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| author | nfenwick <nfenwick@pglaf.org> | 2025-04-27 09:21:18 -0700 |
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Hizo en ello el pobre un gran sacrificio +a lo que se le dijo que su pundonor exigía, pues tal era la debilidad +de su carácter y la pasión que había sabido inspirarle la diestra +meretriz que acaso la hubiera perdonado sus infidelidades, dando +crédito a las reiteradas protestas de arrepentimiento y enmienda que, +aun en el acto de verse sorprendida, le hizo con fingidas lágrimas. Por +fortuna Hinojosa, que se hallaba presente, impuso silencio a aquella +insolente, y arrancó de sus redes al obcecado amante. + +No por esto perdió ánimo Violante: la posesión de un hombre rico, +apasionado y tonto era demasiado preciosa para dejarla perder sin que +hiciese por evitarlo los mayores esfuerzos. Así, pasados los primeros +ocho días después de la riña, y enterada por sus espías de la gran +melancolía del marqués, creyó oportuno escribirle un billete lleno +de pasión, de arrepentimiento, y de protestas de darse una muerte +violenta si su adorado amante no quería perdonarla. + +Si el tal billete hubiera llegado a su destino no tiene duda que +produjera el afecto que de él se prometió quien lo escribía; pero +Hinojosa estaba alerta. Previendo desde luego que Violante no dejaría +de intentar el recobro de su perdida cucaña, tomó tan bien sus medidas +que la carta cayó en sus manos, y apaleó lindamente al portador +prometiéndole que le haría la cabeza añicos si bajo cualquier pretexto +osaba volver a presentarse en aquella casa. + +El pobre mensajero volvió a la de Violante con las orejas bajas, y +pintó con tan vivos colores la manera con que le habían recibido, +protestando con tales veras que no volvería aunque en recompensa le +ofrecieran todo el oro del mundo, que de allí en adelante no encontró +la dama criado que quisiera encargarse de semejantes comisiones. + +Tomó entonces el partido de rondar en persona las cercanías de la +casa de su amante, decidida a hablarle si lograba la dicha de verle +salir solo de ella alguna vez. También esta tentativa salió frustrada. +El marqués salía raras veces, y siempre acompañado del inflexible +comendador, del cual Violante temía, no sin fundamento, que la tratase +con tanto o más rigor que a su criado. + +Todas estas dificultades, y la falta que desde el principio empezaron +a hacerla los espléndidos regalos del marqués, exasperaron el ánimo de +aquella mujer en vez de abatirlo. + +El amante por quien vendía al hermano de don Juan, que era uno de +aquellos hombres despreciables cuya especie se ha conservado por +desgracia hasta nuestros días, que comerciando con las gracias de su +persona se humillan hasta el punto de recibir un salario de la ramera +descarada, así que la vio sin la mina donde hasta entonces había +estado surtiéndose con profusión de cuanto necesitaba para sostener +sus vicios, la abandonó sin consideración alguna, desapareciendo de +la noche a la mañana y llevándose, de paso, las alhajas que encontró +más a mano. Y no era esta sola la desgracia que tenía que experimentar +Violante, pues la suerte le reservaba otra que en su situación parecía +aun más terrible que todas. A poco tiempo de verse abandonada por +sus dos amantes se confirmó en la sospecha que antes había tenido de +hallarse encinta. Los primeros días creyó aquella infeliz volverse +loca; pero meditando después en su situación formó un plan para salir +de apuros que no podía estar mejor combinado. + +Redujo a dinero metálico las muchas joyas que aún le quedaban, y +aumentando con él y con lo que produjo la venta de sus magníficos +muebles el bolsillo que había tenido la prudencia de ocultar a su +pérfido amante, se halló con un capital que, depositado en manos +seguras, le producía lo bastante para vivir con decencia, si bien con +la más severa economía. + +Hecho esto tomó una habitación reducida, conforme a su nueva posición, +no muy lejos de la casa del marqués; y sin más asistencia que la de una +sola criada, entabló una vida tan retirada como antes la había tenido +bulliciosa. Desaparecieron las galas y los adornos, reemplazándolos un +modesto hábito del Carmen y un manto negro. En vez de los banquetes y +festines se sustituyeron las misas y devociones. En una palabra, en +menos de un mes la cortesana Violante se convirtió en una beata, que +tenía asombrado a su barrio con la ejemplar vida que hacía. + +Por más de tres días fue aquella mujer el objeto de la conversación +general en todo Valladolid. Los hombres decían que se había vuelto +loca; las viejas, que Dios la había tocado en el corazón; los +predicadores, con alusiones sobradamente claras, incitaban a seguir el +ejemplo de aquella pecadora a todas las que se hallaban en su caso; +pero las mujeres jóvenes y algunos hombres de talento pensaban que +aquello no era más que una nueva farsa. Hinojosa opinaba también del +mismo modo; y el marqués no opinaba nada, porque como a nadie veía más +que a su primo y al capellán Teobaldo, y ambos se guardaban muy bien de +hablarle de semejante materia, ignoraba cuanto pasaba. + +Desde que Violante adoptó su nuevo método de vida, renunció +absolutamente a hacer diligencia ninguna para reconciliarse con el +marqués; y el comendador, que al principio había temido que todo aquel +aparato de devoción y reforma de costumbres no fuera más que una +añagaza para sorprender a su incauto primo, acabó por persuadirse de +que la dama no pensaba ya en él. Este era precisamente el punto más +importante para la ninfa. Hinojosa era su más temible, o por mejor +decir, su único enemigo, pues don Juan ni la conocía, ni pensaba en +ella; el padre Teobaldo era un sandio personaje muy fácil de engañar, +y el marqués estaba vencido con poquísimo trabajo a favor suyo. + +Un mueble, el más indispensable para toda devota, es un director +espiritual; y para los fines de Violante lo era entonces +extremadamente. Lo importante era hacer una elección acertada. El +padre Teobaldo fue la persona en quien primero se fijó; pero reconoció +desde luego la imposibilidad de lograrlo, pues aquel capellán, afecto +al servicio particular de la familia del marqués, y haciendo una vida +sedentaria por hábito, por vejez y por inclinación, no ejercía jamás +sus funciones sacerdotales fuera del oratorio de la casa de los Vargas. + +Como su vida anterior la tenía a mucha distancia de los eclesiásticos, +a excepción de uno que otro cortesano, fue preciso que se dirigiese a +varias beatas con quienes había hecho conocimiento desde que ella lo +era también; y después de haber escuchado con atención sus informes +sobre diferentes religiosos, eligió por fin para su director espiritual +a cierto dominico anciano, llamado el padre maestro Retamar, hombre +célebre por su piedad, y más aún por su candor y beneficencia. + +El bueno del padre la recibió con amor; oyó lo que quiso decirle; le +prometió su asistencia y auxilios; y en una palabra, dando crédito a la +fingida historia de seducción que le plugo a la ninfa contarle, aunque +sin nombrarle por entonces el seductor, se aficionó a ella sobremanera. + +Sucedió que Violante tuvo una ligera enfermedad. El padre Retamar +fue a verla diariamente, y como su edad y buena reputación le ponían +enteramente a cubierto de toda suposición maligna, el resultado fue +que todo el que lo supo empezó a creer sincero el arrepentimiento y +verdadera la reforma de aquella mujer. Las beatas de aquel barrio se +deshacían en alabanzas de la nueva Magdalena: no faltaba entre ellas +quien opinase que si continuaba viviendo de aquella manera, podría +llegar a ser una bienaventurada. + +No dejaba de tener mérito tampoco para Violante la novedad de su +posición. Fijar la atención del público había siempre sido su mayor +deseo. Hacerlo escandalizando o edificando debía serle, y le era en +efecto, indiferente. Además, los placeres la habían ya saciado, y si +bien no dejaba alguna vez de bostezar de aburrimiento en la iglesia +debajo de su manto, hallaba la compensación en la perspectiva de +asegurarse para siempre una fortuna sólida e independiente. + +Entre tanto su preñez adelantaba aproximándose a su término, y con él +llegaba la época fijada para la ejecución del gran proyecto. + +Una tarde, pues, que el reverendo Retamar a la vuelta del paseo había +entrado a verla, la halló deshaciéndose en lágrimas con el rosario en +la mano, y preguntándola qué era lo que tanto la afligía, respondió la +taimada: + +—¿Qué ha de afligirme, padre mío? Mis pecados son muchos, pero la pena +que por ellos se me impone en este mundo es superior a mis fuerzas. + +—No digáis eso, hija; no lo digáis: por graves que vuestras penas os +parezcan, el Señor, que os las envía, sabrá por qué: llevadlas con +resignación, hija, y se os recibirán en descuento de vuestras culpas. + +—Padre mío, por mí no lo siento: conozco que todo castigo es poco para +mi fragilidad; pero si queréis oírme un momento a solas sabréis la +justa causa de mi dolor. + +El compañero del padre maestro tuvo la bondad de salirse al cuarto +donde estaba la criada, y solos aquel y su penitente, empezó esta a +decir: + +—Yo, padre, soy viuda de un contador de Indias: volví joven a España, +y me establecí por desdicha en Valladolid. Dios ha querido dotarme, +según dicen, de alguna hermosura; ella y mi genio festivo atrajeron +inmediatamente a mi casa a todos los caballeros más jóvenes, más +galanes y también más libertinos de la ciudad. + +—Cosa demasiado natural, hija mía, demasiado natural; pero todo eso ya +me lo habéis dicho diferentes veces. + +—Quiero tomar las cosas desde el principio, para presentaros completo +el cuadro de mis desdichas y flaquezas. + +Diciendo esto empezó Violante a llorar de nuevo con profundo sollozo, +tanto que el pobre fraile tuvo que acudir a su pañuelo, y medio lloroso +aún la dijo: + +—Confianza en Dios, que es misericordioso; prosiga, hermana, prosiga. + +—Muchos fueron los que desde luego me galantearon, pero desechados +inmediatamente, tuvieron bastante cordura para limitarse a ser mis +amigos, visto que no podían ser amantes. Dos de ellos, sin embargo, se +obstinaron. Uno, ¡ay de mí!, el marqués de ***, y otro un don Rodrigo, +mancebo de perversas inclinaciones. El primero, lleno de buenas +prendas, se fue cautivando insensiblemente mi corazón: el segundo, +a quien siempre miré con el más alto desprecio, después de haber +intentado en vano rendirme por cuantos medios se le ocurrieron, juró +vengarse de mis desdenes, y lo cumplió demasiado. El marqués, padre +Retamar, que sabía bien que yo no era mujer para ser su manceba, se +limitó mucho tiempo a galantearme con la mayor moderación y respeto, +hasta que ya, no pudiendo (decía él) resistir a su amor, me propuso +darme su mano. Figuraos si tal propuesta, hecha por un hombre a quien +yo amaba tiernamente, sería para mí grata y seductora. Reflexioné, +sin embargo, que aunque mi nacimiento fuese honrado, era muy inferior +al suyo, y que casándose conmigo iba no solo a indisponerse con su +ilustre familia, sino tal vez a exponerse al enojo del rey. Quise más +bien renunciar a mi propia dicha que proporcionar tales disgustos a mi +amante. + +—No se puede obrar con más juicio ni con más virtud. Adelante, que +hasta aquí no tenéis motivos de afligiros. + +—¡Ah, padre! Veréis en lo que sigue cuán fundado es mi dolor. Declaré, +pues, al marqués que estaba firmemente resuelta a no casarme con él, +y como le viese, sin embargo, insistir con más fuerza que antes en su +proposición, me exalté tanto que juré por la salvación de mi alma no +ser jamás su mujer. + +—Mal hecho, hija; muy mal hecho: quebrantaste el segundo mandamiento +jurando sin necesidad. + +—Las consecuencias de aquel malhadado juramento fueron fatales. +Desesperado el marqués con mi negativa, enfermó; y negándose a admitir +cuantas medicinas se le querían administrar, tres facultativos +declararon unánimes que indudablemente moriría. Yo le amaba, padre +mío, como aún hoy le amo a mi pesar: le veía morir, y sabía que era la +causa de ello. Fui a verle, y me estremezco solo al recordar el estado +en que le hallé. Cárdeno el color, hundidos los ojos, sin voz apenas: +en resumen, con todas las señales de una muerte próxima. Partióseme +el corazón de dolor con tan triste espectáculo. Así que el desdichado +me vio dio un profundo suspiro, y en tono sepulcral me dijo: «Tú me +matas». ¿Qué había de hacer una débil mujer en tan amargo trance? El +amor y la compasión sofocaron el grito de mi conciencia, y le ofrecí +que, ya que mi juramento no me permitía nunca ser su esposa, le +sacrificaría mi reputación entregándome a sus brazos, si él consentía +en tomar las medicinas y sujetarse a cuanto los médicos le ordenasen. +Todo lo prometió y cumplió con indecible alegría. Mis cuidados, sus +esperanzas y los buenos facultativos le restablecieron en breve tiempo. +Yo, padre, también cumplí mi criminal promesa. + +—Dios tenga piedad de vos, hija mía. + +—Así sea, como lo espero de su misericordia. Vivimos algún tiempo +el uno en los brazos del otro: súpose en la ciudad, y perdí para +siempre mi buena opinión. No tardaron nuestros amores en llegar a +los oídos de don Rodrigo: la idea de ver a su rival en mis brazos le +enfureció de manera que, según he sabido después, trató de asesinarnos +a ambos; pero tranquilizándose en breve, meditó y puso en práctica +otra venganza más cruel si cabe. Imposible parece que haya hombre +que conciba tan infernal proyecto; víctima soy de él, y apenas puedo +creerlo. Don Rodrigo se puso de acuerdo para perderme con un primo del +marqués llamado el comendador Hinojosa, quien aspirando a manejarlo +por sí y apropiarse de parte de sus riquezas, me aborrecía y aborrece +mortalmente. Sedujeron a dos de mis criados que, una noche en la cena, +me sirvieron un vino infeccionado con cierto licor soporífero, que +tardó poco en aletargarme. Lleváronme a mi lecho, y en él se introdujo +el traidor don Rodrigo. El marqués, conducido por su primo, me vio +a la mañana siguiente en los brazos de aquel malvado. Despertome el +ruido de las voces de mi injuriado amante y de su infame pariente. +Figuraos mi turbación. El marqués no quiso oírme; don Rodrigo huyó, +robándome las joyas que yo llevaba puestas la noche antes. Yo miraría +esta desgracia como un bien, pues a ella debo el haber abierto los +ojos sobre mis extravíos, si yo sola hubiera sido la víctima de ella; +pero una inocente criatura que aún no ha visto la luz, y que debe la +existencia al marqués, va a verse en la miseria, privada del consuelo +de abrazar a su padre, y sin más amparo que el de una madre infamada +por la más atroz de las calumnias. + +Al concluir su bien compuesta novela dio Violante una muestra de su +talento en el arte de fingir, llorando y sollozando a más y mejor con +no poca pena del candoroso dominico. + +Este, después de emplear con la mejor fe posible todas las razones que +su caridad le sugirió para consolar a la que él creía más desgraciada +que culpable, viéndola algo más serena, acabó por preguntarla qué +partido pensaba tomar en aquellas circunstancias. Violante contestó +que verdaderamente no sabía qué hacer; y que estaba resuelta a seguir +los consejos de su reverencia, si tenía la bondad de querer ocuparse +en los asuntos de una criatura tan miserable. El fraile protestó +que sus deberes y la propensión natural de su corazón le hacían +mirar como la más sagrada de sus obligaciones el auxiliar a los +menesterosos, de cualquiera manera que lo necesitasen y en su mano +estuviese el hacerlo; que en consecuencia aconsejaría a su penitente +lo que mejor le pareciese; y que para exponerse menos a errar, lo +pensaría detenidamente aquella noche, y a la siguiente mañana volvería +a conferenciar con ella. Despidiose, pues, exhortando a Violante a +la resignación y a implorar con repetidas y fervorosas oraciones el +auxilio del Todopoderoso. + +Antes de las diez de la mañana del siguiente día ya el bueno del padre +Retamar salía de la casa de su hija de confesión, después de haber +convenido con ella en el giro que debía darse a aquel asunto, y de +haberse ofrecido espontáneamente a tomarlo todo a su cargo. + +Para no perder tiempo se dirigió entonces mismo a la casa del marqués, +en donde su hábito y su nombre, ventajosamente conocido en toda la +ciudad, le abrieron paso sin dificultad hasta el cuarto del que +buscaba, a quien acompañaban en aquel momento el comendador y el padre +Teobaldo. Los tres se pusieron en pie para recibir al religioso; y así +que este, después de corresponder cortésmente a su saludo, anunció que +deseaba hablar reservadamente al dueño de la casa, se retiraron los +otros, dejándolo a solas con él. + +Hinojosa no lo hubiera hecho si sospechara el negocio que llevaba a su +cargo el dominico; pero ¿quién había de figurarse que un hombre a todas +luces respetable era, sin saberlo, instrumento de las maquinaciones de +una mujer abandonada? + +Solos ya el marqués y el padre Retamar, estuvieron algunos instantes en +silencio, esperando el primero a que el otro hablase, y sin saber el +fraile por dónde principiar. El marqués, cansado de esperar en balde, +rompió por fin el silencio. + +—¿No podré saber —dijo— qué motivo es el que me proporciona la honra de +esta inesperada visita de vuestra paternidad? + +—La honra es toda mía, toda mía, señor marqués; y el motivo que me trae +es uno muy grave, en que se halla interesada nada menos que vuestra +eterna salvación. + +—¡Jesús me valga! Padre maestro, no tardéis en decírmelo. + +—No quisiera, señor mío, que se me tuviera por entremetido: protesto +desde luego que solo el interés de la religión y el cumplimiento de mis +obligaciones como sacerdote es el que me mueve a venir a hablaros. + +—Vuestra paternidad puede decir cuanto quiera, seguro de que yo +le escucharé con la veneración que todo buen cristiano debe a los +religiosos. + +—No esperaba yo menos del hijo de vuestros padres (que en gloria +estén). Yo los he conocido, señor marqués, y puedo certificar que eran +personas de singular virtud y ejemplares costumbres. + +—Muchas gracias, padre Retamar, por la merced que les hacéis. + +—Justicia y nada más, señor marqués; pero vamos al asunto, que es lo +que importa. + +Tosió el fraile, limpiose las narices, y después de aclarada la +garganta en el tiempo que fue menester para tomar aliento y hacer +ánimo, dijo por fin: + +—Vuestra señoría no habrá olvidado que en otro tiempo conoció a una +señora llamada Violante. + +El marqués mudó de color, pero no respondió palabra. Un instante +después continuó el padre: + +—Yo, señor marqués, aunque indigno sacerdote, soy hace algunos meses +confesor y director espiritual de esa afligidísima y arrepentida +mujer. Con esto digo bastante para que me supongáis enterado de cuanto +ha mediado entre ella y vos. Sí, señor, todo lo sé; y aun lo que vos +mismo ignoráis. Un don Rodrigo... + +—¡Bribón! —exclamó el marqués. + +—Más de lo que su señoría piensa, pues valiéndose de un ardid infame, +como puedo probarlo, supo hacer que pareciese delincuente a vuestros +ojos la que jamás cometió otro delito que el de ceder a vuestras +instancias. + +—Padre mío, os han engañado. Yo, yo mismo la he visto en los brazos de +don Rodrigo. ¿Qué podrá decir a esto? + +—¿Qué podrá decir? Lo que oiréis de mi boca. + +Y en seguida refirió el padre Retamar al marqués la fábula que Violante +le había contado a él, omitiendo solo, por amor de la paz, la parte que +en ella se atribuía al comendador. Para probar la verdad de todo cuanto +dijo ofreció presentar la criada que se suponía seducida por don +Rodrigo, y que, arrepentida de su delito, estaba pronta a declararlo en +forma, siempre que se la prometiese su perdón. + +Violante había buscado a la misma criada que la vendió a ella al +comendador Hinojosa; y aquella mujer, que solo aspiraba a ganar dinero, +importándole poco que para lograrlo se tratase de engañar a desengañar +a un marqués tonto, convino desde luego en representar el nuevo papel +que se le propuso. Empezó a representarlo el mismo día de que vamos +hablando, en casa de su ama, delante del padre Retamar; y este con +su testimonio quedó tan convencido de la inocencia de Violante, que +hubiera sufrido el martirio por defenderla, lo mismo que por confesar +la verdad del Evangelio. + +Oyó el marqués con suma atención y no poco enternecimiento la relación +de las desgracias de su querida; pero cuando acabó de convencerse de su +inocencia fue cuando el padre dominico, con un calor que acostumbraba +pocas veces, le hizo saber la vida ejemplar y retirada que después de +su separación había tenido Violante. + +—Sí —exclamó con indecible gozo—, sí; es inocente, y sus trabajos +recibirán la recompensa, y volveremos a unirnos... + +—No señor —replicó el fraile—. ¿Podéis hacer la injusticia al hábito +de nuestro padre Santo Domingo de creer que un hombre que lo viste se +había de mezclar en este asunto para reconciliar a dos amantes, para +restablecer unas relaciones ilegítimas, para contribuir a la perdición +de dos almas?... No señor: no será así; y estad seguro de ello. + +El pobre hermano de don Juan, oyendo aquella filípica, aunque justa, +inesperada, se quedó precisamente como un niño sorprendido in fraganti +por su pedagogo haciendo alguna travesura de marca mayor. Con los ojos +espantados, la boca abierta y las manos cruzadas largo tiempo, aun +después de haber acabado de hablar el fraile, escuchaba a ver si tenía +algo más que decirle. Entre tanto el padre Retamar, recobrando su +acostumbrada calma, volvió a tomar sosegadamente el hilo de su discurso. + +—Violante ha reconocido que se hallaba en el camino de la perdición: se +ha apartado de él, y está resuelta a no volver a pisarlo. Vuestra mujer +legítima bien sabéis que no puede serlo: así, pues, como cristiano +estáis obligado a renunciar para siempre a ella. Mas aún nos resta que +hablar del más importante, del verdadero objeto que me ha traído a esta +casa. Violante está encinta. + +—¡Madre mía de los Dolores! ¿Será posible, padre Retamar? + +—Tan posible que en breve dará a luz, Dios mediante, una criatura cuyo +padre sois. + +—¿Yo su padre?... Pero y don Rodrigo... + +—Calculad las fechas, señor marqués, y veréis cómo en ese punto no debe +quedaros duda. + +Tenía el marqués demasiada inclinación a Violante para no creer +cuanto bueno de ella le quisiesen decir; y como por otra parte, en +consecuencia de su educación monástica, cuando un eclesiástico le +hablaba era siempre de su opinión, se dio desde luego por convencido, y +lo quedó plenamente de la paternidad con que la dama quiso favorecerle. + +Conseguido esto, lo demás era fácil de arreglar. Aunque no sin +repugnancia, prometió el marqués no ver a Violante; y aseguró, con el +mayor gusto, que reconocería en forma al hijo o hija que ella diese a +luz, señalando a su madre una pensión vitalicia de mil ducados sobre +todos sus bienes, por medio de escritura legal que había de otorgarse +en las veinticuatro horas, contadas desde entonces mismo. Por último, +convinieron en que todo lo tratado entre ambos quedaría secreto, pues +el marqués no quería exponerse a las reconvenciones de Hinojosa, ni +disgustar a su hermano. Inmediatamente el marqués pidió su coche y +salió a casa de su escribano a formalizar la escritura de la pensión; +y el fraile se fue a dar cuenta del buen éxito de sus diligencias a +Violante, quien no tuvo poco trabajo en ocultar su inmensa alegría bajo +el velo de una devota conformidad con la voluntad del Señor. + +Quince días después dio la beata de nuevo cuño a luz un muchacho +robusto, al que el padre Retamar, al bautizarlo con el nombre de don +Pedro Alcántara de Vargas, que era el mismo de su presunto padre, dijo +que encontraba maravillosa semejanza con el marqués. Este, que en +aquel acto vio también por primera vez al tierno infante, se deshacía +en lágrimas de gozo, estrechándolo en sus brazos y jurando que todas +las facciones eran las de la familia de los Vargas, si bien más bellas +por lo que de Violante tenían. El hecho es que el recién nacido era, +como lo son todos, un rollo de carne con ojos y facultad para llorar, +en cuyo rostro, aún en embrión, solo la ceguedad del cariño encuentra +semejanzas que no pueden existir. + +No nos atreveremos a decir que el nuevo don Pedro Alcántara fuese en +efecto hijo del marqués, pero tampoco a negarlo; y esto en razón a que +ni su propia madre podía decir en ello cosa cierta. + +Una labradora de Simancas, villa pequeña situada sobre un cerro en las +orillas de Pisuerga a dos leguas de Valladolid, buscada de antemano, se +llevó al niño para criarlo, y solo se la dijo que era de padres nobles +y ricos, sin descubrir quienes fuesen. El padre Retamar quedó encargado +de pagar a aquella mujer un espléndido salario, y de suministrarla +además cuanto necesitase. + +Violante se restableció pronto, y aunque con la pensión del marqués +hubiera podido vivir con más lujo, conservó por prudencia su método +anterior de vida, sin más diferencia que la de hacer una vez +cada semana un viaje a Simancas a ver a su hijo, a quien quería +entrañablemente, y de cuya conservación dependía en gran parte su +fortuna. + +Desde la visita del padre Retamar la amistad del marqués a su primo el +comendador empezó a resfriarse tan notablemente que, advirtiéndolo, +aquel caballero tomó la resolución de no mezclarse de allí en +adelante en darle consejos, visto que el marqués estaba siempre en +conversaciones secretas con su capellán, a quien había confiado su +secreto. + +Justamente estos sucesos coincidieron con el segundo y tercer viaje de +don Juan a Madrigal; y ambos hermanos, ocupados en sus amores, cuidaron +poco uno de otro, contentos con que no se observasen sus pasos, ni se +pusiesen trabas a sus operaciones. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO II + + DON TELLO + Quiera Dios, señor don Juan, + Que volváis muy felizmente. + + DON JUAN + Breves los días de ausente, + Señor don Tello, serán. + + (Moreto: _El lindo don Diego_). + + +Dos o tres días después del nacimiento de su equívoco sobrino regresó +don Juan a Valladolid; y apenas hubo llegado a su habitación, cuando +encerrándose en ella abrió el misterioso pliego que Gabriel le había +entregado. Rota la primera cubierta, halló que contenía otro pliego +sellado con las letras S. R. L., cuyo sobrescrito era el siguiente: + + [Ilustración: cruz] «A doña Inés Contiño, Sotomayor, Álvarez de + Castro; en el convento de religiosas de la orden de... + + Salud y gracia». + +A más de este halló Vargas un billete abierto que decía así: + + «Señor don Juan: en el convento de religiosas de la orden de..., que + no podéis ignorar en qué parte de la ciudad se halla, encontraréis la + dama a quien va dirigida la adjunta carta. Para que se os permita la + entrada en él, preguntad por doña María de Castro, y decid que vais a + hablarla de parte de su tío el abad. — Dios os guarde, como deseamos. + — _S._». + +—¡Otro misterio más! —exclamó don Juan—; pero a bien que en viendo yo a +Inés habrán de terminarse sin remedio. + +Concluyendo esta reflexión se puso a vestirse para presentarse en el +convento con la debida decencia, y aún no había acabado de hacerlo, +cuando vinieron a buscarle de parte de su hermano el marqués, que +deseaba hablarle inmediatamente. + +Trasladose Vargas sin detención a su cuarto, y le oyó, con no poca +sorpresa, decir que un asunto importante le llamaba a Madrid, para +donde pensaba salir sin falta al día siguiente por la mañana, llevando +consigo al padre Teobaldo. + +Don Juan, admirándose de que su hermano se decidiera a viajar, y a +Madrid, adonde jamás había querido pensar en ir, y más aún de que +tuviese asuntos reservados para él, cosa que hasta entonces no le había +sucedido, pero deseoso también de abreviar la conferencia para poder +marcharse al convento, se limitó a contestar que estaba bien, pues el +marqués lo creía conveniente, y a desearle un feliz viaje y pronta +vuelta. + +Por su parte el marqués, que había temido que su hermano le hiciese mil +preguntas a las que no sabía qué contestar, se dio por muy contento de +verse libre de aquel apuro; y so pretexto de disponer las cosas para +su viaje, se despidió de Vargas, que no le hizo repetir dos veces el +permiso para retirarse. + +¿Quién podrá pintar la agitación de Vargas en el tránsito desde su casa +al convento designado en la esquela anónima que el pliego contenía? +Sería imposible. + +Perdíase en conjeturas a cual más singular, a cual más descabellada +y distante de la verdad; pero lo que más le aquejaba era el temor +que le hacía concebir el haber visto hasta entonces burladas siempre +sus esperanzas de no conseguir, aun en aquella ocasión, el deseado +conocimiento de quién era Inés, y de los medios indispensables para +poseer su mano. Las tres iniciales del sello y la que servía de firma +al billete eran también para Vargas otra materia de interminables +cavilaciones, pues ni acertaba ni podía acertar con su significado. +Por manera que, aunque el convento distara mil leguas de Valladolid, +llegara a él tan embebido como entonces llegó en sus diversos +pensamientos. + +Entró en la portería, llamó al torno, y dando allí el recado que se le +prevenía en el billete, recibió orden de pasar al locutorio, al cual +fue conducido por la demandadera. Llévale esta no al locutorio general +donde las madres recibían las visitas, sino a uno particular, amueblado +con la limpieza y nimiedad de adornos que acostumbran las monjas, pero +con más suntuosidad y elegancia que en tales parajes suele hallarse. +La demandadera, mujer habladora y bachillera, por si acaso don Juan +no había reparado aquella diferencia, se la hizo notar, advirtiéndole +que el tal locutorio era el reservado en que la madre abadesa recibía +las visitas de su ilustrísima el señor obispo y otros personajes de +distinción. + +Con poca cuerda que don Juan la hubiera dado hubiera podido saber +la historia detallada de todos y cada uno de los muebles de aquel +aposento; pero Vargas, que desde que entró había clavado los ojos en +la reja que separaba la parte destinada para los profanos de la que +ocupaban las religiosas, no se dignó responder una sola palabra; y la +demandadera, picada de ver que se la trataba con tanta indiferencia, +se retiró, murmurando entre dientes que era lástima que un mancebo tan +galán de persona no fuera algo más cortés. + +No se pasaron tal vez tres minutos desde que el hermano del marqués +entró en el locutorio hasta que se abrió la puerta de este que +comunicaba con lo interior del convento, y entró por ella una dama de +noble porte y elegante traje. + +Llevaba un vestido de rica seda negra labrada, con la manga, que solo +llegaba hasta el codo, muy ancha, y terminada de la misma manera que +la del hábito de algunos frailes, en figura triangular. El jubón era +ceñido al cuerpo, cerrado por las espaldas y abierto por delante, con +dos solapas caídas sobre el pecho. Una gola blanca como el armiño +ceñía su garganta. El talle del vestido, arreglándose a la forma del +cuerpo, iba sobre la cadera; y la falda, con bastante vuelo, era algo +más larga por detrás que por delante. Una rica cadena de oro, que daba +dos vueltas al cuello y caía con gracia sobre el pecho y espaldas, +llevaba pendiente un magnífico medallón guarnecido de diamantes con el +retrato de una mujer joven y hermosa. El peinado de aquella dama era +sumamente sencillo y gracioso: el pelo recogido en un rodete colocado +bastante atrás, y la parte de delante dividida como hoy se lleva, pero +sin rizo alguno. Dos hilos de perlas finas daban vuelta a la cabeza +y se terminaban sobre la frente en un broche, en el cual brillaba un +diamante de alto precio. Para no dejar nada por decir, añadiremos que +en las manos de aquella dama se veían muchas sortijas, y que en la +derecha llevaba un libro de oraciones encuadernado en terciopelo morado +con abrazaderas de plata. + +Menester fue que Vargas la mirara muy despacio para reconocer en una +persona tan ricamente ataviada a la humilde pastelera de Madrigal; pero +en fin, no pudiendo negarse a lo que sus ojos veían, exclamó: + +—¿Inés, sois vos? + +—Yo soy, don Juan: no me causa extrañeza vuestra admiración; pero en +verdad no deja de sorprenderme que hayáis descubierto mi asilo, el +nombre que en él me dan, y la manera de verme. + +—Yo mismo, Inés, no sé cómo esto ha sido; tal vez vos podréis +comprenderlo mejor viendo este pliego. + +Sacó entonces el que llevaba, y alargóselo a Inés al través de la reja. +La bella morena lo recibió con gravedad, reconoció el sello antes de +abrirlo, y se puso en pie para hacerlo. Así que lo hubo verificado +buscó la firma, besola con respeto, y después, siempre en pie, leyó su +contenido con la mayor atención. + +Vargas la miraba sin acertar a comprender tanta ceremonia, y esperando +con ansia el resultado de aquella lectura, que duró lo bastante para +que le pareciera interminable. + +Por fin Inés, después de haberse enterado muy a su sabor del contenido +del pliego, volvió a doblarlo escrupulosamente, y lo encerró en un +saco llamado limosnero que llevaba pendiente de la cintura, así como un +cordón de hilo de oro que la servía de ceñidor, y se terminaba en dos +borlas casi sobre los pies. + +—La persona de quien dependo —dijo la dama pastelera ya sentada—, +la persona de quien dependo únicamente en este mundo, me autoriza a +enteraros de la historia de mi vida, a declararos quién soy, y a daros +explicaciones sobre un lance que ha podido dar lugar a dudas sobre mi +sinceridad. Hablo de lo ocurrido en el Carmen. Lo que voy a deciros +parecerá tal vez falta de recato; pero acostumbrada a vivir entre +hombres y en medio de los peligros hace años, puede disculpárseme si me +muestro algo más libre que otras de mi sexo. El primer hombre a quien +he amado, el único que he amado, el que hoy amo y amaré siempre, sois +vos, don Juan. + +—¡Celestial Inés! ¡Quién será más dichoso que yo cuando os oigo hablar +así! + +—Bajad la voz, no nos oigan, y escuchadme, porque sería imprudente +prolongar esta visita demasiado. Hace tiempo que yo preveía que +llegaríamos al punto en que hoy estamos, aunque tal vez no contaba con +que fuese tan pronto. Sin embargo, tengo ya concluida una relación +acaso prolija de los principales sucesos de mi vida. Por el escrito que +os entregaré podréis juzgar si soy o no digna de vuestro amor. Pero +¡ah, don Juan! ¿Por qué quiso el destino que me conocierais? + +—Para mi ventura, adorada mía. + +—Plegue al cielo que así sea, pero temo lo contrario: yo no puedo ser +vuestra sino con una condición. + +—¿Y dudáis de que todas me parecerán suaves, deliciosas, tratándose de +lo que más deseo? + +—Tal vez no; y ese es mi mayor tormento. Don Juan, la empresa en que +se os quiere comprometer no solo es arriesgada, sino, y ojalá que me +engañen mis tristes presentimientos, desesperada, imposible de llevar +a cabo. ¿Cuál sería mi dolor si rico, joven y dueño de mi corazón, os +viera víctima de proyectos que nada os interesarían si no me hubierais +conocido? + +—Y bien, Inés, desde este momento son míos; no necesito saber más que +podrán reportaros alguna utilidad, y conducirme a mí a la dicha de +ser vuestro esposo, para ser el más celoso partidario de ellos. ¿Qué +es preciso hacer? ¿Atravesar los mares? ¿Abandonar patria y familia? +¿Pelear, renunciar a mi propio nombre, servir de esclavo? Hablad, Inés: +¿qué se exige de mí? Decidlo; y si hay peligro, por grande que sea, que +me detenga un instante, despreciadme entonces como indigno de vuestro +amor. + +El entusiasmo de don Juan conmovió a Inés extraordinariamente; y no +permitiéndola su agitación responder de palabra, alargó por la reja una +mano, que fue besada con indecibles transportes. + +—Y bien, mi Inés, mi señora, mi vida, ¿qué me decís? + +—¿Qué he de deciros, don Juan? Si yo hubiera de combatir contra solo +mi amor, aunque grande, tal vez pudiera vencerlo aunque me costara la +vida; pero contra el vuestro también, me es imposible. Sea, pues, lo +que el destino ordene. Esperadme un momento. + +Salió diciendo esto del locutorio y en breve volvió, trayendo una caja +o estuche de madera preciosa, la cual con su llave pendiente de un +cordón entregó a Vargas, diciéndole: + +—Dentro de esa caja hallaréis la historia de la mujer en quien habéis +puesto los ojos. El cielo sabe si me cuesta que nos separemos tan +pronto, pero es preciso: idos, don Juan. + +—¿Tan presto, señora? + +—No podemos ni debemos llamar la atención de las religiosas. Dentro de +tres días volved a la hora de hoy. + +—¡Tres días, Inés! ¡Tres días sin veros! + +—Tiempo hubo en que un mes no os pareció mucho tiempo de ausencia. + +—¿Aún os dura esa memoria, Inés mía? Paréceme que ya he pagado bastante +aquel delito. Es imposible que pudiendo veros pase yo tres días sin +hacerlo. + +—Pues bien, venid pasado mañana: ya rebajo un día. Adiós, y no me +olvidéis. + +—Antes me olvidaré de que existo. + +—Mucho ponderáis, señor don Juan. + +—Más siento, señora, a fe de caballero. + +En esto, deshaciendo Inés su mano de las de su amante, que al tomar la +caja se había quedado con ella, se retiró ligeramente para salir del +locutorio. Ya en la puerta volvió la cabeza, y mirando a Vargas con +toda la expresión del amor y del agradecimiento. + +—Adiós, mi don Juan —le dijo, y desapareció. + +Vargas salió del convento arrebatado de gozo, y volando más que andando +corrió a examinar el contenido de la preciosa cajita. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO III + + La más bella niña + De nuestro lugar + Hoy viuda y sola, + Y ayer por casar. + + (Góngora). + + MANUSCRITO DE INÉS. + + «¡Oh Clara! ¡Mi amada Clara! Si desde tu morada celestial tu alma + pura puede todavía conservar sus relaciones con los objetos que en la + tierra le fueron queridos, me atrevo a creer que nunca tu espíritu se + apartará de tu Inés. La feliz indiferencia por los hombres, que tanto + envidiabas en ella, ha desaparecido para siempre: ahora y no entonces + es cuando comprende todos tus tormentos. ¡Pobre Clara! Solo en la + tumba has hallado el descanso. ¿Será mi destino correr igual fortuna? + + »Aún no sé si este escrito será jamás leído por otro viviente + más que yo misma. ¿Quién podrá asegurar que la persona para quien + le destino querrá comprar, a costa tal vez de su propia dicha, la + satisfacción de su curiosidad con respecto a mí? Comoquiera que sea, + si estos caracteres, trazados por mi mano, llegaren a las suyas algún + día, sepa que para él, y para él solo, he podido resolverme a confiar + al papel las desgracias de mi familia, cuyo término está cuando menos + muy lejano. + + »Don Sebastián Contiño de Álvarez nació en la ciudad de Oporto, en + el reino de Portugal, vástago de una ilustre familia. Su inclinación + le llamó al ejercicio de las armas desde la niñez, y en ella se + envejeció. Era don Sebastián un soldado a toda ley: valiente, + sincero, y fiel a su rey. Ya muy adulto se enamoró, y obtuvo sin + dificultad la mano de doña María Sotomayor de Castro, que era una + señora igual a él en nacimiento, superior en fortuna, y célebre por + sus virtudes y claro entendimiento. + + »Fruto de este matrimonio fueron dos hijas: mi pobre hermana Clara y + yo, que nací dos años después. + + »Apenas habría yo cumplido cuatro años, cuando tuve la desgracia de + perder a mi madre; y a pesar de ser entonces tan tierna mi edad, + no he podido jamás olvidar la dolorosa impresión que aquel suceso + me causó, ni los extremos que mi padre hacía con la aflicción de + separarse para siempre de una esposa a quien adoraba. Clara y yo + recibimos, deshechas en lágrimas, la última bendición de nuestra + madre moribunda; y solo a ella puedo atribuir el que en medio de + tantas vicisitudes en que después nos hemos visto, ni la una ni la + otra nos hemos apartado un solo instante de la senda de la virtud: + gracias sean dadas al que todo lo puede. + + »El mismo año de la muerte de mi madre, que fue el pasado de 1578, se + partió el rey don Sebastián a su desgraciada expedición al África; + y mi padre, no queriendo dejar de acompañarle, nos puso al cuidado + de una parienta de mi madre, llamada doña Francisca de Alba, mujer + de don Frey Cristóbal Tabora, gran privado del rey, y que también le + acompañó en aquella sangrienta jornada, causa de dolor eterno para el + Portugal. + + »Parece que mi padre al despedirse de nosotras tenía el triste + presentimiento de no volvernos a ver. Estrechonos en sus brazos mil + veces, y no pudo dejarnos sin derramar copiosas lágrimas; cosa en él + bien singular, pues acaso en esta ocasión y en la de la muerte de mi + madre serían las dos únicas de su vida en que se le viese llorar. + + »Perdiose la batalla: murió en ella la flor de la nobleza lusitana, + y la consternación fue general. Mi tía doña Francisca no supo de su + marido; nosotras ignoramos la suerte de nuestro padre; y ni teníamos + ni podíamos hallar consuelo, porque donde quiera que volviésemos la + vista solo hallábamos orfandad, viudez y desolación. Jamás pueblo + fue tan severamente castigado por faltas de su rey como Portugal por + el imprudente arrojo de don Sebastián. + + »La edad de Clara y la mía nos libertaron entonces de apurar aquel + cáliz de amargura; pero sin embargo mi hermana, que nació con un + corazón demasiado sensible, contrajo desde entonces una melancolía + que conservó hasta el sepulcro. + + »Para colmo de desdichas, nuestra tía se hizo un objeto de sospechas + eternas para el gobierno; y es de advertir que cuantos volvieron de + la batalla, o eran deudos, amigos y allegados de los que fueron a + ella, o bien habían gozado de algún favor con don Sebastián, fueron + desde entonces perseguidos más o menos, casi sin excepción. + + »¿Qué cosa más natural que, ignorándose la suerte de un padre, de un + esposo, de un hermano, de un amigo, se tratase de inquirir qué era de + él? ¿Quién se atreverá a condenar al que no quiere convencerse, sin + haber adquirido pruebas innegables, de que ha perdido para siempre a + una persona querida?... Y, sin embargo, cualquiera de estas dos cosas + se miraba y se mira hoy en Portugal como un crimen atroz. + + »Doña Francisca de Alba preguntaba, inquiría, buscaba sin cesar + indicios de que su marido no había muerto... “_Conspira_”, dijeron + los satélites del tirano; y la triste viuda se vio muy cerca de + ser sepultada en un calabozo. Tuvo, pues, que salir de Lisboa y + establecerse en su quinta de la Torre Vieja. Nosotras la seguimos; + pero mi tía, que aún no se consideraba segura, no queriendo + exponernos a una tropelía de las que entonces eran frecuentes, ni + envolvernos en su ruina, nos envió a la Sierra del Carnero con una + criada de confianza llamada Marta y el mulato Domingo, a quien don + Juan conoce. + + »En lo más escondido de un profundo valle, en medio de un bosque de + naranjos y limoneros, una choza, que tal parecía por su techo pajizo + y paredes de caña, nos ofreció un asilo cómodo y seguro, del que + jamás me olvidaré aun cuando algún día llegue a habitar suntuosos + palacios. Formaba aquel valle una cadena circular de montes poblados + de añosas encinas, y de lo más alto de uno de ellos corría un + abundante y cristalino arroyo, cuyas aguas fertilizaban su suelo, y + habiendo no lejos de la choza un profundo remanso, nos proporcionaba + el placer de bañarnos en el estío. Una sola vereda de cabras era la + comunicación que existía entre nosotros y el resto del mundo. Nuestra + choza era grande, bien repartida, y cómoda. Poco tiempo después de + habitarla se retiró también a ella, huyendo de la persecución, el + capellán de mi tía, anciano venerable y lleno de instrucción, que + tomó a su cargo educarnos a Clara y a mí. Marta nos instruía en las + labores propias de su sexo. + + »Pocas veces dejamos mi hermana y yo de ver brillar en el horizonte + el primer rayo del sol: siempre juntas, siempre con los brazos + enlazados corríamos el valle, y cada día encontrábamos un nuevo + placer. Hoy era un nido de ruiseñores; mañana la temprana fruta + de un árbol querido. Corríamos, saltábamos, y el tiempo presente + era el único que nos ocupaba. Ni el estudio ni el trabajo se nos + hacían penosos, porque no nos obligaban a él: nuestro preceptor era + el hombre más indulgente, más tolerante que es posible imaginar; y + nosotras lo queríamos tanto, que la idea de complacerle nos hacía + aprender con gusto cuanto quería enseñarnos. + + »Clara, de más edad, más reflexiva, con mayor talento que yo, + aprovechaba también más; pero me quería con tanto extremo que tenía + un verdadero pesar cada vez que se conocía superior a mí. Si el + hombre que dice haberse prendado de mí hubiera conocido a aquel + ángel, viéndome a su lado me tendría por despreciable». + +—Imposible —exclamó Vargas al llegar aquí—, imposible: no puede haber +habido mujer igual ni comparable a ti, Inés mía. + +Después de haber desahogado así su corazón, continuó leyendo. + + «Pero yo me olvido de que estos detalles, tan interesantes para mí, + han de cansar a cualquier otra persona: ocho años pasamos en aquella + soledad sin que el menor incidente viniera a turbar nuestra dicha. + Nuestros bienes, fielmente administrados por mi tía, nos ponían + en estado de proporcionarnos toda especie de comodidades: nada + deseábamos ni teníamos que desear. + + »Yo tenía ya trece años; mi hermana quince, y era hermosísima + criatura. Dicen que se me parecía; pero yo, y no pase por modestia, + le soy muy inferior. Clara era muy blanca, perfectamente formada, + y sus facciones no eran solo regulares, sino además sumamente + agraciadas. Su porte era grave, dulce su mirar, encantadora su + sonrisa. En general parecía melancólica, y jamás su alegría fue + estrepitosa; pero había en su corazón una vehemencia, en su fantasía + una exaltación, que dan lugar a decir que en los pocos años que pisó + la tierra, más que en ella vivió en un mundo ideal. + + »Cuando al despertarnos por la mañana me refería sus sueños, me + parecían de aquellos cuentos maravillosos que me entretenían en mi + primera infancia. Todo en ellos era sublime, extraordinario y bueno. + La misma inclinación se notaba en sus lecturas: siempre prefirió las + obras más metafísicas. Nunca la oí hablar de tesoros, sino de virtud + y gloria. Decir que era muy religiosa es excusado; en su carácter no + podía menos de serlo. Era demasiada su semejanza con los espíritus + celestiales para que dejase de estar siempre en comunicación con + ellos por medio de la oración. + + »De mí solo diré que adoraba a mi hermana, y que tenerla a mi lado y + juguetear eran todos mis deseos. + + »Una tarde de verano, ya mucho después de puesto el sol, nos + hallábamos las dos hermanas a la orilla del lago, sentadas al pie + de un sauce y abrazadas como de costumbre. Hablábamos de nuestros + padres, o por mejor decir, Clara hablaba y yo la escuchaba. No se le + había olvidado ni una sola de las circunstancias de la muerte de mi + madre, ni de la despedida de su esposo: referíamelas entonces acaso + por la millonésima vez, y sin embargo nuestras lágrimas corrían en + abundancia. Clara, refiriendo una desgracia, hubiera hecho llorar a + las piedras. + + »En esta disposición, no sé cómo alcé la vista, y en la cumbre del + monte que teníamos en frente, que era justamente el que atravesaba + la vereda por donde se entraba en nuestro valle, creí divisar cuatro + o cinco hombres a caballo. Comuniqué mi observación a Clara, y esta + confirmó mis sospechas. + + »Desde que habíamos ido a la cabaña continuamente estábamos oyendo + que aquel era el único rincón de Portugal donde se podía vivir sin + estar expuesto a las persecuciones del tirano. + + »Sabíamos que nuestra tía no se había venido a vivir a él por + no exponerse a que la confiscasen sus bienes, no atreviéndose + a visitarnos sino muy de tarde en tarde, y con las mayores + precauciones, para que no se descubriese nuestro retiro. Tampoco se + nos había ocultado que nuestro capellán estaba allí para sustraerse + a la proscripción que le amenazaba. En una palabra, estábamos + convencidas de que el descubrimiento del valle en que vivíamos sería + seguido infaliblemente de nuestra ruina. + + »Con estos antecedentes es fácil de concebir cuál sería nuestro + sobresalto viendo aquellos cinco hombres que descendiendo del monte + se aproximaban a paso largo a nosotras. + + »Yo me arrojé en los brazos de Clara, a quien estaba acostumbrada a + mirar como mi natural protectora, y conocí que, aunque procuraba + serenarme, no estaba tampoco muy tranquila. + + »“¿Qué hacemos?”, le dije. “Huyamos a la choza”, me respondió, “tal + vez no nos habrán visto”. + + »Tomamos inmediatamente este partido, y llegamos, casi sin aliento, + a la pieza en que el capellán, leyendo, y Marta, en sus labores, nos + vieron entrar de aquella manera, con no poca sorpresa. Pero nosotras, + sin darles lugar a que nos preguntasen cosa alguna, les referimos lo + que habíamos visto. + + »El capellán, creyendo ya verse en poder de los jenízaros de Felipe, + y de allí sepultado en un calabozo de la Inquisición, se quedó + petrificado; y Marta no pensó más que en tratar de escondernos a + mi hermana y a mí. Pareciome bien aquella resolución, pero no así + a Clara. Esta dijo que si eran gentes enviadas por el rey las que + venían, sin duda estarían bien informados de cuántos y quiénes fuesen + los habitantes de la cabaña, y que ocultarse cualquiera de ellos + solo serviría para darles lugar a cometer mayores tropelías sin + fruto alguno para el escondido, a quien irremediablemente habían de + encontrar por fin. + + »Estaban Marta y el capellán combatiendo aquella opinión, cuando se + vieron interrumpidos por dos o tres golpes dados con fuerza a la + puerta, que nosotras al entrar habíamos cerrado. + + »Cuál sería nuestro temor, se deja comprender. Quedémonos por algún + tiempo inmóviles como estatuas: llamaron segunda vez a la puerta, y + fue preciso pensar en lo que se había de hacer. + + »“Es necesario responder”, dijo Clara. “¿Y quién se atreve?”, replicó + Marta, “yo no”. “Ni yo”, exclamó el capellán. “Pues yo iré”, dije yo + entonces. “Vamos las dos”, añadió Clara; y así se hizo. + + »Acercámonos en efecto a una ventana, desde la cual vimos que el + que llamaba a la puerta era el mozo de confianza que mi tía solía + enviarnos con las provisiones y otras cosas necesarias. Ambas + hermanas nos echamos a reír del gran miedo que sin causa habíamos + pasado, y abrimos al bueno de Santiago, que así se llamaba el mozo, + quien nos manifestó que también se había sorprendido y asustado con + nuestra tardanza en responderle. + + »El capellán y Marta creo que mientras esto pasaba en la puerta + estarían encomendándose a todos los santos del cielo, pues cuando + entramos en su cuarto con Santiago los hallamos de rodillas, + blancos como la pared, cruzadas las manos, y clavados los ojos en + el cielo. Costonos algún tanto convencerlos de que nada ocurría que + pudiera justificar sus temores; pero por fin acabaron cediendo a la + evidencia, y el buen eclesiástico preguntó a Santiago cuál era el + objeto de su venida. Respondiole este, que lo vería por la carta de + doña Francisca de Alba que puso en sus manos. + + »Nunca he visto pasar a un hombre con tanta rapidez del exceso de la + aflicción al colmo de la alegría, como pasó entonces el capellán con + la lectura de aquella carta, que contra su costumbre de hacerlo en + voz alta, reservó entonces para sí. + + »Brilló en su rostro un contento inexplicable; y como si le hubieran + quitado por encanto veinte años de encima, se levantó de su asiento + con indecible agilidad, y frotándose las manos, dio dos o tres paseos + por la sala antes de decirnos una palabra. + + »Esperábamos las tres, con la ansiedad que tan natural es en nuestro + sexo, la explicación de todo aquello, pero por entonces lo que + supimos servía más para irritarla que para satisfacerla. + + »“Hijas mías, los hombres que habéis visto a caballo no son lo que + pensabais. Vienen aquí, pero como amigos. Bien me lo daba a mí el + corazón: por eso no me he asustado tanto como vosotras”. + + »Esto nos dijo el capellán; y Clara y yo, oyendo su intempestiva + fanfarronada, nos miramos, faltando poco para que soltáramos la + carcajada. + + »“Son”, continuó él sin advertirlo, “sujetos de distinción. Uno de + ellos viene enfermo, y es menester disponerle una cama. Vamos, señora + Marta, no perdáis el tiempo. Y vosotras, hijas mías, supongo que no + tendréis inconveniente en ceder vuestro aposento para un desgraciado. + ¿No es verdad?”. “Y con mil amores”, respondió Clara, cuyo tierno + corazón compadecía ya al hombre de quien se le hablaba. + + »Marta, mi hermana y yo volamos a nuestro cuarto. En un instante + hicimos desaparecer nuestras costuras y bordados: dispusimos una + cama que no le hubiera parecido mal a un príncipe, y salimos a + anunciárselo al capellán, pero ya no le encontramos en la choza. + Supusimos, con razón, que habría salido al encuentro de nuestros + huéspedes, pues a poco rato le vimos llegar acompañado de cinco + hombres montados en muy buenos caballos. Traían todos unos antifaces + negros, cosa que nos sorprendió, pues, viviendo en aquella soledad, + ignorábamos que los caminantes, en verano, suelen usarlos para + libertar el rostro del ardor del sol y de la incomodidad del polvo. + Sus vestidos no eran ni tan buenos ni tan malos que llamasen la + atención. Los sombreros, de ala ancha; pero lo que más atrajo las + miradas de Clara y las mías fueron las cotas de malla que llevaban + encima de unos coletos de gamuza. Tal vez ellas y las armas, tanto + blancas como de fuego, de que iban provistos, me hubieran hecho + tenerlos por ladrones a haberlos visto algunos años después. Entonces + el vicio y el delito eran para mí palabras incomprensibles. + + »Mientras mi hermana y yo observábamos todo esto, se habían apeado + cuatro de los jinetes, y llegándose con muestras de respeto al + quinto, que permanecía montado a caballo, recibieron sus armas, que + él mismo fue dándoles. Luego que estuvo desembarazado, trató de + apearse; pero viendo los otros que no podía hacerlo, se encargaron + de ello, haciéndolo con brevedad, pero con tanto cuidado que nos + persuadió de que aquel hombre era el enfermo. Ya en el suelo, fue + menester que se agarrara de los brazos de dos de sus acompañantes + para entrar en la choza, y aun así andaba con suma dificultad. + + »“Ese infeliz”, me dijo Clara, “parece que está muy malo”. Marta y yo + también pensábamos lo mismo, pero era tal nuestra curiosidad, que no + nos daba lugar por entonces a compadecerlo. + + »Sin detención ninguna el capellán condujo a los desconocidos a la + habitación preparada, y allí el enfermo se metió inmediatamente en + la cama. Al cabo de una media hora salió nuestro preceptor; comunicó + a Marta sus disposiciones para la cena, y la orden de arreglar, lo + mejor que pudiese, en la sala que nos servía de biblioteca y cuarto + de estudio, tres camas para aquellos señores, pues uno de ellos + había de velar continuamente a la cabecera del enfermo. + + »Cuando estuvo dispuesto todo, avisamos; y se nos previno que Domingo + llevase la ligera colación preparada para el doliente hasta la + puerta de su habitación. Allí la tomó uno de los que le acompañaban, + y después se presentaron los cuatro en el comedor para cenar con + nosotras, ya sin antifaces, pero con las cotas de malla, espadas y + dagas. + + »Vimos entonces que de aquellos cuatro sujetos uno era anciano, dos + jóvenes, y el otro niño, que no llegaría a diecisiete años. Estaban + todos tan tostados que más parecían mulatos que europeos; y mostraban + en lo enjuto de los rostros, lacio de los cabellos y gravedad en + el mirar, que la vida que llevaban no era ni cómoda, ni exenta de + peligros. + + »Saludáronnos cortésmente, excusándose de la molestia que nos + causaban con la inevitable necesidad de hacerlo. A la mesa se + condujeron con la más perfecta urbanidad, pero hablaron poco: no se + nombraron jamás unos a otros; y aunque comieron con buen apetito, no + mostraron en ello gran placer. Acabada la cena, que no fue larga, nos + retiramos, ellos a descansar, y nosotras a hacer conjeturas sobre + quiénes serían. + + »A la mañana siguiente, después de habernos vestido para ello + con algo más de cuidado que solíamos hacerlo diariamente, fuimos + conducidas por nuestro preceptor al cuarto del enfermo, a quien + hallamos en la cama sin antifaz ni otra cosa que impidiese verle el + rostro. + + »“Señor”, le dijo el capellán, “aquí tenéis a las dos sobrinas de mi + señora doña Francisca de Alba”. “Bellas niñas”, contestó con una voz, + aunque entonces débil, bastante sonora. “¿No me habéis dicho que eran + hijas de Sebastián Contiño?”. “Y muy servidoras vuestras”, respondí + yo, que como de menos edad, estaba también menos cortada que Clara. + + »“¡Pobre Contiño!”, continuó el doliente como si no me hubiera oído: + “lo hizo bien; se portó como un valiente; y no fue solo. Pero todo + fue inútil: Dios quiso castigar nuestra arrogancia. Que su voluntad + sea hecha. Hijas mías, vuestro padre era un buen soldado, un completo + caballero; espero que algún día recibiréis la recompensa de sus + servicios en la tierra, porque él años ha que disfruta de ella en + mejor vida”. + + »Estas palabras arrancaron nuestras lágrimas. El enfermo, sintiendo + al parecer habernos afligido, varió de conversación, y empezó a + hacernos a ambas, aunque con más frecuencia a Clara, diversas + preguntas, a las cuales tuvimos la dicha de responder acertadamente. + Aquella conversación duró una hora. Yo salí ya un poco cansada; pero + como Clara parecía muy satisfecha, no quise decirle una palabra. + + »Todo aquel día no cesó mi hermana de hablarme del enfermo. + Ponderaba su figura, que a mí, a la verdad, no me parecía gran + cosa; la sonoridad de su voz, que a mí me amedrentaba; y sobre todo, + aquel tono grave y majestuoso que le hacía suponer, y en esto íbamos + conformes, que aquel hombre debía ser un gran personaje. + + »La enfermedad que el tal padecía era una herida en una pierna + que por falta de cuidado estaba en muy mal estado. Agravose + considerablemente, le entró calentura; y sus cuatro compañeros y + el capellán decidieron unánimemente que era indispensable ya la + asistencia de un facultativo. Con este objeto escribieron a mi tía, y + el fiel Santiago fue como siempre el portador del mensaje. + + »Según después he sabido, la elección de doña Francisca de Alba + recayó en el licenciado Juan Méndez Pacheco, médico de una aldea + vecina a Lisboa, que tenía fama de hábil y de poco afecto a los + españoles. + + »Avisole que fuera a Guimaraes a ver un enfermo en quien se + interesaba. Hízolo así Pacheco, y cuando ya iba a entrar en el lugar, + Santiago, sacándolo del camino, lo condujo a lo más áspero del monte, + en donde le aguardaban ocultos dos de los incógnitos de nuestra + choza. Después de asegurarle que nada tenía que temer, le taparon el + rostro para que no viese el camino por donde iba, y lo trajeron así + hasta el cuarto mismo del paciente. + + »Reconoció Pacheco la llaga, que dijo haber sido hecha por una bala + que pasó de soslayo; la curó, y en quince días que permaneció allí + sacó al enfermo de peligro y lo puso en disposición de poderse + levantar, declarando que ya no creía necesaria su asistencia. Con + esto, y con sustituir al ungüento que en una caja de plata llevaban + los incógnitos para curar la herida por otro más eficaz, se le + despachó del mismo modo que vino, con una carta para mi tía, quien + no solo le recompensó liberalmente, sino que tuvo la debilidad de + confiarle tal vez cosas que no debiera. Debo advertir que Pacheco + no vio jamás el rostro del enfermo, quien siempre que el médico iba + a entrar en su cuarto se ponía unos grandes anteojos pardos que le + desfiguraban enteramente. A los demás los vio, pero a ninguno pareció + conocer, ni ellos a él. + + »Durante la estancia del médico en la choza, nuestras relaciones con + el enfermo se hicieron más íntimas. Gustaba de nuestra compañía, y el + capellán, encantado de ello, lejos de poner obstáculo alguno, apenas + nos dejaba salir un instante de su estancia. Marta, que no había + recibido una educación descuidada, sabía tocar el arpa medianamente, + y nos había dado lecciones a Clara y a mí: en breve supe yo tanto + como mi maestra, y mi hermana mucho más. Pulsada el arpa por sus + manos, producía sones que arrebataban: parecía que las cuerdas, + animándose, adquirían la sensibilidad de aquella angelical criatura; + y nada distraía tanto al enfermo como que Clara tocase algunas de + sus composiciones favoritas en aquel instrumento. + + »Yo no me apartaba de mi hermana; es decir, que no salía del cuarto + en que ella estaba; pero como mi edad ni mi carácter permitían que + me estuviese mucho tiempo quieta, no cesaba de juguetear, ya en una + parte, ya en otra. Clara, por el contrario, siempre sentada a la + cabecera del enfermo, ora leía, ora tocaba el arpa, o bien conversaba + con él; y si era grande el placer de este en tenerla a su lado, no + era menor el de ella en acompañarle. + + »Podría tener aquel hombre entonces de treinta y cuatro a treinta y + cinco años de edad, y aunque llevaba en el rostro visibles señales + de grandes trabajos, lejos de ofrecer nada de repugnante, no dejaba + de tener bastante gracia. Su conversación era bastante amena. + Había corrido, al parecer, gran parte de la Europa, y observando + detenidamente sus costumbres, pues describiéndolas con viveza y + maestría, nos tenía escuchándole horas enteras. No había en Portugal + familia ilustre cuya historia no conociese perfectamente; y según + hablaba, no solo parecía que había estado en relaciones con ellas, + sino con cuantos personajes había en dicho reino. De todo hablaba + con calma, y acaso con indiferencia; pero si la casualidad hacía + que se mencionase al rey de España, se hubiera dicho que una chispa + eléctrica le inflamaba. Sus ojos brotaban llamas al solo nombre de + Felipe; murmuraba entre dientes algunas imprecaciones, y variaba al + instante de conversación. + + »Siempre que esto ocurría, mi miedo era inexplicable; y daba señales + tan claras de tenerlo que algunas veces, conociéndolo el enfermo, + me llamaba para hacerme caricias y desimpresionarme. Sin embargo, + siempre miré a aquel hombre con cierta especie de temor que jamás he + podido desterrar. + + »Clara también se afligía en tales casos, mas no se asustaba: si + existe en efecto la simpatía entre los humanos, en nadie se ha + explicado con más prontitud ni fuerza que en mi hermana y el enfermo. + Yo entonces veía sin comprender; pero reflexionando después muchas + veces sobre aquellos sucesos, me he convencido de que muy desde el + principio se enamoró Clara del incógnito, y este de ella. + + »Una sola circunstancia, que por cierto me afligió bastante, hubiera + sobrado hoy para revelarme aquel amor naciente. + + »En nuestros paseos Clara no hablaba una palabra, y apenas respondía + a mis continuas preguntas. Siempre distraída, no cesaba de suspirar, + y hubo días en que, aprovechándose de la primera ocasión favorable, + se salía fuera de la choza. + + »Ya he dicho de mi cariño a ella que era una verdadera idolatría. + Sentime de su proceder, y se lo dije con las lágrimas en los ojos. + Clara me estrechó tiernamente entre sus brazos, me acarició, y se + disculpó. Yo la creí, y dos días después volvió a suceder lo mismo + que antes. + + »Mes y medio pasaron los incógnitos en la choza. De los cuatro que + acompañaban al enfermo, los tres de más edad casi siempre estaban + conferenciando en secreto con el capellán: el otro gustaba más de + acompañarnos a paseo a mi hermana y a mí; para su edad era demasiado + formal, y yo le hacía por ello muchísima burla: él lo sufría + pacientemente, pero no variaba de conducta. Muchas veces me dijo que + era muy hermosa: yo me reía. Parece que ya en aquel tiempo se enamoró + de mí; por mi parte entonces no sabía ni podía saber qué cosa era el + amor; y cuando en lo sucesivo me hallé en edad de amar, jamás sentí + por aquel joven la menor inclinación». + +Respiró don Juan leyendo esta declaración, pues hubo un momento en que +tembló no ser el primero que hubiera sabido conmover el corazón de +Inés. + + «Anunciáronnos, al cabo de este tiempo, que trataban de irse. Yo + recibí esta noticia con indiferencia: no así Clara, que sintió + despedazarse su corazón. Al montar a caballo el incógnito, sacándose + de un dedo un precioso anillo, se lo puso a mi hermana diciéndola: + “Tomad, hija mía, esta memoria de un hombre cuyos dones fueron en + otro tiempo muy estimados, y hoy solo cuenta con algunos corazones + fieles; séalo el vuestro también, que del mío jamás se borrarán esas + facciones, ni el agradecimiento por vuestros cuidados”. + + »Los sollozos de Clara respondieron por ella. No perdió de vista a + los caminantes hasta que la distancia y la espesura del monte se los + ocultaron; suspiró entonces, y puedo asegurar que en muchos días ni + aun sonreírse la vi. + + »No prolongaré más esta relación con minuciosos pormenores. Baste + decir que, desde la marcha de los desconocidos, pasamos un tristísimo + año hasta su vuelta, que se verificó inesperadamente. + + »El herido venía ya enteramente bueno de salud, pero más caído de + espíritu. La vista de Clara le animó algún tanto, y mi hermana + no pudo disimular el gozo que en verle sentía. Ella misma me ha + confesado después todo lo que voy a referir. + + »A pocos días del regreso de aquellos hombres, saliendo Clara a paseo + una tarde sin mí, que, no sé cómo, me quedé en la choza, y estando + sentada a la orilla del lago, el incógnito se ofreció a sus ojos + cuando menos lo esperaba. Saludola, sentose a su lado, y estuvo algún + tiempo pensativo, hasta que por fin dijo: + + »“Mi edad y mis trabajos, hermosa Clara, parece que debían haberse + puesto a cubierto de las pasiones; pero vuestros ojos han sido más + poderosos que los años y la experiencia. Yo os amo con delirio, y + la reflexión ni más de un año de ausencia han podido borrar de mi + memoria vuestra imagen seductora, y el amor me ha vuelto a traer a + este valle, solo para ofreceros mi corazón y oír de vuestra boca si + mi suerte ha de ser en todo adversa, o me reserva el cielo aún alguna + felicidad”. + + »Clara decía que esta declaración, aunque hecha en tono apasionado, + también lo fue con entereza y dignidad. No me ha dicho lo que + respondió; pero es de inferir que el incógnito no quedaría muy + descontento de su respuesta, cuando los paseos solitarios se + repitieron tantas veces cuantas lo permitió la impertinentilla + hermana Inés. + + »A poco los incógnitos volvieron a marchar; pero su regreso fue + también en breve, y en todo el año siguiente repitieron sus visitas + con frecuencia. + + »En este intermedio la melancolía y distracción de Clara iban en + aumento. El incógnito y ella tenían frecuentes conferencias secretas; + pero ni debían versar sobre materias alegres, ni salir ambos muy + satisfechos, pues los ojos de mi hermana estaban inflamados de + llorar, y el entrecejo de su amante hacía temblar. + + »Un día los dos se presentaron a la mesa, si no alegres, por lo + menos no tristes. Después de comer, el desconocido se encerró con + el capellán, y estuvieron hablando como dos horas; salió el buen + eclesiástico de la tal conversación como loco de contento. Santiago + fue despachado en toda diligencia con una carta para mi tía. Dos + días después volvió a venir acompañando a la misma doña Francisca + de Alba. Esta, así que vio al incógnito, se echó a llorar, y quiso + arrodillarse; mas él, recibiéndola en sus brazos, lo impidió. + + »Clara al parecer comprendía todo aquello: yo estaba como quien ve + visiones, y no poco resentida de la reserva de mi hermana. La noche + misma de la llegada de mi tía, así que estuvimos solas, Clara, + abrazándome tiernamente, me dijo que se casaba con el incógnito. + Jamás ha habido sorpresa igual a la mía ni mayor aflicción, pues creí + que casarse Clara y separarme de ella sería todo uno. + + »No le costó poco trabajo consolarme, convenciéndome de que jamás se + apartaría de mí; y yo, que solo a aquello atendía, ni me acordé de + preguntarle el nombre de su esposo. + + »Veinticuatro horas después, como a las once de la noche, vestidas mi + tía, Clara, Marta y yo de toda gala, y escoltadas por el incógnito, + sus cuatro acompañantes, el capellán, Santiago y Domingo, montamos + a caballo; y habiendo andado dos o tres horas por veredas ocultas, + y muchas veces por lo más enmarañado del monte, llegamos, acabada + de sonar la una de la madrugada, a corta distancia de una ermita + dependiente de cierto monasterio de San Agustín. En sus inmediaciones + encontramos a otras cuatro personas embozadas en grandes capas, + quienes sin duda nos esperaban, pues así que echamos pie a tierra, y + uno de los nuestros habló con ellos algunas palabras, se dirigieron + con nosotros a la ermita. + + »Santiago se adelantó solo a llamar a la puerta de esta, y el + religioso que la habitaba no dejó de tardar bastante en responder. + Hízolo por fin, preguntando con harto desabrimiento quién era el que + llamaba tan a deshoras. Respondió Santiago que un labrador que vivía + en una cabaña no distante de allí, en paraje que nombró y ahora no + recuerdo, se había puesto repentinamente enfermo de tanto peligro, + que se temía expirase de un instante a otro, por lo cual le suplicaba + fuese sin tardanza a administrarle los últimos auxilios espirituales. + + »Preguntó el fraile que cómo se llamaba el enfermo, y nuestro mozo, + que llevaba bien estudiada la lección, respondió que era un tal + Pedro Trebiños, labrador muy conocido del religioso, y que en efecto + habitaba el paraje que Santiago había dicho. Con tales señas no le + quedó duda al ermitaño; y diciendo que iba a abrir la puerta de la + ermita, se retiró de la ventana a que primero se había asomado. + Inmediatamente que lo hizo, y a una seña de Santiago, se aproximaron + dos de los incógnitos, y con las dagas desnudas se arrojaron sobre + el pobre fraile cuando abrió la puerta, e imponiéndole silencio bajo + pena de la vida entraron con él en el vestíbulo de la ermita. Así + que Santiago nos avisó fuimos también a ella nosotras, los que nos + acompañaban y los que habíamos encontrado esperándonos; todos, en + fin, a excepción del mismo Santiago y el mulato, que se quedaron en + guarda de los caballos. + + »Yo no sé quiénes pensaría el fraile que éramos; pero lo cierto es + que aunque no hablaba palabra se le conocía que estaba muriéndose de + miedo. Dijéronle que nos condujese a la sacristía, y ya en ella que + nos franquease los mejores ornamentos que para decir misa tuviese. + Hízolo todo apresurado y temeroso, así como a ir a encender todas las + velas del altar mayor, y en seguida encerráronle en su propia celda, + dejando en su guarda a uno de la comitiva. + + »Así que el fraile se retiró, arrojó su capa una de las personas + que se nos habían reunido a las inmediaciones de la ermita, y vi + con la mayor admiración que era un venerable anciano, un obispo con + todas sus vestiduras. Nuestro capellán y otros que le acompañaban le + ayudaron a revestirse, y ellos mismos lo hicieron también. + + »Mandáronnos retirar a todos de la sacristía para que el obispo + confesase al incógnito: Clara se confesó en seguida también con él, y + luego el prelado nos dijo una misa, asistido por los dos capellanes. + + »Concluido aquel sacrificio, Clara, apoyada en mí, pues tal era + su turbación que apenas podía andar, se encaminó al altar, como + asimismo el incógnito. Todos los asistentes se aproximaron también, + y el obispo principió la lectura del rito matrimonial. Concluida la + lectura, y al hacer las preguntas de costumbre a los desposados, y + oyendo que al incógnito le decía: “Vos, varón, queréis por esposa, + etc., a la señora doña Clara Contiño, Sotomayor, Álvarez de Castro”, + esperé que al hacerle a mi hermana igual interpelación sabría el + nombre de su esposo. Engañeme empero. El obispo empezó en efecto + a decir si quería por esposo al señor don... Pero el incógnito lo + interrumpió: “Es inútil que me nombréis. Ella sabe quién soy y vos + también: esto basta; las paredes oyen”. No replicó el obispo, y + la ceremonia se concluyó, con harta mortificación mía, sin que yo + tuviese el gusto de saber quién era ni cómo se llamaba mi singular + cuñado. + + »Antes de retirarnos firmamos todos un papel, que se nos dijo ser + el que en cualquier tiempo haría constar la legitimidad de aquel + matrimonio. Besamos en seguida el anillo del obispo, y recibiendo + su bendición salimos de la ermita. Poco antes de amanecer estábamos + en nuestro valle. Mi hermana se retiró a la estancia de su marido, + y yo, que jamás había dormido sino en su compañía, me fui sola y + despechada a mi lecho, maldiciendo de todo corazón al que me había + robado el cariño y la sociedad de Clara. + + »Poco disfrutó esta por entonces de la compañía de su esposo: a los + quince días de casado se separó de ella. Volvió a poco tiempo, y + permaneció en el valle algunas semanas. Para abreviar diré que en el + primer año de su casamiento mi pobre Clara no vería a su marido más + de cuatro meses. + + »Es natural figurarse que yo no dejaría de preguntar cuál era el + nombre de mi cuñado; pero Clara me contestó que no podía decírmelo, + pues había prometido callarlo bajo juramento; que lo que a mí me + bastaba saber, y ella podía revelarme, era que su marido pertenecía + a una casa mucho más ilustre que la nuestra, y que él mismo era + persona de grande importancia; pero que habiéndole ocurrido grandes + desgracias, y sufriendo a consecuencia de ellas una persecución del + gobierno que ponía su vida en peligro, se veía en la precisión de + vivir oculto, errante, y en continuo sobresalto. + + »No tuve dificultad ninguna en creer cuanto mi hermana me dijo, pues + todo iba muy conforme con las apariencias. + + »La pobre Clara, durante las continuadas ausencias de su marido, no + sosegaba un instante. Llorar, rezar, observar el camino del monte, + eran sus ocupaciones. Si algún consuelo encontraba en mi compañía, + era bien escaso. “¡Qué feliz eres”, me decía muchas veces, “en + conservar tu independencia! ¡Qué dichosa en conservarte hoy como + cuando vinimos a esta choza!”. + + »Pasaré por alto nuestras conversaciones. Interesantísimas para + nosotras, serían impertinentes para los demás. + + »Dieciocho meses hacía que Clara se había casado cuando una noche, + siendo más de las doce de ella, se presentó su marido en el valle. + Encerrose con ella como cosa de media hora, y al cabo de ella salió + con muestras de grande agitación. Abrazome tiernamente (y esta fue + la primera vez que lo hizo), y montó a caballo, encargándome mucho + que cuidase de la salud de mi hermana y la consolara en su ausencia, + que entonces sería más larga que las pasadas. + + »Inútil encargo para quien en nada pensaba más que en la dicha de + Clara. Entré en su cuarto, y la hallé anegada en lágrimas y postrada + de rodillas ante un crucifijo, orando fervorosamente. “Libertadle, + Señor”, decía, “de las manos de sus enemigos. Bastante ha purgado sus + delitos. Misericordia, Señor, de él y de mí”. + + »Caí yo también a su lado, también lloré, y también dirigí mis + plegarias al Redentor. Solo aquello podía consolar a Clara entonces. + La mirada que me dirigió viéndome unir mis oraciones a las suyas + pintaba un agradecimiento, una satisfacción que no hay pluma capaz de + describir. + + »Después de algún rato me dijo: “Soy muy desdichada, Inés mía. + A pesar de las precauciones con que mi marido vive, los verdugos + españoles han llegado a sospechar su existencia en Portugal, y se + cree que esto se debe a alguna indiscreción del licenciado Juan + Méndez Pacheco, a quien nuestra tía, Dios se lo perdone, dijo más + de lo necesario. Tiene, pues, el desdichado que huir, si puede, del + suelo de su patria; y no quiere llevarme consigo por no exponerme a + mil peligros. ¿Y cuándo, Inés, cuándo tiene que abandonarme? Cuando + antes de muchos meses seré madre tal vez”. + + »Al acabar ocultó su rostro en mi seno; corrieron en abundancia las + lágrimas de ambas; y de allí en adelante pocos días se pasaron sin + repetirse la misma escena. Una semana después de la noche de que + acabo de hablar recibimos a Santiago con un billete de mi tía, cuyo + contenido era el siguiente: + + “Señora y amada sobrina: vuestro esposo y mi señor se ha embarcado, + con el favor de Dios, el jueves último, dirigiéndose al puerto + de *** para pasar de allí a Roma. Conformaos con la voluntad de + Dios, y confiad en su justicia y misericordia, en tanto que yo + quedo rogándole con todo el fervor de mi corazón tenga en su santa + guardia a vuestro esposo y a vos. Vuestra servidora y tía — _Doña + Francisca de Alba_”. + + »Tranquilizose Clara algún tanto con esta noticia, y su vida se hizo + más serena, aunque sumamente melancólica. Penas tan graves en una + persona joven, en extremo sensible, y de constitución delicada no + podían menos de hacer grande impresión; y en efecto, la hicieron. + Unida esta a su embarazo, destruyó para siempre la salud de mi + desdichada hermana. + + »Después de seis meses de haberse ausentado mi cuñado nació su hija + Clara, tan parecida a su madre, y a mí en particular, que cuantos la + han visto después la han tenido por hija mía. Nuestro padre capellán + la bautizó; yo fui su madrina: su madre, a pesar de hallarse muy + delicada, no quiso consentir en que nadie diera el pecho a la niña + más que ella misma. + + »Pasamos un año después de esto sin tener noticia alguna de mi + cuñado: Clara no le había olvidado, pero la hija la servía de gran + consuelo. El excelente carácter, las gracias inocentes, y las + caricias infantiles de la niña la hacían sonreír a veces. Jamás la + oí formar para su hija proyectos ambiciosos; antes por el contrario, + aseguraba que, si en su mano estuviera, no saldría nunca Clarita + de aquel mismo valle en que ella y yo habíamos pasado momentos tan + apacibles. + + »Un día, de que no renuevo nunca la memoria sin amargo dolor, aquel + joven que acompañaba al incógnito la primera vez, y que según he + dicho parecía enamorado de mí, se presentó en la choza con aire tan + abatido y melancólico, que bastaba verlo para presagiar que era + portador de alguna funesta nueva. + + »“¿Y mi esposo”, preguntó Clara llena de temor, “vive?”. “Vive, + señora”, contestó gravemente el mancebo. “Dios sea alabado”, replicó + mi hermana con un profundo suspiro; “¿y por qué no viene con vos?”. + + »A esto respondió el mensajero refiriéndonos con brevedad cuanto les + había ocurrido desde su marcha del valle, y se reducía a haberse + embarcado en Portugal mudando de hábito y nombres, llegado con + felicidad a ***, pasando de allí a Roma, y al cabo de pocos meses a + Nápoles, por consejo de algunos amigos. Parece que en esta última + ciudad hombres demasiado confiados dejaron entrever el secreto de + mi cuñado a otros que, intimidados por el poder, o seducidos por el + oro de los españoles, lo pusieron en conocimiento del virrey, quien + procedió sin tardanza a la prisión del desventurado, que entonces + quedaba en el _Castell-del-Ovo_. Milagrosamente sus inseparables + compañeros pudieron sustraerse a favor de varios disfraces a la + persecución de los satélites del virrey; y el que entonces nos + hablaba se encargó de venir a poner en nuestro conocimiento tan + triste suceso, exponiéndose, como es de suponer, a peligros inmensos. + + »Una revolución completa se obró entonces en Clara: aquella mujer + tímida como la paloma, dulce como el corderillo, se convirtió de + repente en un ser animado del mayor entusiasmo. + + »“Corramos”, exclamó, “a Nápoles. No en balde me ha dado el título + de esposa suya: si la fortuna hubiera coronado sus esfuerzos, él + repartiera conmigo su gloria y su esplendor: hoy que le es contraria, + mi deber es participar de sus penas, morir con él si necesario fuese. + Ahora mismo me pondré en camino”. “Y yo contigo, Clara mía; nuestra + suerte será la misma”, dije yo. Clara me dio un estrecho abrazo. El + capellán, que estaba presente, se opuso a este proyecto en vista + de las dificultades y peligros que ofrecía; Marta le apoyó, y el + mensajero mismo de mi cuñado se puso de su parte. + + »Clara entonces, revistiéndose de una dignidad nueva en ella, dijo + en tono solemne: “He dicho mi voluntad, y no la revocaré en esta + materia. No se hable más de ello”. Quedámonos todos mudos, y solo + se pensó en hacer los preparativos para el viaje. En dos días todo + estuvo pronto; al tercero salimos del valle; y el quinto Clara, su + hija, el capellán, el desconocido, el mulato y yo nos embarcamos en + Lisboa para Italia». + +A este punto del manuscrito de Inés llegaba don Juan, cuando un criado +vino a avisarle que un señor magistrado le buscaba. Suspendió, pues, la +lectura, aunque de muy mala gana, y encerrando los papeles en la cajita +bajó a la sala de estrado. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO IV + + Y no os tenéis que cansar; + Que yo sé no me conviene: + Ni daré por cuanto tiene + Un dedo del Castañar. + + (_García del Castañar_, comedia). + +La persona que interrumpió a don Juan era don Rodrigo de Santillana, +alcalde del crimen de la chancillería de Valladolid. Después de los +cumplimientos de costumbre, don Rodrigo, con la facilidad de un hombre +de mundo, entabló desde luego la conversación sobre el asunto a que iba. + +—He sabido, señor don Juan, dijo, que vuestro hermano el señor marqués +piensa salir mañana de esta ciudad para la corte; y habiendo yo +sido llamado a ella por el rey nuestro señor, vengo a suplicaros me +alcancéis la honra de hacer el viaje en su compañía, pues de no ser +así, hasta hallar ocasión de hacerlo con alguna comodidad se pasará +más tiempo del que yo deseara. + +Don Juan, a quien no le pesaba hallar ocasión de pagar la cortesanía +con que don Rodrigo le había tratado en el lance del Campo Grande, +pasó sin tardanza al cuarto de su hermano, y consiguió fácilmente la +pretensión del alcalde. En seguida presentó este al marqués, y quedaron +ambos muy satisfechos uno de otro. + +Despidiose don Rodrigo; pero don Juan no pudo volver, como deseaba, a +ocuparse en la lectura de la historia de su amada, porque el marqués le +entretuvo hablándole de asuntos de familia y haciéndole varios encargos +para que los desempeñase durante su ausencia. Entre otras cosas le +encomendó muy particularmente que no dejase de visitar a menudo a +cierta condesa viuda, quien tenía una hija única llamada Blanca, que, +sobre ser heredera de inmensos bienes, pasaba por una de las más +hermosas y discretas damas de ambas Castillas. + +—Sois mozo —le dijo—, pero no tanto que no debáis ya pensar en +estableceros, y seguramente ningún partido hallaréis tan ventajoso bajo +todos aspectos como el de uniros a doña Blanca. + +—Hermano —replicó Vargas, nada complacido con semejante insinuación—, +yo por ahora no pienso en casarme. Además, debéis recordar que solo he +dejado Flandes para vivir en vuestra compañía. + +—Sí, es verdad; pero las circunstancias..., quiero decir... En fin, +aunque casado, siempre viviréis en Valladolid, y viene a ser lo mismo. + +—No hablemos de eso, hermano, porque es inútil. Yo estoy seguro de que +la madre de doña Blanca jamás se la dará por esposa a un segundón. + +—Os engañáis: vos no sois pobre; y en punto a familia, les llevamos +grandes ventajas. Su título es de ayer, y su apellido flamenco; y la +antigüedad del nuestro es tanta como la de la monarquía. Esto es algo; +y además, yo tengo mis razones para creer que no seréis despreciado si +lográis agradar a doña Blanca, cosa que de vos depende. + +No quiso Vargas prolongar la discusión, y se calló, pero firmemente +resuelto a no poner los pies en casa de la condesa, y a negarse al +matrimonio en cualquiera ocasión que volvieran a proponérselo. + +Toda aquella tarde y gran parte de la noche la pasaron ambos hermanos +en arreglo de papeles, ajustes de cuentas, y combinación de varias +disposiciones relativas a asuntos de interés doméstico. Cuando todo +estaba concluido, el marqués dijo a su hermano: + +—Don Juan, somos mortales, y la hora de la muerte es incierta. Yo no +soy aún anciano, y a Dios gracias disfruto de buena salud; pero no por +eso tengo la vida asegurada: he hecho, pues, mi testamento, que cerrado +y sellado queda en poder de nuestro escribano: hago en él por vos lo +que puedo y debo como buen hermano, a quien nunca habéis dado un motivo +de disgusto. Espero que si yo muriere antes de volver de este viaje, os +conformaréis en todo con mi última voluntad, desempeñando fielmente la +comisión que pongo a vuestro cargo. + +Vargas respondió que esperaba que no tendría el disgusto de perder +a su hermano mayor, a su segundo padre, en muchos años; pero que +si desgraciadamente el cielo lo ordenaba así, podía el marqués +estar seguro de que sus disposiciones se ejecutarían exactamente, +cualesquiera que ellas fuesen, contando con que él (don Juan) por su +parte las miraría como sagradas. + +Ya era más de la media noche cuando los hermanos se separaron, y +Vargas, que para despedir al marqués tenía que levantarse antes del +alba, no pudo entonces continuar la lectura del manuscrito de Inés. + +A la siguiente mañana, don Rodrigo, el padre Teobaldo y el marqués, +entraron en el coche de este, y salieron de Valladolid por la puerta +del Carmen, con dirección a la corte. Don Juan, a caballo, los +acompañó hasta un lugar distante dos leguas de la ciudad, que llaman +Puente-Duero. Allí, al separarse, don Rodrigo, sacando la cabeza por la +ventanilla del coche como para despedirse de Vargas, le agarró la mano +y, sonriéndose con aire maligno, le dijo a media voz: + +—El temperamento de Madrigal, señor don Juan, es harto malsano; y +la compañía de los frailes poco conveniente para un caballero mozo. +Discreto sois: recibid este aviso amistoso. Cochero, arrea. + +Obedeció el cochero, y el carruaje, a pesar de lo arenoso del pinar por +donde pasa el camino, se alejó con velocidad del paraje en que don Juan +dudaba aún de si daría crédito a sus oídos. + +«Parece —exclamó por fin— que toda la especie humana se ha empeñado en +mezclarse en mis negocios y obrar misteriosamente conmigo. ¿De dónde +sabe este alcalde que yo voy a Madrigal y visito allí a un fraile, si +yo a nadie se lo he dicho? Dios me tenga de su mano, que bien lo he +menester para no quedarme sin el poco juicio que me resta». + +Hecha esta reflexión, para libertarse de las muchas y desagradables que +le asaltaban, arrimó las espuelas al caballo; y el animal, acostumbrado +ya a conocer las intenciones de su amo, salió a la carrera por el +primer camino que se le presentó, que fue no el de Valladolid, sino +el de Simancas, que está poco más o menos media legua a la derecha de +Puente-Duero. + +No reparó Vargas en que había errado el camino hasta que alzando los +ojos vio que el sol naciente doraba con sus primeros rayos la cúpula +del torreón del castillo de Simancas, en donde años antes murió mártir +de la libertad el obispo Acuña. + +Aunque estaba impaciente por llegar a su casa para concluir la empezada +historia de la bella portuguesa, se consoló con que el rodeo no había +sido muy largo; y volviendo las riendas al caballo echó a andar a +trote largo por la orilla del Pisuerga con dirección a la ciudad. + +No muy distante de ella vio caminar por la misma senda que él iba, +pero en sentido contrario, una mujer hermosa montada en una excelente +mula, y acompañada por un mozo de a pie, en el cual reconoció desde muy +lejos la gallardía y destreza del pastelero Gabriel de Espinosa. Tantas +y tales eran las singularidades que don Juan había visto en aquel +hombre, que ya no podía sorprenderle, por más inesperadamente que se le +presentase. Miró, pues, ya que no como natural, al menos como muy poco +maravillosa, su presencia en las cercanías de Valladolid, aun cuando +era de suponer que estuviese entonces en Madrigal, y apresuró algo el +paso para salirle al encuentro. + +Poco tardaron nuestros caminantes en hallarse frente a frente. +Gabriel reconoció también a Vargas; pero no conviniéndole, sin duda, +manifestarlo entonces, puso disimuladamente el dedo índice de la +mano derecha sobre sus labios en señal de silencio, mirando a Vargas +significativamente, y fingiendo que el caballo se le había espantado, +pasó a escape por delante del hermano del marqués sin saludarle; este +no trató de estorbárselo y, saludando a la dama, continuó su camino. + +Luego que hubo andado algunos pasos volvió atrás la cabeza y vio que +Gabriel iba ya muy tranquilo al lado de la señora de la mula. + +«Anda con Dios, hombre incomprensible —dijo para sí—. Hoy no te +conviene conocerme: no me estuviera mal a mí tampoco no haberte visto +jamás». + +En estas y otras reflexiones llegó a la puerta de su casa, y allí lo +olvidó todo para volver a ocuparse en la lectura de la historia de la +bella Inés de Contiño. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO V + +Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue +depositario de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus +riquezas. + + (Cervantes: _don Quijote_, parte 1.ª, cap. 13). + + + MANUSCRITO DE INÉS + + «Al embarcarnos, llevamos con nosotros una suma considerable en + dinero y alhajas, la mayor parte nuestras, y algunas cartas de + recomendación para Nápoles que nos dio doña Francisca de Alba. + Después de una navegación larga, pero sin contratiempos de otra + especie, llegamos por fin a Nápoles, donde nos alojamos lo más cerca + que pudimos del _Castell-del-Ovo_, en una casa que tomamos por + nuestra cuenta, diciendo que íbamos a Italia a cumplir cierta promesa + hecha a san Genaro. + + »La misma noche de nuestra llegada fue a vernos el anciano que + siempre iba en compañía de mi cuñado, avisado por el joven que fue + a buscarnos al valle. Alabó sobremanera la heroica resolución de + Clara, cuya mano besó; y nos dijo que su marido continuaba preso y + custiodiado con la mayor vigilancia. + + »“Han estado a verle”, añadió, “el virrey y algunos otros grandes: + el primero no se cubrió hasta que el preso se lo mandó expresamente; + y a todos nos ha inspirado compasión y respeto la nobleza y dignidad + con que soporta su infortunio; trátanle por ahora con las mayores + consideraciones; pero han escrito a España; se está esperando por + momentos la respuesta, que ya debía haber llegado, y la hora en que + venga será la de su muerte”. “¿Y podrá Felipe cometer tal infamia?”. + “Podrá, señora, porque el monarca español no conoce freno. El + príncipe de Egmont, degollado en un cadalso; Orange, proscrito; su + propio hijo, bárbaramente asesinado os dicen bastante cuál es la + suerte que aguarda a vuestro esposo, si no logramos sacarlo de la + prisión antes que el tigre se aperciba que puede imprimir en él su + garra”. + + »Esta perspectiva espantosa y cierta afligió, pero no desalentó, a + Clara, que jamás perdió la esperanza de salvar a su esposo. + + »Pero prodigamos el oro, y conseguimos corromper a un carcelero, + estableciendo por su medio una correspondencia seguida con el preso, + quien en su primera carta no hallaba expresiones con que encarecer su + agradecimiento y amor a su adorada Clara. Nosotros le informábamos + sucintamente de los pasos que se daban en favor suyo, y de nuestras + esperanzas, exagerándolas; pero no de nuestros temores, que no eran + pocos, ni de pequeña importancia. + + »El carcelero que habíamos ganado no era más que el llavero que + le llevaba la comida y le servía; pero para entrar y salir en el + castillo era menester pasar en su interior por dos o tres puertas, + guardadas cada una por distinto portero, y en lo exterior por medio + de la guardia, que daban los tercios españoles que guarnecían la + ciudad. Además, el gobernador del fuerte iba en persona todas las + mañanas y noches a cerciorarse de la presencia del preso en su + encierro. ¿Cómo, pues, ponerlo en libertad? + + »Cada día se nos ocurría un nuevo proyecto, y cada noche nos + acostábamos con el desconsuelo de haberse conocido la imposibilidad + de ponerlo en práctica. Mi cuñado nos escribía que estaba resignado + con su suerte, que cesáramos de exponernos por él a nuevos peligros, + y que nos volviéramos a nuestro retiro. Pero Clara ni oír hablar de + tal cosa quería, y yo no supe nunca pensar más que como ella. En todo + este tiempo nos visitaron muchas veces los compañeros del esposo de + mi hermana, que bajo diferentes disfraces, y confundidos con la clase + ínfima del pueblo, permanecían en Nápoles. + + »Todos ellos se ocupaban sin cesar en el mismo objeto que nosotros, + pero tan infructuosamente también. Por fin, el más anciano de + nuestros amigos formó un proyecto que, aunque complicado y difícil, + ofrecía sin embargo más probabilidades de buen éxito que cuantos se + habían imaginado. + + »Un médico francés establecido en Nápoles fue quien intentó los + primeros pasos de nuestra empresa, merced a una considerable + gratificación. Por medio del carcelero sobornado, enviamos al marido + de Clara una bebida que a poco tiempo de tomada no solamente le + aletargó, sino que también le prestó todas las demás apariencias + cadavéricas. Cuando por la mañana fue el mismo carcelero a llevarle + el desayuno, fingiendo gran sorpresa de hallarle en aquel estado, + corrió a dar parte al comandante del fuerte. Trasladose este en + seguida a la prisión y, creyendo muerto a mi cuñado, lo puso sin + tardanza en conocimiento del virrey, quien también pasó en persona + a cerciorarse del hecho. Pero el brebaje del francés produjo tan + maravilloso efecto que, convencidos todos de que el preso había + dejado de existir, mandaron que encerrado en un ataúd se le + trasladase inmediatamente a una capilla próxima al castillo, para + hacerle allí algunos sufragios, con el mayor secreto. + + »Prevista esta circunstancia por los amigos de mi cuñado, aquel mismo + día, después de anochecer, se fueron aproximando por distintas partes + a la capilla; se hicieron abrir la puerta, no sé con qué pretexto, y + amarrando al sacristán a uno de sus pilares, envolvieron al supuesto + muerto en algunas mantas que llevaban a prevención, y salieron con + él a la calle. De allí se dirigieron inmediatamente al puerto, y se + embarcaron en un buque francés que habíamos fletado enteramente por + nuestra cuenta: sin detenernos levantamos el ancla, y al vernos en + alta mar nuestro gozo fue indefinible. + + »Veinticuatro horas completas permaneció el esposo de Clara + aletargado. Al cabo de ellas volvió en sí, y habiéndole administrado + la bebida que a prevención llevábamos por disposición del médico, + cuando llegamos a Marsella iba ya completamente bueno. + + »En Marsella, después de una larga conferencia entre mi cuñado y sus + amigos, se decidió que convenía por entonces separarnos por algún + tiempo, y así se verificó en efecto, señalando el término de un año + para reunirnos en España. + + »Clara, su esposo, su hija, el capellán y yo nos internamos en + Francia, y fijamos nuestra residencia en un pueblecillo de las + montañas del Languedoc, llamado Lacaune. Su situación, en medio de + una sierra de las más agrias, los gigantescos peñascos que en todos + sentidos le rodean, y los torrentes que en la estación del invierno + parece que van a inundarle, no se me olvidarán jamás; pero tampoco se + borrará de mi memoria la hospitalidad y atenciones de sus habitantes. + + »Para establecernos allí tomó mi cuñado el nombre italiano Fiormino, + y se dio por un particular emigrado a causa de su aversión a los + españoles que entonces dominaban su país: esto bastó para hacernos + el objeto de la solicitud de todo el pueblo. Visitonos cuanto en él + había de familias nobles, que eran bastantes, y procuraron en cuanto + estuvo a su alcance hacernos olvidar nuestras desgracias. Pero nada + bastó para que mi pobre Clara recobrase su salud. + + »Durante la prisión de su marido sufrió mi infeliz hermana tormentos + indecibles, y le sucedió entonces lo mismo que al que padece una + fiebre inflamatoria, que mientras esta le dura parece animado y + vigoroso, pero en desapareciendo le faltan las fuerzas. Así Clara + hasta que vio seguro a su esposo mostró un valor, una energía + verdaderamente heroicos; pero ya en Francia no pudo más y empezaron a + ser demasiado visibles los efectos de sus penas. + + »El más indiferente hubiera visto sin dificultad que aquel cuerpo tan + bello caminaba a pasos agigantados a su disolución. ¿Qué haría una + hermana que la adoraba? ¿Qué un esposo de los más tiernos? + + »Ella misma no ignoraba su estado, y pensando aun entonces más en + nosotros que en sí, no cesaba de prepararnos con sus discursos a + soportar con resignación la irremediable calamidad de su muerte. + + »Yo no sé si me engaño, pero esa filosofía que nos hace soportar + estoicamente la pérdida de los que amamos, la he considerado siempre + como una máscara de la insensibilidad. + + »Si hubiera de referir las lágrimas, los suspiros que entonces + exhalé, sería este escrito interminable. Pero permítaseme pasar + rápidamente sobre aquel amargo trance. + + »Clarita no había aún cumplido dos años cuando su madre, atacada de + una consunción ya en su último período, cayó en cama. Desde aquel + instante al de su muerte, que se verificó un mes después, ni su + marido ni yo nos apartamos un instante de su lado. + + »El médico a quien llamamos movió tristemente la cabeza, y nos dijo + sin rodeos que Dios solo podía ya hacer algo en aquel caso. + + »“Ya lo sabía yo”, dijo la enferma; “que su voluntad se cumpla”. + Nuestro capellán, que desde su infancia la había acompañado, fue + quien la prestó los últimos auxilios espirituales. + + »Un cuarto de hora antes de morir quiso ver a su hija, la bendijo, + y después de apretar tiernamente la mano de su esposo, tomó la mía + diciéndome: “Inés mía, en tus brazos deposito a Clarita; sé para ella + lo que fuiste para mí; sírvela de madre”. + + »Llorar fue mi respuesta. Cruzó entonces Clara sus manos, y esperó + tranquila el momento de comparecer ante el Padre de las misericordias. + + »No manifestó su semblante el menor síntoma de agonía ni de + padecimiento. Estaba, sí, descolorida, pero tan tranquila como si no + fuera a morir. Su alma, que conservó en la tierra toda la pureza de + su ser primero, su alma, centro y depósito de todas las virtudes, + rompió sin esfuerzo los lazos que la unían al cuerpo, y subió + satisfecha a gozar de la recompensa que merecía. + + »Al expirar abrió un instante los ojos, los fijó en nosotros, y dando + un suspiro, volvió a cerrarlos para siempre. Una sonrisa indecible se + dejó ver en aquel momento en sus labios. + + »El dolor de su esposo fue silencioso, pero terrible. El mío amargo, + y será eterno. No ha pasado desde entonces un solo día sin que + derrame alguna lágrima sobre la memoria de mi hermana. + + »Para colmo de mi desventura, el capellán, ya muy anciano, no pudo + resistir a la pena que le causó la muerte de Clara, y la siguió en + breves días al sepulcro. + + »La estancia en Lacaune no podía menos de sernos intolerable. + Salimos, pues, de aquel pueblo con el corazón lleno de amargura, + y nos encaminamos a España. Entonces tomó mi cuñado el nombre de + Gabriel Espinosa, y para mejor encubrirse, el oficio de pastelero, + en que el mulato Domingo le dio algunas lecciones, que por cierto + aprovechó muy mal. + + »De esta manera hemos vivido, ya en un pueblo, ya en otro, hasta + nuestra llegada a Madrigal, en donde el señor don Juan de Vargas me + conoció. + + »Lo demás que me queda que revelar a este caballero es demasiado + importante para que yo me atreva a confiarlo al papel, y aun lo que + lleva escrito le suplico lo queme apenas lo haya leído. — _I. C._». + +Concluyó Vargas esta para él tan interesante lectura, más prendado, si +posible era, que antes de empezarla lo estaba de la bella Inés, y lleno +al mismo tiempo de satisfacción. No podía en efecto menos de sentirla +viendo que la mujer a quien tanto amaba era igual a él en nacimiento, +y digna bajo todos conceptos de su estimación. + +Solo hubiera deseado saber quien era el misterioso Gabriel, cuyas +desgracias le interesaron también a favor suyo; pero o Inés lo ignoraba +aún, cosa poco probable, o temió escribir su nombre, que era lo más +cierto. + +En estas y otras reflexiones estaba entretenido, cuando entró en su +cuarto estrepitosamente el comendador Hinojosa, con muestras de gran +contento por una parte y cierta risa irónica en la boca por otra, que +no se concertaban muy bien. + +—Bien hallado, señor don Juan —dijo dándole una palmada en el hombro +con sobrada fuerza—: apuesto mi encomienda a que no adivináis las +nuevas que os traigo. + +—Si ellas son de tanto peso —respondió Vargas encogiendo el hombro—, +como vuestra mano, no las digáis, porque sin duda alguna me abrumarán. + +—No sé yo si os abrumarán en efecto, pero nunca os serán muy gratas. +El señor marqués ha tratado de engañarme, pero el engañado ha sido él: +Hinojosa es demasiado observador para que se le escapen así las cosas. +No os alborotéis hasta estar al cabo del negocio, que en llegando allá +tal vez no andaréis vos muy comedido con vuestro hermano. + +—Sepamos, pues, de qué se trata. + +—De una friolera, a la verdad: de vuestra fortuna. Si Dios no lo +remedia, el marquesado, primo y señor, voló. + +—¿Habéis soñado esta noche, primo, y venís a referirme vuestros sueños? + +—No, a fe mía, aunque a veces tengo mis tentaciones de creer que es un +sueño lo que pasa. Pero escuchadme y oiréis maravillas. ¿Habéis oído +hablar de una dama llamada Violante? + +—Violante... Violante... Sí; me parece que hago memoria... Aguardad: +¿no fue dama del marqués? + +—Precisamente la misma. Vuestro hermano la sorprendió _in fraganti +delicto_, como diría el padre Teobaldo, con un tal don Rodrigo, de +felice recordación, que después la abandonó también. + +—Sea en hora buena. + +—No os impacientéis, que ya llegaremos al punto importante. No pudiendo +hacer otra cosa, la dama se metió a beata. Se encontró encinta; y por +medio de un buen fraile dominico, a quien ha embaucado, logró persuadir +al marqués de que sus ojos le habían servido mal; y además, y en +esto estriba la dificultad, le ha convencido de que su señoría es el +progenitor de la criaturita, que Dios sabe a quién debe el ser. + +—¿Y el marqués se ha dejado engañar tan groseramente? + +—Como un santo varón. Pero no para en esto la historia: ha reconocido +al niño, haciéndolo bautizar con su nombre y apellido, sin quitar +una letra, ha señalado a la madre una pensión, y ahora va a Madrid a +legitimar al ilustre vástago para poder dejarle su título y rentas. No +me interrumpáis, que aún tengo que decir, y no poco. Por si muere antes +de verificarse la susodicha legitimación, ha hecho testamento, dejando +todos sus bienes libres al señorito; pero en honor de la verdad, debo +decir también que se expresa que, en caso de no morir el marqués hasta +después de legitimado su hijo (así lo llama) por Su Majestad, entonces +se entienda que el marquesado pase a este, y los bienes libres a su +hermano el señor don Juan de Vargas. + +—Hinojosa, entendámonos: o cuanto decís es una chanza, y para tal +me parece muy pesada, o habláis de veras, y entonces debo saber qué +fundamento tienen tan importantes noticias. + +—Y yo no tengo inconveniente en decíroslo. Desde que el dominico +apareció aquí estoy sobre aviso: he observado los pasos del marqués; +me he informado de la vida de Violante, y he sabido que el tal fraile +era su confesor y la visitaba con frecuencia. Esto me ha bastado +para averiguar el resto, para ir averiguando lo demás; pero a mayor +abundamiento, el padre Teobaldo, confidente del marqués, se lo ha +revelado al mayordomo; este al ama de llaves, quien deposita sus +secretos en el despensero; de este pasó a cierta moza de retrete que no +mira con malos ojos a mi lacayo, el cual me lo ha referido punto por +punto. Y por si alguna duda nos pudiese quedar, tenéis al escribano, a +quien he gratificado, pronto a enseñaros la minuta del testamento, que +está, gracias a Dios, claro y terminante. + +—Ya veo que no tiene duda. + +—Ninguna. + +—Así parece. + +—¿Y qué pensáis hacer? + +—No sé; nada. + +—Admirable calma. + +—¿Y qué hemos de hacer? La cosa ya no tiene remedio. + +—No, en efecto, si tratáis de estaros mano sobre mano. Pero movámonos; +opongamos la fuerza y la razón a las arterías de una ramera: tal vez +lograremos impedir que empañe el honor de nuestra familia un infame +bastardo, hijo acaso de algún caballero de la industria. Nadie más +interesado que vos en este asunto. + +—Así es, pero yo no quiero disgustar a mi hermano. Haga ahora lo que +quiera, no por eso dejará de haber sido un padre, y muy buen padre, +para mí. + +—Nobles son esos sentimientos, pero intempestivos. El marqués está +engañado, seducido por esa bribona que Dios confunda, y es hacerle un +beneficio evitar que cometa la necedad que intenta. Lo que conviene, +pues, es que sin demora tornéis la posta para Madrid. + +—¿Yo dejar a Valladolid ahora? No, por cierto; aunque en ello me fueran +más coronas que las de los innumerables mártires de Zaragoza. + +—Voto a Dios —exclamó Hinojosa impacientado— que este tiene menos +juicio aún que su hermano. + +Riose Vargas de todo corazón de la cólera de su primo; y después de +haber meditado algunos instantes, dijo: + +—Lo que en esto se puede hacer es que vos, en quien tengo toda mi +confianza, toméis a vuestro cargo el negocio. Desde ahora tenéis +poderes amplios y completa aprobación para cuanto dispongáis. Si algo +se ha de hacer ha de ser así, porque por mi parte me es imposible +ocuparme en nada, pues tengo asuntos de más importancia. + +—¡De más importancia que un título y grandes rentas!... En efecto, será +preciso que yo tome el negocio a mi cargo, porque si no, sabe Dios en +qué vendrá a parar la familia. + +Salió diciendo esto del aposento muy incomodado con el poco juicio de +su primo, y al día siguiente por la mañana tomó la posta para Madrid. + +Don Juan no dejó de pensar algo en la singular conducta de su hermano; +pero como Inés, y solo Inés podía ocuparle largo tiempo, a poco se +olvidó de tal asunto para pensar únicamente en la entrevista que para +el día inmediato le había prometido su dama. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO VI + + Mas vano ha sido nuestro afán, y en vano + Por el nombre de Dios lidiado habemos: + Él retiró su omnipotente escudo, + Y coronar no quiso nuestro esfuerzo. + + (Quintana: _Pelayo_). + +Recuerde el lector que en el capítulo 4.º de este tomo le hemos dicho +que, regresando don Juan de Vargas a Valladolid desde Puente-Duero +por el camino de Simancas, había encontrado a Gabriel de Espinosa +acompañado de una bella dama; y lo que no sabe y ahora le diremos es +que aquella mujer era Violante, la querida del marqués. + +Espinosa salió de Madrigal para Valladolid el mismo día que tuvo con +don Juan la conferencia en la celda del fraile. Llamábanle sus asuntos +a aquella ciudad hacía tiempo, pero ciertas razones le hicieron +diferir su viaje hasta la época en que nos hallamos. + +Fue a aposentarse a una casa de huéspedes, que la casualidad quiso +fuese la que estaba enfrente de la que Violante habitaba. Viola por la +mañana asomarse al balcón, y reconoció en ella una mozuela con quien +había tenido amistad en uno de sus primeros viajes a Italia antes de +casarse con Clara. La curiosidad le movió a ir a visitarla, y no fue +poca su sorpresa al ver la decencia de los muebles y el místico adorno +de las habitaciones. + +Así que estuvieron solos la cortesana y el pastelero, le dijo este: + +—Camila, ¡tú en España y vestida de hábito del Carmen! Fenómeno es este +que no esperaba ver. + +Sorprendiose la taimada hasta no más oyéndose llamar por un nombre +que ya ella misma había olvidado; pero no reconociendo al que la +hablaba, trató de imponerle revistiéndose de una gravedad teatral, y +respondiendo con enojo: + +—Señor gentilhombre, usted viene engañado, o trata de insultarme +porque me ve mujer y sola. Ni mi nombre es Camila, ni hay para qué +admirarse de verme vestir este santo hábito: tome, pues, usted la +puerta, que no gusto de recibir en mi casa visitas de gente desconocida. + +Estuvo Gabriel mirándola de hito en hito mientras habló, y después, +soltando sin consideración alguna la carcajada, contestó: + +—Desempeñas tu papel que no hay más que pedir; pero conmigo, créeme, +es tiempo perdido el que gastes en tratar de engañarme. Y si no, vamos +a cuentas: no puedes haber olvidado que hace algunos años, cuando te +llamabas Camila, por señas, fuiste a Nápoles con cierto alférez de +los tercios españoles que, cansado de tus repetidas infidelidades, +te abandonó a merced del público. También tendrás presente que un +extranjero, a quien conociste con el nombre del señor Álvarez, te tomó +por su cuenta algunos días, hasta que le jugaste una de las tuyas, y +te envió a paseo. + +Violante o Camila, que todo es uno, había estado escuchando aterrada +tan circunstanciada relación de una parte de su vida y milagros; pero a +pesar de ello no dejó de examinar atentamente la persona del narrador, +logrando al cabo recordar sus facciones. + +—Es el mismo Álvarez —exclamó, no pudiendo contenerse—: es él, o su +sombra. + +—Norabuena —contestó siempre riéndose Espinosa—: tú has mudado el +nombre; yo también. Cada uno de nosotros habrá tenido para ello sus +razones; pero no reconocerse amigos tan antiguos, es descortés hasta el +último punto. + +Ya no le era posible a la cortesana volverse atrás de lo dicho, aunque +bien lo deseaba: hizo, pues, de la necesidad virtud, y afectando +alegría, se dio enteramente a partido. + +A fuerza de preguntar unas cosas y de adivinar otras por los +antecedentes que tenía, se enteró Gabriel, sobre poco más o menos, de +la historia de Violante en Valladolid; pero ella no supo más que lo +que él quiso decirla, que fue poco o nada. En el fondo de su corazón +deseaba la ninfa ver a dos mil leguas de sí al que la había conocido +Camila; pero temiendo que si le descontentaba había de publicar lo que +tanto la interesaba que no se supiese, le llenó de caricias, y a fuerza +de confianzas y agasajos quiso comprometerlo a entrar en sus intereses. +Por parte de Gabriel no hubo designio alguno: la curiosidad le llevó a +verla la primera vez, y su inclinación a las mujeres a volver alguna +otra, y a acompañarla en uno de los viajes que hizo a Simancas a ver a +su hijo. + +En tanto que esto hemos referido, don Juan, enterado ya de la historia +de Inés, fue puntualísimo en presentarse en el locutorio, y su dama no +le hizo aguardar. + +—¿Habéis leído mi escrito, don Juan? —preguntó la morena. + +—Sí, lo he leído; y aunque jamás os hubiera visto, por su lectura +solo os amara, Inés mía. No me digáis ahora que mi amor es una locura: +iguales en nacimiento y fortuna, adorándoos yo, mirándome vos sin +repugnancia, ¿qué se opone a nuestro enlace? Cesen, señora, cesen de +una vez mis penas; vos podéis hacerlo, y yo no espero más que vuestra +resolución. + +—Don Juan, si en mi mano estuviera, hoy mismo sería vuestra esposa; +pero no debéis haber olvidado... + +—¿Que se me han impuesto condiciones? No, por cierto; pero ya he dicho +mil veces que esta no es una dificultad. Cualesquiera que ellas sean, +por duras que parezcan, yo las acepto desde luego. + +—Conviene, sin embargo, que las sepáis. Los riesgos que se os van a +ofrecer son de una naturaleza de los que no estáis acostumbrado a +correr y aun imaginar. ¡Ah, mi don Juan! Si solo se tratara de exponer +el pecho a las balas, de pelear cuerpo a cuerpo con uno o con muchos +enemigos, yo estuviera segura de vos; y si murierais, vuestra gloria me +consolaría del dolor de perderos. Pero ¿querríais vos, qué digo vos, +querré yo misma veros perseguido, cargado de cadenas, en un cadalso tal +vez?... + +—¡En un cadalso, Inés! ¿Deliráis? + +—Ojalá, don Juan; pero yo no deliro: otro sí, y será causa de vuestra +perdición y de la mía. + +—En nombre de nuestro amor, explicaos, señora, de una vez. + +—Comprendo vuestra impaciencia; yo misma la tengo, y no pequeña, de +sacaros de dudas, y sin embargo no puedo menos de temblar al abrir los +labios para confiaros este fatal secreto. + +Calló Inés, y don Juan también permaneció en silencio. Así pasaron +algunos instantes hasta que la dama, levantándose de su asiento y +cerciorándose de que nadie había escuchando la conversación a la puerta +del locutorio, empezó a decir: + +—Ya habréis visto que cuando mi hermana se casó no me dijeron el nombre +de mi cuñado; pero lo que ignoráis es que en Nápoles se me reveló +este secreto. Entonces comprendí cuanto hasta aquel momento me había +parecido oscuro. + +»El que vos habéis conocido con el nombre de Gabriel de Espinosa y +ejerciendo el oficio de pastelero, el que en Francia se llamó Fiormino, +es, señor don Juan, el desdichado don Sebastián, rey de Portugal. + +—¡Señora! + +—Es indudable. + +—¿Y por qué permanecer oculto tanto tiempo? + +—Eso lo sabréis escuchándome con un poco de paciencia, pues me será +forzoso tomar las cosas de bastante atrás para mayor claridad. + +»La suerte de las armas fue adversa, como sabéis, a don Sebastián +en la expedición a África; y el monarca, furioso y desesperado de +ver perdida la flor de la nobleza lusitana, derrotado su ejército, y +su gloria eclipsada, se arrojó, buscando la muerte, en medio de sus +enemigos. Siguiole un escuadrón formado de los más valientes que aún +quedaban con vida, en el cual iba por consiguiente lo más escogido de +Portugal, prefiriendo morir honradamente al lado de su rey, a buscar +su salvación en una fuga afrentosa. Casi todos murieron cubiertos de +la sangre de sus enemigos, y bien vengados: allí dejaron de existir mi +padre don Sebastián de Contiño, y don Cristóbal Tabora, marido de mi +tía. + +»El rey y unos cuantos de sus valientes, defendidos por los mismos +cadáveres de los enemigos que acababan de inmolar, pelearon +desesperadamente hasta que sobreviniendo la noche se retiraron los +moros del campo de batalla. Entonces, después de un día entero, cesaron +de dar cuchilladas. Todos estaban heridos, cual más, cual menos +gravemente. La sangre del monarca corría por tres heridas: una de +ellas, la más grave, debajo del brazo derecho, causada por un balazo. + +»Seis u ocho compañeros, y estos heridos, era todo lo que le restaba +al desdichado don Sebastián de su aguerrido ejército. Para restaurar +la sangre que corría en abundancia de sus heridas tuvo que aplicarse +un puñado de arena, pues no encontró cosa con que hacerse un vendaje. +Jamás hombre descendió tan rápidamente del solio al colmo de la miseria. + +»El anciano de quien tanto he hablado en mi escrito, y que ahora +llamaré el marqués Domiño, fue el único que, habiendo tenido la dicha +de escapar con una sola y leve herida, se conservaba en estado de +discurrir, y propuso alejarse cuanto antes de aquel teatro de horror +y desolación, al que los moros no dejarían de volver por la mañana. +Hiciéronlo así en efecto, metiéndose en un vecino bosque en el cual no +se internaron tanto como quisieran por no permitírselo el cansancio de +los caballos ni el dolor de sus heridas. + +»¡Qué noche aquella para don Sebastián! Afligido por acerbos dolores +y reflexiones más amargas aún, extenuado de hambre, abrasado de +sed, rendido por el sueño y sin poder cerrar los ojos un instante, +los lejanos clamores de millares de moribundos en el campo de +batalla eran para él otras tantas y severas reconvenciones por su +imprudente temeridad. “No deseaba ya entonces”, me dijo refiriéndome +estos sucesos, “la corona ni el poder. No eran el hambre, la sed +ni las heridas las que me atormentaban: los remordimientos, sí, me +despedazaban las entrañas; y si Domiño no se hubiera opuesto, aquella +noche habría terminado yo mismo una existencia que los infieles no +pudieron arrancarme”. + +»Tres o cuatro días vivieron en el bosque sin otro alimento que el +escaso y desabrido de algunos frutos silvestres, ni más agua que la de +un pozo hediondo. Por fin, resueltos a todo antes que morir de hambre, +salieron una noche de aquel paraje y se encaminaron a la playa, donde +sorprendiendo a unos pescadores en el momento en que iban a entrar en +su barca, se apoderaron de ella y les obligaron a remar, mal de su +grado, en dirección a las costas españolas. + +»Ya en alta mar, y próximos a perecer por falta de víveres, encontraron +un buque inglés al cual se acogieron. Preguntando su capitán quiénes +eran, le respondieron que unos soldados del ejército portugués, que a +duras penas habían logrado salvarse del cautiverio en aquella barca. +Los ingleses lo hicieron muy bien con ellos, y como se dirigían a +Lisboa, no tuvieron inconveniente en echarlos a tierra en Lagos, puerto +inmediato al Cabo de San Vicente, pues a don Sebastián no le convenía +presentarse en la capital, en donde suponía, con razón, que todo +estaría muy revuelto. + +»Desde Lagos pasó don Sebastián a un convento de descalzos que estaba +en el mismo Cabo de San Vicente, y en cuyo prelado tenía entera +confianza. Allí supo el mal aspecto que para él habían tomado los +negocios de su reino, y se confirmó en la resolución de mantenerse +oculto que ya tenía formada, y de que en la noche después de perdida +la batalla hizo voto inconsideradamente. Pasaron los desdichados +caminantes a Lisboa, y allí oyó don Sebastián predicar el sermón de sus +propias honras a fray Miguel de los Santos. Sus amigos se descubrieron +cada uno a los suyos, iniciándolos en el secreto de la existencia del +rey. El obispo que lo casó con mi hermana fue uno de estos, y asimismo +doña Francisca de Alba, como esposa de don Cristóbal Tabora, persona +que fue muy querida del rey, mereció igual confianza. + +»Vagó algún tiempo el monarca por sus propios estados como si fuera un +malhechor; mas ni aun así quiso la suerte dejarle en reposo. La noticia +de que aún vivía empezó a divulgarse, y don Enrique persiguió con +tanto encarnizamiento a cuantos la decían, oían o presumían, que don +Sebastián tuvo que salir de Portugal. + +»Ya con un nombre, ya con otro, hora pasando por un mercader, hora +por un artesano, recorrió toda la Europa, y al cabo de ocho años de +trabajos, el amor patrio volvió a llevarle a sus estados. + +»Entonces fue cuando habiéndose empeorado una de sus heridas, y +buscando un asilo seguro en donde poder curarse, doña Francisca de Alba +le dirigió al valle que habitábamos Clara y yo. El capellán supo desde +luego quién era nuestro huésped y los que le acompañaban: Clara no, +hasta que viendo el rey que su virtud era inexpugnable, se decidió a +casarse con ella. + +»Los compañeros de don Sebastián eran el marqués Domiño; don Carlos, +hijo natural de don Juan de Austria; el príncipe Abenamal de Dinamarca, +y el joven don Francisco, a quien los otros llamaban Francisquito, que +según tengo entendido es hijo ilegítimo del rey. Los tres primeros le +habían seguido a la batalla, como vasallo el primero, y en clase de +voluntarios los otros dos, y todos pasan, igualmente que el rey, por +muertos. Don Francisco se le unió en su segundo viaje a Portugal. + +»Desde que este joven me vio, su inclinación a mí se manifestó +claramente; y él mismo, acompañado del dinamarqués Abenamal, fue quien +tuvo con vos el encuentro en el Campo Grande. Pero no anticipemos los +sucesos, y volvamos a don Sebastián. + +»Llegó el rey al valle y se enamoró de Clara; pero no podía permanecer +allí mucho tiempo, pues le era forzoso recorrer el país para alentar +a sus partidarios, o por mejor decir, para formar un partido con los +servidores fieles que le quedaban, esparcidos en diferentes puntos. + +»Así se pasó el tiempo que medió desde su conocimiento con Clara y +matrimonio con ella hasta el viaje a Nápoles. He aquí la causa que lo +promovió: el licenciado Juan Méndez Pacheco, tanto por el misterio con +que todo aquel asunto se condujo, cuanto por algunas expresiones que +doña Francisca de Alba dejó escapar en su presencia, sospechó que +el herido cuya secreta cura se le había confiado, y magníficamente +remunerado, era el rey don Sebastián. Debía el médico haber guardado +para sí sus conjeturas, cuando por otra cosa no fuera, por amor de su +propia seguridad al menos; pero no lo hizo así, y su imprudencia hubo +de sernos a todos funesta. En cuanto a nosotros, ya sabéis, don Juan, +las consecuencias que produjo: réstame deciros que al médico Pacheco +le prendieron, y logrando a duras penas salvar su vida, fue destinado +algunos años a galeras. + +»Cuando volvimos a España después de la muerte de mi amada Clara, nos +aproximamos a las fronteras de Portugal, y en ellas encontramos a +nuestros amigos, según el convenio hecho un año antes. El infatigable +Domiño no había cesado de trabajar, aunque infructuosamente. En los +años transcurridos desde que don Sebastián pasaba por muerto, la +usurpación había echado raíces. A la verdad, la masa del pueblo estaba +descontenta con el yugo español, y la nobleza, abatida y menospreciada, +suspiraba por un trastorno político; pero los tercios españoles tenían +aterrados a unos y a otros. La nación envilecida no se sentía capaz de +sacudir las férreas cadenas que la oprimían; y los magnates, a quienes +se hablaba de ponerse al frente de un movimiento popular, no respondían +más que mostrando temerosos el coloso español, capaz de aniquilarlos +con el menor esfuerzo que para ello hiciese. + +»En medio de este desaliento general, había sin embargo algunos +espíritus generosos que, convencidos de la existencia de don Sebastián, +conjuraban para restablecerle en su trono. En vano los satélites de +Felipe descubrían siempre aquellos proyectos, y una muerte pronta e +infamante para sus autores fue el último resultado que produjeron. + +»Tal fue el desagradable cuadro que Domiño nos hizo del estado de los +negocios en Portugal, y en su vista difirió el rey entrar por entonces +en aquel país. Domiño y los otros tres caballeros se volvieron a él: +nosotros fuimos a establecernos primero en la Nava de Medina, y después +en Madrigal, que dista de allí tres leguas. + +»Poco más de un mes hacía, don Juan, que estábamos en aquel pueblo, +cuando el destino os condujo a él. Llegasteis precisamente el día en +que don Sebastián, habiendo reconocido en el vicario de Santa María la +Real a fray Miguel de los Santos, su antiguo confesor y predicador, +quiso probar si aquel religioso le reconocería también a él. Con este +objeto le esperó y habló cuando se retiraba de decir misa, según +presenciasteis vos mismo. Debería sin duda el supuesto Gabriel no +haberlo hecho en vuestra presencia, atendiendo a que la obstinación +con que seguisteis sus pasos os hacía sumamente sospechoso; pero don +Sebastián no conoce obstáculos a su voluntad, y plegue a Dios que su +inflexibilidad no sea funesta para todos. + +»Figuraos cuál sería la sorpresa de fray Miguel oyendo la voz de su rey +que tan conocida tenía, y mirando sus propias facciones. Al principio +dudaba reconocerlas; pero tan prontas y tales fueron las cosas que don +Sebastián le dijo, de aquellas que solo él y su confesor podían saber, +que no le fue posible al vicario negarse a la evidencia. + +»Fray Miguel, conservando siempre la esperanza de que don Sebastián +volvería a presentarse, había procurado formar en Portugal un partido +a su favor; y para que sus relaciones con aquel reino fuesen menos +sospechosas, hizo ir a establecerse en Madrigal al médico Juan Méndez +Pacheco, que le servía y sirve de agente. + +»Pero lo más interesante que ha hecho el vicario en favor de su rey, ha +sido poner de su parte a la señora doña Ana de Austria, digna hija de +su ilustre padre. Debemos a esta señora singulares beneficios; y es de +presumir, si el cielo protege nuestra causa, que la veamos sentada en +el trono de Portugal. + +»He aquí, don Juan, la explicación de todos los misterios que tanto os +han confundido. + +—Aún quedan, bella Inés —respondió Vargas—, algunos puntos que aclarar. +La aventura de la ermita, por ejemplo. + +—Voy a explicárosla. Los amigos del rey, después de haber recorrido +de nuevo el Portugal y tomado allí sus medidas, vinieron a reunirse +con él, repartiéndose, para no llamar la atención, en diversos pueblos +de las cercanías de Madrigal. No habían venido esta vez solos, sino +acompañados de varios señores portugueses, que, comisionados por los de +su partido, traían el doble objeto de cerciorarse de la existencia de +don Sebastián y de recibir sus órdenes. + +»Era, pues, preciso celebrar algunas juntas, y ningún paraje les +pareció más a propósito para ello que la bóveda-panteón de una ilustre +familia que existe debajo de la ermita a cuyas inmediaciones nos vimos. + +—¿Y vos —exclamó Vargas, con visibles señales de descontento—, y vos lo +sabíais? + +—Sabía que se reunían cerca de Madrigal, pero no en qué paraje. Además +debéis recordar que la elección del lugar de la cita fue vuestra, y no +mía. + +»Sucedió, pues, que los conjurados, si tal nombre puede darse a los +que defienden tan justa causa, advirtieron que había gente extraña en +las ruinas; y temiendo ser descubiertos, hicieron lo que no habréis +olvidado. + +—No por cierto: ni lo olvidaré en mi vida. + +—Fray Miguel fue quien en aquella ocasión os salvó la vida. + +—La suya fue entonces la voz que yo creí reconocer. + +—Sin duda lo era. Don Sebastián se presentó después, y según parece +estaba enterado de nuestra cita. + +—¿Cómo? + +—Lo ignoro; no puedo creer otra cosa sino que el mulato Domingo, +viéndome salir sola de casa me siguiera los pasos, y después informara +a su amo de lo ocurrido. + +—Así parece probable. ¿Pero y vuestra repentina salida de Madrigal? + +—Fue consecuencia de lo acordado en aquella misma junta. Los +portugueses ofrecieron reunir en los montes un número considerable +de soldados tan luego como el rey se presentara en sus dominios a +cara descubierta; y don Sebastián, para quien la triste condición en +que vive ha llegado a ser insoportable, resolvió prestarse a todo. +Pero como para su presentación en Portugal son necesarios grandes +preparativos, pues el rey no quiere entrar pordioseando en sus estados, +se resolvió que se difiriese por algunos meses el alzamiento, para +disponer en ellos lo conveniente. Inútil es deciros que Madrigal no +ofrece recursos ningunos, y que es además demasiado pequeño para que +cuantos pasos se den dejen de ser públicos. + +—Ya os entiendo: habéis venido a Valladolid a hacer compras. + +—Así es la verdad. He sido recomendada por la señora doña Ana de +Austria a este monasterio bajo el nombre de doña María de Castro, +suponiéndome sobrina de cierto abad: como el pretexto de mi estancia +aquí es un pleito, salgo del convento siempre que lo creo conveniente y +me es forzoso. + +—Un solo punto nos resta por aclarar, señora mía. + +—¿Cuál es, señor don Juan? + +—Cierto lance en el Campo Grande. + +—Vamos a él. Cuando os vi en Medina os cité para el primer paraje que +se me ocurrió entonces; pero por un efecto de la fatalidad que nos +persigue desde que nos conocimos, quiso la suerte que las cercanías +del Carmen fuesen precisamente el punto escogido por el dinamarqués +Abenamal para verse en la noche misma que nosotros escogimos con una +dama, o más bien mujer a quien galantea. Acompañado de don Francisco +fue a esperarla; y ya sabéis lo que pasó sobre dejar o no dejar +el campo libre unos a otros. Pero don Francisco, irritado por mi +indiferencia con él y celoso de vos, promovió la pendencia, y el +brutal dinamarqués, olvidándose de las reglas del honor, os atacó +también. ¿Soy culpable, Vargas? + +—No, mi bien; no, mi vida. Perdonadme, si merece perdón el que se +atreve a pensar mal de un ángel. + +—¡Siempre exagerado; siempre en los extremos! No, don Juan, yo no soy +ni liviana ni intrigante, pero tampoco un ángel; estoy muy lejos de tal +perfección. + +—Inés, ya os juro... + +—¿Que me amáis? Me complazco en creerlo. + +—Si así es, ¿por qué tardáis en ser mi esposa? + +—Después de lo que habéis oído, no se puede ocultar a vuestra +penetración que la hermana de Clara, la cuñada del rey don Sebastián, +la que, en fin, ha prometido solemnemente servir de madre a su hija, no +puede separar su suerte de la del infeliz monarca. No creáis, Vargas, +que la ambición me lisonjea con sus ilusiones; acaso soy yo la única +persona que en este negocio no se las hace. Conozco que Portugal, +unido todo, con su rey en el trono, y aun suponiéndolo en sus más +prósperos días, no basta a resistir uno solo al poder del orgulloso +potentado en cuyos dominios jamás se oculta la luz del sol. ¿Qué será, +pues, en las actuales circunstancias? Preveo una sangrienta catástrofe, +y miro la ruina de don Sebastián y los suyos como inevitables. Sin +embargo, estoy resuelta a perecer con él, pues que el destino lo quiere +así. Ved, pues, el tálamo que os ofrezco: mi mano no puede ser vuestra +sin que tiréis la espada en favor de don Sebastián. + +—Suyo soy entonces hasta la muerte. + +—¡Don Juan!... + +—No habléis más, señora. Su causa es justa; y aunque no lo fuera, +conozco que haría lo mismo. Sin vos, ni la vida ni la honra estimo en +nada. + +—El rey sabrá hoy vuestra resolución; volved mañana. + +—Esposa mía, adiós. + +—Él os guarde, mi señor. + + +FIN DEL TOMO TERCERO + + + + +Ni Rey ni Roque + + + + + NI REY NI ROQUE + + EPISODIO HISTÓRICO + DEL REINADO DE FELIPE II, + AÑO DE 1595 + + NOVELA ORIGINAL + + ESCRITA + POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA, + AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA + + TOMO IV + + Madrid + Imprenta de Repullés + — + AÑO DE 1835 + + + + +NI REY NI ROQUE + +CAPÍTULO PRIMERO + + Sí, yo te seguiré. Deja, Pelayo, + Que a tu diestra valiente una mi diestra; + Que me alboroce viéndote, y contigo + Al moro jure interminable guerra. + + (Quintana: _Pelayo_). + + +Grande era el contento que Vargas sentía en haber salido del estado de +ansiedad en que había vivido durante los últimos meses, pareciéndole +mejor correr los evidentes riesgos que su nueva posición ofrecía, que +estar como antes continuamente en contradicción consigo mismo. + +Reflexionando, sin embargo, en el modo con que se hallaba tan +inesperadamente comprometido en la más aventurada de las conjuraciones, +en cuyo éxito favorable o adverso realmente ningún interés personal +tenía, admiraba con razón los caprichos de la fortuna. Dotado, como +lo estaba, de un entendimiento claro, y no siendo por naturaleza +ambicioso, no podía menos de conocer que era lo más descabellado que +podía imaginarse exponer la vida, la fortuna y la honra: ¿y para qué?; +para sustraer a la dominación española el reino de Portugal, que +siempre debería haber formado parte de nuestra nación, la cual tal vez +necesita que toda la península forme un solo cuerpo para ocupar entre +las demás potencias el lugar que le corresponde. Pero a esta reflexión, +y otras de no menos peso, se oponía el amor de Vargas, amor que le +dominaba completamente, y al cual estaba resuelto a sacrificarlo todo +sin excepción. + +Con tales disposiciones se presentó de nuevo en el convento de Inés, y +después de una larga conversación con ella, en la cual, al cabo de dos +horas, vinieron a decirse, en resumen, que se querían entonces y se +querrían siempre, salió de allí quejándose de no haber tenido tiempo +para hablar de su amor. + +Parecíale tal vez robado el tiempo que Inés tardó en indicarle el +paraje y hora en que podría verse con el que continuaremos llamando +indistintamente Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, pues de ambos +nombres usaba, según las circunstancias. + +Ya tarde en la noche del día en que nos hallamos, salió Vargas de su +casa con magnífico vestido, una excelente espada, envuelto en una +capa de camino que le cubría enteramente, y para mejor disfrazarse, +con un sombrero de ala ancha. En este equipaje se encaminó por calles +excusadas a cierto callejón del barrio de la Mantería, situado en uno +de los extremos de la ciudad; al ir a entrar en él, un hombre que +apoyado con negligencia a la esquina parecía estar medio borracho, le +dijo tartamudeando: + +—Buenas noches, amigo. ¿Se va de ronda? + +—Esta noche no rondan más que las brujas —respondió Vargas, quitándose +al mismo tiempo el sombrero, y cubriéndose el rostro con él. + +—Adelante —respondió el otro, ya en voz clara y con firmeza—, la +tercera puerta a la derecha. + +—No, sino la cuarta —dijo Vargas, y continuó su camino. + +Contando entonces cuatro puertas en la acera izquierda, tomó el aldabón +de la que completaba este número, y dio con él dos golpes con tanto +tiento que a pesar de lo corto de la distancia no los oiría sin duda el +de la esquina. + +Una voz que parecía de mujer vieja preguntó desde adentro: + +—¿Quién anda ahí? + +—Amigo —fue la respuesta de don Juan, dando una palmada. + +—Yo no tengo amigos —replicó la vieja—; váyase noramala. + +—Me iré —replicó don Juan—, pero no sin decirle que la luna no ha +salido aún —y volvió a dar otra palmada. + +Entonces se abrió la puerta, y se halló nuestro caballero en un zaguán +mezquino y sucio, en el que una mujer vieja y andrajosa tenía un lecho +de malísima paja. Ya dentro, arrolló Vargas su capa y sombrero, y +poniéndose su capacete, correspondiente al resto de su vestido, pasó +por una puerta que le indicó la vieja a un vestíbulo, en el que halló +dos hombres armados con arcabuces, espadas y dagas. + +—¿Qué os trae a este lugar? —dijo uno de los armados. + +—El amor de la verdad y el deseo de la honra —le contestó el caballero. + +Y hallando el paso franco, después de atravesar aún otra antesala, si +se le quiere dar este nombre, se metió en un granero de no pequeñas +dimensiones, que bien limpio, medianamente adornado, y perfectamente +iluminado por un crecido número de bujías, ofrecía un aspecto mixto +entre salón y desván. + +Unos bancos de pino, cubiertos con unas cortinas de damasco anaranjado, +o que tal había sido, corrían alrededor de aquella sala, y en la +cabecera de ella se veía un gran sillón de los que los frailes usan en +sus celdas, también cubierto del mismo modo. + +A los pies de la sala, y alrededor de una mesa correspondiente al +resto de los muebles, estaban sentados escribiendo tres o cuatro +personas. + +Las que había en el salón cuando entró don Juan serían hasta veinte, +entre ellas tres o cuatro eclesiásticos con manteos: los demás iban +cuál más, cuál menos ricamente vestidos. Algunos llevaban al pecho +diferentes cruces, y uno de los que estaban escribiendo llevaba una +banda roja. + +Los demás se paseaban por la sala en grupos de dos a tres personas +hablando entre sí en voz baja. + +Al entrar Vargas todos se volvieron hacia él, y contestaron a su saludo +con cortesía; en seguida continuaron sus paseos en todo lo largo del +salón. + +El anciano de la banda roja no había reparado en su entrada; pero +habiendo alzado la cabeza y fijado la vista en él, se levantó +inmediatamente de su asiento, y acercándosele con aire cordial, le dijo: + +—¿Es el señor don Juan de Vargas a quien tengo la honra de hablar? + +—Un criado vuestro —contestó este, satisfecho de que hubiera entre +tantos uno que le hablase. + +—Mi nombre —continuó el de la banda— no os será tal vez desconocido, +aunque sí mi persona, por no haber tenido hasta ahora ocasión de +hablaros; yo soy el marqués Domiño. + +Reconociendo entonces Vargas que hablaba con el fiel servidor de don +Sebastián, de quien tanta mención se hacía en las memorias de Inés, le +colmó de atenciones, y el marqués por su parte no andaba menos comedido. + +—Su Majestad —dijo— no tardará en honrarnos con su presencia; ahora +permitidme que concluya el arreglo de algunos papeles interesantes, +de que me es forzoso darle cuenta esta misma noche, y contad con que +tenéis en mí un verdadero amigo y admirador. + +Volviose, acabando de hablar, a la mesa, y dejó a Vargas solo de nuevo, +teniendo por recurso que dedicarse a observar cuanto pasaba en torno de +él. + +Desde su llegada no habían cesado de irse presentando nuevos +personajes de todas especies, y en uno de ellos reconoció don Juan a su +rival don Francisco. Debió este conocerle también, pues mudó de color +al verle; pero no dio de ello otra señal, y saludándole pasó a unirse a +otras personas de las que allí estaban. + +Así se pasó como una hora, y al cabo de ella, oyéndose en el cuarto +antes del salón dos recias palmadas, el marqués Domiño se levantó de +su asiento, y después de haber dicho en alta voz «el rey, señores», se +encaminó a la puerta de entrada, que abrió de par en par. + +Todos los circunstantes, descubiertos, se colocaron entonces alrededor +del salón, observando el más profundo silencio. + +Los dos centinelas de la segunda antesala guardaban la entrada con sus +arcabuces, agarrados con la mano derecha por la garganta de la culata, +y dejando descansar la caja sobre el hombro del mismo lado. + +Pocos minutos después se deja ver don Sebastián con un vestido negro +completo, y sin más adorno que el de una cadena de oro, de la cual +pendía una medalla, y en ella esculpida la efigie de la Virgen nuestra +Señora. + +El puño de la espada era de acero primorosamente labrado, y el del +bastón, de oro, con algunos brillantes. + +Cuando entró en el salón, los presentes se inclinaron respetuosamente, +y él, quitándose el bonete, saludó con gracia y desembarazo. + +Sentado ya en el sillón que le estaba destinado, mandó que los +circunstantes se sentasen, y dijo: + +—Años ha, señores, que la fortuna no me ha concedido un momento tan +grato como el presente, en que me veo rodeado de tantos y tan buenos +servidores. Con su auxilio y el favor de Dios, espero que en breve +lucirá para Portugal el día de la libertad. Vea yo la bandera lusitana +ondear un día en el campo de batalla; séame dado pelear aún al frente +de mis valientes soldados, y muera yo después; habré llenado el más +violento, el más justo de mis votos. + +»Os he reunido, señores, para que ilustrado con vuestros consejos pueda +yo decidir lo más conveniente. El momento de obrar es ya llegado. Harto +tiempo hemos gemido en la esclavitud y en la miseria. La historia no +ofrece acaso ejemplo de monarca tanto y tan largamente sujeto al rigor +del destino; permanecer así más tiempo sería cobardía. Morir o vencer +será desde hoy mi divisa. + +—Y la nuestra, morir o vencer con nuestro rey —exclamaron entusiasmados +la mayor parte de los conjurados. + +—Ese entusiasmo —continuó don Sebastián—, que llena de alegría, es un +feliz presagio de la victoria. Marqués Domiño, podéis hablar. + +—Vuestra Majestad —dijo Domiño— me ha mandado poner a la vista de +los ilustres personajes aquí reunidos un cuadro exacto de nuestra +situación, recursos y esperanzas, sin omitir los obstáculos que +se oponen a nuestra justa empresa. Procuraré hacerlo con toda la +concisión, exactitud y claridad que alcance. + +»No me cansaré en demostrar la justicia de la causa de Vuestra +Majestad; esta es tan evidente, que no necesita razones en su apoyo. +Por otra parte, los que me escuchan dan en hallarse en este paraje una +prueba incontestable de su fidelidad y decisión por su legítimo rey. + +»Nuestro objeto no es otro que el de arrancar de mano del usurpador +Felipe el reino de Portugal. Para conseguirlo contamos con nuestros +amigos, y con los muchos enemigos que dentro y fuera de sus estados +tiene, gracias a su detestable política. + +»Vuestra Majestad ha oído ya diferentes veces a los enviados de +Portugal que están presentes, y prontos a confirmar cuanto diré. +Según ellos aseguran, y yo mismo he tenido ocasión de observar, los +portugueses están ya impacientes por romper el yugo de hierro que +los oprime. Apenas hay uno de todos ellos que no haya sufrido alguna +vejación del monarca español. La masa no puede estar mejor dispuesta; +trátase solo de inflamarla, de dar a la indignación pública el +conveniente impulso, y esto lo ha de hacer la presencia de Vuestra +Majestad. + +»En vano Felipe se ha esforzado en convencer con el tormento, el fuego +y la cuerda a los portugueses de que su rey ha dejado de existir; +la mayor parte de ellos creen lo contrario, y para convencer a los +restantes la evidencia bastará. + +»Hay, sin embargo, hombres en Portugal, y algunos de ilustre +nacimiento, que unidos a la usurpación con los lazos del interés, y +ejerciendo a su sombra una autoridad sin límites, harán los últimos +esfuerzos contra nuestros designios. Estos, los españoles que allí +mandan y los tercios que guarnecen nuestras fortalezas serán los +enemigos que tengamos que combatir, y para hacerles frente es preciso +contar con algunos soldados, desde luego. + +»Para este objeto se ofrecen trescientos hidalgos portugueses, en cuyo +nombre han venido los señores Sousa, Coello, Ebora y Renteiro. La +universidad de Coimbra ofrece también a Vuestra Majestad cincuenta +lanzas por medio del doctor Saldaña, respetable eclesiástico, que está +en camino para esta ciudad. + +»En una palabra, cualquiera que sea el punto de la frontera que Vuestra +Majestad designe para el alzamiento, puede contar en él con más de cien +caballeros y unos quinientos peones. Esta fuerza es bastante y sobrada +para oponerse a las primeras tentativas de los tercios españoles, y +dar lugar a que se unan a Vuestra Majestad mayor número de sus fieles +servidores, con cuyo auxilio podrá apoderarse de una de las ciudades +principales. + +»Conseguido esto, la voluntad de los portugueses se manifestará sin +rebozo; los españoles serán apenas dueños del terreno que pisen, y este +no será mucho, atendido su reducido número en el reino. + +»No es tampoco de temer en lo sucesivo el poder de Felipe, por más +colosal que parezca. Flandes absorbe hoy su atención entera; allá van a +consumirse los tesoros de las Indias; allí sus mejores soldados; allí, +en fin, está el principal apoyo de Vuestra Majestad. + +»Isabel de Inglaterra verá con gusto desmembrarse el reino de Portugal +de la corona española, y si no me atrevo a asegurar que nos auxilie +abiertamente con sus armas, es, por lo menos, cierto que podemos +contar con grandes socorros de su parte. Los insurreccionados de +Flandes no podrán menos tampoco de prestar la mano a la obra de nuestra +regeneración. Y el rey de Francia y el emperador de Alemania mismo no +dejarán, en cuanto puedan, de contribuir a la minoración del poder del +rey de España, cuyos vastos dominios le hacen el perpetuo objeto de sus +celos. + +»He demostrado, a mi entender, que Vuestra Majestad no tiene que temer +por parte de las otras testas coronadas oposición alguna a la justa +recuperación de su trono; que las que no se interesen por Vuestra +Majestad directamente, permanecerán neutrales; y que el rey Felipe, +empeñado en una guerra destructora, y que, por la manera con que se +conduce, se ha hecho interminable, pocos o ningunos esfuerzos podrá +hacer para conservar la corona que usurpa. + +»Pero aún hay más. Dentro de España, a la vista misma del tirano, +hay muchos hombres valerosos, de ánimo independiente y heroicos +pensamientos, que pueden apenas soportar los hierros que los agobian. + +»Aún humean en Aragón las cenizas de la pasada revolución. La sangre +de Lanuza, que corrió traidoramente derramada en un cadalso, fermenta +sordamente. + +»Felipe camina sobre un volcán que una sola chispa basta a incendiar. +Vuestra Majestad tiene en su mano provocar la explosión, y espero +perdonará mi osadía si me atrevo a decirle que debe hacerlo. + +»Aragoneses y castellanos están mal contentos con el establecimiento de +la Inquisición. Y Vuestra Majestad se ha dignado prometer protección a +todos los perseguidos por ella, sin más condición que la de tomar parte +en la gloria de restituir a Portugal su independencia. + +»En mi mano tengo una humilde súplica que algunos reverendos +eclesiásticos presentan a Vuestra Majestad en nombre de varios otros, +en la cual ofrecen a Vuestra Majestad el auxilio que sus brazos, +personas y haciendas puedan prestar para su empresa, y las condiciones +que por ello reclaman son tan moderadas, tan justas, que Vuestra +Majestad no dejará de concederlas. + +»Al frente del cuerpo auxiliar español se pondrá un noble castellano, +de ilustre linaje, valor conocido y notoria pericia en el arte de la +guerra, a quien Vuestra Majestad, convencido de su fidelidad, se ha +servido honrar con este encargo, esperando que sus compatriotas, a sus +órdenes, darán pruebas de su acostumbrada bizarría. + +»Tal es, señores, el estado de los negocios de Vuestra Majestad; pero +por más lisonjero que parezca, por más que el triunfo se nos figure +indudable, ahora más que nunca debemos obrar con prudencia y cautela. + +»No por anticipar un día al proyecto malogremos para siempre el trabajo +de muchos años. Antes de mucho, solo habremos menester el valor en el +campo de batalla; hoy, la sagacidad y el disimulo para sustraernos a +las continuas pesquisas del enemigo. — _Dixi_. + +Este largo discurso, que sin duda estaba no solo preparado, sino +estudiado de antemano, fue oído por toda aquella asamblea con grande +atención e interés. Vargas en particular, que por primera vez pensaba +entonces seriamente en la empresa en que había tomado parte, recogió +hasta la última sílaba; y si bien admiraba la capacidad con que el +marqués Domiño había reunido todas las circunstancias que militaban +a su favor, dándoles el conveniente colorido, disminuyendo al mismo +tiempo el poder de su enemigo, no pudo menos de conocer que, por más +que se dijese, el proyecto ofrecía inmensos peligros. + +Sin embargo, don Juan ni quería ni podía ya volver el pie atrás, y +prestándose a lo que en su posición era indispensable, tanto trabajó +en convencerse a sí propio de que don Sebastián podría triunfar, que +casi llegó a creerlo. + +Dejó don Sebastián pasar algún tiempo después de haber Domiño cesado de +hablar, y cuando ya creyó que el auditorio estaba preparado a oírle, +dijo: + +—Acabáis de oír la fiel pintura de nuestra situación: si alguno de +vosotros tiene algunas observaciones que hacernos, yo le permito y le +mando que hable. + +Entonces los circunstantes se miraron todos unos a otros como para +examinar qué efecto habían producido las palabras del rey pastelero, y +al cabo de algunos instantes tomó la palabra uno, en cuya voz reconoció +Vargas la de la persona que le había tomado el juramento en la ermita +de Madrigal, y lo era en efecto. + +—Rey y señor mío —dijo—: los fieles vasallos de Vuestra Majestad, en +cuyo nombre tenemos la honra de hallarnos hoy en vuestra real presencia +algunos caballeros portugueses, están prontos a confirmar con las +obras las ofertas tantas veces repetidas de sacrificar sus vidas y +haciendas en defensa de Vuestra Majestad. + +»Una súplica es la que se atreven a hacer, humildemente puestos a los +pies del rey y señor natural, que es la de rogarle que apresure el +ansiado momento de tomar las armas. La dilación entibia los ánimos de +unos, expone a los otros a crueles persecuciones, y fortifica a los +enemigos de la justa causa. + +»Dígnese, pues, Vuestra Majestad tomar en consideración esta súplica +reverente, y hacer en ello lo que fuere de su real agrado. + +—Señor Sousa, ese impaciente ardor de mis leales vasallos —contestó +don Sebastián— es sumamente grato para mí. Yo procuraré no retardarles +mucho la ocasión de darme pruebas de su fidelidad y valor. + +Uno de los eclesiásticos, levantándose entonces de su asiento y +haciendo una profunda reverencia, a la que el rey contestó con una leve +inclinación de cabeza y una seña para que hablase, lo hizo de esta +manera: + +—Señor: el marqués Domiño ha ofrecido a Vuestra Majestad la asistencia +y auxilio de algunos españoles a quienes la tiranía de su rey obliga a +sustraerse de su dominio. Yo, en nombre de los descontentos, confirmo +esta oferta. En esta misma ciudad existen muchos de ellos, y en +las demás del reino se encuentran a millares. El caballero a quien +Vuestra Majestad se ha dignado confiar el cargo de su caudillo, podrá +cerciorarse por sus propios ojos de la verdad de mis palabras. + +»Los que están prontos a tomar las armas dejan a la real munificencia +de Vuestra Majestad el cuidado de señalar recompensas a sus servicios. +Nada estipulan ni quieren estipular en este punto. + +»La única condición que ponen, la cláusula _sine qua non_ del tratado +que tienen la honra de hacer con Vuestra Majestad, es que, concluida +la guerra, les será permitido vivir en el reino de Portugal según sus +conciencias, sin que ni el tribunal de la Inquisición ni otro alguno +pueda inquietarles en materias de fe. + +»Vuestra Majestad, que en sus diferentes viajes ha recorrido la Europa +entera, y a cuya real penetración no se habrá ocultado ninguna de las +causas de su engrandecimiento o desmejora, habrá sin duda observado que +los cristianos reformados, tan sin piedad perseguidos en España, tienen +acogida en los más florecientes de ellos. + +»En apoyo de esta aserción, la Inglaterra, la Escocia, y gran parte de +Alemania, se hallan en este caso. + +»Ni este es lugar a propósito, ni da de sí el tiempo lo necesario +para extenderme en largas disertaciones sobre la conveniencia de la +tolerancia religiosa. + +»A Vuestra Majestad toca decidir si le conviene o no aceptar en este +caso la alianza de los españoles, cuyo nuncio soy, con la expresada +condición. + +Una reverencia todavía más humilde que la primera terminó este +discurso, que don Sebastián y Domiño oyeron impasibles sin dar señales +de aprobación ni descontento, y la asamblea se mostró dividida en +distintos pareceres. + +Don Francisco, don Carlos, Abenamal, y algunos otros, pensaban que el +auxilio de los españoles era de la mayor importancia; y que limitándose +los reformados, como se limitaban, a pedir una simple tolerancia en +materias de fe, sin exigir protección ni paridad con el culto católico, +sería desatinado negarse a su propuesta. Pero los portugueses Sousa +y Coello no podían avenirse con la idea de asociarse con herejes +luteranos y calvinistas; y de esta misma opinión no faltaban personas +entre los circunstantes. + +Cuando el eclesiástico español cesó de hablar, un rumor sordo se dejó +oír por todo el salón: los que opinaban en su favor se miraban, dando +visibles muestras de aprobación; y los contrarios, hablando entre sí en +voz baja, se preparaban a oponerse sin rebozo a su propuesta. + +Coello, poniéndose en pie y saludando al rey, exclamó: + +—Los portugueses, señor, se han gloriado siempre de vivir en el gremio +de la santa Iglesia católica, apostólica, romana, única verdadera, +fuera de la cual no hay salvación. Y la condición que los españoles +ponen para tomar las armas en defensa de Vuestra Majestad, si se +acepta, destruirá para siempre nuestra opinión religiosa, manchando el +suelo de los dominios de Vuestra Majestad con el baldón de la herejía. + +»¿Por ventura no serán bastantes los vasallos naturales de Vuestra +Majestad a ponerlo en su trono, sin mendigar el apoyo de los españoles +descontentos? Señor: Vuestra Majestad es dueño absoluto de nuestras +vidas y haciendas; pero en la honra y en la religión no puede... + +—Sobrado tiempo os he escuchado, Coello: yo resolveré este asunto como +sea de mi real agrado, y os dejo salvo el derecho de hacer de vuestra +persona lo que os parezca conveniente —le interrumpió don Sebastián, +justamente indignado, de que en tan críticos momentos se quisiera +sembrar la división en su partido. + +Coello, aterrado, murmuró algunas frases de obediencia, fidelidad, +celo y religión, ocupando confuso su asiento. + +Don Sebastián, sin atenderle, se dirigió al eclesiástico, y con notable +afabilidad le dijo: + +—Doctor Serrano, don Juan de Vargas os anunciará mañana mi resolución. +Entre tanto podéis dar mis reales gracias a vuestros amigos, +asegurándoles que jamás olvidará don Sebastián el auxilio que en su +infortunio le prestan. Mañana también, señores, se os comunicarán a +todos mis órdenes, y antes de mucho nos habrá visto el mundo triunfar +de nuestros enemigos, o perecer gloriosamente en la demanda. + +Concluyendo de hablar hizo seña de haberse terminado la asamblea; y los +que la componían empezaron a retirarse de dos en dos, o de tres en tres +lo más, para no hacerse sospechosos en la calle. + +No lo hizo así Vargas, pues se le mandó permanecer en el salón hasta +quedarse solo con el rey y el marqués Domiño. + +Entonces, el primero de estos personajes, llamándole, le habló en +estos términos: + +—Don Juan, la mano del destino, por caminos bien inesperados, os ha +reunido a mí. Sé que habéis resuelto seguir mi suerte; y sé también que +los hombres como vos no varían nunca su resolución: cuento, pues, con +vos como conmigo mismo. + +—Vuestra Majestad —dijo Vargas— me hace justicia: mi espada y mi +persona están ya a su real servicio mientras me dure la vida. + +—Lo creo; y os doy una prueba de ello en poneros al frente de mis +auxiliares. No necesito deciros que estos son los españoles que, +habiendo abrazado las herejías de Lutero y Calvino, no hallan en su +patria un palmo de terreno que los sustente con seguridad, un solo +instante, de que las hogueras de la Inquisición no se enciendan +para ellos. Aunque católico, como yo lo soy, por la piedad de +Dios, no podréis menos de conocer que en mi actual posición me es +forzoso prescindir de escrúpulos que acaso me arredraran en otras +circunstancias. Hoy lo que necesito son brazos, y a todo precio debo +comprarlos mientras el honor no padezca. + +—Vuestra Majestad, a mi entender, obra en eso con cordura. + +—Tal es mi opinión; y yo sabré imponer silencio, eterno si es preciso, +a los que como Coello quieran contrariarla. Desde que la fortuna me +ha condenado a vivir en la última clase del pueblo, he tenido ocasión +de abrir los ojos sobre más de un error, y me he convencido de que el +hierro y el fuego hacen hipócritas, pero no religiosos. Además, don +Juan, el pontífice, a quien en Roma me presenté a pedir dispensa del +voto temerario que en un momento de despecho hice en África de vivir +siempre encubierto, no solo se negó a ello, sino que me despidió con +dureza. Gregorio, esclavo humilde del rey de España, temblaba de tener +un solo día en sus estados al infeliz don Sebastián, y esta ofensa está +para siempre grabada en mi corazón. + +»Bastante os he dicho para que comprendáis claramente mi voluntad y sus +fundamentos. El doctor Serrano os presentará mañana a los que habéis de +conducir a la gloria: descanso en vuestra fidelidad y buen talento, y +no volveré a ocuparme en el asunto hasta que os comunique mis órdenes +para marchar. + +»La mano de doña Inés es vuestra ya. La categoría a que estará +destinado el esposo de la cuñada del rey no se os ocultará; y para que +desde luego empecéis a recibir pruebas de mi real benevolencia, os +autorizo a usar desde hoy el título de duque de Madrigal. + +—Las bondades de Vuestra Majestad y la merced con que me honra estarán +eternamente impresas en mi memoria, y espero dar pruebas de mi +agradecimiento en el campo de batalla. + +—Ese es el lenguaje de un noble soldado. Podéis retiraros. + +Dobló don Juan la rodilla, besó la misma mano a que había visto hacer +pasteles, y salió del regio desván como el hombre que acaba de tener +un sueño maravilloso, de aquellos que hacen dudar de si se duerme o se +está despierto. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO II + + Ciego el califa en su sangriento celo, + Despuebla el mundo por vengar al cielo. + + (Meléndez: _Oda a la tolerancia_). + + +A principios del siglo XVI fueron tantos y tales los abusos de las +facultades espirituales que en materia de bulas e indulgencias hizo +la corte de Roma, que en Alemania, país eminentemente pensador, +dos frailes, Lutero y Calvino, se alzaron contra ella: practicaron +la reforma de la religión cristiana, conocida con el nombre de +protestantismo; y a pesar del emperador, del papa y del concilio, +luchando contra las armas del uno, las excomuniones y los legados del +otro, y contra los cánones y censuras del último, hicieron considerable +número de prosélitos, atrayendo a su creencia príncipes ilustres y +naciones enteras. + +Lutero y Calvino dieron al poder de los papas un golpe funesto, que los +progresos de la civilización social prepararon hasta entonces, y en lo +sucesivo hicieron verdaderamente mortal. Desde entonces los sucesores +de San Pedro perdieron aquel poder en virtud del cual daban y quitaban +las coronas. Inglaterra, Suecia, Flandes, gran parte de la Alemania, se +separaron del regazo de la Iglesia católica; la Francia misma rehusó +admitir el concilio tridentino, y la Europa entera empezó a creerse con +derecho a pensar en materias de religión, cosa hasta entonces mirada +como una blasfemia. + +Las consecuencias que aquellos sucesos tuvieron en el orden político +son harto conocidas; y aunque esta novela no se ha escrito a propósito +para hablar de ellas, se nos permitirá que observemos que Inglaterra +fue el primer país enteramente protestante, y que en él es en donde la +libertad civil es también más antigua. + +Carlos I se declaró protector del concilio de Trento, y persiguió +constantemente a los reformados. Pero en Alemania no pudo extinguirlos: +en España fue donde, auxiliado por la Inquisición, de abominable +memoria, logró que jamás los hubiese a cara descubierta. + +Las crueldades del tribunal de la fe no fueron sin embargo durante su +reinado comparables a las que se ejercieron bajo el cetro de hierro de +su hijo Felipe II, cuyo nombre execrado ha llegado a nuestros días, y +pasará a la más remota posteridad, como el baldón de su siglo y de la +patria que le dio el ser. + +Todas o la mayor parte de las religiones han debido acaso a la +persecución su mayor incremento; y, a excepción del mahometismo, +ninguna se ha extendido con la rapidez que la protestante. En vano se +le opusieron cuantos diques alcanzaron el poder y la Iglesia dominante; +salvolos todos y, embravecida como un torrente por la resistencia, +llegó a hacerse temible para sus perseguidores. + +No eran entonces los españoles un pueblo insignificante, como después +lo fueron gracias a tres siglos de cadenas; ricos, poderosos y +conquistadores, en todo el orbe se veía a los invencibles tercios +castellanos cubriéndose de gloria; sus mercaderes tenían relaciones +comerciales con todas las naciones; y el oro mejicano hacía de nosotros +los banqueros del mundo. Entonces se viajaba; en aquellos viajes había +comunicación con los extranjeros, y de este modo la reforma religiosa +llegó a hacerse partidarios, y no en pequeño número, en el corazón +mismo de Castilla. + +Naturalmente, los primeros protestantes fueron eclesiásticos: para +nadie podía tener más interés la cuestión que para ellos; y unos la +examinaban por curiosidad, otros para instruirse. Algunos creyeron +las nuevas doctrinas más conformes al espíritu del Evangelio que las +antiguas; otros, lo contrario; y estos en España fueron en mayor +número. Apoyados los últimos en la ley, y disponiendo de la fuerza, +persiguieron encarnizadamente a los primeros, quienes se refugiaron, +como todo proscrito, en la oscuridad. + +No había acaso ciudad en España en que los protestantes, los judíos, +y hasta los mahometanos no tuviesen conventículos secretos que la +Inquisición fue descubriendo sucesivamente. Para llevar legalmente a +la hoguera a los desventurados que los formaban no se necesitaba más +que probarles su diferencia de religión; pero el espíritu de partido, +no contento con aplicarles al tormento y quemarlos después, quiso que +bajasen al sepulcro manchada su memoria con la imputación de crímenes +cuya atrocidad misma los hace absurdos e increíbles. + +Los niños degollados bárbaramente, las imágenes del Redentor injuriadas +de una manera abominable eran las más pequeñas de las infamias de que +los inquisidores acusaban a sus víctimas. La pluma se niega a entrar en +pormenores sobre esta materia, y el entendimiento concibe apenas que se +hayan conducido al suplicio millares de infelices pretendiendo haberles +probado que _volaban_ o que tenían en sus casas _a pupilo_ algunos +diablos en figura de sapos, con obligación de vestirlos de terciopelo +y darles a comer huesos de difuntos. + +En tal estado se hallaba España bajo la dominación del fanático Felipe, +cuando Gabriel de Espinosa puso a cargo de Vargas el mando de sus +auxiliares españoles. + +No se crea, por lo que de las luces naturales de don Juan hemos dicho, +que fuese un hombre de los que hoy llamamos despreocupados. Eran +muy pocos los castellanos que en aquel siglo podían pretender esta +denominación; y seguramente en donde menor número de ellos se hallaba +era en la nobleza, que recibiendo una educación puramente militar, +conservaba la creencia de sus padres, sin imaginar siquiera que en +tal materia era admisible la discusión. Sin embargo, el hermano del +marqués había tenido ocasión de observar en Flandes que los herejes +eran hombres como los demás; que cualquiera que fuesen sus errores en +el dogma, la moral de su religión era exactamente la del Evangelio, +y que en los combates se portaban como el mejor católico, peleando +con valor, y tratando después con humanidad a sus enemigos. Redújose, +pues, a desempeñar la comisión que se había puesto a su cargo, aunque +no sin repugnancia y tal cual escrúpulo de conciencia. Dígase también, +en honor de la verdad, que Inés, a quien vio aquel día en el locutorio, +le pareció tan hermosa, estuvo con él tan fina y le dio tan próximas +esperanzas de su matrimonio que, al separarse de ella, hubiera hecho +alianza no ya con los protestantes, sino con todos los herejes y +cismáticos habidos y por haber, y con el mismo Satanás, por más feo, +cornudo y azufroso que se le presentase. + +Tales han sido siempre los hombres vehementes: preocupaciones, +intereses, conveniencias sociales, la honra misma, todo lo han +sacrificado a las miradas de una mujer en los primeros años de la vida; +y en la edad adulta, el ídolo de su juventud, olvidado, menospreciado +tal vez, ha tenido que ceder su lugar a los sueños de la ambición. + +Vargas entonces no creía que hubiera nada en el mundo superior a +Inés, ni que el que una vez la había visto pudiera nunca dejar de +amarla; menos aún, ser feliz sin ella. ¿Qué mucho, pues, que todo lo +sacrificase para poseerla? + +Ya resuelto a entregarse sin reserva en manos del destino, se preparó a +desempeñar su papel de jefe de segundo orden en aquella conjuración; y +revestido de la gravedad conveniente, se presentó con el doctor Serrano +en el conventículo de los protestantes. + +Celebraban estos sus reuniones con todo el misterio y cautela que +su posición exigía, y Vargas halló en juntas a los que formaban el +consistorio directivo en una oculta bodega situada en un extremo de +la ciudad. Algunos letrados, no menos eclesiásticos, tres o cuatro +mercaderes y algún profesor de ciencias exactas fueron las personas +que allí se ofrecieron a su vista: la única de capa y espada, como +entonces se decía, era el mismo Vargas. + +Antes de su llegada ya habían los protestantes acordado que no +prestarían a don Sebastián el prometido auxilio sin recibir antes por +escrito su real palabra de que se les tolerase en Portugal el libre +ejercicio de su culto; y el doctor Serrano hizo entender sin rebozo +a don Juan que toda negociación era excusada sin que precediese la +entrega de la garantía pedida. + +En el caso de que el destronado rey accediese a lo que se deseaba, +empezarían los protestantes poniendo a su disposición una suma +considerable para empezar la campaña; formarían a su costa, y +auxiliados por sus hermanos de Inglaterra, Francia y Alemania, +un cuerpo franco; y, desde luego, presentarían en breve plazo de +trescientos a quinientos hombres para contribuir al alzamiento. + +No dejaron tampoco de presentarse varias dificultades al consistorio +sobre poner los soldados protestantes a las órdenes de un noble +católico; pero todas ellas se desvanecieron con la imposibilidad de +hallar en España hombre de la comunión reformada que lo reemplazase. +Fue, pues, nuestro don Juan, bajo el título de duque de Madrigal, +reconocido por jefe del futuro cuerpo auxiliar, y la reunión se +disolvió después de haber rezado a coro un salmo de David. + +Debía don Juan comunicar a Gabriel de Espinosa lo resuelto por el +consistorio, y para ello se le había mandado hallarse aquella noche +a las ocho de ella en el Campo Grande; cita a la que, como se deja +conocer, asistiría con alguna anticipación para no hacerse esperar; +pero fue tanta su puntualidad, que daban las siete cuando entró en el +Campo Grande, que, por ser la noche de las frescas de otoño, estaba +desierto. No le pesó de esta circunstancia, pues en situación semejante +a la suya lo que más se apetece en general es la soledad. Amante y +conjurador a un tiempo, sus pensamientos le sobraban a Vargas para +entretenerse. + +La revolución que se preparaba, su éxito y consecuencias eran asuntos +de no pequeña importancia; pero Inés la tenía mayor para él. Dejando +vagar la imaginación a su placer, se veía ya dueño de su amada: +representábasele verla en sus brazos al rayar la aurora, y uno y otro +día, y siempre, en fin, vivir a su lado; pero el colmo de la dicha +para Vargas era tener un hijo de Inés, que su fantasía hizo bello como +Apolo, valiente como Hércules, discreto como Cicerón, y célebre como +Alejandro. + +Cuando el hombre cree ser feliz, lo es, ha dicho no sé quién, y con +sobrada razón. Nunca la realidad iguala a los goces que el hombre +dotado de una ardiente fantasía tiene, cuando sus sueños, ya despierto, +ya dormido, le halagan. Y es porque, en la realidad, aun las rosas +tienen espinas; no así en el mundo ideal: lo malo y lo bueno, según +el vidrio que se deja ver en la linterna mágica, se presentan +aisladamente. Prescíndese de la debilidad humana, de la muerte; se +olvida que estamos condenados a padecer, y que cuanto más intenso +sea un dolor, tanto más pronto el órgano que lo sufre perderá la +facultad de sentirlo. Sucédenos, en fin, lo que al mecánico teórico: +calcula una máquina prescindiendo del rozamiento de los cuerpos y de +la elasticidad de las cuerdas, y obtiene en el papel un invento que ha +de inmortalizarle. El mal está en que al poner en práctica su máquina +tiene que emplear hierro, madera y cáñamo. + +Dando, pues, libre curso a sus imaginaciones, se paseaba Vargas delante +del convento de recoletos y no advirtió que un hombre le seguía, hasta +que este, tocándole en un hombro, le dijo: + +—Muy distraído vais, señor don Juan. + +Volviendo entonces la cabeza reconoció a Gabriel de Espinosa. + +Diole cuenta de lo ocurrido en el consistorio, y tuvieron sobre ello +una larga conversación, en la cual desplegó el pastelero grandes +conocimientos en política, y dio a Vargas detalladas instrucciones, +previendo las dificultades que podrían ocurrirle en su misión y +facilitando los medios de vencerlas; y por último, prometió la garantía +pedida por los protestantes. + +Antes de despedirse supo Vargas que los conjurados portugueses Domiño, +Abenamal, don Carlos y don Francisco, habían ya marchado a disponer +el alzamiento, que debía verificarse tan luego como don Sebastián se +presentase en su reino. + +El monarca destronado pensaba ir a Madrigal, salir de allí acompañado +de fray Miguel, don Juan y un corto número de los protestantes +españoles, y entrar con ellos en la Extremadura portuguesa para +descubrirse allí. + +Para poner en planta este proyecto solo aguardaba a recoger la suma +prometida por el consistorio, y a realizar algunos otros fondos +indispensables para poder sustentar a sus soldados un mes por lo menos +sin gravamen de los pueblos. + +Pero todas estás recaudaciones no pudieron verificarse tan pronto como +se deseaba. El misterio con que hubieron de hacerse, las diversas +personas a quien se tuvo que acudir y otros varios entorpecimientos +inevitables en tales negocios retardaron quince días o más el +suspirado momento de hallarse prontos los fondos. Don Juan no tuvo +la satisfacción de anunciárselo así a Gabriel de Espinosa hasta dos +semanas después de haber tenido con él la conferencia que acabamos de +referir. + +En este intermedio sus visitas al locutorio fueron diarias, y la +materia de sus conversaciones con Inés, sus amores y esperanzas. No +estaba la bella portuguesa menos enamorada que el joven castellano; +pero sus continuas desgracias y su condición naturalmente reflexiva no +la permitían entregarse, como Vargas lo hacía, a las más lisonjeras +ilusiones. Una serie no interrumpida de males había acostumbrado a +Inés a no esperar nada bueno; y más de una vez, en los momentos mismos +en que su amante mostraba mayor entusiasmo, más persuasión de ser su +esposo, la imagen del cadalso se presentaba a los ojos de la infeliz +hermana de Clara, y el rostro de Vargas, entonces animado por todo el +fuego del amor, a su parecer mostraba las señales de la muerte. Corrían +entonces por sus mejillas lágrimas amargas, y apenas bastaban el cariño +y la elocuencia de don Juan para calmar su dolor. + +La mañana siguiente a la noche en que el hermano del marqués anunció +al cuñado de su futura esposa que los protestantes tenían reunido su +dinero, fue a ver a Inés, y al participárselo le dijo: + +—Esta noche entregaré al consistorio la real garantía que Su Majestad +pondrá en mis manos, y me haré cargo del dinero, parte en oro, parte en +letras de cambio. El rey saldrá para Madrigal al amanecer de mañana, +y vos con él. Según sus órdenes, Inés, yo no debo hacerlo, con otros +veinte compañeros, hasta por la noche. Su Majestad se ha dignado +prometerme que fray Miguel nos unirá para siempre en la ermita que bien +conocéis. ¡Ah, Inés! Llegó por fin el suspirado momento de llamarme +esposo de la que adoro. O no me amáis, o vuestro placer debe ser igual +al mío. + +—De mi amor, Vargas, no podéis dudar, pues no sabré ocultarlo, aunque +tal vez debiera —contestó la dama—. Un fatal presentimiento me destroza +el corazón; conozco que no tengo para él determinado fundamento, y, sin +embargo, no puedo desecharlo. + +—Inés mía, confundís el temor natural en vuestro sexo al aproximarse el +momento de una arriesgada empresa, con un presentimiento que no puede +existir. + +—¡Mi don Juan! + +Pero no más de lo que va referido hablaron aquella vez los dos amantes, +pues Vargas, en tan críticos momentos, no podía disponer de un solo +instante. + +La despedida por su parte fue tierna; por la de Inés, melancólica en +extremo. Parecíale que aquella separación había de ser eterna, y sin +poderlo remediar inundó con sus lágrimas la mano de don Juan, después +de haberla estrechado tiernamente contra su corazón. + +—No sé —dijo por último—, no sé en qué consiste; pero jamás ha sido +tanto mi desaliento como ahora. La idea de ser causa, tal vez, de la +desgracia de un hombre a quien adoro, y que si no me hubiera conocido +fuera feliz sin duda, me atormenta, me destroza el corazón. + +Quitose en seguida una cadena hecha de su propio pelo, y poniéndosela +al cuello a su amante, continuó: + +—Tomad, don Juan, esa prenda, que para vos tendrá algún valor; y si +queréis tranquilizarme algún tanto, decidme que jamás me culparéis en +lo que os suceda. + +—¡Nunca, mi vida! + +—El destino os hizo conocerme, y el cielo me es testigo de lo que he +combatido por mi amor y el vuestro. + +—Y el cielo premiará también vuestra virtud. Señora mía, pasado mañana +seréis mi esposa. Enjugad el llanto, y adiós, que me es fuerza el +partir. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO III + + ¡Ah! Vanamente discurre mi deseo + Por tus sangrientos fastos y el contino + Revolver de los tiempos; vanamente + Busco honor y virtud: fue tu destino + Dar nacimiento, un día, + A un odioso tropel de hombres feroces, + Colosos para el mal. + + (Quintana: _Oda a Padilla_). + + +Don Rodrigo de Santillana, el marqués y su capellán, habían llegado con +toda felicidad a Madrid, y pasado de allí al Escorial, donde por el +momento se hallaba la corte. + +La obra de aquel monasterio, ya entonces muy próximo a su conclusión, +era el único objeto que distraía a Felipe de los negocios políticos y +de sus continuas devociones. + +Habíase lisonjeado el marqués de que su pretensión era fácil de +conseguir, y se engañó. Un monarca que, como el reinante entonces, +hacía profesión de los más austeros principios religiosos, un hombre +que jamás había amado ni podía amar, no era de esperar que tolerase y +protegiese los extravíos galantes en nadie, y menos en un título de +Castilla. Los ministros de Felipe tenían, o afectaban tener, la misma +manera de pensar que él, y así el pobre marqués vio malísimamente +recibidas sus primeras insinuaciones. + +Pero como si las ideas generales de la corte en la materia no bastaran +a contrariar sus planes, el comendador Hinojosa, presentándose dos días +después que él en el Escorial, acabó de derribar el sonado edificio del +engrandecimiento del hijo de Violante. + +Hinojosa, entrando sin ceremonia en la posada de su primo, y +declarándole sin rodeos que él y don Juan estaban perfectamente +enterados de lo ocurrido con respecto al niño don Pedro Alcántara, de +los proyectos que para su fortuna se formaban, y que ambos también +estaban resueltos a no tolerar tamaña afrenta para las familias de los +Vargas, confundió, aterró, aniquiló al marqués y al padre Teobaldo. + +No se atrevían ni el uno ni el otro a responder palabra, ni el +comendador les dio lugar a ello, pues concluida la arenga se retiró, +anunciando que iba en aquel mismo instante a verse con el secretario de +Su Majestad y a enterarle de todo el asunto, y que, si necesario fuese, +llegaría a los pies del rey mismo a pedir justicia. Hinojosa era hombre +sobradamente capaz de cumplir lo prometido; el marqués lo sabía, y el +capellán también. + +Más de un cuarto de hora se estuvieron mirando el uno al otro con +espantados ojos, sin saber qué hacer ni qué decir, hasta que por fin +el marqués creyó que a él le tocaba romper el silencio, y haciendo un +grande esfuerzo dijo: + +—¡Padre Teobaldo! + +—Señor marqués —contestó el capellán; y se terminó por entonces la +conversación. + +—¡Hem! —dijo de allí a un rato el capellán—. ¿Si habrá ido a ver al +rey? + +—¿Si habrá ido? ¿No le conocéis? Ahora mismo tal vez. + +—Entonces, _Domine miserere mei_, perdidos somos. + +—Padre Teobaldo, ¿y qué hacemos? + +—Señor marqués, yo en este asunto _lavabo manus meas_. + +—Buen consejo, por cierto. ¿Ahora me abandonáis?... ¿No podríamos acudir +a algunos amigos? + +—¡Amigos! _Donec eris felix..._ + +—Por la Virgen Santísima que dejemos ahora los latines. Si ese hombre +se presenta a Su Majestad y le cuenta el asunto a su modo, somos +perdidos. + +—_Nulla est redemptio_. En mala hora dejamos nuestros penates; en +triste día _nos patriæ fines; et dulcia relinquimus arva_. + +—Dios me perdone, pero capaz sois de hacer perder la paciencia a un +santo. Consejos son los que yo quiero, y no citas de Virgilio. + +—Ese pagano, señor marqués, contiene sin embargo apotegmas filosóficos, +morales, _naturaliter_ hablando, de gran peso y... + +—Norabuena, pero ahora no se trata de eso: en lo que hemos de pensar es +en el comendador. + +—_Infandum Regina jubes renovare dolorem_. + +—En resumen, ¿qué pensáis que debo hacer? + +—Es asunto este que exige madura deliberación, y consultar por lo menos +media docena de santos padres y otros tantos autores profanos. + +—Y mientras se consultan, revuelve mi primo la corte entera, me pinta +a los ojos de Su Majestad como un libertino escandaloso, a vos como +a un eclesiástico sin costumbres, cómplice en mis extravíos; dan con +nosotros en la Inquisición, y nos queman. + +—_Sancta Maria, ora pro nobis_. Huyamos, señor marqués, huyamos, _usque +ad finem_. + +—Eso ya es hablar en razón. ¿Conque opináis que huyamos? + +—Me parece lo más acertado. + +—Y a mí. + +—Está entonces aprobado _nemine discrepante_. + +Y sin aguardar a más, ni despedirse de alma viviente, tomaron el camino +para Madrid, donde solo pararon un día, saliendo al siguiente no para +Valladolid, sino para una hacienda del marqués, donde se creyeron más +seguros. + +No era sin embargo tan grande el peligro como se lo habían imaginado. +Verdad es que el comendador, conociendo la timidez natural de sus +antagonistas, se propuso aterrarlos con tremendas amenazas, y lo +consiguió aun más allá de lo que esperaba. Por lo demás, condujo el +negocio con tino, pintando a su primo como engañado; obtuvo de los +ministros de la cámara la promesa de que no se admitiría la solicitud +del marqués, más una orden de reclusión perpetua contra Violante; y +corrió, ufano con su triunfo, a noticiárselo a don Juan. + +Distinto fue el objeto, y distinto también el resultado del viaje a la +corte del alcalde don Rodrigo de Santillana. + +Una orden de Su Majestad le mandó presentarse sin la menor dilación en +El Escorial para un asunto del cual ya tenía algunos antecedentes, y se +le daban más en la misma real orden. + +El negocio era de tal trascendencia que Santillana se persuadía +con fundamento de que, llevándolo a cabo felizmente, no solo podía +contar con verse en un momento en el más alto grado de su carrera, +sino con ser uno de los favoritos del monarca. Estas reflexiones +le entretuvieron agradablemente en el camino, y sus esperanzas se +corroboraron cuando, presentándose en palacio y declarando su nombre, +se le mandó entrar sin demora en la cámara del rey. + +Felipe, ya entonces en el antepenúltimo año de su vida, estaba +sentado en un sillón y atormentado por acerbos dolores. Su semblante, +naturalmente pálido, se asemejaba al de un cadáver. Aquel aspecto +grave, severo, reservado; aquel labio inferior caído sobre la barba, +y aquellos ojos penetrantes, con que parecía escudriñar los más +recónditos senos del corazón de la persona que se hallaba en su +presencia, hicieron en Santillana la profunda impresión que hacían en +cuantos se le acercaban. + +Dobló el alcalde ambas rodillas, y besando la descarnada y lívida mano +del rey, esperó, sin mudar de postura, a que se le mandase hablar. + +—¿Sois vos —dijo el rey— don Rodrigo de Santillana? + +—El más leal y humilde de los vasallos de Vuestra Majestad. + +Felipe pareció satisfecho de la concisión y respeto de esta respuesta; +don Rodrigo no añadió una palabra más, pues bien informado del carácter +del rey, sabía que este no toleraba que nadie fuera osado a hablar en +su presencia más de lo necesario para responder a sus preguntas. + +—Informado —volvió el rey a decir, después de un breve intervalo— de +vuestra fidelidad y celo en mi real servicio, os dimos la comisión de +vigilar a la persona que es inútil nombrar. ¿Lo habéis hecho? + +—Sí, señor; y he tenido la honra de elevar a Vuestra Majestad el +resultado de mis diligencias. + +—Que ha sido ninguno, don Rodrigo —exclamó Felipe con amarga severidad. + +Aterrado el alcalde con tan inesperada reconvención, bajó los ojos, y +diera en aquel momento cuanto le pidieran por lograr, si posible fuese, +que jamás el rey se hubiera acordado de él para nada. + +El monarca, conociendo el efecto que sus palabras habían producido, +contemplaba la turbación, el terror más bien, de Santillana con +un maligno placer, de que era muestra evidente la irónica y apenas +perceptible sonrisa que se advertía en sus labios. + +—Ninguno —continuó Felipe—; tal vez yo podré en mi gabinete mismo daros +más noticias de las que vos, señor alcalde, estando al pie de la fuente +habéis sabido adquirir. ¿Qué decís a esto? Responded. + +—Señor y rey mío, no me parece milagroso que la alta penetración +de Vuestra Majestad haya descubierto lo que a mi ignorancia se ha +ocultado. Pero me atrevo a protestar a los reales pies de Vuestra +Majestad que jamás vasallo ha deseado con tantas veras merecer al menos +la indulgencia de su señor natural. + +—Las obras acreditarán ese celo. Quiero olvidar lo pasado; pero don +Rodrigo, vuestra cabeza me responde del buen éxito de este negocio, y +de que no transpire en el público una sola palabra de él. + +Pronunció el rey estas palabras con severidad, pero en la apariencia +con la misma calma que si hablase del asunto más indiferente; la única +señal de agitación que se le descubría era un ligero movimiento de +contracción en los músculos de la fisonomía. Don Rodrigo no estaba tan +tranquilo, pues persuadido de que el rey sabría cumplir la promesa con +la más escrupulosa exactitud, se daba ya por muerto. + +En tal estado se hallaban, cuando sonando las doce del día en el reloj +del monasterio, Felipe, aunque no sin trabajo, se hincó de rodillas +delante de un crucifijo de oro que tenía sobre la mesa; y sacando un +magnífico rosario, se puso a rezar devotamente tres avemarías; acto +en que, no solo arrodillado sino encorvado de manera que casi besaba +el suelo, le acompañó el asustado alcalde. Concluidas las oraciones y +persignado el rey, volvió a ocupar su asiento, y ya en él, dijo: + +—Buenas tardes, don Rodrigo. + +—Dios se las dé a Vuestra Majestad tan felices como su ejemplar piedad +y altas virtudes merecen —contestó Santillana. + +—Alabemos al Rey de los reyes, alcalde: Él solo está exento de +imperfecciones; los demás, todos habemos menester de su misericordia. + +—Y los humildes vasallos de Vuestra Majestad la esperan igualmente de +su imagen en la tierra. + +—Bien está. Volvamos a la comenzada plática; el hombre que sabéis se +mueve ahora más que nunca; ignoramos por qué, y es preciso saberlo. +Esto os toca a vos el averiguarlo: al menor indicio de lo que os tengo +prevenido de antemano, ya sabéis cuál ha de ser su suerte o la vuestra. + +—Señor, hasta donde yo alcance... + +—Es preciso alcanzarlo todo, todo sin excepción. ¿Me entendéis, don +Rodrigo? + +—Sí, señor. + +—Retiraos, pues. Mi secretario os dará los informes que hemos +adquirido; y esta debe ser la última vez que yo tenga que ser el +servidor de mis vasallos. + +Diciendo así, tendió la mano a don Rodrigo, quien la besó humildemente; +y marchando después con paso atrás, para no volver al rey la espalda, +hasta la puerta de la cámara, salió de palacio tan aterrado como ufano +y glorioso había entrado en él, pocos minutos antes. No hay cosa como +ser vasallo de un rey absoluto para dar gracias a Dios cada día de +hallarse con la cabeza sobre los hombros. + +Pero aún no había acabado don Rodrigo de conocer la corte. Si el rey +le había amenazado, su secretario, con más orgullo, con más dureza +aún, le dijo «que era indigno de la magistratura que ejercía; que solo +la extremada piedad de Su Majestad era causa de que no se castigase +ejemplarmente su negligencia; pero que tuviese entendido que si en lo +sucesivo no mostraba más acierto en la delicada comisión puesta a su +cargo, podría darse por muy dichoso si escapaba con vida». + +Jamás hubo proceder tan injusto por una parte, ni tan poco merecido por +otra. Don Rodrigo, humilde esclavo del rey y de su propia ambición, +se hallaba dispuesto a ejecutar sin reparo, con refinamiento, cuantas +crueldades le pluguiese a Felipe encomendarle, y más aún si creía que +de ello había de resultarle el menor provecho. Así pues, desde que la +corte de Madrid puso a su cargo el asunto de que se trataba no había +cesado de trabajar en él con extraordinario ahínco; pero las personas a +quienes se quería sacrificar habían tenido maña suficiente para eludir +todo género de pesquisas por parte del alcalde. + +La desgracia de este consistió en que Felipe, receloso, como todo +tirano, desconfiaba de sus agentes, juzgando al género humano por su +corazón. De aquí resultaba que cuando por no serle posible hacerlo +todo por sí confiaba una misión a cualquiera de sus esclavos, al +mismo tiempo encargaba a otros que espiasen su conducta; y en muchas +ocasiones, a la orden que elevaba a un sujeto seguía inmediatamente la +que le sumía en una mazmorra, o tal vez le llevaba al cadalso. + +Como el asunto confiado a don Rodrigo era a los ojos del rey de la +más alta importancia, varios agentes subalternos fueron comisionados +para inquirir noticias sobre él; y de las que todos ellos dieron sacó +Felipe en consecuencia, con su sagacidad característica, que a pesar +de lo que aseguraba Santillana, había en el negocio más de lo que se +dejaba ver. + +Mal lo pasara el pobre don Rodrigo si dos razones no hubieran militado +en su favor. La primera, que el rey sabía el celo que en su comisión +había mostrado; pero esta era de poca importancia. Un déspota no +agradece; los hombres en sus manos son como los instrumentos en las +del artista. ¿Qué importa que sean de buena calidad? Cuando no sirven +para el objeto que en el momento les ocupa, los arroja lejos de sí con +desprecio. + +La segunda causa fue la que decidió a Felipe. El sigilo era para +él en todo asunto la más necesaria de las circunstancias, y más +particularmente en aquel: no quiso, pues, confiar a otro juez su +secreto; y reservándose castigar en tiempo y lugar el desacierto de los +primeros pasos de don Rodrigo, resolvió sin embargo que completase la +obra. + +No es fácil pintar la terrible impresión que las amenazas del rey +y los insultos de su ministro hicieron en el mismo don Rodrigo. Al +retirarse a su posada se sintió acometido de una violenta calentura +que, a poco de haberse metido en la cama, se desplegó con los síntomas +más alarmantes y un delirio espantoso. + +Lo peor del caso fue que llamaron a un médico de los más célebres, +y por consiguiente también de los más endurecidos en su carnicera +profesión, quien empezó prohibiendo que se diese al enfermo, aquejado +por una sed abrasadora, ni una sola gota de agua. No contento con esto, +y a pesar de que por todos los síntomas se conocía evidentemente que +la enfermedad de don Rodrigo era una inflamación cerebral, le atestó +el cuerpo de quina, logrando ponerlo en tres días a las puertas del +sepulcro. Entonces, dando por acabada su obra, se retiró, dejando al +paciente en poder de un robusto fraile jerónimo, que tan desapiadado +como el doctor, daba libre curso a una voz estentórea, pintando con +cruel prolijidad todos los horrores del infierno y la furia de Lucifer. + +Quiso, sin embargo, la buena suerte de don Rodrigo que en la cuarta +noche de su enfermedad, en un momento en que el monje, cansado de +gritar todo el día, se retiró de su estancia, conmovido por sus ruegos +el criado que le velaba, y no queriendo negarle lo que pedía a un +hombre que de todos modos iba a morirse, le dio un gran jarro de agua, +que el enfermo apuró sin dejar gota; repitiéronse estas libaciones toda +la noche, y a la mañana siguiente era ya notable la mejoría. En una +palabra, despedidos agonizante y médico, logró el alcalde restablecer +su salud, y hallarse en quince días en disposición de regresar a su +destino, como en efecto lo hizo, después de haber hecho constar al +gobierno que su enfermedad no se lo había permitido. + +No dejó Santillana de extrañar el no haber tenido la menor noticia del +marqués ni de su capellán; y habiendo preguntado por ellos a un amigo, +le dijo este «que ambos habían desaparecido de la corte dos días +después de haber llegado a ella, sin haber tenido siquiera la atención +de despedirse de las personas que los habían visitado». Pero el alcalde +estaba harto preocupado con sus propios asuntos para pensar en los +ajenos; así pues, cesó de ocuparse en el marqués tan luego como se +terminó la respuesta de su amigo, y se puso en camino sin más cuidado +que el de convalecer pronto y salir del encargo del rey, ya que no +lleno de honores, como un tiempo pensó, al menos sin un dogal al cuello. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO IV + + No; aunque en medio + De esta vil muchedumbre apareciera + Del gran Pelayo el animoso aliento, + En vano a libertad los llamaría; + Ya nadie le escuchara. + + (Quintana: _Pelayo_). + + +Salió Vargas del locutorio contristado a pesar de los esfuerzos que +para serenar a Inés y serenarse él mismo había hecho. Fácilmente +sentimos como la persona amada; y yo no sé qué tiene el pesar, que nos +domina con mucha más facilidad que la alegría. Sin embargo, le fue +preciso a nuestro caballero atender a los negocios de Espinosa y a los +suyos particulares. + +Es preciso advertir que don Juan no dependía enteramente del marqués. +El padre de ambos fue un caballero económico, y que amando tiernamente +a sus hijos, cuidó de asegurar una legítima bastante considerable al +menor de ellos. Así don Juan pudo reunir, sin tocar a los bienes +del marqués, una suma de dinero suficiente a asegurarle una decente +subsistencia en caso de que un revés de la suerte le obligara a +expatriarse. Arreglado este primer punto, puso en orden los negocios de +su hermano, cuyos bienes administraba, según ya se ha dicho. + +En una entrevista con el doctor Serrano recibió de nuevo la seguridad +de que aquella noche, cuando entregase la real garantía al consistorio, +se pondría en sus manos la cantidad estipulada, y de que los veinte +hombres armados estarían prontos para la mañana siguiente. + +Así se pasó aquel día, y llegó la hora de la cita con Gabriel: don Juan +acudió a ella con su acostumbrada puntualidad; pero esperó en vano +hasta pasada la media noche. + +Si Vargas estaba descontento con tan inesperada falta, no lo estaba +menos el consistorio protestante, que en sesión permanente aguardaba +al señor duque de Madrigal con una impaciencia poco evangélica a la +verdad, pero muy natural en aquella circunstancia. + +Gabriel de Espinosa, que mudaba de posada con frecuencia, jamás dijo +a don Juan dónde vivía, ni este se acordó de preguntárselo; sintiolo +entonces infinito, pero la cosa no tenía remedio. Cuatro horas de +esperar inútilmente le parecieron prueba bastante y sobrada de que don +Sebastián no quería o no podía acudir a la cita. Trasladose, pues, +Vargas al lugar de la reunión de los protestantes, y así que estos le +vieron entrar hubo en la asamblea un movimiento general de satisfacción. + +El doctor Serrano, que la presidía, y que con una biblia abierta +delante de sí tenía tal vez intención de leer en ella, pero estaba de +dos horas a aquella parte con los ojos clavados en la puerta, dejó +escapar un profundo suspiro, y detrás de él un «gracias a Dios» tan +sentido, que se conoció que le salía de lo íntimo del corazón. + +A esta exclamación del presidente, un matemático que, con la vista +fija en el suelo y el entendimiento ocupado en la teoría de las +paralelas, era acaso el único de los presentes a quien el tiempo no se +hizo largo, preguntó: + +—¿Qué es eso? ¿Se resolvió ya el problema? + +Mirole con cierto aire de compasión un mercader que estaba a su lado, y +los restantes miembros de la asamblea, atendiendo solo a don Juan, no +le hicieron caso ninguno. + +Después de saludar en general, y de haber tomado asiento al lado del +presidente, tomó Vargas la palabra diciendo: + +—Tengo el disgusto, señores, de anunciaros que Su Majestad no se ha +presentado en el paraje en que tuvo a bien mandarme le esperase. + +—Se eliminó —murmuró entre dientes el matemático. + +—¿Y vuecelencia, señor duque, no podrá informarnos de la causa de la +falta de puntualidad de Su Majestad? —dijo el presidente. + +—Me es absolutamente desconocida, señores; y os aseguro que conociendo, +como conozco, la escrupulosa exactitud del rey, no dejo de estar con +bastante cuidado. + +—En este caso —exclamó uno de los mercaderes—, debemos retirar +nuestros fondos, porque sin la garantía... + +—No se os piden tampoco. Pero no debéis olvidar que la causa de don +Sebastián y la vuestra son una misma —replicó Vargas. + +—Sin la garantía —dijo el presidente— no hay pacto. + +—Doctor Serrano, Su Majestad ha empeñado la real palabra de conceder +esa garantía, y no le haréis la injusticia de creer que sea capaz +de faltar a ella. Pero si un accidente, cuya sola idea me llena de +amargura, hubiera impedido al rey entregarla hoy, y le impidiera +entregarla en algunos días, ¿sería justo por eso que sus auxiliares le +abandonasen? + +—Los cristianos reformados de España cumplirán religiosamente el pacto +hecho con Su Majestad el rey don Sebastián, pero no darán un solo paso +en su favor sin tener en su poder el documento que han pedido. ¿Quién +nos asegura de que don Sebastián, cediendo tal vez a las insinuaciones +de algunos de sus consejeros, no trata de eludir su promesa? + +—¡Quién!... La palabra de un rey es más sagrada que cuantas escrituras +pueden hacerse. + +—Los reyes —interrumpió un mercader— faltan a sus palabras siempre que +les conviene. + +—Verdad demostrada —añadió el matemático— como la proposición del +cuadrado de la hipotenusa. + +—¿Qué quiere decir esto, señores? ¿Es bastante que Su Majestad no haya +acudido esta noche al paraje convenido, para que el consistorio dude +de su buena fe hasta el punto de revocar sus propias resoluciones, en +virtud de las cuales está obligado a prestarle su auxilio? + +—Al contrario —contestó el presidente—: el consistorio no hace más +que persistir en su primer acuerdo. El dinero y los soldados están a +disposición de Su Majestad tan luego como se digne entregar la garantía. + +—Soy de la opinión —dijo otro miembro de la asamblea— de que se +fije a don Sebastián un plazo improrrogable para verificarlo. Estas +interminables dilaciones pueden conducirnos a la hoguera; si el rey de +Portugal no nos ha menester, nosotros buscaremos otro protector, más +en estado de protegernos tal vez; pero si ha de hacer uso de nuestros +brazos y dinero, acabe de decidirse. + +—Que se fije el plazo, que se fije —dijeron a coro todos los individuos +del consistorio; y el presidente preguntó que cuál sería el que +señalase. + +—Mañana —contestó el que había hecho la proposición. + +—La manera con que el consistorio se conduce con el rey es, señores, +inconcebible —dijo don Juan, a quien la ira iba dominando—. Sin +embargo, yo tomo sobre mí aceptar esta nueva condición, harto +degradante para Su Majestad; pero fijar el plazo a mañana, cuando aún +ignoramos el motivo de la falta del rey esta noche, me parece el colmo +de la inconsideración. + +—Señor duque —le contestó el doctor Serrano—, el consistorio está +pronto a dar a vuecelencia pruebas de los deseos que tiene de servir a +Su Majestad, y la primera será prolongar hasta el cuarto día, contado +desde hoy, el plazo propuesto. Pasado este, cesa toda obligación entre +don Sebastián y nosotros. + +No replicó ya más Vargas, por conocer que de hacerlo hubiera sido de +un modo poco conveniente para conciliar los ánimos, y saludando en +silencio al consistorio, salió de aquel paraje y se retiró muy de mal +humor a su casa. + +Por la mañana fue al convento y preguntó por doña María de Castro; le +dijeron que aún estaba en cama, que volviese más tarde. Hízolo así, +en efecto, y la primera pregunta que Inés le hizo fue preguntarle por +qué razón Gabriel de Espinosa no había ido a buscarla, según había +anunciado, para llevarla a Madrigal. + +—Toda la noche —concluyó— la he pasado en vela haciendo los +preparativos del viaje, y ya mucho después de amanecer, viendo que +nadie parecía, me he arrojado sobre la cama. + +—No sé, Inés, qué deciros —contestó Vargas—. Desde que nos separamos +ayer no he visto a vuestro cuñado. + +—¿Pues no debíais verlo por la noche? Yo he soñado, o vos me lo +dijisteis. + +—Lo dije, en efecto, y así era la verdad. Me citó en el Campo Grande a +las ocho: yo le esperé hasta las doce, pero en vano. + +—¡Dios de bondad! Mi funesto presentimiento se ha realizado. + +—Inés mía, no hay aún motivo de afligiros. Una leve indisposición, +haberse tal vez dormido, o un asunto de mayor importancia que se +atravesase es bastante para haberle impedido asistir a la cita. + +—¡Ah, don Juan, qué ingenioso sois para lisonjear mis deseos! + +—Tranquilizaos, señora; vuestro dolor, sin remediar nada, solo +conseguirá hacerme incapaz de pensar en otra cosa que en consolaros. +¿Sabéis por ventura dónde vive Gabriel? + +—No, Vargas. + +—Ni yo tampoco, y esto es lo peor del caso. Si desgraciadamente +vuestro cuñado está enfermo y su enfermedad se prolonga más de cuatro +días, pueden seguirse gravísimos perjuicios. Por otra parte, esta +incertidumbre en que estamos es verdaderamente intolerable. + +De aquí ambos amantes se metieron en una conversación sobre el asunto +que, aunque muy larga, se redujo en extracto a repetir de mil distintas +maneras los mismos temores que llevamos referidos. + +La situación de Vargas era penosa hasta no más. No sabía qué hacer, ni +adónde acudir para informarse de Gabriel de Espinosa. El doctor Serrano +le acosaba; y a los temores que no dejaba de tener por su propia +seguridad, se añadían los que sentía por su partido. + +Un solo día faltaba para cumplirse el plazo señalado por el consistorio +de los protestantes para la presentación de la garantía. Don Juan se +disponía a salir de su casa para ir al convento de Inés, y no sin harto +disgusto de no haber adquirido noticia alguna con que tranquilizar a su +amada, cuando le anunciaron la visita de don Rodrigo de Santillana. + +—¡Pese al alma del alcalde —exclamó Vargas—, y a qué buena hora viene +el señor mío! Decidle que no estoy en casa. + +—El mayordomo le había dicho ya que su señoría no había salido +—contestó el lacayo. + +—¡Maldito hablador! Si no hay otro remedio, que entre. + +Así se hizo, y don Rodrigo, todavía muy desmejorado con su enfermedad, +echó los brazos al cuello del hermano del marqués, quien estuvo por +ahogarle en ellos, tal era su enojo en aquel momento. + +Sentados ambos, el alcalde dijo «que hacía cuatro días que había +regresado del Escorial a Valladolid; pero que, tanto por su enfermedad +cuanto por negocios que le habían ocurrido, había retardado una visita +para él tan agradable como obligatoria». + +Don Juan contestó a este cumplimiento con otro equivalente, y preguntó +por su hermano. Estuvo don Rodrigo por decirle que iba él mismo a +hacerle igual pregunta; pero reflexionando instantáneamente que tal +vez el marqués tendría sus razones para ocultar a su hermano su +repentina salida de la corte, y no siendo hombre que con nadie quería +indisponerse, se contentó con responder «que la última vez que había +tenido la honra de ver al señor marqués gozaba este de perfecta salud»; +en lo cual ni mentía, ni se exponía a decir más de lo que debiera. + +Su visita fue breve, y don Juan le vio con indecible placer ponerse +en pie para retirarse; pero el alcalde, que no sospechaba la mala obra +que hacía, no quiso dejar de disculparse de no permanecer más tiempo +acompañando a su apreciadísimo amigo. + +—Me es fuerza —dijo—, señor don Juan, separarme de vos más pronto de lo +que yo quisiera. Verdaderamente somos dignos de compasión los jueces +a quienes el rey nuestro señor y amo tiene encomendada su justicia. +Ahora, por ejemplo, tengo que dejaros a vos, a quien estimo más allá de +toda comparación (don Juan hizo una cortesía), ¿y para qué? Para ir a +conversar con un solemne ladrón, cuya garganta está pidiendo un dogal +a toda prisa. Y ahora que me acuerdo, tal vez le habréis visto alguna +vez, si es cierto lo que dicen de que ejerce el oficio de pastelero en +Madrigal. + +Por fortuna para Vargas, esta conversación tuvo lugar mientras el +alcalde se retiraba ya; don Juan, por cortesía, quiso acompañarlo +hasta su coche, y caminaba en pos de él: gracias a esta circunstancia +no advirtió Santillana la extraordinaria turbación del hermano del +marqués, a quien oyendo tan infausta nueva le pareció que el cielo +entero se desplomaba sobre su cabeza. + +—A propósito de Madrigal —continuó don Rodrigo—: supongo que habréis +seguido mi consejo no volviendo más a ver al vicario de Santa María. +El tal fraile no está en muy buen predicamento con Su Majestad, y como +amigo me hubiera pesado que os confundiesen con él. No paséis más +adelante, señor don Juan. ¿Qué es eso? ¿Os sentís indispuesto? + +—No sé qué me ha dado; un vahído tal vez. + +—Retiraos, pues, y cuidad de una salud tan preciosa para cuantos tienen +la dicha de conoceros. Yo volveré mañana a informarme de vuestro +estado; y si queréis, ahora de paso llamaré al médico. + +—No hay necesidad, don Rodrigo; yo os doy las gracias por vuestra +fineza. + +—Esta es deuda, don Juan. Vuestro servidor; quedad con Dios. + +—Él os acompañe. + +«Dos mil demonios carguen contigo —exclamó Vargas ya en su gabinete—, +que me has clavado el puñal en el corazón hasta el cabo». + +No será necesario encarecer cuál sería la pena de don Juan. Preso el +rey de Portugal, aunque según el alcalde se le acusaba de robo, delito +de que le sería fácil justificarse, podía sin embargo ser descubierto, +y entonces su muerte era segura. Si por desgracia le sorprendían con +algunos papeles relativos a la conjuración, la pérdida de centenares de +individuos y la del mismo don Juan era infalible. + +Huir de España inmediatamente hubiera sido lo que a cualquier otro +hombre le ocurriera, pero no al amante de Inés. La adversidad hacía en +él el mismo efecto que el fuego en la arcilla: al paso que la llama +destruye a los demás cuerpos, los arcillosos en ella se contraen, se +hacen más compactos y resistentes. + +«No abandonaré yo al desgraciado don Sebastián —dijo para sí—. Sea +cualquiera su suerte, la misma será la mía». + +Tomada esta resolución, don Juan hubiera sido hombre de ejecutarla +temerariamente si una reflexión aterradora no le hubiese detenido: +Inés. ¿Qué sería de Inés, muerto su cuñado y su amante? Sola, sin +amparo y en país extraño, proscrita tal vez hasta en el suyo, la más +espantosa miseria era el menor de los males que tenía que temer. + +Pensó don Juan volverse loco, y realmente no le faltaban motivos para +ello. + +Lo que en el momento le atormentaba más era tener que ser él mismo +quien anunciase tan tristes nuevas a su amada. Sin embargo, por más +grande que fuese su repugnancia, hubo de decidirse a ello; y tomó en +efecto el camino del convento, no con aquel afán amoroso que otras +veces, sino con el trastorno general, con el desaliento profundo con +que un delincuente marcha al suplicio. + +No necesitó Inés más que ver el desencajado rostro y el aire de +consternación de su amante para presagiar algún funesto acontecimiento. +Vargas no hablaba, y su futura esposa no se atrevía a preguntarle, +temiendo su respuesta; pero comenzó a llorar tan amargamente que, +viendo don Juan que la verdad no podría causarle mayor disgusto que el +que con la incertidumbre tenía, puso en su conocimiento lo acaecido con +cuanta brevedad y dulzura alcanzó a hacerlo. + +Para formarse una idea de la aflicción de Inés, es preciso recordar que +don Sebastián, además de ser un hombre cruelmente perseguido por la +fortuna, era el esposo de su hermana querida, el padre de Clarita, a +quien había tenido en sus brazos desde que nació, y el rey, en fin, por +quien su padre había sacrificado la vida. + +Hay ocasiones en que el querer consolarnos es el más cruel de los +tormentos imaginables. Don Juan conoció que se hallaba precisamente +en uno de ellos: dejó desahogar libremente su dolor a Inés, lloró con +ella, y con esto proporcionó algún alivio a su dolor. + +Pasados los primeros arrebatos de este, y cuando ya la bella morena +fue capaz de reflexión, no se le ocultaron las funestas consecuencias +que aquellos sucesos podrían tener para su amante, y le aconsejó que +huyera sin demora. + +—Inés —dijo Vargas—, he jurado, no una sino mil veces, vivir y morir +con vos: para mí no ha habido dificultades ni peligros, todo lo he +despreciado para llegar a ser vuestro esposo. Ahora que he obtenido +vuestro consentimiento y el del rey, ¿queréis que huya?... No, Inés, +no: muera yo antes mil veces que separarme de vos. + +¿A qué cansarnos? Aquella triste conferencia se pasó entre lágrimas, +protestas de amor y proyectos para saber la manera con que Gabriel +habría sido preso. + +Don Juan salió del locutorio para ir a buscar al doctor Serrano, y su +amada se encargó de escribir a fray Miguel. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO V + + Ese es golpe de fortuna, + Farfán, que vos no entendéis. + + (_Sancho Ortiz de las Roelas_). + + +Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, como mejor se quiera, en medio +de mil cualidades eminentes tuvo siempre una propensión a la especie +de mujeres que, en oprobio de su sexo, abundan y han abundado siempre +demasiado en todos países, que, en fin, le fue funesta. + +A excepción de la temporada de sus amores y matrimonio con Clara, por +donde quiera que viajó contrajo relaciones con mozuelas despreciables. +Verdad es que las trataba como merecían. Jamás les confió ni su +nombre, ni aun el que llevaba entonces. Veíalas por momentos, pagaba +generosamente, y las miraba con el desprecio a que eran acreedoras. + +Ya hemos dicho que en Valladolid encontró a Violante, a quien en su +primer viaje a Italia, antes de unirse a la hermana de Inés, conoció +con el nombre de Camila. + +Visitola de cuando en cuando, y no hubo visita en que no diese muestra +de su acostumbrada liberalidad, prenda que contribuyó no poco a +consolar a la cortesana del contratiempo de haberse encontrado con un +hombre que la conocía. + +Sin embargo, siempre conservaba Violante el deseo de deshacerse de +aquel hombre a cualquier precio que fuese, y la casualidad le ofreció +uno digno de ella por lo inicuo. + +El mismo día para cuya noche citó el pastelero a don Juan en el Campo +Grande, quiso su mala ventura que se le cayese del bolsillo, en casa de +aquella mujer despreciable, un retrato de Felipe II que la señora doña +Ana de Austria le había regalado. + +No lo advirtió Gabriel, pero sí Violante, y su primera idea fue la de +apropiarse sin escrúpulo de aquella alhaja, cuyo valor se echaba desde +luego de ver que era considerable. + +Pero el diablo moderó entonces su avaricia para inspirarle otro +proyecto verdaderamente infernal. + +«Esta alhaja —dijo para sí— vale mucho para ser de este hombre. Él, +por otra parte, vive con un misterio que nada bueno anuncia. No me ha +querido decir su nombre, ni dónde vive; y si yo sé esto último, es +porque le he hecho seguir por mi criado. Voy, pues, a delatarlo como +sospechoso en virtud de este retrato, y así salgo de él». + +Después de este soliloquio tomó su mantilla y rosario, y se fue derecha +a casa del alcalde de su cuartel, que lo era don Rodrigo de Santillana, +quien el día antes acababa de llegar a Valladolid. + +Violante, al enterarle de lo ocurrido presentándole la joya, tuvo buen +cuidado de no decirle el motivo de las visitas que le hacía el sujeto +a quien acusaba; y habiendo indicado la casa en que posaba Gabriel, se +retiró, no sin requebrarla el juez, que tampoco era insensible a los +encantos del bello sexo. + +Don Rodrigo hubiera dado poca importancia a la delación si la prenda, +que se suponía robada, no fuera el retrato del rey, cuyas severas +palabras resonaban aún en sus oídos. La guarnición de la pintura +era, además, de tal naturaleza que era de presumir perteneciese a un +personaje de la más elevada categoría, y servir a un personaje era +siempre para don Rodrigo cosa urgente. + +Tomó, pues, sus medidas de manera que, media hora después de recibido +el aviso, la posada de Gabriel, que era una de las secretas de la calle +de la Esgueva, estaba rodeada de esbirros en todas direcciones. + +Gabriel, a la oración, se retiró a su casa con objeto de escribir a +fray Miguel. + +Apenas anocheció, don Rodrigo con toda su ronda entró en la posada, +e imponiendo silencio a cuantos encontró, sin obstáculo alguno logró +sorprender al pastelero, que, habiendo concluido de escribir, se había +arrojado sobre el lecho para hacer tiempo hasta la hora de ir al Campo +Grande. + +Hallose en defecto, por esta vez, la previsión de Espinosa. El alcalde +lo halló sin jubón ni otro vestido que una camisa de fina holanda, con +cuello y vueltas de cadeneta pegados a ella, y unos calzones también de +la misma tela. + +Dos alguaciles que entraron los primeros en su estancia le intimaron, +apuntándole con sus mosquetes, que no se menease, y así lo hizo, por no +ser ya posible en su estancia. + +Don Rodrigo procedió en seguida al registro de su maleta, y halló +en ella varias y muy ricas joyas, que según aparece del inventario +entonces formado, eran las siguientes: + + «Primeramente: un vaso de unicornio guarnecido en oro. + + »It. Un librillo de oro con algunos diamantes. Este fue regalo de la + señora infanta doña Isabel a la señora doña Ana de Austria. + + »It. Un anillo de oro con un diamante grande en fondo finísimo. + + »It. Unas muy ricas imágenes para la cabecera de la cama. + + »It. Una piedra bezoar muy grande engastada en oro. + + »Por último: un reloj de oro con diamantes para el pecho, y algunas + otras cosillas de valor».[1] + + [1] Copia literal del inventario formado en el mismo acto de + la prisión de Gabriel de Espinosa por don Rodrigo Santillana, + a fines de setiembre de 1595. + +En tanto que se inventariaban estas alhajas, Gabriel acababa de +vestirse, y en seguida don Rodrigo le preguntó: + +—¿Quién sois? ¿Cómo os llamáis? + +—Mi oficio es el de pastelero en la villa de Madrigal; llámome Gabriel +de Espinosa. + +—¿Y por qué mudasteis de posada hace dos días? + +—Era la huéspeda muy puerca, y gústame la limpieza. + +—Mucho escrúpulo es ese para un pastelero, hermano. + +—Antes por serlo es menester reparar más en la limpieza. + +—¿De dónde os vinieron a vos tantas y tan ricas joyas? Seguramente +habréis tenido buen despacho si haciendo pasteles ganasteis para +comprarlas. + +—Esas joyas, señor alcalde, bien conocerá usted que no pueden +pertenecer a un hombre bajo. Diómelas la señora doña Ana de Austria, +monja del monasterio de Santa María la Real en la villa de Madrigal, +para vendérselas en esta ciudad, y a eso solo he venido a ella. + +—Para hombre bajo, como vos decís, el lienzo que gastáis me parece un +tantico fino de más. + +—¿Las carnes de un pastelero no pueden ser tan blandas y delicadas como +las de un príncipe? + +—Muy retórico sois, hermano pastelero: acabad de una vez de decirnos +quién sois. + +—Ya, señor alcalde, lo tengo dicho. + +—No quisiera que tuviéramos que poneros en cueros para ver con nuestros +ojos la blancura de esas carnes tan bien cuidadas, ni que acudir a un +par de vueltas de cuerda para probar su delicadeza. + +—Yo conozco a usted, y sé que es un honrado caballero que no me hará +ese agravio —respondió Espinosa a la atroz alusión de don Rodrigo, con +tanto desembarazo e ironía como si no fuera a su propio cuerpo al que +se amenazaba con el tormento. + +Conoció el alcalde que por entonces era inútil insistir en saber más de +aquel hombre, y mandó que lo atasen para llevarlo a la cárcel. A esta +orden la fisonomía de Gabriel dejó ver señales de una violenta cólera; +pero acertando a contenerse, se contentó con decir gravemente al juez: + +—Mire lo que hace, y cómo trata a los hombres honrados, que ni a vos +ni a los demás los ha puesto aquí el rey para hacer agravio a los +forasteros. + +—Si vos lo fuereis allá parecerá, y os trataremos como a tal. Por ahora +por pastelero os habéis vendido, y así se os lleva y trata —respondió +Santillana; y a una seña suya, arrojándose los alguaciles sobre +Espinosa, lo maniataron mal de su grado. + +En seguida lo condujeron a la cárcel de la chancillería, donde lo +metieron en un calabozo, poniéndole un buen par de grillos. + +El traje, la manera de hablar y el aire imponente de Espinosa hicieron +su acostumbrado efecto en Santillana. Pero si bien el alcalde se +persuadió de que aquel hombre no podía ser realmente pastelero, se +limitó también a creerle uno de los muchos caballeros de la garra o de +la industria que entonces abundaban en España. Esta creencia hubo de +costarle el no descubrir jamás quién fuese Espinosa. + +Lo primero que hizo don Rodrigo fue despachar un correo a Madrigal, +preguntando a la señora doña Ana si en efecto era verdad que hubiese +dado a vender a un pastelero varias de sus joyas. + +Antes de referir la respuesta de esta señora, nos es forzoso volver a +la época en que don Sebastián se dio a conocer en Madrigal al vicario +de Santa María. + +La escena de la iglesia de que don Juan fue testigo, y hubo de ser +víctima, no dejó duda a fray Miguel de que su monarca vivía y estaba en +Madrigal, y la primera persona a quien comunicó tan fausta nueva fue a +la señora doña Ana. + +Pocos días después, Gabriel de Espinosa fue presentado a su augusta +prima. Al principio rehusó cubrirse ni tomar asiento en su presencia, +queriendo negar quién era; pero a fuerza de ruegos de doña Ana, quien +le reconvino tiernamente por no haberla visitado antes, acabó por +declarar su nombre. + +La religiosa no podía tolerar la idea de que un monarca viviese +ejerciendo un oficio despreciable, y así trató de que don Sebastián lo +dejase inmediatamente, ofreciendo para sustentarlo cuantas joyas poseía. + +Pero no fue posible hacerle admitir la menor cosa. Insistió en que el +oficio servía para encubrirle mejor, y las cosas quedaron en el mismo +pie que antes. + +Entonces principió la conjuración para recuperar el trono de Portugal, +próxima a estallar cuando Espinosa fue preso. + +Cuando el pastelero salió de Madrigal para Valladolid, doña Ana, +auxiliada por su vicario, introdujo en su maleta, sin saberlo él, las +joyas que tan funestas le fueron, y que el interesado no supo tenía en +su poder hasta que llegó a su destino. Sobre esto escribió a la señora +doña Ana una carta reconviniéndola por su ardid, expresándose en los +términos más delicados sobre su repugnancia en admitir los dones de una +princesa reclusa, y amenazando de que por la primera ocasión devolvería +las joyas. Pero tanto la hija de don Juan de Austria como fray Miguel +contestaron insistiendo con más fuerza que nunca sobre la necesidad de +que se vendiesen aquellas alhajas para aplicar su importe a los gastos +de la guerra. Don Sebastián no quiso disgustarlos por entonces, y +resolvió conservarlas en su poder para devolverlas en su tiempo y lugar. + +En este estado se hallaban las cosas, cuando el correo del +alcalde llenó el convento de consternación. Fray Miguel, avisado +inmediatamente, acudió al locutorio y en él halló a la señora doña +Ana llorando amargamente con la niña Clarita, que había querido +absolutamente conservar en su poder, en los brazos. + +—¿Qué tiene Vuestra Excelencia, señora? —exclamó el buen fraile +alarmado. + +Doña Ana por respuesta le alargó el despacho de don Rodrigo Santillana. +Fray Miguel lo leyó de la cruz a la fecha no sin alguna alteración, y +al devolvérselo a la religiosa dijo con bastante serenidad: + +—Este, señora, es un contratiempo, pero no tan grave como a Vuestra +Excelencia le parece, si puedo atreverme a juzgar por sus lágrimas. +Lo que hay que hacer es que Vuestra Excelencia escriba sin pérdida +de tiempo a ese alcalde que es en efecto cierto que ha dado a vender +sus joyas al pastelero, y que le ponga sin demora en libertad. El +testimonio de Vuestra Excelencia bastará sin duda para conseguirlo, y +saldremos de este lance sin otro mal que el del susto. + +No se hizo la señora doña Ana repetir dos veces este consejo, sino que +inmediatamente escribió a don Rodrigo, usando de todo el ascendiente +que la concedía su ilustre nacimiento para obtener la libertad del +preso. + +No perdió tampoco fray Miguel el tiempo. Trasladose inmediatamente +a la pastelería, cuyas llaves estaban en su poder, y sacó de ella +un escritorio que contenía toda la correspondencia del rey y de él +mismo con los conjurados. El fuego destruyó todos aquellos papeles y +cuantos relativos al mismo asunto pudo el vicario haber a las manos. +El día antes de la prisión de Gabriel le había fray Miguel enviado +al mulato Domingo con una carta; pero esta no le inspiraba inquietud +ninguna, pues habían convenido en que cuantas recibiese las destruiría +inmediatamente después de leídas. + +Domingo era fiel, callado y obediente; pero tenía un vicio que le +dominaba, y era el de la embriaguez. + +Salió de Madrigal, y en el primer ventorrillo que encontró le pareció +oportuno hacer un sacrificio a Baco. Por desgracia era el vino bueno, +y las libaciones del mulato fueron tantas y tales que al cabo de dos +horas de estancia en el ventorrillo se halló incapaz de dar un solo +paso, y comenzó a decir un sinnúmero de disparates que divirtieron +mucho a los que allí estaban. + +Uno de los infinitos bufones de taberna que, borrachos de profesión, +en nada se complacen tanto como en que lo sean también cuantos se les +acercan, tomó a su cargo «rematar», como ellos dicen, al mulato, y para +conseguirlo acudió al aguardiente. + +Con esto se completó la obra del embrutecimiento de Domingo, quien cayó +inerte como un tronco debajo de la mesa del ventorrillo. + +Largo tiempo hacía que este estaba desierto, y el mulato no daba señal +de vida. Pero el ventero, familiarizado con tales accidentes, cerró su +puerta a la hora de costumbre y se echó a dormir muy tranquilo. + +Al amanecer del siguiente día despertó Domingo, y tratando de +levantarse para proseguir su camino, al primer paso cayó redondo al +suelo. + +La gran cantidad de vino y de aguardiente que había bebido le causó +una abrasadora calentura que en dos días no le permitió moverse del +durísimo lecho que en la venta le dispusieron. Al tercero salió, en +fin, para Valladolid, y llegó a la posada en que se le dijo encontraría +a su amo. + +A la puerta de ella, y sentados en un banco, había dos hombres de +mala traza y peor cara que parecían entretenidos en jugar a la morra. +Caíanles unos sucios y desmesurados bigotes sobre el labio inferior, +que casi ocultaban, y sus puntas retorcidas sobre las mejillas les +prestaban el aire de dos gatos monteses. Cada uno llevaba su espada +de longitud desmesurada, y las empuñaduras eran de hierro mohoso con +grandes gavilanes. + +Aquellos dos señores eran dos alguaciles. + +Domingo, después de haber examinado con atención las señas de la casa, +y reconocido que convenían en todas sus partes con las que a él le dio +fray Miguel, entró en ella sin curarse de los corchetes ni decirles +palabra. + +Los ministros de justicia no le dieron a él tan poca importancia, pues +inmediatamente uno de ellos, levantándose de su asiento, se metió en +seguimiento suyo en la posada, pero con tanto silencio, con pasos tan +cautelosos, que Domingo no advirtió la honra que le hacían. + +—¿Gabriel de Espinosa, vive aquí? —preguntó el mulato a la primera +persona que se le presentó delante. + +—Ha mudado de posada —contestó el alguacil que estaba a su espalda, +asiéndole al mismo tiempo la garganta con ambas manos y dando un +silbido para llamar a su compañero—. Ha mudado de posada —continuó +diciendo— porque esta no le parecía bastante decente para su merced, y +Su Majestad le hospeda ahora en su casa para más honrarle. + +—Y este hidalgo de Guinea —añadió el segundo alguacil, que ya había +llegado— nos hará el gusto de venir a acompañarle. + +Durante este ameno diálogo, el pobre Domingo, medio sofocado por la +presión de las manos del robusto ministro sobre su garganta, renegaba +de sus piernas, que a tal posada le habían llevado. + +Los alguaciles le pusieron en las muñecas unos anillos, vulgarmente +conocidos con nombre de esposas, y uno de ellos le condujo sin demora +a casa del señor don Rodrigo Santillana, visita harto penosa para la +natural humildad del mulato. + +El alcalde, después de haber oído la relación de su ministro, le +preguntó cómo se llamaba. + +—Domingo —contestó el preso. + +—El apellido. + +—Domingo. + +—¡Hola!, ¿y Domingo a secas? + +—Domingo. + +—Sea en buen hora. ¿Buscabais, según parece, a Gabriel de Espinosa? + +—Yo no busco a nadie. + +—¿Pues a qué fuisteis a la posada? + +—A nada. + +—¿Y de dónde venís? + +—De mi casa. + +—¿Dónde está vuestra casa? + +—No sé. + +—¡Bribón! Veremos si a caballo en un potro callas aún. Registrarle, y +vaya a un calabozo distinto de el del pastelero. + +A la orden del registro conoció Domingo que era llegada la hora en +que la carta de fray Miguel caía en poder del alcalde, y, como si con +las manos ligadas pudiera tener esperanzas de evitarlo, comenzó a +defenderse a patadas y mordiscos del alguacil que quería registrarle; +pero sus esfuerzos fueron inútiles: una nube de corchetes se arrojó +sobre él, lo tendieron en el suelo, y desnudándole a su salvo, le +hallaron la carta del fraile metida en la cintura entre la camisa y el +cuerpo. + +Leyola don Rodrigo; brilló en sus ojos un rayo de feroz alegría, y +mandó inmediatamente conducir a Domingo a la cárcel y cargarlo de +hierros. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO VI + + Al tiempo que esperaba nuestra suerte + Poderse mejorar, la santa mano + Mostró por nuestro mal su furia fuerte. + + (Cervantes: _Elegía a la muerte de la reina Isabel_). + + +La malhadada aventura de Domingo fue causa de la ruina de Gabriel de +Espinosa, del vicario, y de doña Ana de Austria. + +Don Rodrigo de Santillana, viendo que en ella se daba al pastelero un +tratamiento de «majestad», inmediatamente coligió que aquel hombre era +o fingía ser el rey don Sebastián. + +No pudo haber para el alcalde circunstancia más feliz que la de haber +caído en su mano aquel negocio, pues cabalmente la persona a quien +Felipe II había mandado vigilar era fray Miguel de los Santos, en quien +jamás confió el suspicaz tirano. + +Un correo llevó la noticia del descubrimiento al Escorial, y volvió +en breve con la respuesta del rey. Sus órdenes eran terminantes. Don +Rodrigo debía trasladar el preso a Medina del Campo, dejándolo allí, +y pasando a Madrigal a prender al vicario y también a la señora doña +Ana, pero a esta en su celda. Todo se ejecutó con tanta celeridad como +sigilo. + +La historia de esta causa célebre está envuelta en un misterio +impenetrable. Verdad es que, poco después de su fallo, se publicó en +Jerez una relación de ella; pero está hecha, como es de presumir, para +publicarse viviendo aún el tirano y acabadas de inmolar las víctimas. + +Sin embargo, es de notar que, mal que le pese a su autor, aun en +ella misma la verdad penetra al través de las nubes con que quiere +oscurecerla. + +Espinosa parece que se complació en burlarse de sus enemigos aun +estando inerme en sus manos. En cada declaración de las infinitas +que le tomaron decía una cosa distinta, y aun en una misma, al +finalizarla, destruía cuanto en su principio dijo. La extraña sutileza +de su oído, su penetración portentosa, le hacían, por decirlo así, +adivinar las intenciones del alcalde, quien de orden del rey actuó en +toda esta causa sin escribano, teniendo que extender por sí todas las +declaraciones. + +Sin embargo, el preso perdía algunas veces la paciencia, y exclamaba: + +—¿A qué empeñarse en que diga quién soy, si de todos modos he de morir? +Si el rey quiere enterarse de quién yo sea, personas tiene a su lado +que me conocen, y muchas. Que envíe una y saldrá de dudas. + +Fray Miguel confesó de plano que aquel hombre era el rey don Sebastián, +y alegó en favor de su aserción notables razones. Entre otras, y además +de las que ya hemos indicado en el curso de nuestra narración, merecen +particular atención algunas que citaremos. + +La primera fue la de haber llegado a fray Miguel a Lisboa un hidalgo +portugués la víspera del día en que este religioso debía predicar +las honras de don Sebastián, y haberle dicho que mirase cómo hablaba, +porque sin duda había de oírle el mismo rey, pues había escapado con +vida de la batalla. + +Después de esta se refería al dicho de muchos soldados que aseguraban +haber visto retirarse herido a don Sebastián del campo de batalla con +algunos compañeros. Habló también de haber dicho un fraile de los del +Cabo de San Vicente que había confesado y administrado la comunión +al rey en su monasterio muchas semanas después de la batalla. Sería +interminable referir aquí las razones en que el vicario fundaba su +creencia de la vida de don Sebastián antes de presentarse en Madrigal +el pastelero Gabriel de Espinosa; pero no dejaremos de referir cuáles +le asistían para reconocer en este la persona misma de don Sebastián. + +El cuerpo no presentaba, cuando fray Miguel le vio en su convento, la +misma gallardía que tenía al salir de Lisboa; ¿pero qué mucho, decía el +fraile, que sus infinitos trabajos le hubiesen agobiado? Las facciones +eran las mismas del rey; el color del pelo, rubio, donde no estaba ya +cano; y el de los ojos, azul, también como don Sebastián. + +El sonido de la voz era idéntico, si bien un tanto enronquecido. +Igual la desmesurada fuerza, que bastaba a hacer astillas una lanza +blandiéndola en el aire, o a partir entre sus manos con facilidad +cualquiera pieza de una vajilla de plata. + +Gabriel, así como don Sebastián, era irascible, orgulloso y arrojado. +Hablaba el español, el portugués y el italiano. + +Estaba al corriente de la política de su época, y no ignoraba una sola +circunstancia, por pequeña que fuese, relativa al tiempo en que don +Sebastián reinó en Portugal. + +¿Tan completa semejanza puede existir entre dos distintos individuos? +¿Será posible que la naturaleza haya creado dos seres idénticos, física +y moralmente? ¿Se concibe que el temperamento y la educación de un rey +y de un pastelero sean tan conformes que produzcan en tan distintas +posiciones una igualdad absoluta de hábitos e inclinaciones, de +virtudes y de vicios? + +Pero demos de barato, hubiera podido decir el defensor de fray Miguel, +si Felipe II hubiera tenido por conveniente que aquel desdichado +pudiese dar sus descargos antes de morir, demos de barato que puedan +reunirse sin milagro las circunstancias referidas en dos distintas +personas; aún no se le habrá probado al vicario de Santa María que se +engañó. + +Fray Miguel, como confesor del rey, estaba enterado de todos sus +secretos, y en sus conversaciones con Espinosa más de una vez hizo +este alusión a lo que en otro tiempo le había confiado. El religioso +no ha podido revelar al juez aquellos secretos que en confesión se +depositaron en su seno, pero sí puede referir hechos que han llegado a +su noticia como particular. + +Le pregunta, por ejemplo, a Espinosa si ha tenido alguna visión en su +vida: + +—Una sola vez —responde este—, y fue corriendo la posta con el conde +de Medellín. Al pasar un arroyo en que un malvado asesinó a su propio +padre, creí oír un gran ruido, o por mejor decir, lo vi, en efecto. +Dejele al conde de Medellín que pasase adelante, y quedándome solo, +esperé en vano un gran rato, pues nada vi. + +El hecho pasó así, y de igual manera lo había referido don Sebastián +antes de irse a la batalla. + +Otra vez Gabriel, sin ser interrogado, refiere a fray Miguel que +estando enfermo en su palacio de Lisboa, los médicos le prohibieron +comer pescado, y para mayor seguridad prohibieron el aceite en la +cocina real. + +—Entonces —dijo Espinosa—, envié a pedir al cura de mi parroquia un +poco de aceite de la lámpara del Santísimo Sacramento para uno de sus +feligreses; enviómelo, y comí con él pescado, que no me hizo daño +ninguno. + +De este modo pudieran citarse infinidad de circunstancias que +confirmaron a fray Miguel en la idea de que aquel hombre era en efecto +el monarca portugués. + +La señora doña Ana en todas sus declaraciones se refería a lo que el +vicario le decía, y la única razón que alegó en su defensa fue que ella +no quería que don Sebastián se descubriese hasta después de muerto el +rey, su tío. + +El grande argumento de don Rodrigo contra ambos era preguntarles por +qué, si don Sebastián era realmente lo que ellos decían, no se había +dado a conocer en tantos años, o a lo menos desde que estaba preso, +para no verse tan ignominiosamente tratado. + +Pero esta objeción, más especiosa que sólida, fue rebatida por los +acusados completamente. + +Don Sebastián, dijeron, salió tan corrido de la batalla que no osaba +presentarse en los primeros días después, ni aunque quisiera podía +hacerlo. Hizo, en primer lugar, voto en África de andar peregrino, +y encubierto a su vuelta a Europa. Acudió al pontífice para que le +dispensara de un voto temerario; pero Gregorio XIII se negó a ello +bajo pretexto de que no quería que se turbase el sosiego de los estados +del rey católico; pero aun sin esto, ¿no le sobraban razones a don +Sebastián para permanecer oculto? ¿Acaso no bastaba para ello ver que +se ajusticiaba sin piedad al que se atrevía a asegurar que vivía? ¿Qué +suerte podía prometerse si la fortuna le ponía en manos de Felipe II? +La que tuvo: verse tratado como un infame impostor. + +A poco tiempo de empezada esta causa, por ciertas competencias entre +las jurisdicciones real y eclesiástica, fue necesario que el nuncio +de su santidad enviara, como envió, un comisionado con poder bastante +para apremiar y compeler con toda clase de censuras a los eclesiásticos +comprendidos en ella. + +Es singular que, en más de ocho meses, no se dio tormento a ninguno +de los reos, por prohibición del rey. Sin duda luchaban un resto de +probidad en el pecho de Felipe con su cruel ambición, pero esta triunfó +al fin. + +Fray Miguel, aplicado a la tortura, dijo, como era de esperar, cuanto +le mandaron que dijese. + +Dicen que Espinosa hizo otro tanto, y será verdad. ¿A qué había de +sufrir tormentos espantosos, si de todos modos conocía que había de +subir infaliblemente al cadalso? + +El resultado fue que Gabriel fue condenado a la pena de ser arrastrado, +ahorcado y descuartizado; a la misma fray Miguel, después de la +competente degradación; y la señora doña Ana de Austria a reclusión +perpetua en una celda de un convento, ayunando todos los viernes a +pan y agua, y tratada los demás días como otra monja cualquiera, sin +servidumbre ni poder jamás aspirar a ser prelada, ni a ejercer cargo +alguno. + +El martes 2 de julio de 1596, después de diez meses de prisión, sufrió +la condena en la plaza de Madrigal el desventurado Gabriel, o don +Sebastián. + +Sus últimos momentos fueron dignos de un cristiano y de un príncipe. +Oyendo decir al pregonero: + +—Esta es la justicia que manda hacer el rey nuestro señor, y el alcalde +don Rodrigo Santillana en su nombre, a este hombre por traidor al rey +nuestro señor, y embustero, y porque siendo hombre vil y bajo se había +querido hacer persona real, le mandan arrastrar, y que sea ahorcado en +la plaza pública de esta villa, y su cabeza puesta en un palo. Quien +tal hace, que así lo pague. + +—¡Traidor! —exclamó—. ¡Eso no! Hombre vil y bajo, Dios lo sabe. + +Al salir del serón, y ya al pie de la horca, se puso en pie con +reposado continente, y tendiendo la vista alrededor de la plaza +descubrió, en una ventana de la cárcel, a don Rodrigo de Santillana, +que estaba allí con objeto de recibirle la última declaración, si +quería prestársela. + +Entonces ardió en cólera, y no pudo menos de gritar: + +—¡Ah, señor don Rodrigo, señor don Rodrigo! + +El juez, aterrado, bajó los ojos y perdió el color; pero un jesuita +de los que auxiliaban al paciente se le puso delante, y trató de +convertir todos sus pensamientos al cielo. Consiguiose esto por el +momento, y Gabriel, después de reconciliado, subió con firmeza a la +horca. + +Parose en el penúltimo escalón, y como el verdugo le dijese que subiera +otro, se volvió a él, y le dijo con desprecio: + +—¡Esto nos faltaba! + +Sentado ya, volvió la vista una o dos veces hacia la ventana de la +cárcel, y mirando colérico a don Rodrigo le apostrofó con voz de +trueno; pero los agonizantes no le dieron lugar a citarle ante el +tribunal de Dios, que era lo que pretendía hacer, según se había +explicado en la capilla. + +Él mismo se arregló el dogal al cuello como si fuera una valona; +repitió en tono firme las palabras del credo, que un jesuita decía, +y murió de la muerte de los malhechores, con el mismo aliento que un +mártir. + +Fray Miguel fue llevado a Madrid, y degradado el 16 de octubre en la +parroquia de San Martín por el arzobispo de Bristau. No desmintió el +vicario en tan amargo trance su reputación de varón piadoso y resignado. + +Conservó durante la degradación, en el tránsito al suplicio y ya en él, +una entereza humilde, una completa conformidad absoluta con la voluntad +de Dios. + +Al pie del cadalso dijo en voz moderada y con firmeza: + +—El tormento me ha hecho mentir en contra mía. Gabriel de Espinosa +podrá no ser el rey don Sebastián, pero yo siempre lo tuve por él. +Muero, pues, inocente de este delito que se me supone; pero ofrezco a +nuestro Señor esta muerte afrentosa en descuento de mis muchos pecados, +y espero de su infinita misericordia la remisión de todos ellos. + +Antes de acabar de subir la escalera llegó de orden del rey el notario +de la causa, y estuvo haciéndole varias preguntas, a las que el vicario +respondió con mucho desembarazo y brío. + +Nadie ha sabido hasta hoy sobre qué punto versase aquella declaración. + +Fray Miguel expiró abrazado devotamente con un crucifijo. + +La manera con que se verificó la prisión de Gabriel, la previsión del +vicario, y sobre todo una fortuna inexplicable, fueron causa de que +nada pudiese saberse del resto de los conjurados. Hiciéronse varias +prisiones en Portugal y en España, pero por conjeturas, y nada se le +pudo probar a ninguno de los aprehendidos, de los cuales la mayor parte +estaban inocentes. + +Domingo, desesperado de haber sido causa de la pérdida de su amo, se +dejó morir de hambre en su calabozo, después de haber sufrido tres +veces el tormento sin proferir una sola sílaba. + +[Ilustración] + + + + +CAPÍTULO VII + + Gracias al cielo doy, que ya del cuello + Del todo el torpe yugo he sacudido, + Y que del viento el mar embravecido + Veré desde la tierra sin temello. + + (Garcilaso: _Soneto_). + + +Lo desagradable de la materia del capítulo que precede nos ha hecho +pasar rápidamente por ella, refiriendo en pocas páginas sucesos que +ocurrieron en diez meses. Preciso nos es, pues, volver a la época de la +prisión del infeliz don Sebastián. + +Vargas escribió a fray Miguel una carta enterándole de la desgracia +ocurrida al rey el cuarto día después de ella, es decir, inmediatamente +que la supo. Pedro fue el portador de ella; pero así que llegó a +Madrigal supo la prisión del fraile y la de la señora doña Ana, y +se guardó muy bien de decir que llevaba para ellos mensaje ninguno, +volviéndose inmediatamente a Valladolid a dar cuenta a su señoría de +tan tristes sucesos. + +Don Juan penetró sin dificultad que don Sebastián estaba descubierto, y +no pudo serle dudosa la suerte que le esperaba. + +Despreciando el peligro que él mismo corría, lo primero en que +pensó Vargas fue en tratar de libertar al monarca portugués del +suplicio. Pero cuantos arbitrios se le ocurrieron para ello fueron +desgraciadamente infructuosos. + +El consistorio protestante, cuyos miembros temblaban por sí mismos, se +negó absolutamente a dar ningún paso en favor de don Sebastián; y no +contento con esto, rompió absolutamente toda comunicación con el amante +de Inés. + +La traslación del preso a Madrigal, y el haberse comisionado solo para +guardarlo a un alcalde del crimen de la chancillería de Valladolid, +frustraron la esperanza de romper sus grillos a fuerza de oro, y por +último el arbitrio de intimidar al juez con cartas anónimas, en las +cuales unas veces se le amenazaba, y otras se trataba de confundirle +haciéndole creer que Gabriel era don Antonio, prior de Crato, no +produjo tampoco ningún efecto. + +Las angustias de Inés durante el curso de aquel largo proceso fueron +inexplicables. La mutación de nombre y el sigilo con que fue conducida +al convento en que se hallaba la libertaron sin duda de la persecución +personal; pero no se vio solo atormentada por la desgracia de su +cuñado, sino que temblaba por la hija de su hermana y por su amante. + +Una feliz casualidad quiso que la niña Clarita, que la señora doña Ana +amaba en extremo y tenía en su compañía, no se hallara en su celda en +el momento en que Santillana fue a arrestarla en ella. + +La religiosa que entonces la tenía en su celda, movida de compasión +por sus tiernos años, la ocultó, sustrayéndola de este modo a la +persecución del tirano; pero como se ignoraba absolutamente el paraje +que habitaba su tía, no pudo la compasiva monja darle aviso ninguno. + +La vigilancia que se ejercía entonces sobre el convento en particular, +y en general sobre toda persona que llegaba a Madrigal, hicieron +imposible pensar siquiera en adquirir noticias de la suerte de la hija +de don Sebastián. + +Muerto ya este y fray Miguel, y decidida Inés, a fuerza de ruegos de +Vargas, a casarse con él, pero con la precisa condición de buscar antes +a Clarita, el fiel Pedro partió de Valladolid en hábito de peregrino, y +gracias a aquel traje, que en aquel siglo se miraba con respeto, llegó +sin inconveniente al monasterio de Santa María. + +Preguntó en él por sor Magdalena de la Trinidad, religiosa a quien +Inés sabía que la señora doña Ana honró con su amistad, y la entregó +un billete en el cual la bella morena la suplicaba le diese noticias +del paradero de su sobrina. Sor Magdalena era justamente la religiosa +que tenía a Clarita en su poder, y al instante informó de ello al +peregrino, diciendo que estaba pronta a entregarla en manos de Inés. + +Con tan feliz nueva volvió Pedro a su amo, y ya este no se ocupó más +que en buscarse un asilo cómodo y seguro en que pasar el resto de su +vida lejos de una corte que aborrecía, y en los brazos de una mujer +adorada. + +Necesitaba para ello un confidente, y ninguno le pareció más a +propósito que su primo el comendador. Confiole, pues, exigiendo antes +la solemne promesa de guardar silencio eterno, que iba a unirse con una +señora igual a él en nacimiento, pero que por razones a él conocidas +deseaba vivir en un completo retiro. + +Combatió Hinojosa esta resolución hasta que conoció que perdía el +tiempo, y después acabó por entrar completamente en las miras de Vargas. + +Compró el comendador todos los bienes que don Juan había heredado de +sus padres, y con parte del producto le adquirió en la Andalucía una +vasta hacienda que, por su posición topográfica, por la fertilidad del +terreno, la ostentación de sus límites y la suavidad del clima, era +tal como se deseaba. + +Después de esto proporcionó él mismo un capellán de confianza que hizo +a Inés legítima esposa de Vargas, un año después de la prisión de don +Sebastián. + +En seguida partieron para Andalucía después de recoger a Clarita, y en +breves días llegaron al lugar de su destino. + +Jamás se borraron de la memoria de Inés los tristes sucesos de la +primera parte de su vida, y el resultado de ellos fue una dulce +melancolía que llegó a hacerse habitual en ella. + +No así Vargas. La muerte de don Sebastián hizo en él una profunda +impresión, y siempre que la recordaba era con horror; pero al verse +dueño de su adorada Inés, era el más feliz de los mortales y lo dejaba +ver en una inmensa alegría. + +Así que los dos esposos estuvieron establecidos en Andalucía, escribió +Inés a su tía doña Francisca de Alba, quien no tardó en contestarla y +hacerle saber que estaba pronta a entregarle su hacienda, de la que +don Juan entró muy pronto en posesión. + +Por la tía de Inés supo el marqués Domiño el lugar de su retiro, y a +él fue a terminar sus días. Poco más de dos años sobrevivió aquel fiel +servidor, aquel anciano venerable, a su amigo y rey; y no pudiendo ya +en ellos hacerle otros servicios, se ocupó en redactar una relación de +sus desgracias, de la cual se ha sacado la que vamos a terminar. + +Olvidose Domiño de decirnos cuál fue la suerte de don Carlos, don +Francisco y Abenamal, y así nada podemos decir de ellos. Pero lo que +sí refiere puntualísimamente es que jamás se vio esposo más tierno que +don Juan, mujer tan amante y tan digna de ser amada como Inés; fruto de +su amor fue, a los diez meses de matrimonio, un niño de que el marqués +Domiño fue padrino, poniéndole por nombres Sebastián Miguel de los +Santos. + +Por una partida de bautismo existente en un libro antiquísimo de +una parroquia vecina parece que este niño casó, ya hombre y siendo +caballero del hábito de Santiago y maestre de campo de los reales +ejércitos, con doña Clara Contiño, pues tales nombres se dan a los +padres del bautizado. + +Es de presumir que esta doña Clara fuese la hija de don Sebastián y +llevase el apellido de su madre, no pudiendo usar el de su desdichado +padre. + +El marqués, hermano de don Juan, tuvo el disgusto de que el niño +don Pedro Alcántara muriese de sarampión, y su madre en un hospicio +haciendo verdadera penitencia de sus muchas culpas. + +Al fin de la relación de Domiño se encuentra una nota que dice así: + + «Es fama que don Rodrigo de Santillana, inmediatamente después + de haber jurídicamente asesinado al infelice don Sebastián (Q. + D. D. G.), marchó al Escorial a dar cuenta a su rey de todas las + circunstancias de aquel suceso. Después de una larga conferencia + con Felipe, en la cual tal vez dejaría ver demasiada convicción + de que el muerto era en efecto don Sebastián, regresó a Madrid, en + donde inmediatamente fue preso. Se asegura que le dieron garrote + secretamente en la cárcel de Corte para sepultar con él tan atroz + misterio». + +Si así fue, debemos admirar la sabiduría de la Providencia que castigó +a don Rodrigo, haciendo que el crimen de que para engrandecerse fue +instrumento ocasionara su ruina. + +Vargas heredó el marquesado, pero no varió su plan de vida. Las +caricias de su mujer, la educación de su hijo y las distracciones +campestres le parecieron siempre preferibles al bullicio de la corte. + +Alguna vez que otra los dos esposos lloraban juntos las desgracias +de don Sebastián; pero muchas más horas eran las que pasaban +deliciosamente enlazados el uno en brazos del otro, contemplando las +gracias infantiles del niño don Sebastián. + +Si hay alguna felicidad en la tierra, en la compañía de una mujer +amable y virtuosa es donde aconsejo a mis lectores que la busquen.[2] + + [2] Para satisfacer enteramente la curiosidad del lector, + solo nos queda que decirle que la significación de las + iniciales S. R. L., de que se habla en el capítulo 2.º del + tomo 3.º, nos parece debe ser _Sebastianus rex Lusitanæ_; + esto es, Sebastián, rey de Portugal. + + +FIN DEL TOMO CUARTO Y ÚLTIMO + + + + +ADVERTENCIAS + + Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que + este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más + gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido + yo contravenir a la orden de la naturaleza, que en ella cada cosa + engendra a su semejante. + + (Cervantes: _Prólogo al Quijote_). + + +Al público nada tengo que decirle: o la obra le agrada, o no. En el +primer caso unos y otros hemos llenado nuestro objeto; los lectores +divirtiéndose; yo saliendo airoso de mi empresa. Si, por el contrario, +no le gustase esta novela, será un mal que sentiré, pero que es +irremediable, y que todas las apologías posibles no bastan a evitar. +Esta advertencia se dirige únicamente a mis amigos, a los que pueden +tener algún interés por mi reputación literaria. + +El editor de la colección de que forman parte estos volúmenes, +haciéndome más favor del que merezco, me invitó a unir mi nombre al de +literatos que bajo todos aspectos me son superiores. Muchos de ellos, +que me honran con su amistad, se empeñaron en persuadirme de que la +empresa no era superior a mis fuerzas; y más por complacerlos que por +otra cosa, di principio a la obra que hoy ve la luz. Pero entonces me +hallaba en Madrid, donde me era fácil proporcionarme todo género de +auxilios en libros y consejos, y cuando concluí el capítulo 4.º del +tomo 1.º me hallé, por un golpe de fortuna, confinado en un rincón de +Andalucía. No he tenido, pues, a la vista ni un solo libro de historia, +ni un mapa, ni un amigo a quien consultar. + +Es imposible que mi composición no se resienta de este aislamiento +total. A los veintiséis años, después de dos de emigración, seis de +servir en las filas del ejército, y, de estos, tres en la Guardia Real, +donde el tiempo me bastaba apenas para atender a las obligaciones de +mi empleo, no puedo haber adquirido aquellos conocimientos sólidos, +aquella instrucción profunda que hacen capaz a un escritor de componer +sin el socorro de los maestros del arte. + +Mi memoria es probable que también me haya sido infiel en algunos +puntos históricos. En una palabra, este escrito, a que le bastaba ser +mío para valer poco, ha tenido además la desgracia de escribirse en +circunstancias tales que le hubieran hecho imperfecto aun siendo parto +de más claro ingenio. + +Pido, pues, a mis amigos que me juzguen con indulgencia, y que por lo +menos no se avergüencen de haberme alentado a escribir. + +De todos modos, me someto a su censura; doy por justas cuantas críticas +hagan de este escrito, y solo formo empeño en que me conserven el +afecto que me han manifestado en circunstancias bien críticas, del +cual aprovecho con ansia esta ocasión de darles públicamente las más +sinceras gracias. — _P. de la E._ + + + + +ÍNDICE + + + Páginas + TOMO III III-I + + Capítulo primero III-1 + Capítulo II III-30 + Capítulo III III-43 + Capítulo IV III-90 + Capítulo V III-99 + Capítulo VI III-118 + + TOMO IV IV-I + + Capítulo primero IV-1 + Capítulo II IV-28 + Capítulo III IV-45 + Capítulo IV IV-62 + Capítulo V IV-79 + Capítulo VI IV-97 + Capítulo VII IV-111 + Advertencias IV-121 + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75974 *** diff --git a/75974-h/75974-h.htm b/75974-h/75974-h.htm new file mode 100644 index 0000000..991adf0 --- /dev/null +++ b/75974-h/75974-h.htm @@ -0,0 +1,5818 @@ +<!DOCTYPE html> +<html lang="es"> +<head> + <meta charset="UTF-8"> + <title> + Ni rey ni Roque (3-4 de 4) | Project Gutenberg + </title> + <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover"> + <style> + +.formato { margin: 0 auto; 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height: auto;" + src="images/cover.jpg" + alt="Cubierta del libro"> + </div> +</div> + + +<div class="tit pt6" id="Ch3"> + <hr class="chap"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-i">p. III-<span class="asc">i</span></span></p> + <h2 class="nobreak sc g0 ws1" title="TOMO III">Ni Rey ni Roque</h2> + <hr class="chap"> +</div> + + +<div class="tit"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-iii">p. III-<span class="asc">iii</span></span></p> + <p class="fs200 negr g0 ws1">NI REY NI ROQUE</p> + <p class="g0 ws1 mt1">EPISODIO HISTÓRICO</p> + <p class="fs140 g0 ws1 mt05">DEL REINADO DE FELIPE II,</p> + <p class="negr g0 ws1 mt05">AÑO DE 1595</p> + + <p class="g1 ws1 mt2">NOVELA ORIGINAL</p> + <p class="fs75 g2 ws1 mt15">ESCRITA</p> + <p class="negr ws1 mt05">POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA,</p> + <p class="fs75 g0 ws1 mt1">AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA</p> + + <div class="cajatomo"> + <p class="g1">TOMO III</p> + </div> + + <p class="fs130 g0 mt2">Madrid</p> + <p class="fs110 g0 ws1">Imprenta de Repullés</p> + <p class="fs110">—</p> + <p class="fs110 g0 ws1"><span class="sc">Año de</span> 1835</p> +</div> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch31"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-1">p. III-1</span></p> + <p class="centra negr fs130 g1 ws1">NI REY NI ROQUE</p> + <hr class="tir"> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO PRIMERO</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Más padres tiene que miembros;</div> + <div class="verse i0">Acomodad, pues, el mío,</div> + <div class="verse i0">La que queréis encajarme</div> + <div class="verse i0">Esto de padre postizo.</div> + <div class="verse idr">(Quevedo).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">En tanto que sus amores con la bella pastelera +absorbían toda la atención de Vargas, ocurrían en su propia familia +acontecimientos de la mayor importancia para él, y que, a pesar de que +se ponía algún cuidado en ocultárselos, hubiera podido cuando menos +sospechar, si no se hallara tan preocupado en sus propios asuntos.</p> + +<p>Siete meses hacía que el marqués, gracias, como se ha dicho, a +su primo el comendador Hinojosa, había roto sus relaciones<span +class="pagenum" id="Page_III-2">p. III-2</span> con la supuesta viuda +del contador de Indias. Hizo en ello el pobre un gran sacrificio a lo +que se le dijo que su pundonor exigía, pues tal era la debilidad de su +carácter y la pasión que había sabido inspirarle la diestra meretriz +que acaso la hubiera perdonado sus infidelidades, dando crédito a las +reiteradas protestas de arrepentimiento y enmienda que, aun en el +acto de verse sorprendida, le hizo con fingidas lágrimas. Por fortuna +Hinojosa, que se hallaba presente, impuso silencio a aquella insolente, +y arrancó de sus redes al obcecado amante.</p> + +<p>No por esto perdió ánimo Violante: la posesión de un hombre rico, +apasionado y tonto era demasiado preciosa para dejarla perder sin +que hiciese por evitarlo los mayores esfuerzos. Así, pasados los +primeros ocho días después de la riña, y enterada por sus espías de +la gran melancolía del marqués, creyó oportuno escribirle un billete +lleno de pasión, de arrepentimiento, y de protestas de darse una<span +class="pagenum" id="Page_III-3">p. III-3</span> muerte violenta si su +adorado amante no quería perdonarla.</p> + +<p>Si el tal billete hubiera llegado a su destino no tiene duda que +produjera el afecto que de él se prometió quien lo escribía; pero +Hinojosa estaba alerta. Previendo desde luego que Violante no dejaría +de intentar el recobro de su perdida cucaña, tomó tan bien sus medidas +que la carta cayó en sus manos, y apaleó lindamente al portador +prometiéndole que le haría la cabeza añicos si bajo cualquier pretexto +osaba volver a presentarse en aquella casa.</p> + +<p>El pobre mensajero volvió a la de Violante con las orejas bajas, +y pintó con tan vivos colores la manera con que le habían recibido, +protestando con tales veras que no volvería aunque en recompensa le +ofrecieran todo el oro del mundo, que de allí en adelante no encontró +la dama criado que quisiera encargarse de semejantes comisiones.</p> + +<p>Tomó entonces el partido de rondar<span class="pagenum" +id="Page_III-4">p. III-4</span> en persona las cercanías de la casa de +su amante, decidida a hablarle si lograba la dicha de verle salir solo +de ella alguna vez. También esta tentativa salió frustrada. El marqués +salía raras veces, y siempre acompañado del inflexible comendador, del +cual Violante temía, no sin fundamento, que la tratase con tanto o más +rigor que a su criado.</p> + +<p>Todas estas dificultades, y la falta que desde el principio +empezaron a hacerla los espléndidos regalos del marqués, exasperaron el +ánimo de aquella mujer en vez de abatirlo.</p> + +<p>El amante por quien vendía al hermano de don Juan, que era uno +de aquellos hombres despreciables cuya especie se ha conservado por +desgracia hasta nuestros días, que comerciando con las gracias de su +persona se humillan hasta el punto de recibir un salario de la ramera +descarada, así que la vio sin la mina donde hasta entonces había estado +surtiéndose con profusión de cuanto necesitaba<span class="pagenum" +id="Page_III-5">p. III-5</span> para sostener sus vicios, la abandonó +sin consideración alguna, desapareciendo de la noche a la mañana y +llevándose, de paso, las alhajas que encontró más a mano. Y no era +esta sola la desgracia que tenía que experimentar Violante, pues la +suerte le reservaba otra que en su situación parecía aun más terrible +que todas. A poco tiempo de verse abandonada por sus dos amantes se +confirmó en la sospecha que antes había tenido de hallarse encinta. +Los primeros días creyó aquella infeliz volverse loca; pero meditando +después en su situación formó un plan para salir de apuros que no podía +estar mejor combinado.</p> + +<p>Redujo a dinero metálico las muchas joyas que aún le quedaban, y +aumentando con él y con lo que produjo la venta de sus magníficos +muebles el bolsillo que había tenido la prudencia de ocultar a su +pérfido amante, se halló con un capital que, depositado en manos +seguras, le producía lo bastante para vivir con decencia,<span +class="pagenum" id="Page_III-6">p. III-6</span> si bien con la más +severa economía.</p> + +<p>Hecho esto tomó una habitación reducida, conforme a su nueva +posición, no muy lejos de la casa del marqués; y sin más asistencia +que la de una sola criada, entabló una vida tan retirada como antes +la había tenido bulliciosa. Desaparecieron las galas y los adornos, +reemplazándolos un modesto hábito del Carmen y un manto negro. En vez +de los banquetes y festines se sustituyeron las misas y devociones. En +una palabra, en menos de un mes la cortesana Violante se convirtió en +una beata, que tenía asombrado a su barrio con la ejemplar vida que +hacía.</p> + +<p>Por más de tres días fue aquella mujer el objeto de la conversación +general en todo Valladolid. Los hombres decían que se había vuelto +loca; las viejas, que Dios la había tocado en el corazón; los +predicadores, con alusiones sobradamente claras, incitaban a seguir +el ejemplo de aquella pecadora a todas las que se hallaban<span +class="pagenum" id="Page_III-7">p. III-7</span> en su caso; pero las +mujeres jóvenes y algunos hombres de talento pensaban que aquello no +era más que una nueva farsa. Hinojosa opinaba también del mismo modo; y +el marqués no opinaba nada, porque como a nadie veía más que a su primo +y al capellán Teobaldo, y ambos se guardaban muy bien de hablarle de +semejante materia, ignoraba cuanto pasaba.</p> + +<p>Desde que Violante adoptó su nuevo método de vida, renunció +absolutamente a hacer diligencia ninguna para reconciliarse con el +marqués; y el comendador, que al principio había temido que todo aquel +aparato de devoción y reforma de costumbres no fuera más que una +añagaza para sorprender a su incauto primo, acabó por persuadirse de +que la dama no pensaba ya en él. Este era precisamente el punto más +importante para la ninfa. Hinojosa era su más temible, o por mejor +decir, su único enemigo, pues don Juan ni la conocía, ni pensaba en +ella;<span class="pagenum" id="Page_III-8">p. III-8</span> el padre +Teobaldo era un sandio personaje muy fácil de engañar, y el marqués +estaba vencido con poquísimo trabajo a favor suyo.</p> + +<p>Un mueble, el más indispensable para toda devota, es un +director espiritual; y para los fines de Violante lo era entonces +extremadamente. Lo importante era hacer una elección acertada. El +padre Teobaldo fue la persona en quien primero se fijó; pero reconoció +desde luego la imposibilidad de lograrlo, pues aquel capellán, afecto +al servicio particular de la familia del marqués, y haciendo una +vida sedentaria por hábito, por vejez y por inclinación, no ejercía +jamás sus funciones sacerdotales fuera del oratorio de la casa de los +Vargas.</p> + +<p>Como su vida anterior la tenía a mucha distancia de los +eclesiásticos, a excepción de uno que otro cortesano, fue preciso que +se dirigiese a varias beatas con quienes había hecho conocimiento +desde que ella lo era también; y después de<span class="pagenum" +id="Page_III-9">p. III-9</span> haber escuchado con atención sus +informes sobre diferentes religiosos, eligió por fin para su director +espiritual a cierto dominico anciano, llamado el padre maestro +Retamar, hombre célebre por su piedad, y más aún por su candor y +beneficencia.</p> + +<p>El bueno del padre la recibió con amor; oyó lo que quiso decirle; +le prometió su asistencia y auxilios; y en una palabra, dando crédito +a la fingida historia de seducción que le plugo a la ninfa contarle, +aunque sin nombrarle por entonces el seductor, se aficionó a ella +sobremanera.</p> + +<p>Sucedió que Violante tuvo una ligera enfermedad. El padre Retamar +fue a verla diariamente, y como su edad y buena reputación le ponían +enteramente a cubierto de toda suposición maligna, el resultado fue +que todo el que lo supo empezó a creer sincero el arrepentimiento y +verdadera la reforma de aquella mujer. Las beatas de aquel barrio se +deshacían en alabanzas de la nueva Magdalena: no<span class="pagenum" +id="Page_III-10">p. III-10</span> faltaba entre ellas quien opinase +que si continuaba viviendo de aquella manera, podría llegar a ser una +bienaventurada.</p> + +<p>No dejaba de tener mérito tampoco para Violante la novedad de su +posición. Fijar la atención del público había siempre sido su mayor +deseo. Hacerlo escandalizando o edificando debía serle, y le era en +efecto, indiferente. Además, los placeres la habían ya saciado, y si +bien no dejaba alguna vez de bostezar de aburrimiento en la iglesia +debajo de su manto, hallaba la compensación en la perspectiva de +asegurarse para siempre una fortuna sólida e independiente.</p> + +<p>Entre tanto su preñez adelantaba aproximándose a su término, y con +él llegaba la época fijada para la ejecución del gran proyecto.</p> + +<p>Una tarde, pues, que el reverendo Retamar a la vuelta del +paseo había entrado a verla, la halló deshaciéndose en lágrimas +con el rosario en la mano, y preguntándola<span class="pagenum" +id="Page_III-11">p. III-11</span> qué era lo que tanto la afligía, +respondió la taimada:</p> + +<p>—¿Qué ha de afligirme, padre mío? Mis pecados son muchos, pero +la pena que por ellos se me impone en este mundo es superior a mis +fuerzas.</p> + +<p>—No digáis eso, hija; no lo digáis: por graves que vuestras penas +os parezcan, el Señor, que os las envía, sabrá por qué: llevadlas +con resignación, hija, y se os recibirán en descuento de vuestras +culpas.</p> + +<p>—Padre mío, por mí no lo siento: conozco que todo castigo es poco +para mi fragilidad; pero si queréis oírme un momento a solas sabréis la +justa causa de mi dolor.</p> + +<p>El compañero del padre maestro tuvo la bondad de salirse al cuarto +donde estaba la criada, y solos aquel y su penitente, empezó esta a +decir:</p> + +<p>—Yo, padre, soy viuda de un contador de Indias: volví joven a +España, y me establecí por desdicha en Valladolid. Dios ha querido +dotarme, según dicen, de alguna hermosura; ella y mi genio<span +class="pagenum" id="Page_III-12">p. III-12</span> festivo atrajeron +inmediatamente a mi casa a todos los caballeros más jóvenes, más +galanes y también más libertinos de la ciudad.</p> + +<p>—Cosa demasiado natural, hija mía, demasiado natural; pero todo eso +ya me lo habéis dicho diferentes veces.</p> + +<p>—Quiero tomar las cosas desde el principio, para presentaros +completo el cuadro de mis desdichas y flaquezas.</p> + +<p>Diciendo esto empezó Violante a llorar de nuevo con profundo +sollozo, tanto que el pobre fraile tuvo que acudir a su pañuelo, y +medio lloroso aún la dijo:</p> + +<p>—Confianza en Dios, que es misericordioso; prosiga, hermana, +prosiga.</p> + +<p>—Muchos fueron los que desde luego me galantearon, pero desechados +inmediatamente, tuvieron bastante cordura para limitarse a ser mis +amigos, visto que no podían ser amantes. Dos de ellos, sin embargo, +se obstinaron. Uno, ¡ay de mí!, el marqués de ***, y otro un don +Rodrigo, mancebo de perversas inclinaciones.<span class="pagenum" +id="Page_III-13">p. III-13</span> El primero, lleno de buenas prendas, +se fue cautivando insensiblemente mi corazón: el segundo, a quien +siempre miré con el más alto desprecio, después de haber intentado en +vano rendirme por cuantos medios se le ocurrieron, juró vengarse de +mis desdenes, y lo cumplió demasiado. El marqués, padre Retamar, que +sabía bien que yo no era mujer para ser su manceba, se limitó mucho +tiempo a galantearme con la mayor moderación y respeto, hasta que +ya, no pudiendo (decía él) resistir a su amor, me propuso darme su +mano. Figuraos si tal propuesta, hecha por un hombre a quien yo amaba +tiernamente, sería para mí grata y seductora. Reflexioné, sin embargo, +que aunque mi nacimiento fuese honrado, era muy inferior al suyo, y que +casándose conmigo iba no solo a indisponerse con su ilustre familia, +sino tal vez a exponerse al enojo del rey. Quise más bien renunciar a +mi propia dicha que proporcionar tales disgustos a mi amante.</p> + +<p>—No se puede obrar<span class="pagenum" id="Page_III-14">p. +III-14</span> con más juicio ni con más virtud. Adelante, que hasta +aquí no tenéis motivos de afligiros.</p> + +<p>—¡Ah, padre! Veréis en lo que sigue cuán fundado es mi dolor. +Declaré, pues, al marqués que estaba firmemente resuelta a no casarme +con él, y como le viese, sin embargo, insistir con más fuerza que antes +en su proposición, me exalté tanto que juré por la salvación de mi alma +no ser jamás su mujer.</p> + +<p>—Mal hecho, hija; muy mal hecho: quebrantaste el segundo mandamiento +jurando sin necesidad.</p> + +<p>—Las consecuencias de aquel malhadado juramento fueron fatales. +Desesperado el marqués con mi negativa, enfermó; y negándose a admitir +cuantas medicinas se le querían administrar, tres facultativos +declararon unánimes que indudablemente moriría. Yo le amaba, padre +mío, como aún hoy le amo a mi pesar: le veía morir, y sabía que era la +causa de ello. Fui a verle, y me estremezco solo al recordar el estado +en que le hallé. Cárdeno el color, hundidos<span class="pagenum" +id="Page_III-15">p. III-15</span> los ojos, sin voz apenas: en resumen, +con todas las señales de una muerte próxima. Partióseme el corazón +de dolor con tan triste espectáculo. Así que el desdichado me vio +dio un profundo suspiro, y en tono sepulcral me dijo: «Tú me matas». +¿Qué había de hacer una débil mujer en tan amargo trance? El amor y +la compasión sofocaron el grito de mi conciencia, y le ofrecí que, ya +que mi juramento no me permitía nunca ser su esposa, le sacrificaría +mi reputación entregándome a sus brazos, si él consentía en tomar +las medicinas y sujetarse a cuanto los médicos le ordenasen. Todo lo +prometió y cumplió con indecible alegría. Mis cuidados, sus esperanzas +y los buenos facultativos le restablecieron en breve tiempo. Yo, padre, +también cumplí mi criminal promesa.</p> + +<p>—Dios tenga piedad de vos, hija mía.</p> + +<p>—Así sea, como lo espero de su misericordia. Vivimos algún tiempo +el uno en los brazos del otro: súpose en la ciudad, y perdí para +siempre mi buena opinión.<span class="pagenum" id="Page_III-16">p. +III-16</span> No tardaron nuestros amores en llegar a los oídos de +don Rodrigo: la idea de ver a su rival en mis brazos le enfureció de +manera que, según he sabido después, trató de asesinarnos a ambos; pero +tranquilizándose en breve, meditó y puso en práctica otra venganza +más cruel si cabe. Imposible parece que haya hombre que conciba tan +infernal proyecto; víctima soy de él, y apenas puedo creerlo. Don +Rodrigo se puso de acuerdo para perderme con un primo del marqués +llamado el comendador Hinojosa, quien aspirando a manejarlo por +sí y apropiarse de parte de sus riquezas, me aborrecía y aborrece +mortalmente. Sedujeron a dos de mis criados que, una noche en la cena, +me sirvieron un vino infeccionado con cierto licor soporífero, que +tardó poco en aletargarme. Lleváronme a mi lecho, y en él se introdujo +el traidor don Rodrigo. El marqués, conducido por su primo, me vio a la +mañana siguiente en los brazos de aquel malvado. Despertome el ruido +de<span class="pagenum" id="Page_III-17">p. III-17</span> las voces +de mi injuriado amante y de su infame pariente. Figuraos mi turbación. +El marqués no quiso oírme; don Rodrigo huyó, robándome las joyas que +yo llevaba puestas la noche antes. Yo miraría esta desgracia como un +bien, pues a ella debo el haber abierto los ojos sobre mis extravíos, +si yo sola hubiera sido la víctima de ella; pero una inocente criatura +que aún no ha visto la luz, y que debe la existencia al marqués, va +a verse en la miseria, privada del consuelo de abrazar a su padre, y +sin más amparo que el de una madre infamada por la más atroz de las +calumnias.</p> + +<p>Al concluir su bien compuesta novela dio Violante una muestra de su +talento en el arte de fingir, llorando y sollozando a más y mejor con +no poca pena del candoroso dominico.</p> + +<p>Este, después de emplear con la mejor fe posible todas las +razones que su caridad le sugirió para consolar a la que él creía +más desgraciada que culpable, viéndola<span class="pagenum" +id="Page_III-18">p. III-18</span> algo más serena, acabó por +preguntarla qué partido pensaba tomar en aquellas circunstancias. +Violante contestó que verdaderamente no sabía qué hacer; y que estaba +resuelta a seguir los consejos de su reverencia, si tenía la bondad +de querer ocuparse en los asuntos de una criatura tan miserable. El +fraile protestó que sus deberes y la propensión natural de su corazón +le hacían mirar como la más sagrada de sus obligaciones el auxiliar a +los menesterosos, de cualquiera manera que lo necesitasen y en su mano +estuviese el hacerlo; que en consecuencia aconsejaría a su penitente +lo que mejor le pareciese; y que para exponerse menos a errar, lo +pensaría detenidamente aquella noche, y a la siguiente mañana volvería +a conferenciar con ella. Despidiose, pues, exhortando a Violante a +la resignación y a implorar con repetidas y fervorosas oraciones el +auxilio del Todopoderoso.</p> + +<p>Antes de las diez de la mañana del<span class="pagenum" +id="Page_III-19">p. III-19</span> siguiente día ya el bueno del padre +Retamar salía de la casa de su hija de confesión, después de haber +convenido con ella en el giro que debía darse a aquel asunto, y de +haberse ofrecido espontáneamente a tomarlo todo a su cargo.</p> + +<p>Para no perder tiempo se dirigió entonces mismo a la casa del +marqués, en donde su hábito y su nombre, ventajosamente conocido en +toda la ciudad, le abrieron paso sin dificultad hasta el cuarto del que +buscaba, a quien acompañaban en aquel momento el comendador y el padre +Teobaldo. Los tres se pusieron en pie para recibir al religioso; y así +que este, después de corresponder cortésmente a su saludo, anunció que +deseaba hablar reservadamente al dueño de la casa, se retiraron los +otros, dejándolo a solas con él.</p> + +<p>Hinojosa no lo hubiera hecho si sospechara el negocio que llevaba +a su cargo el dominico; pero ¿quién había de figurarse que un hombre +a todas luces respetable<span class="pagenum" id="Page_III-20">p. +III-20</span> era, sin saberlo, instrumento de las maquinaciones de una +mujer abandonada?</p> + +<p>Solos ya el marqués y el padre Retamar, estuvieron algunos instantes +en silencio, esperando el primero a que el otro hablase, y sin saber el +fraile por dónde principiar. El marqués, cansado de esperar en balde, +rompió por fin el silencio.</p> + +<p>—¿No podré saber —dijo— qué motivo es el que me proporciona la honra +de esta inesperada visita de vuestra paternidad?</p> + +<p>—La honra es toda mía, toda mía, señor marqués; y el motivo que +me trae es uno muy grave, en que se halla interesada nada menos que +vuestra eterna salvación.</p> + +<p>—¡Jesús me valga! Padre maestro, no tardéis en decírmelo.</p> + +<p>—No quisiera, señor mío, que se me tuviera por entremetido: protesto +desde luego que solo el interés de la religión y el cumplimiento de mis +obligaciones como sacerdote es el que me mueve a venir a hablaros.</p> + +<p>—Vuestra paternidad puede decir<span class="pagenum" +id="Page_III-21">p. III-21</span> cuanto quiera, seguro de que yo +le escucharé con la veneración que todo buen cristiano debe a los +religiosos.</p> + +<p>—No esperaba yo menos del hijo de vuestros padres (que en gloria +estén). Yo los he conocido, señor marqués, y puedo certificar que eran +personas de singular virtud y ejemplares costumbres.</p> + +<p>—Muchas gracias, padre Retamar, por la merced que les hacéis.</p> + +<p>—Justicia y nada más, señor marqués; pero vamos al asunto, que es lo +que importa.</p> + +<p>Tosió el fraile, limpiose las narices, y después de aclarada la +garganta en el tiempo que fue menester para tomar aliento y hacer +ánimo, dijo por fin:</p> + +<p>—Vuestra señoría no habrá olvidado que en otro tiempo conoció a una +señora llamada Violante.</p> + +<p>El marqués mudó de color, pero no respondió palabra. Un instante +después continuó el padre:</p> + +<p>—Yo, señor marqués, aunque indigno sacerdote, soy hace algunos meses +confesor<span class="pagenum" id="Page_III-22">p. III-22</span> y +director espiritual de esa afligidísima y arrepentida mujer. Con esto +digo bastante para que me supongáis enterado de cuanto ha mediado entre +ella y vos. Sí, señor, todo lo sé; y aun lo que vos mismo ignoráis. Un +don Rodrigo...</p> + +<p>—¡Bribón! —exclamó el marqués.</p> + +<p>—Más de lo que su señoría piensa, pues valiéndose de un ardid +infame, como puedo probarlo, supo hacer que pareciese delincuente +a vuestros ojos la que jamás cometió otro delito que el de ceder a +vuestras instancias.</p> + +<p>—Padre mío, os han engañado. Yo, yo mismo la he visto en los brazos +de don Rodrigo. ¿Qué podrá decir a esto?</p> + +<p>—¿Qué podrá decir? Lo que oiréis de mi boca.</p> + +<p>Y en seguida refirió el padre Retamar al marqués la fábula que +Violante le había contado a él, omitiendo solo, por amor de la paz, +la parte que en ella se atribuía al comendador. Para probar la verdad +de todo cuanto dijo ofreció presentar la criada que se suponía +seducida<span class="pagenum" id="Page_III-23">p. III-23</span> +por don Rodrigo, y que, arrepentida de su delito, estaba pronta a +declararlo en forma, siempre que se la prometiese su perdón.</p> + +<p>Violante había buscado a la misma criada que la vendió a ella al +comendador Hinojosa; y aquella mujer, que solo aspiraba a ganar dinero, +importándole poco que para lograrlo se tratase de engañar a desengañar +a un marqués tonto, convino desde luego en representar el nuevo papel +que se le propuso. Empezó a representarlo el mismo día de que vamos +hablando, en casa de su ama, delante del padre Retamar; y este con +su testimonio quedó tan convencido de la inocencia de Violante, que +hubiera sufrido el martirio por defenderla, lo mismo que por confesar +la verdad del Evangelio.</p> + +<p>Oyó el marqués con suma atención y no poco enternecimiento la +relación de las desgracias de su querida; pero cuando acabó de +convencerse de su inocencia fue cuando el padre dominico, con +un calor que acostumbraba pocas veces, le<span class="pagenum" +id="Page_III-24">p. III-24</span> hizo saber la vida ejemplar y +retirada que después de su separación había tenido Violante.</p> + +<p>—Sí —exclamó con indecible gozo—, sí; es inocente, y sus trabajos +recibirán la recompensa, y volveremos a unirnos...</p> + +<p>—No señor —replicó el fraile—. ¿Podéis hacer la injusticia al hábito +de nuestro padre Santo Domingo de creer que un hombre que lo viste se +había de mezclar en este asunto para reconciliar a dos amantes, para +restablecer unas relaciones ilegítimas, para contribuir a la perdición +de dos almas?... No señor: no será así; y estad seguro de ello.</p> + +<p>El pobre hermano de don Juan, oyendo aquella filípica, aunque justa, +inesperada, se quedó precisamente como un niño sorprendido in fraganti +por su pedagogo haciendo alguna travesura de marca mayor. Con los +ojos espantados, la boca abierta y las manos cruzadas largo tiempo, +aun después de haber acabado de hablar el fraile, escuchaba a ver si +tenía<span class="pagenum" id="Page_III-25">p. III-25</span> algo más +que decirle. Entre tanto el padre Retamar, recobrando su acostumbrada +calma, volvió a tomar sosegadamente el hilo de su discurso.</p> + +<p>—Violante ha reconocido que se hallaba en el camino de la perdición: +se ha apartado de él, y está resuelta a no volver a pisarlo. Vuestra +mujer legítima bien sabéis que no puede serlo: así, pues, como +cristiano estáis obligado a renunciar para siempre a ella. Mas aún nos +resta que hablar del más importante, del verdadero objeto que me ha +traído a esta casa. Violante está encinta.</p> + +<p>—¡Madre mía de los Dolores! ¿Será posible, padre Retamar?</p> + +<p>—Tan posible que en breve dará a luz, Dios mediante, una criatura +cuyo padre sois.</p> + +<p>—¿Yo su padre?... Pero y don Rodrigo...</p> + +<p>—Calculad las fechas, señor marqués, y veréis cómo en ese punto no +debe quedaros duda.</p> + +<p>Tenía el marqués demasiada inclinación a Violante para no creer +cuanto bueno de ella le quisiesen decir; y como<span class="pagenum" +id="Page_III-26">p. III-26</span> por otra parte, en consecuencia de su +educación monástica, cuando un eclesiástico le hablaba era siempre de +su opinión, se dio desde luego por convencido, y lo quedó plenamente de +la paternidad con que la dama quiso favorecerle.</p> + +<p>Conseguido esto, lo demás era fácil de arreglar. Aunque no sin +repugnancia, prometió el marqués no ver a Violante; y aseguró, con el +mayor gusto, que reconocería en forma al hijo o hija que ella diese +a luz, señalando a su madre una pensión vitalicia de mil ducados +sobre todos sus bienes, por medio de escritura legal que había de +otorgarse en las veinticuatro horas, contadas desde entonces mismo. +Por último, convinieron en que todo lo tratado entre ambos quedaría +secreto, pues el marqués no quería exponerse a las reconvenciones de +Hinojosa, ni disgustar a su hermano. Inmediatamente el marqués pidió su +coche y salió a casa de su escribano a formalizar la escritura de la +pensión; y el fraile se fue<span class="pagenum" id="Page_III-27">p. +III-27</span> a dar cuenta del buen éxito de sus diligencias a +Violante, quien no tuvo poco trabajo en ocultar su inmensa alegría bajo +el velo de una devota conformidad con la voluntad del Señor.</p> + +<p>Quince días después dio la beata de nuevo cuño a luz un muchacho +robusto, al que el padre Retamar, al bautizarlo con el nombre de don +Pedro Alcántara de Vargas, que era el mismo de su presunto padre, dijo +que encontraba maravillosa semejanza con el marqués. Este, que en +aquel acto vio también por primera vez al tierno infante, se deshacía +en lágrimas de gozo, estrechándolo en sus brazos y jurando que todas +las facciones eran las de la familia de los Vargas, si bien más bellas +por lo que de Violante tenían. El hecho es que el recién nacido era, +como lo son todos, un rollo de carne con ojos y facultad para llorar, +en cuyo rostro, aún en embrión, solo la ceguedad del cariño encuentra +semejanzas que no pueden existir.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-28">p. III-28</span></p> + +<p>No nos atreveremos a decir que el nuevo don Pedro Alcántara fuese en +efecto hijo del marqués, pero tampoco a negarlo; y esto en razón a que +ni su propia madre podía decir en ello cosa cierta.</p> + +<p>Una labradora de Simancas, villa pequeña situada sobre un cerro +en las orillas de Pisuerga a dos leguas de Valladolid, buscada de +antemano, se llevó al niño para criarlo, y solo se la dijo que era de +padres nobles y ricos, sin descubrir quienes fuesen. El padre Retamar +quedó encargado de pagar a aquella mujer un espléndido salario, y de +suministrarla además cuanto necesitase.</p> + +<p>Violante se restableció pronto, y aunque con la pensión del +marqués hubiera podido vivir con más lujo, conservó por prudencia +su método anterior de vida, sin más diferencia que la de hacer una +vez cada semana un viaje a Simancas a ver a su hijo, a quien quería +entrañablemente, y de cuya conservación dependía en gran parte su +fortuna.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-29">p. III-29</span></p> + +<p>Desde la visita del padre Retamar la amistad del marqués a su primo +el comendador empezó a resfriarse tan notablemente que, advirtiéndolo, +aquel caballero tomó la resolución de no mezclarse de allí en +adelante en darle consejos, visto que el marqués estaba siempre en +conversaciones secretas con su capellán, a quien había confiado su +secreto.</p> + +<p>Justamente estos sucesos coincidieron con el segundo y tercer viaje +de don Juan a Madrigal; y ambos hermanos, ocupados en sus amores, +cuidaron poco uno de otro, contentos con que no se observasen sus +pasos, ni se pusiesen trabas a sus operaciones.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_3p029.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + +<div class="chapter" id="Ch32"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-30">p. III-30</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO II</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i0"><span class="sc">Don Tello</span></div> + <div class="verse i4">Quiera Dios, señor don Juan,</div> + <div class="verse i4">Que volváis muy felizmente.</div> + </div> + <div class="stanza"> + <div class="verse i0"><span class="sc">Don Juan</span></div> + <div class="verse i4">Breves los días de ausente,</div> + <div class="verse i4">Señor don Tello, serán.</div> + <div class="verse idr">(Moreto: <i>El lindo don Diego</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Dos o tres días después del nacimiento de su equívoco +sobrino regresó don Juan a Valladolid; y apenas hubo llegado a su +habitación, cuando encerrándose en ella abrió el misterioso pliego +que Gabriel le había entregado. Rota la primera cubierta, halló que +contenía otro pliego sellado con las letras S. R. L., cuyo sobrescrito +era el siguiente:</p> + +<div class="blockquot"> + + <figure class="figcenter"> + <img src="images/i_3p030.jpg" + style="width: 1.25em; height: auto;" + alt="Cruz inicial de escrito"> + </figure> + + <p>«A doña Inés Contiño, Sotomayor, Álvarez de Castro; en el convento de + religiosas de la orden de...</p> + + <p class="firma">Salud y gracia».</p> + +</div> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-31">p. III-31</span></p> + +<p>A más de este halló Vargas un billete abierto que decía así:</p> + +<div class="blockquot"> + + <p>«Señor don Juan: en el convento de religiosas de la orden + de..., que no podéis ignorar en qué parte de la ciudad se halla, + encontraréis la dama a quien va dirigida la adjunta carta. Para que + se os permita la entrada en él, preguntad por doña María de Castro, + y decid que vais a hablarla de parte de su tío el abad. — Dios os + guarde, como deseamos. — <i>S.</i>».</p> + +</div> + +<p>—¡Otro misterio más! —exclamó don Juan—; pero a bien que en viendo +yo a Inés habrán de terminarse sin remedio.</p> + +<p>Concluyendo esta reflexión se puso a vestirse para presentarse en +el convento con la debida decencia, y aún no había acabado de hacerlo, +cuando vinieron a buscarle de parte de su hermano el marqués, que +deseaba hablarle inmediatamente.</p> + +<p>Trasladose Vargas sin detención a su cuarto, y le oyó, con no +poca sorpresa, decir que un asunto importante le llamaba<span +class="pagenum" id="Page_III-32">p. III-32</span> a Madrid, para donde +pensaba salir sin falta al día siguiente por la mañana, llevando +consigo al padre Teobaldo.</p> + +<p>Don Juan, admirándose de que su hermano se decidiera a viajar, y +a Madrid, adonde jamás había querido pensar en ir, y más aún de que +tuviese asuntos reservados para él, cosa que hasta entonces no le había +sucedido, pero deseoso también de abreviar la conferencia para poder +marcharse al convento, se limitó a contestar que estaba bien, pues el +marqués lo creía conveniente, y a desearle un feliz viaje y pronta +vuelta.</p> + +<p>Por su parte el marqués, que había temido que su hermano le hiciese +mil preguntas a las que no sabía qué contestar, se dio por muy contento +de verse libre de aquel apuro; y so pretexto de disponer las cosas para +su viaje, se despidió de Vargas, que no le hizo repetir dos veces el +permiso para retirarse.</p> + +<p>¿Quién podrá pintar la agitación de Vargas en el tránsito desde +su casa al<span class="pagenum" id="Page_III-33">p. III-33</span> +convento designado en la esquela anónima que el pliego contenía? Sería +imposible.</p> + +<p>Perdíase en conjeturas a cual más singular, a cual más descabellada +y distante de la verdad; pero lo que más le aquejaba era el temor +que le hacía concebir el haber visto hasta entonces burladas siempre +sus esperanzas de no conseguir, aun en aquella ocasión, el deseado +conocimiento de quién era Inés, y de los medios indispensables para +poseer su mano. Las tres iniciales del sello y la que servía de firma +al billete eran también para Vargas otra materia de interminables +cavilaciones, pues ni acertaba ni podía acertar con su significado. +Por manera que, aunque el convento distara mil leguas de Valladolid, +llegara a él tan embebido como entonces llegó en sus diversos +pensamientos.</p> + +<p>Entró en la portería, llamó al torno, y dando allí el recado que se +le prevenía en el billete, recibió orden de pasar al locutorio,<span +class="pagenum" id="Page_III-34">p. III-34</span> al cual fue conducido +por la demandadera. Llévale esta no al locutorio general donde las +madres recibían las visitas, sino a uno particular, amueblado con la +limpieza y nimiedad de adornos que acostumbran las monjas, pero con +más suntuosidad y elegancia que en tales parajes suele hallarse. La +demandadera, mujer habladora y bachillera, por si acaso don Juan no +había reparado aquella diferencia, se la hizo notar, advirtiéndole +que el tal locutorio era el reservado en que la madre abadesa recibía +las visitas de su ilustrísima el señor obispo y otros personajes de +distinción.</p> + +<p>Con poca cuerda que don Juan la hubiera dado hubiera podido saber +la historia detallada de todos y cada uno de los muebles de aquel +aposento; pero Vargas, que desde que entró había clavado los ojos en +la reja que separaba la parte destinada para los profanos de la que +ocupaban las religiosas, no se dignó responder una sola palabra; y la +demandadera,<span class="pagenum" id="Page_III-35">p. III-35</span> +picada de ver que se la trataba con tanta indiferencia, se retiró, +murmurando entre dientes que era lástima que un mancebo tan galán de +persona no fuera algo más cortés.</p> + +<p>No se pasaron tal vez tres minutos desde que el hermano del marqués +entró en el locutorio hasta que se abrió la puerta de este que +comunicaba con lo interior del convento, y entró por ella una dama de +noble porte y elegante traje.</p> + +<p>Llevaba un vestido de rica seda negra labrada, con la manga, que +solo llegaba hasta el codo, muy ancha, y terminada de la misma manera +que la del hábito de algunos frailes, en figura triangular. El jubón +era ceñido al cuerpo, cerrado por las espaldas y abierto por delante, +con dos solapas caídas sobre el pecho. Una gola blanca como el armiño +ceñía su garganta. El talle del vestido, arreglándose a la forma del +cuerpo, iba sobre la cadera; y la falda, con bastante vuelo, era +algo más larga por detrás que por delante.<span class="pagenum" +id="Page_III-36">p. III-36</span> Una rica cadena de oro, que daba +dos vueltas al cuello y caía con gracia sobre el pecho y espaldas, +llevaba pendiente un magnífico medallón guarnecido de diamantes con el +retrato de una mujer joven y hermosa. El peinado de aquella dama era +sumamente sencillo y gracioso: el pelo recogido en un rodete colocado +bastante atrás, y la parte de delante dividida como hoy se lleva, pero +sin rizo alguno. Dos hilos de perlas finas daban vuelta a la cabeza +y se terminaban sobre la frente en un broche, en el cual brillaba un +diamante de alto precio. Para no dejar nada por decir, añadiremos que +en las manos de aquella dama se veían muchas sortijas, y que en la +derecha llevaba un libro de oraciones encuadernado en terciopelo morado +con abrazaderas de plata.</p> + +<p>Menester fue que Vargas la mirara muy despacio para reconocer en una +persona tan ricamente ataviada a la humilde pastelera de Madrigal; pero +en fin, no pudiendo negarse a lo que sus ojos veían, exclamó:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-37">p. III-37</span></p> + +<p>—¿Inés, sois vos?</p> + +<p>—Yo soy, don Juan: no me causa extrañeza vuestra admiración; pero +en verdad no deja de sorprenderme que hayáis descubierto mi asilo, el +nombre que en él me dan, y la manera de verme.</p> + +<p>—Yo mismo, Inés, no sé cómo esto ha sido; tal vez vos podréis +comprenderlo mejor viendo este pliego.</p> + +<p>Sacó entonces el que llevaba, y alargóselo a Inés al través de la +reja. La bella morena lo recibió con gravedad, reconoció el sello antes +de abrirlo, y se puso en pie para hacerlo. Así que lo hubo verificado +buscó la firma, besola con respeto, y después, siempre en pie, leyó su +contenido con la mayor atención.</p> + +<p>Vargas la miraba sin acertar a comprender tanta ceremonia, y +esperando con ansia el resultado de aquella lectura, que duró lo +bastante para que le pareciera interminable.</p> + +<p>Por fin Inés, después de haberse enterado muy a su sabor del +contenido del pliego, volvió a doblarlo escrupulosamente,<span +class="pagenum" id="Page_III-38">p. III-38</span> y lo encerró en un +saco llamado limosnero que llevaba pendiente de la cintura, así como un +cordón de hilo de oro que la servía de ceñidor, y se terminaba en dos +borlas casi sobre los pies.</p> + +<p>—La persona de quien dependo —dijo la dama pastelera ya sentada—, +la persona de quien dependo únicamente en este mundo, me autoriza a +enteraros de la historia de mi vida, a declararos quién soy, y a daros +explicaciones sobre un lance que ha podido dar lugar a dudas sobre mi +sinceridad. Hablo de lo ocurrido en el Carmen. Lo que voy a deciros +parecerá tal vez falta de recato; pero acostumbrada a vivir entre +hombres y en medio de los peligros hace años, puede disculpárseme si me +muestro algo más libre que otras de mi sexo. El primer hombre a quien +he amado, el único que he amado, el que hoy amo y amaré siempre, sois +vos, don Juan.</p> + +<p>—¡Celestial Inés! ¡Quién será más dichoso que yo cuando os oigo +hablar así!</p> + +<p>—Bajad la voz, no nos oigan, y escuchadme,<span class="pagenum" +id="Page_III-39">p. III-39</span> porque sería imprudente prolongar +esta visita demasiado. Hace tiempo que yo preveía que llegaríamos al +punto en que hoy estamos, aunque tal vez no contaba con que fuese tan +pronto. Sin embargo, tengo ya concluida una relación acaso prolija de +los principales sucesos de mi vida. Por el escrito que os entregaré +podréis juzgar si soy o no digna de vuestro amor. Pero ¡ah, don Juan! +¿Por qué quiso el destino que me conocierais?</p> + +<p>—Para mi ventura, adorada mía.</p> + +<p>—Plegue al cielo que así sea, pero temo lo contrario: yo no puedo +ser vuestra sino con una condición.</p> + +<p>—¿Y dudáis de que todas me parecerán suaves, deliciosas, tratándose +de lo que más deseo?</p> + +<p>—Tal vez no; y ese es mi mayor tormento. Don Juan, la empresa en que +se os quiere comprometer no solo es arriesgada, sino, y ojalá que me +engañen mis tristes presentimientos, desesperada, imposible de llevar +a cabo. ¿Cuál sería mi dolor si rico, joven y dueño de mi corazón, os +viera víctima<span class="pagenum" id="Page_III-40">p. III-40</span> +de proyectos que nada os interesarían si no me hubierais conocido?</p> + +<p>—Y bien, Inés, desde este momento son míos; no necesito saber más +que podrán reportaros alguna utilidad, y conducirme a mí a la dicha de +ser vuestro esposo, para ser el más celoso partidario de ellos. ¿Qué +es preciso hacer? ¿Atravesar los mares? ¿Abandonar patria y familia? +¿Pelear, renunciar a mi propio nombre, servir de esclavo? Hablad, Inés: +¿qué se exige de mí? Decidlo; y si hay peligro, por grande que sea, que +me detenga un instante, despreciadme entonces como indigno de vuestro +amor.</p> + +<p>El entusiasmo de don Juan conmovió a Inés extraordinariamente; y no +permitiéndola su agitación responder de palabra, alargó por la reja una +mano, que fue besada con indecibles transportes.</p> + +<p>—Y bien, mi Inés, mi señora, mi vida, ¿qué me decís?</p> + +<p>—¿Qué he de deciros, don Juan? Si yo hubiera de combatir contra +solo mi amor, aunque grande,<span class="pagenum" id="Page_III-41">p. +III-41</span> tal vez pudiera vencerlo aunque me costara la vida; +pero contra el vuestro también, me es imposible. Sea, pues, lo que el +destino ordene. Esperadme un momento.</p> + +<p>Salió diciendo esto del locutorio y en breve volvió, trayendo una +caja o estuche de madera preciosa, la cual con su llave pendiente de un +cordón entregó a Vargas, diciéndole:</p> + +<p>—Dentro de esa caja hallaréis la historia de la mujer en quien +habéis puesto los ojos. El cielo sabe si me cuesta que nos separemos +tan pronto, pero es preciso: idos, don Juan.</p> + +<p>—¿Tan presto, señora?</p> + +<p>—No podemos ni debemos llamar la atención de las religiosas. Dentro +de tres días volved a la hora de hoy.</p> + +<p>—¡Tres días, Inés! ¡Tres días sin veros!</p> + +<p>—Tiempo hubo en que un mes no os pareció mucho tiempo de +ausencia.</p> + +<p>—¿Aún os dura esa memoria, Inés mía? Paréceme que ya he pagado +bastante aquel delito. Es imposible que pudiendo veros pase yo tres +días sin hacerlo.</p> + +<p>—Pues bien, venid pasado mañana:<span class="pagenum" +id="Page_III-42">p. III-42</span> ya rebajo un día. Adiós, y no me +olvidéis.</p> + +<p>—Antes me olvidaré de que existo.</p> + +<p>—Mucho ponderáis, señor don Juan.</p> + +<p>—Más siento, señora, a fe de caballero.</p> + +<p>En esto, deshaciendo Inés su mano de las de su amante, que al tomar +la caja se había quedado con ella, se retiró ligeramente para salir del +locutorio. Ya en la puerta volvió la cabeza, y mirando a Vargas con +toda la expresión del amor y del agradecimiento.</p> + +<p>—Adiós, mi don Juan —le dijo, y desapareció.</p> + +<p>Vargas salió del convento arrebatado de gozo, y volando más que +andando corrió a examinar el contenido de la preciosa cajita.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_3p042.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + +<div class="chapter" id="Ch33"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-43">p. III-43</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO III</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">La más bella niña</div> + <div class="verse i0">De nuestro lugar</div> + <div class="verse i0">Hoy viuda y sola,</div> + <div class="verse i0">Y ayer por casar.</div> + <div class="verse idr">(Góngora).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<div class="blockquot"> + + <p class="centra asc">MANUSCRITO DE INÉS.</p> + + <p class="ti0 mt1">«¡Oh Clara! ¡Mi amada Clara! Si desde tu morada + celestial tu alma pura puede todavía conservar sus relaciones con + los objetos que en la tierra le fueron queridos, me atrevo a creer + que nunca tu espíritu se apartará de tu Inés. La feliz indiferencia + por los hombres, que tanto envidiabas en ella, ha desaparecido para + siempre: ahora y no entonces es cuando comprende todos tus tormentos. + ¡Pobre Clara! Solo en la tumba has hallado el descanso. ¿Será mi + destino correr igual fortuna?</p> + + <p>»Aún no sé si este escrito será jamás<span class="pagenum" + id="Page_III-44">p. III-44</span> leído por otro viviente más que yo + misma. ¿Quién podrá asegurar que la persona para quien le destino + querrá comprar, a costa tal vez de su propia dicha, la satisfacción + de su curiosidad con respecto a mí? Comoquiera que sea, si estos + caracteres, trazados por mi mano, llegaren a las suyas algún día, + sepa que para él, y para él solo, he podido resolverme a confiar al + papel las desgracias de mi familia, cuyo término está cuando menos + muy lejano.</p> + + <p>»Don Sebastián Contiño de Álvarez nació en la ciudad de Oporto, en + el reino de Portugal, vástago de una ilustre familia. Su inclinación + le llamó al ejercicio de las armas desde la niñez, y en ella se + envejeció. Era don Sebastián un soldado a toda ley: valiente, + sincero, y fiel a su rey. Ya muy adulto se enamoró, y obtuvo sin + dificultad la mano de doña María Sotomayor de Castro, que era una + señora igual a él en nacimiento, superior en fortuna, y célebre + por<span class="pagenum" id="Page_III-45">p. III-45</span> sus + virtudes y claro entendimiento.</p> + + <p>»Fruto de este matrimonio fueron dos hijas: mi pobre hermana Clara + y yo, que nací dos años después.</p> + + <p>»Apenas habría yo cumplido cuatro años, cuando tuve la desgracia + de perder a mi madre; y a pesar de ser entonces tan tierna mi edad, + no he podido jamás olvidar la dolorosa impresión que aquel suceso + me causó, ni los extremos que mi padre hacía con la aflicción de + separarse para siempre de una esposa a quien adoraba. Clara y yo + recibimos, deshechas en lágrimas, la última bendición de nuestra + madre moribunda; y solo a ella puedo atribuir el que en medio de + tantas vicisitudes en que después nos hemos visto, ni la una ni la + otra nos hemos apartado un solo instante de la senda de la virtud: + gracias sean dadas al que todo lo puede.</p> + + <p>»El mismo año de la muerte de mi madre, que fue el pasado de + 1578, se partió el rey don Sebastián a su desgraciada expedición + al África; y mi padre,<span class="pagenum" id="Page_III-46">p. + III-46</span> no queriendo dejar de acompañarle, nos puso al cuidado + de una parienta de mi madre, llamada doña Francisca de Alba, mujer + de don Frey Cristóbal Tabora, gran privado del rey, y que también le + acompañó en aquella sangrienta jornada, causa de dolor eterno para el + Portugal.</p> + + <p>»Parece que mi padre al despedirse de nosotras tenía el triste + presentimiento de no volvernos a ver. Estrechonos en sus brazos mil + veces, y no pudo dejarnos sin derramar copiosas lágrimas; cosa en él + bien singular, pues acaso en esta ocasión y en la de la muerte de mi + madre serían las dos únicas de su vida en que se le viese llorar.</p> + + <p>»Perdiose la batalla: murió en ella la flor de la nobleza + lusitana, y la consternación fue general. Mi tía doña Francisca no + supo de su marido; nosotras ignoramos la suerte de nuestro padre; + y ni teníamos ni podíamos hallar consuelo, porque donde quiera + que volviésemos la vista solo hallábamos orfandad, viudez y<span + class="pagenum" id="Page_III-47">p. III-47</span> desolación. Jamás + pueblo fue tan severamente castigado por faltas de su rey como + Portugal por el imprudente arrojo de don Sebastián.</p> + + <p>»La edad de Clara y la mía nos libertaron entonces de apurar aquel + cáliz de amargura; pero sin embargo mi hermana, que nació con un + corazón demasiado sensible, contrajo desde entonces una melancolía + que conservó hasta el sepulcro.</p> + + <p>»Para colmo de desdichas, nuestra tía se hizo un objeto de + sospechas eternas para el gobierno; y es de advertir que cuantos + volvieron de la batalla, o eran deudos, amigos y allegados de los que + fueron a ella, o bien habían gozado de algún favor con don Sebastián, + fueron desde entonces perseguidos más o menos, casi sin excepción.</p> + + <p>»¿Qué cosa más natural que, ignorándose la suerte de un padre, + de un esposo, de un hermano, de un amigo, se tratase de inquirir + qué era de él? ¿Quién se atreverá a condenar al que no quiere + convencerse,<span class="pagenum" id="Page_III-48">p. III-48</span> + sin haber adquirido pruebas innegables, de que ha perdido para + siempre a una persona querida?... Y, sin embargo, cualquiera de + estas dos cosas se miraba y se mira hoy en Portugal como un crimen + atroz.</p> + + <p>»Doña Francisca de Alba preguntaba, inquiría, buscaba sin cesar + indicios de que su marido no había muerto... “<i>Conspira</i>”, + dijeron los satélites del tirano; y la triste viuda se vio muy + cerca de ser sepultada en un calabozo. Tuvo, pues, que salir de + Lisboa y establecerse en su quinta de la Torre Vieja. Nosotras la + seguimos; pero mi tía, que aún no se consideraba segura, no queriendo + exponernos a una tropelía de las que entonces eran frecuentes, ni + envolvernos en su ruina, nos envió a la Sierra del Carnero con una + criada de confianza llamada Marta y el mulato Domingo, a quien don + Juan conoce.</p> + + <p>»En lo más escondido de un profundo valle, en medio de un bosque + de naranjos<span class="pagenum" id="Page_III-49">p. III-49</span> y + limoneros, una choza, que tal parecía por su techo pajizo y paredes + de caña, nos ofreció un asilo cómodo y seguro, del que jamás me + olvidaré aun cuando algún día llegue a habitar suntuosos palacios. + Formaba aquel valle una cadena circular de montes poblados de añosas + encinas, y de lo más alto de uno de ellos corría un abundante y + cristalino arroyo, cuyas aguas fertilizaban su suelo, y habiendo no + lejos de la choza un profundo remanso, nos proporcionaba el placer de + bañarnos en el estío. Una sola vereda de cabras era la comunicación + que existía entre nosotros y el resto del mundo. Nuestra choza era + grande, bien repartida, y cómoda. Poco tiempo después de habitarla se + retiró también a ella, huyendo de la persecución, el capellán de mi + tía, anciano venerable y lleno de instrucción, que tomó a su cargo + educarnos a Clara y a mí. Marta nos instruía en las labores propias + de su sexo.</p> + + <p>»Pocas veces dejamos mi hermana y<span class="pagenum" + id="Page_III-50">p. III-50</span> yo de ver brillar en el horizonte + el primer rayo del sol: siempre juntas, siempre con los brazos + enlazados corríamos el valle, y cada día encontrábamos un nuevo + placer. Hoy era un nido de ruiseñores; mañana la temprana fruta + de un árbol querido. Corríamos, saltábamos, y el tiempo presente + era el único que nos ocupaba. Ni el estudio ni el trabajo se nos + hacían penosos, porque no nos obligaban a él: nuestro preceptor era + el hombre más indulgente, más tolerante que es posible imaginar; y + nosotras lo queríamos tanto, que la idea de complacerle nos hacía + aprender con gusto cuanto quería enseñarnos.</p> + + <p>»Clara, de más edad, más reflexiva, con mayor talento que yo, + aprovechaba también más; pero me quería con tanto extremo que tenía + un verdadero pesar cada vez que se conocía superior a mí. Si el + hombre que dice haberse prendado de mí hubiera conocido a aquel + ángel, viéndome a su lado me tendría por despreciable».</p> + +</div> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-51">p. III-51</span></p> + +<p>—Imposible —exclamó Vargas al llegar aquí—, imposible: no puede +haber habido mujer igual ni comparable a ti, Inés mía.</p> + +<p>Después de haber desahogado así su corazón, continuó leyendo.</p> + +<div class="blockquot"> + + <p>«Pero yo me olvido de que estos detalles, tan interesantes para + mí, han de cansar a cualquier otra persona: ocho años pasamos en + aquella soledad sin que el menor incidente viniera a turbar nuestra + dicha. Nuestros bienes, fielmente administrados por mi tía, nos + ponían en estado de proporcionarnos toda especie de comodidades: nada + deseábamos ni teníamos que desear.</p> + + <p>»Yo tenía ya trece años; mi hermana quince, y era hermosísima + criatura. Dicen que se me parecía; pero yo, y no pase por modestia, + le soy muy inferior. Clara era muy blanca, perfectamente formada, + y sus facciones no eran solo regulares, sino además sumamente + agraciadas. Su porte era grave, dulce su mirar, encantadora su + sonrisa. En general parecía<span class="pagenum" id="Page_III-52">p. + III-52</span> melancólica, y jamás su alegría fue estrepitosa; pero + había en su corazón una vehemencia, en su fantasía una exaltación, + que dan lugar a decir que en los pocos años que pisó la tierra, más + que en ella vivió en un mundo ideal.</p> + + <p>»Cuando al despertarnos por la mañana me refería sus sueños, me + parecían de aquellos cuentos maravillosos que me entretenían en mi + primera infancia. Todo en ellos era sublime, extraordinario y bueno. + La misma inclinación se notaba en sus lecturas: siempre prefirió las + obras más metafísicas. Nunca la oí hablar de tesoros, sino de virtud + y gloria. Decir que era muy religiosa es excusado; en su carácter no + podía menos de serlo. Era demasiada su semejanza con los espíritus + celestiales para que dejase de estar siempre en comunicación con + ellos por medio de la oración.</p> + + <p>»De mí solo diré que adoraba a mi hermana, y que tenerla a mi lado + y juguetear eran todos mis deseos.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-53">p. III-53</span></p> + + <p>»Una tarde de verano, ya mucho después de puesto el sol, nos + hallábamos las dos hermanas a la orilla del lago, sentadas al pie + de un sauce y abrazadas como de costumbre. Hablábamos de nuestros + padres, o por mejor decir, Clara hablaba y yo la escuchaba. No se le + había olvidado ni una sola de las circunstancias de la muerte de mi + madre, ni de la despedida de su esposo: referíamelas entonces acaso + por la millonésima vez, y sin embargo nuestras lágrimas corrían en + abundancia. Clara, refiriendo una desgracia, hubiera hecho llorar a + las piedras.</p> + + <p>»En esta disposición, no sé cómo alcé la vista, y en la cumbre del + monte que teníamos en frente, que era justamente el que atravesaba + la vereda por donde se entraba en nuestro valle, creí divisar cuatro + o cinco hombres a caballo. Comuniqué mi observación a Clara, y esta + confirmó mis sospechas.</p> + + <p>»Desde que habíamos ido a la cabaña continuamente estábamos oyendo + que<span class="pagenum" id="Page_III-54">p. III-54</span> aquel era + el único rincón de Portugal donde se podía vivir sin estar expuesto a + las persecuciones del tirano.</p> + + <p>»Sabíamos que nuestra tía no se había venido a vivir a él por + no exponerse a que la confiscasen sus bienes, no atreviéndose + a visitarnos sino muy de tarde en tarde, y con las mayores + precauciones, para que no se descubriese nuestro retiro. Tampoco se + nos había ocultado que nuestro capellán estaba allí para sustraerse + a la proscripción que le amenazaba. En una palabra, estábamos + convencidas de que el descubrimiento del valle en que vivíamos sería + seguido infaliblemente de nuestra ruina.</p> + + <p>»Con estos antecedentes es fácil de concebir cuál sería nuestro + sobresalto viendo aquellos cinco hombres que descendiendo del monte + se aproximaban a paso largo a nosotras.</p> + + <p>»Yo me arrojé en los brazos de Clara, a quien estaba acostumbrada + a mirar como mi natural protectora, y conocí que,<span + class="pagenum" id="Page_III-55">p. III-55</span> aunque procuraba + serenarme, no estaba tampoco muy tranquila.</p> + + <p>»“¿Qué hacemos?”, le dije. “Huyamos a la choza”, me respondió, + “tal vez no nos habrán visto”.</p> + + <p>»Tomamos inmediatamente este partido, y llegamos, casi sin aliento, + a la pieza en que el capellán, leyendo, y Marta, en sus labores, nos + vieron entrar de aquella manera, con no poca sorpresa. Pero nosotras, + sin darles lugar a que nos preguntasen cosa alguna, les referimos lo + que habíamos visto.</p> + + <p>»El capellán, creyendo ya verse en poder de los jenízaros de + Felipe, y de allí sepultado en un calabozo de la Inquisición, se + quedó petrificado; y Marta no pensó más que en tratar de escondernos + a mi hermana y a mí. Pareciome bien aquella resolución, pero no + así a Clara. Esta dijo que si eran gentes enviadas por el rey las + que venían, sin duda estarían bien informados de cuántos y quiénes + fuesen los habitantes de la cabaña, y que<span class="pagenum" + id="Page_III-56">p. III-56</span> ocultarse cualquiera de ellos + solo serviría para darles lugar a cometer mayores tropelías sin + fruto alguno para el escondido, a quien irremediablemente habían de + encontrar por fin.</p> + + <p>»Estaban Marta y el capellán combatiendo aquella opinión, cuando + se vieron interrumpidos por dos o tres golpes dados con fuerza a la + puerta, que nosotras al entrar habíamos cerrado.</p> + + <p>»Cuál sería nuestro temor, se deja comprender. Quedémonos por + algún tiempo inmóviles como estatuas: llamaron segunda vez a la + puerta, y fue preciso pensar en lo que se había de hacer.</p> + + <p>»“Es necesario responder”, dijo Clara. “¿Y quién se atreve?”, + replicó Marta, “yo no”. “Ni yo”, exclamó el capellán. “Pues yo iré”, + dije yo entonces. “Vamos las dos”, añadió Clara; y así se hizo.</p> + + <p>»Acercámonos en efecto a una ventana, desde la cual vimos + que el que llamaba a la puerta era el mozo de confianza que mi + tía solía enviarnos con las provisiones<span class="pagenum" + id="Page_III-57">p. III-57</span> y otras cosas necesarias. Ambas + hermanas nos echamos a reír del gran miedo que sin causa habíamos + pasado, y abrimos al bueno de Santiago, que así se llamaba el mozo, + quien nos manifestó que también se había sorprendido y asustado con + nuestra tardanza en responderle.</p> + + <p>»El capellán y Marta creo que mientras esto pasaba en la puerta + estarían encomendándose a todos los santos del cielo, pues cuando + entramos en su cuarto con Santiago los hallamos de rodillas, + blancos como la pared, cruzadas las manos, y clavados los ojos en + el cielo. Costonos algún tanto convencerlos de que nada ocurría que + pudiera justificar sus temores; pero por fin acabaron cediendo a la + evidencia, y el buen eclesiástico preguntó a Santiago cuál era el + objeto de su venida. Respondiole este, que lo vería por la carta de + doña Francisca de Alba que puso en sus manos.</p> + + <p>»Nunca he visto pasar a un hombre con tanta rapidez del exceso de + la aflicción<span class="pagenum" id="Page_III-58">p. III-58</span> + al colmo de la alegría, como pasó entonces el capellán con la lectura + de aquella carta, que contra su costumbre de hacerlo en voz alta, + reservó entonces para sí.</p> + + <p>»Brilló en su rostro un contento inexplicable; y como si le + hubieran quitado por encanto veinte años de encima, se levantó de su + asiento con indecible agilidad, y frotándose las manos, dio dos o + tres paseos por la sala antes de decirnos una palabra.</p> + + <p>»Esperábamos las tres, con la ansiedad que tan natural es en + nuestro sexo, la explicación de todo aquello, pero por entonces lo + que supimos servía más para irritarla que para satisfacerla.</p> + + <p>»“Hijas mías, los hombres que habéis visto a caballo no son lo que + pensabais. Vienen aquí, pero como amigos. Bien me lo daba a mí el + corazón: por eso no me he asustado tanto como vosotras”.</p> + + <p>»Esto nos dijo el capellán; y Clara y yo, oyendo su intempestiva + fanfarronada,<span class="pagenum" id="Page_III-59">p. III-59</span> + nos miramos, faltando poco para que soltáramos la carcajada.</p> + + <p>»“Son”, continuó él sin advertirlo, “sujetos de distinción. Uno de + ellos viene enfermo, y es menester disponerle una cama. Vamos, señora + Marta, no perdáis el tiempo. Y vosotras, hijas mías, supongo que no + tendréis inconveniente en ceder vuestro aposento para un desgraciado. + ¿No es verdad?”. “Y con mil amores”, respondió Clara, cuyo tierno + corazón compadecía ya al hombre de quien se le hablaba.</p> + + <p>»Marta, mi hermana y yo volamos a nuestro cuarto. En un instante + hicimos desaparecer nuestras costuras y bordados: dispusimos una + cama que no le hubiera parecido mal a un príncipe, y salimos a + anunciárselo al capellán, pero ya no le encontramos en la choza. + Supusimos, con razón, que habría salido al encuentro de nuestros + huéspedes, pues a poco rato le vimos llegar acompañado de cinco + hombres montados en muy buenos caballos.<span class="pagenum" + id="Page_III-60">p. III-60</span> Traían todos unos antifaces + negros, cosa que nos sorprendió, pues, viviendo en aquella soledad, + ignorábamos que los caminantes, en verano, suelen usarlos para + libertar el rostro del ardor del sol y de la incomodidad del polvo. + Sus vestidos no eran ni tan buenos ni tan malos que llamasen la + atención. Los sombreros, de ala ancha; pero lo que más atrajo las + miradas de Clara y las mías fueron las cotas de malla que llevaban + encima de unos coletos de gamuza. Tal vez ellas y las armas, tanto + blancas como de fuego, de que iban provistos, me hubieran hecho + tenerlos por ladrones a haberlos visto algunos años después. Entonces + el vicio y el delito eran para mí palabras incomprensibles.</p> + + <p>»Mientras mi hermana y yo observábamos todo esto, se habían + apeado cuatro de los jinetes, y llegándose con muestras de respeto + al quinto, que permanecía montado a caballo, recibieron sus + armas, que él mismo fue dándoles. Luego<span class="pagenum" + id="Page_III-61">p. III-61</span> que estuvo desembarazado, trató de + apearse; pero viendo los otros que no podía hacerlo, se encargaron + de ello, haciéndolo con brevedad, pero con tanto cuidado que nos + persuadió de que aquel hombre era el enfermo. Ya en el suelo, fue + menester que se agarrara de los brazos de dos de sus acompañantes + para entrar en la choza, y aun así andaba con suma dificultad.</p> + + <p>»“Ese infeliz”, me dijo Clara, “parece que está muy malo”. Marta y + yo también pensábamos lo mismo, pero era tal nuestra curiosidad, que + no nos daba lugar por entonces a compadecerlo.</p> + + <p>»Sin detención ninguna el capellán condujo a los desconocidos a la + habitación preparada, y allí el enfermo se metió inmediatamente en + la cama. Al cabo de una media hora salió nuestro preceptor; comunicó + a Marta sus disposiciones para la cena, y la orden de arreglar, lo + mejor que pudiese, en la sala que nos servía de biblioteca y cuarto + de estudio, tres camas<span class="pagenum" id="Page_III-62">p. + III-62</span> para aquellos señores, pues uno de ellos había de velar + continuamente a la cabecera del enfermo.</p> + + <p>»Cuando estuvo dispuesto todo, avisamos; y se nos previno que + Domingo llevase la ligera colación preparada para el doliente + hasta la puerta de su habitación. Allí la tomó uno de los que le + acompañaban, y después se presentaron los cuatro en el comedor para + cenar con nosotras, ya sin antifaces, pero con las cotas de malla, + espadas y dagas.</p> + + <p>»Vimos entonces que de aquellos cuatro sujetos uno era anciano, + dos jóvenes, y el otro niño, que no llegaría a diecisiete años. + Estaban todos tan tostados que más parecían mulatos que europeos; + y mostraban en lo enjuto de los rostros, lacio de los cabellos y + gravedad en el mirar, que la vida que llevaban no era ni cómoda, ni + exenta de peligros.</p> + + <p>»Saludáronnos cortésmente, excusándose de la molestia que + nos causaban con la inevitable necesidad de hacerlo. A la<span + class="pagenum" id="Page_III-63">p. III-63</span> mesa se condujeron + con la más perfecta urbanidad, pero hablaron poco: no se nombraron + jamás unos a otros; y aunque comieron con buen apetito, no mostraron + en ello gran placer. Acabada la cena, que no fue larga, nos + retiramos, ellos a descansar, y nosotras a hacer conjeturas sobre + quiénes serían.</p> + + <p>»A la mañana siguiente, después de habernos vestido para ello + con algo más de cuidado que solíamos hacerlo diariamente, fuimos + conducidas por nuestro preceptor al cuarto del enfermo, a quien + hallamos en la cama sin antifaz ni otra cosa que impidiese verle el + rostro.</p> + + <p>»“Señor”, le dijo el capellán, “aquí tenéis a las dos sobrinas de + mi señora doña Francisca de Alba”. “Bellas niñas”, contestó con una + voz, aunque entonces débil, bastante sonora. “¿No me habéis dicho + que eran hijas de Sebastián Contiño?”. “Y muy servidoras vuestras”, + respondí yo, que como de menos edad, estaba también menos cortada que + Clara.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-64">p. III-64</span></p> + + <p>»“¡Pobre Contiño!”, continuó el doliente como si no me hubiera + oído: “lo hizo bien; se portó como un valiente; y no fue solo. Pero + todo fue inútil: Dios quiso castigar nuestra arrogancia. Que su + voluntad sea hecha. Hijas mías, vuestro padre era un buen soldado, un + completo caballero; espero que algún día recibiréis la recompensa de + sus servicios en la tierra, porque él años ha que disfruta de ella en + mejor vida”.</p> + + <p>»Estas palabras arrancaron nuestras lágrimas. El enfermo, + sintiendo al parecer habernos afligido, varió de conversación, + y empezó a hacernos a ambas, aunque con más frecuencia a Clara, + diversas preguntas, a las cuales tuvimos la dicha de responder + acertadamente. Aquella conversación duró una hora. Yo salí ya un poco + cansada; pero como Clara parecía muy satisfecha, no quise decirle una + palabra.</p> + + <p>»Todo aquel día no cesó mi hermana de hablarme del enfermo. + Ponderaba<span class="pagenum" id="Page_III-65">p. III-65</span> su + figura, que a mí, a la verdad, no me parecía gran cosa; la sonoridad + de su voz, que a mí me amedrentaba; y sobre todo, aquel tono grave + y majestuoso que le hacía suponer, y en esto íbamos conformes, que + aquel hombre debía ser un gran personaje.</p> + + <p>»La enfermedad que el tal padecía era una herida en una pierna + que por falta de cuidado estaba en muy mal estado. Agravose + considerablemente, le entró calentura; y sus cuatro compañeros y + el capellán decidieron unánimemente que era indispensable ya la + asistencia de un facultativo. Con este objeto escribieron a mi tía, y + el fiel Santiago fue como siempre el portador del mensaje.</p> + + <p>»Según después he sabido, la elección de doña Francisca de Alba + recayó en el licenciado Juan Méndez Pacheco, médico de una aldea + vecina a Lisboa, que tenía fama de hábil y de poco afecto a los + españoles.</p> + + <p>»Avisole que fuera a Guimaraes a<span class="pagenum" + id="Page_III-66">p. III-66</span> ver un enfermo en quien se + interesaba. Hízolo así Pacheco, y cuando ya iba a entrar en el lugar, + Santiago, sacándolo del camino, lo condujo a lo más áspero del monte, + en donde le aguardaban ocultos dos de los incógnitos de nuestra + choza. Después de asegurarle que nada tenía que temer, le taparon el + rostro para que no viese el camino por donde iba, y lo trajeron así + hasta el cuarto mismo del paciente.</p> + + <p>»Reconoció Pacheco la llaga, que dijo haber sido hecha por una + bala que pasó de soslayo; la curó, y en quince días que permaneció + allí sacó al enfermo de peligro y lo puso en disposición de poderse + levantar, declarando que ya no creía necesaria su asistencia. Con + esto, y con sustituir al ungüento que en una caja de plata llevaban + los incógnitos para curar la herida por otro más eficaz, se le + despachó del mismo modo que vino, con una carta para mi tía, quien + no solo le recompensó liberalmente, sino que tuvo la debilidad<span + class="pagenum" id="Page_III-67">p. III-67</span> de confiarle tal + vez cosas que no debiera. Debo advertir que Pacheco no vio jamás el + rostro del enfermo, quien siempre que el médico iba a entrar en su + cuarto se ponía unos grandes anteojos pardos que le desfiguraban + enteramente. A los demás los vio, pero a ninguno pareció conocer, ni + ellos a él.</p> + + <p>»Durante la estancia del médico en la choza, nuestras relaciones + con el enfermo se hicieron más íntimas. Gustaba de nuestra compañía, + y el capellán, encantado de ello, lejos de poner obstáculo alguno, + apenas nos dejaba salir un instante de su estancia. Marta, que + no había recibido una educación descuidada, sabía tocar el arpa + medianamente, y nos había dado lecciones a Clara y a mí: en breve + supe yo tanto como mi maestra, y mi hermana mucho más. Pulsada + el arpa por sus manos, producía sones que arrebataban: parecía + que las cuerdas, animándose, adquirían la sensibilidad de aquella + angelical criatura; y nada distraía tanto<span class="pagenum" + id="Page_III-68">p. III-68</span> al enfermo como que Clara tocase + algunas de sus composiciones favoritas en aquel instrumento.</p> + + <p>»Yo no me apartaba de mi hermana; es decir, que no salía del + cuarto en que ella estaba; pero como mi edad ni mi carácter permitían + que me estuviese mucho tiempo quieta, no cesaba de juguetear, ya en + una parte, ya en otra. Clara, por el contrario, siempre sentada a la + cabecera del enfermo, ora leía, ora tocaba el arpa, o bien conversaba + con él; y si era grande el placer de este en tenerla a su lado, no + era menor el de ella en acompañarle.</p> + + <p>»Podría tener aquel hombre entonces de treinta y cuatro a treinta + y cinco años de edad, y aunque llevaba en el rostro visibles + señales de grandes trabajos, lejos de ofrecer nada de repugnante, + no dejaba de tener bastante gracia. Su conversación era bastante + amena. Había corrido, al parecer, gran parte de la Europa, y + observando detenidamente sus costumbres,<span class="pagenum" + id="Page_III-69">p. III-69</span> pues describiéndolas con viveza y + maestría, nos tenía escuchándole horas enteras. No había en Portugal + familia ilustre cuya historia no conociese perfectamente; y según + hablaba, no solo parecía que había estado en relaciones con ellas, + sino con cuantos personajes había en dicho reino. De todo hablaba + con calma, y acaso con indiferencia; pero si la casualidad hacía + que se mencionase al rey de España, se hubiera dicho que una chispa + eléctrica le inflamaba. Sus ojos brotaban llamas al solo nombre de + Felipe; murmuraba entre dientes algunas imprecaciones, y variaba al + instante de conversación.</p> + + <p>»Siempre que esto ocurría, mi miedo era inexplicable; y daba + señales tan claras de tenerlo que algunas veces, conociéndolo el + enfermo, me llamaba para hacerme caricias y desimpresionarme. Sin + embargo, siempre miré a aquel hombre con cierta especie de temor que + jamás he podido desterrar.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-70">p. III-70</span></p> + + <p>»Clara también se afligía en tales casos, mas no se asustaba: + si existe en efecto la simpatía entre los humanos, en nadie se ha + explicado con más prontitud ni fuerza que en mi hermana y el enfermo. + Yo entonces veía sin comprender; pero reflexionando después muchas + veces sobre aquellos sucesos, me he convencido de que muy desde el + principio se enamoró Clara del incógnito, y este de ella.</p> + + <p>»Una sola circunstancia, que por cierto me afligió bastante, + hubiera sobrado hoy para revelarme aquel amor naciente.</p> + + <p>»En nuestros paseos Clara no hablaba una palabra, y apenas + respondía a mis continuas preguntas. Siempre distraída, no cesaba de + suspirar, y hubo días en que, aprovechándose de la primera ocasión + favorable, se salía fuera de la choza.</p> + + <p>»Ya he dicho de mi cariño a ella que era una verdadera idolatría. + Sentime de su proceder, y se lo dije con las lágrimas en los ojos. + Clara me estrechó tiernamente entre sus brazos, me acarició,<span + class="pagenum" id="Page_III-71">p. III-71</span> y se disculpó. Yo + la creí, y dos días después volvió a suceder lo mismo que antes.</p> + + <p>»Mes y medio pasaron los incógnitos en la choza. De los cuatro que + acompañaban al enfermo, los tres de más edad casi siempre estaban + conferenciando en secreto con el capellán: el otro gustaba más de + acompañarnos a paseo a mi hermana y a mí; para su edad era demasiado + formal, y yo le hacía por ello muchísima burla: él lo sufría + pacientemente, pero no variaba de conducta. Muchas veces me dijo que + era muy hermosa: yo me reía. Parece que ya en aquel tiempo se enamoró + de mí; por mi parte entonces no sabía ni podía saber qué cosa era el + amor; y cuando en lo sucesivo me hallé en edad de amar, jamás sentí + por aquel joven la menor inclinación».</p> + +</div> + +<p>Respiró don Juan leyendo esta declaración, pues hubo un momento en +que tembló no ser el primero que hubiera sabido conmover el corazón de +Inés.</p> + +<div class="blockquot"> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-72">p. III-72</span></p> + + <p>«Anunciáronnos, al cabo de este tiempo, que trataban de irse. + Yo recibí esta noticia con indiferencia: no así Clara, que sintió + despedazarse su corazón. Al montar a caballo el incógnito, sacándose + de un dedo un precioso anillo, se lo puso a mi hermana diciéndola: + “Tomad, hija mía, esta memoria de un hombre cuyos dones fueron en + otro tiempo muy estimados, y hoy solo cuenta con algunos corazones + fieles; séalo el vuestro también, que del mío jamás se borrarán esas + facciones, ni el agradecimiento por vuestros cuidados”.</p> + + <p>»Los sollozos de Clara respondieron por ella. No perdió de vista a + los caminantes hasta que la distancia y la espesura del monte se los + ocultaron; suspiró entonces, y puedo asegurar que en muchos días ni + aun sonreírse la vi.</p> + + <p>»No prolongaré más esta relación con minuciosos pormenores. Baste + decir que, desde la marcha de los desconocidos, pasamos un tristísimo + año hasta su vuelta, que se verificó inesperadamente.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-73">p. III-73</span></p> + + <p>»El herido venía ya enteramente bueno de salud, pero más caído + de espíritu. La vista de Clara le animó algún tanto, y mi hermana + no pudo disimular el gozo que en verle sentía. Ella misma me ha + confesado después todo lo que voy a referir.</p> + + <p>»A pocos días del regreso de aquellos hombres, saliendo Clara a + paseo una tarde sin mí, que, no sé cómo, me quedé en la choza, y + estando sentada a la orilla del lago, el incógnito se ofreció a sus + ojos cuando menos lo esperaba. Saludola, sentose a su lado, y estuvo + algún tiempo pensativo, hasta que por fin dijo:</p> + + <p>»“Mi edad y mis trabajos, hermosa Clara, parece que debían haberse + puesto a cubierto de las pasiones; pero vuestros ojos han sido más + poderosos que los años y la experiencia. Yo os amo con delirio, y + la reflexión ni más de un año de ausencia han podido borrar de mi + memoria vuestra imagen seductora, y el amor me ha vuelto a traer + a este valle, solo para<span class="pagenum" id="Page_III-74">p. + III-74</span> ofreceros mi corazón y oír de vuestra boca si mi + suerte ha de ser en todo adversa, o me reserva el cielo aún alguna + felicidad”.</p> + + <p>»Clara decía que esta declaración, aunque hecha en tono + apasionado, también lo fue con entereza y dignidad. No me ha dicho + lo que respondió; pero es de inferir que el incógnito no quedaría + muy descontento de su respuesta, cuando los paseos solitarios se + repitieron tantas veces cuantas lo permitió la impertinentilla + hermana Inés.</p> + + <p>»A poco los incógnitos volvieron a marchar; pero su regreso fue + también en breve, y en todo el año siguiente repitieron sus visitas + con frecuencia.</p> + + <p>»En este intermedio la melancolía y distracción de Clara iban en + aumento. El incógnito y ella tenían frecuentes conferencias secretas; + pero ni debían versar sobre materias alegres, ni salir ambos muy + satisfechos, pues los ojos de mi hermana estaban inflamados de + llorar, y el entrecejo de su amante hacía temblar.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-75">p. III-75</span></p> + + <p>»Un día los dos se presentaron a la mesa, si no alegres, por lo + menos no tristes. Después de comer, el desconocido se encerró con + el capellán, y estuvieron hablando como dos horas; salió el buen + eclesiástico de la tal conversación como loco de contento. Santiago + fue despachado en toda diligencia con una carta para mi tía. Dos + días después volvió a venir acompañando a la misma doña Francisca + de Alba. Esta, así que vio al incógnito, se echó a llorar, y quiso + arrodillarse; mas él, recibiéndola en sus brazos, lo impidió.</p> + + <p>»Clara al parecer comprendía todo aquello: yo estaba como quien + ve visiones, y no poco resentida de la reserva de mi hermana. La + noche misma de la llegada de mi tía, así que estuvimos solas, Clara, + abrazándome tiernamente, me dijo que se casaba con el incógnito. + Jamás ha habido sorpresa igual a la mía ni mayor aflicción, pues creí + que casarse Clara y separarme de ella sería todo uno.</p> + + <p>»No le costó poco trabajo consolarme,<span class="pagenum" + id="Page_III-76">p. III-76</span> convenciéndome de que jamás se + apartaría de mí; y yo, que solo a aquello atendía, ni me acordé de + preguntarle el nombre de su esposo.</p> + + <p>»Veinticuatro horas después, como a las once de la noche, + vestidas mi tía, Clara, Marta y yo de toda gala, y escoltadas por + el incógnito, sus cuatro acompañantes, el capellán, Santiago y + Domingo, montamos a caballo; y habiendo andado dos o tres horas por + veredas ocultas, y muchas veces por lo más enmarañado del monte, + llegamos, acabada de sonar la una de la madrugada, a corta distancia + de una ermita dependiente de cierto monasterio de San Agustín. En + sus inmediaciones encontramos a otras cuatro personas embozadas en + grandes capas, quienes sin duda nos esperaban, pues así que echamos + pie a tierra, y uno de los nuestros habló con ellos algunas palabras, + se dirigieron con nosotros a la ermita.</p> + + <p>»Santiago se adelantó solo a llamar a la puerta de esta, y + el religioso que la<span class="pagenum" id="Page_III-77">p. + III-77</span> habitaba no dejó de tardar bastante en responder. + Hízolo por fin, preguntando con harto desabrimiento quién era el + que llamaba tan a deshoras. Respondió Santiago que un labrador que + vivía en una cabaña no distante de allí, en paraje que nombró y + ahora no recuerdo, se había puesto repentinamente enfermo de tanto + peligro, que se temía expirase de un instante a otro, por lo cual le + suplicaba fuese sin tardanza a administrarle los últimos auxilios + espirituales.</p> + + <p>»Preguntó el fraile que cómo se llamaba el enfermo, y nuestro + mozo, que llevaba bien estudiada la lección, respondió que era un + tal Pedro Trebiños, labrador muy conocido del religioso, y que en + efecto habitaba el paraje que Santiago había dicho. Con tales señas + no le quedó duda al ermitaño; y diciendo que iba a abrir la puerta de + la ermita, se retiró de la ventana a que primero se había asomado. + Inmediatamente que lo hizo, y a una seña de Santiago, se aproximaron + dos de<span class="pagenum" id="Page_III-78">p. III-78</span> los + incógnitos, y con las dagas desnudas se arrojaron sobre el pobre + fraile cuando abrió la puerta, e imponiéndole silencio bajo pena + de la vida entraron con él en el vestíbulo de la ermita. Así que + Santiago nos avisó fuimos también a ella nosotras, los que nos + acompañaban y los que habíamos encontrado esperándonos; todos, en + fin, a excepción del mismo Santiago y el mulato, que se quedaron en + guarda de los caballos.</p> + + <p>»Yo no sé quiénes pensaría el fraile que éramos; pero lo cierto es + que aunque no hablaba palabra se le conocía que estaba muriéndose de + miedo. Dijéronle que nos condujese a la sacristía, y ya en ella que + nos franquease los mejores ornamentos que para decir misa tuviese. + Hízolo todo apresurado y temeroso, así como a ir a encender todas las + velas del altar mayor, y en seguida encerráronle en su propia celda, + dejando en su guarda a uno de la comitiva.</p> + + <p>»Así que el fraile se retiró, arrojó su<span class="pagenum" + id="Page_III-79">p. III-79</span> capa una de las personas que se nos + habían reunido a las inmediaciones de la ermita, y vi con la mayor + admiración que era un venerable anciano, un obispo con todas sus + vestiduras. Nuestro capellán y otros que le acompañaban le ayudaron a + revestirse, y ellos mismos lo hicieron también.</p> + + <p>»Mandáronnos retirar a todos de la sacristía para que el obispo + confesase al incógnito: Clara se confesó en seguida también con + él, y luego el prelado nos dijo una misa, asistido por los dos + capellanes.</p> + + <p>»Concluido aquel sacrificio, Clara, apoyada en mí, pues tal era + su turbación que apenas podía andar, se encaminó al altar, como + asimismo el incógnito. Todos los asistentes se aproximaron también, + y el obispo principió la lectura del rito matrimonial. Concluida la + lectura, y al hacer las preguntas de costumbre a los desposados, y + oyendo que al incógnito le decía: “Vos, varón, queréis por esposa, + etc.,<span class="pagenum" id="Page_III-80">p. III-80</span> a la + señora doña Clara Contiño, Sotomayor, Álvarez de Castro”, esperé + que al hacerle a mi hermana igual interpelación sabría el nombre de + su esposo. Engañeme empero. El obispo empezó en efecto a decir si + quería por esposo al señor don... Pero el incógnito lo interrumpió: + “Es inútil que me nombréis. Ella sabe quién soy y vos también: esto + basta; las paredes oyen”. No replicó el obispo, y la ceremonia se + concluyó, con harta mortificación mía, sin que yo tuviese el gusto de + saber quién era ni cómo se llamaba mi singular cuñado.</p> + + <p>»Antes de retirarnos firmamos todos un papel, que se nos dijo ser + el que en cualquier tiempo haría constar la legitimidad de aquel + matrimonio. Besamos en seguida el anillo del obispo, y recibiendo su + bendición salimos de la ermita. Poco antes de amanecer estábamos en + nuestro valle. Mi hermana se retiró a la estancia de su marido, y + yo, que jamás había dormido sino en su compañía, me fui sola y<span + class="pagenum" id="Page_III-81">p. III-81</span> despechada a mi + lecho, maldiciendo de todo corazón al que me había robado el cariño y + la sociedad de Clara.</p> + + <p>»Poco disfrutó esta por entonces de la compañía de su esposo: a + los quince días de casado se separó de ella. Volvió a poco tiempo, y + permaneció en el valle algunas semanas. Para abreviar diré que en el + primer año de su casamiento mi pobre Clara no vería a su marido más + de cuatro meses.</p> + + <p>»Es natural figurarse que yo no dejaría de preguntar cuál era el + nombre de mi cuñado; pero Clara me contestó que no podía decírmelo, + pues había prometido callarlo bajo juramento; que lo que a mí me + bastaba saber, y ella podía revelarme, era que su marido pertenecía + a una casa mucho más ilustre que la nuestra, y que él mismo era + persona de grande importancia; pero que habiéndole ocurrido grandes + desgracias, y sufriendo a consecuencia de ellas una persecución del + gobierno que ponía su vida en peligro, se<span class="pagenum" + id="Page_III-82">p. III-82</span> veía en la precisión de vivir + oculto, errante, y en continuo sobresalto.</p> + + <p>»No tuve dificultad ninguna en creer cuanto mi hermana me dijo, + pues todo iba muy conforme con las apariencias.</p> + + <p>»La pobre Clara, durante las continuadas ausencias de su marido, + no sosegaba un instante. Llorar, rezar, observar el camino del monte, + eran sus ocupaciones. Si algún consuelo encontraba en mi compañía, + era bien escaso. “¡Qué feliz eres”, me decía muchas veces, “en + conservar tu independencia! ¡Qué dichosa en conservarte hoy como + cuando vinimos a esta choza!”.</p> + + <p>»Pasaré por alto nuestras conversaciones. Interesantísimas para + nosotras, serían impertinentes para los demás.</p> + + <p>»Dieciocho meses hacía que Clara se había casado cuando una + noche, siendo más de las doce de ella, se presentó su marido en el + valle. Encerrose con ella como cosa de media hora, y al cabo de + ella salió con muestras de grande agitación.<span class="pagenum" + id="Page_III-83">p. III-83</span> Abrazome tiernamente (y esta fue la + primera vez que lo hizo), y montó a caballo, encargándome mucho que + cuidase de la salud de mi hermana y la consolara en su ausencia, que + entonces sería más larga que las pasadas.</p> + + <p>»Inútil encargo para quien en nada pensaba más que en la dicha de + Clara. Entré en su cuarto, y la hallé anegada en lágrimas y postrada + de rodillas ante un crucifijo, orando fervorosamente. “Libertadle, + Señor”, decía, “de las manos de sus enemigos. Bastante ha purgado sus + delitos. Misericordia, Señor, de él y de mí”.</p> + + <p>»Caí yo también a su lado, también lloré, y también dirigí mis + plegarias al Redentor. Solo aquello podía consolar a Clara entonces. + La mirada que me dirigió viéndome unir mis oraciones a las suyas + pintaba un agradecimiento, una satisfacción que no hay pluma capaz de + describir.</p> + + <p>»Después de algún rato me dijo: “Soy<span class="pagenum" + id="Page_III-84">p. III-84</span> muy desdichada, Inés mía. A pesar + de las precauciones con que mi marido vive, los verdugos españoles + han llegado a sospechar su existencia en Portugal, y se cree que esto + se debe a alguna indiscreción del licenciado Juan Méndez Pacheco, + a quien nuestra tía, Dios se lo perdone, dijo más de lo necesario. + Tiene, pues, el desdichado que huir, si puede, del suelo de su + patria; y no quiere llevarme consigo por no exponerme a mil peligros. + ¿Y cuándo, Inés, cuándo tiene que abandonarme? Cuando antes de muchos + meses seré madre tal vez”.</p> + + <p>»Al acabar ocultó su rostro en mi seno; corrieron en abundancia + las lágrimas de ambas; y de allí en adelante pocos días se pasaron + sin repetirse la misma escena. Una semana después de la noche de que + acabo de hablar recibimos a Santiago con un billete de mi tía, cuyo + contenido era el siguiente:</p> + + <div class="blockquot"> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-85">p. III-85</span></p> + + <p>“Señora y amada sobrina: vuestro esposo y mi señor se ha + embarcado, con el favor de Dios, el jueves último, dirigiéndose al + puerto de *** para pasar de allí a Roma. Conformaos con la voluntad + de Dios, y confiad en su justicia y misericordia, en tanto que yo + quedo rogándole con todo el fervor de mi corazón tenga en su santa + guardia a vuestro esposo y a vos. Vuestra servidora y tía — <i>Doña + Francisca de Alba</i>”.</p> + + </div> + + <p>»Tranquilizose Clara algún tanto con esta noticia, y su vida se + hizo más serena, aunque sumamente melancólica. Penas tan graves en + una persona joven, en extremo sensible, y de constitución delicada + no podían menos de hacer grande impresión; y en efecto, la hicieron. + Unida esta a su embarazo, destruyó para siempre la salud de mi + desdichada hermana.</p> + + <p>»Después de seis meses de haberse ausentado mi cuñado nació su + hija Clara, tan parecida a su madre, y a mí en particular, que + cuantos la han visto después la han tenido por hija mía. Nuestro + padre capellán la bautizó; yo fui su madrina:<span class="pagenum" + id="Page_III-86">p. III-86</span> su madre, a pesar de hallarse muy + delicada, no quiso consentir en que nadie diera el pecho a la niña + más que ella misma.</p> + + <p>»Pasamos un año después de esto sin tener noticia alguna de + mi cuñado: Clara no le había olvidado, pero la hija la servía de + gran consuelo. El excelente carácter, las gracias inocentes, y las + caricias infantiles de la niña la hacían sonreír a veces. Jamás la + oí formar para su hija proyectos ambiciosos; antes por el contrario, + aseguraba que, si en su mano estuviera, no saldría nunca Clarita + de aquel mismo valle en que ella y yo habíamos pasado momentos tan + apacibles.</p> + + <p>»Un día, de que no renuevo nunca la memoria sin amargo dolor, + aquel joven que acompañaba al incógnito la primera vez, y que según + he dicho parecía enamorado de mí, se presentó en la choza con aire + tan abatido y melancólico, que bastaba verlo para presagiar que era + portador de alguna funesta nueva.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-87">p. III-87</span></p> + + <p>»“¿Y mi esposo”, preguntó Clara llena de temor, “vive?”. “Vive, + señora”, contestó gravemente el mancebo. “Dios sea alabado”, replicó + mi hermana con un profundo suspiro; “¿y por qué no viene con + vos?”.</p> + + <p>»A esto respondió el mensajero refiriéndonos con brevedad cuanto + les había ocurrido desde su marcha del valle, y se reducía a haberse + embarcado en Portugal mudando de hábito y nombres, llegado con + felicidad a ***, pasando de allí a Roma, y al cabo de pocos meses a + Nápoles, por consejo de algunos amigos. Parece que en esta última + ciudad hombres demasiado confiados dejaron entrever el secreto de + mi cuñado a otros que, intimidados por el poder, o seducidos por el + oro de los españoles, lo pusieron en conocimiento del virrey, quien + procedió sin tardanza a la prisión del desventurado, que entonces + quedaba en el <i>Castell-del-Ovo</i>. Milagrosamente sus inseparables + compañeros pudieron sustraerse a favor de<span class="pagenum" + id="Page_III-88">p. III-88</span> varios disfraces a la persecución + de los satélites del virrey; y el que entonces nos hablaba se + encargó de venir a poner en nuestro conocimiento tan triste suceso, + exponiéndose, como es de suponer, a peligros inmensos.</p> + + <p>»Una revolución completa se obró entonces en Clara: aquella mujer + tímida como la paloma, dulce como el corderillo, se convirtió de + repente en un ser animado del mayor entusiasmo.</p> + + <p>»“Corramos”, exclamó, “a Nápoles. No en balde me ha dado el título + de esposa suya: si la fortuna hubiera coronado sus esfuerzos, él + repartiera conmigo su gloria y su esplendor: hoy que le es contraria, + mi deber es participar de sus penas, morir con él si necesario fuese. + Ahora mismo me pondré en camino”. “Y yo contigo, Clara mía; nuestra + suerte será la misma”, dije yo. Clara me dio un estrecho abrazo. El + capellán, que estaba presente, se opuso a este proyecto en vista de + las dificultades y peligros que ofrecía; Marta<span class="pagenum" + id="Page_III-89">p. III-89</span> le apoyó, y el mensajero mismo de + mi cuñado se puso de su parte.</p> + + <p>»Clara entonces, revistiéndose de una dignidad nueva en ella, dijo + en tono solemne: “He dicho mi voluntad, y no la revocaré en esta + materia. No se hable más de ello”. Quedámonos todos mudos, y solo + se pensó en hacer los preparativos para el viaje. En dos días todo + estuvo pronto; al tercero salimos del valle; y el quinto Clara, su + hija, el capellán, el desconocido, el mulato y yo nos embarcamos en + Lisboa para Italia».</p> + +</div> + +<p>A este punto del manuscrito de Inés llegaba don Juan, cuando un +criado vino a avisarle que un señor magistrado le buscaba. Suspendió, +pues, la lectura, aunque de muy mala gana, y encerrando los papeles en +la cajita bajó a la sala de estrado.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_3p089.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + +<div class="chapter" id="Ch34"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-90">p. III-90</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO IV</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Y no os tenéis que cansar;</div> + <div class="verse i0">Que yo sé no me conviene:</div> + <div class="verse i0">Ni daré por cuanto tiene</div> + <div class="verse i0">Un dedo del Castañar.</div> + <div class="verse idr">(<i>García del Castañar</i>, comedia).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">La persona que interrumpió a don Juan era don Rodrigo +de Santillana, alcalde del crimen de la chancillería de Valladolid. +Después de los cumplimientos de costumbre, don Rodrigo, con la +facilidad de un hombre de mundo, entabló desde luego la conversación +sobre el asunto a que iba.</p> + +<p>—He sabido, señor don Juan, dijo, que vuestro hermano el señor +marqués piensa salir mañana de esta ciudad para la corte; y habiendo +yo sido llamado a ella por el rey nuestro señor, vengo a suplicaros +me alcancéis la honra de hacer el viaje en su compañía, pues de no +ser así, hasta hallar ocasión de hacerlo con<span class="pagenum" +id="Page_III-91">p. III-91</span> alguna comodidad se pasará más tiempo +del que yo deseara.</p> + +<p>Don Juan, a quien no le pesaba hallar ocasión de pagar la cortesanía +con que don Rodrigo le había tratado en el lance del Campo Grande, +pasó sin tardanza al cuarto de su hermano, y consiguió fácilmente la +pretensión del alcalde. En seguida presentó este al marqués, y quedaron +ambos muy satisfechos uno de otro.</p> + +<p>Despidiose don Rodrigo; pero don Juan no pudo volver, como deseaba, +a ocuparse en la lectura de la historia de su amada, porque el marqués +le entretuvo hablándole de asuntos de familia y haciéndole varios +encargos para que los desempeñase durante su ausencia. Entre otras +cosas le encomendó muy particularmente que no dejase de visitar a +menudo a cierta condesa viuda, quien tenía una hija única llamada +Blanca, que, sobre ser heredera de inmensos bienes, pasaba por una de +las más hermosas y discretas damas de ambas Castillas.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-92">p. III-92</span></p> + +<p>—Sois mozo —le dijo—, pero no tanto que no debáis ya pensar en +estableceros, y seguramente ningún partido hallaréis tan ventajoso bajo +todos aspectos como el de uniros a doña Blanca.</p> + +<p>—Hermano —replicó Vargas, nada complacido con semejante +insinuación—, yo por ahora no pienso en casarme. Además, debéis +recordar que solo he dejado Flandes para vivir en vuestra compañía.</p> + +<p>—Sí, es verdad; pero las circunstancias..., quiero decir... En +fin, aunque casado, siempre viviréis en Valladolid, y viene a ser lo +mismo.</p> + +<p>—No hablemos de eso, hermano, porque es inútil. Yo estoy seguro +de que la madre de doña Blanca jamás se la dará por esposa a un +segundón.</p> + +<p>—Os engañáis: vos no sois pobre; y en punto a familia, les llevamos +grandes ventajas. Su título es de ayer, y su apellido flamenco; y la +antigüedad del nuestro es tanta como la de la monarquía. Esto es algo; +y además, yo tengo mis razones para creer que no seréis despreciado +si lográis agradar a doña<span class="pagenum" id="Page_III-93">p. +III-93</span> Blanca, cosa que de vos depende.</p> + +<p>No quiso Vargas prolongar la discusión, y se calló, pero firmemente +resuelto a no poner los pies en casa de la condesa, y a negarse al +matrimonio en cualquiera ocasión que volvieran a proponérselo.</p> + +<p>Toda aquella tarde y gran parte de la noche la pasaron ambos +hermanos en arreglo de papeles, ajustes de cuentas, y combinación de +varias disposiciones relativas a asuntos de interés doméstico. Cuando +todo estaba concluido, el marqués dijo a su hermano:</p> + +<p>—Don Juan, somos mortales, y la hora de la muerte es incierta. Yo no +soy aún anciano, y a Dios gracias disfruto de buena salud; pero no por +eso tengo la vida asegurada: he hecho, pues, mi testamento, que cerrado +y sellado queda en poder de nuestro escribano: hago en él por vos lo +que puedo y debo como buen hermano, a quien nunca habéis dado un motivo +de disgusto. Espero que si yo muriere antes de volver de este viaje, os +conformaréis<span class="pagenum" id="Page_III-94">p. III-94</span> +en todo con mi última voluntad, desempeñando fielmente la comisión que +pongo a vuestro cargo.</p> + +<p>Vargas respondió que esperaba que no tendría el disgusto de +perder a su hermano mayor, a su segundo padre, en muchos años; pero +que si desgraciadamente el cielo lo ordenaba así, podía el marqués +estar seguro de que sus disposiciones se ejecutarían exactamente, +cualesquiera que ellas fuesen, contando con que él (don Juan) por su +parte las miraría como sagradas.</p> + +<p>Ya era más de la media noche cuando los hermanos se separaron, y +Vargas, que para despedir al marqués tenía que levantarse antes del +alba, no pudo entonces continuar la lectura del manuscrito de Inés.</p> + +<p>A la siguiente mañana, don Rodrigo, el padre Teobaldo y el marqués, +entraron en el coche de este, y salieron de Valladolid por la puerta +del Carmen, con dirección a la corte. Don Juan, a caballo,<span +class="pagenum" id="Page_III-95">p. III-95</span> los acompañó hasta un +lugar distante dos leguas de la ciudad, que llaman Puente-Duero. Allí, +al separarse, don Rodrigo, sacando la cabeza por la ventanilla del +coche como para despedirse de Vargas, le agarró la mano y, sonriéndose +con aire maligno, le dijo a media voz:</p> + +<p>—El temperamento de Madrigal, señor don Juan, es harto malsano; y +la compañía de los frailes poco conveniente para un caballero mozo. +Discreto sois: recibid este aviso amistoso. Cochero, arrea.</p> + +<p>Obedeció el cochero, y el carruaje, a pesar de lo arenoso del pinar +por donde pasa el camino, se alejó con velocidad del paraje en que don +Juan dudaba aún de si daría crédito a sus oídos.</p> + +<p>«Parece —exclamó por fin— que toda la especie humana se ha empeñado +en mezclarse en mis negocios y obrar misteriosamente conmigo. ¿De dónde +sabe este alcalde que yo voy a Madrigal y visito allí a un fraile, si +yo a nadie se lo he dicho? Dios me tenga de su mano, que bien<span +class="pagenum" id="Page_III-96">p. III-96</span> lo he menester para +no quedarme sin el poco juicio que me resta».</p> + +<p>Hecha esta reflexión, para libertarse de las muchas y desagradables +que le asaltaban, arrimó las espuelas al caballo; y el animal, +acostumbrado ya a conocer las intenciones de su amo, salió a la carrera +por el primer camino que se le presentó, que fue no el de Valladolid, +sino el de Simancas, que está poco más o menos media legua a la derecha +de Puente-Duero.</p> + +<p>No reparó Vargas en que había errado el camino hasta que alzando los +ojos vio que el sol naciente doraba con sus primeros rayos la cúpula +del torreón del castillo de Simancas, en donde años antes murió mártir +de la libertad el obispo Acuña.</p> + +<p>Aunque estaba impaciente por llegar a su casa para concluir la +empezada historia de la bella portuguesa, se consoló con que el rodeo +no había sido muy largo; y volviendo las riendas al caballo echó<span +class="pagenum" id="Page_III-97">p. III-97</span> a andar a trote largo +por la orilla del Pisuerga con dirección a la ciudad.</p> + +<p>No muy distante de ella vio caminar por la misma senda que él iba, +pero en sentido contrario, una mujer hermosa montada en una excelente +mula, y acompañada por un mozo de a pie, en el cual reconoció desde muy +lejos la gallardía y destreza del pastelero Gabriel de Espinosa. Tantas +y tales eran las singularidades que don Juan había visto en aquel +hombre, que ya no podía sorprenderle, por más inesperadamente que se le +presentase. Miró, pues, ya que no como natural, al menos como muy poco +maravillosa, su presencia en las cercanías de Valladolid, aun cuando +era de suponer que estuviese entonces en Madrigal, y apresuró algo el +paso para salirle al encuentro.</p> + +<p>Poco tardaron nuestros caminantes en hallarse frente a frente. +Gabriel reconoció también a Vargas; pero no conviniéndole, sin duda, +manifestarlo entonces, puso disimuladamente el dedo índice de<span +class="pagenum" id="Page_III-98">p. III-98</span> la mano derecha sobre +sus labios en señal de silencio, mirando a Vargas significativamente, +y fingiendo que el caballo se le había espantado, pasó a escape por +delante del hermano del marqués sin saludarle; este no trató de +estorbárselo y, saludando a la dama, continuó su camino.</p> + +<p>Luego que hubo andado algunos pasos volvió atrás la cabeza y vio que +Gabriel iba ya muy tranquilo al lado de la señora de la mula.</p> + +<p>«Anda con Dios, hombre incomprensible —dijo para sí—. Hoy no te +conviene conocerme: no me estuviera mal a mí tampoco no haberte visto +jamás».</p> + +<p>En estas y otras reflexiones llegó a la puerta de su casa, y allí lo +olvidó todo para volver a ocuparse en la lectura de la historia de la +bella Inés de Contiño.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_3p089.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + +<div class="chapter" id="Ch35"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-99">p. III-99</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO V</h3> + <hr class="tir"> + <div class="estrecho"> + <p>Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue + depositario de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus + riquezas.</p> + <p class="dcha mt1">(Cervantes: <i>Don Quijote</i>, parte 1.ª, + cap. 13).</p> + </div> +</div> + +<div class="blockquot"> + + <p class="centra asc">MANUSCRITO DE INÉS</p> + + <p class="ti0 mt1">«Al embarcarnos, llevamos con nosotros una suma + considerable en dinero y alhajas, la mayor parte nuestras, y algunas + cartas de recomendación para Nápoles que nos dio doña Francisca de + Alba. Después de una navegación larga, pero sin contratiempos de otra + especie, llegamos por fin a Nápoles, donde nos alojamos lo más cerca + que pudimos del <i>Castell-del-Ovo</i>, en una casa que tomamos por + nuestra cuenta, diciendo que íbamos a Italia a cumplir cierta promesa + hecha a san Genaro.</p> + + <p>»La misma noche de nuestra llegada<span class="pagenum" + id="Page_III-100">p. III-100</span> fue a vernos el anciano que + siempre iba en compañía de mi cuñado, avisado por el joven que fue + a buscarnos al valle. Alabó sobremanera la heroica resolución de + Clara, cuya mano besó; y nos dijo que su marido continuaba preso y + custiodiado con la mayor vigilancia.</p> + + <p>»“Han estado a verle”, añadió, “el virrey y algunos otros grandes: + el primero no se cubrió hasta que el preso se lo mandó expresamente; + y a todos nos ha inspirado compasión y respeto la nobleza y dignidad + con que soporta su infortunio; trátanle por ahora con las mayores + consideraciones; pero han escrito a España; se está esperando por + momentos la respuesta, que ya debía haber llegado, y la hora en que + venga será la de su muerte”. “¿Y podrá Felipe cometer tal infamia?”. + “Podrá, señora, porque el monarca español no conoce freno. El + príncipe de Egmont, degollado en un cadalso; Orange, proscrito; su + propio hijo, bárbaramente asesinado os dicen bastante cuál es la + suerte que<span class="pagenum" id="Page_III-101">p. III-101</span> + aguarda a vuestro esposo, si no logramos sacarlo de la prisión antes + que el tigre se aperciba que puede imprimir en él su garra”.</p> + + <p>»Esta perspectiva espantosa y cierta afligió, pero no desalentó, a + Clara, que jamás perdió la esperanza de salvar a su esposo.</p> + + <p>»Pero prodigamos el oro, y conseguimos corromper a un carcelero, + estableciendo por su medio una correspondencia seguida con el preso, + quien en su primera carta no hallaba expresiones con que encarecer su + agradecimiento y amor a su adorada Clara. Nosotros le informábamos + sucintamente de los pasos que se daban en favor suyo, y de nuestras + esperanzas, exagerándolas; pero no de nuestros temores, que no eran + pocos, ni de pequeña importancia.</p> + + <p>»El carcelero que habíamos ganado no era más que el llavero + que le llevaba la comida y le servía; pero para entrar y salir + en el castillo era menester pasar en<span class="pagenum" + id="Page_III-102">p. III-102</span> su interior por dos o tres + puertas, guardadas cada una por distinto portero, y en lo exterior + por medio de la guardia, que daban los tercios españoles que + guarnecían la ciudad. Además, el gobernador del fuerte iba en persona + todas las mañanas y noches a cerciorarse de la presencia del preso en + su encierro. ¿Cómo, pues, ponerlo en libertad?</p> + + <p>»Cada día se nos ocurría un nuevo proyecto, y cada noche nos + acostábamos con el desconsuelo de haberse conocido la imposibilidad + de ponerlo en práctica. Mi cuñado nos escribía que estaba resignado + con su suerte, que cesáramos de exponernos por él a nuevos peligros, + y que nos volviéramos a nuestro retiro. Pero Clara ni oír hablar de + tal cosa quería, y yo no supe nunca pensar más que como ella. En todo + este tiempo nos visitaron muchas veces los compañeros del esposo de + mi hermana, que bajo diferentes disfraces, y confundidos con la clase + ínfima del pueblo, permanecían en Nápoles.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-103">p. III-103</span></p> + + <p>»Todos ellos se ocupaban sin cesar en el mismo objeto que + nosotros, pero tan infructuosamente también. Por fin, el más anciano + de nuestros amigos formó un proyecto que, aunque complicado y + difícil, ofrecía sin embargo más probabilidades de buen éxito que + cuantos se habían imaginado.</p> + + <p>»Un médico francés establecido en Nápoles fue quien intentó + los primeros pasos de nuestra empresa, merced a una considerable + gratificación. Por medio del carcelero sobornado, enviamos al marido + de Clara una bebida que a poco tiempo de tomada no solamente le + aletargó, sino que también le prestó todas las demás apariencias + cadavéricas. Cuando por la mañana fue el mismo carcelero a llevarle + el desayuno, fingiendo gran sorpresa de hallarle en aquel estado, + corrió a dar parte al comandante del fuerte. Trasladose este en + seguida a la prisión y, creyendo muerto a mi cuñado, lo puso + sin tardanza en conocimiento del virrey, quien también<span + class="pagenum" id="Page_III-104">p. III-104</span> pasó en persona + a cerciorarse del hecho. Pero el brebaje del francés produjo tan + maravilloso efecto que, convencidos todos de que el preso había + dejado de existir, mandaron que encerrado en un ataúd se le + trasladase inmediatamente a una capilla próxima al castillo, para + hacerle allí algunos sufragios, con el mayor secreto.</p> + + <p>»Prevista esta circunstancia por los amigos de mi cuñado, aquel + mismo día, después de anochecer, se fueron aproximando por distintas + partes a la capilla; se hicieron abrir la puerta, no sé con qué + pretexto, y amarrando al sacristán a uno de sus pilares, envolvieron + al supuesto muerto en algunas mantas que llevaban a prevención, y + salieron con él a la calle. De allí se dirigieron inmediatamente al + puerto, y se embarcaron en un buque francés que habíamos fletado + enteramente por nuestra cuenta: sin detenernos levantamos el ancla, y + al vernos en alta mar nuestro gozo fue indefinible.</p> + + <p>»Veinticuatro horas completas permaneció<span class="pagenum" + id="Page_III-105">p. III-105</span> el esposo de Clara aletargado. Al + cabo de ellas volvió en sí, y habiéndole administrado la bebida que a + prevención llevábamos por disposición del médico, cuando llegamos a + Marsella iba ya completamente bueno.</p> + + <p>»En Marsella, después de una larga conferencia entre mi cuñado y + sus amigos, se decidió que convenía por entonces separarnos por algún + tiempo, y así se verificó en efecto, señalando el término de un año + para reunirnos en España.</p> + + <p>»Clara, su esposo, su hija, el capellán y yo nos internamos en + Francia, y fijamos nuestra residencia en un pueblecillo de las + montañas del Languedoc, llamado Lacaune. Su situación, en medio + de una sierra de las más agrias, los gigantescos peñascos que en + todos sentidos le rodean, y los torrentes que en la estación del + invierno parece que van a inundarle, no se me olvidarán jamás; pero + tampoco se borrará de mi memoria la hospitalidad y atenciones de sus + habitantes.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-106">p. III-106</span></p> + + <p>»Para establecernos allí tomó mi cuñado el nombre italiano + Fiormino, y se dio por un particular emigrado a causa de su aversión + a los españoles que entonces dominaban su país: esto bastó para + hacernos el objeto de la solicitud de todo el pueblo. Visitonos + cuanto en él había de familias nobles, que eran bastantes, y + procuraron en cuanto estuvo a su alcance hacernos olvidar nuestras + desgracias. Pero nada bastó para que mi pobre Clara recobrase su + salud.</p> + + <p>»Durante la prisión de su marido sufrió mi infeliz hermana + tormentos indecibles, y le sucedió entonces lo mismo que al que + padece una fiebre inflamatoria, que mientras esta le dura parece + animado y vigoroso, pero en desapareciendo le faltan las fuerzas. Así + Clara hasta que vio seguro a su esposo mostró un valor, una energía + verdaderamente heroicos; pero ya en Francia no pudo más y empezaron a + ser demasiado visibles los efectos de sus penas.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_III-107">p. III-107</span></p> + + <p>»El más indiferente hubiera visto sin dificultad que aquel cuerpo + tan bello caminaba a pasos agigantados a su disolución. ¿Qué haría + una hermana que la adoraba? ¿Qué un esposo de los más tiernos?</p> + + <p>»Ella misma no ignoraba su estado, y pensando aun entonces más + en nosotros que en sí, no cesaba de prepararnos con sus discursos a + soportar con resignación la irremediable calamidad de su muerte.</p> + + <p>»Yo no sé si me engaño, pero esa filosofía que nos hace soportar + estoicamente la pérdida de los que amamos, la he considerado siempre + como una máscara de la insensibilidad.</p> + + <p>»Si hubiera de referir las lágrimas, los suspiros que entonces + exhalé, sería este escrito interminable. Pero permítaseme pasar + rápidamente sobre aquel amargo trance.</p> + + <p>»Clarita no había aún cumplido dos años cuando su madre, atacada + de una consunción ya en su último período, cayó en cama. Desde + aquel instante al de<span class="pagenum" id="Page_III-108">p. + III-108</span> su muerte, que se verificó un mes después, ni su + marido ni yo nos apartamos un instante de su lado.</p> + + <p>»El médico a quien llamamos movió tristemente la cabeza, y nos + dijo sin rodeos que Dios solo podía ya hacer algo en aquel caso.</p> + + <p>»“Ya lo sabía yo”, dijo la enferma; “que su voluntad se cumpla”. + Nuestro capellán, que desde su infancia la había acompañado, fue + quien la prestó los últimos auxilios espirituales.</p> + + <p>»Un cuarto de hora antes de morir quiso ver a su hija, la bendijo, + y después de apretar tiernamente la mano de su esposo, tomó la mía + diciéndome: “Inés mía, en tus brazos deposito a Clarita; sé para ella + lo que fuiste para mí; sírvela de madre”.</p> + + <p>»Llorar fue mi respuesta. Cruzó entonces Clara sus manos, y + esperó tranquila el momento de comparecer ante el Padre de las + misericordias.</p> + + <p>»No manifestó su semblante el menor<span class="pagenum" + id="Page_III-109">p. III-109</span> síntoma de agonía ni de + padecimiento. Estaba, sí, descolorida, pero tan tranquila como si no + fuera a morir. Su alma, que conservó en la tierra toda la pureza de + su ser primero, su alma, centro y depósito de todas las virtudes, + rompió sin esfuerzo los lazos que la unían al cuerpo, y subió + satisfecha a gozar de la recompensa que merecía.</p> + + <p>»Al expirar abrió un instante los ojos, los fijó en nosotros, + y dando un suspiro, volvió a cerrarlos para siempre. Una sonrisa + indecible se dejó ver en aquel momento en sus labios.</p> + + <p>»El dolor de su esposo fue silencioso, pero terrible. El mío + amargo, y será eterno. No ha pasado desde entonces un solo día sin + que derrame alguna lágrima sobre la memoria de mi hermana.</p> + + <p>»Para colmo de mi desventura, el capellán, ya muy anciano, no pudo + resistir a la pena que le causó la muerte de Clara, y la siguió en + breves días al sepulcro.</p> + + <p>»La estancia en Lacaune no podía<span class="pagenum" + id="Page_III-110">p. III-110</span> menos de sernos intolerable. + Salimos, pues, de aquel pueblo con el corazón lleno de amargura, + y nos encaminamos a España. Entonces tomó mi cuñado el nombre de + Gabriel Espinosa, y para mejor encubrirse, el oficio de pastelero, + en que el mulato Domingo le dio algunas lecciones, que por cierto + aprovechó muy mal.</p> + + <p>»De esta manera hemos vivido, ya en un pueblo, ya en otro, hasta + nuestra llegada a Madrigal, en donde el señor don Juan de Vargas me + conoció.</p> + + <p>»Lo demás que me queda que revelar a este caballero es demasiado + importante para que yo me atreva a confiarlo al papel, y aun lo que + lleva escrito le suplico lo queme apenas lo haya leído. — <i>I. + C.</i>».</p> + +</div> + +<p>Concluyó Vargas esta para él tan interesante lectura, más prendado, +si posible era, que antes de empezarla lo estaba de la bella Inés, y +lleno al mismo tiempo de satisfacción. No podía en efecto menos de +sentirla viendo que la mujer<span class="pagenum" id="Page_III-111">p. +III-111</span> a quien tanto amaba era igual a él en nacimiento, y +digna bajo todos conceptos de su estimación.</p> + +<p>Solo hubiera deseado saber quien era el misterioso Gabriel, cuyas +desgracias le interesaron también a favor suyo; pero o Inés lo ignoraba +aún, cosa poco probable, o temió escribir su nombre, que era lo más +cierto.</p> + +<p>En estas y otras reflexiones estaba entretenido, cuando entró en su +cuarto estrepitosamente el comendador Hinojosa, con muestras de gran +contento por una parte y cierta risa irónica en la boca por otra, que +no se concertaban muy bien.</p> + +<p>—Bien hallado, señor don Juan —dijo dándole una palmada en el hombro +con sobrada fuerza—: apuesto mi encomienda a que no adivináis las +nuevas que os traigo.</p> + +<p>—Si ellas son de tanto peso —respondió Vargas encogiendo el +hombro—, como vuestra mano, no las digáis, porque sin duda alguna me +abrumarán.</p> + +<p>—No sé yo si os abrumarán en efecto, pero nunca os<span +class="pagenum" id="Page_III-112">p. III-112</span> serán muy gratas. +El señor marqués ha tratado de engañarme, pero el engañado ha sido él: +Hinojosa es demasiado observador para que se le escapen así las cosas. +No os alborotéis hasta estar al cabo del negocio, que en llegando allá +tal vez no andaréis vos muy comedido con vuestro hermano.</p> + +<p>—Sepamos, pues, de qué se trata.</p> + +<p>—De una friolera, a la verdad: de vuestra fortuna. Si Dios no lo +remedia, el marquesado, primo y señor, voló.</p> + +<p>—¿Habéis soñado esta noche, primo, y venís a referirme vuestros +sueños?</p> + +<p>—No, a fe mía, aunque a veces tengo mis tentaciones de creer que es +un sueño lo que pasa. Pero escuchadme y oiréis maravillas. ¿Habéis oído +hablar de una dama llamada Violante?</p> + +<p>—Violante... Violante... Sí; me parece que hago memoria... Aguardad: +¿no fue dama del marqués?</p> + +<p>—Precisamente la misma. Vuestro hermano la sorprendió <i>in fraganti +delicto</i>, como diría el padre Teobaldo, con un tal don Rodrigo, +de felice recordación,<span class="pagenum" id="Page_III-113">p. +III-113</span> que después la abandonó también.</p> + +<p>—Sea en hora buena.</p> + +<p>—No os impacientéis, que ya llegaremos al punto importante. No +pudiendo hacer otra cosa, la dama se metió a beata. Se encontró +encinta; y por medio de un buen fraile dominico, a quien ha embaucado, +logró persuadir al marqués de que sus ojos le habían servido mal; y +además, y en esto estriba la dificultad, le ha convencido de que su +señoría es el progenitor de la criaturita, que Dios sabe a quién debe +el ser.</p> + +<p>—¿Y el marqués se ha dejado engañar tan groseramente?</p> + +<p>—Como un santo varón. Pero no para en esto la historia: ha +reconocido al niño, haciéndolo bautizar con su nombre y apellido, sin +quitar una letra, ha señalado a la madre una pensión, y ahora va a +Madrid a legitimar al ilustre vástago para poder dejarle su título y +rentas. No me interrumpáis, que aún tengo que decir, y no poco. Por +si muere antes de verificarse la susodicha legitimación, ha hecho +testamento, dejando todos<span class="pagenum" id="Page_III-114">p. +III-114</span> sus bienes libres al señorito; pero en honor de la +verdad, debo decir también que se expresa que, en caso de no morir +el marqués hasta después de legitimado su hijo (así lo llama) por Su +Majestad, entonces se entienda que el marquesado pase a este, y los +bienes libres a su hermano el señor don Juan de Vargas.</p> + +<p>—Hinojosa, entendámonos: o cuanto decís es una chanza, y para tal +me parece muy pesada, o habláis de veras, y entonces debo saber qué +fundamento tienen tan importantes noticias.</p> + +<p>—Y yo no tengo inconveniente en decíroslo. Desde que el dominico +apareció aquí estoy sobre aviso: he observado los pasos del marqués; +me he informado de la vida de Violante, y he sabido que el tal fraile +era su confesor y la visitaba con frecuencia. Esto me ha bastado +para averiguar el resto, para ir averiguando lo demás; pero a mayor +abundamiento, el padre Teobaldo, confidente del marqués, se lo ha +revelado al mayordomo; este al ama de llaves, quien deposita<span +class="pagenum" id="Page_III-115">p. III-115</span> sus secretos en +el despensero; de este pasó a cierta moza de retrete que no mira con +malos ojos a mi lacayo, el cual me lo ha referido punto por punto. Y +por si alguna duda nos pudiese quedar, tenéis al escribano, a quien he +gratificado, pronto a enseñaros la minuta del testamento, que está, +gracias a Dios, claro y terminante.</p> + +<p>—Ya veo que no tiene duda.</p> + +<p>—Ninguna.</p> + +<p>—Así parece.</p> + +<p>—¿Y qué pensáis hacer?</p> + +<p>—No sé; nada.</p> + +<p>—Admirable calma.</p> + +<p>—¿Y qué hemos de hacer? La cosa ya no tiene remedio.</p> + +<p>—No, en efecto, si tratáis de estaros mano sobre mano. Pero +movámonos; opongamos la fuerza y la razón a las arterías de una ramera: +tal vez lograremos impedir que empañe el honor de nuestra familia un +infame bastardo, hijo acaso de algún caballero de la industria. Nadie +más interesado que vos en este asunto.</p> + +<p>—Así es, pero yo no quiero disgustar a mi hermano. Haga ahora lo +que quiera, no por eso dejará de haber sido un padre, y muy<span +class="pagenum" id="Page_III-116">p. III-116</span> buen padre, para +mí.</p> + +<p>—Nobles son esos sentimientos, pero intempestivos. El marqués está +engañado, seducido por esa bribona que Dios confunda, y es hacerle un +beneficio evitar que cometa la necedad que intenta. Lo que conviene, +pues, es que sin demora tornéis la posta para Madrid.</p> + +<p>—¿Yo dejar a Valladolid ahora? No, por cierto; aunque en ello me +fueran más coronas que las de los innumerables mártires de Zaragoza.</p> + +<p>—Voto a Dios —exclamó Hinojosa impacientado— que este tiene menos +juicio aún que su hermano.</p> + +<p>Riose Vargas de todo corazón de la cólera de su primo; y después de +haber meditado algunos instantes, dijo:</p> + +<p>—Lo que en esto se puede hacer es que vos, en quien tengo toda +mi confianza, toméis a vuestro cargo el negocio. Desde ahora tenéis +poderes amplios y completa aprobación para cuanto dispongáis. Si algo +se ha de hacer ha de ser así, porque por mi parte me es imposible +ocuparme en nada, pues tengo asuntos de<span class="pagenum" +id="Page_III-117">p. III-117</span> más importancia.</p> + +<p>—¡De más importancia que un título y grandes rentas!... En efecto, +será preciso que yo tome el negocio a mi cargo, porque si no, sabe Dios +en qué vendrá a parar la familia.</p> + +<p>Salió diciendo esto del aposento muy incomodado con el poco juicio +de su primo, y al día siguiente por la mañana tomó la posta para +Madrid.</p> + +<p>Don Juan no dejó de pensar algo en la singular conducta de su +hermano; pero como Inés, y solo Inés podía ocuparle largo tiempo, a +poco se olvidó de tal asunto para pensar únicamente en la entrevista +que para el día inmediato le había prometido su dama.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_3p117.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch36"> + <p><span class="pagenum" id="Page_III-118">p. III-118</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO VI</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Mas vano ha sido nuestro afán, y en vano</div> + <div class="verse i0">Por el nombre de Dios lidiado habemos:</div> + <div class="verse i0">Él retiró su omnipotente escudo,</div> + <div class="verse i0">Y coronar no quiso nuestro esfuerzo.</div> + <div class="verse idr">(Quintana: <i>Pelayo</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Recuerde el lector que en el capítulo 4.º de este tomo +le hemos dicho que, regresando don Juan de Vargas a Valladolid desde +Puente-Duero por el camino de Simancas, había encontrado a Gabriel de +Espinosa acompañado de una bella dama; y lo que no sabe y ahora le +diremos es que aquella mujer era Violante, la querida del marqués.</p> + +<p>Espinosa salió de Madrigal para Valladolid el mismo día que tuvo +con don Juan la conferencia en la celda del fraile. Llamábanle sus +asuntos a aquella ciudad hacía tiempo, pero ciertas razones le<span +class="pagenum" id="Page_III-119">p. III-119</span> hicieron diferir su +viaje hasta la época en que nos hallamos.</p> + +<p>Fue a aposentarse a una casa de huéspedes, que la casualidad quiso +fuese la que estaba enfrente de la que Violante habitaba. Viola por la +mañana asomarse al balcón, y reconoció en ella una mozuela con quien +había tenido amistad en uno de sus primeros viajes a Italia antes de +casarse con Clara. La curiosidad le movió a ir a visitarla, y no fue +poca su sorpresa al ver la decencia de los muebles y el místico adorno +de las habitaciones.</p> + +<p>Así que estuvieron solos la cortesana y el pastelero, le dijo +este:</p> + +<p>—Camila, ¡tú en España y vestida de hábito del Carmen! Fenómeno es +este que no esperaba ver.</p> + +<p>Sorprendiose la taimada hasta no más oyéndose llamar por un nombre +que ya ella misma había olvidado; pero no reconociendo al que la +hablaba, trató de imponerle revistiéndose de una gravedad teatral, y +respondiendo con enojo:</p> + +<p>—Señor<span class="pagenum" id="Page_III-120">p. III-120</span> +gentilhombre, usted viene engañado, o trata de insultarme porque me +ve mujer y sola. Ni mi nombre es Camila, ni hay para qué admirarse de +verme vestir este santo hábito: tome, pues, usted la puerta, que no +gusto de recibir en mi casa visitas de gente desconocida.</p> + +<p>Estuvo Gabriel mirándola de hito en hito mientras habló, y después, +soltando sin consideración alguna la carcajada, contestó:</p> + +<p>—Desempeñas tu papel que no hay más que pedir; pero conmigo, créeme, +es tiempo perdido el que gastes en tratar de engañarme. Y si no, vamos +a cuentas: no puedes haber olvidado que hace algunos años, cuando te +llamabas Camila, por señas, fuiste a Nápoles con cierto alférez de +los tercios españoles que, cansado de tus repetidas infidelidades, +te abandonó a merced del público. También tendrás presente que un +extranjero, a quien conociste con el nombre del señor Álvarez, te +tomó por su cuenta algunos días, hasta que le jugaste una<span +class="pagenum" id="Page_III-121">p. III-121</span> de las tuyas, y te +envió a paseo.</p> + +<p>Violante o Camila, que todo es uno, había estado escuchando aterrada +tan circunstanciada relación de una parte de su vida y milagros; pero a +pesar de ello no dejó de examinar atentamente la persona del narrador, +logrando al cabo recordar sus facciones.</p> + +<p>—Es el mismo Álvarez —exclamó, no pudiendo contenerse—: es él, o su +sombra.</p> + +<p>—Norabuena —contestó siempre riéndose Espinosa—: tú has mudado el +nombre; yo también. Cada uno de nosotros habrá tenido para ello sus +razones; pero no reconocerse amigos tan antiguos, es descortés hasta el +último punto.</p> + +<p>Ya no le era posible a la cortesana volverse atrás de lo dicho, +aunque bien lo deseaba: hizo, pues, de la necesidad virtud, y afectando +alegría, se dio enteramente a partido.</p> + +<p>A fuerza de preguntar unas cosas y de adivinar otras por los +antecedentes que tenía, se enteró Gabriel, sobre poco más o menos, de +la historia de Violante en<span class="pagenum" id="Page_III-122">p. +III-122</span> Valladolid; pero ella no supo más que lo que él quiso +decirla, que fue poco o nada. En el fondo de su corazón deseaba la +ninfa ver a dos mil leguas de sí al que la había conocido Camila; +pero temiendo que si le descontentaba había de publicar lo que tanto +la interesaba que no se supiese, le llenó de caricias, y a fuerza de +confianzas y agasajos quiso comprometerlo a entrar en sus intereses. +Por parte de Gabriel no hubo designio alguno: la curiosidad le llevó a +verla la primera vez, y su inclinación a las mujeres a volver alguna +otra, y a acompañarla en uno de los viajes que hizo a Simancas a ver a +su hijo.</p> + +<p>En tanto que esto hemos referido, don Juan, enterado ya de la +historia de Inés, fue puntualísimo en presentarse en el locutorio, y su +dama no le hizo aguardar.</p> + +<p>—¿Habéis leído mi escrito, don Juan? —preguntó la morena.</p> + +<p>—Sí, lo he leído; y aunque jamás os hubiera visto, por su<span +class="pagenum" id="Page_III-123">p. III-123</span> lectura solo +os amara, Inés mía. No me digáis ahora que mi amor es una locura: +iguales en nacimiento y fortuna, adorándoos yo, mirándome vos sin +repugnancia, ¿qué se opone a nuestro enlace? Cesen, señora, cesen de +una vez mis penas; vos podéis hacerlo, y yo no espero más que vuestra +resolución.</p> + +<p>—Don Juan, si en mi mano estuviera, hoy mismo sería vuestra esposa; +pero no debéis haber olvidado...</p> + +<p>—¿Que se me han impuesto condiciones? No, por cierto; pero ya he +dicho mil veces que esta no es una dificultad. Cualesquiera que ellas +sean, por duras que parezcan, yo las acepto desde luego.</p> + +<p>—Conviene, sin embargo, que las sepáis. Los riesgos que se os van +a ofrecer son de una naturaleza de los que no estáis acostumbrado a +correr y aun imaginar. ¡Ah, mi don Juan! Si solo se tratara de exponer +el pecho a las balas, de pelear cuerpo a cuerpo con uno o con muchos +enemigos, yo estuviera segura de vos; y si murierais, vuestra gloria me +consolaría<span class="pagenum" id="Page_III-124">p. III-124</span> +del dolor de perderos. Pero ¿querríais vos, qué digo vos, querré +yo misma veros perseguido, cargado de cadenas, en un cadalso tal +vez?...</p> + +<p>—¡En un cadalso, Inés! ¿Deliráis?</p> + +<p>—Ojalá, don Juan; pero yo no deliro: otro sí, y será causa de +vuestra perdición y de la mía.</p> + +<p>—En nombre de nuestro amor, explicaos, señora, de una vez.</p> + +<p>—Comprendo vuestra impaciencia; yo misma la tengo, y no pequeña, de +sacaros de dudas, y sin embargo no puedo menos de temblar al abrir los +labios para confiaros este fatal secreto.</p> + +<p>Calló Inés, y don Juan también permaneció en silencio. Así pasaron +algunos instantes hasta que la dama, levantándose de su asiento y +cerciorándose de que nadie había escuchando la conversación a la puerta +del locutorio, empezó a decir:</p> + +<p>—Ya habréis visto que cuando mi hermana se casó no me dijeron el +nombre de mi cuñado; pero lo que ignoráis es que en Nápoles se me +reveló este secreto. Entonces comprendí cuanto hasta aquel<span +class="pagenum" id="Page_III-125">p. III-125</span> momento me había +parecido oscuro.</p> + +<p>»El que vos habéis conocido con el nombre de Gabriel de Espinosa y +ejerciendo el oficio de pastelero, el que en Francia se llamó Fiormino, +es, señor don Juan, el desdichado don Sebastián, rey de Portugal.</p> + +<p>—¡Señora!</p> + +<p>—Es indudable.</p> + +<p>—¿Y por qué permanecer oculto tanto tiempo?</p> + +<p>—Eso lo sabréis escuchándome con un poco de paciencia, pues me será +forzoso tomar las cosas de bastante atrás para mayor claridad.</p> + +<p>»La suerte de las armas fue adversa, como sabéis, a don Sebastián +en la expedición a África; y el monarca, furioso y desesperado de +ver perdida la flor de la nobleza lusitana, derrotado su ejército, y +su gloria eclipsada, se arrojó, buscando la muerte, en medio de sus +enemigos. Siguiole un escuadrón formado de los más valientes que aún +quedaban con vida, en el cual iba por consiguiente lo más escogido de +Portugal, prefiriendo morir honradamente al lado de su rey, a buscar +su<span class="pagenum" id="Page_III-126">p. III-126</span> salvación +en una fuga afrentosa. Casi todos murieron cubiertos de la sangre de +sus enemigos, y bien vengados: allí dejaron de existir mi padre don +Sebastián de Contiño, y don Cristóbal Tabora, marido de mi tía.</p> + +<p>»El rey y unos cuantos de sus valientes, defendidos por los +mismos cadáveres de los enemigos que acababan de inmolar, pelearon +desesperadamente hasta que sobreviniendo la noche se retiraron los +moros del campo de batalla. Entonces, después de un día entero, +cesaron de dar cuchilladas. Todos estaban heridos, cual más, cual +menos gravemente. La sangre del monarca corría por tres heridas: una +de ellas, la más grave, debajo del brazo derecho, causada por un +balazo.</p> + +<p>»Seis u ocho compañeros, y estos heridos, era todo lo que le +restaba al desdichado don Sebastián de su aguerrido ejército. Para +restaurar la sangre que corría en abundancia de sus heridas tuvo<span +class="pagenum" id="Page_III-127">p. III-127</span> que aplicarse un +puñado de arena, pues no encontró cosa con que hacerse un vendaje. +Jamás hombre descendió tan rápidamente del solio al colmo de la +miseria.</p> + +<p>»El anciano de quien tanto he hablado en mi escrito, y que ahora +llamaré el marqués Domiño, fue el único que, habiendo tenido la dicha +de escapar con una sola y leve herida, se conservaba en estado de +discurrir, y propuso alejarse cuanto antes de aquel teatro de horror +y desolación, al que los moros no dejarían de volver por la mañana. +Hiciéronlo así en efecto, metiéndose en un vecino bosque en el cual no +se internaron tanto como quisieran por no permitírselo el cansancio de +los caballos ni el dolor de sus heridas.</p> + +<p>»¡Qué noche aquella para don Sebastián! Afligido por acerbos dolores +y reflexiones más amargas aún, extenuado de hambre, abrasado de sed, +rendido por el sueño y sin poder cerrar los ojos un instante, los +lejanos clamores de millares<span class="pagenum" id="Page_III-128">p. +III-128</span> de moribundos en el campo de batalla eran para él +otras tantas y severas reconvenciones por su imprudente temeridad. +“No deseaba ya entonces”, me dijo refiriéndome estos sucesos, “la +corona ni el poder. No eran el hambre, la sed ni las heridas las que +me atormentaban: los remordimientos, sí, me despedazaban las entrañas; +y si Domiño no se hubiera opuesto, aquella noche habría terminado yo +mismo una existencia que los infieles no pudieron arrancarme”.</p> + +<p>»Tres o cuatro días vivieron en el bosque sin otro alimento que el +escaso y desabrido de algunos frutos silvestres, ni más agua que la de +un pozo hediondo. Por fin, resueltos a todo antes que morir de hambre, +salieron una noche de aquel paraje y se encaminaron a la playa, donde +sorprendiendo a unos pescadores en el momento en que iban a entrar en +su barca, se apoderaron de ella y les obligaron a remar, mal de su +grado, en dirección a las costas españolas.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_III-129">p. III-129</span></p> + +<p>»Ya en alta mar, y próximos a perecer por falta de víveres, +encontraron un buque inglés al cual se acogieron. Preguntando su +capitán quiénes eran, le respondieron que unos soldados del ejército +portugués, que a duras penas habían logrado salvarse del cautiverio en +aquella barca. Los ingleses lo hicieron muy bien con ellos, y como se +dirigían a Lisboa, no tuvieron inconveniente en echarlos a tierra en +Lagos, puerto inmediato al Cabo de San Vicente, pues a don Sebastián no +le convenía presentarse en la capital, en donde suponía, con razón, que +todo estaría muy revuelto.</p> + +<p>»Desde Lagos pasó don Sebastián a un convento de descalzos que +estaba en el mismo Cabo de San Vicente, y en cuyo prelado tenía entera +confianza. Allí supo el mal aspecto que para él habían tomado los +negocios de su reino, y se confirmó en la resolución de mantenerse +oculto que ya tenía formada, y de que en<span class="pagenum" +id="Page_III-130">p. III-130</span> la noche después de perdida +la batalla hizo voto inconsideradamente. Pasaron los desdichados +caminantes a Lisboa, y allí oyó don Sebastián predicar el sermón de sus +propias honras a fray Miguel de los Santos. Sus amigos se descubrieron +cada uno a los suyos, iniciándolos en el secreto de la existencia del +rey. El obispo que lo casó con mi hermana fue uno de estos, y asimismo +doña Francisca de Alba, como esposa de don Cristóbal Tabora, persona +que fue muy querida del rey, mereció igual confianza.</p> + +<p>»Vagó algún tiempo el monarca por sus propios estados como si fuera +un malhechor; mas ni aun así quiso la suerte dejarle en reposo. La +noticia de que aún vivía empezó a divulgarse, y don Enrique persiguió +con tanto encarnizamiento a cuantos la decían, oían o presumían, que +don Sebastián tuvo que salir de Portugal.</p> + +<p>»Ya con un nombre, ya con otro, hora pasando por un mercader, hora +por un<span class="pagenum" id="Page_III-131">p. III-131</span> +artesano, recorrió toda la Europa, y al cabo de ocho años de trabajos, +el amor patrio volvió a llevarle a sus estados.</p> + +<p>»Entonces fue cuando habiéndose empeorado una de sus heridas, y +buscando un asilo seguro en donde poder curarse, doña Francisca de Alba +le dirigió al valle que habitábamos Clara y yo. El capellán supo desde +luego quién era nuestro huésped y los que le acompañaban: Clara no, +hasta que viendo el rey que su virtud era inexpugnable, se decidió a +casarse con ella.</p> + +<p>»Los compañeros de don Sebastián eran el marqués Domiño; don Carlos, +hijo natural de don Juan de Austria; el príncipe Abenamal de Dinamarca, +y el joven don Francisco, a quien los otros llamaban Francisquito, que +según tengo entendido es hijo ilegítimo del rey. Los tres primeros le +habían seguido a la batalla, como vasallo el primero, y en clase de +voluntarios los otros dos, y todos pasan, igualmente que el rey, por +muertos.<span class="pagenum" id="Page_III-132">p. III-132</span> Don +Francisco se le unió en su segundo viaje a Portugal.</p> + +<p>»Desde que este joven me vio, su inclinación a mí se manifestó +claramente; y él mismo, acompañado del dinamarqués Abenamal, fue quien +tuvo con vos el encuentro en el Campo Grande. Pero no anticipemos los +sucesos, y volvamos a don Sebastián.</p> + +<p>»Llegó el rey al valle y se enamoró de Clara; pero no podía +permanecer allí mucho tiempo, pues le era forzoso recorrer el país para +alentar a sus partidarios, o por mejor decir, para formar un partido +con los servidores fieles que le quedaban, esparcidos en diferentes +puntos.</p> + +<p>»Así se pasó el tiempo que medió desde su conocimiento con Clara y +matrimonio con ella hasta el viaje a Nápoles. He aquí la causa que lo +promovió: el licenciado Juan Méndez Pacheco, tanto por el misterio con +que todo aquel asunto se condujo, cuanto por algunas expresiones que +doña Francisca de Alba dejó<span class="pagenum" id="Page_III-133">p. +III-133</span> escapar en su presencia, sospechó que el herido cuya +secreta cura se le había confiado, y magníficamente remunerado, era +el rey don Sebastián. Debía el médico haber guardado para sí sus +conjeturas, cuando por otra cosa no fuera, por amor de su propia +seguridad al menos; pero no lo hizo así, y su imprudencia hubo de +sernos a todos funesta. En cuanto a nosotros, ya sabéis, don Juan, +las consecuencias que produjo: réstame deciros que al médico Pacheco +le prendieron, y logrando a duras penas salvar su vida, fue destinado +algunos años a galeras.</p> + +<p>»Cuando volvimos a España después de la muerte de mi amada Clara, +nos aproximamos a las fronteras de Portugal, y en ellas encontramos a +nuestros amigos, según el convenio hecho un año antes. El infatigable +Domiño no había cesado de trabajar, aunque infructuosamente. En los +años transcurridos desde que don Sebastián pasaba por muerto, la +usurpación había echado raíces. A la verdad,<span class="pagenum" +id="Page_III-134">p. III-134</span> la masa del pueblo estaba +descontenta con el yugo español, y la nobleza, abatida y menospreciada, +suspiraba por un trastorno político; pero los tercios españoles tenían +aterrados a unos y a otros. La nación envilecida no se sentía capaz de +sacudir las férreas cadenas que la oprimían; y los magnates, a quienes +se hablaba de ponerse al frente de un movimiento popular, no respondían +más que mostrando temerosos el coloso español, capaz de aniquilarlos +con el menor esfuerzo que para ello hiciese.</p> + +<p>»En medio de este desaliento general, había sin embargo algunos +espíritus generosos que, convencidos de la existencia de don Sebastián, +conjuraban para restablecerle en su trono. En vano los satélites de +Felipe descubrían siempre aquellos proyectos, y una muerte pronta e +infamante para sus autores fue el último resultado que produjeron.</p> + +<p>»Tal fue el desagradable cuadro que Domiño nos hizo del estado de +los negocios<span class="pagenum" id="Page_III-135">p. III-135</span> +en Portugal, y en su vista difirió el rey entrar por entonces en aquel +país. Domiño y los otros tres caballeros se volvieron a él: nosotros +fuimos a establecernos primero en la Nava de Medina, y después en +Madrigal, que dista de allí tres leguas.</p> + +<p>»Poco más de un mes hacía, don Juan, que estábamos en aquel pueblo, +cuando el destino os condujo a él. Llegasteis precisamente el día en +que don Sebastián, habiendo reconocido en el vicario de Santa María la +Real a fray Miguel de los Santos, su antiguo confesor y predicador, +quiso probar si aquel religioso le reconocería también a él. Con este +objeto le esperó y habló cuando se retiraba de decir misa, según +presenciasteis vos mismo. Debería sin duda el supuesto Gabriel no +haberlo hecho en vuestra presencia, atendiendo a que la obstinación +con que seguisteis sus pasos os hacía sumamente sospechoso; pero +don Sebastián no conoce obstáculos a su voluntad, y plegue a<span +class="pagenum" id="Page_III-136">p. III-136</span> Dios que su +inflexibilidad no sea funesta para todos.</p> + +<p>»Figuraos cuál sería la sorpresa de fray Miguel oyendo la voz +de su rey que tan conocida tenía, y mirando sus propias facciones. +Al principio dudaba reconocerlas; pero tan prontas y tales fueron +las cosas que don Sebastián le dijo, de aquellas que solo él y su +confesor podían saber, que no le fue posible al vicario negarse a la +evidencia.</p> + +<p>»Fray Miguel, conservando siempre la esperanza de que don Sebastián +volvería a presentarse, había procurado formar en Portugal un partido +a su favor; y para que sus relaciones con aquel reino fuesen menos +sospechosas, hizo ir a establecerse en Madrigal al médico Juan Méndez +Pacheco, que le servía y sirve de agente.</p> + +<p>»Pero lo más interesante que ha hecho el vicario en favor de su rey, +ha sido poner de su parte a la señora doña Ana de Austria, digna hija +de su ilustre<span class="pagenum" id="Page_III-137">p. III-137</span> +padre. Debemos a esta señora singulares beneficios; y es de presumir, +si el cielo protege nuestra causa, que la veamos sentada en el trono de +Portugal.</p> + +<p>»He aquí, don Juan, la explicación de todos los misterios que tanto +os han confundido.</p> + +<p>—Aún quedan, bella Inés —respondió Vargas—, algunos puntos que +aclarar. La aventura de la ermita, por ejemplo.</p> + +<p>—Voy a explicárosla. Los amigos del rey, después de haber recorrido +de nuevo el Portugal y tomado allí sus medidas, vinieron a reunirse +con él, repartiéndose, para no llamar la atención, en diversos pueblos +de las cercanías de Madrigal. No habían venido esta vez solos, sino +acompañados de varios señores portugueses, que, comisionados por los de +su partido, traían el doble objeto de cerciorarse de la existencia de +don Sebastián y de recibir sus órdenes.</p> + +<p>»Era, pues, preciso celebrar algunas juntas, y ningún paraje +les pareció más a propósito para ello que la bóveda-panteón<span +class="pagenum" id="Page_III-138">p. III-138</span> de una ilustre +familia que existe debajo de la ermita a cuyas inmediaciones nos +vimos.</p> + +<p>—¿Y vos —exclamó Vargas, con visibles señales de descontento—, y vos +lo sabíais?</p> + +<p>—Sabía que se reunían cerca de Madrigal, pero no en qué paraje. +Además debéis recordar que la elección del lugar de la cita fue +vuestra, y no mía.</p> + +<p>»Sucedió, pues, que los conjurados, si tal nombre puede darse a los +que defienden tan justa causa, advirtieron que había gente extraña en +las ruinas; y temiendo ser descubiertos, hicieron lo que no habréis +olvidado.</p> + +<p>—No por cierto: ni lo olvidaré en mi vida.</p> + +<p>—Fray Miguel fue quien en aquella ocasión os salvó la vida.</p> + +<p>—La suya fue entonces la voz que yo creí reconocer.</p> + +<p>—Sin duda lo era. Don Sebastián se presentó después, y según parece +estaba enterado de nuestra cita.</p> + +<p>—¿Cómo?</p> + +<p>—Lo ignoro; no puedo creer otra cosa sino que el mulato Domingo, +viéndome salir sola de casa me siguiera<span class="pagenum" +id="Page_III-139">p. III-139</span> los pasos, y después informara a su +amo de lo ocurrido.</p> + +<p>—Así parece probable. ¿Pero y vuestra repentina salida de +Madrigal?</p> + +<p>—Fue consecuencia de lo acordado en aquella misma junta. Los +portugueses ofrecieron reunir en los montes un número considerable +de soldados tan luego como el rey se presentara en sus dominios a +cara descubierta; y don Sebastián, para quien la triste condición en +que vive ha llegado a ser insoportable, resolvió prestarse a todo. +Pero como para su presentación en Portugal son necesarios grandes +preparativos, pues el rey no quiere entrar pordioseando en sus estados, +se resolvió que se difiriese por algunos meses el alzamiento, para +disponer en ellos lo conveniente. Inútil es deciros que Madrigal no +ofrece recursos ningunos, y que es además demasiado pequeño para que +cuantos pasos se den dejen de ser públicos.</p> + +<p>—Ya os entiendo: habéis venido a Valladolid a hacer compras.</p> + +<p>—Así es la verdad. He sido recomendada<span class="pagenum" +id="Page_III-140">p. III-140</span> por la señora doña Ana de Austria +a este monasterio bajo el nombre de doña María de Castro, suponiéndome +sobrina de cierto abad: como el pretexto de mi estancia aquí es un +pleito, salgo del convento siempre que lo creo conveniente y me es +forzoso.</p> + +<p>—Un solo punto nos resta por aclarar, señora mía.</p> + +<p>—¿Cuál es, señor don Juan?</p> + +<p>—Cierto lance en el Campo Grande.</p> + +<p>—Vamos a él. Cuando os vi en Medina os cité para el primer paraje +que se me ocurrió entonces; pero por un efecto de la fatalidad que nos +persigue desde que nos conocimos, quiso la suerte que las cercanías +del Carmen fuesen precisamente el punto escogido por el dinamarqués +Abenamal para verse en la noche misma que nosotros escogimos con una +dama, o más bien mujer a quien galantea. Acompañado de don Francisco +fue a esperarla; y ya sabéis lo que pasó sobre dejar o no dejar +el campo libre unos a otros. Pero don Francisco, irritado por mi +indiferencia<span class="pagenum" id="Page_III-141">p. III-141</span> +con él y celoso de vos, promovió la pendencia, y el brutal dinamarqués, +olvidándose de las reglas del honor, os atacó también. ¿Soy culpable, +Vargas?</p> + +<p>—No, mi bien; no, mi vida. Perdonadme, si merece perdón el que se +atreve a pensar mal de un ángel.</p> + +<p>—¡Siempre exagerado; siempre en los extremos! No, don Juan, yo no +soy ni liviana ni intrigante, pero tampoco un ángel; estoy muy lejos de +tal perfección.</p> + +<p>—Inés, ya os juro...</p> + +<p>—¿Que me amáis? Me complazco en creerlo.</p> + +<p>—Si así es, ¿por qué tardáis en ser mi esposa?</p> + +<p>—Después de lo que habéis oído, no se puede ocultar a vuestra +penetración que la hermana de Clara, la cuñada del rey don Sebastián, +la que, en fin, ha prometido solemnemente servir de madre a su hija, no +puede separar su suerte de la del infeliz monarca. No creáis, Vargas, +que la ambición me lisonjea con sus ilusiones; acaso soy yo la única +persona que en este negocio no se las hace. Conozco que Portugal, +unido<span class="pagenum" id="Page_III-142">p. III-142</span> todo, +con su rey en el trono, y aun suponiéndolo en sus más prósperos días, +no basta a resistir uno solo al poder del orgulloso potentado en cuyos +dominios jamás se oculta la luz del sol. ¿Qué será, pues, en las +actuales circunstancias? Preveo una sangrienta catástrofe, y miro la +ruina de don Sebastián y los suyos como inevitables. Sin embargo, estoy +resuelta a perecer con él, pues que el destino lo quiere así. Ved, +pues, el tálamo que os ofrezco: mi mano no puede ser vuestra sin que +tiréis la espada en favor de don Sebastián.</p> + +<p>—Suyo soy entonces hasta la muerte.</p> + +<p>—¡Don Juan!...</p> + +<p>—No habléis más, señora. Su causa es justa; y aunque no lo fuera, +conozco que haría lo mismo. Sin vos, ni la vida ni la honra estimo en +nada.</p> + +<p>—El rey sabrá hoy vuestra resolución; volved mañana.</p> + +<p>—Esposa mía, adiós.</p> + +<p>—Él os guarde, mi señor.</p> + + +<p class="fin">FIN DEL TOMO TERCERO</p> + + +<div class="tit pt6" id="Ch4"> + <hr class="chap"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-i">p. IV-<span class="asc">i</span></span></p> + <h2 class="nobreak sc g0 ws1" title="TOMO IV">Ni Rey ni Roque</h2> + <hr class="chap"> +</div> + + +<div class="tit"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-iii">p. IV-<span class="asc">iii</span></span></p> + <p class="fs200 negr g0 ws1">NI REY NI ROQUE</p> + <p class="g0 ws1 mt1">EPISODIO HISTÓRICO</p> + <p class="fs140 g0 ws1 mt05">DEL REINADO DE FELIPE II,</p> + <p class="negr g0 ws1 mt05">AÑO DE 1595</p> + + <p class="g1 ws1 mt2">NOVELA ORIGINAL</p> + <p class="fs75 g2 ws1 mt15">ESCRITA</p> + <p class="negr ws1 mt05">POR DON PATRICIO DE LA ESCOSURA,</p> + <p class="fs75 g0 ws1 mt1">AUTOR DEL CONDE DE CANDESPINA</p> + + <div class="cajatomo"> + <p class="g1">TOMO IV</p> + </div> + + <p class="fs130 g0 mt2">Madrid</p> + <p class="fs110 g0 ws1">Imprenta de Repullés</p> + <p class="fs110">—</p> + <p class="fs110 g0 ws1"><span class="sc">Año de</span> 1835</p> +</div> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch41"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-1">p. IV-1</span></p> + <p class="centra negr fs130 g1 ws1">NI REY NI ROQUE</p> + <hr class="tir"> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO PRIMERO</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Sí, yo te seguiré. Deja, Pelayo,</div> + <div class="verse i0">Que a tu diestra valiente una mi diestra;</div> + <div class="verse i0">Que me alboroce viéndote, y contigo</div> + <div class="verse i0">Al moro jure interminable guerra.</div> + <div class="verse idr">(Quintana: <i>Pelayo</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Grande era el contento que Vargas sentía en haber salido +del estado de ansiedad en que había vivido durante los últimos meses, +pareciéndole mejor correr los evidentes riesgos que su nueva posición +ofrecía, que estar como antes continuamente en contradicción consigo +mismo.</p> + +<p>Reflexionando, sin embargo, en el modo con que se hallaba tan +inesperadamente comprometido en la más aventurada de las conjuraciones, +en cuyo éxito favorable o adverso realmente ningún interés<span +class="pagenum" id="Page_IV-2">p. IV-2</span> personal tenía, admiraba +con razón los caprichos de la fortuna. Dotado, como lo estaba, de un +entendimiento claro, y no siendo por naturaleza ambicioso, no podía +menos de conocer que era lo más descabellado que podía imaginarse +exponer la vida, la fortuna y la honra: ¿y para qué?; para sustraer a +la dominación española el reino de Portugal, que siempre debería haber +formado parte de nuestra nación, la cual tal vez necesita que toda la +península forme un solo cuerpo para ocupar entre las demás potencias el +lugar que le corresponde. Pero a esta reflexión, y otras de no menos +peso, se oponía el amor de Vargas, amor que le dominaba completamente, +y al cual estaba resuelto a sacrificarlo todo sin excepción.</p> + +<p>Con tales disposiciones se presentó de nuevo en el convento de Inés, +y después de una larga conversación con ella, en la cual, al cabo de +dos horas, vinieron a decirse, en resumen, que se querían entonces y +se querrían siempre, salió de<span class="pagenum" id="Page_IV-3">p. +IV-3</span> allí quejándose de no haber tenido tiempo para hablar de su +amor.</p> + +<p>Parecíale tal vez robado el tiempo que Inés tardó en indicarle el +paraje y hora en que podría verse con el que continuaremos llamando +indistintamente Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, pues de ambos +nombres usaba, según las circunstancias.</p> + +<p>Ya tarde en la noche del día en que nos hallamos, salió Vargas de +su casa con magnífico vestido, una excelente espada, envuelto en una +capa de camino que le cubría enteramente, y para mejor disfrazarse, +con un sombrero de ala ancha. En este equipaje se encaminó por calles +excusadas a cierto callejón del barrio de la Mantería, situado en uno +de los extremos de la ciudad; al ir a entrar en él, un hombre que +apoyado con negligencia a la esquina parecía estar medio borracho, le +dijo tartamudeando:</p> + +<p>—Buenas noches, amigo. ¿Se va de ronda?</p> + +<p>—Esta noche no rondan más que las brujas —respondió Vargas, +quitándose al mismo<span class="pagenum" id="Page_IV-4">p. IV-4</span> +tiempo el sombrero, y cubriéndose el rostro con él.</p> + +<p>—Adelante —respondió el otro, ya en voz clara y con firmeza—, la +tercera puerta a la derecha.</p> + +<p>—No, sino la cuarta —dijo Vargas, y continuó su camino.</p> + +<p>Contando entonces cuatro puertas en la acera izquierda, tomó el +aldabón de la que completaba este número, y dio con él dos golpes con +tanto tiento que a pesar de lo corto de la distancia no los oiría sin +duda el de la esquina.</p> + +<p>Una voz que parecía de mujer vieja preguntó desde adentro:</p> + +<p>—¿Quién anda ahí?</p> + +<p>—Amigo —fue la respuesta de don Juan, dando una palmada.</p> + +<p>—Yo no tengo amigos —replicó la vieja—; váyase noramala.</p> + +<p>—Me iré —replicó don Juan—, pero no sin decirle que la luna no ha +salido aún —y volvió a dar otra palmada.</p> + +<p>Entonces se abrió la puerta, y se halló nuestro caballero en un +zaguán mezquino y sucio, en el que una mujer vieja y andrajosa tenía un +lecho de malísima paja. Ya dentro, arrolló Vargas su capa y sombrero, +y poniéndose su capacete,<span class="pagenum" id="Page_IV-5">p. +IV-5</span> correspondiente al resto de su vestido, pasó por una puerta +que le indicó la vieja a un vestíbulo, en el que halló dos hombres +armados con arcabuces, espadas y dagas.</p> + +<p>—¿Qué os trae a este lugar? —dijo uno de los armados.</p> + +<p>—El amor de la verdad y el deseo de la honra —le contestó el +caballero.</p> + +<p>Y hallando el paso franco, después de atravesar aún otra antesala, +si se le quiere dar este nombre, se metió en un granero de no pequeñas +dimensiones, que bien limpio, medianamente adornado, y perfectamente +iluminado por un crecido número de bujías, ofrecía un aspecto mixto +entre salón y desván.</p> + +<p>Unos bancos de pino, cubiertos con unas cortinas de damasco +anaranjado, o que tal había sido, corrían alrededor de aquella sala, y +en la cabecera de ella se veía un gran sillón de los que los frailes +usan en sus celdas, también cubierto del mismo modo.</p> + +<p>A los pies de la sala, y alrededor de<span class="pagenum" +id="Page_IV-6">p. IV-6</span> una mesa correspondiente al resto de los +muebles, estaban sentados escribiendo tres o cuatro personas.</p> + +<p>Las que había en el salón cuando entró don Juan serían hasta veinte, +entre ellas tres o cuatro eclesiásticos con manteos: los demás iban +cuál más, cuál menos ricamente vestidos. Algunos llevaban al pecho +diferentes cruces, y uno de los que estaban escribiendo llevaba una +banda roja.</p> + +<p>Los demás se paseaban por la sala en grupos de dos a tres personas +hablando entre sí en voz baja.</p> + +<p>Al entrar Vargas todos se volvieron hacia él, y contestaron a su +saludo con cortesía; en seguida continuaron sus paseos en todo lo largo +del salón.</p> + +<p>El anciano de la banda roja no había reparado en su entrada; +pero habiendo alzado la cabeza y fijado la vista en él, se levantó +inmediatamente de su asiento, y acercándosele con aire cordial, le +dijo:</p> + +<p>—¿Es el señor don Juan de Vargas a quien tengo la honra de +hablar?</p> + +<p>—Un<span class="pagenum" id="Page_IV-7">p. IV-7</span> criado +vuestro —contestó este, satisfecho de que hubiera entre tantos uno que +le hablase.</p> + +<p>—Mi nombre —continuó el de la banda— no os será tal vez desconocido, +aunque sí mi persona, por no haber tenido hasta ahora ocasión de +hablaros; yo soy el marqués Domiño.</p> + +<p>Reconociendo entonces Vargas que hablaba con el fiel servidor de don +Sebastián, de quien tanta mención se hacía en las memorias de Inés, +le colmó de atenciones, y el marqués por su parte no andaba menos +comedido.</p> + +<p>—Su Majestad —dijo— no tardará en honrarnos con su presencia; ahora +permitidme que concluya el arreglo de algunos papeles interesantes, +de que me es forzoso darle cuenta esta misma noche, y contad con que +tenéis en mí un verdadero amigo y admirador.</p> + +<p>Volviose, acabando de hablar, a la mesa, y dejó a Vargas solo de +nuevo, teniendo por recurso que dedicarse a observar cuanto pasaba en +torno de él.</p> + +<p>Desde su llegada no habían cesado de<span class="pagenum" +id="Page_IV-8">p. IV-8</span> irse presentando nuevos personajes de +todas especies, y en uno de ellos reconoció don Juan a su rival don +Francisco. Debió este conocerle también, pues mudó de color al verle; +pero no dio de ello otra señal, y saludándole pasó a unirse a otras +personas de las que allí estaban.</p> + +<p>Así se pasó como una hora, y al cabo de ella, oyéndose en el cuarto +antes del salón dos recias palmadas, el marqués Domiño se levantó de +su asiento, y después de haber dicho en alta voz «el rey, señores», se +encaminó a la puerta de entrada, que abrió de par en par.</p> + +<p>Todos los circunstantes, descubiertos, se colocaron entonces +alrededor del salón, observando el más profundo silencio.</p> + +<p>Los dos centinelas de la segunda antesala guardaban la entrada con +sus arcabuces, agarrados con la mano derecha por la garganta de la +culata, y dejando descansar la caja sobre el hombro del mismo lado.</p> + +<p>Pocos minutos después se deja ver don Sebastián con un vestido negro +completo,<span class="pagenum" id="Page_IV-9">p. IV-9</span> y sin más +adorno que el de una cadena de oro, de la cual pendía una medalla, y en +ella esculpida la efigie de la Virgen nuestra Señora.</p> + +<p>El puño de la espada era de acero primorosamente labrado, y el del +bastón, de oro, con algunos brillantes.</p> + +<p>Cuando entró en el salón, los presentes se inclinaron +respetuosamente, y él, quitándose el bonete, saludó con gracia y +desembarazo.</p> + +<p>Sentado ya en el sillón que le estaba destinado, mandó que los +circunstantes se sentasen, y dijo:</p> + +<p>—Años ha, señores, que la fortuna no me ha concedido un momento +tan grato como el presente, en que me veo rodeado de tantos y tan +buenos servidores. Con su auxilio y el favor de Dios, espero que en +breve lucirá para Portugal el día de la libertad. Vea yo la bandera +lusitana ondear un día en el campo de batalla; séame dado pelear aún al +frente de mis valientes soldados, y muera yo después; habré llenado el +más<span class="pagenum" id="Page_IV-10">p. IV-10</span> violento, el +más justo de mis votos.</p> + +<p>»Os he reunido, señores, para que ilustrado con vuestros consejos +pueda yo decidir lo más conveniente. El momento de obrar es ya llegado. +Harto tiempo hemos gemido en la esclavitud y en la miseria. La historia +no ofrece acaso ejemplo de monarca tanto y tan largamente sujeto al +rigor del destino; permanecer así más tiempo sería cobardía. Morir o +vencer será desde hoy mi divisa.</p> + +<p>—Y la nuestra, morir o vencer con nuestro rey —exclamaron +entusiasmados la mayor parte de los conjurados.</p> + +<p>—Ese entusiasmo —continuó don Sebastián—, que llena de alegría, es +un feliz presagio de la victoria. Marqués Domiño, podéis hablar.</p> + +<p>—Vuestra Majestad —dijo Domiño— me ha mandado poner a la vista de +los ilustres personajes aquí reunidos un cuadro exacto de nuestra +situación, recursos y esperanzas, sin omitir los obstáculos que +se oponen a nuestra justa empresa. Procuraré hacerlo con toda la +concisión,<span class="pagenum" id="Page_IV-11">p. IV-11</span> +exactitud y claridad que alcance.</p> + +<p>»No me cansaré en demostrar la justicia de la causa de Vuestra +Majestad; esta es tan evidente, que no necesita razones en su apoyo. +Por otra parte, los que me escuchan dan en hallarse en este paraje una +prueba incontestable de su fidelidad y decisión por su legítimo rey.</p> + +<p>»Nuestro objeto no es otro que el de arrancar de mano del usurpador +Felipe el reino de Portugal. Para conseguirlo contamos con nuestros +amigos, y con los muchos enemigos que dentro y fuera de sus estados +tiene, gracias a su detestable política.</p> + +<p>»Vuestra Majestad ha oído ya diferentes veces a los enviados de +Portugal que están presentes, y prontos a confirmar cuanto diré. +Según ellos aseguran, y yo mismo he tenido ocasión de observar, los +portugueses están ya impacientes por romper el yugo de hierro que +los oprime. Apenas hay uno de todos ellos que no haya sufrido alguna +vejación del monarca español. La masa no puede estar mejor dispuesta; +trátase<span class="pagenum" id="Page_IV-12">p. IV-12</span> solo de +inflamarla, de dar a la indignación pública el conveniente impulso, y +esto lo ha de hacer la presencia de Vuestra Majestad.</p> + +<p>»En vano Felipe se ha esforzado en convencer con el tormento, el +fuego y la cuerda a los portugueses de que su rey ha dejado de existir; +la mayor parte de ellos creen lo contrario, y para convencer a los +restantes la evidencia bastará.</p> + +<p>»Hay, sin embargo, hombres en Portugal, y algunos de ilustre +nacimiento, que unidos a la usurpación con los lazos del interés, y +ejerciendo a su sombra una autoridad sin límites, harán los últimos +esfuerzos contra nuestros designios. Estos, los españoles que allí +mandan y los tercios que guarnecen nuestras fortalezas serán los +enemigos que tengamos que combatir, y para hacerles frente es preciso +contar con algunos soldados, desde luego.</p> + +<p>»Para este objeto se ofrecen trescientos hidalgos portugueses, en +cuyo nombre han venido los señores Sousa, Coello, Ebora y Renteiro. La +universidad<span class="pagenum" id="Page_IV-13">p. IV-13</span> de +Coimbra ofrece también a Vuestra Majestad cincuenta lanzas por medio +del doctor Saldaña, respetable eclesiástico, que está en camino para +esta ciudad.</p> + +<p>»En una palabra, cualquiera que sea el punto de la frontera que +Vuestra Majestad designe para el alzamiento, puede contar en él con más +de cien caballeros y unos quinientos peones. Esta fuerza es bastante +y sobrada para oponerse a las primeras tentativas de los tercios +españoles, y dar lugar a que se unan a Vuestra Majestad mayor número de +sus fieles servidores, con cuyo auxilio podrá apoderarse de una de las +ciudades principales.</p> + +<p>»Conseguido esto, la voluntad de los portugueses se manifestará sin +rebozo; los españoles serán apenas dueños del terreno que pisen, y este +no será mucho, atendido su reducido número en el reino.</p> + +<p>»No es tampoco de temer en lo sucesivo el poder de Felipe, por más +colosal que parezca. Flandes absorbe hoy su atención entera; allá van a +consumirse los tesoros de las Indias; allí sus mejores soldados;<span +class="pagenum" id="Page_IV-14">p. IV-14</span> allí, en fin, está el +principal apoyo de Vuestra Majestad.</p> + +<p>»Isabel de Inglaterra verá con gusto desmembrarse el reino de +Portugal de la corona española, y si no me atrevo a asegurar que nos +auxilie abiertamente con sus armas, es, por lo menos, cierto que +podemos contar con grandes socorros de su parte. Los insurreccionados +de Flandes no podrán menos tampoco de prestar la mano a la obra de +nuestra regeneración. Y el rey de Francia y el emperador de Alemania +mismo no dejarán, en cuanto puedan, de contribuir a la minoración del +poder del rey de España, cuyos vastos dominios le hacen el perpetuo +objeto de sus celos.</p> + +<p>»He demostrado, a mi entender, que Vuestra Majestad no tiene que +temer por parte de las otras testas coronadas oposición alguna a +la justa recuperación de su trono; que las que no se interesen por +Vuestra Majestad directamente, permanecerán neutrales; y que el rey +Felipe, empeñado en una guerra destructora, y que, por la manera<span +class="pagenum" id="Page_IV-15">p. IV-15</span> con que se conduce, +se ha hecho interminable, pocos o ningunos esfuerzos podrá hacer para +conservar la corona que usurpa.</p> + +<p>»Pero aún hay más. Dentro de España, a la vista misma del tirano, +hay muchos hombres valerosos, de ánimo independiente y heroicos +pensamientos, que pueden apenas soportar los hierros que los +agobian.</p> + +<p>»Aún humean en Aragón las cenizas de la pasada revolución. La sangre +de Lanuza, que corrió traidoramente derramada en un cadalso, fermenta +sordamente.</p> + +<p>»Felipe camina sobre un volcán que una sola chispa basta a +incendiar. Vuestra Majestad tiene en su mano provocar la explosión, y +espero perdonará mi osadía si me atrevo a decirle que debe hacerlo.</p> + +<p>»Aragoneses y castellanos están mal contentos con el establecimiento +de la Inquisición. Y Vuestra Majestad se ha dignado prometer protección +a todos los perseguidos por ella, sin más condición que la de tomar<span +class="pagenum" id="Page_IV-16">p. IV-16</span> parte en la gloria de +restituir a Portugal su independencia.</p> + +<p>»En mi mano tengo una humilde súplica que algunos reverendos +eclesiásticos presentan a Vuestra Majestad en nombre de varios otros, +en la cual ofrecen a Vuestra Majestad el auxilio que sus brazos, +personas y haciendas puedan prestar para su empresa, y las condiciones +que por ello reclaman son tan moderadas, tan justas, que Vuestra +Majestad no dejará de concederlas.</p> + +<p>»Al frente del cuerpo auxiliar español se pondrá un noble +castellano, de ilustre linaje, valor conocido y notoria pericia en +el arte de la guerra, a quien Vuestra Majestad, convencido de su +fidelidad, se ha servido honrar con este encargo, esperando que +sus compatriotas, a sus órdenes, darán pruebas de su acostumbrada +bizarría.</p> + +<p>»Tal es, señores, el estado de los negocios de Vuestra Majestad; +pero por más lisonjero que parezca, por más que el triunfo se nos +figure indudable, ahora más que nunca debemos obrar con prudencia y +cautela.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-17">p. IV-17</span></p> + +<p>»No por anticipar un día al proyecto malogremos para siempre el +trabajo de muchos años. Antes de mucho, solo habremos menester el +valor en el campo de batalla; hoy, la sagacidad y el disimulo para +sustraernos a las continuas pesquisas del enemigo. — <i>Dixi</i>.</p> + +<p>Este largo discurso, que sin duda estaba no solo preparado, sino +estudiado de antemano, fue oído por toda aquella asamblea con grande +atención e interés. Vargas en particular, que por primera vez pensaba +entonces seriamente en la empresa en que había tomado parte, recogió +hasta la última sílaba; y si bien admiraba la capacidad con que el +marqués Domiño había reunido todas las circunstancias que militaban +a su favor, dándoles el conveniente colorido, disminuyendo al mismo +tiempo el poder de su enemigo, no pudo menos de conocer que, por más +que se dijese, el proyecto ofrecía inmensos peligros.</p> + +<p>Sin embargo, don Juan ni quería ni podía ya volver el pie atrás, y +prestándose<span class="pagenum" id="Page_IV-18">p. IV-18</span> a +lo que en su posición era indispensable, tanto trabajó en convencerse +a sí propio de que don Sebastián podría triunfar, que casi llegó a +creerlo.</p> + +<p>Dejó don Sebastián pasar algún tiempo después de haber Domiño cesado +de hablar, y cuando ya creyó que el auditorio estaba preparado a oírle, +dijo:</p> + +<p>—Acabáis de oír la fiel pintura de nuestra situación: si alguno de +vosotros tiene algunas observaciones que hacernos, yo le permito y le +mando que hable.</p> + +<p>Entonces los circunstantes se miraron todos unos a otros como para +examinar qué efecto habían producido las palabras del rey pastelero, y +al cabo de algunos instantes tomó la palabra uno, en cuya voz reconoció +Vargas la de la persona que le había tomado el juramento en la ermita +de Madrigal, y lo era en efecto.</p> + +<p>—Rey y señor mío —dijo—: los fieles vasallos de Vuestra Majestad, en +cuyo nombre tenemos la honra de hallarnos hoy en vuestra real presencia +algunos caballeros portugueses, están prontos a confirmar con<span +class="pagenum" id="Page_IV-19">p. IV-19</span> las obras las ofertas +tantas veces repetidas de sacrificar sus vidas y haciendas en defensa +de Vuestra Majestad.</p> + +<p>»Una súplica es la que se atreven a hacer, humildemente puestos a +los pies del rey y señor natural, que es la de rogarle que apresure el +ansiado momento de tomar las armas. La dilación entibia los ánimos de +unos, expone a los otros a crueles persecuciones, y fortifica a los +enemigos de la justa causa.</p> + +<p>»Dígnese, pues, Vuestra Majestad tomar en consideración esta súplica +reverente, y hacer en ello lo que fuere de su real agrado.</p> + +<p>—Señor Sousa, ese impaciente ardor de mis leales vasallos —contestó +don Sebastián— es sumamente grato para mí. Yo procuraré no retardarles +mucho la ocasión de darme pruebas de su fidelidad y valor.</p> + +<p>Uno de los eclesiásticos, levantándose entonces de su asiento y +haciendo una profunda reverencia, a la que el rey contestó con una +leve inclinación de cabeza<span class="pagenum" id="Page_IV-20">p. +IV-20</span> y una seña para que hablase, lo hizo de esta manera:</p> + +<p>—Señor: el marqués Domiño ha ofrecido a Vuestra Majestad la +asistencia y auxilio de algunos españoles a quienes la tiranía de +su rey obliga a sustraerse de su dominio. Yo, en nombre de los +descontentos, confirmo esta oferta. En esta misma ciudad existen +muchos de ellos, y en las demás del reino se encuentran a millares. El +caballero a quien Vuestra Majestad se ha dignado confiar el cargo de su +caudillo, podrá cerciorarse por sus propios ojos de la verdad de mis +palabras.</p> + +<p>»Los que están prontos a tomar las armas dejan a la real +munificencia de Vuestra Majestad el cuidado de señalar recompensas a +sus servicios. Nada estipulan ni quieren estipular en este punto.</p> + +<p>»La única condición que ponen, la cláusula <i>sine qua non</i> +del tratado que tienen la honra de hacer con Vuestra Majestad, es +que, concluida la guerra, les será permitido vivir en el reino de +Portugal según sus conciencias, sin que ni el tribunal de la<span +class="pagenum" id="Page_IV-21">p. IV-21</span> Inquisición ni otro +alguno pueda inquietarles en materias de fe.</p> + +<p>»Vuestra Majestad, que en sus diferentes viajes ha recorrido la +Europa entera, y a cuya real penetración no se habrá ocultado ninguna +de las causas de su engrandecimiento o desmejora, habrá sin duda +observado que los cristianos reformados, tan sin piedad perseguidos en +España, tienen acogida en los más florecientes de ellos.</p> + +<p>»En apoyo de esta aserción, la Inglaterra, la Escocia, y gran parte +de Alemania, se hallan en este caso.</p> + +<p>»Ni este es lugar a propósito, ni da de sí el tiempo lo necesario +para extenderme en largas disertaciones sobre la conveniencia de la +tolerancia religiosa.</p> + +<p>»A Vuestra Majestad toca decidir si le conviene o no aceptar en este +caso la alianza de los españoles, cuyo nuncio soy, con la expresada +condición.</p> + +<p>Una reverencia todavía más humilde que la primera terminó este +discurso, que don Sebastián y Domiño oyeron impasibles sin dar +señales de aprobación ni<span class="pagenum" id="Page_IV-22">p. +IV-22</span> descontento, y la asamblea se mostró dividida en distintos +pareceres.</p> + +<p>Don Francisco, don Carlos, Abenamal, y algunos otros, pensaban +que el auxilio de los españoles era de la mayor importancia; y que +limitándose los reformados, como se limitaban, a pedir una simple +tolerancia en materias de fe, sin exigir protección ni paridad con +el culto católico, sería desatinado negarse a su propuesta. Pero los +portugueses Sousa y Coello no podían avenirse con la idea de asociarse +con herejes luteranos y calvinistas; y de esta misma opinión no +faltaban personas entre los circunstantes.</p> + +<p>Cuando el eclesiástico español cesó de hablar, un rumor sordo se +dejó oír por todo el salón: los que opinaban en su favor se miraban, +dando visibles muestras de aprobación; y los contrarios, hablando entre +sí en voz baja, se preparaban a oponerse sin rebozo a su propuesta.</p> + +<p>Coello, poniéndose en pie y saludando al rey, exclamó:</p> + +<p>—Los portugueses, señor, se han gloriado siempre de vivir<span +class="pagenum" id="Page_IV-23">p. IV-23</span> en el gremio de la +santa Iglesia católica, apostólica, romana, única verdadera, fuera de +la cual no hay salvación. Y la condición que los españoles ponen para +tomar las armas en defensa de Vuestra Majestad, si se acepta, destruirá +para siempre nuestra opinión religiosa, manchando el suelo de los +dominios de Vuestra Majestad con el baldón de la herejía.</p> + +<p>»¿Por ventura no serán bastantes los vasallos naturales de Vuestra +Majestad a ponerlo en su trono, sin mendigar el apoyo de los españoles +descontentos? Señor: Vuestra Majestad es dueño absoluto de nuestras +vidas y haciendas; pero en la honra y en la religión no puede...</p> + +<p>—Sobrado tiempo os he escuchado, Coello: yo resolveré este asunto +como sea de mi real agrado, y os dejo salvo el derecho de hacer de +vuestra persona lo que os parezca conveniente —le interrumpió don +Sebastián, justamente indignado, de que en tan críticos momentos se +quisiera sembrar la división en su partido.</p> + +<p>Coello, aterrado, murmuró algunas frases<span class="pagenum" +id="Page_IV-24">p. IV-24</span> de obediencia, fidelidad, celo y +religión, ocupando confuso su asiento.</p> + +<p>Don Sebastián, sin atenderle, se dirigió al eclesiástico, y con +notable afabilidad le dijo:</p> + +<p>—Doctor Serrano, don Juan de Vargas os anunciará mañana mi +resolución. Entre tanto podéis dar mis reales gracias a vuestros +amigos, asegurándoles que jamás olvidará don Sebastián el auxilio que +en su infortunio le prestan. Mañana también, señores, se os comunicarán +a todos mis órdenes, y antes de mucho nos habrá visto el mundo triunfar +de nuestros enemigos, o perecer gloriosamente en la demanda.</p> + +<p>Concluyendo de hablar hizo seña de haberse terminado la asamblea; y +los que la componían empezaron a retirarse de dos en dos, o de tres en +tres lo más, para no hacerse sospechosos en la calle.</p> + +<p>No lo hizo así Vargas, pues se le mandó permanecer en el salón hasta +quedarse solo con el rey y el marqués Domiño.</p> + +<p>Entonces, el primero de estos personajes,<span class="pagenum" +id="Page_IV-25">p. IV-25</span> llamándole, le habló en estos +términos:</p> + +<p>—Don Juan, la mano del destino, por caminos bien inesperados, os ha +reunido a mí. Sé que habéis resuelto seguir mi suerte; y sé también que +los hombres como vos no varían nunca su resolución: cuento, pues, con +vos como conmigo mismo.</p> + +<p>—Vuestra Majestad —dijo Vargas— me hace justicia: mi espada y mi +persona están ya a su real servicio mientras me dure la vida.</p> + +<p>—Lo creo; y os doy una prueba de ello en poneros al frente de mis +auxiliares. No necesito deciros que estos son los españoles que, +habiendo abrazado las herejías de Lutero y Calvino, no hallan en su +patria un palmo de terreno que los sustente con seguridad, un solo +instante, de que las hogueras de la Inquisición no se enciendan +para ellos. Aunque católico, como yo lo soy, por la piedad de +Dios, no podréis menos de conocer que en mi actual posición me es +forzoso prescindir de escrúpulos que acaso me arredraran en otras +circunstancias. Hoy lo que necesito son brazos, y a todo precio debo +comprarlos<span class="pagenum" id="Page_IV-26">p. IV-26</span> +mientras el honor no padezca.</p> + +<p>—Vuestra Majestad, a mi entender, obra en eso con cordura.</p> + +<p>—Tal es mi opinión; y yo sabré imponer silencio, eterno si es +preciso, a los que como Coello quieran contrariarla. Desde que la +fortuna me ha condenado a vivir en la última clase del pueblo, he +tenido ocasión de abrir los ojos sobre más de un error, y me he +convencido de que el hierro y el fuego hacen hipócritas, pero no +religiosos. Además, don Juan, el pontífice, a quien en Roma me presenté +a pedir dispensa del voto temerario que en un momento de despecho hice +en África de vivir siempre encubierto, no solo se negó a ello, sino que +me despidió con dureza. Gregorio, esclavo humilde del rey de España, +temblaba de tener un solo día en sus estados al infeliz don Sebastián, +y esta ofensa está para siempre grabada en mi corazón.</p> + +<p>»Bastante os he dicho para que comprendáis claramente mi voluntad +y sus fundamentos. El doctor Serrano os presentará mañana a los +que habéis de conducir<span class="pagenum" id="Page_IV-27">p. +IV-27</span> a la gloria: descanso en vuestra fidelidad y buen talento, +y no volveré a ocuparme en el asunto hasta que os comunique mis órdenes +para marchar.</p> + +<p>»La mano de doña Inés es vuestra ya. La categoría a que estará +destinado el esposo de la cuñada del rey no se os ocultará; y para que +desde luego empecéis a recibir pruebas de mi real benevolencia, os +autorizo a usar desde hoy el título de duque de Madrigal.</p> + +<p>—Las bondades de Vuestra Majestad y la merced con que me honra +estarán eternamente impresas en mi memoria, y espero dar pruebas de mi +agradecimiento en el campo de batalla.</p> + +<p>—Ese es el lenguaje de un noble soldado. Podéis retiraros.</p> + +<p>Dobló don Juan la rodilla, besó la misma mano a que había visto +hacer pasteles, y salió del regio desván como el hombre que acaba de +tener un sueño maravilloso, de aquellos que hacen dudar de si se duerme +o se está despierto.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_4p027.jpg" + style="width: 3em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch42"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-28">p. IV-28</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO II</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Ciego el califa en su sangriento celo,</div> + <div class="verse i0">Despuebla el mundo por vengar al cielo.</div> + <div class="verse idr">(Meléndez: <i>Oda a la tolerancia</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">A principios del siglo <span class="asc">xvi</span> +fueron tantos y tales los abusos de las facultades espirituales que en +materia de bulas e indulgencias hizo la corte de Roma, que en Alemania, +país eminentemente pensador, dos frailes, Lutero y Calvino, se alzaron +contra ella: practicaron la reforma de la religión cristiana, conocida +con el nombre de protestantismo; y a pesar del emperador, del papa y +del concilio, luchando contra las armas del uno, las excomuniones y los +legados del otro, y contra los cánones y censuras del último, hicieron +considerable número de prosélitos, atrayendo a su creencia príncipes +ilustres y naciones enteras.</p> + +<p>Lutero y Calvino dieron al poder de los papas un golpe funesto, que +los progresos<span class="pagenum" id="Page_IV-29">p. IV-29</span> +de la civilización social prepararon hasta entonces, y en lo sucesivo +hicieron verdaderamente mortal. Desde entonces los sucesores de San +Pedro perdieron aquel poder en virtud del cual daban y quitaban las +coronas. Inglaterra, Suecia, Flandes, gran parte de la Alemania, se +separaron del regazo de la Iglesia católica; la Francia misma rehusó +admitir el concilio tridentino, y la Europa entera empezó a creerse con +derecho a pensar en materias de religión, cosa hasta entonces mirada +como una blasfemia.</p> + +<p>Las consecuencias que aquellos sucesos tuvieron en el orden político +son harto conocidas; y aunque esta novela no se ha escrito a propósito +para hablar de ellas, se nos permitirá que observemos que Inglaterra +fue el primer país enteramente protestante, y que en él es en donde la +libertad civil es también más antigua.</p> + +<p>Carlos I se declaró protector del concilio de Trento, y persiguió +constantemente a los reformados. Pero en Alemania no pudo extinguirlos: +en España fue<span class="pagenum" id="Page_IV-30">p. IV-30</span> +donde, auxiliado por la Inquisición, de abominable memoria, logró que +jamás los hubiese a cara descubierta.</p> + +<p>Las crueldades del tribunal de la fe no fueron sin embargo durante +su reinado comparables a las que se ejercieron bajo el cetro de hierro +de su hijo Felipe II, cuyo nombre execrado ha llegado a nuestros días, +y pasará a la más remota posteridad, como el baldón de su siglo y de la +patria que le dio el ser.</p> + +<p>Todas o la mayor parte de las religiones han debido acaso a la +persecución su mayor incremento; y, a excepción del mahometismo, +ninguna se ha extendido con la rapidez que la protestante. En vano se +le opusieron cuantos diques alcanzaron el poder y la Iglesia dominante; +salvolos todos y, embravecida como un torrente por la resistencia, +llegó a hacerse temible para sus perseguidores.</p> + +<p>No eran entonces los españoles un pueblo insignificante, como +después lo fueron gracias a tres siglos de cadenas; ricos, poderosos +y conquistadores, en<span class="pagenum" id="Page_IV-31">p. +IV-31</span> todo el orbe se veía a los invencibles tercios castellanos +cubriéndose de gloria; sus mercaderes tenían relaciones comerciales con +todas las naciones; y el oro mejicano hacía de nosotros los banqueros +del mundo. Entonces se viajaba; en aquellos viajes había comunicación +con los extranjeros, y de este modo la reforma religiosa llegó a +hacerse partidarios, y no en pequeño número, en el corazón mismo de +Castilla.</p> + +<p>Naturalmente, los primeros protestantes fueron eclesiásticos: para +nadie podía tener más interés la cuestión que para ellos; y unos la +examinaban por curiosidad, otros para instruirse. Algunos creyeron +las nuevas doctrinas más conformes al espíritu del Evangelio que las +antiguas; otros, lo contrario; y estos en España fueron en mayor +número. Apoyados los últimos en la ley, y disponiendo de la fuerza, +persiguieron encarnizadamente a los primeros, quienes se refugiaron, +como todo proscrito, en la oscuridad.</p> + +<p>No había acaso ciudad en España en<span class="pagenum" +id="Page_IV-32">p. IV-32</span> que los protestantes, los judíos, +y hasta los mahometanos no tuviesen conventículos secretos que la +Inquisición fue descubriendo sucesivamente. Para llevar legalmente a +la hoguera a los desventurados que los formaban no se necesitaba más +que probarles su diferencia de religión; pero el espíritu de partido, +no contento con aplicarles al tormento y quemarlos después, quiso que +bajasen al sepulcro manchada su memoria con la imputación de crímenes +cuya atrocidad misma los hace absurdos e increíbles.</p> + +<p>Los niños degollados bárbaramente, las imágenes del Redentor +injuriadas de una manera abominable eran las más pequeñas de las +infamias de que los inquisidores acusaban a sus víctimas. La pluma se +niega a entrar en pormenores sobre esta materia, y el entendimiento +concibe apenas que se hayan conducido al suplicio millares de infelices +pretendiendo haberles probado que <i>volaban</i> o que tenían en +sus casas <i>a pupilo</i> algunos diablos en figura de sapos, con +obligación de<span class="pagenum" id="Page_IV-33">p. IV-33</span> +vestirlos de terciopelo y darles a comer huesos de difuntos.</p> + +<p>En tal estado se hallaba España bajo la dominación del fanático +Felipe, cuando Gabriel de Espinosa puso a cargo de Vargas el mando de +sus auxiliares españoles.</p> + +<p>No se crea, por lo que de las luces naturales de don Juan hemos +dicho, que fuese un hombre de los que hoy llamamos despreocupados. Eran +muy pocos los castellanos que en aquel siglo podían pretender esta +denominación; y seguramente en donde menor número de ellos se hallaba +era en la nobleza, que recibiendo una educación puramente militar, +conservaba la creencia de sus padres, sin imaginar siquiera que en tal +materia era admisible la discusión. Sin embargo, el hermano del marqués +había tenido ocasión de observar en Flandes que los herejes eran +hombres como los demás; que cualquiera que fuesen sus errores en el +dogma, la moral de su religión era exactamente la del Evangelio, y que +en los combates<span class="pagenum" id="Page_IV-34">p. IV-34</span> +se portaban como el mejor católico, peleando con valor, y tratando +después con humanidad a sus enemigos. Redújose, pues, a desempeñar la +comisión que se había puesto a su cargo, aunque no sin repugnancia +y tal cual escrúpulo de conciencia. Dígase también, en honor de la +verdad, que Inés, a quien vio aquel día en el locutorio, le pareció tan +hermosa, estuvo con él tan fina y le dio tan próximas esperanzas de su +matrimonio que, al separarse de ella, hubiera hecho alianza no ya con +los protestantes, sino con todos los herejes y cismáticos habidos y por +haber, y con el mismo Satanás, por más feo, cornudo y azufroso que se +le presentase.</p> + +<p>Tales han sido siempre los hombres vehementes: preocupaciones, +intereses, conveniencias sociales, la honra misma, todo lo han +sacrificado a las miradas de una mujer en los primeros años de la vida; +y en la edad adulta, el ídolo de su juventud, olvidado, menospreciado +tal vez, ha tenido que ceder<span class="pagenum" id="Page_IV-35">p. +IV-35</span> su lugar a los sueños de la ambición.</p> + +<p>Vargas entonces no creía que hubiera nada en el mundo superior a +Inés, ni que el que una vez la había visto pudiera nunca dejar de +amarla; menos aún, ser feliz sin ella. ¿Qué mucho, pues, que todo lo +sacrificase para poseerla?</p> + +<p>Ya resuelto a entregarse sin reserva en manos del destino, se +preparó a desempeñar su papel de jefe de segundo orden en aquella +conjuración; y revestido de la gravedad conveniente, se presentó con el +doctor Serrano en el conventículo de los protestantes.</p> + +<p>Celebraban estos sus reuniones con todo el misterio y cautela que +su posición exigía, y Vargas halló en juntas a los que formaban el +consistorio directivo en una oculta bodega situada en un extremo de +la ciudad. Algunos letrados, no menos eclesiásticos, tres o cuatro +mercaderes y algún profesor de ciencias exactas fueron las personas +que allí se ofrecieron a su vista: la única de capa y espada,<span +class="pagenum" id="Page_IV-36">p. IV-36</span> como entonces se decía, +era el mismo Vargas.</p> + +<p>Antes de su llegada ya habían los protestantes acordado que no +prestarían a don Sebastián el prometido auxilio sin recibir antes por +escrito su real palabra de que se les tolerase en Portugal el libre +ejercicio de su culto; y el doctor Serrano hizo entender sin rebozo +a don Juan que toda negociación era excusada sin que precediese la +entrega de la garantía pedida.</p> + +<p>En el caso de que el destronado rey accediese a lo que se +deseaba, empezarían los protestantes poniendo a su disposición una +suma considerable para empezar la campaña; formarían a su costa, +y auxiliados por sus hermanos de Inglaterra, Francia y Alemania, +un cuerpo franco; y, desde luego, presentarían en breve plazo de +trescientos a quinientos hombres para contribuir al alzamiento.</p> + +<p>No dejaron tampoco de presentarse varias dificultades al +consistorio sobre poner los soldados protestantes a las órdenes<span +class="pagenum" id="Page_IV-37">p. IV-37</span> de un noble católico; +pero todas ellas se desvanecieron con la imposibilidad de hallar en +España hombre de la comunión reformada que lo reemplazase. Fue, pues, +nuestro don Juan, bajo el título de duque de Madrigal, reconocido por +jefe del futuro cuerpo auxiliar, y la reunión se disolvió después de +haber rezado a coro un salmo de David.</p> + +<p>Debía don Juan comunicar a Gabriel de Espinosa lo resuelto por el +consistorio, y para ello se le había mandado hallarse aquella noche +a las ocho de ella en el Campo Grande; cita a la que, como se deja +conocer, asistiría con alguna anticipación para no hacerse esperar; +pero fue tanta su puntualidad, que daban las siete cuando entró en el +Campo Grande, que, por ser la noche de las frescas de otoño, estaba +desierto. No le pesó de esta circunstancia, pues en situación semejante +a la suya lo que más se apetece en general es la soledad. Amante y +conjurador a un tiempo, sus pensamientos le sobraban a Vargas para +entretenerse.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-38">p. IV-38</span></p> + +<p>La revolución que se preparaba, su éxito y consecuencias eran +asuntos de no pequeña importancia; pero Inés la tenía mayor para él. +Dejando vagar la imaginación a su placer, se veía ya dueño de su amada: +representábasele verla en sus brazos al rayar la aurora, y uno y otro +día, y siempre, en fin, vivir a su lado; pero el colmo de la dicha +para Vargas era tener un hijo de Inés, que su fantasía hizo bello como +Apolo, valiente como Hércules, discreto como Cicerón, y célebre como +Alejandro.</p> + +<p>Cuando el hombre cree ser feliz, lo es, ha dicho no sé quién, +y con sobrada razón. Nunca la realidad iguala a los goces que el +hombre dotado de una ardiente fantasía tiene, cuando sus sueños, +ya despierto, ya dormido, le halagan. Y es porque, en la realidad, +aun las rosas tienen espinas; no así en el mundo ideal: lo malo y +lo bueno, según el vidrio que se deja ver en la linterna mágica, se +presentan aisladamente. Prescíndese de la debilidad humana, de la +muerte; se olvida<span class="pagenum" id="Page_IV-39">p. IV-39</span> +que estamos condenados a padecer, y que cuanto más intenso sea un +dolor, tanto más pronto el órgano que lo sufre perderá la facultad +de sentirlo. Sucédenos, en fin, lo que al mecánico teórico: calcula +una máquina prescindiendo del rozamiento de los cuerpos y de la +elasticidad de las cuerdas, y obtiene en el papel un invento que ha +de inmortalizarle. El mal está en que al poner en práctica su máquina +tiene que emplear hierro, madera y cáñamo.</p> + +<p>Dando, pues, libre curso a sus imaginaciones, se paseaba Vargas +delante del convento de recoletos y no advirtió que un hombre le +seguía, hasta que este, tocándole en un hombro, le dijo:</p> + +<p>—Muy distraído vais, señor don Juan.</p> + +<p>Volviendo entonces la cabeza reconoció a Gabriel de Espinosa.</p> + +<p>Diole cuenta de lo ocurrido en el consistorio, y tuvieron sobre +ello una larga conversación, en la cual desplegó el pastelero +grandes conocimientos en política, y dio a Vargas detalladas +instrucciones,<span class="pagenum" id="Page_IV-40">p. IV-40</span> +previendo las dificultades que podrían ocurrirle en su misión y +facilitando los medios de vencerlas; y por último, prometió la garantía +pedida por los protestantes.</p> + +<p>Antes de despedirse supo Vargas que los conjurados portugueses +Domiño, Abenamal, don Carlos y don Francisco, habían ya marchado a +disponer el alzamiento, que debía verificarse tan luego como don +Sebastián se presentase en su reino.</p> + +<p>El monarca destronado pensaba ir a Madrigal, salir de allí +acompañado de fray Miguel, don Juan y un corto número de los +protestantes españoles, y entrar con ellos en la Extremadura portuguesa +para descubrirse allí.</p> + +<p>Para poner en planta este proyecto solo aguardaba a recoger la +suma prometida por el consistorio, y a realizar algunos otros fondos +indispensables para poder sustentar a sus soldados un mes por lo menos +sin gravamen de los pueblos.</p> + +<p>Pero todas estás recaudaciones no pudieron verificarse tan pronto +como se deseaba.<span class="pagenum" id="Page_IV-41">p. IV-41</span> +El misterio con que hubieron de hacerse, las diversas personas a quien +se tuvo que acudir y otros varios entorpecimientos inevitables en tales +negocios retardaron quince días o más el suspirado momento de hallarse +prontos los fondos. Don Juan no tuvo la satisfacción de anunciárselo +así a Gabriel de Espinosa hasta dos semanas después de haber tenido con +él la conferencia que acabamos de referir.</p> + +<p>En este intermedio sus visitas al locutorio fueron diarias, y la +materia de sus conversaciones con Inés, sus amores y esperanzas. No +estaba la bella portuguesa menos enamorada que el joven castellano; +pero sus continuas desgracias y su condición naturalmente reflexiva no +la permitían entregarse, como Vargas lo hacía, a las más lisonjeras +ilusiones. Una serie no interrumpida de males había acostumbrado a +Inés a no esperar nada bueno; y más de una vez, en los momentos mismos +en que su amante mostraba mayor entusiasmo, más persuasión<span +class="pagenum" id="Page_IV-42">p. IV-42</span> de ser su esposo, la +imagen del cadalso se presentaba a los ojos de la infeliz hermana de +Clara, y el rostro de Vargas, entonces animado por todo el fuego del +amor, a su parecer mostraba las señales de la muerte. Corrían entonces +por sus mejillas lágrimas amargas, y apenas bastaban el cariño y la +elocuencia de don Juan para calmar su dolor.</p> + +<p>La mañana siguiente a la noche en que el hermano del marqués anunció +al cuñado de su futura esposa que los protestantes tenían reunido su +dinero, fue a ver a Inés, y al participárselo le dijo:</p> + +<p>—Esta noche entregaré al consistorio la real garantía que Su +Majestad pondrá en mis manos, y me haré cargo del dinero, parte en oro, +parte en letras de cambio. El rey saldrá para Madrigal al amanecer de +mañana, y vos con él. Según sus órdenes, Inés, yo no debo hacerlo, con +otros veinte compañeros, hasta por la noche. Su Majestad se ha dignado +prometerme que fray Miguel nos unirá para siempre en la ermita que bien +conocéis.<span class="pagenum" id="Page_IV-43">p. IV-43</span> ¡Ah, +Inés! Llegó por fin el suspirado momento de llamarme esposo de la que +adoro. O no me amáis, o vuestro placer debe ser igual al mío.</p> + +<p>—De mi amor, Vargas, no podéis dudar, pues no sabré ocultarlo, +aunque tal vez debiera —contestó la dama—. Un fatal presentimiento +me destroza el corazón; conozco que no tengo para él determinado +fundamento, y, sin embargo, no puedo desecharlo.</p> + +<p>—Inés mía, confundís el temor natural en vuestro sexo al aproximarse +el momento de una arriesgada empresa, con un presentimiento que no +puede existir.</p> + +<p>—¡Mi don Juan!</p> + +<p>Pero no más de lo que va referido hablaron aquella vez los dos +amantes, pues Vargas, en tan críticos momentos, no podía disponer de un +solo instante.</p> + +<p>La despedida por su parte fue tierna; por la de Inés, melancólica en +extremo. Parecíale que aquella separación había de ser eterna, y sin +poderlo remediar inundó con sus lágrimas la mano de don Juan,<span +class="pagenum" id="Page_IV-44">p. IV-44</span> después de haberla +estrechado tiernamente contra su corazón.</p> + +<p>—No sé —dijo por último—, no sé en qué consiste; pero jamás ha sido +tanto mi desaliento como ahora. La idea de ser causa, tal vez, de la +desgracia de un hombre a quien adoro, y que si no me hubiera conocido +fuera feliz sin duda, me atormenta, me destroza el corazón.</p> + +<p>Quitose en seguida una cadena hecha de su propio pelo, y +poniéndosela al cuello a su amante, continuó:</p> + +<p>—Tomad, don Juan, esa prenda, que para vos tendrá algún valor; y si +queréis tranquilizarme algún tanto, decidme que jamás me culparéis en +lo que os suceda.</p> + +<p>—¡Nunca, mi vida!</p> + +<p>—El destino os hizo conocerme, y el cielo me es testigo de lo que he +combatido por mi amor y el vuestro.</p> + +<p>—Y el cielo premiará también vuestra virtud. Señora mía, pasado +mañana seréis mi esposa. Enjugad el llanto, y adiós, que me es fuerza +el partir.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_4p044.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch43"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-45">p. IV-45</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO III</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">¡Ah! Vanamente discurre mi deseo</div> + <div class="verse i0">Por tus sangrientos fastos y el contino</div> + <div class="verse i0">Revolver de los tiempos; vanamente</div> + <div class="verse i0">Busco honor y virtud: fue tu destino</div> + <div class="verse i0">Dar nacimiento, un día,</div> + <div class="verse i0">A un odioso tropel de hombres feroces,</div> + <div class="verse i0">Colosos para el mal.</div> + <div class="verse idr">(Quintana: <i>Oda a Padilla</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Don Rodrigo de Santillana, el marqués y su capellán, +habían llegado con toda felicidad a Madrid, y pasado de allí al +Escorial, donde por el momento se hallaba la corte.</p> + +<p>La obra de aquel monasterio, ya entonces muy próximo a su +conclusión, era el único objeto que distraía a Felipe de los negocios +políticos y de sus continuas devociones.</p> + +<p>Habíase lisonjeado el marqués de que su pretensión era fácil +de conseguir, y se engañó. Un monarca que, como el reinante<span +class="pagenum" id="Page_IV-46">p. IV-46</span> entonces, hacía +profesión de los más austeros principios religiosos, un hombre que +jamás había amado ni podía amar, no era de esperar que tolerase y +protegiese los extravíos galantes en nadie, y menos en un título de +Castilla. Los ministros de Felipe tenían, o afectaban tener, la misma +manera de pensar que él, y así el pobre marqués vio malísimamente +recibidas sus primeras insinuaciones.</p> + +<p>Pero como si las ideas generales de la corte en la materia no +bastaran a contrariar sus planes, el comendador Hinojosa, presentándose +dos días después que él en el Escorial, acabó de derribar el sonado +edificio del engrandecimiento del hijo de Violante.</p> + +<p>Hinojosa, entrando sin ceremonia en la posada de su primo, y +declarándole sin rodeos que él y don Juan estaban perfectamente +enterados de lo ocurrido con respecto al niño don Pedro Alcántara, +de los proyectos que para su fortuna se formaban, y que ambos +también estaban resueltos a no tolerar tamaña afrenta para<span +class="pagenum" id="Page_IV-47">p. IV-47</span> las familias de los +Vargas, confundió, aterró, aniquiló al marqués y al padre Teobaldo.</p> + +<p>No se atrevían ni el uno ni el otro a responder palabra, ni el +comendador les dio lugar a ello, pues concluida la arenga se retiró, +anunciando que iba en aquel mismo instante a verse con el secretario de +Su Majestad y a enterarle de todo el asunto, y que, si necesario fuese, +llegaría a los pies del rey mismo a pedir justicia. Hinojosa era hombre +sobradamente capaz de cumplir lo prometido; el marqués lo sabía, y el +capellán también.</p> + +<p>Más de un cuarto de hora se estuvieron mirando el uno al otro con +espantados ojos, sin saber qué hacer ni qué decir, hasta que por fin +el marqués creyó que a él le tocaba romper el silencio, y haciendo un +grande esfuerzo dijo:</p> + +<p>—¡Padre Teobaldo!</p> + +<p>—Señor marqués —contestó el capellán; y se terminó por entonces la +conversación.</p> + +<p>—¡Hem! —dijo de allí a un rato el capellán—. ¿Si habrá ido a ver al +rey?</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-48">p. IV-48</span></p> + +<p>—¿Si habrá ido? ¿No le conocéis? Ahora mismo tal vez.</p> + +<p>—Entonces, <i>Domine miserere mei</i>, perdidos somos.</p> + +<p>—Padre Teobaldo, ¿y qué hacemos?</p> + +<p>—Señor marqués, yo en este asunto <i>lavabo manus meas</i>.</p> + +<p>—Buen consejo, por cierto. ¿Ahora me abandonáis?... ¿No podríamos +acudir a algunos amigos?</p> + +<p>—¡Amigos! <i>Donec eris felix...</i></p> + +<p>—Por la Virgen Santísima que dejemos ahora los latines. Si ese +hombre se presenta a Su Majestad y le cuenta el asunto a su modo, somos +perdidos.</p> + +<p>—<i>Nulla est redemptio</i>. En mala hora dejamos nuestros penates; +en triste día <i>nos patriæ fines; et dulcia relinquimus arva</i>.</p> + +<p>—Dios me perdone, pero capaz sois de hacer perder la paciencia a un +santo. Consejos son los que yo quiero, y no citas de Virgilio.</p> + +<p>—Ese pagano, señor marqués, contiene sin embargo apotegmas +filosóficos, morales, <i>naturaliter</i> hablando, de gran peso y...</p> + +<p>—Norabuena, pero ahora no se trata de eso: en lo que hemos de pensar +es en el comendador.</p> + +<p>—<i>Infandum Regina jubes renovare dolorem</i>.</p> + +<p>—En resumen,<span class="pagenum" id="Page_IV-49">p. IV-49</span> +¿qué pensáis que debo hacer?</p> + +<p>—Es asunto este que exige madura deliberación, y consultar por lo +menos media docena de santos padres y otros tantos autores profanos.</p> + +<p>—Y mientras se consultan, revuelve mi primo la corte entera, me +pinta a los ojos de Su Majestad como un libertino escandaloso, a vos +como a un eclesiástico sin costumbres, cómplice en mis extravíos; dan +con nosotros en la Inquisición, y nos queman.</p> + +<p>—<i>Sancta Maria, ora pro nobis</i>. Huyamos, señor marqués, +huyamos, <i>usque ad finem</i>.</p> + +<p>—Eso ya es hablar en razón. ¿Conque opináis que huyamos?</p> + +<p>—Me parece lo más acertado.</p> + +<p>—Y a mí.</p> + +<p>—Está entonces aprobado <i>nemine discrepante</i>.</p> + +<p>Y sin aguardar a más, ni despedirse de alma viviente, tomaron el +camino para Madrid, donde solo pararon un día, saliendo al siguiente no +para Valladolid, sino para una hacienda del marqués, donde se creyeron +más seguros.</p> + +<p>No era sin embargo tan grande el peligro como se lo habían +imaginado. Verdad<span class="pagenum" id="Page_IV-50">p. +IV-50</span> es que el comendador, conociendo la timidez natural de +sus antagonistas, se propuso aterrarlos con tremendas amenazas, y lo +consiguió aun más allá de lo que esperaba. Por lo demás, condujo el +negocio con tino, pintando a su primo como engañado; obtuvo de los +ministros de la cámara la promesa de que no se admitiría la solicitud +del marqués, más una orden de reclusión perpetua contra Violante; y +corrió, ufano con su triunfo, a noticiárselo a don Juan.</p> + +<p>Distinto fue el objeto, y distinto también el resultado del viaje a +la corte del alcalde don Rodrigo de Santillana.</p> + +<p>Una orden de Su Majestad le mandó presentarse sin la menor dilación +en El Escorial para un asunto del cual ya tenía algunos antecedentes, y +se le daban más en la misma real orden.</p> + +<p>El negocio era de tal trascendencia que Santillana se persuadía +con fundamento de que, llevándolo a cabo felizmente, no solo podía +contar con verse en un momento en el más alto grado de su<span +class="pagenum" id="Page_IV-51">p. IV-51</span> carrera, sino con ser +uno de los favoritos del monarca. Estas reflexiones le entretuvieron +agradablemente en el camino, y sus esperanzas se corroboraron cuando, +presentándose en palacio y declarando su nombre, se le mandó entrar sin +demora en la cámara del rey.</p> + +<p>Felipe, ya entonces en el antepenúltimo año de su vida, estaba +sentado en un sillón y atormentado por acerbos dolores. Su semblante, +naturalmente pálido, se asemejaba al de un cadáver. Aquel aspecto +grave, severo, reservado; aquel labio inferior caído sobre la barba, +y aquellos ojos penetrantes, con que parecía escudriñar los más +recónditos senos del corazón de la persona que se hallaba en su +presencia, hicieron en Santillana la profunda impresión que hacían en +cuantos se le acercaban.</p> + +<p>Dobló el alcalde ambas rodillas, y besando la descarnada y lívida +mano del rey, esperó, sin mudar de postura, a que se le mandase +hablar.</p> + +<p>—¿Sois vos —dijo el rey— don Rodrigo<span class="pagenum" +id="Page_IV-52">p. IV-52</span> de Santillana?</p> + +<p>—El más leal y humilde de los vasallos de Vuestra Majestad.</p> + +<p>Felipe pareció satisfecho de la concisión y respeto de esta +respuesta; don Rodrigo no añadió una palabra más, pues bien informado +del carácter del rey, sabía que este no toleraba que nadie fuera osado +a hablar en su presencia más de lo necesario para responder a sus +preguntas.</p> + +<p>—Informado —volvió el rey a decir, después de un breve intervalo— de +vuestra fidelidad y celo en mi real servicio, os dimos la comisión de +vigilar a la persona que es inútil nombrar. ¿Lo habéis hecho?</p> + +<p>—Sí, señor; y he tenido la honra de elevar a Vuestra Majestad el +resultado de mis diligencias.</p> + +<p>—Que ha sido ninguno, don Rodrigo —exclamó Felipe con amarga +severidad.</p> + +<p>Aterrado el alcalde con tan inesperada reconvención, bajó los ojos, +y diera en aquel momento cuanto le pidieran por lograr, si posible +fuese, que jamás el rey se hubiera acordado de él para nada.</p> + +<p>El monarca, conociendo el efecto que sus palabras habían producido, +contemplaba<span class="pagenum" id="Page_IV-53">p. IV-53</span> la +turbación, el terror más bien, de Santillana con un maligno placer, de +que era muestra evidente la irónica y apenas perceptible sonrisa que se +advertía en sus labios.</p> + +<p>—Ninguno —continuó Felipe—; tal vez yo podré en mi gabinete mismo +daros más noticias de las que vos, señor alcalde, estando al pie de la +fuente habéis sabido adquirir. ¿Qué decís a esto? Responded.</p> + +<p>—Señor y rey mío, no me parece milagroso que la alta penetración +de Vuestra Majestad haya descubierto lo que a mi ignorancia se ha +ocultado. Pero me atrevo a protestar a los reales pies de Vuestra +Majestad que jamás vasallo ha deseado con tantas veras merecer al menos +la indulgencia de su señor natural.</p> + +<p>—Las obras acreditarán ese celo. Quiero olvidar lo pasado; pero don +Rodrigo, vuestra cabeza me responde del buen éxito de este negocio, y +de que no transpire en el público una sola palabra de él.</p> + +<p>Pronunció el rey estas palabras con severidad, pero en la apariencia +con la<span class="pagenum" id="Page_IV-54">p. IV-54</span> misma +calma que si hablase del asunto más indiferente; la única señal de +agitación que se le descubría era un ligero movimiento de contracción +en los músculos de la fisonomía. Don Rodrigo no estaba tan tranquilo, +pues persuadido de que el rey sabría cumplir la promesa con la más +escrupulosa exactitud, se daba ya por muerto.</p> + +<p>En tal estado se hallaban, cuando sonando las doce del día en el +reloj del monasterio, Felipe, aunque no sin trabajo, se hincó de +rodillas delante de un crucifijo de oro que tenía sobre la mesa; +y sacando un magnífico rosario, se puso a rezar devotamente tres +avemarías; acto en que, no solo arrodillado sino encorvado de manera +que casi besaba el suelo, le acompañó el asustado alcalde. Concluidas +las oraciones y persignado el rey, volvió a ocupar su asiento, y ya en +él, dijo:</p> + +<p>—Buenas tardes, don Rodrigo.</p> + +<p>—Dios se las dé a Vuestra Majestad tan felices como su ejemplar +piedad y altas virtudes merecen —contestó Santillana.</p> + +<p>—Alabemos al<span class="pagenum" id="Page_IV-55">p. IV-55</span> +Rey de los reyes, alcalde: Él solo está exento de imperfecciones; los +demás, todos habemos menester de su misericordia.</p> + +<p>—Y los humildes vasallos de Vuestra Majestad la esperan igualmente +de su imagen en la tierra.</p> + +<p>—Bien está. Volvamos a la comenzada plática; el hombre que sabéis +se mueve ahora más que nunca; ignoramos por qué, y es preciso saberlo. +Esto os toca a vos el averiguarlo: al menor indicio de lo que os +tengo prevenido de antemano, ya sabéis cuál ha de ser su suerte o la +vuestra.</p> + +<p>—Señor, hasta donde yo alcance...</p> + +<p>—Es preciso alcanzarlo todo, todo sin excepción. ¿Me entendéis, don +Rodrigo?</p> + +<p>—Sí, señor.</p> + +<p>—Retiraos, pues. Mi secretario os dará los informes que hemos +adquirido; y esta debe ser la última vez que yo tenga que ser el +servidor de mis vasallos.</p> + +<p>Diciendo así, tendió la mano a don Rodrigo, quien la besó +humildemente; y marchando después con paso atrás, para no volver al rey +la espalda, hasta la puerta de la cámara, salió de palacio tan<span +class="pagenum" id="Page_IV-56">p. IV-56</span> aterrado como ufano y +glorioso había entrado en él, pocos minutos antes. No hay cosa como ser +vasallo de un rey absoluto para dar gracias a Dios cada día de hallarse +con la cabeza sobre los hombros.</p> + +<p>Pero aún no había acabado don Rodrigo de conocer la corte. Si el +rey le había amenazado, su secretario, con más orgullo, con más dureza +aún, le dijo «que era indigno de la magistratura que ejercía; que solo +la extremada piedad de Su Majestad era causa de que no se castigase +ejemplarmente su negligencia; pero que tuviese entendido que si en lo +sucesivo no mostraba más acierto en la delicada comisión puesta a su +cargo, podría darse por muy dichoso si escapaba con vida».</p> + +<p>Jamás hubo proceder tan injusto por una parte, ni tan poco merecido +por otra. Don Rodrigo, humilde esclavo del rey y de su propia ambición, +se hallaba dispuesto a ejecutar sin reparo, con refinamiento, cuantas +crueldades le pluguiese a Felipe encomendarle, y más aún si creía que +de ello había de resultarle el<span class="pagenum" id="Page_IV-57">p. +IV-57</span> menor provecho. Así pues, desde que la corte de Madrid +puso a su cargo el asunto de que se trataba no había cesado de trabajar +en él con extraordinario ahínco; pero las personas a quienes se quería +sacrificar habían tenido maña suficiente para eludir todo género de +pesquisas por parte del alcalde.</p> + +<p>La desgracia de este consistió en que Felipe, receloso, como todo +tirano, desconfiaba de sus agentes, juzgando al género humano por su +corazón. De aquí resultaba que cuando por no serle posible hacerlo +todo por sí confiaba una misión a cualquiera de sus esclavos, al +mismo tiempo encargaba a otros que espiasen su conducta; y en muchas +ocasiones, a la orden que elevaba a un sujeto seguía inmediatamente la +que le sumía en una mazmorra, o tal vez le llevaba al cadalso.</p> + +<p>Como el asunto confiado a don Rodrigo era a los ojos del rey de la +más alta importancia, varios agentes subalternos fueron comisionados +para inquirir noticias sobre él; y de las que todos ellos dieron<span +class="pagenum" id="Page_IV-58">p. IV-58</span> sacó Felipe en +consecuencia, con su sagacidad característica, que a pesar de lo que +aseguraba Santillana, había en el negocio más de lo que se dejaba +ver.</p> + +<p>Mal lo pasara el pobre don Rodrigo si dos razones no hubieran +militado en su favor. La primera, que el rey sabía el celo que en su +comisión había mostrado; pero esta era de poca importancia. Un déspota +no agradece; los hombres en sus manos son como los instrumentos en las +del artista. ¿Qué importa que sean de buena calidad? Cuando no sirven +para el objeto que en el momento les ocupa, los arroja lejos de sí con +desprecio.</p> + +<p>La segunda causa fue la que decidió a Felipe. El sigilo era para +él en todo asunto la más necesaria de las circunstancias, y más +particularmente en aquel: no quiso, pues, confiar a otro juez su +secreto; y reservándose castigar en tiempo y lugar el desacierto de los +primeros pasos de don Rodrigo, resolvió sin embargo que completase la +obra.</p> + +<p>No es fácil pintar la terrible impresión<span class="pagenum" +id="Page_IV-59">p. IV-59</span> que las amenazas del rey y los insultos +de su ministro hicieron en el mismo don Rodrigo. Al retirarse a su +posada se sintió acometido de una violenta calentura que, a poco de +haberse metido en la cama, se desplegó con los síntomas más alarmantes +y un delirio espantoso.</p> + +<p>Lo peor del caso fue que llamaron a un médico de los más célebres, +y por consiguiente también de los más endurecidos en su carnicera +profesión, quien empezó prohibiendo que se diese al enfermo, aquejado +por una sed abrasadora, ni una sola gota de agua. No contento con +esto, y a pesar de que por todos los síntomas se conocía evidentemente +que la enfermedad de don Rodrigo era una inflamación cerebral, le +atestó el cuerpo de quina, logrando ponerlo en tres días a las +puertas del sepulcro. Entonces, dando por acabada su obra, se retiró, +dejando al paciente en poder de un robusto fraile jerónimo, que tan +desapiadado como el doctor, daba libre curso a una voz estentórea, +pintando con cruel prolijidad todos los horrores<span class="pagenum" +id="Page_IV-60">p. IV-60</span> del infierno y la furia de Lucifer.</p> + +<p>Quiso, sin embargo, la buena suerte de don Rodrigo que en la cuarta +noche de su enfermedad, en un momento en que el monje, cansado de +gritar todo el día, se retiró de su estancia, conmovido por sus ruegos +el criado que le velaba, y no queriendo negarle lo que pedía a un +hombre que de todos modos iba a morirse, le dio un gran jarro de agua, +que el enfermo apuró sin dejar gota; repitiéronse estas libaciones toda +la noche, y a la mañana siguiente era ya notable la mejoría. En una +palabra, despedidos agonizante y médico, logró el alcalde restablecer +su salud, y hallarse en quince días en disposición de regresar a su +destino, como en efecto lo hizo, después de haber hecho constar al +gobierno que su enfermedad no se lo había permitido.</p> + +<p>No dejó Santillana de extrañar el no haber tenido la menor noticia +del marqués ni de su capellán; y habiendo preguntado por ellos a +un amigo, le dijo este «que ambos habían desaparecido de<span +class="pagenum" id="Page_IV-61">p. IV-61</span> la corte dos días +después de haber llegado a ella, sin haber tenido siquiera la atención +de despedirse de las personas que los habían visitado». Pero el alcalde +estaba harto preocupado con sus propios asuntos para pensar en los +ajenos; así pues, cesó de ocuparse en el marqués tan luego como se +terminó la respuesta de su amigo, y se puso en camino sin más cuidado +que el de convalecer pronto y salir del encargo del rey, ya que no +lleno de honores, como un tiempo pensó, al menos sin un dogal al +cuello.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_4p061.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch44"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-62">p. IV-62</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO IV</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">No; aunque en medio</div> + <div class="verse i0">De esta vil muchedumbre apareciera</div> + <div class="verse i0">Del gran Pelayo el animoso aliento,</div> + <div class="verse i0">En vano a libertad los llamaría;</div> + <div class="verse i0">Ya nadie le escuchara.</div> + <div class="verse idr">(Quintana: <i>Pelayo</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Salió Vargas del locutorio contristado a pesar de los +esfuerzos que para serenar a Inés y serenarse él mismo había hecho. +Fácilmente sentimos como la persona amada; y yo no sé qué tiene el +pesar, que nos domina con mucha más facilidad que la alegría. Sin +embargo, le fue preciso a nuestro caballero atender a los negocios de +Espinosa y a los suyos particulares.</p> + +<p>Es preciso advertir que don Juan no dependía enteramente del +marqués. El padre de ambos fue un caballero económico, y que +amando tiernamente a sus hijos, cuidó de asegurar una legítima +bastante considerable al menor de ellos.<span class="pagenum" +id="Page_IV-63">p. IV-63</span> Así don Juan pudo reunir, sin tocar a +los bienes del marqués, una suma de dinero suficiente a asegurarle una +decente subsistencia en caso de que un revés de la suerte le obligara a +expatriarse. Arreglado este primer punto, puso en orden los negocios de +su hermano, cuyos bienes administraba, según ya se ha dicho.</p> + +<p>En una entrevista con el doctor Serrano recibió de nuevo la +seguridad de que aquella noche, cuando entregase la real garantía +al consistorio, se pondría en sus manos la cantidad estipulada, y +de que los veinte hombres armados estarían prontos para la mañana +siguiente.</p> + +<p>Así se pasó aquel día, y llegó la hora de la cita con Gabriel: don +Juan acudió a ella con su acostumbrada puntualidad; pero esperó en vano +hasta pasada la media noche.</p> + +<p>Si Vargas estaba descontento con tan inesperada falta, no lo estaba +menos el consistorio protestante, que en sesión permanente aguardaba +al señor duque de Madrigal con una impaciencia poco evangélica<span +class="pagenum" id="Page_IV-64">p. IV-64</span> a la verdad, pero muy +natural en aquella circunstancia.</p> + +<p>Gabriel de Espinosa, que mudaba de posada con frecuencia, jamás dijo +a don Juan dónde vivía, ni este se acordó de preguntárselo; sintiolo +entonces infinito, pero la cosa no tenía remedio. Cuatro horas de +esperar inútilmente le parecieron prueba bastante y sobrada de que +don Sebastián no quería o no podía acudir a la cita. Trasladose, +pues, Vargas al lugar de la reunión de los protestantes, y así que +estos le vieron entrar hubo en la asamblea un movimiento general de +satisfacción.</p> + +<p>El doctor Serrano, que la presidía, y que con una biblia abierta +delante de sí tenía tal vez intención de leer en ella, pero estaba de +dos horas a aquella parte con los ojos clavados en la puerta, dejó +escapar un profundo suspiro, y detrás de él un «gracias a Dios» tan +sentido, que se conoció que le salía de lo íntimo del corazón.</p> + +<p>A esta exclamación del presidente, un<span class="pagenum" +id="Page_IV-65">p. IV-65</span> matemático que, con la vista fija en +el suelo y el entendimiento ocupado en la teoría de las paralelas, era +acaso el único de los presentes a quien el tiempo no se hizo largo, +preguntó:</p> + +<p>—¿Qué es eso? ¿Se resolvió ya el problema?</p> + +<p>Mirole con cierto aire de compasión un mercader que estaba a su +lado, y los restantes miembros de la asamblea, atendiendo solo a don +Juan, no le hicieron caso ninguno.</p> + +<p>Después de saludar en general, y de haber tomado asiento al lado del +presidente, tomó Vargas la palabra diciendo:</p> + +<p>—Tengo el disgusto, señores, de anunciaros que Su Majestad no se ha +presentado en el paraje en que tuvo a bien mandarme le esperase.</p> + +<p>—Se eliminó —murmuró entre dientes el matemático.</p> + +<p>—¿Y vuecelencia, señor duque, no podrá informarnos de la causa de la +falta de puntualidad de Su Majestad? —dijo el presidente.</p> + +<p>—Me es absolutamente desconocida, señores; y os aseguro que +conociendo, como conozco, la escrupulosa exactitud del rey, no dejo de +estar con bastante cuidado.</p> + +<p>—En este<span class="pagenum" id="Page_IV-66">p. IV-66</span> caso +—exclamó uno de los mercaderes—, debemos retirar nuestros fondos, +porque sin la garantía...</p> + +<p>—No se os piden tampoco. Pero no debéis olvidar que la causa de don +Sebastián y la vuestra son una misma —replicó Vargas.</p> + +<p>—Sin la garantía —dijo el presidente— no hay pacto.</p> + +<p>—Doctor Serrano, Su Majestad ha empeñado la real palabra de conceder +esa garantía, y no le haréis la injusticia de creer que sea capaz +de faltar a ella. Pero si un accidente, cuya sola idea me llena de +amargura, hubiera impedido al rey entregarla hoy, y le impidiera +entregarla en algunos días, ¿sería justo por eso que sus auxiliares le +abandonasen?</p> + +<p>—Los cristianos reformados de España cumplirán religiosamente el +pacto hecho con Su Majestad el rey don Sebastián, pero no darán un +solo paso en su favor sin tener en su poder el documento que han +pedido. ¿Quién nos asegura de que don Sebastián, cediendo tal vez a +las insinuaciones de algunos de sus consejeros, no trata de eludir su +promesa?</p> + +<p>—¡Quién!... La palabra de un rey es<span class="pagenum" +id="Page_IV-67">p. IV-67</span> más sagrada que cuantas escrituras +pueden hacerse.</p> + +<p>—Los reyes —interrumpió un mercader— faltan a sus palabras siempre +que les conviene.</p> + +<p>—Verdad demostrada —añadió el matemático— como la proposición del +cuadrado de la hipotenusa.</p> + +<p>—¿Qué quiere decir esto, señores? ¿Es bastante que Su Majestad no +haya acudido esta noche al paraje convenido, para que el consistorio +dude de su buena fe hasta el punto de revocar sus propias resoluciones, +en virtud de las cuales está obligado a prestarle su auxilio?</p> + +<p>—Al contrario —contestó el presidente—: el consistorio no hace más +que persistir en su primer acuerdo. El dinero y los soldados están +a disposición de Su Majestad tan luego como se digne entregar la +garantía.</p> + +<p>—Soy de la opinión —dijo otro miembro de la asamblea— de que se +fije a don Sebastián un plazo improrrogable para verificarlo. Estas +interminables dilaciones pueden conducirnos a la hoguera; si el rey +de Portugal no nos ha menester, nosotros buscaremos otro protector, +más en estado de protegernos<span class="pagenum" id="Page_IV-68">p. +IV-68</span> tal vez; pero si ha de hacer uso de nuestros brazos y +dinero, acabe de decidirse.</p> + +<p>—Que se fije el plazo, que se fije —dijeron a coro todos los +individuos del consistorio; y el presidente preguntó que cuál sería el +que señalase.</p> + +<p>—Mañana —contestó el que había hecho la proposición.</p> + +<p>—La manera con que el consistorio se conduce con el rey es, +señores, inconcebible —dijo don Juan, a quien la ira iba dominando—. +Sin embargo, yo tomo sobre mí aceptar esta nueva condición, harto +degradante para Su Majestad; pero fijar el plazo a mañana, cuando aún +ignoramos el motivo de la falta del rey esta noche, me parece el colmo +de la inconsideración.</p> + +<p>—Señor duque —le contestó el doctor Serrano—, el consistorio está +pronto a dar a vuecelencia pruebas de los deseos que tiene de servir a +Su Majestad, y la primera será prolongar hasta el cuarto día, contado +desde hoy, el plazo propuesto. Pasado este, cesa toda obligación entre +don Sebastián y nosotros.</p> + +<p>No replicó ya más Vargas, por conocer<span class="pagenum" +id="Page_IV-69">p. IV-69</span> que de hacerlo hubiera sido de un modo +poco conveniente para conciliar los ánimos, y saludando en silencio al +consistorio, salió de aquel paraje y se retiró muy de mal humor a su +casa.</p> + +<p>Por la mañana fue al convento y preguntó por doña María de Castro; +le dijeron que aún estaba en cama, que volviese más tarde. Hízolo así, +en efecto, y la primera pregunta que Inés le hizo fue preguntarle por +qué razón Gabriel de Espinosa no había ido a buscarla, según había +anunciado, para llevarla a Madrigal.</p> + +<p>—Toda la noche —concluyó— la he pasado en vela haciendo los +preparativos del viaje, y ya mucho después de amanecer, viendo que +nadie parecía, me he arrojado sobre la cama.</p> + +<p>—No sé, Inés, qué deciros —contestó Vargas—. Desde que nos separamos +ayer no he visto a vuestro cuñado.</p> + +<p>—¿Pues no debíais verlo por la noche? Yo he soñado, o vos me lo +dijisteis.</p> + +<p>—Lo dije, en efecto, y así era la verdad. Me citó en el Campo Grande +a las ocho: yo le esperé hasta las doce, pero<span class="pagenum" +id="Page_IV-70">p. IV-70</span> en vano.</p> + +<p>—¡Dios de bondad! Mi funesto presentimiento se ha realizado.</p> + +<p>—Inés mía, no hay aún motivo de afligiros. Una leve indisposición, +haberse tal vez dormido, o un asunto de mayor importancia que se +atravesase es bastante para haberle impedido asistir a la cita.</p> + +<p>—¡Ah, don Juan, qué ingenioso sois para lisonjear mis deseos!</p> + +<p>—Tranquilizaos, señora; vuestro dolor, sin remediar nada, solo +conseguirá hacerme incapaz de pensar en otra cosa que en consolaros. +¿Sabéis por ventura dónde vive Gabriel?</p> + +<p>—No, Vargas.</p> + +<p>—Ni yo tampoco, y esto es lo peor del caso. Si desgraciadamente +vuestro cuñado está enfermo y su enfermedad se prolonga más de cuatro +días, pueden seguirse gravísimos perjuicios. Por otra parte, esta +incertidumbre en que estamos es verdaderamente intolerable.</p> + +<p>De aquí ambos amantes se metieron en una conversación sobre el +asunto que, aunque muy larga, se redujo en extracto a repetir de mil +distintas maneras los mismos temores que llevamos referidos.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-71">p. IV-71</span></p> + +<p>La situación de Vargas era penosa hasta no más. No sabía qué hacer, +ni adónde acudir para informarse de Gabriel de Espinosa. El doctor +Serrano le acosaba; y a los temores que no dejaba de tener por su +propia seguridad, se añadían los que sentía por su partido.</p> + +<p>Un solo día faltaba para cumplirse el plazo señalado por el +consistorio de los protestantes para la presentación de la garantía. +Don Juan se disponía a salir de su casa para ir al convento de Inés, +y no sin harto disgusto de no haber adquirido noticia alguna con que +tranquilizar a su amada, cuando le anunciaron la visita de don Rodrigo +de Santillana.</p> + +<p>—¡Pese al alma del alcalde —exclamó Vargas—, y a qué buena hora +viene el señor mío! Decidle que no estoy en casa.</p> + +<p>—El mayordomo le había dicho ya que su señoría no había salido +—contestó el lacayo.</p> + +<p>—¡Maldito hablador! Si no hay otro remedio, que entre.</p> + +<p>Así se hizo, y don Rodrigo, todavía muy desmejorado con su +enfermedad, echó los brazos al cuello del<span class="pagenum" +id="Page_IV-72">p. IV-72</span> hermano del marqués, quien estuvo por +ahogarle en ellos, tal era su enojo en aquel momento.</p> + +<p>Sentados ambos, el alcalde dijo «que hacía cuatro días que había +regresado del Escorial a Valladolid; pero que, tanto por su enfermedad +cuanto por negocios que le habían ocurrido, había retardado una visita +para él tan agradable como obligatoria».</p> + +<p>Don Juan contestó a este cumplimiento con otro equivalente, y +preguntó por su hermano. Estuvo don Rodrigo por decirle que iba él +mismo a hacerle igual pregunta; pero reflexionando instantáneamente que +tal vez el marqués tendría sus razones para ocultar a su hermano su +repentina salida de la corte, y no siendo hombre que con nadie quería +indisponerse, se contentó con responder «que la última vez que había +tenido la honra de ver al señor marqués gozaba este de perfecta salud»; +en lo cual ni mentía, ni se exponía a decir más de lo que debiera.</p> + +<p>Su visita fue breve, y don Juan le<span class="pagenum" +id="Page_IV-73">p. IV-73</span> vio con indecible placer ponerse en +pie para retirarse; pero el alcalde, que no sospechaba la mala obra +que hacía, no quiso dejar de disculparse de no permanecer más tiempo +acompañando a su apreciadísimo amigo.</p> + +<p>—Me es fuerza —dijo—, señor don Juan, separarme de vos más pronto de +lo que yo quisiera. Verdaderamente somos dignos de compasión los jueces +a quienes el rey nuestro señor y amo tiene encomendada su justicia. +Ahora, por ejemplo, tengo que dejaros a vos, a quien estimo más allá de +toda comparación (don Juan hizo una cortesía), ¿y para qué? Para ir a +conversar con un solemne ladrón, cuya garganta está pidiendo un dogal +a toda prisa. Y ahora que me acuerdo, tal vez le habréis visto alguna +vez, si es cierto lo que dicen de que ejerce el oficio de pastelero en +Madrigal.</p> + +<p>Por fortuna para Vargas, esta conversación tuvo lugar mientras el +alcalde se retiraba ya; don Juan, por cortesía, quiso acompañarlo +hasta su coche, y caminaba<span class="pagenum" id="Page_IV-74">p. +IV-74</span> en pos de él: gracias a esta circunstancia no advirtió +Santillana la extraordinaria turbación del hermano del marqués, a quien +oyendo tan infausta nueva le pareció que el cielo entero se desplomaba +sobre su cabeza.</p> + +<p>—A propósito de Madrigal —continuó don Rodrigo—: supongo que habréis +seguido mi consejo no volviendo más a ver al vicario de Santa María. +El tal fraile no está en muy buen predicamento con Su Majestad, y como +amigo me hubiera pesado que os confundiesen con él. No paséis más +adelante, señor don Juan. ¿Qué es eso? ¿Os sentís indispuesto?</p> + +<p>—No sé qué me ha dado; un vahído tal vez.</p> + +<p>—Retiraos, pues, y cuidad de una salud tan preciosa para cuantos +tienen la dicha de conoceros. Yo volveré mañana a informarme de vuestro +estado; y si queréis, ahora de paso llamaré al médico.</p> + +<p>—No hay necesidad, don Rodrigo; yo os doy las gracias por vuestra +fineza.</p> + +<p>—Esta es deuda, don Juan. Vuestro servidor; quedad con Dios.</p> + +<p>—Él os acompañe.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-75">p. IV-75</span></p> + +<p>«Dos mil demonios carguen contigo —exclamó Vargas ya en su +gabinete—, que me has clavado el puñal en el corazón hasta el cabo».</p> + +<p>No será necesario encarecer cuál sería la pena de don Juan. Preso el +rey de Portugal, aunque según el alcalde se le acusaba de robo, delito +de que le sería fácil justificarse, podía sin embargo ser descubierto, +y entonces su muerte era segura. Si por desgracia le sorprendían con +algunos papeles relativos a la conjuración, la pérdida de centenares de +individuos y la del mismo don Juan era infalible.</p> + +<p>Huir de España inmediatamente hubiera sido lo que a cualquier otro +hombre le ocurriera, pero no al amante de Inés. La adversidad hacía en +él el mismo efecto que el fuego en la arcilla: al paso que la llama +destruye a los demás cuerpos, los arcillosos en ella se contraen, se +hacen más compactos y resistentes.</p> + +<p>«No abandonaré yo al desgraciado don Sebastián —dijo para sí—. Sea +cualquiera su suerte, la misma será la mía».</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-76">p. IV-76</span></p> + +<p>Tomada esta resolución, don Juan hubiera sido hombre de ejecutarla +temerariamente si una reflexión aterradora no le hubiese detenido: +Inés. ¿Qué sería de Inés, muerto su cuñado y su amante? Sola, sin +amparo y en país extraño, proscrita tal vez hasta en el suyo, la más +espantosa miseria era el menor de los males que tenía que temer.</p> + +<p>Pensó don Juan volverse loco, y realmente no le faltaban motivos +para ello.</p> + +<p>Lo que en el momento le atormentaba más era tener que ser él mismo +quien anunciase tan tristes nuevas a su amada. Sin embargo, por más +grande que fuese su repugnancia, hubo de decidirse a ello; y tomó en +efecto el camino del convento, no con aquel afán amoroso que otras +veces, sino con el trastorno general, con el desaliento profundo con +que un delincuente marcha al suplicio.</p> + +<p>No necesitó Inés más que ver el desencajado rostro y el aire de +consternación de su amante para presagiar algún funesto acontecimiento. +Vargas no hablaba, y<span class="pagenum" id="Page_IV-77">p. +IV-77</span> su futura esposa no se atrevía a preguntarle, temiendo +su respuesta; pero comenzó a llorar tan amargamente que, viendo don +Juan que la verdad no podría causarle mayor disgusto que el que con la +incertidumbre tenía, puso en su conocimiento lo acaecido con cuanta +brevedad y dulzura alcanzó a hacerlo.</p> + +<p>Para formarse una idea de la aflicción de Inés, es preciso recordar +que don Sebastián, además de ser un hombre cruelmente perseguido por la +fortuna, era el esposo de su hermana querida, el padre de Clarita, a +quien había tenido en sus brazos desde que nació, y el rey, en fin, por +quien su padre había sacrificado la vida.</p> + +<p>Hay ocasiones en que el querer consolarnos es el más cruel de los +tormentos imaginables. Don Juan conoció que se hallaba precisamente +en uno de ellos: dejó desahogar libremente su dolor a Inés, lloró con +ella, y con esto proporcionó algún alivio a su dolor.</p> + +<p>Pasados los primeros arrebatos de este,<span class="pagenum" +id="Page_IV-78">p. IV-78</span> y cuando ya la bella morena fue capaz +de reflexión, no se le ocultaron las funestas consecuencias que +aquellos sucesos podrían tener para su amante, y le aconsejó que huyera +sin demora.</p> + +<p>—Inés —dijo Vargas—, he jurado, no una sino mil veces, vivir y morir +con vos: para mí no ha habido dificultades ni peligros, todo lo he +despreciado para llegar a ser vuestro esposo. Ahora que he obtenido +vuestro consentimiento y el del rey, ¿queréis que huya?... No, Inés, +no: muera yo antes mil veces que separarme de vos.</p> + +<p>¿A qué cansarnos? Aquella triste conferencia se pasó entre lágrimas, +protestas de amor y proyectos para saber la manera con que Gabriel +habría sido preso.</p> + +<p>Don Juan salió del locutorio para ir a buscar al doctor Serrano, y +su amada se encargó de escribir a fray Miguel.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_3p089.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch45"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-79">p. IV-79</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO V</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Ese es golpe de fortuna,</div> + <div class="verse i0">Farfán, que vos no entendéis.</div> + <div class="verse idr">(<i>Sancho Ortiz de las Roelas</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Gabriel de Espinosa, o don Sebastián, como mejor +se quiera, en medio de mil cualidades eminentes tuvo siempre una +propensión a la especie de mujeres que, en oprobio de su sexo, abundan +y han abundado siempre demasiado en todos países, que, en fin, le fue +funesta.</p> + +<p>A excepción de la temporada de sus amores y matrimonio con +Clara, por donde quiera que viajó contrajo relaciones con mozuelas +despreciables. Verdad es que las trataba como merecían. Jamás les +confió ni su nombre, ni aun el que llevaba entonces. Veíalas por +momentos, pagaba generosamente, y las miraba con el desprecio a que +eran acreedoras.</p> + +<p>Ya hemos dicho que en Valladolid<span class="pagenum" +id="Page_IV-80">p. IV-80</span> encontró a Violante, a quien en su +primer viaje a Italia, antes de unirse a la hermana de Inés, conoció +con el nombre de Camila.</p> + +<p>Visitola de cuando en cuando, y no hubo visita en que no diese +muestra de su acostumbrada liberalidad, prenda que contribuyó no poco a +consolar a la cortesana del contratiempo de haberse encontrado con un +hombre que la conocía.</p> + +<p>Sin embargo, siempre conservaba Violante el deseo de deshacerse de +aquel hombre a cualquier precio que fuese, y la casualidad le ofreció +uno digno de ella por lo inicuo.</p> + +<p>El mismo día para cuya noche citó el pastelero a don Juan en el +Campo Grande, quiso su mala ventura que se le cayese del bolsillo, en +casa de aquella mujer despreciable, un retrato de Felipe II que la +señora doña Ana de Austria le había regalado.</p> + +<p>No lo advirtió Gabriel, pero sí Violante, y su primera idea +fue la de apropiarse sin escrúpulo de aquella alhaja, cuyo<span +class="pagenum" id="Page_IV-81">p. IV-81</span> valor se echaba desde +luego de ver que era considerable.</p> + +<p>Pero el diablo moderó entonces su avaricia para inspirarle otro +proyecto verdaderamente infernal.</p> + +<p>«Esta alhaja —dijo para sí— vale mucho para ser de este hombre. Él, +por otra parte, vive con un misterio que nada bueno anuncia. No me ha +querido decir su nombre, ni dónde vive; y si yo sé esto último, es +porque le he hecho seguir por mi criado. Voy, pues, a delatarlo como +sospechoso en virtud de este retrato, y así salgo de él».</p> + +<p>Después de este soliloquio tomó su mantilla y rosario, y se fue +derecha a casa del alcalde de su cuartel, que lo era don Rodrigo de +Santillana, quien el día antes acababa de llegar a Valladolid.</p> + +<p>Violante, al enterarle de lo ocurrido presentándole la joya, tuvo +buen cuidado de no decirle el motivo de las visitas que le hacía el +sujeto a quien acusaba; y habiendo indicado la casa en que posaba +Gabriel, se retiró, no sin requebrarla el<span class="pagenum" +id="Page_IV-82">p. IV-82</span> juez, que tampoco era insensible a los +encantos del bello sexo.</p> + +<p>Don Rodrigo hubiera dado poca importancia a la delación si la +prenda, que se suponía robada, no fuera el retrato del rey, cuyas +severas palabras resonaban aún en sus oídos. La guarnición de la +pintura era, además, de tal naturaleza que era de presumir perteneciese +a un personaje de la más elevada categoría, y servir a un personaje era +siempre para don Rodrigo cosa urgente.</p> + +<p>Tomó, pues, sus medidas de manera que, media hora después de +recibido el aviso, la posada de Gabriel, que era una de las secretas +de la calle de la Esgueva, estaba rodeada de esbirros en todas +direcciones.</p> + +<p>Gabriel, a la oración, se retiró a su casa con objeto de escribir a +fray Miguel.</p> + +<p>Apenas anocheció, don Rodrigo con toda su ronda entró en la posada, +e imponiendo silencio a cuantos encontró, sin obstáculo alguno logró +sorprender al pastelero, que, habiendo concluido de escribir,<span +class="pagenum" id="Page_IV-83">p. IV-83</span> se había arrojado sobre +el lecho para hacer tiempo hasta la hora de ir al Campo Grande.</p> + +<p>Hallose en defecto, por esta vez, la previsión de Espinosa. El +alcalde lo halló sin jubón ni otro vestido que una camisa de fina +holanda, con cuello y vueltas de cadeneta pegados a ella, y unos +calzones también de la misma tela.</p> + +<p>Dos alguaciles que entraron los primeros en su estancia le +intimaron, apuntándole con sus mosquetes, que no se menease, y así lo +hizo, por no ser ya posible en su estancia.</p> + +<p>Don Rodrigo procedió en seguida al registro de su maleta, y halló +en ella varias y muy ricas joyas, que según aparece del inventario +entonces formado, eran las siguientes:</p> + +<div class="blockquot"> + + <p>«Primeramente: un vaso de unicornio guarnecido en oro.</p> + + <p>»It. Un librillo de oro con algunos diamantes. Este fue regalo de + la señora infanta doña Isabel a la señora doña Ana de Austria.</p> + + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-84">p. IV-84</span></p> + + <p>»It. Un anillo de oro con un diamante grande en fondo finísimo.</p> + + <p>»It. Unas muy ricas imágenes para la cabecera de la cama.</p> + + <p>»It. Una piedra bezoar muy grande engastada en oro.</p> + + <p>»Por último: un reloj de oro con diamantes para el pecho, y algunas + otras cosillas de valor».<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" + class="fnanchor">[1]</a></p> + +</div> + +<div class="footnote"> + +<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Copia +literal del inventario formado en el mismo acto de la prisión de +Gabriel de Espinosa por don Rodrigo Santillana, a fines de setiembre de +1595.</p> + +</div> + +<p>En tanto que se inventariaban estas alhajas, Gabriel acababa de +vestirse, y en seguida don Rodrigo le preguntó:</p> + +<p>—¿Quién sois? ¿Cómo os llamáis?</p> + +<p>—Mi oficio es el de pastelero en la villa de Madrigal; llámome +Gabriel de Espinosa.</p> + +<p>—¿Y por qué mudasteis de posada hace dos días?</p> + +<p>—Era la huéspeda muy puerca, y gústame la limpieza.</p> + +<p>—Mucho escrúpulo es ese para un pastelero, hermano.</p> + +<p>—Antes por serlo es menester reparar más en la limpieza.</p> + +<p>—¿De dónde os<span class="pagenum" id="Page_IV-85">p. IV-85</span> +vinieron a vos tantas y tan ricas joyas? Seguramente habréis tenido +buen despacho si haciendo pasteles ganasteis para comprarlas.</p> + +<p>—Esas joyas, señor alcalde, bien conocerá usted que no pueden +pertenecer a un hombre bajo. Diómelas la señora doña Ana de Austria, +monja del monasterio de Santa María la Real en la villa de Madrigal, +para vendérselas en esta ciudad, y a eso solo he venido a ella.</p> + +<p>—Para hombre bajo, como vos decís, el lienzo que gastáis me parece +un tantico fino de más.</p> + +<p>—¿Las carnes de un pastelero no pueden ser tan blandas y delicadas +como las de un príncipe?</p> + +<p>—Muy retórico sois, hermano pastelero: acabad de una vez de decirnos +quién sois.</p> + +<p>—Ya, señor alcalde, lo tengo dicho.</p> + +<p>—No quisiera que tuviéramos que poneros en cueros para ver con +nuestros ojos la blancura de esas carnes tan bien cuidadas, ni que +acudir a un par de vueltas de cuerda para probar su delicadeza.</p> + +<p>—Yo conozco a usted, y sé que es un honrado caballero que no me +hará ese agravio<span class="pagenum" id="Page_IV-86">p. IV-86</span> +—respondió Espinosa a la atroz alusión de don Rodrigo, con tanto +desembarazo e ironía como si no fuera a su propio cuerpo al que se +amenazaba con el tormento.</p> + +<p>Conoció el alcalde que por entonces era inútil insistir en saber +más de aquel hombre, y mandó que lo atasen para llevarlo a la cárcel. +A esta orden la fisonomía de Gabriel dejó ver señales de una violenta +cólera; pero acertando a contenerse, se contentó con decir gravemente +al juez:</p> + +<p>—Mire lo que hace, y cómo trata a los hombres honrados, que ni a +vos ni a los demás los ha puesto aquí el rey para hacer agravio a los +forasteros.</p> + +<p>—Si vos lo fuereis allá parecerá, y os trataremos como a tal. Por +ahora por pastelero os habéis vendido, y así se os lleva y trata +—respondió Santillana; y a una seña suya, arrojándose los alguaciles +sobre Espinosa, lo maniataron mal de su grado.</p> + +<p>En seguida lo condujeron a la cárcel de la chancillería, donde lo +metieron en un calabozo, poniéndole un buen par de grillos.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-87">p. IV-87</span></p> + +<p>El traje, la manera de hablar y el aire imponente de Espinosa +hicieron su acostumbrado efecto en Santillana. Pero si bien el alcalde +se persuadió de que aquel hombre no podía ser realmente pastelero, se +limitó también a creerle uno de los muchos caballeros de la garra o de +la industria que entonces abundaban en España. Esta creencia hubo de +costarle el no descubrir jamás quién fuese Espinosa.</p> + +<p>Lo primero que hizo don Rodrigo fue despachar un correo a Madrigal, +preguntando a la señora doña Ana si en efecto era verdad que hubiese +dado a vender a un pastelero varias de sus joyas.</p> + +<p>Antes de referir la respuesta de esta señora, nos es forzoso volver +a la época en que don Sebastián se dio a conocer en Madrigal al vicario +de Santa María.</p> + +<p>La escena de la iglesia de que don Juan fue testigo, y hubo de ser +víctima, no dejó duda a fray Miguel de que su monarca vivía y estaba +en Madrigal, y la primera persona a quien comunicó tan fausta<span +class="pagenum" id="Page_IV-88">p. IV-88</span> nueva fue a la señora +doña Ana.</p> + +<p>Pocos días después, Gabriel de Espinosa fue presentado a su augusta +prima. Al principio rehusó cubrirse ni tomar asiento en su presencia, +queriendo negar quién era; pero a fuerza de ruegos de doña Ana, quien +le reconvino tiernamente por no haberla visitado antes, acabó por +declarar su nombre.</p> + +<p>La religiosa no podía tolerar la idea de que un monarca viviese +ejerciendo un oficio despreciable, y así trató de que don Sebastián +lo dejase inmediatamente, ofreciendo para sustentarlo cuantas joyas +poseía.</p> + +<p>Pero no fue posible hacerle admitir la menor cosa. Insistió en que +el oficio servía para encubrirle mejor, y las cosas quedaron en el +mismo pie que antes.</p> + +<p>Entonces principió la conjuración para recuperar el trono de +Portugal, próxima a estallar cuando Espinosa fue preso.</p> + +<p>Cuando el pastelero salió de Madrigal para Valladolid, doña Ana, +auxiliada por su vicario, introdujo en su maleta,<span class="pagenum" +id="Page_IV-89">p. IV-89</span> sin saberlo él, las joyas que tan +funestas le fueron, y que el interesado no supo tenía en su poder hasta +que llegó a su destino. Sobre esto escribió a la señora doña Ana una +carta reconviniéndola por su ardid, expresándose en los términos más +delicados sobre su repugnancia en admitir los dones de una princesa +reclusa, y amenazando de que por la primera ocasión devolvería las +joyas. Pero tanto la hija de don Juan de Austria como fray Miguel +contestaron insistiendo con más fuerza que nunca sobre la necesidad +de que se vendiesen aquellas alhajas para aplicar su importe a los +gastos de la guerra. Don Sebastián no quiso disgustarlos por entonces, +y resolvió conservarlas en su poder para devolverlas en su tiempo y +lugar.</p> + +<p>En este estado se hallaban las cosas, cuando el correo del +alcalde llenó el convento de consternación. Fray Miguel, avisado +inmediatamente, acudió al locutorio y en él halló a la señora doña +Ana llorando amargamente con la niña Clarita,<span class="pagenum" +id="Page_IV-90">p. IV-90</span> que había querido absolutamente +conservar en su poder, en los brazos.</p> + +<p>—¿Qué tiene Vuestra Excelencia, señora? —exclamó el buen fraile +alarmado.</p> + +<p>Doña Ana por respuesta le alargó el despacho de don Rodrigo +Santillana. Fray Miguel lo leyó de la cruz a la fecha no sin alguna +alteración, y al devolvérselo a la religiosa dijo con bastante +serenidad:</p> + +<p>—Este, señora, es un contratiempo, pero no tan grave como a Vuestra +Excelencia le parece, si puedo atreverme a juzgar por sus lágrimas. +Lo que hay que hacer es que Vuestra Excelencia escriba sin pérdida +de tiempo a ese alcalde que es en efecto cierto que ha dado a vender +sus joyas al pastelero, y que le ponga sin demora en libertad. El +testimonio de Vuestra Excelencia bastará sin duda para conseguirlo, y +saldremos de este lance sin otro mal que el del susto.</p> + +<p>No se hizo la señora doña Ana repetir dos veces este consejo, +sino que inmediatamente escribió a don Rodrigo, usando de todo +el ascendiente que la concedía su ilustre nacimiento para<span +class="pagenum" id="Page_IV-91">p. IV-91</span> obtener la libertad del +preso.</p> + +<p>No perdió tampoco fray Miguel el tiempo. Trasladose inmediatamente +a la pastelería, cuyas llaves estaban en su poder, y sacó de ella +un escritorio que contenía toda la correspondencia del rey y de él +mismo con los conjurados. El fuego destruyó todos aquellos papeles y +cuantos relativos al mismo asunto pudo el vicario haber a las manos. +El día antes de la prisión de Gabriel le había fray Miguel enviado +al mulato Domingo con una carta; pero esta no le inspiraba inquietud +ninguna, pues habían convenido en que cuantas recibiese las destruiría +inmediatamente después de leídas.</p> + +<p>Domingo era fiel, callado y obediente; pero tenía un vicio que le +dominaba, y era el de la embriaguez.</p> + +<p>Salió de Madrigal, y en el primer ventorrillo que encontró le +pareció oportuno hacer un sacrificio a Baco. Por desgracia era el +vino bueno, y las libaciones del mulato fueron tantas y tales que al +cabo de dos horas de estancia en el ventorrillo<span class="pagenum" +id="Page_IV-92">p. IV-92</span> se halló incapaz de dar un solo paso, y +comenzó a decir un sinnúmero de disparates que divirtieron mucho a los +que allí estaban.</p> + +<p>Uno de los infinitos bufones de taberna que, borrachos de profesión, +en nada se complacen tanto como en que lo sean también cuantos se les +acercan, tomó a su cargo «rematar», como ellos dicen, al mulato, y para +conseguirlo acudió al aguardiente.</p> + +<p>Con esto se completó la obra del embrutecimiento de Domingo, quien +cayó inerte como un tronco debajo de la mesa del ventorrillo.</p> + +<p>Largo tiempo hacía que este estaba desierto, y el mulato no daba +señal de vida. Pero el ventero, familiarizado con tales accidentes, +cerró su puerta a la hora de costumbre y se echó a dormir muy +tranquilo.</p> + +<p>Al amanecer del siguiente día despertó Domingo, y tratando de +levantarse para proseguir su camino, al primer paso cayó redondo al +suelo.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-93">p. IV-93</span></p> + +<p>La gran cantidad de vino y de aguardiente que había bebido le causó +una abrasadora calentura que en dos días no le permitió moverse del +durísimo lecho que en la venta le dispusieron. Al tercero salió, en +fin, para Valladolid, y llegó a la posada en que se le dijo encontraría +a su amo.</p> + +<p>A la puerta de ella, y sentados en un banco, había dos hombres de +mala traza y peor cara que parecían entretenidos en jugar a la morra. +Caíanles unos sucios y desmesurados bigotes sobre el labio inferior, +que casi ocultaban, y sus puntas retorcidas sobre las mejillas les +prestaban el aire de dos gatos monteses. Cada uno llevaba su espada +de longitud desmesurada, y las empuñaduras eran de hierro mohoso con +grandes gavilanes.</p> + +<p>Aquellos dos señores eran dos alguaciles.</p> + +<p>Domingo, después de haber examinado con atención las señas de la +casa, y reconocido que convenían en todas sus partes con las que +a él le dio fray Miguel,<span class="pagenum" id="Page_IV-94">p. +IV-94</span> entró en ella sin curarse de los corchetes ni decirles +palabra.</p> + +<p>Los ministros de justicia no le dieron a él tan poca importancia, +pues inmediatamente uno de ellos, levantándose de su asiento, se metió +en seguimiento suyo en la posada, pero con tanto silencio, con pasos +tan cautelosos, que Domingo no advirtió la honra que le hacían.</p> + +<p>—¿Gabriel de Espinosa, vive aquí? —preguntó el mulato a la primera +persona que se le presentó delante.</p> + +<p>—Ha mudado de posada —contestó el alguacil que estaba a su espalda, +asiéndole al mismo tiempo la garganta con ambas manos y dando un +silbido para llamar a su compañero—. Ha mudado de posada —continuó +diciendo— porque esta no le parecía bastante decente para su merced, y +Su Majestad le hospeda ahora en su casa para más honrarle.</p> + +<p>—Y este hidalgo de Guinea —añadió el segundo alguacil, que ya había +llegado— nos hará el gusto de venir a acompañarle.</p> + +<p>Durante este ameno diálogo, el pobre<span class="pagenum" +id="Page_IV-95">p. IV-95</span> Domingo, medio sofocado por la presión +de las manos del robusto ministro sobre su garganta, renegaba de sus +piernas, que a tal posada le habían llevado.</p> + +<p>Los alguaciles le pusieron en las muñecas unos anillos, vulgarmente +conocidos con nombre de esposas, y uno de ellos le condujo sin demora +a casa del señor don Rodrigo Santillana, visita harto penosa para la +natural humildad del mulato.</p> + +<p>El alcalde, después de haber oído la relación de su ministro, le +preguntó cómo se llamaba.</p> + +<p>—Domingo —contestó el preso.</p> + +<p>—El apellido.</p> + +<p>—Domingo.</p> + +<p>—¡Hola!, ¿y Domingo a secas?</p> + +<p>—Domingo.</p> + +<p>—Sea en buen hora. ¿Buscabais, según parece, a Gabriel de +Espinosa?</p> + +<p>—Yo no busco a nadie.</p> + +<p>—¿Pues a qué fuisteis a la posada?</p> + +<p>—A nada.</p> + +<p>—¿Y de dónde venís?</p> + +<p>—De mi casa.</p> + +<p>—¿Dónde está vuestra casa?</p> + +<p>—No sé.</p> + +<p>—¡Bribón! Veremos si a caballo en un potro callas aún. Registrarle, +y vaya a un calabozo distinto de el del pastelero.</p> + +<p>A la orden del registro conoció Domingo<span class="pagenum" +id="Page_IV-96">p. IV-96</span> que era llegada la hora en que la carta +de fray Miguel caía en poder del alcalde, y, como si con las manos +ligadas pudiera tener esperanzas de evitarlo, comenzó a defenderse +a patadas y mordiscos del alguacil que quería registrarle; pero sus +esfuerzos fueron inútiles: una nube de corchetes se arrojó sobre él, lo +tendieron en el suelo, y desnudándole a su salvo, le hallaron la carta +del fraile metida en la cintura entre la camisa y el cuerpo.</p> + +<p>Leyola don Rodrigo; brilló en sus ojos un rayo de feroz alegría, +y mandó inmediatamente conducir a Domingo a la cárcel y cargarlo de +hierros.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_4p096.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch46"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-97">p. IV-97</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO VI</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Al tiempo que esperaba nuestra suerte</div> + <div class="verse i0">Poderse mejorar, la santa mano</div> + <div class="verse i0">Mostró por nuestro mal su furia fuerte.</div> + <div class="verse idr">(Cervantes: <i>Elegía a la muerte de la reina Isabel</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">La malhadada aventura de Domingo fue causa de la ruina +de Gabriel de Espinosa, del vicario, y de doña Ana de Austria.</p> + +<p>Don Rodrigo de Santillana, viendo que en ella se daba al pastelero +un tratamiento de «majestad», inmediatamente coligió que aquel hombre +era o fingía ser el rey don Sebastián.</p> + +<p>No pudo haber para el alcalde circunstancia más feliz que la de +haber caído en su mano aquel negocio, pues cabalmente la persona a +quien Felipe II había mandado vigilar era fray Miguel de los Santos, en +quien jamás confió el suspicaz tirano.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-98">p. IV-98</span></p> + +<p>Un correo llevó la noticia del descubrimiento al Escorial, y volvió +en breve con la respuesta del rey. Sus órdenes eran terminantes. Don +Rodrigo debía trasladar el preso a Medina del Campo, dejándolo allí, +y pasando a Madrigal a prender al vicario y también a la señora doña +Ana, pero a esta en su celda. Todo se ejecutó con tanta celeridad como +sigilo.</p> + +<p>La historia de esta causa célebre está envuelta en un misterio +impenetrable. Verdad es que, poco después de su fallo, se publicó en +Jerez una relación de ella; pero está hecha, como es de presumir, +para publicarse viviendo aún el tirano y acabadas de inmolar las +víctimas.</p> + +<p>Sin embargo, es de notar que, mal que le pese a su autor, aun en +ella misma la verdad penetra al través de las nubes con que quiere +oscurecerla.</p> + +<p>Espinosa parece que se complació en burlarse de sus enemigos aun +estando inerme en sus manos. En cada declaración de las infinitas +que le tomaron decía una cosa distinta, y aun en una misma, al +finalizarla,<span class="pagenum" id="Page_IV-99">p. IV-99</span> +destruía cuanto en su principio dijo. La extraña sutileza de su oído, +su penetración portentosa, le hacían, por decirlo así, adivinar +las intenciones del alcalde, quien de orden del rey actuó en toda +esta causa sin escribano, teniendo que extender por sí todas las +declaraciones.</p> + +<p>Sin embargo, el preso perdía algunas veces la paciencia, y +exclamaba:</p> + +<p>—¿A qué empeñarse en que diga quién soy, si de todos modos he de +morir? Si el rey quiere enterarse de quién yo sea, personas tiene a su +lado que me conocen, y muchas. Que envíe una y saldrá de dudas.</p> + +<p>Fray Miguel confesó de plano que aquel hombre era el rey don +Sebastián, y alegó en favor de su aserción notables razones. Entre +otras, y además de las que ya hemos indicado en el curso de nuestra +narración, merecen particular atención algunas que citaremos.</p> + +<p>La primera fue la de haber llegado a fray Miguel a Lisboa un +hidalgo portugués la víspera del día en que este religioso<span +class="pagenum" id="Page_IV-100">p. IV-100</span> debía predicar las +honras de don Sebastián, y haberle dicho que mirase cómo hablaba, +porque sin duda había de oírle el mismo rey, pues había escapado con +vida de la batalla.</p> + +<p>Después de esta se refería al dicho de muchos soldados que +aseguraban haber visto retirarse herido a don Sebastián del campo de +batalla con algunos compañeros. Habló también de haber dicho un fraile +de los del Cabo de San Vicente que había confesado y administrado la +comunión al rey en su monasterio muchas semanas después de la batalla. +Sería interminable referir aquí las razones en que el vicario fundaba +su creencia de la vida de don Sebastián antes de presentarse en +Madrigal el pastelero Gabriel de Espinosa; pero no dejaremos de referir +cuáles le asistían para reconocer en este la persona misma de don +Sebastián.</p> + +<p>El cuerpo no presentaba, cuando fray Miguel le vio en su convento, +la misma gallardía que tenía al salir de Lisboa; ¿pero qué mucho, +decía el fraile, que sus<span class="pagenum" id="Page_IV-101">p. +IV-101</span> infinitos trabajos le hubiesen agobiado? Las facciones +eran las mismas del rey; el color del pelo, rubio, donde no estaba ya +cano; y el de los ojos, azul, también como don Sebastián.</p> + +<p>El sonido de la voz era idéntico, si bien un tanto enronquecido. +Igual la desmesurada fuerza, que bastaba a hacer astillas una lanza +blandiéndola en el aire, o a partir entre sus manos con facilidad +cualquiera pieza de una vajilla de plata.</p> + +<p>Gabriel, así como don Sebastián, era irascible, orgulloso y +arrojado. Hablaba el español, el portugués y el italiano.</p> + +<p>Estaba al corriente de la política de su época, y no ignoraba una +sola circunstancia, por pequeña que fuese, relativa al tiempo en que +don Sebastián reinó en Portugal.</p> + +<p>¿Tan completa semejanza puede existir entre dos distintos +individuos? ¿Será posible que la naturaleza haya creado dos seres +idénticos, física y moralmente? ¿Se concibe que el temperamento y +la educación de un rey y de un pastelero sean<span class="pagenum" +id="Page_IV-102">p. IV-102</span> tan conformes que produzcan en tan +distintas posiciones una igualdad absoluta de hábitos e inclinaciones, +de virtudes y de vicios?</p> + +<p>Pero demos de barato, hubiera podido decir el defensor de fray +Miguel, si Felipe II hubiera tenido por conveniente que aquel +desdichado pudiese dar sus descargos antes de morir, demos de barato +que puedan reunirse sin milagro las circunstancias referidas en dos +distintas personas; aún no se le habrá probado al vicario de Santa +María que se engañó.</p> + +<p>Fray Miguel, como confesor del rey, estaba enterado de todos sus +secretos, y en sus conversaciones con Espinosa más de una vez hizo +este alusión a lo que en otro tiempo le había confiado. El religioso +no ha podido revelar al juez aquellos secretos que en confesión se +depositaron en su seno, pero sí puede referir hechos que han llegado a +su noticia como particular.</p> + +<p>Le pregunta, por ejemplo, a Espinosa si ha tenido alguna visión en +su vida:</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-103">p. IV-103</span></p> + +<p>—Una sola vez —responde este—, y fue corriendo la posta con el conde +de Medellín. Al pasar un arroyo en que un malvado asesinó a su propio +padre, creí oír un gran ruido, o por mejor decir, lo vi, en efecto. +Dejele al conde de Medellín que pasase adelante, y quedándome solo, +esperé en vano un gran rato, pues nada vi.</p> + +<p>El hecho pasó así, y de igual manera lo había referido don Sebastián +antes de irse a la batalla.</p> + +<p>Otra vez Gabriel, sin ser interrogado, refiere a fray Miguel que +estando enfermo en su palacio de Lisboa, los médicos le prohibieron +comer pescado, y para mayor seguridad prohibieron el aceite en la +cocina real.</p> + +<p>—Entonces —dijo Espinosa—, envié a pedir al cura de mi parroquia +un poco de aceite de la lámpara del Santísimo Sacramento para uno de +sus feligreses; enviómelo, y comí con él pescado, que no me hizo daño +ninguno.</p> + +<p>De este modo pudieran citarse infinidad de circunstancias que +confirmaron a fray Miguel en la idea de que aquel hombre<span +class="pagenum" id="Page_IV-104">p. IV-104</span> era en efecto el +monarca portugués.</p> + +<p>La señora doña Ana en todas sus declaraciones se refería a lo que el +vicario le decía, y la única razón que alegó en su defensa fue que ella +no quería que don Sebastián se descubriese hasta después de muerto el +rey, su tío.</p> + +<p>El grande argumento de don Rodrigo contra ambos era preguntarles por +qué, si don Sebastián era realmente lo que ellos decían, no se había +dado a conocer en tantos años, o a lo menos desde que estaba preso, +para no verse tan ignominiosamente tratado.</p> + +<p>Pero esta objeción, más especiosa que sólida, fue rebatida por los +acusados completamente.</p> + +<p>Don Sebastián, dijeron, salió tan corrido de la batalla que no +osaba presentarse en los primeros días después, ni aunque quisiera +podía hacerlo. Hizo, en primer lugar, voto en África de andar +peregrino, y encubierto a su vuelta a Europa. Acudió al pontífice para +que le dispensara de un voto temerario; pero<span class="pagenum" +id="Page_IV-105">p. IV-105</span> Gregorio XIII se negó a ello bajo +pretexto de que no quería que se turbase el sosiego de los estados +del rey católico; pero aun sin esto, ¿no le sobraban razones a don +Sebastián para permanecer oculto? ¿Acaso no bastaba para ello ver que +se ajusticiaba sin piedad al que se atrevía a asegurar que vivía? ¿Qué +suerte podía prometerse si la fortuna le ponía en manos de Felipe II? +La que tuvo: verse tratado como un infame impostor.</p> + +<p>A poco tiempo de empezada esta causa, por ciertas competencias entre +las jurisdicciones real y eclesiástica, fue necesario que el nuncio +de su santidad enviara, como envió, un comisionado con poder bastante +para apremiar y compeler con toda clase de censuras a los eclesiásticos +comprendidos en ella.</p> + +<p>Es singular que, en más de ocho meses, no se dio tormento a ninguno +de los reos, por prohibición del rey. Sin duda luchaban un resto de +probidad en el pecho de Felipe con su cruel ambición, pero esta triunfó +al fin.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-106">p. IV-106</span></p> + +<p>Fray Miguel, aplicado a la tortura, dijo, como era de esperar, +cuanto le mandaron que dijese.</p> + +<p>Dicen que Espinosa hizo otro tanto, y será verdad. ¿A qué había de +sufrir tormentos espantosos, si de todos modos conocía que había de +subir infaliblemente al cadalso?</p> + +<p>El resultado fue que Gabriel fue condenado a la pena de ser +arrastrado, ahorcado y descuartizado; a la misma fray Miguel, después +de la competente degradación; y la señora doña Ana de Austria a +reclusión perpetua en una celda de un convento, ayunando todos los +viernes a pan y agua, y tratada los demás días como otra monja +cualquiera, sin servidumbre ni poder jamás aspirar a ser prelada, ni a +ejercer cargo alguno.</p> + +<p>El martes 2 de julio de 1596, después de diez meses de prisión, +sufrió la condena en la plaza de Madrigal el desventurado Gabriel, o +don Sebastián.</p> + +<p>Sus últimos momentos fueron dignos de un cristiano y de un príncipe. +Oyendo<span class="pagenum" id="Page_IV-107">p. IV-107</span> decir al +pregonero:</p> + +<p>—Esta es la justicia que manda hacer el rey nuestro señor, y el +alcalde don Rodrigo Santillana en su nombre, a este hombre por traidor +al rey nuestro señor, y embustero, y porque siendo hombre vil y bajo +se había querido hacer persona real, le mandan arrastrar, y que sea +ahorcado en la plaza pública de esta villa, y su cabeza puesta en un +palo. Quien tal hace, que así lo pague.</p> + +<p>—¡Traidor! —exclamó—. ¡Eso no! Hombre vil y bajo, Dios lo sabe.</p> + +<p>Al salir del serón, y ya al pie de la horca, se puso en pie con +reposado continente, y tendiendo la vista alrededor de la plaza +descubrió, en una ventana de la cárcel, a don Rodrigo de Santillana, +que estaba allí con objeto de recibirle la última declaración, si +quería prestársela.</p> + +<p>Entonces ardió en cólera, y no pudo menos de gritar:</p> + +<p>—¡Ah, señor don Rodrigo, señor don Rodrigo!</p> + +<p>El juez, aterrado, bajó los ojos y perdió el color; pero un jesuita +de los que<span class="pagenum" id="Page_IV-108">p. IV-108</span> +auxiliaban al paciente se le puso delante, y trató de convertir todos +sus pensamientos al cielo. Consiguiose esto por el momento, y Gabriel, +después de reconciliado, subió con firmeza a la horca.</p> + +<p>Parose en el penúltimo escalón, y como el verdugo le dijese que +subiera otro, se volvió a él, y le dijo con desprecio:</p> + +<p>—¡Esto nos faltaba!</p> + +<p>Sentado ya, volvió la vista una o dos veces hacia la ventana de +la cárcel, y mirando colérico a don Rodrigo le apostrofó con voz de +trueno; pero los agonizantes no le dieron lugar a citarle ante el +tribunal de Dios, que era lo que pretendía hacer, según se había +explicado en la capilla.</p> + +<p>Él mismo se arregló el dogal al cuello como si fuera una valona; +repitió en tono firme las palabras del credo, que un jesuita decía, +y murió de la muerte de los malhechores, con el mismo aliento que un +mártir.</p> + +<p>Fray Miguel fue llevado a Madrid, y degradado el 16 de octubre en +la parroquia de San Martín por el arzobispo de<span class="pagenum" +id="Page_IV-109">p. IV-109</span> Bristau. No desmintió el vicario en +tan amargo trance su reputación de varón piadoso y resignado.</p> + +<p>Conservó durante la degradación, en el tránsito al suplicio y ya +en él, una entereza humilde, una completa conformidad absoluta con la +voluntad de Dios.</p> + +<p>Al pie del cadalso dijo en voz moderada y con firmeza:</p> + +<p>—El tormento me ha hecho mentir en contra mía. Gabriel de Espinosa +podrá no ser el rey don Sebastián, pero yo siempre lo tuve por él. +Muero, pues, inocente de este delito que se me supone; pero ofrezco a +nuestro Señor esta muerte afrentosa en descuento de mis muchos pecados, +y espero de su infinita misericordia la remisión de todos ellos.</p> + +<p>Antes de acabar de subir la escalera llegó de orden del rey el +notario de la causa, y estuvo haciéndole varias preguntas, a las que el +vicario respondió con mucho desembarazo y brío.</p> + +<p>Nadie ha sabido hasta hoy sobre qué punto versase aquella +declaración.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-110">p. IV-110</span></p> + +<p>Fray Miguel expiró abrazado devotamente con un crucifijo.</p> + +<p>La manera con que se verificó la prisión de Gabriel, la previsión +del vicario, y sobre todo una fortuna inexplicable, fueron causa de que +nada pudiese saberse del resto de los conjurados. Hiciéronse varias +prisiones en Portugal y en España, pero por conjeturas, y nada se le +pudo probar a ninguno de los aprehendidos, de los cuales la mayor parte +estaban inocentes.</p> + +<p>Domingo, desesperado de haber sido causa de la pérdida de su amo, +se dejó morir de hambre en su calabozo, después de haber sufrido tres +veces el tormento sin proferir una sola sílaba.</p> + +<figure class="figcenter mt3"> + <img src="images/i_4p110.jpg" + style="width: 6em; height: auto;" + alt="Viñeta ornamental"> +</figure> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch47"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-111">p. IV-111</span></p> + <h3 class="g1 ws1">CAPÍTULO VII</h3> + <hr class="tir"> + + <div class="poetry-container smaller"> + <div class="poetry"> + <div class="stanza"> + <div class="verse i2">Gracias al cielo doy, que ya del cuello</div> + <div class="verse i0">Del todo el torpe yugo he sacudido,</div> + <div class="verse i0">Y que del viento el mar embravecido</div> + <div class="verse i0">Veré desde la tierra sin temello.</div> + <div class="verse idr">(Garcilaso: <i>Soneto</i>).</div> + </div> + </div> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Lo desagradable de la materia del capítulo que precede +nos ha hecho pasar rápidamente por ella, refiriendo en pocas páginas +sucesos que ocurrieron en diez meses. Preciso nos es, pues, volver a la +época de la prisión del infeliz don Sebastián.</p> + +<p>Vargas escribió a fray Miguel una carta enterándole de la desgracia +ocurrida al rey el cuarto día después de ella, es decir, inmediatamente +que la supo. Pedro fue el portador de ella; pero así que llegó a +Madrigal supo la prisión del fraile y la de la señora doña Ana, y +se guardó muy bien de decir que llevaba para ellos mensaje ninguno, +volviéndose inmediatamente<span class="pagenum" id="Page_IV-112">p. +IV-112</span> a Valladolid a dar cuenta a su señoría de tan tristes +sucesos.</p> + +<p>Don Juan penetró sin dificultad que don Sebastián estaba +descubierto, y no pudo serle dudosa la suerte que le esperaba.</p> + +<p>Despreciando el peligro que él mismo corría, lo primero en que +pensó Vargas fue en tratar de libertar al monarca portugués del +suplicio. Pero cuantos arbitrios se le ocurrieron para ello fueron +desgraciadamente infructuosos.</p> + +<p>El consistorio protestante, cuyos miembros temblaban por sí mismos, +se negó absolutamente a dar ningún paso en favor de don Sebastián; y no +contento con esto, rompió absolutamente toda comunicación con el amante +de Inés.</p> + +<p>La traslación del preso a Madrigal, y el haberse comisionado +solo para guardarlo a un alcalde del crimen de la chancillería de +Valladolid, frustraron la esperanza de romper sus grillos a fuerza de +oro, y por último el arbitrio de intimidar al juez con cartas anónimas, +en las<span class="pagenum" id="Page_IV-113">p. IV-113</span> +cuales unas veces se le amenazaba, y otras se trataba de confundirle +haciéndole creer que Gabriel era don Antonio, prior de Crato, no +produjo tampoco ningún efecto.</p> + +<p>Las angustias de Inés durante el curso de aquel largo proceso fueron +inexplicables. La mutación de nombre y el sigilo con que fue conducida +al convento en que se hallaba la libertaron sin duda de la persecución +personal; pero no se vio solo atormentada por la desgracia de su +cuñado, sino que temblaba por la hija de su hermana y por su amante.</p> + +<p>Una feliz casualidad quiso que la niña Clarita, que la señora doña +Ana amaba en extremo y tenía en su compañía, no se hallara en su celda +en el momento en que Santillana fue a arrestarla en ella.</p> + +<p>La religiosa que entonces la tenía en su celda, movida de compasión +por sus tiernos años, la ocultó, sustrayéndola de este modo a la +persecución del tirano; pero como se ignoraba absolutamente el +paraje que habitaba su tía, no pudo la compasiva monja darle aviso +ninguno.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-114">p. IV-114</span></p> + +<p>La vigilancia que se ejercía entonces sobre el convento en +particular, y en general sobre toda persona que llegaba a Madrigal, +hicieron imposible pensar siquiera en adquirir noticias de la suerte de +la hija de don Sebastián.</p> + +<p>Muerto ya este y fray Miguel, y decidida Inés, a fuerza de ruegos de +Vargas, a casarse con él, pero con la precisa condición de buscar antes +a Clarita, el fiel Pedro partió de Valladolid en hábito de peregrino, y +gracias a aquel traje, que en aquel siglo se miraba con respeto, llegó +sin inconveniente al monasterio de Santa María.</p> + +<p>Preguntó en él por sor Magdalena de la Trinidad, religiosa a +quien Inés sabía que la señora doña Ana honró con su amistad, y la +entregó un billete en el cual la bella morena la suplicaba le diese +noticias del paradero de su sobrina. Sor Magdalena era justamente la +religiosa que tenía a Clarita en su poder, y al instante informó de +ello al peregrino, diciendo que estaba pronta a entregarla en manos de +Inés.</p> + +<p><span class="pagenum" id="Page_IV-115">p. IV-115</span></p> + +<p>Con tan feliz nueva volvió Pedro a su amo, y ya este no se ocupó +más que en buscarse un asilo cómodo y seguro en que pasar el resto de +su vida lejos de una corte que aborrecía, y en los brazos de una mujer +adorada.</p> + +<p>Necesitaba para ello un confidente, y ninguno le pareció más a +propósito que su primo el comendador. Confiole, pues, exigiendo antes +la solemne promesa de guardar silencio eterno, que iba a unirse con una +señora igual a él en nacimiento, pero que por razones a él conocidas +deseaba vivir en un completo retiro.</p> + +<p>Combatió Hinojosa esta resolución hasta que conoció que perdía +el tiempo, y después acabó por entrar completamente en las miras de +Vargas.</p> + +<p>Compró el comendador todos los bienes que don Juan había heredado +de sus padres, y con parte del producto le adquirió en la Andalucía +una vasta hacienda que, por su posición topográfica, por la fertilidad +del terreno, la ostentación de sus límites y la suavidad<span +class="pagenum" id="Page_IV-116">p. IV-116</span> del clima, era tal +como se deseaba.</p> + +<p>Después de esto proporcionó él mismo un capellán de confianza que +hizo a Inés legítima esposa de Vargas, un año después de la prisión de +don Sebastián.</p> + +<p>En seguida partieron para Andalucía después de recoger a Clarita, y +en breves días llegaron al lugar de su destino.</p> + +<p>Jamás se borraron de la memoria de Inés los tristes sucesos de +la primera parte de su vida, y el resultado de ellos fue una dulce +melancolía que llegó a hacerse habitual en ella.</p> + +<p>No así Vargas. La muerte de don Sebastián hizo en él una profunda +impresión, y siempre que la recordaba era con horror; pero al verse +dueño de su adorada Inés, era el más feliz de los mortales y lo dejaba +ver en una inmensa alegría.</p> + +<p>Así que los dos esposos estuvieron establecidos en Andalucía, +escribió Inés a su tía doña Francisca de Alba, quien no tardó +en contestarla y hacerle saber que<span class="pagenum" +id="Page_IV-117">p. IV-117</span> estaba pronta a entregarle su +hacienda, de la que don Juan entró muy pronto en posesión.</p> + +<p>Por la tía de Inés supo el marqués Domiño el lugar de su retiro, y a +él fue a terminar sus días. Poco más de dos años sobrevivió aquel fiel +servidor, aquel anciano venerable, a su amigo y rey; y no pudiendo ya +en ellos hacerle otros servicios, se ocupó en redactar una relación de +sus desgracias, de la cual se ha sacado la que vamos a terminar.</p> + +<p>Olvidose Domiño de decirnos cuál fue la suerte de don Carlos, don +Francisco y Abenamal, y así nada podemos decir de ellos. Pero lo que +sí refiere puntualísimamente es que jamás se vio esposo más tierno que +don Juan, mujer tan amante y tan digna de ser amada como Inés; fruto de +su amor fue, a los diez meses de matrimonio, un niño de que el marqués +Domiño fue padrino, poniéndole por nombres Sebastián Miguel de los +Santos.</p> + +<p>Por una partida de bautismo existente en un libro antiquísimo de +una parroquia<span class="pagenum" id="Page_IV-118">p. IV-118</span> +vecina parece que este niño casó, ya hombre y siendo caballero del +hábito de Santiago y maestre de campo de los reales ejércitos, con doña +Clara Contiño, pues tales nombres se dan a los padres del bautizado.</p> + +<p>Es de presumir que esta doña Clara fuese la hija de don Sebastián y +llevase el apellido de su madre, no pudiendo usar el de su desdichado +padre.</p> + +<p>El marqués, hermano de don Juan, tuvo el disgusto de que el niño +don Pedro Alcántara muriese de sarampión, y su madre en un hospicio +haciendo verdadera penitencia de sus muchas culpas.</p> + +<p>Al fin de la relación de Domiño se encuentra una nota que dice +así:</p> + +<div class="blockquot"> + + <p>«Es fama que don Rodrigo de Santillana, inmediatamente después + de haber jurídicamente asesinado al infelice don Sebastián + (Q. D. D. G.), marchó al Escorial a dar cuenta a su rey de + todas las circunstancias de aquel suceso. Después de una larga + conferencia con Felipe, en la cual tal vez dejaría ver demasiada + convicción<span class="pagenum" id="Page_IV-119">p. IV-119</span> + de que el muerto era en efecto don Sebastián, regresó a Madrid, en + donde inmediatamente fue preso. Se asegura que le dieron garrote + secretamente en la cárcel de Corte para sepultar con él tan atroz + misterio».</p> + +</div> + +<p>Si así fue, debemos admirar la sabiduría de la Providencia que +castigó a don Rodrigo, haciendo que el crimen de que para engrandecerse +fue instrumento ocasionara su ruina.</p> + +<p>Vargas heredó el marquesado, pero no varió su plan de vida. Las +caricias de su mujer, la educación de su hijo y las distracciones +campestres le parecieron siempre preferibles al bullicio de la +corte.</p> + +<p>Alguna vez que otra los dos esposos lloraban juntos las desgracias +de don Sebastián; pero muchas más horas eran las que pasaban +deliciosamente enlazados el uno en brazos del otro, contemplando las +gracias infantiles del niño don Sebastián.</p> + +<p>Si hay alguna felicidad en la tierra, en<span class="pagenum" +id="Page_IV-120">p. IV-120</span> la compañía de una mujer amable +y virtuosa es donde aconsejo a mis lectores que la busquen.<a +id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a></p> + +<div class="footnote"> + +<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Para +satisfacer enteramente la curiosidad del lector, solo nos queda que +decirle que la significación de las iniciales S. R. L., de que se habla +en el capítulo 2.º del tomo 3.º, nos parece debe ser <i>Sebastianus rex +Lusitanæ</i>; esto es, Sebastián, rey de Portugal.</p> + +</div> + + +<p class="fin">FIN DEL TOMO CUARTO Y ÚLTIMO</p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="Ch48"> + <p><span class="pagenum" id="Page_IV-121">p. IV-121</span></p> + <h3 class="g1 ws1">ADVERTENCIAS</h3> + <hr class="tir"> + <div class="estrecho"> + <p>Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que + este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más + gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido + yo contravenir a la orden de la naturaleza, que en ella cada cosa + engendra a su semejante.</p> + <p class="dcha mt1">(Cervantes: <i>Prólogo al Quijote</i>).</p> + </div> +</div> + +<p class="ti0">Al público nada tengo que decirle: o la obra le agrada, +o no. En el primer caso unos y otros hemos llenado nuestro objeto; los +lectores divirtiéndose; yo saliendo airoso de mi empresa. Si, por el +contrario, no le gustase esta novela, será un mal que sentiré, pero que +es irremediable, y que todas las apologías posibles no bastan a evitar. +Esta advertencia se dirige únicamente a mis amigos, a los que pueden +tener algún interés por mi reputación literaria.</p> + +<p>El editor de la colección de que forman parte estos volúmenes, +haciéndome<span class="pagenum" id="Page_IV-122">p. IV-122</span> más +favor del que merezco, me invitó a unir mi nombre al de literatos que +bajo todos aspectos me son superiores. Muchos de ellos, que me honran +con su amistad, se empeñaron en persuadirme de que la empresa no era +superior a mis fuerzas; y más por complacerlos que por otra cosa, di +principio a la obra que hoy ve la luz. Pero entonces me hallaba en +Madrid, donde me era fácil proporcionarme todo género de auxilios en +libros y consejos, y cuando concluí el capítulo 4.º del tomo 1.º me +hallé, por un golpe de fortuna, confinado en un rincón de Andalucía. No +he tenido, pues, a la vista ni un solo libro de historia, ni un mapa, +ni un amigo a quien consultar.</p> + +<p>Es imposible que mi composición no se resienta de este aislamiento +total. A los veintiséis años, después de dos de emigración, seis de +servir en las filas del ejército, y, de estos, tres en la Guardia Real, +donde el tiempo me bastaba apenas para atender a las obligaciones de +mi empleo, no puedo haber adquirido aquellos<span class="pagenum" +id="Page_IV-123">p. IV-123</span> conocimientos sólidos, aquella +instrucción profunda que hacen capaz a un escritor de componer sin el +socorro de los maestros del arte.</p> + +<p>Mi memoria es probable que también me haya sido infiel en algunos +puntos históricos. En una palabra, este escrito, a que le bastaba ser +mío para valer poco, ha tenido además la desgracia de escribirse en +circunstancias tales que le hubieran hecho imperfecto aun siendo parto +de más claro ingenio.</p> + +<p>Pido, pues, a mis amigos que me juzguen con indulgencia, y que por +lo menos no se avergüencen de haberme alentado a escribir.</p> + +<p>De todos modos, me someto a su censura; doy por justas cuantas +críticas hagan de este escrito, y solo formo empeño en que me conserven +el afecto que me han manifestado en circunstancias bien críticas, del +cual aprovecho con ansia esta ocasión de darles públicamente las más +sinceras gracias. — <i>P. de la E.</i></p> + +<hr class="chap x-ebookmaker-drop"> + + +<div class="chapter" id="ToC"> + <h2 class="nobreak g1 ws1">ÍNDICE</h2> + <hr class="tir"> +</div> + +<table class="toc"> + <tr> + <td> </td> + <td class="tdcb smaller bb">Páginas</td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl pt05">TOMO III</td> + <td class="tdr pt05"><a href="#Ch3">III-<span class="asc">i</span></a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl pt05">Capítulo primero</td> + <td class="tdr pt05"><a href="#Ch31">III-1</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo II</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch32">III-30</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo III</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch33">III-43</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo IV</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch34">III-90</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo V</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch35">III-99</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo VI</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch36">III-118</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl pt1">TOMO IV</td> + <td class="tdr pt1"><a href="#Ch4">IV-<span class="asc">i</span></a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl pt05">Capítulo primero</td> + <td class="tdr pt05"><a href="#Ch41">IV-1</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo II</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch42">IV-28</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo III</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch43">IV-45</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo IV</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch44">IV-62</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo V</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch45">IV-79</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo VI</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch46">IV-97</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Capítulo VII</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch47">IV-111</a></td> + </tr> + <tr> + <td class="tdl">Advertencias</td> + <td class="tdr"><a href="#Ch48">IV-121</a></td> + </tr> +</table> + +<hr class="chap"> + + +<hr class="full"> + +</div> +<div style='text-align:center'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK 75974 ***</div> +</body> +</html> + diff --git a/75974-h/images/cover.jpg b/75974-h/images/cover.jpg Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..70fdc14 --- /dev/null +++ b/75974-h/images/cover.jpg diff --git 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other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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