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authornfenwick <nfenwick@pglaf.org>2025-04-27 09:21:18 -0700
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@@ -0,0 +1,5063 @@
+
+*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75974 ***
+
+
+NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
+
+ * Las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las versalitas se han
+ convertido a MAYÚSCULAS.
+
+ * Los errores de imprenta han sido corregidos.
+
+ * La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
+ las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
+
+ * La puntuación y la toponimia también han sufrido ligeros retoques
+ para su modernización.
+
+ * Se han separado en párrafos distintos las intervenciones dialogadas
+ allí donde el texto adopta forma de diálogo, añadiendo y espaciando
+ las rayas según los modernos usos ortotipográficos.
+
+ * Los documentos, cartas y misivas se presentan sangrados para mejor
+ distinguirlos de otros entrecomillados.
+
+ * Se ha compilado y añadido un Índice al final del volumen pese a que
+ el original impreso no lo incluye.
+
+
+
+
+Ni rey ni Roque
+
+
+
+
+ NI REY NI ROQUE
+
+ EPISODIO HISTÓRICO
+ DEL REINADO DE FELIPE II,
+ AÑO DE 1595
+
+ NOVELA ORIGINAL
+
+ ESCRITA
+ POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA,
+ AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA
+
+ TOMO III
+
+ Madrid
+ Imprenta de Repullés
+ —
+ AÑO DE 1835
+
+
+
+
+NI REY NI ROQUE
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+ Más padres tiene que miembros;
+ Acomodad, pues, el mío,
+ La que queréis encajarme
+ Esto de padre postizo.
+
+ (Quevedo).
+
+En tanto que sus amores con la bella pastelera absorbían toda la
+atención de Vargas, ocurrían en su propia familia acontecimientos de
+la mayor importancia para él, y que, a pesar de que se ponía algún
+cuidado en ocultárselos, hubiera podido cuando menos sospechar, si no
+se hallara tan preocupado en sus propios asuntos.
+
+Siete meses hacía que el marqués, gracias, como se ha dicho, a su primo
+el comendador Hinojosa, había roto sus relaciones con la supuesta
+viuda del contador de Indias. Hizo en ello el pobre un gran sacrificio
+a lo que se le dijo que su pundonor exigía, pues tal era la debilidad
+de su carácter y la pasión que había sabido inspirarle la diestra
+meretriz que acaso la hubiera perdonado sus infidelidades, dando
+crédito a las reiteradas protestas de arrepentimiento y enmienda que,
+aun en el acto de verse sorprendida, le hizo con fingidas lágrimas. Por
+fortuna Hinojosa, que se hallaba presente, impuso silencio a aquella
+insolente, y arrancó de sus redes al obcecado amante.
+
+No por esto perdió ánimo Violante: la posesión de un hombre rico,
+apasionado y tonto era demasiado preciosa para dejarla perder sin que
+hiciese por evitarlo los mayores esfuerzos. Así, pasados los primeros
+ocho días después de la riña, y enterada por sus espías de la gran
+melancolía del marqués, creyó oportuno escribirle un billete lleno
+de pasión, de arrepentimiento, y de protestas de darse una muerte
+violenta si su adorado amante no quería perdonarla.
+
+Si el tal billete hubiera llegado a su destino no tiene duda que
+produjera el afecto que de él se prometió quien lo escribía; pero
+Hinojosa estaba alerta. Previendo desde luego que Violante no dejaría
+de intentar el recobro de su perdida cucaña, tomó tan bien sus medidas
+que la carta cayó en sus manos, y apaleó lindamente al portador
+prometiéndole que le haría la cabeza añicos si bajo cualquier pretexto
+osaba volver a presentarse en aquella casa.
+
+El pobre mensajero volvió a la de Violante con las orejas bajas, y
+pintó con tan vivos colores la manera con que le habían recibido,
+protestando con tales veras que no volvería aunque en recompensa le
+ofrecieran todo el oro del mundo, que de allí en adelante no encontró
+la dama criado que quisiera encargarse de semejantes comisiones.
+
+Tomó entonces el partido de rondar en persona las cercanías de la
+casa de su amante, decidida a hablarle si lograba la dicha de verle
+salir solo de ella alguna vez. También esta tentativa salió frustrada.
+El marqués salía raras veces, y siempre acompañado del inflexible
+comendador, del cual Violante temía, no sin fundamento, que la tratase
+con tanto o más rigor que a su criado.
+
+Todas estas dificultades, y la falta que desde el principio empezaron
+a hacerla los espléndidos regalos del marqués, exasperaron el ánimo de
+aquella mujer en vez de abatirlo.
+
+El amante por quien vendía al hermano de don Juan, que era uno de
+aquellos hombres despreciables cuya especie se ha conservado por
+desgracia hasta nuestros días, que comerciando con las gracias de su
+persona se humillan hasta el punto de recibir un salario de la ramera
+descarada, así que la vio sin la mina donde hasta entonces había
+estado surtiéndose con profusión de cuanto necesitaba para sostener
+sus vicios, la abandonó sin consideración alguna, desapareciendo de
+la noche a la mañana y llevándose, de paso, las alhajas que encontró
+más a mano. Y no era esta sola la desgracia que tenía que experimentar
+Violante, pues la suerte le reservaba otra que en su situación parecía
+aun más terrible que todas. A poco tiempo de verse abandonada por
+sus dos amantes se confirmó en la sospecha que antes había tenido de
+hallarse encinta. Los primeros días creyó aquella infeliz volverse
+loca; pero meditando después en su situación formó un plan para salir
+de apuros que no podía estar mejor combinado.
+
+Redujo a dinero metálico las muchas joyas que aún le quedaban, y
+aumentando con él y con lo que produjo la venta de sus magníficos
+muebles el bolsillo que había tenido la prudencia de ocultar a su
+pérfido amante, se halló con un capital que, depositado en manos
+seguras, le producía lo bastante para vivir con decencia, si bien con
+la más severa economía.
+
+Hecho esto tomó una habitación reducida, conforme a su nueva posición,
+no muy lejos de la casa del marqués; y sin más asistencia que la de una
+sola criada, entabló una vida tan retirada como antes la había tenido
+bulliciosa. Desaparecieron las galas y los adornos, reemplazándolos un
+modesto hábito del Carmen y un manto negro. En vez de los banquetes y
+festines se sustituyeron las misas y devociones. En una palabra, en
+menos de un mes la cortesana Violante se convirtió en una beata, que
+tenía asombrado a su barrio con la ejemplar vida que hacía.
+
+Por más de tres días fue aquella mujer el objeto de la conversación
+general en todo Valladolid. Los hombres decían que se había vuelto
+loca; las viejas, que Dios la había tocado en el corazón; los
+predicadores, con alusiones sobradamente claras, incitaban a seguir el
+ejemplo de aquella pecadora a todas las que se hallaban en su caso;
+pero las mujeres jóvenes y algunos hombres de talento pensaban que
+aquello no era más que una nueva farsa. Hinojosa opinaba también del
+mismo modo; y el marqués no opinaba nada, porque como a nadie veía más
+que a su primo y al capellán Teobaldo, y ambos se guardaban muy bien de
+hablarle de semejante materia, ignoraba cuanto pasaba.
+
+Desde que Violante adoptó su nuevo método de vida, renunció
+absolutamente a hacer diligencia ninguna para reconciliarse con el
+marqués; y el comendador, que al principio había temido que todo aquel
+aparato de devoción y reforma de costumbres no fuera más que una
+añagaza para sorprender a su incauto primo, acabó por persuadirse de
+que la dama no pensaba ya en él. Este era precisamente el punto más
+importante para la ninfa. Hinojosa era su más temible, o por mejor
+decir, su único enemigo, pues don Juan ni la conocía, ni pensaba en
+ella; el padre Teobaldo era un sandio personaje muy fácil de engañar,
+y el marqués estaba vencido con poquísimo trabajo a favor suyo.
+
+Un mueble, el más indispensable para toda devota, es un director
+espiritual; y para los fines de Violante lo era entonces
+extremadamente. Lo importante era hacer una elección acertada. El
+padre Teobaldo fue la persona en quien primero se fijó; pero reconoció
+desde luego la imposibilidad de lograrlo, pues aquel capellán, afecto
+al servicio particular de la familia del marqués, y haciendo una vida
+sedentaria por hábito, por vejez y por inclinación, no ejercía jamás
+sus funciones sacerdotales fuera del oratorio de la casa de los Vargas.
+
+Como su vida anterior la tenía a mucha distancia de los eclesiásticos,
+a excepción de uno que otro cortesano, fue preciso que se dirigiese a
+varias beatas con quienes había hecho conocimiento desde que ella lo
+era también; y después de haber escuchado con atención sus informes
+sobre diferentes religiosos, eligió por fin para su director espiritual
+a cierto dominico anciano, llamado el padre maestro Retamar, hombre
+célebre por su piedad, y más aún por su candor y beneficencia.
+
+El bueno del padre la recibió con amor; oyó lo que quiso decirle; le
+prometió su asistencia y auxilios; y en una palabra, dando crédito a la
+fingida historia de seducción que le plugo a la ninfa contarle, aunque
+sin nombrarle por entonces el seductor, se aficionó a ella sobremanera.
+
+Sucedió que Violante tuvo una ligera enfermedad. El padre Retamar
+fue a verla diariamente, y como su edad y buena reputación le ponían
+enteramente a cubierto de toda suposición maligna, el resultado fue
+que todo el que lo supo empezó a creer sincero el arrepentimiento y
+verdadera la reforma de aquella mujer. Las beatas de aquel barrio se
+deshacían en alabanzas de la nueva Magdalena: no faltaba entre ellas
+quien opinase que si continuaba viviendo de aquella manera, podría
+llegar a ser una bienaventurada.
+
+No dejaba de tener mérito tampoco para Violante la novedad de su
+posición. Fijar la atención del público había siempre sido su mayor
+deseo. Hacerlo escandalizando o edificando debía serle, y le era en
+efecto, indiferente. Además, los placeres la habían ya saciado, y si
+bien no dejaba alguna vez de bostezar de aburrimiento en la iglesia
+debajo de su manto, hallaba la compensación en la perspectiva de
+asegurarse para siempre una fortuna sólida e independiente.
+
+Entre tanto su preñez adelantaba aproximándose a su término, y con él
+llegaba la época fijada para la ejecución del gran proyecto.
+
+Una tarde, pues, que el reverendo Retamar a la vuelta del paseo había
+entrado a verla, la halló deshaciéndose en lágrimas con el rosario en
+la mano, y preguntándola qué era lo que tanto la afligía, respondió la
+taimada:
+
+—¿Qué ha de afligirme, padre mío? Mis pecados son muchos, pero la pena
+que por ellos se me impone en este mundo es superior a mis fuerzas.
+
+—No digáis eso, hija; no lo digáis: por graves que vuestras penas os
+parezcan, el Señor, que os las envía, sabrá por qué: llevadlas con
+resignación, hija, y se os recibirán en descuento de vuestras culpas.
+
+—Padre mío, por mí no lo siento: conozco que todo castigo es poco para
+mi fragilidad; pero si queréis oírme un momento a solas sabréis la
+justa causa de mi dolor.
+
+El compañero del padre maestro tuvo la bondad de salirse al cuarto
+donde estaba la criada, y solos aquel y su penitente, empezó esta a
+decir:
+
+—Yo, padre, soy viuda de un contador de Indias: volví joven a España,
+y me establecí por desdicha en Valladolid. Dios ha querido dotarme,
+según dicen, de alguna hermosura; ella y mi genio festivo atrajeron
+inmediatamente a mi casa a todos los caballeros más jóvenes, más
+galanes y también más libertinos de la ciudad.
+
+—Cosa demasiado natural, hija mía, demasiado natural; pero todo eso ya
+me lo habéis dicho diferentes veces.
+
+—Quiero tomar las cosas desde el principio, para presentaros completo
+el cuadro de mis desdichas y flaquezas.
+
+Diciendo esto empezó Violante a llorar de nuevo con profundo sollozo,
+tanto que el pobre fraile tuvo que acudir a su pañuelo, y medio lloroso
+aún la dijo:
+
+—Confianza en Dios, que es misericordioso; prosiga, hermana, prosiga.
+
+—Muchos fueron los que desde luego me galantearon, pero desechados
+inmediatamente, tuvieron bastante cordura para limitarse a ser mis
+amigos, visto que no podían ser amantes. Dos de ellos, sin embargo, se
+obstinaron. Uno, ¡ay de mí!, el marqués de ***, y otro un don Rodrigo,
+mancebo de perversas inclinaciones. El primero, lleno de buenas
+prendas, se fue cautivando insensiblemente mi corazón: el segundo,
+a quien siempre miré con el más alto desprecio, después de haber
+intentado en vano rendirme por cuantos medios se le ocurrieron, juró
+vengarse de mis desdenes, y lo cumplió demasiado. El marqués, padre
+Retamar, que sabía bien que yo no era mujer para ser su manceba, se
+limitó mucho tiempo a galantearme con la mayor moderación y respeto,
+hasta que ya, no pudiendo (decía él) resistir a su amor, me propuso
+darme su mano. Figuraos si tal propuesta, hecha por un hombre a quien
+yo amaba tiernamente, sería para mí grata y seductora. Reflexioné,
+sin embargo, que aunque mi nacimiento fuese honrado, era muy inferior
+al suyo, y que casándose conmigo iba no solo a indisponerse con su
+ilustre familia, sino tal vez a exponerse al enojo del rey. Quise más
+bien renunciar a mi propia dicha que proporcionar tales disgustos a mi
+amante.
+
+—No se puede obrar con más juicio ni con más virtud. Adelante, que
+hasta aquí no tenéis motivos de afligiros.
+
+—¡Ah, padre! Veréis en lo que sigue cuán fundado es mi dolor. Declaré,
+pues, al marqués que estaba firmemente resuelta a no casarme con él,
+y como le viese, sin embargo, insistir con más fuerza que antes en su
+proposición, me exalté tanto que juré por la salvación de mi alma no
+ser jamás su mujer.
+
+—Mal hecho, hija; muy mal hecho: quebrantaste el segundo mandamiento
+jurando sin necesidad.
+
+—Las consecuencias de aquel malhadado juramento fueron fatales.
+Desesperado el marqués con mi negativa, enfermó; y negándose a admitir
+cuantas medicinas se le querían administrar, tres facultativos
+declararon unánimes que indudablemente moriría. Yo le amaba, padre
+mío, como aún hoy le amo a mi pesar: le veía morir, y sabía que era la
+causa de ello. Fui a verle, y me estremezco solo al recordar el estado
+en que le hallé. Cárdeno el color, hundidos los ojos, sin voz apenas:
+en resumen, con todas las señales de una muerte próxima. Partióseme
+el corazón de dolor con tan triste espectáculo. Así que el desdichado
+me vio dio un profundo suspiro, y en tono sepulcral me dijo: «Tú me
+matas». ¿Qué había de hacer una débil mujer en tan amargo trance? El
+amor y la compasión sofocaron el grito de mi conciencia, y le ofrecí
+que, ya que mi juramento no me permitía nunca ser su esposa, le
+sacrificaría mi reputación entregándome a sus brazos, si él consentía
+en tomar las medicinas y sujetarse a cuanto los médicos le ordenasen.
+Todo lo prometió y cumplió con indecible alegría. Mis cuidados, sus
+esperanzas y los buenos facultativos le restablecieron en breve tiempo.
+Yo, padre, también cumplí mi criminal promesa.
+
+—Dios tenga piedad de vos, hija mía.
+
+—Así sea, como lo espero de su misericordia. Vivimos algún tiempo
+el uno en los brazos del otro: súpose en la ciudad, y perdí para
+siempre mi buena opinión. No tardaron nuestros amores en llegar a
+los oídos de don Rodrigo: la idea de ver a su rival en mis brazos le
+enfureció de manera que, según he sabido después, trató de asesinarnos
+a ambos; pero tranquilizándose en breve, meditó y puso en práctica
+otra venganza más cruel si cabe. Imposible parece que haya hombre
+que conciba tan infernal proyecto; víctima soy de él, y apenas puedo
+creerlo. Don Rodrigo se puso de acuerdo para perderme con un primo del
+marqués llamado el comendador Hinojosa, quien aspirando a manejarlo
+por sí y apropiarse de parte de sus riquezas, me aborrecía y aborrece
+mortalmente. Sedujeron a dos de mis criados que, una noche en la cena,
+me sirvieron un vino infeccionado con cierto licor soporífero, que
+tardó poco en aletargarme. Lleváronme a mi lecho, y en él se introdujo
+el traidor don Rodrigo. El marqués, conducido por su primo, me vio
+a la mañana siguiente en los brazos de aquel malvado. Despertome el
+ruido de las voces de mi injuriado amante y de su infame pariente.
+Figuraos mi turbación. El marqués no quiso oírme; don Rodrigo huyó,
+robándome las joyas que yo llevaba puestas la noche antes. Yo miraría
+esta desgracia como un bien, pues a ella debo el haber abierto los
+ojos sobre mis extravíos, si yo sola hubiera sido la víctima de ella;
+pero una inocente criatura que aún no ha visto la luz, y que debe la
+existencia al marqués, va a verse en la miseria, privada del consuelo
+de abrazar a su padre, y sin más amparo que el de una madre infamada
+por la más atroz de las calumnias.
+
+Al concluir su bien compuesta novela dio Violante una muestra de su
+talento en el arte de fingir, llorando y sollozando a más y mejor con
+no poca pena del candoroso dominico.
+
+Este, después de emplear con la mejor fe posible todas las razones que
+su caridad le sugirió para consolar a la que él creía más desgraciada
+que culpable, viéndola algo más serena, acabó por preguntarla qué
+partido pensaba tomar en aquellas circunstancias. Violante contestó
+que verdaderamente no sabía qué hacer; y que estaba resuelta a seguir
+los consejos de su reverencia, si tenía la bondad de querer ocuparse
+en los asuntos de una criatura tan miserable. El fraile protestó
+que sus deberes y la propensión natural de su corazón le hacían
+mirar como la más sagrada de sus obligaciones el auxiliar a los
+menesterosos, de cualquiera manera que lo necesitasen y en su mano
+estuviese el hacerlo; que en consecuencia aconsejaría a su penitente
+lo que mejor le pareciese; y que para exponerse menos a errar, lo
+pensaría detenidamente aquella noche, y a la siguiente mañana volvería
+a conferenciar con ella. Despidiose, pues, exhortando a Violante a
+la resignación y a implorar con repetidas y fervorosas oraciones el
+auxilio del Todopoderoso.
+
+Antes de las diez de la mañana del siguiente día ya el bueno del padre
+Retamar salía de la casa de su hija de confesión, después de haber
+convenido con ella en el giro que debía darse a aquel asunto, y de
+haberse ofrecido espontáneamente a tomarlo todo a su cargo.
+
+Para no perder tiempo se dirigió entonces mismo a la casa del marqués,
+en donde su hábito y su nombre, ventajosamente conocido en toda la
+ciudad, le abrieron paso sin dificultad hasta el cuarto del que
+buscaba, a quien acompañaban en aquel momento el comendador y el padre
+Teobaldo. Los tres se pusieron en pie para recibir al religioso; y así
+que este, después de corresponder cortésmente a su saludo, anunció que
+deseaba hablar reservadamente al dueño de la casa, se retiraron los
+otros, dejándolo a solas con él.
+
+Hinojosa no lo hubiera hecho si sospechara el negocio que llevaba a su
+cargo el dominico; pero ¿quién había de figurarse que un hombre a todas
+luces respetable era, sin saberlo, instrumento de las maquinaciones de
+una mujer abandonada?
+
+Solos ya el marqués y el padre Retamar, estuvieron algunos instantes en
+silencio, esperando el primero a que el otro hablase, y sin saber el
+fraile por dónde principiar. El marqués, cansado de esperar en balde,
+rompió por fin el silencio.
+
+—¿No podré saber —dijo— qué motivo es el que me proporciona la honra de
+esta inesperada visita de vuestra paternidad?
+
+—La honra es toda mía, toda mía, señor marqués; y el motivo que me trae
+es uno muy grave, en que se halla interesada nada menos que vuestra
+eterna salvación.
+
+—¡Jesús me valga! Padre maestro, no tardéis en decírmelo.
+
+—No quisiera, señor mío, que se me tuviera por entremetido: protesto
+desde luego que solo el interés de la religión y el cumplimiento de mis
+obligaciones como sacerdote es el que me mueve a venir a hablaros.
+
+—Vuestra paternidad puede decir cuanto quiera, seguro de que yo
+le escucharé con la veneración que todo buen cristiano debe a los
+religiosos.
+
+—No esperaba yo menos del hijo de vuestros padres (que en gloria
+estén). Yo los he conocido, señor marqués, y puedo certificar que eran
+personas de singular virtud y ejemplares costumbres.
+
+—Muchas gracias, padre Retamar, por la merced que les hacéis.
+
+—Justicia y nada más, señor marqués; pero vamos al asunto, que es lo
+que importa.
+
+Tosió el fraile, limpiose las narices, y después de aclarada la
+garganta en el tiempo que fue menester para tomar aliento y hacer
+ánimo, dijo por fin:
+
+—Vuestra señoría no habrá olvidado que en otro tiempo conoció a una
+señora llamada Violante.
+
+El marqués mudó de color, pero no respondió palabra. Un instante
+después continuó el padre:
+
+—Yo, señor marqués, aunque indigno sacerdote, soy hace algunos meses
+confesor y director espiritual de esa afligidísima y arrepentida
+mujer. Con esto digo bastante para que me supongáis enterado de cuanto
+ha mediado entre ella y vos. Sí, señor, todo lo sé; y aun lo que vos
+mismo ignoráis. Un don Rodrigo...
+
+—¡Bribón! —exclamó el marqués.
+
+—Más de lo que su señoría piensa, pues valiéndose de un ardid infame,
+como puedo probarlo, supo hacer que pareciese delincuente a vuestros
+ojos la que jamás cometió otro delito que el de ceder a vuestras
+instancias.
+
+—Padre mío, os han engañado. Yo, yo mismo la he visto en los brazos de
+don Rodrigo. ¿Qué podrá decir a esto?
+
+—¿Qué podrá decir? Lo que oiréis de mi boca.
+
+Y en seguida refirió el padre Retamar al marqués la fábula que Violante
+le había contado a él, omitiendo solo, por amor de la paz, la parte que
+en ella se atribuía al comendador. Para probar la verdad de todo cuanto
+dijo ofreció presentar la criada que se suponía seducida por don
+Rodrigo, y que, arrepentida de su delito, estaba pronta a declararlo en
+forma, siempre que se la prometiese su perdón.
+
+Violante había buscado a la misma criada que la vendió a ella al
+comendador Hinojosa; y aquella mujer, que solo aspiraba a ganar dinero,
+importándole poco que para lograrlo se tratase de engañar a desengañar
+a un marqués tonto, convino desde luego en representar el nuevo papel
+que se le propuso. Empezó a representarlo el mismo día de que vamos
+hablando, en casa de su ama, delante del padre Retamar; y este con
+su testimonio quedó tan convencido de la inocencia de Violante, que
+hubiera sufrido el martirio por defenderla, lo mismo que por confesar
+la verdad del Evangelio.
+
+Oyó el marqués con suma atención y no poco enternecimiento la relación
+de las desgracias de su querida; pero cuando acabó de convencerse de su
+inocencia fue cuando el padre dominico, con un calor que acostumbraba
+pocas veces, le hizo saber la vida ejemplar y retirada que después de
+su separación había tenido Violante.
+
+—Sí —exclamó con indecible gozo—, sí; es inocente, y sus trabajos
+recibirán la recompensa, y volveremos a unirnos...
+
+—No señor —replicó el fraile—. ¿Podéis hacer la injusticia al hábito
+de nuestro padre Santo Domingo de creer que un hombre que lo viste se
+había de mezclar en este asunto para reconciliar a dos amantes, para
+restablecer unas relaciones ilegítimas, para contribuir a la perdición
+de dos almas?... No señor: no será así; y estad seguro de ello.
+
+El pobre hermano de don Juan, oyendo aquella filípica, aunque justa,
+inesperada, se quedó precisamente como un niño sorprendido in fraganti
+por su pedagogo haciendo alguna travesura de marca mayor. Con los ojos
+espantados, la boca abierta y las manos cruzadas largo tiempo, aun
+después de haber acabado de hablar el fraile, escuchaba a ver si tenía
+algo más que decirle. Entre tanto el padre Retamar, recobrando su
+acostumbrada calma, volvió a tomar sosegadamente el hilo de su discurso.
+
+—Violante ha reconocido que se hallaba en el camino de la perdición: se
+ha apartado de él, y está resuelta a no volver a pisarlo. Vuestra mujer
+legítima bien sabéis que no puede serlo: así, pues, como cristiano
+estáis obligado a renunciar para siempre a ella. Mas aún nos resta que
+hablar del más importante, del verdadero objeto que me ha traído a esta
+casa. Violante está encinta.
+
+—¡Madre mía de los Dolores! ¿Será posible, padre Retamar?
+
+—Tan posible que en breve dará a luz, Dios mediante, una criatura cuyo
+padre sois.
+
+—¿Yo su padre?... Pero y don Rodrigo...
+
+—Calculad las fechas, señor marqués, y veréis cómo en ese punto no debe
+quedaros duda.
+
+Tenía el marqués demasiada inclinación a Violante para no creer
+cuanto bueno de ella le quisiesen decir; y como por otra parte, en
+consecuencia de su educación monástica, cuando un eclesiástico le
+hablaba era siempre de su opinión, se dio desde luego por convencido, y
+lo quedó plenamente de la paternidad con que la dama quiso favorecerle.
+
+Conseguido esto, lo demás era fácil de arreglar. Aunque no sin
+repugnancia, prometió el marqués no ver a Violante; y aseguró, con el
+mayor gusto, que reconocería en forma al hijo o hija que ella diese a
+luz, señalando a su madre una pensión vitalicia de mil ducados sobre
+todos sus bienes, por medio de escritura legal que había de otorgarse
+en las veinticuatro horas, contadas desde entonces mismo. Por último,
+convinieron en que todo lo tratado entre ambos quedaría secreto, pues
+el marqués no quería exponerse a las reconvenciones de Hinojosa, ni
+disgustar a su hermano. Inmediatamente el marqués pidió su coche y
+salió a casa de su escribano a formalizar la escritura de la pensión;
+y el fraile se fue a dar cuenta del buen éxito de sus diligencias a
+Violante, quien no tuvo poco trabajo en ocultar su inmensa alegría bajo
+el velo de una devota conformidad con la voluntad del Señor.
+
+Quince días después dio la beata de nuevo cuño a luz un muchacho
+robusto, al que el padre Retamar, al bautizarlo con el nombre de don
+Pedro Alcántara de Vargas, que era el mismo de su presunto padre, dijo
+que encontraba maravillosa semejanza con el marqués. Este, que en
+aquel acto vio también por primera vez al tierno infante, se deshacía
+en lágrimas de gozo, estrechándolo en sus brazos y jurando que todas
+las facciones eran las de la familia de los Vargas, si bien más bellas
+por lo que de Violante tenían. El hecho es que el recién nacido era,
+como lo son todos, un rollo de carne con ojos y facultad para llorar,
+en cuyo rostro, aún en embrión, solo la ceguedad del cariño encuentra
+semejanzas que no pueden existir.
+
+No nos atreveremos a decir que el nuevo don Pedro Alcántara fuese en
+efecto hijo del marqués, pero tampoco a negarlo; y esto en razón a que
+ni su propia madre podía decir en ello cosa cierta.
+
+Una labradora de Simancas, villa pequeña situada sobre un cerro en las
+orillas de Pisuerga a dos leguas de Valladolid, buscada de antemano, se
+llevó al niño para criarlo, y solo se la dijo que era de padres nobles
+y ricos, sin descubrir quienes fuesen. El padre Retamar quedó encargado
+de pagar a aquella mujer un espléndido salario, y de suministrarla
+además cuanto necesitase.
+
+Violante se restableció pronto, y aunque con la pensión del marqués
+hubiera podido vivir con más lujo, conservó por prudencia su método
+anterior de vida, sin más diferencia que la de hacer una vez
+cada semana un viaje a Simancas a ver a su hijo, a quien quería
+entrañablemente, y de cuya conservación dependía en gran parte su
+fortuna.
+
+Desde la visita del padre Retamar la amistad del marqués a su primo el
+comendador empezó a resfriarse tan notablemente que, advirtiéndolo,
+aquel caballero tomó la resolución de no mezclarse de allí en
+adelante en darle consejos, visto que el marqués estaba siempre en
+conversaciones secretas con su capellán, a quien había confiado su
+secreto.
+
+Justamente estos sucesos coincidieron con el segundo y tercer viaje de
+don Juan a Madrigal; y ambos hermanos, ocupados en sus amores, cuidaron
+poco uno de otro, contentos con que no se observasen sus pasos, ni se
+pusiesen trabas a sus operaciones.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+ DON TELLO
+ Quiera Dios, señor don Juan,
+ Que volváis muy felizmente.
+
+ DON JUAN
+ Breves los días de ausente,
+ Señor don Tello, serán.
+
+ (Moreto: _El lindo don Diego_).
+
+
+Dos o tres días después del nacimiento de su equívoco sobrino regresó
+don Juan a Valladolid; y apenas hubo llegado a su habitación, cuando
+encerrándose en ella abrió el misterioso pliego que Gabriel le había
+entregado. Rota la primera cubierta, halló que contenía otro pliego
+sellado con las letras S. R. L., cuyo sobrescrito era el siguiente:
+
+ [Ilustración: cruz] «A doña Inés Contiño, Sotomayor, Álvarez de
+ Castro; en el convento de religiosas de la orden de...
+
+ Salud y gracia».
+
+A más de este halló Vargas un billete abierto que decía así:
+
+ «Señor don Juan: en el convento de religiosas de la orden de..., que
+ no podéis ignorar en qué parte de la ciudad se halla, encontraréis la
+ dama a quien va dirigida la adjunta carta. Para que se os permita la
+ entrada en él, preguntad por doña María de Castro, y decid que vais a
+ hablarla de parte de su tío el abad. — Dios os guarde, como deseamos.
+ — _S._».
+
+—¡Otro misterio más! —exclamó don Juan—; pero a bien que en viendo yo a
+Inés habrán de terminarse sin remedio.
+
+Concluyendo esta reflexión se puso a vestirse para presentarse en el
+convento con la debida decencia, y aún no había acabado de hacerlo,
+cuando vinieron a buscarle de parte de su hermano el marqués, que
+deseaba hablarle inmediatamente.
+
+Trasladose Vargas sin detención a su cuarto, y le oyó, con no poca
+sorpresa, decir que un asunto importante le llamaba a Madrid, para
+donde pensaba salir sin falta al día siguiente por la mañana, llevando
+consigo al padre Teobaldo.
+
+Don Juan, admirándose de que su hermano se decidiera a viajar, y a
+Madrid, adonde jamás había querido pensar en ir, y más aún de que
+tuviese asuntos reservados para él, cosa que hasta entonces no le había
+sucedido, pero deseoso también de abreviar la conferencia para poder
+marcharse al convento, se limitó a contestar que estaba bien, pues el
+marqués lo creía conveniente, y a desearle un feliz viaje y pronta
+vuelta.
+
+Por su parte el marqués, que había temido que su hermano le hiciese mil
+preguntas a las que no sabía qué contestar, se dio por muy contento de
+verse libre de aquel apuro; y so pretexto de disponer las cosas para
+su viaje, se despidió de Vargas, que no le hizo repetir dos veces el
+permiso para retirarse.
+
+¿Quién podrá pintar la agitación de Vargas en el tránsito desde su casa
+al convento designado en la esquela anónima que el pliego contenía?
+Sería imposible.
+
+Perdíase en conjeturas a cual más singular, a cual más descabellada
+y distante de la verdad; pero lo que más le aquejaba era el temor
+que le hacía concebir el haber visto hasta entonces burladas siempre
+sus esperanzas de no conseguir, aun en aquella ocasión, el deseado
+conocimiento de quién era Inés, y de los medios indispensables para
+poseer su mano. Las tres iniciales del sello y la que servía de firma
+al billete eran también para Vargas otra materia de interminables
+cavilaciones, pues ni acertaba ni podía acertar con su significado.
+Por manera que, aunque el convento distara mil leguas de Valladolid,
+llegara a él tan embebido como entonces llegó en sus diversos
+pensamientos.
+
+Entró en la portería, llamó al torno, y dando allí el recado que se le
+prevenía en el billete, recibió orden de pasar al locutorio, al cual
+fue conducido por la demandadera. Llévale esta no al locutorio general
+donde las madres recibían las visitas, sino a uno particular, amueblado
+con la limpieza y nimiedad de adornos que acostumbran las monjas, pero
+con más suntuosidad y elegancia que en tales parajes suele hallarse.
+La demandadera, mujer habladora y bachillera, por si acaso don Juan
+no había reparado aquella diferencia, se la hizo notar, advirtiéndole
+que el tal locutorio era el reservado en que la madre abadesa recibía
+las visitas de su ilustrísima el señor obispo y otros personajes de
+distinción.
+
+Con poca cuerda que don Juan la hubiera dado hubiera podido saber
+la historia detallada de todos y cada uno de los muebles de aquel
+aposento; pero Vargas, que desde que entró había clavado los ojos en
+la reja que separaba la parte destinada para los profanos de la que
+ocupaban las religiosas, no se dignó responder una sola palabra; y la
+demandadera, picada de ver que se la trataba con tanta indiferencia,
+se retiró, murmurando entre dientes que era lástima que un mancebo tan
+galán de persona no fuera algo más cortés.
+
+No se pasaron tal vez tres minutos desde que el hermano del marqués
+entró en el locutorio hasta que se abrió la puerta de este que
+comunicaba con lo interior del convento, y entró por ella una dama de
+noble porte y elegante traje.
+
+Llevaba un vestido de rica seda negra labrada, con la manga, que solo
+llegaba hasta el codo, muy ancha, y terminada de la misma manera que
+la del hábito de algunos frailes, en figura triangular. El jubón era
+ceñido al cuerpo, cerrado por las espaldas y abierto por delante, con
+dos solapas caídas sobre el pecho. Una gola blanca como el armiño
+ceñía su garganta. El talle del vestido, arreglándose a la forma del
+cuerpo, iba sobre la cadera; y la falda, con bastante vuelo, era algo
+más larga por detrás que por delante. Una rica cadena de oro, que daba
+dos vueltas al cuello y caía con gracia sobre el pecho y espaldas,
+llevaba pendiente un magnífico medallón guarnecido de diamantes con el
+retrato de una mujer joven y hermosa. El peinado de aquella dama era
+sumamente sencillo y gracioso: el pelo recogido en un rodete colocado
+bastante atrás, y la parte de delante dividida como hoy se lleva, pero
+sin rizo alguno. Dos hilos de perlas finas daban vuelta a la cabeza
+y se terminaban sobre la frente en un broche, en el cual brillaba un
+diamante de alto precio. Para no dejar nada por decir, añadiremos que
+en las manos de aquella dama se veían muchas sortijas, y que en la
+derecha llevaba un libro de oraciones encuadernado en terciopelo morado
+con abrazaderas de plata.
+
+Menester fue que Vargas la mirara muy despacio para reconocer en una
+persona tan ricamente ataviada a la humilde pastelera de Madrigal; pero
+en fin, no pudiendo negarse a lo que sus ojos veían, exclamó:
+
+—¿Inés, sois vos?
+
+—Yo soy, don Juan: no me causa extrañeza vuestra admiración; pero en
+verdad no deja de sorprenderme que hayáis descubierto mi asilo, el
+nombre que en él me dan, y la manera de verme.
+
+—Yo mismo, Inés, no sé cómo esto ha sido; tal vez vos podréis
+comprenderlo mejor viendo este pliego.
+
+Sacó entonces el que llevaba, y alargóselo a Inés al través de la reja.
+La bella morena lo recibió con gravedad, reconoció el sello antes de
+abrirlo, y se puso en pie para hacerlo. Así que lo hubo verificado
+buscó la firma, besola con respeto, y después, siempre en pie, leyó su
+contenido con la mayor atención.
+
+Vargas la miraba sin acertar a comprender tanta ceremonia, y esperando
+con ansia el resultado de aquella lectura, que duró lo bastante para
+que le pareciera interminable.
+
+Por fin Inés, después de haberse enterado muy a su sabor del contenido
+del pliego, volvió a doblarlo escrupulosamente, y lo encerró en un
+saco llamado limosnero que llevaba pendiente de la cintura, así como un
+cordón de hilo de oro que la servía de ceñidor, y se terminaba en dos
+borlas casi sobre los pies.
+
+—La persona de quien dependo —dijo la dama pastelera ya sentada—,
+la persona de quien dependo únicamente en este mundo, me autoriza a
+enteraros de la historia de mi vida, a declararos quién soy, y a daros
+explicaciones sobre un lance que ha podido dar lugar a dudas sobre mi
+sinceridad. Hablo de lo ocurrido en el Carmen. Lo que voy a deciros
+parecerá tal vez falta de recato; pero acostumbrada a vivir entre
+hombres y en medio de los peligros hace años, puede disculpárseme si me
+muestro algo más libre que otras de mi sexo. El primer hombre a quien
+he amado, el único que he amado, el que hoy amo y amaré siempre, sois
+vos, don Juan.
+
+—¡Celestial Inés! ¡Quién será más dichoso que yo cuando os oigo hablar
+así!
+
+—Bajad la voz, no nos oigan, y escuchadme, porque sería imprudente
+prolongar esta visita demasiado. Hace tiempo que yo preveía que
+llegaríamos al punto en que hoy estamos, aunque tal vez no contaba con
+que fuese tan pronto. Sin embargo, tengo ya concluida una relación
+acaso prolija de los principales sucesos de mi vida. Por el escrito que
+os entregaré podréis juzgar si soy o no digna de vuestro amor. Pero
+¡ah, don Juan! ¿Por qué quiso el destino que me conocierais?
+
+—Para mi ventura, adorada mía.
+
+—Plegue al cielo que así sea, pero temo lo contrario: yo no puedo ser
+vuestra sino con una condición.
+
+—¿Y dudáis de que todas me parecerán suaves, deliciosas, tratándose de
+lo que más deseo?
+
+—Tal vez no; y ese es mi mayor tormento. Don Juan, la empresa en que
+se os quiere comprometer no solo es arriesgada, sino, y ojalá que me
+engañen mis tristes presentimientos, desesperada, imposible de llevar
+a cabo. ¿Cuál sería mi dolor si rico, joven y dueño de mi corazón, os
+viera víctima de proyectos que nada os interesarían si no me hubierais
+conocido?
+
+—Y bien, Inés, desde este momento son míos; no necesito saber más que
+podrán reportaros alguna utilidad, y conducirme a mí a la dicha de
+ser vuestro esposo, para ser el más celoso partidario de ellos. ¿Qué
+es preciso hacer? ¿Atravesar los mares? ¿Abandonar patria y familia?
+¿Pelear, renunciar a mi propio nombre, servir de esclavo? Hablad, Inés:
+¿qué se exige de mí? Decidlo; y si hay peligro, por grande que sea, que
+me detenga un instante, despreciadme entonces como indigno de vuestro
+amor.
+
+El entusiasmo de don Juan conmovió a Inés extraordinariamente; y no
+permitiéndola su agitación responder de palabra, alargó por la reja una
+mano, que fue besada con indecibles transportes.
+
+—Y bien, mi Inés, mi señora, mi vida, ¿qué me decís?
+
+—¿Qué he de deciros, don Juan? Si yo hubiera de combatir contra solo
+mi amor, aunque grande, tal vez pudiera vencerlo aunque me costara la
+vida; pero contra el vuestro también, me es imposible. Sea, pues, lo
+que el destino ordene. Esperadme un momento.
+
+Salió diciendo esto del locutorio y en breve volvió, trayendo una caja
+o estuche de madera preciosa, la cual con su llave pendiente de un
+cordón entregó a Vargas, diciéndole:
+
+—Dentro de esa caja hallaréis la historia de la mujer en quien habéis
+puesto los ojos. El cielo sabe si me cuesta que nos separemos tan
+pronto, pero es preciso: idos, don Juan.
+
+—¿Tan presto, señora?
+
+—No podemos ni debemos llamar la atención de las religiosas. Dentro de
+tres días volved a la hora de hoy.
+
+—¡Tres días, Inés! ¡Tres días sin veros!
+
+—Tiempo hubo en que un mes no os pareció mucho tiempo de ausencia.
+
+—¿Aún os dura esa memoria, Inés mía? Paréceme que ya he pagado bastante
+aquel delito. Es imposible que pudiendo veros pase yo tres días sin
+hacerlo.
+
+—Pues bien, venid pasado mañana: ya rebajo un día. Adiós, y no me
+olvidéis.
+
+—Antes me olvidaré de que existo.
+
+—Mucho ponderáis, señor don Juan.
+
+—Más siento, señora, a fe de caballero.
+
+En esto, deshaciendo Inés su mano de las de su amante, que al tomar la
+caja se había quedado con ella, se retiró ligeramente para salir del
+locutorio. Ya en la puerta volvió la cabeza, y mirando a Vargas con
+toda la expresión del amor y del agradecimiento.
+
+—Adiós, mi don Juan —le dijo, y desapareció.
+
+Vargas salió del convento arrebatado de gozo, y volando más que andando
+corrió a examinar el contenido de la preciosa cajita.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+ La más bella niña
+ De nuestro lugar
+ Hoy viuda y sola,
+ Y ayer por casar.
+
+ (Góngora).
+
+ MANUSCRITO DE INÉS.
+
+ «¡Oh Clara! ¡Mi amada Clara! Si desde tu morada celestial tu alma
+ pura puede todavía conservar sus relaciones con los objetos que en la
+ tierra le fueron queridos, me atrevo a creer que nunca tu espíritu se
+ apartará de tu Inés. La feliz indiferencia por los hombres, que tanto
+ envidiabas en ella, ha desaparecido para siempre: ahora y no entonces
+ es cuando comprende todos tus tormentos. ¡Pobre Clara! Solo en la
+ tumba has hallado el descanso. ¿Será mi destino correr igual fortuna?
+
+ »Aún no sé si este escrito será jamás leído por otro viviente
+ más que yo misma. ¿Quién podrá asegurar que la persona para quien
+ le destino querrá comprar, a costa tal vez de su propia dicha, la
+ satisfacción de su curiosidad con respecto a mí? Comoquiera que sea,
+ si estos caracteres, trazados por mi mano, llegaren a las suyas algún
+ día, sepa que para él, y para él solo, he podido resolverme a confiar
+ al papel las desgracias de mi familia, cuyo término está cuando menos
+ muy lejano.
+
+ »Don Sebastián Contiño de Álvarez nació en la ciudad de Oporto, en
+ el reino de Portugal, vástago de una ilustre familia. Su inclinación
+ le llamó al ejercicio de las armas desde la niñez, y en ella se
+ envejeció. Era don Sebastián un soldado a toda ley: valiente,
+ sincero, y fiel a su rey. Ya muy adulto se enamoró, y obtuvo sin
+ dificultad la mano de doña María Sotomayor de Castro, que era una
+ señora igual a él en nacimiento, superior en fortuna, y célebre por
+ sus virtudes y claro entendimiento.
+
+ »Fruto de este matrimonio fueron dos hijas: mi pobre hermana Clara y
+ yo, que nací dos años después.
+
+ »Apenas habría yo cumplido cuatro años, cuando tuve la desgracia de
+ perder a mi madre; y a pesar de ser entonces tan tierna mi edad,
+ no he podido jamás olvidar la dolorosa impresión que aquel suceso
+ me causó, ni los extremos que mi padre hacía con la aflicción de
+ separarse para siempre de una esposa a quien adoraba. Clara y yo
+ recibimos, deshechas en lágrimas, la última bendición de nuestra
+ madre moribunda; y solo a ella puedo atribuir el que en medio de
+ tantas vicisitudes en que después nos hemos visto, ni la una ni la
+ otra nos hemos apartado un solo instante de la senda de la virtud:
+ gracias sean dadas al que todo lo puede.
+
+ »El mismo año de la muerte de mi madre, que fue el pasado de 1578, se
+ partió el rey don Sebastián a su desgraciada expedición al África;
+ y mi padre, no queriendo dejar de acompañarle, nos puso al cuidado
+ de una parienta de mi madre, llamada doña Francisca de Alba, mujer
+ de don Frey Cristóbal Tabora, gran privado del rey, y que también le
+ acompañó en aquella sangrienta jornada, causa de dolor eterno para el
+ Portugal.
+
+ »Parece que mi padre al despedirse de nosotras tenía el triste
+ presentimiento de no volvernos a ver. Estrechonos en sus brazos mil
+ veces, y no pudo dejarnos sin derramar copiosas lágrimas; cosa en él
+ bien singular, pues acaso en esta ocasión y en la de la muerte de mi
+ madre serían las dos únicas de su vida en que se le viese llorar.
+
+ »Perdiose la batalla: murió en ella la flor de la nobleza lusitana,
+ y la consternación fue general. Mi tía doña Francisca no supo de su
+ marido; nosotras ignoramos la suerte de nuestro padre; y ni teníamos
+ ni podíamos hallar consuelo, porque donde quiera que volviésemos la
+ vista solo hallábamos orfandad, viudez y desolación. Jamás pueblo
+ fue tan severamente castigado por faltas de su rey como Portugal por
+ el imprudente arrojo de don Sebastián.
+
+ »La edad de Clara y la mía nos libertaron entonces de apurar aquel
+ cáliz de amargura; pero sin embargo mi hermana, que nació con un
+ corazón demasiado sensible, contrajo desde entonces una melancolía
+ que conservó hasta el sepulcro.
+
+ »Para colmo de desdichas, nuestra tía se hizo un objeto de sospechas
+ eternas para el gobierno; y es de advertir que cuantos volvieron de
+ la batalla, o eran deudos, amigos y allegados de los que fueron a
+ ella, o bien habían gozado de algún favor con don Sebastián, fueron
+ desde entonces perseguidos más o menos, casi sin excepción.
+
+ »¿Qué cosa más natural que, ignorándose la suerte de un padre, de un
+ esposo, de un hermano, de un amigo, se tratase de inquirir qué era de
+ él? ¿Quién se atreverá a condenar al que no quiere convencerse, sin
+ haber adquirido pruebas innegables, de que ha perdido para siempre a
+ una persona querida?... Y, sin embargo, cualquiera de estas dos cosas
+ se miraba y se mira hoy en Portugal como un crimen atroz.
+
+ »Doña Francisca de Alba preguntaba, inquiría, buscaba sin cesar
+ indicios de que su marido no había muerto... “_Conspira_”, dijeron
+ los satélites del tirano; y la triste viuda se vio muy cerca de
+ ser sepultada en un calabozo. Tuvo, pues, que salir de Lisboa y
+ establecerse en su quinta de la Torre Vieja. Nosotras la seguimos;
+ pero mi tía, que aún no se consideraba segura, no queriendo
+ exponernos a una tropelía de las que entonces eran frecuentes, ni
+ envolvernos en su ruina, nos envió a la Sierra del Carnero con una
+ criada de confianza llamada Marta y el mulato Domingo, a quien don
+ Juan conoce.
+
+ »En lo más escondido de un profundo valle, en medio de un bosque de
+ naranjos y limoneros, una choza, que tal parecía por su techo pajizo
+ y paredes de caña, nos ofreció un asilo cómodo y seguro, del que
+ jamás me olvidaré aun cuando algún día llegue a habitar suntuosos
+ palacios. Formaba aquel valle una cadena circular de montes poblados
+ de añosas encinas, y de lo más alto de uno de ellos corría un
+ abundante y cristalino arroyo, cuyas aguas fertilizaban su suelo, y
+ habiendo no lejos de la choza un profundo remanso, nos proporcionaba
+ el placer de bañarnos en el estío. Una sola vereda de cabras era la
+ comunicación que existía entre nosotros y el resto del mundo. Nuestra
+ choza era grande, bien repartida, y cómoda. Poco tiempo después de
+ habitarla se retiró también a ella, huyendo de la persecución, el
+ capellán de mi tía, anciano venerable y lleno de instrucción, que
+ tomó a su cargo educarnos a Clara y a mí. Marta nos instruía en las
+ labores propias de su sexo.
+
+ »Pocas veces dejamos mi hermana y yo de ver brillar en el horizonte
+ el primer rayo del sol: siempre juntas, siempre con los brazos
+ enlazados corríamos el valle, y cada día encontrábamos un nuevo
+ placer. Hoy era un nido de ruiseñores; mañana la temprana fruta
+ de un árbol querido. Corríamos, saltábamos, y el tiempo presente
+ era el único que nos ocupaba. Ni el estudio ni el trabajo se nos
+ hacían penosos, porque no nos obligaban a él: nuestro preceptor era
+ el hombre más indulgente, más tolerante que es posible imaginar; y
+ nosotras lo queríamos tanto, que la idea de complacerle nos hacía
+ aprender con gusto cuanto quería enseñarnos.
+
+ »Clara, de más edad, más reflexiva, con mayor talento que yo,
+ aprovechaba también más; pero me quería con tanto extremo que tenía
+ un verdadero pesar cada vez que se conocía superior a mí. Si el
+ hombre que dice haberse prendado de mí hubiera conocido a aquel
+ ángel, viéndome a su lado me tendría por despreciable».
+
+—Imposible —exclamó Vargas al llegar aquí—, imposible: no puede haber
+habido mujer igual ni comparable a ti, Inés mía.
+
+Después de haber desahogado así su corazón, continuó leyendo.
+
+ «Pero yo me olvido de que estos detalles, tan interesantes para mí,
+ han de cansar a cualquier otra persona: ocho años pasamos en aquella
+ soledad sin que el menor incidente viniera a turbar nuestra dicha.
+ Nuestros bienes, fielmente administrados por mi tía, nos ponían
+ en estado de proporcionarnos toda especie de comodidades: nada
+ deseábamos ni teníamos que desear.
+
+ »Yo tenía ya trece años; mi hermana quince, y era hermosísima
+ criatura. Dicen que se me parecía; pero yo, y no pase por modestia,
+ le soy muy inferior. Clara era muy blanca, perfectamente formada,
+ y sus facciones no eran solo regulares, sino además sumamente
+ agraciadas. Su porte era grave, dulce su mirar, encantadora su
+ sonrisa. En general parecía melancólica, y jamás su alegría fue
+ estrepitosa; pero había en su corazón una vehemencia, en su fantasía
+ una exaltación, que dan lugar a decir que en los pocos años que pisó
+ la tierra, más que en ella vivió en un mundo ideal.
+
+ »Cuando al despertarnos por la mañana me refería sus sueños, me
+ parecían de aquellos cuentos maravillosos que me entretenían en mi
+ primera infancia. Todo en ellos era sublime, extraordinario y bueno.
+ La misma inclinación se notaba en sus lecturas: siempre prefirió las
+ obras más metafísicas. Nunca la oí hablar de tesoros, sino de virtud
+ y gloria. Decir que era muy religiosa es excusado; en su carácter no
+ podía menos de serlo. Era demasiada su semejanza con los espíritus
+ celestiales para que dejase de estar siempre en comunicación con
+ ellos por medio de la oración.
+
+ »De mí solo diré que adoraba a mi hermana, y que tenerla a mi lado y
+ juguetear eran todos mis deseos.
+
+ »Una tarde de verano, ya mucho después de puesto el sol, nos
+ hallábamos las dos hermanas a la orilla del lago, sentadas al pie
+ de un sauce y abrazadas como de costumbre. Hablábamos de nuestros
+ padres, o por mejor decir, Clara hablaba y yo la escuchaba. No se le
+ había olvidado ni una sola de las circunstancias de la muerte de mi
+ madre, ni de la despedida de su esposo: referíamelas entonces acaso
+ por la millonésima vez, y sin embargo nuestras lágrimas corrían en
+ abundancia. Clara, refiriendo una desgracia, hubiera hecho llorar a
+ las piedras.
+
+ »En esta disposición, no sé cómo alcé la vista, y en la cumbre del
+ monte que teníamos en frente, que era justamente el que atravesaba
+ la vereda por donde se entraba en nuestro valle, creí divisar cuatro
+ o cinco hombres a caballo. Comuniqué mi observación a Clara, y esta
+ confirmó mis sospechas.
+
+ »Desde que habíamos ido a la cabaña continuamente estábamos oyendo
+ que aquel era el único rincón de Portugal donde se podía vivir sin
+ estar expuesto a las persecuciones del tirano.
+
+ »Sabíamos que nuestra tía no se había venido a vivir a él por
+ no exponerse a que la confiscasen sus bienes, no atreviéndose
+ a visitarnos sino muy de tarde en tarde, y con las mayores
+ precauciones, para que no se descubriese nuestro retiro. Tampoco se
+ nos había ocultado que nuestro capellán estaba allí para sustraerse
+ a la proscripción que le amenazaba. En una palabra, estábamos
+ convencidas de que el descubrimiento del valle en que vivíamos sería
+ seguido infaliblemente de nuestra ruina.
+
+ »Con estos antecedentes es fácil de concebir cuál sería nuestro
+ sobresalto viendo aquellos cinco hombres que descendiendo del monte
+ se aproximaban a paso largo a nosotras.
+
+ »Yo me arrojé en los brazos de Clara, a quien estaba acostumbrada a
+ mirar como mi natural protectora, y conocí que, aunque procuraba
+ serenarme, no estaba tampoco muy tranquila.
+
+ »“¿Qué hacemos?”, le dije. “Huyamos a la choza”, me respondió, “tal
+ vez no nos habrán visto”.
+
+ »Tomamos inmediatamente este partido, y llegamos, casi sin aliento,
+ a la pieza en que el capellán, leyendo, y Marta, en sus labores, nos
+ vieron entrar de aquella manera, con no poca sorpresa. Pero nosotras,
+ sin darles lugar a que nos preguntasen cosa alguna, les referimos lo
+ que habíamos visto.
+
+ »El capellán, creyendo ya verse en poder de los jenízaros de Felipe,
+ y de allí sepultado en un calabozo de la Inquisición, se quedó
+ petrificado; y Marta no pensó más que en tratar de escondernos a
+ mi hermana y a mí. Pareciome bien aquella resolución, pero no así
+ a Clara. Esta dijo que si eran gentes enviadas por el rey las que
+ venían, sin duda estarían bien informados de cuántos y quiénes fuesen
+ los habitantes de la cabaña, y que ocultarse cualquiera de ellos
+ solo serviría para darles lugar a cometer mayores tropelías sin
+ fruto alguno para el escondido, a quien irremediablemente habían de
+ encontrar por fin.
+
+ »Estaban Marta y el capellán combatiendo aquella opinión, cuando se
+ vieron interrumpidos por dos o tres golpes dados con fuerza a la
+ puerta, que nosotras al entrar habíamos cerrado.
+
+ »Cuál sería nuestro temor, se deja comprender. Quedémonos por algún
+ tiempo inmóviles como estatuas: llamaron segunda vez a la puerta, y
+ fue preciso pensar en lo que se había de hacer.
+
+ »“Es necesario responder”, dijo Clara. “¿Y quién se atreve?”, replicó
+ Marta, “yo no”. “Ni yo”, exclamó el capellán. “Pues yo iré”, dije yo
+ entonces. “Vamos las dos”, añadió Clara; y así se hizo.
+
+ »Acercámonos en efecto a una ventana, desde la cual vimos que el
+ que llamaba a la puerta era el mozo de confianza que mi tía solía
+ enviarnos con las provisiones y otras cosas necesarias. Ambas
+ hermanas nos echamos a reír del gran miedo que sin causa habíamos
+ pasado, y abrimos al bueno de Santiago, que así se llamaba el mozo,
+ quien nos manifestó que también se había sorprendido y asustado con
+ nuestra tardanza en responderle.
+
+ »El capellán y Marta creo que mientras esto pasaba en la puerta
+ estarían encomendándose a todos los santos del cielo, pues cuando
+ entramos en su cuarto con Santiago los hallamos de rodillas,
+ blancos como la pared, cruzadas las manos, y clavados los ojos en
+ el cielo. Costonos algún tanto convencerlos de que nada ocurría que
+ pudiera justificar sus temores; pero por fin acabaron cediendo a la
+ evidencia, y el buen eclesiástico preguntó a Santiago cuál era el
+ objeto de su venida. Respondiole este, que lo vería por la carta de
+ doña Francisca de Alba que puso en sus manos.
+
+ »Nunca he visto pasar a un hombre con tanta rapidez del exceso de la
+ aflicción al colmo de la alegría, como pasó entonces el capellán con
+ la lectura de aquella carta, que contra su costumbre de hacerlo en
+ voz alta, reservó entonces para sí.
+
+ »Brilló en su rostro un contento inexplicable; y como si le hubieran
+ quitado por encanto veinte años de encima, se levantó de su asiento
+ con indecible agilidad, y frotándose las manos, dio dos o tres paseos
+ por la sala antes de decirnos una palabra.
+
+ »Esperábamos las tres, con la ansiedad que tan natural es en nuestro
+ sexo, la explicación de todo aquello, pero por entonces lo que
+ supimos servía más para irritarla que para satisfacerla.
+
+ »“Hijas mías, los hombres que habéis visto a caballo no son lo que
+ pensabais. Vienen aquí, pero como amigos. Bien me lo daba a mí el
+ corazón: por eso no me he asustado tanto como vosotras”.
+
+ »Esto nos dijo el capellán; y Clara y yo, oyendo su intempestiva
+ fanfarronada, nos miramos, faltando poco para que soltáramos la
+ carcajada.
+
+ »“Son”, continuó él sin advertirlo, “sujetos de distinción. Uno de
+ ellos viene enfermo, y es menester disponerle una cama. Vamos, señora
+ Marta, no perdáis el tiempo. Y vosotras, hijas mías, supongo que no
+ tendréis inconveniente en ceder vuestro aposento para un desgraciado.
+ ¿No es verdad?”. “Y con mil amores”, respondió Clara, cuyo tierno
+ corazón compadecía ya al hombre de quien se le hablaba.
+
+ »Marta, mi hermana y yo volamos a nuestro cuarto. En un instante
+ hicimos desaparecer nuestras costuras y bordados: dispusimos una
+ cama que no le hubiera parecido mal a un príncipe, y salimos a
+ anunciárselo al capellán, pero ya no le encontramos en la choza.
+ Supusimos, con razón, que habría salido al encuentro de nuestros
+ huéspedes, pues a poco rato le vimos llegar acompañado de cinco
+ hombres montados en muy buenos caballos. Traían todos unos antifaces
+ negros, cosa que nos sorprendió, pues, viviendo en aquella soledad,
+ ignorábamos que los caminantes, en verano, suelen usarlos para
+ libertar el rostro del ardor del sol y de la incomodidad del polvo.
+ Sus vestidos no eran ni tan buenos ni tan malos que llamasen la
+ atención. Los sombreros, de ala ancha; pero lo que más atrajo las
+ miradas de Clara y las mías fueron las cotas de malla que llevaban
+ encima de unos coletos de gamuza. Tal vez ellas y las armas, tanto
+ blancas como de fuego, de que iban provistos, me hubieran hecho
+ tenerlos por ladrones a haberlos visto algunos años después. Entonces
+ el vicio y el delito eran para mí palabras incomprensibles.
+
+ »Mientras mi hermana y yo observábamos todo esto, se habían apeado
+ cuatro de los jinetes, y llegándose con muestras de respeto al
+ quinto, que permanecía montado a caballo, recibieron sus armas, que
+ él mismo fue dándoles. Luego que estuvo desembarazado, trató de
+ apearse; pero viendo los otros que no podía hacerlo, se encargaron
+ de ello, haciéndolo con brevedad, pero con tanto cuidado que nos
+ persuadió de que aquel hombre era el enfermo. Ya en el suelo, fue
+ menester que se agarrara de los brazos de dos de sus acompañantes
+ para entrar en la choza, y aun así andaba con suma dificultad.
+
+ »“Ese infeliz”, me dijo Clara, “parece que está muy malo”. Marta y yo
+ también pensábamos lo mismo, pero era tal nuestra curiosidad, que no
+ nos daba lugar por entonces a compadecerlo.
+
+ »Sin detención ninguna el capellán condujo a los desconocidos a la
+ habitación preparada, y allí el enfermo se metió inmediatamente en
+ la cama. Al cabo de una media hora salió nuestro preceptor; comunicó
+ a Marta sus disposiciones para la cena, y la orden de arreglar, lo
+ mejor que pudiese, en la sala que nos servía de biblioteca y cuarto
+ de estudio, tres camas para aquellos señores, pues uno de ellos
+ había de velar continuamente a la cabecera del enfermo.
+
+ »Cuando estuvo dispuesto todo, avisamos; y se nos previno que Domingo
+ llevase la ligera colación preparada para el doliente hasta la
+ puerta de su habitación. Allí la tomó uno de los que le acompañaban,
+ y después se presentaron los cuatro en el comedor para cenar con
+ nosotras, ya sin antifaces, pero con las cotas de malla, espadas y
+ dagas.
+
+ »Vimos entonces que de aquellos cuatro sujetos uno era anciano, dos
+ jóvenes, y el otro niño, que no llegaría a diecisiete años. Estaban
+ todos tan tostados que más parecían mulatos que europeos; y mostraban
+ en lo enjuto de los rostros, lacio de los cabellos y gravedad en
+ el mirar, que la vida que llevaban no era ni cómoda, ni exenta de
+ peligros.
+
+ »Saludáronnos cortésmente, excusándose de la molestia que nos
+ causaban con la inevitable necesidad de hacerlo. A la mesa se
+ condujeron con la más perfecta urbanidad, pero hablaron poco: no se
+ nombraron jamás unos a otros; y aunque comieron con buen apetito, no
+ mostraron en ello gran placer. Acabada la cena, que no fue larga, nos
+ retiramos, ellos a descansar, y nosotras a hacer conjeturas sobre
+ quiénes serían.
+
+ »A la mañana siguiente, después de habernos vestido para ello
+ con algo más de cuidado que solíamos hacerlo diariamente, fuimos
+ conducidas por nuestro preceptor al cuarto del enfermo, a quien
+ hallamos en la cama sin antifaz ni otra cosa que impidiese verle el
+ rostro.
+
+ »“Señor”, le dijo el capellán, “aquí tenéis a las dos sobrinas de mi
+ señora doña Francisca de Alba”. “Bellas niñas”, contestó con una voz,
+ aunque entonces débil, bastante sonora. “¿No me habéis dicho que eran
+ hijas de Sebastián Contiño?”. “Y muy servidoras vuestras”, respondí
+ yo, que como de menos edad, estaba también menos cortada que Clara.
+
+ »“¡Pobre Contiño!”, continuó el doliente como si no me hubiera oído:
+ “lo hizo bien; se portó como un valiente; y no fue solo. Pero todo
+ fue inútil: Dios quiso castigar nuestra arrogancia. Que su voluntad
+ sea hecha. Hijas mías, vuestro padre era un buen soldado, un completo
+ caballero; espero que algún día recibiréis la recompensa de sus
+ servicios en la tierra, porque él años ha que disfruta de ella en
+ mejor vida”.
+
+ »Estas palabras arrancaron nuestras lágrimas. El enfermo, sintiendo
+ al parecer habernos afligido, varió de conversación, y empezó a
+ hacernos a ambas, aunque con más frecuencia a Clara, diversas
+ preguntas, a las cuales tuvimos la dicha de responder acertadamente.
+ Aquella conversación duró una hora. Yo salí ya un poco cansada; pero
+ como Clara parecía muy satisfecha, no quise decirle una palabra.
+
+ »Todo aquel día no cesó mi hermana de hablarme del enfermo.
+ Ponderaba su figura, que a mí, a la verdad, no me parecía gran
+ cosa; la sonoridad de su voz, que a mí me amedrentaba; y sobre todo,
+ aquel tono grave y majestuoso que le hacía suponer, y en esto íbamos
+ conformes, que aquel hombre debía ser un gran personaje.
+
+ »La enfermedad que el tal padecía era una herida en una pierna
+ que por falta de cuidado estaba en muy mal estado. Agravose
+ considerablemente, le entró calentura; y sus cuatro compañeros y
+ el capellán decidieron unánimemente que era indispensable ya la
+ asistencia de un facultativo. Con este objeto escribieron a mi tía, y
+ el fiel Santiago fue como siempre el portador del mensaje.
+
+ »Según después he sabido, la elección de doña Francisca de Alba
+ recayó en el licenciado Juan Méndez Pacheco, médico de una aldea
+ vecina a Lisboa, que tenía fama de hábil y de poco afecto a los
+ españoles.
+
+ »Avisole que fuera a Guimaraes a ver un enfermo en quien se
+ interesaba. Hízolo así Pacheco, y cuando ya iba a entrar en el lugar,
+ Santiago, sacándolo del camino, lo condujo a lo más áspero del monte,
+ en donde le aguardaban ocultos dos de los incógnitos de nuestra
+ choza. Después de asegurarle que nada tenía que temer, le taparon el
+ rostro para que no viese el camino por donde iba, y lo trajeron así
+ hasta el cuarto mismo del paciente.
+
+ »Reconoció Pacheco la llaga, que dijo haber sido hecha por una bala
+ que pasó de soslayo; la curó, y en quince días que permaneció allí
+ sacó al enfermo de peligro y lo puso en disposición de poderse
+ levantar, declarando que ya no creía necesaria su asistencia. Con
+ esto, y con sustituir al ungüento que en una caja de plata llevaban
+ los incógnitos para curar la herida por otro más eficaz, se le
+ despachó del mismo modo que vino, con una carta para mi tía, quien
+ no solo le recompensó liberalmente, sino que tuvo la debilidad de
+ confiarle tal vez cosas que no debiera. Debo advertir que Pacheco
+ no vio jamás el rostro del enfermo, quien siempre que el médico iba
+ a entrar en su cuarto se ponía unos grandes anteojos pardos que le
+ desfiguraban enteramente. A los demás los vio, pero a ninguno pareció
+ conocer, ni ellos a él.
+
+ »Durante la estancia del médico en la choza, nuestras relaciones con
+ el enfermo se hicieron más íntimas. Gustaba de nuestra compañía, y el
+ capellán, encantado de ello, lejos de poner obstáculo alguno, apenas
+ nos dejaba salir un instante de su estancia. Marta, que no había
+ recibido una educación descuidada, sabía tocar el arpa medianamente,
+ y nos había dado lecciones a Clara y a mí: en breve supe yo tanto
+ como mi maestra, y mi hermana mucho más. Pulsada el arpa por sus
+ manos, producía sones que arrebataban: parecía que las cuerdas,
+ animándose, adquirían la sensibilidad de aquella angelical criatura;
+ y nada distraía tanto al enfermo como que Clara tocase algunas de
+ sus composiciones favoritas en aquel instrumento.
+
+ »Yo no me apartaba de mi hermana; es decir, que no salía del cuarto
+ en que ella estaba; pero como mi edad ni mi carácter permitían que
+ me estuviese mucho tiempo quieta, no cesaba de juguetear, ya en una
+ parte, ya en otra. Clara, por el contrario, siempre sentada a la
+ cabecera del enfermo, ora leía, ora tocaba el arpa, o bien conversaba
+ con él; y si era grande el placer de este en tenerla a su lado, no
+ era menor el de ella en acompañarle.
+
+ »Podría tener aquel hombre entonces de treinta y cuatro a treinta y
+ cinco años de edad, y aunque llevaba en el rostro visibles señales
+ de grandes trabajos, lejos de ofrecer nada de repugnante, no dejaba
+ de tener bastante gracia. Su conversación era bastante amena.
+ Había corrido, al parecer, gran parte de la Europa, y observando
+ detenidamente sus costumbres, pues describiéndolas con viveza y
+ maestría, nos tenía escuchándole horas enteras. No había en Portugal
+ familia ilustre cuya historia no conociese perfectamente; y según
+ hablaba, no solo parecía que había estado en relaciones con ellas,
+ sino con cuantos personajes había en dicho reino. De todo hablaba
+ con calma, y acaso con indiferencia; pero si la casualidad hacía
+ que se mencionase al rey de España, se hubiera dicho que una chispa
+ eléctrica le inflamaba. Sus ojos brotaban llamas al solo nombre de
+ Felipe; murmuraba entre dientes algunas imprecaciones, y variaba al
+ instante de conversación.
+
+ »Siempre que esto ocurría, mi miedo era inexplicable; y daba señales
+ tan claras de tenerlo que algunas veces, conociéndolo el enfermo,
+ me llamaba para hacerme caricias y desimpresionarme. Sin embargo,
+ siempre miré a aquel hombre con cierta especie de temor que jamás he
+ podido desterrar.
+
+ »Clara también se afligía en tales casos, mas no se asustaba: si
+ existe en efecto la simpatía entre los humanos, en nadie se ha
+ explicado con más prontitud ni fuerza que en mi hermana y el enfermo.
+ Yo entonces veía sin comprender; pero reflexionando después muchas
+ veces sobre aquellos sucesos, me he convencido de que muy desde el
+ principio se enamoró Clara del incógnito, y este de ella.
+
+ »Una sola circunstancia, que por cierto me afligió bastante, hubiera
+ sobrado hoy para revelarme aquel amor naciente.
+
+ »En nuestros paseos Clara no hablaba una palabra, y apenas respondía
+ a mis continuas preguntas. Siempre distraída, no cesaba de suspirar,
+ y hubo días en que, aprovechándose de la primera ocasión favorable,
+ se salía fuera de la choza.
+
+ »Ya he dicho de mi cariño a ella que era una verdadera idolatría.
+ Sentime de su proceder, y se lo dije con las lágrimas en los ojos.
+ Clara me estrechó tiernamente entre sus brazos, me acarició, y se
+ disculpó. Yo la creí, y dos días después volvió a suceder lo mismo
+ que antes.
+
+ »Mes y medio pasaron los incógnitos en la choza. De los cuatro que
+ acompañaban al enfermo, los tres de más edad casi siempre estaban
+ conferenciando en secreto con el capellán: el otro gustaba más de
+ acompañarnos a paseo a mi hermana y a mí; para su edad era demasiado
+ formal, y yo le hacía por ello muchísima burla: él lo sufría
+ pacientemente, pero no variaba de conducta. Muchas veces me dijo que
+ era muy hermosa: yo me reía. Parece que ya en aquel tiempo se enamoró
+ de mí; por mi parte entonces no sabía ni podía saber qué cosa era el
+ amor; y cuando en lo sucesivo me hallé en edad de amar, jamás sentí
+ por aquel joven la menor inclinación».
+
+Respiró don Juan leyendo esta declaración, pues hubo un momento en que
+tembló no ser el primero que hubiera sabido conmover el corazón de
+Inés.
+
+ «Anunciáronnos, al cabo de este tiempo, que trataban de irse. Yo
+ recibí esta noticia con indiferencia: no así Clara, que sintió
+ despedazarse su corazón. Al montar a caballo el incógnito, sacándose
+ de un dedo un precioso anillo, se lo puso a mi hermana diciéndola:
+ “Tomad, hija mía, esta memoria de un hombre cuyos dones fueron en
+ otro tiempo muy estimados, y hoy solo cuenta con algunos corazones
+ fieles; séalo el vuestro también, que del mío jamás se borrarán esas
+ facciones, ni el agradecimiento por vuestros cuidados”.
+
+ »Los sollozos de Clara respondieron por ella. No perdió de vista a
+ los caminantes hasta que la distancia y la espesura del monte se los
+ ocultaron; suspiró entonces, y puedo asegurar que en muchos días ni
+ aun sonreírse la vi.
+
+ »No prolongaré más esta relación con minuciosos pormenores. Baste
+ decir que, desde la marcha de los desconocidos, pasamos un tristísimo
+ año hasta su vuelta, que se verificó inesperadamente.
+
+ »El herido venía ya enteramente bueno de salud, pero más caído de
+ espíritu. La vista de Clara le animó algún tanto, y mi hermana
+ no pudo disimular el gozo que en verle sentía. Ella misma me ha
+ confesado después todo lo que voy a referir.
+
+ »A pocos días del regreso de aquellos hombres, saliendo Clara a paseo
+ una tarde sin mí, que, no sé cómo, me quedé en la choza, y estando
+ sentada a la orilla del lago, el incógnito se ofreció a sus ojos
+ cuando menos lo esperaba. Saludola, sentose a su lado, y estuvo algún
+ tiempo pensativo, hasta que por fin dijo:
+
+ »“Mi edad y mis trabajos, hermosa Clara, parece que debían haberse
+ puesto a cubierto de las pasiones; pero vuestros ojos han sido más
+ poderosos que los años y la experiencia. Yo os amo con delirio, y
+ la reflexión ni más de un año de ausencia han podido borrar de mi
+ memoria vuestra imagen seductora, y el amor me ha vuelto a traer a
+ este valle, solo para ofreceros mi corazón y oír de vuestra boca si
+ mi suerte ha de ser en todo adversa, o me reserva el cielo aún alguna
+ felicidad”.
+
+ »Clara decía que esta declaración, aunque hecha en tono apasionado,
+ también lo fue con entereza y dignidad. No me ha dicho lo que
+ respondió; pero es de inferir que el incógnito no quedaría muy
+ descontento de su respuesta, cuando los paseos solitarios se
+ repitieron tantas veces cuantas lo permitió la impertinentilla
+ hermana Inés.
+
+ »A poco los incógnitos volvieron a marchar; pero su regreso fue
+ también en breve, y en todo el año siguiente repitieron sus visitas
+ con frecuencia.
+
+ »En este intermedio la melancolía y distracción de Clara iban en
+ aumento. El incógnito y ella tenían frecuentes conferencias secretas;
+ pero ni debían versar sobre materias alegres, ni salir ambos muy
+ satisfechos, pues los ojos de mi hermana estaban inflamados de
+ llorar, y el entrecejo de su amante hacía temblar.
+
+ »Un día los dos se presentaron a la mesa, si no alegres, por lo
+ menos no tristes. Después de comer, el desconocido se encerró con
+ el capellán, y estuvieron hablando como dos horas; salió el buen
+ eclesiástico de la tal conversación como loco de contento. Santiago
+ fue despachado en toda diligencia con una carta para mi tía. Dos
+ días después volvió a venir acompañando a la misma doña Francisca
+ de Alba. Esta, así que vio al incógnito, se echó a llorar, y quiso
+ arrodillarse; mas él, recibiéndola en sus brazos, lo impidió.
+
+ »Clara al parecer comprendía todo aquello: yo estaba como quien ve
+ visiones, y no poco resentida de la reserva de mi hermana. La noche
+ misma de la llegada de mi tía, así que estuvimos solas, Clara,
+ abrazándome tiernamente, me dijo que se casaba con el incógnito.
+ Jamás ha habido sorpresa igual a la mía ni mayor aflicción, pues creí
+ que casarse Clara y separarme de ella sería todo uno.
+
+ »No le costó poco trabajo consolarme, convenciéndome de que jamás se
+ apartaría de mí; y yo, que solo a aquello atendía, ni me acordé de
+ preguntarle el nombre de su esposo.
+
+ »Veinticuatro horas después, como a las once de la noche, vestidas mi
+ tía, Clara, Marta y yo de toda gala, y escoltadas por el incógnito,
+ sus cuatro acompañantes, el capellán, Santiago y Domingo, montamos
+ a caballo; y habiendo andado dos o tres horas por veredas ocultas,
+ y muchas veces por lo más enmarañado del monte, llegamos, acabada
+ de sonar la una de la madrugada, a corta distancia de una ermita
+ dependiente de cierto monasterio de San Agustín. En sus inmediaciones
+ encontramos a otras cuatro personas embozadas en grandes capas,
+ quienes sin duda nos esperaban, pues así que echamos pie a tierra, y
+ uno de los nuestros habló con ellos algunas palabras, se dirigieron
+ con nosotros a la ermita.
+
+ »Santiago se adelantó solo a llamar a la puerta de esta, y el
+ religioso que la habitaba no dejó de tardar bastante en responder.
+ Hízolo por fin, preguntando con harto desabrimiento quién era el que
+ llamaba tan a deshoras. Respondió Santiago que un labrador que vivía
+ en una cabaña no distante de allí, en paraje que nombró y ahora no
+ recuerdo, se había puesto repentinamente enfermo de tanto peligro,
+ que se temía expirase de un instante a otro, por lo cual le suplicaba
+ fuese sin tardanza a administrarle los últimos auxilios espirituales.
+
+ »Preguntó el fraile que cómo se llamaba el enfermo, y nuestro mozo,
+ que llevaba bien estudiada la lección, respondió que era un tal
+ Pedro Trebiños, labrador muy conocido del religioso, y que en efecto
+ habitaba el paraje que Santiago había dicho. Con tales señas no le
+ quedó duda al ermitaño; y diciendo que iba a abrir la puerta de la
+ ermita, se retiró de la ventana a que primero se había asomado.
+ Inmediatamente que lo hizo, y a una seña de Santiago, se aproximaron
+ dos de los incógnitos, y con las dagas desnudas se arrojaron sobre
+ el pobre fraile cuando abrió la puerta, e imponiéndole silencio bajo
+ pena de la vida entraron con él en el vestíbulo de la ermita. Así
+ que Santiago nos avisó fuimos también a ella nosotras, los que nos
+ acompañaban y los que habíamos encontrado esperándonos; todos, en
+ fin, a excepción del mismo Santiago y el mulato, que se quedaron en
+ guarda de los caballos.
+
+ »Yo no sé quiénes pensaría el fraile que éramos; pero lo cierto es
+ que aunque no hablaba palabra se le conocía que estaba muriéndose de
+ miedo. Dijéronle que nos condujese a la sacristía, y ya en ella que
+ nos franquease los mejores ornamentos que para decir misa tuviese.
+ Hízolo todo apresurado y temeroso, así como a ir a encender todas las
+ velas del altar mayor, y en seguida encerráronle en su propia celda,
+ dejando en su guarda a uno de la comitiva.
+
+ »Así que el fraile se retiró, arrojó su capa una de las personas
+ que se nos habían reunido a las inmediaciones de la ermita, y vi
+ con la mayor admiración que era un venerable anciano, un obispo con
+ todas sus vestiduras. Nuestro capellán y otros que le acompañaban le
+ ayudaron a revestirse, y ellos mismos lo hicieron también.
+
+ »Mandáronnos retirar a todos de la sacristía para que el obispo
+ confesase al incógnito: Clara se confesó en seguida también con él, y
+ luego el prelado nos dijo una misa, asistido por los dos capellanes.
+
+ »Concluido aquel sacrificio, Clara, apoyada en mí, pues tal era
+ su turbación que apenas podía andar, se encaminó al altar, como
+ asimismo el incógnito. Todos los asistentes se aproximaron también,
+ y el obispo principió la lectura del rito matrimonial. Concluida la
+ lectura, y al hacer las preguntas de costumbre a los desposados, y
+ oyendo que al incógnito le decía: “Vos, varón, queréis por esposa,
+ etc., a la señora doña Clara Contiño, Sotomayor, Álvarez de Castro”,
+ esperé que al hacerle a mi hermana igual interpelación sabría el
+ nombre de su esposo. Engañeme empero. El obispo empezó en efecto
+ a decir si quería por esposo al señor don... Pero el incógnito lo
+ interrumpió: “Es inútil que me nombréis. Ella sabe quién soy y vos
+ también: esto basta; las paredes oyen”. No replicó el obispo, y
+ la ceremonia se concluyó, con harta mortificación mía, sin que yo
+ tuviese el gusto de saber quién era ni cómo se llamaba mi singular
+ cuñado.
+
+ »Antes de retirarnos firmamos todos un papel, que se nos dijo ser
+ el que en cualquier tiempo haría constar la legitimidad de aquel
+ matrimonio. Besamos en seguida el anillo del obispo, y recibiendo
+ su bendición salimos de la ermita. Poco antes de amanecer estábamos
+ en nuestro valle. Mi hermana se retiró a la estancia de su marido,
+ y yo, que jamás había dormido sino en su compañía, me fui sola y
+ despechada a mi lecho, maldiciendo de todo corazón al que me había
+ robado el cariño y la sociedad de Clara.
+
+ »Poco disfrutó esta por entonces de la compañía de su esposo: a los
+ quince días de casado se separó de ella. Volvió a poco tiempo, y
+ permaneció en el valle algunas semanas. Para abreviar diré que en el
+ primer año de su casamiento mi pobre Clara no vería a su marido más
+ de cuatro meses.
+
+ »Es natural figurarse que yo no dejaría de preguntar cuál era el
+ nombre de mi cuñado; pero Clara me contestó que no podía decírmelo,
+ pues había prometido callarlo bajo juramento; que lo que a mí me
+ bastaba saber, y ella podía revelarme, era que su marido pertenecía
+ a una casa mucho más ilustre que la nuestra, y que él mismo era
+ persona de grande importancia; pero que habiéndole ocurrido grandes
+ desgracias, y sufriendo a consecuencia de ellas una persecución del
+ gobierno que ponía su vida en peligro, se veía en la precisión de
+ vivir oculto, errante, y en continuo sobresalto.
+
+ »No tuve dificultad ninguna en creer cuanto mi hermana me dijo, pues
+ todo iba muy conforme con las apariencias.
+
+ »La pobre Clara, durante las continuadas ausencias de su marido, no
+ sosegaba un instante. Llorar, rezar, observar el camino del monte,
+ eran sus ocupaciones. Si algún consuelo encontraba en mi compañía,
+ era bien escaso. “¡Qué feliz eres”, me decía muchas veces, “en
+ conservar tu independencia! ¡Qué dichosa en conservarte hoy como
+ cuando vinimos a esta choza!”.
+
+ »Pasaré por alto nuestras conversaciones. Interesantísimas para
+ nosotras, serían impertinentes para los demás.
+
+ »Dieciocho meses hacía que Clara se había casado cuando una noche,
+ siendo más de las doce de ella, se presentó su marido en el valle.
+ Encerrose con ella como cosa de media hora, y al cabo de ella salió
+ con muestras de grande agitación. Abrazome tiernamente (y esta fue
+ la primera vez que lo hizo), y montó a caballo, encargándome mucho
+ que cuidase de la salud de mi hermana y la consolara en su ausencia,
+ que entonces sería más larga que las pasadas.
+
+ »Inútil encargo para quien en nada pensaba más que en la dicha de
+ Clara. Entré en su cuarto, y la hallé anegada en lágrimas y postrada
+ de rodillas ante un crucifijo, orando fervorosamente. “Libertadle,
+ Señor”, decía, “de las manos de sus enemigos. Bastante ha purgado sus
+ delitos. Misericordia, Señor, de él y de mí”.
+
+ »Caí yo también a su lado, también lloré, y también dirigí mis
+ plegarias al Redentor. Solo aquello podía consolar a Clara entonces.
+ La mirada que me dirigió viéndome unir mis oraciones a las suyas
+ pintaba un agradecimiento, una satisfacción que no hay pluma capaz de
+ describir.
+
+ »Después de algún rato me dijo: “Soy muy desdichada, Inés mía.
+ A pesar de las precauciones con que mi marido vive, los verdugos
+ españoles han llegado a sospechar su existencia en Portugal, y se
+ cree que esto se debe a alguna indiscreción del licenciado Juan
+ Méndez Pacheco, a quien nuestra tía, Dios se lo perdone, dijo más
+ de lo necesario. Tiene, pues, el desdichado que huir, si puede, del
+ suelo de su patria; y no quiere llevarme consigo por no exponerme a
+ mil peligros. ¿Y cuándo, Inés, cuándo tiene que abandonarme? Cuando
+ antes de muchos meses seré madre tal vez”.
+
+ »Al acabar ocultó su rostro en mi seno; corrieron en abundancia las
+ lágrimas de ambas; y de allí en adelante pocos días se pasaron sin
+ repetirse la misma escena. Una semana después de la noche de que
+ acabo de hablar recibimos a Santiago con un billete de mi tía, cuyo
+ contenido era el siguiente:
+
+ “Señora y amada sobrina: vuestro esposo y mi señor se ha embarcado,
+ con el favor de Dios, el jueves último, dirigiéndose al puerto
+ de *** para pasar de allí a Roma. Conformaos con la voluntad de
+ Dios, y confiad en su justicia y misericordia, en tanto que yo
+ quedo rogándole con todo el fervor de mi corazón tenga en su santa
+ guardia a vuestro esposo y a vos. Vuestra servidora y tía — _Doña
+ Francisca de Alba_”.
+
+ »Tranquilizose Clara algún tanto con esta noticia, y su vida se hizo
+ más serena, aunque sumamente melancólica. Penas tan graves en una
+ persona joven, en extremo sensible, y de constitución delicada no
+ podían menos de hacer grande impresión; y en efecto, la hicieron.
+ Unida esta a su embarazo, destruyó para siempre la salud de mi
+ desdichada hermana.
+
+ »Después de seis meses de haberse ausentado mi cuñado nació su hija
+ Clara, tan parecida a su madre, y a mí en particular, que cuantos la
+ han visto después la han tenido por hija mía. Nuestro padre capellán
+ la bautizó; yo fui su madrina: su madre, a pesar de hallarse muy
+ delicada, no quiso consentir en que nadie diera el pecho a la niña
+ más que ella misma.
+
+ »Pasamos un año después de esto sin tener noticia alguna de mi
+ cuñado: Clara no le había olvidado, pero la hija la servía de gran
+ consuelo. El excelente carácter, las gracias inocentes, y las
+ caricias infantiles de la niña la hacían sonreír a veces. Jamás la
+ oí formar para su hija proyectos ambiciosos; antes por el contrario,
+ aseguraba que, si en su mano estuviera, no saldría nunca Clarita
+ de aquel mismo valle en que ella y yo habíamos pasado momentos tan
+ apacibles.
+
+ »Un día, de que no renuevo nunca la memoria sin amargo dolor, aquel
+ joven que acompañaba al incógnito la primera vez, y que según he
+ dicho parecía enamorado de mí, se presentó en la choza con aire tan
+ abatido y melancólico, que bastaba verlo para presagiar que era
+ portador de alguna funesta nueva.
+
+ »“¿Y mi esposo”, preguntó Clara llena de temor, “vive?”. “Vive,
+ señora”, contestó gravemente el mancebo. “Dios sea alabado”, replicó
+ mi hermana con un profundo suspiro; “¿y por qué no viene con vos?”.
+
+ »A esto respondió el mensajero refiriéndonos con brevedad cuanto les
+ había ocurrido desde su marcha del valle, y se reducía a haberse
+ embarcado en Portugal mudando de hábito y nombres, llegado con
+ felicidad a ***, pasando de allí a Roma, y al cabo de pocos meses a
+ Nápoles, por consejo de algunos amigos. Parece que en esta última
+ ciudad hombres demasiado confiados dejaron entrever el secreto de
+ mi cuñado a otros que, intimidados por el poder, o seducidos por el
+ oro de los españoles, lo pusieron en conocimiento del virrey, quien
+ procedió sin tardanza a la prisión del desventurado, que entonces
+ quedaba en el _Castell-del-Ovo_. Milagrosamente sus inseparables
+ compañeros pudieron sustraerse a favor de varios disfraces a la
+ persecución de los satélites del virrey; y el que entonces nos
+ hablaba se encargó de venir a poner en nuestro conocimiento tan
+ triste suceso, exponiéndose, como es de suponer, a peligros inmensos.
+
+ »Una revolución completa se obró entonces en Clara: aquella mujer
+ tímida como la paloma, dulce como el corderillo, se convirtió de
+ repente en un ser animado del mayor entusiasmo.
+
+ »“Corramos”, exclamó, “a Nápoles. No en balde me ha dado el título
+ de esposa suya: si la fortuna hubiera coronado sus esfuerzos, él
+ repartiera conmigo su gloria y su esplendor: hoy que le es contraria,
+ mi deber es participar de sus penas, morir con él si necesario fuese.
+ Ahora mismo me pondré en camino”. “Y yo contigo, Clara mía; nuestra
+ suerte será la misma”, dije yo. Clara me dio un estrecho abrazo. El
+ capellán, que estaba presente, se opuso a este proyecto en vista
+ de las dificultades y peligros que ofrecía; Marta le apoyó, y el
+ mensajero mismo de mi cuñado se puso de su parte.
+
+ »Clara entonces, revistiéndose de una dignidad nueva en ella, dijo
+ en tono solemne: “He dicho mi voluntad, y no la revocaré en esta
+ materia. No se hable más de ello”. Quedámonos todos mudos, y solo
+ se pensó en hacer los preparativos para el viaje. En dos días todo
+ estuvo pronto; al tercero salimos del valle; y el quinto Clara, su
+ hija, el capellán, el desconocido, el mulato y yo nos embarcamos en
+ Lisboa para Italia».
+
+A este punto del manuscrito de Inés llegaba don Juan, cuando un criado
+vino a avisarle que un señor magistrado le buscaba. Suspendió, pues, la
+lectura, aunque de muy mala gana, y encerrando los papeles en la cajita
+bajó a la sala de estrado.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+ Y no os tenéis que cansar;
+ Que yo sé no me conviene:
+ Ni daré por cuanto tiene
+ Un dedo del Castañar.
+
+ (_García del Castañar_, comedia).
+
+La persona que interrumpió a don Juan era don Rodrigo de Santillana,
+alcalde del crimen de la chancillería de Valladolid. Después de los
+cumplimientos de costumbre, don Rodrigo, con la facilidad de un hombre
+de mundo, entabló desde luego la conversación sobre el asunto a que iba.
+
+—He sabido, señor don Juan, dijo, que vuestro hermano el señor marqués
+piensa salir mañana de esta ciudad para la corte; y habiendo yo
+sido llamado a ella por el rey nuestro señor, vengo a suplicaros me
+alcancéis la honra de hacer el viaje en su compañía, pues de no ser
+así, hasta hallar ocasión de hacerlo con alguna comodidad se pasará
+más tiempo del que yo deseara.
+
+Don Juan, a quien no le pesaba hallar ocasión de pagar la cortesanía
+con que don Rodrigo le había tratado en el lance del Campo Grande,
+pasó sin tardanza al cuarto de su hermano, y consiguió fácilmente la
+pretensión del alcalde. En seguida presentó este al marqués, y quedaron
+ambos muy satisfechos uno de otro.
+
+Despidiose don Rodrigo; pero don Juan no pudo volver, como deseaba, a
+ocuparse en la lectura de la historia de su amada, porque el marqués le
+entretuvo hablándole de asuntos de familia y haciéndole varios encargos
+para que los desempeñase durante su ausencia. Entre otras cosas le
+encomendó muy particularmente que no dejase de visitar a menudo a
+cierta condesa viuda, quien tenía una hija única llamada Blanca, que,
+sobre ser heredera de inmensos bienes, pasaba por una de las más
+hermosas y discretas damas de ambas Castillas.
+
+—Sois mozo —le dijo—, pero no tanto que no debáis ya pensar en
+estableceros, y seguramente ningún partido hallaréis tan ventajoso bajo
+todos aspectos como el de uniros a doña Blanca.
+
+—Hermano —replicó Vargas, nada complacido con semejante insinuación—,
+yo por ahora no pienso en casarme. Además, debéis recordar que solo he
+dejado Flandes para vivir en vuestra compañía.
+
+—Sí, es verdad; pero las circunstancias..., quiero decir... En fin,
+aunque casado, siempre viviréis en Valladolid, y viene a ser lo mismo.
+
+—No hablemos de eso, hermano, porque es inútil. Yo estoy seguro de que
+la madre de doña Blanca jamás se la dará por esposa a un segundón.
+
+—Os engañáis: vos no sois pobre; y en punto a familia, les llevamos
+grandes ventajas. Su título es de ayer, y su apellido flamenco; y la
+antigüedad del nuestro es tanta como la de la monarquía. Esto es algo;
+y además, yo tengo mis razones para creer que no seréis despreciado si
+lográis agradar a doña Blanca, cosa que de vos depende.
+
+No quiso Vargas prolongar la discusión, y se calló, pero firmemente
+resuelto a no poner los pies en casa de la condesa, y a negarse al
+matrimonio en cualquiera ocasión que volvieran a proponérselo.
+
+Toda aquella tarde y gran parte de la noche la pasaron ambos hermanos
+en arreglo de papeles, ajustes de cuentas, y combinación de varias
+disposiciones relativas a asuntos de interés doméstico. Cuando todo
+estaba concluido, el marqués dijo a su hermano:
+
+—Don Juan, somos mortales, y la hora de la muerte es incierta. Yo no
+soy aún anciano, y a Dios gracias disfruto de buena salud; pero no por
+eso tengo la vida asegurada: he hecho, pues, mi testamento, que cerrado
+y sellado queda en poder de nuestro escribano: hago en él por vos lo
+que puedo y debo como buen hermano, a quien nunca habéis dado un motivo
+de disgusto. Espero que si yo muriere antes de volver de este viaje, os
+conformaréis en todo con mi última voluntad, desempeñando fielmente la
+comisión que pongo a vuestro cargo.
+
+Vargas respondió que esperaba que no tendría el disgusto de perder
+a su hermano mayor, a su segundo padre, en muchos años; pero que
+si desgraciadamente el cielo lo ordenaba así, podía el marqués
+estar seguro de que sus disposiciones se ejecutarían exactamente,
+cualesquiera que ellas fuesen, contando con que él (don Juan) por su
+parte las miraría como sagradas.
+
+Ya era más de la media noche cuando los hermanos se separaron, y
+Vargas, que para despedir al marqués tenía que levantarse antes del
+alba, no pudo entonces continuar la lectura del manuscrito de Inés.
+
+A la siguiente mañana, don Rodrigo, el padre Teobaldo y el marqués,
+entraron en el coche de este, y salieron de Valladolid por la puerta
+del Carmen, con dirección a la corte. Don Juan, a caballo, los
+acompañó hasta un lugar distante dos leguas de la ciudad, que llaman
+Puente-Duero. Allí, al separarse, don Rodrigo, sacando la cabeza por la
+ventanilla del coche como para despedirse de Vargas, le agarró la mano
+y, sonriéndose con aire maligno, le dijo a media voz:
+
+—El temperamento de Madrigal, señor don Juan, es harto malsano; y
+la compañía de los frailes poco conveniente para un caballero mozo.
+Discreto sois: recibid este aviso amistoso. Cochero, arrea.
+
+Obedeció el cochero, y el carruaje, a pesar de lo arenoso del pinar por
+donde pasa el camino, se alejó con velocidad del paraje en que don Juan
+dudaba aún de si daría crédito a sus oídos.
+
+«Parece —exclamó por fin— que toda la especie humana se ha empeñado en
+mezclarse en mis negocios y obrar misteriosamente conmigo. ¿De dónde
+sabe este alcalde que yo voy a Madrigal y visito allí a un fraile, si
+yo a nadie se lo he dicho? Dios me tenga de su mano, que bien lo he
+menester para no quedarme sin el poco juicio que me resta».
+
+Hecha esta reflexión, para libertarse de las muchas y desagradables que
+le asaltaban, arrimó las espuelas al caballo; y el animal, acostumbrado
+ya a conocer las intenciones de su amo, salió a la carrera por el
+primer camino que se le presentó, que fue no el de Valladolid, sino
+el de Simancas, que está poco más o menos media legua a la derecha de
+Puente-Duero.
+
+No reparó Vargas en que había errado el camino hasta que alzando los
+ojos vio que el sol naciente doraba con sus primeros rayos la cúpula
+del torreón del castillo de Simancas, en donde años antes murió mártir
+de la libertad el obispo Acuña.
+
+Aunque estaba impaciente por llegar a su casa para concluir la empezada
+historia de la bella portuguesa, se consoló con que el rodeo no había
+sido muy largo; y volviendo las riendas al caballo echó a andar a
+trote largo por la orilla del Pisuerga con dirección a la ciudad.
+
+No muy distante de ella vio caminar por la misma senda que él iba,
+pero en sentido contrario, una mujer hermosa montada en una excelente
+mula, y acompañada por un mozo de a pie, en el cual reconoció desde muy
+lejos la gallardía y destreza del pastelero Gabriel de Espinosa. Tantas
+y tales eran las singularidades que don Juan había visto en aquel
+hombre, que ya no podía sorprenderle, por más inesperadamente que se le
+presentase. Miró, pues, ya que no como natural, al menos como muy poco
+maravillosa, su presencia en las cercanías de Valladolid, aun cuando
+era de suponer que estuviese entonces en Madrigal, y apresuró algo el
+paso para salirle al encuentro.
+
+Poco tardaron nuestros caminantes en hallarse frente a frente.
+Gabriel reconoció también a Vargas; pero no conviniéndole, sin duda,
+manifestarlo entonces, puso disimuladamente el dedo índice de la
+mano derecha sobre sus labios en señal de silencio, mirando a Vargas
+significativamente, y fingiendo que el caballo se le había espantado,
+pasó a escape por delante del hermano del marqués sin saludarle; este
+no trató de estorbárselo y, saludando a la dama, continuó su camino.
+
+Luego que hubo andado algunos pasos volvió atrás la cabeza y vio que
+Gabriel iba ya muy tranquilo al lado de la señora de la mula.
+
+«Anda con Dios, hombre incomprensible —dijo para sí—. Hoy no te
+conviene conocerme: no me estuviera mal a mí tampoco no haberte visto
+jamás».
+
+En estas y otras reflexiones llegó a la puerta de su casa, y allí lo
+olvidó todo para volver a ocuparse en la lectura de la historia de la
+bella Inés de Contiño.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue
+depositario de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus
+riquezas.
+
+ (Cervantes: _don Quijote_, parte 1.ª, cap. 13).
+
+
+ MANUSCRITO DE INÉS
+
+ «Al embarcarnos, llevamos con nosotros una suma considerable en
+ dinero y alhajas, la mayor parte nuestras, y algunas cartas de
+ recomendación para Nápoles que nos dio doña Francisca de Alba.
+ Después de una navegación larga, pero sin contratiempos de otra
+ especie, llegamos por fin a Nápoles, donde nos alojamos lo más cerca
+ que pudimos del _Castell-del-Ovo_, en una casa que tomamos por
+ nuestra cuenta, diciendo que íbamos a Italia a cumplir cierta promesa
+ hecha a san Genaro.
+
+ »La misma noche de nuestra llegada fue a vernos el anciano que
+ siempre iba en compañía de mi cuñado, avisado por el joven que fue
+ a buscarnos al valle. Alabó sobremanera la heroica resolución de
+ Clara, cuya mano besó; y nos dijo que su marido continuaba preso y
+ custiodiado con la mayor vigilancia.
+
+ »“Han estado a verle”, añadió, “el virrey y algunos otros grandes:
+ el primero no se cubrió hasta que el preso se lo mandó expresamente;
+ y a todos nos ha inspirado compasión y respeto la nobleza y dignidad
+ con que soporta su infortunio; trátanle por ahora con las mayores
+ consideraciones; pero han escrito a España; se está esperando por
+ momentos la respuesta, que ya debía haber llegado, y la hora en que
+ venga será la de su muerte”. “¿Y podrá Felipe cometer tal infamia?”.
+ “Podrá, señora, porque el monarca español no conoce freno. El
+ príncipe de Egmont, degollado en un cadalso; Orange, proscrito; su
+ propio hijo, bárbaramente asesinado os dicen bastante cuál es la
+ suerte que aguarda a vuestro esposo, si no logramos sacarlo de la
+ prisión antes que el tigre se aperciba que puede imprimir en él su
+ garra”.
+
+ »Esta perspectiva espantosa y cierta afligió, pero no desalentó, a
+ Clara, que jamás perdió la esperanza de salvar a su esposo.
+
+ »Pero prodigamos el oro, y conseguimos corromper a un carcelero,
+ estableciendo por su medio una correspondencia seguida con el preso,
+ quien en su primera carta no hallaba expresiones con que encarecer su
+ agradecimiento y amor a su adorada Clara. Nosotros le informábamos
+ sucintamente de los pasos que se daban en favor suyo, y de nuestras
+ esperanzas, exagerándolas; pero no de nuestros temores, que no eran
+ pocos, ni de pequeña importancia.
+
+ »El carcelero que habíamos ganado no era más que el llavero que
+ le llevaba la comida y le servía; pero para entrar y salir en el
+ castillo era menester pasar en su interior por dos o tres puertas,
+ guardadas cada una por distinto portero, y en lo exterior por medio
+ de la guardia, que daban los tercios españoles que guarnecían la
+ ciudad. Además, el gobernador del fuerte iba en persona todas las
+ mañanas y noches a cerciorarse de la presencia del preso en su
+ encierro. ¿Cómo, pues, ponerlo en libertad?
+
+ »Cada día se nos ocurría un nuevo proyecto, y cada noche nos
+ acostábamos con el desconsuelo de haberse conocido la imposibilidad
+ de ponerlo en práctica. Mi cuñado nos escribía que estaba resignado
+ con su suerte, que cesáramos de exponernos por él a nuevos peligros,
+ y que nos volviéramos a nuestro retiro. Pero Clara ni oír hablar de
+ tal cosa quería, y yo no supe nunca pensar más que como ella. En todo
+ este tiempo nos visitaron muchas veces los compañeros del esposo de
+ mi hermana, que bajo diferentes disfraces, y confundidos con la clase
+ ínfima del pueblo, permanecían en Nápoles.
+
+ »Todos ellos se ocupaban sin cesar en el mismo objeto que nosotros,
+ pero tan infructuosamente también. Por fin, el más anciano de
+ nuestros amigos formó un proyecto que, aunque complicado y difícil,
+ ofrecía sin embargo más probabilidades de buen éxito que cuantos se
+ habían imaginado.
+
+ »Un médico francés establecido en Nápoles fue quien intentó los
+ primeros pasos de nuestra empresa, merced a una considerable
+ gratificación. Por medio del carcelero sobornado, enviamos al marido
+ de Clara una bebida que a poco tiempo de tomada no solamente le
+ aletargó, sino que también le prestó todas las demás apariencias
+ cadavéricas. Cuando por la mañana fue el mismo carcelero a llevarle
+ el desayuno, fingiendo gran sorpresa de hallarle en aquel estado,
+ corrió a dar parte al comandante del fuerte. Trasladose este en
+ seguida a la prisión y, creyendo muerto a mi cuñado, lo puso sin
+ tardanza en conocimiento del virrey, quien también pasó en persona
+ a cerciorarse del hecho. Pero el brebaje del francés produjo tan
+ maravilloso efecto que, convencidos todos de que el preso había
+ dejado de existir, mandaron que encerrado en un ataúd se le
+ trasladase inmediatamente a una capilla próxima al castillo, para
+ hacerle allí algunos sufragios, con el mayor secreto.
+
+ »Prevista esta circunstancia por los amigos de mi cuñado, aquel mismo
+ día, después de anochecer, se fueron aproximando por distintas partes
+ a la capilla; se hicieron abrir la puerta, no sé con qué pretexto, y
+ amarrando al sacristán a uno de sus pilares, envolvieron al supuesto
+ muerto en algunas mantas que llevaban a prevención, y salieron con
+ él a la calle. De allí se dirigieron inmediatamente al puerto, y se
+ embarcaron en un buque francés que habíamos fletado enteramente por
+ nuestra cuenta: sin detenernos levantamos el ancla, y al vernos en
+ alta mar nuestro gozo fue indefinible.
+
+ »Veinticuatro horas completas permaneció el esposo de Clara
+ aletargado. Al cabo de ellas volvió en sí, y habiéndole administrado
+ la bebida que a prevención llevábamos por disposición del médico,
+ cuando llegamos a Marsella iba ya completamente bueno.
+
+ »En Marsella, después de una larga conferencia entre mi cuñado y sus
+ amigos, se decidió que convenía por entonces separarnos por algún
+ tiempo, y así se verificó en efecto, señalando el término de un año
+ para reunirnos en España.
+
+ »Clara, su esposo, su hija, el capellán y yo nos internamos en
+ Francia, y fijamos nuestra residencia en un pueblecillo de las
+ montañas del Languedoc, llamado Lacaune. Su situación, en medio de
+ una sierra de las más agrias, los gigantescos peñascos que en todos
+ sentidos le rodean, y los torrentes que en la estación del invierno
+ parece que van a inundarle, no se me olvidarán jamás; pero tampoco se
+ borrará de mi memoria la hospitalidad y atenciones de sus habitantes.
+
+ »Para establecernos allí tomó mi cuñado el nombre italiano Fiormino,
+ y se dio por un particular emigrado a causa de su aversión a los
+ españoles que entonces dominaban su país: esto bastó para hacernos
+ el objeto de la solicitud de todo el pueblo. Visitonos cuanto en él
+ había de familias nobles, que eran bastantes, y procuraron en cuanto
+ estuvo a su alcance hacernos olvidar nuestras desgracias. Pero nada
+ bastó para que mi pobre Clara recobrase su salud.
+
+ »Durante la prisión de su marido sufrió mi infeliz hermana tormentos
+ indecibles, y le sucedió entonces lo mismo que al que padece una
+ fiebre inflamatoria, que mientras esta le dura parece animado y
+ vigoroso, pero en desapareciendo le faltan las fuerzas. Así Clara
+ hasta que vio seguro a su esposo mostró un valor, una energía
+ verdaderamente heroicos; pero ya en Francia no pudo más y empezaron a
+ ser demasiado visibles los efectos de sus penas.
+
+ »El más indiferente hubiera visto sin dificultad que aquel cuerpo tan
+ bello caminaba a pasos agigantados a su disolución. ¿Qué haría una
+ hermana que la adoraba? ¿Qué un esposo de los más tiernos?
+
+ »Ella misma no ignoraba su estado, y pensando aun entonces más en
+ nosotros que en sí, no cesaba de prepararnos con sus discursos a
+ soportar con resignación la irremediable calamidad de su muerte.
+
+ »Yo no sé si me engaño, pero esa filosofía que nos hace soportar
+ estoicamente la pérdida de los que amamos, la he considerado siempre
+ como una máscara de la insensibilidad.
+
+ »Si hubiera de referir las lágrimas, los suspiros que entonces
+ exhalé, sería este escrito interminable. Pero permítaseme pasar
+ rápidamente sobre aquel amargo trance.
+
+ »Clarita no había aún cumplido dos años cuando su madre, atacada de
+ una consunción ya en su último período, cayó en cama. Desde aquel
+ instante al de su muerte, que se verificó un mes después, ni su
+ marido ni yo nos apartamos un instante de su lado.
+
+ »El médico a quien llamamos movió tristemente la cabeza, y nos dijo
+ sin rodeos que Dios solo podía ya hacer algo en aquel caso.
+
+ »“Ya lo sabía yo”, dijo la enferma; “que su voluntad se cumpla”.
+ Nuestro capellán, que desde su infancia la había acompañado, fue
+ quien la prestó los últimos auxilios espirituales.
+
+ »Un cuarto de hora antes de morir quiso ver a su hija, la bendijo,
+ y después de apretar tiernamente la mano de su esposo, tomó la mía
+ diciéndome: “Inés mía, en tus brazos deposito a Clarita; sé para ella
+ lo que fuiste para mí; sírvela de madre”.
+
+ »Llorar fue mi respuesta. Cruzó entonces Clara sus manos, y esperó
+ tranquila el momento de comparecer ante el Padre de las misericordias.
+
+ »No manifestó su semblante el menor síntoma de agonía ni de
+ padecimiento. Estaba, sí, descolorida, pero tan tranquila como si no
+ fuera a morir. Su alma, que conservó en la tierra toda la pureza de
+ su ser primero, su alma, centro y depósito de todas las virtudes,
+ rompió sin esfuerzo los lazos que la unían al cuerpo, y subió
+ satisfecha a gozar de la recompensa que merecía.
+
+ »Al expirar abrió un instante los ojos, los fijó en nosotros, y dando
+ un suspiro, volvió a cerrarlos para siempre. Una sonrisa indecible se
+ dejó ver en aquel momento en sus labios.
+
+ »El dolor de su esposo fue silencioso, pero terrible. El mío amargo,
+ y será eterno. No ha pasado desde entonces un solo día sin que
+ derrame alguna lágrima sobre la memoria de mi hermana.
+
+ »Para colmo de mi desventura, el capellán, ya muy anciano, no pudo
+ resistir a la pena que le causó la muerte de Clara, y la siguió en
+ breves días al sepulcro.
+
+ »La estancia en Lacaune no podía menos de sernos intolerable.
+ Salimos, pues, de aquel pueblo con el corazón lleno de amargura,
+ y nos encaminamos a España. Entonces tomó mi cuñado el nombre de
+ Gabriel Espinosa, y para mejor encubrirse, el oficio de pastelero,
+ en que el mulato Domingo le dio algunas lecciones, que por cierto
+ aprovechó muy mal.
+
+ »De esta manera hemos vivido, ya en un pueblo, ya en otro, hasta
+ nuestra llegada a Madrigal, en donde el señor don Juan de Vargas me
+ conoció.
+
+ »Lo demás que me queda que revelar a este caballero es demasiado
+ importante para que yo me atreva a confiarlo al papel, y aun lo que
+ lleva escrito le suplico lo queme apenas lo haya leído. — _I. C._».
+
+Concluyó Vargas esta para él tan interesante lectura, más prendado, si
+posible era, que antes de empezarla lo estaba de la bella Inés, y lleno
+al mismo tiempo de satisfacción. No podía en efecto menos de sentirla
+viendo que la mujer a quien tanto amaba era igual a él en nacimiento,
+y digna bajo todos conceptos de su estimación.
+
+Solo hubiera deseado saber quien era el misterioso Gabriel, cuyas
+desgracias le interesaron también a favor suyo; pero o Inés lo ignoraba
+aún, cosa poco probable, o temió escribir su nombre, que era lo más
+cierto.
+
+En estas y otras reflexiones estaba entretenido, cuando entró en su
+cuarto estrepitosamente el comendador Hinojosa, con muestras de gran
+contento por una parte y cierta risa irónica en la boca por otra, que
+no se concertaban muy bien.
+
+—Bien hallado, señor don Juan —dijo dándole una palmada en el hombro
+con sobrada fuerza—: apuesto mi encomienda a que no adivináis las
+nuevas que os traigo.
+
+—Si ellas son de tanto peso —respondió Vargas encogiendo el hombro—,
+como vuestra mano, no las digáis, porque sin duda alguna me abrumarán.
+
+—No sé yo si os abrumarán en efecto, pero nunca os serán muy gratas.
+El señor marqués ha tratado de engañarme, pero el engañado ha sido él:
+Hinojosa es demasiado observador para que se le escapen así las cosas.
+No os alborotéis hasta estar al cabo del negocio, que en llegando allá
+tal vez no andaréis vos muy comedido con vuestro hermano.
+
+—Sepamos, pues, de qué se trata.
+
+—De una friolera, a la verdad: de vuestra fortuna. Si Dios no lo
+remedia, el marquesado, primo y señor, voló.
+
+—¿Habéis soñado esta noche, primo, y venís a referirme vuestros sueños?
+
+—No, a fe mía, aunque a veces tengo mis tentaciones de creer que es un
+sueño lo que pasa. Pero escuchadme y oiréis maravillas. ¿Habéis oído
+hablar de una dama llamada Violante?
+
+—Violante... Violante... Sí; me parece que hago memoria... Aguardad:
+¿no fue dama del marqués?
+
+—Precisamente la misma. Vuestro hermano la sorprendió _in fraganti
+delicto_, como diría el padre Teobaldo, con un tal don Rodrigo, de
+felice recordación, que después la abandonó también.
+
+—Sea en hora buena.
+
+—No os impacientéis, que ya llegaremos al punto importante. No pudiendo
+hacer otra cosa, la dama se metió a beata. Se encontró encinta; y por
+medio de un buen fraile dominico, a quien ha embaucado, logró persuadir
+al marqués de que sus ojos le habían servido mal; y además, y en
+esto estriba la dificultad, le ha convencido de que su señoría es el
+progenitor de la criaturita, que Dios sabe a quién debe el ser.
+
+—¿Y el marqués se ha dejado engañar tan groseramente?
+
+—Como un santo varón. Pero no para en esto la historia: ha reconocido
+al niño, haciéndolo bautizar con su nombre y apellido, sin quitar
+una letra, ha señalado a la madre una pensión, y ahora va a Madrid a
+legitimar al ilustre vástago para poder dejarle su título y rentas. No
+me interrumpáis, que aún tengo que decir, y no poco. Por si muere antes
+de verificarse la susodicha legitimación, ha hecho testamento, dejando
+todos sus bienes libres al señorito; pero en honor de la verdad, debo
+decir también que se expresa que, en caso de no morir el marqués hasta
+después de legitimado su hijo (así lo llama) por Su Majestad, entonces
+se entienda que el marquesado pase a este, y los bienes libres a su
+hermano el señor don Juan de Vargas.
+
+—Hinojosa, entendámonos: o cuanto decís es una chanza, y para tal
+me parece muy pesada, o habláis de veras, y entonces debo saber qué
+fundamento tienen tan importantes noticias.
+
+—Y yo no tengo inconveniente en decíroslo. Desde que el dominico
+apareció aquí estoy sobre aviso: he observado los pasos del marqués;
+me he informado de la vida de Violante, y he sabido que el tal fraile
+era su confesor y la visitaba con frecuencia. Esto me ha bastado
+para averiguar el resto, para ir averiguando lo demás; pero a mayor
+abundamiento, el padre Teobaldo, confidente del marqués, se lo ha
+revelado al mayordomo; este al ama de llaves, quien deposita sus
+secretos en el despensero; de este pasó a cierta moza de retrete que no
+mira con malos ojos a mi lacayo, el cual me lo ha referido punto por
+punto. Y por si alguna duda nos pudiese quedar, tenéis al escribano, a
+quien he gratificado, pronto a enseñaros la minuta del testamento, que
+está, gracias a Dios, claro y terminante.
+
+—Ya veo que no tiene duda.
+
+—Ninguna.
+
+—Así parece.
+
+—¿Y qué pensáis hacer?
+
+—No sé; nada.
+
+—Admirable calma.
+
+—¿Y qué hemos de hacer? La cosa ya no tiene remedio.
+
+—No, en efecto, si tratáis de estaros mano sobre mano. Pero movámonos;
+opongamos la fuerza y la razón a las arterías de una ramera: tal vez
+lograremos impedir que empañe el honor de nuestra familia un infame
+bastardo, hijo acaso de algún caballero de la industria. Nadie más
+interesado que vos en este asunto.
+
+—Así es, pero yo no quiero disgustar a mi hermano. Haga ahora lo que
+quiera, no por eso dejará de haber sido un padre, y muy buen padre,
+para mí.
+
+—Nobles son esos sentimientos, pero intempestivos. El marqués está
+engañado, seducido por esa bribona que Dios confunda, y es hacerle un
+beneficio evitar que cometa la necedad que intenta. Lo que conviene,
+pues, es que sin demora tornéis la posta para Madrid.
+
+—¿Yo dejar a Valladolid ahora? No, por cierto; aunque en ello me fueran
+más coronas que las de los innumerables mártires de Zaragoza.
+
+—Voto a Dios —exclamó Hinojosa impacientado— que este tiene menos
+juicio aún que su hermano.
+
+Riose Vargas de todo corazón de la cólera de su primo; y después de
+haber meditado algunos instantes, dijo:
+
+—Lo que en esto se puede hacer es que vos, en quien tengo toda mi
+confianza, toméis a vuestro cargo el negocio. Desde ahora tenéis
+poderes amplios y completa aprobación para cuanto dispongáis. Si algo
+se ha de hacer ha de ser así, porque por mi parte me es imposible
+ocuparme en nada, pues tengo asuntos de más importancia.
+
+—¡De más importancia que un título y grandes rentas!... En efecto, será
+preciso que yo tome el negocio a mi cargo, porque si no, sabe Dios en
+qué vendrá a parar la familia.
+
+Salió diciendo esto del aposento muy incomodado con el poco juicio de
+su primo, y al día siguiente por la mañana tomó la posta para Madrid.
+
+Don Juan no dejó de pensar algo en la singular conducta de su hermano;
+pero como Inés, y solo Inés podía ocuparle largo tiempo, a poco se
+olvidó de tal asunto para pensar únicamente en la entrevista que para
+el día inmediato le había prometido su dama.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+ Mas vano ha sido nuestro afán, y en vano
+ Por el nombre de Dios lidiado habemos:
+ Él retiró su omnipotente escudo,
+ Y coronar no quiso nuestro esfuerzo.
+
+ (Quintana: _Pelayo_).
+
+Recuerde el lector que en el capítulo 4.º de este tomo le hemos dicho
+que, regresando don Juan de Vargas a Valladolid desde Puente-Duero
+por el camino de Simancas, había encontrado a Gabriel de Espinosa
+acompañado de una bella dama; y lo que no sabe y ahora le diremos es
+que aquella mujer era Violante, la querida del marqués.
+
+Espinosa salió de Madrigal para Valladolid el mismo día que tuvo con
+don Juan la conferencia en la celda del fraile. Llamábanle sus asuntos
+a aquella ciudad hacía tiempo, pero ciertas razones le hicieron
+diferir su viaje hasta la época en que nos hallamos.
+
+Fue a aposentarse a una casa de huéspedes, que la casualidad quiso
+fuese la que estaba enfrente de la que Violante habitaba. Viola por la
+mañana asomarse al balcón, y reconoció en ella una mozuela con quien
+había tenido amistad en uno de sus primeros viajes a Italia antes de
+casarse con Clara. La curiosidad le movió a ir a visitarla, y no fue
+poca su sorpresa al ver la decencia de los muebles y el místico adorno
+de las habitaciones.
+
+Así que estuvieron solos la cortesana y el pastelero, le dijo este:
+
+—Camila, ¡tú en España y vestida de hábito del Carmen! Fenómeno es este
+que no esperaba ver.
+
+Sorprendiose la taimada hasta no más oyéndose llamar por un nombre
+que ya ella misma había olvidado; pero no reconociendo al que la
+hablaba, trató de imponerle revistiéndose de una gravedad teatral, y
+respondiendo con enojo:
+
+—Señor gentilhombre, usted viene engañado, o trata de insultarme
+porque me ve mujer y sola. Ni mi nombre es Camila, ni hay para qué
+admirarse de verme vestir este santo hábito: tome, pues, usted la
+puerta, que no gusto de recibir en mi casa visitas de gente desconocida.
+
+Estuvo Gabriel mirándola de hito en hito mientras habló, y después,
+soltando sin consideración alguna la carcajada, contestó:
+
+—Desempeñas tu papel que no hay más que pedir; pero conmigo, créeme,
+es tiempo perdido el que gastes en tratar de engañarme. Y si no, vamos
+a cuentas: no puedes haber olvidado que hace algunos años, cuando te
+llamabas Camila, por señas, fuiste a Nápoles con cierto alférez de
+los tercios españoles que, cansado de tus repetidas infidelidades,
+te abandonó a merced del público. También tendrás presente que un
+extranjero, a quien conociste con el nombre del señor Álvarez, te tomó
+por su cuenta algunos días, hasta que le jugaste una de las tuyas, y
+te envió a paseo.
+
+Violante o Camila, que todo es uno, había estado escuchando aterrada
+tan circunstanciada relación de una parte de su vida y milagros; pero a
+pesar de ello no dejó de examinar atentamente la persona del narrador,
+logrando al cabo recordar sus facciones.
+
+—Es el mismo Álvarez —exclamó, no pudiendo contenerse—: es él, o su
+sombra.
+
+—Norabuena —contestó siempre riéndose Espinosa—: tú has mudado el
+nombre; yo también. Cada uno de nosotros habrá tenido para ello sus
+razones; pero no reconocerse amigos tan antiguos, es descortés hasta el
+último punto.
+
+Ya no le era posible a la cortesana volverse atrás de lo dicho, aunque
+bien lo deseaba: hizo, pues, de la necesidad virtud, y afectando
+alegría, se dio enteramente a partido.
+
+A fuerza de preguntar unas cosas y de adivinar otras por los
+antecedentes que tenía, se enteró Gabriel, sobre poco más o menos, de
+la historia de Violante en Valladolid; pero ella no supo más que lo
+que él quiso decirla, que fue poco o nada. En el fondo de su corazón
+deseaba la ninfa ver a dos mil leguas de sí al que la había conocido
+Camila; pero temiendo que si le descontentaba había de publicar lo que
+tanto la interesaba que no se supiese, le llenó de caricias, y a fuerza
+de confianzas y agasajos quiso comprometerlo a entrar en sus intereses.
+Por parte de Gabriel no hubo designio alguno: la curiosidad le llevó a
+verla la primera vez, y su inclinación a las mujeres a volver alguna
+otra, y a acompañarla en uno de los viajes que hizo a Simancas a ver a
+su hijo.
+
+En tanto que esto hemos referido, don Juan, enterado ya de la historia
+de Inés, fue puntualísimo en presentarse en el locutorio, y su dama no
+le hizo aguardar.
+
+—¿Habéis leído mi escrito, don Juan? —preguntó la morena.
+
+—Sí, lo he leído; y aunque jamás os hubiera visto, por su lectura
+solo os amara, Inés mía. No me digáis ahora que mi amor es una locura:
+iguales en nacimiento y fortuna, adorándoos yo, mirándome vos sin
+repugnancia, ¿qué se opone a nuestro enlace? Cesen, señora, cesen de
+una vez mis penas; vos podéis hacerlo, y yo no espero más que vuestra
+resolución.
+
+—Don Juan, si en mi mano estuviera, hoy mismo sería vuestra esposa;
+pero no debéis haber olvidado...
+
+—¿Que se me han impuesto condiciones? No, por cierto; pero ya he dicho
+mil veces que esta no es una dificultad. Cualesquiera que ellas sean,
+por duras que parezcan, yo las acepto desde luego.
+
+—Conviene, sin embargo, que las sepáis. Los riesgos que se os van a
+ofrecer son de una naturaleza de los que no estáis acostumbrado a
+correr y aun imaginar. ¡Ah, mi don Juan! Si solo se tratara de exponer
+el pecho a las balas, de pelear cuerpo a cuerpo con uno o con muchos
+enemigos, yo estuviera segura de vos; y si murierais, vuestra gloria me
+consolaría del dolor de perderos. Pero ¿querríais vos, qué digo vos,
+querré yo misma veros perseguido, cargado de cadenas, en un cadalso tal
+vez?...
+
+—¡En un cadalso, Inés! ¿Deliráis?
+
+—Ojalá, don Juan; pero yo no deliro: otro sí, y será causa de vuestra
+perdición y de la mía.
+
+—En nombre de nuestro amor, explicaos, señora, de una vez.
+
+—Comprendo vuestra impaciencia; yo misma la tengo, y no pequeña, de
+sacaros de dudas, y sin embargo no puedo menos de temblar al abrir los
+labios para confiaros este fatal secreto.
+
+Calló Inés, y don Juan también permaneció en silencio. Así pasaron
+algunos instantes hasta que la dama, levantándose de su asiento y
+cerciorándose de que nadie había escuchando la conversación a la puerta
+del locutorio, empezó a decir:
+
+—Ya habréis visto que cuando mi hermana se casó no me dijeron el nombre
+de mi cuñado; pero lo que ignoráis es que en Nápoles se me reveló
+este secreto. Entonces comprendí cuanto hasta aquel momento me había
+parecido oscuro.
+
+»El que vos habéis conocido con el nombre de Gabriel de Espinosa y
+ejerciendo el oficio de pastelero, el que en Francia se llamó Fiormino,
+es, señor don Juan, el desdichado don Sebastián, rey de Portugal.
+
+—¡Señora!
+
+—Es indudable.
+
+—¿Y por qué permanecer oculto tanto tiempo?
+
+—Eso lo sabréis escuchándome con un poco de paciencia, pues me será
+forzoso tomar las cosas de bastante atrás para mayor claridad.
+
+»La suerte de las armas fue adversa, como sabéis, a don Sebastián
+en la expedición a África; y el monarca, furioso y desesperado de
+ver perdida la flor de la nobleza lusitana, derrotado su ejército, y
+su gloria eclipsada, se arrojó, buscando la muerte, en medio de sus
+enemigos. Siguiole un escuadrón formado de los más valientes que aún
+quedaban con vida, en el cual iba por consiguiente lo más escogido de
+Portugal, prefiriendo morir honradamente al lado de su rey, a buscar
+su salvación en una fuga afrentosa. Casi todos murieron cubiertos de
+la sangre de sus enemigos, y bien vengados: allí dejaron de existir mi
+padre don Sebastián de Contiño, y don Cristóbal Tabora, marido de mi
+tía.
+
+»El rey y unos cuantos de sus valientes, defendidos por los mismos
+cadáveres de los enemigos que acababan de inmolar, pelearon
+desesperadamente hasta que sobreviniendo la noche se retiraron los
+moros del campo de batalla. Entonces, después de un día entero, cesaron
+de dar cuchilladas. Todos estaban heridos, cual más, cual menos
+gravemente. La sangre del monarca corría por tres heridas: una de
+ellas, la más grave, debajo del brazo derecho, causada por un balazo.
+
+»Seis u ocho compañeros, y estos heridos, era todo lo que le restaba
+al desdichado don Sebastián de su aguerrido ejército. Para restaurar
+la sangre que corría en abundancia de sus heridas tuvo que aplicarse
+un puñado de arena, pues no encontró cosa con que hacerse un vendaje.
+Jamás hombre descendió tan rápidamente del solio al colmo de la miseria.
+
+»El anciano de quien tanto he hablado en mi escrito, y que ahora
+llamaré el marqués Domiño, fue el único que, habiendo tenido la dicha
+de escapar con una sola y leve herida, se conservaba en estado de
+discurrir, y propuso alejarse cuanto antes de aquel teatro de horror
+y desolación, al que los moros no dejarían de volver por la mañana.
+Hiciéronlo así en efecto, metiéndose en un vecino bosque en el cual no
+se internaron tanto como quisieran por no permitírselo el cansancio de
+los caballos ni el dolor de sus heridas.
+
+»¡Qué noche aquella para don Sebastián! Afligido por acerbos dolores
+y reflexiones más amargas aún, extenuado de hambre, abrasado de
+sed, rendido por el sueño y sin poder cerrar los ojos un instante,
+los lejanos clamores de millares de moribundos en el campo de
+batalla eran para él otras tantas y severas reconvenciones por su
+imprudente temeridad. “No deseaba ya entonces”, me dijo refiriéndome
+estos sucesos, “la corona ni el poder. No eran el hambre, la sed
+ni las heridas las que me atormentaban: los remordimientos, sí, me
+despedazaban las entrañas; y si Domiño no se hubiera opuesto, aquella
+noche habría terminado yo mismo una existencia que los infieles no
+pudieron arrancarme”.
+
+»Tres o cuatro días vivieron en el bosque sin otro alimento que el
+escaso y desabrido de algunos frutos silvestres, ni más agua que la de
+un pozo hediondo. Por fin, resueltos a todo antes que morir de hambre,
+salieron una noche de aquel paraje y se encaminaron a la playa, donde
+sorprendiendo a unos pescadores en el momento en que iban a entrar en
+su barca, se apoderaron de ella y les obligaron a remar, mal de su
+grado, en dirección a las costas españolas.
+
+»Ya en alta mar, y próximos a perecer por falta de víveres, encontraron
+un buque inglés al cual se acogieron. Preguntando su capitán quiénes
+eran, le respondieron que unos soldados del ejército portugués, que a
+duras penas habían logrado salvarse del cautiverio en aquella barca.
+Los ingleses lo hicieron muy bien con ellos, y como se dirigían a
+Lisboa, no tuvieron inconveniente en echarlos a tierra en Lagos, puerto
+inmediato al Cabo de San Vicente, pues a don Sebastián no le convenía
+presentarse en la capital, en donde suponía, con razón, que todo
+estaría muy revuelto.
+
+»Desde Lagos pasó don Sebastián a un convento de descalzos que estaba
+en el mismo Cabo de San Vicente, y en cuyo prelado tenía entera
+confianza. Allí supo el mal aspecto que para él habían tomado los
+negocios de su reino, y se confirmó en la resolución de mantenerse
+oculto que ya tenía formada, y de que en la noche después de perdida
+la batalla hizo voto inconsideradamente. Pasaron los desdichados
+caminantes a Lisboa, y allí oyó don Sebastián predicar el sermón de sus
+propias honras a fray Miguel de los Santos. Sus amigos se descubrieron
+cada uno a los suyos, iniciándolos en el secreto de la existencia del
+rey. El obispo que lo casó con mi hermana fue uno de estos, y asimismo
+doña Francisca de Alba, como esposa de don Cristóbal Tabora, persona
+que fue muy querida del rey, mereció igual confianza.
+
+»Vagó algún tiempo el monarca por sus propios estados como si fuera un
+malhechor; mas ni aun así quiso la suerte dejarle en reposo. La noticia
+de que aún vivía empezó a divulgarse, y don Enrique persiguió con
+tanto encarnizamiento a cuantos la decían, oían o presumían, que don
+Sebastián tuvo que salir de Portugal.
+
+»Ya con un nombre, ya con otro, hora pasando por un mercader, hora
+por un artesano, recorrió toda la Europa, y al cabo de ocho años de
+trabajos, el amor patrio volvió a llevarle a sus estados.
+
+»Entonces fue cuando habiéndose empeorado una de sus heridas, y
+buscando un asilo seguro en donde poder curarse, doña Francisca de Alba
+le dirigió al valle que habitábamos Clara y yo. El capellán supo desde
+luego quién era nuestro huésped y los que le acompañaban: Clara no,
+hasta que viendo el rey que su virtud era inexpugnable, se decidió a
+casarse con ella.
+
+»Los compañeros de don Sebastián eran el marqués Domiño; don Carlos,
+hijo natural de don Juan de Austria; el príncipe Abenamal de Dinamarca,
+y el joven don Francisco, a quien los otros llamaban Francisquito, que
+según tengo entendido es hijo ilegítimo del rey. Los tres primeros le
+habían seguido a la batalla, como vasallo el primero, y en clase de
+voluntarios los otros dos, y todos pasan, igualmente que el rey, por
+muertos. Don Francisco se le unió en su segundo viaje a Portugal.
+
+»Desde que este joven me vio, su inclinación a mí se manifestó
+claramente; y él mismo, acompañado del dinamarqués Abenamal, fue quien
+tuvo con vos el encuentro en el Campo Grande. Pero no anticipemos los
+sucesos, y volvamos a don Sebastián.
+
+»Llegó el rey al valle y se enamoró de Clara; pero no podía permanecer
+allí mucho tiempo, pues le era forzoso recorrer el país para alentar
+a sus partidarios, o por mejor decir, para formar un partido con los
+servidores fieles que le quedaban, esparcidos en diferentes puntos.
+
+»Así se pasó el tiempo que medió desde su conocimiento con Clara y
+matrimonio con ella hasta el viaje a Nápoles. He aquí la causa que lo
+promovió: el licenciado Juan Méndez Pacheco, tanto por el misterio con
+que todo aquel asunto se condujo, cuanto por algunas expresiones que
+doña Francisca de Alba dejó escapar en su presencia, sospechó que
+el herido cuya secreta cura se le había confiado, y magníficamente
+remunerado, era el rey don Sebastián. Debía el médico haber guardado
+para sí sus conjeturas, cuando por otra cosa no fuera, por amor de su
+propia seguridad al menos; pero no lo hizo así, y su imprudencia hubo
+de sernos a todos funesta. En cuanto a nosotros, ya sabéis, don Juan,
+las consecuencias que produjo: réstame deciros que al médico Pacheco
+le prendieron, y logrando a duras penas salvar su vida, fue destinado
+algunos años a galeras.
+
+»Cuando volvimos a España después de la muerte de mi amada Clara, nos
+aproximamos a las fronteras de Portugal, y en ellas encontramos a
+nuestros amigos, según el convenio hecho un año antes. El infatigable
+Domiño no había cesado de trabajar, aunque infructuosamente. En los
+años transcurridos desde que don Sebastián pasaba por muerto, la
+usurpación había echado raíces. A la verdad, la masa del pueblo estaba
+descontenta con el yugo español, y la nobleza, abatida y menospreciada,
+suspiraba por un trastorno político; pero los tercios españoles tenían
+aterrados a unos y a otros. La nación envilecida no se sentía capaz de
+sacudir las férreas cadenas que la oprimían; y los magnates, a quienes
+se hablaba de ponerse al frente de un movimiento popular, no respondían
+más que mostrando temerosos el coloso español, capaz de aniquilarlos
+con el menor esfuerzo que para ello hiciese.
+
+»En medio de este desaliento general, había sin embargo algunos
+espíritus generosos que, convencidos de la existencia de don Sebastián,
+conjuraban para restablecerle en su trono. En vano los satélites de
+Felipe descubrían siempre aquellos proyectos, y una muerte pronta e
+infamante para sus autores fue el último resultado que produjeron.
+
+»Tal fue el desagradable cuadro que Domiño nos hizo del estado de los
+negocios en Portugal, y en su vista difirió el rey entrar por entonces
+en aquel país. Domiño y los otros tres caballeros se volvieron a él:
+nosotros fuimos a establecernos primero en la Nava de Medina, y después
+en Madrigal, que dista de allí tres leguas.
+
+»Poco más de un mes hacía, don Juan, que estábamos en aquel pueblo,
+cuando el destino os condujo a él. Llegasteis precisamente el día en
+que don Sebastián, habiendo reconocido en el vicario de Santa María la
+Real a fray Miguel de los Santos, su antiguo confesor y predicador,
+quiso probar si aquel religioso le reconocería también a él. Con este
+objeto le esperó y habló cuando se retiraba de decir misa, según
+presenciasteis vos mismo. Debería sin duda el supuesto Gabriel no
+haberlo hecho en vuestra presencia, atendiendo a que la obstinación
+con que seguisteis sus pasos os hacía sumamente sospechoso; pero don
+Sebastián no conoce obstáculos a su voluntad, y plegue a Dios que su
+inflexibilidad no sea funesta para todos.
+
+»Figuraos cuál sería la sorpresa de fray Miguel oyendo la voz de su rey
+que tan conocida tenía, y mirando sus propias facciones. Al principio
+dudaba reconocerlas; pero tan prontas y tales fueron las cosas que don
+Sebastián le dijo, de aquellas que solo él y su confesor podían saber,
+que no le fue posible al vicario negarse a la evidencia.
+
+»Fray Miguel, conservando siempre la esperanza de que don Sebastián
+volvería a presentarse, había procurado formar en Portugal un partido
+a su favor; y para que sus relaciones con aquel reino fuesen menos
+sospechosas, hizo ir a establecerse en Madrigal al médico Juan Méndez
+Pacheco, que le servía y sirve de agente.
+
+»Pero lo más interesante que ha hecho el vicario en favor de su rey, ha
+sido poner de su parte a la señora doña Ana de Austria, digna hija de
+su ilustre padre. Debemos a esta señora singulares beneficios; y es de
+presumir, si el cielo protege nuestra causa, que la veamos sentada en
+el trono de Portugal.
+
+»He aquí, don Juan, la explicación de todos los misterios que tanto os
+han confundido.
+
+—Aún quedan, bella Inés —respondió Vargas—, algunos puntos que aclarar.
+La aventura de la ermita, por ejemplo.
+
+—Voy a explicárosla. Los amigos del rey, después de haber recorrido
+de nuevo el Portugal y tomado allí sus medidas, vinieron a reunirse
+con él, repartiéndose, para no llamar la atención, en diversos pueblos
+de las cercanías de Madrigal. No habían venido esta vez solos, sino
+acompañados de varios señores portugueses, que, comisionados por los de
+su partido, traían el doble objeto de cerciorarse de la existencia de
+don Sebastián y de recibir sus órdenes.
+
+»Era, pues, preciso celebrar algunas juntas, y ningún paraje les
+pareció más a propósito para ello que la bóveda-panteón de una ilustre
+familia que existe debajo de la ermita a cuyas inmediaciones nos vimos.
+
+—¿Y vos —exclamó Vargas, con visibles señales de descontento—, y vos lo
+sabíais?
+
+—Sabía que se reunían cerca de Madrigal, pero no en qué paraje. Además
+debéis recordar que la elección del lugar de la cita fue vuestra, y no
+mía.
+
+»Sucedió, pues, que los conjurados, si tal nombre puede darse a los
+que defienden tan justa causa, advirtieron que había gente extraña en
+las ruinas; y temiendo ser descubiertos, hicieron lo que no habréis
+olvidado.
+
+—No por cierto: ni lo olvidaré en mi vida.
+
+—Fray Miguel fue quien en aquella ocasión os salvó la vida.
+
+—La suya fue entonces la voz que yo creí reconocer.
+
+—Sin duda lo era. Don Sebastián se presentó después, y según parece
+estaba enterado de nuestra cita.
+
+—¿Cómo?
+
+—Lo ignoro; no puedo creer otra cosa sino que el mulato Domingo,
+viéndome salir sola de casa me siguiera los pasos, y después informara
+a su amo de lo ocurrido.
+
+—Así parece probable. ¿Pero y vuestra repentina salida de Madrigal?
+
+—Fue consecuencia de lo acordado en aquella misma junta. Los
+portugueses ofrecieron reunir en los montes un número considerable
+de soldados tan luego como el rey se presentara en sus dominios a
+cara descubierta; y don Sebastián, para quien la triste condición en
+que vive ha llegado a ser insoportable, resolvió prestarse a todo.
+Pero como para su presentación en Portugal son necesarios grandes
+preparativos, pues el rey no quiere entrar pordioseando en sus estados,
+se resolvió que se difiriese por algunos meses el alzamiento, para
+disponer en ellos lo conveniente. Inútil es deciros que Madrigal no
+ofrece recursos ningunos, y que es además demasiado pequeño para que
+cuantos pasos se den dejen de ser públicos.
+
+—Ya os entiendo: habéis venido a Valladolid a hacer compras.
+
+—Así es la verdad. He sido recomendada por la señora doña Ana de
+Austria a este monasterio bajo el nombre de doña María de Castro,
+suponiéndome sobrina de cierto abad: como el pretexto de mi estancia
+aquí es un pleito, salgo del convento siempre que lo creo conveniente y
+me es forzoso.
+
+—Un solo punto nos resta por aclarar, señora mía.
+
+—¿Cuál es, señor don Juan?
+
+—Cierto lance en el Campo Grande.
+
+—Vamos a él. Cuando os vi en Medina os cité para el primer paraje que
+se me ocurrió entonces; pero por un efecto de la fatalidad que nos
+persigue desde que nos conocimos, quiso la suerte que las cercanías
+del Carmen fuesen precisamente el punto escogido por el dinamarqués
+Abenamal para verse en la noche misma que nosotros escogimos con una
+dama, o más bien mujer a quien galantea. Acompañado de don Francisco
+fue a esperarla; y ya sabéis lo que pasó sobre dejar o no dejar
+el campo libre unos a otros. Pero don Francisco, irritado por mi
+indiferencia con él y celoso de vos, promovió la pendencia, y el
+brutal dinamarqués, olvidándose de las reglas del honor, os atacó
+también. ¿Soy culpable, Vargas?
+
+—No, mi bien; no, mi vida. Perdonadme, si merece perdón el que se
+atreve a pensar mal de un ángel.
+
+—¡Siempre exagerado; siempre en los extremos! No, don Juan, yo no soy
+ni liviana ni intrigante, pero tampoco un ángel; estoy muy lejos de tal
+perfección.
+
+—Inés, ya os juro...
+
+—¿Que me amáis? Me complazco en creerlo.
+
+—Si así es, ¿por qué tardáis en ser mi esposa?
+
+—Después de lo que habéis oído, no se puede ocultar a vuestra
+penetración que la hermana de Clara, la cuñada del rey don Sebastián,
+la que, en fin, ha prometido solemnemente servir de madre a su hija, no
+puede separar su suerte de la del infeliz monarca. No creáis, Vargas,
+que la ambición me lisonjea con sus ilusiones; acaso soy yo la única
+persona que en este negocio no se las hace. Conozco que Portugal,
+unido todo, con su rey en el trono, y aun suponiéndolo en sus más
+prósperos días, no basta a resistir uno solo al poder del orgulloso
+potentado en cuyos dominios jamás se oculta la luz del sol. ¿Qué será,
+pues, en las actuales circunstancias? Preveo una sangrienta catástrofe,
+y miro la ruina de don Sebastián y los suyos como inevitables. Sin
+embargo, estoy resuelta a perecer con él, pues que el destino lo quiere
+así. Ved, pues, el tálamo que os ofrezco: mi mano no puede ser vuestra
+sin que tiréis la espada en favor de don Sebastián.
+
+—Suyo soy entonces hasta la muerte.
+
+—¡Don Juan!...
+
+—No habléis más, señora. Su causa es justa; y aunque no lo fuera,
+conozco que haría lo mismo. Sin vos, ni la vida ni la honra estimo en
+nada.
+
+—El rey sabrá hoy vuestra resolución; volved mañana.
+
+—Esposa mía, adiós.
+
+—Él os guarde, mi señor.
+
+
+FIN DEL TOMO TERCERO
+
+
+
+
+Ni Rey ni Roque
+
+
+
+
+ NI REY NI ROQUE
+
+ EPISODIO HISTÓRICO
+ DEL REINADO DE FELIPE II,
+ AÑO DE 1595
+
+ NOVELA ORIGINAL
+
+ ESCRITA
+ POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA,
+ AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA
+
+ TOMO IV
+
+ Madrid
+ Imprenta de Repullés
+ —
+ AÑO DE 1835
+
+
+
+
+NI REY NI ROQUE
+
+CAPÍTULO PRIMERO
+
+ Sí, yo te seguiré. Deja, Pelayo,
+ Que a tu diestra valiente una mi diestra;
+ Que me alboroce viéndote, y contigo
+ Al moro jure interminable guerra.
+
+ (Quintana: _Pelayo_).
+
+
+Grande era el contento que Vargas sentía en haber salido del estado de
+ansiedad en que había vivido durante los últimos meses, pareciéndole
+mejor correr los evidentes riesgos que su nueva posición ofrecía, que
+estar como antes continuamente en contradicción consigo mismo.
+
+Reflexionando, sin embargo, en el modo con que se hallaba tan
+inesperadamente comprometido en la más aventurada de las conjuraciones,
+en cuyo éxito favorable o adverso realmente ningún interés personal
+tenía, admiraba con razón los caprichos de la fortuna. Dotado, como
+lo estaba, de un entendimiento claro, y no siendo por naturaleza
+ambicioso, no podía menos de conocer que era lo más descabellado que
+podía imaginarse exponer la vida, la fortuna y la honra: ¿y para qué?;
+para sustraer a la dominación española el reino de Portugal, que
+siempre debería haber formado parte de nuestra nación, la cual tal vez
+necesita que toda la península forme un solo cuerpo para ocupar entre
+las demás potencias el lugar que le corresponde. Pero a esta reflexión,
+y otras de no menos peso, se oponía el amor de Vargas, amor que le
+dominaba completamente, y al cual estaba resuelto a sacrificarlo todo
+sin excepción.
+
+Con tales disposiciones se presentó de nuevo en el convento de Inés, y
+después de una larga conversación con ella, en la cual, al cabo de dos
+horas, vinieron a decirse, en resumen, que se querían entonces y se
+querrían siempre, salió de allí quejándose de no haber tenido tiempo
+para hablar de su amor.
+
+Parecíale tal vez robado el tiempo que Inés tardó en indicarle el
+paraje y hora en que podría verse con el que continuaremos llamando
+indistintamente Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, pues de ambos
+nombres usaba, según las circunstancias.
+
+Ya tarde en la noche del día en que nos hallamos, salió Vargas de su
+casa con magnífico vestido, una excelente espada, envuelto en una
+capa de camino que le cubría enteramente, y para mejor disfrazarse,
+con un sombrero de ala ancha. En este equipaje se encaminó por calles
+excusadas a cierto callejón del barrio de la Mantería, situado en uno
+de los extremos de la ciudad; al ir a entrar en él, un hombre que
+apoyado con negligencia a la esquina parecía estar medio borracho, le
+dijo tartamudeando:
+
+—Buenas noches, amigo. ¿Se va de ronda?
+
+—Esta noche no rondan más que las brujas —respondió Vargas, quitándose
+al mismo tiempo el sombrero, y cubriéndose el rostro con él.
+
+—Adelante —respondió el otro, ya en voz clara y con firmeza—, la
+tercera puerta a la derecha.
+
+—No, sino la cuarta —dijo Vargas, y continuó su camino.
+
+Contando entonces cuatro puertas en la acera izquierda, tomó el aldabón
+de la que completaba este número, y dio con él dos golpes con tanto
+tiento que a pesar de lo corto de la distancia no los oiría sin duda el
+de la esquina.
+
+Una voz que parecía de mujer vieja preguntó desde adentro:
+
+—¿Quién anda ahí?
+
+—Amigo —fue la respuesta de don Juan, dando una palmada.
+
+—Yo no tengo amigos —replicó la vieja—; váyase noramala.
+
+—Me iré —replicó don Juan—, pero no sin decirle que la luna no ha
+salido aún —y volvió a dar otra palmada.
+
+Entonces se abrió la puerta, y se halló nuestro caballero en un zaguán
+mezquino y sucio, en el que una mujer vieja y andrajosa tenía un lecho
+de malísima paja. Ya dentro, arrolló Vargas su capa y sombrero, y
+poniéndose su capacete, correspondiente al resto de su vestido, pasó
+por una puerta que le indicó la vieja a un vestíbulo, en el que halló
+dos hombres armados con arcabuces, espadas y dagas.
+
+—¿Qué os trae a este lugar? —dijo uno de los armados.
+
+—El amor de la verdad y el deseo de la honra —le contestó el caballero.
+
+Y hallando el paso franco, después de atravesar aún otra antesala, si
+se le quiere dar este nombre, se metió en un granero de no pequeñas
+dimensiones, que bien limpio, medianamente adornado, y perfectamente
+iluminado por un crecido número de bujías, ofrecía un aspecto mixto
+entre salón y desván.
+
+Unos bancos de pino, cubiertos con unas cortinas de damasco anaranjado,
+o que tal había sido, corrían alrededor de aquella sala, y en la
+cabecera de ella se veía un gran sillón de los que los frailes usan en
+sus celdas, también cubierto del mismo modo.
+
+A los pies de la sala, y alrededor de una mesa correspondiente al
+resto de los muebles, estaban sentados escribiendo tres o cuatro
+personas.
+
+Las que había en el salón cuando entró don Juan serían hasta veinte,
+entre ellas tres o cuatro eclesiásticos con manteos: los demás iban
+cuál más, cuál menos ricamente vestidos. Algunos llevaban al pecho
+diferentes cruces, y uno de los que estaban escribiendo llevaba una
+banda roja.
+
+Los demás se paseaban por la sala en grupos de dos a tres personas
+hablando entre sí en voz baja.
+
+Al entrar Vargas todos se volvieron hacia él, y contestaron a su saludo
+con cortesía; en seguida continuaron sus paseos en todo lo largo del
+salón.
+
+El anciano de la banda roja no había reparado en su entrada; pero
+habiendo alzado la cabeza y fijado la vista en él, se levantó
+inmediatamente de su asiento, y acercándosele con aire cordial, le dijo:
+
+—¿Es el señor don Juan de Vargas a quien tengo la honra de hablar?
+
+—Un criado vuestro —contestó este, satisfecho de que hubiera entre
+tantos uno que le hablase.
+
+—Mi nombre —continuó el de la banda— no os será tal vez desconocido,
+aunque sí mi persona, por no haber tenido hasta ahora ocasión de
+hablaros; yo soy el marqués Domiño.
+
+Reconociendo entonces Vargas que hablaba con el fiel servidor de don
+Sebastián, de quien tanta mención se hacía en las memorias de Inés, le
+colmó de atenciones, y el marqués por su parte no andaba menos comedido.
+
+—Su Majestad —dijo— no tardará en honrarnos con su presencia; ahora
+permitidme que concluya el arreglo de algunos papeles interesantes,
+de que me es forzoso darle cuenta esta misma noche, y contad con que
+tenéis en mí un verdadero amigo y admirador.
+
+Volviose, acabando de hablar, a la mesa, y dejó a Vargas solo de nuevo,
+teniendo por recurso que dedicarse a observar cuanto pasaba en torno de
+él.
+
+Desde su llegada no habían cesado de irse presentando nuevos
+personajes de todas especies, y en uno de ellos reconoció don Juan a su
+rival don Francisco. Debió este conocerle también, pues mudó de color
+al verle; pero no dio de ello otra señal, y saludándole pasó a unirse a
+otras personas de las que allí estaban.
+
+Así se pasó como una hora, y al cabo de ella, oyéndose en el cuarto
+antes del salón dos recias palmadas, el marqués Domiño se levantó de
+su asiento, y después de haber dicho en alta voz «el rey, señores», se
+encaminó a la puerta de entrada, que abrió de par en par.
+
+Todos los circunstantes, descubiertos, se colocaron entonces alrededor
+del salón, observando el más profundo silencio.
+
+Los dos centinelas de la segunda antesala guardaban la entrada con sus
+arcabuces, agarrados con la mano derecha por la garganta de la culata,
+y dejando descansar la caja sobre el hombro del mismo lado.
+
+Pocos minutos después se deja ver don Sebastián con un vestido negro
+completo, y sin más adorno que el de una cadena de oro, de la cual
+pendía una medalla, y en ella esculpida la efigie de la Virgen nuestra
+Señora.
+
+El puño de la espada era de acero primorosamente labrado, y el del
+bastón, de oro, con algunos brillantes.
+
+Cuando entró en el salón, los presentes se inclinaron respetuosamente,
+y él, quitándose el bonete, saludó con gracia y desembarazo.
+
+Sentado ya en el sillón que le estaba destinado, mandó que los
+circunstantes se sentasen, y dijo:
+
+—Años ha, señores, que la fortuna no me ha concedido un momento tan
+grato como el presente, en que me veo rodeado de tantos y tan buenos
+servidores. Con su auxilio y el favor de Dios, espero que en breve
+lucirá para Portugal el día de la libertad. Vea yo la bandera lusitana
+ondear un día en el campo de batalla; séame dado pelear aún al frente
+de mis valientes soldados, y muera yo después; habré llenado el más
+violento, el más justo de mis votos.
+
+»Os he reunido, señores, para que ilustrado con vuestros consejos pueda
+yo decidir lo más conveniente. El momento de obrar es ya llegado. Harto
+tiempo hemos gemido en la esclavitud y en la miseria. La historia no
+ofrece acaso ejemplo de monarca tanto y tan largamente sujeto al rigor
+del destino; permanecer así más tiempo sería cobardía. Morir o vencer
+será desde hoy mi divisa.
+
+—Y la nuestra, morir o vencer con nuestro rey —exclamaron entusiasmados
+la mayor parte de los conjurados.
+
+—Ese entusiasmo —continuó don Sebastián—, que llena de alegría, es un
+feliz presagio de la victoria. Marqués Domiño, podéis hablar.
+
+—Vuestra Majestad —dijo Domiño— me ha mandado poner a la vista de
+los ilustres personajes aquí reunidos un cuadro exacto de nuestra
+situación, recursos y esperanzas, sin omitir los obstáculos que
+se oponen a nuestra justa empresa. Procuraré hacerlo con toda la
+concisión, exactitud y claridad que alcance.
+
+»No me cansaré en demostrar la justicia de la causa de Vuestra
+Majestad; esta es tan evidente, que no necesita razones en su apoyo.
+Por otra parte, los que me escuchan dan en hallarse en este paraje una
+prueba incontestable de su fidelidad y decisión por su legítimo rey.
+
+»Nuestro objeto no es otro que el de arrancar de mano del usurpador
+Felipe el reino de Portugal. Para conseguirlo contamos con nuestros
+amigos, y con los muchos enemigos que dentro y fuera de sus estados
+tiene, gracias a su detestable política.
+
+»Vuestra Majestad ha oído ya diferentes veces a los enviados de
+Portugal que están presentes, y prontos a confirmar cuanto diré.
+Según ellos aseguran, y yo mismo he tenido ocasión de observar, los
+portugueses están ya impacientes por romper el yugo de hierro que
+los oprime. Apenas hay uno de todos ellos que no haya sufrido alguna
+vejación del monarca español. La masa no puede estar mejor dispuesta;
+trátase solo de inflamarla, de dar a la indignación pública el
+conveniente impulso, y esto lo ha de hacer la presencia de Vuestra
+Majestad.
+
+»En vano Felipe se ha esforzado en convencer con el tormento, el fuego
+y la cuerda a los portugueses de que su rey ha dejado de existir;
+la mayor parte de ellos creen lo contrario, y para convencer a los
+restantes la evidencia bastará.
+
+»Hay, sin embargo, hombres en Portugal, y algunos de ilustre
+nacimiento, que unidos a la usurpación con los lazos del interés, y
+ejerciendo a su sombra una autoridad sin límites, harán los últimos
+esfuerzos contra nuestros designios. Estos, los españoles que allí
+mandan y los tercios que guarnecen nuestras fortalezas serán los
+enemigos que tengamos que combatir, y para hacerles frente es preciso
+contar con algunos soldados, desde luego.
+
+»Para este objeto se ofrecen trescientos hidalgos portugueses, en cuyo
+nombre han venido los señores Sousa, Coello, Ebora y Renteiro. La
+universidad de Coimbra ofrece también a Vuestra Majestad cincuenta
+lanzas por medio del doctor Saldaña, respetable eclesiástico, que está
+en camino para esta ciudad.
+
+»En una palabra, cualquiera que sea el punto de la frontera que Vuestra
+Majestad designe para el alzamiento, puede contar en él con más de cien
+caballeros y unos quinientos peones. Esta fuerza es bastante y sobrada
+para oponerse a las primeras tentativas de los tercios españoles, y
+dar lugar a que se unan a Vuestra Majestad mayor número de sus fieles
+servidores, con cuyo auxilio podrá apoderarse de una de las ciudades
+principales.
+
+»Conseguido esto, la voluntad de los portugueses se manifestará sin
+rebozo; los españoles serán apenas dueños del terreno que pisen, y este
+no será mucho, atendido su reducido número en el reino.
+
+»No es tampoco de temer en lo sucesivo el poder de Felipe, por más
+colosal que parezca. Flandes absorbe hoy su atención entera; allá van a
+consumirse los tesoros de las Indias; allí sus mejores soldados; allí,
+en fin, está el principal apoyo de Vuestra Majestad.
+
+»Isabel de Inglaterra verá con gusto desmembrarse el reino de Portugal
+de la corona española, y si no me atrevo a asegurar que nos auxilie
+abiertamente con sus armas, es, por lo menos, cierto que podemos
+contar con grandes socorros de su parte. Los insurreccionados de
+Flandes no podrán menos tampoco de prestar la mano a la obra de nuestra
+regeneración. Y el rey de Francia y el emperador de Alemania mismo no
+dejarán, en cuanto puedan, de contribuir a la minoración del poder del
+rey de España, cuyos vastos dominios le hacen el perpetuo objeto de sus
+celos.
+
+»He demostrado, a mi entender, que Vuestra Majestad no tiene que temer
+por parte de las otras testas coronadas oposición alguna a la justa
+recuperación de su trono; que las que no se interesen por Vuestra
+Majestad directamente, permanecerán neutrales; y que el rey Felipe,
+empeñado en una guerra destructora, y que, por la manera con que se
+conduce, se ha hecho interminable, pocos o ningunos esfuerzos podrá
+hacer para conservar la corona que usurpa.
+
+»Pero aún hay más. Dentro de España, a la vista misma del tirano,
+hay muchos hombres valerosos, de ánimo independiente y heroicos
+pensamientos, que pueden apenas soportar los hierros que los agobian.
+
+»Aún humean en Aragón las cenizas de la pasada revolución. La sangre
+de Lanuza, que corrió traidoramente derramada en un cadalso, fermenta
+sordamente.
+
+»Felipe camina sobre un volcán que una sola chispa basta a incendiar.
+Vuestra Majestad tiene en su mano provocar la explosión, y espero
+perdonará mi osadía si me atrevo a decirle que debe hacerlo.
+
+»Aragoneses y castellanos están mal contentos con el establecimiento de
+la Inquisición. Y Vuestra Majestad se ha dignado prometer protección a
+todos los perseguidos por ella, sin más condición que la de tomar parte
+en la gloria de restituir a Portugal su independencia.
+
+»En mi mano tengo una humilde súplica que algunos reverendos
+eclesiásticos presentan a Vuestra Majestad en nombre de varios otros,
+en la cual ofrecen a Vuestra Majestad el auxilio que sus brazos,
+personas y haciendas puedan prestar para su empresa, y las condiciones
+que por ello reclaman son tan moderadas, tan justas, que Vuestra
+Majestad no dejará de concederlas.
+
+»Al frente del cuerpo auxiliar español se pondrá un noble castellano,
+de ilustre linaje, valor conocido y notoria pericia en el arte de la
+guerra, a quien Vuestra Majestad, convencido de su fidelidad, se ha
+servido honrar con este encargo, esperando que sus compatriotas, a sus
+órdenes, darán pruebas de su acostumbrada bizarría.
+
+»Tal es, señores, el estado de los negocios de Vuestra Majestad; pero
+por más lisonjero que parezca, por más que el triunfo se nos figure
+indudable, ahora más que nunca debemos obrar con prudencia y cautela.
+
+»No por anticipar un día al proyecto malogremos para siempre el trabajo
+de muchos años. Antes de mucho, solo habremos menester el valor en el
+campo de batalla; hoy, la sagacidad y el disimulo para sustraernos a
+las continuas pesquisas del enemigo. — _Dixi_.
+
+Este largo discurso, que sin duda estaba no solo preparado, sino
+estudiado de antemano, fue oído por toda aquella asamblea con grande
+atención e interés. Vargas en particular, que por primera vez pensaba
+entonces seriamente en la empresa en que había tomado parte, recogió
+hasta la última sílaba; y si bien admiraba la capacidad con que el
+marqués Domiño había reunido todas las circunstancias que militaban
+a su favor, dándoles el conveniente colorido, disminuyendo al mismo
+tiempo el poder de su enemigo, no pudo menos de conocer que, por más
+que se dijese, el proyecto ofrecía inmensos peligros.
+
+Sin embargo, don Juan ni quería ni podía ya volver el pie atrás, y
+prestándose a lo que en su posición era indispensable, tanto trabajó
+en convencerse a sí propio de que don Sebastián podría triunfar, que
+casi llegó a creerlo.
+
+Dejó don Sebastián pasar algún tiempo después de haber Domiño cesado de
+hablar, y cuando ya creyó que el auditorio estaba preparado a oírle,
+dijo:
+
+—Acabáis de oír la fiel pintura de nuestra situación: si alguno de
+vosotros tiene algunas observaciones que hacernos, yo le permito y le
+mando que hable.
+
+Entonces los circunstantes se miraron todos unos a otros como para
+examinar qué efecto habían producido las palabras del rey pastelero, y
+al cabo de algunos instantes tomó la palabra uno, en cuya voz reconoció
+Vargas la de la persona que le había tomado el juramento en la ermita
+de Madrigal, y lo era en efecto.
+
+—Rey y señor mío —dijo—: los fieles vasallos de Vuestra Majestad, en
+cuyo nombre tenemos la honra de hallarnos hoy en vuestra real presencia
+algunos caballeros portugueses, están prontos a confirmar con las
+obras las ofertas tantas veces repetidas de sacrificar sus vidas y
+haciendas en defensa de Vuestra Majestad.
+
+»Una súplica es la que se atreven a hacer, humildemente puestos a los
+pies del rey y señor natural, que es la de rogarle que apresure el
+ansiado momento de tomar las armas. La dilación entibia los ánimos de
+unos, expone a los otros a crueles persecuciones, y fortifica a los
+enemigos de la justa causa.
+
+»Dígnese, pues, Vuestra Majestad tomar en consideración esta súplica
+reverente, y hacer en ello lo que fuere de su real agrado.
+
+—Señor Sousa, ese impaciente ardor de mis leales vasallos —contestó
+don Sebastián— es sumamente grato para mí. Yo procuraré no retardarles
+mucho la ocasión de darme pruebas de su fidelidad y valor.
+
+Uno de los eclesiásticos, levantándose entonces de su asiento y
+haciendo una profunda reverencia, a la que el rey contestó con una leve
+inclinación de cabeza y una seña para que hablase, lo hizo de esta
+manera:
+
+—Señor: el marqués Domiño ha ofrecido a Vuestra Majestad la asistencia
+y auxilio de algunos españoles a quienes la tiranía de su rey obliga a
+sustraerse de su dominio. Yo, en nombre de los descontentos, confirmo
+esta oferta. En esta misma ciudad existen muchos de ellos, y en
+las demás del reino se encuentran a millares. El caballero a quien
+Vuestra Majestad se ha dignado confiar el cargo de su caudillo, podrá
+cerciorarse por sus propios ojos de la verdad de mis palabras.
+
+»Los que están prontos a tomar las armas dejan a la real munificencia
+de Vuestra Majestad el cuidado de señalar recompensas a sus servicios.
+Nada estipulan ni quieren estipular en este punto.
+
+»La única condición que ponen, la cláusula _sine qua non_ del tratado
+que tienen la honra de hacer con Vuestra Majestad, es que, concluida
+la guerra, les será permitido vivir en el reino de Portugal según sus
+conciencias, sin que ni el tribunal de la Inquisición ni otro alguno
+pueda inquietarles en materias de fe.
+
+»Vuestra Majestad, que en sus diferentes viajes ha recorrido la Europa
+entera, y a cuya real penetración no se habrá ocultado ninguna de las
+causas de su engrandecimiento o desmejora, habrá sin duda observado que
+los cristianos reformados, tan sin piedad perseguidos en España, tienen
+acogida en los más florecientes de ellos.
+
+»En apoyo de esta aserción, la Inglaterra, la Escocia, y gran parte de
+Alemania, se hallan en este caso.
+
+»Ni este es lugar a propósito, ni da de sí el tiempo lo necesario
+para extenderme en largas disertaciones sobre la conveniencia de la
+tolerancia religiosa.
+
+»A Vuestra Majestad toca decidir si le conviene o no aceptar en este
+caso la alianza de los españoles, cuyo nuncio soy, con la expresada
+condición.
+
+Una reverencia todavía más humilde que la primera terminó este
+discurso, que don Sebastián y Domiño oyeron impasibles sin dar señales
+de aprobación ni descontento, y la asamblea se mostró dividida en
+distintos pareceres.
+
+Don Francisco, don Carlos, Abenamal, y algunos otros, pensaban que el
+auxilio de los españoles era de la mayor importancia; y que limitándose
+los reformados, como se limitaban, a pedir una simple tolerancia en
+materias de fe, sin exigir protección ni paridad con el culto católico,
+sería desatinado negarse a su propuesta. Pero los portugueses Sousa
+y Coello no podían avenirse con la idea de asociarse con herejes
+luteranos y calvinistas; y de esta misma opinión no faltaban personas
+entre los circunstantes.
+
+Cuando el eclesiástico español cesó de hablar, un rumor sordo se dejó
+oír por todo el salón: los que opinaban en su favor se miraban, dando
+visibles muestras de aprobación; y los contrarios, hablando entre sí en
+voz baja, se preparaban a oponerse sin rebozo a su propuesta.
+
+Coello, poniéndose en pie y saludando al rey, exclamó:
+
+—Los portugueses, señor, se han gloriado siempre de vivir en el gremio
+de la santa Iglesia católica, apostólica, romana, única verdadera,
+fuera de la cual no hay salvación. Y la condición que los españoles
+ponen para tomar las armas en defensa de Vuestra Majestad, si se
+acepta, destruirá para siempre nuestra opinión religiosa, manchando el
+suelo de los dominios de Vuestra Majestad con el baldón de la herejía.
+
+»¿Por ventura no serán bastantes los vasallos naturales de Vuestra
+Majestad a ponerlo en su trono, sin mendigar el apoyo de los españoles
+descontentos? Señor: Vuestra Majestad es dueño absoluto de nuestras
+vidas y haciendas; pero en la honra y en la religión no puede...
+
+—Sobrado tiempo os he escuchado, Coello: yo resolveré este asunto como
+sea de mi real agrado, y os dejo salvo el derecho de hacer de vuestra
+persona lo que os parezca conveniente —le interrumpió don Sebastián,
+justamente indignado, de que en tan críticos momentos se quisiera
+sembrar la división en su partido.
+
+Coello, aterrado, murmuró algunas frases de obediencia, fidelidad,
+celo y religión, ocupando confuso su asiento.
+
+Don Sebastián, sin atenderle, se dirigió al eclesiástico, y con notable
+afabilidad le dijo:
+
+—Doctor Serrano, don Juan de Vargas os anunciará mañana mi resolución.
+Entre tanto podéis dar mis reales gracias a vuestros amigos,
+asegurándoles que jamás olvidará don Sebastián el auxilio que en su
+infortunio le prestan. Mañana también, señores, se os comunicarán a
+todos mis órdenes, y antes de mucho nos habrá visto el mundo triunfar
+de nuestros enemigos, o perecer gloriosamente en la demanda.
+
+Concluyendo de hablar hizo seña de haberse terminado la asamblea; y los
+que la componían empezaron a retirarse de dos en dos, o de tres en tres
+lo más, para no hacerse sospechosos en la calle.
+
+No lo hizo así Vargas, pues se le mandó permanecer en el salón hasta
+quedarse solo con el rey y el marqués Domiño.
+
+Entonces, el primero de estos personajes, llamándole, le habló en
+estos términos:
+
+—Don Juan, la mano del destino, por caminos bien inesperados, os ha
+reunido a mí. Sé que habéis resuelto seguir mi suerte; y sé también que
+los hombres como vos no varían nunca su resolución: cuento, pues, con
+vos como conmigo mismo.
+
+—Vuestra Majestad —dijo Vargas— me hace justicia: mi espada y mi
+persona están ya a su real servicio mientras me dure la vida.
+
+—Lo creo; y os doy una prueba de ello en poneros al frente de mis
+auxiliares. No necesito deciros que estos son los españoles que,
+habiendo abrazado las herejías de Lutero y Calvino, no hallan en su
+patria un palmo de terreno que los sustente con seguridad, un solo
+instante, de que las hogueras de la Inquisición no se enciendan
+para ellos. Aunque católico, como yo lo soy, por la piedad de
+Dios, no podréis menos de conocer que en mi actual posición me es
+forzoso prescindir de escrúpulos que acaso me arredraran en otras
+circunstancias. Hoy lo que necesito son brazos, y a todo precio debo
+comprarlos mientras el honor no padezca.
+
+—Vuestra Majestad, a mi entender, obra en eso con cordura.
+
+—Tal es mi opinión; y yo sabré imponer silencio, eterno si es preciso,
+a los que como Coello quieran contrariarla. Desde que la fortuna me
+ha condenado a vivir en la última clase del pueblo, he tenido ocasión
+de abrir los ojos sobre más de un error, y me he convencido de que el
+hierro y el fuego hacen hipócritas, pero no religiosos. Además, don
+Juan, el pontífice, a quien en Roma me presenté a pedir dispensa del
+voto temerario que en un momento de despecho hice en África de vivir
+siempre encubierto, no solo se negó a ello, sino que me despidió con
+dureza. Gregorio, esclavo humilde del rey de España, temblaba de tener
+un solo día en sus estados al infeliz don Sebastián, y esta ofensa está
+para siempre grabada en mi corazón.
+
+»Bastante os he dicho para que comprendáis claramente mi voluntad y sus
+fundamentos. El doctor Serrano os presentará mañana a los que habéis de
+conducir a la gloria: descanso en vuestra fidelidad y buen talento, y
+no volveré a ocuparme en el asunto hasta que os comunique mis órdenes
+para marchar.
+
+»La mano de doña Inés es vuestra ya. La categoría a que estará
+destinado el esposo de la cuñada del rey no se os ocultará; y para que
+desde luego empecéis a recibir pruebas de mi real benevolencia, os
+autorizo a usar desde hoy el título de duque de Madrigal.
+
+—Las bondades de Vuestra Majestad y la merced con que me honra estarán
+eternamente impresas en mi memoria, y espero dar pruebas de mi
+agradecimiento en el campo de batalla.
+
+—Ese es el lenguaje de un noble soldado. Podéis retiraros.
+
+Dobló don Juan la rodilla, besó la misma mano a que había visto hacer
+pasteles, y salió del regio desván como el hombre que acaba de tener
+un sueño maravilloso, de aquellos que hacen dudar de si se duerme o se
+está despierto.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO II
+
+ Ciego el califa en su sangriento celo,
+ Despuebla el mundo por vengar al cielo.
+
+ (Meléndez: _Oda a la tolerancia_).
+
+
+A principios del siglo XVI fueron tantos y tales los abusos de las
+facultades espirituales que en materia de bulas e indulgencias hizo
+la corte de Roma, que en Alemania, país eminentemente pensador,
+dos frailes, Lutero y Calvino, se alzaron contra ella: practicaron
+la reforma de la religión cristiana, conocida con el nombre de
+protestantismo; y a pesar del emperador, del papa y del concilio,
+luchando contra las armas del uno, las excomuniones y los legados del
+otro, y contra los cánones y censuras del último, hicieron considerable
+número de prosélitos, atrayendo a su creencia príncipes ilustres y
+naciones enteras.
+
+Lutero y Calvino dieron al poder de los papas un golpe funesto, que los
+progresos de la civilización social prepararon hasta entonces, y en lo
+sucesivo hicieron verdaderamente mortal. Desde entonces los sucesores
+de San Pedro perdieron aquel poder en virtud del cual daban y quitaban
+las coronas. Inglaterra, Suecia, Flandes, gran parte de la Alemania, se
+separaron del regazo de la Iglesia católica; la Francia misma rehusó
+admitir el concilio tridentino, y la Europa entera empezó a creerse con
+derecho a pensar en materias de religión, cosa hasta entonces mirada
+como una blasfemia.
+
+Las consecuencias que aquellos sucesos tuvieron en el orden político
+son harto conocidas; y aunque esta novela no se ha escrito a propósito
+para hablar de ellas, se nos permitirá que observemos que Inglaterra
+fue el primer país enteramente protestante, y que en él es en donde la
+libertad civil es también más antigua.
+
+Carlos I se declaró protector del concilio de Trento, y persiguió
+constantemente a los reformados. Pero en Alemania no pudo extinguirlos:
+en España fue donde, auxiliado por la Inquisición, de abominable
+memoria, logró que jamás los hubiese a cara descubierta.
+
+Las crueldades del tribunal de la fe no fueron sin embargo durante su
+reinado comparables a las que se ejercieron bajo el cetro de hierro de
+su hijo Felipe II, cuyo nombre execrado ha llegado a nuestros días, y
+pasará a la más remota posteridad, como el baldón de su siglo y de la
+patria que le dio el ser.
+
+Todas o la mayor parte de las religiones han debido acaso a la
+persecución su mayor incremento; y, a excepción del mahometismo,
+ninguna se ha extendido con la rapidez que la protestante. En vano se
+le opusieron cuantos diques alcanzaron el poder y la Iglesia dominante;
+salvolos todos y, embravecida como un torrente por la resistencia,
+llegó a hacerse temible para sus perseguidores.
+
+No eran entonces los españoles un pueblo insignificante, como después
+lo fueron gracias a tres siglos de cadenas; ricos, poderosos y
+conquistadores, en todo el orbe se veía a los invencibles tercios
+castellanos cubriéndose de gloria; sus mercaderes tenían relaciones
+comerciales con todas las naciones; y el oro mejicano hacía de nosotros
+los banqueros del mundo. Entonces se viajaba; en aquellos viajes había
+comunicación con los extranjeros, y de este modo la reforma religiosa
+llegó a hacerse partidarios, y no en pequeño número, en el corazón
+mismo de Castilla.
+
+Naturalmente, los primeros protestantes fueron eclesiásticos: para
+nadie podía tener más interés la cuestión que para ellos; y unos la
+examinaban por curiosidad, otros para instruirse. Algunos creyeron
+las nuevas doctrinas más conformes al espíritu del Evangelio que las
+antiguas; otros, lo contrario; y estos en España fueron en mayor
+número. Apoyados los últimos en la ley, y disponiendo de la fuerza,
+persiguieron encarnizadamente a los primeros, quienes se refugiaron,
+como todo proscrito, en la oscuridad.
+
+No había acaso ciudad en España en que los protestantes, los judíos,
+y hasta los mahometanos no tuviesen conventículos secretos que la
+Inquisición fue descubriendo sucesivamente. Para llevar legalmente a
+la hoguera a los desventurados que los formaban no se necesitaba más
+que probarles su diferencia de religión; pero el espíritu de partido,
+no contento con aplicarles al tormento y quemarlos después, quiso que
+bajasen al sepulcro manchada su memoria con la imputación de crímenes
+cuya atrocidad misma los hace absurdos e increíbles.
+
+Los niños degollados bárbaramente, las imágenes del Redentor injuriadas
+de una manera abominable eran las más pequeñas de las infamias de que
+los inquisidores acusaban a sus víctimas. La pluma se niega a entrar en
+pormenores sobre esta materia, y el entendimiento concibe apenas que se
+hayan conducido al suplicio millares de infelices pretendiendo haberles
+probado que _volaban_ o que tenían en sus casas _a pupilo_ algunos
+diablos en figura de sapos, con obligación de vestirlos de terciopelo
+y darles a comer huesos de difuntos.
+
+En tal estado se hallaba España bajo la dominación del fanático Felipe,
+cuando Gabriel de Espinosa puso a cargo de Vargas el mando de sus
+auxiliares españoles.
+
+No se crea, por lo que de las luces naturales de don Juan hemos dicho,
+que fuese un hombre de los que hoy llamamos despreocupados. Eran
+muy pocos los castellanos que en aquel siglo podían pretender esta
+denominación; y seguramente en donde menor número de ellos se hallaba
+era en la nobleza, que recibiendo una educación puramente militar,
+conservaba la creencia de sus padres, sin imaginar siquiera que en
+tal materia era admisible la discusión. Sin embargo, el hermano del
+marqués había tenido ocasión de observar en Flandes que los herejes
+eran hombres como los demás; que cualquiera que fuesen sus errores en
+el dogma, la moral de su religión era exactamente la del Evangelio,
+y que en los combates se portaban como el mejor católico, peleando
+con valor, y tratando después con humanidad a sus enemigos. Redújose,
+pues, a desempeñar la comisión que se había puesto a su cargo, aunque
+no sin repugnancia y tal cual escrúpulo de conciencia. Dígase también,
+en honor de la verdad, que Inés, a quien vio aquel día en el locutorio,
+le pareció tan hermosa, estuvo con él tan fina y le dio tan próximas
+esperanzas de su matrimonio que, al separarse de ella, hubiera hecho
+alianza no ya con los protestantes, sino con todos los herejes y
+cismáticos habidos y por haber, y con el mismo Satanás, por más feo,
+cornudo y azufroso que se le presentase.
+
+Tales han sido siempre los hombres vehementes: preocupaciones,
+intereses, conveniencias sociales, la honra misma, todo lo han
+sacrificado a las miradas de una mujer en los primeros años de la vida;
+y en la edad adulta, el ídolo de su juventud, olvidado, menospreciado
+tal vez, ha tenido que ceder su lugar a los sueños de la ambición.
+
+Vargas entonces no creía que hubiera nada en el mundo superior a
+Inés, ni que el que una vez la había visto pudiera nunca dejar de
+amarla; menos aún, ser feliz sin ella. ¿Qué mucho, pues, que todo lo
+sacrificase para poseerla?
+
+Ya resuelto a entregarse sin reserva en manos del destino, se preparó a
+desempeñar su papel de jefe de segundo orden en aquella conjuración; y
+revestido de la gravedad conveniente, se presentó con el doctor Serrano
+en el conventículo de los protestantes.
+
+Celebraban estos sus reuniones con todo el misterio y cautela que
+su posición exigía, y Vargas halló en juntas a los que formaban el
+consistorio directivo en una oculta bodega situada en un extremo de
+la ciudad. Algunos letrados, no menos eclesiásticos, tres o cuatro
+mercaderes y algún profesor de ciencias exactas fueron las personas
+que allí se ofrecieron a su vista: la única de capa y espada, como
+entonces se decía, era el mismo Vargas.
+
+Antes de su llegada ya habían los protestantes acordado que no
+prestarían a don Sebastián el prometido auxilio sin recibir antes por
+escrito su real palabra de que se les tolerase en Portugal el libre
+ejercicio de su culto; y el doctor Serrano hizo entender sin rebozo
+a don Juan que toda negociación era excusada sin que precediese la
+entrega de la garantía pedida.
+
+En el caso de que el destronado rey accediese a lo que se deseaba,
+empezarían los protestantes poniendo a su disposición una suma
+considerable para empezar la campaña; formarían a su costa, y
+auxiliados por sus hermanos de Inglaterra, Francia y Alemania,
+un cuerpo franco; y, desde luego, presentarían en breve plazo de
+trescientos a quinientos hombres para contribuir al alzamiento.
+
+No dejaron tampoco de presentarse varias dificultades al consistorio
+sobre poner los soldados protestantes a las órdenes de un noble
+católico; pero todas ellas se desvanecieron con la imposibilidad de
+hallar en España hombre de la comunión reformada que lo reemplazase.
+Fue, pues, nuestro don Juan, bajo el título de duque de Madrigal,
+reconocido por jefe del futuro cuerpo auxiliar, y la reunión se
+disolvió después de haber rezado a coro un salmo de David.
+
+Debía don Juan comunicar a Gabriel de Espinosa lo resuelto por el
+consistorio, y para ello se le había mandado hallarse aquella noche
+a las ocho de ella en el Campo Grande; cita a la que, como se deja
+conocer, asistiría con alguna anticipación para no hacerse esperar;
+pero fue tanta su puntualidad, que daban las siete cuando entró en el
+Campo Grande, que, por ser la noche de las frescas de otoño, estaba
+desierto. No le pesó de esta circunstancia, pues en situación semejante
+a la suya lo que más se apetece en general es la soledad. Amante y
+conjurador a un tiempo, sus pensamientos le sobraban a Vargas para
+entretenerse.
+
+La revolución que se preparaba, su éxito y consecuencias eran asuntos
+de no pequeña importancia; pero Inés la tenía mayor para él. Dejando
+vagar la imaginación a su placer, se veía ya dueño de su amada:
+representábasele verla en sus brazos al rayar la aurora, y uno y otro
+día, y siempre, en fin, vivir a su lado; pero el colmo de la dicha
+para Vargas era tener un hijo de Inés, que su fantasía hizo bello como
+Apolo, valiente como Hércules, discreto como Cicerón, y célebre como
+Alejandro.
+
+Cuando el hombre cree ser feliz, lo es, ha dicho no sé quién, y con
+sobrada razón. Nunca la realidad iguala a los goces que el hombre
+dotado de una ardiente fantasía tiene, cuando sus sueños, ya despierto,
+ya dormido, le halagan. Y es porque, en la realidad, aun las rosas
+tienen espinas; no así en el mundo ideal: lo malo y lo bueno, según
+el vidrio que se deja ver en la linterna mágica, se presentan
+aisladamente. Prescíndese de la debilidad humana, de la muerte; se
+olvida que estamos condenados a padecer, y que cuanto más intenso
+sea un dolor, tanto más pronto el órgano que lo sufre perderá la
+facultad de sentirlo. Sucédenos, en fin, lo que al mecánico teórico:
+calcula una máquina prescindiendo del rozamiento de los cuerpos y de
+la elasticidad de las cuerdas, y obtiene en el papel un invento que ha
+de inmortalizarle. El mal está en que al poner en práctica su máquina
+tiene que emplear hierro, madera y cáñamo.
+
+Dando, pues, libre curso a sus imaginaciones, se paseaba Vargas delante
+del convento de recoletos y no advirtió que un hombre le seguía, hasta
+que este, tocándole en un hombro, le dijo:
+
+—Muy distraído vais, señor don Juan.
+
+Volviendo entonces la cabeza reconoció a Gabriel de Espinosa.
+
+Diole cuenta de lo ocurrido en el consistorio, y tuvieron sobre ello
+una larga conversación, en la cual desplegó el pastelero grandes
+conocimientos en política, y dio a Vargas detalladas instrucciones,
+previendo las dificultades que podrían ocurrirle en su misión y
+facilitando los medios de vencerlas; y por último, prometió la garantía
+pedida por los protestantes.
+
+Antes de despedirse supo Vargas que los conjurados portugueses Domiño,
+Abenamal, don Carlos y don Francisco, habían ya marchado a disponer
+el alzamiento, que debía verificarse tan luego como don Sebastián se
+presentase en su reino.
+
+El monarca destronado pensaba ir a Madrigal, salir de allí acompañado
+de fray Miguel, don Juan y un corto número de los protestantes
+españoles, y entrar con ellos en la Extremadura portuguesa para
+descubrirse allí.
+
+Para poner en planta este proyecto solo aguardaba a recoger la suma
+prometida por el consistorio, y a realizar algunos otros fondos
+indispensables para poder sustentar a sus soldados un mes por lo menos
+sin gravamen de los pueblos.
+
+Pero todas estás recaudaciones no pudieron verificarse tan pronto como
+se deseaba. El misterio con que hubieron de hacerse, las diversas
+personas a quien se tuvo que acudir y otros varios entorpecimientos
+inevitables en tales negocios retardaron quince días o más el
+suspirado momento de hallarse prontos los fondos. Don Juan no tuvo
+la satisfacción de anunciárselo así a Gabriel de Espinosa hasta dos
+semanas después de haber tenido con él la conferencia que acabamos de
+referir.
+
+En este intermedio sus visitas al locutorio fueron diarias, y la
+materia de sus conversaciones con Inés, sus amores y esperanzas. No
+estaba la bella portuguesa menos enamorada que el joven castellano;
+pero sus continuas desgracias y su condición naturalmente reflexiva no
+la permitían entregarse, como Vargas lo hacía, a las más lisonjeras
+ilusiones. Una serie no interrumpida de males había acostumbrado a
+Inés a no esperar nada bueno; y más de una vez, en los momentos mismos
+en que su amante mostraba mayor entusiasmo, más persuasión de ser su
+esposo, la imagen del cadalso se presentaba a los ojos de la infeliz
+hermana de Clara, y el rostro de Vargas, entonces animado por todo el
+fuego del amor, a su parecer mostraba las señales de la muerte. Corrían
+entonces por sus mejillas lágrimas amargas, y apenas bastaban el cariño
+y la elocuencia de don Juan para calmar su dolor.
+
+La mañana siguiente a la noche en que el hermano del marqués anunció
+al cuñado de su futura esposa que los protestantes tenían reunido su
+dinero, fue a ver a Inés, y al participárselo le dijo:
+
+—Esta noche entregaré al consistorio la real garantía que Su Majestad
+pondrá en mis manos, y me haré cargo del dinero, parte en oro, parte en
+letras de cambio. El rey saldrá para Madrigal al amanecer de mañana,
+y vos con él. Según sus órdenes, Inés, yo no debo hacerlo, con otros
+veinte compañeros, hasta por la noche. Su Majestad se ha dignado
+prometerme que fray Miguel nos unirá para siempre en la ermita que bien
+conocéis. ¡Ah, Inés! Llegó por fin el suspirado momento de llamarme
+esposo de la que adoro. O no me amáis, o vuestro placer debe ser igual
+al mío.
+
+—De mi amor, Vargas, no podéis dudar, pues no sabré ocultarlo, aunque
+tal vez debiera —contestó la dama—. Un fatal presentimiento me destroza
+el corazón; conozco que no tengo para él determinado fundamento, y, sin
+embargo, no puedo desecharlo.
+
+—Inés mía, confundís el temor natural en vuestro sexo al aproximarse el
+momento de una arriesgada empresa, con un presentimiento que no puede
+existir.
+
+—¡Mi don Juan!
+
+Pero no más de lo que va referido hablaron aquella vez los dos amantes,
+pues Vargas, en tan críticos momentos, no podía disponer de un solo
+instante.
+
+La despedida por su parte fue tierna; por la de Inés, melancólica en
+extremo. Parecíale que aquella separación había de ser eterna, y sin
+poderlo remediar inundó con sus lágrimas la mano de don Juan, después
+de haberla estrechado tiernamente contra su corazón.
+
+—No sé —dijo por último—, no sé en qué consiste; pero jamás ha sido
+tanto mi desaliento como ahora. La idea de ser causa, tal vez, de la
+desgracia de un hombre a quien adoro, y que si no me hubiera conocido
+fuera feliz sin duda, me atormenta, me destroza el corazón.
+
+Quitose en seguida una cadena hecha de su propio pelo, y poniéndosela
+al cuello a su amante, continuó:
+
+—Tomad, don Juan, esa prenda, que para vos tendrá algún valor; y si
+queréis tranquilizarme algún tanto, decidme que jamás me culparéis en
+lo que os suceda.
+
+—¡Nunca, mi vida!
+
+—El destino os hizo conocerme, y el cielo me es testigo de lo que he
+combatido por mi amor y el vuestro.
+
+—Y el cielo premiará también vuestra virtud. Señora mía, pasado mañana
+seréis mi esposa. Enjugad el llanto, y adiós, que me es fuerza el
+partir.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO III
+
+ ¡Ah! Vanamente discurre mi deseo
+ Por tus sangrientos fastos y el contino
+ Revolver de los tiempos; vanamente
+ Busco honor y virtud: fue tu destino
+ Dar nacimiento, un día,
+ A un odioso tropel de hombres feroces,
+ Colosos para el mal.
+
+ (Quintana: _Oda a Padilla_).
+
+
+Don Rodrigo de Santillana, el marqués y su capellán, habían llegado con
+toda felicidad a Madrid, y pasado de allí al Escorial, donde por el
+momento se hallaba la corte.
+
+La obra de aquel monasterio, ya entonces muy próximo a su conclusión,
+era el único objeto que distraía a Felipe de los negocios políticos y
+de sus continuas devociones.
+
+Habíase lisonjeado el marqués de que su pretensión era fácil de
+conseguir, y se engañó. Un monarca que, como el reinante entonces,
+hacía profesión de los más austeros principios religiosos, un hombre
+que jamás había amado ni podía amar, no era de esperar que tolerase y
+protegiese los extravíos galantes en nadie, y menos en un título de
+Castilla. Los ministros de Felipe tenían, o afectaban tener, la misma
+manera de pensar que él, y así el pobre marqués vio malísimamente
+recibidas sus primeras insinuaciones.
+
+Pero como si las ideas generales de la corte en la materia no bastaran
+a contrariar sus planes, el comendador Hinojosa, presentándose dos días
+después que él en el Escorial, acabó de derribar el sonado edificio del
+engrandecimiento del hijo de Violante.
+
+Hinojosa, entrando sin ceremonia en la posada de su primo, y
+declarándole sin rodeos que él y don Juan estaban perfectamente
+enterados de lo ocurrido con respecto al niño don Pedro Alcántara, de
+los proyectos que para su fortuna se formaban, y que ambos también
+estaban resueltos a no tolerar tamaña afrenta para las familias de los
+Vargas, confundió, aterró, aniquiló al marqués y al padre Teobaldo.
+
+No se atrevían ni el uno ni el otro a responder palabra, ni el
+comendador les dio lugar a ello, pues concluida la arenga se retiró,
+anunciando que iba en aquel mismo instante a verse con el secretario de
+Su Majestad y a enterarle de todo el asunto, y que, si necesario fuese,
+llegaría a los pies del rey mismo a pedir justicia. Hinojosa era hombre
+sobradamente capaz de cumplir lo prometido; el marqués lo sabía, y el
+capellán también.
+
+Más de un cuarto de hora se estuvieron mirando el uno al otro con
+espantados ojos, sin saber qué hacer ni qué decir, hasta que por fin
+el marqués creyó que a él le tocaba romper el silencio, y haciendo un
+grande esfuerzo dijo:
+
+—¡Padre Teobaldo!
+
+—Señor marqués —contestó el capellán; y se terminó por entonces la
+conversación.
+
+—¡Hem! —dijo de allí a un rato el capellán—. ¿Si habrá ido a ver al
+rey?
+
+—¿Si habrá ido? ¿No le conocéis? Ahora mismo tal vez.
+
+—Entonces, _Domine miserere mei_, perdidos somos.
+
+—Padre Teobaldo, ¿y qué hacemos?
+
+—Señor marqués, yo en este asunto _lavabo manus meas_.
+
+—Buen consejo, por cierto. ¿Ahora me abandonáis?... ¿No podríamos acudir
+a algunos amigos?
+
+—¡Amigos! _Donec eris felix..._
+
+—Por la Virgen Santísima que dejemos ahora los latines. Si ese hombre
+se presenta a Su Majestad y le cuenta el asunto a su modo, somos
+perdidos.
+
+—_Nulla est redemptio_. En mala hora dejamos nuestros penates; en
+triste día _nos patriæ fines; et dulcia relinquimus arva_.
+
+—Dios me perdone, pero capaz sois de hacer perder la paciencia a un
+santo. Consejos son los que yo quiero, y no citas de Virgilio.
+
+—Ese pagano, señor marqués, contiene sin embargo apotegmas filosóficos,
+morales, _naturaliter_ hablando, de gran peso y...
+
+—Norabuena, pero ahora no se trata de eso: en lo que hemos de pensar es
+en el comendador.
+
+—_Infandum Regina jubes renovare dolorem_.
+
+—En resumen, ¿qué pensáis que debo hacer?
+
+—Es asunto este que exige madura deliberación, y consultar por lo menos
+media docena de santos padres y otros tantos autores profanos.
+
+—Y mientras se consultan, revuelve mi primo la corte entera, me pinta
+a los ojos de Su Majestad como un libertino escandaloso, a vos como
+a un eclesiástico sin costumbres, cómplice en mis extravíos; dan con
+nosotros en la Inquisición, y nos queman.
+
+—_Sancta Maria, ora pro nobis_. Huyamos, señor marqués, huyamos, _usque
+ad finem_.
+
+—Eso ya es hablar en razón. ¿Conque opináis que huyamos?
+
+—Me parece lo más acertado.
+
+—Y a mí.
+
+—Está entonces aprobado _nemine discrepante_.
+
+Y sin aguardar a más, ni despedirse de alma viviente, tomaron el camino
+para Madrid, donde solo pararon un día, saliendo al siguiente no para
+Valladolid, sino para una hacienda del marqués, donde se creyeron más
+seguros.
+
+No era sin embargo tan grande el peligro como se lo habían imaginado.
+Verdad es que el comendador, conociendo la timidez natural de sus
+antagonistas, se propuso aterrarlos con tremendas amenazas, y lo
+consiguió aun más allá de lo que esperaba. Por lo demás, condujo el
+negocio con tino, pintando a su primo como engañado; obtuvo de los
+ministros de la cámara la promesa de que no se admitiría la solicitud
+del marqués, más una orden de reclusión perpetua contra Violante; y
+corrió, ufano con su triunfo, a noticiárselo a don Juan.
+
+Distinto fue el objeto, y distinto también el resultado del viaje a la
+corte del alcalde don Rodrigo de Santillana.
+
+Una orden de Su Majestad le mandó presentarse sin la menor dilación en
+El Escorial para un asunto del cual ya tenía algunos antecedentes, y se
+le daban más en la misma real orden.
+
+El negocio era de tal trascendencia que Santillana se persuadía
+con fundamento de que, llevándolo a cabo felizmente, no solo podía
+contar con verse en un momento en el más alto grado de su carrera,
+sino con ser uno de los favoritos del monarca. Estas reflexiones
+le entretuvieron agradablemente en el camino, y sus esperanzas se
+corroboraron cuando, presentándose en palacio y declarando su nombre,
+se le mandó entrar sin demora en la cámara del rey.
+
+Felipe, ya entonces en el antepenúltimo año de su vida, estaba
+sentado en un sillón y atormentado por acerbos dolores. Su semblante,
+naturalmente pálido, se asemejaba al de un cadáver. Aquel aspecto
+grave, severo, reservado; aquel labio inferior caído sobre la barba,
+y aquellos ojos penetrantes, con que parecía escudriñar los más
+recónditos senos del corazón de la persona que se hallaba en su
+presencia, hicieron en Santillana la profunda impresión que hacían en
+cuantos se le acercaban.
+
+Dobló el alcalde ambas rodillas, y besando la descarnada y lívida mano
+del rey, esperó, sin mudar de postura, a que se le mandase hablar.
+
+—¿Sois vos —dijo el rey— don Rodrigo de Santillana?
+
+—El más leal y humilde de los vasallos de Vuestra Majestad.
+
+Felipe pareció satisfecho de la concisión y respeto de esta respuesta;
+don Rodrigo no añadió una palabra más, pues bien informado del carácter
+del rey, sabía que este no toleraba que nadie fuera osado a hablar en
+su presencia más de lo necesario para responder a sus preguntas.
+
+—Informado —volvió el rey a decir, después de un breve intervalo— de
+vuestra fidelidad y celo en mi real servicio, os dimos la comisión de
+vigilar a la persona que es inútil nombrar. ¿Lo habéis hecho?
+
+—Sí, señor; y he tenido la honra de elevar a Vuestra Majestad el
+resultado de mis diligencias.
+
+—Que ha sido ninguno, don Rodrigo —exclamó Felipe con amarga severidad.
+
+Aterrado el alcalde con tan inesperada reconvención, bajó los ojos, y
+diera en aquel momento cuanto le pidieran por lograr, si posible fuese,
+que jamás el rey se hubiera acordado de él para nada.
+
+El monarca, conociendo el efecto que sus palabras habían producido,
+contemplaba la turbación, el terror más bien, de Santillana con
+un maligno placer, de que era muestra evidente la irónica y apenas
+perceptible sonrisa que se advertía en sus labios.
+
+—Ninguno —continuó Felipe—; tal vez yo podré en mi gabinete mismo daros
+más noticias de las que vos, señor alcalde, estando al pie de la fuente
+habéis sabido adquirir. ¿Qué decís a esto? Responded.
+
+—Señor y rey mío, no me parece milagroso que la alta penetración
+de Vuestra Majestad haya descubierto lo que a mi ignorancia se ha
+ocultado. Pero me atrevo a protestar a los reales pies de Vuestra
+Majestad que jamás vasallo ha deseado con tantas veras merecer al menos
+la indulgencia de su señor natural.
+
+—Las obras acreditarán ese celo. Quiero olvidar lo pasado; pero don
+Rodrigo, vuestra cabeza me responde del buen éxito de este negocio, y
+de que no transpire en el público una sola palabra de él.
+
+Pronunció el rey estas palabras con severidad, pero en la apariencia
+con la misma calma que si hablase del asunto más indiferente; la única
+señal de agitación que se le descubría era un ligero movimiento de
+contracción en los músculos de la fisonomía. Don Rodrigo no estaba tan
+tranquilo, pues persuadido de que el rey sabría cumplir la promesa con
+la más escrupulosa exactitud, se daba ya por muerto.
+
+En tal estado se hallaban, cuando sonando las doce del día en el reloj
+del monasterio, Felipe, aunque no sin trabajo, se hincó de rodillas
+delante de un crucifijo de oro que tenía sobre la mesa; y sacando un
+magnífico rosario, se puso a rezar devotamente tres avemarías; acto
+en que, no solo arrodillado sino encorvado de manera que casi besaba
+el suelo, le acompañó el asustado alcalde. Concluidas las oraciones y
+persignado el rey, volvió a ocupar su asiento, y ya en él, dijo:
+
+—Buenas tardes, don Rodrigo.
+
+—Dios se las dé a Vuestra Majestad tan felices como su ejemplar piedad
+y altas virtudes merecen —contestó Santillana.
+
+—Alabemos al Rey de los reyes, alcalde: Él solo está exento de
+imperfecciones; los demás, todos habemos menester de su misericordia.
+
+—Y los humildes vasallos de Vuestra Majestad la esperan igualmente de
+su imagen en la tierra.
+
+—Bien está. Volvamos a la comenzada plática; el hombre que sabéis se
+mueve ahora más que nunca; ignoramos por qué, y es preciso saberlo.
+Esto os toca a vos el averiguarlo: al menor indicio de lo que os tengo
+prevenido de antemano, ya sabéis cuál ha de ser su suerte o la vuestra.
+
+—Señor, hasta donde yo alcance...
+
+—Es preciso alcanzarlo todo, todo sin excepción. ¿Me entendéis, don
+Rodrigo?
+
+—Sí, señor.
+
+—Retiraos, pues. Mi secretario os dará los informes que hemos
+adquirido; y esta debe ser la última vez que yo tenga que ser el
+servidor de mis vasallos.
+
+Diciendo así, tendió la mano a don Rodrigo, quien la besó humildemente;
+y marchando después con paso atrás, para no volver al rey la espalda,
+hasta la puerta de la cámara, salió de palacio tan aterrado como ufano
+y glorioso había entrado en él, pocos minutos antes. No hay cosa como
+ser vasallo de un rey absoluto para dar gracias a Dios cada día de
+hallarse con la cabeza sobre los hombros.
+
+Pero aún no había acabado don Rodrigo de conocer la corte. Si el rey
+le había amenazado, su secretario, con más orgullo, con más dureza
+aún, le dijo «que era indigno de la magistratura que ejercía; que solo
+la extremada piedad de Su Majestad era causa de que no se castigase
+ejemplarmente su negligencia; pero que tuviese entendido que si en lo
+sucesivo no mostraba más acierto en la delicada comisión puesta a su
+cargo, podría darse por muy dichoso si escapaba con vida».
+
+Jamás hubo proceder tan injusto por una parte, ni tan poco merecido por
+otra. Don Rodrigo, humilde esclavo del rey y de su propia ambición,
+se hallaba dispuesto a ejecutar sin reparo, con refinamiento, cuantas
+crueldades le pluguiese a Felipe encomendarle, y más aún si creía que
+de ello había de resultarle el menor provecho. Así pues, desde que la
+corte de Madrid puso a su cargo el asunto de que se trataba no había
+cesado de trabajar en él con extraordinario ahínco; pero las personas a
+quienes se quería sacrificar habían tenido maña suficiente para eludir
+todo género de pesquisas por parte del alcalde.
+
+La desgracia de este consistió en que Felipe, receloso, como todo
+tirano, desconfiaba de sus agentes, juzgando al género humano por su
+corazón. De aquí resultaba que cuando por no serle posible hacerlo
+todo por sí confiaba una misión a cualquiera de sus esclavos, al
+mismo tiempo encargaba a otros que espiasen su conducta; y en muchas
+ocasiones, a la orden que elevaba a un sujeto seguía inmediatamente la
+que le sumía en una mazmorra, o tal vez le llevaba al cadalso.
+
+Como el asunto confiado a don Rodrigo era a los ojos del rey de la
+más alta importancia, varios agentes subalternos fueron comisionados
+para inquirir noticias sobre él; y de las que todos ellos dieron sacó
+Felipe en consecuencia, con su sagacidad característica, que a pesar
+de lo que aseguraba Santillana, había en el negocio más de lo que se
+dejaba ver.
+
+Mal lo pasara el pobre don Rodrigo si dos razones no hubieran militado
+en su favor. La primera, que el rey sabía el celo que en su comisión
+había mostrado; pero esta era de poca importancia. Un déspota no
+agradece; los hombres en sus manos son como los instrumentos en las
+del artista. ¿Qué importa que sean de buena calidad? Cuando no sirven
+para el objeto que en el momento les ocupa, los arroja lejos de sí con
+desprecio.
+
+La segunda causa fue la que decidió a Felipe. El sigilo era para
+él en todo asunto la más necesaria de las circunstancias, y más
+particularmente en aquel: no quiso, pues, confiar a otro juez su
+secreto; y reservándose castigar en tiempo y lugar el desacierto de los
+primeros pasos de don Rodrigo, resolvió sin embargo que completase la
+obra.
+
+No es fácil pintar la terrible impresión que las amenazas del rey
+y los insultos de su ministro hicieron en el mismo don Rodrigo. Al
+retirarse a su posada se sintió acometido de una violenta calentura
+que, a poco de haberse metido en la cama, se desplegó con los síntomas
+más alarmantes y un delirio espantoso.
+
+Lo peor del caso fue que llamaron a un médico de los más célebres,
+y por consiguiente también de los más endurecidos en su carnicera
+profesión, quien empezó prohibiendo que se diese al enfermo, aquejado
+por una sed abrasadora, ni una sola gota de agua. No contento con esto,
+y a pesar de que por todos los síntomas se conocía evidentemente que
+la enfermedad de don Rodrigo era una inflamación cerebral, le atestó
+el cuerpo de quina, logrando ponerlo en tres días a las puertas del
+sepulcro. Entonces, dando por acabada su obra, se retiró, dejando al
+paciente en poder de un robusto fraile jerónimo, que tan desapiadado
+como el doctor, daba libre curso a una voz estentórea, pintando con
+cruel prolijidad todos los horrores del infierno y la furia de Lucifer.
+
+Quiso, sin embargo, la buena suerte de don Rodrigo que en la cuarta
+noche de su enfermedad, en un momento en que el monje, cansado de
+gritar todo el día, se retiró de su estancia, conmovido por sus ruegos
+el criado que le velaba, y no queriendo negarle lo que pedía a un
+hombre que de todos modos iba a morirse, le dio un gran jarro de agua,
+que el enfermo apuró sin dejar gota; repitiéronse estas libaciones toda
+la noche, y a la mañana siguiente era ya notable la mejoría. En una
+palabra, despedidos agonizante y médico, logró el alcalde restablecer
+su salud, y hallarse en quince días en disposición de regresar a su
+destino, como en efecto lo hizo, después de haber hecho constar al
+gobierno que su enfermedad no se lo había permitido.
+
+No dejó Santillana de extrañar el no haber tenido la menor noticia del
+marqués ni de su capellán; y habiendo preguntado por ellos a un amigo,
+le dijo este «que ambos habían desaparecido de la corte dos días
+después de haber llegado a ella, sin haber tenido siquiera la atención
+de despedirse de las personas que los habían visitado». Pero el alcalde
+estaba harto preocupado con sus propios asuntos para pensar en los
+ajenos; así pues, cesó de ocuparse en el marqués tan luego como se
+terminó la respuesta de su amigo, y se puso en camino sin más cuidado
+que el de convalecer pronto y salir del encargo del rey, ya que no
+lleno de honores, como un tiempo pensó, al menos sin un dogal al cuello.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO IV
+
+ No; aunque en medio
+ De esta vil muchedumbre apareciera
+ Del gran Pelayo el animoso aliento,
+ En vano a libertad los llamaría;
+ Ya nadie le escuchara.
+
+ (Quintana: _Pelayo_).
+
+
+Salió Vargas del locutorio contristado a pesar de los esfuerzos que
+para serenar a Inés y serenarse él mismo había hecho. Fácilmente
+sentimos como la persona amada; y yo no sé qué tiene el pesar, que nos
+domina con mucha más facilidad que la alegría. Sin embargo, le fue
+preciso a nuestro caballero atender a los negocios de Espinosa y a los
+suyos particulares.
+
+Es preciso advertir que don Juan no dependía enteramente del marqués.
+El padre de ambos fue un caballero económico, y que amando tiernamente
+a sus hijos, cuidó de asegurar una legítima bastante considerable al
+menor de ellos. Así don Juan pudo reunir, sin tocar a los bienes
+del marqués, una suma de dinero suficiente a asegurarle una decente
+subsistencia en caso de que un revés de la suerte le obligara a
+expatriarse. Arreglado este primer punto, puso en orden los negocios de
+su hermano, cuyos bienes administraba, según ya se ha dicho.
+
+En una entrevista con el doctor Serrano recibió de nuevo la seguridad
+de que aquella noche, cuando entregase la real garantía al consistorio,
+se pondría en sus manos la cantidad estipulada, y de que los veinte
+hombres armados estarían prontos para la mañana siguiente.
+
+Así se pasó aquel día, y llegó la hora de la cita con Gabriel: don Juan
+acudió a ella con su acostumbrada puntualidad; pero esperó en vano
+hasta pasada la media noche.
+
+Si Vargas estaba descontento con tan inesperada falta, no lo estaba
+menos el consistorio protestante, que en sesión permanente aguardaba
+al señor duque de Madrigal con una impaciencia poco evangélica a la
+verdad, pero muy natural en aquella circunstancia.
+
+Gabriel de Espinosa, que mudaba de posada con frecuencia, jamás dijo
+a don Juan dónde vivía, ni este se acordó de preguntárselo; sintiolo
+entonces infinito, pero la cosa no tenía remedio. Cuatro horas de
+esperar inútilmente le parecieron prueba bastante y sobrada de que don
+Sebastián no quería o no podía acudir a la cita. Trasladose, pues,
+Vargas al lugar de la reunión de los protestantes, y así que estos le
+vieron entrar hubo en la asamblea un movimiento general de satisfacción.
+
+El doctor Serrano, que la presidía, y que con una biblia abierta
+delante de sí tenía tal vez intención de leer en ella, pero estaba de
+dos horas a aquella parte con los ojos clavados en la puerta, dejó
+escapar un profundo suspiro, y detrás de él un «gracias a Dios» tan
+sentido, que se conoció que le salía de lo íntimo del corazón.
+
+A esta exclamación del presidente, un matemático que, con la vista
+fija en el suelo y el entendimiento ocupado en la teoría de las
+paralelas, era acaso el único de los presentes a quien el tiempo no se
+hizo largo, preguntó:
+
+—¿Qué es eso? ¿Se resolvió ya el problema?
+
+Mirole con cierto aire de compasión un mercader que estaba a su lado, y
+los restantes miembros de la asamblea, atendiendo solo a don Juan, no
+le hicieron caso ninguno.
+
+Después de saludar en general, y de haber tomado asiento al lado del
+presidente, tomó Vargas la palabra diciendo:
+
+—Tengo el disgusto, señores, de anunciaros que Su Majestad no se ha
+presentado en el paraje en que tuvo a bien mandarme le esperase.
+
+—Se eliminó —murmuró entre dientes el matemático.
+
+—¿Y vuecelencia, señor duque, no podrá informarnos de la causa de la
+falta de puntualidad de Su Majestad? —dijo el presidente.
+
+—Me es absolutamente desconocida, señores; y os aseguro que conociendo,
+como conozco, la escrupulosa exactitud del rey, no dejo de estar con
+bastante cuidado.
+
+—En este caso —exclamó uno de los mercaderes—, debemos retirar
+nuestros fondos, porque sin la garantía...
+
+—No se os piden tampoco. Pero no debéis olvidar que la causa de don
+Sebastián y la vuestra son una misma —replicó Vargas.
+
+—Sin la garantía —dijo el presidente— no hay pacto.
+
+—Doctor Serrano, Su Majestad ha empeñado la real palabra de conceder
+esa garantía, y no le haréis la injusticia de creer que sea capaz
+de faltar a ella. Pero si un accidente, cuya sola idea me llena de
+amargura, hubiera impedido al rey entregarla hoy, y le impidiera
+entregarla en algunos días, ¿sería justo por eso que sus auxiliares le
+abandonasen?
+
+—Los cristianos reformados de España cumplirán religiosamente el pacto
+hecho con Su Majestad el rey don Sebastián, pero no darán un solo paso
+en su favor sin tener en su poder el documento que han pedido. ¿Quién
+nos asegura de que don Sebastián, cediendo tal vez a las insinuaciones
+de algunos de sus consejeros, no trata de eludir su promesa?
+
+—¡Quién!... La palabra de un rey es más sagrada que cuantas escrituras
+pueden hacerse.
+
+—Los reyes —interrumpió un mercader— faltan a sus palabras siempre que
+les conviene.
+
+—Verdad demostrada —añadió el matemático— como la proposición del
+cuadrado de la hipotenusa.
+
+—¿Qué quiere decir esto, señores? ¿Es bastante que Su Majestad no haya
+acudido esta noche al paraje convenido, para que el consistorio dude
+de su buena fe hasta el punto de revocar sus propias resoluciones, en
+virtud de las cuales está obligado a prestarle su auxilio?
+
+—Al contrario —contestó el presidente—: el consistorio no hace más
+que persistir en su primer acuerdo. El dinero y los soldados están a
+disposición de Su Majestad tan luego como se digne entregar la garantía.
+
+—Soy de la opinión —dijo otro miembro de la asamblea— de que se
+fije a don Sebastián un plazo improrrogable para verificarlo. Estas
+interminables dilaciones pueden conducirnos a la hoguera; si el rey de
+Portugal no nos ha menester, nosotros buscaremos otro protector, más
+en estado de protegernos tal vez; pero si ha de hacer uso de nuestros
+brazos y dinero, acabe de decidirse.
+
+—Que se fije el plazo, que se fije —dijeron a coro todos los individuos
+del consistorio; y el presidente preguntó que cuál sería el que
+señalase.
+
+—Mañana —contestó el que había hecho la proposición.
+
+—La manera con que el consistorio se conduce con el rey es, señores,
+inconcebible —dijo don Juan, a quien la ira iba dominando—. Sin
+embargo, yo tomo sobre mí aceptar esta nueva condición, harto
+degradante para Su Majestad; pero fijar el plazo a mañana, cuando aún
+ignoramos el motivo de la falta del rey esta noche, me parece el colmo
+de la inconsideración.
+
+—Señor duque —le contestó el doctor Serrano—, el consistorio está
+pronto a dar a vuecelencia pruebas de los deseos que tiene de servir a
+Su Majestad, y la primera será prolongar hasta el cuarto día, contado
+desde hoy, el plazo propuesto. Pasado este, cesa toda obligación entre
+don Sebastián y nosotros.
+
+No replicó ya más Vargas, por conocer que de hacerlo hubiera sido de
+un modo poco conveniente para conciliar los ánimos, y saludando en
+silencio al consistorio, salió de aquel paraje y se retiró muy de mal
+humor a su casa.
+
+Por la mañana fue al convento y preguntó por doña María de Castro; le
+dijeron que aún estaba en cama, que volviese más tarde. Hízolo así,
+en efecto, y la primera pregunta que Inés le hizo fue preguntarle por
+qué razón Gabriel de Espinosa no había ido a buscarla, según había
+anunciado, para llevarla a Madrigal.
+
+—Toda la noche —concluyó— la he pasado en vela haciendo los
+preparativos del viaje, y ya mucho después de amanecer, viendo que
+nadie parecía, me he arrojado sobre la cama.
+
+—No sé, Inés, qué deciros —contestó Vargas—. Desde que nos separamos
+ayer no he visto a vuestro cuñado.
+
+—¿Pues no debíais verlo por la noche? Yo he soñado, o vos me lo
+dijisteis.
+
+—Lo dije, en efecto, y así era la verdad. Me citó en el Campo Grande a
+las ocho: yo le esperé hasta las doce, pero en vano.
+
+—¡Dios de bondad! Mi funesto presentimiento se ha realizado.
+
+—Inés mía, no hay aún motivo de afligiros. Una leve indisposición,
+haberse tal vez dormido, o un asunto de mayor importancia que se
+atravesase es bastante para haberle impedido asistir a la cita.
+
+—¡Ah, don Juan, qué ingenioso sois para lisonjear mis deseos!
+
+—Tranquilizaos, señora; vuestro dolor, sin remediar nada, solo
+conseguirá hacerme incapaz de pensar en otra cosa que en consolaros.
+¿Sabéis por ventura dónde vive Gabriel?
+
+—No, Vargas.
+
+—Ni yo tampoco, y esto es lo peor del caso. Si desgraciadamente
+vuestro cuñado está enfermo y su enfermedad se prolonga más de cuatro
+días, pueden seguirse gravísimos perjuicios. Por otra parte, esta
+incertidumbre en que estamos es verdaderamente intolerable.
+
+De aquí ambos amantes se metieron en una conversación sobre el asunto
+que, aunque muy larga, se redujo en extracto a repetir de mil distintas
+maneras los mismos temores que llevamos referidos.
+
+La situación de Vargas era penosa hasta no más. No sabía qué hacer, ni
+adónde acudir para informarse de Gabriel de Espinosa. El doctor Serrano
+le acosaba; y a los temores que no dejaba de tener por su propia
+seguridad, se añadían los que sentía por su partido.
+
+Un solo día faltaba para cumplirse el plazo señalado por el consistorio
+de los protestantes para la presentación de la garantía. Don Juan se
+disponía a salir de su casa para ir al convento de Inés, y no sin harto
+disgusto de no haber adquirido noticia alguna con que tranquilizar a su
+amada, cuando le anunciaron la visita de don Rodrigo de Santillana.
+
+—¡Pese al alma del alcalde —exclamó Vargas—, y a qué buena hora viene
+el señor mío! Decidle que no estoy en casa.
+
+—El mayordomo le había dicho ya que su señoría no había salido
+—contestó el lacayo.
+
+—¡Maldito hablador! Si no hay otro remedio, que entre.
+
+Así se hizo, y don Rodrigo, todavía muy desmejorado con su enfermedad,
+echó los brazos al cuello del hermano del marqués, quien estuvo por
+ahogarle en ellos, tal era su enojo en aquel momento.
+
+Sentados ambos, el alcalde dijo «que hacía cuatro días que había
+regresado del Escorial a Valladolid; pero que, tanto por su enfermedad
+cuanto por negocios que le habían ocurrido, había retardado una visita
+para él tan agradable como obligatoria».
+
+Don Juan contestó a este cumplimiento con otro equivalente, y preguntó
+por su hermano. Estuvo don Rodrigo por decirle que iba él mismo a
+hacerle igual pregunta; pero reflexionando instantáneamente que tal
+vez el marqués tendría sus razones para ocultar a su hermano su
+repentina salida de la corte, y no siendo hombre que con nadie quería
+indisponerse, se contentó con responder «que la última vez que había
+tenido la honra de ver al señor marqués gozaba este de perfecta salud»;
+en lo cual ni mentía, ni se exponía a decir más de lo que debiera.
+
+Su visita fue breve, y don Juan le vio con indecible placer ponerse
+en pie para retirarse; pero el alcalde, que no sospechaba la mala obra
+que hacía, no quiso dejar de disculparse de no permanecer más tiempo
+acompañando a su apreciadísimo amigo.
+
+—Me es fuerza —dijo—, señor don Juan, separarme de vos más pronto de lo
+que yo quisiera. Verdaderamente somos dignos de compasión los jueces
+a quienes el rey nuestro señor y amo tiene encomendada su justicia.
+Ahora, por ejemplo, tengo que dejaros a vos, a quien estimo más allá de
+toda comparación (don Juan hizo una cortesía), ¿y para qué? Para ir a
+conversar con un solemne ladrón, cuya garganta está pidiendo un dogal
+a toda prisa. Y ahora que me acuerdo, tal vez le habréis visto alguna
+vez, si es cierto lo que dicen de que ejerce el oficio de pastelero en
+Madrigal.
+
+Por fortuna para Vargas, esta conversación tuvo lugar mientras el
+alcalde se retiraba ya; don Juan, por cortesía, quiso acompañarlo
+hasta su coche, y caminaba en pos de él: gracias a esta circunstancia
+no advirtió Santillana la extraordinaria turbación del hermano del
+marqués, a quien oyendo tan infausta nueva le pareció que el cielo
+entero se desplomaba sobre su cabeza.
+
+—A propósito de Madrigal —continuó don Rodrigo—: supongo que habréis
+seguido mi consejo no volviendo más a ver al vicario de Santa María.
+El tal fraile no está en muy buen predicamento con Su Majestad, y como
+amigo me hubiera pesado que os confundiesen con él. No paséis más
+adelante, señor don Juan. ¿Qué es eso? ¿Os sentís indispuesto?
+
+—No sé qué me ha dado; un vahído tal vez.
+
+—Retiraos, pues, y cuidad de una salud tan preciosa para cuantos tienen
+la dicha de conoceros. Yo volveré mañana a informarme de vuestro
+estado; y si queréis, ahora de paso llamaré al médico.
+
+—No hay necesidad, don Rodrigo; yo os doy las gracias por vuestra
+fineza.
+
+—Esta es deuda, don Juan. Vuestro servidor; quedad con Dios.
+
+—Él os acompañe.
+
+«Dos mil demonios carguen contigo —exclamó Vargas ya en su gabinete—,
+que me has clavado el puñal en el corazón hasta el cabo».
+
+No será necesario encarecer cuál sería la pena de don Juan. Preso el
+rey de Portugal, aunque según el alcalde se le acusaba de robo, delito
+de que le sería fácil justificarse, podía sin embargo ser descubierto,
+y entonces su muerte era segura. Si por desgracia le sorprendían con
+algunos papeles relativos a la conjuración, la pérdida de centenares de
+individuos y la del mismo don Juan era infalible.
+
+Huir de España inmediatamente hubiera sido lo que a cualquier otro
+hombre le ocurriera, pero no al amante de Inés. La adversidad hacía en
+él el mismo efecto que el fuego en la arcilla: al paso que la llama
+destruye a los demás cuerpos, los arcillosos en ella se contraen, se
+hacen más compactos y resistentes.
+
+«No abandonaré yo al desgraciado don Sebastián —dijo para sí—. Sea
+cualquiera su suerte, la misma será la mía».
+
+Tomada esta resolución, don Juan hubiera sido hombre de ejecutarla
+temerariamente si una reflexión aterradora no le hubiese detenido:
+Inés. ¿Qué sería de Inés, muerto su cuñado y su amante? Sola, sin
+amparo y en país extraño, proscrita tal vez hasta en el suyo, la más
+espantosa miseria era el menor de los males que tenía que temer.
+
+Pensó don Juan volverse loco, y realmente no le faltaban motivos para
+ello.
+
+Lo que en el momento le atormentaba más era tener que ser él mismo
+quien anunciase tan tristes nuevas a su amada. Sin embargo, por más
+grande que fuese su repugnancia, hubo de decidirse a ello; y tomó en
+efecto el camino del convento, no con aquel afán amoroso que otras
+veces, sino con el trastorno general, con el desaliento profundo con
+que un delincuente marcha al suplicio.
+
+No necesitó Inés más que ver el desencajado rostro y el aire de
+consternación de su amante para presagiar algún funesto acontecimiento.
+Vargas no hablaba, y su futura esposa no se atrevía a preguntarle,
+temiendo su respuesta; pero comenzó a llorar tan amargamente que,
+viendo don Juan que la verdad no podría causarle mayor disgusto que el
+que con la incertidumbre tenía, puso en su conocimiento lo acaecido con
+cuanta brevedad y dulzura alcanzó a hacerlo.
+
+Para formarse una idea de la aflicción de Inés, es preciso recordar que
+don Sebastián, además de ser un hombre cruelmente perseguido por la
+fortuna, era el esposo de su hermana querida, el padre de Clarita, a
+quien había tenido en sus brazos desde que nació, y el rey, en fin, por
+quien su padre había sacrificado la vida.
+
+Hay ocasiones en que el querer consolarnos es el más cruel de los
+tormentos imaginables. Don Juan conoció que se hallaba precisamente
+en uno de ellos: dejó desahogar libremente su dolor a Inés, lloró con
+ella, y con esto proporcionó algún alivio a su dolor.
+
+Pasados los primeros arrebatos de este, y cuando ya la bella morena
+fue capaz de reflexión, no se le ocultaron las funestas consecuencias
+que aquellos sucesos podrían tener para su amante, y le aconsejó que
+huyera sin demora.
+
+—Inés —dijo Vargas—, he jurado, no una sino mil veces, vivir y morir
+con vos: para mí no ha habido dificultades ni peligros, todo lo he
+despreciado para llegar a ser vuestro esposo. Ahora que he obtenido
+vuestro consentimiento y el del rey, ¿queréis que huya?... No, Inés,
+no: muera yo antes mil veces que separarme de vos.
+
+¿A qué cansarnos? Aquella triste conferencia se pasó entre lágrimas,
+protestas de amor y proyectos para saber la manera con que Gabriel
+habría sido preso.
+
+Don Juan salió del locutorio para ir a buscar al doctor Serrano, y su
+amada se encargó de escribir a fray Miguel.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO V
+
+ Ese es golpe de fortuna,
+ Farfán, que vos no entendéis.
+
+ (_Sancho Ortiz de las Roelas_).
+
+
+Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, como mejor se quiera, en medio
+de mil cualidades eminentes tuvo siempre una propensión a la especie
+de mujeres que, en oprobio de su sexo, abundan y han abundado siempre
+demasiado en todos países, que, en fin, le fue funesta.
+
+A excepción de la temporada de sus amores y matrimonio con Clara, por
+donde quiera que viajó contrajo relaciones con mozuelas despreciables.
+Verdad es que las trataba como merecían. Jamás les confió ni su
+nombre, ni aun el que llevaba entonces. Veíalas por momentos, pagaba
+generosamente, y las miraba con el desprecio a que eran acreedoras.
+
+Ya hemos dicho que en Valladolid encontró a Violante, a quien en su
+primer viaje a Italia, antes de unirse a la hermana de Inés, conoció
+con el nombre de Camila.
+
+Visitola de cuando en cuando, y no hubo visita en que no diese muestra
+de su acostumbrada liberalidad, prenda que contribuyó no poco a
+consolar a la cortesana del contratiempo de haberse encontrado con un
+hombre que la conocía.
+
+Sin embargo, siempre conservaba Violante el deseo de deshacerse de
+aquel hombre a cualquier precio que fuese, y la casualidad le ofreció
+uno digno de ella por lo inicuo.
+
+El mismo día para cuya noche citó el pastelero a don Juan en el Campo
+Grande, quiso su mala ventura que se le cayese del bolsillo, en casa de
+aquella mujer despreciable, un retrato de Felipe II que la señora doña
+Ana de Austria le había regalado.
+
+No lo advirtió Gabriel, pero sí Violante, y su primera idea fue la de
+apropiarse sin escrúpulo de aquella alhaja, cuyo valor se echaba desde
+luego de ver que era considerable.
+
+Pero el diablo moderó entonces su avaricia para inspirarle otro
+proyecto verdaderamente infernal.
+
+«Esta alhaja —dijo para sí— vale mucho para ser de este hombre. Él,
+por otra parte, vive con un misterio que nada bueno anuncia. No me ha
+querido decir su nombre, ni dónde vive; y si yo sé esto último, es
+porque le he hecho seguir por mi criado. Voy, pues, a delatarlo como
+sospechoso en virtud de este retrato, y así salgo de él».
+
+Después de este soliloquio tomó su mantilla y rosario, y se fue derecha
+a casa del alcalde de su cuartel, que lo era don Rodrigo de Santillana,
+quien el día antes acababa de llegar a Valladolid.
+
+Violante, al enterarle de lo ocurrido presentándole la joya, tuvo buen
+cuidado de no decirle el motivo de las visitas que le hacía el sujeto
+a quien acusaba; y habiendo indicado la casa en que posaba Gabriel, se
+retiró, no sin requebrarla el juez, que tampoco era insensible a los
+encantos del bello sexo.
+
+Don Rodrigo hubiera dado poca importancia a la delación si la prenda,
+que se suponía robada, no fuera el retrato del rey, cuyas severas
+palabras resonaban aún en sus oídos. La guarnición de la pintura
+era, además, de tal naturaleza que era de presumir perteneciese a un
+personaje de la más elevada categoría, y servir a un personaje era
+siempre para don Rodrigo cosa urgente.
+
+Tomó, pues, sus medidas de manera que, media hora después de recibido
+el aviso, la posada de Gabriel, que era una de las secretas de la calle
+de la Esgueva, estaba rodeada de esbirros en todas direcciones.
+
+Gabriel, a la oración, se retiró a su casa con objeto de escribir a
+fray Miguel.
+
+Apenas anocheció, don Rodrigo con toda su ronda entró en la posada,
+e imponiendo silencio a cuantos encontró, sin obstáculo alguno logró
+sorprender al pastelero, que, habiendo concluido de escribir, se había
+arrojado sobre el lecho para hacer tiempo hasta la hora de ir al Campo
+Grande.
+
+Hallose en defecto, por esta vez, la previsión de Espinosa. El alcalde
+lo halló sin jubón ni otro vestido que una camisa de fina holanda, con
+cuello y vueltas de cadeneta pegados a ella, y unos calzones también de
+la misma tela.
+
+Dos alguaciles que entraron los primeros en su estancia le intimaron,
+apuntándole con sus mosquetes, que no se menease, y así lo hizo, por no
+ser ya posible en su estancia.
+
+Don Rodrigo procedió en seguida al registro de su maleta, y halló
+en ella varias y muy ricas joyas, que según aparece del inventario
+entonces formado, eran las siguientes:
+
+ «Primeramente: un vaso de unicornio guarnecido en oro.
+
+ »It. Un librillo de oro con algunos diamantes. Este fue regalo de la
+ señora infanta doña Isabel a la señora doña Ana de Austria.
+
+ »It. Un anillo de oro con un diamante grande en fondo finísimo.
+
+ »It. Unas muy ricas imágenes para la cabecera de la cama.
+
+ »It. Una piedra bezoar muy grande engastada en oro.
+
+ »Por último: un reloj de oro con diamantes para el pecho, y algunas
+ otras cosillas de valor».[1]
+
+ [1] Copia literal del inventario formado en el mismo acto de
+ la prisión de Gabriel de Espinosa por don Rodrigo Santillana,
+ a fines de setiembre de 1595.
+
+En tanto que se inventariaban estas alhajas, Gabriel acababa de
+vestirse, y en seguida don Rodrigo le preguntó:
+
+—¿Quién sois? ¿Cómo os llamáis?
+
+—Mi oficio es el de pastelero en la villa de Madrigal; llámome Gabriel
+de Espinosa.
+
+—¿Y por qué mudasteis de posada hace dos días?
+
+—Era la huéspeda muy puerca, y gústame la limpieza.
+
+—Mucho escrúpulo es ese para un pastelero, hermano.
+
+—Antes por serlo es menester reparar más en la limpieza.
+
+—¿De dónde os vinieron a vos tantas y tan ricas joyas? Seguramente
+habréis tenido buen despacho si haciendo pasteles ganasteis para
+comprarlas.
+
+—Esas joyas, señor alcalde, bien conocerá usted que no pueden
+pertenecer a un hombre bajo. Diómelas la señora doña Ana de Austria,
+monja del monasterio de Santa María la Real en la villa de Madrigal,
+para vendérselas en esta ciudad, y a eso solo he venido a ella.
+
+—Para hombre bajo, como vos decís, el lienzo que gastáis me parece un
+tantico fino de más.
+
+—¿Las carnes de un pastelero no pueden ser tan blandas y delicadas como
+las de un príncipe?
+
+—Muy retórico sois, hermano pastelero: acabad de una vez de decirnos
+quién sois.
+
+—Ya, señor alcalde, lo tengo dicho.
+
+—No quisiera que tuviéramos que poneros en cueros para ver con nuestros
+ojos la blancura de esas carnes tan bien cuidadas, ni que acudir a un
+par de vueltas de cuerda para probar su delicadeza.
+
+—Yo conozco a usted, y sé que es un honrado caballero que no me hará
+ese agravio —respondió Espinosa a la atroz alusión de don Rodrigo, con
+tanto desembarazo e ironía como si no fuera a su propio cuerpo al que
+se amenazaba con el tormento.
+
+Conoció el alcalde que por entonces era inútil insistir en saber más de
+aquel hombre, y mandó que lo atasen para llevarlo a la cárcel. A esta
+orden la fisonomía de Gabriel dejó ver señales de una violenta cólera;
+pero acertando a contenerse, se contentó con decir gravemente al juez:
+
+—Mire lo que hace, y cómo trata a los hombres honrados, que ni a vos
+ni a los demás los ha puesto aquí el rey para hacer agravio a los
+forasteros.
+
+—Si vos lo fuereis allá parecerá, y os trataremos como a tal. Por ahora
+por pastelero os habéis vendido, y así se os lleva y trata —respondió
+Santillana; y a una seña suya, arrojándose los alguaciles sobre
+Espinosa, lo maniataron mal de su grado.
+
+En seguida lo condujeron a la cárcel de la chancillería, donde lo
+metieron en un calabozo, poniéndole un buen par de grillos.
+
+El traje, la manera de hablar y el aire imponente de Espinosa hicieron
+su acostumbrado efecto en Santillana. Pero si bien el alcalde se
+persuadió de que aquel hombre no podía ser realmente pastelero, se
+limitó también a creerle uno de los muchos caballeros de la garra o de
+la industria que entonces abundaban en España. Esta creencia hubo de
+costarle el no descubrir jamás quién fuese Espinosa.
+
+Lo primero que hizo don Rodrigo fue despachar un correo a Madrigal,
+preguntando a la señora doña Ana si en efecto era verdad que hubiese
+dado a vender a un pastelero varias de sus joyas.
+
+Antes de referir la respuesta de esta señora, nos es forzoso volver a
+la época en que don Sebastián se dio a conocer en Madrigal al vicario
+de Santa María.
+
+La escena de la iglesia de que don Juan fue testigo, y hubo de ser
+víctima, no dejó duda a fray Miguel de que su monarca vivía y estaba en
+Madrigal, y la primera persona a quien comunicó tan fausta nueva fue a
+la señora doña Ana.
+
+Pocos días después, Gabriel de Espinosa fue presentado a su augusta
+prima. Al principio rehusó cubrirse ni tomar asiento en su presencia,
+queriendo negar quién era; pero a fuerza de ruegos de doña Ana, quien
+le reconvino tiernamente por no haberla visitado antes, acabó por
+declarar su nombre.
+
+La religiosa no podía tolerar la idea de que un monarca viviese
+ejerciendo un oficio despreciable, y así trató de que don Sebastián lo
+dejase inmediatamente, ofreciendo para sustentarlo cuantas joyas poseía.
+
+Pero no fue posible hacerle admitir la menor cosa. Insistió en que el
+oficio servía para encubrirle mejor, y las cosas quedaron en el mismo
+pie que antes.
+
+Entonces principió la conjuración para recuperar el trono de Portugal,
+próxima a estallar cuando Espinosa fue preso.
+
+Cuando el pastelero salió de Madrigal para Valladolid, doña Ana,
+auxiliada por su vicario, introdujo en su maleta, sin saberlo él, las
+joyas que tan funestas le fueron, y que el interesado no supo tenía en
+su poder hasta que llegó a su destino. Sobre esto escribió a la señora
+doña Ana una carta reconviniéndola por su ardid, expresándose en los
+términos más delicados sobre su repugnancia en admitir los dones de una
+princesa reclusa, y amenazando de que por la primera ocasión devolvería
+las joyas. Pero tanto la hija de don Juan de Austria como fray Miguel
+contestaron insistiendo con más fuerza que nunca sobre la necesidad de
+que se vendiesen aquellas alhajas para aplicar su importe a los gastos
+de la guerra. Don Sebastián no quiso disgustarlos por entonces, y
+resolvió conservarlas en su poder para devolverlas en su tiempo y lugar.
+
+En este estado se hallaban las cosas, cuando el correo del
+alcalde llenó el convento de consternación. Fray Miguel, avisado
+inmediatamente, acudió al locutorio y en él halló a la señora doña
+Ana llorando amargamente con la niña Clarita, que había querido
+absolutamente conservar en su poder, en los brazos.
+
+—¿Qué tiene Vuestra Excelencia, señora? —exclamó el buen fraile
+alarmado.
+
+Doña Ana por respuesta le alargó el despacho de don Rodrigo Santillana.
+Fray Miguel lo leyó de la cruz a la fecha no sin alguna alteración, y
+al devolvérselo a la religiosa dijo con bastante serenidad:
+
+—Este, señora, es un contratiempo, pero no tan grave como a Vuestra
+Excelencia le parece, si puedo atreverme a juzgar por sus lágrimas.
+Lo que hay que hacer es que Vuestra Excelencia escriba sin pérdida
+de tiempo a ese alcalde que es en efecto cierto que ha dado a vender
+sus joyas al pastelero, y que le ponga sin demora en libertad. El
+testimonio de Vuestra Excelencia bastará sin duda para conseguirlo, y
+saldremos de este lance sin otro mal que el del susto.
+
+No se hizo la señora doña Ana repetir dos veces este consejo, sino que
+inmediatamente escribió a don Rodrigo, usando de todo el ascendiente
+que la concedía su ilustre nacimiento para obtener la libertad del
+preso.
+
+No perdió tampoco fray Miguel el tiempo. Trasladose inmediatamente
+a la pastelería, cuyas llaves estaban en su poder, y sacó de ella
+un escritorio que contenía toda la correspondencia del rey y de él
+mismo con los conjurados. El fuego destruyó todos aquellos papeles y
+cuantos relativos al mismo asunto pudo el vicario haber a las manos.
+El día antes de la prisión de Gabriel le había fray Miguel enviado
+al mulato Domingo con una carta; pero esta no le inspiraba inquietud
+ninguna, pues habían convenido en que cuantas recibiese las destruiría
+inmediatamente después de leídas.
+
+Domingo era fiel, callado y obediente; pero tenía un vicio que le
+dominaba, y era el de la embriaguez.
+
+Salió de Madrigal, y en el primer ventorrillo que encontró le pareció
+oportuno hacer un sacrificio a Baco. Por desgracia era el vino bueno,
+y las libaciones del mulato fueron tantas y tales que al cabo de dos
+horas de estancia en el ventorrillo se halló incapaz de dar un solo
+paso, y comenzó a decir un sinnúmero de disparates que divirtieron
+mucho a los que allí estaban.
+
+Uno de los infinitos bufones de taberna que, borrachos de profesión,
+en nada se complacen tanto como en que lo sean también cuantos se les
+acercan, tomó a su cargo «rematar», como ellos dicen, al mulato, y para
+conseguirlo acudió al aguardiente.
+
+Con esto se completó la obra del embrutecimiento de Domingo, quien cayó
+inerte como un tronco debajo de la mesa del ventorrillo.
+
+Largo tiempo hacía que este estaba desierto, y el mulato no daba señal
+de vida. Pero el ventero, familiarizado con tales accidentes, cerró su
+puerta a la hora de costumbre y se echó a dormir muy tranquilo.
+
+Al amanecer del siguiente día despertó Domingo, y tratando de
+levantarse para proseguir su camino, al primer paso cayó redondo al
+suelo.
+
+La gran cantidad de vino y de aguardiente que había bebido le causó
+una abrasadora calentura que en dos días no le permitió moverse del
+durísimo lecho que en la venta le dispusieron. Al tercero salió, en
+fin, para Valladolid, y llegó a la posada en que se le dijo encontraría
+a su amo.
+
+A la puerta de ella, y sentados en un banco, había dos hombres de
+mala traza y peor cara que parecían entretenidos en jugar a la morra.
+Caíanles unos sucios y desmesurados bigotes sobre el labio inferior,
+que casi ocultaban, y sus puntas retorcidas sobre las mejillas les
+prestaban el aire de dos gatos monteses. Cada uno llevaba su espada
+de longitud desmesurada, y las empuñaduras eran de hierro mohoso con
+grandes gavilanes.
+
+Aquellos dos señores eran dos alguaciles.
+
+Domingo, después de haber examinado con atención las señas de la casa,
+y reconocido que convenían en todas sus partes con las que a él le dio
+fray Miguel, entró en ella sin curarse de los corchetes ni decirles
+palabra.
+
+Los ministros de justicia no le dieron a él tan poca importancia, pues
+inmediatamente uno de ellos, levantándose de su asiento, se metió en
+seguimiento suyo en la posada, pero con tanto silencio, con pasos tan
+cautelosos, que Domingo no advirtió la honra que le hacían.
+
+—¿Gabriel de Espinosa, vive aquí? —preguntó el mulato a la primera
+persona que se le presentó delante.
+
+—Ha mudado de posada —contestó el alguacil que estaba a su espalda,
+asiéndole al mismo tiempo la garganta con ambas manos y dando un
+silbido para llamar a su compañero—. Ha mudado de posada —continuó
+diciendo— porque esta no le parecía bastante decente para su merced, y
+Su Majestad le hospeda ahora en su casa para más honrarle.
+
+—Y este hidalgo de Guinea —añadió el segundo alguacil, que ya había
+llegado— nos hará el gusto de venir a acompañarle.
+
+Durante este ameno diálogo, el pobre Domingo, medio sofocado por la
+presión de las manos del robusto ministro sobre su garganta, renegaba
+de sus piernas, que a tal posada le habían llevado.
+
+Los alguaciles le pusieron en las muñecas unos anillos, vulgarmente
+conocidos con nombre de esposas, y uno de ellos le condujo sin demora
+a casa del señor don Rodrigo Santillana, visita harto penosa para la
+natural humildad del mulato.
+
+El alcalde, después de haber oído la relación de su ministro, le
+preguntó cómo se llamaba.
+
+—Domingo —contestó el preso.
+
+—El apellido.
+
+—Domingo.
+
+—¡Hola!, ¿y Domingo a secas?
+
+—Domingo.
+
+—Sea en buen hora. ¿Buscabais, según parece, a Gabriel de Espinosa?
+
+—Yo no busco a nadie.
+
+—¿Pues a qué fuisteis a la posada?
+
+—A nada.
+
+—¿Y de dónde venís?
+
+—De mi casa.
+
+—¿Dónde está vuestra casa?
+
+—No sé.
+
+—¡Bribón! Veremos si a caballo en un potro callas aún. Registrarle, y
+vaya a un calabozo distinto de el del pastelero.
+
+A la orden del registro conoció Domingo que era llegada la hora en
+que la carta de fray Miguel caía en poder del alcalde, y, como si con
+las manos ligadas pudiera tener esperanzas de evitarlo, comenzó a
+defenderse a patadas y mordiscos del alguacil que quería registrarle;
+pero sus esfuerzos fueron inútiles: una nube de corchetes se arrojó
+sobre él, lo tendieron en el suelo, y desnudándole a su salvo, le
+hallaron la carta del fraile metida en la cintura entre la camisa y el
+cuerpo.
+
+Leyola don Rodrigo; brilló en sus ojos un rayo de feroz alegría, y
+mandó inmediatamente conducir a Domingo a la cárcel y cargarlo de
+hierros.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO VI
+
+ Al tiempo que esperaba nuestra suerte
+ Poderse mejorar, la santa mano
+ Mostró por nuestro mal su furia fuerte.
+
+ (Cervantes: _Elegía a la muerte de la reina Isabel_).
+
+
+La malhadada aventura de Domingo fue causa de la ruina de Gabriel de
+Espinosa, del vicario, y de doña Ana de Austria.
+
+Don Rodrigo de Santillana, viendo que en ella se daba al pastelero un
+tratamiento de «majestad», inmediatamente coligió que aquel hombre era
+o fingía ser el rey don Sebastián.
+
+No pudo haber para el alcalde circunstancia más feliz que la de haber
+caído en su mano aquel negocio, pues cabalmente la persona a quien
+Felipe II había mandado vigilar era fray Miguel de los Santos, en quien
+jamás confió el suspicaz tirano.
+
+Un correo llevó la noticia del descubrimiento al Escorial, y volvió
+en breve con la respuesta del rey. Sus órdenes eran terminantes. Don
+Rodrigo debía trasladar el preso a Medina del Campo, dejándolo allí,
+y pasando a Madrigal a prender al vicario y también a la señora doña
+Ana, pero a esta en su celda. Todo se ejecutó con tanta celeridad como
+sigilo.
+
+La historia de esta causa célebre está envuelta en un misterio
+impenetrable. Verdad es que, poco después de su fallo, se publicó en
+Jerez una relación de ella; pero está hecha, como es de presumir, para
+publicarse viviendo aún el tirano y acabadas de inmolar las víctimas.
+
+Sin embargo, es de notar que, mal que le pese a su autor, aun en
+ella misma la verdad penetra al través de las nubes con que quiere
+oscurecerla.
+
+Espinosa parece que se complació en burlarse de sus enemigos aun
+estando inerme en sus manos. En cada declaración de las infinitas
+que le tomaron decía una cosa distinta, y aun en una misma, al
+finalizarla, destruía cuanto en su principio dijo. La extraña sutileza
+de su oído, su penetración portentosa, le hacían, por decirlo así,
+adivinar las intenciones del alcalde, quien de orden del rey actuó en
+toda esta causa sin escribano, teniendo que extender por sí todas las
+declaraciones.
+
+Sin embargo, el preso perdía algunas veces la paciencia, y exclamaba:
+
+—¿A qué empeñarse en que diga quién soy, si de todos modos he de morir?
+Si el rey quiere enterarse de quién yo sea, personas tiene a su lado
+que me conocen, y muchas. Que envíe una y saldrá de dudas.
+
+Fray Miguel confesó de plano que aquel hombre era el rey don Sebastián,
+y alegó en favor de su aserción notables razones. Entre otras, y además
+de las que ya hemos indicado en el curso de nuestra narración, merecen
+particular atención algunas que citaremos.
+
+La primera fue la de haber llegado a fray Miguel a Lisboa un hidalgo
+portugués la víspera del día en que este religioso debía predicar
+las honras de don Sebastián, y haberle dicho que mirase cómo hablaba,
+porque sin duda había de oírle el mismo rey, pues había escapado con
+vida de la batalla.
+
+Después de esta se refería al dicho de muchos soldados que aseguraban
+haber visto retirarse herido a don Sebastián del campo de batalla con
+algunos compañeros. Habló también de haber dicho un fraile de los del
+Cabo de San Vicente que había confesado y administrado la comunión
+al rey en su monasterio muchas semanas después de la batalla. Sería
+interminable referir aquí las razones en que el vicario fundaba su
+creencia de la vida de don Sebastián antes de presentarse en Madrigal
+el pastelero Gabriel de Espinosa; pero no dejaremos de referir cuáles
+le asistían para reconocer en este la persona misma de don Sebastián.
+
+El cuerpo no presentaba, cuando fray Miguel le vio en su convento, la
+misma gallardía que tenía al salir de Lisboa; ¿pero qué mucho, decía el
+fraile, que sus infinitos trabajos le hubiesen agobiado? Las facciones
+eran las mismas del rey; el color del pelo, rubio, donde no estaba ya
+cano; y el de los ojos, azul, también como don Sebastián.
+
+El sonido de la voz era idéntico, si bien un tanto enronquecido.
+Igual la desmesurada fuerza, que bastaba a hacer astillas una lanza
+blandiéndola en el aire, o a partir entre sus manos con facilidad
+cualquiera pieza de una vajilla de plata.
+
+Gabriel, así como don Sebastián, era irascible, orgulloso y arrojado.
+Hablaba el español, el portugués y el italiano.
+
+Estaba al corriente de la política de su época, y no ignoraba una sola
+circunstancia, por pequeña que fuese, relativa al tiempo en que don
+Sebastián reinó en Portugal.
+
+¿Tan completa semejanza puede existir entre dos distintos individuos?
+¿Será posible que la naturaleza haya creado dos seres idénticos, física
+y moralmente? ¿Se concibe que el temperamento y la educación de un rey
+y de un pastelero sean tan conformes que produzcan en tan distintas
+posiciones una igualdad absoluta de hábitos e inclinaciones, de
+virtudes y de vicios?
+
+Pero demos de barato, hubiera podido decir el defensor de fray Miguel,
+si Felipe II hubiera tenido por conveniente que aquel desdichado
+pudiese dar sus descargos antes de morir, demos de barato que puedan
+reunirse sin milagro las circunstancias referidas en dos distintas
+personas; aún no se le habrá probado al vicario de Santa María que se
+engañó.
+
+Fray Miguel, como confesor del rey, estaba enterado de todos sus
+secretos, y en sus conversaciones con Espinosa más de una vez hizo
+este alusión a lo que en otro tiempo le había confiado. El religioso
+no ha podido revelar al juez aquellos secretos que en confesión se
+depositaron en su seno, pero sí puede referir hechos que han llegado a
+su noticia como particular.
+
+Le pregunta, por ejemplo, a Espinosa si ha tenido alguna visión en su
+vida:
+
+—Una sola vez —responde este—, y fue corriendo la posta con el conde
+de Medellín. Al pasar un arroyo en que un malvado asesinó a su propio
+padre, creí oír un gran ruido, o por mejor decir, lo vi, en efecto.
+Dejele al conde de Medellín que pasase adelante, y quedándome solo,
+esperé en vano un gran rato, pues nada vi.
+
+El hecho pasó así, y de igual manera lo había referido don Sebastián
+antes de irse a la batalla.
+
+Otra vez Gabriel, sin ser interrogado, refiere a fray Miguel que
+estando enfermo en su palacio de Lisboa, los médicos le prohibieron
+comer pescado, y para mayor seguridad prohibieron el aceite en la
+cocina real.
+
+—Entonces —dijo Espinosa—, envié a pedir al cura de mi parroquia un
+poco de aceite de la lámpara del Santísimo Sacramento para uno de sus
+feligreses; enviómelo, y comí con él pescado, que no me hizo daño
+ninguno.
+
+De este modo pudieran citarse infinidad de circunstancias que
+confirmaron a fray Miguel en la idea de que aquel hombre era en efecto
+el monarca portugués.
+
+La señora doña Ana en todas sus declaraciones se refería a lo que el
+vicario le decía, y la única razón que alegó en su defensa fue que ella
+no quería que don Sebastián se descubriese hasta después de muerto el
+rey, su tío.
+
+El grande argumento de don Rodrigo contra ambos era preguntarles por
+qué, si don Sebastián era realmente lo que ellos decían, no se había
+dado a conocer en tantos años, o a lo menos desde que estaba preso,
+para no verse tan ignominiosamente tratado.
+
+Pero esta objeción, más especiosa que sólida, fue rebatida por los
+acusados completamente.
+
+Don Sebastián, dijeron, salió tan corrido de la batalla que no osaba
+presentarse en los primeros días después, ni aunque quisiera podía
+hacerlo. Hizo, en primer lugar, voto en África de andar peregrino,
+y encubierto a su vuelta a Europa. Acudió al pontífice para que le
+dispensara de un voto temerario; pero Gregorio XIII se negó a ello
+bajo pretexto de que no quería que se turbase el sosiego de los estados
+del rey católico; pero aun sin esto, ¿no le sobraban razones a don
+Sebastián para permanecer oculto? ¿Acaso no bastaba para ello ver que
+se ajusticiaba sin piedad al que se atrevía a asegurar que vivía? ¿Qué
+suerte podía prometerse si la fortuna le ponía en manos de Felipe II?
+La que tuvo: verse tratado como un infame impostor.
+
+A poco tiempo de empezada esta causa, por ciertas competencias entre
+las jurisdicciones real y eclesiástica, fue necesario que el nuncio
+de su santidad enviara, como envió, un comisionado con poder bastante
+para apremiar y compeler con toda clase de censuras a los eclesiásticos
+comprendidos en ella.
+
+Es singular que, en más de ocho meses, no se dio tormento a ninguno
+de los reos, por prohibición del rey. Sin duda luchaban un resto de
+probidad en el pecho de Felipe con su cruel ambición, pero esta triunfó
+al fin.
+
+Fray Miguel, aplicado a la tortura, dijo, como era de esperar, cuanto
+le mandaron que dijese.
+
+Dicen que Espinosa hizo otro tanto, y será verdad. ¿A qué había de
+sufrir tormentos espantosos, si de todos modos conocía que había de
+subir infaliblemente al cadalso?
+
+El resultado fue que Gabriel fue condenado a la pena de ser arrastrado,
+ahorcado y descuartizado; a la misma fray Miguel, después de la
+competente degradación; y la señora doña Ana de Austria a reclusión
+perpetua en una celda de un convento, ayunando todos los viernes a
+pan y agua, y tratada los demás días como otra monja cualquiera, sin
+servidumbre ni poder jamás aspirar a ser prelada, ni a ejercer cargo
+alguno.
+
+El martes 2 de julio de 1596, después de diez meses de prisión, sufrió
+la condena en la plaza de Madrigal el desventurado Gabriel, o don
+Sebastián.
+
+Sus últimos momentos fueron dignos de un cristiano y de un príncipe.
+Oyendo decir al pregonero:
+
+—Esta es la justicia que manda hacer el rey nuestro señor, y el alcalde
+don Rodrigo Santillana en su nombre, a este hombre por traidor al rey
+nuestro señor, y embustero, y porque siendo hombre vil y bajo se había
+querido hacer persona real, le mandan arrastrar, y que sea ahorcado en
+la plaza pública de esta villa, y su cabeza puesta en un palo. Quien
+tal hace, que así lo pague.
+
+—¡Traidor! —exclamó—. ¡Eso no! Hombre vil y bajo, Dios lo sabe.
+
+Al salir del serón, y ya al pie de la horca, se puso en pie con
+reposado continente, y tendiendo la vista alrededor de la plaza
+descubrió, en una ventana de la cárcel, a don Rodrigo de Santillana,
+que estaba allí con objeto de recibirle la última declaración, si
+quería prestársela.
+
+Entonces ardió en cólera, y no pudo menos de gritar:
+
+—¡Ah, señor don Rodrigo, señor don Rodrigo!
+
+El juez, aterrado, bajó los ojos y perdió el color; pero un jesuita
+de los que auxiliaban al paciente se le puso delante, y trató de
+convertir todos sus pensamientos al cielo. Consiguiose esto por el
+momento, y Gabriel, después de reconciliado, subió con firmeza a la
+horca.
+
+Parose en el penúltimo escalón, y como el verdugo le dijese que subiera
+otro, se volvió a él, y le dijo con desprecio:
+
+—¡Esto nos faltaba!
+
+Sentado ya, volvió la vista una o dos veces hacia la ventana de la
+cárcel, y mirando colérico a don Rodrigo le apostrofó con voz de
+trueno; pero los agonizantes no le dieron lugar a citarle ante el
+tribunal de Dios, que era lo que pretendía hacer, según se había
+explicado en la capilla.
+
+Él mismo se arregló el dogal al cuello como si fuera una valona;
+repitió en tono firme las palabras del credo, que un jesuita decía,
+y murió de la muerte de los malhechores, con el mismo aliento que un
+mártir.
+
+Fray Miguel fue llevado a Madrid, y degradado el 16 de octubre en la
+parroquia de San Martín por el arzobispo de Bristau. No desmintió el
+vicario en tan amargo trance su reputación de varón piadoso y resignado.
+
+Conservó durante la degradación, en el tránsito al suplicio y ya en él,
+una entereza humilde, una completa conformidad absoluta con la voluntad
+de Dios.
+
+Al pie del cadalso dijo en voz moderada y con firmeza:
+
+—El tormento me ha hecho mentir en contra mía. Gabriel de Espinosa
+podrá no ser el rey don Sebastián, pero yo siempre lo tuve por él.
+Muero, pues, inocente de este delito que se me supone; pero ofrezco a
+nuestro Señor esta muerte afrentosa en descuento de mis muchos pecados,
+y espero de su infinita misericordia la remisión de todos ellos.
+
+Antes de acabar de subir la escalera llegó de orden del rey el notario
+de la causa, y estuvo haciéndole varias preguntas, a las que el vicario
+respondió con mucho desembarazo y brío.
+
+Nadie ha sabido hasta hoy sobre qué punto versase aquella declaración.
+
+Fray Miguel expiró abrazado devotamente con un crucifijo.
+
+La manera con que se verificó la prisión de Gabriel, la previsión del
+vicario, y sobre todo una fortuna inexplicable, fueron causa de que
+nada pudiese saberse del resto de los conjurados. Hiciéronse varias
+prisiones en Portugal y en España, pero por conjeturas, y nada se le
+pudo probar a ninguno de los aprehendidos, de los cuales la mayor parte
+estaban inocentes.
+
+Domingo, desesperado de haber sido causa de la pérdida de su amo, se
+dejó morir de hambre en su calabozo, después de haber sufrido tres
+veces el tormento sin proferir una sola sílaba.
+
+[Ilustración]
+
+
+
+
+CAPÍTULO VII
+
+ Gracias al cielo doy, que ya del cuello
+ Del todo el torpe yugo he sacudido,
+ Y que del viento el mar embravecido
+ Veré desde la tierra sin temello.
+
+ (Garcilaso: _Soneto_).
+
+
+Lo desagradable de la materia del capítulo que precede nos ha hecho
+pasar rápidamente por ella, refiriendo en pocas páginas sucesos que
+ocurrieron en diez meses. Preciso nos es, pues, volver a la época de la
+prisión del infeliz don Sebastián.
+
+Vargas escribió a fray Miguel una carta enterándole de la desgracia
+ocurrida al rey el cuarto día después de ella, es decir, inmediatamente
+que la supo. Pedro fue el portador de ella; pero así que llegó a
+Madrigal supo la prisión del fraile y la de la señora doña Ana, y
+se guardó muy bien de decir que llevaba para ellos mensaje ninguno,
+volviéndose inmediatamente a Valladolid a dar cuenta a su señoría de
+tan tristes sucesos.
+
+Don Juan penetró sin dificultad que don Sebastián estaba descubierto, y
+no pudo serle dudosa la suerte que le esperaba.
+
+Despreciando el peligro que él mismo corría, lo primero en que
+pensó Vargas fue en tratar de libertar al monarca portugués del
+suplicio. Pero cuantos arbitrios se le ocurrieron para ello fueron
+desgraciadamente infructuosos.
+
+El consistorio protestante, cuyos miembros temblaban por sí mismos, se
+negó absolutamente a dar ningún paso en favor de don Sebastián; y no
+contento con esto, rompió absolutamente toda comunicación con el amante
+de Inés.
+
+La traslación del preso a Madrigal, y el haberse comisionado solo para
+guardarlo a un alcalde del crimen de la chancillería de Valladolid,
+frustraron la esperanza de romper sus grillos a fuerza de oro, y por
+último el arbitrio de intimidar al juez con cartas anónimas, en las
+cuales unas veces se le amenazaba, y otras se trataba de confundirle
+haciéndole creer que Gabriel era don Antonio, prior de Crato, no
+produjo tampoco ningún efecto.
+
+Las angustias de Inés durante el curso de aquel largo proceso fueron
+inexplicables. La mutación de nombre y el sigilo con que fue conducida
+al convento en que se hallaba la libertaron sin duda de la persecución
+personal; pero no se vio solo atormentada por la desgracia de su
+cuñado, sino que temblaba por la hija de su hermana y por su amante.
+
+Una feliz casualidad quiso que la niña Clarita, que la señora doña Ana
+amaba en extremo y tenía en su compañía, no se hallara en su celda en
+el momento en que Santillana fue a arrestarla en ella.
+
+La religiosa que entonces la tenía en su celda, movida de compasión
+por sus tiernos años, la ocultó, sustrayéndola de este modo a la
+persecución del tirano; pero como se ignoraba absolutamente el paraje
+que habitaba su tía, no pudo la compasiva monja darle aviso ninguno.
+
+La vigilancia que se ejercía entonces sobre el convento en particular,
+y en general sobre toda persona que llegaba a Madrigal, hicieron
+imposible pensar siquiera en adquirir noticias de la suerte de la hija
+de don Sebastián.
+
+Muerto ya este y fray Miguel, y decidida Inés, a fuerza de ruegos de
+Vargas, a casarse con él, pero con la precisa condición de buscar antes
+a Clarita, el fiel Pedro partió de Valladolid en hábito de peregrino, y
+gracias a aquel traje, que en aquel siglo se miraba con respeto, llegó
+sin inconveniente al monasterio de Santa María.
+
+Preguntó en él por sor Magdalena de la Trinidad, religiosa a quien
+Inés sabía que la señora doña Ana honró con su amistad, y la entregó
+un billete en el cual la bella morena la suplicaba le diese noticias
+del paradero de su sobrina. Sor Magdalena era justamente la religiosa
+que tenía a Clarita en su poder, y al instante informó de ello al
+peregrino, diciendo que estaba pronta a entregarla en manos de Inés.
+
+Con tan feliz nueva volvió Pedro a su amo, y ya este no se ocupó más
+que en buscarse un asilo cómodo y seguro en que pasar el resto de su
+vida lejos de una corte que aborrecía, y en los brazos de una mujer
+adorada.
+
+Necesitaba para ello un confidente, y ninguno le pareció más a
+propósito que su primo el comendador. Confiole, pues, exigiendo antes
+la solemne promesa de guardar silencio eterno, que iba a unirse con una
+señora igual a él en nacimiento, pero que por razones a él conocidas
+deseaba vivir en un completo retiro.
+
+Combatió Hinojosa esta resolución hasta que conoció que perdía el
+tiempo, y después acabó por entrar completamente en las miras de Vargas.
+
+Compró el comendador todos los bienes que don Juan había heredado de
+sus padres, y con parte del producto le adquirió en la Andalucía una
+vasta hacienda que, por su posición topográfica, por la fertilidad del
+terreno, la ostentación de sus límites y la suavidad del clima, era
+tal como se deseaba.
+
+Después de esto proporcionó él mismo un capellán de confianza que hizo
+a Inés legítima esposa de Vargas, un año después de la prisión de don
+Sebastián.
+
+En seguida partieron para Andalucía después de recoger a Clarita, y en
+breves días llegaron al lugar de su destino.
+
+Jamás se borraron de la memoria de Inés los tristes sucesos de la
+primera parte de su vida, y el resultado de ellos fue una dulce
+melancolía que llegó a hacerse habitual en ella.
+
+No así Vargas. La muerte de don Sebastián hizo en él una profunda
+impresión, y siempre que la recordaba era con horror; pero al verse
+dueño de su adorada Inés, era el más feliz de los mortales y lo dejaba
+ver en una inmensa alegría.
+
+Así que los dos esposos estuvieron establecidos en Andalucía, escribió
+Inés a su tía doña Francisca de Alba, quien no tardó en contestarla y
+hacerle saber que estaba pronta a entregarle su hacienda, de la que
+don Juan entró muy pronto en posesión.
+
+Por la tía de Inés supo el marqués Domiño el lugar de su retiro, y a
+él fue a terminar sus días. Poco más de dos años sobrevivió aquel fiel
+servidor, aquel anciano venerable, a su amigo y rey; y no pudiendo ya
+en ellos hacerle otros servicios, se ocupó en redactar una relación de
+sus desgracias, de la cual se ha sacado la que vamos a terminar.
+
+Olvidose Domiño de decirnos cuál fue la suerte de don Carlos, don
+Francisco y Abenamal, y así nada podemos decir de ellos. Pero lo que
+sí refiere puntualísimamente es que jamás se vio esposo más tierno que
+don Juan, mujer tan amante y tan digna de ser amada como Inés; fruto de
+su amor fue, a los diez meses de matrimonio, un niño de que el marqués
+Domiño fue padrino, poniéndole por nombres Sebastián Miguel de los
+Santos.
+
+Por una partida de bautismo existente en un libro antiquísimo de
+una parroquia vecina parece que este niño casó, ya hombre y siendo
+caballero del hábito de Santiago y maestre de campo de los reales
+ejércitos, con doña Clara Contiño, pues tales nombres se dan a los
+padres del bautizado.
+
+Es de presumir que esta doña Clara fuese la hija de don Sebastián y
+llevase el apellido de su madre, no pudiendo usar el de su desdichado
+padre.
+
+El marqués, hermano de don Juan, tuvo el disgusto de que el niño
+don Pedro Alcántara muriese de sarampión, y su madre en un hospicio
+haciendo verdadera penitencia de sus muchas culpas.
+
+Al fin de la relación de Domiño se encuentra una nota que dice así:
+
+ «Es fama que don Rodrigo de Santillana, inmediatamente después
+ de haber jurídicamente asesinado al infelice don Sebastián (Q.
+ D. D. G.), marchó al Escorial a dar cuenta a su rey de todas las
+ circunstancias de aquel suceso. Después de una larga conferencia
+ con Felipe, en la cual tal vez dejaría ver demasiada convicción
+ de que el muerto era en efecto don Sebastián, regresó a Madrid, en
+ donde inmediatamente fue preso. Se asegura que le dieron garrote
+ secretamente en la cárcel de Corte para sepultar con él tan atroz
+ misterio».
+
+Si así fue, debemos admirar la sabiduría de la Providencia que castigó
+a don Rodrigo, haciendo que el crimen de que para engrandecerse fue
+instrumento ocasionara su ruina.
+
+Vargas heredó el marquesado, pero no varió su plan de vida. Las
+caricias de su mujer, la educación de su hijo y las distracciones
+campestres le parecieron siempre preferibles al bullicio de la corte.
+
+Alguna vez que otra los dos esposos lloraban juntos las desgracias
+de don Sebastián; pero muchas más horas eran las que pasaban
+deliciosamente enlazados el uno en brazos del otro, contemplando las
+gracias infantiles del niño don Sebastián.
+
+Si hay alguna felicidad en la tierra, en la compañía de una mujer
+amable y virtuosa es donde aconsejo a mis lectores que la busquen.[2]
+
+ [2] Para satisfacer enteramente la curiosidad del lector,
+ solo nos queda que decirle que la significación de las
+ iniciales S. R. L., de que se habla en el capítulo 2.º del
+ tomo 3.º, nos parece debe ser _Sebastianus rex Lusitanæ_;
+ esto es, Sebastián, rey de Portugal.
+
+
+FIN DEL TOMO CUARTO Y ÚLTIMO
+
+
+
+
+ADVERTENCIAS
+
+ Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que
+ este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más
+ gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido
+ yo contravenir a la orden de la naturaleza, que en ella cada cosa
+ engendra a su semejante.
+
+ (Cervantes: _Prólogo al Quijote_).
+
+
+Al público nada tengo que decirle: o la obra le agrada, o no. En el
+primer caso unos y otros hemos llenado nuestro objeto; los lectores
+divirtiéndose; yo saliendo airoso de mi empresa. Si, por el contrario,
+no le gustase esta novela, será un mal que sentiré, pero que es
+irremediable, y que todas las apologías posibles no bastan a evitar.
+Esta advertencia se dirige únicamente a mis amigos, a los que pueden
+tener algún interés por mi reputación literaria.
+
+El editor de la colección de que forman parte estos volúmenes,
+haciéndome más favor del que merezco, me invitó a unir mi nombre al de
+literatos que bajo todos aspectos me son superiores. Muchos de ellos,
+que me honran con su amistad, se empeñaron en persuadirme de que la
+empresa no era superior a mis fuerzas; y más por complacerlos que por
+otra cosa, di principio a la obra que hoy ve la luz. Pero entonces me
+hallaba en Madrid, donde me era fácil proporcionarme todo género de
+auxilios en libros y consejos, y cuando concluí el capítulo 4.º del
+tomo 1.º me hallé, por un golpe de fortuna, confinado en un rincón de
+Andalucía. No he tenido, pues, a la vista ni un solo libro de historia,
+ni un mapa, ni un amigo a quien consultar.
+
+Es imposible que mi composición no se resienta de este aislamiento
+total. A los veintiséis años, después de dos de emigración, seis de
+servir en las filas del ejército, y, de estos, tres en la Guardia Real,
+donde el tiempo me bastaba apenas para atender a las obligaciones de
+mi empleo, no puedo haber adquirido aquellos conocimientos sólidos,
+aquella instrucción profunda que hacen capaz a un escritor de componer
+sin el socorro de los maestros del arte.
+
+Mi memoria es probable que también me haya sido infiel en algunos
+puntos históricos. En una palabra, este escrito, a que le bastaba ser
+mío para valer poco, ha tenido además la desgracia de escribirse en
+circunstancias tales que le hubieran hecho imperfecto aun siendo parto
+de más claro ingenio.
+
+Pido, pues, a mis amigos que me juzguen con indulgencia, y que por lo
+menos no se avergüencen de haberme alentado a escribir.
+
+De todos modos, me someto a su censura; doy por justas cuantas críticas
+hagan de este escrito, y solo formo empeño en que me conserven el
+afecto que me han manifestado en circunstancias bien críticas, del
+cual aprovecho con ansia esta ocasión de darles públicamente las más
+sinceras gracias. — _P. de la E._
+
+
+
+
+ÍNDICE
+
+
+ Páginas
+ TOMO III III-I
+
+ Capítulo primero III-1
+ Capítulo II III-30
+ Capítulo III III-43
+ Capítulo IV III-90
+ Capítulo V III-99
+ Capítulo VI III-118
+
+ TOMO IV IV-I
+
+ Capítulo primero IV-1
+ Capítulo II IV-28
+ Capítulo III IV-45
+ Capítulo IV IV-62
+ Capítulo V IV-79
+ Capítulo VI IV-97
+ Capítulo VII IV-111
+ Advertencias IV-121
+
+
+
+*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75974 ***
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+ Ni rey ni Roque (3-4 de 4) | Project Gutenberg
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+/* Transcriber's notes */
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+<div style='text-align:center'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75974 ***</div>
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+ <hr class="full">
+ <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
+ <h1 class="faux">Ni rey ni Roque (3-4 de 4)</h1>
+</div>
+
+<div class="transnote" id="tnote">
+ <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
+ <ul>
+ <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
+
+ <li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
+ las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
+
+ <li>La puntuación y la toponimia también han sufrido ligeros retoques
+ para su modernización.</li>
+
+ <li>Se han separado en párrafos distintos las intervenciones dialogadas
+ allí donde el texto adopta forma de diálogo, añadiendo y espaciando
+ las rayas según los modernos usos ortotipográficos.</li>
+
+ <li>Los documentos, cartas y misivas se presentan sangrados para mejor
+ distinguirlos de otros entrecomillados.</li>
+
+ <li>Se ha compilado y añadido un <a href="#ToC">Índice</a> al final del volumen
+ pese a que el original impreso no lo incluye.</li>
+ </ul>
+</div>
+
+
+<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
+ <hr class="chap">
+ <div class="figcenter">
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+ style="width: 26em; height: auto;"
+ src="images/cover.jpg"
+ alt="Cubierta del libro">
+ </div>
+</div>
+
+
+<div class="tit pt6" id="Ch3">
+ <hr class="chap">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-i">p. III-<span class="asc">i</span></span></p>
+ <h2 class="nobreak sc g0 ws1" title="TOMO III">Ni Rey ni Roque</h2>
+ <hr class="chap">
+</div>
+
+
+<div class="tit">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-iii">p. III-<span class="asc">iii</span></span></p>
+ <p class="fs200 negr g0 ws1">NI REY NI ROQUE</p>
+ <p class="g0 ws1 mt1">EPISODIO HISTÓRICO</p>
+ <p class="fs140 g0 ws1 mt05">DEL REINADO DE FELIPE II,</p>
+ <p class="negr g0 ws1 mt05">AÑO DE 1595</p>
+
+ <p class="g1 ws1 mt2">NOVELA ORIGINAL</p>
+ <p class="fs75 g2 ws1 mt15">ESCRITA</p>
+ <p class="negr ws1 mt05">POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA,</p>
+ <p class="fs75 g0 ws1 mt1">AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA</p>
+
+ <div class="cajatomo">
+ <p class="g1">TOMO III</p>
+ </div>
+
+ <p class="fs130 g0 mt2">Madrid</p>
+ <p class="fs110 g0 ws1">Imprenta de Repullés</p>
+ <p class="fs110">—</p>
+ <p class="fs110 g0 ws1"><span class="sc">Año de</span> 1835</p>
+</div>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch31">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-1">p. III-1</span></p>
+ <p class="centra negr fs130 g1 ws1">NI REY NI ROQUE</p>
+ <hr class="tir">
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO PRIMERO</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Más padres tiene que miembros;</div>
+ <div class="verse i0">Acomodad, pues, el mío,</div>
+ <div class="verse i0">La que queréis encajarme</div>
+ <div class="verse i0">Esto de padre postizo.</div>
+ <div class="verse idr">(Quevedo).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">En tanto que sus amores con la bella pastelera
+absorbían toda la atención de Vargas, ocurrían en su propia familia
+acontecimientos de la mayor importancia para él, y que, a pesar de que
+se ponía algún cuidado en ocultárselos, hubiera podido cuando menos
+sospechar, si no se hallara tan preocupado en sus propios asuntos.</p>
+
+<p>Siete meses hacía que el marqués, gracias, como se ha dicho, a
+su primo el comendador Hinojosa, había roto sus relaciones<span
+class="pagenum" id="Page_III-2">p. III-2</span> con la supuesta viuda
+del contador de Indias. Hizo en ello el pobre un gran sacrificio a lo
+que se le dijo que su pundonor exigía, pues tal era la debilidad de su
+carácter y la pasión que había sabido inspirarle la diestra meretriz
+que acaso la hubiera perdonado sus infidelidades, dando crédito a las
+reiteradas protestas de arrepentimiento y enmienda que, aun en el
+acto de verse sorprendida, le hizo con fingidas lágrimas. Por fortuna
+Hinojosa, que se hallaba presente, impuso silencio a aquella insolente,
+y arrancó de sus redes al obcecado amante.</p>
+
+<p>No por esto perdió ánimo Violante: la posesión de un hombre rico,
+apasionado y tonto era demasiado preciosa para dejarla perder sin
+que hiciese por evitarlo los mayores esfuerzos. Así, pasados los
+primeros ocho días después de la riña, y enterada por sus espías de
+la gran melancolía del marqués, creyó oportuno escribirle un billete
+lleno de pasión, de arrepentimiento, y de protestas de darse una<span
+class="pagenum" id="Page_III-3">p. III-3</span> muerte violenta si su
+adorado amante no quería perdonarla.</p>
+
+<p>Si el tal billete hubiera llegado a su destino no tiene duda que
+produjera el afecto que de él se prometió quien lo escribía; pero
+Hinojosa estaba alerta. Previendo desde luego que Violante no dejaría
+de intentar el recobro de su perdida cucaña, tomó tan bien sus medidas
+que la carta cayó en sus manos, y apaleó lindamente al portador
+prometiéndole que le haría la cabeza añicos si bajo cualquier pretexto
+osaba volver a presentarse en aquella casa.</p>
+
+<p>El pobre mensajero volvió a la de Violante con las orejas bajas,
+y pintó con tan vivos colores la manera con que le habían recibido,
+protestando con tales veras que no volvería aunque en recompensa le
+ofrecieran todo el oro del mundo, que de allí en adelante no encontró
+la dama criado que quisiera encargarse de semejantes comisiones.</p>
+
+<p>Tomó entonces el partido de rondar<span class="pagenum"
+id="Page_III-4">p. III-4</span> en persona las cercanías de la casa de
+su amante, decidida a hablarle si lograba la dicha de verle salir solo
+de ella alguna vez. También esta tentativa salió frustrada. El marqués
+salía raras veces, y siempre acompañado del inflexible comendador, del
+cual Violante temía, no sin fundamento, que la tratase con tanto o más
+rigor que a su criado.</p>
+
+<p>Todas estas dificultades, y la falta que desde el principio
+empezaron a hacerla los espléndidos regalos del marqués, exasperaron el
+ánimo de aquella mujer en vez de abatirlo.</p>
+
+<p>El amante por quien vendía al hermano de don Juan, que era uno
+de aquellos hombres despreciables cuya especie se ha conservado por
+desgracia hasta nuestros días, que comerciando con las gracias de su
+persona se humillan hasta el punto de recibir un salario de la ramera
+descarada, así que la vio sin la mina donde hasta entonces había estado
+surtiéndose con profusión de cuanto necesitaba<span class="pagenum"
+id="Page_III-5">p. III-5</span> para sostener sus vicios, la abandonó
+sin consideración alguna, desapareciendo de la noche a la mañana y
+llevándose, de paso, las alhajas que encontró más a mano. Y no era
+esta sola la desgracia que tenía que experimentar Violante, pues la
+suerte le reservaba otra que en su situación parecía aun más terrible
+que todas. A poco tiempo de verse abandonada por sus dos amantes se
+confirmó en la sospecha que antes había tenido de hallarse encinta.
+Los primeros días creyó aquella infeliz volverse loca; pero meditando
+después en su situación formó un plan para salir de apuros que no podía
+estar mejor combinado.</p>
+
+<p>Redujo a dinero metálico las muchas joyas que aún le quedaban, y
+aumentando con él y con lo que produjo la venta de sus magníficos
+muebles el bolsillo que había tenido la prudencia de ocultar a su
+pérfido amante, se halló con un capital que, depositado en manos
+seguras, le producía lo bastante para vivir con decencia,<span
+class="pagenum" id="Page_III-6">p. III-6</span> si bien con la más
+severa economía.</p>
+
+<p>Hecho esto tomó una habitación reducida, conforme a su nueva
+posición, no muy lejos de la casa del marqués; y sin más asistencia
+que la de una sola criada, entabló una vida tan retirada como antes
+la había tenido bulliciosa. Desaparecieron las galas y los adornos,
+reemplazándolos un modesto hábito del Carmen y un manto negro. En vez
+de los banquetes y festines se sustituyeron las misas y devociones. En
+una palabra, en menos de un mes la cortesana Violante se convirtió en
+una beata, que tenía asombrado a su barrio con la ejemplar vida que
+hacía.</p>
+
+<p>Por más de tres días fue aquella mujer el objeto de la conversación
+general en todo Valladolid. Los hombres decían que se había vuelto
+loca; las viejas, que Dios la había tocado en el corazón; los
+predicadores, con alusiones sobradamente claras, incitaban a seguir
+el ejemplo de aquella pecadora a todas las que se hallaban<span
+class="pagenum" id="Page_III-7">p. III-7</span> en su caso; pero las
+mujeres jóvenes y algunos hombres de talento pensaban que aquello no
+era más que una nueva farsa. Hinojosa opinaba también del mismo modo; y
+el marqués no opinaba nada, porque como a nadie veía más que a su primo
+y al capellán Teobaldo, y ambos se guardaban muy bien de hablarle de
+semejante materia, ignoraba cuanto pasaba.</p>
+
+<p>Desde que Violante adoptó su nuevo método de vida, renunció
+absolutamente a hacer diligencia ninguna para reconciliarse con el
+marqués; y el comendador, que al principio había temido que todo aquel
+aparato de devoción y reforma de costumbres no fuera más que una
+añagaza para sorprender a su incauto primo, acabó por persuadirse de
+que la dama no pensaba ya en él. Este era precisamente el punto más
+importante para la ninfa. Hinojosa era su más temible, o por mejor
+decir, su único enemigo, pues don Juan ni la conocía, ni pensaba en
+ella;<span class="pagenum" id="Page_III-8">p. III-8</span> el padre
+Teobaldo era un sandio personaje muy fácil de engañar, y el marqués
+estaba vencido con poquísimo trabajo a favor suyo.</p>
+
+<p>Un mueble, el más indispensable para toda devota, es un
+director espiritual; y para los fines de Violante lo era entonces
+extremadamente. Lo importante era hacer una elección acertada. El
+padre Teobaldo fue la persona en quien primero se fijó; pero reconoció
+desde luego la imposibilidad de lograrlo, pues aquel capellán, afecto
+al servicio particular de la familia del marqués, y haciendo una
+vida sedentaria por hábito, por vejez y por inclinación, no ejercía
+jamás sus funciones sacerdotales fuera del oratorio de la casa de los
+Vargas.</p>
+
+<p>Como su vida anterior la tenía a mucha distancia de los
+eclesiásticos, a excepción de uno que otro cortesano, fue preciso que
+se dirigiese a varias beatas con quienes había hecho conocimiento
+desde que ella lo era también; y después de<span class="pagenum"
+id="Page_III-9">p. III-9</span> haber escuchado con atención sus
+informes sobre diferentes religiosos, eligió por fin para su director
+espiritual a cierto dominico anciano, llamado el padre maestro
+Retamar, hombre célebre por su piedad, y más aún por su candor y
+beneficencia.</p>
+
+<p>El bueno del padre la recibió con amor; oyó lo que quiso decirle;
+le prometió su asistencia y auxilios; y en una palabra, dando crédito
+a la fingida historia de seducción que le plugo a la ninfa contarle,
+aunque sin nombrarle por entonces el seductor, se aficionó a ella
+sobremanera.</p>
+
+<p>Sucedió que Violante tuvo una ligera enfermedad. El padre Retamar
+fue a verla diariamente, y como su edad y buena reputación le ponían
+enteramente a cubierto de toda suposición maligna, el resultado fue
+que todo el que lo supo empezó a creer sincero el arrepentimiento y
+verdadera la reforma de aquella mujer. Las beatas de aquel barrio se
+deshacían en alabanzas de la nueva Magdalena: no<span class="pagenum"
+id="Page_III-10">p. III-10</span> faltaba entre ellas quien opinase
+que si continuaba viviendo de aquella manera, podría llegar a ser una
+bienaventurada.</p>
+
+<p>No dejaba de tener mérito tampoco para Violante la novedad de su
+posición. Fijar la atención del público había siempre sido su mayor
+deseo. Hacerlo escandalizando o edificando debía serle, y le era en
+efecto, indiferente. Además, los placeres la habían ya saciado, y si
+bien no dejaba alguna vez de bostezar de aburrimiento en la iglesia
+debajo de su manto, hallaba la compensación en la perspectiva de
+asegurarse para siempre una fortuna sólida e independiente.</p>
+
+<p>Entre tanto su preñez adelantaba aproximándose a su término, y con
+él llegaba la época fijada para la ejecución del gran proyecto.</p>
+
+<p>Una tarde, pues, que el reverendo Retamar a la vuelta del
+paseo había entrado a verla, la halló deshaciéndose en lágrimas
+con el rosario en la mano, y preguntándola<span class="pagenum"
+id="Page_III-11">p. III-11</span> qué era lo que tanto la afligía,
+respondió la taimada:</p>
+
+<p>—¿Qué ha de afligirme, padre mío? Mis pecados son muchos, pero
+la pena que por ellos se me impone en este mundo es superior a mis
+fuerzas.</p>
+
+<p>—No digáis eso, hija; no lo digáis: por graves que vuestras penas
+os parezcan, el Señor, que os las envía, sabrá por qué: llevadlas
+con resignación, hija, y se os recibirán en descuento de vuestras
+culpas.</p>
+
+<p>—Padre mío, por mí no lo siento: conozco que todo castigo es poco
+para mi fragilidad; pero si queréis oírme un momento a solas sabréis la
+justa causa de mi dolor.</p>
+
+<p>El compañero del padre maestro tuvo la bondad de salirse al cuarto
+donde estaba la criada, y solos aquel y su penitente, empezó esta a
+decir:</p>
+
+<p>—Yo, padre, soy viuda de un contador de Indias: volví joven a
+España, y me establecí por desdicha en Valladolid. Dios ha querido
+dotarme, según dicen, de alguna hermosura; ella y mi genio<span
+class="pagenum" id="Page_III-12">p. III-12</span> festivo atrajeron
+inmediatamente a mi casa a todos los caballeros más jóvenes, más
+galanes y también más libertinos de la ciudad.</p>
+
+<p>—Cosa demasiado natural, hija mía, demasiado natural; pero todo eso
+ya me lo habéis dicho diferentes veces.</p>
+
+<p>—Quiero tomar las cosas desde el principio, para presentaros
+completo el cuadro de mis desdichas y flaquezas.</p>
+
+<p>Diciendo esto empezó Violante a llorar de nuevo con profundo
+sollozo, tanto que el pobre fraile tuvo que acudir a su pañuelo, y
+medio lloroso aún la dijo:</p>
+
+<p>—Confianza en Dios, que es misericordioso; prosiga, hermana,
+prosiga.</p>
+
+<p>—Muchos fueron los que desde luego me galantearon, pero desechados
+inmediatamente, tuvieron bastante cordura para limitarse a ser mis
+amigos, visto que no podían ser amantes. Dos de ellos, sin embargo,
+se obstinaron. Uno, ¡ay de mí!, el marqués de ***, y otro un don
+Rodrigo, mancebo de perversas inclinaciones.<span class="pagenum"
+id="Page_III-13">p. III-13</span> El primero, lleno de buenas prendas,
+se fue cautivando insensiblemente mi corazón: el segundo, a quien
+siempre miré con el más alto desprecio, después de haber intentado en
+vano rendirme por cuantos medios se le ocurrieron, juró vengarse de
+mis desdenes, y lo cumplió demasiado. El marqués, padre Retamar, que
+sabía bien que yo no era mujer para ser su manceba, se limitó mucho
+tiempo a galantearme con la mayor moderación y respeto, hasta que
+ya, no pudiendo (decía él) resistir a su amor, me propuso darme su
+mano. Figuraos si tal propuesta, hecha por un hombre a quien yo amaba
+tiernamente, sería para mí grata y seductora. Reflexioné, sin embargo,
+que aunque mi nacimiento fuese honrado, era muy inferior al suyo, y que
+casándose conmigo iba no solo a indisponerse con su ilustre familia,
+sino tal vez a exponerse al enojo del rey. Quise más bien renunciar a
+mi propia dicha que proporcionar tales disgustos a mi amante.</p>
+
+<p>—No se puede obrar<span class="pagenum" id="Page_III-14">p.
+III-14</span> con más juicio ni con más virtud. Adelante, que hasta
+aquí no tenéis motivos de afligiros.</p>
+
+<p>—¡Ah, padre! Veréis en lo que sigue cuán fundado es mi dolor.
+Declaré, pues, al marqués que estaba firmemente resuelta a no casarme
+con él, y como le viese, sin embargo, insistir con más fuerza que antes
+en su proposición, me exalté tanto que juré por la salvación de mi alma
+no ser jamás su mujer.</p>
+
+<p>—Mal hecho, hija; muy mal hecho: quebrantaste el segundo mandamiento
+jurando sin necesidad.</p>
+
+<p>—Las consecuencias de aquel malhadado juramento fueron fatales.
+Desesperado el marqués con mi negativa, enfermó; y negándose a admitir
+cuantas medicinas se le querían administrar, tres facultativos
+declararon unánimes que indudablemente moriría. Yo le amaba, padre
+mío, como aún hoy le amo a mi pesar: le veía morir, y sabía que era la
+causa de ello. Fui a verle, y me estremezco solo al recordar el estado
+en que le hallé. Cárdeno el color, hundidos<span class="pagenum"
+id="Page_III-15">p. III-15</span> los ojos, sin voz apenas: en resumen,
+con todas las señales de una muerte próxima. Partióseme el corazón
+de dolor con tan triste espectáculo. Así que el desdichado me vio
+dio un profundo suspiro, y en tono sepulcral me dijo: «Tú me matas».
+¿Qué había de hacer una débil mujer en tan amargo trance? El amor y
+la compasión sofocaron el grito de mi conciencia, y le ofrecí que, ya
+que mi juramento no me permitía nunca ser su esposa, le sacrificaría
+mi reputación entregándome a sus brazos, si él consentía en tomar
+las medicinas y sujetarse a cuanto los médicos le ordenasen. Todo lo
+prometió y cumplió con indecible alegría. Mis cuidados, sus esperanzas
+y los buenos facultativos le restablecieron en breve tiempo. Yo, padre,
+también cumplí mi criminal promesa.</p>
+
+<p>—Dios tenga piedad de vos, hija mía.</p>
+
+<p>—Así sea, como lo espero de su misericordia. Vivimos algún tiempo
+el uno en los brazos del otro: súpose en la ciudad, y perdí para
+siempre mi buena opinión.<span class="pagenum" id="Page_III-16">p.
+III-16</span> No tardaron nuestros amores en llegar a los oídos de
+don Rodrigo: la idea de ver a su rival en mis brazos le enfureció de
+manera que, según he sabido después, trató de asesinarnos a ambos; pero
+tranquilizándose en breve, meditó y puso en práctica otra venganza
+más cruel si cabe. Imposible parece que haya hombre que conciba tan
+infernal proyecto; víctima soy de él, y apenas puedo creerlo. Don
+Rodrigo se puso de acuerdo para perderme con un primo del marqués
+llamado el comendador Hinojosa, quien aspirando a manejarlo por
+sí y apropiarse de parte de sus riquezas, me aborrecía y aborrece
+mortalmente. Sedujeron a dos de mis criados que, una noche en la cena,
+me sirvieron un vino infeccionado con cierto licor soporífero, que
+tardó poco en aletargarme. Lleváronme a mi lecho, y en él se introdujo
+el traidor don Rodrigo. El marqués, conducido por su primo, me vio a la
+mañana siguiente en los brazos de aquel malvado. Despertome el ruido
+de<span class="pagenum" id="Page_III-17">p. III-17</span> las voces
+de mi injuriado amante y de su infame pariente. Figuraos mi turbación.
+El marqués no quiso oírme; don Rodrigo huyó, robándome las joyas que
+yo llevaba puestas la noche antes. Yo miraría esta desgracia como un
+bien, pues a ella debo el haber abierto los ojos sobre mis extravíos,
+si yo sola hubiera sido la víctima de ella; pero una inocente criatura
+que aún no ha visto la luz, y que debe la existencia al marqués, va
+a verse en la miseria, privada del consuelo de abrazar a su padre, y
+sin más amparo que el de una madre infamada por la más atroz de las
+calumnias.</p>
+
+<p>Al concluir su bien compuesta novela dio Violante una muestra de su
+talento en el arte de fingir, llorando y sollozando a más y mejor con
+no poca pena del candoroso dominico.</p>
+
+<p>Este, después de emplear con la mejor fe posible todas las
+razones que su caridad le sugirió para consolar a la que él creía
+más desgraciada que culpable, viéndola<span class="pagenum"
+id="Page_III-18">p. III-18</span> algo más serena, acabó por
+preguntarla qué partido pensaba tomar en aquellas circunstancias.
+Violante contestó que verdaderamente no sabía qué hacer; y que estaba
+resuelta a seguir los consejos de su reverencia, si tenía la bondad
+de querer ocuparse en los asuntos de una criatura tan miserable. El
+fraile protestó que sus deberes y la propensión natural de su corazón
+le hacían mirar como la más sagrada de sus obligaciones el auxiliar a
+los menesterosos, de cualquiera manera que lo necesitasen y en su mano
+estuviese el hacerlo; que en consecuencia aconsejaría a su penitente
+lo que mejor le pareciese; y que para exponerse menos a errar, lo
+pensaría detenidamente aquella noche, y a la siguiente mañana volvería
+a conferenciar con ella. Despidiose, pues, exhortando a Violante a
+la resignación y a implorar con repetidas y fervorosas oraciones el
+auxilio del Todopoderoso.</p>
+
+<p>Antes de las diez de la mañana del<span class="pagenum"
+id="Page_III-19">p. III-19</span> siguiente día ya el bueno del padre
+Retamar salía de la casa de su hija de confesión, después de haber
+convenido con ella en el giro que debía darse a aquel asunto, y de
+haberse ofrecido espontáneamente a tomarlo todo a su cargo.</p>
+
+<p>Para no perder tiempo se dirigió entonces mismo a la casa del
+marqués, en donde su hábito y su nombre, ventajosamente conocido en
+toda la ciudad, le abrieron paso sin dificultad hasta el cuarto del que
+buscaba, a quien acompañaban en aquel momento el comendador y el padre
+Teobaldo. Los tres se pusieron en pie para recibir al religioso; y así
+que este, después de corresponder cortésmente a su saludo, anunció que
+deseaba hablar reservadamente al dueño de la casa, se retiraron los
+otros, dejándolo a solas con él.</p>
+
+<p>Hinojosa no lo hubiera hecho si sospechara el negocio que llevaba
+a su cargo el dominico; pero ¿quién había de figurarse que un hombre
+a todas luces respetable<span class="pagenum" id="Page_III-20">p.
+III-20</span> era, sin saberlo, instrumento de las maquinaciones de una
+mujer abandonada?</p>
+
+<p>Solos ya el marqués y el padre Retamar, estuvieron algunos instantes
+en silencio, esperando el primero a que el otro hablase, y sin saber el
+fraile por dónde principiar. El marqués, cansado de esperar en balde,
+rompió por fin el silencio.</p>
+
+<p>—¿No podré saber —dijo— qué motivo es el que me proporciona la honra
+de esta inesperada visita de vuestra paternidad?</p>
+
+<p>—La honra es toda mía, toda mía, señor marqués; y el motivo que
+me trae es uno muy grave, en que se halla interesada nada menos que
+vuestra eterna salvación.</p>
+
+<p>—¡Jesús me valga! Padre maestro, no tardéis en decírmelo.</p>
+
+<p>—No quisiera, señor mío, que se me tuviera por entremetido: protesto
+desde luego que solo el interés de la religión y el cumplimiento de mis
+obligaciones como sacerdote es el que me mueve a venir a hablaros.</p>
+
+<p>—Vuestra paternidad puede decir<span class="pagenum"
+id="Page_III-21">p. III-21</span> cuanto quiera, seguro de que yo
+le escucharé con la veneración que todo buen cristiano debe a los
+religiosos.</p>
+
+<p>—No esperaba yo menos del hijo de vuestros padres (que en gloria
+estén). Yo los he conocido, señor marqués, y puedo certificar que eran
+personas de singular virtud y ejemplares costumbres.</p>
+
+<p>—Muchas gracias, padre Retamar, por la merced que les hacéis.</p>
+
+<p>—Justicia y nada más, señor marqués; pero vamos al asunto, que es lo
+que importa.</p>
+
+<p>Tosió el fraile, limpiose las narices, y después de aclarada la
+garganta en el tiempo que fue menester para tomar aliento y hacer
+ánimo, dijo por fin:</p>
+
+<p>—Vuestra señoría no habrá olvidado que en otro tiempo conoció a una
+señora llamada Violante.</p>
+
+<p>El marqués mudó de color, pero no respondió palabra. Un instante
+después continuó el padre:</p>
+
+<p>—Yo, señor marqués, aunque indigno sacerdote, soy hace algunos meses
+confesor<span class="pagenum" id="Page_III-22">p. III-22</span> y
+director espiritual de esa afligidísima y arrepentida mujer. Con esto
+digo bastante para que me supongáis enterado de cuanto ha mediado entre
+ella y vos. Sí, señor, todo lo sé; y aun lo que vos mismo ignoráis. Un
+don Rodrigo...</p>
+
+<p>—¡Bribón! —exclamó el marqués.</p>
+
+<p>—Más de lo que su señoría piensa, pues valiéndose de un ardid
+infame, como puedo probarlo, supo hacer que pareciese delincuente
+a vuestros ojos la que jamás cometió otro delito que el de ceder a
+vuestras instancias.</p>
+
+<p>—Padre mío, os han engañado. Yo, yo mismo la he visto en los brazos
+de don Rodrigo. ¿Qué podrá decir a esto?</p>
+
+<p>—¿Qué podrá decir? Lo que oiréis de mi boca.</p>
+
+<p>Y en seguida refirió el padre Retamar al marqués la fábula que
+Violante le había contado a él, omitiendo solo, por amor de la paz,
+la parte que en ella se atribuía al comendador. Para probar la verdad
+de todo cuanto dijo ofreció presentar la criada que se suponía
+seducida<span class="pagenum" id="Page_III-23">p. III-23</span>
+por don Rodrigo, y que, arrepentida de su delito, estaba pronta a
+declararlo en forma, siempre que se la prometiese su perdón.</p>
+
+<p>Violante había buscado a la misma criada que la vendió a ella al
+comendador Hinojosa; y aquella mujer, que solo aspiraba a ganar dinero,
+importándole poco que para lograrlo se tratase de engañar a desengañar
+a un marqués tonto, convino desde luego en representar el nuevo papel
+que se le propuso. Empezó a representarlo el mismo día de que vamos
+hablando, en casa de su ama, delante del padre Retamar; y este con
+su testimonio quedó tan convencido de la inocencia de Violante, que
+hubiera sufrido el martirio por defenderla, lo mismo que por confesar
+la verdad del Evangelio.</p>
+
+<p>Oyó el marqués con suma atención y no poco enternecimiento la
+relación de las desgracias de su querida; pero cuando acabó de
+convencerse de su inocencia fue cuando el padre dominico, con
+un calor que acostumbraba pocas veces, le<span class="pagenum"
+id="Page_III-24">p. III-24</span> hizo saber la vida ejemplar y
+retirada que después de su separación había tenido Violante.</p>
+
+<p>—Sí —exclamó con indecible gozo—, sí; es inocente, y sus trabajos
+recibirán la recompensa, y volveremos a unirnos...</p>
+
+<p>—No señor —replicó el fraile—. ¿Podéis hacer la injusticia al hábito
+de nuestro padre Santo Domingo de creer que un hombre que lo viste se
+había de mezclar en este asunto para reconciliar a dos amantes, para
+restablecer unas relaciones ilegítimas, para contribuir a la perdición
+de dos almas?... No señor: no será así; y estad seguro de ello.</p>
+
+<p>El pobre hermano de don Juan, oyendo aquella filípica, aunque justa,
+inesperada, se quedó precisamente como un niño sorprendido in fraganti
+por su pedagogo haciendo alguna travesura de marca mayor. Con los
+ojos espantados, la boca abierta y las manos cruzadas largo tiempo,
+aun después de haber acabado de hablar el fraile, escuchaba a ver si
+tenía<span class="pagenum" id="Page_III-25">p. III-25</span> algo más
+que decirle. Entre tanto el padre Retamar, recobrando su acostumbrada
+calma, volvió a tomar sosegadamente el hilo de su discurso.</p>
+
+<p>—Violante ha reconocido que se hallaba en el camino de la perdición:
+se ha apartado de él, y está resuelta a no volver a pisarlo. Vuestra
+mujer legítima bien sabéis que no puede serlo: así, pues, como
+cristiano estáis obligado a renunciar para siempre a ella. Mas aún nos
+resta que hablar del más importante, del verdadero objeto que me ha
+traído a esta casa. Violante está encinta.</p>
+
+<p>—¡Madre mía de los Dolores! ¿Será posible, padre Retamar?</p>
+
+<p>—Tan posible que en breve dará a luz, Dios mediante, una criatura
+cuyo padre sois.</p>
+
+<p>—¿Yo su padre?... Pero y don Rodrigo...</p>
+
+<p>—Calculad las fechas, señor marqués, y veréis cómo en ese punto no
+debe quedaros duda.</p>
+
+<p>Tenía el marqués demasiada inclinación a Violante para no creer
+cuanto bueno de ella le quisiesen decir; y como<span class="pagenum"
+id="Page_III-26">p. III-26</span> por otra parte, en consecuencia de su
+educación monástica, cuando un eclesiástico le hablaba era siempre de
+su opinión, se dio desde luego por convencido, y lo quedó plenamente de
+la paternidad con que la dama quiso favorecerle.</p>
+
+<p>Conseguido esto, lo demás era fácil de arreglar. Aunque no sin
+repugnancia, prometió el marqués no ver a Violante; y aseguró, con el
+mayor gusto, que reconocería en forma al hijo o hija que ella diese
+a luz, señalando a su madre una pensión vitalicia de mil ducados
+sobre todos sus bienes, por medio de escritura legal que había de
+otorgarse en las veinticuatro horas, contadas desde entonces mismo.
+Por último, convinieron en que todo lo tratado entre ambos quedaría
+secreto, pues el marqués no quería exponerse a las reconvenciones de
+Hinojosa, ni disgustar a su hermano. Inmediatamente el marqués pidió su
+coche y salió a casa de su escribano a formalizar la escritura de la
+pensión; y el fraile se fue<span class="pagenum" id="Page_III-27">p.
+III-27</span> a dar cuenta del buen éxito de sus diligencias a
+Violante, quien no tuvo poco trabajo en ocultar su inmensa alegría bajo
+el velo de una devota conformidad con la voluntad del Señor.</p>
+
+<p>Quince días después dio la beata de nuevo cuño a luz un muchacho
+robusto, al que el padre Retamar, al bautizarlo con el nombre de don
+Pedro Alcántara de Vargas, que era el mismo de su presunto padre, dijo
+que encontraba maravillosa semejanza con el marqués. Este, que en
+aquel acto vio también por primera vez al tierno infante, se deshacía
+en lágrimas de gozo, estrechándolo en sus brazos y jurando que todas
+las facciones eran las de la familia de los Vargas, si bien más bellas
+por lo que de Violante tenían. El hecho es que el recién nacido era,
+como lo son todos, un rollo de carne con ojos y facultad para llorar,
+en cuyo rostro, aún en embrión, solo la ceguedad del cariño encuentra
+semejanzas que no pueden existir.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-28">p. III-28</span></p>
+
+<p>No nos atreveremos a decir que el nuevo don Pedro Alcántara fuese en
+efecto hijo del marqués, pero tampoco a negarlo; y esto en razón a que
+ni su propia madre podía decir en ello cosa cierta.</p>
+
+<p>Una labradora de Simancas, villa pequeña situada sobre un cerro
+en las orillas de Pisuerga a dos leguas de Valladolid, buscada de
+antemano, se llevó al niño para criarlo, y solo se la dijo que era de
+padres nobles y ricos, sin descubrir quienes fuesen. El padre Retamar
+quedó encargado de pagar a aquella mujer un espléndido salario, y de
+suministrarla además cuanto necesitase.</p>
+
+<p>Violante se restableció pronto, y aunque con la pensión del
+marqués hubiera podido vivir con más lujo, conservó por prudencia
+su método anterior de vida, sin más diferencia que la de hacer una
+vez cada semana un viaje a Simancas a ver a su hijo, a quien quería
+entrañablemente, y de cuya conservación dependía en gran parte su
+fortuna.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-29">p. III-29</span></p>
+
+<p>Desde la visita del padre Retamar la amistad del marqués a su primo
+el comendador empezó a resfriarse tan notablemente que, advirtiéndolo,
+aquel caballero tomó la resolución de no mezclarse de allí en
+adelante en darle consejos, visto que el marqués estaba siempre en
+conversaciones secretas con su capellán, a quien había confiado su
+secreto.</p>
+
+<p>Justamente estos sucesos coincidieron con el segundo y tercer viaje
+de don Juan a Madrigal; y ambos hermanos, ocupados en sus amores,
+cuidaron poco uno de otro, contentos con que no se observasen sus
+pasos, ni se pusiesen trabas a sus operaciones.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_3p029.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+<div class="chapter" id="Ch32">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-30">p. III-30</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO II</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i0"><span class="sc">Don Tello</span></div>
+ <div class="verse i4">Quiera Dios, señor don Juan,</div>
+ <div class="verse i4">Que volváis muy felizmente.</div>
+ </div>
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i0"><span class="sc">Don Juan</span></div>
+ <div class="verse i4">Breves los días de ausente,</div>
+ <div class="verse i4">Señor don Tello, serán.</div>
+ <div class="verse idr">(Moreto: <i>El lindo don Diego</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Dos o tres días después del nacimiento de su equívoco
+sobrino regresó don Juan a Valladolid; y apenas hubo llegado a su
+habitación, cuando encerrándose en ella abrió el misterioso pliego
+que Gabriel le había entregado. Rota la primera cubierta, halló que
+contenía otro pliego sellado con las letras S. R. L., cuyo sobrescrito
+era el siguiente:</p>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <figure class="figcenter">
+ <img src="images/i_3p030.jpg"
+ style="width: 1.25em; height: auto;"
+ alt="Cruz inicial de escrito">
+ </figure>
+
+ <p>«A doña Inés Contiño, Sotomayor, Álvarez de Castro; en el convento de
+ religiosas de la orden de...</p>
+
+ <p class="firma">Salud y gracia».</p>
+
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-31">p. III-31</span></p>
+
+<p>A más de este halló Vargas un billete abierto que decía así:</p>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p>«Señor don Juan: en el convento de religiosas de la orden
+ de..., que no podéis ignorar en qué parte de la ciudad se halla,
+ encontraréis la dama a quien va dirigida la adjunta carta. Para que
+ se os permita la entrada en él, preguntad por doña María de Castro,
+ y decid que vais a hablarla de parte de su tío el abad. — Dios os
+ guarde, como deseamos. — <i>S.</i>».</p>
+
+</div>
+
+<p>—¡Otro misterio más! —exclamó don Juan—; pero a bien que en viendo
+yo a Inés habrán de terminarse sin remedio.</p>
+
+<p>Concluyendo esta reflexión se puso a vestirse para presentarse en
+el convento con la debida decencia, y aún no había acabado de hacerlo,
+cuando vinieron a buscarle de parte de su hermano el marqués, que
+deseaba hablarle inmediatamente.</p>
+
+<p>Trasladose Vargas sin detención a su cuarto, y le oyó, con no
+poca sorpresa, decir que un asunto importante le llamaba<span
+class="pagenum" id="Page_III-32">p. III-32</span> a Madrid, para donde
+pensaba salir sin falta al día siguiente por la mañana, llevando
+consigo al padre Teobaldo.</p>
+
+<p>Don Juan, admirándose de que su hermano se decidiera a viajar, y
+a Madrid, adonde jamás había querido pensar en ir, y más aún de que
+tuviese asuntos reservados para él, cosa que hasta entonces no le había
+sucedido, pero deseoso también de abreviar la conferencia para poder
+marcharse al convento, se limitó a contestar que estaba bien, pues el
+marqués lo creía conveniente, y a desearle un feliz viaje y pronta
+vuelta.</p>
+
+<p>Por su parte el marqués, que había temido que su hermano le hiciese
+mil preguntas a las que no sabía qué contestar, se dio por muy contento
+de verse libre de aquel apuro; y so pretexto de disponer las cosas para
+su viaje, se despidió de Vargas, que no le hizo repetir dos veces el
+permiso para retirarse.</p>
+
+<p>¿Quién podrá pintar la agitación de Vargas en el tránsito desde
+su casa al<span class="pagenum" id="Page_III-33">p. III-33</span>
+convento designado en la esquela anónima que el pliego contenía? Sería
+imposible.</p>
+
+<p>Perdíase en conjeturas a cual más singular, a cual más descabellada
+y distante de la verdad; pero lo que más le aquejaba era el temor
+que le hacía concebir el haber visto hasta entonces burladas siempre
+sus esperanzas de no conseguir, aun en aquella ocasión, el deseado
+conocimiento de quién era Inés, y de los medios indispensables para
+poseer su mano. Las tres iniciales del sello y la que servía de firma
+al billete eran también para Vargas otra materia de interminables
+cavilaciones, pues ni acertaba ni podía acertar con su significado.
+Por manera que, aunque el convento distara mil leguas de Valladolid,
+llegara a él tan embebido como entonces llegó en sus diversos
+pensamientos.</p>
+
+<p>Entró en la portería, llamó al torno, y dando allí el recado que se
+le prevenía en el billete, recibió orden de pasar al locutorio,<span
+class="pagenum" id="Page_III-34">p. III-34</span> al cual fue conducido
+por la demandadera. Llévale esta no al locutorio general donde las
+madres recibían las visitas, sino a uno particular, amueblado con la
+limpieza y nimiedad de adornos que acostumbran las monjas, pero con
+más suntuosidad y elegancia que en tales parajes suele hallarse. La
+demandadera, mujer habladora y bachillera, por si acaso don Juan no
+había reparado aquella diferencia, se la hizo notar, advirtiéndole
+que el tal locutorio era el reservado en que la madre abadesa recibía
+las visitas de su ilustrísima el señor obispo y otros personajes de
+distinción.</p>
+
+<p>Con poca cuerda que don Juan la hubiera dado hubiera podido saber
+la historia detallada de todos y cada uno de los muebles de aquel
+aposento; pero Vargas, que desde que entró había clavado los ojos en
+la reja que separaba la parte destinada para los profanos de la que
+ocupaban las religiosas, no se dignó responder una sola palabra; y la
+demandadera,<span class="pagenum" id="Page_III-35">p. III-35</span>
+picada de ver que se la trataba con tanta indiferencia, se retiró,
+murmurando entre dientes que era lástima que un mancebo tan galán de
+persona no fuera algo más cortés.</p>
+
+<p>No se pasaron tal vez tres minutos desde que el hermano del marqués
+entró en el locutorio hasta que se abrió la puerta de este que
+comunicaba con lo interior del convento, y entró por ella una dama de
+noble porte y elegante traje.</p>
+
+<p>Llevaba un vestido de rica seda negra labrada, con la manga, que
+solo llegaba hasta el codo, muy ancha, y terminada de la misma manera
+que la del hábito de algunos frailes, en figura triangular. El jubón
+era ceñido al cuerpo, cerrado por las espaldas y abierto por delante,
+con dos solapas caídas sobre el pecho. Una gola blanca como el armiño
+ceñía su garganta. El talle del vestido, arreglándose a la forma del
+cuerpo, iba sobre la cadera; y la falda, con bastante vuelo, era
+algo más larga por detrás que por delante.<span class="pagenum"
+id="Page_III-36">p. III-36</span> Una rica cadena de oro, que daba
+dos vueltas al cuello y caía con gracia sobre el pecho y espaldas,
+llevaba pendiente un magnífico medallón guarnecido de diamantes con el
+retrato de una mujer joven y hermosa. El peinado de aquella dama era
+sumamente sencillo y gracioso: el pelo recogido en un rodete colocado
+bastante atrás, y la parte de delante dividida como hoy se lleva, pero
+sin rizo alguno. Dos hilos de perlas finas daban vuelta a la cabeza
+y se terminaban sobre la frente en un broche, en el cual brillaba un
+diamante de alto precio. Para no dejar nada por decir, añadiremos que
+en las manos de aquella dama se veían muchas sortijas, y que en la
+derecha llevaba un libro de oraciones encuadernado en terciopelo morado
+con abrazaderas de plata.</p>
+
+<p>Menester fue que Vargas la mirara muy despacio para reconocer en una
+persona tan ricamente ataviada a la humilde pastelera de Madrigal; pero
+en fin, no pudiendo negarse a lo que sus ojos veían, exclamó:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-37">p. III-37</span></p>
+
+<p>—¿Inés, sois vos?</p>
+
+<p>—Yo soy, don Juan: no me causa extrañeza vuestra admiración; pero
+en verdad no deja de sorprenderme que hayáis descubierto mi asilo, el
+nombre que en él me dan, y la manera de verme.</p>
+
+<p>—Yo mismo, Inés, no sé cómo esto ha sido; tal vez vos podréis
+comprenderlo mejor viendo este pliego.</p>
+
+<p>Sacó entonces el que llevaba, y alargóselo a Inés al través de la
+reja. La bella morena lo recibió con gravedad, reconoció el sello antes
+de abrirlo, y se puso en pie para hacerlo. Así que lo hubo verificado
+buscó la firma, besola con respeto, y después, siempre en pie, leyó su
+contenido con la mayor atención.</p>
+
+<p>Vargas la miraba sin acertar a comprender tanta ceremonia, y
+esperando con ansia el resultado de aquella lectura, que duró lo
+bastante para que le pareciera interminable.</p>
+
+<p>Por fin Inés, después de haberse enterado muy a su sabor del
+contenido del pliego, volvió a doblarlo escrupulosamente,<span
+class="pagenum" id="Page_III-38">p. III-38</span> y lo encerró en un
+saco llamado limosnero que llevaba pendiente de la cintura, así como un
+cordón de hilo de oro que la servía de ceñidor, y se terminaba en dos
+borlas casi sobre los pies.</p>
+
+<p>—La persona de quien dependo —dijo la dama pastelera ya sentada—,
+la persona de quien dependo únicamente en este mundo, me autoriza a
+enteraros de la historia de mi vida, a declararos quién soy, y a daros
+explicaciones sobre un lance que ha podido dar lugar a dudas sobre mi
+sinceridad. Hablo de lo ocurrido en el Carmen. Lo que voy a deciros
+parecerá tal vez falta de recato; pero acostumbrada a vivir entre
+hombres y en medio de los peligros hace años, puede disculpárseme si me
+muestro algo más libre que otras de mi sexo. El primer hombre a quien
+he amado, el único que he amado, el que hoy amo y amaré siempre, sois
+vos, don Juan.</p>
+
+<p>—¡Celestial Inés! ¡Quién será más dichoso que yo cuando os oigo
+hablar así!</p>
+
+<p>—Bajad la voz, no nos oigan, y escuchadme,<span class="pagenum"
+id="Page_III-39">p. III-39</span> porque sería imprudente prolongar
+esta visita demasiado. Hace tiempo que yo preveía que llegaríamos al
+punto en que hoy estamos, aunque tal vez no contaba con que fuese tan
+pronto. Sin embargo, tengo ya concluida una relación acaso prolija de
+los principales sucesos de mi vida. Por el escrito que os entregaré
+podréis juzgar si soy o no digna de vuestro amor. Pero ¡ah, don Juan!
+¿Por qué quiso el destino que me conocierais?</p>
+
+<p>—Para mi ventura, adorada mía.</p>
+
+<p>—Plegue al cielo que así sea, pero temo lo contrario: yo no puedo
+ser vuestra sino con una condición.</p>
+
+<p>—¿Y dudáis de que todas me parecerán suaves, deliciosas, tratándose
+de lo que más deseo?</p>
+
+<p>—Tal vez no; y ese es mi mayor tormento. Don Juan, la empresa en que
+se os quiere comprometer no solo es arriesgada, sino, y ojalá que me
+engañen mis tristes presentimientos, desesperada, imposible de llevar
+a cabo. ¿Cuál sería mi dolor si rico, joven y dueño de mi corazón, os
+viera víctima<span class="pagenum" id="Page_III-40">p. III-40</span>
+de proyectos que nada os interesarían si no me hubierais conocido?</p>
+
+<p>—Y bien, Inés, desde este momento son míos; no necesito saber más
+que podrán reportaros alguna utilidad, y conducirme a mí a la dicha de
+ser vuestro esposo, para ser el más celoso partidario de ellos. ¿Qué
+es preciso hacer? ¿Atravesar los mares? ¿Abandonar patria y familia?
+¿Pelear, renunciar a mi propio nombre, servir de esclavo? Hablad, Inés:
+¿qué se exige de mí? Decidlo; y si hay peligro, por grande que sea, que
+me detenga un instante, despreciadme entonces como indigno de vuestro
+amor.</p>
+
+<p>El entusiasmo de don Juan conmovió a Inés extraordinariamente; y no
+permitiéndola su agitación responder de palabra, alargó por la reja una
+mano, que fue besada con indecibles transportes.</p>
+
+<p>—Y bien, mi Inés, mi señora, mi vida, ¿qué me decís?</p>
+
+<p>—¿Qué he de deciros, don Juan? Si yo hubiera de combatir contra
+solo mi amor, aunque grande,<span class="pagenum" id="Page_III-41">p.
+III-41</span> tal vez pudiera vencerlo aunque me costara la vida;
+pero contra el vuestro también, me es imposible. Sea, pues, lo que el
+destino ordene. Esperadme un momento.</p>
+
+<p>Salió diciendo esto del locutorio y en breve volvió, trayendo una
+caja o estuche de madera preciosa, la cual con su llave pendiente de un
+cordón entregó a Vargas, diciéndole:</p>
+
+<p>—Dentro de esa caja hallaréis la historia de la mujer en quien
+habéis puesto los ojos. El cielo sabe si me cuesta que nos separemos
+tan pronto, pero es preciso: idos, don Juan.</p>
+
+<p>—¿Tan presto, señora?</p>
+
+<p>—No podemos ni debemos llamar la atención de las religiosas. Dentro
+de tres días volved a la hora de hoy.</p>
+
+<p>—¡Tres días, Inés! ¡Tres días sin veros!</p>
+
+<p>—Tiempo hubo en que un mes no os pareció mucho tiempo de
+ausencia.</p>
+
+<p>—¿Aún os dura esa memoria, Inés mía? Paréceme que ya he pagado
+bastante aquel delito. Es imposible que pudiendo veros pase yo tres
+días sin hacerlo.</p>
+
+<p>—Pues bien, venid pasado mañana:<span class="pagenum"
+id="Page_III-42">p. III-42</span> ya rebajo un día. Adiós, y no me
+olvidéis.</p>
+
+<p>—Antes me olvidaré de que existo.</p>
+
+<p>—Mucho ponderáis, señor don Juan.</p>
+
+<p>—Más siento, señora, a fe de caballero.</p>
+
+<p>En esto, deshaciendo Inés su mano de las de su amante, que al tomar
+la caja se había quedado con ella, se retiró ligeramente para salir del
+locutorio. Ya en la puerta volvió la cabeza, y mirando a Vargas con
+toda la expresión del amor y del agradecimiento.</p>
+
+<p>—Adiós, mi don Juan —le dijo, y desapareció.</p>
+
+<p>Vargas salió del convento arrebatado de gozo, y volando más que
+andando corrió a examinar el contenido de la preciosa cajita.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_3p042.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+<div class="chapter" id="Ch33">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-43">p. III-43</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO III</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">La más bella niña</div>
+ <div class="verse i0">De nuestro lugar</div>
+ <div class="verse i0">Hoy viuda y sola,</div>
+ <div class="verse i0">Y ayer por casar.</div>
+ <div class="verse idr">(Góngora).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p class="centra asc">MANUSCRITO DE INÉS.</p>
+
+ <p class="ti0 mt1">«¡Oh Clara! ¡Mi amada Clara! Si desde tu morada
+ celestial tu alma pura puede todavía conservar sus relaciones con
+ los objetos que en la tierra le fueron queridos, me atrevo a creer
+ que nunca tu espíritu se apartará de tu Inés. La feliz indiferencia
+ por los hombres, que tanto envidiabas en ella, ha desaparecido para
+ siempre: ahora y no entonces es cuando comprende todos tus tormentos.
+ ¡Pobre Clara! Solo en la tumba has hallado el descanso. ¿Será mi
+ destino correr igual fortuna?</p>
+
+ <p>»Aún no sé si este escrito será jamás<span class="pagenum"
+ id="Page_III-44">p. III-44</span> leído por otro viviente más que yo
+ misma. ¿Quién podrá asegurar que la persona para quien le destino
+ querrá comprar, a costa tal vez de su propia dicha, la satisfacción
+ de su curiosidad con respecto a mí? Comoquiera que sea, si estos
+ caracteres, trazados por mi mano, llegaren a las suyas algún día,
+ sepa que para él, y para él solo, he podido resolverme a confiar al
+ papel las desgracias de mi familia, cuyo término está cuando menos
+ muy lejano.</p>
+
+ <p>»Don Sebastián Contiño de Álvarez nació en la ciudad de Oporto, en
+ el reino de Portugal, vástago de una ilustre familia. Su inclinación
+ le llamó al ejercicio de las armas desde la niñez, y en ella se
+ envejeció. Era don Sebastián un soldado a toda ley: valiente,
+ sincero, y fiel a su rey. Ya muy adulto se enamoró, y obtuvo sin
+ dificultad la mano de doña María Sotomayor de Castro, que era una
+ señora igual a él en nacimiento, superior en fortuna, y célebre
+ por<span class="pagenum" id="Page_III-45">p. III-45</span> sus
+ virtudes y claro entendimiento.</p>
+
+ <p>»Fruto de este matrimonio fueron dos hijas: mi pobre hermana Clara
+ y yo, que nací dos años después.</p>
+
+ <p>»Apenas habría yo cumplido cuatro años, cuando tuve la desgracia
+ de perder a mi madre; y a pesar de ser entonces tan tierna mi edad,
+ no he podido jamás olvidar la dolorosa impresión que aquel suceso
+ me causó, ni los extremos que mi padre hacía con la aflicción de
+ separarse para siempre de una esposa a quien adoraba. Clara y yo
+ recibimos, deshechas en lágrimas, la última bendición de nuestra
+ madre moribunda; y solo a ella puedo atribuir el que en medio de
+ tantas vicisitudes en que después nos hemos visto, ni la una ni la
+ otra nos hemos apartado un solo instante de la senda de la virtud:
+ gracias sean dadas al que todo lo puede.</p>
+
+ <p>»El mismo año de la muerte de mi madre, que fue el pasado de
+ 1578, se partió el rey don Sebastián a su desgraciada expedición
+ al África; y mi padre,<span class="pagenum" id="Page_III-46">p.
+ III-46</span> no queriendo dejar de acompañarle, nos puso al cuidado
+ de una parienta de mi madre, llamada doña Francisca de Alba, mujer
+ de don Frey Cristóbal Tabora, gran privado del rey, y que también le
+ acompañó en aquella sangrienta jornada, causa de dolor eterno para el
+ Portugal.</p>
+
+ <p>»Parece que mi padre al despedirse de nosotras tenía el triste
+ presentimiento de no volvernos a ver. Estrechonos en sus brazos mil
+ veces, y no pudo dejarnos sin derramar copiosas lágrimas; cosa en él
+ bien singular, pues acaso en esta ocasión y en la de la muerte de mi
+ madre serían las dos únicas de su vida en que se le viese llorar.</p>
+
+ <p>»Perdiose la batalla: murió en ella la flor de la nobleza
+ lusitana, y la consternación fue general. Mi tía doña Francisca no
+ supo de su marido; nosotras ignoramos la suerte de nuestro padre;
+ y ni teníamos ni podíamos hallar consuelo, porque donde quiera
+ que volviésemos la vista solo hallábamos orfandad, viudez y<span
+ class="pagenum" id="Page_III-47">p. III-47</span> desolación. Jamás
+ pueblo fue tan severamente castigado por faltas de su rey como
+ Portugal por el imprudente arrojo de don Sebastián.</p>
+
+ <p>»La edad de Clara y la mía nos libertaron entonces de apurar aquel
+ cáliz de amargura; pero sin embargo mi hermana, que nació con un
+ corazón demasiado sensible, contrajo desde entonces una melancolía
+ que conservó hasta el sepulcro.</p>
+
+ <p>»Para colmo de desdichas, nuestra tía se hizo un objeto de
+ sospechas eternas para el gobierno; y es de advertir que cuantos
+ volvieron de la batalla, o eran deudos, amigos y allegados de los que
+ fueron a ella, o bien habían gozado de algún favor con don Sebastián,
+ fueron desde entonces perseguidos más o menos, casi sin excepción.</p>
+
+ <p>»¿Qué cosa más natural que, ignorándose la suerte de un padre,
+ de un esposo, de un hermano, de un amigo, se tratase de inquirir
+ qué era de él? ¿Quién se atreverá a condenar al que no quiere
+ convencerse,<span class="pagenum" id="Page_III-48">p. III-48</span>
+ sin haber adquirido pruebas innegables, de que ha perdido para
+ siempre a una persona querida?... Y, sin embargo, cualquiera de
+ estas dos cosas se miraba y se mira hoy en Portugal como un crimen
+ atroz.</p>
+
+ <p>»Doña Francisca de Alba preguntaba, inquiría, buscaba sin cesar
+ indicios de que su marido no había muerto... “<i>Conspira</i>”,
+ dijeron los satélites del tirano; y la triste viuda se vio muy
+ cerca de ser sepultada en un calabozo. Tuvo, pues, que salir de
+ Lisboa y establecerse en su quinta de la Torre Vieja. Nosotras la
+ seguimos; pero mi tía, que aún no se consideraba segura, no queriendo
+ exponernos a una tropelía de las que entonces eran frecuentes, ni
+ envolvernos en su ruina, nos envió a la Sierra del Carnero con una
+ criada de confianza llamada Marta y el mulato Domingo, a quien don
+ Juan conoce.</p>
+
+ <p>»En lo más escondido de un profundo valle, en medio de un bosque
+ de naranjos<span class="pagenum" id="Page_III-49">p. III-49</span> y
+ limoneros, una choza, que tal parecía por su techo pajizo y paredes
+ de caña, nos ofreció un asilo cómodo y seguro, del que jamás me
+ olvidaré aun cuando algún día llegue a habitar suntuosos palacios.
+ Formaba aquel valle una cadena circular de montes poblados de añosas
+ encinas, y de lo más alto de uno de ellos corría un abundante y
+ cristalino arroyo, cuyas aguas fertilizaban su suelo, y habiendo no
+ lejos de la choza un profundo remanso, nos proporcionaba el placer de
+ bañarnos en el estío. Una sola vereda de cabras era la comunicación
+ que existía entre nosotros y el resto del mundo. Nuestra choza era
+ grande, bien repartida, y cómoda. Poco tiempo después de habitarla se
+ retiró también a ella, huyendo de la persecución, el capellán de mi
+ tía, anciano venerable y lleno de instrucción, que tomó a su cargo
+ educarnos a Clara y a mí. Marta nos instruía en las labores propias
+ de su sexo.</p>
+
+ <p>»Pocas veces dejamos mi hermana y<span class="pagenum"
+ id="Page_III-50">p. III-50</span> yo de ver brillar en el horizonte
+ el primer rayo del sol: siempre juntas, siempre con los brazos
+ enlazados corríamos el valle, y cada día encontrábamos un nuevo
+ placer. Hoy era un nido de ruiseñores; mañana la temprana fruta
+ de un árbol querido. Corríamos, saltábamos, y el tiempo presente
+ era el único que nos ocupaba. Ni el estudio ni el trabajo se nos
+ hacían penosos, porque no nos obligaban a él: nuestro preceptor era
+ el hombre más indulgente, más tolerante que es posible imaginar; y
+ nosotras lo queríamos tanto, que la idea de complacerle nos hacía
+ aprender con gusto cuanto quería enseñarnos.</p>
+
+ <p>»Clara, de más edad, más reflexiva, con mayor talento que yo,
+ aprovechaba también más; pero me quería con tanto extremo que tenía
+ un verdadero pesar cada vez que se conocía superior a mí. Si el
+ hombre que dice haberse prendado de mí hubiera conocido a aquel
+ ángel, viéndome a su lado me tendría por despreciable».</p>
+
+</div>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-51">p. III-51</span></p>
+
+<p>—Imposible —exclamó Vargas al llegar aquí—, imposible: no puede
+haber habido mujer igual ni comparable a ti, Inés mía.</p>
+
+<p>Después de haber desahogado así su corazón, continuó leyendo.</p>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p>«Pero yo me olvido de que estos detalles, tan interesantes para
+ mí, han de cansar a cualquier otra persona: ocho años pasamos en
+ aquella soledad sin que el menor incidente viniera a turbar nuestra
+ dicha. Nuestros bienes, fielmente administrados por mi tía, nos
+ ponían en estado de proporcionarnos toda especie de comodidades: nada
+ deseábamos ni teníamos que desear.</p>
+
+ <p>»Yo tenía ya trece años; mi hermana quince, y era hermosísima
+ criatura. Dicen que se me parecía; pero yo, y no pase por modestia,
+ le soy muy inferior. Clara era muy blanca, perfectamente formada,
+ y sus facciones no eran solo regulares, sino además sumamente
+ agraciadas. Su porte era grave, dulce su mirar, encantadora su
+ sonrisa. En general parecía<span class="pagenum" id="Page_III-52">p.
+ III-52</span> melancólica, y jamás su alegría fue estrepitosa; pero
+ había en su corazón una vehemencia, en su fantasía una exaltación,
+ que dan lugar a decir que en los pocos años que pisó la tierra, más
+ que en ella vivió en un mundo ideal.</p>
+
+ <p>»Cuando al despertarnos por la mañana me refería sus sueños, me
+ parecían de aquellos cuentos maravillosos que me entretenían en mi
+ primera infancia. Todo en ellos era sublime, extraordinario y bueno.
+ La misma inclinación se notaba en sus lecturas: siempre prefirió las
+ obras más metafísicas. Nunca la oí hablar de tesoros, sino de virtud
+ y gloria. Decir que era muy religiosa es excusado; en su carácter no
+ podía menos de serlo. Era demasiada su semejanza con los espíritus
+ celestiales para que dejase de estar siempre en comunicación con
+ ellos por medio de la oración.</p>
+
+ <p>»De mí solo diré que adoraba a mi hermana, y que tenerla a mi lado
+ y juguetear eran todos mis deseos.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-53">p. III-53</span></p>
+
+ <p>»Una tarde de verano, ya mucho después de puesto el sol, nos
+ hallábamos las dos hermanas a la orilla del lago, sentadas al pie
+ de un sauce y abrazadas como de costumbre. Hablábamos de nuestros
+ padres, o por mejor decir, Clara hablaba y yo la escuchaba. No se le
+ había olvidado ni una sola de las circunstancias de la muerte de mi
+ madre, ni de la despedida de su esposo: referíamelas entonces acaso
+ por la millonésima vez, y sin embargo nuestras lágrimas corrían en
+ abundancia. Clara, refiriendo una desgracia, hubiera hecho llorar a
+ las piedras.</p>
+
+ <p>»En esta disposición, no sé cómo alcé la vista, y en la cumbre del
+ monte que teníamos en frente, que era justamente el que atravesaba
+ la vereda por donde se entraba en nuestro valle, creí divisar cuatro
+ o cinco hombres a caballo. Comuniqué mi observación a Clara, y esta
+ confirmó mis sospechas.</p>
+
+ <p>»Desde que habíamos ido a la cabaña continuamente estábamos oyendo
+ que<span class="pagenum" id="Page_III-54">p. III-54</span> aquel era
+ el único rincón de Portugal donde se podía vivir sin estar expuesto a
+ las persecuciones del tirano.</p>
+
+ <p>»Sabíamos que nuestra tía no se había venido a vivir a él por
+ no exponerse a que la confiscasen sus bienes, no atreviéndose
+ a visitarnos sino muy de tarde en tarde, y con las mayores
+ precauciones, para que no se descubriese nuestro retiro. Tampoco se
+ nos había ocultado que nuestro capellán estaba allí para sustraerse
+ a la proscripción que le amenazaba. En una palabra, estábamos
+ convencidas de que el descubrimiento del valle en que vivíamos sería
+ seguido infaliblemente de nuestra ruina.</p>
+
+ <p>»Con estos antecedentes es fácil de concebir cuál sería nuestro
+ sobresalto viendo aquellos cinco hombres que descendiendo del monte
+ se aproximaban a paso largo a nosotras.</p>
+
+ <p>»Yo me arrojé en los brazos de Clara, a quien estaba acostumbrada
+ a mirar como mi natural protectora, y conocí que,<span
+ class="pagenum" id="Page_III-55">p. III-55</span> aunque procuraba
+ serenarme, no estaba tampoco muy tranquila.</p>
+
+ <p>»“¿Qué hacemos?”, le dije. “Huyamos a la choza”, me respondió,
+ “tal vez no nos habrán visto”.</p>
+
+ <p>»Tomamos inmediatamente este partido, y llegamos, casi sin aliento,
+ a la pieza en que el capellán, leyendo, y Marta, en sus labores, nos
+ vieron entrar de aquella manera, con no poca sorpresa. Pero nosotras,
+ sin darles lugar a que nos preguntasen cosa alguna, les referimos lo
+ que habíamos visto.</p>
+
+ <p>»El capellán, creyendo ya verse en poder de los jenízaros de
+ Felipe, y de allí sepultado en un calabozo de la Inquisición, se
+ quedó petrificado; y Marta no pensó más que en tratar de escondernos
+ a mi hermana y a mí. Pareciome bien aquella resolución, pero no
+ así a Clara. Esta dijo que si eran gentes enviadas por el rey las
+ que venían, sin duda estarían bien informados de cuántos y quiénes
+ fuesen los habitantes de la cabaña, y que<span class="pagenum"
+ id="Page_III-56">p. III-56</span> ocultarse cualquiera de ellos
+ solo serviría para darles lugar a cometer mayores tropelías sin
+ fruto alguno para el escondido, a quien irremediablemente habían de
+ encontrar por fin.</p>
+
+ <p>»Estaban Marta y el capellán combatiendo aquella opinión, cuando
+ se vieron interrumpidos por dos o tres golpes dados con fuerza a la
+ puerta, que nosotras al entrar habíamos cerrado.</p>
+
+ <p>»Cuál sería nuestro temor, se deja comprender. Quedémonos por
+ algún tiempo inmóviles como estatuas: llamaron segunda vez a la
+ puerta, y fue preciso pensar en lo que se había de hacer.</p>
+
+ <p>»“Es necesario responder”, dijo Clara. “¿Y quién se atreve?”,
+ replicó Marta, “yo no”. “Ni yo”, exclamó el capellán. “Pues yo iré”,
+ dije yo entonces. “Vamos las dos”, añadió Clara; y así se hizo.</p>
+
+ <p>»Acercámonos en efecto a una ventana, desde la cual vimos
+ que el que llamaba a la puerta era el mozo de confianza que mi
+ tía solía enviarnos con las provisiones<span class="pagenum"
+ id="Page_III-57">p. III-57</span> y otras cosas necesarias. Ambas
+ hermanas nos echamos a reír del gran miedo que sin causa habíamos
+ pasado, y abrimos al bueno de Santiago, que así se llamaba el mozo,
+ quien nos manifestó que también se había sorprendido y asustado con
+ nuestra tardanza en responderle.</p>
+
+ <p>»El capellán y Marta creo que mientras esto pasaba en la puerta
+ estarían encomendándose a todos los santos del cielo, pues cuando
+ entramos en su cuarto con Santiago los hallamos de rodillas,
+ blancos como la pared, cruzadas las manos, y clavados los ojos en
+ el cielo. Costonos algún tanto convencerlos de que nada ocurría que
+ pudiera justificar sus temores; pero por fin acabaron cediendo a la
+ evidencia, y el buen eclesiástico preguntó a Santiago cuál era el
+ objeto de su venida. Respondiole este, que lo vería por la carta de
+ doña Francisca de Alba que puso en sus manos.</p>
+
+ <p>»Nunca he visto pasar a un hombre con tanta rapidez del exceso de
+ la aflicción<span class="pagenum" id="Page_III-58">p. III-58</span>
+ al colmo de la alegría, como pasó entonces el capellán con la lectura
+ de aquella carta, que contra su costumbre de hacerlo en voz alta,
+ reservó entonces para sí.</p>
+
+ <p>»Brilló en su rostro un contento inexplicable; y como si le
+ hubieran quitado por encanto veinte años de encima, se levantó de su
+ asiento con indecible agilidad, y frotándose las manos, dio dos o
+ tres paseos por la sala antes de decirnos una palabra.</p>
+
+ <p>»Esperábamos las tres, con la ansiedad que tan natural es en
+ nuestro sexo, la explicación de todo aquello, pero por entonces lo
+ que supimos servía más para irritarla que para satisfacerla.</p>
+
+ <p>»“Hijas mías, los hombres que habéis visto a caballo no son lo que
+ pensabais. Vienen aquí, pero como amigos. Bien me lo daba a mí el
+ corazón: por eso no me he asustado tanto como vosotras”.</p>
+
+ <p>»Esto nos dijo el capellán; y Clara y yo, oyendo su intempestiva
+ fanfarronada,<span class="pagenum" id="Page_III-59">p. III-59</span>
+ nos miramos, faltando poco para que soltáramos la carcajada.</p>
+
+ <p>»“Son”, continuó él sin advertirlo, “sujetos de distinción. Uno de
+ ellos viene enfermo, y es menester disponerle una cama. Vamos, señora
+ Marta, no perdáis el tiempo. Y vosotras, hijas mías, supongo que no
+ tendréis inconveniente en ceder vuestro aposento para un desgraciado.
+ ¿No es verdad?”. “Y con mil amores”, respondió Clara, cuyo tierno
+ corazón compadecía ya al hombre de quien se le hablaba.</p>
+
+ <p>»Marta, mi hermana y yo volamos a nuestro cuarto. En un instante
+ hicimos desaparecer nuestras costuras y bordados: dispusimos una
+ cama que no le hubiera parecido mal a un príncipe, y salimos a
+ anunciárselo al capellán, pero ya no le encontramos en la choza.
+ Supusimos, con razón, que habría salido al encuentro de nuestros
+ huéspedes, pues a poco rato le vimos llegar acompañado de cinco
+ hombres montados en muy buenos caballos.<span class="pagenum"
+ id="Page_III-60">p. III-60</span> Traían todos unos antifaces
+ negros, cosa que nos sorprendió, pues, viviendo en aquella soledad,
+ ignorábamos que los caminantes, en verano, suelen usarlos para
+ libertar el rostro del ardor del sol y de la incomodidad del polvo.
+ Sus vestidos no eran ni tan buenos ni tan malos que llamasen la
+ atención. Los sombreros, de ala ancha; pero lo que más atrajo las
+ miradas de Clara y las mías fueron las cotas de malla que llevaban
+ encima de unos coletos de gamuza. Tal vez ellas y las armas, tanto
+ blancas como de fuego, de que iban provistos, me hubieran hecho
+ tenerlos por ladrones a haberlos visto algunos años después. Entonces
+ el vicio y el delito eran para mí palabras incomprensibles.</p>
+
+ <p>»Mientras mi hermana y yo observábamos todo esto, se habían
+ apeado cuatro de los jinetes, y llegándose con muestras de respeto
+ al quinto, que permanecía montado a caballo, recibieron sus
+ armas, que él mismo fue dándoles. Luego<span class="pagenum"
+ id="Page_III-61">p. III-61</span> que estuvo desembarazado, trató de
+ apearse; pero viendo los otros que no podía hacerlo, se encargaron
+ de ello, haciéndolo con brevedad, pero con tanto cuidado que nos
+ persuadió de que aquel hombre era el enfermo. Ya en el suelo, fue
+ menester que se agarrara de los brazos de dos de sus acompañantes
+ para entrar en la choza, y aun así andaba con suma dificultad.</p>
+
+ <p>»“Ese infeliz”, me dijo Clara, “parece que está muy malo”. Marta y
+ yo también pensábamos lo mismo, pero era tal nuestra curiosidad, que
+ no nos daba lugar por entonces a compadecerlo.</p>
+
+ <p>»Sin detención ninguna el capellán condujo a los desconocidos a la
+ habitación preparada, y allí el enfermo se metió inmediatamente en
+ la cama. Al cabo de una media hora salió nuestro preceptor; comunicó
+ a Marta sus disposiciones para la cena, y la orden de arreglar, lo
+ mejor que pudiese, en la sala que nos servía de biblioteca y cuarto
+ de estudio, tres camas<span class="pagenum" id="Page_III-62">p.
+ III-62</span> para aquellos señores, pues uno de ellos había de velar
+ continuamente a la cabecera del enfermo.</p>
+
+ <p>»Cuando estuvo dispuesto todo, avisamos; y se nos previno que
+ Domingo llevase la ligera colación preparada para el doliente
+ hasta la puerta de su habitación. Allí la tomó uno de los que le
+ acompañaban, y después se presentaron los cuatro en el comedor para
+ cenar con nosotras, ya sin antifaces, pero con las cotas de malla,
+ espadas y dagas.</p>
+
+ <p>»Vimos entonces que de aquellos cuatro sujetos uno era anciano,
+ dos jóvenes, y el otro niño, que no llegaría a diecisiete años.
+ Estaban todos tan tostados que más parecían mulatos que europeos;
+ y mostraban en lo enjuto de los rostros, lacio de los cabellos y
+ gravedad en el mirar, que la vida que llevaban no era ni cómoda, ni
+ exenta de peligros.</p>
+
+ <p>»Saludáronnos cortésmente, excusándose de la molestia que
+ nos causaban con la inevitable necesidad de hacerlo. A la<span
+ class="pagenum" id="Page_III-63">p. III-63</span> mesa se condujeron
+ con la más perfecta urbanidad, pero hablaron poco: no se nombraron
+ jamás unos a otros; y aunque comieron con buen apetito, no mostraron
+ en ello gran placer. Acabada la cena, que no fue larga, nos
+ retiramos, ellos a descansar, y nosotras a hacer conjeturas sobre
+ quiénes serían.</p>
+
+ <p>»A la mañana siguiente, después de habernos vestido para ello
+ con algo más de cuidado que solíamos hacerlo diariamente, fuimos
+ conducidas por nuestro preceptor al cuarto del enfermo, a quien
+ hallamos en la cama sin antifaz ni otra cosa que impidiese verle el
+ rostro.</p>
+
+ <p>»“Señor”, le dijo el capellán, “aquí tenéis a las dos sobrinas de
+ mi señora doña Francisca de Alba”. “Bellas niñas”, contestó con una
+ voz, aunque entonces débil, bastante sonora. “¿No me habéis dicho
+ que eran hijas de Sebastián Contiño?”. “Y muy servidoras vuestras”,
+ respondí yo, que como de menos edad, estaba también menos cortada que
+ Clara.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-64">p. III-64</span></p>
+
+ <p>»“¡Pobre Contiño!”, continuó el doliente como si no me hubiera
+ oído: “lo hizo bien; se portó como un valiente; y no fue solo. Pero
+ todo fue inútil: Dios quiso castigar nuestra arrogancia. Que su
+ voluntad sea hecha. Hijas mías, vuestro padre era un buen soldado, un
+ completo caballero; espero que algún día recibiréis la recompensa de
+ sus servicios en la tierra, porque él años ha que disfruta de ella en
+ mejor vida”.</p>
+
+ <p>»Estas palabras arrancaron nuestras lágrimas. El enfermo,
+ sintiendo al parecer habernos afligido, varió de conversación,
+ y empezó a hacernos a ambas, aunque con más frecuencia a Clara,
+ diversas preguntas, a las cuales tuvimos la dicha de responder
+ acertadamente. Aquella conversación duró una hora. Yo salí ya un poco
+ cansada; pero como Clara parecía muy satisfecha, no quise decirle una
+ palabra.</p>
+
+ <p>»Todo aquel día no cesó mi hermana de hablarme del enfermo.
+ Ponderaba<span class="pagenum" id="Page_III-65">p. III-65</span> su
+ figura, que a mí, a la verdad, no me parecía gran cosa; la sonoridad
+ de su voz, que a mí me amedrentaba; y sobre todo, aquel tono grave
+ y majestuoso que le hacía suponer, y en esto íbamos conformes, que
+ aquel hombre debía ser un gran personaje.</p>
+
+ <p>»La enfermedad que el tal padecía era una herida en una pierna
+ que por falta de cuidado estaba en muy mal estado. Agravose
+ considerablemente, le entró calentura; y sus cuatro compañeros y
+ el capellán decidieron unánimemente que era indispensable ya la
+ asistencia de un facultativo. Con este objeto escribieron a mi tía, y
+ el fiel Santiago fue como siempre el portador del mensaje.</p>
+
+ <p>»Según después he sabido, la elección de doña Francisca de Alba
+ recayó en el licenciado Juan Méndez Pacheco, médico de una aldea
+ vecina a Lisboa, que tenía fama de hábil y de poco afecto a los
+ españoles.</p>
+
+ <p>»Avisole que fuera a Guimaraes a<span class="pagenum"
+ id="Page_III-66">p. III-66</span> ver un enfermo en quien se
+ interesaba. Hízolo así Pacheco, y cuando ya iba a entrar en el lugar,
+ Santiago, sacándolo del camino, lo condujo a lo más áspero del monte,
+ en donde le aguardaban ocultos dos de los incógnitos de nuestra
+ choza. Después de asegurarle que nada tenía que temer, le taparon el
+ rostro para que no viese el camino por donde iba, y lo trajeron así
+ hasta el cuarto mismo del paciente.</p>
+
+ <p>»Reconoció Pacheco la llaga, que dijo haber sido hecha por una
+ bala que pasó de soslayo; la curó, y en quince días que permaneció
+ allí sacó al enfermo de peligro y lo puso en disposición de poderse
+ levantar, declarando que ya no creía necesaria su asistencia. Con
+ esto, y con sustituir al ungüento que en una caja de plata llevaban
+ los incógnitos para curar la herida por otro más eficaz, se le
+ despachó del mismo modo que vino, con una carta para mi tía, quien
+ no solo le recompensó liberalmente, sino que tuvo la debilidad<span
+ class="pagenum" id="Page_III-67">p. III-67</span> de confiarle tal
+ vez cosas que no debiera. Debo advertir que Pacheco no vio jamás el
+ rostro del enfermo, quien siempre que el médico iba a entrar en su
+ cuarto se ponía unos grandes anteojos pardos que le desfiguraban
+ enteramente. A los demás los vio, pero a ninguno pareció conocer, ni
+ ellos a él.</p>
+
+ <p>»Durante la estancia del médico en la choza, nuestras relaciones
+ con el enfermo se hicieron más íntimas. Gustaba de nuestra compañía,
+ y el capellán, encantado de ello, lejos de poner obstáculo alguno,
+ apenas nos dejaba salir un instante de su estancia. Marta, que
+ no había recibido una educación descuidada, sabía tocar el arpa
+ medianamente, y nos había dado lecciones a Clara y a mí: en breve
+ supe yo tanto como mi maestra, y mi hermana mucho más. Pulsada
+ el arpa por sus manos, producía sones que arrebataban: parecía
+ que las cuerdas, animándose, adquirían la sensibilidad de aquella
+ angelical criatura; y nada distraía tanto<span class="pagenum"
+ id="Page_III-68">p. III-68</span> al enfermo como que Clara tocase
+ algunas de sus composiciones favoritas en aquel instrumento.</p>
+
+ <p>»Yo no me apartaba de mi hermana; es decir, que no salía del
+ cuarto en que ella estaba; pero como mi edad ni mi carácter permitían
+ que me estuviese mucho tiempo quieta, no cesaba de juguetear, ya en
+ una parte, ya en otra. Clara, por el contrario, siempre sentada a la
+ cabecera del enfermo, ora leía, ora tocaba el arpa, o bien conversaba
+ con él; y si era grande el placer de este en tenerla a su lado, no
+ era menor el de ella en acompañarle.</p>
+
+ <p>»Podría tener aquel hombre entonces de treinta y cuatro a treinta
+ y cinco años de edad, y aunque llevaba en el rostro visibles
+ señales de grandes trabajos, lejos de ofrecer nada de repugnante,
+ no dejaba de tener bastante gracia. Su conversación era bastante
+ amena. Había corrido, al parecer, gran parte de la Europa, y
+ observando detenidamente sus costumbres,<span class="pagenum"
+ id="Page_III-69">p. III-69</span> pues describiéndolas con viveza y
+ maestría, nos tenía escuchándole horas enteras. No había en Portugal
+ familia ilustre cuya historia no conociese perfectamente; y según
+ hablaba, no solo parecía que había estado en relaciones con ellas,
+ sino con cuantos personajes había en dicho reino. De todo hablaba
+ con calma, y acaso con indiferencia; pero si la casualidad hacía
+ que se mencionase al rey de España, se hubiera dicho que una chispa
+ eléctrica le inflamaba. Sus ojos brotaban llamas al solo nombre de
+ Felipe; murmuraba entre dientes algunas imprecaciones, y variaba al
+ instante de conversación.</p>
+
+ <p>»Siempre que esto ocurría, mi miedo era inexplicable; y daba
+ señales tan claras de tenerlo que algunas veces, conociéndolo el
+ enfermo, me llamaba para hacerme caricias y desimpresionarme. Sin
+ embargo, siempre miré a aquel hombre con cierta especie de temor que
+ jamás he podido desterrar.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-70">p. III-70</span></p>
+
+ <p>»Clara también se afligía en tales casos, mas no se asustaba:
+ si existe en efecto la simpatía entre los humanos, en nadie se ha
+ explicado con más prontitud ni fuerza que en mi hermana y el enfermo.
+ Yo entonces veía sin comprender; pero reflexionando después muchas
+ veces sobre aquellos sucesos, me he convencido de que muy desde el
+ principio se enamoró Clara del incógnito, y este de ella.</p>
+
+ <p>»Una sola circunstancia, que por cierto me afligió bastante,
+ hubiera sobrado hoy para revelarme aquel amor naciente.</p>
+
+ <p>»En nuestros paseos Clara no hablaba una palabra, y apenas
+ respondía a mis continuas preguntas. Siempre distraída, no cesaba de
+ suspirar, y hubo días en que, aprovechándose de la primera ocasión
+ favorable, se salía fuera de la choza.</p>
+
+ <p>»Ya he dicho de mi cariño a ella que era una verdadera idolatría.
+ Sentime de su proceder, y se lo dije con las lágrimas en los ojos.
+ Clara me estrechó tiernamente entre sus brazos, me acarició,<span
+ class="pagenum" id="Page_III-71">p. III-71</span> y se disculpó. Yo
+ la creí, y dos días después volvió a suceder lo mismo que antes.</p>
+
+ <p>»Mes y medio pasaron los incógnitos en la choza. De los cuatro que
+ acompañaban al enfermo, los tres de más edad casi siempre estaban
+ conferenciando en secreto con el capellán: el otro gustaba más de
+ acompañarnos a paseo a mi hermana y a mí; para su edad era demasiado
+ formal, y yo le hacía por ello muchísima burla: él lo sufría
+ pacientemente, pero no variaba de conducta. Muchas veces me dijo que
+ era muy hermosa: yo me reía. Parece que ya en aquel tiempo se enamoró
+ de mí; por mi parte entonces no sabía ni podía saber qué cosa era el
+ amor; y cuando en lo sucesivo me hallé en edad de amar, jamás sentí
+ por aquel joven la menor inclinación».</p>
+
+</div>
+
+<p>Respiró don Juan leyendo esta declaración, pues hubo un momento en
+que tembló no ser el primero que hubiera sabido conmover el corazón de
+Inés.</p>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-72">p. III-72</span></p>
+
+ <p>«Anunciáronnos, al cabo de este tiempo, que trataban de irse.
+ Yo recibí esta noticia con indiferencia: no así Clara, que sintió
+ despedazarse su corazón. Al montar a caballo el incógnito, sacándose
+ de un dedo un precioso anillo, se lo puso a mi hermana diciéndola:
+ “Tomad, hija mía, esta memoria de un hombre cuyos dones fueron en
+ otro tiempo muy estimados, y hoy solo cuenta con algunos corazones
+ fieles; séalo el vuestro también, que del mío jamás se borrarán esas
+ facciones, ni el agradecimiento por vuestros cuidados”.</p>
+
+ <p>»Los sollozos de Clara respondieron por ella. No perdió de vista a
+ los caminantes hasta que la distancia y la espesura del monte se los
+ ocultaron; suspiró entonces, y puedo asegurar que en muchos días ni
+ aun sonreírse la vi.</p>
+
+ <p>»No prolongaré más esta relación con minuciosos pormenores. Baste
+ decir que, desde la marcha de los desconocidos, pasamos un tristísimo
+ año hasta su vuelta, que se verificó inesperadamente.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-73">p. III-73</span></p>
+
+ <p>»El herido venía ya enteramente bueno de salud, pero más caído
+ de espíritu. La vista de Clara le animó algún tanto, y mi hermana
+ no pudo disimular el gozo que en verle sentía. Ella misma me ha
+ confesado después todo lo que voy a referir.</p>
+
+ <p>»A pocos días del regreso de aquellos hombres, saliendo Clara a
+ paseo una tarde sin mí, que, no sé cómo, me quedé en la choza, y
+ estando sentada a la orilla del lago, el incógnito se ofreció a sus
+ ojos cuando menos lo esperaba. Saludola, sentose a su lado, y estuvo
+ algún tiempo pensativo, hasta que por fin dijo:</p>
+
+ <p>»“Mi edad y mis trabajos, hermosa Clara, parece que debían haberse
+ puesto a cubierto de las pasiones; pero vuestros ojos han sido más
+ poderosos que los años y la experiencia. Yo os amo con delirio, y
+ la reflexión ni más de un año de ausencia han podido borrar de mi
+ memoria vuestra imagen seductora, y el amor me ha vuelto a traer
+ a este valle, solo para<span class="pagenum" id="Page_III-74">p.
+ III-74</span> ofreceros mi corazón y oír de vuestra boca si mi
+ suerte ha de ser en todo adversa, o me reserva el cielo aún alguna
+ felicidad”.</p>
+
+ <p>»Clara decía que esta declaración, aunque hecha en tono
+ apasionado, también lo fue con entereza y dignidad. No me ha dicho
+ lo que respondió; pero es de inferir que el incógnito no quedaría
+ muy descontento de su respuesta, cuando los paseos solitarios se
+ repitieron tantas veces cuantas lo permitió la impertinentilla
+ hermana Inés.</p>
+
+ <p>»A poco los incógnitos volvieron a marchar; pero su regreso fue
+ también en breve, y en todo el año siguiente repitieron sus visitas
+ con frecuencia.</p>
+
+ <p>»En este intermedio la melancolía y distracción de Clara iban en
+ aumento. El incógnito y ella tenían frecuentes conferencias secretas;
+ pero ni debían versar sobre materias alegres, ni salir ambos muy
+ satisfechos, pues los ojos de mi hermana estaban inflamados de
+ llorar, y el entrecejo de su amante hacía temblar.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-75">p. III-75</span></p>
+
+ <p>»Un día los dos se presentaron a la mesa, si no alegres, por lo
+ menos no tristes. Después de comer, el desconocido se encerró con
+ el capellán, y estuvieron hablando como dos horas; salió el buen
+ eclesiástico de la tal conversación como loco de contento. Santiago
+ fue despachado en toda diligencia con una carta para mi tía. Dos
+ días después volvió a venir acompañando a la misma doña Francisca
+ de Alba. Esta, así que vio al incógnito, se echó a llorar, y quiso
+ arrodillarse; mas él, recibiéndola en sus brazos, lo impidió.</p>
+
+ <p>»Clara al parecer comprendía todo aquello: yo estaba como quien
+ ve visiones, y no poco resentida de la reserva de mi hermana. La
+ noche misma de la llegada de mi tía, así que estuvimos solas, Clara,
+ abrazándome tiernamente, me dijo que se casaba con el incógnito.
+ Jamás ha habido sorpresa igual a la mía ni mayor aflicción, pues creí
+ que casarse Clara y separarme de ella sería todo uno.</p>
+
+ <p>»No le costó poco trabajo consolarme,<span class="pagenum"
+ id="Page_III-76">p. III-76</span> convenciéndome de que jamás se
+ apartaría de mí; y yo, que solo a aquello atendía, ni me acordé de
+ preguntarle el nombre de su esposo.</p>
+
+ <p>»Veinticuatro horas después, como a las once de la noche,
+ vestidas mi tía, Clara, Marta y yo de toda gala, y escoltadas por
+ el incógnito, sus cuatro acompañantes, el capellán, Santiago y
+ Domingo, montamos a caballo; y habiendo andado dos o tres horas por
+ veredas ocultas, y muchas veces por lo más enmarañado del monte,
+ llegamos, acabada de sonar la una de la madrugada, a corta distancia
+ de una ermita dependiente de cierto monasterio de San Agustín. En
+ sus inmediaciones encontramos a otras cuatro personas embozadas en
+ grandes capas, quienes sin duda nos esperaban, pues así que echamos
+ pie a tierra, y uno de los nuestros habló con ellos algunas palabras,
+ se dirigieron con nosotros a la ermita.</p>
+
+ <p>»Santiago se adelantó solo a llamar a la puerta de esta, y
+ el religioso que la<span class="pagenum" id="Page_III-77">p.
+ III-77</span> habitaba no dejó de tardar bastante en responder.
+ Hízolo por fin, preguntando con harto desabrimiento quién era el
+ que llamaba tan a deshoras. Respondió Santiago que un labrador que
+ vivía en una cabaña no distante de allí, en paraje que nombró y
+ ahora no recuerdo, se había puesto repentinamente enfermo de tanto
+ peligro, que se temía expirase de un instante a otro, por lo cual le
+ suplicaba fuese sin tardanza a administrarle los últimos auxilios
+ espirituales.</p>
+
+ <p>»Preguntó el fraile que cómo se llamaba el enfermo, y nuestro
+ mozo, que llevaba bien estudiada la lección, respondió que era un
+ tal Pedro Trebiños, labrador muy conocido del religioso, y que en
+ efecto habitaba el paraje que Santiago había dicho. Con tales señas
+ no le quedó duda al ermitaño; y diciendo que iba a abrir la puerta de
+ la ermita, se retiró de la ventana a que primero se había asomado.
+ Inmediatamente que lo hizo, y a una seña de Santiago, se aproximaron
+ dos de<span class="pagenum" id="Page_III-78">p. III-78</span> los
+ incógnitos, y con las dagas desnudas se arrojaron sobre el pobre
+ fraile cuando abrió la puerta, e imponiéndole silencio bajo pena
+ de la vida entraron con él en el vestíbulo de la ermita. Así que
+ Santiago nos avisó fuimos también a ella nosotras, los que nos
+ acompañaban y los que habíamos encontrado esperándonos; todos, en
+ fin, a excepción del mismo Santiago y el mulato, que se quedaron en
+ guarda de los caballos.</p>
+
+ <p>»Yo no sé quiénes pensaría el fraile que éramos; pero lo cierto es
+ que aunque no hablaba palabra se le conocía que estaba muriéndose de
+ miedo. Dijéronle que nos condujese a la sacristía, y ya en ella que
+ nos franquease los mejores ornamentos que para decir misa tuviese.
+ Hízolo todo apresurado y temeroso, así como a ir a encender todas las
+ velas del altar mayor, y en seguida encerráronle en su propia celda,
+ dejando en su guarda a uno de la comitiva.</p>
+
+ <p>»Así que el fraile se retiró, arrojó su<span class="pagenum"
+ id="Page_III-79">p. III-79</span> capa una de las personas que se nos
+ habían reunido a las inmediaciones de la ermita, y vi con la mayor
+ admiración que era un venerable anciano, un obispo con todas sus
+ vestiduras. Nuestro capellán y otros que le acompañaban le ayudaron a
+ revestirse, y ellos mismos lo hicieron también.</p>
+
+ <p>»Mandáronnos retirar a todos de la sacristía para que el obispo
+ confesase al incógnito: Clara se confesó en seguida también con
+ él, y luego el prelado nos dijo una misa, asistido por los dos
+ capellanes.</p>
+
+ <p>»Concluido aquel sacrificio, Clara, apoyada en mí, pues tal era
+ su turbación que apenas podía andar, se encaminó al altar, como
+ asimismo el incógnito. Todos los asistentes se aproximaron también,
+ y el obispo principió la lectura del rito matrimonial. Concluida la
+ lectura, y al hacer las preguntas de costumbre a los desposados, y
+ oyendo que al incógnito le decía: “Vos, varón, queréis por esposa,
+ etc.,<span class="pagenum" id="Page_III-80">p. III-80</span> a la
+ señora doña Clara Contiño, Sotomayor, Álvarez de Castro”, esperé
+ que al hacerle a mi hermana igual interpelación sabría el nombre de
+ su esposo. Engañeme empero. El obispo empezó en efecto a decir si
+ quería por esposo al señor don... Pero el incógnito lo interrumpió:
+ “Es inútil que me nombréis. Ella sabe quién soy y vos también: esto
+ basta; las paredes oyen”. No replicó el obispo, y la ceremonia se
+ concluyó, con harta mortificación mía, sin que yo tuviese el gusto de
+ saber quién era ni cómo se llamaba mi singular cuñado.</p>
+
+ <p>»Antes de retirarnos firmamos todos un papel, que se nos dijo ser
+ el que en cualquier tiempo haría constar la legitimidad de aquel
+ matrimonio. Besamos en seguida el anillo del obispo, y recibiendo su
+ bendición salimos de la ermita. Poco antes de amanecer estábamos en
+ nuestro valle. Mi hermana se retiró a la estancia de su marido, y
+ yo, que jamás había dormido sino en su compañía, me fui sola y<span
+ class="pagenum" id="Page_III-81">p. III-81</span> despechada a mi
+ lecho, maldiciendo de todo corazón al que me había robado el cariño y
+ la sociedad de Clara.</p>
+
+ <p>»Poco disfrutó esta por entonces de la compañía de su esposo: a
+ los quince días de casado se separó de ella. Volvió a poco tiempo, y
+ permaneció en el valle algunas semanas. Para abreviar diré que en el
+ primer año de su casamiento mi pobre Clara no vería a su marido más
+ de cuatro meses.</p>
+
+ <p>»Es natural figurarse que yo no dejaría de preguntar cuál era el
+ nombre de mi cuñado; pero Clara me contestó que no podía decírmelo,
+ pues había prometido callarlo bajo juramento; que lo que a mí me
+ bastaba saber, y ella podía revelarme, era que su marido pertenecía
+ a una casa mucho más ilustre que la nuestra, y que él mismo era
+ persona de grande importancia; pero que habiéndole ocurrido grandes
+ desgracias, y sufriendo a consecuencia de ellas una persecución del
+ gobierno que ponía su vida en peligro, se<span class="pagenum"
+ id="Page_III-82">p. III-82</span> veía en la precisión de vivir
+ oculto, errante, y en continuo sobresalto.</p>
+
+ <p>»No tuve dificultad ninguna en creer cuanto mi hermana me dijo,
+ pues todo iba muy conforme con las apariencias.</p>
+
+ <p>»La pobre Clara, durante las continuadas ausencias de su marido,
+ no sosegaba un instante. Llorar, rezar, observar el camino del monte,
+ eran sus ocupaciones. Si algún consuelo encontraba en mi compañía,
+ era bien escaso. “¡Qué feliz eres”, me decía muchas veces, “en
+ conservar tu independencia! ¡Qué dichosa en conservarte hoy como
+ cuando vinimos a esta choza!”.</p>
+
+ <p>»Pasaré por alto nuestras conversaciones. Interesantísimas para
+ nosotras, serían impertinentes para los demás.</p>
+
+ <p>»Dieciocho meses hacía que Clara se había casado cuando una
+ noche, siendo más de las doce de ella, se presentó su marido en el
+ valle. Encerrose con ella como cosa de media hora, y al cabo de
+ ella salió con muestras de grande agitación.<span class="pagenum"
+ id="Page_III-83">p. III-83</span> Abrazome tiernamente (y esta fue la
+ primera vez que lo hizo), y montó a caballo, encargándome mucho que
+ cuidase de la salud de mi hermana y la consolara en su ausencia, que
+ entonces sería más larga que las pasadas.</p>
+
+ <p>»Inútil encargo para quien en nada pensaba más que en la dicha de
+ Clara. Entré en su cuarto, y la hallé anegada en lágrimas y postrada
+ de rodillas ante un crucifijo, orando fervorosamente. “Libertadle,
+ Señor”, decía, “de las manos de sus enemigos. Bastante ha purgado sus
+ delitos. Misericordia, Señor, de él y de mí”.</p>
+
+ <p>»Caí yo también a su lado, también lloré, y también dirigí mis
+ plegarias al Redentor. Solo aquello podía consolar a Clara entonces.
+ La mirada que me dirigió viéndome unir mis oraciones a las suyas
+ pintaba un agradecimiento, una satisfacción que no hay pluma capaz de
+ describir.</p>
+
+ <p>»Después de algún rato me dijo: “Soy<span class="pagenum"
+ id="Page_III-84">p. III-84</span> muy desdichada, Inés mía. A pesar
+ de las precauciones con que mi marido vive, los verdugos españoles
+ han llegado a sospechar su existencia en Portugal, y se cree que esto
+ se debe a alguna indiscreción del licenciado Juan Méndez Pacheco,
+ a quien nuestra tía, Dios se lo perdone, dijo más de lo necesario.
+ Tiene, pues, el desdichado que huir, si puede, del suelo de su
+ patria; y no quiere llevarme consigo por no exponerme a mil peligros.
+ ¿Y cuándo, Inés, cuándo tiene que abandonarme? Cuando antes de muchos
+ meses seré madre tal vez”.</p>
+
+ <p>»Al acabar ocultó su rostro en mi seno; corrieron en abundancia
+ las lágrimas de ambas; y de allí en adelante pocos días se pasaron
+ sin repetirse la misma escena. Una semana después de la noche de que
+ acabo de hablar recibimos a Santiago con un billete de mi tía, cuyo
+ contenido era el siguiente:</p>
+
+ <div class="blockquot">
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-85">p. III-85</span></p>
+
+ <p>“Señora y amada sobrina: vuestro esposo y mi señor se ha
+ embarcado, con el favor de Dios, el jueves último, dirigiéndose al
+ puerto de *** para pasar de allí a Roma. Conformaos con la voluntad
+ de Dios, y confiad en su justicia y misericordia, en tanto que yo
+ quedo rogándole con todo el fervor de mi corazón tenga en su santa
+ guardia a vuestro esposo y a vos. Vuestra servidora y tía — <i>Doña
+ Francisca de Alba</i>”.</p>
+
+ </div>
+
+ <p>»Tranquilizose Clara algún tanto con esta noticia, y su vida se
+ hizo más serena, aunque sumamente melancólica. Penas tan graves en
+ una persona joven, en extremo sensible, y de constitución delicada
+ no podían menos de hacer grande impresión; y en efecto, la hicieron.
+ Unida esta a su embarazo, destruyó para siempre la salud de mi
+ desdichada hermana.</p>
+
+ <p>»Después de seis meses de haberse ausentado mi cuñado nació su
+ hija Clara, tan parecida a su madre, y a mí en particular, que
+ cuantos la han visto después la han tenido por hija mía. Nuestro
+ padre capellán la bautizó; yo fui su madrina:<span class="pagenum"
+ id="Page_III-86">p. III-86</span> su madre, a pesar de hallarse muy
+ delicada, no quiso consentir en que nadie diera el pecho a la niña
+ más que ella misma.</p>
+
+ <p>»Pasamos un año después de esto sin tener noticia alguna de
+ mi cuñado: Clara no le había olvidado, pero la hija la servía de
+ gran consuelo. El excelente carácter, las gracias inocentes, y las
+ caricias infantiles de la niña la hacían sonreír a veces. Jamás la
+ oí formar para su hija proyectos ambiciosos; antes por el contrario,
+ aseguraba que, si en su mano estuviera, no saldría nunca Clarita
+ de aquel mismo valle en que ella y yo habíamos pasado momentos tan
+ apacibles.</p>
+
+ <p>»Un día, de que no renuevo nunca la memoria sin amargo dolor,
+ aquel joven que acompañaba al incógnito la primera vez, y que según
+ he dicho parecía enamorado de mí, se presentó en la choza con aire
+ tan abatido y melancólico, que bastaba verlo para presagiar que era
+ portador de alguna funesta nueva.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-87">p. III-87</span></p>
+
+ <p>»“¿Y mi esposo”, preguntó Clara llena de temor, “vive?”. “Vive,
+ señora”, contestó gravemente el mancebo. “Dios sea alabado”, replicó
+ mi hermana con un profundo suspiro; “¿y por qué no viene con
+ vos?”.</p>
+
+ <p>»A esto respondió el mensajero refiriéndonos con brevedad cuanto
+ les había ocurrido desde su marcha del valle, y se reducía a haberse
+ embarcado en Portugal mudando de hábito y nombres, llegado con
+ felicidad a ***, pasando de allí a Roma, y al cabo de pocos meses a
+ Nápoles, por consejo de algunos amigos. Parece que en esta última
+ ciudad hombres demasiado confiados dejaron entrever el secreto de
+ mi cuñado a otros que, intimidados por el poder, o seducidos por el
+ oro de los españoles, lo pusieron en conocimiento del virrey, quien
+ procedió sin tardanza a la prisión del desventurado, que entonces
+ quedaba en el <i>Castell-del-Ovo</i>. Milagrosamente sus inseparables
+ compañeros pudieron sustraerse a favor de<span class="pagenum"
+ id="Page_III-88">p. III-88</span> varios disfraces a la persecución
+ de los satélites del virrey; y el que entonces nos hablaba se
+ encargó de venir a poner en nuestro conocimiento tan triste suceso,
+ exponiéndose, como es de suponer, a peligros inmensos.</p>
+
+ <p>»Una revolución completa se obró entonces en Clara: aquella mujer
+ tímida como la paloma, dulce como el corderillo, se convirtió de
+ repente en un ser animado del mayor entusiasmo.</p>
+
+ <p>»“Corramos”, exclamó, “a Nápoles. No en balde me ha dado el título
+ de esposa suya: si la fortuna hubiera coronado sus esfuerzos, él
+ repartiera conmigo su gloria y su esplendor: hoy que le es contraria,
+ mi deber es participar de sus penas, morir con él si necesario fuese.
+ Ahora mismo me pondré en camino”. “Y yo contigo, Clara mía; nuestra
+ suerte será la misma”, dije yo. Clara me dio un estrecho abrazo. El
+ capellán, que estaba presente, se opuso a este proyecto en vista de
+ las dificultades y peligros que ofrecía; Marta<span class="pagenum"
+ id="Page_III-89">p. III-89</span> le apoyó, y el mensajero mismo de
+ mi cuñado se puso de su parte.</p>
+
+ <p>»Clara entonces, revistiéndose de una dignidad nueva en ella, dijo
+ en tono solemne: “He dicho mi voluntad, y no la revocaré en esta
+ materia. No se hable más de ello”. Quedámonos todos mudos, y solo
+ se pensó en hacer los preparativos para el viaje. En dos días todo
+ estuvo pronto; al tercero salimos del valle; y el quinto Clara, su
+ hija, el capellán, el desconocido, el mulato y yo nos embarcamos en
+ Lisboa para Italia».</p>
+
+</div>
+
+<p>A este punto del manuscrito de Inés llegaba don Juan, cuando un
+criado vino a avisarle que un señor magistrado le buscaba. Suspendió,
+pues, la lectura, aunque de muy mala gana, y encerrando los papeles en
+la cajita bajó a la sala de estrado.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_3p089.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+<div class="chapter" id="Ch34">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-90">p. III-90</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO IV</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Y no os tenéis que cansar;</div>
+ <div class="verse i0">Que yo sé no me conviene:</div>
+ <div class="verse i0">Ni daré por cuanto tiene</div>
+ <div class="verse i0">Un dedo del Castañar.</div>
+ <div class="verse idr">(<i>García del Castañar</i>, comedia).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">La persona que interrumpió a don Juan era don Rodrigo
+de Santillana, alcalde del crimen de la chancillería de Valladolid.
+Después de los cumplimientos de costumbre, don Rodrigo, con la
+facilidad de un hombre de mundo, entabló desde luego la conversación
+sobre el asunto a que iba.</p>
+
+<p>—He sabido, señor don Juan, dijo, que vuestro hermano el señor
+marqués piensa salir mañana de esta ciudad para la corte; y habiendo
+yo sido llamado a ella por el rey nuestro señor, vengo a suplicaros
+me alcancéis la honra de hacer el viaje en su compañía, pues de no
+ser así, hasta hallar ocasión de hacerlo con<span class="pagenum"
+id="Page_III-91">p. III-91</span> alguna comodidad se pasará más tiempo
+del que yo deseara.</p>
+
+<p>Don Juan, a quien no le pesaba hallar ocasión de pagar la cortesanía
+con que don Rodrigo le había tratado en el lance del Campo Grande,
+pasó sin tardanza al cuarto de su hermano, y consiguió fácilmente la
+pretensión del alcalde. En seguida presentó este al marqués, y quedaron
+ambos muy satisfechos uno de otro.</p>
+
+<p>Despidiose don Rodrigo; pero don Juan no pudo volver, como deseaba,
+a ocuparse en la lectura de la historia de su amada, porque el marqués
+le entretuvo hablándole de asuntos de familia y haciéndole varios
+encargos para que los desempeñase durante su ausencia. Entre otras
+cosas le encomendó muy particularmente que no dejase de visitar a
+menudo a cierta condesa viuda, quien tenía una hija única llamada
+Blanca, que, sobre ser heredera de inmensos bienes, pasaba por una de
+las más hermosas y discretas damas de ambas Castillas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-92">p. III-92</span></p>
+
+<p>—Sois mozo —le dijo—, pero no tanto que no debáis ya pensar en
+estableceros, y seguramente ningún partido hallaréis tan ventajoso bajo
+todos aspectos como el de uniros a doña Blanca.</p>
+
+<p>—Hermano —replicó Vargas, nada complacido con semejante
+insinuación—, yo por ahora no pienso en casarme. Además, debéis
+recordar que solo he dejado Flandes para vivir en vuestra compañía.</p>
+
+<p>—Sí, es verdad; pero las circunstancias..., quiero decir... En
+fin, aunque casado, siempre viviréis en Valladolid, y viene a ser lo
+mismo.</p>
+
+<p>—No hablemos de eso, hermano, porque es inútil. Yo estoy seguro
+de que la madre de doña Blanca jamás se la dará por esposa a un
+segundón.</p>
+
+<p>—Os engañáis: vos no sois pobre; y en punto a familia, les llevamos
+grandes ventajas. Su título es de ayer, y su apellido flamenco; y la
+antigüedad del nuestro es tanta como la de la monarquía. Esto es algo;
+y además, yo tengo mis razones para creer que no seréis despreciado
+si lográis agradar a doña<span class="pagenum" id="Page_III-93">p.
+III-93</span> Blanca, cosa que de vos depende.</p>
+
+<p>No quiso Vargas prolongar la discusión, y se calló, pero firmemente
+resuelto a no poner los pies en casa de la condesa, y a negarse al
+matrimonio en cualquiera ocasión que volvieran a proponérselo.</p>
+
+<p>Toda aquella tarde y gran parte de la noche la pasaron ambos
+hermanos en arreglo de papeles, ajustes de cuentas, y combinación de
+varias disposiciones relativas a asuntos de interés doméstico. Cuando
+todo estaba concluido, el marqués dijo a su hermano:</p>
+
+<p>—Don Juan, somos mortales, y la hora de la muerte es incierta. Yo no
+soy aún anciano, y a Dios gracias disfruto de buena salud; pero no por
+eso tengo la vida asegurada: he hecho, pues, mi testamento, que cerrado
+y sellado queda en poder de nuestro escribano: hago en él por vos lo
+que puedo y debo como buen hermano, a quien nunca habéis dado un motivo
+de disgusto. Espero que si yo muriere antes de volver de este viaje, os
+conformaréis<span class="pagenum" id="Page_III-94">p. III-94</span>
+en todo con mi última voluntad, desempeñando fielmente la comisión que
+pongo a vuestro cargo.</p>
+
+<p>Vargas respondió que esperaba que no tendría el disgusto de
+perder a su hermano mayor, a su segundo padre, en muchos años; pero
+que si desgraciadamente el cielo lo ordenaba así, podía el marqués
+estar seguro de que sus disposiciones se ejecutarían exactamente,
+cualesquiera que ellas fuesen, contando con que él (don Juan) por su
+parte las miraría como sagradas.</p>
+
+<p>Ya era más de la media noche cuando los hermanos se separaron, y
+Vargas, que para despedir al marqués tenía que levantarse antes del
+alba, no pudo entonces continuar la lectura del manuscrito de Inés.</p>
+
+<p>A la siguiente mañana, don Rodrigo, el padre Teobaldo y el marqués,
+entraron en el coche de este, y salieron de Valladolid por la puerta
+del Carmen, con dirección a la corte. Don Juan, a caballo,<span
+class="pagenum" id="Page_III-95">p. III-95</span> los acompañó hasta un
+lugar distante dos leguas de la ciudad, que llaman Puente-Duero. Allí,
+al separarse, don Rodrigo, sacando la cabeza por la ventanilla del
+coche como para despedirse de Vargas, le agarró la mano y, sonriéndose
+con aire maligno, le dijo a media voz:</p>
+
+<p>—El temperamento de Madrigal, señor don Juan, es harto malsano; y
+la compañía de los frailes poco conveniente para un caballero mozo.
+Discreto sois: recibid este aviso amistoso. Cochero, arrea.</p>
+
+<p>Obedeció el cochero, y el carruaje, a pesar de lo arenoso del pinar
+por donde pasa el camino, se alejó con velocidad del paraje en que don
+Juan dudaba aún de si daría crédito a sus oídos.</p>
+
+<p>«Parece —exclamó por fin— que toda la especie humana se ha empeñado
+en mezclarse en mis negocios y obrar misteriosamente conmigo. ¿De dónde
+sabe este alcalde que yo voy a Madrigal y visito allí a un fraile, si
+yo a nadie se lo he dicho? Dios me tenga de su mano, que bien<span
+class="pagenum" id="Page_III-96">p. III-96</span> lo he menester para
+no quedarme sin el poco juicio que me resta».</p>
+
+<p>Hecha esta reflexión, para libertarse de las muchas y desagradables
+que le asaltaban, arrimó las espuelas al caballo; y el animal,
+acostumbrado ya a conocer las intenciones de su amo, salió a la carrera
+por el primer camino que se le presentó, que fue no el de Valladolid,
+sino el de Simancas, que está poco más o menos media legua a la derecha
+de Puente-Duero.</p>
+
+<p>No reparó Vargas en que había errado el camino hasta que alzando los
+ojos vio que el sol naciente doraba con sus primeros rayos la cúpula
+del torreón del castillo de Simancas, en donde años antes murió mártir
+de la libertad el obispo Acuña.</p>
+
+<p>Aunque estaba impaciente por llegar a su casa para concluir la
+empezada historia de la bella portuguesa, se consoló con que el rodeo
+no había sido muy largo; y volviendo las riendas al caballo echó<span
+class="pagenum" id="Page_III-97">p. III-97</span> a andar a trote largo
+por la orilla del Pisuerga con dirección a la ciudad.</p>
+
+<p>No muy distante de ella vio caminar por la misma senda que él iba,
+pero en sentido contrario, una mujer hermosa montada en una excelente
+mula, y acompañada por un mozo de a pie, en el cual reconoció desde muy
+lejos la gallardía y destreza del pastelero Gabriel de Espinosa. Tantas
+y tales eran las singularidades que don Juan había visto en aquel
+hombre, que ya no podía sorprenderle, por más inesperadamente que se le
+presentase. Miró, pues, ya que no como natural, al menos como muy poco
+maravillosa, su presencia en las cercanías de Valladolid, aun cuando
+era de suponer que estuviese entonces en Madrigal, y apresuró algo el
+paso para salirle al encuentro.</p>
+
+<p>Poco tardaron nuestros caminantes en hallarse frente a frente.
+Gabriel reconoció también a Vargas; pero no conviniéndole, sin duda,
+manifestarlo entonces, puso disimuladamente el dedo índice de<span
+class="pagenum" id="Page_III-98">p. III-98</span> la mano derecha sobre
+sus labios en señal de silencio, mirando a Vargas significativamente,
+y fingiendo que el caballo se le había espantado, pasó a escape por
+delante del hermano del marqués sin saludarle; este no trató de
+estorbárselo y, saludando a la dama, continuó su camino.</p>
+
+<p>Luego que hubo andado algunos pasos volvió atrás la cabeza y vio que
+Gabriel iba ya muy tranquilo al lado de la señora de la mula.</p>
+
+<p>«Anda con Dios, hombre incomprensible —dijo para sí—. Hoy no te
+conviene conocerme: no me estuviera mal a mí tampoco no haberte visto
+jamás».</p>
+
+<p>En estas y otras reflexiones llegó a la puerta de su casa, y allí lo
+olvidó todo para volver a ocuparse en la lectura de la historia de la
+bella Inés de Contiño.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_3p089.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+<div class="chapter" id="Ch35">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-99">p. III-99</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO V</h3>
+ <hr class="tir">
+ <div class="estrecho">
+ <p>Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue
+ depositario de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus
+ riquezas.</p>
+ <p class="dcha mt1">(Cervantes: <i>Don Quijote</i>, parte 1.ª,
+ cap. 13).</p>
+ </div>
+</div>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p class="centra asc">MANUSCRITO DE INÉS</p>
+
+ <p class="ti0 mt1">«Al embarcarnos, llevamos con nosotros una suma
+ considerable en dinero y alhajas, la mayor parte nuestras, y algunas
+ cartas de recomendación para Nápoles que nos dio doña Francisca de
+ Alba. Después de una navegación larga, pero sin contratiempos de otra
+ especie, llegamos por fin a Nápoles, donde nos alojamos lo más cerca
+ que pudimos del <i>Castell-del-Ovo</i>, en una casa que tomamos por
+ nuestra cuenta, diciendo que íbamos a Italia a cumplir cierta promesa
+ hecha a san Genaro.</p>
+
+ <p>»La misma noche de nuestra llegada<span class="pagenum"
+ id="Page_III-100">p. III-100</span> fue a vernos el anciano que
+ siempre iba en compañía de mi cuñado, avisado por el joven que fue
+ a buscarnos al valle. Alabó sobremanera la heroica resolución de
+ Clara, cuya mano besó; y nos dijo que su marido continuaba preso y
+ custiodiado con la mayor vigilancia.</p>
+
+ <p>»“Han estado a verle”, añadió, “el virrey y algunos otros grandes:
+ el primero no se cubrió hasta que el preso se lo mandó expresamente;
+ y a todos nos ha inspirado compasión y respeto la nobleza y dignidad
+ con que soporta su infortunio; trátanle por ahora con las mayores
+ consideraciones; pero han escrito a España; se está esperando por
+ momentos la respuesta, que ya debía haber llegado, y la hora en que
+ venga será la de su muerte”. “¿Y podrá Felipe cometer tal infamia?”.
+ “Podrá, señora, porque el monarca español no conoce freno. El
+ príncipe de Egmont, degollado en un cadalso; Orange, proscrito; su
+ propio hijo, bárbaramente asesinado os dicen bastante cuál es la
+ suerte que<span class="pagenum" id="Page_III-101">p. III-101</span>
+ aguarda a vuestro esposo, si no logramos sacarlo de la prisión antes
+ que el tigre se aperciba que puede imprimir en él su garra”.</p>
+
+ <p>»Esta perspectiva espantosa y cierta afligió, pero no desalentó, a
+ Clara, que jamás perdió la esperanza de salvar a su esposo.</p>
+
+ <p>»Pero prodigamos el oro, y conseguimos corromper a un carcelero,
+ estableciendo por su medio una correspondencia seguida con el preso,
+ quien en su primera carta no hallaba expresiones con que encarecer su
+ agradecimiento y amor a su adorada Clara. Nosotros le informábamos
+ sucintamente de los pasos que se daban en favor suyo, y de nuestras
+ esperanzas, exagerándolas; pero no de nuestros temores, que no eran
+ pocos, ni de pequeña importancia.</p>
+
+ <p>»El carcelero que habíamos ganado no era más que el llavero
+ que le llevaba la comida y le servía; pero para entrar y salir
+ en el castillo era menester pasar en<span class="pagenum"
+ id="Page_III-102">p. III-102</span> su interior por dos o tres
+ puertas, guardadas cada una por distinto portero, y en lo exterior
+ por medio de la guardia, que daban los tercios españoles que
+ guarnecían la ciudad. Además, el gobernador del fuerte iba en persona
+ todas las mañanas y noches a cerciorarse de la presencia del preso en
+ su encierro. ¿Cómo, pues, ponerlo en libertad?</p>
+
+ <p>»Cada día se nos ocurría un nuevo proyecto, y cada noche nos
+ acostábamos con el desconsuelo de haberse conocido la imposibilidad
+ de ponerlo en práctica. Mi cuñado nos escribía que estaba resignado
+ con su suerte, que cesáramos de exponernos por él a nuevos peligros,
+ y que nos volviéramos a nuestro retiro. Pero Clara ni oír hablar de
+ tal cosa quería, y yo no supe nunca pensar más que como ella. En todo
+ este tiempo nos visitaron muchas veces los compañeros del esposo de
+ mi hermana, que bajo diferentes disfraces, y confundidos con la clase
+ ínfima del pueblo, permanecían en Nápoles.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-103">p. III-103</span></p>
+
+ <p>»Todos ellos se ocupaban sin cesar en el mismo objeto que
+ nosotros, pero tan infructuosamente también. Por fin, el más anciano
+ de nuestros amigos formó un proyecto que, aunque complicado y
+ difícil, ofrecía sin embargo más probabilidades de buen éxito que
+ cuantos se habían imaginado.</p>
+
+ <p>»Un médico francés establecido en Nápoles fue quien intentó
+ los primeros pasos de nuestra empresa, merced a una considerable
+ gratificación. Por medio del carcelero sobornado, enviamos al marido
+ de Clara una bebida que a poco tiempo de tomada no solamente le
+ aletargó, sino que también le prestó todas las demás apariencias
+ cadavéricas. Cuando por la mañana fue el mismo carcelero a llevarle
+ el desayuno, fingiendo gran sorpresa de hallarle en aquel estado,
+ corrió a dar parte al comandante del fuerte. Trasladose este en
+ seguida a la prisión y, creyendo muerto a mi cuñado, lo puso
+ sin tardanza en conocimiento del virrey, quien también<span
+ class="pagenum" id="Page_III-104">p. III-104</span> pasó en persona
+ a cerciorarse del hecho. Pero el brebaje del francés produjo tan
+ maravilloso efecto que, convencidos todos de que el preso había
+ dejado de existir, mandaron que encerrado en un ataúd se le
+ trasladase inmediatamente a una capilla próxima al castillo, para
+ hacerle allí algunos sufragios, con el mayor secreto.</p>
+
+ <p>»Prevista esta circunstancia por los amigos de mi cuñado, aquel
+ mismo día, después de anochecer, se fueron aproximando por distintas
+ partes a la capilla; se hicieron abrir la puerta, no sé con qué
+ pretexto, y amarrando al sacristán a uno de sus pilares, envolvieron
+ al supuesto muerto en algunas mantas que llevaban a prevención, y
+ salieron con él a la calle. De allí se dirigieron inmediatamente al
+ puerto, y se embarcaron en un buque francés que habíamos fletado
+ enteramente por nuestra cuenta: sin detenernos levantamos el ancla, y
+ al vernos en alta mar nuestro gozo fue indefinible.</p>
+
+ <p>»Veinticuatro horas completas permaneció<span class="pagenum"
+ id="Page_III-105">p. III-105</span> el esposo de Clara aletargado. Al
+ cabo de ellas volvió en sí, y habiéndole administrado la bebida que a
+ prevención llevábamos por disposición del médico, cuando llegamos a
+ Marsella iba ya completamente bueno.</p>
+
+ <p>»En Marsella, después de una larga conferencia entre mi cuñado y
+ sus amigos, se decidió que convenía por entonces separarnos por algún
+ tiempo, y así se verificó en efecto, señalando el término de un año
+ para reunirnos en España.</p>
+
+ <p>»Clara, su esposo, su hija, el capellán y yo nos internamos en
+ Francia, y fijamos nuestra residencia en un pueblecillo de las
+ montañas del Languedoc, llamado Lacaune. Su situación, en medio
+ de una sierra de las más agrias, los gigantescos peñascos que en
+ todos sentidos le rodean, y los torrentes que en la estación del
+ invierno parece que van a inundarle, no se me olvidarán jamás; pero
+ tampoco se borrará de mi memoria la hospitalidad y atenciones de sus
+ habitantes.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-106">p. III-106</span></p>
+
+ <p>»Para establecernos allí tomó mi cuñado el nombre italiano
+ Fiormino, y se dio por un particular emigrado a causa de su aversión
+ a los españoles que entonces dominaban su país: esto bastó para
+ hacernos el objeto de la solicitud de todo el pueblo. Visitonos
+ cuanto en él había de familias nobles, que eran bastantes, y
+ procuraron en cuanto estuvo a su alcance hacernos olvidar nuestras
+ desgracias. Pero nada bastó para que mi pobre Clara recobrase su
+ salud.</p>
+
+ <p>»Durante la prisión de su marido sufrió mi infeliz hermana
+ tormentos indecibles, y le sucedió entonces lo mismo que al que
+ padece una fiebre inflamatoria, que mientras esta le dura parece
+ animado y vigoroso, pero en desapareciendo le faltan las fuerzas. Así
+ Clara hasta que vio seguro a su esposo mostró un valor, una energía
+ verdaderamente heroicos; pero ya en Francia no pudo más y empezaron a
+ ser demasiado visibles los efectos de sus penas.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-107">p. III-107</span></p>
+
+ <p>»El más indiferente hubiera visto sin dificultad que aquel cuerpo
+ tan bello caminaba a pasos agigantados a su disolución. ¿Qué haría
+ una hermana que la adoraba? ¿Qué un esposo de los más tiernos?</p>
+
+ <p>»Ella misma no ignoraba su estado, y pensando aun entonces más
+ en nosotros que en sí, no cesaba de prepararnos con sus discursos a
+ soportar con resignación la irremediable calamidad de su muerte.</p>
+
+ <p>»Yo no sé si me engaño, pero esa filosofía que nos hace soportar
+ estoicamente la pérdida de los que amamos, la he considerado siempre
+ como una máscara de la insensibilidad.</p>
+
+ <p>»Si hubiera de referir las lágrimas, los suspiros que entonces
+ exhalé, sería este escrito interminable. Pero permítaseme pasar
+ rápidamente sobre aquel amargo trance.</p>
+
+ <p>»Clarita no había aún cumplido dos años cuando su madre, atacada
+ de una consunción ya en su último período, cayó en cama. Desde
+ aquel instante al de<span class="pagenum" id="Page_III-108">p.
+ III-108</span> su muerte, que se verificó un mes después, ni su
+ marido ni yo nos apartamos un instante de su lado.</p>
+
+ <p>»El médico a quien llamamos movió tristemente la cabeza, y nos
+ dijo sin rodeos que Dios solo podía ya hacer algo en aquel caso.</p>
+
+ <p>»“Ya lo sabía yo”, dijo la enferma; “que su voluntad se cumpla”.
+ Nuestro capellán, que desde su infancia la había acompañado, fue
+ quien la prestó los últimos auxilios espirituales.</p>
+
+ <p>»Un cuarto de hora antes de morir quiso ver a su hija, la bendijo,
+ y después de apretar tiernamente la mano de su esposo, tomó la mía
+ diciéndome: “Inés mía, en tus brazos deposito a Clarita; sé para ella
+ lo que fuiste para mí; sírvela de madre”.</p>
+
+ <p>»Llorar fue mi respuesta. Cruzó entonces Clara sus manos, y
+ esperó tranquila el momento de comparecer ante el Padre de las
+ misericordias.</p>
+
+ <p>»No manifestó su semblante el menor<span class="pagenum"
+ id="Page_III-109">p. III-109</span> síntoma de agonía ni de
+ padecimiento. Estaba, sí, descolorida, pero tan tranquila como si no
+ fuera a morir. Su alma, que conservó en la tierra toda la pureza de
+ su ser primero, su alma, centro y depósito de todas las virtudes,
+ rompió sin esfuerzo los lazos que la unían al cuerpo, y subió
+ satisfecha a gozar de la recompensa que merecía.</p>
+
+ <p>»Al expirar abrió un instante los ojos, los fijó en nosotros,
+ y dando un suspiro, volvió a cerrarlos para siempre. Una sonrisa
+ indecible se dejó ver en aquel momento en sus labios.</p>
+
+ <p>»El dolor de su esposo fue silencioso, pero terrible. El mío
+ amargo, y será eterno. No ha pasado desde entonces un solo día sin
+ que derrame alguna lágrima sobre la memoria de mi hermana.</p>
+
+ <p>»Para colmo de mi desventura, el capellán, ya muy anciano, no pudo
+ resistir a la pena que le causó la muerte de Clara, y la siguió en
+ breves días al sepulcro.</p>
+
+ <p>»La estancia en Lacaune no podía<span class="pagenum"
+ id="Page_III-110">p. III-110</span> menos de sernos intolerable.
+ Salimos, pues, de aquel pueblo con el corazón lleno de amargura,
+ y nos encaminamos a España. Entonces tomó mi cuñado el nombre de
+ Gabriel Espinosa, y para mejor encubrirse, el oficio de pastelero,
+ en que el mulato Domingo le dio algunas lecciones, que por cierto
+ aprovechó muy mal.</p>
+
+ <p>»De esta manera hemos vivido, ya en un pueblo, ya en otro, hasta
+ nuestra llegada a Madrigal, en donde el señor don Juan de Vargas me
+ conoció.</p>
+
+ <p>»Lo demás que me queda que revelar a este caballero es demasiado
+ importante para que yo me atreva a confiarlo al papel, y aun lo que
+ lleva escrito le suplico lo queme apenas lo haya leído. — <i>I.
+ C.</i>».</p>
+
+</div>
+
+<p>Concluyó Vargas esta para él tan interesante lectura, más prendado,
+si posible era, que antes de empezarla lo estaba de la bella Inés, y
+lleno al mismo tiempo de satisfacción. No podía en efecto menos de
+sentirla viendo que la mujer<span class="pagenum" id="Page_III-111">p.
+III-111</span> a quien tanto amaba era igual a él en nacimiento, y
+digna bajo todos conceptos de su estimación.</p>
+
+<p>Solo hubiera deseado saber quien era el misterioso Gabriel, cuyas
+desgracias le interesaron también a favor suyo; pero o Inés lo ignoraba
+aún, cosa poco probable, o temió escribir su nombre, que era lo más
+cierto.</p>
+
+<p>En estas y otras reflexiones estaba entretenido, cuando entró en su
+cuarto estrepitosamente el comendador Hinojosa, con muestras de gran
+contento por una parte y cierta risa irónica en la boca por otra, que
+no se concertaban muy bien.</p>
+
+<p>—Bien hallado, señor don Juan —dijo dándole una palmada en el hombro
+con sobrada fuerza—: apuesto mi encomienda a que no adivináis las
+nuevas que os traigo.</p>
+
+<p>—Si ellas son de tanto peso —respondió Vargas encogiendo el
+hombro—, como vuestra mano, no las digáis, porque sin duda alguna me
+abrumarán.</p>
+
+<p>—No sé yo si os abrumarán en efecto, pero nunca os<span
+class="pagenum" id="Page_III-112">p. III-112</span> serán muy gratas.
+El señor marqués ha tratado de engañarme, pero el engañado ha sido él:
+Hinojosa es demasiado observador para que se le escapen así las cosas.
+No os alborotéis hasta estar al cabo del negocio, que en llegando allá
+tal vez no andaréis vos muy comedido con vuestro hermano.</p>
+
+<p>—Sepamos, pues, de qué se trata.</p>
+
+<p>—De una friolera, a la verdad: de vuestra fortuna. Si Dios no lo
+remedia, el marquesado, primo y señor, voló.</p>
+
+<p>—¿Habéis soñado esta noche, primo, y venís a referirme vuestros
+sueños?</p>
+
+<p>—No, a fe mía, aunque a veces tengo mis tentaciones de creer que es
+un sueño lo que pasa. Pero escuchadme y oiréis maravillas. ¿Habéis oído
+hablar de una dama llamada Violante?</p>
+
+<p>—Violante... Violante... Sí; me parece que hago memoria... Aguardad:
+¿no fue dama del marqués?</p>
+
+<p>—Precisamente la misma. Vuestro hermano la sorprendió <i>in fraganti
+delicto</i>, como diría el padre Teobaldo, con un tal don Rodrigo,
+de felice recordación,<span class="pagenum" id="Page_III-113">p.
+III-113</span> que después la abandonó también.</p>
+
+<p>—Sea en hora buena.</p>
+
+<p>—No os impacientéis, que ya llegaremos al punto importante. No
+pudiendo hacer otra cosa, la dama se metió a beata. Se encontró
+encinta; y por medio de un buen fraile dominico, a quien ha embaucado,
+logró persuadir al marqués de que sus ojos le habían servido mal; y
+además, y en esto estriba la dificultad, le ha convencido de que su
+señoría es el progenitor de la criaturita, que Dios sabe a quién debe
+el ser.</p>
+
+<p>—¿Y el marqués se ha dejado engañar tan groseramente?</p>
+
+<p>—Como un santo varón. Pero no para en esto la historia: ha
+reconocido al niño, haciéndolo bautizar con su nombre y apellido, sin
+quitar una letra, ha señalado a la madre una pensión, y ahora va a
+Madrid a legitimar al ilustre vástago para poder dejarle su título y
+rentas. No me interrumpáis, que aún tengo que decir, y no poco. Por
+si muere antes de verificarse la susodicha legitimación, ha hecho
+testamento, dejando todos<span class="pagenum" id="Page_III-114">p.
+III-114</span> sus bienes libres al señorito; pero en honor de la
+verdad, debo decir también que se expresa que, en caso de no morir
+el marqués hasta después de legitimado su hijo (así lo llama) por Su
+Majestad, entonces se entienda que el marquesado pase a este, y los
+bienes libres a su hermano el señor don Juan de Vargas.</p>
+
+<p>—Hinojosa, entendámonos: o cuanto decís es una chanza, y para tal
+me parece muy pesada, o habláis de veras, y entonces debo saber qué
+fundamento tienen tan importantes noticias.</p>
+
+<p>—Y yo no tengo inconveniente en decíroslo. Desde que el dominico
+apareció aquí estoy sobre aviso: he observado los pasos del marqués;
+me he informado de la vida de Violante, y he sabido que el tal fraile
+era su confesor y la visitaba con frecuencia. Esto me ha bastado
+para averiguar el resto, para ir averiguando lo demás; pero a mayor
+abundamiento, el padre Teobaldo, confidente del marqués, se lo ha
+revelado al mayordomo; este al ama de llaves, quien deposita<span
+class="pagenum" id="Page_III-115">p. III-115</span> sus secretos en
+el despensero; de este pasó a cierta moza de retrete que no mira con
+malos ojos a mi lacayo, el cual me lo ha referido punto por punto. Y
+por si alguna duda nos pudiese quedar, tenéis al escribano, a quien he
+gratificado, pronto a enseñaros la minuta del testamento, que está,
+gracias a Dios, claro y terminante.</p>
+
+<p>—Ya veo que no tiene duda.</p>
+
+<p>—Ninguna.</p>
+
+<p>—Así parece.</p>
+
+<p>—¿Y qué pensáis hacer?</p>
+
+<p>—No sé; nada.</p>
+
+<p>—Admirable calma.</p>
+
+<p>—¿Y qué hemos de hacer? La cosa ya no tiene remedio.</p>
+
+<p>—No, en efecto, si tratáis de estaros mano sobre mano. Pero
+movámonos; opongamos la fuerza y la razón a las arterías de una ramera:
+tal vez lograremos impedir que empañe el honor de nuestra familia un
+infame bastardo, hijo acaso de algún caballero de la industria. Nadie
+más interesado que vos en este asunto.</p>
+
+<p>—Así es, pero yo no quiero disgustar a mi hermano. Haga ahora lo
+que quiera, no por eso dejará de haber sido un padre, y muy<span
+class="pagenum" id="Page_III-116">p. III-116</span> buen padre, para
+mí.</p>
+
+<p>—Nobles son esos sentimientos, pero intempestivos. El marqués está
+engañado, seducido por esa bribona que Dios confunda, y es hacerle un
+beneficio evitar que cometa la necedad que intenta. Lo que conviene,
+pues, es que sin demora tornéis la posta para Madrid.</p>
+
+<p>—¿Yo dejar a Valladolid ahora? No, por cierto; aunque en ello me
+fueran más coronas que las de los innumerables mártires de Zaragoza.</p>
+
+<p>—Voto a Dios —exclamó Hinojosa impacientado— que este tiene menos
+juicio aún que su hermano.</p>
+
+<p>Riose Vargas de todo corazón de la cólera de su primo; y después de
+haber meditado algunos instantes, dijo:</p>
+
+<p>—Lo que en esto se puede hacer es que vos, en quien tengo toda
+mi confianza, toméis a vuestro cargo el negocio. Desde ahora tenéis
+poderes amplios y completa aprobación para cuanto dispongáis. Si algo
+se ha de hacer ha de ser así, porque por mi parte me es imposible
+ocuparme en nada, pues tengo asuntos de<span class="pagenum"
+id="Page_III-117">p. III-117</span> más importancia.</p>
+
+<p>—¡De más importancia que un título y grandes rentas!... En efecto,
+será preciso que yo tome el negocio a mi cargo, porque si no, sabe Dios
+en qué vendrá a parar la familia.</p>
+
+<p>Salió diciendo esto del aposento muy incomodado con el poco juicio
+de su primo, y al día siguiente por la mañana tomó la posta para
+Madrid.</p>
+
+<p>Don Juan no dejó de pensar algo en la singular conducta de su
+hermano; pero como Inés, y solo Inés podía ocuparle largo tiempo, a
+poco se olvidó de tal asunto para pensar únicamente en la entrevista
+que para el día inmediato le había prometido su dama.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_3p117.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch36">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_III-118">p. III-118</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO VI</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Mas vano ha sido nuestro afán, y en vano</div>
+ <div class="verse i0">Por el nombre de Dios lidiado habemos:</div>
+ <div class="verse i0">Él retiró su omnipotente escudo,</div>
+ <div class="verse i0">Y coronar no quiso nuestro esfuerzo.</div>
+ <div class="verse idr">(Quintana: <i>Pelayo</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Recuerde el lector que en el capítulo 4.º de este tomo
+le hemos dicho que, regresando don Juan de Vargas a Valladolid desde
+Puente-Duero por el camino de Simancas, había encontrado a Gabriel de
+Espinosa acompañado de una bella dama; y lo que no sabe y ahora le
+diremos es que aquella mujer era Violante, la querida del marqués.</p>
+
+<p>Espinosa salió de Madrigal para Valladolid el mismo día que tuvo
+con don Juan la conferencia en la celda del fraile. Llamábanle sus
+asuntos a aquella ciudad hacía tiempo, pero ciertas razones le<span
+class="pagenum" id="Page_III-119">p. III-119</span> hicieron diferir su
+viaje hasta la época en que nos hallamos.</p>
+
+<p>Fue a aposentarse a una casa de huéspedes, que la casualidad quiso
+fuese la que estaba enfrente de la que Violante habitaba. Viola por la
+mañana asomarse al balcón, y reconoció en ella una mozuela con quien
+había tenido amistad en uno de sus primeros viajes a Italia antes de
+casarse con Clara. La curiosidad le movió a ir a visitarla, y no fue
+poca su sorpresa al ver la decencia de los muebles y el místico adorno
+de las habitaciones.</p>
+
+<p>Así que estuvieron solos la cortesana y el pastelero, le dijo
+este:</p>
+
+<p>—Camila, ¡tú en España y vestida de hábito del Carmen! Fenómeno es
+este que no esperaba ver.</p>
+
+<p>Sorprendiose la taimada hasta no más oyéndose llamar por un nombre
+que ya ella misma había olvidado; pero no reconociendo al que la
+hablaba, trató de imponerle revistiéndose de una gravedad teatral, y
+respondiendo con enojo:</p>
+
+<p>—Señor<span class="pagenum" id="Page_III-120">p. III-120</span>
+gentilhombre, usted viene engañado, o trata de insultarme porque me
+ve mujer y sola. Ni mi nombre es Camila, ni hay para qué admirarse de
+verme vestir este santo hábito: tome, pues, usted la puerta, que no
+gusto de recibir en mi casa visitas de gente desconocida.</p>
+
+<p>Estuvo Gabriel mirándola de hito en hito mientras habló, y después,
+soltando sin consideración alguna la carcajada, contestó:</p>
+
+<p>—Desempeñas tu papel que no hay más que pedir; pero conmigo, créeme,
+es tiempo perdido el que gastes en tratar de engañarme. Y si no, vamos
+a cuentas: no puedes haber olvidado que hace algunos años, cuando te
+llamabas Camila, por señas, fuiste a Nápoles con cierto alférez de
+los tercios españoles que, cansado de tus repetidas infidelidades,
+te abandonó a merced del público. También tendrás presente que un
+extranjero, a quien conociste con el nombre del señor Álvarez, te
+tomó por su cuenta algunos días, hasta que le jugaste una<span
+class="pagenum" id="Page_III-121">p. III-121</span> de las tuyas, y te
+envió a paseo.</p>
+
+<p>Violante o Camila, que todo es uno, había estado escuchando aterrada
+tan circunstanciada relación de una parte de su vida y milagros; pero a
+pesar de ello no dejó de examinar atentamente la persona del narrador,
+logrando al cabo recordar sus facciones.</p>
+
+<p>—Es el mismo Álvarez —exclamó, no pudiendo contenerse—: es él, o su
+sombra.</p>
+
+<p>—Norabuena —contestó siempre riéndose Espinosa—: tú has mudado el
+nombre; yo también. Cada uno de nosotros habrá tenido para ello sus
+razones; pero no reconocerse amigos tan antiguos, es descortés hasta el
+último punto.</p>
+
+<p>Ya no le era posible a la cortesana volverse atrás de lo dicho,
+aunque bien lo deseaba: hizo, pues, de la necesidad virtud, y afectando
+alegría, se dio enteramente a partido.</p>
+
+<p>A fuerza de preguntar unas cosas y de adivinar otras por los
+antecedentes que tenía, se enteró Gabriel, sobre poco más o menos, de
+la historia de Violante en<span class="pagenum" id="Page_III-122">p.
+III-122</span> Valladolid; pero ella no supo más que lo que él quiso
+decirla, que fue poco o nada. En el fondo de su corazón deseaba la
+ninfa ver a dos mil leguas de sí al que la había conocido Camila;
+pero temiendo que si le descontentaba había de publicar lo que tanto
+la interesaba que no se supiese, le llenó de caricias, y a fuerza de
+confianzas y agasajos quiso comprometerlo a entrar en sus intereses.
+Por parte de Gabriel no hubo designio alguno: la curiosidad le llevó a
+verla la primera vez, y su inclinación a las mujeres a volver alguna
+otra, y a acompañarla en uno de los viajes que hizo a Simancas a ver a
+su hijo.</p>
+
+<p>En tanto que esto hemos referido, don Juan, enterado ya de la
+historia de Inés, fue puntualísimo en presentarse en el locutorio, y su
+dama no le hizo aguardar.</p>
+
+<p>—¿Habéis leído mi escrito, don Juan? —preguntó la morena.</p>
+
+<p>—Sí, lo he leído; y aunque jamás os hubiera visto, por su<span
+class="pagenum" id="Page_III-123">p. III-123</span> lectura solo
+os amara, Inés mía. No me digáis ahora que mi amor es una locura:
+iguales en nacimiento y fortuna, adorándoos yo, mirándome vos sin
+repugnancia, ¿qué se opone a nuestro enlace? Cesen, señora, cesen de
+una vez mis penas; vos podéis hacerlo, y yo no espero más que vuestra
+resolución.</p>
+
+<p>—Don Juan, si en mi mano estuviera, hoy mismo sería vuestra esposa;
+pero no debéis haber olvidado...</p>
+
+<p>—¿Que se me han impuesto condiciones? No, por cierto; pero ya he
+dicho mil veces que esta no es una dificultad. Cualesquiera que ellas
+sean, por duras que parezcan, yo las acepto desde luego.</p>
+
+<p>—Conviene, sin embargo, que las sepáis. Los riesgos que se os van
+a ofrecer son de una naturaleza de los que no estáis acostumbrado a
+correr y aun imaginar. ¡Ah, mi don Juan! Si solo se tratara de exponer
+el pecho a las balas, de pelear cuerpo a cuerpo con uno o con muchos
+enemigos, yo estuviera segura de vos; y si murierais, vuestra gloria me
+consolaría<span class="pagenum" id="Page_III-124">p. III-124</span>
+del dolor de perderos. Pero ¿querríais vos, qué digo vos, querré
+yo misma veros perseguido, cargado de cadenas, en un cadalso tal
+vez?...</p>
+
+<p>—¡En un cadalso, Inés! ¿Deliráis?</p>
+
+<p>—Ojalá, don Juan; pero yo no deliro: otro sí, y será causa de
+vuestra perdición y de la mía.</p>
+
+<p>—En nombre de nuestro amor, explicaos, señora, de una vez.</p>
+
+<p>—Comprendo vuestra impaciencia; yo misma la tengo, y no pequeña, de
+sacaros de dudas, y sin embargo no puedo menos de temblar al abrir los
+labios para confiaros este fatal secreto.</p>
+
+<p>Calló Inés, y don Juan también permaneció en silencio. Así pasaron
+algunos instantes hasta que la dama, levantándose de su asiento y
+cerciorándose de que nadie había escuchando la conversación a la puerta
+del locutorio, empezó a decir:</p>
+
+<p>—Ya habréis visto que cuando mi hermana se casó no me dijeron el
+nombre de mi cuñado; pero lo que ignoráis es que en Nápoles se me
+reveló este secreto. Entonces comprendí cuanto hasta aquel<span
+class="pagenum" id="Page_III-125">p. III-125</span> momento me había
+parecido oscuro.</p>
+
+<p>»El que vos habéis conocido con el nombre de Gabriel de Espinosa y
+ejerciendo el oficio de pastelero, el que en Francia se llamó Fiormino,
+es, señor don Juan, el desdichado don Sebastián, rey de Portugal.</p>
+
+<p>—¡Señora!</p>
+
+<p>—Es indudable.</p>
+
+<p>—¿Y por qué permanecer oculto tanto tiempo?</p>
+
+<p>—Eso lo sabréis escuchándome con un poco de paciencia, pues me será
+forzoso tomar las cosas de bastante atrás para mayor claridad.</p>
+
+<p>»La suerte de las armas fue adversa, como sabéis, a don Sebastián
+en la expedición a África; y el monarca, furioso y desesperado de
+ver perdida la flor de la nobleza lusitana, derrotado su ejército, y
+su gloria eclipsada, se arrojó, buscando la muerte, en medio de sus
+enemigos. Siguiole un escuadrón formado de los más valientes que aún
+quedaban con vida, en el cual iba por consiguiente lo más escogido de
+Portugal, prefiriendo morir honradamente al lado de su rey, a buscar
+su<span class="pagenum" id="Page_III-126">p. III-126</span> salvación
+en una fuga afrentosa. Casi todos murieron cubiertos de la sangre de
+sus enemigos, y bien vengados: allí dejaron de existir mi padre don
+Sebastián de Contiño, y don Cristóbal Tabora, marido de mi tía.</p>
+
+<p>»El rey y unos cuantos de sus valientes, defendidos por los
+mismos cadáveres de los enemigos que acababan de inmolar, pelearon
+desesperadamente hasta que sobreviniendo la noche se retiraron los
+moros del campo de batalla. Entonces, después de un día entero,
+cesaron de dar cuchilladas. Todos estaban heridos, cual más, cual
+menos gravemente. La sangre del monarca corría por tres heridas: una
+de ellas, la más grave, debajo del brazo derecho, causada por un
+balazo.</p>
+
+<p>»Seis u ocho compañeros, y estos heridos, era todo lo que le
+restaba al desdichado don Sebastián de su aguerrido ejército. Para
+restaurar la sangre que corría en abundancia de sus heridas tuvo<span
+class="pagenum" id="Page_III-127">p. III-127</span> que aplicarse un
+puñado de arena, pues no encontró cosa con que hacerse un vendaje.
+Jamás hombre descendió tan rápidamente del solio al colmo de la
+miseria.</p>
+
+<p>»El anciano de quien tanto he hablado en mi escrito, y que ahora
+llamaré el marqués Domiño, fue el único que, habiendo tenido la dicha
+de escapar con una sola y leve herida, se conservaba en estado de
+discurrir, y propuso alejarse cuanto antes de aquel teatro de horror
+y desolación, al que los moros no dejarían de volver por la mañana.
+Hiciéronlo así en efecto, metiéndose en un vecino bosque en el cual no
+se internaron tanto como quisieran por no permitírselo el cansancio de
+los caballos ni el dolor de sus heridas.</p>
+
+<p>»¡Qué noche aquella para don Sebastián! Afligido por acerbos dolores
+y reflexiones más amargas aún, extenuado de hambre, abrasado de sed,
+rendido por el sueño y sin poder cerrar los ojos un instante, los
+lejanos clamores de millares<span class="pagenum" id="Page_III-128">p.
+III-128</span> de moribundos en el campo de batalla eran para él
+otras tantas y severas reconvenciones por su imprudente temeridad.
+“No deseaba ya entonces”, me dijo refiriéndome estos sucesos, “la
+corona ni el poder. No eran el hambre, la sed ni las heridas las que
+me atormentaban: los remordimientos, sí, me despedazaban las entrañas;
+y si Domiño no se hubiera opuesto, aquella noche habría terminado yo
+mismo una existencia que los infieles no pudieron arrancarme”.</p>
+
+<p>»Tres o cuatro días vivieron en el bosque sin otro alimento que el
+escaso y desabrido de algunos frutos silvestres, ni más agua que la de
+un pozo hediondo. Por fin, resueltos a todo antes que morir de hambre,
+salieron una noche de aquel paraje y se encaminaron a la playa, donde
+sorprendiendo a unos pescadores en el momento en que iban a entrar en
+su barca, se apoderaron de ella y les obligaron a remar, mal de su
+grado, en dirección a las costas españolas.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_III-129">p. III-129</span></p>
+
+<p>»Ya en alta mar, y próximos a perecer por falta de víveres,
+encontraron un buque inglés al cual se acogieron. Preguntando su
+capitán quiénes eran, le respondieron que unos soldados del ejército
+portugués, que a duras penas habían logrado salvarse del cautiverio en
+aquella barca. Los ingleses lo hicieron muy bien con ellos, y como se
+dirigían a Lisboa, no tuvieron inconveniente en echarlos a tierra en
+Lagos, puerto inmediato al Cabo de San Vicente, pues a don Sebastián no
+le convenía presentarse en la capital, en donde suponía, con razón, que
+todo estaría muy revuelto.</p>
+
+<p>»Desde Lagos pasó don Sebastián a un convento de descalzos que
+estaba en el mismo Cabo de San Vicente, y en cuyo prelado tenía entera
+confianza. Allí supo el mal aspecto que para él habían tomado los
+negocios de su reino, y se confirmó en la resolución de mantenerse
+oculto que ya tenía formada, y de que en<span class="pagenum"
+id="Page_III-130">p. III-130</span> la noche después de perdida
+la batalla hizo voto inconsideradamente. Pasaron los desdichados
+caminantes a Lisboa, y allí oyó don Sebastián predicar el sermón de sus
+propias honras a fray Miguel de los Santos. Sus amigos se descubrieron
+cada uno a los suyos, iniciándolos en el secreto de la existencia del
+rey. El obispo que lo casó con mi hermana fue uno de estos, y asimismo
+doña Francisca de Alba, como esposa de don Cristóbal Tabora, persona
+que fue muy querida del rey, mereció igual confianza.</p>
+
+<p>»Vagó algún tiempo el monarca por sus propios estados como si fuera
+un malhechor; mas ni aun así quiso la suerte dejarle en reposo. La
+noticia de que aún vivía empezó a divulgarse, y don Enrique persiguió
+con tanto encarnizamiento a cuantos la decían, oían o presumían, que
+don Sebastián tuvo que salir de Portugal.</p>
+
+<p>»Ya con un nombre, ya con otro, hora pasando por un mercader, hora
+por un<span class="pagenum" id="Page_III-131">p. III-131</span>
+artesano, recorrió toda la Europa, y al cabo de ocho años de trabajos,
+el amor patrio volvió a llevarle a sus estados.</p>
+
+<p>»Entonces fue cuando habiéndose empeorado una de sus heridas, y
+buscando un asilo seguro en donde poder curarse, doña Francisca de Alba
+le dirigió al valle que habitábamos Clara y yo. El capellán supo desde
+luego quién era nuestro huésped y los que le acompañaban: Clara no,
+hasta que viendo el rey que su virtud era inexpugnable, se decidió a
+casarse con ella.</p>
+
+<p>»Los compañeros de don Sebastián eran el marqués Domiño; don Carlos,
+hijo natural de don Juan de Austria; el príncipe Abenamal de Dinamarca,
+y el joven don Francisco, a quien los otros llamaban Francisquito, que
+según tengo entendido es hijo ilegítimo del rey. Los tres primeros le
+habían seguido a la batalla, como vasallo el primero, y en clase de
+voluntarios los otros dos, y todos pasan, igualmente que el rey, por
+muertos.<span class="pagenum" id="Page_III-132">p. III-132</span> Don
+Francisco se le unió en su segundo viaje a Portugal.</p>
+
+<p>»Desde que este joven me vio, su inclinación a mí se manifestó
+claramente; y él mismo, acompañado del dinamarqués Abenamal, fue quien
+tuvo con vos el encuentro en el Campo Grande. Pero no anticipemos los
+sucesos, y volvamos a don Sebastián.</p>
+
+<p>»Llegó el rey al valle y se enamoró de Clara; pero no podía
+permanecer allí mucho tiempo, pues le era forzoso recorrer el país para
+alentar a sus partidarios, o por mejor decir, para formar un partido
+con los servidores fieles que le quedaban, esparcidos en diferentes
+puntos.</p>
+
+<p>»Así se pasó el tiempo que medió desde su conocimiento con Clara y
+matrimonio con ella hasta el viaje a Nápoles. He aquí la causa que lo
+promovió: el licenciado Juan Méndez Pacheco, tanto por el misterio con
+que todo aquel asunto se condujo, cuanto por algunas expresiones que
+doña Francisca de Alba dejó<span class="pagenum" id="Page_III-133">p.
+III-133</span> escapar en su presencia, sospechó que el herido cuya
+secreta cura se le había confiado, y magníficamente remunerado, era
+el rey don Sebastián. Debía el médico haber guardado para sí sus
+conjeturas, cuando por otra cosa no fuera, por amor de su propia
+seguridad al menos; pero no lo hizo así, y su imprudencia hubo de
+sernos a todos funesta. En cuanto a nosotros, ya sabéis, don Juan,
+las consecuencias que produjo: réstame deciros que al médico Pacheco
+le prendieron, y logrando a duras penas salvar su vida, fue destinado
+algunos años a galeras.</p>
+
+<p>»Cuando volvimos a España después de la muerte de mi amada Clara,
+nos aproximamos a las fronteras de Portugal, y en ellas encontramos a
+nuestros amigos, según el convenio hecho un año antes. El infatigable
+Domiño no había cesado de trabajar, aunque infructuosamente. En los
+años transcurridos desde que don Sebastián pasaba por muerto, la
+usurpación había echado raíces. A la verdad,<span class="pagenum"
+id="Page_III-134">p. III-134</span> la masa del pueblo estaba
+descontenta con el yugo español, y la nobleza, abatida y menospreciada,
+suspiraba por un trastorno político; pero los tercios españoles tenían
+aterrados a unos y a otros. La nación envilecida no se sentía capaz de
+sacudir las férreas cadenas que la oprimían; y los magnates, a quienes
+se hablaba de ponerse al frente de un movimiento popular, no respondían
+más que mostrando temerosos el coloso español, capaz de aniquilarlos
+con el menor esfuerzo que para ello hiciese.</p>
+
+<p>»En medio de este desaliento general, había sin embargo algunos
+espíritus generosos que, convencidos de la existencia de don Sebastián,
+conjuraban para restablecerle en su trono. En vano los satélites de
+Felipe descubrían siempre aquellos proyectos, y una muerte pronta e
+infamante para sus autores fue el último resultado que produjeron.</p>
+
+<p>»Tal fue el desagradable cuadro que Domiño nos hizo del estado de
+los negocios<span class="pagenum" id="Page_III-135">p. III-135</span>
+en Portugal, y en su vista difirió el rey entrar por entonces en aquel
+país. Domiño y los otros tres caballeros se volvieron a él: nosotros
+fuimos a establecernos primero en la Nava de Medina, y después en
+Madrigal, que dista de allí tres leguas.</p>
+
+<p>»Poco más de un mes hacía, don Juan, que estábamos en aquel pueblo,
+cuando el destino os condujo a él. Llegasteis precisamente el día en
+que don Sebastián, habiendo reconocido en el vicario de Santa María la
+Real a fray Miguel de los Santos, su antiguo confesor y predicador,
+quiso probar si aquel religioso le reconocería también a él. Con este
+objeto le esperó y habló cuando se retiraba de decir misa, según
+presenciasteis vos mismo. Debería sin duda el supuesto Gabriel no
+haberlo hecho en vuestra presencia, atendiendo a que la obstinación
+con que seguisteis sus pasos os hacía sumamente sospechoso; pero
+don Sebastián no conoce obstáculos a su voluntad, y plegue a<span
+class="pagenum" id="Page_III-136">p. III-136</span> Dios que su
+inflexibilidad no sea funesta para todos.</p>
+
+<p>»Figuraos cuál sería la sorpresa de fray Miguel oyendo la voz
+de su rey que tan conocida tenía, y mirando sus propias facciones.
+Al principio dudaba reconocerlas; pero tan prontas y tales fueron
+las cosas que don Sebastián le dijo, de aquellas que solo él y su
+confesor podían saber, que no le fue posible al vicario negarse a la
+evidencia.</p>
+
+<p>»Fray Miguel, conservando siempre la esperanza de que don Sebastián
+volvería a presentarse, había procurado formar en Portugal un partido
+a su favor; y para que sus relaciones con aquel reino fuesen menos
+sospechosas, hizo ir a establecerse en Madrigal al médico Juan Méndez
+Pacheco, que le servía y sirve de agente.</p>
+
+<p>»Pero lo más interesante que ha hecho el vicario en favor de su rey,
+ha sido poner de su parte a la señora doña Ana de Austria, digna hija
+de su ilustre<span class="pagenum" id="Page_III-137">p. III-137</span>
+padre. Debemos a esta señora singulares beneficios; y es de presumir,
+si el cielo protege nuestra causa, que la veamos sentada en el trono de
+Portugal.</p>
+
+<p>»He aquí, don Juan, la explicación de todos los misterios que tanto
+os han confundido.</p>
+
+<p>—Aún quedan, bella Inés —respondió Vargas—, algunos puntos que
+aclarar. La aventura de la ermita, por ejemplo.</p>
+
+<p>—Voy a explicárosla. Los amigos del rey, después de haber recorrido
+de nuevo el Portugal y tomado allí sus medidas, vinieron a reunirse
+con él, repartiéndose, para no llamar la atención, en diversos pueblos
+de las cercanías de Madrigal. No habían venido esta vez solos, sino
+acompañados de varios señores portugueses, que, comisionados por los de
+su partido, traían el doble objeto de cerciorarse de la existencia de
+don Sebastián y de recibir sus órdenes.</p>
+
+<p>»Era, pues, preciso celebrar algunas juntas, y ningún paraje
+les pareció más a propósito para ello que la bóveda-panteón<span
+class="pagenum" id="Page_III-138">p. III-138</span> de una ilustre
+familia que existe debajo de la ermita a cuyas inmediaciones nos
+vimos.</p>
+
+<p>—¿Y vos —exclamó Vargas, con visibles señales de descontento—, y vos
+lo sabíais?</p>
+
+<p>—Sabía que se reunían cerca de Madrigal, pero no en qué paraje.
+Además debéis recordar que la elección del lugar de la cita fue
+vuestra, y no mía.</p>
+
+<p>»Sucedió, pues, que los conjurados, si tal nombre puede darse a los
+que defienden tan justa causa, advirtieron que había gente extraña en
+las ruinas; y temiendo ser descubiertos, hicieron lo que no habréis
+olvidado.</p>
+
+<p>—No por cierto: ni lo olvidaré en mi vida.</p>
+
+<p>—Fray Miguel fue quien en aquella ocasión os salvó la vida.</p>
+
+<p>—La suya fue entonces la voz que yo creí reconocer.</p>
+
+<p>—Sin duda lo era. Don Sebastián se presentó después, y según parece
+estaba enterado de nuestra cita.</p>
+
+<p>—¿Cómo?</p>
+
+<p>—Lo ignoro; no puedo creer otra cosa sino que el mulato Domingo,
+viéndome salir sola de casa me siguiera<span class="pagenum"
+id="Page_III-139">p. III-139</span> los pasos, y después informara a su
+amo de lo ocurrido.</p>
+
+<p>—Así parece probable. ¿Pero y vuestra repentina salida de
+Madrigal?</p>
+
+<p>—Fue consecuencia de lo acordado en aquella misma junta. Los
+portugueses ofrecieron reunir en los montes un número considerable
+de soldados tan luego como el rey se presentara en sus dominios a
+cara descubierta; y don Sebastián, para quien la triste condición en
+que vive ha llegado a ser insoportable, resolvió prestarse a todo.
+Pero como para su presentación en Portugal son necesarios grandes
+preparativos, pues el rey no quiere entrar pordioseando en sus estados,
+se resolvió que se difiriese por algunos meses el alzamiento, para
+disponer en ellos lo conveniente. Inútil es deciros que Madrigal no
+ofrece recursos ningunos, y que es además demasiado pequeño para que
+cuantos pasos se den dejen de ser públicos.</p>
+
+<p>—Ya os entiendo: habéis venido a Valladolid a hacer compras.</p>
+
+<p>—Así es la verdad. He sido recomendada<span class="pagenum"
+id="Page_III-140">p. III-140</span> por la señora doña Ana de Austria
+a este monasterio bajo el nombre de doña María de Castro, suponiéndome
+sobrina de cierto abad: como el pretexto de mi estancia aquí es un
+pleito, salgo del convento siempre que lo creo conveniente y me es
+forzoso.</p>
+
+<p>—Un solo punto nos resta por aclarar, señora mía.</p>
+
+<p>—¿Cuál es, señor don Juan?</p>
+
+<p>—Cierto lance en el Campo Grande.</p>
+
+<p>—Vamos a él. Cuando os vi en Medina os cité para el primer paraje
+que se me ocurrió entonces; pero por un efecto de la fatalidad que nos
+persigue desde que nos conocimos, quiso la suerte que las cercanías
+del Carmen fuesen precisamente el punto escogido por el dinamarqués
+Abenamal para verse en la noche misma que nosotros escogimos con una
+dama, o más bien mujer a quien galantea. Acompañado de don Francisco
+fue a esperarla; y ya sabéis lo que pasó sobre dejar o no dejar
+el campo libre unos a otros. Pero don Francisco, irritado por mi
+indiferencia<span class="pagenum" id="Page_III-141">p. III-141</span>
+con él y celoso de vos, promovió la pendencia, y el brutal dinamarqués,
+olvidándose de las reglas del honor, os atacó también. ¿Soy culpable,
+Vargas?</p>
+
+<p>—No, mi bien; no, mi vida. Perdonadme, si merece perdón el que se
+atreve a pensar mal de un ángel.</p>
+
+<p>—¡Siempre exagerado; siempre en los extremos! No, don Juan, yo no
+soy ni liviana ni intrigante, pero tampoco un ángel; estoy muy lejos de
+tal perfección.</p>
+
+<p>—Inés, ya os juro...</p>
+
+<p>—¿Que me amáis? Me complazco en creerlo.</p>
+
+<p>—Si así es, ¿por qué tardáis en ser mi esposa?</p>
+
+<p>—Después de lo que habéis oído, no se puede ocultar a vuestra
+penetración que la hermana de Clara, la cuñada del rey don Sebastián,
+la que, en fin, ha prometido solemnemente servir de madre a su hija, no
+puede separar su suerte de la del infeliz monarca. No creáis, Vargas,
+que la ambición me lisonjea con sus ilusiones; acaso soy yo la única
+persona que en este negocio no se las hace. Conozco que Portugal,
+unido<span class="pagenum" id="Page_III-142">p. III-142</span> todo,
+con su rey en el trono, y aun suponiéndolo en sus más prósperos días,
+no basta a resistir uno solo al poder del orgulloso potentado en cuyos
+dominios jamás se oculta la luz del sol. ¿Qué será, pues, en las
+actuales circunstancias? Preveo una sangrienta catástrofe, y miro la
+ruina de don Sebastián y los suyos como inevitables. Sin embargo, estoy
+resuelta a perecer con él, pues que el destino lo quiere así. Ved,
+pues, el tálamo que os ofrezco: mi mano no puede ser vuestra sin que
+tiréis la espada en favor de don Sebastián.</p>
+
+<p>—Suyo soy entonces hasta la muerte.</p>
+
+<p>—¡Don Juan!...</p>
+
+<p>—No habléis más, señora. Su causa es justa; y aunque no lo fuera,
+conozco que haría lo mismo. Sin vos, ni la vida ni la honra estimo en
+nada.</p>
+
+<p>—El rey sabrá hoy vuestra resolución; volved mañana.</p>
+
+<p>—Esposa mía, adiós.</p>
+
+<p>—Él os guarde, mi señor.</p>
+
+
+<p class="fin">FIN DEL TOMO TERCERO</p>
+
+
+<div class="tit pt6" id="Ch4">
+ <hr class="chap">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-i">p. IV-<span class="asc">i</span></span></p>
+ <h2 class="nobreak sc g0 ws1" title="TOMO IV">Ni Rey ni Roque</h2>
+ <hr class="chap">
+</div>
+
+
+<div class="tit">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-iii">p. IV-<span class="asc">iii</span></span></p>
+ <p class="fs200 negr g0 ws1">NI REY NI ROQUE</p>
+ <p class="g0 ws1 mt1">EPISODIO HISTÓRICO</p>
+ <p class="fs140 g0 ws1 mt05">DEL REINADO DE FELIPE II,</p>
+ <p class="negr g0 ws1 mt05">AÑO DE 1595</p>
+
+ <p class="g1 ws1 mt2">NOVELA ORIGINAL</p>
+ <p class="fs75 g2 ws1 mt15">ESCRITA</p>
+ <p class="negr ws1 mt05">POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA,</p>
+ <p class="fs75 g0 ws1 mt1">AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA</p>
+
+ <div class="cajatomo">
+ <p class="g1">TOMO IV</p>
+ </div>
+
+ <p class="fs130 g0 mt2">Madrid</p>
+ <p class="fs110 g0 ws1">Imprenta de Repullés</p>
+ <p class="fs110">—</p>
+ <p class="fs110 g0 ws1"><span class="sc">Año de</span> 1835</p>
+</div>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch41">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-1">p. IV-1</span></p>
+ <p class="centra negr fs130 g1 ws1">NI REY NI ROQUE</p>
+ <hr class="tir">
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO PRIMERO</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Sí, yo te seguiré. Deja, Pelayo,</div>
+ <div class="verse i0">Que a tu diestra valiente una mi diestra;</div>
+ <div class="verse i0">Que me alboroce viéndote, y contigo</div>
+ <div class="verse i0">Al moro jure interminable guerra.</div>
+ <div class="verse idr">(Quintana: <i>Pelayo</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Grande era el contento que Vargas sentía en haber salido
+del estado de ansiedad en que había vivido durante los últimos meses,
+pareciéndole mejor correr los evidentes riesgos que su nueva posición
+ofrecía, que estar como antes continuamente en contradicción consigo
+mismo.</p>
+
+<p>Reflexionando, sin embargo, en el modo con que se hallaba tan
+inesperadamente comprometido en la más aventurada de las conjuraciones,
+en cuyo éxito favorable o adverso realmente ningún interés<span
+class="pagenum" id="Page_IV-2">p. IV-2</span> personal tenía, admiraba
+con razón los caprichos de la fortuna. Dotado, como lo estaba, de un
+entendimiento claro, y no siendo por naturaleza ambicioso, no podía
+menos de conocer que era lo más descabellado que podía imaginarse
+exponer la vida, la fortuna y la honra: ¿y para qué?; para sustraer a
+la dominación española el reino de Portugal, que siempre debería haber
+formado parte de nuestra nación, la cual tal vez necesita que toda la
+península forme un solo cuerpo para ocupar entre las demás potencias el
+lugar que le corresponde. Pero a esta reflexión, y otras de no menos
+peso, se oponía el amor de Vargas, amor que le dominaba completamente,
+y al cual estaba resuelto a sacrificarlo todo sin excepción.</p>
+
+<p>Con tales disposiciones se presentó de nuevo en el convento de Inés,
+y después de una larga conversación con ella, en la cual, al cabo de
+dos horas, vinieron a decirse, en resumen, que se querían entonces y
+se querrían siempre, salió de<span class="pagenum" id="Page_IV-3">p.
+IV-3</span> allí quejándose de no haber tenido tiempo para hablar de su
+amor.</p>
+
+<p>Parecíale tal vez robado el tiempo que Inés tardó en indicarle el
+paraje y hora en que podría verse con el que continuaremos llamando
+indistintamente Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, pues de ambos
+nombres usaba, según las circunstancias.</p>
+
+<p>Ya tarde en la noche del día en que nos hallamos, salió Vargas de
+su casa con magnífico vestido, una excelente espada, envuelto en una
+capa de camino que le cubría enteramente, y para mejor disfrazarse,
+con un sombrero de ala ancha. En este equipaje se encaminó por calles
+excusadas a cierto callejón del barrio de la Mantería, situado en uno
+de los extremos de la ciudad; al ir a entrar en él, un hombre que
+apoyado con negligencia a la esquina parecía estar medio borracho, le
+dijo tartamudeando:</p>
+
+<p>—Buenas noches, amigo. ¿Se va de ronda?</p>
+
+<p>—Esta noche no rondan más que las brujas —respondió Vargas,
+quitándose al mismo<span class="pagenum" id="Page_IV-4">p. IV-4</span>
+tiempo el sombrero, y cubriéndose el rostro con él.</p>
+
+<p>—Adelante —respondió el otro, ya en voz clara y con firmeza—, la
+tercera puerta a la derecha.</p>
+
+<p>—No, sino la cuarta —dijo Vargas, y continuó su camino.</p>
+
+<p>Contando entonces cuatro puertas en la acera izquierda, tomó el
+aldabón de la que completaba este número, y dio con él dos golpes con
+tanto tiento que a pesar de lo corto de la distancia no los oiría sin
+duda el de la esquina.</p>
+
+<p>Una voz que parecía de mujer vieja preguntó desde adentro:</p>
+
+<p>—¿Quién anda ahí?</p>
+
+<p>—Amigo —fue la respuesta de don Juan, dando una palmada.</p>
+
+<p>—Yo no tengo amigos —replicó la vieja—; váyase noramala.</p>
+
+<p>—Me iré —replicó don Juan—, pero no sin decirle que la luna no ha
+salido aún —y volvió a dar otra palmada.</p>
+
+<p>Entonces se abrió la puerta, y se halló nuestro caballero en un
+zaguán mezquino y sucio, en el que una mujer vieja y andrajosa tenía un
+lecho de malísima paja. Ya dentro, arrolló Vargas su capa y sombrero,
+y poniéndose su capacete,<span class="pagenum" id="Page_IV-5">p.
+IV-5</span> correspondiente al resto de su vestido, pasó por una puerta
+que le indicó la vieja a un vestíbulo, en el que halló dos hombres
+armados con arcabuces, espadas y dagas.</p>
+
+<p>—¿Qué os trae a este lugar? —dijo uno de los armados.</p>
+
+<p>—El amor de la verdad y el deseo de la honra —le contestó el
+caballero.</p>
+
+<p>Y hallando el paso franco, después de atravesar aún otra antesala,
+si se le quiere dar este nombre, se metió en un granero de no pequeñas
+dimensiones, que bien limpio, medianamente adornado, y perfectamente
+iluminado por un crecido número de bujías, ofrecía un aspecto mixto
+entre salón y desván.</p>
+
+<p>Unos bancos de pino, cubiertos con unas cortinas de damasco
+anaranjado, o que tal había sido, corrían alrededor de aquella sala, y
+en la cabecera de ella se veía un gran sillón de los que los frailes
+usan en sus celdas, también cubierto del mismo modo.</p>
+
+<p>A los pies de la sala, y alrededor de<span class="pagenum"
+id="Page_IV-6">p. IV-6</span> una mesa correspondiente al resto de los
+muebles, estaban sentados escribiendo tres o cuatro personas.</p>
+
+<p>Las que había en el salón cuando entró don Juan serían hasta veinte,
+entre ellas tres o cuatro eclesiásticos con manteos: los demás iban
+cuál más, cuál menos ricamente vestidos. Algunos llevaban al pecho
+diferentes cruces, y uno de los que estaban escribiendo llevaba una
+banda roja.</p>
+
+<p>Los demás se paseaban por la sala en grupos de dos a tres personas
+hablando entre sí en voz baja.</p>
+
+<p>Al entrar Vargas todos se volvieron hacia él, y contestaron a su
+saludo con cortesía; en seguida continuaron sus paseos en todo lo largo
+del salón.</p>
+
+<p>El anciano de la banda roja no había reparado en su entrada;
+pero habiendo alzado la cabeza y fijado la vista en él, se levantó
+inmediatamente de su asiento, y acercándosele con aire cordial, le
+dijo:</p>
+
+<p>—¿Es el señor don Juan de Vargas a quien tengo la honra de
+hablar?</p>
+
+<p>—Un<span class="pagenum" id="Page_IV-7">p. IV-7</span> criado
+vuestro —contestó este, satisfecho de que hubiera entre tantos uno que
+le hablase.</p>
+
+<p>—Mi nombre —continuó el de la banda— no os será tal vez desconocido,
+aunque sí mi persona, por no haber tenido hasta ahora ocasión de
+hablaros; yo soy el marqués Domiño.</p>
+
+<p>Reconociendo entonces Vargas que hablaba con el fiel servidor de don
+Sebastián, de quien tanta mención se hacía en las memorias de Inés,
+le colmó de atenciones, y el marqués por su parte no andaba menos
+comedido.</p>
+
+<p>—Su Majestad —dijo— no tardará en honrarnos con su presencia; ahora
+permitidme que concluya el arreglo de algunos papeles interesantes,
+de que me es forzoso darle cuenta esta misma noche, y contad con que
+tenéis en mí un verdadero amigo y admirador.</p>
+
+<p>Volviose, acabando de hablar, a la mesa, y dejó a Vargas solo de
+nuevo, teniendo por recurso que dedicarse a observar cuanto pasaba en
+torno de él.</p>
+
+<p>Desde su llegada no habían cesado de<span class="pagenum"
+id="Page_IV-8">p. IV-8</span> irse presentando nuevos personajes de
+todas especies, y en uno de ellos reconoció don Juan a su rival don
+Francisco. Debió este conocerle también, pues mudó de color al verle;
+pero no dio de ello otra señal, y saludándole pasó a unirse a otras
+personas de las que allí estaban.</p>
+
+<p>Así se pasó como una hora, y al cabo de ella, oyéndose en el cuarto
+antes del salón dos recias palmadas, el marqués Domiño se levantó de
+su asiento, y después de haber dicho en alta voz «el rey, señores», se
+encaminó a la puerta de entrada, que abrió de par en par.</p>
+
+<p>Todos los circunstantes, descubiertos, se colocaron entonces
+alrededor del salón, observando el más profundo silencio.</p>
+
+<p>Los dos centinelas de la segunda antesala guardaban la entrada con
+sus arcabuces, agarrados con la mano derecha por la garganta de la
+culata, y dejando descansar la caja sobre el hombro del mismo lado.</p>
+
+<p>Pocos minutos después se deja ver don Sebastián con un vestido negro
+completo,<span class="pagenum" id="Page_IV-9">p. IV-9</span> y sin más
+adorno que el de una cadena de oro, de la cual pendía una medalla, y en
+ella esculpida la efigie de la Virgen nuestra Señora.</p>
+
+<p>El puño de la espada era de acero primorosamente labrado, y el del
+bastón, de oro, con algunos brillantes.</p>
+
+<p>Cuando entró en el salón, los presentes se inclinaron
+respetuosamente, y él, quitándose el bonete, saludó con gracia y
+desembarazo.</p>
+
+<p>Sentado ya en el sillón que le estaba destinado, mandó que los
+circunstantes se sentasen, y dijo:</p>
+
+<p>—Años ha, señores, que la fortuna no me ha concedido un momento
+tan grato como el presente, en que me veo rodeado de tantos y tan
+buenos servidores. Con su auxilio y el favor de Dios, espero que en
+breve lucirá para Portugal el día de la libertad. Vea yo la bandera
+lusitana ondear un día en el campo de batalla; séame dado pelear aún al
+frente de mis valientes soldados, y muera yo después; habré llenado el
+más<span class="pagenum" id="Page_IV-10">p. IV-10</span> violento, el
+más justo de mis votos.</p>
+
+<p>»Os he reunido, señores, para que ilustrado con vuestros consejos
+pueda yo decidir lo más conveniente. El momento de obrar es ya llegado.
+Harto tiempo hemos gemido en la esclavitud y en la miseria. La historia
+no ofrece acaso ejemplo de monarca tanto y tan largamente sujeto al
+rigor del destino; permanecer así más tiempo sería cobardía. Morir o
+vencer será desde hoy mi divisa.</p>
+
+<p>—Y la nuestra, morir o vencer con nuestro rey —exclamaron
+entusiasmados la mayor parte de los conjurados.</p>
+
+<p>—Ese entusiasmo —continuó don Sebastián—, que llena de alegría, es
+un feliz presagio de la victoria. Marqués Domiño, podéis hablar.</p>
+
+<p>—Vuestra Majestad —dijo Domiño— me ha mandado poner a la vista de
+los ilustres personajes aquí reunidos un cuadro exacto de nuestra
+situación, recursos y esperanzas, sin omitir los obstáculos que
+se oponen a nuestra justa empresa. Procuraré hacerlo con toda la
+concisión,<span class="pagenum" id="Page_IV-11">p. IV-11</span>
+exactitud y claridad que alcance.</p>
+
+<p>»No me cansaré en demostrar la justicia de la causa de Vuestra
+Majestad; esta es tan evidente, que no necesita razones en su apoyo.
+Por otra parte, los que me escuchan dan en hallarse en este paraje una
+prueba incontestable de su fidelidad y decisión por su legítimo rey.</p>
+
+<p>»Nuestro objeto no es otro que el de arrancar de mano del usurpador
+Felipe el reino de Portugal. Para conseguirlo contamos con nuestros
+amigos, y con los muchos enemigos que dentro y fuera de sus estados
+tiene, gracias a su detestable política.</p>
+
+<p>»Vuestra Majestad ha oído ya diferentes veces a los enviados de
+Portugal que están presentes, y prontos a confirmar cuanto diré.
+Según ellos aseguran, y yo mismo he tenido ocasión de observar, los
+portugueses están ya impacientes por romper el yugo de hierro que
+los oprime. Apenas hay uno de todos ellos que no haya sufrido alguna
+vejación del monarca español. La masa no puede estar mejor dispuesta;
+trátase<span class="pagenum" id="Page_IV-12">p. IV-12</span> solo de
+inflamarla, de dar a la indignación pública el conveniente impulso, y
+esto lo ha de hacer la presencia de Vuestra Majestad.</p>
+
+<p>»En vano Felipe se ha esforzado en convencer con el tormento, el
+fuego y la cuerda a los portugueses de que su rey ha dejado de existir;
+la mayor parte de ellos creen lo contrario, y para convencer a los
+restantes la evidencia bastará.</p>
+
+<p>»Hay, sin embargo, hombres en Portugal, y algunos de ilustre
+nacimiento, que unidos a la usurpación con los lazos del interés, y
+ejerciendo a su sombra una autoridad sin límites, harán los últimos
+esfuerzos contra nuestros designios. Estos, los españoles que allí
+mandan y los tercios que guarnecen nuestras fortalezas serán los
+enemigos que tengamos que combatir, y para hacerles frente es preciso
+contar con algunos soldados, desde luego.</p>
+
+<p>»Para este objeto se ofrecen trescientos hidalgos portugueses, en
+cuyo nombre han venido los señores Sousa, Coello, Ebora y Renteiro. La
+universidad<span class="pagenum" id="Page_IV-13">p. IV-13</span> de
+Coimbra ofrece también a Vuestra Majestad cincuenta lanzas por medio
+del doctor Saldaña, respetable eclesiástico, que está en camino para
+esta ciudad.</p>
+
+<p>»En una palabra, cualquiera que sea el punto de la frontera que
+Vuestra Majestad designe para el alzamiento, puede contar en él con más
+de cien caballeros y unos quinientos peones. Esta fuerza es bastante
+y sobrada para oponerse a las primeras tentativas de los tercios
+españoles, y dar lugar a que se unan a Vuestra Majestad mayor número de
+sus fieles servidores, con cuyo auxilio podrá apoderarse de una de las
+ciudades principales.</p>
+
+<p>»Conseguido esto, la voluntad de los portugueses se manifestará sin
+rebozo; los españoles serán apenas dueños del terreno que pisen, y este
+no será mucho, atendido su reducido número en el reino.</p>
+
+<p>»No es tampoco de temer en lo sucesivo el poder de Felipe, por más
+colosal que parezca. Flandes absorbe hoy su atención entera; allá van a
+consumirse los tesoros de las Indias; allí sus mejores soldados;<span
+class="pagenum" id="Page_IV-14">p. IV-14</span> allí, en fin, está el
+principal apoyo de Vuestra Majestad.</p>
+
+<p>»Isabel de Inglaterra verá con gusto desmembrarse el reino de
+Portugal de la corona española, y si no me atrevo a asegurar que nos
+auxilie abiertamente con sus armas, es, por lo menos, cierto que
+podemos contar con grandes socorros de su parte. Los insurreccionados
+de Flandes no podrán menos tampoco de prestar la mano a la obra de
+nuestra regeneración. Y el rey de Francia y el emperador de Alemania
+mismo no dejarán, en cuanto puedan, de contribuir a la minoración del
+poder del rey de España, cuyos vastos dominios le hacen el perpetuo
+objeto de sus celos.</p>
+
+<p>»He demostrado, a mi entender, que Vuestra Majestad no tiene que
+temer por parte de las otras testas coronadas oposición alguna a
+la justa recuperación de su trono; que las que no se interesen por
+Vuestra Majestad directamente, permanecerán neutrales; y que el rey
+Felipe, empeñado en una guerra destructora, y que, por la manera<span
+class="pagenum" id="Page_IV-15">p. IV-15</span> con que se conduce,
+se ha hecho interminable, pocos o ningunos esfuerzos podrá hacer para
+conservar la corona que usurpa.</p>
+
+<p>»Pero aún hay más. Dentro de España, a la vista misma del tirano,
+hay muchos hombres valerosos, de ánimo independiente y heroicos
+pensamientos, que pueden apenas soportar los hierros que los
+agobian.</p>
+
+<p>»Aún humean en Aragón las cenizas de la pasada revolución. La sangre
+de Lanuza, que corrió traidoramente derramada en un cadalso, fermenta
+sordamente.</p>
+
+<p>»Felipe camina sobre un volcán que una sola chispa basta a
+incendiar. Vuestra Majestad tiene en su mano provocar la explosión, y
+espero perdonará mi osadía si me atrevo a decirle que debe hacerlo.</p>
+
+<p>»Aragoneses y castellanos están mal contentos con el establecimiento
+de la Inquisición. Y Vuestra Majestad se ha dignado prometer protección
+a todos los perseguidos por ella, sin más condición que la de tomar<span
+class="pagenum" id="Page_IV-16">p. IV-16</span> parte en la gloria de
+restituir a Portugal su independencia.</p>
+
+<p>»En mi mano tengo una humilde súplica que algunos reverendos
+eclesiásticos presentan a Vuestra Majestad en nombre de varios otros,
+en la cual ofrecen a Vuestra Majestad el auxilio que sus brazos,
+personas y haciendas puedan prestar para su empresa, y las condiciones
+que por ello reclaman son tan moderadas, tan justas, que Vuestra
+Majestad no dejará de concederlas.</p>
+
+<p>»Al frente del cuerpo auxiliar español se pondrá un noble
+castellano, de ilustre linaje, valor conocido y notoria pericia en
+el arte de la guerra, a quien Vuestra Majestad, convencido de su
+fidelidad, se ha servido honrar con este encargo, esperando que
+sus compatriotas, a sus órdenes, darán pruebas de su acostumbrada
+bizarría.</p>
+
+<p>»Tal es, señores, el estado de los negocios de Vuestra Majestad;
+pero por más lisonjero que parezca, por más que el triunfo se nos
+figure indudable, ahora más que nunca debemos obrar con prudencia y
+cautela.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-17">p. IV-17</span></p>
+
+<p>»No por anticipar un día al proyecto malogremos para siempre el
+trabajo de muchos años. Antes de mucho, solo habremos menester el
+valor en el campo de batalla; hoy, la sagacidad y el disimulo para
+sustraernos a las continuas pesquisas del enemigo. — <i>Dixi</i>.</p>
+
+<p>Este largo discurso, que sin duda estaba no solo preparado, sino
+estudiado de antemano, fue oído por toda aquella asamblea con grande
+atención e interés. Vargas en particular, que por primera vez pensaba
+entonces seriamente en la empresa en que había tomado parte, recogió
+hasta la última sílaba; y si bien admiraba la capacidad con que el
+marqués Domiño había reunido todas las circunstancias que militaban
+a su favor, dándoles el conveniente colorido, disminuyendo al mismo
+tiempo el poder de su enemigo, no pudo menos de conocer que, por más
+que se dijese, el proyecto ofrecía inmensos peligros.</p>
+
+<p>Sin embargo, don Juan ni quería ni podía ya volver el pie atrás, y
+prestándose<span class="pagenum" id="Page_IV-18">p. IV-18</span> a
+lo que en su posición era indispensable, tanto trabajó en convencerse
+a sí propio de que don Sebastián podría triunfar, que casi llegó a
+creerlo.</p>
+
+<p>Dejó don Sebastián pasar algún tiempo después de haber Domiño cesado
+de hablar, y cuando ya creyó que el auditorio estaba preparado a oírle,
+dijo:</p>
+
+<p>—Acabáis de oír la fiel pintura de nuestra situación: si alguno de
+vosotros tiene algunas observaciones que hacernos, yo le permito y le
+mando que hable.</p>
+
+<p>Entonces los circunstantes se miraron todos unos a otros como para
+examinar qué efecto habían producido las palabras del rey pastelero, y
+al cabo de algunos instantes tomó la palabra uno, en cuya voz reconoció
+Vargas la de la persona que le había tomado el juramento en la ermita
+de Madrigal, y lo era en efecto.</p>
+
+<p>—Rey y señor mío —dijo—: los fieles vasallos de Vuestra Majestad, en
+cuyo nombre tenemos la honra de hallarnos hoy en vuestra real presencia
+algunos caballeros portugueses, están prontos a confirmar con<span
+class="pagenum" id="Page_IV-19">p. IV-19</span> las obras las ofertas
+tantas veces repetidas de sacrificar sus vidas y haciendas en defensa
+de Vuestra Majestad.</p>
+
+<p>»Una súplica es la que se atreven a hacer, humildemente puestos a
+los pies del rey y señor natural, que es la de rogarle que apresure el
+ansiado momento de tomar las armas. La dilación entibia los ánimos de
+unos, expone a los otros a crueles persecuciones, y fortifica a los
+enemigos de la justa causa.</p>
+
+<p>»Dígnese, pues, Vuestra Majestad tomar en consideración esta súplica
+reverente, y hacer en ello lo que fuere de su real agrado.</p>
+
+<p>—Señor Sousa, ese impaciente ardor de mis leales vasallos —contestó
+don Sebastián— es sumamente grato para mí. Yo procuraré no retardarles
+mucho la ocasión de darme pruebas de su fidelidad y valor.</p>
+
+<p>Uno de los eclesiásticos, levantándose entonces de su asiento y
+haciendo una profunda reverencia, a la que el rey contestó con una
+leve inclinación de cabeza<span class="pagenum" id="Page_IV-20">p.
+IV-20</span> y una seña para que hablase, lo hizo de esta manera:</p>
+
+<p>—Señor: el marqués Domiño ha ofrecido a Vuestra Majestad la
+asistencia y auxilio de algunos españoles a quienes la tiranía de
+su rey obliga a sustraerse de su dominio. Yo, en nombre de los
+descontentos, confirmo esta oferta. En esta misma ciudad existen
+muchos de ellos, y en las demás del reino se encuentran a millares. El
+caballero a quien Vuestra Majestad se ha dignado confiar el cargo de su
+caudillo, podrá cerciorarse por sus propios ojos de la verdad de mis
+palabras.</p>
+
+<p>»Los que están prontos a tomar las armas dejan a la real
+munificencia de Vuestra Majestad el cuidado de señalar recompensas a
+sus servicios. Nada estipulan ni quieren estipular en este punto.</p>
+
+<p>»La única condición que ponen, la cláusula <i>sine qua non</i>
+del tratado que tienen la honra de hacer con Vuestra Majestad, es
+que, concluida la guerra, les será permitido vivir en el reino de
+Portugal según sus conciencias, sin que ni el tribunal de la<span
+class="pagenum" id="Page_IV-21">p. IV-21</span> Inquisición ni otro
+alguno pueda inquietarles en materias de fe.</p>
+
+<p>»Vuestra Majestad, que en sus diferentes viajes ha recorrido la
+Europa entera, y a cuya real penetración no se habrá ocultado ninguna
+de las causas de su engrandecimiento o desmejora, habrá sin duda
+observado que los cristianos reformados, tan sin piedad perseguidos en
+España, tienen acogida en los más florecientes de ellos.</p>
+
+<p>»En apoyo de esta aserción, la Inglaterra, la Escocia, y gran parte
+de Alemania, se hallan en este caso.</p>
+
+<p>»Ni este es lugar a propósito, ni da de sí el tiempo lo necesario
+para extenderme en largas disertaciones sobre la conveniencia de la
+tolerancia religiosa.</p>
+
+<p>»A Vuestra Majestad toca decidir si le conviene o no aceptar en este
+caso la alianza de los españoles, cuyo nuncio soy, con la expresada
+condición.</p>
+
+<p>Una reverencia todavía más humilde que la primera terminó este
+discurso, que don Sebastián y Domiño oyeron impasibles sin dar
+señales de aprobación ni<span class="pagenum" id="Page_IV-22">p.
+IV-22</span> descontento, y la asamblea se mostró dividida en distintos
+pareceres.</p>
+
+<p>Don Francisco, don Carlos, Abenamal, y algunos otros, pensaban
+que el auxilio de los españoles era de la mayor importancia; y que
+limitándose los reformados, como se limitaban, a pedir una simple
+tolerancia en materias de fe, sin exigir protección ni paridad con
+el culto católico, sería desatinado negarse a su propuesta. Pero los
+portugueses Sousa y Coello no podían avenirse con la idea de asociarse
+con herejes luteranos y calvinistas; y de esta misma opinión no
+faltaban personas entre los circunstantes.</p>
+
+<p>Cuando el eclesiástico español cesó de hablar, un rumor sordo se
+dejó oír por todo el salón: los que opinaban en su favor se miraban,
+dando visibles muestras de aprobación; y los contrarios, hablando entre
+sí en voz baja, se preparaban a oponerse sin rebozo a su propuesta.</p>
+
+<p>Coello, poniéndose en pie y saludando al rey, exclamó:</p>
+
+<p>—Los portugueses, señor, se han gloriado siempre de vivir<span
+class="pagenum" id="Page_IV-23">p. IV-23</span> en el gremio de la
+santa Iglesia católica, apostólica, romana, única verdadera, fuera de
+la cual no hay salvación. Y la condición que los españoles ponen para
+tomar las armas en defensa de Vuestra Majestad, si se acepta, destruirá
+para siempre nuestra opinión religiosa, manchando el suelo de los
+dominios de Vuestra Majestad con el baldón de la herejía.</p>
+
+<p>»¿Por ventura no serán bastantes los vasallos naturales de Vuestra
+Majestad a ponerlo en su trono, sin mendigar el apoyo de los españoles
+descontentos? Señor: Vuestra Majestad es dueño absoluto de nuestras
+vidas y haciendas; pero en la honra y en la religión no puede...</p>
+
+<p>—Sobrado tiempo os he escuchado, Coello: yo resolveré este asunto
+como sea de mi real agrado, y os dejo salvo el derecho de hacer de
+vuestra persona lo que os parezca conveniente —le interrumpió don
+Sebastián, justamente indignado, de que en tan críticos momentos se
+quisiera sembrar la división en su partido.</p>
+
+<p>Coello, aterrado, murmuró algunas frases<span class="pagenum"
+id="Page_IV-24">p. IV-24</span> de obediencia, fidelidad, celo y
+religión, ocupando confuso su asiento.</p>
+
+<p>Don Sebastián, sin atenderle, se dirigió al eclesiástico, y con
+notable afabilidad le dijo:</p>
+
+<p>—Doctor Serrano, don Juan de Vargas os anunciará mañana mi
+resolución. Entre tanto podéis dar mis reales gracias a vuestros
+amigos, asegurándoles que jamás olvidará don Sebastián el auxilio que
+en su infortunio le prestan. Mañana también, señores, se os comunicarán
+a todos mis órdenes, y antes de mucho nos habrá visto el mundo triunfar
+de nuestros enemigos, o perecer gloriosamente en la demanda.</p>
+
+<p>Concluyendo de hablar hizo seña de haberse terminado la asamblea; y
+los que la componían empezaron a retirarse de dos en dos, o de tres en
+tres lo más, para no hacerse sospechosos en la calle.</p>
+
+<p>No lo hizo así Vargas, pues se le mandó permanecer en el salón hasta
+quedarse solo con el rey y el marqués Domiño.</p>
+
+<p>Entonces, el primero de estos personajes,<span class="pagenum"
+id="Page_IV-25">p. IV-25</span> llamándole, le habló en estos
+términos:</p>
+
+<p>—Don Juan, la mano del destino, por caminos bien inesperados, os ha
+reunido a mí. Sé que habéis resuelto seguir mi suerte; y sé también que
+los hombres como vos no varían nunca su resolución: cuento, pues, con
+vos como conmigo mismo.</p>
+
+<p>—Vuestra Majestad —dijo Vargas— me hace justicia: mi espada y mi
+persona están ya a su real servicio mientras me dure la vida.</p>
+
+<p>—Lo creo; y os doy una prueba de ello en poneros al frente de mis
+auxiliares. No necesito deciros que estos son los españoles que,
+habiendo abrazado las herejías de Lutero y Calvino, no hallan en su
+patria un palmo de terreno que los sustente con seguridad, un solo
+instante, de que las hogueras de la Inquisición no se enciendan
+para ellos. Aunque católico, como yo lo soy, por la piedad de
+Dios, no podréis menos de conocer que en mi actual posición me es
+forzoso prescindir de escrúpulos que acaso me arredraran en otras
+circunstancias. Hoy lo que necesito son brazos, y a todo precio debo
+comprarlos<span class="pagenum" id="Page_IV-26">p. IV-26</span>
+mientras el honor no padezca.</p>
+
+<p>—Vuestra Majestad, a mi entender, obra en eso con cordura.</p>
+
+<p>—Tal es mi opinión; y yo sabré imponer silencio, eterno si es
+preciso, a los que como Coello quieran contrariarla. Desde que la
+fortuna me ha condenado a vivir en la última clase del pueblo, he
+tenido ocasión de abrir los ojos sobre más de un error, y me he
+convencido de que el hierro y el fuego hacen hipócritas, pero no
+religiosos. Además, don Juan, el pontífice, a quien en Roma me presenté
+a pedir dispensa del voto temerario que en un momento de despecho hice
+en África de vivir siempre encubierto, no solo se negó a ello, sino que
+me despidió con dureza. Gregorio, esclavo humilde del rey de España,
+temblaba de tener un solo día en sus estados al infeliz don Sebastián,
+y esta ofensa está para siempre grabada en mi corazón.</p>
+
+<p>»Bastante os he dicho para que comprendáis claramente mi voluntad
+y sus fundamentos. El doctor Serrano os presentará mañana a los
+que habéis de conducir<span class="pagenum" id="Page_IV-27">p.
+IV-27</span> a la gloria: descanso en vuestra fidelidad y buen talento,
+y no volveré a ocuparme en el asunto hasta que os comunique mis órdenes
+para marchar.</p>
+
+<p>»La mano de doña Inés es vuestra ya. La categoría a que estará
+destinado el esposo de la cuñada del rey no se os ocultará; y para que
+desde luego empecéis a recibir pruebas de mi real benevolencia, os
+autorizo a usar desde hoy el título de duque de Madrigal.</p>
+
+<p>—Las bondades de Vuestra Majestad y la merced con que me honra
+estarán eternamente impresas en mi memoria, y espero dar pruebas de mi
+agradecimiento en el campo de batalla.</p>
+
+<p>—Ese es el lenguaje de un noble soldado. Podéis retiraros.</p>
+
+<p>Dobló don Juan la rodilla, besó la misma mano a que había visto
+hacer pasteles, y salió del regio desván como el hombre que acaba de
+tener un sueño maravilloso, de aquellos que hacen dudar de si se duerme
+o se está despierto.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_4p027.jpg"
+ style="width: 3em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch42">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-28">p. IV-28</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO II</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Ciego el califa en su sangriento celo,</div>
+ <div class="verse i0">Despuebla el mundo por vengar al cielo.</div>
+ <div class="verse idr">(Meléndez: <i>Oda a la tolerancia</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">A principios del siglo <span class="asc">xvi</span>
+fueron tantos y tales los abusos de las facultades espirituales que en
+materia de bulas e indulgencias hizo la corte de Roma, que en Alemania,
+país eminentemente pensador, dos frailes, Lutero y Calvino, se alzaron
+contra ella: practicaron la reforma de la religión cristiana, conocida
+con el nombre de protestantismo; y a pesar del emperador, del papa y
+del concilio, luchando contra las armas del uno, las excomuniones y los
+legados del otro, y contra los cánones y censuras del último, hicieron
+considerable número de prosélitos, atrayendo a su creencia príncipes
+ilustres y naciones enteras.</p>
+
+<p>Lutero y Calvino dieron al poder de los papas un golpe funesto, que
+los progresos<span class="pagenum" id="Page_IV-29">p. IV-29</span>
+de la civilización social prepararon hasta entonces, y en lo sucesivo
+hicieron verdaderamente mortal. Desde entonces los sucesores de San
+Pedro perdieron aquel poder en virtud del cual daban y quitaban las
+coronas. Inglaterra, Suecia, Flandes, gran parte de la Alemania, se
+separaron del regazo de la Iglesia católica; la Francia misma rehusó
+admitir el concilio tridentino, y la Europa entera empezó a creerse con
+derecho a pensar en materias de religión, cosa hasta entonces mirada
+como una blasfemia.</p>
+
+<p>Las consecuencias que aquellos sucesos tuvieron en el orden político
+son harto conocidas; y aunque esta novela no se ha escrito a propósito
+para hablar de ellas, se nos permitirá que observemos que Inglaterra
+fue el primer país enteramente protestante, y que en él es en donde la
+libertad civil es también más antigua.</p>
+
+<p>Carlos I se declaró protector del concilio de Trento, y persiguió
+constantemente a los reformados. Pero en Alemania no pudo extinguirlos:
+en España fue<span class="pagenum" id="Page_IV-30">p. IV-30</span>
+donde, auxiliado por la Inquisición, de abominable memoria, logró que
+jamás los hubiese a cara descubierta.</p>
+
+<p>Las crueldades del tribunal de la fe no fueron sin embargo durante
+su reinado comparables a las que se ejercieron bajo el cetro de hierro
+de su hijo Felipe II, cuyo nombre execrado ha llegado a nuestros días,
+y pasará a la más remota posteridad, como el baldón de su siglo y de la
+patria que le dio el ser.</p>
+
+<p>Todas o la mayor parte de las religiones han debido acaso a la
+persecución su mayor incremento; y, a excepción del mahometismo,
+ninguna se ha extendido con la rapidez que la protestante. En vano se
+le opusieron cuantos diques alcanzaron el poder y la Iglesia dominante;
+salvolos todos y, embravecida como un torrente por la resistencia,
+llegó a hacerse temible para sus perseguidores.</p>
+
+<p>No eran entonces los españoles un pueblo insignificante, como
+después lo fueron gracias a tres siglos de cadenas; ricos, poderosos
+y conquistadores, en<span class="pagenum" id="Page_IV-31">p.
+IV-31</span> todo el orbe se veía a los invencibles tercios castellanos
+cubriéndose de gloria; sus mercaderes tenían relaciones comerciales con
+todas las naciones; y el oro mejicano hacía de nosotros los banqueros
+del mundo. Entonces se viajaba; en aquellos viajes había comunicación
+con los extranjeros, y de este modo la reforma religiosa llegó a
+hacerse partidarios, y no en pequeño número, en el corazón mismo de
+Castilla.</p>
+
+<p>Naturalmente, los primeros protestantes fueron eclesiásticos: para
+nadie podía tener más interés la cuestión que para ellos; y unos la
+examinaban por curiosidad, otros para instruirse. Algunos creyeron
+las nuevas doctrinas más conformes al espíritu del Evangelio que las
+antiguas; otros, lo contrario; y estos en España fueron en mayor
+número. Apoyados los últimos en la ley, y disponiendo de la fuerza,
+persiguieron encarnizadamente a los primeros, quienes se refugiaron,
+como todo proscrito, en la oscuridad.</p>
+
+<p>No había acaso ciudad en España en<span class="pagenum"
+id="Page_IV-32">p. IV-32</span> que los protestantes, los judíos,
+y hasta los mahometanos no tuviesen conventículos secretos que la
+Inquisición fue descubriendo sucesivamente. Para llevar legalmente a
+la hoguera a los desventurados que los formaban no se necesitaba más
+que probarles su diferencia de religión; pero el espíritu de partido,
+no contento con aplicarles al tormento y quemarlos después, quiso que
+bajasen al sepulcro manchada su memoria con la imputación de crímenes
+cuya atrocidad misma los hace absurdos e increíbles.</p>
+
+<p>Los niños degollados bárbaramente, las imágenes del Redentor
+injuriadas de una manera abominable eran las más pequeñas de las
+infamias de que los inquisidores acusaban a sus víctimas. La pluma se
+niega a entrar en pormenores sobre esta materia, y el entendimiento
+concibe apenas que se hayan conducido al suplicio millares de infelices
+pretendiendo haberles probado que <i>volaban</i> o que tenían en
+sus casas <i>a pupilo</i> algunos diablos en figura de sapos, con
+obligación de<span class="pagenum" id="Page_IV-33">p. IV-33</span>
+vestirlos de terciopelo y darles a comer huesos de difuntos.</p>
+
+<p>En tal estado se hallaba España bajo la dominación del fanático
+Felipe, cuando Gabriel de Espinosa puso a cargo de Vargas el mando de
+sus auxiliares españoles.</p>
+
+<p>No se crea, por lo que de las luces naturales de don Juan hemos
+dicho, que fuese un hombre de los que hoy llamamos despreocupados. Eran
+muy pocos los castellanos que en aquel siglo podían pretender esta
+denominación; y seguramente en donde menor número de ellos se hallaba
+era en la nobleza, que recibiendo una educación puramente militar,
+conservaba la creencia de sus padres, sin imaginar siquiera que en tal
+materia era admisible la discusión. Sin embargo, el hermano del marqués
+había tenido ocasión de observar en Flandes que los herejes eran
+hombres como los demás; que cualquiera que fuesen sus errores en el
+dogma, la moral de su religión era exactamente la del Evangelio, y que
+en los combates<span class="pagenum" id="Page_IV-34">p. IV-34</span>
+se portaban como el mejor católico, peleando con valor, y tratando
+después con humanidad a sus enemigos. Redújose, pues, a desempeñar la
+comisión que se había puesto a su cargo, aunque no sin repugnancia
+y tal cual escrúpulo de conciencia. Dígase también, en honor de la
+verdad, que Inés, a quien vio aquel día en el locutorio, le pareció tan
+hermosa, estuvo con él tan fina y le dio tan próximas esperanzas de su
+matrimonio que, al separarse de ella, hubiera hecho alianza no ya con
+los protestantes, sino con todos los herejes y cismáticos habidos y por
+haber, y con el mismo Satanás, por más feo, cornudo y azufroso que se
+le presentase.</p>
+
+<p>Tales han sido siempre los hombres vehementes: preocupaciones,
+intereses, conveniencias sociales, la honra misma, todo lo han
+sacrificado a las miradas de una mujer en los primeros años de la vida;
+y en la edad adulta, el ídolo de su juventud, olvidado, menospreciado
+tal vez, ha tenido que ceder<span class="pagenum" id="Page_IV-35">p.
+IV-35</span> su lugar a los sueños de la ambición.</p>
+
+<p>Vargas entonces no creía que hubiera nada en el mundo superior a
+Inés, ni que el que una vez la había visto pudiera nunca dejar de
+amarla; menos aún, ser feliz sin ella. ¿Qué mucho, pues, que todo lo
+sacrificase para poseerla?</p>
+
+<p>Ya resuelto a entregarse sin reserva en manos del destino, se
+preparó a desempeñar su papel de jefe de segundo orden en aquella
+conjuración; y revestido de la gravedad conveniente, se presentó con el
+doctor Serrano en el conventículo de los protestantes.</p>
+
+<p>Celebraban estos sus reuniones con todo el misterio y cautela que
+su posición exigía, y Vargas halló en juntas a los que formaban el
+consistorio directivo en una oculta bodega situada en un extremo de
+la ciudad. Algunos letrados, no menos eclesiásticos, tres o cuatro
+mercaderes y algún profesor de ciencias exactas fueron las personas
+que allí se ofrecieron a su vista: la única de capa y espada,<span
+class="pagenum" id="Page_IV-36">p. IV-36</span> como entonces se decía,
+era el mismo Vargas.</p>
+
+<p>Antes de su llegada ya habían los protestantes acordado que no
+prestarían a don Sebastián el prometido auxilio sin recibir antes por
+escrito su real palabra de que se les tolerase en Portugal el libre
+ejercicio de su culto; y el doctor Serrano hizo entender sin rebozo
+a don Juan que toda negociación era excusada sin que precediese la
+entrega de la garantía pedida.</p>
+
+<p>En el caso de que el destronado rey accediese a lo que se
+deseaba, empezarían los protestantes poniendo a su disposición una
+suma considerable para empezar la campaña; formarían a su costa,
+y auxiliados por sus hermanos de Inglaterra, Francia y Alemania,
+un cuerpo franco; y, desde luego, presentarían en breve plazo de
+trescientos a quinientos hombres para contribuir al alzamiento.</p>
+
+<p>No dejaron tampoco de presentarse varias dificultades al
+consistorio sobre poner los soldados protestantes a las órdenes<span
+class="pagenum" id="Page_IV-37">p. IV-37</span> de un noble católico;
+pero todas ellas se desvanecieron con la imposibilidad de hallar en
+España hombre de la comunión reformada que lo reemplazase. Fue, pues,
+nuestro don Juan, bajo el título de duque de Madrigal, reconocido por
+jefe del futuro cuerpo auxiliar, y la reunión se disolvió después de
+haber rezado a coro un salmo de David.</p>
+
+<p>Debía don Juan comunicar a Gabriel de Espinosa lo resuelto por el
+consistorio, y para ello se le había mandado hallarse aquella noche
+a las ocho de ella en el Campo Grande; cita a la que, como se deja
+conocer, asistiría con alguna anticipación para no hacerse esperar;
+pero fue tanta su puntualidad, que daban las siete cuando entró en el
+Campo Grande, que, por ser la noche de las frescas de otoño, estaba
+desierto. No le pesó de esta circunstancia, pues en situación semejante
+a la suya lo que más se apetece en general es la soledad. Amante y
+conjurador a un tiempo, sus pensamientos le sobraban a Vargas para
+entretenerse.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-38">p. IV-38</span></p>
+
+<p>La revolución que se preparaba, su éxito y consecuencias eran
+asuntos de no pequeña importancia; pero Inés la tenía mayor para él.
+Dejando vagar la imaginación a su placer, se veía ya dueño de su amada:
+representábasele verla en sus brazos al rayar la aurora, y uno y otro
+día, y siempre, en fin, vivir a su lado; pero el colmo de la dicha
+para Vargas era tener un hijo de Inés, que su fantasía hizo bello como
+Apolo, valiente como Hércules, discreto como Cicerón, y célebre como
+Alejandro.</p>
+
+<p>Cuando el hombre cree ser feliz, lo es, ha dicho no sé quién,
+y con sobrada razón. Nunca la realidad iguala a los goces que el
+hombre dotado de una ardiente fantasía tiene, cuando sus sueños,
+ya despierto, ya dormido, le halagan. Y es porque, en la realidad,
+aun las rosas tienen espinas; no así en el mundo ideal: lo malo y
+lo bueno, según el vidrio que se deja ver en la linterna mágica, se
+presentan aisladamente. Prescíndese de la debilidad humana, de la
+muerte; se olvida<span class="pagenum" id="Page_IV-39">p. IV-39</span>
+que estamos condenados a padecer, y que cuanto más intenso sea un
+dolor, tanto más pronto el órgano que lo sufre perderá la facultad
+de sentirlo. Sucédenos, en fin, lo que al mecánico teórico: calcula
+una máquina prescindiendo del rozamiento de los cuerpos y de la
+elasticidad de las cuerdas, y obtiene en el papel un invento que ha
+de inmortalizarle. El mal está en que al poner en práctica su máquina
+tiene que emplear hierro, madera y cáñamo.</p>
+
+<p>Dando, pues, libre curso a sus imaginaciones, se paseaba Vargas
+delante del convento de recoletos y no advirtió que un hombre le
+seguía, hasta que este, tocándole en un hombro, le dijo:</p>
+
+<p>—Muy distraído vais, señor don Juan.</p>
+
+<p>Volviendo entonces la cabeza reconoció a Gabriel de Espinosa.</p>
+
+<p>Diole cuenta de lo ocurrido en el consistorio, y tuvieron sobre
+ello una larga conversación, en la cual desplegó el pastelero
+grandes conocimientos en política, y dio a Vargas detalladas
+instrucciones,<span class="pagenum" id="Page_IV-40">p. IV-40</span>
+previendo las dificultades que podrían ocurrirle en su misión y
+facilitando los medios de vencerlas; y por último, prometió la garantía
+pedida por los protestantes.</p>
+
+<p>Antes de despedirse supo Vargas que los conjurados portugueses
+Domiño, Abenamal, don Carlos y don Francisco, habían ya marchado a
+disponer el alzamiento, que debía verificarse tan luego como don
+Sebastián se presentase en su reino.</p>
+
+<p>El monarca destronado pensaba ir a Madrigal, salir de allí
+acompañado de fray Miguel, don Juan y un corto número de los
+protestantes españoles, y entrar con ellos en la Extremadura portuguesa
+para descubrirse allí.</p>
+
+<p>Para poner en planta este proyecto solo aguardaba a recoger la
+suma prometida por el consistorio, y a realizar algunos otros fondos
+indispensables para poder sustentar a sus soldados un mes por lo menos
+sin gravamen de los pueblos.</p>
+
+<p>Pero todas estás recaudaciones no pudieron verificarse tan pronto
+como se deseaba.<span class="pagenum" id="Page_IV-41">p. IV-41</span>
+El misterio con que hubieron de hacerse, las diversas personas a quien
+se tuvo que acudir y otros varios entorpecimientos inevitables en tales
+negocios retardaron quince días o más el suspirado momento de hallarse
+prontos los fondos. Don Juan no tuvo la satisfacción de anunciárselo
+así a Gabriel de Espinosa hasta dos semanas después de haber tenido con
+él la conferencia que acabamos de referir.</p>
+
+<p>En este intermedio sus visitas al locutorio fueron diarias, y la
+materia de sus conversaciones con Inés, sus amores y esperanzas. No
+estaba la bella portuguesa menos enamorada que el joven castellano;
+pero sus continuas desgracias y su condición naturalmente reflexiva no
+la permitían entregarse, como Vargas lo hacía, a las más lisonjeras
+ilusiones. Una serie no interrumpida de males había acostumbrado a
+Inés a no esperar nada bueno; y más de una vez, en los momentos mismos
+en que su amante mostraba mayor entusiasmo, más persuasión<span
+class="pagenum" id="Page_IV-42">p. IV-42</span> de ser su esposo, la
+imagen del cadalso se presentaba a los ojos de la infeliz hermana de
+Clara, y el rostro de Vargas, entonces animado por todo el fuego del
+amor, a su parecer mostraba las señales de la muerte. Corrían entonces
+por sus mejillas lágrimas amargas, y apenas bastaban el cariño y la
+elocuencia de don Juan para calmar su dolor.</p>
+
+<p>La mañana siguiente a la noche en que el hermano del marqués anunció
+al cuñado de su futura esposa que los protestantes tenían reunido su
+dinero, fue a ver a Inés, y al participárselo le dijo:</p>
+
+<p>—Esta noche entregaré al consistorio la real garantía que Su
+Majestad pondrá en mis manos, y me haré cargo del dinero, parte en oro,
+parte en letras de cambio. El rey saldrá para Madrigal al amanecer de
+mañana, y vos con él. Según sus órdenes, Inés, yo no debo hacerlo, con
+otros veinte compañeros, hasta por la noche. Su Majestad se ha dignado
+prometerme que fray Miguel nos unirá para siempre en la ermita que bien
+conocéis.<span class="pagenum" id="Page_IV-43">p. IV-43</span> ¡Ah,
+Inés! Llegó por fin el suspirado momento de llamarme esposo de la que
+adoro. O no me amáis, o vuestro placer debe ser igual al mío.</p>
+
+<p>—De mi amor, Vargas, no podéis dudar, pues no sabré ocultarlo,
+aunque tal vez debiera —contestó la dama—. Un fatal presentimiento
+me destroza el corazón; conozco que no tengo para él determinado
+fundamento, y, sin embargo, no puedo desecharlo.</p>
+
+<p>—Inés mía, confundís el temor natural en vuestro sexo al aproximarse
+el momento de una arriesgada empresa, con un presentimiento que no
+puede existir.</p>
+
+<p>—¡Mi don Juan!</p>
+
+<p>Pero no más de lo que va referido hablaron aquella vez los dos
+amantes, pues Vargas, en tan críticos momentos, no podía disponer de un
+solo instante.</p>
+
+<p>La despedida por su parte fue tierna; por la de Inés, melancólica en
+extremo. Parecíale que aquella separación había de ser eterna, y sin
+poderlo remediar inundó con sus lágrimas la mano de don Juan,<span
+class="pagenum" id="Page_IV-44">p. IV-44</span> después de haberla
+estrechado tiernamente contra su corazón.</p>
+
+<p>—No sé —dijo por último—, no sé en qué consiste; pero jamás ha sido
+tanto mi desaliento como ahora. La idea de ser causa, tal vez, de la
+desgracia de un hombre a quien adoro, y que si no me hubiera conocido
+fuera feliz sin duda, me atormenta, me destroza el corazón.</p>
+
+<p>Quitose en seguida una cadena hecha de su propio pelo, y
+poniéndosela al cuello a su amante, continuó:</p>
+
+<p>—Tomad, don Juan, esa prenda, que para vos tendrá algún valor; y si
+queréis tranquilizarme algún tanto, decidme que jamás me culparéis en
+lo que os suceda.</p>
+
+<p>—¡Nunca, mi vida!</p>
+
+<p>—El destino os hizo conocerme, y el cielo me es testigo de lo que he
+combatido por mi amor y el vuestro.</p>
+
+<p>—Y el cielo premiará también vuestra virtud. Señora mía, pasado
+mañana seréis mi esposa. Enjugad el llanto, y adiós, que me es fuerza
+el partir.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_4p044.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch43">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-45">p. IV-45</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO III</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">¡Ah! Vanamente discurre mi deseo</div>
+ <div class="verse i0">Por tus sangrientos fastos y el contino</div>
+ <div class="verse i0">Revolver de los tiempos; vanamente</div>
+ <div class="verse i0">Busco honor y virtud: fue tu destino</div>
+ <div class="verse i0">Dar nacimiento, un día,</div>
+ <div class="verse i0">A un odioso tropel de hombres feroces,</div>
+ <div class="verse i0">Colosos para el mal.</div>
+ <div class="verse idr">(Quintana: <i>Oda a Padilla</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Don Rodrigo de Santillana, el marqués y su capellán,
+habían llegado con toda felicidad a Madrid, y pasado de allí al
+Escorial, donde por el momento se hallaba la corte.</p>
+
+<p>La obra de aquel monasterio, ya entonces muy próximo a su
+conclusión, era el único objeto que distraía a Felipe de los negocios
+políticos y de sus continuas devociones.</p>
+
+<p>Habíase lisonjeado el marqués de que su pretensión era fácil
+de conseguir, y se engañó. Un monarca que, como el reinante<span
+class="pagenum" id="Page_IV-46">p. IV-46</span> entonces, hacía
+profesión de los más austeros principios religiosos, un hombre que
+jamás había amado ni podía amar, no era de esperar que tolerase y
+protegiese los extravíos galantes en nadie, y menos en un título de
+Castilla. Los ministros de Felipe tenían, o afectaban tener, la misma
+manera de pensar que él, y así el pobre marqués vio malísimamente
+recibidas sus primeras insinuaciones.</p>
+
+<p>Pero como si las ideas generales de la corte en la materia no
+bastaran a contrariar sus planes, el comendador Hinojosa, presentándose
+dos días después que él en el Escorial, acabó de derribar el sonado
+edificio del engrandecimiento del hijo de Violante.</p>
+
+<p>Hinojosa, entrando sin ceremonia en la posada de su primo, y
+declarándole sin rodeos que él y don Juan estaban perfectamente
+enterados de lo ocurrido con respecto al niño don Pedro Alcántara,
+de los proyectos que para su fortuna se formaban, y que ambos
+también estaban resueltos a no tolerar tamaña afrenta para<span
+class="pagenum" id="Page_IV-47">p. IV-47</span> las familias de los
+Vargas, confundió, aterró, aniquiló al marqués y al padre Teobaldo.</p>
+
+<p>No se atrevían ni el uno ni el otro a responder palabra, ni el
+comendador les dio lugar a ello, pues concluida la arenga se retiró,
+anunciando que iba en aquel mismo instante a verse con el secretario de
+Su Majestad y a enterarle de todo el asunto, y que, si necesario fuese,
+llegaría a los pies del rey mismo a pedir justicia. Hinojosa era hombre
+sobradamente capaz de cumplir lo prometido; el marqués lo sabía, y el
+capellán también.</p>
+
+<p>Más de un cuarto de hora se estuvieron mirando el uno al otro con
+espantados ojos, sin saber qué hacer ni qué decir, hasta que por fin
+el marqués creyó que a él le tocaba romper el silencio, y haciendo un
+grande esfuerzo dijo:</p>
+
+<p>—¡Padre Teobaldo!</p>
+
+<p>—Señor marqués —contestó el capellán; y se terminó por entonces la
+conversación.</p>
+
+<p>—¡Hem! —dijo de allí a un rato el capellán—. ¿Si habrá ido a ver al
+rey?</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-48">p. IV-48</span></p>
+
+<p>—¿Si habrá ido? ¿No le conocéis? Ahora mismo tal vez.</p>
+
+<p>—Entonces, <i>Domine miserere mei</i>, perdidos somos.</p>
+
+<p>—Padre Teobaldo, ¿y qué hacemos?</p>
+
+<p>—Señor marqués, yo en este asunto <i>lavabo manus meas</i>.</p>
+
+<p>—Buen consejo, por cierto. ¿Ahora me abandonáis?... ¿No podríamos
+acudir a algunos amigos?</p>
+
+<p>—¡Amigos! <i>Donec eris felix...</i></p>
+
+<p>—Por la Virgen Santísima que dejemos ahora los latines. Si ese
+hombre se presenta a Su Majestad y le cuenta el asunto a su modo, somos
+perdidos.</p>
+
+<p>—<i>Nulla est redemptio</i>. En mala hora dejamos nuestros penates;
+en triste día <i>nos patriæ fines; et dulcia relinquimus arva</i>.</p>
+
+<p>—Dios me perdone, pero capaz sois de hacer perder la paciencia a un
+santo. Consejos son los que yo quiero, y no citas de Virgilio.</p>
+
+<p>—Ese pagano, señor marqués, contiene sin embargo apotegmas
+filosóficos, morales, <i>naturaliter</i> hablando, de gran peso y...</p>
+
+<p>—Norabuena, pero ahora no se trata de eso: en lo que hemos de pensar
+es en el comendador.</p>
+
+<p>—<i>Infandum Regina jubes renovare dolorem</i>.</p>
+
+<p>—En resumen,<span class="pagenum" id="Page_IV-49">p. IV-49</span>
+¿qué pensáis que debo hacer?</p>
+
+<p>—Es asunto este que exige madura deliberación, y consultar por lo
+menos media docena de santos padres y otros tantos autores profanos.</p>
+
+<p>—Y mientras se consultan, revuelve mi primo la corte entera, me
+pinta a los ojos de Su Majestad como un libertino escandaloso, a vos
+como a un eclesiástico sin costumbres, cómplice en mis extravíos; dan
+con nosotros en la Inquisición, y nos queman.</p>
+
+<p>—<i>Sancta Maria, ora pro nobis</i>. Huyamos, señor marqués,
+huyamos, <i>usque ad finem</i>.</p>
+
+<p>—Eso ya es hablar en razón. ¿Conque opináis que huyamos?</p>
+
+<p>—Me parece lo más acertado.</p>
+
+<p>—Y a mí.</p>
+
+<p>—Está entonces aprobado <i>nemine discrepante</i>.</p>
+
+<p>Y sin aguardar a más, ni despedirse de alma viviente, tomaron el
+camino para Madrid, donde solo pararon un día, saliendo al siguiente no
+para Valladolid, sino para una hacienda del marqués, donde se creyeron
+más seguros.</p>
+
+<p>No era sin embargo tan grande el peligro como se lo habían
+imaginado. Verdad<span class="pagenum" id="Page_IV-50">p.
+IV-50</span> es que el comendador, conociendo la timidez natural de
+sus antagonistas, se propuso aterrarlos con tremendas amenazas, y lo
+consiguió aun más allá de lo que esperaba. Por lo demás, condujo el
+negocio con tino, pintando a su primo como engañado; obtuvo de los
+ministros de la cámara la promesa de que no se admitiría la solicitud
+del marqués, más una orden de reclusión perpetua contra Violante; y
+corrió, ufano con su triunfo, a noticiárselo a don Juan.</p>
+
+<p>Distinto fue el objeto, y distinto también el resultado del viaje a
+la corte del alcalde don Rodrigo de Santillana.</p>
+
+<p>Una orden de Su Majestad le mandó presentarse sin la menor dilación
+en El Escorial para un asunto del cual ya tenía algunos antecedentes, y
+se le daban más en la misma real orden.</p>
+
+<p>El negocio era de tal trascendencia que Santillana se persuadía
+con fundamento de que, llevándolo a cabo felizmente, no solo podía
+contar con verse en un momento en el más alto grado de su<span
+class="pagenum" id="Page_IV-51">p. IV-51</span> carrera, sino con ser
+uno de los favoritos del monarca. Estas reflexiones le entretuvieron
+agradablemente en el camino, y sus esperanzas se corroboraron cuando,
+presentándose en palacio y declarando su nombre, se le mandó entrar sin
+demora en la cámara del rey.</p>
+
+<p>Felipe, ya entonces en el antepenúltimo año de su vida, estaba
+sentado en un sillón y atormentado por acerbos dolores. Su semblante,
+naturalmente pálido, se asemejaba al de un cadáver. Aquel aspecto
+grave, severo, reservado; aquel labio inferior caído sobre la barba,
+y aquellos ojos penetrantes, con que parecía escudriñar los más
+recónditos senos del corazón de la persona que se hallaba en su
+presencia, hicieron en Santillana la profunda impresión que hacían en
+cuantos se le acercaban.</p>
+
+<p>Dobló el alcalde ambas rodillas, y besando la descarnada y lívida
+mano del rey, esperó, sin mudar de postura, a que se le mandase
+hablar.</p>
+
+<p>—¿Sois vos —dijo el rey— don Rodrigo<span class="pagenum"
+id="Page_IV-52">p. IV-52</span> de Santillana?</p>
+
+<p>—El más leal y humilde de los vasallos de Vuestra Majestad.</p>
+
+<p>Felipe pareció satisfecho de la concisión y respeto de esta
+respuesta; don Rodrigo no añadió una palabra más, pues bien informado
+del carácter del rey, sabía que este no toleraba que nadie fuera osado
+a hablar en su presencia más de lo necesario para responder a sus
+preguntas.</p>
+
+<p>—Informado —volvió el rey a decir, después de un breve intervalo— de
+vuestra fidelidad y celo en mi real servicio, os dimos la comisión de
+vigilar a la persona que es inútil nombrar. ¿Lo habéis hecho?</p>
+
+<p>—Sí, señor; y he tenido la honra de elevar a Vuestra Majestad el
+resultado de mis diligencias.</p>
+
+<p>—Que ha sido ninguno, don Rodrigo —exclamó Felipe con amarga
+severidad.</p>
+
+<p>Aterrado el alcalde con tan inesperada reconvención, bajó los ojos,
+y diera en aquel momento cuanto le pidieran por lograr, si posible
+fuese, que jamás el rey se hubiera acordado de él para nada.</p>
+
+<p>El monarca, conociendo el efecto que sus palabras habían producido,
+contemplaba<span class="pagenum" id="Page_IV-53">p. IV-53</span> la
+turbación, el terror más bien, de Santillana con un maligno placer, de
+que era muestra evidente la irónica y apenas perceptible sonrisa que se
+advertía en sus labios.</p>
+
+<p>—Ninguno —continuó Felipe—; tal vez yo podré en mi gabinete mismo
+daros más noticias de las que vos, señor alcalde, estando al pie de la
+fuente habéis sabido adquirir. ¿Qué decís a esto? Responded.</p>
+
+<p>—Señor y rey mío, no me parece milagroso que la alta penetración
+de Vuestra Majestad haya descubierto lo que a mi ignorancia se ha
+ocultado. Pero me atrevo a protestar a los reales pies de Vuestra
+Majestad que jamás vasallo ha deseado con tantas veras merecer al menos
+la indulgencia de su señor natural.</p>
+
+<p>—Las obras acreditarán ese celo. Quiero olvidar lo pasado; pero don
+Rodrigo, vuestra cabeza me responde del buen éxito de este negocio, y
+de que no transpire en el público una sola palabra de él.</p>
+
+<p>Pronunció el rey estas palabras con severidad, pero en la apariencia
+con la<span class="pagenum" id="Page_IV-54">p. IV-54</span> misma
+calma que si hablase del asunto más indiferente; la única señal de
+agitación que se le descubría era un ligero movimiento de contracción
+en los músculos de la fisonomía. Don Rodrigo no estaba tan tranquilo,
+pues persuadido de que el rey sabría cumplir la promesa con la más
+escrupulosa exactitud, se daba ya por muerto.</p>
+
+<p>En tal estado se hallaban, cuando sonando las doce del día en el
+reloj del monasterio, Felipe, aunque no sin trabajo, se hincó de
+rodillas delante de un crucifijo de oro que tenía sobre la mesa;
+y sacando un magnífico rosario, se puso a rezar devotamente tres
+avemarías; acto en que, no solo arrodillado sino encorvado de manera
+que casi besaba el suelo, le acompañó el asustado alcalde. Concluidas
+las oraciones y persignado el rey, volvió a ocupar su asiento, y ya en
+él, dijo:</p>
+
+<p>—Buenas tardes, don Rodrigo.</p>
+
+<p>—Dios se las dé a Vuestra Majestad tan felices como su ejemplar
+piedad y altas virtudes merecen —contestó Santillana.</p>
+
+<p>—Alabemos al<span class="pagenum" id="Page_IV-55">p. IV-55</span>
+Rey de los reyes, alcalde: Él solo está exento de imperfecciones; los
+demás, todos habemos menester de su misericordia.</p>
+
+<p>—Y los humildes vasallos de Vuestra Majestad la esperan igualmente
+de su imagen en la tierra.</p>
+
+<p>—Bien está. Volvamos a la comenzada plática; el hombre que sabéis
+se mueve ahora más que nunca; ignoramos por qué, y es preciso saberlo.
+Esto os toca a vos el averiguarlo: al menor indicio de lo que os
+tengo prevenido de antemano, ya sabéis cuál ha de ser su suerte o la
+vuestra.</p>
+
+<p>—Señor, hasta donde yo alcance...</p>
+
+<p>—Es preciso alcanzarlo todo, todo sin excepción. ¿Me entendéis, don
+Rodrigo?</p>
+
+<p>—Sí, señor.</p>
+
+<p>—Retiraos, pues. Mi secretario os dará los informes que hemos
+adquirido; y esta debe ser la última vez que yo tenga que ser el
+servidor de mis vasallos.</p>
+
+<p>Diciendo así, tendió la mano a don Rodrigo, quien la besó
+humildemente; y marchando después con paso atrás, para no volver al rey
+la espalda, hasta la puerta de la cámara, salió de palacio tan<span
+class="pagenum" id="Page_IV-56">p. IV-56</span> aterrado como ufano y
+glorioso había entrado en él, pocos minutos antes. No hay cosa como ser
+vasallo de un rey absoluto para dar gracias a Dios cada día de hallarse
+con la cabeza sobre los hombros.</p>
+
+<p>Pero aún no había acabado don Rodrigo de conocer la corte. Si el
+rey le había amenazado, su secretario, con más orgullo, con más dureza
+aún, le dijo «que era indigno de la magistratura que ejercía; que solo
+la extremada piedad de Su Majestad era causa de que no se castigase
+ejemplarmente su negligencia; pero que tuviese entendido que si en lo
+sucesivo no mostraba más acierto en la delicada comisión puesta a su
+cargo, podría darse por muy dichoso si escapaba con vida».</p>
+
+<p>Jamás hubo proceder tan injusto por una parte, ni tan poco merecido
+por otra. Don Rodrigo, humilde esclavo del rey y de su propia ambición,
+se hallaba dispuesto a ejecutar sin reparo, con refinamiento, cuantas
+crueldades le pluguiese a Felipe encomendarle, y más aún si creía que
+de ello había de resultarle el<span class="pagenum" id="Page_IV-57">p.
+IV-57</span> menor provecho. Así pues, desde que la corte de Madrid
+puso a su cargo el asunto de que se trataba no había cesado de trabajar
+en él con extraordinario ahínco; pero las personas a quienes se quería
+sacrificar habían tenido maña suficiente para eludir todo género de
+pesquisas por parte del alcalde.</p>
+
+<p>La desgracia de este consistió en que Felipe, receloso, como todo
+tirano, desconfiaba de sus agentes, juzgando al género humano por su
+corazón. De aquí resultaba que cuando por no serle posible hacerlo
+todo por sí confiaba una misión a cualquiera de sus esclavos, al
+mismo tiempo encargaba a otros que espiasen su conducta; y en muchas
+ocasiones, a la orden que elevaba a un sujeto seguía inmediatamente la
+que le sumía en una mazmorra, o tal vez le llevaba al cadalso.</p>
+
+<p>Como el asunto confiado a don Rodrigo era a los ojos del rey de la
+más alta importancia, varios agentes subalternos fueron comisionados
+para inquirir noticias sobre él; y de las que todos ellos dieron<span
+class="pagenum" id="Page_IV-58">p. IV-58</span> sacó Felipe en
+consecuencia, con su sagacidad característica, que a pesar de lo que
+aseguraba Santillana, había en el negocio más de lo que se dejaba
+ver.</p>
+
+<p>Mal lo pasara el pobre don Rodrigo si dos razones no hubieran
+militado en su favor. La primera, que el rey sabía el celo que en su
+comisión había mostrado; pero esta era de poca importancia. Un déspota
+no agradece; los hombres en sus manos son como los instrumentos en las
+del artista. ¿Qué importa que sean de buena calidad? Cuando no sirven
+para el objeto que en el momento les ocupa, los arroja lejos de sí con
+desprecio.</p>
+
+<p>La segunda causa fue la que decidió a Felipe. El sigilo era para
+él en todo asunto la más necesaria de las circunstancias, y más
+particularmente en aquel: no quiso, pues, confiar a otro juez su
+secreto; y reservándose castigar en tiempo y lugar el desacierto de los
+primeros pasos de don Rodrigo, resolvió sin embargo que completase la
+obra.</p>
+
+<p>No es fácil pintar la terrible impresión<span class="pagenum"
+id="Page_IV-59">p. IV-59</span> que las amenazas del rey y los insultos
+de su ministro hicieron en el mismo don Rodrigo. Al retirarse a su
+posada se sintió acometido de una violenta calentura que, a poco de
+haberse metido en la cama, se desplegó con los síntomas más alarmantes
+y un delirio espantoso.</p>
+
+<p>Lo peor del caso fue que llamaron a un médico de los más célebres,
+y por consiguiente también de los más endurecidos en su carnicera
+profesión, quien empezó prohibiendo que se diese al enfermo, aquejado
+por una sed abrasadora, ni una sola gota de agua. No contento con
+esto, y a pesar de que por todos los síntomas se conocía evidentemente
+que la enfermedad de don Rodrigo era una inflamación cerebral, le
+atestó el cuerpo de quina, logrando ponerlo en tres días a las
+puertas del sepulcro. Entonces, dando por acabada su obra, se retiró,
+dejando al paciente en poder de un robusto fraile jerónimo, que tan
+desapiadado como el doctor, daba libre curso a una voz estentórea,
+pintando con cruel prolijidad todos los horrores<span class="pagenum"
+id="Page_IV-60">p. IV-60</span> del infierno y la furia de Lucifer.</p>
+
+<p>Quiso, sin embargo, la buena suerte de don Rodrigo que en la cuarta
+noche de su enfermedad, en un momento en que el monje, cansado de
+gritar todo el día, se retiró de su estancia, conmovido por sus ruegos
+el criado que le velaba, y no queriendo negarle lo que pedía a un
+hombre que de todos modos iba a morirse, le dio un gran jarro de agua,
+que el enfermo apuró sin dejar gota; repitiéronse estas libaciones toda
+la noche, y a la mañana siguiente era ya notable la mejoría. En una
+palabra, despedidos agonizante y médico, logró el alcalde restablecer
+su salud, y hallarse en quince días en disposición de regresar a su
+destino, como en efecto lo hizo, después de haber hecho constar al
+gobierno que su enfermedad no se lo había permitido.</p>
+
+<p>No dejó Santillana de extrañar el no haber tenido la menor noticia
+del marqués ni de su capellán; y habiendo preguntado por ellos a
+un amigo, le dijo este «que ambos habían desaparecido de<span
+class="pagenum" id="Page_IV-61">p. IV-61</span> la corte dos días
+después de haber llegado a ella, sin haber tenido siquiera la atención
+de despedirse de las personas que los habían visitado». Pero el alcalde
+estaba harto preocupado con sus propios asuntos para pensar en los
+ajenos; así pues, cesó de ocuparse en el marqués tan luego como se
+terminó la respuesta de su amigo, y se puso en camino sin más cuidado
+que el de convalecer pronto y salir del encargo del rey, ya que no
+lleno de honores, como un tiempo pensó, al menos sin un dogal al
+cuello.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_4p061.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch44">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-62">p. IV-62</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO IV</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">No; aunque en medio</div>
+ <div class="verse i0">De esta vil muchedumbre apareciera</div>
+ <div class="verse i0">Del gran Pelayo el animoso aliento,</div>
+ <div class="verse i0">En vano a libertad los llamaría;</div>
+ <div class="verse i0">Ya nadie le escuchara.</div>
+ <div class="verse idr">(Quintana: <i>Pelayo</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Salió Vargas del locutorio contristado a pesar de los
+esfuerzos que para serenar a Inés y serenarse él mismo había hecho.
+Fácilmente sentimos como la persona amada; y yo no sé qué tiene el
+pesar, que nos domina con mucha más facilidad que la alegría. Sin
+embargo, le fue preciso a nuestro caballero atender a los negocios de
+Espinosa y a los suyos particulares.</p>
+
+<p>Es preciso advertir que don Juan no dependía enteramente del
+marqués. El padre de ambos fue un caballero económico, y que
+amando tiernamente a sus hijos, cuidó de asegurar una legítima
+bastante considerable al menor de ellos.<span class="pagenum"
+id="Page_IV-63">p. IV-63</span> Así don Juan pudo reunir, sin tocar a
+los bienes del marqués, una suma de dinero suficiente a asegurarle una
+decente subsistencia en caso de que un revés de la suerte le obligara a
+expatriarse. Arreglado este primer punto, puso en orden los negocios de
+su hermano, cuyos bienes administraba, según ya se ha dicho.</p>
+
+<p>En una entrevista con el doctor Serrano recibió de nuevo la
+seguridad de que aquella noche, cuando entregase la real garantía
+al consistorio, se pondría en sus manos la cantidad estipulada, y
+de que los veinte hombres armados estarían prontos para la mañana
+siguiente.</p>
+
+<p>Así se pasó aquel día, y llegó la hora de la cita con Gabriel: don
+Juan acudió a ella con su acostumbrada puntualidad; pero esperó en vano
+hasta pasada la media noche.</p>
+
+<p>Si Vargas estaba descontento con tan inesperada falta, no lo estaba
+menos el consistorio protestante, que en sesión permanente aguardaba
+al señor duque de Madrigal con una impaciencia poco evangélica<span
+class="pagenum" id="Page_IV-64">p. IV-64</span> a la verdad, pero muy
+natural en aquella circunstancia.</p>
+
+<p>Gabriel de Espinosa, que mudaba de posada con frecuencia, jamás dijo
+a don Juan dónde vivía, ni este se acordó de preguntárselo; sintiolo
+entonces infinito, pero la cosa no tenía remedio. Cuatro horas de
+esperar inútilmente le parecieron prueba bastante y sobrada de que
+don Sebastián no quería o no podía acudir a la cita. Trasladose,
+pues, Vargas al lugar de la reunión de los protestantes, y así que
+estos le vieron entrar hubo en la asamblea un movimiento general de
+satisfacción.</p>
+
+<p>El doctor Serrano, que la presidía, y que con una biblia abierta
+delante de sí tenía tal vez intención de leer en ella, pero estaba de
+dos horas a aquella parte con los ojos clavados en la puerta, dejó
+escapar un profundo suspiro, y detrás de él un «gracias a Dios» tan
+sentido, que se conoció que le salía de lo íntimo del corazón.</p>
+
+<p>A esta exclamación del presidente, un<span class="pagenum"
+id="Page_IV-65">p. IV-65</span> matemático que, con la vista fija en
+el suelo y el entendimiento ocupado en la teoría de las paralelas, era
+acaso el único de los presentes a quien el tiempo no se hizo largo,
+preguntó:</p>
+
+<p>—¿Qué es eso? ¿Se resolvió ya el problema?</p>
+
+<p>Mirole con cierto aire de compasión un mercader que estaba a su
+lado, y los restantes miembros de la asamblea, atendiendo solo a don
+Juan, no le hicieron caso ninguno.</p>
+
+<p>Después de saludar en general, y de haber tomado asiento al lado del
+presidente, tomó Vargas la palabra diciendo:</p>
+
+<p>—Tengo el disgusto, señores, de anunciaros que Su Majestad no se ha
+presentado en el paraje en que tuvo a bien mandarme le esperase.</p>
+
+<p>—Se eliminó —murmuró entre dientes el matemático.</p>
+
+<p>—¿Y vuecelencia, señor duque, no podrá informarnos de la causa de la
+falta de puntualidad de Su Majestad? —dijo el presidente.</p>
+
+<p>—Me es absolutamente desconocida, señores; y os aseguro que
+conociendo, como conozco, la escrupulosa exactitud del rey, no dejo de
+estar con bastante cuidado.</p>
+
+<p>—En este<span class="pagenum" id="Page_IV-66">p. IV-66</span> caso
+—exclamó uno de los mercaderes—, debemos retirar nuestros fondos,
+porque sin la garantía...</p>
+
+<p>—No se os piden tampoco. Pero no debéis olvidar que la causa de don
+Sebastián y la vuestra son una misma —replicó Vargas.</p>
+
+<p>—Sin la garantía —dijo el presidente— no hay pacto.</p>
+
+<p>—Doctor Serrano, Su Majestad ha empeñado la real palabra de conceder
+esa garantía, y no le haréis la injusticia de creer que sea capaz
+de faltar a ella. Pero si un accidente, cuya sola idea me llena de
+amargura, hubiera impedido al rey entregarla hoy, y le impidiera
+entregarla en algunos días, ¿sería justo por eso que sus auxiliares le
+abandonasen?</p>
+
+<p>—Los cristianos reformados de España cumplirán religiosamente el
+pacto hecho con Su Majestad el rey don Sebastián, pero no darán un
+solo paso en su favor sin tener en su poder el documento que han
+pedido. ¿Quién nos asegura de que don Sebastián, cediendo tal vez a
+las insinuaciones de algunos de sus consejeros, no trata de eludir su
+promesa?</p>
+
+<p>—¡Quién!... La palabra de un rey es<span class="pagenum"
+id="Page_IV-67">p. IV-67</span> más sagrada que cuantas escrituras
+pueden hacerse.</p>
+
+<p>—Los reyes —interrumpió un mercader— faltan a sus palabras siempre
+que les conviene.</p>
+
+<p>—Verdad demostrada —añadió el matemático— como la proposición del
+cuadrado de la hipotenusa.</p>
+
+<p>—¿Qué quiere decir esto, señores? ¿Es bastante que Su Majestad no
+haya acudido esta noche al paraje convenido, para que el consistorio
+dude de su buena fe hasta el punto de revocar sus propias resoluciones,
+en virtud de las cuales está obligado a prestarle su auxilio?</p>
+
+<p>—Al contrario —contestó el presidente—: el consistorio no hace más
+que persistir en su primer acuerdo. El dinero y los soldados están
+a disposición de Su Majestad tan luego como se digne entregar la
+garantía.</p>
+
+<p>—Soy de la opinión —dijo otro miembro de la asamblea— de que se
+fije a don Sebastián un plazo improrrogable para verificarlo. Estas
+interminables dilaciones pueden conducirnos a la hoguera; si el rey
+de Portugal no nos ha menester, nosotros buscaremos otro protector,
+más en estado de protegernos<span class="pagenum" id="Page_IV-68">p.
+IV-68</span> tal vez; pero si ha de hacer uso de nuestros brazos y
+dinero, acabe de decidirse.</p>
+
+<p>—Que se fije el plazo, que se fije —dijeron a coro todos los
+individuos del consistorio; y el presidente preguntó que cuál sería el
+que señalase.</p>
+
+<p>—Mañana —contestó el que había hecho la proposición.</p>
+
+<p>—La manera con que el consistorio se conduce con el rey es,
+señores, inconcebible —dijo don Juan, a quien la ira iba dominando—.
+Sin embargo, yo tomo sobre mí aceptar esta nueva condición, harto
+degradante para Su Majestad; pero fijar el plazo a mañana, cuando aún
+ignoramos el motivo de la falta del rey esta noche, me parece el colmo
+de la inconsideración.</p>
+
+<p>—Señor duque —le contestó el doctor Serrano—, el consistorio está
+pronto a dar a vuecelencia pruebas de los deseos que tiene de servir a
+Su Majestad, y la primera será prolongar hasta el cuarto día, contado
+desde hoy, el plazo propuesto. Pasado este, cesa toda obligación entre
+don Sebastián y nosotros.</p>
+
+<p>No replicó ya más Vargas, por conocer<span class="pagenum"
+id="Page_IV-69">p. IV-69</span> que de hacerlo hubiera sido de un modo
+poco conveniente para conciliar los ánimos, y saludando en silencio al
+consistorio, salió de aquel paraje y se retiró muy de mal humor a su
+casa.</p>
+
+<p>Por la mañana fue al convento y preguntó por doña María de Castro;
+le dijeron que aún estaba en cama, que volviese más tarde. Hízolo así,
+en efecto, y la primera pregunta que Inés le hizo fue preguntarle por
+qué razón Gabriel de Espinosa no había ido a buscarla, según había
+anunciado, para llevarla a Madrigal.</p>
+
+<p>—Toda la noche —concluyó— la he pasado en vela haciendo los
+preparativos del viaje, y ya mucho después de amanecer, viendo que
+nadie parecía, me he arrojado sobre la cama.</p>
+
+<p>—No sé, Inés, qué deciros —contestó Vargas—. Desde que nos separamos
+ayer no he visto a vuestro cuñado.</p>
+
+<p>—¿Pues no debíais verlo por la noche? Yo he soñado, o vos me lo
+dijisteis.</p>
+
+<p>—Lo dije, en efecto, y así era la verdad. Me citó en el Campo Grande
+a las ocho: yo le esperé hasta las doce, pero<span class="pagenum"
+id="Page_IV-70">p. IV-70</span> en vano.</p>
+
+<p>—¡Dios de bondad! Mi funesto presentimiento se ha realizado.</p>
+
+<p>—Inés mía, no hay aún motivo de afligiros. Una leve indisposición,
+haberse tal vez dormido, o un asunto de mayor importancia que se
+atravesase es bastante para haberle impedido asistir a la cita.</p>
+
+<p>—¡Ah, don Juan, qué ingenioso sois para lisonjear mis deseos!</p>
+
+<p>—Tranquilizaos, señora; vuestro dolor, sin remediar nada, solo
+conseguirá hacerme incapaz de pensar en otra cosa que en consolaros.
+¿Sabéis por ventura dónde vive Gabriel?</p>
+
+<p>—No, Vargas.</p>
+
+<p>—Ni yo tampoco, y esto es lo peor del caso. Si desgraciadamente
+vuestro cuñado está enfermo y su enfermedad se prolonga más de cuatro
+días, pueden seguirse gravísimos perjuicios. Por otra parte, esta
+incertidumbre en que estamos es verdaderamente intolerable.</p>
+
+<p>De aquí ambos amantes se metieron en una conversación sobre el
+asunto que, aunque muy larga, se redujo en extracto a repetir de mil
+distintas maneras los mismos temores que llevamos referidos.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-71">p. IV-71</span></p>
+
+<p>La situación de Vargas era penosa hasta no más. No sabía qué hacer,
+ni adónde acudir para informarse de Gabriel de Espinosa. El doctor
+Serrano le acosaba; y a los temores que no dejaba de tener por su
+propia seguridad, se añadían los que sentía por su partido.</p>
+
+<p>Un solo día faltaba para cumplirse el plazo señalado por el
+consistorio de los protestantes para la presentación de la garantía.
+Don Juan se disponía a salir de su casa para ir al convento de Inés,
+y no sin harto disgusto de no haber adquirido noticia alguna con que
+tranquilizar a su amada, cuando le anunciaron la visita de don Rodrigo
+de Santillana.</p>
+
+<p>—¡Pese al alma del alcalde —exclamó Vargas—, y a qué buena hora
+viene el señor mío! Decidle que no estoy en casa.</p>
+
+<p>—El mayordomo le había dicho ya que su señoría no había salido
+—contestó el lacayo.</p>
+
+<p>—¡Maldito hablador! Si no hay otro remedio, que entre.</p>
+
+<p>Así se hizo, y don Rodrigo, todavía muy desmejorado con su
+enfermedad, echó los brazos al cuello del<span class="pagenum"
+id="Page_IV-72">p. IV-72</span> hermano del marqués, quien estuvo por
+ahogarle en ellos, tal era su enojo en aquel momento.</p>
+
+<p>Sentados ambos, el alcalde dijo «que hacía cuatro días que había
+regresado del Escorial a Valladolid; pero que, tanto por su enfermedad
+cuanto por negocios que le habían ocurrido, había retardado una visita
+para él tan agradable como obligatoria».</p>
+
+<p>Don Juan contestó a este cumplimiento con otro equivalente, y
+preguntó por su hermano. Estuvo don Rodrigo por decirle que iba él
+mismo a hacerle igual pregunta; pero reflexionando instantáneamente que
+tal vez el marqués tendría sus razones para ocultar a su hermano su
+repentina salida de la corte, y no siendo hombre que con nadie quería
+indisponerse, se contentó con responder «que la última vez que había
+tenido la honra de ver al señor marqués gozaba este de perfecta salud»;
+en lo cual ni mentía, ni se exponía a decir más de lo que debiera.</p>
+
+<p>Su visita fue breve, y don Juan le<span class="pagenum"
+id="Page_IV-73">p. IV-73</span> vio con indecible placer ponerse en
+pie para retirarse; pero el alcalde, que no sospechaba la mala obra
+que hacía, no quiso dejar de disculparse de no permanecer más tiempo
+acompañando a su apreciadísimo amigo.</p>
+
+<p>—Me es fuerza —dijo—, señor don Juan, separarme de vos más pronto de
+lo que yo quisiera. Verdaderamente somos dignos de compasión los jueces
+a quienes el rey nuestro señor y amo tiene encomendada su justicia.
+Ahora, por ejemplo, tengo que dejaros a vos, a quien estimo más allá de
+toda comparación (don Juan hizo una cortesía), ¿y para qué? Para ir a
+conversar con un solemne ladrón, cuya garganta está pidiendo un dogal
+a toda prisa. Y ahora que me acuerdo, tal vez le habréis visto alguna
+vez, si es cierto lo que dicen de que ejerce el oficio de pastelero en
+Madrigal.</p>
+
+<p>Por fortuna para Vargas, esta conversación tuvo lugar mientras el
+alcalde se retiraba ya; don Juan, por cortesía, quiso acompañarlo
+hasta su coche, y caminaba<span class="pagenum" id="Page_IV-74">p.
+IV-74</span> en pos de él: gracias a esta circunstancia no advirtió
+Santillana la extraordinaria turbación del hermano del marqués, a quien
+oyendo tan infausta nueva le pareció que el cielo entero se desplomaba
+sobre su cabeza.</p>
+
+<p>—A propósito de Madrigal —continuó don Rodrigo—: supongo que habréis
+seguido mi consejo no volviendo más a ver al vicario de Santa María.
+El tal fraile no está en muy buen predicamento con Su Majestad, y como
+amigo me hubiera pesado que os confundiesen con él. No paséis más
+adelante, señor don Juan. ¿Qué es eso? ¿Os sentís indispuesto?</p>
+
+<p>—No sé qué me ha dado; un vahído tal vez.</p>
+
+<p>—Retiraos, pues, y cuidad de una salud tan preciosa para cuantos
+tienen la dicha de conoceros. Yo volveré mañana a informarme de vuestro
+estado; y si queréis, ahora de paso llamaré al médico.</p>
+
+<p>—No hay necesidad, don Rodrigo; yo os doy las gracias por vuestra
+fineza.</p>
+
+<p>—Esta es deuda, don Juan. Vuestro servidor; quedad con Dios.</p>
+
+<p>—Él os acompañe.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-75">p. IV-75</span></p>
+
+<p>«Dos mil demonios carguen contigo —exclamó Vargas ya en su
+gabinete—, que me has clavado el puñal en el corazón hasta el cabo».</p>
+
+<p>No será necesario encarecer cuál sería la pena de don Juan. Preso el
+rey de Portugal, aunque según el alcalde se le acusaba de robo, delito
+de que le sería fácil justificarse, podía sin embargo ser descubierto,
+y entonces su muerte era segura. Si por desgracia le sorprendían con
+algunos papeles relativos a la conjuración, la pérdida de centenares de
+individuos y la del mismo don Juan era infalible.</p>
+
+<p>Huir de España inmediatamente hubiera sido lo que a cualquier otro
+hombre le ocurriera, pero no al amante de Inés. La adversidad hacía en
+él el mismo efecto que el fuego en la arcilla: al paso que la llama
+destruye a los demás cuerpos, los arcillosos en ella se contraen, se
+hacen más compactos y resistentes.</p>
+
+<p>«No abandonaré yo al desgraciado don Sebastián —dijo para sí—. Sea
+cualquiera su suerte, la misma será la mía».</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-76">p. IV-76</span></p>
+
+<p>Tomada esta resolución, don Juan hubiera sido hombre de ejecutarla
+temerariamente si una reflexión aterradora no le hubiese detenido:
+Inés. ¿Qué sería de Inés, muerto su cuñado y su amante? Sola, sin
+amparo y en país extraño, proscrita tal vez hasta en el suyo, la más
+espantosa miseria era el menor de los males que tenía que temer.</p>
+
+<p>Pensó don Juan volverse loco, y realmente no le faltaban motivos
+para ello.</p>
+
+<p>Lo que en el momento le atormentaba más era tener que ser él mismo
+quien anunciase tan tristes nuevas a su amada. Sin embargo, por más
+grande que fuese su repugnancia, hubo de decidirse a ello; y tomó en
+efecto el camino del convento, no con aquel afán amoroso que otras
+veces, sino con el trastorno general, con el desaliento profundo con
+que un delincuente marcha al suplicio.</p>
+
+<p>No necesitó Inés más que ver el desencajado rostro y el aire de
+consternación de su amante para presagiar algún funesto acontecimiento.
+Vargas no hablaba, y<span class="pagenum" id="Page_IV-77">p.
+IV-77</span> su futura esposa no se atrevía a preguntarle, temiendo
+su respuesta; pero comenzó a llorar tan amargamente que, viendo don
+Juan que la verdad no podría causarle mayor disgusto que el que con la
+incertidumbre tenía, puso en su conocimiento lo acaecido con cuanta
+brevedad y dulzura alcanzó a hacerlo.</p>
+
+<p>Para formarse una idea de la aflicción de Inés, es preciso recordar
+que don Sebastián, además de ser un hombre cruelmente perseguido por la
+fortuna, era el esposo de su hermana querida, el padre de Clarita, a
+quien había tenido en sus brazos desde que nació, y el rey, en fin, por
+quien su padre había sacrificado la vida.</p>
+
+<p>Hay ocasiones en que el querer consolarnos es el más cruel de los
+tormentos imaginables. Don Juan conoció que se hallaba precisamente
+en uno de ellos: dejó desahogar libremente su dolor a Inés, lloró con
+ella, y con esto proporcionó algún alivio a su dolor.</p>
+
+<p>Pasados los primeros arrebatos de este,<span class="pagenum"
+id="Page_IV-78">p. IV-78</span> y cuando ya la bella morena fue capaz
+de reflexión, no se le ocultaron las funestas consecuencias que
+aquellos sucesos podrían tener para su amante, y le aconsejó que huyera
+sin demora.</p>
+
+<p>—Inés —dijo Vargas—, he jurado, no una sino mil veces, vivir y morir
+con vos: para mí no ha habido dificultades ni peligros, todo lo he
+despreciado para llegar a ser vuestro esposo. Ahora que he obtenido
+vuestro consentimiento y el del rey, ¿queréis que huya?... No, Inés,
+no: muera yo antes mil veces que separarme de vos.</p>
+
+<p>¿A qué cansarnos? Aquella triste conferencia se pasó entre lágrimas,
+protestas de amor y proyectos para saber la manera con que Gabriel
+habría sido preso.</p>
+
+<p>Don Juan salió del locutorio para ir a buscar al doctor Serrano, y
+su amada se encargó de escribir a fray Miguel.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_3p089.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch45">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-79">p. IV-79</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO V</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Ese es golpe de fortuna,</div>
+ <div class="verse i0">Farfán, que vos no entendéis.</div>
+ <div class="verse idr">(<i>Sancho Ortiz de las Roelas</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, como mejor
+se quiera, en medio de mil cualidades eminentes tuvo siempre una
+propensión a la especie de mujeres que, en oprobio de su sexo, abundan
+y han abundado siempre demasiado en todos países, que, en fin, le fue
+funesta.</p>
+
+<p>A excepción de la temporada de sus amores y matrimonio con
+Clara, por donde quiera que viajó contrajo relaciones con mozuelas
+despreciables. Verdad es que las trataba como merecían. Jamás les
+confió ni su nombre, ni aun el que llevaba entonces. Veíalas por
+momentos, pagaba generosamente, y las miraba con el desprecio a que
+eran acreedoras.</p>
+
+<p>Ya hemos dicho que en Valladolid<span class="pagenum"
+id="Page_IV-80">p. IV-80</span> encontró a Violante, a quien en su
+primer viaje a Italia, antes de unirse a la hermana de Inés, conoció
+con el nombre de Camila.</p>
+
+<p>Visitola de cuando en cuando, y no hubo visita en que no diese
+muestra de su acostumbrada liberalidad, prenda que contribuyó no poco a
+consolar a la cortesana del contratiempo de haberse encontrado con un
+hombre que la conocía.</p>
+
+<p>Sin embargo, siempre conservaba Violante el deseo de deshacerse de
+aquel hombre a cualquier precio que fuese, y la casualidad le ofreció
+uno digno de ella por lo inicuo.</p>
+
+<p>El mismo día para cuya noche citó el pastelero a don Juan en el
+Campo Grande, quiso su mala ventura que se le cayese del bolsillo, en
+casa de aquella mujer despreciable, un retrato de Felipe II que la
+señora doña Ana de Austria le había regalado.</p>
+
+<p>No lo advirtió Gabriel, pero sí Violante, y su primera idea
+fue la de apropiarse sin escrúpulo de aquella alhaja, cuyo<span
+class="pagenum" id="Page_IV-81">p. IV-81</span> valor se echaba desde
+luego de ver que era considerable.</p>
+
+<p>Pero el diablo moderó entonces su avaricia para inspirarle otro
+proyecto verdaderamente infernal.</p>
+
+<p>«Esta alhaja —dijo para sí— vale mucho para ser de este hombre. Él,
+por otra parte, vive con un misterio que nada bueno anuncia. No me ha
+querido decir su nombre, ni dónde vive; y si yo sé esto último, es
+porque le he hecho seguir por mi criado. Voy, pues, a delatarlo como
+sospechoso en virtud de este retrato, y así salgo de él».</p>
+
+<p>Después de este soliloquio tomó su mantilla y rosario, y se fue
+derecha a casa del alcalde de su cuartel, que lo era don Rodrigo de
+Santillana, quien el día antes acababa de llegar a Valladolid.</p>
+
+<p>Violante, al enterarle de lo ocurrido presentándole la joya, tuvo
+buen cuidado de no decirle el motivo de las visitas que le hacía el
+sujeto a quien acusaba; y habiendo indicado la casa en que posaba
+Gabriel, se retiró, no sin requebrarla el<span class="pagenum"
+id="Page_IV-82">p. IV-82</span> juez, que tampoco era insensible a los
+encantos del bello sexo.</p>
+
+<p>Don Rodrigo hubiera dado poca importancia a la delación si la
+prenda, que se suponía robada, no fuera el retrato del rey, cuyas
+severas palabras resonaban aún en sus oídos. La guarnición de la
+pintura era, además, de tal naturaleza que era de presumir perteneciese
+a un personaje de la más elevada categoría, y servir a un personaje era
+siempre para don Rodrigo cosa urgente.</p>
+
+<p>Tomó, pues, sus medidas de manera que, media hora después de
+recibido el aviso, la posada de Gabriel, que era una de las secretas
+de la calle de la Esgueva, estaba rodeada de esbirros en todas
+direcciones.</p>
+
+<p>Gabriel, a la oración, se retiró a su casa con objeto de escribir a
+fray Miguel.</p>
+
+<p>Apenas anocheció, don Rodrigo con toda su ronda entró en la posada,
+e imponiendo silencio a cuantos encontró, sin obstáculo alguno logró
+sorprender al pastelero, que, habiendo concluido de escribir,<span
+class="pagenum" id="Page_IV-83">p. IV-83</span> se había arrojado sobre
+el lecho para hacer tiempo hasta la hora de ir al Campo Grande.</p>
+
+<p>Hallose en defecto, por esta vez, la previsión de Espinosa. El
+alcalde lo halló sin jubón ni otro vestido que una camisa de fina
+holanda, con cuello y vueltas de cadeneta pegados a ella, y unos
+calzones también de la misma tela.</p>
+
+<p>Dos alguaciles que entraron los primeros en su estancia le
+intimaron, apuntándole con sus mosquetes, que no se menease, y así lo
+hizo, por no ser ya posible en su estancia.</p>
+
+<p>Don Rodrigo procedió en seguida al registro de su maleta, y halló
+en ella varias y muy ricas joyas, que según aparece del inventario
+entonces formado, eran las siguientes:</p>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p>«Primeramente: un vaso de unicornio guarnecido en oro.</p>
+
+ <p>»It. Un librillo de oro con algunos diamantes. Este fue regalo de
+ la señora infanta doña Isabel a la señora doña Ana de Austria.</p>
+
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-84">p. IV-84</span></p>
+
+ <p>»It. Un anillo de oro con un diamante grande en fondo finísimo.</p>
+
+ <p>»It. Unas muy ricas imágenes para la cabecera de la cama.</p>
+
+ <p>»It. Una piedra bezoar muy grande engastada en oro.</p>
+
+ <p>»Por último: un reloj de oro con diamantes para el pecho, y algunas
+ otras cosillas de valor».<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1"
+ class="fnanchor">[1]</a></p>
+
+</div>
+
+<div class="footnote">
+
+<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Copia
+literal del inventario formado en el mismo acto de la prisión de
+Gabriel de Espinosa por don Rodrigo Santillana, a fines de setiembre de
+1595.</p>
+
+</div>
+
+<p>En tanto que se inventariaban estas alhajas, Gabriel acababa de
+vestirse, y en seguida don Rodrigo le preguntó:</p>
+
+<p>—¿Quién sois? ¿Cómo os llamáis?</p>
+
+<p>—Mi oficio es el de pastelero en la villa de Madrigal; llámome
+Gabriel de Espinosa.</p>
+
+<p>—¿Y por qué mudasteis de posada hace dos días?</p>
+
+<p>—Era la huéspeda muy puerca, y gústame la limpieza.</p>
+
+<p>—Mucho escrúpulo es ese para un pastelero, hermano.</p>
+
+<p>—Antes por serlo es menester reparar más en la limpieza.</p>
+
+<p>—¿De dónde os<span class="pagenum" id="Page_IV-85">p. IV-85</span>
+vinieron a vos tantas y tan ricas joyas? Seguramente habréis tenido
+buen despacho si haciendo pasteles ganasteis para comprarlas.</p>
+
+<p>—Esas joyas, señor alcalde, bien conocerá usted que no pueden
+pertenecer a un hombre bajo. Diómelas la señora doña Ana de Austria,
+monja del monasterio de Santa María la Real en la villa de Madrigal,
+para vendérselas en esta ciudad, y a eso solo he venido a ella.</p>
+
+<p>—Para hombre bajo, como vos decís, el lienzo que gastáis me parece
+un tantico fino de más.</p>
+
+<p>—¿Las carnes de un pastelero no pueden ser tan blandas y delicadas
+como las de un príncipe?</p>
+
+<p>—Muy retórico sois, hermano pastelero: acabad de una vez de decirnos
+quién sois.</p>
+
+<p>—Ya, señor alcalde, lo tengo dicho.</p>
+
+<p>—No quisiera que tuviéramos que poneros en cueros para ver con
+nuestros ojos la blancura de esas carnes tan bien cuidadas, ni que
+acudir a un par de vueltas de cuerda para probar su delicadeza.</p>
+
+<p>—Yo conozco a usted, y sé que es un honrado caballero que no me
+hará ese agravio<span class="pagenum" id="Page_IV-86">p. IV-86</span>
+—respondió Espinosa a la atroz alusión de don Rodrigo, con tanto
+desembarazo e ironía como si no fuera a su propio cuerpo al que se
+amenazaba con el tormento.</p>
+
+<p>Conoció el alcalde que por entonces era inútil insistir en saber
+más de aquel hombre, y mandó que lo atasen para llevarlo a la cárcel.
+A esta orden la fisonomía de Gabriel dejó ver señales de una violenta
+cólera; pero acertando a contenerse, se contentó con decir gravemente
+al juez:</p>
+
+<p>—Mire lo que hace, y cómo trata a los hombres honrados, que ni a
+vos ni a los demás los ha puesto aquí el rey para hacer agravio a los
+forasteros.</p>
+
+<p>—Si vos lo fuereis allá parecerá, y os trataremos como a tal. Por
+ahora por pastelero os habéis vendido, y así se os lleva y trata
+—respondió Santillana; y a una seña suya, arrojándose los alguaciles
+sobre Espinosa, lo maniataron mal de su grado.</p>
+
+<p>En seguida lo condujeron a la cárcel de la chancillería, donde lo
+metieron en un calabozo, poniéndole un buen par de grillos.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-87">p. IV-87</span></p>
+
+<p>El traje, la manera de hablar y el aire imponente de Espinosa
+hicieron su acostumbrado efecto en Santillana. Pero si bien el alcalde
+se persuadió de que aquel hombre no podía ser realmente pastelero, se
+limitó también a creerle uno de los muchos caballeros de la garra o de
+la industria que entonces abundaban en España. Esta creencia hubo de
+costarle el no descubrir jamás quién fuese Espinosa.</p>
+
+<p>Lo primero que hizo don Rodrigo fue despachar un correo a Madrigal,
+preguntando a la señora doña Ana si en efecto era verdad que hubiese
+dado a vender a un pastelero varias de sus joyas.</p>
+
+<p>Antes de referir la respuesta de esta señora, nos es forzoso volver
+a la época en que don Sebastián se dio a conocer en Madrigal al vicario
+de Santa María.</p>
+
+<p>La escena de la iglesia de que don Juan fue testigo, y hubo de ser
+víctima, no dejó duda a fray Miguel de que su monarca vivía y estaba
+en Madrigal, y la primera persona a quien comunicó tan fausta<span
+class="pagenum" id="Page_IV-88">p. IV-88</span> nueva fue a la señora
+doña Ana.</p>
+
+<p>Pocos días después, Gabriel de Espinosa fue presentado a su augusta
+prima. Al principio rehusó cubrirse ni tomar asiento en su presencia,
+queriendo negar quién era; pero a fuerza de ruegos de doña Ana, quien
+le reconvino tiernamente por no haberla visitado antes, acabó por
+declarar su nombre.</p>
+
+<p>La religiosa no podía tolerar la idea de que un monarca viviese
+ejerciendo un oficio despreciable, y así trató de que don Sebastián
+lo dejase inmediatamente, ofreciendo para sustentarlo cuantas joyas
+poseía.</p>
+
+<p>Pero no fue posible hacerle admitir la menor cosa. Insistió en que
+el oficio servía para encubrirle mejor, y las cosas quedaron en el
+mismo pie que antes.</p>
+
+<p>Entonces principió la conjuración para recuperar el trono de
+Portugal, próxima a estallar cuando Espinosa fue preso.</p>
+
+<p>Cuando el pastelero salió de Madrigal para Valladolid, doña Ana,
+auxiliada por su vicario, introdujo en su maleta,<span class="pagenum"
+id="Page_IV-89">p. IV-89</span> sin saberlo él, las joyas que tan
+funestas le fueron, y que el interesado no supo tenía en su poder hasta
+que llegó a su destino. Sobre esto escribió a la señora doña Ana una
+carta reconviniéndola por su ardid, expresándose en los términos más
+delicados sobre su repugnancia en admitir los dones de una princesa
+reclusa, y amenazando de que por la primera ocasión devolvería las
+joyas. Pero tanto la hija de don Juan de Austria como fray Miguel
+contestaron insistiendo con más fuerza que nunca sobre la necesidad
+de que se vendiesen aquellas alhajas para aplicar su importe a los
+gastos de la guerra. Don Sebastián no quiso disgustarlos por entonces,
+y resolvió conservarlas en su poder para devolverlas en su tiempo y
+lugar.</p>
+
+<p>En este estado se hallaban las cosas, cuando el correo del
+alcalde llenó el convento de consternación. Fray Miguel, avisado
+inmediatamente, acudió al locutorio y en él halló a la señora doña
+Ana llorando amargamente con la niña Clarita,<span class="pagenum"
+id="Page_IV-90">p. IV-90</span> que había querido absolutamente
+conservar en su poder, en los brazos.</p>
+
+<p>—¿Qué tiene Vuestra Excelencia, señora? —exclamó el buen fraile
+alarmado.</p>
+
+<p>Doña Ana por respuesta le alargó el despacho de don Rodrigo
+Santillana. Fray Miguel lo leyó de la cruz a la fecha no sin alguna
+alteración, y al devolvérselo a la religiosa dijo con bastante
+serenidad:</p>
+
+<p>—Este, señora, es un contratiempo, pero no tan grave como a Vuestra
+Excelencia le parece, si puedo atreverme a juzgar por sus lágrimas.
+Lo que hay que hacer es que Vuestra Excelencia escriba sin pérdida
+de tiempo a ese alcalde que es en efecto cierto que ha dado a vender
+sus joyas al pastelero, y que le ponga sin demora en libertad. El
+testimonio de Vuestra Excelencia bastará sin duda para conseguirlo, y
+saldremos de este lance sin otro mal que el del susto.</p>
+
+<p>No se hizo la señora doña Ana repetir dos veces este consejo,
+sino que inmediatamente escribió a don Rodrigo, usando de todo
+el ascendiente que la concedía su ilustre nacimiento para<span
+class="pagenum" id="Page_IV-91">p. IV-91</span> obtener la libertad del
+preso.</p>
+
+<p>No perdió tampoco fray Miguel el tiempo. Trasladose inmediatamente
+a la pastelería, cuyas llaves estaban en su poder, y sacó de ella
+un escritorio que contenía toda la correspondencia del rey y de él
+mismo con los conjurados. El fuego destruyó todos aquellos papeles y
+cuantos relativos al mismo asunto pudo el vicario haber a las manos.
+El día antes de la prisión de Gabriel le había fray Miguel enviado
+al mulato Domingo con una carta; pero esta no le inspiraba inquietud
+ninguna, pues habían convenido en que cuantas recibiese las destruiría
+inmediatamente después de leídas.</p>
+
+<p>Domingo era fiel, callado y obediente; pero tenía un vicio que le
+dominaba, y era el de la embriaguez.</p>
+
+<p>Salió de Madrigal, y en el primer ventorrillo que encontró le
+pareció oportuno hacer un sacrificio a Baco. Por desgracia era el
+vino bueno, y las libaciones del mulato fueron tantas y tales que al
+cabo de dos horas de estancia en el ventorrillo<span class="pagenum"
+id="Page_IV-92">p. IV-92</span> se halló incapaz de dar un solo paso, y
+comenzó a decir un sinnúmero de disparates que divirtieron mucho a los
+que allí estaban.</p>
+
+<p>Uno de los infinitos bufones de taberna que, borrachos de profesión,
+en nada se complacen tanto como en que lo sean también cuantos se les
+acercan, tomó a su cargo «rematar», como ellos dicen, al mulato, y para
+conseguirlo acudió al aguardiente.</p>
+
+<p>Con esto se completó la obra del embrutecimiento de Domingo, quien
+cayó inerte como un tronco debajo de la mesa del ventorrillo.</p>
+
+<p>Largo tiempo hacía que este estaba desierto, y el mulato no daba
+señal de vida. Pero el ventero, familiarizado con tales accidentes,
+cerró su puerta a la hora de costumbre y se echó a dormir muy
+tranquilo.</p>
+
+<p>Al amanecer del siguiente día despertó Domingo, y tratando de
+levantarse para proseguir su camino, al primer paso cayó redondo al
+suelo.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-93">p. IV-93</span></p>
+
+<p>La gran cantidad de vino y de aguardiente que había bebido le causó
+una abrasadora calentura que en dos días no le permitió moverse del
+durísimo lecho que en la venta le dispusieron. Al tercero salió, en
+fin, para Valladolid, y llegó a la posada en que se le dijo encontraría
+a su amo.</p>
+
+<p>A la puerta de ella, y sentados en un banco, había dos hombres de
+mala traza y peor cara que parecían entretenidos en jugar a la morra.
+Caíanles unos sucios y desmesurados bigotes sobre el labio inferior,
+que casi ocultaban, y sus puntas retorcidas sobre las mejillas les
+prestaban el aire de dos gatos monteses. Cada uno llevaba su espada
+de longitud desmesurada, y las empuñaduras eran de hierro mohoso con
+grandes gavilanes.</p>
+
+<p>Aquellos dos señores eran dos alguaciles.</p>
+
+<p>Domingo, después de haber examinado con atención las señas de la
+casa, y reconocido que convenían en todas sus partes con las que
+a él le dio fray Miguel,<span class="pagenum" id="Page_IV-94">p.
+IV-94</span> entró en ella sin curarse de los corchetes ni decirles
+palabra.</p>
+
+<p>Los ministros de justicia no le dieron a él tan poca importancia,
+pues inmediatamente uno de ellos, levantándose de su asiento, se metió
+en seguimiento suyo en la posada, pero con tanto silencio, con pasos
+tan cautelosos, que Domingo no advirtió la honra que le hacían.</p>
+
+<p>—¿Gabriel de Espinosa, vive aquí? —preguntó el mulato a la primera
+persona que se le presentó delante.</p>
+
+<p>—Ha mudado de posada —contestó el alguacil que estaba a su espalda,
+asiéndole al mismo tiempo la garganta con ambas manos y dando un
+silbido para llamar a su compañero—. Ha mudado de posada —continuó
+diciendo— porque esta no le parecía bastante decente para su merced, y
+Su Majestad le hospeda ahora en su casa para más honrarle.</p>
+
+<p>—Y este hidalgo de Guinea —añadió el segundo alguacil, que ya había
+llegado— nos hará el gusto de venir a acompañarle.</p>
+
+<p>Durante este ameno diálogo, el pobre<span class="pagenum"
+id="Page_IV-95">p. IV-95</span> Domingo, medio sofocado por la presión
+de las manos del robusto ministro sobre su garganta, renegaba de sus
+piernas, que a tal posada le habían llevado.</p>
+
+<p>Los alguaciles le pusieron en las muñecas unos anillos, vulgarmente
+conocidos con nombre de esposas, y uno de ellos le condujo sin demora
+a casa del señor don Rodrigo Santillana, visita harto penosa para la
+natural humildad del mulato.</p>
+
+<p>El alcalde, después de haber oído la relación de su ministro, le
+preguntó cómo se llamaba.</p>
+
+<p>—Domingo —contestó el preso.</p>
+
+<p>—El apellido.</p>
+
+<p>—Domingo.</p>
+
+<p>—¡Hola!, ¿y Domingo a secas?</p>
+
+<p>—Domingo.</p>
+
+<p>—Sea en buen hora. ¿Buscabais, según parece, a Gabriel de
+Espinosa?</p>
+
+<p>—Yo no busco a nadie.</p>
+
+<p>—¿Pues a qué fuisteis a la posada?</p>
+
+<p>—A nada.</p>
+
+<p>—¿Y de dónde venís?</p>
+
+<p>—De mi casa.</p>
+
+<p>—¿Dónde está vuestra casa?</p>
+
+<p>—No sé.</p>
+
+<p>—¡Bribón! Veremos si a caballo en un potro callas aún. Registrarle,
+y vaya a un calabozo distinto de el del pastelero.</p>
+
+<p>A la orden del registro conoció Domingo<span class="pagenum"
+id="Page_IV-96">p. IV-96</span> que era llegada la hora en que la carta
+de fray Miguel caía en poder del alcalde, y, como si con las manos
+ligadas pudiera tener esperanzas de evitarlo, comenzó a defenderse
+a patadas y mordiscos del alguacil que quería registrarle; pero sus
+esfuerzos fueron inútiles: una nube de corchetes se arrojó sobre él, lo
+tendieron en el suelo, y desnudándole a su salvo, le hallaron la carta
+del fraile metida en la cintura entre la camisa y el cuerpo.</p>
+
+<p>Leyola don Rodrigo; brilló en sus ojos un rayo de feroz alegría,
+y mandó inmediatamente conducir a Domingo a la cárcel y cargarlo de
+hierros.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_4p096.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch46">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-97">p. IV-97</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO VI</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Al tiempo que esperaba nuestra suerte</div>
+ <div class="verse i0">Poderse mejorar, la santa mano</div>
+ <div class="verse i0">Mostró por nuestro mal su furia fuerte.</div>
+ <div class="verse idr">(Cervantes: <i>Elegía a la muerte de la reina Isabel</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">La malhadada aventura de Domingo fue causa de la ruina
+de Gabriel de Espinosa, del vicario, y de doña Ana de Austria.</p>
+
+<p>Don Rodrigo de Santillana, viendo que en ella se daba al pastelero
+un tratamiento de «majestad», inmediatamente coligió que aquel hombre
+era o fingía ser el rey don Sebastián.</p>
+
+<p>No pudo haber para el alcalde circunstancia más feliz que la de
+haber caído en su mano aquel negocio, pues cabalmente la persona a
+quien Felipe II había mandado vigilar era fray Miguel de los Santos, en
+quien jamás confió el suspicaz tirano.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-98">p. IV-98</span></p>
+
+<p>Un correo llevó la noticia del descubrimiento al Escorial, y volvió
+en breve con la respuesta del rey. Sus órdenes eran terminantes. Don
+Rodrigo debía trasladar el preso a Medina del Campo, dejándolo allí,
+y pasando a Madrigal a prender al vicario y también a la señora doña
+Ana, pero a esta en su celda. Todo se ejecutó con tanta celeridad como
+sigilo.</p>
+
+<p>La historia de esta causa célebre está envuelta en un misterio
+impenetrable. Verdad es que, poco después de su fallo, se publicó en
+Jerez una relación de ella; pero está hecha, como es de presumir,
+para publicarse viviendo aún el tirano y acabadas de inmolar las
+víctimas.</p>
+
+<p>Sin embargo, es de notar que, mal que le pese a su autor, aun en
+ella misma la verdad penetra al través de las nubes con que quiere
+oscurecerla.</p>
+
+<p>Espinosa parece que se complació en burlarse de sus enemigos aun
+estando inerme en sus manos. En cada declaración de las infinitas
+que le tomaron decía una cosa distinta, y aun en una misma, al
+finalizarla,<span class="pagenum" id="Page_IV-99">p. IV-99</span>
+destruía cuanto en su principio dijo. La extraña sutileza de su oído,
+su penetración portentosa, le hacían, por decirlo así, adivinar
+las intenciones del alcalde, quien de orden del rey actuó en toda
+esta causa sin escribano, teniendo que extender por sí todas las
+declaraciones.</p>
+
+<p>Sin embargo, el preso perdía algunas veces la paciencia, y
+exclamaba:</p>
+
+<p>—¿A qué empeñarse en que diga quién soy, si de todos modos he de
+morir? Si el rey quiere enterarse de quién yo sea, personas tiene a su
+lado que me conocen, y muchas. Que envíe una y saldrá de dudas.</p>
+
+<p>Fray Miguel confesó de plano que aquel hombre era el rey don
+Sebastián, y alegó en favor de su aserción notables razones. Entre
+otras, y además de las que ya hemos indicado en el curso de nuestra
+narración, merecen particular atención algunas que citaremos.</p>
+
+<p>La primera fue la de haber llegado a fray Miguel a Lisboa un
+hidalgo portugués la víspera del día en que este religioso<span
+class="pagenum" id="Page_IV-100">p. IV-100</span> debía predicar las
+honras de don Sebastián, y haberle dicho que mirase cómo hablaba,
+porque sin duda había de oírle el mismo rey, pues había escapado con
+vida de la batalla.</p>
+
+<p>Después de esta se refería al dicho de muchos soldados que
+aseguraban haber visto retirarse herido a don Sebastián del campo de
+batalla con algunos compañeros. Habló también de haber dicho un fraile
+de los del Cabo de San Vicente que había confesado y administrado la
+comunión al rey en su monasterio muchas semanas después de la batalla.
+Sería interminable referir aquí las razones en que el vicario fundaba
+su creencia de la vida de don Sebastián antes de presentarse en
+Madrigal el pastelero Gabriel de Espinosa; pero no dejaremos de referir
+cuáles le asistían para reconocer en este la persona misma de don
+Sebastián.</p>
+
+<p>El cuerpo no presentaba, cuando fray Miguel le vio en su convento,
+la misma gallardía que tenía al salir de Lisboa; ¿pero qué mucho,
+decía el fraile, que sus<span class="pagenum" id="Page_IV-101">p.
+IV-101</span> infinitos trabajos le hubiesen agobiado? Las facciones
+eran las mismas del rey; el color del pelo, rubio, donde no estaba ya
+cano; y el de los ojos, azul, también como don Sebastián.</p>
+
+<p>El sonido de la voz era idéntico, si bien un tanto enronquecido.
+Igual la desmesurada fuerza, que bastaba a hacer astillas una lanza
+blandiéndola en el aire, o a partir entre sus manos con facilidad
+cualquiera pieza de una vajilla de plata.</p>
+
+<p>Gabriel, así como don Sebastián, era irascible, orgulloso y
+arrojado. Hablaba el español, el portugués y el italiano.</p>
+
+<p>Estaba al corriente de la política de su época, y no ignoraba una
+sola circunstancia, por pequeña que fuese, relativa al tiempo en que
+don Sebastián reinó en Portugal.</p>
+
+<p>¿Tan completa semejanza puede existir entre dos distintos
+individuos? ¿Será posible que la naturaleza haya creado dos seres
+idénticos, física y moralmente? ¿Se concibe que el temperamento y
+la educación de un rey y de un pastelero sean<span class="pagenum"
+id="Page_IV-102">p. IV-102</span> tan conformes que produzcan en tan
+distintas posiciones una igualdad absoluta de hábitos e inclinaciones,
+de virtudes y de vicios?</p>
+
+<p>Pero demos de barato, hubiera podido decir el defensor de fray
+Miguel, si Felipe II hubiera tenido por conveniente que aquel
+desdichado pudiese dar sus descargos antes de morir, demos de barato
+que puedan reunirse sin milagro las circunstancias referidas en dos
+distintas personas; aún no se le habrá probado al vicario de Santa
+María que se engañó.</p>
+
+<p>Fray Miguel, como confesor del rey, estaba enterado de todos sus
+secretos, y en sus conversaciones con Espinosa más de una vez hizo
+este alusión a lo que en otro tiempo le había confiado. El religioso
+no ha podido revelar al juez aquellos secretos que en confesión se
+depositaron en su seno, pero sí puede referir hechos que han llegado a
+su noticia como particular.</p>
+
+<p>Le pregunta, por ejemplo, a Espinosa si ha tenido alguna visión en
+su vida:</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-103">p. IV-103</span></p>
+
+<p>—Una sola vez —responde este—, y fue corriendo la posta con el conde
+de Medellín. Al pasar un arroyo en que un malvado asesinó a su propio
+padre, creí oír un gran ruido, o por mejor decir, lo vi, en efecto.
+Dejele al conde de Medellín que pasase adelante, y quedándome solo,
+esperé en vano un gran rato, pues nada vi.</p>
+
+<p>El hecho pasó así, y de igual manera lo había referido don Sebastián
+antes de irse a la batalla.</p>
+
+<p>Otra vez Gabriel, sin ser interrogado, refiere a fray Miguel que
+estando enfermo en su palacio de Lisboa, los médicos le prohibieron
+comer pescado, y para mayor seguridad prohibieron el aceite en la
+cocina real.</p>
+
+<p>—Entonces —dijo Espinosa—, envié a pedir al cura de mi parroquia
+un poco de aceite de la lámpara del Santísimo Sacramento para uno de
+sus feligreses; enviómelo, y comí con él pescado, que no me hizo daño
+ninguno.</p>
+
+<p>De este modo pudieran citarse infinidad de circunstancias que
+confirmaron a fray Miguel en la idea de que aquel hombre<span
+class="pagenum" id="Page_IV-104">p. IV-104</span> era en efecto el
+monarca portugués.</p>
+
+<p>La señora doña Ana en todas sus declaraciones se refería a lo que el
+vicario le decía, y la única razón que alegó en su defensa fue que ella
+no quería que don Sebastián se descubriese hasta después de muerto el
+rey, su tío.</p>
+
+<p>El grande argumento de don Rodrigo contra ambos era preguntarles por
+qué, si don Sebastián era realmente lo que ellos decían, no se había
+dado a conocer en tantos años, o a lo menos desde que estaba preso,
+para no verse tan ignominiosamente tratado.</p>
+
+<p>Pero esta objeción, más especiosa que sólida, fue rebatida por los
+acusados completamente.</p>
+
+<p>Don Sebastián, dijeron, salió tan corrido de la batalla que no
+osaba presentarse en los primeros días después, ni aunque quisiera
+podía hacerlo. Hizo, en primer lugar, voto en África de andar
+peregrino, y encubierto a su vuelta a Europa. Acudió al pontífice para
+que le dispensara de un voto temerario; pero<span class="pagenum"
+id="Page_IV-105">p. IV-105</span> Gregorio XIII se negó a ello bajo
+pretexto de que no quería que se turbase el sosiego de los estados
+del rey católico; pero aun sin esto, ¿no le sobraban razones a don
+Sebastián para permanecer oculto? ¿Acaso no bastaba para ello ver que
+se ajusticiaba sin piedad al que se atrevía a asegurar que vivía? ¿Qué
+suerte podía prometerse si la fortuna le ponía en manos de Felipe II?
+La que tuvo: verse tratado como un infame impostor.</p>
+
+<p>A poco tiempo de empezada esta causa, por ciertas competencias entre
+las jurisdicciones real y eclesiástica, fue necesario que el nuncio
+de su santidad enviara, como envió, un comisionado con poder bastante
+para apremiar y compeler con toda clase de censuras a los eclesiásticos
+comprendidos en ella.</p>
+
+<p>Es singular que, en más de ocho meses, no se dio tormento a ninguno
+de los reos, por prohibición del rey. Sin duda luchaban un resto de
+probidad en el pecho de Felipe con su cruel ambición, pero esta triunfó
+al fin.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-106">p. IV-106</span></p>
+
+<p>Fray Miguel, aplicado a la tortura, dijo, como era de esperar,
+cuanto le mandaron que dijese.</p>
+
+<p>Dicen que Espinosa hizo otro tanto, y será verdad. ¿A qué había de
+sufrir tormentos espantosos, si de todos modos conocía que había de
+subir infaliblemente al cadalso?</p>
+
+<p>El resultado fue que Gabriel fue condenado a la pena de ser
+arrastrado, ahorcado y descuartizado; a la misma fray Miguel, después
+de la competente degradación; y la señora doña Ana de Austria a
+reclusión perpetua en una celda de un convento, ayunando todos los
+viernes a pan y agua, y tratada los demás días como otra monja
+cualquiera, sin servidumbre ni poder jamás aspirar a ser prelada, ni a
+ejercer cargo alguno.</p>
+
+<p>El martes 2 de julio de 1596, después de diez meses de prisión,
+sufrió la condena en la plaza de Madrigal el desventurado Gabriel, o
+don Sebastián.</p>
+
+<p>Sus últimos momentos fueron dignos de un cristiano y de un príncipe.
+Oyendo<span class="pagenum" id="Page_IV-107">p. IV-107</span> decir al
+pregonero:</p>
+
+<p>—Esta es la justicia que manda hacer el rey nuestro señor, y el
+alcalde don Rodrigo Santillana en su nombre, a este hombre por traidor
+al rey nuestro señor, y embustero, y porque siendo hombre vil y bajo
+se había querido hacer persona real, le mandan arrastrar, y que sea
+ahorcado en la plaza pública de esta villa, y su cabeza puesta en un
+palo. Quien tal hace, que así lo pague.</p>
+
+<p>—¡Traidor! —exclamó—. ¡Eso no! Hombre vil y bajo, Dios lo sabe.</p>
+
+<p>Al salir del serón, y ya al pie de la horca, se puso en pie con
+reposado continente, y tendiendo la vista alrededor de la plaza
+descubrió, en una ventana de la cárcel, a don Rodrigo de Santillana,
+que estaba allí con objeto de recibirle la última declaración, si
+quería prestársela.</p>
+
+<p>Entonces ardió en cólera, y no pudo menos de gritar:</p>
+
+<p>—¡Ah, señor don Rodrigo, señor don Rodrigo!</p>
+
+<p>El juez, aterrado, bajó los ojos y perdió el color; pero un jesuita
+de los que<span class="pagenum" id="Page_IV-108">p. IV-108</span>
+auxiliaban al paciente se le puso delante, y trató de convertir todos
+sus pensamientos al cielo. Consiguiose esto por el momento, y Gabriel,
+después de reconciliado, subió con firmeza a la horca.</p>
+
+<p>Parose en el penúltimo escalón, y como el verdugo le dijese que
+subiera otro, se volvió a él, y le dijo con desprecio:</p>
+
+<p>—¡Esto nos faltaba!</p>
+
+<p>Sentado ya, volvió la vista una o dos veces hacia la ventana de
+la cárcel, y mirando colérico a don Rodrigo le apostrofó con voz de
+trueno; pero los agonizantes no le dieron lugar a citarle ante el
+tribunal de Dios, que era lo que pretendía hacer, según se había
+explicado en la capilla.</p>
+
+<p>Él mismo se arregló el dogal al cuello como si fuera una valona;
+repitió en tono firme las palabras del credo, que un jesuita decía,
+y murió de la muerte de los malhechores, con el mismo aliento que un
+mártir.</p>
+
+<p>Fray Miguel fue llevado a Madrid, y degradado el 16 de octubre en
+la parroquia de San Martín por el arzobispo de<span class="pagenum"
+id="Page_IV-109">p. IV-109</span> Bristau. No desmintió el vicario en
+tan amargo trance su reputación de varón piadoso y resignado.</p>
+
+<p>Conservó durante la degradación, en el tránsito al suplicio y ya
+en él, una entereza humilde, una completa conformidad absoluta con la
+voluntad de Dios.</p>
+
+<p>Al pie del cadalso dijo en voz moderada y con firmeza:</p>
+
+<p>—El tormento me ha hecho mentir en contra mía. Gabriel de Espinosa
+podrá no ser el rey don Sebastián, pero yo siempre lo tuve por él.
+Muero, pues, inocente de este delito que se me supone; pero ofrezco a
+nuestro Señor esta muerte afrentosa en descuento de mis muchos pecados,
+y espero de su infinita misericordia la remisión de todos ellos.</p>
+
+<p>Antes de acabar de subir la escalera llegó de orden del rey el
+notario de la causa, y estuvo haciéndole varias preguntas, a las que el
+vicario respondió con mucho desembarazo y brío.</p>
+
+<p>Nadie ha sabido hasta hoy sobre qué punto versase aquella
+declaración.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-110">p. IV-110</span></p>
+
+<p>Fray Miguel expiró abrazado devotamente con un crucifijo.</p>
+
+<p>La manera con que se verificó la prisión de Gabriel, la previsión
+del vicario, y sobre todo una fortuna inexplicable, fueron causa de que
+nada pudiese saberse del resto de los conjurados. Hiciéronse varias
+prisiones en Portugal y en España, pero por conjeturas, y nada se le
+pudo probar a ninguno de los aprehendidos, de los cuales la mayor parte
+estaban inocentes.</p>
+
+<p>Domingo, desesperado de haber sido causa de la pérdida de su amo,
+se dejó morir de hambre en su calabozo, después de haber sufrido tres
+veces el tormento sin proferir una sola sílaba.</p>
+
+<figure class="figcenter mt3">
+ <img src="images/i_4p110.jpg"
+ style="width: 6em; height: auto;"
+ alt="Viñeta ornamental">
+</figure>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch47">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-111">p. IV-111</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO VII</h3>
+ <hr class="tir">
+
+ <div class="poetry-container smaller">
+ <div class="poetry">
+ <div class="stanza">
+ <div class="verse i2">Gracias al cielo doy, que ya del cuello</div>
+ <div class="verse i0">Del todo el torpe yugo he sacudido,</div>
+ <div class="verse i0">Y que del viento el mar embravecido</div>
+ <div class="verse i0">Veré desde la tierra sin temello.</div>
+ <div class="verse idr">(Garcilaso: <i>Soneto</i>).</div>
+ </div>
+ </div>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Lo desagradable de la materia del capítulo que precede
+nos ha hecho pasar rápidamente por ella, refiriendo en pocas páginas
+sucesos que ocurrieron en diez meses. Preciso nos es, pues, volver a la
+época de la prisión del infeliz don Sebastián.</p>
+
+<p>Vargas escribió a fray Miguel una carta enterándole de la desgracia
+ocurrida al rey el cuarto día después de ella, es decir, inmediatamente
+que la supo. Pedro fue el portador de ella; pero así que llegó a
+Madrigal supo la prisión del fraile y la de la señora doña Ana, y
+se guardó muy bien de decir que llevaba para ellos mensaje ninguno,
+volviéndose inmediatamente<span class="pagenum" id="Page_IV-112">p.
+IV-112</span> a Valladolid a dar cuenta a su señoría de tan tristes
+sucesos.</p>
+
+<p>Don Juan penetró sin dificultad que don Sebastián estaba
+descubierto, y no pudo serle dudosa la suerte que le esperaba.</p>
+
+<p>Despreciando el peligro que él mismo corría, lo primero en que
+pensó Vargas fue en tratar de libertar al monarca portugués del
+suplicio. Pero cuantos arbitrios se le ocurrieron para ello fueron
+desgraciadamente infructuosos.</p>
+
+<p>El consistorio protestante, cuyos miembros temblaban por sí mismos,
+se negó absolutamente a dar ningún paso en favor de don Sebastián; y no
+contento con esto, rompió absolutamente toda comunicación con el amante
+de Inés.</p>
+
+<p>La traslación del preso a Madrigal, y el haberse comisionado
+solo para guardarlo a un alcalde del crimen de la chancillería de
+Valladolid, frustraron la esperanza de romper sus grillos a fuerza de
+oro, y por último el arbitrio de intimidar al juez con cartas anónimas,
+en las<span class="pagenum" id="Page_IV-113">p. IV-113</span>
+cuales unas veces se le amenazaba, y otras se trataba de confundirle
+haciéndole creer que Gabriel era don Antonio, prior de Crato, no
+produjo tampoco ningún efecto.</p>
+
+<p>Las angustias de Inés durante el curso de aquel largo proceso fueron
+inexplicables. La mutación de nombre y el sigilo con que fue conducida
+al convento en que se hallaba la libertaron sin duda de la persecución
+personal; pero no se vio solo atormentada por la desgracia de su
+cuñado, sino que temblaba por la hija de su hermana y por su amante.</p>
+
+<p>Una feliz casualidad quiso que la niña Clarita, que la señora doña
+Ana amaba en extremo y tenía en su compañía, no se hallara en su celda
+en el momento en que Santillana fue a arrestarla en ella.</p>
+
+<p>La religiosa que entonces la tenía en su celda, movida de compasión
+por sus tiernos años, la ocultó, sustrayéndola de este modo a la
+persecución del tirano; pero como se ignoraba absolutamente el
+paraje que habitaba su tía, no pudo la compasiva monja darle aviso
+ninguno.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-114">p. IV-114</span></p>
+
+<p>La vigilancia que se ejercía entonces sobre el convento en
+particular, y en general sobre toda persona que llegaba a Madrigal,
+hicieron imposible pensar siquiera en adquirir noticias de la suerte de
+la hija de don Sebastián.</p>
+
+<p>Muerto ya este y fray Miguel, y decidida Inés, a fuerza de ruegos de
+Vargas, a casarse con él, pero con la precisa condición de buscar antes
+a Clarita, el fiel Pedro partió de Valladolid en hábito de peregrino, y
+gracias a aquel traje, que en aquel siglo se miraba con respeto, llegó
+sin inconveniente al monasterio de Santa María.</p>
+
+<p>Preguntó en él por sor Magdalena de la Trinidad, religiosa a
+quien Inés sabía que la señora doña Ana honró con su amistad, y la
+entregó un billete en el cual la bella morena la suplicaba le diese
+noticias del paradero de su sobrina. Sor Magdalena era justamente la
+religiosa que tenía a Clarita en su poder, y al instante informó de
+ello al peregrino, diciendo que estaba pronta a entregarla en manos de
+Inés.</p>
+
+<p><span class="pagenum" id="Page_IV-115">p. IV-115</span></p>
+
+<p>Con tan feliz nueva volvió Pedro a su amo, y ya este no se ocupó
+más que en buscarse un asilo cómodo y seguro en que pasar el resto de
+su vida lejos de una corte que aborrecía, y en los brazos de una mujer
+adorada.</p>
+
+<p>Necesitaba para ello un confidente, y ninguno le pareció más a
+propósito que su primo el comendador. Confiole, pues, exigiendo antes
+la solemne promesa de guardar silencio eterno, que iba a unirse con una
+señora igual a él en nacimiento, pero que por razones a él conocidas
+deseaba vivir en un completo retiro.</p>
+
+<p>Combatió Hinojosa esta resolución hasta que conoció que perdía
+el tiempo, y después acabó por entrar completamente en las miras de
+Vargas.</p>
+
+<p>Compró el comendador todos los bienes que don Juan había heredado
+de sus padres, y con parte del producto le adquirió en la Andalucía
+una vasta hacienda que, por su posición topográfica, por la fertilidad
+del terreno, la ostentación de sus límites y la suavidad<span
+class="pagenum" id="Page_IV-116">p. IV-116</span> del clima, era tal
+como se deseaba.</p>
+
+<p>Después de esto proporcionó él mismo un capellán de confianza que
+hizo a Inés legítima esposa de Vargas, un año después de la prisión de
+don Sebastián.</p>
+
+<p>En seguida partieron para Andalucía después de recoger a Clarita, y
+en breves días llegaron al lugar de su destino.</p>
+
+<p>Jamás se borraron de la memoria de Inés los tristes sucesos de
+la primera parte de su vida, y el resultado de ellos fue una dulce
+melancolía que llegó a hacerse habitual en ella.</p>
+
+<p>No así Vargas. La muerte de don Sebastián hizo en él una profunda
+impresión, y siempre que la recordaba era con horror; pero al verse
+dueño de su adorada Inés, era el más feliz de los mortales y lo dejaba
+ver en una inmensa alegría.</p>
+
+<p>Así que los dos esposos estuvieron establecidos en Andalucía,
+escribió Inés a su tía doña Francisca de Alba, quien no tardó
+en contestarla y hacerle saber que<span class="pagenum"
+id="Page_IV-117">p. IV-117</span> estaba pronta a entregarle su
+hacienda, de la que don Juan entró muy pronto en posesión.</p>
+
+<p>Por la tía de Inés supo el marqués Domiño el lugar de su retiro, y a
+él fue a terminar sus días. Poco más de dos años sobrevivió aquel fiel
+servidor, aquel anciano venerable, a su amigo y rey; y no pudiendo ya
+en ellos hacerle otros servicios, se ocupó en redactar una relación de
+sus desgracias, de la cual se ha sacado la que vamos a terminar.</p>
+
+<p>Olvidose Domiño de decirnos cuál fue la suerte de don Carlos, don
+Francisco y Abenamal, y así nada podemos decir de ellos. Pero lo que
+sí refiere puntualísimamente es que jamás se vio esposo más tierno que
+don Juan, mujer tan amante y tan digna de ser amada como Inés; fruto de
+su amor fue, a los diez meses de matrimonio, un niño de que el marqués
+Domiño fue padrino, poniéndole por nombres Sebastián Miguel de los
+Santos.</p>
+
+<p>Por una partida de bautismo existente en un libro antiquísimo de
+una parroquia<span class="pagenum" id="Page_IV-118">p. IV-118</span>
+vecina parece que este niño casó, ya hombre y siendo caballero del
+hábito de Santiago y maestre de campo de los reales ejércitos, con doña
+Clara Contiño, pues tales nombres se dan a los padres del bautizado.</p>
+
+<p>Es de presumir que esta doña Clara fuese la hija de don Sebastián y
+llevase el apellido de su madre, no pudiendo usar el de su desdichado
+padre.</p>
+
+<p>El marqués, hermano de don Juan, tuvo el disgusto de que el niño
+don Pedro Alcántara muriese de sarampión, y su madre en un hospicio
+haciendo verdadera penitencia de sus muchas culpas.</p>
+
+<p>Al fin de la relación de Domiño se encuentra una nota que dice
+así:</p>
+
+<div class="blockquot">
+
+ <p>«Es fama que don Rodrigo de Santillana, inmediatamente después
+ de haber jurídicamente asesinado al infelice don Sebastián
+ (Q. D. D. G.), marchó al Escorial a dar cuenta a su rey de
+ todas las circunstancias de aquel suceso. Después de una larga
+ conferencia con Felipe, en la cual tal vez dejaría ver demasiada
+ convicción<span class="pagenum" id="Page_IV-119">p. IV-119</span>
+ de que el muerto era en efecto don Sebastián, regresó a Madrid, en
+ donde inmediatamente fue preso. Se asegura que le dieron garrote
+ secretamente en la cárcel de Corte para sepultar con él tan atroz
+ misterio».</p>
+
+</div>
+
+<p>Si así fue, debemos admirar la sabiduría de la Providencia que
+castigó a don Rodrigo, haciendo que el crimen de que para engrandecerse
+fue instrumento ocasionara su ruina.</p>
+
+<p>Vargas heredó el marquesado, pero no varió su plan de vida. Las
+caricias de su mujer, la educación de su hijo y las distracciones
+campestres le parecieron siempre preferibles al bullicio de la
+corte.</p>
+
+<p>Alguna vez que otra los dos esposos lloraban juntos las desgracias
+de don Sebastián; pero muchas más horas eran las que pasaban
+deliciosamente enlazados el uno en brazos del otro, contemplando las
+gracias infantiles del niño don Sebastián.</p>
+
+<p>Si hay alguna felicidad en la tierra, en<span class="pagenum"
+id="Page_IV-120">p. IV-120</span> la compañía de una mujer amable
+y virtuosa es donde aconsejo a mis lectores que la busquen.<a
+id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a></p>
+
+<div class="footnote">
+
+<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Para
+satisfacer enteramente la curiosidad del lector, solo nos queda que
+decirle que la significación de las iniciales S. R. L., de que se habla
+en el capítulo 2.º del tomo 3.º, nos parece debe ser <i>Sebastianus rex
+Lusitanæ</i>; esto es, Sebastián, rey de Portugal.</p>
+
+</div>
+
+
+<p class="fin">FIN DEL TOMO CUARTO Y ÚLTIMO</p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="Ch48">
+ <p><span class="pagenum" id="Page_IV-121">p. IV-121</span></p>
+ <h3 class="g1 ws1">ADVERTENCIAS</h3>
+ <hr class="tir">
+ <div class="estrecho">
+ <p>Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que
+ este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más
+ gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido
+ yo contravenir a la orden de la naturaleza, que en ella cada cosa
+ engendra a su semejante.</p>
+ <p class="dcha mt1">(Cervantes: <i>Prólogo al Quijote</i>).</p>
+ </div>
+</div>
+
+<p class="ti0">Al público nada tengo que decirle: o la obra le agrada,
+o no. En el primer caso unos y otros hemos llenado nuestro objeto; los
+lectores divirtiéndose; yo saliendo airoso de mi empresa. Si, por el
+contrario, no le gustase esta novela, será un mal que sentiré, pero que
+es irremediable, y que todas las apologías posibles no bastan a evitar.
+Esta advertencia se dirige únicamente a mis amigos, a los que pueden
+tener algún interés por mi reputación literaria.</p>
+
+<p>El editor de la colección de que forman parte estos volúmenes,
+haciéndome<span class="pagenum" id="Page_IV-122">p. IV-122</span> más
+favor del que merezco, me invitó a unir mi nombre al de literatos que
+bajo todos aspectos me son superiores. Muchos de ellos, que me honran
+con su amistad, se empeñaron en persuadirme de que la empresa no era
+superior a mis fuerzas; y más por complacerlos que por otra cosa, di
+principio a la obra que hoy ve la luz. Pero entonces me hallaba en
+Madrid, donde me era fácil proporcionarme todo género de auxilios en
+libros y consejos, y cuando concluí el capítulo 4.º del tomo 1.º me
+hallé, por un golpe de fortuna, confinado en un rincón de Andalucía. No
+he tenido, pues, a la vista ni un solo libro de historia, ni un mapa,
+ni un amigo a quien consultar.</p>
+
+<p>Es imposible que mi composición no se resienta de este aislamiento
+total. A los veintiséis años, después de dos de emigración, seis de
+servir en las filas del ejército, y, de estos, tres en la Guardia Real,
+donde el tiempo me bastaba apenas para atender a las obligaciones de
+mi empleo, no puedo haber adquirido aquellos<span class="pagenum"
+id="Page_IV-123">p. IV-123</span> conocimientos sólidos, aquella
+instrucción profunda que hacen capaz a un escritor de componer sin el
+socorro de los maestros del arte.</p>
+
+<p>Mi memoria es probable que también me haya sido infiel en algunos
+puntos históricos. En una palabra, este escrito, a que le bastaba ser
+mío para valer poco, ha tenido además la desgracia de escribirse en
+circunstancias tales que le hubieran hecho imperfecto aun siendo parto
+de más claro ingenio.</p>
+
+<p>Pido, pues, a mis amigos que me juzguen con indulgencia, y que por
+lo menos no se avergüencen de haberme alentado a escribir.</p>
+
+<p>De todos modos, me someto a su censura; doy por justas cuantas
+críticas hagan de este escrito, y solo formo empeño en que me conserven
+el afecto que me han manifestado en circunstancias bien críticas, del
+cual aprovecho con ansia esta ocasión de darles públicamente las más
+sinceras gracias. — <i>P. de la E.</i></p>
+
+<hr class="chap x-ebookmaker-drop">
+
+
+<div class="chapter" id="ToC">
+ <h2 class="nobreak g1 ws1">ÍNDICE</h2>
+ <hr class="tir">
+</div>
+
+<table class="toc">
+ <tr>
+ <td>&nbsp;</td>
+ <td class="tdcb smaller bb">Páginas</td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl pt05">TOMO III</td>
+ <td class="tdr pt05"><a href="#Ch3">III-<span class="asc">i</span></a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl pt05">Capítulo primero</td>
+ <td class="tdr pt05"><a href="#Ch31">III-1</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo II</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch32">III-30</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo III</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch33">III-43</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo IV</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch34">III-90</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo V</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch35">III-99</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo VI</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch36">III-118</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl pt1">TOMO IV</td>
+ <td class="tdr pt1"><a href="#Ch4">IV-<span class="asc">i</span></a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl pt05">Capítulo primero</td>
+ <td class="tdr pt05"><a href="#Ch41">IV-1</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo II</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch42">IV-28</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo III</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch43">IV-45</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo IV</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch44">IV-62</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo V</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch45">IV-79</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo VI</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch46">IV-97</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Capítulo VII</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch47">IV-111</a></td>
+ </tr>
+ <tr>
+ <td class="tdl">Advertencias</td>
+ <td class="tdr"><a href="#Ch48">IV-121</a></td>
+ </tr>
+</table>
+
+<hr class="chap">
+
+
+<hr class="full">
+
+</div>
+<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75974 ***</div>
+</body>
+</html>
+
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@@ -0,0 +1,11 @@
+This book, including all associated images, markup, improvements,
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
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+status under the laws that apply to them.
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+++ b/README.md
@@ -0,0 +1,2 @@
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