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+The Project Gutenberg EBook of La Espuma, by D. Armando Palacio Valdés
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: La Espuma
+ Obras completas de D. ARMANDO PALACIO VALDÉS, Tomo VII
+
+Author: D. Armando Palacio Valdés
+
+Release Date: March 9, 2004 [EBook #11529]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA ESPUMA ***
+
+
+
+
+Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed
+Proofreading Team.
+
+
+
+
+
+ LA ESPUMA
+
+
+
+ OBRAS COMPLETAS
+
+ DE
+
+ D. ARMANDO PALACIO VALDÉS
+
+ TOMO VII
+
+ LA ESPUMA
+
+ 1922
+
+
+
+
+
+I
+
+#Presentación de la farándula.#
+
+
+A las tres de la tarde el sol enfilaba todavía sus rayos por la calle de
+Serrano bañándola casi toda de viva y rojiza luz, que hería la vista de
+los que bajaban por la acera de la izquierda más poblada de casas. Mas
+como el frío era intenso, los transeuntes no se apresuraban a pasar a la
+acera contraria en busca de los espacios sombreados: preferían recibir
+de lleno en el rostro los dardos solares, que al fin, si molestaban,
+también calentaban. A paso lento y menudo, con el manguito de rica piel
+de nutria puesto delante de los ojos a guisa de pantalla, bajaba a tal
+hora y por tal calle una señora elegantemente vestida. Tras sí dejaba
+una estela perfumada que los tenderos plantados a la puerta de sus
+comercios aspiraban extasiados, siguiendo con la vista el foco de donde
+partían tan gratos efluvios. Porque la calle de Serrano, con ser la más
+grande y hermosa de Madrid, tiene un carácter marcadamente provincial:
+poco tráfago; tiendas sin lujo y destinadas en su mayoría a la venta de
+los artículos de primera necesidad; los niños jugando delante de las
+casas; las porteras sentadas formando corrillos, departiendo en voz alta
+con los mancebos de las carnicerías, pescaderías y ultramarinos. Así
+que, no era fácil que la gentilísima dama pasara inadvertida como en las
+calles del centro. Las miradas de los que cruzaban como de los que se
+estaban quietos posábanse con complacencia en ella. Se hacían
+comentarios sobre los primores de su traje por las comadres, y se decían
+chistes espantosos por los nauseabundos mancebos, que hacían prorrumpir
+en rugidos de gozo bárbaro a sus compañeros. Uno de los más salvajes y
+pringosos vertió en su oído, al cruzar, una de esas brutalidades que
+enrojecería súbito el cutis terso de una _miss_ inglesa y le haría
+llamar al _policeman_ y hasta quizá pedir una indemnización. Pero
+nuestra valiente española, curada de melindres, no pestañeó siquiera:
+con el mismo paso menudo y vacilante de quien pisa pocas veces el polvo
+de la calle, continuó su carrera triunfal. Porque lo era a no dudarlo.
+Nadie podía mirarla sin sentirse poseído de admiración, más aún que por
+su lujoso arreo, por la belleza severa de su rostro y la gallardía de la
+figura. Llegaría bien a los treinta y cinco años. El tipo de su rostro
+extremadamente original. La tez, morena bronceada; los ojos azules; los
+cabellos de un rubio ceniciento. Pocas veces se ve tan extraña mezcla de
+razas opuestas en un semblante. Si a alguna se inclinaba era a la
+italiana, donde tal que otra, suele aparecer esta clase de figuras que
+semejan _ladies_ inglesas cocidas por el sol de Nápoles. En ciertos
+cuadros de Rafael hay algunas que pueden dar idea de la de nuestra dama.
+
+La expresión predominante de su rostro en aquel momento era la de un
+orgulloso desdén. A esto contribuía quizá la luz del sol, que le
+obligaba a fruncir su frente tersa y delicada. Hay que confesarlo; en
+aquel rostro no había dulzura. Debajo de sus líneas correctas y firmes
+se adivinaba un espíritu altivo, sin ternura. Aquellos ojos azules no
+eran los serenos y límpidos que sirven de complemento adorable a ciertas
+fisonomías virginales que pueden admirarse alguna vez en nuestro país y
+más a menudo en el norte de Europa. Estaban hechos, sin duda, para
+expresar un tropel de vivas y violentas pasiones. Quizá alguna vez
+tocara su turno al amor ardiente y apasionado, pero nunca al humilde y
+mudo que se resigna a morir ignorado. Llevaba en la cabeza un sombrero
+apuntado, de color rojo, con pequeño y claro velo, rojo también, que le
+llegaba solamente a los labios Los reflejos de este velo contribuían a
+dar al rostro el matiz extraño que impresionaba a los que a su lado
+cruzaban. Vestía rico abrigo de pieles, con traje de seda del color del
+sombrero, cubierta la falda por otra de tul o granadina, que era por
+entonces la última moda.
+
+Llevaba, como hemos dicho, el manguito levantado a la altura de los
+ojos: éstos posados en el suelo, como quien nada tiene que ver ni partir
+con lo que a su alrededor acaece. Por eso, hasta llegar a la calle de
+Jorge Juan, no advirtió la presencia de un joven que desde la acera
+contraria y caminando a la par con ella la miraba con más admiración aún
+que curiosidad. Al llegar aquí, sin saber por qué, levantó la cabeza y
+sus ojos se encontraron con los de su admirador. Un movimiento bien
+perceptible de disgusto siguió a tal encuentro. La frente de la dama se
+frunció con más severidad y se acentuó la altiva expresión de sus ojos.
+Apretó un poco el paso: y al llegar a la calle del Conde de Aranda se
+detuvo y miró hacia atrás, con objeto sin duda de ver si llegaba un
+tranvía. El mancebo no se atrevió a hacer lo mismo: siguió su camino, no
+sin dirigirla vivas y codiciosas ojeadas, a las que la gentil señora no
+se dignó corresponder. Llegó al fin el coche, montó en él dejando ver,
+al hacerlo, un primoroso pie calzado con botina de tafilete, y fué a
+sentarse en el rincón del fondo. Como si se contemplase segura y libre
+de miradas indiscretas, sus ojos se fueron serenando poco a poco y se
+posaron con indiferencia en las pocas personas que en el carruaje había;
+mas no desapareció del todo la sombra de preocupación esparcida por su
+rostro, ni el gesto de desdén que hacía imponente su hermosura.
+
+El juvenil admirador no había renunciado a perderla de vista. Siguió,
+cierto, por la calle de Recoletos abajo; mas en cuanto vió cruzar el
+tranvía se agarró bonitamente a él y subió sin ser notado. Y procurando
+que la dama no advirtiese su presencia, ocultándose detrás de otra
+persona que había de pie en la plataforma, se puso con disimulo a
+contemplarla con un entusiasmo que haría sonreír a cualquiera. Porque
+era grande la diferencia de edad que había entre ambos. Nuestro muchacho
+aparentaba unos diez y ocho años. Su rostro imberbe, fresco y sonrosado
+como el de una damisela; el cabello rubio; los ojos azules, suaves y
+tristes. Aunque vestido con americana y hongo, por su traje revelaba ser
+una persona distinguida. Iba de riguroso luto, lo cual realzaba
+notablemente la blancura de su tez. Por esa influencia magnética que los
+ojos poseen y que todos han podido comprobar, nuestra dama no tardo
+mucho tiempo en volver los suyos hacia el sitio donde el joven vibraba
+rayos de admiración apasionada. Tornó a nublarse su rostro; volvió a
+advertirse en sus labios un movimiento de impaciencia, como si el pobre
+chico la injuriase con su adoración. Y ya desde entonces empezó
+claramente a dar señales de hallarse molesta en el coche, moviendo la
+hermosa cabeza ora a un lado, ora a otro, con visibles deseos de
+apearse. Mas no lo hizo hasta llegar a San José, frente a cuya iglesia
+hizo parar y bajó, pasando por delante de su perseguidor con una
+expresión de fiero desdén capaz de anonadarle.
+
+O muy temerario era o muy poca vergüenza debía de tener éste cuando
+saltó a la calle en pos de ella y comenzó a seguirla por la del
+Caballero de Gracia, caminando por la acera contraria para mejor
+disfrutar de la figura que tanto le apasionaba. La dama seguía
+lentamente su marcha haciendo volver la cabeza a cuantos hombres
+cruzaban a su lado. Era su paso el de una diosa que se digna bajar por
+un momento del trono de nubes para recrear y fascinar a los mortales,
+que al mirarla se embebían y daban fuertes tropezones.
+
+--¡Madre mía del Amparo, qué mujer!--exclamó en voz alta un cadete
+agarrándose a su compañero como si fuese a desmayarse del susto.
+
+La hermosa no pudo reprimir una levísima sonrisa, a cuya luz se pudo
+percibir mejor la peregrina belleza de que estaba dotada. En carruaje
+descubierto bajaban dos caballeros que le dirigieron un saludo
+reverente, al cual respondió ella con una imperceptible inclinación de
+cabeza. Al llegar a la esquina, en la misma red de San Luis, se detuvo
+vacilante, miró a todas partes, y percibiendo otra vez al rubio mancebo
+le volvió la espalda con ostensible desprecio y comenzó a descender con
+más prisa por la calle de la Montera, donde su presencia causó entre los
+transeuntes la misma emoción. Tres o cuatro veces se detuvo delante de
+los escaparates aunque se advertía que más que por curiosidad se paraba
+por el estado nervioso en que la persecución tenaz del jovencito la
+había puesto. Cerca de la Puerta del Sol, sin duda para huirla,
+resolvióse a entrar en la joyería de Marabini. Sentóse con negligencia
+en una silla, levantó un poquito el velo del sombrero y se puso a
+examinar con distracción las joyas recién llegadas que el dependiente de
+la tienda fué exhibiendo. Era lo peor que pudo hacer para librarse de
+las miradas de su adolescente adorador. Porque éste, con toda comodidad,
+sobre seguro, se las enfilaba por los cristales del escaparate con una
+insistencia que la encolerizaba cada vez más.
+
+La verdad es que aquella tiendecita primorosamente adornada, donde
+brillaban por todas partes los metales y las piedras preciosas, era
+digno aposento para la bella; el estuche que mejor convenía a joya tan
+delicada. Así debió de pensarlo el joven rubio, a juzgar por el éxtasis
+apasionado de sus ojos y la inmovilidad marmórea de su figura. Al fin la
+dama, no pudiendo vencer la irritación que esto la producía, alzóse
+bruscamente de la silla y despidiéndose con una frase seca del
+dependiente, que le guardaba extraordinarias consideraciones, salió del
+comercio y llegó hasta la Puerta del Sol a toda prisa. Aquí se detuvo;
+luego dió algunos pasos hacia un coche de punto, como si fuese a entrar
+en él; pero de pronto cambió de rumbo, y con paso firme se dirigió hacía
+la calle Mayor, escoltada siempre y no de lejos por el joven. Al llegar
+a la mitad de ella próximamente, entró en una casa de suntuosa
+apariencia, no sin lanzar antes una rápida y furibunda mirada a su
+perseguidor, que la recibió con entera y rara serenidad.
+
+El portero, que estaba plantado en el umbral atusándose gravemente sus
+largas patillas, despojóse vivamente de la gorra, le hizo una profunda
+reverencia y corrió a abrir la puerta de cristales que daba acceso a la
+escalera, apretando en seguida el botón de un timbre eléctrico. Subió
+lentamente la escalera alfombrada, y al llegar al principal la puerta
+estaba ya abierta y un criado con librea al pie de ella esperando.
+
+La casa pertenecía al Excmo. Sr. D. Julián Calderón, jefe de la casa de
+banca _Calderón y Hermanos_, el cual ocupaba todo el principal de ella,
+sirviéndose por escalera distinta de los demás pisos, que tenía
+alquilados. Este Calderón era hijo de otro Calderón muy conocido en el
+comercio de Madrid, negociante al por mayor en pieles curtidas, que con
+ellas había hecho una buena fortuna y que en los últimos años de su vida
+la había acrecentado, dedicándose, a la par que al comercio, al giro y
+descuento de letras. Fallecido él, su hijo Julián continuó su obra sin
+apartarse un punto, manejando con el suyo el haber de sus dos hermanas
+casadas, la una con un médico, la otra con un propietario de la Mancha.
+A su vez estaba casado, bastantes años hacía, con la hija de un
+comerciante de Zaragoza, llamado D. Tomás Osorio, padre también del
+conocido banquero madrileño del mismo nombre, que tenía su hotel con
+honores de palacio en el barrio de Salamanca, calle de Ramón de la Cruz.
+La hermosa dama que acaba de entrar en la casa es la esposa de este
+banquero, y hermana política, por lo tanto, de la señora de Calderón.
+
+Pasó por delante del criado sin aguardar a que éste la anunciase, avanzó
+resueltamente como quien tiene derecho a ello, atravesó tres o cuatro
+grandes estancias lujosamente decoradas, y alzando ella misma la rica
+cortina de raso con franja bordada, entró en una habitación más reducida
+donde se hallaban congregadas varias personas. En el sillón más próximo
+a la chimenea estaba arrellanada la señora de la casa, mujer de unos
+cuarenta años, gruesa, facciones correctas, ojos negros, grandes y
+hermosos, pero sin luz, la tez blanca, los cabellos de un castaño claro
+excesivamente finos. Al lado de ella, en una butaquita, estaba otra
+señora, que formaba contraste con ella; morena, delgada, menuda, de
+extraordinaria movilidad, lo mismo en sus ojillos penetrantes que en
+toda su figura. Era la marquesa de Alcudia, de la primer nobleza de
+España. Las tres jóvenes que sentadas en sillas seguían la fila, eran
+sus hijas, muy semejantes a ella en el tipo físico, si bien no la
+imitaban en la movilidad: rígidas y silenciosas, los ojos bajos, con
+modestia y compostura tan afectadas, que pronto se echaba de ver el
+régimen severo a que las tenía sometidas su viva y nerviosa mamá. Con
+una de ellas hablaba de vez en cuando en voz baja la hija de los señores
+de Calderón, niña de catorce o quince años, carirredonda, de ojos
+pequeños, nariz arremolachada y algunos costurones en el cuello,
+pregoneros de un temperamento escrofuloso. Esta niña gastaba aún los
+cabellos trenzados, con un lacito en la punta de la trenza, lo mismo que
+la última de las de Alcudia, con quien sostenía tímida e intermitente
+conversación. Esta, y sus hermanas, llevaban en la cabeza sendos y
+caprichosos sombreros, mientras Esperancita (que así nombraban a la hija
+de los amos) andaba con su cabecita redonda al descubierto. El traje una
+_matinée_ azul, demasiadamente corta para sus años. Los señores de
+Calderón solo tenían esta hija y un niño de dos años. Frente a la
+señora, reclinado en una butaca igual, estaba el general Patiño, conde
+de Morillejo. Hállase entre los cincuenta y sesenta, pero conserva en
+sus ojos el fuego de la juventud; sus cabellos grises están
+esmeradamente peinados, los largos bigotes a lo Víctor Manuel, la
+perilla apuntada, la nariz aguileña le dan un aspecto simpático y
+gallardo. Es el tipo perfecto del veterano aristócrata. A su lado, en
+otra butaca, estaba Calderón, hombre de unos cincuenta años, grueso, de
+cara redonda y sonrosada, adornada por cortas patillas grises; los ojos
+redondos, vagos y mortecinos. Cerca de él una señora anciana, que era la
+madre de la esposa de Calderón, aunque mucho se diferenciaba de ella en
+el rostro y la figura: delgada al punto de no tener más que la piel
+sobre los huesos, morena, ojos hundidos y penetrantes, revelando en
+todos los rasgos de su fisonomía inteligencia y decisión. Hablando con
+ella está Pinedo, el inquilino del cuarto tercero. Aunque su bigote no
+tiene canas, se adivina fácilmente que está teñido: su rostro es el de
+un hombre que anda cerca de los sesenta: fisonomía bonachona, ojos
+saltones que se mueven con viveza, como los que poseen un temperamento
+observador. Viste con elegancia y manifiesta extraordinaria pulcritud en
+toda su persona.
+
+Al ver en la puerta a nuestra bellísima dama, la tertulia se conmovió.
+Todos se alzan del asiento, excepto la señora de Calderón, en cuyo
+rostro parado se dibujó una vaga sonrisa de placer.
+
+--¡Ah, Clementina! ¡Qué milagro el verte por aquí, mujer!
+
+La dama se adelantó sonriente, y mientras besaba a las señoras y daba la
+mano a los caballeros, respondía a la cariñosa reprensión de su cuñada.
+
+--¡Anda! Aplícate la venda, hija, tú que no pareces por mi casa más que
+por semestres.
+
+--Yo tengo hijos, querida.
+
+--¡Miren ustedes qué disculpa! Yo también los tengo.
+
+--En Chamartín.
+
+--Bueno; el tener hijos no te priva de ir al Real y al paseo.
+
+Clementina se sentó entre su cuñada y la marquesa de Alcudia. Los demás
+volvieron a ocupar sus asientos.
+
+--¡Ay, hija!--exclamó aquélla respondiendo a la última frase.--¡Si
+vieras qué catarrazo he pillado la otra noche en el teatro! El tonto de
+Ramoncito Maldonado es el que ha tenido la culpa. Con tanto saludo y
+tanta ceremonia, no acababa de cerrar la puerta del palco. Aquel aire
+colado se me metió en los huesos.
+
+--Ha tenido fortuna ese aire--manifestó con sonrisa galante el general
+Patiño.
+
+Todos sonrieron menos la interesada, que le miró con sorpresa abriendo
+mucho los ojos.
+
+--¿Cómo fortuna?
+
+Fué necesario que el general le diese la galantería mascada; sólo
+entonces la pagó con una sonrisa.
+
+--¿No es verdad que ha estado muy bien Gayarre?--dijo Clementina.
+
+--¡Admirable! como siempre--respondió su cuñada.
+
+--Yo le encuentro falto de maneras--expresó el general.
+
+--¡Oh, no, general!... Permítame usted....
+
+Y se empeñó una discusión sobre si el famoso tenor poseía o no poseía el
+arte escénico, si era o no elegante en su vestir. Las señoras se
+pusieron de su parte. Los caballeros le fueron adversos.
+
+Del tenor pasaron a la tiple.
+
+--Es toda una hermosa mujer--dijo el general con la seguridad y el
+acento convencido de un inteligente.
+
+--¡Oh!--exclamó Calderón.
+
+--Pues yo encuentro a la Tosti bastante ordinaria, ¿no le parece a
+usted, Clementina?
+
+Esta corroboró la especie.
+
+--No diga usted eso, marquesa; el que una mujer sea alta y gruesa no
+indica que sea ordinaria, si tiene arrogancia en el porte y distinción
+en las maneras--se apresuró a decir el general, echando al mismo tiempo
+una miradita a la señora de Calderón.
+
+--Ni yo sostengo eso, general; no tome usted el rábano por las
+hojas--manifestó la marquesa con extraordinaria viveza, atacando después
+con brío y un poquillo irritada la gracia y buen talle de la tiple.
+
+Generalizóse la disputa, y sucedió lo contrario que en la anterior. Los
+caballeros se mostraron benévolos con la cantante mientras las señoras
+le fueron hostiles. Pinedo la resumió, diciendo en tono grave y solemne,
+donde se notaba, sin embargo, la socarronería:
+
+--En la mujer, las buenas formas son más esenciales que en el hombre.
+
+Clementina y el general cambiaron una sonrisa y una mirada
+significativas. La marquesa miró al pulcro caballero con dureza y
+después se volvió rápidamente hacia sus hijas, que seguían con los ojos
+bajos, en la misma actitud rígida y silenciosa de siempre. Pinedo
+permaneció grave e indiferente, como si hubiese dicho la cosa más
+natural del mundo.
+
+--Pues yo, amigo Pinedo, creo que los hombres deben tener también buenas
+formas--manifestó la pánfila señora de Calderón.
+
+Al decir esto se oyó un resuello débil, como de risa reprimida con
+trabajo. Era la última niña de la marquesa de Alcudia, a quien su mamá
+dirigió una mirada pulverizante. La fisonomía de la niña volvió
+instantáneamente a su primitiva expresión tímida y modesta.
+
+--Es una opinión ...--respondió Pinedo, inclinándose respetuosamente.
+
+Este Pinedo, que ocupaba uno de los cuartos terceros de la misma casa
+propiedad de Calderón, desempeñaba un empleo de bastante importancia en
+la Administración pública. Los vaivenes de la política no lograban
+arrancarle de él. Tenía amigos en todos los partidos, sin que se hubiese
+jamás decidido por ninguno. Hacía la vida del hombre de mundo; entraba
+en las casas más aristocráticas de la corte; trataba familiarmente a la
+mayoría de los personajes de la banca y la política; era socio antiguo
+del _Club de los Salvajes_, donde se placa en bromear todas las noches
+con los jóvenes aristócratas que allí se reunían, quienes le trataban
+con harta confianza que no pocas veces degeneraba en grosería. Era
+hombre afable, inteligente, muy corrido y experto en el trato de los
+hombres; tolerante con toda clase de vanidades por el mismo desprecio
+que sentía hacia ellas. No obstante, con la apariencia de hombre cortés
+e inofensivo, guardaba en el fondo de su alma un fondo satírico que le
+servía para vengarse lindamente, con alguna frase incisiva y oportuna,
+de las demasías de sus amiguitos los sietemesinos del _Club_. Estos le
+profesaban una mezcla de afecto, desprecio y miedo. Nadie conocía su
+procedencia, aunque se daba por seguro que había nacido en humilde cuna.
+Unos le hacían hijo de un carnicero de Sevilla; otros le declaraban
+granuja de la playa de Málaga en su juventud. Lo que se sabía de
+positivo, era que hacía ya muchos años había aparecido en Madrid como
+parásito de un título andaluz, el cual, después de haber disipado su
+fortuna, se saltó los sesos. En la compañía de éste, nuestro Pinedo
+adquirió gran número de relaciones útiles, llegó a conocer y tratar a
+toda la gente que hacía viso, entre la cual era popular. Tenía el buen
+tacto de echarse a un lado cuando tropezaba con un hombre inflado y
+soberbio, dejándole paso. No excitaba los celos de nadie y esto es medio
+seguro de no ser aborrecido. Al mismo tiempo su ingenio, su carácter
+socarrón, que procuraba mantener siempre dentro de ciertos límites,
+despertaba a menudo la alegría en las tertulias; bastaba para darle en
+ellas cierta significación, que de otro modo no hubiera disfrutado.
+
+No tenía más familia que una hija de diez y ocho años llamada Pilar. Su
+mujer, a quien nadie conoció, había muerto muchos años hacía. Su sueldo
+era de cuarenta mil reales, y con él vivían económicamente padre e hija,
+en el tercero que Calderón les dejaba por veintidós duros al mes. Los
+gastos mayores de Pinedo eran de representación. Como frecuentaba una
+sociedad muy superior a la que, dada su posición, le correspondía, era
+preciso vestir con elegancia y asistir a los teatros. Comprendiendo la
+necesidad absoluta de seguir cultivando sus relaciones, que eran las
+pilastras en que su empleo se sustentaba, imponíase tales dispendios sin
+vacilar, ahorrándolo en otras partidas del presupuesto doméstico. Vivía,
+pues, en situación permanente de equilibrio. El empleo le permitía
+frecuentar la sociedad de los prepotentes, mientras éstos le ayudaban
+inconscientemente a mantenerse en el empleo. Ningún ministro se atrevía
+a dejar cesante a un hombre con quien iba a tropezar en todas las
+tertulias y saraos de la corte. Luego Pinedo tenía el honor de hablar
+alguna vez con las personas reales: ciertas frases suyas corrían por los
+salones y se celebraban más quizá de lo que merecían, por lo mismo que
+en los salones suele haber poco ingenio: tiraba bastante bien con
+carabina y con pistola y era inteligentísimo y poseía una copiosa
+biblioteca tocante al arte culinario. Los más altos personajes se
+sentían lisonjeados cuando oían decir que Pinedo elogiaba a su cocinero.
+
+--¿Cuándo has estado en el colegio, Pacita?--le preguntó en voz baja
+Esperanza a la menor de la marquesa de Alcudia.
+
+--Pues el viernes; ¿no sabes que mamá nos lleva todos los viernes a
+confesar? ¿Y tú?
+
+--Yo hace lo menos tres semanas que no he estado. Mamá y yo nos
+confesamos cada mes.
+
+--¿Y se conforma con eso el padre Ortega?
+
+--A mí no me dice nada.... No sé si a mamá....
+
+--No le dirá, no: ya sabe muy bien dónde pone el pie. ¿Has visto a las
+de Mariani?
+
+--Sí; hace pocos días, en el Retiro.
+
+--¿No sabes que María se ha echado un novio?
+
+--No me ha dicho nada.
+
+--Sí, de caballería ... hijo del brigadier Arcos.... ¡Un tío más
+desgalichado! Feo no es; pero le tiemblan las piernas cuando anda como
+si saliese del hospital.... Ya ves, como la mamá es querida del
+brigadier ... todo queda en casa.
+
+--Y tú, ¿sigues con tu primo?
+
+--No te lo puedo decir. El lunes se marchó enfadado y no ha vuelto por
+casa. Mi primo no es lo que parece; no es una mosquita muerta, sino un
+pillo muy largo, que si le dan el pie se toma la mano.... ¡Anda! pues si
+no anduviese yo con ojo, no sé adonde hubiera parado con la marcha que
+llevaba.... ¿Sabes que estaba empeñado en que le regalase mis ligas?
+
+--¡Jesús!--exclamó la niña de Calderón riendo.
+
+--Lo que oyes, hija.... Por supuesto que yo le puse de sucio y de
+gorrino que no había por dónde cogerle.... Se marchó muy amoscado, pero
+ya volverá.
+
+--Tu primo monta muy bien. Le he visto ayer a caballo.
+
+--Lo único que sabe hacer. Las letras le estorban. Se ha examinado ya
+seis veces de Derecho romano y siempre ha salido suspenso.
+
+--¡Qué importa!--exclamó la niña de Calderón con un desprecio que
+hubiera estremecido a Heinecio en su tumba. Y añadió en seguida:
+
+--¿Esos sombreros os los ha hecho Mme. Clement?
+
+--No, los ha encargado mamá a París por la señora de Carvajal, que ha
+llegado el sábado.
+
+--Son muy bonitos.
+
+--Más que los que hace Mme. Clement ya son.
+
+Y se enfrascaron por breves momentos en una plática de moda.
+
+La niña de Calderón, que era bastante fea, poseía, no obstante, cierto
+atractivo que provenía acaso de sus cortos años, acaso también de una
+boca de labios gruesos y frescos y dientes iguales y blancos, donde la
+sensualidad había dejado su sello. La última de Alcudia era una chicuela
+de temperamento enfermizo, que no tenía más que huesos y ojos.
+
+--Oye--le dijo Esperanza cuando se hubieron cansado de hablar de
+sombreros--, ¿sabes que el último día que he estado en el colegio les
+llevé el retrato de mi hermanito?... Verás qué paso más gracioso. Lo han
+retratado desnudo, y como tiene aquello descubierto, la hermana María de
+la Saleta no quería enseñarlo a las niñas. Las chicas comenzaron a
+gritar: "¡queremos verlo! ¡queremos verlo!" ¿Sabes lo que hizo entonces?
+Pues lo fué enseñando con la mano puesta encima, dejando sólo ver el
+pecho y la cabeza.
+
+--¡Chica, qué gracia tiene eso!--exclamó Pacita soltando la carcajada.
+
+Esperanza la secundó, riendo ambas de tan buena gana que concluyeron por
+llamar la atención de la tertulia, sobre todo de la marquesa, que volvió
+a dirigir a su hija una mirada severísima.
+
+Entraba en aquel momento una señora que representaba cuarenta años; el
+rostro, hermoso aún, pintado, con señales impresas más que de los años,
+de una vida agitada y galante.
+
+--Aquí está Pepa Frías--dijo sonriendo Mariana, la esposa de Calderón.
+
+--Eso es; aquí está Pepa Frías--respondió con afectado mal humor la
+misma--. Una mujer que no tiene pizca de vergüenza al poner los pies en
+esta casa.
+
+Los tertulios rieron.
+
+--¿Tú te crees por lo visto que soy de la Inclusa? ¿que no tengo casa?
+Pues sí que la tengo, Salesas, 60, principal.... Es decir, la tiene el
+casero.... Pero le pago, lo que no harán seguramente todos tus
+inquilinos. Perdone usted, Pinedo; no le había visto.... Y también tengo
+mis sábados ... y no hay tanto calor como aquí ¡uf! y doy chocolate y
+té, y conversación y todo ... lo mismo que aquí.
+
+Mientras decía esto, iba saludando a los circunstantes con semblante
+furioso. Pero como todos sabían a qué atenerse, reían.
+
+Era una mujer metida en carnes, los cabellos artificialmente rubios, los
+ojos un poco saltones, pero hermosos, la boca fresca y sensual; una
+mujer agradable, en suma, que había tenido y que seguía teniendo, a
+pesar de sus años, muchos apasionados.
+
+--Lo que no hay--añadió acercándose a la señora de Calderón y dándole
+dos sonoros besos en las mejillas--es una mujer tan ingrataza y tan
+insignificante como tú.... Por supuesto, que yo no vengo ya a verte a
+ti, sino a mi señor D. Julián, que alguna vez que otra sube a darme las
+buenas tardes y a decirme cómo anda la cotización.... Y a propósito de
+cotización, Clementina, dile a tu marido que suspenda aquello hasta que
+le avise.... Mejor dicho, no le digas nada; yo pasaré esta noche por tu
+casa.
+
+--¡Pero hija, qué líos traes siempre con el papel y la Bolsa y las
+acciones!--exclamó Mariana.
+
+--Pues los mismos que tú traerías si no tuvieses un marido tan activo
+que se encarga de calentarse la cabeza para que tú la tengas fresca y
+descansada....
+
+--Vaya, Pepa, no me eche usted piropos, que voy a ponerme colorado--dijo
+Calderón.
+
+--No digo más que la verdad. ¡Si creerán que es plato de gusto estar
+pensando en si baja o si sube el papel, escribir cartas y endosos y
+andar camino del Banco!
+
+--Imagino yo, Pepa--manifestó el general con sonrisa galante--que por
+más que diga, usted tiene afición a los negocios.
+
+--¿Imagina usted? ¡Qué raro!
+
+--No tengo tanta imaginación como usted, pero alguna sí--respondió el
+general un poco molestado por la risa que la frase de Pepa había
+producido.
+
+Esta Pepa era una mujer que gozaba fama de chistosa en sociedad, aunque
+realmente su gracia se confundía a menudo con la desvergüenza. Hablar
+siempre con rostro enojado, llamar a las cosas por su nombre, por crudo
+que fuese, decir una fresca al lucero del alba; tales eran las
+cualidades que habían logrado darle popularidad en los salones. Había
+quedado viuda bastante joven, con dos hijos, un varón que había seguido
+la carrera de marino y que a la sazón estaba navegando, y una hija a
+quien había casado hacía un año. Su marido había sido comerciante, y en
+los últimos años jugaba en la Bolsa con fortuna. En esta temporada, Pepa
+contrajo la misma pasión. Una vez viuda siguió alimentándola. La
+prudencia, o por mejor decir la timidez que caracteriza a las mujeres en
+los negocios, la habían librado de la ruina, que suele ser, tarde o
+temprano, inevitable para los apasionados al juego. Algo se había
+mermado su fortuna, pero aún disfrutaba de un envidiable bienestar.
+
+--Pepa, el asunto marcha admirablemente--dijo Pinedo--. De Zaragoza han
+pedido un volcán y en la Coruña ha resuelto el Ayuntamiento establecer
+dos, al oriente y al poniente de la ciudad.
+
+--Me alegro, me alegro muchísimo. ¿De manera que no suelto las acciones?
+
+--Nunca; el sindicato tiene seguridad de que antes de un mes subirán a
+trescientos.
+
+Los pocos que estaban en la broma rieron. Los demás fijaron en ellos sus
+ojos con curiosidad.
+
+--¿Qué es eso de los volcanes, Pinedo?--preguntó la esposa de Calderón.
+
+--Señora, se ha formado una sociedad para establecer volcanes en las
+poblaciones.
+
+--¡Ah! ¿Y para que sirven esos volcanes?
+
+--Para la calefacción, y además como objeto de adorno.
+
+Todos comprendieron ya la burla menos la linfática señora, que siguió
+preguntando con interés los pormenores del negocio. Los tertulios reían,
+hasta que Calderón, entre risueño y enojado, exclamó:
+
+--¡Pero mujer, no seas tan cándida! ¿No ves que es una guasa que se
+traen Pepa y Pinedo?
+
+Estos protestaron afectando gran formalidad, pero la primera dijo al
+oído del segundo:
+
+--Si será pánfila esta Mariana, que hace ya tres meses que el general
+Cruzalcobas le está haciendo el amor y aún no se ha enterado.
+
+Así llamaba Pepa al general Patiño, y no sin fundamento. A pesar de su
+apuesta figura un tanto averiada, y de su continente marcial, Patiño era
+un veterano falsificado. Sus grados habían sido ganados sin derramar una
+gota de sangre. Primero como ayo instructor del arte militar de una
+persona real; miembro después de algunas comisiones científicas, y
+empleado últimamente en el ministerio de la Guerra, cultivando la
+amistad de todos los personajes políticos; diputado varias veces;
+senador por fin y ministro del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, no
+había estado en el campo de batalla sino persiguiendo a un general
+revolucionario, y eso con firme propósito de no alcanzarle nunca. Como
+había viajado un poco y se jactaba de haber visto todos los adelantos
+del arte de la guerra, pasaba por militar instruído. Estaba suscrito a
+dos o tres revistas científicas; citaba en las tertulias, cuando se
+tocaba a su profesión, algunos nombres alemanes; para discutir empleaba
+un tono enfático y sacaba voz de gola que imponía respeto a los oyentes.
+Pero la verdad es que las revistas se quedaban siempre por abrir sobre
+la mesa de noche, y los nombres alemanes, aunque bien pronunciados, no
+eran más que sonidos en su boca. Preciábase de militar a la moderna por
+esto y por vestir siempre de paisano. Amaba las artes, sobre todo la
+música: abonado constante al teatro Real y a los cuartetos del
+Conservatorio. Amaba también las flores y las mujeres, muy especialmente
+a la mujer del prójimo. Era catador insaciable de la fruta del cercado
+ajeno. Su vida se deslizaba modesta y feliz, regando las gardenias de su
+jardincito de la calle de Ferraz y seduciendo a las esposas de los
+amigos. Hacía esto último por vocación, como se deben hacer las cosas, y
+ponía en ello todo el empeño y concentraba todas las fuerzas de su
+lúcida inteligencia, lo cual es de absoluta necesidad para hacer algo
+grande y provechoso en el mundo. Sus conocimientos estratégicos, que no
+había tenido ocasión de aplicar en el campo de batalla, servíanle
+admirablemente para entrar a saco en el corazón de las bellas damas de
+la corte. Bloqueaba primero la plaza con miradas lánguidas, acudiendo a
+los teatros, al paseo, a las iglesias que ellas frecuentaban. En todas
+partes el sombrero flamante y reluciente de Patiño se agitaba en el aire
+declarando la ardiente y respetuosa pasión de su dueño. Estrechaba
+después el cerco intimando en la casa, trayendo confites a los niños,
+comprándoles juguetes y libros de estampas, llevándoles alguna vez a
+almorzar. Se hacía querer de los criados con regalos oportunos. Venía
+después el asalto; la carta o la declaración verbal. Aquí desplegaba
+nuestro general una osadía y un arrojo singulares que, contrastaban
+notablemente con la prudencia y habilidad del cerco. Esta complejidad de
+aptitudes ha caracterizado siempre a los grandes capitanes, Alejandro,
+César, Hernán Cortés, Napoleón.
+
+Los años no conseguían ni calmar su pasión por las altas empresas ni
+mermar sus extraordinarias facultades. O por mejor decir lo que perdía
+en vigor ganábalo en arte, con lo que se restablecía el equilibrio en
+aquel privilegiado temperamento. Mas la fortuna, según ha tenido a bien
+comunicar a varios filósofos, se niega a ayudar a los viejos. El insigne
+capitán había experimentado en los últimos tiempos algunos descalabros
+que no podían atribuirse a falta de previsión o valor, sino a la
+versatilidad de la suerte. Dos jóvenes casadas le habían dado calabazas
+consecutivamente. Como sucede a todos los hombres de verdadero genio en
+quien los reveses no producen desmayos femeniles, antes sirven para
+concentrar y vigorizar las fuerzas de su espíritu. Patiño no lloró como
+Augusto sobre sus legiones. Pero meditó, y meditó largamente. Y su
+meditación fué de fecundos resultados. Un nuevo plan estratégico,
+asombroso como todos los suyos, surgió del torbellino de sus
+pensamientos elevados. Dándose cuenta perfecta del estado y cantidad de
+sus fuerzas de ataque y calculando con admirable precisión el grado de
+resistencia que podían ofrecerle sus dulces enemigos, comprendió que no
+debía atacar las plazas nuevas, cuyas fortificaciones son siempre más
+recias, sino aquellas que por su antigüedad empezasen ya a desmoronarse.
+Tal viva penetración del arte y tal destreza en la ejecución como el
+general poseía, anunciaban desde luego la victoria. Y, en efecto, a
+consecuencia del nuevo y acertado plan de ataque, comenzaron a rendirse
+una en pos de otra, a sus armas, no pocas bellezas de las mejor
+sazonadas y maduras de la capital. Y en los brazos de estas Venus de
+plateados cabellos siguió recogiendo el merecido premio a su prudencia y
+bravura.
+
+Como el cartaginés Aníbal, Patiño sabía variar en cada ocasión de
+táctica, según la condición y temperamento del enemigo. Con ciertas
+plazas convenía el rigor, desplegar aparato de fuerza. En otras era
+necesario entrar solapadamente sin hacer ruido. A una dama le gustaba el
+aspecto marcial y varonil del conquistador; se deleitaba escuchando las
+memorables jornadas de Garravillas y Jarandilla, cuando iba persiguiendo
+a los sublevados. A otra le placa oirle disertar en estilo correcto con
+su hermosa voz de gola, acerca de los problemas políticos y militares. A
+otra en fin, le extasiaba oirle interpretar alguna famosa melodía de
+Mozart o Schuman en el violoncelo. Porque nuestro héroe tocaba el
+violoncelo con rara perfección y fuerza es confesar que este
+delicadísimo instrumento le ayudó poderosamente en las más de sus
+famosas conquistas. Arrastraba las notas de un modo irresistible,
+indicando bien claramente que, a pesar de su arrojado y belicoso
+temperamento, poseía un corazón sensible a las dulzuras del amor. Y por
+si este arrastre oportunísimo de las notas no lo decía con toda
+claridad, corrobóralo un alzar de pupilas y meterlas en el cogote,
+dejando descubierto sólo el blanco de los ojos, cuando llegaba al punto
+álgido o patético de la melodía, que realmente era para impresionar a
+cualquier belleza por áspera que fuese.
+
+La maliciosa insinuación de Pepa Frías tenía fundamento. El bravo
+general hacía ya algún tiempo "que estaba poniendo los puntos" a la
+señora de Calderón, aunque ésta no daba señales de advertirlo. Jamás en
+sus muchas y brillantes campañas se le había presentado un caso
+semejante. Disparar contra una plaza durante algunos meses cañonazos y
+más cañonazos, meter dentro de ella granadas como cabezas y permanecer
+tan sosegada, durmiendo a pierna suelta como si le echasen bolitas de
+papel. Cuando el general le soltaba algún requiebro a quemarropa,
+Mariana sonreía bondadosamente.
+
+--Cállese usted, pícaro. ¡Buen pez debió usted de haber sido en sus
+buenos tiempos!
+
+Patiño se mordía los labios de coraje. ¡Los buenos tiempos! ¡El, que
+pensaba que nunca los había tenido mejores! Pero con su inmenso talento
+diplomático sabía disimular y sonreía también como el conejo.
+
+--¿Cuándo te han comprado esa pulsera?--preguntó Pacita a Esperanza,
+reparando en una caprichosa y elegante que ésta traía.
+
+--Me la ha regalado el general hace unos días.
+
+--¡Ah! ¿El general, por lo visto, te hace muchos regalos?--dijo la de
+Alcudia con leve expresión irónica que su amiga no entendió.
+
+--Sí; es muy bueno, siempre nos trae regalos. A mi hermanito le ha
+comprado una medalla preciosa.
+
+--¿Y a tu mamá no le hace regalos?
+
+--También.
+
+--¿Y qué dice tu papá?
+
+--¿Mi papá?--exclamó la niña levantando los ojos con sorpresa--, ¿qué ha
+de decir?
+
+Pacita, sin contestar, llamó la atención de una de sus hermanas.
+
+--Mercedes, mira qué pulsera tan bonita le ha regalado el general a
+Esperanza.
+
+La segunda de Alcudia perdió su rigidez por un momento, y tomando el
+brazo de Esperanza la examinó con curiosidad.
+
+--Es muy bonita. ¿Te la ha regalado el general?--preguntó cambiando al
+mismo tiempo con su hermana una mirada maliciosa.
+
+--Aquí está Ramoncito--dijo Esperanza volviendo los ojos a la puerta.
+
+--¡Ah! Ramoncito Maldonado.
+
+Un joven delgado, huesudo, pálido, de patillas negras que tocaban en la
+nariz, como las gastaba entonces el rey, y a su imitación muchos jóvenes
+aristócratas, entró sonriente y comenzó a saludar con desembarazo a
+todos, apretándoles la mano con leve sacudida y acercándola al pecho,
+del modo extravagante que se hace algunos años entre los pisaverdes
+madrileños. En cuanto él entró esparcióse por la habitación un perfume
+penetrante.
+
+--¡Jesús, qué peste!-exclamó por lo bajo Pepa Frías después de darle la
+mano-. ¡Qué afeminado es este Ramoncito!
+
+--¡Hola, barbián!-dijo el joven tomando de la barba con gran
+familiaridad a Pinedo-. ¿Qué te has hecho ayer? Pepe Castro ha
+preguntado por ti....
+
+--¿Ha preguntado por mí Pepe Castro? ¡Tanto honor me confunde!
+
+Causaba cierta sorpresa ver a Maldonado tutear a un hombre ya entrado en
+años y de venerable aspecto. Todos los mozalbetes del _Club de los
+Salvajes_ hacían lo mismo, sin que Pinedo se diese por ofendido.
+
+--Ahí tienes a Mariana--siguió éste--que acaba de hablar perrerías de
+ti, y con razón.
+
+--¿Pues?
+
+--No haga usted caso, Ramoncito--exclamó la señora de Calderón asustada.
+
+--Y Pepa también.
+
+--¿Usted, Pepa?-preguntó el mancebo queriendo demostrar desembarazo,
+pero inquieto en realidad, porque la de Frías era con razón temida.
+
+--Yo, sí. Vamos a cuentas, Ramoncito, ¿qué se propone usted echando
+sobre sí tanto perfume? ¿Es que pretende usted seducirnos a todas por el
+órgano del olfato?
+
+--Por cualquier órgano me agradaría seducir a usted, Pepa. La tertulia
+celebró la respuesta. Se oyó una espontánea carcajada. Pacita la había
+soltado. Su mamá se mordió los labios de ira y encargó a la hija que
+tenía más cerca que hiciese presente a la otra, para que a su vez lo
+comunicase a la menor, que era una desvergonzada y que en llegando a
+casa se verían las caras.
+
+--¡Hombre, bien! choque usted--exclamó la de Frías, dando la mano a
+Ramoncito-. Es la única frase regular que le he oído en mi vida.
+Generalmente no dice usted más que tonterías.
+
+--Muchas gracias.
+
+--No hay de qué.
+
+--Ya hemos leído la pregunta que usted hizo en el Ayuntamiento,
+Ramoncito--dijo la señora de Calderón, mostrándose amable para
+desvirtuar la acusación de Pinedo.
+
+--¡Ps! cuatro palabrejas.
+
+--Por ahí se empieza, joven--manifestó Calderón con acento Protector.
+
+--No; no se empieza por ahí--dijo gravemente Pinedo--. Se empieza por
+_rumores_. Luego vienen las _interrupciones.... (¡Es inexacto!
+¡Pruébemelo su señoría! La culpa es de los amigos de su señoría.)_ En
+seguida llegan los ruegos y las preguntas. Después la explicación de un
+voto particular o la defensa de una proposición incidental. Por último,
+la intervención en los grandes debates económicos.... Pues bien. Ramón
+se encuentra ya en la tercer categoría, en la de los ruegos.
+
+--Gracias, Pinedito, gracias--respondió el joven algo amoscado--.Pues ya
+que he llegado a esa categoría, _te ruego_ que no seas tan guasón.
+
+--¡Hombre, tampoco está mal eso!--exclamó Pepa Frías con asombro--.
+Ramoncito, va usted echando ingenio.
+
+El joven concejal fué a sentarse entre la niña de la casa y la menor de
+Alcudia, que se apartaron de mala gana para dejarle introducir su silla.
+Este Maldonado, muchacho de buena familia, no enteramente desprovisto de
+bienes de fortuna y elegido recientemente concejal por la Inclusa,
+dirigía desde hace algún tiempo sus obsequios a la niña de Calderón. Era
+un matrimonio bastante proporcionado, al decir de los amigos. Esperanza
+sería más rica que Ramoncito, porque la hacienda de D. Julián era sólida
+y considerable; pero aquél, que tampoco estaba en la calle, tenía ya
+comenzada con buenos auspicios su carrera política. Los padres de la
+chica ni se oponían ni alentaban sus pretensiones. Con el aplomo y la
+superioridad que da el dinero, Calderón apenas fijaba la atención en
+quién requería de amores a su hija, abrigando la seguridad de que no le
+faltarían buenos partidos cuando quisiera casarla. Y en efecto, cinco o
+seis pollastres de lo más elegante y perfilado de la sociedad madrileña
+zumbaban en los paseos, en las tertulias y en el teatro Real alrededor
+de la rica heredera, como zánganos en torno de una colmena. Ramoncito
+tenía varios rivales, algunos de consideración. No era lo peor esto,
+sino que la niña, tan apagada de genio, tan tímida y silenciosa
+ordinariamente, sólo con él era atrevida y desenfadada, autorizándose
+bromitas más o menos inocentes, respuestas y gestos bruscos que
+mostraban bien claro que no le tomaba en serio. Por eso le decía a
+menudo Pepe Castro, su amigo y confidente, que se hiciese valer un poco
+más; que no se manifestase tan rendido ni ansioso; que a las mujeres hay
+que tratarlas con un poco de desdén.
+
+Este Pepe Castro no sólo era el amigo y el confidente de Maldonado, pero
+también su modelo en todos los actos de la vida social y privada. Los
+juicios que pronunciaba acerca de las personas, los caballos, la
+política (de esto hablaba pocas veces), las camisas y los bastones eran
+axiomas incontrovertibles para el joven concejal. Imitábale en el
+vestir, en el andar, en el reir. Si el otro compraba una jaca española
+cruzada, ya estaba Ramoncito vendiendo la suya inglesa para adquirir
+otra parecida; si le daba por saludar militarmente llevándose la mano
+abierta a la sien, a los pocos días Ramoncito saludaba a todo el mundo
+como un recluta; si tomaba una chula por querida, no tardaba mucho
+nuestro joven en pasear por los barrios bajos en busca de otra. Pepe
+Castro se peinaba echando el pelo hacia adelante, para ocultar cierta
+prematura calva. Ramoncito, que tenía un pelo hermoso se peinaba
+también hacia adelante. Hasta la calva hubiera imitado con gusto por
+parecerle más _chic_. Pues bien, a pesar de tan devota imitación no
+había podido obedecerle en lo tocante a sus incipientes amores. Y esto
+porque, aunque parezca raro, Ramoncito había llegado a interesarse de
+verdad por la niña. El amor pocas veces es un sentimiento simple. A
+menudo contribuyen formarle y darle vida otras pasiones, como la
+vanidad, la avaricia, la lujuria, la ambición. Así formado apenas se
+distingue del verdadero amor: inspira el mismo vigilante cuidado y causa
+las mismas zozobras y penas. Ramoncito se creía sinceramente enamorado
+de Esperancita, y acaso tuviera razón para ello, pues la apetecía,
+pensaba en ella a todas horas, buscaba con afán los medios de agradarla
+y aborrecía de muerte a sus rivales. Por mas que se esforzaba en seguir
+los consejos del admirado Pepe Castro, procurando ocultar su inclinación
+o al menos la vehemencia con que la sentía, no lo lograba. Había
+empezado por cálculo a festejarla, con el dominio sobre sí de un hombre
+que tiene libre el corazón: había llegado pronto, gracias a la
+resistencia desdeñosa de la chica, a preocuparse vivamente, a sentirse
+aturdido y fascinado en su presencia. Luego la competencia de otros
+pollos le encendía la sangre y los deseos de hacerse pronto dueño de la
+mano de la niña. En obsequio a la verdad, hay que decir que se había
+olvidado "casi" de los millones de Calderón, que amaba ya a la hija
+"casi" desinteresadamente.
+
+--¿Conque ha hablado usted en el Ayuntamiento, Ramón?--le preguntó
+Pacita--. ¿Y qué ha dicho usted?
+
+--Nada, cuatro palabras sobre el servicio de alcantarillas--respondió
+con afectado aire de modestia el joven.
+
+--¿Pueden ir las señoras al Ayuntamiento?
+
+--¿Por qué no?
+
+--Pues yo quisiera mucho oirle hablar un día.... Y Esperancita tiene más
+deseos que yo, de seguro.
+
+--¡No, no!... Yo no--se apresuró a decir la niña.
+
+--Vamos, chica, no lo disimules. ¿No has de tener ganas de oir hablar a
+tu novio?
+
+Esperanza se puso como una amapola y exclamó precipitadamente:
+
+--Yo no tengo novio, ni quiero tenerlo.
+
+Ramoncito también se puso colorado.
+
+--¡Pero qué cosas tan horribles tienes, Paz!--siguió aturdida y
+confusa--. No vuelvas a hablar así porque me marcho de tu lado.
+
+--Perdona, hija--dijo la maliciosa niña, que se gozaba en el
+aturdimiento de su amiga y del concejal--. Yo creía.... Hay muchos que
+lo dicen.... Entonces, si no es Ramón será Federico.... Maldonado
+frunció el entrecejo.
+
+--Ni Federico ni nadie.... ¡Déjame en paz!... mira, aquí está el padre
+Ortega; levántate.
+
+
+
+
+II
+
+#Más personajes.#
+
+
+Un clérigo alto, de rostro pálido y redondo, joven aún, con ojos azules
+y mirada vaga de miope, apareció en la puerta. Todos se levantaron. La
+marquesa de Alcudia avanzó rápidamente y fué a besarle la mano. Detrás
+de ella hicieron lo mismo sus hijas, Mariana y las demás señoras de la
+tertulia.
+
+--Buenas tardes, padre--. Buenos ojos le vean, padre--. Siéntese aquí,
+padre.--No, ahí no, padre; véngase cerca del fuego.
+
+El sexo masculino le fué dando la mano con afectuoso respeto. La voz del
+sacerdote, al preguntar o responder en los saludos era suave, casi de
+falsete, como si en la pieza contigua hubiese un enfermo; su sonrisa era
+triste, protectora, insinuante. Parecía que le habían arrancado a su
+celda y a sus libros con gran trabajo, que entraba allí con repugnancia,
+sólo por hacer algún bien con el contacto de su sabia y virtuosísima
+persona a aquellos buenos señores de Calderón, de quienes era director
+espiritual. Sus hábitos y sotana eran finos y elegantes; los zapatos de
+charol con hebilla de plata; las medias de seda.
+
+Le dieron la enhorabuena calurosamente por una oración que había
+pronunciado el día anterior en el oratorio del Caballero de Gracia. El
+se contentó con sonreír y murmurar dulcemente:
+
+--Dénsela a ustedes, señoras, si han sacado algún fruto.
+
+El padre Ortega no era un clérigo vulgar, al menos en la opinión de la
+sociedad elegante de la corte, donde tenía mucho partido. Sin pecar de
+entremetido frecuentaba las casas de las personas distinguidas. No le
+gustaba hacer ruido ni llamar la atención de las tertulias sobre sí. No
+daba ni admitía bromas, ni tenía el temperamento abierto y jaranero que
+suele caracterizar a los sacerdotes que gustan del trato social. Si era
+intrigante, debía de serlo de un modo distinto de lo que suele verse en
+el mundo. Discreto y afable, humilde, grave y silencioso cuando se
+hallaba en sociedad, procurando borrar y confundir su personalidad
+entre las demás, adquiría relieve cuando subía a la cátedra del Espíritu
+Santo, lo que hacía a menudo. Allí se expresaba con desenfado y
+verbosidad sorprendentes. No lograba conmover al auditorio ni lo
+pretendía, pero demostraba un talento claro y una ilustración poco común
+en su clase. Porque era de los poquísimos sacerdotes que estaban al
+tanto de la ciencia moderna, o al menos semejaba estarlo. En vez de las
+pláticas morales que se usan y de las huecas y disparatadas
+declamaciones de sus colegas contra la ciencia y la razón, los sermones
+de nuestro escolapio trascendían fuertemente a lecturas modernísimas: en
+todos ellos procuraba demostrar directa o indirectamente que no existe
+incompatibilidad entre los adelantos de la ciencia y el dogma. Hablaba
+de la evolución, del transformismo, de la lucha por la existencia,
+citaba a Hegel alguna vez, traía a cuento la teoría de Malthus sobre la
+población, el antagonismo del trabajo y el capital. De todo procuraba
+sacar partido en defensa de la doctrina católica. Para rechazar los
+nuevos ataques era necesario emplear nuevas armas. Hasta se confesaba,
+en principio, partidario de las teorías de Darwin, cosa que tenía
+sorprendidos e inquietos a algunos de sus timoratos amigos y penitentes,
+pero esto mismo contribuía a infundirles más respeto y admiración.
+Cuando hablaba para las señoras solamente, prescindía de toda erudición
+que pudiera parecerles enfadosa; adoptaba un lenguaje mundano. Les
+hablaba de sus tertulias, de sus saraos, de sus trajes y caprichos, como
+quien los conoce perfectamente; sacaba comparaciones y argumentos de la
+vida de sociedad, y esto encantaba a las damas y las postraba a sus
+pies. Era el confesor de muchas de las principales familias de la
+capital. En este ministerio demostraba una prudencia y un tacto
+exquisitos. A cada persona la trataba según sus antecedentes, posición y
+temperamento. Cuando tropezaba con una devota escrupulosa, viva y
+ardiente como la marquesa de Alcudia, el buen escolapio apretaba de
+firme las clavijas, se mostraba exigente, tiránico, entraba en los
+últimos pormenores de la vida doméstica y los reglamentaba. En casa de
+Alcudia no se daba un paso sin su anuencia. Y en estos sitios, como si
+se gozase en mostrar su poder, adoptaba un continente grave y severo que
+en otras partes no se le conocía. Cuando daba con alguna familia
+despreocupada, con poca afición a la iglesia, ensanchaba la manga, se
+hacía benigno y tolerante, procurando nada más que guardasen las formas
+y no diesen mal ejemplo a los otros. Hacía cuanto le era posible por
+afianzar esa alianza dichosa establecida de poco tiempo a esta parte
+entre la religión y el "buen tono" en nuestro país. Cada día sacaba una
+moda que a ello contribuyese, traducidas unas del francés, otras nacidas
+en su propio cerebro. En la capilla u oratorio de alguna familia ilustre
+reunía ciertos días del año por la tarde a las damas conocidas. Eran
+unas agradabilísimas _matinées_, donde se oraba, tocaba el órgano
+expresivo la más hábil pianista, decía el padre una plática familiar,
+departía después amigablemente con las señoras acerca de asuntos
+religiosos, se confesaba la que quería, y por último pasaban al comedor,
+donde se tomaba te, cambiando de conversación. Cuando fallecía alguna
+persona de estas familias, el padre Ortega se hacía poner en las
+papeletas de defunción como director espiritual, rogando que la
+encomendasen a Dios. Luego repartía entre todos los amigos unos
+papelitos impresos o memorias con oraciones, donde se pedía al Supremo
+Hacedor con palabras encarecidas y melosas que por tal o cual mérito que
+resplandeció en su sagrada pasión perdonase al conde de T*** o a la
+baronesa de M*** el pecado de soberbia o de avaricia, etc. Generalmente
+no era aquel en que más había sobresalido el difunto, lo cual hacía el
+padre con buen acuerdo para evitar el escándalo y una pena a la familia.
+También se encargaba de gestionar la adquisición del mayor número
+posible de indulgencias, la bendición papal _in articulo mortis_, las
+preces de algún convento de monjas, etc. Siendo su amigo y penitente se
+podía tener la seguridad de no ir al otro mundo desprovisto de buenas
+recomendaciones. Lo que no sabemos es el caso que Dios hacía de ellas,
+si escribía encima de las memorias con lápiz azul, como los ministros,
+"hágase", o si preguntaba al padre Ortega, como la señora del cuento:
+"¿Y a usted quién le presenta?"
+
+Cuando hubo cambiado algunas palabras corteses con casi todos los
+tertulios, haciendo a cada cual la reverencia que dada su posición le
+correspondía, la marquesa de Alcudia le tomó por su cuenta, y llevándole
+a uno de los ángulos del salón y sentados en dos butaquitas, comenzó a
+hablarle en voz baja como si se estuviese confesando. El clérigo, con el
+codo apoyado en el brazo del sillón, cogiendo con la mano su barba
+rasurada, los ojos bajos en actitud humilde, la escuchaba. De vez en
+cuando profería también alguna palabra en voz de falsete, que la
+marquesa escuchaba con profundo respeto y sumisión, lo cual no impedía
+que al instante volviese a la carga gesticulando con viveza, aunque sin
+alzar la voz.
+
+Había entrado poco después que el padre un joven gordo, muy gordo,
+rubio, con patillitas que le llegaban poco más abajo de la oreja, mucha
+carne en los ojos y fresco y sonrosado color en las mejillas. La ropa le
+estallaba. Su voz era levemente ronca y la emitía con fatiga. Al entrar
+nublóse la descolorida faz de Ramoncito Maldonado. El recién llegado era
+hijo de los condes de Casa-Ramírez y uno de los pretendientes a la mano
+de la primogénita de Calderón. Jacobo Ramírez o Cobo Ramírez, como se le
+llamaba en sociedad, pasaba por chistoso por el mismo motivo que Pepa
+Frías, aunque con menos razón. Caracterizábale una libertad grosera en
+el hablar, un desprecio cínico hacia las personas, aun las más
+respetables, y una ignorancia que rayaba en lo inverosímil. Sus chistes
+eran de lo más burdo y soez que es posible tolerar entre personas
+decentes. Alguna vez daba en el clavo, esto es, tenía alguna ocurrencia
+feliz; mas, por regla general, sus chuscadas eran pura y lisamente
+desvergüenzas.
+
+La tertulia, no obstante, se regocijó con su entrada. Una sonrisa feliz
+se esparció por todos los rostros, menos el de Ramoncito.
+
+--Oiga usted, Calderón--entró diciendo, sin saludar--. ¿Cómo se arregla
+usted para tener siempre criados tan guapos?... A uno de ellos, el de la
+entrada, con la poca luz que había y la voz de mezzo-soprano que me
+gasta, le he confundido con una muchacha.
+
+--¡Hombre, no!--exclamó riendo el banquero.
+
+--¡Hombre, sí! A mí no me importa nada que usted traiga todos los Romeos
+que guste.... ¿Viene por aquí su amigo Pinazo?
+
+Los que entendieron adónde iba a parar, que eran casi todos, soltaron la
+carcajada.
+
+--¡No viene! ¡no viene!--dijo Calderón casi ahogado por la risa.
+
+--¿De qué se ríen?--preguntó Pacita por lo bajo a Esperanza.
+
+--No sé--respondió ésta con acento de sinceridad, encogiéndose de
+hombros.
+
+--De seguro Cobo ha dicho una barbaridad. Se lo preguntaré después a
+Julia que no dejará de haberla cogido.
+
+Volvieron ambas la vista hacia la mayor de Alcudia y la vieron inmóvil,
+rígida, con los ojos bajos como siempre. En el ángulo de sus labios, sin
+embargo, vagaba una leve sonrisa maliciosa que mostraba que no sin razón
+la hermanita fiaba en sus profundos conocimientos.
+
+--Hola, Ramoncillo--dijo acercándose a Maldonado y dándole una palmada
+en la mejilla con familiaridad--. Siempre tan guapote y tan seductor.
+
+Estas palabras fueron dichas en tono entre afectuoso e irónico, que le
+sentó muy mal al joven.
+
+--No tanto como tú..., pero en fin, vamos tirando--respondió Ramoncito.
+
+--No, no, tú eres más guapo.... Y si no que lo digan estas niñas.... Un
+poco flacucho estás, sobre todo desde hace una temporada, pero ya
+doblarás en cuanto se te pase eso.
+
+--No tiene que pasarme nada.... Ya sé que nunca podré ser de tantas
+libras como tú--replicó más picado.
+
+--Pues tienes más hierbas.
+
+--Allá nos vamos, chico; no vengas echándotelas de _fanciullo_, porque
+es muy cursi, sobre todo delante de estas niñas.
+
+--¡Pero hombre, que siempre han de estar ustedes riñendo!--exclamó Pepa
+Frías--. Acaben ustedes pronto por batirse, ya que los dos no caben en
+el mundo.
+
+--Donde no caben los dos--le dijo por lo bajo Pinedo--es en casa de
+Calderón.
+
+--Nada de eso--manifestó Cobo en tono ligero y alegre--. Los amigos más
+reñidos son los mejores amigos. ¿Verdad, barbián?
+
+Al mismo tiempo tomó la cabeza de Ramoncito con ambas manos y se la
+sacudió cariñosamente. Este le rechazó de mal humor.
+
+--Quita, quita, no seas sobón.
+
+Cobo y Maldonado eran íntimos amigos. Se conocían desde la infancia.
+Habían estado juntos en el colegio de San Antón. Luego en la sociedad
+siguieron manteniendo relaciones estrechas, principalmente en el _Club
+de los Salvajes_, adonde ambos acudían asiduamente. Como ambos ejercían
+la misma profesión, la de pasear a pie, en coche y a caballo; como ambos
+frecuentaban las mismas casas y se encontraban todos los días en todas
+partes, la confianza era ilimitada. Siempre había habido entre ellos,
+sin embargo, una graciosa hostilidad, pues Cobo despreciaba a Ramoncito,
+y éste, que lo adivinaba, manteníase constantemente en guardia. Esta
+hostilidad no excluía el afecto. Se decían mil insolencias, disputaban
+horas enteras; pero en seguida salían juntos en coche como si no hubiera
+pasado nada, y se citaban para la hora del teatro. Maldonado tomaba las
+cosas de Cobo en serio. Este se gozaba en llevarle la contraria en
+cuanto decía, hasta que conseguía irritarlo, ponerlo fuera de si. Mas el
+afecto desapareció en cuanto ambos pusieron los ojos en la chica de
+Calderón. No quedó más que la hostilidad. Sus relaciones parecía que
+eran las mismas; reuníanse en el club diariamente, paseaban a menudo
+juntos, iban a cazar al Pardo como antes. En el fondo, sin embargo, se
+aborrecían ya cordialmente. Por detrás decían perrerías el uno del otro;
+Cobo con más gracia, por supuesto, que Ramoncito, porque le tenía,
+fundada o infundadamente, un desprecio verdadero.
+
+--Vamos, les pasa a ustedes lo que a mi hija y su marido....--dijo la
+de Frías.
+
+--¡No tanto! ¡no tanto, Pepa!--interrumpió Ramírez afectando susto.
+
+--¡Pero qué sinvergüenza es usted, hombre!--exclamó aquélla tratando de
+contener la risa, que no cuadraba a su mal humor característico--. Se
+parecen ustedes en que siempre están regañando y haciendo las paces.
+
+Y se puso a describir con bastante gracia la vida matrimonial de su
+hija. Lo mismo ella que el marido eran un par de chiquillos mimosos,
+insoportables. Sobre si no la había pasado el plato a tiempo o no la
+había echado agua en la copa, sobre los botones de la camisa, o si no
+cepillaron la ropa, o tenía la ensalada demasiado aceite, armaban
+caramillos monstruosos. Los dos eran Igualmente susceptibles y
+quisquillosos. A veces se pasaban seis u ocho días sin hablarse. Para
+entenderse en los menesteres de la vida se escribían cartitas y en ellas
+se trataban de usted--. "Asunción me ha pasado un recado diciéndome que
+vendrá a las ocho para llevarme al teatro. ¿Tiene usted inconveniente en
+que vaya?"--escribía ella dejándole la carta sobre la mesa del
+despacho--. "Puede usted ir adonde guste"--respondía él por el mismo
+procedimiento--. "¿Qué platos quiere usted para mañana? ¿Le gusta a
+usted la lengua en escarlata?"--"Demasiado sabe usted que no como
+lengua. Hágame el favor de decir a la cocinera que traiga algún pescado,
+pero no boquerones como el otro día, y que no fría tanto las tortillas".
+Ninguno de los dos quería humillarse al otro. Así que, esta tirantez se
+prolongaba ridículamente, hasta que ella, Pepa, los agarraba por las
+orejas, les decía cuatro frescas y les obligaba a darse la mano. Luego,
+en las reconciliaciones, eran extremosos.
+
+--¿Sabe usted, Pepa, que no quisiera estar yo allí en el momento de la
+reconciliación?--dijo Cobo haciendo alarde nuevamente de su malignidad
+brutal.
+
+--Tampoco yo, hijo--respondió, dando un suspiro de resignación que hizo
+reir--. Pero ¡qué quiere usted! Soy suegra, que es lo último que se
+puede ser en este mundo, y tengo esa penitencia y otras muchas que usted
+no sabe.
+
+--Me las figuro.
+
+--No se las puede usted figurar.
+
+--Pues, querida, a mí me gustaría muchísimo ver a mis hijos
+reconciliados. No hay cosa más fea que un matrimonio reñido--dijo la
+bendita de Mariana con su palabra lenta, arrastrada, de mujer linfática.
+
+--También a mí ... pero después que pasa la reconciliación--respondió
+Pepa, cambiando miradas risueñas con Cobo Ramírez y Pinedo.
+
+--¡De qué buena gana me reconciliaría yo con usted, Mariana, del mismo
+modo que esos chicos!--dijo en voz muy baja el almibarado general
+Patiño, aprovechando el momento en que la esposa de Calderón se inclinó
+para hurgar el fuego con un hierro niquelado. Al mismo tiempo, como
+tratase de quitárselo para que ella no se molestase, sus dedos se
+rozaron, y aun puede decirse, sin faltar a la verdad, que los del
+general oprimieron suave y rápidamente los de la dama.
+
+--¡Reconciliarse!--dijo ésta en voz natural--. Para eso es necesario
+antes estar enfadados y, a Dios gracias, nosotros no lo estamos.
+
+El viejo tenorio no se atrevió a replicar. Rió forzadamente, dirigiendo
+una mirada inquieta a Calderón. Si insistía, aquella pánfila era capaz
+de repetir en voz alta la atrevida frase que acababa de decirle.
+
+--Por supuesto--siguió Pepa--que yo me meto lo menos posible en sus
+reyertas. Ni voy apenas por su casa. ¡Uf! ¡Me crispa el hacer el papel
+de suegra!
+
+--Pues yo, Pepa, quisiera que fuese usted mi suegra--dijo Cobo,
+mirándola a los ojos codiciosamente.
+
+--Bueno, se lo diré a mi hija, para que se lo agradezca.
+
+--¡No, si no es por su hija!... Es porque ... me gustaría que usted se
+metiese en mis cosas.
+
+--¡Bah, bah! déjese usted de músicas--replicó la de Frías medio enojada.
+
+Un amago de sonrisa que plegaba sus labios pregonaba, no obstante, que
+la frase la había lisonjeado.
+
+Ramoncito volvió a sacar la conversación del teatro Real, la liebre que
+sale y se corre en todas las tertulias distinguidas de la corte. La
+ópera, para los abonados, no es un pasatiempo, sino una institución. No
+es el amor de la música, sin embargo, lo que engendra esta constante
+preocupación, sino el no tener otra cosa mejor en qué ocuparse. Para
+Ramoncito Maldonado, para la esposa de Calderón y para otros muchos, los
+seres humanos se dividen en dos grandes especies: los abonados al teatro
+Real y los no abonados. Los primeros son los únicos que expresan
+realmente de un modo perfecto la esencia de la humanidad. Gayarre y la
+Tosti fueron puestos otra vez a discusión. Los que habían llegado
+últimamente dieron su opinión, tanto sobre el mérito como sobre la
+disposición física de los dos cantantes.
+
+Ramoncito se puso a contar en voz baja a Esperanza y a Paz que la noche
+anterior había sido presentado a la Tosti en su _camerino_. "Una mujer
+muy amable, muy fina. Le había recibido con una gracia y una amabilidad
+sorprendentes. Ya había oído hablar mucho de el, de Ramoncito, y tenía
+deseos vivos de conocerle personalmente. Cuando supo que era concejal,
+quedó asombrada por lo joven que había llegado a ese puesto. ¡Ya ven
+ustedes que tontería! Por lo visto, en otros países se acostumbra a
+elegir sólo a los viejos. De cerca era aún mejor que de lejos. Un cutis
+que parece raso; una dentadura preciosa; luego una arrogante figura; el
+pecho levantado y ¡unos brazos!..."
+
+La vanidad hacía a Ramoncito no sólo torpe, porque es regla bien sabida
+que cuando se galantea a una mujer no debe alabarse con demasiado calor
+a otra, sino un tantico atrevido dirigiéndose a niñas. Estas se miraban
+sonrientes, brillándoles los ojos con fuego malicioso y burlón que el
+joven concejal no observaba.
+
+--Y diga usted Ramón, ¿no se ha declarado usted a ella?--le preguntó
+Pacita.
+
+--Todavía no--respondió haciéndose cargo ya de la intención burlona de
+la pregunta.
+
+--Pero se declarará.
+
+--Tampoco. Estoy ya enamorado de otra mujer. Al mismo tiempo dirigió una
+miradita lánguida a Esperanza. Esta se puso repentinamente seria.
+
+--¿De veras? Cuente usted ... cuente usted.
+
+--Es un secreto
+
+--Bien, pero nosotras lo guardaremos.... ¿Verdad Esperanza que tú no
+dirás nada?
+
+Y la escuálida chiquilla miraba maliciosamente a su amiga gozándose en
+su mal humor y en la inquietud de Ramoncito.
+
+--Yo no tengo gana de saber nada.
+
+--Ya lo oye usted, Ramón. Esperanza no tiene gana de oir hablar de sus
+novias. Yo bien sé por qué es, pero no lo digo....
+
+--¡Qué tonta eres, chica!--exclamó aquélla con verdadero enojo.
+
+El joven concejal quedó lisonjeado por tal advertencia que venía de una
+amiga íntima. Creyó, sin embargo, que debía cambiar la conversación a
+fin de no echar a perder su pretensión, pues veía a Esperanza seria y
+ceñuda.
+
+--Pues no crean ustedes que es tan difícil declararse a la Tosti y que
+ella responda que sí.... Y si no ... ahí tienen ustedes a Pepe Castro,
+que puede dar fe de lo que digo.
+
+--Es que Pepe Castro no es usted--manifestó la niña de Calderón con
+marcada displicencia.
+
+Maldonado cayó de la región celeste donde se mecía. Aquella frase
+punzante dicha en tono despreciativo le llegó al alma. Porque cabalmente
+la superioridad de Pepe Castro era una de las pocas verdades que se
+imponían a su espíritu de modo incontrastable. Pudiera ofrecer reparos a
+la de Hornero, pero a la de Pepito, no. La seguridad de no poder llegar
+jamás, por mucho que le imitase, al grado excelso de elegancia,
+despreocupación, valor desdeñoso y hastío de todo lo creado, que
+caracterizaba a su admirado amigo, le humillaba, le hacía desgraciado.
+Esperanza había puesto el dedo en la llaga que minaba su preciosa
+existencia. No pudo contestar; tal fué su emoción.
+
+Clementina estaba triste, inquieta. Desde que había entrado en casa de
+su cuñada, buscaba pretexto para irse. Pero no lo hallaba. Era forzoso
+resignarse a dejar transcurrir un rato. Los minutos le parecían siglos.
+Había charlado unos momentos con la marquesa de Alcudia, mas ésta la
+había dejado en cuanto entró el padre Ortega. Su cuñada estaba
+secuestrada por el general Patiño, que le explicaba minuciosamente el
+modo de criar a los ruiseñores en jaula. Las dos chicas de Alcudia que
+tenía al lado parecían de cera, rígidas, tiesas, contestando por
+monosílabos a las pocas preguntas que las dirigió. Una sorda irritación
+se iba apoderando poco a poco de ella. Dado su temperamento, no se
+hubieran pasado muchos minutos en echar a rodar todos los miramientos y
+largarse bruscamente. Alas al oir el nombre de Pepe Castro levantó la
+cabeza vivamente y se puso a escuchar con ávida atención. La reticencia
+de Ramoncito la puso súbito pálida. Se repuso no obstante en seguida, y,
+entrando en la conversación con amable sonrisa, dijo:
+
+--Vaya, vaya, Ramón; no sea usted mala lengua.... ¡Pobres mujeres en
+boca de ustedes!
+
+--No se habla mal sino de la que lo merece, Clementina--respondió éste
+animado por el cable que impensadamente recibía.
+
+--De todas hablan ustedes. Me parece que su amiguito Pepe Castro no es
+de los que se muerden la lengua para echar por el suelo una honra.
+
+--Clementina, hasta ahora no le he cogido tras de ninguna mentira. Todo
+Madrid sabe que es hombre de mucha suerte con las mujeres.
+
+--¡No sé por qué!--replicó con un mohín de desdén la dama.
+
+--Yo no soy inteligente en la hermosura de los hombres--manifestó el
+joven riendo su frase--, pero todos dicen que Pepito es guapo.
+
+--¡Ps!... Será según el gusto de cada cual ... y que me dispense Pacita,
+que es su pariente. Yo formo parte de esos _todos_ y no lo digo.
+
+--La verdad es--apuntó Esperancita tímidamente--que Pepito no pasa por
+feo.... Luego, es muy elegante y distinguido, ¿verdad tú?
+
+Y se dirigió a Pacita, poniéndose al mismo tiempo levemente colorada.
+
+Clementina le dirigió una mirada penetrante que concluyó de ruborizarla.
+
+--¿De qué se habla?--preguntó Cobo Ramírez acercándose al corro.
+
+Casi nunca se sentaba en las tertulias. Le placa andar de grupo en
+grupo, resollando como un buey, soltando alguna frase atrevida en cada
+uno. La faz de Ramoncito se nubló al aproximarse su rival. Este no dejó
+de notarlo y le dirigió una mirada burlona.
+
+--Vamos, Ramoncillo, dí; ¿cómo te arreglas para tener tan animadas a las
+damas? Me acaba de decir Pepa que vas echando ingenio.
+
+--No, hombre; ¿cómo voy a echarlo si lo tienes tú todo?--profirió con
+irritación el concejal.
+
+--Vaya, chico, si es que te azaras porque yo me acerco, me voy.
+
+Una sonrisa irónica, amarga y triunfal al mismo tiempo, dilató el rostro
+anguloso de Ramoncito. Había cogido a su enemigo en la trampa. Ha de
+saberse que pocos días antes averiguó casualmente, por medio de un
+académico de la lengua, que no se decía _azararse_, sino _azorarse_.
+
+--Querido Cobo--dijo echándose hacia atrás con la silla y mirándole con
+fijeza burlona--. Antes de hablar entre personas ilustradas, creo que
+debieras aprender el castellano.... Digo ... me parece....
+
+--¿Pues?--preguntó el otro sorprendido.
+
+--No se dice azarar, sino _azorar_, queridísimo Cobo. Te lo participo
+para tu satisfacción y efectos consiguientes.
+
+La actitud de Ramoncito al pronunciar estas palabras era tan arrogante,
+su sonrisa tan impertinente, que Cobo, desconcertado por un momento,
+preguntó con furia:
+
+--¿Y por qué se dice azorar y no azarar?
+
+--¡Porque sí!... ¡Porque lo digo yo!... ¡Eso!...--respondió el otro sin
+dejar de sonreír cada vez con mayor ironía y echando una mirada de
+triunfo a Esperanza.
+
+Se entabló una disputa animada, violenta, entre ambos. Cobo se mantuvo
+en sus trece sosteniendo con brío que no había tal _azorar_, que a nadie
+se lo había oído en su vida y eso que estaba harto de hablar con
+personas ilustradas. El joven y perfumado concejal le respondía
+brevemente sin abandonar la sonrisilla impertinente, seguro de su
+triunfo. Cuanto más furioso se ponía Cobo, más se gozaba en humillarle
+delante de la niña por quien ambos suspiraban.
+
+Pero la decoración cambió cuando Cobo irritadísimo, viéndose perdido,
+llamó en su auxilio al general Patiño.
+
+--Vamos a ver, general, usted que es una de las eminencias del ejército,
+¿cree que está bien dicho azorarse?
+
+El general, lisonjeado por aquella oportuna dedada de miel, manifestó
+dirigiéndose a Maldonado en tono paternal:
+
+--No, Ramoncito, no: está usted en un error. Jamás se ha dicho en España
+azorar.
+
+El concejal dió un brinco en la silla. Abandonando súbito toda ironía,
+echando llamas por los ojos, se puso a gritar que no sabían lo que se
+decían, que parecía mentira que personas ilustradas, etc., etc.... Que
+estaba seguro de hallarse en lo cierto y que inmediatamente se buscase
+un diccionario.
+
+--El caso es, Ramoncito--dijo D. Julián rascándose la cabeza--, que el
+que había en casa hace ya tiempo que ha desaparecido. No sé quién se lo
+ha llevado.... Pero a mí me parece también, como al general, que se dice
+azarar....
+
+Aquel nuevo golpe afectó profundamente a Maldonado, que, pálido ya,
+tembloroso, lanzó con voz turbada un último grito de angustia.
+
+--¡Azorar viene de _azor_, señores!
+
+--¡Qué azor ni qué coliflor, hombre de Dios!--exclamó Cobo soltando una
+insolente carcajada--. Confiesa que has metido la patita y dí que no lo
+volverás a hacer.
+
+El despecho, la ira del joven concejal no tuvieron límites. Todavía
+luchó algunos momentos con palabras y ademanes descompuestos. Pero como
+se contestase a sus enérgicas protestas con risitas v sarcasmos,
+concluyó por adoptar una actitud digna v despreciativa, mascullando
+palabras cargadas de hiel, los labios trémulos, la mirada torva. De vez
+en cuando dejaba escapar por la nariz un leve bufido de indignación.
+Cobo estuvo implacable: aprovechó todas las ocasiones que se ofrecieron
+para dirigirle indirectamente una pullita envenenada que causaba el
+regocijo de las niñas y hacía sonreír discretamente a las personas
+graves. Nadie en el mundo padeció más hambre y sed de justicia que
+Ramoncito en aquella ocasión.
+
+La llegada de un nuevo personaje puso fin o suspendió por lo menos su
+tormento. Anunció el criado al señor duque de Requena. La entrada de
+éste produjo en la tertulia un movimiento que indicaba bien claramente
+su importancia. Calderón salió a recibirle dándole las dos manos con
+efusión. Los hombres se levantaron apresuradamente y se apartaron de los
+asientos para salir a su encuentro sonrientes, expresando en su actitud
+la veneración que les inspiraba. Las damas volvieron también sus rostros
+hacia él con curiosidad y respeto, y Pepa Frías se levantó para
+saludarle. Hasta el padre Ortega abandonó a su marquesa y se adelantó
+inclinado, sumiso, dirigiéndole un saludo almibarado, sonriéndole con
+sus ojos claros al través de los fuertes cristales de miope que gastaba.
+Por algunos instantes apenas se oyó en la estancia mas que "querido
+duque", "señor duque". "¡Oh, duque!"
+
+El objeto de tanta atención y acatamiento era un hombre bajo, gordo, la
+faz amoratada, los ojos saltones y oblicuos, el cabello blanco, y el
+bigote entrecano, duro y erizado como las púas de un puerco-espín. Los
+labios gruesos y sinuosos y manchados por el zumo del cigarro puro que
+traía apagado y mordía paseándolo de un ángulo a otro de la boca sin
+cesar. Podría tener unos sesenta años, más bien más que menos. Venía
+envuelto en un magnífico gabán de pieles que no había querido quitarse a
+la entrada por hallarse acatarrado. Mas al poner los pies en el
+saloncito de Calderón, sintióse malamente impresionado por el calor que
+allí hacía. Sin contestar apenas a los saludos y sonrisas que a porfía
+le dirigían, murmuró en tono brutal, con la voz gruesa y ronca a la vez
+que caracteriza a los hombres de cuello corto:
+
+--¡Puf! ¡Esto echa bombas!...
+
+Y lo acompañó de una interjección valenciana que principia por f. Al
+mismo tiempo hizo ademán de despojarse del abrigo. Veinte manos cayeron
+sobre él para ayudarle y esto retrasó un poco la operación.
+
+Representóse en la tertulia de Calderón la escena de los israelitas en
+el desierto que más se ha repetido en el mundo, la adoración del becerro
+de oro. El recién llegado era nada menos que D. Antonio Salabert, duque
+de Requena, el célebre Salabert rico entre los ricos de España, uno de
+los colosos de la banca y el más afamado, sin disputa, por el número y
+la importancia de sus negocios. Había nacido en Valencia. Nadie conocía
+a su familia. Decían unos que había sido granuja del mercadal, otros que
+empezó de lacayo de un banquero y luego fué cobrador de letras y
+zurupeto, otros que había sido soldado de Cabrera en la primera guerra
+civil, y que el origen de su fortuna estuvo en una maleta llena de onzas
+de oro que robó a un viajero. Algunos llegaban hasta a filiarle en una
+de las célebres partidas de bandoleros que infestaron a España poco
+después de la guerra. Pero él explicaba del modo más sencillo y gráfico
+la procedencia de su fortuna, que no bajaba de cien mil millones de
+pesetas. Cuando se enfadaba con los empleados de su casa, lo cual
+sucedía a menudo, y notaba que se ofendían con sus palabrotas
+injuriosas, solía decirles gritando como un energúmeno:
+
+--¿Sabéis, f...., cómo he llegado yo a tener dinero?... Pues recibiendo
+muchas patadas en el trasero. Sólo a fuerza de puntapiés se logra subir
+arriba. ¿Estamos?
+
+Hay que confesar que este dato adolece de ser un poco vago; pero la
+perfecta autenticidad de que se halla revestido, le da un valor
+inapreciable. Tomándolo como base de la investigación, acaso se pueda
+llegar a definir el carácter y a historiar la vida y las empresas del
+opulento banquero.
+
+--Hola, chiquita--dijo avanzando hasta Clementina y tomándole la barba
+como se hace con los niños--. ¿Estás aquí? No he visto tu coche abajo.
+
+--He salido a pie, papá.
+
+--Es un milagro. Si quieres, puedes llevarte el mío.
+
+--No; tengo deseos de caminar. Estoy estos días muy pesada.
+
+El duque de Requena había prescindido de todos los presentes y hablaba a
+su hija con toda la afabilidad de que era susceptible. La veía pocas
+veces. Clementina era su hija natural, habida allá en Valencia, cuando
+joven, de una mujer de la ínfima clase social, como él lo era al
+parecer. Luego se había casado en Madrid, ya en camino de ser rico, con
+una joven de la clase media, de la cual no tuvo familia. Esta señora,
+extremadamente delicada de salud desde su matrimonio, había cedido o,
+por mejor decir, había ella misma propuesto que la hija de su marido
+viniese a habitar la misma casa. Clementina se educó, pues, aquí y fué
+amada de la esposa de su padre como una verdadera hija. Ella la quiso y
+la respetó también como a una madre. Después que se casó solía visitarla
+a menudo; pero como su padre estaba siempre muy ocupado, no entraba en
+sus habitaciones, y desde las de su madre (así la llamaba) se iba a la
+calle. Sólo en los días de banquete o recepción, o cuando casualmente le
+tropezaba en las casas o en la calle departía un rato con él.
+
+Después de preguntarle por su marido y por sus hijos, el duque se puso a
+hablar, sin sentarse, con Calderón y Pepa Frías. Un hombre rudo y
+campechanote en la apariencia: sonreía pocas veces: cuando lo hacía era
+de modo tan leve que aún podía dudarse de ello. Acostumbraba a llamar
+las cosas por su nombre y a dirigirse a las personas sin fórmulas de
+cortesía, diciéndoles en la cara cosas que pudieran pasar por groserías:
+no lo eran porque sabía darles un tinte entre rudo y afectuoso que les
+quitaba el aguijón. No era muy locuaz. Generalmente se mantenía
+silencioso mordiendo su cigarro y examinando al interlocutor con sus
+ojos oblicuos, impenetrables. Mostraba al hablar una inocencia falsa y
+socarrona que no le hacía antipático. Detrás se veía siempre al antiguo
+granuja del mercadal de Valencia, diestro, burlón, receloso y
+marrullero.
+
+Pepa Frías le habló de negocios. La viuda era incansable en esta
+conversación. Quería enterarse de todo, temiendo ser engañada ávida
+siempre de ganancias y temblando con terror cómico ante la perspectiva
+de la baja de sus fondos. Se hacía repetir hasta la saciedad los
+pormenores. "¿Soltaría las acciones del Banco y compraría _Cubas_? ¿Qué
+pensaba hacer el Gobierno con el amortizable? Había oído rumores. ¿Se
+haría en alza la próxima liquidación? ¿No sería mejor liquidar en el
+momento con treinta céntimos de ganancia que aguardar a fin de mes?"
+
+Para ella las palabras de Salabert eran las del oráculo de Delfos. La
+fama inmensa del banquero la tenía fascinada. Por desgracia, el duque,
+como todos los oráculos antiguos y modernos, se expresaba siempre que se
+le consultaba, de un modo ambiguo. Respondía a menudo con gruñidos que
+nadie sabía si eran de afirmación, de negación o de duda. Las frases que
+de vez en cuando se escapaban de su boca entre el cigarro y los labios
+húmedos y sucios eran oscuras, cortadas, ininteligibles en muchos casos.
+Además, todo el mundo sabía que no era posible fiarse de él, que se
+gozaba en despistar a sus amigos y hacerles caer de bruces en un mal
+negocio. Sin embargo, Pepa insistía aspirando a arrancar de aquel
+cerebro luminoso el secreto de la mina: bromeaba tomándole de las
+solapas de la levita, llamándole viejo, cazurro, zorro, haciendo gala de
+una desvergüenza que en ella había llegado a ser coquetería. El banquero
+no daba fuego. Le seguía el humor respondiendo con gruñidos y con tal
+cual frase escabrosa que hacía reir a Calderón, aunque no tenía muchas
+ganas de hacerlo viéndole echar sin miramiento alguno tremendos
+escupitajos en la alfombra. Porque el duque con el picor del tabaco
+salivaba bastante y no acostumbraba a reparar dónde lo hacía, a no ser
+en su casa donde cuidaba de ponerse al lado de la escupidera. Calderón
+estaba inquieto, violento, lo mismo que si se los echase en la cara. A
+la tercera vez, no pudiendo contenerse, fué él mismo a buscar la
+escupidera para ponérsela al lado. Salabert le dirigió una mirada
+burlona y le hizo un guiño a Pepa. Ya tranquilo Calderón se mostró
+locuaz y pretendió sustituirse al duque dando consejos a Pepa sobre los
+fondos. Pero aunque hombre prudente y experto en los negocios, la viuda
+no se los apreciaba ni aun quería oirlos. Al fin y al cabo, entre él y
+Salabert existía enorme distancia: el uno era un negociante vulgar, el
+otro un genio de la banca. Sin embargo, éste asentía con sonidos
+inarticulados a las indicaciones bursátiles del dueño de la casa. Pepa
+no se fiaba.
+
+Salabert se apartó un poco del grupo y se dejó caer sobre el brazo de un
+sillón adoptando una postura grosera, para lo cual sólo él tenía
+derecho. En vez de ser mal vistos aquellos modales libres y rudos,
+contribuían no poco a su prestigio y al respeto idolátrico que en
+sociedad se le tributaba. Lejos nuevamente de la escupidera volvió a
+salivar sobre la alfombra con cierto goce malicioso, que a pesar de su
+máscara indiferente y bonachona se le traslucía en la cara. Calderón
+tornó igualmente a nublarse y fruncirse hasta que, resolviéndose a
+saltar por encima de ciertos miramientos sociales, le acercó otra vez
+la escupidera sin tanto valor como antes, pues lo hizo con el pie. Pepa
+sentóse en el otro brazo y siguió haciendo carocas al duque. Este
+comenzaba a fijar más la atención en ella. Sus miradas frecuentes la
+envolvían de la cabeza a los pies, notándose que se detenían en el
+pecho, alto y provocador. Pepa era una mujer fresca, apetitosa. Al cabo
+de algunos minutos el banquero se inclinó hacia ella con poca
+delicadeza, y acercando el rostro a su cara, tanto que parecía que se la
+rozaba con los labios, le dijo en voz baja:
+
+--¿Tiene usted muchas _Osunas_?
+
+--Algunas, sí, señor.
+
+--Véndalas usted a escape.
+
+Pepa le miró a los ojos fijamente, y dándose por advertida calló. Al
+cabo de unos momentos fué ella quien acercando su rostro al del banquero
+le preguntó discretamente:
+
+--¿Qué compro?
+
+--Amortizable--respondió el famoso millonario con igual reserva.
+
+Entraban a la sazón un caballero y una dama, ambos jovencitos, menudos,
+sonrientes, y vivos en sus ademanes.
+
+--Aquí están mis hijos--dijo Pepa.
+
+Era un matrimonio grato de ver. Ambos bien parecidos, de fisonomía
+abierta y simpática, y tan jóvenes, que realmente parecían dos niños.
+Fueron saludando uno por uno a los tertulios. En todos los rostros se
+advertía el afecto protector que inspiraban.
+
+--Aquí tienes a tu suegra, Emilio. ¡Qué encuentro tan desagradable!
+¿verdad?...--dijo Pepa al joven.
+
+--Suegra, no; mamá ... mamá--respondió éste apretándole la mano
+cariñosamente.
+
+--¡Dios te lo pague, hijo!--replicó la viuda dando un suspiro de cómico
+agradecimiento.
+
+Volvió la tertulia a acomodarse. Los jóvenes casados sentáronse juntos
+al lado de Mariana. Clementina había dejado aquel sitio y charlaba con
+Maldonado: el nombre de Pepe Castro sonaba muchas veces en sus labios.
+Mientras tanto Cobo aprovechaba el tiempo, haciendo reir con sus
+desvergüenzas a Pacita; pero aunque intentaba que Esperanza acogiese los
+chistes con igual placer, no lo conseguía. La niña de Calderón, seria,
+distraída, parecía atender con disimulo a lo que Ramoncito y Clementina
+hablaban. Pinedo se había levantado y hacía la corte al duque. Y el
+general, viendo a su ídolo en conversación animada con los jóvenes
+casados, fatigado de que sus laberínticos requiebros no fuesen
+comprendidos, ni tampoco sus restregones poéticos, vino a hacer lo
+mismo. La marquesa y el sacerdote seguían cuchicheando vivamente allá en
+un rincón, ella cada vez más humilde e insinuante, sentada sobre el
+borde de la butaca, inclinando su cuerpo para meterle la voz por el
+oído; él más grave y más rígido por momentos, cerrando a grandes
+intervalos los ojos como si se hallase en el confesionario.
+
+--¡Qué par de bebés, eh!--exclamó Pepa en voz alta dirigiéndose a
+Mariana--. ¿No es vergüenza que esos mocosos estén casados? ¡Cuánto
+mejor sería que estuviesen jugando al trompo!
+
+Los chicos sonrieron mirándose con amor.
+
+--Ya jugarán ... en los momentos de ocio--manifestó Cobo Ramírez con
+retintín.
+
+--¡Hombre, ca!--exclamó Pepa, volviéndose furiosa hacia él--. ¿Le han
+dado a usted cuenta ellos de sus juegos?
+
+Aquél y Emilio cambiaron una mirada maliciosa. Irenita, la joven casada,
+se ruborizó.
+
+--Te están haciendo vieja, Pepa. Acuérdate que eres abuela--respondió
+la señora de Calderón.
+
+--¡Qué abuela tan rica!--exclamó por lo bajo Cobo, aunque con la
+intención de que lo oyese la interesada.
+
+Esta le echó una mirada entre risueña y enojada, demostrando que había
+oído y lo agradecía en el fondo. Cobo se hizo afectadamente el
+distraído.
+
+--¿Os ha pasado ya la berrenchina?--siguió la viuda dirigiéndose a sus
+hijos--. ¿Cuánto durarán las paces?... ¡Jesús, qué criaturas tan
+picoteras!... Mirad, yo no voy a vuestra casa porque cuando os encuentro
+con morro me apetece tomar la escoba y romperla en las costillas de los
+dos....
+
+Los tertulios se volvieron hacia los jóvenes esposos sonriendo. Esta vez
+se pusieron ambos fuertemente colorados. Después, por la seriedad que
+quedó bien señalada en el rostro de Emilio, se pudo comprender que no le
+hacían maldita la gracia aquellas salidas harto desenfadadas de su
+suegra.
+
+El general Patiño, por orden de la bella señora de la casa, puso el dedo
+en el botón de un timbre eléctrico. Apareció un criado: le hizo el ama
+una seña: no se pasaron cinco minutos sin que se presentase nuevamente y
+en pos de él otros dos con sendas bandejas en las manos colmadas de
+tazas de te, pastas y bizcochos. Momento de agradable expansión en la
+tertulia. Todos se ponen en movimiento y brilla en los ojos el placer
+del animal que va a satisfacer una necesidad orgánica. Esperancita deja
+apresuradamente a su amiga y a Ramírez y se pone a ayudar con solicitud
+a su madre en la tarea de servir el te a los tertulios. Ramoncito
+aprovecha el instante en que la niña le presenta una taza, para decirla
+en voz baja y alterada "que le sorprende mucho que se complazca en
+escuchar las patochadas y frases atrevidas de Cobo Ramírez". Esperanza
+le mira confusa, y al fin dice "que ella no ha oído semejantes
+patochadas, que Cobo es un chico muy amable y gracioso". Ramoncito
+protesta con voz débil y lúgubre entonación contra tal especie y
+persiste en desacreditar a su amigo, hasta que éste, oliendo el
+torrezno, se acerca a ellos bromeando según costumbre. Con lo cual, a
+nuestro distinguido concejal se le encapota aún más el rostro y se va
+retirando poco a poco: no sea que al insolente de Cobo se le ocurra
+cualquier sandez para hacer reir a su costa.
+
+Llegó el momento de hablar de literatura, como acontece siempre en
+todas las tertulias nocturnas o vespertinas de la capital. El general
+Patiño habló de una obra teatral recién estrenada con felicísimo éxito y
+le puso sus peros, basados principalmente en algunas escenas subidas de
+color. Mariana manifestó que de ningún modo iría a verla entonces. Todos
+convinieron en anatematizar la inmoralidad de que hoy hacen gala los
+autores. Se dijeron pestes del naturalismo. Cobo Ramírez, que había
+tomado te y luego unos emparedados y se había comido una cantidad
+fabulosa de ensaimadas y bizcochos, expuso a la tertulia que
+recientemente había leído una novela titulada _Le journal d'une dame_
+(en francés y todo), preciosa, bonitísima, la más espiritual que él
+hubiera leído nunca. Porque Cobo, en literatura--¡caso raro!--, estaba
+por lo espiritual, lo delicado. No le vinieran a él con esas nove-lotas
+pesadas donde le cuentan a uno las veces que un albañil se despereza al
+levantarse de la cama (o los bizcochos y ensaimadas que se come un chico
+de buena sociedad), ni le hablaran de partos y otras porquerías
+semejantes. En las novelas deben ponerse cosas agradables, puesto que se
+escriben para agradar. Esto decía con notable firmeza, resollando al
+hablar como un caballo de carrera. Los demás asentían.
+
+La entrada de un caballero ni alto ni bajo, ni delgado ni gordo, alzado
+de hombros y cogido de cintura, la color baja, la barba negra y tan
+espesa y recortada que parecía postiza, cortó rápidamente la plática
+literaria. Nada menos que era el señor ministro de Fomento. Por eso
+llevaba la cabeza tan erguida que casi daba con el cerebelo en las
+espaldas, y sus ojos medio cerrados despedían por entre las negras y
+largas pestañas relámpagos de suficiencia y protección a los presentes.
+Hasta los veintidós años había tenido la cabeza en su postura natural;
+pero desde esta época, en que le nombraron vicepresidente de la sección
+de derecho civil y canónico en la Academia de Jurisprudencia, había
+comenzado a levantarla lenta y majestuosamente como la luna sobre el mar
+en el escenario del teatro Real, esto es, a cortos e imperceptibles
+tironcitos de cordel. Le hicieron diputado provincial; un tironcito.
+Luego diputado a Cortes; otro tironcito. Después gobernador de
+provincia; otro tironcito. Más tarde director general de un
+departamento; otro. Presidente de la Comisión de presupuestos; otro.
+Ministro; otro. La cuerda estaba agotada. Aunque le hicieran príncipe
+heredero, Jiménez Arbós ya no podía levantar un milímetro más su gran
+cabeza.
+
+Su entrada produjo movimiento, pero no tanto como la del duque de
+Requena. Este, cuyo rostro carnoso, sensual, no podía ocultar el
+desprecio que aquella asamblea le inspiraba, corrió a él sin embargo, y
+le saludó con rendimiento y servilismo sorprendentes, teniendo en cuenta
+la rusticidad y grosería con que generalmente se comportaba en el trato
+social. El ministro comenzó a repartir apretones de manos de un modo tan
+distraído que ofendía. Únicamente cuando saludó a Pepa Frías dió
+señales de animación. Esta le preguntó en voz baja tuteándole:
+
+--¿Cómo vienes de frac?
+
+--Voy a comer a la embajada francesa.
+
+--¿Vas luego a casa?
+
+--Sí.
+
+Este diálogo rapidísimo en voz imperceptible fué observado por el duque,
+quien acercándose a Pinedo le preguntó con reserva y haciendo una seña
+expresiva:
+
+--Diga usted, ¿Arbós y Pepa Frías?...
+
+--Hace ya lo menos dos meses.
+
+La mirada que el banquero le echó entonces a la viuda no fué de la
+calidad de las anteriores. Era ahora más atenta, más respetuosa y
+profunda, quedándose después un poco pensativo. Calderón se había
+acercado al ministro y le hablaba con acatamiento. Salabert hizo lo
+mismo. Pero el personaje no tenía ganas de hablar de negocios o por
+ventura le inspiraba miedo el célebre negociante. La prensa hacía
+reticencias malévolas sobre los negocios de éste con el Gobierno. Por
+eso, a los pocos momentos, se fué en pos de Pepa Frías y se pusieron a
+cuchichear en un ángulo de la estancia.
+
+Clementina estaba cada vez más impaciente, con unos deseos atroces de
+marcharse. Dejaba de hacerlo por el temor de que su padre la acompañase.
+El ministro se fué a los pocos minutos, repartiendo previamente otros
+cuantos apretones de manos con la misma distracción imponente, mirando,
+no a la persona a quien saludaba, sino al techo de la estancia. Entonces
+el duque se apoderó de Pepa Frías, mostrándose con ella tan galante y
+expresivo, como si fuese a hacerle una declaración de amor. El general,
+observándolo, dijo a Pinedo:
+
+--Mire usted al duque, qué animado se ha puesto. De fijo le está
+haciendo el amor a Pepa.
+
+--No--respondió gravemente el empleado--. A lo que está haciendo el amor
+ahora es al negocio de las minas de Riosa.
+
+La viuda anunció al cabo en voz alta que se iba.
+
+--¿Adonde va usted, Pepa, en este momento?--le preguntó el banquero.
+
+--A casa de Lhardy a encargar unas mortadelas.
+
+--La acompaño a usted.
+
+--Vamos; le convidaré a tomar unos pastelitos.
+
+Al duque le hizo mucha gracia el convite.
+
+--¿Vienes, chiquita?--le dijo a su hija.
+
+Clementina aún pensaba quedarse un rato. Pepa, al tiempo de salir del
+brazo del banquero, dijo en alta voz volviéndose a los Presentes:
+
+--Conste que no vamos en coche.
+
+Lo cual les hizo reir.
+
+--Conste--dijo el duque riendo--que esto lo dice por adularme.
+
+--Que se explique eso: no hemos comprendido ...--gritó Cobo Ramírez.
+
+Pero ya el duque y Pepa habían desaparecido detrás de la cortina.
+Clementina aguardó sólo cinco minutos. Cuando presumió que ya no podía
+tropezar en la escalera a su padre, se levantó, y pretextando un
+quehacer olvidado, se despidió también.
+
+
+
+
+III
+
+#La hija de Salabert.#
+
+
+Bajó con ansia la escalera. Al poner el pie en la calle dejó escapar un
+suspiro de consuelo. A paso vivo tomó la del Siete de Julio, entró en la
+plaza Mayor y luego en la de Atocha. Al llegar aquí vino a su
+pensamiento la imagen del joven que la había seguido y volvió la cabeza
+con inquietud. Nada; no había que temer. Ninguno la seguía. En la puerta
+de una de las primeras casas y mejores de la calle, se detuvo, miró
+rápida y disimuladamente a entrambos lados y penetró en el portal. Hizo
+una seña casi imperceptible de interrogación al portero. Este contestó
+con otra de afirmación llevándose la mano a la gorra. Lanzóse por la
+escalera arriba. Subió tan de prisa, sin duda para evitar encuentros
+importunos, que al llegar al piso segundo le ahogaba la fatiga y se
+llevó una mano al corazón. Con la otra dió dos golpecitos en una de las
+puertas. Al instante abrieron silenciosamente: se arrojó dentro con
+ímpetu, cual si la persiguiesen.
+
+--Más vale tarde que nunca--dijo el joven que había abierto, tornando a
+cerrar con cuidado.
+
+Era un hombre de veintiocho a treinta años, de estatura más que regular,
+delgado, rostro fino y correcto, sonrosado en los pómulos, bigote
+retorcido, perilla apuntada y los cabellos negros y partidos por el
+medio con una raya cuidadosamente trazada. Guardaba semejanza con esos
+soldaditos de papel con que juegan los niños; esto es, era de un tipo
+militar afeminado. También parecía su rostro al que suelen poner los
+sastres a sus figurines; y era tan antipático y repulsivo como el de
+ellos. Vestía un batín de terciopelo color perla con muchos y primorosos
+adornos; traía en los pies zapatillas del mismo género y color con las
+iniciales bordadas en oro. Advertíase pronto que era uno de esos hombres
+que cuidan con esmero del aliño de su persona; que retocan su figura con
+la misma atención y delicadeza con que el escultor cincela una estatua;
+que al rizarse el bigote y darle cosmético creen estar cumpliendo un
+sagrado e ineludible deber de conciencia; que agradecen, en fin, al
+Supremo Hacedor, el haberles otorgado una presencia gallarda y procuran
+en cuanto les es dado mejorar su obra.
+
+--¡Qué tarde!--volvió a exclamar el apuesto caballero dirigiéndola una
+mirada fija y triste de reconvención.
+
+La dama le pagó con una graciosa sonrisa, replicando al mismo tiempo con
+acento burlón:
+
+--Nunca es tarde si la dicha es buena.
+
+Y le tomó la mano y se la apretó suavemente, y le condujo luego sin
+soltarle al través de los corredores, hasta un gabinete que debía ser el
+despacho del mismo joven. Era una pieza lujosa y artísticamente
+decorada; las paredes forradas con cortinas de raso azul oscuro,
+prendidas al techo por anillos que corrían por una barra de bronce;
+sillas y butacas de diversas formas y gustos; una mesa-escritorio de
+nogal con adornos de hierro forjado; al lado una taquilla con algunos
+libros, hasta dos docenas aproximadamente. Suspendidos del techo por
+cordones de seda y adosados a la pared veíanse algunos arneses de
+caballo, sillas de varias clases, comunes, bastardas y de jineta con sus
+estribos pendientes, frenos de diferentes épocas y también países,
+látigos, sudaderos de estambre fino bordados, espuelas de oro y plata;
+todo riquísimo y nuevo. Las aficiones hípicas del dueño de aquel
+despacho se delataban igualmente en los pasillos, que desde la puerta de
+la casa conducían allí; por todas partes monturas colgadas y cuadros
+representando caballos en libertad o aparejados. Hasta sobre la mesa de
+escribir, el tintero, los pisapapeles y la plegadera estaban tallados en
+forma de herraduras, estribos o látigos. Al través de un arco con
+columnas, mal cerrado por un portier hecho de rico tapiz en el que
+figuraban un joven con casaca y peluca de rodillas delante de una joven
+con traje Pompadour, veíase un magnífico lecho de caoba con dosel.
+
+Así que llegaron a esta cámara, la dama se dejó caer con negligencia en
+una butaquita muy linda y volvió a decirle con sonrisa burlona:
+
+--¡Qué! ¿no te alegras de verme?
+
+--Mucho; pero me alegraría de haberte visto primero. Hace hora y media
+que te estoy esperando.
+
+--¿Y qué? ¿Es gran sacrificio esperar hora y media a la mujer que se
+adora? ¿Tú no has leído que Leandro pasaba todas las noches el
+Helesponto a nado para ver a su amada?... No; tú no has leído eso ni
+nada.... Mejor: yo creo que te sentaría mal la ciencia. Los libros
+disiparían esos colorcitos tan lindos que tienes en las mejillas, te
+privarían de la agilidad y la fuerza con que montas a caballo y guías
+los coches.... Además, yo creo que hay hombres que han nacido para ser
+guapos, fuertes y divertidos, y uno de ellos eres tú.
+
+--Vamos, por lo que estoy viendo me consideras como un bruto que no
+conoce ni la A--respondió triste y amoscado el joven, en pie frente a
+ella.
+
+--¡No, hombre, no!--exclamó la dama riendo; y apoderándose de una de sus
+manos la besó en un repentino acceso de ternura--.Eso es insultarme. ¿Te
+figuras que yo podría querer a un bruto?... Toma--añadió despojándose
+del sombrero--, pon ese sombrero con cuidado sobre la cama. Ahora ven
+aquí, so canalla; ya que eres tan susceptible, ¿no consideras que has
+principiado diciéndome una grosería?... ¡Hora y media!... ¿Y qué?...
+Acércate, ponte de rodillas; deja que te tire un poco de los pelos.
+
+El joven, en vez de hacerlo, agarró una silla-fumadora y se montó en
+ella frente a su querida.
+
+--¿Sabes por qué he tardado tanto?... Pues por el dichoso niño, que me
+ha seguido hoy también.
+
+Al decir esto, se puso repentinamente seria; una arruga bien pronunciada
+cruzó su linda frente.
+
+--¡Es insufrible!--añadió--. Ya no sé qué hacer. A todas horas, salga
+por la mañana o por la tarde, traigo aquel fantasma detrás de mí. He
+tenido que refugiarme en casa de Mariana. Luego, una vez allí, no hubo
+más remedio que aguantar un rato. Vino papá, y porque no saliese conmigo
+esperé otro poquito a que se fuese.... ¡Ahí ves!
+
+--¡Tiene gracia ese chico!--dijo riendo el caballero.
+
+--¡Mucha! ¡Si es muy divertido que le averigüen a una dónde va y lo sepa
+en seguida todo el mundo, y llegue a oídos de mi marido! ¡Ríete, hombre,
+ríete!
+
+--¿Por qué no? ¿A quién se le ocurre más que a ti tomarse un disgusto
+por tener un admirador tan platónico? ¿Has recibido alguna carta? ¿Te ha
+dicho alguna palabra al paso?
+
+--Eso es lo que menos importaba. Lo que me excita los nervios es la
+persecución. Luego es un mocoso capaz por despecho, si averigua mis
+entradas en esta casa, de escribir un anónimo.... Y tú ya sabes la
+situación especial en que me encuentro respecto a mi marido.
+
+--No es de presumir: los que escriben anónimos no son los enamorados,
+sino las amigas envidiosas.... ¿Quieres que yo me aviste con él y le
+meta un poco de miedo?
+
+--¡Eso no se pregunta, hombre!--exclamó la dama con voz irritada--.
+Mira, Pepe; tú eres hombre de corazón y tienes inteligencia; pero te
+hace muchísima falta un poco más de refinamiento en el espíritu para que
+comprendas ciertas cosas. Debieras dedicar menos horas al club y a los
+caballos y procurar ilustrarte un poco.
+
+--¡Ya pareció aquéllo!--dijo el joven con despecho, muy molestado por la
+agria reprensión.
+
+--Pues si quieres que no te diga ciertas cosas, procura callarte otras.
+
+Pepe Castro se encogió de hombros con superior desdén y se alzó de la
+silla. Dió algunas vueltas distraídamente por la estancia y paró al fin
+delante de un cuadrito, que descolgó para sacudirle el polvo con el
+pañuelo. Clementina le miraba en tanto con ojos coléricos. Se puso en
+pie vivamente, como si la alzara un resorte: luego, refrenando su ímpetu
+y adquiriendo calma, avanzó lentamente hacia la alcoba, penetró en ella,
+recogió su sombrero de la cama y comenzó a ponérselo frente al espejillo
+de una cornucopia, con ademanes lentos, donde se adivinaba, sin embargo,
+en el levísimo temblor de las manos, la sorda irritación que la
+embargaba.
+
+--¡Bueno!--exclamó por último en tono distraído e indiferente--. Me voy,
+chico.... ¿Quieres algo para la calle?
+
+El joven dió la vuelta y preguntó con sorpresa:
+
+--¿Ya?
+
+--Ya--repuso la dama con exagerada firmeza.
+
+El joven avanzó hacia ella, le echó suavemente un brazo al cuello, y
+levantando con la otra mano el velito rojo le dió un beso en la sien.
+
+--¡Que siempre ha de pasar lo mismo! Yo soy el descalabrado y tú te
+apresuras a ponerte la venda.
+
+--¿Qué estás diciendo ahí?--replicó ella algo confusa--. Me voy porque
+tengo que hacer una visita antes de comer.
+
+--Vamos, Clementina, aunque quieras no puedes disimular.... Debes
+comprender que no se pueden escuchar con risa los insultos ... y tú me
+estás insultando a cada momento.
+
+--Te digo que no te comprendo. No sé a qué insultos ni a qué disimulos
+te refieres--replicó la dama con afectación.
+
+Pepe intentó con mimo y dulzura quitarle de nuevo el sombrero. Ella le
+detuvo con gesto imperioso. Tomóla entonces por la cintura y la condujo
+hacia el diván. Sentóse, y cogiéndole las manos se las besó repetidas
+veces con apasionado cariño. Ella siguió en pie sin dejarse ablandar.
+Tan extremado estuvo, sin embargo, en sus caricias y tan sumiso, que al
+cabo, arrancando con violencia sus manos de las de él, Clementina dijo
+medio riendo, medio enojada aún:
+
+--Quita, quita, que ya estoy hastiada de tus lametones de perro de
+Terranova.... ¡Eres un bajo!... Primero que yo me humillase de tal modo
+me harían rajas.
+
+Volvió a quitarse el sombrero, y fué ella misma a colocarlo sobre la
+cama.
+
+--Cuando se está tan enamorado como yo--replicó el joven un poco
+avergonzado--, no puede llamarse nada humillación.
+
+--¿Es de veras eso, chico?--dijo acercándose a él sonriente y tomándole
+con sus dedos finos sonrosados la barba--. No lo creo.... Tú no tienes
+temperamento de enamorado.... Y si no, vamos a probarlo.... Si yo te
+mandase hacer una cosa que pudiera costarte la vida, o lo que es aún
+peor, la honra ... algunos años de presidio..., ¿lo harías?
+
+--¡Ya lo creo!
+
+--¿Sí?... Pues mira, quiero que mates a mi marido.
+
+--¡Qué barbaridad!--exclamó asustado, abriendo los ojos
+desmesuradamente.
+
+La dama le miró algunos segundos fijamente, con expresión escrutadora,
+maliciosa. Luego, soltando una sonora carcajada, exclamó:
+
+--¿Lo ves, infeliz, lo ves?... Tú eres un señorito madrileño, un socio
+del _Club de los Salvajes_.... Ni yo, ni mujer ninguna te harían cambiar
+el frac y el chaleco blanco por el uniforme de presidiario.
+
+--¡Qué ideas tan extrañas!
+
+--Sigue, sigue por donde te arrastra tu naturaleza de sietemesino y no
+te metas en honduras. Ya comprenderás que te he hablado en broma. Así y
+todo me has confirmado en lo que ya pensaba.
+
+--Pues si tienes formada esa idea tan pobre de mi cariño, no sé por qué
+razón me quieres--expresó el joven volviendo a amoscarse.
+
+--¿Por qué te quiero?... Pues por lo que yo hago casi todas mis cosas
+... por capricho. Un día te he visto en el Retiro revolviendo un caballo
+admirablemente y me gustaste. Luego, a los dos meses, en Biarritz, te vi
+en el asalto del casino tirando con un oficial ruso y concluí de
+encapricharme. Hice que me fueses presentado, procuré agradarte, te
+agradé en efecto.... Y aquí estamos.
+
+Pepe concluyó por sufrir con paciencia aquel tono entre cínico y burlón
+de su querida. A fuerza de charlar logró hacerlo desaparecer.
+Clementina, cuando estaba tranquila, era afectuosa, alegre, pronta a
+compadecerse y a los rasgos de generosidad; su rostro, tan bello como
+original, no adquiría nunca dulzura, pero sí una expresión bondadosa y
+maternal que lo hacía muy simpático. Mas por poco que sus nervios se
+excitasen o se viese contrariada en sus pensamientos y deseos, el fondo
+de altivez, de obstinación y aun crueldad que su alma guardaba, subía a
+la superficie y agitaba sus ojos azules con relámpagos de feroz sarcasmo
+o de cólera.
+
+Pepe Castro, que no era hombre ilustrado ni ingenioso, sabía no obstante
+entretenerla agradablemente con cuentecillos de salón, murmuraciones
+casi siempre de las personas por quienes ella sentía marcada antipatía.
+El recurso era burdo, pero surtía admirable efecto. "La condesa de T***,
+señora a quien Clementina odiaba de muerte por un desaire que en cierta
+ocasión le había hecho, andaba necesitada de dinero; se lo pidió al
+viejo banquero Z*** y éste se lo había otorgado mediante un rédito muy
+poco apetitoso para la deudora. Los marqueses de L***, a quienes también
+ella profesaba aversión, cuando no estaban en el poder daban reuniones
+allá en su finca de la Mancha y ofrecían espléndido _buffet_ a sus
+electores: cuando el marqués era ministro daban también reuniones, pero
+suprimían el _buffet_. Julita R***, una jovencita muy linda, que tampoco
+inspiraba simpatías a la altiva dama, había sido arrojada de casa de los
+señores de M*** por haberla hallado encerrada en el cuarto del
+primogénito, un chico de quince años". Estas y otras noticias del mismo
+jaez dejábalas caer el gallardo mancebo de sus labios con cierta
+displicencia cómica que despertaba el buen humor de la bella. Era todo
+el talento de Pepe Castro en el orden moral. Los demás que poseía
+referíanse enteramente al físico.
+
+Se habían disipado las nubes que cubrían la frente de Clementina.
+Mostróse locuaz y risueña. Fué pródiga de caricias con su amante en la
+hora que con él estuvo. Quedó bien compensado de los alfilerazos que de
+ella había recibido al principio de la entrevista, gozando de toda la
+dicha que una mujer hermosa y enamorada puede proporcionar cuando la
+soledad y la ocasión convidan.
+
+La noche había cerrado ya, tiempo hacía. El joven encendió las dos
+lámparas de la chimenea sin llamar al criado, que era su único servidor
+y el único ser viviente asimismo que habitaba con él en aquel cuarto.
+Pepe Castro era hijo de una ilustre familia de Aragón. Su hermano mayor
+llevaba un título conocido y tenía una hermana además casada con otro
+título. Se había educado en Madrid. A los veinte años quedó huérfano.
+Vivió con su hermano primogénito una temporada. No tardaron en reñir
+porque éste, que era económico hasta la avaricia, no podía sufrir con
+paciencia su despilfarro. Trasladóse entonces a casa de su hermana; pero
+a los pocos meses, existiendo incompatibilidad de caracteres entre él y
+su cuñado, chocaron de modo tan violento, que se contaba en el club y en
+los salones de la corte que se habían abofeteado y aporreado bravamente.
+No llegó a efectuarse un duelo entre ambos por la intervención de
+algunos respetables miembros de la familia. Después de vivir en fonda un
+poco de tiempo, decidióse a poner casa. Tomó un criado, se hizo traer el
+almuerzo de un restaurante y comía cuándo en Lhardy, cuándo, en casa de
+alguno de sus muchos amigos. Su cuadra la tenía muy cerca, en la calle
+de las Urosas, y no estaba mal provista: dos jacas de silla, inglesa y
+cruzada, un tiro extranjero y otro español, berlina, _charrette, milord,
+break_. Era un chorro por donde se escapaba rápidamente su hacienda,
+aunque no el más copioso. La mayor parte la había dejado sobre el tapete
+de la mesa de juego del club, y una porción, no insignificante por
+cierto, entre las uñas de algunas lindísimas chulas transformadas por él
+de la noche a la mañana en espléndidas y llamativas cortesanas. Esto
+último lo negaba con arrogancia pensando que su gloria de seductor podía
+con ello menoscabarse; pero no importa: es exacto como todo lo que aquí
+se puntualiza.
+
+Quiere decir esto que Pepe Castro se hallaba arruinado a la hora
+presente. A pesar de lo cual, seguía viviendo con, la misma comodidad y
+aparato que antes. Su trabajo y sus vueltas le costaba. Empréstitos a su
+hermano hipotecándole alguna finca trasconejada en las ventas y
+subastas, pagarés a algunos arrojados usureros sobre la herencia de un
+tío viejo y enfermo reconociendo tres veces la cantidad recibida, joyas
+que su hermana le regalaba no pudiendo regalarle dinero, cuentas
+exorbitantes con el importador de coches y caballos, con el sastre, con
+el perfumista, con Lhardy, con el conserje del club, con todo el mundo.
+Parecía imposible que un hombre pudiera vivir tranquilo en tal estado de
+trampas y enredos. Sin embargo, nuestro gallardo joven vivía con la
+misma admirable serenidad de espíritu e idéntica alegría de corazón, y
+como él otros muchos de sus amigos y consocios según tendremos ocasión
+de ver, tan arruinados aunque no tan gallardos.
+
+--Te preparo una sorpresa--dijo Clementina concluyendo de ponerse el
+sombrero y arreglarse el cabello frente al espejo.
+
+El bello gomoso olfateó el aire como un perro que recibe vientos y se
+acercó a la dama.
+
+--Si es agradable, veamos.
+
+--Y si es desagradable lo mismo, groserazo. Todo lo que proceda de mí
+debe serte agradable.
+
+--Convenido, convenido. Veamos--repuso disimulando mal su afán.
+
+--Bueno, tráeme aquel manguito.
+
+Castro se apresuró a obedecer el mandato. Clementina, cuando lo tuvo
+entre las manos se sentó con afectada calma en el diván, y agitándolo
+luego en el aire exclamó:
+
+--¿A que no adivinas lo que contiene este manguito?
+
+--Sus ojos resplandecían de alegría y orgullo al mismo tiempo. Los de
+Castro chispearon de anhelo. Sus mejillas se colorearon y respondió con
+voz alterada entre dudando y afirmando:
+
+--Quince mil pesetas.
+
+La expresión alegre y triunfal del rostro de la dama se trocó
+instantáneamente en otra de cólera y despecho.
+
+--¡Quita!, ¡quita allá, puerco!--exclamó furiosa dándole un fuerte golpe
+en la cara con el lujoso manguito--. No piensas más que en el dinero....
+No tienes ni pizca de delicadeza.
+
+--¡Yo pensaba!...
+
+También hubo cambio de decoración en la fisonomía de Castro. Se puso más
+triste que la noche.
+
+--En la guita, sí; ya acabo de decírtelo.... Pues no, señor; aquí no
+viene nada de eso. Sólo hay un alfilerito de corbata que yo ¡tonta de
+mí! he comprado al pasar, en casa de Marabini, como una prueba de que te
+tengo siempre en el pensamiento.
+
+--Y yo te lo agradezco en el alma, pichona--manifestó el joven haciendo
+un esfuerzo supremo sobre sí mismo para vencer el repentino abatimiento
+y resultando de él una sonrisa forzada y amarga--. ¿Por qué te disparas
+de ese modo?... Dame eso.... Bien se conoce que tienes muy mala idea
+formada de mí.
+
+Clementina se negó a entregar el recuerdo. El joven insistió
+humildemente. Había, no obstante, en sus ruegos un tinte de frialdad que
+dejaba traslucir, para el espíritu penetrante de una mujer, el sordo
+disgusto y la tristeza que en el fondo del alma sentía.
+
+--Nada, nada; mi pobre alfilerito que estás despreciando horriblemente
+... (¡se te conoce en la cara!) ... irá a la cajita donde guardo los
+recuerdos de los muertos.
+
+Alzóse del diván; bajó el velo del sombrero. Pepe aún insistía por
+mostrarse galante y desagraviarla. Al fin, cuando ya estaba cerca de la
+puerta, volvióse repentinamente y sacó del fondo del manguito una
+primorosa carterita, que le presentó, mirándole al mismo tiempo
+fijamente a la cara. Los ojos del joven, después de posarse en la
+cartera con ávida expresión de gozo, chocaron con los de su amada.
+Contempláronse unos instantes, ella con expresión maliciosa y
+triunfante, él con gratitud y gozo reprimidos.
+
+--¡Si siempre lo he dicho yo! ¡Si no hay otra como mi nena para saber
+querer!... Ven aquí, deja que te dé las gracias, rica mía; deja que te
+adore de rodillas.
+
+Y la arrastró, embargado por el entusiasmo, hacia el diván, la obligó a
+sentarse de nuevo y se dejó caer de rodillas besando con fervor sus
+manos enguantadas.
+
+--¡Jesús, qué locura!--exclamó la dama un tanto confusa--. ¡Vaya una
+cosa para hacer tales extremos!
+
+--No es por el dinero, nena mía; no es por el dinero; es porque tienes
+una manera de hacer las cosas original; porque tienes la gracia de Dios;
+porque eres una barbiana.... ¡Toma, toma, retemonísima!
+
+Y le abrazaba las rodillas y se las besaba con calurosos ademanes. No
+contento, se prosternó aún más y le besó los pies o por mejor decir, el
+tafilete de sus zapatos.
+
+--¡Qué bajo eres, Pepe!--exclamaba ella riendo.
+
+--No importa que me llames lo que quieras. Soy tuyo, ¡tuyo hasta la
+muerte! Te quiero más que a Dios. Quiero a estos piececitos tan ricos y
+los beso. ¿Lo ves? A ver; que venga alguien a decirme que no debo
+hacerlo.
+
+Clementina le miraba risueña. No era fácil averiguar si gozaba en
+realidad o se divertía simplemente con aquella adoración o más bien
+aquel regocijo estrepitoso de perro que se arrastra el sentirse
+acariciado y lame los pies de su señor.
+
+--No sólo te debo la felicidad, sino también la honra. No sabes lo que
+he sufrido desde anteayer por la maldita deuda--decía él con voz
+conmovida.
+
+--¿Volverás a jugar, eh? ¿Volverás a jugar, perdido?--preguntaba ella
+tirándole de los cabellos, borrando aquella primororosa raya que los
+partía tan lindamente.
+
+--No ... particularmente sobre mi palabra te aseguro....
+
+--Ni sobre tu palabra, ni sobre tu dinero, grandísimo trasto.... Me voy,
+me voy--añadió con un gesto de mimo, levantándose y corriendo a mirar la
+hora al reloj de la chimenea--. ¡Uf, qué tarde!... Adiós, chiquillo.
+
+Y se precipitó a la puerta extendiendo la mano a su amante sin mirarle.
+Este no pudo besarle más que la punta de los dedos. Corrió a abrir, pero
+ya ella había echado mano al cerrojo; por cierto que se encolerizó
+porque resistía a sus débiles tirones.
+
+--Adiós, adiós; hasta el sábado--dijo en voz de falsete.
+
+--Hasta pasado mañana.
+
+--No, no; hasta el sábado.
+
+Bajó la escalera con la misma precipitación con que la había subido,
+hizo otro gesto imperceptible de despedida al portero y salió a la
+calle. Siguió a pie hasta la plaza del Ángel, y allí detuvo un coche de
+punto y se metió en él.
+
+Eran más de las seis. Hacía una hora que estaban encendidas las luces de
+los comercios. Ocultóse cuanto pudo en un rincón y dejó vagar su mirada
+distraída sin curiosidad por las calles que iba atravesando. Su
+fisonomía adquirió la expresión altiva, desdeñosa, que la caracterizaba,
+a la cual se añadía ahora leve matiz de hastío y preocupación. Por su
+elegancia refinada, por su arrogante porte, y sobre todo por aquella
+severa majestad de su rostro peregrino, nadie vacilaría en diputar a
+Clementina por una de las más altas y nobles damas de la corte. No
+obstante, si lo era de hecho, dado que figuraba en todos los salones
+aristocráticos, en todas las listas de personas distinguidas que los
+periódicos publicaban al día siguiente de cualquier sarao, carreras de
+caballos, u otra fiesta cualquiera, de derecho distaba mucho de serlo
+por su origen. No podía ser más humilde. Su padre la había tenido en una
+inglesa, manceba de un tonelero irlandés que había llegado a Valencia en
+busca de trabajo. Llamábase Rosa Coote. Era espléndidamente bella y lo
+hubiera sido más a cuidar algo del adorno o aliño de su persona. La
+miseria, en que ordinariamente vivía aquel hogar ilícito, la había hecho
+sucia y andrajosa. El granuja del mercadal de Valencia y la bella
+inglesa se entendieron a espaldas del tonelero, dueño temporal de las
+gracias de ésta. Salabert era más joven, más gallardo: el vicio de la
+borrachera no le tenía dominado como a aquél. Rosa le siguió a su
+zaquizamí abandonando al primer amante. A los pocos meses de vivir
+juntos, Salabert, a quien se presentó ocasión de partir a Cuba como
+camarero de un vapor, la abandonó a su vez. La inglesa, que llevaba ya
+en sus entrañas el fruto de aquella pasajera unión, rodó algún tiempo
+sin protección, sin recursos, por las calles de la ciudad, hasta que
+entró en relaciones con un carpintero del Grao que la recogió y llegó a
+hacerla su legítima esposa. Clementina se crió como intrusa en aquel
+nuevo hogar. Su madre era una mujer violenta, irascible, con ráfagas de
+ternura, que sólo guardaba para sus hijos legítimos. A ella, por todas
+las señales, la aborrecía y en ella vengó injustamente el agravio de su
+padre. ¡Qué terrible infancia la de Clementina! Si en Madrid se supiesen
+ciertos pormenores, si en rápida visión pudiesen ofrecerse a los ojos de
+la sociedad elegante algunas escenas por las que aquella altiva y
+encopetada dama pasó, pocos envidiarían su existencia. ¡Qué torturas,
+qué refinamientos de crueldad! A los cuatro o cinco años ya estaba
+obligada a ser la vigilante guardadora de otros dos hermanitos. Si en
+esta vigilancia decaía un punto, el castigo venía inmediatamente; pero
+no el castigo como quiera, el golpe pasajero, el estirón de orejas; no.
+El castigo era meditado con ensañamiento, procurando herir donde más
+doliera y donde más durase el dolor.... Los vecinos habían acudido más
+de una vez a los lamentos de la infeliz criatura; habían increpado a la
+madre desnaturalizada. De ello no resultaba más que alguna reyerta
+fragorosa en que la feroz irlandesa, chapurrando el valenciano, se
+despachaba a su gusto contra las comadres del barrio, y con mayor encono
+después contra la causante de aquel disgusto. A todas horas gritaba que
+iba a meterla en la Inclusa. A esto se oponía el carpintero, que se
+jactaba de ser hombre de bien y compasivo, que alguna vez intervenía en
+los castigos para aplacarlos, pero que la mayor parte de las veces
+dejaba a su esposa "que enseñase a su hija", como él decía a los vecinos
+que le recriminaban. Sus ideas pedagógicas chocaban con sus instintos
+piadosos, y cuando lograban sobreponerse ¡ay de la desgraciada niña!
+
+Aquella serie de inauditas crueldades terminaron al fin con otra mayor
+que trajo consigo la intervención de la justicia. La madre
+desnaturalizada, no sabiendo ya de qué modo atormentar a su hija, la
+hizo algunas quemaduras en el trasero con una bujía. Una vecina averiguó
+el hecho casualmente, lo comunicó a otras vecinas, se armó el
+consiguiente escándalo en el barrio, dieron parte al juez, se instruyó
+causa, y, probado el delito, la inglesa fué condenada a seis meses de
+cárcel y la niña recogida en un establecimiento de beneficencia.
+
+Un año después llegó a Valencia Salabert, si no hecho un potentado, con
+alguna hacienda. Enteráronle de lo ocurrido. Fué a ver a su hija al
+colegio de niñas pobres. La sacó de allí y la puso en otro de pago,
+adonde por rara casualidad iba a visitarla. En la población, sin
+embargo, fué loado su rasgo de generosidad. El sabía hacerlo valer en la
+conversación ofreciéndose a los ojos de sus conocidos como un ejemplo
+vivo de amor paternal y contraste notable frente a la perversidad de su
+antigua querida. Poco más tarde se casó en Madrid. Fué su esposa la hija
+de un comerciante en camas de hierro y colchones metálicos de la calle
+Mayor. Era una joven bastante feíta y enfermiza; pero buena, afectuosa y
+con cincuenta mil duros de dote. Llamábase Carmen. A los tres o cuatro
+años de casados, ésta, viéndose cada vez más delicada de salud, perdió
+la esperanza de tener familia. Sabiendo que su marido tenía una hija
+natural en un convento de Valencia, le propuso, con generosidad no muy
+frecuente, traerla a casa y considerarla como hija de ambos. Salabert
+aceptó con gusto la proposición. Fué a buscar a Clementina, y desde
+entonces cambió por entero la suerte de esta infeliz niña.
+
+Tenía entonces catorce años y era ya un portento de hermosura, mezcla
+dichosa del tipo inglés correcto y delicado y de la belleza severa de la
+mujer valenciana. Su tez guardaba los reflejos suaves, nacarados de la
+raza sajona. En su mirada azul y sombría había la misma profundidad y
+misterio que en los ojos negros de las valencianas. Poco desarrollada
+aún por virtud de su crudelísima infancia, por la vida sedentaria,
+después, del convento, en cuanto cambió de clima y de forma de vida
+adquirió en dos o tres años la elevada estatura y las majestuosas
+proporciones con que hoy la vemos. Sus partes morales dejaban bastante
+más que desear. Era su temperamento irascible, obstinado, desdeñoso y
+sombrío. Si nació con estos vicios o fueron el resultado de sus bárbaros
+martirios, de su tristísima infancia, no es fácil resolverlo. En el
+convento, donde nadie la trataba mal, no fué bien querida de sus
+maestras y compañeras por su carácter receloso, por la ausencia de
+cariño que se notaba en su corazón. Los disgustos de sus compañeras, no
+sólo no la conmovían, sino que despertaban en sus labios una sonrisa
+cruel, que las dejaba yertas. Luego tenía, de vez en cuando, accesos de
+furor que la habían hecho temible y odiosa. En cierta ocasión, a una
+niña que le había dicho algunas palabras ofensivas le echó las manos al
+cuello y estuvo muy próxima a asfixiarla. Nunca fué posible después que
+le pidiese perdón, según exigía la superiora. Prefirió estar recluída un
+mes, a humillarse.
+
+Los primeros meses que pasó en casa de su padre fueron de prueba para la
+buena D.ª Carmen. En vez de una niña alegre y agradecida al inmenso
+favor que la hacía, se encontró frente a frente de una fierecilla, un
+ser antipático sin afecto ni sumisión, extravagante y caprichosa hasta
+un grado sorprendente, cuya risa no brotaba ruidosa sino cuando algún
+criado se caía o el lacayo recibía una coz de los caballos. Pero no se
+desanimó. Con el instinto infalible de los corazones generosos,
+comprendió que si aquella tierra no daba amor era porque hasta entonces
+sólo se había sembrado odio. Los afectos dulces residen en todo ser
+humano, como en todo cuerpo la electricidad: mas para hacerlos vibrar,
+precisa someterlos a una fuerte corriente de cariño por algún tiempo. Y
+esto fué lo que hizo D.ª Carmen con su hijastra. Durante seis meses la
+tuvo envuelta en una atmósfera tibia de afecto, en una red espesa de
+atenciones delicadísimas, de testimonios constantes de vivo y afectuoso
+interés. Al fin, Clementina, que principió por mostrarse desdeñosa y
+luego indiferente a aquel cariño, que pasaba horas y horas encerrada en
+su cuarto y sólo iba a las habitaciones de su madrastra cuando la
+llamaba, que no tenía jamás con ésta una expansión viviendo en absoluta
+reserva, sucumbió repentinamente; sintió vibrar en su corazón ese algo
+maravilloso que une a las criaturas humanas como a todos los cuerpos del
+Universo. Cambió de un modo extraño, violento, como todo lo que procedía
+de su temperamento singular. Cayó, cuando menos se pensaba, de hinojos
+ante D.ª Carmen, dedicándole un respeto tan profundo, un cariño tan
+apasionado, que la buena señora quedó estupefacta y le costó gran
+trabajo creer en su sinceridad. En su alma se había operado al fin la
+revelación de la ternura. Al calor maternal de aquella bondadosa señora,
+su corazón de hielo se había derretido. La esencia divina del amor
+penetró donde, hasta entonces, sólo había entrado la esencia de Satanás.
+
+Fué un verdadero milagro. En vez de pasar la vida en su cuarto, no sabía
+salir del de su madrastra a quien llamaba mamá, con un gozo, con un
+fuego, con una pronunciación tan decidida, como sólo se observa en los
+devotos sinceros al dirigirse a la Virgen. Devoción podía llamarse
+también lo que Clementina sentía por la esposa de su padre. Asombrada de
+que en el mundo existiese un ser tan dulce, tan tierno, no se hartaba de
+mirarla como si acabase de bajar del cielo. Quería adivinarle los
+pensamientos en los ojos, quería adelantarse a sus menores deseos,
+quería que nadie la sirviese más que ella, quería, en fin, como todo
+enamorado, la posesión exclusiva del objeto de su amor. Una levísima
+señal de descontento de D.ª Carmen bastaba para confundirla y sumirla en
+el más acerbo dolor. Aquella criatura tan altanera, que había llegado a
+hacerse odiosa a todos, se humillaba con placer intenso, a su madrastra.
+Era su humillación la del místico que se postra por una necesidad
+invencible del espíritu. Cuando sentía la mano de la señora
+acariciándole el rostro, pensaba sentir la de Dios mismo. Apenas se
+atrevía a rozar con sus labios aquellos dedos flacos y transparentes.
+
+Sólo para su madrastra había cambiado tan radicalmente. Con los demás,
+incluso con su mismo padre, seguía mostrando la misma frialdad
+despreciativa, el mismo carácter obstinado y altivo. Si aparecía alguna
+vez más dulce y tratable, no había que achacarlo a su voluntad, sino al
+mandato expreso de D.ª Carmen. En cuanto este mandato cesaba o se
+olvidaba, volvía a su primitivo ser malévolo. Los criados la aborrecían
+por el orgullo insufrible que comenzó a manifestar así que se dió cuenta
+de su estado de princesa heredera; por no encontrar tampoco en ella
+ninguna compasión para sus faltas. La que más padeció en su servicio fué
+la institutriz inglesa que su padre la había traído. Era ya entrada en
+años, pero tenía gusto en vestirse y aliñarse como una damisela. Esta
+inocente manía sirvió tantas veces de burla a la niña, que sólo la
+necesidad le pudo obligar a tolerarlo. ¡Pobre mujer! Todos sus secretos
+técnicos de tocador fueron entregados sin piedad a la befa de los
+criados. Sus imperfecciones físicas despertaban, contrahechas por la
+doncella de la señorita, algazara en la cocina. En cierta solemne
+ocasión, un día de banquete, Clementina le escondió la dentadura, que
+tenía sobre el tocador para limpiarla. Cualquiera puede figurarse la
+desazón que esto produjo a la vieja _miss_. La cual se vengaba
+cándidamente de ella llamándola _señorita Capricho y_ poniéndole por
+temas, en los ejercicios de inglés y francés, algunas máximas y
+aforismos que le escociesen, verbigracia: "La soberbia es la lepra del
+alma. La niña soberbia es una leprosa de quien todos deben apartarse
+con horror"--. "Quien no respeta a los mayores nunca llegará a ser
+respetado", etcétera. Clementina se reía de estos desahogos. Alguna vez
+llegó su insolencia hasta cambiar la sentencia de la profesora por otra
+de su invención. Donde decía: "Nada hay tan feo y despreciable como una
+joven altanera", ponía la discípula: "Nada hay tan ridículo y digno de
+risa como una vieja presumida". Alborotábase _la miss_, daba parte a D.ª
+Carmen, llamaba ésta a su hijastra, la reprendía dulcemente, y al verla
+triste y acongojada desarrugaba el ceño y la besaba cariñosamente. Y
+hasta otra. La verdad es que tenía razón _miss_ Ana y los demás criados
+al decir que la señora era quien echaba a perder a la chica. D.ª Carmen,
+viviendo en una espantosa soledad moral, estaba tan cautivada y
+agradecida al vivo cariño que a todas horas le demostraba su hijastra,
+que no tenía ojos para ver sus faltas, y si los tenía carecía de fuerzas
+para corregirlas.
+
+A los diez y ocho años era Clementina una de las mujeres más bellas y
+uno de los mejores partidos de Madrid. El caudal de su padre había
+crecido como la espuma. Estaba considerado como uno de los banqueros
+importantes de la villa y no se le conocía otro heredero ni era ya de
+presumir que lo tuviese. Comenzaron los jóvenes de la aristocracia, de
+la sangre y el dinero, los socios más eminentes del _Club de los
+Salvajes_, a festejarla apremiándola con vivas declaraciones. Si iba a
+una tertulia, un grupo de muchachos la tenía constantemente amurallada;
+si a la iglesia, otro grupo mayor la esperaba en correcta formación a la
+salida; si al paseo de la Castellana, apuestos caballeros galopaban en
+las inmediaciones de su coche sirviéndola de escolta. En el teatro
+veinte pares de gemelos estaban sin cesar posados sobre ella. El nombre
+de Clementina Salabert salía en todas las conversaciones de la juventud
+elegante, se veía impreso en todas las crónicas de salones, sonaba en
+Madrid como el de una de las más brillantes estrellas del firmamento
+aristocrático. Tuvo buena porción de amoríos o noviazgos que no
+produjeron huella alguna en su corazón. Tomaba y dejaba los novios
+inconsideradamente, con lo cual adquirió fama de coqueta y casquivana.
+Pero esto no es obstáculo para que una muchacha encuentre adoradores. Al
+contrario, el amor propio de los hombres les incita a dedicar sus
+lisonjas a tal clase de mujeres, siempre con la esperanza vanidosa de
+ser el clavo que fije la rueda de la veleta. Tampoco fué serio
+inconveniente para ella cierto murmullo grosero y malicioso que se
+levantó y corrió por todo Madrid con motivo de la amistad original que
+entabló con un joven y célebre torero. La inocencia y debilidad de D.ª
+Carmen tuvo buena parte en ello. No sólo consintió esta buena señora que
+el torero entrase en la casa y se sentase a su mesa, sino también que
+las acompañase en público en más de una ocasión. Con esto y con
+brindarle la muerte de algunos toros, la maledicencia, que anda suelta
+en la capital como en las provincias, tuvo suficiente pretexto para
+ensañarse ferozmente con la envidiada beldad. Mas como no pudo aportar
+otra cosa que sospechas atrevidas y vagas conjeturas, y como por otra
+parte existían dos datos positivos que las contrapesaban sobradamente, a
+saber, la hermosura y la riqueza excepcionales de la joven, la calumnia
+no produjo merma en los adoradores; sólo sirvió para que algún
+desengañado escupiese con más facilidad su bilis.
+
+Clementina ofrecía en sus modales y discursos, en esta edad, y la
+ofreció siempre después, cierta tendencia al _flamenquismo_, o sea a las
+formas desenvueltas, a la serenidad burlona, al desgarro especial de las
+chulas de Madrid. Semejante tendencia se hallará más o menos exagerada
+en toda la alta sociedad madrileña. Es un signo que la caracteriza y la
+distingue de la de otros países. Hay en esta inclinación que se observa
+en Madrid, en el alcázar como en la zahurda, algo de bueno: no es todo
+malo. Por lo pronto significa una protesta contra esa continua mentira
+que el refinamiento y la complicación de las fórmulas sociales trae
+siempre consigo. Es loable la corrección en los modales y la medida en
+las palabras; pero exageradas producen la frialdad tediosa que nuestros
+diplomáticos observan en los salones extranjeros.
+
+Clementina exageraba un poco su afición a las palabras y a los gestos
+flamencos. El gusto le había venido no se sabe cómo, por contagio tal
+vez de la atmósfera, dado que las señoras de su categoría no suelen
+alternar mucho tiempo con las chulas. Había tenido una doncellita nacida
+y criada en Maravillas. Esta fué en sus ratos de expansión quien le
+proporcionó mayor cantidad de vocablos y modismos. Luego su amistad con
+el torero que hemos mencionado; las relaciones que mantuvo después con
+algunos señoritos cultivadores del género; los teatros por horas, donde
+se copian, no sin gracia, las costumbres de la plebe madrileña; la
+amistad con Pepa Frías y otras aristocráticas _manolas_ fueron
+iniciándola poco a poco y la introdujeron al cabo en pleno flamenquismo.
+Fué entusiasta admiradora de los toros. Por milagro dejaba de asistir a
+una corrida desde su palco, ataviada con la consabida mantilla blanca y
+los consabidos claveles rojos. Y discutía las suertes, y fulminaba
+censuras, y tributaba aplausos, y era tenida entre los aficionados por
+acérrima y fervorosa _lagartijista._ El espectáculo nacional, animado y
+sangriento, estaba muy conforme con su naturaleza violenta, indómita.
+Cuando veía a otras señoras taparse los ojos o hacer otros melindres
+ante las peripecias de la corrida, reía sardónicamente, como si dudase
+de la sinceridad de su espanto.
+
+Entre los varios adoradores y solicitantes que su mano tuvo, y que
+entraban y caían de su gracia alternativa y rápidamente, llegó uno que
+logró fijar algo más su atención. Llamábase Tomás Osorio. Era un joven
+de veintiocho a treinta años de edad, rico, exiguo y delicado de figura,
+de rostro agraciado y genio vivo y resuelto. Supo hacerse valer más que
+los otros, o por cálculo o por verdadera independencia de carácter. Al
+entrar en amores con ella no se entregó por completo ni abdicó su
+voluntad. En cuantas reyertas de alguna importancia tuvieron durante
+sus largas relaciones, pues no duraron menos de dos años, mantuvo con
+energía su dignidad. Era de temperamento bilioso, soberbio,
+despreciativo como ella, confiado en su dinero, y poseía un donaire
+maligno que le daba prestigio entre las damas. Gracias a estas
+cualidades, Clementina no se cansó de él tan pronto como de los otros.
+Al cabo de dos años, sin embargo, cuando faltaban sólo algunos días para
+realizarse el matrimonio, rompieron de un modo sonado y hasta
+escandaloso. Todo Madrid se enteró. Los comentarios fueron infinitos. De
+ellos resultaba que quien había tomado la iniciativa para cortar las
+relaciones había sido el novio. Tales dichos, exactos o no, llegaron a
+oídos de Clementina e hirieron su orgullo tan vivamente, que le faltó
+poco para enfermar de ira.
+
+Pasó un año. Tuvo algún noviazgo de poca importancia. Osorio también
+galanteó a otras jóvenes. En ambos se conservaba vivo, no obstante, el
+recuerdo de sus amores. A ella la agitaba un deseo punzante de venganza.
+Mientras aquel hombre anduviese en sociedad tan contento como
+aparentaba, se sentía humillada. En él, a pesar de su disfraz de
+indiferencia, ardía el fuego del amor o por lo menos del deseo.
+Clementina había fascinado sus sentidos, había penetrado en su carne:
+por más esfuerzos que hacía no podía arrancarla de sí. A todas horas
+soñaba con ella, la veía ante sus ojos cada vez más incitante y
+apetecible. Cuanto más tiempo pasaba más crecía el fuego que le consumía
+y más esfuerzo y dolor le costaba adoptar un continente altivo e
+indiferente al encontrarse con ella en cualquier sarao. Clementina, con
+la sagacidad bastante común en las mujeres, llegó al cabo a adivinar que
+su antiguo novio seguía adorándola en secreto y sintió un regocijo
+maligno. Desde entonces no se vistió, no se adornó más que para él; para
+aturdirle, para fascinarle, para hacerle beber la amarga copa de los
+celos.
+
+De esta época data la fama ruidosa que adquirió como mujer elegante.
+Clementina en este punto era una gran artista. Sabía vestirse de tal
+modo que las telas, ni por sus vivos colores, ni por su riqueza,
+atrajesen demasiado la vista en perjuicio de la figura. Comprendiendo
+que el traje en la mujer no debe ser un uniforme sino adorno, un medio
+de hacer resaltar las perfecciones con que la naturaleza la hubiese
+dotado, no obedecía ciegamente a la moda. En cuanto ésta atentase poco o
+mucho a la exposición de su belleza, la esquivaba con valor o la
+modificaba. Rehuía los colores chillones, la profusión de lazos, los
+peinados complicados. Consideraba a su cuerpo como una estatua y la
+vestía como tal. De aquí una cierta tendencia, que constantemente se
+manifestaba en sus trajes, hacía el ropaje, esto es, hacia la amplitud
+de los pliegues, hacia la vestidura larga. Su figura gallarda,
+majestuosa, ganaba mucho de esta manera. Algo la pronunció después de
+casada, pero no llegó a exagerarla, retenida por su buen gusto. Solía
+vestirse de blanco. Con esto y con peinar sus cabellos del modo
+sencillísimo que los tiene la Venus de Milo, semejaba al parecer en los
+salones hermosa estatua que llegase de la Grecia. Una cosa hacía muy
+digna de censura en el terreno moral, aunque no lo sea en el del arte:
+descotarse con exageración. Una de las sumas bellezas que poseía era el
+pecho. Parecía amasado por las Gracias para trastornar a los dioses. No
+había en Madrid una garganta mejor modelada, ni un seno mejor puesto,
+más delicado, más atractivo. El deseo vanidoso de mostrarlo, no
+contenido por la vigilancia saludable de una madre, le hizo incurrir en
+más de una ocasión en las censuras de la sociedad. Porque la infeliz D.ª
+Carmen, a más de no hallarse muy al tanto de los usos sociales, era tan
+débil con los caprichos y fantasías de su hijastra, que los tomaba sin
+inconveniente por actos razonables, por expresión de su gusto
+indiscutible y su elegancia. Algún disgusto le proporcionó tal vanidad.
+En cierta ocasión, al presentarse en noche de baile en casa de Alcudia,
+la marquesa le dijo al saludarla:
+
+--Muy linda, muy linda, Clementina. Está usted admirablemente
+vestida.... Pero me parece que la han descotado mucho.... Venga usted
+conmigo, ya arreglaremos eso.
+
+Y la llevó a su tocador y con maternal solicitud le puso en el pecho
+unos céfiros que ocultaron lo que en realidad no debía mostrarse. La
+joven procuró disimular su vergüenza achacando la falta a la modista. No
+obstante se sintió tan humillada por aquella lección y por la sonrisa
+compasiva que la acompañó, que nunca más pudo ver desde entonces a la
+devota marquesa.
+
+Con este soplar incesante y adecuado, la llama de Osorio tomaba cada vez
+más incremento. Ya no era poderoso por más tiempo a guardarla en el
+pecho. Al cabo se confió a su hermana, que era amiga bastante íntima de
+la joven. Rogóla que tantease el terreno a ver si podía avanzar de nuevo
+el pie sin peligro de precipitarse. Mariana dió el recado. Clementina
+escuchólo con mal refrenada alegría y le metió los dedos en la boca
+hasta que la pánfila señora de Calderón desembuchó lo que tenía dentro y
+pudo convencerse de que Tomás ardía en amores por ella. Cuando se
+cercioró bien, respondió con palabras ambiguas y riendo: "Lo pensaría,
+lo pensaría.... Estaba muy agraviada por lo que se había dicho de la
+ruptura de sus relaciones.... Pero en fin, no le quitaba por completo
+las esperanzas".
+
+Se puso a meditar con atención sobre el medio de satisfacer las
+exigencias de su amor propio herido, y al cabo de algunos días formuló a
+Mariana la siguiente proposición: "Para que consintiese en dar su mano a
+Tomás, era indispensable que éste la pidiese de rodillas a sus padres
+delante de los testigos que ella elegiría a su gusto". A ninguna
+española de pura raza se le hubiera ocurrido semejante extravagancia.
+Precisa llevar en las venas sangre británica para concebir un
+refinamiento tan monstruoso de la soberbia. Cuando Osorio tuvo
+conocimiento de la resolución de su ex novia, se enfureció atrozmente;
+declaró con arrogancia que antes que pasar por tal humillación le
+harían cachos. No se volvió, pues, a hablar del asunto. Siguieron las
+cosas como antes. Mas como a pesar de sus rabiosos esfuerzos el gusano
+del apetito le roía cada vez con más crueldad las entrañas, el mísero,
+al cabo de dos meses, cayó en gran abatimiento. Sintióse desfallecer de
+amor y de deseo. No tuvo fuerzas para alejarse de Madrid. Volvió a rogar
+a su hermana que otra vez entablase las negociaciones. Clementina, que
+estaba bien penetrada ya de que le tenía en su poder, se mostró
+inflexible. O pasar por aquellas singulares horcas caudinas, o nada.
+
+Y Osorio pasó. ¿Qué había de hacer? Efectuóse la extraña ceremonia una
+tarde en casa de la novia. Al llegar a ella Osorio se encontró con unas
+veinte personas del sexo femenino, que Clementina había elegido entre
+las conocidas más envidiosas, las que más habían murmurado con motivo de
+su ruptura. Adoptó la mejor actitud para semejante caso. Grave, solemne,
+suelto de lengua y ademanes, dejando traslucir un poco de ironía, como
+si estuviese representando una comedia por satisfacer la fantasía de una
+enferma. Dijo algunas palabras previamente acerca de la historia de sus
+relaciones. Reconocióse culpable. Elogió desmesuradamente a Clementina,
+con tan poca medida, que en ocasiones parecía estar burlando. Se confesó
+indigno de aspirar a su mano. Por fin manifestó que siendo ella tan
+digna de ser adorada y tan grande la ventura de poseer su mano, no creía
+hacer nada de más pidiéndola de rodillas a sus padres. Al propio tiempo
+dobló una. D.ª Carmen vino a levantarle riendo y le abrazó con efusión.
+Clementina también le dió un apretón de manos, más alegre al ver lo bien
+y dignamente que salía del paso, que satisfecha en su orgullo. La verdad
+es que en aquella ocasión sintió hacia él lo que nunca más volvió a
+sentir, una migaja de amor. Si hubo humillación en semejante escena
+resultó para ella, por la frescura y el aplomo desdeñoso con que su
+novio la llevó a término. Pero no importa. La mujer goza más viva y más
+íntimamente observando la superioridad del hombre que humillándole.
+Clementina fué feliz aquella tarde.
+
+Pero si Osorio salió bien del paso, no le perdonó jamás la intención de
+humillarle; porque era tan orgulloso como ella. La pasión frenética que
+le había inspirado sofocó por algún tiempo todo otro sentimiento. Su
+luna de miel fué tan pegajosa como breve. El choque entre aquellos dos
+caracteres, de igual obstinación y fiereza, era ineludible. Vino pronto
+y vino con una serie de pequeños desabrimientos que hicieron desaparecer
+en un instante del corazón de la joven los fugaces destellos de amor que
+su marido le había inspirado. En él duró más tiempo la pasión. El
+conocimiento que cada cual tenía del otro los hizo prudentes, rehuyendo
+un choque formidable que había de ser funesto. Pero vino al fin. Se dijo
+entre los murmuradores que Osorio, cansado de la indiferencia y los
+desdenes de su esposa, en una hora fatal de ira y desesperación la había
+ultrajado con su misma doncella y en el mismo tálamo nupcial. Después
+de esta escena, que no sabemos si se realizó con los pormenores
+horrendos que algunos contaban, quedó roto el matrimonio para siempre.
+Osorio, sin derecho ya para intervenir en la conducta de su mujer, se
+vió obligado a ser mero espectador de ella. Entregóse Clementina sin
+reserva, sin disimulo, puede decirse también que sin pudor, a todos los
+galanteos que se le ofrecieron. El, por su parte, para contrarrestar el
+ridículo, que a causa de ellos pudiera tocarle, dióse con más descaro
+aún a la disipación. Extrajo mujeres de las últimas clases sociales y
+las convirtió en señoras, rodeándolas de un lujo deslumbrador. La
+Felipa, la Socorro y la Nati, cortesanas famosas en la capital, que
+fueron queridas de muchos personajes, ministros, banqueros y grandes de
+España, lo habían sido antes de él. El fué quien, por medio de sus
+celestinas, las había sacado de la calle de la Paloma, del barrio de
+Triana en Sevilla o del Perchel, de Málaga, y había gozado de sus
+primicias.
+
+Dentro de casa, marido y mujer se hablaban muy poco, lo indispensable
+solamente. Para evitar la molestia que les produciría sentarse solos a
+la mesa tenían siempre algún convidado. Fuera se trataban con expansiva
+y natural confianza. Alguna vez Osorio iba a buscar a su esposa a última
+hora a la reunión o teatro donde se hallase. Pero esto era valor
+entendido en el mundo. Todos sabían a qué atenerse respecto a sus
+relaciones. Ordinariamente, Clementina salía del brazo de su amante.
+Charlaban largo rato en el _foyer_, a presencia de todos, esperando el
+coche. Entraba al fin en éste. Antes de partir todavía cambiaban en tono
+confidencial buena copia de frases entreveradas, de alegres carcajadas.
+La moral, la moral elegante quedaba a salvo con que el amante no entrase
+en el mismo coche, aunque fuesen pocos minutos después a juntarse en el
+dulce retiro de un gabinete particular.
+
+Cuando Clementina llegó a su casa eran las seis y media. Silbó el
+cochero. Salió de su pabelloncito el portero a abrir la puerta de la
+verja y luego la del coche. El mismo se encargó de pagar al cochero. La
+dama, sin decir una palabra, entró en el jardín, que era exiguo pero
+lindo y bien cuidado. Subió la escalera de mármol, debajo de una gran
+marquesina que ocupaba más de la mitad de la fachada del _hôtel_. No era
+éste muy grande, pero sí fabricado con lujo y arte, de piedra blanca de
+Novelda y ladrillo fino. Osorio lo había hecho construir hacía solamente
+cuatro o cinco años. Como los planos fueron largamente meditados y
+discutidos, ofrecía una adecuada distribución, que lo hacía más cómodo
+tal vez que el de su suegro, con ser este tres o cuatro veces mayor.
+
+Halló a un criado en el recibimiento.
+
+--Estefanía ¿dónde anda?
+
+--Hace ya un buen rato que ha llegado, señora.
+
+Atravesó un magnífico vestíbulo iluminado por dos grandes lámparas con
+bombas esmeriladas sostenidas por sendas estatuas de bronce, siguió por
+el corredor y tomó la escalera que conducía al principal sin tropezarse
+con nadie. Cerca ya del salón que daba ingreso a su _boudoir_, halló a
+Fernando, un criadito de catorce años vestido con librea muy cuca y
+adecuada a sus años.
+
+--¿Estefanía?
+
+--Debe de estar en la cocina.
+
+--Que suba inmediatamente.
+
+Entró en el _boudoir_, y yendo al espejo de cuerpo entero sostenido por
+dos pies derechos de madera dorada, se despojó del sombrero. Era el
+gabinete una pieza reducida, vestida toda ella de raso azul con cenefas
+de cartón-piedra imitando una guirnalda de flores. Sobre la chimenea,
+vestida también de raso, había dos magníficos candelabros y un reloj,
+obra de nuestros plateros del siglo pasado. Los enseres de la chimenea
+eran igualmente de plata. La alfombra blanca con cenefa azul. En medio
+un confidente forrado de tisú de oro. Butacas, sillas doradas. En el
+suelo dos grandes almohadones de pluma. En un rincón el espejo; en otro
+un escritorio de madera taraceada estilo Pompadour; en los otros dos
+unas columnas forradas de terciopelo azul sosteniendo dos quinqués que
+esclarecían ahora la estancia. Comunicaba esta pieza por un lado con el
+tocador de la señora y éste con su dormitorio; por el otro con un
+saloncito donde solía recibir a sus amigos los martes por la tarde o
+jugar al tresillo de noche con los íntimos. En el _boudoir_ sólo
+entraban algunas pocas amigas de confianza que iban a visitarla en horas
+no señaladas. Aquí era donde celebraba esos coloquios secretos, tan
+sabrosos para las mujeres, donde su pensamiento se vacía por entero,
+pasando de lo más escondido y profundo a las frivolidades del día, los
+pormenores del traje y de la moda.
+
+Pocos segundos después de quitarse el sombrero apareció Estefanía. Era
+una jovencita pálida con hermosos ojos negros. Vestía, dentro de su
+condición, con elegancia y primor. Por encima del traje traía un
+delantal color gris orlado de puntilla blanca.
+
+--¡Ya podías aguardarme, chiquilla! ¿Dónde estabas metida?--dijo con
+tono de mal humor y distraído a la vez la señora.
+
+--Estaba en la cocina.... Había ido a darle unas puntadas a la falda de
+Teresa, que se le ha roto en un clavo--repuso con afectada humildad la
+doncella.
+
+Clementina guardó silencio, absorta sin duda en sus pensamientos.
+Colocada frente al espejo se dejó despojar del abrigo, contemplándose al
+propio tiempo con esa curiosidad eterna que las mujeres hermosas sienten
+por sí mismas.
+
+--¿Has estado en casa de Escolar?--preguntó al cabo distraídamente.
+
+--Sí, señora.
+
+--¿Qué ha dicho?
+
+--Que no tiene ahora una seda tan doble en ese color, pero que si la
+señora quiere enviará por ella.
+
+--¡Puf! Para ese viaje no necesitamos alforjas.... ¿Y en _La
+Perfección_?
+
+--Sí, señora. Que el sábado enviarán los gorros.
+
+--¿Has preguntado cómo seguía el padre Miguel?
+
+--No he tenido tiempo.... ¡Está tan lejos!...
+
+--¿Cómo lejos? ¿Pues no has ido en coche?
+
+--No, señora.... Juanito me ha dicho que la yegua estaba desherrada....
+
+--¿Por qué no te ha puesto uno de los caballos normandos?
+
+--No sé.... Siempre encuentra alguna disculpa cuando la señora me manda
+salir en coche.
+
+--Tal me parece.... Descuida, hija: ya arreglaré yo eso. ¡Bueno está el
+señor Juanito, con sus ínfulas de indispensable!
+
+Al echar una mirada a su doncella reflejada en el espejo, creyó observar
+algo extraño en sus ojos. Se volvió para mejor verlo. En efecto,
+Estefanía los tenía enrojecidos.
+
+--¡Tú has llorado, chica!
+
+--¿Yo?... No, señora, no.
+
+La manera de negarlo era hipócrita. La señora no tuvo necesidad de
+insistir mucho para que se lo confesase y aun la causa de su llanto.
+
+--El jefe, señora--comenzó a gimotear--, el jefe, que las ha tomado de
+poco tiempo a esta parte conmigo.... En cuando digo cualquier cosa,
+suelta la carcajada o dice una porquería.... Y los demás claro, los
+demás, como me tienen ojeriza porque la señora me quiere, y por adular
+al jefe, se ríen también.... Porque le he dicho hoy que se lo diría a la
+señora, me ha llenado de insolencias y me ha echado de la cocina.
+
+--¡Echado! ¿Y quién es él para echarte?--exclamó con ímpetu el ama.--Vé
+a llamarle. Es menester que yo caliente las orejas, lo mismo a ese necio
+que a Juanito. ¡Si nos descuidamos van a mandar en esta casa los criados
+más que los amos!
+
+--Señora ... yo no me atrevo. ¿Quiere que le envíe recado por Fernando?
+
+--Haz lo que quieras, pero llámale.
+
+Se había irritado vivamente al escuchar los sollozos de su doncella.
+Estefanía era su predilecta, a quien distinguía entre todos los criados
+y confiaba gran parte de sus secretos. Como todos los déspotas presentes
+y pasados, estaba dominada sin darse cuenta de ello. El carácter
+zalamero y adulador de la doncellita había ganado su corazón de tal
+manera, que con él, sin saberlo ella misma, le había entregado la
+voluntad. Estefanía era de hecho quien mandaba en la casa, pues que
+mandaba en la señora. El criado que no entraba en su gracia, podía
+prepararse a salir en plazo más o menos corto. Y sucedía lo que puede
+darse como regla segura en tales casos, que la preferida y amada de la
+señora era profundamente antipática a la servidumbre. No acaece esto
+solamente por esa pasión vergonzosa que en mayor o menor grado reside en
+todos los seres humanos, la envidia, sino también porque es condición
+precisa del hipócrita y adulador con el grande, ser al propio tiempo
+altanero y malévolo con el pequeño.
+
+Llamado por Fernando, a quien Estefanía dió el encargo, no tardó en
+presentarse en la puerta del gabinete el cocinero, con los atavíos del
+oficio, esto es, con mandil y gorra blanca; todo blanquísimo. Era un
+mocetón de treinta años, de rostro fresco y no desgraciado, con largas
+patillas negras. En el ceño que contraía su frente, en la preocupación
+que se observaba en sus ojos, comprendíase que ya sabía a qué venía
+llamado. Clementina se había sentado en el confidente. Estefanía se
+había retirado a un rincón y puso los ojos en el suelo al entrar el
+jefe.
+
+--Vamos a ver, Cayetano; acabo de saber que después de tratar con muy
+poca consideración a esta chica, la ha echado usted de la cocina. Le
+llamo para decirle que ni yo consiento que ningún criado trate mal a
+otro, ni usted está facultado para echar a nadie dentro de mi casa.
+
+--Señora ... yo no la he tratadu mal.... Es ella, la que nus trata mal a
+todus ... pincha aquí, pincha allá, sin dejarnus en paz--tartamudeó el
+cocinero con marcado acento gallego.
+
+--Bueno, pues si pincha aquí y pincha allí, ningunu de ustedes está
+facultadu para desvergonzarse con ella.... Se me dice a mí y
+concluído--, replicó vivamente la señora imitando el acento del jefe.
+
+--Es que....
+
+--Es que, nada. Ya sabe usted lo que le he dicho. Hemos
+concluído--manifestó el ama con gesto imperioso.
+
+El cocinero, con la cara encendida y todo el cuerpo tembloroso,
+permaneció unos segundos inmóvil. Después, antes de retirarse, dirigió
+una larga mirada iracunda a la doncellita, que seguía con los ojos en el
+suelo con expresión hipócrita donde se traslucía el triunfo del amor
+propio.
+
+--¡Chismosa!--le vomitó al rostro más que le dijo.
+
+La señora se alzó de su asiento, y rebosando de cólera por tal falta de
+respeto, le dijo:
+
+--¿Y cómo se atreve usted a insultarla en mi presencia? Márchese usted
+pronto.... ¡Quítese de mi vista!
+
+--Señora, lo que le digu es que ella tiene la culpa....
+
+--Pues si tiene la culpa, mejor.... Váyase usted.
+
+--Todus nus iremus de la casa, señora, porque a esa mentecata no hay
+quien la sufra.
+
+--Usted, por lo pronto, como si ya se hubiese ido. Puede usted buscar
+otro sitio donde servir, que yo no tolero que ningún criado se me quiera
+imponer.
+
+El cocinero quedóse otra vez inmóvil y estupefacto ante aquella brusca
+despedida; pero reponiéndose en seguida giró sobre los talones, diciendo
+con dignidad:
+
+--Está bien, señora; lo buscaré.
+
+Clementina siguió murmurando después de haberse ido:
+
+--¡Pero qué atrevido es este gallegazo! ¿Habrá mastuerzo? No creo que a
+nadie más que a mí le toquen semejantes criados....
+
+Apaciguándose de pronto por virtud de otra idea que le acudió, dijo:
+
+--Anda, ven a vestirme, que ya es tarde.
+
+Entró en su tocador seguida de Estefanía. Contra lo que debía
+presumirse, ésta tenía el semblante grave y nublado. Comenzó a
+despojarse rápidamente de su traje de calle para ponerse el de media
+ceremonia con que comía y recibía a sus íntimos por la noche, más claro
+siempre, con un pequeño descote y los brazos cubiertos. La doncella, a
+una indicación suya, sacó un traje color fresa exprimida del gran
+armario de espejo que ocupaba enteramente uno de los lienzos de la
+pared. Antes de ponérselo le arregló el pelo y le quitó las botinas
+bronceadas, sustituyéndolas con el zapato adecuado. No había abierto su
+boca la pálida doncellita hasta entonces, reflejando en el rostro cada
+vez más tristeza y preocupación. Al fin, hallándose arrodillada a los
+pies de su ama, levantó los ojos para decirla tímidamente:
+
+--Señora, voy a rogarle una cosa ... que no despida a Cayetano.
+
+Clementina la miró con sorpresa:
+
+--¿Esas tenemos?... Conque después que has sido tú la que....
+
+--Es que, señora--articuló Estefanía poniéndose todo lo colorada que
+permitía su tez--, si ahora le despide, me van los demás a tomar
+ojeriza.
+
+--¿Y a ti qué te importa?
+
+La doncella insistió con muchas veras y cada vez con palabras más
+suplicantes y persuasivas. La señora negó poco tiempo. Como el asunto
+era de poca monta y observaba no sin sorpresa el interés y aun ansiedad
+que su predilecta tenía en que el cocinero quedase, no tardó en
+concederlo, ordenándole que ella arreglase el asunto. Con esto el
+semblante de la chica se animó al instante, se puso como unas pascuas y
+comenzó a maniobrar en torno de su ama con extraordinaria presteza.
+
+Dos golpecitos dados en la puerta las sorprendió a ambas.
+
+--¿Quién es?--preguntó la señora.
+
+--¿Te estás vistiendo, Clementina?--se oyó de fuera.
+
+Era la voz de su marido. La sorpresa de la dama no disminuyó por esto.
+Osorio subía rarísima vez a su cuarto estando ella sola.
+
+--Sí; me estoy vistiendo. ¿Hay gente abajo?
+
+--Los de siempre: Lola, Pascuala y Bonifacio.... Es que tengo que hablar
+contigo. Te espero aquí en el salón.
+
+--Bien; allá voy.
+
+Desde entonces hasta que terminó de arreglarse, Clementina guardó
+silencio obstinado, expresando en el rostro una preocupación sombría que
+no pasó inadvertida para su doncella. En sus dedos, al dar los últimos
+toques a los pliegues de la falda, había un ligero temblor, como el de
+las niñas que por primera vez se visten para ir a un baile.
+
+Osorio la esperaba, en efecto, en el saloncito de arriba contiguo a su
+_boudoir_. Estaba sentado negligentemente en una butaca; pero al ver a
+su esposa se levantó, dejando caer previamente en la escupidera la punta
+del cigarro que fumaba. Clementina observó que estaba algo más pálido
+que de costumbre. Era el mismo hombrecillo de facciones correctas y mal
+color que cuando se casó; pero en los últimos doce años se había gastado
+bastante su naturaleza. Muchas arrugas en la cara; el cabello gris y la
+barba también; los ojos menos vivos.
+
+Fué a cerrar la puerta que su mujer dejó abierta, y acercándose a ésta
+le dijo con afectada naturalidad:
+
+--El cajero me ha entregado hoy un recibo tuyo de quince mil pesetas....
+Aquí está.
+
+Sacó la cartera y de ella un papelito satinado y oloroso, que presentó a
+su esposa. Esta lo miró un instante con semblante grave, sombrío, sin
+pestañear, y guardó silencio.
+
+--Hace quince días me entregó otro de nueve mil.... Aquí está.
+
+La misma operación, y el mismo silencio.
+
+--El mes pasado me presentó tres; uno de siete mil, otro de once mil y
+otro de cuatro mil.... Aquí los tengo también.
+
+Osorio agitó el puñado de papeles un instante delante de los ojos de la
+dama. Viendo que ésta no despegaba los labios, preguntó:
+
+--¿Estás conforme?
+
+--¿Con qué?--dijo secamente.
+
+--Con que son exactas estas partidas.
+
+--Lo serán si están firmados los recibos por mí. Tengo poca memoria,
+sobre todo en cuestiones de dinero.
+
+--Es una gran felicidad--repuso sonriendo irónicamente Osorio, mientras
+volvía a guardar en la cartera los papeles--. Yo también he intentado
+muchas veces prescindir de ella. Desgraciadamente, el cajero se encarga
+siempre de refrescársela a uno.... ¡Bueno!--añadió, viendo que su mujer
+no replicaba--. Pues no he subido a otra cosa más que a hacerte una
+pregunta, y es la siguiente: ¿Crees que las cosas pueden seguir de este
+modo?
+
+--No entiendo.
+
+--Me explicaré: ¿crees que puedes seguir tomando de la caja cada pocos
+días cantidades tan crecidas como éstas?
+
+Clementina, que estaba pálida cuando entró, se había puesto fuertemente
+encarnada.
+
+--Mejor lo sabrás tú.
+
+--¿Por qué mejor?... Tú debes de saber adónde llega tu fortuna.
+
+--Bien, pues no lo sé--replicó refrenando con trabajo su despecho.
+
+--Nada más claro. Los seiscientos mil duros que tu padre me ha entregado
+al casarme, como están en fincas producen, según puedes enterarte de los
+libros, unos veintidós mil duros. El gasto de la casa, sin contar con
+el mío particular, suma bien tres veces esa cantidad.... Saca ahora, si
+quieres, la consecuencia.
+
+--Si te pesa que se gaste de tu dinero, puedes vender las casas--dijo
+Clementina con desdeñosa sequedad, volviendo a ponerse pálida.
+
+--Es que si se vendiesen, mañana sería yo responsable con mi dinero de
+su importe. ¿No sabes eso?
+
+--Firmaré cualquier papel diciendo que no se te haga cargo de nada.
+
+--No basta, querida, no basta. La ley no me exime nunca de responder de
+la dote mientras tenga dinero.... Además, si tú te lo gastases
+_alegremente_ (recalcó esta palabra), el negocio sería para ti muy
+bueno, pero para mí deplorable, porque siempre me quedaba en la
+obligación de ... subvenir a tus necesidades.
+
+--¿De mantenerme, verdad?--dijo ella con ironía amarga.
+
+--Quería evitar esa palabra ... pero, en efecto, es la más exacta.
+
+Hablaba Osorio en un tonillo impertinente y protector que estaba
+desgarrando por varios sitios la soberbia de su esposa. Desde las
+feroces reyertas que habían producido su separación debajo del mismo
+techo, no habían tenido una entrevista de tal especie como la presente.
+Cuando por la convivencia se originaba algún rozamiento, resolvíanlo por
+una breve y seca explicación de pasada, en que ambos, sin deponer el
+orgullo, usaban de prudencia por temor del escándalo. Pero ahora el
+asunto tocaba en lo más vivo a Osorio. Para un banquero, por espléndido
+que sea, lo más vivo es el dinero. Además su amor propio, aunque otra
+cosa aparentase, había sufrido mucho en los últimos años. No basta
+fingir indiferencia y desdén ante los extravíos de una esposa; no basta
+pagarle en igual moneda paseándole por delante de los ojos las queridas,
+hacer gala de ellas ante el público. Las armas serán iguales, pero las
+heridas que la mujer causa son más profundas y más graves que las del
+hombre. El malestar que la conducta libre de su esposa le causaba no
+disminuía con el tiempo. El abismo que los separaba era cada vez más
+profundo. Por eso, la airada venganza cogía esta ocasión por los pelos.
+
+Clementina le miró un instante. Luego, encogiéndose de hombros y
+haciendo con los labios una leve mueca de desdén, dió la vuelta y se
+dispuso a salir de la estancia. Osorio avanzó unos pasos colocándose
+entre ella y la puerta.
+
+--Antes de irte quiero que sepas que el cajero tiene orden de no pagar
+ningún recibo que no vaya visado por mí.
+
+--Enterada.
+
+--Para tus gastos tendrás una cantidad fija, que ya determinaremos cuál
+ha de ser. No quiero más sorpresas en la caja.
+
+Clementina, que iba a salir por la puerta de la antesala, retrocedió
+para hacerlo por la de su _boudoir_. Antes de desaparecer, teniendo el
+portier levantado con una mano y encarándose con su marido, le dijo con
+reconcentrada ira:
+
+--Al fin resultas un puerco como tu cuñado; sólo que éste no las echa
+como tú de generoso.
+
+Dejó caer el portier y dió un gran portazo.
+
+Osorio hizo un movimiento para arrojarse detrás de ella; pero
+reponiéndose instantáneamente gritó más que dijo para que le oyese bien:
+
+--¡Es claro! soy un puerco porque no quiero mantener señoritos
+hambrientos. ¡Que los mantengan las viejas que los utilizan!
+
+Después de proferida esta ferocidad quedó satisfecho al parecer, porque
+en sus labios se dibujó una sonrisa de triunfo y sarcasmo.
+
+Cinco minutos después ambos esposos estaban en el comedor riendo y
+bromeando con los tres o cuatro convidados que tenían.
+
+
+
+
+IV
+
+#Cómo alentaba a la virtud el señor duque de Requena.#
+
+
+A ver, a ver, explica eso.
+
+--Señor duque, el negocio es clarísimo. Hoy he hablado con Regnault. La
+mina puede producir, cambiando los hornos, construyendo algunas vías y
+estableciendo maquinaria a propósito, una mitad más de lo que
+actualmente rinde. Puede llegar a producir sesenta mil frascos de
+azogue. El dinero necesario para lograr esto no pasa de ciento a ciento
+cincuenta mil duros.
+
+--Me parece mucho.
+
+--¿Mucho, para un resultado como ese?
+
+--No; me parecen muchos frascos.
+
+--Pues a mí no me cabe duda de que es verdad lo que dice Regnault. Es un
+ingeniero inteligente y práctico. Seis años ha estado explotando las de
+California. Además, el ingeniero inglés que ha ido con él asegura lo
+mismo.
+
+Los que así hablaban eran el duque de Requena y su secretario, primer
+dependiente o como quiera llamarse, pues en la casa no había apelativo
+designado para él. Llamábasele simplemente Llera. Era un mozo asturiano,
+alto, huesudo, de rostro pálido y anguloso, brazos y piernas
+larguísimos, grandes manos y pies, brusco y desgarbado de ademanes y con
+unos ojos grandes de mirar franco y sincero donde brillaba la voluntad y
+la inteligencia. Era un trabajador infatigable, asombroso. No se sabía a
+qué horas comía ni dormía. Cuando llegaba a las ocho de la mañana al
+escritorio, ya traía hecha la tarea de cualquier hombre en todo el día.
+A las doce de la noche aún se le podía ver muchas veces con la pluma en
+la mano en su despacho. Con ese don especial para conocer a los hombres,
+que poseen todos los que han de lograr éxito feliz en el mundo, Salabert
+penetró, al poco tiempo de tenerle por ínfimo escribiente, el carácter
+y la inteligencia de Llera. Y sin darle gran consideración en
+apariencia, porque esto no entraba jamás en su proceder, se la dió de
+hecho acumulando sobre él los trabajos de más importancia. En poco
+tiempo llegó a ser el hombre de confianza del célebre especulador, el
+alma de la casa. Su laboriosidad humillaba a todos los demás empleados y
+de ella se servía Salabert para cargarlos de trabajo en horas
+excepcionales. Llera, a un mismo tiempo, era su secretario, su mayordomo
+general, el primer oficial de su oficina, el inspector de las obras que
+tenía en construcción y el agente de casi todos sus negocios. Por llevar
+a cabo este trabajo inconcebible, superior a las fuerzas de cuatro
+hombres medianamente laboriosos, le daba seis mil pesetas al año. El
+dependiente se creía bien retribuido, considerábase feliz pensando que
+hacía seis años nada más, ganaba mil quinientas. Todos los días, antes
+de dar su paseo matinal y emprender sus visitas de negocios, daba el
+duque una vuelta por el despacho de Llera, se enteraba de los asuntos y
+conversaba con él un rato largo o corto según las circunstancias.
+
+El duque tenía las oficinas en los altos de su palacio del paseo de
+Luchana, soberbio edificio levantado en medio de un jardín que, por lo
+amplio, merecía el nombre de parque. En el verano, los árboles, tupidos
+de follaje, apenas dejaban ver la blanca crestería de la azotea. En el
+invierno, las muchas coníferas y arbustos de hoja permanente que allí
+crecían, le daban todavía aspecto muy grato. Era el centro de reunión de
+todos los pájaros del distrito del Hospicio. Tenía acceso por una gran
+escalinata de mármol. Además del piso bajo donde se hallaban los salones
+de recibir y el comedor poseía otros dos. Parte del último era lo que
+ocupaban las oficinas, que no eran muy considerables. A Salabert le
+bastaba para la dirección de sus negocios con una docena de empleados
+expertos. El lujo desplegado en la casa era sorprendente: el mobiliario
+valía no pocos millones. Chocaba con la avaricia, que todo el mundo
+atribuía a su dueño. Esta y otras contradicciones parecidas se irán
+resolviendo según vayamos penetrando en su carácter, uno de los más
+curiosos y más dignos de fijar la atención del lector. Las cocinas
+estaban en los sótanos, que eran espaciosos y bien dispuestos. El
+comedor, que ocupaba la parte trasera del piso bajo, tenía por
+complemento un invernadero de excepcionales dimensiones, donde crecían
+gran número de arbustos y flores exóticas y donde el agua que manaba
+profusamente formaba estanquecillos y cascadas muy gratos de ver; todo
+imitando, en lo posible, a la naturaleza. Las cuadras estaban en
+edificio aparte al extremo del jardín, lo mismo que la habitación de
+algunos criados, no todos.
+
+El duque, repantigado en el único sillón que había en el despacho de
+Llera, mientras éste se mantenía frente a él de pie dando vueltas en la
+mano a unas grandes tijeras de cortar papel, paseó tres o cuatro veces
+de un ángulo a otro de la boca el negro y mojado cigarro, sin contestar
+a las últimas palabras de su secretario. Al fin gruñó más que dijo:
+
+--¡Hum! El ministro está cada día más terco.
+
+--¡Qué importa! ¿No sabe usted el secreto de hacerle ceder?...
+Telegrafíe usted a Liverpool y antes de quince días el frasco de azogue
+baja desde sesenta a cuarenta duros.
+
+El duque de Requena había formado por iniciativa y consejo de Llera,
+hacía cuatro años, una sociedad o sindicato de azogues con el objeto de
+acaparar todo el mercurio que saliese al mercado. Gracias a ello, este
+producto había subido extraordinariamente. La sociedad se encontraba con
+un depósito inmenso en Liverpool. El plan de Llera era lanzarlo al
+mercado en un momento dado, produciendo una baja enorme que asustase al
+Gobierno. Esto, realizado en la época misma del pago del empréstito de
+cien millones de pesetas que el Gobierno había hecho hacía diez años a
+una casa extranjera, le empujaría a pensar en la venta de la mina de
+Riosa. Si por otra parte se ayudaba a la empresa sacrificando algunos
+millones, subvencionando periódicos y personajes, podía darse por seguro
+el éxito. Este plan, formado por Llera y madurado por el duque, venía
+desenvolviéndose con regularidad y tocaba a su término.
+
+--Allá veremos--manifestó el opulento banquero quedándose unos instantes
+pensativo--. Cuando salga a subasta--dijo al cabo--, será necesario
+formar otra sociedad. La de azogues no nos sirve para el caso.
+
+--¡Claro que se formará!
+
+--El caso es que yo no quiero comprometer en este negocio más de ocho
+millones de pesetas.
+
+--Eso ya es otra cosa--manifestó Llera poniéndose serio--. Apoderarse de
+un negocio de esa entidad con tan poco dinero me parece imposible. La
+gerencia irá a parar a otras manos y entonces queda reducido a un tanto
+por ciento mayor o menor.... ¡es decir, a nada!
+
+--Verdad, verdad--masculló Salabert quedándose otra vez profundamente
+pensativo. Llera también permaneció silencioso y meditabundo.
+
+--Ya le he indicado a usted el único medio que hay para conseguir la
+dirección....
+
+Este medio consistía en tomar una cantidad bastante crecida de acciones
+en la mina al ser comprada por la sociedad; seguir comprando todas las
+que se pudiesen; luego comenzar a venderlas más baratas, hasta llegar a
+producir el pánico en los accionistas. Comprar y vender perdiendo
+durante algún tiempo éste era el medio que proponía Llera para conseguir
+la baja de las acciones y poder adquirir con mucho menos dinero la mitad
+más una y apoderarse por completo del negocio. Salabert no lo veía tan
+claro como su secretario. Era la suya una inteligencia perspicaz,
+minuciosa, penetrante; pero le faltaba grandeza e iniciativa en los
+negocios, aunque otra cosa pensasen los que le veían acometer empresas
+de excepcional importancia. El pensamiento primordial, la que pudiéramos
+llamar idea madre de un negocio, casi nunca nacía en su cerebro; le
+venía de afuera. Pero en él germinaba y se desarrollaba quizá como en
+ningún otro de España. Poco a poco lo iba analizando, disecando mejor,
+penetraba hasta las últimas fibras, lo contemplaba en sus múltiples
+aspectos, y una vez convencido de que le reportaría ventajas, se lanzaba
+sobre él con rara y sorprendente audacia. Esto era lo que acerca de sus
+dotes de especulador había producido el engaño del públíco. Estaba bien
+convencido de que una vez resuelto a acometer la empresa, cualquier
+vacilación resultaba perjudicial. Tal audacia no procedía, pues,
+directamente de su temperamento, sino de la reflexión. Era una muestra
+de su astucia incomparable.
+
+Por lo demás, su fondo era tímido. Este defecto, en vez de corregirse
+con la felicidad casi nunca interrumpida de sus éxitos, se aumentaba
+cada día. La avaricia es medrosa y suspicaz. Salabert era cada vez más
+avaro. Además, con los años, el pesimismo va penetrando en el espíritu
+del hombre. Acostumbrado a grandes resultados en sus especulaciones,
+nuestro banquero juzgaba deplorable el negocio en que no percibía
+pingües ganancias. Si por acaso no obtenía ninguna o había leve pérdida,
+creía el caso digno de ser lamentado largamente. Así que, sin el
+concurso de Llera, sin su carácter osado y su imaginación fecunda en
+invenciones, el duque de Requena haría ya tiempo que no se aventuraría
+en un negocio de mediana importancia. En cambio, lo que había perdido de
+inventiva y audacia habíalo reemplazado por un tacto y habilidad
+verdaderamente pasmosos, un conocimiento de los hombres que sólo la edad
+y una atención constante pueden lograr. En tal sentido puede decirse que
+Llera y él se completaban a maravilla. Esta sagacidad y este
+conocimiento del corazón humano llegaban en Salabert a pecar de
+excesivos; esto es, se pasaba de listo en ocasiones. En su trato con los
+hombres, mirándoles siempre del lado de los intereses materiales, había
+llegado a formarse tan triste idea de ellos, que resultaba monstruosa y
+le expuso a serios percances. Quizá lo que veía en los otros no era más
+que el reflejo de su propia imagen como nos sucede a todos los humanos.
+Para él no había hombre ni mujer incorruptibles. Un poco más caras o un
+poco más baratas las conciencias, todas estaban a la venta. En los
+últimos años el soborno llegó a ser en él una manía. Si tropezaba con
+personas que no se dejaban comprar, nunca imaginaba que lo hacían de
+buena fe, sino porque se estimaban en mayor precio del que ofrecía. Era
+una de las tareas más pesadas de Llera arrancarle de la cabeza los
+proyectos de soborno cuando recaían en hombres que sin duda habían de
+rechazarlos con indignación. Si tenía un pleito, lo primero que pensaba
+era cuánto dinero iban a costarle los magistrados que habían de
+fallarlo. Si estaba interesado en un expediente gubernativo, separaba
+_in mente_ la cantidad que debía destinar al ministro o al subsecretario
+o a los consejeros de Estado. Desgraciadamente este lápiz negro que
+tenía siempre en la mano para tiznar el rostro de la humanidad, se
+empleaba con resultado positivo en bastantes ocasiones.
+
+El duque de Requena ni tenía sentido moral ni nunca lo había conocido.
+Su vida de granuja anónimo en Valencia, estaba señalada por una serie de
+travesuras y mañas chistosas, por una fecundidad tan grande en trazas
+para sacar al prójimo su dinero, que lo hicieron digno émulo del
+_Lazarillo de Tormes, El pícaro Guzmán de Alfarache_ y otros héroes
+famosos de la novela española. Por cierto que antes de ir adelante
+conviene expresar que un grupo de socios del Ateneo había puesto a
+Salabert el sobrenombre de _El pícaro Guzmán_ con que le conocían. Pero
+este apodo no salió del círculo de amigos. Mejor éxito tuvo una frase
+del presidente del Consejo de Ministros explicando las iniciales del
+duque. Decía que a estas iniciales A.S. debía ponérseles signo de
+admiración para que dijeran: _¡A Ese!_
+
+Contábase con visos de verosimilitud que en Cuba, adonde había ido a
+buscar fortuna, compró un tabernucho en los arrabales de la Habana, con
+todo su mobiliario, incluyendo en él una negra destinada a su servicio.
+Esta negra, durante los años que tuvo aquel comercio, fué su criada, su
+ama de gobierno, su dependiente y su concubina. De ella tuvo varios
+hijos. Cuando hubo ahorrado algunos miles de duros para restituirse a
+España, liquidó sus cuentas vendiendo la taberna, el mobiliario, la
+negra.... ¡y los hijos!
+
+Luego comenzaron los equipos para la tropa, los negocios de tabacos, la
+subasta de carreteras, cediéndolas unas veces con primas, otras
+construyéndolas sin las condiciones exigidas por el contrato, los
+empréstitos al Gobierno, etc., etc. En todos ellos desplegó nuestro
+negociante su rara sagacidad, su talento positivo y un "órgano de la
+adquisividad" tan poderoso, que con razón le hicieron célebre entre los
+personajes de la banca.
+
+No era antipático su trato. Al revés de casi todos los que aspiran a las
+riquezas o al poder, ni era fino en los modales ni meloso en las
+palabras. Era más bien brusco que cortés; pero sabía admirablemente
+distinguir de personas y se suavizaba cuando hacía falta. Esta misma
+tosquedad nativa servíale para disfrazar lo astuto y sutil de su
+pensamiento. Parecía que aquel exterior burdo, rústico, aquellos modales
+exageradamente libres y campechanos no podían menos de guardar un
+corazón franco y leal. Era (por fuera nada más) el tipo acabado del
+castellano viejo, honradote, sincero e impertinente. Hablaba poco o
+mucho según le convenía, se expresaba con dificultad real o fingida (que
+esto nunca llegó a averiguarse), tenía de vez en cuando salidas
+chistosas, aunque siempre tocadas de grosería, y solía decir en la cara
+algunas cosas desagradables que le hacían temible en los salones. La
+preponderancia adquirida por sus riquezas había hecho crecer este último
+defecto. A la mayor parte de las personas, aun a las damas, solía
+hablarles con una franqueza rayana en el cinismo y la desvergüenza;
+signos del desprecio que en realidad le inspiraban. No obstante, cuando
+tropezaba con un personaje político de los que a él le convenía tener
+propicios, esta franqueza tomaba otro giro muy distinto y se
+transformaba en adulación y casi casi en servilismo. Mas esta farsa,
+aunque admirablemente desempeñada, no engañaba a nadie. El duque de
+Requena era tenido por un zorro de marca. Por milagro creía ya alguno en
+sus palabras ni se dejaba cautivar por aquel aspecto rudo y bonachón.
+Los que le hablaban estaban siempre en guardia, aunque fingiendo
+confianza y alegría. Como sucede a todos los que han conseguido
+elevarse, los defectos que universalmente se le reconocían, mejor dicho,
+la mala fama que tenía, no era obstáculo para que se le respetase, para
+que todos le hablasen con el sombrero en la mano y la sonrisa en los
+labios, aunque nunca hubiesen de necesitar de él. Los hombres muchas
+veces se humillan por el solo placer de humillarse. Salabert conocía
+esta innata tendencia que tiene la espina dorsal del hombre a doblarse y
+abusaba de ella. Muchos que vivían con independencia, no sólo le
+toleraban impertinencias que les hubieran parecido intolerables en algún
+amigo de la infancia, sino que apetecían y buscaban su trato.
+
+--Veremos, veremos--repitió de nuevo cuando Llera le recordó el medio de
+apoderarse de la gerencia--. Tú eres muy fantástico; tienes la cabeza
+demasiado caliente. No sirves para los negocios. A ver si nos pasa aquí
+lo que con las alhóndigas.
+
+Por consejo de Llera, el negociante había construído alhóndigas en
+algunas capitales de España, las cuales no habían tenido el éxito que
+esperaban. Como después de todo el negocio no era de gran entidad, las
+pérdidas tampoco fueron cuantiosas. A pesar de eso, el duque, que las
+había llorado como si lo fuesen y no había escaseado a su secretario
+frases groseras e insultantes, le recordaba a cada instante el asunto.
+Servíale de arma para despreciar sus planes, aunque después los
+utilizase lindamente y a ellos debiese un aumento considerable de su
+hacienda. Teníale de esta suerte sumiso, ignorante de su valer y presto
+a cualquier trabajo por enojoso que fuera.
+
+Un poco avergonzado por el recuerdo, Llera insistió en afirmar que el
+negocio de ahora era de éxito infalible si se le conducía por los
+caminos que él señalaba. Salabert cortó bruscamente la discusión pasando
+a otros asuntos. Informóse rápidamente de los del día. La pérdida de una
+fianza que había hecho por un pariente de Valencia, le puso fuera de sí,
+bufó y pateó como un toro cuando le clavan las banderillas, se llamó
+animal cien veces y tuvo la desfachatez de decir, en presencia de Llera,
+que su bondadoso corazón concluiría por arruinarle. La pérdida, en
+total, representaba unas veintidós mil pesetas. Las fianzas que el duque
+hacía por sus más íntimos amigos o parientes eran del tenor siguiente:
+Las hacía generalmente en papel, exigía al afianzado un seis por ciento
+del capital depositado, y se encargaba además de cortar y cobrar los
+cupones. De suerte que el capital, en vez de redituarle lo que a todos
+los tenedores de valores del Estado, le producía un seis por ciento
+más. Así eran los negocios que el duque hacía, no tanto por interés como
+por impulso irresistible de su corazón.
+
+Salió furioso del despacho de su secretario, fuese a la caja y
+aprendiendo allí que iban a mandar a cobrar al Banco nueve mil duros de
+cuenta corriente, él mismo recogió el _talón_ después de firmarlo. Debía
+pasar por allá a celebrar una Junta como consejero, y de paso ningún
+trabajo le costaba hacerlo efectivo. Salió a pie como era su costumbre
+por las mañanas. En las hermosas coníferas que bordaban los caminos del
+jardín-parque cantaban alegremente los pájaros. Se comprendía que no
+habían puesto fianza alguna y la habían perdido. El señor duque maldita
+la gana que tenía de cantar ni aun escuchar sus regocijados trinos. Pasó
+de largo con el semblante torvo, sin responder a los saludos de los
+jardineros y del portero, mordiendo con más ensañamiento que nunca su
+enorme cigarro. En la calle no tardó en colorearse un poco su rostro.
+Tuvo un encuentro agradable y útil. El presidente del Consejo de Estado,
+a quien le gustaba también madrugar, le saludó en el paseo de Recoletos.
+Hablaron algunos momentos y los aprovechó para recomendarle, con la
+brusquedad calculada que le caracterizaba, un expediente de ciertas
+marismas en que estaba interesado. Después, a paso lento, mirando con
+sus ojos saltones, inocentes, a los transeuntes, deteniéndolos
+particularmente en las frescas domésticas que regresaban a sus casas con
+la cesta de la compra llena y las mejillas más coloradas por el
+esfuerzo, se dirigió al Banco de España. Era mucha la gente que le
+quitaba el sombrero. De vez en cuando se detenía un instante, daba un
+apretón de manos, y cambiando con el conocido que tropezaba cuatro
+palabras en tono familiar y desenfadado, seguía su camino.
+
+Era temprano aún. Antes de llegar al Banco se le ocurrió subir a casa de
+su amigo y compariente Calderón. Tenía éste su almacén y su escritorio
+en la calle de San Felipe Neri, tal cual su padre lo había dejado, esto
+es, pobrísimo de apariencia y hasta lóbrego y sucio. En aquel local,
+donde la luz se filtraba con trabajo al través de unos cristales
+polvorientos resguardados por toscos barrotes de hierro, donde el olor
+de las pieles curtidas llegaba a producir náuseas, el viejo Calderón
+había ido amontonando con mecánica regularidad duro sobre duro, onza
+sobre onza, hasta formar algunas pilas de millón. Su hijo Julián nada
+había cambiado. A pesar de ser uno de los banqueros más ricos de Madrid,
+no había querido prescindir del almacén de pieles, y eso que este
+comercio, comparado con el de letras y efectos públicos que la casa
+llevaba a cabo, poco le representaba. Calderón era un tipo de banquero
+distinto de Salabert. Tenía un temperamento esencialmente conservador,
+medroso hasta el exceso para los negocios, prefiriendo siempre la
+ganancia pequeña a la grande cuando ésta se logra con riesgo. De
+inteligencia bastante limitada, cauteloso, vacilante, minucioso. Toda
+empresa nueva le parecía una locura. Cuando veía fracasar a un
+compañero en alguna, sonreía maliciosamente y se daba a sí mismo el
+parabién por el gran talento de que estaba dotado. Si rendía ganancias,
+sacudía la cabeza murmurando con implacable pesimismo: "Al freir será el
+reir". Económico, avaro mejor dicho, hasta un grado escandaloso en su
+casa. Si la tenía puesta con relativo lujo había sido a fuerza de
+súplicas de su mujer, de burlas de sus amigos, y sobre todo porque había
+llegado a convencerse de que necesitaba gozar de cierto prestigio
+exteriormente si había de competir con los muchos e inteligentes
+banqueros establecidos en la corte. Los tiempos habían cambiado mucho
+desde que su padre acaparaba una parte considerable de los giros de la
+plaza. Pero después de comprados cuidaba con tal esmero de la
+conservación de los muebles, exigía tal refinamiento de vigilancia a los
+criados, a su mujer y a sus hijos, que en realidad eran todos esclavos
+de aquellos costosos artefactos. Pues si vamos al coche, no es posible
+imaginarse los temores, las agitaciones sin cuento que le costaba. Cada
+vez que el cochero le decía que un caballo estaba desherrado, era un
+disgusto. Tenía un tronco de yeguas francesas de bastante precio. Las
+mimaba tanto o más que a sus hijos. Sacábalas a paseo por las tardes;
+pero no le conducían al teatro por miedo a una pulmonía. Prefería que su
+mujer fuese a pie o en coche de alquiler, a exponerse a la pérdida de
+una de ellas. No hay que decir, si alguna se ponía enferma, lo que
+pasaba por nuestro banquero. La preocupación, el abatimiento se pintaban
+en su semblante. Visitábala a menudo, la acariciaba, y no pocas veces
+ayudaba al cochero y al veterinario a las curas, aunque consistiesen en
+ponerle lavativas. Hasta que la enferma sanase no había buen humor en la
+casa.
+
+Era un marido cominero. Para eso tal vez no le faltaba razón. La apatía
+de su mujer era tan grande, que si él no se encargase de tomar la cuenta
+a la cocinera y manejar las llaves de los armarios, Dios sabe cómo
+andaría la casa. Mariana no disponía ni ejecutaba nada. Su papel era el
+de una hija de familia, y lo aceptaba sin pesar. Otra mujer cualquiera
+se creería humillada necesitando acudir a cada instante a su marido para
+los menesteres más insignificantes de la vida doméstica. Ella juzgábalo
+natural, y sobre todo muy cómodo cuando la sórdida economía de Calderón
+no la apretaba demasiado. La que alguna vez protestaba sordamente contra
+esta exclusiva centralización de las atribuciones administrativas era su
+madre, aquella señora delgadísima, de ojos hundidos, de quien hicimos
+mención en el primer capítulo. Tales protestas no eran, sin embargo,
+frecuentes ni duraderas. En el fondo había un acuerdo perfecto entre la
+suegra y el yerno. La vieja, como viuda de comerciante de provincia, a
+quien había ayudado a labrar su capital, era más amante aún del orden y
+la economía, mejor dicho, era todavía más tacaña que él. Por esto no
+había podido vivir jamás con su hijo: su excesivo gasto, y sobre todo el
+despilfarro, los caprichos escandalosos de Clementina, la irritaban, la
+amargaban todos los instantes de la existencia. En casa de Calderón, su
+papel era el de vigilante o inspector de la servidumbre, el cual
+desempeñaba a maravilla. Su yerno descansaba confiadamente en ella.
+Gracias a esto y a que esperaba que mejorase a Mariana en el testamento,
+la guardaba más consideraciones que a ésta.
+
+Salabert era, en el fondo, tan avaro como Calderón y casi tan tímido,
+pero mucho más inteligente. Su timidez estaba contrapesada por una buena
+dosis de fanfarronería: su avaricia por un conocimiento profundo de los
+hombres. Sabía bien que el aparato, la ostentación de las riquezas,
+influye notablemente hasta en el ánimo de los más despreocupados;
+contribuye en sumo grado a inspirar la confianza necesaria para acometer
+empresas importantes. De aquí el lujo con que vivía, su palacio, sus
+trenes, los bailes famosos que de vez en cuando daba a la sociedad
+madrileña. El carácter de Calderón le inspiraba un desprecio profundo:
+al mismo tiempo le despertaba el buen humor. Al ver la pequeñez de su
+amigo se crecía, contemplábase más grande de lo que en realidad era y
+experimentaba viva satisfacción. No se juzgaba solamente más hábil, más
+astuto (únicas ventajas que positivamente le llevaba), sino generoso y
+liberal, casi un pródigo.
+
+Penetró resoplando en el tenebroso almacén de la calle de San Felipe
+Neri, dejando como siempre estupefactos, abatidos, aniquilados a los
+dependientes, para los cuales el duque de Requena no era sólo el primer
+hombre de España, sino un ser sobrenatural. Producíales su vista la
+misma impresión de espanto y entusiasmo, de temor y fervorosa adoración
+que a los japoneses el gran Mikado. Y si no se prosternaban y hundían su
+frente en el polvo como aquéllos, por lo menos se ponían colorados hasta
+las orejas y no acertaban en algunos minutos a colocar la pluma sobre el
+papel ni prestaban atención a lo que el parroquiano les decía. Mirábanse
+con señales de pavor y decíanse en voz baja lo que de sobra sabían
+todos: "¡El duque!" "¡El duque!" "¡El duque!"
+
+El duque pasó, como solía cuando por casualidad iba por allí, sin
+dignarse arrojarles una mirada, y se fué derecho al pequeño departamento
+donde Calderón solía estar. Mucho antes de llegar a él comenzó a decir
+en voz alta:
+
+-¡Caramba, Julián! ¿cuándo saldrás de esta cueva? Esto no es una casa de
+banca; es una cuadra. No tiene vergüenza el que viene a visitarte. ¡Puf!
+¿Pero desolláis aquí también las reses, o qué? Hay un hedor insufrible.
+
+Calderón ocupaba, al final del almacén, un rincón separado del resto por
+un biombo de tabla pintada con una puertecita de resorte. Pudo escuchar,
+pues, todas las palabras de su amigo antes que éste empujase la mampara.
+
+--¡Qué quieres, hombre!--dijo algo amoscado por haberse enterado los
+dependientes de la filípica--; no todos somos duques ni se nos enredan
+los millones en los pies.
+
+--¡Qué millones! ¿Se necesitan millones para tener un despacho limpio y
+confortable? Lo que debes confesar es que te duele gastar una peseta en
+adecentarle. Te lo he dicho muchas veces, Julián; eres un pobre y toda
+la vida lo serás. Yo con mil reales seré más rico siempre que tú con mil
+duros; porque sé gastarlos.
+
+Calderón gruñó algunas protestas y siguió trabajando. El duque, sin
+quitarse el sombrero, dejóse caer en la única butaca que allí había
+forrada de badana blanca, o que debió de ser blanca. Ahora presentaba un
+color indefinible entre amarillo de ámbar, ceniza y verde botella, con
+fuertes toques negros en los sitios de apoyar la cabeza y las manos.
+Había además tres o cuatro banquetas forradas de lo mismo y en idéntico
+estado, una estantería de pino llena de legajos, una caja pequeña de
+valores, una mesa de escribir antiquísima de nogal y forrada de hule
+negro, y detrás de ella un sillón tosco y grasiento donde se hallaba
+sentado el jefe de la casa. Aquel pequeño departamento estaba
+esclarecido por una ventana con rejas. Para que los transeuntes no
+pudiesen registrarlo había visillos que, a más de ser de lo más
+ordinario y barato en el género, ofrecían la curiosa circunstancia de
+ser el uno demasiado largo y el otro tan corto que le faltaba cerca de
+una cuarta para tapar por completo el cristal de abajo.
+
+--Pero hombre, ya que no te mudes de casa deja ese dichoso comercio de
+pieles, que no es digno de un hombre de tu representación y tu fortuna.
+
+--Fortuna ... fortuna--masculló Calderón sin dejar de mirar el papel en
+que escribía--. Ya sé que se habla de mi fortuna.... ¡Si fuésemos a
+liquidar, quién sabe lo que resultaría!
+
+Calderón no confesaba jamás su dinero: gozaba en echarse por tierra.
+Cualquier alusión a su riqueza le molestaba en extremo. Por el
+contrario, a Salabert le gustaba dar en rostro con sus millones y
+representar el _nabab_; por supuesto, a la menor costa posible.
+
+--Además--siguió diciendo con mal humor--, todo el mundo se fija en lo
+que entra, pero nadie atiende a lo que sale. Los gastos que uno tiene
+son cada vez mayores. ¿A que no sabes lo que llevo gastado este año,
+vamos a ver?
+
+--Poca cosa--respondió el duque con sonrisa despreciativa.
+
+--¿Poca cosa? Pues pasa de setenta y cinco mil duros, y aún estamos en
+Noviembre.
+
+--¿Qué dices?--manifestó el duque con viva sorpresa--. No puede ser.
+
+--Lo que oyes.
+
+--Vaya, vaya, no me metas los dedos por los ojos, Julián.... A no ser
+que en esos setenta y cinco mil duros estén incluidos los gastos de la
+casa que estás fabricando en el Horno de la Mata.
+
+--Pues naturalmente.
+
+Al duque le acometió al oir esto tal golpe de risa, que por poco se
+ahoga. Cayósele el cigarro. La faz, ordinariamente amoratada, se puso
+ahora que daba miedo. El golpe de tos que le vino, acompañando a la
+risa, fué tan vivo, que parecía que iba a desplomarse presa de la
+congestión.
+
+--¡Hombre, tiene gracia! ¡tiene muchísima gracia eso!--dijo al cabo
+entre los flujos de la risa y de la tos--. No se me había ocurrido hasta
+ahora.... De aquí en adelante incluiré en los gastos de mi casa todas
+las compras de valores y todas las casas que edifique. Voy a aparecer
+con más gasto que un rey.
+
+La risa tan franca y ruidosa del duque molestó y corrió
+extraordinariamente a Calderón.
+
+--No sé a qué viene esa risa.... Si sale de la caja, en el capítulo de
+gastos está.... De todas maneras, Antonio, más sabe el loco en su casa
+que el cuerdo en la ajena.
+
+El duque, de algún tiempo a esta parte, menudeaba las visitas a su amigo
+y compañero. Empezaba a hacerle la rosca para atraerle al negocio de las
+minas de Riosa. Se aproximaba el momento en que había de efectuarse la
+subasta. Necesitaba para entonces contar con algunos accionistas de
+consideración. D. Julián lo era, tanto por el capital que representaba,
+como por su carácter mismo. Gozaba en el mundo de los negocios fama de
+precavido, de receloso mejor. De suerte que el hecho de tomar parte en
+cualquier especulación la acreditaba de segura, y esto era lo que
+Salabert necesitaba. No quiso molestarle, pues, muy fuertemente y cambió
+la conversación. Con la gran flexibilidad, con la finura que poseía bajo
+su corteza ruda, supo ponerle de buen temple loando su previsión en
+cierto negocio fracasado donde no se dejó coger, desollando a otros
+negociantes enemigos y reconociéndole tácitamente sobre ellos
+superioridad de talento y penetración. Cuando le tuvo bien trasteado,
+hablóle por tercera o cuarta vez, en términos vagos, del negocio de la
+mina. Ofrecíalo como un ideal inaccesible para meterle en apetito. ¡Si
+algún día fuera posible comprar esa mina, qué gran negocio! No había
+conocido otro más claro en su vida. Lo peor era que el Gobierno no
+estaba dispuesto a soltarla. Sin embargo, f..., con un poco de habilidad
+y trabajándolo bien, acaso con el tiempo.... Para entonces necesitábanse
+algunos hombres que no tuviesen inconveniente en invertir un buen
+capital. Si no los hallaba en España, iría al extranjero a buscarlos....
+
+Calderón, al oir hablar de un negocio, se encogía como los caracoles
+cuando los tocan. El de ahora era tan gordo, por los datos indecisos que
+el duque le suministraba, que le obligó a meterse de golpe en la
+cáscara. Así que Salabert comenzó a precisar un poco, púsose torvo y
+sombrío, mostróse receloso e inquieto, como si entonces mismo le fuesen
+a exigir una cantidad exorbitante.
+
+Cuando hubo concluído su largo discurso, un poco incoherente, que
+parecía más bien un monólogo, el duque se levantó bruscamente.
+
+--Vaya, Julianito, me voy de aquí al Banco.
+
+Al mismo tiempo sacó otro cigarro de la petaca, y sin ofrecerle, porque
+no fumaba, lo encendió por fórmula, pues los dejaba apagarse en seguida
+para seguir mordiéndolos.
+
+D. Julián respiró con satisfacción.
+
+--¡Tú siempre con esa actividad febril!--dijo, sonriendo y alargándole
+la mano.
+
+--¡Siempre detrás del dinero!
+
+Cuando ya iba a trasponer la puerta, Calderón se acordó de que podía
+utilizar aquella visita.
+
+--Oye, Antonio: tengo ahí un montón de _londres_.... ¿Las quieres? Te
+las doy baratas.
+
+--No me hacen falta ahora. ¿Cómo las cedes?
+
+--A cuarenta y siete.
+
+--¿Son muchas?
+
+--Ocho mil libras entre todas.
+
+--Siento no necesitarlas. Es buena ocasión. Adiós.
+
+Trasladóse al Banco, asistió a la reunión, y después de hacer efectivos
+los nueve mil duros del _talón_, salió con su amigo Urreta, otro de los
+célebres banqueros de Madrid. Al llegar cerca de la Puerta del Sol, se
+dieron la mano para despedirse.
+
+--¿Adónde va usted?--le preguntó Salabert.
+
+--Voy de aquí a casa de Calderón, a ver si puede facilitarme _londres_.
+
+--Es inútil el paseo--repuso vivamente el primero--. Todas las que tenía
+acabo yo de tomárselas.
+
+--Hombre, lo siento. ¿Y a cómo se las ha puesto?
+
+--A cuarenta y seis, diez.
+
+--No son baratas; pero me hacen mucha falta y aun así las tomaría.
+
+--¿Le hacen a usted falta de verdad?--dijo Salabert echándole al mismo
+tiempo el brazo sobre los hombros.
+
+--De verdad.
+
+--Pues voy a ser su Providencia. ¿Qué cantidad necesita usted?
+
+--Bastante. Diez mil libras lo menos.
+
+--No puedo tanto; pero por ocho mil, puede usted enviar esta tarde.
+
+El rostro de Urreta se iluminó con una sonrisa de agradecimiento.
+
+--¡Hombre, no puedo permitir!... A usted le harán falta también....
+
+--No tanto como a usted.... Pero aunque así fuera.... Ya sabe usted que
+se le quiere mucho. Es usted el único guipuzcoano con talento que he
+tropezado hasta ahora.
+
+Al mismo tiempo, como le llevara abrazado, le daba afectuosas palmaditas
+en el hombro. Estrecháronse de nuevo la mano, y después que Urreta se
+deshizo en frases de gratitud, a las cuales contestaba Salabert en ese
+tono brusco y campechanote que tanto realza el mérito de cualquier
+servicio, se despidieron.
+
+El duque tomó inmediatamente un coche de alquiler.
+
+--A la calle de San Felipe Neri, número....
+
+--Está bien, señor duque--repuso el cochero.
+
+Alzó la cabeza el prócer para mirarle.
+
+--¡Hola! ¿Me conoces?
+
+Y sin aguardar la contestación se metió adentro y cerró la portezuela.
+
+--Julián.... Julián--gritó a su amigo antes de abrir la mampara del
+escritorio--. Vengo a hacerte un favor.... ¡Qué suerte tienes, maldito!
+Mándame esas _londres_ a casa.
+
+--¡Hola!--exclamó el banquero con sonrisa triunfal--. ¿Las necesitas?
+
+--¡Si, f...., sí! Siempre me ha de hacer falta a mí lo que a ti te
+conviene soltar.... Adiós....
+
+Y sin entrar en el despacho dejó libre la mampara de resorte que tenía
+sujeta y se fué. Dió las señas al cochero de un hotel situado en el
+barrio Monasterio y se reclinó en un ángulo, mordiendo su cigarro y
+resoplando con evidente satisfacción. Experimentóla nuestro banquero
+después de cometer aquella granujada, después de despojar a su amigo
+Calderón de unas cuantas pesetas, como el justo al concluir un acto de
+justicia o de caridad. Su imaginación, siempre alerta para los asuntos
+donde hubiese dinero, vagó, mientras el carruaje le conducía al
+Hipódromo, al través de los varios negocios en que estaba comprometido;
+pero se detuvo muy particularmente en el de la mina de Riosa. La
+combinación de Llera le iba pareciendo cada vez mejor. Sin embargo,
+tenía sus puntos flacos. A reforzarlos se aplicó con el pensamiento,
+hasta que el coche se detuvo delante de la verja de un hotelito de
+construcción barata, con muchos adornos de yeso y madera que le hacían
+semejar a las obras de confitería.
+
+Apresuróse el portero a abrirle con acatamiento. Salvó en tres pasos el
+diminuto jardín. Al subir las pocas escaleras del piso bajo salió a la
+puerta una criada joven.
+
+--Hola, Petra: ¿y tu ama?
+
+--Duerme todavía, señor duque.
+
+--Pues ya son las doce--dijo sacando su cronómetro--. Voy a subir de
+todos modos.
+
+Y pasando por delante de ella, entró en la antesalita ochavada.
+Despojóse del gabán que la doméstica recibió y se encargó de colgar.
+Subió al piso principal. El dormitorio donde penetró era un gabinete con
+alcoba, separados por columnas y una gran cortina de brocatel. Estaba
+amueblado con lujo de gusto dudoso. En vez del sello que imprime
+cualquier persona, si no es enteramente vulgar, al decorado y adorno de
+sus habitaciones, observábase la mano del mueblista que cumple el
+encargo que le han dado, según el patrón corriente. Las puertas de
+madera del balcón estaban abiertas. La luz penetraba por un transparente
+que representaba un paisaje de color de chocolate. Las paredes estaban
+acolchadas con damasco amarillo; las sillas eran doradas igual que una
+mesilla de centro y un armarito para colocar chucherías.
+
+Observábase en aquella estancia, perteneciente a una mujer, el mismo
+desorden que suelen presentar los cuartos de los estudiantes o
+militares. Diversas prendas de vestir, enaguas, corsé, medias, andaban
+esparcidas por las sillas. Sobre la rica alfombra de terciopelo había
+algunos escupitajos y puntas de cigarro. En la delicada mesilla del
+centro una licorera con las botellas casi vacías y las copas fuera de su
+sitio. El duque echó una mirada torva a esta licorera y alzó suavemente
+la cortina de la alcoba. En primoroso lecho de ébano con incrustaciones
+de marfil, reposaba una joven de tez blanca, blanquísima, y cabellos
+negros, negrísimos. Reposaba con un abandono sin delicadeza, en una
+posición de animal bien cebado. Hasta en el sueño es posible conocer la
+condición y espiritualidad de la persona.
+
+Salabert tuvo un momento la cortina suspendida. Luego la sujetó con
+cuidado, y sentándose en una butaquita que había al lado de la cama, se
+puso a contemplar con fijeza a la bella dormida. Porque era bella en
+efecto y en grado excelso. Sus facciones, notablemente correctas y
+delicadas: perfil griego, frente pequeña y bonita, nariz recta, labios
+rojos un poco gruesos; la tez, un prodigio de la naturaleza, mezcla de
+alabastro y nácar, de rosas y leche, debajo de la cual corría la vida
+abundante y rica. Los cabellos, negros y brillantes, estaban sueltos,
+manchando con el aceite perfumado la almohada de batista. A pesar de lo
+frío del tiempo, tenía un brazo y casi medio cuerpo fuera de las
+sábanas. Verdad que en el gabinete ardía con vivo e intenso fuego la
+chimenea. El brazo estaba enteramente desnudo y era de lo más hermoso y
+mejor torneado que pudiera verse en el género. Pero la mano que estaba
+al cabo de este brazo no correspondía a su belleza. Era una mano donde
+la holganza presente no había conseguido borrar las huellas del trabajo
+pasado, mano pequeña, pero deformada, con los dedos macizos y
+aporretados, mano plebeya elevada de repente al patriciado.
+
+Aunque el banquero no se movía, la fijeza y avidez de sus ojos posados
+sobre la joven ejercieron sobre ella la consabida influencia magnética.
+Al cabo de algunos minutos cambió de postura, suspiró con fuerza y abrió
+los ojos, que eran negros como la tinta. Fijáronse un instante con vaga
+expresión de asombro en el duque, y cerrándolos de nuevo murmuró una
+interjección de carretero, hundiendo al mismo tiempo su cara en la
+almohada. Luego, como si repentinamente cruzara por su mente la idea de
+que había hecho una cosa fea, dió la vuelta, abrió de nuevo los ojos y
+dijo sonriendo:
+
+--¡Hola! ¿Eres tú?
+
+Al mismo tiempo le alargó la mano. El duque se la estrechó, y alzándose
+de la butaca le dió un sonoro beso en la mejilla, diciendo:
+
+--Si quieres dormir más te dejaré. No he venido más que a darte un beso.
+
+Pero no era uno, sino buena porción los que le estaba aplicando en
+ambas mejillas. La joven frunció el entrecejo, disgustada de aquellas
+caricias, que por venir de un viejo no debían de serle agradables.
+Además, ya se ha dicho que los labios del duque, por efecto de la manía
+de morder el tabaco, solían estar sucios.
+
+¡Quita, quita!--dijo al fin rechazándole--. No me sobes más. Bastante me
+has sobado ayer tarde. Me he lavado tres veces. Eché sobre mí un frasco
+de rosa blanca y todavía a las doce de la noche me olía mal.
+
+--Olor de tabaco.
+
+No: el olor del tabaco me gusta. Olor de viejo.
+
+Esta salida brutal no despertó la indignación del duque como era de
+presumir. Soltó una carcajada y le dió una palmadita cariñosa en la
+mejilla.
+
+--Pues no me salen baratos los besos.
+
+Tampoco esta cínica replica alteró a la bella, que en el mismo tono de
+mal humor dijo:
+
+--Ya lo creo. Y cuantos más años tengas, más caros te irán saliendo....
+Dame un cigarro.
+
+El duque sacó la petaca.
+
+--No traigo más que tabacos.
+
+--No quiero eso.... Ahí, sobre ese chisme de escribir, debe de haber.
+Tráeme.
+
+El banquero tomó de encima de un pequeño escritorio taraceado algunos
+cigarritos y se los presentó. La joven preparó uno con la destreza de un
+consumado fumador y lo encendió con el fósforo que el duque se apresuró
+a sacar. Este intentó otra vez aproximar sus labios repugnantes al
+hermoso rostro de la fumadora, pero fué rechazado con violencia.
+
+--¡Mira, o te estás quieto o te vas!--dijo ella con energía--. Siéntate
+ahí.
+
+Y le señaló la butaquita próxima al lecho.
+
+El banquero se dejó caer en ella, mirando a la joven con sus grandes
+ojos saltones, que expresaban temor.
+
+--Eres una gatita cada día más arisca. Abusas de mi cariño, mejor dicho,
+de mi locura.
+
+Poseía, en efecto, uno de los temperamentos más lúbricos que pudiera
+encontrarse. Toda la vida había sido, en achaque de mujeres, ardiente,
+voraz. En vez de corregirse con los años, esta afición fué creciendo
+hasta dar en una manía repugnante. Era notoria en Madrid. Sabíase que
+para satisfacerla, después que había llegado a la opulencia, tuvo mil
+extraños caprichos que pagó con enormes caudales. Se le habían conocido
+queridas de extraños y remotos países, entre ellas una circasiana y una
+negra. Era en realidad esta pasión la compuerta por donde se escapaba
+como un río su dinero. Pero era al mismo tiempo el único que no le dolía
+gastar. El boato de su casa le causaba dolor, un cosquilleo punzante: lo
+mantenía por cálculo y por fanfarronería, pero le pesaba en el alma,
+aunque aparentase otra cosa. Allá, en las intimidades secretas de su
+casa, cuando no había de trascender al público, escatimaba, regateaba,
+sustraía de una cuenta cualquier cantidad por insignificante que fuese;
+no tenía inconveniente en mentir descaradamente para escamotear a un
+comerciante algunas pesetas. El dinero que las mujeres le costaban
+entregábalo sin vacilaciones ni remordimientos, como si todos sus
+trabajos y desvelos, sus grandes y continuos cálculos para extraer el
+jugo a los negocios no tuviesen otra significación ni otro destino que
+el de adquirir combustible para aumentar el fuego de su liviandad.
+
+Entre las muchas queridas pagadas que había tenido, ninguna adquirió
+tanto ascendiente sobre él como la que tenemos delante. Era ésta una
+joven de Málaga, llamada Amparo, que hacía tres o cuatro años vendía
+flores por los teatros y tenía su kiosco en Recoletos. Desde luego llamó
+la atención por su belleza y desenvoltura y se hizo popular entre los
+elegantes. Festejáronla, persiguiéronla, y aunque al principio resistió
+a los ataques, cuando éstos vinieron en forma positiva, se dejó vencer.
+Fué, durante algún tiempo, la querida del marqués de Dávalos, un joven
+viudo con cuatro hijos, que gastó con ella sumas cuantiosas que no le
+pertenecían. Por gestiones activas de su familia, por escasearle ya el
+dinero y por desvío de la misma Amparo, que halló otro pollo mejor para
+desplumar, se rompió esta relación, no sin sentimiento tan vivo del
+joven marqués que le produjo cierto trastorno intelectual. Después del
+sustituto de éste, tuvo Amparo otros varios queridos en la aristocracia
+de la sangre y el dinero. Fué conocida y popular en Madrid con el nombre
+de Amparo la malagueña. En los paseos, en los teatros, adonde acudía con
+asiduidad, constituyó durante tres o cuatro años un precioso elemento
+decorativo. Porque a más de su hermosura singular, había llegado a
+adquirir en poco tiempo, si no distinción, elegancia. Sabía vestirse,
+facultad que no es tan común como parece, sobre todo en esta clase de
+mujeres. Tenía bastante instinto para buscar la armonía de los colores,
+la sencillez y pureza de las líneas. No pretendía llamar la atención,
+como la mayor parte de sus iguales, por lo exagerado de los sombreros y
+el vivo contraste de los colores. Por ésta razón había entre las damas
+madrileñas cierta indulgencia hacia ella. En sus natos de murmuración le
+guardaban más consideraciones que a las otras; la reconocían un cutis
+muy fino, unos ojos muy hermosos, y gusto.
+
+Fuera de esta dote natural que la acercaba a las señoras de verdad,
+Amparo era en su trato tan tosca, tan incivil, tan bestia y tan
+ignorante como lo son casi siempre en España las criaturas de su
+condición, al menos en el presente momento. Más adelante quizá lleguen a
+ser tan cultas y refinadas como las cortesanas de la Grecia. Hoy son lo
+que arriba se ha dicho, sin ánimo, por supuesto, de ofenderlas. Después
+de pertenecer al marqués de Dávalos y a otros tres personajes, sin
+perjuicio de los devaneos furtivos que se autorizaba, vino al poder del
+duque de Requena, o éste al poder de ella, que es lo más exacto.
+Salabert, según iba envejeciendo y menguando en energía (para todo lo
+que no fuese adquirir dinero, se entiende), crecía en sensualidad. El
+vicio se transformaba en desorden vergonzoso, en pasión desenfrenada,
+como suele acaecer a los viejos y a los niños viciosos. Amparo dió con
+él en esta última etapa y logró apoderarse de su voluntad sin
+premeditación. Era demasiado necia para concebir un plan y seguirlo. Su
+carácter desigual, brutalmente soberbio, su misma estupidez, que la
+hacía no prever las consecuencias de sus actos, la ayudaron a dominar al
+célebre banquero. Hacía un año que era su querida y que estaba instalada
+en aquel hotelito del barrio de Monasterio. Al principio procuraba
+refrenar su genio y tenerle contento mostrándose dulce y amable. Pero
+como esto le costaba un esfuerzo, y como, por otra parte, pudo
+cerciorarse en seguida de que los desdenes, el mal humor v hasta los
+insultos, lejos de enfriar la pasión del duque la encendían más, dió
+rienda suelta a su genio. Apareció la criatura salida del cieno, con su
+grosería, sus inclinaciones plebeyas, su carácter agresivo y
+desvergonzado. El duque, que hasta entonces había logrado mantener su
+independencia frente a sus queridas y eso que de algunas llegó a
+prendarse fuertemente, se encaprichó de tal modo por ésta, que al poco
+tiempo le toleraba frisos que ajaban su dignidad y tiempo adelante actos
+que aún más la escarnecían. Por supuesto, este dominio duraba solamente
+los momentos de sensualidad, las horas que consagraba al placer. Así que
+salía del templo de Venus, recobraba su razón el imperio, volvía a sus
+empresas con creciente ambición.
+
+Amparo fumaba tranquilamente en silencio, enviando pequeñas nubes de
+humo al techo. De pronto hizo un movimiento brusco, e incorporándose
+dijo:
+
+--Voy a vestirme. Toca ese botón.
+
+El duque se levantó para cumplir el mandato. A los pocos instantes se
+presentó Petra a vestirla. Mientras lo llevaba a cabo, ama y doncella
+cambiaron algunas impresiones con excesiva familiaridad, mientras el
+banquero seguía con fijeza entre atento y distraído, los movimientos de
+la faena.
+
+--Señorita, ¿ha visto usted ayer a la Felipa guiando dos jaquitas que
+parecían ratones? Por aquí pasó.... ¡Qué preciosidad! No he visto cosa
+más mona en la vida.... A ver cuándo el señor duque le compra otra
+pareja así--dijo Petra mirando con el rabillo del ojo al banquero,
+mientras ataba las cintas de la bata a su ama.
+
+--¡Ps!--exclamó ésta alzando los hombros con desdén--. No me ha dado
+nunca por guiar. Es oficio de los cocheros. Pero si me diese, ¡ya lo
+creo que me compraría un tronco igual!
+
+Y al mismo tiempo se volvió un poco, con media sonrisa, hacia el duque,
+que dejó escapar un gruñido corroborante, pasando con su peculiar
+movimiento de boca el cigarro al lado contrario.
+
+--Pues son muy lindas para ir a los toros. ¡Y que no estaría bien la
+señorita con su mantilla blanca guiando!
+
+--¿Mantilla para guiar? ¡Estás aviada, hija!
+
+--Bueno, pues de sombrero. El caso es que estaría de mistó: no como esa
+desorejada de la Felipa que ya no tiene carne para hartar a un gato....
+
+La doncella, mientras le recogía el pelo, charlaba por los codos. El
+fondo de su charla era constantemente adulador. Amparo escuchaba con
+cierta complacencia. Alguna vez la interrumpía con frases del mismo jaez
+que las que la doméstica usaba, en más de una ocasión, acompañadas de
+interjecciones que aquélla no se atrevía a pronunciar. Contaba que el
+día anterior había tropezado en la calle con Moratini, y que el famoso
+torero le había dicho al pasar: "Recuerdos a tu ama". Al mismo tiempo la
+maligna doncella miraba de reojo al duque. Amparo sonrió lisonjeada;
+pero hizo una fingida mueca de desdén.
+
+--Lo mismo da. Ya sabes que me carga.
+
+--Pues tiene muchos partidarios.
+
+--¡Calla! ¡calla! que ni tú ni él valéis un perro chico.... Anda; tráeme
+pronto esa gorra, y lárgate.
+
+Así que la doncella se hubo marchado, el duque, en quien los recuerdos
+del torero despertaron los celos y el mal humor, dijo saliendo al
+gabinete y tendiéndose groseramente en el sofá:
+
+--Parece que esta noche has tenido media juerga. ¿Quién ha estado aquí?
+
+Amparo dirigió la vista a la licorera, donde el duque la tenía posada.
+
+--Pues han estado Socorro y Nati hasta cerca de las tres.
+
+--¿Nadie más?
+
+--Con sus amigos León y Rafael.
+
+--¿Nadie más?
+
+--Nadie más, hombre. ¿Me vas a examinar?
+
+--Es que yo he sabido que ha estado también Manolito Dávalos.
+
+El duque no lo sabía. Quiso sacar de mentira verdad.
+
+--Cierto: también ha estado Manolo--replicó con indiferencia.
+
+--Bueno, pues será la última vez--dijo mordiendo con rabia el cigarro.
+
+--Eso será si a mí se me antoja--manifestó la bella ex florista
+levantando hacia él los ojos con expresión provocativa.
+
+Salabert dejó escapar ciertos gruñidos que Amparo consideró ofensivos.
+Hubo una escena violenta. La bella reclamó con fiereza su independencia;
+le cantó lo que ella llamaba con clásica erudición "verdades del
+barquero". El banquero, excitado, contestó con su grosería habitual. El
+era quien pagaba; por lo tanto, tenía derecho a prohibir la entrada en
+aquella casa a quien le pareciese. La disputa se fué agriando en
+términos que ambos levantaron bastante la voz, sobre todo Amparo, en
+quien a poco que la rascaran aparecía la criatura de plazuela.
+Cruzáronse frases de pésimo gusto, aunque pintorescas. La malagueña
+llamó al duque tío lipendi, gorrino, y concluyó por arrojarle del
+gabinete. Pero aquél no hizo maldito el caso, antes enfurecido la faltó
+abiertamente al respeto, empleando en su obsequio algunos epítetos
+expresivos de su exclusiva invención y otros recogidos con cuidado de su
+larga experiencia. Por último, quiso dejar sentado de un modo
+incontrovertible que allí era el amo. Con este fin, puramente lógico,
+dió una tremenda patada a la mesilla dorada donde reposaba la aborrecida
+licorera, que se derrumbó con estrépito y se hizo cachos. Amparo, que no
+se dejaba sobar por nadie, según decía a cada momento, aunque a cada
+momento se pusiese en contradicción consigo misma, presa de un furor
+irresistible, con los ojos llameantes de ira, alzó la mano tomando vuelo
+y descargó en las limpias y amoratadas mejillas del prócer una sonora
+bofetada.
+
+Los cabellos del lector se erizarán seguramente al representarse lo que
+allí pasaría después de este acto bárbaro e inaudito. Acaso sería
+conveniente dejarlo en suspenso como la famosa batalla del héroe
+manchego y el vizcaíno. Sin embargo, para no atormentar su curiosidad
+inútilmente, nos apresuramos a decir lo que pasó desdeñando este recurso
+de efecto. El caso no fué trágico, por fortuna, si bien digno de
+atención y de meditarse largamente. El duque se llevó la mano al sitio
+del siniestro y exclamó sonriendo con benevolencia:
+
+--¡Demonio, Amparito, no creí que tuvieras la mano tan pesada!
+
+Aquélla, que se había puesto pálida después de su irreflexivo arranque,
+quedó estupefacta ante la extraña salida del banquero. Tardó algunos
+segundos en darse cuenta de su sinceridad.
+
+--Eres una gran chica--siguió aquél echándole un brazo al cuello y
+obligándola a sentarse de nuevo, y él junto a ella--. Esta bofetada no
+la tasaría en menos de cien pesos cualquier perito inteligente. Fuerte,
+sonora, oportuna.... Reúne todas las condiciones que se pueden
+apetecer....
+
+--Vamos, no te guasees, que tengo hoy muy mala sangre--dijo la Amparo,
+escamada y presta otra vez a enfurecerse.
+
+--No es broma, y la prueba de ello es que voy a pagártela en el acto.
+Pero mucho ojo con que vuelva por aquí Manolito Dávalos, porque no
+vuelves tú a ver el color de mis billetes.
+
+--¡Si fué una casualidad, hombre!--dijo la Amparo dulcificándose--. Vino
+esta noche porque había ido de juerga con León y Rafael, y a última hora
+se le ocurrió a Nati hacerme una visita.
+
+--Pues basta de casualidades. Yo no aspiro a que me adores, ¿sabes?;
+pero no quiero pagar las queridas a esos perdularios de sangre azul. ¿Lo
+has oído, salero?
+
+Al mismo tiempo llevó la mano al bolsillo en busca de la cartera. Su
+semblante, que sonreía con la expresión triunfal del que lleva en el
+bolsillo la llave de todos los goces de este mundo, se contrajo de
+pronto. Una nube de inquietud pasó súbito por él. Buscó con afán. La
+cartera no estaba en aquel sitio. Pasó a los demás bolsillos. Lo mismo.
+
+--¡F....! ¡me han robado la cartera!
+
+Amparo le miró con ojos donde se reflejaba la duda.
+
+--¡F....! ¡me han robado la cartera!--volvió a exclamar con más
+energía--. ¡Me han robado diez mil y pico de duros!
+
+--¡Vaya, vaya, qué guasoncillo está el tiempo!--dijo Amparo ya enojada
+otra vez. No tuvo penetración para distinguir el susto verdadero del
+fingido.
+
+--¡Sí, sí; no ha sido mala guasa! ¡Maldita sea mi suerte! ¡Si cuando un
+día principia mal!... Tres mil duros de la fianza y cerca de once mil
+ahora.... ¡Pues señor, no ha sido mal empleada la mañana!
+
+Se levantó bruscamente del sofá y principió a dar vueltas por la
+estancia, presa de una agitación sorprendente en quien tantos millones
+poseía. Un torrente de palabras, de gruñidos, de sucias interjecciones
+que expresaban demasiado a lo vivo su disgusto, se escapó de sus labios.
+Arrojó con furia el cigarro, que en él era signo de gravísima
+preocupación. Amparo, viéndole tan excitado, se rindió a la evidencia, y
+preocupada también por el caso le dijo:
+
+--Quizá no te la hayan robado. Puede ser que la perdieses.... ¿Dónde has
+estado?
+
+--¿Crees tú que alguna vez se hayan perdido once mil duros?--repuso en
+tono amargo parándose frente a ella--. Es decir, se pierden, sí; pero
+otros los encuentran antes de llegar al suelo.
+
+Acabando de decir esto, quedó repentinamente suspenso, como si brillase
+una luz salvadora en su cerebro. Miró con ojos escrutadores por algunos
+instantes a su querida, y haciendo un esfuerzo por sonreír, dijo,
+tornando a sentarse al lado de ella:
+
+--¡Pero qué animal soy! ¡Vaya una bromita salada, y qué bien que te
+habrás reído de mí!
+
+--¿Qué dices?--preguntó la Amparo estupefacta.
+
+--¡Venga esa cartera, picaruela! Venga esa cartera.
+
+Y el duque, riendo sincera o fingidamente, la echó un brazo al cuello y
+comenzó por un lado y por otro a manosearla como buscando el sitio donde
+tuviera oculto el dinero.
+
+Dando una fuerte sacudida la joven se desprendió de sus brazos y se
+levantó:
+
+--Oye, tú.... ¿Me tomas por una ladrona?--exclamó enfurecida.
+
+--No, sino por una guasoncilla. ¿Te has querido reir de mí, verdad?
+
+La joven replicó con energía que el guasón era él y que bastaba de
+bromas, que no estaba dispuesta a tolerarlas en esa materia. El duque
+insistió todavía; pero viendo la indignación real de su querida y no
+teniendo dato alguno para suponer que fuese ella quien le sustrajo la
+cartera, recogió velas. En cuanto perdió esta esperanza, su rostro se
+nubló de nuevo. Aunque dió satisfacciones a Amparo, no fueron éstas muy
+calurosas. Quedábale, en el fondo, la duda. Bien lo echó de ver ella,
+por lo que siguió enojada. Concluyó por decirle:
+
+--Mira, lo mejor que puedes hacer es irte a almorzar. No quiero más
+historias.... ¡Ah! y no dejes de traerme esta noche guita, que me está
+haciendo mucha falta.... A no ser que prefieras que te mande a casa las
+cuentas....
+
+Salió el duque echando pestes del coruscante hotelito. Como por las
+inmediaciones no había coches y no quería utilizar el de su querida, por
+más que él lo pagara, encaminóse a pie hacia su casa. Cayó en ella como
+una bomba, no de pólvora o dinamita, porque no entraban en su
+temperamento los procedimientos fragorosos, sino de ácido sulfúrico o
+sublimado corrosivo que se extendió por toda ella molestando y
+requemando a los habitantes. Su mujer, el portero, el cocinero, Llera y
+casi todos los empleados recibieron en mitad del rostro alguna frase
+grosera pronunciada en el tono cínico y burlón que caracterizaba su
+discurso. Después de almorzar encerróse en el escritorio con su mal
+humor a cuestas. No hacía una hora que allí estaba, cuando entraron a
+avisarle que un cochero de punto deseaba hablar con él.
+
+--¿Qué quiere?
+
+--No lo sé. Desea hablar con el señor duque.
+
+Este, iluminado repentinamente por una idea, dijo:
+
+--Que pase.
+
+El cochero que entró era el mismo que le había conducido desde casa de
+Calderón a la de su querida. Salabert le miró con ansiedad.
+
+--¿Qué traes?
+
+--Esto, señor duque, que sin duda debe de ser de vuecencia--dijo
+presentándole la cartera perdida.
+
+El banquero se apoderó de ella, la abrió prontamente, y sacando el
+montón de billetes que contenía, se puso a contarlos con la destreza y
+rapidez propias de los hombres de negocios. Cuando concluyó dijo:
+
+--Está bien: no falta nada.
+
+El cochero, que, como es natural, esperaba una gratificación, quedóse
+algunos instantes inmóvil.
+
+--Está bien, hombre, está bien. Muchas gracias.
+
+Entonces, con el despecho pintado en el semblante, el pobre hombre dió
+las buenas tardes y se dirigió a la puerta. El duque le echó una mirada
+burlona, y antes de llegar a ella le dijo, sonriendo con sorna:
+
+--Oye, chico. No te doy nada, porque para los hombres tan honrados como
+tú, el mejor premio es la satisfacción de haber obrado bien.
+
+El cochero, confuso e irritado a la vez, le miró de un modo indefinible.
+Sus labios se movieron como para decir algo; mas al fin salió de la
+estancia sin articular palabra.
+
+
+
+
+V
+
+#Precipitación.#
+
+
+Raimundo Alcázar, que así se llamaba aquel joven rubio tan pertinaz y
+enfadoso que siguió a Clementina cuando hemos tenido el honor de
+conocerla al comienzo de la presente historia, recibió la mirada
+iracunda que aquélla le dirigió al entrar en casa de su cuñada con
+admirable sosiego y resignación. Esperó un momento a ver si sólo iba a
+dejar algún recado, y como no saliese se alejó tranquilamente en
+dirección a la plazuela de Santa Cruz. Se detuvo en un puesto de flores.
+La florista, al verle llegar, le sonrió como a un antiguo parroquiano y
+echó mano al ramo de rosas blancas y violetas que sin duda estaba ya
+preparado para él. Dirigióse a la Plaza Mayor y tomó el tranvía de
+Carabanchel. Dejólo donde se bifurca con el camino que conduce al
+cementerio de San Isidro y siguió hacia éste a pie. Ascendió con rapidez
+la cuesta, llegó y penetró en el nuevo recinto, donde, como exige la
+ley, a los muertos se les da tierra, no se les encajona en largas y
+sombrías galerías. Con paso rápido avanzó hasta una sepultura con losa
+de mármol blanco rodeada de una pequeña verja, y se detuvo. Permaneció
+algunos minutos inmóvil contemplándola. Sobre la losa estaba escrito con
+caracteres negros este nombre: ISABEL MARTÍNEZ DE ALCAZAR. Debajo de él
+estas dos fechas separadas por un guión: 1842-1883, que indicaban sin
+duda las del nacimiento y la muerte de la persona allí enterrada. Había
+sobre la losa algunas flores marchitas. Raimundo las recogió con
+cuidado, deshizo luego el ramo que traía, esparció las frescas flores
+sobre la tumba, y con la misma cuerda hizo otro ramo con las marchitas.
+Con éste en una mano y el sombrero en la otra, permaneció otra vez algún
+tiempo de pie contemplando con ojos húmedos aquella sepultura. Luego se
+alejó rápidamente y salió del cementerio sin echar una mirada de
+curiosidad en torno suyo.
+
+Raimundo Alcázar había perdido a su madre hacía ocho o nueve meses. No
+había conocido a su padre, o, por mejor decir, no tenía recuerdo de él,
+pues desapareció de este mundo cuando sólo contaba él cuatro años.
+Llamábase también Raimundo, y era, al morir, catedrático de la
+Universidad de Sevilla. Cuando se casó con su madre nada más que un
+joven en espera de colocación. Por eso el padre de Isabel, comerciante
+en ferretería en la calle de Esparteros, se había negado a autorizar
+aquellos amores, los persiguió con tenacidad y sólo consintió en el
+matrimonio cuando Alcázar llevó por oposición la cátedra mencionada. Era
+hombre de excepcional inteligencia, publicó algunos libros de la ciencia
+a que se había dedicado, que era la Geología. Su muerte, acaecida cuando
+sólo contaba treinta y dos años de edad, fué llorada en la pequeña
+esfera en que los hombres de ciencia viven en España. Isabel, con su
+hijo Raimundo, se volvió a Madrid a la casa paterna, donde tres meses
+después de fallecido su esposo, dió a luz una niña que tomó el nombre de
+Aurelia.
+
+Era Isabel una mujer singularmente hermosa. Como hija única de un
+comerciante que pasaba por bien acomodado, no le faltaron pretendientes.
+Rechazó todas las proposiciones de matrimonio. Pasaba por romántica
+entre las amigas, quizá porque poseía alguna más inteligencia y corazón
+que la mayor parte de ellas. Era admiradora del talento: le repugnaban
+los seres prosaicos que constituían casi la totalidad de las relaciones
+de su padre. Idolatraba la memoria de su marido a quien había adorado en
+vida como a un hombre superior, eminente. Conservaba como precioso
+tesoro todas las frases de elogio que la prensa había tributado a sus
+obras. El único deseo, el único afán de su vida era que su hijo siguiese
+las huellas de su padre, fuese un hombre respetado por su talento e
+ilustración. Dios quiso colmar sus votos. Primero comenzó a ver alzarse
+ante sus ojos la imagen corporal de su marido reproducida en el hijo. No
+sólo en el rostro, sino en los ademanes, los gestos y el timbre de voz
+parecía una copia exacta. Luego el niño, por su comportamiento en el
+colegio, principió a causarle vivos placeres: era inteligente y
+aplicado. Los maestros se mostraban de él muy satisfechos. Cada frase de
+elogio que llegaba a sus oídos, cada nota de sobresaliente que veía
+escrita debajo del nombre de su hijo, producía a la pobre madre espasmos
+de alegría. Ya no abrigaba duda alguna de que heredaba el talento de su
+padre.
+
+Alguna vez sentía remordimientos pensando que distribuía con poca
+equidad el cariño entre sus dos hijos. Por más esfuerzos que hacía para
+mantener el equilibrio, no podía menos de confesarse que amaba mucho más
+a Raimundo. Su inmenso cariño se traducía en constantes caricias, en
+nimios cuidados que enervaban y enmollecían el temperamento del niño. Le
+criaba, en suma, con demasiado mimo. El, por su parte, le profesaba una
+afición tan ardiente, tan exclusiva, que en ciertos momentos se
+convertía en verdadera fiebre. Cada vez que tenía que apartarse de sus
+faldas para ir al colegio le costaba lágrimas. Exigía que se pusiera al
+balcón para despedirle. Antes de doblar la esquina de la calle, se
+volvía más de veinte veces para enviarle besos con la mano. Era ya
+hombre y estudiante de Facultad, y todavía Isabel conservaba esta
+costumbre de salir al balcón para despedirle cuando iba a sus clases.
+Por su natural, o tal vez por esta educación un poco afeminada, Raimundo
+fué un niño tímido, retraído de los juegos de sus compañeros, luego un
+adolescente melancólico, por fin un joven serio y de pocas palabras.
+Apenas tuvo amigos. En la Universidad paseaba con sus condiscípulos
+antes de entrar en cátedra; pero en cuanto daba la hora tornábase a casa
+y no le gustaba salir sino acompañando a su madre y hermana. Mucho antes
+de esta época, cuando contaba solamente diez años, había muerto su
+abuelo. Así que, en cuanto llegó a los diez y seis, comenzó a desempeñar
+el papel de hombre en la casa. Llevaba a su madre al teatro, la
+acompañaba a hacer visitas: algunas noches, cuando hacía buen tiempo,
+salía de paseo con ella por las calles, dándole el brazo como un marido
+o un galán. La belleza de Isabel no disminuía con la edad. Al verlos
+juntos, nadie imaginaba que eran madre e hijo, sino hermanos, cuando no
+esposos. Esto era causa para el joven de cierto malestar. Porque como en
+Madrid los hombres no se distinguen por un excesivo respeto a las damas,
+oía, a su pesar, frases de admiración, requiebros, lo que ha dado en
+llamarse _flores_, que los transeuntes dirigían a su madre. Sentía, al
+escucharlas, una mezcla extraña de vergüenza y placer, de celos y de
+orgullo que le agitaba.
+
+El viejo Martínez, después de retirado del comercio, había tenido
+quiebras en su fortuna, consistente en acciones de una fábrica de
+pólvora que sufrieron depreciación, y en valores del Estado. Sólo les
+dejó una renta de siete a ocho mil pesetas. Con ella vivían los tres con
+economía, pero sin faltarles lo necesario, en un cuarto segundo de la
+calle de Gravina. Raimundo siguió la carrera de ciencias. Quería ser
+catedrático como su padre, y, dada la brillantez con que salía en los
+exámenes, nadie dudaba que lo consiguiera pronto. Mostraba también, como
+su padre, decidida afición a las ciencias naturales; pero en vez de
+dedicarse a la Geología, fijóse con predilección en la Zoología, y de
+ésta en aquella parte que comprende el estudio interesantísimo de las
+mariposas. Comenzó a hacer acopio de ellas, y desplegó un afán y una
+inteligencia que pronto le hicieron poseedor de una rica colección.
+Antes de terminar la carrera, era ya un notable _entomólogo._ Se había
+hecho construir escaparates que cubrían las paredes de su habitación,
+donde estaban expuestos los cartones con las más raras y preciosas
+especies. Estuvo ahorrando dos años para comprar un microscopio, y por
+fin adquirió uno bastante bueno que le proporcionó grato solaz al par
+que utilidad. Porque si bien aquel estudio particular no era suficiente
+para obtener una cátedra, le ayudaba no poco, dado que no es posible
+profundizar cualquier ramo de la ciencia sin estudiar las relaciones
+que mantiene con los demás, sobre todo con los más próximos.
+
+El día que se hizo doctor, y fué justamente acabados de cumplir los
+veintiún años, la pobre Isabel experimentó una de esas alegrías sólo
+comprensibles para las madres. Le abrazó derramando un raudal de
+lágrimas.
+
+--Mamá--le dijo Raimundo--. Estoy ya en aptitud de hacer oposición a una
+cátedra. Me voy a dedicar con ahinco a prepararme, y en cuanto la lleve,
+renuncio a lo que puedas dejarme en herencia para que hagas una dote a
+Aurelia. Yo tengo pocas necesidades y me bastará con el sueldo.
+
+Estas palabras generosas conmovieron a la madre. Cada día hallaba más
+razones para adorar aquel hijo modelo.
+
+Dedicóse Raimundo con ardor al estudio, profundizando las materias de
+algunas asignaturas, sin abandonar por eso sus aficiones entomológicas.
+Gracias a éstas y al nombre glorioso que su padre le había legado, se
+dió a conocer pronto entre los hombres de ciencia. Escribió algunos
+artículos, se puso en relación con varios sabios extranjeros y tuvo la
+satisfacción de recibir de ellos frases de elogio que le alentaron. Bien
+puede decirse que era un muchacho feliz. Sin deseos imposibles que le
+royeran las entrañas, sin amores tormentosos ni amistades molestas,
+disfrutando de la tranquilidad del hogar, del cariño de la familia y de
+los puros goces de la ciencia, deslizábanse sus días serenos y dichosos.
+A las amigas de su madre les sorprendía tanta formalidad. ¿No tenía
+novia Raimundo? ¿No le gustaban siquiera las muchachas? Isabel
+contestaba sonriendo y con transparente satisfacción.
+
+--No sé: creo que hasta ahora no le ha dado por ahí. Está tan metido por
+mis faldas que parece un niño de tres años.... La verdad es que le ha de
+costar trabajo hallar una mujer que le quiera tanto como yo.
+
+Y así era como ella lo decía. Teníale envuelto en una atmósfera de
+protección, de tibios y amorosos cuidados que le sería casi imposible
+hallar al lado de una esposa por tierna que fuese. Sólo las madres
+poseen esa abnegación absoluta, infatigable, sin esperanza ni deseo
+siquiera de reciprocidad. Todo lo que la vida material exige, lo tenía
+satisfecho Raimundo con un refinamiento que pocos hombres disfrutarían.
+Jamás se le había ocurrido pensar ni en su alimento, ni en su ropa o
+calzado, ni aun en aquellos menesteres de que las mujeres no suelen
+entender. Todo estaba previsto y regularizado perfectamente en su vida.
+Podía consagrarse con entera libertad al ejercicio de su inteligencia.
+Si se quejaba de mal sabor de boca, ya tenía a su madre por la mañana al
+lado de la cama con un vaso de limón y polvos laxantes: si le dolía la
+cabeza, con el agua sedativa o los paños de leche y adormideras. Si por
+la noche tosía, por poco que fuese, ya estaba intranquila y no paraba
+hasta que silenciosamente y en camisa iba a cerciorarse de que su hijo
+no se había destapado. Cuando Aurelia estuvo en edad de hacerlo,
+también comenzó a ayudar a la madre en esta tarea de ahuyentar todo
+dolor, de arrancar las espinas, por pequeñas que fuesen, del camino del
+joven entomólogo.
+
+Desgraciadamente, mejor pudiéramos decir naturalmente, pues que la
+felicidad es imposible en este mundo, esta existencia dichosa tuvo
+pronto un término. Isabel cayó enferma con pulmonía. No quedó bien
+curada por haberla quizá descuidado o por no haberse atrevido el médico
+a aplicarle ciertos remedios un poco crueles. Quedóle un catarro
+pulmonar que la debilitó bastante. Por consejo del médico fué a
+Panticosa en compañía de Raimundo, quedando Aurelia en casa de unos
+parientes. Se repuso un poco, pero fué para recaer pocos días después de
+llegar a Madrid. Descaeció notablemente, hasta el punto de que la gente
+de fuera vió con claridad que se moría. A Raimundo no se le pasó por la
+cabeza. Aquella existencia estaba tan ligada a la suya, que las dos no
+formaban mas que una. Le pasaba como a casi todos los enfermos que no
+saben que se mueren. Aunque muy enferma, Isabel seguía con la misma
+diligencia gobernando la casa. Raimundo la había rogado, y luego,
+prevalido del inmenso ascendiente que sobre ella tenía, la había
+prohibido que se ocupara en ningún menester. Pero ella, burlando su
+vigilancia, arrastrada de esa inclinación invencible que sienten las
+mujeres hacendosas hacia el trabajo, no abandonaba sus tareas. Un día,
+cuando ya puede decirse que estaba moribunda, la sorprendió Raimundo de
+rodillas limpiando con un paño el pie de una mesa. Quedó estupefacto, y
+después de reñirla cariñosamente la levantó cubriéndola de besos.
+
+Una amiga devota que vino a visitarla la insinuó que debía confesarse.
+Isabel se impresionó tristemente. Su hijo, que la encontró llorando,
+enfurecióse y prorrumpió en denuestos contra los beatos. A pesar de
+esto, la enferma, que iba ya penetrándose de su estado, exigió con
+dulzura y firmeza a la par que viniese el cura. Raimundo, disgustado,
+llamó en su apoyo, para negarse a ello, al médico. Este contestó al
+principio evasivamente. Por último, dijo que eso nunca estaba de más,
+que si los sanos se hallaban expuestos a una muerte repentina, con mayor
+razón los enfermos. Ni aun con eso entró la luz en el espíritu del
+joven. Después de confesada, Isabel siguió lo mismo, lo cual contribuyó
+a mantener su ilusión. Levantábase, corría a la mesa, paseaba del brazo
+de Raimundo por la sala y pasaba la mayor parte del día en una butaca.
+Estaba, sin embargo, tan demacrada, que los que la veían a intervalos
+largos quedaban sorprendidos. Lejos de perder con esto la belleza,
+parece que se había aumentado. Su tez era más fina y transparente; los
+ojos más brillantes.
+
+Una mañana dijo que no tenía deseos de levantarse. Raimundo se sentó al
+lado del lecho y se puso a leerla una novela. Al cabo de un rato le
+dijo:
+
+--Estoy mal a gusto. Incorpórame un poco, que no tengo fuerzas yo.
+
+Fué a hacerlo y en el mismo instante su madre dejó caer la cabeza hacia
+un lado y se quedó muerta, sin un suspiro, sin una contracción que
+acusase dolor, como un pájaro, según la expresiva imagen del vulgo.
+
+El grito desgarrador del joven atrajo a la gente de casa. Sacáronle de
+ella unos parientes y le llevaron a la suya, lo mismo que a su hermana.
+En el estado de estupor en que quedó, les fué fácil conducirlo adonde
+les plugo. Aquella tarde fueron unos amigos a verle. Le hallaron
+relativamente animado. No dejó de sorprenderles un poco, porque sabían
+el frenético cariño que profesaba a su madre. Habló de su ciencia con
+ellos, y habló largo rato, expresándose con verbosidad en él inusitada.
+Por donde vinieron a sospechar que estaba bajo una fuerte excitación.
+Esta sospecha se confirmó al oirle proponerles jugar al tresillo.
+Cumplieron su gusto, pero al poco rato el joven comenzó a desvariar
+tristemente.
+
+--Oyes, mamá, ¿qué te parece de este juego?--dijo llamando a una señora
+que allí estaba.
+
+Los circunstantes se miraron unos a otros aterrados y compadecidos. Y
+desde entonces no hizo ni dijo ya cosa con cosa. Su exaltación fué
+creciendo; empezó a reir de modo tan extemporáneo, que nadie dudó que
+aquello terminaría por una fuerte explosión nerviosa. En efecto, cuando
+menos se esperaba, alzóse repentinamente de la silla, corrió al balcón,
+lo abrió, y si no le hubieran sujetado a tiempo se hubiera precipitado a
+la calle. Al fin cayó con un fuerte ataque del que por fortuna salió
+pronto. Después vino el aplanamiento que le obligó a guardar cama tres o
+cuatro días. Por último, el tiempo fué ejerciendo su operación sedante.
+A los quince días estaba bueno, aunque bajo el peso de un abatimiento
+grande que en vano lucharon sus parientes y amigos por aliviar.
+
+Propusiéronle sus tíos quedarse a vivir con ellos, dado que era
+demasiado joven para ponerse al frente de una casa, y sobre todo para
+guardar y autorizar a su hermana. El contaba entonces veintitrés años, y
+ella poco más de diez y ocho. Ni uno ni otro aceptaron el arreglo.
+Quisieron vivir solos y juntos. Tomaron un cuarto tercero en la calle de
+Serrano, muy lindo y alegre, trasladaron a él sus muebles, y después de
+instalados empezó a deslizarse su vida, triste sí por el recuerdo
+siempre presente de su madre, pero apacible y serena. Raimundo fijó su
+atención y cuidados en Aurelia. Penetrado de su papel de padre y
+protector de aquella niña huérfana, hizo con ella lo que su madre había
+hecho con él hasta entonces; la atendió y la mimó con un amor y un
+esmero que conmovía a los amigos que los visitaban. Aurelia no era
+hermosa ni tenía gran talento; pero sentía hacia su hermano, porque su
+madre se la había infundido, una adoración idolátrica. Sin embargo, aun
+en lo referente a la vida material, sintió el joven el vacío de su
+madre. Aurelia se esforzaba en que no echase de menos nada; pero estaba
+bastante lejos de alcanzar la suprema delicadeza de aquélla. Poco a
+poco, no obstante, se fué adiestrando en el gobierno de la casa. Además,
+Raimundo ya no exigía los refinamientos de antes. El sentimiento de
+protección, la conciencia de los deberes que tenía que llenar hacia su
+hermana, le hacía no pensar en sí mismo. Al contrario, cualquier
+atención de Aurelia le sorprendía, y la agradecía como si viniese de un
+niño. Ambas existencias se fueron compenetrando.
+
+Vivían modestamente. El cuarto les costaba veinte duros. No tenían más
+que una criada. Así que la renta de ocho mil pesetas que poseían, les
+bastaba. Como procedía de papel del Estado y acciones de una fábrica, su
+administración era facilísima. Raimundo pudo dedicarse con más ardor que
+nunca al estudio. Deseaba cumplir, respecto a su hermana, la promesa que
+había hecho a la madre, de renunciar a su parte de herencia y
+constituirla una dote que la permitiese casarse bien. Después que salió
+de casa, fué dos veces por semana al cementerio a esparcir algunas
+flores sobre la tumba de su madre. Los domingos llevaba consigo a
+Aurelia. Salía poco habitualmente. El estudio preparatorio para hallarse
+apercibido a una oposición, de un lado, y de otro su manía de colector y
+escrutador del mundo de los insectos, absorbían casi todo su tiempo. Por
+milagro entraba en los cafés, ni al teatro podía asistir por razón del
+luto.
+
+Un día, hallándose en una librería de la Carrera de San Jerónimo, donde
+solía pasar algunos ratos hojeando las obras recién llegadas del
+extranjero, acertó a entrar en la tienda una hermosa dama elegantemente
+vestida. Al verla, los ojos de Raimundo se dilataron expresando el
+asombro: se posaron en ella con una intensidad que la obligó a volver la
+cabeza hacia otro lado. Mientras compraba unas novelas francesas la
+estuvo contemplando extasiado, con señales de alteración en su
+fisonomía. El libro que tenía asido temblaba ligeramente entre sus
+manos. Al salir ella, dejólo caer y trató de seguirla; pero a la puerta
+estaba un carruaje esperándola. El lacayo, sombrero en mano, le abrió la
+portezuela, y los caballos arrancaron al instante con velocidad.
+
+--¿Qué es eso, D. Raimundo?--le dijo el dependiente, viéndole entrar de
+nuevo en la tienda--. ¿Le ha hecho a usted impresión mi parroquiana?
+
+El joven sonrió disimulando su turbación, y respondiendo con fingida
+indiferencia:
+
+--A cualquiera le llamará la atención una mujer tan hermosa. ¿Quién es?
+
+--¿No la conoce usted? Es la señora de Osorio, un banquero, hija de
+Salabert.
+
+--¡Ah! ¿hija de Salabert? ¿Vive en aquel palacio grande del paseo de
+Luchana?
+
+--No, señor; vive en un hotel de la calle de Don Ramón de la Cruz.
+
+No quería saber más, y se despidió. Aquella dama se parecía de un modo
+asombroso a su madre. La situación de su espíritu, todavía agitado y
+dolorido, hizo que tal semejanza adquiriese más relieve a sus ojos del
+que realmente tenía, le produjese una viva expresión. Pocos momentos
+después pasaba por delante del hotel de Osorio tres o cuatro veces; pero
+no logró ver nuevamente a la señora. Al otro día fué al paseo del Retiro
+y allí la halló. Desde entonces espió y siguió sus pasos con una
+constancia que revelaba el profundo sentimiento que embargaba su
+espíritu. Aunque tenía bien presente la fisonomía de su madre, el
+semblante de Clementina Salabert se lo traía a la memoria con mayor
+energía. Esto le producía vivo dolor, en el cual se placa, aunque
+parezca paradójico. Bien lo entenderá el que haya visto desaparecer de
+este mundo a un ser querido. Suele haber cierta voluptuosidad en
+escarbar la llaga, en renovar la pena y el llanto. Raimundo no podía
+contemplar mucho tiempo el rostro de Clementina sin sentir las lágrimas
+correr por sus mejillas. Por esto, quizá, era por lo que la buscaba en
+todas partes. Sin embargo, había una dureza y severidad en él que no
+había tenido jamás el de su madre; pero cuando sonreía, al desaparecer
+esta dureza, la semejanza era realmente maravillosa.
+
+No se le ocultó a nuestro mancebo el enojo que la dama recibía de su
+tenaz persecución. Y no podía menos de reirse interiormente de aquel
+extraño error. Si supiese esta señora--se decía cuando veía un gesto de
+desdén en sus labios--por qué me gusta tanto, ¡qué grande sería su
+asombro! Una corriente de simpatía y hasta, es posible decir, de
+adoración le iba ligando a ella. Si no fuese por aquel aspecto imponente
+que tenía, es fácil que le hubiera dirigido la palabra, la hubiera hecho
+entender qué gran consuelo le daba con su presencia. Pero Clementina
+estaba colocada en una esfera tan alta, que temía su desdén. Bastante
+era el que le mostraba por el solo delito de contemplarla. Por otra
+parte, habían llegado a sus oídos rumores que la desacreditaban. No
+procuró confirmarlos, primero porque no le importaba, y después porque
+una vez confirmados se vería obligado a despreciarla, y no quería que
+una mujer que tanto se parecía a su madre en la figura fuera un ser
+despreciable. Se abstuvo de pedir noticias de ella. Contentóse con
+satisfacer siempre que podía aquel extraño deseo de renovar su dolor, de
+conmoverse hasta derramar lágrimas. Como no frecuentaba la alta sociedad
+ni podía asistir al teatro, para procurarse este placer necesitaba
+seguirla en la calle o en el paseo cuando no iba en coche. También
+averiguó que iba los domingos a misa de dos en los Jerónimos; allí la
+pudo contemplar con más espacio y sosiego.
+
+Había dado cuenta a su hermana del hallazgo, pero no hizo ningún
+esfuerzo para mostrárselo. Temía que Aurelia no viese tan clara como él
+la semejanza y le arrancase parte de su ilusión. Dos o tres veces a la
+semana, Clementina solía salir a pie por la tarde, como el día en que
+por vez primera la vimos. Raimundo, desde el mirador de su gabinete de
+la calle de Serrano, convertido en observatorio, espiaba su llegada. En
+cuanto la columbraba a lo lejos se echaba a la calle para seguirla
+hasta donde pudiese. A la dama le molestaba esta persecución
+fuertemente, por ser la hora en que iba a casa de su amante. No que le
+importase mucho que se divulgasen sus nuevos amores, sino por un resto
+de pudor que conservaba. Además, sabía, porque se lo habían dicho
+recientemente, que los maridos, cuando sorprenden a sus esposas en
+flagrante adulterio y las matan, están exentos de responsabilidad. Como
+estaba convencida de que el suyo la detestaba, temía que se aprovechase
+de este recurso para deshacerse de ella. Estos vagos terrores, unidos al
+residuo de vergüenza que le quedaba, fomentaban su irritación contra
+Raimundo. Su carácter violento, caprichoso, despótico, se alteraba con
+aquel obstáculo imprevisto. Ni siquiera había reparado bien en la
+fisonomía del joven. Le odiaba sin dignarse hacerse cargo de su figura.
+Luego, el sosiego con que recibía los gestos provocativos de desprecio
+que no le escatimaba, le parecían una ofensa. Bien mirado, aquel
+chicuelo se estaba burlando de ella: porque no era creíble que un
+enamorado mostrase tanta serenidad y cinismo. Sin duda, después que
+advirtió que la molestaba, se propuso mortificarla para vengarse. Y no
+cabía duda que lo lograba cumplidamente. Las vueltas que se veía
+precisada a dar para huirle, las visitas que hacía sin gana, todas las
+zozobras que aquel muchacho le costaba, se lo hacían cada día más
+aborrecible y le iban requemando la sangre. Ideó salir en coche, meterse
+en las Calatravas y despedirlo allí; pero Raimundo, al verse privado por
+varios días de verla, también dió en la flor de tomar un coche de punto
+y seguir el suyo. Esto hizo rebosar su enojo y se prometió a sí misma
+cortar aquella impertinente y molesta persecución, aunque no sabía cómo.
+Primero pensó en que Pepe Castro hablase y amenazase al muchacho. Al ver
+la sangre fría con que aquél lo tomaba, se indignó y no volvió a
+mentarle el asunto. Luego imaginó abordarle ella misma en la calle y
+rogarle con pocas palabras frías y desdeñosas que no la molestase más.
+Cuando llegó la ocasión no se atrevió a hacerlo, aunque no pecaba de
+tímida: el trance le pareció grave.
+
+En estas dudas y vacilaciones se hallaba, cuando, bajando por la calle
+de Serrano, al levantar los ojos casualmente hacia arriba, acertó a ver
+en un mirador bastante alto a su enemigo. Cruzóle entonces por la mente
+la idea de averiguar su nombre y escribirle. Y en efecto, con la
+violencia que caracterizaba todas sus acciones, al pasar por delante de
+la casa entró en el portal y se dirigió a la garita de los porteros.
+
+--¿Tiene usted la amabilidad de decirme quién habita el cuarto tercero
+de esta casa?
+
+--Son dos señoritos muy jóvenes, hermano y hermana. Sólo viven aquí
+desde hace cuatro meses. Han quedado huérfanos, al parecer, hace poco
+tiempo....
+
+La portera, al ver una señora tan elegante, se mostró locuaz y
+complaciente; pero Clementina la atajó en seguida.
+
+--¿Cómo se llama el señorito?
+
+--D. Raimundo Alcázar.
+
+--Mil gracias.
+
+Y se alejó inmediatamente. Salió a la calle y dió unos cuantos pasos.
+Mas de pronto, se le ocurrió que el escribirle tenía sus inconvenientes,
+y que en realidad era preferible una explicación verbal de la cual nadie
+que la conociera podía enterarse en aquellos momentos. Detúvose un
+momento indecisa, y bruscamente dió la vuelta y se metió de nuevo en el
+portal. Cruzó sin decir nada por delante de la portera y subió con pie
+ligero las escaleras. Al llegar al piso tercero, a pesar del brío y
+entereza de su carácter, sintió un poco desfallecida la voluntad y
+estuvo a punto de dar la vuelta. Su temperamento orgulloso y obstinado
+la empujó, sin embargo, al pensar que el joven la había visto entrar y
+se enteraría de su arrepentimiento. En el piso tercero había dos
+cuartos, derecha e izquierda. Clementina había visto papeles en uno.
+Llamó sin vacilar en el de la derecha observando que tenía un felpudo
+para los pies delante de la puerta, señal evidente de que era el
+habitado.
+
+Salió a abrirle una criada a quien preguntó por D. Raimundo Alcázar.
+
+--Deseo verle--dijo después que se enteró de que estaba en casa.
+
+La criada la introdujo en la sala, y como le pareciese rara aquella
+visita, le preguntó:
+
+--¿Aviso a la señorita?
+
+--No, no; avise usted al señorito, que es a quien deseo hablar.
+
+Se hallaba éste, en tanto, en su despacho, presa de violenta agitación.
+Al ver a la dama entrar en el portal por primera vez se había
+sobresaltado sin motivo preciso para ello. Tranquilizóse al verla salir,
+y otra vez se alteró cuando entró nuevamente. Cruzó por su mente la idea
+de que pudiese subir a su casa; pero al instante la desechó como
+inverosímil. Imaginó más bien que vendría a visitar a alguno de los
+inquilinos de los cuartos principal o segundo, que eran personas de
+calidad. No obstante, a despecho de su razón, no se tranquilizaba.
+Cuando oyó sonar el timbre de la puerta quedó aterrado. Apenas tuvo
+ánimo para dirigirse hacia la antesala. Antes que pudiese hacer una seña
+a la criada ya ésta había abierto, obligándole a retirarse vivamente a
+su despacho. Estuvo tentado a negarse, aunque ya estaba la dama en la
+sala. Al fin se decidió a salir, reflexionando que no había motivo
+racional para ello.
+
+Raimundo no tenía mucho trato de gente. Las relaciones de su madre
+habían sido escasas; unos cuantos parientes, algunas familias conocidas.
+Por su parte, tampoco había hecho nada por ensanchar este círculo. Ya
+hemos dicho que no había estrechado amistad íntima con ninguno de sus
+condiscípulos. Menos había procurado la entrada en los casinos,
+tertulias y saraos de la corte. Su adolescencia y los días que llevaba
+de juventud se habían deslizado serenos en el seno del hogar,
+estudiando y coleccionando mariposas. Conocía la vida por los libros. La
+naturaleza le había dotado, no obstante, de un claro y simpático
+ingenio, de fácil palabra y de cierta dignidad de modales que suplía
+bastante bien a esa elegancia y distinción que el roce continuado con la
+espuma de la sociedad engendra.
+
+Entró en la sala tranquilo ya y aun con una vaga predisposición a la
+hostilidad que el estrambótico paso de aquella señora le infundía.
+Hizole una profunda reverencia. La situación era tan extraña, que
+Clementina, a pesar de su orgullo, su experiencia, su desenfado, y hasta
+bien puede decirse su desgarro, se encontró repentinamente cohibida.
+Tuvo necesidad de hacer un esfuerzo para adquirir brío.
+
+--Aquí me tiene usted--le dijo en tono agrio que resultó inoportuno y
+descortés.
+
+--Usted me dirá a qué debo el honor de esta visita--repuso Raimundo con
+voz un poco temblorosa.
+
+--Pues.... (la dama vaciló unos instantes) lo debe usted al honor que
+me hace siguiéndome hace dos meses como una sombra chinesca a todas
+partes. ¿Le parece a usted agradable traer un espantajo detrás en cuanto
+una sale a la calle? Ha conseguido usted ponerme nerviosa. Para no
+enfermar como el lego de los _Madgyares_, he dado el paso ridículo de
+subir hasta aquí a rogarle que cese en su persecución. Si usted tiene
+que decirme algo interesante, dígamelo de una vez y concluyamos.
+
+Fueron estas palabras pronunciadas arrebatadamente, como quien se
+encuentra en una situación falsa y quiere salir de ella exagerando el
+enojo. Raimundo la miró lleno de asombro, cosa que molestó a Clementina
+y aun más la precipitó.
+
+--Señora, siento en el alma haberla ofendido.... Estaba muy lejos de mi
+ánimo.... ¡Si usted supiera los sentimientos que en mí despierta su
+figura!... (balbució con trabajo).
+
+Clementina le atajó diciendo:
+
+--Si usted va a declararme su amor, puede ahorrarse la molestia. Soy
+casada ... y aunque no lo fuese sería lo mismo.
+
+--No, señora, no voy a hacerle una declaración--repuso el joven
+entomólogo sonriendo--. Voy a explicarle a usted mi persecución.
+Comprendo bien que usted se haya equivocado respecto a los sentimientos
+que me inspira, y encuentro natural que le hayan ofendido. ¡Qué lejos
+estará usted de sospechar la verdad! Yo no estoy enamorado de usted. Si
+lo estuviese, es bien seguro que no la seguiría como un pirata callejero
+... sobre todo en las circunstancias en que ahora me encuentro....
+
+Raimundo se puso serio al llegar aquí e hizo una pausa. Luego dijo
+precipitadamente, con voz alterada por la emoción:
+
+--Señora, mi madre se ha muerto hace poco tiempo ... y usted se parece
+muchísimo a mi madre.
+
+Al pronunciar estas palabras se quedó mirándola con una atención
+ansiosa, húmedos los ojos, haciendo esfuerzos heroicos por no romper a
+sollozar.
+
+Esta revelación produjo en Clementina asombro y duda al mismo tiempo.
+Permaneció inmóvil y muda mirándole también fijamente. Raimundo
+comprendió lo que pasaba por su espíritu, y dijo empujando la puerta de
+su despacho:
+
+--Vea usted, vea usted si no es verdad lo que le digo.
+
+La dama avanzó dos pasos y vió en la pared fronteriza, sobre el sillón
+mismo de la mesa de escribir, el retrato en fotografía ampliada de una
+señora excepcionalmente hermosa, y que, sin duda, guardaba cierto
+parecido con ella, aunque no tan claro como el joven decía. Sobre el
+retrato, sujeto al marco, había un ramo de siemprevivas.
+
+--Algo nos parecemos--dijo después de contemplar el retrato con
+atención--. Pero esa señora era más hermosa que yo.
+
+--No; más hermosa, no. Tenía más dulzura en los ojos, y eso daba a su
+fisonomía un encanto indecible. Era su alma pura y bondadosa que
+brillaba en ellos.
+
+Pronunció estas palabras con entusiasmo, sin reparar en la falta de
+galantería que estaba cometiendo. El orgullo de Clementina padeció aún
+más por la inocencia y sinceridad con que fueron pronunciadas. Ambos
+contemplaron el retrato en silencio algunos segundos. En los ojos de
+Raimundo temblaban dos lágrimas. La dama dijo al cabo:
+
+--¿Qué edad tenía su mamá?
+
+--Cuarenta y un años.
+
+--Yo tengo treinta y cinco--replicó con mal disimulada satisfacción.
+
+Raimundo volvió hacia ella la vista.
+
+--Es usted joven aún y muy bella.... Pero mi madre tenía la tez más
+fresca a pesar de llevarle algunos años. Su cutis era terso como el
+raso. En los ojos no se notaba cansancio alguno. Parecían los de un
+niño.... Es natural. La vida de mamá fué suave y tranquila. Ni su cuerpo
+ni su alma se habían gastado.
+
+No observaba que indirectamente estaba diciendo algunas groserías a la
+señora que tenía presente. Esta se sintió fuertemente picada; pero no
+osó mostrarlo porque el dolor del joven y la sinceridad con que hablaba
+le impusieron respeto. Lo que hizo fué cambiar de conversación, echando
+una mirada de curiosidad por el despacho.
+
+--Parece que se dedica usted a coleccionar mariposas.
+
+--Sí, señora; desde niño. He logrado reunir una cantidad de especies
+bastante respetable. Las tengo muy lindas y curiosas. Mire usted.
+
+Clementina se acercó a uno de los armarios. Raimundo se apresuró a
+abrirlo y le puso en la mano un cartón donde estaban fijadas algunas
+lindísimas de vivos y brillantes colores.
+
+--En efecto, son bonitas y originales. ¿Qué utilidad saca usted de
+coleccionarlas? ¿Las vende usted?
+
+--No, señora--repuso sonriendo el joven--. Es con un fin puramente
+científico.
+
+--¡Ah!
+
+Y le echó una rápida mirada de curiosidad. Clementina no simpatizaba
+mucho con los hombres de ciencia, pero le infundían cierto vago respeto
+mezclado de temor, como seres extraños a quienes una parte del mundo
+concede superioridad.
+
+--¿Es usted naturalista?--le preguntó después.
+
+--Estudio para serlo. Mi padre lo ha sido....
+
+Mientras le mostraba su preciosa colección con el gozo especial no
+exento de desdén con que los sabios enseñan sus trabajos a los profanos,
+le fué enterando de su vida sencilla. Al llegar a la enfermedad de su
+madre volvió a conmoverse y las lágrimas a brotar a sus ojos. Clementina
+le escuchaba con atención, recorriendo con la vista los cartones que le
+ponía delante, dejando escapar algunas palabras, ora de elogio a los
+matizados insectos, bien de compasión cuando Raimundo llegó a
+describirle la muerte de su madre. Afectaba desembarazo, distracción. No
+lograba, sin embargo disipar la confusión en que la ponía el extraño
+paso que había dado, la situación anómala en que se hallaba. Salió de
+ella bruscamente, como hacía siempre las cosas. Se puso seria y tendió
+la mano al joven, diciéndole:
+
+--Mil gracias por su amabilidad, señor Alcázar. Me voy, celebrando mucho
+que no haya sido el objeto de su persecución el que yo sospechaba.... De
+todos modos, sin embargo, le ruego no continúe en ella.... Ya ve usted;
+soy casada, y cualquiera podría pensar que yo la aliento o doy algún
+motivo....
+
+--Pierda usted cuidado, señora. Desde el momento en que a usted le
+molesta me guardaré de seguirla. Perdóneme usted en gracia del
+motivo--respondió el joven apretándole la mano con naturalidad y
+afectuosa simpatía que lograron interesar a la dama. Pero no lo
+demostró. Al contrario, se puso más seria y emprendió la marcha hacía la
+sala. Raimundo la siguió. Al pasar delante de ella para abrirle la
+puerta, le dijo con franqueza seductora:
+
+--No valgo nada, señora; pero si algún día quisiera usted servirse de mi
+insignificante persona, ¡no sabe usted el placer que me causaría con
+ello!
+
+--Gracias, gracias--repuso secamente Clementina sin detenerse.
+
+Al llegar a la puerta de la escalera y al tirar del pasador, el joven
+vió asomar la cabecita curiosa de su hermana en el fondo del pasillo.
+
+--Ven aquí, Aurelia--le dijo.
+
+Pero la niña no hizo caso y se retiró velozmente.
+
+--Aurelia, Aurelia.
+
+Bien a su pesar, ésta salió al pasillo y avanzó hacia ellos sonriente y
+roja como una cereza.
+
+--Aquí tienes a la señora de quien te he hablado, que tanto se parece a
+mamá.
+
+Aurelia la miró sin saber qué decir, sonriente y cada vez más
+ruborizada.
+
+--¿No se parece muchísimo? Dí.
+
+--Yo no lo encuentro ...--respondió la joven después de vacilar.
+
+--¿Lo ve usted?--exclamó la dama volviéndose a Raimundo con la sonrisa
+en los labios--. No ha sido más que una fantasía, una alucinación.
+
+Traslucíase un poco de despecho debajo de estas palabras. La presencia
+de Aurelia hacía más falsa aún su situación.
+
+--No importa--repuso Raimundo--. Yo veo claro el parecido, y basta.
+
+La puerta estaba ya abierta.
+
+--Tanto gusto ...--dijo Clementina dirigiéndose a Aurelia sin extenderle
+la mano, inclinándose con una de esas reverencias frías, desdeñosas, con
+que las damas aristócratas establecen rápidamente la distancia que las
+separa del interlocutor.
+
+Aurelia murmuró algunas frases de ofrecimiento. Raimundo salió hasta la
+escalera para despedirla, repitiéndole algunas frases amables y
+cordiales que no impresionaron a la dama, a juzgar por su continente
+grave.
+
+Bajó las escaleras descontenta de sí misma, embargada por una sorda
+irritación. No era la primera vez, ni la segunda tampoco, que su
+temperamento impetuoso la colocaba en estas situaciones anómalas y
+ridículas.
+
+
+
+
+VI
+
+#Desde el «Club de los Salvajes» a casa de Calderón.#
+
+
+Pintorescamente diseminados por los divanes y butacas de la gran sala de
+conversación del _Club de los Salvajes_, yacen a las dos de la tarde
+hasta una docena de sus miembros más asiduos. Forman grupo en un rincón
+el general Patiño, Pepe Castro, Cobo Ramírez, Ramoncito Maldonado y
+otros dos socios a quienes no tenemos el gusto de conocer. Algo más
+lejos está Manolito Dávalos, solo. Más allá Pinedo con algunos socios,
+entre los cuales sólo conocemos a Rafael Alcántara y a León Guzmán,
+conde de Agreda, por haber sido los de la fiesta nocturna en casa de la
+Amparo que tanto disgustó al duque de Requena. Las posturas de estos
+jóvenes (porque lo son en su mayoría) responden admirablemente a la
+elegancia que resplandece en todas las manifestaciones de su espíritu
+refinado. Uno tiene puesta la nuca en el borde del diván y los pies en
+una butaca, otro se retuerce con la mano izquierda el bigote y con la
+derecha se acaricia una pantorrilla por debajo del pantalón; quién se
+mantiene reclinado con los brazos en cruz; quién se digna apoyar la
+suela de sus primorosas botas en el rojo terciopelo de las sillas.
+
+Este _Club de los Salvajes_ es más bien un arreglo que una traducción
+del inglés (_Savage Club_). Por mejor decir, se ha traducido con una
+graciosa libertad que mantiene vivo dentro de él el genio español en
+estrecha alianza con el británico. A más del título, pertenece al inglés
+todo el aparato o exterior de la sociedad. Los miembros se ponen
+indefectiblemente el frac por las noches si es invierno, el _smoking_ si
+es verano; los criados gastan calzón corto y peluca. Hay un elegante y
+espacioso comedor, sala de armas, gabinete de _toilette_, cuartos de
+baño y dos o tres habitaciones para dormir. Tiene el club, asimismo,
+servicio particular de coches y caballos de silla. El genio español se
+manifiesta en multitud de pormenores internos. El que más lo caracteriza
+es el de la ausencia de metal acuñado. Esto da origen a muchas y
+extrañas relaciones de los socios entre sí y de los socios con el mundo
+exterior, que constituyen una complicada y hermosa variedad que no se
+hallará en ningún otro pueblo de la tierra. Da lugar, sobre todo, a un
+desarrollo inmenso, inconcebible, de esa palanca poderosa con que el
+siglo XIX ha llevado a término las más grandiosas y estupendas de sus
+empresas, el _Crédito_. Realízanse dentro del _Club de los Salvajes_
+tantas operaciones de crédito como en el Banco de Londres. No sólo se
+prestan los socios entre sí dinero y juegan sobre su palabra, sino que
+también realizan la misma operación con el club, considerado como
+persona jurídica, y hasta con el conserje en calidad de funcionario y
+como particular. Fuera del círculo, los salvajes, arrastrados de su
+entusiasmo y veneración por el crédito, lo hacen jugar en casi todas sus
+relaciones con el sastre, el casero, el constructor de coches, el
+importador de caballos, el joyero, etc., sin mencionar aquí otras
+grandes operaciones de la misma clase que de vez en cuando realizan con
+algún banquero o propietario. Gracias, pues, a este inapreciable
+elemento económico, se había hecho casi innecesario, entre los socios
+del club, el numerario, reemplazándolo dichosamente por otro medio
+enteramente abstracto y espiritual, la palabra; la palabra oral o
+escrita. Vivían, gastaban lo mismo que sus colegas y modelos de Londres,
+sin libras esterlinas, ni chelines, ni pesetas, ni nada.
+
+Es evidente, pues, la superioridad del club español sobre el inglés en
+este respecto. También lo es en cuanto a la franqueza y cordialidad con
+que los socios se tratan entre sí. Poco a poco se habían ido alejando de
+las formas correctas, ceremoniosas, que caracterizan a los graves
+_gentlemen_ de la Gran Bretaña, dando a su trato cada vez más color
+local, acercándolo en lo posible al de nuestros pintorescos barrios de
+Lavapiés y Maravillas. El medio, la raza y el momento son elementos de
+los cuales no se puede prescindir, lo mismo en la política que en las
+sociedades de recreo.
+
+El club empieza a animarse siempre después de las doce de la noche,
+llega a su período álgido a las tres de la madrugada, y desde esta hora
+comienza a descender. A las cinco o seis de la mañana se retiran todos
+santamente en busca de reposo. Durante el día suele verse poco
+concurrido. Sólo dos o tres docenas de socios van por las tardes, antes
+del paseo, a culotear sus boquillas. Embotados aún por el sueño, hablan
+poco. Les hace falta la excitación de la noche para que muestren en todo
+su esplendor sus facultades nativas. Estas parecen concentradas en la
+nobilísima tarea de poner la boquilla de un hermoso color de caramelo.
+Si los objetos de arte han sido en otro tiempo objetos útiles, si el
+Arte arrastra consigo la idea de inutilidad como algunos afirman, hay
+que confesar que los socios del _Club de los Salvajes_, en materia de
+boquillas obran como verdaderos artistas. Hácenlas venir de París y de
+Londres; traen grabadas las iniciales de sus dueños y encima la
+correspondiente corona de conde o marqués si el fumador lo es;
+guárdanlas en preciosos estuches, y cuando llega el caso de sacarlas
+para fumar lo realizan con tales cuidados y precauciones, que en
+realidad se convierten en objetos molestos más que útiles. Hay salvaje
+que se estraga fumando sin gana cigarro sobre cigarro, sólo por el gusto
+de ahumar la boquilla antes que alguno de sus colegas. Y si no es así,
+por lo menos, nadie se cuida de saborear el tabaco. Lo importante es
+soplar el humo sobre la espuma de mar y que vaya tomando color por
+igual. De vez en cuando sacan el fino pañuelo de batista, y con una
+delicadeza que les honra se dedican largo rato a frotarla mientras su
+espíritu reposa dulcemente abstraído de todo pensamiento terrenal.
+Graves, solemnes, armoniosos en sus movimientos, los socios más
+distinguidos del _Club de los Salvajes_ chupan y soplan el humo del
+tabaco de dos a cuatro de la tarde. Hay en esta tarea algo de íntimo y
+contemplativo, como en toda concepción artística, que les obliga a bajar
+los párpados y a subir las pupilas para mejor recrearse en la pura
+visión de la Idea.
+
+En este elevadísimo estado de alma se hallaba nuestro amigo Pepe Castro
+ahumando una que figuraba la pata de un caballo, cuando le sacó de su
+éxtasis la voz de Rafael Alcántara que desde lejos le gritó:
+
+--¿Conque es verdad que has vendido la jaca, Pepe?
+
+--Hace ya unos días.
+
+--¿La inglesa?
+
+--¿La inglesa?--exclamó levantando los ojos hacia su amigo con asombro y
+reconvención--. No, hombre, no; la cruzada.
+
+--Chico, como no hace dos meses siquiera que la has comprado, no creía
+que te deshicieses de ella.
+
+--Ahí verás tú--replicó el bello calavera adoptando un continente
+misterioso.
+
+--¿Algún defecto oculto?
+
+--A mí no se me oculta ningún defecto--dijo con orgullo.
+
+Y todos lo creyeron; porque en este ramo del saber humano no tenía rival
+en Madrid, si no era el duque de Saites, reputado como el primer mayoral
+de España.
+
+--Ah, vamos, falta de _luz_.
+
+--Tampoco.
+
+Rafael Alcántara se encogió de hombros y se puso a hablar con los que
+tenía cerca. Era un joven rubio, de fisonomía gastada, ojos pequeños y
+verdosos, malignos y duros. Como otros tres o cuatro de los que asistían
+a diario al club, entraba en él y alternaba con toda la alta
+aristocracia, sin derecho alguno. Alcántara era de familia humilde, hijo
+de un tapicero de la calle Mayor. En muy poco tiempo se había gastado la
+pequeña hacienda que le dejó su padre y después vivió del juego y a
+préstamo. A todo Madrid debía y hacía gala de ello. La condición que le
+mantenía abiertas las puertas de la alta sociedad era su valor y su
+cinismo. Alcántara era hombre bravo de veras, se había batido tres o
+cuatro veces y estaba apercibido a hacerlo por el más mínimo pretexto.
+Además, era un desvergonzado, hablaba siempre en tono despreciativo,
+aunque fuese a la persona más respetable, dispuesto a burlarse de todo
+el mundo. Estas cualidades le habían hecho adquirir gran prestigio entre
+los jóvenes salvajes. Se le trataba como a un igual, se contaba con él
+en todas las francachelas; pero nadie preguntaba por su dinero.
+
+--Mi general, le habrá a usted gustado ayer la Tosti, ¿eh?--dijo
+Ramoncito Maldonado dirigiéndose a Patiño.
+
+--En la romanza solamente,--repuso el guerrero sensible después de
+dirigir con destreza una larga bocanada de humo a su boquilla que
+representaba un obús montado sobre su cureña.
+
+--No diga usted que el dúo ha estado mal.
+
+--¡Vaya si lo digo!
+
+--Pues, señor, entonces declaro que no entiendo una palabra porque me ha
+parecido sublime--replicó el joven con señales de hallarse picado.
+
+--Esa declaración te honra, Ramón. Sabes hacerte justicia--dijo Cobo
+Ramírez, que no perdía ocasión de vejar a su amigo y rival.
+
+--¡Ya lo creo, como que sólo tú eres el inteligente!--exclamó vivamente
+el concejal--. Mira, Cobo, aquí el general puede hablar porque tiene
+motivo, ¿estamos?... pero tú debes callarte porque me gastas una oreja
+como la de una cocinera.
+
+--Pero hombre, ¿por qué se picará tanto Ramoncito, en cuanto usted le
+dice algo?--preguntó el general riendo.
+
+--No sé--repuso Cobo dando un chupetón al cigarro mientras sus facciones
+se contraían con una leve sonrisa burlona--. Si le contradigo se enfada,
+y si repito lo que él dice, lo mismo.
+
+--¡Se entiende, chico, se entiende! Si ya sabemos que eres un guasón de
+primera fuerza. No necesitas esforzarte más delante de estos señores....
+Pero lo que es ahora, has dado una buena pifia.
+
+--Yo sostengo lo mismo que el general. El dúo estuvo muy mal
+cantado--dijo con calma provocativa Cobo.
+
+--¡Qué importa que tú sostengas uno u otro!--exclamó ya fuera de sí
+Maldonado--. ¡Si no conoces una nota de música!
+
+--¡Alto! Tengo más derecho a hablar de música, puesto que no cencerreo
+como tú el piano. Por lo menos soy un ser inofensivo.
+
+Siguió una disputa larga entre ambos, viva y descompuesta por parte de
+Ramoncito, tranquila y sarcástica por la de Cobo, que se gozaba en sacar
+a aquél de sus casillas. No poco se divertían también los presentes,
+poniéndose unos de parte del concejal y otros de su competidor para más
+prolongar el recreo.
+
+--¿Sabéis que esta tarde se bate Alvaro Luna?--dijo uno cuando ya iban
+hastiados de los dimes y diretes del concejal y Cobo.
+
+--Eso me han dicho--respondió Pepe Castro cerrando los ojos con
+voluptuosidad, mientras chupaba el cigarro--. En el jardín de Escalona,
+¿verdad?
+
+--Creo que sí.
+
+--¿A sable?
+
+--A sable.
+
+--Vamos, un chirlo más--manifestó León Guzmán desde su asiento.
+
+--Con punta.
+
+--¡Oh! ya es otra cosa.
+
+Y los salvajes presentes mostraron entonces interés en el duelo.
+
+--Alvaro tira poco. El coronel debe llevarle ventaja. Es más hombre, y
+además tira con energía.
+
+--Con demasiada--dijo Pepe Castro sacando el pañuelo después de haber
+arrojado la punta del cigarro y poniéndose a frotar con esmero la
+boquilla.
+
+Todos volvieron los ojos hacia él porque tenía fama de habilísimo
+tirador.
+
+--¿Crees tú?
+
+--Desde luego. La energía es conveniente hasta cierto límite. Pasando de
+él, muy expuesta, sobre todo cuando los sables tienen punta. Si se las
+cortasen, todavía redoblando los ataques sin descanso se puede hacer
+algo. Por lo menos, es posible aturdir al contrario. Pero cuando la
+llevan hay que andarse con ojo. Alvaro no tira mucho; pero es frío,
+tiene un juego cerrado y estira el pico que es un primor. Que no se
+descuide el coronel.
+
+--¿La cuestión ha sido por la cuñada de Alvaro?
+
+--Al parecer.
+
+--¿Y a él qué diablos le importa?
+
+--¡Ps ... ahí verás!
+
+--Como no esté enamorado, no comprendo....
+
+--Todo podría ser.
+
+--¡La niña es de oro! Este verano, en Biarritz, ella y el chico de
+Fonseca se ponían de un modo por las noches en la terraza del casino,
+que era cosa de sacar fotografías iluminadas.
+
+--Allá Cobo, antes de irse, hizo también algunos cuadros disolventes en
+los jardinillos.
+
+--¡Sí, sí; bien me ha comprometido esa chica!--manifestó Cobo en tono
+cómicamente desesperado.
+
+--Ya no tenías mucho que perder. Desde el negocio de Teresa estás
+deshonrado--dijo Alcántara.
+
+--Siempre va la desgracia con la hermosura--apuntó con tonillo irónico
+Ramoncito.
+
+--¿También tú, Ramón?--exclamó con afectado asombro Cobo--. Vamos, llegó
+el momento de que los pájaros tiren a las escopetas.
+
+--Pues, señores, confieso mi debilidad. No puedo estar al lado de esa
+chica sin ponerme malo--dijo León Guzmán.
+
+--Ni esa niña puede tampoco estar al lado de un chico tan guapo y tan
+risueño como tú sin ponerse enferma también--dijo Rafael Alcántara.
+
+--¿Me quieres seducir, Rafael?
+
+--Sí, chico, para que me dejes mañana la llave de tu cuarto y no
+parezcas en toda la tarde por allá. Lo necesito.
+
+--Es que tengo una colcha preciosa de raso.
+
+--Se cuidará de la colcha.
+
+--Y hay además un criado que se dedica, con gran afición, al dibujo por
+las tardes.
+
+--Se le darán dos duros al criado para que vaya a dibujar a otro lado.
+
+--Y una vecinita que pasa la vida acechando desde su ventana lo que hay
+y lo que no hay en mi habitación.
+
+--Se la convidará ... digo, se bajarán las persianas.... Oye, Manolito,
+¿te vas a pasar toda la juventud tirado en ese diván sin decir palabra?
+
+Manolito Dávalos descansaba, en efecto, en actitud sombría y
+melancólica, sin que le hubiesen impulsado a levantar la cabeza los
+dichos de su amigo. Al oirse nombrar la alzó con sorpresa y mal humor.
+
+--Si tú te encontrases en mi posición, qué poca gana tendrías de
+bromear, Rafael!--dijo exhalando un suspiro.
+
+Hay que advertir que el joven marqués de Dávalos, que nunca había
+poseído una inteligencia muy clara, teníala de algún tiempo a esta parte
+bastante perturbada. Según la expresión vulgar estaba un poco chiflado o
+tocado. Sus amigos sabían todos que este trastorno procedía de la
+ruptura con la Amparo, que le había comido en poco tiempo su fortuna y
+de quien estaba aún profundamente enamorado. Tratábanle con cierta
+protección entre burlona y benévola; pero se abstenían, si no es muy
+embozadamente y con precauciones, de bromearle con su ex-querida, porque
+alguna vez que se propasaron, Manolito fué víctima de ataques de cólera
+muy semejantes a la locura. Tenía poco más de treinta años; estaba
+calvo, la tez y los labios marchitos, los ojos apagados. Sus cuatro
+hijos habíalos recogido la suegra. Vivía en una fonda con la pensión que
+le pasaba una tía vieja de quien era presunto heredero. Sobre la
+esperanza de esta herencia algunos usureros le prestaban dinero.
+
+--Si yo me encontrara en tu caso, ¿sabes lo que haría, Manolo?...
+Casarme con mi tía.
+
+Los amigos rieron, porque la tía de Dávalos tenía cerca de ochenta años.
+
+--Bueno, bueno--exclamó éste con acento doloroso. Bien se conoce que no
+has tenido que luchar con indecentes usureros toda la mañana para
+concluir por dejarles algo ... que es una infamia empeñar--añadió por lo
+bajo.
+
+--¡A mí con ingleses!... ¿Tú no sabes, Manolito, que todos los meses
+tengo que renovar el timbre de la puerta de mi casa porque lo gastan
+ellos de tanto tirar?... Pero yo lo tomo con más filosofía. Lejos de
+disgustarme, experimento una gran satisfacción cada vez que viene a
+visitarme un acreedor, porque es la prueba de que soy un buen hijo, de
+que cumplo la última voluntad de mi padre.
+
+Los salvajes de los dos grupos le miraron con curiosidad, sonriendo.
+
+--¿Cómo es eso, Rafael?--preguntó Pepe Castro.
+
+--Habéis de saber que mi padre se murió diciéndome: "¡El deber, hijo!
+¡el deber! ¡Ante todo el deber!"... Fueron sus últimas palabras. Yo,
+cumpliendo con este sagrado consejo, procuro deber todo lo posible.
+
+Hizo gracia a sus compañeros este rasgo cínico; lo celebraron con
+algazara. Rafael, sustrayéndose modestamente a sus aplausos, se acercó a
+Dávalos, y pasándole una mano por encima del hombro le dijo, bajando la
+voz aunque no tanto que no pudiesen oirle los amigos:
+
+--Pues sí, Manolito, no es broma. Yo me casaría con mi tía. ¿Qué se
+pierde con ello? Es una vieja.... ¡Mejor! Así se morirá más pronto. Pero
+en cuanto te cases entras a manejar su fortuna y no tienes necesidad de
+aguardar los años que a ella se le antoje vivir. A ti lo que te hace
+falta como a mí es _guita_. Desengáñate; si la tuviéramos nos pondríamos
+más gordos que Cobo Ramírez.... Además, en cuanto seas rico, le birlas
+la Amparo a Salabert, ¿no comprendes?
+
+El marquesito levantó la vista hacia su amigo abriendo mucho los ojos,
+donde se reflejaba la duda de si hablaba en serio o en broma. No
+advirtiendo en el rostro imperturbable de Alcántara señal de burla,
+comenzó a enternecerse. Habló de su antigua querida con tal entusiasmo y
+veneración que haría reir a cualquiera. El proyecto ya no le pareció tan
+insensato. Se entretuvo en pensarlo largamente y estudiarlo por todas
+sus fases. Mientras tanto Rafael le escuchaba con afectada atención,
+animándole a proseguir con signos y frases de afirmación. Nadie pensaría
+que se estaba mofando de él, a no ser porque de vez en cuando,
+aprovechando los instantes en que el tocado marqués miraba a la punta de
+sus botas buscando alguna frase bastante expresiva para ponderar su
+amor, hacía guiños maliciosos a los amigos que los contemplaban con
+curiosidad burlona.
+
+Abrióse la mampara del salón. Apareció Alvaro Luna. Los salvajes le
+acogieron con exclamaciones de afecto y burla.
+
+--¡Bravo, bravo! Aquí está el reo en capilla.
+
+--Mirad qué cara trae.
+
+--¡Como que está al borde de la tumba!
+
+El recién llegado sonrió vagamente y tendió una mirada escrutadora por
+el salón. Alvaro Luna, conde de Soto, era hombre de treinta y ocho a
+cuarenta años, delgado, de mediana estatura, ojos vivos y duros y rostro
+bilioso.
+
+--¿Habéis visto a Juanito Escalona?--preguntó.
+
+--Sí--dijo uno--. Aquí ha estado hace una media hora. Me ha dicho que
+le aguardases, que a las cuatro menos cuarto en punto vendría.
+
+--Bueno, esperaremos--repuso avanzando con calma y sentándose al lado de
+ellos.
+
+La broma continuó.
+
+--Veamos, veamos cómo está ese pulso--dijo Rafael cogiéndole por la
+muñeca y sacando al mismo tiempo el reloj.
+
+El conde entregó su mano sonriendo.
+
+--¡Jesús, qué atrocidad! ¡Ciento treinta pulsaciones por minuto! Ningún
+condenado a muerte las ha tenido.
+
+No era verdad. El pulso estaba normal. Así lo manifestó el mismo
+Alcántara a los amigos haciendo una seña negativa. Alvaro no se alteró
+por la mentira. Poseído de su valor y convencido de que no dudaban de
+él, siguió con la misma vaga sonrisa en los labios.
+
+--Vaya, mañana a las cuatro de la tarde el entierro. Lo siento, porque
+tenía que ir de caza con Briones--dijo uno.
+
+--¡Y que no es pequeña la carrera desde la casa mortuoria a San
+Isidro!--respondió otro.
+
+--No, hombre, no--apuntó un tercero--; lo llevarán a la estación del
+Norte para conducirlo a Soto, al panteón de familia.
+
+Las bromas no eran de buen gusto. Sin embargo, el conde no se
+impacientaba, quizá temiendo que el más pequeño signo de impaciencia, en
+aquella ocasión, hiciese dudar de su serenidad. Alentados con esta
+paciencia, los jóvenes salvajes cada vez le apretaban más con su vaya,
+repitiendo con variantes la misma idea del entierro. La verdad es que se
+iban haciendo pesados; pero no lograron ahuyentar su fría y vaga
+sonrisa. Respondíales pocas veces. Cuando lo hacía era con breves
+palabras displicentes. Al fin, sacando el reloj, dijo:
+
+--Son las tres. Quedan tres cuartos de hora. ¿Quién quiere echar un
+tresillo?
+
+Era un pretexto para librarse de aquellas moscas y al mismo tiempo un
+acto que confirmaba su sangre fría. Tres de los amigos se fueron con él
+a la sala de juego. No tardaron en rodearles los demás. La broma siguió
+lo mismo que en el salón.
+
+--¡Miradle, cómo le tiembla la mano!
+
+--Dentro de una hora ese hombre habrá dejado de existir.
+
+--Oyes, Alvaro, debías de legarme la Conchilla.
+
+--No hay inconveniente--repuso aquél arreglando sus cartas.
+
+--Ya lo oyen ustedes, señores; la Conchilla es mía por testamento....
+¿Cómo se llama este testamento, León?
+
+--Testamento nuncupativo--dijo éste, que sabía algo de leyes por andar
+en pleito hacía tiempo con unos primos.
+
+--La Conchilla me pertenece por testamento nuncupativo. Gracias, Alvaro.
+Haré que vista luto y respetaremos tu memoria hasta donde se pueda.
+¿Tienes algo que encargarme?
+
+--Sí, que la sacudas el polvo cada ocho o diez días. Si no suelta
+algunas lágrimas todas las semanas se pone enferma.
+
+--Corriente. Así se hará.
+
+--¡Ah! y que sea con el bastón. Se ha acostumbrado a ello y no lo tolera
+con la mano.
+
+--Perfectamente.
+
+Cada vez era mayor la algazara. La imperturbabilidad del conde hacía muy
+buen efecto. Detrás de aquellas bromas se adivinaba que sus amigos le
+querían y respetaban su valor. En esto apareció un criado y le presentó
+una carta en bandeja de plata. La tomó y la abrió con curiosidad. Al
+recorrerla volvió a sonreír y la pasó a los que tenía al lado. Era del
+dueño de la Funeraria ofreciéndole sus servicios y remitiéndole un
+prospecto con los precios. Alguno de aquellos chicos se había divertido
+en pasarle aviso. Tampoco se ofendió: parecía interesado en el juego.
+
+Al fin entró en la sala Juanito Escalona en su busca. Después de ajustar
+cuentas se levantó de la silla. Todos le rodearon.
+
+--¡Buena suerte, Alvaro!
+
+--Me da el corazón que lo ensartas.
+
+--No seas tonto; nada de ensartar. A concluir pronto, aunque sea con un
+rasguño.
+
+En aquel momento terminaban las bromas y estallaba el compañerismo. El
+conde encendió un cigarro puro con toda calma y dijo con la mayor
+naturalidad:
+
+--Hasta luego, señores.
+
+Había una parte efectiva de valor en aquella actitud serena,
+imperturbable del conde; pero había también buena porción de esfuerzo y
+estudio. Los jóvenes salvajes, aunque poco dados en general a la
+literatura, recibían no obstante su influencia. Lo que entre ellos priva
+son los folletines y las novelas de salón. Estas, novelas trazan la
+figura de un hombre ideal lo mismo que los libros de caballería.
+Solamente que en las antiguas novelas, el hombre dechado era el que por
+amor a las nobles ideas de justicia y caridad acometía empresas
+superiores a sus fuerzas. En las modernas es el que por temor al
+ridículo se abstiene de todo entusiasmo y de toda acción generosa. Al
+hombre que arriesgaba su vida en todos los momentos por una causa útil a
+sus semejantes, ha sustituído el que la arriesga por las nonadas de la
+vanidad o la soberbia. Al caballero ha sucedido el espadachín.
+
+Quedáronse los contertulios comentando la serenidad del conde. Se le
+ensalzó aunque no muy vivamente ni por mucho tiempo. Es regla primera
+del buen tono no asombrarse jamás. La segunda hablar prolijamente de las
+cosas leves y con sobriedad de las graves. Deshízose al fin la tertulia
+vespertina. Salieron casi todos sus preclaros miembros y se esparcieron
+por Madrid a difundir sus doctrinas, las cuales pueden resumirse de este
+modo: "El hombre nació destinado a firmar pagarés y gastar bigotes
+retorcidos. El trabajo, la instrucción, el orden, son atentatorios al
+estado de naturaleza y deben proscribirse de toda sociedad bien
+organizada".
+
+Ramoncito Maldonado, como siempre, se agarró a los faldones de su amigo
+Pepe Castro. El lector está enterado ya de la profunda admiración que le
+profesaba. Ahora le toca saber que Pepe Castro se dejaba admirar lleno
+de condescendencia, y que de vez en cuando se dignaba iniciarle en
+algunos inefables secretos referentes a sus altas concepciones sobre las
+yeguas inglesas y las boquillas de ámbar. Ramoncito iba poco a poco
+adquiriendo nociones claras, no sólo de estas cosas, sino también del
+modo más adecuado de combinar el idioma francés con el español en la
+conversación familiar. Pepe Castro poseía el don admirable de olvidar,
+en un momento dado, la palabra castellana, y después de algunas
+vacilaciones pronunciar la francesa con perfecta naturalidad. Ramoncito
+también lo hacía, pero con menos elegancia. Asimismo iba distinguiendo
+bastante bien las ostras de Arcachón de las que no son de Arcachón, el
+Château-Laffite del Château-Margaux, la voz de pecho, en los tenores, de
+la voz de cabeza, y la pasta dentífrica de Akinson de las otras pastas
+dentífricas. No obstante, Ramoncito, como todos los neófitos, mucho más
+si poseen un temperamento exaltado y entusiasta, exageraba la doctrina
+del maestro. Sean ejemplo de esta exageración los cuellos de camisa.
+Porque Pepe Castro los gastase altos y apretados ¿había razón para que
+Ramoncito anduviese por esas calles de Dios con la lengua fuera,
+padeciendo todo el día los preliminares de la pena del garrote? Y si
+Pepe Castro, por motivo de una enfermedad nerviosa que había tenido de
+niño, cerraba el ojo izquierdo con frecuencia, lo cual sin duda le
+agraciaba, ¿con qué derecho pasaba el día Ramoncito haciendo guiños a la
+gente con el suyo? Además, el joven concejal cargaba de perfumes no tan
+sólo el pañuelo y la barba, sino toda su ropa, de suerte que a los diez
+metros aún trascendía y de cerca producía mareos. Pues bien, después de
+examinadas detenidamente, no hemos hallado en las ideas de su venerado
+maestro nada que justifique esta censurable tendencia. Los más bellos y
+elevados preceptos de los grandes hombres, degeneran y se pervierten al
+realizarse por sectarios y continuadores. Pepe Castro, aunque advertía
+estas deficiencias e imperfecciones de su discípulo, no se las echaba en
+cara. Antes, con la nobleza propia de los grandes caracteres, extendía
+sobre él su clemencia para perdonarlas y ocultarlas. Nadie osaba, en su
+presencia, hacer burla de los cuellos ni de los guiños de Ramoncito.
+
+Eran poco más de las cuatro cuando entrambos salvajes salieron del club
+abrochándose los guantes. A la puerta estaba la _charrette_ de Castro,
+que éste despidió dando hora al cochero para el paseo. Antes debía hacer
+una visita a ruego de Ramoncito. Caminaron por la calle del Príncipe,
+donde el club está situado, a paso lento, observando con fijeza a las
+mujeres que cruzaban. Deteníanse a veces un instante para hacer algunas
+indicaciones luminosas sobre su garbo y elegancia, no como el tímido
+transeunte que contempla y suspira, sino como dos bajaes que entrasen en
+un mercado de esclavas y antes de elegir discutiesen las cualidades de
+cada una. A los hombres arrojábanles una rápida mirada despreciativa. Y
+por si esto no bastaba se envolvían en una fuerte bocanada de humo para
+hacerles presente que ellos, Pepe y Ramón, pertenecían a un mundo
+superior, y que si caminaban por la calle del Príncipe era sólo por
+capricho y momentáneamente. Siempre que se dignaban pasear un poco a pie
+entre calles como ahora, en la expresión de su rostro había cierto matiz
+de sorpresa al ver que su paso no era acogido por la muchedumbre con
+rumores de admiración.
+
+Maldonado era más locuaz que su amigo. Sobre lo que iba y venía
+expresaba su opinión levantando el rostro sonriente hacia Castro. Este
+permanecía grave, solemne, respondiendo con monosílabos y adecuados
+gruñidos. Digamos que Ramoncito era mucho más bajo que su maestro, no
+sólo moral, sino también físicamente. Cuando paseaban a pie
+representaban verdaderamente, el uno al sabio profesor que va dejando
+caer gota a gota el raudal de su ciencia; el otro al ardoroso neófito
+ávido de enterarse y penetrar cuanto abarca su vista.
+
+--¿Adonde vamos?--preguntó distraídamente Castro al llegar a las cuatro
+calles.
+
+--Hombre, ¿no habíamos quedado en casar por casa de Calderón?--dijo
+tímidamente y un poco despechado Ramoncito.
+
+--¡Ah! sí; se me había olvidado.
+
+El joven concejal suardó silencio, admirando en su fuero interno aquella
+singular facultad de olvidarlo todo, que poseía su amigo. Y siguieron
+por la Carrera de San Jerónimo hguardoa Puerta del Sol.
+
+--¿Cómo estás con Esperancita?--se dignó preguntar Castro, soltando una
+bocanada de humo y parándose a mirar un escaparate.
+
+Ramoncito se puso serio repentinamente, casi casi pálido, y comenzó a
+balbucir a tropezones:
+
+--Lo mismo, chico.... Tan pronto arriba como abajo.... Unos días la
+encuentro muy amable ... es decir, amable, no; pero al menos habladora.
+Otros con un hocico de tres varas: se marcha en cuanto entro: apenas
+contesta al saludo, como si la hubiese ofendido.... Comprendo que alguna
+vez ha tenido motivos para estar enfadada. En el Real suelo ir al palco
+de las de Gamboa, y pienso que se le ha metido en la cabeza que me gusta
+Rosaura.... ¡Mira tú qué tontería! ¡Rosaura!... Pero hace lo menos un
+mes que no subo a saludarlas ... y lo mismo; ¡lo mismo, chico, lo
+mismo!... El otro día la pude pillar sola en el gabinete unos momentos,
+y de prisa y corriendo le he dicho que deseaba saber en qué quedábamos.
+Porque ya ves tú, no es cosa de estar haciendo el oso eternamente.... Me
+escuchó con paciencia.... Te advierto que yo estaba enteramente
+arrebatado y apenas sabía lo que iba diciendo. Cuando concluí me dijo
+que no tenía motivos para estar enfadado y se escapó a la sala. Después
+de esto ¿quién no había de entender que estaba el asunto arreglado?
+Vamos a ver, cualquiera en mi caso ¿no pensaría que íbamos a entrar en
+el terreno de la formalidad?... Pues nada, a los dos días voy por allá;
+intento hablarle aparte en calidad de novio y me da un bufido que me
+dejó helado.... Y así estoy. Ni sé si me quiere o si deja de quererme,
+ni tengo tranquilidad para dedicarme a mis quehaceres ni hago otra cosa
+que pensar en esa maldita chiquilla.
+
+--Yo creo--respondió Castro sin dejar de contemplar con atención el
+escaparate frente al cual estaban--que esa niña te ha cogido la acción.
+
+Ramoncito le miró sorprendido y respetuoso a la vez.
+
+--¿Cómo la acción?--se aventuró a preguntar.
+
+--Sí; la acción. Lo importante, en cualquier combate, es coger la acción
+al contrario. Si en el momento en que él piensa atacarte atacas tú con
+decisión, es casi seguro que llegas. Si vacilas eres perdido.
+
+Al pronunciar las últimas palabras, dejó de contemplar el escaparate y
+siguió su marcha majestuosa por la acera. Ramón hizo lo mismo. No había
+entendido bien la aplicación que podía tener este símil arrancado a la
+esgrima en su caso; pero se abstuvo de pedir explicaciones.
+
+--¿De modo que tú opinas...?
+
+--Opino que estás demasiado enamorado de esa niña y que ella lo sabe.
+
+--Pero vamos a ver, Pepe, ¿qué motivos puede tener para
+rechazarme?--comenzó a decir sulfurado Ramoncito y como hablándose a sí
+mismo--. ¿Qué es lo que espera esa chiquilla?... Su padre tiene dinero;
+pero serán varios hermanos a repartirlo. Mariana es joven, y cuando
+menos se pensaba ha principiado otra vez a echar al mundo hijos. Además,
+ya sabes cómo es don Julián. Antes que soltar un cuarto le harán rajas.
+Y francamente, esperar a que se muera no me parece negocio. Yo no soy un
+potentado, pero tengo fortuna regular, que es mía ya, sin esperar a que
+se muera nadie.... Puedo proporcionarla las mismas comodidades que tiene
+en su casa y el mismo lujo ... mayor lujo--añadió sacudiendo la cabeza
+con plausible resolución--.Luego, tengo por delante una carrera
+política. ¿Sabe ella si el día menos pensado no seré subsecretario o
+director? Mi familia es mejor que la suya: mi abuelo no ha sido un
+tendero como el padre de D. Julián.... Luego, no es una divinidad ni
+mucho menos, una de esas chicas que llamen la atención, ¿sabes tú? ¿Por
+qué hace tantos remilgos cuando yo soy quien le hago favor? ¿Sabes quién
+tiene la culpa? Pues Cobo Ramírez y otros babiecas como él, que la han
+llenado la cabeza de viento.... ¡Sin duda espera la tonta que venga un
+príncipe de sangre real a buscarla!...
+
+Ramoncito negaba belleza a su adorada. Es signo de hallarse profunda y
+sinceramente enamorado el hombre; no ser hija de la vanidad su afición.
+El exceso de amor le arrastraba a injuriarla.
+
+Castro meditó que tal vez, la circunstancia de ser un poco desgalichado
+y tener el cutis lleno de pecas, influiría para que su amigo no lograse
+éxito lisonjero en esta como en otras empresas que había acometido: pero
+se abstuvo de manifestar tal sospecha. Prefirió asentar, cerrando los
+ojos y soplando el humo del cigarro, esta verdad de carácter general:
+
+--Las chicas son muy estúpidas.
+
+Ramoncito, de acuerdo con ella en principio, insistió, no obstante, en
+determinarla por medio de aplicaciones más o menos legítimas.
+
+--¡Es una mentecata!... No sabe ella misma lo que quiere.... ¿Crees que
+será posible llevarla al terreno de la formalidad algún día?
+
+Esto del terreno de la formalidad era una frase a la cual profesaba
+marcada predilección el joven concejal. Siempre que hablaba de
+Esperancita brotaba de sus labios tres o cuatro veces, como si
+necesariamente fuera asociada a sus amores.
+
+Pepe Castro sintió un malestar indecible: guiñó su ojo izquierdo
+infinitas veces. En realidad, nunca le había gustado anticipar ideas
+sobre los acontecimientos futuros. Era más caballista que profeta. Pero
+en este caso le repugnaba doblemente porque nada halagüeño podía
+anunciar a su amigo y admirador. Sacóle del compromiso la aparición de
+una joven hermosa y elegantemente vestida que venía al encuentro de
+ellos por la acera del Principal.
+
+--Aquí está la Amparo--dijo con la gravedad displicente y desdeñosa que
+Ramoncito admiraba.
+
+La querida de Salabert se acercó a ellos sonriente, saludándoles con
+efusión, particularmente a Pepe Castro. Este le apretó la mano sin
+perder de su gravedad ni separar la boquilla de los dientes, lo mismo
+que a un camarada a quien se acaba de ver en el café.
+
+--¿Adónde vais, granujas?
+
+--Pues a casa de Calderón a pasar un rato.
+
+--Venid conmigo. Voy a comprar un joyero. Me ayudaréis a elegirlo ... y
+me lo pagaréis.
+
+Hablaba en tono alegre y afectuoso: no parecía la misma criatura
+desabrida y mal humorada que hemos visto en su hotelito del barrio de
+Monasterio. Sin duda, todo el mal humor lo reservaba para Salabert.
+
+--¡Esto es bueno!--exclamó Castro dignándose sonreír levemente--. ¿Nos
+pides joyas a nosotros cuando tienes en tu casa el bolsillo de Salabert?
+Mete la mano en él, tonta.
+
+--Ya lo hago, hijo. Descuida.
+
+--Pues bien podías proteger un poco al pobre Manolo, que anda a oscuras
+hace tiempo.
+
+--¡Pobrecillo! ¿Pero de veras anda tan mal de guita? Yo creí que sólo
+era de la cabeza.
+
+--Eso es: ríete después que le has desplumado.
+
+--Oye, niño: yo no le he desplumado, por una razón muy sencilla: cuando
+vino a mi poder ya no tenía plumas--dijo la Amparo poniéndose seria.
+
+--No es verdad eso. Manolo ha gastado contigo más de cuarenta mil duros.
+
+--¡Eche usted duros! Así me lucía a mí el pelo cuando le puse a la
+puerta. Si tardo un poco más en hacerlo, voy a San Bernardino a la
+_grand Dumond_.
+
+--Bien, pues no los ha gastado. ¿A mí qué?--repuso el gallardo Pepe
+alzando los hombros--. ¿Quieres venir a cenar hoy con nosotros a Fornos?
+
+--¿Con quién?
+
+--Con éste y conmigo. Invitaremos también a León y a Rafael para que
+lleven a Nati y Socorro. ¿Tienes inconveniente en que vaya Manolo?
+
+--¡Al contrario, hijo, si a Manolo le quiero más de lo que te figuras!
+
+--Pues harías bien en darle de vez en cuando alguna conferencia íntima;
+si no, me temo que haya que llevarlo pronto al manicomio.
+
+--No creas que está siempre en mi mano. El otro tío es muy escamón.
+Después del Real ¿verdad? No me llevéis más gente. El ruido no me
+conviene ahora que estoy bien colocada ¿sabéis? Hasta luego. Oye, tú,
+feo--dirigiéndose a Ramón--, ¿por qué no hablas? Ya me han dicho que
+quieres casarte con la chiquilla de Calderón.... Pues hijo, tú horroroso
+y ella más fea que azotar a un Cristo, vais a echar unos nenes que habrá
+que enseñarlos en una barraca. Adiós, Pepe: no te olvides de los
+boquerones. Ya sabes que no ceno sin ellos. Hasta luego.
+
+Ramoncito se había puesto rojo de ira al oir tratar con tal desprecio a
+su adorada, sin tener presente que un momento antes había hecho él lo
+mismo. Y hubiera arremetido a la Amparo con alguna insolencia gorda, si
+ésta no se hubiese alejado sin fijarse poco ni mucho en la desazón que
+causaba. Contentóse con murmurar fatídicamente rechinando un poco los
+dientes:
+
+--¡Me parece que voy a ponerte yo la vergüenza que no tienes!
+
+El encuentro con la querida de Salabert en el momento en que se hallaba
+en lo más culminante de sus confidencias, le había turbado, y por eso no
+había despegado los labios. Apresuróse a anudar el hilo por donde
+aquélla lo había roto, preguntando a su amigo y maestro:
+
+--Vamos a ver, Pepe: tú en mi caso ¿qué harías?
+
+Castro caminó en silencio un rato mirando con fijeza a los balcones de
+las casas, sorprendido sin duda de que la gente no saliese a verle
+pasar. Luego, dando tres o cuatro largos chupetones al cigarro y
+revistiendo un aire reflexivo y grave, respondió:
+
+--Hombre (pausa); yo, en tu caso, principiaría por no estar enamorado.
+El amor es para los _fanciullos_, no para ti y para mí.
+
+--¡Eso es inevitable, Pepe!--exclamó el concejal en un estado tan triste
+y miserable que daba pena verlo.
+
+--Bien, pues si no puedes vencer esa _chifladura_, lo mejor es no darla
+a conocer. ¿Por qué tratas de persuadir a Esperancita de que te mueres
+por ella? ¿Crees que eso sirve para algo? Procura convencerla de lo
+contrario y verás cuánto mejor es el resultado.
+
+--¿Qué quieres que haga?--preguntó con angustia.
+
+--Que no te manifiestes tan rendido, hombre. Que no seas tan melón. No
+vayas tanto a su casa. No la mires con ojos de carnero a medio degollar.
+Llévale la contraria cuando diga alguna tontería: insinúala que hay
+mujeres que te gustan mucho más. Date un poco de tono, y ya veras cómo
+el asunto toma mejor aspecto....
+
+--¡No puedo, no puedo, Pepe!--exclamó Ramoncito pasándose la mano por la
+frente en el colmo de la congoja--. Al principio todavía era dueño de
+mí; podía hablarle con desembarazo y coquetear con otras.... ¡Hoy me es
+imposible! Así que la tengo delante me aturdo, me atortolo, no digo más
+que necedades. Si la encuentro de mal humor sobre todo. Cada
+contestación suya me deja helado. No puedes figurarte qué tono tan
+displicente sabe sacar esa chiquilla cuando quiere. Si trato de hablar
+con otra, basta que Esperanza me ponga la cara risueña para que la deje
+inmediatamente. He llegado a pasar un mes sin dirigirle apenas la
+palabra; pero al fin no pude resistir más y volví a entregarme. Prefiero
+su conversación, aunque me maltrate, a la de todas las demás....
+
+Ambos guardaron silencio como si caminasen bajo el peso de una grave
+desgracia. Pepe Castro meditaba.
+
+--Estás perdido, Ramón--dijo al fin tirando la punta del cigarro y
+frotando la boquilla con el pañuelo antes de guardarla--. Estás
+completamente perdido. Todo eso que me cuentas no tiene sentido común.
+Si supieses conducirte no hubieras llegado a semejante estado. A las
+mujeres se las trata siempre con la punta de la bota: entonces marchan
+admirablemente....
+
+Después de verter estas breves y profundas palabras, se paró delante de
+un escaparate.
+
+--Hombre, mira qué collar tan bonito. Si le viniese bien al _Perl_ se lo
+compraba.
+
+Ramoncito miró el collar sin verlo, enteramente absorto en sus
+tristísimos pensamientos.
+
+--Pues, sí, Ramoncillo--continuó el distinguido salvaje echándole un
+brazo sobre el hombro--, estás perdido.... Sin embargo, yo me
+comprometía a lograr que Esperanza te quisiera con tal que hicieses lo
+que te he dicho.... Ensaya mi método.
+
+--Ensayaré lo que quieras. Deseo salir a todo trance de esta
+situación--repuso el concejal conmovido.
+
+--Pues mira, por lo pronto no irás a casa de Calderón sino cada ocho o
+diez días.... Iremos juntos o nos encontraremos allá. No debes quedar
+solo: en un momento de debilidad echarías a perder toda la obra.
+Hablarás poco con Esperanza y mucho con las chicas que allí estén.
+Procura ensalzar a las rubias, a las altas, a las blancas, en fin, a las
+mujeres que tienen el tipo opuesto al de ella y no dejes de
+entusiasmarte bastante. Llévale la contraria, pero sin apurarte mucho.
+Eres muy testarudo y no conviene disputar demasiado. Un tono suave y
+despreciativo surte mejor efecto. Lo más conveniente es que me mires de
+vez en cuando. Yo te haré alguna seña con disimulo: de este modo irás
+siempre pisando en firme....
+
+Todavía, antes de llegar a la puerta de la casa de Calderón, tuvo tiempo
+Castro para ampliar con otros valiosos datos esta gallarda muestra de su
+talento didascálico. Sólo una inteligencia maravillosamente perspicua
+unida a larga y aprovechada experiencia, sólo un espíritu refinado podía
+penetrar tan hondamente en el secreto conflicto que la resistencia de
+Esperanza a consagrar su corazón a Ramoncito, había creado. Al mismo
+tiempo era el único que podía darle una solución satisfactoria. El joven
+concejal llegó al domicilio de su adorada en un estado de relativa
+tranquilidad. En cuanto a sus propósitos íntimos, sólo podemos decir que
+iba determinado a revestirse de un gran aspecto de dignidad y a oponer
+abierta resistencia a las tendencias invasoras de la niña de Calderón.
+
+Para comenzar juzgó oportuno meter las manos en los bolsillos y plegar
+los labios con una sonrisilla irónica y protectora. De esta suerte entró
+en el gabinete donde estaba reunida la familia del opulento banquero,
+balanceando la cabeza como si no pudiese con ella a causa del número
+incalculable de pensamientos que guardaba dentro, de los modales
+elegantes a los modales groseros no hay más que un paso, como de lo
+sublime a lo ridículo. Así que, no nos atrevemos a asegurar que
+Ramoncito, en la primera etapa de su conversación con Esperancita, se
+mantuviese siempre del lado de acá de la elegancia. Hay algún fundamento
+para pensar que no fué así. Lo que, salvando nuestra conciencia de
+historiadores veraces podemos afirmar, es que Esperancita tardó bastante
+tiempo en advertirlo, y que después de advertirlo no causó en ella la
+honda impresión que debía esperarse.
+
+En el gabinete costurero donde los introdujeron, estaban bordando D.ª
+Esperanza, Mariana y Esperancita. O hablando con exactitud, las que
+bordaban eran doña Esperanza y Esperancita: Mariana se mantenía sentada
+en una butaca, mirando al vacío en perfecto estado de inmovilidad. Pepe
+Castro y Ramón eran amigos íntimos de la familia y se les recibía sin
+ceremonia y con agrado. Después de algunos elusivos apretones de manos,
+con la sola excepción del de Maldonado a Esperancita, que no llegó a
+realizarse porque aquél se distrajo intencionalmente para dar comienzo
+digno a la gran serie de desaires de todas clases con que pensaba
+atormentar a su adorada, acomodáronse en sendas sillas. Pepe al lado de
+Mariana; Ramón junto a D.ª Esperanza. Antes de hacerlo, el joven
+concejal tuvo ya un momento de debilidad. Viendo a Esperancita algo
+apartada de su madre y abuela, pensó que era propicia ocasión para
+mantener con ella conversación secreta, y vaciló en llevar allá su
+silla. Una mirada expresiva de Castro le hizo volver en su acuerdo.
+
+--Buenos ojos le vean a usted, Pepe--dijo Esperancita clavando los
+suyos, risueños y nada feos, en el famoso salvaje.
+
+--Preciosos son los que le están viendo ahora--se apresuró a decir
+Ramoncito.
+
+Castro, antes de responder, le volvió a mirar severamente. El concejal,
+aturdido, dijo para amenguar un poco su torpeza:
+
+--Porque ésta es la familia de los ojos bonitos.
+
+--Gracias, Ramón. Ya empieza usted a ser falso como todos los
+políticos--manifestó Mariana.
+
+--¡Siempre justiciero, Mariana!--exclamó aquél, rojo de placer, oyéndose
+llamar hombre público.
+
+--¿Cuántos días hace que no he estado aquí?--preguntó Castro a la niña.
+
+--Lo menos quince.... Verá usted: ha estado la última vez, un lunes....
+Estaba aquí Pacita.... Hoy es sábado.... Trece días justos.
+
+Nunca había tenido tan presentes los días en que Maldonado visitaba la
+casa. Castro acogió esta prueba de interés con indiferencia.
+
+--Pensé que no hacía tantos días.... ¡Cómo se pasa el tiempo! añadió
+profundamente.
+
+--¡Claro! A usted se le pasa volando, lejos de nosotros.
+
+El joven sonrió bondadosamente y pidió permiso para encender un cigarro.
+Después dijo:
+
+--No; aún se me pasa más de prisa al lado de ustedes.
+
+--¿Más que en casa de tía Clementina?--preguntó la niña en un tono
+inocente que hacía dudar de su intención.
+
+Castro se puso serio y la miró fijamente. Sus relaciones con la hija de
+Salabert se habían mantenido hasta entonces bastante secretas. El que se
+descubriesen en casa de la hermana del marido, le inquietó. Esperancita
+se puso como una cereza bajo la penetrante mirada del joven.
+
+--Lo mismo--concluyó por decir con frialdad--. Todos son buenos amigos.
+
+--¿Va usted hoy a casa de mi cuñada?--dijo Mariana sin advertir lo que
+pasaba.
+
+--Iremos Ramón y yo: ¿no es sábado hoy? ¿Y ustedes?
+
+--Yo no tengo gana de recepción. Hace unos días que me encuentro un poco
+molesta de la garganta.
+
+--No digas que estás enferma, mamá. Dí que te gusta más meterte en la
+cama temprano--manifestó Esperancita con mal humor.
+
+La madre la miró con sus ojos grandes, apagados.
+
+--Tengo la garganta irritada, niña.
+
+--¡Qué casualidad!--exclamó ésta en tonillo irónico--. No te he oído eso
+hasta ahora.
+
+--Si es que tú tienes ganas de ir--repuso Mariana acabando de
+adivinarlo--, que te lleve tu papá.
+
+--Bien sabes que papá, no saliendo tú, no quiere salir.
+
+El tono de Esperancita revelaba despecho. Por los ojos de Ramoncito pasó
+un relámpago de alegría legítima y dirigió una mirada de triunfo a su
+amigo Pepe. La niña mostraba deseos de ir desde que supo que él
+asistiría también.
+
+La conversación comenzó a rodar sobre lugares comunes, deteniéndose con
+predilección en el más común de todos en la corte, o sea sobre los
+artistas del teatro Real. Se habló de la belleza de la Tosti. Ramoncito,
+enternecido por el triunfo que acababa de obtener, quiso negársela;
+maldijo de las mujeres altas, y sobre todo de las rubias. A él no le
+gustaban más que los tipos morenitos, carirredondos, de mediana estatura
+y de ojos negros (en fin, el de Esperancita; no le faltaba más que
+nombrarla). Su amigo Pepe, alarmado por este desahogo que daba al traste
+con todos los planes de asedio en que habían convenido, le hizo una
+porción de guiños disimulados hasta que consiguió traerlo al buen
+camino. Pero lo hizo tal mal, esto es, comenzó a contradecirse de un
+modo tan lamentable, que las señoras se lo hicieron notar en seguida. Se
+aturdió y se hizo un lío, del cual no hubiera podido salir sin un capote
+que muy a tiempo le echó su amigo y maestro. Para reparar un poco la
+torpeza se puso a contarles lo que había pasado el día anterior en el
+Ayuntamiento, con tales pormenores, que Mariana no tardó en bostezar
+como una bendita que era, y D.ª Esperanza se enfrascó en su bordado y
+dió señales de estar pensando en cosas muy distintas. Esperancita
+terminó por hacer una seña a Castro para que se acercase. Este obedeció
+trasladándose a una sillita cerca de la de ella.
+
+--Oiga, Pepe--le dijo la niña en voz baja y temblorosa--. Hace poco le
+he visto a usted ponerse serio conmigo. No sé si habré dicho algo que le
+pudiera molestar. Si fué así, perdóneme.
+
+--No sé a qué alude usted. A mí no puede molestarme nada de lo que me
+diga una niña tan linda y tan simpática como usted--manifestó el joven
+con su bella sonrisa de sultán.
+
+--Me alegro de que haya sido únicamente aprensión.... Muchas gracias por
+las flores, si es que usted las siente, que lo dudo.... A mí me dolería
+en el alma causarle a usted un disgusto....
+
+Al decir estas últimas palabras, la niña se ruborizó hasta las orejas.
+
+--Pues tengo noticia de que es usted aficionada a darlos.
+
+--¡Oh, no!
+
+--Eso dice mi amigo Ramón.
+
+El rostro de Esperancita se oscureció al oir este nombre. Una arruguita
+severa cruzó su frente virginal.
+
+--No sé por qué lo dice.
+
+--¿No le remuerde a usted nada la conciencia?
+
+--Ni pizca.
+
+--¡Oh, qué corazón tan emperdenido!
+
+--¿Por qué? Si le he proporcionado alguna pena será que él se la habrá
+buscado.
+
+--Eso mismo le he dicho yo.... Pero, en fin, creo que el enfermo ya está
+en vías de curación y que no se pondrá más al alcance de sus dardos....
+Le veo bastante más alegre y despreocupado de algunos días a esta parte.
+
+Castro trabajaba sinceramente y de buena fe por su amigo.
+
+--Mucho me alegraría de que así sucediese--respondió la niña con
+perfecta naturalidad.
+
+Castro hizo una defensa apasionada de su amigo, lo recomendó con toda
+eficacia a la benevolencia de Esperanza. Mas al verter en el oído de
+ésta algunas exageradas frases de elogio, el tono displicente con que
+las pronunciaba y la sonrisa burlona que no se le caía de los labios,
+las desvirtuaban bastante. Aunque así no fuese, la hija de Calderón las
+hubiera acogido con la misma hostilidad.
+
+--¡Vamos, Pepe, usted tiene ganas de guasearse!
+
+--¡Que sí, Esperancita, que sí! Ramón tiene un gran porvenir y no sería
+difícil que con el tiempo le veamos ministro.
+
+El concejal, mientras tanto, explicaba con la fluidez que le
+caracterizaba, a Mariana y D.ª Esperanza, de qué modo había descubierto
+un fraude de consideración en los derechos de consumos. Trescientos
+cincuenta jamones se habían introducido, hacía pocos días, de matute con
+la anuencia de algunos empleados del municipio. Ramoncito pensaba llevar
+a estos empleados a la barra en brevísimo plazo. Mariana le suplicaba
+que no fuese excesivamente severo con ellos; serían tal vez padres de
+familia. Mas no lograba ablandarle. Indudablemente, sus principios de
+justicia municipal eran más inflexibles que sus músculos cervicales, a
+juzgar por el número incalculable de veces que volvía la cabeza hacia el
+sitio en que Esperancita y Pepe departían. No estaba celoso. Tenía
+confianza plena en la lealtad de su amigo. Pero le gustaba que su
+adorada le escuchase cuando pronunciaba las frases: "_a la barra_", "_yo
+pienso dictaminar en mal sentido_", "_la ley municipal exige que los
+aforos_", _etc._, a fin de que el ángel de sus amores se fuera
+penetrando de los altos destinos a que la suerte la tenía reservada
+uniéndose a un hombre tan enérgico y tan administrativo. Todos aquellos
+discursos pronunciados en alta voz, no eran más que una continua y
+tierna invitación para que de una vez entrase "en el terreno de la
+formalidad".
+
+Oyéronse en esto pasos en la habitación contigua, y una tos que los
+presentes conocían admirablemente. D.ª Esperanza, al escucharla, entregó
+con precipitación, mejor dicho, arrojó la labor que tenía entre manos en
+el regazo de su hija. Cuando Calderón entró, Mariana bordaba con
+afectada aplicación mientras su Madre se mantenía mano sobre mano, como
+si hiciese largo rato que se hallase en tal postura. Ramoncito y Castro
+apenas se fijaron en esta maniobra. La razón de ella era que Calderón no
+perdonaba a su esposa la apatía, la pereza, juzgando estos vicios como
+verdaderas calamidades, considerándose muchas veces desgraciado por
+haberse unido a una mujer tan holgazana. No es que el trabajo de ella
+importase poco ni mucho en su casa; pero su temperamento de trabajador
+infatigable se revelaba en presencia de otro tan diametralmente
+contrario. La flojedad, el abandono de Mariana crispaban sus nervios,
+daban lugar a agrias contestaciones y a reyertas frecuentes. Ella se
+defendía suavemente. Alegaba que sus padres no la habían criado para
+jornalera, porque tenían medios suficientes para hacerla vivir como
+señora. Con esto D. Julián se enfurecía aún más; gritaba que todo el
+mundo tiene el deber de trabajar, por lo menos de hacer algo. La
+completa ociosidad es incomprensible. La mujer está obligada a cuidar de
+que no se desperdicie la hacienda de la casa, ya que no contribuya a
+acrecentarla, etc., etc. En fin, que la causa de los disgustos
+domésticos era esta irremediable holgazanería de la señora. D.ª
+Esperanza era muy diversa de su hija. Temperamento activo, vigilante,
+tan avara o más que su yerno, no podía jamás estar un cuarto de hora sin
+tener algo entre manos. En los negocios interiores de la casa no tenía
+intervención muy señalada. Calderón se complacía en ordenarlo y
+manejarlo por sí mismo todo. Y esto significa una contradicción que
+debemos hacer resaltar para que se comprenda bien su carácter. Quejábase
+amargamente porque su mujer no servía para llevar el gobierno de la
+casa, porque él se veía obligado a hacerse cargo de él; y no obstante,
+sabiendo que su suegra servía muy bien para el caso, no quería
+entregárselo. Esto hace sospechar que, aunque Mariana fuese un prodigio
+de actividad y de orden, no consentiría tampoco en abandonar la
+dirección de los asuntos interiores como de los exteriores. Su carácter
+receloso y sórdido le hacía preferir siempre el trabajo al descanso.
+Quisiera tener cien ojos para ponerlos todos sobre los objetos de su
+pertenencia.
+
+Doña Esperanza también deploraba el carácter de su hija; marchaba muy de
+acuerdo con la ruindad de su yerno, ayudándole no poco en la vigilancia
+de la casa. Mas, aunque la reprendiese a menudo por su apatía, como al
+fin había salido de sus entrañas, le dolía que Calderón lo hiciese,
+sentía vivamente las reyertas matrimoniales. Por eso, siempre que podía
+las evitaba aunque fuese a costa de un sacrificio, tapando las faltas de
+Mariana, haciéndose ella misma voluntariamente culpable de ellas. Tal
+era la razón de haberle entregado con tanta premura el cojín que estaba
+bordando.
+
+D. Julián entró con un libro en la mano, que no era el _Diario_, ni el
+_Mayor_, ni el _Copiador de cartas_, sino lisamente el folletín de _La
+Correspondencia_, que acostumbraba a recortar con gran esmero y luego
+cosía. Aunque parezca raro, D. Julián era aficionado a las novelas; pero
+no leía más que las de _La Correspondencia_, las piadosas que regalaban
+a su hija en el colegio. Por impulso propio no había entrado jamás en
+una librería a comprar alguna. No sólo era aficionado a leerlas, sino lo
+que aun es más raro, se enternecía notablemente con ellas. Porque
+guardaba en su pecho un gran fondo de sensibilidad. Era una flaqueza de
+su organismo, lo mismo que el asma y el reuma. Las desgracias del
+prójimo, la miseria, le compadecían extremadamente. Si pudiesen
+remediarse de cualquier otro modo que no fuese con dinero, es seguro que
+las haría desaparecer en seguida. Los rasgos de generosidad le hacían
+llorar de entusiasmo; pero se juzgaba, y con razón, impotente para
+llevarlos a cabo. Así y todo hacía esfuerzos supremos por violentar su
+naturaleza. En realidad, no era de los ricos menos limosneros que
+hubiese en Madrid. Tenía una cantidad fija destinada a los pobres y les
+llevaba la cuenta en sus libros como si fuesen acreedores. Una vez
+agotada la cantidad mensual, creemos que si viese morirse de hambre en
+la calle a un desgraciado, no le socorrería con una peseta, no por falta
+de sensibilidad, sino por las profundas raíces que tenían en su corazón
+los números. La idea de desprenderse de algo suyo por otro medio de
+enajenación que no fuese la compra-venta, era para él casi
+incomprensible. Sus limosnas tenían por esto un mérito muy superior a
+las de otras personas.
+
+Cuando entró en el costurero manifestaba en el rostro señales de
+hallarse conmovido. Después de haber saludado a los forasteros, profirió
+sentándose en una butaca:
+
+--Acabo de leer en esta novela un capítulo precioso ... ¡precioso!... No
+pude resistir a la tentación de venírselo a leer a éstas....
+
+Se detuvo porque no se atrevía a proponérselo a Castro y Ramoncito,
+aunque lo deseaba. Era muy amigo de leer en alta voz, por lo mismo que
+lo hacía medianamente. Mariana se complacía mucho en oir leer. De modo
+que, por este lado, marchaba bien el matrimonio.
+
+--Léelo, hombre.... Creo que a Pepe y Ramón no les molestará--dijo
+aquélla.
+
+Castro hizo un leve signo de aquiescencia, Ramoncito se apresuró a
+manifestar con ademanes extremosos que tendrían un gran placer ... que
+él era muy aficionado a los bellos capítulos, etc. ¡Pocas gracias!
+Viniendo del padre de su amada, sería capaz de escuchar con atención la
+lectura de la tabla de logaritmos.
+
+D. Julián se caló las gafas y se puso a leer, con una voz blanca de gola
+que tenía reservada para estas ocasiones, cierto capítulo en que se
+describían los sufrimientos de un niño perdido en las calles de París.
+Al instante comenzaron a arrasársele los ojos y a alterársele la voz.
+Concluyó por anudársele de tal suerte, que apenas se le entendía.
+Ramoncito se vió necesitado a tomarle el legajo y a continuar la lectura
+hasta el fin. Castro, en presencia de aquellas ridiculeces, ocultaba su
+sonrisa de hombre superior detrás de grandes bocanadas de humo.
+
+Terminado el capítulo y comentado en los términos más lisonjeros para
+todos los presentes, Mariana volvió los ojos hacia su labor. Observó que
+iba a hacer falta un pedazo de seda para el forro, pues estaba a punto
+de terminarse. D.ª Esperanza, con quien comunicó este pensamiento, fué
+de la misma opinión.
+
+--Ramoncito--dijo la primera--hágame el favor de oprimir ese botón.
+
+El concejal se apresuró a cumplir el mandato. Al cabo de un instante se
+presentó la doncella de la señora.
+
+--Tiene usted que salir a comprar una vara de seda--le dijo ésta.
+
+La doméstica, después de enterarse de las particularidades del encargo,
+se dispuso a salir para darle cumplimiento. D. Julián, que había
+escuchado atentamente, la detuvo con un gesto.
+
+--Aguárdese un momento.... Voy a ver si por casualidad tengo yo lo que
+les hace falta.
+
+Y salió con paso vivo de la estancia. No tardó tres minutos en regresar
+con un paraguas viejo entre las manos.
+
+--A ver sí os puede servir la seda de este paraguas--dijo--. Me parece
+que es del mismo color....
+
+Castro y Maldonado cambiaron una mirada significativa.
+
+Mariana lo tomó ruborizándose.
+
+--En efecto, es del mismo color ... pero está todo picado.... No sirve.
+
+Esperancita fingía estar absorta en su labor; pero tenía el rostro como
+una amapola. Tan sólo D.ª Esperanza tomó en serio el asunto y lo
+discutió. Al fin fué desechado, con disgusto del banquero, que quedó
+murmurando algunas frases poco halagüeñas acerca del orden y economía de
+las mujeres.
+
+Ramoncito ya no podía sufrir más aquella pena de Tántalo a que la
+experiencia de su amigo le condenaba. No cesaba de mirar hacia el sitio
+donde éste y Esperancita departían. Principió por levantarse de la silla
+con pretexto de estirar un poco las piernas y dió unos cuantos paseos.
+Poco a poco fué acercándose a ellos: concluyó por detenerse delante.
+
+--Qué tal, Esperanza.... ¿Hace mucho que no ha visto a su amiga
+Pacita?
+
+¡Qué pretexto tan burdo para detenerse! El mismo lo comprendió así y se
+ruborizó al pronunciar estas palabras. Castro le dirigió una mirada
+fulminante; pero, o no la vió, o se hizo como que no la veía.
+Esperancita frunció el entrecejo y contestó secamente que no se acordaba
+con precisión.
+
+Esto bastaría para que cualquiera se diese por advertido. Ramoncito no
+se dió. Antes quiso prolongar la conversación con frases absurdas o
+insustanciales. Hasta tuvo conatos de agarrar una silla y sentarse al
+lado de ellos: pero Castro se lo impidió dándole, al descuido, un feroz
+y expresivo pisotón en los callos que le hizo volver en su acuerdo.
+Continuó, pues, su paseo melancólico y no tardó en sentarse de nuevo
+junto a sus futuras suegra y abuela. Al poco rato estaba empeñado en una
+discusión animada con Calderón sobre si el adoquinado de las calles
+debía de hacerse por contrata o por administración. De buena gana
+hubiera cedido. Su interés estaba en hacerlo, porque al fin se trataba
+del hombre en cuya mano estaba su felicidad o su desgracia; pero aquel
+pícaro temperamento terco y disputón con que la naturaleza le dotara, le
+arrastraba a proseguir, aunque veía a su suegro encendido y a punto de
+enfadarse.
+
+Afortunadamente para él, antes que llegase este punto, se presentó en la
+estancia un criado.
+
+--¿Qué hay, Remigio?--le preguntó el banquero.
+
+--Acaba de llegar un amigo del Pardo, el cochero de los señores de
+Mudela, y me ha dicho que el señorito Leandro se encontraba un poco
+enfermo....
+
+--¡Claro! ¡Qué le había de pasar a ese chiquillo!... No está
+acostumbrado a tales juergas. Toda la vida en el colegio o pegado a las
+faldas de su madre. De pronto le sacan a esta vida agitada.... ¿Y qué es
+lo que tiene?
+
+Leandro era un sobrino carnal de D. Julián, hijo de una hermana que
+residía en la Mancha. Había venido a pasar una temporada a Madrid y la
+pasaba alegremente reunido a otros muchachos de la misma edad. Para
+cierta excursión de campo había pedido a su tío el carruaje. Este, por
+no ofender a su hermana a quien por razón de intereses estaba obligado a
+guardar consideraciones, se lo había otorgado, aunque con gran dolor de
+su corazón.
+
+--Me parece que le ha hecho daño el sol y la comida....
+
+--Bueno, una indigestión.... Eso pasará pronto.
+
+--Yo creo que debías ir allá, Julián--, manifestó Mariana.
+
+--Si hubiese necesidad, claro que iría. Pero por ahora no la veo.... Dí
+tú, Remigio, ¿no puede trasladarse aquí? ¿Se ha quedado en la cama?
+
+--Ahí está el caso, señor--, dijo el criado dando vueltas a la gorra y
+bajando los ojos como si temiese dar una noticia muy grave--. La
+cuestión es que una de las yeguas, la _Primitiva_, está enfosada.
+
+Calderón se puso pálido.
+
+--¿Pero no puede venir?
+
+--No, señor, está bastante malita, según dice el cochero de Mudela....
+¡Claro! como esos chicos no entienden, la han hartado de agua....
+
+D. Julián se levantó presa de violenta agitación, y sin decir palabra
+salió de la estancia seguido de Remigio.
+
+Castro y Ramoncito cambiaron otra vez una mirada y una sonrisa.
+Esperancita las sorprendió y se puso colorada.
+
+--¡Qué a pecho toma papá estas cosas!
+
+--¡Podría no tomarlo, niña!--exclamó D.ª Esperanza con voz irritada--.
+Un tronco que ha costado quince mil pesetas.... ¡Pues digo yo si es una
+gracia de Leandrito!
+
+Y siguió buen rato desahogando su furia, casi tan grande como la de su
+yerno. Castro y Ramoncito se levantaron, al fin, para irse. Mariana, que
+había tomado con mucha filosofía la desgracia, les invitó a comer.
+
+--Quédense ustedes.... Ya ha pasado la hora de paseo.
+
+--No puedo--dijo Castro--. Hoy como en casa de su hermano.
+
+--¡Ah! verdad que es sábado, no me acordaba. Nosotras iremos (si no
+estoy peor) a las diez, a la hora del tresillo.
+
+--¿Come usted todos los sábados en casa de tía Clementina?--preguntóle
+por lo bajo Esperancita con inflexión extraña.
+
+El lechuguino la miró un instante.
+
+--Casi todos como en casa de su tío Tomás.
+
+--Tía Clementina es muy guapa y muy amable.
+
+--Esa fama goza--repuso Castro un poco inquieto ya.
+
+--Tiene muchos admiradores. ¿No es usted uno de los entusiastas?
+
+--¿Quién se lo ha dicho a usted?
+
+--Nadie; lo supongo.
+
+--Hace usted bien en suponerlo. Su tía es, a mi juicio, una de las
+señoras más hermosas y distinguidas de Madrid.... Vaya, hasta otro rato,
+Esperancita.
+
+Y le alargó la mano con un aire displicente que hirió a la niña. El
+despecho de ésta se manifestó llamando a Ramoncito, que se mantenía un
+poco alejado.
+
+--Y usted, Ramón, ¿por qué no se queda? ¿Come usted también en casa de
+tía Clementina?
+
+--No: yo no....
+
+--Pues quédese usted, hombre. Ya procuraremos que no se aburra.
+
+--¡Yo aburrirme al lado de usted!--exclamó el concejal, casi
+desfallecido de placer.
+
+--Nada, nada: definitivamente se queda ¿verdad? Que se vaya Pepe, ya que
+tiene otros compromisos.
+
+Ramoncito iba a decir que sí con todas las veras de su alma; mas por
+encima de la cabeza de la niña, Castro principió a hacerle signos
+negativos, con tanta furia, que el pobre dijo con voz apagada:
+
+--No ... yo tampoco puedo....
+
+--¿Por qué, Ramón?
+
+--...Porque ... tengo que hacer.
+
+--Pues lo siento.
+
+El concejal estaba tan conmovido que apenas pudo murmurar algunas
+palabras de gracias. Salió de la estancia casi a rastras. Una vez en la
+calle, Pepe le felicitó calurosamente y le anunció que aquella firmeza
+daría buenos resultados. Pero él acogió las enhorabuenas con marcada
+frialdad. Se obstinó en guardar silencio hasta su casa, donde su amigo y
+maestro le dejó al fin llena la cabeza de lúgubres presentimientos y más
+triste que la noche.
+
+
+
+
+VII
+
+#Comida y tresillo en casa de Osorio.#
+
+
+Al día siguiente de haber subido a casa de Raimundo, Clementina estaba
+más avergonzada y pesarosa de haberlo hecho que en el momento de bajar
+la escalera. Los seres orgullosos sienten remordimientos por una acción
+que en su concepto los ha humillado, como los justos cuando han faltado
+a la humildad. En su interior confesaba que había dado un paso en falso.
+La serenidad y la cortesía de aquel muchacho, a la vez que lo elevaban a
+sus ojos, irritaban su amor propio. ¡Qué comentarios no habrían hecho él
+y su hermana después de aquella ridícula y extemporánea visita! Al
+pensar en ello se le subían los colores a la cara. Por no ver ni ser
+vista de Alcázar desde su mirador, dejó de salir a pie. El joven cumplía
+su promesa: no halló rastro de él por ninguna parte.
+
+Mas sin saber por qué causa, la imagen de éste flotaba siempre delante
+de sus ojos; con frecuencia acudía a su mente. ¿Era por aversión? ¿por
+resentimiento? Clementina no podía de buena fe afirmarlo. Su ex
+perseguidor no tenía nada en la figura ni en el trato que lo hiciese
+aborrecible. ¿Sería, por el contrario, que le hubiese impresionado
+demasiado favorablemente su presencia? Tampoco. Veía diariamente en
+sociedad muchos jóvenes más gallardos y de más agradable conversación.
+Así que, la sorprendía tanto como la irritaba encontrarse pensando en
+él. Nunca dejaba de protestar interiormente contra esta involuntaria
+inclinación, y de enfadarse consigo misma. Transcurridos algunos días
+después de la escena relatada decidióse a salir una tarde a pie. El no
+hacerlo le iba pareciendo cobardía, conceder demasiado honor a aquel
+chiquillo. Cuando pasó cerca de su casa levantó los ojos y le vió como
+siempre al mirador con un libro en la mano. Bajólos instantáneamente y
+cruzó de largo seria y erguida. Mas a los pocos pasos sintió vago
+malestar como si no quedase satisfecha de sí misma. La verdad es que el
+no saludar o no haber siquiera esperado el saludo del joven, no había
+estado bien hecho después de sus francas explicaciones y de la
+amabilidad que con ella había usado mostrándole la rica colección de sus
+mariposas y ofreciéndosele tan finamente.
+
+Al día siguiente salió también a pie y reparó la injusticia del anterior
+clavando con fijeza su vista en el alto mirador. Raimundo le envió un
+saludo tan respetuoso y una sonrisa tan inocente, que la hermosa dama se
+sintió halagada. No pudo ocultarse que aquel joven tenía singular
+dulzura en los ojos, que le hacía muy simpático, y que su conversación,
+si no repleta de donaires, revelaba firmeza de entendimiento y un
+espíritu culto. Estas observaciones debió de hacerlas a su debido
+tiempo; pero no las hizo por causas que ignoramos. Desde este día
+comenzó a salir como antes. Al cruzar por delante de la casa de Raimundo
+nunca dejaba de enviar su cabezadita amistosa al mirador, desde donde le
+contestaban con verdadera efusión. Y según iban transcurriendo los días,
+el saludo era cada vez más expresivo. Sin hablarse una palabra parece
+que se establecía la confianza entre ellos.
+
+Clementina no trató de analizar el sentimiento que le inspiraba el joven
+Alcázar. Era poco aficionada a mirarse por dentro. Creía vagamente que
+hacía una obra de caridad mostrándose cortés con él. "¡Pobre
+muchacho!--se decía--. ¡Cómo adoraba a su madre! Y ella ¡qué feliz debió
+de haber sido con un hijo tan bueno y cariñoso!" Una tarde, cuando va
+llevaba más de un mes de estos saludos, le preguntó Pepe Castro:
+
+--Oyes: ¿ha dejado de seguirte ya aquel chiquillo rubio de marras?
+
+Clementina sintió un estremecimiento raro: se puso levemente colorada
+sin saber ella misma por qué.
+
+--Sí ... hace ya lo menos un mes que no le he visto.
+
+¿Por qué mentía? Castro estaba tan lejos de pensar que entre aquel
+perseguidor desconocido y su querida mediase ninguna relación, que no
+advirtió el rubor. Pasó en seguida a otra cosa con indiferencia. Mas,
+para nuestra dama, aquel singular sacudimiento y aquel calorcillo en las
+mejillas fué una especie de revelación vaga de lo que en su espíritu
+acaecía. El primer dato concreto de esta revelación fué que al salir de
+casa de su amante, en vez de ir pensando en él, reflexionó que Alcázar
+cumplía demasiado fielmente su palabra de no seguirla. El segundo fué
+que al detenerse en un escaparate de joyería y ver un imperdible de
+brillantes en figura de mariposa, se dijo que algunas de las que había
+visto en casa de su amiguito rubio eran mucho más hermosas y brillantes.
+El tercero lo adquirió al entrar en casa de Fe a comprar unas novelas
+francesas. Ocurriósele al ver tanto libro, que su amante Pepe Castro no
+había leído ninguno de ellos, ni lo leería probablemente. Antes, le
+hacía gracia esta ignorancia: ahora la encontraba ridícula.
+
+Transcurrían los días. La señora de Osorio, hastiada de la vida
+elegante, habiendo agotado todas las emociones que ofrece a una dama
+ilustre por su hermosura y su riqueza, se iba placiendo extremadamente
+en aquel saludo inocente que casi todos los días cambiaba con el joven
+del mirador. Una tarde, habiéndose bajado del coche en el Retiro para
+dar algunas vueltas a pie, tropezó con Alcázar y su hermana en una de
+las calles de árboles. Dirigióles un saludo muy expresivo. Raimundo
+respondió con el mismo afectuoso respeto de siempre; pero Clementina
+observó que la niña lo hizo con marcada frialdad. Esto la preocupó y la
+puso de mal humor para todo el día, por más que nunca quiso confesarse
+que la causa de su malestar y melancolía era ésta. Poco a poco, debido a
+su temperamento irritable y caprichoso, aquella aventura amorosa que
+había muerto al nacer, iba ocupando su espíritu haciendo brotar en él un
+deseo. Los deseos en esta dama eran siempre apetitos violentos, sobre
+todo si hallaban algún obstáculo: como tales, pasajeros también.
+
+Cierta mañana, después de haber saludado a Raimundo cerrando y abriendo
+la mano repetidas veces con la gracia peculiar de las damas españolas, y
+después de haber andado poco trecho, por un movimiento casi involuntario
+volvió la cabeza y levantó de nuevo los ojos al mirador. Raimundo la
+estaba mirando con unos gemelos de teatro. Se puso fuertemente colorada:
+apretó el paso embargada por la vergüenza. ¿Por qué habría hecho aquella
+tontería? ¿Qué iba a pensar el joven naturalista? Cuando menos, se
+figuraría que estaba enamorada de él. Pues a pesar de que estas ideas
+bullían alborotadas en su cabeza mientras caminaba de prisa para doblar
+la esquina y ocultarse a las miradas de aquél, no estaba tan irritada
+contra sí misma como otras veces. Sentía vergüenza, es verdad; pero
+luego que pudo caminar despacio, una emoción dulce invadió su espíritu,
+sintió un cosquilleo grato allá en el corazón como hacía ya muchísimo
+tiempo que no sentía. "¡Si volveré a mis tiempos de _fanciulla_!" se
+dijo sonriendo. Y comenzó a recrearse con su propia emoción
+considerándose feliz con aquel retorno a las inocentes turbaciones de la
+primera edad. Tan embebida marchaba en su pensamiento, que al llegar a
+la Cibeles, en vez de tomar la calle de Alcalá para ir a casa de Castro
+con quien estaba citada para aquella hora dió la vuelta como si
+estuviera paseando por aquel sitio. Cuando lo advirtió se detuvo
+vacilante. Al fin se confesó que no tenía grandes deseos de acudir a la
+cita. "Voy a ver a mamá--se dijo,--. La pobre hace ya días que no pasa
+un rato conmigo." Y emprendió la marcha hacia el paseo de Luchana. Se
+puso de un humor excelente. Un piano mecánico tocaba el brindis de
+_Lucrecia_ por allí cerca y se paró a escucharlo, ¡ella que se aburría
+en el Real oyéndolo a las más famosas contraltos! Pero la música es una
+voz del cielo y sólo se comprende bien cuando el cielo ha penetrado ya
+un poco en nuestro corazón.
+
+Por la acera de Recoletos bajaba Pinedo, aquel memorable personaje que
+vivía con un pie en el mundo aristocrático y otro en la clase
+media-covachuelista a la que en realidad pertenecía. Traía a su lado a
+una linda joven que debía de ser su hija, aunque Clementina no la
+conocía. Pinedo la tenía alejada de la sociedad que frecuentaba, la
+ocultaba cuidadosamente lo mismo que Triboulet. La esposa de Osorio
+siempre había tratado a este personaje con un poco de altanería, lo cual
+no era raro en ella como ya sabemos. Mas ahora el estado placentero de
+su espíritu la tornó expansiva y llana por algunos instantes. Como
+Pinedo cruzase grave dirigiéndole un sombrerazo ceremonioso según su
+costumbre, la dama se detuvo y le abordó con la sonrisa en los labios.
+
+--Amigo mío, usted es hombre práctico; también aprovecha estas horas de
+la mañana para respirar el aire puro y tomar un baño de sol.
+
+Contra su costumbre y naturaleza, Pinedo quedó un poco turbado, tal vez
+porque no le hiciera gracia presentar su hija a esta vistosa señora.
+Repúsose instantáneamente, sin embargo, y respondió inclinándose con
+galantería:
+
+--Y a ver si Dios me concede unos tropezones tan desagradables como el
+que ahora he tenido.
+
+Clementina sonrió con benevolencia.
+
+--No debe usted echar flores aunque sea de este modo indirecto trayendo
+a su lado una joven tan linda. ¿Es su hija?
+
+--Sí, señora.... La señora de Osorio--añadió volviéndose a la niña.
+
+Esta se puso roja de placer al oirse llamar linda por aquella dama a
+quien tanto conocía de vista y de nombre. Era una muchacha alta y
+esbelta, de rostro moreno, con facciones menudas y bien trazadas y unos
+ojillos dulces y alegres.
+
+--Pues había oído decir que tenía usted una niña muy bonita; pero veo
+que la fama se ha quedado corta.
+
+La chica enrojeció aún más y apenas pudo murmurar las gracias.
+
+--Vamos, Clementina, no siga usted que se lo va a creer.... Esta señora,
+Pilar--añadió volviéndose a ella--, se complace en decir mentiras
+agradables como otros en decir verdades amargas.
+
+--Ya lo veo que es muy amable--repuso la niña.
+
+--No haga usted caso. Que es usted hermosa, está a la vista.
+
+--¡Oh, señora!...
+
+--Y diga usted, padre tirano, ¿por qué no la divierte usted un poco mas?
+¿Está bien hecho que a usted se le vea en todos los teatros, bailes y
+reuniones y tenga encerrada a esta niña preciosa? ¿O es que se le figura
+que tenemos más gusto en verle a usted que a ella?
+
+El pobre Pinedo sintió un estremecimiento de dolor que trató de ocultar.
+Clementina había tocado con frivolidad en la parte más sensible de su
+corazón. Su sueldo ya sabemos que no le consentía más que vivir
+modestamente. Si entraba en una sociedad que no le correspondía era
+precisamente para conservar el empleo, que era su único sostén y el de
+su hija. Esta nada sabía aún de aquel plan de vida. Pinedo esperaba
+casarla con un hombre modesto y trabajador y que no conociese jamás
+aquel mundo en que no podía vivir y que él despreciaba en el fondo del
+alma, aunque tal vez, por la fuerza de la costumbre, no pudiese ya vivir
+a gusto en otro.
+
+--Es muy joven aún.... Tiene tiempo de divertirse--repuso con sonrisa
+forzada.
+
+--¡Bah, bah! diga usted que es usted un grandísimo egoísta.... ¿Y cuánto
+tiempo hace que no ha estado usted en casa de Valpardo?--añadió la dama
+pasando a otra conversación.
+
+--Pues el lunes. La condesa me ha preguntado con mucho interés por usted
+y se lamenta de que la haya abandonado.
+
+--¡Pobre Anita: es verdad!
+
+Sobre los dueños de la casa y sobre sus tertulios, Pinedo y Clementina
+comenzaron una conversación animada, inagotable. Pilar escuchó con
+atención al principio; pero como no conocía a la mayor parte de aquellos
+personajes concluyó por distraerse paseando su vista por las
+inmediaciones, fijándola en los pocos transeuntes que a aquella hora
+acertaban a pasar por allí.
+
+--Papá:--dijo aprovechando un momento de pausa--. Ahí viene aquel joven
+amigo tuyo, que mantiene a su madre y a sus hermanas.
+
+Clementina y Pinedo volvieron al mismo tiempo la cabeza y vieron llegar
+a Rafael Alcántara, el célebre calavera que hemos conocido en el _Club
+de los Salvajes_.
+
+--¡Que mantiene a su madre y a sus hermanas!--exclamó la dama con
+asombro.
+
+--Sí, un joven muy bueno, amigo de papá, que se llama Rafael Alcántara.
+
+Al volver la vista, cada vez más sorprendida, a Pinedo, éste le hizo una
+seña bastante expresiva. No sabiendo lo que aquello significaba, pero
+calculando que su amigo tenía interés en que no se calificase a
+Alcántara como merecía, Clementina se calló. El joven salvaje, al
+cruzar, les hizo un saludo entre familiar y respetuoso.
+
+Pinedo alargó al instante la mano para despedirse.
+
+--Ya sabe usted que hoy es sábado--dijo la dama--. Vaya usted a comer.
+
+--Con mucho gusto. Recuerdos a Osorio.
+
+--Y lleve usted a esta joven tan monísima.
+
+--Ya veremos; ya veremos--replicó el covachuelista otra vez
+desconcertado--. Si hoy no pudiera, otro día será.
+
+--Hoy ha de ser, padre tirano.... Hasta luego, ¿verdad, preciosa?
+
+Y le cogió el rostro a la niña y le dió un beso en cada mejilla,
+diciéndole al mismo tiempo:
+
+--He tenido una gran suerte en conocerla. Hacen falta en mi salón niñas
+lindas y simpáticas.
+
+Y cada vez más alegre, sin saber por qué, se despidió y siguió adelante
+diciéndose: "¿Que diablo de interés tendrá Pinedo en convertir en santo
+a ese perdido de Alcántara?" El pie ligero, las mejillas rojas, los ojos
+brillantes como en los días de su adolescencia, llegó a la verja del
+gran jardín que rodeaba el palacio de su padre. El portero se apresuró a
+abrirle y a sonar la campana. Entró en la mansión ducal y, contra su
+costumbre, dirigió una leve sonrisa a dos criados de librea, que la
+esperaban en lo alto de la escalinata. Pasó en silencio por delante de
+ellos y fué derecha a las habitaciones de su madrastra como quien ha
+recorrido aquel camino muchos años.
+
+La duquesa estaba, en aquel momento, de conferencia con el médico
+director de un asilo de ancianas pobres, que ella había fundado hacía
+poco tiempo en unión de otras señoras. Al levantarse la cortina y ver a
+su hijastra, sonrió con dulzura.
+
+--¿Eres tú, Clementina? Pasa, hija mía, pasa.
+
+Esta sintió encogérsele el corazón al ver el rostro pálido y marchito de
+su madre. Abalanzóse a ella y la besó con efusión.
+
+--¿Te sientes bien, mamá? ¿Cómo has pasado la noche?
+
+--Perfectamente.... Tengo mala cara ¿verdad?
+
+--¡No!--se apresuró a decir la dama.
+
+--Sí, sí. Ya lo he visto al espejo. Me siento bien.... Solamente la
+debilidad me atormenta.... Y como he perdido enteramente el apetito, no
+puedo vencerla.... Vamos a ver, Iradier--dijo encarándose de nuevo con
+el médico que estaba de pie frente a ella--, de manera que usted se
+encargará de vigilar a las criadas y enfermeras para que nunca dejen de
+guardar las debidas consideraciones a las viejecitas ¿no es cierto?
+
+El médico era un joven simpático, de fisonomía inteligente.
+
+--Señora duquesa--respondió con firmeza--. Yo haré cuanto esté de mi
+parte por que las asiladas no tengan motivo de queja. Sin embargo, debo
+repetirle que, a pesar de nuestros esfuerzos, es posible que siga usted
+recibiendo alguna. No puede usted comprender hasta qué punto son
+impertinentes y maliciosas ciertas mujeres. Sin motivo alguno, sólo por
+placer de herir lo mismo a mí que a mis compañeros, nos llenan a veces
+de insolencias. Cuanto más atentos nos mostramos con ellas, más se
+ensoberbecen. Yo pruebo el caldo y el chocolate todos los días y no he
+hallado hasta ahora lo que esa mujer le ha dicho. Las horas son siempre
+fijas. Jamás he visto retraso alguno en las comidas. Procure usted
+enterarse y se convencerá de que quien tiene motivo a quejarse, son las
+pobres criadas a quienes las asiladas tratan groseramente....
+
+El médico se había ido exaltando al pronunciar estas palabras con acento
+de sinceridad. La duquesa sonrió dulcemente.
+
+--Lo creo, lo creo, Iradier.... Las viejas solemos ser muy
+impertinentes....
+
+--¡Oh, señora, eso es según!...
+
+--Por regla general lo somos.... Pero esta impertinencia ya es por sí
+una enfermedad y debe excitar compasión en los que no padecen de ella. A
+usted no necesito recomendársela, porque tiene un corazón muy
+caritativo. A los que no lo tengan tan bondadoso suplíqueles usted, en
+mi nombre, la suavidad con las pobrecitas asiladas.
+
+--Se hará, señora, se hará--respondió el médico, sanado por la singular
+dulzura de la fundadora--. El jueves la esperamos a usted ¿verdad?
+
+--No sé si esta fatiga lo permitirá.
+
+--Sí, sí, se lo garantizo yo.
+
+Y comprendiendo que estaba ya de más, el joven cortó la conferencia,
+estrechando con afecto y respeto que se le traslucía en los ojos, la
+mano de la duquesa, y saludando ceremoniosamente a Clementina.
+
+Luego que salió, ésta, que había estado contemplando con emoción
+reprimida el semblante descompuesto de su madrastra, conmovida por la
+bondad que respiraban todas sus palabras, se levantó del asiento y fué a
+arrodillarse delante de ella. Apoderóse de sus manos blancas y
+descarnadas y las besó con efusivo transporte de cariño. Esta mujer tan
+altanera con todo el mundo, sentía un goce especial, semejante al de los
+místicos, en humillarse ante su madrastra. La voz de ésta removía como
+un conjuro mágico las débiles chispas de bondad y de ternura que ardían
+en su corazón y les prestaba por un instante el aspecto de incendio. D.ª
+Carmen le quitó suavemente el sombrero, lo puso en un sillón contiguo y
+se inclinó para besarla amorosamente en la frente.
+
+--Hace cuatro días justos que no has venido a verme, pícara.
+
+--Ayer no he podido, mamá. Pasé casi todo el día arreglando mis cuentas,
+haciendo números. ¡Oh, qué horribles números!
+
+--¿Y por qué los haces? ¿No está ahí tu marido?
+
+--Pues, precisamente, por miedo a mi marido los hago. ¿Usted no sabe que
+se ha vuelto un miserable, un tacaño, lo mismo que su cuñado?
+
+D.ª Carmen sabía que los negocios de Osorio no andaban muy bien, que
+recientemente había experimentado fuertes pérdidas en la Bolsa: pero no
+se atrevió a decir nada a su hija.
+
+--¡Pobre hija mía! ¡Ocuparte tú en esas cosas cuando sólo has nacido
+para brillar como una estrella de los salones!
+
+--Ya no le faltaba más que eso para hacerse del todo antipático,
+¡odioso! ¡Si las cosas pudiesen hacerse dos veces!
+
+Bruscamente, la expresión de ternura había desaparecido de sus ojos,
+reemplazándola otra sombría y feroz. Una arruga profunda surcó su tersa
+frente de estatua. Y con voz sorda comenzó a exponer sus quejas, a
+descubrir los agravios que su marido le hacía diariamente. A nadie en el
+mundo, más que a su madrastra, haría tales confidencias, que en ella no
+provocaban lágrima alguna. D.ª Carmen era quien las vertía una a una de
+sus ojos cansados.
+
+--¡Hija de mi alma! ¡Yo que hubiera dado mi vida por verte feliz! ¡Qué
+ciegos hemos estado, lo mismo tu padre que yo, al entregarte a ese
+hombre!
+
+--¡Mi padre! ¡Otro que tal! ¡Un hombre que no ha sabido jamás que tiene
+en casa una santa a quien debía adorar de rodillas! La verdad es que
+cuando pienso....
+
+--¡Calla, calla: es tu padre!--exclamó la duquesa tapándole la boca con
+la mano--. Yo soy feliz. Si tu padre tiene algunos defectos, yo tengo
+más aún: de modo, que no hay mérito en perdonárselos, si él me perdona
+en cambio los míos.... No hablemos de tu padre, hablemos de ti misma....
+No sabes lo que me duelen esos apuros de dinero, a los cuales no estás
+acostumbrada. Yo, si pudiera, los remediaría al instante.... Pero bien
+sabes que manejo poco dinero. Del que saco de la caja tengo que dar
+cuenta a Antonio, y a éste no se le engaña fácilmente. Algún puñadito de
+oro, sí, puedo poner aparte para ti; pero mis ahorros no te sacarán de
+pilancos. Sin embargo, confío en que tus apuros no durarán mucho
+tiempo....
+
+Hizo una pausa la bondadosa señora; quedóse mirando al vacío
+tristemente, y luego, abrazando a su hijastra que aún permanecía de
+rodillas y acercando los labios a su oído, le dijo en voz baja:
+
+--Mira, hija mía, yo no tardaré en morir y pienso dejarte todo cuanto
+tengo. La mitad de la fortuna de tu padre es mía, según me ha dicho el
+abogado de la casa.
+
+Clementina sintió una vibración en el alma que a un psicólogo le
+costaría mucho trabajo definir. Fué una mezcla de dolor, de asombro, y
+acaso también, de un poquito de alegría. El dolor predominó, no
+obstante, y abrazó a su madrastra y la besó cariñosamente repetidas
+veces.
+
+--¿Qué está usted diciendo ahí?... ¡Morirse! No: yo no quiero que usted
+se muera. Usted me hace mucha más falta que su dinero. Sin usted yo
+hubiera sido una mujer muy perversa.... Temo que el día en que usted me
+falte lo sea. Los únicos momentos en que siento un poco de blandura en
+el corazón son los que paso a su lado. Parece, mamá, como si usted me
+transmitiera algo de esa virtud tan grande que tiene....
+
+--Basta, basta, aduladora--dijo D.ª Carmen poniéndole otra vez la mano
+en la boca--. Tú te tienes por peor de lo que eres. Tu corazón es bueno.
+Lo que te hace parecer mala alguna vez es el orgullo ¡el orgullito! ¿no
+es verdad?
+
+--Sí, mamá, sí, es cierto.... Usted no sabe lo que es el orgullo y los
+tormentos que proporciona a quien lo siente tan vivo como yo. Estar
+pensando constantemente en que nos hieren. Ver enemigos en todas partes.
+Sentir una mirada como la hoja de un puñal en el corazón. Escuchar una
+palabra y darle un millón de vueltas en la cabeza hasta marearse y
+ponerse enferma. Vivir con el corazón ulcerado, con el alma
+inquieta.... ¡Oh, cuántas veces he envidiado a las personas virtuosas y
+humildes como usted! ¡Qué feliz sería yo si no llevase a cuestas este
+carácter triste y receloso, esta soberbia que me consume!... ¡Y quién
+sabe--añadió después de una pausa--, quién sabe si hubiera sido más
+dichosa en otra esfera! Tal vez si fuera una pobre y me hubiera casado
+con un joven modesto, trabajador, inteligente, sería mejor mi suerte.
+Obligada a ayudar a mi marido, a cuidar de la hacienda, a pensar en los
+pormenores de la casa como las demás mujeres que trabajan y luchan, no
+hubiera quizá llegado adonde llegué.... Yo necesitaba un marido
+afectuoso, dulce, un hombre de talento que supiese dirigirme.... Hoy
+mismo, mamá, acostumbrada como estoy al lujo y a la vida de sociedad, me
+retiraría con gusto de ella, me iría a vivir a un rinconcito alegre,
+allá en el campo, lejos de Madrid. No me haría falta más que un poco de
+amor y tenerla a usted a mi lado para inspirarme buenos sentimientos.
+
+El espíritu de Clementina, gratamente impresionado por la niñería de la
+calle de Serrano, por aquella inocente aventura de colegiala, se
+inclinaba a los sentimientos idílicos. La buena D.ª Carmen la escuchaba
+y la animaba con sonrisa cariñosa. Las confidencias de la hermosa dama
+se prolongaron largo rato. Recordaba sus tiempos de niña, cuando contaba
+a su madrastra las declaraciones de amor que le habían hecho en el baile
+de la noche anterior y le leía los billetitos que le remitían sus
+adoradores. Aquel retorno a los tiempos pasados la hacía feliz. Tentada
+estuvo de hablarle de Pepe Castro y de Raimundo y exponerle las
+emociones pueriles que agitaban su alma aquella mañana; pero un
+sentimiento de respeto la contuvo. La duquesa era tan excesivamente
+condescendiente que tocaba en los límites de la estupidez. Es probable
+que si la hubiera hecho confidente de sus adulterios la hubiera
+escuchado sin escandalizarse. Almorzaron juntas y solas porque el duque
+lo hacía aquel día con un ministro. Por la tarde, después de aligerada y
+refrescada el alma con larga e íntima charla, ambas se trasladaron en
+coche a San Pascual, rezaron allí una estación al Santísimo, siempre
+expuesto en aquella iglesia, y se trasladaron al paseo del Retiro. Antes
+de oscurecer, porque el relente de la noche no le convenía a la duquesa
+y Clementina necesitaba ir temprano a su casa, dieron orden al cochero
+de retirarse.
+
+Era sábado, día de comida y tresillo en el hotel de Osorio. Antes de
+subir a vestirse, Clementina dió una vuelta por el comedor: contempló la
+mesa con detenimiento y ordenó algunos cambios en los canastillos de
+frutos que sobre ella habían colocado. Se hizo traer el paquete de los
+_menú_ escrito en un papel imitación de pergamino con las iniciales
+doradas del dueño de la casa; llamó al secretario de su marido; le hizo
+escribir sobre cada uno el nombre de los invitados y luego fué por sí
+misma colocándolos sobre los platos. En el medio ella y su marido, uno
+frente a otro; a la derecha e izquierda de Osorio los dos puestos de
+honor para dos damas: a la derecha e izquierda de ellas dos puestos para
+dos caballeros, y así sucesivamente según la categoría, la edad o la
+afección particular que sentía por sus invitados. Habló algunos minutos
+con el _maître d'hôtel_. Después de dar las últimas disposiciones se
+fué. Al llegar a la puerta se volvió, echó una nueva mirada penetrante a
+la mesa, y dijo:
+
+--Quite usted esas flores con perfume que están cerca del puesto de la
+señora marquesa de Alcudia y cacámbielasor camelias u otras que no lo
+tengan.
+
+La devota marquesa no podía sufrir los aromas a causa de sus frecuentes
+neuralgias. Clementina, odiándola en el fondo del alma, le guardaba más
+consideraciones que a ninguna de sus amigas. La alta nobleza de su
+título, su carácter severo, y hasta su fanatismo la hacían respetada en
+los salones, a los cuales prestaba realce su presencia.
+
+Subió a su cuarto seguida de Estefanía, aquella doncellita tan enemiga
+del cocinero. Estrenaba un magnífico traje color crema, descotado.
+Ordinariamente se ponía para estas comidas de los sábados trajes de
+media etiqueta, esto es, con las mangas hasta el codo. Ahora quiso lucir
+su celebrado descote en honor de un diplomático extranjero que comía por
+vez primera en su casa. Mientras se dejaba arreglar el pelo, su espíritu
+vagaba distraído por los sucesos del día. No había acudido a la cita de
+Pepe: de seguro vendría furioso. Su labio inferior se alargó con
+displicencia y sus ojos brillaron maliciosamente como diciendo: "¿Y a mí
+qué?" Después se acordó del saludo a su juvenil ex perseguidor, de
+aquella inoportuna vuelta de cabeza. Un sentimiento de vergüenza volvió
+a acometerla. Sus mejillas lo atestiguaron adquiriendo un poco más de
+color. Tornó a llamarse para su fuero interno, tonta, imprevisora, loca.
+Por fortuna, el chico parecía modesto y discreto. Otro cualquiera
+formaría castillos en el aire al instante. Pensó bastante en él y pensó
+con simpatía. La verdad es que tenía una presencia agradable y un modo
+de hablar suave y firme a la vez, que impresionaba. Luego aquel cariño
+entrañable a la memoria de su madre, su vida retirada, su extraña manía
+de las mariposas, todo le hacía muy interesante. Cuántas veces había
+pensado Clementina esto mismo desde hacía dos meses no podremos decirlo;
+pero sí que lo había pensado un número bastante considerable. Su
+espíritu, embargado por dulce somnolencia, volvió a inclinarse al
+idilio. Aquel cuarto tercero, aquel despacho alegre, aquella vida dulce
+y oscura. ¡Quién sabe! La felicidad se encuentra donde menos se piensa.
+Un puñado de trapos, otro de joyas, algunos platos más sobre la mesa no
+pueden darla a nadie. Pero un pensamiento lúgubre, que hacía algún
+tiempo amargaba todos sus sueños, le cruzó por la mente. Ella era ya una
+vieja; sí, una vieja; no había que forjarse ilusiones. A Estefanía le
+costaba cada vez más trabajo ocultar las hebras plateadas que en sus
+rubios cabellos aparecían. Aunque se resistía tenazmente a echar sobre
+su hermosa cabeza ningún producto químico, presentía que no iba a haber
+otro remedio. El amor candoroso, vivo, feliz con que la aventura del
+joven Alcázar le había hecho soñar, estaba vedado para ella. No le
+quedaba ya, y eso por poco tiempo, más que los devaneos vulgares,
+insulsos, de los tenorios aristócratas, iguales unos a otros en sus
+gustos, en sus palabras y en su inaguantable vanidad. ¿Qué relación
+podía ya existir entre aquel niño y ella, como no fuese la de madre a
+hijo? Algunas veces dudaba si el sentimiento de Raimundo por ella fuese
+enteramente el que él había manifestado en su entrevista: mas ahora veía
+con perfecta claridad que hablaba ingenuamente, que entre un chico de
+veinte años y una mujer de treinta y siete (porque tenía treinta y siete
+por más que se quitase dos) el amor era imposible, al menos el amor que
+ella apetecía en aquel momento. Estas reflexiones labraron una arruguita
+en su frente, la arruga de los instantes fatales. Hizo un esfuerzo sobre
+sí misma para pensar en otra cosa.
+
+Mirando a su doncella en el espejo observó que estaba densamente pálida.
+Volvióse para mejor cerciorarse, y le dijo:
+
+--¿Te sientes mal, chica? Estás muy pálida.
+
+--Sí, señora--manifestó la doncellita algo confusa.
+
+--¿Las náuseas de otras veces?
+
+--Creo que sí.
+
+--Pues, anda, vete y que suba Concha. ¡Es raro! Mañana avisaremos al
+médico a ver si te da algún remedio.
+
+--No, señora, no--se apresuró a contestar Estefanía--. Esto no es nada.
+Ya pasará.
+
+Algunos minutos después bajaba la dama al salón, deslumbrante de
+belleza. Estaba ya en él Osorio paseando con su amigo y comensal, casi
+cotidiano, Bonifacio. Era un señor grave y rígido, de unos sesenta años
+de edad, calvo, de rostro amarillo y dientes negros. Había sido
+gobernador en varias provincias y últimamente desempeñaba el cargo de
+jefe de sección en un ministerio. Hablaba poco, nunca llevaba la
+contraria, primera e indispensable virtud de todo el que quiere comer
+bien sin gastar dinero, y ostentaba eternamente en el frac una cruz roja
+de Calatrava, de cuya orden era caballero. Por cierto que lo primero que
+se veía en la sala de su casa era un gran retrato del propio Bonifacio
+en traje de ceremonia, con una pluma muy alta en la gorra y un manto
+blanco de extraordinaria longitud sobre los hombros. Este caballero de
+Calatrava, personaje misterioso del cual decía Fuentes (otro personaje
+más alegre del cual hablaremos) que era un hombre "con vistas al patio",
+tenía una manía bastante original, la de coleccionar fotografías
+obscenas. Guardaba en su casa dos o tres baúles llenos hasta arriba.
+Pero esta afición no la conocía nadie más que los libreros y fotógrafos,
+que tenían buen cuidado de pasarle recado así que llegaba de París,
+Londres o Viena alguna remesa. En un rincón estaban sentadas Pascuala,
+una viuda sin recursos que servía a Clementina mitad de amiga, mitad de
+dama de compañía, y Pepa Frías que acababa de llegar. Al pasar por
+delante de los dos hombres para ir a saludar a Pepa, las miradas de los
+esposos se cruzaron rápidamente como relámpagos tristes y siniestros. El
+rostro de Osorio, ordinariamente sombrío, bilioso, estaba ahora
+imponente de ferocidad. No fué más que un instante. En cuanto las damas
+cambiaron algunas palabras, el banquero se acercó a ellas con Bonifacio
+y empezó a embromar con acento cariñoso a su esposa sobre el traje.
+
+--¡Vaya un talle que me gasta mi mujer!... Chica, aunque no quieras
+oirlo te diré que te vas ajamonando a pasos de gigante.
+
+--No diga usted eso, Osorio, si precisamente Clementina es una de las
+mujeres que tienen el cutis más terso en Madrid--dijo Pascuala.
+
+--¡Toma! Buen dinero me ha costado el estucado que se ha puesto en París
+esta primavera.
+
+Clementina seguía también la broma; pero le costaba más trabajo fingir.
+Al través de las sonrisas nerviosas que iluminaban su rostro por
+momentos y de las cortadas frases enigmáticas, se percibía el malestar,
+la inquietud y hasta un dejo de odio.
+
+Sonó la campana de la verja repetidas veces. El salón se pobló en pocos
+minutos con las quince o veinte personas que estaban invitadas. Llegó la
+marquesa de Alcudia sin ninguna de sus hijas. Rara vez las traía a casa
+de Osorio. Vino también la marquesa de Ujo, una mujer que había sido
+hermosa: ahora estaba demasiado marchita; lánguida como una americana,
+aunque era de Pamplona, algo romántica, presumiendo de incomprensible y
+con aficiones literarias. La acompañaba una hija bastante agraciada, más
+alta que ella y que debía tener lo menos quince años, a pesar de lo cual
+su madre la traía con faldas a media pierna porque no la hiciese vieja.
+La pobre niña sufría esta vergüenza con resignación, poniéndose colorada
+cuando alguno dirigía la vista a sus pantorrillas.
+
+Llegó el general Patiño, conde de Morillejo: no faltaba ningún sábado.
+Vinieron también el barón y la baronesa de Rag por primera vez.
+Clementina les dió la preferencia colmándoles de delicadas atenciones.
+El barón era plenipotenciario de una nación importante. El ministro de
+Fomento Jiménez Arbós, Pinedo, Pepe Castro y los condes de Cotorraso
+entraron casi a la vez. A última hora, cuando faltaban pocos minutos
+para las siete, llegó Lola Madariaga y su marido. Esta señora, mucho más
+joven que Clementina, era no obstante su íntima amiga, el confidente de
+sus secretos. Comía tres o cuatro veces a la semana con ella, y raro era
+el día que no salían juntas a paseo. No podía llamársela hermosa; pero
+su fisonomía tenía tal animación, sus ojos brillaban con tanta gracia y
+su boca se plegaba con tal malicia al sonreír dejando ver unos dientes
+de ratón blancos y menudos, que siempre había tenido muchos adoradores.
+De soltera fué una coquetuela redomada: trajo al retortero los hombres,
+gozando en acapararlos todos, prodigando las mismas sonrisas
+insinuantes, idénticas miradas abrasadoras al hijo de un duque que a un
+empleadillo de ocho mil reales, al viejo de venerable calva y nariz
+arremolachada que al mancebo de veinte años gallardo y apuesto, al rico
+como al pobre, al noble como al plebeyo. Su coquetería, parecida en esto
+al amor de Jesucristo a la humanidad, igualaba todas las castas, todos
+los estados, unía a los hombres en santa fraternidad para participar del
+fuego admirable de sus ojos negros, de unos hoyitos muy lindos que
+formaban sus mejillas al reir y de otra multitud de dones y frutos con
+que la providencia de Dios la había dotado. Después de casada, seguía
+mostrando la misma entrañable benevolencia hacia el género humano, si
+bien de un modo más sucesivo, esto es, un hombre después de otro o, a lo
+sumo, de dos en dos. Su marido era un mejicano rico con rasgos de indio
+en la fisonomía.
+
+Poco después que éstos entró en el salón Fuentes, un hombrecillo
+vivaracho, feo, raquítico, bastante marcado por las viruelas. Nadie
+sabía de qué vivía: suponíansele algunas rentas. Frecuentaba todos los
+salones de algún viso de la corte y se sentaba a las mesas mejor
+provistas. Sus títulos para ello eran los de pasar por hombre de animada
+y chispeante conversación, ingenioso y agradable. Más de veinte años
+hacía que Fuentes venía alegrando las comidas y los saraos de la
+capital, desempeñando en ellos el papel de primer actor cómico. Algunos
+de sus chistes habían llegado a ser proverbiales; repetíanse no sólo en
+los salones sino en las mesas de los cafés, y hasta llegaban a las
+provincias. Contra lo que suele suceder en esta clase de hombres no era
+maldiciente. Sus chistes no tendían a herir a las personas, sino a
+alegrar el concurso y obligarle a admirar lo fácil, lo vivo y lo sutil
+de su ingenio. Todo lo más que se autorizaba era apoderarse de las
+ridiculeces de algún amigo ausente y formar sobre ellas una frase
+graciosa; pero nunca o casi nunca a costa de la honra. Estas cualidades
+le habían hecho el ídolo de las tertulias. Ninguna se consideraba
+completa si Fuentes no daba al menos una vueltecita por ella.
+
+--¡Oh, Fuentes! ¡Oh, Fuentes!--gritaron todos viéndole aparecer.
+
+Y una porción de manos se extendieron para saludarle. Apretando las
+primeras que llegaron a chocar con la suya se dirigió desde luego a la
+señora de la casa, con voz cascada que ayudaba mucho al efecto cómico,
+diciendo:
+
+--Perdone usted, Clementina, si llego con un poco de retraso. Viniendo
+acá me cogió por su cuenta Perales, ya sabe usted ¡Perales!, no tengo
+más que decir. Luego, cuando pude desprenderme de sus manos, ahí en la
+esquina del ministerio de la Guerra, caí en las manos del conde de
+Sotolargo, y ése ya sabe usted que es pesado con un cincuenta por ciento
+de recargo.
+
+--¿Por qué?--se apresuró a preguntar Lola Madariaga.
+
+--Porque es tartamudo, señora.
+
+Los convidados rieron, algunos a carcajadas; otros más discretamente. La
+frase venía preparada: se conocía a la legua; pero así y todo produjo el
+efecto apetecido, parte porque en efecto había hecho gracia, parte
+también porque todo el mundo se creía en el deber de ponerse risueño en
+cuanto Fuentes abría la boca.
+
+Un instante después un criado de librea abrió de par en par las puertas
+del salón, diciendo en alta voz:
+
+--La señora está servida.
+
+Osorio se apresuró a ofrecer el brazo a la baronesa de Rag y rompió la
+marcha hacia el comedor seguido de todos los convidados. Cerrando la
+comitiva iba el barón conduciendo a Clementina.
+
+Los criados esperaban puestos en fila con la servilleta al brazo,
+capitaneados por el _maître_. Osorio fué designando a cada invitado su
+puesto. No tardaron en acomodarse todos. La mesa ofrecía un aspecto
+elegante, armonioso. La luz, que caía de dos grandes lámparas con
+reflectores, hacía resaltar los vivos colores de las flores y las
+frutas, la blancura del mantel, el brillo del cristal y la porcelana.
+Sin embargo, esta luz, demasiado cruda, hace daño a la belleza de las
+damas, las desfigura como un aparato fotográfico. Para templarla y
+producir una iluminación suave y normal, Clementina hacía colocar dos
+candelabros con numerosas bujías a los extremos de la mesa. Todas las
+señoras estaban más o menos descotadas: alguna, como Pepa Frías,
+escandalosamente. Los caballeros, de frac y corbata blanca.
+
+La conversación fué en los primeros momentos particular: cada cual
+hablaba con su vecino. La baronesa de Rag, una belga de pelo castaño y
+ojos claros, bastante gruesa, preguntaba a Osorio los nombres de los
+objetos que había sobre la mesa. Hacía poco tiempo que estaba en España
+y apetecía con ansiedad conocer el castellano. Clementina y el barón
+hablaban en francés. Pepa Frías, que estaba entre Pepe Castro y Jiménez
+Arbós, le dijo al primero por lo bajo:
+
+--¿Qué le parece a usted de la _jeta_ del marido de Lola? ¿verdad que
+para gaucho no es del todo mala?
+
+Castro sonrió con la superioridad que le caracterizaba.
+
+--Sí, debió de haber _lazado_ muchas vacas en la pampa.
+
+--Hasta que al fin una vaca le _lazó_ a él.
+
+--Pero no fué en la pampa.
+
+--Ya sé: en los jardinillos: no me diga usted nada.
+
+El general Patiño, fiel a su naturaleza y a su tradición militar, se
+desplegó en guerrilla para atacar a la marquesa de Ujo, que tenía al
+lado.
+
+--Marquesa, las perlas le sientan admirablemente. Un cutis suave y
+levemente bronceado como el de usted, donde se transparenta toda la
+savia y todo el fuego del mediodía, exige el adorno oriental por
+excelencia.
+
+--Usted tan lisonjero como siempre, general. Me pongo las perlas porque
+es lo mejor que tengo. Su tuviese unas esmeraldas tan hermosas como
+Clementina, dejaría las perlas en sus estuches--respondió la dama,
+mostrando al sonreír unos dientes bastante desvencijados donde brillaba
+en algunos puntos el oro del dentista.
+
+--Haría usted mal. Las mujeres hermosas están en la obligación de
+ponerse lo que les va mejor. Dios quiere que sus obras maestras se
+manifiesten en todo su esplendor. Las esmeraldas sientan bien a las
+linfáticas; pero usted es como la uva de Jerez, doradita por fuera y
+guardando en el corazón un licor que marea y embriaga.
+
+--¡Si dijera usted como una pasa!
+
+--¡Oh, no, marquesa! ¡oh, no!...
+
+Y el general rechazó con fuego la especie y empleó toda su elocuencia en
+desbaratarla como si tuviese delante un ejército enemigo.
+
+Mientras tanto los criados comenzaban a dar vuelta a la mesa presentando
+los platos. Otros, con la botella en la mano, murmuraban al oído de los
+invitados: _Sauterne, Jerez, Margaux_, en un tono cavernoso semejante al
+que emplean los cartujos para recordarse mutuamente la muerte.
+
+--Yo no bebo más que _champagne frappé_ hasta el fin--dijo Pepa Frías al
+que tenía detrás.
+
+--¡Cuánto calor, Pepa, cuánto calor!--exclamó Castro.
+
+--No lo sabe usted bien--repuso la viuda con entonación maliciosa.
+
+--Por desgracia.
+
+--O por fortuna. ¿Está usted ya cansado de Clementina?
+
+Fuentes no se encontraba bien con aquel cuchicheo. Le dolía desperdiciar
+su ingenio en conversación particular, para una sola persona. Asió la
+primera ocasión por los cabellos para levantar la voz y atraerse la
+atención de los comensales.
+
+--Ayer le he visto a usted por la mañana en la carrera de San Jerónimo,
+Fuentes--le dijo la condesa de Cotorraso que estaba tres o cuatro
+puestos más allá.
+
+--Según a lo que usted llame mañana, condesa.
+
+--Serían las once, poco más o menos.
+
+--Entonces, permítame usted que lo dude, porque hasta las dos estoy
+siempre en la cama.
+
+--¡Oh, hasta las dos!--exclamaron varios.
+
+--Eso ya es una exageración, Fuentes--dijo la marquesa de Alcudia.
+
+--Pero es una exageración aristocrática, marquesa. ¿Quién se levanta
+primero en Madrid? Los barrenderos, los mozos de cuerda, los pinches de
+cocina. Un poco más tarde encontrará usted a los horteras abriendo las
+tiendas, alguna vieja que va a oir misa, lacayos que salen a pasear los
+caballos, etc. Luego empiezan a salir los empleaditos de las casas de
+comercio y los escribientes de las oficinas del Estado que llevan todo
+el peso de ellas, las modistillas, etc., etc. A las once ya hallará
+usted gente más distinguida, oficiales del ejército, estudiantes,
+empleados de tres mil pesetas, corredores de comercio, etc. A las doce
+comienzan a salir los peces gordos, los jefes de negociado, los
+banqueros, algunos propietarios; pero sólo después de las dos de la
+tarde podrá usted ver en la calle a los ministros, a los directores
+generales, a los títulos de Castilla, a los grandes literatos....
+
+Los comensales escuchaban embelesados aquella ingeniosa defensa de la
+pereza y se creían en el caso de reir y decirse unos a otros por lo
+bajo:
+
+--¡Este Fuentes! ¡oh! ¡este Fuentes tiene la gracia de Dios!
+
+Y alguno, por el placer de oirle nada más, le llevaba la contraria.
+
+--Pero hombre, ¿habrá nada más agradable que levantarse por la mañana a
+respirar el aire puro y bañarse con la luz del sol?
+
+--Prefiero bañarme en agua tibia con una botellita de Kananga.
+
+--¿Me negará usted que el sol es hermoso?
+
+--Es hermoso, pero un poco cursilón. Yo no digo que allá al principio
+del mundo no fuese una cosa asombrosa, digna de verse; pero ustedes
+comprenderán que ahora está anticuado. ¿Hay nada más ridículo en una
+época tan positivista como la presente que llamarse Febo y gastar
+cabellera de oro? Además, el sol no tiene mérito alguno intrínseco. Está
+ahí ardiendo porque Dios lo ha puesto. Pero la luz del gas, la luz
+eléctrica representan el esfuerzo de un hombre de genio, es el triunfo
+de la inteligencia, hace recordar nuestro poder sobre la materia, la
+soberanía del espíritu en todo el Universo.... Luego--añadió bajando un
+poco la voz--, al sol se le puede ver sin que cueste dinero, y yo
+siempre he aborrecido los espectáculos gratis.
+
+Los comensales no cesaban de reir. Fuentes, animado por aquellas risas,
+se desbordaba en paradojas, en frases ingeniosas y sutiles, cayendo a
+ojos vistas en el amaneramiento. Le pasaba lo que a los grandes actores
+demasiado aplaudidos. No sabía contenerse a tiempo y entraba al fin en
+el terreno de la extravagancia. De aquí a lo insulso no hay más que un
+paso, y Fuentes lo daba con frecuencia.
+
+El conde de Cotorraso persistía en defender al astro del día para
+excitar el ingenio de su detractor. El sol era quien animaba la
+Naturaleza, quien calentaba nuestro cuerpo aterido, etc.
+
+--Eso de que el sol produzca animación, lo niego--replicaba Fuentes--;
+Madrid está mucho más animado por la noche que por el día, y para
+calentarme prefiero el cok, que no ocasiona tabardillos.... Vamos a ver,
+conde, fíjese bien: ¿qué mérito puede tener una cosa que a la fuerza ha
+de ver siempre su lacayo primero que usted?
+
+Como alguien dijera riendo que Fuentes tenía "buena sombra", éste
+replicó vivamente:
+
+--¿Lo ve usted, conde? Hasta para decir que un hombre tiene gracia se
+dice que tiene buena sombra. A nadie se le ocurre decir que tiene buen
+sol.
+
+Y con motivo de las sombras se habló de la del manzanillo. La marquesa
+de Ujo preguntó al mejicano, marido de Lola, si en su país había
+manzanillos. Ballesteros, que así se llamaba, replicó que no, pero que
+había visto muchos en el Brasil. La marquesa se informó con viva
+curiosidad de las particularidades del árbol; pero quedó sumamente
+disgustada cuando el mejicano le dijo que la sombra no mataba y que sólo
+su fruto desprendía un agua corrosiva.
+
+--¿De modo que durmiendo debajo de él no se muere?
+
+--Señora, yo no he dormido ¿sabe?; pero he almorsado con varios amigo
+debaho de uno y no nos ha pasao ná.
+
+--Entonces, ¿cómo se suicida Sélika en _La Africana_ acostándose a la
+sombra de ese árbol?
+
+--Eso es una patraña, una invensión de los poeta ¿sabe? Será una cosa
+bonita, pero no tiene nada de verdá.
+
+La marquesa, desencantada por aquel dato realista, no quiso salir de su
+poética creencia; arguyó que tal vez los manzanillos de la India fuesen
+distintos de los del Brasil.
+
+Hablóse de las producciones de Méjico.
+
+--¿Es verdad que usted posee ochocientas mil vacas,
+Ballesteros?--preguntó Clementina.
+
+--¡Oh, señora; eso es una exagerasión! A lo sumo que llegará mi rebaño
+es a tresientas mil.
+
+--Si fuesen mías--dijo Fuentes--, construiría un estanque mayor que el
+del Retiro, lo llenaría de leche y navegaría por él.
+
+--Nosotro no utilisamo la leche, señor, ni la manteca tampoco. La carne
+alguna vese la convertimo en tasaho ¿sabe? y la esportamo. Mas por lo
+regulá sólo sacamo partido de las piele ¿sabe? Los cuerno también los
+vendemo para la fabricación de los objeto de asta.
+
+--¡Que te quemas! ¡que te quemas!--exclamó Pepe Castro por lo bajo.
+
+Pero no tanto que no lo oyese Jiménez Arbós, que estaba del otro lado de
+Pepa Frías, y no le acometiese un acceso de risa que procuró con todas
+sus fuerzas sofocar.
+
+--Anda, barbiana, alárgame ese frasquito de mostaza--dijo Pepa Frías
+dirigiéndose a Clementina para disimular también la risa que le había
+acometido.
+
+--Bajbiana, bajbiana.... ¿Qué es que bajbiana?--preguntó, la baronesa de
+Rag a Osorio en su afán de aprender pronto el español.
+
+Este se apresuró a explicárselo como pudo.
+
+Pepa hablaba de vez en cuando por lo bajo con Jiménez Arbós. Solían ser
+algunas frases rápidas que probaban la inteligencia en que estaban y al
+mismo tiempo el deseo de mostrarse prudentes. La conversación con Pepe
+Castro, que tenía a su izquierda, era más animada.
+
+--¿Por qué no aconseja usted a Arbós que coma más carne?--le preguntaba
+el lechuguino al oído.
+
+--¿Para qué?
+
+--Para lo que se come carne generalmente; para nutrirse y adquirir
+fuerzas con que soportar las fatigas que nuestros deberes nos imponen.
+
+--¡Ya!--exclamó la viuda con entonación irónica--. Mire usted por sí y
+deje a los demás arreglar sus cuentas como Dios les dé a entender.
+
+--Ya ve usted que procuro nutrirme.
+
+--Sí, pero que vaya un poco también al cerebro, porque el día menos
+pensado se cae usted en la calle de tonto.
+
+--¿Se ha ofendido usted?--preguntó riendo el elegante como si hubiese
+dicho la cosa más descabellada del mundo.
+
+--No, hombre, no: es que lo creo así. No entiendo cómo Clementina puede
+sufrir semejante narciso.
+
+--¡Chis, chis! ¡Prudencia, Pepa, prudencia!--exclamó Castro con susto,
+levantando los ojos hacia su querida.
+
+--¿Sabe usted que disimula muy bien? No la he visto dirigirle a usted
+una sola mirada hasta ahora.
+
+Castro, que hacía días estaba un poco despechado por la frialdad de su
+dueño, sonrió forzadamente frunciendo en seguida el entrecejo. A Pepa no
+le pasó inadvertido este gesto.
+
+--Mire usted qué cara tan nublada tiene en este momento Osorio. ¡Inspira
+horror! Y toda la culpa la tiene usted, pícaro.
+
+--¡Yo! Nada de eso. Deben de ser cuestiones de guita las que le ponen
+tan amarillo. Me han dicho que está arruinado o muy próximo a
+arruinarse.
+
+Pepa se estremeció visiblemente.
+
+--¿Qué dice usted? ¿Por dónde ha sabido usted eso?
+
+--Pues me lo han dicho ya varios.
+
+La viuda se volvió bruscamente hacia Jiménez Arbós sin ocultar su
+agitación y le preguntó en voz baja y alterada:
+
+--¿Has oído algo de que Osorio esté arruinado?
+
+--Sí, lo he oído. Osorio viene jugando a la baja hace tiempo y los
+fondos se empeñan en subir--respondió el estadista levantando la cabeza
+con gesto petulante de pavo real.
+
+En el tono con que pronunció estas palabras se advertía satisfacción.
+Para un ministro, jugar a la baja es siempre un crimen digno de castigo.
+
+--Yo no sé lo que tendrá comprometido en esta liquidación; pero si es
+mucho está perdido, porque el consolidado ha subido un entero. Y si se
+empeña en no liquidar inmediatamente, a fin de mes puede tener muy bien
+dos enteros de alza.
+
+Todo el buen humor de Pepa había desaparecido de repente. Bajó la cabeza
+y dejó caer el tenedor sin ánimo para concluir el trozo de jamón de York
+que se había puesto. El ministro, observando su silencio y su tristeza,
+le preguntó:
+
+--¿Tienes por casualidad fondos en su poder?
+
+--Por casualidad, no ... ¡por estupidez mía! Tiene en su mano casi toda
+mi fortuna.
+
+--¡Oh diablo, diablo!
+
+--Se me está haciendo rejalgar en el cuerpo lo que he comido. Creo que
+me voy a poner mala--dijo la viuda poniéndose realmente pálida.
+
+Arbós hizo esfuerzos por tranquilizarla. Tal vez no fuese cierto todo.
+En las ruinas como en las fortunas improvisadas se exagera siempre
+mucho. Además, si algún compromiso había sagrado para Osorio, debía ser
+el de ella, una dama que le confía su dinero por pura amistad.
+
+Aunque hablaban en falsete, sus fisonomías graves y sus ademanes
+decididos llamaron la atención del general Patiño, el cual, con
+admirable penetración, dijo a la marquesa de Ujo:
+
+--Mire usted a Pepa y a Arbós. Hay nube de verano entre ellos. ¡Qué
+hermoso es el amor hasta en sus fugaces tormentas!
+
+Mientras tanto, los condes de Cotorraso, Lola Madariaga, Clementina y
+los barones de Rag hablaban del arsénico como medicamento para engordar
+y poner terso y brillante el cutis. Lola Madariaga era la primera vez
+que lo oía y se mostraba llena de júbilo, y anunciaba que iba
+inmediatamente a ensayar la virtud milagrosa del veneno.
+
+--¡Dios mío, Lolita!--exclamó Fuentes--. Si usted, como es ahora, causa
+tales estragos en los corazones masculinos, ¡qué va a suceder cuando
+lleve cuatro o cinco meses con un régimen de arsénico! Señor
+Ballesteros, no consienta usted que lo tome: es tratarnos con demasiada
+crueldad.
+
+--Vamos, amigo Fuentes--repuso la graciosa morena dirigiendo una mirada
+insinuante a Castro, porqué se le había metido en la cabeza arrancársele
+a Clementina--¿me quiere usted tomar el pelo?
+
+--¡Tomaj el pelo!... ¿Qué es que tomaj el pelo?--preguntó la baronesa de
+Rag a Osorio.
+
+A esta baronesa la estaba desvistiendo con la imaginación Bonifacio,
+contemplándola desde lejos sin pestañear. Hacía días que había comprado
+entre otras fotografías obscenas la de una mujer desnuda meciéndose en
+una hamaca. Se le antojaba que la baronesa se parecía mucho a aquella
+mujer, y trataba de averiguar, por medio de un prolijo examen exterior,
+si interiormente guardaría la misma semejanza.
+
+Terminó al fin la comida no sin dedicar, por supuesto, un buen rato de
+conversación al teatro Real, a Gayarre y a la Tosti. No la hubieran
+digerido bien si les faltase. El café, como era costumbre en casa de
+Osorio, se sirvió en el mismo comedor. Luego, las señoras con algunos
+hombres se fueron al salón. Otros se quedaron fumando, pero no tardaron
+en ir a reunirse con los demás. Hacía allí un calor insufrible.
+
+Pepe Castro aprovechó la confusión de la salida para preguntar a
+Clementina:
+
+--¿Cómo no has ido esta mañana?
+
+Clementina detuvo el paso, le miró con sonrisa protectora.
+
+--¿Esta mañana?... No sé.
+
+--¿Cómo no sabes?--dijo frunciendo su augusta frente el real mozo.
+
+--No sé; no sé--y dió un paso para alejarse sin dejar de sonreír con
+leve matiz de burla.
+
+--¿Y mañana irás?
+
+--Veremos--respondió alejándose.
+
+Castro sintió aquella sonrisa como un golpe en medio del pecho. Se
+mordió el labio inferior y murmuró:--¿Coqueteamos, eh? ¡Ya me la
+pagarás, hermosa!
+
+En el salón había ya algunas personas, entre ellas Ramón Maldonado y la
+hija de Pepa Frías con su marido. En otro saloncito contiguo estaban
+preparadas hasta seis mesas de tresillo. Algunos se sentaron desde luego
+a jugar. Otros esperaron a que llegasen los compañeros de costumbre. No
+tardaron, en efecto, en poblarse entrambos salones. Llegó D. Julián
+Calderón con Mariana y Esperancita, Cobo Ramírez con León Guzmán y otros
+tres o cuatro pollastres, el general Pallarés, los marqueses de Veneros
+y otras varias personas, entre las cuales predominaban los banqueros y
+hombres de negocios.
+
+Uno de los últimos en llegar fué el duque de Requena, a quien se hizo la
+misma acogida ruidosa y lisonjera que en todas partes. Entró jadeando,
+fumando, escupiendo, con la seguridad insolente que su inmensa fortuna
+le había hecho adquirir. Hablaba poco, reía menos; emitía sus opiniones
+con rudeza y se dejaba adorar del corro de señoras que le rodeaba. Tenía
+las mejillas más amoratadas que nunca, los ojos sanguinolentos, los
+labios negros. Estaba tan feo, que Fuentes dijo a Pinedo y a Jiménez
+Arbós señalándole:
+
+--Ahí tienen ustedes al diablo recibiendo a sus brujas en el aquelarre
+de los sábados.
+
+Se le invitó a jugar al tresillo como siempre; pero rehusó. Había visto
+a dos banqueros a quienes quería pescar para su negocio de la mina de
+Riosa. Además le convenía hacer la corte a Jiménez Arbós algunos
+momentos. Ya había conseguido que la mina saliese a subasta con todos
+sus accesorios de montes y pertenencias. En la _Gaceta_ se había
+insertado el anuncio. La compañía para comprarla estaba ya formada. Pero
+entre los socios había desavenencia. Unos pretendían comprarla al
+contado (entre ellos estaba Salabert) y otros querían aprovechar los
+diez plazos que el Gobierno concedía. La diferencia en la tasación de
+una a otra forma, era enorme.
+
+El duque se acercó a Biggs, el representante de una casa inglesa que
+entraba con parte muy considerable en la compañía y que capitaneaba el
+partido de la compra a plazos. Le echó familiarmente el brazo sobre el
+hombro y le llevó al hueco de un balcón, diciéndole con rudeza:
+
+--¿Conque ustedes empeñados en que nos arruinemos?
+
+Y comenzó a tratar el asunto con una franqueza que desconcertó al
+inglés. Este respondía a las salidas brutales del duque con
+razonamientos corteses y suaves, sonriendo siempre benévolamente. El
+duque acentuaba su rudeza, que en el fondo era muy diplomática.
+
+--Yo no tengo gana de tirar mi dinero. Me ha costado mucho trabajo
+adquirirlo, ¿sabe usted? Probablemente, al fin y al cabo, me veré
+obligado a cortar por lo sano, separándome del negocio.
+
+--Señor duque, yo no tengo culpa--respondía Biggs con marcado acento
+inglés--. He recibido instrucciones.
+
+--Las instrucciones son dadas según los consejos de un zorro viejo que
+hay en Madrid.
+
+--¡Oh, duque!--exclamó Biggs riendo,--no hay _sorro vieco_, no.
+
+Y la discusión continuó sin que el banquero español pudiese obtener nada
+del inglés, pero dejándole bastante preocupado.
+
+Pepa Frías, vivamente agitada, hablaba aparte con Jiménez Arbós, después
+de haberse enterado, preguntando a algunos banqueros, de que los
+negocios de Osorio no marchaban bien. No obstante, todos le suponían con
+medios de hacer frente a sus compromisos. Su capital era grande, y,
+aunque en las últimas liquidaciones de Bolsa había experimentado
+pérdidas fuertes, no creían que eran lo bastante para producir una
+quiebra. Hay que advertir que ninguno de aquellos señores operaba sobre
+diferencias como Osorio. Este se había enviciado. A pesar de las
+advertencias de sus amigos y compañeros, no podía vencer aquella pasión
+del juego, que tarde o temprano había de conducirle a la ruina. Pepa le
+observaba disimuladamente, y con la penetración maravillosa de las
+mujeres adivinaba debajo de su exterior frío, tranquilo, mucha mar de
+fondo. Mientras Arbós procuraba tranquilizarla con frase correcta,
+atildada (ni aun hablando a su querida prescindía de las formas
+oratorias), la viuda meditaba un plan salvador. Este plan consistía en
+dar la voz de alarma a Clementina y arrancarla la promesa de librar sus
+fondos de la quema, si es que la había, anclando a su propio dote.
+Fiando mucho en su diplomacia y en el temperamento desprendido de su
+amiga, serenóse un poco. Arbós tuvo ocasión una vez más, viendo acudir
+la calma a su rostro, de penetrarse de las excepcionales dotes
+persuasivas con que la providencia de Dios le había favorecido.
+
+Pepa tuvo ánimos para sentarse a jugar al tresillo con Clementina,
+Pinedo y Arbós. Al cruzar el salón grande vió sentados en un rincón a su
+hija y a su yerno en la actitud de dos tórtolas enamoradas. Acercóse a
+ellos. Como no había logrado barrer de su espíritu la preocupación,
+hablóles con cierta aspereza.
+
+--¡Ayer os mandábais cartitas y hoy hay que traer agua caliente para
+despegaros! Por lo visto, hijos, tomáis el matrimonio a turno impar....
+Vamos, vamos, separaos que no está bien aparecer tan sobones delante de
+gente.
+
+Emilio se sintió herido por aquel tono autoritario, y con las mejillas
+encendidas iba a responder una descantada a su suegra; pero ésta pasó de
+largo, entrando en la sala de tresillo. Así y todo quedó murmurando
+pestes, diciendo que él no había aguantado jamás ancas de nadie y que
+menos las aguantaría ahora de su suegra, con otra porción de frases
+igualmente enérgicas que derramaron la tristeza por el rostro de
+Irenita. Y hubieran concluído por hacerla llorar, si él, volviendo en su
+acuerdo, no le hubiera regalado un pellizquito en el brazo muy sentido y
+amoroso, rogándole al propio tiempo que le diese la mitad de la pastilla
+de menta que su linda mujercita tenía en la boca. Con esto volvieron a
+arrullarse como si estuvieran en una selva virgen y no en el hotel de
+Osorio.
+
+Un grupo de cinco o seis niñas, entre las cuales estaba Esperancita,
+hablaba animadamente con algunos pollastres. Cobo Ramírez y nuestro
+inteligente amigo Ramoncito Maldonado, eran dos de ellos. Difícil es
+exponer las ideas que entre aquella florida juventud se cambiaban. Todas
+debían de ser muy finas, muy alegres, muy intencionadas, a juzgar por la
+algazara que producían. Sin embargo, aplicando el oído, se observaba
+pronto que los gestos de las niñas, aquel levantar de ojos, aquel agitar
+la cabeza, aquel mirar picaresco, aquel romper en sonoras carcajadas, no
+correspondían exactamente a las palabras que se pronunciaban. Decía un
+pollo verbigracia:
+
+--Manolita; ayer la he visto a usted en San José confesando con el padre
+Ortega.
+
+La interesada reía con gozo extremado.
+
+--¡No es verdad, Paco; no me ha visto usted!
+
+Decía otro:
+
+--Pilar, ¿dónde compra usted esos abanicos tan monísimos?
+
+Pilar prorrumpía en carcajadas.
+
+--¡Qué guasón! Y ¿dónde ha comprado usted aquel perro tan feo que
+llevaba usted hoy en el paseo?
+
+--Feo, sí; pero gracioso. Confiéselo usted.
+
+Tales frases hacían desbordar la alegría de aquellos pechos juveniles.
+Se hablaba recio, se reía más aún, se gesticulaba. Las niñas, sobre
+todo, parecía que tenían azogue, mostrando sin cesar las dos filas de
+sus dientes cuando los tenían bonitos o tapándoselos con el abanico
+cuando no eran presentables. Pero, sobre todo, lo que alborotó el grupo
+y levantó más tempestad de carcajadas, fué una contestación de León
+Guzmán. Manolita, una chatilla de ojos negros y boca grande con dientes
+preciosos, preguntó a León qué hora era. Este, sacando el reloj,
+respondió que las diez y cuarto. El reloj del conde estaba parado: eran
+ya cerca de las doce. Esta equivocación hizo gozar vivamente a las
+niñas. Manolita, sobre todo, quería desvestirse de risa. Cuanto más
+hacía para reprimir el influjo de sus carcajadas, con más ímpetu salían
+a su boca fresca y húmeda.
+
+Indudablemente, en las frases, en la apariencia vulgares y hasta
+estúpidas de los pollos, debe de existir un fondo de humorismo tan
+profundo como vivo, que sólo las jóvenes de quince a veinte años son
+capaces de recoger y gustar.
+
+Pero León Guzmán, una vez sosegada la risa, pudo con maña retirarse un
+poco y entablar conversación aparte con Esperancita. Esto llenó de
+dolor y sobresanó a Ramón. Hacia días que venía observando que el conde
+de Agreda miraba con buenos ojos a su dueño adorado. Considerábale más
+temible que a Cobo, por ser hombre de brillante posición. Cobo, según lo
+que veía, no adelantaba un paso, lo cual le tranquilizaba. Pero el
+asunto cambiaba ahora de aspecto. Por eso ya no tomaba parte en la
+alegría del grupo y dirigía a la pareja unos ojos de carnero que
+despertaban lástima. Sin embargo, la niña, a su gran satisfacción, no se
+mostraba demasiado amable con el conde. Parecía preocupada, triste, y
+dirigía frecuentes y rápidas miradas hacia el sitio donde el propio
+Ramón estaba. Verdad que detrás de él, en un diván, se hallaban sentados
+Pepe Castro y Lola Madariaga, charlando con gran animación. Pero el
+concejal no se hizo cargo de esto.
+
+Cuando León se levantó, Ramoncito le llevó aparte a un rincón y le dió
+con frase sentida sus quejas. Debía de saber que él, Maldonado, hacía
+tiempo que obsequiaba a Esperanza, que estaba enamorado de ella
+perdidamente. Sentía en el alma que un amigo tan íntimo le viniese a
+hacer daño. Recordóle con enternecimiento la infancia, sus juegos, el
+colegio. Concluyó por suplicarle con voz entrecortada por la emoción que
+si no tenía un gran interés por Esperancita dejase de darle celos. León
+le escuchó entre impaciente y confuso. Por librarse de él prometió
+cuanto quiso. Luego, cuando se vió entre los amigos, contó la ridícula
+conferencia y se rió en grande a costa del desdichado concejal.
+
+El duque de Requena, después que dijo a Biggs lo que se proponía, se
+sentó a jugar al tresillo con la condesa de Cotorraso, el mejicano,
+marido de Lola, y el general Pallarés. Poco después bufaba lleno de
+furia porque le venían malas cartas. A pesar de su opulencia jugaba
+siempre con el mismo afán que si le importase mucho la perdida o la
+ganancia de unos cuantos duros. Si la suerte le era adversa se ponía de
+un humor endiablado, murmuraba y hasta llegaba a decir frases
+inconvenientes a los compañeros. Su hija se veía muchas veces obligada a
+templarle y a quitarle las cartas de la mano para ponerse ella en su
+lugar.
+
+Ahora Clementina estaba de buen talante jugando en la mesa próxima: se
+reía de Pepa Frías porque se mostraba silenciosa y preocupada.
+
+--Oiga usted, Pinedo, no me acordaba ya--dijo arreglando el abanico de
+cartas que tema en la mano--, ¿por que tenía usted interés esta mañana
+en hacer pasar por un santo delante de su hija al perdido de Alcántara?
+
+--Es un secreto--respondió el gran vividor.
+
+--¡Que se diga, que se diga!--exclamaron a un tiempo Pepa y Clementina.
+
+Se hizo de rogar un poco. Al fin, obligándoles a prometer antes que lo
+guardarían fielmente, se lo dijo. Había observado en las niñas tendencia
+señalada a enamorarse de los calaveras, de los vagos, de los malvados, y
+a rechazar a los hombres laboriosos y formales. Para que su hija no
+cayera en poder de alguno de aquellos invertía las referencias que le
+hacia de cada cual. Cuando pasaba a su lado un chico honrado y
+trabajador, le ponía de loco y de perdido que no había por dónde
+cogerlo; si, por el contrario, pasaba uno que mereciese en realidad
+tales dictados, como Alcántara, se hacía lenguas de él.
+
+Pepa, Clementina y Arbós suspendieron el juego para escuchar sonrientes
+aquel singular relato.
+
+--¿Y produce efecto el procedimiento?--preguntó el ministro.
+
+--Hasta ahora admirable. Jamás se le ocurre a mi hija mentar en la
+conversación a los que yo le doy por buenos muchachos. En cambio,
+¡cuántas veces me dice muy risueña!: "¿Sabes, papá, que hoy he visto a
+aquel amigo tuyo tan _perdis_? No se puede negar que tiene gracia en la
+cara y que parece un chico fino. ¡Es lástima que no formalice!"
+
+En aquel momento, Cobo Ramírez, que andaba por allí resoplando como un
+buey cansado, se acercó a la mesa y quiso saber de qué se reían. No le
+fué posible arrancarles el secreto. Pinedo les hizo una seña prohibitiva
+porque tenía mucho miedo a su lengua. También Pepe Castro, harto de dar
+celos a Clementina con su amiga Lola, sin que aquélla pareciese siquiera
+advertirlo, se levantó y se fué aproximando silenciosamente afectando
+melancolía. Se puso detrás de Pepa Frías y apoyó los brazos en el
+respaldo de la silla. La viuda estaba tan escandalosamente descotada que
+en aquella actitud se podía ver más de lo que la decencia permite.
+
+--¡No vale mirar, Pepe!--exclamó Cobo con maligna sonrisa.
+
+--Miro las cartas--respondió aquél.
+
+--¡Vamos, no sea usted desvergonzado, Cobo!--dijo Pepa dándole con ellas
+en las narices y volviéndose a Castro.
+
+--Quítese de ahí, Pepe. No quiero que se me contemple a vista de pájaro.
+
+Fuentes se acercó para despedirse.
+
+--¿No toma chocolate?--le preguntó Clementina dándole la mano.
+
+--¿Cómo quiere usted que tome chocolate un hombre a quien le acaban de
+descerrajar un soneto a quema ropa?
+
+--¿Mariscal?
+
+--El mismo. En el comedor y a traición.
+
+Mariscal era un joven poeta, empleado en el Ministerio de Ultramar, que
+hacía sonetos a la Virgen y odas a las duquesas.
+
+--Pero ya me he vengado como un marroquí--siguió.--Le he presentado al
+conde de Cotorraso que le está dando una conferencia sobre los aceites.
+Miren ustedes qué cara de sufrimiento tiene el pobre.
+
+Los tresillistas volvieron la cabeza. Allá en un rincón estaban, en
+efecto, los dos. El conde hablaba con calor y le tenía cogido por la
+solapa según su costumbre. El desgraciado poeta, con el rostro
+contraído, echando miradas de socorro a todas partes, se dejaba sacudir
+como un hombre a quien conducen a la cárcel.
+
+--Arbós, ¿no cree usted que he llevado mi venganza demasiado lejos?
+
+Para no destruir el efecto de la frase se marchó bruscamente. Todas las
+noches recorría dos o tres tertulias, donde se celebraban su gracia y
+sus ingeniosidades.
+
+Los criados entraban con bandejas de chocolates y de helados. Cobo
+Ramírez cogió una mesilla japonesa, la llevó a un rincón, sentóse frente
+a ella y se apercibió a engullir.
+
+Pepa Frías echó una mirada en torno, y viendo al general Patiño
+acercarse, le dijo:
+
+--General, tome usted estas cartas: estoy cansada de jugar. Dáselas tú a
+Pepe, Clementina; vamos un poco al salón.
+
+El general y Castro ocuparon el sitio de las damas. Estas se fueron al
+salón grande: mas antes de llegar a él, dijo Pepa:
+
+--Mira, tengo que hablarte de un asunto importante. Vamos a otro sitio.
+
+Clementina la miró con sorpresa.
+
+--¿Quieres que vayamos al comedor?
+
+--No; mejor es que subamos a tu cuarto.
+
+Volvió a mirarla con más sorpresa aún, y, alzando los hombros, dijo:
+
+--Como quieras. ¡Cosa grave debe de ser!
+
+Mientras subían la escalera, Clementina imaginaba que su amiga iba a
+hablarle de Pepe Castro, de sus amores. Y como en realidad el asunto no
+le interesaba como antes, marchaba con cierta indiferencia no exenta de
+aburrimiento. Cuando se encontraron frente a frente en el _boudoir_, le
+dijo Pepa cogiéndola por las muñecas y mirándola fijamente:
+
+--Vamos a ver, Clementina, ¿tú sabes cómo andan los negocios de tu
+marido?
+
+Fué un golpe en medio del pecho. Clementina, aunque sin precisión, tenía
+noticias de las pérdidas de Osorio, de su creciente y febril afán de
+jugar. El mismo, en una explicación que con ella tuvo, la había
+amedrentado para arrancarle la firma. Además le veía cada día más
+delgado y más sombrío. Pero aunque se preocupaba un instante de estas
+cosas, el tren complicado de su vida de mujer elegante, ayudado por el
+deseo de no pensar en asuntos enfadosos, se las apartaban pronto de la
+memoria. Nunca se le pasó por la imaginación que tales pérdidas pudiesen
+afectar seriamente a sus comodidades, a su ostentación, ni aun a sus
+caprichos. La conducta de Osorio, que nada le había dicho de restringir
+los gastos, daba pretexto a perseverar en esta creencia. Pero el gusano
+permanecía vivo allá en el fondo. No había más que hostigarle como hizo
+Pepa, para que royese lindamente.
+
+--¿Los negocios de mi marido?--dijo balbuciendo, como si no
+entendiese--. Yo nunca me entero ... ni le pregunto.
+
+--Pues me han dicho que ha tenido grandes pérdidas en estos últimos
+tiempos....
+
+--Allá él--exclamó la dama reponiéndose y alzando los hombros con
+supremo desdén.
+
+--Es que a ti también te puede chamuscar el pelo, hija mía. ¿Tienes
+asegurada tu dote?
+
+--No sé lo que es eso.... ¿No te he dicho que no entiendo de negocios?
+
+--Pues en este asunto debieras procurar enterarte.
+
+--Pues yo te digo que no me preocupa nada y te ruego que hablemos de
+otra cosa.
+
+Clementina se mostraba más altanera y desdeñosa cuanta más insistencia
+veía en Pepa. Su orgullo, siempre alerta, le hacía suponer que ésta
+había preparado aquella conferencia para mortificarla.
+
+--Es que ... querida mía, debo advertirte que tu marido no especula
+solamente con su capital--dijo la viuda picada ya.
+
+--¡Ah! ¡Ya pareció aquello! Vamos, tú tienes algunos ochavos en poder de
+Osorio y temes perderlos, ¿verdad?--dijo Clementina con sonrisa
+sarcástica, reprimiendo su cólera con trabajo.
+
+Pepa se puso pálida. Una ola de ira le subió también del corazón a los
+labios. Estuvo a punto de echarlo todo a rodar y ponerse a reñir como
+una verdulera, para lo cual tenía dotes especialísimas; pero un
+pensamiento interesado, un pensamiento de conservación la contuvo. Si
+rompía con su amiga, si la irritaba, las probabilidades de salvar su
+capital disminuían. Comprendió que el mejor partido era no excitar su
+naturaleza indómita, esperar que la amistad o su mismo orgullo la
+impulsasen a la generosidad. Hizo un esfuerzo para reprimir sus ímpetus
+ante la mirada altiva y provocativa de su amiga y dijo con abatimiento:
+
+--Pues sí, Clementina, te lo confieso. Tu marido tiene en su poder lo
+poco que poseo. Si lo pierdo me quedo sin una peseta. No sé qué será de
+mí.... Antes que depender de mi yerno, prefiero pedir limosna.
+
+--Pedir limosna, no. Te traeré a casa para acompañarme en lugar de
+Pascuala--dijo con desdén la dama, en quien la soberbia aún no se había
+apaciguado.
+
+Pepa sintió más este flechazo que el anterior, pero logró contenerse
+también.
+
+--Vamos, chica--dijo volviendo a cogerla por las muñecas
+cariñosamente--, no me eches a la cara los millones. Si he venido a
+aburrirte con estas cosas, es porque te tengo por mi mejor amiga. Ya sé
+yo que se exagera mucho, y que la envidia anda suelta por el mundo. La
+mayor parte de lo que cuentan de las pérdidas de Osorio, probablemente
+no será verdad....
+
+--Y si lo fuese, la cosa tiene poca importancia para mí. Figúrate que
+hoy mismo me ha dicho mi madrastra que me deja por heredera de toda su
+fortuna.
+
+Pepa abrió los ojos con sorpresa.
+
+--¿La duquesa? ¡Oh, pues no son más que cincuenta millones de pesetas!
+Creo que la pobre está muy enferma....
+
+--Bastante.
+
+La soberbia se sobreponía en aquel instante a todo sentimiento
+afectuoso en el corazón de Clementina. Pronunció aquel bastante en un
+tono que daba frío.
+
+Las dos amigas, al cabo de unos minutos, se entendían perfectamente.
+Pepa, afectando siempre desenfado, adulaba de todos los modos posibles a
+su amiga, como hermosa, como rica, como elegante. Clementina se dejaba
+adular, respiraba con delicia aquel tufillo de incienso. En cambio
+prometía que ni un céntimo perdería Pepa de su capital.
+
+Bajaron la escalera cogidas por la cintura, charlando como cotorras. Al
+llegar a la puerta del salón, antes de soltarse se dieron un apretado y
+cariñoso beso. Ninguna de las dos pensó que lo que las tenía enlazadas
+no eran sus propios brazos, sino los de un cadáver: el cadáver de una
+santa y generosa señora.
+
+
+
+
+VIII
+
+#Cena en Fornos.#
+
+
+Al salir del hotel de Osorio, Pepe Castro y Ramoncito se metieron en la
+berlina que esperaba al primero y se trasladaron a Fornos. Les costó
+trabajo desembarazarse de Cobo Ramírez, que había olido algo de cena y
+deseaba ser de la partida. Ramón dió un codazo a Castro para manifestar
+que no le vería con gusto en ella. Este, a quien tampoco placa el
+carácter desvergonzado del primogénito de Casa-Ramírez, hizo lo posible
+por desprenderse de él engañándole.
+
+El terror de los maridos estaba de muy mal humor. La indiferencia real o
+fingida que Clementina le había mostrado toda la noche le roía el
+corazón. Siempre habían sido prudentísimos en sociedad, sobre todo en
+casa del marido; pero nunca le faltó ocasión, hasta entonces, a la dama,
+con una mirada intensa, con alguna palabrilla fugaz, de expresarle su
+amor. Y como esto llovía sobre mojado, porque hacía ya bastantes días
+que la encontraba despegada, distraída, la picadura era más viva. Castro
+no estaba enamorado de la esposa de Osorio. Era incapaz de enamorarse.
+Pero tenía una idea extraordinaria de sus dotes de conquistador y, como
+consecuencia, un amor propio exagerado. Además, ya sabemos que
+Clementina era para él, no sólo la tórtola enamorada, sino el cuervo que
+le traía en su pico el sustento. Envuelto en su gabán de pieles y
+arrellanado en el rincón del coche, no despegó los labios en todo el
+camino. Era la una. La noche fría y despejada, una noche de Madrid, en
+que el ambiente produce cosquillas en los ojos y la nariz. Ramoncito,
+entregado también a sus melancolías, limpiaba con el pañuelo el cristal
+de la ventanilla para sumergir la mirada en las calles solitarias y en
+el cielo poblado de estrellas.
+
+Cuando llegaron a Fornos vieron el coche de la Amparo, en espera.
+
+--Llegamos un poco tarde. Nos va a sacar los ojos esa tía--dijo Castro
+apresurándose a entrar.
+
+Un mozo les dijo que arriba, en el gabinete de la izquierda, les
+esperaban tres señoras y dos caballeros. Antes de subir dió las
+disposiciones necesarias para la cena que había encargado. En el
+gabinete, dispersos por las sillas, estaban Rafael Alcántara, Manolito
+Dávalos, la Nati, la Socorro y la Amparo, que los recibieron con
+_fueras_ y silbidos. Todos cinco venían del Real: hacía muy cerca de
+media hora que esperaban.
+
+--¡Que poca vergüenza tienes, hijo!--dijo la Amparo con el hermoso
+entrecejo fruncido--. Y menos aún los que toman en serio tus convites.
+
+--Chica, me figuré que saldrías más tarde del Real.
+
+--¡Eso! Dí que estabas a gusto en casa de mi hijastra, y entonces puedes
+tener cierta disculpa.
+
+Amparo solía llamar en broma su hijastra a Clementina.
+
+--¡Qué hijastra, ni qué madrastra!--exclamó el lechuguino con gesto de
+mal humor--. ¡Si pensarás que hay mujer que me retenga a mí cuando no
+quiero!
+
+El despecho, incubado toda la noche, rompía ahora con fuerza la cáscara.
+
+--¡Olé mi niño! Así hablan los hombres--exclamó la Nati, una chulilla de
+Lavapiés que descubría el paño, no sólo en la conversación, sino también
+en el peinado, en los andares, en todo.
+
+--¡Qué simple eres, criatura!--dijo la Amparo volviéndose a ella--. ¿Te
+figuras que eso es cierto? Clementina le tiene más sumiso que un
+perrillo de lanas. Si se le antoja, le hace lamer la planta de sus pies.
+
+--¡Sí; lo mismo que tú a su papá!--respondió furioso Castro--¿Vosotras,
+por lo visto, os habéis llegado a figurar que soy un cadete de
+infantería? Pues ya veréis lo que me importa por esa señora....
+
+--¿De veras?--preguntó Alcántara.
+
+--De veras: me voy aburriendo ya.
+
+Castro, previniendo una próxima ruptura con su amante, preparaba una
+cama blanda a su reputación de seductor para que no sufriese
+desperfecto.
+
+--Os enfadáis conmigo--siguió--porque llego tarde.... ¿Y León? ¿Dónde
+está León?
+
+--León, aquí está--profirió una voz sonora detrás.
+
+Y el propio León avanzó hasta el medio de la estancia y se puso a
+parodiar, con entonación y mímica de cómico de la legua, una zarzuela
+muy conocida:
+
+ Yo soy aquel conde de Agreda llamado,
+ que en lides sin cuento probó su valor.
+
+--Oye, nene--dijo Socorro tirándole de los faldones del frac--, tengo
+que ajustarte una cuenta.
+
+--¡Tú también!--exclamó con afectado espanto--.¡Cielos! ¿Dónde me meteré
+que no me presenten cuentas?
+
+Y se dejó llevar, fingiendo susto, a un rincón por su querida, que le
+preguntó en voz baja:
+
+--Dí, babieca, ¿por qué no me has dicho que era Amparo de la partida?
+¿No sabes que estamos políticas hace ya días?
+
+--¡Bah! ¡bah!--exclamó alzando la voz y apartándose--. En cuanto tengáis
+unas copas de Jerez en el cuerpo, se van a oir los besos que os deis,
+desde la calle.
+
+-Socorro quedó acortada mordiéndose los labios. Temía que Amparo hubiese
+advertido algo. Y en efecto, la querida de Salabert les había echado una
+mirada penetrante sospechando lo que hablaban, y arrugó el entrecejo:
+"¡Anda, anda! ¡A buena parte iban con recaditos! ¡Como la picasen un
+poco era capaz de agarrar por el moño a aquella pánfila y batirla contra
+la pared!"
+
+La Socorro era una rubia linfática, de tez nacarada y ojos claros, un
+poco romántica y un mucho susceptible. Se decía hija de un comandante y
+se agarraba el derecho de despreciar a sus compañeras nacidas del seno
+de la plebe. Era más instruída que ellas porque leía todos los
+folletines que le venían a las manos: cuidaba de no decir palabras feas:
+no solía emplear tampoco locuciones flamencas. Tenía alguna más edad que
+la Amparo y la Nati.
+
+--A la mesa, a la mesa--dijo Alcántara--. Estas óperas alemanas me
+excitan un hambre de lobo.
+
+Levantáronse todos del asiento y se aproximaron a la mesa, mientras
+Castro hacía sonar el timbre para avisar al mozo. El conde de Agreda los
+detuvo con un gesto.
+
+--Caballeros, hay aquí dos princesas que han reñido por cuestiones
+diplomáticas que no nos incumben. ¿Opinan ustedes que se den un beso
+antes que nos sentemos?
+
+--Que se lo den: que se lo den--exclamaron los tres hombres y Nati,
+mirando a la Socorro y Amparo.
+
+Esta se encaró furiosa con León.
+
+--¡Ja, ja!... Chica, no empieces ya a soltar gracias porque nos va a
+hacer daño la cena.
+
+La Socorro se hizo la indiferente inspeccionando la mesa.
+
+--Que se besen--volvió a decir el coro.
+
+--Oíd, preciosos, ¿nos habéis traído para reiros de nosotras o a darnos
+de cenar?--dijo la Amparo cada vez más irritada.
+
+Castro trató de calmarla.
+
+--No hay motivo para enfadarse, Amparito. León, lo mismo que yo y todos
+los demás, desearíamos que los que nos sentemos a cenar fuésemos buenos
+amigos. Si hay algún resentimiento debe olvidarse, sobre todo si, como
+presumimos, no ha sido por cosa grave.
+
+--¡Que se besen!--gritaron con más fuerza los comensales.
+
+No hubo más remedio. Castro y Alcántara se apoderaron de la Amparo,
+Ramón y el conde de la Socorro y las fueron aproximando casi a viva
+fuerza, no sin que ambas protestasen, sobre todo Amparo, que se defendía
+con energía. Al cabo concluyó por reirse.
+
+--¡Pero esto es estúpido! ¿Qué mosca os ha picado?
+
+Y acercándose con decisión a Socorro, le dió un beso sonoro en la
+mejilla.
+
+--Besémonos, hija, porque si no temo que a estos chicos simpáticos les
+dé un ataque de nervios.
+
+La Socorro le pagó el beso con otro más tímido, manifestándose reservada
+y circunspecta.
+
+--Bueno, ahora dejadme calentar un poco, que estoy aterida--dijo
+sentándose al lado de la chimenea, tan cerca que, por milagro, no ardía.
+
+Se tostó por delante y por detrás, en tal forma, que, cuando Rafael fué
+a coger la silla, quemaba.
+
+--¡Qué atrocidad! Mirad, chicos, cómo ha dejado Amparo la silla.
+
+Todos pusieron las manos sobre ella y se admiraron.
+
+--¡Cómo tendrá esa mujer el cuerpo! Vamos a verlo--dijo Castro avanzando
+hacia ella.
+
+--¡Eh, niño, alto! que yo soy de mírame y no me toques.... Bueno, si
+queréis tocad la espalda--añadió generosamente.
+
+Y uno tras otro fueron poniendo la palma de la mano en la espalda de
+aquel hermoso animal que, efectivamente, casi quemaba.
+
+--Ahora vais a ver cómo me las compongo con los boquerones--dijo
+sentándose--. Porque supongo que te habrás acordado de mí--añadió
+levantando la vista hacia Pepe Castro.
+
+Este hizo una señal afirmativa y empujó suavemente a Manolito Dávalos
+para que se sentase al lado de su ex querida. Era curioso ver la extraña
+turbación que se apoderaba del tocado marqués cuando se ponía cerca de
+la Amparo. Esta mujer le fascinaba de tal suerte que se mostraba
+confuso, ruborizado, sin saber qué decir ni hacer. Los compañeros, que
+lo sabían, mirábanle con disimulo y enviaban sonrisas y guiños a la
+joven, la cual adoptaba un continente protector, maternal, con él. Se
+reía como los demás de aquella extraña y furiosa pasión; pero en el
+fondo se sentía halagada por ella.
+
+Rafael Alcántara, que ya había pellizcado en todos los platos de
+entremeses, volvió a gritar:
+
+--Señores, que venga por Dios esa cena, porque voy a pillar una
+indigestión de aceitunas.
+
+Acomodáronse todos, al fin. Dos mozos comenzaron a servir los platos.
+Amparo desdeñó el _consommé_; pero cuando trajeron unos filetes de
+_boeuf macédoine_ se colmó de tal modo el plato que los amigos
+comenzaron a darse de codo y a reir.
+
+--¡Ah! ¿vosotros pensáis que soy una niña tísica de las que cantan _La
+Stella confidente_?... ¡Ya veréis, ya!
+
+Rafael sacó la conversación del duque de Requena, pero la Amparo cortó
+las bromas.
+
+--Vamos, dejadle en paz. Ya que paga, que se divierta el pobre como
+pueda.
+
+Aunque todo el mundo sabía que tenía esclavizado al archimillonario, no
+gustaba que se rieran a su costa. Del duque pasaron a su hija. Rafael
+contaba pormenores terribles, repugnantes. Las mujeres se ensañaron con
+ella vengándose de su hermosura, su elegancia y su orgullo. Castro, en
+vez de acudir a la defensa, contentóse con sonreír discretamente y
+exclamar con negligencia:
+
+--¡No sabéis lo que decís!
+
+Aquella sonrisa, aquel tono superior y desdeñoso, querían sin duda
+significar que era ridículo hablar de las interioridades de Clementina
+en presencia de él. Pusiéronse sobre el mantel las honras de otra
+porción de señoras y caballeros. Entre copa y copa de _borgoña_, entre
+bocado y bocado de salmón con mayonesa quedaron todas perfectamente
+arregladas. Manolito no terciaba en la conversación. Feliz con sentir el
+traje de Amparo rozando con sus piernas, echándole de vez en cuando
+miradas intensas de apasionado deseo, acudiendo a servirla con solicitud
+de esclavo medroso, se apretaba a veces más de la cuenta contra su
+ídolo, acometido de rabiosa pasión. Cuando esto sucedía, el ídolo le
+arrimaba por debajo de la mesa crueles taconazos y pellizcos que le
+volvían a la razón. Fuera de esto se mostraba amable con él, le trataba
+como a un niño, le daba bocaditos del plato en que ella comía y le hacía
+mimos cogiéndole la barba con la punta de los dedos. Pero el pobre,
+antes de terminar la cena, se vió acometido de un golpe de tos; se puso
+rojo; quería echar, con grandes esfuerzos de su cuerpo, algo que no
+acababa de salir. Este algo era nada menos que una sarta de rails de
+ferrocarril que al loco marqués se le antojaba que tenía dentro del
+cuerpo. Los demás, que sabían de esta alucinación, sonreían con
+expresión de lástima y burla. Rafael Alcántara exclamó cínicamente:
+
+--¡Dale, dale, que es lagarto!
+
+El pobre Manolo se volvió hacia él, sudoroso, encendido, y le dijo con
+acento de reproche:
+
+--Si tú te encontrases como yo, no te reirías, Rafael.
+
+--¡Tiene razón, tiene razón!--exclamó la Amparo indignada--.Vaya una
+gracia, burlarse de un amigo enfermo.
+
+Y para indemnizarle de aquel agravio le ayudó a sentarse en un diván, le
+limpió el sudor con su pañuelo y le dió unos cuantos besos. Luego vino a
+sentarse de nuevo y siguió devorando lo que le ponían delante. Llegó el
+turno a los boquerones preparados expresamente para ella. Era uno de los
+gustos plebeyos que conservaba. Tantos engulló, que excitó la admiración
+y la risa de los comensales. Socorro dijo, sin embargo, por lo bajo a su
+querido, "que daba asco verla comer". Creía de buen tono padecer de
+dispepsia y comer poco. Amparo remojaba los bocados con tantos y tan
+formidables sorbos de _borgoña_, que dejaba siempre la copa temblando.
+Comía y bebía como un labrador en día de boda, y hacía gala de ello.
+
+Ramoncito no se hallaba en disposición de experimentar los goces de la
+nutrición animal. Dijo que había tomado chocolate en casa de Osorio;
+pero no era cierto. Lo que había tomado era veneno, con los obsequios
+que su amigo, el conde de Agreda, tributó por más de una hora a
+Esperanza.
+
+--Oye, feo, ¿por qué no comes?--le dijo Amparo volviéndose de repente
+hacia él--. ¿Es verdad que la chiquilla de Calderón no te hace caso? Te
+doy la enhorabuena, hijo, porque debe de tener mucho humor herpético.
+
+Maldonado, que estaba ya desabrido con ella desde la frase de la tarde,
+se puso encendido. Conteniéndose a duras penas le dijo con voz ronca:
+
+--Lo que te prevengo seriamente es que no vuelvas a ocuparte delante de
+mí de esa niña....
+
+Amparo le miró fijamente con aire de desafío.
+
+--¿Y por qué, rico mío?
+
+--Porque las mujeres como tú no pueden hablar de ciertas cosas sin
+profanarlas--dijo temblando de cólera el concejal.
+
+--¡Ja, ja! Abrid los balcones, chicos, porque este chavó tiene
+calor--dijo con risa sarcástica; y enfureciéndose de pronto:--¡Mira,
+niño, no me vengas con infundios! Tú eres un mamarrachillo y ella un
+saco de pus. ¿Lo oyes bien?
+
+La noble faz de Ramoncito se descompuso al escuchar estas pesadas
+palabras. Todo su cuerpo se estremeció de furor. No se sabe qué acto
+bárbaro e insano hubiera realizado a no sujetarle Castro por la manga
+del frac, diciéndole:
+
+--Déjala, hombre. ¿No ves que tiene ya mucho alcohol en la cabeza?
+
+Castro tenía del otro lado a la Nati. Sin saber por qué razón, pues
+nunca le había sido muy simpática, le dió toda la noche por servirla y
+requebrarla en voz baja. Cuando se puso un poco alegre, le dijo a
+Alcántara que estaba del otro lado:
+
+--Con tu permiso, Rafael, voy a dar un beso a Nati.
+
+Y se lo dió sin aguardar respuesta.
+
+Rafael no hizo maldito el caso. Poco después volvió a decir:
+
+--¿Permites, Rafael?
+
+Y ¡zas! le encajó otro beso. La bromita le pareció tan bien, que no se
+pasaban cinco minutos sin que la repitiese. Nati la encontraba
+deliciosa; se reía, presentando la mejilla a los labios del hermoso
+salvaje. Rafael, al principio, también la encontró graciosa y respondía
+gravemente a la pregunta de su amigo:
+
+--Lo tienes. Pene, lo tienes.
+
+Pero al cabo fué pareciéndole pesada, y entre bromas y veras concluyó
+por decirle:
+
+--Basta, Pepe; no abuses del físico.
+
+A los postres, el mozo les dijo que un señorito que cenaba en un
+gabinete próximo con una señora, bebía una copa de _champagne_ a su
+salud.
+
+--¿Quién es ese señorito? ¿Le conoces?
+
+El mozo sonrió discretamente.
+
+--Me ha prohibido decir su nombre.
+
+--¿Es un amigo?
+
+--Sí, señor conde: es un amigo.
+
+--Pues allá voy--dijo León.
+
+Y salió de la estancia. A los pocos instantes volvió a entrar con
+Alvaro Luna y su querida la Conchilla. Les hicieron una ovación. Rafael
+se adelantó con la copa en la mano y cantó:
+
+ --Murió Alvarito,
+ Dios le tenga en gloria;
+ Bebamas una copa a su memoria.
+
+Hizo gracia la ocurrencia porque Alvaro se había batido por la tarde.
+Pepe Castro le abrazó.
+
+--Ya sabíamos que habías salido bien. ¿Has pinchado al coronel?
+
+--Sí, en un brazo.
+
+--¿Cómo fué eso?
+
+--Verás tú....
+
+Y le contó los pormenores del lance. Todas se acercaron para escuchar.
+El coronel se había levantado los pantalones al llegar al jardín y se
+había remangado la camisa como un carnicero. Atacó furiosamente; pero se
+fatigaba en seguida, como hombre obeso que era y algo tocado del
+corazón. Descansaron seis veces. Al fin, harto ya de tanto bregar, le
+había tirado con decisión una estocada al pecho amagándole antes un tajo
+a la cabeza. No tuvo tiempo más que a poner delante el brazo izquierdo,
+que quedó atravesado.
+
+--Creí que le había matado, porque cayó redondo al suelo.
+
+--Así, así. No hay cosa más ridícula que andar dibujando tajos en el
+aire y haciendo ruido con los sables como en el teatro. Un buen golpe
+recto, partiendo de la inmovilidad, ¡esa es la manera de concluir
+pronto!
+
+ --Murió Alvarito,
+ Dios le tenga en gloria;
+ Bebamos una copa a su memoria.
+
+volvió a cantar Rafael con voz engolada levantando la copa de
+_champagne_.
+
+--Vamos, a este chavó ya se le ha subido San Telmo a la gavia--dijo la
+Amparo.
+
+Pepe y Alvaro sonrieron y continuaron comentando el lance. Los demás,
+menos Conchilla, les fueron dejando; se pusieron a charlar con
+animación, trincando a la vez de lo lindo. Rafael estaba empeñado en que
+Ramoncito les contara sus amores. ¿Se había declarado ya a la hija de
+Calderón? ¿Le había dado esperanzas? La verdad es que la niña no
+encontraría, por mucho que buscase, partido tan ventajoso como el de
+Ramoncito, un muchacho formal, en buena posición, con un porvenir en la
+política....
+
+Aunque Alcántara parecía que hablaba en serio y expresaba las mismas
+ideas que al propio Ramoncito le bullían constantemente en la cabeza,
+éste recelaba, y con razón, de su buena fe. Además, la presencia de
+aquellas mujeres, y más especialmente la de León, le molestaba mucho.
+Rechazó, pues, con mal humor todas las instancias que le hicieron para
+que abriese su pecho, y les rogó, muy fruncido y encrespado, "que
+hiciesen el favor de no romperle más la cabeza". Con esto desistieron de
+reirse a su costa y la emprendieron con Manolita Dávalos. El joven
+marqués, desde un diván donde yacía solitario, contemplaba sin pestañear
+en extática adoración a su ex querida.
+
+--Ven acá, Manolito; acércate un poco, hombre--le dijo León.
+
+--¿Para qué?--preguntó el marqués aproximándose con semblante
+avergonzado.
+
+--Para que charlemos un poco.... Y para que estés cerca de lo que más
+quieres.... Haces bien en estar enamorado de esta barbiana. Todo se lo
+merece. No hay en Madrid una mujer que le ponga el pie delante en
+hermosura, en garbo, en salero.... ¡Qué ojos! ¡qué cejas! ¡qué boquita
+de rosa!... ¡Hasta las orejas! ¡Mira qué primor de oreja!... Me las
+comería cada una de un bocado.... ¡Uy! ¡uy! ¡uy!
+
+Nati le había echado un feroz pellizco en el brazo.
+
+--Para que no vuelvas a echar piropos a nadie delante de tu mujer--dijo
+medio en serio, medio burlando.
+
+--Chico, si me hubieses dicho todo eso por la mañana me hubiera durado
+todo el día--le dijo Amparo riendo--. Pero ahora ... ya ves, nos
+dormiremos en seguida....
+
+--Pero vamos a ver. Amparo--manifestó Rafael afectando seriedad--. ¿Por
+qué has dejado a Manolo, un chico joven, simpático, de las primeras
+familias de España, por un tío asqueroso, viejo, baboso como Salabert?
+
+El chiflado marqués hizo un gesto de contrariedad.
+
+--Déjanos en paz, Rafael.
+
+Amparo, poniéndose seria también, le contestó:
+
+--Yo no le he dejado. Nos hemos dejado mutuamente, por conveniencia de
+ambos. No dirá él que yo le he despedido....
+
+Manolo asintió con la cabeza por no contrariar a su ídolo, aunque otra
+cosa le constase.
+
+--Pues es una lástima, porque él sigue más chalao por ti que nunca.... Y
+tú, aunque aparentes lo contrario, creo que algo te queda allá en el
+fondo.
+
+León se mordió los labios para no soltar el trapo.
+
+--Mira, tú, niño--expresó la Amparo con tono y ademanes persuasivos--;
+vosotros nos juzgáis peores de lo que somos. Yo no diré que algunas
+veces no obremos por capricho, y que no seamos ligeras e interesadas....
+Pero hay ocasiones en que las circunstancias nos arrastran. Una mujer se
+pone en tren de vestir con elegancia, de tener palco en los teatros, de
+gastar coche, y llega a acostumbrarse a estas cosas como vosotros a
+fumar y tomar café. Llega un día en que si quiere dar gusto a su
+corazón, va a verse privada de todo esto, y a caer en la miseria. Tú
+comprenderás que se necesita mucha virtud y más amor que el de Romeo y
+Julieta para echarlo todo a rodar y sacrificarse a vestir de percal otra
+vez y a vivir en una buhardilla. Chico, por lo mismo que nosotras hemos
+conocido bien la pobreza, sabemos mejor que vosotros lo agradable que
+es. Yo me he comprometido con Salabert porque tiene mucho dinero y puede
+satisfacer todos mis caprichos. No necesitaba decírtelo.... Por lo
+demás, si fuera a dar gusto a mi corazón demasiado sabéis, y demasiado
+lo sabe él, que yo nunca he querido a nadie de verdad más que a Manolo.
+
+Escuchando estas palabras, al loco marqués se le arrasaron los ojos de
+lágrimas. Tomó la mano de su ex querida y la besó con la misma devoción
+y ternura que una reliquia. León se levantó de prisa porque no podía
+tener la risa en el cuerpo. Las mujeres, siempre compasivas con los
+extravíos de la pasión por ridículos que sean, le contemplaron con
+curiosidad y lástima. Sólo Rafael permaneció grave.
+
+--Francamente, no puedo presenciar ciertas escenas sin conmoverme--dijo
+levantándose de la silla afectando una tristeza que hizo sonreír a la
+misma Amparo.
+
+Justamente en aquel momento, Alvaro Luna se despojaba del frac para
+mostrar a Castro y a su querida una pequeña herida que el sable del
+coronel le había hecho. Rafael, León, Nati, Ramoncito y Manolo Dávalos
+se acercaron. El noble salvaje se remangó la camisa y dejó ver el
+antebrazo, donde había una señal roja bastante larga.
+
+--Diablo; ha sido un golpecito regular--dijo Castro.
+
+--Un planazo--manifestó Alvaro.
+
+--No; más bien parece que ha sido con el corte. Lo que hay es que
+pegando enteramente a plomo y no tirando un poco del sable al mismo
+tiempo, el corte suele embotarse. Por eso no ha rajado la piel, y en vez
+de herida resultó contusión.
+
+Conchilla, que miraba el brazo de su amante con tristeza y sobresalto,
+se precipitó al fin sobre él y le besó la cicatriz con transporte, sin
+importarle las risas y las cuchufletas que esto produjo.
+
+Amparo y Socorro se habían quedado sentadas al lado de la mesa, una
+frente a otra. Si se ha de decir la verdad, Amparo, naturaleza violenta,
+irascible, sin pizca de imaginación y de inteligencia limitadísima,
+habíase olvidado enteramente del desabrimiento que con la Socorro había
+tenido; le dirigía la palabra con la misma confianza y desenfado que
+antes. Mas ésta, porque su carácter fuese más receloso y susceptible, o
+porque el vino la privase del juicio, o por ambas cosas a la vez seguía
+mostrándose taciturna y hostil hacia su amiga. Respondía con marcada
+frialdad a sus observaciones y hasta algunas veces se advertía en sus
+labios cierto gesto de desdén. La Amparo, que no tenía un temperamento
+observador, concluyó sin embargo por observarlo.
+
+--Oyes, chica, ¿qué es lo que tienes? ¿Te dura todavía el enfado?
+
+--¿A mí? ¡Ca! Yo no puedo enfadarme contigo.
+
+Estas palabras parecían un testimonio de cariño y confianza. Sin
+embargo, las pronunció en un tono tan extraño, que la Amparo se la quedó
+mirando fijamente antes de replicar.
+
+--Pues hija--dijo al cabo--, yo te confieso que puedo enfadarme con
+todo el mundo y contigo también si me llegases a hacer alguna ofensa.
+
+--Pues yo, contigo, no--replicó con una sonrisa particular la Socorro.
+
+Amparo volvió a mirarla fijamente y con sorpresa.
+
+--¿Qué quieres decir con eso, que me desprecias?
+
+--Lo que tú quieras--profirió con el mismo gesto de desdén.
+
+Una arruga profunda apareció en el entrecejo de Amparo; señal de
+tormenta.
+
+--Mira, chica, tengamos la fiesta en paz. Te vas haciendo muy picante y
+ya sabes que tengo muy poca paciencia--dijo con voz sorda.
+
+--De lo que menos caso hago yo es de tu paciencia, hija mía. Te he
+venido a decir bien claramente que no quiero trato contigo. Al parecer,
+no quieres acabar de entenderlo. Tú y yo no hemos mamado la misma leche
+ni hemos tenido los mismos principios. Por eso no nos entendemos. Si
+algún resentimiento tienes conmigo, como yo jamás te he tenido miedo
+ninguno, podemos resolverlo cuando quieras. Mira, aquí traigo este
+juguete para castigar a los desvergonzados.
+
+Al mismo tiempo sacó del bolsillo una llave inglesa y la puso sobre la
+mesa.
+
+Verla Amparo, apoderarse de ella con ímpetu feroz, y dar un terrible
+golpe en la cara a su dueña, fué instantáneo. La Socorro cayó de la
+silla soltando cuatro chorros de sangre por los cuatro agujeros que los
+pinchos del instrumento la hicieron. El susto, para los que allí estaban
+fué grande, pues no habían advertido la disputa. Todos corrieron
+presurosos a levantar a la herida. Hubo unos instantes de confusión en
+que nadie se daba cuenta de lo que en realidad había pasado. La Amparo
+se había puesto terriblemente pálida y aún murmuraba sordamente
+denuestos. En cuanto León Guzmán averiguó, viendo en sus manos la llave,
+lo que había pasado quiso arrojarse sobre ella, y lo hubiera hecho
+faltando a lo que se debe un caballero, si Pepe Castro y Rafael no le
+hubieran sujetado. No pudiendo realizar sus propósitos comenzó a
+increparla.
+
+--¡Esto es una infamia! ¡Una vileza! ¡Es la acción de un asesino! Desde
+aquí debes ir a la cárcel, porque has cometido un delito.
+
+Los mozos, que habían acudido a los gritos, viendo tanta sangre y oyendo
+las palabras del conde, se dispersaron. Alguno de ellos bajó al café a
+dar parte a un inspector de policía que allí estaba el cual se presentó
+inmediatamente: otros corrieron a avisar a un médico. Subieron dos. La
+herida era de importancia y de consecuencias, porque quedarían señales
+en el rostro. Ordenaron que llevasen acto continuo a la enferma a la
+casa de socorro. Allí no disponían de medios para la cura. El inspector
+manifestó que se veía en la necesidad de conducir la agresora a la
+prevención y tomar el nombre de los presentes. Entonces todos
+intervinieron con ruegos para que dejase a la Amparo libre,
+respondiendo ellos de las consecuencias. El inspector se negó
+resueltamente. Lo único que podía hacer era conducirla al Gobierno civil
+en vez de la prevención y detener el parte al juzgado algún tiempo.
+Aunque casi todos pertenecientes a familias muy distinguidas, ninguno de
+los presentes era un personaje político (con paz sea dicho de Ramoncito)
+que pudiese desviar ni contener el curso de la justicia. Pero el duque
+de Requena sí lo era. Por eso Rafael le dijo en voz baja a la Amparo:
+
+--Mira, chica, lo mejor que puedes hacer es pasar un aviso a Salabert.
+Si no, estás perdida.
+
+--Ya se habrá acostado. ¿Te encargas tú de llevárselo?
+
+El perdulario vaciló un instante, pero al fin se decidió a prestarle
+aquel servicio, contando sacar de él buen partido.
+
+La herida fué conducida a la casa de socorro en el coche de Pepe Castro,
+acompañada por León y un guardia. Amparo fué al Gobierno civil en su
+propio carruaje, con el inspector y Manolito Dávalos, que se lo pidió a
+éste por favor con lágrimas en los ojos. Alvaro Luna, la Conchilla,
+Nati, Pepe Castro y Ramón les prometieron seguirlos inmediatamente y
+acompañar a la hermosa agresora en su odisea. Pero ya a la puerta de
+Fornos hubo deserciones. Alvaro declaró que le dolía un poco el brazo y
+que iba a curárselo. Conchilla, como es natural, le acompañó. La Nati,
+con Castro y Ramón, siguieron a pie hasta el Gobierno. Una vez allí,
+antes de entrar celebraron consejillo. Ramoncito presentaba algunas
+dificultades. El era concejal y no podía "meterse en ruidos", máximo
+cuando las relaciones del Gobernador con el Ayuntamiento venían siendo
+un poco tirantes. Por su parte. Castro declaró lacónicamente que todo
+aquello era ridículo. Naturalmente, siendo ridículo ¿qué iba a hacer un
+hombre como él allí? Además, anunció que tenía sueño y éste era ya un
+argumento sobradamente poderoso sin necesidad del primero. La Nati tal
+vez hubiera desistido también de subir; pero se creía en la obligación
+de aguardar a Rafael.
+
+En una habitación bastante sucia del Gobierno esperaban la Amparo y
+Manolito Dávalos cuando Nati se les juntó. El maníaco marqués estaba tan
+tembloroso, tan desencajado y lívido como si sobre él pesase una
+terrible desgracia. Su confusión y dolor se aumentaron cuando Amparo le
+ordenó marcharse. No convenía que le viese Salabert allí. Rogó con los
+mayores extremos que le permitiese aguardar el fin de la aventura; pero
+fué en vano. No pudiendo conseguirlo salió al cabo de la estancia, pero
+fué para rondar por los alrededores del edificio como un perro fiel.
+Pocos momentos después, la Amparo fué llevada al despacho de uno de los
+oficiales, que la recibió sin miramiento alguno, sin levantarse del
+sillón y hablándola en un tono autoritario que la produjo gran
+irritación. La bilis se le revolvió en el estómago. En poco estuvo que
+no se desvergonzase con aquel mequetrefe; pero el temor de la cárcel la
+contuvo. Sin embargo, a pesar de su paciencia, no estuvo en mucho que
+fuese. Si no llegan a la sazón el duque de Requena y Rafael hubiera sido
+más que probable.
+
+Salabert entró resoplando como de costumbre. A este resuello debía,
+quizá, parte del respeto que en todas partes inspiraba. Sólo un hombre
+con cien millones de pesetas de capital se podía autorizar tanto
+resoplido y escupitajo. El oficial se turbó un poco a su vista. El
+banquero, con la perspicacia que le caracterizaba, supo aprovechar este
+predominio.
+
+--¿De qué se trata, eh? Disputas de chicas.... Algunos golpes.... Nada
+entre dos platos.... Esto se arregla en dos segundos.... Tú, chiquita, a
+la cama.... Mañana le darás un beso; la regalarás un brazalete.... Todo
+arreglado, todo arreglado--comenzó a gruñir con el desenfado del que
+está en su casa.
+
+El oficial apenas tuvo valor para murmurar:
+
+--Señor duque, tendría mucho gusto en complacerle ... pero mi
+obligación....
+
+--A ver, ¿dónde está Perico? ¿Anda por ahí Perico?--preguntó con el
+mismo despotismo.
+
+--El señor Gobernador se ha retirado ya--manifestó el oficial.
+
+--Pues el secretario.... ¿Dónde está el secretario?... A ver, el
+secretario.
+
+Condujéronle a su despacho y se encerró con él. Al cabo de unos minutos
+salió con las mejillas un poco más amoratadas. El secretario le despidió
+a la puerta con una fina sonrisa burlona. La Amparo se acercó y le
+preguntó:
+
+--¿Está arreglando el asunto?
+
+--Por ahora, sí--respondió mordiendo el sempiterno cigarro.
+
+--Pues quiero irme en tu coche--dijo, bajando la voz.
+
+La fisonomía del banquero se oscureció.
+
+--Demasiado sabes que no puede ser.
+
+--¿Que no puede ser?... Ahora verás.... Dame el brazo.... En marcha.
+
+Y cogiéndose con fuerza de su brazo le empujó hacia la escalera seguido
+de Nati y Rafael entre las miradas atónitas del oficial, del inspector y
+de los tres o cuatro empleados que allí había a tales horas.
+
+Una vez en la calle, la hermosa tirana ofreció su coche a Nati y Rafael,
+y se metió sin vacilar en el del duque, que la siguió taciturno pero
+sumiso. Los nervios de la antigua florista se desataron así que se vió a
+solas con su querido. Las palabras más soeces del repertorio de los
+cocheros de punto brotaron a sus labios temblorosos. Pateó, juró,
+rechinó los dientes, profirió mil estúpidas amenazas. Por último,
+cogiendo al banquero por la solapa de su gabán de pieles, le dijo
+atropellándose por la ira:
+
+--Por supuesto; esos dos puercos, el empleado y el inspector, quedarán a
+escape cesantes.
+
+--Veremos, veremos--respondió el duque, inquieto y confuso.
+
+--Ya está visto. Hasta que me traigas su cesantía no te presentes en mi
+casa, porque no te recibo.
+
+
+
+
+IX
+
+#Los amores de Raimundo.#
+
+
+La nueva aventura amorosa de Clementina se desenvolvía de un modo tan
+pueril como grato para ella. Después de aquella inoportuna vuelta de
+cabeza, que tanto la había avergonzado, se guardó bien, durante algunos
+días, de mirar hacia atrás, aunque el saludo que enviaba a Raimundo
+fuese cada vez más expresivo y afectuoso. El capricho (por no darle
+mejor nombre, pues no lo merecía) fué echando, no obstante, tanta raíz
+en su imaginación, que concluyó por volverse otra vez; al día siguiente
+también; al otro igual, encontrando siempre los gemelos del joven
+clavados sobre ella. Por fin, un día se volvió desde la esquina y le
+hizo un nuevo saludo con la mano.
+
+"Vamos, he perdido la vergüenza", murmuró después poniéndose colorada. Y
+tan verdad era, que desde entonces no pasó otra vez sin hacer lo mismo.
+
+Pero aquella situación, aunque graciosa y original, iba pareciéndole
+pesada. Su temperamento fogoso no le permitía gozar jamás con
+tranquilidad del presente, la impulsaba a buscar con afán un más allá, a
+precipitar los acontecimientos, aunque muchas veces, en lugar del placer
+apetecido, quedase envuelta en los escombros del alcázar que su fantasía
+había levantado. En esta ocasión, sin embargo, tenía mejores motivos que
+otras veces para desear salir de ella. Era tan falsa, que tocaba en los
+lindes de lo ridículo. A solas consigo misma solía confesárselo.
+
+"La verdad es que, bien mirado, yo le estoy haciendo el oso a ese
+muchacho. Parezco una dama de la isla de San Balandrán."
+
+Mas, aunque todos los días se proponía dar un corte a aquella aventura
+no saliendo más a pie, o cruzando por delante de la casa de Raimundo sin
+levantar la mirada o, a todo más, dirigiéndole un saludo frío, es lo
+cierto que no tenía fuerza de voluntad para llevar a cabo su propósito.
+Ni siquiera para dejar de enviar el consabido adiós desde la esquina.
+Una cosa la preocupaba sobremanera. Y es que el joven, viendo las
+claras señales que ella daba de arrepentimiento, las pruebas un tanto
+humillantes de su simpatía hacia él, no se apartase de la obediencia, no
+la siguiese jamás ni buscase ocasión de encontrarse con ella en el
+paseo. Esto, a la larga, iba irritando su amor propio. Parecía que aquel
+señor tomaba con demasiada afición el papel contrario. Pensando en esto,
+algunas veces llega a encolerizarse. Mas al cruzar de nuevo por delante
+de él le veía tan risueño, tan feliz, con tales deseos de saludarla, que
+el negro fantasma de la soberbia se desvanecía y entraban de nuevo en su
+pecho a torrentes la simpatía y el caprichoso deseo de amar y ser amada
+de aquel niño.
+
+¿En qué pararía todo aquello? En nada probablemente. Sin embargo, hacía
+lo posible por que siguiese adelante y cuajase; no cabía duda. Al ver
+paralizado su deseo por causas que no podía definir claramente, crecía y
+se transformaba poco a poco en áspero apetito. Una tarde en que el
+desencanto y la amargura habían invadido su pecho en que iba pensando
+seriamente, al caminar por la calle de Serrano, en abandonar por
+completo aquella ridícula aventura, al pasar por debajo del mirador
+después de haber saludado al joven, sintió caer sobre ella un puñado de
+flores deshechas. Levantó la vista y le envió una afectuosa sonrisa de
+reconocimiento. Aquella lluvia refrescó su alma, reanimó su desmayado
+capricho. Entonces se puso a buscar con afán un medio de acercarse
+nuevamente a Raimundo. Pensó en escribirle pidiéndole perdón de su
+visita y sus palabras severas; pero ya era tarde para ello. Después
+imaginó que acaso entre sus amigos, particularmente entre los
+periodistas, hubiese alguno que le conociera y por el cual le podía
+enviar un recado de atención. Lo desechó como peligroso. Hasta se le
+pasó por la cabeza hacerle seña para que bajase y darle una explicación
+de palabra; pero tampoco osó hacerlo. Era demasiado humillante.
+
+La casualidad vino en su ayuda resolviendo el asunto a su placer, cuando
+menos lo pensaba. Una noche se encontraron en el teatro de la Comedia.
+Raimundo, que transcurrido el año de luto solía ir de vez en cuando,
+estaba con su hermana en las butacas. Ella ocupaba un palco bajo frente
+a ellos. Se saludaron cariñosamente, y durante largo rato hubo entre el
+joven y la hermosa dama un tiroteo de miradas y sonrisas que llamó
+extremadamente la atención de Aurelia.
+
+--¿Pero, qué es esto? ¿Has vuelto a hablar con esa señora?
+
+--No.
+
+--Entonces, ¿qué significa tanta sonrisa? Parecéis amigos íntimos.
+
+--No sé--replicó el joven algo confuso--. Se manifiesta muy afectuosa
+conmigo. Quizá suponga que me ha ofendido cuando fué a casa y quiera
+desagraviarme.
+
+En el primer entreacto Aurelia recibió un hermoso ramo de camelias que
+le trajo una florista.
+
+--De parte de aquella señora que está en el palco número once.
+
+La niña alzó los ojos y vió a Clementina que la miraba risueña. Los dos
+hermanos dieron las gracias con fuertes cabezadas. Aurelia se puso muy
+colorada.
+
+--¿No te parece--le dijo su hermano--que debo subir a dar las gracias a
+esa señora?
+
+Era natural. Raimundo, cuando bajó el telón por segunda vez, la dejó por
+unos instantes sola y subió al palco de la dama. Una sonrisa feliz
+iluminó el semblante de ésta al ver al joven en la puerta. Le recibió
+como a un antiguo amigo; le mandó sentarse a su lado; entabló con él
+plática reservada, dejando en completo abandono a su obligada compañera
+Pascuala. Por fortuna para ésta no tardó en llegar Bonifacio, que no
+tomaba jamás butaca cuando sabía que la familia de Osorio tenía palco en
+algún teatro.
+
+--Veo con satisfacción que no me guarda usted rencor--le dijo en voz
+baja dirigiéndole una larga mirada insinuante--. Hace usted bien. Eso
+prueba que tiene usted corazón y talento. Le confieso con toda
+ingenuidad que me equivoqué de medio a medio en la apreciación de su
+conducta y su persona. Es tan cierto esto que cuando salí de su casa de
+buena gana me hubiera vuelto a pedirle a usted perdón.... Si no de
+palabra, con los ojos y el gesto debió usted comprender que se lo he
+pedido después muchas veces....
+
+Todavía le dió otros tres o cuatro pases superiores, de verdadero
+maestro, con los cuales arregló la cabeza al pobre Raimundo, esto es, le
+dejó inmóvil, confuso, fascinado, como ella le quería, en suma. Al mismo
+tiempo explicó con habilidad aquellas manifestaciones de simpatía un
+poco extrañas cuyo recuerdo la avergonzaba.
+
+Sin dejarle tiempo a reponerse le preguntó con interés por su hermanita,
+por su vida, por sus mariposas. Raimundo contestaba a sus preguntas con
+sobrado laconismo, no por frialdad, sino por su falta de mundo. Pero
+ella no se desconcertaba. Seguía cada vez más cariñosa envolviéndole en
+una red de palabritas lisonjeras y de miradas tiernas. Cuando más
+embebida y aun puede decirse entusiasmada se hallaba reconquistado a su
+juvenil adorador, he aquí que aparece en el pasillo de las butacas Pepe
+Castro, correctamente vestido de frac, las puntas del bigote engomadas,
+finas como agujas, los bucles del cabello pegados coquetamente a las
+sienes, el aire suelto, varonil, displicente. Derramó primero su mirada
+fascinadora, olímpica, por las butacas, dejando temblorosas y subyugadas
+a todas las niñas casaderas que por allí andaban esparcidas: después,
+con arranque sereno como el vuelo de un águila, alzóla al palco número
+once. No pudo reprimir un movimiento de sorpresa. ¿Con quién hablaba
+Clementina tan íntimamente? No conocía a aquel joven. Le dirigió sus
+diminutos gemelos. Nada, no le había visto en su vida. Clementina, que
+advirtió la sorpresa de su amante, después de responder al saludo
+redobló su amabilidad con Raimundo, volviéndose enteramente hacia él,
+acercando el rostro para hablarle, haciendo mil monerías destinadas a
+llamar la atención del noble salvaje y a preocuparle. Sentía un goce
+maligno en ello. Castro había llegado a serle indiferente. Dirigió éste
+por largo rato los gemelos a Raimundo de un modo impertinente y hasta
+provocativo. Nuestro joven le pagó con algunas inocentes miradas de
+curiosidad, porque no tenía el honor de conocer al terror de los
+maridos.
+
+Comprendiendo que su hermana estaría impaciente, aunque desde el palco
+no la perdía de vista, se alzó de la silla para despedirse.
+
+--Seremos amigos ¿verdad?--le dijo la hermosa dama reteniéndole por la
+mano--. Muchos recuerdos a su hermanita. Necesito darle una satisfacción
+de aquella brusca y extraña visita, y se la daré. Dígale usted que uno
+de estos días la voy a sorprender en medio de sus faenas caseras.... Me
+interesan ustedes muchísimo, dos hermanitos tan jóvenes viviendo
+solos.... Adiós, Alcázar: lo dicho.
+
+Cuando bajó del palco un poco aturdido y se sentó de nuevo al lado de
+Aurelia, le dijo ésta:
+
+--¡Qué hermosa es esa señora!... Pero yo sigo creyendo que no se parece
+a mamá.
+
+Raimundo, que no se acordaba en aquel momento de tal parecido, sintió un
+leve estremecimiento y balbució:
+
+--Pues yo le encuentro un cierto aire....
+
+Ahora ya no era más que aire. El joven comenzaba a sentir
+remordimientos. La impresión que Clementina le causaba no era la misma
+de respetuosa devoción que antes de haber trabado de tan singular manera
+conocimiento con ella.
+
+Pepe Castro, así que le vió en las butacas, comenzó a mirarle con fijeza
+tratando sin duda de analizarle. Como quiera que aquel muchacho rubio no
+pertenecía a la elevada sociedad que él frecuentaba, pasósele por la
+imaginación (porque tenía imaginación y todo), que bien pudiera ser el
+mismo perseguidor de quien tanto se había quejado en otro tiempo
+Clementina. Como es natural, esta sospecha no le excitó a mirarle con
+más simpatía. Raimundo estaba tan atento a contemplar el palco de la
+señora de Osorio, que no reparó en la provocativa insistencia del
+tenorio. Este, cansado al fin, subió a saludar a su querida. Sentóse a
+su lado, en la misma posición que un momento antes había estado
+Raimundo, quien al verle de esta suerte sintió un extraño malestar,
+cierta vaga tristeza que no trató de definir. Sin embargo, observó que
+la dama estaba muy risueña y el gallardo caballero muy serio, y que a
+ella no le faltaba tiempo para echar frecuentes miradas a las butacas,
+lo cual ponía al otro cada vez más enfurruñado y sombrío.
+
+--¿Has reparado cómo te mira esa señora?--preguntó Aurelia a su
+hermano--. Parece como si le gustases.
+
+--¡Qué tontería! exclamó él ruborizándose--. ¡Vaya un buen mozo que soy
+yo! Si fuese el caballero que ahora tiene al lado....
+
+Aurelia protestó riendo. No; su hermano era más guapo que aquel soldado
+de cromo con rosetas en las mejillas como las bailarinas.
+
+Cuando terminó la representación, Raimundo pudo ver, no sin cierto
+sentimiento de celos, a Clementina aguardando en el vestíbulo su landó
+en compañía del mismo caballero. Saludóle aquélla con tanto afecto, que
+Castro, cada vez más inquieto, volvió a dirigirle una larga e intensa
+mirada de análisis.
+
+Por espacio de algunos días el joven entomólogo esperó con zozobra que
+Clementina se detuviese a la puerta de su casa y subiera a cumplir la
+promesa. Sus esperanzas quedaron defraudadas. La dama cruzaba como
+siempre con su pasito vivo y menudo, le saludaba cariñosamente primero,
+y desde la esquina volvía a hacerle el consabido adiós con la mano. Cada
+vez que salvaba la puerta, el corazón de Raimundo se encogía, se ponía
+de mal humor. "Vaya, se le ha olvidado, decía para sí: no volveré a
+hablar más con ella, como la casualidad no nos vuelva a juntar en algún
+sitio". Empezó a ayudar a la casualidad asistiendo con más frecuencia al
+teatro de la Comedia, pero no logró verla. Al teatro Real, donde
+seguramente estaba, no se atrevía a ir por el temor de que pensase que
+aún duraba la persecución. Por qué se le había metido en la cabeza que
+había de subir a su casa precisamente a aquella hora y no a otra, no lo
+podemos explicar. Lo que sí afirmaremos es que fueron inmensos su
+asombro y turbación cuando una mañana Clementina se dejó entrar por la
+casa. Preguntó desde luego por la señorita. Aurelia la recibió en la
+sala y pasó inmediatamente recado a su hermano. Cuando éste se presentó,
+la dama se hallaba instalada en el sofá charlando con el desembarazo de
+una amiga que el día anterior les hubiese visitado.
+
+--Conste que esta visita no es para usted--le dijo sonriendo y
+tendiéndole su mano enguantada.
+
+--No me atrevería yo a imaginarlo, señora--replicó él apretándosela
+tímidamente.
+
+--¡Por si acaso! No le creo a usted fatuo, pero las mujeres debemos
+siempre vivir prevenidas.
+
+En la soltura y en el tono jocoso que adoptaba se podía advertir cierta
+afectación. Su voz estaba ligeramente alterada. Alrededor de los ojos
+había esa palidez que denuncia siempre la emoción que embarga el
+espíritu. La visita fué corta, pero en ella tuvo tiempo para lisonjear a
+la niña con muchas palabras delicadas, con efusivos ofrecimientos. La
+hizo prometer que iría a verla algún día. Si no le gustaba la sociedad,
+que fuese por la tarde y charlarían un rato solitas. Le enseñaría su
+casa y algunas labores. La orfandad y la juventud de Aurelia la
+impresionaban. Ya que ella tenía la dicha de parecerse a su madre un
+poco, como afirmaba Raimundo, se creía con cierto derecho a su afecto.
+
+--Nada; cuando usted se aburra aquí sola, se viene usted a mi casa que
+está cerquita, y nos aburriremos juntas, que siempre es más llevadero.
+
+La pobre Aurelia, confundida por aquella amabilidad y charla
+mundanales, no hacía más que sonreír. Cuando se levantó para
+despedirse, dijo:
+
+--Queda usted encargado, Alcázar, de recordar a Aurelia su palabra. En
+cuanto a usted puede hacer lo que guste. Con los sabios no me atrevo a
+insistir porque se les molesta cuando menos se piensa....
+
+Habiendo recobrado por completo su aplomo les hablaba en un tono amable,
+protector, un poco maternal. Todavía en la escalera les entretuvo unos
+momentos con su conversación desenvuelta e insinuante a la vez y les
+reiteró con gracia todos sus ofrecimientos. No consintió que Raimundo la
+acompañase. Se fué sola dejando una estela perfumada que éste aspiró con
+más placer que su hermana. Porque Aurelia luego que cerraron la puerta
+guardó silencio. A las frases de elogio que Raimundo tributó
+calurosamente a la dama, asintió en un tono lacónico que le apagó los
+fuegos.
+
+Hay que confesarlo. La impresión primera de adoración filial que
+Clementina inspiró al joven entomólogo se había ido desvaneciendo poco a
+poco o, por mejor decir, confundiendo con otra inclinación menos santa,
+aunque guardando algo de ella. Como en todos los hombres alejados del
+trato de mujeres, dedicados exclusivamente al estudio, la visión del
+sexo y el reconocimiento de la ley divina del amor fueron vivos e
+intensos. Al día siguiente de la visita de Clementina ya quería que
+Aurelia se la pagase, manifestando por supuesto tal deseo tímidamente y
+con palabras embozadas. Pero su hermana le demostró la conveniencia de
+aguardar algún tiempo y él se resignó. Al fin se realizó la visita.
+Aurelia pasó una tarde en el _boudoir_ de la señora de Osorio. Raimundo,
+después de muchas vacilaciones, no se atrevió a ir con ella.
+
+A los tres o cuatro días se presentó de nuevo Clementina en casa de los
+jóvenes a convidarles para ir por la noche al Real. Fué un verdadero
+apuro para ellos. Raimundo no tenía frac, Aurelia no poseía tampoco un
+guardarropa muy provisto. Sin embargo, fueron. Un pariente prestó al
+joven su frac: Aurelia se puso los mejores trapitos del armario. Al día
+siguiente Raimundo se encargó un traje de etiqueta en la mejor sastrería
+de Madrid. No sólo hizo esto, sino que también, sin dar parte a su
+hermana, fué a la contaduría del teatro Real y tomó un abono de butaca
+cerca de la platea de Osorio, en el mismo turno.
+
+La intimidad creció pronto entre ellos, gracias a los esfuerzos de
+Raimundo. Porque su hermana, aunque elogiaba también la amabilidad de su
+nueva amiga, oponía una resistencia sorda y pasiva a frecuentar su
+trato. Por más que hacía no lograba borrar de su espíritu la manera
+extraña de comenzar aquella amistad, ni se le podía ocultar el fondo de
+falsedad que en ella existía. Conociéndolo Raimundo procuraba con afán
+desvanecer sus aprensiones, unas veces directa, otras indirectamente.
+Era Aurelia una muchacha más bien fea que linda, como ya hemos dicho, de
+buen sentido y de honrado corazón. La adoración que sentía por
+Raimundo, inculcada por su difunta madre, no le impedía conocer las
+partes flacas de su carácter, débil, impresionable con exceso y pueril.
+Realmente en este aspecto ella representaba el elemento masculino y él
+el femenino dentro de la casa. Lloraba él con extremada facilidad; ella
+difícilmente. Sentía él extrañas aprensiones, desfallecimientos, a veces
+verdaderas alucinaciones; ella tenía el sistema nervioso perfectamente
+equilibrado. Era sana y maciza; él, enfermizo y lacio. En los meses que
+siguieron a la muerte de la madre, Raimundo, sacando fuerzas de flaqueza
+con la idea de proteger a su hermana, se había mostrado más resuelto y
+varonil. Andando el tiempo el temperamento recobró sus derechos, cayó de
+nuevo en sus manías pueriles, en su impresionabilidad femenil, al paso
+que ella se crecía descubriendo un temperamento firme, equilibrado y
+recto.
+
+No le costó mucho trabajo a Clementina someter, fascinar enteramente al
+joven naturalista. Unas veces yendo los chicos a su hotel, otras yendo
+ella a casa de los chicos o llevándolos consigo al teatro o al paseo, se
+veían la mayor parte de los días. Pepe Castro, la primera noche que
+encontró a Raimundo en el salón de Osorio comprendió perfectamente lo
+que pasaba, y se llenó de despecho.
+
+--A esta grandísima ... le da ahora por los bebés--murmuró rechinando
+los dientes--. Todas las perdidas concluyen por estas extravagancias.
+
+Pensó en dirigirse al joven y provocarle. No tardó en persuadirse de que
+este paso sería para él desastroso. ¿Qué iba ganando en ello?
+Absolutamente nada porque Clementina le detestaría. El escándalo pondría
+de manifiesto su derrota, tanto más vergonzosa cuanto que el vencedor
+era un chicuelo absolutamente desconocido. Determinóse, pues,
+prudentemente a no dar su brazo a torcer ante el mundo y a alejarse de
+su querida temporalmente, dejándola que satisficiese su capricho. Quizá
+más adelante, cansada de triscar con aquel corderillo, volvería la oveja
+al redil.
+
+Raimundo no era tan niño como Castro le suponía, pues contaba veintitrés
+años cumplidos: pero tenía una figura infantil y delicada que no le
+dejaba aparentar más de diez y ocho. Su salud era vacilante y
+quebradiza. Padecía frecuentes ataques, sobre todo desde la muerte de su
+madre, en que perdía unas veces la vista, otras el habla, con otra
+variedad de fenómenos extraños que por fortuna duraban poco tiempo.
+Además se veía acometido de profundas melancolías, crisis violentas que
+terminaban por un llanto copioso y prolongado corno en las mujeres
+histéricas. La vista de las arañas le producía espasmos; el bisturí de
+un médico le estremecía. La aprensión de volverse loco le hacía padecer
+horriblemente algunas veces: otras era el temor de suicidarse contra su
+propia voluntad. Jamás tenía armas al alcance de la mano, y por el miedo
+de arrojarse desde el balcón llegó a cerrar de noche el de su cuarto con
+candado, entregando la llave a su hermana, única testigo y confidente de
+estos desvaríos. Su temperamento y la educación afeminada que había
+tenido eran la causa de ellos. Guardábalos, sin embargo, con cuidado
+como todos los que los padecen, que son más de los que se piensa:
+procuraba con grandes esfuerzos refrenarse comprendiendo el ridículo que
+cae sobre los hombres así constituidos.
+
+Cualquiera se representará bien lo que pasaría por este muchacho cuando
+una mujer tan hermosa, tan coqueta y tan experimentada como Clementina
+se resolvió a hacer su conquista. Primero su extremada timidez le
+impidió darse cuenta de la conducta de la dama. Pensaba que aquellos
+saludos afectuosos, aquellas sonrisas no eran más que la expresión de
+una súbita simpatía que su orfandad había excitado en ella. Todavía,
+cuando trabó amistad con ellos y se multiplicaron las señales de su
+inclinación, y su hermana le dió la voz de alerta, no pudo imaginarse
+que pudiera existir entre ambos otra cosa que una amistad más o menos
+estrecha protectora y maternal por parte de ella, rendida y fervorosa
+por la de él. Sin embargo, el elixir de amor que gota a gota iba dejando
+caer Clementina en sus labios, llegó al fin al corazón. Cuando menos lo
+pensaba se encontró enamorado, loco. Pero al tiempo que hizo este
+descubrimiento le acometió una vergüenza inmensa; pensó que jamás
+tendría el valor de declarárselo. Por un lado la conducta de su ídolo
+con él, los constantes testimonios de simpatía que le prodigaba, se
+prestaban a forjarse ilusiones. Pero le parecía tan extraño e
+inverosímil que un hombre tímido, inexperto, desprovisto de atractivos
+mundanos pudiese obtener los favores de señora tan rica y tan hermosa,
+que al instante las abandonaba o se mecía en ellas dulcemente a
+sabiendas de que eran pura quimera. Además, no podía librarse de los
+agudos remordimientos que de vez en cuando le asaltaban. Aquella señora
+se parecía a su madre, no cabía duda. Por esto sólo se había fijado en
+ella, y había sido su perseguidor callejero algún tiempo. ¿No era una
+verdadera profanación, una cosa abominable que la imagen de su madre le
+inspirase deseos carnales?
+
+Pues a despecho de estos remordimientos, de su invencible timidez y de
+los clamores de la razón, Raimundo se sentía cada día más subyugado por
+aquella mujer. Verdad que Clementina puso en juego todas las armas de
+que disponía, que no eran pocas ni mohosas todavía. A medida que
+aumentaba la timidez de su juvenil adorador crecía en ella la osadía y
+el aplomo. En el amor esto pasa casi siempre; pero aquí, por las
+circunstancias especiales de ambos, adquiría mayor relieve. La timidez
+en él llegó a ser una enfermedad, una cosa extraña, de cuya ridiculez se
+daba perfecta cuenta sin que por medio alguno pudiese vencerla. Al
+contrario, cuantos más esfuerzos hacía para adquirir aplomo y
+desembarazo delante de ella, mejor se mostraba la emoción que le
+embargaba. Al principio la hablaba con cierta serenidad, se autorizaba
+alguna bromita o frase ingeniosa; después esta serenidad se fué
+perdiendo, las bromas cesaron. No se podía acercar a ella sin turbarse,
+no podía darle la mano sin un leve temblor. Si la dama le miraba
+fijamente, sus mejillas se encendían.
+
+Clementina no podía menos de sonreír ante esta inocente alborada de
+amor. Gozaba con ella llena de curiosidad, alegre de sentirse aún
+bastante hermosa para inspirar a un niño tan rendida pasión. Unas veces
+se entretenía malignamente en atortolarle, en ponerle colorado,
+mostrándose viva y desenvuelta como una chula: otras se placa en
+seguirle el humor apareciendo melancólica, dirigiéndole miradas tímidas
+como una colegiala: otras, en fin, le trataba con tierna familiaridad,
+enterándose de su vida, de sus actos y sus pensamientos, como una madre
+o una hermana cariñosas. Entonces era cuando Raimundo recobraba un poco
+de libertad y osaba mirar a la diosa cara a cara. Clementina le
+embromaba a menudo por sus aficiones científicas, entraba en su despacho
+y dejaba esparcidos por la mesa o por el suelo los cartones de las
+mariposas. Esto, que si otra persona lo ejecutase produciría en la casa
+una catástrofe, hacía reir al joven naturalista.
+
+Comenzaba a susurrarse entre los íntimos de la dama algo sobre estos sus
+nuevos y extravagantes amores, adelantándolos, por supuesto, mucho más
+de lo que en realidad estaban. Una noche de comida y tresillo, decía
+Pepa Frías a tres o cuatro elegantes salvajes que estaban en torno suyo
+discutiendo el asunto:
+
+--Desengáñense ustedes. Clementina concluye enamorándose de un perro de
+Terranova o de un periodista.
+
+Cuando entraba Raimundo en el salón con su cabeza de querubín rubia y
+melancólica, con su aspecto humilde y embarazado, todas las miradas se
+posaban sobre él con curiosidad. Había sonrisas, murmullos, frases
+ingeniosas y estúpidas. Se le discutía. En general, entre los hombres
+sobre todo, juzgábase ridícula la conducta de la esposa de Osorio: pero
+algunas damas miraban con simpatía al mancebo, encontraban muy agradable
+su aire candoroso, y comprendían el capricho de Clementina. Hubo entre
+ellas quien procuró seducirlo.
+
+Era ya nuestro joven considerado como amante oficial de Clementina,
+cuando aún no la había rozado con los labios la punta de los dedos ni
+soñaba con ello. Sin embargo, el amor iba haciendo tales progresos en su
+pecho que temía caer el día menos pensado de rodillas ante ella como los
+galanes de comedia. Sufría horriblemente a la menor señal de desdén, y
+gozaba como un ángel cuando la dama le expresaba de cualquier modo su
+afecto. Clementina no tenía prisa en hacerle amante afortunado, aunque
+estaba decidida a ello. Le gustaba prolongar aquella situación,
+observando con secreto placer la marcha de la pasión y los fenómenos que
+ofrecía en el joven. Hastiada de los devaneos cortesanos, encontraba
+vivo atractivo en ser adorada de aquel modo frenético y mudo, en
+desempeñar el papel de diosa. Una mirada suya hacía empalidecer o
+enrojecer a aquel niño; una palabra le alegraba o le entristecía hasta
+la desesperación.
+
+Raimundo iba al Real todas las noches que le tocaba el turno a
+Clementina. Subía al palco a saludarla, y muchas veces, por exigencia de
+ella, se quedaba allí uno o dos actos. En estas ocasiones solía la dama
+retirarse al antepalco y charlar con él íntimamente a la sombra discreta
+de las cortinas. Cuando se cansaba, o en la escena se cantaba una pieza
+de empeño, guardaba silencio, volvía la espalda al joven y escuchaba un
+rato. Raimundo, guardando en los oídos el eco de su voz y en su corazón
+el fuego de sus miradas, quedaba también silencioso, más atento, en
+verdad, a la música que sonaba dentro de su alma, que a la que venía del
+escenario. Seguro de no ser observado, contemplaba con religiosa
+atención la alabastrina espalda de su ídolo, los finísimos y dorados
+tolanos de su cuello, acercaba la cabeza con pretexto de mejor escuchar
+y aspiraba el perfume que se desprendía de ella, cerrando los ojos y
+embriagándose durante unos instantes. Una noche, tanto pegó el rostro a
+la cabeza de la dama, que ¡oh prodigio! se arrojó a rozar con los labios
+sus cabellos peinados hacia abajo en trenza doblada. Después que lo hizo
+se asustó terriblemente y escrutó con anhelo si Clementina lo había
+sentido. La dama continuó impasible, extática, escuchando la música. Sin
+embargo, por sus claros y hermosos ojos resbalaba una leve sonrisa que
+el joven no pudo advertir. Alentado con este éxito, siempre que ella
+traía el cabello peinado de tal forma, con mucho disimulo y después de
+largos preparativos y vacilaciones osaba posar los labios sobre él.
+Aquella sensación era tan viva, tan deliciosa, que la guardaba muchos
+días en la boca y le hacía feliz. Pero una noche, o porque la dama
+estuviese de mal humor, o porque se gozase en mortificarle un poco, le
+trató con bastante despego mientras estuvo en el palco, le dejó
+abandonado a Pascuala mientras ella charlaba placenteramente con uno de
+sus jóvenes y aristocráticos amigos. El pobre Raimundo se abatió con
+este desprecio de un modo horrible. Ni siquiera tuvo fuerzas para
+despedirse. Estaba pálido, demudado. Una arruga dolorosa surcaba su
+frente. Clementina le echaba de vez en cuando miradas furtivas. Cuando
+el joven aristócrata se levantó para irse, también quiso hacer lo mismo.
+La dama le retuvo por la mano.
+
+--No: quédese un momento, Alcázar. Tenemos que hablar.
+
+Y se retiró como otras veces al antepalco y comenzó a charlar con la
+amabilidad y franqueza de siempre.
+
+El joven cobró aliento. Pero cuando ella le volvió la espalda para
+escuchar la ópera, estaba tan alterado aún y confuso que no se atrevió a
+besar el cabello, aunque el peinado era bajo y la ocasión más propicia
+que nunca.
+
+Al cabo de un rato, Clementina se volvió de pronto y le dijo en voz
+baja:
+
+--¿Por qué no besa usted hoy el pelo como otras noches?
+
+La emoción fué inmensa, abrumadora. La sangre se le agolpó toda al
+corazón y quedó blanco como un cadáver. Después le subió al rostro y se
+puso como una amapola.
+
+--¡Yo!... ¡El pelo!--balbució miserablemente.
+
+Y tuvo que agarrarse con fuerza a la silla para no caer.
+
+--¡No se asuste usted, hombre!--exclamó ella posando cariñosamente su
+mano sobre la de él--. Cuando yo lo he consentido es prueba de que no me
+desagradaba.
+
+Pero viendo que la miraba con ojos extraviados, como si no comprendiese,
+añadió con desenfado y riendo:
+
+--¿Acaso se figura que yo no sé que me quiere un poquito?
+
+--¡Oh!--dijo el joven con un grito comprimido.
+
+--Sí; lo sé hace tiempo--continuó bajando más la voz y acercando la boca
+a su oído--. Pero usted puede que no sepa una cosa, y es que yo también
+le quiero a usted....
+
+Y echando una rápida mirada hacia fuera para cerciorarse de que no los
+observaban, se apoderó de sus manos, y le dijo caldeándole con su
+aliento las mejillas:
+
+--Sí; te quiero, te quiero más de lo que te puedes imaginar. Ven mañana
+a las tres a casa.
+
+Clementina no contaba con la femenil impresionabilidad de su adorador.
+La violenta emoción que acababa de experimentar unida a la dicha que
+estas palabras evocaron en su pecho le trastornaron de tal modo, que se
+echó a llorar como un niño. Entonces ella le empujó hacia un rincón y se
+alzó vivamente, tapando con su gallarda figura el espacio que la cortina
+dejaba descubierto. Su rostro hechicero resplandecía de felicidad. Si un
+pintor tuviese la fortuna de sorprender aquel momento y el don de
+fijarlo en el lienzo, podría representar, como nadie hasta hoy, a Dánae
+recibiendo en su prisión la conocida lluvia de oro.
+
+Fueron unos amores tiernos y poéticos, cándidos y voluptuosos a la par
+los de la hermosa dama y el joven naturalista. Para ella fué una
+resurrección de las impresiones dulces de la adolescencia maduradas de
+pronto, transformadas en felices realidades. Hasta entonces los devaneos
+que había tenido se parecían unos a otros tanto, que ya desde el
+comienzo llevaban dentro un germen de aburrimiento. Siempre le quedaba
+en el fondo del corazón un sentimiento de despecho contra aquellas
+relaciones que no le traían ninguna viva emoción, ni siquiera nuevos
+placeres. La de ahora ofrecía una originalidad que la encantaba. Su
+amante era un niño a quien casi doblaba la edad. Había comenzado a
+adorarla por el parecido que la hallaba con su madre. Aquel respeto y
+amor filiales se transformaron con un soplo en pasión y deseo. Todo esto
+era gracioso, original; tenía un fondo estético que en ninguno de sus
+amores anteriores había encontrado. Además, no pertenecía a la raza de
+los lechuguinos y petimetres con quienes tropezaba a todas horas en los
+sitios que frecuentaba, seres cortados por un patrón, sin espontaneidad
+alguna, con los mismos vicios, las mismas vanidades y hasta los mismos
+chistes. Raimundo se apartaba de ellos, no sólo por su posición modesta
+y retirada, no sólo por su ilustración y talento, sino también,
+particularmente, por su carácter. ¡Qué alma tan adorable la de aquel
+chico! ¡Qué inocencia, qué sensibilidad, qué delicadeza y qué fuerza
+para amar al mismo tiempo! Acostumbrada a la monotonía de los Pepes
+Castro, cada nueva fase psicológica, cada sacudimiento de entusiasmo,
+cada desmayo o alegría o pena que sucesivamente advertía en su enamorado
+doncel le producían una grata sorpresa. Escrutaba su espíritu, se metía
+dentro de él con afanosa curiosidad y a la vez con apasionado cariño. Le
+confesaba, le hacía narrar y describir cien veces sus sentimientos, sus
+recuerdos, sus propósitos y sus esperanzas. A veces le acometían dudas
+sobre aquel extraño amor.
+
+--¿Pero de veras estás enamorado? ¿No consideras que soy una vieja?...
+¿que puedo ser tu madre?
+
+Raimundo respondía siempre con alguna caricia apasionada, con una húmeda
+mirada donde se leía el infinito de su pasión.
+
+Desde el primer día, Clementina le había tuteado a solas, acostumbrada a
+aquellas transiciones y conciertos secretos de mujer galante, que ahora
+favorecía la diferencia de edad. Raimundo no podía acostumbrarse a darla
+el tú. Hacía esfuerzos por conseguirlo; pero a lo mejor volvía al usted
+y seguía la plática tratándola de este modo, hasta que la dama se
+irritaba y le reprendía ásperamente. "No; por más que lo negase, él la
+consideraba como una vieja. En todo se estaba echando de ver. Si
+continuaba de este modo perdería con él la confianza". Sin embargo,
+Clementina estaba equivocada en este punto. No tenía bastante
+penetración y delicadeza para comprender que el amor en Raimundo era,
+como en todos los seres verdaderamente sensibles, adoración extática más
+que deseo, esclavitud voluntaria, un enajenamiento de su propia vida
+para mejor vivir en la soberana de su corazón. Hay que hacerse cargo,
+además, de que hasta entonces no había experimentado jamás tal
+sentimiento. Alejado de la sociedad de las mujeres y sin echarlas de
+menos, quizá porque dentro de su casa tenía lo más grande y exquisito
+que ellas pueden dar, el cariño tierno, vigilante, la dulzura en la
+palabra, la abnegación en todos los momentos: dedicado en absoluto al
+estudio y a su magnífica colección de mariposas, el encuentro con
+Clementina fué para él la revelación de ese mundo encantado, poético,
+que a casi todos se aparece más temprano. Aquel primer suspiro de Venus
+al salir de la espuma del mar que repitió el Universo entero, sonó
+entonces en su alma y la estremeció dulcemente. Su alma, que estaba muda
+y triste como la Naturaleza antes que la diosa de la hermosura
+suspirase. Muy pocos hombres alcanzan una dicha parecida: poseer la
+primera mujer que se ama, llegar a tiempo para recoger el fruto sazonado
+del amor. Para Raimundo, esa inclinación tímida y anhelante del
+adolescente llena de zozobras y melancolías, se fundió con el amor de la
+edad viril, apetitoso y sensual. ¿Qué extraño, pues, que absorbiera toda
+la energía de su ser, toda su inteligencia y todos sus sentidos?
+
+Desde aquella noche memorable no volvió a pensar más que en Clementina.
+Para él, el Universo se redujo de pronto al tamaño y a la forma de una
+mujer. No sólo se creyó obligado a vivir y respirar para ella, sino
+también a pensar en todos los instantes del día y hasta a soñar con ella
+por la noche. En un principio la dama le recibía en su casa. Esto le
+pareció en seguida peligroso y feo, y alquilaron un cuarto en la calle
+del Caballero de Gracia, un entresuelo pequeñito que amueblaron con
+elegancia. La vida de Raimundo experimentó un cambio radical. De aquel
+retiro absoluto en que vivía, pasó súbito al bullicio del mundo
+aristocrático; teatros, bailes, comidas, carreras de caballos y partidas
+de caza. Clementina le arrastraba sujeto a su carro, le exhibía en todos
+los salones sin desdeñarse de él. Porque nuestro joven, de figura
+delicada y elegante, de carácter apacible y clara inteligencia, se hacía
+simpático dondequiera que entraba. A nadie le importaba gran cosa si era
+rico o pobre, noble o plebeyo.
+
+Aurelia le acompañaba algunas veces, pero siempre contra su gusto.
+Aunque no usaba contrariar la marcha adoptada por su hermano, era fácil
+de adivinar que la condenaba en el fuero interno, que se hallaba fuera
+de su centro en el hotel de Osorio. Se había hecho reflexiva y
+taciturna. Su mirada, cuando la posaba en Raimundo, era profunda y
+melancólica, como si temiese una catástrofe. Clementina la agasajaba
+cuanto podía; pero no lograba entrar en su corazón. Al través de las
+sonrisas de la niña, de su modestia y rubor, creía observar un
+sentimiento de hostilidad que a menudo la desconcertaba.
+
+La esposa de Osorio continuaba desplegando el mismo boato, esparciendo
+profusamente el dinero a despecho de la ruina inminente de su esposo,
+que tanto había alarmado a Pepa Frías. Esta ruina no había estallado
+como se pensaba. El banquero logró conjurarla hábilmente, haciendo
+entender a los que tenían valores en sus manos, que de nada les serviría
+arrojarse repentinamente sobre él, pues no salvarían ni un veinticinco
+por ciento del capital. En cambio, si aguardaban lo recuperarían entero
+y con su rédito. Su mujer iba a heredar una fortuna inmensa en breve
+plazo. Los acreedores entraron en razón; guardaron secreto acerca del
+estado de sus negocios: sólo exigieron que Clementina firmase, en unión
+con su marido, los pagarés renovados. Poco después, la suerte favoreció
+un poco en la Bolsa a Osorio y pudo aletear como antes, aunque bajo la
+mirada recelosa de los hombres de dinero, que le pronosticaban
+unánimemente la quiebra más tarde o más temprano. Su esposa, viéndose en
+salvo, no volvió a pensar en estos enojosos asuntos. Tan sólo cuando iba
+a casa de su padre y veía el rostro pálido y demudado de D.ª Carmen,
+sentía su corazón agitado por una extraña emoción que ella misma huía de
+definir, apresurándose a ahogarla con el ruido de los besos y las
+palabritas cariñosas.
+
+El amor de Raimundo le hizo gozar extremadamente. Veíase envuelta, como
+nunca lo había estado, en una ola de pasión devota y exaltada que la
+cariciaba dulcemente. El papel de diosa la seducía. Gustaba de mostrarse
+unas veces amable y tierna, otras terrible, haciendo pasar a su adorador
+por todas las pruebas posibles a fin de cerciorarse bien, decía ella, de
+que era suyo, enteramente suyo. La costumbre de tratar con hombres muy
+distintos, no obstante, la hizo incurrir en fatales equivocaciones que
+atormentaron mucho al joven. Un día, después de haberse hecho servir el
+almuerzo en su cuarto del Caballero de Gracia, le dijo sonriendo:
+
+--Voy a hacerte un regalo, Mundo (así le llamaba por más cariño).
+
+Se levantó a buscar su manguito y sacó de él una cartera muy linda.
+
+--¡Oh! Es muy bonita--dijo él tomándola y llevándola a los labios--. La
+traeré siempre conmigo.
+
+Pero al abrirla quedó consternado. Dentro había un montón de billetes de
+Banco.
+
+--Te has olvidado aquí el dinero--dijo alargándole otra vez la cartera.
+
+--No me he olvidado. Es para tí también.
+
+--¿Para mí?--exclamó él poniéndose pálido.
+
+--¿No lo quieres?--preguntó ella con timidez poniéndose encarnada.
+
+--No; no lo quiero--replicó él con firmeza.
+
+Clementina no se atrevió a insistir. Tomó de nuevo la cartera, sacó de
+ella los billetes y la volvió a entregar al joven. Hubo unos instantes
+de silencio embarazoso. Raimundo apoyó el codo sobre la mesa, puso la
+mejilla sobre la mano y quedó pensativo y serio. Ella le observaba con
+el rabillo del ojo entre colérica y curiosa. Al fin una sonrisa iluminó
+su rostro, levantóse de la silla, y cogiendo el del joven entre sus dos
+manos, le dijo en tono alegre:
+
+--Bien; este acto te enaltece; pero de mí podías tomar ese dinero sin
+desdoro. ¿No soy tu mamá?
+
+Raimundo se contentó con besar las manos que le aprisionaban. No se
+volvió a hablar de dinero entre ellos.
+
+Aquél conservaba en los modales y en las palabras, a pesar de sus
+veintitrés años, un sello infantil que a Clementina le placa sobremodo.
+La educación afeminada y solitaria que había tenido era la causa
+principal. Engañábasele con suma facilidad y divertíasele lo mismo. No
+tenía esos aburrimientos negros de los hombres gastados: no se le
+ocurría jamás una frase irónica, incisiva, de las que aun entre
+enamorados suelen usarse. Sus alegrías eran bulliciosas y pueriles hasta
+rayar en ridículas. Divertíase en correr por las habitaciones del
+pequeño entresuelo detrás de Clementina, o en esconderse de ella y
+asustarla. Otras veces la entretenía con juegos de prestidigitación, en
+que era un poco inteligente. O bien jugaban ambos a los naipes con
+extraordinaria atención o empeño, como si disputasen algo de provecho. O
+bien bailaban al son de algún piano mecánico que se paraba en las
+cercanías de la casa. Poníanse a comer confites y hacían apuestas a
+quien engullía más. En una ocasión quiso hacer sorbete de piña: se decía
+muy perito en la fabricación de helados. Le trajeron todos los enseres
+de un café vecino. Después de bregar con afán bastante tiempo, salió al
+fin una quisicosa fea y desabrida, lo cual le entristeció tanto, que
+Clementina, para alegrarle, tomó sin deseo alguno una gran copa del
+brebaje. Le gustaba imitar los gestos y las palabras de las personas que
+veía en casa de ella, y lo ejecutaba tan a la perfección que la dama
+reía con verdadera gana. A veces le suplicaba por favor que cesase, pues
+le hacía daño tanta risa. Raimundo poseía este don de observar los más
+insignificantes modales de las personas y reproducirlos después
+admirablemente. Se creía estar oyendo a la persona que imitaba. Pero
+sólo en el seno de la confianza le gustaba mostrar esta habilidad.
+
+Algunas veces, cuando estaba de humor, inventaba una recepción
+palaciega. Hacía sentar a Clementina en un trono que armaba rápidamente
+en medio de la sala. Los ministros, los altos personajes de la política
+desfilaban por delante de la reina y pronunciaba cada cual su discurso.
+Clementina, que a todos los conocía, gozaba en adivinarlos a las pocas
+palabras. Raimundo, que había asistido con frecuencia a las tribunas del
+Congreso, les había cogido bastante bien, a casi todos, el acento, la
+acción y los gestos. Particularmente imitando a Jiménez Arbós, a quien
+trataba por verle en casa de Osorio, estaba graciosísimo. Por supuesto,
+después de cada discurso se inclinaba reverentemente y besaba la mano de
+la soberana, volviendo a ponerse el tricornio de papel que se había
+hecho para el caso. Estas niñerías alegraban a la dama, dilataban su
+corazón, casi siempre encogido por la soberbia o el hastío. De aquellas
+largas entrevistas salía rejuvenecida, los ojos brillantes, el pie
+ligero, saludando con afecto a personas a quienes en otra ocasión
+hubiera dirigido una fría y desdeñosa cabezada.
+
+Luego Raimundo la llenaba de asombro, a lo mejor, con algún acto
+inconcebible de candor infantil. En una ocasión, habiendo entrado sin
+hacer ruido en el cuarto de la calle del Caballero de Gracia (los dos
+tenían llave), le sorprendió barriendo afanoso la sala. El muchacho
+quedó confuso al verla delante; se puso colorado hasta las orejas.
+Clementina, entre alegres carcajadas, le abrazó y le cubrió el rostro de
+besos, exclamando:
+
+--¡Chiquillo, eres delicioso!
+
+
+
+
+X
+
+#Un poco de derecho civil.#
+
+
+Era mañana de gran trajín en las oficinas de Salabert. Se hacían unos
+pagos de consideración. El duque había ido en persona a la caja a
+presenciarlos y ayudaba al cajero en la tarea de contar los billetes. A
+pesar de los años que llevaba manejando dinero, nunca le tocaba pagar
+una cantidad crecida que no le temblasen un poco las manos. Ahora estaba
+nervioso, atento, mordiendo crispadamente el cigarro y sin escupir.
+Tenía las fauces resecas. En varias ocasiones llamó la atención al
+empleado creyendo que pasaba dos billetes en vez de uno; pero se
+equivocó en todas. El cajero era diestrísimo en su oficio. Cuando
+terminaron, el duque se retiró a su despacho, donde le estaba esperando
+M. Fayolle, el famoso importador de caballos extranjeros, proveedor de
+toda la aristocracia madrileña.
+
+--_Bonjour, monsieur_--, dijo rudamente el duque dándole una palmada en
+la espalda--. ¿Viene usted a encajarme algún otro penco?
+
+--Oh, señor duque; los caballos que yo le he vendido no son pencos, no.
+Los mecores animales que nunca he tenido se los ha llevado usted--,
+respondió con acento extranjero, sonriendo de un modo servil M. Fayolle.
+
+--Los desechos de París es lo que usted me trae. Pero no crea usted que
+me engaña. Lo sé hace tiempo, _monsieur_; lo sé hace tiempo. Sólo que yo
+no puedo ver esa cara tan frescota y tan risueña sin rendirme.
+
+M. Fayolle sonrió abriendo la boca hasta las orejas, dejando ver unos
+dientes grandes y amarillos.
+
+--La cara es el especo del alma, señor duque. Puede tener confiansa en
+mi, que no le daré nada que no sea superior. ¿Es que _Polión_ ha salido
+malo?
+
+--Medianejo.
+
+--¡Vamos, tiene gana de bromear! El otro día le he visto por la calle
+de Alcalá enganchado al faetón. Bien de mundo se paraba a mirarlo.
+
+Hablaron un rato de los caballos que el duque le había comprado. Este
+ponía tachas a todos. Fayolle los defendía con entusiasmo de aficionado
+y de comerciante. En un momento de pausa dijo sacando el reloj:
+
+--No quiero molestarle más.... Venía a cobrar la cuentesita última.
+
+La faz del duque se oscureció. Luego dijo entre risueño y enfadado:
+
+--¡Pero, hombre; que no estén ustedes jamás contentos sino sacándole a
+uno el dinero!
+
+Y al mismo tiempo echó mano al bolsillo y sacó la cartera. M. Fayolle
+sonreía siempre, diciendo que lo sentía, porque el señor duque era un
+pobrecito y no le gustaba echar a nadie a pedir limosna, etc., etc. Una
+porción de bromitas que el banquero no parecía escuchar, atento a contar
+los billetes. Contó siete de quinientas pesetas y se los entregó,
+oprimiendo al mismo tiempo el timbre para que un dependiente extendiese
+el recibo. Fayolle también los contó y dijo:
+
+--Se ha equivocado, señor duque. El presio del caballo era cuatro mil
+pesetas. Aquí no hay más que tres mil quinientas.
+
+El duque no dió señales de oir. Con los párpados caídos, bufando y
+paseando el cigarro de un ángulo a otro de la boca, se mantuvo
+silencioso y guardó de nuevo la cartera después de haberla apretado con
+una goma.
+
+--Faltan quinientas pesetas, señor duque--, repitió Fayolle.
+
+--¿Cómo? ¿Faltan quinientas pesetas? No puede ser.... A ver; cuente
+usted otra vez.
+
+El comerciante contó.
+
+--Hay aquí tres mil quinientas....
+
+--¡Ya lo ve usted! No me había equivocado.
+
+--Es que el caballo cuesta cuatro mil: así lo hemos acustado.
+
+La cara del duque expresó admirablemente el asombro.
+
+--¿Cómo cuatro mil? No, hombre, no; el caballo cuesta tres mil
+quinientas. En esa inteligencia lo he comprado.
+
+--Señor duque, está usted equivocado--dijo Fayolle poniéndose serio--.
+Recuerde usted que habíamos quedado en las cuatro mil.
+
+--Recuerdo perfectamente. El que tiene mala memoria es usted.... A ver
+(dirigiéndose al dependiente que vino a extender el recibo), uno de
+vosotros que baje a la cochera y pregunte a Benigno en cuánto se ha
+ajustado el _Polión_.
+
+Al mismo tiempo, aprovechando el momento en que Fayolle miraba al
+empleado, le hizo un guiño expresivo.
+
+El cochero respondió por boca del dependiente que el caballo se había
+ajustado en tres mil quinientas pesetas.
+
+Entonces el comerciante se irritó. Estaba segurísimo de que habían
+quedado en las cuatro mil. En ese supuesto lo había entregado. De otro
+modo nunca hubiera dejado salir el caballo de la cuadra. El duque le
+dejó hablar cuanto quiso, lanzando sólo algún gruñido de duda, pero sin
+alterarse poco ni mucho. Sólo cuando Fayolle habló de quedarse otra vez
+con el caballo, le dijo con sorna:
+
+--Por lo visto, ha encontrado usted quien dé las cuatro mil y quiere
+deshacer el trato, ¿verdad?
+
+--Señor duque, juro a usted por lo más sagrado que no hay nada de
+eso.... Solamente que estoy seguro de que es como digo.
+
+Al banquero le acometió entonces oportunamente un recio golpe de tos. Se
+le pusieron los ojos encendidos, las mejillas carmesíes. Luego se limpió
+sosegadamente con el pañuelo la boca y las narices, y dijo con acento
+campechano:
+
+--Hombre, no sea usted tacaño. No se altere usted por esas miserables
+pesetas.
+
+Pero él no las soltó. El comerciante quiso llevarse el caballo. Tampoco
+pudo lograrlo. Hubo un momento de silencio. Fayolle estuvo a punto de
+echarlo todo a rodar y desvergonzarse; pero se reprimió considerando que
+nada adelantaría: menos con llevar el asunto a los tribunales. ¿Quién
+iba a pleitear por quinientas pesetas y más con un personaje como el
+duque de Requena? Resignado, pues, con las mejillas encendidas aún, se
+despidió no sin que el duque le llevase hasta la puerta muy cortésmente,
+dándole afectuosas palmaditas en la espalda.
+
+Cuando el prócer volvió a ocupar su sillón frente a la mesa, por debajo
+de sus párpados fatigados brillaba una sonrisa burlona de triunfo. Al
+cabo de unos minutos apretó el botón del timbre otra vez:
+
+--Vaya usted a ver si la señora duquesa está sola en su habitación o
+tiene visita--dijo al criado que se presentó al punto.
+
+Mientras desempeñaban la comisión permaneció inactivo, con el cuerpo
+echado hacia atrás y las manos cruzadas, en actitud reflexiva.
+
+--La señora duquesa está de visita con el padre Ortega--entró a decir el
+criado.
+
+Salabert hizo un gesto de impaciencia y volvió a quedar sumido en sus
+reflexiones. Estaba decidido a celebrar una conferencia con su esposa
+acerca de intereses. Esta jamás le había hablado nada de dinero. El no
+se creyó jamás en el caso de darle cuenta de sus especulaciones y
+negocios. D.ª Carmen tampoco entendería nada si se la diese. Creíase
+dueño absoluto de su fortuna sin que se le pasase por la imaginación los
+derechos que sobre ella tenía su mujer. Pero últimamente un amigo le
+abrió los ojos. Hablando de la enfermedad que aquejaba a la duquesa, le
+preguntó con naturalidad si tenía otorgado testamento. Este amigo, que
+era abogado, daba por resuelto que la mitad de la hacienda pertenecía a
+D.ª Carmen. Salabert quedó hondamente preocupado. Viendo a su esposa
+descaecer le entró miedo. A su muerte los parientes le exigirían la
+mitad de lo que él había adquirido, meterían la nariz en sus asuntos,
+hasta en los más íntimos.... ¡Un horror! Consultó con su abogado. El
+medio más sencillo de desvanecer aquellos temores y dejar en la
+impotencia a los parientes de su esposa, era que ésta hiciese testamento
+a su favor. El duque lo encontró naturalísimo. En la conferencia que iba
+a tener con ella, se lo propondría del modo más diplomático que le fuera
+posible, a fin de no alarmarla respecto a su enfermedad.
+
+Aguardó, pues, entretenido en revisar papeles hasta que creyó llegado el
+momento de enviar nuevamente el criado a saber si el padre Ortega había
+despejado. Mas cuando iba a hacerlo entraron a avisarle que estaban allí
+unos cuantos señores, entre ellos Calderón, que deseaban verle. El
+banquero frunció el entrecejo.
+
+--¿Habéis dicho que estaba en casa?
+
+--Como el señor duque no se niega nunca por la mañana....
+
+--¡F....! ¡malditos seáis!--murmuró con horrible expresión de disgusto.
+Pero alzando la voz en seguida y adoptando las maneras campechanotas y
+bruscas que le eran peculiares, gritó:
+
+--Que pasen, que pasen esos señores.
+
+Se presentaron Calderón, Urreta y otros dos banqueros no menos
+importantes y conocidos en Madrid. La expresión de todos ellos era seria
+y hasta hosca. Salabert, sin reparar en ello, empezó a repartir abrazos
+y palmaditas en la espalda, haciendo un ruido formidable con sus voces y
+risotadas.
+
+--¡Buen negocio! Buen negocio secuestrar ahora a los cuatro y exigir un
+millón de pesos por cada uno.... ¡Oh! ¡oh! Se me han colado en el
+despacho los cuatro peces más gordos que tiene Madrid ... ¡cuatro
+tiburones!... ¿Cómo va de ese reuma, Urreta? Me parece que usted también
+necesita una buena carena como yo.... Y tú, Manuel, ¿cuándo piensas
+reventar?... Ya ves que a tu sobrino le corre mucha prisa.
+
+Los banqueros se mostraron corteses y reservados, procurando cortar con
+su actitud grave aquel flujo de chanzonetas. El caso no era para menos.
+Hacía cosa de un año que Salabert les había vendido la propiedad del
+ferrocarril de B*** a S***, ya en explotación y con todo su material.
+Aunque no se determinó en la escritura, convínose entre ellos que cuando
+saliese a subasta el ferrocarril desde S*** a V***, como quiera que
+estaba enlazado con el otro, material y económicamente, Salabert no
+presentaría pliego de licitación, dejándoles el negocio a ellos. Pues
+bien; acababan de saber que el duque, faltando a su palabra, se lo
+trataba de birlar decaradamente: había presentado el correspondiente
+pliego en la subasta. El primero que habló fué Calderón.
+
+--Antonio, venimos a reñir contigo seriamente....
+
+--No puede ser. ¿Reñir con un hombre tan inofensivo como yo?...
+
+--Recordarás muy bien que al realizar la compra de tu ferrocarril se ha
+convenido, o por mejor decir, nos has prometido solemnemente no
+presentarte en la subasta de la línea de S*** a V***.
+
+--Ya lo creo que me acuerdo ... ¡admirablemente!
+
+--Pues hoy hemos visto con sorpresa que hay un pliego tuyo....
+
+--¡Cómo! ¿Un pliego?--exclamó lleno de asombro, abriendo
+desmesuradamente sus grandes ojos saltones--. ¿Quién les ha contado
+semejante patraña?
+
+--No es patraña: yo mismo he visto su firma de usted--dijo uno de ellos,
+el marqués de Arbiol.
+
+--¿Mi firma? No puede ser.
+
+--Amigo Salabert, le digo a usted que yo mismo he visto la firma:
+"Antonio Salabert, duque de Requena"--replicó Arbiol con firmeza y muy
+serio.
+
+--¡No puede ser! ¡no puede ser!--repitió el duque poniéndose a dar
+vueltas por el despacho, presa al parecer de violenta agitación--. Me
+habrán suplantado la firma.
+
+El marqués de Arbiol sonrió desdeñosamente.
+
+--Traía el sello de su casa.
+
+--¿Traía el sello?--replicó parándose de pronto--. Entonces me la han
+suplantado dentro de mi misma casa. ¡Sí, sí!... Aquí me la han
+suplantado.... No sabéis entre qué canalla estoy metido. Necesito tener
+cien ojos....
+
+Y cada vez más enfurecido fué a apretar el botón del timbre.
+
+--¡Ahora verán! Ahora verán ustedes si me la han robado o no.... A ver
+(dirigiéndose al dependiente que entró), que se presenten inmediatamente
+Llera y todos los empleados de la oficina.... ¡Al instante!
+
+Arbiol dirigió una mirada a sus compañeros y alzó los hombros con
+desprecio. Pero el duque, que vió perfectamente el ademán, no quiso
+hacerse cargo de él: siguió gruñendo, resoplando, dejando escapar
+interjecciones violentas y paseando furiosamente por la estancia. Hasta
+que se presentó Llera y con él un grupo de sujetos encogidos, mal
+trajeados, de fisonomía vulgar. Salabert se plantó delante de ellos
+cruzando los brazos con energía:
+
+--Vamos a ver, Llera: es necesario averiguar quién ha sido el tuno que
+ha presentado un pliego en mi nombre, suplantando mi firma, para la
+licitación del ferrocarril de S*** a V***. ¿Tú sabes algo de este
+asunto?
+
+Llera, después de haberle mirado fijamente a la cara, bajó la cabeza sin
+contestar.
+
+--¿Y vosotros sabéis algo? ¿eh? ¿sabéis algo?
+
+Los empleados le miraron también con fijeza. Luego miraron a Llera y
+también bajaron la cabera al fin sin despegar los labios.
+
+Salabert paseó varias veces sus ojos saltones por ellos con expresión
+teatral de cólera, y exclamó al fin dirigiéndose a los banqueros:
+
+--¿Lo ven ustedes claro? Nadie contesta. Entre éstos se esconde el
+culpable ¡o los culpables! porque sospecho que ha de ser más de uno.
+Pierdan ustedes cuidado, que yo daré con ellos y haré un escarmiento....
+¡Sí, un terrible escarmiento! No he de parar hasta que los mande a
+presidio.... Retiraos vosotros (dirigiéndose a los empleados), y ya
+podéis temblar los delincuentes. Muy pronto caerá sobre vosotros el peso
+de la justicia.
+
+Los criminales debían de ser bien empedernidos a juzgar por la absoluta
+indiferencia con que recibieron aquellas siniestras palabras
+pronunciadas con acento patético. Cada cual se retiró sosegadamente a su
+departamento y reanudó su tarea, como si la terrible espada de Némesis
+no estuviese aparejada a segarles el cuello.
+
+Los banqueros se miraron entre risueños y coléricos. Al fin uno de
+ellos, mordiéndose los labios para no soltar la carcajada, le tendió la
+mano con ademán desdeñoso:
+
+--Adiós, Salabert; hasta la vista.
+
+Los demás hicieron lo mismo sin decir otra palabra del asunto. El duque
+no se desconcertó. Fué a despedirlos solícito hasta la escalera,
+dirigiendo todavía al pasar miradas iracundas a sus empleados que las
+recibieron con la misma punible indiferencia. Al volver a su despacho ya
+no les hizo caso alguno. Pasó por entre ellos como un actor que
+atraviesa los bastidores después de haber estado un rato en escena.
+
+Unos minutos después tornó a salir bajando a las habitaciones de su
+esposa. Hallóla sola, entretenida en leer un libro devoto. D.ª Carmen,
+que siempre había sido muy piadosa, en los últimos tiempos se había
+entregado por completo a las prácticas religiosas. La enfermedad la
+separaba cada vez más de las ideas mundanas, la entregaba triste y
+sumisa a los curas. Salabert nunca había puesto obstáculo a esta
+devoción: la miraba con indiferencia compasiva, como una manía inocente.
+Pero en los últimos tiempos, algunas limosnas harto crecidas de la
+duquesa le alarmaron un poco y le obligaron a reprenderla paternalmente.
+Acostumbrado a hallar a su mujer sometida, apartada de toda ambición,
+ajena enteramente al éxito de sus especulaciones, la trataba como a una
+niña, si no como a un perro fiel a quien de vez en cuando se pasa la
+mano por la cabeza. Nunca le había estorbado aquella infeliz señora, ni
+en sus trabajos ni en sus vicios. Aunque sus queridas, sus
+extravagancias en el orden erótico eran conocidas de todo el mundo, D.ª
+Carmen o las ignoraba o fingía ignorarlas. Sin embargo, la última
+infidelidad del duque, la relación con la Amparo habíale acarreado
+disgustos. Aquella mujer dominante y soez se gozaba en vejarla de mil
+modos, cosa que no había hecho ninguna de sus antecesoras. En el paseo,
+cuando iba con su marido en coche, el de la Amparo se colocaba a su
+lado: con cínico descaro la ex florista cambiaba con el duque sonrisas
+de inteligencia. Cuando la buena señora se quejó suavemente de este
+proceder, Salabert negó en redondo, no sólo sus miradas y sonrisas, sino
+toda relación con aquella mujer. No la conocía más que de vista. Jamás
+había hablado con ella. En el teatro Real lo mismo. Amparo se obstinaba
+en mirar toda la noche al palco del duque. Luego en los toros, en las
+carreras de caballos, ostentaba un lujo escandaloso que llamaba
+fuertemente la atención pública. Algunas amigas bien intencionadas, que
+nunca faltan, compadeciéndola muchísimo enteraban a D.ª Carmen de las
+cuantiosas sumas que aquella mujer costaba al duque, de todas sus
+extravagancias y caprichos.
+
+Esta serie de alfilerazos padecidos en secreto, sin confiarlos a nadie
+más que a su confesor, habían labrado la salud de la señora,
+reduciéndola a un estado de flaqueza tal que por milagro se sostenía.
+Salabert tenía más que hacer que reparar en tales sufrimientos. Pensaba
+que con el título de duquesa, y tantísima riqueza acumulada en aquel
+palacio, D.ª Carmen debía de ser la mujer más feliz de la tierra.
+
+--¿Qué hace la viejecita? ¿qué hace?--entró preguntando en tono medio
+brutal medio cariñoso, que revelaba bien la profunda indiferencia que su
+mujer le inspiraba.
+
+D.ª Carmen levantó los ojos sonriendo.
+
+--Hola ¿eres tú? Milagro, por aquí a esta hora.
+
+--Antes hubiera venido a saber de ti, si no me hubieran dicho que estaba
+el padre Ortega. ¿Cómo has pasado la noche? Bien ¿eh? Ya lo creo.... Tú
+no estás tan mala como te figuras. ¿A qué viene eso de rodearte de curas
+como si fueses a morirte?
+
+--¿Los curas no hacen falta más que cuando uno se muere?
+
+--Sí, los curas son indispensables para dar respetabilidad a las
+casas--dijo repantigándose en una butaca y extendiendo groseramente las
+piernas--. Sin un poco de paño negro, los palacios recién pintados como
+éste chillan demasiado.... Sólo que a la larga se hacen muy molestos: no
+se cansan de pedir. Tienen tantas tragaderas como las ballenas.... Yo
+los compraría de buena gana figurados, de cera o de cartón, y harían el
+mismo efecto....
+
+--Calla, calla, Antonio; no empieces a soltar disparates. Cualquiera que
+te oyese te juzgaría un hereje, y gracias a Dios no lo eres.
+
+--¡Vaya una ganga el ser hereje! ¿Qué utilidad trae el ser hereje?...--Y
+cambiando bruscamente de tema preguntóle:--¿Cómo va ese aquelarre que
+habéis hecho en los Cuatro Caminos?
+
+Se refería al asilo de ancianas, del cual era D.ª Carmen la principal
+protectora.
+
+--Va muy bien. Sólo que la marquesa de Alcudia no quiere continuar
+siendo tesorera. No sabemos a quién se ha de nombrar.
+
+--Por supuesto, los sábados se despoblará aquello.
+
+--¿Pues?--preguntó inocentemente la señora.
+
+--Porque se marcharán a Sevilla todas sobre escobas.
+
+--¡Bah, bah! No hagas burla de las pobres ancianas--replicó riendo--.
+También tú y yo somos dos viejos....
+
+--Verdad, verdad--dijo el banquero poniéndose afectadamente grave y
+triste--. Somos un par de trampas que el día menos pensado nos
+escurrimos para el otro barrio, sin sentirlo.
+
+Había visto una entrada oportuna para la conversación que apetecía: se
+apresuraba a aprovecharla.
+
+--No; tú estás fuerte y robusto. Aún puedes dar mucha guerra en el
+mundo.... Pero yo, querido, ya tengo un pie en el estribo.
+
+--Los dos lo tenemos, los dos. En pasando de los sesenta no hay día
+seguro....
+
+--Si esos pensamientos te sirviesen para acordarte más de Dios y
+trabajar en su santo servicio, me alegraría de que los tuvieses.
+
+--¿Te parece que no trabajo bastante por él, y me lleva todos los años
+más de cinco mil duros en misas y novenas?
+
+--¡Vamos, Antonio, no hables así!
+
+--Hija mía; bueno es pensar en lo de allá, pero es también prudente
+pensar en lo de acá.... Mira, precisamente estos días estaba yo
+imaginando que si se muriese uno de nosotros, al que sobreviviese le
+quedarían bastantes enredos....
+
+--¿Por qué?
+
+--Porque el marido y la mujer no son herederos forzosos el uno del otro,
+y, como es natural, si nos muriésemos sin testamento, nuestros parientes
+vendrían a molestar al que quedase.
+
+--Eso tiene fácil remedio. Con hacerlo se arregla.
+
+--Precisamente es lo que yo pensaba--dijo el duque resollando mucho para
+mostrar indiferencia y aplomo, que no sentía--. Había imaginado que en
+vez de testar cada uno por su parte, hiciésemos un testamento mutuo.
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Un testamento en el cual nos instituímos mutuamente por herederos.
+
+D.ª Carmen bajó la vista al libro que traía en la mano y guardó silencio
+un rato. El duque, inquieto, la observaba con atención por debajo de sus
+párpados medio caídos, mordiendo con impaciencia el cigarro.
+
+--No puede ser--dijo al cabo gravemente la señora.
+
+--¿Que no puede ser? ¿Y por qué?--replicó con viveza incorporándose un
+poco en la butaca.
+
+--Porque yo pienso en dejar por heredera de lo que tenga, poco o mucho,
+a tu hija. Así se lo he prometido ya.
+
+No creía Salabert tropezar con aquel obstáculo. Juzgaba cosa hecha lo
+del testamento mutuo. Quedó tan sorprendido como turbado. Pero
+recobrándose instantáneamente, adoptó un continente grave y digno para
+decir:
+
+--Está bien, Carmen. Yo no trato de imponer mi voluntad a la tuya. Eres
+dueña de dejar tus bienes a quien te parezca, por más que estos bienes
+hayan sido ganados por mí a costa de muchos trabajos. En los años que
+llevamos unidos, las cuestiones de intereses jamás han producido ninguna
+reyerta entre nosotros. Deseo que continuemos siempre lo mismo. El
+dinero, comparado con los afectos del corazón, no tiene ningún valor. Lo
+único que siento es que otra persona, por más que sea una hija
+queridísima, me haya perjudicado hasta tal punto en tu cariño, me haya
+desterrado de tu corazón....
+
+Al pronunciar estas últimas palabras su voz se alteró un poco.
+
+--No, Antonio, no--se apresuró a decir D.ª Carmen--; ni tu hija ni nadie
+puede arrancarte el cariño que te pertenece.... Pero considera que tú
+eres bastante rico sin necesidad de mi fortuna, y que ella la necesita.
+
+--No; no trates de desfigurarlo.... El golpe está dado: lo siento en el
+fondo del corazón--replicó Salabert en tono patético llevándose la mano
+al lado izquierdo--. Treinta y cinco años de vida matrimonial, treinta y
+cinco años compartiendo pesares y alegrías, temores y esperanzas, no han
+bastado a conquistarme la primer plaza en tu cariño. Todo lo que se diga
+es inútil ya. Pensaba que nuestro matrimonio, la vida de felicidad y de
+amor que hemos llevado tantos años, debía cerrarse por medio de un acto
+que la resumiese, instituyéndonos herederos de lo que juntos hemos
+ganado.... El cariño de los esposos nunca se demuestra mejor que en la
+última voluntad....
+
+El discurso de Salabert adquiría un tono de elevación moral que pareció
+preocupar por un instante a su esposa. Sin embargo, replicó al fin con
+dulzura y firmeza a la vez:
+
+--Aunque no la he llevado en mis entrañas, yo quiero a Clementina como
+si fuese mi hija; la he mirado siempre como tal. Me parece una
+injusticia privar a una hija de su parte de herencia.
+
+--¡Pero mujer!--exclamó con viveza el duque:--yo ¿para quién quiero lo
+que tengo sino para mi hija? Déjame por heredero, que yo te prometo
+transmitírselo íntegro y aun con aumento....
+
+D.ª Carmen guardó silencio limitándose a hacer un signo negativo con la
+cabeza. El duque se levantó como si fuese presa de una violenta emoción.
+
+--Sí, sí; bien lo comprendo. Tú no me perdonas algunos leves extravíos
+hijos del capricho y la tontería. Aprovechas la ocasión que se te
+presenta para vengarte. Está bien: satisface tu venganza; pero sabe que
+yo no he querido de veras a ninguna mujer más que a ti. En el corazón no
+se manda, Carmen, y si yo te quisiera arrancar del corazón, mi corazón
+diría: "No, no puedes arrancarla sin que yo me rompa...." Es triste, muy
+triste llevar al fin de la vida este terrible desengaño.... Si mañana te
+murieses tú, lo que Dios no consienta, ¡cuántos disgustos, cuántas penas
+me esperan además de la pérdida de una esposa adorada! Acaso este pobre
+anciano se viera precisado a salir de la casa donde ha vivido, que ha
+fabricado con ilusión para morir en ella en brazos de su esposa.
+
+La voz del duque se alteraba por momentos; sus ojos se arrasaban de
+lágrimas. Todavía siguió en este tono patético un rato. Al fin cayó como
+desfallecido en la butaca, llevándose el pañuelo a los ojos.
+
+Pero D.ª Carmen, aunque caritativa y sensible, no dió señales de
+hallarse conmovida. Antes, con firmeza, dijo:
+
+--Bien sabes tú que nada de eso es cierto. Ni soy capaz de vengarme, ni
+sería fuerte venganza dejar cuanto tengo a una hija tuya, que sólo es
+mía por el cariño que la tengo.
+
+El duque cambió de táctica. Miró un rato a su esposa con ojos
+compasivos. Al cabo dijo sonriendo con amargura:
+
+--Tú quieres mucho a Clementina, ¿verdad?... Pues mira; lo mejor que
+puedes hacer para darle un alegrón es reventar cuanto más antes. El
+pobre Osorio está con el agua al cuello. Ahora me explico por qué sus
+acreedores no acaban de tragárselo. Sin duda tú le has hablado a su
+mujer algo de testamento, y como estás un poquillo delicada aguardan tu
+muerte como agua de Mayo. Conque no te descuides.
+
+D.ª Carmen se puso mucho más pálida de lo que estaba al oir estas
+sangrientas palabras. Necesitó agarrarse a los brazos del sillón para no
+desfallecer. Lo que decía su marido era horrible, pero muy verosímil.
+El, que advirtió su emoción, se apresuró a ofrecerle todos los datos
+necesarios para confirmar la sospecha. Le expuso en un cuadro completo
+la situación económica de Osorio, insistiendo en lo raro de que sus
+acreedores aguardaran si no contasen con alguna esperanza positiva, que
+no podía ser más que la muerte de ella.
+
+Entonces aquella infeliz mujer tuvo una frase sublime.
+
+--Pues aunque Clementina desee mi muerte, yo la quiero lo mismo, con
+todo mi corazón. Para ella será cuanto tengo.
+
+El duque salió de la estancia furioso, bufando como un toro con
+banderillas de fuego, o como un actor a quien acaban de propinar una
+silba.
+
+D.ª Carmen permaneció inmóvil largo rato, en la misma postura que la
+había dejado, con los ojos clavados en el vacío. Dos lágrimas temblaron
+al fin en sus ojos y rodaron silenciosamente por sus mejillas marchitas.
+
+
+
+
+XI
+
+#Baile en el palacio de Requena.#
+
+
+Transcurrieron los días y los meses. Clementina pasó el verano, como
+siempre, en Biarritz. Raimundo la siguió, dejando a su hermana confiada
+a unos parientes, y regresó cuando aquélla a últimos de Septiembre. Por
+la casa de los huérfanos soplaba un viento tormentoso que la había
+removido por completo. Raimundo, abandonando en absoluto sus estudios y
+costumbres metódicas, se había lanzado con ardor de neófito a los
+placeres mundanos. Su hermana, aterrada por este cambio, le hizo
+suavemente algunas advertencias, sin resultado. El joven se enfadaba
+como niño mimoso. Cuando la reprensión era más dura, se echaba a llorar
+desconsoladamente, llamándose desgraciado, diciendo que no le quería,
+que más le hubiera valido morirse cuando su madre, etc., etc. Aurelia,
+en vista de esto, había determinado callarse, padeciendo en silencio,
+llena de aprensiones y presentimientos tristes. Bien adivinaba la causa
+de aquel cambio; pero en sus conversaciones ninguno de los dos osó hacer
+referencia a ella: Raimundo, porque no podía dignamente declarar a su
+hermana las relaciones que sostenía con Clementina: aquélla, porque
+creía indecoroso darse por advertida.
+
+Aquellas relaciones obligaron a nuestro joven a hacer gastos
+extraordinarios que no permitía su renta. Para seguir el carruaje de su
+amante entre la balumba de ellos en los paseos del Retiro y la
+Castellana compró un bonito caballo, después de dar previamente algunas
+lecciones de equitación. Los teatros, las flores y los regalitos a su
+ídolo, las francachelas con sus nuevos amigos del _Club de los
+Salvajes_, los trajes y las joyas, todo lo que constituye, en suma, el
+tren de un lechuguino en la corte, le hicieron desembolsar sumas enormes
+con relación a su hacienda. Para ello hubo necesidad de echar mano del
+capital. Este consistía, como ya sabemos, en acciones de una fábrica de
+pólvora y en títulos de la Deuda. Unos y otros documentos guardábalos
+su madre en un cofrecito de hierro dentro de su armario. Cuando murió,
+el pariente de los chicos a quien correspondía la tutela vino a
+examinarlos y tomó nota de ellos. Pero como Raimundo gozaba tal fama de
+muchacho formal, de conducta intachable, como hacía ya tiempo que
+manejaba y cobraba los cupones, y como en fin no le faltaban más que
+tres años para llegar a la mayor edad, su tío no quiso recogerlos. Los
+dejó en el mismo cofrecito que estaban. Pues bien; Raimundo, necesitando
+a toda costa dinero, y no atreviéndose a pedírselo a nadie, faltó a esta
+confianza vendiendo poco a poco algunos títulos. Y es lo raro del caso
+que siendo un chico hasta entonces tan puro de costumbres, tan recto en
+el pensar y tan honrado de corazón, llevó a cabo esta villanía sin
+grandes remordimientos. Hasta tal punto su desatinada pasión le había
+desequilibrado y aturdido.
+
+No sólo hizo esto sino otra cosa peor, si cabe. Su curador, al enterarse
+de sus gastos excesivos y de la vida que llevaba, s presentó un día en
+su casa, encerróse con él en el despacho y le interpeló bruscamente:
+
+--Vamos a cuentas, Raimundo. Por lo que me han dicho y por lo que veo,
+estás haciendo unos gastos que de ningún modo puedes sostener con tu
+renta. El caso es grave. Yo, como curador, necesito saber de dónde sale
+ese dinero, no sólo por ti, sino principalmente por tu hermana....
+
+Experimentó una violenta emoción. Se puso pálido y balbució algunas
+palabras ininteligibles. Luego, viéndose apurado, comprendiendo
+rápidamente que de aquella entrevista dependía su salvación, esto es, la
+salvación de su amor, no tuvo inconveniente en mentir descaradamente.
+
+--Tío, es cierto que hago gastos considerables, muy superiores a los que
+podría hacer con mi renta.... Pero nada tiene que ver en ellos el
+capital que heredé de mis padres.
+
+--¿Entonces?...
+
+--Entonces--... dijo bajando la voz y como sí le costase trabajo
+hablar--, entonces ... yo no puedo decirle a usted el origen de este
+dinero, tío.... Es una cuestión de honor.
+
+El curador quedó estupefacto.
+
+--¿De honor?... No sé lo que quieres decir; pero mira, chico, yo no
+puedo quedar conforme.... Mi posición es delicada. Si no velo como debo
+sobre vuestros intereses, mañana se me puede pegar al bolsillo y no
+tiene gracia.
+
+Raimundo guardó silencio unos momentos. Al fin, vacilando y tropezando
+mucho, dijo:
+
+--Puesto que es necesario decirlo todo, lo diré.... Usted habrá oído
+hablar quizá de mis relaciones con una señora....
+
+--Sí, algo he oído de que haces el amor a la hija de Salabert.
+
+--Pues ya tiene usted explicado el misterio ...--dijo poniéndose
+fuertemente colorado.
+
+--¿De modo que esa señora?...--replicó el tío haciendo resbalar la yema
+del dedo pulgar sobre la del índice.
+
+Raimundo bajó la cabeza y no dijo nada, o, más exactamente, lo dijo todo
+con su silencio. Él, que había rechazado con indignación y tristeza los
+billetes de Banco de su querida, confesábase ahora culpable, sin serlo,
+de tal indignidad, bajo la influencia del miedo.
+
+Su tío era un hombre vulgar, un almacenista de la calle del Carmen. La
+confesión de su sobrino, lejos de sublevarle, le hizo gracia.
+
+--¡Bien, hombre!... Me alegro de que hayas salido del cascarón y sepas
+lo que es el mundo. ¡Ah, tunante, qué callado te lo tenías!
+
+Pero como todavía se quedase en el despacho adivinándose en su actitud
+un resto de inquietud, Raimundo, con esa audacia peculiar de las mujeres
+y de los hombres débiles en las circunstancias críticas, dijo con
+firmeza:
+
+--El capital de mi hermana y el mío está íntegro. Ahora mismo va usted a
+ver los títulos....
+
+Y sacó la llave y se dirigió al armario. Su tío le detuvo.--No hace
+falta, chico.... ¿Para qué?
+
+Así salió, casi milagrosamente, de aquel terrible compromiso, que de
+otro modo hubiera producido una catástrofe. Sin embargo, la victoria le
+costó muchos momentos de cruel amargura, un gran desfallecimiento físico
+y moral que por poco le hace enfermar. No es posible romper bruscamente
+con nuestras ideas y sentimientos, con lo que constituye nuestro
+carácter, sin que la ruptura produzca vivo dolor.
+
+Por esta época vino a visitarle un caballero chileno, aficionado a la
+zoología y dedicado también a la especialidad de las mariposas como él.
+Venía de Alemania y se disponía a regresar a su país. Había leído
+algunos de sus artículos científicos, y teniendo además noticia de su
+colección, no quiso pasar por Madrid sin verla. Raimundo le recibió con
+alegría y un poco de vergüenza también. Hacía ya algunos meses que no se
+ocupaba poco ni mucho en asuntos de ciencia, que tenía su colección
+abandonada. A pesar de eso el chileno la halló muy notable y simpatizó
+extremadamente con él. Le dijo que tenía encargo de su Gobierno para
+llevar algunos jóvenes de valer que se pusiesen al frente de las
+cátedras recién creadas en Santiago de Chile. Si quería venirse, una de
+ellas sería para él. El sueldo que se le ofrecía era bastante crecido,
+la posición brillante en un país nuevo y ansioso de instrucción. En
+otras circunstancias, Raimundo, que ya no tenía más vínculo en España
+que su hermana, quizá se hubiera decidido a emigrar con ella. Más ahora,
+enloquecido por el amor, encontró tan absurda la proposición que no pudo
+menos de sonreír con cierta lástima al rechazarla cortésmente, como si
+fuese un millonario o un hombre colocado en la cima de la sociedad
+española.
+
+Para costear su viaje a Biarritz necesitó enajenar más papel de la
+Deuda. Llevó en metálico a Francia unas cinco mil pesetas, cantidad más
+que suficiente para pasar el verano. Sin embargo, a los pocos días,
+arrastrado del ejemplo de sus amigos, se le antojó jugar en el Casino a
+_los caballitos_. En dos sesiones perdió todo el dinero. No estando
+avezado a estos lances, lo único que se le ocurrió fué regresar
+precipitadamente a Madrid, vender más títulos y volverse otra vez. Su
+hacienda mermaba de día en día. Cuando empezó el invierno tenía ya de
+menos algunos miles de duros; mas esto no le impidió seguir gastando
+lindamente. Aurelia, que tal vez por indicación de su tío y curador, o
+por propias sospechas, creía saber de dónde procedía aquel dinero,
+andaba melancólica, recelosa. No podía menos de mirar a su hermano con
+ojos donde se reflejaba la pena, la lástima y la indignación también.
+
+Así continuaran las cosas hasta Carnaval. La duquesa de Requena había
+mejorado bastante en unos baños de Alemania, adonde su marido la había
+llevado. Desde que tenía hecho testamento a favor de su hijastra, éste
+la prodigaba extremados cuidados, sabiendo cuánto le importaba su vida.
+Los negocios del célebre especulador marchaban también prósperamente. La
+mina de Riosa se había comprado como él pretendía, al contado. Desde
+entonces, sordamente, había comenzado a hacer guerra a las acciones,
+vendiéndolas cada vez más baratas para depreciarlas. Llevaba buen camino
+para conseguirlo. En pocos meses habían bajado desde ciento veinte, a
+que se habían puesto poco después de la venta, hasta ochenta y tres.
+Salabert esperaba de un momento a otro, por medio de una gran oferta que
+tenía preparada, introducir el pánico en el mercado y hacerlas bajar a
+cuarenta. Entonces, por medio de sus agentes en Madrid, en París y en
+Londres, se haría dueño de la mitad más una, y por lo tanto del negocio.
+
+Porque le interesaba para sus fines políticos y económicos y por
+satisfacer al genio fanfarrón que, a pesar de su avaricia, habitaba
+dentro de él, resolvió dar un gran baile de trajes en su magnífico
+palacio, invitando a toda la aristocracia madrileña y a las personas
+reales. Los preparativos comenzaron dos meses antes. Aunque el palacio
+estaba espléndidamente amueblado, el duque hizo desterrar de los salones
+algunos muebles demasiado grandes y pesados y traer de París otros más
+sencillos y ligeros. Se quitaron algunos tapices; se compraron muchos
+objetos de arte, de los cuales estaba un poco necesitada la casa. Veinte
+días antes del designado para el baile, se enviaron las grandes tarjetas
+de invitación. Era necesario todo este tiempo para que los invitados
+pudiesen preparar sus disfraces. Exigíase traje de capricho: a los
+caballeros, cuando menos, la talmilla veneciana sobre los hombros. La
+prensa comenzó a esparcir el anuncio del baile por todos los rincones de
+España.
+
+Como su madrastra ni entendía mucho en estos asuntos, ni estaba en
+disposición, a causa de su quebrantada salud, de tomar parte activa en
+los preparativos, el alma de ellos fué Clementina. Pasaba el día en
+casa de su padre, robando sólo algunos ratos que dedicaba a Raimundo.
+Osorio tuvo la mala ocurrencia de traer a las dos niñas que tenía en el
+colegio de Chamartín, una de diez y otra de once años, a pasar unos días
+con ellos. Las pobrecitas tuvieron que marcharse antes de lo que les
+había prometido su padre, porque Clementina estaba tan ocupada que
+apenas podía fijar en ellas la atención. Esto indignó tanto a Osorio,
+que un día, sin que se despidiesen de su madre, las metió en el coche y
+las llevó él mismo al colegio. Por cierto que a la noche, cuando
+Clementina regresó, hubo con este motivo una escena violenta entre los
+esposos. Raimundo también padecía con las ocupaciones de su amante. Pero
+no dejaba de gozar puerilmente con la perspectiva del baile, al cual
+pensaba asistir vestido de paje de los Reyes Católicos. Fué una idea que
+le suministró Clementina. El modelo lo sacaron de un célebre cuadro que
+había en el Senado. Ella estaba enamorada del retrato de D.ª Margarita
+de Austria, esposa de Felipe III, hecho por Pantoja. Se mandó hacer un
+traje igual de terciopelo negro muy ajustado al talle, con saya interior
+color de rosa recamada de plata. Este traje era muy a propósito para
+realzar la gallardía de su figura y la belleza majestuosa de su rostro.
+
+El duque trabajaba también en la parte menos delicada de los
+preparativos, en la erección del estrado para la orquesta, que hizo
+colocar adosado a la pared medianera de los dos grandes salones de baile
+contiguos, rodeándolo de plantas y arbustos, en el arreglo del
+guardarropa, en la colocación de alfombras, en la traslación de muebles,
+etc. Salabert era un terrible sobrestante para sus operarios, un
+verdadero mayoral de _ingenio_. No los dejaba reposar: les exigía un
+cuidado incesante: jamás se le daba gusto en nada. Se trataba un día de
+trasladar cierto armario de ébano tallado, desde el salón que iba a ser
+de conversación, a la sala destinada a jugar. Los obreros, dirigidos por
+el maestro carpintero, lo llevaban suspendido, mientras el duque los
+seguía recomendándoles atención con una sarta de interjecciones que
+dejaba escapar oscuramente entre el cigarro y sus labios sinuosos,
+nauseabundos.
+
+--¡F...., despacio!... ¡Despacio tú, papanatas, el de las narices
+largas!... Cuidado con esa lámpara.... Baja un poco tú. Pepe ... ¡F....,
+no seas jumento, baja más!... ¡Eh! ¡eh! arriba ahora....
+
+Al llegar al hueco de una puerta, el maestro, viendo que era fácil
+lastimarse, les gritó:
+
+--¡Cuidado con las manos!
+
+--¡Cuidado con los relieves, F....!--se apresuró a gritar el duque--.
+¡Lo que menos me importa a mí son vuestras manos, babiecas!
+
+Uno de los obreros levantó la vista y le clavó una mirada indefinible de
+odio y desprecio.
+
+Cuando el mueble estuvo en su sitio, el duque mandó enganchar y se
+dirigió a sus habitaciones a quitarse el polvo. Poco después bajaba por
+la gran escalinata del jardín y montaba en coche, dando orden que le
+condujesen al hotel de su querida.
+
+La pasión brutal del banquero por la Amparo había crecido mucho en los
+últimos tiempos. Todavía fuera conservaba su razón; pero en cuanto ponía
+el pie en la casa de la hermosa malagueña, la perdía por completo, se
+transformaba en una bestia que aquélla hacía bailar a latigazos. Ni se
+crea que esto es enteramente figurado. Contábase en Madrid que el duque
+traía un aro de hierro con una argolla al brazo en señal de esclavitud,
+y que la Amparo le ataba con cadena cuando bien le placa. Algunos
+amigos, para cerciorarse, le habían apretado el brazo burlando y
+certificaban que era cierto. La ex florista, aunque de inteligencia
+limitadísima y de cultura más limitada aún, tenía suficiente instinto
+para remachar los clavos de esta esclavitud. Con su genio arisco y
+desigual, aumentaba el fuego de la sensualidad en aquel viejo lúbrico.
+El duque había llegado a persuadirse de que su querida, a pesar de las
+sumas fabulosas que con ella gastaba, era muy capaz de dejarle plantado
+si un día se atufaba. Esta convicción le tenía siempre sobresaltado y
+rendido, dispuesto a humillarse, a cometer cualquier bajeza por
+complacerla. Aunque muy sagaz, su lascivia le cegaba hasta el punto de
+no comprender que la Amparo era más interesada y astuta de lo que él se
+figuraba.
+
+Cuando llegó al hotelito de mazapán, serían las tres de la tarde. Amparo
+estaba conferenciando gravemente con la modista; de modo que se vió
+obligado a esperar un rato leyendo los periódicos. Al salir del
+gabinete, la joven exclamó:
+
+--¡Ah! ¿Estaba usted ahí duque?
+
+--Sí; no he querido sorprender secretos de Estado.
+
+--¡Y que lo diga! ¿Verdá usté?--dijo la ex florista echando una mirada
+significativa a la modista.
+
+Esta sonrió discretamente y se fué. El duque abrazó por el talle a su
+querida y la llevó al gabinete.
+
+--¿Cómo te va, chiquita? ¿Bien, eh?
+
+--¡Al pelo, hijo! ¿Cómo quieres que me vaya con un hombre tan
+retrechero?
+
+Al mismo tiempo se colgó de su cuello y le dió un largo y sonoro beso en
+la mejilla. Los párpados del duque temblaron de placer; mas por sus ojos
+pasó al mismo tiempo un reflejo de inquietud. Siempre que la Amparo se
+le colgaba del cuello era para darle un sablazo formidable, una entrada
+a saco en el bolsillo.
+
+--¡Y que no tiene quita el gachó! ¡Y que no sabe lo que son
+mujeres!--siguió la hermosa contemplándole con admiración.
+
+"¡Malo! ¡malo!" dijo para sí el banquero. Sin embargo, las caricias de
+su querida le hacían feliz.
+
+--Mira, Tono, no hay cosa que más me guste que decirles por lo bajo a
+todas las sin vergüenzas que pasean por el Retiro: "¡Andad, andad,
+hambronas, que si a mí se me antoja os puedo enterrar en billetes de
+Banco!..." ¿Verdá tú, salao?
+
+"¡Malísimo!" volvió a decir el duque en su interior; y en voz alta:
+
+--Algunos hay, preciosa; algunos hay en casa.
+
+Y llevando la mano al bolsillo para sacar la cartera, dijo brutalmente:
+
+--¿Cuántos necesitas?
+
+--¡Ninguno, canalla!--exclamó ella soltando a reir--. Pensabas que me
+estaba preparando para darte un sablazo, ¿eh?
+
+--¡Claro! No te veo cariñosa sino cuando necesitas dinero.
+
+--¡Habrá embusterazo, marrullero! Cualquiera que te oyese, pensaría que
+es cierto. Confieso que soy un poco bruta y testaruda, ¡pero no siempre,
+hijo, no siempre!... Además, no me sienta mal este geniecillo agrio,
+¿verdá tú?
+
+La hermosa odalisca se había sentado sobre las rodillas del duque y le
+daba fuertes palmadas con entrambas manos en sus carrillos de trompetero
+recién rasurados. Vestía una bata de color azul oscuro con adornos más
+claros, que le sentaba admirablemente. Su tez era cada día más fina, más
+tersa, más nacarada. Era un milagro de la naturaleza. Y sobre aquella
+tez lucían sus grandes ojos negros sombríos, salvajes, con un fuego
+misterioso y sensual. Sus cabellos, que daban en azules de tan negros,
+caían ondeados sobre la frente ocultándola a medias. Su garganta,
+amasada con leche y rosas, pedía a gritos el homenaje de los labios. El
+duque estaba contentísimo desde que había conjurado el peligro: se
+derretía en caricias, que la Amparo aceptaba sumisa contra su costumbre.
+
+--Espera un poquito. Hoy quiero que tomes café conmigo.
+
+--Ya lo he tomado, hija.
+
+--No importa, lo vas a tomar otra vez. Hace ya muchos días que no lo
+tomamos juntos. ¡Claro, con ese dichoso baile te van a saltar los sesos!
+
+Al mismo tiempo se levantó y comenzó a maniobrar con los enseres de
+hacer café, que estaban dispuestos sobre la mesa.
+
+--Yo mismita te lo voy a hacer para que te relamas, so canalla: y voy a
+echar en él unos polvitos que me ha vendido una gitana para ponerte
+blandito, ¿sabes?... Porque tengo que pedirte una cosa.
+
+Los ojos del duque volvieron a reflejar inquietud. Pero se apresuró a
+disimularla riendo.
+
+--¡Ya lo decía! ¿Qué tienes que pedirme, rubita?
+
+--En tomando el café lo sabrás.
+
+No pudo arrancarle antes el secreto. Arrimó una mesilla japonesa a la
+butaca donde estaba el duque. Para sí trajo una sillita dorada. Y
+charlaron con animación o, por mejor decir, charló ella mientras él la
+escuchaba arrobado, con la cabeza echada hacia atrás, acercando de vez
+en cuando con su mano trémula de hombre gastado la taza a los labios.
+
+--Oye, Tono--dijo ella cuando terminaron, poniendo con decisión los
+codos sobre la mesa y mirándole fijamente:--¿qué te parece de ir yo a tu
+baile?
+
+Otro que no fuese Salabert hubiese dado un brinco al oir semejante
+atrocidad. El no hizo más que abrir los ojos repentinamente, para dejar
+caer los párpados otra vez quedando en la misma actitud soñolienta.
+
+--No me parece mal.
+
+--¿De modo que puedo ir?
+
+--¡Ya lo creo que puedes ir! Lo que no podrás será entrar.
+
+--¿Pues?--exclamó ya encrespada la bella.
+
+--Porque no te recibirían.
+
+Amparo se levantó furiosa.
+
+--¿Y por qué no me recibirían, dí, por qué?--profirió sacudiéndole un
+brazo y acercando su cara a la de él.
+
+--¡Calma, chica, calma! Porque mi hija no puede soportar a su lado una
+mujer más bonita que ella. Si te presentases en mi casa, todas las
+miradas se irían tras de ti: serías la verdadera reina del baile.... Ya
+comprendes que eso no le haría maldita la gracia.
+
+Amparo miró al duque fijamente para averiguar "si se estaba quedando con
+ella". La fisonomía de aquél permanecía inalterable.
+
+--Bien; pues de todos modos quiero ir--dijo con mal humor y recelosa--.
+Me traerás una invitación.
+
+--¿Qué más quisiera yo, querida, que traerte una invitación? Si sabes de
+alguna persona a quien yo deseara más ver en el baile que a ti, dilo....
+Pero mi mujer y mi hija me sacarían los ojos, ¿sabes?
+
+--¿Y qué tengo yo que ver con tu mujer y tu hija?--preguntó la irascible
+malagueña--. Tú eres el amo. Yo quiero una invitación y la tendré.
+Quedamos, pues, en que mañana me la traerás....
+
+--Dispensa, chiquita....
+
+--¡Ah! ¿Conque no quieres? ¿Conque te niegas a darme ese gusto?
+Entonces, grandísimo gorrino, embustero, ¿por qué no hablas claro? Es
+decir que yo te estoy aguantando, viejo sucio, te estoy siendo fiel como
+si fueses el chico más guapo de Madrid, y cuando se trata de complacerme
+en una cosa insignificante te llamas andana. ¡Ay, que tío! La tonta es
+una en guardar consideraciones a quien no las merece. Y luego, ¿quién me
+va a rechazar? ¡La de Osorio! ¡Olé mi vida!... Siento mucho decírtelo,
+hijo, aunque bien debes saberlo. Clementina, en cuanto a conducta, vale
+tanto como yo ... menos que yo, porque al fin y al cabo soy libre, y
+ella no.... Pero tú tienes menos vergüenza que ella.... ¡Qué se puede
+esperar de un hombre que se pone de rodillas delante de una p... y se
+deja abofetear por ella! Lo mismo que de todos esos pendones viejos que
+irán a tu baile y que nos pueden poner a nosotras escuela de porquerías.
+
+La bella soltaba o mejor vomitaba estos y otros insultos acompañados de
+interjecciones de cochero, paseando furiosa por la estancia. De pronto
+se paró delante del duque y le gritó hecha una hiena:
+
+--¡Sal de aquí, so gorrino! Sal de mi casa. Me escupo yo en tí y en tus
+millones.
+
+Salabert soltó una carcajada.
+
+--Amparito, nunca te he visto tan enfadada, ni tan guapa tampoco....
+Aquí está la invitación--dijo sacando la cartera.
+
+--Métela en ...--exclamó la sultana con desprecio.
+
+Fué preciso que el banquero se humillase a rogarle que la aceptara. Al
+cabo de muchas súplicas se dignó tomarla.
+
+--Bien; déjala ahí y vete al pasillo por haberme puesto tan nerviosa.
+
+Esto de mandarle al pasillo era un castigo que la Amparo había inventado
+últimamente. Cuando el duque la impacientaba o la aburría, echábale de
+la habitación y le tenía a veces horas enteras en la antesala o en el
+pasillo esperando como un perro. Ahora no tardó tanto en abrirle de
+nuevo. Estaba sonriente y serena y le abrazó cariñosamente.
+
+--Oye, Tono, ¿estaría bien, disfrazada de María Estuardo?
+
+--Estarías admirablemente. Creo que debes encargarte el traje en
+seguida.
+
+Amparo sonrió maliciosamente
+
+--Ya está encargado y ya está hecho. Mira.
+
+Y abriendo el cuarto guardarropa le mostró un maniquí vestido de reina
+de Escocia.
+
+Llegó al fin el día del baile. Los periódicos lo anunciaron por última
+vez haciendo resonar fuertemente el bombo y los platillos. El duque de
+Requena había gastado en los preparativos más de un millón de pesetas,
+según contaban los revisteros a sus lectores. Decían además ¡oh caso
+inaudito! que las flores habían venido casi todas de París. Y era
+cierto. El duque, nacido en Valencia, el más hermoso jardín de Europa,
+para su baile hacía traer las flores de Francia. Un capital de algunos
+miles de duros en flores. Las camelias rodaban por el suelo sirviendo de
+alfombra en la antesala y los corredores. Centenares de plantas, casi
+todas exóticas, adornaban aquélla, el vestíbulo y los dos salones de
+baile. Legiones de criados con calzón corto y vistosas casacas
+aguardaban apostados estratégicamente en todos los puntos necesarios.
+Una pareja de guardias de caballería permanecía al lado de la verja del
+jardín manteniendo el orden en los coches, ayudada de algunos agentes de
+orden público. El guardarropa, construído nuevamente, era una estancia
+lujosa donde todo estaba prevenido para que los magníficos abrigos,
+sereneros o _salidas de baile_, como ahora se nombran, no sufriesen el
+más mínimo desperfecto. La gran escalinata estaba iluminada con luz
+eléctrica: el vestíbulo y el comedor con gas: los salones de baile con
+bujías. En la sala de conversación y en la de juego había algunas
+lámparas de petróleo con enormes y artísticas pantallas. En éstas ardía
+además un fuego claro y brillante en las chimeneas.
+
+Clementina recibía a los invitados en el primer salón, cerca de la
+antesala. Sustituía a su madrastra porque ésta, a causa de su debilidad,
+no podía mantenerse tanto tiempo en pie. La duquesa estaba en la sala de
+conversación rodeada de algunas amigas: allí recibía a los que iban a
+saludarla. El duque y Osorio, a la puerta de la antesala, ofrecían el
+brazo a las damas que iban llegando y las conducían hasta Clementina. El
+atavío de ésta realzaba, como había presumido bien, su espléndida
+belleza. Su gallarda figura parecía aún más fina y más esbelta con aquel
+traje ajustadísimo. Su linda cabeza rubia resaltaba sobre el terciopelo
+negro como una rosa blanca. El rey Felipe III hubiera trocado de buena
+gana su Margarita auténtica por ésta contrahecha. Un pormenor que
+comenzó a correr por los salones y que al día siguiente noticiaron los
+revisteros, era que había venido un peluquero de París en el
+_sud-exprés_ exprofeso a peinarla.
+
+La abigarrada muchedumbre comenzó a invadir los salones. Todas las
+épocas de la historia, todos los pueblos de la tierra mandaron su
+representación al baile de Requena. Moras, judías, chinas, damas godas,
+venecianas, griegas, romanas, de Luis XIV, del Imperio, etc., etc.;
+reinas, esclavas, ninfas, gitanas, amazonas, sibilas, chulas, vestales,
+paseaban amigablemente del brazo o formaban grupos charlando y riendo
+entre caballeros del siglo pasado, soldados de los tercios de Flandes,
+pajes y nigrománticos. La mayoría de los hombres, no obstante, había
+limitado el disfraz a la talma veneciana. La orquesta había tocado ya
+dos o tres valses y rigodones; pero nadie bailaba. Se esperaba la
+llegada de las personas reales para dar comienzo.
+
+Raimundo se deslizaba por todos los salones con cierta seguridad de
+favorito. Hablaba con los conocidos, sonriendo a todo el mundo con su
+especial modestia, que le hacía más extraño que simpático en una
+sociedad donde los modales fríos y levemente desdeñosos son signo de
+elevación y grandeza. Vivía el joven entomólogo, desde hacía tiempo, en
+un delicioso aturdimiento, una especie de sueño de oro, como algunas
+veces suelen tenerlos las personas de condición más humilde. Su atavío
+de paje de los Reyes Católicos le sentaba muy bien. Más de una linda
+joven volvió la cabeza para contemplarle. De vez en cuando se acercaba
+al sitio donde Clementina se hallaba cumpliendo sus deberes, y sin
+dirigirle la palabra cambiaban algunas miradas y sonrisas amorosas. Una
+de las veces, al tiempo que lo hacían, se aproximó a la dama Pepe
+Castro, disfrazado de caballero de la corte de Carlos I.
+
+--¿Qué es eso?--le dijo al oído--. ¿No te has cansado aún de tu
+_bambino_?
+
+Cuando se encontraban solos. Pepe se autorizaba el tutearla y Clementina
+lo admitía.
+
+--Yo no me canso de lo bueno--repuso ella sonriendo.
+
+--Muchas gracias--replicó él irónicamente.
+
+--No hay de qué. ¿Por qué me buscas la lengua?
+
+--Porque me gusta. Ya lo sabes.
+
+La dama alzó los hombros, hizo un mohín de desdén, y pugnando por no
+reir se dirigió a la condesa de Cotorraso que en aquel instante pasaba
+cerca.
+
+Raimundo los había contemplado mientras hablaron. El tono confidencial
+en que lo hicieron le hirió. Permaneció un instante inmóvil. Por delante
+de él pasó, sin que lo advirtiera, la niña de Calderón, que acudía por
+vez primera a un baile. Traía un lindísimo traje de joven veneciana
+color carmesí, y escote bajo. Su madre otro riquísimo de dama holandesa;
+saya de color noguerado recamada de oro y plata, voluminosa gorguera con
+puntas de encaje y doble collar de diamantes y perlas. ¡Cuánta hiel
+habían hecho tragar aquellos vestidos al bueno de Calderón! Al
+principio, cuando se habló del baile de trajes, pensó que con cualquier
+disfraz de mala muerte cumpliría y no tuvo inconveniente en otorgar su
+permiso. Cuando vió los trajes y la cuenta de la modista, quedó
+estuperfacto: estuvo por gritar ¡ladrones! Maldijo de su colega
+Salabert, de la hora en que se le había ocurrido dar aquel baile y de
+todas las damas venecianas y holandesas que habían existido. Lo que más
+hondamente trabajaba su espíritu abatido era la consideración de que
+aquellos trajes costosos no servirían más que para una noche. Cuatro mil
+pesetas tiradas a la calle, como él dijo más de cien veces aquellos
+días.
+
+Esperancita dirigió una mirada a Alcázar buscando su saludo; pero
+viéndole distraído volvió los ojos al grupo de Clementina y se hizo
+cargo inmediatamente de lo que ocurría. También por su frente pasó una
+nube de tristeza como por la de Raimundo. Mas, repentinamente, se
+iluminó; sus ojos brillaron; todo su rostro, que era asaz
+insignificante, se transfiguró adquiriendo cierto encanto indefinible.
+Era que Pepe Castro se acercaba a saludarla.
+
+--¡Preciosa, preciosa!--dijo el adonis en tono distraído, inclinándose
+con afectación.
+
+La niña se puso fuertemente colorada.
+
+--¿Quiere usted bailar el primer vals conmigo?
+
+Justamente en aquel instante se acercó a ellos un grupo de pollastres de
+los que revoloteaban en torno de los millones de Calderón, felicitando
+calurosamente a la niña. Entre ellos estaba Cobo Ramírez. Todos se
+apresuraron a pedirle bailes, apuntando en el primoroso librito de
+Esperanza la inicial de su preclaro nombre. Ramoncito Maldonado, que se
+hallaba a unas cuantas varas de distancia, no se acercó al grupo, fiel a
+la consigna de no prodigarse, de hacerse desear, que hacía más de un año
+le había dado su amigo y mentor Pepe Castro. Hasta entonces de poco o
+nada le había servido aquella táctica. Esperancita permanecía insensible
+a sus asiduos y rendidos obsequios. Pero no lo atribuía él a deficiencia
+del método, sino a su falta de valor para seguirlo rigurosamente sin
+desmayos ni contemplaciones. En cuanto la niña le ponía los ojos dulces,
+le dirigía alguna palabra afectuosa, ¡adiós, plan estratégico! Ahora
+echaba miradas torvas al grupo contestando distraídamente al conde de
+Cotorraso, que desde hacía algún tiempo le mostraba una terrorífica
+predilección cogiéndole de la solapa dondequiera que le hallaba para
+explicarle su nuevo método de destilación del aceite. Con su lujosa
+casaca y peluca blanca de caballero del siglo pasado, el joven concejal
+no había ganado en dignidad. Parecía un lacayo.
+
+Hubo gran agitación, de pronto, en los salones. Llegaban las personas
+reales. La muchedumbre se agolpó en las inmediaciones de la puerta. El
+duque, la duquesa, Clementina y Osorio bajaron la escalinata del jardín
+para recibirlas. La orquesta tocó la Marcha Real. Los soberanos pasaron
+lentamente, sonriendo, por entre las apretadas filas de los invitados,
+deteniéndose cuando veían alguna persona de su conocimiento para
+dirigirle una palabra afectuosa. Esta se inclinaba profundamente y les
+besaba la mano con emoción, que se traslucía en la cara. Particularmente
+las señoras se humillaban con un deleite que no eran poderosas a
+disimular, con un sentimiento de ternura y adoración que las ponía
+rojas. Organizóse poco después el rigodón de honor. Clementina abandonó
+su puesto para tomar parte en él. El monarca bailó con la duquesa, que
+hizo un esfuerzo por contentar a su marido. Una triple fila de curiosos
+formaban círculo viéndoles bailar.
+
+Salabert triunfaba. El granuja del mercadal de Valencia traía los reyes
+a su casa. Sus ojos saltones, mortecinos, de hombre vicioso, brillaban
+con el fuego del triunfo. La explosión de la vanidad hacía volar en
+pedazos las inquietudes sórdidas que aquel baile le había causado, la
+lucha a muerte que había sostenido con su avaricia. Mañana tal vez estos
+pedazos se volverían a juntar para darle tormento. Pero ahora, ebrio de
+orgullo, aspiraba a grandes bocanadas el aire de grandeza y de fuerza
+que sus millones le daban. Tenía las mejillas encendidas, congestionadas
+por la vanidad satisfecha.
+
+--Mirad qué cara resplandeciente tiene Salabert en este momento--decía
+Rafael Alcántara a León Guzmán y a otros íntimos que formaban grupo--.
+¡Qué felicidad respira por todos los poros! Gran ocasión para pedirle
+diez mil duros prestados....
+
+--¿Los daría?--preguntó uno.
+
+--Sí, al siete por ciento con buena hipoteca--replicó el perdis--.
+Mirad, mirad, ahí viene Lola Madariaga..., la mujer más graciosa y más
+remonísima que ha pisado el salón hasta ahora--añadió elevando un poco
+la voz para que lo oyese la interesada.
+
+Lola le envió una sonrisa de gratitud. Su marido, el mejicano de las
+vacas, que también oyó el piropo, saludó al grupo con afabilidad.
+Aquélla estaba realmente muy linda disfrazada de dama de Luis XIV;
+vestido rojo recamado de oro, y manto amarillo, también bordado; el
+cabello empolvado, y al cuello una cinta de terciopelo negro con brincos
+de plata.
+
+Terminado el rigodón de honor, los jóvenes comenzaron a bailar. Pepe
+Castro vino a recoger a Esperancita, que paseaba con su íntima la última
+de Alcudia. Ambas asistían por vez primera a un baile de importancia.
+Estaban alegrísimas contemplando con viva emoción el mundo bajo su
+aspecto más risueño, gorjeándose discretamente al oído sus dulces y
+recónditas impresiones. Paseó un instante con ellas, hasta que un pollo
+vino a invitar a Paz, y ambas parejas se lanzaron a la vez en la
+corriente del baile. El mundo desapareció para Esperancita. Un
+delicioso y vago sentimiento de dicha y libertad, como el que tendría un
+pájaro al volar si estuviese dotado de alma, penetró en su corazón y lo
+inundó de alegría. Era también la primera vez que Pepe Castro le
+apretaba la cintura. Sentíase arrebatada por él en medio del torbellino
+de parejas y se creía sola. ¡Ella y él!, y la música acariciando los
+oídos y el corazón, interpretando dulcemente las inefables impresiones
+que palpitaban en el fondo de su alma. Al descansar unos instantes, su
+rostro expresaba de tal modo intenso este divino sentimiento del primer
+amor, que su tía Clementina, al cruzar del brazo del presidente del
+Congreso, no pudo menos de sonreír dirigiéndole una mirada mitad
+cariñosa, mitad burlona que la hizo enrojecer. Pepe Castro se esforzaba
+por sacarle las palabras del cuerpo. Aquella noche, el exceso de la
+emoción la tenía semimuda. La dicha que embargaba su alma se traducía,
+como casi siempre acontece, en un sentimiento de benevolencia hacia todo
+el mundo. El baile le parecía encantador. Todos los hombres eran
+chistosos. Todas las mujeres estaban admirablemente vestidas. Hasta
+Ramoncito, que acertó a pasar por delante, pudo recibir algunas gotas de
+este rocío bienhechor.
+
+--¿No baila usted, Ramón?--le preguntó con una sonrisa tan amable, que
+el ilustre concejal se sintió desfallecer de felicidad.
+
+--Me ha entretenido el conde de Cotorraso hasta ahora.
+
+--Pues a buscar pareja.... Mire usted: allí está Rosa Pallarés que no
+baila.
+
+El futuro estadista se apresuró a invitarla, pensando con su penetración
+característica que Esperancita le daba esa pareja porque era bastante
+fea. Mecido en este grato y dulcísimo pensamiento pasó un rato feliz
+bailando con la hija del general Pallarés, "uno de nuestros más bellos
+bacalaos", al decir de Cobo Ramírez. Creía estar cumpliendo con un
+mandato de su adorada, dándole un testimonio irrecusable de que sus
+celos, si los sentía, eran infundados.
+
+Cuando terminó el vals, vino, como un caballero de la Edad Media que
+sale del torneo, a recibir el galardón de las manos de su dama. Pero
+como no hay dicha completa en este mundo, al mismo tiempo que él se
+acercó a la niña Cobo Ramírez. Ambos se sentaron a su lado y la
+atosigaron a requiebros y atenciones. El uno le pedía el abanico, el
+otro el pañuelo. Los dos procuraban atraer su atención sacando
+conversaciones divertidas, lisonjeando su orgullo por todos los medios
+que podían. En honor de la verdad hay que confesar que, aunque Ramoncito
+era mucho más profundo y político, la conversación de Cobo era más
+amena. Sin embargo, por uno de esos caprichos inexplicables de las
+jóvenes, Esperancita mostrábase más afectuosa y deferente con Maldonado,
+contra su costumbre. Y los tres ofrecían un espectáculo curioso y
+divertido.
+
+Los criados circulaban con bandejas llenas de sorbetes, jarabes,
+confites y frutas heladas. Ramón llamó a uno para ofrecer a Esperanza
+ciertas yemas a las cuales sabía que era aficionada. Al mismo tiempo
+invitó con empeño a su antagonista a que tomase un helado. Cobo lo
+rehusó. Le apremió con tal afán, que el conde de Agreda, Alcántara y
+otros varios que estaban cerca lo notaron.
+
+--Mirad a Ramón qué empeño tiene en que Cobo tome un helado--dijo uno.
+
+--¡Claro! Le ve sudando y quiere matarlo. Es lógico--repuso León.
+
+Pepe Castro, cuando vió acercarse a Cobo y Ramoncito, se había retirado
+discretamente. En el camino tropezó con Clementina, que parecía
+multiplicarse. Acudía a todos los sitios donde hacía falta, volviendo a
+cada instante junto a los soberanos, que se habían retirado con la
+duquesa, el duque y las personas de su servidumbre a una sala donde
+nadie osó entrar.
+
+--Ya te he visto bailando con mi sobrinita--le dijo--. ¿Por qué no le
+haces el amor?
+
+--¿Para qué?
+
+--Para casarte.
+
+--¡Horror! Pero chica, ¿qué te he hecho yo para que me aborrezcas tanto?
+
+--Vamos, ven aquí. Has de ser formal--dijo ella poniéndose grave,
+adoptando un aire maternal--. Esperanza no es hermosa, pero tampoco
+desagradable. Tiene la frescura de la juventud y está enamorada de ti
+... me consta....
+
+--Sí; lo mismo que tú--manifestó el gallardo salvaje, sonriendo con un
+poco de amargura.
+
+Ella lo advirtió y quiso dejarle satisfecho.
+
+--Lo mismo que yo ... si te hubiese conocido a los diez y seis años. Te
+digo que te quiere, y mucho. Nosotras las mujeres cogemos al vuelo estas
+cosas. Cásate, no seas tonto.... Calderón es muy rico....
+
+Cuando Pepe quiso contestar, la dama ya se había alejado con pie rápido.
+Quedó unos instantes inmóvil y pensativo. Luego, a paso lento,
+balanceándose, comenzó a dar la vuelta a los salones, deteniéndose ante
+las mujeres hermosas, examinándolas con mirada impertinente, como un
+bajá en el mercado de esclavas.
+
+Lola Madariaga se había apoderado de Raimundo. Le tenía a su lado allá
+en un ángulo de la gran sala de conversación, y desplegaba uno tras
+otro, con arte infinito, todos los recursos de su coquetería para
+conquistarle. Esta era la manía de la graciosa morena. No podía
+cualquiera de sus amigas tener un galán sin que al momento no se le
+antojase arrancárselo. Importaba poco que fuese guapo o feo, airoso o
+encogido. Para ella, lo interesante era satisfacer la violenta necesidad
+que siempre había sentido de ser idolatrada, de triunfar de todas las
+demás. Tenía unos ojos de mirar suave, inocente, que engañaban. Nadie
+creyera que detrás de aquella mirada se ocultaba una voluntad tan firme
+y tan astuta. Alcázar la encontraba linda y su conversación placentera;
+pero influía mucho en esta simpatía la consideración de ser amiga
+íntima de Clementina y la de versar la plática casi siempre acerca de
+ésta. No pudiendo bailar con su adorada ni hablar a solas, tanto por
+prudencia como por las muchas obligaciones que aquella noche pesaban
+sobre ella, se consolaba oyendo a Lola relatar pormenores referentes a
+su amiga. Todo le interesaba al mancebo; el vestido que había llevado al
+baile de la embajada francesa; los menudos accidentes que le habían
+ocurrido en la cacería de Cotorraso; las escenas que había tenido con su
+marido, etc. La linda morena seguía el plan de atraer primero su
+atención, captarse su simpatía a fin de ponerle blando.
+
+Clementina llegó a la sala cuando más enfrascados estaban en la charla.
+Quedóse un instante a la puerta mirándoles sorprendida e irritada. Hacía
+tiempo que Lola cayera de su gracia. Aunque Pepe Castro ya no le
+interesaba, cuando su amiguita trató de birlárselo, se produjo cierto
+enfriamiento en sus relaciones. Luego observó que Lola miraba a Raimundo
+con buenos ojos y bromeaba con él en cuanto se le presentaba ocasión.
+Esto despertó en su pecho un odio, que le costaba trabajo disimular.
+
+Les clavó una mirada intensa y colérica: avanzó hasta el medio de la
+estancia y dijo con voz un poco alterada:
+
+--Alcázar, le necesitamos para bailar. ¿Está usted muy cansado?
+
+--¡Oh, no!--se apresuró a decir el joven levantándose--. ¿Con quién
+quiere usted que baile?
+
+No respondió. Lola le había enviado una sonrisita sarcástica que acabó
+de exasperarla. Se dirigió a la puerta.
+
+--Siento mucho haberle molestado a usted--le dijo fríamente cuando
+estuvieron lejos.
+
+Raimundo la miró sorprendido. Cuando nadie los oía acostumbraba a
+tutearle.
+
+--¿Molestia? Ninguna.
+
+--Sí; porque, al parecer, estaba usted muy a gusto al lado de esa
+señora....
+
+Y no pudiendo refrenar sus ímpetus más tiempo, le dijo sordamente:
+
+--Ven conmigo.
+
+Le llevó al comedor donde las mesas estaban ya esperando a los
+invitados. Allí, en el hueco de un balcón, desahogó su ira. Le llenó de
+insultos y dió por definitivamente rotas sus relaciones. Llegó a
+sacudirle violentamente por el brazo. Alcázar quedó tan estupefacto, tan
+aterrado, que no supo contestar. Esto le salvó. Al ver su rostro
+descompuesto donde se pintaban el dolor y la sorpresa, Clementina no
+pudo menos de comprender que la ira la engañaba. En Raimundo no había
+existido intención de coquetear. Sosegándose un poco, admitió las
+disculpas que aquél le dió al fin.
+
+--Si precisamente, para hablar de ti es para lo que yo me acerco a ella.
+
+--¡Ah! ¿Para hablar de mí?... Pues mira, de aquí en adelante no hables
+de mí. Basta con que me quieras.
+
+Los criados, que por allí andaban, los miraban con el rabillo del ojo y
+se hacían guiños maliciosos. Al salir tropezaron con Pepa Frías. La
+frescachona viuda estaba muy bien ataviada: había oído infinitos
+requiebros. Vestía de princesa extranjera del tiempo de Carlos III, de
+lama plata con recamos de oro, y manto de terciopelo azul. Un escote
+cuadrado dejaba ver con harta claridad lo que Pepa debía de considerar
+mas interesante en su persona, a juzgar por la predilección con que lo
+mostraba.
+
+--¡Chica, tengo un hambre de lobo!--entró diciendo--. ¿Cuándo acabáis de
+abrir el _buffet_? ¡Ah! ¿Conque os vais por los rincones? ¡Prudencia,
+Clementina, prudencia!... Hija, yo no puedo aguardar más: dame algo de
+comer, o me caigo.
+
+Clementina la llevó riendo a un rincón y le hizo servir algunas viandas.
+Alcázar se volvió a los salones muy alegre, pero tembloroso aún por la
+violenta emoción que su querida le había hecho experimentar. Nunca la
+había visto tan furiosa.
+
+La amistad de ella con Pepa se había remachado desde la escena que hemos
+descrito más atrás. La viuda se había persuadido de que la salvación de
+su fortuna se fundaba en este cariño y procuraba fomentarlo. Gracias a
+él había rescatado ya, poco a poco, una gran parte de ella. El resto no
+le apuraba. Sabía que Da. Carmen tenía hecho testamento a favor de su
+hijastra, y aunque esta señora había mejorado un poco, era segura su
+muerte en plazo breve. Los médicos habían descubierto en ella un tumor.
+No se atrevían a operarla a causa de su extremada debilidad.
+
+A Clementina le hacía muchísima gracia el desenfado, mejor aún, el
+cinismo de Pepa. Ambas se entendían admirablemente. Ambas eran chulapas,
+dos manolas nacidas demasiado tarde y en condición social poco acomodada
+a su naturaleza. Por supuesto, Pepa lo era mucho más legítima que
+Clementina, quien no lo llevaba en la masa de la sangre: veníale de
+afición.
+
+--Mira, Clemen, que te estás desacreditando--le decía aquélla, mientras
+engullía vorazmente un pedazo de pavo en galantina--. Deja ese niño que
+no vale un perro chico.... Para capricho ya ha sido bastante.
+
+--¿Qué sabes tú lo que vale?--replicaba riendo Clementina.
+
+--Por las trazas, hija.... Parece hecho en la _Dulce Alianza_. Lleva más
+de un año en relaciones contigo, y todavía se pone colorado como un pavo
+cuando le miras.
+
+--Pues eso es precisamente lo que a mí me gusta.
+
+Pepa alzó los hombros con indiferencia.
+
+--¿De veras? Para mí sería una calamidad, hija.
+
+--Y Arbós, ¿qué tal se porta?
+
+--Ese es un tonto de capirote, ¿sabes?--dijo con la boca llena--; pero
+al menos tiene fachada. En diciéndole que es un gran hombre se tira de
+cabeza al agua por ti.... Tú no sabes.... Me ha colocado en el
+Ministerio más de dos docenas de parientes.... Luego da gusto tener
+cierta influencia en la política y que los diputados la mimen a una.
+Ayer, precisamente, tuve la visita de Mauricio Sala, que quiere a todo
+trance ser subsecretario. Al parecer, está seguro de que, siéndolo,
+Urreta le dará su hija.
+
+--Yo detesto la política.... ¿Sabes que Irenita está monísima con su
+traje de cazadora?...
+
+--¡Ps! vistosilla....
+
+--No, no, monísima. ¿Dónde anda su marido, que no le he visto más que al
+entrar?
+
+--¿Su marido? ¡Valiente tuno está su marido!--exclamó levantando furiosa
+la cabeza--. ¡Ay qué disgustos, querida, qué disgustos tan grandes tengo
+sobre mí--añadió con la boca llena.
+
+--¿María Huerta?--preguntó Clementina en tono confidencial.
+
+--La misma--dijo entre dientes la viuda, mirando fijamente al pavo.
+Luego encrespándose de pronto:--Es un bribón ¿sabes? un sinvergüenza,
+que no sabe siquiera guardar el decoro de su mujer. La mayor parte de
+los días la espera a la salida de San Pascual y la acompaña a pie hasta
+su casa. En el teatro no le quita los gemelos de encima. ¡Una porquería!
+Aunque sea un mal marido, que tenga dignidad. Y la pánfila de mi hija,
+loca, perdida por él. ¡Has visto qué imbécil! No hace más que llorar y
+pedirle celos.... ¡Qué más quiere ese monigotillo que verla
+humillada!... Si yo estuviera en su caso ¡ya le diría!... Le ponía en
+seguidita un armatoste en la cabeza que no cabía por esa puerta.
+
+La exaltación de su espíritu no le impedía engullir lindamente.
+
+--Dios te lo pague, hija--concluyó por decir levantándose--. A ver si
+este corazón se está quieto un rato.
+
+Pepa pretendía padecer de cierto mal de corazón que sólo se le calmaba
+comiendo.
+
+Pocos minutos después de salir ambas amigas del comedor, Clementina dió
+las órdenes oportunas y el _buffet_ se abrió solemnemente. Las personas
+reales entraron primero acompañadas de su servidumbre y de los amos de
+la casa. Salabert había echado el resto en la cena. El gran comedor de
+techo artesonado parecía un ascua de oro. Las flores de vívidos colores,
+las frutas exóticas, la vajilla de plata, la cristalería, bajo las
+poderosas lámparas de gas titilaban como el cielo estrellado, producían
+un fuerte deslumbramiento. Los criados con casaca y peluca blanca,
+aguardaban inmóviles, pegados a la pared, tiesos y solemnes. En las dos
+cabeceras del salón ardían enormes troncos de encina dentro de sendas
+chimenas con retablos de roble tallado, cuyos adornos casi llegaban al
+techo. Todos los manjares que estaban sobre la mesa habían venido de
+París acompañados de una comitiva de criados y marmitones. Se exceptuaba
+el pescado, que procedía del Cantábrico, y un _pudding_ llegado por la
+tarde de Londres. Eran fiambres en su mayoría. No obstante, había
+_consommé_ caliente para el que lo pedía.
+
+Las personas reales estuvieron muy cortos momentos en el comedor. Así
+que salieron precipitóse en él la ola de la muchedumbre con harto poca
+ceremonia. Los salones quedaron silenciosos en poder de los criados, que
+con la regularidad y precisión de soldados cambiaron las bujías próximas
+a extinguirse por otras nuevas, mientras el comedor resonaba con el
+campanilleo de los platos y las copas, la charla y las carcajadas de los
+convidados.
+
+Cobo Ramírez abandonó por un rato a Esperancita dejándola en poder de su
+rival, para sentarse en un rincón delante de una mesita volante y
+devorar algunos trozos de _boeuf d'Hambourg_ y jamón. Naturalmente,
+Ramoncito aprovechó este desahogo para poner de manifiesto el contraste
+entre su parquedad poética y la glotonería prosaica de Cobo; hasta que
+Esperancita le paró los pies diciendo con mal humor a su amiguita Paz,
+que estaba del otro lado:
+
+--Pues a mí me gustan los hombres que comen mucho.
+
+--A mí también--repuso Pacita--. Al menos indica que no tienen enfermo
+el estómago.
+
+--Yo no lo tengo tampoco--se apresuró a decir el concejal, sofocado y
+molesto por la actitud hostil en que las dos amiguitas se habían
+colocado.
+
+Paz se contentó con sonreír desdeñosamente.
+
+El general Patiño, fatigado de enviar mortíferos proyectiles a la esposa
+de Calderón sin que la plaza se diese siquiera por enterada, había
+levantado el cerco para sitiar a la marquesa de Ujo, que a las primeras
+granadas había capitulado abriendo las puertas al enemigo. Sin embargo,
+el general, como estratégico consumado, no perdía de vista a Mariana,
+esperando cualquier incidente favorable para caer de nuevo sobre ella.
+Se decía en los periódicos que iba a ser nombrado ministro de la Guerra.
+Este cargo, sin duda, le daría más prestigio y autoridad para entrar a
+rebato en cualquier parte. La marquesa de Ujo vestía de turca y le
+sentaba tan bien, que, según Alcántara, apetecía soltarle un tiro. Su
+languidez era tanta aquella noche, que apenas tenía fuerzas para
+articular las palabras. A cada paso el ilustre general se veía en la
+necesidad de ayudarla en tan ímproba tarea. Mientras roía con sus
+dientes desvencijados algunas pastas, pues no admitía otra cosa su
+estómago, también un poquito averiado, disertaba, mejor dicho, exhalaba
+una serie de exclamaciones acerca de cierta novela recién publicada en
+Francia.
+
+--¡Qué escena!... ¡Ah! ¡pero qué cosa tan linda!... Cuando ella le dice:
+"Entrad en el cuarto si queréis: podréis manchar mi cuerpo, pero no mi
+alma...." ¡Ah! ¡Y cuando va al lugar del duelo y recibe la bala que iba
+dirigida a su marido!... ¡Qué cosa más linda!...
+
+Pepe Castro caracoleaba (perdón por el símil) en torno de Lola
+Madariaga. Esta le contaba con risa maligna lo acaecido hacía un rato,
+cuando Clementina se presentó de improviso donde ella estaba con
+Alcázar. Hablaba como si le hubiese arrancado el galán a su amiga, con
+acento protector y desdeñoso que hubiera hecho dar un salto a la
+orgullosa hija de Salabert si por ventura la hubiese oído.
+
+--¡Pobre Clemen! Se está haciendo vieja, ¿verdad? ¡Qué figura tiene
+todavía! Claro que es a fuerza de apretarse, y esto tarde o temprano le
+va a hacer daño; pero de todos modos.... La cara no corresponde a la
+figura, ¿no cree usted? Sobre todo ahora que se le está empañando el
+cutis de un modo horroroso. Siempre ha tenido la fisonomía muy dura.
+
+Y al mismo tiempo sus ojos claros y suaves miraban a Castro con tal
+dulzura, que realmente era para empacharse. Le habían dicho siempre (y
+era cierto) que tenía el semblante muy dulce. Para dar más realce a esta
+cualidad ponía cara de idiota.
+
+Castro asentía a todo, tanto por lisonjearla como por la mala voluntad
+que tenía a Clementina. No sentía interés por Lola, pero a raíz de su
+ruptura con aquélla se había consolado un poco festejándola: aunque en
+ello había tenido no poca parte el deseo de no aparecer derrotado a los
+ojos del mundo.
+
+--¿Y usted cree que está enamorada realmente de ese niño que parece una
+colegiala del Sagrado Corazón?
+
+--¡Vaya usted a saber! Clementina presume mucho de original. Esta última
+aventura la acredita de ello.... Mire usted qué miraditas tiernas le
+está echando el bebé desde lejos.
+
+Raimundo, en pie, allá en el extremo de una de las mesas, no quitaba ojo
+a su amada, que iba y venía de un sitio a otro previniendo los deseos de
+aquellos invitados a quienes más deseaba complacer. De vez en cuando le
+enviaba una imperceptible sonrisa de inteligencia que transportaba al
+joven al séptimo cielo.
+
+Pepa Frías, si no comía porque estaba ahita, pellizcaba en las frutas y
+confites, teniendo detrás de su silla a Calderón, Pinedo, Fuentes y
+otros tres o cuatro caballeros maleantes que gozaban en tirarle de la
+lengua. No se la mordía, en verdad, la fresca viuda. Se defendía
+admirablemente de todos ellos parando y contestando los golpes con
+maestría.
+
+--¿Dónde dice usted que tiene gota, Pepa?
+
+--En los pies, Pinedo, en los pies ... donde tiene usted el talento.
+
+--Aunque usted me insulte, quisiera que me traspasase esa gota ... ¡por
+tener siquiera una gota de usted!
+
+--¡Pocas gracias! Sería una gota de esencia aromática--dijo un consejero
+de Estado harto dulzón.
+
+--¿Y usted qué sabe, hombre, si no ha metido la nariz más que en el coro
+de ambos sexos?
+
+El consejero se puso colorado. Todos rieron de la alusión.
+
+--¡Pero qué cruel es usted, Pepa!--exclamó Fuentes riendo todavía--. Los
+que aquí estamos no sabemos nada ... (digo, señores, yo hablo por mí),
+del olor, del color, ni del sabor de usted; pero no nos quitará el
+derecho de figurarnos que es usted una cosa apetitosa y tierna.
+
+--¿Tierna?... Está usted en un error lamentable.
+
+--Yo lo digo por lo que veo ...--dijo acercando el rostro al exuberante
+seno de la viuda ...--Y a propósito: ¿qué lleva usted en ese alfiler?
+¿es un retrato de familia?
+
+El alfiler representaba un mono.
+
+--No. Fuentes--replicó furiosa--, es un espejo.
+
+De todo el grupo salió una carcajada espontánea que hizo volver la
+cabeza a los que estaban cerca.
+
+Fuentes quedó acortado un instante; pero como hombre de ingenio que era
+supo reponerse.
+
+--Yo seré mono, Pepa, pero usted es monísima.
+
+--¡Bravo, Fuentes, bravo!--exclamó Calderón, a quien, como hombre
+exclusivamente de _debe y haber_, causaba asombro cualquier frase
+oportuna.
+
+El tiroteo siguió aun después de haber salido la mayor parte de la gente
+a los salones. El grupo se había reforzado con algunos pollastres. Esta
+fué la razón de que Pepa se levantase bruscamente al cabo, diciendo:
+
+--Me voy. Por mi causa están ustedes escandalizando a estos seres
+tiernos y candorosos.
+
+Los pollos protestaron con algazara.
+
+Poco después de poblarse nuevamente los salones de baile se retiraron
+las personas reales. Hubo para despedirlas el mismo ceremonial, esto es,
+las filas apretadas a la puerta de la antesala, la Marcha Real por la
+orquesta y la despedida de los dueños hasta la escalinata.
+
+Clementina respiró con libertad. A paso lento, gozando el placer del que
+ha terminado una tarea difícil, atravesó los salones dirigiendo sus ojos
+risueños a todas partes, dejando fluir de sus labios palabritas amables
+a los amigos con quien tropezaba. Aquel baile espléndido, quizá el más
+suntuoso que hubiese dado jamás un particular en España, era obra suya
+casi exclusivamente. Su padre había suministrado el dinero: pero ella la
+actividad, el gusto, el artificio. Escuchaba las enhorabuenas que todos
+al paso la murmuraban, mecida en una embriagadora satisfacción del amor
+propio. La felicidad le hizo pensar en el amor, su complemento
+indispensable. Acometióle un deseo penetrante de cambiar con Raimundo, a
+solas, algunas tiernas palabras de cariño, algunas caricias fugitivas. Y
+buscóle con los ojos entre la muchedumbre.
+
+Raimundo había vagado toda la noche por los salones casi siempre solo.
+Había esperado el baile con deseo pueril, prometiéndose vivos e
+ignorados placeres. Jamás había asistido a una de estas fiestas
+brillantes de la sociedad aristocrática. La realidad no correspondió a
+su esperanza, como siempre acontece. Toda aquella vana ostentación, el
+lujo escandaloso desplegado ante su vista, en vez de acariciar su
+orgullo lo hirió cruelmente. Nunca se sintió tan forastero en aquel
+mundo que hacía tiempo frecuentaba. Sus pensamientos, encaminados hacia
+la melancolía, representáronle su pobre hogar, donde por su culpa iba a
+faltar muy pronto lo necesario, la modestia de su santa madre, que no
+vacilaba en desempeñar las tareas más humildes de la casa, y la de su
+inocente hermana, que con ella había aprendido a ser económica y
+trabajadora. Un remordimiento feroz le mordió el corazón. Observaba,
+además, que en los jóvenes salvajes que le rodeaban existía contra él
+cierta hostilidad latente. Tenía a muchos por amigos, le recibían
+agradablemente, jugaba con ellos, les acompañaba en algunas excursiones
+de placer: pero había llegado a comprender que para ellos no tenía otra
+personalidad que la que le daba el ser amante de Clementina. En casi
+todos los que trataba, percibía, o su exagerada susceptibilidad le hacía
+percibir, un dejo desdeñoso que le humillaba horriblemente. El amor
+frenético que profesaba a Clementina le compensaba bien de esta tortura
+y hasta se la hacía olvidar muchas veces. Pero aquella noche su dueño
+adorado, aunque no le olvidase, andaba lejos. Y le pasaba lo que a los
+místicos cuando Dios no les tiende la mano: acometíale una gran
+sequedad, un tedio abrumador. Bailó por compromiso dos o tres veces;
+conversó un poco. Harto al fin de dar vueltas se retiró al más oscuro
+rincón de una de las salas, y sentándose en un diván quedó sumido en
+tristeza profunda.
+
+Clementina le buscó en vano durante algunos minutos, hasta
+impacientarse. Cuando entró en la sala de juego le vió al fin venir
+hacia ella con la faz radiante. Toda su tristeza se había disipado al
+verla y al observar que le buscaba.
+
+--Si quieres que hablemos un momentito, vente al despacho de papá.
+Saliendo al corredor lo hallarás a mano derecha--le dijo rápidamente y
+con acento cariñoso.
+
+Y se fué. Raimundo, por disimular, se acercó a una de las mesas de
+juego: estuvo algunos instantes mirando.
+
+Clementina se deslizó disimuladamente por los salones, salió al corredor
+y se dirigió al despacho del duque, una pieza regia que sólo tenía de
+respeto, pues siempre trabajaba arriba. Estaba profusamente iluminada,
+como todas las estancias del piso principal. Al poner el pie en él creyó
+percibir un sollozo ahogado, que la llenó de sorpresa y temor. Derramó
+la vista por todo el ámbito y percibió, allá en el fondo, a una señora
+tumbada en el sofá, ocultando el rostro con el pañuelo, en actitud de
+llorar. Acercóse, y por el traje la conoció en seguida. Era Irenita.
+
+--¡Irenita! Hija mía, ¿qué tienes?--exclamó inclinándose sobre ella con
+solicitud.
+
+--Ay, perdón, Clementina.... Me he metido aquí sin saber lo que
+hacía.... ¡Soy tan desgraciada!
+
+Y las lágrimas brotaron con abundancia de sus ojos.
+
+--Pero, ¿qué te ha pasado, criatura?
+
+--¡Nada, nada!--replicó la niña sollozando.
+
+Hubo unos segundos de silencio. Clementina la contemplaba con lástima.
+
+--Vamos--dijo acercando la boca a su oído--. Emilio te ha dado algún
+disgusto esta noche.
+
+Irenita no contestó.
+
+--No te aflijas, tonta. Con eso no adelantas nada. Procura, aunque sea
+haciendo un gran esfuerzo, aparecer indiferente. Ese es el medio mejor
+de que no te desprecie.... Digo ... el medio mejor es otro ... pero no
+te lo aconsejo, porque no está bien aconsejar ciertas cosas.... Si estás
+enamorada de él no des tu brazo a torcer, por Dios.... Que no sepa estas
+penas tuyas, porque eres perdida.... Déjale que satisfaga su capricho,
+que él volverá a ti.
+
+Irenita levantó su rostro bañado de lágrimas.
+
+--¿Pero ha visto usted lo que ha hecho hoy? ¡Es horrible!
+
+En aquel momento Clementina oyó pasos en el corredor. Sospechando de
+quién eran fué rápidamente a la puerta, diciendo:
+
+--Espera un poco: déjame cerrar.
+
+Fué bien a tiempo. En aquel instante llegaba Raimundo. La dama puso el
+dedo en los labios haciéndole seña de que se alejase. Irenita no
+advirtió nada. Cuando Clementina volvió a su lado le dió cuenta, entre
+lágrimas y suspiros, de los agravios que su marido le había inferido
+aquella noche. En primer lugar, Emilio se vistió de húngaro para venir
+al baile. Irene había observado en cuanto entró, que María Huerta vestía
+también de húngara. Debían de estar convenidos, lo cual era una afrenta,
+que más de una persona había notado. Luego bailaron un vals y un
+rigodón. Mientras duró éste, Emilio no había cesado de hablarle al oído.
+Toda la noche la había estado sirviendo lo mismo que un criado,
+presentándole él mismo las fuentes de confites y frutas heladas. Una
+vez, al darle una de éstas, le había apretado los dedos; bien lo había
+visto. ¡Esto era una indecencia! Irenita quería suicidarse. Prefería
+morir mil veces a padecer semejantes tormentos. Clementina la consoló
+como pudo. Emilio la quería muchísimo: le constaba. Sólo que los hombres
+tienen a lo mejor estos sofocos, lo que llaman los toreros, _extraños_.
+Como el corazón no está interesado, dejándoles sueltos un momento se
+hastían y vuelven a lo que verdaderamente aman.
+
+Para arreglarse un poco y lavar los ojos no quiso llevarla al tocador
+del baile: subióla al de la duquesa. Al cabo de unos minutos bajaron
+ambas. Irenita prometió no dar a conocer su pena. En cuanto Clementina
+enteró a Pepa de lo que había pasado, se sulfuró de tal modo que tuvo
+necesidad de contenerla para que no fuese a arañar a su yerno.
+
+--Bien, si no le araño ahora, le arañaré después--dijo alzando los
+hombros con indiferencia. Tan resuelta estaba a ello--. Suceda lo que
+suceda, yo no puedo consentir que ese _tití_ mate a mi hija, ¿sabes?...
+Y en cuanto a esa pendona desorejada, no he de parar hasta que la escupa
+en la cara ... y al cabronazo de su marido, lo mismo.... ¡Pues estamos
+aviados!
+
+--¿No será mejor que procures desembarazarte de ellos? Huerta está en el
+Ministerio. Mira a ver si le mandas de gobernador a cualquier parte....
+
+--¡Pues es verdad! Ahora mismo voy a hablar a Arbós.... ¡Pero lo que es
+a mi señor yerno no le perdono!... Esta noche me las ha de pagar, o no
+me llamo Pepa.
+
+El duque, rodeado siempre de un grupo de fieles, se dejaba atufar a
+golpes de incensario, soltando a largos intervalos algún gruñido
+espiritual que los electrizaba, les hacía prorrumpir en exclamaciones de
+alegría. Las señoras eran las que más se distinguían por su entusiasmo.
+El genio especulador de Salabert les infundía vértigos de asombro, como
+si se pusiesen a calcular cuántos vestidos podrían comprarse con sus
+millones. Y él, tan flexible generalmente, que había llegado al puesto
+que ocupaba, según propia confesión, a fuerza de puntapiés en el
+trasero, al hallarse entre sus adoradores los maltrataba sin piedad. Sus
+chistes brutales, lo mismo caían sobre los hombres que sobre las
+señoras. Gozaba en la ostentación bárbara de su fuerza. Si aquellos sus
+devotos admiradores se dejaban humillar tan pacientemente no dándoles
+nada, ¿qué no sucedería si repartiese entre ellos sus millones, si el
+becerro de oro comenzase a vomitar monedas?
+
+En la sala de juego, adonde se fué después de haber despedido a los
+soberanos, le tenían materialmente bloqueado una porción de
+especuladores de segunda y tercera fila.
+
+--¿Cómo van las acciones de Riosa, duque?--se atrevió a preguntarle uno.
+
+--No me hable usted de eso--gruñó el prócer poniendo los ojos torvos.
+
+El plan de Llera se estaba desenvolviendo puntualmente: esto es, el
+duque, después de haber tomado un número crecido de acciones, se ocupaba
+en producir el pánico entre los accionistas. Hacía ya algunos meses que
+por medio de agentes secretos compraba acciones para venderlas al
+instante con pérdida. Gracias a estas operaciones, el papel había bajado
+considerablemente. Ahora preparaba el golpe definitivo, comprando mayor
+cantidad para lanzarlo repentinamente al mercado, aprovechar la baja que
+esto produciría y adquirir la mitad más una de las acciones.
+
+--No todos los negocios han de salir bien--replicó el otro sonriendo con
+mal disimulada satisfacción--. Usted ha sido siempre afortunado....
+
+--No es a la fortuna a quien debe sus éxitos el duque. A su genio, a su
+habilidad inconcebible es a quien los debe--manifestó un tercero
+arreándole una tufarada de incienso.
+
+--Sin duda, sin duda--se apresuró a decir el otro tratando a su vez de
+apoderarse del incensario--. El duque es el primer genio financiero que
+ha salido en nuestro país. Yo no comprendo cómo no se le entrega la
+Hacienda española. Si él no la arregla, no hay que esperar salvación
+para nosotros....
+
+--Pues si acierto a salvarla como he acertado en el negocio de Riosa,
+aviados quedan los españoles--profirió estoposamente el duque con acento
+de mal humor.
+
+--¿Pero ha salido tan malo el negocio?
+
+--¡F....! para el Gobierno, no; pero para mí, que he tomado a la par
+las acciones, me parece que no ha sido bueno.
+
+El duque echaba la culpa de haberse metido en él al animal de su
+administrador, a Llera, que se lo había metido por la cabeza contra
+todos sus presentimientos.
+
+--Los hombres como usted no deben fiarse de nadie más que de su
+instinto--le decían--. Cuando se tiene el genio de los negocios....
+
+Y la palabra _genio_ venía a cada instante a los labios de los fieles
+idólatras del becerro.
+
+Súbito apareció en la puerta de la sala Clementina seguida de Osorio, de
+Mariana y de Calderón. Los cuatro traían el semblante inquieto y
+asustado. Sus ojos se clavaron a la vez en Salabert, hacia el cual
+avanzaron precipitadamente.
+
+--Papá, escucha una palabra--le dijo Clementina.
+
+Salabert se destacó del grupo y fué a reunirse con los otros en el
+opuesto rincón.
+
+--¡Esa mujer está ahí!...--dijo aquélla con voz alterada, los ojos
+relampagueantes de ira.
+
+--¡Es un escándalo!--manifestó Osorio.
+
+--Algunas personas ya se han ido, y en cuanto se enteren, se irán
+todas--apuntó con más sosiego Calderón.
+
+--¿Qué mujer está ahí?--preguntó el duque abriendo mucho sus ojos
+saltones.
+
+--¡Esa mujer!... esa Amparo la malagueña--replicó su hija buscando el
+tono más despreciativo.
+
+--¡Cómo!--exclamó el duque con profundo estupor--. ¿Se ha atrevido esa
+z---- a presentarse en el baile? ¿Quién la ha dejado pasar? Mañana mismo
+despido al portero.
+
+--No; a quien hay que despedir ahora mismo es a ella ... ¡en
+seguidita!--dijo Clementina atropellándose por la cólera.
+
+--¡Sí, sí ... ahora mismo! ¿Cómo es eso? ¡Atreverse esa desvergonzada a
+poner los pies en esta casa y en un día semejante! ¿Ya no hay pudor? ¿Ya
+no hay vergüenza? ¿En qué país estamos? ¿Pero cómo ha podido pasar? ¡Una
+fiesta que había comenzado tan bien!
+
+--Traía invitación, al parecer.
+
+--Pues la ha robado o estará falsificada.
+
+--Bien, bien; concluyamos pronto--dijo Clementina con voz irritada--.
+Está en los salones. Es necesario que vayas a allá y la notifiques que
+haga el favor de salir, del modo que mejor te parezca.... ¡Pero pronto!
+antes que lo perciba la gente ... y sobre todo, mamá....
+
+--No, chica; yo no voy.... Me conozco bien y sé que no podría contener
+mi indignación. No nos conviene llamar la atención en este momento....
+Ve tú, ve tú ... y que se largue pronto....
+
+Clementina, sin pronunciar otra palabra, se alejó con paso rápido, el
+rostro pálido y contraído, los labios trémulos. Lanzóse en el torbellino
+de los salones y buscó ansiosamente a la intrusa. No tardó muchos
+minutos en hallarla ¡oh vergüenza! del brazo del marqués de Dávalos.
+
+Estaba espléndidamente hermosa la ex florista con su traje de María
+Estuardo. Llevaba un sobretodo acuchillado de mangas abiertas, color
+carmesí recamado de oro; un elegante prendido de encaje y menudas
+florecillas de esmalte y perlas. Su incomparable belleza irritó aún más
+la ira de Clementina.
+
+La hermosa odalisca de Salabert, aunque de inteligencia limitadísima,
+había tenido tiempo a reflexionar que su presencia en el baile podría
+acarrear un conflicto. Pero su antojo era tan vivo y desordenado, que de
+ningún modo quiso dejar de satisfacerlo, de lucir su costoso vestido de
+reina de Escocia. Pensó que podría sortear aquella difícil situación
+yendo a última hora, dando un par de vueltas por los salones y
+retirándose en seguida. Hizose acompañar de una amiga vieja de aspecto
+venerable. Amargo desengaño debió de experimentar cuando al penetrar en
+los salones y tropezar con una porción de distinguidos salvajes a
+quienes trataba con intimidad, Pepe Castro, el conde de Agreda,
+Maldonado y otros, observó que todos le volvían la espalda y se
+apresuraban a alejarse. Tan sólo el fiel Manolo, el loco marqués de
+Dávalos, la reconoció y consintió en la mengua de ofrecerla el brazo.
+
+Pocos minutos pudo disfrutar de su apoyo la malagueña. Cuando una
+sonrisa de triunfo plegaba ya sus labios y a paso lento y majestuoso iba
+dando su apetecida vuelta por los salones, se encontró repentinamente
+frente a Clementina. Sin previo saludo ni la más leve inclinación de
+cabeza, ni hacer caso alguno de su acompañante, ésta le puso la mano en
+el hombro, diciéndola:
+
+--Tenga usted la bondad de escuchar una palabra.
+
+María Estuardo empalideció, titubeó unos instantes, y por fin dijo con
+firmeza y ademán orgulloso:
+
+--Nada tengo que hablar con usted. A quien deseo ver es al dueño de la
+casa, al duque de Requena.
+
+Margarita de Austria le clavó una mirada iracunda, que la otra sostuvo
+sin pestañear. Luego, acercando la boca a su oído, le dijo con rabioso
+acento:
+
+--Si usted no me sigue ahora mismo, llamo a dos criados para que la
+saquen del salón a viva fuerza.
+
+La reina de Escocia se estremeció; pero tuvo aún ánimos para contestar:
+
+--Deseo ver al señor duque.
+
+--El señor duque no está visible para usted.... ¡Sígame, o llamo!
+
+Y al mismo tiempo echó una mirada en torno como en ademán de cumplir su
+promesa.
+
+La Estuardo empalideció aún más. Desprendiéndose del brazo de Dávalos la
+siguió al fin.
+
+Esta escena había sido observada por varias personas; pero nadie osó
+seguirlas si no es el demente Manolo, que lo hizo de lejos. La esposa
+de Felipe III se dirigió a la antesala y allí dijo a un lacayo:
+
+--El abrigo de esta señora.
+
+No se habló otra palabra. El lacayo entregó el abrigo. María Estuardo se
+lo puso sin ayuda de nadie, con mano temblorosa. Luego avanzó unos
+cuantos pasos, y volviéndose de pronto, dirigió una mirada de odio
+mortal a D.ª Margarita de Austria, que se la devolvió acompañada de una
+sonrisa de desprecio.
+
+Estaba de Dios que la desgraciada reina de Escocia había de ser
+humillada siempre. Primero lo fué por su tía Isabel de Inglaterra. Ahora
+la reina Margarita la ponía sin miramientos de patitas en la calle.
+Donde encontró a su venerable amiga dentro ya del coche. Al ver el
+comienzo de la escena pasada se había escabullido prudentemente. Antes
+que partiesen, el marqués de Dávalos se juntó a ellas. No sabemos lo que
+los salones de Requena ganaron en su aspecto moral con la marcha de
+María Estuardo; pero sí podemos afirmar que perdieron mucho en el
+estético. Porque, a la verdad, estaba lindísima.
+
+El baile tocaba a su fin. Comenzaron los preparativos para el gran
+cotillón. La muchedumbre se había aclarado un poco. Algunos se fueron
+antes de terminar el baile, viejos en su mayoría a quienes hacía daño el
+trasnochar. Entre las damiselas hubo la agitación y el movimiento que
+precede siempre al cotillón. En esta última etapa el baile adquiere un
+aspecto de recreo familiar muy grato. El arte y la imaginación
+intervienen para arrancarle sensualidad y hacerle un pasatiempo
+inocente, al estilo de las hermosas fiestas que en el siglo XIV se
+celebraban en los palacios de Inglaterra y Francia. Para las niñas
+casaderas suele ser también el momento en que termina el primer acto de
+la comedia amorosa que han empezado a representar.
+
+Pepe Castro había recibido el consejo de su ex querida Clementina
+referente a la conveniencia de festejar a la niña de Calderón, con risa
+como ya hemos visto. Sin embargo, no le cayó en saco roto. Mientras
+bailaba y bromeaba con otras jóvenes, no dejó de acordarse más de una
+vez. Al llegar el cotillón se acercó a Esperancita preguntándole si
+quería ser su pareja, a sabiendas de que esto no podía ser, pues todos
+los pollastres se apresuran a pedir tal merced a las damas así que
+entran en el baile. Pero le convenía para el plan que comenzaba a
+desenvolverse en su cerebro, fecundo en abstracciones. La niña lo tenía,
+en efecto, comprometido con el conde de Agreda; mas al oir la demanda de
+Castro, sintió tales deseos de acceder a ella, que con sorprendente
+audacia respondió que sí.
+
+La duquesa designó como dama directora a la condesa de Cotorraso, a la
+cual se unió Cobo Ramírez. Este se imponía en todos los bailes como
+habilísimo director de cotillones. Tan era así, que muchos días antes
+del baile ya había celebrado largas conferencias con Clementina acerca
+de este punto esencialísimo.
+
+Formóse el corro de sillas. Pepe Castro fué a sacar a Esperanza, que
+tomó su brazo de buen grado. Mas antes de dar un paso llegó el conde de
+Agreda.
+
+--¡Cómo, Esperancita! ¿No me había usted concedido el
+cotillón?--preguntó sorprendido.
+
+La audacia no abandonó a la niña, la audacia de la mujer enamorada.
+
+--¡Ay, perdóneme usted, León! Cuando se lo concedí a usted no me
+acordaba que ya lo tenía comprometido con Pepe--respondió en un tono que
+podía envidiar la más consumada actriz.
+
+El conde se retiró diciendo algunas palabras de cortesía, que no
+pudieron ocultar su mal humor. Cuando quedaron solos, Esperancita,
+asustada de aquel testimonio de interés que había dado a Castro, se
+apresuró a disculparse ruborizada.
+
+--La verdad es que no me acordaba de que lo tenía comprometido con
+León.... Y como ya había tomado el brazo de usted ... y además el conde
+baila de un modo que me fatiga mucho....
+
+Pepe Castro no abusó de su triunfo; se manifestó modesto y sumiso. En
+vez de galantearla descaradamente, adoptó un temperamento más
+insinuante, colmándola de atenciones delicadas, estableciendo mayor
+confianza entre ellos, mostrándola, en una palabra, mucho cariño, pero
+sin hablarla de amor. La niña rebosaba de dicha. Espezaba a sentirse
+adorada. Creía que la simpatía y el afecto con que siempre se habían
+tratado Pepe y ella se transformaban al fin en amor. Su corazón empezó a
+saltar alegremente dentro del pecho.
+
+También Ramoncito estaba satisfecho con aquel trueque. El conde de
+Agreda le era de poco tiempo atrás muy antipático, casi tan antipático
+como Cobo Ramírez, porque empezó a sentir de él los mismos celos que del
+otro. En cambio, a Pepe Castro considerábalo como su mismo yo; otro
+concejal más esbelto. Las atenciones que Esperancita le guardase, las
+tomaría como dirigidas a su propia persona. Así que, al verlos del
+brazo, se conmovió profundamente, y al acercarse a ellos para decirles
+algunas palabras insignificantes no pudo menos de ruborizarse. Pepe le
+hizo un guiño malicioso como diciendo: "Has triunfado en toda la línea".
+El joven concejal sintió que se acercaba a pasos de gigante el logro de
+sus esperanzas y el apogeo de su dicha.
+
+El cotillón fué digno remate de aquel baile brillantísimo. La fantasía
+de Cobo Ramírez, apretada por la gravedad del caso, fascinó a los
+invitados con peregrinas trazas y artificios delicados: los tuvo
+enajenados cerca de una hora. Llamó la atención, y le valió unánimes
+aplausos, un juego de sortija que se organizó en el medio del salón.
+Cobo dividió a los caballeros en dos cuadrillas, que tiraron
+alternativamente flechas con unos primorosos arcos dorados a la sortija
+suspendida por una cinta del techo. Los vencedores tenían derecho a
+bailar con las damas de los vencidos, mientras éstos los habían de
+seguir dándoles aire con el abanico. Organizóse después otro juego de
+cintas para las damas. La vencedora salió un momento del salón y
+apareció en seguida en un magnífico carro tirado por cuatro lacayos
+vestidos de esclavos negros: dió así una vuelta rodeada de todas las
+demás, al compás de una marcha triunfal. Estas y otras invenciones no
+menos famosas, dejaron para siempre sentada sobre bases sólidas la fama
+del hijo de los marqueses de Casa-Ramírez.
+
+Terminado el cotillón, comenzó el desfile de la gente. Fué una retirada
+estrepitosa. Toda aquella muchedumbre se agolpó en el vestíbulo y en la
+escalinata, charlando en voz alta, riendo, gritando alguna vez en
+demanda del coche. El vasto jardín, iluminado por algunos focos de luz
+eléctrica, ofrecía un aspecto fantástico, inverosímil, como los paisajes
+de los cosmoramas de feria. Aquellas luces blancas, intensas, hacían aún
+más negro y profundo el follaje, borraban los linderos del parque
+extendiéndolo desmesuradamente. La noche era despejada. En el oriente
+azuleaba ya la aurora. Hacía un frío intenso. Envueltos en sus gabanes
+de pieles, los jóvenes salvajes quemaban los últimos cartuchos de su
+ingenio en honor de las hermosas damas que tenían cerca. Los costosos y
+pintorescos abrigos de éstas chillaban debajo de las bombillas
+eléctricas. Los caballos piafaban, los lacayos gritaban, y los coches,
+al acercarse lentamente a la escalinata, hacían crujir la arena de los
+caminos. Sonaban golpes de portezuelas, ruido de besos, voces de
+despedida. La rueda de los coches, al pasar por delante de la gran
+escalinata, iba arrebatando poco a poco a los que allí estaban para
+dispersarlos por todo Madrid en busca de reposo.
+
+Pepe Castro se había colocado al lado de Esperancita y la hablaba
+dulcemente al oído. La niña, embozada hasta los ojos, sonreía sin
+mirarle. Cuando su coche llegó al fin, se estrecharon las manos
+largamente.
+
+--Supongo que no nos tendrá tanto tiempo olvidados como hasta ahora; que
+irá por casa más a menudo--dijo ella teniendo aún su mano entre las del
+gallardo salvaje.
+
+--¿Usted quiere de verdad que vaya a menudo por su casa?--dijo
+mirándola fijamente como un magnetizador.
+
+--¡Ya lo creo que quiero!
+
+Al decir esto se ruborizó fuertemente debajo del embozo, y desprendiendo
+bruscamente su mano, siguió a su mamá que entraba en el carruaje.
+
+Pepa Frías había dicho a su hija:
+
+--Mira, chica, cuando nos vayamos, deseo que Emilio me acompañe. Estoy
+nerviosa y no podría dormir si no le ajustase antes las cuentas. No
+quiero más escándalos, ¿sabes? Le voy a dirigir el _ultimatum_. Si
+persiste, tú te vienes conmigo y él que se vaya al infierno.
+
+Estaba furiosa. Su hija, aunque quisiera poner reparos a esto de la
+separación, pues adoraba a su infiel marido, no se atrevió. Bajó sumisa
+la cabeza. Cuando llegó el momento de marchar, Pepa se dirigió a su
+yerno:
+
+--Emilio, haz el favor de acompañarme. Deseo hablar contigo.
+
+"¡Malo!" dijo para sí el joven.
+
+--¿E Irene?
+
+--Que vaya sola. No se la comerán los lobos--respondió ásperamente.
+
+"¡Malísimo!" tornó a decirse Emilio.
+
+En efecto, Irenita dirigiendo ojeadas de temor y ansiedad a su mamá y su
+marido, se metió sola en su berlina, mientras ellos subían a la de la
+primera.
+
+Cuando el carruaje comenzó a rodar, Emilio, para desarmar a su suegra,
+quiso, como un chiquillo que era, desviar el rayo sacando una
+conversación que pudiese entretenerla.
+
+--¿Ha visto usted qué audacia la de Amparo? La creía capaz de muchos
+desatinos, pero no de uno semejante.
+
+Y habló de la Amparo con gran verbosidad sin conseguir que su suegra
+desplegase los labios. Lo mismo sucedió cuando principió a hacer
+comentarios acerca de la fortuna de Salabert, de los gastos del baile,
+del extraordinario honor que había merecido de los soberanos aquella
+noche, etc., etc. Pepa reclinada en su rincón, guardaba un silencio
+feroz que no anunciaba nada bueno. Pero Emilio, sin desanimarse, tocó
+con habilidad la tecla que responde en todas las mujeres.
+
+--¿Sabe usted, Pepa (así la seguía llamando, lo mismo que cuando era
+novio de su hija), que en un grupo donde estaba el presidente del
+Consejo, oí, sin querer, grandes elogios de usted? Elogiaban mucho el
+traje; pero más aún la figura. Decían que no había ninguna niña en el
+baile que pudiera competir con la frescura de usted; que tenía usted un
+cutis como raso, cada día más terso y brillante.
+
+--¡Jesús, qué tontería! Esas son payasadas, Emilio. En otro tiempo, no
+digo....
+
+--No, Pepa, no; el cutis de usted es proverbial en Madrid. Ya daría
+Irene algo por tenerlo como usted.
+
+--¿Es mejor que el de María Huerta?--preguntó con tonillo irónico, donde
+no se adivinaba, sin embargo, gran irritación.
+
+Pepa había cambiado de plan: pensó que sería mucho mejor adoptar la vía
+diplomática. A un chiquillo como Emilio, que no había sido indócil hasta
+entonces, era fácil atraerlo con el cariño. Aquél, en la oscuridad del
+coche, se había puesto colorado.
+
+--El de María Huerta no vale nada.
+
+--Por eso te gusta. Todos los hombres sois lo mismo en eso de cambiar
+las orejas por el rabo. Mira, Emilito--añadió cogiéndole una mano,--yo
+tenía que reñirte mucho, hablarte muy seriamente, decirte cosas muy
+amargas ... pero no puedo, tengo un corazón tan estúpido que para todas
+las ofensas encuentra disculpas. Hoy has hecho una barrabasada de marca,
+lo bastante para que Irene se separase de ti; pero a mí se me antoja que
+no es tan grande como parece, porque eres un chiquillo aturdido. Estoy
+segura de que tú mismo no te explicas la gravedad de ella....
+
+Pepa continuó su sermón en tono dulce y persuasivo. Emilio, que esperaba
+una rociada de injurias, quedó gratamente sorprendido. Escuchólo con
+sumisión, y después, con voz conmovida, empezó a disculparse. Verdad que
+había coqueteado un poco con María Huerta, pero juraba que no estaba
+interesado por ella. Era una cuestión de amor propio. Cuando él se había
+casado con Irene, esta María había dicho en casa de Osorio que no
+comprendía cómo Irene aceptaba por marido un chico tan feo y tan
+insustancial. Entonces juró que se tragaría aquellas palabras: ya estaba
+conseguido. Por lo demás ¡qué amor ni qué calabazas! Nunca había estado
+enamorado de María Huerta ni pensaba estarlo.
+
+--Yo no podía creer que estuvieses enamorado, porque siempre has tenido
+buen gusto.... Porque en resumen, esa mujer no es más que un paquete de
+trapos.... Si vistes el palo de la escoba como ella, puede muy bien
+hacer sus veces.... Pero ya ves, Irene lo cree y tienes la obligación de
+evitarla esos disgustos. Si yo estuviese en su caso no me los darías,
+monigote--añadió cogiéndole cariñosamente de la oreja--. Ya sabría yo
+tenerte bien amarradito a mis faldas.
+
+--Lo creo--repuso el joven dirigiéndola una larga mirada que nada
+tenía de filial--. Usted tiene más recursos que Irene.
+
+--¿Pues?--preguntó ella con otra mirada poco maternal.
+
+--Porque usted es una mujer más complicada; que necesita más estudio.
+Por lo mismo, no me dejaría tiempo a aburrirme seguramente.
+
+--¿Qué sabes tú de eso, mamarrachillo? Hablas de mí como si me supieses
+de memoria.
+
+--¡Qué más quisiera yo!
+
+--¡Vaya, Emilio, no seas payaso! Mira que me estás faltando al respeto.
+
+La conversación siguió en este tono alegre y cariñoso mientras el
+carruaje rodaba por las calles sombrías. En aquel rincón oscuro,
+sacudidos por el vaivén de los resortes y aturdidos por el estrépito de
+las ruedas al saltar sobre el pavimento, el cuchicheo se hizo cada vez
+más íntimo, más insinuante, animado a cada momento por risas ahogadas y
+palabritas dulces. De ambos se había apoderado un suave enternecimiento;
+de Pepa por haber hallado a su yerno tan dócil; éste por ver a su suegra
+tan cariñosa y transigente, creyendo encontrarla hecha una furia.
+Animado con su éxito, acariciado por aquella dulce confianza que
+repentinamente se estableció entre ellos, no cesaba de piropearla. Pepa
+se enfadaba o fingía enfadarse, le daba pellizcos feroces, le llamaba
+hipócrita, coquetón, desvergonzado. Concluyó por decir:
+
+--Todo eso que me dices es una farsa tuya. Si fuese verdad me alegraría,
+porque así tendría cierta influencia contigo para hacerte un buen
+marido.
+
+Al salir del coche, con el rostro encendido, más hermosa que nunca, le
+dijo:
+
+--Sube un momento: tengo que darte el reloj de Irene, que se le ha
+olvidado ayer.
+
+Emilio la subió del brazo y entró con ella en su gabinete.
+
+Mientras tanto, Irenita llegaba a casa en un estado de agitación fácil
+de comprender en una niña tan sensible y enamorada de su marido. La
+conducta de Emilio aquella noche la había trastornado, la había puesto
+excesivamente nerviosa. Y para fin de fiesta, la escena violenta que
+preveía entre su madre y su marido, de la cual tal vez saldría su
+ruptura definitiva con éste, la llenaba de espanto. Así que, apenas
+saltó en tierra delante de la puerta, acometida súbito de un vivo e
+irresistible anhelo, volvió a montar apresuradamente, diciendo al
+cochero:
+
+--A casa de mamá.
+
+Le abrió el sereno la puerta exterior: la del piso el criado que había
+estado velando y que aguardaba la salida del señorito para irse a
+costar.
+
+--¿Dónde está mamá?
+
+--En las habitaciones de adelante con el señorito Emilio.
+
+Irenita se dirigió con precipitación a la sala. No estaban allí. Pasó
+luego al _boudoir_. Tampoco, ni se oía el más leve ruido. Entró en el
+gabinete. Nada. Entonces, sobrecogida de terror, de duda, de ansiedad,
+lanzóse hacia la alcoba oculta por cortinas de brocatel donde creyó
+percibir algún rumor. En aquel momento se alzaron las cortinas y
+apareció su marido agitado y descompuesto, contemplándola con ojos de
+espanto. Irenita dió un grito y se desplomó sobre el pavimento.
+
+
+
+
+XII
+
+#Matinée religiosa.#
+
+
+Pocos días después, a las once de la mañana de un viernes de Cuaresma,
+el salvaje más elegante de Madrid salía de un sueño tranquilo y profundo
+con el firme propósito de casarse con la hija de Calderón. Abrió los
+ojos, los paseó por los adornos hípicos que colgaban de las paredes de
+su cuarto, se desperezó con elegancia, bebió un vaso de limón que tenía
+sobre la mesa de noche y se preparó a levantarse. No afirmaremos que el
+mencionado propósito viniese a su espíritu durante el sueño; pero es
+innegable que debió de operarse en él una misteriosa labor que lo
+favoreció sensiblemente. Porque en el momento de acostarse, Castro sólo
+pensaba vagamente en esta unión provechosa. Al abrir los ojos, su
+decisión de lograr la mano de Esperancita por cuantos medios estuviese a
+su alcance era ya irrevocable. Felicitemos, pues, de todo corazón a la
+afortunada niña y sigamos atentamente al noble salvaje en la tarea de
+perfeccionar la obra primorosa que la Naturaleza había llevado a cabo al
+crearle.
+
+El criado tenía ya el baño dispuesto. Después de dar un vistazo al
+espejo para observar el semblante del día, esto es, el suyo, cogió unas
+bolas de hierro e hizo con ellas algunos movimientos. Tomó un florete y
+se tiró a fondo unas cuantas veces. En seguida aplicó unas docenas de
+puñetazos rectos sobre la almohadilla de un dinamómetro. Hecho lo cual
+creyó llegado el instante de meterse en el agua. Dentro de ella se
+hallaba aún cuando apareció en la habitación, sin previo anuncio, Manolo
+Dávalos.
+
+--Pepe, tengo que hablarte de una cosa muy seria--, dijo el lunático
+marqués, con aparato de misterio, los ojos más extraviados que nunca.
+
+--Aguarda un poco: déjame salir del baño.
+
+--Sal pronto, que corre prisa.
+
+El marquesito se levantó de la silla donde se había sentado y comenzó a
+dar vueltas por la estancia con cierta agitación estrambótica, a la cual
+ya estaban acostumbrados sus amigos. No podía estarse quieto cinco
+minutos. Si cualquiera hiciese al cabo del día la mitad de movimientos
+que él, caería rendido antes de llegar la noche. Castro seguía sus
+movimientos con ojos burlones y desdeñosos. Pero estos ojos se tornaron
+serios e inquietos al ver que su amigo se acercaba a la mesa de noche y
+se ponía a jugar con un precioso revólver que allí tenía.
+
+--Mira que está cargado, Manolo.
+
+--Ya lo veo, ya--respondió éste sonriendo; y volviéndose de pronto:
+
+--¿Qué dirían en Madrid, si yo te matase ahora de un tiro?
+
+Pepe Castro sintió cierto hormigueo en la espalda, que no era producido
+solamente por el agua, y rió de un modo extraño.
+
+--Y que, hoy por hoy, lo podría hacer impunemente--siguió muy risueño el
+marqués--. Porque como todos dicen que estoy loco....
+
+--¡Je, je!
+
+El tenorio volvió a reir como el conejo. No era cobarde: al contrario,
+tenía fama de quisquilloso y espadachín: pero, como casi todos los
+valientes, necesitaba público. La perspectiva de una muerte oscura a
+manos de un loco, no le hizo maldita la gracia. Los ejemplos de Séneca,
+Marat, y otros hombres notables que murieron violentamente en el baño,
+no lograron darla ninguna amenidad, quizá porque no tuviese noticia de
+ellos. El marqués avanzó con el revólver amartillado, diciéndole:
+
+--¿Qué dirían en Madrid? ¿eh? ¿qué dirían?
+
+Castro se sitió penetrado de frío como si estuviese metido entre hielo y
+no en agua tibia. Pero tuvo aún serenidad para gritarle:
+
+--¡Deja ese revólver, Manolo! Si no lo dejas no vuelves a ver en tu vida
+a Amparo.
+
+--¿Por qué?--preguntó aquél bajando el arma con el desconsuelo pintado
+en los ojos.
+
+--Porque yo no quiero; porque la aconsejaré que no te deje entrar más en
+su casa....
+
+--Bueno, hombre, no te incomodes.... Ha sido una broma--replicó
+apresurándose a colocar el revólver en su sitio.
+
+Castro salió al instante del baño. Lo primero que hizo, cuando estuvo
+envuelto en el capuchón turco con que se secaba, fué coger el revólver y
+guardarlo bajo llave. Tranquilo ya, pero irritado por el susto que su
+majadero amigo le había dado, comenzó a hablarle en tono malhumorado y
+despreciativo, mientras delante del espejo prodigaba a su bella figura,
+con el respeto debido, todos los cuidados a que era acreedora.
+
+--Vamos a ver, hombre, desembucha ese secreto.... Será una gansada de
+las que tú acostumbras.... Desengáñate, Manolo, que tú ya no estás para
+salir a la calle. Debes ponerte en cura--decía mientras se frotaba los
+brazos con una pomada olorosa que había tomado de la batería de tarros y
+frascos de todos tamaños que tenía delante.
+
+El marqués echó mano al bolsillo, y sacando la cartera y de ella un
+billetito de mujer, dijo con no poca solemnidad:
+
+--Amparo me acaba de escribir esta carta. Deseo que te enteres de ella.
+
+Pepe no volvió siquiera los ojos para mirar el documento que su amigo le
+exhibía. Absorto en la tarea de atusarse el bigote con un cepillito de
+barba, repuso en tono distraído:
+
+--¿Y qué dice la Amparo?
+
+El marqués le miró sorprendido de la poca importancia que daba a aquella
+preciosa misiva.
+
+--¿Quieres que te la lea?
+
+--Si no es muy larga....
+
+Manolo la desdobló con el mismo cuidado y respeto que si fuese un
+autógrafo de Santa Teresa de Jesús y leyó con voz conmovida:
+
+"Mi queridísimo Manolo: Hazme el favor de mandarme por el dador dos mil
+pesetas que necesito con urgencia. Si ahora no las tienes, no dejes de
+traérmelas esta tarde a casa. Tuya de corazón siempre:
+
+"AMPARO."
+
+--¡Sopla! ¡Qué voracidad la de esa chica! ¿No tiene bastante con el
+bolsillo de Salabert? Supongo que no se las habrás mandado.
+
+--No.
+
+--Has hecho bien.
+
+--Es que no las tenía. Precisamente para ver si tú puedes facilitármelas
+es para lo que he venido.
+
+Castro se volvió hacia él y le contempló unos momentos entre irritado y
+sorprendido. Tornando luego la vista al espejo, dijo con calma
+despreciativa:
+
+--Querido Manolo; eres un melón de gran tamaño. Estoy seguro de que si
+heredases ahora a tu tía, entregarías la herencia a la Amparito para que
+la engullese como ha hecho con la de tus papás.
+
+Manolo se enfureció al oir esto. Defendió con energía a su ex querida.
+No era ella, no, quien le había arruinado, sino los tunos de los
+mayordomos. Amparo era una chica de excelentes condiciones para ama de
+casa, un portento de arreglo doméstico: al mismo tiempo generosa, capaz
+de acomodarse a cualquier vida por el cariño, etc., etc.
+
+El maníaco marqués se expresó con calor y elocuencia haciendo el
+panegírico de su adorada.
+
+--¿Sabes dónde está el mal de todo?--dijo sordamente después de larga
+pausa--. En que mi familia me privó, sin razón, de casarme con ella.
+¡Qué obstinación tan estúpida! Se empeñaban en que yo estaba
+perdidamente enamorado de esa mujer. ¡Qué había de estar enamorado!...
+Lo que yo quería era dar una madre a mis hijos, ¿sabes? Nada más que
+eso. Ellos hubieran sido felices y yo también.
+
+Pepe Castro se volvió estupefacto. Por las pálidas mejillas del marqués
+rodaban algunas lágrimas de enternecimiento. Hizo un mohín de lástima y
+siguió arreglándose los bigotes. Al cabo de unos momentos de silencio,
+dijo:
+
+--Dispensa, chico. No tengo esas dos mil pesetas; pero aunque las
+tuviera puedes estar seguro de que me guardaría de dártelas si las ibas
+a emplear como dices.
+
+El marqués permaneció silencioso y comenzó a pasear de través por el
+espacioso dormitorio.
+
+--¿A quién me aconsejas que se las pida?--dijo parándose de pronto.
+
+--A Salabert--respondió Castro sonriendo burlonamente al espejo.
+
+Manolito se encrespó terriblemente al oirlo; sus ojos llamearon
+siniestramente; se dirigió frenético, agitando los puños, hacia Pepe,
+que se volvió hacia él y dió un paso atrás preparándose a rechazarle.
+
+--¡Eso que me has dicho es una porquería! ¡Es una infamia que merece una
+estocada o un tiro! Es una cobardía porque estás en tu casa....
+
+Y se puso a crujir los dientes y a rodar los ojos que daba espanto
+verle; pero no llegó a agredir a su amigo. Haciendo un esfuerzo supremo
+por contenerse, desahogó su furor arrojando contra el suelo el sombrero,
+de tal modo que lo destrozó. Castro quedó aturdido, hecho una estatua.
+Mil veces había bromeado con él diciéndolo cosas mucho más fuertes,
+verdaderas insolencias sin que jamás se le hubiese ocurrido enfadarse. Y
+ahora, por una chanza sencillísima, montaba en cólera de aquel modo
+extraño. Procuró calmarle con algunas palabras de disculpa: pero
+Manolito no le escuchaba. Aunque desistió de la primera idea de
+arrojarse sobre él, comenzó a pasear como una fiera enjaulada,
+murmurando amenazas, moviendo los brazos y gesticulando vivamente. No
+tardó en enternecerse, sin embargo.
+
+--Nunca lo creyera de ti, Pepe--concluyó por decir con voz alterada--.
+Nunca pensé que el mayor amigo que tengo me había de insultar, me había
+de clavar el puñal hasta el pomo....
+
+--¡Pero, hombre de Dios!...
+
+--No me hables, Pepe.... Me has matado con una palabra.... Déjame
+tranquilo.... Dios te perdone como yo te perdono.... Yo soy como un
+conejo a quien hiere el cazador y corre a morir a su madriguera.... No
+me hurgues más.... Déjame morir en paz.
+
+Este símil del conejo le hizo tal impresión después de haberlo
+proferido, que se dejó caer sollozando en una butaca. Al mismo tiempo le
+acometió un fuerte golpe de tos, en el cual soltó por la boca una
+cantidad prodigiosa de rails: pero la locomotora que tenía atravesada en
+la garganta, por más esfuerzos que hizo, en manera alguna pudo
+arrojarla. Castro le hizo beber una taza de tila con azahar.
+
+Cuando el insensato marqués se fué al cabo, estaba aquél terminando el
+aderezo de su persona. La cual salió a la calle correcta y severamente
+vestida en traje de ceremonia diurna. Almorzó en Lhardy, dió una vuelta
+por _Los Salvajes_, y a las tres de la tarde, poco más o menos, se
+dirigió a casa de su tía la marquesa de Alcudia, sita en la calle de San
+Mateo. Esta severísima señora era muy celosa de la religión como ya
+sabemos. Lo mismo de su alcurnia, por no decir más. Castro era sobrino
+segundo de ella, y aunque con su vida de calavera la había disgustado
+bastante, siempre le había tratado con mucho afecto procurando atraerle
+al buen camino. Para la marquesa, los timbres nobiliarios imprimían
+carácter como el sacramento del orden. Por más vilezas que un hombre
+hiciese, siempre era un noble, como un sacerdote es siempre un
+sacerdote. En esta devota señora pensó Castro para que le secundase en
+su empresa. Su instinto (que era mucho más admirable que su
+inteligencia) le dijo que si la marquesa se encargase de casarle con la
+niña de Calderón lo conseguiría seguramente. Era grande el prestigio que
+tenía en la sociedad aristocrática: mayor aún entre los que estaban
+agregados a ella por razón del dinero, como Calderón.
+
+El palacio de Alcudia era una fábrica sombría levantada a principios del
+siglo pasado. Un piso bajo con grandes ventanas enrejadas, otro piso
+alto, y nada más; pero la casa ocupaba un perímetro inmenso y detrás
+tenía un vasto jardín bastante descuidado. El portal era chato y poco
+decoroso: la escalera de piedra toscamente labrada y gastada por el uso.
+El difunto marqués estaba pensando en una reforma cuando lo arrebató la
+muerte. Su viuda abandonó este proyecto, no tanto por avaricia, como por
+el horror que le inspiraban toda clase de reformas aunque fuesen de cal
+y canto. Por dentro, la mansión era suntuosa: los muebles antiguos y
+riquísimos. Tapices de gran valor vestían las paredes, cuadros de los
+mejores pintores antiguos adornaban las de algunas piezas, como el
+despacho y el oratorio. Este era una maravilla de lujo. Ocupaba un
+rincón de la planta baja, pero su techo era el del principal: tan
+elevado por consiguiente como el de una iglesia. Tenía grandes ventanas
+con cristales de colores como las catedrales góticas: estaba alfombrado
+como un salón de baile; había una pequeña tribuna con su órgano: el
+altar era primoroso, de gusto francés, y en medio se veía un magnífico
+_Ecce-Homo_ de Morales. Era, en fin, una estancia agradable y elegante,
+calentada por una gran estufa subterránea.
+
+En el salón de familia estaban solas las chicas con la labor entre las
+manos. La marquesa, según le dijeron, estaba en el despacho ocupada en
+escribir cartas. Se dirigió allá después de bromear un instante con las
+primas.
+
+--¿Se puede, tía?
+
+--Adelante.... ¡Ah! ¿eres tú, Pepe?--dijo la marquesa alzando los ojos y
+mirándole por encima de las gafas que se había puesto para escribir.
+
+--Si la interrumpo me voy. Quería celebrar con usted una
+conferencia--dijo el galán sonriendo.
+
+--Siéntate un instante. Estoy terminando una carta.
+
+Acomodóse en un sillón, y mientras la tía Eugenia hacía crujir la pluma
+con su mano seca y nerviosa, empezó a coordinar el exordio del discurso
+que pensaba dirigirla. Aquélla dió a los pocos minutos un gran plumazo
+estridente que debió corresponder a su rúbrica, y arrancándose vivamente
+las gafas, dijo:
+
+--Ya soy tuya, Pepe.
+
+Este bajó los ojos al suelo en demanda, sin duda, de inspiración, se
+atusó el bigote, tosió ligeramente y al fin dijo con acento solemne:
+
+--Tía, no sé si es que Dios me ha tocado en el corazón o es que me voy
+cansando de la vida que llevo; pero es lo cierto que de poco tiempo a
+esta parte me acuerdo mucho de los consejos que me ha dado muchas veces,
+que ando con deseos de formalizar, de romper con estos hábitos poco
+dignos que la falta de un padre y, sobre todo, de una madre como usted
+me han hecho adquirir. Friso ya en los treinta y me parece hora de
+acordarse del nombre que llevo. Debo cumplir con él, y también con mi
+cualidad de cristiano.... Porque en medio de mis excesos yo no me he
+olvidado jamás de que pertenezco a una familia católica y que hoy en
+España nuestra clase es la encargada de velar por la religión, dando
+buen ejemplo como usted hace.... El medio mejor para favorecer este
+cambio que siento en mi corazón es casarme....
+
+No pudo el gallardo joven escoger mejor sus palabras para catequizar a
+la tía Eugenia. Tan buena impresión le hicieron, que levantándose del
+sillón vino a ponerle la mano sobre el hombro, exclamando:
+
+--¡Cuánto me alegro, Pepito! ¡No sabes el placer que me has dado! ¡Y
+dices que no sabes si Dios te ha tocado en el corazón! ¿Cómo había de
+realizarse este cambio repentino en tu ser si Dios no lo moviese? Dios
+ha sido, hijo mío, Dios ha sido, y un poco también la buena sangre que
+tienes en las venas.... ¿Tienes escogida ya esposa?
+
+El joven sonrió haciendo un signo afirmativo.
+
+--¿Quién es?
+
+--He pensado en Esperancita Calderón. ¿Qué le parece?
+
+--Perfectamente. Es una niña muy bien educada, muy simpática: además yo
+la quiero como una hija. Ya ves; ha sido siempre la amiga íntima de mi
+Paz.... Has tenido una elección feliz....
+
+Castro volvió a sonreír maliciosamente y repuso:
+
+--Mire usted, tía, yo bien quisiera casarme con una mujer de nuestra
+clase.... Pero usted bien sabe que estoy completamente arruinado.... Las
+jóvenes de la nobleza, por desgracia, no suelen tener en el día fortuna.
+Las que la tienen, no me querrán a mí que no puedo ofrecerles más que lo
+que ellas poseen ya, esto es, un nombre. Por eso me he fijado en una que
+carezca de él y tenga dinero.
+
+--Está bien pensado. Aunque sea transigiendo un poco, debemos salvar
+nuestros nombres de la ignominia.... Pero Esperanza es una niña
+excelente. Se ha educado ya entre nosotros. Será una dama cumplida que
+te honrará.
+
+El bizarro joven no abandonaba aquella sonrisa de ironía maliciosa.
+Guardó silencio un instante, y dijo al cabo:
+
+--¿Sabe usted, tía, qué nombre damos entre nosotros al casarse de este
+modo?
+
+--¿Cómo?
+
+--Tomar estiércol.
+
+La marquesa sonrió con el borde de los labios; pero poniéndose grave en
+seguida, replicó:
+
+--No; aquí no se puede decir eso, Pepe. Te repito que esa niña merece un
+partido brillante. El que va ganando en este asunto eres tú.... ¿Sois
+novios ya? Hasta ahora no tengo noticia....
+
+--No le he dicho nada aún.... Sé que no le soy antipático. Nos miramos
+con buenos ojos; pero de relaciones, nada. Antes de pedírselas he
+querido consultar con usted, la persona más caracterizada que hoy tengo
+dentro de la familia en Madrid.
+
+--Muy bien hecho. Has procedido dignamente. Cuando se trata de contraer
+matrimonio, que al fin y al cabo es un sacramento de la Iglesia, hay que
+guardar circunspección y formalidad. En otros tiempos mejores que éstos,
+no se realizaba una boda entre nosotros sin escuchar antes la opinión de
+los mayores. Te agradezco mucho la confianza que haces de mí, y desde
+luego puedes contar con mi aprobación.
+
+--¿Y con su ayuda puedo contar? Mire usted que temo que surjan algunas
+dificultades por parte de su padre.... Es un hombre metalizado....
+Francamente, no quisiera sufrir un desaire....
+
+La marquesa quedó pensativa algunos instantes.
+
+--Déjalo de mi cuenta. Haré lo posible por arreglarlo.... Pero es
+necesario que me prometas no dar un paso sin consultarme. Es un negocio
+diplomático que hay que llevar con prudencia y habilidad.
+
+--Prometido, tía.
+
+--Sobre todo, con la niña mucho cuidado.... No me la alarmes.
+
+--Haré lo que usted me mande.
+
+Pocos momentos después salían ambos del despacho y entraron en el salón,
+donde ya había algunas personas de fuera. Durante la Cuaresma la
+marquesa de Alcudia recibía a sus amigos en las tardes de los viernes,
+dedicándose con ellos a la oración y a las prácticas religiosas. Estaban
+allí ya la marquesa de Ujo y su hija, siempre con las sayas a media
+pierna, el general Patiño, Lola Madariaga y su marido, Clementina
+Salabert con su dama de compañía Pascuala y otras varias personas, entre
+ellas el padre Ortega. Como en realidad a él le correspondían los
+honores de la tarde y era el director de la fiesta, todos le rodeaban
+formando grupo en medio del salón. Pero todos hablaban en voz más alta
+que él. La palabra del ilustrado escolapio era siempre suave, apagada,
+como si jamás saliese de la sala de un enfermo. Cuando él hablaba, sin
+embargo, establecíase el silencio en el grupo, se le escuchaba con
+placer y veneración. La marquesa, al acercarse, le besó la mano
+rendidamente y le preguntó con interés por el catarro que hacía días
+padecía.
+
+--¿Pero está usted acatarrado, padre?--preguntaron a la vez muchas
+señoras.
+
+--Un poquito nada más--respondió el sacerdote sonriendo dulcemente.
+
+--Un poquito, no; bastante. Ayer no cesaba usted de toser en San
+José--dijo la marquesa.
+
+Y se puso a dar cuenta de la dolencia del padre con solicitud y
+minuciosidad, no omitiendo ningún pormenor que pudiese contribuir a
+esclarecer tan importante punto. El clérigo sonreía, con los ojos en el
+suelo, diciendo en voz baja:
+
+--No la hagan ustedes caso. La señora marquesa es muy aprensiva. Verán
+ustedes cómo resulto en último grado de tisis.
+
+--Padre, hay que cuidarse ... hay que cuidarse.... Usted trabaja
+demasiado.... Por el bien mismo de la religión debe usted cuidarse.
+
+Todos se apresuraban a aconsejarle con afectuoso interés. Una señorita
+de treinta y siete años, muy correosa y espiritada, que se confesaba con
+él, llegó a decir entre burlas y veras:
+
+--Padre, ¡qué sería de mí si usted se muriese!
+
+Lo cual hizo reir a los circunstantes y pareció molestar un poco al
+correcto sacerdote. La marquesa quiso prohibirle que pronunciase aquella
+tarde la plática de costumbre; pero él se negó rotundamente a ello.
+
+En esto fueron entrando otras muchas personas en el salón. Llegaron
+Mariana Calderón y su hija Esperanza, los condes de Cotorraso, Pepa
+Frías y su hija Irene. Esta última traía el semblante pálido y ojeroso:
+como que salía de la cama donde había estado algunos días retenida por
+una afección nerviosa. Ya que estuvo poblado, la marquesa les invitó a
+pasar al oratorio y así lo hicieron. Las señoras se colocaron cerca del
+altar, donde todas tenían preparados sendos y lujosos reclinatorios: los
+caballeros permanecieron detrás y sólo tenían un almohadón de terciopelo
+para arrodillarse. Comenzó la sesión rezando todos el Rosario detrás del
+padre Ortega. Las señoras lo hicieron con una compostura y un
+recogimiento que edificaba: las ebúrneas manos, donde los diamantes y
+esmeraldas lanzaban destellos, cruzadas humildemente; la hermosa cabeza
+hundida en el pecho. Estaban irresistibles. Aunque no fuese más que por
+galantería, el Supremo Hacedor estaba obligado a concederles lo que
+pedían. No era la menos humilde, la menos bella y edificante, Pepa
+Frías. La mantilla negra iba admirablemente a sus cabellos rubios y a su
+tez blanca y sonrosada. Lo mismo decimos de Clementina Salabert, que era
+más esbelta, más delicada de facciones y que no le cedía nada en la
+tersura y brillo de la tez. Aquellas actitudes lánguidas y artísticas
+que las damas adoptaban, debían de estar destinadas a mover la Voluntad
+Divina. Pero como un fin enteramente secundario también tenían por
+objeto la edificación de los fieles salvajes que las contemplaban. Y si
+por casualidad hubiese entre ellos algún librepensador ¡qué confusión y
+vergüenza se apoderarían de su ánimo al ver que el Señor tenía de su
+lado a lo más distinguido y elegante de la _high life_ madrileña!
+
+Terminado el Rosario, dos de las más espirituales tertulianas subieron a
+la pequeña tribuna acompañadas de un salvaje barítono y de otro que
+tecleaba el piano y cantaron uno de los más preciosos números del
+_Stabat Mater_ de Rosini. Al escucharles todas aquellas almas místicas
+sintieron la nostalgia del teatro Real, de la Tosti y de Gayarre. Se
+confesaron con dolor que si en el Paraíso celeste había tantos
+inteligentes como en el de la plaza de Isabel II, la _pita_ que en aquel
+instante estaban dando a sus amiguitos debía de ser monumental. A
+seguida del canto vino la plática o conferencia del padre Ortega.
+Acomodóse el sabio escolapio en un rico sillón de ébano y marfil en el
+centro de la capilla. Rodeáronle las señoras sentadas en sillitas y
+cojines; acercáronse los caballeros formando en segunda fila. Después de
+meditar unos minutos para recoger las ideas, comenzó a exponer con voz
+suave y palabra lenta y solemne algunas consideraciones acerca de la
+familia cristiana. Ya sabemos que el padre Ortega era un sacerdote a la
+altura de la civilización contemporánea. Al hablar de la familia estuvo
+profundo y elocuente. Para el padre Ortega lo que constituía la familia
+era el respeto y el amor a la tradición, el respeto y el amor a los
+antepasados. "La familia es una tradición; tradición de glorias, de
+nombres, de honores, de virtudes y de recuerdos; y todo eso significa
+una misma cosa; amor, estimación y respeto a los mayores, es decir, a lo
+más generoso y conservador que hay en la familia". Con este motivo el
+conferenciante tronó contra la revolución, contra ese viento que sopla
+del infierno para destruir todo lo antiguo y glorificar lo nuevo, contra
+ese desprecio bárbaro de las costumbres, de las leyes, de las
+instituciones, de las glorias de nuestros antepasados. "La revolución
+lleva escrito en su bandera: _desprecio a los mayores_. ¿Cómo no, si las
+creencias antiguas, las costumbres antiguas, las instituciones antiguas,
+las aristocracias antiguas, a pesar de lo que en ellas, como en todo lo
+humano, puede echarse de menos, representan el trabajo de nuestros
+antepasados, la inteligencia, la gloria, el alma, la vida y el corazón
+de nuestros padres? Y siendo así, ¿cómo la ciencia revolucionaria que
+lanza sobre todas las cosas antiguas sus estúpidos desdenes, no había de
+lanzar también sobre los antepasados sus groseros desprecios?" Un
+principio de disolución de la familia es el ataque que se dirige por las
+escuelas revolucionarias a la propiedad. Esta agresión no sólo es un
+atentado directo contra la sociedad, sino que es un atentado todavía más
+directo contra la familia. "La propiedad, la herencia y el patrimonio,
+¿qué son sino el culto de los antepasados y el amor a los hijos? La
+propiedad es el presente, el pasado y el porvenir de la familia; es el
+lugar donde crece y se dilata en el tiempo; es el suelo que aseguraron
+los abuelos que se van, puesto hoy bajo las plantas de la posteridad que
+se eleva bendiciéndolos".
+
+Cerca de una hora estuvo el sabio escolapio asentando sobre sólidas
+bases la existencia de la familia cristiana. Estas bases no eran otras
+que la religión, la propiedad y la tradición. Hablaba con autoridad, en
+un tono sencillo y persuasivo, con palabra atildada y correcta. El
+auditorio le escuchaba atento, sumiso, convencido de que era el Espíritu
+Santo quien por boca del venerable sacerdote les ordenaba tener mucho
+cuidado con la tradición, con la religión, y sobre todo con la
+propiedad. Este sublime pensamiento les edificaba de tal modo, que el
+conde de Cotorraso y algunos otros grandes propietarios que allí había,
+se sentían unidos eternamente al Ser Supremo por el vínculo sagrado de
+la propiedad territorial y se prometían combatir por ella heroicamente y
+oponerse en el Senado a toda ley que directa o indirectamente atentara a
+su integridad.
+
+Al terminar el escolapio se le cumplimentó con sonrisas y reprimidas
+exclamaciones de entusiasmo. Todos hablaban en voz de falsete respetando
+el sagrado del recinto. La señorita correosa que había preguntado antes
+qué sería de ella si el padre Ortega le faltase, corrió a tomarle la
+mano y se la besó repetidas veces con arrebato que hizo cambiar algunas
+miradas de burla a los circunstantes. El padre se la retiró bruscamente
+con visible desagrado. Y otra vez subieron a la tribuna varias damas y
+caballeros, y _ejecutaron_, en toda la extensión de la palabra, algunas
+melodías religiosas de Gounod.
+
+Al fin salieron del oratorio todas aquellas almas beatas y se dirigieron
+al salón.
+
+La marquesa de Alcudia, cuya voluntad no podía estar jamás en reposo, se
+dispuso a cumplir lo que había prometido a su sobrino. Este la vió
+llamar aparte a Mariana y salir con ella. Al cabo de un rato ambas
+volvieron. Castro comprendió que se había hablado de él, en la mirada
+tímida y afectuosa que la esposa de Calderón le dirigió al entrar. Luego
+observó que la marquesa se retiraba hacia un rincón con el padre Ortega
+y hablaban reservadamente. Sospechó que también él estaba sobre el
+tapete. El sacerdote le dirigió dos o tres miradas con sus ojos vagos de
+miope. No se había acercado a Esperancita en todo el tiempo, pero de
+lejos se miraban y se sonreían. La niña parecía sorprendida de aquella
+actitud reservada. Pepe la había festejado bastante en los últimos días.
+Comenzó a inquietarse. Al fin, ella misma vino hacia él.
+
+--No ha estado usted anoche en el Real. ¿Guarda usted la Cuaresma?
+
+--¡Oh, no!--dijo riendo el joven--. Es que me dolía un poco la cabeza y
+me acosté temprano.
+
+--¡Claro! ¿qué había de suceder? Por la tarde montaba usted un caballo
+que no cesaba de saltar. Hubo un momento en que pensé que le tiraba.
+
+Castro sonrió lleno de condescendencia. La niña se apresuró a decir:
+
+--Ya sé que es usted un gran jinete; pero de todos modos, siempre puede
+suceder una desgracia.
+
+--¿Qué hubiera usted hecho si me hubiese tirado?--preguntó él mirándola
+a los ojos fijamente.
+
+--¡Qué sé yo!--exclamó la niña alzando los hombros y ruborizándose.
+
+--¿Daría usted un grito?--insistió sin dejar de mirarla.
+
+--¡Vaya unas preguntas extrañas que usted hace!--dijo Esperancita más
+ruborizada cada vez--. Lo daría quizá ... o no lo daría....
+
+En aquel momento se acercó la marquesa de Alcudia llamándola.
+
+--Esperanza, tengo que decirte una cosa....
+
+Y al pasar junto a su sobrino, murmuró muy bajo:
+
+--¡Prudencia, Pepe! Esos apartes no están en el programa.
+
+Al verlas alejarse y salir de la estancia, otro hombre menos superior
+sentiría alguna inquietud, cierto anhelo por saber lo que iba a pasar en
+aquella conferencia memorable. Pero nuestro joven estaba tan por encima
+del vulgo en estas y otras materias, que se puso a bromear con las damas
+con la misma tranquilidad que si Esperancita y la marquesa se hubiesen
+ido a hablar de modas. Cuando al cabo de un rato tornaron a entrar, la
+niña de Calderón tenía la carita encendida, los ojos brillantes, con una
+expresión sumisa y dichosa a la vez, que si no temiéramos cometer una
+profanación en viernes de Cuaresma, compararíamos a la de la Virgen
+María cuando el ángel Gabriel le anunció que concebiría del Espíritu
+Santo.
+
+Continuó la reunión con un carácter semirreligioso. Aquellos espíritus
+ascéticos no podían olvidarse de que era un día consagrado por las
+penitencias de Jesús en el desierto. En su consecuencia, las niñas que
+se acercaron al piano abstuviéronse de cantar el vals de _La Bujía
+Elegante_. Sus gargantas piadosas no modularon más que el _Ave María_ de
+Schubert, la de Gounod y otras piezas donde se exhala el amor divino. Se
+hablaba y se reía con discreción, bajando el tono. Si algún pollo se
+desmandaba un poco de palabra, las damas le llamaban al orden
+recordándole que en viernes de Cuaresma no se debe aludir a ciertas
+cosillas prohibidas. El espíritu de Dios estaba en la asamblea, a juzgar
+por la gran conformidad, por la dulce serenidad con que todos se
+resignaban a vivir en este valle de lágrimas. Una sonrisa feliz vagaba
+por los labios de ellas y ellos. Entre cánticos melodiosos, entre amenas
+pláticas y bromas delicadas se pasó la tarde. Los revisteros podían
+decir, sin faltar a la verdad al día siguiente, que los "viernes del
+Supremo Hacedor" eran deliciosos, y que la marquesa de Alcudia hacía los
+honores en su nombre con exquisita amabilidad.
+
+Al cabo, la piadosa reunión se dispersó. Todas aquellas almas
+bienaventuradas y temerosas de Dios salieron del palacio de Alcudia y se
+dirigieron a sus moradas, donde les aguardaba la sopa de tortuga
+humeante, el salmón con salsa mayonesa, las ricas ensaladas de col de
+Bruselas y las apetitosas _bouchées de crevettes_. La oración de
+quietud, aquellas horas de unión contemplativa con la Divinidad, les
+había abierto de par en par el apetito. No hay nada que vigorice el
+estómago como la convicción de tener de su parte al Omnipotente y la
+esperanza fundada de que más allá de esta vida, si hay fuego y
+tormentos eternos para los pelagatos y descamisados que se atreven a
+discutirle, para las familias cristianas, esto es, para las que tienen
+religión y propiedad y antepasados, no puede haber más que bienandanza,
+una eternidad de salmón con mayonesa y de _crevettes a la parisienne_.
+
+
+
+
+XIII
+
+#Viaje a Riosa.#
+
+
+El duque de Requena había dado la última sacudida al árbol. La naranja
+cayó en sus manos dorada y apetitosa. En un momento dado sus agentes de
+París, Londres y Madrid adquirieron más de la mitad de las acciones de
+Riosa. La gerencia vino pues a sus manos, o, lo que es igual, la mina.
+Algunos habían sospechado ya el juego; se resistían a vender, sobre todo
+en Madrid, donde el carácter del banquero era conocido. A no apresurarse
+a dar el golpe decisivo, seguramente las acciones hubieran subido. Llera
+olfateó el peligro y dió la señal de avance. ¡Qué día más feliz para el
+asturiano aquel en que se recibieron los telegramas de París y Londres!
+Su cara angulosa resplandecía como la de un general que acaba de ganar
+una batalla. Sus largas, descomunales extremidades se movían como las
+aspas de un molino, al dar cuenta del suceso a los hombres de negocios
+que había acudido a casa del duque en demanda de noticias. Fluían
+sonoras, homéricas carcajadas de su pecho levantado de esternón como el
+de un pollo: abrazaba a los amigos hasta asfixiarlos, y cuando el duque
+le dirigía alguna pregunta respondíale con cierto desdén desde la altura
+de su gloria. Y sin embargo, en aquel colosal negocio, él no llevaba ni
+un medio por ciento. Ni una sola peseta de tantos millones de ellas como
+iban a salir por la boca de la mina, vendría a caer en sus manos. ¡Pero
+qué importa! Sus cálculos se realizaban, aquella intriga seguida con
+sigilo, con perseverancia, con maravillosa actividad y talento llegó al
+desenlace apetecido. Su alegría era la del artista que triunfa,
+comparados con la cual todos los goces sórdidos de la tierra no valen un
+comino.
+
+Los del duque no fueron todos de esta especie. También su vanidad se
+sintió halagada por aquel ruidoso triunfo. Pensaba sinceramente que
+había llevado a cabo una empresa maravillosa digna de ser esculpida en
+mármoles y cantada por los poetas. Lo que en pura verdad no pasaba de
+una estafa consentida por las leyes, por una extraña aberración del
+sentido moral se transformaba en gloriosa manifestación de la
+inteligencia, no sólo a sus propios ojos, sino a los de la sociedad.
+Para festejar el éxito y también para enterarse por sí mismo de las
+reformas que debían llevarse a cabo a fin de que la mina produjese lo
+que tenía pensado, proyectó una excursión con los ingenieros y algunas
+personas de su intimidad. Al principio no pensó en llevar consigo más de
+ocho o diez. Poco a poco se fué ampliando el número, de suerte que al
+llegar el día de la marcha pasaban de cincuenta los convidados. Este
+aumento era debido principalmente a la iniciativa de Clementina, a quien
+sedujo la idea de aquel viaje. Lo que en el pensamiento del duque había
+sido una excursioncita modesta, familiar, en el de su encopetada hija
+adquirió el carácter de un acontecimiento público, un viaje resonante y
+ostentoso que preocupó algunos días a la sociedad elegante.
+
+Salabert hizo poner un tren especial para sus convidados. Unos días
+antes había mandado los criados y las provisiones. Todo debía estar
+preparado para recibirles dignamente. Corría el mes de mayo. Empezaba a
+sentirse el calor. A las nueve de la mañana se veía en las inmediaciones
+de la estación de las Delicias una multitud de carruajes de lujo, de los
+cuales salieron las damas y los caballeros ataviados según las
+circunstancias; ellas con vistosos trajes de fantasía para las
+excursiones campestres, ligeros y claros; ellos de americana y hongo,
+pero imprimiendo en este sencillísimo traje el sello de su capricho,
+procurando, como es justo, apartarse de los hongos y americanas
+conocidos hasta el día. Quién llevaba un terno de franela blanca como el
+ampo de la nieve con guantes y sombrero negros; quién lo lucía de color
+de lagarto con un sombrerito azul de alas microscópicas; quién, por fin,
+había creído oportuno vestirse de _tricot_ negro con guantes, botines y
+sombrero blancos. Muchos llevaban colgados de los hombros por correas
+charoladas magníficos gemelos para que no se les escapasen los mínimos
+detalles del paisaje. Y abundaban asimismo los bastones alpestres como
+si marchasen a alguna expedición peligrosa al través de las montañas.
+
+El tren especial constaba de dos coches-salón, un _sleeping-car_ y un
+furgón. Con la algazara que el caso requería se fué acomodando en los
+primeros aquella crema delicada de la salvajería madrileña. Predominaban
+los hombres. Las damas se habían retraído por no hallar suficiente grata
+la perspectiva de visitar una mina. Pero aún había bastantes para
+amenizar la excursión, y entorpecerla también. Estaban allí las que de
+algún modo por sus padres o maridos se relacionaban con el negocio, como
+la esposa y la hija de Calderón, la chica de Urreta, la señora de Biggs,
+Clementina Salabert y otras. Al lado de éstas algunas que por amistad
+íntima con ellas se habían decidido a acompañarlas, como Pacita y
+Mercedes Alcudia, cuya amistad con Esperancita era notoria. Estaban
+también aquellas que no podían faltar dondequiera que hubiese holgorio,
+verbigracia: Pepa Frías, Lola Madariaga, etc. Había hombres de negocios,
+personajes políticos, títulos rancios y nuevos. Al montar en el tren
+podía observarse la solicitud servil de los empleados de la estación, la
+extrema turbación que en aquel recinto producían los poderosos de la
+tierra.
+
+Al fin, el más poderoso de todos, el egregio duque de Requena sacó el
+pañuelo y lo agitó en la ventanilla. Sonó un pito, respondió la máquina
+con prolongado y fragoroso ronquido, y resoplando y bufando, el tren
+comenzó a mover sus anillos metálicos y a arrastrarse lentamente
+alejándose de la estación. Los convidados, desde las ventanillas,
+saludaban con los pañuelos a los que habían ido a despedirles. Gran
+agitación y algazara en los coches, apenas se encontraron corriendo por
+los campos yermos de la provincia de Madrid. Todo el mundo hablaba en
+voz alta y reía: esto y el ruido del tren hacía que apenas se
+entendieran. Poco a poco se fué operando, sin embargo, en aquella
+asamblea el fenómeno químico de la afinidad electiva. El duque se vió
+rodeado, en una berlina o mirador que había en la trasera del coche, de
+varios personajes de la banca y la política. Clementina, Pepa Frías,
+Lola Madariaga y otras damas formaban grupo conversando con los
+aficionados a la charla desenvuelta y picante, Pinedo, Fuentes,
+Calderón. Las niñas y los pollastres se decían mil frases espirituales
+que les regocijaba hasta un grado indecible. Una de las cosas que más
+alegría les causó fué la aparición de Cobo Ramírez en la ventanilla con
+la gorra galoneada de un empleado exigiéndoles el billete. Cobo estaba
+en el otro salón y había venido por el estribo, arriesgándose un poco,
+pues el tren llevaba extraordinaria velocidad. Se le acogió con
+aplausos. Las chicas enviaron recaditos a sus vecinas las del otro
+coche. Los pollos escribieron cartas de declaración. De todo se encargó
+el primogénito de Casa-Ramírez, quien iba y venía de un coche a otro con
+gran firmeza a pesar de su obesidad. Esto les divirtió un rato. Los
+billetes amorosos escritos con lápiz se leían en voz alta y provocaban
+los aplausos y la risa.
+
+Raimundo charlaba con el mejicano de las vacas y con Osorio. Este había
+llegado a mirarle con cierta benevolencia. De los amantes de su mujer
+era el que había hallado más simpático y más inocente. Aunque niño en la
+apariencia, observaba que era inteligente, instruído, cualidades que
+hasta entre salvajes concede cierto prestigio a la persona. Nuestro
+joven había concluído por adaptarse bastante bien al medio en que hacía
+tiempo vivía. No sólo en su traje podían observarse los refinamientos de
+la moda secundada por la propia fantasía, sino que en su trato y en sus
+modales se iba operando un cambio visible. En sus relaciones con
+Clementina continuaba siendo el niño tímido, el mismo esclavo sumiso que
+vivía pendiente de un gesto o una mirada de su dueño. El amor echaba en
+su corazón cada vez más hondas raíces. Pero en el comercio social se
+había ido atemperando a lo que en torno suyo veía. Hizo lo posible por
+reprimir los ímpetus de su naturaleza expansiva y afectuosa: adoptó un
+continente grave, impasible, ligeramente desdeñoso: procuró burlarse de
+cuanto se decía en su presencia, como no tocase a los usos y fueros de
+la salvajería: adquirió un cierto tonillo irónico, semejante al de sus
+compañeros de club. Y sobre todo se guardó muy bien de emitir ninguna
+idea científica o filosófica, pues por experiencia sabía que esto era lo
+que no se perdonaba en aquella sociedad. Hasta procuró refrenarse cuando
+alguno de aquellos jóvenes le inspiraba más simpatía y afecto que los
+otros. El cariño es en sí ridículo y precisa guardarlo en el fondo del
+corazón. De otra suerte se exponía a que el mismo objeto de sus
+expansiones cariñosas le respondiese con alguna cuchufleta como le
+sucedió más de una vez. Gracias a estas diligencias y a tal aprendizaje
+que fué para él rudo, logró que se le respetase algo más, que se le
+mirase como hombre _chic_, suprema felicidad a que no es fácil llegar en
+esta mísera existencia planetaria.
+
+Cuando Cobo hubo realizado varios de aquellos viajes de un coche a otro,
+que no dejaban de ser peligrosos por la velocidad del tren, Lola
+Madariaga, fijando una mirada burlona, primero en Clementina, luego en
+Alcázar, dijo a éste:
+
+--Alcázar, ¿se atreve usted a ir a pedir a la condesa de Cotorraso su
+frasco de sales? Me siento un poco mareada.
+
+Raimundo era, como ya sabemos, un chico débil, que no había tenido la
+educación gimnástica de los jóvenes aristócratas, sus amigos. Aquel
+viajecito por el estribo, con la marcha rapidísima del tren, que para
+ellos era cosa baladí, para él, que sentía vértigos al atravesar un
+puente o subir a una torre, era realmente peligrosísimo. Así lo
+comprendió y vaciló un instante, pero la honrilla le hizo responder:
+
+--Voy al momento, señora.
+
+Y se dispuso a dar cumplimiento al encargo. Pero Clementina, que había
+fruncido el entrecejo al oir la exigencia de su amiga, le detuvo
+exclamando con energía:
+
+--¡No vaya usted, Alcázar! Ya se lo encargaremos a Cobo cuando vuelva.
+
+El joven vaciló todavía con la mano en la portezuela; pero Clementina
+repitió aún con más fuerza, y ruborizándose:
+
+--No vaya usted. No vaya usted.
+
+Raimundo manifestó sonriendo a Lola:
+
+--Perdone usted, señora. Hoy no puedo ser lacayo sino de Clementina.
+Otro día tendré el honor de serlo de usted.
+
+Ni la carcajada de Lola, ni la sonrisa burlona de las otras damas
+consiguieron extinguir la emoción gratísima que el vivo interés de su
+amada le hizo experimentar.
+
+Ramoncito Maldonado se hallaba en el otro coche acompañando a
+Esperancita, a su madre y a otras damas y damiselas a quienes tenía el
+decidido propósito de encantar con su plática. Les contaba, esforzándose
+en dar a su palabra un giro parlamentario, ciertos curiosos incidentes
+de las últimas sesiones del Ayuntamiento. Manejaba ya perfectamente
+todos los lugares comunes de la oratoria municipal y conocía hasta lo
+más profundo el tecnicismo reglamentario. Hablaba de _orden del día,
+votos de confianza, particulares, nominales, secretos, proposiciones
+incidentales, previas, y de no ha lugar a deliberar, interpelaciones,
+preguntas_, etc., etc., como si fuese el inventor de este aparato
+maravilloso del ingenio humano. Conocía ya las Ordenanzas municipales
+como si las hubiese parido. Trataba las cuestiones de aforos, rasantes,
+alcantarillado, decomisos, etc., etc., que daba gloria oirle.
+Finalmente, como hombre desmedidamente ambicioso que era, se había
+metido en una conjuración contra el alcalde, de la cual pensaba sacar su
+nombramiento de individuo de la comisión de paseos públicos. Hacía ya
+tiempo que sostenía una lucha sorda, pero terrible, con Pérez, otro
+concejal no menos ambicioso, para obtener este puesto, en el cual sus
+grandes dotes de innovador podrían brillar espléndidamente. El Retiro,
+Recoletos, la Castellana, el Campo del Moro esperaban un redentor que
+les diese nueva y deslumbrante vida, y este redentor no podía ser otro
+que Maldonado. En el fondo de su cerebro, entre otros mil proyectos
+portentosos, había uno audacísimo que no se atrevía a comunicar a nadie,
+pero que incubaba con particular cariño, resuelto a luchar por él hasta
+el fin de sus días. Este proyecto era nada menos que el de trasladar la
+fuente de Apolo del Prado al centro de la Puerta del Sol. ¡Y que un
+mercachifle indigno como Pérez, de criterio estrecho, sin gusto y sin
+estética, se atreviese a disputarle el puesto!
+
+Cuando más embebido estaba, dando cuenta de la habilísima intriga que
+habían urdido para dar un voto de censura al alcalde, Cobo ¡su eterno
+estripacuentos! acercóse al grupo, y después de escuchar un momento, le
+atajó diciendo:
+
+--Vaya, Ramón, no te des tono. Ya sabemos que en el Ayuntamiento no
+representas nada. González te lleva por las narices adonde le da la
+gana.
+
+Fué aquél un golpe rudo para Maldonado. Considérese que estaba delante
+de Esperancita y de otra porción de señoras y señoritas. Tan rudo fué
+que le aturdió como si le hubiesen dado en la frente con una maza. Se
+puso lívido, sus labios temblaron antes de poder articular una palabra.
+Por fin, dijo con voz alterada:
+
+--¿A mí González?... ¿Por las narices? ¡Estás loco!... A mí no me lleva
+nadie por las narices ... y mucho menos González.
+
+Pronunció las últimas palabras con afectado desprecio. Negó a González
+por la misma razón que San Pedro negó a su Maestro, por el pícaro
+orgullo. La conciencia le decía que faltaba a la verdad, aunque no
+cantase el gallo. González era el _leader_ de la minoría municipal, y
+Ramoncito le tenía en el fondo del alma una gran veneración.
+
+--¡Anda, anda! ¡si querrás negarme que González te maneja como un
+maniquí! ¡Estaríais buenos los disidentes si no fuese por él!
+
+Ramoncito recobró súbito el uso de la palabra, y tan plenamente que
+pronunció más de mil en pocos minutos, con ímpetu feroz, soltando
+espumarajos de cólera. Rechazó como debía aquella absurda especie del
+maniquí y explicó cumplidamente la significación que González tenía
+dentro del municipio y la posición que él mismo ocupaba. Pero lo hizo
+con tal exaltación y ademanes tan descompuestos que las damas le
+contemplaban sorprendidas y risueñas.
+
+--¡Pero este Ramoncito qué genio tiene!... ¡Quién lo diría!... Vamos,
+Cobo, no le maree usted más, que puede ponerse malo.
+
+La compasión de las señoras le llegó al alma al enfurecido concejal.
+Callóse de pronto, y crujiendo los dientes de un modo lamentable, se
+encerró lo menos por una hora en un silencio digno y temeroso.
+
+En una estación secundaria, en medio de campos yermos y dilatados que
+formaban, como el mar, horizonte, se detuvo el tren para que los
+viajeros pudiesen almorzar. Los criados del duque, enviados delante, lo
+tenían todo preparado a este fin. Ramoncito se convirtió en caballero
+_servant_ de Esperancita. Esta se dejaba obsequiar con semblante
+benévolo, lo cual le tenía medio loco de alegría. La razón de esta
+condescendencia era que Pepe Castro no había venido por mandato expreso
+de su tía la marquesa de Alcudia. Las negociaciones matrimoniales,
+llevadas con gran sigilo, exigían cada vez más prudencia. Como Maldonado
+era tan íntimo amigo del dueño de su corazón, Esperancita sentía cierto
+deleite teniéndole a su lado. Al mismo tiempo evitaba que le fuesen
+llevando cuentos sobre si hablaba con el conde de Agreda o con Cobo.
+¡Pobre Ramón! ¡Cuán ajeno estaba de estas complicadas psicologías!
+
+Montaron de nuevo en el tren. Siguieron caminando al través de llanuras
+interminables, amarillentas, sin que a ninguno se le ocurriese enderezar
+hacia el paisaje los magníficos gemelos ingleses. Y llegaron a Riosa
+poco antes del oscurecer. Las minas de Riosa están situadas en el centro
+de dos cumbres poco elevadas, estribaciones de una famosa sierra.
+Rodéanlas por todas partes terrenos ásperos, lomas y colinas de escasa
+elevación, donde abundan, no obstante, las quebraduras y asperezas que
+le dan aspecto triste y siniestro. Entre aquellas dos cumbres hay una
+villa edificada desde la más remota antigüedad. Nuestros viajeros no
+llegaron a ella. Detuviéronse dos kilómetros más atrás, en un burgo
+denominado Villalegre, donde los ingenieros y empleados habían situado
+su domicilio para sustraerse a las emanaciones mercuriales y sulfurosas
+que envenenan lentamente, no sólo a los mineros, sino a los vecinos de
+Riosa. Se hallaba separado de ésta por una colina y ofrece, con la villa
+de las minas, notable contraste. Riega sus terrenos un riachuelo y lo
+fecunda y lo convierte en ameno jardín, donde crecen en abundancia los
+lirios silvestres, el jazmín y el heliotropo y sobre todo las rosas de
+Alejandría, que han tomado allí carta de naturaleza como en ninguna otra
+región de España. Los aromas penetrantes del tomillo y del hinojo
+embalsaman y purifican el ambiente. Lo mejor y más florido de estos
+terrenos pertenecía a la Compañía. Separada de la aldea como unos
+trescientos pasos y en el centro de un parque se levanta soberbia
+fábrica de piedra. Es la habitación del director y el centro
+administrativo de las minas. No lejos, diseminados a uno y otro lado,
+hay unos cuantos pabelloncitos con su jardín enverjado. Moran allí
+algunos empleados de la administración y algunos facultativos, aunque
+los más de éstos tienen su domicilio en Riosa.
+
+Villalegre no tiene estación. El tren se detuvo cerca de la carretera
+que va a la capital de la provincia. Allí les esperaban algunos coches
+que los condujeron en diez minutos al palacio de la Dirección. A la
+puerta del parque y en las inmediaciones había una muchedumbre que
+saludó a la comitiva con vivas apagados. Eran los obreros, los que no
+estaban de tarea, a quienes el director había hecho venir desde Riosa
+con tal objeto. Todos ellos tenían la tez pálida, terrosa, los ojos
+mortecinos: en sus movimientos podía observarse, aun sin aproximarse
+mucho, cierta indecisión que de cerca se convertía en temblor. La
+brillante comitiva llegó a tocar aquella legión de fantasmas (porque
+tales parecían a la luz moribunda de la tarde). Los ojos de las hermosas
+y de los elegantes se encontraron con los de los mineros, y si hemos de
+ser verídicos, diremos que de aquel choque no brotó una chispa de
+simpatía. Detrás de la sonrisa forzada y triste de los trabajadores, un
+hombre observador podía leer bien claro la hostilidad. El cortejo de
+Salabert atravesó en silencio por medio de ellos, con visible malestar,
+los rostros serios, y con cierta expresión de temor. Las damas se
+apretaron instintivamente contra los caballeros. Al entrar en el parque
+murmuraron algunas: "¡Dios mío, qué caras!" Ellos respiraron con
+satisfacción al verse libres de aquellas miradas profundas y
+misteriosas. Sólo Rafael Alcántara se atrevió a responder con una
+chanzoneta:
+
+--Verdad. El pueblo soberano no anda por aquí muy bien de fisonomía.
+
+El director presentó a Salabert los empleados. Los facultativos eran
+casi todos extranjeros, tipos rubios y sonrosados que nada ofrecían de
+particular. Menos aún los administrativos. El único que llamaba un poco
+la atención entre ellos era un joven delgado y pálido, con fino bigote
+negro, cuyos ojos negros y duros se fijaban con tal decisión en los
+convidados que rayaba en insolencia. Sin saber por qué, los que
+cambiaban con él una mirada se sentían molestos y separaban prontamente
+la vista. El director lo presentó como el médico de las minas.
+
+Los invitados tenían sus habitaciones preparadas, unos en el edificio de
+la dirección (los de más cuenta, por lo que pudo verse), otros en los
+pabelloncitos adyacentes. Cuando hubieron reposado un instante, todos se
+trasladaron al gran salón del director, y desde allí, en procesión
+solemne, las damas cogidas del brazo de los caballeros, a la vasta sala
+de oficinas que se había habilitado para comedor. Fué una comida
+espléndida la que el duque les ofreció. No se echó menos ninguno de los
+refinamientos de los comedores aristocráticos, ni en el lujo de la
+vajilla, ni en el aderezo de los platos, ni en la corrección del
+servicio. Mientras comían, el vasto parque se iluminó a la veneciana. Al
+levantarse de la mesa todos corrieron a admirar desde los balcones el
+golpe de vista, que era magnífico, deslumbrador. Una orquesta, oculta en
+uno de los grandes cenadores, tocaba con brío aires nacionales. Lo mismo
+damas que caballeros, empujados por el calor que era sofocante, atraídos
+también por la belleza del espectáculo, salieron de casa y se
+diseminaron por los jardines. Los pollos consiguieron llevar a algunas
+muchachas hasta las inmediaciones del cenador, donde estaba la orquesta,
+y se pusieron a bailar. Cobo Ramírez, acercándose al grupo, les gritó:
+
+--¿Sabéis lo que pareceis, chicos? Viajantes de comercio en el soto de
+_Migascalientes_.
+
+Este parecido debió de llegarles a lo más vivo del alma. El baile perdió
+su encanto para aquellos jóvenes ilustres, y no tardó en extinguirse.
+Pero como la inspiración de Terpsícore ardía en sus corazones, tomaron
+el acuerdo de trasladarse al salón y allí continuaron rindiéndole culto,
+libre la conciencia de aquel horrible peso que Cobo les había echado.
+
+La fiesta nocturna no dejó de ser grata. Hubo muy lindos fuegos de
+artificio traídos de Madrid. Las damas y los caballeros discurrían por
+los caminos enarenados aspirando con delicia el fresco de la noche,
+embalsamado por los aromas de las flores. Sólo había un punto negro en
+aquella deliciosa velada. Al aproximarse a la verja vislumbraban a la
+muchedumbre de obreros, mujeres y niños que habían acudido de Riosa al
+ruido de la fiesta. Eran los mismos rostros pálidos, los ojos tristes,
+sonreír, que les habían saeteado al entrar. Así que, procuraban no
+llegar hasta las lindes, mantenerse en los caminos y glorietas del
+centro. Sólo Lola Madariaga, que se enorgullecía de ser muy caritativa y
+era presidenta, secretaria y tesorera de tres sociedades de
+beneficencia, respectivamente, fué la única que se aventuró a hablar con
+ellos y aun esparció algunas monedas de plata. Pero de la oscuridad
+partieron al cabo frases obscenas, algunos insultos que la obligaron a
+retirarse. El conde de Cotorraso montó en cólera al saberlo:
+
+--¡Y piden libertades y derechos para estos beduínos! Que los hagan
+honrados, agradecidos, decentes ... y luego hablaremos.
+
+Por la misma ley de afinidad electiva de que hemos hablado más arriba,
+Raimundo se encontró paseando con un personaje que se despegaba un poco
+del resto de aquella sociedad. Era un caballero de cincuenta a sesenta
+años, bajo, delgado, con bigote y perilla canosos, ojos saltones y
+distraídos, resguardados por gafas. Llamábase D. Juan Peñalver. Era
+catedrático de Filosofía en la Universidad y había sido ministro. Gozaba
+fama de sabio, con justicia, y de una respetabilidad que pocos habían
+alcanzado en España. Por esta razón los jóvenes salvajes le miraban con
+hostilidad y afectaban tratarle con cierta familiaridad desdeñosa. Es
+evidente que no hay nada que moleste tanto a los salvajes como la
+Filosofía. Luego la superioridad intelectual, la gloria que rodeaba a
+Peñalver hería su orgullo. El no advertía este desdén. Tenía un carácter
+jovial, afectuoso, y sobre todo muy distraído. Era incapaz de fijarse en
+los diversos matices del trato social, que apenas cultivaba desde que
+se había retirado de la política para consagrarse exclusivamente a la
+ciencia. Había formado parte de aquella excursión por complacer a su
+cuñado Escosura, que poseía un número considerable de acciones en la
+mina. Ultimamente se había consagrado con ardor al estudio de las
+ciencias naturales, de donde partían los tiros más certeros contra la
+metafísica idealista a que él había consagrado su vida. Al tropezarse
+casualmente con un joven tan entendido en ellas como Raimundo, sintió un
+verdadero placer. Aquella sociedad le aburría espantosamente. Tomóle del
+brazo, y sin reparar en si le molestaba o no, se puso a charlar
+animadamente de Fisiología.
+
+Raimundo se hallaba en un momento de tristeza y desmayo. Hacía tiempo
+que observaba que Escosura tenía proyectos amorosos respecto a
+Clementina. La festejaba con todo descaro donde quiera que la veía,
+afectando desconocer sus relaciones, sin reparar siquiera en él. Este
+Escosura era física y moralmente lo contrario de su cuñado Peñalver.
+Alto y corpulento, de pecho levantado y facciones pronunciadas, rico,
+hombre de cuenta en la política, orador fogoso, de una voz tan sonora y
+descomunal que, según sus enemigos, a ella debía la mayor parte de sus
+éxitos parlamentarios. Tendría unos cuarenta años. No había sido aún
+ministro, pero se contaba que lo fuese en plazo muy breve. Clementina
+había rechazado repetidas veces sus instancias. Raimundo lo sabía y
+estaba orgulloso de este triunfo. Sin embargo, no podía arrancar de sí
+cierta inquietud cada vez que le veía hablando con ella como en este
+momento. Estaban sentados, en una de las glorietas con otras varias
+personas y charlaban animadamente aparte. Cada vez que pasaba por
+delante de ellos con Peñalver, su corazón se encogía: apenas entendía ni
+escuchaba siquiera las sabias disquisiciones que su ilustre compañero le
+iba vertiendo en el oído. Clementina comprendió por sus miradas
+angustiosas lo que estaba sufriendo, y después de aguardar malignamente
+un rato (que en esto todas son iguales), se levantó al cabo y vino hacia
+ellos sonriente:
+
+--¿Qué conspiran los sabios?
+
+--Hágamelo usted bueno--respondió con sonrisa modesta el joven--. Aquí
+no hay más sabio que el señor.
+
+--Pues el señor se va a poner cátedra a la condesa de Cotorraso, que
+desea hablar con él, y usted se viene conmigo a ver una catedral gótica
+que el pirotécnico va a quemar ahora mismo--dijo colgándose con
+desenfado del brazo de su amante.
+
+Alcázar se sintió feliz. No quiso informarla de la pena que había
+sentido hacia un momento, porque otras veces que lo hizo padeció
+doblemente: Clementina le respondía en un tono ligero y burlón que le
+hería en lo vivo del pecho. Contemplaron la maravillosa catedral de
+fuego hasta que se extinguió. La dulce presión del brazo de la hermosa,
+aquel suave perfume, siempre el mismo, que exhalaba de su gentil
+persona, enajenaban al joven entomólogo, ya predispuesto a enternecerse
+por la prueba de cariño que su amada acababa de darle. Esta, que le
+conocía perfectamente, al sentir que le oprimía con más fuerza el
+brazo, le miró a la cara con fijeza, segura de encontrar lágrimas en sus
+ojos. En efecto, Raimundo lloraba silenciosamente. Al verse sorprendido
+sonrió avergonzado.
+
+¡Siempre tan chiquillo!--exclamó ella riendo y dándole un cariñoso
+tironcito--. Razón tiene Pepa en decir que pareces una colegiala del
+Sagrado Corazón. Vamos a pasear, que pueden fijarse en ti.
+
+Dieron una vuelta por las calles más solitarias del jardín. Desde uno de
+los rincones se veía un trozo de paisaje bastante singular. La luna
+iluminaba de lleno la crestería de la colina más próxima, la que
+separaba a Villalegre de Riosa y la hacía aparecer como las ruinas de un
+castillo. Clementina quiso cerciorarse de la verdad. Salieron por una de
+las puertas de atrás, despejadas de gente, y se aproximaron lentamente a
+la colina. Esta en la cumbre se hallaba desnuda de vegetación, erizada
+en cambio de pedruscos de formas caprichosas que le daban aspecto de un
+montón de ruinas. Necesitábase estar muy cerca de ella para no
+equivocarse. Cuando la dama hubo satisfecho su capricho, dieron la
+vuelta al parque para entrar por la puerta contraria. Por aquella parte
+ya se veían algunos grupos de personas. Antes de llegar a la verja, en
+un rincón del camino oscurecido por la sombra de algunos árboles, los
+pies de Clementina tropezaron con un objeto que por poco la hace caer.
+Dió un grito: se le figuró que el obstáculo era el de un cuerpo humano.
+Raimundo sacó un fósforo, y en efecto, reconocieron que era un chico de
+diez a doce años el que allí estaba tirado. Pusiéronle en pie. El
+muchacho abrió los ojos y les miró con espanto. Luego, como por súbita
+inspiración, se apoderó del bastón que Alcázar traía en la mano y
+comenzó a moverlo cadenciosamente a un lado y a otro como si desempeñase
+una tarea difícil. Clementina y su amante le contemplaban llenos de
+asombro sin poder darse cuenta de lo que aquello significaba. Algunos
+obreros se acercaron. Uno soltó la carcajada exclamando:
+
+--¡Si es uno de los chicos de la bomba! ¡Dale, dale, niño, que está
+duro!
+
+Los otros también soltaron a reir brutalmente y comenzaron a animar al
+pobrecito sonámbulo.
+
+--¡Duro, duro!... ¡Anda con ello!... ¡Más fuerte, chico, que no sube el
+agua!
+
+El desdichado niño, con las voces, redoblaba sus esfuerzos imaginarios
+moviéndose cada vez con mayor velocidad. Era una criatura enteca, de
+rostro pálido: con el sueño estaba desencajado. Sus cabellos negros
+revueltos, erizados, le daban aspecto de aparecido. La alegría salvaje
+de los obreros ante aquel cuadro lastimoso produjo penosa impresión en
+Raimundo. Cogió al niño entre los brazos, lo sacudió un poco hasta que
+logró hacerle despertar, le besó en la frente con afecto, y sacando un
+duro del bolsillo se lo entregó, alejándose después con Clementina. Cesó
+la algazara de los obreros. Uno dijo con tonillo de envidia:
+
+--¡Anda, que hoy poco trabajo te ha costado ganarte el jornal!
+
+A la una de la noche los convidados de Salabert se retiraron a
+descansar. Estaba en el programa que a las nueve de la mañana se
+reuniesen todos en el salón para ir desde allí a visitar los trabajos y
+la mina. Y se cumplió, no estrictamente, porque en España esto no puede
+suceder, pero sí con una hora de diferencia. A las diez salió la
+comitiva, bastante mermada por supuesto, en coche para Riosa. Apeáronse
+a la entrada de la villa y la atravesaron por el medio, produciendo,
+como es consiguiente, no poca turbación en ella. Las mujeres salían a
+las puertas y ventanas contemplando con ansia y curiosidad aquel
+brillante cortejo de damas y caballeros ataviados con trajes que no
+habían visto en su vida. Lo mismo que sus esposos, hijos y hermanos, el
+color de aquellas mujeres era pálido, enfermizo, sus facciones menudas,
+su mirada lánguida, sus manos y sus pies pequeños. Al pasar vieron
+también algunos hombres atacados de fuerte temblor.
+
+--¿Qué es eso? ¿Por qué tiemblan así esos hombres?--preguntó asustada
+Esperancita.
+
+--Son _modorros_--le respondió un empleado.
+
+--¿Y qué son modorros?
+
+--Los que enferman por trabajar en la mina.
+
+--¿Y enferman muchos?
+
+Todos--dijo el médico que había oído la pregunta--. El temblor mercurial
+ataca a cuantos bajan a la mina.
+
+--¿Y por qué bajan?--preguntó cándidamente la niña.
+
+--Por manía--repuso el médico sonriendo--. Yo creo que vale mucho más
+respirar el aire fresco, que no el de allá abajo.
+
+--¡Claro! Yo sería cualquier cosa antes que minero.
+
+Desembocaron al fin en una plaza o plazoleta, en el centro de la cual
+trabajaban algunos obreros levantando un artístico pedestal de mármol.
+
+--Es el pedestal para la estatua del señor duque--dijo el director de
+las minas en voz alta.
+
+--¡Ah! ¿Con qué van a colocar ahí su estatua, duque?--exclamaron unos
+cuantos rodeando al prócer.
+
+Este se encogió de hombros haciendo un gesto de desprecio.
+
+--No sé. Es una payasada que se le ha ocurrido al casino de los mineros.
+
+--¡Oh, no, señor duque!--exclamó el director, a quien realmente
+correspondía la iniciativa, aunque por encargo de Llera sugestionado a
+su vez por el duque--. ¡Oh, no! El pueblo de Riosa quiere dar una prueba
+de respeto y gratitud a su decidido protector, al que en circunstancias
+críticas no ha vacilado en exponer un enorme capital comprando este
+desacreditado establecimiento y salvándolo de la ruina.
+
+--¡Qué hermoso es hacer bien!--exclamó Lola Madariaga con voz conmovida,
+posando en Salabert con admiración sus dulcísimos ojos.
+
+Todos le felicitaron, aunque muchos de ellos sabían a qué atenerse
+respecto a aquel admirable desprendimiento. Examinaron un momento las
+obras y siguieron después su marcha hacia el establecimiento minero.
+
+Este se halla situado a la salida misma de la villa. Al exterior ofrecía
+el aspecto de una pequeña fabricación con algunas chimeneas que
+despedían humo negro. No daba idea de su importancia colosal. La
+comitiva entró y recorrió los cercos donde se ejecutan los trabajos
+auxiliares de la minería, donde se hallan además la mayor parte de las
+dependencias, carpintería, cerrajería, sala y gabinete de los
+ingenieros, etc. Lo que les llamó vivamente la atención fué el aspecto
+triste, enfermizo, de los operarios. Todos estaban marcados con un sello
+de decrepitud, que obligó a la condesa de Cotorraso a decir de pronto:
+
+--Aquí, al parecer, no trabajan más que los viejos.
+
+El director sonrió.
+
+--Parecen viejos; pero no lo son, señora.
+
+--¡Pero si todos tienen la piel arrugada, los ojos hundidos y
+apagados!...
+
+--No importa; ninguno de ellos llega a cuarenta años. Los que trabajan
+aquí son mineros que ya no pueden bajar. Los empleamos en el exterior,
+aunque con menos sueldo.
+
+--¿Y se necesita estar mucho tiempo en la mina para ponerse
+así?--preguntó Ramoncito.
+
+--Poco, poco--murmuró el director; y añadió después:--Ahí donde ustedes
+les ven, todavía se me escapan al menor descuido a la mina.... ¡El
+jornal de fuera es tan pequeño!
+
+--¿Cuánto ganan?
+
+--Una peseta.... El máximum una cincuenta.
+
+Penetraron en seguida en el cerco de destilación. El duque iba delante
+con los ingenieros ingleses encargados de proponerle las reformas
+necesarias para dar impulso al establecimiento. En este cerco se
+encuentran los hornos y grandes depósitos de cinabrio. Visitaron los
+almacenes de azogue y el sitio donde se pesa. Todos los operarios
+temblaban más o menos y ofrecían las mismas señales de decrepitud.
+
+El director les propuso ir a ver el hospital. Algunos mostraron
+repugnancia; pero Lola Madariaga, que no perdía ocasión de exhibir sus
+sentimientos benéficos, rompió la marcha y la siguieron la mayor parte
+de las señoras y algunos caballeros. Otros se quedaron. El duque
+prescindió por un rato de sus convidados, escuchando atentamente a los
+ingenieros, que le iban apuntando lo que pensaban acerca del negocio.
+
+El hospital de mineros estaba fuera de los cercos, muy próximo al
+cementerio, sin duda para que los enfermos se fuesen acostumbrando a la
+idea de la muerte y también para que si no fuesen poderosos a matarles
+los vapores mercuriales, les secundasen en la tarea las dulces
+emanaciones cadavéricas. Era un caserón viejo, agrietado, húmedo y
+sombrío. Las damas no retrocedieron, al poner las delicadas plantas en
+él, de vergüenza. El médico, que se había encargado de demostrarlo, las
+introdujo en las salas, y puso ante su vista el cuadro espantoso de la
+miseria humana. La mayor parte de los infelices enfermos estaban
+vestidos y sentados, unos sobre las camas, otros en sillas. Sus rostros
+cadavéricos, desencajados, daban miedo: su cuerpo se estremecía con
+incesante temblor, cual si estuviesen acometidos de terror pánico. En
+los semblantes de las damas, sonrosados y frescos, se dibujó el miedo y
+la angustia. El médico sonrió de aquel modo extraño que lo hacía,
+mirándolas con sus grandes ojos negros, insolentes.
+
+--No es un cuadro muy agradable, ¿verdad?--les dijo.
+
+--¡Pobrecillos!--exclamaron varias--. ¿Son todos mineros?
+
+--Sí, señoras; la atmósfera viciada por vapores mercuriales, la
+insuficiencia del aire respirable engendra fatalmente, no sólo los
+temblores, el hidrargirismo crónico o agudo, que es lo que más les
+llamará a ustedes la atención, sino también los catarros pulmonares
+crónicos, la disentería, la tuberculosis, la estomatitis mercurial y
+otra porción de enfermedades que concluyen con la existencia del obrero
+o le dejan inútil para el trabajo a los pocos años de bajar a la mina.
+
+--¡Pobrecillos! ¡pobrecillos!--repetían las damas pasando revista con
+sus ojos aterrados a aquellas fisonomías tristes y demacradas que se
+volvían hacia ellas sin expresión alguna, ni siquiera de curiosidad.
+
+--¿Y no habría medio de remediar estos efectos tan
+desastrosos?--preguntó Clementina con arranque.
+
+--De remediarlos en absoluto, no; pero de aliviarlos bastante,
+sí--repuso el joven clavando en ella su mirada penetrante--. Si los
+mineros trabajasen tan sólo dos o tres días a la semana y esos pocas
+horas; si se les hiciese vivir alejados del establecimiento minero, en
+Villalegre por ejemplo; si se prohibiesen esos trabajos a los niños
+menores de diez y seis años; si se cambiasen la ropa inmediatamente que
+salen de la mina; y sobre todo si se alimentasen bien, pienso que los
+estragos del mercurio disminuirían notablemente. Hoy, para alimentarse
+malamente, necesitan bajar a la mina todos los días y permanecer allí un
+número considerable de horas. A los cuatro o seis años se inutilizan.
+Hay que sacarlos al exterior, y entonces el jornal es tan exiguo que ni
+patatas con agua y sal pueden comer: de modo que en vez de curar
+empeoran. El único medio para mejorar la condición del minero es
+disminuir las horas de trabajo y elevar el jornal.... Pero
+entonces--añadió bajando un poco la voz y sonriendo frente a
+Clementina--, la mina de Riosa no sería un negocio para su señor padre.
+
+A Clementina le hirió aquella sonrisa como una bofetada.
+
+--Ni para usted tampoco--repuso procurando sonreír--. ¿No es usted el
+médico de las minas?
+
+--Sí, señora. Mi negocio consiste en dos mil quinientas pesetas al año y
+en una mijita de temblor que he logrado en los tres años que aquí llevo.
+
+En efecto, las manos del joven tenían un ligero estremecimiento que se
+hacía visible cuando se atusaba su fino bigote negro. El grupo de
+convidados le contempló unos instantes con atención no exenta de
+hostilidad. Adivinaban en él un enemigo. La seguridad familiar que tenía
+para hablarles les molestaba. Pagóles él con otra mirada de impenetrable
+expresión y siguió diciendo sin embarazo alguno:
+
+--En otro tiempo los jornales eran un poco mayores; la alimentación era,
+por lo tanto, más sana y más abundante. Pero desde que los azogues han
+comenzado a bajar ... no sé por qué causa (_aquí bajó la voz y tosió_),
+el salario, como es natural, sufrió igualmente una baja considerable.
+Han llegado al _mínimum_. Con lo que hoy ganan los mineros no se mueren
+materialmente de hambre en un día o en un mes; pero al cabo de cuatro o
+cinco años, sí. La mayor parte de los que aquí sucumben son víctimas, en
+realidad, del hambre. Bien alimentados podrían resistir el
+hidrargirismo. Además, como los salarios son tan insuficientes, se ven
+precisados a dedicar a sus hijos, cuando apenas tienen ocho o diez años,
+a estos trabajos peligrosos (porque todos lo son cuando se anda sobre
+mercurio). Los niños, por su menor resistencia orgánica, son los que
+primero se intoxican. Perecen muchos, y los que consiguen salvar, a los
+veinte años son viejos....
+
+Las damas y los pocos caballeros que con ellas habían venido, le
+escuchaban con atención y con pena. Jamás habían visto un cuadro tan
+espantoso. El trabajo, que es por sí un castigo, aquí se complicaba con
+el envenenamiento. Y con el corazón enternecido, llenas de buen deseo,
+proponían medios para aliviar a aquellos desgraciados. Unas pretendían
+que debía fundarse un buen hospital; otras hablaban de una tienda-asilo
+donde los obreros encontrasen los alimentos más baratos; otras aspiraban
+a que se prohibiese trabajar a los niños; otras a que los operarios
+trabajasen una horita al día nada más.
+
+El médico sacudía la cabeza sonriendo.
+
+--Está muy bien eso: yo lo creo así también.... Pero vuelvo a decirles a
+ustedes que entonces no sería un negocio.
+
+Distribuyeron algunas monedas entre los enfermos, visitaron la capilla,
+donde dejaron también algún dinero para hacer un traje nuevo al niño
+Jesús. Al fin abandonaron aquel recinto lóbrego. Al respirar el aire
+fresco sintieron una alegría que no procuraron disimular. Hablando y
+riendo fueron a juntarse con el resto de la comitiva.
+
+Los ingenieros explicaban a Salabert un nuevo método de destilación que
+podía introducirse, con el cual no sólo se elevaría enormemente la
+producción, sino que podría utilizarse el _vacisco_, o sea la parte
+menuda del mineral. Se trataba de unos condensadores formados de cámaras
+de ladrillos, de paredes delgadas en el primer trozo de recorrido de los
+humos y de cámaras de madera y cristal en lo restante hasta la chimenea.
+El horno con ellos podía estar encendido y en marcha constantemente.
+Escuchábales el duque con atención, tomaba notas, hacía objeciones,
+procurando ponerse al corriente de aquel negocio, en el cual su fina
+nariz olfateaba cuantiosas ganancias. Al llegar las damas quiso ser
+galante; suspendió la plática.
+
+--¿Cómo van mis enfermos, señoras? No han tenido hoy poca suerte--les
+dijo.
+
+--Mal, duque, mal.... El hospital deja mucho que desear....
+
+Y aquellas damas se pusieron todas a lamentarse de las deficiencias que
+ofrecía el asilo, a pintarlo con negros colores, a proponer reformas en
+él para dejarlo confortable.
+
+El duque las escuchaba con risueña indiferencia, con la atención un poco
+burlona que se presta a un niño mimoso.
+
+--Bien, bien; ya arreglaremos eso; pero antes déjenme ustedes poner el
+negocio en marcha, ¿verdad Regnault?
+
+El ingeniero asintió con la cabeza, sonriendo también con galantería.
+
+--Además es necesario, duque, que los operarios trabajen menos
+horas--dijo la condesa de la Cebal.
+
+--Y que se les aumenten los jornales--manifestó Lola Madariaga.
+
+--Y que se hagan casas para ellos en Villalegre--añadió la marquesa de
+Fonfría.
+
+--¡Oh! ¡oh! ¡oh!--exclamó el duque soltando una sonora y bárbara
+carcajada como las de los héroes de la Iliada--. ¿Y por qué no les hemos
+de traer a Gayarre y a la Tosti para recrearles por las noches? Deben
+ser muy aburridas aquí las noches.
+
+Las damas sonrieron avergonzadas.
+
+--Vamos, duque, no bromee usted, que la cosa es seria--dijo la condesa
+de la Cebal.
+
+--¡Y tan seria, condesa! ¡Como que me ha costado ya quince millones de
+pesetas! ¿Le parecen a usted poco serios estos millones?
+
+Las señoras le contemplaron con admiración, fascinadas por el caudal
+enorme que aquel hombre manejaba.
+
+--¿Pero a esos millones no piensa usted sacarles un rédito?--dijo Lola
+que presumía de entender algo de negocios.
+
+El duque volvió a soltar otra carcajada.
+
+--No, señora, no, ¡qué rédito! Pienso dejarlos aquí para el primero que
+pase.
+
+Y poniéndose grave de pronto:
+
+--¿Quién diablos les ha metido por la cabeza esas ideas? Crean ustedes,
+señoras, que lo que hace aquí falta ¡pero mucha falta! es moralidad.
+Moralicen ustedes al obrero y todos estos estragos que ustedes han visto
+desaparecerán. Que no beban, que no jueguen, que no malgasten el jornal,
+y esos efectos del mercurio no serán para ellos funestos.... Pero, claro
+está--añadió volviéndose hacia los caballeros que se habían acercado--:
+¿cómo ha de resistir en la mina un cuerpo que en vez de alimento, sea el
+que sea, tiene dentro un jarro de aguardiente amílico? Estoy convencido
+de que la mayor parte de las enfermedades que aquí hay son borracheras
+crónicas. Sepan ustedes, señores, que en Riosa se desconoce por
+completo el ahorro ... ¡el ahorro! sin el cual "no es posible el
+bienestar ni la prosperidad de un país...."
+
+Esta frase la había oído el duque muchas veces en el Senado. La repitió
+con énfasis y convencimiento.
+
+--Pero duque, ¿cómo quiere usted que ahorren con una o dos pesetas de
+jornal?--se atrevió a apuntar la condesa de la Cebal.
+
+--Perfectamente, condesa. El ahorro es ante todo una idea (_esto lo
+había oído a un economista amigo suyo_), la idea de separar algo del
+goce de hoy para evitarse el dolor de mañana. Dos pesetas para un obrero
+son lo mismo que dos mil para usted. ¿No puede usted separar algo de las
+dos mil? Pues ellos pueden de igual modo separar algo de las dos.
+Considere usted que se trata de quince céntimos, de diez ... aunque sean
+cinco céntimos. La cuestión es ahorrar algo. El que ahorra algo está
+salvado.
+
+--¡Oh Dios mío!--exclamó por lo bajo la condesa dando un suspiro--. Lo
+que yo no comprendo es cómo se puede vivir con dos pesetas, cuanto más
+ahorrar.
+
+Los ingenieros les invitaron a visitar su sala de estudio y laboratorio.
+En éste había un magnífico microscopio, que fué lo que les llamó la
+atención. El médico era quien más lo manejaba por dedicarse con mucha
+afición a los trabajos de histología. El director le invitó a que
+mostrase a aquellos señores algunas de sus preparaciones. Vieron una
+porción de diatomeas: las señoras se entusiasmaron con sus
+caprichosísimas formas. También vieron el gusano que había concluído con
+el célebre puente de Milán. No se cansaban de admirarse de que un bicho
+tan pequeñísimo pudiese demoler una fábrica tan inmensa.
+
+--Calculen ustedes los millones de estos seres que habrán tenido que
+trabajar en la demolición--dijo un ingeniero.
+
+Quiroga (que así se llamaba el médico) concluyó mostrándoles una gota de
+agua. Uno por uno todos fueron contemplando el mundo invisible que
+dentro de ella existe.
+
+--Veo un animal mayor que los otros--manifestó el duque, aplicando con
+afán uno de sus grandes ojos saltones al agujerito del aparato.
+
+--Observará usted que delante de él todos los demás huyen--dijo el
+médico.
+
+--Es cierto.
+
+--Ese animal se llama el _rotífero_. Es el tiburón de la gota de agua.
+
+--Aguarde usted un poco.... Me parece que ahora se oculta detrás de una
+cosa así como algas....
+
+--Algas se pueden llamar en efecto. Quizá se ponga ahí para acechar una
+presa.
+
+--¡Sí, sí! ¡Ahora se arroja sobre otro bicho más pequeño!... El bicho
+desapareció; sin duda se lo ha comido.
+
+El duque levantó su rostro, radiante de satisfacción, por haber tenido
+ocasión de observar aquella tragedia curiosa.
+
+Quiroga fijó en él sus ojos atrevidos, y dijo con su eterna sonrisa
+irónica:
+
+--Es la historia de siempre. En la gota de agua, como en el mar, como
+en todas partes, el pez grande se traga al chico.
+
+La sonrisa del duque se apagó. Dirigió una mirada oblicua al médico, que
+no apartó la suya fija y misteriosa, y dijo bruscamente:
+
+--Creo, señoras, que deben ustedes ir aburridas de ciencia. Es hora de
+almorzar.
+
+El gran atractivo de la excursión, el que había arrancado a casi toda
+aquella gente de sus palacios para trasladarla a región tan áspera y
+triste, era un proyectado almuerzo en el fondo de la mina. Cuando
+Clementina lo anunció a los tertulios en uno de sus tresillos, hubo una
+verdadera explosión de entusiasmo--. "¡Qué cosa tan original!... ¡Qué
+extraño!... ¡Qué hermoso!" Las damas, sobre todo, mostraban deseo tan
+vivo, que bien parecía antojo. A una indicación del duque, todas se
+proveyeron de magníficos impermeables y botinas altas, pues la mina
+destilaba agua por muchos sitios y formaba charcos. Sin embargo, la
+noche anterior, ante la proximidad del suceso, muchas, atemorizadas,
+habían desistido. El duque se vió precisado a dar órdenes para que se
+sirviese el almuerzo en la dirección y en la mina. Las valientes que
+persistían en bajar, no pasaban de ocho o diez.
+
+Toda la comitiva se dirigió a una de las bocas de la mina llamada "Pozo
+de San Jenaro". Cerca de este pozo hay un edificio destinado a la
+inspección y al peso, donde las damas y los caballeros cambiaron de
+calzado y se pusieron los impermeables. Al verlos de aquel modo
+ataviados, un estremecimiento de anhelo y de entusiasmo corrió por el
+resto de los excursionistas. Acometidas súbito de una ráfaga de valor,
+casi todas las damas declararon que estaban dispuestas a bajar con sus
+compañeras. Fué necesario enviar inmediatamente a Villalegre por los
+impermeables.
+
+La jaula, movida por vapor, estaba preparada para recibir a los ilustres
+expedicionarios. Constaba de dos pisos, en cada uno de los cuales cabían
+ocho personas en pie. Se la había tapizado con franela y se le habían
+añadido algunas argollas de bronce para sujetarse. Acomodáronse en ella
+el director, el duque y las damas valientes que no habían vacilado
+nunca, para bajar los primeros. Dióse orden al maquinista para que el
+descenso fuese lento. La jaula se estremeció subiendo y bajando algunos
+centímetros con rapidez. De pronto se sumergió de golpe en el agujero.
+Las señoras ahogaron un grito y quedaron mudas y pálidas. Las paredes
+del agujero eran sombrías, desiguales y destilaban agua. En cada
+departamento de la jaula un minero sujetaba, con su mano trémula de
+modorro, una lámpara. Todos, menos el director y los mineros avezados a
+subir y bajar, sentían cierta ansiedad en el estómago. Un vago terror
+les imposibilitaba de hablar y les crispaba las manos con que se
+agarraban a las argollas.
+
+--El primer piso--dijo el director al pasar por delante de una abertura
+negra.
+
+Nadie hizo observación alguna. Aquella suspensión en el abismo, en lo
+desconocido, paralizaba su lengua y hasta su pensamiento.
+
+--El segundo piso--volvió a decir el director al cruzar rápidamente otro
+agujero negro.
+
+Y así fué dando cuenta de todos hasta llegar al noveno. Allí percibieron
+ruido de voces y vieron iluminada la abertura.
+
+--Aquí es donde vamos a almorzar. Antes visitaremos el onceno para ver
+los trabajos.
+
+Después de pasar el décimo, gritó con toda su fuerza:
+
+--¿Están echados los taquetes?
+
+Se oyó una voz lejana en el fondo que decía:
+
+--No.
+
+--¡Echarlos ahora mismo!--gritó el director agitado.
+
+--¡No puede ser!--respondieron de abajo.
+
+--¡Cómo! ¡Cómo!... ¡Esos taquetes! ¡Echar esos taquetes!
+
+Y con las mejillas inflamadas, agitado, convulso, gritaba como un
+energúmeno mientras la jaula descendía lentamente.
+
+Un frío glacial penetró en el corazón de todos. En el compartimiento de
+arriba algunas damas lanzaban chillidos penetrantes. Las de abajo
+gritaban también y se cogían con fuerza al brazo de los caballeros.
+Algunas se desmayaron. Fué un momento de angustia indescriptible. Creían
+llegado el fin de su vida.
+
+Y el director no cesaba de gritar:
+
+--¡Esos taquetes! ¡Esos taquetes!
+
+Y las voces de abajo se oían cada vez menos distantes:
+
+--¡No puede ser! ¡No puede ser!
+
+Cuando ya se creían rodando por el abismo, la jaula se detuvo
+tranquilamente. Oyeron unas frescas carcajadas y sus ojos espantados
+miraron, a la trémula luz de los candiles, un grupo de mineros cuyos
+rostros risueños cambiaron repentinamente de expresión reflejando el
+temor y el asombro.
+
+--¿Qué es eso? ¿Qué broma es ésta?--exclamó el director saltando furioso
+de la jaula y dirigiéndose a ellos.
+
+Los obreros se despojaron del sombrero respetuosamente. Uno de ellos,
+sonriendo avergonzado, balbució:
+
+--Perdone usted, señor director.... Creímos que eran compañeros y
+queríamos darles un susto....
+
+--¿No sabíais que bajábamos ahora nosotros?--volvió a decir con
+irritación.
+
+--Señor director, nosotros pensábamos que se detenían en el noveno,
+donde han hecho preparativos estos días....
+
+--¡Creíais, creíais!... Pues tened cuidado con creer estupideces.
+
+El duque recobró el uso de la palabra.
+
+--¡Sabéis, hijos míos, que gastáis unas bromas ligeras con vuestros
+compañeros!... ¡Ponerles la muerte delante de los ojos!
+
+--¡La muerte!--exclamó el minero que había hablado.
+
+--No, señor duque--dijo el director--. Si no echan los taquetes nos
+hubiéramos bañado hasta la cintura.
+
+--¿Nada más?
+
+--¿Le parece a usted poco meternos en agua sucia?
+
+--Hombre, no era plato de gusto; pero al verle a usted tan agitado y
+furioso, todos creímos en un peligro de muerte, ¿verdad, señoras?
+
+Las damas se deshacían en exclamaciones, llorando unas, riendo otras. Se
+prodigaron cuidados a dos que se habían desmayado, refrescándoles las
+sienes con agua y haciéndoles aspirar el frasco de sales de la condesa
+de Cotorraso. Volvieron por fin al sentido. Las demás se fueron calmando
+felicitándose con alegría de haber escapado de aquel espantoso peligro,
+pues no se resignaban a no haberlo pasado. Todas se proponían conmover a
+sus amigas de Madrid con el relato de tan horrible aventura. Creíanse ya
+heroínas de una novela de Julio Verne.
+
+El espectáculo que se ofreció a su vista cuando tuvieron ojos para
+contemplarlo era grandioso y fantástico. Inmensas galerías embovedadas
+cruzándose en todas direcciones e iluminadas solamente por la pálida luz
+de algunos candiles colgados a largos trechos. Y por aquellas galerías
+discurriendo con tráfago incesante una muchedumbre de obreros, cuyas
+gigantescas siluetas allá a lo lejos temblaban a la vacilante y tenue
+luz que reinaba. Oíanse sus gritos unidos al chirrido de las
+carretillas: parecían presa de un vértigo, como si tuvieran que cumplir
+su labor misteriosa en plazo brevísimo. Las paredes de algunas galerías,
+tapizadas con los cristales del mercurio, que en muchos puntos se
+presentaba nativo, brillaban cual si fuesen de plata. Escuchábanse
+detrás de aquellas paredes golpes sordos, acompasados. Por ciertas
+aberturas que de trecho en trecho tenían, caminando algunos pasos en la
+oscuridad, veíase al fin una cueva iluminada, donde cuatro o seis
+hombres desgreñados y pálidos agujereaban el mineral con barrenos. A
+poco que se reposasen, observábase en sus miembros el temblor
+característico del mercurio.
+
+Creíase uno transportado al hogar mismo de los gnomos, al centro de sus
+trabajos profundos y misteriosos. El hombre roía aquella tierra con
+esfuerzo incesante como un topo, llenándola de agujeros. Pero al
+morderla se envenenaba. Sin ayuda de gato, los dioses se desembarazaban
+perfectamente del ratón humano.
+
+Lola Madariaga dió un grito penetrante que hizo volver la cabeza a
+todos. Luego soltó una carcajada. Un hilito de agua que caía del techo
+se le había introducido por el cuello. Hizo reir el suceso, pero sin
+espontaneidad. En el fondo, todos experimentaban un vago temor, cierta
+ansiedad que trataban de ocultarse. La jaula trajo de la superficie otro
+montón de gente. La tercera vez llegó casi vacía. El resto de la
+comitiva había optado por quedarse en el noveno piso: el trabajo de los
+mineros no les interesaba. Los que habían descendido hasta allí también
+sentían vivos deseos de encontrarse en paraje más cómodo. Preguntaban a
+cada instante al director si aquello estaba seguro; si no había casos de
+hundimientos.
+
+--¡Oh, no!--decía el director sonriendo--. Los hundimientos son de las
+minas particulares. Esta perteneció al Estado, y todo se hace con lujo
+de seguridad.
+
+--En ciertas minas donde yo he estado--apuntó un ingeniero--tenía que
+ir una cuadrilla detrás de los mineros para desenterrarlos.
+
+--¡Qué horror!--exclamaron a una voz todas las damas.
+
+Acomodáronse al fin de nuevo en la jaula, y subieron al noveno piso.
+Aquí la decoración era distinta. En este piso no se trabajaba hacía
+tiempo. Habíase tomado en la galería más ancha un trozo; se había
+cerrado, tillado y luego alfombrado. De suerte que parecía el salón de
+un palacio. El techo y las paredes estaban tapizados con tela
+impermeable, adornados con trofeos de minería. Veíase una mesa
+espléndida en medio de él para cincuenta o más cubiertos. Estaba
+profusamente iluminado por medio de grandes arañas con centenares de
+bujías. Se habían prodigado, en suma, todos los refinamientos del lujo y
+la elegancia en aquel recinto. De tal modo, que una vez dentro de él
+costaba trabajo representarse que se estaba en el fondo de una mina, a
+trescientos metros de la superficie.
+
+Los convidados se sentaron en medio de una agitación entre placentera y
+angustiosa, que se revelaba en sus caras risueñas y pálidas a la vez.
+Los criados, correctamente vestidos, ocupaban sus puestos como si se
+hallasen en el palacio de Requena. Al empezar el servicio del primer
+plato, la orquesta, que estaba oculta en una de las galerías contiguas,
+empezó a tocar un precioso vals, cuyos sones, amortiguados por la
+distancia, llegaban dulces y halagüeños. Las damas, con las manos
+trémulas, los ojos brillantes, murmuraban a cada instante--: "Qué
+original es todo esto!... ¡Cuánto me alegro de haber venido!... Ha sido
+un capricho magnífico el de Clementina". Y todas procuraban encontrar el
+equilibrio de espíritu charlando de cosas indiferentes. Mas no lo
+lograban. La idea de tener encima tanta tierra pesaba sobre su
+pensamiento y lo turbaba. Con algunos hombres pasaba lo mismo. Otros
+estaban perfectamente serenos. Entre éstos, el que menos pensaba en su
+situación corporal era, sin duda, Raimundo, absorto por completo en la
+que ocupaba moralmente. Clementina, a despecho de su amor y de sus
+promesas, no dejaba de coquetear con Escosura. Estaban sentados en dos
+sillas contiguas, frente al asiento que él ocupaba. Veíalos charlar
+animadamente, reir a cada momento: veíale a él rendido, obsequioso,
+prodigándola mil atenciones galantes; a ella complacida, risueña,
+aceptando con gratitud sus finezas. Y aunque de vez en cuando le clavaba
+una larga mirada amorosa para indemnizarle, Raimundo la consideraba como
+una limosna, el mendrugo que se arroja a un pobre para que no se muera
+de hambre. ¡Qué le importaba a él en aquel instante hallarse en la
+superficie o en el centro de la tierra, ni aun que ésta se hundiese y le
+aplastase como un insecto!
+
+Otro que tampoco se preocupaba poco ni mucho con la situación geográfica
+era Ramoncito, aunque por contrario modo. Esperancita estaba con él
+amabilísima, tal vez porque creyera con ello guardar mejor la ausencia a
+su prometido Pepe Castro. El concejal, ebrio, loco de alegría, no se
+apartaba de ella ni un milímetro más de lo que exige la decencia. _Pio,
+feliz, triunfador_, dirigía de vez en cuando al concurso vagas miradas
+de piedad y condescendencia. Y cuando sus ojos tropezaban con la faz
+rentística de Calderón, se enternecía visiblemente y le costaba ya
+trabajo no llamarle papá.
+
+A medida que el almuerzo avanzaba, la tierra pesaba menos sobre ellos.
+Los ricos vinos enardecían su sangre, la charla los animaba. Todo el
+mundo se olvidaba de la mina, creyéndose, como otras veces, en algún
+comedor aristocrático. Rafael Alcántara se divertía en emborrachar a
+Peñalver. Animado por la risa de sus compañeros, que le contemplaban,
+hacía lo posible por burlarse del filósofo, tuteándole en voz alta,
+guiñando el ojo a sus amigos cada vez que profería una cuchufleta,
+abusando, en fin, groseramente del carácter benévolo y la inocencia del
+insigne pensador. Era el encargado de vengar a todos aquellos ilustres
+_culoteadores_ de pipas, de las altas dotes intelectuales que toda
+España reconocía en Peñalver.
+
+Al llegar los postres levantóse a brindar Escosura. A éste le respetaban
+algo más los salvajes por su corpulencia, por su carácter fogoso y sobre
+todo por su dinero. Presumía de orador tribunicio. Con voz potente y
+campanuda hizo el panegírico del duque, a quien llamó "genio financiero"
+unas cuantas veces. Habló del trabajo, del capital, de la producción,
+pasando en seguida a la política, que era su fuerte. Escosura no vivía
+hacía tiempo más que para la política. Desde el fondo de aquella galería
+subterránea dirigió terribles dardos contra el presidente del Consejo de
+ministros, que no le había dado una cartera en la última crisis.
+Salabert contestó con palabra estropajosa dando las gracias, echándose
+por los suelos. Para llegar al puesto que ocupaba no tenía otros méritos
+que el trabajo y la honradez. (_Murmullos de aprobación._) La nación, el
+soberano, al ennoblecerle a él había ennoblecido a un hijo del trabajo.
+Luchando toda su vida contra infinitos obstáculos había logrado reunir
+un puñado de oro. Este oro le servía ahora para alimentar a algunos
+miles de obreros. Era su mayor satisfacción. (_Aplausos._) Brindaba por
+las hermosas damas que con tal valentía habían llegado hasta aquel
+agujero, dejando en él un perfume de caridad y alegría que no se
+borraría jamás del corazón de los mineros.
+
+En aquel instante, al destaparse algunas botellas de _champagne_, se
+oyeron en la mina algunas detonaciones estruendosas que hicieron
+empalidecer a los comensales.
+
+--No hay que asustarse--dijo el director--. Son los barrenos. Ha llegado
+la hora de darlos.
+
+Momento grandioso e imponente a la verdad. El estrépito de cada uno,
+centuplicado por los mil ecos y resonancias que las galerías producían,
+no podía menos de infundir alguna chispa de pavor hasta en el corazón de
+los más bravos. Todos guardaron silencio. Por algunos segundos
+escucharon con recogimiento y ansiedad aquellos ecos formidables que
+hacían retemblar la tierra. La mesa se estremecía y el cristal de la
+vajilla y el de las arañas cantaban con agudo repiqueteo.
+
+En tal momento se alzó de su silla el médico de las minas, y después de
+pasear su negra mirada agresiva por los comensales, alzó una copa y
+dijo:
+
+--El egregio duque de Requena nos acaba de decir, con una modestia que
+le honra, que el secreto de su fortuna estaba simplemente en el trabajo
+y la honradez. Permitidme que lo dude. El señor duque de Requena
+representa algo más que estas cualidades vulgares; representa la fuerza
+¡la fuerza!, único sostén del Universo. Esta fuerza está repartida
+desigualmente entre los organismos. A unos les ha tocado una parte
+mayor, a otros menor. Y en esta batalla incesante que sostienen los unos
+contra los otros perecen los más débiles; se salvan los más aptos y los
+más fuertes. Adoremos, pues, en nuestro ilustre anfitrión, a la fuerza.
+Merced a esta fuerza de que la Naturaleza le ha dotado, ha podido
+someter y aprovechar el esfuerzo particular de millares de hombres que
+inconscientemente sirven a sus planes. Merced a esta fuerza ha podido
+reunir su inmenso capital. Al tender la vista por esta distinguida
+asamblea, observo con júbilo que todos los que la componen han sido
+dotados también de una buena parte de esta fuerza nativa o acumulada por
+la herencia. Por ello les felicito con toda mi alma. Lo esencial en este
+mundo que habitamos es nacer aptos para la lucha. Para no ser aplastados
+es menester aplastar. Y yo me felicito, repito, de encontrarme entre los
+elegidos de los dioses, aquellos que su providencia ha marcado con el
+sello de la felicidad....
+
+--Oye, chica--dijo Pepa Frías acercando su boca al oído de
+Clementina:--esto parece el brindis de Mefistófeles.
+
+Clementina sonrió ligeramente.
+
+En efecto, en el rostro pálido y fino del médico, en sus cabellos negros
+y revueltos, y sobre todo en sus ojos que, aunque pretendían aparecer
+inocentes, estaban cargados de ironía, había algo de mefistofélico.
+
+--En todos los tiempos ha existido en una u otra forma la esclavitud. Ha
+habido hombres destinados a vivir en el refinamiento de los goces
+espirituales, en el cultivo de las artes, en el lujo y la elegancia, en
+los placeres que proporciona el comercio entre personas inteligentes y
+cultas, y otros hombres también dedicados a proporcionarles los medios
+necesarios para vivir de tal modo con un trabajo rudo y doloroso. Los
+parias trabajaban para los bramanes, los ilotas para los espartanos, los
+esclavos para los romanos, los siervos para los señores feudales. ¿Y hoy
+no sucede lo mismo? ¿Qué importa que en las leyes esté abolida la
+esclavitud? Los que trabajan en el fondo de esta mina y absorben el
+veneno que les mata, si no son esclavos por la ley lo son por el hambre.
+El resultado es idéntico. Es ley de la naturaleza, y por lo tanto santa
+y respetable, que para que unos gocen padezcan otros.... Vosotras,
+hermosas señoras, sois las herederas de aquellas ilustres damas romanas
+que enviaban a estas minas sus esclavos a arrancar el bermellón para
+embellecer su rostro, y de aquellas otras árabes que lo hacían traer
+para decorar sus minaretes en los alcázares de Córdoba y Sevilla. Por
+vosotras brindo, pues, embargada el alma de admiración y respeto, como
+representantes en la tierra de lo que hay en ella más sublime, el amor,
+la belleza, la alegría.
+
+El brindis, aunque galante, pareció estrambótico.
+
+Algunos de los más avisados murmuraron. Creció la hostilidad que contra
+el joven médico existía. Hubo quien dijo por lo bajo que aquel quídam
+había querido "quedarse con ellos".
+
+Rafael Alcántara tuvo conatos de decirle alguna frase provocativa; pero
+advirtió en sus ojos que no la soltaría sin proporcionarse un serio
+disgusto y prefirió quedarse con ella en el cuerpo. Las damas le miraron
+con más benevolencia. Le encontraban muy original.
+
+De todos modos el brindis produjo cierta penosa impresión que no logró
+desvanecer Fuentes, aunque soltó el chorro de sus paradojas más
+graciosas.
+
+--Señoras, yo no brindo--decía a las que tenía cerca--, porque no soy
+orador. Espero que pronto será esto una distinción honorífica en España;
+que no tardará en decirse con respeto al pasar un individuo por la
+calle: "Ese no es orador", como ya se dice: "Ese no tiene la gran cruz
+de Isabel la Católica...."
+
+Las damas reían y celebraban los chistes. Pero en el fondo, sea por el
+discurso del médico o porque la mina volviera a inspirarles temor,
+sentíase un vago malestar. Todos los ojos brillaron con alegría cuando
+se anunció que la jaula les esperaba. Los últimos que ascendieron oyeron
+poco después de comenzar la ascensión un canto lejano que rápidamente se
+fué aproximando, sonó muy cerca de ellos como si cantaran a su lado y
+rápidamente también se alejó perdiéndose allá en el fondo sin que
+hubiesen visto a nadie. Fué de un efecto fantástico. Lo que oyeron era
+una playera andaluza cuya letra decía:
+
+ Río arriba, río arriba,
+ nunca el agua subirá;
+ que en el mundo, río abajo,
+ río abajo todo va.
+
+Un ingeniero manifestó con indiferencia:
+
+--Es una cuadrilla de mineros que baja en la jaula que sirve de
+contrapeso a ésta.
+
+--¡Lo ve usted, condesa!--exclamó Salabert en tono triunfal dirigiéndose
+a la condesa de la Cebal--. Cuando tienen humor para cantar, no serán
+tan desgraciados como usted supone.
+
+La condesa calló un instante, y dijo al cabo sonriendo tristemente:
+
+--La copla no es muy alegre, duque.
+
+Esto se hablaba en el compartimiento superior. En el inferior, Escosura
+decía con tono desdeñoso al director de las minas:
+
+--¿Sabe usted que ese jovencito médico ha estado bastante imprudente al
+emitir sus ideas materialistas?
+
+--Materialista no sé si es. Lo que hace gala de ser, y por eso le adoran
+los operarios, es socialista.
+
+--¡Peor que peor!
+
+--La verdad es--dijo Peñalver dando un suspiro--que del fondo de una
+mina se sale siempre un poco socialista.
+
+A las nueve de la noche, después de comer en Villalegre, partió el tren
+especial que debía conducirlos a Madrid. Todos volvían muy contentos de
+la excursión. Esperaban extasiar a sus amigos con el relato del banquete
+subterráneo. El único que padecía entre ellos era Raimundo. Las
+alternativas de alegría y dolor por que Clementina le hacía pasar con su
+coquetería le tenían destrozado el corazón.
+
+Ultimamente, viéndole tan triste, tan fatigado, la hermosa había tenido
+piedad, le había hecho sentar a su lado en el coche, y sin escándalo del
+concurso (porque estaban curados de espantos) había charlado casi toda
+la noche con él y al fin se había dormido dejando caer la cabeza sobre
+su hombro.
+
+Aunque el tren arrastraba un _sleeping-car_, pocos habían hecho uso de
+él. La mayor parte prefirió quedarse en los salones de tertulia. Sólo al
+amanecer, el sueño los fué rindiendo a todos y se quedaron transpuestos
+en su asiento adoptando posturas caprichosas, algunas de ellas poco
+estéticas.
+
+Ramoncito Maldonado estaba en el pináculo de su gloria y fortuna.
+Esperancita, a juzgar por todas las apariencias, le amaba. Encontrábase
+despegado, por decirlo así, de la tierra, no sólo a causa de la
+elevación natural de su alma, sino por la voluptuosidad del triunfo. Su
+faz municipal resplandecía como la de un dios. ¡Atrás para siempre todas
+las luchas, todos los obstáculos que amargaran su preciosa existencia
+hasta entonces! Exento para siempre de la servidumbre del dolor, como
+los inmortales, gozaba sereno, majestuoso, de su apoteosis.
+
+También se había sentado al lado de la amada de su heroico corazón, y le
+habló durante algunas horas, con dulce sosiego, de las jacas inglesas y
+de las grandes batallas que a la sazón se libraban en el seno de la
+corporación municipal, en las cuales él tomaba una parte tan activa.
+Hasta que, mecida por aquella plática suave, insinuante, la cándida niña
+quedó dulcemente dormida con la cabeza reclinada en el almohadón.
+
+Ramoncito Maldonado velaba. Velaba y meditaba en su suerte feliz. La
+aurora divina, escalando las alturas de la sierra lejana, cruzando con
+vuelo raudo la llanura, levantaba con sus rosados dedos las cortinillas
+del carruaje y esparcía una tenue y discreta claridad, sin que él
+hubiese dejado de pensar en su dicha.
+
+Esperancita abrió los ojos y le dirigió una tierna sonrisa de amor, que
+hizo vibrar hasta las últimas cuerdas de su alma poética.
+
+La alondra cantó en aquel instante. Entonces, en Ramoncito, el dios se
+fué separando cada vez más del hombre. Ebrio de amor y felicidad
+también, cantó en el oído de la niña, con voz temblorosa, una porción de
+frases incoherentes, hijas de su locura divina. La niña cerró los ojos
+para escuchar mejor aquella música armoniosa....
+
+Cuando hubo agotado los superlativos del diccionario para pintar su
+amor, el sublime concejal quiso terminar su obra de seducción
+desplegando ante la hermosa todas las grandezas que podía
+proporcionarle, como hizo Satanás con Jesús. "Era hijo único: sus padres
+tenían ciento diez mil reales de renta: en las próximas elecciones a
+diputados a Cortes se presentaría candidato por Navalperal, donde tenía
+familia y hacienda, y saldría con poco que el Gobierno le ayudase: como
+el partido conservador estaba necesitado de jóvenes de valer, creía que
+en breve plazo podría ser subsecretario: y ¡quién sabe! acaso más tarde,
+en una combinación, podría obtener siquiera la cartera de Ultramar...."
+
+La niña escuchaba siempre con los ojos cerrados. Ramoncito, cada vez más
+inflamado, al terminar esta brillante enumeración se inclinó hacia su
+adorada y le preguntó en voz baja y conmovida:
+
+--¿Me quieres, preciosa, me quieres?
+
+La niña no contestó.
+
+--¿Me quieres? ¿me quieres?--volvió a preguntar.
+
+Esperancita, sin abrir los ojos, respondió al fin secamente:
+
+--No.
+
+
+
+
+XIV
+
+#Una que se va.#
+
+
+Algunas semanas después, la enfermedad de D.ª Carmen se agravó
+extremadamente. Ya no cabía duda a los médicos de que su fin estaba muy
+próximo. La postración era absoluta. No le quedaba en el rostro más que
+la piel y sus grandes ojos tristes y benévolos que se fijaban con
+extraña intensidad en cuantos se acercaban a ella, cual si tratase de
+leer en las fisonomías el terrible secreto de su muerte. Con tal motivo
+asomaban la cabeza mil pasiones sórdidas en el alma de los que más
+debieran tenerla atribulada. Salabert pensaba con disgusto en la
+herencia que revertía a su hija. Hizo nuevos esfuerzos para que su
+esposa revocase el testamento, pero inútilmente. Por primera vez en su
+vida D.ª Carmen daba señales de gran firmeza de carácter. Aunque incapaz
+de vengarse había tal vez en su empeño cierto deseo de terminar la
+existencia con un acto de justicia. Una vida de completa sumisión, sin
+oponer el más mínimo obstáculo a la voluntad de su marido, a sus planes
+económicos, ni a sus pasiones ilícitas, bien merecía que a la hora de la
+muerte reivindicase su libertad para satisfacer los impulsos del
+corazón. Osorio espiaba silenciosamente, con disimulada ansiedad, los
+progresos de la enfermedad, cuyo desenlace arrastraría consigo a la vez
+el término de sus apuros. D.ª Carmen se desprendería de su envoltura
+carnal y él de sus acreedores. La misma Clementina, objeto predilecto de
+la ternura de la angelical señora, no podía menos de gozar con la
+perspectiva de tanto millón como iba a caer en sus manos. Procuraba
+sofocar sus deseos, apagar la impaciencia; mas a despecho suyo un diablo
+tentador hacía brincar su corazón de gozo cada vez que tal pensamiento
+le acudía al cerebro.
+
+Con astucia infernal, Salabert hacía lo posible por introducir la
+desconfianza en el ánimo de su esposa. Unas veces de un modo solapado,
+otras cínico y brutal, vertía en su alma el veneno de la sospecha.
+Clementina y Osorio esperaban su muerte como agua de Mayo. ¡Qué
+desahogados quedarían cuando pagasen todas sus trampas! Y hasta otra: ¡a
+vivir, a gozar con el dinero de la infeliz señora! Esta permanecía muda,
+indignada ante las malévolas insinuaciones de su marido. Pero en su alma
+entristecida y debilitada por la enfermedad, la punta de aquella acerada
+flecha se revolvía causando vivos dolores que procuraba ocultar. Cada
+vez que Clementina venía a visitarla, y últimamente lo hacía dos veces
+cada día, los ojos de su madrastra se fijaban en ella con muda
+interrogación, procurando leer en los suyos las ideas que le pasaban por
+el cerebro. Esta atención anhelante embarazaba a la esposa de Osorio, le
+hacía experimentar una turbación que, aunque leve, no dejaba algunas
+veces de ser visible.
+
+A medida que la enfermedad avanzaba, este afán de D.ª Carmen fué
+aumentando hasta convertirse en manía. Clementina representaba en la
+soledad moral en que vivía el único lazo de amor que la unía a la
+tierra. Por lo mismo que su hijastra había sido siempre fría y altanera
+con todos, menos con ella, jamás había dudado de la sinceridad de su
+cariño. Estaba con él satisfecha y orgullosa. Le bastaba para
+compensarle de la indiferencia despreciativa que observaba en cuantos se
+acercaban a ella. La horrible sospecha que a viva fuerza había penetrado
+en su corazón lo llenaba de amargura. Un espíritu bondadoso y amante
+como el suyo necesitaba creer en la bondad y en el amor. Al arrancarle
+esta última creencia sangraba de dolor.
+
+Una tarde se hallaban juntas y solas. La duquesa, inmóvil en la butaca,
+con la cabeza echada hacia atrás, escuchaba a su hijastra leer una
+historia devota, la aparición de la Virgen de la Saleta. Su pensamiento
+no estaba en el asunto: teníalo agitado, como siempre, por aquella duda
+fatal que acibaraba aún más que la dolencia corporal sus míseros días.
+Con la mirada fija y zahorí del que se acerca a la tumba, atravesaba la
+hermosa frente de Clementina inclinada sobre el libro y deletreaba
+confusamente allá dentro sin lograr adquirir la certidumbre que ansiaba.
+Más de una vez, al levantar aquélla la cabeza, se había encontrado con
+esta mirada opaca y desconsolada: había bajado prontamente la suya,
+acometida de súbito malestar. En el alma de la enferma había nacido un
+deseo, un capricho más bien, vivo y abrasador como los que sienten los
+moribundos. Quería que su hijastra le refrescase con alguna palabra
+dulce la horrible quemadura que su duda le causaba. Varias veces
+temblaron sus labios para formular la pregunta. Una vergüenza invencible
+la detenía.
+
+--Deja el libro, hija mía: estarás fatigada--dijo al cabo. Y su voz
+salió de la garganta temblorosa como si hubiese pronunciado alguna frase
+grave.
+
+--Lo estará usted de oir. Yo no: a Dios gracias, tengo sana la garganta.
+
+--Dios te la conserve, hija mía, Dios te la conserve--repuso la señora
+con acento de ternura mirándola fijamente.
+
+Hubo unos instantes de silencio.
+
+--¿Sabes lo que me han dicho?--se atrevió a pronunciar después. Y su
+voz salió tan apagada que las últimas sílabas casi no se oyeron.
+
+Clementina, que se disponía a continuar la lectura, levantó la cabeza.
+Las pocas gotas de sangre que doña Carmen tenía ya en su arruinado
+cuerpo le subieron de golpe al rostro y lo tiñeron levemente de rojo.
+
+--Me han dicho ... que estabas deseando mi muerte.
+
+A su vez la rica sangre de Clementina acudió atropelladamente a sus
+mejillas y las encendió con vivos colores. Ambas se miraron un instante
+confusas. La joven exclamó con energía al fin frunciendo la tersa
+frente:
+
+--Ya sé quién se lo ha dicho a usted.
+
+Y su sangre, al proferir estas palabras, huyó del rostro nuevamente como
+una marea de reflujo instantáneo. La de su madrastra también se
+concentró en su lastimado corazón. Inclinó la blanca y fatigada cabeza,
+diciendo:
+
+--Si lo sabes, no pronuncies su nombre.
+
+--¿Y por qué no?--exclamó la hijastra enfurecida--. Cuando un padre, sin
+motivo alguno, sólo por unos miserables ochavos injuria a su hija y
+martiriza a su mujer, no tiene derecho a que se le quiera ni a que se le
+respete.... Lo diré con todas sus letras.... ¡Eso es una infamia!...
+Papá es un hombre que no tiene más Dios ni más amor que el dinero. Sabía
+que el testamento de usted me había enajenado su cariño ... (si es que
+me lo ha tenido alguna vez....)
+
+--¡Oh!
+
+--Sí; lo sabía muy bien. Pero nunca creyera que llegaría a cometer
+semejante vileza, a calumniarme de ese modo.... A usted le consta que la
+he querido siempre más que a él ... ¡sí, sí, más que a él! no tengo
+ningún reparo en decirlo.... Diré más: yo no he querido de veras a nadie
+más que a usted y a mis hijos.... Si ese testamento es la causa de que
+usted dude de mi cariño, rómpalo usted.... Rómpalo, sí: su tranquilidad
+y su afecto me importan mucho más que su dinero....
+
+La voz de la dama vibraba de indignación al pronunciar estas palabras.
+Sus ojos se clavaban en el vacío con dureza, cual si quisieran ver
+levantarse delante de ella la figura de su padre para pulverizarlo. En
+aquel momento hablaba con sinceridad.
+
+Los ojos opacos de D.ª Carmen, a medida que hablaba, iban brillando con
+alegría. Al fin se nublaron de lágrimas, y exclamó:
+
+--¡Te creo, hija mía, te creo!... ¡Ah, no sabes el bien que me haces!
+
+Al mismo tiempo se apoderó de sus manos y las besó con efusión.
+Clementina dió un grito de vergüenza.
+
+--¡Oh, no, no, mamá!... yo soy quien debo....
+
+Y le echó los brazos al cuello con ternura. Quedaron largo rato
+abrazadas, llorando silenciosamente. Fué una de las pocas veces en que
+Clementina lloró de enternecimiento y no de despecho.
+
+Pero en los días siguientes, aunque subsistió vivo en ambas el recuerdo
+de esta escena tierna, también quedó el del motivo que la había
+producido. Clementina sentíase avergonzada al presentarse delante de su
+madrastra. Sus atenciones, sus frases de cariño eran exageradas unas
+veces: quería borrar con ellas el pensamiento que claramente leía en los
+ojos de aquélla. Otras veces, imaginando que podrían servir para que
+sospechase de su sinceridad, las atajaba de golpe y tomaba una actitud
+indiferente y fría. De todos modos existía entre ambas una corriente de
+inquietud que las hacía padecer, por diverso modo, los ratos en que
+estaban juntas.
+
+D.ª Carmen cayó al fin en la cama para no levantarse. Clementina pasaba
+allí todo el día. El terrible momento se acercaba. Al fin una madrugada,
+entre dos y tres, llamaron con alarma en el hotel de Osorio dos criados
+del duque. La señora agonizaba. Preguntaba por su hija con insistencia.
+Esta se levantó del lecho apresuradamente, y a todo el escape de sus
+caballos voló al palacio de Requena. Osorio la acompañaba. Al entrar en
+la habitación de la enferma tropezaron con el duque, que les miró con
+semblante hosco.
+
+--¡Llegáis a tiempo! ¡llegáis a tiempo!--gruñó sordamente. Y se alejó
+sin decir más.
+
+Clementina creyó notar en estas palabras una intención malévola y se
+mordió los labios de ira. La tristísima escena que se ofreció a su
+vista, apenas se aproximó al lecho de D.ª Carmen, consiguió apagar su
+odio breve instante. La infeliz señora presentaba ya en su rostro los
+signos de la muerte, la palidez cadavérica, el afilamiento de la nariz,
+los ojos vidriosos y en torno de ellos un círculo oscuro, amoratado. A
+su lado y en pie estaba el sacerdote que la exhortaba a arrepentirse.
+(¿De qué?) A los pies del lecho, Marcela, su antigua doncella, lloraba
+ocultando el rostro con el pañuelo. Otras dos criadas contemplaban de
+más lejos con rostros asustados, más que doloridos, aquel cuadro
+lastimoso. Allá en un rincón el médico de cabecera escribía una receta.
+
+Al divisar a su hija, la duquesa volvió los ojos hacia ella con
+expresión de ansiedad y extendió una mano para llamarla.
+
+Acércate, hija mía--dijo con voz bastante clara. Y luego que se acercó
+tomándole una mano entre las dos suyas amarillas, descarnadas, exclamó
+mirándola con fijeza terrible a los ojos:
+
+--¡Me muero, hija, me muero! ¿No es verdad que lo sientes?... ¿por lo
+menos que no te alegras?
+
+--¡Oh, mamá!
+
+--Dí que no te alegras--insistió con ansiedad sin apartar su mirada de
+los ojos de la joven.
+
+--¡Mamá, por Dios!--exclamó ésta aturdida y aterrada a la vez.
+
+--¡Dí que no te alegras!--repitió con más energía aún levantando a costa
+de grandes esfuerzos la cabeza, mirándola con dureza.
+
+--¡No, mamá del alma, no! Si pudiera conservar su vida a costa de la
+mía, le juro a usted que lo haría.
+
+Los grandes ojos opacos de la moribunda se dulcificaron. Volvió a dejar
+caer la cabeza sobre la almohada, y después de breve silencio dijo con
+voz apagada y vacilante:
+
+--Serías muy ingrata ... sí, muy ingrata.... ¡Tu pobre mamá te ha
+querido tanto!... Dame un beso.... No llores.... No siento dejar el
+mundo.... Lo que me dolería es que tú, hija de mi corazón ... que tú....
+¡Qué pensamiento tan horrible! ¡Cuánto me ha hecho sufrir!
+
+El sacerdote se interpuso en aquel momento invitándola a dejar los
+pensamientos mundanos. La enferma le escuchó con humildad, repitió
+devotamente las oraciones que le leía en alta voz. El médico y el duque
+se acercaron para ponerle un revulsivo; pero observando que comenzaba el
+estertor, el médico hizo un gesto y cogió por el brazo al duque para
+sacarlo fuera de la estancia.
+
+D.ª Carmen paseó una mirada extraviada, vidriosa, por todos ellos, y
+deteniéndola en Clementina le hizo seña otra vez de que se aproximase.
+
+--Adiós, hija mía--dijo sin mirarla, con los ojos fijos en el techo--.
+Haces bien en alegrarte de mi muerte....
+
+--¡Qué dice, mamá!--exclamó aquélla con un grito de espanto.
+
+--Yo también me alegro.... Me alegro de que mi muerte te sirva de
+algo.... Si hubiera podido darte en vida lo que me pertenece ... todo te
+lo hubiera dado.... Es triste ¿verdad?... Tener que morir para hacerte
+feliz.... ¡Hubiera gozado tanto viéndote feliz!... Adiós, hija mía,
+adiós ... acuérdate alguna vez de tu pobre mamá....
+
+--¡Madre de mi alma!--gritó la dama cayendo de rodillas deshecha en
+sollozos--. ¡Yo no quiero que muera, no!... He sido muy mala ... pero
+siempre la he querido ... y la he respetado....
+
+--No seas tonta--dijo la moribunda haciendo un esfuerzo para sonreír y
+acariciándole la cabeza con su mano de esqueleto--. Ya no me duele que
+te alegres.... ¡Qué importa!... Muero satisfecha sabiendo que vas a
+deberme un poco de felicidad.... Te recomiendo a las ancianitas del
+asilo.... Protégelas, hija mía ... y a esta buena Marcela, también....
+Adiós, adiós todos.... Perdonadme el mal que os haya hecho....
+
+El estertor crecía, sonaba más estridente y más lúgubre por momentos.
+Los sollozos de Clementina y Marcela cortaban por intervalos las notas
+de aquel ronquido fatal. El duque, trémulo, alterado, se dejó al fin
+arrastrar de la habitación.
+
+D.ª Carmen no volvió a hablar. Tenía los ojos cerrados, la boca
+entreabierta, el cuerpo tranquilo. De vez en cuando levantaba un poco
+los párpados y dirigía una mirada afectuosa a su hijastra arrodillada.
+El sacerdote leía con voz nasal, quejumbrosa, las oraciones de su libro.
+
+Así murió la duquesa de Requena. ¡Dejadla, dejadla partir!
+
+Algunos días después, Clementina y su marido, a pesar del odio
+inextinguible que se profesaban, celebraban largas y frecuentes
+conferencias. La magna cuestión de la herencia los unía momentáneamente.
+Clementina visitaba mañana y tarde a su padre. Osorio también iba con
+frecuencia al palacio de Requena. Uno y otro prodigaban al viejo mil
+atenciones, compadecían su soledad, le mimaban. Había en su
+comportamiento cierta familiaridad afectuosa que cuadraba muy bien a
+unos hijos que van a proteger la venerable ancianidad de un padre. El
+duque se dejaba venerar observándolos con mirada más socarrona que
+enternecida. Cuando volvían la espalda para irse, seguíalos con los
+ojos, bajaba los párpados lentamente, revolvía entre los labios la breva
+americana y se iba bosquejando en su rostro una sonrisa burlona que
+duraba todavía algunos segundos después de perderlos de vista.
+
+Las cosas siguieron en el estado de antes. A pesar de que el testamento
+de la duquesa era terminante, Salabert no se dignó hablarles una palabra
+de intereses. Continuó disponiendo en jefe de su caudal, entregado a los
+negocios con absoluta tranquilidad. Su hija y su yerno la perdieron al
+ver esta actitud. Comenzaron a vivir agitados, a comunicarse a cada
+instante con violencia sus impresiones, a formar planes para provocar
+una explicación. Clementina pretendía que Osorio le hablase. Este creía
+que era ella quien debía pedirle cariñosamente una explicación antes de
+formular ninguna queja. Después de algunos días de vacilación, al fin se
+decidió la esposa a dirigir algunas palabras a su padre, si bien con
+cierta indecisión y embarazo, pues conocía bien el carácter de éste y
+mejor aún el suyo propio.
+
+--Vamos a ver, papá--le dijo, hallándole solo en el despacho, con
+afectada jovialidad--. ¿Cuándo me hablas de dinero?
+
+--¿De dinero?... ¿Para qué?--respondió el duque con sorpresa, mirándola
+con rostro tan inocente que daba ganas de darle una bofetada.
+
+--¿Para qué ha de ser? para enterarme de lo que me concierne. ¿No soy la
+única y universal heredera de mamá?--replicó sin abandonar el tono
+jovial, pero con cierta alteración en la voz bien perceptible.
+
+--¡Ah, sí!--exclamó el duque haciendo con la mano un ademán de
+indiferencia--. De eso hablaremos más adelante ... ¡mucho más adelante!
+
+Clementina se puso pálida. La ira hizo dar un salto a toda su sangre.
+Sus labios temblaron y estuvo a punto de decir un disparate.
+
+--Sería bueno, sin embargo, que nos entendiésemos ...--murmuró con voz
+débil.
+
+--Nada, nada; no hablemos ahora. Cuando tenga humor y tiempo ya me
+ocuparé de esas cosas.
+
+Hablaba con tal seguridad e indiferencia no exenta de desdén, que su
+hija tenía que optar entre dar rienda suelta a la lengua, romper con su
+padre de un modo violento, o marcharse. Decidióse, después de un
+instante de vacilación, por esto. Giró sobre los talones, y sin una
+palabra de adiós salió de la estancia y se metió en el coche, en un
+estado de excitación que hacía temblar todo su cuerpo.
+
+Cuando llegó a casa corrió a encerrarse en su habitación y dió salida al
+furor que la embargaba. Lloró, pateó, desgarró sus vestidos, rompió una
+porción de cachivaches. Osorio también montó en cólera y dijo que iba a
+hacer y acontecer. De todo ello no resultó, sin embargo, más que una
+carta en que aquél, con bastante respeto, invitaba a su suegro a que le
+manifestase el estado de su hacienda, a fin de dar comienzo a las
+primeras operaciones del inventario. Salabert no contestó a esta carta.
+Se escribió otra. Tampoco. Dejaron de visitarle. Clementina no quería ir
+"por no armar un escándalo". Osorio no se consideraba con fuerza moral
+suficiente, dado el estado de sus relaciones matrimoniales, para
+reclamar con energía el caudal de su mujer. En tal aprieto hablaron con
+algunas personas de respeto amigas del duque, y se las enviaron como
+medianeras. Cumplieron éstas su cometido: hablaron con el viejo, y
+después de varias entrevistas se resolvieron a provocar una reunión
+amistosa a fin de que el asunto no fuese a los tribunales. Efectuóse
+ésta, después de alguna resistencia por parte de Clementina, en el
+palacio de su padre. Asistieron a ella, a más de las partes interesadas,
+el padre Ortega, el conde de Cotorraso, Calderón y Jiménez Arbós. Este
+último (que había dejado de ser ministro y estaba en la oposición) dió
+comienzo a la sesión espetándoles un discurso "de tonos conciliadores"
+excitándoles a la concordia para que no diesen al público el espectáculo
+de una disputa entre padre e hija por cuestiones de dinero, espectáculo
+que, dada su altísima posición en el mundo, no podía menos de ser
+repugnante. Siguióle en el uso de la palabra el padre Ortega, que con el
+acento persuasivo y untuoso que le caracterizaba, después de darles, lo
+mismo al duque que a sus hijos un buen jabón de elogios disparatados
+para ponerlos suaves, apeló a sus sentimientos cristianos, les hizo
+presente el mal ejemplo que darían, les pintó las dulzuras del cariño y
+del sacrificio mutuo y concluyó prometiéndoles la gloria eterna.
+
+Clementina respondió la primera, que ella no tenía otro deseo que
+continuar manteniendo con su padre las mismas relaciones de cariño y
+respeto que hasta entonces, y que para conseguirlo estaba dispuesta a
+hacer todo lo que fuera posible. El acento seco y duro con que pronunció
+estas palabras y el gesto ceñudo con que las acompañó no daban
+testimonio muy claro de su sinceridad. Sin embargo, el duque se
+manifestó muy conmovido.
+
+--¡Arbós! ¡padre! ¡vosotros, hijos míos! Todos conocen perfectamente mi
+carácter.... Para mí, fuera de la familia no hay felicidad posible....
+Después del golpe terrible que acabo de sufrir, lo único que me queda en
+el mundo es mi hija.... En ella tengo concentrado todo mi cariño, mis
+esperanzas y mi orgullo.... Para ella he trabajado, he luchado sin
+descanso, he reunido el capital que poseo.... Puedo decir que nunca he
+sentido la necesidad del dinero más que por mi mujer (que en gloria
+esté) y por mi hija...; por verlas a ellas felices rodeadas de bienestar
+y de lujo.... A mí me han bastado siempre cuatro cuartos para vivir,
+bien lo sabéis. Hoy que soy viejo, con mayor razón.... ¿Para qué quiero
+ya los millones? Dentro de poco me veré obligado a tomar el tren para el
+otro barrio, ¿verdad, Julián? Y tú lo mismo. Por consiguiente, ¿a quién
+puede ocurrírsele que voy a reñir por cuestión de ochavos con la hija
+de mi corazón?... Aquí no ha habido más que una equivocación. Yo
+necesitaba tiempo para poner en claro mis asuntos.... Eso es todo....
+Pero si es que has podido suponer otra cosa, hija mía, sólo puedo
+decirte esto.... Lo que hay en esta casa es tuyo y siempre lo ha sido.
+Tómalo cuando se te antoje.... Tómalo, hija, tómalo.... A mí me basta
+con nada....
+
+Al pronunciar estas últimas palabras visiblemente enternecido, quisieron
+arrasársele los ojos de lágrimas. Todos dieron muestras igualmente de
+enternecimiento y prorrumpieron en frases de conciliación. El padre
+Ortega empujó suavemente a Clementina hacia los brazos de su padre, y
+aunque ella era la menos conmovida, al fin se dejó abrazar por él, que
+la tuvo un buen rato apretada. Cuando la soltó se llevó el pañuelo a los
+ojos y se dejó caer en una butaca, vencido por el peso de tanta emoción.
+
+Después de esta escena conmovedora nadie osó acordarse de intereses. La
+reunión se disolvió apretándose todos la mano cordialmente y
+felicitándose con calor por el éxito lisonjero de sus gestiones. Pero
+Osorio y Clementina se metieron en su coche serios, cejijuntos, y no se
+hablaron en todo el camino una palabra. Sólo al llegar a casa murmuró la
+esposa con acento colérico:
+
+--¡Ya veremos en qué para la comedia!
+
+Osorio se encogió de hombros y respondió:
+
+--Yo lo doy por visto.
+
+Ni uno ni otro se equivocaron.
+
+El duque ni les dió una peseta ni volvió a hablarles para nada de la
+herencia. Estaba muy cariñoso con ellos: les hacía comer muchos días en
+su casa, quejándose de su soledad; hasta les hablaba algunas veces de
+los negocios que tenía pendientes; pero nada de liquidar la parte que
+les correspondía.
+
+Clementina llegó a irritarse tanto que dejó bruscamente de ir a su casa.
+Volvieron a mediar cartas. No pudieron sacar más que respuestas
+ambiguas, vagas esperanzas. Al fin se decidieron a entablar la demanda,
+y comenzó un pleito que hizo estremecer de gozo a la curia.
+
+Cesó para Clementina toda felicidad. Desde entonces vivió en un estado
+de perpetua irritación, siguiendo con afanoso interés los incidentes del
+litigio, apurando al procurador, a los abogados, buscando influencias
+que contrarrestasen las poderosas del duque. Este conducía el asunto con
+mucha más calma, lo enredaba con habilidad desesperante, aprovechándose
+de la violencia que ella mostraba para hacerla aparecer a los ojos de la
+sociedad como ambiciosa y desnaturalizada. Esto no obstaba para que
+entre sus íntimos soltase de vez en cuando alguna de sus frases burlonas
+y cínicas, que al llegar a oídos de ella la hacían estallar de furor. La
+lucha se fué haciendo cada día más encarnizada. Por otra parte, los
+acreedores de Osorio, defraudados en sus esperanzas, empezaban a
+revolverse contra él y amenazaban dejarle arruinado. Es fácil
+representarse la agitación, la violencia, el malestar que reinarían en
+el hotel de la calle de Don Ramón de la Cruz.
+
+De este malestar, y aun puede decirse desdicha, participaba el hasta
+entonces afortunado Raimundo. El espíritu y el cuerpo de Clementina,
+alterados por el tumulto de otras pasiones, no podían reposarse en las
+dulzuras del amor. Los momentos que aquélla le concedía eran cada vez
+más cortos y sin sosiego. Se extinguieron las pláticas alegres,
+bulliciosas, que en otro tiempo mantenían. La hermosa dama ya no gustaba
+de embromar a su juvenil amante. No se acordaba siquiera de aquellas
+gozosas y pueriles escenas en que se deleitaban, ora haciendo ella de
+reina que recibe en corte a sus ministros, ya jugando besos a los naipes
+o en otras mil niñerías que la tornaban a la adolescencia. Ahora apenas
+sabía hablar de otra cosa más que de su pleito. Tenía los nervios tan
+excitados, que con la palabra más insignificante se le disparaban y
+montaba en furiosa cólera. Además, por el interés vehementísimo de
+triunfar de su padre, crecían sus coqueterías con Escosura, recién
+nombrado ministro. Esto era, como debe suponerse, lo que más desgraciado
+hacía al joven entomólogo.
+
+Un día, en que estaba más cariñosa que de costumbre, teniéndole sentado
+a sus pies y acariciándole los cabellos con sus hermosos, delicados
+dedos cargados de sortijas, le dijo con acento meloso:
+
+--Tú sigues con tus celos de Escosura. ¿verdad, Mundo?... Pues haces muy
+mal.... No me gusta poco ni mucho ese hombre....
+
+--Sí: eso me has dicho muchas veces ... pero....
+
+--No hay pero que valga, niño díscolo--repuso alegremente tirándole de
+la oreja--. Ni he querido, ni puedo querer a nadie más que a ti. Todos
+los hombres me parecen feos, tontos y presuntuosos a tu lado.... Pero
+(¡aquí viene mi pero!) desgraciadamente tú no eres ministro, aunque lo
+mereces más que todos los que conozco.... Bien sabes que mi fortuna está
+hoy en manos de la justicia, que de la noche a la mañana puedo quedar
+sin una peseta. Acostumbrada como estoy a las comodidades y al lujo, ya
+comprenderás que no sería un plato de gusto. Mi amor propio también
+padecería mucho: tengo infinitos envidiosos, gente que me odia sin saber
+por qué.... En fin, que sería el hazme reir de ellos, ¿entiendes? Y yo
+no quiero que eso suceda. Mi padre cuenta con muchos amigos.... se
+esperan de él favores (aunque sea incapaz de hacer uno solo), se le
+tiene miedo.... Yo, aunque trato a casi todos los políticos de Madrid,
+carezco de un verdadero amigo que se interese por mi asunto como si
+fuese propio, que se atreva a ponerse frente a mi padre.... Y como no lo
+tengo necesito buscarlo, ¿sabes?... Figúrate ahora que ese amigo es
+Escosura, quien por su posición política y por su dinero es
+independiente por completo.... Figúrate que estoy en relaciones con
+él.... Figúrate que es mi amante a los ojos del mundo.... Y figúrate
+también que rompo contigo en apariencia, aunque sigas secretamente
+siendo mi verdadero amor, el único querido de mi corazón.... ¿Qué te
+parece del arreglo? ¿Lo encuentras aceptable?
+
+Raimundo se puso encendido ante aquella singular y humillante
+proposición. Tardó unos instantes en contestar y al fin dijo entre
+colérico y desdeñoso:
+
+--Me parece sencillamente una infamia y una asquerosidad.
+
+La arruga, aquella arruga fatal que cruzaba la frente de Clementina cada
+vez que la cólera agitaba su alma turbulenta, apareció honda y
+siniestra. Levantóse bruscamente, y después de mirarle con fijeza, entre
+airada y desdeñosa, le dijo con acento glacial:
+
+--Tienes razón. Ese arreglo no puede convenirte.... Mejor será que
+cortemos de una vez nuestras relaciones.
+
+Y se dispuso a marchar. Raimundo quedó anonadado.
+
+--¡Clementina!--gritó con desconsuelo cuando se hallaba ya cerca de la
+puerta.
+
+--¿Qué hay?--dijo ella, con la misma frialdad, volviendo la cabeza.
+
+--Escucha, por Dios, un momento.... Te he dicho eso arrebatado por los
+celos, pero sin intención de herirte.... ¿Cómo he de ofenderte yo a ti
+cuando te quiero, te adoro como a un ser sobrenatural?...
+
+A éstas siguieron otras muchas palabras fogosas empapadas de cariño,
+mejor aún, de devoción. Clementina las escuchó en la misma actitud
+altanera. No se dejó ablandar hasta que le contempló bien humillado,
+pidiéndole de rodillas, como precioso favor, aquel mismo arreglo que
+hacía un instante había calificado de infamia y asquerosidad.
+
+Por aquellos días la dama experimentó una rabieta tan viva que estuvo a
+punto de enfermar. Y no le faltó motivo. El duque, su padre, cuyas
+relaciones con la Amparo eran cada día más públicas y descaradas, llevó
+su cinismo o su servidumbre humillante hasta traerla a su palacio y
+hacer vida marital con ella. No se hablaba de otra cosa en la alta
+sociedad madrileña. Todo el mundo consideraba que Salabert tenía
+perturbado el cerebro, por no decir, como en otro tiempo, que estaba
+hechizado por su querida. Esta, con su estupidez inveterada, en vez de
+disimular su poder y hacerse perdonar del mundo aquella inaudita
+usurpación, la pregonaba a son de trompeta en los teatros y paseos,
+donde se presentaba colgada del brazo del duque. Poco después comenzó a
+circular por Madrid la noticia de que se casaban. El asombro y la
+indignación que produjo fueron vivísimos.
+
+Un acontecimiento imprevisto vino a deshacer o por lo menos a aplazar
+aquella boda. En cierta reunión de accionistas de las minas de Riosa, a
+Salabert, como presidente, le tocó dar cuenta de su gestión y proponer
+las modificaciones necesarias en la marcha de la sociedad.
+Ordinariamente lo hacía con mucha concisión y claridad. Era, ante todo,
+hombre de negocios y no gustaba de andarse por las ramas o decir más
+palabras de las indispensables. Mas con sorpresa de la asamblea, donde
+se hallaban muchos banqueros y algunos personajes políticos, comenzó a
+pronunciarles un discurso por todo lo alto. Abandonando el asunto por
+completo, entró dándoles amplias explicaciones de su conducta como
+hombre público; trazó una verdadera biografía de su persona,
+deteniéndose en pormenores del todo impertinentes; cantó con la mayor
+impudencia sus propias alabanzas, ofreciéndose como el prototipo de la
+consecuencia política, del desinterés y la abnegación; pregonó sus
+servicios al país, por haber prestado dinero al Gobierno en momentos de
+apuro, y a la causa de la humanidad coadyuvando poderosamente a la
+erección de hospitales, escuelas y asilos. Hasta tuvo la desvergüenza de
+decir que el asilo de ancianas de los Cuatro Caminos era obra suya.
+
+Los circunstantes se miraban unos a otros con estupor y se murmuraban al
+oído juicios poco lisonjeros sobre el estado intelectual del orador.
+Cuando apuró la lista de sus méritos y se proclamó _urbi et orbi_ el
+primer hombre de la nación, principió a desatarse contra sus enemigos.
+Presentóse como víctima de una persecución tenaz, insidiosa, de mil
+intrigas urdidas para desacreditarle y en las que intervenían una
+porción de personajes de la banca y la política. En confirmación de este
+aserto leyó con voz campanuda y fogosa entonación ciertos artículos
+insertos en un periódico de provincia (la provincia en que estaban las
+minas de Riosa), en que según él se le atacaba "de un modo indigno y
+asqueroso". Lo que venía a decir, en resumen, el articulista, era que
+Salabert no era acreedor a que se le erigiese una estatua.
+
+Los circunstantes, cada vez más cansados y aburridos, se decían ya en
+voz baja:
+
+--¡Esto es ridículo! ¡Este hombre está loco!
+
+A medida que leía se iba enardeciendo. Su rostro, ordinariamente un poco
+amoratado, se oscureció de tal modo que parecía el de un estrangulado.
+Al fin, sin terminar la lectura, cayó en el sillón presa de un ataque
+que le privó del sentido. Y por entrambas vías su naturaleza pletórica
+comenzó al instante a desahogarse de tan formidable manera, que sólo un
+médico que asistía a la reunión en calidad de socio osó acercarse a él.
+
+
+
+
+XV
+
+#Genio que se apaga.#
+
+
+Después de aquel ataque, las facultades mentales del duque
+experimentaron una merma considerable, al decir de cuantos a él se
+acercaban. Padecía extrañas distracciones. Su palabra era perezosa y más
+confusa que antes. Tenía caprichos fantásticos. Se contaba que había
+entregado ya a la Amparo sumas enormes o las había puesto a su nombre en
+el Banco; que se enfurecía por livianos motivos y gritaba y gesticulaba
+como un demente, llegando sus arrebatos hasta maltratar de obra a los
+criados o dependientes; que comía vorazmente y sin medida, y que decía
+de su hija horrores inconcebibles, imposibles de repetir entre personas
+decentes. Su genio socarrón y maligno se había trocado en adusto y
+violento.
+
+Sin embargo, en los negocios no dió señales de faltarle la cordura. La
+rueda de la avaricia no se había gastado aún en su organismo. Verdad que
+la mayor parte de ellos marchaban por sí mismos. Además tenía consigo a
+Llera, cuyas dotes de especulador astuto y audaz habían llegado al
+apogeo. Donde se mostraba en realidad la perturbación, o por mejor
+decir, la flaqueza de su inteligencia, era en el seno de la vida
+doméstica. No se contentó con hacer reina y señora de la casa a su
+querida, pero admitió en ella también a la madre y los hermanos de ésta,
+gente ordinaria y soez que la tomó por asalto, dándose harturas de
+esclavos en saturnal, viviendo en perpetua orgía. El dominio de la
+Amparo se hizo absoluto. Ella fué quien comenzó a ordenar, o por mejor
+decir, a desordenar los gastos ostentando un lujo escandaloso en sus
+vestidos, joyas y trenes. Y como no faltan en Madrid hambrones de levita
+y de frac, al instante tuvo una corte de parásitos que cantaron sus
+alabanzas. Dió tes y comidas; se jugó al tresillo. Se hizo, en suma, lo
+que en todas las casas opulentas, menos bailar. Y aunque el personal por
+dentro dejaba mucho que desear, por fuera parecía tan pomposo y
+brillante como el de los demás palacios. Hasta había títulos de
+Castilla que honraban la tertulia con su presencia, entre ellos el
+marqués de Dávalos, tan loco y enamorado como siempre. La Amparo, a
+quien lisonjeaba este amor frenético conocido de todo Madrid, lo
+desdeñaba en público y lo alimentaba en secreto. Por donde flaqueaban
+más los saraos de aquélla era por el lado femenino, si bien no faltaban
+tampoco algunas señoras de la clase media que, a trueque de pisar regios
+salones y verse servidas por lacayos de calzón corto, consentían en
+alternar con la querida de Salabert. Verdad que acallaban sus escrúpulos
+diciéndose que Amparo muy pronto sería la duquesa de Requena, en cuanto
+terminase el luto de la anterior esposa.
+
+Seguía el pleito entre el duque y su hija, más empeñado cada día y
+encendido. La Amparo se declaraba parte en él entre sus amigos; gozaba
+soltando contra Clementina el odio mortal que la profesaba en palabras
+tabernarias. Salían a relucir en su tertulia todos los devaneos de la
+dama, corregidos y aumentados por los parásitos; se contaban anécdotas
+que harían ruborizar a un guardia civil; se atacaban hasta sus prendas
+corporales, diciendo que los dientes eran postizos, que tenía una cadera
+torcida y otras calumnias por el estilo. Cierta noche tuvo éxito
+prodigioso un muchachuelo al manifestar que Clementina, según datos
+irrecusables, gastaba pantalones de franela a raíz de la carne.
+
+Algunos de estos dichos llegaban a oídos de la interesada y la hacían
+empalidecer de ira, amargaban extremadamente su agitada existencia. El
+pleito era ya para ella una lucha personal con la Amparo. Lo que más
+temía, y Osorio también, era que se realizase el anunciado matrimonio de
+su padre. Si esto sucedía no había más remedio que ver a la ex florista
+ostentando la corona ducal, tratando de potencia a potencia con ellos.
+Aunque al principio la sociedad la rechazase, como con el tiempo todo se
+olvida, quizá aquella vil mujer llegaría a ser una verdadera duquesa.
+Afortunadamente para ellos, aunque Salabert estaba sometido en todo a su
+voluntad, les constaba que se oponía tenazmente a casarse, que la Amparo
+hacía inútiles esfuerzos para decidirle, que había habido escenas
+violentas entre ellos. La ex florista, al principio, lo había tomado por
+la tremenda. Se contaba que en un arrebato había herido al duque con
+unas tijeras, que los criados escuchaban frecuentemente gritos
+descompasados de la bella injuriando al viejo, llenándole de denuestos.
+Uno juraba que la había oído gritar:
+
+--¿Por qué no te casas? ¡dí, canalla!... ¿Crees que te deshonras con
+eso? ¿No sabes que por ahí todo el mundo dice que eres un ladrón? ¿que
+tus iniciales significan _¡a ese!_...? Seré una p... pero una p... ¿no
+vale tanto como un ladrón?
+
+Ciertos o no estos horrores, lo que constaba de un modo indudable era la
+resistencia de él y el afán de ella. Alguien le hizo entender que no era
+éste el mejor sistema y que corría riesgo, por quererlo todo, de
+perderlo todo. Cambió de táctica. Se dedicó a sacar de su querido todo
+el dinero que pudo y a empujarle suavemente, pero con tenacidad, al
+matrimonio. Mas aunque por lo que se refiere a esto último sus asaltos
+continuaban siendo infructuosos, Clementina y Osorio estaban con el alma
+en un hilo. Decíase que el duque se hallaba realmente enfermo, que
+sufría una parálisis progresiva. En vista de ello se determinaron,
+después de escuchar el parecer de algunos célebres abogados, a pedir
+ante los tribunales su inhabilitación o la incapacidad para administrar
+sus bienes.
+
+Por estos días se dijo que aquél había experimentado un nuevo ataque y
+que de resultas había quedado casi enteramente imbécil. Confirmaba este
+rumor el que no salía de casa y el que sus amigos íntimos no conseguían
+verle cuando iban a visitarle.
+
+En tales circunstancias, bien por un arranque de su temperamento
+impetuoso o porque no faltara entre sus íntimos quien se lo aconsejara,
+Clementina se resolvió a dar un golpe decisivo que de una vez zanjase el
+litigio y todos los problemas a él anejos. "Mi padre está
+secuestrado--dijo--. Yo voy allá y arrojo a esa mujer de casa". Osorio
+trató de disuadirla, pero inútilmente.
+
+Una mañana se hizo trasladar en su coche al palacio de Requena. Pasmo
+del portero al abrir la verja y encontrarse con la señorita Clementina,
+y visible alegría también. Porque, aunque no era tan llana como la ex
+florista ni tan pródiga, el sentimiento de justicia obligaba a los
+criados del duque a despreciar a ésta y respetar a aquélla. La orgullosa
+dama se contentó con decir, sin mirarle: "Hola, Rafael", y se dirigió
+rápidamente a la escalinata.
+
+¿Cómo está papá?--preguntó al criado que halló en el recibimiento.
+
+Tan aturdido quedó que no pudo responderle inmediatamente.
+
+--¡Vamos, hombre!--repitió con impaciencia--. ¿Qué tal papá? ¿Está en
+las oficinas o en sus habitaciones?
+
+--Dispense V.E. ... el señor duque está bueno.... Me parece que aún está
+en su gabinete....
+
+En aquel momento una doncella, que desde el fondo del corredor la vió y
+escuchó sus preguntas, corrió toda azorada a avisar a la señora.
+Clementina también subió con pie rápido la escalera del piso principal.
+Antes de llegar a la puerta del gabinete de su padre, la Amparo se
+interpuso delante de ella, pálida, mirándola fijamente, con ojos
+agresivos.
+
+--¿Dónde va usted?--preguntó con voz ligeramente ronca por la emoción.
+
+--¿Quién es usted?--respondió la dama alzando la cabeza con soberano
+desdén y mirándola de arriba abajo.
+
+--Yo soy la señora de esta casa--repuso la malagueña poniéndose aún más
+pálida.
+
+--Querrá usted decir la secuestradora. No tengo noticia de que aquí haya
+señora alguna.
+
+--¡Ah! Viene usted a insultarme a mi misma casa--exclamó la ex florista
+poniéndose en jarras como en la plazuela.
+
+--No; vengo a arrojarte de ella antes que llegue la policía a hacerlo.
+
+--¡No me tutee usted o me pierdo!--gritó la Amparo arrebatada de furor,
+presta a arrojarse sobre su orgullosa enemiga.
+
+--Repito que vengo a echarte de esta casa y del puesto que
+usurpas--repuso ésta con tranquilidad amenazadora, desafiándola con la
+mirada.
+
+La Amparo hizo un movimiento de arrojarse sobre ella, pero deteniéndose
+súbito se puso a gritar con voces descompasadas:
+
+--¡Pepe, Gregorio, Anselmo! A ver, que vengan todos. ¡Pepe, Gregorio!
+¡Echadme esta tía de casa, que me está insultando!
+
+A los gritos acudieron algunos criados, que se detuvieron confusos,
+atónitos, contemplando aquella escena extraña. También se abrió la
+puerta del gabinete y apareció en ella la figura del duque, de bata y
+gorro. En poco tiempo había envejecido de un modo sorprendente. Tenía
+los ojos apagados, el color caído, las mejillas pendientes y flácidas.
+
+--¿Qué es eso? ¿qué pasa aquí?--preguntó con torpe lengua. Y al ver a su
+hija dió un paso atrás y todo su cuerpo se estremeció.
+
+--Esta mujer, que después de pedir que te declaren loco viene a
+insultarme--gritó Amparo con voz chillona de rabanera colérica.
+
+--Papá, no hagas caso--dijo Clementina yendo hacía él.
+
+Pero el duque retrocedió, y extendiendo al mismo tiempo sus manos
+convulsas, exclamó:
+
+--¡Fuera! ¡Fuera! ¡No te acerques!
+
+--¡Escucha, papá!
+
+--¡No te acerques, ingrata, perversa!--repitió el duque con voz
+temblorosa y tono melodramático.
+
+--Fuera de aquí, sin vergüenza. ¿Tiene usted valor para presentarse
+después de lo que ha hecho con su padre?--chilló la malagueña animada
+por la actitud del viejo.
+
+Clementina quedó petrificada, lívida, mirándoles con ojos donde se
+pintaba más el espanto que la cólera. Hubo un instante en que estuvo a
+punto de perder el sentido, en que todo comenzó a dar vueltas en torno
+suyo. Pero su orgullo hizo un esfuerzo supremo y permaneció clavada al
+suelo, inmóvil como una estatua de yeso, y tan blanca. Luego giró
+lentamente sobre los talones por miedo a caerse y dió algunos pasos
+hacia la escalera, que comenzó a bajar con pie vacilante. Su padre,
+excitado por los gritos de la Amparo, avanzó hasta la barandilla y
+siguió repitiendo, cada vez más colérico, extendiendo su mano trémula
+como un barba de teatro:
+
+--¡Fuera! ¡Fuera de mi casa!
+
+Mientras, su querida vomitaba una sarta de injurias acompañadas de
+movimientos de caderas, risas sarcásticas y tal cual interjección del
+repertorio antiguo.
+
+Cuando llegó a poner el pie en el jardín, las mejillas de Clementina
+comenzaron a echar fuego. Se apoyó un instante en la columna de uno de
+los faroles, y en seguida se dió a correr como una loca hacia su coche.
+Montó en él de un salto y cayó en un ataque de nervios. La sacaron en
+malísimo estado y la subieron a su cuarto entre dos criadas. Cuando
+Osorio se presentó no pudo enterarle más que con palabras sueltas e
+incoherentes de lo que había acaecido. Ocho o diez días estuvo postrada
+en la cama. Al fin salió de ella con un deseo tal de vengarse, que
+algunos pensaron que se había vuelto loca.
+
+El pleito, con el hábito de venganza que ella sopló sobre él, encendióse
+de un modo imponente. Llegó a ser en Madrid un acontecimiento público.
+Acerca de la locura del duque hubo pareceres encontrados de los médicos
+más insignes, españoles y extranjeros. Los unos le ponían de idiota,
+degenerado y embrutecido que no había por dónde cogerlo. Los otros
+declaraban que su inteligencia brillaba cada día más clara, que era un
+portento de penetración y buen sentido. Pero todos coincidían en exigir,
+por sus dictámenes, disparatados honorarios. La prensa intervino en
+favor de una u otra de las partes. Clementina subvencionaba algunos
+periódicos. La Amparo (porque el duque, en realidad, ya no se hallaba en
+estado de dirigir el asunto) tenía comprados otros. Y desde las columnas
+de ellos se decían, más o menos veladas, mil insolencias; se sacaban a
+relucir en cuentos alegóricos muchas historias escandalosas.
+
+En esta guerra la hija llevaba la peor parte: no podía ser tan liberal
+como la querida. Amparo distribuía los billetes de Banco a manos llenas.
+En cambio, a Clementina le ayudaban los acreedores de su marido, sus
+amigas Pepa Frías, que no cesaba un momento de ir y venir visitando a
+los médicos, a los magistrados, a los periodistas, la condesa de
+Cotorraso, la marquesa de Alcudia, su cuñado Calderón, sus amigos el
+general Patiño y Jiménez Arbós, y más que todos ellos, como quien más
+obligación tenía, su amante Escosura. Este, por el alto puesto que
+ocupaba, ejercía considerable influencia en la marcha del litigio.
+
+¡Qué agitación! ¡qué vida afanosa y miserable! Clementina no comía, no
+dormía: siempre en conferencias con el abogado, con el procurador,
+siempre escribiendo cartas. Hasta en sus tertulias o comidas no sabía
+hablar de otra cosa. De suerte que algunos, los indiferentes, murmuraban
+e iban desertando de su casa. Pero a otros logró comunicarles su fuego:
+eran sus parciales apasionados y traían y llevaban cuentos y daban
+consejos y prorrumpían en exclamaciones de indignación cada vez que en
+cualquier parte oían nombrar a la Amparo. Aunque Clementina, en general,
+no era simpática a la sociedad madrileña por su carácter altanero, como
+al fin representaba el derecho y la moral, su causa era la popular.
+Contribuyó a hacerla más la estupidez de su enemiga, que se presentaba
+en todas partes queriendo deslumbrar con su lujo, llevando a su lado
+aquel viejo imbécil y degradado.
+
+Porque el duque de Requena se desmoronaba a ojos vistas. Después del
+período de exaltación y violencia en que parecía un loco furioso, vino
+el aplanamiento de los nervios. Poco a poco se acercaba al completo
+idiotismo. Perdió la vivacidad del espíritu y hasta la facultad de
+comprender los negocios. Quedaron en manos de Llera. Esto no era malo:
+pero sí que la Amparo se ingiriese en ellos con autoridad, porque no
+hacía más que disparates. Se daba, sin embargo, bastante maña para
+ocultar la locura de su querido. Los días en que le veía sobrexcitado o
+incoherente en sus palabras teníale encerrado. Sólo cuando estaba más
+tranquilo y racional se aventuraba a salir con él en coche y procurando
+que no hablase con nadie.
+
+Mas a la postre tales precauciones resultaron inútiles. Salabert se
+escapó de casa en distintas ocasiones y dió públicas señales de su
+enajenación. Una vez se le halló a las cuatro de la mañana cerca de
+Carabanchel. Otra vez entró en una joyería, y después de ajustar algunas
+alhajas sustrajo otras creyendo que no le veían. El joyero lo advirtió
+perfectamente, pero no le dijo nada porque le conocía. Lo que hizo fué
+enviar la cuenta de las alhajas robadas a la Amparo. Esta se apresuró a
+pagarlas y vino en persona a rogarle que no divulgase el hecho.
+
+Pronto se persuadió el público de que, a pesar de los pareceres
+encontrados de los médicos, la locura del duque era evidente. Comenzó a
+susurrarse que el fallo del tribunal así lo declararía. Dos días antes
+de que se publicase, la Amparo abandonó el palacio de Requena después de
+haberlo puesto a saco. Se llevó multitud de objetos de gran valor. Su
+hacienda ascendía ya a una porción de millones. En previsión de lo que
+podía suceder la había sacado del Banco de España y la tenía en valores
+extranjeros. Pocos días después se marchó a Francia. Algunos meses más
+tarde circuló por Madrid la noticia de que se casaba con el marqués de
+Dávalos.
+
+La misma tarde del día en que la Amparo huyó (porque huída se puede
+llamar) de la casa de Requena, entró Clementina con su marido y se
+posesionó de ella. Halló a su padre en un estado tristísimo,
+completamente idiota. Hablaba como si la hubiera visto el día anterior y
+no hubiera pasado nada; le preguntaba con mucho interés por la Amparo y
+hasta algunas veces la confundía con ella. El corazón de la hija, hay
+que confesarlo, no padeció gran cosa. Aquella desgracia no apagaba por
+entero el rencor que despertaba en su alma el recuerdo de los
+amarguísimos días que acababa de pasar. Su venganza no estaba satisfecha
+porque veía a la Amparo rica y feliz. Quería a todo trance perseguirla
+criminalmente, mientras su marido, satisfecho con la fortuna colosal que
+caía en sus manos, no se preocupaba poco ni mucho de semejante cosa.
+
+El duque de Requena, el célebre banquero que tuvo atentos y admirados
+durante veinte años a los negociantes españoles y extranjeros, el hombre
+que había dado tanto que decir al público y a la prensa, pasó muy pronto
+a ser en el palacio de Osorio un trasto inútil y despreciable. Por no
+dar que murmurar, o por asegurarse mejor de su persona, o quizá por un
+vago temor de que pudiera curarse, los esposos Osorio no le enviaron a
+un manicomio: tuviéronle guardado en casa. Salabert se había convertido
+en niño. No se preocupaba ya de otra cosa que del alimento. Hablaba
+poco. Pasaba horas y horas mirándose las uñas o frotándose una mano con
+la otra, dejando escapar de vez en cuando gritos extraños,
+inarticulados. Tenía cerca un criado que, cuando se mostraba
+desobediente y se enfurecía, le castigaba. Pero a quien más respeto
+tenía, y aun puede decirse verdadero temor, era a su hija. Bastaba que
+Clementina le mirase ceñuda y le dirigiese una seca reprensión para que
+el loco se sometiese repentinamente. En cambio, no hacía caso alguno de
+su yerno.
+
+Cuando el criado que le cuidaba, viéndole tranquilo iba a recrearse un
+poco con sus compañeros, el loco acostumbraba a vagar por las
+habitaciones del palacio mirándose con atención a los espejos. Su manía
+principal era la de recoger los pedacitos de pan que hallaba y
+amontonarlos en un rincón de su cuarto hasta que allí se pudrían. Cuando
+el montón era ya demasiado grande, los criados venían a recogerlos en
+cestos y lo tiraban al carro de la basura. Al entrar en su habitación y
+echarlo de menos se enfurecía. Necesitaba su guardián hacer uso de algún
+medio violento para volverle el sosiego.
+
+Cierta tarde, poco después de almorzar los señores (el loco almorzaba en
+su cuarto), se hallaban reunidos tres o cuatro criados en el gran
+comedor del palacio limpiando la vajilla y colocándola en los
+aparadores. Estaban de buen humor y retozaban cambiando latigazos con
+los paños que tenían en la mano, corriendo en torno de la mesa y
+soltando sonoras carcajadas. La señora no podía escucharles porque
+estaba arriba. En esto apareció el loco en la puerta con una bandeja en
+la mano, la bandeja en que acostumbraba a transportar los mendrugos,
+como preciosa mercancía, a su habitación. Vestía una bata grasienta ya y
+traía la cabeza descubierta. Pero aquella cabeza, a pesar de sus blancos
+cabellos, no era venerable. Las mejillas pálidas, terrosas, los labios
+amoratados y caídos, la mirada opaca sin expresión alguna, no reflejaban
+la ancianidad que tiene su hermosura, sino la decrepitud del vicio
+siempre repugnante y la señal de la idiotez, aterradora siempre.
+
+Permaneció un instante indeciso al ver tanta gente. Al fin se resolvió a
+entrar; fué derecho a los cajones de los aparadores y comenzó con afán a
+registrarlos sacando todos los mendrugos que había y colocándolos en su
+bandeja. Los criados le contemplaban sonrientes con mirada burlona.
+
+--Busca, busca--dijo uno--. ¿Cuándo nos convidas a gazpacho, tío
+lipendi?
+
+El viejo no hizo caso: siguió afanoso en su tarea.
+
+--Gazpacho, no--dijo otro--. Mejor será que nos convides a un billete de
+cien pesetas.
+
+--A ti no te convido. A Anselmo, sí--dijo el duque tartamudeando mucho y
+mirándole airado.
+
+--¡Toma! ya sé por qué convidas a Anselmo; porque te anda con el bulto.
+Descuida, que si es por eso ya me convidarás.
+
+Los otros soltaron la carcajada. El más joven de ellos, un chico de diez
+y seis años, al verle con la bandeja colmada y dispuesto a marcharse, se
+fué por detrás, y dándole un manotazo hizo saltar todos los mendrugos,
+que cayeron esparcidos por el suelo. El duque se enfureció
+terriblemente, y lanzando gritos de cólera, y echándoles miradas de
+fiera acosada, se tiró al suelo y se puso a recoger de nuevo los
+mendrugos, mientras los criados celebraban con algazara la gracia de su
+compañero. Cuando ya los tenía todos en la bandeja y corría hacia la
+puerta para librarse de sus burlas, el mismo rapaz se fué tras él y otra
+vez se los tiró. El furor del loco no tuvo límites. Convulso, rechinando
+los dientes, con los ojos encendidos, se arrojó sobre el burlador; pero
+los demás le sujetaron. El pobre demente comenzó entonces a lanzar
+bramidos que nada tenían de humanos.
+
+En aquel instante se oyó en el corredor la voz irritada de Clementina.
+
+--¿Qué es eso? ¿Qué hacen ustedes a papá?
+
+Los criados soltaron al loco y se dieron a correr desapareciendo del
+comedor.
+
+
+
+
+XVI
+
+#Amor que se extingue.#
+
+
+Los amores de Raimundo estaban presos por un hilo. En los últimos
+tiempos, Clementina, enteramente embargada por su anhelo de triunfo y
+venganza, apenas hacía caso de él. Veíanse a menudo, porque el joven no
+dejaba de frecuentar la casa; pero sus citas amorosas eran cada día más
+raras. Cuando aquél se quejaba tímidamente de su abandono, la dama se
+disculpaba con los celos de Escosura. Por más que hacía no lograba
+convencer a éste de que se hallaban rotas sus antiguas relaciones; la
+vigilaba con disimulo, espiaba sus pasos; el día menos pensado
+averiguaría la verdad. "Ya ves, el engaño sería muy feo: tendría razón
+para ponerse furioso".
+
+El pobre Raimundo estaba tan perdido que aceptaba como buenas estas
+razones o aparentaba aceptarlas. En medio de aquella abyección vivía
+feliz forjándose la ilusión de que su ídolo le prefería, le amaba en el
+fondo del alma; que sólo mantenía relaciones con el ministro por el
+interés del pleito. Contribuía a conservarle en ella el que de vez en
+cuando Clementina, por arrancarse quizá momentáneamente a sus afanes y
+enojos, le escribía una cartita diciéndole: "Hoy a las cuatro", o bien:
+"Vé por la tarde a la Casa de Campo". Y en estas entrevistas, acometida
+de súbito capricho, recordando las primeras y gozosas etapas de su amor,
+se mostraba tierna y cariñosa, le juraba eterna fidelidad. ¡Oh, Dios!
+¡qué infinita, qué celestial felicidad experimentaba el joven entomólogo
+oyendo tales juramentos de aquellos labios adorados!
+
+Pero toda felicidad es breve en este mundo. La de él, brevísima. Al día
+siguiente de aquel deliquio amoroso, encontraba a su dueño frío como el
+mármol, displicente, y, lo que es peor, en largas y reservadas pláticas
+con Escosura allá por los rincones del salón. Creía inocentemente que al
+terminar el pleito cambiaría su suerte, que Clementina, no necesitando
+ya al ministro, volvería de nuevo a ser enteramente suya, sin aquel
+odioso reparto que le entristecía aún más que le avergonzaba. Sus
+esperanzas se desvanecieron como el humo. Terminóse el pleito del modo
+más feliz para ella; y no obstante, lejos de despedir a su amante
+oficial, cada día se mostraba hacia él más respetuosa y enamorada.
+
+Cierta mañana, dos meses después de haberse fallado el litigio, recibió
+un billetito que decía: "Voy esta tarde a las dos". Le dió un salto el
+corazón. Hacía más de quince días que su adorada no parecía por el
+entresuelito del Caballero de Gracia. A la una ya estaba aguardándola. Y
+en cuanto la columbró de lejos, corrió a abrirla con la misma emoción
+que si fuese una reina y con mucha mayor ternura. Mostróse ella
+reconocida, afectuosa; recibió con agrado sus vivas y apasionadas
+caricias.
+
+Al cabo de una hora, hallándose los dos sentados en el pequeño sofá
+donde tantos coloquios amorosos habían pasado, ella le dirigió una larga
+mirada compasiva y le dijo con sonrisa triste:
+
+--¿Sabes una cosa, Mundo?... Que hoy es el último día que nos vemos así
+solos y juntos.
+
+El joven la miró con estupor, sin comprender, o sin querer comprender.
+
+--Sí; ... no puedo continuar manteniendo estas relaciones secretas
+contigo.... Escosura ya está advertido y se ha ofendido mucho con
+razón.... Además, me parece feo el tener dos amantes.... Eso queda para
+Lola Madariaga. Hasta ahora he pasado por ello porque comprendo que me
+has querido y que me quieres mucho.... Yo también te he demostrado
+siempre amor verdadero. No puedes quejarte. Si a algún hombre he querido
+de corazón es a ti.... La prueba de ello es lo que han durado nuestras
+relaciones.... Pero nada es eterno en el mundo.... Puesto que ya
+nuestros amores están desde hace tiempo medio deshechos (porque el amor
+es exclusivo y no admite repartos), lo mejor es que lo rompamos por
+completo... Así como así me voy haciendo vieja, Mundo.... Tú eres un
+muchacho. Si yo no diese la voz de separación, tarde o temprano la
+darías tú. Esta es la vida.... Hoy, todavía me encontrarás bonita: son
+las últimas llamaradas. Necesito despedirme de las muchas locuras que
+hemos hecho.... Pero siempre las recordaré con placer, te lo juro.... Tú
+reprensentarás en mi vida, tal vez la época más feliz... Seamos de aquí
+en adelante buenos amigos. Tendría un placer inmenso en poder serte
+útil, en que me debieses algún favor de importancia, ya que te debo yo
+tantos momentos de dicha...
+
+El joven escuchó todas estas infamias inmóvil, atónito. Una densa
+palidez iba cubriendo sus facciones.
+
+--¿Pero hablas de veras?--concluyó por preguntar con voz temblorosa.
+
+--Sí, querido, sí; hablo de veras--respondió la dama con la misma
+sonrisa triste y protectora.
+
+--¡Eso no puede ser!... ¡no puede ser!--profirió él con energía,
+levantándose del asiento y mirándola colérico y espantado al mismo
+tiempo.
+
+Aquella mirada bastó para remover la soberbia de Clementina.
+
+--¡Vaya si puede ser!--replicó en tonillo irónico que resultaba en
+aquella ocasión de una crueldad feroz.
+
+Quedó helado. Permaneció en pie unos instantes mirándola con indefinible
+expresión de angustia y terror: por fin se dejó caer a sus pies
+exclamando con las manos cruzadas:
+
+--¡Oh, por Dios, no me mates! ¡no me mates!
+
+El semblante de Clementina se dulcificó y la voz también.
+
+--Vamos, no seas niño, Mundo.... Levántate.... Tenía que suceder.... Tú
+hallarás mujeres que valgan mucho más que yo....
+
+Pero el joven se había abrazado a sus rodillas con fuerza y se las
+besaba con transportes frenéticos, y lo mismo los pies, sacudido su
+cuerpo por los sollozos.
+
+--¡Esto es horrible! ¡es horrible!--repetía--. ¿Qué te hice para que así
+me mates?
+
+Vamos, Mundo, vamos.... Arriba.... Seamos formales--decía ella
+dulcemente, acariciándole los cabellos--. ¿No comprendes que es
+ridículo?
+
+--¡Qué me importa el ridículo!--replicaba el desgraciado entre sollozos,
+con el rostro pegado a la seda de su vestido--. Por ti me pondría en
+ridículo delante del mundo entero.
+
+Clementina hacía esfuerzos por calmarle, pero sin apiadarse. No hay
+fiera más cruel que una mujer hastiada. Le dejó desahogarse un rato, y
+cuando le vió más sosegado, se levantó del sofá.
+
+--Te agradezco muchísimo ese sentimiento, Mundo.... Yo también he tenido
+que luchar bastante tiempo con mi corazón para resolverme a separarme de
+ti....
+
+--¡Mientes!--dijo él de rodillas aún, con los codos apoyados sobre el
+sofá--. Si me hubieses querido no serías tan cruel, ¡tan infame!
+
+La dama permaneció un instante silenciosa mirándole por la espalda con
+ojos irritados. Al fin, venciendo la compasión, dijo:
+
+--Te perdono esas groserías por el estado de exaltación en que te
+hallas. Por mucho que me injuries no lograrás que deje de recordarte
+siempre con cariño.... Algún día cuando tú ya me hayas olvidado por
+completo, todavía tu imagen y los dichosos momentos que hemos pasado
+juntos estarán grabados en mi corazón.... Pero ahora conviene
+formalizarse--añadió cambiando de tono--. Concluyamos de un modo digno,
+Raimundo.... Me vas a hacer el favor de tomar un coche, ir a tu casa y
+traer todas las cartas que te he dirigido para que las quememos. Yo no
+conservo ninguna tuya. Ya sabes que las rompo en cuanto las recibo.
+
+Raimundo no se movió. Después de esperar unos momentos, Clementina se
+acercó a él por detrás, se inclinó silenciosamente y le puso las dos
+manos en las mejillas, diciéndole con acento dulce:
+
+--¡Retonto! ¿no hay más mujeres que yo en el mundo?
+
+Raimundo se estremeció al contacto de aquellas manos delicadas. Volvióse
+bruscamente y apoderándose de ellas las besó repetidas veces con
+frenesí, las llevó a su corazón, las puso sobre su frente.
+
+--No, Clementina, no; no hay más mujeres que tú ... o si las hay, yo no
+lo sé, ni quiero saberlo.... Pero ¿es cierto eso que me has dicho?...
+¿Es verdad que ya no me quieres?
+
+Y su mirada húmeda se alzaba con tal expresión de angustia, que ella,
+sonriendo confusa, se vió obligada a mentir.
+
+--Yo no te he dicho que no te quería ... sino que conviene que cortemos
+nuestras relaciones.
+
+--¡Es igual!
+
+--¡No, chiquillo, no! no es igual.... Puedo quererte, y sin embargo, por
+circunstancias especiales, no convenir que tenga contigo entrevistas
+secretas.... No todo lo que uno quiere se puede hacer en el mundo....
+
+Y se perdió en un laberinto de razones especiosas, de cuya falsedad ella
+misma se daba cuenta turbándose un poco al decirlas. Daba vueltas a unas
+mismas ideas, vulgarísimas todas, supliendo la fuerza y el peso de que
+carecían con lo vivo y exagerado de los ademanes.
+
+Raimundo no la escuchaba. Al cabo de unos momentos se levantó
+bruscamente, se enjugó las lágrimas y salió de la estancia sin decir
+palabra. Clementina le miró alejarse con sorpresa.
+
+--Te aguardo--le gritó cuando ya estaba en el pasillo.
+
+Veinte minutos después se presentó de nuevo con un paquete entre las
+manos.
+
+--Aquí tienes las cartas--dijo con aparente tranquilidad.
+
+Su voz estaba alterada. Una palidez densa cubría su semblante.
+Clementina le dirigió una penetrante mirada de curiosidad donde se
+pintaba asimismo la inquietud. Pero dominándose le dijo con naturalidad:
+
+--Muchas gracias, Mundo. Ahora las quemaremos si te parece.... Iremos a
+la cocina....
+
+El joven no replicó. Se dirigieron a esta pieza del cuarto fría y
+desmantelada, porque nadie la usaba, y Clementina colocó por su mano el
+paquete sobre el fogón. Mas de repente, cuando ya tenía entre los dedos
+el fósforo encendido que el joven le había dado, se detuvo. Quedó
+suspensa un instante y dijo sonriendo:
+
+--¡Sabes que esto es muy prosaico! ¡Quemar mis cartas de amor en un
+fogón! ¡Uf!... Me parece que debemos concluir con ellas de un modo más
+poético.... ¿Quieres que nos vayamos a quemarlas al campo?... De este
+modo daremos juntos un último paseo; nos despediremos dignamente.
+
+--Como gustes--articuló el joven en voz apenas perceptible.
+
+--Bueno, ve a buscar un coche.
+
+--Lo tengo abajo.
+
+--Salgamos entonces.
+
+Volvió a coger el paquete Raimundo. Ambos dejaron aquel cuartito donde
+nunca más habían de reunirse. Montaron en coche y éste les condujo
+camino de las Ventas del Espíritu Santo. Era una tarde de primavera,
+nublada y fresca. Clementina había echado los cierres de las
+ventanillas para no ser vista de algún conocido; pero en cuanto salieron
+de la Puerta de Alcalá pidió Raimundo que los bajase; por cierto con tan
+poca oportunidad, que en aquel momento cruzó a su lado una carretela
+abierta donde iban Pepe Castro y Esperancita Calderón, recién casados.
+No tuvo tiempo más que para echarse hacia atrás y llevar una mano a la
+cara. Quedóle la duda de si la habían reconocido.
+
+Raimundo, a costa de grandes esfuerzos, había conseguido dominarse, pero
+sólo a medias. Clementina hacía lo posible por distraerle. Le hablaba,
+como una buena amiga, de asuntos indiferentes, de sus conocidos, dando
+por supuesto que seguiría frecuentando su casa. Cuando pasaron Castro y
+su mujer, emprendió una conversación animada acerca de ellos.
+
+--Ya ves, Mundo; sucedió lo que yo decía. No hace tres meses que se han
+casado y ya andan a la greña Pepe y su suegro por cuestión de la
+dote.... Nadie conoce a Calderón mejor que yo.... Si no lo entierran
+pronto, los pobres se han de ver muy apurados, porque lo que es dinero
+han de tardar en sacárselo....
+
+Raimundo respondía a sus observaciones, afectando serenidad; pero su voz
+tenía un timbre especial que la dama no dejaba de advertir. Parecía que
+llegaba húmeda, como si hubiese atravesado una región de lágrimas.
+
+Al fin, en un paraje que vieron más solitario, hicieron parar el coche y
+se bajaron.
+
+--Aguárdenos usted aquí. Vamos a dar un paseo--dijo Raimundo al cochero.
+
+Mas creyendo observar cierta inquietud en los ojos del auriga, se volvió
+a los pocos pasos, sacó un billete de cinco duros y se lo entregó
+diciendo:
+
+Ya me dará usted la vuelta. Hasta luego.
+
+Abandonaron la carretera y se pusieron a caminar por los campos áridos y
+tristes del Este de Madrid. El terreno ofrecía leves ondulaciones y se
+extendía rojizo y desierto, cortando a lo lejos el horizonte con una
+raya bien pura. Ni un árbol, ni una casa. Los finos zapatos de
+Clementina se hundían en la tierra y quedaban manchados. Caminaban
+silenciosos. Raimundo ya no tenía fuerzas para hablar. Ella también se
+sintió dominada por la tristeza de la situación, a la cual ayudaba la
+del paisaje, y tuvo la delicadeza de no desplegar los labios. De vez en
+cuando volvía la cabeza para cerciorarse de si podían ser vistos desde
+la carretera. Cuando se convenció de que estaban bastante lejos se
+detuvo.
+
+--¿Para qué andar más?... ¿No te parece buen sitio?
+
+Raimundo se detuvo también y no respondió. Dejó caer el paquete al suelo
+y dirigió la vista a lo lejos, a los confines del horizonte. Clementina
+deshizo el paquete. Después de echar una ojeada de curiosidad a sus
+cartas, esmeradamente conservadas en los sobres, hizo con ellas un
+montoncito. Aguardó un instante a que Raimundo volviese la cabeza, y
+viendo que no lo hacía, le dijo:
+
+--Dame un fósforo.
+
+El joven sacó el fósforo y se lo entregó encendido, con el mismo
+silencio. Volvió de nuevo la cabeza y siguió mirando fijamente el
+horizonte, mientras Clementina pegaba fuego al montón de cartas y las
+veía arder poco a poco. Tardaron algunos momentos en consumirse:
+necesitaba arreglar con sus manos enguantadas el montoncito para que el
+fuego no se apagase. De vez en cuando dirigía una mirada entre inquieta
+y compasiva a su amante, que se mantenía inmóvil y atento como un marino
+que contempla el cariz de la mar.
+
+Cuando no quedaron más que las cenizas negras, Clementina, que estaba en
+cuclillas, se alzó. Estuvo un momento indecisa sin atreverse a turbar la
+profunda distracción de Raimundo. Al fin, pasando por su hermoso rostro
+una ráfaga de ternura, después de mirar rápidamente a todos lados, se
+acercó a él, le pasó un brazo por la espalda y le dijo con acento
+cariñoso:
+
+--Y ahora que estamos solos por última vez y que nadie nos ve, ¿no nos
+despediremos de un modo más efusivo?
+
+--¿Cómo quieres que nos despidamos?--respondió él mirándola y haciendo
+un esfuerzo supremo para sonreír.
+
+--¡Así!--replicó la dama vivamente.
+
+Y al mismo tiempo le echó los brazos al cuello y le cubrió el rostro de
+fuertes y apasionados besos.
+
+Raimundo se estremeció. Dejóse besar por algunos instantes como un
+cuerpo inerte. Al fin, doblándosele las piernas, exclamó con acento
+desgarrador:
+
+--¡Oh, Clementina, me estás matando!
+
+Y cayó al suelo privado de sentido. El susto de ella fué grande. No
+había nadie que la auxiliase. No había siquiera agua. Alzó la cabeza del
+joven, la puso sobre su regazo, le dió aire con su sombrero y le hizo
+oler un pomito con perfume que traía. Al cabo de pocos minutos abrió los
+ojos: no tardó en ponerse en pie. Estaba avergonzado de su flaqueza.
+Clementina se mostraba con él afectuosa y compasiva. Cuando vió que
+estaba ya sereno y en disposición de marchar, se cogió a su brazo y le
+dijo:
+
+--Vamos.
+
+Y procuró distraerle, mientras caminaban, hablándole de una _sauterie_
+que proyectaba y a la cual le pedía con insistencia que no dejase de
+asistir.
+
+--Y lo mismo los sábados ¿verdad? Cuidado con abandonarme. Uno es uno y
+otro es otro.... Tú serás en mi casa el amigo de siempre, y en mi
+corazón ocuparás, mientras viva, un lugar de preferencia.
+
+Raimundo se contentaba con sonreír forzadamente.
+
+Así llegaron otra vez al sitio donde estaba el coche. Dentro, la dama
+siguió locuaz. El, a medida que se acercaban a Madrid, se iba poniendo
+más pálido. Ya no sonreía.
+
+Viéndole de tal modo, con la desesperación impresa en el semblante,
+Clementina dejó al cabo de hablarle en aquel tono. Movida de piedad
+comenzó de nuevo a besarle cariñosamente. Pero él rechazó sus caricias;
+la apartó con suavidad diciendo:
+
+--¡Déjame! ¡déjame!... Así me haces más daño.
+
+Dos lágrimas asomaron a sus pupilas y estuvieron largo rato allí
+detenidas. Al fin se volvieron otra vez, sin caer, al sitio misterioso
+de donde brotan.
+
+El coche llegó a la Puerta de Alcalá. Clementina lo hizo detener delante
+de la calle de Serrano.
+
+--Conviene que te bajes aquí. Estás cerca de tu casa.
+
+Raimundo, sin decir palabra, abrió la portezuela.
+
+--Hasta el sábado, Mundo.... No dejes de ir.... Ya sabes que te espero.
+
+Al mismo tiempo le apretó la mano con fuerza.
+
+Raimundo, sin mirarla, murmuró secamente:
+
+--Adiós.
+
+Se bajó de un salto, y la dama le vió alejarse con paso vacilante de
+beodo sin volver la vista atrás.
+
+
+FIN
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+ I.--Presentación de la farándula.
+ II.--Más personajes.
+ III.--La hija de Salabert.
+ IV.--Cómo alentaba la virtud el señor duque de Requena.
+ V.--Precipitación.
+ VI.--Desde el «Club de los Salvajes» a casa de Calderón.
+ VII.--Comida y tresillo en casa de Osorio.
+VIII.--Cena en Fornos.
+ IX.--Los amores de Raimundo.
+ X.--Un poco de derecho civil.
+ XI.--Baile en el palacio de Requena.
+ XII.--Matinée religiosa.
+XIII.--Viaje a Riosa.
+ XIV.--Una que se va.
+ XV.--Genio que se apaga.
+ XVI.--Amor que se extingue.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of La Espuma, by D. Armando Palacio Valdés
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LA ESPUMA ***
+
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+This and all associated files of various formats will be found in:
+ https://www.gutenberg.org/1/1/5/2/11529/
+
+Produced by Stan Goodman, Virginia Paque and the Online Distributed
+Proofreading Team.
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
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+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
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+https://gutenberg.org/license).
+
+
+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
+
+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
+and accept all the terms of this license and intellectual property
+(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
+all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
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+
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+
+1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
+from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
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+and distributed to anyone in the United States without paying any fees
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+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
+Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
+with the permission of the copyright holder, your use and distribution
+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
+permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
+
+1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
+License terms from this work, or any files containing a part of this
+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
+prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
+active links or immediate access to the full terms of the Project
+Gutenberg-tm License.
+
+1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
+word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
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+"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
+copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
+performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
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+
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
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+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+https://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: https://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Each eBook is in a subdirectory of the same number as the eBook's
+eBook number, often in several formats including plain vanilla ASCII,
+compressed (zipped), HTML and others.
+
+Corrected EDITIONS of our eBooks replace the old file and take over
+the old filename and etext number. The replaced older file is renamed.
+VERSIONS based on separate sources are treated as new eBooks receiving
+new filenames and etext numbers.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
+EBooks posted prior to November 2003, with eBook numbers BELOW #10000,
+are filed in directories based on their release date. If you want to
+download any of these eBooks directly, rather than using the regular
+search system you may utilize the following addresses and just
+download by the etext year.
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+EBooks posted since November 2003, with etext numbers OVER #10000, are
+filed in a different way. The year of a release date is no longer part
+of the directory path. The path is based on the etext number (which is
+identical to the filename). The path to the file is made up of single
+digits corresponding to all but the last digit in the filename. For
+example an eBook of filename 10234 would be found at:
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