From aa3b7048f414c7e7e68fa5bcbe87c02fe8fa398e Mon Sep 17 00:00:00 2001 From: pgww Date: Mon, 4 Aug 2025 12:22:02 -0700 Subject: Update for 76631 --- .gitattributes | 3 + 76631-0.txt | 5654 +++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ 76631-h/76631-h.htm | 6236 ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ 76631-h/images/cover.jpg | Bin 0 -> 123158 bytes LICENSE.txt | 11 + README.md | 2 + 6 files changed, 11906 insertions(+) create mode 100644 .gitattributes create mode 100644 76631-0.txt create mode 100644 76631-h/76631-h.htm create mode 100644 76631-h/images/cover.jpg create mode 100644 LICENSE.txt create mode 100644 README.md diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/76631-0.txt b/76631-0.txt new file mode 100644 index 0000000..7489036 --- /dev/null +++ b/76631-0.txt @@ -0,0 +1,5654 @@ + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76631 *** + + +NOTA DE TRANSCRIPCIÓN + + * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han + convertido a MAYÚSCULAS. + + * Los errores de imprenta han sido corregidos. + + * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con + las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. + + * Las abreviaturas y los nombres de los personajes han sido expandidos + para mayor facilidad de lectura. + + * Las páginas en blanco han sido eliminadas. + + + + +O LOCURA O SANTIDAD + + + + + O LOCURA O SANTIDAD, + + DRAMA + EN TRES ACTOS Y EN PROSA, + + POR + JOSÉ ECHEGARAY. + + Estrenado en Madrid, en el Teatro Español, el 22 de enero de 1877. + + MADRID: + Imprenta de José M. Ducazcal. + Plaza de Isabel II, núm. 6. + — + 1877. + + + + + Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, + reimprimirla ni representarla en España y sus posesiones de Ultramar, + ni en los países con los cuales haya celebrados o se celebren en + adelante tratados internacionales de propiedad literaria. + + El autor se reserva el derecho de traducción. + + Los comisionados de la Galería Lírico-Dramática, titulada _El + Teatro_, de DON ALONSO GULLÓN, son los exclusivamente encargados de + conceder o negar el permiso de representación y del cobro de los + derechos de propiedad. + + Queda hecho el depósito que marca la ley. + + + + +AL EMINENTE ACTOR + +DON ANTONIO VICO. + +Cumplo deber ineludible, ejerzo acto de justicia y procuro dar +público testimonio de cuánto admiro su gran talento y su inagotable +inspiración, dedicando a Usted esta obra que fue la elegida para su +beneficio y en que a tal altura raya Usted. + +Usted, que desde mi primer ensayo en _El libro talonario_, ha venido +ganándome aplausos y triunfos; Usted, que ha sido sucesivamente sobre +la escena: el don Carlos de Quirós de _La esposa del vengador_, el +Banquero de aquel epílogo de _La última noche_, el Fernando de _En +el puño de la espada_, el Pablo de _Cómo empieza y cómo acaba_ y el +Lorenzo de _O locura o santidad_, bien merece, y es harto humilde +recompensa, ya lo conozco, a cambio de tantos y tantos arranques +sublimes, de tantos y tantos gritos desgarradores, de tantas maravillas +de expresión, esta muestra de mi gratitud, de mi admiración y de mi +amistad. + + _Echegaray._ + + + + + PERSONAJES. ACTORES. + + DON LORENZO DE AVENDAÑO[1] SEÑOR VICO (DON ANTONIO). + ÁNGELA SEÑORA MARÍN. + INÉS SEÑORITA CONTRERAS. + LA DUQUESA DE ALMONTE SEÑORA FENOQUIO. + EDUARDO SEÑOR CALVO. + JUANA SEÑORITA BOLDÚN. + DON TOMÁS SEÑOR OLTRA. + EL DOCTOR BERMÚDEZ SEÑOR BENAVIDES. + BRAULIO SEÑOR RIQUELME. + BENITO SEÑOR ROMEA. + UN CRIADO SEÑOR CASTRO. + +La escena, en Madrid, en casa de Don Lorenzo. — Época moderna. + + [1] Por enfermedad del señor Vico se encargó a la quinta + representación del papel de don Lorenzo el SEÑOR CEPILLO. + + + + +ACTO PRIMERO. + +La escena representa el despacho de don Lorenzo: forma octógona. — A la +izquierda del espectador, y en primer término, una chimenea encendida: +encima un gran espejo de marco negro: en segundo término, una puerta. — +A la derecha, en primer término, otra puerta; en segundo término, una +ventana. — En el fondo, la puerta principal. — En los dos chaflanes +o lados oblicuos del octógono, grandes estantes con libros. — A la +izquierda, una mesa de despacho con pupitre y sillón. — A la derecha, +un sofá. — Sobre algunas sillas, sobre la mesa, en las repisas de los +estantes y en las paredes, libros y objetos artísticos en confusión, +pero sin que aparezca recargado el conjunto. — El adorno, elegante y +rico, pero de gusto muy severo: cortinajes y muebles oscuros. — Es día +de invierno: la luz muy escasa. + + +ESCENA PRIMERA. + +DON LORENZO. + +Sentado a la mesa y leyendo atentamente. + + +DON LORENZO. + +«Las misericordias, respondió don Quijote, sobrina, son las que en este +instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis +pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas +de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda +de los detestables libros de caballerías. Ya conozco sus disparates +y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan +tarde que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa leyendo +otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; +querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido +mi vida tan mala que dejase renombre de loco; que puesto que lo he +sido, no querría confirmar esta verdad con mi muerte». (_Suspende la +lectura y queda pensativo largo rato_). ¡Locura luchar sin tregua +ni reposo por la justicia en esta revuelta batalla de la vida, como +luchaba en el mundo de sus imaginaciones el héroe inmortal del inmortal +Cervantes! ¡Locura amar con amor infinito, y sin alcanzarla jamás, la +divina belleza, como él amaba a la Dulcinea de sus apasionados deseos! +¡Locura ir con el alma tras lo ideal por el áspero y prosaico camino +de las realidades humanas, que es tanto como correr tras una estrella +del cielo por entre peñascales y abrojos! Locura es, según afirman los +doctores; mas tan inofensiva, y, por lo visto, tan poco contagiosa, +que para atajarla no hemos menester otro Quijote. (_Pausa. Después se +levanta, viene al centro del escenario, y de nuevo se queda pensativo_). + + +ESCENA II. + +DON LORENZO, DOÑA ÁNGELA, DON TOMÁS. + +Los dos últimos se detienen en la puerta de la derecha, primer término, +y desde allí, medio ocultos por el cortinaje, observan a don Lorenzo. +Este en el centro y volviéndoles la espalda. + + +ÁNGELA. + +¿Le ve usted? Como siempre; leyendo y pensando. + +DON TOMÁS. + +Ángela, su esposo de usted es todo un sabio; pero no abusemos de la +sabiduría. Si la cuerda, cuanto más tensa, da sonidos más agudos, +también con mayor facilidad se rompe; y al romperse, a la divina nota, +sucede un eterno silencio. Mientras el cerebro se agita en sublimes +espasmos, la locura acecha: no lo olvide usted. (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Extraño libro, libro sublime! ¡Cuántos problemas puso Cervantes en ti, +quizá sin saberlo! ¿Loco tu héroe? Loco, sí: loco. (_Pausa_). El que no +oyera más que la voz del deber al marchar por la vida; el que en cada +instante, dominando sus pasiones, acallando sus afectos, sin más norte +que la justicia ni más forma que la verdad, a la verdad y la justicia +acomodase todos sus actos, y con sacrílega ambición quisiera ser +perfecto como el Dios de los cielos..., ese, ¡qué ser tan extraño sería +en toda sociedad humana! ¡Qué nuevo don Quijote entre tanto y tanto +Sancho! Y al tener que condenar en uno el interés, la vanidad en otro, +la dicha de aquel, los desordenados apetitos de este, las flaquezas de +todos, ¡cómo su propia familia, a la manera del ama y la sobrina del +andante caballero; cómo sus propios amigos, de igual suerte que el cura +y el barbero y Sansón Carrasco; cómo jayanes y doncellas, y duques y +venteros, y moros y cristianos a una voz le declararan loco, y por loco +él mismo se tuviera, o al morir lo fingiría, porque le dejasen al menos +morir en calma! + +DON TOMÁS. + +(_Acercándose a don Lorenzo y poniéndole una mano en el hombro. Doña +Ángela se acerca también_). Lorenzo. + +DON LORENZO. + +(_Volviéndose_). Tomás... Ángela... ¿Estabais ahí? + +DON TOMÁS. + +Sí, escuchábamos a medias tu filosófico monólogo. ¿Y a cuenta de qué +son esos sublimes desahogos de mi buen amigo? + +DON LORENZO. + +Lecturas del don Quijote, que se me suben a la cabeza y allá se mezclan +con otras modernas filosofías, que andan vagando, como diría mi +empedernido doctor, por las celdillas de la sustancia gris. + +DON TOMÁS. + +Como diría todo el que quisiera decir algo puesto en razón. + +ÁNGELA. + +¡Qué espanto! ¿Van ustedes a empezar una de esas interminables disputas +sobre el positivismo y el idealismo y todos los demás _ismos_ del +diccionario, que son otros tantos abismos del sentido común? + +DON TOMÁS. + +No se alarme usted, Ángela, que algo más interesante tengo que decir a +Lorenzo. + +DON LORENZO. + +Y algo más urgente tengo yo también que preguntarte. (_A Tomás_). + +ÁNGELA. + +Ya lo creo: más interesante y más urgente que los disparates y +embelecos de que se llenan ustedes la cabeza, es la salud de nuestra +niña. + +DON LORENZO. + +¿Cómo encuentras hoy a la hija de mi vida? (_Con afán_). + +ÁNGELA. + +¿Cómo está Inés? (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Vamos!... ¡Responde!... ¡No nos tengas en esta ansiedad! (_Nueva +pausa. Don Tomás mueve la cabeza con aire de disgusto_). + +ÁNGELA. + +¡Don Tomás, por Dios! ¿Peligra acaso? + +DON LORENZO. + +¡Qué dices, mujer! No pronuncies esa palabra. + +DON TOMÁS. + +Alto, alto. ¡Qué de prisa van ustedes! Es cosa grave, no lo niego. + +DON LORENZO. + +¡Qué dices! + +ÁNGELA. + +¡Qué dice usted! + +DON LORENZO. + +¿Cuál es su enfermedad? ¿Qué nombre tiene? + +ÁNGELA. + +¿Cómo se cura? Porque debe curarse de algún modo. Es preciso, Tomás, es +preciso que usted salve a mi hija. + +DON TOMÁS. + +¿Cuál es su enfermedad? Una de las que causan más estragos entre los +vivientes. ¿Qué nombre tiene? Amor, le llaman los poetas: nosotros los +médicos le damos otro nombre. ¿Cómo se cura? Hoy por hoy con el cura; y +es tan probado específico, que al mes de haberlo usado ni memoria queda +en ambos cónyuges de la fatal dolencia. + +ÁNGELA. + +¡Qué bromas tiene usted, don Tomás! Me ha dejado usted sin gota de +sangre en las venas. + +DON TOMÁS. + +Ello es que hablando seriamente, y dadas las condiciones de esa niña, +su temperamento nervioso, su sensibilidad extrema y ese su romántico +amor, la dolencia es grave; y si no se busca pronto remedio en la dulce +calma de la vida conyugal, Ángela, amigo mío, me duele decirlo, pero el +deber me lo ordena, no cuenten con Inesita. (_Con seriedad_). + +DON LORENZO. + +¡Tomás! + +ÁNGELA. + +¿Usted cree?... + +DON TOMÁS. + +Creo que Inés ha heredado la imaginación exaltada y fantástica de su +padre; que hoy la fiebre del amor circula por todas sus venas en olas +de fuego. Y si no la casan ustedes, y muy pronto, con Eduardo; si +ella llega a comprender que sus esperanzas no han de realizarse, los +delirios de su fantasía y las violencias de su pasión, aunque no sé en +qué forma, sé por desdicha que han de herirla de muerte. + +DON LORENZO. + +¡Dios mío! + +ÁNGELA. + +¡Hija mía! + +DON TOMÁS. + +Ya saben ustedes mi opinión: opinión expuesta sin rodeos ni ambages, +cual lo exige lo urgente del caso, y con la lealtad a que me obligan el +cariño que nos une y el que profeso a esa inocente niña. + +ÁNGELA. + +(_A Lorenzo con tono resuelto_). Tú lo has oído: es preciso que Inesita +y Eduardo se casen. + +DON LORENZO. + +Bien lo quisiera, Ángela. Eduardo es bueno, es inteligente, quiere a +nuestra hija con delirio; pero... + +ÁNGELA. + +Pero ¿qué? ¿Que no somos nobles y que la madre de Eduardo, la duquesa +viuda de Almonte, se opone a esta unión? Y ¿qué importa si él quiere, y +no es ella la que ha de casarse? + +DON LORENZO. + +Ángela, piénsalo bien; ¡dar pábulo nosotros a la rebeldía del hijo +contra la madre!... + +ÁNGELA. + +Piénsalo bien, Lorenzo; ¡sacrificar nuestra hija a las vanidades de esa +mujer! + +DON LORENZO. + +Lamentar vanidades y desdichas, cosa fácil me parece: buscar remedio al +daño es lo que importa. + +ÁNGELA. + +¿Por qué no hablar a la duquesa? Dicen que, aparte de sus +preocupaciones aristocráticas, es buena mujer, y que con delirio quiere +a su Eduardo. Vas allá y le suplicas y le ruegas... + +DON LORENZO. + +¡Yo suplicar! ¡Yo rogar! ¡Humillarme yo! No soy yo ciertamente quien ha +de ir a pedirle su hijo: ella es la que debe venir a mi casa a pedirme +la mano de Inés. Las conveniencias sociales, el respeto a la mujer, mi +propio decoro así lo exigen. + +ÁNGELA. + +Aquí tiene usted al filósofo, al sabio, al hombre perfecto, rebosando +vanidad y orgullo. (_Dirigiéndose a don Tomás, que se habrá acercado a +la mesa y estará hojeando libros_). + +DON LORENZO. + +Ángela, eres injusta: no es orgullo, es dignidad. Dignidad, sí; porque +no es decoroso que mendiguemos para la frente de Inés, que en sí lleva +la mejor corona, la corona ducal que desdeñosa nos niega otra familia; +no es decoroso, repito, que vayamos de puerta en puerta, y menos si +en sus dinteles hay labrados blasones, tendiendo la mano para que nos +hagan la limosna de un nombre, cuando Inés tiene el mío, tan bueno, por +limpio y por honrado, como otro cualquiera que lo sea mucho. + +DON TOMÁS. + +Lorenzo tiene razón; pero usted, Ángela, también la tiene. + +ÁNGELA. + +Pues bien, no vayas tú; conserva incólume tu dignidad de sabio y de +filósofo. Yo, que no soy más que una pobre madre, yo iré. A mí no +me causa sonrojo ir de puerta en puerta mendigando, no coronas ni +blasones, sino la felicidad y la vida de mi hija. + +DON LORENZO. + +Ni a mí tampoco, Ángela: tienes razón. Diga el mundo lo que quiera, +piense lo que pensare la duquesa, iré. ¿No es verdad que debo ir? Tú +que tienes un criterio recto y severo, y que juzgas de las cosas a +sangre fría, dime tu opinión con franqueza. (_A Tomás_). + +ÁNGELA. + +¡Ah! ¡Qué hombre! ¡Pues no está discutiendo si debe o no debe ir! Estas +cosas, señor filósofo y señor marido, se resuelven con el corazón, no +con la cabeza. Mucho es que no empezaste a revolver librotes, buscando +en ellos la solución del problema. A maravilla tengo que no estés ya +escudriñando si entre los filósofos alemanes, o entre los clásicos +griegos, o en la ininteligible maraña de tus obras matemáticas, no +hubo algún autor que tratase concretamente el caso peregrino del +futuro casamiento de la señorita doña Inés de Avendaño con don Eduardo +de Almeida, duque de Almonte; y cuenta que si por _a_ más _b_, te +demostrase alguno de tus predilectos sabios la inconveniencia del +casamiento, por _a_ más _b_ dejarías morir a la pobre hija de mi alma. + +DON LORENZO. + +No te burles de mí, Ángela. Tú sabes que adoro a Inés. + + +ESCENA III. + +DON LORENZO, ÁNGELA, DON TOMÁS, INÉS. + +Esta última entra por la derecha, primer término, al pronunciar don +Lorenzo las últimas palabras y se detiene al oír su nombre. + + +DON LORENZO. + +¡Que es por su vida! ¡Que es por su felicidad! No: por secar una +lágrima suya, diera yo todas las de mis ojos: por una hora de ventura +para mi Inés, trocara yo contento en horas de martirio todas las que me +restan de existencia. (_Inés sin que la vean todavía, tiende sus brazos +hacia su padre con expresión de cariño y agradecimiento y le manda un +apasionado beso_). Vaya, no hablemos más del asunto. Iré hoy mismo a +ver a la duquesa: rogaré, suplicaré, me humillaré si es preciso, y +cederá. ¿No ha de ceder? (_Movimiento de alegría en Inés; Ángela se +acerca y coge de la mano a su esposo con efusión_). No tengo títulos de +nobleza, pero tengo un nombre que si por el trabajo y el estudio no he +podido hacer ilustre... + +DON TOMÁS. + +Ilustre, sí, mi buen Lorenzo. + +DON LORENZO. + +Ilustre, no, pero sí respetable. Y tengo además muchos millones, que +heredé de los míos y que cederé a Eduardo y a la duquesa, para que +doren de nuevo sus soberbias coronas un tanto deterioradas por el +tiempo. Conque ya lo sabes: (_A Ángela_) se casará Inés, y será feliz, +y su felicidad será la nuestra. + +ÁNGELA. + +Y la tuya, la de todos nosotros que viviremos mirándonos en ti. ¡En ti, +Lorenzo mío, que cuando no te embrutece la ciencia, eres el más amante, +el más bondadoso y el mejor de los hombres! + +INÉS. + +¡Ay, Dios mío! ¡Dios mío! (_Desfalleciendo y apoyándose en la puerta +para no caer_). + +ÁNGELA. + +¡Inés, hija mía! (_Corriendo a sostenerla_). + +DON LORENZO. + +¡Inés, Inés!... ¿Qué tienes? (_Lo mismo_). + +DON TOMÁS. + +Vamos, niña, ¿qué mimos son esos? (_Acercándose a ella_). + +INÉS. + +(_Acercándose al sofá de la derecha y sentándose en él. Todos los +demás la rodean con solicitud_). Nada, no es nada..., es... que quiero +llorar..., y tengo tanta alegría, que no puedo... Es que quiero reír... +y siento que acuden lágrimas a mis ojos... ¡Es que te quiero mucho..., +mucho..., mucho, padre mío! (_Abrazándole y haciéndole mimos_). ¡Qué +bueno eres!... ¡Qué bueno te hizo Dios!... Soy feliz..., feliz..., muy +feliz. (_Rompe a llorar en los brazos de su madre_). + +ÁNGELA. + +Así, hija mía: llora, llora; desahógate. ¿Ves qué bueno es tu padre? +Quiérele mucho. + +INÉS. + +Con toda mi alma... ¿Y cuándo vas a ir? ¿Hoy mismo, verdad? + +DON TOMÁS. + +¡Ah, egoistilla! ¿Conque queremos mucho a papá cuando hace lo que nos +agrada? Y si no fuese a casa de la duquesa ¿le querríamos tanto..., +tanto..., tanto como ahora? (_Burlándose de sus protestas de cariño_). + +INÉS. + +Lo mismo. + +DON TOMÁS. + +¿Conque lo mismo? (_En tono de duda_). + +INÉS. + +De veras; pero estaría tan triste que no se me ocurriría decírselo. +(_Con cierta malicia_). + +DON TOMÁS. + +Ya. + +INÉS. + +Antes algo me oprimía el pecho y me apretaba la garganta. Ahora, sin +esfuerzo alguno..., así..., espontáneamente, a la par que corren dulces +lágrimas de felicidad, brotan palabras de cariño. Antes... solo hubiera +podido decirte: ¡qué desdichada soy, padre mío!... Ahora ya no pienso +en mí, pienso en él, y de corazón me sube a los labios este grito de +amor: ¡cuánto te quiero! (_De nuevo abraza a su padre_). + +DON LORENZO. + +¡Inés, hija mía! + +INÉS. + +Y a ti también, madre..., a ti también. (_Abrazando a su madre. Don +Lorenzo y don Tomás se separan del sofá en que quedan Ángela e Inés, y +vienen al centro_). + +DON TOMÁS. + +¡Pobre filósofo! Mira, ninguna de las dos ha leído una sola página +de todos esos libros, y saben más que tú. Te crees fuerte, y en sus +manos eres cera blandísima: te crees sabio, y en sus brazos eres un +inocente, por no decir que un tonto. Te crees justo e incorruptible, y +la voluntad de esas dos mujeres te llevaría a todas las injusticias y a +todas las flaquezas. + +DON LORENZO. + +No, Tomás; cuando la idea del bien me sostiene, mi voluntad es de +hierro. + +DON TOMÁS. + +No digo «Lo veremos», porque son dos ángeles; pero ¡ay, si no lo +fuesen! Déjame parodiar al gran poeta y decir en romance: «¡Tentación, +llevas nombre de mujer!». + +DON LORENZO. + +«¡Palabras, palabras y palabras!» había dicho antes sin duda en +previsión de que tú le parodiases. (_Con cierta exaltación_). + +DON TOMÁS. + +¡Ya te subes al trípode! + +INÉS. + +No incomode usted a papá. + +DON LORENZO. + +No me incomodan, hija mía, las extravagancias de este doctor. + +DON TOMÁS. + +Conque quedamos en que por cariño, por amistad, por amor, por esas que +tú llamas atracciones misteriosas de un alma sobre otra alma se puede y +se debe llegar... + +DON LORENZO. + +Hasta el sacrificio, sí; jamás hasta la culpa. + +DON TOMÁS. + +¡Bonita máxima para un libro de moral! + +DON LORENZO. + +Y aún mejor para una conciencia. + +DON TOMÁS. + +¿Y no habrá casos en que para evitar males mayores tenga que transigir +esa catoniana conciencia con uno tan pequeño, tan pequeño, que no +llegue a ser ni grano de arena? + +DON LORENZO. + +Al echarlo sobre sí, bien pronto pesaría como montaña de granito. + +DON TOMÁS. + +¿A la montaña te subes, no bastándote el trípode? + +INÉS. + +Vamos, don Tomás... Que no le diga usted esas cosas a papá. + +DON TOMÁS. + +En resumen: guerra a muerte al mal, bajo todas sus formas y disfraces. +¿No es cierto? + +DON LORENZO. + +Tú lo has dicho. + +DON TOMÁS. + +Pues aplicación inmediata de tu teoría. Y en verdad que lo había +olvidado y es toda una novela. Escúchame atento: oigan ustedes. + +DON LORENZO. + +¿Qué es ello? (_Ángela e Inés se acercan a don Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Rogome esta mañana una mujer que en su nombre te trajera... + +DON LORENZO. + +¿Qué? + +DON TOMÁS. + +Un beso. + +ÁNGELA. + +¡Para él! + +DON LORENZO. + +¡Para mí! + +DON TOMÁS. + +Sí; pero no se alarme usted. (_A Ángela_). Es el beso de una anciana, +y en lágrimas viene empapado: es la última y dolorosa contracción de +unos labios moribundos: es el postrer adiós de un ser que dentro de +breves horas no existirá. + +DON LORENZO. + +No adivino... + +DON TOMÁS. + +Ella..., esa pobre mujer me hizo llamar esta mañana: subí a la +buhardilla en que muere: me dijo su nombre, que a no decírmelo, jamás +la hubiera conocido; y jurándome que fue inocente, rogome, sin embargo, +que intercediera contigo para que la perdonases. + +DON LORENZO. + +Estás hablando un lenguaje del cual ni una sola palabra comprendo. + +DON TOMÁS. + +¿Recuerdas la muerte de tu madre? + +DON LORENZO. + +¡Qué pregunta, Tomás! No conocí a mi padre, murió cuando yo era muy +niño; pero mi madre... ¡Ah, madre mía! (_Conmovido_). + +DON TOMÁS. + +¿Recuerdas que al sentirse de improviso herida de muerte, quiso +hablarte y no pudo, y que entonces, arrancándose convulsivamente del +cuello un rico medallón de que jamás se desprendía, lo puso en tus +manos fijando en ti con suprema angustia sus ojos velados ya por la +eterna sombra? + +DON LORENZO. + +Bien lo recuerdo. Sigue..., sigue... + +DON TOMÁS. + +¿Recuerdas, por fin, que al morir tu madre y al perder tú el sentido, +desapareció el medallón, y que fue acusada de robo?... + +DON LORENZO. + +¡Ella!... ¿Es ella?... ¡Juana, mi nodriza!... ¡Mi pobre Juana! + +DON TOMÁS. + +Juana es la que a dos pasos de aquí agoniza en una miserable +buhardilla: Juana, la que en el triste beso que te traigo, implora tu +perdón. + +DON LORENZO. + +¡Juana!... ¡Mi segunda madre!... ¡La que durante veinticinco años +fue, para mí, madre verdadera! Pero ¿qué hablabas de perdón? ¿Qué de +transigir con el mal? Ni perdonar es transigir, ni de mi perdón ha +menester la pobre anciana. ¡Ella..., ella ser capaz!... ¡Imposible! + +DON TOMÁS. + +No tan imposible. Cuando la doncella que guardaba las joyas de tu madre +dio parte al juez de la pérdida del magnífico medallón de brillantes, +y se hicieron las primeras investigaciones, Juana negó tenerlo; y, sin +embargo, averiguose que ella lo había arrancado de tus manos al perder +tú el sentido, y dos días después fue sorprendida al dejar el medallón +tras unos jarrones de porcelana. Redújosela a prisión, fue condenada, +en cárcel infamante sufrió la pena de su delito, y solo tus influencias +y tus eficacísimas recomendaciones pudieron devolverle, ya que no la +honra perdida, la libertad al menos. + +DON LORENZO. + +(_Con exaltación_). Y bien, yo digo que Juana acusada, que Juana en el +banquillo del reo, que Juana en infamante reclusión, es inocente, y que +la justicia humana se equivoca. + +DON TOMÁS. + +Las apariencias... + +DON LORENZO. + +Engañan no pocas veces. + +DON TOMÁS. + +Y ¿cómo se explica?... + +DON LORENZO. + +Alguna explicación tendrá; algún misterio hay aquí que ignoramos. + +DON TOMÁS. + +(_A Ángela_). Ya se lanzó a caza de misterios, y en busca de +explicaciones sobrenaturales para un hecho que, a mi modo de ver, tiene +sencilla y natural explicación en la flaqueza humana. + +DON LORENZO. + +Pues yo sé que mi pobre nodriza era incapaz de acción tan baja. Yo la +hubiera defendido, a no impedírmelo la enfermedad que sufrí a la muerte +de mi madre; y cuando libre ya la pobre mujer, desapareció, lágrimas +de verdadero dolor vertí por ella. Dios sabe si con afán la busqué por +todas partes; Dios sabe si deseaba que viniese a mí..., y ella..., +cruel..., ¿por qué no vino? No, Juana, mi buena Juana, no morirás +sin que yo te estreche en mis brazos, sin que te devuelva tu beso +de despedida. (_Con agitación creciente. Toca un timbre, y sale un +criado de librea_). ¡Hola! ¡El coche!... ¡Al momento, al momento! Voy +a traerla a mi casa..., ahora mismo... ¿No es cierto, Ángela, que debo +traerla? ¿No es cierto, Inés? + +ÁNGELA. + +En todo caso es una obra de caridad. + +DON LORENZO. + +¡Es una justísima reparación! (_Sale un momento por la puerta de la +izquierda_). + +DON TOMÁS. + +¡Es lo más bueno..., pero lo más cándido! Y creerá como artículo de +fe todo lo que esa pobre anciana le cuente. Y él mismo la ayudará a +inventar cualquier historia extravagante. ¡Ay, Ángela! Tenemos que +hacer un escrutinio en esa librería como aquel donoso y grande que +hicieron el cura y el barbero en la del ingenioso hidalgo. + +ÁNGELA. + +¡Ah, si yo pudiera! (_Vuelve a entrar don Lorenzo en traje de calle_). + +DON LORENZO. + +Ea, en marcha: tú vienes conmigo para ayudarme a traerla. (_A Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Siempre estoy a tus órdenes. + +DON LORENZO. + +Pero ¿crees que pueda venir? + +DON TOMÁS. + +Muere la infeliz de consunción, y lo mismo puede expirar allá en su +buhardilla, que sobre los almohadones de tu coche, que al entrar en +este, para ella encantado palacio. Posible es, sin embargo, que la +reanime la alegría y que gane algunas horas de existencia. + +DON LORENZO. + +Pues vamos allá. Adiós, Ángela; adiós, Inés. + +INÉS. + +Adiós... Y luego..., ¿verás... a la duquesa?... (_Con mimo_). + +DON LORENZO. + +Sí, hija mía, iré más tarde. Tú puedes esperar, la pobre anciana no; +ella es primero. + +ÁNGELA. + +¿Y casándose mi niña, usted me responde de que no corre ningún peligro? +(_Aparte a don Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Los del matrimonio, señora, que no son pocos. (_Tomás y Ángela salen +por el fondo hablando en voz baja. Detrás don Lorenzo e Inés: esta le +despide en la puerta_). + + +ESCENA IV. + +INÉS. + +Vuelve al centro del escenario, alegre como una niña, batiendo palmas. + + +INÉS. + +¡Hoy mismo hablará a la duquesa! Me lo ha prometido, y él es muy +formal; cumple siempre lo que promete. Pues claro, le hablará; ¡y mi +padre habla tan bien! Vaya, como que es un sabio. La convencerá de +seguro. Pues si un hombre como él no supiera convencer a esa señora +de que yo debo casarme con Eduardo, ¿de qué le servía haber estudiado +tanto? ¿Para qué tener tantos libros en francés, y en italiano, y en +alemán, y hasta en griego? ¡Ciencia más inútil! Pero ca: de la duquesa +hará él lo que quiera. Además, dicen todos que ella es una santa. ¡Pues +no! Como que es la madre de Eduardo. Una santa: lo dicen todos. Pues +si siendo santa no me deja casar con Eduardo, ¡buena santidad te dé +Dios! ¿Para qué le sirve su santidad? Nada, nada: nos casaremos: digo +que nos casaremos. (_Breve pausa_). ¡Si parece mentira; si parece un +sueño! ¡No, Dios mío, si es un sueño, que no despierte jamás! Pero no +es un sueño. Este es el despacho de mi padre. Esos son sus librotes. +(_Acercándose a uno de los estantes_). Newton, Kant, Hegel, Humboldt, +Shakespeare, Lagrange, Platón, Santo Tomás... Claro, si fuera un +sueño, no me acordaría yo de todos esos nombres, ni ¿qué sé yo de tan +ilustres señores? (_Mirando por el balcón_). Cuando repito que no es +un sueño: allá fuera la lluvia que cae, y cae, y cae... ¡Qué cosa tan +alegre es la lluvia! ¡Parece que el aire se convierte en barritas de +cristal! Y allí en el espejo me veo yo. (_Se acerca al espejo con mimo +y coquetería_). Yo soy, yo misma, bien me conozco. Yo con mi cara +ovalada, que dice Eduardo que es ¡de un óvalo tan perfecto!... ¡Vea +usted qué gusto tiene! Y con mis ojos pardos, que dice Eduardo ¡que son +tan hermosos! No, para mentir diciendo cosas agradables no hay otro +como él. Verdad es que en este momento con la alegría y con el calor de +la chimenea brillan mis ojos de un modo... Yo quisiera ser muy bonita; +más bonita todavía... para él..., para él, que no viene... ¡Cuánto +tarda! Ahora que deseo yo que venga no ha de venir... Ya verá usted +como no viene. ¡Ah, los hombres, qué egoístas son y qué malos! + + +ESCENA V. + +INÉS, EDUARDO. + + +INÉS. + +(_Saliendo a su encuentro_). ¡Eduardo..., Eduardo! + +EDUARDO. + +¡Inés de mi vida! + +INÉS. + +¡Vaya una hora de venir! + +EDUARDO. + +Siempre vengo a las dos. (_Con tono sumiso_). + +INÉS. + +Y son las tres. + +EDUARDO. + +¡Es posible! (_Mirando al reloj_). No, vida mía, las dos menos cuarto. + +INÉS. + +Las tres. (_Con autoridad_). + +EDUARDO. + +(_Enseñándole el reloj_). Las dos menos cuarto. ¿Te convences? +(_Señalando el reloj de la chimenea_) Y en ese, la misma hora. + +INÉS. + +(_Ofendida_). Bueno, bueno; tú tienes razón. ¡Qué amante tan fino que +me regatea los minutos; que a toda hora le parece temprano para venir, +y a toda hora tarde para separarse de su Inés; que sujeta los latidos +de su corazón al volante de su cronómetro! + +EDUARDO. + +(_Suplicante_). ¡Inés!... + +INÉS. + +Vete... Vete... Si no son las dos todavía..., si faltan quince +minutos... Te vas a la Carrera de San Jerónimo: das un paseo mirando la +gente: y a las _dos en punto_ vuelves. + +EDUARDO. + +Inés... + +INÉS. + +¡Si esa es la hora a que acostumbras venir! ¡Pues no faltaba más! ¿Qué +diría el Observatorio astronómico si adelantases? + +EDUARDO. + +Por Dios, perdóname..., he hecho mal. + +INÉS. + +No, si quien ha obrado muy de ligero he sido yo. El deseo me adelantaba +las horas... y tú, para castigarme, vas, y ¿qué haces? ¡Me pones +delante de los ojos un cronómetro de Losada! (_Haciendo con la mano el +ademán brusco del que mete, como vulgarmente se dice, un objeto por los +ojos_). ¡Qué galán tan poético! + +EDUARDO. + +Confieso mi culpa, y me arrepiento, y te pido mil veces perdón. + +INÉS. + +Ya. ¿Lo confiesas? Más vale así. + +EDUARDO. + +Es que venía tan contento, tan contento, con tanta alegría en el alma +que ni supe lo que dije, ni aun ahora mismo sé lo que digo. + +INÉS. + +Yo también fui injusta al acusarte, Eduardo; pero estaba tan alegre, +tan alegre..., deseaba tanto que vinieses, que los instantes me +parecían siglos. + +EDUARDO. + +Has de saber, alma mía... + +INÉS. + +(_Sin escucharle_). Tengo que darte una gran noticia. + +EDUARDO. + +(_Lo mismo_). Que al fin somos dichosos. + +INÉS. + +Ya lo creo: dichosos para toda la vida. + +EDUARDO. + +¡Si parece mentira! + +INÉS. + +Porque mi padre me ha prometido que hoy mismo, hoy mismo, ¿lo +comprendes?... ¡Pero si no me escuchas! + +EDUARDO. + +(_Sin atenderla_). Porque mi madre... + +INÉS. + +¡Tu madre! ¿Qué?... + +EDUARDO. + +Vendrá dentro de media hora a tratar de nuestro casamiento. + +INÉS. + +¿Ella?... ¿La duquesa? + +EDUARDO. + +(_Con solemnidad cómica_). La señora duquesa de Almonte tendrá el honor +de pedir a los señores de Avendaño esta blanca mano (_cogiendo la mano +de Inés_) para su hijo don Eduardo; aunque Eduardito ya se apoderó de +ella, ya la apretó contra su corazón, y no sería fácil que la soltase +aunque no se la dieran. + +INÉS. + +¿Ella..., ella va a venir?... Bien decían todos. ¡Si esa mujer es una +santa! + +EDUARDO. + +Esa mujer es mi madre: me quiere con todo su corazón, y esta mañana me +abracé a ella llorando, y llorando en mis brazos, cedió a mi ruego. +En mucho tiene los gloriosos hechos de sus antepasados; religioso +culto rinde al honor y prefiriera mi muerte a mi enlace con quien en +su nombre llevara la menor mancha; pero aprecia en lo que vale a don +Lorenzo, sus glorias científicas, que glorias son también; su... + +INÉS. + +Bueno, bueno: basta ya de historias. De todo ello se deduce que vendrá +hoy mismo, que nos casaremos muy pronto y que seremos muy felices, ¿no +es verdad? Pues esto es lo que importa: es decir, lo que a mí más me +importa: no sé si tú... + +EDUARDO. + +Ingrata, ¿dudas de mí? + +INÉS. + +No dudo; pero no es poca dicha que tu madre haya cedido, porque si +no... Tú me quieres mucho, ya lo sé..., pero tu... A una madre se le +debe respeto..., y si ella te hubiera dicho que no, como buen hijo que +eres, ¿no es verdad, Eduardo?, no le hubieras dado un disgusto; y con +mucho dolor de tu alma hubieras dejado a esta pobre Inés que te ama..., +¡ no lo oigas ingrato; que no lo oiga nadie!..., que te ama tanto, que +sin ti..., ¡mira si es locuela!, se hubiera muerto de dolor. + +EDUARDO. + +¡Inés mía! + +INÉS. + +Conque ya ves si debo estar agradecida a tu madre; porque no es a ti, +es a ella, a quien debo mi felicidad. + +EDUARDO. + +¡Cruel! ¿Sabes tú lo que yo hubiera hecho ante los obstáculos, lo sabes +tú? + +INÉS. + +Sí; ceder, dejarme. + +EDUARDO. + +Eso nunca; por nada, por nadie. + +INÉS. + +Júramelo. + +EDUARDO. + +¡Te lo juro por lo más sagrado! + +INÉS. + +¡Cuánta dicha! + +EDUARDO. + +¡Qué felicidad! + + +ESCENA VI. + +INÉS, EDUARDO, JUANA, DON LORENZO, DON TOMÁS. + +Juana aparece en la puerta del fondo, sostenida por Lorenzo y Tomás: se +detiene un instante para tomar aliento y después avanza. Viste traje de +color oscuro y muy pobre. + + +EDUARDO. + +(_Volviéndose_). ¡Qué grupo tan sombrío! ¿Por qué viene esa negra nube +a empañar el azul de nuestro cielo? + +INÉS. + +Es Juana: la nodriza de mi padre: ya verás qué novela: luego te la +contaré. + +DON LORENZO. + +Despacio, despacio, Juana. + +JUANA. + +¿Quién es aquella señorita? + +DON LORENZO. + +Inés, mi hija. Acércate, Inés. (_Inés se aproxima. Eduardo la sigue_). + +JUANA. + +¡Qué hermosa! ¡Un ángel me parece! Que al cerrar yo los ojos para +siempre vea un ser como tú a mi lado y será que estoy en el cielo. + +DON LORENZO. + +Otro paso más. + +DON TOMÁS. + +Un esfuerzo todavía: el último. (_Llegan hasta el sofá y en él sientan +a Juana, quedando todos a su alrededor_). + +JUANA. + +Quisiera darle un beso. (_Señalando a Inés. Inés se acerca aún más: +Juana le coge una mano y la atrae a sí_). No..., tu mano abrasa y mi +aliento hiela..., no he de besarte..., fuera mi beso el beso de la +muerte. (_La separa dulcemente de sí y le suelta la mano_). Con el +pensamiento te besaré..., con los labios no. + +DON TOMÁS. + +(_En voz baja a Inés y Eduardo_). Vámonos. La pobre mujer desea +hablarle a solas. (_A Juana_). Hasta luego y buen ánimo: acabaron ya +las penas. + +JUANA. + +Las de este mundo, sí. + +INÉS. + +¡Pobre mujer! (_Deteniéndose un momento para mirarla_). + +EDUARDO. + +Ven, Inés mía. (_Salen Tomás, Inés y Eduardo por la derecha_). + + +ESCENA VII. + +DON LORENZO, JUANA. + + +JUANA. + +¿Se fueron ya? (_Después de una pausa_). + +DON LORENZO. + +Sí, mi querida Juana; ya estamos solos. + +JUANA. + +Al fin..., al fin llegó este instante tan deseado. Todo llega..., pero +todo pasa. Oye, Lorenzo; la vida se va..., se va muy aprisa y antes he +de decirte muchas cosas. Lo primero, que soy inocente; que yo... no +pensé..., que yo... no quise..., que yo... (_Acongojándose_). + +DON LORENZO. + +Lo sé, Juana..., lo sé. + +JUANA. + +No lo sabes. Todo está contra mí..., todo. + +DON LORENZO. + +Por Dios, no te agites: olvida, descansa. + +JUANA. + +¿Olvidar? Sí, pronto olvidaré. ¿Descansar? Me queda tanto tiempo para +descansar, que hoy quiero vivir..., aunque sufra, aunque llore..., +quiero llevarme a la fosa lágrimas y besos y sollozos... para llenar +aquel silencio y aquella soledad con algo que recuerde la vida. +(_Pausa_). Por eso quisiera decirte una cosa... Pero ¿cómo, sin +prepararte?, ¿cómo, sin que antes de la revelación venga la duda, y +antes de la duda la sospecha, y antes de la sospecha el presentimiento, +y antes del presentimiento ese no sé qué, sombra que proyecta en el +alma algo que allá a lo lejos viene?... Tú no me comprendes, ni yo sé +explicarme, aunque hace cuarenta años que estoy siempre con la misma +idea: mira tú si yo debía explicar bien estas cosas. + +DON LORENZO. + +Di lo que quieras; pero sin agitarte. + +JUANA. + +Sí; lo diré. ¿Cómo he de morir yo sin decírtelo? En primer lugar, para +que te convenzas de que yo no fui una miserable... la... dro... na... +(_Ocultándose el rostro_). + +DON LORENZO. + +Calla, calla... No pronuncies esa palabra. + +JUANA. + +Y además..., porque abrirte mi corazón es el último consuelo que me +resta. Perdóname, Lorenzo. ¡Los que van a morir son tan egoístas! Para +ti será dolor horrible... lo que para mí ha de ser suprema dicha. + +DON LORENZO. + +¿Cómo puede ser para mí dolor lo que es dicha para ti, mi buena Juana? + +JUANA. + +¿Cómo puede ser?... Pues lo será; lo será, hijo mío... ¡Hijo mío!... +Permíteme que te dé este nombre. ¿No te enfadas, verdad? + +DON LORENZO. + +¡Por Dios, Juana! + +JUANA. + +Bueno... Pues yo te llamaré hijo... y tú me llamas madre... Llámame +madre. Alégrese el cielo o regocíjese el infierno, has de llamarme +madre. + +DON LORENZO. + +¡Madre mía! + +JUANA. + +No..., así no..., no es de ese modo. ¡Cruel! (_Arrojándose a Lorenzo +para abrazarle, pero conteniéndose y cayendo en el sofá_). ¡Insensata! + +DON LORENZO. + +¡Pobre mujer! Delira. + + +ESCENA VIII. + +JUANA, DON LORENZO, INÉS. + +Inés entra corriendo y muy contenta por el fondo y se acerca a su +padre. Viene agitada y apenas articula las palabras. + + +INÉS. + +Padre..., Padre... La duquesa... viene..., viene... ¿no adivinas? + +DON LORENZO. + +¿Ella? + +INÉS. + +Sí... Para tratar de aquello... Eduardo ha vencido. + +DON LORENZO. + +¡Qué felicidad! ¡Inés mía!... Al fin quiso Dios... + +INÉS. + +¿Estás contento? + +DON LORENZO. + +¿Y tú? (_Abrazándola_). + +INÉS. + +Yo..., si tú lo estás... Conque vamos..., vamos pronto. + +JUANA. + +(_Cogiéndose a Lorenzo_). No..., no quiero que vayas; no has de dejarme. + +DON LORENZO. + +Voy al instante. (_A Inés_). + +INÉS. + +No tardes... Que no tardes... Si se ofende... + +DON LORENZO. + +No temas: que la reciba Ángela allá en el salón... con toda solemnidad. +Llevaré a Juana a su cuarto y saldré en seguida. (_Sale Inés por el +fondo_). + + +ESCENA IX. + +JUANA, DON LORENZO. + + +DON LORENZO. + +(_Queriendo llevarla, pero ella se resiste_). Vamos, Juana, ven a +descansar; luego hablaremos cuanto quieras. + +JUANA. + +Luego no. ¿Y si muriese antes? + +DON LORENZO. + +No pienses tal cosa. (_Con impaciencia_). + +JUANA. + +Veinte años ha que no te veo, y ahora no me dejan estar contigo ni un +solo instante. ¡Son muy crueles! + +DON LORENZO. + +Después, mi buena Juana. (_Queriendo levantarla_). + +JUANA. + +¿Y tú también quieres irte?... ¡Tú también! ¡Ah!, yo haré que te quedes +conmigo. + +DON LORENZO. + +¡Juana! + +JUANA. + +Oye... esto no más; después vete, si quieres: yo, yo misma cogí el +medallón. + +DON LORENZO. + +¿Tú? + +JUANA. + +Sí. + +DON LORENZO. + +¿Para qué? + +JUANA. + +Para que tú no lo vieses. + +DON LORENZO. + +Y ¿por qué? + +JUANA. + +Porque dentro había un papel, y en ese papel escritas por tu madre unas +palabras, y esas palabras no quería yo que tú las leyeras. + +DON LORENZO. + +Y ¿qué palabras eran? + +JUANA. + +Estas: de memoria las sé: «Lorenzo, hijo mío; en el relicario que está +a la cabecera de mi cama hay oculto, y en sobre cerrado, un pliego. +Cuando yo muera, ábrelo, lee lo que en él, durante una noche de +remordimiento, escribí, perdóname y que Dios te inspire». + +DON LORENZO. + +«¡Perdóname y que Dios te inspire!» ¿Decía? (_Con extrañeza_). + +JUANA. + +Sí. + +DON LORENZO. + +Y además, he oído no sé qué de remordimiento. (_Con creciente +curiosidad_). + +JUANA. + +Remordimiento era la palabra. Ahora vete si quieres. + +DON LORENZO. + +(_Pensativo_). No. (_Pausa_). ¿Y ese pliego? + +JUANA. + +Que tu madre lo había escrito, no era un misterio para mí; dónde estaba +oculto, he ahí lo que ignoraba. Que algo encerró en el medallón, bien +me lo dijo mi tenaz vigilancia; y lo que el papel contenía bien lo +adivinaron mis recelos. Por eso cogí el medallón. Era mi legítima +presa: me había costado aquel secreto veinte años de lágrimas y de +dolores que ni más amargas ni más intolerables se conciben. + +DON LORENZO. + +¡Perdón..., remordimiento..., un secreto..., mi madre!... No adivino +lo que quieres decir... Sombras confusas pasan por mi mente..., y así +como relámpagos de angustia por mi corazón. Tú deliras, y me haces +delirar. + +JUANA. + +No. + +DON LORENZO. + +¿Pero aquel pliego oculto en el relicario?... + +JUANA. + +Fue mío, y tú no lo viste, porque no debías verlo. Como tu madre iba a +morir, a ella ¿qué le importaba? Bien te lo dije: nada hay más egoísta +que la muerte. + +DON LORENZO. + +¿Pero ese pliego? + +JUANA. + +Yo lo tengo. + +DON LORENZO. + +¿Aquí? + +JUANA. + +Aquí: (_Llevando la mano al pecho_) aquí: mira, es una hoja no más de +papel, y sin embargo, ¡me pesa tanto sobre el corazón! + +DON LORENZO. + +Pues he de verlo. + + +ESCENA X. + +JUANA, DON LORENZO, DON TOMÁS por el foro. + + +DON TOMÁS. + +¡Lorenzo... Lorenzo!... + +DON LORENZO. + +¿Qué? (_En tono brusco e impaciente_). ¿Qué quieres? + +DON TOMÁS. + +Ha llegado la duquesa. + +DON LORENZO. + +Sea en buen hora. + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). ¡Qué tono! (_En voz alta_). Ven a recibirla. + +DON LORENZO. + +Ya iré. + +JUANA. + +¡No me dejes, por Dios! ¡Por la salvación de tu alma! (_En voz baja_). +Si supieras... + +DON TOMÁS. + +¿Vienes? + +DON LORENZO. + +Sí..., pero..., pero no me hostigues... Digo que iré. + +JUANA. + +No te vayas... y te lo diré todo..., todo. Te daré ese pliego..., +el que escribió tu madre hace veinte años..., es su letra..., es su +firma..., tú verás..., pero no me dejes. + +DON TOMÁS. + +(_Cada vez más impaciente_). ¡Vamos, Lorenzo! + +DON LORENZO. + +Ya he dicho que iré..., iré luego... Yo sé cuándo debo ir. Ahora vete. +(_Aparte a Juana_). Dame el pliego. + +JUANA. + +Cuando se marche ese hombre. (_Aparte a Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +¡Vete! (_Con violencia_). + +DON TOMÁS. + +Pero la duquesa... + +DON LORENZO. + +Que espere. ¿No hace ella esperar a nadie en sus antesalas? Pues +mejores que las suyas son las mías. + +DON TOMÁS. + +¿Estás en tu juicio? + +DON LORENZO. + +En el mío, sí; en el tuyo, no, que mal estuviera. Vete pronto. + +DON TOMÁS. + +¿Qué tienes, Lorenzo? (_Acercándose a él con interés_). + +DON LORENZO. + +Nada, nada..., cansancio de oírte... ¡Déjame por Dios santo! + +DON TOMÁS. + +Bueno..., bueno..., pero, Señor, ¿qué le pasa a este hombre? + + +ESCENA XI. + +DON LORENZO, JUANA. + + +DON LORENZO. + +¡Ya estamos solos! + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Qué! ¿Dudas? ¡Mira que te dejo!... ¡Prometiste darme ese papel! +La ventura de mi hija me espera allí; y, sin embargo, una mano de +hierro, la férrea mano de la implacable fatalidad, me tiene a tu lado. +Considera, Juana, si estoy decidido a averiguar ese secreto. + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡El papel!... ¡Pues que para mí lo escribió mi madre, es mío! + +JUANA. + +No te incomodes conmigo, Lorenzo de mi alma. Aquí está... Este es... +(_Sacándolo del pecho_). + +DON LORENZO. + +Venga... (_Queriendo cogerlo_). + +JUANA. + +Espera..., espera..., yo misma he de leerlo..., leeré más despacio que +tú..., y de este modo... lo que... aquí dice no se te entrará de un +golpe por los ojos... + +DON LORENZO. + +Pues lee. ¡Vamos! + +JUANA. + +Sí, Lorenzo mío; pero no mires; oye no más. (_Colocándose de modo +que Lorenzo no vea lo escrito en el papel_). «Lorenzo, hijo mío, +perdóname». (_Leyendo_). + +DON LORENZO. + +¡Otra vez! + +JUANA. + +(_Sigue leyendo_). «Conozco que se acerca el fin de mi vida, y los +remordimientos han hecho presa en mí». (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Sigue! + +JUANA. + +«Quisiera decirte la verdad, y te amo demasiado para decírtela. Lee en +estos reglones que mancho con mis lágrimas el secreto de tu existencia, +y hágase después tu voluntad». + +DON LORENZO. + +¡El secreto de mi existencia! ¡Dame! (_Queriendo coger el papel_). + +JUANA. + +No. + +DON LORENZO. + +¿Qué pesadilla es esta, Juana? ¿Qué círculo de hierro has puesto sobre +mi frente que con intolerable presión me oprime las sienes?... Dame... + +JUANA. + +¡No, por Dios! + +DON LORENZO. + +¡Ha de ser! (_Cogiendo el papel y leyendo con horrible angustia_). «Tu +padre era rico, muy rico; por millones, por muchos millones se contaba +su caudal; yo era pobre: no tuvimos hijos». ¡No tuvimos hijos, dice! + + +ESCENA XII. + +DON LORENZO, JUANA, ÁNGELA, después EDUARDO. + + +ÁNGELA. + +(_Entrando precipitadamente_). ¡La duquesa!... + +DON LORENZO. + +(_Da un grito de ira. Juana le arranca el papel y lo oculta_). ¡Otra +vez! ¡Vete!... ¿A qué vienes? + +ÁNGELA. + +Lorenzo..., Lorenzo... + +EDUARDO. + +(_Entrando precipitadamente_). ¡Don Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¿Tú también? ¡Idos!... ¡Idos todos! + +ÁNGELA. + +¿Qué es esto, Dios mío? ¿Qué es esto? ¿Qué tienes, Lorenzo? Vuelve en +ti. + +DON LORENZO. + +Idos... Idos..., os lo suplico..., si es preciso de rodillas..., pero +dejadme... ¡Ah! ¡El egoísmo humano!... ¡Piensan que no hay más que +sus pasiones y sus intereses! ¡Tomás!... ¡Ángela!... ¡Eduardo!... ¡La +duquesa!... ¡Todos! ¡Ah! ¡La gota de agua sobre el cráneo! + +EDUARDO. + +Es que mi madre viene... + +ÁNGELA. + +Es que la duquesa, impaciente de esperar, viene aquí... + +EDUARDO. + +Dice que quiere buscar al sabio en su antro. + +DON LORENZO. + +¡Pues que venga, pero vosotros dejadme! ¡Dejadme..., o me volveré loco +de desesperación! + +ÁNGELA. + +No, imposible: su madre de usted no puede verle en tal estado. (_A +Eduardo_). + +EDUARDO. + +Venga usted, Ángela; venga usted. Ganemos tiempo, detengámosla en la +galería, y a ver si entretanto logra Inés calmarle. (_Salen Ángela y +Eduardo por el foro_). + + +ESCENA XIII. + +DON LORENZO, JUANA. + + +DON LORENZO. + +¡El papel!... Ese papel funesto, ¿dónde está?... Tú lo tienes... + +JUANA. + +Sí. (_Sacando el papel_). + +DON LORENZO. + +Pues dámelo... ¡No tuvimos hijos, decía! (_Procurando leer, pero sin +conseguirlo_). ¿Dónde está?... ¡No sé! ¡No veo las letras! ¡Una nube +me pasa por delante de los ojos! ¡No tuvimos hijos!... ¡No puedo!... +¡No puedo!... Lee tú..., por favor... (_Juana toma el papel_). Ahí..., +ahí... donde dice «¡No tuvimos hijos!». + +JUANA. + +(_Leyendo_). «Sabía mi esposo que una enfermedad incurable minaba +rápidamente su existencia. El infeliz llevaba la muerte en el corazón. +Loco de amor, quiso asegurarme toda su fortuna, y yo... hice mal, ahora +lo conozco, hice mal porque él tenía padre, pero yo..., perdóname, +Lorenzo, tú que eres tan bueno y tan honrado; yo acepté». (_Pausa_). + +DON LORENZO. + +Sigue... Sigue... + +JUANA. + +«Buscamos un niño..., no puedo, no puedo escribir más. Juana conoce +este secreto. Juana te lo dirá todo. Una vez más te ruego que me +perdones. Adiós, Lorenzo mío, y que él te inspire. Te he querido como a +hijo, aunque no lo has sido nuestro». + +DON LORENZO. + +¡Yo! ¡Yo! ¡Yo no era!... ¿Qué dice?... ¡Yo no era su hijo! ¡Yo llevo un +nombre que no es mío! ¡Cuarenta años ha que gozo bienes ajenos! ¡Yo lo +he robado todo!... ¡Posición social, apellido, riquezas! ¡Todo, todo! +¡Hasta las caricias de mi madre, porque no era mi madre!... ¡Hasta sus +besos, porque yo no era su hijo!... ¡No! ¡Esto no es posible!... ¡Yo no +soy tan miserable!... ¡Juana..., Juana..., por Dios vivo que me digas +la verdad! Mira; ya no es por mí: sea de mí lo que Dios quiera: es por +mi familia..., por esas desdichadas mujeres..., es por mi hija... por +mi Inés de mi vida..., que se morirá..., ¡y yo no quiero que se muera! +(_Llorando con desesperación_). + +JUANA. + +Es verdad, sí; pero, calla... ¿Qué importa, si nadie lo sabe? + +DON LORENZO. + +Pero ¿es verdad? + +JUANA. + +Lo es. (_En voz muy baja_). + +DON LORENZO. + +¡Pues parece mentira! ¡Aquella mujer que tanto me amaba no era mi madre! + +JUANA. + +No. ¡Tu madre te amaba más! + +DON LORENZO. + +Pues ¿quién era? + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¿Cómo se llama? + +JUANA. + +Mírame sin cólera y te lo diré. + +DON LORENZO. + +¿Dónde está? + +JUANA. + +¡Luchando con las torturas de un infierno! + +DON LORENZO. + +¿Murió también? + +JUANA. + +¡Muriendo está! (_En la última parte de este diálogo, Juana se levanta, +y ella y Lorenzo forman un grupo agitado, ardiente, delirante. Al +pronunciar ella la última frase, cae de nuevo y sin fuerzas en el +sofá_). + +DON LORENZO. + +¡Juana! + +JUANA. + +(_Retorciéndose de angustia_). ¡¡No, ese nombre, no!! + +DON LORENZO. + +¡¡Madre!! + +JUANA. + +¡¡Sí..., ese nombre, sí, hijo mío!! (_Se levanta de nuevo por arranque +supremo, y se abraza a Lorenzo_). + + +ESCENA XIV. + +DON LORENZO, JUANA, DON TOMÁS. + + +DON TOMÁS. + +Ya está ahí..., ya llega... + +JUANA. + +(_Desprendiéndose de los brazos de Lorenzo_). Déjame..., vienen..., +vienen..., que no me vean... + +DON LORENZO. + +¡No..., espera..., yo no sé qué voy a decirte... pero tengo que decirte +muchas cosas!... + +JUANA. + +Luego... Adiós... ¡Ya puedo morir! ¡Le llamé hijo! (_Juana se dirige +lentamente a la puerta de la derecha: Lorenzo la sigue: Tomás en +observación en el fondo_). + +DON LORENZO. + +No, todavía no... (_Juana desaparece tras los cortinajes; Lorenzo +quiere entrar; Tomás acude desde el fondo y le detiene a la fuerza, +cerrándole el paso y obligándole a retroceder. La actitud de Lorenzo +en esta escena y en la siguiente queda encomendada al talento y a la +inspiración del actor_). + + +ESCENA XV. + +DON LORENZO, ÁNGELA, INÉS, DUQUESA, EDUARDO, DON TOMÁS. + +Los nuevos personajes vienen por el foro. + + +DUQUESA. + +¿El señor de Avendaño? (_Con exquisita cortesía. Pausa_). + +DON LORENZO. + +¡Avendaño!... ¡Avendaño!... No sé dónde está, señora. (_Con voz triste +y sombría, y con cierta distracción_). + +ÁNGELA. + +¿Qué dice? (_Aparte_). + +INÉS. + +Pero ¿qué es esto, Dios mío? (_Aparte_). + +DUQUESA. + +Comprendo, señor de Avendaño, el disgusto que mi presencia le causa... +Vengo a arrebatarle la prenda más querida de su alma (_Señalando a +Inés_), y no extraño en verdad que me trate usted como a enemiga. (_Con +dulzura_). + +DON LORENZO. + +¡Enemiga mía es la suerte, nadie más! + +INÉS. + +Pero ¡Dios mío! (_Aparte_). + +DUQUESA. + +Tiene usted razón: encarnizada enemiga es de los padres. + +DON LORENZO. + +¡Y más aún de los hijos! + +DUQUESA. + +No lo niego; pero en fin, leyes divinas son estas que gobiernan los +dolores humanos, y fuerza es respetarlas. (_Procurando dar otro giro a +la conversación, pero sin conseguir dominar su extrañeza_). + +DON LORENZO. + +¡Ay, señora, que esas leyes divinas son más crueles a veces que +si fueran obras de la crueldad humana! (_La duquesa hace un vivo +movimiento de impaciencia. Eduardo se acerca a ella; Inés a su padre: +Ángela y Tomás observan con asombro_). + +INÉS. + +(_Aparte a don Lorenzo_). ¡Por Dios, padre! + +EDUARDO. + +(_Aparte a la Duquesa_) ¡Madre, madre, por mí! + +DUQUESA. + +(_Con altivez y entonación un poco seca_). Soy madre; adoro a mi hijo; +sé que su felicidad es imposible si no la comparte con esta señorita; +y a perder un hijo, prefiero tener dos. + +INÉS. + +¡Ves qué buena, padre mío! (_Aparte a don Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +¡Perder un hijo es horrible desdicha! + +DUQUESA. + +¿Quiere usted dar al mío el nombre de hijo también? (_Con dulzura y +adelantándose hasta don Lorenzo_). + +INÉS. + +(_Con angustia y en voz baja_). Contesta, padre. + +DON LORENZO. + +(_Se queda mirando a su hija, le coge la cabeza entre las manos y de +nuevo la contempla con pasión_). ¡Qué hermosa eres! ¡Imposible parece +que tú no puedas más que la ley del honor! + +DUQUESA. + +(_Sin poder ya dominarse_). En suma, señor de Avendaño: ¿quiere usted +que mi hijo, el duque de Almonte, dé su nombre a la señorita Inés? + +DON LORENZO. + +(_Con sublime violencia_). ¡Si yo fuera un infame, buena ocasión de dar +nombre ajeno a quien no lo tiene propio! + +INÉS. + +¡Padre! + +ÁNGELA Y DON TOMÁS. + +¡Lorenzo! + +DUQUESA. + +He de confesar lealmente que ni comprendo sus contestaciones de usted, +ni su actitud, que es muy otra de lo que yo esperaba, y me limito a +preguntarle por última vez: ¿acepta usted? + +DON LORENZO. + +Yo soy un hombre honrado: la desgracia podrá vencerme, no mancharme. +Señora duquesa de Almonte, ese matrimonio es imposible. + +DUQUESA. + +¡Ah! (_Sintiéndose herida, y retrocediendo un paso_). + +INÉS. + +¿Qué dices?... ¡Padre!... ¡Imposible! + +DON LORENZO. + +¡Imposible, sí!... ¡Porque no soy Avendaño; porque mis padres no eran +mis padres; porque esta casa no es mi casa; porque no puedo darte, hija +de mi alma, más que un nombre escarnecido y manchado; porque soy el más +infeliz de los hombres y no quiero ser el más miserable! + +INÉS. + +¡Padre, padre!... ¿Por qué me matas? (_Cae en el sofá_). + +ÁNGELA. + +¿Qué has hecho, insensato? + +DON LORENZO. + +¡Inés!... ¡Inés!... ¡Venciste, Dios mío, pero ten compasión de mí! +(_Todos rodean a Inés_). + + +FIN DEL ACTO PRIMERO. + + + + +ACTO SEGUNDO. + +La misma decoración del acto anterior. Es de noche. La chimenea está +encendida: hay una vela con pantalla sobre la mesa de despacho. + + +ESCENA PRIMERA. + +EDUARDO. + +Aparece escuchando a la puerta de la derecha; después viene al centro. + + +EDUARDO. + +Nada se oye. ¿Habrá vuelto en sí? ¡Oh, Dios mío, y en esta vida, qué +cerca de la vida está la muerte! (_Pausa_). ¡Y piensan que he de +renunciar a mi adorada Inés! ¡Suponen que yo he dar crédito a esa +ridícula historia que don Lorenzo refiere! ¡Pobre sabio!, ¿qué sabe él +lo que se dice? (_Breve pausa_). Y aun siendo cierto lo que afirma, +¿dejaría de ser Inés la más hermosa y la más amante de las mujeres? +Será mía aunque tenga que arrastrarme a los pies de mi madre y regarlos +de lágrimas: cederá don Lorenzo aunque tengamos que ponerle una mordaza +y una camisa de fuerza; y esa pobre mendiga, que con sus delirios +contagió al desatentado filósofo, se irá de aquí, se irá lejos, muy +lejos de nosotros. ¡Con tal que Inés resista el golpe que recibió de +su padre! (_Acercándose otra vez a la puerta y escuchando_). Nada..., +nada: silencio, siempre el mismo silencio. (_Volviendo al centro del +escenario_). Su padre... ¡Ah, su padre! Dios me perdone, pero casi le +aborrezco. (_Exaltándose por grados_). ¡Insensato, y cómo se complacía +en torturarla! ¡Su padre, sabio sin seso, ateo con pujos de santidad, +nuevo don Quijote con el ingenio de menos y la pedantería de más, falso +caballero Bayardo de la honradez! ¿Qué padre es ese que desgarrando +el corazón de una hija pretende ganar reputación de virtud? ¡Fuera la +virtud así, y me pareciera más simpático el crimen! Nadie viene..., y +pasan las horas... Alguien se acerca. + + +ESCENA II. + +EDUARDO, DUQUESA por la derecha. + + +EDUARDO. + +¡Madre mía!... ¿Inés, cómo está Inés?... ¿Ha vuelto en sí? + +DUQUESA. + +Al fin, a Dios gracias. ¡Pobre niña! No he querido marcharme hasta que +pasara el peligro; pero ya está bien. Y ahora, hijo mío... + +EDUARDO. + +Ahora he de verla. + +DUQUESA. + +¡Eduardo! + +EDUARDO. + +Y después hemos de hablar a don Lorenzo; y después... + +DUQUESA. + +Y después has de concluir con mi paciencia. He hecho por ti cuanto el +decoro, la dignidad y los respetos sociales me han permitido, y algo +más; pero ha llegado el instante de que te muestres hombre, de que +recuerdes quién eres, y de que escuches la voz del deber. + +EDUARDO. + +Bien dices: haré lo que hacer deba; pero no sé, y perdóname, madre mía, +si entendemos el deber del mismo modo. + +DUQUESA. + +Debes renunciar a Inés para siempre. + +EDUARDO. + +¿Por qué? ¿Porque es pobre? + +DUQUESA. + +No es eso. + +EDUARDO. + +Entonces ¿por qué, madre mía? ¿Porque don Lorenzo intenta tan sublime +acción que, si la realiza, ha de eternizarse su nombre en libros y en +historias, y hasta quién sabe si alcanzará puesto en el calendario? + +DUQUESA. + +Buen humor gastas, y no es esta mala señal. + +EDUARDO. + +Quiero probarte que conservo toda mi sangre fría. Y por lo demás, a don +Lorenzo hay que tomarle en broma, o hay que encerrarle en una casa de +orates. + +DUQUESA. + +No digas esas cosas, Eduardo: no me gusta que hables de ese modo. +Aunque hay algo de exagerado, no poca precipitación, y cierto alarde +melodramático en los proyectos de don Lorenzo, no puede desconocerse +que su conducta es la de un hombre de bien. + +EDUARDO. + +Porque se goza en la desventura de su hija. + +DUQUESA. + +Porque cumple leyes divinas sin respeto a pasiones humanas. + +EDUARDO. + +Pues si tan honrado es don Lorenzo y el brillo de acciones nobles se +hereda, rico en nobleza heredada viene a ser el ángel de mi vida. + +DUQUESA. + +Y rico en heredada deshonra también. (_En voz baja con energía, y +acercándose a su hijo_). Inés no tiene un nombre bueno o malo que +llevar, porque se ignora cuál es el de su padre, y el de esa mujer está +en los infames registros de una casa de corrección por delito de robo. + +EDUARDO. + +¡Calla! + +DUQUESA. + +Ser nieta de una humilde nodriza, cómplice de usurpación de estado +civil, es el bello ideal de esa pobre niña, si lo que don Lorenzo +afirma es cierto. Será tal vez exceso de orgullo aristocrático rehusar +tan noble alianza, pero así me han hecho las que tú, educado a la +moderna, consideras rancias preocupaciones. + +EDUARDO. + +Pues bien, madre. Yo amo a Inés. + +DUQUESA. + +Loco estás, hijo mío. + +EDUARDO. + +Locura dicen que es el amor; conque no es maravilla que lo esté. + +DUQUESA. + +Sí, lo estás, y a mí misma me haces perder el juicio. + +EDUARDO. + +¿Prefieres perderme a mí? + +DUQUESA. + +Basta, Eduardo: salgamos de esta casa donde en mal hora entraste por +vez primera. + +EDUARDO. + +Pero dime; ¿no es Inés un ángel? + +DUQUESA. + +Ángel del cielo me pareció la pobre niña al llegar; ángel de dolor, al +dejarla. + +EDUARDO. + +¿No confiesan todos que don Lorenzo es un sabio, y no dices tú que es +un santo? + +DUQUESA. + +Injusticia fuera negarle clarísimo talento y honradez intachable. + +EDUARDO. + +¿Luego no está el mal en ellos? + +DUQUESA. + +No lo está. + +EDUARDO. + +Pues el escándalo ¿no puede evitarse? (_Acercándose a su madre, y +en voz muy baja_). ¿Quién conoce esa desdichada historia, verdadera +o falsa, que más falsa que verdadera me parece? Nosotros..., y +callaremos. Don Tomás, y es como de la familia. Esa infeliz mujer, y en +breves horas un eterno silencio sellará sus labios. Don Lorenzo, y al +fin es padre y hará por su hija lo que tú no quieres hacer por mí. ¡Oh, +madre mía!, ¿a qué buscar la desesperación y la muerte cuando está la +dicha en nuestras manos? + +DUQUESA. + +Pero ¿lo ves, desdichado? ¿Ves cómo el contacto del crimen pervierte +los más nobles caracteres? ¿No conoces que me propones una infamia, que +me quieres hacer cómplice de una felonía? Dios mío, ¿qué han hecho de +mi hijo que tales cosas dice y tales ideas acaricia? + +EDUARDO. + +Pero ¿quién habla de infamias ni quién propone felonías? ¿Es que +don Lorenzo nos hace a todos perder la razón, o es que te deleita mi +martirio? + +DUQUESA. + +Pero ¿no hablabas de evitar el escándalo con el silencio? + +EDUARDO. + +Sí. + +DUQUESA. + +¿Pues entonces?... + +EDUARDO. + +Escucha, madre, lo que yo dije o lo que quería decir. Si la historia de +don Lorenzo es cierta, que lo dudo, se busca con sigilo y con cautela a +los legítimos herederos de esa maldecida fortuna, y de ella se les hace +donación en cualquier forma. + +DUQUESA. + +Pero ¿con qué pretexto? + +EDUARDO. + +Para pedir no fuera fácil encontrarlo; para dar no temas que nos falten +y todos han de parecer igualmente buenos al que reciba. + +DUQUESA. + +Pero Inés llevará un nombre que no le pertenece. + +EDUARDO. + +Llevará el mío, que vale por todos. + +DUQUESA. + +¡Ah, en eso razón tienes! Pero don Lorenzo... + +EDUARDO. + +Déjale en paz, que harto tiene que hacer con sus filosofías. Pensemos +en nosotros, y piensa que todo, todo puede arreglarse si tú consientes. +Una palabra tuya da la vida a la pobre Inés: nueva vida me da, que +con tu crueldad me arrancabas la que me diste con tu amor; devuelve +la dicha a esta infeliz familia; y sin escándalo, ni ostentación, ni +aparatoso alarde pasan a sus legítimos dueños las usurpadas riquezas. +¿Dónde están aquí la infamia y la felonía? + +DUQUESA. + +Me fascinas, Eduardo, no sé qué decirte; pero una voz interior me +advierte que esto no es lo justo ni lo recto; que la ficción nunca es +preferible a la verdad; que en don Lorenzo, a pesar de sus delirios, +triunfa el deber; que en ti, a pesar de tus argucias, la pasión triunfa. + +EDUARDO. + +Pero ¿por qué? Contéstame. + +DUQUESA. + +No sé discutir contigo, Eduardo. + +EDUARDO. + +Lo que no sabes es quererme. + +DUQUESA. + +¡Que no te quiero! ¡Cruel! ¡No lo crees tú al decirlo, pero el corazón +se me oprime al escucharlo! + +EDUARDO. + +Pues cede. + +DUQUESA. + +¡Hijo mío, por Dios! + +EDUARDO. + +Vas a ceder, bien lo veo: tu frente está pálida: en tus ojos hay +lágrimas: tiemblan tus labios. (_Con voz cariñosa_). Es que ya se +agitan para decirme que sí; ¿y por qué no? En lo que yo he pensado +¿hay alguna cosa que no armonice por manera absoluta con ese ideal de +perfección moral que tú y don Lorenzo acariciáis? ¿Hay en mi plan algo +malo? + +DUQUESA. + +Sí, Eduardo. + +EDUARDO. + +¡Será tan poco! ¡Un átomo, una sombra, un escrúpulo! ¿Y no merezco yo +la pena de un pecadillo venial? Busca en el pueblo, a quien a veces +tratas con harto desdén y del que te separa como abismo profundo tu +aristocrática educación, busca una madre y pregúntale si por la vida +de su hijo no ahogaría en un grito de amor todos esos refinamientos de +conciencia. + +DUQUESA. + +¡Es que lo que otra madre haga soy yo capaz de hacerlo! (_Con +apasionado arranque_). + +EDUARDO. + +(_Abrazándola_). ¡Gracias, gracias, madre mía! + +DUQUESA. + +Pero... + +EDUARDO. + +Lo has dicho, lo has dicho. (_Sin dejarla hablar_). Y además tal vez +nada de esto sea necesario. ¿Quién nos asegura que la historia de don +Lorenzo es cierta? ¿Qué pruebas materiales hay? Ninguna, que sepamos. +El dicho de una mujer que agoniza y delira. ¿Y esto basta? + +DUQUESA. + +No, en verdad. + +EDUARDO. + +Pues ni aun esto tenemos: porque todavía don Tomás no ha podido +interrogar a Juana. ¿Sabemos si ella lo dijo o si don Lorenzo lo soñó? +¡Ah, la cabeza de don Lorenzo no está segura! + +DUQUESA. + +No lo está, no. + +EDUARDO. + +¡Qué exaltación, qué extravío! + +DUQUESA. + +Yo pensé que se había vuelto loco. + +EDUARDO. + +Y lo estará. Estos sabios concluyen por locos todos ellos. El mismo don +Tomás reconoce, la misma Ángela confiesa que don Lorenzo no discurre +como otros hombres. + + +ESCENA III. + +LA DUQUESA, EDUARDO, ÁNGELA por la derecha. + + +ÁNGELA. + +Por Dios, señora, no nos deje usted todavía. Inés quiere verla; la +llama a usted anegada en llanto: usted es su único consuelo. + +DUQUESA. + +¡Pobre niña! + +ÁNGELA. + +Dejó el lecho sin que pudiéramos evitarlo, porque su agitación nerviosa +es tal que infunde miedo, y quiso venir a buscar a usted, pero le +faltaron las fuerzas. Vaya usted, por Dios, duquesa, a consolar a mi +hija: a usted que es madre cariñosa, otra madre muy desgraciada se lo +ruega. + +EDUARDO. + +¿Y le vas a decir que todavía hay esperanza, que todo depende de don +Lorenzo, no es verdad? + +ÁNGELA. + +¡Cómo! ¿Será cierto? ¡Ah, señora! (_Se acerca a la Duquesa y le coge +las manos con efusión_). + +EDUARDO. + +Sí, yo le explicaré a usted... (_A Ángela_). Conviene que hable usted +al alma a su esposo. + +DUQUESA. + +Pero... (_Eduardo sin atender a su madre se separa a un lado con +Ángela, y los dos hablan en voz baja_). ¡Este Eduardo, este hijo mío +(_Aparte_) hace de mí cuanto quiere! ¿Qué le digo yo a la buena señora, +si él asegura que ya estoy conforme?... ¡Ah, qué cabeza!... Y la niña +es hermosa como un ángel y simpática como ninguna. ¡Pobre Inés! Y don +Lorenzo posee..., o poseía una fortuna regia... ¡Ah, grandezas y +vanidades humanas! + +ÁNGELA. + +Comprendo... Comprendo. (_A Eduardo: después se vuelve a la Duquesa_). +¡Cómo le agradezco a usted tanta bondad! Lleve usted pronto la buena +nueva a mi pobre Inés: yo entretanto procuraré que Lorenzo consienta, y +consentirá. Sí: es preciso. O no tiene corazón, o ha de consentir. + +EDUARDO. + +Vamos, madre. + +DUQUESA. + +(¡Cómo ha de ser!) + +EDUARDO. + +¡Qué buena eres! (_Salen por la derecha la Duquesa y Eduardo_). + + +ESCENA IV. + +ÁNGELA, DON LORENZO, este último por la izquierda. + + +DON LORENZO. + +Ahí mi madre que expira..., y allá aquel pedazo de mi alma... ¿Qué +hacer, Dios mío? (_Se dirige lentamente a la puerta de la derecha, pero +en el momento de entrar, Ángela le cierra el paso_). + +ÁNGELA. + +¿A dónde vas, Lorenzo? + +DON LORENZO. + +A ver a mi hija. + +ÁNGELA. + +Imposible... Ya volvió en sí y tu presencia pudiera causarle mucho mal; +tanto, por lo menos, como el que tus palabras le causaron. + +DON LORENZO. + +Es que yo quiero verla. + +ÁNGELA. + +Es que no debes verla; y ya que en ti el deber siempre impera, no +por mi voluntad, que nada es ante la tuya, por tu propia y reflexiva +voluntad (_Con ironía_) respetarás el solitario llanto de la pobre Inés. + +DON LORENZO. + +Tienes razón. (_Pausa. Vienen los dos al centro del escenario_). ¡Hija +de mi alma! ¿Qué dice de mí? + +ÁNGELA. + +Nada. + +DON LORENZO. + +¿No me acusa? + +ÁNGELA. + +No sé lo que en el fondo de su alma murmurará el dolor. + +DON LORENZO. + +¡Ser yo su verdugo! ¡Yo destruir todas sus esperanzas! ¡Haber +desgarrado yo su corazón! + +ÁNGELA. + +Conciencia perfecta tienes de tu obra, Lorenzo. Menos malo, si a la +reparación te ayuda el remordimiento. + +DON LORENZO. + +¡Desdichado de mí! + +ÁNGELA. + +¡Tú desdichado! La desdichada es ella, no tú, que en la contemplación +de tus perfecciones morales y altas virtudes encontrarás de seguro +goces inefables y divinos consuelos. (_Con ironía_). + +DON LORENZO. + +¡Qué mal me juzgas, y qué mal me comprendes! + +ÁNGELA. + +¡Juzgarte mal, y admiro humildemente los frutos de tu santidad! ¡No +comprenderte! En esto sí que dices bien, que seres superiores, como +tú, no están al alcance de pobres inteligencias como la mía. (_Con +sarcasmo_). + +DON LORENZO. + +Tus palabras, Ángela, se me clavan como agudos puñales en el corazón. + +ÁNGELA. + +¿En el corazón? ¡Imposible! + +DON LORENZO. + +Pero ¿qué querías que hiciese? Habla, aconseja, resuelve, da luz a mi +espíritu que en tinieblas se agita. + +ÁNGELA. + +¿Qué quería que hicieses? Lo que ahora quiero. Que salves la vida de tu +hija. Que no pongas más obstáculos a su boda. Que no irrites el orgullo +de la duquesa con brutales e inútiles revelaciones. Que no hagas +imposible con un nuevo escándalo el remedio del daño que causaste. + +DON LORENZO. + +En puridad; tú quieres que calle. + +ÁNGELA. + +Sí, que calles. + +DON LORENZO. + +Pero eso sería infame. + +ÁNGELA. + +No lo sé: siento; no discuto. + +DON LORENZO. + +Es que todo mi ser se subleva ante esta idea. ¡Yo, cómplice del más +repugnante de los delitos, porque es el más cobarde! ¡Yo, gozando +riquezas usurpadas, y nombres postizos, y dichas que no son nuestras +porque Dios no quiso que lo fuesen y pues Él no lo quiso no deben +serlo! ¡Inés, y tú, y yo, y todos, encharcados en el fango! ¿Es esto +lo que me aconsejas? (_Exaltándose por grados_). Entonces la virtud +es una mentira: entonces vosotras, los seres que yo más amé en el +mundo, porque en vosotras veía algo divino, sois miserables egoístas, +repulsivas al sacrificio, presas de la codicia, juguetes de la pasión: +entonces... ¡sois tierra y no más que tierra! ¡Pues si sois tierra, +deshaceos en polvo, y arrástrenos a todos el viento de la tempestad! +(_Con extrema violencia_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Seres sin conciencia y sin albedrío son átomos que hoy se juntan y que +mañana se separan! ¡Allá va la materia, dejadla ir! + +ÁNGELA. + +¡Tú deliras, Lorenzo! ¡Yo no te comprendo! ¡Yo no sé lo que quieres! + +DON LORENZO. + +Respetar la justicia y la verdad. + +ÁNGELA. + +¿La verdad? + +DON LORENZO. + +Sí. + +ÁNGELA. + +¿Y la dirás en voz alta a todo el mundo? + +DON LORENZO. + +La diré. + +ÁNGELA. + +¿Y nos dejarás en la miseria? + +DON LORENZO. + +Ganaré vuestro sustento y el mío con mi trabajo. + +ÁNGELA. + +¿Ganar tú? ¡Vanidad de sabio! Pero sea. Oye, Lorenzo. Si esas riquezas +no son tuyas, devuélvelas enhorabuena. (_Lorenzo da un grito de alegría +y se acerca con los brazos abiertos a Ángela_). Ni las privaciones me +asustan, ni soy la mujer miserable y egoísta que tú pintabas ha poco. + +DON LORENZO. + +Ángela, mi buena Ángela, perdóname. + +ÁNGELA. + +¿Quieres mi perdón? ¿Quieres que siga bendiciendo, como siempre +bendije, la hora en que fui tu esposa? + +DON LORENZO. + +Sí. + +ÁNGELA. + +Pues bien; cumple como hombre honrado; pero en el silencio, con +prudencia, sin ruido, sin ostentación, sin escándalo. + +DON LORENZO. + +¿Y para qué? Si no querrá la duquesa, ni aun de ese modo, que Eduardo +sea el esposo de mi hija. + +ÁNGELA. + +Eduardo responde del consentimiento de su madre. + +DON LORENZO. + +No cederá. + +ÁNGELA. + +Cederá: es mujer; es madre. No todos alcanzan tu perfección. + +DON LORENZO. + +No lo creo. + +ÁNGELA. + +¿Es que no lo crees, o es que lo temes? + +DON LORENZO. + +Mas suponiendo que cediese, ¿cómo he de conservar un nombre que no es +mío? + +ÁNGELA. + +¡Ah miserables sutilezas, a las que sacrificas la vida de Inés! + +DON LORENZO. + +Un nombre, Ángela, es en la vida social... + +ÁNGELA. + +Un nombre es un sonido, aire que se agita, algo que pasa; ¡vanidad +humana! Y una hija es un ser que está hecho de nuestra propia carne +y de la sangre de nuestras propias venas; un ser que al brotar de la +nada recogimos en nuestro seno, y que al venir al mundo recibimos en +nuestros brazos; que nos dio su primera sonrisa y su primer beso y su +primer llanto; que vivió de nuestra vida, y fue a la par nuestro placer +más puro y nuestro más agudo dolor; un ser a quien amamos más que a +nosotros mismos, pero sin la levadura egoísta que afea todos nuestros +demás amores; único amor divino que existe en la tierra y que si el +cielo es cielo, allá tras lo azul y en el mismo Dios existirá también. +Escoge ahora, ¡impío!, entre lo que tú llamas un nombre y lo que yo +llamo una hija. + +DON LORENZO. + +Tus palabras me enloquecen, Ángela. + +ÁNGELA. + +Pues enloqueciste para tormento de Inés, ¿qué mucho que enloquezcas +para su dicha? + +DON LORENZO. + +Ángela..., Ángela..., en parte... sí..., tienes razón... soy un pobre +demente..., mis escrúpulos son quizá exagerados. ¡Mi hija, mi Inés, tan +buena, tan hermosa! ¡Y moriría..., sí..., moriría!... + +ÁNGELA. + +Al fin... ¡Lorenzo, mi buen Lorenzo! + +DON LORENZO. + +Pero aguarda..., no..., mis ideas se confunden... ¡un torbellino de +fuego gira dentro de mi cráneo! Sin embargo, aun así comprendo que no +basta renunciar a los bienes que poseo; es preciso que diga por qué +renuncio a ellos. + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +(_Sin escucharla y como hablando consigo mismo_). De otro modo +devuelvo materialmente bienes también materiales, es verdad; pero sin +reconocer el legítimo derecho de las personas a quienes he despojado; +restituyo, pues, traidora y cobardemente, y a la sombra de otro derecho +artificioso y vano que para comodidad mía y beneficio de mi familia yo +forjé con malas artes, lo que debí restituir en toda su integridad. + +ÁNGELA. + +¡Cuántas palabras altisonantes, Lorenzo! + +DON LORENZO. + +(_Sin atenderla_). Al conservar un nombre que no es mío soy un +miserable ladrón, es preciso decirlo por más que la palabra me queme +los labios. Robo un nombre y un derecho; privo a mis víctimas de sus +más poderosos medios de defensa contra la codicia que en cualquier +tiempo pueda despertarse en mis sucesores, y doy quizá ocasión en lo +futuro a nuevas iniquidades. ¿Lo ves?... ¿Lo ves, mujer ciega? Hay que +decir la verdad, toda la verdad, en voz alta, suceda lo que quiera. + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +Un juez, un tribunal ¿me despojaría por su sentencia solo de mis +bienes, o de mis bienes y de mi nombre a la vez? De todo, de todo, ¿no +es verdad? Pues lo que un juez hiciera debo hacerlo yo, juez de mí +mismo, o soy un miserable. Ahí tienes, ahí tienes, desdichada, lo que +me grita la conciencia. No, yo no quiero ser honrado a medias, porque +en todo aquello en que no sea enteramente honrado seré infame por +entero. ¡Ah!, estas cosas son muy claras: nada más claro que el deber. + +ÁNGELA. + +Pero entonces, siendo el hecho público, la duquesa no consentirá. + +DON LORENZO. + +No consentirá: ya te lo decía yo. + +ÁNGELA. + +¡Ah! ¡Lorenzo, Lorenzo; lo eres todo: filósofo, moralista, +jurisconsulto y, por de contado, hombre de bien! ¡Todo, todo..., +miserable máquina de pensar, todo menos padre! + +DON LORENZO. + +Quieres volverme loco, y has de conseguirlo. + +ÁNGELA. + +Ya no es posible. + +DON LORENZO. + +¿Lo estoy? + +ÁNGELA. + +Lo estás, y cuenta que no has llegado a lo más profundo del abismo. +Óyeme, que yo también entiendo algo en esto de la lógica: al fin soy tu +mujer. ¿Vas a decir la verdad, toda la verdad? + +DON LORENZO. + +Toda. + +ÁNGELA. + +¿A la justicia humana? + +DON LORENZO. + +A la justicia divina inútil me parece, que ya en este momento nos está +juzgando a los dos. + +ÁNGELA. + +Compréndeme, Lorenzo. Quiero decir si repetirás todo lo que nos +contaste, ha poco, al juez, al escribano, ¿qué se yo?, a los que han de +recoger estos bienes que tú abandonas y han de entregarlos a sus dueños. + +DON LORENZO. + +Sí, a esos. + +ÁNGELA. + +¿Y referirás toda la historia? + +DON LORENZO. + +Preciso será. + +ÁNGELA. + +Pues atiende. Tendrás que decir que esa mujer, tu nodriza Juana, es tu +madre. + +DON LORENZO. + +De ese modo lavaré la mancha que sobre ella arrojó una sentencia +inicua. Bastara esto solo para que el silencio que me aconsejas fuera +un crimen. + +ÁNGELA. + +Y esto solo basta para que sea un deber el silencio. ¿No ves, +desdichado, que si Juana es inocente del delito que se le imputó, es +reo de un delito mayor? ¡Usurpación de estado civil se llama! Bien +lo sabes. Falsificar la familia, que es escarnecerla y destruirla; +arrancar un inmenso caudal a sus legítimos dueños, que es algo más que +recoger del suelo un medallón; cubrir un nacimiento ilegítimo con un +nombre honrado, que es envolver en manto de armiño la podredumbre del +vicio. Si Juana es tu madre, todo esto ha hecho Juana, y en su maldad +ha persistido durante cuarenta años. + +DON LORENZO. + +(_Separándose de Ángela y oprimiéndose la cabeza con las manos_). +¡Calla, calla, por Dios santo! + +ÁNGELA. + +Eso te pido yo: ¡calla! + +DON LORENZO. + +¡Es mi madre! + +ÁNGELA. + +¿Y qué importa? Quien inmola a la hija inocente, ¿por qué ha de +respetar a la madre culpable? ¿No son superiores las leyes divinas a +las leyes humanas? ¿No es lo primero la justicia, el deber, la verdad? +¿No han de prevalecer los fueros del alma sobre las flaquezas de la +carne? + +DON LORENZO. + +Tienes razón; pero aun teniéndola, deliras. (_Huyendo de Ángela_). + +ÁNGELA. + +¿Por qué? Mira que vas siendo tan vulgar y tan débil como esta pobre +madre. ¿No exige el deber que dejes morir a tu hija? Pues muera. ¿No +exige que tú mismo arrastres a Juana moribunda al calabozo? Pues allá +con la anciana. Ya ves como yo también entiendo de estas cosas: ya ves +como tengo yo también mi lógica. + +DON LORENZO. + +¡Lógica del infierno! + +ÁNGELA. + +Y la tuya ¿de qué sublime esfera descendió? + +DON LORENZO. + +(_Huyendo de Ángela_). Déjame..., déjame..., no puedo más. ¡Inés de +mi alma! ¡Madre mía!... ¿Qué mal te hice, Ángela, para que así me +atormentes? (_Viene a caer ya sin fuerzas en el sillón inmediato a la +mesa_). ¡Ah, mi cabeza, mi cabeza arde! + +ÁNGELA. + +Lorenzo..., Lorenzo... (_Con dulzura_). + +DON LORENZO. + +Sí: tienes razón... Sí: soy un pobre demente... ¿Qué sé yo lo que debo +hacer?... ¡Todo es sombra! ¿Qué es la verdad, qué es la mentira? + +ÁNGELA. + +(_Aparte_). Fui muy cruel, pero salvé a mi hija: no hablará. (_Lorenzo +está sentado, desplomado más bien, en el sillón; tiene los brazos sobre +la mesa y en las manos oculta el rostro. Ángela se acerca a él con +cariño y le habla con dulzura_). Lorenzo, perdóname. + +DON LORENZO. + +¡Vete, vete por Dios! + +ÁNGELA. + +Quise mostrarte el abismo en que caías: quise salvar a Inés; quise +salvarte a ti de tus propios furores. + +DON LORENZO. + +Sí..., sí, Ángela..., lo comprendo..., pero déjame. + +ÁNGELA. + +¿Me perdonas? + +DON LORENZO. + +Te perdono..., y te amo... ¡Pobre Ángela, tú también padeces! Pero +deseo estar solo. + +ÁNGELA. + +Pues bien, me voy; pero no te aflijas: ya buscaremos camino de +salvación. Diré a Inés que quieres verla ¿No deseas estrecharla contra +tu pecho? + +DON LORENZO. + +Si ella quiere... (_Con tono sumiso_). + +ÁNGELA. + +Pues espérame aquí: vendré a llamarte, y allá, cerca de nuestra pobre +niña, todos reunidos, animados del mismo deseo, aunando nuestras +voluntades, tú has de ver cómo vencemos la fatalidad que hoy nos abruma. + +DON LORENZO. + +La venceremos..., sí, la venceremos... (_Repitiendo lo que oye sin +saber lo que dice_). + +ÁNGELA. + +Adiós... y no me guardes rencor. + +DON LORENZO. + +¡Rencor!... ¡A ti! + +ÁNGELA. + +¡Adiós! + + +ESCENA V. + +DON LORENZO. + +Sentado a la mesa y con aire de profundo abatimiento. La chimenea arde +con luz rojiza: la habitación aparece envuelta en grandes sombras que +se condensan fantásticamente en los cortinajes. Larga pausa. + + +DON LORENZO. + +Ya estoy solo. ¡Cuántas sombras por todas partes! ¡Qué poco brilla +esta luz! Mejor: crezcan las tinieblas: ¡a mí la oscuridad! En ella es +donde se nos aparece más luminosa la conciencia. Quiero el bien, pero +no sé dónde está: mi voluntad es fuerte, pero mi razón se ofusca. Tres +nombres relampaguean ante mis ojos en la negra noche en que me agito. +¡Ángela, Juana, Inés! ¡A mi calvario me lleva mi destino y sin quejarme +subo la cruz de mis dolores! Pero vosotras, pero tú, Inés mía, ¿por +qué habéis de precederme marcando con vuestras lágrimas el camino que +han de ensangrentar mis plantas? Yo solo... sea; pero vosotras, no. +¡Ah, Dios mío, que la luz de mi conciencia se apaga: que mi voluntad +desfallece: que la desesperación se apodera de mi espíritu! Yo anhelo +el bien, y en ti lo busco. ¡Señor, ven a mí; ven, que yo te llamo! +¡Sombras que me rodeáis; espacio en que dolorido me revuelvo; tiempo +que eres para mí eternidad de congojas; y tú, silencio augusto, que por +algo compasivo me escuchas, llamad todos a vuestro Dios, que mi voz no +le alcanza! ¡Decidle que no quiero que muera mi hija; que aparte de +ella el cáliz de la amargura, y que todo lo agote entre mis labios! ¡A +mí todo..., a ella no! ¡Es tan hermosa, es tan buena, es tan pura!... +¡Ella no! ¡Ella no, Dios mío! (_Deja caer la cabeza sobre la mesa y +llora amargamente. Pausa_). + + +ESCENA VI. + +DON LORENZO, JUANA. + +Aparece en la puerta de la izquierda y en ella se detiene. + + +DON LORENZO. + +Jirones de sombra han pasado ante mis ojos. (_Pausa_). ¿Será todo esto +un sueño? No: Juana está ahí dentro; y la prueba..., la prueba..., +(_Abre el pupitre y saca un pliego_) la prueba es esta. No es un sueño +por desgracia: es la realidad implacable y terrible. Cien veces la he +leído, y no me sacio de leerla: «Te he querido como hijo aunque no lo +has sido nuestro»... ¡Aunque no lo has sido nuestro!... + +JUANA. + +(_Aparte y observándole_). Está leyendo..., leyendo la carta de la que +creyó madre suya. Su madre soy yo: nadie más que yo. (_Avanza, aunque +con trabajo, algunos pasos_). ¡Cuánta tristeza en su frente! ¿Hay +lágrimas en sus ojos?... ¿En sus ojos? No sé. Quizá estén en los míos +que le miran. En él o en mí están: yo veo lágrimas en alguna parte. +(_Da algunos pasos más_). ¿Llorar él? ¿Por qué? ¿Porque soy su madre? +¿Sentirá que yo sea su madre? Pero ¿qué le importa si nadie más que él +sabe mi secreto, y yo voy a morir? Sí, a morir..., a morir muy pronto. +La noche eterna y fría va penetrando hasta lo más profundo de mi ser: +algo muy negro está dentro de mí. (_Da un paso más, vacila y se apoya +en la mesa para no caer. Lorenzo se vuelve hacia ella_). + +DON LORENZO. + +¡Juana! + +JUANA. + +¡Siempre ese nombre! + +DON LORENZO. + +¡Madre! + +JUANA. + +Te enoja que lo sea; bien lo conozco. + +DON LORENZO. + +¡Que tal pienses de mí! + +JUANA. + +Pues si enojos no son, será vergüenza de tenerme por madre. + +DON LORENZO. + +¿Avergonzarme yo? Mañana sabrá todo el mundo que yo soy tu hijo. + +JUANA. + +¡Mañana! ¿Qué intentas? Tardo está ya mi oído, y sin duda no comprendí +lo que dijiste. (_Con espanto_). + +DON LORENZO. + +Dije mal. Mañana no. Es preciso que antes salgas de España, y cuando +estés en sitio seguro, porque a veces la justicia de los hombres es +muy cruel, yo proclamaré la verdad en voz alta; yo me despojaré de +un nombre que no es mío; yo devolveré riquezas usurpadas. Es ya cosa +resuelta. + +JUANA. + +¡Jesús de mi vida! + +DON LORENZO. + +Y después con Ángela y con mi pobre niña iré a buscarte. + +JUANA. + +¿Tú en la miseria, tú en la deshonra, tú sin más nombre que un nombre +escarnecido y manchado? Pero ¿por qué? ¿Por qué? ¿Quién te obliga a +ello? Habla, hijo mío, que me haces perder el juicio. ¿Quién? + +DON LORENZO. + +Mi conciencia, madre, y tu culpa. + +JUANA. + +Pero ¿piensas decir la verdad? + +DON LORENZO. + +¿Por qué me la dijiste a mí? (_Con enojo_). Si yo nada hubiese +sabido..., no tendría hoy que dar la muerte a mi hija. + +JUANA. + +¿Por qué?... ¡Y me lo preguntas! ¡Y no lo comprende! ¡Ingrato! (_Oculta +el rostro entre las manos y llora amargamente_). + +DON LORENZO. + +¡Madre! + +JUANA. + +Porque iba a morir..., porque voy a morir..., y antes era preciso que +supieses lo que por tu felicidad hizo esta pobre mujer. Además... +quería que una vez al menos me llamases madre. Por esto..., nada más +que por esto... Porque del corazón me subía a la garganta y me ahogaba +algo, que al fin no pude contener, y tuve que decirte ¡eres mi hijo! + +DON LORENZO. + +Te comprendo, madre mía, y no te acuso. + +JUANA. + +Pero tú no piensas hacer lo que has dicho, ¿no es cierto? ¡Fuera una +infamia para con tu familia, fuera una crueldad para con esta pobre +anciana! + +DON LORENZO. + +Crueldad, sí; infamia, no: que con esta crueldad otras infamias borro. + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Perdóname! + +JUANA. + +¿Dices que yo cometí una infamia? (_Asombrada_). + +DON LORENZO. + +Nada digo. + +JUANA. + +¡Pero fue por ti..., por ti..., por ti, hijo mío! (_Con voz cada vez +más ahogada. Lorenzo permanece silencioso, sombrío y sin volverse hacia +su madre_). ¡Fue por él, Dios mío, y así me paga! ¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +El mal no puede prevalecer: la obra de iniquidad se arruina bajo su +propio peso: mi sacrificio lavará tu culpa. + +JUANA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +(_Acercándola a la luz, poniendo en su mano la carta y obligándola a +leer_). ¿Qué dice ahí? + +JUANA. + +«Perdóname y que Dios te inspire». (_Sentándose y leyendo con trabajo_). + +DON LORENZO. + +Pues bien, madre, la perdoné y he pedido inspiración al cielo: tus +súplicas son inútiles. + + +ESCENA VII. + +JUANA, DON LORENZO, ÁNGELA por la derecha. + + +ÁNGELA. + +Lorenzo, Inés te llama. (_Desde la misma puerta de la derecha y sin +penetrar en la habitación_). + +DON LORENZO. + +¡Ella!..., ¡mi hija!..., sí, voy... Perdóname, madre mía, volveré muy +pronto. + +JUANA. + +(_Deteniéndole, y en voz baja_). Ya sé que me desprecias; ya sé que me +odias... + +DON LORENZO. + +¡Madre! + +JUANA. + +Pero no por mí, por ella, por esa niña... (_Incorporándose_). + +DON LORENZO. + +Ni aun por ella. (_Con desesperación_). + +JUANA. + +¡Ah! (_Cae en el sillón y se cubre el rostro con las manos. Salen +Lorenzo y Ángela_). + + +ESCENA VIII. + +JUANA, queda con el papel en la mano. + + +JUANA. + +¡Ni aun por ella! (_Sollozando_). Sacrifícate, Juana, por tu hijo: +renuncia a sus caricias: clávate las uñas en el pecho al verle besar +a otra mujer y llamarla madre: bebe por dentro lágrimas de amargura y +recógelas en el corazón hasta que rebose o estalle: recibe en la frente +marca infamante: consúmete de miseria y de dolor en una buhardilla +veinte años sin más dicha ni más consuelo que verle pasar a lo lejos +en su coche. ¡Ay, Dios mío, yo muero! (_Pausa: después reanimándose +un tanto_). Más..., más aún... Tú, pobre Juana, sufriendo todo lo +que he dicho; y en cambio, hazle rico, sabio, ilustre, bueno, y... a +la hora de la muerte preséntate a él, solo a pedirle un beso, solo +buscando que te diga: «¡Qué buena eres, cuánto me has querido!...», y +él no te dirá nada de eso: te mirará triste y severo..., te dirá que +cometiste una infamia..., que es preciso que él borre tu culpa..., +que tu obra es... obra de iniquidad... ¡Obra de iniquidad!... ¡Ah, +Lorenzo, hijo mío!... ¿Por qué eres tan cruel? ¿Por qué arrojas con +desprecio todo lo que a costa de mi felicidad te he dado?... ¡Mira +que me cuesta muchas lágrimas! (_Cambiando de tono, levantándose con +arranque de desesperación y viniendo a la derecha_). ¡Y mi sacrificio +habrá sido inútil! ¡Y habré perdido yo mi dicha y le habré perdido a +él! ¡Insensata, egoísta! ¿Por qué le dije la verdad? (_Pausa_). Pues +no ha de ser; no ha de ser: la obra de iniquidad no amenaza ruina +todavía, pobre visionario. ¡Yo lo negaré todo! (_Con voz apagada_). +Serás feliz, y rico, y poderoso a tu pesar. Él puso en mis manos +la única prueba. (_Tendiendo el brazo hacia la mesa en que está el +papel_). Bueno, bueno: entre su madre y su hija van a salvarle: +¡extraña coincidencia! Ella llamándole le obliga a alejarse, y yo me +quedo... Ea... Agotemos las fuerzas que me restan. Ahora me acerco poco +a poco, y entre las sombras... Así fue de oscura aquella noche en que +mi ama vino a buscarme al lecho y murmuró en mi oído: ¿quieres que tu +hijo sea rico y feliz? Y yo dudé..., y luego dije que sí... Y ahora... +Y ahora digo que sí. (_Llegándose a la mesa. Pausa_). ¿Vuelve Lorenzo? +(_Aplicando el oído_). Sí; me parece que vuelve... ¡Y me pedirá la +carta como antes me la pidió!... Vamos..., al fuego... (_Quiere andar, +pero no puede_). Oigo su voz..., me faltan las fuerzas..., no me da +tiempo... ¡Va a venir!... No..., pues yo no se la doy... Es otra vez +mi presa... ¡Ah!... Ya sé... Ya sé... Pondré dentro del sobre un papel +en blanco para que al pronto nada note... (_Ejecutando la operación +que acaba de indicar_). ¡Obra de iniquidad la llama Lorenzo! ¡Pobre +hijo mío, que a veces es inocente como un niño! Así..., así..., lo dejo +donde estaba..., y este a las llamas... Oigo su voz siempre... pero aún +no viene... Quizá antes de que venga..., sí..., sí..., ya puedo... A +las llamas..., a las llamas. (_Arroja el papel al fuego y se inclina +para verlo arder_). ¡Llama es ya! Su resplandor ilumina el rostro de +mi antigua señora. (_Viendo un retrato que hay en la pared_). Mira, +mira, ya es ceniza; y era la única prueba. ¿La única? No: otra queda, +pues quedo yo; pero muy pronto seré ceniza también. (_Pausa_). Ahora +me voy a mi cuarto... (_Dando unos pasos_). Dios mío, me faltan las +fuerzas... (_Haciendo un esfuerzo y dando unos pasos más_). Pero le +he salvado..., será rico..., feliz... No veo..., no veo... Esa luz se +apaga... ¿Se apaga ella o la de mis ojos? (_Se acerca a la mesa, coge +la vela y de nuevo intenta marchar_). ¡Luz!... ¡Luz!... ¿Dónde está +mi cuarto? ¡Sombras!..., ¡todo sombras! ¡Ay de mí!... ¡Dios mío!... +¡No puedo..., no puedo! (_Deja caer la luz: solo queda iluminada la +habitación por el reflejo rojizo de la chimenea. Ella cae también +detrás de la mesa_). + + +ESCENA IX. + +JUANA, DON LORENZO, INÉS, ÁNGELA, DUQUESA. + +Los cuatro últimos por la derecha. Lorenzo entra como huyendo de su +hija: esta se detiene en la puerta. Viene vestida de blanco: detrás de +ella y medio ocultas por el cortinaje, Ángela y la Duquesa. + + +DON LORENZO. + +(_Viniendo al centro del escenario_). ¡No más! ¡No más! ¡Es la última +prueba! La última, sí; pero, ¡ay!, que mi voluntad vacila. + +ÁNGELA. + +(_Aparte a Inés_). Síguele, no le dejes: cederá. + +INÉS. + +¿Por qué huyes de mí, padre mío? +(_Avanza algunos pasos, muy pocos: detrás de ella Ángela y la Duquesa. +Es preciso dar a esta escena todo el carácter fantástico que en sí +tiene, para que el efecto corresponda a la idea del drama. Don Lorenzo +está en el centro del proscenio manifestando con su actitud, en sus +ademanes y en su entonación, que sostiene una última y desesperada +lucha consigo mismo. Inés, bella y poética, se aproxima lentamente a +su padre: siempre la siguen Ángela y la Duquesa, vestidas de negro, +inspirándola cuanto dice. Juana agoniza. El despacho está envuelto en +grandes sombras: el reflejo de la chimenea ilumina de lleno a Inés_). + +DON LORENZO. + +¡Allí está la tentación! Pero ¡qué hermosa es! ¡Qué aureola de divina +belleza la circunda! ¡Única luz entre tanta sombra! + +ÁNGELA. + +(_Aparte a su hija_). ¿Lo ves? Ya no acierta a resistir... Ruégale..., +ruégale, Inés mía. + +INÉS. + +(_Avanzando_). ¡Ven a mis brazos! + +DON LORENZO. + +(_Retrocediendo_). ¡Ay de mí si los ciñe a mi cuello como dulcísimo +dogal! + +JUANA. + +(_Aparte con voz apagada_). Un dogal al cuello... Tiene razón... + +INÉS. + +¡Por Dios santo, padre mío, por el amor que me tienes; por las lágrimas +de estos ojos que cuando yo era niña tanto querías y tanto besabas! +(_Llevándose las manos al rostro, retirándolas después, y dándoselas a +besar a su padre_). ¡Mira, mira y cómo se desprenden de mis párpados! +Mis dedos las recogieron al caer, bésalas y sentirás en tus labios su +amargura. + +DON LORENZO. + +Sí: las besaré..., las besaré..., pero ¡ay, si una sola de las mías +cayese en los tuyos! + +JUANA. + +(_Aparte_). ¡Caer!... Han dicho caer... ¡Yo también caigo en abismo sin +fondo! Pero antes..., antes... quiero abrazar a mi hijo. + +INÉS. + +¡Padre! (_Lorenzo retrocede. Inés, Ángela y la Duquesa le siguen_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +JUANA. + +¡Han dicho Lorenzo! Allí..., allí... veo algo... (_Avanzando_). + +DON LORENZO. + +No..., no..., digo mil veces que no... ¡Queréis envilecerme! + +INÉS. + +Y tú, padre mío, ¿quién lo creyera? ¡Quieres mi muerte! Y si no, ¿por +qué te opones a este amor que es mi vida? + +DON LORENZO. + +Yo, Inés mía..., no..., la duquesa..., la duquesa es. + +ÁNGELA. + +No es cierto. La duquesa cede. + +DON LORENZO. + +¡A precio de deshonra! + +DUQUESA. + +No es cierto, Inés: a trueque de silencio. + +INÉS. + +Lo estás oyendo, padre mío. + +DON LORENZO. + +(_Separándose de ellas, rechazándolas y retrocediendo_). ¡Solo oigo +voces que me piden mi conciencia!... ¡Solo veo sombras que entre +las sombras me persiguen! Fantasmas del espacio..., engendros de la +tentación..., ¡dejadme!... ¡Dejadme por Dios vivo; que si sois fuertes +para atormentarme el corazón, sois débiles, muy débiles, para torcer mi +voluntad! + +JUANA. + +¡Su voz!... ¡Lorenzo!... ¡Lorenzo!... (_Llegando a él y abrazándole_). + +DON LORENZO. + +¡Madre! (_Abrazándola también_). + +INÉS. + +(_Amparándose de Ángela_). ¿Qué voz es esa? ¿Quién es esa mujer? ¿Qué +sombra brotó de las tinieblas y ciñó a mi padre con sus brazos? ¡Tengo +miedo! + +DON LORENZO. + +¡Juana!... ¡Madre mía! + +INÉS. + +¡Su madre! ¿Por qué la llama su madre? + +DON LORENZO. + +Porque es mi madre, y porque... he de decirlo. + +JUANA. + +¡Yo! ¿Su madre yo? ¡Jesús, qué idea!... ¡Bien quisiera... serlo! + +DUQUESA. + +¿Oye usted..., oye usted lo que dice? + +ÁNGELA. + +¡Lo niega! + +DON LORENZO. + +¡Lo eres! (_Con violencia_). + +JUANA. + +¡Ah..., pobre Lorenzo mío! (_Con risa forzada_). ¡Hijo de mi alma! (_Al +oído, y abrazándole_). + +DON LORENZO. + +¡Por la tuya, que repitas en voz alta lo que me dices al oído! + +JUANA. + +Yo..., al oído... ¿Pues qué te dije? ¡Ser su madre!... ¡Qué mayor dicha! + +DON LORENZO. + +¡Ah!... ¿Lo niegas? (_Con furor_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¿Niegas que eres mi madre? (_Con creciente furor_). + +JUANA. + +¿Y cómo no? + +DON LORENZO. + +¡De mí renegaste al nacer yo, y vuelves a renegar a la hora de tu +muerte! (_Con horrible desesperación_). + +JUANA. + +(_Abrazándose a él, y formando los dos un grupo tan estrechamente +unido, que es imposible en la oscuridad conocer si se abrazan ambos, o +si en su furor la estrecha Lorenzo contra sí_). ¡Hijo de mis entrañas! +(_Con voz moribunda, al oído_). + +DON LORENZO. + +¡Eso..., eso!... (_Ya delirante_). + +JUANA. + +¡Yo muero! + +DON LORENZO. + +No..., madre mía. + +DUQUESA. + +¡Jesús mil veces! ¡Ese hombre va a matarla!... ¡Socorro! (_Corriendo +hacia la puerta de la derecha_). + +ÁNGELA. + +¡Eduardo!... ¡Tomás! + +DON LORENZO. + +¡Madre!... ¡Madre!... + +JUANA. + +No... Dios mío... No..., ¡eso no! + + +ESCENA X. + +DON LORENZO, INÉS, JUANA, ÁNGELA, DUQUESA, DON TOMÁS, EDUARDO. + +Los dos últimos, por la derecha con luces. Todos acuden y procuran +separar a Lorenzo de Juana. + + +DON TOMÁS. + +¡Vamos!... ¡Vamos!... + +DON LORENZO. + +¡Madre mía!... ¡Perdón!... ¡Perdón! Si no quieres no te llamaré +madre... ¡Madre mía! + +JUANA. + +A... diós... + +DON LORENZO. + +¡¡Juana!! + +JUANA. + +(_Haciendo un esfuerzo horrible, se levanta como herida en el corazón +por el nombre de Juana, y cae_). + +DON TOMÁS. + +¡Muerta! + +DON LORENZO. + +¡No..., no es posible! (_Abrazándose a su madre_). Para matarla la +llamé ¡madre!..., y el último grito que oyó de mis labios... fue +¡Juana! ¡Ah, Dios mío, Dios mío! ¿Por qué la castigas así, y por qué me +abandonas? + + +FIN DEL ACTO SEGUNDO. + + + + +ACTO TERCERO. + +La misma decoración de los actos anteriores. + + +ESCENA PRIMERA. + +DON TOMÁS, después un CRIADO. + + +DON TOMÁS. + +Todo en calma. Ni se oye el llanto de Inés, ni ruge la cólera de +Lorenzo. Calma precursora de nueva tempestad. (_Pausa_). Momentos hay +en que dudo y vacilo. Él..., él..., mi buen amigo, mi pobre Lorenzo... +Esta idea no me da punto de reposo. En fin, muy luego sabremos la +verdad: entretanto valor, y cumplamos para con esta atribulada familia +deberes sagrados que nadie con mejor deseo que yo ha de cumplir. + +CRIADO. + +Un caballero a quien acompañan dos... que..., vamos..., yo no sé si lo +son..., aunque su traje... En fin, ese caballero me ha dado para usted +esta tarjeta, y allá fuera esperan todos. + +DON TOMÁS. + +(_Mirando la tarjeta_). ¡Ah! ¡El doctor Bermúdez! Que pase, que pase... + +CRIADO. + +¿Y los otros dos? + +DON TOMÁS. + +Que esperen. (_Sale el Criado_). A medida que se aproxima el momento +crece mi ansiedad y crecen mis dudas. ¡Pobre Ángela, qué golpe! ¡Pobre +Inés!... ¡En qué estado de excitación nerviosa se halla la desdichada +niña! ¡Qué lucidez en su mirada! ¡Qué claridad en sus juicios! Nadie +le explicó lo que ocurre... y yo creo que lo sabe todo; y adivina lo +que no sabe, y sospecha lo que no adivina. No: esta situación no puede +prolongarse más: afrontemos la realidad por triste que sea. + + +ESCENA II. + +DON TOMÁS, DOCTOR BERMÚDEZ, después dos loqueros vestidos decentemente, +pero dando a conocer en su fisonomía y en sus maneras que no son lo que +aparentan. + + +DON TOMÁS. + +¡Doctor!... (_Saliendo al encuentro, y dándole la mano_). + +DOCTOR. + +¡Don Tomás!... + +DON TOMÁS. + +Puntual como de costumbre. + +DOCTOR. + +No, vengo con alguna anticipación..., para dejar convenientemente +instalados a esos dos... + +DON TOMÁS. + +Sí, sí, comprendo. + +DOCTOR. + +Los he hecho vestir de manera que don Lorenzo no sospeche..., porque +como solo se trata de esas precauciones generales... + +DON TOMÁS. + +Ya, ya..., muy bien. Es preciso caminar con prudencia. Rapto de furor; +verdadero rapto de furor, como dije a usted, solo ha tenido uno; el de +la otra noche. Pudiera ser que yo me equivocase... + +DOCTOR. + +Mucho lo celebraría..., y usted lo celebraría también. + +DON TOMÁS. + +¡Ay, amigo mío, estoy que no sé lo que me pasa! En fin, su ciencia de +usted, su práctica, su profundísima penetración han de sacarnos de +dudas. + +DOCTOR. + +¡Usted me lisonjea! Estando usted... + +DON TOMÁS. + +No cuente usted conmigo, doctor; no estoy para nada: me declaro +incompetente: se trata de mi mejor amigo: casi de un hermano. Además, +siempre me ha parecido... Usted conoce mi escuela: entre la razón y la +locura no hay una línea divisoria... + +DOCTOR. + +Evidente, evidente; y todos los sabios tienen algo... + +DON TOMÁS. + +Cabal; la excitación del cerebro pasa de cierto límite y... + +DOCTOR. + +Justo. Veremos, veremos lo que puede hacerse por don Lorenzo. Conque +esos dos chicos... + +DON TOMÁS. + +Fácil ha de ser inventar cualquier historia: serán los testigos... o se +le dirá que vienen con el escribano... Cualquier cosa. El pobre Lorenzo +no está para fijarse en estos pormenores. + +DOCTOR. + +¿Y dónde esperan? + +DON TOMÁS. + +Ahí dentro. (_Señalando la puerta de la izquierda_). + +DOCTOR. + +(_Asomándose al fondo_) ¡Eh! ¡Braulio! ¡Benito! (_Entran los dos +loqueros algo cortados y mostrando en sus ademanes toscos y torpes lo +que son_). + +DON TOMÁS. + +Entren ustedes ahí en ese gabinete: si son ustedes necesarios ya se les +avisará, y entretanto, quietos. (_Los loqueros saludan y entran por la +izquierda_). Desde que murió Juana no ha vuelto a entrar Lorenzo en esa +habitación. (_A Bermúdez_). En cerrando la puerta... (_La cierra_). + +DOCTOR. + +(_Mirando el reloj_). Vuelvo en seguida: antes de que llegue el +escribano estoy aquí. Voy... muy cerca... + +DON TOMÁS. + +¿Una visita? + +DOCTOR. + +Sí: un caso muy bonito de locura. (_Ángela entra por el fondo y se +detiene al ver a Bermúdez_). ¿Es?... (_Aparte a Tomás, indicándole con +la mirada a Ángela_). + +DON TOMÁS. + +Sí: la esposa. No hable usted con ella. + +DOCTOR. + +Hasta luego. (_Aparte a Tomás_). Señora... (_Saludando. Sale por el +fondo_). + + +ESCENA III. + +ÁNGELA, DON TOMÁS. + +Ángela sigue con la vista a Bermúdez; después mira hacia el gabinete en +que entraron los loqueros. + + +ÁNGELA. + +¿Quién es ese que sale? ¿Quiénes son dos hombres que vinieron con él? + +DON TOMÁS. + +Cálmese usted, Ángela. Todo se arreglará. Estas son precauciones, pero +necesarias, porque, ¿quién sabe?, puede tener Lorenzo otro rapto de +furor como anteanoche; y por ustedes, por él mismo... + +ÁNGELA. + +No, Tomás, no diga usted eso. + +DON TOMÁS. + +¿No recuerda usted, Ángela, con qué frenesí estrechaba entre sus brazos +el cuerpo moribundo de la pobre Juana? Ahora que nadie nos oye, y en +confianza, yo creo que él... fue... la causa determinante... + +ÁNGELA. + +¡Tomás, Tomás! + +DON TOMÁS. + +Por lo menos apresuró su muerte: y ¿no vio usted cómo en su delirio él +mismo se acusaba? No nos forjemos ilusiones: fue un verdadero ataque +de... + +ÁNGELA. + +(_Llorando_). ¡Lorenzo! ¡Lorenzo mío! + +DON TOMÁS. + +Y la crisis puede volver porque hoy... + +ÁNGELA. + +Sí, ya sé lo que se propone... ¡Ay, Tomás, qué desgraciados somos! ¡Qué +desgraciado es mi pobre Lorenzo! + +DON TOMÁS. + +¿Qué hace ahora? + +ÁNGELA. + +Está muy en calma: escribe, pasea..., quiere estar con Inés y conmigo +como si la soledad le espantase. Hace poco me miró con tristeza, pero +con cariño, me besó en la frente y me dijo «¡Pobre Ángela!». + +DON TOMÁS. + +No contradecirle. + +ÁNGELA. + +No señor: en todo le damos la razón. + +DON TOMÁS. + +¿Y sigue en sus trece? + +ÁNGELA. + +¡Ay, sí señor! De cuando en cuando pregunta qué hora es: se impacienta +porque el escribano no viene y murmura con voz sorda: «Mal que pese al +mundo entero he de cumplir mi obligación». + +DON TOMÁS. + +¡Qué hombre! ¡Qué carácter! + +ÁNGELA. + +Tomás, por Dios santo, que no me engañe usted. ¿Usted cree que +Lorenzo?... ¡No puedo, no puedo pronunciar esa horrible palabra! + +DON TOMÁS. + +Yo nada creo todavía. Veremos, Ángela: veremos, mi buena amiga. +Precisamente para salir de una vez de esta insufrible ansiedad hice +venir al doctor Bermúdez: un alienista de primer orden. + +ÁNGELA. + +¡Pero si es imposible!... ¡Si digo que es imposible! + +DON TOMÁS. + +Ojalá acierte usted, y no debemos perder la esperanza; pero +¿imposible?... ¡Ah, la razón humana es tan poca cosa! + +ÁNGELA. + +¡Ay, mi esposo de mi alma! No..., no quiero..., ¡no ha de ser! (_Con +desesperación_). + +DON TOMÁS. + +Vamos, Ángela, juicio, valor; por aquella pobre niña, por Inés al +menos. Y ¿quién sabe todavía? Veremos qué explicaciones da Lorenzo, qué +pruebas presenta... + +ÁNGELA. + +¡Qué pruebas ha de presentar el desdichado mío, si a la misma Juana +moribunda le oí yo repetir: «No..., no..., no eres mi hijo», mientras +él, frenético, delirante, estrechándola en sus brazos, pugnando por +arrancar de aquel cuerpo, ya casi muerto, una confesión imposible, +la llamaba «¡Madre!» con el grito estridente de la demencia! No me +consuele usted: es inútil: yo sé que nuestra desventura es inevitable. + +DON TOMÁS. + +Harto lo temo. + +ÁNGELA. + +¿Y aquel modo de recibir a la duquesa? Él, tan cortés siempre; siempre +tan fino... + +DON TOMÁS. + +Tiene usted razón: aquel día lo comprendí yo todo; pero nadie se +resigna cuando la fatalidad le hiere tan de repente. + +ÁNGELA. + +Y adorando, como adora, a su hija, ¿quién hace lo que él pretende hacer +hoy? + +DON TOMÁS. + +Nadie, Ángela, nadie, no habiendo perdido el juicio. + +ÁNGELA. + +¿Y usted le ha dicho a Bermúdez?... + +DON TOMÁS. + +Todo no: fuera peligroso; pero lo bastante para que nos dé su opinión. + +ÁNGELA. + +¿Y cuál es? + +DON TOMÁS. + +No he de ocultarle a usted... + +ÁNGELA. + +¡Inútil, Tomás, inútil!... ¡Si yo sé bien que no hay remedio! + +DON TOMÁS. + +Con un buen régimen; separado de aquellas personas que, por lo mismo +que son para él tan queridas, con su presencia han de irritar de +continuo su exagerada sensibilidad... + +ÁNGELA. + +¡Tomás!... + +DON TOMÁS. + +En un buen establecimiento de España o del extranjero... + +ÁNGELA. + +¡Qué..., qué!..., ¿qué quiere usted decir?... ¿Separarlo de nuestro +lado?... ¡Llevárselo! ¡A él..., a él! ¡No, jamás, soy su esposa! ¡No lo +consiento! + +DON TOMÁS. + +La presencia de Inés estimula su delirio. + +ÁNGELA. + +Y la ausencia de su hija será su muerte. + +DON TOMÁS. + +Ahogó entre sus brazos a aquella pobre mujer. + +ÁNGELA. + +No, Tomás, no: en eso no tiene usted razón: en los brazos de Lorenzo no +corre peligro la pobre Inés. ¡Es su hija! + +DON TOMÁS. + +Y él pensaba que Juana era su madre. + +ÁNGELA. + +No ha de ser, Tomás: no ha de ser. ¿Por qué en vez de atormentarme no +busca usted alivio para mis penas? + +DON TOMÁS. + +¡Ángela! + +ÁNGELA. + +Verdad es, mi buen amigo, que no es fácil hallar consuelos para mi +dolor. + +DON TOMÁS. + +Los hay en todo dolor humano, por grande que sea. + +ÁNGELA. + +Menos en este. + +DON TOMÁS. + +En este, más que en todos; y si no, discutamos a sangre fría. + +ÁNGELA. + +¿Y cómo, cuando la fiebre nos abrasa las venas? + +DON TOMÁS. + +Óigame usted. Si lo que afirma Lorenzo fuese verdad; si presentara +pruebas terminantes... + +ÁNGELA. + +Entonces mi Lorenzo no habría perdido la razón: nosotros seríamos los +ciegos y desatentados. ¡Oh, qué dicha! + +DON TOMÁS. + +No tanta, porque entonces les esperaba a ustedes la miseria, la +deshonra, la muerte... + +ÁNGELA. + +¡Calle usted, Tomás! + +DON TOMÁS. + +La muerte digo, además de la miseria, porque Inés moriría. En cambio si +la desgracia de Lorenzo es cierta.... + +ÁNGELA. + +No siga usted..., no quiero pensar en tales cosas. + +DON TOMÁS. + +Pues piense usted en Inés; y con el pensamiento en ella sepa usted, +Ángela, que estas heridas son, triste es decirlo, pero fuerza es +confesarlo, horribles, sí; mortales, no; que solo es mortal para la +juventud lo que destruye el porvenir; no lo que precipita en la nada lo +pasado. + +ÁNGELA. + +¡Por Dios, Tomás!... + +DON TOMÁS. + +De la desgracia de Lorenzo depende la felicidad de Inés: no lo +olvidemos. + +ÁNGELA. + +Cúmplase la voluntad de Dios, pero no despierte usted en mí ideas que +antes me espantan que me consuelan. + + +ESCENA IV. + +ÁNGELA, DON TOMÁS, DON LORENZO por la derecha. + + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¿Pero dónde dejé yo la llave? ¡Ah, mi cabeza!... Y el +escribano vendrá muy pronto..., y en aquel pupitre guardé la carta: +bien me acuerdo: sí..., hace dos días..., cuando mi madre... + +DON TOMÁS. + +¡Pobre Ángela! ¡Terrible es la prueba! (_Sin ver a Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +¿Cómo?... ¿Qué dicen? ¡La prueba, sí: de la prueba hablaban! (_Con +inquietud y buscando la llave del pupitre sobre la mesa_). + +ÁNGELA. + +Terrible es, muy terrible caminar entre dos abismos... Lorenzo a un +lado... Inés a otro... Tiene usted razón. + +DON LORENZO. + +(_Con enojo y en voz alta_). ¡La he perdido! + +DON TOMÁS. + +(_Volviéndose, aparte_). ¡Desdichado, pienso que sí! + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Ah!... ¿Estabais?... (_Con mirada recelosa y como si no los hubiera +visto antes_). + +ÁNGELA. + +¿Qué buscas?... Nosotros te ayudaremos. (_Con dulzura_). + +DON LORENZO. + +¿Vosotros?... No. ¿Para qué? Yo solo. + +ÁNGELA. + +Pero di al menos ¿qué has perdido? + +DON LORENZO. + +Todo: hasta el amor de los míos. ¡Mira si puedo perder más! + +ÁNGELA. + +No, Lorenzo, no lo creas. + +DON LORENZO. + +Al fin..., la llave... ¡Gracias al cielo! (_Aparte, con desconfianza_). +Y estaba puesta..., puesta... (_Abre con ansiedad el pupitre y coge el +pliego que dejó Juana_). ¡Ah! ¡Aquí está!... Se me ha quitado un peso +de encima... (_Leyendo_). «Para Lorenzo». Este es el pliego. + +ÁNGELA. + +(_Acercándose_). ¿Encontraste lo que buscabas? + +DON LORENZO. + +Sí. (_Tomás se acerca también_). + +ÁNGELA. + +¿Qué papel es ese? (_Lorenzo se preparaba a sacar el pliego de su +sobre; pero al ver que Ángela y Tomás se acercan, lo mete en el +pupitre, echa la llave y se la guarda_). + +DON LORENZO. + +Uno muy importante. (_Con cierta desconfianza y mirándolos con +recelo_). ¿Para qué queréis saberlo? + +ÁNGELA. + +No te enfades, Lorenzo mío. Perdóname si he sido indiscreta. + +DON LORENZO. + +¡Perdonar yo! Yo soy quien ha menester vuestro perdón. Por mí, por mi +culpa, ¡vais a ser tan desgraciadas! + +ÁNGELA. + +No digas eso: no lo seremos nunca siendo tú dichoso. + +DON LORENZO. + +Y yo ¿podré serlo no siéndolo tú; no siéndolo mi Inés de mi vida? + +ÁNGELA. + +Lo será también. + +DON LORENZO. + +Imposible: porque ¿sabes tú cuál es mi pensamiento? + +ÁNGELA. + +Ya me lo explicaste. ¿No lo recuerdas? + +DON LORENZO. + +(_A Tomás_). ¿Y tú? + +DON TOMÁS. + +También. + +DON LORENZO. + +¿Y lo aprobáis? + +ÁNGELA. + +(_Con dulzura_). Bien hecho estará lo que tú hagas. + +DON LORENZO. + +(_A Tomás_). Y tú, ¿qué dices? + +DON TOMÁS. + +Lo mismo. + +DON LORENZO. + +¡Lo mismo! (_Pensativo_). ¡Qué conformidad! ¿Sabéis que hice llamar a +un escribano? + +ÁNGELA. + +Lo sabemos. + +DON LORENZO. + +(_Mirando a los dos_). Lo sabéis. ¿Y sabéis que he de hacer que levante +acta notarial y en toda forma de mi declaración y de mi renuncia? + +ÁNGELA. + +Sí, Lorenzo mío. + +DON LORENZO. + +Para que luego el juez provea a lo que en derecho procede. ¿No es +cierto? + +DON TOMÁS. + +Es natural. + +DON LORENZO. + +(_A Ángela_). Y tú, ¿qué dices? + +ÁNGELA. + +(_Con voz llorosa_). Si estos bienes que hoy disfrutamos no te +pertenecen..., bien haces. + +DON TOMÁS. + +Si el nombre que llevas no es tuyo, preciso será que a él renuncies. + +ÁNGELA. + +Y en todo caso tu voluntad es ley. + +DON LORENZO. + +¡Pero ley tiránica..., impía!... ¿No es verdad? + +ÁNGELA. + +Ley que yo acato como la mejor. + +DON LORENZO. + +(_Inquieto, nervioso, casi irritado_). ¿Y no resistes? ¿Y no lucháis? + +DON TOMÁS. + +Tu conducta es la de un hombre honrado. En rigor no podías hacer otra +cosa. + +DON LORENZO. + +¡Qué sumisión tan inverosímil! ¡Qué docilidad tan extraña! ¡Qué cambio +tan repentino! Me estáis mintiendo... ¡Digo que me estáis mintiendo! +(_Con violencia_). + +ÁNGELA. + +¡Por Dios, Lorenzo! + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). ¡Ah, no hay esperanza! La demencia invade como negra ola su +cerebro. + +DON LORENZO. + +(_Calmándose_). En fin, mejor es así. (_Pausa. Con ternura y +acercándose a Ángela_). ¿Dónde está Inés? + +ÁNGELA. + +¡Pobre hija mía! + +DON LORENZO. + +¿No la defiendes contra mí? Pues, sin embargo, esa es tu obligación. +(_Con dulzura_). + +ÁNGELA. + +¡Ay, Lorenzo! ¿Qué puede contra ti esta infeliz mujer? Tu voluntad se +templa en la lucha y en la desgracia: la mía cede hasta besar el polvo. + +DON LORENZO. + +Tienes razón: es irresistible mi voluntad cuando el deber me inspira. +¿Y qué dices a todo esto? (_A Tomás_). + +DON TOMÁS. + +Que así será. + +DON LORENZO. + +Así es. (_Pausa_). ¡Pobre Ángela!... ¿Y sabes tú lo que vamos a hacer, +firmada que sea el acta y entregada la prueba? + +DON TOMÁS. + +¿Tienes una prueba? + +DON LORENZO. + +¿No lo sabías? (_Aparte con extrañeza_). (Pues de ella hablaban cuando +yo entré.) Sí, la tengo: evidente, irrecusable, clara como la luz, +aunque es negra como la noche y la traición. + +ÁNGELA. + +Cálmate, Lorenzo. + +DON TOMÁS. + +¿Y cuál es? + +DON LORENZO. + +Una carta de mi madre..., de aquella mujer que se llamaba madre mía. + +ÁNGELA. + +(_Aparte_). ¡Dios mío! ¿Será verdad? + +DON LORENZO. + +Su firma, su letra..., y está allí..., en mi poder. + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). ¡Ah! Si así fuese... + +DON LORENZO. + +Pues bien, entregada la prueba, tú (_a Ángela_) y la pobre Inés, y +yo saldremos al momento de esta casa..., de esta casa que ya no será +nuestra, y de la que hoy mismo la ley tomará posesión hasta que acudan +los herederos de Avendaño. (_Animándose gradualmente_). Y en tanto +nosotros, sin recursos, sin nombre, sosteniendo en nuestros brazos una +hija moribunda, porque Inés morirá, tú me lo aseguras (_a Tomás_), +iremos solos, solos y desesperados... No, dije mal. Blasfemé. Iremos +con la honra entera, con la conciencia tranquila, alta la frente, y +Dios con nosotros. ¿Qué me importa que todos me abandonen si Él me +acompaña? + +ÁNGELA. + +Tu voluntad es ley, Lorenzo... (_Abrazándole_). Antes lo dijeron mis +labios: ahora te lo dice mi corazón. + +DON TOMÁS. + +(_Aparte_). Si la prueba existe..., este hombre... es un santo. Pero, +¡ay!, que si no existe, mi pobre Lorenzo es un demente. + +CRIADO. + +(_Anunciando_). La señora duquesa y el señorito Eduardo. + +ÁNGELA. + +Que pasen. (_A Tomás_). ¿Usted les avisó? + +DON TOMÁS. + +(_Aparte a Ángela_). Hablé con ellos anoche. La duquesa me prometió +venir, y ya lo ve usted, cumple su palabra. + +DON LORENZO. + +No he de verlos..., quiero estar o solo... o con vosotros..., no más. +Adiós, Ángela mía. + +ÁNGELA. + +Adiós, Lorenzo. + +DON LORENZO. + +(_Mirando el reloj_). ¡Qué tardo marcha el tiempo! (_Se dirige a la +puerta de la derecha. Tomás le acompaña_). ¿Avisaste a los testigos? +(_Al llegar a la puerta_). + +DON TOMÁS. + +Dos esperan ya, y otro vendrá más tarde. + +DON LORENZO. + +¿Quiénes son? + +DON TOMÁS. + +No los conoces: son amigos míos. + +DON LORENZO. + +Y míos ¿por qué no? + +DON TOMÁS. + +Pensé que los míos lo eran tuyos. + +DON LORENZO. + +(_Le mira un momento_). Y lo son. (_Aparte_). ¡Ah! ¡Esta conformidad! +¡Hubiera preferido... que me resistieran..., que luchasen!... + + +ESCENA V. + +ÁNGELA, DUQUESA, EDUARDO, DON TOMÁS. + + +ÁNGELA. + +Duquesa... + +DUQUESA. + +¡Señora!... (_Saludándose cariñosamente_). + +ÁNGELA. + +¡Siempre tan buena con nosotros!... + +DUQUESA. + +No podía negar a ustedes en trance tan cruel el consuelo de una +amistad verdadera. Dios ha querido que por distintos modos la misma +desgracia venga a herirnos. (_Esta última frase, en voz baja señalando +a Eduardo_). + +ÁNGELA. + +Pero ¿cuál es el nombre de la desgracia que a mí me hiere? No lo sé. + +EDUARDO. + +Pues ha llegado el momento de averiguarlo: ¿se llama miseria y +vergüenza, y muerte de Inés, o se llama?... + +ÁNGELA Y DUQUESA. + +¡Eduardo! + +EDUARDO. + +Perdóname, madre mía: todos nos debemos hoy la verdad. Tú lo has dicho: +«Transigiré con la desgracia de don Lorenzo por el amor que te tengo, +por el amor que me tienes; nunca transigiré con su pública deshonra: +nunca, ni aun a precio de tu vida». De mi vida, madre, ¿no es esto? + +DUQUESA. + +(_Con tono triste, pero enérgico_). Sí. + +EDUARDO. + +(_Dirigiéndose a Ángela_). Pues bien, señora, sepamos el nombre de la +desgracia que a usted la hiere: ¿se llama deshonra, o se llama locura? +Este es el problema y es preciso resolverlo. Si don Lorenzo dice +verdad; si su juicio está firme; si presenta pruebas de lo que asegura, +respetemos su cruel virtud. Pero si, como yo creo por mil indicios +que casi constituyen evidencia, un velo eterno cubre su mente y para +siempre apagose la luz de su razón, entonces defienda usted, Ángela, +—es en usted obligación sagrada—, el nombre que lleva, su posición +social, su fortuna, la misma honra de don Lorenzo contra sus propios +delirios, y, ¿por qué no decirlo?, la felicidad y la vida de Inés. +No deje usted tan altos intereses y tan caros objetos a merced de un +demente. + +DUQUESA. + +¡Eduardo! + +EDUARDO. + +La palabra es dura, pero al fin había de pronunciarse. Sepamos de +una vez si esta batalla de honras y vidas, en que don Lorenzo nos ha +empeñado, es lo que parece o lo que temo; y en suma, si el heroico +sacrificio del implacable sabio es locura o santidad. + +DUQUESA. + +Basta, Eduardo. (_Ángela se sienta en el sofá y llora amargamente. La +Duquesa se acerca a ella_). + +DON TOMÁS. + +(_A Eduardo_). La dicha de esta familia como si fuera mi propia dicha +me interesa. Lo que usted propone está previsto, y la ley y la ciencia +resolverán. + +DUQUESA. + +Que Dios los ilumine a ustedes. (_A Ángela_). Vamos, señora: valor, +conformidad. ¿Dónde está Inés? + +ÁNGELA. + +¿Quiere usted verla? + +DUQUESA. + +Sí. + +ÁNGELA. + +Venga usted. (_A Tomás_). Y usted también. Quiero que la vea. Tres días +hace que solo la fiebre le da fuerzas... ¡Ah, mi hija..., mi hija se +muere! + +DON TOMÁS. + +¡Pobre niña! (_Salen Ángela, la Duquesa y Tomás_). + + +ESCENA VI. + +EDUARDO. + + +EDUARDO. + +¡Y dudan todavía! ¡Qué ceguedad! ¡Y no comprenden que el bueno de don +Lorenzo a fuerza de buscar, no la razón de las sinrazones como el +andante caballero, sino la razón de todas las razones que han inventado +los sabios, concluyó por perder la única que a Dios plugo darle, que +fue la razón natural! ¡Oh! No ha de ser: no he de permitir yo que +sacrifiquen la vida de Inés a las extravagancias de un pobre loco. + + +ESCENA VII. + +EDUARDO, INÉS. + +Sale agitada, y como huyendo, del gabinete de la izquierda, que fue +donde entraron los loqueros. + + +INÉS. + +¿Quiénes son esos hombres, quiénes son? + +EDUARDO. + +¡Inés de mi vida! ¡Qué pálida estás! ¡Qué círculo cárdeno orla tus +divinos ojos! (_Saliéndole al encuentro_). + +INÉS. + +Pero respóndeme: ¿quiénes son?, ¿a quién esperan? ¡Que se vayan! +(_Acercándose con precaución a la puerta que quedó abierta y +mirando: Eduardo procura traerla al proscenio_). ¡Hay en ellos algo +siniestro!... Mi padre, ¿dónde está mi padre? Buscándole entré en ese +gabinete por el salón, y los he visto..., y no los quiero ver, y no +puedo apartar de ellos los ojos. + +EDUARDO. + +Pero ¿qué tienes?... ¿Por qué no me miras? ¿Por qué huyes de mí? Inés, +Inés, ¿te pesa nuestro amor? + +INÉS. + +(_Viniendo al proscenio_). ¡Nuestro amor! Tú sabes que es mi vida; pero +¡ay, Eduardo! ¡A qué terrible prueba ha querido Dios someterlo! Tú no +comprendes esto. ¡Dicha suprema es para mí tu amor, y la esperanza +de tu amor aun mayor dicha! Mayor, mucho mayor; que en él está el +presente, que en ella está todo el porvenir. Y sin embargo, Eduardo +mío, la esperanza es un crimen en tu pobre Inés: un crimen. ¿Se +comprende crueldad semejante? Lo que a ningún ser humano se le niega, +me niega a mí el destino. Yo era ayer una niña; mi pensamiento flotaba +risueño en un limbo blanco y transparente, como vaporosa neblina entre +rayos de luna: hoy es plomo, según pesa: hoy es lava, según arde. ¡Si +vieras qué cosas tan horribles me dice en el silencio de la noche! +Y esos pensamientos no son míos; no es mi voluntad quien los forja: +vienen yo no sé de dónde: yo los rechazo; pero ellos vuelven: y primero +me acosan con quejidos que dicen «¡Pobre padre tuyo!», y luego me +hostigan con voces de tentación que murmuran: «Inés..., Inés... ¿Quién +sabe?... Aún puedes ser feliz: tu amor es aún posible: espera..., +espera..., pobre niña». ¿Comprendes tú nada más horrible —porque esto +debe ser el ángel malo— que oír dentro de una misma la voz de Satanás, +de él que nada espera, hablando de esperanzas? + +EDUARDO. + +Vuelve en ti, Inés mía. + +INÉS. + +(_Acercándose a Eduardo_). ¡Tengo remordimientos! + +EDUARDO. + +¿De qué? + +INÉS. + +Yo no sé: yo no he hecho nada malo. ¡Padre mío! + +¡Pobre padre mío! + +EDUARDO. + +Ángel de mi vida, ¡Inés de mi alma! Cálmate, cálmate, yo te lo ruego. + +INÉS. + +Mira, Eduardo, quisiera morir. + + +ESCENA VIII. + +DON LORENZO, INÉS, EDUARDO. + +Don Lorenzo entra por el fondo y se detiene al oír a Inés. + + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¡Morir ha dicho! + +EDUARDO. + +¿Tú morir? No, Inés, eso no; no digas eso. + +INÉS. + +¿Por qué? Si no muero de dolor; si llego a ser dichosa, he de morir de +remordimiento. + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¡De remordimiento! ¡Ella! ¡Si llega a ser dichosa! ¿Qué +nueva fatalidad flota en el aire y está pesando sobre mi frente? +¡Remordimiento!... ¡Ya sorprendí al pasar otra palabra más! Cruzo +salones y galerías, y voy de una a otra parte, espoleado sin cesar por +insufrible angustia, y oigo frases que no comprendo, y fíjanse en mí +ojos que dicen algo que no comprendo tampoco, y unos lloran, y otros +sonríen, y nadie se me opone, y todos o me huyen o me observan... ¿Qué +es esto? ¿Qué es esto? (_En voz alta_). + +INÉS. + +(_Yendo a él y abrazándole_). ¡Padre mío! + +DON LORENZO. + +¡Inés! ¡Qué pálida estás! ¿Qué dolorosa contracción hay en tus labios? +¿Por qué finges sonrisas que han de terminar en sollozos?... ¡Qué +hermosa en su dolor! ¡Y todo es culpa mía! + +INÉS. + +No, padre. + +DON LORENZO. + +¡Qué cruel soy! ¡Ah!, tú lo piensas, aunque no lo dices. + +EDUARDO. + +Es un ángel Inés, y no caben pensamientos rebeldes en ella; pero ¿quién +al verla sufrir no ha de pensarlo y no ha de decirlo? + +DON LORENZO. + +Nadie: tiene usted razón. + +EDUARDO. + +Pues si yo la tengo, no la tiene usted. (_Con energía_). + +DON LORENZO. + +Yo la tengo también. Hay algo más pálido que la pálida frente de la +doncella enamorada; hay algo más triste que las tristes lágrimas de +esos divinos ojos: hay algo más cruel que la sonrisa de esos labios, y +algo más trágico que la muerte del ser querido. + +EDUARDO. + +¿Y qué otras palideces, y qué otras lágrimas, y qué otras tragedias son +esas? (_Con violencia y desdén_). + +DON LORENZO. + +¡Insensato! (_Cogiéndole por un brazo_). ¡La palidez de la culpa, las +lágrimas del remordimiento, la conciencia de la propia infamia! + +EDUARDO. + +¿Y es infamia y remordimiento y culpa hacer la felicidad de Inés? + +DON LORENZO. + +(_Con desesperación_). ¡No debía serlo!... ¡Pero lo es! (_Pausa_). ¡Y +ese es mi tormento! ¡Y esa idea es la que ha de volverme loco! + +INÉS. + +¡No, padre mío; no digas eso! Sigue tu camino sin pensar en mí. ¿Qué +importa que yo viva o que yo muera? + +DON LORENZO. + +¡Inés! + +INÉS. + +Pero no vaciles..., y sobre todo que nadie te vea vacilar: que tu +palabra sea clara y persuasiva como lo es ahora: que el enojo no te +ciegue... Calma, calma, padre mío. ¡Por Dios te lo pido! + +DON LORENZO. + +¿Qué dices?... ¡No comprendo!... + +INÉS. + +¿Acaso sé yo lo que digo?... Adiós... Adiós... No quiero afligirte. + +EDUARDO. + +¡Ay, si escuchara usted a su corazón, si hiciera usted callar a su +pensamiento! (_A Lorenzo_). + +INÉS. + +Déjale... Ven conmigo..., no le hostigues... o harás que te aborrezca. +(_A Eduardo_). + +DON LORENZO. + +¡Pobre niña!... ¡También ella lucha, pero también ella vence! ¡Por +algo es hija mía! (_Con arranque de supremo orgullo. Inés y Eduardo se +dirigen al fondo: al pasar por delante de la puerta del gabinete ve +Inés a los loqueros y hace un movimiento de horror_). + +INÉS. + +¿Qué visión siniestra pasa ante mi vista?... ¡Aquellos hombres!... No, +padre, no entres ahí. + +EDUARDO. + +¡Ven..., ven, Inés mía! + +INÉS. + +(_A su padre_). No..., no... Yo te lo ruego. + +DON LORENZO. + +(_Dirigiéndose hacia ella_). ¡Inés! + +INÉS. + +¡Aquellos hombres! ¡Aquellos!... Mira. (_Extendiendo el brazo hacia el +gabinete. Don Lorenzo se detiene y mira también: en este instante los +loqueros, al oír gritos, asoman por entre los cortinajes la cabeza_). + +EDUARDO. + +(_Llevándose a Inés_). ¡Por fin!... + + +ESCENA IX. + +DON LORENZO, BRAULIO, BENITO. + +Breve pausa. + + +DON LORENZO. + +¿Quiénes podrán ser? Pasen ustedes. (_Los loqueros entran con cierta +timidez: hablan con frases cortadas y secas_). + +BRAULIO. + +Don Tomás... + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Ya comprendo. + +BENITO. + +Nos dijo que esperásemos ahí... + +DON LORENZO. + +Dispensen ustedes: yo no sabía... + +BRAULIO. + +No hay de qué. + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Extraño aspecto en verdad. Pero, siéntense ustedes. + +BENITO. + +Gracias. + +BRAULIO. + +Estamos bien de cualquier modo. + +DON LORENZO. + +No puedo consentir... + +BRAULIO. + +Usted se empeña... + +BENITO. + +Si el señor lo manda, mejor se espera así. (_Se sientan ambos en el +sofá: don Lorenzo queda en pie_). + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Algo siniestro se refleja en esas miradas, o es que la mía +refleja los relámpagos que cruzan por mi espíritu. (_Los observa de +nuevo con atención. En voz alta_). Inés fue la que al pasar los vio a +ustedes y la que me previno... + +BRAULIO. + +Sí, una señorita muy bella. + +BENITO. + +Pero muy triste. + +BRAULIO. + +Parecía una Dolorosa. (_A cada contestación que dan los loqueros, que +debe ser, como queda dicho, cortada y seca, guardan silencio, por +decirlo así, repentino; permaneciendo rígidos e inmóviles y mirando +hacia el frente con cierta vaguedad_). + +DON LORENZO. + +Se asustó al verlos a ustedes y vino huyendo: no lo extrañen; la pobre +está muy enferma..., y es casi una niña... + +BRAULIO. + +(_Con cierta sonrisa vaga y como de idiota_). Siempre nos sucede lo +mismo en las casas. + +DON LORENZO. + +(_Aparte, con extrañeza_). ¡En las casas! + +BENITO. + +(_Fijando su vista casi por primera vez en don Lorenzo, y después +volviendo a mirar de frente_). Será la hija de ese pobre señor, ¿eh? + +DON LORENZO. + +¿De quién? + +BENITO. + +(_Sin mirarle_). Del que está... (_Hace un movimiento, llevándose la +mano a la frente, pero sin mirar a don Lorenzo. Don Lorenzo hace a la +vez otro movimiento de sorpresa que solo el actor puede interpretar +debidamente. Como ninguno de los loqueros le mira, no pueden +observarlo_). + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). ¡Ah!... ¡No!... ¡Qué idea! (_En voz alta y dominándose_). +Justo. Inés es la hija de... (_Desde este momento Lorenzo los observa +con creciente ansiedad_). + +BENITO. + +¡Qué hermosa es! Pero ¡qué triste está! + +BRAULIO. + +¡Ya! Motivos tiene para estar triste. + +DON LORENZO. + +¿Ustedes saben?... + +BRAULIO. + +Todo. (_Mirando otra vez a don Lorenzo y luego separando la vista_). + +DON LORENZO. + +¿Don Tomás les ha dicho?... + +BENITO. + +¿A nosotros? No. + +BRAULIO. + +Él habló con el doctor. + +BENITO. + +¿A nosotros? ¿Con qué objeto? Nosotros en cumpliendo con nuestra +obligación... + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). (Siento un sudor frío, como sudor de muerte por todo +mi cuerpo. Yo deliro... Nada de esto es verdad). (_Repitiendo +maquinalmente_). Con su obligación... + +BRAULIO. + +Nosotros en estando a la mira por si se desmanda... + +DON LORENZO. + +Por si se desmanda... ¿Quién? + +BRAULIO. + +¡Él! + +DON LORENZO. + +(_Retrocede unos pasos, mirándolos con terror: se pasa la mano por la +frente como para desechar una idea: retrocede más, vacila y se apoya +en la mesa. Después habla con voz opaca, muy baja y cortando las +palabras_). ¿Conque ustedes lo saben todo? + +BRAULIO. + +Casi todo. + +BENITO. + +Como hace tanto que esperamos, hemos oído las conversaciones de los +criados. + +DON LORENZO. + +¿Y ellos?... + +BRAULIO. + +De pe a pa. Parece que anteanoche tuvo don Lorenzo un ataque. Usted lo +sabrá mejor que nosotros. + +DON LORENZO. + +Sí. (_Con voz cada vez más apagada y más sombría_). + +BENITO. + +Dícese que ahogó a una pobre anciana. (_Lorenzo hace un movimiento de +horror y de nuevo se cubre el rostro con las manos_). + +BRAULIO. + +¡Vaya con el hombre! ¡Bien empieza! Y claro... Siempre sucede lo +mismo... La familia... + +DON LORENZO. + +¡La familia! (_Separando las manos, dando unos pasos como movido por +una sacudida eléctrica, mirándolos con suprema ansiedad y hablando con +voz sorda_). + +BRAULIO. + +¡Pues! La familia..., es natural... Como que dicen que quería regalar +toda su fortuna; ¡qué sé yo cuántos millones! ¡Diablo de loco! Nada: lo +mejor es lo que han dispuesto: fuera, fuera. Nos lo llevamos y quedan +las señoras tranquilas. + +DON LORENZO. + +¿A mí?... ¡¡Ellas!!... ¿Ángela?... ¿Inés?... ¡No!... ¡No!... +¡Imposible! (_Retrocede de nuevo hacia la izquierda. Solo el talento +del actor puede interpretar estos gritos desgarradores_). + +BRAULIO. + +(_Volviéndose hacia don Lorenzo. Aparte_). Pero ¿qué tiene este señor? +Mira..., mira... (_A Benito. Ambos loqueros se incorporan un tanto y se +inclinan hacia la izquierda, mirando con curiosidad a don Lorenzo: debe +estudiarse con cuidado el grupo que formen dichos personajes_). + +DON LORENZO. + +¡Aire!... ¡Luz!... No..., ¡luz no! ¡Tinieblas!... ¡No quiero ver!... +¡No quiero pensar! (_Cae en el sillón y hunde la cabeza entre las +manos_). + +BENITO. + +¡Toma!... ¿Si yo creo que es?... + +BRAULIO. + +¡Buena la hicimos! + +BENITO. + +¡Quién pensara!... + +BRAULIO. + +Volvámonos a nuestro escondite. + +BENITO. + +¡Y chitón! No digamos nada. (_Se levantan y con mucha precaución y +observando a don Lorenzo sin cesar, se dirigen al gabinete_). + +BRAULIO. + +Claro: ni una palabra. Nos mandaron que ahí; pues ahí. No debimos +movernos. + +BENITO. + +Como se oían gritos y llantos... (_Llegan a la puerta, se detienen y +miran a don Lorenzo, que sigue en la misma actitud. Un criado entra +por el fondo, pasa rápidamente y sale por la derecha_). Déjale... +Déjale... Mientras esté tranquilo... (_Entran en el gabinete y cierran +la puerta_). + + +ESCENA X. + +DON LORENZO, DON TOMÁS con el CRIADO por la derecha. + + +DON LORENZO. + +¡Dios mío! ¡Aparta el cáliz de mis labios!... ¡No puedo más, no puedo +más!... ¡Si es que no puedo más! (_Solloza con desesperación_). +¡Me hiciste creer en ellas, me hiciste amarlas!... ¡Y ellas, las +traidoras!... ¡No!... ¡No! ¡Señor, me has dado la vida, quítamela, +pronto... pronto!... ¡Mira, Dios mío, que me asalta horrible tentación +de arrancar con mis propias manos la podrida vestidura de mi carne! +¡Morir..., quiero morir!... ¿Lo ves?... ¡De rodillas te lo pido!... +¡De rodillas!... ¡Sé bueno!... ¡Sé compasivo!... ¡La muerte!... ¡La +muerte!... ¡La muerte a mí, pálida mensajera de tu amor! (_Cae de +rodillas junto al sillón, y apoyándose en él, dobla la cabeza y oculta +el rostro en las manos_). + +DON TOMÁS. + +(_En voz baja al Criado_). ¿Vienen ambos? + +CRIADO. + +(_Lo mismo a Tomás_). Sí señor, el escribano y el doctor Bermúdez. +(_Don Tomás y el Criado se detienen en el centro al reparar en don +Lorenzo, que sigue de rodillas y sollozando_). + +DON TOMÁS. + +¡Infeliz! (_Dando un paso hacia don Lorenzo: luego se arrepiente y se +dirige al fondo_). ¿Para qué? Terminemos pronto. (_Salen don Tomás y el +Criado_). + + +ESCENA XI. + +DON LORENZO, después DON TOMÁS y el DOCTOR BERMÚDEZ. + +Pausa. + + +DON LORENZO. + +¡Ya estoy más tranquilo! ¡La herida es mortal! ¡La siento... aquí en el +corazón! ¡Gracias, Dios bueno! (_Don Tomás y el doctor entran por el +fondo y se detienen observando a don Lorenzo_). + +DON TOMÁS. + +Mírelo usted, allí..., junto al sillón. + +DOCTOR. + +¡Desgraciado! + +DON LORENZO. + +(_Levantándose y aparte_). ¡Ah, ser miserable! Todavía..., todavía... +acariciando esperanzas imposibles... ¿Imposibles?... ¿Y si ellas +creen de buena fe que yo?... ¡Ah, si me amasen, no lo creerían! (_Con +desesperación. Pausa_). Yo le oí a Inés..., a la hija de mi alma..., +decir: «¡Remordimientos!» ¿Por qué decía remordimientos? (_Con +agitación creciente y hablando en voz alta_). ¡Todos..., todos... +miserables!... Casi se alegrarían de que yo muriese... No..., no moriré +hasta cumplir mi obligación de hombre honrado; hasta dar desenlace a mi +locura. + +DON TOMÁS. + +(_Poniéndole una mano en el hombro_). Lorenzo. + +DON LORENZO. + +(_Volviéndose, y al reconocerle retrocediendo con disgusto_). ¡Él! + +DON TOMÁS. + +Te presento al señor de Bermúdez, uno de mis mejores amigos. (_Pausa. +Don Lorenzo mira a los dos de un modo extraño_). + +DOCTOR. + +(_A Tomás en voz baja_). Vea usted cómo procura dominarse: él tiene +conciencia vaga de su situación: no me queda duda. + +DON LORENZO. + +Uno de tus mejores amigos..., uno de tus mejores amigos. + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Se le escapa la idea y se afana por retenerla. + +DON LORENZO. + +Pues si es uno de tus mejores amigos, de su lealtad me responde la +tuya. (_Con ironía_). + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Al fin encontró la frase; pero vea usted qué +entonación tan poco natural. (_En voz alta_). Vengo a ser testigo, +según me afirma Tomás, de un nobilísimo rasgo. + +DON LORENZO. + +Y además de una indigna traición. + +DON TOMÁS. + +Lorenzo... + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Déjele usted decir. + +DON LORENZO. + +Y de un ejemplar castigo. + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Muy grave, amigo don Tomás..., muy grave. + +DON LORENZO. + +Avisa a todos... (_A Tomás_), a todos; a propios y extraños. Que vengan +aquí; y que esperen aquí mis órdenes mientras yo cumplo allá mi deber. +¿A qué aguardas? + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). No hay que contradecirle: avise usted. (_Tomás toca +un timbre, aparece un criado, a quien habla en voz baja y el cual luego +sale por la derecha_). + +DON LORENZO. + +Es la última prueba: casi me inspiran lástima los traidores. ¡Ah!, la +seguridad del triunfo me sostiene. Calma, corazón. Ya están..., ya +están... No quiero verlas... ¡A mí que tanto las amaba!... No quiero... +¡Y a ellas se tornan mis ojos..., y las buscan..., y las buscan!... + + +ESCENA XII. + +DON LORENZO, DON TOMÁS, el DOCTOR. Por la derecha ÁNGELA, INÉS, DUQUESA +y EDUARDO. + + +DON LORENZO. + +¡Inés! ¡No es posible! ¡Ella! ¡No es posible!... ¡Hija mía! (_Se +precipita con los brazos abiertos hacia ella. Inés corre a su +encuentro_). + +INÉS. + +¡Padre! (_Al ir a abrazarla, se interpone Bermúdez que los separa +violentamente_). + +DOCTOR. + +¡Eh!..., vamos..., don Lorenzo, puede usted causar mucho daño a su hija. + +DON LORENZO. + +(_Cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con violencia_). +¡Miserable!... ¿Quién eres tú para separarme de ella? + +DON TOMÁS. + +¡Lorenzo! + +EDUARDO. + +¡Don Lorenzo! + +ÁNGELA. + +¡Dios mío! (_Las mujeres se agrupan instintivamente. Inés, en los +brazos de su madre; la Duquesa, junto a las dos. Tomás y Eduardo acuden +a librar a Bermúdez de las manos de don Lorenzo_). + +DON LORENZO. + +(_Dominándose, aparte_). ¡Ya!... Pensarán los imbéciles que es un nuevo +acceso de locura. ¡De locura! ¡Ja, ja, ja! (_Riendo con carcajada +contenida. Todos le observan_). + +DOCTOR. + +(_Aparte a Tomás_). Evidente. + +ÁNGELA. + +(_Aparte_). ¡Ah, mi pobre Lorenzo! + +INÉS. + +(_Aparte_). ¡Ah, padre mío! + +DON LORENZO. + +(_Aparte_). Ya veréis cómo acaba mi locura. Antes de salir de esta +casa con qué placer arrojaré a ese Doctor. ¡Ánimo! La lucha me da +fuerzas. ¿Pues qué? ¿No hay más que declarar loco a un hombre porque +cumple con su deber? ¡Ah!..., no es posible. La humanidad no es tan +ciega o tan infame. ¡Basta ya! ¡Calma! Traición, empieza tú; y empieza +tú, castigo. (_En voz alta_). Ha llegado la hora de que cumpla un +deber sagrado, aunque por todo extremo doloroso. Inútil es que ustedes +presencien formalidades que la ley exige, y que fueran harto molestas. +El representante de la ley allí me espera, y yo, cumpliendo otra ley +más alta, voy a despojarme de bienes que no son míos, y de un nombre +que en conciencia ni yo puedo llevar, ni puede llevar mi familia. +Después vendré aquí, y con mi esposa, y con mi..., con mi hija, sin que +nadie me lo pueda impedir, sin que podáis resistirme vosotras, saldré +de esta casa que fue para mí pasado de amor y de felicidad; que es hoy +presente de traición y de infamia. Señores (_A Tomás y Bermúdez_), +ustedes me preceden: yo se lo ruego. (_Entran todos lentamente en el +gabinete de la izquierda. Al salir dirige Lorenzo una última mirada a +Inés_). + + +ESCENA XIII. + +ÁNGELA, INÉS, DUQUESA, EDUARDO. + +Las tres mujeres en primer término. Eduardo, escuchando en la puerta +del gabinete. + + +INÉS. + +¡Dios mío, sálvale! + +ÁNGELA. + +(_Abrazando a su hija_). Sí, tienes razón. Pensemos solo en él; pidamos +solo por él. + +DUQUESA. + +Deber sagrado es en ustedes anteponer a su dicha la de don Lorenzo; +pero en todo caso obligación no menos sagrada es conformarse con una +más alta voluntad que la nuestra. (_Pausa_). + +INÉS. + +(_A Eduardo_). ¿Qué dice?... ¡Por Dios!... ¿Qué dice? + +EDUARDO. + +Está hablando: su frase es fría y severa, pero sin vacilaciones ni +ambigüedades. (_Eduardo vuelve a la puerta_). + +ÁNGELA. + +¡Qué angustia, qué ansiedad! ¡La muerte es preferible a este suplicio! + +INÉS. + +¿Y qué importa lo que diga mi pobre padre si de antemano está juzgado? + +ÁNGELA. + +No, hija mía; no digas eso. + +INÉS. + +Sí: lo digo porque yo lo siento; porque yo lo veo en los que son ahora +sus jueces. + +ÁNGELA. + +Pero ¿qué ves? + +INÉS. + +En esa gente, la monomanía del oficio... + +ÁNGELA. + +¿Y en Tomás? + +INÉS. + +Sus opiniones científicas..., qué sé yo..., sus propias locuras... + +ÁNGELA. + +¿Pero en mí?... + +INÉS. + +(_Abrazándose a ella_). ¡El amor que me tienes! + +ÁNGELA. + +¡Calla, Inés, calla! + +INÉS. + +¡Todos contra mi padre! ¡Pobre padre mío! + +DUQUESA. + +Usted delira, Inés. + +INÉS. + +Sí, deliro: como usted y como todos nosotros, ¡menos él..., menos +él!... ¡Me lo dice el corazón! Usted misma, señora, lo que desea es +la felicidad de Eduardo; y Eduardo, mi amor; y su amor, yo; y mi +padre, su virtud, su honradez son obstáculos para todos nosotros, y en +todos nosotros se agita algo oscuro que envuelve en sombras nuestras +conciencias. ¡Padre mío! ¡Padre mío! + +ÁNGELA. + +¡Por Dios, Inés, qué ideas! + +INÉS. + +¿Qué dice?... ¿Qué dice? ¡Oigo su voz! + +EDUARDO. + +(_Acercándose_). Habla de una prueba terminante. + +INÉS. + +¡Ojalá! (_A Eduardo_). ¿Y ahora? + +EDUARDO. + +Le exigen la presentación de la prueba para que conste en el acta y +para su entrega al juez. + +ÁNGELA. + +¿Y él?... + +EDUARDO. + +Él sonríe con sonrisa de triunfo. Está pálido, muy pálido; pero +sereno y digno. Aquí se acerca... (_Viene Eduardo al proscenio y dice +aparte_): (¡Este hombre me da miedo!) + +INÉS. + +(_Aparte_). ¡Ojalá..., aunque muera mi amor! + +ÁNGELA. + +(_A la Duquesa_). ¿Será verdad? + +DUQUESA. + +(_A Ángela_). ¿Será verdad? + +EDUARDO. + +(_Aparte, viendo entrar a don Lorenzo_). ¡Ah! ¡Seré yo el insensato!... + + +ESCENA XIV. + +ÁNGELA, INÉS, DUQUESA, EDUARDO, DON LORENZO, DOCTOR, DON TOMÁS. + +La situación de los personajes es la siguiente: las tres mujeres, +formando un grupo, estrechamente unidas junto al sofá, en el cual se +apoyan: Eduardo, detrás del sofá, mirando a don Lorenzo, con temor y +como dominado por él: don Lorenzo, avanzando tranquilo y altivo hacia +el centro del escenario. Tomás y Bermúdez vienen detrás de él y se +detienen a algunos pasos de la puerta. + + +DON LORENZO. + +(_Acercándose a la mesa y poniendo la mano con aire de triunfo sobre el +pupitre_). Aquí está la prueba... Aquí está la verdad. (_Pausa. Abre +el pupitre y saca el sobre con el pliego en blanco. Después avanza +hacia el proscenio: Tomás y Bermúdez por un lado, Eduardo por otro, +se aproximan a él_). ¡Desdichados los que imaginaban sacrificarme a +su interés o a su pasión! ¡Cuán amargo será el desengaño! ¡Cuán cruel +será el castigo! ¡Ojalá pueda mitigarlo mi perdón! (_Profundamente +conmovido_). + +ÁNGELA. + +(_Acercándose_). ¡Lorenzo! + +INÉS. + +¡Padre! + +DON LORENZO. + +¡Esta es la prueba, Tomás: esta es la prueba, Ángela: esta es la +prueba, hija mía! Oíd. (_Pausa. Don Lorenzo rompe el sobre. Todos se +acercan a él y le rodean_). Esta es... ¡Qué es esto! (_Separando el +papel de sus ojos y pasando por ellos la mano_). ¿Qué sombras empañan +mis ojos?... ¿Hay lágrimas en ellos y me impiden ver?... ¡No!... +Antes lloré... Ahora no estoy llorando. (_Vuelve a mirar el papel con +horrible ansiedad, lo extiende, lo vuelve, busca por todas partes lo +escrito_). Pero ¿dónde está lo que escribió aquella mujer?... Si yo lo +he leído mil veces... Y ahora no puedo... (_A Tomás, mostrándole el +papel_). ¿Qué dice aquí?... Lee..., lee pronto... Pero ¿qué dice? + +DON TOMÁS. + +Nada, pobre Lorenzo. + +DON LORENZO. + +¡Nada!... (_Mirando otra vez el papel_). ¡Me engañas! Bermúdez, ese +me engaña. ¡Es uno de los miserables que han urdido esta infame +traición!... Lea usted..., lea usted... + +DOCTOR. + +Está en blanco el papel. + +DON LORENZO. + +¡No hay nada escrito! ¿Dice usted que no hay nada escrito? No es +verdad..., no..., no es verdad. ¡Inés, hija mía, mi único amor, ven, +salva a tu padre!... ¿Qué dice aquí? + +INÉS. + +¡Nada veo, padre mío! + +DON LORENZO. + +Nada... Tampoco ella... Pero esto ¿no es una prueba? + +DON TOMÁS. + +Sí, desdichado amigo..., una prueba... y harto cruel. + +DON LORENZO. + +(_Dándose una palmada en la frente_). ¡Ah, lo comprendo! (_Mirando +a Tomás y a Ángela_). ¡Antes hablaban de una prueba!... ¡Tú!... ¡Y +tú! (_A Ángela y a Tomás_). ¡¡La quitaron de allí!!... ¡¡Jesús!!... +¡¡Jesús!! (_Se aparta de ellos con horror: todos se separan de él, +que de este modo queda en el centro, pero un poco aislado. El actor +interpretará este momento como crea oportuno. Pausa_). ¡Sea!... +¡Sea!... ¡Vencido!... ¡Miserablemente vencido! ¡Cómo se gozan en su +triunfo! ¡Con qué hipócrita dolor me contemplan! ¡Y fingen que lloran! +¡Todos lo fingen! (_Pausa_). ¡Ay..., mi corazón! ¡Ay..., ilusiones +de la vida!... ¡Ay..., el amor!... ¡Ay..., mi hija!..., ¡mi hija!... +¡Fantasmas que giran y huyen..., huid para siempre!... ¡Y yo creía +en todo! ¡Qué azul era el cielo! ¡Qué blanca la frente de Inés!... Y +ahora ¡en qué voy a creer! Ya lo veis: no lucho. Cedo: vuestra es la +victoria. Aquellos hombres ¿para qué han venido si yo no resisto? Iré +a donde queráis. ¡Adiós!... (_A Tomás que se le acerca y le coge la +mano_). ¡No me toques! ¡Cuando la piel humana me roza, me parece que +sobre mi carne deslizan víboras! Yo solo..., solo, subiré a mi calvario +con la cruz de mis dolores, sin infame cirineo que me ayude. Adiós, +amigo leal (_Siempre a Tomás_), tú que has salvado la fortuna de esta +desconsolada familia de entre las manos de un loco. Adiós, Ángela..., +mi tierna esposa... ¡Veinte años hace que te di, loco de amor, el +primer beso! ¡Hoy, también loco, te envío el último! (_Le envía un beso +con un grito de horrible desesperación_). + +ÁNGELA. + +¡Lorenzo! + +DON LORENZO. + +¡Pero no te acerques, que pudiera ahogarte entre mis brazos! (_Ángela +retrocede_). Adiós, Inés, hija mía... (_Con voz llorosa_). Si +puedes..., sé feliz... A ti nada te digo... No puedo hablarte con +enojo. (_Da algunos pasos y se detiene falto de fuerzas: quieren +acercarse a él, pero los rechaza_). Dejadme: no necesito a nadie. El +sudor empapa mi frente, y la sed seca mis labios, y algo que quema +mucho me hincha los párpados. (_Deteniéndose_). Oye..., Inés..., ¡hija +mía! ¡Si aún me conservas algún amor; si por ventura sientes compasión +hacia tu padre; si te pesa lo que entre todos habéis hecho..., ven por +última vez a mis brazos! ¡Que yo lleve a ese infierno de dolor que me +aguarda una lágrima de tus ojos en mi frente y un beso de tus labios en +mis labios! + +INÉS. + +¡Padre! (_Quieren sujetarla, pero se desprende de todos y corre hacia +don Lorenzo, que se precipita hacia ella y la oprime frenético contra +su pecho_). + +DON LORENZO. + +¡Hija! (_Todos se precipitan hacia ellos, pero sin pretender separarlos +todavía_). + +INÉS. + +¡No!... Que no te lleven. ¡Yo te amo!... ¡Todos mienten menos tú! + +DON LORENZO. + +¿Tú no quieres que me lleven aquellos hombres? + +INÉS. + +No..., no... Defiéndete... ¡Defiéndeme a mí!... + +DON LORENZO. + +Sí... Yo te defenderé... Que te arranquen de mis brazos. (_Quiere huir +con ella, oprimiéndola contra su pecho_). + +ÁNGELA. + +¡Mi hija!... ¡Mi hija!... ¡Socorro! (_Eduardo, Tomás y Bermúdez pugnan +por separar al padre de la hija_). + +DON LORENZO. + +¡No la soltaré!... ¡Eternamente contra mi pecho! + +INÉS. + +¡Sí, sí, padre mío! ¡Defiéndeme! + +DOCTOR. + +Es preciso. + +EDUARDO. + +¡Don Lorenzo! + +DON TOMÁS. + +¡Lorenzo! + +DUQUESA. + +¡Dios mío! ¡Va a matarla como mató a Juana! + +ÁNGELA. + +¡Inés! (_Todos estos gritos casi simultáneos: la lucha, rápida: los +loqueros salen. Por último, los hombres sujetan a don Lorenzo y las dos +mujeres contienen a Inés, arrancando de este modo a viva fuerza a la +hija de los brazos del padre_). + +EDUARDO. + +¡Al fin! + +INÉS. + +¡Padre! (_Tendiendo hacia él los brazos_). + +DON LORENZO. + +No he podido más, hija..., no he podido más... Aquí sobre mi rostro +siento tus lágrimas y tus besos... Ella me amaba..., era inocente... +¡Dios mío, ya lo veo, tú aceptaste mi martirio en aquella noche de +lucha y de tentación a cambio de su dicha! ¡No me arrepiento! ¡Hazla +dichosa..., muy dichosa!..., ¡y para mí..., para mí solo su cáliz de +amargura!... + +INÉS. + +¡Adiós! ¡Yo iré a salvarte! + +DON LORENZO. + +¡Qué podrás tú..., hija mía..., si Dios no me salva! (_Queda cerca del +gabinete entre los loqueros, Eduardo, Tomás y Bermúdez, que le sujetan. +Inés, en primer término tendiendo hacia él los brazos_). + + +FIN DEL DRAMA. + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76631 *** diff --git a/76631-h/76631-h.htm b/76631-h/76631-h.htm new file mode 100644 index 0000000..b9a76af --- /dev/null +++ b/76631-h/76631-h.htm @@ -0,0 +1,6236 @@ + + + + + + O locura o santidad | Project Gutenberg + + + + + + +
*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76631 ***
+
+ +
+
+

Índice:

+

+ Reparto,  + Acto primero,  + Acto segundo,  + Acto tercero. +

+
+ +
+

Nota de transcripción

+
    +
  • Los errores de imprenta han sido corregidos.
  • + +
  • La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con + las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
  • + +
  • Las abreviaturas y los nombres de los personajes han sido expandidos + para mayor facilidad de lectura.
  • + +
  • Las páginas en blanco han sido eliminadas.
  • +
+
+ + +
+
+
+ Cubierta del libro +
+
+ + +
+
+

p. 1

+

O LOCURA O SANTIDAD

+
+
+ + +
+

p. 3

+

O LOCURA O SANTIDAD,

+

DRAMA

+

EN TRES ACTOS Y EN PROSA,

+

POR

+

José Echegaray.

+

Estrenado en Madrid, en el Teatro Español,
+ el 22 de enero de 1877.

+
+

MADRID:

+

Imprenta de José M. Ducazcal.

+

Plaza de Isabel II, núm. 6.

+

+

1877.

+
+ +
+ + +
+ +
+ +

p. 4Esta obra es + propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla ni + representarla en España y sus posesiones de Ultramar, ni en los países + con los cuales haya celebrados o se celebren en adelante tratados + internacionales de propiedad literaria.

+ +

El autor se reserva el derecho de traducción.

+ +

Los comisionados de la Galería Lírico-Dramática, titulada El + Teatro, de DON ALONSO GULLÓN, son los exclusivamente encargados + de conceder o negar el permiso de representación y del cobro de los + derechos de propiedad.

+ +

Queda hecho el depósito que marca la ley.

+ +
+
+ +
+ + +
+

p. 5

+

AL EMINENTE ACTOR

+

Don Antonio Vico.

+
+ +

Cumplo deber ineludible, ejerzo acto de justicia y procuro dar +público testimonio de cuánto admiro su gran talento y su inagotable +inspiración, dedicando a Usted esta obra que fue la elegida para su +beneficio y en que a tal altura raya Usted.

+ +

Usted, que desde mi primer ensayo en El libro talonario, ha +venido ganándome aplausos y triunfos; Usted, que ha sido sucesivamente +sobre la escena: el don Carlos de Quirós de La esposa del +vengador, el Banquero de aquel epílogo de La última noche, +el Fernando de En el puño de la espada, el Pablo de Cómo +empieza y cómo acaba y el Lorenzo de O locura o santidad, +bien merece, y es harto humilde recompensa, ya lo conozco, a cambio +de tantos y tantos arranques sublimes, de tantos y tantos gritos +desgarradores, de tantas maravillas de expresión, esta muestra de mi +gratitud, de mi admiración y de mi amistad.

+ +

Echegaray.

+ +
+ + +
+

p. 6

+ + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + + +
PERSONAJES. ACTORES.
DON LORENZO DE AVENDAÑO[1]SeñorVico (Don Antonio).
ÁNGELASeñoraMarín.
INÉSSeñoritaContreras.
LA DUQUESA DE ALMONTESeñoraFenoquio.
EDUARDOSeñorCalvo.
JUANASeñoritaBoldún.
DON TOMÁSSeñorOltra.
EL DOCTOR BERMÚDEZSeñorBenavides.
BRAULIOSeñorRiquelme.
BENITOSeñorRomea.
UN CRIADOSeñorCastro.
+ + +

La escena, en Madrid, en casa de Don Lorenzo. — Época moderna.

+ +
+ +
+ +

[1]Por +enfermedad del señor Vico se encargó a la quinta representación del +papel de don Lorenzo el Señor Cepillo.

+ +
+ +
+ + +
+

p. 7

+

ACTO PRIMERO.

+
+
+ +

La escena representa el despacho de don Lorenzo: +forma octógona. — A la izquierda del espectador, y en primer término, +una chimenea encendida: encima un gran espejo de marco negro: en +segundo término, una puerta. — A la derecha, en primer término, otra +puerta; en segundo término, una ventana. — En el fondo, la puerta +principal. — En los dos chaflanes o lados oblicuos del octógono, +grandes estantes con libros. — A la izquierda, una mesa de despacho +con pupitre y sillón. — A la derecha, un sofá. — Sobre algunas sillas, +sobre la mesa, en las repisas de los estantes y en las paredes, libros +y objetos artísticos en confusión, pero sin que aparezca recargado +el conjunto. — El adorno, elegante y rico, pero de gusto muy severo: +cortinajes y muebles oscuros. — Es día de invierno: la luz muy +escasa.

+ + +

ESCENA PRIMERA.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sentado a la mesa y leyendo atentamente.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

«Las misericordias, respondió don Quijote, sobrina, son +las que en este instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, +no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las +sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga +y continua leyenda de los detestables libros de caballerías. Ya conozco +sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño +ha llegado tan tarde que no me deja tiempo para p. 8hacer alguna recompensa leyendo otros que sean +luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; querría hacerla +de tal modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala +que dejase renombre de loco; que puesto que lo he sido, no querría +confirmar esta verdad con mi muerte». (Suspende la lectura y queda +pensativo largo rato). ¡Locura luchar sin tregua ni reposo por la +justicia en esta revuelta batalla de la vida, como luchaba en el mundo +de sus imaginaciones el héroe inmortal del inmortal Cervantes! ¡Locura +amar con amor infinito, y sin alcanzarla jamás, la divina belleza, como +él amaba a la Dulcinea de sus apasionados deseos! ¡Locura ir con el +alma tras lo ideal por el áspero y prosaico camino de las realidades +humanas, que es tanto como correr tras una estrella del cielo por entre +peñascales y abrojos! Locura es, según afirman los doctores; mas tan +inofensiva, y, por lo visto, tan poco contagiosa, que para atajarla no +hemos menester otro Quijote. (Pausa. Después se levanta, viene al +centro del escenario, y de nuevo se queda pensativo).

+ + +

ESCENA II.

+ +

Don Lorenzo, doña Ángela, don Tomás.

+ +

Los dos últimos se detienen en la puerta de la +derecha, primer término, y desde allí, medio ocultos por el cortinaje, +observan a don Lorenzo. Este en el centro y volviéndoles la espalda.

+ +

Ángela.

+ +

¿Le ve usted? Como siempre; leyendo y pensando.

+ +

Don Tomás.

+ +

Ángela, su esposo de usted es todo un sabio; pero no +abusemos de la sabiduría. Si la cuerda, cuanto más tensa, da sonidos +más agudos, también con mayor facilidad se rompe; y al romperse, a la +divina nota, sucede un eterno silencio. Mientras el cerebro se agita +p. 9en sublimes espasmos, la +locura acecha: no lo olvide usted. (Pausa).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Extraño libro, libro sublime! ¡Cuántos problemas puso +Cervantes en ti, quizá sin saberlo! ¿Loco tu héroe? Loco, sí: loco. +(Pausa). El que no oyera más que la voz del deber al marchar por +la vida; el que en cada instante, dominando sus pasiones, acallando +sus afectos, sin más norte que la justicia ni más forma que la verdad, +a la verdad y la justicia acomodase todos sus actos, y con sacrílega +ambición quisiera ser perfecto como el Dios de los cielos..., ese, ¡qué +ser tan extraño sería en toda sociedad humana! ¡Qué nuevo don Quijote +entre tanto y tanto Sancho! Y al tener que condenar en uno el interés, +la vanidad en otro, la dicha de aquel, los desordenados apetitos de +este, las flaquezas de todos, ¡cómo su propia familia, a la manera +del ama y la sobrina del andante caballero; cómo sus propios amigos, +de igual suerte que el cura y el barbero y Sansón Carrasco; cómo +jayanes y doncellas, y duques y venteros, y moros y cristianos a una +voz le declararan loco, y por loco él mismo se tuviera, o al morir lo +fingiría, porque le dejasen al menos morir en calma!

+ +

Don Tomás.

+ +

(Acercándose a don Lorenzo y poniéndole una mano en +el hombro. Doña Ángela se acerca también). Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Volviéndose). Tomás... Ángela... ¿Estabais +ahí?

+ +

Don Tomás.

+ +

Sí, escuchábamos a medias tu filosófico monólogo. ¿Y a +cuenta de qué son esos sublimes desahogos de mi buen amigo?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Lecturas del don Quijote, que se me suben a la cabeza y +allá se mezclan con otras modernas filosofías, que andan vagando, como +diría mi empedernido doctor, por las celdillas de la sustancia gris.

+ +

Don Tomás.

+ +

Como diría todo el que quisiera decir algo puesto en +razón.

+ +

p. 10

+ +

Ángela.

+ +

¡Qué espanto! ¿Van ustedes a empezar una de esas +interminables disputas sobre el positivismo y el idealismo y todos los +demás ismos del diccionario, que son otros tantos abismos del +sentido común?

+ +

Don Tomás.

+ +

No se alarme usted, Ángela, que algo más interesante +tengo que decir a Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y algo más urgente tengo yo también que preguntarte. +(A Tomás).

+ +

Ángela.

+ +

Ya lo creo: más interesante y más urgente que los +disparates y embelecos de que se llenan ustedes la cabeza, es la salud +de nuestra niña.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Cómo encuentras hoy a la hija de mi vida? (Con +afán).

+ +

Ángela.

+ +

¿Cómo está Inés? (Pausa).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Vamos!... ¡Responde!... ¡No nos tengas en esta +ansiedad! (Nueva pausa. Don Tomás mueve la cabeza con aire de +disgusto).

+ +

Ángela.

+ +

¡Don Tomás, por Dios! ¿Peligra acaso?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué dices, mujer! No pronuncies esa palabra.

+ +

Don Tomás.

+ +

Alto, alto. ¡Qué de prisa van ustedes! Es cosa grave, no +lo niego.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué dices!

+ +

Ángela.

+ +

¡Qué dice usted!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Cuál es su enfermedad? ¿Qué nombre tiene?

+ +

Ángela.

+ +

¿Cómo se cura? Porque debe curarse de algún modo. Es +preciso, Tomás, es preciso que usted salve a mi hija.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Cuál es su enfermedad? Una de las que causan más +estragos entre los vivientes. ¿Qué nombre tiene? Amor, le llaman los +poetas: nosotros los médicos le damos otro nombre. ¿Cómo se cura? Hoy +por hoy con el cura; y es tan probado específico, que al mes de haberlo +usado ni memoria queda en ambos cónyuges de la fatal dolencia.

+ +

Ángela.

+ +

¡Qué bromas tiene usted, don Tomás! Me ha dejado usted +sin gota de sangre en las venas.

+ +

p. 11

+ +

Don Tomás.

+ +

Ello es que hablando seriamente, y dadas las condiciones +de esa niña, su temperamento nervioso, su sensibilidad extrema y ese su +romántico amor, la dolencia es grave; y si no se busca pronto remedio +en la dulce calma de la vida conyugal, Ángela, amigo mío, me duele +decirlo, pero el deber me lo ordena, no cuenten con Inesita. (Con +seriedad).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Tomás!

+ +

Ángela.

+ +

¿Usted cree?...

+ +

Don Tomás.

+ +

Creo que Inés ha heredado la imaginación exaltada y +fantástica de su padre; que hoy la fiebre del amor circula por todas +sus venas en olas de fuego. Y si no la casan ustedes, y muy pronto, +con Eduardo; si ella llega a comprender que sus esperanzas no han de +realizarse, los delirios de su fantasía y las violencias de su pasión, +aunque no sé en qué forma, sé por desdicha que han de herirla de +muerte.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Dios mío!

+ +

Ángela.

+ +

¡Hija mía!

+ +

Don Tomás.

+ +

Ya saben ustedes mi opinión: opinión expuesta sin rodeos +ni ambages, cual lo exige lo urgente del caso, y con la lealtad a +que me obligan el cariño que nos une y el que profeso a esa inocente +niña.

+ +

Ángela.

+ +

(A Lorenzo con tono resuelto). Tú lo has oído: es +preciso que Inesita y Eduardo se casen.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Bien lo quisiera, Ángela. Eduardo es bueno, es +inteligente, quiere a nuestra hija con delirio; pero...

+ +

Ángela.

+ +

Pero ¿qué? ¿Que no somos nobles y que la madre de +Eduardo, la duquesa viuda de Almonte, se opone a esta unión? Y ¿qué +importa si él quiere, y no es ella la que ha de casarse?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ángela, piénsalo bien; ¡dar pábulo nosotros a la +rebeldía del hijo contra la madre!...

+ +

Ángela.

+ +

Piénsalo bien, Lorenzo; ¡sacrificar nuestra hija a las +vanidades de esa mujer!

+ +

p. 12

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Lamentar vanidades y desdichas, cosa fácil me parece: +buscar remedio al daño es lo que importa.

+ +

Ángela.

+ +

¿Por qué no hablar a la duquesa? Dicen que, aparte de +sus preocupaciones aristocráticas, es buena mujer, y que con delirio +quiere a su Eduardo. Vas allá y le suplicas y le ruegas...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Yo suplicar! ¡Yo rogar! ¡Humillarme yo! No soy yo +ciertamente quien ha de ir a pedirle su hijo: ella es la que debe venir +a mi casa a pedirme la mano de Inés. Las conveniencias sociales, el +respeto a la mujer, mi propio decoro así lo exigen.

+ +

Ángela.

+ +

Aquí tiene usted al filósofo, al sabio, al hombre +perfecto, rebosando vanidad y orgullo. (Dirigiéndose a don Tomás, +que se habrá acercado a la mesa y estará hojeando libros).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ángela, eres injusta: no es orgullo, es dignidad. +Dignidad, sí; porque no es decoroso que mendiguemos para la frente de +Inés, que en sí lleva la mejor corona, la corona ducal que desdeñosa +nos niega otra familia; no es decoroso, repito, que vayamos de puerta +en puerta, y menos si en sus dinteles hay labrados blasones, tendiendo +la mano para que nos hagan la limosna de un nombre, cuando Inés tiene +el mío, tan bueno, por limpio y por honrado, como otro cualquiera que +lo sea mucho.

+ +

Don Tomás.

+ +

Lorenzo tiene razón; pero usted, Ángela, también la +tiene.

+ +

Ángela.

+ +

Pues bien, no vayas tú; conserva incólume tu dignidad de +sabio y de filósofo. Yo, que no soy más que una pobre madre, yo iré. A +mí no me causa sonrojo ir de puerta en puerta mendigando, no coronas ni +blasones, sino la felicidad y la vida de mi hija.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ni a mí tampoco, Ángela: tienes razón. Diga el mundo lo +que quiera, piense lo que pensare la duquesa, iré. ¿No es verdad que +debo ir? Tú que tienes un criterio recto y severo, y que juzgas de las +cosas a sangre p. 13fría, +dime tu opinión con franqueza. (A Tomás).

+ +

Ángela.

+ +

¡Ah! ¡Qué hombre! ¡Pues no está discutiendo si debe o +no debe ir! Estas cosas, señor filósofo y señor marido, se resuelven +con el corazón, no con la cabeza. Mucho es que no empezaste a revolver +librotes, buscando en ellos la solución del problema. A maravilla +tengo que no estés ya escudriñando si entre los filósofos alemanes, o +entre los clásicos griegos, o en la ininteligible maraña de tus obras +matemáticas, no hubo algún autor que tratase concretamente el caso +peregrino del futuro casamiento de la señorita doña Inés de Avendaño +con don Eduardo de Almeida, duque de Almonte; y cuenta que si por +a más b, te demostrase alguno de tus predilectos sabios +la inconveniencia del casamiento, por a más b dejarías +morir a la pobre hija de mi alma.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No te burles de mí, Ángela. Tú sabes que adoro a +Inés.

+ + +

ESCENA III.

+ +

Don Lorenzo, Ángela, don Tomás, Inés.

+ +

Esta última entra por la derecha, primer término, +al pronunciar don Lorenzo las últimas palabras y se detiene al oír su +nombre.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Que es por su vida! ¡Que es por su felicidad! No: por +secar una lágrima suya, diera yo todas las de mis ojos: por una hora +de ventura para mi Inés, trocara yo contento en horas de martirio +todas las que me restan de existencia. (Inés sin que la vean +todavía, tiende sus brazos hacia su padre con expresión de cariño y +agradecimiento y le manda un apasionado beso). Vaya, no hablemos +más del asunto. Iré hoy mismo a ver a la duquesa: rogaré, suplicaré, +me humillaré p. 14si es +preciso, y cederá. ¿No ha de ceder? (Movimiento de alegría en Inés; +Ángela se acerca y coge de la mano a su esposo con efusión). No +tengo títulos de nobleza, pero tengo un nombre que si por el trabajo y +el estudio no he podido hacer ilustre...

+ +

Don Tomás.

+ +

Ilustre, sí, mi buen Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ilustre, no, pero sí respetable. Y tengo además muchos +millones, que heredé de los míos y que cederé a Eduardo y a la duquesa, +para que doren de nuevo sus soberbias coronas un tanto deterioradas por +el tiempo. Conque ya lo sabes: (A Ángela) se casará Inés, y será +feliz, y su felicidad será la nuestra.

+ +

Ángela.

+ +

Y la tuya, la de todos nosotros que viviremos mirándonos +en ti. ¡En ti, Lorenzo mío, que cuando no te embrutece la ciencia, eres +el más amante, el más bondadoso y el mejor de los hombres!

+ +

Inés.

+ +

¡Ay, Dios mío! ¡Dios mío! (Desfalleciendo y +apoyándose en la puerta para no caer).

+ +

Ángela.

+ +

¡Inés, hija mía! (Corriendo a sostenerla).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Inés, Inés!... ¿Qué tienes? (Lo mismo).

+ +

Don Tomás.

+ +

Vamos, niña, ¿qué mimos son esos? (Acercándose a +ella).

+ +

Inés.

+ +

(Acercándose al sofá de la derecha y sentándose en +él. Todos los demás la rodean con solicitud). Nada, no es nada..., +es... que quiero llorar..., y tengo tanta alegría, que no puedo... +Es que quiero reír... y siento que acuden lágrimas a mis ojos... ¡Es +que te quiero mucho..., mucho..., mucho, padre mío! (Abrazándole y +haciéndole mimos). ¡Qué bueno eres!... ¡Qué bueno te hizo Dios!... +Soy feliz..., feliz..., muy feliz. (Rompe a llorar en los brazos de +su madre).

+ +

Ángela.

+ +

Así, hija mía: llora, llora; desahógate. ¿Ves qué bueno +es tu padre? Quiérele mucho.

+ +

Inés.

+ +

Con toda mi alma... ¿Y cuándo vas a ir? ¿Hoy mismo, +verdad?

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Ah, egoistilla! ¿Conque queremos mucho a papá p. 15cuando hace lo que nos agrada? +Y si no fuese a casa de la duquesa ¿le querríamos tanto..., tanto..., +tanto como ahora? (Burlándose de sus protestas de cariño).

+ +

Inés.

+ +

Lo mismo.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Conque lo mismo? (En tono de duda).

+ +

Inés.

+ +

De veras; pero estaría tan triste que no se me ocurriría +decírselo. (Con cierta malicia).

+ +

Don Tomás.

+ +

Ya.

+ +

Inés.

+ +

Antes algo me oprimía el pecho y me apretaba la +garganta. Ahora, sin esfuerzo alguno..., así..., espontáneamente, a la +par que corren dulces lágrimas de felicidad, brotan palabras de cariño. +Antes... solo hubiera podido decirte: ¡qué desdichada soy, padre +mío!... Ahora ya no pienso en mí, pienso en él, y de corazón me sube a +los labios este grito de amor: ¡cuánto te quiero! (De nuevo abraza a +su padre).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Inés, hija mía!

+ +

Inés.

+ +

Y a ti también, madre..., a ti también. (Abrazando +a su madre. Don Lorenzo y don Tomás se separan del sofá en que quedan +Ángela e Inés, y vienen al centro).

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Pobre filósofo! Mira, ninguna de las dos ha leído +una sola página de todos esos libros, y saben más que tú. Te crees +fuerte, y en sus manos eres cera blandísima: te crees sabio, y en sus +brazos eres un inocente, por no decir que un tonto. Te crees justo e +incorruptible, y la voluntad de esas dos mujeres te llevaría a todas +las injusticias y a todas las flaquezas.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No, Tomás; cuando la idea del bien me sostiene, mi +voluntad es de hierro.

+ +

Don Tomás.

+ +

No digo «Lo veremos», porque son dos ángeles; pero ¡ay, +si no lo fuesen! Déjame parodiar al gran poeta y decir en romance: +«¡Tentación, llevas nombre de mujer!».

+ +

Don Lorenzo.

+ +

«¡Palabras, palabras y palabras!» había dicho antes +sin duda en previsión de que tú le parodiases. (Con cierta +exaltación).

+ +

p. 16

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Ya te subes al trípode!

+ +

Inés.

+ +

No incomode usted a papá.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No me incomodan, hija mía, las extravagancias de este +doctor.

+ +

Don Tomás.

+ +

Conque quedamos en que por cariño, por amistad, por +amor, por esas que tú llamas atracciones misteriosas de un alma sobre +otra alma se puede y se debe llegar...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Hasta el sacrificio, sí; jamás hasta la culpa.

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Bonita máxima para un libro de moral!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y aún mejor para una conciencia.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Y no habrá casos en que para evitar males mayores +tenga que transigir esa catoniana conciencia con uno tan pequeño, tan +pequeño, que no llegue a ser ni grano de arena?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Al echarlo sobre sí, bien pronto pesaría como montaña de +granito.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿A la montaña te subes, no bastándote el trípode?

+ +

Inés.

+ +

Vamos, don Tomás... Que no le diga usted esas cosas a +papá.

+ +

Don Tomás.

+ +

En resumen: guerra a muerte al mal, bajo todas sus +formas y disfraces. ¿No es cierto?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Tú lo has dicho.

+ +

Don Tomás.

+ +

Pues aplicación inmediata de tu teoría. Y en verdad +que lo había olvidado y es toda una novela. Escúchame atento: oigan +ustedes.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Qué es ello? (Ángela e Inés se acercan a don +Tomás).

+ +

Don Tomás.

+ +

Rogome esta mañana una mujer que en su nombre te +trajera...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Qué?

+ +

Don Tomás.

+ +

Un beso.

+ +

Ángela.

+ +

¡Para él!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Para mí!

+ +

Don Tomás.

+ +

Sí; pero no se alarme usted. (A Ángela). Es +el beso de una anciana, y en lágrimas viene empapado: es la p. 17última y dolorosa contracción +de unos labios moribundos: es el postrer adiós de un ser que dentro de +breves horas no existirá.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No adivino...

+ +

Don Tomás.

+ +

Ella..., esa pobre mujer me hizo llamar esta +mañana: subí a la buhardilla en que muere: me dijo su nombre, que +a no decírmelo, jamás la hubiera conocido; y jurándome que fue +inocente, rogome, sin embargo, que intercediera contigo para que la +perdonases.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Estás hablando un lenguaje del cual ni una sola palabra +comprendo.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Recuerdas la muerte de tu madre?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué pregunta, Tomás! No conocí a mi padre, +murió cuando yo era muy niño; pero mi madre... ¡Ah, madre mía! +(Conmovido).

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Recuerdas que al sentirse de improviso herida de +muerte, quiso hablarte y no pudo, y que entonces, arrancándose +convulsivamente del cuello un rico medallón de que jamás se desprendía, +lo puso en tus manos fijando en ti con suprema angustia sus ojos +velados ya por la eterna sombra?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Bien lo recuerdo. Sigue..., sigue...

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Recuerdas, por fin, que al morir tu madre y al +perder tú el sentido, desapareció el medallón, y que fue acusada de +robo?...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ella!... ¿Es ella?... ¡Juana, mi nodriza!... ¡Mi pobre +Juana!

+ +

Don Tomás.

+ +

Juana es la que a dos pasos de aquí agoniza en una +miserable buhardilla: Juana, la que en el triste beso que te traigo, +implora tu perdón.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Juana!... ¡Mi segunda madre!... ¡La que durante +veinticinco años fue, para mí, madre verdadera! Pero ¿qué hablabas de +perdón? ¿Qué de transigir con el mal? Ni perdonar es transigir, ni de +mi perdón ha menester la pobre anciana. ¡Ella..., ella ser capaz!... +¡Imposible!

+ +

p. 18

+ +

Don Tomás.

+ +

No tan imposible. Cuando la doncella que guardaba +las joyas de tu madre dio parte al juez de la pérdida del magnífico +medallón de brillantes, y se hicieron las primeras investigaciones, +Juana negó tenerlo; y, sin embargo, averiguose que ella lo había +arrancado de tus manos al perder tú el sentido, y dos días después +fue sorprendida al dejar el medallón tras unos jarrones de porcelana. +Redújosela a prisión, fue condenada, en cárcel infamante sufrió la pena +de su delito, y solo tus influencias y tus eficacísimas recomendaciones +pudieron devolverle, ya que no la honra perdida, la libertad al +menos.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Con exaltación). Y bien, yo digo que Juana +acusada, que Juana en el banquillo del reo, que Juana en infamante +reclusión, es inocente, y que la justicia humana se equivoca.

+ +

Don Tomás.

+ +

Las apariencias...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Engañan no pocas veces.

+ +

Don Tomás.

+ +

Y ¿cómo se explica?...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Alguna explicación tendrá; algún misterio hay aquí que +ignoramos.

+ +

Don Tomás.

+ +

(A Ángela). Ya se lanzó a caza de misterios, y en +busca de explicaciones sobrenaturales para un hecho que, a mi modo de +ver, tiene sencilla y natural explicación en la flaqueza humana.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues yo sé que mi pobre nodriza era incapaz de acción +tan baja. Yo la hubiera defendido, a no impedírmelo la enfermedad +que sufrí a la muerte de mi madre; y cuando libre ya la pobre mujer, +desapareció, lágrimas de verdadero dolor vertí por ella. Dios sabe si +con afán la busqué por todas partes; Dios sabe si deseaba que viniese +a mí..., y ella..., cruel..., ¿por qué no vino? No, Juana, mi buena +Juana, no morirás sin que yo te estreche en mis brazos, sin que te +devuelva tu beso de despedida. (Con agitación p. 19creciente. Toca un timbre, y sale un criado +de librea). ¡Hola! ¡El coche!... ¡Al momento, al momento! Voy a +traerla a mi casa..., ahora mismo... ¿No es cierto, Ángela, que debo +traerla? ¿No es cierto, Inés?

+ +

Ángela.

+ +

En todo caso es una obra de caridad.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Es una justísima reparación! (Sale un momento por la +puerta de la izquierda).

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Es lo más bueno..., pero lo más cándido! Y creerá +como artículo de fe todo lo que esa pobre anciana le cuente. Y él +mismo la ayudará a inventar cualquier historia extravagante. ¡Ay, +Ángela! Tenemos que hacer un escrutinio en esa librería como aquel +donoso y grande que hicieron el cura y el barbero en la del ingenioso +hidalgo.

+ +

Ángela.

+ +

¡Ah, si yo pudiera! (Vuelve a entrar don Lorenzo en +traje de calle).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ea, en marcha: tú vienes conmigo para ayudarme a +traerla. (A Tomás).

+ +

Don Tomás.

+ +

Siempre estoy a tus órdenes.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pero ¿crees que pueda venir?

+ +

Don Tomás.

+ +

Muere la infeliz de consunción, y lo mismo puede expirar +allá en su buhardilla, que sobre los almohadones de tu coche, que al +entrar en este, para ella encantado palacio. Posible es, sin embargo, +que la reanime la alegría y que gane algunas horas de existencia.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues vamos allá. Adiós, Ángela; adiós, Inés.

+ +

Inés.

+ +

Adiós... Y luego..., ¿verás... a la duquesa?... (Con +mimo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí, hija mía, iré más tarde. Tú puedes esperar, la pobre +anciana no; ella es primero.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y casándose mi niña, usted me responde de que no corre +ningún peligro? (Aparte a don Tomás).

+ +

Don Tomás.

+ +

Los del matrimonio, señora, que no son pocos. (Tomás +y Ángela salen por el fondo hablando en voz baja. Detrás don Lorenzo e +Inés: esta le despide en la puerta).

+ + +

p. +20ESCENA IV.

+ +

Inés.

+ +

Vuelve al centro del escenario, alegre como una niña, +batiendo palmas.

+ +

Inés.

+ +

¡Hoy mismo hablará a la duquesa! Me lo ha prometido, +y él es muy formal; cumple siempre lo que promete. Pues claro, le +hablará; ¡y mi padre habla tan bien! Vaya, como que es un sabio. La +convencerá de seguro. Pues si un hombre como él no supiera convencer +a esa señora de que yo debo casarme con Eduardo, ¿de qué le servía +haber estudiado tanto? ¿Para qué tener tantos libros en francés, y en +italiano, y en alemán, y hasta en griego? ¡Ciencia más inútil! Pero +ca: de la duquesa hará él lo que quiera. Además, dicen todos que ella +es una santa. ¡Pues no! Como que es la madre de Eduardo. Una santa: lo +dicen todos. Pues si siendo santa no me deja casar con Eduardo, ¡buena +santidad te dé Dios! ¿Para qué le sirve su santidad? Nada, nada: nos +casaremos: digo que nos casaremos. (Breve pausa). ¡Si parece +mentira; si parece un sueño! ¡No, Dios mío, si es un sueño, que no +despierte jamás! Pero no es un sueño. Este es el despacho de mi padre. +Esos son sus librotes. (Acercándose a uno de los estantes). +Newton, Kant, Hegel, Humboldt, Shakespeare, Lagrange, Platón, Santo +Tomás... Claro, si fuera un sueño, no me acordaría yo de todos esos +nombres, ni ¿qué sé yo de tan ilustres señores? (Mirando por el +balcón). Cuando repito que no es un sueño: allá fuera la lluvia que +cae, y cae, y cae... ¡Qué cosa tan alegre es la lluvia! ¡Parece que el +aire se convierte en barritas de cristal! Y allí en el espejo me veo +yo. (Se acerca al espejo con p. +21mimo y coquetería). Yo soy, yo misma, bien me conozco. +Yo con mi cara ovalada, que dice Eduardo que es ¡de un óvalo tan +perfecto!... ¡Vea usted qué gusto tiene! Y con mis ojos pardos, que +dice Eduardo ¡que son tan hermosos! No, para mentir diciendo cosas +agradables no hay otro como él. Verdad es que en este momento con la +alegría y con el calor de la chimenea brillan mis ojos de un modo... +Yo quisiera ser muy bonita; más bonita todavía... para él..., para él, +que no viene... ¡Cuánto tarda! Ahora que deseo yo que venga no ha de +venir... Ya verá usted como no viene. ¡Ah, los hombres, qué egoístas +son y qué malos!

+ +

ESCENA V.

+ +

Inés, Eduardo.

+ +

Inés.

+ +

(Saliendo a su encuentro). ¡Eduardo..., +Eduardo!

+ +

Eduardo.

+ +

¡Inés de mi vida!

+ +

Inés.

+ +

¡Vaya una hora de venir!

+ +

Eduardo.

+ +

Siempre vengo a las dos. (Con tono sumiso).

+ +

Inés.

+ +

Y son las tres.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Es posible! (Mirando al reloj). No, vida mía, +las dos menos cuarto.

+ +

Inés.

+ +

Las tres. (Con autoridad).

+ +

Eduardo.

+ +

(Enseñándole el reloj). Las dos menos cuarto. +¿Te convences? (Señalando el reloj de la chimenea) Y en ese, la +misma hora.

+ +

Inés.

+ +

(Ofendida). Bueno, bueno; tú tienes razón. ¡Qué +amante tan fino que me regatea los minutos; que a toda hora le parece +temprano para venir, y a toda hora tarde para separarse de su Inés; que +sujeta los latidos de su corazón al volante de su cronómetro!

+ +

Eduardo.

+ +

(Suplicante). ¡Inés!...

+ +

p. 22

+ +

Inés.

+ +

Vete... Vete... Si no son las dos todavía..., si faltan +quince minutos... Te vas a la Carrera de San Jerónimo: das un paseo +mirando la gente: y a las dos en punto vuelves.

+ +

Eduardo.

+ +

Inés...

+ +

Inés.

+ +

¡Si esa es la hora a que acostumbras venir! ¡Pues no +faltaba más! ¿Qué diría el Observatorio astronómico si adelantases?

+ +

Eduardo.

+ +

Por Dios, perdóname..., he hecho mal.

+ +

Inés.

+ +

No, si quien ha obrado muy de ligero he sido yo. +El deseo me adelantaba las horas... y tú, para castigarme, vas, y +¿qué haces? ¡Me pones delante de los ojos un cronómetro de Losada! +(Haciendo con la mano el ademán brusco del que mete, como +vulgarmente se dice, un objeto por los ojos). ¡Qué galán tan +poético!

+ +

Eduardo.

+ +

Confieso mi culpa, y me arrepiento, y te pido mil veces +perdón.

+ +

Inés.

+ +

Ya. ¿Lo confiesas? Más vale así.

+ +

Eduardo.

+ +

Es que venía tan contento, tan contento, con tanta +alegría en el alma que ni supe lo que dije, ni aun ahora mismo sé lo +que digo.

+ +

Inés.

+ +

Yo también fui injusta al acusarte, Eduardo; pero +estaba tan alegre, tan alegre..., deseaba tanto que vinieses, que los +instantes me parecían siglos.

+ +

Eduardo.

+ +

Has de saber, alma mía...

+ +

Inés.

+ +

(Sin escucharle). Tengo que darte una gran +noticia.

+ +

Eduardo.

+ +

(Lo mismo). Que al fin somos dichosos.

+ +

Inés.

+ +

Ya lo creo: dichosos para toda la vida.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Si parece mentira!

+ +

Inés.

+ +

Porque mi padre me ha prometido que hoy mismo, hoy +mismo, ¿lo comprendes?... ¡Pero si no me escuchas!

+ +

Eduardo.

+ +

(Sin atenderla). Porque mi madre...

+ +

Inés.

+ +

¡Tu madre! ¿Qué?...

+ +

Eduardo.

+ +

Vendrá dentro de media hora a tratar de nuestro +casamiento.

+ +

p. 23

+ +

Inés.

+ +

¿Ella?... ¿La duquesa?

+ +

Eduardo.

+ +

(Con solemnidad cómica). La señora duquesa de +Almonte tendrá el honor de pedir a los señores de Avendaño esta blanca +mano (cogiendo la mano de Inés) para su hijo don Eduardo; aunque +Eduardito ya se apoderó de ella, ya la apretó contra su corazón, y no +sería fácil que la soltase aunque no se la dieran.

+ +

Inés.

+ +

¿Ella..., ella va a venir?... Bien decían todos. ¡Si esa +mujer es una santa!

+ +

Eduardo.

+ +

Esa mujer es mi madre: me quiere con todo su corazón, y +esta mañana me abracé a ella llorando, y llorando en mis brazos, cedió +a mi ruego. En mucho tiene los gloriosos hechos de sus antepasados; +religioso culto rinde al honor y prefiriera mi muerte a mi enlace con +quien en su nombre llevara la menor mancha; pero aprecia en lo que +vale a don Lorenzo, sus glorias científicas, que glorias son también; +su...

+ +

Inés.

+ +

Bueno, bueno: basta ya de historias. De todo ello se +deduce que vendrá hoy mismo, que nos casaremos muy pronto y que seremos +muy felices, ¿no es verdad? Pues esto es lo que importa: es decir, lo +que a mí más me importa: no sé si tú...

+ +

Eduardo.

+ +

Ingrata, ¿dudas de mí?

+ +

Inés.

+ +

No dudo; pero no es poca dicha que tu madre haya cedido, +porque si no... Tú me quieres mucho, ya lo sé..., pero tu... A una +madre se le debe respeto..., y si ella te hubiera dicho que no, como +buen hijo que eres, ¿no es verdad, Eduardo?, no le hubieras dado un +disgusto; y con mucho dolor de tu alma hubieras dejado a esta pobre +Inés que te ama..., ¡ no lo oigas ingrato; que no lo oiga nadie!..., +que te ama tanto, que sin ti..., ¡mira si es locuela!, se hubiera +muerto de dolor.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Inés mía!

+ +

Inés.

+ +

Conque ya ves si debo estar agradecida a tu madre; +p. 24porque no es a ti, es a +ella, a quien debo mi felicidad.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Cruel! ¿Sabes tú lo que yo hubiera hecho ante los +obstáculos, lo sabes tú?

+ +

Inés.

+ +

Sí; ceder, dejarme.

+ +

Eduardo.

+ +

Eso nunca; por nada, por nadie.

+ +

Inés.

+ +

Júramelo.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Te lo juro por lo más sagrado!

+ +

Inés.

+ +

¡Cuánta dicha!

+ +

Eduardo.

+ +

¡Qué felicidad!

+ + +

ESCENA VI.

+ +

Inés, Eduardo, Juana, don Lorenzo, don Tomás.

+ +

Juana aparece en la puerta del fondo, sostenida por +Lorenzo y Tomás: se detiene un instante para tomar aliento y después +avanza. Viste traje de color oscuro y muy pobre.

+ +

Eduardo.

+ +

(Volviéndose). ¡Qué grupo tan sombrío! ¿Por qué +viene esa negra nube a empañar el azul de nuestro cielo?

+ +

Inés.

+ +

Es Juana: la nodriza de mi padre: ya verás qué novela: +luego te la contaré.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Despacio, despacio, Juana.

+ +

Juana.

+ +

¿Quién es aquella señorita?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Inés, mi hija. Acércate, Inés. (Inés se aproxima. +Eduardo la sigue).

+ +

Juana.

+ +

¡Qué hermosa! ¡Un ángel me parece! Que al cerrar yo los +ojos para siempre vea un ser como tú a mi lado y será que estoy en el +cielo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Otro paso más.

+ +

Don Tomás.

+ +

Un esfuerzo todavía: el último. (Llegan hasta el sofá +y en él sientan a Juana, quedando todos a su alrededor).

+ +

Juana.

+ +

Quisiera darle un beso. (Señalando a Inés. Inés se +acerca aún más: Juana le coge una mano y la atrae a sí). No..., +tu p. 25mano abrasa y mi +aliento hiela..., no he de besarte..., fuera mi beso el beso de la +muerte. (La separa dulcemente de sí y le suelta la mano). Con el +pensamiento te besaré..., con los labios no.

+ +

Don Tomás.

+ +

(En voz baja a Inés y Eduardo). Vámonos. La pobre +mujer desea hablarle a solas. (A Juana). Hasta luego y buen +ánimo: acabaron ya las penas.

+ +

Juana.

+ +

Las de este mundo, sí.

+ +

Inés.

+ +

¡Pobre mujer! (Deteniéndose un momento para +mirarla).

+ +

Eduardo.

+ +

Ven, Inés mía. (Salen Tomás, Inés y Eduardo por la +derecha).

+ + +

ESCENA VII.

+ +

Don Lorenzo, Juana.

+ +

Juana.

+ +

¿Se fueron ya? (Después de una pausa).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí, mi querida Juana; ya estamos solos.

+ +

Juana.

+ +

Al fin..., al fin llegó este instante tan deseado. +Todo llega..., pero todo pasa. Oye, Lorenzo; la vida se va..., se va +muy aprisa y antes he de decirte muchas cosas. Lo primero, que soy +inocente; que yo... no pensé..., que yo... no quise..., que yo... +(Acongojándose).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Lo sé, Juana..., lo sé.

+ +

Juana.

+ +

No lo sabes. Todo está contra mí..., todo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Por Dios, no te agites: olvida, descansa.

+ +

Juana.

+ +

¿Olvidar? Sí, pronto olvidaré. ¿Descansar? Me queda +tanto tiempo para descansar, que hoy quiero vivir..., aunque sufra, +aunque llore..., quiero llevarme a la fosa lágrimas y besos y +sollozos... para llenar aquel silencio y aquella soledad con algo que +recuerde la vida. (Pausa). Por eso quisiera decirte una cosa... +Pero ¿cómo, sin prepararte?, ¿cómo, sin que antes de la revelación +venga la duda, y antes de la duda la sospecha, y antes de la sospecha +el presentimiento, y antes del presentimiento ese no sé qué, sombra +que p. 26proyecta en el +alma algo que allá a lo lejos viene?... Tú no me comprendes, ni yo sé +explicarme, aunque hace cuarenta años que estoy siempre con la misma +idea: mira tú si yo debía explicar bien estas cosas.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Di lo que quieras; pero sin agitarte.

+ +

Juana.

+ +

Sí; lo diré. ¿Cómo he de morir yo sin decírtelo? En +primer lugar, para que te convenzas de que yo no fui una miserable... +la... dro... na... (Ocultándose el rostro).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Calla, calla... No pronuncies esa palabra.

+ +

Juana.

+ +

Y además..., porque abrirte mi corazón es el último +consuelo que me resta. Perdóname, Lorenzo. ¡Los que van a morir son +tan egoístas! Para ti será dolor horrible... lo que para mí ha de ser +suprema dicha.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Cómo puede ser para mí dolor lo que es dicha para ti, +mi buena Juana?

+ +

Juana.

+ +

¿Cómo puede ser?... Pues lo será; lo será, hijo mío... +¡Hijo mío!... Permíteme que te dé este nombre. ¿No te enfadas, +verdad?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Por Dios, Juana!

+ +

Juana.

+ +

Bueno... Pues yo te llamaré hijo... y tú me llamas +madre... Llámame madre. Alégrese el cielo o regocíjese el infierno, has +de llamarme madre.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre mía!

+ +

Juana.

+ +

No..., así no..., no es de ese modo. ¡Cruel! +(Arrojándose a Lorenzo para abrazarle, pero conteniéndose y cayendo +en el sofá). ¡Insensata!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Pobre mujer! Delira.

+ + +

p. +27ESCENA VIII.

+ +

Juana, don Lorenzo, Inés.

+ +

Inés entra corriendo y muy contenta por el fondo y se +acerca a su padre. Viene agitada y apenas articula las palabras.

+ +

Inés.

+ +

Padre..., Padre... La duquesa... viene..., viene... ¿no +adivinas?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Ella?

+ +

Inés.

+ +

Sí... Para tratar de aquello... Eduardo ha vencido.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué felicidad! ¡Inés mía!... Al fin quiso Dios...

+ +

Inés.

+ +

¿Estás contento?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Y tú? (Abrazándola).

+ +

Inés.

+ +

Yo..., si tú lo estás... Conque vamos..., vamos +pronto.

+ +

Juana.

+ +

(Cogiéndose a Lorenzo). No..., no quiero que +vayas; no has de dejarme.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Voy al instante. (A Inés).

+ +

Inés.

+ +

No tardes... Que no tardes... Si se ofende...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No temas: que la reciba Ángela allá en el salón... con +toda solemnidad. Llevaré a Juana a su cuarto y saldré en seguida. +(Sale Inés por el fondo).

+ + +

ESCENA IX.

+ +

Juana, don Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Queriendo llevarla, pero ella se resiste). +Vamos, Juana, ven a descansar; luego hablaremos cuanto quieras.

+ +

Juana.

+ +

Luego no. ¿Y si muriese antes?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No pienses tal cosa. (Con impaciencia).

+ +

Juana.

+ +

Veinte años ha que no te veo, y ahora no me dejan estar +contigo ni un solo instante. ¡Son muy crueles!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Después, mi buena Juana. (Queriendo +levantarla).

+ +

p. 28

+ +

Juana.

+ +

¿Y tú también quieres irte?... ¡Tú también! ¡Ah!, yo +haré que te quedes conmigo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Juana!

+ +

Juana.

+ +

Oye... esto no más; después vete, si quieres: yo, yo +misma cogí el medallón.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Tú?

+ +

Juana.

+ +

Sí.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Para qué?

+ +

Juana.

+ +

Para que tú no lo vieses.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y ¿por qué?

+ +

Juana.

+ +

Porque dentro había un papel, y en ese papel escritas +por tu madre unas palabras, y esas palabras no quería yo que tú las +leyeras.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y ¿qué palabras eran?

+ +

Juana.

+ +

Estas: de memoria las sé: «Lorenzo, hijo mío; en el +relicario que está a la cabecera de mi cama hay oculto, y en sobre +cerrado, un pliego. Cuando yo muera, ábrelo, lee lo que en él, +durante una noche de remordimiento, escribí, perdóname y que Dios te +inspire».

+ +

Don Lorenzo.

+ +

«¡Perdóname y que Dios te inspire!» ¿Decía? (Con +extrañeza).

+ +

Juana.

+ +

Sí.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y además, he oído no sé qué de remordimiento. (Con +creciente curiosidad).

+ +

Juana.

+ +

Remordimiento era la palabra. Ahora vete si quieres.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Pensativo). No. (Pausa). ¿Y ese +pliego?

+ +

Juana.

+ +

Que tu madre lo había escrito, no era un misterio para +mí; dónde estaba oculto, he ahí lo que ignoraba. Que algo encerró en +el medallón, bien me lo dijo mi tenaz vigilancia; y lo que el papel +contenía bien lo adivinaron mis recelos. Por eso cogí el medallón. +Era mi legítima presa: me había costado aquel secreto veinte años +de lágrimas y de dolores que ni más amargas ni más intolerables se +conciben.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Perdón..., remordimiento..., un secreto..., mi +madre!... p. 29No adivino +lo que quieres decir... Sombras confusas pasan por mi mente..., y así +como relámpagos de angustia por mi corazón. Tú deliras, y me haces +delirar.

+ +

Juana.

+ +

No.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Pero aquel pliego oculto en el relicario?...

+ +

Juana.

+ +

Fue mío, y tú no lo viste, porque no debías verlo. Como +tu madre iba a morir, a ella ¿qué le importaba? Bien te lo dije: nada +hay más egoísta que la muerte.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Pero ese pliego?

+ +

Juana.

+ +

Yo lo tengo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Aquí?

+ +

Juana.

+ +

Aquí: (Llevando la mano al pecho) aquí: mira, +es una hoja no más de papel, y sin embargo, ¡me pesa tanto sobre el +corazón!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues he de verlo.

+ + +

ESCENA X.

+ +

Juana, don Lorenzo, don +Tomás por el foro.

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Lorenzo... Lorenzo!...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Qué? (En tono brusco e impaciente). ¿Qué +quieres?

+ +

Don Tomás.

+ +

Ha llegado la duquesa.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sea en buen hora.

+ +

Don Tomás.

+ +

(Aparte). ¡Qué tono! (En voz alta). Ven a +recibirla.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ya iré.

+ +

Juana.

+ +

¡No me dejes, por Dios! ¡Por la salvación de tu alma! +(En voz baja). Si supieras...

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Vienes?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí..., pero..., pero no me hostigues... Digo que iré.

+ +

Juana.

+ +

No te vayas... y te lo diré todo..., todo. Te daré +ese pliego..., el que escribió tu madre hace veinte años..., es su +letra..., es su firma..., tú verás..., pero no me dejes.

+ +

Don Tomás.

+ +

(Cada vez más impaciente). ¡Vamos, Lorenzo!

+ +

p. 30

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ya he dicho que iré..., iré luego... Yo sé cuándo debo +ir. Ahora vete. (Aparte a Juana). Dame el pliego.

+ +

Juana.

+ +

Cuando se marche ese hombre. (Aparte a +Lorenzo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Vete! (Con violencia).

+ +

Don Tomás.

+ +

Pero la duquesa...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Que espere. ¿No hace ella esperar a nadie en sus +antesalas? Pues mejores que las suyas son las mías.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Estás en tu juicio?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

En el mío, sí; en el tuyo, no, que mal estuviera. Vete +pronto.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Qué tienes, Lorenzo? (Acercándose a él con +interés).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Nada, nada..., cansancio de oírte... ¡Déjame por Dios +santo!

+ +

Don Tomás.

+ +

Bueno..., bueno..., pero, Señor, ¿qué le pasa a este +hombre?

+ + +

ESCENA XI.

+ +

Don Lorenzo, Juana.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ya estamos solos!

+ +

Juana.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué! ¿Dudas? ¡Mira que te dejo!... ¡Prometiste darme +ese papel! La ventura de mi hija me espera allí; y, sin embargo, +una mano de hierro, la férrea mano de la implacable fatalidad, me +tiene a tu lado. Considera, Juana, si estoy decidido a averiguar ese +secreto.

+ +

Juana.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡El papel!... ¡Pues que para mí lo escribió mi madre, es +mío!

+ +

Juana.

+ +

No te incomodes conmigo, Lorenzo de mi alma. Aquí +está... Este es... (Sacándolo del pecho).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Venga... (Queriendo cogerlo).

+ +

Juana.

+ +

Espera..., espera..., yo misma he de leerlo..., leeré +más p. 31despacio que tú..., +y de este modo... lo que... aquí dice no se te entrará de un golpe por +los ojos...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues lee. ¡Vamos!

+ +

Juana.

+ +

Sí, Lorenzo mío; pero no mires; oye no más. +(Colocándose de modo que Lorenzo no vea lo escrito en el papel). +«Lorenzo, hijo mío, perdóname». (Leyendo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Otra vez!

+ +

Juana.

+ +

(Sigue leyendo). «Conozco que se acerca +el fin de mi vida, y los remordimientos han hecho presa en mí». +(Pausa).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Sigue!

+ +

Juana.

+ +

«Quisiera decirte la verdad, y te amo demasiado para +decírtela. Lee en estos reglones que mancho con mis lágrimas el secreto +de tu existencia, y hágase después tu voluntad».

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡El secreto de mi existencia! ¡Dame! (Queriendo coger +el papel).

+ +

Juana.

+ +

No.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Qué pesadilla es esta, Juana? ¿Qué círculo de hierro +has puesto sobre mi frente que con intolerable presión me oprime las +sienes?... Dame...

+ +

Juana.

+ +

¡No, por Dios!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ha de ser! (Cogiendo el papel y leyendo con horrible +angustia). «Tu padre era rico, muy rico; por millones, por muchos +millones se contaba su caudal; yo era pobre: no tuvimos hijos». ¡No +tuvimos hijos, dice!

+ + +

ESCENA XII.

+ +

Don Lorenzo, Juana, Ángela, +después Eduardo.

+ +

Ángela.

+ +

(Entrando precipitadamente). ¡La +duquesa!...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Da un grito de ira. Juana le arranca el papel y lo +oculta). ¡Otra vez! ¡Vete!... ¿A qué vienes?

+ +

Ángela.

+ +

Lorenzo..., Lorenzo...

+ +

p. 32

+ +

Eduardo.

+ +

(Entrando precipitadamente). ¡Don Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Tú también? ¡Idos!... ¡Idos todos!

+ +

Ángela.

+ +

¿Qué es esto, Dios mío? ¿Qué es esto? ¿Qué tienes, +Lorenzo? Vuelve en ti.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Idos... Idos..., os lo suplico..., si es preciso de +rodillas..., pero dejadme... ¡Ah! ¡El egoísmo humano!... ¡Piensan que +no hay más que sus pasiones y sus intereses! ¡Tomás!... ¡Ángela!... +¡Eduardo!... ¡La duquesa!... ¡Todos! ¡Ah! ¡La gota de agua sobre el +cráneo!

+ +

Eduardo.

+ +

Es que mi madre viene...

+ +

Ángela.

+ +

Es que la duquesa, impaciente de esperar, viene +aquí...

+ +

Eduardo.

+ +

Dice que quiere buscar al sabio en su antro.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Pues que venga, pero vosotros dejadme! ¡Dejadme..., o +me volveré loco de desesperación!

+ +

Ángela.

+ +

No, imposible: su madre de usted no puede verle en tal +estado. (A Eduardo).

+ +

Eduardo.

+ +

Venga usted, Ángela; venga usted. Ganemos tiempo, +detengámosla en la galería, y a ver si entretanto logra Inés calmarle. +(Salen Ángela y Eduardo por el foro).

+ + +

ESCENA XIII.

+ +

Don Lorenzo, Juana.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡El papel!... Ese papel funesto, ¿dónde está?... Tú +lo tienes...

+ +

Juana.

+ +

Sí. (Sacando el papel).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues dámelo... ¡No tuvimos hijos, decía! (Procurando +leer, pero sin conseguirlo). ¿Dónde está?... ¡No sé! ¡No veo +las letras! ¡Una nube me pasa por delante de los ojos! ¡No tuvimos +hijos!... ¡No puedo!... ¡No puedo!... p. 33Lee tú..., por favor... (Juana toma el +papel). Ahí..., ahí... donde dice «¡No tuvimos hijos!».

+ +

Juana.

+ +

(Leyendo). «Sabía mi esposo que una enfermedad +incurable minaba rápidamente su existencia. El infeliz llevaba la +muerte en el corazón. Loco de amor, quiso asegurarme toda su fortuna, +y yo... hice mal, ahora lo conozco, hice mal porque él tenía padre, +pero yo..., perdóname, Lorenzo, tú que eres tan bueno y tan honrado; yo +acepté». (Pausa).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sigue... Sigue...

+ +

Juana.

+ +

«Buscamos un niño..., no puedo, no puedo escribir más. +Juana conoce este secreto. Juana te lo dirá todo. Una vez más te ruego +que me perdones. Adiós, Lorenzo mío, y que él te inspire. Te he querido +como a hijo, aunque no lo has sido nuestro».

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Yo! ¡Yo! ¡Yo no era!... ¿Qué dice?... ¡Yo no era su +hijo! ¡Yo llevo un nombre que no es mío! ¡Cuarenta años ha que gozo +bienes ajenos! ¡Yo lo he robado todo!... ¡Posición social, apellido, +riquezas! ¡Todo, todo! ¡Hasta las caricias de mi madre, porque no era +mi madre!... ¡Hasta sus besos, porque yo no era su hijo!... ¡No! ¡Esto +no es posible!... ¡Yo no soy tan miserable!... ¡Juana..., Juana..., por +Dios vivo que me digas la verdad! Mira; ya no es por mí: sea de mí lo +que Dios quiera: es por mi familia..., por esas desdichadas mujeres..., +es por mi hija... por mi Inés de mi vida..., que se morirá..., ¡y yo no +quiero que se muera! (Llorando con desesperación).

+ +

Juana.

+ +

Es verdad, sí; pero, calla... ¿Qué importa, si nadie lo +sabe?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pero ¿es verdad?

+ +

Juana.

+ +

Lo es. (En voz muy baja).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Pues parece mentira! ¡Aquella mujer que tanto me amaba +no era mi madre!

+ +

Juana.

+ +

No. ¡Tu madre te amaba más!

+ +

p. 34

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues ¿quién era?

+ +

Juana.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Cómo se llama?

+ +

Juana.

+ +

Mírame sin cólera y te lo diré.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Dónde está?

+ +

Juana.

+ +

¡Luchando con las torturas de un infierno!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Murió también?

+ +

Juana.

+ +

¡Muriendo está! (En la última parte de este diálogo, +Juana se levanta, y ella y Lorenzo forman un grupo agitado, ardiente, +delirante. Al pronunciar ella la última frase, cae de nuevo y sin +fuerzas en el sofá).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Juana!

+ +

Juana.

+ +

(Retorciéndose de angustia). ¡¡No, ese nombre, +no!!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡¡Madre!!

+ +

Juana.

+ +

¡¡Sí..., ese nombre, sí, hijo mío!! (Se levanta de +nuevo por arranque supremo, y se abraza a Lorenzo).

+ + +

ESCENA XIV.

+ +

Don Lorenzo, Juana, don Tomás.

+ +

Don Tomás.

+ +

Ya está ahí..., ya llega...

+ +

Juana.

+ +

(Desprendiéndose de los brazos de Lorenzo). +Déjame..., vienen..., vienen..., que no me vean...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡No..., espera..., yo no sé qué voy a decirte... pero +tengo que decirte muchas cosas!...

+ +

Juana.

+ +

Luego... Adiós... ¡Ya puedo morir! ¡Le llamé hijo! +(Juana se dirige lentamente a la puerta de la derecha: Lorenzo la +sigue: Tomás en observación en el fondo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No, todavía no... (Juana desaparece tras los +cortinajes; Lorenzo quiere entrar; Tomás acude desde el fondo y le +detiene a la fuerza, cerrándole el paso y obligándole a retroceder. La +actitud de Lorenzo en esta escena y en la siguiente queda encomendada +al talento y a la inspiración del actor).

+ + +

p. +35ESCENA XV.

+ +

Don Lorenzo, Ángela, Inés, Duquesa, Eduardo, don +Tomás.

+ +

Los nuevos personajes vienen por el foro.

+ +

Duquesa.

+ +

¿El señor de Avendaño? (Con exquisita cortesía. +Pausa).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Avendaño!... ¡Avendaño!... No sé dónde está, señora. +(Con voz triste y sombría, y con cierta distracción).

+ +

Ángela.

+ +

¿Qué dice? (Aparte).

+ +

Inés.

+ +

Pero ¿qué es esto, Dios mío? (Aparte).

+ +

Duquesa.

+ +

Comprendo, señor de Avendaño, el disgusto que mi +presencia le causa... Vengo a arrebatarle la prenda más querida de su +alma (Señalando a Inés), y no extraño en verdad que me trate +usted como a enemiga. (Con dulzura).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Enemiga mía es la suerte, nadie más!

+ +

Inés.

+ +

Pero ¡Dios mío! (Aparte).

+ +

Duquesa.

+ +

Tiene usted razón: encarnizada enemiga es de los +padres.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Y más aún de los hijos!

+ +

Duquesa.

+ +

No lo niego; pero en fin, leyes divinas son estas que +gobiernan los dolores humanos, y fuerza es respetarlas. (Procurando +dar otro giro a la conversación, pero sin conseguir dominar su +extrañeza).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ay, señora, que esas leyes divinas son más crueles a +veces que si fueran obras de la crueldad humana! (La Duquesa hace +un vivo movimiento de impaciencia. Eduardo se acerca a ella; Inés a su +padre: Ángela y Tomás observan con asombro).

+ +

Inés.

+ +

(Aparte a don Lorenzo). ¡Por Dios, padre!

+ +

Eduardo.

+ +

(Aparte a la Duquesa) ¡Madre, madre, por mí!

+ +

Duquesa.

+ +

(Con altivez y entonación un poco seca). Soy +madre; adoro a mi hijo; sé que su felicidad es imposible si no la +p. 36comparte con esta +señorita; y a perder un hijo, prefiero tener dos.

+ +

Inés.

+ +

¡Ves qué buena, padre mío! (Aparte a don +Lorenzo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Perder un hijo es horrible desdicha!

+ +

Duquesa.

+ +

¿Quiere usted dar al mío el nombre de hijo también? +(Con dulzura y adelantándose hasta don Lorenzo).

+ +

Inés.

+ +

(Con angustia y en voz baja). Contesta, padre.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Se queda mirando a su hija, le coge la cabeza entre +las manos y de nuevo la contempla con pasión). ¡Qué hermosa eres! +¡Imposible parece que tú no puedas más que la ley del honor!

+ +

Duquesa.

+ +

(Sin poder ya dominarse). En suma, señor de +Avendaño: ¿quiere usted que mi hijo, el duque de Almonte, dé su nombre +a la señorita Inés?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Con sublime violencia). ¡Si yo fuera un infame, +buena ocasión de dar nombre ajeno a quien no lo tiene propio!

+ +

Inés.

+ +

¡Padre!

+ +

Ángela y don Tomás.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Duquesa.

+ +

He de confesar lealmente que ni comprendo sus +contestaciones de usted, ni su actitud, que es muy otra de lo que yo +esperaba, y me limito a preguntarle por última vez: ¿acepta usted?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Yo soy un hombre honrado: la desgracia podrá +vencerme, no mancharme. Señora duquesa de Almonte, ese matrimonio es +imposible.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Ah! (Sintiéndose herida, y retrocediendo un +paso).

+ +

Inés.

+ +

¿Qué dices?... ¡Padre!... ¡Imposible!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Imposible, sí!... ¡Porque no soy Avendaño; porque mis +padres no eran mis padres; porque esta casa no es mi casa; porque no +puedo darte, hija de mi alma, más que un nombre escarnecido y manchado; +porque soy el más infeliz de los hombres y no quiero ser el más +miserable!

+ +

p. 37

+ +

Inés.

+ +

¡Padre, padre!... ¿Por qué me matas? (Cae en el +sofá).

+ +

Ángela.

+ +

¿Qué has hecho, insensato?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Inés!... ¡Inés!... ¡Venciste, Dios mío, pero ten +compasión de mí! (Todos rodean a Inés).

+ +

FIN DEL ACTO PRIMERO.

+ +
+ + +
+

p. 39

+

ACTO SEGUNDO.

+
+
+ +

La misma decoración del acto anterior. Es de noche. +La chimenea está encendida: hay una vela con pantalla sobre la mesa de +despacho.

+ + +

ESCENA PRIMERA.

+ +

Eduardo.

+ +

Aparece escuchando a la puerta de la derecha; después +viene al centro.

+ +

Eduardo.

+ +

Nada se oye. ¿Habrá vuelto en sí? ¡Oh, Dios mío, y en +esta vida, qué cerca de la vida está la muerte! (Pausa). ¡Y +piensan que he de renunciar a mi adorada Inés! ¡Suponen que yo he dar +crédito a esa ridícula historia que don Lorenzo refiere! ¡Pobre sabio!, +¿qué sabe él lo que se dice? (Breve pausa). Y aun siendo cierto +lo que afirma, ¿dejaría de ser Inés la más hermosa y la más amante de +las mujeres? Será mía aunque tenga que arrastrarme a los pies de mi +madre y regarlos de lágrimas: cederá don Lorenzo aunque tengamos que +ponerle una mordaza y una camisa de fuerza; y esa pobre mendiga, que +con sus delirios contagió al desatentado filósofo, se irá de aquí, +se irá lejos, muy lejos de nosotros. ¡Con tal que Inés resista el +golpe que recibió de su padre! (Acercándose otra vez a la puerta y +escuchando). Nada..., nada: silencio, siempre el mismo silencio. +(Volviendo al centro del escenario). Su padre... ¡Ah, su padre! +Dios me perdone, p. 40pero +casi le aborrezco. (Exaltándose por grados). ¡Insensato, y cómo +se complacía en torturarla! ¡Su padre, sabio sin seso, ateo con pujos +de santidad, nuevo don Quijote con el ingenio de menos y la pedantería +de más, falso caballero Bayardo de la honradez! ¿Qué padre es ese que +desgarrando el corazón de una hija pretende ganar reputación de virtud? +¡Fuera la virtud así, y me pareciera más simpático el crimen! Nadie +viene..., y pasan las horas... Alguien se acerca.

+ + +

ESCENA II.

+ +

Eduardo, Duquesa por la +derecha.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Madre mía!... ¿Inés, cómo está Inés?... ¿Ha vuelto +en sí?

+ +

Duquesa.

+ +

Al fin, a Dios gracias. ¡Pobre niña! No he querido +marcharme hasta que pasara el peligro; pero ya está bien. Y ahora, hijo +mío...

+ +

Eduardo.

+ +

Ahora he de verla.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Eduardo!

+ +

Eduardo.

+ +

Y después hemos de hablar a don Lorenzo; y después...

+ +

Duquesa.

+ +

Y después has de concluir con mi paciencia. He hecho +por ti cuanto el decoro, la dignidad y los respetos sociales me han +permitido, y algo más; pero ha llegado el instante de que te muestres +hombre, de que recuerdes quién eres, y de que escuches la voz del +deber.

+ +

Eduardo.

+ +

Bien dices: haré lo que hacer deba; pero no sé, y +perdóname, madre mía, si entendemos el deber del mismo modo.

+ +

Duquesa.

+ +

Debes renunciar a Inés para siempre.

+ +

Eduardo.

+ +

¿Por qué? ¿Porque es pobre?

+ +

p. 41

+ +

Duquesa.

+ +

No es eso.

+ +

Eduardo.

+ +

Entonces ¿por qué, madre mía? ¿Porque don Lorenzo +intenta tan sublime acción que, si la realiza, ha de eternizarse su +nombre en libros y en historias, y hasta quién sabe si alcanzará puesto +en el calendario?

+ +

Duquesa.

+ +

Buen humor gastas, y no es esta mala señal.

+ +

Eduardo.

+ +

Quiero probarte que conservo toda mi sangre fría. Y por +lo demás, a don Lorenzo hay que tomarle en broma, o hay que encerrarle +en una casa de orates.

+ +

Duquesa.

+ +

No digas esas cosas, Eduardo: no me gusta que hables +de ese modo. Aunque hay algo de exagerado, no poca precipitación, y +cierto alarde melodramático en los proyectos de don Lorenzo, no puede +desconocerse que su conducta es la de un hombre de bien.

+ +

Eduardo.

+ +

Porque se goza en la desventura de su hija.

+ +

Duquesa.

+ +

Porque cumple leyes divinas sin respeto a pasiones +humanas.

+ +

Eduardo.

+ +

Pues si tan honrado es don Lorenzo y el brillo de +acciones nobles se hereda, rico en nobleza heredada viene a ser el +ángel de mi vida.

+ +

Duquesa.

+ +

Y rico en heredada deshonra también. (En voz baja con +energía, y acercándose a su hijo). Inés no tiene un nombre bueno +o malo que llevar, porque se ignora cuál es el de su padre, y el de +esa mujer está en los infames registros de una casa de corrección por +delito de robo.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Calla!

+ +

Duquesa.

+ +

Ser nieta de una humilde nodriza, cómplice de usurpación +de estado civil, es el bello ideal de esa pobre niña, si lo que don +Lorenzo afirma es cierto. Será tal vez exceso de orgullo aristocrático +rehusar tan noble alianza, pero así me han hecho las que tú, educado a +la moderna, consideras rancias preocupaciones.

+ +

p. 42

+ +

Eduardo.

+ +

Pues bien, madre. Yo amo a Inés.

+ +

Duquesa.

+ +

Loco estás, hijo mío.

+ +

Eduardo.

+ +

Locura dicen que es el amor; conque no es maravilla que +lo esté.

+ +

Duquesa.

+ +

Sí, lo estás, y a mí misma me haces perder el juicio.

+ +

Eduardo.

+ +

¿Prefieres perderme a mí?

+ +

Duquesa.

+ +

Basta, Eduardo: salgamos de esta casa donde en mal hora +entraste por vez primera.

+ +

Eduardo.

+ +

Pero dime; ¿no es Inés un ángel?

+ +

Duquesa.

+ +

Ángel del cielo me pareció la pobre niña al llegar; +ángel de dolor, al dejarla.

+ +

Eduardo.

+ +

¿No confiesan todos que don Lorenzo es un sabio, y no +dices tú que es un santo?

+ +

Duquesa.

+ +

Injusticia fuera negarle clarísimo talento y honradez +intachable.

+ +

Eduardo.

+ +

¿Luego no está el mal en ellos?

+ +

Duquesa.

+ +

No lo está.

+ +

Eduardo.

+ +

Pues el escándalo ¿no puede evitarse? (Acercándose +a su madre, y en voz muy baja). ¿Quién conoce esa desdichada +historia, verdadera o falsa, que más falsa que verdadera me parece? +Nosotros..., y callaremos. Don Tomás, y es como de la familia. Esa +infeliz mujer, y en breves horas un eterno silencio sellará sus labios. +Don Lorenzo, y al fin es padre y hará por su hija lo que tú no quieres +hacer por mí. ¡Oh, madre mía!, ¿a qué buscar la desesperación y la +muerte cuando está la dicha en nuestras manos?

+ +

Duquesa.

+ +

Pero ¿lo ves, desdichado? ¿Ves cómo el contacto del +crimen pervierte los más nobles caracteres? ¿No conoces que me +propones una infamia, que me quieres hacer cómplice de una felonía? +Dios mío, ¿qué han hecho de mi hijo que tales cosas dice y tales ideas +acaricia?

+ +

Eduardo.

+ +

Pero ¿quién habla de infamias ni quién propone felonías? +p. 43¿Es que don Lorenzo nos +hace a todos perder la razón, o es que te deleita mi martirio?

+ +

Duquesa.

+ +

Pero ¿no hablabas de evitar el escándalo con el +silencio?

+ +

Eduardo.

+ +

Sí.

+ +

Duquesa.

+ +

¿Pues entonces?...

+ +

Eduardo.

+ +

Escucha, madre, lo que yo dije o lo que quería decir. Si +la historia de don Lorenzo es cierta, que lo dudo, se busca con sigilo +y con cautela a los legítimos herederos de esa maldecida fortuna, y de +ella se les hace donación en cualquier forma.

+ +

Duquesa.

+ +

Pero ¿con qué pretexto?

+ +

Eduardo.

+ +

Para pedir no fuera fácil encontrarlo; para dar no +temas que nos falten y todos han de parecer igualmente buenos al que +reciba.

+ +

Duquesa.

+ +

Pero Inés llevará un nombre que no le pertenece.

+ +

Eduardo.

+ +

Llevará el mío, que vale por todos.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Ah, en eso razón tienes! Pero don Lorenzo...

+ +

Eduardo.

+ +

Déjale en paz, que harto tiene que hacer con sus +filosofías. Pensemos en nosotros, y piensa que todo, todo puede +arreglarse si tú consientes. Una palabra tuya da la vida a la pobre +Inés: nueva vida me da, que con tu crueldad me arrancabas la que me +diste con tu amor; devuelve la dicha a esta infeliz familia; y sin +escándalo, ni ostentación, ni aparatoso alarde pasan a sus legítimos +dueños las usurpadas riquezas. ¿Dónde están aquí la infamia y la +felonía?

+ +

Duquesa.

+ +

Me fascinas, Eduardo, no sé qué decirte; pero una voz +interior me advierte que esto no es lo justo ni lo recto; que la +ficción nunca es preferible a la verdad; que en don Lorenzo, a pesar de +sus delirios, triunfa el deber; que en ti, a pesar de tus argucias, la +pasión triunfa.

+ +

Eduardo.

+ +

Pero ¿por qué? Contéstame.

+ +

Duquesa.

+ +

No sé discutir contigo, Eduardo.

+ +

p. 44

+ +

Eduardo.

+ +

Lo que no sabes es quererme.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Que no te quiero! ¡Cruel! ¡No lo crees tú al decirlo, +pero el corazón se me oprime al escucharlo!

+ +

Eduardo.

+ +

Pues cede.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Hijo mío, por Dios!

+ +

Eduardo.

+ +

Vas a ceder, bien lo veo: tu frente está pálida: en tus +ojos hay lágrimas: tiemblan tus labios. (Con voz cariñosa). Es +que ya se agitan para decirme que sí; ¿y por qué no? En lo que yo he +pensado ¿hay alguna cosa que no armonice por manera absoluta con ese +ideal de perfección moral que tú y don Lorenzo acariciáis? ¿Hay en mi +plan algo malo?

+ +

Duquesa.

+ +

Sí, Eduardo.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Será tan poco! ¡Un átomo, una sombra, un escrúpulo! ¿Y +no merezco yo la pena de un pecadillo venial? Busca en el pueblo, a +quien a veces tratas con harto desdén y del que te separa como abismo +profundo tu aristocrática educación, busca una madre y pregúntale si +por la vida de su hijo no ahogaría en un grito de amor todos esos +refinamientos de conciencia.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Es que lo que otra madre haga soy yo capaz de hacerlo! +(Con apasionado arranque).

+ +

Eduardo.

+ +

(Abrazándola). ¡Gracias, gracias, madre mía!

+ +

Duquesa.

+ +

Pero...

+ +

Eduardo.

+ +

Lo has dicho, lo has dicho. (Sin dejarla hablar). +Y además tal vez nada de esto sea necesario. ¿Quién nos asegura que +la historia de don Lorenzo es cierta? ¿Qué pruebas materiales hay? +Ninguna, que sepamos. El dicho de una mujer que agoniza y delira. ¿Y +esto basta?

+ +

Duquesa.

+ +

No, en verdad.

+ +

Eduardo.

+ +

Pues ni aun esto tenemos: porque todavía don Tomás no ha +podido interrogar a Juana. ¿Sabemos si ella lo dijo o si don Lorenzo lo +soñó? ¡Ah, la cabeza de don Lorenzo no está segura!

+ +

p. 45

+ +

Duquesa.

+ +

No lo está, no.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Qué exaltación, qué extravío!

+ +

Duquesa.

+ +

Yo pensé que se había vuelto loco.

+ +

Eduardo.

+ +

Y lo estará. Estos sabios concluyen por locos todos +ellos. El mismo don Tomás reconoce, la misma Ángela confiesa que don +Lorenzo no discurre como otros hombres.

+ + +

ESCENA III.

+ +

La Duquesa, Eduardo, Ángela +por la derecha.

+ +

Ángela.

+ +

Por Dios, señora, no nos deje usted todavía. Inés +quiere verla; la llama a usted anegada en llanto: usted es su único +consuelo.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Pobre niña!

+ +

Ángela.

+ +

Dejó el lecho sin que pudiéramos evitarlo, porque su +agitación nerviosa es tal que infunde miedo, y quiso venir a buscar a +usted, pero le faltaron las fuerzas. Vaya usted, por Dios, duquesa, +a consolar a mi hija: a usted que es madre cariñosa, otra madre muy +desgraciada se lo ruega.

+ +

Eduardo.

+ +

¿Y le vas a decir que todavía hay esperanza, que todo +depende de don Lorenzo, no es verdad?

+ +

Ángela.

+ +

¡Cómo! ¿Será cierto? ¡Ah, señora! (Se acerca a la +Duquesa y le coge las manos con efusión).

+ +

Eduardo.

+ +

Sí, yo le explicaré a usted... (A Ángela). +Conviene que hable usted al alma a su esposo.

+ +

Duquesa.

+ +

Pero... (Eduardo sin atender a su madre se separa a +un lado con Ángela, y los dos hablan en voz baja). ¡Este Eduardo, +este hijo mío (Aparte) hace de mí cuanto quiere! ¿Qué le digo +yo a la buena señora, si él asegura que ya estoy conforme?... ¡Ah, +qué cabeza!... Y la niña es hermosa como un ángel y simpática como +ninguna. ¡Pobre Inés! Y don Lorenzo posee..., o poseía una p. 46fortuna regia... ¡Ah, +grandezas y vanidades humanas!

+ +

Ángela.

+ +

Comprendo... Comprendo. (A Eduardo: después se vuelve +a la Duquesa). ¡Cómo le agradezco a usted tanta bondad! Lleve usted +pronto la buena nueva a mi pobre Inés: yo entretanto procuraré que +Lorenzo consienta, y consentirá. Sí: es preciso. O no tiene corazón, o +ha de consentir.

+ +

Eduardo.

+ +

Vamos, madre.

+ +

Duquesa.

+ +

(¡Cómo ha de ser!)

+ +

Eduardo.

+ +

¡Qué buena eres! (Salen por la derecha la Duquesa y +Eduardo).

+ + +

ESCENA IV.

+ +

Ángela, don Lorenzo, este +último por la izquierda.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ahí mi madre que expira..., y allá aquel pedazo +de mi alma... ¿Qué hacer, Dios mío? (Se dirige lentamente a la +puerta de la derecha, pero en el momento de entrar, Ángela le cierra el +paso).

+ +

Ángela.

+ +

¿A dónde vas, Lorenzo?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

A ver a mi hija.

+ +

Ángela.

+ +

Imposible... Ya volvió en sí y tu presencia pudiera +causarle mucho mal; tanto, por lo menos, como el que tus palabras le +causaron.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Es que yo quiero verla.

+ +

Ángela.

+ +

Es que no debes verla; y ya que en ti el deber siempre +impera, no por mi voluntad, que nada es ante la tuya, por tu propia y +reflexiva voluntad (Con ironía) respetarás el solitario llanto +de la pobre Inés.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Tienes razón. (Pausa. Vienen los dos al centro del +escenario). ¡Hija de mi alma! ¿Qué dice de mí?

+ +

Ángela.

+ +

Nada.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿No me acusa?

+ +

Ángela.

+ +

No sé lo que en el fondo de su alma murmurará el +dolor.

+ +

p. 47

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ser yo su verdugo! ¡Yo destruir todas sus esperanzas! +¡Haber desgarrado yo su corazón!

+ +

Ángela.

+ +

Conciencia perfecta tienes de tu obra, Lorenzo. Menos +malo, si a la reparación te ayuda el remordimiento.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Desdichado de mí!

+ +

Ángela.

+ +

¡Tú desdichado! La desdichada es ella, no tú, que en la +contemplación de tus perfecciones morales y altas virtudes encontrarás +de seguro goces inefables y divinos consuelos. (Con ironía).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué mal me juzgas, y qué mal me comprendes!

+ +

Ángela.

+ +

¡Juzgarte mal, y admiro humildemente los frutos de +tu santidad! ¡No comprenderte! En esto sí que dices bien, que seres +superiores, como tú, no están al alcance de pobres inteligencias como +la mía. (Con sarcasmo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Tus palabras, Ángela, se me clavan como agudos puñales +en el corazón.

+ +

Ángela.

+ +

¿En el corazón? ¡Imposible!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pero ¿qué querías que hiciese? Habla, aconseja, +resuelve, da luz a mi espíritu que en tinieblas se agita.

+ +

Ángela.

+ +

¿Qué quería que hicieses? Lo que ahora quiero. Que +salves la vida de tu hija. Que no pongas más obstáculos a su boda. +Que no irrites el orgullo de la duquesa con brutales e inútiles +revelaciones. Que no hagas imposible con un nuevo escándalo el remedio +del daño que causaste.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

En puridad; tú quieres que calle.

+ +

Ángela.

+ +

Sí, que calles.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pero eso sería infame.

+ +

Ángela.

+ +

No lo sé: siento; no discuto.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Es que todo mi ser se subleva ante esta idea. ¡Yo, +cómplice del más repugnante de los delitos, porque es el más cobarde! +¡Yo, gozando riquezas usurpadas, y nombres postizos, y dichas que no +son p. 48nuestras porque +Dios no quiso que lo fuesen y pues Él no lo quiso no deben serlo! +¡Inés, y tú, y yo, y todos, encharcados en el fango! ¿Es esto lo que +me aconsejas? (Exaltándose por grados). Entonces la virtud +es una mentira: entonces vosotras, los seres que yo más amé en el +mundo, porque en vosotras veía algo divino, sois miserables egoístas, +repulsivas al sacrificio, presas de la codicia, juguetes de la pasión: +entonces... ¡sois tierra y no más que tierra! ¡Pues si sois tierra, +deshaceos en polvo, y arrástrenos a todos el viento de la tempestad! +(Con extrema violencia).

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Seres sin conciencia y sin albedrío son átomos que hoy +se juntan y que mañana se separan! ¡Allá va la materia, dejadla ir!

+ +

Ángela.

+ +

¡Tú deliras, Lorenzo! ¡Yo no te comprendo! ¡Yo no sé lo +que quieres!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Respetar la justicia y la verdad.

+ +

Ángela.

+ +

¿La verdad?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y la dirás en voz alta a todo el mundo?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

La diré.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y nos dejarás en la miseria?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ganaré vuestro sustento y el mío con mi trabajo.

+ +

Ángela.

+ +

¿Ganar tú? ¡Vanidad de sabio! Pero sea. Oye, Lorenzo. Si +esas riquezas no son tuyas, devuélvelas enhorabuena. (Lorenzo da un +grito de alegría y se acerca con los brazos abiertos a Ángela). Ni +las privaciones me asustan, ni soy la mujer miserable y egoísta que tú +pintabas ha poco.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ángela, mi buena Ángela, perdóname.

+ +

Ángela.

+ +

¿Quieres mi perdón? ¿Quieres que siga bendiciendo, como +siempre bendije, la hora en que fui tu esposa?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí.

+ +

Ángela.

+ +

Pues bien; cumple como hombre honrado; pero en p. 49el silencio, con prudencia, +sin ruido, sin ostentación, sin escándalo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Y para qué? Si no querrá la duquesa, ni aun de ese +modo, que Eduardo sea el esposo de mi hija.

+ +

Ángela.

+ +

Eduardo responde del consentimiento de su madre.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No cederá.

+ +

Ángela.

+ +

Cederá: es mujer; es madre. No todos alcanzan tu +perfección.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No lo creo.

+ +

Ángela.

+ +

¿Es que no lo crees, o es que lo temes?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Mas suponiendo que cediese, ¿cómo he de conservar un +nombre que no es mío?

+ +

Ángela.

+ +

¡Ah miserables sutilezas, a las que sacrificas la vida +de Inés!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Un nombre, Ángela, es en la vida social...

+ +

Ángela.

+ +

Un nombre es un sonido, aire que se agita, algo que +pasa; ¡vanidad humana! Y una hija es un ser que está hecho de nuestra +propia carne y de la sangre de nuestras propias venas; un ser que al +brotar de la nada recogimos en nuestro seno, y que al venir al mundo +recibimos en nuestros brazos; que nos dio su primera sonrisa y su +primer beso y su primer llanto; que vivió de nuestra vida, y fue a la +par nuestro placer más puro y nuestro más agudo dolor; un ser a quien +amamos más que a nosotros mismos, pero sin la levadura egoísta que +afea todos nuestros demás amores; único amor divino que existe en la +tierra y que si el cielo es cielo, allá tras lo azul y en el mismo Dios +existirá también. Escoge ahora, ¡impío!, entre lo que tú llamas un +nombre y lo que yo llamo una hija.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Tus palabras me enloquecen, Ángela.

+ +

Ángela.

+ +

Pues enloqueciste para tormento de Inés, ¿qué mucho que +enloquezcas para su dicha?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ángela..., Ángela..., en parte... sí..., tienes +razón... p. 50soy un pobre +demente..., mis escrúpulos son quizá exagerados. ¡Mi hija, mi Inés, tan +buena, tan hermosa! ¡Y moriría..., sí..., moriría!...

+ +

Ángela.

+ +

Al fin... ¡Lorenzo, mi buen Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pero aguarda..., no..., mis ideas se confunden... ¡un +torbellino de fuego gira dentro de mi cráneo! Sin embargo, aun así +comprendo que no basta renunciar a los bienes que poseo; es preciso que +diga por qué renuncio a ellos.

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Sin escucharla y como hablando consigo mismo). +De otro modo devuelvo materialmente bienes también materiales, es +verdad; pero sin reconocer el legítimo derecho de las personas a +quienes he despojado; restituyo, pues, traidora y cobardemente, y a +la sombra de otro derecho artificioso y vano que para comodidad mía y +beneficio de mi familia yo forjé con malas artes, lo que debí restituir +en toda su integridad.

+ +

Ángela.

+ +

¡Cuántas palabras altisonantes, Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Sin atenderla). Al conservar un nombre que no +es mío soy un miserable ladrón, es preciso decirlo por más que la +palabra me queme los labios. Robo un nombre y un derecho; privo a mis +víctimas de sus más poderosos medios de defensa contra la codicia que +en cualquier tiempo pueda despertarse en mis sucesores, y doy quizá +ocasión en lo futuro a nuevas iniquidades. ¿Lo ves?... ¿Lo ves, mujer +ciega? Hay que decir la verdad, toda la verdad, en voz alta, suceda lo +que quiera.

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Un juez, un tribunal ¿me despojaría por su sentencia +solo de mis bienes, o de mis bienes y de mi nombre a la vez? De todo, +de todo, ¿no es verdad? Pues lo que un juez hiciera debo hacerlo yo, +juez de mí mismo, o soy un miserable. Ahí tienes, ahí tienes, p. 51desdichada, lo que me grita +la conciencia. No, yo no quiero ser honrado a medias, porque en todo +aquello en que no sea enteramente honrado seré infame por entero. ¡Ah!, +estas cosas son muy claras: nada más claro que el deber.

+ +

Ángela.

+ +

Pero entonces, siendo el hecho público, la duquesa no +consentirá.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No consentirá: ya te lo decía yo.

+ +

Ángela.

+ +

¡Ah! ¡Lorenzo, Lorenzo; lo eres todo: filósofo, +moralista, jurisconsulto y, por de contado, hombre de bien! ¡Todo, +todo..., miserable máquina de pensar, todo menos padre!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Quieres volverme loco, y has de conseguirlo.

+ +

Ángela.

+ +

Ya no es posible.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Lo estoy?

+ +

Ángela.

+ +

Lo estás, y cuenta que no has llegado a lo más profundo +del abismo. Óyeme, que yo también entiendo algo en esto de la lógica: +al fin soy tu mujer. ¿Vas a decir la verdad, toda la verdad?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Toda.

+ +

Ángela.

+ +

¿A la justicia humana?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

A la justicia divina inútil me parece, que ya en este +momento nos está juzgando a los dos.

+ +

Ángela.

+ +

Compréndeme, Lorenzo. Quiero decir si repetirás todo lo +que nos contaste, ha poco, al juez, al escribano, ¿qué se yo?, a los +que han de recoger estos bienes que tú abandonas y han de entregarlos a +sus dueños.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí, a esos.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y referirás toda la historia?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Preciso será.

+ +

Ángela.

+ +

Pues atiende. Tendrás que decir que esa mujer, tu +nodriza Juana, es tu madre.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

De ese modo lavaré la mancha que sobre ella arrojó +una sentencia inicua. Bastara esto solo para que el silencio que me +aconsejas fuera un crimen.

+ +

p. 52

+ +

Ángela.

+ +

Y esto solo basta para que sea un deber el silencio. ¿No +ves, desdichado, que si Juana es inocente del delito que se le imputó, +es reo de un delito mayor? ¡Usurpación de estado civil se llama! Bien +lo sabes. Falsificar la familia, que es escarnecerla y destruirla; +arrancar un inmenso caudal a sus legítimos dueños, que es algo más que +recoger del suelo un medallón; cubrir un nacimiento ilegítimo con un +nombre honrado, que es envolver en manto de armiño la podredumbre del +vicio. Si Juana es tu madre, todo esto ha hecho Juana, y en su maldad +ha persistido durante cuarenta años.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Separándose de Ángela y oprimiéndose la cabeza con +las manos). ¡Calla, calla, por Dios santo!

+ +

Ángela.

+ +

Eso te pido yo: ¡calla!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Es mi madre!

+ +

Ángela.

+ +

¿Y qué importa? Quien inmola a la hija inocente, +¿por qué ha de respetar a la madre culpable? ¿No son superiores las +leyes divinas a las leyes humanas? ¿No es lo primero la justicia, el +deber, la verdad? ¿No han de prevalecer los fueros del alma sobre las +flaquezas de la carne?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Tienes razón; pero aun teniéndola, deliras. (Huyendo +de Ángela).

+ +

Ángela.

+ +

¿Por qué? Mira que vas siendo tan vulgar y tan débil +como esta pobre madre. ¿No exige el deber que dejes morir a tu hija? +Pues muera. ¿No exige que tú mismo arrastres a Juana moribunda al +calabozo? Pues allá con la anciana. Ya ves como yo también entiendo de +estas cosas: ya ves como tengo yo también mi lógica.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Lógica del infierno!

+ +

Ángela.

+ +

Y la tuya ¿de qué sublime esfera descendió?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Huyendo de Ángela). Déjame..., déjame..., no +puedo más. ¡Inés de mi alma! ¡Madre mía!... ¿Qué mal te hice, p. 53Ángela, para que así me +atormentes? (Viene a caer ya sin fuerzas en el sillón inmediato a la +mesa). ¡Ah, mi cabeza, mi cabeza arde!

+ +

Ángela.

+ +

Lorenzo..., Lorenzo... (Con dulzura).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí: tienes razón... Sí: soy un pobre demente... ¿Qué sé +yo lo que debo hacer?... ¡Todo es sombra! ¿Qué es la verdad, qué es la +mentira?

+ +

Ángela.

+ +

(Aparte). Fui muy cruel, pero salvé a mi hija: +no hablará. (Lorenzo está sentado, desplomado más bien, en el +sillón; tiene los brazos sobre la mesa y en las manos oculta el rostro. +Ángela se acerca a él con cariño y le habla con dulzura). Lorenzo, +perdóname.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Vete, vete por Dios!

+ +

Ángela.

+ +

Quise mostrarte el abismo en que caías: quise salvar a +Inés; quise salvarte a ti de tus propios furores.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí..., sí, Ángela..., lo comprendo..., pero déjame.

+ +

Ángela.

+ +

¿Me perdonas?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Te perdono..., y te amo... ¡Pobre Ángela, tú también +padeces! Pero deseo estar solo.

+ +

Ángela.

+ +

Pues bien, me voy; pero no te aflijas: ya buscaremos +camino de salvación. Diré a Inés que quieres verla ¿No deseas +estrecharla contra tu pecho?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Si ella quiere... (Con tono sumiso).

+ +

Ángela.

+ +

Pues espérame aquí: vendré a llamarte, y allá, cerca de +nuestra pobre niña, todos reunidos, animados del mismo deseo, aunando +nuestras voluntades, tú has de ver cómo vencemos la fatalidad que hoy +nos abruma.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

La venceremos..., sí, la venceremos... (Repitiendo lo +que oye sin saber lo que dice).

+ +

Ángela.

+ +

Adiós... y no me guardes rencor.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Rencor!... ¡A ti!

+ +

Ángela.

+ +

¡Adiós!

+ + +

p. +54ESCENA V.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sentado a la mesa y con aire de profundo abatimiento. +La chimenea arde con luz rojiza: la habitación aparece envuelta en +grandes sombras que se condensan fantásticamente en los cortinajes. +Larga pausa.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ya estoy solo. ¡Cuántas sombras por todas partes! ¡Qué +poco brilla esta luz! Mejor: crezcan las tinieblas: ¡a mí la oscuridad! +En ella es donde se nos aparece más luminosa la conciencia. Quiero el +bien, pero no sé dónde está: mi voluntad es fuerte, pero mi razón se +ofusca. Tres nombres relampaguean ante mis ojos en la negra noche en +que me agito. ¡Ángela, Juana, Inés! ¡A mi calvario me lleva mi destino +y sin quejarme subo la cruz de mis dolores! Pero vosotras, pero tú, +Inés mía, ¿por qué habéis de precederme marcando con vuestras lágrimas +el camino que han de ensangrentar mis plantas? Yo solo... sea; pero +vosotras, no. ¡Ah, Dios mío, que la luz de mi conciencia se apaga: que +mi voluntad desfallece: que la desesperación se apodera de mi espíritu! +Yo anhelo el bien, y en ti lo busco. ¡Señor, ven a mí; ven, que yo te +llamo! ¡Sombras que me rodeáis; espacio en que dolorido me revuelvo; +tiempo que eres para mí eternidad de congojas; y tú, silencio augusto, +que por algo compasivo me escuchas, llamad todos a vuestro Dios, que +mi voz no le alcanza! ¡Decidle que no quiero que muera mi hija; que +aparte de ella el cáliz de la amargura, y que todo lo agote entre mis +labios! ¡A mí todo..., a ella no! ¡Es tan hermosa, es tan buena, es tan +pura!... ¡Ella no! ¡Ella no, Dios mío! (Deja caer la cabeza sobre la +mesa y llora amargamente. Pausa).

+ + +

p. +55ESCENA VI.

+ +

Don Lorenzo, Juana.

+ +

Aparece en la puerta de la izquierda y en ella se +detiene.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Jirones de sombra han pasado ante mis ojos. +(Pausa). ¿Será todo esto un sueño? No: Juana está ahí dentro; y +la prueba..., la prueba..., (Abre el pupitre y saca un pliego) +la prueba es esta. No es un sueño por desgracia: es la realidad +implacable y terrible. Cien veces la he leído, y no me sacio de leerla: +«Te he querido como hijo aunque no lo has sido nuestro»... ¡Aunque no +lo has sido nuestro!...

+ +

Juana.

+ +

(Aparte y observándole). Está leyendo..., leyendo +la carta de la que creyó madre suya. Su madre soy yo: nadie más que yo. +(Avanza, aunque con trabajo, algunos pasos). ¡Cuánta tristeza +en su frente! ¿Hay lágrimas en sus ojos?... ¿En sus ojos? No sé. Quizá +estén en los míos que le miran. En él o en mí están: yo veo lágrimas +en alguna parte. (Da algunos pasos más). ¿Llorar él? ¿Por qué? +¿Porque soy su madre? ¿Sentirá que yo sea su madre? Pero ¿qué le +importa si nadie más que él sabe mi secreto, y yo voy a morir? Sí, a +morir..., a morir muy pronto. La noche eterna y fría va penetrando +hasta lo más profundo de mi ser: algo muy negro está dentro de mí. +(Da un paso más, vacila y se apoya en la mesa para no caer. Lorenzo +se vuelve hacia ella).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Juana!

+ +

Juana.

+ +

¡Siempre ese nombre!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre!

+ +

Juana.

+ +

Te enoja que lo sea; bien lo conozco.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Que tal pienses de mí!

+ +

Juana.

+ +

Pues si enojos no son, será vergüenza de tenerme por +madre.

+ +

p. 56

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Avergonzarme yo? Mañana sabrá todo el mundo que yo soy +tu hijo.

+ +

Juana.

+ +

¡Mañana! ¿Qué intentas? Tardo está ya mi oído, y sin +duda no comprendí lo que dijiste. (Con espanto).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Dije mal. Mañana no. Es preciso que antes salgas de +España, y cuando estés en sitio seguro, porque a veces la justicia de +los hombres es muy cruel, yo proclamaré la verdad en voz alta; yo me +despojaré de un nombre que no es mío; yo devolveré riquezas usurpadas. +Es ya cosa resuelta.

+ +

Juana.

+ +

¡Jesús de mi vida!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y después con Ángela y con mi pobre niña iré a +buscarte.

+ +

Juana.

+ +

¿Tú en la miseria, tú en la deshonra, tú sin más nombre +que un nombre escarnecido y manchado? Pero ¿por qué? ¿Por qué? ¿Quién +te obliga a ello? Habla, hijo mío, que me haces perder el juicio. +¿Quién?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Mi conciencia, madre, y tu culpa.

+ +

Juana.

+ +

Pero ¿piensas decir la verdad?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Por qué me la dijiste a mí? (Con enojo). Si yo +nada hubiese sabido..., no tendría hoy que dar la muerte a mi hija.

+ +

Juana.

+ +

¿Por qué?... ¡Y me lo preguntas! ¡Y no lo +comprende! ¡Ingrato! (Oculta el rostro entre las manos y llora +amargamente).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre!

+ +

Juana.

+ +

Porque iba a morir..., porque voy a morir..., y antes +era preciso que supieses lo que por tu felicidad hizo esta pobre mujer. +Además... quería que una vez al menos me llamases madre. Por esto..., +nada más que por esto... Porque del corazón me subía a la garganta y me +ahogaba algo, que al fin no pude contener, y tuve que decirte ¡eres mi +hijo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Te comprendo, madre mía, y no te acuso.

+ +

p. 57

+ +

Juana.

+ +

Pero tú no piensas hacer lo que has dicho, ¿no es +cierto? ¡Fuera una infamia para con tu familia, fuera una crueldad para +con esta pobre anciana!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Crueldad, sí; infamia, no: que con esta crueldad otras +infamias borro.

+ +

Juana.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Perdóname!

+ +

Juana.

+ +

¿Dices que yo cometí una infamia? (Asombrada).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Nada digo.

+ +

Juana.

+ +

¡Pero fue por ti..., por ti..., por ti, hijo mío! +(Con voz cada vez más ahogada. Lorenzo permanece silencioso, sombrío +y sin volverse hacia su madre). ¡Fue por él, Dios mío, y así me +paga! ¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

El mal no puede prevalecer: la obra de iniquidad se +arruina bajo su propio peso: mi sacrificio lavará tu culpa.

+ +

Juana.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Acercándola a la luz, poniendo en su mano la carta y +obligándola a leer). ¿Qué dice ahí?

+ +

Juana.

+ +

«Perdóname y que Dios te inspire». (Sentándose y +leyendo con trabajo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues bien, madre, la perdoné y he pedido inspiración al +cielo: tus súplicas son inútiles.

+ +

ESCENA VII.

+ +

Juana, don Lorenzo, Ángela por +la derecha.

+ +

Ángela.

+ +

Lorenzo, Inés te llama. (Desde la misma puerta de la +derecha y sin penetrar en la habitación).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ella!..., ¡mi hija!..., sí, voy... Perdóname, madre +mía, volveré muy pronto.

+ +

Juana.

+ +

(Deteniéndole, y en voz baja). Ya sé que me +desprecias; ya sé que me odias...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre!

+ +

p. 58

+ +

Juana.

+ +

Pero no por mí, por ella, por esa niña... +(Incorporándose).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Ni aun por ella. (Con desesperación).

+ +

Juana.

+ +

¡Ah! (Cae en el sillón y se cubre el rostro con las +manos. Salen Lorenzo y Ángela).

+ + +

ESCENA VIII.

+ +

Juana, queda con el papel +en la mano.

+ +

Juana.

+ +

¡Ni aun por ella! (Sollozando). Sacrifícate, +Juana, por tu hijo: renuncia a sus caricias: clávate las uñas en el +pecho al verle besar a otra mujer y llamarla madre: bebe por dentro +lágrimas de amargura y recógelas en el corazón hasta que rebose o +estalle: recibe en la frente marca infamante: consúmete de miseria y de +dolor en una buhardilla veinte años sin más dicha ni más consuelo que +verle pasar a lo lejos en su coche. ¡Ay, Dios mío, yo muero! (Pausa: +después reanimándose un tanto). Más..., más aún... Tú, pobre +Juana, sufriendo todo lo que he dicho; y en cambio, hazle rico, sabio, +ilustre, bueno, y... a la hora de la muerte preséntate a él, solo a +pedirle un beso, solo buscando que te diga: «¡Qué buena eres, cuánto +me has querido!...», y él no te dirá nada de eso: te mirará triste y +severo..., te dirá que cometiste una infamia..., que es preciso que +él borre tu culpa..., que tu obra es... obra de iniquidad... ¡Obra +de iniquidad!... ¡Ah, Lorenzo, hijo mío!... ¿Por qué eres tan cruel? +¿Por qué arrojas con desprecio todo lo que a costa de mi felicidad +te he dado?... ¡Mira que me cuesta muchas lágrimas! (Cambiando +de tono, levantándose con arranque de desesperación y viniendo a la +derecha). ¡Y mi sacrificio habrá sido inútil! ¡Y habré perdido +yo mi dicha y le habré perdido a él! ¡Insensata, egoísta! ¿Por qué +p. 59le dije la verdad? +(Pausa). Pues no ha de ser; no ha de ser: la obra de iniquidad +no amenaza ruina todavía, pobre visionario. ¡Yo lo negaré todo! (Con +voz apagada). Serás feliz, y rico, y poderoso a tu pesar. Él puso +en mis manos la única prueba. (Tendiendo el brazo hacia la mesa +en que está el papel). Bueno, bueno: entre su madre y su hija +van a salvarle: ¡extraña coincidencia! Ella llamándole le obliga a +alejarse, y yo me quedo... Ea... Agotemos las fuerzas que me restan. +Ahora me acerco poco a poco, y entre las sombras... Así fue de oscura +aquella noche en que mi ama vino a buscarme al lecho y murmuró en mi +oído: ¿quieres que tu hijo sea rico y feliz? Y yo dudé..., y luego +dije que sí... Y ahora... Y ahora digo que sí. (Llegándose a la +mesa. Pausa). ¿Vuelve Lorenzo? (Aplicando el oído). Sí; me +parece que vuelve... ¡Y me pedirá la carta como antes me la pidió!... +Vamos..., al fuego... (Quiere andar, pero no puede). Oigo su +voz..., me faltan las fuerzas..., no me da tiempo... ¡Va a venir!... +No..., pues yo no se la doy... Es otra vez mi presa... ¡Ah!... Ya sé... +Ya sé... Pondré dentro del sobre un papel en blanco para que al pronto +nada note... (Ejecutando la operación que acaba de indicar). +¡Obra de iniquidad la llama Lorenzo! ¡Pobre hijo mío, que a veces es +inocente como un niño! Así..., así..., lo dejo donde estaba..., y este +a las llamas... Oigo su voz siempre... pero aún no viene... Quizá +antes de que venga..., sí..., sí..., ya puedo... A las llamas..., +a las llamas. (Arroja el papel al fuego y se inclina para verlo +arder). ¡Llama es ya! Su resplandor ilumina el rostro de mi antigua +señora. (Viendo un retrato que hay en la pared). Mira, mira, +ya es ceniza; y era la única prueba. ¿La única? No: otra queda, pues +quedo yo; pero muy pronto seré ceniza también. (Pausa). Ahora me +voy a mi cuarto... (Dando unos pasos). Dios mío, me faltan las +fuerzas... p. 60(Haciendo +un esfuerzo y dando unos pasos más). Pero le he salvado..., será +rico..., feliz... No veo..., no veo... Esa luz se apaga... ¿Se apaga +ella o la de mis ojos? (Se acerca a la mesa, coge la vela y de +nuevo intenta marchar). ¡Luz!... ¡Luz!... ¿Dónde está mi cuarto? +¡Sombras!..., ¡todo sombras! ¡Ay de mí!... ¡Dios mío!... ¡No puedo..., +no puedo! (Deja caer la luz: solo queda iluminada la habitación +por el reflejo rojizo de la chimenea. Ella cae también detrás de la +mesa).

+ + +

ESCENA IX.

+ +

Juana, don Lorenzo, Inés, Ángela, Duquesa.

+ +

Los cuatro últimos por la derecha. Lorenzo entra como +huyendo de su hija: esta se detiene en la puerta. Viene vestida de +blanco: detrás de ella y medio ocultas por el cortinaje, Ángela y la +Duquesa.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Viniendo al centro del escenario). ¡No más! ¡No +más! ¡Es la última prueba! La última, sí; pero, ¡ay!, que mi voluntad +vacila.

+ +

Ángela.

+ +

(Aparte a Inés). Síguele, no le dejes: cederá.

+ +

Inés.

+ +

¿Por qué huyes de mí, padre mío?
(Avanza algunos +pasos, muy pocos: detrás de ella Ángela y la Duquesa. Es preciso dar a +esta escena todo el carácter fantástico que en sí tiene, para que el +efecto corresponda a la idea del drama. Don Lorenzo está en el centro +del proscenio manifestando con su actitud, en sus ademanes y en su +entonación, que sostiene una última y desesperada lucha consigo mismo. +Inés, bella y poética, se aproxima lentamente a su padre: siempre la +siguen Ángela y la Duquesa, vestidas de negro, inspirándola cuanto +dice. Juana agoniza. El despacho está envuelto en grandes sombras: el +reflejo de la chimenea ilumina de lleno a Inés).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Allí está la tentación! Pero ¡qué hermosa es! ¡Qué +aureola de divina belleza la circunda! ¡Única luz entre tanta +sombra!

+ +

Ángela.

+ +

(Aparte a su hija). ¿Lo ves? Ya no acierta a +resistir... Ruégale..., ruégale, Inés mía.

+ +

p. 61

+ +

Inés.

+ +

(Avanzando). ¡Ven a mis brazos!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Retrocediendo). ¡Ay de mí si los ciñe a mi +cuello como dulcísimo dogal!

+ +

Juana.

+ +

(Aparte con voz apagada). Un dogal al cuello... +Tiene razón...

+ +

Inés.

+ +

¡Por Dios santo, padre mío, por el amor que me tienes; +por las lágrimas de estos ojos que cuando yo era niña tanto querías +y tanto besabas! (Llevándose las manos al rostro, retirándolas +después, y dándoselas a besar a su padre). ¡Mira, mira y cómo se +desprenden de mis párpados! Mis dedos las recogieron al caer, bésalas y +sentirás en tus labios su amargura.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí: las besaré..., las besaré..., pero ¡ay, si una sola +de las mías cayese en los tuyos!

+ +

Juana.

+ +

(Aparte). ¡Caer!... Han dicho caer... ¡Yo también +caigo en abismo sin fondo! Pero antes..., antes... quiero abrazar a mi +hijo.

+ +

Inés.

+ +

¡Padre! (Lorenzo retrocede. Inés, Ángela y la Duquesa +le siguen).

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Juana.

+ +

¡Han dicho Lorenzo! Allí..., allí... veo algo... +(Avanzando).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No..., no..., digo mil veces que no... ¡Queréis +envilecerme!

+ +

Inés.

+ +

Y tú, padre mío, ¿quién lo creyera? ¡Quieres mi muerte! +Y si no, ¿por qué te opones a este amor que es mi vida?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Yo, Inés mía..., no..., la duquesa..., la duquesa es.

+ +

Ángela.

+ +

No es cierto. La duquesa cede.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡A precio de deshonra!

+ +

Duquesa.

+ +

No es cierto, Inés: a trueque de silencio.

+ +

Inés.

+ +

Lo estás oyendo, padre mío.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Separándose de ellas, rechazándolas y +retrocediendo). ¡Solo oigo voces que me piden mi conciencia!... +¡Solo veo sombras que entre las sombras me persiguen! Fantasmas +del espacio..., engendros de la tentación..., ¡dejadme!... p. 62¡Dejadme por Dios vivo; que si +sois fuertes para atormentarme el corazón, sois débiles, muy débiles, +para torcer mi voluntad!

+ +

Juana.

+ +

¡Su voz!... ¡Lorenzo!... ¡Lorenzo!... (Llegando a él +y abrazándole).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre! (Abrazándola también).

+ +

Inés.

+ +

(Amparándose de Ángela). ¿Qué voz es esa? ¿Quién +es esa mujer? ¿Qué sombra brotó de las tinieblas y ciñó a mi padre con +sus brazos? ¡Tengo miedo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Juana!... ¡Madre mía!

+ +

Inés.

+ +

¡Su madre! ¿Por qué la llama su madre?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Porque es mi madre, y porque... he de decirlo.

+ +

Juana.

+ +

¡Yo! ¿Su madre yo? ¡Jesús, qué idea!... ¡Bien +quisiera... serlo!

+ +

Duquesa.

+ +

¿Oye usted..., oye usted lo que dice?

+ +

Ángela.

+ +

¡Lo niega!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Lo eres! (Con violencia).

+ +

Juana.

+ +

¡Ah..., pobre Lorenzo mío! (Con risa forzada). +¡Hijo de mi alma! (Al oído, y abrazándole).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Por la tuya, que repitas en voz alta lo que me dices al +oído!

+ +

Juana.

+ +

Yo..., al oído... ¿Pues qué te dije? ¡Ser su madre!... +¡Qué mayor dicha!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ah!... ¿Lo niegas? (Con furor).

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Niegas que eres mi madre? (Con creciente +furor).

+ +

Juana.

+ +

¿Y cómo no?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡De mí renegaste al nacer yo, y vuelves a renegar a la +hora de tu muerte! (Con horrible desesperación).

+ +

Juana.

+ +

(Abrazándose a él, y formando los dos un grupo tan +estrechamente unido, que es imposible en la oscuridad conocer si se +abrazan ambos, o si en su furor la estrecha Lorenzo contra sí). +¡Hijo de mis entrañas! (Con voz moribunda, al oído).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Eso..., eso!... (Ya delirante).

+ +

Juana.

+ +

¡Yo muero!

+ +

p. 63

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No..., madre mía.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Jesús mil veces! ¡Ese hombre va a matarla!... ¡Socorro! +(Corriendo hacia la puerta de la derecha).

+ +

Ángela.

+ +

¡Eduardo!... ¡Tomás!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre!... ¡Madre!...

+ +

Juana.

+ +

No... Dios mío... No..., ¡eso no!

+ + +

ESCENA X.

+ +

Don Lorenzo, Inés, Juana, Ángela, Duquesa, don +Tomás, Eduardo.

+ +

Los dos últimos, por la derecha con luces. Todos +acuden y procuran separar a Lorenzo de Juana.

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Vamos!... ¡Vamos!...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Madre mía!... ¡Perdón!... ¡Perdón! Si no quieres no te +llamaré madre... ¡Madre mía!

+ +

Juana.

+ +

A... diós...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡¡Juana!!

+ +

Juana.

+ +

(Haciendo un esfuerzo horrible, se levanta como +herida en el corazón por el nombre de Juana, y cae).

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Muerta!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡No..., no es posible! (Abrazándose a su madre). +Para matarla la llamé ¡madre!..., y el último grito que oyó de mis +labios... fue ¡Juana! ¡Ah, Dios mío, Dios mío! ¿Por qué la castigas +así, y por qué me abandonas?

+ + +

FIN DEL ACTO SEGUNDO.

+ +
+ + +
+

p. 65

+

ACTO TERCERO.

+
+
+ +

La misma decoración de los actos anteriores.

+ + +

ESCENA PRIMERA.

+ +

Don Tomás, después un Criado.

+ +

Don Tomás.

+ +

Todo en calma. Ni se oye el llanto de Inés, ni +ruge la cólera de Lorenzo. Calma precursora de nueva tempestad. +(Pausa). Momentos hay en que dudo y vacilo. Él..., él..., mi +buen amigo, mi pobre Lorenzo... Esta idea no me da punto de reposo. En +fin, muy luego sabremos la verdad: entretanto valor, y cumplamos para +con esta atribulada familia deberes sagrados que nadie con mejor deseo +que yo ha de cumplir.

+ +

Criado.

+ +

Un caballero a quien acompañan dos... que..., vamos..., +yo no sé si lo son..., aunque su traje... En fin, ese caballero me ha +dado para usted esta tarjeta, y allá fuera esperan todos.

+ +

Don Tomás.

+ +

(Mirando la tarjeta). ¡Ah! ¡El doctor Bermúdez! +Que pase, que pase...

+ +

Criado.

+ +

¿Y los otros dos?

+ +

Don Tomás.

+ +

Que esperen. (Sale el Criado). A medida que +se aproxima el momento crece mi ansiedad y crecen mis dudas. ¡Pobre +Ángela, qué golpe! ¡Pobre Inés!... ¡En qué estado de excitación +nerviosa se halla la desdichada p. +66niña! ¡Qué lucidez en su mirada! ¡Qué claridad en sus juicios! +Nadie le explicó lo que ocurre... y yo creo que lo sabe todo; y adivina +lo que no sabe, y sospecha lo que no adivina. No: esta situación no +puede prolongarse más: afrontemos la realidad por triste que sea.

+ + +

ESCENA II.

+ +

Don Tomás, doctor Bermúdez, +después dos loqueros vestidos decentemente, pero dando a conocer en su +fisonomía y en sus maneras que no son lo que aparentan.

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Doctor!... (Saliendo al encuentro, y dándole la +mano).

+ +

Doctor.

+ +

¡Don Tomás!...

+ +

Don Tomás.

+ +

Puntual como de costumbre.

+ +

Doctor.

+ +

No, vengo con alguna anticipación..., para dejar +convenientemente instalados a esos dos...

+ +

Don Tomás.

+ +

Sí, sí, comprendo.

+ +

Doctor.

+ +

Los he hecho vestir de manera que don Lorenzo +no sospeche..., porque como solo se trata de esas precauciones +generales...

+ +

Don Tomás.

+ +

Ya, ya..., muy bien. Es preciso caminar con prudencia. +Rapto de furor; verdadero rapto de furor, como dije a usted, solo ha +tenido uno; el de la otra noche. Pudiera ser que yo me equivocase...

+ +

Doctor.

+ +

Mucho lo celebraría..., y usted lo celebraría +también.

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Ay, amigo mío, estoy que no sé lo que me pasa! En fin, +su ciencia de usted, su práctica, su profundísima penetración han de +sacarnos de dudas.

+ +

Doctor.

+ +

¡Usted me lisonjea! Estando usted...

+ +

Don Tomás.

+ +

No cuente usted conmigo, doctor; no estoy para nada: me +declaro incompetente: se trata de mi mejor amigo: casi de un hermano. +Además, siempre me ha parecido... Usted conoce mi escuela: entre la +razón y la locura no hay una línea divisoria...

+ +

p. 67

+ +

Doctor.

+ +

Evidente, evidente; y todos los sabios tienen algo...

+ +

Don Tomás.

+ +

Cabal; la excitación del cerebro pasa de cierto límite +y...

+ +

Doctor.

+ +

Justo. Veremos, veremos lo que puede hacerse por don +Lorenzo. Conque esos dos chicos...

+ +

Don Tomás.

+ +

Fácil ha de ser inventar cualquier historia: serán los +testigos... o se le dirá que vienen con el escribano... Cualquier cosa. +El pobre Lorenzo no está para fijarse en estos pormenores.

+ +

Doctor.

+ +

¿Y dónde esperan?

+ +

Don Tomás.

+ +

Ahí dentro. (Señalando la puerta de la +izquierda).

+ +

Doctor.

+ +

(Asomándose al fondo) ¡Eh! ¡Braulio! ¡Benito! +(Entran los dos loqueros algo cortados y mostrando en sus ademanes +toscos y torpes lo que son).

+ +

Don Tomás.

+ +

Entren ustedes ahí en ese gabinete: si son ustedes +necesarios ya se les avisará, y entretanto, quietos. (Los loqueros +saludan y entran por la izquierda). Desde que murió Juana no ha +vuelto a entrar Lorenzo en esa habitación. (A Bermúdez). En +cerrando la puerta... (La cierra).

+ +

Doctor.

+ +

(Mirando el reloj). Vuelvo en seguida: antes de +que llegue el escribano estoy aquí. Voy... muy cerca...

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Una visita?

+ +

Doctor.

+ +

Sí: un caso muy bonito de locura. (Ángela entra por +el fondo y se detiene al ver a Bermúdez). ¿Es?... (Aparte a +Tomás, indicándole con la mirada a Ángela).

+ +

Don Tomás.

+ +

Sí: la esposa. No hable usted con ella.

+ +

Doctor.

+ +

Hasta luego. (Aparte a Tomás). Señora... +(Saludando. Sale por el fondo).

+ + +

p. +68ESCENA III.

+ +

Ángela, don Tomás.

+ +

Ángela sigue con la vista a Bermúdez; después mira +hacia el gabinete en que entraron los loqueros.

+ +

Ángela.

+ +

¿Quién es ese que sale? ¿Quiénes son dos hombres que +vinieron con él?

+ +

Don Tomás.

+ +

Cálmese usted, Ángela. Todo se arreglará. Estas son +precauciones, pero necesarias, porque, ¿quién sabe?, puede tener +Lorenzo otro rapto de furor como anteanoche; y por ustedes, por él +mismo...

+ +

Ángela.

+ +

No, Tomás, no diga usted eso.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿No recuerda usted, Ángela, con qué frenesí estrechaba +entre sus brazos el cuerpo moribundo de la pobre Juana? Ahora que +nadie nos oye, y en confianza, yo creo que él... fue... la causa +determinante...

+ +

Ángela.

+ +

¡Tomás, Tomás!

+ +

Don Tomás.

+ +

Por lo menos apresuró su muerte: y ¿no vio usted cómo +en su delirio él mismo se acusaba? No nos forjemos ilusiones: fue un +verdadero ataque de...

+ +

Ángela.

+ +

(Llorando). ¡Lorenzo! ¡Lorenzo mío!

+ +

Don Tomás.

+ +

Y la crisis puede volver porque hoy...

+ +

Ángela.

+ +

Sí, ya sé lo que se propone... ¡Ay, Tomás, qué +desgraciados somos! ¡Qué desgraciado es mi pobre Lorenzo!

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Qué hace ahora?

+ +

Ángela.

+ +

Está muy en calma: escribe, pasea..., quiere estar con +Inés y conmigo como si la soledad le espantase. Hace poco me miró con +tristeza, pero con cariño, me besó en la frente y me dijo «¡Pobre +Ángela!».

+ +

Don Tomás.

+ +

No contradecirle.

+ +

p. 69

+ +

Ángela.

+ +

No señor: en todo le damos la razón.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Y sigue en sus trece?

+ +

Ángela.

+ +

¡Ay, sí señor! De cuando en cuando pregunta qué hora es: +se impacienta porque el escribano no viene y murmura con voz sorda: +«Mal que pese al mundo entero he de cumplir mi obligación».

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Qué hombre! ¡Qué carácter!

+ +

Ángela.

+ +

Tomás, por Dios santo, que no me engañe usted. ¿Usted +cree que Lorenzo?... ¡No puedo, no puedo pronunciar esa horrible +palabra!

+ +

Don Tomás.

+ +

Yo nada creo todavía. Veremos, Ángela: veremos, mi buena +amiga. Precisamente para salir de una vez de esta insufrible ansiedad +hice venir al doctor Bermúdez: un alienista de primer orden.

+ +

Ángela.

+ +

¡Pero si es imposible!... ¡Si digo que es imposible!

+ +

Don Tomás.

+ +

Ojalá acierte usted, y no debemos perder la esperanza; +pero ¿imposible?... ¡Ah, la razón humana es tan poca cosa!

+ +

Ángela.

+ +

¡Ay, mi esposo de mi alma! No..., no quiero..., ¡no ha +de ser! (Con desesperación).

+ +

Don Tomás.

+ +

Vamos, Ángela, juicio, valor; por aquella pobre niña, +por Inés al menos. Y ¿quién sabe todavía? Veremos qué explicaciones da +Lorenzo, qué pruebas presenta...

+ +

Ángela.

+ +

¡Qué pruebas ha de presentar el desdichado mío, si a +la misma Juana moribunda le oí yo repetir: «No..., no..., no eres mi +hijo», mientras él, frenético, delirante, estrechándola en sus brazos, +pugnando por arrancar de aquel cuerpo, ya casi muerto, una confesión +imposible, la llamaba «¡Madre!» con el grito estridente de la demencia! +No me consuele usted: es inútil: yo sé que nuestra desventura es +inevitable.

+ +

Don Tomás.

+ +

Harto lo temo.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y aquel modo de recibir a la duquesa? Él, tan cortés +siempre; siempre tan fino...

+ +

p. 70

+ +

Don Tomás.

+ +

Tiene usted razón: aquel día lo comprendí yo todo; pero +nadie se resigna cuando la fatalidad le hiere tan de repente.

+ +

Ángela.

+ +

Y adorando, como adora, a su hija, ¿quién hace lo que él +pretende hacer hoy?

+ +

Don Tomás.

+ +

Nadie, Ángela, nadie, no habiendo perdido el juicio.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y usted le ha dicho a Bermúdez?...

+ +

Don Tomás.

+ +

Todo no: fuera peligroso; pero lo bastante para que nos +dé su opinión.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y cuál es?

+ +

Don Tomás.

+ +

No he de ocultarle a usted...

+ +

Ángela.

+ +

¡Inútil, Tomás, inútil!... ¡Si yo sé bien que no hay +remedio!

+ +

Don Tomás.

+ +

Con un buen régimen; separado de aquellas personas que, +por lo mismo que son para él tan queridas, con su presencia han de +irritar de continuo su exagerada sensibilidad...

+ +

Ángela.

+ +

¡Tomás!...

+ +

Don Tomás.

+ +

En un buen establecimiento de España o del +extranjero...

+ +

Ángela.

+ +

¡Qué..., qué!..., ¿qué quiere usted decir?... ¿Separarlo +de nuestro lado?... ¡Llevárselo! ¡A él..., a él! ¡No, jamás, soy su +esposa! ¡No lo consiento!

+ +

Don Tomás.

+ +

La presencia de Inés estimula su delirio.

+ +

Ángela.

+ +

Y la ausencia de su hija será su muerte.

+ +

Don Tomás.

+ +

Ahogó entre sus brazos a aquella pobre mujer.

+ +

Ángela.

+ +

No, Tomás, no: en eso no tiene usted razón: en los +brazos de Lorenzo no corre peligro la pobre Inés. ¡Es su hija!

+ +

Don Tomás.

+ +

Y él pensaba que Juana era su madre.

+ +

Ángela.

+ +

No ha de ser, Tomás: no ha de ser. ¿Por qué en vez de +atormentarme no busca usted alivio para mis penas?

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Ángela!

+ +

Ángela.

+ +

Verdad es, mi buen amigo, que no es fácil hallar +consuelos para mi dolor.

+ +

p. 71

+ +

Don Tomás.

+ +

Los hay en todo dolor humano, por grande que sea.

+ +

Ángela.

+ +

Menos en este.

+ +

Don Tomás.

+ +

En este, más que en todos; y si no, discutamos a sangre +fría.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y cómo, cuando la fiebre nos abrasa las venas?

+ +

Don Tomás.

+ +

Óigame usted. Si lo que afirma Lorenzo fuese verdad; si +presentara pruebas terminantes...

+ +

Ángela.

+ +

Entonces mi Lorenzo no habría perdido la razón: nosotros +seríamos los ciegos y desatentados. ¡Oh, qué dicha!

+ +

Don Tomás.

+ +

No tanta, porque entonces les esperaba a ustedes la +miseria, la deshonra, la muerte...

+ +

Ángela.

+ +

¡Calle usted, Tomás!

+ +

Don Tomás.

+ +

La muerte digo, además de la miseria, porque Inés +moriría. En cambio si la desgracia de Lorenzo es cierta....

+ +

Ángela.

+ +

No siga usted..., no quiero pensar en tales cosas.

+ +

Don Tomás.

+ +

Pues piense usted en Inés; y con el pensamiento en ella +sepa usted, Ángela, que estas heridas son, triste es decirlo, pero +fuerza es confesarlo, horribles, sí; mortales, no; que solo es mortal +para la juventud lo que destruye el porvenir; no lo que precipita en la +nada lo pasado.

+ +

Ángela.

+ +

¡Por Dios, Tomás!...

+ +

Don Tomás.

+ +

De la desgracia de Lorenzo depende la felicidad de Inés: +no lo olvidemos.

+ +

Ángela.

+ +

Cúmplase la voluntad de Dios, pero no despierte usted en +mí ideas que antes me espantan que me consuelan.

+ + +

ESCENA IV.

+ +

Ángela, don Tomás, don +Lorenzo por la derecha.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). ¿Pero dónde dejé yo la llave? ¡Ah, +mi cabeza!... Y el escribano vendrá muy pronto..., y en aquel p. 72pupitre guardé la carta: bien +me acuerdo: sí..., hace dos días..., cuando mi madre...

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Pobre Ángela! ¡Terrible es la prueba! (Sin ver a +Lorenzo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Cómo?... ¿Qué dicen? ¡La prueba, sí: de la prueba +hablaban! (Con inquietud y buscando la llave del pupitre sobre la +mesa).

+ +

Ángela.

+ +

Terrible es, muy terrible caminar entre dos abismos... +Lorenzo a un lado... Inés a otro... Tiene usted razón.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Con enojo y en voz alta). ¡La he perdido!

+ +

Don Tomás.

+ +

(Volviéndose, aparte). ¡Desdichado, pienso que +sí!

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ah!... ¿Estabais?... (Con mirada recelosa y como si +no los hubiera visto antes).

+ +

Ángela.

+ +

¿Qué buscas?... Nosotros te ayudaremos. (Con +dulzura).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Vosotros?... No. ¿Para qué? Yo solo.

+ +

Ángela.

+ +

Pero di al menos ¿qué has perdido?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Todo: hasta el amor de los míos. ¡Mira si puedo perder +más!

+ +

Ángela.

+ +

No, Lorenzo, no lo creas.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Al fin..., la llave... ¡Gracias al cielo! (Aparte, +con desconfianza). Y estaba puesta..., puesta... (Abre con +ansiedad el pupitre y coge el pliego que dejó Juana). ¡Ah! ¡Aquí +está!... Se me ha quitado un peso de encima... (Leyendo). «Para +Lorenzo». Este es el pliego.

+ +

Ángela.

+ +

(Acercándose). ¿Encontraste lo que buscabas?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí. (Tomás se acerca también).

+ +

Ángela.

+ +

¿Qué papel es ese? (Lorenzo se preparaba a sacar el +pliego de su sobre; pero al ver que Ángela y Tomás se acercan, lo mete +en el pupitre, echa la llave y se la guarda).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Uno muy importante. (Con cierta desconfianza y +mirándolos con recelo). ¿Para qué queréis saberlo?

+ +

Ángela.

+ +

No te enfades, Lorenzo mío. Perdóname si he sido +indiscreta.

+ +

p. 73

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Perdonar yo! Yo soy quien ha menester vuestro perdón. +Por mí, por mi culpa, ¡vais a ser tan desgraciadas!

+ +

Ángela.

+ +

No digas eso: no lo seremos nunca siendo tú dichoso.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y yo ¿podré serlo no siéndolo tú; no siéndolo mi Inés de +mi vida?

+ +

Ángela.

+ +

Lo será también.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Imposible: porque ¿sabes tú cuál es mi pensamiento?

+ +

Ángela.

+ +

Ya me lo explicaste. ¿No lo recuerdas?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(A Tomás). ¿Y tú?

+ +

Don Tomás.

+ +

También.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Y lo aprobáis?

+ +

Ángela.

+ +

(Con dulzura). Bien hecho estará lo que tú +hagas.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(A Tomás). Y tú, ¿qué dices?

+ +

Don Tomás.

+ +

Lo mismo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Lo mismo! (Pensativo). ¡Qué conformidad! ¿Sabéis +que hice llamar a un escribano?

+ +

Ángela.

+ +

Lo sabemos.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Mirando a los dos). Lo sabéis. ¿Y sabéis que he +de hacer que levante acta notarial y en toda forma de mi declaración y +de mi renuncia?

+ +

Ángela.

+ +

Sí, Lorenzo mío.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Para que luego el juez provea a lo que en derecho +procede. ¿No es cierto?

+ +

Don Tomás.

+ +

Es natural.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(A Ángela). Y tú, ¿qué dices?

+ +

Ángela.

+ +

(Con voz llorosa). Si estos bienes que hoy +disfrutamos no te pertenecen..., bien haces.

+ +

Don Tomás.

+ +

Si el nombre que llevas no es tuyo, preciso será que a +él renuncies.

+ +

Ángela.

+ +

Y en todo caso tu voluntad es ley.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Pero ley tiránica..., impía!... ¿No es verdad?

+ +

Ángela.

+ +

Ley que yo acato como la mejor.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Inquieto, nervioso, casi irritado). ¿Y no +resistes? ¿Y no lucháis?

+ +

p. 74

+ +

Don Tomás.

+ +

Tu conducta es la de un hombre honrado. En rigor no +podías hacer otra cosa.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué sumisión tan inverosímil! ¡Qué docilidad tan +extraña! ¡Qué cambio tan repentino! Me estáis mintiendo... ¡Digo que me +estáis mintiendo! (Con violencia).

+ +

Ángela.

+ +

¡Por Dios, Lorenzo!

+ +

Don Tomás.

+ +

(Aparte). ¡Ah, no hay esperanza! La demencia +invade como negra ola su cerebro.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Calmándose). En fin, mejor es así. (Pausa. +Con ternura y acercándose a Ángela). ¿Dónde está Inés?

+ +

Ángela.

+ +

¡Pobre hija mía!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿No la defiendes contra mí? Pues, sin embargo, esa es tu +obligación. (Con dulzura).

+ +

Ángela.

+ +

¡Ay, Lorenzo! ¿Qué puede contra ti esta infeliz mujer? +Tu voluntad se templa en la lucha y en la desgracia: la mía cede hasta +besar el polvo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Tienes razón: es irresistible mi voluntad cuando el +deber me inspira. ¿Y qué dices a todo esto? (A Tomás).

+ +

Don Tomás.

+ +

Que así será.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Así es. (Pausa). ¡Pobre Ángela!... ¿Y sabes tú lo +que vamos a hacer, firmada que sea el acta y entregada la prueba?

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Tienes una prueba?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿No lo sabías? (Aparte con extrañeza). (Pues de +ella hablaban cuando yo entré.) Sí, la tengo: evidente, irrecusable, +clara como la luz, aunque es negra como la noche y la traición.

+ +

Ángela.

+ +

Cálmate, Lorenzo.

+ +

Don Tomás.

+ +

¿Y cuál es?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Una carta de mi madre..., de aquella mujer que se +llamaba madre mía.

+ +

Ángela.

+ +

(Aparte). ¡Dios mío! ¿Será verdad?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Su firma, su letra..., y está allí..., en mi poder.

+ +

Don Tomás.

+ +

(Aparte). ¡Ah! Si así fuese...

+ +

p. 75

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues bien, entregada la prueba, tú (a Ángela) +y la pobre Inés, y yo saldremos al momento de esta casa..., de esta +casa que ya no será nuestra, y de la que hoy mismo la ley tomará +posesión hasta que acudan los herederos de Avendaño. (Animándose +gradualmente). Y en tanto nosotros, sin recursos, sin nombre, +sosteniendo en nuestros brazos una hija moribunda, porque Inés +morirá, tú me lo aseguras (a Tomás), iremos solos, solos y +desesperados... No, dije mal. Blasfemé. Iremos con la honra entera, con +la conciencia tranquila, alta la frente, y Dios con nosotros. ¿Qué me +importa que todos me abandonen si Él me acompaña?

+ +

Ángela.

+ +

Tu voluntad es ley, Lorenzo... (Abrazándole). +Antes lo dijeron mis labios: ahora te lo dice mi corazón.

+ +

Don Tomás.

+ +

(Aparte). Si la prueba existe..., este hombre... +es un santo. Pero, ¡ay!, que si no existe, mi pobre Lorenzo es un +demente.

+ +

Criado.

+ +

(Anunciando). La señora duquesa y el señorito +Eduardo.

+ +

Ángela.

+ +

Que pasen. (A Tomás). ¿Usted les avisó?

+ +

Don Tomás.

+ +

(Aparte a Ángela). Hablé con ellos anoche. La +duquesa me prometió venir, y ya lo ve usted, cumple su palabra.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No he de verlos..., quiero estar o solo... o con +vosotros..., no más. Adiós, Ángela mía.

+ +

Ángela.

+ +

Adiós, Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Mirando el reloj). ¡Qué tardo marcha el tiempo! +(Se dirige a la puerta de la derecha. Tomás le acompaña). +¿Avisaste a los testigos? (Al llegar a la puerta).

+ +

Don Tomás.

+ +

Dos esperan ya, y otro vendrá más tarde.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Quiénes son?

+ +

Don Tomás.

+ +

No los conoces: son amigos míos.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y míos ¿por qué no?

+ +

Don Tomás.

+ +

Pensé que los míos lo eran tuyos.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Le mira un momento). Y lo son. (Aparte). +¡Ah! ¡Esta conformidad! p. +76¡Hubiera preferido... que me resistieran..., que +luchasen!...

+ + +

ESCENA V.

+ +

Ángela, Duquesa, Eduardo, don Tomás.

+ +

Ángela.

+ +

Duquesa...

+ +

Duquesa.

+ +

¡Señora!... (Saludándose cariñosamente).

+ +

Ángela.

+ +

¡Siempre tan buena con nosotros!...

+ +

Duquesa.

+ +

No podía negar a ustedes en trance tan cruel el consuelo +de una amistad verdadera. Dios ha querido que por distintos modos la +misma desgracia venga a herirnos. (Esta última frase, en voz baja +señalando a Eduardo).

+ +

Ángela.

+ +

Pero ¿cuál es el nombre de la desgracia que a mí me +hiere? No lo sé.

+ +

Eduardo.

+ +

Pues ha llegado el momento de averiguarlo: ¿se llama +miseria y vergüenza, y muerte de Inés, o se llama?...

+ +

Ángela y Duquesa.

+ +

¡Eduardo!

+ +

Eduardo.

+ +

Perdóname, madre mía: todos nos debemos hoy la verdad. +Tú lo has dicho: «Transigiré con la desgracia de don Lorenzo por el +amor que te tengo, por el amor que me tienes; nunca transigiré con +su pública deshonra: nunca, ni aun a precio de tu vida». De mi vida, +madre, ¿no es esto?

+ +

Duquesa.

+ +

(Con tono triste, pero enérgico). Sí.

+ +

Eduardo.

+ +

(Dirigiéndose a Ángela). Pues bien, señora, +sepamos el nombre de la desgracia que a usted la hiere: ¿se llama +deshonra, o se llama locura? Este es el problema y es preciso +resolverlo. Si don Lorenzo dice verdad; si su juicio está firme; si +presenta pruebas de lo que asegura, respetemos su cruel virtud. Pero +si, como yo creo por mil indicios que casi constituyen evidencia, +un velo eterno cubre su mente y para p. 77siempre apagose la luz de su razón, entonces +defienda usted, Ángela, —es en usted obligación sagrada—, el nombre que +lleva, su posición social, su fortuna, la misma honra de don Lorenzo +contra sus propios delirios, y, ¿por qué no decirlo?, la felicidad y la +vida de Inés. No deje usted tan altos intereses y tan caros objetos a +merced de un demente.

+ +

Duquesa.

+ +

¡Eduardo!

+ +

Eduardo.

+ +

La palabra es dura, pero al fin había de pronunciarse. +Sepamos de una vez si esta batalla de honras y vidas, en que don +Lorenzo nos ha empeñado, es lo que parece o lo que temo; y en suma, si +el heroico sacrificio del implacable sabio es locura o santidad.

+ +

Duquesa.

+ +

Basta, Eduardo. (Ángela se sienta en el sofá y llora +amargamente. La Duquesa se acerca a ella).

+ +

Don Tomás.

+ +

(A Eduardo). La dicha de esta familia como si +fuera mi propia dicha me interesa. Lo que usted propone está previsto, +y la ley y la ciencia resolverán.

+ +

Duquesa.

+ +

Que Dios los ilumine a ustedes. (A Ángela). +Vamos, señora: valor, conformidad. ¿Dónde está Inés?

+ +

Ángela.

+ +

¿Quiere usted verla?

+ +

Duquesa.

+ +

Sí.

+ +

Ángela.

+ +

Venga usted. (A Tomás). Y usted también. Quiero +que la vea. Tres días hace que solo la fiebre le da fuerzas... ¡Ah, mi +hija..., mi hija se muere!

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Pobre niña! (Salen Ángela, la Duquesa y +Tomás).

+ + +

ESCENA VI.

+ +

Eduardo.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Y dudan todavía! ¡Qué ceguedad! ¡Y no comprenden +que el bueno de don Lorenzo a fuerza de buscar, no la razón de las +sinrazones como el andante caballero, sino la razón de todas las +razones que han inventado p. +78los sabios, concluyó por perder la única que a Dios plugo +darle, que fue la razón natural! ¡Oh! No ha de ser: no he de permitir +yo que sacrifiquen la vida de Inés a las extravagancias de un pobre +loco.

+ + +

ESCENA VII.

+ +

Eduardo, Inés.

+ +

Sale agitada, y como huyendo, del gabinete de la +izquierda, que fue donde entraron los loqueros.

+ +

Inés.

+ +

¿Quiénes son esos hombres, quiénes son?

+ +

Eduardo.

+ +

¡Inés de mi vida! ¡Qué pálida estás! ¡Qué círculo +cárdeno orla tus divinos ojos! (Saliéndole al encuentro).

+ +

Inés.

+ +

Pero respóndeme: ¿quiénes son?, ¿a quién esperan? ¡Que +se vayan! (Acercándose con precaución a la puerta que quedó abierta +y mirando: Eduardo procura traerla al proscenio). ¡Hay en ellos +algo siniestro!... Mi padre, ¿dónde está mi padre? Buscándole entré en +ese gabinete por el salón, y los he visto..., y no los quiero ver, y no +puedo apartar de ellos los ojos.

+ +

Eduardo.

+ +

Pero ¿qué tienes?... ¿Por qué no me miras? ¿Por qué +huyes de mí? Inés, Inés, ¿te pesa nuestro amor?

+ +

Inés.

+ +

(Viniendo al proscenio). ¡Nuestro amor! Tú sabes +que es mi vida; pero ¡ay, Eduardo! ¡A qué terrible prueba ha querido +Dios someterlo! Tú no comprendes esto. ¡Dicha suprema es para mí tu +amor, y la esperanza de tu amor aun mayor dicha! Mayor, mucho mayor; +que en él está el presente, que en ella está todo el porvenir. Y sin +embargo, Eduardo mío, la esperanza es un crimen en tu pobre Inés: +un crimen. ¿Se comprende crueldad semejante? Lo que a ningún ser +humano se le niega, me niega a mí el destino. Yo era ayer una niña; +mi pensamiento flotaba risueño p. +79en un limbo blanco y transparente, como vaporosa neblina entre +rayos de luna: hoy es plomo, según pesa: hoy es lava, según arde. ¡Si +vieras qué cosas tan horribles me dice en el silencio de la noche! +Y esos pensamientos no son míos; no es mi voluntad quien los forja: +vienen yo no sé de dónde: yo los rechazo; pero ellos vuelven: y primero +me acosan con quejidos que dicen «¡Pobre padre tuyo!», y luego me +hostigan con voces de tentación que murmuran: «Inés..., Inés... ¿Quién +sabe?... Aún puedes ser feliz: tu amor es aún posible: espera..., +espera..., pobre niña». ¿Comprendes tú nada más horrible —porque esto +debe ser el ángel malo— que oír dentro de una misma la voz de Satanás, +de él que nada espera, hablando de esperanzas?

+ +

Eduardo.

+ +

Vuelve en ti, Inés mía.

+ +

Inés.

+ +

(Acercándose a Eduardo). ¡Tengo +remordimientos!

+ +

Eduardo.

+ +

¿De qué?

+ +

Inés.

+ +

Yo no sé: yo no he hecho nada malo. ¡Padre mío! ¡Pobre +padre mío!

+ +

Eduardo.

+ +

Ángel de mi vida, ¡Inés de mi alma! Cálmate, cálmate, yo +te lo ruego.

+ +

Inés.

+ +

Mira, Eduardo, quisiera morir.

+ + +

ESCENA VIII.

+ +

Don Lorenzo, Inés, Eduardo.

+ +

Don Lorenzo entra por el fondo y se detiene al oír a +Inés.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). ¡Morir ha dicho!

+ +

Eduardo.

+ +

¿Tú morir? No, Inés, eso no; no digas eso.

+ +

Inés.

+ +

¿Por qué? Si no muero de dolor; si llego a ser dichosa, +he de morir de remordimiento.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). ¡De remordimiento! ¡Ella! ¡Si llega +a ser dichosa! p. 80¿Qué +nueva fatalidad flota en el aire y está pesando sobre mi frente? +¡Remordimiento!... ¡Ya sorprendí al pasar otra palabra más! Cruzo +salones y galerías, y voy de una a otra parte, espoleado sin cesar por +insufrible angustia, y oigo frases que no comprendo, y fíjanse en mí +ojos que dicen algo que no comprendo tampoco, y unos lloran, y otros +sonríen, y nadie se me opone, y todos o me huyen o me observan... ¿Qué +es esto? ¿Qué es esto? (En voz alta).

+ +

Inés.

+ +

(Yendo a él y abrazándole). ¡Padre mío!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Inés! ¡Qué pálida estás! ¿Qué dolorosa contracción +hay en tus labios? ¿Por qué finges sonrisas que han de terminar en +sollozos?... ¡Qué hermosa en su dolor! ¡Y todo es culpa mía!

+ +

Inés.

+ +

No, padre.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué cruel soy! ¡Ah!, tú lo piensas, aunque no lo +dices.

+ +

Eduardo.

+ +

Es un ángel Inés, y no caben pensamientos rebeldes +en ella; pero ¿quién al verla sufrir no ha de pensarlo y no ha de +decirlo?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Nadie: tiene usted razón.

+ +

Eduardo.

+ +

Pues si yo la tengo, no la tiene usted. (Con +energía).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Yo la tengo también. Hay algo más pálido que la pálida +frente de la doncella enamorada; hay algo más triste que las tristes +lágrimas de esos divinos ojos: hay algo más cruel que la sonrisa de +esos labios, y algo más trágico que la muerte del ser querido.

+ +

Eduardo.

+ +

¿Y qué otras palideces, y qué otras lágrimas, y qué +otras tragedias son esas? (Con violencia y desdén).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Insensato! (Cogiéndole por un brazo). ¡La +palidez de la culpa, las lágrimas del remordimiento, la conciencia de +la propia infamia!

+ +

Eduardo.

+ +

¿Y es infamia y remordimiento y culpa hacer la felicidad +de Inés?

+ +

p. 81

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Con desesperación). ¡No debía serlo!... ¡Pero lo +es! (Pausa). ¡Y ese es mi tormento! ¡Y esa idea es la que ha de +volverme loco!

+ +

Inés.

+ +

¡No, padre mío; no digas eso! Sigue tu camino sin pensar +en mí. ¿Qué importa que yo viva o que yo muera?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Inés!

+ +

Inés.

+ +

Pero no vaciles..., y sobre todo que nadie te vea +vacilar: que tu palabra sea clara y persuasiva como lo es ahora: que el +enojo no te ciegue... Calma, calma, padre mío. ¡Por Dios te lo pido!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Qué dices?... ¡No comprendo!...

+ +

Inés.

+ +

¿Acaso sé yo lo que digo?... Adiós... Adiós... No quiero +afligirte.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Ay, si escuchara usted a su corazón, si hiciera usted +callar a su pensamiento! (A Lorenzo).

+ +

Inés.

+ +

Déjale... Ven conmigo..., no le hostigues... o harás que +te aborrezca. (A Eduardo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Pobre niña!... ¡También ella lucha, pero también ella +vence! ¡Por algo es hija mía! (Con arranque de supremo orgullo. Inés +y Eduardo se dirigen al fondo: al pasar por delante de la puerta del +gabinete ve Inés a los loqueros y hace un movimiento de horror).

+ +

Inés.

+ +

¿Qué visión siniestra pasa ante mi vista?... ¡Aquellos +hombres!... No, padre, no entres ahí.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Ven..., ven, Inés mía!

+ +

Inés.

+ +

(A su padre). No..., no... Yo te lo ruego.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Dirigiéndose hacia ella). ¡Inés!

+ +

Inés.

+ +

¡Aquellos hombres! ¡Aquellos!... Mira. (Extendiendo +el brazo hacia el gabinete. Don Lorenzo se detiene y mira también: +en este instante los loqueros, al oír gritos, asoman por entre los +cortinajes la cabeza).

+ +

Eduardo.

+ +

(Llevándose a Inés). ¡Por fin!...

+ + +

p. +82ESCENA IX.

+ +

Don Lorenzo, Braulio, Benito.

+ +

Breve pausa.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Quiénes podrán ser? Pasen ustedes. (Los loqueros +entran con cierta timidez: hablan con frases cortadas y secas).

+ +

Braulio.

+ +

Don Tomás...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). Ya comprendo.

+ +

Benito.

+ +

Nos dijo que esperásemos ahí...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Dispensen ustedes: yo no sabía...

+ +

Braulio.

+ +

No hay de qué.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). Extraño aspecto en verdad. Pero, +siéntense ustedes.

+ +

Benito.

+ +

Gracias.

+ +

Braulio.

+ +

Estamos bien de cualquier modo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No puedo consentir...

+ +

Braulio.

+ +

Usted se empeña...

+ +

Benito.

+ +

Si el señor lo manda, mejor se espera así. (Se +sientan ambos en el sofá: don Lorenzo queda en pie).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). Algo siniestro se refleja en esas +miradas, o es que la mía refleja los relámpagos que cruzan por mi +espíritu. (Los observa de nuevo con atención. En voz alta). Inés +fue la que al pasar los vio a ustedes y la que me previno...

+ +

Braulio.

+ +

Sí, una señorita muy bella.

+ +

Benito.

+ +

Pero muy triste.

+ +

Braulio.

+ +

Parecía una Dolorosa. (A cada contestación que dan +los loqueros, que debe ser, como queda dicho, cortada y seca, guardan +silencio, por decirlo así, repentino; permaneciendo rígidos e inmóviles +y mirando hacia el frente con cierta vaguedad).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Se asustó al verlos a ustedes y vino huyendo: no lo +p. 83extrañen; la pobre está +muy enferma..., y es casi una niña...

+ +

Braulio.

+ +

(Con cierta sonrisa vaga y como de idiota). +Siempre nos sucede lo mismo en las casas.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte, con extrañeza). ¡En las casas!

+ +

Benito.

+ +

(Fijando su vista casi por primera vez en don +Lorenzo, y después volviendo a mirar de frente). Será la hija de +ese pobre señor, ¿eh?

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿De quién?

+ +

Benito.

+ +

(Sin mirarle). Del que está... (Hace un +movimiento, llevándose la mano a la frente, pero sin mirar a don +Lorenzo. Don Lorenzo hace a la vez otro movimiento de sorpresa que solo +el actor puede interpretar debidamente. Como ninguno de los loqueros le +mira, no pueden observarlo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). ¡Ah!... ¡No!... ¡Qué idea! (En voz +alta y dominándose). Justo. Inés es la hija de... (Desde este +momento Lorenzo los observa con creciente ansiedad).

+ +

Benito.

+ +

¡Qué hermosa es! Pero ¡qué triste está!

+ +

Braulio.

+ +

¡Ya! Motivos tiene para estar triste.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Ustedes saben?...

+ +

Braulio.

+ +

Todo. (Mirando otra vez a don Lorenzo y luego +separando la vista).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Don Tomás les ha dicho?...

+ +

Benito.

+ +

¿A nosotros? No.

+ +

Braulio.

+ +

Él habló con el doctor.

+ +

Benito.

+ +

¿A nosotros? ¿Con qué objeto? Nosotros en cumpliendo con +nuestra obligación...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). (Siento un sudor frío, como sudor +de muerte por todo mi cuerpo. Yo deliro... Nada de esto es verdad). +(Repitiendo maquinalmente). Con su obligación...

+ +

Braulio.

+ +

Nosotros en estando a la mira por si se desmanda...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Por si se desmanda... ¿Quién?

+ +

Braulio.

+ +

¡Él!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Retrocede unos pasos, mirándolos con terror: se +pasa la mano por la frente como para desechar una idea: retrocede más, +vacila y se apoya en la mesa. Después habla con voz opaca, muy baja y +cortando las palabras). ¿Conque ustedes lo saben todo?

+ +

p. 84

+ +

Braulio.

+ +

Casi todo.

+ +

Benito.

+ +

Como hace tanto que esperamos, hemos oído las +conversaciones de los criados.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Y ellos?...

+ +

Braulio.

+ +

De pe a pa. Parece que anteanoche tuvo don Lorenzo un +ataque. Usted lo sabrá mejor que nosotros.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí. (Con voz cada vez más apagada y más +sombría).

+ +

Benito.

+ +

Dícese que ahogó a una pobre anciana. (Lorenzo +hace un movimiento de horror y de nuevo se cubre el rostro con las +manos).

+ +

Braulio.

+ +

¡Vaya con el hombre! ¡Bien empieza! Y claro... Siempre +sucede lo mismo... La familia...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡La familia! (Separando las manos, dando unos pasos +como movido por una sacudida eléctrica, mirándolos con suprema ansiedad +y hablando con voz sorda).

+ +

Braulio.

+ +

¡Pues! La familia..., es natural... Como que dicen que +quería regalar toda su fortuna; ¡qué sé yo cuántos millones! ¡Diablo +de loco! Nada: lo mejor es lo que han dispuesto: fuera, fuera. Nos lo +llevamos y quedan las señoras tranquilas.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿A mí?... ¡¡Ellas!!... ¿Ángela?... ¿Inés?... ¡No!... +¡No!... ¡Imposible! (Retrocede de nuevo hacia la izquierda. Solo el +talento del actor puede interpretar estos gritos desgarradores).

+ +

Braulio.

+ +

(Volviéndose hacia don Lorenzo. Aparte). Pero +¿qué tiene este señor? Mira..., mira... (A Benito. Ambos loqueros +se incorporan un tanto y se inclinan hacia la izquierda, mirando con +curiosidad a don Lorenzo: debe estudiarse con cuidado el grupo que +formen dichos personajes).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Aire!... ¡Luz!... No..., ¡luz no! ¡Tinieblas!... ¡No +quiero ver!... ¡No quiero pensar! (Cae en el sillón y hunde la +cabeza entre las manos).

+ +

Benito.

+ +

¡Toma!... ¿Si yo creo que es?...

+ +

Braulio.

+ +

¡Buena la hicimos!

+ +

Benito.

+ +

¡Quién pensara!...

+ +

Braulio.

+ +

Volvámonos a nuestro escondite.

+ +

p. 85

+ +

Benito.

+ +

¡Y chitón! No digamos nada. (Se levantan y con +mucha precaución y observando a don Lorenzo sin cesar, se dirigen al +gabinete).

+ +

Braulio.

+ +

Claro: ni una palabra. Nos mandaron que ahí; pues ahí. +No debimos movernos.

+ +

Benito.

+ +

Como se oían gritos y llantos... (Llegan a la puerta, +se detienen y miran a don Lorenzo, que sigue en la misma actitud. Un +criado entra por el fondo, pasa rápidamente y sale por la derecha). +Déjale... Déjale... Mientras esté tranquilo... (Entran en el +gabinete y cierran la puerta).

+ + +

ESCENA X.

+ +

Don Lorenzo, don Tomás con +el Criado por la derecha.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Dios mío! ¡Aparta el cáliz de mis labios!... ¡No +puedo más, no puedo más!... ¡Si es que no puedo más! (Solloza con +desesperación). ¡Me hiciste creer en ellas, me hiciste amarlas!... +¡Y ellas, las traidoras!... ¡No!... ¡No! ¡Señor, me has dado la vida, +quítamela, pronto... pronto!... ¡Mira, Dios mío, que me asalta horrible +tentación de arrancar con mis propias manos la podrida vestidura de +mi carne! ¡Morir..., quiero morir!... ¿Lo ves?... ¡De rodillas te +lo pido!... ¡De rodillas!... ¡Sé bueno!... ¡Sé compasivo!... ¡La +muerte!... ¡La muerte!... ¡La muerte a mí, pálida mensajera de tu amor! +(Cae de rodillas junto al sillón, y apoyándose en él, dobla la +cabeza y oculta el rostro en las manos).

+ +

Don Tomás.

+ +

(En voz baja al Criado). ¿Vienen ambos?

+ +

Criado.

+ +

(Lo mismo a Tomás). Sí señor, el escribano y el +doctor Bermúdez. (Don Tomás y el Criado se detienen en el centro al +reparar en don Lorenzo, que sigue de rodillas y sollozando).

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Infeliz! (Dando un paso hacia don Lorenzo: luego se +arrepiente y se dirige al fondo). ¿Para qué? Terminemos pronto. +(Salen don Tomás y el Criado).

+ + +

p. +86ESCENA XI.

+ +

Don Lorenzo, después +don Tomás y el doctor +Bermúdez.

+ +

Pausa.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Ya estoy más tranquilo! ¡La herida es mortal! ¡La +siento... aquí en el corazón! ¡Gracias, Dios bueno! (Don Tomás +y el doctor entran por el fondo y se detienen observando a don +Lorenzo).

+ +

Don Tomás.

+ +

Mírelo usted, allí..., junto al sillón.

+ +

Doctor.

+ +

¡Desgraciado!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Levantándose y aparte). ¡Ah, ser miserable! +Todavía..., todavía... acariciando esperanzas imposibles... +¿Imposibles?... ¿Y si ellas creen de buena fe que yo?... ¡Ah, si me +amasen, no lo creerían! (Con desesperación. Pausa). Yo le oí a +Inés..., a la hija de mi alma..., decir: «¡Remordimientos!» ¿Por qué +decía remordimientos? (Con agitación creciente y hablando en voz +alta). ¡Todos..., todos... miserables!... Casi se alegrarían de que +yo muriese... No..., no moriré hasta cumplir mi obligación de hombre +honrado; hasta dar desenlace a mi locura.

+ +

Don Tomás.

+ +

(Poniéndole una mano en el hombro). Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Volviéndose, y al reconocerle retrocediendo con +disgusto). ¡Él!

+ +

Don Tomás.

+ +

Te presento al señor de Bermúdez, uno de mis +mejores amigos. (Pausa. Don Lorenzo mira a los dos de un modo +extraño).

+ +

Doctor.

+ +

(A Tomás en voz baja). Vea usted cómo procura +dominarse: él tiene conciencia vaga de su situación: no me queda +duda.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Uno de tus mejores amigos..., uno de tus mejores +amigos.

+ +

Doctor.

+ +

(Aparte a Tomás). Se le escapa la idea y se afana +por retenerla.

+ +

p. 87

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Pues si es uno de tus mejores amigos, de su lealtad me +responde la tuya. (Con ironía).

+ +

Doctor.

+ +

(Aparte a Tomás). Al fin encontró la frase; pero +vea usted qué entonación tan poco natural. (En voz alta). Vengo +a ser testigo, según me afirma Tomás, de un nobilísimo rasgo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y además de una indigna traición.

+ +

Don Tomás.

+ +

Lorenzo...

+ +

Doctor.

+ +

(Aparte a Tomás). Déjele usted decir.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Y de un ejemplar castigo.

+ +

Doctor.

+ +

(Aparte a Tomás). Muy grave, amigo don Tomás..., +muy grave.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Avisa a todos... (A Tomás), a todos; a propios y +extraños. Que vengan aquí; y que esperen aquí mis órdenes mientras yo +cumplo allá mi deber. ¿A qué aguardas?

+ +

Doctor.

+ +

(Aparte a Tomás). No hay que contradecirle: avise +usted. (Tomás toca un timbre, aparece un criado, a quien habla en +voz baja y el cual luego sale por la derecha).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Es la última prueba: casi me inspiran lástima los +traidores. ¡Ah!, la seguridad del triunfo me sostiene. Calma, +corazón. Ya están..., ya están... No quiero verlas... ¡A mí que tanto +las amaba!... No quiero... ¡Y a ellas se tornan mis ojos..., y las +buscan..., y las buscan!...

+ + +

ESCENA XII.

+ +

Don Lorenzo, don Tomás, el +Doctor. Por la derecha Ángela, +Inés, Duquesa y Eduardo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Inés! ¡No es posible! ¡Ella! ¡No es posible!... +¡Hija mía! (Se precipita con los brazos abiertos hacia ella. Inés +corre a su encuentro).

+ +

Inés.

+ +

¡Padre! (Al ir a abrazarla, se interpone Bermúdez que +los separa violentamente).

+ +

p. 88

+ +

Doctor.

+ +

¡Eh!..., vamos..., don Lorenzo, puede usted causar mucho +daño a su hija.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Cogiéndole por un brazo y sacudiéndole con +violencia). ¡Miserable!... ¿Quién eres tú para separarme de +ella?

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Eduardo.

+ +

¡Don Lorenzo!

+ +

Ángela.

+ +

¡Dios mío! (Las mujeres se agrupan instintivamente. +Inés, en los brazos de su madre; la Duquesa, junto a las dos. Tomás y +Eduardo acuden a librar a Bermúdez de las manos de don Lorenzo).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Dominándose, aparte). ¡Ya!... Pensarán los +imbéciles que es un nuevo acceso de locura. ¡De locura! ¡Ja, ja, ja! +(Riendo con carcajada contenida. Todos le observan).

+ +

Doctor.

+ +

(Aparte a Tomás). Evidente.

+ +

Ángela.

+ +

(Aparte). ¡Ah, mi pobre Lorenzo!

+ +

Inés.

+ +

(Aparte). ¡Ah, padre mío!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Aparte). Ya veréis cómo acaba mi locura. Antes +de salir de esta casa con qué placer arrojaré a ese Doctor. ¡Ánimo! +La lucha me da fuerzas. ¿Pues qué? ¿No hay más que declarar loco a un +hombre porque cumple con su deber? ¡Ah!..., no es posible. La humanidad +no es tan ciega o tan infame. ¡Basta ya! ¡Calma! Traición, empieza +tú; y empieza tú, castigo. (En voz alta). Ha llegado la hora +de que cumpla un deber sagrado, aunque por todo extremo doloroso. +Inútil es que ustedes presencien formalidades que la ley exige, y que +fueran harto molestas. El representante de la ley allí me espera, y +yo, cumpliendo otra ley más alta, voy a despojarme de bienes que no +son míos, y de un nombre que en conciencia ni yo puedo llevar, ni +puede llevar mi familia. Después vendré aquí, y con mi esposa, y con +mi..., con mi hija, sin que nadie me lo pueda impedir, sin que podáis +resistirme vosotras, saldré de esta casa que fue para mí pasado de +amor y de felicidad; que es p. +89hoy presente de traición y de infamia. Señores (A Tomás y +Bermúdez), ustedes me preceden: yo se lo ruego. (Entran todos +lentamente en el gabinete de la izquierda. Al salir dirige Lorenzo una +última mirada a Inés).

+ + +

ESCENA XIII.

+ +

Ángela, Inés, Duquesa, Eduardo.

+ +

Las tres mujeres en primer término. Eduardo, +escuchando
en la puerta del gabinete.

+ +

Inés.

+ +

¡Dios mío, sálvale!

+ +

Ángela.

+ +

(Abrazando a su hija). Sí, tienes razón. Pensemos +solo en él; pidamos solo por él.

+ +

Duquesa.

+ +

Deber sagrado es en ustedes anteponer a su +dicha la de don Lorenzo; pero en todo caso obligación no menos +sagrada es conformarse con una más alta voluntad que la nuestra. +(Pausa).

+ +

Inés.

+ +

(A Eduardo). ¿Qué dice?... ¡Por Dios!... ¿Qué +dice?

+ +

Eduardo.

+ +

Está hablando: su frase es fría y severa, pero sin +vacilaciones ni ambigüedades. (Eduardo vuelve a la puerta).

+ +

Ángela.

+ +

¡Qué angustia, qué ansiedad! ¡La muerte es preferible a +este suplicio!

+ +

Inés.

+ +

¿Y qué importa lo que diga mi pobre padre si de antemano +está juzgado?

+ +

Ángela.

+ +

No, hija mía; no digas eso.

+ +

Inés.

+ +

Sí: lo digo porque yo lo siento; porque yo lo veo en los +que son ahora sus jueces.

+ +

Ángela.

+ +

Pero ¿qué ves?

+ +

Inés.

+ +

En esa gente, la monomanía del oficio...

+ +

Ángela.

+ +

¿Y en Tomás?

+ +

Inés.

+ +

Sus opiniones científicas..., qué sé yo..., sus propias +locuras...

+ +

Ángela.

+ +

¿Pero en mí?...

+ +

Inés.

+ +

(Abrazándose a ella). ¡El amor que me tienes!

+ +

p. 90

+ +

Ángela.

+ +

¡Calla, Inés, calla!

+ +

Inés.

+ +

¡Todos contra mi padre! ¡Pobre padre mío!

+ +

Duquesa.

+ +

Usted delira, Inés.

+ +

Inés.

+ +

Sí, deliro: como usted y como todos nosotros, ¡menos +él..., menos él!... ¡Me lo dice el corazón! Usted misma, señora, lo que +desea es la felicidad de Eduardo; y Eduardo, mi amor; y su amor, yo; y +mi padre, su virtud, su honradez son obstáculos para todos nosotros, y +en todos nosotros se agita algo oscuro que envuelve en sombras nuestras +conciencias. ¡Padre mío! ¡Padre mío!

+ +

Ángela.

+ +

¡Por Dios, Inés, qué ideas!

+ +

Inés.

+ +

¿Qué dice?... ¿Qué dice? ¡Oigo su voz!

+ +

Eduardo.

+ +

(Acercándose). Habla de una prueba terminante.

+ +

Inés.

+ +

¡Ojalá! (A Eduardo). ¿Y ahora?

+ +

Eduardo.

+ +

Le exigen la presentación de la prueba para que conste +en el acta y para su entrega al juez.

+ +

Ángela.

+ +

¿Y él?...

+ +

Eduardo.

+ +

Él sonríe con sonrisa de triunfo. Está pálido, muy +pálido; pero sereno y digno. Aquí se acerca... (Viene Eduardo al +proscenio y dice aparte): (¡Este hombre me da miedo!)

+ +

Inés.

+ +

(Aparte). ¡Ojalá..., aunque muera mi amor!

+ +

Ángela.

+ +

(A la Duquesa). ¿Será verdad?

+ +

Duquesa.

+ +

(A Ángela). ¿Será verdad?

+ +

Eduardo.

+ +

(Aparte, viendo entrar a don Lorenzo). ¡Ah! ¡Seré +yo el insensato!...

+ + +

p. +91ESCENA XIV.

+ +

Ángela, Inés, Duquesa, Eduardo, don Lorenzo,
+Doctor, don Tomás.

+ +

La situación de los personajes es la siguiente: las +tres mujeres, formando un grupo, estrechamente unidas junto al sofá, en +el cual se apoyan: Eduardo, detrás del sofá, mirando a don Lorenzo, con +temor y como dominado por él: don Lorenzo, avanzando tranquilo y altivo +hacia el centro del escenario. Tomás y Bermúdez vienen detrás de él y +se detienen a algunos pasos de la puerta.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Acercándose a la mesa y poniendo la mano con aire +de triunfo sobre el pupitre). Aquí está la prueba... Aquí está la +verdad. (Pausa. Abre el pupitre y saca el sobre con el pliego en +blanco. Después avanza hacia el proscenio: Tomás y Bermúdez por un +lado, Eduardo por otro, se aproximan a él). ¡Desdichados los que +imaginaban sacrificarme a su interés o a su pasión! ¡Cuán amargo será +el desengaño! ¡Cuán cruel será el castigo! ¡Ojalá pueda mitigarlo mi +perdón! (Profundamente conmovido).

+ +

Ángela.

+ +

(Acercándose). ¡Lorenzo!

+ +

Inés.

+ +

¡Padre!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Esta es la prueba, Tomás: esta es la prueba, Ángela: +esta es la prueba, hija mía! Oíd. (Pausa. Don Lorenzo rompe el +sobre. Todos se acercan a él y le rodean). Esta es... ¡Qué es esto! +(Separando el papel de sus ojos y pasando por ellos la mano). +¿Qué sombras empañan mis ojos?... ¿Hay lágrimas en ellos y me impiden +ver?... ¡No!... Antes lloré... Ahora no estoy llorando. (Vuelve a +mirar el papel con horrible ansiedad, lo extiende, lo vuelve, busca +por todas partes lo escrito). Pero ¿dónde está lo que escribió +aquella mujer?... Si yo lo he leído mil veces... Y ahora no puedo... +(A Tomás, mostrándole el papel). ¿Qué dice aquí?... Lee..., lee +pronto... Pero ¿qué dice?

+ +

Don Tomás.

+ +

Nada, pobre Lorenzo.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Nada!... (Mirando otra vez el papel). ¡Me +engañas! Bermúdez, p. 92ese +me engaña. ¡Es uno de los miserables que han urdido esta infame +traición!... Lea usted..., lea usted...

+ +

Doctor.

+ +

Está en blanco el papel.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡No hay nada escrito! ¿Dice usted que no hay nada +escrito? No es verdad..., no..., no es verdad. ¡Inés, hija mía, mi +único amor, ven, salva a tu padre!... ¿Qué dice aquí?

+ +

Inés.

+ +

¡Nada veo, padre mío!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Nada... Tampoco ella... Pero esto ¿no es una prueba?

+ +

Don Tomás.

+ +

Sí, desdichado amigo..., una prueba... y harto cruel.

+ +

Don Lorenzo.

+ +

(Dándose una palmada en la frente). ¡Ah, lo +comprendo! (Mirando a Tomás y a Ángela). ¡Antes hablaban de una +prueba!... ¡Tú!... ¡Y tú! (A Ángela y a Tomás). ¡¡La quitaron +de allí!!... ¡¡Jesús!!... ¡¡Jesús!! (Se aparta de ellos con horror: +todos se separan de él, que de este modo queda en el centro, pero un +poco aislado. El actor interpretará este momento como crea oportuno. +Pausa). ¡Sea!... ¡Sea!... ¡Vencido!... ¡Miserablemente vencido! +¡Cómo se gozan en su triunfo! ¡Con qué hipócrita dolor me contemplan! +¡Y fingen que lloran! ¡Todos lo fingen! (Pausa). ¡Ay..., mi +corazón! ¡Ay..., ilusiones de la vida!... ¡Ay..., el amor!... ¡Ay..., +mi hija!..., ¡mi hija!... ¡Fantasmas que giran y huyen..., huid para +siempre!... ¡Y yo creía en todo! ¡Qué azul era el cielo! ¡Qué blanca la +frente de Inés!... Y ahora ¡en qué voy a creer! Ya lo veis: no lucho. +Cedo: vuestra es la victoria. Aquellos hombres ¿para qué han venido si +yo no resisto? Iré a donde queráis. ¡Adiós!... (A Tomás que se le +acerca y le coge la mano). ¡No me toques! ¡Cuando la piel humana me +roza, me parece que sobre mi carne deslizan víboras! Yo solo..., solo, +subiré a mi calvario con la cruz de mis dolores, sin infame cirineo +que me ayude. Adiós, amigo leal (Siempre a Tomás), tú que has +salvado la fortuna de esta desconsolada familia p. 93de entre las manos de un loco. Adiós, +Ángela..., mi tierna esposa... ¡Veinte años hace que te di, loco de +amor, el primer beso! ¡Hoy, también loco, te envío el último! (Le +envía un beso con un grito de horrible desesperación).

+ +

Ángela.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Pero no te acerques, que pudiera ahogarte entre mis +brazos! (Ángela retrocede). Adiós, Inés, hija mía... (Con voz +llorosa). Si puedes..., sé feliz... A ti nada te digo... No puedo +hablarte con enojo. (Da algunos pasos y se detiene falto de fuerzas: +quieren acercarse a él, pero los rechaza). Dejadme: no necesito +a nadie. El sudor empapa mi frente, y la sed seca mis labios, y algo +que quema mucho me hincha los párpados. (Deteniéndose). Oye..., +Inés..., ¡hija mía! ¡Si aún me conservas algún amor; si por ventura +sientes compasión hacia tu padre; si te pesa lo que entre todos habéis +hecho..., ven por última vez a mis brazos! ¡Que yo lleve a ese infierno +de dolor que me aguarda una lágrima de tus ojos en mi frente y un beso +de tus labios en mis labios!

+ +

Inés.

+ +

¡Padre! (Quieren sujetarla, pero se desprende de +todos y corre hacia don Lorenzo, que se precipita hacia ella y la +oprime frenético contra su pecho).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Hija! (Todos se precipitan hacia ellos, pero sin +pretender separarlos todavía).

+ +

Inés.

+ +

¡No!... Que no te lleven. ¡Yo te amo!... ¡Todos mienten +menos tú!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¿Tú no quieres que me lleven aquellos hombres?

+ +

Inés.

+ +

No..., no... Defiéndete... ¡Defiéndeme a mí!...

+ +

Don Lorenzo.

+ +

Sí... Yo te defenderé... Que te arranquen de mis brazos. +(Quiere huir con ella, oprimiéndola contra su pecho).

+ +

Ángela.

+ +

¡Mi hija!... ¡Mi hija!... ¡Socorro! (Eduardo, Tomás y +Bermúdez pugnan por separar al padre de la hija).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡No la soltaré!... ¡Eternamente contra mi pecho!

+ +

Inés.

+ +

¡Sí, sí, padre mío! ¡Defiéndeme!

+ +

p. 94

+ +

Doctor.

+ +

Es preciso.

+ +

Eduardo.

+ +

¡Don Lorenzo!

+ +

Don Tomás.

+ +

¡Lorenzo!

+ +

Duquesa.

+ +

¡Dios mío! ¡Va a matarla como mató a Juana!

+ +

Ángela.

+ +

¡Inés! (Todos estos gritos casi simultáneos: la +lucha, rápida: los loqueros salen. Por último, los hombres sujetan a +don Lorenzo y las dos mujeres contienen a Inés, arrancando de este modo +a viva fuerza a la hija de los brazos del padre).

+ +

Eduardo.

+ +

¡Al fin!

+ +

Inés.

+ +

¡Padre! (Tendiendo hacia él los brazos).

+ +

Don Lorenzo.

+ +

No he podido más, hija..., no he podido más... Aquí +sobre mi rostro siento tus lágrimas y tus besos... Ella me amaba..., +era inocente... ¡Dios mío, ya lo veo, tú aceptaste mi martirio en +aquella noche de lucha y de tentación a cambio de su dicha! ¡No me +arrepiento! ¡Hazla dichosa..., muy dichosa!..., ¡y para mí..., para mí +solo su cáliz de amargura!...

+ +

Inés.

+ +

¡Adiós! ¡Yo iré a salvarte!

+ +

Don Lorenzo.

+ +

¡Qué podrás tú..., hija mía..., si Dios no me salva! +(Queda cerca del gabinete entre los loqueros, Eduardo, Tomás y +Bermúdez, que le sujetan. Inés, en primer término tendiendo hacia él +los brazos).

+ + +

FIN DEL DRAMA.

+ +
+ + +
+ +
+
*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 76631 ***
+ + + diff --git a/76631-h/images/cover.jpg b/76631-h/images/cover.jpg new file mode 100644 index 0000000..32d683a Binary files /dev/null and b/76631-h/images/cover.jpg differ diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize +this eBook outside of the United States should confirm copyright +status under the laws that apply to them. diff --git a/README.md b/README.md new file mode 100644 index 0000000..5373fdd --- /dev/null +++ b/README.md @@ -0,0 +1,2 @@ +Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for eBook #76631 +(https://www.gutenberg.org/ebooks/76631) -- cgit v1.2.3