisaje, y sobre una pila de junco seco, están dos chicuelos tumbados
+panza abajo y mirándose cara á cara, apoyadas éstas en las respectivas
+manos de cada uno.
+
+Han pasado la tarde retozando sobre el mullido lugar en que descansan
+ahora, y por eso, aunque mal vestidos, les basta para vencer el frío que
+apenas sienten, soplarse las uñas de vez en cuando.
+
+De los dos muchachos, el uno es de la casa y el otro de la inmediata.
+
+De repente exclama el primero, en la misma postura y dándose con los
+talones desnudos en las asentaderas:
+
+--Yo voy á comer _torrejas_ ... ¡anda!
+
+--Y yo tamién--contesta el otro con idéntica mímica.
+
+--Pero las mías tendrán miel.
+
+--Y las mías azúcara, que es mejor.
+
+--Pues en mi casa hay guisao de carne y pan de trigo pa con ello....
+
+--Y mi padre trijo ayer dos _basallones_ ... ¡más grandes!...
+
+--Mi madre está en la villa ascar manteca, pan de álaga y azúcara..., y
+mi padre trijo esta meodía dos jarraos de vino blanco, ¡más güeno! Y
+toos los güevos de la semana están guardaos pa hoy..., má e quince, así
+de gordos.... Ello, vamos á gastar en esta noche-güena veintisiete
+rialis que están agorraos.
+
+--¡Miá qué cencia! Mi padre trijo de porte cuatro duros y dimpués dos
+pesetas, y too lo vamos á escachizar esta noche.... ¿Me guardas una tejá
+de guisao y te doy un piazo de basallón?
+
+--¡No te untes!... Y tú no tienes un hermano estudiante que venga esta
+tarde de vacantes, y yo sí.
+
+--Pero tengo un novillo muy majo y una vaca jeda que da seis cuartillos
+de leche.... ¡Tenemos pa esta noche más de ello!...
+
+--¡Ay Dios! ¿Quiés ver ahora mesmo dos pucheraos de leche? Verás,
+verás....
+
+Y salta el rapazuelo, y en pos de él el otro, desde la pila al portal, y
+llegan á la cocina mirando con cautela en derredor, por si el tío
+Jeromo, padre del primero, anda por las inmediaciones.
+
+Como ya va anocheciendo, el chico de la casa toma un tizón del hogar,
+sopla en él varias veces, y al resplandor de la vacilante llama que
+produce, se acercan á un arcón ahumado que está bajo el más ahumado
+vasar; alzan la tapadera, y aparecen en el fondo, entre montones de
+harina, salvado y medio pernil de tocino, dos pucheros grandes llenos de
+leche.
+
+El de la casa mira á su amigo con cierto aire de triunfo, y entrambos
+clavan los ávidos ojos en los pucheros, y entrambos alargan la diestra
+hacia ellos, y entrambos remojan el índice en la leche, aunque en
+distinto cacharro.
+
+Con igual uniformidad de movimientos retiran los brazos del arcón,
+míranse cara á cara y se chupan los respectivos dedos.
+
+--¡Güena está la leche!--dice el de casa.
+
+--¡Mejor está la nata!--repone su camarada.
+
+--¿Te la comiste?
+
+--¡Corcía!...; ¡toa la apandé con el deo!
+
+En aquel instante recuerda con susto el primero que su padre arma el
+gran escándalo cada vez que falta la nata á su ración diaria de leche, y
+que sus costillas conservan más de un testimonio de tan borrascosos
+sucesos, impresos por los dedos paternales. Por eso, temiendo una nueva
+felpa, y para manifestar su inocencia, echa el tizón al fuego y las dos
+manos á la calzonada de su amigo, y comienza á gritar con el mayor
+desconsuelo:
+
+--¡Padre!, ¡padre!
+
+Pero el goloso prisionero, que ya se da por muerto, tira uno de
+retortijón á cada mano de su carcelero, y toma pipa por el corral
+afuera, relamiéndose de gusto.
+
+Tío Jeromo, que en la socarreña, detrás de la casa, encambaba un rodal,
+acude á los gritos, y creyendo una patraña lo del robo de la nata,
+presume que su hijo se la ha chupado, y le arrima candela entre las
+nalgas y un par de soplamocos que hacen al chicuelo sorberse los
+propios.
+
+Grita el rapaz y amenaza el padre, y entre los gritos y las amenazas,
+óyese la voz de la tía Simona, desde el portal:
+
+--¡Ah, malañu pa vusotros nunca ni nó!... ¡Que siempre vos he de
+alcontrar asina!
+
+--¡Ay, madruca de mi alma!--exclama el muchacho corriendo á agarrarse
+del refajo de la buena mujer.
+
+--¿Por qué lloras, hijo? ¿Quién te ha pegao?
+
+--¡Mujuééé.... Me pegó ... jun ... ú ... ú ... padreeéé!!
+
+--Y todavía has de llevar más--murmura éste retirándose á la cuadra á
+arreglar el ganado.--¡Yo te enseñaré á golosear la nata!
+
+--Yo no la comí, ¡ea!, que la comió Toñu el de la Zancuda...; ¡júmmaaá!
+
+--Y pué que sea verdá, angelucu; que ese es un lambistón que se pierde
+de vista.... Vamos, toma unas castañas y no llores más.... Tu padre
+tamién tiene la mano bien ligera.... ¿Ha venío el estudiante?
+
+--No, siñora....
+
+--Dios quiera que no me lo coma un lobo en dá qué calleja.... ¿Y ónde
+está tu hermana?
+
+--Fué á la juenti.
+
+--Á esa pingonaza la voy yo á andar con las costillas.... No, pues; no
+me gusta á mí que á estas horas se me ande á la temperie de Dios, que
+ese hijo condenao de la Lambiona tiene un aquel ... que malañu pa él
+nunca ni nó.
+
+Y murmurando así la tía Simona, deja las almadreñas á la puerta del
+estragal; cuelga la saya de bayeta con que se cubría los hombros del
+mango de un arado que asoma por una viga del piso del desván; entra en
+la cocina, siempre seguida del chico, con la cesta que traía tapada con
+la saya; déjala junto al hogar; añade á la lumbre algunos escajos;
+enciende el candil, y va sacando de la cesta morcilla y media de
+manteca, un puchero con miel de abejas y dos cuartos de canela; todo lo
+cual coloca sobre el poyo y al alcance de su mano para dar principio á
+la preparación de la cena de Navidad, operación en que la ayuda bien
+pronto su hija que entra con dos _escalas_ de agua y protestando que «no
+ha hablao con alma nacía, y que lo jura por aquellas que son cruces...,
+y que mal rayo la parta si junta boca con mentira».
+
+Poco después viene el tío Jeromo, que toma asiento cerca de la lumbre
+para auxiliar á la familia en la operación; pues la gente de campo de
+este país, sobria por necesidad y por hábito, goza tanto con el
+espectáculo de la cena de Navidad como saboreándola con el paladar.
+
+El chirrido de la manteca en la sartén, el cortar las torrejas, el
+quebrar los huevos, el batirlos, el remojar en ellos el pan, el derramar
+el azúcar sobre las torrejas que salen calentitas de la sartén, el
+verter la leche ó la miel sobre ellas, etc., etc., y el considerar que
+todo ello, más el jarro de vino que está guardado como una reliquia, ha
+de ser engullido y saboreado por los pobres labriegos que lo contemplan,
+les produce unas emociones tan gratas que...; en fin, no hay más que ver
+los semblantes de la familia del tío Jeromo, olvidado ya el suceso de la
+nata.
+
+¡Qué expansión!; ¡qué felicidad se refleja en ellos! La tía Simona, con
+el mango de la sartén en una mano y con una cuchara de palo en la otra y
+acurrucada en el santo suelo, se cree más alta que el emperador de la
+China, y en más difícil é importante cargo que el de un embajador de paz
+entre dos grandes pueblos que se están rompiendo el alma.
+
+¡Lástima que no haya llegado el estudiante para solemnizar debidamente
+toda la Noche-Buena!
+
+Porque ésta tiene en la aldea varias peripecias.
+
+Después del placer de preparar la cena y del de tragarla, falta el de la
+llegada de los _marzantes_, por los cuales ha preguntado ya muchas veces
+el vapuleado chicuelo, á quien, la verdad sea dicha, preocupan todavía
+más que la tardanza de su hermano. Y es porque el infeliz no los ha oído
+nunca, ni en la Noche-Buena, ni en la de Año Nuevo, ni en la de los
+Santos Reyes, pues se ha dormido siempre antes de que lleguen al portal;
+así es que cree en los marzantes como en el otro mundo, por lo que le
+cuentan.
+
+
+
+
+II
+
+
+No vaya á creerse que el tío Jeromo, porque tiene un hijo estudiante, es
+hombre rico tomada la palabra en absoluto; el marido de la tía Simona
+tiene, para labrador, _un pasar_, como él dice. Pero en la familia hay
+una capellanía que ningún varón ha querido, y el tío Jeromo sacrificó de
+buena gana algunas haciendas para ayudar á costear la carrera á su hijo
+mayor y asegurarle la pitanza, ordenándole á título de aquélla, cuyas
+rentas, por sí solas, no alcanzaban á tanto. Eso sí, y bien claro se lo
+solfeó á su hijo:--«Si llegas á gastar los cuartos que me valieron las
+tierras sin cantar misa, Dios te la depare buena, porque, lo que es yo,
+te abro en canal.»
+
+Contribuyó mucho á que el chico entrara en el Seminario, el consejo del
+mayorazgo de la Casona. Este sujeto había estudiado un poco de latín en
+sus mocedades, y era tan pedante, que sólo por tener alguno con quien
+lucir su sapiencia, insistió con tío Jeromo un día y otro día hasta que
+logró decidirle á que su hijo aprendiera _latinidades_. Y tan obcecado
+es el mayorazgo en su saber, y tal es su pedantería que, ingresado ya el
+primogénito del tío Jeromo en el Seminario, varias veces ha querido
+renunciar á las vacaciones por no hallarse cara á cara con el vecino,
+que le asedia con latinajos _arrevesaos_, como dice el estudiante.
+
+Huyendo, pues, de encontrarle en alguna calleja ó sentado en el banco
+del portal de su padre, como suele estar todos los días, el seminarista
+ha salido tarde de su celda con el objeto de entrar de noche en el
+pueblo; y esto es lo que explica su tardanza, que ya va metiendo en
+cuidado á la tía Simona.
+
+Pero lo que ésta no sabía, ni sospechar pudo el mismo estudiante, fué
+que, habiéndose éste sentido con sed y decidido á echar _medio en
+sangría_ en la taberna del lugar, que halló al paso, huyendo de la
+máxima de su padre de que «el agua cría ranas», lo primero con que
+tropezó, antes que con el tabernero, fué el mayorazgo, el cual, al
+guiparle, le enjaretó un «_amice, ¿quo modo vales?_» que quitó al
+estudiante hasta la sed.
+
+--¡Cóncholes con el hombre!--murmuró el interpelado, recogiendo otra
+vez el lío de ropa ó sea el balandrán y dos camisas sucias, que había
+puesto sobre un banco al entrar en la taberna.
+
+--_¿Unde venis? ¿Quórsum tendis?_
+
+--¡Jeringa, digo yo!; que traigo andadas cuatro leguas á pie, y no estoy
+pa solfeos de esa clase. Queden ustedes con Dios.
+
+--Aguárdate hombre. ¡Que siempre has de ser arisco!
+
+--Y usté preguntón. Y es que el mejor día le echo una _zurriascá_ de
+latín que no se la sacude en todo el año.... Porque yo también.... Pues
+si le entro á teología, veremos ónde usté se me queda.
+
+--_Parce miqui, incipiens sa-cerdo._
+
+--Cuidado con la lengua, le digo, que aunque parece que no entiendo, ya
+sé traducir.... ¡Y si se me hincha la paciencia!...
+
+--Eres un pobre hombre y no tienes nada del _virum fortem_.... No corras
+tanto, ¡caramba! ¡Tras de que deseo acompañarte hasta tu casa!...
+
+De poco sirvió al mayorazgo esta reprensión. El seminarista apretó el
+paso, renegando de su mala estrella; dejó á medio camino al importuno, y
+no paró hasta la cocina de su padre, donde se presenta con el humor más
+perro del mundo.
+
+--¡Cóncholes, qué hombre!--exclama por todo saludo al hallarse entre la
+familia.
+
+--Pero ¿qué te pasa?--dice el tío Jeromo.
+
+--¡Qué me ha de pasar? Ese fantasioso de mayorazgo..., ¡siempre con su
+latín!
+
+--¿Y qué cuidao te da á ti? ¿No has estudiao tres años ya? ¿Por qué no
+le contestas?
+
+--Porque no soy tan jaque como él.... Y luego él ha estudiado por otro
+arte. El mío no trae todas esas andróminas que él sabe.... ¡Cóncholes!,
+como quisiera entrarme á _piscología_ ... ¡sé más de ello!
+
+--¿Y cuándo cantas misa?--añade la tía Simona cayéndosele la baba y
+mientras contemplan de hito en hito al estudiante sus dos
+hermanos.--Mira que el lugar está perdío.... El señor cura es tan
+viejo....
+
+--Y que no sabe una palabra, madre. ¡Si fuéramos nusotros! ¡Cóncholes,
+cuánto aprendemos! Verán que sermones echo los días señalados....
+
+
+III
+
+Como quiera que no sea el objeto principal de este artículo retratar al
+hijo mayor del tío Jeromo, hago caso omiso de todo el diálogo promovido
+por su despecho contra el mayorazgo, y vamos á seguir con nuestro asunto
+comenzado, asistiendo á la cena de esta honrada familia en la noche de
+Navidad.
+
+Después que el estudiante retira del fuego el puchero del guisado para
+que el calor de la lumbre le seque á él el lodo de los pantalones, y
+cuando su hermana ha recogido con gran esmero el balandrán y las
+camisas, toma aquél el jarro de la leche, ya que el papel del azúcar le
+tiene su padre, y se dispone á auxiliar á su madre y á su hermana en la
+preparación de las tostadas, amenizando el trabajo con el relato de sus
+proezas y aventuras de estudiante.
+
+Cuando cada manjar «le puede comer un ángel» de bien sazonado que está,
+como dice la tía Simona, y todos ellos quedan cuidadosamente arrimados á
+la lumbre para que se conserven en buena temperatura, precédese á otra
+operación no menos solemne que la cena misma: poner la mesa _perezosa_.
+
+Esta mesa se reduce á un tablero rectangular sujeto á una pared de la
+cocina por un eje colocado en uno de los extremos; el opuesto se asegura
+á la misma pared por medio de una tarabilla. Suelta ésta, baja la mesa
+como el rastrillo de una fortaleza, y se fija en la posición horizontal
+por medio de un pie, ó tentemozo que pende del mismo tablero.
+
+La perezosa no se usa en las aldeas más que en el día del santo
+patrono, en la noche de Navidad en la de Año Nuevo y en la de Reyes, ó
+cuando en la casa hay boda.
+
+Por eso no debemos extrañarnos del estrépito que se arma en la cocina
+del tío Jeromo al hacerse esta operación.--«¡Que no se te
+caiga!--¡Ayúdame por esta banda!--¡Quita ese banco!--¡Apaña esa
+cuchara!--¡Allá va!--¡Que está torcía!--¡Calza de allá!--¡Fuera esa
+pata!» Poco menos alboroto y mayores precauciones que si se botara al
+agua un navío de tres puentes.
+
+Puesta la mesa y sobre ella los manjares, y echada la bendición por el
+estudiante, dejaremos á la familia cenar con toda libertad: es
+operación, salvas algunas leves diferencias de forma en los cubiertos y
+de fuerza de masticación, que todos hacemos lo mismo. Además, nuestra
+presencia tal vez impidiera al buen Jeromo sorber la salsa que queda en
+la cazuela del guisado, y á su mujer pasar el dedo por la tartera de las
+tostadas para rebañar el azúcar, y al seminarista apurar «hasta verte,
+Jesús mío», el vaso de vino blanco.
+
+Volvamos á la misma cocina una hora más tarde.
+
+Todos están más locuaces que antes, y hasta el viejo labrador ha
+desarrugado su habitual entrecejo. El rapazuelo ronca tendido sobre un
+banco, y el estudiante habla en latín y asegura que si entonces pillara
+al mayorazgo, ¡ira de Dios!... La tía Simona canta por lo bajo:
+
+ «Esta noche es Noche-Buena
+ y mañana Navidad;
+ está la Virgen de parto
+ y á las doce parirá.»
+
+Su hija se dispone á hacerle el dúo, cuando se oye en el corral un coro
+de relinchos y un ruido sobre los morrillos, como si avanzaran veinte
+caballos.
+
+--¡Ahí están los ladrones!--diría en tal caso un ciudadano alarmado.
+
+Pues, no señor, son los _marzantes_, es decir, dos docenas de mocetones
+del lugar que andan recorriéndole de casa en casa. El ruido sobre los
+morrillos y los relinchos los producen las almadreñas y los pulmones de
+los mozos.
+
+Este acontecimiento hace en los personajes de la cocina un efecto
+agradabilísimo; callan todos como estatuas y se disponen á escuchar.
+
+--Vaya, _señor don_ Jeromo--dice una voz en falsete para disfrazar la
+verdadera, desde el portal:--á ver esas costillas que se están curando
+en el _varal_; esos ricos huevos de la gallina pinta que cacareaba en el
+corral, por, por, por, poner, por, ¡poner!... ¡Que sí!... ¡Vaya, que
+sí!...
+
+El coro contesta con relinchos á esta primera tirada de _algarabía_,
+que así se llama técnicamente la introducción de los marzantes, y vuelve
+á continuar la voz pidiendo «morcillas en blanco, ó aunque sea en
+negro», y otras cosas por el estilo, hasta que concluye diciendo:
+
+--¿Qué quiere usted?; ¿que cantemos ó que recemos?
+
+--Que recen--dice Jeromo.
+
+--¡Que canten, cóncholes!--replica el estudiante,--que á mí me gustan
+mucho las marzas.... ¡Ea, á cantar!--añade luego, abriendo una
+rendijilla, nada más, de la ventana.
+
+Esta orden es acogida afuera con otro coro de relinchos, y al punto
+comienzan á cantar los marzantes, en un tono triste y siempre igual, un
+larguísimo romance que empieza:
+
+ «En Belén está la Virgen
+ que en un pesebre parió;
+ parió un niño como un oro
+ relumbrante como un sol....»
+
+y concluye:
+
+ «Á los de esta casa
+ Dios les dé victoria,
+ en la tierra gracia
+ y en el cielo gloria.»
+
+Esta copleja tiene esta otra variante que los marzantes suelen usar
+cuando no se les da nada, ó cuando se les engaña con morcillas llenas de
+ceniza:
+
+ «Á los de esta casa
+ sólo les deseo
+ que sarna perruna
+ les cubra los huesos.»
+
+Los pesados lances á que esta jaculatoria suele dar lugar, y los nada
+ligeros que se suscitan siempre al fin de la velada cuando van los mozos
+_á comer las marzas_ á la taberna, ya encontrándose con los marzantes de
+otro barrio, ó ya provocando á algún vecino, es sin duda la causa de que
+disfrace la voz el que pide y de que guarden asimismo el incógnito todos
+sus compañeros.
+
+Pero en casa de Jeromo no se engaña á nadie, y la tía Simona alarga
+media morcilla de manteca á los marzantes; y éstos, después de echar la
+primera copla, se marchan relinchando de placer.
+
+La familia tira los últimos golpes á la cena, agótanse los jarros de
+vino, y el chicuelo despierta preguntando por los marzantes. Cuando sabe
+que se han marchado, alborota la cocina á berridos, dale su padre un par
+de guantadas, interpónense el seminarista y su madre, apágase la lumbre,
+oscila la luz del candil, dormita la moza, maya perezoso el gato,
+cáesele la pipa más de una vez de la boca al tío Jeromo, habla torpe
+sobre los fenómenos de la luz el seminarista; y cuando los relinchos de
+los marzantes se escuchan lejanos, hacia el fin de la barriada, desfila
+al paso tardo y vacilante la familia del tío Jeromo á buscar en el
+reposo del lecho el fin de tan risueña y placentera velada.
+
+La tía Simona sale la última; y mientras se lamenta de haber dejado de
+rezar el rosario por causa del jaleo, y jura que al día siguiente ha de
+rezar dos, guarda en el arcón que ya conocemos los despojos del pan, del
+azúcar y de la manteca, para que en el primer día de Pascua pueda la
+familia, «manipulándoselo bien», recordar, con algo más que la memoria,
+la noche de Navidad.
+
+
+
+
+LA LEVA
+
+I
+
+
+Enfrente de la habitación en que escribo estas líneas hay un casucho de
+miserable aspecto. Este casucho tiene tres pisos. El primero se adivina
+por tres angostísimas ventanas abiertas á la calle. Nunca he podido
+conocer los seres que viven en él. El segundo tiene un desmantelado
+balcón que se extiende por todo el ancho de la fachada. El tercero le
+componen dos buhardillones independientes entre sí. En el de mi derecha
+vive, digo mal, vivía hace pocos días, un matrimonio, joven aún, con
+algunos hijos de corta edad. El marido era bizco, de escasa talla,
+cetrino, de ruda y alborotada cabellera; gastaba ordinariamente una
+elástica verde remendada y unos pantalones pardos, rígidos, indomables
+ya por los remiendos y la mugre. Llamábanle de mote el _Tuerto_. La
+mujer no es bizca como su marido, ni morena; pero tiene los cabellos tan
+cerdosos como él, y una rubicundez en la cara, entre bermellón y
+chocolate, que no hay quien la resista. Gasta saya de bayeta anaranjada,
+jubón de estameña parda y pañuelo blanco á la cabeza. Los chiquillos no
+tienen fisonomía propia, pues como no se lavan, según es el tizne con
+que primero se ensucian, así es la cara conque yo los veo. En cuanto á
+traje, tampoco se le conozco determinado, pues en verano andan en cueros
+vivos, ó se disputan una desgarrada camisa que á cada hora cambia de
+poseedor. En invierno se las arreglan, de un modo análogo, con las ropas
+de desperdicio del padre, con un refajo de la madre, ó con la manta de
+la cama.
+
+El Tuerto era pescador, su mujer es sardinera, y los niños ... viven de
+milagro.
+
+En la otra buhardilla habita solo otro marinero, sesentón, de complexión
+hercúlea, y un tanto encorvado por los años y las borrascas del mar. Usa
+un gorro colorado en la cabeza y un vestido casi igual al de su vecino
+el Tuerto. Tiene las greñas, las patillas y las cejas canas. No sé de
+cierto cómo tiene la cara, porque es hombre que la da raras veces, y no
+he podido vérsela á mi gusto. Se llama de nombre tío Miguel; pero
+responde á todo el mundo por el mote de _Tremontorio_, corruptela de
+_promontorio_, mote que le dieron en su juventud por su gigantea
+corpulencia y por su vigor para tirar del remo contra corrientes y
+celliscas. Á la edad que cuenta, lleva hechas dos campañas _de rey_; es
+decir, le ha tocado la suerte de servir en barco de guerra, dos veces á
+cuatro años cada una. La última campaña la hizo en la _Ferrolana_, y con
+esta fragata dió la vuelta al mundo, con el cual viaje acabó de
+conquistar el prestigio que le iban dando entre sus compañeros sus
+muchos conocimientos como marinero, su valor, su buen corazón ... y sus
+férreos puños. Se conserva soltero, porque entre su lancha, sus campañas
+y sus redes, que teje con mucho primor, nunca le quedó un cuarto de hora
+libre para buscar una compañera.
+
+Por último, en el cuarto segundo habita un matrimonio contemporáneo del
+tío Miguel; y si no tan robustos como éste, los dos cónyuges esta aún
+más desaliñados que él, y tan canos, tan curtidos y arrugados. De este
+matrimonio nació el Tuerto de la buhardilla, quien al lado de su padre
+aprendió á tirar del remo, á aparejar sereña, á ser, en fin, un buen
+pescador. El padre del Tuerto, tío _Bolina_ llamado, porque siempre al
+andar se ladeó de la derecha, sigue, á pesar de sus años, bregando con
+la mar, como el tío Tremontorio; y no por afición á ella, como diría muy
+serio un poeta del riñón de Castilla ó de la Mancha, acostumbrado á
+mandar las maniobras y á conjurar tormentas des de un escenario, ó en
+el estanque del Retiro, sino porque viven de lo que pescan, y sólo
+pescan para vivir exponiendo la vida cien veces al año en el indómito
+mar de Cantabria, sobre una frágil lancha.
+
+Dados estos pormenores, debo decir al lector, por si se ha sorprendido
+al verme tan enterado de ellos, que ni yo los he buscado ni los
+personajes descritos han venido á traérmelos: ellos, solitos, se han
+colado por la puerta de mi balcón, de la manera más sencilla.
+
+La aludida casa está separada de la en que escribo, por la calle, que no
+es muy ancha; y mis vecinos, lo mismo en invierno que en verano, saldan
+todas sus cuentas y ventilan los asuntos más graves, de balcón á balcón.
+
+Por ejemplo:
+
+Se acerca un día la hora de comer. En la buhardilla del Tuerto se oyen
+gritos y porrazos de su mujer, y lloros y disculpas de los chiquillos
+que los reciben.
+
+No se ve la escena, porque lo impide el humo de la cocina que sale á
+borbotones por el balconcillo, conductor único que para él hay en la
+casa.
+
+La mujer del tío Bolina está clavando unas _rabas_ de pulpo en la pared
+de su balcón, para que se oreen. Su nuera aparece en el suyo, más
+desaliñada que nunca, con la cara roja como un pimiento seco y con la
+crin suelta, en medio de una espesísima nube de humo, ¡aparición
+verdaderamente infernal!; saca medio cuerpo fuera de la balaustrada, y
+con voz ronca y destemplada, grita, mirando al piso segundo:
+
+--¡Tía!...
+
+Debo advertir que este es el tratamiento que se da, entre la gente del
+pueblo de este país, por los yernos y nueras, á las suegras.
+
+La vieja del segundo piso, sin dejar de clavar las rabas, al conocer la
+voz de su nuera, contesta de muy mala gana:
+
+--¿Qué se te pudre?
+
+--¿Tiene un grano de sal pa freir unas _bogas_?
+
+--No tengo sal.
+
+--Salú es lo que no había de tener usté--refunfuña la mujer del Tuerto.
+
+--Vergüenza es lo que á tí te falta--gruñe, al oirlo, la vieja.--Y
+sábete que tengo sal, pero que no te la quiero dar.
+
+--Ya me lo figuro, porque siempre fué usté lo mismo.
+
+--Por eso te he quitao el hambre más de cuatro veces, ¡ingratona,
+desalmada!
+
+--Lo que usté me está quitando todos los días es el crédito,
+¡chismosona, mas que chismosa!; y si no fuera por dar al diablo que
+reir, ya la había arrastrao por las escaleras abajo.
+
+--Capaz serás de hacerlo, ¡bribonaza!; que la que no quiere á sus
+hijos, mal puede respetar las canas de los viejos.
+
+--¿Que no quiero yo á mis hijos!...; ¿que no los quiero!--ruge la de la
+buhardilla, puesta en jarras y echando llamas por los ojos.--¿Quién será
+capaz de hacerlo bueno?
+
+--Yo--replica con mucha calma la vieja;--yo que los he recogido muchas
+veces en mi casa, porque tú los dejas desnudos y abandonaos en la calle
+cuando te vas á hacer de las tuyas de taberna en taberna ...
+¡borrachona!
+
+--¡Impostora..., bruja!--grita al oir estas palabras, descompuesta y
+febril, la mujer del Tuerto.--¿Yo borracha! ¿Cuántas veces me ha
+levantado usté del suelo, desolladura? Y aunque fuera verdá, á mi costa
+lo sería: á denguno le importa lo que yo hago en mi casa.
+
+--Me importa á mí, que veo lo que suda el mi hijo pa ganar un peazo de
+pan que tú vendes por una botella de aguardiente, en lugar de partirle
+con tus hijos. Por eso los probes angelucos no tienen cama en que
+dormir, ni lumbre con que calentarse, ni camisa que poner; por eso no
+tienes tú un grano de sal y me la vienes á pedir á mí.... Cómpralo,
+¡viciosona!... Pero vienes tú de mala casta para que seas buena.
+
+--Mi casta es mejor que la de usté, por todos cuatro costaos. Y yo en
+mi casa me estaba. Él fué á buscarme.
+
+--Nunca él hubiera ido...; bien se lo dije yo:--«¡Mira que esa es
+_callealtera_ y no puede ser buena!»
+
+--Los de la calle Alta tienen la cara muy limpia y se la pueden enseñar
+á todo el mundo ... algo mejor que los de acá abajo...; ¡flojones, más
+que flojones!, que se han dejao ganar tres regatas de seguido por los
+callealteros.... Esa es la rescoldera que á usté le pica; pero por más
+pedriques que echen en Miranda y más velas que pongan á los _Mártiles_,
+San Pedruco el nuestro los ha de echar á pique.
+
+--San Pedro no puede amparar nunca á gente tan desalmada como tú, y si
+se perdieron las regatas, Dios sabe por qué fué.
+
+--Por falta de puños, pa que usté lo sepa.
+
+--Grita, grita más alto; que te lo oiga el tu marido que por allá abajo
+asoma, y mira después ónde te metes.
+
+--Yo digo la verdá aunque sea delante del mi marido--replica la de la
+buhardilla, mirando de reojo á una esquina de la calle y bajando la voz
+así que ve al Tuerto.
+
+La vieja del segundo clava la última raba, y sin mirar hacia su nuera,
+vase retirando del balcón, dejando fuera estas palabras:
+
+--Anda, anda á prepararle la comida, ¡borrachona!
+
+La aludida en ellas desaparece también, metiéndose furibunda por lo más
+espeso de la columna de humo que sigue saliendo de la cocina después de
+haber despedido á su suegra con estos piropos:
+
+--¡Bruja, brujona!...; vaya á discurrir los cuentos que le ha de decir
+al mi marido...; ¡chismosa, infamadora!
+
+Antes de pasar más adelante, debe saber el lector que desde tiempo
+inmemorial, existe entre los mareantes de la calle Alta y los de la del
+Mar, barrios diametralmente opuestos de Santander, una antipatía
+inextinguible.
+
+Cada barrio forma cabildo aparte, y no han querido para los dos un mismo
+patrono. San Pedro lo es de la calle Alta, ó _Cabildo de Arriba_, y la
+calle del Mar, ó _Cabildo de Abajo_, está encomendado al amparo de los
+santos mártires Emeterio y Celedonio, á cuyas gloriosas cabezas, de las
+que se cuenta que llegaron milagrosamente á este puerto en un barco de
+piedra ha dedicado, construyéndola á sus expensas, una bonita capilla en
+el barrio de Miranda, dominando una gran extensión de mar.
+
+Con estos datos no se extrañará ya que mis dos vecinas, después de
+apostrofarse recíprocamente, como lo hacen en la primera parte del
+diálogo transcrito, puedan hallar ofensivo á su dignidad el ser
+callealteras ó el dejar de serlo.
+
+Y prosigamos.
+
+Llega á su casa el Tuerto. (Y adviértase que el humo se va disipando, y
+no impide ya que yo vea la escena, con todos sus pormenores.) Quítase el
+_sueste_, ó sombrero embreado, de la cabeza; coloca sobre un arcón viejo
+el impermeable de lona que llevaba al hombro, y cuelga de un clavo un
+cesto cubierto con hule y lleno de aparejos de pescar. Su mujer desocupa
+en una tartera desportillada un potaje de berzas y alubias, mal cocido y
+peor sazonado; pónelo sobre el arcón, y junto á él un gran pedazo de pan
+de munición. El Tuerto, sin decir una sola palabra, después que sus
+hijos han rodeado la tartera, empieza á comer el potaje con una cuchara
+de estaño. Su mujer y los chicuelos le acompañan, por turno, con otra de
+palo. Conclúyese el potaje. El Tuerto espera algo que no acaba de
+llegar; mira á la tartera, después al fondo de la olla vacía, y, por
+último, á su mujer. Ésta palidece.
+
+--¿Ónde está la carne?--pregunta al cabo, con voz ronca, el pescador.
+
+--La carne ...--tartamudea su mujer,--como ya estaba cerrada la tabla
+cuando fuí á buscarla, no la traje.
+
+--¡Mentira!... Yo te di ayer al mediodía dos reales y medio para
+comprarla, y la tabla no se cierra hasta las cuatro. ¿Ónde tienes el
+dinero?...
+
+--¿El dinero?...; el dinero ... en la faltriquera.
+
+--¡Bribona, tú la has hecho hoy ... y yo te voy á abrir en canal!--grita
+exasperado el Tuerto al notar la turbación, cada vez más visible, de su
+mujer.--Á ver el dinero, digo, ¡pronto!
+
+La interpelada saca, temblando, unos cuartos de su faltriquera, y sin
+abrir toda la mano, se los enseña á su marido.
+
+--¡Esos no son más que ocho cuartos ... y yo te dejé veintiuno!... ¿Ónde
+están los otros?...
+
+--Se me habrán perdido...; que yo tenía los veintiuno esta mañana....
+
+--No puede ser: yo te di dos reales en plata.
+
+--Es que ... los cambié en la plaza....
+
+--¿Qué ha hecho tu madre esta mañana?--pregunta rápido el Tuerto al
+mayor de sus hijos, cogiéndole por un brazo.
+
+El chiquitín tiembla de miedo, mira alternativamente á su padre y á su
+madre, y calla.
+
+--¡Habla pronto!--dice el primero.
+
+--Es que me va á pegar madre si lo digo--contesta, haciendo pucheros, el
+pobre chico.
+
+--¡Es que si callas te voy á deshacer yo la cara de una guantá!
+
+Y el muchacho, que sabe por experiencia que su padre no amenaza en vano,
+á pesar de las señas que le hace su madre para que calle, cierra los
+ojos y dice rápidamente, como si le quemaran la boca las palabras:
+
+--Mi madre trejo esta mañana un cuartillo de aguardiente, y tiene la
+botella escondía en el jergón de la cama.
+
+El Tuerto, oída esta última palabra, tumba de un sopapo á sus pies á la
+delincuente, corre á la cama, revuelve las hojas de su jergón, saca de
+entre ellas una botellita blanca que contiene un pequeño resto del
+delatado contrabando, vuelve con ella hacia su mujer, y arrojándosela á
+la cabeza en el momento en que se incorporaba, la derriba de nuevo y
+salpica á los chiquillos con el líquido pecaminoso. Gime, herida, la
+infeliz; lloran asustados los granujas, y el iracundo marinero sale al
+balconcillo renegando de su estrella y maldiciendo á su mujer.
+
+Tío Tremontorio, que vino de la mar con Bolina y el Tuerto, se halla en
+su balcón tejiendo red (su ocupación preferida cuando está en casa)
+desde el principio de la reyerta de sus vecinos, y tirando de vez en
+cuando un mordisco á un pedazo de pan y á otro de bacalao crudo,
+manjares que constituyen su comida ordinariamente. No se da con el
+Tuerto por advertido del suceso que acaba de ocurrir y del que se ha
+enterado perfectísimamente, pues no le gusta meterse en lo que no le
+importa; pero el irascible marido, que necesita dar salida al veneno que
+aún le queda en el cuerpo, llama á su vecino, y de balcón á balcón
+entablan este diálogo á grandes voces:
+
+--Tío Tremontorio, yo no puedo con esta bribona, y voy á hacer un día
+una barbaridá.
+
+--Ya te he dicho que tienes tú la culpa desde un principio; en cuanto la
+veías ceñir un poco, arriabas en banda....
+
+--¿Y qué había de hacer yo si me paecía una santa de Dios?
+
+--¿Qué habías de hacer? ¡Tiña!; lo que yo te decía siempre:--«Caza firme
+y trinca bien; viento duro por la popa, y hala por avante.»
+
+--¡Pero si no tiene ya un hueso en el cuerpo que no le haiga yo carenao
+á golpes!
+
+--¡Después que se le había podrió la maera, tiña!
+
+--¡Me valga Dios, qué pícara!... ¿Qué va á ser de estas criaturas el día
+que la suerte me saque de casa!...; porque el demonio no tiene por ónde
+desechar á esta mujer. La semana pasá la entregué veinticuatro riales pa
+que vistiera á los hijos...; ¿usté los ha visto?: pos tampoco yo. La
+borrachona los consumió en aguardiente. Peguéla una trisca que la dejé
+por muerta, y á los tres días me vende una sábana por media azumbre de
+caña; dóila ayer veintiún cuartos pa carne, y bébelos tamién.... Y á too
+esto, las criaturas esnudas, yo sin camisa, y sin atreverme, si á mano
+viene, á echar un vaso de vino un día de fiesta.
+
+--¿Por qué no la conjuras, tiña? Pué que sea _mal-dao_.
+
+--¡Si llevo gastao, tío Tremontorio, un costao en esos amenículos!
+Llevéla á má é tres leguas de aquí, á que un señor cura, que icen que
+tiene ese previlegio, la echara los Avangelios; leyóselos, dióme una
+cartilla bendecía y un poco de ruda, cosílo too en una bolsa, colguésela
+al pescuezo, costóme la cirimonia al pie de un napolión..., y ná: al día
+siguiente cogió una cafetera que no se podía lamber. Yo la he dao
+aguardiente cocío con pólvora, que icen que es bueno pa tomar ripunancia
+á la bebida, y á esta condená paece que le gusta más desde entonces. He
+gastao en velas pa los Santos Mártiles, á ver si la quitan el vicio, un
+sentío..., y como si callara.... Ya no sé qué hacer, tío Tremontorio, si
+no es matarla, porque es mucho el vicio que tiene. Fegúrese usté que
+dempués que la di el aguardiente con pólvora, la entró un cólico que
+creí que reventaba. Como yo había oído que el aguardiente es bueno pa
+quitar el dolor de barriga, poniendo por fuera unos paños bien empapaos
+en ello, calenté en una sartén como medio cuartillo; y cuando estaba
+casi hirviendo, llevélo así á la cama onde se estaba revolcando la muy
+bribona. Mándola que tenga un poco la sartén mientras yo iba al arcón á
+buscar unos trapos, vuelvo con ellos...: ¿creerá usté, puño, que ya se
+había trincao el aguardiente de la sartén, abrasando como estaba?
+¡Hombre, si esto es más que maldición de Dios!
+
+--Pues, amigo..., tocante á eso..., ¿qué te diré yo? Cuando la mujer da
+en torcerse, como la tuya, mucho palo; si con él no sale á flote, ó
+échala á pique de una vez, ó cuélgate de una gabia.
+
+--¡Si le digo á usté, hombre de Dios, que la he solfeao too el cuerpo á
+leña; que le he puesto la cara á _morrás_ más negra que la tinta de un
+magano!...
+
+--Pues ahórcate entonces, y déjame en paz y en gracia de Dios tejer
+estas mallas, que por no perder la paciencia no me he querido casar yo,
+¡tiña, retiña!
+
+--¡Mal rayo me parta treinta veces y media, y permita Dios que al primer
+noroeste que me coja en la mar me coman las merluzas!... ¡Si pa esto
+nace uno, valiérame más no haber nacío!... ¡Perro de mí, que no la hice
+macizo antes de llegar á perder la pacencia y la salú por la grandísima
+bribona!...
+
+Y comiéndose los labios de coraje, métese el Tuerto en su buhardilla y
+cierra la puerta del balcón.
+
+El tío Tremontorio, sin levantar los ojos de su labor, le despide
+canturriando con su áspera voz esta copleja:
+
+ «Por goloso y atrevido
+ muere el pez en el anzuelo;
+ porque yo no soy goloso
+ en paz y libre navego.»
+
+Suponte ahora, lector, que estamos en un día de fiesta.
+
+--¡Bolina!... ¡Bolina!--grita la voz de Tremontorio.
+
+--¿Qué hay?--responde Bolina saliendo al balcón.
+
+--Que no paso por esta cuenta; que á mí me falta dinero ... y que me
+falta, ¡ea!
+
+--¡Malos tiburones te coman! Yo no sé de qué te ha servío tanto como has
+rodao por el mundo, que toavía no sabes contar los deos de la mano. ¿Qué
+es lo que te falta ahora?
+
+--Me falta, me falta ... yo no sé cuánto, pero me falta dinero.
+
+--Si no dices más que eso.... ¿No ajustemos endenantes la cuenta más de
+treinta veces? ¿No viste que no te faltaba ná?...
+
+--Sí; pero en casa lo he pensao mejor, y no hay quien me saque de que
+aquellos treinta riales....
+
+--¡Dale con los treinta riales! ¿No te correspondían á ti diez duros por
+la costera de la semana?
+
+--Sí.
+
+--¿No nos habían emprestao á ti, al mi hijo y á mí, un barril de
+parrocha en la taberna del _Estrobo_?
+
+--Sí.
+
+--¿No costaba el barril setenta y dos riales?
+
+--Sí.
+
+--¿No te corresponden á ti veinticuatro?
+
+--Sí.
+
+--¿No debías además en la taberna, primeramente treinta cuartos de café
+y copas, y luego dos riales y medio emprestaos?
+
+--Sí.
+
+--Pus veinticuatro y seis, treinta. ¿Cuánto tienes tú?
+
+--Tengo, tengo ... dos y dos son cuatro..., cuatro ... cuatro de á
+decinueve, primeramente.
+
+--Bueno: pon una peseta con ellos.
+
+--Ya está.
+
+--Pus tendrás ahora cuatro duros.
+
+--Cabales.... Ahora hay, por otro lao, dos pesetas en cuartos y dos
+tarines.
+
+--Que son diez riales; y ochenta que tenías antes, noventa.
+
+--Noventa. Ahora me quedan cuatro peseta de á cinco, y ... uno, dos,
+tres ... y dos, cinco ... y uno, seis...; seis medios duros, que son....
+
+--Que son, que son...; teníamos antes noventa riales, que con las cuatro
+pesetas de á cinco hacen, hacen ... noventa, y luego veinte.... Si
+fueran diez serían ciento; ciento, y diez ... ciento diez.... Luego,
+seis medios duros, que son tres.
+
+--Y ciento diez, ciento y trece justos ... hasta doscientos que debían
+de ser, ¡tiña!, mira si me falta dinero.... Y no te canses, Bolina, que
+cuando yo digo una cosa, ¡tiña!...
+
+--Pero, peazo de animal, déjame acabar.... Si too lo embrollas. ¿Quién
+te ha dicho á ti que ciento diez riales y tres duros son ciento y trece
+riales?
+
+--Aquí y en Francia han sío siempre ciento diez y tres, ciento trece,
+¡retiña!
+
+--Sí; pero como esos tres son duros, y tres duros son sesenta riales,
+será la cuenta ciento diez, y sesenta, ciento setenta.
+
+--¿Y cuántos duros hacen?
+
+--Media onza es lo mesmo que ciento sesenta riales, y éstos son ciento
+setenta; conque son, media onza y medio duro ... ocho duros y medio.
+
+--Lo mesmo que endenantes, ¿lo ves?...; hasta diez que han de ser ...
+¡si cuando yo digo una cosa!
+
+--¡Mal rayo te parta! ¿Pues no te he dicho que había que desquitar
+treinta riales que debías en la taberna?
+
+--Sí.
+
+--Pus esos treinta que te faltan hasta los doscientos, son los que te
+dieron de menos.
+
+--Conque es decir que por un lao se me dan treinta riales de menos, y
+por otro me rebajas tú en la cuenta otros tantos.... ¡Tina!, pues ahora
+salgo peor; treinta de acá ... y treinta de allá.... Esto no lo dejo yo
+así, y ahora mesmo voy al Muelle, ¡retiña!
+
+--¡Anda, burro, más que burro!... ¡Este hombre no tiene timón en la
+cabeza! ¡Mal vendaval te sople, animal!...
+
+Imaginémonos ahora que está lloviendo, desde hace ocho días, pero del
+Noroeste, con temporal recio _afuera_.
+
+--Tío Tremontorio, ¿ha visto por la banda del Norte cómo se va poniendo?
+
+--Hay tremolina armá pa unos días.... Esta madrugá abrió un poco el ojo
+el Nordeste y pensé que íbamos á salir mañana á la mar; pero se ha
+corrío otra vez al vendaval y con un carís peor que el tuyo.
+
+--¡Y qué lástima de costera, hombre!... ¡Si había besugo pa
+aborrecelo!... Le digo á usté que esta inverná nos va á costar muy cara.
+
+--Por mor de eso, y pa ayuda de males, nos pegaron aquella _troncá_ esta
+mañana en el Cabildo.... ¡Y pa eso le citan á uno y le sacan de casa!...
+¡Tiña, si me hubiera dejao llevar de mi genio!... Decir á Dios que con
+el platal que ha entrao en fondo en too lo que va de año no ha de haber
+quedao pa hacer un reparto, por ver de pasar un par de días, pinto el
+caso, en que no se pué salir á la mar, ni se gana pa un amoderao[5]
+siquiera.... ¡Tiña, y que entoavía le han de pedir á uno el real que
+necesita pa no morirse de hambre!
+
+--Duro es, tío Tremontorio; pero ello, pongámonos en lo justo. Ha dao la
+casualidá de que paece que se ha avisao media calle pa ponerse enfermo
+too el mundo. Tolete, con viruelas; tío Mocejón, con el muermo que le
+ajoga; Viruta, con una pata desbaratá; el Mordaguero, baldao de
+estribor...; y dispués, yo no sé cuántos más á pique de irse á fondo....
+Por otro lao, el médico no quería asistir al Cabildo si no le aumentaban
+dos mil riales de sueldo, y ha habido que dárselos; la lancha del
+Puntal nos ha empeñao en un pico mu gordo este año, una bandera nueva pa
+la capilla..., y el diablo que paece que se ha desatao contra
+nusotros.... Dé usté á los enfermos el porqué que les corresponde cada
+día, pague usté al médico lo que pidió de más, pague usté la bandera,
+pierda usté lo que se ha perdió en el pasaje, y....
+
+--¡Tiña, á mí cuéntame tú del otro mundo, que de éste no tengo ya ná que
+aprender...; y si Patuca sabe mucho, yo sé más que él. Yo lo que veo es
+que con un papeluco emborronao nos quiso tapar la boca. Miá tú cómo no
+estipuló el tanto más cuanto de la cosa, mano á mano como se debía. Pero
+como entiende de pluma, con decir «aquí está apuntao...»; y á mí no me
+la cuela él, que no me mamo el deo, aunque no conozco la O, tiña!
+
+--Pero las cuentas ya se desaminaron bien allí, y por gente que lo
+entiende.
+
+--Comosulas nos atrapan, ¡tiña!, no te canses.... Y digo que aquí
+engorda anguno con lo que tú y yo sudamos, y si no, vamos á ver. Patuca
+Malaspenas va á la mar; anda vestío y portao como un señor; en su casa
+se come carne un día sí y otro no, y nunca falta el cuartillo de rioja,
+tiene un quiñón en la pinaza del Castrejo y está gordo que revienta. El
+diablo me lleve si no era tan pobre como yo hace poco tiempo. ¿De ónde
+ha salío tanto lastre? ¡Tiña! ... no quiero hablar; pero si no corriera
+él con los agorros del Cabildo, como corre hace dos años, no había de
+tener el pellejo tan reluciente.
+
+--Esos son malos quereres, tío Tremontorio.
+
+--¡Tiña, que yo me entiendo! ¿Por qué no quiso él que se entregara el
+dinero á un comerciante del Muelle cuando en el otro Cabildo se lo
+dijieron?
+
+--Porque nos bastamos nusotros pa correr con ello sin ayuda de naide.
+
+--Por lo que se pega, borrico.
+
+--Que son malos quereres, tío Tremontorio.
+
+--Que vos engañan, como bonitos, con cuatro papeles arrugaos, vamos....
+Y si quieres irle con el cuento, ya que tanto le defiendes, maldito lo
+que se me importa.
+
+--Yo no soy cuentero ni vivo de eso; pero cuando se dice mal de un
+hombre de bien..., vamos, tío Tremontorio, que no me gusta. Usté ha
+visto mucho mundo, pero á veces quiere saber más de lo regular.
+
+--Y ya que tanto hablas, ¡tiña!, ¿es justo, que tú, cargao de hijos, con
+una mujer como la que tienes, que te consume hasta la sangre, no recibas
+uno ó dos ó medio en estos días de temporal? ¿No eres tú tan necesitao
+como el que más?
+
+--Yo estoy bueno y puedo trabajar....
+
+--¿Á qué? ¿Has de ir á jalar de las pipas del Muelle? Pa eso hay otros
+primero que tú, que tienes que atender al aparejo y á la lancha y á tu
+obligación.
+
+--No diré que no me viniera bien uno ó dos ó medio; pero si no me le
+dan, ¿por qué le he de echar la culpa á quien no la tiene?
+
+--¿Y por qué en lugar de dar nos piden?
+
+--Ese es otro cuento.... Y al último, al que no tiene el rey le hace
+libre.
+
+--Ya te lo dirán de misas.
+
+--De toos modos, tío Tremontorio, las cuentas se han presentao y se han
+dao por buenas; y por más que usté y yo nos cansemos....
+
+--Pues veremos lo que comes dentro de un par de días, si el tiempo no se
+echa á la tierra.
+
+--Salú nos dé Dios, y ya lo veremos.
+
+--¡Amén!... (¡Tina!...; ¡qué hombres hay en el mundo! Too lo encuentran
+güeno. ¡Así tienen ellos los calzones!)
+
+Si mientras el Tuerto estaba á la mar, alguno de sus hijos rompía la
+olla, ó se comía el pan que estaba en el arcón, ó hacía cualquier
+diablura propia de su edad, en el balcón le sacudía el polvo su madre,
+en el balcón le estiraba las orejas y en el balcón le bañaba en sangre
+la cara.
+
+Si de vuelta de correr la sardina salía alcanzada la mujer del Tuerto en
+la cuenta que éste le tomaba rigorosamente, en el balcón se oía la
+primera guantada de las que administraba el desdichado marido á su
+costilla; desde el balcón llamaba á su padre, á su madre y á
+Tremontorio; desde el balcón les contaba lo sucedido, y renegaba
+furibundo de su mujer; desde el balcón imploraba el auxilio de Dios...,
+y de balcón á balcón se enredaba un diálogo animadísimo que entretenía,
+por espacio de media hora, á las gentes de la calle.
+
+Si el patrón de la lancha de que son socios mis vecinos, les debe algo,
+desde sus balcones lo dicen, y en los mismos discuten el medio de
+cobrarlo.
+
+Por el balcón recibe Tremontorio las consultas que se le hacen sobre el
+tiempo; por el balcón las contesta, y el balcón es su observatorio.
+
+En una palabra: mis vecinos tienen el balcón por casa, excepto para
+dormir y vestirse; y ni aun en estas dos ocasiones quieren prescindir
+totalmente de la publicidad. Tremontorio y Bolina, especialmente, se
+mudan la camisa y los pantalones en medio de la sala ... con todas las
+puertas abiertas; pero donde se echan los botones y se amarran la
+cintura con la indispensable correa, es en el balcón. Y esto en
+invierno; que en verano, ó cierro la puerta de mi antepecho, ó he de
+contemplarlos hasta en la menor particularidad de su vida íntima, tanto
+de día como de noche.... Por hacerme partícipe de sus costumbres estas
+pobres gentes, hasta me despierta á mí al mismo tiempo que á ellas el
+penetrante é intraducible grito de _¡apuyááá!_ con que les llama, á las
+tres de la mañana en verano y á las cinco en invierno, para ir á la mar,
+otro marinero que tiene por esta obligación algunos gajes.
+
+De todo lo cual resulta, lector, aun sin mi decidida afición á reparar
+en achaques de costumbres, más de lo suficiente para que comprendas
+cómo, sin poner trabajo alguno de mi parte, y sin que en mi obsequio se
+le tomara nadie, pude adquirir los datos que apunté en las primeras
+páginas de este bosquejo.
+
+Ahora, pues, previa tu indulgencia por estas digresiones, y suponiéndote
+orientado en el terreno de nuestros personajes, voy á tratar del
+verdadero asunto de mi cuadro.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 5: Arenque.]
+
+
+
+
+II
+
+
+Hace pocos días empezó á llamarme la atención el aspecto que presentaba
+la casuca de enfrente. La buhardilla del Tuerto apenas se abría, ni en
+ella se escuchaban las risas, los lloros y los golpes de costumbre.
+
+El tío Tremontorio trabajaba en sus redes al balcón algunas veces, pero
+siempre mudo y silencioso, cual era su carácter cuando sus convecinos le
+dejaban en paz y entregado á sus naturales condiciones.
+
+Los dos viejos del segundo piso se daban muy pocas veces á luz, y en
+algunas de ellas vi enrojecidos los arrugados y enjutos párpados de la
+mujer de Bolina. Indudablemente pasaba algo grave en aquella vecindad.
+
+Un tanto preocupado con esta idea, puse toda mi atención en la casuca
+con el objeto de adquirir la verdad.
+
+Las ahumadas puertas del balcón de la buhardilla se abrieron al cabo,
+después del mediodía, y lo primero que en el interior descubrieron mis
+ojos, fué un hombre vuelto de espaldas hacia mí, con camiseta blanca de
+ancho cuello azul tendido sobre los hombros, y gorra de lana, también
+azul, ocupado en colocar en un gran pañuelo de percal, desplegado sobre
+el arcón que conocemos, algunas piezas de ropa. Después que hubo anudado
+las cuatro puntas del pañuelo que contenía el equipaje, se incorporó el
+hombre, volvió la cara..., y conocí en ella á la del Tuerto: pero más
+obscura, más triste, más ceñuda que nunca. El pintoresco traje del pobre
+pescador me explicó en un instante la causa del cambio operado en
+aquella vecindad.
+
+Hecho el lío de ropa, pasó el Tuerto su brazo izquierdo por debajo de
+los nudos, metió dentro de la gorra algunos mechones de pelo que le
+caían sobre los ojos, tiró de una bolsa de piel mugrienta que guardaba
+en un bolsillo de sus pantalones, sacó de ella tabaco picado, hizo un
+cigarro, encendióle en un tizón que le trajo su mujer, que lloraba,
+aunque en silencio, fijóse en los chicuelos que también lo rodeaban, y,
+haciendo un gran esfuerzo, dijo con voz insegura:
+
+--¡Ea!, sobre que ha de ser, cuanto más pronto.
+
+La sardinera, al oir á su marido, rompió á llorar á todo trapo; sus
+hijos la siguieron en el mismo tono.
+
+--¡Á ver si vos calláis con mil demonios!--exclamó el pescador con
+visible emoción.--Y tú--añadió dirigiéndose á su mujer,--ya sabes lo que
+se va á hacer. Estas criaturas se vienen ahora mesmo conmigo, y se las
+dejo á mi madre al tiempo de bajar. Allí se estarán con ella hasta que
+yo güelva.
+
+--¡No, por todos los santos del cielo!--gritó la mujer, que al fin era
+madre.--Yo soy muy capaz de cuidarlas, y no quiero que naide más que yo
+dé de comer á mis hijos.
+
+--Lo que eres tú me lo sé yo muy bien; y no me acomoda que el mejor día
+amanezcan los ángeles de Dios aterecíos á la puerta de la calle. Y
+sobre too, no te los tiro á la mar: bien acerca te quedan: too el día te
+puedes estar abajo con ellos.... Pero ya se lo he dicho á mi madre:
+«antes que dejarlos subir aquí, rómpales una pata».... Y esto sacabó.
+Vámonos pa bajo.... Y cuidao con que te vengas al Muelle detrás de mí,
+que no tengo ganas de perendengues; y cuanto más solo esté uno,
+mejor.... Así como así, estoy yo tan sastifecho, que si me descuido con
+la escotilla se me va el alma de la bodega, ¡puño!... Andando, hijos
+míos....
+
+Y el desventurado Tuerto se bajó para coger al menor de los
+muchachuelos, que le miraban llorando. Entonces su mujer, cediendo á un
+irresistible impulso de su corazón, echó los brazos al cuello de su
+marido, y con el torrente de sus lágrimas arrancó al fin ¡las primeras,
+tal vez! de los torvos ojos de aquel rudo marinero.
+
+Pero éste no era hombre que se entregaba rendido á semejantes
+debilidades; así es que, desprendiéndose de los brazos de su costilla,
+cogió entre los suyos al menor de sus hijos, mandó á los otros que le
+siguieran, obligó á su mujer á quedarse en casa, y salió de ella
+precipitadamente, cerrando detrás de sí la puerta de la escalera.
+
+Pocos minutos después estaba en la calle, con su lío al brazo, en
+compañía de Bolina y Tremontorio. Los tres iban cabizbajos, taciturnos y
+caminando con repugnancia. Casi al mismo tiempo que ellos en la calle,
+aparecieron en sus respectivos balcones la mujer de Bolina, rodeada de
+sus nietos, y la del pobre Tuerto, sola, desgreñada y dando alaridos de
+desconsuelo. Sus hijos y su suegra, aunque sin gritar tanto como ella,
+vertían también abundantes lágrimas.
+
+Al oir este coro desgarrador, los tres marineros apretaron el paso, los
+vecinos de la calle salieron á sus balcones, y yo me decidí á seguir á
+mis conocidos hasta el desenlace de la escena, cuyo principio había
+presenciado. El dolor tiene su fascinación como el placer, y las
+lágrimas seducen lo mismo que las sonrisas.
+
+Tomé, pues, el sombrero y me largué al Muelle.
+
+Una apiñada multitud de gente de pueblo se revolvía, gritaba, lloraba é
+invadía la última rampa, á cuyo extremo estaba atracada una lancha. En
+esta lancha había hasta una docena de hombres vestidos de igual manera
+que el Tuerto; y también como él llevaba cada cual un pequeño lío de
+ropa al brazo. De estos hombres, algunos lloraban sentados; otros
+permanecían de pie, pálidos; inmóviles, con el sello terrible que deja
+un dolor profundo sobre un organismo fuerte y varonil; otros, fingiendo
+tranquilidad, trataban de ocultar con una sonrisa violenta al llanto que
+asomaba á sus ojos. Todos ellos se habían despedido ya de sus padres, de
+sus mujeres, de sus hijos, que desde tierra les dirigían, entre
+lágrimas, palabras de cariño y desesperanza. Entretanto, algunos otros,
+tan desdichados como ellos, se deshacían á duras penas de los lazos con
+que el parentesco y la amistad querían conservarlos algunos momentos más
+en tierra. Por eso las palabras «padre», «madre», «hijo», «amigo», eran
+las únicas que dominaban aquella triste armonía de suspiros y sollozos.
+¡Terrible debía ser la pena que hacía humedecerse aquellos ojos
+acostumbrados á contemplar serenos la muerte todos los días entre los
+abismos del enfurecido mar!
+
+Sin calmarse un momento la agitación de la gente de tierra, los
+marineros que aún quedaban en ella fueron poco á poco pasando á la
+lancha: el último entró el Tuerto, después de haber dado un estrecho
+abrazo á su padre y á su vecino, que le acompañaron hasta la orilla.
+Nada quedaba de común, sino el corazón, entre los embarcados y la gente
+de tierra. El servicio de la patria era el arbitro de la vida y de la
+libertad de los primeros, durante cuatro años, á contar desde aquel
+momento; y ante deber tan alto, tenían que romperse los lazos de la
+familia y los de la amistad.
+
+Los remos habían tocado ya el agua, y aún permanecía la lancha atracada
+á la rampa, y sujeta á ella por un cabo que tenía entre sus manos, por
+el extremo de tierra, un viejo patrón que contemplaba atónito la escena.
+
+--¡Suelte!--le dijeron desde la lancha más de una vez, con débil voz.
+
+Pero el viejo patrón, ó no oyó las advertencias, ó se hizo sordo á
+ellas, que es lo más probable, por disfrutar algunos instantes más de la
+presencia de sus compañeros.
+
+--¡Que suelte!--le volvieron á repetir más alto.
+
+Y nada: el viejo, clavado como una estatua á la orilla del mar, no soltó
+el cabo.
+
+Pero el Tuerto, á quien el llanto de su padre y el recuerdo de sus hijos
+estaban martirizándole el alma, temiendo ceder al cabo al peso de la
+aflicción que ya enturbiaba sus ojos, al ver el poco efecto que en el
+patrón habían hecho las órdenes anteriores,
+
+--¡Larga!--gritó con ruda y tremenda voz, dominando con ella los
+alaridos de tierra, y fijando su torva mirada en el viejo marino.
+
+Éste obedeció instantáneamente; el cabo cayó al agua, crujieron los
+remos, oyóse un «¡adiós!» infinito, indescriptible; y la lancha se
+deslizó hacia San Martín, en cuyas aguas esperaba, humeando, un vapor
+que había de recoger á los pasajeros de ella.
+
+En instante tan supremo, las mujeres que quedaban á la orilla redoblaron
+sus lamentos, abrazaron á sus hijos, á sus padres, á sus hermanos, á sus
+amigos, y se confundieron todos en un solo torrente de lágrimas.
+
+Hay situaciones, lector amigo, que no á todos es dado describir, y ésta
+es una de ellas. Para sentirla, basta un buen corazón como el tuyo y el
+mío; para pintarla con su verdadero colorido, se necesita la fresca
+imaginación de un poeta y yo no la tengo.
+
+Recuerdo que, dos años ha, mi amigo Eduardo Bustillo, el inspirado
+cantor de nuestras glorias nacionales, delante de una escena idéntica á
+la que voy describiendo, desde el mismo sitio, acaso sobre la misma
+piedra que yo, lloró con su alma las penas de las pobres familias á
+quienes una leva sumía en el abismo de todos los dolores, y puso en
+labios de una esposa desvalida estas palabras sencillas, pero tiernas y
+elocuentes:
+
+ --«Mi pobre niña inocente
+ el amor perdido siente.
+ Mas ya, ¿quién pondrá en mis manos
+ su pan y el de sus hermanos?
+
+ ¡Ay, Señor!,
+ que en mi profundo dolor
+ presiento males prolijos;
+ que en este afán angustioso,
+ _lloro, más que por mi esposo,
+ por el padre de mis hijos_.»
+
+Supla esta bella estrofa las frases que yo no encuentro para pintar la
+desolación de aquella escena. Se lloraba al padre, al esposo, al hijo,
+que se iban, quizá para siempre; pero que, al irse, se llevaban el pan
+de los que se quedaban....
+
+
+
+
+III
+
+
+Cuando la lancha llegó al costado del vapor, la multitud que se había
+quedado en la rampa del Muelle, no distinguiendo más que un pequeño
+bulto negro en la superficie del agua, se fué retirando poco á poco y
+reduciendo á un solo grupo, formado por las familias de los marineros
+ausentes. Este grupo unido, compacto, como si en semejante cohesión
+hallase cada uno más pequeña su desgracia, comenzó á andar tristemente,
+consolando los hombres á las mujeres y éstas á los niños.
+
+Sobre las figuras de aquel triste cuadro se destacaban los hombros y la
+cabeza de Tremontorio, que, como no tenía familia propia, adoptaba por
+suyas á todas las demás. Hombre corrido por los mares y desgraciado en
+levas, pues le habían cogido dos, como dije al principio, era el refugio
+á que acudían aquellas pobres gentes para saber algo de la suerte que
+esperaba á los objetos de su cariño.
+
+--Y diga, tío Tremontorio, ¿es verdá que los castigan mucho, que los
+pegan á bordo?--preguntaba, entre sollozos, una pobre mujer.
+
+--¡Quita d'ay!...; pataratas y na más que pataratas.... ¡Qué los tienen
+de pegar, tiña? ¡Pus no faltaba más! Eso era en un prencipio.... Yo no
+acancé ya el _chicote_; conque feúrate.... Además, el tu marido es
+hombre que sabe cumplir con su obligación, y lo pasará bien.... Lo que
+es á bordo, como no salga _nostramo_[6] con malas entrañas, no hay
+cuidao. Ahora, si es de esos atravesaos que dan al diablo que hacer, y
+le toma á uno sobre ojo, ¡válgame Dios!, lo mejor que se le antoja es
+mandarle á uno á fregar la perilla del mastelero de mesana, ó á tomar un
+riso á la gavia más alta, sin necesidad, en una noche de borrasca....
+Pero, ¡quiá!, ya no se ve de esto.... Ahora da gusto servir en barco de
+rey.
+
+--¿Y aónde los echarán ahora?
+
+--Pues, por de pronto, van al Ferrol. Estarán en el departamento unos
+días; dempués á éste en la freata, al otro en el bergantín, al de más
+allá en el vapor, me los van embarcando á toos poco á poco. Unos se
+quedarán en da que guardacostas por los mares de acá, y se refiere tó
+ello á ná, á barloventear, como quien dice, de este puerto al otro, y á
+correr un chubasco de vez en cuando; pero como nos conocen estas aguas,
+no hay cuidao por ello. Otros irán á la _otra banda_, al apostaero. Allí
+la cosa tiene de too: poco trabajo, buena ginebra, buen tabaco y buen
+café; pero hay que sudar el quilo á cada paso.... Dispués, hoy que _la_
+cólera, mañana que el gómito negro.... ¡Tiña, y qué intención más mala
+tienen estos incomenientes con el probe marinero!... Al que acanzan con
+el bichero, hasta que le matan no le dejan. Si á usté le encajan en
+Manila, hasta el pan se conjura contra uno; el cuerpo no es más que una
+_remanga_ en aquella tierra: lo mismo da llenarle, que no llenarle, que
+hace más agua que un casco viejo; y en cuanto se desembarca, no le queda
+una gota adrento. Un mes en aquellos mares, deja al hombre que no le
+conoce la madre que le parió...; ¡tiña, más amarillo y más relambío se
+pone!... Guerras no hay ahora que le obliguen á uno á soltar un par de
+andanas á cada instante...; y como nusotros, en la _Ferrolana_, vimos
+cuantos mares Dios crió y cuanto mundo se pué ver, ¿á qué ha de ir
+naide ya por onde nosotros fuimos? ¡Tiña, no lo quiera Dios...; que hoy
+se asa usté vivo, mañana se aterece de frío, aquí calenturas, más allá
+sarna...; ¡hombre, qué climen más endino!...; ¡y qué gente, me valga
+Dios!; más colores tiene que una _julia_.--Tocante á las campañas de
+hoy, no hay que tener cuidao.... Conque..., ánimo, ¡tiña!, que de menos
+nos hizo Dios.... Y aquí estoy yo que no me he muerto, y ha hecho la
+suerte conmigo cuanto puede hacer un tiburón detrás de un bote.... Y no
+digo más.
+
+El bueno de Tremontorio siguió largo rato consolando, á su manera, á
+aquellas pobres mujeres, hasta que el grupo, compacto siempre y cada vez
+más numeroso con la turba de chiquillos que se le iban agregando á su
+paso, cambió de rumbo al llegar al Consulado, y se internó en la
+población; y yo, que maquinalmente le había seguido escuchando á
+Tremontorio desde la Punta del Muelle hasta aquel sitio, perdíle en él
+de vista y continué hacia la Ribera, vivamente impresionado con las
+escenas de que había sido testigo aquella tarde.
+
+Cuál sería la base de todas mis meditaciones, se adivina fácilmente; qué
+remedio fué el primero que se me ocurriera para evitar males tan
+considerables como el que deploraba entonces, no debo decirlo aquí por
+dos razones: la primera, porque, en mi buen deseo, puedo equivocarme; y
+la segunda, porque, aunque acierte, no se ha de hacer caso alguno de mi
+teoría en las altas regiones donde se elabora la felicidad de los nietos
+del Cid. Pobre pintor de costumbres, aténgome á mi oficio: copiarlas
+como Dios me da á entender y hasta grabarlas en mi corazón.
+
+Por eso, mientras expongo este bosquejo á la consideración de los
+hombres _que pueden_, dado que se dignasen echar sobre él una mirada,
+puesta mi esperanza en Dios, que es la mayor esperanza de los
+desgraciados, me limito á exclamar, desde el fondo de mi corazón, con mi
+tierno amigo Bustillo:
+
+ «¡Ay, Señor!
+ Pues la ley en su rigor
+ los afectos no concilia,
+ haz que los hombres se hermanen,
+ porque al luchar no profanen
+ el amor de la familia.»
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 6: El contramaestre.]
+
+
+
+
+LA PRIMAVERA
+
+
+ Deja, Fabio, esa lira
+ que tanto te recrea,
+ ó aprende lo que ignoras
+ y canta lo que aprendas.
+ Basta de idilios tiernos,
+ basta de dulces églogas;
+ no más pastores, Fabio;
+ Fabio, no más praderas.
+ Yo quise entre los rústicos
+ paisajes de mi tierra
+ buscar de tus cantares
+ la realidad perfecta;
+ y ¡ay, Fabio!, tú no has visto
+ jamás la primavera.
+ Tú no has pisado el «campo
+ de terciopelo y seda»;
+ ni respiraste el «fresco
+ cefirillo que juega
+ de los sombríos bosques
+ con la enrramada espesa»;
+ ni la cascada viste
+ que «rauda se despeña
+ en el profundo abismo
+ desde la altura inmensa»;
+ ni «matizadas flores»
+ cojiste entre la yerba,
+ ni oístes el «murmullo
+ del que manso la riega,
+ arroyo cristalino
+ do beben las Napeas
+ y encuentran las pastoras
+ cristal que les refleja
+ de sus cabellos de oro
+ las ondulantes hebras»;
+ ni el trino has escuchado
+ de «mil y mil parleras,
+ pintadas avecillas,
+ de las de arpada lengua,
+ entre el follaje verde
+ de misteriosa selva»;
+ ni vistes el cabrito
+ «triscar la mata fresca,
+ trepar de roca en roca
+ la tímida gacela,
+ ni sobre el fácil soto
+ rumiar la mansa oveja»,
+ ni, en fin, esos primores
+ que describir intentas
+ en las limadas coplas
+ que, tierno, canturreas.
+ Tu _campo_ es un tapete,
+ tus _bosques_ son macetas,
+ tus _flores_, inodoras,
+ tus _cefirillos,_ hielan;
+ de trapo son tus _ninfas_,
+ tus _pastores_, horteras,
+ gorriones tus _jilgueros_;
+ y tu _cascada horrenda_,
+ del carcomido techo
+ que á tu numen alberga,
+ por más que la levantes
+ es húmeda gotera.
+
+ Desde la ardiente zona
+ do te arrojó la adversa
+ fortuna cuando viste
+ del sol la luz primera,
+ no abarca una mirada,
+ por alta que se meza
+ en el azul espacio
+ tu miserable celda,
+ las primorosas galas
+ que dió Naturaleza
+ á la, por ti, tan célebre
+ hermosa primavera.
+ Aquí, en estos confines
+ de la gloriosa Iberia;
+ desde el límite vasco
+ á la riscosa Liébana;
+ entre el Escudo gélido
+ y la feraz ribera
+ do rompen del salobre
+ cántabro mar, sin tregua,
+ con hórrido bramido
+ las olas turbulentas,
+ está lo que tú, cándido,
+ adivinar sospechas.
+
+ Deja, Fabio, la corte
+ fascinadora, déjala,
+ y corre presurosa
+ hasta mi noble tierra;
+ y aquí, entre su follaje,
+ junto á su gala espléndida,
+ desde que abril acaba
+ hasta que octubre empieza,
+ verás ... lo que no cabe
+ en pálidas endechas.
+ Mas no de la dulzaina
+ meliflua te proveas,
+ ni de ligeras cintas
+ de coruscante seda,
+ ni de pellico tenue
+ cortado _á la francesa_,
+ ni de leve sandalia
+ y primorosa media,
+ cual van en tus cantares
+ los hijos de las selvas.
+ Antes, Fabio procúrate
+ zapatos de dos suelas,
+ calzón de paño recio,
+ garrote y podadera;
+ que en el _ameno_ prado
+ que la vista recrea,
+ hay charcos escondidos
+ y espinas ... y culebras;
+ y el _cristalino_ arroyo
+ que _manso_ serpentea,
+ es un _regato_, á veces,
+ que no pueden las piernas
+ saltar, sin el auxilio
+ de la tranca pasiega;
+ y en el frondoso bosque
+ hay zarzas y maleza
+ que el paso te interrumpen,
+ y has de cortar, so pena
+ de que en sus garras dejes
+ calzones y pelleja;
+ y, en fin, que el agua moja
+ hasta en la primavera;
+ y como en mayo llueve,
+ y llueve con frecuencia,
+ si tienes un paraguas
+ te ha de venir de perlas.
+
+ Verás entonces prados,
+ y cabañas cubiertas
+ por olmos y laureles
+ y mirto y madreselva;
+ verás espesos montes,
+ caminos y veredas
+ bajo toldos de verde,
+ fragante, inculta yerba;
+ verás montañas, cerros
+ y dilatadas sierras;
+ robustos, viejos troncos
+ y ramas que se quiebran
+ al peso del follaje;
+ mantos de rica hiedra
+ cubriendo de las ruinas
+ la desnudez escueta;
+ hondos, negros abismos
+ do pavoroso suena
+ el _murmurante_ arroyo
+ que fué por la pradera;
+ verás valles _risueños_
+ y ríos y florestas,
+ y el humo que, tranquilo
+ en espiral se eleva,
+ y cabras y terneros
+ y alondras ... y _miruellas_:
+ respirarás las brisas
+ balsámicas que juegan
+ con las fragantes rosas
+ que esmaltan las praderas;
+ verás los rayos de oro
+ del sol cuando amanezca,
+ y perlas de rocío,
+ y hasta nubes de perlas;
+ verás, en fin, primores;
+ pero de tal grandeza,
+ que no podrás cantarlos,
+ ni los soñó siquiera
+ en sus aspiraciones
+ «la rica, gaya ciencia».
+
+ Mas del deliquio dulce
+ en que el cuadro te aduerma,
+ cuida no te despierte
+ con su prosa grosera
+ la humanidad inculta
+ que la campiña puebla.
+ Aquí anda _Nemoroso_
+ detrás de su carreta,
+ sin rizos, con la barba
+ mal afeitada y recia,
+ con los calzones rotos,
+ luchando con la tierra
+ que, á costa de sudores,
+ al cabo le sustenta.
+ Verás que la _zagala
+ gentil_ que te embelesa,
+ es una mocetona
+ de alborotada greña,
+ _de libras y boyonte_,
+ de tosca faldamenta,
+ sin cintas ni guirnaldas,
+ con lodo y almadreñas;
+ verás que si, ofuscado,
+ audaz la galantea,
+ no la colora el rostro,
+ como tus trovas cuentan,
+ las tintas sonrosadas
+ de púdica vergüenza;
+ sino que, ardiendo en ira,
+ como fornido atleta,
+ á bofetada limpia
+ te salta un par de muelas.
+
+ Así son los modelos
+ (al menos en mi tierra)
+ de las ninfas ... y _ninfos_
+ que vagan por las selvas;
+ así al Autor Supremo
+ le plugo que nacieran,
+ y así serán y han sido...,
+ y no hay que darle vueltas.
+
+ ¡Qué fuera de nosotros,
+ gran Dios, de otra manera!;
+ ¡si en vez de tales tipos
+ que el alma desalientan,
+ cruzaran por los prados
+ _sensibles_ Doroteas!...
+ Porque no son las rústicas
+ pasiones de la aldea
+ las que la sangre inflaman,
+ holgando en las praderas:
+ el ámbar, el almizcle ...
+ y el Tamorlán de Persia
+ con todos sus _divanes_,
+ sus _opios_ y sus _siestas_,
+ se agitan en la mente ...
+ y no hay que darle vueltas.
+
+ No creas, pobre Fabio,
+ que en solitaria selva
+ un Títiro sensible
+ con una Galatea
+ se pasa la mañana
+ tendido á pierna suelta,
+ tocando el caramillo,
+ sin reparar siquiera
+ que tiene la zagala
+ muchísima canela....
+ Ó Galatea es tonta,
+ ó Títiro es un bestia...,
+ ó son de otra substancia
+ distinta de la nuestra.
+
+ Tú, que el hervor aún sientes
+ de la vida en tus venas,
+ si vas por el Retiro
+ y bajo su arboleda
+ hallas una _pastora_,
+ como la rosas fresca,
+ tejiéndose guirnaldas,
+ en muelle negligencia;
+ si ves su pie pequeño
+ que se adivina apenas
+ en un zapato breve
+ de _satinada_ tela;
+ si por crecer la brisa
+ agítase la seda
+ y los revueltos pliegues ...
+ (pero detente, péñola);
+ si sus lánguidos ojos,
+ llenos de amor, te asedian;
+ si su garganta late,
+ si su jubón..., etcétera...,
+ ¿adonde irá á parar,
+ iluso, tu _prudencia_?
+ Pues bien: si en el Retiro,
+ do, sobre ardiente arena,
+ de mísero ramaje
+ raquíticos se elevan
+ árboles de artificio,
+ sin sombra ni belleza;
+ si entre la prosa, digo,
+ de esa enfermiza selva
+ las gracias de una ninfa
+ trastornan y marean,
+ ¿qué harán entre estos bosques
+ cuando su gala ostenta
+ en voluptuoso alarde
+ la alegre primavera?
+ ¡Oh, pobres trovadores
+ de tirso y pandereta!:
+ del cortesano mundo
+ entre la turba espesa,
+ cantad al sol de agosto
+ que sin piedad os tuesta;
+ llorad, míseros vates,
+ fatídicas cornejas,
+ sobre las tristes sábanas
+ de calcinada arena
+ donde la hispana corte
+ su pedestal asienta;
+ cantad al mar bullente
+ que surcan en calesa,
+ tras chulos argonautas,
+ impúdicas sirenas;
+ cantad al hambre, al frío,
+ al lujo, á la opulencia,
+ al vicio y á la intriga...,
+ al crup y á las viruelas,
+ que, pues vivís entre ello,
+ lo conocéis por fuerza;
+ mas del risueño mayo,
+ con tosca, ruda péñola,
+ no mancilléis los dones
+ que, como gala, ostenta
+ sobre florido trono
+ la dulce primavera.
+
+ Tú que la adoras, Fabio,
+ si quieres conocerla
+ deja al punto la corte
+ fascinadora, déjala,
+ y corre presuroso
+ hasta mi noble tierra;
+ y aquí, entre sus montañas
+ y encantadoras selvas,
+ renegarás del torpe
+ numen que, sin conciencia,
+ te hizo mentir soñando
+ mezquinas primaveras;
+ y acaso, _convertido_,
+ al ver tanta belleza,
+ arranques de tu lira
+ las insonoras cuerdas,
+ juzgando, cual yo juzgo,
+ que si á sentir se llega
+ de tan hermoso cuadro
+ la sencilla grandeza,
+ para cantarla es poco
+ «la rica, gaya ciencia».
+
+
+
+
+SUUM CUIQUE
+
+I
+
+
+Don Silvestre Seturas tenía cuarenta años de edad, _plus minusve_, y era
+todo lo alto, robusto, curtido y cerrado de barba que puede ser un
+mayorazgo montañés que no ha salido nunca de su aldea natal más allá de
+un radio de tres leguas, cabalgando en el clásico cuartago, al consabido
+trote _cochinero_, como dicen por acá, ó al _paso de la madre_,
+expresándonos según los cultos castellanos ... de Becerril de Campos.
+
+El mayorazgo de don Silvestre se componía de la casa solariega con
+_portalada_ y escudo de una hacienda, cerrada _sobre sí_, de setenta y
+cinco carros de tierra, mitad labrantío, mitad prado con algunos
+frutales, al saliente de la casa; de diez cabezas de ganado al pesebre,
+y de algunos prados y heredades, sitos en diferentes llosas del lugar, y
+cuarenta ó cincuenta reses de varias clases, en aparcería; todo lo cual
+venía á proporcionarle una renta anual de dos mil quinientos á tres mil
+reales, si no abundaban mucho las celliscas, ó no se desarrollaban en la
+cabaña la papera ó el _coscojo_; pues en los años de estas calamidades,
+lejos de percibir un real de sus colonos, tenía que adelantarles, para
+siembras y labores, sus pocas economías, si había de recaudar en lo
+sucesivo algunos maravedís. Todo esto tenía don Silvestre; y digo mal:
+tenía también un pleito que le consumía la mitad de sus rentas, hubiera
+ó no celliscas, paperas ó coscojo; pues el abogado trabajaba _á subio_,
+y en sus minutas no cabía más enfermedad que la polilla, la cual evitaba
+perfectamente renovándolas con frecuencia y poniéndolas bajo el amparo
+de los haberes de su defendido.
+
+Y no se vaya á creer que este agujero del bolsón patrimonial apenaba al
+solariego; nada de eso. Seturas pleiteaba con la desdeñosa tenacidad de
+todo buen montañés, para quien nada supone el bollo cuando se trata del
+coscorrón; lo propio hizo su padre, muerto gloriosamente de un sofocón á
+la puerta de la Audiencia, por llegar á tiempo á presenciar la
+quincuagésima-octava vista del proceso. Y aquí debo advertir que este
+pleito era de abolengo é inherente al patrimonio de los Seturas, quienes
+le defendían como punto de honra solariega, habiéndose jurado de
+generación en generación, las siete que contaba de fecha, gastar hasta
+la última teja en la rehabilitación de un derecho que estaba tan claro
+como la ley de Dios.
+
+Y los Seturas tenían razón. Figúrense ustedes que el fundador del
+vínculo, el primer Seturas, como premio de un anticipo que le hizo el
+concejo para levantar una pared medianera que le derribó una invernada,
+consintió en que le echasen una _rodada_ por un prado de quince carros,
+lindante, de Norte á Sur, con una cambera demasiado estrecha y que, por
+lo mismo, era inútil para el servicio público, toda vez que no consentía
+ningún vecino de los lindantes con ella que se atropellasen sus
+propiedades bajo el fútil pretexto de la comodidad del prójimo. Mientras
+vivió el fundador, no se opuso nunca á que algunos de sus convecinos
+pisasen con una rueda de las dos de sus carros la linde del prado de la
+cuestión. El primer Seturas era lógico, aunque lo ignorase: mientras no
+pagara el anticipo del concejo, el contrato con él celebrado estaba
+vigente en todos sus términos, y el dicho fundador no pagó en su vida.
+Pero murió éste de viejo, por más señas; y un sucesor que logró un par
+de años en que hubo plaga de patatas y de alubias, consiguió pagar el
+anticipo hecho á su ascendiente, sin desmembrar el mayorazgo,
+reclamando al mismo tiempo la extinción del compromiso de la rodada.
+Entonces el vecindario, que se evitaba un gran rodeo para servir la
+llosa yéndose por la linde del prado de los Seturas, reunido en sesión y
+asesorándose de un procurador, contestó al mayorazgo que estaba bien lo
+del dinero; mas que en cuanto á lo de la rodada:
+
+«_Visto_ que en la obligación del primer Seturas no aparecía término
+alguno para su compromiso;
+
+»_Vista_ la necesidad que tenía la llosa de servirse por aquella
+cambera; y
+
+»_Visto_, por último, que ninguno de los vivientes del lugar la había
+servido por otra parte, y que la costumbre hacía ley; y
+
+»_Considerando_ una barbaridad y una injusticia que, aun en caso de
+tener Seturas alguna razón, se emplease ésta en exigir á los hijos el
+pago de las torpezas de sus padres, tenía á bien desestimar su
+pretensión, aconsejándole que se conformara con el fallo y no se metiera
+en más honduras, no hiciera el diablo que le reclamasen el cambio de
+algunas columnarias que había entregado borradas entre las restantes
+monedas de pago.»
+
+Seturas dijo que nones; pero fué condenado en juicio verbal á dejar la
+rodada por su linde ... y á dar al concejo tres duros claros de á
+veinte, por doce columnarias borradas. Entonces se armó la gorda. El
+mayorazgo protestó contra el acuerdo del concejo, y acudió á un abogado
+que apoyó sus razones y se comprometió á defenderle en el litigio que se
+entabló en seguida. Cayeron los primeros autos sobre la mesa,
+agregáronseles otros nuevos; y cose que te cose fojas y más fojas, murió
+este cuarto Seturas, y después el Seturas quinto, y vino el sexto de la
+familia solariega, que ni por morir al pie, como quien dice, del
+proceso, consiguió adelantar la causa más que sus antecesores que no la
+movieron un punto; y por último, entró en posesión del vínculo nuestro
+don Silvestre que, por de pronto, fué tan poco feliz como sus abuelos en
+el asunto de la rodada, y mucho más desgraciado que todos ellos, por ser
+el que recibió la herencia más mermada con el perpetuo y cada vez más
+ancho desaguadero de la curia.
+
+Sabida esta última circunstancia económica, y teniendo presente que don
+Silvestre no carecía completamente de sentido común, no parecerá muy
+extraño que á la edad en que todos sus progenitores contaban por lo
+menos un heredero, él permaneciese célibe y con ciertos síntomas de
+recalcitrante. Efectivamente, don Silvestre comprendió al punto que su
+hacienda era harto exigua para cubrir con ella todas las necesidades de
+una familia, si no había de descuidar las exigencias de su pleito: para
+que no se extinguiera en él la raza de los Seturas legítimos, tenía que
+transigir con el concejo. Don Silvestre no vaciló.--«Piérdase la casta,
+dijo; pero adelante el pleito.»
+
+Y aquí tiene el elector, dibujada á grandes rasgos, la perspectiva
+exterior, digámoslo así, de don Silvestre Seturas, pocos años antes de
+la ocasión en que se le presento.
+
+Pero en la vida moral de este personaje hay algunos detalles que no
+deben ignorarse, si han de admitirse dos aseveraciones: una, de sus
+convecinos, que era el más listo de los Seturas, y otra, de su ama de
+gobierno, que no era últimamente, en genio y en saber, como ella le
+había conocido.
+
+El padre de don Silvestre, ya por no tener más que un hijo, ya porque
+viera en él, aguzándole un poco, un instrumento más para el triunfo de
+sus hollados derechos, determinó mandar á su retoño á la villa inmediata
+para que estudiara latín con un dómine de torva catadura y de tantas
+narices como fama, y no era chato. Allí, á fuerza de linternazos y
+conjuros, que tanto podían significar sistema en el maestro como torpeza
+en el discípulo, aunque en este caso hay datos para creer que era por lo
+primero ... casi tanto como por lo segundo, llegó el joven Seturas á
+construir oraciones de _activa_ con _de_. Siete meses después de haber
+vuelto por _pasiva_, una de ellas sin trocar el tiempo del verbo
+auxiliar, escribió á su padre que antes de un año sabría hacerlas de
+_relativo_ compuestas, ó que perdería las orejas (cosa nada increíble
+según el dómine se las trataba); pero el desventurado padre no tuvo la
+dicha de admirar el aprovechamiento de su hijo, porque le sorprendió la
+muerte á la puerta de la Audiencia teniendo la carta en el bolsillo.
+Pudo haberla leído antes de salir de casa, cuando la recibió; pero los
+minutos que en ello tardara los perdía en la vista; y «todo buen
+Seturas--como él decía,--antes que á sus hijos, se debe á su pleito».
+
+Este acontecimiento varió la faz de las cosas, y el púbero Silvestre fué
+llamado á su pueblo para arreglar la testamentaría. Su tutor, y tío á la
+vez, decidió que no estudiara más, pues, para mayorazgo, bastante sabía;
+y porque, por otra parte, la soga no estaba para muchos
+tirones.--Quedóse Silvestre en su lugar.--Aunque en la lengua de Tácito
+no hiciera grandes progresos, pudo, no obstante el poco tiempo que
+estuvo con el dómine, vencer la repugnancia tradicional de la familia á
+la lectura de todo documento que fuese extraño al pleito. Esto no lo
+conoció Silvestre mientras estudiaba; pero sí durante el primer año de
+su orfandad, bostezando, panza arriba, dondequiera que hallaba un palmo
+de sombra; enfermedad que le hizo recurrir al _Nebrija_ como á un
+camarada antiguo. Repasando _declinados_ y echándose oraciones á sí
+mismo, tuvo que hojear el _Tesauro_ de Requejo y el _Calepino_, para
+traducir los ejercicios de Orodea. Como esto no le divertía gran cosa,
+aunque le aficionaba más á la lectura, rebuscó la casa y halló el
+_Electo y Desiderio_. El estilo de este libro patriarcal le formó cierto
+gusto para el diálogo; y amando, como joven, la intriga, el enredo y los
+desenlaces sorprendentes, dióse á _Bertoldo_ con todas las potencias de
+su alma. Por desgracia, la biblioteca de familia no constaba de más
+volúmenes que los citados y algunos montones de copias de escrituras, y
+el tutor no quería dar un maravedí para la adquisición de otro libro que
+el calendario; así es que cuando el joven Seturas, al cabo de dos años,
+comenzó á fastidiarse de sus libros, que ya sabía de memoria, no pareció
+en todo el lugar más que un _Fr. Junípero el de la panza gorda_, que le
+sacó, por unos días, de aquella galbana perruna que le amagaba otra vez,
+y á la cual propendía notoriamente. Y como amaba por sistema los libros,
+á falta de otro mejor adquirió una baraja. Lo primero que aprendió con
+ella fué el _tute arrastrado_, y después el _mus_. Al principio jugaba
+de capirotazos y vueltas _á riquicho_ con sus contemporáneos, mientras
+guardaban el ganado; después jugó los pocos cuartos que tenía, y en
+cuanto ganó una peseta, se fué un domingo al _corro_, acusó las cuarenta
+al cura en una sección de tute, echó en otra de mus un _órdago á la
+mayor_ al secretario del concejo, y se armó para toda la semana. Desde
+entonces ya no se aburría. Poco después, debido tanto á su precoz
+desarrollo como á su categoría de mayorazgo, fué admitido en el corro de
+bolos, donde no tardó en hacer un _emboque cerrado, al pulgar_, desde el
+ultimó _pás_. Los mejores jugadores declararon que, si bien no _las
+borneaba_ gran cosa, en cambio tenía mucho brazo, y que prometía. Quedó,
+por lo tanto, admitido entre los jugadores del lugar. Con esto y lo
+antedicho de los naipes, ya tuvo más de lo suficiente para dar expansión
+á su inteligencia, mientras la ley no le autorizase para disponer de su
+mayorazgo, sin necesidad de diálogos, ni de grecolatinos, ni de tumbarse
+detrás de cada tapia y bajo cada rama.
+
+Llegó por fin el anhelado instante. Don Silvestre cumplió los
+veinticinco y entró en posesión libre de sus bienes.... Por cierto que,
+al entregarle su tutor las cuentas, de poco se arma otro pleito sobre no
+sé qué raspaduras hechas en los libros.
+
+
+
+
+II
+
+
+Dueño de algunos cuartejos, hubiera podido satisfacer el antojo de
+libros que tuvo años atrás; pero, sobre habérsele dormido la afición á
+ellos, le era imposible dedicarse á la lectura. Entre los naipes, los
+bolos y el pleito que corría ya de su cuenta, no le quedaba tiempo libre
+en todo el año más que para almorzar la cazuela de leche; tomar las once
+con medio de blanco; comer despacio el ollón de berzas, patatas y
+tocino, en compañía de su ama de llaves; echar la siesta, en verano bajo
+un nogal y en invierno en la pajera; cenar al anochecer otro ollón como
+el del mediodía; dormir diez horas, y, por último, pasar una escoba ó un
+puñado de yerbas sobre el lomo de su ganado antes que lo llevaran por la
+mañana al pasto, y segar el retoño para el caballo que estaba á su
+cargo.
+
+Bien debe saber el lector de por acá, que de ninguno de estos pormenores
+puede prescindir un mayorazgo del corte de nuestro Seturas, si no se
+cruza en su vida algún incidente extraordinario, como se cruzó en la de
+don Silvestre años después de su advenimiento al mayorazgo.
+
+Llevóle el procurador una _Gaceta_, al cual periódico estaba suscrito
+en unión de otros compañeros de la curia, aconsejándole que desde aquel
+día la leyese siempre, cuidando él de proporcionársela, pues le convenía
+estar al tanto de los decretos del Gobierno por si se hallaba con alguno
+á que se pudiese agarrar para su pleito; no porque dudase de la
+inteligencia y celo de su abogado, sino porque éste había citado, más de
+una vez, disposiciones derogadas medio siglo hacía, y pasado en silencio
+otras más recientes que favorecían la causa del mayorazgo.
+
+Éste se conformó el primer día con leer el título del periódico y el pie
+de imprenta y contar los renglones de una columna, para calcular los que
+tendría todo el papel, y los reales que sumarían, suponiendo que á él le
+dieran un ochavo por cada línea.
+
+Días después leyó un decreto; otro día leyó tres, y así sucesivamente,
+hasta que acabó por leerse todo el periódico y por despertar su antigua
+afición á lo negro, contribuyendo no poco á ello los comentarios
+políticos que dió en hacerle el cirujano, que recibía otro periódico,
+sobre los decretos que el primero le citaba casi de memoria. El
+romancista, que estimaba á don Silvestre porque sabía latín, le propuso
+el cambio de sus periódicos, y desde luego fué aceptado.
+
+No tardó en sucederle á Seturas con los artículos de fondo algo
+parecido á lo que á don Quijote le sucedió con los libros de
+caballerías: fascináronle sus írases y acabaron por extraviarle el poco
+criterio que tenía, amarrándole completamente á la opinión del diario.
+Su Dulcinea era la patria; sus encantadores los enemigos políticos del
+periódico. Faltábale á su carácter la esencia romancesca que había en el
+de Quijano el Bueno: de otro modo, le hubiera costado muy poco hacer de
+su peludo cuartago un Rocinante, y, olvidado de su pleito, salir en
+busca de aventuras hasta romperse el alma con los verdugos de la
+perseguida patria.
+
+Seturas, á pesar de su afición, que era tal que le obligaba con
+frecuencia á negarse á hacer la partida á los jugadores de naipes y de
+bolos, no había formado una opinión política sobre un cuerpo más ó menos
+sólido de doctrinas: en su afición era ciego y testarudo, y estaba tan
+encarrilado en la senda del periódico, que hubiera creído insultar la
+razón dudando una sola vez de sus declamaciones. Don Silvestre no veía
+en el diario de Madrid un papel más ó menos grande, con la impresión de
+unas letras de plomo colocadas mecánicamente, y detrás de todo ello la
+pluma y la cabeza de un hombre de talla común y de vulgares ambiciones,
+que apreciando á su modo la dirección de la cosa pública, prestase vida
+é interés á aquel objeto; el mayorazgo veía en él una idea fuera de todo
+contacto con lo humano, el destello de una inteligencia sobrenatural,
+ajena completamente á las escisiones de la vida civil; el periódico del
+cirujano era para él el catecismo, el Evangelio, un catálogo de verdades
+inconclusas, indiscutibles. Por eso al hablar de política con sus
+amigos, resolvía todas las cuestiones citando las palabras del diario, y
+con el apoyo de éste, reñía con cuantos le contradijesen.
+
+En fin, que se sintió, por primera vez en su vida, hasta con deseos de
+ver la tierra en donde tanta maravilla se realizaba, y de contemplar de
+cerca á los seres que las producían. Y no era sólo la política lo que le
+hizo pensar en la corte. Las animadas descripciones de sus fiestas
+públicas; la tan cacareada especie de que en Madrid hace cada quisque lo
+que le acomoda sin que nadie se fije en él, y la plana de anuncios del
+periódico, según la cual se garantizaba la salud al más enclenque, y se
+vendían ropa, comestibles y bebidas dando al comprador dinero encima,
+hiciéronle pensar en la monotonía de las fiestas de su lugar; que en él
+no se podía tirar un pellizco á una muchacha sin que se contase el lance
+en todas las cocinas; que el día en que se le antojaba trincarse tres
+cuartillos, en lugar de la media azumbre que acostumbraba, el tabernero
+lo charlaba á todo el mundo; que habiendo en una ocasión añadido cuatro
+dedos de paño á las haldillas de su chaquetón, llevó una silba de todos
+sus convecinos en el portal de la iglesia, cuando iba á misa, en una
+palabra, que él, mayorazgo, libre y con salud, ni gastaba levita, ni
+bebía lo que necesitaba, ni podía echar un requiebro en paz, si no se
+ponía en guerra con el vecindario. Estas consideraciones, hechas á solas
+y exageradas por la pasión inoculada por el periódico, le arrancaron una
+noche estas palabras:--«Venderé una finca, ó la hipotecaré para sacar
+dinero; pero yo no me he de morir sin saber lo que es _aquello_.»
+Aquello era la corte; pero _lo otro_, de que se olvidó un momento, se le
+opuso en seguida á su proyecto. Y lo otro era ... el pleito. Los Seturas
+no se pertenecían á sí mismos. Siete generaciones de ellos habían
+vegetado en un solo punto, fijos, inmóviles como locas, pendientes
+siempre de sus entrevistas con los procuradores. Todos los días, por
+espacio de siete generaciones, un individuo de otras tantas de
+procurador, llegó á la casa solariega, y nunca se puso el sol quedando
+aplazada una conferencia por haber dormido fuera del hogar un Seturas;
+ninguno de ellos se hubiera atrevido á hacerlo sin presagiarse una
+sentencia fatal. Don Silvestre, al fin, era Seturas, y no quería
+desmentir su apellido.
+
+Por eso, al dicho de sus convecinos de que era el más listo de la
+familia, debemos añadir que fué el más desgraciado. Sus antecesores
+estaban, como él, atados al pleito; pero con fe, con gusto, sin el menor
+deseo de ver el mundo. Él, por el contrario, tras de haber recibido la
+herencia muy cercenada, adquirió la necesidad de irse á gastar gran
+parte de ella fuera de su pueblo; necesidad que tomó en él un imperio
+terrible después de un suceso que vamos á conocer, aunque diga el lector
+que divago mucho.
+
+Leyó un día en la _Gaceta_, y al pie de un documento de alta
+procedencia, un nombre que le sonó á muy conocido. Paróse un poco á
+reflexionar, y dándose un puñetazo en la frente, exclamó para sí:--«Así
+se llamaba uno que estudió conmigo latín; aquel madrileñito que estaba
+de temporada en la villa, adonde había ido su padre á tomar aires....
+Pero no es posible.... Aquel chiquillo tan enclenque y enfermizo que me
+_sacaba los significados_, no puede haber subido tan alto.... No,
+señor.... Y ahora que me acuerdo, no me envió los tirantes de goma que
+me ofreció para cuando llegara á Madrid, por haber cargado yo con la
+culpa de esconder las disciplinas del dómine, ni me pagó nunca dos
+reales y medio que le presté.... ¡Si fuera él!...»
+
+Y empezando por dudarlo mucho, acabó por enjaretar este documento,
+precioso por su espontaneidad:
+
+ «Señor don Fulano de Tal. (_Aquí todos los títulos que leyó en la_
+ Gaceta.)
+
+ »Madrid.
+
+ »Muy señor mío: Aunque no tengo el honor de conocerle, me tomo la
+ libertad de dirigirle la presente para que, á vuelta de correo, me
+ diga si _eres tú_ ó no _es usted_ el mismo Fulano de Tal que
+ estudió conmigo latín en la villa, y que, por más señas, me quedó
+ debiendo dos reales y medio y unos tirantes de goma. No es que yo
+ te los pida, caso de que seas el de marras: te los recuerdo para
+ que caigas mejor en lo que te quiero decir.
+
+ »Si no fuese usted el que yo deseo, dispense la curiosidad y mande
+ con franqueza á su seguro servidor
+
+ »_Silvestre Seturas_.
+
+ »P.D.--El pleito, sin novedad.»
+
+Á los quince días de echada esta carta en la estafeta del lugar, recibió
+el solariego esta otra en rico papel con cantos dorados:
+
+ «Mi querido Silvestre: _Ego sum_, amigo mío, yo soy el que buscas,
+ el que estudió contigo en la villa, el que te debe dos reales y
+ medio y unos tirantes de goma. No puedo explicarte todo el placer
+ que he sentido al hallar, en medio de mi enojosa correspondencia
+ oficial, tu inestimable carta, que me ha despertado uno de los
+ recuerdos más gratos de mi vida, ni podrás sospechar siquiera todo
+ lo oportunamente que la he recibido.
+
+ »La suerte me ha sido favorable, ya que favor llama el mundo á que
+ le coloquen á uno donde todos le vean y le puedan zarandear á su
+ capricho; y no extrañes que no te lo haya participado, porque entre
+ las atenciones de mi destino, me olvido hasta de mí propio.
+
+ »Reconociéndote la deuda que me citas, es ahora, como siempre, tu
+ amigo que te quiere
+
+ »_Fulano de Tal_.
+
+ »P.D.--Celebro la buena marcha del pleito, aunque ignoro de qué se
+ trata.»
+
+Dos impresiones causó en don Silvestre la lectura de esta carta: con la
+primera, que fué de placer, hizo una pirueta; con la segunda se llamó
+«bárbaro».
+
+Hizo la pirueta, porque hallaba un amigo de campanillas que sirviéndole
+en el pleito, le proporcionaba motivo para ir á Madrid.
+
+Y se llamó bárbaro, porque recordó que, cediendo á la costumbre
+tradicional en la familia, que nunca tuvo más correspondencia que la del
+pleito, había añadido á su amigo una posdata cuyo significado ignoraba
+éste.
+
+Pero siendo la primera impresión la que más le dominó, echóse á la calle
+con ella, llegó al corro de bolos, pagó media á los jugadores ... y
+metió al alcalde en un zapato como quien dice, en cuanto oyó, vió y
+palpó el reyezuelo que el solariego se carteaba con señorones. Al día
+siguiente le propuso el concejo una honrosa transacción; pero ¡bueno
+estaba don Silvestre para capitular, cuando tenía la sartén por el
+mango!
+
+
+
+
+III
+
+
+Desde aquel día el mayorazgo no vivió más que para sus ilusiones, y,
+agobiado por ellas, tornóse caviloso, taciturno y solitario; huyó de los
+partidos de naipes y de bolos; y si alguna vez, cediendo á las
+instancias de los amigos, tomaba cartas, era para dejarse acusar las
+cuarenta por el último zarramplín del lugar. Don Silvestre, en fin,
+llegó á encontrar insoportable el rincón de sus mayores.
+
+En esta época de su vida es cuando se le presento al lector.
+
+He creído necesarios los detalles apuntados para que éste hallase
+verosímil el aburrimiento que le aquejaba, y disculpables sus ulteriores
+decisiones. Porque un hombre que, como don Silvestre Seturas, tiene:
+
+ cinco pies y medio de talla,
+ tres ídem de espalda,
+ tanto estómago como despensa,
+ tanta salud como estómago
+ y tres mil reales de renta;
+
+que no conoce el asco, ni el ruido, ni el miedo, ni los guantes, ni el
+charol, no debe aburrirse nunca en el campo, ó no hay en él seres
+felices; afirmación que negarán los poetas melenudos, de báculo y
+zampoña, y los novelistas sobrios, ascéticos y filósofos. Negaránla, es
+claro, porque precisamente en el campo es donde estos señores se han
+empeñado en colocarnos la felicidad terrena, ya bajo el aspecto de
+encanecido anciano, que perora con más elocuencia que Demóstenes y más
+profundidad que Sócrates, so la añosa encina, ó cabe la parlera fuente;
+ya bajo el de apuesto galán que cultiva el fértil valle, y aunque suda
+al sol y come ráspanos y borona, es por la noche bastante sublime para
+echar un discurso á su novia, que le espera con un ramo de flores, y que
+no es menos gallarda, menos elocuente ni menos poética que su adorado;
+ya, en fin, bajo la forma de blancos manteles, doradas frutas, triscador
+cabrito, fiel y respetuoso can, etc. etc...; y todo ello sin más
+inspiración que la Naturaleza, ni más mentores que los bardales, el
+susurro de las celliscas y las pláticas del cura. Pero estos señores
+poetas y novelistas sin duda han estudiado la campiña en el mapa, ó en
+el Museo de pinturas.
+
+Y no entro con ellos en pelea para decirles cuatro cosas que se me
+vienen á las mientes, porque tal vez lo vaya haciendo insensiblemente,
+y, sobre todo, porque me llaman al orden los asuntos del mayorazgo, los
+tacos de sus dos mozos de labranza, y los aspavientos de su ama, á causa
+de que, con sus recientes ilusiones, el solariego descuida el caballo,
+no siega nunca el retoño, deja todo el peso de la labranza á los criados
+y no habla más que de Madrid y de su amigote.
+
+Entretanto, volvió á escribir á éste, dándole cuenta de sus proyectos de
+viaje y explicándole al pormenor el estado y motivo de su pleito.
+
+Al contestarle le aconsejó el de la corte que, tanto por el bien de su
+pleito como para satisfacer sus deseos de conocer á Madrid, se pusiese
+en camino cuanto antes; añadiéndole que él tenía gran interés en verle
+para arreglar cierto proyecto que había concebido.
+
+Don Silvestre no vaciló más: envió el alguacil á casa de algunos colonos
+que le debían dinero, hízoles aflojarlo más que de prisa; y como no era
+mucho, consiguió que el cura le adelantase el resto. Al día siguiente,
+tempranito, trancó la bodega, después de encerrar en ella la ejecutoria
+y algunas escrituras; colgó la llave, por el anillo, de un tirante de su
+pantalón, puesta ya su mejor ropa, guardó en un pañuelo un par de
+camisas de estopilla, y pendiente este lío de un garrote de acebo
+chamuscado que se echó al hombro, partió hacia el camino real á esperar
+la primera diligencia que pasara con dirección á Madrid.
+
+
+
+
+IV
+
+
+Con el breve monólogo de don Silvestre al encontrar el nombre de su
+amigo en la _Gaceta_, tienen los lectores lo suficiente para saber quién
+era y de dónde venía el personaje de Madrid; me dispenso, en obsequio á
+la brevedad, aunque hollando la costumbre, el relato de su historia
+desde que le perdió de vista el solariego hasta que le volvió á
+encontrar. Supóngase, y esto baste, que muerto su padre, en cuanto llegó
+á Madrid, y solo en el mundo, se dedicó á gacetillero, á repartidor de
+prospectos..., á padre de la patria, á cualquiera cosa; pues por todos
+estos escalones y otros mil idénticos, hemos visto subir á otros muchos
+hasta la altura en que habitaba oficialmente el amigote de don
+Silvestre.
+
+Tampoco detallaré los efectos que en el mayorazgo causaron la bata persa
+de su amigo y las tapicerías de la habitación en que le recibió.
+Conocido el tipo, es muy fácil la deducción de estas menudencias.
+
+He aquí el discurso que le dirigió el de la bata, pasadas las primeras
+formalidades del saludo y del abrazo:
+
+«Amigo mío: estás en tu casa, elige la habitación que más te agrade y
+establécete en ella con toda libertad. Yo almuerzo solo, á la una y como
+á las ocho de la noche. Tendría mucho gusto en que me acompañaras á la
+mesa; pero si estas horas no te acomodan, puedes escoger otras para ti.
+Un carruaje estará siempre á tus órdenes, y mis criados lo son tuyos á
+la vez. La índole de mis ocupaciones no me permite acompañarte á ver las
+curiosidades de la corte; pero este caballero, que es mi secretario
+particular (y señaló á un elegante joven que escribía á su lado, y que
+saludó cortésmente), tendrá mucho gusto en sustituirme, y estoy seguro
+de que ganarás en el cambio. Ni la casa, ni el carruaje, ni toda la
+obstentación que te ofrezco, te asombren ni te acobarden; soy el mismo
+Fulano de la villa..., el que te debe dos reales y medio y unos tirantes
+de goma. Corre, pues, investiga y goza á tus anchas, que luego que te
+canses hablaremos de tu pleito y de mis planes, y entonces te rogaré que
+me dispenses lo que pueda haber de egoísmo en lo que ahora estás
+contemplando como un fenómeno de cariñoso agasajo, poco común en la
+historia de los hombres de mi talla.»
+
+Don Silvestre era llanote y sencillo; oyó estas palabras con los oídos
+del corazón, y todas las proposiciones del personaje fueron aceptadas,
+menos la de sentarse á la mesa á distintas horas que él, pues de esta
+suerte hubiera creído ofender la generosidad y delicadeza de su amigo.
+Quedó pues, instalado en la casa el mayorazgo, revolviéndose en ella con
+el mismo desembarazo que si en ella hubiese nacido. Los extremos se
+tocan. La falta de aprensión de don Silvestre le prestaba la
+desenvoltura que á veces no dan las preocupaciones del _gran mundo_.
+
+Su primera salida quiso hacerla á pie: había ido á la corte para
+enterarse de todo, y lo conseguiría mejor así que encerrado en un
+carruaje. Afeitóse bien su barba de ocho días; vistióse una camisa,
+cuyos cuellos, aunque doblados por arriba un par de dedos, le cubrían la
+mitad de las orejas; cepilló y se puso su chaquetón pardo y su sombrero
+de copa negro-verdoso; empuñó su bastón de acebo chamuscado; aseguróse
+bien de que no falseaban las correas de sus zapatos de becerro, y dijo
+al elegante secretario de su amigo, como si toda la vida le hubiese
+tenido á su servicio:--Vamos andando.
+
+Algo disgustaba al elegante ir convertido en cicerone de un ente tan
+grotesco; pero la intimidad con que le trataba el personaje cortesano le
+hizo ver en el de la aldea un mandarín inculto, una potencia electoral,
+un reyezuelo de provincia. Su momentáneo desagrado se trocó bien pronto
+en solicitud deferente y hasta respetuosa.
+
+Nada de particular halló don Silvestre por las calles, fuera del ruido
+de los carruajes y del incesante movimiento de la gente. Teníale el
+estrépito ensordecido, y tan atolondrado, que tropezaba con todos los
+transeuntes, y rompió siete cristales de otros tantos escaparates por
+huir de los coches, pensando que le atropellaban. El secretario estaba
+en ascuas, y lo estuvo más cuando notó que los cuellos del solariego y
+su cara avinatada llamaban la atención de muchas personas. El mayorazgo,
+afortunadamente, no lo conocía, pues descansaba en la persuasión de que
+«en Madrid todo pasa».
+
+Al retirarse, al anochecer, y bajo una temperatura africana, don
+Silvestre se achicharraba, y quiso refrescar. Entraron en un café. El
+secretario pidió un sorbete; su acompañado, ignorando lo que aquello
+sería, pidió otro. Sirviéronles los sorbetes. El de Madrid descogolló el
+suyo de un bocado, con la mayor limpieza imaginable; el aldeano, que
+desde que vió llegar los refrescos vacilaba en el modo de acometerlos,
+imitó á su compañero, ¡en mal hora para el desdichado! Lo mismo fué
+hincar sus dientes en el gélido amasijo, que revolverse en el café el
+ruido de un huracán. La inesperada impresión del frío del sorbete
+produjo en don Silvestre los efectos más estrepitosos.
+
+Del primer resoplido, al morder el helado, fué éste con la copa hasta la
+mesa inmediata; y como el que ha tragado polvos de salbadera, Seturas
+escupía, se sonaba las narices y gritaba pidiendo agua, empeñado el
+iluso en que _aquello abrasaba_; y, por último, comenzó á estornudar ...
+¡pero de qué modo!: cada estornudo era un cañonazo bajo los relucientes
+techos del café, acompañando á cada explosión una lluvia menuda que fué
+la delicia de los inmediatos parroquianos, durante las quince ó veinte
+veces que las mucosas de don Silvestre le dijeron «agua va». El
+estrépito duró un par de minutos.--Cuando las detonaciones se hicieron
+más débiles y más tardías, como las de una tormenta que se va alejando,
+la atención pública, hasta entonces en suspenso, comenzó á agitarse,
+cruzándose entre los parroquianos sonrisas, carcajadas y epigramas, que,
+afortunadamente, no comprendió el que era objeto de ellos; antes al
+contrario, pensando sólo en el fatal efecto del sorbete, y durándole aún
+la sed, comenzó á sacudir garrotazos sobre la mesa y á llamar con toda
+la fuerza de sus pulmones.
+
+Un mozo se presentó, no poco alarmado con el estrépito.
+
+--¿Qué demonios se puede tomar aquí para quitar la sed, que no se
+parezca á esa _melecina_ condenada que me has dado?--le preguntó el
+mayorazgo, señalando el estrellado sorbete.
+
+--Lo que usted pida, señor--contestó el otro, luchando por contener la
+risa.
+
+--Pues tráete ... media de tinto.
+
+--¡De tinto! ¿Cómo?
+
+--¿Cómo? En _sangría._
+
+--No le entiendo á usted--dijo el mozo, trocando su sonrisa en expresión
+de sorpresa.
+
+--Pues la cosa es bien sencilla--añadió el mayorazgo:--¿no hay aquí
+agua?; ¿no hay _azúcara_?; ¿no hay rioja?... ¿Pues qué taberna de los
+demonios es ésta?
+
+Algo como carcajada estalló entre los concurrentes del café; y en
+seguida comenzaron los epigramas y los apóstrofes más cáusticos. Hubo
+para los cuellos del mayorazgo, hubo para su _colmena_, para su cara,
+para su garrote, y hubo ... que contener á don Silvestre, que,
+embravecido como un toro con aquellas banderillas que tan inhumanamente
+ponía á su inofensivo desparpajo cerril la intransigente civilización,
+quiso acometer á garrotazos á aquella turba de enclenques, famélicos,
+petardistas, vagabundos y tahures que poblaban el salón, disfrazados de
+_personas decentes_.
+
+En medio del aturdimiento consiguiente á la escena en que acababa de ser
+actor, don Silvestre, al marcharse, en lugar de salir por donde entró,
+se fué hacia la sala de los billares: su acompañante, que temía otro
+escándalo, le llamó; pero ya era tarde. Una vez en ella se olvidó de lo
+pasado ante el aspecto de las bolas de marfil, cuyos choques le
+admiraron como á un niño; y más que las bolas, la locuacidad de un joven
+de rizadas patillas, gafas y pelo escarolado, que al paso que jugaba
+carambolas con otro aficionado, era el deleite de los cien curiosos que
+rodeaban la mesa, sentados sobre duras banquetas, con una profusión de
+chistes y una procacidad tan verde y desaliñada, que en un cuartel de
+blanquillos no le hubiera valido menos de un mes de cepo ó una carrera
+de baquetas.
+
+Don Silvestre no se extrañaba tanto de la desvergüenza del elegante
+jugador como del eco que en la concurrencia hallaban sus torpezas;
+parecíale insoportable la impudencia del uno, pero mucho más
+imperdonable la aquiescencia de los otros.
+
+Y como desconocía el verdadero valor de aquellas baladronadas, tomábalas
+muy á pechos, y hasta resuelto estuvo á interpelar muy seriamente al de
+las patillas, cuando le ocurrió preguntar á su acompañante, aún
+preocupado con el lance del sorbete, qué clase de hombre era aquél que
+tan bien manejaba la lengua.
+
+--El redactor principal del _N_ ...--le contestó el
+secretario,--director de una sociedad filantrópica, caballero de Carlos
+III, por una oda dedicada al rey; socio honorario de todos los clubs
+revolucionarios de París, por una elegía á Marat....
+
+--¡Redactor del _N_!...--exclamó admirado el interpelante.--¿Entonces
+hay en Madrid dos periódicos de ese nombre!
+
+--No, señor don Silvestre.
+
+--¡Jesús me valga! ¿Con que es decir que aquel periódico que yo leía en
+mi lugar con tanta fe, está escrito por este hombre; y aquellos
+artículos en que tanto se clamaba por el orden, por la moralidad, por el
+bien de los pueblos, eran dictados por un anarquista cínico y
+desmoralizado? ¿Conque esas palabras de humanidad, filantropía,
+compañerismo, religión, hogar, derechos, lejos de ser una verdad en
+semejantes periódicos, son una burla sacrílega, un insulto á Dios y á
+los hombres, una explotación innoble de la pública buena fe?
+
+El secretario se encogió de hombros por toda contestación, como
+diciendo: «este mozo ha estado en el limbo, cuando á su edad ignora lo
+que aquí saben los chicos de la escuela»; pero don Silvestre, que no
+entendía de mímica, no supo traducir aquella expresión; y careciendo de
+otra respuesta, por no _romperse el alma_ (son sus palabras) con el
+periodista, rogó á su acompañante que se fueran á la calle.
+
+No deseaba éste otra cosa.--Media hora después, limpiándose el sudor con
+su pañuelo de percal aplomado, hacía don Silvestre en casa de su amigote
+un resumen exacto de los acontecimientos de su primera salida por las
+calles de la corte.
+
+
+
+
+V
+
+
+El primer consejo que le dió el personaje fué el siguiente: «tanto para
+que te presentes con la debida decencia en los sitios que deseas ver,
+como para quitar todo motivo á las burlas de la gente, debes vestirte á
+la moda, porque, amigo mío, _dum Roma fueris_ ... lo que sigue».
+
+Por más que á don Silvestre repugnara el desprenderse de sus cómodos
+hábitos, al día siguiente tuvo que empaquetarse en los nuevos que le
+trajeron de una elegante ropería; pero como el diablo las carga, si
+bien, con trabajillos y todo, parecieron pantalón, levita, chaleco y
+sombrero, para las piernas, tronco, cuello y cabeza hercúleos de don
+Silvestre, no hubo un par de botas para sus pies en toda la corte,
+pues, como decían los zapateros á quienes se acudió, «hormas de tal
+tamaño no se hacían en Madrid sino de encargo».
+
+De aquí resultó un chocante contraste: lo fino de los pantalones con lo
+grosero de los zapatos viejos del mayorazgo, que nunca vieron más lustre
+que el que les daba una corteza de tocino frotada sobre ellos cada ocho
+días. Y si á dicho contraste se añade el que formaba todo el don
+Silvestre con su equipaje, al que desaliñaba más y más metiendo los
+dedos de sus manos entre el pescuezo y la corbata que le molestaba,
+hasta dejar ésta debajo del cuello de la camisa, dígame el lector qué le
+pasaría al pobre hombre cuando en semejante arreo se echó á la calle,
+sin escuchar los consejos del amigote ni las protestas del elegante guía
+que, sin el miedo de perder su destino, se hubiera negado á acompañarle.
+
+Sucedióle, claro está, que no bien se hubo mostrado al público cuando
+éste la tomó con él. Primero le miraron, después se sonrieron, hasta
+concluir por interpelarle irónicamente, y por reirse á sus barbas. Pero
+este nuevo insulto colmó la medida del sufrimiento de don Silvestre.
+--«¡Canario!--exclamó al hallarse en medio de un grupo de
+calaveras;--conque ayer, porque iba al uso de mi tierra, os reíais de
+mí; y hoy que, por complaceros, me visto como vosotros, me toreáis
+también, sin duda porque no sé llevar esta librea. Pues tanto, tanto, no
+lo sufrió jamás un Seturas.»
+
+Y, sin otras explicaciones, largó una bofetada al más cercano, á quien
+metió de cabeza en el escaparate de una pastelería. Hubiera acometido á
+los restantes; pero al volverse hacia ellos ya habían desaparecido. Si
+todos los calaverillas madrileños hubieran presenciado esta escena, es
+más que probable que el mayorazgo no hubiera tenido que sentir más en
+igual género; pero como no todos los susodichos traviesos estaban allí
+cuando la primera bofetada, tuvo que pegar la segunda un poco más abajo,
+y la tercera más adelante, hasta que juzgó prudente ir á vestirse con su
+traje provincial, renegando de la independencia madrileña y de la
+educación y tolerancia de las «personas decentes».
+
+Con este desencanto sobre su alma, y envuelto en el burdo ropaje de sus
+mayores, con el que, si no iba elegante, andaba sumamente cómodo, echóse
+á ver lo que le faltaba; empresa que consumiremos, en la imposibilidad
+de seguir al mayorazgo paso á paso y en cada una de sus impresiones.
+
+Siendo la política su caballo de batalla, después de ver en los cafés
+que todos los periódicos que leía decían de sí propios lo mismo que el
+del cirujano de su lugar escribía de sí mismo y de su partido, es decir,
+que eran unos santos, al paso que renegaban de todos los demás, fuese al
+Congreso, donde esperaba oir aquellos discursos que, impresos, le
+admiraban, y aquellos hombres que, pronunciándolos, le parecían
+semidioses ó criaturas de distinta naturaleza, forma y color que el
+resto de la humanidad. Mas, ¡oh desengaño!, en el palacio de las leyes
+halló de todo menos discursos. Presenció en el seno de la Asamblea
+nacional _disputas_ acaloradas, y encontró en los diputados unos hombres
+de talla común, que tenían el mismo prurito que los periódicos: la
+inmodestia de decir cada uno de sí propio, _córam pópulo_, lo que todos
+los demás les negaban: que eran lo mejorcito de la casa, y de lo poco
+que en virtudes cívicas, y hasta domésticas, se encontraba por el mundo.
+De aquí resultaba mucho de:--«¿Qué has de ser tú?--Más que tú.--Tú lo
+serás de lengua.--Esa es la que á ti te sobra.--Pues á mí nunca me han
+perseguido por revoltoso.--Justo, porque en ti es de familia ser un
+mátalas-callando.--¡Al orden!--No me da la gana»,--etc., etc. Preguntó,
+con este motivo, si había dos Congresos de diputados en Madrid, y que en
+dónde se pronunciaban aquellos discursos tan arregladitos y tan
+elocuentes que él acostumbraba á leer; y cuando supo algo de lo que
+pasaba en la _redacción_ del _Diario de Sesiones_:--«¡Cáscaras!--dijo,--pues
+con un buen _redactor_, también habría oradores en el concejo de mi pueblo.»
+
+
+
+
+VI
+
+
+Curado con estos desengaños de la pasión política, dióse á lo de puro
+recreo; y quiso contemplar de cerca lo que tanto admiró desde lejos: _la
+casa de fieras_.--Que me aspen--dijo cuando la examinó jaula por
+jaula,--si el corral de mi casa no tiene que ver más que esto: para
+cuatro pavos, dos mastines y un mico, no necesitaba el Ayuntamiento un
+presupuesto y un personal como los de esta casa, cuyo título es una
+burla completa de lo que sus verjas debieran encerrar.
+
+Ya que en el Retiro estaba, quiso, lleno de entusiasmo, recordando las
+campiñas y bosques de su tierra, tenderse un rato bajo aquella
+_frondosidad_ tan decantada; mas, fuese culpa de la intensidad del sol,
+ó de la ruindad de los árboles, es lo cierto que en una extensión de
+media legua de bosque no halló tres dedos de sombra, ni dos docenas de
+yerbas donde tender su cansada humanidad. Esto le hizo recordar que el
+famoso _Prado_ era un _arenal_ completo en el que había de todo menos
+verdura y poesía; que el mismo desierto de Sahara no estaba más reñido
+que él con la vegetación, ni presentaba un aspecto más triste y
+desconsolador á las tres de una tarde de verano. Iba á preguntarse, por
+cuarta ó quinta vez, si el título de _prado_ sería irónico, chocándole
+que cupiese en cabeza humana (ignoraba don Silvestre la historia del
+célebre paseo) la idea de llamar una cosa con el nombre que menos le
+conviene; pero recordó lo que acababa de ver con el de _casa de fieras_,
+y días atrás con los de _puertas_ de Segovia y de Atocha, y se convenció
+de que Madrid era una pura ilusión.
+
+Por fortuna, don Silvestre era muy poco artista y mucho menos literato,
+y con ello se ahorró otros muchos desengaños.
+
+Pero, en cambio, era curioso y antojadizo, y nunca satisfizo un capricho
+de los muchos que le provocaban el aspecto y baratura de las mil
+trivialidades que veía en los escaparates de las tiendas, sin que al
+tomar el cambio de una moneda no recibiera un par de ellas falsas,
+monedas que, al entregarlas más tarde en otros establecimientos, le
+costaban serios disgustos.
+
+Si iba al café, aun sacrificando sus apetitos al gusto de los demás
+parroquianos, por evitar escenas como la consabida del sorbete, notaba
+que los mozos le servían más tarde y peor que á todo el mundo; porque
+en el centro de la tolerancia y de la despreocupación se juzga y se
+respeta á los hombres en razón directa de la excelencia del corte y
+calidad de sus vestidos.
+
+Los cocheros le trataban como al sentido común, es decir, inhumanamente:
+al verle con aquella estampa, ni se tomaban la molestia de aullarle con
+el brutal _¡jeeé!_ cuando le hallaban al paso, para indicarle que se
+apartara.
+
+El buscar una calle cualquiera le costaba los cuartos que le exigía el
+brutal gallego por servirle de guía; y como las calles eran muchas y las
+conocía mal, y como no estaba dispuesto á pagar _prácticos_ á todas
+horas, cuando salía solo no se atrevía á caminar por no desorientarse.
+
+Esta circunstancia le hizo fijarse todas las tardes, al anochecer, en el
+famoso crucero de las Cuatro Calles, sitio en que podía recrear su vista
+sin necesidad de cicerone. Allí, entre los mil objetos y personas que
+cruzaban en todas direcciones, observó que, á semejanza de los aviones
+que en las calurosas tardes de verano revoloteaban incansables alrededor
+del campanario de su lugar, discurrían por una y otra acera, pasaban,
+volvían á pasar, y siempre las mismas, aunque en incalculable número,
+mujeres de incisiva y elocuente mirada, beldades de esbelto talle y
+desenvuelta marcha; mujeres que, sin saber por qué, le arrancaban del
+pecho hondos suspiros.
+
+Mas, ¡ay!, en vano su ilusión le forjaba planes seductores.... Aquellas
+mujeres, cuyas miradas devoraban á los transeuntes, con cuyos
+movimientos, con cuya voz, en ocasiones, intentaban seducirlos, sólo
+para don Silvestre eran ariscas y desaboridas; para todos había
+sonrisas, guiños y hasta flores; para el infeliz mayorazgo
+_escupitinas_, desaires y malas razones. Don Silvestre recordaba
+entonces que en su pueblo se honraban las mozas con sus pellizcos, que
+sólo el temor á las lenguas de las envidiosas le hacían economizarse en
+las empresas galantes; y lanzando un suspiro angustioso, abandonaba su
+puesto favorito y marchaba hacia su casa, preguntándose por los placeres
+de la corte, y suspirando por el aire de su aldea;
+
+--«¿Dónde está lo que yo venía buscando? De todo lo prometido, ¿qué es
+lo que encuentro? El calor sofocante, el polvo cáustico, el infernal
+estrépito de los carruajes, el peligro de ser por ellos atropellado, los
+pillos callejeros y algunos _otros_ mercaderes, el rescoldo de las
+bebidas, el veneno de los estancos, la brutalidad de los cocheros, el
+vandalismo de los revendedores, la inhospitalidad de todo el mundo, el
+materialismo, la usura de la civilización: éstas son para mí las únicas
+verdades de la corte.»
+
+Y eso que el buen hombre, gracias á su amigo, no había caído en la
+mayor ratonera de Madrid; no había sido martirizado en el más cruel de
+todos sus potros: en las casas de huéspedes; ni había, gracias á su
+corteza ruda y á su sencilla educación, visitado la corte _por dentro_.
+Si con su sencillez de aldeano perdía la brújula á la superficie del
+mundo, ¿qué le sucedería surcándole por lo más hondo de sus tempestuosos
+senos?
+
+En algo parecido á esto debió de pensar después de la última
+_escupitina_ con que le espabilaron las sirenas de las Cuatro Calles,
+porque, apenas llegó á su casa, hizo su pequeño lío, atravesó el garrote
+de acebo por entre los picos anudados del pañuelo que le formaba, dejóle
+así sobre una silla de su cuarto, y se dirigió al de su amigo, á quien
+endilgó un discursillo que, reducido á otras frases menos desaliñadas,
+venía á decir lo siguiente:
+
+--«Bajo dos aspectos me interesaba la corte, vista desde el rincón de mi
+cocina: como centro en que se elaboraba esa política en que tan
+ciegamente creía, y como patria común á todos los hombres amantes de la
+libertad social y enemigos de los mezquinos chismes de corrillo. Muy
+pocos días he necesitado para conocer, á pesar de mi poca experiencia
+del mundo, que la tal política es una indigna farsa; que sus partidos,
+lejos de representar ideas de saludables recursos para la patria, no son
+más que _posiciones_ que los ambiciosos ocupan para conquistar mejor los
+grandes destinos, que son el móvil principal de todos los políticos. De
+aquí que el poder tenga tantos opositores, y que éstos no convengan
+entre sí más que en hacer la oposición. De aquí que, siendo la verdad
+una sola, y habiendo doscientos que, opinando de otras tantas maneras,
+pretenden todos hablar con ella, comprenda al cabo el desapasionado
+ciudadano que todos mienten, que todos lo saben, y que todos le
+explotan.--Entre el Congreso de diputados y el concejo de mi lugar no
+hay más diferencia que el traje de los concurrentes y la índole de las
+cuestiones; la intención es la misma: primero «yo», después «mi
+partido», lo último «el país». «Yo tengo siempre razón, mi partido es el
+santo, el justo; mi vecino es un egoísta, su partido la ruina de la
+patria.» Dispénsame la parte que de mi juicio te alcance, y concédeme
+que tengo razón.
+
+»Madrid como pueblo tolerante y centro de placeres para todos los gustos
+y para todas las inclinaciones, ya sabes, por mis relatos, lo que me
+promete. Aquí, según lo que me ha pasado, todo el mundo puede hacer lo
+que más le acomode, sin perjuicio del prójimo, por supuesto; pero es á
+trueque de romperse el alma con todos y cada uno de los que opinen de
+otro modo: esto es lo que yo ignoraba y lo que menos me conviene. En una
+palabra, para que yo viviera á gusto y disfrutara de todos los placeres
+con que brinda Madrid á los desocupados, sería preciso que olvidase
+todas mis costumbres y se cambiasen las condiciones de mi naturaleza:
+esto es tan imposible como que yo vuelva á leer un artículo de fondo,
+después que sé cómo y por qué se escriben. No por ello me pesa el viaje,
+pues te he dado un abrazo y he conocido lo que vale el inculto rincón de
+mis mayores, trocándole por la civilización. Ésta valdrá lo que quieras,
+pero á mi lugar me atengo; en él estoy como el pez en el agua, y á mi
+lugar me vuelvo. Conque, quédate con Dios.»
+
+Don Silvestre se hubiera largado muy serio sin decir una palabra más;
+pero su amigo, agarrándole por las haldillas del chaquetón, le rogó que
+le escuchara.
+
+--«Has hablado, Silvestre, como un libro; y guárdeme Dios de refutar lo
+más mínimo de tu discurso. Pero sabe que yo también reniego de la corte,
+y que la aborrezco con todos mis sentidos. Las atenciones de mi alto
+puesto me agobian, y las enemistades y miserias que él me produce entre
+las conexiones de la esfera en que habito, me desalientan; esfera, amigo
+mío, que por tu dicha no conoces. Soy rico, soy solo en el mundo,
+sencillo en mis gustos, inclinado á hacer el bien que puedo, refractario
+á la envidia y á la maledicencia, y no puedo contemplar, sin
+estremecerme, los dardos que me arrojan las rivalidades que cercan mi
+puesto, y la baja adulación de los que me necesitan ó me temen. No
+concibo que un hombre honrado se pueda acostumbrar á desayunarse todos
+los días con dos docenas de discursos impresos, en los que se le acusa
+de venal, de despilfarrador, ó, cuando menos, de estúpido; y el tratar
+en términos parecidos, si no peores, á los hombres de mi altura, es la
+ocupación de las tres cuartas partes de la prensa periódica; porque esta
+misma que en España se lamenta de que las letras, las artes y la
+industria, están en pañales y necesitan consejos y academias, consagra
+todos sus desvelos á calumniar, á fiscalizar el poder, cuando en él no
+están sus hombres, ó á adularlos servilmente cuando están al frente de
+la cosa pública. Sin más razón que la de ser yo lo que oficialmente soy,
+tiene derecho cualquier gacetillero hambriento, el último zascandil de
+la prensa periódica, á dudar de mi probidad, á llamarme inepto y á
+disponer contra mí la opinión pública. Estas innobles guerrillas que
+dirige y exacerba el hambre, ó cuando mucho, la ambición de mando ó de
+destinos, no puede sufrirlas un día y otro día ningún hombre que
+aprecie en algo su hidalguía y sienta aún el rubor de su dignidad
+calentarle las mejillas cuando una torpe lengua ó una envenenada pluma
+le hieren en el sagrario de su honra; que ésta no transige, ni ser puede
+más que una, ora se albergue bajo el burdo ropaje del campesino, ora
+bajo los bordados ostentosos del hábito de un magnate.
+
+»Por eso, mientras tú te aburrías en esas calles, yo me desembarazaba de
+todos mis cargos y esperaba tu resolución para comunicarte la mía, que
+es el asunto de que había prometido hablarte. Esperábala para decirte;
+amigo mío, colmadas todas mis ambiciones y agobiado por los desengaños,
+quiero abandonar la corte y respirar el aire libre de tus montañas,
+única campiña que he visitado en mi vida, y en la cual espero realizar
+todas las ilusiones que he adquirido con mi lectura favorita. Soy
+fanático admirador de la vida patriarcal y de los placeres del campo, de
+la poesía pastoril. ¡Lejos de mí el ruido del falso mundo, el seco
+afecto, el materialismo de la civilización! Como el venerable, tierno y
+sencillo poeta,
+
+ «Vivir quiero conmigo,
+ gozar quiero del bien que debo al cielo,
+ á solas, sin testigo,
+ libre de amor, de celo,
+ de odio, de esperanza, de recelo».
+
+»¡Bien hayan tus campiñas y tus bosques! ¡Allí, con la conciencia del
+hombre honrado, verás, verás, Silvestre amigo, cuánto placer encuentro!
+... sobre todo, cuando piense en el infierno de pasiones que aquí se
+agitan incesantemente, y cuando, mientras considere que en el mundo
+
+ «... se están los hombres abrasando
+ en sed insacible
+ del no durable mando,
+ _tendido yo á la sombra esté cantado_».
+
+»He aquí mi mayor ambición de hoy; ambición que acaricio años ha, y que
+tus noticias y tu presencia han venido á provocar hasta el extremo de
+hacerme tomar una resolución invariable.--Ahora bien: mientras olvido
+mis hábitos de mundo, mientras me aclimato á ese paraíso de tus valles,
+necesito tu compañía, un rincón en tu casa y un puesto en tu mesa; pero
+sin que en tu sistema de vida hagas la menor alteración, sin que mi
+presencia aumente un solo manjar á tus comidas. Con estas condiciones
+aceptaría tu hospitalidad. Para regalarme con el veneno de nuestras
+cocinas y con la vida muelle de estos gabinetes, me quedaría en la
+corte. Éste es el egoísmo á que me refería cuando llegaste á mi casa.
+Con franqueza, amigo Silvestre, ¿te parece aceptable mi plan?»
+
+El mayorazgo, que desde el principio del discurso de su amigo tenía un
+palmo de boca abierta, pero de puro placer, al oirle renegar de Madrid,
+y que, por otra parte, era generoso, sensible y hospitalario, y no había
+echado en saco roto que todo un personaje le hubiera reconocido á él,
+con su corteza de campesino, al cabo de tantos años de ausencia y sin
+otro motivo que una frívola amistad de la infancia, tendióle los brazos
+por toda contestación, en los que estrechó al personaje, quien, en
+premio de su cariñoso ofrecimiento, y con la promesa de no serle
+gravoso, si en ello no le ofendía, le anunció que dejaba muy bien
+recomendado su pleito y que contara con ganarle, deshechos algunos
+enredos que dificultaban el triunfo de su causa, debidos á los manejos
+de sus adversarios.
+
+Este notición colmó de entusiasmo á don Silvestre, que tornó á abrazar á
+su amigo, quejándose de que le hubiera creído capaz de cobrarle
+pupilaje.
+
+Pocos días después, salieron entrambos en una silla de posta, que debía
+dejarlos algunas leguas antes de llegar al pueblo, pues el amigote de
+don Silvestre quería hacer poco ruido para conservar el más riguroso
+incógnito, á fin de gozar más á sus anchas y en completa libertad todas
+las delicias que se prometía de la vida campestre y descuidada.
+
+Por eso se despidió de todos sus amigos y allegados para el Mediodía, y
+no faltaron periódicos que anunciasen, con esa perspicacia y exactitud
+que les son peculiares, su feliz llegada «á la ciudad de los Califas».
+
+
+
+
+VII
+
+
+Aquellos de mis lectores que hayan visitado el país del _cuco_ después
+de haber vivido algún tiempo en la clásica Castilla, y especialmente los
+que á esta última circunstancia reunan la de ser hijos de este poético
+suelo, me ahorrarían, de fijo, la pintura del efecto que en nuestros dos
+personajes causó el aspecto de la Montaña apenas hubieron perdido de
+vista la última llanura tórrida, monótona, infinita, de ese famoso
+granero de España. Me la ahorrarían, digo, porque ellos habrán sentido
+lo mismo que don Silvestre y su amigo al acercarse á este bello rincón
+del mundo por aquel camino. Pero como no todos los lectores se hallan en
+igual caso, diré, sólo para los que no conozcan esta comarca, que al
+acercarse á ella después de atravesar las planicies de Castilla ó de la
+Mancha, enfrente de tanta belleza se siente ... no tener cerca de uno á
+todos los moradores de las grandes capitales del mundo civilizado,
+orgullosos con sus prodigios de arte, para decirles:--«Mirad esa
+naturaleza, y pasmaos, porque junto á ella, todo es pequeño y raquítico.
+Ved aquí reunido y palpable cuanto de bello y fantástico ha cantado la
+poesía.»
+
+Y, á propósito: no hay trovador novel ni poeta melenudo que se haya
+creído dispensado de echar su parrafito á las orillas del _manso_
+Guadalquivir, ó del _aurífero_ Darro, ó á las aguas del histórico
+Guadalete, sembrando aquí y allá bosques y florestas, frondosidad y
+fragancia, césped y lirios, que así existen donde los colocan los vates,
+como yo soy arzobispo; en cambio, cuando alguno de aquellos ingenios ha
+pisado el suelo de la Montaña, en lugar de cantar lo que ella le
+mostraba, en lugar de darle lo que se le quita para engalanar ajenas
+hermosuras, se ha ocupado en escribir á «la civilización» si los
+moradores de aquende comen borona, andan descalzos y gastan los calzones
+más ó menos remendados, como si se tratara de un aduar de Marruecos ó de
+la isla de Annobón. Pero dejaría la poesía de serlo, si los poetas
+cantaran la verdad una sola vez en su vida.... Y vuelvo á mi cuento.
+
+Dando resoplidos de pura satisfacción don Silvestre, y recitando su
+amigo los más tiernos idilios que recordaba á la vista de los
+fantásticos paisajes que descubría á cada paso, llegaron ambos al
+solariego albergue de los Seturas, donde los dejaremos descansar un
+largo rato: al de Madrid, entre sus bucólicas ilusiones y bajo el
+incógnito más rigoroso, y al otro, bajo la impresión de sus recientes
+desengaños, y, por lo mismo, más satisfecho que nunca al verse dentro de
+las recias y ahumadas paredes de su casa.
+
+
+
+
+VIII
+
+
+Faltábale tiempo al de Madrid, en cuanto se levantó á la mañana
+siguiente, para correr por la _solana_, tumbarse bajo un nogal y caminar
+errante por las mieses; para gozar, en fin, con la loca expansión de un
+colegial en vacaciones. Y tan abstraído estaba, que al volver á casa, al
+crepúsculo de la tarde, no se acordaba de que no había comido al
+mediodía, ni echó de ver que llevaba desgarrados los pantalones y
+sangrando una rodilla, caricias debidas á las espinas de los setos por
+los cuales tuvo que saltar.
+
+En ocupaciones análogas pasó los primeros días, cada vez más alegre, más
+satisfecho y más juguetón. La bazofia y los condumios del ama de
+gobierno le parecían los manjares más deliciosos; el duro taburete en
+que se sentaba, mucho más blando que un sillón ministerial; y el
+aspecto rústico que tenían todos los objetos que encontraba y de que
+servía en casa de su amigo, eran el complemento de sus mejores
+ilusiones. Pero cuando gozaba extremadamente era por las noches, después
+que, oído el toque de ánimas y rezadas las oraciones de costumbre por el
+mayorazgo, á quien contestaban unísonos todos los de la casa, se
+sentaban en el ancho balcón del mediodía. El canto incesante de las
+ranas, el aroma de la campiña, el susurro elocuente y misterioso de la
+naturaleza, los relámpagos fantásticos é incesantes que en el horizonte
+presagiaban, según el ama de llaves, fuertes calores para el siguiente
+día; de tiempo en tiempo el canto monótono del labrador que iba á dar
+agua á una pareja, cuyas sonoras campanillas le hacían el
+acompañamiento; el vuelo rápido del murciélago que cruza indeciso á cada
+instante por delante del balcón; los regaños del ama en la cocina, que
+entre el charrasqueo de la sartén se destacaban, con poco placer de los
+criados á quienes iban dirigidos, y tantos otros ecos y fenómenos que en
+las noches de verano se perciben en el campo, abstraían de tal modo al
+forastero, que no hubiera cambiado entonces el balcón de don Silvestre
+por el trono más elevado del mundo.
+
+Y cuando por las mañanas, al romper el día, le robaban el sueño el
+cencerreo del ganado que salía al pasto, los silbidos de los criados,
+las seguidillas de las mozas que iban á la mies, el toque al alba, los
+ladridos del perro, el cacareo de las gallinas y los relinchos del
+caballo, lejos de incomodarse, bendecía en sus adentros el instante en
+que se le ocurrió trocar el agitado torbellino de pasiones de la corte
+por el obscuro rincón de la vivienda de los Seturas.
+
+Con la contemplación de éstos y otros cuadros á cual más sencillo, su
+lectura favorita adquiría para él cada vez mayor encanto; y hasta las
+tiernas églogas de Garcilaso le parecían la expresión más fiel de la
+verdad, y todos los recuerdos de todos los patriarcas descritos hasta
+entonces le asaltaban las mientes, y veía los trasuntos de todos los
+cuadros pastoriles del siglo de oro, y hasta sentía el calorcillo de sus
+venerandos y rústicos hogares; y tal era el dominio que sobre él
+ejercían estas ideas, que, fingiéndose extraviado, sorprendía á un
+vecino comiendo; entraba en la choza de otro cuando, sentado éste al
+frente del grupo de su familia, rezaba el rosario antes de acostarse;
+pedía aquí candela, más allá un guía, y por dondequiera aliviaba la
+miseria, complaciéndose en dejar oculta una moneda de plata, ya en el
+regazo de un niño que jugueteaba arrastrándose á la puerta de su casa,
+ya sobre el poyo de la cocina. Y todo esto lo hacía el buen señor,
+excepto lo de las limosnas, en verdad sea dicho, sin darse de ello la
+menor cuenta. No reflexionaba ni estudiaba aquello que veía, porque los
+cuadros y las impresiones se sucedían con la rapidez del pensamiento.
+
+Pero á los quince días de estancia en la casa de don Silvestre, comenzó
+á notar que no descansaba bastante en la, aunque mullida, incómoda cama
+que le habían puesto; que la bazofia le agriaba el estómago, y que, por
+falta de cielo raso en la alcoba, le escocían los ojos con el polvo que
+caía del desván, cada vez que (y esto sucedía todas las noches), cada
+vez que las ratas armaban sus jaleos acostumbrados entre las panojas
+sobrantes de la anterior cosecha--Con este motivo la rancia morada de
+los Seturas abrió por primera vez sus puertas á la civilización, que
+entró en la mejor alcoba de la casa en forma de colchón de muelles, cama
+de hierro, techo de yeso y papeles de colores, traído todo de la ciudad
+y colocado á expensas del huésped de Madrid, y con no poca delectación
+del mayorazgo, del ama y de todos los vecinos del lugar, que acudieron,
+por turno rigoroso, durante una semana, á contemplar las maravillas de
+la alcoba del madrileño, cuando éste se largaba á hacer sus excursiones
+de costumbre.
+
+Estas eran siempre por el campo, donde cada día buscaba un paisaje
+distinto y al antojo de su poética fantasía. Y, preciso es confesarlo:
+las praderas y valles del lugar de don Silvestre, como toda la Montaña,
+superaban en perspectiva á todos los cuadros que se imaginaba el señor
+de la corte: en esta parte era feliz el amigo de don Silvestre. Pero no
+lo era tanto cuando se acercaba á gustar prácticamente las delicias que,
+desde el fondo de los alfombrados gabinetes de las populosas ciudades,
+descubren los poetas entre el follaje de los bosques y sobre el blando
+césped de las campiñas.
+
+Es decir, que si el madrileño, siempre con sus libros debajo del brazo y
+en busca de paisajes, encantado por el aspecto de un artístico murallón
+cubierto de verde y tupida hiedra, se recostaba contra él, sentado sobre
+césped de un palmo de espesor, no bien se ponía á leer á cualquiera de
+los poetas, desde Gonzalo de Berceo hasta el último bucólico de nuestros
+gacetilleros y romancistas, y exclamaba, por ejemplo con el primero:
+
+ «Nunca trobé en sieglo lugar tan dileitoso»,
+
+ó con alguno de los modernos otra frase equivalente en menos rancio
+castellano, cuando llegaba el impertinente tábano, que le hacía girar
+como las aspas de un molino para defenderse de sus iras, ó cantaba á su
+lado la chicharra, ó se punzaba las asentaderas con alguna zarza
+traidora, ó caía una lagartija sobre la más sentimental y pastoril de
+las estrofas de su libro. Con cualquiera de estos contratiempos concluía
+el apasionado madrileño por sacudirse la ropa y marcharse punzado,
+aturdido y tiznado en busca de otro lugar no menos bonito, aunque más
+cómodo.
+
+--¡Oh magnificencia!--exclamaba una vez contemplando un nuevo
+sitio;--¡esto excede á la más sublime creación del más sublime de todos
+los poetas; á la región del más tierno pastor de cuantos ha creado la
+poesía!
+
+ «Corrientes aguas, puras, cristalinas,
+ árboles que os estáis mirando en ellas,
+ verde prado de fresca sombra lleno,
+ aves que aquí sembráis vuestras querellas,
+ hiedra que por los árboles caminas
+ torciendo el paso por su verde seno....»
+
+todo esto, y mucho más, veo yo, oigo y toco. ¡Y por qué el sensible
+_Nemoroso_ no ha de ser posible en estos valles? ¿Qué distancia hay de
+ellos á las imaginaciones de Garcilaso? ¡Oh divina poesía!: te veo y te
+palpo.... Pues señor, aquí, tras este tupido zarzal, cabe el arroyuelo
+que murmura á mis pies, sobre la florida y olorosa pradera, á la sombra
+de estos seculares castaños, voy á entregarme á mis gratos ocios. ¡Y
+dirán las almas de prosa que la poesía es una quimera!
+
+Y al contemplar aquella lozana vegetación, tan caprichosamente
+distribuída como no pudiera imaginárselo el más diestro jardinero,
+exclamó, hasta con fe en las palabras del poeta:
+
+ «Oh driades de amor hermoso nido,
+ dulces y graciosísimas doncellas,
+ que á la tarde salís de lo escondido,
+ con los cabellos rubios, que las bellas
+ espaldas dejan de oro cobijadas....»
+
+esperando, tal vez, que abriéndose las zarzas dejaran libre paso á la
+misma Galatea. Así es que al oir agitarse la enramada inmediata, no se
+sobrecogió lo más mínimo, en espera, como estaba, de algún prodigio.
+Pero cuando en lugar de los cabellos de la Ninfa, vió, atropellando las
+enmarañadas árgomas, madreselva, espinas, zarzas, juncias y ortigas, las
+afiladas astas de un novillo de cuatro años, descendiendo de la sublime
+región adonde se había elevado con sus pensamientos, á la clásica morada
+de los revolcones y de los ojales en la piel, despojóse hasta de sus
+libros para mayor desembarazo, y no paró de correr hasta la portalada de
+los Seturas.
+
+
+
+
+IX
+
+
+Éste y otros percances análogos y un tabardillo que le produjo al fin
+tanta y tanta insolación como tomaba, buscando por el campo la sombra
+de la poesía, le obligaron á desistir de sus excursiones ordinarias,
+conformándose después con la sombra del nogal solariego para los pocos
+ratos que consagraba á la lectura desde el último desencanto. Y como no
+tenía una sola persona á quien hacer confidente de sus impresiones, pues
+don Silvestre, nacido entre los prodigios de aquella naturaleza, de nada
+se pasmaba, como que nada hallaba que le chocase, y fuera de la
+naturaleza rústica y virgen, no conocía á fondo más que sus recientes
+desengaños, le pareció muy fastidiosa la contemplación de los fenómenos
+naturales durante las primeras horas de la noche, desde la solana del
+mayorazgo; halló también insoportable la noche misma hasta la hora en
+que se acostaba; y como el sueño era acaso el mayor placer que
+experimentaba ya en el campo, incomodábale de veras el tener que
+despertarse á las cinco de la mañana entre la gritería del ama de
+llaves, los silbidos de los criados y el cencerreo del ganado, después
+de haber dormido mal toda la noche, desvelado á cada instante por los
+ladridos del mastín, cuya vigilancia llegaba á ser impertinente, á
+fuerza de ser escrupulosa.
+
+Agréguese á esto que la prodigalidad del _señor de_ don Silvestre, como
+llamaban en el pueblo al de la corte, había corrido de cocina en cocina
+por todo el vecindario, y que, por lo mismo, no hubo en él una sola
+persona que no se creyese con derecho á pedirle dinero, pretextando
+necesidades, unas veces ciertas y justificadas, otras fingidas é
+indignas de la largueza y caridad del forastero; de suerte, que ni
+siquiera le quedó el placer que experimentaba aliviando la desgracia,
+pues temía equivocarla con las consecuencias de la haraganería, y
+contribuir al fomento de más de un vicio, procurando socorrer la
+verdadera miseria.
+
+Una de las impresiones más agradables que recibió en la aldea, fué al ir
+por primera vez á oir la misa de la parroquia. Bajo la tejavana, ó
+_portal_, que se extendía á todo lo largo de dos fachadas de la iglesia,
+como en todas las de las aldeas de la Montaña, estaban reunidos y en
+espera del toque de campanilla que les avisara la salida del sacerdote
+al altar, todos los viejos, jóvenes y niños del lugar que no tenían un
+impedimento justificado que los eximiera de aquella obligación de
+conciencia. Todos con el mejor vestido, y formando corrillos en los que
+se departía á gritos, como es costumbre entre la gente de campo, no
+porque el furor sustente los debates, sino por hábito adquirido viviendo
+casi siempre fuera de techado; todos, repito, se entregaban á aquel
+primer momento de ocio, después de una semana de rudas fatigas, con las
+más expresivas señales de satisfacción, buscándola especialmente en
+comunicarse unos á otros las observaciones, planes y labores que cada
+cual había hecho desde el domingo anterior. Cuando el de Madrid, al lado
+de don Silvestre, se acercó al portal de la iglesia, el rumor que veinte
+pasos antes llegara bien claro á sus oídos, cesó de repente;
+levantáronse los hombres que estaban sentados, suspendieron los
+muchachos sus juegos y carreras, y descubriéndose todos respetuosamente,
+abrieron calle al madrileño y á su amigo hasta donde el primero juzgó
+oportuno detenerse. Esta muestra de deferencia y de respeto afectó al
+huésped del mayorazgo, acostumbrado al frío y egoísta contacto del
+pueblo de las grandes ciudades; y en prueba de su reconocimiento, trató
+de mostrarse afable y cariñoso, más aún de lo que era de ordinario, con
+el dueño del rostro más cercano, entre los varios que le contemplaban
+inmóviles desde su llegada.
+
+Á las primeras palabras dirigidas afectuosamente al aldeano, los que
+detrás de él formaban silenciosos, adelantaron un paso, y á la cuarta
+pregunta del de la corte, un círculo compacto de curiosos le envolvía,
+disputándose todos la ocasión de oir la voz del señor forastero, y de
+seguir de cerca con la vista el movimiento de sus brazos y la dirección
+de su mirada. Esto duró hasta que se oyó el repiqueteo de la campanilla;
+porque entonces, los chicuelos rompieron la humana valla que á duras
+penas habían atravesado para ver al caballero más de cerca, los viejos
+apagaron sus pipas, los jóvenes restregaron el fuego de sus cigarros
+contra el poste más inmediato y se guardaron las puntas en el bolsillo
+del chaleco, los que tenían la chaqueta tirada sobre los hombros, se la
+vistieron, y todos corrieron al templo atropelladamente para llegar á él
+antes que el párroco pisara las gradas del altar.
+
+--¡Qué feliz he sido hoy en medio de esos honrados aldeanos!--decía á
+don Silvestre su amigo durante la comida.--¡Cuánta poesía en aquel
+cuadro que me rodeaba! Porque su expresión no era la que dan la bajeza
+ni la ignorancia, sino la mansedumbre del justo, ó el rubor de la
+inocencia.
+
+Don Silvestre hubiera hecho algunas enmiendas al panegírico de su amigo;
+pero tan habituado le tenía éste á semejante lenguaje, que ya no se
+cansaba en contestarle siempre que con él le hablaba.
+
+
+
+
+X
+
+
+Las escenas del portal de la iglesia se repetían cada día festivo, no
+solamente en este sitio, sino en el _corro_, á donde iba el madrileño á
+ver bailar y jugar á los bolos. Pero llegó á notar este fanático
+personaje que el círculo de curiosos que siempre le envolvía era cada
+vez más estrecho; que entre los espectadores, antes mudos como estatuas,
+había muchos que se permitían sus _apartes_ intencionados y con
+presunciones de graciosos; que los que este título llevaban entre los
+convecinos, á trueque de conquistarse sus carcajadas, faltaban
+_aliquando_ al de Madrid, siempre digno y prudente, con una grosera
+impertinencia; que los chicuelos, que antes le contemplaban con la boca
+abierta y las manos en los bolsillos del pantalón, se le acercaban hasta
+tocarle con un dedo la cadena del reló, mientras á la descuidada
+tentaban con la otra mano el paño de su levita, cuya finura les
+admiraba; y, por último, que las mozas del lugar, á quienes dirigía
+delicadas galanterías y que al principio no se atrevían á mirarle á la
+cara, le volvían ya cada fresca que le dejaba helado. De modo que,
+después de la metamorfosis de Galatea en novillo _uncidero_, dándose á
+reflexionar durante la convalecencia del tabardillo sobre el carácter de
+la gente del campo donde habitaba, á despecho de sus ilusiones se
+concedió á sí mismo que pedir prudencia, saber, dulzura y poesía á unos
+seres cuya sociedad constante son las bestias, cuya educación son las
+rudas tareas del campo, y cuyas aspiraciones están limitadas á salir del
+año sin morirse de hambre, es una exigencia que toca en lo ridículo.
+¡Harto harán, los pobres, sabiendo saludar en turbio castellano!
+Demasiado es en ellos esa suspicacia extremosa que forma su carácter,
+primer testimonio de que no carecen de criterio. ¡Ojalá supieran
+educarle, y entonces no emplearían aquélla en dudar de todo el mundo, ni
+se acarrearían esas guerras intestinas que los lleva á cada instante á
+disputar sus derechos ante los tribunales de justicia, consumiendo en
+empresas tales el fruto de sus faenas, mientras sus hijos se arrastran
+desnudos, pidiéndoles un pedazo de pan que no siempre reciben!
+
+Merece consignarse otro de los incidentes que más contribuyeron al
+desencanto de nuestro personaje.
+
+Departiendo una mañana en el portal de la iglesia con el alcalde del
+pueblo, brindóse de muy buena gana á traer de su cuenta, un reló de
+torre para la iglesia del pueblo, como un regalo que dedicaba á los
+honrados vecinos entre quienes tan buenos ratos había pasado. El
+alcalde, al oir la palabra _regalo_, abrió unos ojos de á tercia, y
+dióse á reir de pura satisfacción; pero cuando se puso á reflexionar
+sobre el motivo de tanto desprendimiento, tornóse serio, y dijo al
+personaje, con la mejor cara que pudo, que al día siguiente le daría la
+contestación. Éste, que atribuía á modestia ó á cortedad semejante
+respuesta, no volvió á pensar más en ella, y en cuanto se separó del
+alcalde, no dudando que su proposición sería bien acogida, se puso á
+discurrir sobre el modo de que el reló llegase al pueblo lo más pronto
+posible. Entre tanto el alcalde, apenas pronunció el cura el «_Ite missa
+est_», se acercó al campanero y le dijo con ansiedad:--Toca á concejo.
+
+Como el edificio en que las sesiones se celebraban, ó sea la casa
+consistorial, estaba á dos pasos de la iglesia, á medida que ésta se
+desocupaba iba llenándose la otra, deseosos los vecinos de saber de que
+se trataba, pues ni había carreteras que componer, ni arbitrios que
+rematar, ni repartos que hacer sobre el territorial, ni sorteo de mozos
+para el ejército, ni siquiera ajustes de _puertos_ y pastores.
+
+--Señores--dijo el alcalde, tan pronto como el alguacil pasó lista á los
+asistentes y vió que, legalmente, se podía celebrar sesión;--se trata
+de que el señor forastero quiere regalar un reló de campana para la
+torre de la iglesia del pueblo.
+
+--Pues Dios se lo pague--contestaron á coro la mayor parte de los
+concurrentes.
+
+--Á mí me parece _que no habrá compromiso_ en que le cojamos por la
+palabra--añadió el alcalde, dejando entrever ya el fondo receloso que,
+como opinaba muy bien el personaje, forma el carácter de los aldeanos
+montañeses.
+
+No necesitaba tanto el vecindario para calcular los inconvenientes que,
+en su concepto, podría traer al pueblo la aceptación del regalo; así es
+que al oir la palabra «compromiso» en boca del alcalde, cada vecino se
+volvió hacia su colateral, con una expresión en la cara que, aun cuando
+de pronto parecía de estupidez, leyéndola bien se podía traducir en
+estas palabras:--«¿Que te parece de esto?; ¿nos cogerá de primos?»
+
+Pero tan franco, tan claro era el ofrecimiento, que ni aun con la mala
+fe de que ellos eran capaces encontraron en el primer cuarto de hora una
+sola objeción que hacer al generoso forastero. No obstante, lejos de
+decir explícitamente «aceptamos», todos, y el primero el alcalde,
+dirigieron sus miradas inquietas á un rincón de la sala donde estaba
+sentado un viejo con calzón corto remendado, montera bajo la cual
+asomaban, entrecanos y nada limpios, dos mechones de pelos, uno sobre
+cada sien y de un palmo de largos, según la antigua moda, chaqueta al
+hombro y un garrote chamuscado con el que hacía garabatos sobre el polvo
+del suelo fingiéndose distraído.
+
+El tío Merlín, que así llamaban al viejo de las sucias greñas, era la
+notabilidad del pueblo, donde se le había dado el nombre que llevaba por
+la reputación de _listo_ que le acompañaba desde sus contemporáneos,
+que, al emigrar de este mundo, se le recomendaron á la generación
+heredera como un dije inestimable, como una providencia. El tío Merlín
+reunía á la condición de listo la fama de _celebre_, nombre que entre
+los aldeanos equivale á decidor, oportuno, chistoso; circunstancia que,
+por sí sola, dice bastante para que todos los lectores comprendan el
+dominio que el tío Merlín ejercería sobre sus convecinos. Porque en
+aquel lugar, lo mismo que en el mundo de la cultura, un hombre á quien
+los demás escuchan con la sonrisa en los labios y dan el apellido de
+_gracioso_, tiene amplias facultades, no solamente para provocar la risa
+sin ofender á nadie, sino para ser importuno, molesto y hasta grosero
+donde y cuando le acomode, sin que á nadie se le ocurra darse por
+ofendido. ¿Y cuál no será la influencia de un hombre de éstos entre los
+que le rodean, cuando sobre su carácter de gracioso lleva la fama de
+_sabio_, como el tío Merlín? Por eso á este personaje se le encontraba
+presidiendo todos los acontecimientos del lugar. Bodas, bautizos,
+entierros, juntas, tertulias..., en cualquier acto de éstos y otros
+muchos, lo primero que la pública curiosidad buscaba anhelante era la
+presencia del tío Merlín; porque aquí para provocar la risa, allá para
+dar un consuelo y en el otro lado para ilustrar el juicio de los demás,
+su presencia era tan indispensable, que sin ella no se encontraba
+alegría, ni lágrimas, ni consuelo, ni parecer.
+
+Y es de notar que el tío Merlín jamás era explícito en sus dictámenes, y
+que sus admiradores, al repetir á otros las ocurrencias del célebre
+viejo, apenas hallaban por donde cogerlas; y es claro: el tío Merlín,
+como casi todos los decidores del mundo, tenía todo su chiste en aquello
+que callaba, y lo que callaba era lo más importante. Así es que la
+reticencia era su fuerte, y con un interrogante, unos puntos suspensivos
+y un gesto de «¡qué pillo soy!» resolvía todas las cuestiones, arrancaba
+á su placer las carcajadas al auditorio y enredaba á sus convecinos cada
+día en un berenjenal de pleitos y rencillas, extraviándoles más y más la
+justicia con lo vago de sus maliciosos pareceres. Pero su fama era
+bastante más vieja que todos sus convecinos entre quienes el buen
+criterio no pudo nunca aclimatarse, y el tío Merlín era siempre listo y
+_celebre_..., y por eso en el concejo se buscaba su opinión al tratarse
+de aceptaré ó no la oferta del rumboso madrileño.
+
+--¿Qué dice de esto el tío Merlín?--preguntó el alcalde después que,
+como todo el concejo, le hubo mirado por algún tiempo en silencio,
+estudiando hasta el rumbo más vago de su garrote.
+
+El interrogado, sin dejar de hacer garabatos, miró de reojo á todos los
+circunstantes; fijóse en el alcalde, que inclinado sobre la mesa
+enseñaba unos dientes tan grandes como habas cochineras, ansiando la
+respuesta del viejo, y después de arreglar la chaqueta sobre los
+hombros, contestó muy pausadamente:
+
+--¿Conque ... qué digo yo de esto, eh?... Pues digo que.... ¡Jummma!...
+
+Esta carraspera arrancó al concejo una carcajada que duró medio cuarto
+de hora.
+
+--Vamos al decir, tío Merlín, _de_ que usté cree....
+
+--Que la cosa no trae malicia, señor alcalde ... ¡jui! que las pillo yo
+al vuelo....
+
+--Pero, señor, fegúrese usté que el hombre me llama y me ice «doy el
+reló pa la torre sin el menor aquel de gastos pa el respetive: yo pago
+too el jaleo, y pueen ustedes desde hoy avisar á los carpinteros y
+albañiles que han de juriacar la paré, porque la cosa estará aquí en toa
+la semana que viene.»
+
+--¡Hola!... ¿Conque hubo too eso? ¿Conque le ice á usté ese señor que
+busque carpinteros y que juriaque la paré de la torre..., y entoavía no
+atisba usté la estruchá?
+
+--Hombre--repuso el alcalde con cierta humildad que le imponía la
+sagacidad del viejo,--no diré yo que no viera algo de ella, y por eso
+mandé tocar á concejo.... Pero ello, ¿qué es lo que usté teme?
+
+El tío Merlín bajó la cabeza, sonrióse, volvió á hacer rayitas en el
+suelo, y por toda contestación largó otro ¡jummmaaá! que produjo el
+mismo efecto que el anterior. Al cabo de un rato añadió:
+
+--Señores, en el juriaco que se quiere abrir en la torre, ¿no ven
+ustedes ná?
+
+Los circunstantes se encogieron de hombros.
+
+--Lo dicho--continuó el viejo,--no ven ustedes un buey á cuatro
+pasos.... Pues yo veo que por ese juriaco se nos mete en casa el
+forastero; que el reló es una trampa que se nos quiere armar para
+dejarnos á toos en cueros vivos en el día de mañana.
+
+Una exclamación de sorpresa fué la contestación del concejo.
+
+--Eso no puede ser, tío Merlín--objetó luego el alcalde;--la cosa no
+trae tanta malicia. ¿Y á qué se agarra usté pa creer...?
+
+--¿Que á qué me agarro?... Esa es cuenta mía. Nos vió aldeanos, le gustó
+el pueblo, y dijo: «á pescar lo que se pueda....» Porque, señores, pinto
+el caso de que uno cualquiera de ustedes va al lugar de ese señor, y
+tiene tanto dinero como él: por mucho que el lugar le guste, ¿se le
+ocurrirá regalar un reló para la torre de la iglesia?
+
+--Es claro que no--contestaron algunos.
+
+--Pues cátalo ahí--exclamó triunfante el tío Merlín.--¿Á qué santo ese
+hombre nos ha de regalar un reló, sin más acá ni más allá?
+
+El concejo se quedó tamañito bajo tan contundente argumento.
+
+--De manera--dijo el alcalde,--que nos convendrá decir á ese señor que
+se guarde el regalo para engatusar á otros tontos....
+
+--No, señor: «á la zorra candilazo», que dijo el otro--replicó el tío
+Merlín.--Aquí va á ir de pillo á pillo. Puede usté decirle que traiga el
+reló, pero firmando un papel.
+
+--¡Á ver, á ver! ...--murmuraron sus convecinos, llenos de curiosidad.
+
+--Escriba usté, secretario--dijo á éste el alcalde;--que la cosa tiene
+que ver. Dite usté, tío Merlín.
+
+Éste, después de rascarse mucho la cabeza, colocó sobre el garrote sus
+dos manos, sobre ellas la puntiaguda barbilla, y con los ojos radiantes
+de malicia y de satisfacción, empezó á dictar al secretario lo que,
+entre un aluvión de carcajadas y después de cien enmiendas y al cabo de
+media hora, decía al pie de la letra:
+
+«Digo yo, don Fulano de Tal, que por mí y por todas las generaciones y
+herederos que pueden venir detrás de mí y por todos mis cuatro costados;
+he recibido del Ayuntamiento de ... el valor del reló de la torre de su
+iglesia, traído por mi conducto y á mis expensas.
+
+»_Item_.--Que me comprometí á ponerle por mi cuenta en el juriaco que
+ocupa.
+
+»_Item_.--Que señalo una cantidad de _dos mil reales_ al año para gastos
+que el infrascrito reló preduzca, ó arroje de sí mesmo, ó séase para su
+manutención y conservación.
+
+»_Item_.--Que si algún día la torre se viene abajo en mis días ó en los
+de todas las generaciones y herederos que puedan venir detrás de mí y
+por todos los cuatro costados, yo y ellas nos comprometemos á hacer otra
+torre nueva ú otra iglesia, si el ayuntamiento lo tuviere por
+conveniente.
+
+»_Item_.--Yo y las dichas generaciones y herederos nos comprometemos á
+pagar todos los pleitos que por causa del reló resulten en el lugar, ó
+en las inmediaciones, y á no hacer reclamación alguna al concejo de ...
+por conceuto del reló ni otro alguno.
+
+»Así lo quise; y, para que conste, lo firmo en ... á tantos de Julio,
+etc.»
+
+--Ahora--añadió el tío Merlín,--que firme ese señor; después que vea por
+ónde nos mete mano.
+
+Y retozándole la risa en los labios, salió del concejo entre la algazara
+y los aplausos de sus convecinos.
+
+Aquel mismo día se presentó el alcalde con este documento al forastero,
+diciéndole, al entregársele, con tono y expresión de triunfo:
+
+--Aquí está mi contestación.
+
+El amigo de don Silvestre no pudo menos de reirse al leer tan peregrinas
+condiciones, á pesar de la sorpresa que le produjeron, después, se
+indignó al considerar tan miserable suspicacia, y, por último, rompiendo
+en pedazos el papel y volviendo las espaldas al alcalde por toda
+contestación, acabó por compadecerse de aquellas pobres gentes que, por
+huir de un mal que nadie les hacía, desechaban el bien que les iba
+buscando.
+
+
+
+
+XI
+
+
+En éstas y otras, la estación avanzaba y el melancólico otoño iba
+iniciándose á medida que morían las ilusiones del forastero. El
+aterciopelado verde de la campiña se había cambiado en otro más pálido y
+amarillento; segada y recogida la yerba de los prados y _despuntados_
+los maíces, las mieses habían perdido toda su lozana frondosidad; y su
+aspecto, aunque bastante más risueño que la primavera de Castilla,
+infundía cierta tristeza en el ánimo que la había contemplado dos meses
+antes. Los bosques se enrarecían también al menor contacto del furibundo
+viento Sur, que ya estaba en plena campaña para secar las panojas y
+madurar las castañas; los pajarillos enmudecían poco á poco y volaban
+errantes é indecisos; las noches crecían y los días acortaban; la
+naturaleza toda anunciaba su letargo del invierno, y no se escuchaba
+otro sonido de su elocuente lenguaje que el de los secos despojos de su
+primavera, rodando en confuso torbellino á merced del viento que cada
+día soplaba más recio.
+
+No necesitaba el forastero tanto aparato para languidecer y enervarse,
+después de los desengaños padecidos hasta allí. Así es que, á la vista
+del cuadro que se le presentaba, no tenía otro deleite que pensar en su
+vuelta á la corte. Y como esto no le llenaba el ánimo completamente, se
+complacía en colocar á su lado, para contraste, todos los disgustos que
+debía á su expedición á la patria de los Seturas, con el fin de amar la
+primera á medida que fuera aborreciendo la segunda.
+
+--«Vamos á cuentas--se decía una tarde, sentado en frente de la ventana
+de su cuarto, y mirando cómo se ocultaba el sol detrás de una montaña,
+entre vivísimos resplandores.--Llevo en este pueblo tres meses; he
+gozado á mis anchas y con las ilusiones de un niño, es decir, he gozado
+cuanto es posible en esta vida de zozobras y de aprensiones, tres
+semanas. En cambio he padecido después un tabardillo, tres cólicos,
+trescientos sustos, treinta mil molestias por esos campos de Dios
+buscando la sombra y la poesía, sesenta y seis insomnios producidos por
+el perro, por los cencerros y por los golpes oídos durante la noche, é
+innumerables disgustos en mi trato con el vecindario; y si cuento diez
+indigestiones que me produjo la bazofia de esta bendita cocinera, una
+oftalmía á consecuencia del polvo del techo de mi alcoba y doscientos
+rasguños de espinos en la piel (todo esto durante las tres semanas
+contadas de placer), no hay duda que la ganancia de mi expedición, vista
+por este lado, ha sido bien escasa. Veámosla por la parte económica, que
+es por lo que más se recomienda la vida del campo. Por no reventar con
+tanto y tan especial menjurje, he tenido que proveerme por mi cuenta de
+la ciudad; y como está muy lejos, entre propios, carros y otras
+menudencias, lo que aquí he comido, muy mal sazonado, me cuesta triple
+que mi alimento ordinario y relativamente exquisito de Madrid. Mi
+equipaje está sucio y desgarrado.
+
+»Se me dirá que de esto me tengo yo la culpa, pues he saltado portillos
+y corrido por los prados, y me he sentado en ellos.... Pero, señores
+míos, ¿es posible que á otra cosa se pueda venir al campo? Sin contar lo
+que he dado en limosnas, pues esto bien empleado está, llevo gastado un
+dineral en propinas y en pagar, triple de lo que valían, _regalos_ que
+estas gentes dieron en hacerme cuando corrió la voz de mi largueza.
+Total, incluso manutención, obra de la alcoba, etc., según el estado de
+mi bolsillo y cartera, cerca del doble de lo que, en igual tiempo, gasto
+en Madrid con carruaje y espectáculos.
+
+»Veamos ahora mi expedición por la parte instructiva, por la del
+estudio, para el cual se receta siempre el campo. Perdidas mis ilusiones
+por la frívola poesía pastoril, solamente la idea de salir de aquí muy
+pronto era capaz de hacerme leer con paciencia mis libros instructivos.
+No comprendo que sin un confidente con quien consultar, ó con la idea de
+no volver á ver más el mundo, haya un hombre capaz de encerrarse entre
+los bosques á desentrañar los misterios de la ciencia, cuando la
+ignorancia completa de ella es lo primero que se necesita para vivir á
+gusto entre estas cerriles criaturas, ser tan rústico como ellas, y
+circunscribir á las suyas las propias ambiciones. Y no se me diga que
+ésta es cuestión de carácter, porque el mío es un modelo de docilidad y
+acomodamiento, soy un optimista extremoso, y así y todo me ha hastiado
+la naturaleza y me ha repugnado la humanidad inculta. Mi lectura, pues,
+con la esperanza de ver el mundo otra vez, no ha sido escasa, pero no
+provechosa: pues con incómoda habitación, malas digestiones y preocupado
+con las miserias de que he sido objeto, no he sacado tanto fruto aquí en
+dos meses como en un solo cuarto de hora en mi gabinete de estudio en
+Madrid.
+
+»Por lo que hace á robustez, que es lo que en mí busca y dice que
+encuentra todos los días Silvestre desde que estoy en la aldea, si algo
+he aumentado en volumen, debe ser consecuencia de la corteza tostada que
+cubre mis manos y mi cara, y del no sé qué que se ha adherido á mis
+cabellos que, á pesar de mi esmero, se rebelan, y están cada día más
+rústicos y cerdosos.... Decididamente me vuelvo á la corte.... Pero ¿y
+el hastío que me echó de ella? ¿Será otra ilusión, como la del campo, la
+inclinación que hoy siento hacia Madrid? Antes de salir de aquí voy á
+probar el último recurso; voy á vivir á lo Robinsón. Dialogaré con la
+naturaleza y huiré de todo ser humano en lo que me sea posible.»
+
+Aquí llegaba el de la corte con sus meditaciones sin notar que el sol
+había apagado su último reflejo, y que, por ende, la noche había dejado
+su habitación envuelta en la más impenetrable obscuridad, cuando un
+ruido estrepitoso, sobre el techo de la alcoba, le hizo dar un salto en
+la silla y buscar en seguida, á tientas y acelerado, la puerta, pensando
+que se hundía el tejado solariego.
+
+--¡Silvestre! ¡Silvestre!--gritó al hallarse en la sala.
+
+--¿Qué demonios te ocurre, hombre?--contestó á poco rato el mayorazgo,
+apareciendo en escena con el candil en la mano.
+
+--¿Qué ruido es el que he sentido sobre mi cuarto?
+
+--¿Á que te has asustado?... ¡Ja, ja, ja, jaaaa!
+
+--¡Pues el lance es para reir!
+
+--Y ya se ve que sí. Como que no es otra cosa que un garrote de panojas
+de la otra cosecha que estoy poniendo encima de tu cuarto.
+
+--Á buena hora te has acordado de hacerlo.
+
+--Como los criados han estado _cogiendo_ todo el día en la mies, no se
+ha podido hacer hasta ahora.
+
+--Ya podías haber avisado antes, ó dejar la operación para mañana.
+
+--En lo primero tienes razón, y dispénsame el olvido; en cuanto á lo
+segundo, como esta noche es la _deshoja_, no era cosa de que se
+mezclaran las dos cosechas.
+
+--¿Qué es eso de la deshoja?
+
+--¡Cómo! ¿No sabías que era esta noche? ¡Bruto de mí!... Vente conmigo.
+
+Y así diciendo, cogió á su amigo por un brazo, y le arrastró, ó poco
+menos, hasta la cocina. En ella le enseñó al ama de llaves que estaba
+fregando una enorme caldera en la que iban á cocerse media fanega de
+castañas que estaban en un saco cerca del fogón.
+
+--Todo esto es para la gente--dijo don Silvestre señalando las castañas
+y un enorme jarro de vino que estaba sobre el vasar.
+
+--¿Para qué gente?--le replicó su amigo cada vez más sorprendido.
+
+--Vente y lo verás--repuso el mayorazgo saliendo de la cocina y llevando
+por delante á su amigo.
+
+Unos pasos antes de entrar en el _estragal_, ó sea el corredor que
+conduce á la _bodega_ desde el punto en que arranca la escalera del piso
+alto, una algarabía atronadora de carcajadas, cantares y chillidos llamó
+la atención del forastero; algarabía que cesó tan pronto como éste y
+don Silvestre llegaron á la puerta de la bodega. En ésta, iluminada por
+un roñoso farol colgado de un clavo en una pared, se veía una enorme
+pila de panojas recién traídas de la heredad, y á su alrededor, sentados
+en el suelo, un enjambre de mozas y mozos del lugar ocupados en
+deshojarlas, echándolas después una á una, pero con extraordinaria
+rapidez, en los _garrotes_, ó grandes cestos, que estaban colocados
+delante de los deshojadores, á razón de uno de los primeros por cada
+seis de los segundos. Estos garrotes suelen tener una medida dada, y por
+el número de garrotes, ó _coloños_, que van llenos al desván, calcula
+fácilmente el labrador el resultado de su cosecha.
+
+La deshoja es una operación que toma la solemnidad que hemos visto en
+casa de don Silvestre, en las de cuantos labradores cogen maíz para todo
+el año, pues con el objeto de que el grano empiece pronto á ventilarse,
+procura el cosechero despojarle cuanto antes de la hoja que le envuelve
+y le perjudica mucho, después que se retira de la heredad; y como la
+operación es muy pesada para poca gente, es ya costumbre que se reuna
+toda la que quiera del pueblo, sin mas retribución que un _maquilero_ de
+castañas cocidas y un vaso de vino ó de aguardiente, y á veces una sola
+de las dos cosas, para deshojar una cosecha en una noche, ó en dos á lo
+sumo.
+
+El silencio impuesto por la llegada de don Silvestre y su amigo, volvió
+á alterarse en breve, en cuanto el último, siempre propenso á gozar con
+tales cuadros, se mostró muy satisfecho en medio de la concurrencia, y
+le dirigió algunas palabras en son de broma. Fraccionóse, pues, el
+círculo en secciones; y en una se contaba el cuento de _Juan del Oso_,
+en la otra se criticaba, en ésta se cantaba y en aquélla se hablaba de
+la cosecha, sin que faltasen manotazos ó coscorrones por aquí y por
+allá, pues aquellos mozos también eran de carne y hueso, y no siempre,
+buscando una panoja oculta entre las hojas apiladas, topaban con ella al
+momento y sin tropezar antes con tal cual pantorrilla extraviada, cuya
+dueña, aunque con la risa en los labios, protestaba con el puño cerrado
+contra la equivocación.
+
+Hacía un rato que la deshoja estaba en plena efervescencia, cuando una
+voz gritó: «¡la _mona!_»; y esto bastó para que las mujeres se
+alborotaran y chillasen, y para que los hombres se pusieran en actitud
+de defensa.
+
+El forastero, pensando que se trataba del cuadrumano de aquel nombre,
+miraba á todas partes con ávida curiosidad, en tanto reía á sus anchas
+el bonachón de don Silvestre, quien al cabo explicó á su amigo lo que
+aquella voz significaba.--Llámase _mona_ á una gran bolsa ó
+protuberancia que sale á algunos maíces en el tallo, y que después de
+seca se convierte en un depósito de polvo negro y pegajoso; bolsa que
+suelen guardar cuidadosamente los aldeanos al coger el maíz, para untar
+con ella en la deshoja la cara del más cercano, cuando más descuidado
+esté.
+
+Prodújose la alarma de costumbre; pero la mona no pareció por ninguna
+parte. Un mocetón colorado y mofletudo, que no pudo ver con calma á un
+rústico Tenorio (pues también los hay en el campo) charlando más de lo
+regular con una moza á quien él galanteaba, era el que había gritado con
+la intención de interrumpir el amoroso coloquio, ya que no había podido
+conseguirlo de otra manera, por hallarse colocado muy lejos de la
+amartelada pareja.
+
+--¡Diez y _tarja_!--cantó la voz de un hombre que, llegando á la puerta
+de la bodega, cruzó con una raya de yeso otras nueve paralelas, hechas
+una á una á cada coloño que se subía al desván.
+
+Chocó al forastero que el décimo, en lugar de seguir el camino de los
+anteriores, cayese en un rincón de la bodega, que se había aseado antes
+con el mayor esmero; y preguntado á don Silvestre, supo que aquel
+garrote de panojas, tal vez el más repleto de todos y el de las más
+gordas, era el primero del _diezmo_ que pagaba á la Iglesia de Dios. Por
+aquel tiempo andaba aún la cosa pública ... á la moda de entonces, y de
+nada se extraño el forastero, sino del cuidado y escrupulosidad con que
+don Silvestre cumplía el mandato número cinco de los de la Iglesia. Y
+aún hacía más el mayorazgo: junto á la pila de panojas formada con los
+coloños del diezmo, había otras varias más pequeñas, hechas á costa de
+las nueve partes que á el le quedaban libres; porque de cada coloño que
+subía al desván, dejaba tres panojas para las ánimas del purgatorio; dos
+para alumbrar á San Antonio, patrono del ganado; seis para San Roque,
+abogado de la peste; seis para San Pedro, patrono del lugar, y otras
+seis para los pobres del vecindario que careciesen de semilla en la
+época de siembra. ¡Y todavía don Silvestre daba gracias á Dios por lo
+mucho que le quedaba!--«¡Desgañitaos, hombres de la ciencia, para
+_ilustrar_ á la humanidad; afanaos en _perfeccionarla_ para hacerla más
+feliz á costa de lágrimas y sudores; pero estudiad á este hombre, y
+tomad en cuenta la tranquilidad de su espíritu!»
+
+Así exclamaba, para sus adentros, el forastero al contemplar la fe y el
+placer con que su amigo cumplía los preceptos que se le imponían, y las
+muestras de la caridad que guardaba siempre en su sencillo corazón.
+
+Ya comenzaba á gozar un poco el de Madrid entre los episodios de la
+deshoja, y una prueba de ello es que permaneció observándolo todo,
+sentado sobre un arcón viejo, hasta que muy avanzada la noche se
+presentaron los criados de don Silvestre á la puerta de la bodega,
+llevando con mucho pulso, entre los dos, una caldera llena de castañas,
+é inmediatamente detrás el ama de llaves con el jarro del vino, un vaso
+para escanciarle y otro jarro más pequeño para repartir las castañas. Á
+la vista de todos estos objetos la deshoja se alborotó, y á merced de la
+efervescencia pudo un colindante untar á su placer con una mona la cara
+del celoso y rechoncho mocetón que había gritado antes, de mentirillas.
+El sorprendido y cerril amante, que entre las carcajadas de la gente no
+veía más que con sus celos y al través del ignominioso tinte de su cara,
+en lugar de echar al garrote la panoja que tenía entre las manos, la
+arrojó furioso hacia su rival; pero éste tenía la cabeza más dura que la
+panoja, y habiéndola recibido cerca del occipital, resbalando sobre él
+el proyectil fué á parar á las narices del forastero, que estaba
+sentado, un poco más atrás y en la misma dirección. Y gracias á la
+penosa sensación que en todos produjo la carambola, no hubo un lance
+entre los dos jabalíes rivales, que se quedaron pasmados al ver sangrar
+por las narices al buen señor, y al oirle decir, mientras salía de la
+bodega acompañado de don Silvestre y de su ama, que bufaban de rabia:
+
+--Esto debí yo haberlo previsto; pues á quien entre bestias anda, tales
+caricias le esperan.
+
+
+
+
+XII
+
+
+Curado en pocos días de las consecuencias del panojazo, juró
+solemnemente huir de todo contacto con tales gentes; y al efecto se
+proveyó de caña y escopeta, para explotar, en los ramos de pesca y caza,
+aquellas regiones donde tantos disgustos iba pasando mientras buscaba la
+realidad de sus mejores ilusiones. Pero siendo tan infecundos en pesca
+el río y los regatos del país como en ninfas y Salicios y Nemorosos sus
+campiñas, abandonó la caña á los pocos días de dedicarse á ella, pues no
+compensaban dos anguilas y tres docenas de pececillos que pescó durante
+la temporada, todos los constipados y mojaduras que cogió sentado á la
+orilla del río, unas veces al sol y otras al agua.
+
+Abandonada la caña, se dedicó á la escopeta; y ya que la caza no fuera
+muy abundante, por lo menos el ejercicio corporal que hacía corriendo
+tras de las _miruellas_, le proporcionaba buen sueño y más que regular
+apetito.
+
+En esto había pasado un mes desde el panojazo. La naturaleza, lánguida y
+enclenque entonces, iba quedándose, como si dijáramos, en cueros vivos;
+las brisas eran más frescas, y en lugar del sonido armónico y majestuoso
+que formaban perdidas entre el follaje de junio, gemían lastimeras al
+chocar contra los escuetos miembros de los árboles; lloraban fatídicas,
+como si fueran la voz de la naturaleza que lamentara la pérdida de sus
+risueñas galas. El suelo se humedecía cada vez más, porque el sol no
+tenía fuerza bastante para enjugarle después de los chubascos, cada día
+más fuertes y más frecuentes; las noches eran eternas, y sólo un sueño
+como los que últimamente dormía el de Madrid, era capaz de hacérselas
+pasar medio á gusto entre los silbidos del vendaval que penetraba fino y
+cortante por cada rendija de las innumerables que tenían las puertas
+exteriores del solariego palomar; las _lumbradas_ que hacía el ama en la
+cocina solamente las soportaban ella y don Silvestre, acostumbrados á su
+calor desde la infancia: el forastero se abrasaba acercándose al fuego,
+y retirándose de él se le helaban las espaldas con el _gris_ que corría
+en aquel inmenso páramo.
+
+En cuanto á la poesía del chisporroteo de los tizones y del hervir de
+los pucheros, así la encontró como lo que había buscado entre los
+jarales. Roncaba el ama de llaves, roncaba don Silvestre, roncaban los
+criados y el gato y el perro; silbaba el viento, bramaba la cellisca
+contra las inseguras ventanas, y más que visión placentera, parecía
+aquel cuadro escena de conjuro, ó ensueño de calenturiento.
+
+¡Entonces sí que pensó en su gabinete de Madrid y en los salones del
+_mundo_ y en el teatro de la ópera!...
+
+--¡Qué será un invierno pasado así, Dios mío!--se decía una noche
+mientras se acostaba en busca del sueño, único amparo que hallaba en
+medio del aburrimiento que empezaba á perseguirle.
+
+
+
+
+XIII
+
+
+Fatigado de saltar setos y regatos y de trepar por cerros y colinas,
+tornaba hacia su casa una mañana el huésped de don Silvestre, con la
+escopeta al hombro y sin haber podido matar más que dos gorriones y una
+calandria.
+
+Ya columbraba la ventana de la cocina solariega y hasta llegaban á sus
+narices los aromas de los guisotes del ama de gobierno, cuando
+distinguió una miruella sobre la rama más alta de una higuera.
+
+Agazapóse el cazador todo lo que pudo; deslizóse de mato en mato y de
+bardal en bardal, como una culebra, para no ser visto ni sentido del
+animalito, cuya vigilancia es proverbial en el país; apuntóle con la
+escopeta cuando le tuvo á tiro y á su gusto, y....
+
+Pero expliquemos la situación del cazador, por si los permenores del
+suceso nos fueren más tarde de alguna utilidad.
+
+Apuntando el madrileño á la miruella, tenía á cuatro pasos, á la
+espalda, un huerto contiguo á una pequeña casa, y cerrado en todo su
+perímetro por una pared _seca_, es decir, una pared transparente, de
+piedras sobrepuestas medio á la casualidad, paredes que suelen durar
+eternidades, porque la consistencia que les falta de nuevas se la da
+bien pronto la hiedra que junto á ellas nace, y penetra,
+entretejiéndose, por todos los intersticios. La pared del huerto que
+tenía á su espalda el cazador comenzaba ya á consolidarse: sólo un tramo
+de dos varas estaba sin revestirse de las verdes ligaduras, y sostenido
+por un prodigio de equilibrio.
+
+Por lo que hace á la casa, estaba cerrada herméticamente; y en toda la
+extensión que alcanzaba la vista no se distinguían más seres vivientes
+que el cazador, la miruella y un hombre que cerca de la casa esparcía
+_toperas_ en un prado, y acechaba de cuando en cuando las operaciones
+del topo, á cuya caza andaba. Este hombre, á quien el de Madrid no veía,
+era el tío Merlín.
+
+Hecha, pues, la puntería á placer del cazador (como que apoyaba la
+extremidad del cañón de la escopeta en una rama), disparó sobre el
+pajarraco, y éste cayó, como una masa inerte, rebotando de quima en
+quima. Pero al pie del árbol había un bardal bastante espeso, y en este
+bardal cayó la miruella.--Cerca de un cuarto de hora invirtió en
+buscarla el pacientísimo cazador, que al fin la encontró; pero no sin
+desgarrarse las manos con las punzantes zarzas.
+
+Con su presa en el morral, salió otra vez al camino que antes llevaba; y
+echándose la escopeta al hombro, marchó á largos pasos hacia su casa,
+pues ya había oído tocar á mediodía y no le gustaba hacer esperar á don
+Silvestre que de fijo, estaría arrimando las sillas á la mesa.
+
+Cerca ya de la portalada del mayorazgo, oyó un estrepitoso ruido.
+Volvióse hacia el sitio de donde éste partía, y vió que se había caído
+la parte flaca de la pared del huerto antes citado.
+
+Como el suceso tenía muy poco de particular, no le llamó la atención: lo
+extraño para él era que semejantes muros resistieran un día en posición
+vertical.
+
+En esta inteligencia, siguió su camino y llegó á casa del mayorazgo, á
+quien encontró esperándole para comer.
+
+En los postres estaban, cuando un criado apareció en escena, anunciando
+á un hombre que deseaba hablar con «el señor».
+
+--Que pase adelante--dijo éste, siempre dispuesto á complacer á todo el
+mundo.
+
+Un momento después penetró en la sala, pisando tímidamente, un aldeano
+de madura edad, con la chaqueta al hombro, barba de quince días, y dando
+vueltas en las manos á un mugriento sombrero que solamente cesaba de
+girar cuando el aldeano sacaba una de ellas de la arrugada copa para
+retirar hacia atrás las ásperas y encanecidas greñas que le caían sobre
+los ojos.
+
+--Tengan ustedes buenas tardes.
+
+--Muy buenas las tenga usted; y díganos en qué puedo serle útil.
+
+El recién venido titubeaba.
+
+Al cabo de un rato bien largo de toser, cambiar de punto de apoyo,
+manosear el sombrero y luchar con sus greñas, comenzó así el aldeano:
+
+--Pues, señor, yo soy, pa lo que usté mande, Cleto Rejones, y vivo aquí,
+á la esquierda, cancia la juenti, como el que tira á la mies del
+Jalecho, en una casa sola que usté habrá visto al ir á cazar esta
+mañana..., que tiene un _higar_ delante....
+
+--La del suceso que me has contado--añadió don Silvestre, dirigiéndose
+á su amigo.
+
+--Adelante--contestó éste, más interesado ya en saber el objeto de la
+visita.
+
+--Pues, señor, resulta _de_ que yo, á la vera de la casa, tengo un
+güerto de carro y medio de tierra, que, en buena hora lo diga, es una
+alhaja pa el dicho de coger patatas y posarmos pa el avío de la casa...;
+como que el viudo del Cueto me daba por él un prao de cinco carros y un
+rodal viejo, y no se le quise cambiar.... ¡Que me muera de repente si es
+mentira!
+
+--Si nadie lo pone en duda, hombre de Dios--repuso, riéndose, el de
+Madrid.--Pero vamos á ver lo que usted desea.
+
+--Á eso voy de contao.... Resulta de que yo, como decía, tengo un güerto
+de carro y medio de tierra á la vera de la casa, y de que ese güerto
+tiene una paré que le cierra sobre sí. Resulta de que esta paré se vino
+á tierra está mañana, por la parte de la calleja.
+
+--Dé lo que doy fe porque lo vi.... Adelante....
+
+--Resulta de que, al caer la paré, quedó un juriaco abierto.
+
+--Claro está.
+
+--Y por ese juriaco entraron después, con perdón de usté, _dos de la
+vista baja_[7].
+
+
+--Adelante.
+
+--Y estos dos de la vista baja, con perdón de usté, me jocaron el
+güerto, me comieron las patatas, me tronzaron los posarmos y me
+desbarataron dos semilleros de cebollas....
+
+--Hombre, ¡qué lástima!--exclamó, verdaderamente condolido, el noble
+forastero.
+
+--Como usté lo oye, señor: crea usté que para mí ha sido hoy un día
+desgraciao.
+
+Y el bueno del aldeano, al decir esto, menudeaba más y más los giros de
+su sombrero, y bregaba, hasta sudar, con los mechones de su áspera
+cabellera.
+
+El huésped de don Silvestre, creyendo que las pretensiones del aldeano
+se reducían á pedirle alguna cantidad para reparar la avería, dispúsose
+desde luego á dársela bien cumplida; pero no quiso hacerlo sin que el
+aldeano se insinuase de alguna manera, temiendo herir su _delicadeza_.
+
+--Y ¿qué es lo que usted pretende de mí?--repuso con intención.
+
+--Señor--contestó el aldeano,--yo quisiera que se nombrase una presona
+que fuera á reconocer el daño, y que le tasara.
+
+--No esta mal pensado.... Pero ¿contra quién va usted á reclamar?
+
+--De modo y manera es que ... la paré bien tiesa se estaba....
+
+--Sí..., hasta que se cayó.
+
+--De modo es que, si no la hubieran _aboticao_...[8].
+
+--Luego, ¿se sabe quién la tiró?...
+
+--Paece ser que hubo testigos....
+
+--Pero, en fin, ¿qué es lo que yo puedo hacer en esta cuestión?
+
+--Pos ná, si le paece....
+
+--¡Explíquese usted de una vez, santo varón!
+
+El aldeano bajó la cabeza, volvió á cambiar de postura, y sin cesar de
+mirar al sombrero, continuó, al cabo de un rato y tartamudeando:
+
+--Yo, señor, pa decirlo de una vez ... porque ello es justo, ¡canario!,
+justo como la ley de Dios, vengo á que usté me pague, ó á que nombre por
+su cuenta el tasador.
+
+El forastero dió un salto en la silla.
+
+--¡Que le pague yo á usted!... ¿Pues acaso tengo yo la culpa del suceso?
+
+--Ahí esta la _jaba_.... Yo no digo que usté lo hiciera de mal aquel,
+pero la paré estaba flojilla, y con una perdigoná sobraba pa echarla
+abajo.
+
+--¿Pero usted habla de veras?... ¿Usted es capaz de sostener que yo
+derribé la pared?
+
+--Yo no lo vi, no, señor; pero una presona que estaba cerca cuando usté
+mató la miruella me lo ha asegurao....
+
+--¡Esto es inaudito, Silvestre, y voy á hacer un escarmiento con esta
+canalla!... Figúrate que al matar el pájaro estaba yo de espaldas á la
+pared....
+
+--Pero á eso--interrumpió el aldeano,--dice la presona que con el
+_rustrió_ de la escopeta....
+
+--Qué rustrió ni qué.... ¡Imbéciles!... Y aunque tamaño absurdo fuera
+atendible, ¿de qué serviría cuando la pared cayó un cuarto de hora
+después que sonó el tiró?...
+
+--¿Pero tu haces caso de esas socaliñas?--dijo don Silvestre, hasta
+entonces mudo espectador.--Á esta gente es preciso conocerla. ¿Á que
+anda el tío Merlín en el ajo?
+
+--Justamente--contestó el pobre hombre.
+
+--Me lo temí; ¡es el enredador de más malas entrañas!... Quítate de
+delante, canalla, ó te arrimo un botellazo que te rompa las muelas.
+¿Cómo te atreves á acercarte á una persona decente con esas tretas de
+tan mala ley?...
+
+--Yo no tengo la culpa--contestó tímidamente el aldeano, haciendo un
+cuarto de conversión hacia la puerta....--Yo soy un probe ... ¡muy
+probe!, señor don Silvestre; tengo un güerto que me da para ayudar la
+vida, cáese la paré, entran por ella los animales, destrózanme la
+probeza que había en él, dícenme: «Fulano tiene la culpa»; y ... ¡qué
+menos he de hacer que pedir lo que en ley se me debe!... Pero--añadió,
+enternecido, dirigiéndose á la puerta,--dicen ustedes que me he
+equivocao, y yo lo creo.... Perdonar la falta..., y queden ustedes con
+Dios....
+
+--Tiene razón el buen hombre--exclamó á poco rato el bonachón
+madrileño.--El infeliz no tendrá, tal vez, comida para mañana; y de él
+no ha salido la idea de hacerme reo de semejante delito.... Llámale,
+Silvestre, que voy á gratificarle....
+
+--No te apures, hombre de Dios; yo los conozco mejor que tú ... y no son
+tan suaves como aparentan.
+
+De todas maneras, el aldeano había desaparecido, y los buenos deseos del
+madrileño quedaron sin realizar; pero don Silvestre tuvo que aceptar de
+su amigo una moneda de oro para entregársela al pobre labrador lo más
+pronto posible.
+
+Cuando al día siguiente se despertó el madrileño, su primer recuerdo fué
+para el aldeano; y, en su consecuencia, la primera pregunta á su amigo,
+en estos términos:
+
+--¿Le entregaron el dinero?
+
+--No--contestó el mayorazgo.
+
+--Caramba, lo siento mucho....
+
+--Bah..., no te apures ... y, por de pronto, lee este papelito que me
+ha entregado para ti el alguacil del concejo.
+
+Tomó el huésped, lleno de sorpresa, el papel, y leyó en voz alta lo
+siguiente:
+
+«Alcaldía constitucional de....
+
+»Por la presente, y á estancia del vecino Cleto Rejones, se cita á
+juicio verbal para mañana á las tres de la tarde, en la casa-concejo, al
+señor don Fulano de Tal, sobre pago de desprefeuto de ojeutos naturales,
+esistentes en una propiedad lindante al vendaval con su casa, y cerrada
+sobre sí á paré seca, y de cuyos ejeutos alimentivos está dicho Cleto
+Rejones acaeciendo.--El Alcalde constitucional, _Trebucio Canales del
+Garojo_.»
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 7: Cerdos.]
+
+[Footnote 8: Empujado]
+
+
+
+
+XIV
+
+
+Si el lector desea conocer el fin de este peregrino incidente, que hubo
+de costar la salud al desencantado madrileño, háganos el obsequio de
+acompañarnos al mismo edificio dentro del cual se debatió la cuestión de
+aceptar ó no el reló consabido.
+
+Pero en lugar de quedarnos en el ancho salón donde el pueblo se reunió
+entonces, y que á la vez sirve de escuela pública de primeras letras,
+vamos á subir por una angosta escalerilla abierta en un ángulo de la
+pared opuesta á la puerta principal. Como son las tres de la tarde, y
+ésta de un día de trabajo, tenemos que encontrarnos, al atravesar el
+citado salón, con dos largas filas de muchachos sentados ante un doble
+atril, sobre el que unos escriben y repasan otros la lección que han de
+dar más tarde en la mesa presidencial que ocupa el maestro, cuya diestra
+no suelta la tremenda palmeta de cinco agujeros.
+
+No bien asomamos las narices á la puerta, calla el discordante y
+atronador coro que forman los granujas lectores, quítase el maestro las
+gafas, pónese de pie, hacen lo propio sus discípulos, y todos á la vez,
+hincando una rodilla en tierra, exclaman á grandes voces:--¡Alabado sea
+el Santísimo Sacramento del Altar!
+
+Repuesto el indulgente lector de la sorpresa que le habrá causado tan
+extraña salutación, llegamos á la escalerilla, cuya puerta nos abre,
+entre mil reverencias, el sanguinario pedagogo; subimos media docena de
+toscos escalones, y entramos al fin en una pequeña sala donde nos
+hallamos al conocido alcalde de los largos colmillos, sentado ante la
+única mesa que allí hay, y á su derecha, pero de pie y á respetuosa
+distancia, al alguacil del concejo. En un banco cercano están sentados
+Cleto Rejones y el tío Merlín, con su habitual expresión de _travesura_.
+De pie, y retratadas en su semblante la indignación y la repugnancia que
+la escena le produce, el madrileño, junto á su fiel amigo don Silvestre,
+que participa, por simpatía, de la situación moral del primero.
+
+Oigamos lo que allí pasa.
+
+EL ALCALDE.--Supuesto que ya estamos reunidos, vamos á dar principio al
+juicio. (_Al alguacil_.) Llama al señor Maestro. (_Vase el alguacil y
+sube á poco rato acompañado del Maestro, que se coloca en su puesto de
+secretario_.) Hable, pues, Cleto Rejones, y diga, exponga, relate, y
+cuente lo que pide, quiere ó solecita del señor demandado aquí presente.
+Pero primeramente, ¿Cleto Rejones trae su hombre bueno?
+
+EL TÍO MERLÍN.--(_Inclinándose respetuosamente_.) Para servir á Dios y á
+ustedes.
+
+ALCALDE.--Por muchos años.--En cuanto á este caballero, ya veo que le
+acompaña don Silvestre.... Conque, adelante. Y digo: exponga Cleto
+Rejones....
+
+CLETO.--Tocante á eso, digo, señor alcalde....
+
+ALCALDE.--Calle usté el pico.
+
+CLETO.--De modo que como usté me manda....
+
+ALCALDE.--Mando, sí; pero en acabando yo de hablar. Exponga Cleto
+Rejones su particular.
+
+CLETO.--¿Hablo?
+
+ALCALDE.--¡Bárbaro! ¿Pues no me oyes?...
+
+CLETO.--De modo que como usté me dijo....
+
+ALCALDE.--¿Cantas..., ó te condeno?
+
+CLETO.--Pos canto y digo.--Yo tengo, _en_ primeramente, un güerto
+cerrado sobre sí y á paré seca. Resulta de que esta paré del güerto que
+yo tengo, se vino abajo por un lado, quedó un juriaco abierto, y
+entraron por él dos de la vista baja, con perdón de ustedes. Resulta de
+que estos animales jocáronme el güerto y me asolaron la probeza que en
+él tenía..., y resulta de que pido y reclamo que se me reconozca el daño
+y se me pague.
+
+ALCALDE.--Pues es muy justo que se te pague, porque la paré no debió
+haberse caído. (_Mirando de reojo al madrileño_.) Y al menos que denguno
+la haiga aboticao....
+
+CLETO.--Eso mesmo creo yo. (_Mirando con timidez al tío Merlín_) Paece
+ser que hay testigos de cómo la paré no cayó de por sí sola.
+
+ALCALDE.--Eso es lo que se necesita.... ¿Y qué dice á esto el demandado?
+
+DEMANDADO.--Que esa demanda envuelve la falsedad más indigna; que estoy
+resuelto á negarme á la infame exigencia del demandante, y á hacer todo
+lo posible por enviar á un presidio á los autores de esa impostura.
+
+ALCALDE.--Será según y conforme. Por de pronto, hay testigos contra
+usté.
+
+DEMANDADO.--Serán comprados.
+
+ALCALDE.--(_Á Cleto_.) ¿Cuáles son tus testigos?
+
+CLETO.--(_Señalando al tío Merlín_.) El señor.
+
+ALCALDE.--Pues con usté va esta música.
+
+MERLÍN.--Protesto.
+
+ALCALDE.--Eso es palique.... Canta lo que sepas, y á jurar en
+seguida.--Pero usté, ¿que pruebas trae contra Cleto Rejones?
+
+DEMANDADO.--Mi palabra de caballero, mi conciencia y algunas razones de
+sentido común....
+
+ALCALDE.--No es mucho que digamos. La ley quiere más.
+
+MERLÍN.--Por de pronto, la paré estábase derecha. El señor disparó su
+escopeta cerca de ella, y la paré cayó en seguida. No habiendo pasado
+nadie más que el señor en toda la mañana por aquél sitio, ¿quien sino el
+señor tiene la culpa?
+
+DEMANDADO.--¿Y esos son todos los argumentos que usted presenta contra
+mí?
+
+MERLÍN.--¿Y le parece á usted poco?
+
+DON SILVESTRE.--Tío Merlín, usted es un tunante; ¡y si no fuera por sus
+canas!...
+
+MERLÍN.--Señor de Seturas, usté me falta.... No hay en el pueblo naide
+que se atreva á dudar de mis palabras.
+
+DON SILVESTRE.--Tampoco ha habido nadie que haya querido romperle el
+alma, y por eso tiene usted embrollado y revuelto al vecindario.
+
+MERLÍN (_furioso_).--Que coste, señor alcalde..., y que se apunte todo
+pa el día de mañana que yo tome cuentas.
+
+DEMANDADO.--Dé usted antes las que le piden, y no olvide que estoy
+resuelto á todo, incluso á enviar á los dos á un presidio.
+
+CLETO.--Yo pido lo que es mío, porque me han dicho que se me debe.
+
+DEMANDADO.--Usted es un pobre hombre; pero antes que dejarse seducir por
+un malvado, debiera oir los consejos de los nombres de bien.
+
+MERLÍN.--Yo soy tan honrao como usté y la....
+
+ALCALDE.--¡Silencio!
+
+MERLÍN.--No me da la gana.
+
+ALCALDE.--¡Tío Merlín!, que tengo malas pulgas, y conmigo no se juega.
+
+MERLÍN.--Que no me atienten la pacencia.
+
+SECRETARIO.--Usté se ha extralimitado, señor _de_ Merlín.
+
+MERLÍN.--Y ¿quién le da á usté vela pa este entierro?
+
+ALCALDE.--¡Canario!, que haya orden, ó hago una barbaridad.
+
+MERLÍN.--Yo estoy aquí de hombre bueno, y puedo hablar lo que me dé la
+gana.
+
+SECRETARIO.--Cuando á usted le toque, y en sentido pacífico....
+
+MERLÍN.--Que le digo á usté que se mete en camisa de once varas.
+
+SECRETARIO.--Y yo repito que usted se extralimita.
+
+ALCALDE.--¡Orden!..., ¡que lo mando yo! (_Haciendo la señal de la
+cruz_.) ¿Es usté (_al tío Merlín_) capaz de jurar por esta cruz que el
+señor demandado derribó la paré de Cleto Rejones?
+
+MERLÍN.--Señor alcalde, yo soy capaz de eso y de mucho más, porque
+cuando al hombre le asiste la justicia....
+
+ALCALDE.--¿Jura usté? ¡Sí ó no!
+
+MERLÍN.--Primeramente, como hombre bueno que soy de Cleto Rejones,
+propongo que se arreglen las dos partes. Á mí no me gusta hacer daño á
+naide cuando la cosa se puede rematar amistosamente.
+
+DEMANDADO.--No hay arreglo que valga; antes al contrario, estoy resuelto
+á pedir que se escriba el juicio, y á acudir con mi causa adonde haya
+lugar.
+
+ALCALDE.--¿Qué dice á esto el señor don Silvestre?
+
+DON SILVESTRE.--Que se me está acabando la paciencia y temo que voy á
+echar por la ventana á ese bribón.
+
+MERLÍN.--Que coste ese nuevo ultraje.
+
+ALCALDE. (_Á Merlín_)--¿Jura usté? ¡Sí, ó no!
+
+MERLÍN.--Que no se me falte, eso es lo que digo.
+
+ALCALDE. (_Al Secretario_.)--Prepárese usté á escribir. (_Á Merlín_.)
+Por tercera vez, ¿jura usté?... ¡¡Sí, ó no!!
+
+MERLÍN.--¡Á mí se me ha faltao!
+
+CLETO.--¡Yo quiero lo que es mío!
+
+DON SILVESTRE.--Por eso te vas á llevar un par de guantadas.
+
+CLETO.--¿Lo oye usté, señor alcalde?
+
+ALCALDE (_dictando á gritos_.)--_Visto_, que el demandante Cleto Rejones
+no sabe una palabra sobre el derrumbe de la paré de su huerto;
+
+_Visto_, que el único testigo que presenta del caso sabe tanto como el
+Cleto Rejones....
+
+MERLÍN.--Pido la palabra.
+
+ALCALDE.--¡Silencio!
+
+MERLÍN (_á gritos_).--¡Yo quiero hablar!
+
+ALCALDE.--_Visto_, que, sobre ser el testigo de mala ley, se permite
+faltar á la Justicia con palabras subversivas....
+
+MERLÍN (_gritando_.)--¡Yo no falto á naide!; ¡eso es una impostura!
+
+ALCALDE.--¡Al orden!... Y _considerando_ las facultades que me asisten,
+y asimismo la caballerosidad del demandado y sus buenos antecedentes,
+
+_Condeno_--á Cleto Rejones á quedarse con la paré derribada, si él no la
+quiere levantar por su cuenta, y á pagar las costas del juicio, como
+son:
+
+Una peseta de papel;
+
+Dos reales para el secretario,
+
+Y doce cuartos para el alguacil.
+
+_Item._--Al testigo Andrés del Jaral, por mal nombre tío Merlín, á la
+multa de dos celemines de maíz para las ánimas, y media azumbre de
+blanco para los enfermos del lugar, por insubordinación y faltas de
+mayor calibre al alcalde y demás personas presentes al juicio celebrado
+el día tantos de tal mes, á las tres de la tarde. (_Á Cleto y Merlín_.)
+Y esto no vos lo levanta ni la caridad.
+
+CLETO.--Señor alcalde, yo soy inocente. El señor tiene la culpa de que
+yo citara á juicio á mi contrario. Yo soy un probe ... y ya me había
+conformado con las razones que el señor me dió en su casa.
+
+MERLÍN.--¡Hola, tunante!; ¿conque me echas la culpa? Señor alcalde....
+
+ALCALDE.--¡Silencio, digo!... (_Al demandado_.) Está usted servido,
+caballero.
+
+CLETO. (_Al demandado_.)--Señor..., por la Virgen Santísima, no me tome
+enquinia; que me habían dicho que, en josticia, me debía usté levantar
+la paré y pagarme los daños del güerto.
+
+DEMANDADO.--Lo sé, y de mí no tema usted nada, mucho menos ahora que el
+señor alcalde ha sabido administrar recta justicia. Y en prueba de que
+ningún rencor guardo hacia usted ... ahí va por los daños del huerto
+(_dándole unas monedas_); y yo me encargo de pagar las costas y hasta la
+multa del señor, que harto castigo es para él su conciencia, si algún
+día la siente, y el pesar del daño que con su funesta oficiosidad
+ocasiona á sus convecinos.
+
+CLETO (_llorando de agradecimiento_).--¡Ah, señor, Dios le bendiga por
+donde quiera que vaya!
+
+ALCALDE.--¡Bien, canario!... Vengan esos cinco, que también á mí me
+gustan los hombres de corazón (_apretando la mano del demandado_). Ya
+veis, canallas (_á los contrarios_), la diferencia que va de vusotros á
+este caballero, que es presona decente.
+
+DON SILVESTRE. (_Á su amigo_.)--Vales un Perú.... Pero vámonos á casa,
+porque temo que me voy á ir encima de ese enredador....
+
+ALCALDE.--Se da por terminado el juicio. (_Saludando á todos_.) Á la par
+de Dios, señores.
+
+Y ahora, lector, volvemos á bajar la escalerita, llegamos al salón de la
+escuela, y ... ¡válgame Dios, qué cisco han revuelto aquellos
+motilones! En cuanto el maestro subió al otro piso, el centenar de
+chiquillos comenzó á rebullirse, primero con cautela por si el pedagogo
+les jugaba, como de costumbre, alguna emboscada, y después con un
+estrépito y una confusión tales, que el vigilante nombrado por el
+maestro, y con omnímodas atribuciones, por cierto, viendo su autoridad
+atropellada, hubiera acudido en queja «al señor maestro» si se hubiera
+atrevido á penetrar en el _sancta sanctorum_ de las casas
+consistoriales. Pero á falta de este recurso, apeló á un zurriago que
+para los grandes lances estaba colgado en la pared, detrás de la mesa, y
+se fué con él encima del primer grupo de amotinados que jugaban á la
+pelota y habían derribado ya con ella el tintero magistral. Entre
+aquellos angelitos no se sabe lo que es broma; y prueba de ello, que si
+tremendos fueron los zurriagazos que el vigilante sacudió en las nalgas
+de sus insubordinados condiscípulos, no fueron más flojas las
+_guantadas_ que éstos le atizaron en las mismísimas narices. Pero como
+el abofeteado tenía amigos en la escuela, al ver la _bandera encarnada_,
+echáronse sobre los agresores y se armó la gorda.
+
+Eso explica, lector, ese cuadro, verdadero campo de Agramante, que has
+visto al asomar al gran salón; por eso gimen unos, brincan otros,
+vocean todos, y se cruzan por el aire libros, plumas, almadreñas y
+tinteros. Conque, aprovechando el momento de paz que nuestra presencia
+impone entre los combatientes, salgamos á la calle antes que baje el
+maestro y tengamos que presenciar una verdadera carnicería; porque en
+cuanto él vea lo que está pasando en la escuela, siguiendo la costumbre
+de otras veces, no deja cara donde no señale sus dedos, ni nalgas sin
+cruzar, á telón corrido, con el inexorable zurriago, ni orejas sin
+estirar medio palmo, ni manos que no recorra zumbando su palmeta, untada
+exprofeso con ajo crudo. ¡Ira de Dios, la que se va á armar!
+
+Vámonos, pues, á ver lo que sucede en casa de don Silvestre Seturas.
+
+No bien llegaron á ella los dos amigos, cuando el de Madrid, arrojando
+sobre una silla su sombrero, y dejándose caer sentado en la inmediata,
+dijo, entre desalentado y furibundo:
+
+--¡No puedo más, amigo mío! Esta reciente escena acabó con mi paciencia
+y con la última de mis pueriles ilusiones. Desde mañana empezaré á
+ocuparme en los preparativos de mi vuelta á la corte.
+
+--¡Cómo!--exclamó apesadumbrado don Silvestre.--¿Serás capaz de
+marcharte?
+
+--Y lo más pronto que me sea posible. Ya sabes cuáles eran mis ilusiones
+al llegar á tu casa; ya viste hasta qué punto me aproveché de ellas, y
+también te son notorios los esfuerzos que he hecho por conjurar los
+tristes efectos de mi desengaño. No dudarás, pues, de lo invencible de
+mi última resolución, que me aflige, te lo juro, al considerar que tengo
+que dejarte, noble amigo, ya que tú, por idénticos motivos, no quieres
+seguirme á Madrid.
+
+Viviendo en medio de tus paisanos, llegué á detestar su trato, porque su
+ruda sencillez hería con frecuencia mi formalidad. Con mis títulos de
+hombre civilizado, fué muchas veces objeto de risas y chacota entre los
+mismos que tan lejos están de mis luces y de mi educación; y salvas las
+distancias, sucedíame lo que al poeta de las incultas regiones del
+Ponto-Euxino. Como él exclamé en mis adentros, más de dos veces:
+
+ _Bárbarus hìc ego sum, quia non intelligor ulli._
+
+Porque entre estos seres incultos, el más bárbaro parezco yo, que no
+puedo hacerme comprender de nadie, al paso que soy víctima de las
+miserias de todos.
+
+Huyendo de los inconvenientes de su trato, me aislé en tu casa y busqué
+la soledad fuera de ella: ya has visto lo poco que adelanté con esta
+medida. Las ruines cavilaciones de tus convecinos me han perseguido
+hasta en mis solitarias meditaciones. Y todavía diera de buena gana
+estas molestias, si los ratos en que me veo libre de las asechanzas de
+ese espíritu villano, pudiera consagrarlos al completo olvido de mí
+mismo, ó al cultivo de mi inteligencia y á la adquisición de nuevos
+conocimientos con el estudio; pero lejos de ello, ese tiempo no me
+alcanza para precaverme contra unos y vencer el despecho que me producen
+los actos de los otros; porque el maldito amor propio se rebela lo mismo
+en estas pequeñeces que en otros asuntos de mayor importancia. Y esto es
+lo sensible, Silvestre: el día en que tome con tanto calor como estos
+ignorantes causas de tan mezquina condición como la que acabo de ganar,
+he de ser tan villano como ellos, sin que me sirva de nada la
+experiencia que debo á mi azaroso trato con la gente culta. Que he de
+contagiarme de estos miasmas, no tiene duda, y apelo á la reciente
+escena: evitemos la ocasión del peligro, cuyo solo recuerdo me
+estremece.
+
+Y no quiero decir que estos aldeanos sean de peor condición que los de
+otros países, no señor: tus convecinos son, tal vez, mejores que todos
+los demás campesinos de la península, por más de un motivo; pero al fin
+son aldeanos, y basta.
+
+Tú que has recibido cierta educación, y que, por tu dependencia y trato
+con algunas personas ilustradas, distas mucho de esta canalla,
+comprenderás lo que digo; y sírvate de prueba la guerra perpetua en que
+estás con el vecindario.
+
+Si dentro de este elemento caben paz y poesía, venga Dios y véalo.
+
+Sin embargo, tú, nacido en esta libertad, bajo esta atmósfera, y
+aclimatado á estas luchas, no puedes soportar el ruido del mundo: dentro
+de él te desorientas, te mareas. Yo me asfixio entre esta humanidad
+resabiada, que es dócil para dejarse perder por un ignorante maligno, é
+indómita cuando la hablan los consejos del saber y de la sana razón.
+
+Cada uno necesita para vivir el elemento que le ha formado: el hombre
+culto, la civilización; el salvaje, la naturaleza. SUUM CUIQUE,
+Silvestre, como decía nuestro dómine cuando daba un _vale_ á algún
+discípulo aplicado, mientras desencuadernaba las costillas á zurriagazos
+á otros veinte holgazanes.
+
+En fin, amigo mío, haciéndome justicia con tus propias palabras, en el
+mundo estoy _como el pez en el agua_. Con que á Madrid me vuelvo.
+
+
+
+
+XV
+
+
+Algunos meses después de este discursillo, ganó don Silvestre el pleito
+gracias á las oportunas recomendaciones de su fiel y buen amigo, que
+nunca se olvidó en Madrid del noble corazón del mayorazgo. Éste se
+sintió tan aburrido desde que los procuradores cesaron de visitarle, que
+temiendo adquirir una enfermedad, cedió á los consejos del cura,
+humillando su ruda cerviz al yugo de Himeneo. Bien es verdad que don
+Silvestre hacía mucho tiempo que hablaba con inusitado empeño de la
+necesidad de perpetuar su casta, y no faltaba en el pueblo quien
+atribuyera esta circunstancia á los ojazos negros de una moza de ocho
+arrobas, heredera de un decente patrimonio, que fué la que, al fin, tuvo
+la honra de conquistar la mitad del lecho de nuestro amigo, el vástago
+más notable de la insigne familia montañesa de los Seturas.
+
+
+
+
+EL TROVADOR
+
+
+ Ya del rubicundo Febo
+ las relumbrantes guedejas
+ sus destellos apagaron
+ tras de las peladas selvas.
+ Cueto, el ilustre lugar
+ confín de la noble Iberia,
+ el de las sensibles Hadas
+ y retozonas Napeas;
+ patria de _grandes_ varones,
+ cuna de tamañas hembras;
+ Cueto, en fin, que no hay más que él,
+ ni caben más en la tierra,
+ duerme el sueño de los justos
+ entre escajos y tinieblas.
+ Nada turba su reposo,
+ nada su quietud altera;
+ ni un perro que ladre inquieto;
+ ni un cencerro que se mueva;
+ ni una vaca que, bramando,
+ pida su ración de yerba;
+ ni un suspiro, ni un lamento,
+ ni una risa, ni una queja
+ ............................
+ ............................
+
+ De repente, y sin preludios,
+ rasgando la bruma densa,
+ un relincho se elevó
+ hasta la celeste esfera,
+ retumbando en las colinas
+ cual la lúgubre trompeta
+ llamando á juicio final
+ al desquiciarse la tierra;
+ y poco tiempo después,
+ entre las zarzas espesas,
+ vióse aparecer un hombre
+ hacia el fin de una calleja,
+ avanzando á grandes pasos,
+ que marcaba con presteza
+ sobre los duros morrillos,
+ el son de sus almadreñas.
+ Saltó en seguida un vallado,
+ subió de un prado la cuesta,
+ y en una casa fijóse
+ de pobre y ruda apariencia.
+ Entró luego en el corral
+ sin aprensión ni cautela;
+ y echando hacia atrás los codos
+ y hacia delante la jeta,
+ otro relincho lanzó
+ mejor que la vez primera.
+ Tosió dos veces seguidas,
+ separó sus largas piernas,
+ cargóse sobre el garrote,
+ echó el sombrero á la izquierda;
+ y abriendo de boca un palmo,
+ fija la vista en la puerta,
+ cantó con voz infinita
+ estas sentidas
+
+
+
+
+ ENDECHAS
+
+
+ «En el corral de tu casa
+ estoy, para lo que mandes,
+ á las once de la noche
+ con un frío que me parte.
+
+ »Si acaso no estás dormida
+ y escuchas estos cantares,
+ deja rodar una lágrima
+ de tus ojos, cuando acabe.
+
+ »En el día de San Juan
+ hará tres años cabales
+ que nos dimos la palabra
+ estando Lucu delante....
+
+ »¡Mala cólera me lleve
+ si pensé, Nela, engañarte,
+ ni en que me salieras luego
+ con que no quiere tu padre!
+
+ »¡La culpa me tengo yo,
+ burro, animal y salvaje,
+ que te tengo tanto amor
+ que en el cuero no me cabe!
+
+ »Yo no duermo ni sosiego
+ una noche ni un instante,
+ ni tengo salú completa
+ pensando en ti y en tu padre.
+
+ »Porque él me tiene la culpa,
+ y de aquí no hay quien me saque;
+ y él también tiene que ser
+ el que dé conmigo al traste.
+
+ »Ya la borona no me entra,
+ y el pan no me satisface,
+ ni me llenan las patatas,
+ ni me _paran_ los _bisanes_,
+
+ »Ni se me abre el apetito
+ con vino blanco y panales,
+ ni aunque me dieran á pienso
+ garbanzos y chocolate.
+
+ »No voy el domingo al corro
+ si tú no estás en el baile,
+ ni me pongo otra camisa
+ que la que tú me bordeastes.
+
+ »Á escuras vivo de día
+ llorando á moco colgante,
+ hasta que llega la noche
+ y aquí me vengo á cantarte.
+
+ »Así ya se van pasando
+ tres años, Nela, cabales,
+ y así pasaré la vida
+ como de mí no te apiades.
+
+ »¡Mira que no puedo más
+ con estos pícaros males
+ que amores llaman las gentes
+ y yo llamo ... barrabases!
+
+ »¡Mira que ya de penar
+ tengo el pecho tan inflante,
+ que parece el corazón
+ un puchero de los grandes!
+
+ »Yo bien quisiera, Neluca,
+ darlo todo al desbarate
+ antes que pasar la vida
+ rodando por los bardales;
+
+ »Pero si tú no te arrojas,
+ como no puedo olvidarte,
+ no me queda más remedio
+ que algún rayo que me aplané.»
+
+
+ Calló la voz, y al momento,
+ con misteriosa prudencia,
+ un ventanillo se abrió
+ en el fondo de la puerta.
+ --¡Nela! ¡Colás!..., ¡no seas bruto!
+ --¿En qué te he ofendido, Nela?
+ --Ya te he dicho que no cantes.
+ Colás..., ¡no me comprometas!
+ ¡Mira que cada cantar
+ una paliza me cuesta!
+ --¡Una paliza, mi bien!
+ --¿Y quien rayos te la pega?
+ ¡Dímelo, Nela, por Dios;
+ por Dios me lo dice, Nela!
+ --¡Pégame, Colás, mi padre,
+ mi padre, Colás, me pega!
+ --Entonces....--Entonces ¿qué?
+ --Entonces, nada, pacencia ...
+ y no me olvides, por Dios,
+ aunque á puro darte leña
+ se te queden las costillas
+ como una banasta vieja.
+ --¡Es que ya no puedo más!
+ --No importa, puede ó revienta;
+ que, al fin y al cabo, ha de ser....
+ Dame de amor otra prenda.
+ --Toma una liga, Colás:
+ bien caliente te la llevas....
+
+ Dijo, y le entregó un esparto
+ que él se guardó en la chaqueta.
+ --Ahora, por esa ventana
+ echa los morros afuera.
+ --¿Para qué?--Pa lo que sabes....
+ --No seas bárbaro.--¡Anda, Nela!
+
+ .................................
+
+ --Ahora, vete.--No me voy.
+ --Quiero que te largues, ¡ea!
+ --¡Mira que entovia es trempano!
+ --Pues si no quieres, lo dejas.
+ Y le dió con la ventana
+ en la mismísima jeta.
+ --Ascucha, Nela, otro poco...;
+ ¡no te me encultes!..., ¡aspera!--
+ gritaba el pobre Colás
+ dando golpes en la puerta.
+ --Nada más que un poquitín,
+ ¡cinco menutos siquiera!
+
+ Y á la misma cerradura
+ pegaba el pobre la oreja,
+ para escuchar si volvía
+ _la su_ idolatrada Nela.
+
+ Un largo rato pasó
+ exhalando amargas quejas,
+ llamando en todos los tonos
+ y sacudiendo la puerta;
+ pero fué tiempo perdido,
+ porque ya roncaba Nela.
+
+ Entonces, desesperado,
+ maldijo su suerte perra,
+ calóse más el sombrero,
+ abrochóse la chaqueta,
+ y, requiriendo el garrote,
+ salió del corral afuera.
+ Echó por el prado abajo,
+ torció luego á la derecha,
+ un seto saltó después;
+ y, al entrar en la calleja,
+ antes que los matorrales
+ por completo le cubrieran,
+ otro relincho lanzó
+ volviendo atrás la cabeza.
+ Después siguió su camino;
+ internóse en la calleja,
+ y se apagó entre el ramaje
+ el son de sus almadreñas.
+
+
+
+
+LA BUENA GLORIA
+
+I
+
+
+Más de un lector, al pasar la vista por este cuadro, ha de pensar que es
+una invención mía, ó que, cuando menos, está sacado de las viejas
+crónicas de la primitiva Santander. Conste que semejantes dudas ni me
+ofenden ni me extrañan.
+
+Yo, que estoy viendo á estos marineros, embutidos materialmente en el
+laberinto de los modernos adelantos, sin reparar siquiera en ellos;
+descansar estoicamente sobre el remo en sus lanchas, sin dirigir una
+mirada de curiosidad á la rugiente locomotora que, al llegar al muelle,
+á veinte varas de ellos, agita el agua sobre que se columpian; rodear
+una legua, por el Alta, para ir al otro extremo de la población, por no
+atravesar ésta por sus modernas y animadas calles; yo que sé, en una
+palabra, hasta qué punto conservan las aficiones y las costumbres de sus
+abuelos, á pesar de haber invadido sus barrios la moderna sociedad con
+su nuevo carácter, me he resistido á creer en uso entre ellos, en la
+actualidad, escenas como las que voy á referir; y sólo después de
+haberlas palpado, como quien dice, he podido atreverme á asegurar, como
+aseguro, que no es la _Buena Gloria_ una costumbre perdida ya entre los
+recuerdos de la antiquísima colonia de pescadores, favorecida ... y
+asustada, en una ocasión, con la presencia del rey Don Pedro I de
+Castilla.
+
+El siguiente histórico _ejemplar_ es recentísimo.
+
+Acababan de celebrarse en la iglesia de San Francisco las honras
+fúnebres por el alma de un pobre hombre que perteneció al Cabildo de
+mareantes de Abajo. El cortejo, en el mismo orden en que había
+acompañado al cadáver á la iglesia, y de la iglesia al cementerio,
+volvió á la casa mortuoria: delante los hombres, é inmediatamente
+después las mujeres, y todos en traje de día de fiesta. El de los
+primeros, compuesto de pantalón, chaleco y chaqueta de paño azul muy
+obscuro, corbata de seda negra, anudada sobre el pecho y medio oculta
+bajo el ancho cuello abierto de una camisa de lienzo sin planchar, y
+boina también de paño azul obscuro, con larga borla de cordoncillo de
+seda negra. El de las mujeres, de saya de percalina azul sobre refajo
+de bayeta encarnada, jubón de paño obscuro, mantilla de franela negra,
+con anchos ribetes de panilla, media azul y zapatos de paño negro.
+
+La reciente viuda, con una mala saya de percal, desgarrada y sucia, en
+mangas de camisa, desgreñada y descalza, esperaba á la fúnebre comitiva,
+acurrucada en un rincón de la destartalada habitación en que había
+muerto su marido: sala, alcoba, pasadizo y comedor al mismo tiempo; pues
+aquella pieza y otra reducidísima y obscura que servía de cocina
+constituían toda la casa. Alrededor de esta mujer había, sentados en el
+suelo, dos chicos y una muchachuela, tan sucios y mal ataviados como
+ella, de quien eran dignos vástagos.
+
+El cortejo fué penetrando acompasadamente en la sala. Los hombres
+formaron una línea contigua á las paredes, y las mujeres otra, algunos
+pasos más al centro. La viuda ocultó la cara entre las manos y lanzó un
+par de gemidos; su prole, sin cambiar de postura, miraba impasible la
+escena.
+
+Como no había sillas en la casa, excusado es decir que el duelo
+permaneció de pie.
+
+Una de las mujeres de él, la más autorizada por su vecindad y conexiones
+con aquella familia, se adelantó un paso á las demás personas de la
+comitiva.
+
+--Por el eterno descanso del defunto, «_Padre nuestro_»--dijo, con voz
+áspera y fuerte, aunque afectando emoción y compostura.
+
+Á lo cual contestó la viuda con un tercer gemido, y el lúgubre cortejo
+con un «_que estás en los cielos, santificado sea tu nombre_», etc.,
+etc.
+
+En seguida, la mujer se quitó la mantilla, la tendió en el suelo, se
+retiró un paso, y con la misma voz con que acababa de pedir una oración
+para el finado,
+
+--Para los dolientes, á cuatro cuartos--dijo, mirando á todos.
+
+--Eso es poco--contestó un hombre.
+
+--Somos muchos--añadió otro.
+
+--Á rial--volvió á decir la mujer.
+
+--Curriente--replicó el coro.
+
+Y la que le dirigía levantó por el costado derecho su saya azul, metió
+la mano en una anchísima faltriquera que apareció encima del refajo
+encarnado, sacó cuatro piezas de á dos cuartos, y las arrojó sobre la
+mantilla. En la misma operación la siguieron otras compañeras y algunos
+hombres; y en muy pocos instantes quedó la mantilla medio cubierta por
+las monedas de cobre.
+
+--¡Alto!--gritó la mujer;--no lo metamos á barullo: dir echándolo poco á
+poco, que aquí hay anguno que va á quedar bien con el dinero de los
+demás.
+
+--Mientes--exclamaron algunas voces.
+
+--Yo digo más verdá que todos vusotros juntos; y como sé lo que pasó en
+el intierro de la mujer del tío Miterio....
+
+--Lo que allí pasó me lo sé yo mu retebién, y lo callo porque no te
+salgan los colores á la cara.
+
+--¿Quién es esa deslenguadona que me quiere prevocar?
+
+--¡Á ver si vos calláis, condenás, ó dirvos á reñir allá juera!...
+¡Cuidiao que tien que ver! Dir echando los que falten, y cierre el pico
+la rigunión.
+
+Esta reprimenda, de un viejo pescador, puso en orden á las mujeres, que
+se disponían ya á hacer de las suyas.
+
+--Á rial, para los dolientes--volvió á exclamar la voz de la presidenta,
+con la mayor tranquilidad.
+
+Algunas piezas de á dos cuartos cayeron sobre la mantilla.
+
+--Á rial para los dolientes--añadió aún la mujer.
+
+Pero esta petición no produjo ya resultado alguno.
+
+--¿Cuántos semos?--preguntó entonces aquélla.
+
+Oyéronse en la sala fuertes murmullos por algunos instantes, y un
+marinero contestó después muy recio:
+
+--Quince hombres y veinte mujeres.
+
+--Enestonces, debe haber en la mantilla ... veinte y diez, treinta, y
+cinco, treinta y cinco.... Treinta y cinco riales ... menos treinta y
+cinco chavos.
+
+--Cabales....
+
+La mujer contó los cuartos sobre la mantilla, redújolos á montones de á
+treinta y cuatro cada uno, y levantándose en seguida, dijo en alta voz,
+con cierto retintín:
+
+--Aquí no hay más que veintiocho riales.
+
+--Yo he echao....--Y yo....--Y yo....--Y yo ...--fueron diciendo todas
+las personas de los dos corrillos.
+
+--Es claro: ahora toos han echao.... ¡Como yo no sé lo que sucede en
+estas ocasiones!... ¡Y luego le dirán á una que falta á la verdá!...
+
+--Vamos, mujer, no te consumas, que ya sabemos lo que es contar dinero:
+á la más lista se le pega de los deos.
+
+--Estos diez te voy á pegar en esa recancaneada jeta, ¡lambistona,
+embrolladora!...
+
+--Á mí me pegarás tú de lengua.
+
+--¡Malos peces vos coman, arrastrás! ¿No veis á esa probe mujer que vos
+ascucha?--gruñó el viejo pescador, interponiéndose entre las dos mujeres
+y señalando á la viuda.
+
+--¡Ayyy!--suspiró ésta al oirlo, limpiándose los ojos con las greñas.
+
+--¿Falta dinero? Pus hacervos la cuenta de que se lo tragó la tierra, y
+en paz.... Vengan esos cuartos--añadió el viejo en tono brusco.
+
+La mujer que los había contado recogió la mantilla y la desocupó en la
+gorra del pescador, murmurando hacia la que riñó con ella:
+
+--Da gracias á la pena de esta infeliz, que si no....
+
+--¿Qué se trae?--preguntó el pescador á la reunión.
+
+--Queso....--Vino....--Aguardiente....--Pan....
+
+--¿Á quién hago caso yo? Toos piden á un tiempo.... Que alcen el deo los
+que quieran vino.... Uno, dos, tres..., seis, nueve.... Nueve hombres y
+tres mujeres.... Ahora que le alcen los que quieran aguadiente.... ¡Ea!,
+no hay más que hablar: seis hombres y toas las mujeres, menos tres,
+dicen que no quieren vino.... ¡Me alegro, me alegro, y que me alegro,
+ea!... Conque dempués de gastar dos pesetas en queso y en un _guardia
+civil_, lo demás pa _musolina_. Vengo en un credo.
+
+El viejo salió de la sala, como si su comisión le hubiera quitado de
+encima la mitad del peso de sus años; y la presidenta del duelo, después
+de ponerse la mantilla y de dar á su fisonomía el aire de compunción de
+que la había despojado durante la última escena, cuadróse en medio de
+la reunión, fijó la vista en el suelo y dijo en tono plañidero:
+
+--Una _Salve_ á la Santísima Virgen del Mar.
+
+El coro la rezó por lo bajo.
+
+--Por todos los fallecidos del cabildo, _Padre nuestro_.
+
+Esta oración se rezó como la anterior.
+
+--Para que Dios nuestro Señor tome en su miselicordia los santos
+ufragios que se acaban de hacer por el alma del defunto, que en paz
+descanse, un _Credo_.
+
+Y la reunión le rezó con el mayor recogimiento.
+
+--En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo--dijo,
+santiguándose, la mujer.
+
+--En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo--contestó, con
+la misma ceremonia, su auditorio.
+
+
+
+
+II
+
+
+--Amén--añadió el pescador de marras, presentándose en la sala con una
+gran jarra de aguardiente y un vaso en una mano, un plato lleno de queso
+en la otra, y un _guardia civil_ ... ó pan de seis libras, debajo del
+brazo.
+
+La consabida mujer le salió al encuentro, después de haber tendido otra
+vez en el suelo su mantilla, y aceptó con cierta solemnidad la jarra y
+el vaso que el marinero le ofreció; en seguida colocó éste el pan y el
+queso sobre la mantilla, y sacó del bolsillo una navaja; calló de
+repente la concurrencia, lanzó el quinto gemido la mujer del
+_glorificado_, relamiéronse con fruición sus tres hijos, y la que tenía
+la jarra llenó con admirable pulso, hasta los bordes, el primer vaso de
+aguardiente.
+
+--Para la dolienta--dijo, levantándole en alto.
+
+--Que gloria se le güelva--contestó la reunión.
+
+Sexto gemido de la viuda.
+
+--¡Yo no puedo beber, que no puedo, que tengo un ñudo en el pasapán!
+¡Ay, mariduco mío de mi alma!
+
+--Vaya, mujer, que ya no tien remedio; y el perder tú la salú no le ha
+de resucitar á él. Toma un trago, que tendrás el estómago aterecío....
+
+--No ha entrao en él un bocao desde antayer créemelo, por mi salvación.
+¡Ayyyy!!
+
+--Pus ahora comerás; y por de plonto, échate eso al cuerpo _á la buena
+gloria del defunto_.
+
+--¡Ay!, por eso no más lo hago; bien lo sabe Dios.
+
+Y llevándose el vaso á los labios, le agotó sin resollar.
+
+--¡Ay, compañero de mis entrañas!--exclamó en seguida, limpiándose la
+boca con la manga de la camisa.
+
+El pescador se acercó á ella entonces, y la dió una gran rebanada de pan
+con un pedazo de queso encima.
+
+Cada uno de los tres huérfanos recibió otra ración igual de pan y queso
+y medio vaso de aguardiente, previo el indispensable brindis «á la buena
+gloria del defunto».
+
+Y obsequiada ya de este modo la familia, el vaso, el pan y el queso
+comenzaron á circular por la reunión entre murmullos muy expresivos,
+oyéndose de vez en cuando aquí y allá, bien por la chillona voz de una
+mujer, bien por la ronca de un hombre, la frase consabida «á la buena
+gloria del defunto».
+
+La jarra volvió á presentarse otra vez delante de la viuda. Bebió ésta,
+bebieron sus hijos; y como al llegar á la mitad del corro faltase
+líquido, la escanciadora se retiró al centro de la sala, y exclamó en el
+tonillo de rigor:
+
+--Á rial, para los dolientes.
+
+--¡Para un rayo que te parta!--gritó la mujer que antes había reñido con
+ella.--¿Adonde se han dío dos azumbres de aguardiente que debía haber en
+la jarra?
+
+--Pos al colaero tuyo y al de otras tan borrachonas como tú--replicó la
+interpelada, con desgarro.
+
+--Oiga usté, desolladora, ¿va eso conmigo?--dijo una tercera mujer.
+
+--Usté lo sabrá.... Y, por último, la que se pica ajo ha comido.
+
+--Es que si fuera conmigo....
+
+--Si fuera contigo te lo aguantarías.
+
+--¡Ó no!
+
+--¡Ó sí, te digo!
+
+--¡Que no, y rete que no!
+
+--¡Que sí, y rete que sí! Y si has pensao que porque está aquí el tu
+marido me he de morder yo la lengua y me he de amarrar las manos, te
+llevas chasco.... Mira, pa él y pa ti.
+
+Y la escanciadora del aguardiente, fingiendo una sonrisa de desprecio
+hasta alcanzarse las orejas con los extremos de su boca, escupió en
+medio del corro con la desenvoltura más provocativa. Pero su adversaria,
+no bien llegó la saliva al suelo, rugiendo como una pantera, saltó sobre
+la retadora, y asiéndola con todas sus fuerzas por el pelo, la hizo
+tocar el polvo con las narices; en seguida, de otro tirón la metió la
+cabeza entre sus piernas; oprimiósela á su gusto; y tendido el cuerpo,
+sobre las espaldas de su víctima, alargó la mano izquierda hasta cogerle
+las sayas por la altura de las pantorrillas; enarboló la diestra,
+trémula y amenazante...; y á no acudir la viuda á detenerla, hubiera
+castigado delante de la reunión á su enemiga, con la ofensa más
+terrible que se puede hacer á estas mujeres: con una azotina _á telón
+corrido_.
+
+Detrás de la viuda acudieron algunos hombres, y á fuerza de sacudidas y
+porrazos, lograron separar á aquellas dos furias, que parecían haberse
+adherido entre sí.
+
+--¡Dolervos de mis lágrimas!--gritaba la dolorida pescadora.
+
+--¡Vaya usté mucho con Dios, zalamerona, cubijera!--la contestó, con un
+empellón, la vencedora.
+
+--¡Yo cubijera!... ¡yo!--aulló aquélla, transformándose repentinamente
+en una loba rabiosa.
+
+--¡Tú, sí!... Y esa bribonaza que me habéis quitao de entre las manos,
+te corría los cubijos cuando tu probe marido supo lo que eras: esa te
+traía el aguardiente y te vendía los cuatro trapos para comprarlo.... ¡Y
+tú, tú matastes al infeliz á pesaumbres!
+
+--¡Niégueme Dios su gloria si yo no abro en canal á esta bribona!...
+Déjamela, no vos atraveséis delante.... ¡Dame esa cara impostora!...
+¡Sal á la luz ... que pueda yo echarte mano!
+
+--Deja, que yo la alcanzaré--bramó á su lado la mujer que estuvo á pique
+de ser azotada, levantando en alto la jarra vacía del aguardiente.
+
+--¡No tires!...--gritaron algunos hombres, corriendo á detenerla.
+
+--¡Quiero matarla!
+
+Y con toda la intención de hacerlo así, despidió la jarra, derecha á la
+cara de su antagonista. Pero el marido de ésta, que pugnaba rato hacía
+por contenerla, al ver el proyectil, bajó instintivamente su cabeza, y
+cubriendo con ella la de su costilla, recibió en medio del occipital la
+jarra, que se hizo pedazos, como si chocado hubiera contra un muro.
+Saltó, rugiendo de ira, pero ileso, el marinero; llegó hasta la
+agresora, y bañándola en sangre la cara con una sonora bofetada, la
+tendió en el suelo cuan larga era. Merced al desorden que este nuevo
+lance produjo en el _duelo_, la viuda logró alcanzar con las uñas el
+pelo de su adversaria; zarandeóla un rato á su gusto, gritaron entrambas
+con horribles imprecaciones, terciaron los hombres en el asunto, hubo
+diferencias entre ellos, sacudiéronse el polvo algunos; y en pocos
+instantes aquella mugrienta habitación se transformó en un campo de
+batalla, verdaderamente aterradora; batalla que hubiera costado mucha
+sangre, á no presentarse en la sala, muy á tiempo, el Alcalde de mar.
+
+Uno de los chicuelos de la casa, después de ver el giro que tomaba la
+cuestión, había salido corriendo á la calle en busca de aquella
+autoridad, con tan buena estrella, que la encontró al volver la
+esquina.
+
+La presencia del Alcalde sofocó, como por encanto, los furores del
+combate; y eso que el tal personaje era ni más ni menos que un marinero
+como los demás. Pero estaba facultado para llevar á todo matriculado
+ante el Capitán del puerto; y este señor cumplía la Ordenanza al pie de
+la letra, y la letra de la Ordenanza era capaz de amansar á una ballena.
+
+Por buena compostura, se desenlazó el drama marchando cada personaje por
+su lado, después de pagar entre todos la jarra hecha pedazos.
+
+La viuda, al quedarse sola con sus hijos y el Alcalde, volvió á hacer
+pucheros y á llorar por el difunto.
+
+--Mira, embusterona--le dijo aquél:--si no quieres que te cruce las
+costillas con la vara, te callas la boca. Vete con esas lágrimas á onde
+no te conozcan; que yo ya sé de qué pie cojeas. ¡Hipocritona,
+borracha!... ¡Á ver si te levantas de ese rincón y barres la casa y das
+de comer á esos muchachos!
+
+--¿Qué he de darles, si no lo tengo?
+
+--Bebe menos, y verás como lo encuentras.
+
+Tras estas palabras y una mirada muy significativa, pero que nada tenía
+de dulce, salió de la sala el Alcalde.
+
+Entonces la contrariada mujer, mordiéndose los labios de coraje, fijó
+maquinalmente su airada vista en los tres hijos que estaban á su lado, y
+dió un sopapo á cada uno.
+
+--¡Largo de aquí!--les dijo con furor;--y si queréis comer, dir á
+ganarlo.
+
+Después, excitada por la pelea y aturdida con el aguardiente que había
+bebido, se tendió en el suelo, mordiendo el polvo y mesándose las
+greñas.
+
+
+
+
+III
+
+
+No hace mucho tiempo llegó á mis manos un manuscrito rancio y ahumado,
+en cuya portada leí, en muy buenos caracteres, el siguiente rótulo:
+_Entremés de la buena gloria_.
+
+Abríle con curiosidad, y vi que, en efecto, era un sainete, cuyo
+argumento se reducía á poner de relieve algunas escenas muy parecidas á
+las que acabo de referir, presenciadas por dos forasteros, asaz pulcros
+y timoratos, que de vez en cuando salen de entre bastidores, donde están
+ocultos, á lanzar al público una andanada de muy saludables, pero muy
+pedantescas observaciones, contra la profana costumbre de las _Buenas
+Glorias_.
+
+No tanto para que se tenga una prueba más de la verosimilitud de mi
+cuadro, como para que se conozca el saber de la citada producción, cuyo
+autor tuvo el mal gusto ó la abnegación, de morirse sin descubrir su
+nombre[9], voy á transcribir algunas de sus escenas, contando con la
+indulgencia del benévolo lector:
+
+ «.............................
+ ..............................
+
+ MANUELA. ¿Han venido todas ya?
+
+ LUCÍA. Cuéntalas, mojuer.
+
+ TOMASA. Veremos.
+ Una, dos, tres, cuatro, cinco....
+
+ MANUELA. Mojuer, Tomasa, ¿qué es esto?;
+ ¿no hay más á esta _Buena Gloria_?
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ TOMASA. Y ahora, ¿á cuánto escotaremos?
+
+ LUCÍA. Á rial y medio.
+
+ MANUELA. Eh, golosa,
+ para espenzar no tenemos.
+ Á dos riales.... ¿Qué lo quieres?;
+ ¿que te lo lleven los nietos?
+ Ve con Judas que te lleve
+ á ti y todo tu dinero.
+ ¿No tienes quien te lo gane?;
+ si fuera yo, probe....
+
+ LUCÍA. Cierto
+ que puedes quejarte; vaya,
+ á dos riales escotemos.
+
+ _(Tienden una mantilla en el suelo, y
+ allí cada uno echa su pitanza.)_
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ LUCÍA. Tomasa, ve por el vino.
+ ¿Sabes tú dónde lo hay bueno?
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ TOMASA. ¿Bastará con cuatro azumbres,
+ á dos por cabeza?
+
+ MANUELA. ¡Infierno!
+ Siempre has de ser estrujada;
+ no sabes cuidar tu cuerpo.
+ Y algunos niños si vienen
+ ¿no han de probar algo de ello?
+ Que traigan veintidós justas:
+ en ocho más no paremos.
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ _(Sigue el coro de los hombres.)_
+
+ EMETERIO. Juan, á tres riales es poco.
+ Somos cuatro, y cuando menos
+ beberemos doce azumbres.
+
+ ANTÓN. Simón, dice bien Miterio.
+
+ SIMÓN. ¿Y no ha de haber también algo
+ para atizar el _rodezno_?
+
+ EMETERIO. ¿Algo de compaño? Sí.
+
+ JUAN. Pus ¿qué traerá?
+
+ EMETERIO. Traiga queso.
+
+ ANTÓN. Mejores son cuatro arenques,
+ pues sin otro surtimiento
+ somos los cuatro abonaos
+ para soplar un pellejo.
+
+ JUAN. Pues bien, vengan los arenques.
+
+ EMETERIO. Démosle antes el dinero:
+ á peseta por escote.
+
+ ANTÓN. Pues bien, echadlo en el suelo,
+ que esto es una cirimonia
+ que nuestros tatarabuelos
+ nos dejaron prevenío
+ se observase con rispeto
+ en todas las _Buenas Glorias.
+
+ _(Tienden una capa y echan los escotes.)_
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ MANUELA. Vamos, echa acá el botijo.
+
+ _(Destápale.)_
+
+ ¡Jesús!, éste no está lleno.
+
+ TOMASA. Algo se _baltucaría_.
+ Como vine tan corriendo....
+
+ MANUELA. Mejor te lo habrás echao
+ en el camino al coleto.
+
+ TOMASA. Mira la gran desollada:
+ no viene mi casta de eso....
+ Borrachona serás tú.
+
+ ANTÓN. No riñáis ni alborotemos...;
+ tened lástima á la viuda
+ que ha enterrado su consuelo.
+
+ VIUDA. ¡Ay!
+
+ LUCÍA. Encomendarle á Dios.
+
+ TOMASA. Sí, hijas, vaya.
+
+ MANUELA. Arrecemos.
+ por los que han muerto en la calle.
+
+ _(Murmullan entre sí en tono de rezar.)_
+
+ Y por todos los que han muerto
+ en el servicio del Rey.
+ _Pater noster_. Arrecemos
+ _por el que se hace el ufragio_,
+ para que Dios le haiga hecho
+ buena partida á su alma.
+
+ VIUDA. ¡Ay!, probe, que sin consuelo
+ he quedado sola y triste,
+ sin mi amado compañero.
+
+ _(Aráñase)_
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ TOMASA. Dale á la viuda primero:
+ trae acá si no. Toma, hija,
+ come ahora.
+
+ VIUDA. ¡Ay!, que no puedo
+ atravesar un bocao.
+ ¡Ay, Santos Mártiles viejos,
+ qué desamparada y sola
+ me habéis dejado! ¡Oh, qué negro
+ fué este día para mí!
+ ¡Ay, desdichada!
+
+ MANUELA. Ya de eso
+ no te tienes que alcordar:
+ mañana iremos lo mesmo.
+ Toma de beber, que no has
+ metido nada en el cuerpo.
+
+ VIUDA. Que no lo puedo pasar.
+ ¡Ay, mi Juan, mi compañero,
+ cómo podré yo olvidarte!
+
+ _(Bebe.)_
+
+ ..............................
+ ..............................
+
+ MANUELA. Mojuer, echa de beber.
+
+ TOMASA. No hay más.
+
+ MANUELA. ¿Cómo ha sido esto?
+ Mojuer, ¿ónde ha ido ese vino?
+
+ TOMASA. ¿Había de ser eterno?
+
+ LUCÍA. Oyes, debajo la saya
+
+ _(Aparte.)_
+
+ he visto estar escondiendo,
+ una jarra la Tomasa.
+
+ MANUELA. Hola Tomasa, ¿qué es eso?
+ ¿Ónde echastes la otra jarra?
+
+ TOMASA. ¿Pues acaso yo la tengo
+ ni la he visto, deslenguada?
+
+ MANUELA. Sí: tú la tienes ahí dentro.
+
+ TOMASA. Andad, pícaras, borrachas.
+
+ MANUELA. La borracha tú y tu abuelo,
+ lo seréis; y se ha de ver
+ quién la ha hurtado.
+
+ (_Agárranse las dos del pelo_.)
+
+ TOMASA. ¡Suelta el pelo!
+
+ MANUELA. No te ha de valer, bribona,
+ más que bribona; el gargüero
+ te he de arrancar; dalo aquí.
+ Mirad si tiene algo dentro
+ de la saya.
+
+ (_Levántanse y la registran_.)
+
+ LUCÍA. Sí, aquí está.
+
+ MANUELA. Te aseguro y te prometo,
+ pellejona, sin vergüenza....
+
+ LUCÍA. Dejadlo, vaya.
+
+ MANUELA. La tengo
+ de beber la sangre aquí.
+
+ SIMÓN. Hombre, que se matan creo
+ la mujeres.
+
+ EMETERIO. No, maldita,
+ no tengas por eso miedo:
+ se darán cuatro cachetes
+ y se arañarán el pelo,
+ pero nada más.
+
+ TOMASA. ¡Vecinos,
+ que me ajuegan, venid presto,
+ estas pícaras borrachas!
+
+ JUAN. ¿Qué tenéis?; ¿por qué es aquesto?
+
+ (_Continúan riñendo_.)
+
+
+ ..............................»
+
+
+Se representó este sainete en Santander, según una nota que contiene, el
+año de 1783, en el día de los santos mártires Emeterio y Celedonio, es
+decir, el 30 de agosto.
+
+Compárense las escenas que quedan extractadas de él con las que yo he
+referido por mi cuenta, y véase cuán íntegro se conserva en la
+actualidad el ritual de la _Buena Gloria_, si es que no aparece el
+vigente aumentado y corregido.
+
+De un larguísimo y soporífero prólogo que antecede al entremés, resulta
+que el Ilmo. Señor don Francisco Javier de Arriaza, primer Obispo de
+esta diócesis, empleó todos los esfuerzos de que eran capaces su
+autoridad y su fervor, contra tan profana ceremonia; que su sucesor hizo
+lo mismo, y que en el púlpito los oradores más afamados trabajaron con
+incansable celo en la propia obra; pero que todo fué en vano.
+
+La _Buena Gloria_, cuyo origen se ignora, pero que es antiquísimo según
+el autor del sainete, y mucho más según uno de sus personajes, que
+dice, al echar el dinero sobre la capa,
+
+ «Ésta es una cirimonia
+ que _nuestros tatarabuelos_
+ nos dejaron prevenío
+ se observara con rispeto»;
+
+la _Buena Gloria_, repito, continuó después en toda su escandalosa
+solemnidad, á despecho de sermones, de anatemas y del entremés citado;
+atravesó impávida épocas de tirantez é intolerancia, y sin que nada haya
+podido contra ella, logró aclimatarse en la moderna atmósfera de fósforo
+y vapor, y aquí existen todavía en uso sus inconcebibles prácticas[10].
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 9: En otras copias, que yo no he visto, del mismo entremés,
+parece declararse ser su autor don Pedro García Diego, vista, que fué,
+de la real aduana de este puerto.
+
+(_Nota del A. en la ed. de 1876_.)]
+
+[Footnote 10: No me atrevería hoy á asegurar que se conserve en
+Santander esta costumbre tan arraigada como aún lo estaba cuando se
+publicó este cuadro por primera vez; pero tampoco me comprometo á
+afirmar que se ha desterrado enteramente. _(Nota del A. en la ed. de
+1876.)_]
+
+
+
+
+EL JÁNDALO
+
+I
+
+
+ Después que lanza el invierno
+ el penúltimo suspiro,
+ y cuando montes y peñas
+ de este rincón bendecido
+ sobre campo de esmeralda
+ pardos levantan los picos,
+ y más clara el agua corre,
+ y en sus cauces van los ríos,
+ llega el espléndido mayo
+ sobre las auras mecido,
+ despejando el horizonte
+ y aliviando reumatismos;
+ tras de mayo viene junio,
+ como siempre ha sucedido,
+ y San Juan, según el orden
+ que va siguiendo hace siglos,
+ antes que junio se acabe
+ da al pueblo su día magnífico.
+ Todo lo cual significa,
+ para evitar laberintos,
+ que en San Juan vienen los jándalos
+ y que entonces vino el mío.
+
+ Ya tocaba en el ocaso
+ del sol el fúlgido disco,
+ y sobre el campo cayendo
+ leves gotas de rocío,
+ daban vida á los maizales
+ y al retoño ya marchito,
+ cuando en la loma de un cerro
+ á cierto lugar vecino,
+ cuyo nombre no hace al caso,
+ y por eso no le cito,
+ un jinete apareció[11]
+ sobre indefinible bicho,
+ pues desde el lomo á los pechos
+ y desde el rabo al hocico,
+ llevaba más alamares
+ que sustos pasa un marido.
+ Todo un _curro_ era el jinete,
+ á juzgar por su trapío:
+ faja negra, calañés
+ y sobre la faja un cinto
+ con municiones de caza,
+ pantalón ajustadísimo,
+ marsellés con más colores
+ que la túnica de un chino,
+ y una escopeta, al arzón
+ unida por verde cinto.
+
+ Al ver entre matorrales
+ destacarse y entre espinos
+ el escueto campanario,
+ de su hogar místico abrigo,
+ detuvo la lenta marcha
+ del engalanado bicho,
+ descubrióse la cabeza,
+ exhaló tierno suspiro,
+ meditó algunos instantes ...
+ y continuó su camino.
+
+ Á un cuarto de hora del pueblo
+ detuvo otra vez el _ímpetu_
+ de su jaco, se apeó
+ y llamó en un ventorrillo:
+ --¡Ah de casa!... ¡_montañés_!
+ --¡Allá va!--¡Po janda, endino!
+ --¡Buenas tardes.--Que mu güenas....
+ Pero, calle...; ¡tío Perico!
+ --¡La Virgen me favorezca!,
+ ¡si es _Celipuco_ el de _Chisco_!
+ --El mismo que viste y calza.
+ --Seas mil veces bien venido.
+ ¿Y cómo va de salud?
+ --Mejor que quiero...; ¡pues digo!;
+ salú ... pesetas ... viniendo,
+ camará, del paraíso,
+ como yo vengo ... á patás
+ topamos allí toiticos
+ esos probes menesteres....
+ Conque toque usté esos cinco ...
+ y destranque la canilla,
+ que yo pago ¡de lo fino!...
+ Vaya un vaso.--Á tu salud.
+ --Á la de usté, tío Perico.
+ Y mi padre ¿cómo está?
+ --Los años,...--¡Ya!... ¡Probesiyo!
+ ¡Si esa borona maldita
+ es el manjar más endino
+ cá nacío de la tierra!...;
+ pero ende hoy, tío Perico,
+ ha de tragar buen pan blanco,
+ buenas hebras y buen vino;
+ que si el probe no lo tiene,
+ para él lo ganó su hijo.
+ --Bien harás, que es muy honrado
+ y anciano.--¡Cuando yo digo
+ que ha de gastar pitifoques
+ y calesín!...--No es preciso,
+ para que honres á tu padre,
+ tanto lustre; que ha vivido
+ entre terrones, y tiene
+ sobrado, junto á sus hijos,
+ para ser feliz de veras,
+ con pan, descanso y cariño.
+ --Pos cariño y pan tendrá,
+ y descanso.... Ya estoy frito
+ por verle y darle un abrazo....
+ Ahí tiene usté por el vino,
+ que va cerrando la noche
+ y es oscura.... No lo digo,
+ es la verdá, por el miedo,
+ porque me espante el peligro,
+ que allá, bien lo sabe Dios,
+ más negras las he corrió;
+ sino que..., ¡firmes, Lucero!
+ ¿Pero no ve usté qué bicho?
+ Es una fiera, ¡cabales!;
+ cuanto más anda, más bríos.
+ Misté el jierro en esta nalga:
+ es cartujano legítimo....
+ Y oigasté, por lo que sea:
+ dejo atrás, en el camino,
+ una recua de jumentos
+ cargaos con mis equipos.
+ Cuando lleguen, que refresquen
+ los mozos con un traguillo
+ y encamine usté la recua
+ á mi casa.... Me repito.
+
+ Clavóle los acicates
+ en los ijares al bicho,
+ arreglóse el calañés,
+ escupió por el colmillo,
+ y, entonando una _rondeña_,
+ partió á galope tendido.
+ --«Mucha bulla, pocas nueces;
+ mucha paja, poco trigo»;
+ --murmuró desde la puerta
+ del ventorro el tío Perico.--
+ Aunque si lo de la recua
+ no falta.... El mancebo es listo....
+ ¿Quién sabe?... Cierro y aguardo.
+ .................................
+ Pero la recua no vino.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 11: Desde que los ferrocarriles cruzan nuestra Península y
+penetran en esta provincia, los jándalos no vienen á caballo, ni se van
+en tardo mulo. Han perdido, por lo tanto, uno de sus más gráficos
+atributos.
+
+(_Nota de la 1.ª ed. en 1864_.)]
+
+
+
+
+ II
+
+
+ Echando al aire cohetes
+ y descerrajando tiros,
+ y entonando macarenas
+ coplas, á pelado grito,
+ entró el jándalo en su pueblo
+ entre perros y chiquillos,
+ que de una en otra barriada,
+ con voces y con ladridos,
+ publicaron la venida
+ de aquel hombre «tan riquísimo»,
+ en un instante, saliendo
+ á la calle los vecinos
+ á verle pasar; que el pueblo,
+ como es notorio, _ab initio_
+ es novelero y curioso
+ aquí y en Francia ... y en Pinto.
+ --Buen verano, caballeros....
+ ¡Adiós, mi alma!...--Bien venido.
+ --Compadre, jasta la vista....
+ --Dios te guarde.--Agur, vecino.
+ --¡Bien llegado!--Agraesiendo,
+ camará..., siempre su amigo;
+ pero me aguarda mi padre....
+ ¡Hacerse á un laito, niños!
+
+ Y revolviendo su potro,
+ como pudo, á cada grito,
+ y la mano dando al uno
+ y al otro las gracias fino,
+ y á las mozas requebrando
+ y atropellando chiquillos,
+ atravesó la barriada
+ y llegó al hogar carísimo,
+ donde hubo besos y abrazos
+ y todo lo consabido.
+
+ Después se sacudió el polvo
+ con su pañuelo finísimo,
+ guardó el caballo entre mantas
+ («porque era una fiera el bicho,
+ y tragándose el espacio
+ al andar, sudaba el quilo»),
+ anunció, como de paso,
+ para muy luego el arribo
+ de la consabida recua;
+ y entre familia y amigos
+ que á saludarle acudieron,
+ circuló el jarro de vino,
+ se cenó de lo mejor;
+ y hasta que ya era por filo
+ pasada la media noche,
+ en loor al recién venido,
+ duró la marimorena
+ que, aunque inútil es decirlo,
+ costó al jándalo los cuartos
+ y á más de tres ... el sentido.
+
+ Amaneció el nuevo día,
+ y ya su ánimo tranquilo,
+ abrió el jaque la maleta
+ para mudarse el vestido;
+ llamó ufano á la familia,
+ y ofreció á cada individuo
+ un regalo: un calañés
+ á su padre; á un hermanito,
+ una camisa de holanda
+ (y era de algodón mezquino),
+ y á su hermana un _rico_ chal
+ de la India (según dijo,
+ pues era un retal menguado,
+ de vara de pico á pico).
+ Todo aquello, por supuesto,
+ eran obsequios levísimos,
+ pues las galas que traía
+ hasta para los amigos,
+ las conducía «la recua
+ que quedaba en el camino».
+
+ Pasó el día de San Juan
+ gastando largo y tendido
+ y luciendo, aunque el calor
+ hacía trinar los grillos,
+ capa de largos fiadores
+ sobre zamarra de rizos.
+
+ Al siguiente, el pobre viejo
+ que iba á descansar tranquilo
+ con el amparo del jándalo,
+ de sus retoños seguido
+ volvió al campo, como siempre,
+ á doblar su cuerpo rígido
+ sobre los terrones, que
+ le daban sustento mísero.
+
+ En tanto vagaba el jándalo,
+ sobre su andaluz _bravío_,
+ por callejas y senderos,
+ _reconociendo_ los sitios
+ que poco antes frecuentara
+ con el dalle y el rastrillo....
+ Porque lo había olvidado
+ todo, todo..., hasta el oficio,
+ y el lenguaje de su pueblo
+ y el nombre de sus vecinos.
+
+
+
+
+ III
+
+
+ Entre fiestas pasó un mes,
+ descuidado peregrino,
+ corriendo de feria en feria
+ y embaucando á sus amigos
+ con cuentos de Andalucía
+ y primores que había visto.
+
+ Pero, ¡ay!, al llegar agosto,
+ tentó con ansia el bolsillo
+ que ya protestaba lacio,
+ y, aunque con dolor vivísimo,
+ vendió su caballo enteco
+ (que nunca fué más lucido)
+ en diez duros, no cabales,
+ al primero que le quiso,
+ para reparar algunos
+ siniestros apremiantísimos,
+ pues no llegando «la recua
+ que quedaba en el camino»,
+ su traje se clareaba
+ á puro darle cepillo,
+ y sus botas se torcían
+ y no bastaba el tocino
+ para remediar las grietas
+ ni para prestarles brillo.
+ Trocó el presuntuoso puro
+ de á cuarto por el mezquino
+ pitillo; dejó el pan blanco
+ y el riojano negro líquido,
+ como regalo superfluo,
+ sólo para los domingos;
+ y aunque chancero y zumbón
+ y fingiéndose aburrido,
+ iba al campo algunas veces
+ «á enredar con el rastrillo».
+ Mas era que el pobre viejo,
+ formalizado, le dijo
+ un día:--«Si todas tus rentas
+ son las que á casa has traído,
+ ó trabajas ó no comes,
+ que yo del trabajo vivo.»
+
+ Tras esto llegó septiembre,
+ y el buen jándalo, afligido,
+ gastó la última peseta
+ que tenía en el bolsillo;
+ y no asomando «la recua
+ que quedaba en el camino»,
+ remendó los pantalones,
+ comió berzas y _respingos_,
+ emprendió con la _tortuca_
+ con mucha pujanza y brío,
+ dió en levantarse á la aurora,
+ y trabajando solícito,
+ se dormía por la noche
+ cansado, si no tranquilo.
+
+ Ya no habló más en caló
+ en medio de sus vecinos,
+ porque se burlaban todos
+ sin piedad de aquello mismo
+ que, oyéndolo de su boca,
+ aplaudían cuando vino.
+
+ Eran todos sus debates
+ sobre carros y novillos;
+ volvió á pensar en la _herba_,
+ y á _echar cambas_ ... y cuartillos;
+ llamó á la alubia _barbanzo_;
+ dijo por vuelto _golvío_;
+ por lo ignorado _el aquel_;
+ en vez de boca, _bocico_;
+ por agujero, _juriaco_,
+ y en lugar de trajo, _trijo_.
+ Dejó, en fin, su mixta jerga
+ de andaluz muy corrompido,
+ y volvió á adoptar de plano
+ su propio lenguaje antiguo:
+ _rézpede, ojeuto, chumpar,
+ rejonfuño, sostuvido,
+ escorduña, megodía,
+ sastifecho, tresponío_...,
+ lo más selecto y más clásico,
+ lo más puro y más legítimo
+ del diccionario especial
+ de tamaños barbarismos.
+
+ Entonces ya confesó,
+ sin ambajes ni remilgos
+ que estuvo en Puerto Real
+ tres años vendiendo vino
+ y llevando garrotazos
+ de padre y muy señor mío;
+ que sacó seiscientos reales
+ por todo producto líquido,
+ después de comprar el jaco,
+ ropa, escopeta y avíos,
+ y que entró con una onza
+ en su casa, el pobrecillo,
+ y la gastó en francachelas
+ por echársela de rico....
+
+ Y dos otoños, en fin,
+ después de lo referido,
+ con unos calzones pardos,
+ un chaquetón de lo mismo,
+ una camisa de estopa
+ y zapatos con clavillos,
+ salió otra vez de su pueblo
+ montado sobre un borrico,
+ para volver á la tierra
+ de la viña y del olivo,
+ á ganar otros seiscientos
+ con los azares sabidos.
+
+
+
+
+ARROZ Y GALLO MUERTO
+
+I
+
+
+Aún no se habrían extinguido las últimas chispas de la hoguera, y apenas
+asomaban los primeros rayos del sol sobre la cúspide de las montañas
+vecinas, cuando las campanas del lugar comenzaron á tocar al alba. Sin
+duda el sacristán había pasado la noche con sus convecinos bailando al
+fulgor de la hoguera; pues de otro modo, según pública fama, no hubiera
+sido capaz de tomar la delantera al sol para abandonar el lecho.
+
+Comenzaba yo, entre sueños, á reparar en la tan, para mí, inusitada
+música, y tal vez hubiera conseguido no salir con ella del plácido
+letargo que me dominaba, cuando la tos, las pisadas y los gritos de mi
+tío que entraba en la alcoba con el objeto de despertarme, ahuyentaron
+completamente el sueño que, por ser el de la aurora, es el que más me
+gusta.
+
+--¡Arriba, perezoso, que ya es hora!--oí gritar entre garrotazos
+sacudidos sobre los muebles, y taconazos y patadas en el suelo.
+
+--¡Pero, señor, si está amaneciendo!--contesté balbuciente y
+restregándome los ojos.
+
+--Eso es: será mejor levantarse al mediodía como hacéis en la ciudad....
+¡Fuera pereza!--añadió con una risotada, tirando de un manotazo la ropa
+que me cubría, á los pies de la cama.--Alza esos huesos y disponte á
+celebrar á San Juan como es debido.
+
+Estas últimas palabras me hicieron recordar que era el día de mi tío, y
+que por ello había llegado yo la víspera á su casa. Felicitéle
+cordialmente, y no pude menos de admirar aquella humanidad robusta y, á
+pesar de los sesenta años que contaba de fecha, fresca y rebosando en
+vida.
+
+Estaba ya afeitado y vestido con la ropa de los domingos, traje que sin
+ser de rigorosa elegancia, ni mucho menos, tampoco bajaba hasta el
+vulgar de los campesinos: ancho, fino y cómodo, como pertenecía á un
+señor bien acomodado de aldea; categoría en que figura mi tío con tanto
+derecho como el mejor caballero de la provincia.
+
+Cuando me hube vestido, me cogió por un brazo y se empeñó en que le
+acompañara á dar una vuelta por el barrio, mientras era hora de
+almorzar. Dispúseme á complacerle y salimos del cuarto. La gran sala
+que atravesamos tenía abiertas de par en par las tres puertas de su
+inmenso balcón; el sol entraba ya por ellas, iluminando todo el
+larguísimo y espacioso _carrejo_ que terminaba en la escalera; se oía el
+cuchareteo y hervor de la cocina que empezaba á animarse por la
+solemnidad del día, y se respiraba en toda la casa un ambiente especial,
+una atmósfera pura y embalsamada, que sólo se respira en el campo de la
+Montaña en las madrugadas de verano, al secar el sol el fresco rocío
+sobre las flores de las praderas.
+
+Al llegar á la puerta de la escalera encontramos á mi tía, digna
+compañera de su marido, como él robusta y fresca, descubiertos sus
+blancos y rollizos brazos hasta cerca de los codos, y llevando un gran
+jarro de leche, espumosa y tibia aún, en cada mano. Sonrióse gozosa y
+expansiva con nosotros, saludóme cariñosa, y _velis nolis_, me hizo
+probar la leche que ella misma acababa de ordeñar.
+
+Al bajar la escalera espantamos con nuestra presencia el averío que en
+el ancho portal se desayunaba con el maíz que para eso había
+desparramado mi tía sobre las losas.
+
+En el corral saltaban los terneros alrededor de sus madres, saliendo al
+campo á solazarse algunas horas bajo la vigilancia de un guardián; el
+mastín gruñía atado aún á la cadena, pero alegre y bullicioso al
+vernos..., todo, en una palabra, cuanto nos rodeaba, parecía disfrutar
+de la belleza del día que empezaba, y de la inefable satisfacción que
+experimentaba aquella familia modesta en el sexagésimo aniversario de mi
+tío, festividad doblemente solemne, por cuanto San Juan era, á la vez
+que de mi tío, el patrono del lugar.
+
+Siguiéndole yo siempre, salimos por la ancha portalada característica de
+todas las casas solariegas de la Montaña; entramos en una verde y
+entoldada calleja, y al llegar á la iglesia que estaba cerca, nos
+sentamos en un rústico banco detrás de ella y bajo una viejísima y
+copuda cajiga.
+
+Á pocos pasos, enfrente de nosotros, estaba la taberna; y en su portal,
+dos reses desolladas colgadas de una gruesa viga, eran el centro
+alrededor del cual giraba entonces el pueblo entero, en busca de un
+pedazo de carne, sabroso regalo con que se celebraba entre aquella gente
+la fiesta del patrono.
+
+Mi tío se entretenía en contarme la vida y milagros de cada aldeano que
+pasaba por delante de nosotros, saludándonos humildísimamente; provisto
+ya de su miserable tajada, objeto de sus ahorros de un mes.
+
+--¿Ves ese--me decía--que se tambalea sobre las piernas, y lleva la
+cara metida hasta las narices en un sombrero viejo, mal calzado y peor
+vestido? Pues es un hombre muy honrado; tiene siete hijos, y el mayor,
+con quien gastó la mitad de su pobreza para librarle de la cárcel en que
+le metieron por haber dado una paliza á su vecino, después de casado le
+puso pleito y le embargó la pobre choza que le quedaba, porque no le
+devolvió una corta suma el mismo día en que venció el plazo del
+préstamo.... Hoy se habría muerto de hambre y de pena si yo no le
+hubiera dado el dinero para salir de su apuro.--Ese otro jaquetón, tan
+planchado y que parece un señor, es un trapisondista capaz de pegársela
+al lucero del alba.--Repara bien en esa mujer que nos ha saludado con
+voz melosa y sin levantar los ojos del suelo; pues es una bribonaza,
+chismosa, enredadora y capaz de beberse á toda su casta: apostaría una
+oreja á que lleva la botella del aguardiente debajo del delantal.--¡Éste
+sí que es todo un hombre de bien y hacendoso! Sin tener un carro de
+tierra suyo, se arregla tan bien con la que lleva á renta, que nunca le
+falta media onza de repuesto al pico del arca: es el mejor de mis
+colonos.--Algo más que este otro perdido: tres años hace que no me paga
+un cuarto. Murmúrase si lo gasta con una vecina...; porque también por
+acá hay sus gatuperios, como en la ciudad.... ¡Mira!, la muy pingona ya
+se va detrás de él.--Éste es el señor alcalde, labrador acomodado; pero
+no me puede ver, aunque me saluda muy fino. ¡Como no le dejo pasar
+ciertas cosas en el ayuntamiento!... Siete pleitos he tenido con él, y
+le he ganado cinco.--Observa á ese que se arrima á la pared para no
+caerse; va hecho un cuero de vino: es vecino mío, y le da siempre en la
+borrachera por pegar fuego á mi casa. Cuatro veces le he cogido con el
+tizón en la mano; en una de ellas estaba ya ardiendo la leñera. No le he
+echado á presidio, porque me da lástima de su pobre familia.--Ahí tienes
+dos novios convidándose á castañas.... Buena pareja, ¿eh?: hoy va la
+tercera amonestación á misa mayor, y mañana se casan....--Mira el mastín
+de la cabaña, ¡gran perro!: media nalga arrancó á un muchacho que le
+quiso montar el otro día. Ahora va á la carnicería á ver si pesca algo
+que valga la pena; ¡como hay dos reses hoy!... Todos los domingos del
+año se mata una sola; pero en días señalados se consumen dos.... Si
+fuera aguardiente.... ¡Eso sí que tiene consumo en el lugar!...
+
+De esta manera siguió el buen señor hablándome largo rato de todo cuanto
+veía y recordaba, sin tregua entre uno y otro asunto, y sin dar tiempo á
+que le replicara yo una sola palabra.
+
+Hago, pues, omisión de todas sus observaciones, en la inteligencia de
+que el lector no encontrará tanto interés en ellas como mi tío, para
+quien, como buen aldeano, eran la salsa favorita.
+
+Aproximándose la hora del desayuno, dispusímonos á volver á casa, mas
+antes quiso mi tío darse una vuelta por la iglesia, por si sus hijas
+habían vestido ya al santo.
+
+Conviene advertir que mi tío era mayordomo de San Juan, honra que venía,
+_ab initio_, vinculada en la familia; y corría de su cuenta alumbrarle
+todo el año, y vestirle, y adornarle en su festividad, y buscar y pagar
+predicador para este día.
+
+Mas todo esto se hacía con su cuenta y razón; no se crea que á este
+santo se le servía gratis et amore, sólo por su bienaventuranza. San
+Juan era uno de los propietarios del lugar, registrado en los libros del
+ayuntamiento como otro vecino cualquiera. Tenía dos prados de regadío,
+bastante buenos, que arrendados á un colono producían una renta anual de
+doscientos reales, renta que cobraba su mayordomo, llevando en un libro
+especial una cuenta corriente con el santo.
+
+Pero en obsequio al administrador, debe quedar consignado: 1.°, que los
+dos prados del beatífico propietario, eran de una manda hecha por la
+piedad de un abuelo de mi tío; y 2.°, que éste, en honor del santo,
+gastaba todos los años, sobre los doscientos reales que producían las
+fincas, otros cuatrocientos de su bolsillo, en lo cual se creía, y con
+razón, muy honrado. Y se comprende muy bien. San Juan no era para la
+casa de este buen señor solamente su patrono y el del lugar, ni uno de
+tantos bienaventurados cuya imagen se veneraba en la iglesia parroquial
+del pueblo: era, además, un protector especial, un huésped constante de
+mis parientes.
+
+Los paños, los candeleros, las velas del altar del santo, se encontraban
+en aquella casa como la ropa y el calzado de la familia, y hasta en las
+listas de la colada se leía siempre, junto al renglón, por ejemplo, de
+los calzoncillos de mi tío, otro de los _paños_ de San Juan. Cuidábase
+su imagen, quitábasele á menudo el polvo, se restauraba la pintura donde
+quiera que se descascaraba un poco; pintábanse cada dos años y se
+doraban las andas en que se le sacaba en procesión, y se esmeraban mis
+primas en renovarle los ramilletes de flores que le rodeaban en la urna,
+con la frecuencia necesaria, y en engalanarle para las grandes
+solemnidades; era el santo, en fin, _como de la casa_, valiéndome de una
+frase de mi tía.
+
+Y hechas estas advertencias, volvamos al asunto principal.
+
+Entramos en la iglesia. En el centro de ella, y colocado ya en las
+pintorescas andas, sobre una mesa, estaba San Juan con el corderito á
+los pies, y en la diestra la cruz con el _Agnus Dei qui tollis peccata
+mundi_, escrito sobre la flámula ceñida á ella. Sin estos atributos,
+confieso que me hubiera sido imposible conocer lo que aquel aparato
+representaba. Tales primores habían hecho mis primas con la imagen.
+
+Hallábase ésta bajo dos arcos cruzados, en el sentido de las diagonales
+de las andas, revestidos de pañuelos de seda de sobresalientes colores,
+y caían sobre la cabeza del Bautista multitud de relicarios,
+campanillas, acericos y escapularios, y no pareciéndoles, sin duda,
+bastante á mis primas la piel con que el escultor cubrió la desnudez de
+la imagen, habíanle colgado sobre los hombros un rico chal de Manila,
+que le llegaba hasta los pies, y colocado en la mano con que señalaba el
+corderito, un pompón encarnado y verde, procedente de un chacó de
+realistas, cuerpo á que, en sus mocedades, había tenido mi tío la honra
+de pertenecer.
+
+Mirábame éste y miraba al santo, y tornaba á mirarme después con cierta
+expresión de complacencia, mientras yo contenía á duras penas la risa
+que me excitaba el fatalísimo gusto de mis primas, que habían hecho, con
+fervorosa y cándida intención, un ídolo chino de una de las imágenes más
+poéticas y sencillas de nuestro culto.
+
+Felicité, no obstante, á mi tío por su celo y esplendidez, y después de
+dar él algunas órdenes al sacristán relativas á la procesión, salimos de
+la iglesia y nos volvimos á casa.
+
+
+
+
+II
+
+
+Esperábannos ya alrededor de la mesa mi tía, mis dos primitas, que, en
+el vigor de la robustez y de la juventud, hubieran podido marear á un
+estoico con algo menos de rubor y con un poco más de coquetería, y el
+predicador que debía hacer el panegírico del santo aquel día. Era un
+franciscano exclaustrado, párroco de uno de los pueblos inmediatos, y
+orador de tanta fama en la comarca como pulmones.
+
+Mi tío se honraba todos los años dándole de comer y de almorzar el día
+de San Juan, y sus hijas le planchaban y rizaban la soprepelliz que se
+vestía para predicar.
+
+Pusiéronse encendidas como dos pimientos mis primitas al tener que
+contestar á mi saludo; tendióme una gruesa, morena y áspera mano el
+exclaustrado, abrazando en seguida á mi tío; y todos, en grata compañía,
+nos sentamos á la mesa.
+
+Sirviéronnos, primeramente, chocolate al exclaustrado y á mí, pues la
+familia se despachó á su gusto con sendas cazuelas de sopas de leche. Y
+dije «primeramente», porque el reverendo, después que con el último
+sorbo estrepitoso, infinito, sublime, tirado al pocillo, apuró
+
+ «cuanto en el hondo cangilón había»,
+
+acometió á las sopas de leche, haciendo en ellas él solo tanto estrago
+como toda la familia junta. Después de la leche nos sirvieron vino
+blanco con bizcochos, prototipo en las aldeas de digestivos y
+confortantes, y cuyas virtudes se tienen en tanto, que lo mismo se
+administra este agasajo á un moribundo que en una boda. Por ello tuve, á
+mi pesar, que echarme al cuerpo mi ración correspondiente, pues
+desairarla era, á lo que vi, la mayor ofensa que podía hacerse á la
+rumbosa prodigalidad de mis tíos.
+
+Concluído el almuerzo, llegó la hora de ir á misa; y al acercanos á la
+iglesia, fuimos acometidos por una comparsa de danzantes, bajo cuyos
+arcos tuvimos que pasar más de dos veces; honor tributado exclusivamente
+á las notabilidades del pueblo, ó mejor dicho, á todas las personas que
+podían dar algunas monedas de gratificación, en cambio de tan señalado
+festejo.
+
+Antes de la misa se llevó en solemne procesión al santo alrededor de la
+iglesia, teniendo mi tío el honor, en compañía del alcalde y dos
+regidores, de cargar con las andas. Dos mocetones, armados de escopetas,
+abrían la marcha haciendo fuego, y un ciego gaitero acompañaba con su
+ronco instrumento al señor cura en sus cánticos, á los que contestaba
+todo el pueblo, de vez en cuando con un fervoroso _«ora pro nobis»_.
+
+Empezada la misa, no cesaron los tiros en el portal de la iglesia, y la
+gaita siguió tocando en el coro, acompañando á los cantores, entre los
+cuales estaba mi tío, que era una especialidad para _echar_ la epístola.
+Tocó su turno al predicador, cuyo sermón era el gran acontecimiento del
+día. No diré que con muy brillantes formas, pero con un pulmón
+admirable, con palabras sencillas y con una doctrina pura y llena de paz
+y de consuelo, infundió tal entusiasmo en su auditorio, que, convertido
+cada oyente en un héroe, hubiera seguido al franciscano ... hasta la
+hoguera, jurando á Jesucristo y á San Juan. Líbreme Dios de no admirar
+tanto fervor. ¡Ojalá tuviera cada aldea y en cada semana, por lo menos,
+un orador de aquel género, que conservara viva y consoladora en el
+pecho de los pobres aldeanos la fe de sus mayores! Con ella únicamente
+son posibles la paz y la ventura entre tantas privaciones y miserias.
+Los derechos políticos, la civilización _autonómica_, nunca producirán
+entre ellos más que envidias y escisiones, hambre y desesperación. Ser
+pobre y honrado es la mayor de las virtudes; y el pueblo, para ser
+virtuoso, necesita, antes que derechos y títulos pomposos que le
+ensoberbezcan, pan que le alimente y fe que le resigne al trabajo.
+
+La misa fué, pues, de lo más solemne que era posible en semejantes
+circunstancias; tan solemne, que duró dos horas. Mi cabeza, mi cuerpo
+entero, lo recordará toda la vida.
+
+Al llegar á casa, y después de felicitar sinceramente al exclaustrado
+por su discurso, lo cual no dejó de envanecerle un poquillo por la razón
+de gastar yo bigote y perilla y ser de la ciudad, nos sentamos alrededor
+de la mesa que ya estaba preparada, y empezó la comida, previo
+_benedicite_ del franciscano.
+
+Nada de notable había en ella, lector, en cuanto á la calidad, que
+merezca participársete, pero preciso es que sepas que en cuanto á la
+cantidad..., ¡aquello tenía que ver! La sopera, llena hasta los bordes,
+era poco menor que un barreño; las fuentes del potaje podían servir de
+barcas en caudaloso río; el primer principio se componía de más de media
+arroba de carne guisada; y cuando llegó el gallo en pepitoria, héroe del
+banquete, acompañábanle, para hacerle honor, cuatro capones. De ellos se
+nos sirvieron á los tres hombres á capón por barba, y se repartió el
+cuarto entre las tres mujeres. Y lo de menos hubiera sido para mí
+semejante alarde de prodigalidad, y hasta el acostumbrarme á ver sin
+admiración cómo mi tío y el predicador engullían cuanto les ponían por
+delante; pero lo terrible fué que me obligó á hacer lo mismo que ellos
+la implacable oficiosidad de mi cara tía. Cedí con la sopa á los
+reiteradísimos «ponte más, no lo desaires» con que me acosaba la buena
+señora; y al tratar resueltamente de negarme á repetir de los potajes,
+tal fué la insistencia de la familia entera, y tanto me solfearon que
+despreciaba su _pobreza_, que por no sufrir tan inclemente machaqueo me
+resolví, con la resignación de un mártir, á jugar la salud en aquel
+lance; pero me fué imposible transigir con el capón: materialmente
+estaba ya lleno, rebosando mi estómago. Para colmo de mi angustia, llegó
+el _arroz con leche_, plantándoseme delante un plato sopero encogollado
+«para mí solo».--«Y en acabándole, aquí tienes más»--añadió mi tía con
+una sonrisa muy cariñosa, pero que me hizo temblar, horrorizado, al ver
+la enorme fuente que señalaba con el dedo, colocada en el centro de la
+mesa.--Afortunadamente, con la idea, nada más, de echarme al coleto
+tanto engrudo, entráronme unos sudores, fríos como los de la muerte;
+levantéme tambaleándome, llegué al corral..., y despojado el estómago
+del peso que le oprimía, volví á la mesa, pero sin el consuelo de hacer
+comprender á aquella buena gente la impertinencia de sus mal entendidos
+obsequios. Mi tía; especialmente, achacaba el suceso, en tono de
+resentimiento, á que no me gustaban los guisos que ella misma había
+hecho. Luego vi que era imposible persuadir á aquellas benditas almas de
+que puede un hombre hartarse una vez de sopa de fideos, de gallo en
+pepitoria y de arroz con leche.
+
+Concluyó por fin el banquete con vino blanco y bizcochos; y mientras el
+fraile y mis tíos se fueron á dormir la siesta y mis primas á vestirse
+para ir á vísperas, yo me largué al campo á tomar el aire, que buena
+falta me hacía.
+
+Dos horas después volvimos á la iglesia; sacaron otra vez al santo en
+procesión, rezóse el rosario y nos fuimos á la romería, que se
+desparramaba en una pradera inmediata á la iglesia. Hiciéronme ver uno
+por uno todos los bailes: éste porque era de guitarra, el otro porque
+era de pandereta, y por ser de gaita el de más allá. Compramos
+avellanas, peras, cerezas y rosquillas en todos los puestos de la
+romería, convidámonos recíprocamente la familia, el exclaustrado y yo;
+vi un desafío á los bolos entre mozos de lugar y otros tantos
+forasteros; oí los «¡vivas!» que nos echaron los danzantes,
+encaramándose unos sobre otros hasta formar lo que ellos llaman
+_castillo_, y los que también hubo para las demás personas que les
+habían dado dinero; y volvimos á casa al anochecer, despidiendo al
+predicador después de haber tomado chocolate y agua de limón todos
+juntos, como si no hubiéramos comido al mediodía.
+
+Una hora más tarde me llamaron á cenar. ¡Otra vez capón, otra vez
+pepitoria y otra vez arroz con leche! Aquel cuadro me espantó. Fingíme
+muy malo, y creo que lo estaba, dado que de susto también se enferme un
+hombre, y me largué á la cama, donde tampoco fuí feliz, porque, apenas
+me hube dormido, comencé á soñar que comía capón, pepitoria y arroz con
+leche. Desperté, volví á dormir, y torné á despertar y á dormir otra vez
+y otras ciento, y siempre veía el repleto cucharón de mi tía
+persiguiéndome y llenando los claros que yo iba haciendo en los platos
+que me servían sin cesar. En esta lucha cruel me cogió el alba. Salté de
+la cama, vestíme; y, desayunándome de prisa, corrí á despedirme de la
+familia que había madrugado más que yo. Agradecí á mis buenos parientes,
+con toda mi alma, la sinceridad con que me brindaban su casa y su
+cariñosa asistencia por algunos días más; sentí de veras que perentorias
+ocupaciones me impidieran complacerlos, pues cariño hacia ellos me
+sobraba; disculpéme lo mejor que supe, monté á caballo; y llenos los
+bolsillos, la maleta y las pistoleras de fruta y de rosquillas que me
+hicieron tomar á última hora, partí hacia la ciudad, prometiéndome á mí
+mismo solemnemente, y lo he cumplido, que si alguna vez volviera al
+campo había de ser en días hábiles y normales, y en manera alguna en los
+que, como el de San Juan citado, se llaman, con sobrada razón, en mi
+tierra, de _arroz y gallo muerto_.
+
+
+
+
+EL DÍA 4 DE OCTUBRE[12]
+
+I
+
+
+Desde luego advierto al lector que esta fecha no viene aquí con la
+pretensión de figurar entre las muy justamente célebres que guardan los
+fastos españoles, ni pertenece siquiera al catálogo de esas otras de
+flamante cuño que, no mereciendo, por ningún estilo, que la imparcial
+severa Historia las registre en sus páginas, andan indocumentadas
+pidiendo hospitalidad de puerta en puerta y rebotando de periódico en
+periódico, á manera de proyectil elástico. Hablo de los _diez de abril_,
+_tres de octubre_, _siete de julio_ _veintinueve de septiembre_, y otras
+_ejusdem farinoe_, no menos zarandeadas, en estos tiempos que corremos,
+por los campeones de la política militante, ya como gloria, ya como
+afrentas.
+
+Tampoco se halla impresa en ninguna parte con sangre de _libres_ ni de
+_esclavos_, ni recuerda patíbulos, ni asonadas, ni siquiera un mal
+cintarazo. Por tanto, no aspira á que _el país_ la recuerde sólo con que
+yo se la cite. Más humilde en su origen y en sus aspiraciones, se cree
+muy honrada con que unos cuantos pueblos de la Montaña y yo la evoquemos
+con inocente complacencia: ellos, por lo que afecta á sus caros
+intereses: yo, por el que me tomo siempre en cuanto sirve de
+satisfacción á los demás.
+
+Es, pues, el caso de que los labradores ganaderos de la parte central de
+la provincia, cuando llega el mes de mayo, no solamente no tienen en el
+pajar un pelo de yerba de la recogida en el agosto anterior, sino que
+sus ganados han destrozado ya las mieses durante los meses de
+_derrotas_, y han recorrido las sierras bajas, y han comido _escajo_,
+picado á fuerza de ímprobos sudores, y han ido entresacando los
+_herbalachos_ que crecen entre zarzas y matorrales, y hasta han roído el
+césped de las lindes de los _camberones_. ¡Calcúlese cómo viviría el
+ganado hasta el mes de agosto, época de la recolección y acopio de yerba
+para el invierno, si no tuviera más recursos que los ordinarios de casa,
+digámoslo así!
+
+Por fortuna de los pobres animales, hay en esta provincia, sobre su
+parte más elevada, entre Campóo, Cabuérniga y Polaciones, unos pastos
+en los puertos de Lodar, Peñalabra, Palombera, Brañamayor y otros, que
+están diciendo «pacedme»; y á pacerlos van desde junio á octubre, los
+ganados, _ó cabañas_, de varios pueblos de la indicada región, que están
+en pleno goce de ese privilegio.
+
+De qué procede éste, y por qué le tienen unos pueblos y otros no, lo
+ignoro absolutamente. De cuándo data, tampoco es fácil decirlo. No sé
+más sino que, en cierta ocasión, el Concejo de Vioño, uno de los
+privilegiados, tuvo necesidad de reivindicar su derecho, y siguió un
+pleito con los Concejos _altos_ que se le negaban, ante la Real
+Chancillería de Valladolid, la cual le sentenció en el año de 1630. Yo
+he visto esos autos, y según ellos, alegaban los de Vioño «estar en
+quieta, pacífica posesión de lo hacer é gozar libremente con los dichos
+sus ganados á ciencia y paciencia de las partes contrarias, de uno,
+diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta..., ciento y más años; y de
+tantos, _que en memoria de hombre no era en contrario_». ¡Figúrense
+ustedes si será antigua la costumbre!
+
+La Real Chancillería mantuvo al Concejo querellante en su derecho «de
+llevar su cabaña _con palos, pastores, perros y cencerros, á pacer las
+yerbas y beber las aguas, seleando y majadeando_, á los sitios de Bus
+Cabrero, Bustamezán, Cueto de Espinas, etc., etc....»
+
+Idéntico y tan antiguo privilegio es el que disfrutan los demás Concejos
+sobre éstos y otros puertos. Puedo ofrecer al lector la lista de todos
+los privilegiados. Se la debo á un anciano de uno de ellos, hombre que
+sabe de memoria las ordenanzas del caso (pues no las conserva escritas
+aquel archivo municipal) y es quien resuelve las dudas y conoce
+prácticamente hasta los linderos de los puertos. Allá va, pues, la lista
+aunque no me la agradezca nadie: Barcenaciones, Bustablado, Cerrazo,
+Cohicillos, Cóo, Helguera, La Busta, La Montaña, Los Corrales, Llano,
+Mercadal, Novales, Oreña, _Polanco_, Quijas, Reocín, Rudagüera, Ruiloba,
+San Mateo, Somahoz, Tanos, Tarriba, Toporias, Treceño, Udías, Valle,
+Valle de Cabezón, Viérnoles, Vioño y Zurita.
+
+En cambio del disfrute de los puertos altos por las cabañas de estos
+Concejos, durante determinados meses del verano, pesa sobre ellos un
+casi imaginario y levísimo gravamen. De uno de los Concejos me consta
+que solo está obligado, en el caso en que las nieves fuesen tan copiosas
+y duraderas en los altos que, consumida la _ceba_[13] de los
+_invernales_[14], tuvieran aquellas cabañas que emigrar á los bajos
+(caso que aún está por ver) á dar dos haces de puntas secas de maíz por
+cada res, y á sacar su carro cada vecino, durante la noche, al corral, á
+fin, sin duda, de que el ganado inmigrante pueda guarecerse en los
+soportales, ó en los cobertizos desalojados.
+
+En el mismo caso de emigración forzosa, las cabañas de Campóo y
+Polaciones tienen á su disposición, durante la primavera, _seles_ en los
+montes comunes de abajo, mientras dure la nieve arriba; pero á condición
+de que no han de pasar las cabañas de los términos más próximos á la
+nieve.
+
+En previsión, sin duda, de tal necesidad, los vecinos del Concejo de
+Udías no pueden cortar en sus heredades (no deben, á lo menos) los
+tallos secos del maíz hasta marzo.
+
+Como algunas cabañas no tienen pasto bastante en los puertos que
+disfrutan por derecho propio, los Concejos á que aquéllas pertenecen
+toman en arriendo otros por un tiempo determinado, pero con formalidades
+y garantías harto modernas y prosaicas, y á pagar en moneda sonante.
+
+Estos pagos se hacen recaudando el Concejo á razón de un tanto por cada
+res que disfruta del puerto; y para entender en estos asuntos hay en
+cada pueblo un concejal que se llama _alcalde de cabaña_, á cuyo cargo
+está, por ende, cuanto se refiere á los pastores, al toro y á los
+perros. Bueno es advertir también que las soldadas de los primeros se
+pagan, como los puertos, por los dueños del ganado que los disfruta.
+
+Ocho ó diez días antes del de San Antonio, es decir, del 13 de Junio,
+van los pastores de casa en casa con dos marcos de hierro, en uno de los
+cuales está el nombre completo del pueblo en letras pequeñas, y en el
+otro la inicial del mismo de gran tamaño, tomando nota de las cabezas de
+ganado que han de ir al puerto, y de las que de éstas se hallen sin
+marcar. Si las que están en este caso tienen astas, se aplica á una de
+ellas el primer marco enrojecido al fuego; si no las tienen todavía, se
+las tumba en el suelo, y con el marco segundo, chisporroteando, aplicado
+á la nalga derecha, se les hace dar cada berrido de dolor, y se levanta
+un tufillo de carne asada, que no hay más que pedir.--De paso averiguan
+los pastores cuál es la vaca más fuerte y más garbosa para ponerle al
+pescuezo el _campano del lugar_, ó sea el cencerro más grande de los
+diez ó doce que tiene el Concejo para que la cabaña se luzca con ellos
+por esas brañas de Dios. Obtener para su vaca el campano del lugar es el
+más alto honor que en casos tales puede alcanzar el dueño de ella, razón
+por la que hay cada intriga que canta el credo al llegar el momento de
+elegir un cuello para el sonoro colgajo.
+
+Al amanecer del día de San Antonio se colocan los pastores con el toro y
+los perros en un punto convenido, acude á él cada vecino con el ganado
+que quiere enviar al puerto; y formada de este modo la cabaña, hala que
+te vas, comienza á marchar en busca de Peñalabra ó Palombera, los cuales
+puertos no encuentra sino después de haber estado por espacio de tres
+días anda que te anda y sube que te sube, al son de los cencerros y al
+de los elocuentísimos jujeos y silbidos de los pastores.
+
+Y aquí la dejamos, por no necesitarla para nuestro objeto, hasta _el día
+4 de octubre_ siguiente, día en el cual llega infaliblemente al punto en
+que se formó[15]; con el cual dato queda suficientemente aclarada la
+significación del título que precede á estos párrafos, y dicho que
+estamos, aunque tarde, de patitas en el asunto.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 12: Este cuadro se agregó á las _Escenas Montañesas_ en la
+edición de 1877. _(Nota del A. en 1885.)_]
+
+[Footnote 13: Yerba seca acopiada para el invierno.]
+
+[Footnote 14: Grandes pajares, y á la vez establos, para refugio del
+ganado en los puertos durante lo más crudo del invierno.]
+
+
+
+
+II
+
+
+--¡Dolón, dolán, dolén, dolán, dolón! ... que ya se oyen los cencerros
+de la cabaña y hasta se ve el polvo que levanta. Ha llegado el día
+anhelado, y el pueblo sale á recibirla hasta la portilla de la llosa, ó
+de la pradera en que, por de pronto, ha de entrar para que se cumplan
+las formalidades que van ustedes á conocer.
+
+La gente viste de media gala, y se halla poseída de la más viva
+satisfacción. La corporación municipal se guardará muy bien de faltar á
+la solemnidad.
+
+--¡Dolón, dolén, dolán, dolón, fiu, fiuuiií! ... que los cencerros se
+oyen más cerca y se perciben con toda claridad los silbidos de los
+pastores, y hasta se distinguen el color y la _armadura_ de las primeras
+vacas.
+
+Los espectadores suspenden hasta el aliento y clavan en ellas la vista
+con una fijeza magnética. En seguida les entra la reacción y corren y se
+atropellan, hasta que concluyen por formar enfrente de la portilla, en
+dos hileras, entre las cuales pasa el ganado, que, no por haber pacido
+durante cuatro meses la yerba de la libertad salvaje, ha perdido su
+natural mansedumbre.
+
+--¡Tío Roque!--grita un mozuelo con el pelo muy atusado,--¡la mi
+_Gallarda_ trae el campano del lugar! ... y aquí viene la primera de
+toas ... ¡y cómo le menea! ¡Anda, pa que uno se fíe de lo que no ve!...
+¡Y corrían voces de que en el puerto se le habían puesto á la _Corva_
+de tío Perico Mijotes!... ¡Cristo, qué hermosísima está!
+
+--Miá tú, fantasioso--replica Mijotes, que no estaba muy distante del
+jaque,--si se dijo que la mi _Corva_ le traía, por algo se dijo. Siempre
+se le habrán cambiao en el camino pa que no te se parta á ti el corazón
+de envidia al ver á la tu _Gallarda_ con el campano que han puesto á la
+otra probe.... ¡Viva la josticia!; ¡á la novilla de la mi vecina, que no
+puede con el rabo, le han puesto el segundo campano!
+
+--¡Callarvos, lenguatones!--interrumpe un viejo que, de puro viejo, no
+puede ya con las bragas:--¿que más vos da? Venga el ganao y venga ello
+gordo, que lo demás importa dos bisanes.
+
+--No, pus lo que es gordo, por decir gordo, ya viene gordo--añade otro
+convecino que no tiene la mayor facilidad para expresar lo poquísimo que
+se le alcanza.
+
+--No digo yo otro tanto--le replica un espectador de enfrente;--ahí va
+la mi _Leona_, que paez que la han chupao las brujas. Toma, ¡pus si
+viene _gedal_; ¡y qué _bello_ que trae más hermosísimo!...; ¡me valga el
+Señor; es la mesma estampa de su madre!... ¡Bien te han ordeñao, morena!
+¡Permita Dios, condenaos de pastores, que se vos güelvan lobos en el
+cuerpo los zurrones de hacer manteca!
+
+--¡Ay, madre!--exclama una muchachuela con los ojos arrasados de
+lágrimas, dirigiéndose á una pobre anciana que esta á su lado,--no veo á
+la nuestra vaca: ¡debe ser verdá aquéllo que se corrió!
+
+--Sí; hija mía--responde la madre:--las malas noticias siempre salen
+verdaderas, y la soga nunca rompe por lo más gordo, ni el día amanece
+alegre para todo el mundo...; ¡cómo ha de ser!
+
+Y mientras se hacen éstos ó parecidos comentarios entre la gente, va
+pasando la cabaña y entrando en el gran cercado, hasta que llegan,
+cerrando la marcha, el toro, los terneritos, los perros y los pastores:
+el toro con sus ojeras blancas sobre una cara negra y lustrosa como el
+terciopelo, ondeando con cierta vanidad la piel, que casi le arrastra,
+de su robusto cuello; los becerritos con su pelo rizoso y bermejo y su
+carita expresiva, pisando con miedo, y rendidos de cansancio; los perros
+con su piel blanca con manchas negras, andando al pie de los terneros y
+mirando á todas partes con un gestecillo que parece decir: «al que los
+toque en el pelo, nos le merendamos»; por último, los pastores con
+abarcas de _tarugos_, garrote nudoso, y al hombro, además del morral y
+la chaqueta, un ternero recién nacido, que nunca suele faltar.
+
+Cuando esta retaguardia llega á la portilla, se precipita la gente
+detrás de ella, desparramándose luego por el prado entre la cabaña,
+buscando cada uno las reses que le pertenecen para examinarlas á su
+placer.
+
+Una hora más tarde, y sobre el mismo terreno y al aire libre y de pie,
+el ayuntamiento se constituye en sesión, rodeado de todo el pueblo, que
+toma parte en ella.
+
+Lo que entonces sucede, van ustedes á saberlo en el capítulo siguiente,
+escrito en presencia de los apuntes fidelísimos que yo tomé en uno de
+esos Concejos á que asistí como curioso.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 15: Ya supondrá el lector que ni todas las cabañas van al
+puerto el día de San Antonio, ni todas vuelven de él precisamente el 4
+de octubre siguiente. Hácenlo así, con tan antigua como inquebrantable
+regularidad, las de algunos pueblos que yo conozco; y á ellos se refiere
+mi cuento.]
+
+
+
+
+III
+
+
+Uno de los pastores, jefe á la vez de los demás, penetró en el ancho
+círculo que formaban los asistentes; paróse enfrente del alcalde; arrojó
+al suelo un saco casi vacío que llevaba al hombro; descubrióse; cargó el
+cuerpo sobre el garrote; balanceóse un poco en esta postura;
+esparrancóse; escupió tres veces; pasó una manga de su camisa por debajo
+de las narices, y después de obtener el permiso del alcalde, habló de
+esta manera:
+
+--Pos ... salto y digo: ahí está la cabaña, como se habrá visto. En la
+cabaña hay de too, como en la viña del Señor; porque musotros, á la res
+que es de mal pacer y de peor engordar, no podemos mejorarla, á no
+hincharla con una paja. Esto es claro como el sol del megodía. Pos digo
+yo ahora: hay que tener en cuenta que el verano ha sío fatal; hoy que la
+ventisca, mañana que el aguacero, el pasto se ha reblandecío, y pué
+ecirse que el ganao no se ha visto limpio de _despeño._ De salú,
+bastante bien: sólo han fenecío una vaca de tío Pedro Meñique y una
+novilla de la viuda del _Cevil_. La una murió de un _empanderao_, y la
+otra de un mal, á manera de perlesía. Dióseles lo que manda el aquel,
+vamos al decir, del hombre que lo entiende; pero no les acanzó.
+
+El pastor, al decir esto, metió en el saco la mano y sacó de él dos
+cuernos de diferente forma y tamaño.
+
+--Aquí están las _gamas_--dijo, levantando en alto los dos retorcidos
+apéndices.
+
+El alcalde llamó á los dueños de las reses muertas, para que se
+presentasen á reconocer los restos que el pastor exponía á la
+consideración del concejo, para cumplir con un requisito exigido por
+éste.
+
+Pedro Meñique y la viuda del _Cevil_ reconocieron, contristados, las
+astas de las reses que respectivamente les habían pertenecido, y de
+cuya muerte ya tenían noticias, aunque vagas, antes de la llegada de la
+cabaña.
+
+En seguida preguntó el alcalde si había algún vecino que tuviera que
+hacer _daque_ cargo á los pastores.
+
+--¡Pido la palabra!--dijo, saliendo á primera fila, un hombre muy
+entrado en años, cano de greña, enjuto y ahumado de carnes y ronquillo
+de voz.
+
+--Hable Garabiel Pernías--díjole el alcalde.
+
+--He pedío la palabra al auto de que he visto que la vaca mía que fué
+bien trisná al puerto, vuelve en los puros huesos y con un ojal en salva
+sea la parte, que mete miedo; y como el hombre no gana su probeza tumbao
+panza arriba, y yo sudo los güétagos pa ver de conservar la que tengo,
+quiero que se me satisfaga, como es justo, al respetive de la vaca.
+
+--Tocante á la vaca--replicó el pastor,--tocante á la vaca, tío
+Garabiel, usté sabe mejor que yo que la vaca es una cabra condená que no
+se pué hacer vida de ella. Los cinco sentíos del alma le pone uno
+encima, y con too y con eso no se la pué meter por vereda. Si usté la
+chifla pa golvela, malo; si usté la vocea, pior; si se la apedrea, ¡me
+valga el Señor!, no la alcanza un galgo.... Pus évate que voy, amigo de
+Dios: hace ocho días, trepa la condená por un pedregal arriba á pacer
+unos matorrales que estaban entre un cajigaluco; salgo detrás de ella,
+hace la feguración de echarse cancia el desfiladero que estaba por la
+banda de atrás, atájola yo corriendo, asústase más la endina, échase de
+prisa por onde había subido, rueda como una pelota, y rásgase el pellejo
+contra la punta del peñasco. ¡Ésta es, tío Garabiel, la pura verdá; y si
+otra me queda en el cuerpo, que con ella reviente!
+
+--¡Sastifecho!--dijo con solemnidad Garabiel Pernías, retirándose á la
+segunda fila.
+
+Otro de los que formaban en ella salió en seguida á la primera, y
+endilgó al pastor estos cargos.
+
+--Yo mandé al puerto una vaca _geda_ de siete meses, y pa el efeuto de
+destetarla, dejé la cría en casa. La vaca iba gorda, la vaca es lechera,
+¡horror de lechera!; la vaca viene hecha un telar, y la vaca no está
+_seca_, porque á la vaca acabo yo de ordeñarla en el prao. Yo soy claro
+como el agua, y no tengo algún aquel en decir que aquí se han corrío
+voces de que en Mercadal se ha vendío este verano mucha manteca de la
+cabaña nuestra. Diga el pastor, si á mano viene, de ónde ha salío esa
+manteca, y por qué no viene seca la mi vaca.
+
+El pastor se rascó la cabeza, escupió por entre los incisivos, y después
+de pasear su vista por los circunstantes, replicó en estos términos:
+
+--Ya sé yo que más de cuatro, que pué que no estén muy lejos de aquí,
+por el aquel de hacer mal y porque hay lenguas que atarazás entre dos
+cantos debieran estar, han corrío por el pueblo lo de la manteca; pero,
+¡premita Dios que me trague la tierra aquí mesmo de repente si en el
+puerto se ha hecho medio cuarterón de manteca, ni se ha bajao á Mercadal
+más que por el efeuto de comprar dos libras de bacalao y siete
+maquileros de harina! Pos évate que voy á lo de que la vaca no está
+seca. Yo puedo hacer güeno con toa la cabaña, si quiere hablar, que el
+_bello_ de la vaca del señor alcalde mamaba toas las noches á la vaca de
+usté, y que de esto no tuvimos más auto que de la hora de la muerte, que
+en santa gloria nos coja, hasta la semana pasá. Yo, bien lo sabe Dios,
+me comí la feura al conocerlo; pero el hombre, es la verdá, no acanza
+los imposibles..., y si ha hubío falta, perdonar, que lo que es la
+voluntá no ha podío ser mejor; y cinco años que llevo en la cabaña
+cantan bien claro si sé cumplir con mi deber.
+
+--Sastifecho--contestó el interpelante con la misma formalidad que
+Garabiel Pernías.
+
+--Señor alcalde--gritó una mujer amortajada entre una saya de estameña
+negra que le cubría el busto, y otra de bayeta amarilla ceñida á la
+cintura,--yo quisiera que....
+
+--Usté se calla la boca mientras que yo no la pregunte, porque aquí no
+tienen voz las mujeres.
+
+--Es que, canijo, yo tamién soy hija de Dios; y si se me murió el marido
+no fué por culpa mía.
+
+--¿Y qué se le ofrece á usté?
+
+--Pus se me ofrece que cuando fué al puerto la mi novilla se me feura
+que tenía el pelo colorao, y ahora le trae que tira algo á burreño...;
+tamién era más juerte de voz....
+
+--Vaya usté mucho con Dios, ¡trapacera!--la interrumpió el alcalde,
+echando chispas por los ojos.--¡Le paece á usté la sinfonía con que se
+nos viene?... ¡Taday, simplona!
+
+--Yo pregunto lo que es de mi aquel, ¡ea!
+
+--¡Taday, chapucera!
+
+--¡Juera con ella, que se vaiga á cuidar la puchera!--añadieron por
+todas partes voces que nada tenían de suaves para la pobre mujer, que en
+vano gritaba para que se reconociese su supuesto derecho de hablar en
+aquel concejo.
+
+Salióse, al cabo, del círculo, llorando de coraje, y continuóse todavía
+un buen rato interpelando al pastor y exponiéndole quejas, muchas de
+ellas tan impertinentes como las de la desairada mujer; pero como
+estaban _en su derecho_ los señores hombres al exponerlas, se atendían
+y ventilaban con el más acalorado empeño.
+
+Agotado el capítulo de cargos, el alcalde preguntó al pastor si no tenía
+algo que manifestar al concejo respecto al puerto, á la cabaña, á los
+demás pastores, etc.
+
+--Aticuenta que ná--respondió el interpelado.--Los pastos han sío güenos
+por la mayor parte: no muy alta la herba, pero finuca y nutría. Dos
+veces se presentó el lobo á la vera de la cabaña; pero los perros, que
+saben su obligación, no le dejaron ganas de ripitir: al segundo viaje le
+atenazaron el rabo, y por un tris no se queda _Navarro_ con él entre los
+dientes. El toro se escapó una tarde del _Sel_, porque le provocó el de
+la cabaña de Vioño; trabáronse de palabras, y el nuestro le arrimó una
+jaretá de media vara en el cuadril esquierdo, y le hizo golverse en un
+periquete á la su cabaña. Un pastor de Cóo nos apandó una cría de dos
+meses, la de la _Cordera_ de tío Celipe Cuartajo: vímosle, juímonos
+encima, negó, arriméle un garrotazo, cayó á tierra pidiendo
+miselicordia, y soltó el jato. No ha habío multa denguna ni por el aquel
+de dir ni por el aquel de venir, porque no se ha saltao una mala
+cerradura, ni tan siquiera se ha movío una res de la cabaña en too el
+camino. La vaca de tío Miguel Cerojo tuvo un lubieso en salva sea la
+parte, pero curó bien; y en la cabaña de Viérnoles, que estaba á la vera
+de la nuestra, hubo _solengua_ y fenecieron siete cabezas. Nel, mi
+compañero, pensó que se le había pegao el mal; pero too ello resultó ser
+una atracá de arenques con leche: rompió á las tres horas, y no tuvo
+otro aquel. Y con too y con esto no digo más, y acá estamos toos,
+gracias á Dios, güenos y gordos; perdonar las faltas, porque pecaores
+semos, y en la gloria nos veamos.
+
+--Amén--contestó el concejo.
+
+Acto continuo se procedió al remate del toro y de los perros; es decir,
+al de su manutención hasta el día de San Antonio del año siguiente.
+Adjudicáronse los animalitos á los vecinos que ofrecieron mantenerlos
+por menos dinero, y se disolvió la asamblea.
+
+Una hora después cada vecino recogía en el prado las reses de su
+pertenencia, y se encaminaba con ellas á su casa, contemplándolas de
+paso con tanto deleite como (acépteseme la comparación que voy á hacer,
+en gracia de que es la pura verdad), como el que puede sentir un padre
+delante del hijo predilecto que vuelve de la Universidad á pasar con él
+las vacaciones.
+
+1868.
+
+
+
+
+«UN MARINO»
+
+
+Marino, como ustedes saben muy bien, significa genéricamente, hombre que
+se dedica á la navegación, que profesa la náutica, empleado en la
+marina, etc., etc.
+
+Pero «un marino» en Santander, hasta hace muy pocos años, hasta que
+llegó á la clásica tierra de los garbanzos ese airecillo que aclimató la
+_crinolina_ en Bezana y la cerveza en San Román, significaba otra cosa
+más concreta y determinada. «Un marino» significaba, precisamente, un
+joven de veinte á treinta años, con patillas á la catalana, tostado de
+rostro, cargado de espaldas, de andar tardo y oscilante, como buque
+entre dos mares, con chaquetón pardo abotonado, gorra azul con galón de
+oro y botón de ancla, corbata de seda negra al desgaire, botas _de
+agua_, mucha greña, y cada puño como una mandarria.
+
+«Un marino» no era capitán, ni contramaestre, ni simplemente marinero;
+era, por precisión, _tercero_, ó _examinado de segundo_, ó, á lo sumo,
+piloto en efectividad.
+
+Cuando estudiaba en el Instituto, no se había embarcado jamás, y, sin
+embargo, ya era tostado de color y cargado de hombros, y se balanceaba
+al andar...; en fin, ya olía á brea y alquitrán. Cualquiera diría que,
+como destinado á la mar, estaba construído de _macho_ de trinquete ó de
+piezas de cuaderna, y no de carne y hueso como nosotros.
+
+Entonces se llamaba _náutico_, y se largaba cada _piña_ que derrengaba.
+
+La clase de filosofía que contaba con un par de estos alumnos que
+_sacase la cara_ por ella, ya se creía capaz de hacer frente á la
+pandilla de _Cuco_, el del muelle de las Naos, ó al rebaño de mozos más
+aguerridos de Monte.
+
+_Correrla_ entre nosotros, equivalía á pasar las horas de la cátedra
+jugando á paso en el _Prado de Viñas_, ó pescando _luciatos_ en el
+_Paredón_, ó acometiendo alguna empresa inocente en el _Alta_.
+
+Correrla en compañía de un par de náuticos, era provocar á todo bicho
+viviente, hundir á _cales_ cuanto sombrero alto se viese sobre cabeza de
+aldeano, llegar á regiones inexploradas, tocar todo lo prohibido, buscar
+por entradas difíciles salidas imposibles, volver, en fin, á casa
+desgarrados y sucios, muertos de fatiga, cubiertos de cardenales y
+sangrando por las narices.
+
+Pero por más que entre los filósofos y los náuticos hubiese algunas
+individualidades unidas por vínculo amistoso, colectivamente las clases
+eran incompatibles; se repelían entre sí, se separaban como el agua y el
+aceite. Por supuesto, que allí el aceite eran los náuticos; es decir,
+los que siempre quedaban encima.
+
+Para ellos no había conserje, cargos ni títulos dignos de su
+consideración, y pasaban por en medio del mismísimo claustro de
+profesores, sin ocurrírseles llevar la mano á la visera por vía de
+saludo. Sólo temían y respetaban, y hasta querían, á su propio
+catedrático, el que ya no existe, don Fernando Montalvo.
+
+Este inflexible, recto é ilustradísimo profesor, parecía nacido para
+domar aquella raza especial de estudiantes. Su vastísima instrucción, su
+carácter un tanto excéntrico, su proverbial voluntad de hierro, su
+continente severo é impasible, le investían en cátedra de cierta
+majestad _sui géneris_, contra la que rara vez osaba rebelarse el alumno
+más díscolo. Sobre su mesa y bajo su mano, el reglamento disciplinario
+del Instituto adquiría todo el color de las terribles _Ordenanzas de
+mar_. ¡Ay del que infringiera sus bases! Así se hacía respetar. Su mayor
+deleite era enseñar lo mucho que él sabía, estudiar para saber más, y
+dar un estrecho abrazo, á vuelta de viaje, á un discípulo suyo. Así se
+hacía querer.
+
+Con este método, su pequeña república era una balsa de aceite; mas
+cuando, por una rara casualidad, dejaba de serlo, yo no sé á qué
+comparar el aspecto que tomaba la cátedra, sino al de una jaula de
+leones en el momento en que el terrible y severo domador esgrime entre
+ellos el sangriento látigo, y los humilla y arrincona amontonados y
+gruñendo. Temblaban los cristales, rompíanse los bancos, y el suelo se
+conmovía. No era de envidiar la situación del bedel á quien se
+encomendaba el peligroso encargo de encerrar en el _número once_ á los
+condenados á este castigo después de la refriega. Por eso, toda atención
+con ellos le parecía poca antes de dar vuelta á la llave que los
+aseguraba.
+
+En cambio, se la echaba de autoridad inexorable con nosotros, que
+marchábamos al calabozo como borregos al corral. ¡Así son las cosas de
+este pícaro mundo!
+
+Concluídos sus estudios preparatorios en el Instituto, y después de
+hacer su primer viaje en calidad de _agregado_, era cuando dejaba el
+náutico este nombre y tomaba el de _marino_, con todos los honores
+inherentes á la categoría.
+
+Á su retorno era la envidia de los humanistas, no por lo que había
+navegado, ni por lo que había visto, ni por lo que le habían engordado
+los puños y crecido las barbas, ni por el ruido sordo que al andar
+producía con las botas de agua, sino porque traía la _picadura_ de la
+Habana á granel en los bolsillos del chaquetón, y para hacer un cigarro
+derramaba en el suelo tabaco para otros dos.
+
+Recordarle en tales momentos antiguos títulos de amistad, era todo
+nuestro afán, y hallar su memoria accesible á los evocados recuerdos, el
+mejor negocio para nosotros, condenados á fumar anís á pasto, y, lo que
+aún era peor, los pitillos de cinco al cuarto que vendía _Godos_ en la
+subida de los Remedios; pitillos que transcendían á demonios desde media
+legua, y lo mismo tumbaban chicos que cañas un vendaval recio.
+
+Tras el puñado de tabaco y la caricia subsiguiente, que era un
+_coquetazo_ que nos hacía ver las estrellas, venía la convidada en el
+café de _La Marina_, que ya no existe, ni tampoco la casa en que se
+hallaba en la calle del Arcillero.
+
+El marino se atizaba, de dos sorbos, una copa de ron ó de Ginebra;
+nosotros libábamos otra de licor de _rosa_, mojando en ella, con mucho
+pulso, un canutillo de á dos cuartos.
+
+Durante los tragos, los mordiscos al pastel y las chupadas á los
+cigarros, el convidante narraba sus primeras borrascas en la mar y sus
+aventuras en los puertos.
+
+Por de contado que la noche antes del día en que se hizo á la vela para
+Santander, armó con otros camaradas de profesión la gran _culebra_, en
+la cual hubo todo aquello de echar los muebles á la calle, entrar la
+policía, apagar la luz, saltar por la ventana, cerrar la puerta por
+fuera, tirar la llave á la alcantarilla, etc., etc.
+
+Y debía de ser verdad, porque las que armaba aquí se le parecían mucho.
+
+Si al salir de casa encontraba usted un sereno con un ojo borrado, los
+cristales de un café hechos trizas, las puertas de una taberna fuera de
+quicio, cambiados los letreros de las tiendas de una calle, de modo que
+sobre una botica se leyese, por ejemplo: _Quincalla y clavazón_, y sobre
+una ferretería _Almacén de comestibles_; si con algo de esto, ó con todo
+ello junto, ó con mucho más, se encontraba usted, repito, al salir de su
+casa, y preguntaba por los autores de las fechorías,
+
+--«Los marinos»--le respondían al punto.
+
+Quiénes, de los conocidos en el pueblo, no había para qué inquirir. ¿Qué
+más daba? Todos eran lo mismo....
+
+Por aquel entonces se habló mucho en Santander de la _Berrona_, que
+salía todas las noches, á las altas horas, no se sabía de dónde, y
+recorría varias calles determinadas. La Berrona era un animal, un
+fantasma ó un demonio muy grande, con dos ojos como dos hogueras, muchos
+pies y dos cuernos muy largos y muy derechos. Al andar hacía un ruido
+como de cadenas y cacerolas de latón que chocasen entre sí, y lanzaba
+_berridos_ tremebundos, muy roncos y muy lentos, como las notas del
+piporro en las procesiones de la catedral.
+
+Las comadres, al sentirla de lejos, trancaban las puertas; los chicos
+soñaban con ella, y los mismos serenos, que han sido aquí siempre
+hombres muy templados, al atisbarla en lontananza, hacían como que no
+habían visto nada y se iban por otra calle opuesta.
+
+Pues, señor, la cosa llegó á excitar vivamente la atención de la
+autoridad, y el miedo del barrio rayó en espanto; la Berrona seguía, sin
+embargo, haciendo todas las noches su horripilante procesión.--Que la
+van á coger, que ya se sabe de dónde sale, que es de carne, que es un
+espíritu, que muerde, que cocea, que busca chiquillos para sacarles el
+sebo, que los serenos, que la policía, que cazarla á tiros ... y nadie
+se atrevía á pedirle el pasaporte.
+
+Al cabo, la delación de un pinche de billar _hizo luz_ en el horrible
+caos, y el misterio se aclaró. ¿Saben ustedes lo que era la Berrona? Una
+docena de marinos que salían de un café muy popular en Santander, por
+lo antiguo y por lo especial de su parroquia (el cual café no nombro
+porque aún se conserva tan boyante como entonces, aunque más
+_tabernizado_); una docena de marinos agrupados de cierta manera y
+tapados hasta la rodilla con el paño de cubrir la mesa de billar del
+susodicho café. Los ojos del fantasma eran dos linternas, los cuernos
+dos tacos, y la causa del ruido metálico, una batería completa de
+cocina, bien manejada debajo del paño. En cuanto á los berridos, un
+amigo mío, que por cierto no era marino, aunque formaba con ellos muchas
+veces, sabía darlos como el mejor piporro; los marinos de la Berrona no
+hacían más que acompañarle en el tono que podían.
+
+Aunque el marino era con frecuencia perteneciente á las principales
+familias de la población, no había que buscarle en la Alameda, ni en el
+salón del Suizo, ni en los bailes de formalidad. Semejantes atmósferas
+le asfixiaban. Sus terrenos preferidos eran los cafés de segundo orden y
+todas las calles de la población, siendo de noche. Como extraordinarios,
+las romerías cercanas y los jaleos de las sociedades _Sin nombre, Unión
+soltera_ y otras _ejusdem farinoe_.
+
+En los cafés jugaba al billar ó al dominó, aunque prefería el papel de
+espectador, con el santo fin de divertirse á costa de algún jugador
+distraído ó atrabiliario.
+
+En las calles, ya conocemos el género de las diversiones á que se
+dedicaba.
+
+En las romerías, indispensablemente había de pegarse de cachetes con los
+_zapateros_.--«Los zapateros» eran entonces otro gremio especialísimo
+que no comprendía, según la acepción popular del título, á todos cuantos
+machacaban suela y tiraban del cabo, así en un portal como detrás de una
+vidriera. El tipo del individuo de ese gremio era un joven de pelos y
+bigotes erizados, pálido de cutis, hundido de vientre, con las manos muy
+sucias, chaquetilla á media espalda, pantalón de campana, gorrita en la
+cabeza, sin chaleco y con la camisa muy sacada sobre la cintura. Los
+zapateros frecuentaban todos ó la mayor parte de los sitios de recreo de
+los marinos, por lo mismo que éstos, dondequiera que los hallaban, los
+abrasaban á epigramas y los acribillaban á burlas de todos géneros. De
+aquí la tirria que se profesaban y los bofetones que se sacudían.
+
+En las sociedades á las que, como se ha dicho, concurría alguna vez el
+marino, no bailaba ni enamoraba. Lo mismo que en los demás teatros en
+que le hemos visto, en aquéllas su único afán era _armarla_ ... mejor
+cuanto más gorda. Si por epílogo había bofetadas, retemejor.
+Precisamente el esgrimir los puños era, como se habrá observado, su gran
+delicia.
+
+De ordinario usaba un lenguaje especialísimo, un _caló_, digámoslo así,
+que en nada se parecía al de los demás marinos de la tierra, entre
+quienes es cosa corriente aplicar á todo el tecnicismo náutico. No
+llamaba á nadie ni á nada por su nombre verdadero, y los que usaba en
+sustitución, tomados del lenguaje popular de Santander, eran en alto
+grado expresivos y adecuados.
+
+--Vengo de casa del señor de _Viruta_--decía, por ejemplo, muy serio.
+
+Y usted, que no conocía á semejante persona, se devanaba los sesos
+inútilmente por averiguar quién era, hasta que el otro, extrañándose de
+tanta torpeza, le decía que el señor de Viruta era Fulano de Tal. Y
+entonces tenía usted que soltar la carcajada, porque Fulano de Tal era
+un carpintero, largo, seco y doblado, casi enroscado, como las cintas de
+madera ó virutas que sacaba con su garlopa.
+
+Refiriendo una _rumantela_, y ponderando una bofetada que en ella había
+dado, decía, verbigracia:
+
+--Vamos, que _le casqué la sopera_.
+
+Lo cual significaba que había abierto la cabeza á su contrario.
+
+--Saca esa _cerraja_--decía aludiendo al reló que uno llevaba en el
+bolsillo, para que se mirase en él la hora.
+
+Si se quejaba de la _caldera_, debía entenderse que le dolía el
+estómago.
+
+Para los vocablos _finos_ era aún más original. Los usaba de los más
+exquisitos, á juzgar por la eufonía, tanto, que para convencerse de que
+muchos de ellos eran rematados desatinos, había que analizarlos muy al
+por menor. No tenía acopio hecho de estos términos; pero sí una
+facilidad asombrosa, una especie de máquina para producirlos cuando los
+necesitaba. Ejemplo al canto.
+
+Salía yo una noche del teatro; y, como rapaz que á la sazón era,
+caminaba más que de prisa, casi asustado de verme fuera de mi casa á
+horas tan avanzadas; como que quizás era aquélla la vez primera que yo
+las oía sonar hallándome al raso. Pisaba yo recio y menudito saboreando
+_in mente_ los episodios de la comedia que acababa de ver, cuando al
+entrar en la calle de la Blanca sacáronme de mis meditaciones fuertes y
+descompasados gritos que daban dos hombres riñendo en uno de los
+extremos de la calle. Paréme á escuchar, no sé si por miedo ó por
+prudencia, y al punto conocí la voz de uno de ellos, marino de
+profesión, aún no piloto, y que más de dos veces me había honrado en el
+Instituto con sus testimonios de cariño á su manera. Llegaba la
+refriega á su desenlance, cuando de ella me enteré yo. Y dijo la voz que
+me era desconocida, á vueltas de algunas interpelaciones cáusticas y
+violentas de ambas partes:
+
+--¡Á mí no me venga usted con _cacofonías_!
+
+Y respondió en el acto la voz que yo conocía, en un tono que tanto
+picaba en burlón como en iracundo:
+
+--¡Ni usted á mí con términos _fisimánicos_!
+
+En seguida se oyó, retumbando en la calle solitaria, el ruido de una
+sublime bofetada, y el de un hombre que cae al suelo, rompiendo, _al
+pasar_, con la cabeza, el tablero de una tienda, ó cosa así.
+
+Conociendo, como yo conocía, al _uno_, no era muy aventurado creer que
+el derribado por la bofetada tenía que ser el _otro_, por recio que
+fuese. Sin embargo, para cerciorarme del todo, á pesar del miedo que
+tenía, acerquéme al lugar de la catástrofe, y encontré el cuadro como yo
+me lo imaginaba; sólo que entonces conocí también al caído, gran pedante
+y muy trapisondista.
+
+Ahora bien: ni ustedes, ni yo, ni el que lo dijo, sabemos lo que
+significa la palabra _fisimánicos_. Pero á él le habían amenazado con
+_cacofonías_, y necesitaba responder con _algo_ que sonase aún mejor y
+largó _fisimánicos_, y por si aún era poco, la bofetada que, como él
+decía, nunca estaba de más.
+
+Con narrar ya algunos capítulos de la vida y milagros de este marino,
+que mucho ha es capitán y buen amigo mío, saldría muy á mi placer de la
+tarea en que estoy empeñado, puesto que él ha sido el modelo más
+perfecto de la figura que voy garrapateando; pero me temo que no había
+de agradarle la exhibición de esos detalles de su legítima pertenencia.
+Harto satisfecho me juzgaré si me perdona la frescura con que he sacado
+á relucir, de golpe y porrazo, el que él sacudió en la calle de la
+Blanca sobre su _cacofónico_ adversario, que ya no existe, razón por la
+cual no solicito también su indulgencia.
+
+Era cosa de caérsele á uno la baba el oir á dos marinos hablar entre sí
+en el caló, cuyas muestras he presentado; y si la conversación versaba
+sobre costumbres de lejanos países, como la costa de África, adonde iban
+algunos, ó Sierra-Leona, adonde _los llevaban_ los cruceros ingleses,
+había para desternillarse de risa.
+
+Diera yo aquí de buena gana un modelo de esos diálogos ó de esas
+relaciones; pero me abstengo de hacerlo, porque no puedo copiar junto á
+las palabras los ademanes, las inflexiones de la voz, la expresión de
+los ojos ... y la de las manos; sí señor, la de aquellas manos
+robustas, velludas, entreabiertas siempre y accionando de un modo tan
+pintoresco como elocuente. Tampoco me sería lícito, ni conveniente, la
+reproducción de ciertas interjecciones indispensables para el colorido,
+ni podrían pasar muchas comparaciones, llenas, por otra parte, de gracia
+y de verdad.--Suplan, pues, esta omisión con su propia memoria aquellos
+de mis lectores que conocieron el tipo, y los que no, perdónenmela en
+gracia del motivo que me obliga á incurrir en ella.
+
+Deteniéndose un momento á considerar los gustos y las inclinaciones de
+un marino en los ejemplos que dejo citados y en otros del mismo género,
+que no consigno por muchas razones á cual más atendible, hay que
+convenir en que había en su carácter mucho de pueril; era ni más ni
+menos que un muchacho con barbas y mucha fuerza; inquieto, enredador,
+caprichoso, alegre, indiferente á todos los sucesos del mundo, y apegado
+con invencible pasión á las calles, á los tipos, á las costumbres de su
+pueblo natal. Por él suspiraba en Londres, y en Nueva York, y en los
+puertos más concurridos y llenos de maravillas. En el mismo
+Convent-Garden recordaba con envidia los tinglados de volatines del
+Juego de pelota, y daba todos los primores artísticos ó industriales que
+se le pusieran delante, por el sublime placer de pegar una soba á
+_Capa-rota_, ó un par de escobazos en la cara al pinche de la taberna
+del _Tío Pío_ cuando la sacase por el ventanillo, á las altas horas de
+la noche, para responder á la voz traidora que desde la calle le había
+pedido medio de anisete. Le llamaba más la atención las barracas
+hediondas del muelle _Anaos_ que los grandes docks del Támesis; y
+acordándose de la romería del Carmen, era capaz de echarse á llorar en
+medio de Hyde-Park, si en él se encontraba el domingo siguiente al día
+15 de Julio.
+
+Figúrense ustedes lo que sería este hombre cuando hallaba en
+_extranjis_, como él decía, un paisano suyo. Para _correrla_ con él, le
+parecía poco el mundo entonces, y aun se creía capaz de arremeter con
+éxito á una escuadra de polizontes.
+
+Por eso prefería los viajes á la Habana. Allí tenía un amigo de la
+infancia en cada esquina, y mientras estaba con ellos gozaba á sus
+anchas, porque podía comer, hablar y _armarlas_ al estilo de Santander.
+
+Así se conservaba este tipo, íntegro en todos sus detalles, hasta que
+ascendía á capitán. Entonces, empezando por largar el chaquetón y por
+vestirse la levita de paño fino, y por echarse el gran reló y la no
+pequeña cadena de oro, y hasta el odiado sombrero de copa, como hombre
+á quien se encomendaban intereses cuantiosos con absoluta confianza,
+revestíase de formalidad y desaparecía casi por completo de la escena en
+que le hemos estudiado.
+
+Decir al lector que hombres de semejante temple eran en la mar modelos
+de arrojo y valor, lo creo excusado.
+
+Quizá sepa también por la fama, y si no lo sabrá ahora, que esta
+casualidad no era la única prenda que los adornaba como marinos;
+realzábanlos más y más su rara inteligencia en la profesión azarosa, y
+un corazón generoso que siempre los tenía dispuestos á sacrificar su
+vida por la del último grumete de á bordo.
+
+Hacia el año 50, época en que empezaron á transformarse radicalmente las
+costumbres populares de Santander, fué cuando el marino acabó de perder
+sus detalles típicos.
+
+Desde entonces acá, á los que le han ido sucediendo en las diversas
+jerarquías de la carrera, confundidos en el porte y la conducta con las
+demás clases sociales de levita y sombrero de copa, apenas se les
+distingue en el paseo ó en los salones por lo atezado del rostro ó la
+pesadez de las manos.
+
+Y la súbita metamorfosis ha sido tan profunda, que llega hoy hasta las
+mismas raíces de la clase.
+
+Más de dos veces he ido al Instituto, en estos últimos años, con el
+solo intento de contemplar el tipo del antiguo náutico: no he podido
+hallarle. Los alumnos de esta escuela, ni en figura, ni en porte, ni en
+costumbres, se distinguen ya de los rapazuelos humanistas con quienes se
+asocian tan íntimamente como dos gotas de agua.
+
+Como no es de mi incumbencia averiguar el porqué de las personas y de
+las cosas que expongo en mi pobre galería, dejo al filósofo lector la
+tarea de explicar ese fenómeno de transformación, que consigno como un
+hecho notorio.
+
+Sin embargo de lo dicho sobre semejante cambio, los marinos actuales que
+proceden de la partida de la Berrona y de otras sus coetáneas, aún
+conservan, para un ojo práctico, ciertos resabios de aquella época;
+examinándolos con cuidado, aún se ve asomar bajo sus hábitos nuevos la
+hilaza del antiguo chaquetón de paño pardo; aún hablan como entonces si
+se les sabe tirar de la lengua, y es cosa probada que toman de mejor
+gana una cazuela de sardinas en la taberna de Regatillo, que un biftec
+en el _restaurant_ del _Occidente_. Seguro estoy de que no me desmentirá
+el aserto mi amigo el de la consabida nocturna bofetada _fisimánica_.
+¡Cuántos ratos deliciosos suele éste proporcionarme sin percatarse de
+ello, con sus narraciones de pura casta! ¡Con qué fruición, pueril
+quizá, pero disculpable, me digo después de oirle:--«Aún queda _un
+marino_!...» ¡Y qué tentaciones me acometen otra vez de publicar aquí
+algunas de esas narraciones!
+
+Para no incurrir en semejante pecado, cierro el registro con un punto
+final..., más no sin dejar consignada antes, y como un acto de justicia,
+la siguiente declaración:
+
+Los marinos de Santander, al vestirse la levita de hoy, no se han dejado
+la abnegación, la pericia, ni el heroísmo, en el burdo chaquetón de
+ayer.
+
+1869.
+
+
+
+
+LOS BAILES CAMPESTRES
+
+
+En una ocasión, hallándose en la romería de San Juan, ó en la de San
+Pedro, ó en la de San Roque, ó en la de Santiago, ó en la de los
+Mártires, pues la crónica no lo fija bien; hallándose, digo, en una de
+estas romerías más de nueve petimetres santanderinos, y no menos de diez
+damiselas de copete, y hallándose más que regularmente aburridos, lo
+cual es de necesidad en una romería mientras en ella no se hace otra
+cosa que ver, oir y brujulear, resolvieron los primeros proponer á las
+segundas, con las respetuosas salvedades de costumbre, un honesto
+entretenimiento que, ajustándose en lo posible al carácter del sitio y
+de la ocasión, fuese digno de las distinguidas personas que se aburrían.
+Las pudibundas jóvenes aceptaron la propuesta en cuanto al fin. Por lo
+que hace al modo; los atentísimos galanes, después de discurrir breves
+instantes, no hallaron, así por razón de honestidad como por razón de
+sitio, causa, etc., nada más á propósito que un baile improvisado. Las
+mujeres de entonces, como las de ahora, juzgaban de buena fe que no era
+un abuso de lenguaje, ó cuando menos, un error de observación, la
+_honestidad_, del baile; y no dudaron un instante en aceptar el
+propuesto, con tal que fuese _por lo fino_, y no al grosero estilo de
+los populares, como los que tenían delante y formaban el principal
+objeto de la romería; exigencia que manifiesta bien claro, que también,
+en el concepto de aquellas escrupulosas beldades, las cabriolas y
+escarceos, según que se ejecuten de abajo arriba _(more plebeyo)_ ó de
+acá para allá y en derredor _(more aristocrático)_, son pecaminosos y
+groseros, ó edificantes y solemnes.... Digo, pues, que se aceptó la
+proposición del baile con la restricción consabida, y añado que los
+proponentes se adhirieron á ella con tanta mayor decisión, cuanto que, á
+fuer de _señores_, nunca entró en sus ánimos bailar de otra manera. Acto
+continuo se procedió á la ejecución del pensamiento. Para teatro de la
+fiesta se eligió una pradera separada de la romería por un regato, ó por
+un seto transparente, pues sobre este punto tampoco están las crónicas
+muy de acuerdo, y para orquesta se ajustaron, por horas, un violinista y
+un gaitero trashumantes, de los muchos que había en la romería, y acaso
+los únicos que á la sazón se hallaban desocupados. No estaban los
+sedicientes músicos muy diestros en materia de aires señoriles, pero
+eran muy amables y pacientes los obsequiosos petimetres; y á fuerza de
+piafes y silbidos, lograron enseñar al violinista el wals de _las
+patatas_. No así al gaitero, que era de suyo más torpe; pero, en cambio,
+sabía tocar el _«Ay, ay, ay, mutillac»_, el cual aire se aceptó para
+rigodón, baile que ni de oídas conocía el violinista. Adquiridos tan
+indispensables elementos, dióse principio, á las seis de la tarde, á la
+distinguida diversión, con no poca sorpresa y hasta admiración de la
+gente menuda, que invadió bien pronto la pradera, formando ancho y
+respetuoso círculo alrededor de los danzantes. Por aquel entonces aún no
+se conocía en España la polka, y el _baile de los señores_ no solamente
+no se había aclimatado entre la gente del pueblo, sino que aun entre los
+señores mismos eran limitadísimos los aptos para un lance improvisado
+como el que se refiere. Y por cierto que debía de haber algo de
+ignominia en ser de los ineptos, porque es cosa averiguada que, antes de
+confesarse tal uno de ellos, _córam pópulo_, deslizábase rápido, y
+primero se dejaba descuartizar que presentarse á media legua del baile.
+
+El de que voy hablando concluyó al anochecer; y como fué tan grato á
+los que en él tomaron parte, hablaron éstos del asunto en la ciudad,
+cundió su fama en paseos y salones, y, por si iban mal dadas,
+aprendieron á bailar los jóvenes que aún no sabían, y los que sabían
+mal, se perfeccionaron. Los que pasaban por núcleo de la elegancia y
+daban el tono en el pueblo, tomaron el lance todavía más por lo serio, y
+convencidos de que con el aspecto que la cosa presentaba se hacía
+indispensable su concurrencia en bien de la culta sociedad, que
+oficialmente parecía aceptar la innovación, no dudaron en hacer un
+sacrificio, comprometiendo, desde luego, hasta cuatro músicos de
+profesión para la próxima romería.
+
+Á la cual concurrió el _señorío_ en doble número que á las anteriores,
+llevado de la tentación de la orquesta, con cuya salsa, y la buena
+disposición en que se hallaban los ánimos, se hizo una pepitoria de
+bailoteo que tuvo que ver.
+
+Tanto, que en la siguiente romería hubo hasta seis músicos y venticinco
+parejas de primera fuerza.
+
+Y así creciendo siempre la fama y el éxito de los bailes campestres,
+llegaron á hacerse de primera necesidad en todas las romerías próximas á
+la ciudad, y á tal altura permanecieron durante algunos años.
+
+Al cabo de ellos, notóse que la afluencia de curiosos era sobradamente
+numerosa; se temió, no sin fundamento, un atropello feroz en el caso
+probable de una paliza popular; vióse, con justificable desagrado, que
+el gremio de modistas y de costureras, aprovechándose de los perdidos
+ecos de la orquesta, bailaba también á su compás en un prado inmediato;
+y, por último, se observó con indignación que más de una pareja de aquel
+campo, intrusándose á la descuidada en el vecino, danzaban en él después
+con una familiaridad que rayaba en provocación.
+
+Á todo esto, la polka había atravesado ya la frontera, y se establecía
+entre nosotros, no como un huésped, sino como un conquistador.
+Recordarán ustedes que había sombreros á la polka, y pantalones á la
+polka, enaguas á la polka y hasta natillas á la polka. Los chicos la
+tarareaban en la calle, y las fregonas la piafaban en la fuente;
+vinieron maestros de allende el Pirineo que la enseñaban en veinte
+lecciones, y las tomaban con avidez la jóvenes distinguidas y los
+hombres elegantes. Con aquella conquista famosa los salones de baile
+sufrieron una transformación radical; porque la polka no era un baile,
+sino todo un sistema, toda una época. No se olvide que en la _polka
+primitiva_ había su poco de dislocación, mucho contoneo, y que hasta se
+exigían, para bailarla en regla, tacones de metal en las botas. De modo
+que bailar la polka era dar un espectáculo, punto más curioso que el que
+dar pudieran la Güy Stephan ó la Petra Cámara. Pero este espectáculo, si
+bien en los salones de la ciudad era de _buen tono_ ante una escogida y
+culta concurrencia, delante de un populacho grosero y sobre la yerba de
+un prado de Cueto ó de Miranda, se prestaba á mil inconvenientes, el
+menor de los cuales era el ridículo.
+
+Por eso, y por las observaciones y peligros que más atrás apunté, los
+señores bailarines de las romerías determinaron amparar su diversión
+favorita con un muro sólido y elevado, contra la curiosidad irreverente
+de la muchedumbre.
+
+Y hete aquí que junto al campo de la romería se alquiló una huerta de
+altas tapias, y se sorrapeó una parte de ella, y se puso á la puerta un
+hombre con orden terminante de no dejar entrar á nadie que no fuese
+presentado ó acompañado por alguno de los señores _que mandaban allí_.
+
+Con esta garantía de seguridad y de independencia, los bailes campestres
+adquirieron nuevo vigor, y los autores de tan saludable pensamiento
+merecieron bien de la culta sociedad santanderina.
+
+Pasaron así algunos años, y los elegantes directores de la ya popular
+diversión veraniega, cediendo á los rigores del tiempo, que en su marcha
+inalterable todo lo agosta, lo arruga y lo encanece, tuvieron que
+abandonar como actores aquel teatro, y limitarse al papel más cómodo,
+aunque menos deleitoso, de espectadores.
+
+La generación que se presentó á sucederlos en el cargo que dejaban,
+considerando, á la primera ojeada, que celebrándose algunas romerías á
+mucha distancia de la población, era preciso, para volver con el
+crespúsculo á casa, suspender el baile apenas empezado, ó empezarle con
+los garbanzos aún entre los dientes; considerando además que para las
+señoras, rendidas de brincar, era demasiado largo y penoso y hasta
+peligroso, el camino por las callejas de San Juan y San Pedro, y
+considerando otras varias circunstancias no menos graves, y, por último,
+que la gente del _buen tono_ nada tenía que ver con las rosquillas,
+cazuelas de guisado, _perés_ y otros groseros excesos de las romerías.
+
+Decretó que en adelante los bailes campestres, respetando, enhorabuena,
+como motivo de ellos, las romerías, tendrían lugar, por las de San Juan,
+San Pedro y San Roque, en las huertas de la Atalaya, y por las de
+Santiago y los Mártires, en las de Miranda. Y así se hizo con gran
+éxito y por largo tiempo.
+
+Este período de los bailes campestres, que pudiera llamarse su _edad
+media_, bien merece una especial mención. Entonces entré yo en escena;
+quiero decir que empecé á bailar en ellos. Y lo advierto, no tanto por
+motivar la historia que, á fuer de agradecido, voy á hacer, cuanto
+porque tengan más fuerza de verdad los detalles que apunte.
+
+Y sucedía entonces que una comisión, nombrada por elección de la que
+cesaba, formaba una lista con los nombres de las personas que juzgaba
+dignas de tan señalada honra. Esta lista se presentaba á cada uno de los
+inscritos en ella, quien ponía al margen de su nombre su conformidad, á
+no tener luto reciente, ó estar enfermo de gravedad. La primera vez que
+se me buscó á mí con tal objeto, creí desmayarme de emoción; y con mano
+trémula escribí en el correspondiente lugar del catálogo un SÍ tan gordo
+como dos ciruelas. Y no extrañe nadie el suceso. Tenía diez y nueve
+años, precisamente la edad, entonces, en que sentándole á uno mal los
+juegos y entretenimientos de los muchachos, no podía, sin embargo,
+entrar en la esfera de acción de los hombres; y así, sin saber á qué
+zona arrimarse, porque en ambas estorbaba, le aquejaba cada pesadumbre
+que le partía. Además, en las listas de socios para los bailes de campo
+no figuraba sino lo escogido de la juventud del pueblo, según el
+criterio de la comisión; de manera, que verse llamado por ella en lances
+semejantes, era la declaración solemne y oficial, no solamente de que
+salía uno de la categoría de chiquillo y entraba en la de mozo, sino en
+la de mozo _distinguido_, activo y útil. No era uno _masa_, no era
+vulgo. Con tan honrosa credencial, estaba yo autorizado para saludar en
+el paseo á las señoritas más encopetadas, para tomar sorbete en el salón
+principal del Suizo, para codearme con los hombres elegantes, y, sobre
+todo, para entrar sin obstáculo en los círculos cuyas puertas se
+cerraban, por razón de _lustre_, á la inmensa mayoría de mis
+conciudadanos. ¿Era esto costal de paja? Queda, pues, bien justificada
+mi emoción al poner el primer _sí_ donde le puse.
+
+El mismo corredor de las listas nos entregaba la víspera del baile una
+credencial de socio y tres billetes de convite, impresos en cartulina,
+con letras de oro, y rubricados por la comisión. Distribuídos éstos con
+las más exquisitas precauciones, á fin de que los objetos de nuestras
+atenciones no fuesen indignos de la dignidad de la fiesta, llegábase uno
+con la credencial á la huerta de Aspeazu, ó á la de mi amigo Mazarrasa;
+y allí estaba lo bueno; es decir, un gran cuadro de terreno al aire
+libre, cuidadosamente sorrapeado y regado; dos docenas de farolillos de
+vidrio y hoja de lata, fijos sobre otros tantos mangos de cabretón, que
+le circuían; ocho ó diez músicos agrupados en un ángulo, y el mismísimo
+repartidor, que guardaba la puerta y recibía los billetes. Nada digo de
+la concurrencia, porque ya se sabe que era lo más selecto de la
+población. Pues bien, todo ello junto no nos costaba al día siguiente
+más de tres pesetas á cada socio. ¡Con tan liviano presupuesto se
+procuraba á la florida juventud santanderina el más apetitoso deleite de
+cuantos ofrecérsele podían!
+
+Saboreándole como un niño un caramelo, con temor de que se acabase,
+consumía cada baile de los cuatro ó cinco que se le daban en todo el
+verano; de modo que era una pena que desgarraba el alma ver en tales
+ocasiones aproximarse la noche.
+
+Si ésta se presentaba serena y despejada, menos mal, porque se encendían
+los farolillos y continuaba la danza otra hora más; pero si Cabarga se
+encapotaba y era la brisa húmeda, síntomas infalibles de lluvia
+inmediata, daba la comisión las órdenes oportunas á los músicos, después
+de tomar las de las señoras; y allí nos tenían ustedes bajando á
+Santander, al compás de un pasodoble, cada uno con su cada una,
+ofreciéndoles aquí la mano para saltar una zanja, y allá el pañuelo para
+sacudir el polvo.... ¡Y era de ver, si llovía, cómo las delicadas
+sílfides, sacando fuerzas de flaqueza, arremetían con el lodo,
+cubriéndose el busto con la falda del vestido! ¡Y era hasta de admirar
+aquella procesión de blancas enaguas, iluminadas apenas por la mortecina
+luz de los veinticuatro faroles que enarbolaban los más obsequiosos
+acompañantes, á guisa de maceros ó reyes de armas, en sus diestras!
+
+«¡Aquí de don Quijote!», pensaba yo una noche que tal sucedía. «¿Qué
+hiciera con nosotros el valeroso manchego, si en esta guisa nos hallara?
+¿No arremetería furioso contra esta muchedumbre, tomándola por escuadrón
+de fantasmas, ó por sarta de disciplinantes? ¿Creería, si se lo jurasen,
+que erais, entre tanto barro y azotadas, como vais, por la cellisca, las
+más mimadas flores del hermoso jardín de la Montaña?»
+
+Si al llegar á la población no había llovido ni cabía temor de que
+lloviera ya, hacía alto la comitiva en la Alameda chica, ó en el Muelle,
+frente al Suizo; y en cualquiera de estos dos sitios continuaba la danza
+hasta las once.... Y cuidado con reirse, jóvenes pizpiretas de hoy, que
+empezáis á bailar á la hora en que, rendidos, lo dejábamos nosotros; que
+aún no soy viejo, y, sin embargo, bailé en dos ocasiones y en distintos
+años (¡Dios me lo perdone!) delante de la Capitanía del Puerto; lo cual
+quiere decir que, si no vosotras, algunas de vuestras hermanas me
+sirvieron allí de pareja; ¡allí, sobre las mismas losas en que se
+arrastran las narrias y se celebran los cabildos de los mareantes de
+Abajo, y se bergan las barricas de aceite!
+
+Pero estos inconvenientes, á pesar de justificarlos la costumbre, no
+podían menos de obrar de una manera desagradable en el ánimo de los
+hombres llamados á fomentarla y á perfeccionarla en lo posible. Así fué
+que un día, dándose á pensar muy seriamente sobre el asunto, concluyeron
+con este fundadísimo razonamiento: «Toda vez que no formamos ya parte de
+las masas, y somos independientes, y nada tenemos que ver con las
+fiestas de la muchedumbre, ¿por qué hemos de dar nuestros bailes
+precisamente en días de romería? Y si, prescindiendo, como debemos
+prescindir, de esta causa, elegimos los que más nos acomoden del verano
+para bailar, ¿por qué no hemos de hacerlo á la puerta de casa y con toda
+tranquilidad?»--Y aquellos infatigables reformadores columbraron al
+punto en el barrio de Santa Lucía, la huerta de Noriega; en la cual
+huerta había un juego de bolos, y el cual juego de bolos estaba rodeado
+de un cobertizo de tablas, á modo de pesebrera; y exclamaron:--_Voi-ci
+notr'affaire_, es decir, aquí está lo que necesitamos: amparo contra el
+relente y la lluvia, proximidad al hogar de cada uno, é independencia
+absoluta. Para corresponder á este esfuerzo, los demás socios se
+comprometieron á serlo, por lo menos, de cuatro bailes en cada
+temporada, lográndose de este modo que en la primera se diesen seis, de
+los cuales el menos favorecido se acabó á las once, porque había
+empezado á las ocho, por aquello de que estaba á la puerta de casa.
+Cubrióse, para alguno de ellos, el salón-bolera con un pabellón ó bóveda
+de rústicas guirnaldas; y con esta mejora y otras análogas, pasó la
+cuota individual por encima de cinco pesetas.
+
+Al siguiente año se alumbró la huerta con gas; y como á sus fulgores se
+veía muy claro, presentáronse las damas, muy compuestas, á las nueve; no
+empezaron á bailar hasta las diez; las más rendidas lo dejaron á las
+doce..., y subió la cuota á treinta reales.
+
+Estos despilfarros puede decirse que señalan el comienzo de la _era
+moderna_ de los bailes campestres de Santander.
+
+Entretanto, las costureras, que habían venido siguiéndolos desde los
+prados de San Juan hasta las huertas del Alta, y rindiéndoles culto á
+sus propias expensas, prescindieron también del motivo de las romerías
+para bailar, y también se bajaron á la población para bailar más
+tranquilas, y pujaron el alquiler de la mismísima huerta de Santa Lucía,
+y no hallaron sosiego hasta que lograron bailar en ella con el mismo gas
+y el propio decorado de las señoras, aunque en distintos días.
+
+Éste y otros disgustos análogos pusieron á los provocados en la
+necesidad de hacer un esfuerzo heroico..., y le hicieron á fe mía.
+
+Media docena de esos hombres de buen gusto, que á todo van á un baile
+más que á bailar, se hicieron las siguientes reflexiones: «Que la pasión
+de la danza tiene hondas raíces en la buena sociedad de este pueblo, es
+innegable: nosotros la hemos visto bailar sobre el húmedo retoño de las
+praderas, entre las coles y cebollinos de las huertas, sobre los
+guijarros de la Alameda y sobre los adoquines del Muelle; derretirse los
+sesos bajo un sol africano á las cuatro de la tarde, por llegar á las
+cinco á la romería y bailar en ella hasta las siete, volver después, al
+crespúsculo, medio á tientas, por callejas y senderos, y _aliquando_
+meterse en barro hasta las corvas..., y siempre impávidas, y siempre
+pidiendo _¡más!_ Esta devoción raya en fanatismo, y está exigiendo á
+gritos un templo que vamos á proporcionarle nosotros, sin miedo de que
+nos falte nunca el concurso de los fieles para sostener el culto.»
+
+Y alguno de aquellos hombres, con un desprendimiento digno de su
+carácter, anticipó una cantidad efectiva, en la cual los duros entraban
+por miles. Adquiriéronse terrenos y plantas y arbustos al efecto, y
+vinieron jardineros de _extranjis_, que cobran caro, eso sí, pero que
+bordan cuanto ejecutan en el _arte_; y allá van candelabros, y allá van
+surtidores, y canastillas, y glorietas, y toldos y _diabladuras_.
+Arreglado el salón al gusto de los más flamantes modelos, redactóse una
+constitución fundamental; elevóse, según ella, á doce el número de
+bailes en cada verano, y el de los de compromiso para cada socio, y la
+cuota de éstos á dos duros por cada uno de aquéllos, y se prohibió la
+entrada en el salón, en noches de fiesta, á toda persona del pueblo que
+se hubiese negado á ser suscriptor. Imprimióse una lista con los nombres
+de más de doscientas personas barbadas que aceptaron las bases citadas,
+y otras que no necesito citar, y, por último, encomendóse la
+administración y casi dirección de todo este laberinto, á la
+_Guantería_, acto que, por sí solo, daba la vida, el calor y la
+perdurabilidad á aquel cuerpo tan bizarramente construído.
+
+Como vivo y elocuente testimonio de la exactitud de mis ponderaciones,
+ahí está, entre las dos Alamedas, enfrente del antiguo _Reganche_, y
+cada día más frondoso, más cultivado, más pulido, más bello, el famoso
+jardín, ó salón de _Bailes de Campo_, delicia de los madrileños, y
+asombro de los castellanos de Amusco y Becerril, que nos visitan durante
+la estación de los baños de mar.
+
+Las fiestas que en él se celebran no afectan ya peculiar y
+exclusivamente á un grupo determinado de personas: son otros tantos
+acontecimientos que preocupan, agitan y remueven á las tres cuartas
+partes de la población: á la una, porque es la que baila allí; á la
+otra, porque va á ver bailar, ó á pasearse por los jardines, ó á cenar
+en el ambigú; y á la otra, porque ... juzguen ustedes: la otra tiene que
+subdividirse en tres grupos: el destino del primero es situarse en la
+calle de Vargas, frente á la puerta del salón, donde se pasa dos horas,
+á pie firme, como un soldado ruso, escuchando la música y contemplando
+el alumbrado del local; el segundo se coloca en la Alameda chica para
+revistar escrupulosamente los trajes de las señoras que van á bailar; y
+el tercero, se encierra en casa para en un caso de apuro, disculpar al
+día siguiente, con un supuesto dolor de cabeza, su ausencia del baile,
+que en rigor, fué motivada por la falta de un vestido, ó de un billete
+de invitación, ó de ambas cosas.
+
+Entre la gente que baila y brujulea, se halla la gran mayoría de los
+forasteros que á la sazón residen en la ciudad; con lo cual queda dicho
+que el salón campestre, en los quince años que cuenta de vida, hase
+visto hollado por los pies más insignes que en aristocracia, belleza,
+política, ciencias, artes, literatura, armas ... y tauromaquia, ha
+producido y sostiene el suelo español. Y por si tanta honra pareciese
+escasa al lector, quiero que sepa que también regias plantas de dos
+dinastías se han deslizado sobre el polvo de aquel rústico pavimento. ¿Á
+qué decir más en abono de sus timbres de _nobleza_?
+
+De su crédito en la plaza, pregúntese á Romea, Teodora Lamadrid, Arjona,
+la Ristori y otras celebridades escénicas. Todas ellas, al buscar en el
+domingo, día clásico de huelga y despilfarro en los laboriosos pueblos
+de provincias; al buscar, repito, en el domingo el desquite de las
+flojedades de entrada de toda la semana, se han hallado con el baile
+campestre que les arrebataba, en masa, la concurrencia más cara, más
+abundante y más lujosa, es decir, el alma del negocio. Por eso, antes
+que con el público, estos artistas insignes dieron últimamente en la
+feliz ocurrencia de ponerse de acuerdo con la junta directiva del baile,
+que, en honor de la verdad, casi siempre ha accedido á respetar los
+días festivos, dejándolos para dar culto á Talía y Melpómene, visto que
+la saltarina Terpsícore no se ha de ver desairada aunque toque á función
+en noche de Difuntos.
+
+Sobre este pueblo ha llovido en pocos años cuantas plagas son
+imaginables: crisis económicas que han reducido á polvo en una noche
+fortunas tradicionales; epidemias asoladoras que han diezmado las
+familias y cubierto de luto á la población. Todo en ella ha cambiado de
+aspecto á los rudos embates de la calamidad, todo ... menos los bailes
+campestres, que entre las ruinas del comercio y la melancolía del luto,
+se les ha visto retoñar al verano siguiente más concurridos, más
+ruidosos y más animados que nunca. Sin embargo, el mismo público que
+gime y se lamenta durante el invierno, es el que baila en el verano.
+¡Inescrutables misterios de la humanidad, que yo respeto y admiro!
+
+Por eso los tales bailes son la única curiosidad que podemos ofrecer ya
+en Santander á los forasteros que nos visitan durante el estío; el único
+aliciente, el mejor cebo.
+
+Y en verdad que es muy justificable el afán con que le tragan los unos,
+y la especie de orgullo con que se le brindan los otros. Nuestro salón
+campestre, en una noche de baile, es una cosa encantadora; aquel
+conjunto de bellezas, así humanas como rústicas y de artificio; aquel
+enjambre de mujeres hechiceras, arrastrando el lujo y la vaporosidad de
+sus trajes y prendidos entre el otro lujo exuberante de la vegetación, á
+media noche, á la luz misteriosa que producen los destellos del gas
+quebrándose en el verde follaje de los árboles; los ecos de la invisible
+orquesta, el ambiente, la.... Vamos, que tiene aquello algo de
+fantástico que no se comprende bien á no contemplarlo.
+
+Los famosos jardines parisienses de _Mabille_ son muchos más espléndidos
+que los de la calle de Vargas; el lujo de las mujeres que en aquéllos
+bailan, quizá es más deslumbrante que el de las que asisten á éstos;
+pero ¡qué diferencia entre el efecto que en el ánimo produce la
+contemplación de uno y de otro cuadro! Lo primero que lamenta un hombre
+honrado en Mabille, al ver aquellas beldades, hez de la sociedad,
+verdaderos sepulcros blanqueados, entregarse á los más repugnantes
+alardes de impudor, entre las frenéticas dislocaciones del obsceno
+_cancán_, es que á tanto y tan asqueroso vicio se haya erigido un templo
+tan hermoso; y como consecuencia de tan oportuna lamentación, échase uno
+á considerar lo que aquello sería y el apacible deleite que ofreciera
+si, en lugar de las turbas de impúdicas artificiales bellezas que se
+subastan allí, haciendo, para lograrlo mejor, una repugnante gimnasia,
+lo poblaran mujeres honradas y de buena educación.
+
+Pues bien, este deseo se cumple hoy en Santander por una rarísima
+excepción entre todos los pueblos de España. En algunos de ellos, y por
+motivos extraordinarios, se ha visto bailar en el campo á la gente del
+_buen tono_, una vez, dos, tres ... las que ustedes quieran; pero
+repetirse estos bailes con tal éxito y de manera que la repetición haya
+llegado á crear una necesidad pública, una costumbre característica ya
+de toda una clase social, precisamente la más remilgada y escrupulosa,
+gloria es que, por extraño privilegio, corresponde á Santander.
+
+--Y ¿por qué?--me han preguntado al notarlo más de un forastero.
+
+--¿Por qué vuela el ave?; ¿por qué corre el gamo?--les he respondido
+yo;--y ¿por qué se dan los dátiles en Berbería, y las naranjas en
+Murcia, y el arroz en Valencia? Pues por causas análogas, por razones
+idénticas _se dan_ aquí los bailes campestres, como en ninguna otra
+parte; y en vano se afanarán ustedes por aclimatarlos en sus respectivos
+países, como fuera ocioso que nos empeñáramos nosotros en propagar en
+éste la palmera, el guayabo ... ó las academias. Los bailes campestres
+germinan y se desarrollan aquí espontáneamente, como la hiedra y los
+_poleos_, y viven y se reproducen, á pesar de todos los pesares, y son
+un artículo veraniego de primera necesidad, un _rasgo_ peculiarísimo que
+forma parte de nuestro carácter, un detalle de nuestro tipo, como, en
+concepto de _los señores de Madril_ que nos conocen _de oídas_, las
+sardinas, las narrias, los cuévanos y las amas de leche.
+
+Deben, pues, desechar su pesadumbre aquellos seres pusilánimes que temen
+que llegue un día en que el salón-jardín de la calle de Vargas cese en
+el destino que hoy tan gloriosamente cumple. En todo caso, si ese templo
+se destruyese, pues condición es de toda humana obra el ser efímera y
+perecedera, otro tan suntuoso se alzaría de contado para sustituirle: yo
+lo fío[16]. Sin teatro y sin escuelas podríamos vivir; ¡pero sin _bailes
+campestres_!... ¡Horror!
+
+1872.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 16: La profecía se ha cumplido este año. En el jardín de la
+calle de Vargas se acaba de construir un Circo ecuestre; pero los bailes
+se han trasladado al espacioso salón del _Casino_ el Sardinero.
+
+_(Nota del A. en 1885.)_]
+
+
+
+
+
+EL FIN DE UNA RAZA
+
+I
+
+
+Nos despedimos de él diez y seis años ha, y ya era viejo entonces. Iba
+Muelle arriba, descollando su gigantesca arboladura sobre un enjambre de
+pescadoras y granujas que le rodeaban. Gemían unas, suspiraban otras, y
+se secaban los ojos muy á menudo con la orilla del delantal, ó con el
+dorso de la mano, mientras hormigueaban entre ellas los muchachos con el
+escozor de la curiosidad. Hablaba él con todos sin mirar á nadie,
+forjando los secos razonamientos á empellones, como si derribara las
+palabras de sus hombros y les diera el acento con los puños. Quien sólo
+le viera y no le escuchara, tomárale por fiero capataz de un rebaño de
+esclavos, y no por el paño de lágrimas de aquella turba de afligidos.
+
+En tanto, cerca del promontorio de San Marín balanceábase un buque del
+Estado, arrojando de sus entrañas de hierro, entre sordos mugidos,
+espesa columna de humo que el fresco Nordeste impelía hacia la ciudad,
+como si fuera el adiós fervoroso con que se despedían de ella, y de
+cuanto en ella dejaban, quizá para siempre, agrupados junto á la borda,
+los valientes pescadores santanderinos, arrancados de sus hogares por la
+última _leva_.
+
+Yo la describí entonces con sus menores detalles, y los nombres de sus
+héroes llegaron más allá de las fronteras de su tierra patria, no por
+virtud del artista que trazó el cuadro, sino por la importancia del
+sujeto de él. Pero de todos aquellos nombres, ninguno sonó tan recio
+como el de _Tremontorio_, el arisco y hercúleo marinero del Cabildo de
+Abajo, curtido por todos los climas y batido por todos los mares del
+mundo. Esta preeminencia, y alguna razón de arte, que se expondrá en
+sitio conveniente de este cuadro, me obligan á trazarle para que sepa el
+curioso lector qué fué de aquel castizo personaje desde que, en la
+apuntada solemne ocasión, se separó de él el último de los granujas que
+le habían rodeado, y solo y triste y refunfuñando, comenzó á subir
+lentamente los carcomidos é inseguros peldaños de la escalera de su
+casa.
+
+Al llegar al fementido buhardillón en que le conocimos, trancó la puerta
+por dentro, sentóse con dificultad sobre un casi invisible taburete de
+pino, cargó la pipa, encendióla, chupó; y cuando espesas nubes de humo
+le envolvían la cabeza, la dejó caer entre sus nervudas, angulosas y
+curtidas manos, después de afirmar los codos sobre las rodillas. Así
+permaneció largo rato, oyendo los alaridos que de vez en cuando lanzaba
+la mujer del Tuerto en el buhardillón contiguo. Luego notó que le
+llamaban, y gruñó al conocer la voz; pero, aunque de muy mala gana,
+alzóse del banquillo y salió al balcón. En el de la otra buhardilla le
+esperaba la mujer del Tuerto, con los párpados hechos ascuas, las greñas
+sobre los ojos, la cara embadurnada con la pringue de las manos disuelta
+en lágrimas, en mangas de camisa, desceñido el refajo y medio
+descubierto el enjuto seno.
+
+Al ver á Tremontorio, comenzó á gemir y á echar por la boca preguntas y
+exclamaciones á torrentes, mientras revolvía el bardal de su cabellera
+con las puntas de los trémulos y crispados dedos de sus manos.
+
+--¿Se fué el venturao de Dios?... ¡Mariduco de mis entrañas!...
+¿Lloraba, tío Miguel?... ¿Sa alcordó anguna vez de mí?... ¡Dígamelo, tío
+Tremontorio, que se me está partiendo el alma de pura congoja!... ¿Irá
+muy lejos?... ¿Volverá?... ¿Tardará mucho?... ¡Ay de mí, probe!...
+¡Sola me dejó y sin arrimo!... ¡Hasta el de las inocentes criaturas me
+falta!... ¡Las que parí, tío Miguel; las que crié á mis pechos! ¡Me las
+han arrancao de casa!... ¡Bien sé yo quién!... ¡Bien sé yo por qué!...
+¡Pero al otro mundo no ha de ir á pagarlo la muy sinvergüenza, cuentera
+y borrachona!...
+
+Y en esto miraba al balcón de su suegra, echando todo el desaliñado
+busto fuera de la balaustrada. Tremontorio no hacía más que contemplarla
+por debajo de sus cejas grises, pero, ¡qué _celajes_ de su mirada! No la
+dulcificó el viejo marinero cuando la sardinera volvió á encararse con
+él; antes bien, cargó de nubes el ya tempestuoso cariz de su entrecejo,
+y por toda respuesta á tantas preguntas y declamaciones, largó á su
+vecina, á quemarropa, con la voz de un cañonazo, esta sola palabra:
+
+--¡Bribona!
+
+En seguida viró en redondo, con la calma y la solemnidad de un navío de
+tres puentes; se encerró en su guarida, tendióse sobre el jergón, y así
+le cogió la noche.
+
+También había vuelto del Muelle el tío Bolina, y encerrado estaba en
+casa con su mujer y sus nietezuelos, desnudos, sucios y medio
+atolondrados desde la despedida de su padre, el atribulado Tuerto.
+
+Al ver la sardinera que por aquel día no había modo de reñir con nadie
+desde el balcón, encerróse también en su caverna; sacó de un escondrijo
+una botella de aguardiente, bebióse cerca de la mitad; y cuando los
+vapores de aquel veneno comenzaron á adormecerla, acercóse balbuciente y
+con paso mal seguro á la sucia y fementida cama, y en ella se desplomó,
+revolcándose allí como cerdo en su pocilga.
+
+
+
+
+II
+
+
+Cambié de observatorio, por razones que no le importan un rábano al
+lector, y durante tres años nada supe de estos personajes. Un día me
+llevaron mis recuerdos y mis inclinaciones á visitar la calle en que los
+había conocido. Busqué con afán la casa que habitaron; pero no di con
+ella. En su lugar se alzaba otra flamante, con balcones de hierro y
+vidrieras con cortinillas. Ni rastros quedaban allí de la gente que yo
+iba buscando. Pregunté por ella á un antiguo convecino, y me dió estas
+noticias solas:
+
+Al año de marcharse el Tuerto, que aún andaba en la Armada, murió de
+viejo su padre, el tío Bolina; y la viuda de éste, seis meses después,
+de soledad ... y también de vieja. Entonces recogió la sardinera sus
+hijos, y desapareció con ellos de la casa y de la calle. Cuando ya
+Tremontorio juzgaba excesiva la soledad de su buhardillón, pues la
+vecindad de Bolina era una necesidad para su alma, aunque él creía otra
+cosa, antojósele al propietario derribar la casa y construir otra capaz
+de más lucidos inquilinos; con lo cual, el célibe pescador trasladó sus
+penates á una bodega de la calle del Arrabal, donde vivía desde entoces,
+dedicando, como de costumbre, á hacer redes primorosas, todo el tiempo
+que le dejaba libre la lancha en que tenía una _soldada_.
+
+Andando los meses, volví á verle en el Muelle, unas veces con el cesto
+de los aparejos al brazo y el _sueste_ en la cabeza, de vuelta de la
+mar; y otras arrimado á las jambas de una puerta, silencioso y
+encorvado, como esas cariátides de la Arquitectura que sostienen bóvedas
+con las espaldas. Y no le vi más en mucho tiempo.
+
+Ocurrió por entonces en España uno de esos acontecimientos que hacen
+raya en la historia de los pueblos; marejadas de fondo, como diría
+Tremontorio, cuyas ondas, bajo un cielo sereno, sin saberse en dónde
+nacen, son más impetuosas á medida que caminan; y llegan á la costa, y
+baten sus peñascos, y no hay entre ellos cueva, ni boquete, ni
+escondrijo donde la furia no meta su desgreñada cabeza con pavoroso
+estruendo, ni puerto tan seguro que no reciba sus espumas y sienta
+estremecerse el limpio cristal de sus aguas. Así se hizo sentir la
+fuerza de aquel acontecimiento excepcional, hasta en los hogares más
+apartados del calor de la política y de las pasiones de partido.
+
+En otra parte he hablado yo del desdeñoso estoicismo de los mareantes de
+Santander enfrente de la maravillosa transformación que venía
+verificándose en esta ciudad, así en lo moral como en lo material. El
+empuje de este vértigo reformista derribaba sus apiñadas viviendas y
+secaba los fondeaderos tradicionales de sus lanchas; pues se echaban al
+hombro los pobres harapos de su ajuar, buscaban otro agujero en que
+meterse con ellos y un nuevo sitio en que fondear sus embarcaciones, sin
+volver la vista atrás, ni dárseles una higa por todo el ruido y aparato
+de la nueva civilización que los iba acorralando poco á poco. Para ellos
+no había en el mundo cosa seria y bien ordenada sino la mar, y la mar la
+había hecho Dios con el exclusivo objeto de que pescaran en ella los
+matriculados. Esta mar, es decir, cuanto de ella abarca la vista de un
+marinero desde la punta de Cabo Mayor; sus celajes, sus pescados, sus
+brisas y sus tormentas; las _costeras_ del besugo, del bonito, de la
+sardina; los asuntos del Cabildo; el escaso valer del _otro_ (jamás hubo
+avenencia entre el de _Arriba y_ el de _Abajo_), y lo poco más que
+pudiera relacionarse con estos particulares, eran el mundo de estas
+honradas gentes. Todo lo restante no valía á sus ojos una _sula_. Fuera
+del gremio, no conocían á nadie en el pueblo; y de las diversas clases y
+categorías de éste, sólo citaban alguna que otra vez, pero como quien
+habla de cosas del otro mundo, á _los comerciantes del Muelle_. Así
+vivían apegados, desde tiempo inmemorial, á lo exclusivamente _suyo_: y
+en usos, traje, acento, y hasta lengua, fueron siempre en Santander lo
+que el peñasco en la mar: bello para el artista; un estorbo para los
+múltiples fines de las humanas ambiciones.
+
+En tal estado de virginidad recibió esta gente las primeras noticias del
+acontecimiento de que íbamos hablando. No hay para qué decir que no hizo
+maldito el caso de él. Pero cuando, abiertas las válvulas á todos los
+pareceres y á todas las ideas, fué llegada la hora de echarse cada cual,
+á campo-travieso, en busca de terreno para alzar una cátedra en él, ¿qué
+_doctor_, por corto que fuera de alcances, no había de descubrir, á la
+primera mirada, el mejor de los terrenos para aquellos fines en la pura,
+tradicional, primitiva sencillez de la clase marinera? Así fué que,
+lloviendo sobre ella apóstoles de la flamante doctrina, comenzó á
+reblandecerse al son de tantos himnos y jaculatorias, y acabó por
+quedar encantada sin saber de qué, como el hombre de las selvas al oir
+las melodías de una flauta. Desde entonces se lanzó, con la pasión de
+los niños en libertad, á balbucir palabras, que no entendía, del nuevo
+vocabulario político; á las _manifestaciones_ públicas; al _club_ y á
+las urnas electorales, siendo muy de advertir que en este entusiasmo
+iban siempre delante las hembras, las cuales hubieran llegado á emular
+las glorias de las _calceteras_ de Robespierre, si las circunstancias lo
+hubieran exigido. Jamás se ha visto una transformación más radical ni en
+menos tiempo.
+
+Sin embargo, no hubo medio de meter el diente á Tremontorio. Estaba
+fondeado á dos anclas en su puerto natural, y no había fuerzas humanas
+que le sacaran de allí.
+
+--¡Á pedricar al limbo, tiña, que está lleno de inocentes!--decía á los
+catequistas que se atrevían á hablarle ... desde lejos.--¡Pero á mí!...
+Yo ya sé que si quiero comer tengo que jalar del remo y jugarme la vida
+en la mar seis veces á la semana.... ¡Allí sus quisiera yo ver, tiña!
+
+Si se le replicaba que precisamente para mejorar las condiciones del
+oficio era para lo que se le quería atraer al partido, añadía hecho un
+veneno:
+
+--Pamemas, tiña; que si tan bueno fuera lo que tenéis á la mano, no vos
+acordarais de ofrecérmelo á mí; sus lo guardarais para vusotros,
+retiña.... ¡Si soy _mule_ viejo!... ¡no vus canséis en calarme la
+sereña!
+
+Y no mordía la _ujana_, el muy ladino.
+
+En éstas y otras, presentósele un día el Tuerto con las manos en los
+bolsillos y la cara hecha un vinagre.
+
+--¿De onde vienes, tiña?--le preguntó el viejo mareante, abrazando con
+cariño, pero muy admirado, al aparecido.
+
+--Del departamento--respondió el Tuerto.
+
+--¡Del departamento! ¿Pues no mandaste carta de allá, hace ocho días,
+para mí á Patuca, que sabe leer y escrebir?
+
+--Cierto.
+
+--Pus ná me decías entonces de venir tan aína. ¿Cómo es eso, tiña?
+
+--Porque al otro día de escribirle á usté se prenunció la gente de la
+freata.
+
+--¡Tiña! ¿Y tú también?
+
+--No, señor...; pero me vi revuelto en la tremolina, sin saber cómo.
+
+--¿Y á cuántos prenunciaos colgaron de las gavias?
+
+--Á denguno.
+
+--¡Retiña! ¿Cuándo se vió eso?... ¿Y serás capaz de venirte sin
+licencia?
+
+--No, señor; traigo un pase.
+
+--Pos ¿quién te le dió, cuando debieron haberte leído la sentencia de
+muerte?
+
+--Un cabo de cañón y un terrestre de mucha soflama que mandaban allí.
+
+--¿Y el señor comendante y los oficiales?
+
+--Harto tuvieron que hacer con tomar puerto en la cámara, después de
+tumbar á media docena de prenunciaos.
+
+--Pero, retiña, ¿cómo no te ahorcaron al saltar á tierra?
+
+--Porque se tuvo por bueno el pase que me dieron á bordo, firmado por el
+terrestre.
+
+--¿Y eres tú capaz de tomar cosa anguna de un terreste que se mete á
+mandar en una freata de guerra?
+
+--¡Pero si no había otro remedio, puño!; y además, yo era ya cumplido, y
+de un día á otro tenían que despacharme.
+
+--¡Con su cuenta y razón, tiña; no de ese modo!... ¡Un terrestre! ¡Á la
+_Ferrolana_ pudo haberse atracado él á repartir licencias cuando dábamos
+la vuelta al mundo! ¡Bien saben ellos ónde se meten!... ¡Harto será,
+tiña, que no te güelvan á llamar; porque la ley es ley, y el que la hace
+la paga, si no es hoy, mañana!
+
+--Pues, puño, con golverme por onde vine.... Así como así, pa ver lo que
+yo acabo de ver, morirse es mejor, cuanti más golver al servicio.
+
+--¿Qué vistes, hombre?
+
+--¡Lo último, puño; lo último que me quedaba que ver! Y créalo, tío
+Tremontorio: más me apesaumbra esto, que el venir con el pase del
+terrestre.
+
+--Pero ¿qué vistes?
+
+--¡Pásmese, hombre! Ahora mesmo, al pasar por el Muelle, he visto á la
+mi mujer vestida de comedianta, con un gorro á modo de pimiento, una
+casulluca con estrellas, y un pendón lleno de letreros, y más de un
+centenar de babiecas detrás de ella echando vivas yo no sé á qué.
+
+--Eso es de todos los días, hijo; y no te pasmara si hubieras visto lo
+que yo voy viendo. Pero no tiene ella la culpa, tiña; que si no la
+pagaran por eso, no lo hiciera.
+
+--¡Tarascona!...; la he de romper los pocos huesos que la dejé sanos....
+Pero, ¿y los hijos, tío Tremontorio? ¿Qué será de ellos con esa madre?
+Quiero ir ahora mismo á su casa para recogerlos.
+
+--¿Á su casa, tiña? ¿Ónde está ella? ¿Sabe naide si tiene casa la tu
+mujer?
+
+--¿Pus ónde duerme, puño?
+
+--Onde le coge la _cafetera_, hijo; con el ite de que no la suelta dende
+que anda con esa arbolaura por las calles.
+
+--¿Y los hijos?
+
+--Los hijos, si no hay quien por caridá los recoja á las puertas del
+Muelle por la noche, allí se la pasan á la timperie.... Bien sé yo,
+tiña, quién los quita el hambre y los da abrigo muchas veces; pero uno
+no puede estar en todas partes, ni ellos acuden á uno siempre que
+debieran.... Porque, retiña, la verdá es que se han hecho ya á la
+bribia; y por el carís que traen, van á hacer buena á su madre.
+
+El Tuerto no quiso oir más, y salió de la bodega de Tremontorio, echando
+llamas por los torcidos ojos y maldiciones por la boca.
+
+
+
+
+III
+
+
+Creía el valiente veterano de la _Ferrolana_ que, aunque con
+trabajillos, lograría irse haciendo á los nuevos resabios del gremio, y
+vivir en paz, si no á gusto, los pocos años que le quedaban de vida; y
+por conseguido lo daba ya, cuando cayó sobre sus anchas espaldas el peso
+insoportable de un infortunio con que jamás había soñado. Este golpe de
+muerte fué la abolición de las matrículas y la supresión de los
+cabildos, decretadas por el Gobierno imperante.
+
+Creyó volverse loco con la noticia, y tardó muchos días en tragarla por
+cierta. Cuando no pudo negarla, no le cabía en su casa, y se largaba á
+la ajena, ó al Muelle, á desahogar la ira con el primer camarada que
+hallaba á sus alcances.
+
+--No hay otro remedio que tragarlo, tío Tremontorio--le decían otros
+pescadores un tanto desengañados; pues cuando pidieron, por extrañas
+sugestiones, la abolición de las matrículas con el fin de verse libres
+de las levas, nadie les dijo, ni ellos lo cavilaron, que al desprenderse
+de una carga tan pesada, perdían, en consecuencia, el monopolio del mar
+y del puerto, que era la recompensa de ella.
+
+--¡Que no hay otro remedio!--exclamaba Tremontorio, haciendo crujir los
+puños.--¡Eso lo veremos, tiña! ¿Quién lo ha mandao?
+
+--El gubierno de arriba.
+
+--¿Quiénes son esos gubiernos pa meterse en la hacienda de los
+mareantes? ¿Qué saben ellos de cosas de la mar?
+
+--El que manda, manda, tío Tremontorio.
+
+--¡No en mi casa, tiña!
+
+--Pues la ley es ley ahora y siempre.
+
+--¡Por eso mesmo: á la ley me agarro, y viva la de nusotros!
+
+--Pero una ley mata á otra, y la nueva es la que vale.
+
+--En lo terrestre, pase; pero no en lo de la mar!
+
+--Pero, hombre, y dempués de bien desaminao, ¿qué vale too ello? Y
+aunque valiera, si nos quitan las levas....
+
+--¡Las levas ... retiña! Siempre las tenéis delante de los ojos pa
+espantarvos el sueño.... Dos me cogieron á mí, y vos digo que no me pesa
+ahora que salí de ellas.... Más debiera espantarvos esto otro.... Si,
+señor, tiña; y ciegos sois si no lo habéis visto bien claro. Con esa
+orden de arriba, se dice «abro la puerta á la mar...»; y allá voy yo, y
+allá vas tú..., y allá van _ellos_, ¡tiña!...; porque detrás de nusotros
+podrá ir, con la ley en la mano, el raquero del Puntal, el chalupero de
+las Presas y toos los tiñosos de la costa de la badía.... Y esto no lo
+aguanto yo, retiña; que la mar se hizo pa los hombres que deben andar en
+ella y han andao siempre, ¿Ónde se ha visto que la gente del _muergo_
+sea quién pa dir conmigo á la pesca de altura?... Ves digo que no
+tendréis vergüenza si vos dejáis igualar por esa grumetería.... ¡Pos
+dígote al respetive de lo de los cabildos! ¿Qué semos ya los mareantes
+sin ellos? ¿Aónde vas tú? ¿Aónde voy yo, que valgamos dos _luciatos_?
+Quiere decirse, tiña, que, de hoy palante, tanto da ser callealtero como
+de nusotros...; toos seremos unos.... ¡Pa ellos estaba, retiña!
+
+--Too eso está muy bueno; pero considere que está escrito en ley allá
+arriba, y que de na sirve lo que nusotros estipulemos acá abajo.
+
+--Ya verás si sirve, tiña. Por de plonto, sepan esos gubiernos que
+Tremontorio no güelve más á la mar con esa ley.
+
+Y no volvió el testarudo veterano. Las redes le dieron para casa y pan,
+y el canon de su lancha para compaño. Pero advirtió, andando el tiempo,
+que, á pesar de la nueva ley, la mar no había sido profanada por los
+_anfibios_ de la costa de la bahía; y como además se aburría mucho
+estando siempre en tierra, y la mar le _jalaba_ como de cosa propia,
+resolvióse á estudiar el punto más á fondo, por si podían conciliarse su
+tesón y sus deseos. La nueva ley abolía, es cierto, la antigua
+matrícula; pero exigía, en cambio, una inscripción que daba á los
+inscritos privilegios parecidos á los que tuvieron los matriculados; y
+en cuanto á los cabildos, también quedaba algo, á modo de gremio, para
+sustituirlos.
+
+No le llenó el ojo nada de esto á Tremontorio, pero, al cabo, era algo
+que ponía centinelas á la puerta de la mar; y como además le ponderaron
+mucho las _ventajas_ sus compañeros de fatigas, y él tenía grandes
+deseos de conformarse, conformóse, aunque á regañadientes, y volvió á su
+lancha.
+
+Para entonces, los diez años corridos desde que le conocimos en la _La
+leva_, ya sesentón habían hecho honda mella en su persona. Estaba más
+encorvado, más flaco, algo trémulo, y con la greña, las patillas y las
+cejas enteramente blancas, muy ásperas y muy largas. Pero su vestido,
+como su carácter, era el de siempre: el mismo gorro catalán, la misma
+camisa de bayeta verde sobre la de estopa interior, los mismos calzones
+pardos de ancha campana y amarrados á la cintura con una correa, y los
+mismos zapatos, sin tacones y sin lustre, sobre el pie desnudo.
+
+Consigno este dato, porque á la sazón no era ya este traje el
+característico del oficio. En los años pasados desde el consabido
+acontecimiento, la gente marinera había ido confundiéndose en todo con
+la terrestre, así en ideas como en hábitos y costumbres. Lo cual no
+dejaba de exasperar á Tremontorio, y dábale á menudo ocasión de fulminar
+sus embreados apóstrofes sobre los _pinturines_ pescadores que caían por
+su banda.
+
+En una de estas ocasiones le vi yo en el Muelle. Estaba hecho una
+tempestad, en medio de un grupo heterogéneo y abigarrado, aunque se
+componía exclusivamente de marineros. La verdad es que, siendo
+Tremontorio el único que se hallaba en carácter allí, y, como si
+dijéramos, en su propia casa, parecía el intruso y el pegadizo entre
+tantos degenerados.
+
+--Ya se ve, tiña--decía cuando yo pasaba, y por eso me detuve á
+escuchar:--dende que vais al voto y á esos pedriques con el señorío
+pudiente, y andáis tan empavesaos, ¿que vus ha de paicer este patache
+carbonero? Pus, tiña, de mi madera sois, con toa esa fantesía; y el más
+ó el menos de trapo, no le hace al casco tener los fondos mejores.... Ni
+barrunto que de ayer acá vos haya caído denguna herencia de repente, pa
+echarvos tanta guinda.... Onde se ve la gente es en la mar, ¡retiña!; ¡y
+que se diga muy recio si en más de tres duros y medio[17] que ya cuento,
+le he pedido á anguno remolque allí!
+
+Replicóle uno que «el andar bien portao no quitaba fuerza ni valor á la
+presona».
+
+--¡Taday, niquitrefe!--díjole Tremontorio con el mayor desprecio.--Si
+sois valientes entoavía y jaláis del remo como yo, es porque lo habéis
+mamao, y allá vos queda.... Eso es del cabildo de abajo, sépastelo
+bien.... ¡Retiña, qué gracia!... Pero que vos dé otro tanto la vida que
+traéis.... ¡Surbia vos dará!
+
+--Y lo que usté no guipa, porque ya está fuera de
+combate--respondiéronle en son de zumba.
+
+--¡Pintura, digo yo á eso!--replicó el veterano con mucho
+retintín;--aunque bien desaminao el ite de ese particular, ¿qué tenéis
+ya que recibir de naide? ¿Qué vus falta? Vusotros, el relós de plata;
+vusotros, la bota fina; vusotros, el camisolín de plegues; vusotros, la
+cachucha de _rasolís_.... Pus ya, retiña, por poco más, echarvos el
+bastón y la casaca, y dirvos al Suizo con los señores del Muelle, á
+tomar chocolate con esponjao y leer los boletines de arriba.... Las
+rentas no han de faltarvos pa sostener el señorío, porque ya tenéis una
+ración de hambre y otra de necesidá.... ¡Retiña con la piojera de tres
+gavias!
+
+Dijo, miró con ira á los zumbones que le rodeaban, y rompió el cerco,
+bamboleándose al andar, como buque de mucho porte que toma la barra
+seguro de llegar al puerto.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 17: Más de setenta años.]
+
+
+
+
+IV
+
+
+Amaneció un día con el viento al Sur, casi en calma: el cielo, sonrosado
+con algunas nubes aturbonadas; la bahía, como un espejo; la mar, como un
+lago; la temperatura, á placer; el campo, verde y fragante; las flores,
+meciéndose sobre los tallos; los árboles, entreabriendo sus hinchadas
+yemas y asomando por ellas las tiernas esmaltadas hojas, que se
+estremecían y se desplegaban al sentir por primera vez el calor de los
+rayos del sol vivificante; la sonora voz de las campanas de todos los
+templos, llenando de armonías el espacio; y el movimiento y la
+circulación, interrumpidos por la solemnidad de los días anteriores,
+restableciéndose bulliciosos en todas las arterias de la población.
+
+--¡Hermoso día!--exclamaban las gentes de tierra, encaminándose á
+continuar los suspendidos negocios, ó frotándose las manos á la puerta
+del almacén, ó contemplando la naturaleza desde las entreabiertas
+vidrieras del gabinete. Y el fervoroso cristiano que volvía del templo,
+lleno su corazón de místicos regocijos; y el célibe egoísta que,
+empuñando el _roten_, se desperezaba á la puerta de su casa, dispuesto á
+emprender el higiénico paseo extramuros; y el labrador afanoso que
+arreaba la yunta y dirigía el arado para abrir el primer surco en su
+heredad; y el bracero menesteroso ... cada cual, á su manera, saludaba
+con himnos del corazón aquel inolvidable _Sábado de Gloria_ de 1878.
+
+Así llegó el sol á la mitad de su carrera, y el afán de los hombres al
+descanso del mediodía. Entonces se alzaron súbitamente remolinos de
+polvo en las calles de la ciudad; azotó la cara de los transeuntes una
+ráfaga de viento húmedo y frío; oyóse el chasquido de algunas vidrieras
+sacudidas contra la pared; cubrió los cerros del Oeste un velo
+achubascado; nublóse repentinamente el sol; tomó la bahía un color
+verdoso con fajas blanquecinas y rizadas, y comenzó á estrellarse contra
+las fachadas traseras de la población una lluvia gruesa y fría.
+
+--Un _galernazo_--dijo la gente con mucho sosiego.--Después del Sur, era
+de esperar.
+
+Y el que tenía qué, se puso á comer; y el que había comido ya, se tendió
+á dormir la siesta ó á chupar el clásico cigarro delante de una taza de
+café.
+
+Según la gente de tierra, no había ocurrido hasta entonces cosa que no
+fuera en Santander muy natural y corriente; y en verdad que no era para
+dejar pálido á nadie la rotura de algunos vidrios, unos cuantos paraguas
+vueltos del revés, tal cual sombrero arrancado de su correspondiente
+cabeza, y alguna que otra falda encaramada más arriba de lo
+acostumbrado.
+
+Y, sin embargo, uno de aquellos instantes, pasados casi inadvertidamente
+para la gente de la ciudad, había producido, á la vista de ella, como
+quien dice, el desastre más espantoso que registran los cántabros
+anales.
+
+Noticias de él fueron los alaridos que comenzaron á oírse luego por las
+calles, entre la gente marinera; madres clamando por sus hijos; esposas
+por sus maridos; hijos por sus padres; hermanas por sus hermanos.
+Aquello era una desolación, y sus clamores atravesaban el alma como un
+puñal. Corrían los desventurados pálidos los rostros y los ojos sin
+lágrimas, porque para los grandes dolores no existe el consuelo de
+ellas, buscando en los ojos de los demás una respuesta que nadie podía
+darles, y el contristado espectador se agregaba á ellos y los seguía
+como si el mismo infortunio le empujara. El rumbo de tan tristes
+cortejos era el Muelle, donde había ya una muchedumbre con los ojos
+clavados en la boca del puerto. El temporal había cesado casi por
+completo en tierra, y de la mar sólo se veía una parte de su furia,
+estrellándose espumosa y rugiente sobre las tristes _Quebrantas_.
+Conocíase una parte del desastre: lo que de él habían presenciado los
+pescadores de tres lanchas, únicas que hasta aquella hora habían logrado
+volver al puerto. Citábanse nombres y se pintaban escenas de horror y de
+heroísmo. Las lanchas habían llegado medio anegadas; sus tripulantes,
+con la palidez de la muerte en el semblante, mudos y consternados, con
+las ropas ceñidas al cuerpo, empapadas en agua; muchos de ellos, con el
+hercúleo torso desnudo. No les aterraba solamente la idea del peligro en
+que se habían hallado, pues de otros no menores habían salido con sereno
+espíritu, sino el cuadro de muerte y desolación que habían contemplado
+sus ojos entre la furia de la galerna.
+
+Hablábase mucho en los apretados corrillos; oíanse los lamentos de los
+que ya nada esperaban y de los que temían, y no faltaba quien, para
+desvanecer tristes presentimientos, hiciera risueños cálculos; pero
+siempre flotaba sobre el llanto y las conversaciones, como respuesta á
+una pregunta que no se cesaba de hacer, esta frase:
+
+¡_Todas_ están allá!
+
+¡_Todas_! ¡Nunca esta palabra tuvo sonido tan triste y pavoroso! Todas;
+es decir, todas las lanchas _de altura_ estaban en la mar, y sólo tres
+habían vuelto al puerto.
+
+Corriendo aquellos minutos, que parecían siglos, vióse otra, y luego la
+quinta, rebasando del promontorio de San Martín. Cada una de ellas fué
+saludada con un rumor que no puede pintarse con palabras ni con sonidos.
+
+Cerca ya del anochecer, y después de dos horas de esperar en vano los
+que en el puerto lloraban, y cuando la vista más sutil no había podido
+distinguir desde los puntos más elevados de la costa ninguna lancha en
+la mar, y había tiempo sobrado para tener noticias de las que pudieran
+haberse refugiado en boquetes ó ensenadas, faltaban siete.
+
+Preguntóse por ellas á todos los puertos y fondeaderos del litoral; pero
+aquellas preguntas se cruzaban en el camino con otras análogas que los
+preguntados hacían á Santander, y sólo sirvieron para dar á conocer en
+su horrible extensión el desastre de aquel día memorable. Desde
+Fuenterrabía á Cabo Mayor, había hundido el azote de la galerna en los
+abismos del mar, TRESCIENTOS OCHO hombres en brevísimos instantes. En
+este espantoso cúmulo de víctimas, tocábanle SESENTA al gremio
+santanderino. ¡Jamás la muerte acechó á los hombres con mayor astucia,
+ni los hirió con más implacable saña!
+
+Aunque la caridad, virtud de los cielos, amparó entonces, como siempre,
+por igual á todos los desvalidos, cada corazón sintió lo que estaba más
+patente en su memoria, y la mía la ocupó toda Tremontorio.
+
+Preguntando por él, supe que también había salido á la mar aquel día, y
+que era de los pocos que se habían salvado de la catástrofe, casi
+milagrosamente; pero que, con lo terrible del trance, los golpes y la
+frialdad del agua, á sus muchos años, habíase puesto á punto de morir.
+
+No me satisfice con estas noticias, y quise verle, y lo conseguí.
+
+Le hallé tendido en un pobre lecho, pálido, cadavérico; pero muy
+tranquilo y en reposo. Cuidábale otro marinero, que á su lado estaba de
+pie y con los brazos cruzados sobre el pecho. No me era extraño este
+personaje; y, en efecto, después de contemplarle unos instantes, conocí
+en él al Tuerto. Pero, ¡qué viejo, qué encanecido, qué anguloso y
+encorvado le hallé!
+
+Como mi presencia no podía chocar allí en aquellos días en que la
+caridad no cesaba de llamar á las puertas de los náufragos, logré que el
+viejo pescador me recibiera mucho mejor de lo que yo esperaba de su
+rudeza habitual.
+
+--Y ¿cómo se encuentra usted ahora?--llegué á preguntarle.
+
+--Con el Práctico á bordo[18] desde ayer--me respondió con su voz de
+siempre, aunque más premiosa.
+
+--Será por exceso de precaución--díjele, comprendiendo su náutica
+alegoría y deseando darle alientos.
+
+--¡Qué precaución ni qué ... tiña!--me replicó muy fosco!--Soy ya casco
+viejo, vengo desarbolao, el puerto es obscuro y la barra angosta...;
+¿para cuándo es el práctico, si no es para ahora mesmo?
+
+--Tiene usted razón--le dije, viéndole tan sereno.--En estos trances se
+prueba el temple del espíritu.--Ya veo que el de usted no necesita
+remolque.
+
+--No, gracias á Dios, que me da más de lo que merezco. Ochenta años; no
+haber hecho mal á nadie en una vida tan larga; haber corrido tantos
+temporales, y venir á morir en mi cama, como buen cristiano y al lado de
+un amigo, ¿no fuera cubicia y desvergüenza pedir más, retiña?
+
+Lo admirable de estas palabras está en que eran ingenuas, como todas las
+que salieron de la misma boca durante tantos años.
+
+Seguimos hablando por el estilo, cuidando yo de encomendar la menor
+parte de la tarea al enfermo para no fatigarle, y conduje la
+conversación al extremo que deseaba.
+
+Y pregúntele, después de encauzada á mi gusto:
+
+--Pero, ¿no hay algún síntoma, algún anuncio de esos temporales?
+
+--¡Anuncio!...--exclamó Tremontorio mirándome, con una sonrisa más
+amarga que el agua de las olas.--¡Anuncio, retiña!... ¡Pues si hubiera
+anuncio de eso!... Está usté en su lancha como la hoja en el árbol, ni
+quieto ni andando; la tierra á la vista, la mar como una taza de caldo;
+un si es ó no es de turbonada al horizonte.... ¡Retiña!, na, porque así
+se puede estar un mes entero.... Este carís no es pa que naide pique las
+amarras.... Pues, de súpito, le da á usté en la cara un poco de brisa;
+oserva usté el Noroeste, y ve usté venir, echando millas, á modo de una
+jumera, encima de una mancha parda que va cubriendo la mar, con un rute
+rute, que no paece sino que el agua se despeña por las costas abajo. Al
+verlo y al oirlo, la sangre se cuaja en el cuerpo, y los pelos se ponen
+de punta; arma usté los remos, isa una miaja de trapo pa ver de correr
+por delante; y, ¡tiña!, antes que se dé la primer _estropá_, ya está
+aquello encima.
+
+--¿Á qué llama usté _aquello_?
+
+--¿Aquello?... Aquello, señor, yo no sé qué sea, si no es la ira de Dios
+que pasa; aquello es la _última_; la de abrir la escotilla de las culpas
+y encomendarse á la Virgen Santísima; la de dejar la tierra para
+sinfinito y clamar por los suyos los que tienen en ella las alas del
+corazón.
+
+--Bien; pero, ¿qué sucede allí en esos momentos terribles?
+
+--Y ¿lo sabe anguno, por si acaso?... ¡Retiña!; faltan ojos y tiempo pa
+mirarlo.... Está usté en un jirvor de espuma, que zarandea la lancha
+como si fuera cascara de nuez; ese jirvor se levanta, se levanta..., y
+vuelve á bajar; y al bajar, cae sobre usté; y al caer, usté no sabe si
+caen peñas ó qué cae, porque quebranta y ajoga al mesmo tiempo; y al
+abrir usté los ojos, ¡tiña!, ni hombre, ni lancha, ni remo, ni costa, ni
+cielo, ni ná. ¡Allí no hay más que estruendo y golpes, y espuma y
+desamparo!...; ¡ni voz para clamar á Dios, porque en aquella tremolina
+no se oye uno á sí mesmo! Un trastazo le echa á pique, y otro le saca á
+flote; la cabeza se atontece, y el que mejor sabe anadar, trata de
+olvidarlo pa acabar cuanto antes.
+
+--Pues á usted de algo le ha servido el saber nadar, puesto que logró
+salvarse donde tantos otros perecieron.
+
+Miróme el hombre con torvo ceño, y díjome con profundísima convicción:
+
+--¡Ni pizca, tiña!
+
+--¿Cómo salió usted á tierra, si no?
+
+--Porque Dios quiso, y ciego será quien no lo vea.
+
+Metióme en mayor curiosidad esta respuesta, y rogué al valiente pescador
+que me contara el suceso. Resistióse á complacerme, con bruscas
+evasivas, y entonces tomó parte en la conversación el Tuerto, y me dijo:
+
+--Verá usté lo que pasó, señor, porque juntos nos salvamos los dos.
+Llevónos la galerna, en un decir Jesús, á dos cables de San Pedro del
+Mar; y cuando contábamos que no pararíamos hasta embarrancar en la
+arena, un maretazo, como yo no he visto otro, nos puso la lancha quilla
+arriba. Al salir yo á flote, de todos mis catorce compañeros no quedaba
+más que éste, á unas seis brazas de mí. Á los demás--añadió el Tuerto
+con voz trémula y muy conmovido,--no he vuelto á verlos hasta la hora
+presente. Como la lancha había quedado entre dos aguas, tuve la suerte
+de agarrarme á ella; pero ese infeliz se vió sin otro amparo que sus
+remos naturales, y no era poco, porque, á saber anadar, no hay merluza
+que le meta mano. En esto, la mar nos fué atracando el uno al otro; y ya
+estábamos al habla, cuando la suerte le puso un remo delante. Agarróse á
+él y descansó una miaja. Pero notaba yo que no se valía más que de un
+brazo para agarrarse, y no sacaba el otro hacia el remo, ni le movía
+para ayudarse.--«¡Anade y atráquese--le gritaba yo,--hasta que llegue á
+darle una mano, que dispués ya podrá agarrarse á la lancha!.--¡Qué más
+quisiera yo que poder anadar, retiña!--me respondió.--Pues ¿por qué no
+puede?--Porque me jalan mucho los calzones. Paece que tengo toa la mar
+metida en ellos; y á más á más, se me ha saltao el botón de la
+cintura.--¡Arríelos, puño!--¡Tiña, que no puedo!--¿Por qué?--Porque esta
+mañana se me rompió la cinta del escapulario, y le guardé en la
+faldriquera.--¿Y qué?--Que si arrío los calzones, se va á pique con
+ellos la Virgen del Carmen[19].--¿Y qué que se vaya, hombre, si no es
+más que la estampa de ella?--Pero está bendita, ¡retiña!; y si ella se
+va á fondo, ¿quién me sacará de aquí, animal!» Hay que tener en cuenta,
+señor, que la mar era un infierno, y tan pronto nos sorbía como nos
+soltaba. Á cada palabra un maretazo nos tapaba el resuello, ó nos cubría
+con más de diez brazas; y al salir á flote, no hallaba uno quien le
+respondiera, ó asomaba por onde menos era de esperar. Dios quiso que no
+nos separáramos cosa mayor en aquel tiempo, que fué mucho menos del que
+yo empleo en contarlo; porque la sola vista de otro ser humano le anima
+á uno á bregar en tales casos. ¡No sabe usté la agonía que se pasaba en
+el instante en que al salir á flote se veía uno solo! Volviendo al caso,
+digo que al hablar este compañero las últimas palabras que yo he
+repetido, vínose encima de mí sin saber cómo, y agarróse á la lancha. Al
+mismo tiempo se alzó á barlovento una mar como no ha visto igual hombre
+nacido: pensé que aquél era el fin, no de nuestras vidas, sino del mundo
+entero; desplomósenos encima, y para mi cuenta, entonces, allí
+fenecimos, porque ni más vi, ni más oí, ni más sentido me quedó que una
+chispa de él para acabar una promesa que estaba haciendo á la Virgen del
+Mar (y cumplí al otro día, como era justo). Pero, á lo que paece, aquel
+desplome de agua nos echó á tierra con la rompiente, porque allí nos
+alcontramos los dos al volver del atontamiento, cerca de unos baos de la
+lancha y con astillas de ella entre las manos. Vino gente, nos recogió,
+nos dió abrigo, y aquí nos trajo: al señor, en el estado en que usté le
+ve, ó poco menos; y á mí, como si nada hubiera pasado, que de algo vale
+el no ser viejo y haber sorbido mucha desgracia. Lo cierto es, señor,
+que si el estar los dos vivos no es un milagro de Dios, no he visto cosa
+que más se le asemeje.
+
+--¿De modo que usted--dije al Tuerto con la intención de saber algo de
+su vida desde que volvió del servicio,--ha dejado su casa por venir á
+cuidar á su amigo?
+
+--Mi casa es ésta--respondió secamente el Tuerto.
+
+--¿No tiene usted familia?
+
+--Me queda un hijo, que anda navegando en un vapor; todo lo demás está
+ya en el otro mundo..., no contando al señor, que ha sido un padre para
+mis hijos y para mí.
+
+Muy poco más duró nuestra conversación. Al despedirme, tendí la mano á
+aquéllos heroicos y honrados marineros, y dije al moribundo Alcides del
+Cabildo de Abajo:
+
+--Hasta la vista, amigo.
+
+--Y ¿por qué no, tiña!--me respondió, dando á mis palabras mayor
+alcance del que yo les había dado.--Mareantes sernos todos de la mar de
+acá, y en rumbo vamos del mesmo puerto. Si el diablo no nos le cierra,
+yo mañana y usté otro día, en él hemos de fondear.
+
+--Quiéralo Dios así--repuse desde lo íntimo de mi corazón, pensando en
+las virtudes de aquel hombre admirable.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 18: Recibido el Viático.]
+
+[Footnote 19: Hecho y dicho rigorosamente históricos.]
+
+
+
+
+V
+
+
+Dos días después, subía por la cuesta de la Ribera un carro fúnebre
+conduciendo un ataúd enorme, y seguido de numeroso cortejo. Pregunté, y
+supe que en aquel ataúd iba el cadáver de Tremontorio. ¡Dios sabe lo que
+pasó entonces por mi alma! El cortejo se componía, casi exclusivamente,
+de gente marinera; y preciso fué que me lo advirtiesen para que yo
+cayera en ello; pues, á juzgar por el vestido, lo mismo podían ser
+aquellos hombres jornaleros de taller, ó _caldistas_ al menudeo: tanto
+abundaba entre ellos el hongo fino, la americana, la gorrita de seda, el
+pantalón ceñido, y hasta los botitos de charol. Ni huellas del traje
+clásico de los días de fiesta de los castizos mareantes: la ceñida
+chaqueta y los pantalones y la boina de paño azul obscuro, ésta con
+profusa borla de cordoncillo de seda negra; corbata, negra también, y
+también de seda, anudada sobre el pecho y medio cubierta por el ancho
+cuello doblado de una camisa sin planchar; zapato casi bajo, y media de
+color. El Tuerto, que iba materialmente embutido entre las dos ballestas
+traseras del carro, era el único que recordaba un poco lo que él mismo
+había sido antes. La raza indígena pura, del mareante santanderino, tal
+cual existía aún, desde tiempo inmemorial, diez ú once años ha, iba en
+aquel ataúd á enterrarse con Tremontorio, porque bien puede asegurarse
+que éste fué el último de los ejemplares castizos y pintorescos de ella.
+
+Justo es, por tanto, que yo le registre en mi cartera antes de que se
+pierda en la memoria de los hombres.
+
+Sobre los restantes del gremio ha pasado ya el prosaico rasero que
+nivela y confunde y amontona clases, lenguas y aspiraciones.
+
+La filosofía lo aplaude y lo ensalza como una conquista. Hace bien, si
+tiene razón; pero yo lo deploro, porque el arte lo llora.
+
+1880.
+
+
+
+
+EL ESPÍRITU MODERNO
+
+I
+
+
+Hace doce años[20], hallándome de visita en casa de una señora
+_respetable_ (adjetivo con que se expresaba entonces en Santander cuanto
+de finura, prosapia, posición social y talento cabía en una mujer),
+hablaba con ella de la vida del campo, en el cual acababa yo de pasar
+unos días.
+
+--¿Es posible--me decía la culta dama--que una persona de _cierta
+educación_ se resigne á vivir en la soledad de una aldea?
+
+--Sí, señora--le respondí yo,--y encontrando en ella goces tan grandes
+como los que proporciona la ciudad.
+
+--No lo creo. Empiece usted por las malas condiciones de la habitación.
+
+--Perdone usted, señora: la casa de una persona acomodada de aldea es
+más espaciosa, y hasta más cómoda, que la mejor de la ciudad.
+
+--¿Qué está usted diciendo?... Las casas de aldea.... ¡Jesús!, unas
+tejavanas miserables, obscuras, lóbregas..., sin un mal balcón....
+
+--Tres tiene la en que yo nací..., y bien grandes, por cierto.
+
+--¿Es posible?
+
+--Y en el menor salón de aquella casa cabe muy holgadamente ésta en que
+ahora estamos.
+
+--Usted se burla.
+
+--No vendría muy al caso.
+
+--Pues digo bien. ¿No estoy yo cansada de ver casas de aldea en Miranda,
+en Cueto, en San Juan?... Y eso que, según me han dicho, estas casas son
+palacios, comparadas con las de las aldeas del interior.
+
+--Vuelvo á repetir á usted que la mía, si no tan lujosa como ésta y
+otras semejantes, es bastante más cómoda que todas ellas, pudiendo
+también asegurar, pues las he visto, que hay casas de aldea en esta
+provincia que contienen cuanto puede apetecer la persona más escrupulosa
+y exigente.
+
+--Yo no quiero ponerlo en duda; pero no extrañe usted que me cueste
+trabajo creerlo, porque ¡me han contado tales horrores de la aldea!...
+
+--Ya se conoce que usted no ha vivido en el campo.
+
+--¡Yo vivir en el campo! La idea solamente me hace temblar.
+
+--Pues crea usted, señora, que no hay motivos para ello.
+
+--¡No diga usted que no, por Dios! Aun cuando las habitaciones sean
+palacios, aquella soledad, aquella gente tan _ordinaria_..., el cencerro
+del ganado, aquellos callejones llenos de _zarzas_, de charcos y bichos
+venenosos...; ¡qué desconsuelo¡... Después, de noche, el bufar de las
+lechuzas, los ladrones..., ¡horror! ¡Pasar yo una semana en la aldea!...
+¡Ave María Purísima!... Mire usted, hasta el pasear por el Alta me pone
+de mal humor, porque se me figura que me va á faltar tiempo para bajar
+de día á la ciudad.... Nosotros, los que hemos nacido en ella,
+desengáñese usted, no podemos acostumbrarnos á salir de nuestras calles
+empedraditas, de nuestros paseos, de nuestras reuniones.... ¡Es todo tan
+_ordinario_ en la aldea!
+
+--Muchas gracias por la parte que me toca.
+
+--¡Oh, no me haga usted la injuria de creer que he querido
+agraviarle!... No hay regla sin excepción.... Pero compare usted la
+gente del campo con la de la ciudad.
+
+--Efectivamente: si la blancura del cutis, el esmero en el corte del
+vestido y otras _virtudes_ semejantes, son las que más realzan el mérito
+de una persona, confieso que las que, por gusto ó por necesidad, viven
+en la aldea perpetuamente, están muy por debajo de las que habitamos en
+la ciudad[21].
+
+--No trataré yo de discutir ese punto; pero lo cierto es que por algo se
+dice de la aldea que _empobrece, embrutece y envilece_.
+
+--Ya; pero como el autor de esa barbaridad, y usted perdone la
+franqueza, no se cansó en ponerla en tela de juicio....
+
+--No le diré á usted que sea absolutamente cierto; pero algo tendrá el
+agua....
+
+--Esta cuestión es de gustos, señora, y en vano nos cansaremos
+ventilándola. Ya sé que á ustedes, los indígenas de la ciudad, no hay
+que hablarlos de la aldea: ser _aldeano_ es casi un crimen en Santander.
+
+--No diré yo tanto; pero lo que sí aseguro es que no arrastrará usted á
+un santanderino legítimo á la aldea, ni por ocho días, aunque le prometa
+en ella la suprema felicidad.
+
+--Me guardaré muy bien de proponérselo, porque me consta, sin género
+alguno de duda, que esa opinión es la de toda la _buena sociedad_ de
+Santander, de la que es usted tan digno miembro.
+
+--¿Me adula usted?
+
+--No, señora: le hago justicia.
+
+--Por supuesto que no me hará usted la ofensa de aplicarse nada de
+cuanto he dicho contra la aldea.
+
+--Crea usted, por mi palabra, que me tiene ese punto sin cuidado, máxime
+cuando estoy convencido de que no ha de tardar usted mucho en variar de
+opinión.
+
+--¿Respecto á la vida de aldea?... Le aseguro á usted que no.
+
+--¡Bah!
+
+--¿Y en qué confía usted para eso!
+
+--En que hasta hoy está siendo Santander la primera aldea de la
+provincia, por sus costumbres, por sus pasiones y por un sinnúmero de
+pequeñeces y de miserias....
+
+--¿Está usted vengándose de mí?
+
+--Líbreme Dios de semejante tentación.
+
+--Es que no veo yo un motivo para que de repente se cambien nuestras
+costumbres, como usted lo asegura.
+
+--¿No cree usted que solamente el ferrocarril ha de alterar notablemente
+la fisonomía local de Santander?
+
+--Y á propósito, ¿qué hay de ese proyecto?
+
+--Que ha llegado á ser casi una realidad, y que muy pronto se van á
+empezar las obras.
+
+--¡Dios quiera que con ellas no se ponga en un conflicto á la población!
+
+--No comprendo....
+
+--Por de pronto ya se nos ha llenado el pueblo de gente extraña...; ¡ay,
+qué tipos!
+
+--Señora, ingleses muy decentes, la mayor parte, y muy elegantes.... En
+cuanto al resto de ellos, para trabajadores los encuentro bastante más
+aseados que los de acá.
+
+--Sí, sí, lo que es apariencia.... Pero vaya uno á fiarse en galgos de
+buena traza.... Dígame usted á mí lo que son ingleses. ¡Cada vez que
+recuerdo la legión que vino á Santander cuando la guerra civil!...
+Desengáñese usted: los ingleses son hombres sin religión, y está dicho
+todo.
+
+--Es verdad que no profesan la nuestra; pero tienen otra que para ellos
+es tan buena, y leyes, educación ... y conciencia, como nosotros....
+
+--¿Sería usted capaz de admitirlos en su casa?
+
+--Lo que le aseguro á usted es que por el solo motivo de ser ingleses no
+los rechazaría.
+
+--Pues no es esa la opinión general de Santander.
+
+--Ya lo sé, y lo lamento.
+
+Tal fué, en substancia, mi conversación con la respetable señora que,
+desgraciadamente, no puede hoy reñirme por esta delación, doce años ha,
+es decir, cuando en Santander era de buen tono no haber pisado jamás el
+campo; cuando los que en él hemos nacido, teníamos que negar la
+procedencia en estos salones para no producir entre la gente «fina»
+cierta prevención que, con frecuencia, rayaba en repugnancia; cuando
+hasta por las personas de más alta jerarquía se llamaba _judío_ á todo
+extranjero que tuviera las patillas rubias, ó la _pinta_ sospechosa;
+cuando, en fin, entregado aún este pueblo á sus propios y naturales
+recursos, atravesaba el período más crítico de su amaneramiento.
+
+Poco tiempo después se fueron estableciendo líneas de vapores entre este
+puerto y otros de Francia é Inglaterra; las obras del ferrocarril
+comenzaron á desenvolver en su derredor el ruidoso movimiento de la
+industria moderna; las máquinas, las razas, los idiomas extranjeros,
+invadiendo el terreno de los sacos de harina y de las clásicas carretas,
+lograron aclimatarse entre ellos; y ya comemos á la francesa, hablamos
+inglés, circulan por estas calles los géneros de comercio en pesados
+exóticos carretones; el labrador de Cueto ó de Miranda arrea su ganado á
+la voz de _«¡allez!»_ con preferencia al indígena _«¡arre!»_ Los niños
+de pura raza inglesa, con los brazos descubiertos hasta el hombro, mal
+sujetas sus madejas de dorados rizos por el gracioso gorrito escocés,
+juegan en la alameda segunda á las _canicas_ con los granujillas de
+Becedo; y mientras éstos, para ventilar la legalidad de una jugada,
+detienen á los primeros con un _«stop a little, please»_, pronunciado
+con la precisión más británica, los nietecillos de John Bull, para que
+les sea permitido «quitar estorbos», se expresan con un _«sin féndis»_,
+ó manifiestan su enojo con un _«no jubo más»_ que envidiaría el
+callealtero de más pura raza. La moderna necesidad de los baños de mar,
+dejando despoblado á Madrid los veranos, llenó de madrileños nuestra
+capital; y su _buen tono_, convencido de que para vivir á la moda era
+preciso _salir_ á bañarse dió en irse á Ontaneda á remojarse en sus
+nauseabundas aguas; pues no era cosa de largarse á otro puerto de mar
+cuando tenía uno de los mejores en su casa. El objeto era _salir_; la
+calidad de los baños importaba poco. Estas expediciones fueron
+aficionando á los santanderinos al veraneo; y este año dos familias, y
+el siguiente cuatro, y el siguiente ocho, y así sucesivamente, fuimos á
+parar á que los que pasaban julio y agosto en la ciudad, tenían vergüeza
+de confesarlo en septiembre á los que volvían tostados por el sol de
+nuestra campiña.
+
+Para no cansarte, lector: hoy se cree rebajada en la opinión pública la
+familia acomodada de Santander que no tiene una casita de campo para
+pasar el verano en ella, ó siquiera una huertecilla en las
+inmediaciones, que dé, por lo menos, espárragos y flores en la
+primavera, y fruta en agosto, para poder decir al vecino:--«¿Usted
+gusta?: son de mi huerta.» El desdichado que ni esto tenga, alquila su
+choza al primer labrador de la comarca, y en ella tiene que resignarse á
+pasar el verano, si quiere ser considerado durante el invierno como
+hombre de pro.
+
+--¡Dichoso usted!--me han dicho algunos que pocos años hace me miraban
+con cierta lástima, porque no era santanderino legítimo;--¡dichoso usted
+que puede pasarse la mitad del año en la aldea!
+
+Para cuando se pongan en duda estas palabras, me reservo el recurso de
+citar pueblos enteros, como el Astillero de Guarnizo, compuesto de casas
+de campo, construidas, de cinco años á esta parte, para residencia de
+verano de familias de Santander.
+
+Si la señora respetable á quien me he referido más atrás resucitara hoy,
+no creería el cambio que han sufrido las costumbres de los de su
+comunión social.
+
+Pero vamos á cuentas. No estoy censurando esta nueva afición de mis
+paisanos, que ya raya en manía; consigno un hecho sencillamente.
+
+Dos observaciones debo hacer, siempre con la mejor intención, para
+gobierno de mis lectores:
+
+La distancia más larga desde el centro de Santander al campo, se anda, á
+pie, en diez minutos.
+
+La localidad que abandonan en verano las familias que se van _al campo_,
+la aceptan como residencia _campestre_ los que huyen de otras capitales
+á la nuestra.
+
+Aunque de la unión de estas dos verdades resulta una consecuencia que no
+aceptarían de buena gana los neocampestres montañeses, yo quiero
+prescindir de ella; pues vuelvo á repetir que estoy consignando hechos,
+y esto con el objeto de demostrar la gran revolución operada en las
+costumbres de la sociedad de Santander en muy poco tiempo. No se
+extrañe, pues, que me haya detenido á apuntar algunos detalles que, á
+primera vista, parecen ociosos.
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 20: No se olvide que esto se escribía en 1864. (_Nota del A.
+en 1885_.)]
+
+[Footnote 21: Por distraído que el lector sea, habrá observado que,
+entre el principio y el fin de este libro, cambia bastante el modo de
+ver y de sentir el autor la vida campestre. Tiene esta inconsecuencia su
+disculpa en que las ESCENAS no se escribieron con un plan determinado ni
+en una sola sentada, ni son obra de la madura reflexión del filósofo,
+sino el fruto de los ocios de un muchacho impresionable. (_Nota del A.
+en 1885_.)]
+
+
+
+
+II
+
+
+_In illo tempore_, es decir, los mismos doce años ha, pasé yo una
+temporada en la lindísima villa de Comillas. Camillas, lector, en la
+costa, á seis leguas al Noroeste de Santander, tendida sobre el lento
+declive de un cerro, arrullada por un lado por el inquieto mar de
+Cantabria, y protegida por los demás por una suave cordillera de
+pintorescas colinas, era una población verdaderamente deliciosa, no por
+sus condiciones topográficas solamente, pues bajo este aspecto hoy es
+mucho más bella que entonces, sino por las especialísimas que concurrían
+en el carácter de su pequeña sociedad.
+
+Empecemos por decir que sin una sola vía de verdadera comunicación con
+el resto del mundo, y á cinco leguas de distancia de la carretera
+nacional, era punto menos que inaccesible al trato de la moderna
+civilización.
+
+Este aislamiento perpetuo, tratándose de familias enlazadas entre sí,
+como aquéllas, por vínculos de parentesco ó de una amistad íntima, había
+impreso en su vida el carácter de unidad y de sencillez, verdaderamente
+patriarcales, que seducía á los pocos forasteros que hasta allí
+llegaban. La clase acomodada, muy numerosa en proporción de la pequeñez
+de todo el vecindario, era lo suficiente ilustrada para hacer
+agradabilísimo su trato, sin el refinamiento que hoy distingue á la
+culta sociedad, con grave deterioro de los puros y santos afectos; y
+aunque los hijos de estas familias salían á las universidades y
+viajaban, llevando siempre consigo tan bello recuerdo de la madre
+patria, cuando á ella tornaban deponían de buen grado los resabios
+adquiridos en el mundo, y volvían á ser sencillos comillanos. De este
+modo, aquella sociedad era siempre apacible, cariñosa y hospitalaria.
+
+Por mi parte, unido por estrechos lazos de parentesco á muchas de sus
+familias, creo tener en esta sola circunstancia motivo sobrado para
+evocar con satisfacción estos recuerdos. Para pagar con ellos las horas
+de verdadero placer que aquel pueblo me ha proporcionado no serían
+bastante.
+
+Una noche oí decir á una venerable mujer que ya pasaba de los sesenta
+años, que su mayor satisfacción sería ver un coche.
+
+Otra señora, tan anciana como ella, le respondió:
+
+--Dios te libre de esas tentaciones. Yo quise una vez salir á ver un
+poco el mundo; y, con intención de no parar hasta Santander, llegué á
+Torrelavega. Era día de mercado, y estaba la villa, ¡madre de Dios!, que
+daba miedo. ¡Cuánta gente! ¡Qué ir y venir bestias, carros y
+diligencias! Te aseguro que aquello me espantó; díjeme: «esto no es para
+mí...»; y volvíme á casa dando gracias á Dios por la paz que quiso
+concedernos en este bendito rincón.
+
+Para dar una idea del color verdaderamente local de la población
+comillana, bastan estos dos ejemplos.
+
+La clase del pueblo, compuesta casi en su totalidad de marineros y
+pescadoras, era morigerada y nobilísima en sus instintos. Para ella el
+mundo era Comillas y su mar; y el mejor placer, después de una misa
+solemne con «el órgano nuevo», oir los relatos de algún licenciado de
+_barco de Rey_.
+
+Los mayores títulos de gloria de los comillanos eran haber dado la villa
+tres Arzobispos[22], muchos notabilísimos marinos y varios capitalistas
+riquísimos que, aunque residentes en Filipinas, Cádiz y otros países tan
+apartados, demostraban á cada paso, con limosnas y presentes de todos
+géneros, su amor al pueblo de su naturaleza; y sobre todo, haberse
+construído el magnífico templo que se levanta en la plaza, que, acaso,
+en su género, es el mejor de la provincia, á expensas de los mismos
+comillanos.
+
+Un proverbio popularísimo entre ellos acabará de dar á conocer hasta qué
+punto vivían dentro de sí mismos y en sus elementos naturales, y lo
+lejos que estaban de pensar en que pudieran contagiarse algún día del
+carácter moderno. Este proverbio era el siguiente:
+
+ «Comillas será Comillas
+ por siempre jamás, amén».
+
+He dicho _era_, porque supongo que en la actualidad no se atreverá á
+repetirle, con fe á lo menos, ningún hijo de aquel pueblo. Veamos en qué
+me fundo para creerlo así.
+
+Seis años hace volví á Comillas. Una cómoda y ancha carretera había
+sustituido á la escabrosa y angostísima senda antigua: y en lugar de
+cabalgar sobre el peludo y escueto jamelgo que antes conducía por ella
+al viajero, tomé un mullido asiento en una de las diligencias que se han
+establecido entre Torrelavega y la villa de los tres Arzobispos.
+
+Á medida que á ella me aproximaba, iba desconociendo más y más el
+terreno, hallándole descarnado en muchos sitios, revuelto en otros,
+poblado de trabajadores y cruzado por zanjas, _trainwais_ y túneles á
+cada instante. Buscando con mis ojos la primera casa del pueblo, que
+antes se destacaba sola, como un centinela avanzado de él, tuve que
+detener la mirada bastante más atrás, en un edificio del moderno estilo
+industrial, que arrojaba á borbotones por una alta chimenea el humo
+espeso del carbón de piedra. Era uno de los hornos de calcinación del
+mineral de calamina que á la sazón se extraía (y sigue extrayéndose) de
+las entrañas de los cerros inmediatos.
+
+Más adelante, caras barbudas con el sello francés más puro; otras medio
+ocultas bajo la boina vasca, y otras indígenas, pero todas veladas por
+el polvillo amarillento de la calamina, pasaban rápidas por delante de
+las ventanillas del coche, que al cabo penetró en la primera calle de la
+población. Aquí, como en la carretera, mil objetos que llamaban mi
+atención por lo inesperados. En el portal en que en otros tiempos se
+sentaba á tejer sus redes un pescador, alisaba el mango de su azadón un
+fornido vizcaíno; en el balcón en que antes vi á la familia de un pobre
+labrador desgranar las panojas de la última cosecha, fumaba en larga
+pipa un belga, calzado con altas botas de cuero; y en lugar del
+_cobertor_ tradicional y las madejas de estopa, colgaban de la soga de
+la _solana_ las bridas de un caballo y ancho gabán impermeable; á la
+puerta de una taberna estropeaba el castellano el tabernero para
+convencer á un alemán «cerrado», de que lo que le había vendido por
+_gin_ no era, como parecía, rescoldo; en la plaza, donde paró el
+carruaje, circulaban entre la boina de los vascos y el gorro verde y
+colorado de los marineros de la población, la leve _pamela_ de la Fuente
+Castellana, y entre la camiseta de bayeta verde y la blusa azul de los
+obreros, el brillante gabán de seda sobre el esbelto talle de las hijas
+del Manzanares y del Sena. Hablábase en un grupo el vascuence, en otro
+el francés, aquí el alemán y allá el inglés; y para colmo de mi
+sorpresa, el sombrío palacio de los Trasierra, sobre el punto más
+elevado de la población, y en otro tiempo cerrado y misterioso, como si
+dormitara entre los recuerdos de su época, había abierto anchas puertas
+á la moderna luz y engalanado sus fachadas; y no descansaba como antes
+sobre escombros y zarzales, sino sobre ameno y florido campo; cultivado
+por diestro jardinero.
+
+En los pocos días que pasé en Comillas busqué en vano lo que tan
+placentera me había hecho en otro tiempo mi residencia en la misma
+villa. Todo se hallaba transformado allí. El pequeño puerto, casi
+inaccesible antes á las lanchas pescadoras, se había reformado,
+penetrando ya en él buques de muchas toneladas y sobre el muelle en que
+únicamente se pesaba el pescado fresco en modesta _romana_, crujían las
+grúas y se revolvían con dificultad carros, básculas y trabajadores. Una
+cómoda carretera facilitaba la subida desde este punto á la población, y
+desmontes, murallas y demarcaciones, anunciaban nuevos proyectos de
+considerables reformas.
+
+Lo mismo que el de la villa, el carácter de su sociedad era nuevo para
+mí. _Touristas_ madrileños, hombres políticos y altas jerarquías
+militares, damas modeladas en el más genuino troquel del mundo moderno,
+invadían los salones en que ya se cantaban _dúos y cavatinas_, y se
+bailaban lanceros y cuadrillas, y se amaba y se coqueteaba según la
+flamante escuela.
+
+El Comillas clásico no existía ya: lo que yo estaba viendo era un pueblo
+industrial como otro cualquiera, favorecido, durante el verano, por una
+escogida sociedad de forasteros que habían impuesto á la clase indígena
+acomodada sus costumbres, como la industria había reducido á sus
+exigencias los hábitos patriarcales de la masa popular.
+
+Un francés encontró en una ocasión un pedrusco de calamina sobre
+aquellos terrenos; indagó con cuidado, dió con un filón poderoso,
+formóse una sociedad explotadora..., y he aquí la causa de tan repentina
+como radical transformación.
+
+Y júzguese, en vista de lo que antecede, si podrá decirse hoy de buena
+fe, como ayer se decía, por algún comillano del antiguo régimen, que por
+casualidad pareciese, desorientado entre el actual movimiento de su
+pueblo,
+
+ «Comillas será Comillas
+ por siempre jamás, amén».
+
+FOOTNOTES:
+
+[Footnote 22: Hoy, con la reciente elevación del señor don Saturnino
+Fernández de Castro á la Silla episcopal de León, son cuatro los
+prelados hijos de Comillas. _(Nota del A. en 1876_.)]
+
+
+
+
+III
+
+
+Con el hallazgo del filón de aquella comarca, excitóse en alto grado la
+ambición de los montañeses; y errando muchos de breña en breña y de
+monte en monte, cavando aquí y revolviendo allá, resultó que la
+provincia entera era un verdadero tesoro de calamina, y que lo único que
+se necesitaba para que todos fuésemos ricos, era dinero para explotarle.
+Por eso desde las montañas de Liébana hasta el valle de Reocín se
+denunciaron las entrañas de la madre tierra; y buscando todos en ellas
+riquezas á montones, perdieron muchos las que tenían, y ganaron pocos,
+entre litigios y peleas, bastante menos de lo que habían soñado.
+
+Excusado es decir que los pueblos donde entró la piqueta del minero, han
+perdido, aunque no en tan alto grado como Comillas, su verdadero
+carácter local, y amoldádose á otras costumbres. Torrelavega, la primera
+y más linda villa de la provincia, aunque sobre la carretera nacional y
+conteniendo desde muchos años hace un comercio considerabilísimo, y, por
+consiguiente, de población menos típica que otras de la Montaña, ha
+perdido también los pocos rasgos que la distinguían, cediendo á la
+influencia minera, y más aún á la del ferrocarril que penetra en su
+jurisdicción. Hoy es esta culta y bonita población una digna sucursal de
+Santander.
+
+Por regla general, y para no molestar al lector, conste que allí donde
+el camino de hierro, ó las industrias minera y fabril han penetrado; las
+costumbres clásicas montañesas no existen ya, ó existen muy ajustadas al
+_espíritu moderno_. Pero estas localidades son rarísimas todavía en la
+provincia, por más que en toda ella corra ya cierto airecillo de
+_ilustración_...; y ahí está mi humildísimo pueblo, á dos brincos de
+Santander, que no me dejará mentir; _Polanco_ (que de algo le ha de
+servir en este caso tener el _hijo_ alcalde, para darse tono); Polanco,
+digo, donde las mejores mozas se avergüenzan de vestir la plegada saya
+de paño rojo de ayer, y se ponen el desgarbado vestido de efímera
+indiana, sobre ¡pásmese el orbe!, sobre barruntos de miriñaque.
+
+Y con esto hemos llegado al verdadero asunto de estas últimas páginas.
+
+Es muy posible que algún lector de mi libro, al distraer sus ocios por
+las bellas praderas de la Montaña, quiera buscar en ellas los modelos de
+las escenas campestres que yo he pintado. Si no quiere cansarse en vano,
+si realmente desea encontrarlos, tenga presente cuanto queda dicho en
+las anteriores líneas de este capítulo: huya de toda comarca en que
+haya un _paso de nivel_, un _túnel_, una fábrica de tejidos _al vapor_ ó
+un _horno de calcinación_. Por allí ha pasado el espíritu moderno y se
+ha llevado la paz y la poesía de los patriarcas.
+
+Con esta precaución respondo de que encontrará muy pronto á tío _Juan de
+la Llosa_ y compañeros de robla, al mayorazgo _Seturas_ y convecinos, y
+á cuantos personajes de su estofa he tenido el honor de presentarle.
+Pero es preciso que no tarde mucho en emprender la expedición. Al paso
+que hoy caminamos, dentro de pocos años la industria habrá invadido
+completamente estos pacíficos solares, y entonces ya no habrá tipos. La
+civilización moderna tiende á este fin, sin duda alguna. Los pueblos
+_ilustrados_ ya no tienen costumbres propias. Los de la Montaña, cuando
+acaben de _ilustrarse_, no han de ser menos que ellos.
+
+En ese día alcanzará algún éxito este libro. Vivos hoy los originales de
+los retratos que encierra, y desprovisto de galas y de primores que le
+hagan, por sí solo, aceptable á los ojos del público, como depósito fiel
+de las costumbres de un pueblo patriarcal y hospitalario, no carecerá de
+atractivo para la curiosidad de los nuevos explotadores del suelo virgen
+que me le ha dictado.
+
+
+
+
+ ÍNDICE
+
+
+ Advertencia
+ Santander (antaño y ogaño)
+ El raquero
+ La robla
+ Á las Indias
+ La costurera (pintada por sí misma)
+ La noche de Navidad
+ La leva
+ La primavera
+ Suum cuique
+ El trovador
+ La buena gloria
+ El jándalo
+ Arroz y gallo muerto
+ El día 4 de octubre
+ «Un marino»
+ Los bailes campestres
+ El fin de una raza
+ El espíritu moderno
+
+
+
+
+
+End of Project Gutenberg's Escenas Montañesas, by D. José M. de Pereda
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 12627 ***