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-The Project Gutenberg eBook of Estados Unidos, by Domingo Faustino
-Sarmiento
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Estados Unidos
-
-Author: Domingo Faustino Sarmiento
-
-Release Date: February 6, 2022 [eBook #67348]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Adrian Mastronardi and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/American Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ESTADOS UNIDOS ***
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- ESTADOS UNIDOS
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- DOMINGO F. SARMIENTO
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-Nació en San Juan el 15 de febrero de 1811. Aprendió primeras letras en
-la _Escuela de la patria_; en 1821 no consiguió una beca para el
-seminario de Loreto, de Córdoba; circunstancias adversas impidiéronle
-continuar sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales, de Buenos
-Aires. En 1826 se dedicó a enseñar los primeros rudimentos del saber a
-los mocetones de San Francisco, en San Luis. Vuelto a San Juan (1872)
-vióse obligado a ganarse el sustento trabajando como dependiente en
-un almacén; en sus momentos libres leyó las cartillas de ciencias y
-artes que estaban allí de venta. Desde esa fecha hasta su muerte vivió
-estudiando y enseñando.
-
-Afiliado al unitarismo, desde 1829, tocóle emigrar a Chile. Allí
-fué maestro de escuela municipal en una aldea, abrió un despacho de
-bebidas, fué dependiente de comercio, trabajó en una mina, hasta
-regresar a San Juan (1837). Tuvo entonces ocasión de ensanchar sus
-conocimientos, y dos años más tarde organizó un colegio y fundó un
-periódico, _El Zonda_, cuya publicación le costó la cárcel. Emigró
-a Chile en 1840. En Valparaíso fué redactor de _El Mercurio_ y en
-Santiago fundó _El Nacional_. En 1842 organizó la Escuela Normal
-de Preceptores, de que fué director, sin apartarse del periodismo de
-combate. De 1845 a 1848 viajó por Europa y Estados Unidos, continuando
-a su regreso las tareas educacionales y periodísticas. En 1852 se
-incorporó al ejército de Urquiza, apartándose de éste poco después
-de caer Rosas. Emigró nuevamente, y en Chile rompió su amistad con
-Alberdi, para siempre. Con varia fortuna política fué muchas veces
-diputado, senador, ministro, gobernador de San Juan (1862-1864) y
-Presidente de la República (1868-1874). Fué repetidamente Director y
-Superintendente de Escuelas, provincial y nacional, tocándole sostener
-luchas memorables con los partidos reaccionarios, en defensa de la
-escuela laica.
-
-Su enorme labor escrita (Obras Completas, LII volúmenes) es, en
-grandísima parte, periodística y de oportunidad. Sus obras principales
-son: _Facundo_ (1845), _De la educación popular_ (1848), _Argirópolis_
-(1850), _Recuerdos de Provincia_ (1850), _Comentarios de la
-Constitución_ (1853), _Conflicto y armonías de las razas en América_
-(1883), etc.
-
-Su característica fué la lucha por la educación pública. Por el
-número y la variedad de sus iniciativas, no tiene parangón con ningún
-otro americano; su eficacia como agitador de espíritus fué absoluta,
-ejercitando para ello sus dos vocaciones fundamentales: el magisterio y
-el periodismo. Centuplicando su vida en un perenne afán de aprender y
-enseñar, dejó rastro firme en cuantas cosas posó su mano.
-
-El 11 de septiembre de 1888, falleció en el Paraguay, donde fuera en
-busca de remedio a sus achaques. La posteridad, unánime, le ha señalado
-como el más eminente de los argentinos.
-
-
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-
- “LA CULTURA ARGENTINA”
-
- DOMINGO F. SARMIENTO
-
- VIAJES
-
- III
-
- ESTADOS UNIDOS
-
- [Illustration: Publisher’s Logo; imagen del editor]
-
-
- ADMINISTRACION:
- VACCARO, Avenida de Mayo 638.--Buenos Aires
- 1922
-
-
-
-
- ESTADOS UNIDOS
-
-
- _Señor don Valentín Alsina._
-
- Noviembre 12 de 1847.
-
-Salgo de los Estados Unidos, mi estimado amigo, en aquel estado de
-excitación que causa el espectáculo de un drama nuevo, lleno de
-peripecias, sin plan, sin unidad, erizado de crímenes que alumbran
-con su luz siniestra actos de heroísmo y abnegación, en medio de los
-esplendores fabulosos de decoraciones que remedan bosques seculares,
-praderas floridas, montañas sañudas, o habitaciones humanas en cuyo
-pacífico recinto reinan la virtud y la inocencia. Quiero decirle
-que salgo triste, pensativo, complacido y abismado; la mitad de mis
-ilusiones rotas o ajadas, mientras que otras luchan con el raciocinio
-para decorar de nuevo aquel panorama imaginario en que encerramos
-siempre las ideas que no hemos visto, como damos una fisonomía y un
-metal de voz al amigo que sólo por cartas conocemos. Los Estados Unidos
-son una cosa sin modelo anterior, una especie de disparate que choca a
-la primera vista, y frustra la espectación pugnando contra las ideas
-recibidas, y no obstante este disparate inconcebible es grande y noble,
-sublime a veces, regular siempre; y con tales muestras de permanencia
-y de fuerza orgánica se presenta, que el ridículo se deslizaría sobre
-su superficie como la impotente bala sobre las duras escamas del
-caimán. No es aquel cuerpo social un ser deforme, monstruo de las
-especies conocidas, sino como un animal nuevo producido por la creación
-política, extraño como aquellos megaterios cuyos huesos se presentan
-aún sobre la superficie de la tierra. De manera que para aprender o
-contemplarlo, es preciso antes educar el juicio propio, disimulando
-sus aparentes faltas orgánicas, a fin de apreciarlo en su propia
-índole, no sin riesgo de, vencida la primera extrañeza, apasionarse por
-él, hallarlo bello, y proclamar un nuevo criterio de las cosas humanas,
-como lo hizo el romanticismo para hacerse perdonar sus monstruosidades
-al derrocar al viejo ídolo de la poética romano-francesa.
-
-Educados Vd. y yo, mi buen amigo, bajo la vara de hierro del más
-sublime de los tiranos, combatiéndolo sin cesar en nombre del derecho,
-de la justicia, en nombre de la república, en fin, como realización
-de las conclusiones a que la conciencia y la inteligencia humana
-han llegado, Vd. y yo, como tantos otros nos hemos envanecido y
-alentado al divisar en medio de la noche de plomo que pesa sobre la
-América del Sur, la aureola de luz con que se alumbra el Norte. Por
-fin, nos hemos dicho para endurecernos contra los males presentes:
-la república existe, fuerte, invencible; la luz se irradiará hasta
-nosotros cuando el Sud refleje al Norte. ¡Y cierto, la república es!
-Solo que al contemplarla de cerca, se halla que bajo muchos respectos
-no corresponde a la idea abstracta que de ella teníamos. Al mismo
-tiempo que en Norte América han desaparecido las más feas úlceras de
-la especie humana, se presentan algunas cicatrizadas ya aún entre los
-pueblos europeos, y que aquí se convierten en cáncer, al paso que
-se originan dolencias nuevas para las que aún no se busca ni conoce
-remedio. Así, pues, nuestra república, libertad y fuerza, inteligencia
-y belleza; aquella república de nuestros sueños para cuando el mal
-aconsejado tirano cayera, y sobre cuya organización discutíamos
-candorosamente entre nosotros en el destierro, y bajo el duro aguijón
-de las necesidades del momento; aquella república, mi querido amigo,
-es un _desiderátum_ todavía, posible en la tierra, si hay Dios
-que para bien dirige los lentos destinos humanos, si la justicia es un
-sentimiento inherente a nuestra naturaleza, su ley orgánica y el fin de
-su larga preparación.
-
-Si no temiera, pues, que la citación diese lugar a un concepto
-equivocado, diría al darle cuenta de mis impresiones en los Estados
-Unidos, lo que Voltaire hace decir a Bruto:
-
- Et je cherche ici Rome, et ne la trouve plus!
-
-Como en Roma o en Venecia existió el patriarcado, aquí existe
-la democracia; la República, la cosa pública vendrá más tarde.
-Consuélenos, empero, la idea de que estos demócratas son hoy en la
-tierra los que más en camino van de hallar la incógnita que dará
-la solución política que buscan a obscuras los pueblos cristianos,
-tropezando en la monarquía como en Europa, o atajados por el despotismo
-brutal como en nuestra pobre patria.
-
-No espere que dé a Vd. una descripción ordenada de los Estados
-Unidos, no obstante que he visitado todas sus grandes ciudades, y
-atravesado o seguido los límites de veinte y uno de sus más ricos
-Estados. Quiero seguir otro camino. A la altura de civilización a
-que ha llegado la parte más noble de la especie humana, para que una
-nación sea eminentemente poderosa o susceptible de serlo, se requieren
-condiciones territoriales que nada puede suplir permanentemente. Si
-Dios me encargara de formar una gran república, nuestra república _à
-nous_, por ejemplo, no admitiría tan serio encargo, sino a condición
-de que me diese estas bases por lo menos: espacio sin límites conocidos
-para que se huelguen un día en él doscientos millones de habitantes;
-ancha exposición a los mares, costas acribilladas de golfos y bahías;
-superficie variada sin que oponga dificultades a los caminos de hierro
-y canales que habrán de cruzar el estado en todas direcciones; y como
-no consentiré jamás en suprimir lo de los ferrocarriles, ha de haber
-tanto carbón de piedra y tanto hierro, que el año de gracia cuatro mil
-setecientos cincuenta y uno, se estén aún explotando las minas como el
-primer día. La extrema abundancia de madera de construcción sería el
-único obstáculo que soportaría para el fácil descuajo de la tierra;
-encargándome yo, personalmente, de dar dirección oportuna a los ríos
-navegables que habrían de atravesar el país en todas direcciones,
-convertirse en lagos donde la perspectiva lo requiriese, desembocar
-en todos los mares, ligar entre sí todos los climas, a fin de que las
-producciones de los polos viniesen en vía recta a los países tropicales
-y vice versa. Luego para mis miras futuras pediría abundancia por
-doquier de mármoles, granitos, pórfidos y otras piedras de cantería,
-sin las cuales las naciones no pueden imprimir a la tierra olvidadiza
-el rastro eterno de sus plantas.
-
-¡País de Cucaña! diría un francés. ¡La ínsula Barataria! apuntaría un
-español. ¡Imbéciles! Son los Estados Unidos, tal cual los ha formado
-Dios, y jurara que al crear este pedazo de mundo, se sabía muy bien
-él, que allá por el siglo XIX, los desechos de su pobre humanidad
-pisoteada en otras partes, esclavizada, o muriéndose de hambre a fin
-de que huelguen los pocos, vendrían a reunirse aquí, desenvolverse
-sin obstáculo, engrandecerse, y vengar con su ejemplo a la especie
-humana de tantos siglos de tutela leonina y de sufrimientos. ¿Por qué
-no descubrieron los romanos aquella tierra eminentemente adaptada para
-la industria que ellos no ejercitaron, para la invasión pacífica del
-colono, y tan pródiga de bienestar para el individuo? ¿Por qué la raza
-sajona tropezó con este pedazo de mundo que tan bien cuadraba con sus
-instintos industriales, y por qué a la raza española le cupo en suerte
-la América del Sur, donde había minas de plata y oro e indios mansos
-y abyectos, que venían de perlas a su pereza de amo, a su atraso e
-ineptitud industrial? ¿No hay orden y premeditación en todos estos
-casos? ¿No hay Providencia? ¡Oh! amigo, Dios es la más fácil solución
-de todas estas dificultades.
-
-Olvidé pedir para mi república, y lo hago aquí para que conste, que se
-me dé por vecinos pueblos de la estirpe española, México por ejemplo, y
-allá en el horizonte, Cuba, un istmo, etc.
-
-No soy yo el primero que ha sido sorprendido por éste apropósito de la
-naturaleza en los Estados Unidos. Un compañero de viaje escribía a uno
-de sus amigos de Europa:
-
-“No tengo noticia de lugar alguno donde Dios se haya sobrepasado a sí
-mismo como aquí. Estaba muy de buen humor, sin duda, cuando bosquejaba
-estos grados 0° a 6° de longitud, Este y Oeste de Wáshington. ¡Esto es
-bello y trazado con soltura! Cada río tiene seis millas de ancho, cada
-lago cuatrocientas por lo menos de circunferencia; por todas partes
-bosques inmensos de árboles en perfecta armonía con el paisaje. Ni una
-sola colina, ni una sola isla árida; vegetación por todas partes, como
-allá en sus montañas de los Pirineos”.
-
-En cuanto a la ordenación general de este país, daré a Vd. algunas
-ligeras nociones. Supóngase un espacio cuadrado de tierra que mida
-dos millones y medio de millas cuadradas, bañados por mares diversos
-hacia el Sur, oriente y occidente. Al Norte un río, salido de una
-cadena de lagos tan capaces como el mar Caspio, sirviéndole de límite,
-y proporcionándole una línea de navegación desde lo más recóndito del
-interior, hasta las costas del Atlántico. Mas como la boca del San
-Lorenzo, que es aquel río término, cae fuera de los límites de los
-Estados, a la altura de Montreal, se dirige hacia el Sur no más ancho
-que un río, al lago Champlain, hasta tocar casi con las fuentes de
-Hudson, que por este medio ofrece al emporio de Nueva York comunicación
-acuática con los lagos y el alto y bajo Canadá.
-
-Como el cuadrado que nos hemos trazado es poco menos grande que la
-Europa, necesitaba en teoría una arteria interior, por donde hubiese
-de circular y penetrar la vida. Para llenar este requisito, desde las
-inmediaciones del lago Erie, se desprende hacia el Sur el Mississipi,
-el más caudaloso río de la tierra, y corriendo en seguida navegable
-por mil quinientas millas, incorpora en su caudal las aguas del Ohio,
-el Arkansas, el Illinois, el Missouri, el Tenessee, el Awash y muchos
-otros que de oriente y occidente, vienen alternativamente arrastrando
-sobre sus turbias ondas los productos de las plantaciones más remotas,
-hasta el Golfo de México. Porque hay esto de notable en la distribución
-de las aguas de Norte América, que las unas se reunen en un inmenso
-receptáculo y marchan al oriente reunidas en el San Lorenzo: las otras
-se dirigen hacia el Sur, y se aglomeran en el Mississipi, no quedando
-independientes de aquellos dos grandes sistemas de desagüe, sino el
-Hudson, el Potomack y el Susquehanna.
-
-Muy bisoños se habrían mostrado los yankees, si no hubiesen completado
-por canales el conocido plan de la Providencia, de manera que las
-mercadería del Canadá tengan camino acuático a Nueva York o a Orleans
-indistintamente, recorriendo para ello una línea de navegación interna,
-mayor que la que la que media entre América y Europa. Por otra parte,
-como un estado americano ha de vivir necesariamente de la exportación
-de sus materias primas, sus cereales y peleterías, su exposición debe
-ser de preferencia al Atlántico; y su necesidad primera, que de todos
-los puntos converjan y concurran sus vías de comunicación a las bocas
-y orificios de aquel inmenso pólipo, cuya simple estructura no ofrece
-sino tubo intestinal y bocas. Pero supóngase que el estado de larva ha
-de pasar por diversas transformaciones, hasta entrar en la familia de
-los animales más perfectos, y dotados de diversos sistemas, sanguíneo,
-nervioso, digestivo, etc.; entonces la vida se hace más complicada, y
-el animal no existe ya para la boca, sino la boca para el animal. La
-vida interna haciéndose más complicada exige vasos secretorios, donde
-se preparen mejor los alimentos; lo que equivale a decir, porque ya la
-alegoría fastidia, que con el exceso de la población y el desarrollo
-de la riqueza, nace una industria nacional, y el estado, sin disminuir
-su movimiento de exportación e importación, adquiere, al fin, una
-vida interna que necesita satisfacer por sí mismo y para sí mismo.
-La China en Asia, la Alemania y la Francia en Europa, dan un ejemplo
-de esta vida interior, que da pábulo a industrias poderosas, y mayor
-acumulación de riquezas. Cuando este caso llegue para los Estados
-Unidos, se concibe que las ciudades del litoral no serán los únicos
-focos de riquezas, pues para promediar las distancias, habrá en el
-centro del Estado, nuevos focos industriales que derramen e irradien a
-los extremos, los productos del trabajo nacional. Ahora, busque Vd. en
-el mapa de los Estados Unidos un punto a propósito para esta secreción
-interna, reuniendo además las condiciones de viabilidad y abundancia
-de elementos de fabricación, hierro, maderas, carbón, etc. Si Vd. no
-lo encuentra tan pronto, yo se lo indicaré. Hacia lo interior de la
-Pensilvania, los ríos Ohio, Alleghany y Monongahela se reunen para
-dirigirse al Mississipi, la grande arteria que distribuye y concreta
-como hemos visto el movimiento interior.
-
-En la confluencia de estos ríos está situada Pittsburg, que por canales
-artificiales y ferrocarriles comunica con Baltimore en la bahía de
-Chesapeake, Filadelfia, New York, Boston al Norte. Removiendo un
-poco la superficie de la tierra sobre que está fundada Pittsburg,
-se encuentra un manto de carbón de piedra, el cual se extiende unas
-catorce mil millas cuadradas, esto es, un espacio un poco menor que
-la Inglaterra entera. Por todo el país circunvecino y a orillas de
-los ríos, los propietarios pueden bajo el hogar doméstico, abrir una
-boca de mina, para extraer esta substancia, alimenticia de fábricas;
-y en Marieta hemos descendido del vapor y atravesado dos calles de la
-ciudad, entrándonos sin más rodeos en una mina de carbón bituminoso,
-que del interior de una colina sacaban en carretillas de mano, para
-hacerlo derramarse en seguida, hasta sobre la cubierta del buque que
-atracan a la orilla del río a recibirlo. De alli en caravanas de
-angadas informes, que sin velas, ni remos, se abandonan a merced de
-la corriente de los ríos, va el carbón hasta Nueva Orleans, a hacer
-concurrencia ventajosa a la leña que se corta en los inmediatos bosques
-y cuyo precio se regula por el salario diario del leñador. Esto por
-lo que hace al carbón, que en cuanto al hierro se le encuentra en
-igual abundancia por todas partes, y gracias a estas envidiables
-ventajas de posición, Pittsburg se alza hoy en medio de las selvas
-americanas, envuelta en su denso manto de humo hediondo y espeso, que
-la hace llamar ya el Birmingham yankee, y será el Londres futuro, por
-la multitud de sus fábricas, sus algodones, que remontan desde Nueva
-Orleans, para ser allí pintados o tejidos por mecanismos que avanzan
-en perfección casi siempre a los inventos europeos. Como una muestra
-de lo que puede ser Pittsburg, recordaré que a fines del siglo pasado,
-el territorio adyacente estaba aún en poder de los salvajes; en 1800,
-contenía ya, 45.000 habitantes, y en 1845, montaba la población a dos
-millones.
-
-¡Como la población de los Estados Unidos avanza hacia el Pacífico
-setecientas millas de frente por año, más tarde será necesario un foco
-industrial todavía más adentro, a cuyo fin se ha dispuesto que donde el
-Misouri, que corre unas 1.200 millas, se echa en el Mississipi, y no
-lejos del punto en que de la parte opuesta desemboca el Ohio, haya otro
-depósito de carbón de piedra que, a lo que ha podido averiguarse hasta
-ahora, ocupa un área de cosa de 60.000 millas cuadradas!
-
-Yo no quiero hacer cómplice a la Providencia de todas las usurpaciones
-norteamericanas, ni de su mal ejemplo, que en un período más o menos
-remoto, puede atraerle, unirle políticamente o anexarle, como ellos
-llaman, el Canadá, México, etc. Entonces, la unión de hombres libres
-principiará en el Polo Norte, para venir a terminar por falta de tierra
-en el istmo de Panamá.
-
-Para entonces estarán los lagos en el centro de la unión gigante,
-y para entonces también el Estado de Michigan, envuelto como una
-península por el lago del mismo nombre, el Huron, el Saint-Clair, y
-la base del Erie, podrá dar fructuosa ocupación al enorme depósito de
-carbón que contiene en su centro. En espectación de aquel suceso, y
-por aquellos mares de agua dulce, empieza ya a surgir del haz de la
-tierra, Buffalo, ciudad que sin haber sido aldea siquiera, contaba hace
-un año 30.000 habitantes, y contará hoy 50.000, según los términos de
-la progresión yankee. Un camino de hierro, que desde Albany atraviesa
-sin pretensión alguna cinco grados de longitud, derrama en sus calles
-todos los días una avenida de hombres, que desde Europa, y remontando
-el Hudson, vienen a escogerse, entre los bosques intermediarios, algún
-pedazo de tierra donde fijar una nueva familia, como aquellas razas
-de Sem y de Jafet, que partían desde la Babel antigua a repartirse
-entre sí la tierra despoblada. Igual confusión de lenguas entre los
-que llegan; si bien la tierra les imprime la suya a poco andar, y
-como el agua frotando las superficies angulosas de diversas piedras
-conforma los guijarros cual si fueran una familia de hermanos, así,
-reuniéndose, mezclándose entre sí esas avenidas de fragmentos de
-sociedades antiguas, se forma la nueva, la más joven y osada república
-del mundo. ¡Oh! ¡Cuánta verdad tangible hay en los misterios morales
-de nuestra raza; cuántas relaciones íntimas, inevitables, muestran
-las cosas físicas! La libertad emigrada al norte da al hombre que
-llega alas para volar; ruedan torrentes humanos por entre las selvas
-primitivas, y la palabra pasa muda sobre sus cabezas en hilos de
-hierro, para ir a activar a lo lejos aquella invasión del hombre sobre
-el suelo que le estaba reservado; del espíritu envejecido y experto
-sobre la materia inculta aún, y esperando, desde _ab initio_, que
-se le dé forma. Franklin, como Vd. sabe, fué el primero que tomó en
-sus manos el terrible rayo, y lo explicó al mundo asombrado. Partiendo
-del descubrimiento de Franklin (hablo en el sentido práctico del
-pararrayos, con que él dotó a la humanidad), Volta, Oersted, Alexander,
-Ampere, Arago, habían escrito y tentado mucho sobre la telegrafía
-eléctrica, cuando Morse, norteamericano, hizo sus ensayos mediante los
-30.000 pesos que el congreso de los Estados Unidos dió para costearlos.
-¿No es singular que haya cabido a los Estados Unidos la gloria de
-haber inventado el pararrayos y el éter sulfúrico, para ahorrar dos
-grandes males a la humanidad, e impreso a los movimientos del hombre
-rapideces planetarias, con la aplicación del vapor hecha por Fulton
-y con la telegrafía eléctrica por Morse? En Francia dejé líneas de
-telégrafos de este género en vía de ensayo, de Ruan a París, de París
-a Lille, y esto para el servicio del gobierno. En los Estados Unidos
-había en el momento de mi salida: de Nueva York un círculo que liga con
-Wáshington, Baltimore, Filadelfia, y vuelve a Nueva York, 455 millas;
-otro anillo que liga a Nueva York, New Haven, Hartford, Springfield,
-Boston, y vuelve a Nueva York, 452 millas. Una línea a Albany que parte
-desde el mismo centro, 150, y de allí extiende un brazo a Buffalo, 250
-millas. Otra a Rochester, 252; otra a Montreal, 205. La diligencia que
-lleva diariamente la correspondencia por toda la Unión recorre 142.295
-millas, y 853 millas describen los canales artificiales. Rodean los
-estados 3.600 millas de mar y 1.200 de lagos. Nueva York sirve de
-puerto de navegación interna de ríos, canales y lagos de 3.000 millas;
-Nueva Orleans a otra de 20.000, subdividida en ríos navegables, y que
-uniéndose por el Mississippi, con los lagos y el San Lorenzo, puede
-producir la más pasmosa línea de circunnavegación interior y fluvial.
-
-La naturaleza había ejecutado las grandes fracciones del territorio
-de la Unión; pero sin la profunda ciencia de la riqueza pública que
-poseen los norteamericanos, la obra habría quedado incompleta. Desde
-Filadelfia a San Luis, como de Buenos Aires a Mendoza, atraviesa el
-estado una gran ruta nacional, porque en este sentido el país no es
-viable por canales, pues los declives de las aguas se inclinan al Sud
-y al Este. Pero del lago Erie, desciende un canal navegable, que,
-uniéndose al Ohio entre Cincinnati y Pittsburg, trae con fletes ínfimos
-los productos del extremo norte del lago superior y del Canadá hasta
-Nueva Orleans. Del extremo este del mismo lago Erie parte otro canal,
-que, después de haberse puesto en contacto por una ramificación con
-el lago Ontario, a la altura de Troya desemboca en el Hudson, y liga
-por agua a Chicago, que está a 14 grados de distancia al occidente,
-con Nueva York y Quebec. Desde Pittsburg parte un canal faldeando los
-montes Alleghanies, que pone en contacto acuático a Filadelfia en
-el Atlántico, con Nueva Orleans en el Golfo de México, describiendo
-una ruta a través del continente, de más de mil leguas. Inútil sería
-detenerse en las líneas de caminos de hierro, que completan en parte
-las de lagos, o se cruzan con ellas, facilitando a cada Estado, a cada
-ciudad y a cada aldea, las comunicaciones baratas, rápidas, diarias,
-fáciles, al alcance de todas las fortunas, apropiadas a todas las
-mercaderías. Tocqueville ha dicho que los caminos de hierro bajaron de
-un cuarto los costos de transporte. Los canales han abolido casi el
-flete, pues apenas es sensible; y, sin embargo, tal es la afluencia de
-productos, que, estas obras, producen al Estado millones de renta anual.
-
-Del aspecto general del país, o de su arquitectura, como distribución
-de los medios de acción puestos por Dios y utilizados y completados
-por el hombre, pasaré sin transición a la aldea, centro de la vida
-política, como la familia lo es de la vida doméstica. Los Estados
-Unidos están en ella con todos sus accidentes, cosa que no puede
-decirse de nación alguna. La aldea francesa o chilena es la negación
-de la Francia o de Chile, y nadie quisiera aceptar ni sus costumbres,
-ni sus vestidos, ni sus ideas, como manifestación de la civilización
-nacional. La aldea norteamericana es ya todo el Estado, con su gobierno
-civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su
-censo, su espíritu y su apariencia. Del seno de un bosque primitivo,
-la diligencia o los vagones salen a un pequeño espacio desmontado
-en cuyo centro se alzan diez o doce casas. Estas son de ladrillo,
-construido con el auxilio de máquinas, lo que da a sus costados la
-tersura de figuras matemáticas, uniéndolos entre sí con argamasa en
-filetes finísimos y rectos. Levántanse aquéllas en dos pisos cubiertas
-de techumbre de madera pintada. Puertas y ventanas pintadas de blanco,
-sujetan y cierran cerraduras de patente; y _stores_ verdes animan
-y varían la regularidad de la distribución. Fíjome en estos detalles
-porque ellos solos bastan para caracterizar un pueblo y suscitan un
-cúmulo de reflexiones. La primera que me ha embargado al presenciar
-tanta ostentación de riqueza y de bienestar, es la que suministra
-la comparación de las fuerzas productivas de las naciones. Chile,
-por ejemplo, y lo que es aplicable a Chile lo es a toda la América
-española, Chile tiene millón y medio de habitantes. ¿En qué proporción
-están las casas, que de tales merezcan el nombre, con las familias
-que lo habitan? Pues en los Estados Unidos todos los hombres viven
-en casas, tales como las que he delineado al principio, rodeados de
-todos los instrumentos más adelantados de la civilización, salvo los
-_pioneers_ que habitan aún los bosques, salvo los transeuntes
-que se albergan en inmensos hoteles. De aquí resulta un fenómeno
-económico que apuntaré ligeramente. Supongo que veinte millones de
-norteamericanos habiten un millón de casas. ¿Cuánto capital invertido
-en satisfacer esta sola necesidad? Fabricantes de ladrillos a la
-mecánica han hecho con sus productos fortunas colosales; fábricas
-de cerrajería de patente venden sus obras por cantidades cien veces
-mayores que en cualquiera otra parte del mundo, para servir a menor
-número de hombres. Las estufas de hierro colado que se aplican al uso
-doméstico en todas las aldeas, bastarían a dar movimiento y ocupación
-a las fábricas de Londres; y el avalúo de las casas que habitan los
-norteamericanos en las aldeas, no diré más pobres, porque el término es
-impropio, equivaldría a la riqueza territorial e inmueble de cualquiera
-de nuestros estados.
-
-La cocina, más o menos espaciosa, según el número de individuos
-de la familia, consta de un aparato económico de hierro fundido,
-formando parte de él un servicio completo de cacerolas y de utensilios
-culinarios, todo obra de alguna fábrica que se ocupa de este ramo.
-En algún departamento interior se guardan arados del autor francés
-que los inventó, y el instrumento de agricultura más poderoso que se
-conoce: su reja abre un surco de media vara de ancho; una cuchilla
-movible va rozando las yerbas, y el menor esfuerzo del labrador la
-aparta del encuentro del tronco de un árbol. Su ligera obra de madera
-está constantemente pintada de colorado, y los arneses de los caballos
-que lo tiran son de obra de talabartería, lustrosa siempre y con
-hebillas amarillas y adornos en bronce para ajustarlos. Las hachas de
-la casa son también de patente y de la construcción más aventajada
-que se conoce; pues el hacha es la trompa del elefante del yankee, su
-mondadientes y su dedo, como entre nosotros el cuchillo, o la navaja
-entre los españoles. Una carretela de cuatro ruedas, ligera como las
-patas de un escarabajo, siempre barnizada y lustrosa como recién sacada
-de la fábrica, con arneses brillantes, completos y tales como no los
-llevan iguales los _fiacres_ de París, facilitan la locomoción de
-los habitantes. Una máquina sirve para desgranar el maíz; otra para
-limpiar el trigo; y cada operación agrícola o doméstica, llama en su
-ayuda el talento inventivo de los fabricantes. El terreno adyacente
-a la casa y que sirve de jardín de horticultura, está separado de la
-calle o camino público por una balaustrada de madera, pintada de blanco
-en toda su extensión y de la forma más artística. No se olvide Vd. que
-estoy describiéndole una pobre aldea que aún no cuenta doce casas,
-rodeada todavía de bosques no descuajados y apartada por centenares
-de leguas de las grandes ciudades. Mi aldea, pues, tiene varios
-establecimientos públicos, alguna fábrica de cerveza, una panadería,
-varios bodegones o figonerías, todos con el anuncio en letras de oro,
-perfectamente ejecutadas por algún fabricante de letras. Este es un
-punto capital. Los anuncios en los Estados Unidos son por toda la Unión
-una obra de arte, y la muestra más inequívoca del adelanto del país.
-Me he divertido en España y en toda la América del Sud, examinando
-aquellos letreros donde los hay, hechos con caracteres raquíticos,
-jorobados y ostentando, en errores de ortografía, la ignorancia supina
-del artesano o aficionado que los formó.
-
-El norteamericano es un literato clásico en materia de anuncios, y una
-letra chueca o gorda, o un error ortográfico expondría al locatario
-a ver desierto su mostrador. Dos hoteles ha de haber por lo menos
-en la aldea para alojamiento de los pasajeros; una imprenta para un
-diario diminuto, un banco y una capilla. La oficina de la posta recibe
-diariamente los periódicos de la vecindad o las grandes ciudades, a que
-están subscriptos los aldeanos; y cartas, paquetes y transeuntes han
-de llegar y salir de ella diariamente; pues el transporte de la mala,
-aún a los puntos más distantes, se hace en vehículos de cuatro ruedas
-y con comodidades para pasajeros. Las calles, que se van delineando
-a medida que la población crece, tienen como las grandes ciudades,
-treinta varas de ancho, inclusas las aceras de seis varas que deben
-quedar de cada costado, sombreadas por líneas de árboles que desde
-luego plantan. El centro de la calle es, mientras no hay medios de
-empedrarlo, un ciénago en que hozan todos los cerdos de la aldea, los
-cuales ocupan tan encumbrado lugar en la economía doméstica, que sus
-productos en toda la Unión corren parejas con los cultivos de trigo.
-
-Y como es regla que según el nido ha de ser el pájaro, diré una palabra
-sobre el villano. Si es bodegonero, almacenero o de otra profesión
-secundaria, su traje diario se compone de las piezas siguientes: botas
-charoladas, pantalón y frac de paño negro, chaleco de raso ídem,
-corbata de gró, un pequeño casquete o gorrita de paño; y pendiente
-de un cordón negro, un chisme de oro que representa un lápiz o una
-llave. En la punta de este cordón y muy sumido en el bolsillo está la
-pieza más curiosa del traje del yankee. Si Vd. quiere estudiar las
-transformaciones que el reloj ha experimentado desde su invención
-hasta nuestros días, pida Vd. la hora a cuanto yankee encuentre. Verá
-Vd. relojes fósiles, relojes mastodontes, relojes fantasmas, relojes
-guarida de sabandijas, relojes de tres pisos, inflados, con puente
-levadizo y escalera secreta, para descender con linterna a darles
-cuerda. El padrón del reloj de Dulcamara, en el _Elixir de Amor_,
-emigró con los primeros puritanos, y sus descendientes gozan del
-derecho de ciudadanía, y están alistados en el partido temible de los
-_nativistas_, que profesan las doctrinas del _americanismo_
-más exaltado. Cada buque que llega de Europa trae centenares de estos
-emigrantes, los cuales, vendidos a la mejor postura en Nueva York,
-Boston, Nueva Orleans, Baltimore, desde el precio de doce reales para
-arriba, proveen a esta demanda nacional y popular de relojes. Tiene
-el yankee una cartera en el bolsillo, y al acostarse en la cama traza
-a la ligera jeroglíficos que indican el camino que tiene trazado a
-sus acciones del día siguiente. No se crea que hay exageración en
-esta común distribución de los medios civilizados a las aldeas como a
-las ciudades, y a los hombres de todas clases. Tomo a la ventura las
-villitas más pequeñas, cuya descripción me cae a la mano. Bennington
-contiene un consistorio, una iglesia, dos academias (colegios), un
-banco y cerca de 300 habitantes.
-
-Norwich, en la orilla derecha del Connecticut, contiene varias
-iglesias, un banco y 700 habitantes.
-
-Haverhill tiene un consistorio, un banco, una iglesia, una academia y
-sesenta casas, etc.
-
-Hacia el Oeste, donde la civilización declina, y en el _Far West_,
-donde casi se extingue, por el desparramo de la población en las
-campañas, el aspecto cambia, sin duda: el bienestar se reduce a lo
-estrictamente necesario, y la casa se convierte en el _log house_,
-construido en veinticuatro horas, de palos superpuestos y cruzándose
-en las esquinas por medio de muescas; pero aún en estas remotas
-plantaciones, hay igualdad perfecta de aspecto en la población, en el
-vestido, en los modales, y aún en la inteligencia; el comerciante,
-el doctor, el _sheriff_, el cultivador, todos tienen el mismo
-aspecto. El campesino es padre de familia, es propietario de doscientos
-acres de tierra o de dos mil, no importa para el caso. Sus instrumentos
-aratorios, sus _engines_, son los mismos, es decir, los mejores
-conocidos; y si acierta a darse en la vecindad un mitin religioso, de
-lo profundo de los bosques, descendiendo de las montañas, asomándose
-por todos los caminos, veráse los campesinos a caballo en grandes
-cabalgatas, con su pantalón y su frac negro, y las niñas con los
-vestidos de los géneros más frescos y las formas más graciosas. A bordo
-de un vapor en una larga navegación, habíame tocado de vez en cuando
-acercarme a un sujeto perfectamente vestido y que se hacía notar por
-el cortés desembarazo de los modales. Una mañana, al acercarnos a una
-ciudad, le ví, no sin sorpresa, sacar de su camarote un caja, templarla
-y comenzar a tocar la llamada, invitando al enganche a los jóvenes del
-lugar. ¡Era tambor! A veces la cadena del reloj caía sobre el parche
-y embarazaba momentáneamente el juego de los palillos. La igualdad
-es, pues, absoluta en las costumbres y en las formas. Los grados de
-civilización o de riqueza no están expresados como entre nosotros por
-cortes especiales de vestido. No hay chaqueta, ni poncho, sino un
-vestido común y hasta una rudeza común de modales que mantiene las
-apariencias de igualdad en la educación.
-
-Pero aún no es esta la parte más característica de aquel pueblo: es su
-aptitud para apropiarse, generalizar, _vulgarizar_, conservar y
-perfeccionar todos los usos, instrumentos, procederes y auxilios que la
-más adelantada civilización ha puesto en manos de los hombres. En esto
-los Estados Unidos son únicos en la tierra. No hay rutina invencible
-que demore por siglos la adopción de una mejora conocida; hay por el
-contrario una predisposición a adoptar todo. El anuncio hecho por un
-diario de una modificación en el arado, por ejemplo, lo transcriben
-en un día todos los periódicos de la Unión. Al día siguiente se habla
-de ello en todas las plantaciones, y los herreros y fabricantes han
-ensayado en doscientos puntos de la Unión esta práctica. Id a hacer o a
-esperar cosa semejante en un siglo en España, Francia o nuestra América.
-
-El diccionario de Salvá, porque el de la Academia no hace fe hoy, dice,
-definiendo la palabra _civilización_, que es “aquel grado de
-cultura que adquieren pueblos y personas, cuando de la rudeza natural
-pasan al primor, elegancia y dulzura de voces y costumbres propio de
-gente culta”. Yo llamaría a esto _civilidad_; pues, las voces
-muy relamidas, ni las costumbres en extremo muelles, representan la
-perfección moral y física, ni las fuerzas que el hombre civilizado
-desarrolla para someter a su uso la naturaleza.
-
-Después de las aldeas de los Estados Unidos, llama de preferencia
-la atención del viajero el movimiento de los caminos que las unen
-entre sí, ya sean carriles, macadamizados, ferrocarriles o ríos
-navegables. Si Dios llamara repentinamente a cuentas al mundo,
-sorprendería en marcha, como a las hormigas, a los dos tercios de
-la población norteamericana, de donde resulta lo mismo que he dicho
-de los edificios; pues viajando todos, no hay empresa imposible ni
-improductiva en materia de viabilidad. Ciento veinte leguas de camino
-de hierro se hacen en veinticuatro horas desde Albany hasta Buffalo
-por doce pesos; y por quince, inclusas cuatro opíparas y suculentas
-comidas diarias, dos mil doscientas millas de navegación de vapor en
-diez días, desde Cincinnati hasta Nueva Orleans, por los ríos Ohio o
-Mississippi. El vapor o el convoy del ferrocarril atraviesa bosques
-primitivos, entre cuyas enramadas, obscuras y solitarias, teme el
-viajero meditabundo ver aparecer el último resto de las tribus salvajes
-que no hace diez años llamaban a aquellos parajes las cacerías de sus
-padres.
-
-La concurrencia de los pasajeros permite la baratura del pasaje; y
-la baratura del pasaje tienta a viajar a los que no tienen objeto
-preciso para ello; el yankee sale de su casa a respirar un poco de
-aire, a tomar un paseo, y hace de ida y vuelta cincuenta leguas en un
-vapor o un convoy, y vuelve a continuar sus ocupaciones. Cuando el
-ojo certero de la industria descubre un trayecto de ferrocarril, una
-asociación lo abre lo suficiente para indicar la vía; de los árboles
-volteados se hacen las líneas del futuro ferrocarril, poniéndoles
-sobrepuestas planchuelas delgadas de hierro. El convoy se lanza con
-tiento al principio, equilibrándose, aquí caigo, allí levanto sobre
-esta peligrosa vía; los pasajeros llueven de todas partes y con los
-productos que dejan, se construye entonces el verdadero camino, nunca
-seguro, por no hacerlo costoso, lo que no aumenta en mucho el número de
-desgracias. El convoy es siempre cómodo, espacioso, y si los cojines
-no son tan muelles como los de la primera clase en Francia, no son
-tampoco tan estúpidamente duros como los de segunda en Inglaterra;
-pues en los Estados Unidos, no habiendo sino una clase en la sociedad,
-la cual la forma _el hombre_, no hay tres y aún cuatro clases
-de vagones, como sucede en Europa. Pero, donde el lujo y la grandeza
-norteamericanas se ostentan sin rival en la tierra, es en los vapores
-de los ríos del norte. Cloacas o cáscaras de nuez parecerían a su lado
-los que navegan en el Mediterráneo. Son palacios flotantes de tres
-pisos, con galerías y azoteas para pasearse. Brilla el oro en los
-capiteles y arquitrabes de las mil columnas que, como en el _Isaac
-Newton_, flanquean cámaras monstruos, capaces de contener en su seno
-al senado y cámara de diputados. Colgaduras de damasco artísticamente
-prendidas disimulan los camarotes para quinientos pasajeros, comedores
-colosos con mesa sin fin de caoba bruñida y servicio de porcelana y
-plata para mil comensales. Puede este buque recibir dos mil pasajeros;
-tiene 750 lechos, 200 camarotes independientes; mide 341 pies de largo,
-85 de ancho, y carga además 1.450 toneladas.
-
-El vapor _Hendrick_ mide 341 pies de largo y 72 de ancho; tiene
-150 camarotes independientes; 600 lechos con colchones de pluma, dando
-_accommodations_ en general para dos mil pasajeros, todo por un
-dólar, corriendo la distancia de 144 millas. Un habitante de Nueva York
-va a Troya o Albany en la noche; habla por la mañana del día siguiente
-con su corresponsal, y en la tarde está en Nueva York de regreso, a
-vacar de las ocupaciones del día, habiendo hecho en la interrupción
-de diez o doce horas de tiempo hábil, cien leguas de camino. El
-sudamericano que acaba de desembarcar de Europa, donde se ha extasiado
-admirando los progresos de la industria y el poder del hombre, se
-pregunta atónito al ver aquellas colosales construcciones americanas,
-aquellas facilidades de locomoción, si realmente la Europa está a la
-cabeza de la civilización del mundo. Marinos franceses, ingleses y
-sardos, he visto expresar sin disimulo su asombro de encontrarse tan
-pequeños, tan atrás de este pueblo gigantesco.
-
-Hay en aquellos buques del Hudson un _sancta sanctorum_, en cuyo
-recinto no penetra el ojo del profano, una morada misteriosa, de
-cuyas delicias puede cuando más tenerse sospechas por las bocanadas
-de perfumes que se escapan al abrirse momentáneamente la puerta.
-Los norteamericanos se han creado costumbres que no tienen ejemplo
-ni antecedentes en la tierra. La mujer soltera, o el _hombre de
-sexo femenino_, es libre como las mariposas hasta el momento de
-encerrarse en el capullo doméstico para llenar con el matrimonio sus
-funciones sociales. Antes de esta época viaja sola, vaga por las calles
-de las ciudades y mantiene amoríos castos a la par que desenvueltos
-a la luz del público, bajo el ojo indiferente de sus padres. Recibe
-visitas de personas que no se han presentado a la familia, y a las dos
-de la mañana vuelve de un baile a su casa acompañada por aquel con
-quien ha valseado o polkeado exclusivamente toda la noche. Los buenos
-puritanos de sus padres la hacen bromas a veces con el tal, de cuyos
-amores han sido instruídos por la voz pública, y la taimada se complace
-en derrotar las conjeturas, desmintiendo la evidencia.
-
-Después de dos o tres años de _flirtear_, este es el verbo
-norteamericano, bailes, paseos, viajes y coqueterías, la niña de la
-historia, en el almuerzo y como quién no quiere la cosa, pregunta a
-sus padres si conocen a un joven alto, rubio, maquinista de profesión,
-que suele venir a verla, de vez en cuando, todos los días. Hacía un
-año que estaban esperando esta introducción. El desenlace es que hay
-en la familia un enlace convenido, de que se da parte a los padres
-la víspera, los cuales ya lo sabían por todas las comadres de la
-vecindad. Celebrado el desposorio, los novios toman en el acto el
-próximo camino de hierro, y salen a ostentar su felicidad por bosques,
-villas, ciudades y hoteles. En los vagones se las ve siempre a estas
-encantadoras parejas de jóvenes de veinte años, abrazados, reposándose
-el uno en el seno del otro, y prodigándose caricias tan expresivas que
-edifican a todos los circunstantes, haciéndoles formar el propósito
-de casarse inmediatamente, aún a los más contumaces solterones. No
-puede hacerse en términos más insinuantes que esta exposición al aire
-libre de las embriagueces matrimoniales, la propaganda del casamiento.
-Debido a esto es que el yankee no llega nunca a la edad de veinte
-y cinco años sin tener ya una familia numerosa; y yo no me explico
-de otro modo la asombrosa propagación de la especie en aquel suelo
-afortunado. En 1790 la población constaba de cerca de cuatro millones;
-1800, cinco millones; 1810, siete millones; 1820, nueve millones; 1830,
-doce millones; 1840, diez y siete millones; 1850, contará veinte y tres
-millones. La inmigración influye en estas cifras; pero en proporciones
-limitadas. El inmigrante no es un animal prolífico, hasta que ha
-recibido el baño yankee.
-
-Volviendo, pues, a los millares de novios que andan enardeciendo y
-vivificando la atmósfera con sus hálitos de primavera, los vapores del
-Hudson y de otros ríos clásicos les tienen preparados departamentos
-_ad hoc_. ¡Llámase este recinto la _cámara de la novia_!
-Vidrios de colores esmaltados imprimen a la discreta luz que penetra
-en ella, todos los suaves colores del iris; lámparas rosadas arden
-por la noche; y de noche y de día el perfume de las flores, las aguas
-odoríferas y los aromas que se queman aguzan la sed de placer que
-consume a sus escogidos moradores. Las fábricas de París no han creado
-damascos ni muselinas suficientemente costosas, para envolver entre sus
-sueltos pliegues y bajo techumbres doradas las legítimas saturnales
-de la _cámara de la novia_. Después de haber visto la cascada
-del Niágara, bañándose en las fuentes termales de Saratoga, pasado
-en revista cien ciudades y recorrido mil leguas de país, los novios
-vuelven, después de quince días, extenuados, maravillados y contentos,
-a aburrirse santamente en el hogar doméstico. La mujer ha dicho adiós
-para siempre al mundo, de cuyos placeres gozó tanto tiempo con entera
-libertad; a las selvas frescas de verdura, testigos de sus amores, a
-la cascada, a los caminos y a los ríos. En adelante, el cerrado asilo
-doméstico es su penitencia perpetua; el _roastbeef_ su acusador
-eterno; el hormigueo de chiquillos rubios y retozones, su torcedor
-continuo; y un marido incivil, aunque _good natured_, sudón de día
-y roncador de noche, su cómplice y su fantasma. Atribuyo a aquellos
-amores ambulantes en que termina el _flirteo_ americano, la
-manía de viajar que distingue al yankee, de quien puede decirse que
-nace viajero. El furor de viajar crece en proporciones espantosas año
-por año. Los productos de todas las obras públicas, ferrocarriles,
-puentes y canales en los diversos estados, en 1844, comparados con
-los de 1843, mostraron un aumento de cuatro millones de dóllars; lo
-que hizo subir en solo aquel año de ochenta millones el valor de los
-trabajos, computando el rédito al cinco por ciento. Sabe de memoria
-todas las distancias, y a la vista de una ciudad, en los vagones o en
-los vapores, hay un movimiento general de echar mano a la faltriquera,
-desdoblar el mapa topográfico de los alrededores y señalar con el dedo
-el punto de la cuestión. Una sola casa de Nueva York ha vendido en diez
-años millón y medio de atlas y mapas para el uso popular. Es seguro
-que en París no hay ninguna que haya hecho emisión igual para proveer
-al mundo entero. Cada estado tiene su carta geológica, que muestra la
-composición del suelo y los elementos explotables que contiene; cada
-condado su carta topográfica en diez ediciones diversas de todos los
-tamaños y de todos los precios. Apenas se tiró el primer cañonazo en
-la frontera mejicana, la Unión fué inundada por millones de mapas de
-Méjico, en los cuales el yankee traza los movimientos del ejército,
-da batallas, avanza, toma a la capital y se estaciona allí, hasta que
-las nuevas noticias venidas por el telégrafo, lo orientan sobre la
-verdadera posición de los ejércitos, para hacerlos marchar de nuevo,
-con el dedo puesto en el mapa y a fuerza de conjeturas y cálculos,
-lo pone _a la hora de ésta_ dentro de la ciudad de Méjico. Los
-mejicanos pueden ir a recibir lecciones de los leñadores yankees sobre
-la topografía, producciones y ventajas del país que sin conocer habitan.
-
-Pero continuemos un poco describiendo la fisonomía de los caminos. En
-los lagos y en otros ríos de mayor longitud que el Hudson, los vapores
-se acercan a los barrancos en puntos determinados, para renovar su
-provisión de leña, operación que se hace en menos tiempo que el cambio
-de mulas en las postas españolas o la renovación de pasajeros. Del
-centro de un bosque secular y por sendas apenas practicables, vese
-salir una familia de señoras en _toilette_ de baile, acompañadas
-por caballeros vestidos del eterno frac negro, variado a veces por un
-paletó, y cuando más un anciano con _surtú_ de terciopelo a la
-puritana; cabellos blancos y largos hasta los hombros, a lo Franklin,
-y sombrero redondo de copa baja. El carruaje que los conduce es de la
-misma construcción y tan esmeradamente barnizado como los que circulan
-en las calles de Washington. Los caballos con arneses relucientes,
-pertenecen a la raza inglesa, que no ha perdido nada de su esbelta
-belleza ni de su árabe conformación al emigrar al nuevo mundo; porque
-el norteamericano, lejos de barbarizar como nosotros los elementos que
-nos entregó al instalarnos colonos la civilización europea, trabaja por
-perfeccionarlos más aún y hacerles dar un nuevo paso. El espectáculo
-de esta _decencia_ uniforme, y de aquel bienestar general, si
-bien satisface el corazón de los que gozan en contemplar a una porción
-de la especie humana, dueña en proporciones comunes a todos, de los
-goces y las ventajas de la asociación, cansa, al fin, la vista por su
-monótona uniformidad; desluciendo el cuadro, a veces, la aparición de
-un campesino con vestidos desordenados, levita descolorida y sucia, o
-frac hecho harapos, lo que trae a la memoria del viajero el recuerdo
-de los mendigos españoles o sudamericanos, de tan ingrata apariencia.
-No hermosean el paisaje, por ejemplo, aquellos trajes romanescos de la
-campiña de Nápoles; el sombrero con pluma empinada de las aguadoras
-de Venecia; la mantilla de las manolas sevillanas; ni las vestiduras
-recamadas de oro de las judías de Argel u Orán. ¡La Francia misma, que
-manda a todos los pueblos el despótico decreto de sus modas, entretiene
-al viajero con las cofias de las mujeres de campaña, invariables y
-características en cada provincia, llegando en las inmediaciones de
-Burdeos a asumir la aterrante altura de dos tercios de vara sobre la
-cabeza, como aquellas peinetas formadas de la concha de un galápago
-entero, que llenas de orgullo llevaron en un tiempo las damas de Buenos
-Aires; analogía que unida a los pabellones y espuelas chilenos, me ha
-hecho sospechar que el espíritu de provincia, de aldea, es por todas
-partes fecundo en cosas abultadas!
-
-Una paisanota de los Estados Unidos se conoce apenas por lo sonrosado
-de sus mejillas, su cara redonda y regordeta y el sonreir candoroso y
-_hébété_ que la distingue de las gentes de las ciudades. Fuera de
-esto y un poco de peor gusto y menos desenfado para llevar la cachemira
-o la manteleta, las mujeres norteamericanas pertenecen todas a una
-misma clase, con tipos de fisonomía que por lo general honran a la
-especie humana.
-
-En este viaje que con usted, mi buen amigo, ando haciendo por todas
-partes en los Estados Unidos, ya sea que nos paseemos en las galerías
-o sobre la cubierta de los vapores, ya sea que prefiramos el más
-sedentario vehículo de los ferrocarriles, al fin hemos de llegar, no
-diré a las puertas de una ciudad, frase europea y que está indicando
-las prisiones de que están circundadas, sino al desembarcadero, desde
-donde, con trescientos pasajeros más, iremos a _acuartelarnos_
-en uno de los magníficos hoteles cuyas carrozas con cuatro caballos
-y domésticos elegantes, si no queremos seguir a pie la procesión con
-nuestro saco de viaje bajo el brazo, nos aguardan a la puerta. Al
-acercarse el vapor en que descendía el Mississipí, volviendo una de las
-semicirculares curvas que describe aquella inmensa cuanto quieta mole
-de agua, nos señalaron en el horizonte, dominando masas escalonadas de
-bosques matizados por el otoño y a cuya base se extienden en líneas
-de esmeralda las dilatadas plantaciones de azúcar, la cúpula de San
-Carlos, consoladora muestra, después de 700 leguas de agua y bosque,
-de la proximidad de Nueva Orleáns; y aunque el aspecto del paisaje
-circunvecino no favorece la comparación, la vista de aquella lejana
-cúpula me trajo a la memoria la de San Pedro en Roma, que se divisa
-desde todos los puntos del horizonte como si ella sola existiese allí;
-mostrándose tan colosal a veinte leguas, como no se la cree cuando es
-considerada de cerca. Por fin, iba a ver en los Estados Unidos una
-basílica de arquitectura clásica y de dimensiones dignas del culto.
-Alguien nos preguntó si teníamos hotel para nuestro alojamiento,
-indicándonos el de San Carlos, como el más bien servido. Desde la
-cúpula, añadió, podrán ustedes tener al salir el sol el panorama más
-vasto de la ciudad, el río, el lago y las vecinas campiñas. El San
-Carlos que alzaba su erguida cabeza sobre las colinas y bosques de los
-alrededores, el San Carlos que me había traído la reminiscencia de San
-Pedro en Roma, ¡no era más que una fonda!
-
-He aquí el pueblo rey que se construye palacios para reposar la cabeza
-una noche bajo sus bóvedas; he aquí el culto tributado al hombre, en
-cuanto hombre, y los prodigios del arte empleados, prodigados para
-glorificar a las masas populares. Nerón tuvo su Domus Aurea; ¡entre los
-romanos, los plebeyos tenían sus catacumbas tan sólo para abrigarse!
-
-Nuestra admiración en nada disminuyó al acercarnos a la base del
-soberbio palacio que envidiaran muchos príncipes europeos, y que
-en los Estados Unidos, a excepción del Capitolio de Wáshington,
-monumento alguno civil o religioso le es superior en dimensiones y
-buen gusto. Sobre una subconstrucción de granito, destinada a bodegas
-y almacenes, se alza un basamento de mármol blanco, que sirve de base
-a doce columnas estriadas de orden compósito, y seis de las cuales,
-avanzándose sobre el plan general, sostienen un bellísimo frontón. El
-lienzo de las murallas que a ambos lados continúan el frontispicio,
-contiene entre la altura correspondiente a la que media entre el
-basamento y el arquitrabe de las columnas, cuatro órdenes de pisos,
-conservando, sin embargo, sus ventanas proporciones arquitectónicas.
-Debajo del pórtico formado por el frontón está la estatua de Wáshington
-jupiterino, que guarda la entrada, la cual conduce a una espaciosa
-rotonda, pavimentada de mármol, y que corresponde a la gran cúpula que
-reposa sobre ella. En este espacioso recinto están distribuídas mesas
-recargadas de colecciones de periódicos de toda la Unión y los de
-Europa de quince días anteriores.
-
-Las oficinas de la contaduría de la casa ocupan el frente; escalas
-soberbias se enroscan en el aire sobre sí mismas cual serpientes de
-bronce, para dar ascenso en todas direcciones a las habitaciones
-superiores, hasta la misma cúpula, rodeada de una galería de columnas
-corintias, en que termina el monumento. Profusa y ordenada turba de
-sirvientes están prontos a obedecer la menor indicación del viajero; y
-una chimenea que puede contener una tonelada de carbón de piedra, le
-entretiene y conforta en el invierno, mientras se registra su nombre
-en el gran libro, siempre abierto para este fin, y se le señalan
-habitaciones a donde transportar su equipaje. Una iluminación de gas
-poderosa distribuye por mil picos esparcidos en todo el ámbito del
-edificio torrentes de luz solar. A la izquierda se extiende hacia el
-fondo de la construcción el comedor, rodeado de columnas, alumbrado
-por arañas colosales de bronce, y suficientemente ancho para contener
-tres mesas de caoba que corren paralelas a lo largo del salón una
-distancia de algo menos de media cuadra. Setecientos comensales
-se reunen en torno de estas mesas en el invierno, época de mayor
-actividad y concurrencia en Nueva Orleans. El interior del edificio
-corresponde en lujo a estas colosales exterioridades. Mi compañero de
-viaje, dominado por ideas sociales de un orden superior, se había en
-conversaciones anteriores, mostrado punto menos que indiferente sobre
-las ventajas de este o el otro sistema de gobierno. Pero, al recorrer
-las calles internas que dan comunicación a centenares de habitaciones,
-decoradas éstas con todas las gradaciones de lujo que pueden exigir
-la condición diversa de los huéspedes, y que según él, se extendían a
-distancias fabulosas, estoy convertido, me decía, por la intercesión
-de San Carlos; ahora creo en la república, creo en la democracia,
-creo en todo; perdono a los puritanos, aun aquel que comía salsa de
-tomate crudo con la punta del cuchillo y antes de la sopa. ¡Todo debe
-perdonársele, sin embargo, al pueblo que levanta monumentos a la sala
-de comer, y corona con una cúpula como ésta la cocina!
-
-El San Carlos, no obstante ser el San Pedro de los hoteles, no es por
-eso ni el más espacioso ni el más sólido de los palacios populares,
-si bien ha costado 700.000 duros su construcción. Cada gran ciudad de
-los Estados Unidos se envanece de poseer dos o tres hoteles monstruos,
-que luchan entre sí en lujo y _comfort_, menudeando al pueblo a
-precios ínfimos. El _Astor-Hotel_ en Nueva York es una soberbia
-construcción en granito que ocupa con su mole un costado de la plaza
-de Wáshington; y en ninguno de los templos que abundan en aquella
-ciudad se han invertido mayores sumas. Después que he visitado los
-Estados Unidos, y visto los resultados obtenidos allí espontáneamente,
-me he formado una rara preocupación, y es que para saber si una
-máquina, un invento, o una doctrina social es útil y de aplicación o
-desenvolvimiento futuro, se ha de poner a prueba en la piedra de toque
-de la espontánea aplicación de los yankees. Los hoteles hacen hoy un
-papel primordial en la vida doméstica de las naciones. Los pueblos
-estacionarios, como la España y sus derivados, no necesitan hotel,
-bástales el hogar doméstico; en los pueblos activos, con vida actual,
-con porvenir, el hotel estará más arriba que toda otra construcción
-pública. Hace cien años el hotel se conocía apenas en París, y no lo
-era en todo el resto de la Europa. Hace 40 años que Fourier basaba su
-teoría social en cuanto a habitaciones, en el falansterio, o el hotel,
-capaz de contener dos mil personas, proporcionándoles comodidades
-que no puede obtener la familia aislada en el hogar doméstico. La
-prueba de que Fourier no andaba errado, es el hotel norteamericano,
-que siguiendo la simple impulsión de conveniencia, ha tomado ya la
-forma monumental y dimensiones punto menos que falansterianas. Las
-iglesias cristianas subdivididas en sectas en los Estados Unidos, de
-catedrales que eran antes, han descendido a capillas. Las flechas
-del templo bajan a medida que las creencias se subdividen, mientras
-que el hotel hereda la cúpula del tabernáculo antiguo, y toma las
-formas de las termas de los emperadores, donde la importancia del
-individuo ha llegado a la altura de la democracia norteamericana. La
-arquitectura religiosa continúa secándose y marchitándose, al paso
-que la arquitectura popular improvisa en todos los Estados Unidos,
-formas, dimensiones y ordenanzas que acabarán por serle peculiares.
-El banco americano es una construcción sólida como la caja de hierro,
-con frontis jónico, y si no es jónica la construcción, es egipcia.
-¿Por qué caen los yankees en estos órdenes tan macizos, para encerrar
-la caja de hierro? Sobre todos los monumentos americanos se alza un
-pararrayos; y domina ya el uso arquitectónico de poner en la cúspide de
-las cúpulas, a guisa de pináculo, la estatua de Franklin, sosteniendo
-el pararrayos. ¡Ya tenemos, pues, un Mercurio, encargado de guardar
-el asilo doméstico, o una Santa Bárbara abogada contra rayos! Si los
-americanos no han creado, pues, un orden de arquitectura, tendrán,
-por lo menos, aplicaciones nacionales, carácter y forma sugeridos
-por las instituciones políticas y sociales, como ha sucedido con
-todas las arquitecturas que nos ha legado la antigüedad. Una rara
-confusión reina hoy en Europa sobre la aplicación de las bellas
-artes. El restablecimiento y reparación de las catedrales góticas, ha
-seguido al movimiento de la literatura llamada romántica. El panteón
-creado por la República francesa ha quedado acéfalo, como si esperara
-aún tiempos mejores para llenar su objeto. El templo de la gloria
-edificado por Napoleón, la construcción más griega, más olímpica que
-vieron nunca romanos o franceses, es hoy el templo de la Magdalena,
-cuya arquitectura risueña y plácida parece burlarse de las lágrimas
-de la arrepentida Loreta de Jerusalén; y las imágenes de la virgen y
-de los santos han ido a confundirse en los museos, y tenerse hombro
-con hombro con las estatuas de los dioses paganos, o las desnudeces
-de la pintura profana, en Roma, Londres, Dresde, o Florencia. En los
-Estados Unidos las formas exteriores se apropian a los objetos del
-culto, perdóneme la expresión. El Banco en jónico; el hotel en corintio
-a veces, y monumental siempre, y el inventor del pararrayos tiene ya
-su puesto elevado y su función arquitectónica, y hasta el piñón de la
-arquitectura romana ha sido prolongado, para hacer de él la imagen de
-la mazorca de maíz, símbolo de la agricultura americana.
-
-En cuanto a la distribución interior del grande hotel, nada de más
-normal que la ordenanza común a todos estos establecimientos. A la
-entrada un pórtico, que contiene las oficinas de administración. Un
-registro en que el huésped entrante inscribe su nombre, y a cuyo
-margen el oficinista anota el número 560, o 227, que es el de la
-cámara que se le destina, y cuya campanilla, como todas las de la
-casa, cae en cerradas hileras a la misma oficina. En el vestíbulo
-están fijados todos los carteles de la ciudad para conocimientos del
-viajero. La representación teatral, el _meeting_, el sermón
-del día, los vapores que parten, el movimiento de los caminos de
-hierro, etc. En un salón inmediato está el gabinete de lectura que
-contiene los principales diarios de la Unión y las últimas fechas de
-Europa. Un salón de fumar, y cuatro o cinco salas de conversación y
-de recibo, completan por esta parte las comodidades públicas de la
-casa. Baños termales están a toda hora a disposición de los huéspedes.
-Las señoras tienen igualmente sus salones de recibo y de tertulia,
-decorados con gracia y lujo. Dos o tres pianos entran en el material
-de estos establecimientos. A las 7 y media de la mañana la vibración
-insoportable del _hong-hong_ chino, recorriendo todas las galerías de
-comunicación, avisa a los habitantes que es llegada la hora de ponerse
-de pie. A las ocho nuevo y más prolongado rumor anuncia estar el
-almuerzo servido. La turbamulta de los conventuales acude, se precipita
-de cada una de las avenidas, hacia la entrada del inmenso refectorio.
-Aquí principia a mostrarse la vida de este pueblo tan serio cuando
-ríe como cuando come. Donde todos los hombres son iguales al último
-individuo de la sociedad, no hay protección para el débil, por la
-misma razón que no hay jerarquías que separen a los poderosos. ¡Ay
-de las mujeres en este acto solemne de la soberanía popular! si los
-reglamentos provisorios del hotel no viniesen en su ayuda:
-
-“Art. 1.º Nadie podrá sentarse a la mesa común, hasta que las damas,
-con sus consortes, o deudos, hayan ocupado la cabecera y costados
-contiguos de la mesa.
-
-“Art. 2.º Se suplica al público que no fume ni masque tabaco en la mesa.
-
-“Art. 3.º A un golpe de campanilla los varones se sentarán en los
-asientos que quedaren.”
-
-Sobreentendidas estas disposiciones, el pueblo gastrónomo se alinea
-detrás de los asientos, con ambas manos puestas sobre el espaldar
-de la silla, y por derecha e izquierda vista al sirviente que ha de
-administrar el apetecido companillazo. Toma este el sonoro instrumento
-en mano, y la noble línea se conmueve; al menor movimiento indicativo
-de la campana, los cuerpos describen ondulaciones como las espigas de
-trigo al más ligero soplo de la brisa. Alzase la campanilla en actitud
-de sonar, y una descarga cerrada de sillas removidas con estrépito
-acompaña, si no precede al retintín chillón del cobre agitado, e
-instantáneamente un fuego graneado de platos, cuchillos y tenedores
-que se chocan entre sí, se prolonga durante cinco minutos, pudiendo
-por el rumor tempestuoso que se difunde por el aire, saberse a media
-legua a la redonda que se come en un hotel. Imposible seguir con la
-vista las evoluciones que se suceden en aquella batahola, no obstante
-la actividad y destreza de cincuenta domésticos, que tratan de dar
-cierto orden acompasado al destapar de las viandas, o al verter té o
-café. El norteamericano tiene destinados dos minutos para almorzar,
-cinco para comer, diez para fumar o mascar tabaco, y todos los momentos
-desocupados para echar una ojeada sobre el diario que usted está
-leyendo, único diario que le interesa puesto que otro está ya ocupado
-de él.
-
-Almuerzo, _lunch_ a las once, comida, y el té, son las cuatro
-colaciones de ordenanza de aquellas comunidades que se renuevan todos
-los días, sin que la regla estorbe el que se administre el almuerzo
-a las cinco de la mañana para los que han de partir en un vapor o
-convoy matinal, ni falte nunca una refacción servida para todos los
-que llegan, no importa la hora del día o de la noche. Y luego, ¡qué
-incongruencias! ¡qué incestos! ¡y qué promiscuaciones en los manjares!
-El yankee _pur sang_, se sirve en un mismo plato, conjunta o
-sucesivamente, todas las viandas, postres y frutas. ¡Hemos visto a uno
-del _Far-West_, país de dudosa situación, como el Ophir de los
-fenicios, principiar la comida por salsa de tomates frescos, tomada en
-cantidad enorme, sola y con la punta del cuchillo! ¡Patatas dulces con
-vinagre! Estábamos helados de horror, y mi compañero de viaje lleno de
-gastronómica indignación al ver estas abominaciones: y no llueve fuego
-del cielo, exclamaba: los pecados de Sodoma y Gomorra debieron ser
-menores que los que cometen a cada paso estos puritanos!
-
-En los salones de lectura, cuatro o cinco moscones se le apoyarán
-pesadamente en los hombros para leer el mismo trozo de la letra
-menudísima que está usted leyendo. Si baja usted una escala, o quiere
-introducirse por una puerta, por poca que sea la concurrencia,
-el que se suceda lo empujará por apoyarse en algo. Si fuma usted
-tranquilamente su cigarro, un pasante se lo sacará de la boca para
-encender el suyo, y si usted no anda listo para recibirlo, se encargará
-él en persona de metérselo de nuevo en la boca. Si tiene usted un
-libro en las manos, con tal que lo cierre un poco para mirar hacia
-otra parte, su vecino se apoderará de él para leerse dos capítulos
-de seguida. Si los botones de su paletó tienen relieve de cabezas de
-venado, caballos o javalíes, cuantos lo noten vendrán a recorrerlos
-uno a uno, haciendo girar la persona de usted de derecha a izquierda,
-de izquierda a derecha, para mejor inspeccionar el museo ambulante.
-Ultimamente, si usted lleva barba completa en los países del Norte, lo
-cual indica que es usted francés o polaco, a cada paso se encuentra
-encerrado en medio de un círculo de hombres que lo contemplan con
-curiosidad infantil, llamando a sus amigos o conocidos para que
-satisfagan de cuerpo presente su novedosa curiosidad.
-
-Todas estas libertades, bien entendido, puede usted tomárselas con los
-otros a su vez, sin que nadie reclame de ello ni dé el menor síntoma
-de serle desagradable. Pero, donde el genio y los instintos nacionales
-brillan en su verdadera luz, es en las actitudes yankees en sociedad.
-Esto merece algunas explicaciones. En un pueblo que como éste avanza
-cien leguas de frontera por año, se improvisa un estado en seis meses,
-se transporta de un extremo a otro de la Unión en algunas horas, y
-emigra al Oregon, deben gozar de tan alta estima los pies, como la
-cabeza entre los que piensan, o el pecho entre los que cantan. En Norte
-América verá usted muestras a cada paso del culto religioso que la
-nación tributa a sus nobles y dignos instrumentos de riqueza: los pies.
-Conversando con usted el yankee de educación esmerada, levantará él un
-pie a la altura de la rodilla, sacarále el zapato para acariciarlo, y
-oir las quejas que contra el excesivo servicio puedan poner los dedos.
-Cuatro individuos sentados en torno de una mesa de mármol pondrán
-infaliblemente sus ocho pies sobre ella, a no ser que puedan procurarse
-un asiento forrado en terciopelo, que en cuanto a blandura prefieren
-los yankees el mármol. En el Fremonthotel, de Boston, he visto siete
-dandies yankees en discusión amigable, sentados como sigue: dos con
-los pies sobre la mesa; uno con los dichos sobre el cojín de una silla
-adyacente; otro con una pierna pasada sobre el brazo de la silla
-propia; otro con ambos talones apoyados en el borde del cojín de su
-propia silla, de manera de apoyar la barba entre las dos rodillas; otro
-abrazando o empiernando el espaldar de la silla, de la misma manera que
-nosotros solemos apoyar el brazo. Esta postura imposible para los otros
-pueblos del mundo, la he ensayado sin éxito, y se la recomiendo a usted
-para administrarse unos calambres en castigo de alguna indiscreción;
-otro, en fin, si no están ya los siete, en alguna otra posición
-absurda. No recuerdo si he visto norteamericanos sentados en la espalda
-de silla con los pies en el cojín: de lo que estoy seguro es que nunca
-vi uno que se preciase de cortés en la postura natural. El estar
-acostados es el fuerte de la elegancia, y los entendidos reservan este
-rasgo de buen gusto para cuando hay damas, o cuando un locófoco oye un
-_speech whig_. El secretario de la legación chilena, al llegar a
-Wáshington, tuvo necesidad de hablar a un diputado. Acude al Capitolio,
-se informa de su asiento durante la sesión, llega, al fin, hasta el
-punto donde Mr. N. roncaba profundamente acostado en su asiento con las
-piernas extendidas sobre el asiento de su vecino. Hubo de despertarlo,
-y una vez entendido sobre el asunto que lo traía, se acomodó del otro
-lado, esperando, sin duda, que concluyese el interminable discurso
-de algún orador de opinión contraria. Los americanos, en política y
-religión, profesan el admirable y conciliante principio de que no debe
-discutirse sino con los que son de su propia secta u opinión. Este
-sistema se funda en el pleno conocimiento de la naturaleza humana. El
-orador yankee se esfuerza en confirmar a los suyos en sus creencias,
-más bien que en persuadir a los contrarios, que duermen en el entre
-tanto, o piensan en sus negocios. La conclusión de todo esto es que los
-yankees son los animalitos más inciviles que llevan fraque o paletó
-debajo del sol. Así lo han declarado jueces tan competentes, como el
-capitán Marryat, Miss Trolop y otros viajeros; bien es verdad que si
-en Francia, y en Inglaterra, los carboneros, leñadores y fogoneros se
-sentasen a la misma mesa, con los artistas, diputados, banqueros y
-propietarios, como sucede en los Estados Unidos, otra opinión formarían
-los europeos de su propia cultura. En los países cultos, los buenos
-modales tienen su límite natural. El lord inglés es incivil por orgullo
-y por desprecio a sus inferiores, mientras que la gran mayoría lo es
-por brutalidad e ignorancia. En los Estados Unidos la civilización se
-ejerce sobre una masa tan grande, que la depuración se hace lentamente,
-reaccionando la influencia de la masa grosera sobre el individuo,
-y forzándole a adoptar los hábitos de la mayoría, y creando, al
-fin, una especie de gusto nacional que se convierte en orgullo y en
-preocupación. Los europeos se burlan de estos hábitos de rudeza, más
-aparente que real, y los yankees, por espíritu de contradicción, se
-obstinan en ellos, y pretenden ponerlos bajo la égida de la libertad
-y del espíritu americano. Sin favorecer estos hábitos, ni empeñarme
-en disculparlos, después de haber recorrido las primeras naciones
-del mundo cristiano, estoy convencido de que los norteamericanos son
-el único pueblo culto que existe en la tierra, el último resultado
-obtenido de la civilización moderna.
-
-Los americanos en masa llevan reloj, en Francia no lo usa un décimo de
-la nación. Los americanos en masa visten fraque y los otros vestidos
-complementarios, aseados y de buena calidad. En Francia viste blusa de
-anquín los cuatro quintos de la nación.
-
-Usan los yankees, en masa, cocinas económicas, arado Durand y coche.
-Habitan casas cómodas, aseadas. El jornalero gana un duro al día.
-Tienen caminos de hierro, canales artificiales y ríos navegables, en
-mayor número y recorriendo mayores distancias que toda Europa junta.
-La estadística comparativa de los caminos de hierro era como sigue: En
-1845: Inglaterra, 1800 millas; Alemania, 1339; Francia, 560; Estados
-Unidos, 4000; lo que equivale a 86 millas en Inglaterra por cada millón
-de habitantes; 16 en Francia, 222 en los Estados Unidos. Sus líneas
-de telégrafos eléctricos están hoy, únicas en el mundo, puestas a
-disposición del pueblo, pudiendo en fracciones inapreciables de tiempo,
-enviar avisos y órdenes de un extremo a otro de la Unión.
-
-El único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura
-para todas sus necesidades, donde 2000 periódicos satisfacen la
-curiosidad pública, son los Estados Unidos, y donde la educación como
-el bienestar están por todas partes difundidos y al alcance de los que
-quieran obtenerlo. ¿Están uno y otro en igual caso en punto alguno de
-la tierra? La Francia tiene 270.000 electores, esto es, entre treinta
-y seis millones de individuos de la nación más antiguamente civilizada
-del mundo, los únicos que por la ley no están declarados bestias:
-puesto que no les reconoce raza para gobernarse.
-
-En los Estados Unidos, todo hombre, por cuanto es hombre, está
-habilitado para tener juicio y voluntad en los negocios políticos, y
-lo tiene, en efecto. En cambio, la Francia tiene un rey, cuatrocientos
-mil soldados, fortificaciones de París que han costado dos mil millones
-de francos, y un pueblo que se muere de hambre. Los norteamericanos
-viven sin gobierno, y su ejército permanente monta sólo a nueve mil
-hombres, siendo necesario hacer un viaje a puntos determinados para
-ver el equipo y apariencia de los soldados norteamericanos; pues que
-hay familias y aldeas de la Unión que jamás han visto un soldado.
-Muchos vicios de carácter tachan los europeos y aun los sudamericanos
-a los yankees. Por lo que a mí respecta, miro con veneración esos
-mismos defectos, atribuyéndoselos a la especie humana, al siglo, a las
-preocupaciones hereditarias y a la imperfección de la inteligencia.
-Un pueblo compuesto de todos los pueblos del mundo, libre como la
-conciencia, como el aire, sin tutores, sin ejército, y sin bastillas,
-es la resultante de todos los antecedentes humanos, europeos y
-cristianos. Sus defectos deben, pues, ser los de la raza humana en un
-período dado de desenvolvimiento. Pero como nación, los Estados Unidos
-son el último resultado de la lógica humana. No tiene reyes, ni nobles,
-ni clases privilegiadas, ni hombres nacidos para mandar, ni máquinas
-humanas nacidas para obedecer. ¿No es este resultado conforme a las
-ideas de justicia y de igualdad que la cristiandad acepta en teoría? El
-bienestar está distribuído con más generalidad que en pueblo alguno;
-la población se aumenta según leyes desconocidas hasta hoy entre las
-otras naciones; la producción sigue una progresión asombrosa. ¿No
-entrará, como pretenden los europeos, por nada de esto la libertad
-de acción, y la falta de gobierno? Dícese que la facilidad de ocupar
-nuevos terrenos, es la causa de tanta prosperidad. Pero, ¿por qué en
-la América del Sud, donde es igualmente fácil y aun más ocupar nuevas
-tierras, ni la población ni la riqueza aumentan, y hay ciudades y aun
-capitales tan estacionarias, que no han edificado cien casas nuevas en
-diez años? Aún no se ha hecho en nación alguna el censo de la capacidad
-inteligente de sus moradores. Cuéntase la población por el número de
-habitantes, y de las cifras acumuladas deduce su fuerza y valimento.
-Acaso para la guerra, mirado el hombre como máquina de destrucción,
-puede ser significativo este dato estadístico; mas una peculiaridad
-de los Estados Unidos hace que aun en este caso falle el cálculo.
-Un yankee para matar hombres equivale a muchos de otras naciones,
-de manera que la fuerza destructora de la nación puede contarse en
-doscientos millones de habitantes. El rifle es el arma nacional, el
-tiro al blanco la diversión de los niños en los estados que tienen
-bosques, y cazar ardillas a bala en los árboles, tostándoles las patas
-para no lastimar la piel, la destreza asombrosa que adquieren todos.
-
-La estadística de los Estados Unidos muestra el número de hombres
-adultos que corresponden a veinte millones de habitantes, todos
-educados, leyendo, escribiendo, y gozando de derechos políticos
-con excepciones que no alcanzan a desnaturalizar el rigor de las
-deducciones: el hombre con hogar, o con la certidumbre de tenerlo; el
-hombre fuera del alcance de la garra del hambre y de la desesperación;
-el hombre con esperanza de un porvenir tal como la imaginación puede
-inventarlo; el hombre con sentimientos y necesidades políticas; el
-hombre, en fin, dueño de sí mismo, y elevado su espíritu por la
-educación y el sentimiento de su dignidad. Dícese que el hombre es un
-ser racional, por cuanto es susceptible de llegar a la adquisición y
-al ejercicio de la razón; y en este sentido país ninguno de la tierra
-cuenta con mayor número de seres racionales, aunque le exceda diez
-veces en el de habitantes.
-
-No es cosa fácil mostrar cómo obra la libertad para producir los
-prodigios de prosperidad que los Estados Unidos ostentan. ¿La libertad
-de cultos puede producir riquezas? ¿Cómo obra la facultad de ir a esta
-u otra capilla, de creer en este o en el otro dogma para desenvolver
-fuerzas productoras? Para cada secta religiosa las otras son como si
-no existieran, y por tanto, la libertad es nula en sus efectos para
-cada una separadamente. Los europeos lo atribuyen a las facilidades que
-ofrece un país nuevo, con terrenos vírgenes y de fácil adquisición,
-lo cual fuera explicación satisfactoria, si la América del Sud, cuan
-grande es, no tuviera mayor extensión de terrenos vírgenes, igual
-facilidad para obtenerlos, y sin embargo, atraso, pobreza e ignorancia
-mayor, si cabe, que la que muestran las masas europeas. Luego, no basta
-la circunstancia de ser países nuevos en cuya extensión pueda dilatarse
-la esfera de acción.
-
-Muchas veces me ocurrirá acudir a este censo moral e intelectual para
-tratar de explicar los fenómenos sociales que sorprenden en América.
-Ahora, sólo estableceré un hecho, y es que la aptitud de la raza
-sajona no es tampoco explicación de la causa del gran desenvolvimiento
-norteamericano. Ingleses son los habitantes de ambas riberas del río
-Niágara, y sin embargo, allí donde las colonias inglesas se tocan con
-las poblaciones norteamericanas, el ojo percibe que son dos pueblos
-distintos. Un viajero inglés, después de haber descripto varias
-muestras de industria y progreso del lado americano de la cascada,
-añade:
-
-“Ahora estoy de nuevo bajo la jurisdicción de las leyes y del gobierno
-inglés, y por tanto, ya no me creo extranjero. Aunque los americanos
-en general son civiles y afables, sin embargo un inglés, extranjero
-en medio de ellos, es importunado y disgustado por sus jactancias de
-proezas en la última guerra, y su superioridad sobre todas las otras
-naciones, asentando como un hecho incuestionable que los americanos
-sobrepasan a todas las otras naciones en virtud, saber, valor,
-libertad, gobierno y toda otra excelencia. No obstante, por más que
-merezcan el ridículo por este flaco, yo no puedo menos de admirar la
-energía y espíritu de empresa que muestran en todo, y deploro la apatía
-del gobierno inglés con respecto a la mejora de estas provincias. Una
-sola mirada echada sobre las riberas del Niágara basta para mostrar
-de qué lado está el gobierno más efectivo. Del lado de los Estados
-Unidos se levantan grandes ciudades, numerosos puertos con muelles para
-protegerlos en las radas, o diligencias corriendo a lo largo de los
-caminos; y la actividad del comercio mostrándose en todas direcciones.
-En el lado del Canadá, aunque dividido por el cauce de un río, en un
-_antiguo establecimiento_, y al parecer con _mejor tierra_,
-hay sólo dos o tres almacenes, una taberna o dos, un puerto tal como
-Dios lo hizo y sin obras que lo defiendan; uno o dos buquecitos
-anclados, y algún desembarcadero accidental.”
-
-Otro viajero, después de describir varias muestras de la industria
-creciente del lado americano, añade “el país que atravesamos (del lado
-canadiense) estaba muy avanzado en las cosechas, sin que se viesen
-señales de intentar recogerlas. Donde quiera que nos deteníamos para
-mudar caballos, nos asaltaban bandas de chicuelos vendiendo manzanas,
-y por la primera vez vimos de este lado algunos _mendigos_”. No
-hace mucho tiempo que una grande inmigración venida del Canadá volvió
-a emigrar a los Estados Unidos. Los caminos de hierro, como medio
-de riqueza y civilización, son comunes a la Europa y a los Estados
-Unidos, y como en ambos países datan de ayer solo, en ellos puede
-estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los
-trabajos de nivelación, como todo lo que constituye el ferrocarril, son
-cuidadosamente examinados por los ingenieros antes de ser entregados a
-la circulación; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes;
-dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento
-en opuestas dirección; si un camino vecinal atraviesa el trayecto,
-fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente
-un cuarto de hora antes que lleguen los vagones, a fin de evitar
-accidentes. De distancia en distancia, por toda la extensión del
-camino, están apostados centinelas que descubren el espacio y anuncian
-con banderolas de diversos colores si hay peligro u obstáculos que
-detengan el convoy, que no parte del desembarcadero sino cuatro minutos
-después que una falange de vigilantes se ha cerciorado de que todos
-los transeuntes ocupan sus lugares, las puertas están cerradas, y el
-camino expedito, y nadie cerca ni a una vara de distancia del paso
-del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de
-dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos,
-ahora, lo que pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa
-leguas de bosques, primitivos, donde aún no se ha establecido morada
-humana. Como la empresa carece de fondos, los rieles son de madera,
-con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, y el ojo
-del maquinista escudriña incesantemente por temor de un desastre. Una
-sola línea basta para la ida y venida de los trenes, habiendo ojos de
-buey de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase
-por el costado opuesto el otro de vuelta. Un alma no hay que instruya
-de las accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas y los
-niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo
-atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a
-más de calle es camino vecinal, y el viajero puede ver las gentes que
-se apartan lo bastante para dejarlo pasar, y continuar en seguida su
-marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa
-el ferrocarril, hay simplemente una tabla escrita que dice _tengan
-cuidado con la campana cuando se acerque_; jeroglífico que previene
-al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido inprudentemente de
-por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente del
-embarcadero, y mientras va marchando saltan a bordo los pasajeros,
-descienden los vendedores de frutas y periódicos, y se pasean de un
-vagón a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aun en el
-rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el explayado
-del camino, y la locomotora norteamericana va precedida de una trompa
-triangular que tiene por caritativa misión arrojar a los costados a
-estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, y
-no es raro el caso de que algún muchacho dormido sea arrojado a cuatro
-varas por un trompazo de aquellos que salvándole la vida le rompen
-o dislocan un miembro. Los resultados físicos y morales de ambos
-sistemas son demasiado perceptibles. La Europa, con su antigua ciencia
-y sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de
-los caminos de hierro que facilitan el movimiento en Norteamérica. El
-europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado;
-su instinto de conservación no es reputado suficiente preservativo;
-verjas, puertas, vigilantes, señales preventivas, inspección, seguros,
-todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo menos
-su razón, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, menos su
-derecho de cuidarse a sí mismo, su intención y su voluntad. El yankee
-se guarda a sí mismo, y, si quiere matarse, nadie se lo estorbará;
-si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, y si se atreve a dar
-un salto y cogerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de
-hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de
-expender un número más, ha dejado que el tren tome toda su carrera
-y salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con que cae
-parado, y sigue a pie su camino. He aquí como se forma el carácter
-de las naciones y como se usa de la libertad. Acaso hay un poco más
-de víctimas y de accidentes, pero hay en cambio hombres libres y no
-presos disciplinados, a quienes se les administra la vida. La palabra
-_pasaporte_ es desconocida en los Estados, y el yankee que logra
-ver uno de estos protocolos europeos en que consta cada movimiento que
-ha hecho el viajero, lo muestra a los otros con señales de horror y de
-asco. El niño que quiere tomar el ferrocarril, el vapor o la barca del
-canal, la niña soltera que va a hacer una visita a doscientas leguas de
-distancia, no encontrarán jamás quién les pregunte con qué objeto, con
-qué permiso se alejan del hogar paterno. Usan de su libertad y de su
-derecho de moverse. De ahí nace que el niño yankee espanta al europeo
-por su desenvoltura, su prudencia cautelosa, su conocimiento de la
-vida a los diez años. ¿Cómo le va a usted en su negocio?, le preguntaba
-Arcos, mi compañero de viaje, a un listo muchachuelo que nos hacía
-el inventario comentado de los libros, periódicos y panfletos que se
-empeñaba en hacernos comprar. Va bien; hace tres años que gano mi vida
-en él y tengo ya 300 pesos guardados. Este año reuniré los quinientos
-que necesito para hacer compañía con Williams y poner una librería,
-y explotar todo el Estado. Este comerciante tenía de nueve a diez
-años. ¿Es usted propietario, preguntábamos a un mocetón que viajaba al
-Far-West? Sí; voy a comprar tierras; ¡tengo 600 pesos!
-
-Al lado del trayecto del camino de hierro va el telégrafo eléctrico,
-que por ahorrar camino a veces, se separa de la vía ordinaria, se hunde
-en la espesura de los bosques y lleva a doscientas leguas las noticias
-más interesantes. Cuando en 1847 se hacían en Francia entre Ruan y
-París los primeros ensayos, la prensa anunciaba la existencia de 1.635
-millas de telégrafos en los Estados Unidos; cuando yo llegué había
-3.000 millas; y mientras atravesé el país que media entre Nueva York y
-Nueva Orleáns, se formó una asociación y se puso en actividad una línea
-entre la primera de aquellas ciudades y Montreal en el bajo Canadá, a
-donde había estado yo quince días antes. Hoy habrá 10.000 millas, y
-dentro de poquísimos años, medirán los telégrafos las mismas ochenta
-mil millas que recorre la posta. En Francia el telégrafo es para el
-uso del gobierno, es asunto de estado; en los Estados Unidos, es simple
-negocio de movimiento y actividad, y se le aceptarían correspondencias
-a la administración tan sólo porque paga el porte. ¿Puede llegar a más
-alto punto el extravío de las ideas, que hace que los liberales, los
-republicanos, consientan en Francia en este monopolio, y en carecer
-de los medios de comunicación más expeditos? En Harrisburg, población
-de 4.500 almas, el telégrafo eléctrico tenía empleo diario para traer
-apurado al encargado de servicio, mientras que en Francia, aún no había
-podido hacerse un miserable ensayo. Hago estas comparaciones para
-mostrar la diversa atmósfera en que se educa el pueblo y la energía
-moral y física que desenvuelve. En Francia hay tres categorías de
-vagones, en Inglaterra cuatro; la nobleza se mide por el dinero que
-puede pagar cada uno, y los empresarios para envilecer al hombre que
-paga poco, han acumulado comodidades y lujo en la 1.ª clase, y dejado
-tablas rasas, estrechas y duras para los de 3.ª. No sé por qué no han
-puesto púas en los asientos para mortificar al pobre. En los Estados
-Unidos el vagón es una sala de veinte varas de largo y espaciosa de
-ancho, con asientos de espalda movible, de manera de formar corrillo
-cuatro asientos, volviéndose dos a opuesto lado, con una callejuela
-de por medio para facilitar el movimiento, y abiertos los vagones por
-ambos lados, de manera que el curioso pueda trasladarse del primero
-al último, durante la marcha, y el aire penetre libremente por todas
-partes. Las comodidades y los cojines son excelentes e iguales, y por
-tanto el precio del pasaje es el mismo para todos. Me han mostrado a
-mi lado el gobernador de un Estado, y las callosidades de las manos
-de mi otro vecino me revelaban en él un rudo leñador. Así se educa el
-sentimiento de la igualdad, por el respeto al hombre. La aristocracia
-veneciana estableció la igualdad en la adusta pobreza de las góndolas
-por no herir la envidia de los nobles pobres; la democracia de Norte
-América ha distribuído el _comfort_ y el lujo igualmente en todos
-los vagones para alentar y honrar la pobreza. Estos solos hechos
-bastan para medir la libertad y el espíritu de ambas naciones. El
-_Times_ decía una vez que si la Francia hubiese abolido el
-pasaporte, habría hecho más progresos en la libertad que no los ha
-hecho con medio siglo de revoluciones y sus avanzadas teorías sociales,
-y en los Estados Unidos pueden estudiarse los efectos.
-
-He aquí un débil cuadro del espectáculo de la libertad en Norte
-América. En medio de las ciudades el hombre se cría salvaje, si es
-posible decirlo; la mujer de cualquiera condición que sea, vaga sola
-por las calles y los caminos desde la edad de doce años, _flirtea_
-hasta los quince, se casa con quien quiere, viaja y se sepulta en el
-nuevo hogar a preparar la familia; el niño acude desde temprano a las
-escuelas, se familiariza con los libros y las ideas de los hombres; es
-el mismo hombre hecho a los quince años, y desde entonces toda tutela
-desaparece a su vista. No ha visto soldados, no conoce gendarmes; el
-motín de las calles lo divierte, lo exalta y lo educa; sus pasiones se
-desenvuelven en toda su lozanía y vigor; tiene una profesión y se casa
-a los veinte años, seguro de sí mismo y de su porvenir. El progreso
-general de la Unión lo arrastrará en despecho suyo y avanzará sus
-negocios propios. Y entonces, ¡cuántos sueños grandiosos agitan para
-llegar a la fortuna! ¿Es artesano? Una grande asociación, una fábrica
-para cubrir los estados con los productos de su arte, o bien un invento
-europeo aún no introducido en el país, o una mejora sobre los aparatos
-conocidos o una invención nueva, porque nada arredra hoy al yankee.
-Largo tiempo he creído que el patrimonio norteamericano era y sería por
-muchos años apropiarse, apoderarse de los progresos de la inteligencia
-humana. La ciencia europea inventa, y la práctica americana populariza
-la cocina económica, el arado Durand, la locomotora, el telégrafo.
-Nada más natural, y sin embargo, nada hay menos exacto. Los datos
-estadísticos colectados en estos últimos años, muestran que diez
-partes de los inventos y mejoras adoptados en Inglaterra son de origen
-norteamericano. Han modificado la máquina de vapor; mejorado la
-quilla del buque; perfeccionado el vagón, a punto de exportarse estos
-artículos para la Europa misma, y preferirse en Rusia y otros puntos
-los empresarios y artífices americanos para todo lo que constituye la
-viabilidad. El puente yankee de madera, que a veces atraviesa doce
-cuadras en un río y soporta los trenes cargados de productos agrícolas,
-sobre pedestales y armazón al parecer deleznable, es, sin embargo, el
-fruto del más profundo estudio de las leyes de la gravitación, de la
-repercusión, elasticidad y equilibrio de las fuerzas combinadas. El
-artífice yankee posee ya el puente reducido a arte mecánica, y lo alza
-donde quiera a prueba de torrentes, huracanes y pesos enormes. La mitad
-de los aparatos de labranza son invención de su ingenio, y el molino de
-vapor, como la barrica en que envasija las harinas, son la obra de sus
-fábricas y de sus combinaciones para producir inmensos resultados con
-limitadísimos medios.
-
-Pero donde más brilla la capacidad de desenvolvimiento del
-norteamericano, es en la posesión de la tierra que va a ser el plantel
-de una nueva familia. En medio de la civilización más avanzada, los
-hijos de Noé se reparten la tierra despoblada, o los Nemrod echan
-los fundamentos de una Babilonia. Dejo a un lado los que siguen el
-paso ordinario de las sociedades que se dilatan, agregando a la villa
-naciente una casa nueva, a la heredad labrada nuevos campos rosados.
-
-El Estado es el depositario fiel del gran caudal de tierras que
-pertenecen a la federación, y para administrar a cada uno su parte
-de propiedad, no consiente ni intermediarios especuladores, ni
-oscilaciones de precios que cierren la puerta de la adquisición a las
-pequeñas fortunas. La tierra vale diez reales el acre; y este dato es
-el punto de partida para el futuro propietario. Hay un procedimiento
-en la distribución de las tierras de cuya simétrica belleza sólo Dios
-puede darse de antemano cuenta.
-
-El Estado manda sus ingenieros a delinear las tierras vendibles,
-tomando por base de la mensura un meridiano del cielo. Si a cien
-leguas de distancia al sur o al norte ha de medirse otra porción de
-tierra, los ingenieros buscarán el mismo meridiano, para que un día,
-dentro de dos siglos quizás aparezcan completas y sin interrupción
-aquellas líneas que han venido dividiendo el continente en zonas, cual
-si fuera una pequeña heredad. Esta agrimensura rectilínea es privativa
-del genio americano. La propiedad en la provincia de Buenos Aires, en
-aquella pampa lisa como la mesa del geómetra, fué forzada por el genio
-de Rivadavia a encuadrarse en paralelógramos, triángulos y figuras de
-fácil conmensuración, de manera que se reprodujesen sin esfuerzo en
-el mapa que daba el departamento topográfico cada diez años, pudiendo
-por la comparación de las varias ediciones, estudiarse a vista de ojo
-el movimiento de la propiedad, buscando un término medio de extensión,
-subdividiéndose por las particiones entre herederos las grandes
-propiedades, acumulándose las pequeñas, por la necesidad de apropiarlas
-a la cría del ganado.
-
-El error fatal de la colonización española en la América del Sur,
-la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a
-la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las
-tierras. En Chile se hicieron concesiones de grandes lotes entre
-los conquistadores, medidos de cerro a cerro, y desde la margen de
-un río hasta la orilla de un arroyo. Se fundaron condados entre los
-capitanes, y a la sombra de sus techos improvisados, debieron asilarse
-los soldados, padres del inquilino, este labrador sin tierra, que crece
-y se multiplica sin aumentar el número de edificios. El prurito de
-ocupar tierras en nombre del rey hizo apoderarse de comarcas enteras,
-distanciándose los propietarios, que en tres siglos no han alcanzado a
-desmontar la tierra intermediaria. La ciudad por tanto quedaba en este
-vasto plan suprimida, y las pocas aldeas de nueva creación después de
-la conquista han sido _decretadas_ por los presidentes, contándose
-cien por lo menos en Chile de este origen oficial y ficticio. Ved cómo
-procede el norteamericano, recién llamado en el siglo XIX a conquistar
-su pedazo de mundo para vivir, porque el gobierno ha cuidado de dejar
-a todas las generaciones sucesivas su parte de tierra. La conscripción
-de jóvenes aspirantes a la propiedad se apiña todos los años en torno
-del martillo en que se venden las tierras públicas, y con su lote
-numerado parte a tomar posesión de su propiedad, esperando que los
-títulos en forma le vengan más tarde de las oficinas de Wáshington.
-Los más enérgicos yankees, los misántropos, los selváticos, los
-_squatters_, en fin, obran de una manera más romanesca, más
-poética o más primitiva. Armados de su rifle se enmarañan en las
-soledades vírgenes, matan por pasatiempo ardillas que triscan con
-su movilidad incansable entre las ramas de los árboles; una bala
-certera vuela al firmamento a precipitar un águila que cernía sus alas
-majestuosamente sobre la verdinegra superficie que forman las copas de
-los árboles; el hacha, su compañera fiel, cuando no fuere más que por
-ejercitar las fuerzas, ha de echar cedros o robles al suelo. En estas
-correrías vagabundas, el plantador indisciplinado busca un terreno
-fértil, un punto de vista pintoresco, la margen de un río navegable,
-y cuando se ha decidido en su elección, como en las épocas primitivas
-del globo, dice esto es mío, y sin otra diligencia toma posesión de la
-tierra en nombre del rey del mundo, que es el trabajo y la voluntad.
-Si algún día llega hasta el límite que él ha trazado a su propiedad la
-mensura de las tierras del Estado, la venta en almoneda sólo servirá
-para decirle lo qué debe por lo que ha cultivado, según el precio a
-que se vendan los adyacentes campos incultos; y no es raro que este
-carácter indómito, insocial, alcanzado por las poblaciones que vienen
-avanzando sobre el desierto, venda su quinta y se aleje con su familia,
-sus bueyes y caballos, buscando la apetecida soledad de los bosques.
-El yankee ha nacido irrevocablemente propietario; si nada posee ni
-poseyó jamás, no dice que es pobre, sino que está pobre; los negocios
-van mal; el país va en decadencia; y entonces los bosques primitivos
-se presentan a su imaginación, obscuros, solitarios, apartados, y en
-el centro de ellos, a la orilla de algún río desconocido, ve su futura
-mansión, el humo de las chimeneas, los bueyes que vuelven con tardo
-paso al caer de la tarde al redil, la dicha, en fin la propiedad que
-le pertenece. Desde entonces no habla ya de otra cosa que de ir a
-poblar, a ocupar tierras nuevas. Sus vigilias las pasa sobre la carta
-geográfica, computando las jornadas, trazándose un camino para la
-carreta; y en el diario no busca sino el anuncio de venta de terrenos
-del Estado, o la ciudad nueva que se está construyendo en las orillas
-del lago Superior.
-
-Alejandro el Grande destruyendo a Tiro, tenía que devolver al comercio
-del mundo un centro para reconcentrar las especies del Oriente, y
-desde donde se derramasen en seguida por las costas del Mediterráneo.
-La fundación de Alejandría le ha valido su renombre como muestra de
-su perspicacia, no obstante que las vías comerciales eran conocidas y
-el istmo de Suez la feria indispensable entre los mares de la India
-y la Europa y el Africa de entonces. Esta obra la realizan todos los
-días Alejandros norteamericanos que vagan en los desiertos buscando
-puntos que un estudio profundo del porvenir señala como centros futuros
-del comercio. El yankee, inventor de ciudades, profesa una ciencia
-especulativa, que de inducción en inducción, lo conduce a adivinar el
-sitio donde ha de florecer una ciudad futura. Con el mapa extendido
-a la sombra de los bosques, su ojo profundo mide las distancias de
-tiempo y de lugar, traza por la fuerza del pensamiento el rumbo que han
-de llevar más tarde los caminos públicos; y encuentra en su mapa las
-encrucijadas forzosas que han de hacer. Precede a la marcha invasora
-de la población que se avanza sobre el desierto, y calcula el tiempo
-que empleará la del norte y el que necesita la del sur, para acercarse
-ambas al punto que estudia, que ha escogido en la confluencia de
-dos ríos navegables. Entonces traza con mano segura el trayecto de
-caminos de hierro que han de ligar el sistema comercial de los lagos
-con su presunta metrópoli, los canales que pueden alimentar los ríos
-y arroyos que halla a mano, y los millares de leguas de navegación
-fluvial que quedan en todas direcciones sometidas como radios del
-centro que imagina. Si después de fijados estos puntos, halla un
-manto de carbón de piedra, o minas de hierro, levanta el plano de la
-ciudad, la da nombre y vuelve a las poblaciones, a anunciar, por los
-mil ecos del diarismo, el descubrimiento que ha hecho del local de una
-ciudad famosa en el porvenir, centro de cien vías comerciales. El
-público lee el anuncio, abre el mapa para verificar la exactitud de
-las inducciones, y si halla acertados los cálculos, acude en tropel
-a comprar lotes de terreno, cual en los que han de ser tajamares y
-muelles, cual en derredor de la plaza de Wáshington o de Franklin;
-y una Babel se levanta en un año, en medio de los bosques, afanados
-todos por estar en posesión el día que lleguen a realizarse los grandes
-destinos predichos por la ciencia topográfica a la ciudad. Abrense
-en tanto caminos de comunicación; el diario del lugar da cuenta de
-los progresos de la sociedad, la agricultura comienza, álzanse los
-templos, los hoteles, los muelles y los bancos; puéblase de naves el
-puerto, y la ciudad empieza en efecto a extender sus relaciones, y a
-hacer sentir la urgencia de ligarse por caminos de hierro o canales a
-los otros grandes centros de actividad. Cien ciudades en los lagos, en
-el Misisipí y en otros puntos remotos, tienen este sabio y calculado
-origen, y casi todos justifican por sus progresos asombrosos, la
-certeza y la profundidad de los estudios económicos y sociales que les
-sirvieron de origen.
-
-Dos clases de seres humanos conozco, entre quienes sobrevive aún en
-medio de nuestra actual mesura de carácter moral, el antiguo espíritu
-heroico de las primeras edades de los pueblos. Los presidiarios de
-Tolón y de Bicerte, y los emigrantes norteamericanos; todo el resto de
-la especie humana ha caído en la atonía de la civilización. Las hazañas
-de Francisco Pizarro o las de los Argonautas las reproduce a cada
-momento la audacia inaudita del presidiario liberto; valor, constancia,
-sufrimiento, disimulo y violación de toda ley moral, de todo principio
-de honor y de justicia; todo es igual, sin que esto excluya cierta
-grandeza de alma, cierta inteligencia profunda en los medios, que está
-revelando el genio humano mal empleado, el Alejandro pervertido y
-ocupado en matar a unos pocos transeuntes en lugar de asolar naciones y
-ametrallar a millares, lo que ya cambia la escena y los nombres, guerra,
-conquista, etc.
-
-En los Estados Unidos aquellos caracteres acerados, que hay
-distribuídos al uno por ciento en todas partes, se entregan a sus
-instintos heroicos, sin nombre aún, para establecerse y multiplicarse.
-El espíritu yankee se siente aprisionado en las ciudades; necesita ver
-desde la puerta de su casa la dilatada y sombría columnata que forman
-las encinas seculares de los bosques.
-
-¿Por qué se ha muerto el espíritu colonizador entre nosotros, los
-descendientes de la colonización oficial? Desde Colón hasta una época
-no muy remota sin duda, la fundación de una ciudad española era solo un
-escalón para apoyar la invasión de otros puntos apartados. La ocupación
-del Perú traía aparejada la expedición de Almagro: cuando Mendoza se
-defendía contra los araucanos en el sud, destacaba al oriente sesenta
-lanceros al mando del capitán Jofré, para ir a asomarse al otro lado
-de los Andes, y fundar dos ciudades, San Juan y Mendoza, solitarias en
-medio de desiertos, a la orilla de los dos ríos que hallaron.
-
-Contaré a usted el sistema entero de estas empresas que requieren
-Hércules para realizarlas, y verá usted si merecen desprecio por los
-motivos y por los medios, aquellas hazañas de nuestros conquistadores
-de Sud América. Sabe usted cuánta irritación hubo, y cuánta necedad
-dijeron de una y otra parte en la cuestión de límites del Oregón.
-Todo quedó en paz después que americanos e ingleses se hubieron
-racionalmente entendido, menos el espíritu yankee, que, como el cóndor
-la sangre, había husmeado, en la discusión, tierras laborables, ríos,
-bosques, puertos. La discusión comienza de nuevo en los diarios sobre
-la posibilidad de sorberse el comercio de la China por el Oregón; sobre
-la facilidad de abrir un camino de hierro de ocho días de marcha, desde
-el Pacífico al Atlántico, y la ventaja de tomar el pan caliente aún
-salido de Cincinnati, vía Oregón, y otros mil tópicos, inverosímiles y
-absurdos para otro que no sea el yankee, habituado a no creer imposible
-nada, desde que se puede concebir, él, que desde luego tiene adiestrada
-su mente a concebir proyectos. Cuando la opinión está formada y
-designados los rumbos que deben seguirse para ir a aquel Eldorado
-remoto, se indica la estación oportuna para emigrar, y el punto de
-partida, y el día designado por algunos emigrantes que invitan a todos
-los aventureros de la Unión para acompañarlos en la gloriosa jornada.
-El día del _rendez vous_, vense de todos los puntos del horizonte
-llegar hileras de carros, cargados de mujeres, niños, gallinas, ollas,
-arados, hachas, sillas, y toda clase de objetos de menaje; acompáñanles
-arreas escasas de bueyes apestados y mulas y caballos rengos y mancos
-que forman parte muy trabajada de la expedición, y sobre todo este
-conjunto, dominando las caras bronceadas, acentuadas y serias de los
-yankees vestidos de paletó, levita o fraque raído, con un rifle que le
-sirve de bastón, y la mirada tranquila del puritano y del chacarero.
-
-Si he de darle una idea exacta de estas emigraciones y del espíritu
-yankee, necesito desde este momento ajustarme al hecho, y seguir los
-incidentes diarios de una, entre ciento, de estas estupendas marchas
-por el desierto, sin soldados, ni guardia, ni empleado público, ni
-autoridad humana que les ligue a la Unión que dejan sin pesar estos
-hijos de Noé.
-
-En mayo de 1845 habían pasado por Independence, último término poblado
-del Estado de... varias tropas de carros, que de a veinte y ocho,
-que de a treinta y ocho, que de a ciento, dirigíanse con cortos
-intervalos hacia el Oregón. El día 13 varias de estas partidas reunidas
-en número de ciento setenta carros de la descripción arriba dicha,
-viéronse ya rodeadas a la distancia de indios que rondaban por asaltar
-el ganado mayor que montaba a cosa de dos mil cabezas, lo que hizo
-pensar que era ya tiempo de organizar la colonia, y constituir el
-estado ambulante; puesto que los oficiales y empleados públicos hasta
-entonces en ejercicio, debían terminar sus funciones en Big-Soldier.
-Los dos empleados que deben en primer lugar nombrarse son el piloto
-(baqueano) y el capitán. Todo el camino se ha venido tratando en
-las conversaciones de los carros y a la orilla del fuego en los
-alojamientos, de esta suprema cuestión, y las candidaturas rivales
-formando sus partidos. El 13 de mayo, cada carro lanza a la arena dos
-hombres, por lo menos, a reunirse en asamblea electiva. Dos candidatos
-para piloto se presentan; es el uno un tal Mr. Adams, que había
-entrado tierra adentro hasta el fuerte Laramie, poseía el derrotero
-(_maning_) de Gilpin, y tenía consigo un español que conocía el
-país; Mr. Adams, además, ha sido uno de los que más han contribuido a
-excitar la _fiebre del Oregón_, esto es, el deseo de emigrar. Mr.
-Adams pide 500 pesos por servir de piloto si la honorable asamblea se
-digna elegirlo.
-
-Mr. Meek es un viejo montañés del corte del Trampero de Cooper; ha
-pasado muchos años en los Montes Rocallosos como traficante y trampero,
-y ha propuesto, como el otro, pilotearlos hasta el fuerte Vancouver,
-por 250 pesos, de los cuales sólo pedía 30 pesos. Se hace moción para
-postergar hasta el día siguiente la elección, cuando se ve al viejo
-Meek, venir a escape en su caballo, los ojos y la mano vueltos hacia
-el campo. Los indios se llevan el ganado, dice con precipitación;
-la asamblea se disuelve, y cinco minutos después estaba convertida
-en escuadrón de caballería armado de rifle y daga, y marchando en
-buen orden sobre el enemigo. A distancia de dos millas divisa una
-aldea de indios; la soldadesca se echa sobre los _wigwams_, y
-los indios sobrecojidos de espanto, las mujeres llorando, los niños
-escondiéndose, no saben qué imaginarse de aquel ataque de los caras
-pálidas. Los jefes indios se presentan a ofrecer la pipa de paz, y
-protestan enérgicamente contra la imputación que pesa sobre ellos.
-Un desgaritado que venía llegando a la aldea es cogido y llevado
-preso. Nómbranse jueces, y el prisionero se presenta a la barra.
-Preguntado, lisa y llanamente, si es criminal o no, contesta con un
-gruñido de terror. Su causa se instruye en forma entonces; se oyen las
-deposiciones de los testigos, y no siendo suficiente la evidencia de
-los cargos alegados contra él, se le absuelve completamente, quedando
-probado por el contrario que ha sido una falsa alarma para posponer la
-elección. Serenados los espíritus, y depuestos los rifles, vuelve la
-sociedad a constituirse en asamblea electoral, y se procede a votación,
-de la que resultan electos, el trampero Meek como piloto y Mr. Welch
-capitán, con los demás empleados necesarios para el buen gobierno,
-tales como tenientes, sargentos, jueces, etc. La marcha principia
-el 14 de mayo. Cinco millas el 16. El 17 se separan 16 carros, y se
-reunen al cuerpo principal. El 18 alcanza a un _wigwam_ de los
-indios Caw, rateros insignes que se conducen honorablemente con la
-sociedad y la proveen de víveres en cambio de productos de la Unión.
-El 19 la minoría vencida en las elecciones protesta contra la voluntad
-de la mayoría. Para satisfacer las ambiciones burladas se conviene
-en dividir la masa en 3 cuerpos, cada uno de los cuales elegirá sus
-propios jefes y oficiales, no reconociéndose otra autoridad general
-que la del piloto y la de Mr. Welch. Antes de separarse se convino
-pagar el piloto, y para ello, se nombra un _tesorero_, quien
-después de dar las fianzas correspondientes, procede a colectar los
-fondos; algunos se niegan redondamente a pagar, y otros ex ciudadanos
-no tienen blanca. Después de haber arreglado satisfactoriamente éstos
-y otros puntos, se procede al nombramiento de oficiales para cada uno
-de los tres grupos, haciéndose en cada uno reglamentos respecto al
-buen gobierno de la compañía, y la marcha continúa el 20. El 23 el
-piloto avisa que el punto donde se hallan es el último donde pueden
-procurarse repuestos para ejes y pértigos para las carretas. El camino
-se va midiendo con una cadena diariamente, y se lleva un diario de todo
-lo ocurrido, aspecto del país, accidentes, pasto, leña, agua, maderas,
-ríos, pasajes, búfalos, etc., torcaces, conejos, etc. etc. Junio 2: una
-compañía propone desligarse del compromiso en que están de aguardarse
-en las marchas. La moción es rechazada. 15. Alto. Una manada de búfalos
-cae a tiro de rifle, matan algunos y hacen charque. La escena que el
-campo presenta en este momento está así descripta en el diario de
-viaje: “Los cazadores, volviendo con las reses, algunos erigiendo
-palizadas, otros secando carne. Las mujeres unas estaban lavando,
-planchando otras, muchas cosiendo. De dos tiendas, flautas hacían oir
-sus desusadas melodías en aquellas soledades; otras se oía cantar; tal
-lee su biblia, tal otro recorre una novela. Un predicador campbellista
-entona, por fin, un himno preparatorio para el oficio religioso”. Junio
-24: llegan al fuerte Laramie, 630 millas distante de Independence.
-
-Durante dos días se ocupan en renovar las herraduras de los caballos, y
-reuniendo entre todos provisiones, azúcar, café, tabaco, dan un paquete
-a los indios siomos, precedido de un parlamento. “Hace tiempo, dijo el
-jefe indio, que algunos jefes blancos pasaron Missouri arriba, diciendo
-que eran amigos de los hombres de piel roja. Este país pertenece a
-los pieles rojas, pero sus hermanos blancos lo atraviesan cazando y
-dispersando los animales. De esto modo los indios pierden sus únicos
-medios de subsistencia para sostener a sus mujeres e hijos. Los niños
-del hombre rojo piden alimento, y no hay alimento que darles. Era
-costumbre cuando los blancos pasaban, hacer presentes de pólvora y
-plomo a sus amigos los indios. Su tribu es numerosa, pero la mayor
-parte de la gente ha ido a las montañas a cazar. Antes que los blancos
-viniesen, la caza era mansa y fácil de coger; pero ahora los blancos
-la han espantado; y el hombre rojo necesita trepar a las montañas en
-su busca; el hombre rojo necesita largas carabinas ahora.” Un yankee
-que para el caso hace de jefe blanco, se expresa en estos términos.
-“Nosotros vamos viajando a las grandes aguas del Oeste. Nuestro gran
-Padre poseía un extenso país allí, y vamos yendo a establecernos en
-él. Con este fin traemos nuestras mujeres y nuestros hijos. Nos vemos
-forzados a atravesar por las tierras de los hombres rojos, pero lo
-hacemos como amigos y no como enemigos. Como amigos les damos una
-fiesta, les apretamos la mano y fumamos con ellos la pipa de paz. Ellos
-saben que venimos como amigos trayendo con nosotros nuestras mujeres
-e hijos. El hombre rojo no lleva sus _squaws_ al combate; ni las
-caras blancas tampoco. Pero amigos como somos, estamos prontos para
-volvernos enemigos; y si se nos molesta castigaremos a los agresores.
-Algunos de nosotros piensan volverse. Nuestros padres, hermanos e
-hijos, vienen en pos de nosotros, y esperamos que los hombres rojos
-los traten con bondad. Nosotros nos conducimos pacíficamente; dejadnos
-partir. No somos traficantes y no tenemos ni pólvora ni plomo que dar.
-¡Vamos a arar y plantar la tierra!”
-
-Septiembre 3. “Caminamos este día quince millas hasta Malheur. En este
-lugar se abre el camino en dos, y es muy temible para los inmigrantes
-el tomar mal camino. Meek, que había sido contratado como nuestro
-piloto al Oregon, indujo a cerca de doscientas familias, con sus
-vagones y ganado, a seguir por el camino de la izquierda, diez días
-antes de nuestra llegada a la encrucijada. Por largo trecho encontraron
-un camino excelente, con abundancia de pasto, leña y agua; en seguida
-dirigieron su marcha a unas montañas estériles donde por muchos días
-carecieron de agua, y cuando la encontraban era tan mala que ni aun
-para el ganado era potable. Pero, aun así, era fuerza hacer uso de
-ella. La fiebre que se llama de campamento estalló bien pronto.”
-
-“Al fin llegaron a un ciénago que intentaron en vano atravesar; y como
-viesen que se extendía mucho hacia el Sud, no obstante el parecer del
-baqueano Meek, enderezaron al río de las Caídas, que recorrieron para
-arriba y para abajo, buscando vado, que no se encontró en ninguna
-parte. Sus sufrimientos aumentaban de día en día, pues sus provisiones
-se iban concluyendo rápidamente, el ganado estaba exhausto, y muchos
-de los que formaban la caravana padecían enfermedades graves. Al fin,
-Meek les informó que estaban a dos días de distancia solamente de
-Dalles. Dos hombres salieron a caballo en busca de la estación de los
-Metodistas con provisiones para dos días.”
-
-“Después de haber caminado diez días sin parar, llegaron a Dalles; en
-el camino un indio les dió un conejo y un pescado, y con este alimento
-hicieron los dos su jornada de diez días. Cuando llegaron a Dalles, sus
-fuerzas estaban tan estenuadas, que sus miembros se habían empalado, y
-fué necesario desmontarlos del caballo. En este lugar encontraron un
-viejo montañés, llamado el negro Harris, que se ofreció a conducirlos,
-saliendo con varios otros en busca de la compañía perdida, a la que
-hallaron reducida a la última extremidad, exhausta por las fatigas, y
-desesperando ya de salir a los establecimientos. Encontróse un lugar
-por donde el ganado podía atravesar a nado el río, después de lo cual
-era preciso hacerlo subir un ascenso casi perpendicular. Mayores
-dificultades había para pasar los carros. Una larga cuerda fué echada
-a través del río, atando fuertemente sus puntas de ambos lados en las
-rocas. Un carro liviano fué suspendido con correderas en la cuerda,
-y con cuerdas para llevarlo a uno y otro lado del río; esta especie
-de cuna (andarivel), servía para trasportar las familias de un lado a
-otro del río con toda seguridad. El pasaje de este río ocupó algunas
-semanas. La distancia a Dalles era de 35 millas, adonde llegaron del 13
-al 14 de octubre. Como 20 habían perecido víctimas de las enfermedades,
-y otros murieron después de haber llegado...”
-
-Setiembre 7. “Este día viajamos cerca de doce millas. El camino es hoy
-más áspero que ayer. A veces va por el fondo de un torrente, a veces
-por el faldeo de una montaña, tan rápido que se necesitan dos o tres
-hombres trabajando del lado de arriba para sostener el equilibrio de
-los carros. El torrente y camino están tan encajonados en montañas,
-que en varios puntos es casi imposible continuar. Vistas las montañas
-desde este punto, parecen murallas perpendiculares y por tanto lisas.
-Alegran de vez en cuando la vista algunos grupos de cedros macilentos;
-pero en el torrente es tal la espesura de las malezas espinosas, que
-es casi imposible pasar... pero sabiendo que los que nos han precedido
-han vencido estas dificultades, hacemos el último esfuerzo y pasamos.”
-
- * * * * *
-
-Noviembre 1.º “Ahora estamos en el lugar destinado, en un período no
-distante, a ser un punto importante en la historia comercial de la
-Unión como centro del comercio de la China y de la India. Atravesando
-el bosque que se extiende al Este de la ciudad, vimos la ciudad de
-Oregon y las caídas de Villa-Mate, al mismo tiempo. Tan llenos de
-gratitud nos sentíamos de haber llegado a los establecimientos de los
-blancos, y de admiración a la vista del volumen de las aguas de las
-cataratas, que la caravana hizo alto, y en este momento de felicidad
-repasamos con el pensamiento todos nuestros trabajos, con más rapidez
-que lo que la lengua o la escritura pueden hacer. Desde Independence
-hasta el Fuerte Laramie, 692 millas; de allí al Fuerte Hall, 585; al
-Fuerte Rois, 281; a los Dalles, 305; de Dalles a la ciudad de Oregon,
-160 millas, haciendo la total distancia de despoblado 1960 millas.”
-
- * * * * *
-
-“Tanto tiempo habíamos permanecido entre los salvajes, que nuestra
-apariencia se asemejaba mucho a la de ellos; pero cuando hubimos
-cambiado de vestido y afeitádonos al uso de los blancos, no nos
-podíamos reconocer unos a otros. Largo tiempo habíamos hecho vida
-común, sufrido juntos privaciones y penas, y en los peligros contado
-con la ayuda común. Los vínculos de los afectos se habían estrechado
-entre nosotros, y cuando hubimos de separarnos, cada uno sentía
-desgarrársele el corazón; pero como ya habíamos roto otros vínculos
-más fuertes aún, cada uno tomó su partido, y en algunas horas nuestra
-compañía se dispersó tomando cada uno diferentes direcciones.”[1]
-
-Cuando uno lee la narración de aventuras como estas, se siente sin
-duda orgulloso de pertenecer a la raza humana. Ninguna de las grandes
-pasiones que han obrado los prodigios de la historia, está aquí en
-juego para fanatizar el espíritu: ni la desesperación de los restos
-del grande ejército, ni el amor a la patria de los 10.000 espartanos
-echados entre los bárbaros, ni la sed de oro, de gloria y de sangre de
-los conquistadores españoles. Hombres de aquel temple tenían en los
-Estados tierras de propiedad pública para afincarse; familias que los
-ayudasen; ganados para auxiliarse en las rudas labores de la tierra.
-Atraviesan 600 leguas de desiertos para realizar una grande idea,
-ellos, el desecho del pueblo norteamericano, quieren que la Unión
-ostente sus estrellas en el firmamento del Pacífico, que se realice
-el sueño dorado de acercar la India y la China, y arrebatar estos
-mercados a la Inglaterra. Se sacrifican, pues, a una idea de porvenir
-nacional, porque el yankee no ignora que la primera generación de las
-nuevas plantaciones, abona solo la tierra con su sudor para que gocen
-las venideras; y cuando en el Oregón se han reunido algunos centenares
-de familias, los jefes, dejando a un lado el hacha con que destruyen
-lentamente los bosques para labrarse un campo, y crear su propiedad, se
-reunen en asamblea deliberante, “con el objeto de fijar los principios
-de libertad civil y religiosa, como la base de todas las leyes y
-constituciones que puedan en adelante adoptarse”, y estatuyen:
-
-“Artículo 1.º Ninguna persona que se conduzca de una manera regular
-y ordenada, será molestada a causa de su modo de adoración o sus
-sentimientos religiosos.
-
-“Art. 2.º Los habitantes de dicho territorio gozarán siempre de los
-beneficios del escrito _habeas corpus_, del juicio por jurados,
-de una proporcionada representación del pueblo en la legislatura,
-y de procedimientos judiciales conformes a la secuela de las leyes
-ordinarias. Todas las personas podrán dar fianzas, excepto por delitos
-capitales y cuando las pruebas sean evidentes, y las presunciones
-graves. Ningún hombre será privado de su libertad sino por juicio de
-sus pares, o la ley de la tierra...
-
-“Art. 3.º Siendo necesarias para el buen gobierno y felicidad de la
-especie humana, la religión, moralidad e instrucción, serán siempre
-fomentadas las escuelas y todos los medios de educación.
-
-“Art. 5.º Ninguna persona será privada de llevar armas para su propia
-defensa; no se autoriza pesquisas ni registros sin motivo fundado; la
-libertad de la prensa no será restringida; ni el pueblo será privado
-del derecho de reunirse pacíficamente a discutir los asuntos que halle
-por conveniente.
-
-“Art. 6.º Los poderes del gobierno serán divididos en tres distintos
-departamentos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, etc., etc.”
-
-_Ley de tierras_: “Toda persona que posea o en adelante pretenda
-poseer tierra en este territorio, designará la extensión de su
-propiedad por medio de límites naturales, o por mojones en las esquinas
-y sobre los costados del lote, y hará registrar la extensión y límites
-de tal lote en la oficina del escribano del lugar, en un libro que
-será llevado para aquel objeto, en el término de veinte días después
-de hecho el pedido; proveyéndose, que los que están en posesión del
-territorio, tendrán doce meses contados desde la sanción de esta ley,
-para hacer la descripción del lote de tierras en el libro de los
-registros; proveyéndose, además, que el dicho poseedor declarará el
-tamaño, forma y ubicación del terreno.
-
-“2.ª Todo poseedor, en los seis primeros meses después de registrado su
-lote, habrá hecho permanentes mejoras en el terreno, ya edificando o
-cercando, o bien ocupando el terreno en un año de la data del registro;
-o en caso de no ocuparlo, pagar en tesorería cinco pesos anuales, y
-en caso de no ocuparlo o no pagar la suma antedicha, el título será
-considerado como abandonado; proveyéndose que los no residentes en
-este país no pueden aprovechar de esta ley; y proveyéndose, además
-que los residentes en este territorio que se ausentasen por negocios
-particulares por dos años, podrán conservar la propiedad pagando cinco
-pesos anuales al tesoro.
-
-“3.ª Ningún individuo podrá tomar posesión de más de un cuarto de
-milla cuadrada, o 640 acres, en una forma cuadrada u oblonga. Ningún
-individuo podrá poseer dos lotes a un mismo tiempo.
-
-“5.ª Las líneas de los límites de todos los lotes se conformarán tan
-aproximadamente cuanto sea posible con los puntos cardinales.”[2]
-
-Este pueblo, lleva, como Vd. ve, en su cerebro, orgánicamente, cual
-si fueran una conciencia política, ciertos principios constitutivos
-de la asociación: la ciencia política pasada a sentimiento moral
-complementario del hombre, del pueblo, de la chusma; la municipalidad
-convertida en regla de asociación espontánea; la libertad de conciencia
-y de pensamiento; el juicio por jurados. Si quiere Vd. medir el
-camino que ha andado aquel pueblo, reuna Vd. un grupo, no del vulgo
-de ingleses, franceses, chilenos o argentinos, sino de las clases
-cultas, y pídales de improviso que se constituyan en asociación, y
-no sabrán qué se les pide, cuanto y más fijar con precisión, como
-aquellos aventureros del Oregón, las bases en que ha de reposar el
-gobierno de una sociedad que va a nacer, y que, por la distancia y los
-desiertos que la dejan separada del resto de la Unión, queda de hecho
-y de derecho desligada de la patria común.[3] Algunos años más tarde
-de estos rudimentos dispersos, surgirá un territorio; y del territorio
-un Estado para aumentar una nueva estrella en la constelación de
-los Estados Norteamericanos, con sus mismas leyes, sus prácticas,
-sus instituciones civiles y políticas, y sobre todo, con su carácter
-peculiar de nacionalidad, marcado con el sello enérgico de aquel coloso.
-
-Hay un fenómeno que se realiza en los Estados Unidos, y que no obstante
-de referirse a principios fundamentales inherentes a la especie
-humana, no ha sido hasta hoy de una manera precisa establecido. Hasta
-de palabra adecuada carecen para indicarlo los idiomas. Pretender
-señalarlo en dos páginas sería el índice o el plan de un gran libro.
-¿Qué es la moral? El código de preceptos que ha dado en seis mil años
-el contacto de un hombre con otro, a fin de que vivan en paz sin
-hacerse mal, amándose, procurándose el bien. La moral que nos liga
-a Dios por nuestros padres, está después de Confucio, de Sócrates y
-Franklin, adivinada, encontrada. Si algo le falta para ser perfecta
-por el estudio humano y los sentimientos del corazón, la revelación la
-completa en cuanto a la parte de los hombres más desligada de nosotros
-mismos, que es el prójimo, el extranjero, el enemigo, clasificaciones
-que distinguen tres grados de separación; por las leyes el prójimo es
-indiferente; el extranjero, la tela de que se hizo siempre el esclavo;
-para el enemigo, cesan todos los vínculos de la familia humana, la
-muerte está pronta para él, sin remordimiento, con gloria. Cuando el
-hombre se llame el enemigo, entonces deja de formar parte de nuestra
-especie; ni las leyes, ni religión alguna han podido hasta hoy nada
-contra los efectos morales de esta clasificación.
-
-Pero la moral se refiere a las acciones de los individuos solamente.
-¿Cómo se llama aquella otra parte de la vida del hombre, en cuanto
-a miembro de un rebaño, de una colmena, o de una bandada, puesto
-que pertenece a la especie de los animales gregarios? Preguntádselo
-al czar de Rusia, a un lord del parlamento, a Rousseau, a Rosas, a
-Franklin, y cada uno os dará un bellísimo sistema de política, esto
-es, de preceptos, de obligaciones, derechos y deberes que sirvan de
-regla a los individuos en relación con la masa, con la sociedad. Los
-unos pretenderán que el _uno_ que gobierna hará para el bien
-común todo lo que le dé la gana; otros sostendrán que los lores son
-los que tienen el derecho de hacer su soberana voluntad, y no faltará
-quien sostenga que cada individuo tiene su parte de ingerencia en los
-negocios de todos, bien que esto dependerá de la cantidad de bienes
-que haya acumulado, o bien del estado de su razón. La política humana,
-pues, no ha hecho tantos progresos como la moral, y puede ser todavía
-puesta aquella ciencia primordial en el número de las especulativas,
-no obstante referirse al hecho más antiguo, más duradero, más actual,
-que es la sociedad en que vivimos. A la especie humana en general
-le falta un sentido, si es posible decirlo. A la _conciencia_
-que regla las acciones morales entre los hombres, falta añadir otra
-cosa que indique con la misma seguridad los deberes y derechos
-que constituyen la asociación, la moral en grande, obrando sobre
-millones de hombres, entre familias, ciudades, estados y naciones,
-completada más tarde por las leyes de la humanidad entera. La ciudad
-de Atenas parece que había adquirido este sentimiento; más tarde lo
-tuvieron los patricios romanos; pero aquéllo lo destruyeron éstos,
-hiriéndolo por la abertura que deja hasta hoy la moral, a saber, por
-la clasificación del _enemigo_; y a los últimos los destruyó y
-dispersó la _plebe_, que adquiría a la sombra del patriciado
-el mismo sentimiento, y por los _extranjeros_, que de enemigos
-conquistados, pasaron a sentir la gana de formar parte del senado
-romano.
-
-Perdóneme Vd. esta tirada pedantesca, sin la cual no puedo explicar
-mi idea. La población en masa de los Estados Unidos ha adquirido este
-sentimiento, esta conciencia política, pues no sé qué nombre darle. El
-cómo lo ha adquirido lo barruntará Vd. en la historia de los Estados
-Unidos por Bancroft. Es un hecho que se ha venido preparando de cuatro
-siglos; es la práctica de doctrinas y partidos vencidos y rechazados
-en Europa, y que con los peregrinos, los puritanos, los cuáqueros, el
-_habeas corpus_, el parlamento, el juri, la tierra despoblada, la
-distancia, el aislamiento, la naturaleza salvaje, la independencia,
-etc., se ha venido desenvolviendo, perfeccionando, arraigando. En
-Inglaterra hay libertades políticas y religiosas para los lores y los
-comerciantes; en Francia para los que escriben o gobiernan; el pueblo,
-la masa bruta, pobre, desheredada, no _siente_ nada todavía
-sobre su posición como miembros de una sociedad; serán gobernados
-monárquicamente, aristocráticamente, teocráticamente, según lo quieran,
-o no puedan resistirlo, los propietarios, los abogados, los militares,
-los literatos.
-
-En Norte América, el yankee será fatalmente republicano, por la
-perfección que adquiere su sentimiento político, que es ya claro y fijo
-como la conciencia moral; porque es de dogma que la moral es adquirida,
-sin lo cual la revelación era inútil, y no se ha hecho revelación
-alguna a los hombres para guiarse en sus relaciones con la masa. Si una
-parte de la Union defiende y mantiene la esclavitud, es porque en esa
-parte la conciencia moral en cuanto al extranjero de raza, aprisionado,
-cazado, débil, ignorante, está en la categoría del _enemigo_, y
-por tanto, la moral no le favorece; pero, en todos los demás Estados,
-en todas las clases, o más bien, en la clase única que forma la
-sociedad, el sentimiento _político_, que debe ser inherente al
-hombre, como la razón y la conciencia, está completamente desenvuelto.
-De aquí nace que donde quiera que se reunan diez yankees, pobres,
-andrajosos, estúpidos, antes de poner el hacha al pie de los árboles
-para construirse una morada, se reunen para arreglar las bases de la
-asociación; un día llegará en que no se escriba este pacto, porque
-estará sobre-entendido siempre: y este pacto es, como ha visto usted en
-la ley orgánica del Oregon, una serie de dogmas, un decálogo. Cada uno
-creerá lo que cree; cada uno nombrará quien haya de gobernarlo; cada
-uno dirá de palabra y por escrito su pensamiento; será juzgado por un
-jurado, y se le admitirá fianza de cárcel segura por todo delito que no
-merezca pena capital.
-
-Pero esta parte es solo la que puede formularse, que hay otra que
-está en las ideas y en las adquisiciones hechas; y es la más digna
-de estudiarse. Por ejemplo: un hombre no llega a la plenitud de su
-desenvolvimiento moral e inteligente sino por la educación; luego la
-sociedad debe completar al padre en la crianza de su hijo. Las escuelas
-gratuítas son coetáneas y a veces anteriores a la fundación de una
-villa. La sociedad necesita tener una voz suya, como cada individuo
-tiene la que le sirve para expresar sus sentimientos, opiniones y
-deseos; luego habrá _meetings_ y cámara de representantes que
-_enacte_ todos los quereres, y prensa diaria que se ocupe de los
-intereses, pasiones e ideas de grandes masas. Como la sociedad, aunque
-naciendo en el seno de los bosques, es hija y heredera de todas las
-adquisiciones de la civilización del mundo, aspirará a tener desde
-luego, o lo más pronto, posta diaria, caminos, puertos, ferrocarriles,
-telégrafos, etc., y de pieza en pieza llega usted hasta el arado, el
-vestido, los utensilios de cocina perfeccionados, de patente, el último
-resultado de la ciencia humana para todos, para cada uno.
-
-Estos detalles, que pueden parecer triviales, constituyen, sin embargo,
-un hecho único en la historia del mundo. Vengo de recorrer la Europa,
-de admirar sus monumentos, de prosternarme ante su ciencia, asombrado
-todavía de los prodigios de sus artes; pero he visto sus millones de
-campesinos, proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser
-contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos,
-los harapos y andrajos de que visten, no revelan bastante las tinieblas
-de su espíritu; y en materia de política, de organización social,
-aquellas tinieblas alcanzan a obscurecer la mente de los sabios, de
-los banqueros y de los nobles. Imagínese usted veinte millones de
-hombres que saben lo bastante, leen diariamente lo necesario para tener
-en ejercicio su razón, sus pasiones públicas o políticas; que tienen
-que comer y vestir, que en la pobreza mantienen esperanzas fundadas,
-realizables de un porvenir feliz, que alojan en sus viajes en un hotel
-cómodo y espacioso, que viajan sentados en cojines muelles, que llevan
-cartera y mapa geográfico en su bolsillo, que vuelan por los aires
-en alas del vapor, que están diariamente al corriente de todo lo que
-pasa en el mundo, que discuten sin cesar sobre intereses públicos
-que los agitan vivamente, que se sienten legisladores y artífices de
-la prosperidad nacional; imagínese usted este cúmulo de actividad,
-de goces, de fuerzas, de progresos, obrando a un tiempo sobre los
-veinte millones, con rarísimas excepciones, y sentirá usted lo que
-he sentido yo, al ver esta sociedad sobre cuyos edificios y plazas
-parece que brilla con más vivacidad el sol, y cuyos miembros muestran
-en sus proyectos, empresas y trabajos una virilidad que deja muy atrás
-a la especie humana en general. Los norteamericanos sólo pueden ser
-comparados hoy a los romanos antiguos, sin otra diferencia que los
-primeros conquistan sobre la naturaleza ruda por el trabajo propio,
-mientras los otros se apoderaban por la guerra del fruto creado por el
-trabajo ajeno. La misma superioridad viril, la misma pertinencia, la
-misma estrategia, la misma preocupación de un porvenir de poder y de
-grandeza.
-
-Su buque es el mejor del mundo, el más barato, el más grande. Si en
-alta mar encontráis en un día de bolina una nave que cruza arrebatada
-por la borrasca, cuyas bocanadas inflan a reventar las velas, juanetes,
-alas y arrastraderas, el capitán francés, español o inglés de vuestro
-buque que ha tomado rizos a la vela mayor, os dirá a qué nación
-pertenece; os dirá, rechinando los dientes de cólera que es yankee; lo
-conoce en el tamaño, en la audacia, y más que todo en que pasa rozando
-su buque sin izar la bandera para saludarlo.
-
-En los puertos o docks europeos vuestra vista tropezará con un
-departamento especial en que están reunidas fragatas colosales, que
-parecen pertenecer a otro mundo, a otros hombres; son los buques
-yankees que principiaron por agrandarse para contener mayor número de
-balas de algodón y han concluído por hacer un género en la construcción
-naval. Quince buques de vapor de los que hacen el servicio del Hudson,
-unidos por sus quillas y proas describen una calle de madera de una
-milla de largo. Si en un día de tempestad veis en el Havre o en
-Liverpool un buque empeñado en tomar la mar, es un buque yankee que
-tenía anunciada para aquel día su salida, y que el honor al pabellón,
-la gloria de las estrellas de su bandera, le prohiben aguardar, como
-lo harán los buques de otras naciones, a que el viento abonance.
-¿Qué buques son los que persiguen las ballenas en los mares polares?
-Son casi exclusivamente los norteamericanos; y dentro de ese casco
-solitario, de aquel _squatter_ de las aguas, encontraréis una
-tripulación escasa, que no bebe licores, porque pertenece a la sociedad
-de templanza, hombres endurecidos en las fatigas, que arrancan a los
-peligros de la muerte un peculio para establecerse en los Estados
-cuando vuelvan, para tomar un lote de tierra y labrarse una propiedad
-y levantar una casa, y contar a sus hijos alrededor de la estufa de
-hierro colado sus aventuras de mar. El año pasado la reina Victoria se
-paseaba en su suntuoso _yacht_, acompañada del príncipe Alberto,
-por la bahía de Falmouth. Los buques todos estaban empavesados para
-honrar a las regias visitas. Sobre el tope del palo mayor de una
-fragata norteamericana veíase un marinero yankee parado en un pie,
-balanceándose con el buque que se mecía sobre sus anclas y tendiendo al
-aire su sombrero en una mano en señal de saludo. He aquí la expresión
-jeroglífica de la marina yankee. La reina se enfermó a la vista de
-aquel espectáculo. Un marinero inglés hubo, picado de amor nacional, de
-repetir la prueba. La reina lo prohibió con sus señales de espanto. ¿Lo
-habría hecho? No lo hizo, y eso basta. Era una imitación de la audacia
-ajena; el hombre es capaz de eso y mucho más; pero sólo el genio de un
-pueblo inspira la idea y el coraje de ejecutarlo.
-
-Me detengo en este punto de la marina norteamericana, porque el buque
-es para el yankee su medio internacional, la prolongación de su nación
-para ponerse en contacto con todas las otras de la tierra; y en esta
-época de movimiento universal, el pueblo que tenga buques más ligeros,
-de construcción más barata y por tanto de fletes menos subidos, es el
-rey del universo. En el Mediterráneo, en los mares de la India y el
-Pacífico, anulan, suprimen y alejan de día en día toda otra marina y
-todo otro comercio que el suyo. Oh, reyes de la tierra, que habéis
-insultado por tantos siglos a la especie humana, que habéis puesto
-el pie de nuestros esbirros sobre los progresos de la razón y del
-sentimiento político de los pueblos revolucionarios, dentro de veinte
-años, el nombre de la República norteamericana será para vosotros
-como el de Roma para los reyes bárbaros. Las teorías, las utopías, de
-vuestros filósofos, desacreditadas, ridiculizadas por la tradición, la
-legitimidad, el _hecho consumado_, bien entendido que apoyados en
-medio millón de bayonetas, para que el ridículo sea eficaz, encontrarán
-el hecho también luminoso y triunfante.
-
-Cuando los Estados de la Unión se cuenten por centenares, y los
-habitantes por cientos de millones, educados, vestidos y hartos, ¿qué
-váis a oponer a la voluntad tan soberana de la gran República en los
-negocios del mundo? ¿Vuestros guardianes de pordioseros? ¡Pero os
-olvidáis de las naves americanas que os bloquearían en todos los mares,
-en todos los puertos! Dios ha querido, al fin, que se hallen reunidos
-en un solo hecho, en una sola nación, la tierra virgen que permite a
-la sociedad dilatarse hasta el infinito, sin temor de la miseria; el
-hierro que completa las fuerzas humanas; el carbón de piedra que agita
-las máquinas; los bosques que proveen de materiales a la arquitectura
-naval; la educación popular, que desenvuelve por la instrucción general
-la fuerza de producción en todos los individuos de una nación; la
-libertad religiosa que atrae a los pueblos en masa a incorporarse en
-la población; la libertad política que mira con horror el despotismo y
-las familias privilegiadas; la República, en fin, fuerte, ascendente
-como un astro nuevo en el cielo; y todos estos hechos se eslabonan
-entre sí, la libertad y la tierra abundante; el hierro y el genio
-industrial; la democracia y la superioridad de los buques. Empeñaos en
-desunirlos por las teorías y la especulación; decid que la libertad,
-la educación popular, no entran por nada en esta prosperidad inaudita,
-que conduce fatalmente a una supremacía indisputable; el _hecho_
-será siempre el mismo, que en las monarquías europeas se han reunido la
-decrepitud, las revoluciones, la pobreza, la ignorancia, la barbarie
-y la degradación del mayor número. Escupid al cielo, y ponderadnos
-las ventajas de la monarquía. La tierra se os vuelve estéril bajo las
-plantas, y la República os lleva sus cereales para alimentaros; la
-ignorancia de la muchedumbre sirve de base a vuestros tronos, y la
-corona que orna vuestras sienes brilla cual flor sobre ruinas; medio
-millón de soldados guardan el equilibrio de los celos y de la envidia
-de unos soberanos con otros, mientras la República, colocada por la
-Providencia en terreno propicio, como colmena de abejas, ahorra esas
-sumas inmensas para convertirlas en medios de prosperidad que da su
-rédito en acrecentamiento de poder y de fuerza. Vuestra ciencia y
-vuestras vigilias sirven sólo para aumentar el esplendor de aquélla.
-_Sic vos non vobis_ inventáis telégrafos eléctricos para que la
-unión active sus comunicaciones; _sic vos non vobis_ creasteis los
-rieles para que rodasen las producciones y el comercio norteamericano.
-Franklin tuvo la audacia de presentarse en la corte más fastuosa del
-mundo con sus zapatos herrados de labriego y sus vestidos de paño
-burdo; vosotros tendréis un día que esconder vuestros cetros, coronas y
-zarandajas doradas para presentaros ante la República, por temor de que
-no os ponga a la puerta, como a cómicos o truhanes de carnestolendas.
-
-¡Oh! me exalta, mi querido amigo, la idea de presentir el momento en
-que los sufrimientos de tantos siglos, de tantos millones de hombres,
-la violación de tantos principios santos, por la fuerza material
-de los hechos elevados a teoría, a ciencia, encontrarán también el
-_hecho_ que los aplaste, los domine y desmoralice. ¡El día
-del grande escándalo de la República fuerte, rica de centenares de
-millones, no está lejos! El progreso de la población norteamericana lo
-está indicando; ella aumenta como ciento, y las otras naciones sólo
-como uno; las cifras van a equilibrarse y a cambiar en seguida las
-proporciones; y ¿estas cifras numéricas no expresarán lo que encierra
-en sí de fuerzas productoras y de energía física y moral del pueblo
-avezado a las prácticas de la libertad, del trabajo y de la asociación?
-
-[1] _Journal of Travels over the Rocky Mountains to the Mouth of the
-Columbia River, made the years 1845 and 1846._
-
-[2] Ley orgánica del Oregón, sancionada el 5 de julio de 1845.
-
-[3] El presidente de Estados Unidos, en el Mensaje de 1848, pedía que
-se invitase a los habitantes del Oregón a entrar en relaciones con la
-Unión y reconociesen la autoridad común, como un territorio.
-
-
-AVARICIA Y MALA FE
-
-Tan fatigado lo considero de seguirme en estas excursiones que al
-rápido andar de las ideas hago por los extremos aportados de la Unión,
-tras de alguna manifestación de la vida de este pueblo, que para
-su solaz quiero en adelante, en vías de puntos de descanso, poner
-epígrafes a las materias que iré tratando. Usted ha comprendido, sin
-duda, que el que precede anuncia que voy a hablar del carácter moral
-de esta nación. En aquellas dos palabras se reasume, en efecto, el
-reproche que hacen, más bien diré, el tizne que afea el carácter moral
-yankee, y el entusiasmo por las instituciones democráticas se resfría
-al ver las brechas que a la moral individual hacen, y no hay pueblo
-medio civilizado que no se sienta superior a los yankees por este lado
-al menos, al revés de las grandes naciones antiguas y modernas, de Roma
-y la Inglaterra, en que el Estado era un bandido famoso, mientras los
-individuos que lo componían practicaban las virtudes más austeras.
-
-Los Estados Unidos como gobierno son irreprochables en sus actos
-públicos, mientras que los individuos que lo forman adolecen de
-vicios repugnantes de que se creen menos sujetas las demás naciones.
-¿Dependerá esto de una peculiaridad de la raza sajona? ¿Vendrá de la
-amalgama de tantos pueblos diversos? ¿Será fruto ingrato de la libertad
-y de la democracia?
-
-No se espante si muestro que a esta última causa más que a otra
-ninguna atribuyo el mal moral que aqueja a aquellos pueblos. La
-avaricia es hija legítima de la igualdad, como el fraude viene ¡¡cosa
-extraña al parecer!! de la libertad misma. Es la especie humana que se
-muestra allí, sin disfraz alguno, tal como ella es, en el período de
-civilización que ha alcanzado, y tal como se mostrará todavía durante
-algunos siglos más, mientras no se termine la profunda revolución que
-se está obrando en los destinos humanos, cuya delantera llevan los
-Estados Unidos.
-
-El mundo se transforma, y la moral también. No se escandalice usted.
-Como la aplicación del vapor a la locomoción, como la electricidad a la
-transmisión de la palabra, los Estados Unidos han precedido a todos los
-demás pueblos en añadir un principio a la moral humana en relación con
-la democracia. ¡Franklin! Todos los moralistas antiguos y modernos han
-seguido las huellas de una moral que, dando por sentada, por fatal y
-necesaria la existencia de una gran masa de sufrimientos, de pobreza y
-de abyecciones, localizaba el sentimiento moral, dando por atenuaciones
-la limosna del rico y la resignación del pobre. Desde las castas
-inmóviles de indios y egipcios, hasta la esclavitud y el proletariado
-normal de la Europa, todos los sistemas de moral han flaqueado por
-ahí. Franklin ha sido el primero que ha dicho: bienestar y virtud; sed
-virtuosos para que podáis adquirir; adquirid para poder ser virtuosos.
-Mucho se aproximaba Moisés en sus doctrinas morales a estos principios,
-cuando decía: honrad a vuestros padres para que así viváis largo tiempo
-sobre la tierra prometida. Todas las leyes modernas están basadas en
-este principio nuevo de moral. Abrir a la sociedad en masa, de par en
-par, las puertas al bienestar y a la riqueza.
-
-Allá va el mundo en masa, y sabe Dios los dolores que va a costar
-habituar a los goces de la vida, despertar la inteligencia de esos
-millones de seres humanos que durante tantos miles de años han servido
-para abrigar con el calor de sus entrañas los pies de los nobles que
-volvían de la caza. ¿Qué es el capital? preguntan hoy los economistas.
-El capital es el representante del trabajo de las generaciones pasadas
-legado a las presentes; tienen capitales los que han heredado el fruto
-del trabajo de los siglos pasados, como las aristocracias, y los que
-lo han adquirido en este y el pasado siglo con los descubrimientos de
-las ciencias industriales y las especulaciones del comercio; es decir,
-poquísimos en proporción de la masa pobre de las naciones. He aquí, en
-mi humilde sentir, el origen de la desenfrenada pasión norteamericana.
-Veinte millones de seres humanos, todos a un tiempo, están haciendo
-capital, para ellos y para sus hijos; nación que nació ayer en suelo
-virgen y a quién los siglos pasados no le habían dejado en herencia
-sino bosques primitivos, ríos inexplorados, tierras incultas. Despertad
-en Francia o en Inglaterra, por ejemplo, esos veinte millones de
-pobres que trabajando veinte horas diarias, se amotinan por conseguir
-solamente que el salario les baste para no morir de hambre, sin aspirar
-a un porvenir mejor, sin osar soñarlo siquiera, como pretensiones
-impropias de su esfera; poned a los rotos de Chile en la alta esfera
-de las especulaciones, con la idea fija de hacer pronto una fortuna
-de cincuenta mil pesos, y veréis mostrarse entonces las pasiones
-infernales que están aletargadas en el ánimo del pueblo. El roto os
-pide diez reales por el objeto que venderá por uno, si le ofrecen
-uno, y todavía os habrá engañado. Un chileno cree honrada a la masa
-de su nación por serlo él y por desprecio al miserable roto, que, sin
-embargo, forma la gran mayoría. Tal es la explicación del fenómeno
-que llama la atención en los Estados Unidos. Toda la energía del
-carácter de la nación en masa está aplicada a esta grande empresa de
-las generaciones actuales, acumular capital, apropiarse el mayor número
-de bienes para establecerse en la vida. La revolución francesa vió por
-otro camino, aunque conduciendo al mismo fin, desenvolverse la energía
-moral de la nación; la gloria militar puesta al alcance de quién
-supiera conquistarla, el bastón de mariscal en la boca de los cañones
-del enemigo, y sabe usted los prodigios obrados por aquella nación.
-
-El norteamericano lucha con la naturaleza, se endurece contra las
-dificultades por llegar al supremo bien que su posición social le hace
-codiciar: el bienestar; y si la moral se pone de por medio cuando
-él iba a tocar su bien, ¿qué extraño es que la aparte a un lado lo
-bastante para pasar, o la dé un empellón si persiste en interponerse?
-Porque el norteamericano es el pueblo, es la masa, es la humanidad no
-muy moralizada todavía, cubierta allí en todas sus graduaciones de
-desenvolvimiento bajo una apariencia común. ¿Quién es este hombre? se
-preguntará usted en cualquiera parte del mundo; y su fisonomía exterior
-le responderá: es un roto, un labriego, un mendigo, un clérigo, un
-comerciante. En los Estados Unidos todos los hombres son a la vista un
-solo hombre, el norteamericano. Así, pues, la libertad y la igualdad
-producen aquellos defectos morales, que no existen tan aparentes en
-otras partes, porque el grueso de la nación está inhabilitado para
-manifestarlos. ¡Qué escándalo dieran si llegasen de improviso a ser
-picados por la tarántula!
-
-Contribuyen a hacerlo más manifiesto las peculiaridades de la
-organización de aquel país. Es tal el sentimiento de vida que se
-experimenta en los Estados Unidos, tal la confianza en el porvenir,
-tal la fe que se tiene en los resultados del trabajo, y tan grande
-la esfera del movimiento, que el crédito reposa en la existencia del
-individuo más bien que en la garantía de la propiedad. Un hombre
-trabajando adquirirá infaliblemente. La estadística de la progresión
-en que va la riqueza lo demuestra; luego, todo hombre que trabaja
-tiene crédito. Ejemplo: un individuo remonta el Mississipi en un
-vapor y propone la compra de 4000 barricas de harina. El vendedor
-dice su precio y queda aceptado, después de preguntar quién es el
-banquero del comprador. El vendedor escribe a Nueva York al banquero
-indicado, pidiendo la solvibilidad del individuo, y con la respuesta:
-posee 4000 pesos, crédito bueno, el contrato queda concluído a cuatro
-meses de plazo, a pagar en Londres, donde se venderá la harina al
-banquero del vendedor. Llegado el término del contrato el vendedor
-ve el precio corriente de las harinas en Londres, en la época en que
-ha debido efectuarse la venta y ya sabe a qué atenerse en cuanto a
-la solvibilidad de su deudor. ¡Cuántos tropezones ha dado un yankee
-para llegar a tener fortuna! Aquí llamamos quiebras; allá negocios
-frustrados solamente, que irritan la actividad en lugar de paralizarla.
-
-Cuando el especulador es un Estado, el pícaro se presenta más
-desfachatado. El Estado agencia capitales en Inglaterra para abrir
-caminos de hierro, los obtiene y realiza su empresa; pero como es un
-Estado naciente del Oeste, donde la población y la riqueza no son
-grandes, los peajes no producen por largos años el interés del dinero,
-el Estado deudor promete, aplaza de hoy a mañana el pago sinceramente,
-miente, en seguida, por necesidad, se enfada de que le estén exigiendo,
-y últimamente, un día amanece de mal humor, pone a la puerta al
-acreedor importuno, y le declara en sus propias barbas, y a la faz
-de todo el mundo, que _repudia_ la deuda, es decir que no paga.
-¿Demandarlo? ¿Ante quién? He aquí el primer pícaro que se presenta
-en el mundo, que no conoce juez en la tierra; el pueblo soberano. El
-Presidente, el Congreso, el Juez supremo nada pueden contra esta clase
-de bellacos. El gobierno mismo del Estado nada puede; ni la clase culta
-y por tanto con vergüenza, porque emanando el poder del voto de la
-muchedumbre ignorante y bribona, no acepta esta contribución nueva para
-pagar la deuda contraída. Así se han conducido Mississipi, Illinois,
-Indiana, Michigan, Arkansas y algunos otros más. ¡Qué bulla han metido
-los banqueros en Londres con aquella magnífica muestra de la más
-insigne felonía! Y, ¿qué remedio?
-
-Aquí principia el reverso de la medalla. Los diarios de Europa hacen
-llover como sobre Sodoma y Gomorra el fuego de la execración universal,
-y los Estados alzados se ríen con insolencia de tales bravatas. Mas en
-los Estados que no han participado del crimen, principia una reacción
-en nombre de la dignidad nacional, del honor de la Unión mancillado,
-y los delincuentes soberanos empiezan a ponerse serios. Una línea de
-circunvalación se establece en torno de ellos, y desde allí la opinión
-pública los fulmina a mansalva. La clase ilustrada de los Estados que
-han _repudiado_ las deudas siente la indignidad del procedimiento;
-pero ¿qué hacer contra la mayoría que lo sostiene? Un diario entra
-tímidamente en la cuestión; copia como por incidente algún artículo
-censorio. Desde luego reconoce que dadas las circunstancias en que el
-Estado se halló, y la insolencia de los ingleses, hizo perfectamente
-bien, y les ha dado una lección severa, para que en adelante respeten
-mejor la dignidad de un Estado soberano (tramposo). Pero las
-circunstancias empiezan a cambiar felizmente la propiedad se desarrolla
-rápidamente. ¿No convendría, _to repeal_ la _repudiación_?
-¿Al menos reconsiderar el asunto, arbitrar medios, etc.?
-
-El pueblo soberano oye ya sin enojarse. Al día siguiente le insinúan
-ideas de honor, sentimientos de generosidad, hasta que al fin la
-opinión pública se forma, la reprobación excitada afuera halla ecos
-en el Estado, un sentimiento de vergüenza apunta en los semblantes;
-voces enérgicas se levantan en la minoría del Congreso, el movimiento
-se generaliza, y el Estado criminal vuelve sobre sus pasos, entabla
-negociaciones con los banqueros defraudados, y concluye por reconocer
-por legítima la deuda del capital, y ofrece un 60 por ciento de los
-intereses. Otro Estado, no habiendo podido terminar el canal en que
-invirtió los capitales, pide que se le den las sumas necesarias para
-llevarlo a cabo, y pagará todo. Un Estado, en fin, permanece inerte en
-despecho del clamoreo universal, porque es muy pobre, muy apartado, y
-no se admire usted, muy bruto.
-
-Esto último requiere explicaciones.
-
-
-GEOGRAFIA MORAL
-
-Había pintado el plan iconográfico de la viabilidad de los Estados
-Unidos, que si no es la base de la prosperidad de aquel país, es su
-instrumento, como los dedos del hombre son los fieles ejecutores de su
-pensamiento. Hay, también, una geografía moral en aquel país, cuyas
-facciones principales necesito señalar. Conocido el suelo, verá usted
-las corrientes civilizadoras que llevan a todos los extremos de la
-Unión la mejora, la luz y el progreso moral.
-
-Conoce usted la historia y la colocación de los trece Estados
-primitivos de la Unión americana. Dos siglos habían depositado allí
-las grandes ideas políticas y religiosas que la Inglaterra había
-arrojado sucesivamente de su seno. Bancroft ha hecho el inventario de
-esas ideas, colocándolas cada una en la localidad que ocuparon desde
-su establecimiento, con los peregrinos en la Nueva Inglaterra, con
-los cuáqueros en la Pensilvania, con los católicos en el Maryland.
-Aquella colonización fué menos de hombres que se trasladaban de un
-país a otro, que de ideas políticas y religiosas que pedían aire y
-espacio para explayarse. Sus frutos han sido la república americana,
-frutos muy anteriores a la revolución francesa. La declaración de los
-derechos del hombre hecha por el Congreso de los Estados Unidos en
-1776, es la primera página de la historia del mundo moderno, y todas
-las revoluciones políticas que se seguirán en la tierra, un comentario
-de aquellos simples dogmas del sentido común.
-
-La declaración de la independencia fué como aquel creced y multiplicaos
-de Dios a los hebreos. Desde entonces las ideas y los hombres se
-pusieron en marcha hacia el interior; la república empezó a parir
-_territorios_ que se convertían luego en _Estados_, como
-un pólipo que echa al costado de su tronco nuevas ramas. Observe el
-movimiento de las repúblicas sudamericanas desde su independencia
-adelante, y verá cuán notable es la diferencia. Chile subdivide sus
-antiguas provincias, pero sin aumentar ni el territorio poblado, ni el
-número de sus ciudades. Las antiguas Provincias Unidas del Río de la
-Plata ven desmembrarse su territorio, y de sus fragmentos constituirse
-estados raquíticos y absurdos, mientras que las provincias que aún
-quedan llevando el nombre argentino, se despueblan de día en día,
-extinguiéndose sus antiguos planteles de ciudades como luces que se
-apagan. Maine tenía, por ejemplo, en 1790, 96.000 habitantes; 151.000
-en 1800; 228.705 en 1810; 400.000 en 1830; 501.793 en 1840. Nueva York
-tenía 340.120 en 1790; 586.766 en 1800; 959.949 en 1810; 1.372.812 en
-1820; 1.918.608 en 1830; 2.428.921 en 1840.
-
-Pero a este movimiento de concentración se añade otro de dilatación.
-Mississipi aparece en 1800 con 8.850 habitantes; en 1840, contaba ya
-375.651. Arkansas no suena hasta 1820, en que presenta una población
-de 14.273 habitantes; en 1840 tiene cerca de cien mil. Indiana
-contaba en 1810, 4.762; treinta años después, 685.866. Ultimamente
-Ohio, que en 1800 registró una población de 40.365, contaba en 1840
-un acrecentamiento de más de millón y medio. Asómbrese usted de
-este diluvio de hombres que los primeros colonos en un desierto ven
-llegar y establecerse en los alrededores. Me han mostrado un hombre
-que no era viejo, el cual había visto nacer, desenvolverse y crecer
-uno de aquellos grandes estados. ¿De dónde salen estos hombres,
-desde que ya no hay Deucaliones que los produzcan tirando piedras
-hacia atrás? La inmigración europea figura en segundo plano en estas
-sucesivas inmigraciones, por más que aparentemente sea su número muy
-considerable. Los Estados viejos o adultos engendran a los que van
-apareciendo. El _indian hater_, odiador del indio, va adelante,
-esparciendo los miembros de esta singular secta instintiva, que tiene
-por único dogma perseguir al salvaje, por único apetito el exterminio
-de las razas indígenas. Nadie lo ha mandado; él va solo al bosque
-con su rifle y sus perros a dar caza a los salvajes, ahuyentarlos
-y hacerles abandonar las cacerías de sus padres. Detrás vienen los
-_squatters_, misántropos que buscan la soledad por morada, el
-peligro por emociones, y el trabajo de desmontar por solaz. Siguen a
-distancia los _pioneers_ abriendo las selvas, sembrando la tierra
-y diseminándose en una grande esfera. Vienen en seguida los empresarios
-capitalistas con emigrantes por peones, y fundando ciudades y aldeas
-según que los accidentes del terreno lo aconsejan. Sobre estos cuadros
-viene en seguida a colocarse la inmigración propietaria, mecánica,
-industrial, joven, que se desprende de los Estados antiguos a buscar y
-crear la fortuna.
-
-En esta expansión de la población norteamericana se muestran grados
-de civilización muy marcados, desapareciendo casi del todo en los
-extremos, al oeste por la diseminación de los habitantes y la rudeza de
-las ocupaciones campestres, al sur por la presencia de los esclavos, y
-por las tradiciones españolas o francesas. Medio siglo bastaría para
-que la barbarie incurable de nuestras campañas argentinas se mostrase
-en las extremidades de la Unión, si los elementos vivos de regeneración
-que encierra aquel país no constituyesen un flujo y reflujo que tiene
-en actividad toda la masa, y evita que las partes lejanas o aisladas se
-estagnen y degeneren.
-
-¡La inmigración europea es allí un elemento de barbarie, quién lo
-creyera! El europeo, irlandés o alemán, francés o español, salvo
-las excepciones naturales, sale de las clases menesterosas de
-Europa, ignorante de ordinario, y siempre no avezado a las prácticas
-republicanas de la tierra. ¿Cómo hacer que el inmigrante comprenda
-de un golpe aquel complicado mecanismo de instituciones municipales,
-provinciales y nacionales, y más que todo, que se apasione como el
-yankee por cada una de ellas, y las crea ligadas con su existencia y
-como parte de su ser, de tal manera que si descuidara ocuparse de ellas
-y de los intereses a que se ligan, temería que su vida y su conciencia
-estaban a un tiempo en peligro? ¿Cómo habituarlo al _meeting_ a
-que a cada instante recurre el pueblo para expresar _his sentiment;_
-y una vez expresado, una vez votados una serie de _and to be further
-resolved_, sentir aquel desahogo y como descargo de un peso que
-experimenta el norteamericano, como si hubiera producido un hecho, o
-desvanecido la opinión que combate? Así es que los extranjeros son en
-los Estados Unidos la piedra de escándalo, y la levadura de corrupción
-que se introduce anualmente en la masa de la sangre de aquella nación
-tan antiguamente educada en las prácticas de la libertad. El partido
-_whig_, que es la parte más racional de la nación, ha intentado
-muchas veces poner trabas a la inmigración, y sobre todo prolongar
-por muchos años el aprendizaje, que requiere el uso de los derechos
-políticos. El partido nativista, hoy extinto, trató de crear una
-especie de fanatismo nacional, parecido, aunque por motivos contrarios,
-a nuestro _americanismo_; pero disiparon luego el interés de cada
-Estado naciente los primeros nubarrones de preocupación que empezaban a
-levantarse. Los Estados antiguos podían prescindir de los extranjeros,
-pues que ya estaban densamente poblados y ofrecen poco aliciente a
-los advenedizos. No así los estados del oeste, que pusieron desde
-entonces en pública subasta la ciudadanía, bajando a porfía los años
-de residencia y excusando requisitos para obtenerla.
-
-Contra esta relajación de la disciplina de los mayores y la más
-sensible que trae la diseminación de la población de las campañas, la
-organización social de aquel país tiene medios eficacísimos y que ya
-hubieran producido sus resultados, si no fuese una obra interminable
-mientras continúen llegando _i barbari_ de Europa por centenas de
-miles, y hayan acres de bosques por descuajar por millares de millones.
-Estas fuerzas de atracción, depuración y pulimento, son tan importantes
-que me permitirá usted irlas enumerando.
-
-La posta diaria es la que más sensiblemente obra. La posta sonará a
-las puertas de cada aldea lejana y depositará en ella, en algún papel
-público, un tópico de conversación, y una noticia de las novedades de
-la Unión. Usted concibe que es imposible barbarizarse donde la posta,
-como una gotera diaria, está disolviendo toda indiferencia nacida del
-aislamiento. No olvide que esta posta recorre 134.000 millas, y que en
-partes tiene por auxiliar el telégrafo.
-
-Paso por alto la influencia civilizadora e irritante de la prensa
-periódica.
-
-El juicio por jurados llama a los hombres de las campañas a cada
-instante a reunirse, para juzgar causas criminales, y el payo juez
-oye la acusación y la defensa, pesa las razones, compulsa leyes, se
-habitúa a su mecanismo y juzga con toda seguridad de conciencia. El
-hábito del jurado ha creado el crimen civil, impune, horrible, que
-se llama la _Ley de Lynch_. Como Jesús decía: “Donde quiera que
-estaréis reunidos tres en mi nombre, yo estaré con vosotros”, la
-_Lynch’s law_ ha dicho al yankee de los bosques: “Donde quiera
-que os reunáis siete en nombre de la voluntad del pueblo, la justicia
-será con vosotros”. Guárdese usted en el Far-West o en los Estados
-de esclavos de encontrarse con siete hombres reunidos y provocar sus
-pasiones. Será usted colgado por aquellos jueces, más terribles y más
-arbitrarios que los jueces invisibles de los tribunales secretos de
-la Alemania antigua. La ley lo permite, y aquellas conciencias torvas
-quedan exentas de todo remordimiento, ni más ni menos que el inquisidor
-español que veía arder la víctima que con sus ardides había llevado a
-la hoguera; así la religión y la democracia caen en el crimen cuando se
-exageran sus principios y sus objetos.
-
-No ejerce menor influencia civilizadora la elección de presidente.
-El norteamericano hace cincuenta elecciones al año. Derrotado en el
-consejo de instrucción pública, se echa con el mismo ardor en la
-de sacristán de su capilla; si pierde allí, espera con redoblado
-encarnizamiento la de _attorney_, la de diputados para su Estado
-o la de gobernador. No lo exalta menos la que requiere la renovación
-de las cámaras, e incuba un año entero su ojeriza contra un candidato
-para la presidencia y su amor por otro. Entonces la Unión se agita por
-sus cimientos; los _squatters_ salen de los bosques como sombras
-evocadas por un conjuro. La suerte de cada uno de aquellos galápagos,
-está comprometida en el éxito; amenaza no sobrevivir al triunfo del
-candidato _whig_, cual si dijéramos retrógrado; y si el escrutinio
-deja burladas sus esperanzas, aprieta los puños se alejan en dirección
-a su morada, jurando desquitarse en la elección de pastor de su
-doctrina.
-
-La elección de presidente es, pues, el único vínculo que une entre
-sí a todos los extremos de la Unión, la preocupación nacional única
-que conmueve a un tiempo a todos los hombres y a todos los Estados.
-La lucha electoral, es, por tanto, un despertador, una escuela y un
-estimulante que hace revivir la vida adormecida por las distancias y la
-rudeza del trabajo.
-
-Pero el mayor de todos los reactivos constitúyelo el sentimiento
-religioso. Pasma, sin duda, a un católico tibio que llega de nuestros
-países ver la escala extensa y elevada en que la religión obra, en
-medio de aquella extrema libertad. Desde luego la Biblia está en toda
-la Unión, desde el _loghouse_ del bosque hasta los hoteles de las
-grandes ciudades, obrando en bien y en mal, los efectos de su lectura
-diaria. Digo en mal, porque el apego a la letra del texto produce
-consecuencias desastrosas en los ánimos estrechos. Sábese que en la
-nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las leyes de Moisés; tal
-era y es aún la idea de la perfección inmaculada de cada frase y de
-cada versículo de la Biblia. A bordo de un buque se hablaba de las
-maravillas del cloroformo. Un médico aseguraba que podía aplicarse
-sin peligro a los alumbramientos.--¿Y usted lo aplicará a su mujer?
-preguntaba un puritano presente.--¿Por qué no?--Pues yo no lo haría,
-replicó seriamente el interlocutor.--Eso depende del grado de confianza
-de cada uno en su eficacia.--No, señor; el Génesis dice: parirá la
-mujer con dolores; y usted contraría la voluntad de Dios. Como se ve,
-la cuestión del cloroformo era mirada por el lado de la conciencia, y
-medida su bondad en el cartabón de la Biblia.
-
-El acento nasal de los yanquis, más pronunciado en el interior,
-viéneles de la lectura cotidiana de la Biblia; pero en despecho de
-estos pequeños inconvenientes, produce, por otra parte, resultados
-inmensos. La historia aunque trunca, los preceptos de la moral, las
-frases evangélicas, se pegan a la mente del lector; y la plática del
-pastor se refiere cual comentario a aquellos puntos que el oyente
-conoce y sobre cuya significación su ruda mente pedía esclarecimientos.
-La lluvia de la palabra cae entonces sobre terreno abierto y sediente,
-y no como la de nuestros predicadores ordinarios, que la arrojan
-al viento en las plazas públicas, condimentándolas no pocas veces
-con groserías para que sirvan éstas de mordiente al caer sobre las
-naturalezas brutas del pueblo. La polémica de las sectas da más
-animación y actualidad a estas lecturas, y la vida entera de un hombre
-no basta para penetrar en los misterios que encierra en inmenso
-catálogo su libro sagrado. Sesenta y siete colegios de teología
-difunden por toda la Unión la ciencia religiosa, mientras que alcanzan
-apenas a diez los consagrados a las leyes, produciendo, sin embargo,
-un número de más de veinte mil abogados. El número de obras originales
-sobre aquel punto es tres veces mayor en los Estados Unidos que el de
-otras consagradas a investigaciones de la ciencia. Esta peculiaridad
-nacional hará de aquel pueblo una entidad aparte en el mundo moderno.
-
-Para mantener el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las
-campañas remotas, millares de pastores viajeros, que pasan toda
-su vida en misión; hombres rudos y enérgicos que llevan a todas
-partes la agitación, despiertan los ánimos, excitándolos a la
-contemplación de las verdades eternas. Son éstos verdaderos ejercicios
-espirituales, como los de los católicos; más espirituales aún, pues,
-sin amedrentarlos con las penas del infierno, el pastor o los pastores
-reunidos en un mitin religioso, al aire libre o en algún galpón
-improvisado, sacuden las embotadas inteligencias de los campesinos,
-les presentan la imagen de Dios en formas grandiosas, inconcebibles;
-y cuando el estimulante ha producido su efecto, envían a las mujeres
-al bosque de un lado y a los hombres del otro, para que mediten a sus
-solas, se encuentren en presencia de sí mismos viendo su nada, su
-desamparo y sus defectos morales.
-
-Los resultados de esta curación moral son extraños e inexplicables.
-Las mujeres entran en delirio, se tuercen y revuelcan por el suelo,
-echando espumarajos; lloran los hombres y aprietan los puños, hasta
-que, al fin, un himno religioso, entonado en coro, empieza, lentamente,
-a dulcificar aquellas santas amarguras; la razón recobra su imperio,
-la conciencia se aquieta y tranquiliza, y una profunda melancolía se
-pinta en los semblantes, mezclada de síntomas de bondad moral, como si
-hubiese robustecídose el sentimiento de lo justo con aquel vomitivo
-aplicado al espíritu. Los profanos que han presenciado estas escenas
-en las campañas, atribuyen aquellos efectos singulares de la palabra
-a la excitación que producen sobre el cerebro las ideas elevadas,
-en personas que por la monotonía de la vida aislada que llevan,
-pasan meses enteros sin experimentar emoción alguna de placer ni de
-dolor. Es aquel un drama entre Dios y la criatura, cuyas peripecias
-tienen despierto al auditorio que es la parte más activa de la
-representación. Acaso el cerebro tiene movimientos y revoluciones como
-otros órganos del cuerpo humano también. Pero en todo caso el habitante
-del Far West en nada se parece al bárbaro pastor o al labrador de
-nuestras campañas, pues que está abundantemente preparado para oir
-la palabra divina por la lectura de la Biblia y por los comentarios
-teológicos de los divinistas. Pero lo que de todo esto importa para
-mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos, las disidencias
-teológicas y los pastores ambulantes, aquella grande masa humana vive
-toda en fermentación, y la inteligencia de los más apartados habitantes
-de los centros se conserva despierta, activa, y con sus poros abiertos
-para recibir toda clase de cultura. A semejanza de una cuba, que no
-importa la calidad del líquido que encierre, se mantiene ajustada y
-apta para servir; mientras que si se le deja vacía, las duelas se
-tuercen, los arcos se aflojan y queda con la acción del tiempo y las
-fluctuaciones de la intemperie, inutilizada para siempre.
-
-Pero abra Vd. paso, todavía para un elemento civilizador, el más
-activo que mantiene la vida en aquellos pueblos, religioso, político,
-industrial, lleno del espíritu antiguo de las colonias, como, asimismo,
-accesible a todos los progresos de la inteligencia moderna, el
-descendiente de los viejos peregrinos, el heredero de sus tradiciones
-de resignación y de endurecimiento al trabajo manual, el elaborador de
-las grandes ideas sociales y morales que constituyen la nacionalidad
-norteamericana, el habitante, en fin, de los Estados de la Nueva
-Inglaterra, Maine, New Hampshire, Massachusetts, etc. He aquí la raza
-bramínica de los Estados Unidos. Como los bramanes descendiendo de las
-montañas del Himalaya, los habitantes de aquellos antiguos Estados,
-se diseminan hacia el Oeste de la Unión, educando con su ejemplo
-y sus prácticas a los pueblos nuevos que surgen sin pericia y sin
-ciencia sobre la faz de la tierra apenas desmontada. Recuerda Vd. que
-los peregrinos eran ciento cincuenta sabios, pensadores, fanáticos,
-entusiastas, políticos, emigrados y probados por todas las calamidades
-que pueden caer sobre los hombres; recuerda Vd., sin duda, que no
-quisieron que con ellos se embarcase un sirviente al alejarse de las
-costas de la Europa, resueltos como estaban a labrar la tierra con sus
-propias manos y no reconocer desigualdades sociales en la nueva patria
-que iban a buscar en la América: recuerda Vd., que se sentaron todos
-debajo de una encina de donde hoy está Boston, y después de dar gracias
-al Dios de Israel por su feliz arribo, discutieron las leyes que se
-darían para gloria de Jehová y su libertad personal; recuerda Vd., por
-fin, que esos hombres en aquella época establecieron escuelas públicas,
-obligando a cada padre, tutor o patrón de niños, a darles educación
-elemental para el espíritu y un oficio manual para el sustento del
-cuerpo. Pues bien, los hijos de aquella escogida porción de la especie
-humana, son aun hoy los mentores y los directores de las nuevas
-generaciones. Créese que más de un millón de familias descienden,
-en toda la Unión de aquella noble estirpe. Ellos han impreso en la
-fisonomía del yankee aquella plácida bondad que se nota en la clase más
-educada. Ellos llevan a toda la Unión la aptitud manual que hace de un
-norteamericano una maestranza ambulante; la energía férrea para luchar
-con las dificultades y vencerlas; y la aptitud moral e intelectual que
-lo pone al nivel, si no en la línea superior, a lo mejor de la especie
-humana. Estos emigrantes del Norte disciplinan las poblaciones nuevas,
-les inyectan su espíritu en los mítines que presiden y provocan; en las
-escuelas, en los libros, en las elecciones y en la práctica de todas
-las instituciones norteamericanas. Las grandes empresas de colonización
-y ferrocarriles, los bancos y las sociedades, ellos las inician y
-llevan a cabo. Así es que la barbarie producida por el aislamiento
-de los bosques, y la relajación de las prácticas republicanas,
-introducidas por los emigrantes, encuentran en los descendientes de los
-puritanos y peregrinos un dique y un astringente. Hay, pues, flujo y
-reflujo, entre estas dos fuerzas contrarias; y por más que fuera rápida
-la dilatación de la Unión y la mezcla y yuxtaposición de los pueblos,
-ellos acabarían, al fin, por dar homogeneidad al todo y conservarle
-el tipo original y nuevo, tradicional y progresivo que distingue a
-aquel pueblo. ¿Sucede cosa igual en el resto del mundo en formas tan
-perceptibles y constantes?
-
-Acaso, creerá Vd. que aquellos instrumentos de pulimento y purificación
-nacional, a fuer de herederos de las antiguas creencias de los
-peregrinos, mantienen la inmovilidad de las ideas y constituyen una
-secta aparte. Bajo el aspecto religioso, los Estados Unidos presentan
-el mismo espectáculo que las costumbres, y que la superficie de la
-tierra. En ninguna parte del mundo puede decirse con más propiedad
-que Dios está hecho a imagen y semejanza de los hombres. Los
-norteamericanos tienen de Dios las ideas elevadas que de su esencia
-nos han transmitido los hebreos por medio del cristianismo; pero las
-sectas religiosas y las prácticas se adaptan allí a la inteligencia
-popular, descienden a una especie que llamaría fetichismo si tuviese
-por símbolos ídolos o manitúes; y se eleva hasta la filosofía pura,
-el deísmo, sin perder su carácter profundamente religioso, y aun
-sin salir de las grandes fórmulas morales del cristianismo. Como en
-todos los pueblos eminentemente religiosos, hay hoy en este momento
-en los Estados Unidos, santos, profetas, enviados de Dios, descensión
-y ascensión visible del Espíritu Santo, y comunión entre el cielo y
-la tierra. Hay religiones nuevas, que están naciendo y prometiendo
-absorber toda la tierra; los mormones, son de ayer, y sus inspirados y
-pontífices hacen milagros; testigo de ello que durante mi residencia
-en los Estados Unidos, un profano descubrió que la luz pálida que
-arrojaba el semblante del santo varón, procedía de una fricción que se
-había dado con fósforo. El venerable pontífice no se dió por vencido,
-diciendo que todos los milagros habían sido preparados así, ni sufrió
-en lo menor la fe y fervor de los creyentes, que hoy ascienden a más
-de ciento cincuenta mil.
-
-Hay religiones danzantes, y los fieles, después de haber oído la
-oración del pastor, se lanzan a bailar hasta que el numen del baile
-se despierta, y el cuerpo se lanza a hacer cabriolas frenéticas,
-e indescriptibles. Entonces créese iluminado el paciente, que cae
-al fin extenuado y demente. Como he visto en el baile Mabille, de
-París, a la Reina Pomaré, la Rigolette, y otras celebridades hacer
-diabluras, no me dejo atrapar fácilmente por estas manifestaciones del
-Espíritu Santo. Sobre estas capas inferiores del culto en los Estados
-Unidos descuellan disidencias cristianas más respetables, tales como
-baptistas, metodistas, presbiterianos, congregacionalistas, cristianos,
-episcopalistas, luteranos, alemanes reformados, católicos romanos,
-amigos, universalistas, unitarios y otras sectas, entre las cuales
-yo incluiría los deístas puros; pues, tal es el espíritu religioso
-y tolerante de aquel país, que la negación de toda religión, lo que
-nosotros llamamos la impiedad, forma una secta aparte contra la cual
-nadie levanta la voz. Como una muestra de las proporciones que guardan
-estas divisiones, apuntaré que los baptistas tienen 1.130 iglesias
-y 4.907 pastores; los episcopalistas 950 iglesias, servidas por 849
-pastores; los católicos 912 iglesias con 545 sacerdotes; los unitarios
-200 iglesias con 174 pastores, guardando todos los demás una proporción
-descendente, según su colocación.
-
-He dicho tolerante en el sentido genuíno que los americanos dan a esta
-palabra. Las sectas religiosas, forman en los Estados Unidos verdaderas
-cofradías y naciones religiosas, no obstante estar entremezcladas en
-las ciudades y en los campos. El médico, el escribano, el proveedor de
-carne, el boticario de la casa, y aun el botero, han de ser de la misma
-creencia de quien lo ocupa. Hay guerra sorda, proselitismo, en este
-sentido. Pero la tolerancia se muestra en la impasibilidad con que un
-metodista oiría contradecir sus dogmas por un católico y viceversa;
-porque en los Estados Unidos los católicos que profesan por dogma la
-intolerancia religiosa, son como aquellos tigres sin uñas ni dientes
-que solemos criar en las casas. No se ha oído hasta ahora que un
-católico haya mordido a nadie en Estados Unidos, donde hallan muy buena
-la libertad religiosa de que disfrutan a sus anchas, no sin salvar
-almas todos los años de los engaños falaces del tentador.
-
-Este caos religioso, aquellas cien verdades contradictorias están,
-a su vez, sufriendo una elaboración, lenta, es verdad, pero segura,
-ascendente. Mientras la barbarie mormónica hace sus progresos la
-filosofía religiosa de los descendientes de los peregrinos viene
-de alto abajo descendiendo hasta las profundidades de la sociedad,
-acercando las distancias que separan todas las disidencias, echando
-entre ellas blandas ligaduras que concluyen por estrecharlas, y que
-terminarán al fin en absorberlas en el unitarismo, secta nueva,
-panteísta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos
-los bautismos, por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia,
-y elevándose a regiones más encumbradas, desprendiéndose de toda
-interpretación religiosa, concluye por reunir en un sólo abrazo
-a judíos, mahometanos y cristianos, prescindiendo de milagros y
-ministerios, como cosas que no cuadran con la forma orgánica que Dios
-ha dado al espíritu humano, y clasificándolos en el número de las
-figuras de la retórica. La moral del cristianismo como expresión y
-regla de la vida humana, como punto de reunión asequible y aceptable
-por todas las naciones, he aquí el único dogma que admiten, como la
-virtud y la humanidad el único culto y la única práctica que prescriben
-a los creyentes.
-
-Esta filosofía religiosa se extiende con rapidez en los seis Estados de
-Nueva Inglaterra, tiene su centro en Boston, la Atenas norteamericana,
-y como propagadores a los hombres más sabios de los Estados.
-
-Como Vd. ve, el espíritu puritano ha estado en actividad durante dos
-siglos, y marcha a darse conclusiones pacíficas, conciliadoras,
-obrando siempre el progreso sin romper en guerra con los hechos
-existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente, como lo
-emprendió la filosofía nacida del catolicismo en el siglo XVIII, y que
-tan poco camino ha hecho. Si recuerda el espíritu religioso que campea
-en los escritos de Franklin, notará que estas manifestaciones tienen
-antecedentes en la filosofía de buen sentido que inició aquel grande
-hombre práctico.
-
-Concluyo de todo esto, mi buen amigo, en una cosa que hará pararse los
-pelos de horror a los buenos yanquis, y es que marchan derecho a la
-unidad de creencias y que un día no muy remoto la Unión presentará al
-mundo el espectáculo de un pueblo católico devoto, sin forma religiosa
-aparente, filósofo sin abjurar el cristianismo, exactamente como los
-chinos han concluído por tener una religión sin culto, cuyo grande
-apóstol es Confucio, el moralista que con el auxilio de su razón dió
-con el axioma: No hagas lo que no quieras que te hagan a ti mismo,
-añadiéndole este sublime corolario: y “sacrifícate por la masa”.
-
-Si tal sucediera, y debe suceder, cuán grande y fecundo habrá de ser
-para la humanidad el experimento hecho en aquella porción que dará por
-resultado la dignificación del hombre por la igualdad de derechos, la
-elevación moral por la desaparición de las sectas religiosas que ahora
-lo subdividen, enérgico por las facultades físicas, y eminentemente
-civilizado por la apropiación a su existencia y bienestar de todos los
-progresos de la inteligencia humana. Norteamericano es el principio de
-la tolerancia religiosa que está inscripto en todas las constituciones
-y pasado ya a axioma vulgar; en Norte América fué por primera vez
-pronunciada esta palabra que debía restañar la sangre que la humanidad
-ha derramado a torrentes, y venido destilando hasta nosotros desde los
-primeros tiempos del mundo. Católicos, cuáqueros, calvinistas, todas
-estas variantes de una misma fe, venían a las colonias norteamericanas,
-a yuxtaponerse, sin mezclarse, prevaleciendo los odios que había
-engendrado la lucha en la Europa. Los padres peregrinos eran los
-más celosos exclusivistas, porque habían atravesado el mundo, dice
-Bancroft, para gozar el privilegio de vivir por sí mismos. La guerra
-religiosa, la persecución había ya estallado entre aquellos miserables
-restos de un naufragio común, despedazándose entre sí, en lugar
-de prestarse mutuo auxilio y amparo para resistir a la desgracia.
-Perseguían en Europa los anglicanos a los disidentes; los católicos a
-los herejes; quemaban a porfía la Inquisición y Calvino, papas y reyes,
-mahometanos y cristianos, de manera que usted no sabía adónde darse
-vuelta sin riesgo de que lo hiciesen _biftec_. En Febrero de 1631,
-llegó a América un joven maestro lleno del espíritu de Dios, y dotado
-de preciosos dones. Llamábase Rogerio Williams. Tenía entonces poco
-más de treinta años; pero su alma había madurado ya una doctrina que
-le aseguró la inmortalidad, al mismo tiempo que su aplicación ha dado
-paz religiosa al mundo americano. Era puritano y venía huyendo de la
-persecución de la Inglaterra; pero sus agravios personales no habían
-sido parte a obscurecer su clara inteligencia. La profundidad de su
-espíritu le había descubierto la naturaleza de la intolerancia, y él,
-sólo él, llegó al principio que es su único remedio efectivo. Anunció
-su principio bajo la simple proposición de santidad de conciencia.
-El magistrado civil podía reprimir el crimen, pero jamás dar reglas
-a la opinión; castigar los delitos, pero nunca violar la libertad
-del alma. Esta nueva contenía en sí misma una reforma completa de la
-jurisprudencia teológica, borrando del código de las leyes el delito
-de felonía por no conformidad; extinguiendo las hogueras que por tanto
-tiempo había tenido encendidas la persecución; derogando toda ley que
-hiciese obligatoria la observancia religiosa; aboliendo los diezmos y
-toda contribución forzosa para el sostén de la iglesia; dando igual
-protección a toda forma de fe religiosa, sin permitir que la autoridad
-del gobierno civil se alistase contra la mezquita del musulmán, contra
-el altar del adorador del fuego, la sinagoga judía, o la catedral
-romana.
-
-Los principios de Roger Williams lo pusieron en perpetua lucha con
-el clero y gobierno de Massachussetts. Williams no pactaba con la
-intolerancia, porque decía: la doctrina de la persecución por causas
-de conciencia es evidente y lamentablemente contraria a la doctrina de
-Cristo Jesús.
-
-Los magistrados insistían en exigir la presencia de todo hombre en el
-oficio divino, Williams reprobaba la ley, mirando como una abierta
-violación de los derechos de un hombre compelerlo a unirse con
-aquellos de creencia diversa; arrastrar al templo a los incrédulos
-o mal querientes, era santificar la hipocresía. Una alma incrédula,
-añadía, está muerta en pecado, y forzar al indiferente en una creencia
-a entrar en otra, es como mudar de mortajas a un cadáver. Nadie debe
-ser obligado a adorar, por mantener una creencia, sin su propio
-consentimiento.
-
-Qué, le contestaban los puritanos, ¿el trabajador no merece su
-salario?--Que se lo pague el que lo ocupa, replicaba el heresiarca
-de la tolerancia. Su perspicacia le hizo desde entonces prever la
-influencia de sus principios en el gobierno de las sociedades. En los
-últimos días de su vida confirmó sus primeras ideas diciendo: “será
-un acto de misericordia y de justicia para las naciones esclavizadas
-romper el yugo de la opresión del alma, como es de fuerza obligatoria,
-hacer que todos y cada interés y conciencia preserven la libertad y la
-paz comunes”[4].
-
-¡Y la luz fué! Desde Williams acá unos más pronto, otros más de mala
-gana y refunfuñando, han tenido que apagar sus tizoncitos y dejarse de
-esa bufonada de mal género que consiste en quemar hombres para mayor
-honra y gloria de Dios.
-
-No tengo con qué acabar cuando yo entro en el campo de la teología;
-me vuelvo yankee como usted ve, y hasta gangoso me pongo al leer
-estos razonamientos. Pero mal que le pese, tengo aún que apuntar una
-de las fuerzas de regeneración, propaganda y auxilio al moroso que
-tienen en movimiento la inteligencia en Norte América y fuerzan a
-marchar adelante a los rezagados. Su origen y su forma es religiosa,
-si bien sus efectos se hacen sentir en todos los aspectos sociales.
-Hablo del espíritu de asociación religiosa y filantrópica, que pone
-en actividad millares de voluntades para la consecución de un fin
-laudable y consagra caudales gigantescos a la prosecución de su obra.
-En este punto el norteamericano se ha creado necesidades espirituales
-tan dispendiosas e imprescindibles como las del cuerpo mismo, y esta
-provisión de necesidades del ánimo, aquel tiempo, trabajo y dinero
-empleado en dejar satisfecho un deseo, una preocupación, muestra
-cuán activa es la vida moral de aquel pueblo. ¿Quién pudiera ser más
-infatigable propagandista que el católico exclusivo para quien no hay
-salvación fuera de la iglesia, y está en posesión de una verdad, de
-que ve a tantos millares de sus semejantes extraviados? Preguntadle al
-clero más intolerante cuánto dinero gasta de su bolsillo para proseguir
-la reducción de los infieles, la moralización de las masas. Poquísimo,
-por desgracia, y ese poco no es debido al sentimiento religioso que
-lo anima, sino a las cualidades personales y a las predisposiciones
-de ánimo del que se consagra a las obras de propaganda y filantropía.
-¿A quién le ha ocurrido en la América española intentar una cruzada
-contra la borrachera? En Estados Unidos se cuentan ya por millares los
-propagandistas celosos de la templanza, y por cientos de miles los
-que han subscripto la obligación de no probar licores, hasta que la
-raza humana se cure de esta enfermedad que desbarata toda economía y
-destruye toda moralidad.
-
-El norteamericano satisface deberes, y llena necesidades de su corazón
-y de su espíritu con su dinero; y si hubiera de formar su presupuesto
-anual de gastos diría 100 en comer y vestir, 20 en propagar las
-buenas ideas religiosas, 10 para obras de filantropía, 50 para fines
-políticos, 20 para civilización de los bárbaros. Así distribuída la
-inversión del fruto del trabajo, se permite la libertad de mostrarse
-egoísta, duro e interesado.
-
-_La Sociedad americana de templanza_ data desde 1826 y ya en 1835
-había en el país ocho mil sociedades, con millón y medio de miembros.
-La caridad por los borrachos no se limita a buenos ejemplos. Cuatro
-mil destiladores de aguardientes desmontaron sus alambiques, ocho mil
-comerciantes se abstuvieron de vender licores, y mil doscientos buques
-se hicieron a la vela sin provisión de aguardiente. La legislatura de
-Massachusetts prohibió la venta de líquidos alcohólicos por menos de
-15 galones. _The tract society_, que tiene por objeto moralizar
-las clases ambulantes, como los marineros y otros, publicó en 1835
-cincuenta y tres millones de páginas. _La Sociedad americana de
-escuelas dominicales_, formada en 1824, recolectaba diez años
-después 136.855 pesos en un año, había hecho 600 publicaciones
-diversas, y estaba en contacto con 16.000 escuelas, 115.000 maestros,
-cerca de 800.000 discípulos.
-
-La _Sociedad bíblica americana_ ha recibido desde su fundación
-hasta ahora poco, dos millones y medio de pesos, y abandonado a la
-circulación cerca de cuatro millones de ejemplares de la Biblia. Omito
-hablar a Vd. de las misiones en el Occidente, en cuyos países una
-sola de ellas mantiene 308 misioneros, 478 escuelas, 17 imprentas, 4
-fundiciones de tipos para imprimir libros en idiomas ignorados aun de
-nombre en Europa. Los resultados de las misiones americanas en Sandwich
-los conocemos todos para que haya de detenerme sobre ellos, pues mi
-ánimo al recordar todas estas sociedades es sólo hacer sensible una
-de las muchas fuerzas civilizadoras que están en continua acción para
-mejorar moral, religiosa y políticamente la condición del pueblo.
-No es raro ver un banquero como Girard, que deja millón y medio de
-duros para que se funde un colegio en que se eduquen jóvenes bajo
-ciertas condiciones por él prescriptas, y otros filántropos que, como
-Franklin, dejen un fondo para que dentro de dos siglos se disponga
-de los intereses capitalizados. En todo este enorme y complicado
-trabajo nacional, verá Vd. predominar una grande idea, la igualdad; un
-sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio,
-la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional
-e individual de aquel pueblo.
-
-[4] _History of the United States_, by George Bancroft.
-
-
-ELECCIONES
-
-Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados
-Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de
-poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad.
-Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y
-darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo,
-tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un
-arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar
-prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las
-poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo,
-Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de
-las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está
-montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad
-de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el
-sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar
-con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un
-trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación
-del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros
-conocimientos americanos.
-
-No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para
-vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la
-constitución de los Estados Unidos en general, dan idea insuficiente.
-Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver
-elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la
-de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado
-muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para
-penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego
-de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede
-haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso,
-exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para
-desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de
-un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor
-de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando
-se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente
-o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda
-una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera?
-El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen
-apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo
-bastante por una práctica comparativamente larga.
-
-El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los
-diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el
-candidato del partido _whig_, invitándolos a que se reuniesen con
-los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy
-edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo
-que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la
-balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da,
-sin duda, mucha importancia.
-
-No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que
-no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes
-del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es
-un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una
-imparcialidad y franqueza sincera, lo hacen un juez competente y una
-autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor:
-
-“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del
-Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts,
-como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección
-anual, y se han convocado _meetings_ preparatorios por cada
-uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante
-delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de
-candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes
-para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listas _tickets_.
-El _ticket whig_ como el _ticket_ democrático se anuncian
-por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido,
-y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun
-me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento
-y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios
-candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido
-de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la
-prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la
-vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande
-extensión la prensa británica.
-
-“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados
-divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los
-cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores
-acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia
-su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto,
-registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista
-impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para
-impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre
-puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que
-aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque
-esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente
-la mano, para que no introduzca dos o más _tickets_ en la urna.
-Al fin de la elección los _tickets_ son examinados, y después
-de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al
-efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta
-sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho
-con el _ticket_ de su partido, puede borrar algunos nombres y
-substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no
-hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven
-electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su
-propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente
-se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más
-_tickets_, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes
-candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual,
-el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por
-un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que
-haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato
-es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me
-he asegurado de que la _intimidación_ en el sentido inglés de la
-palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería
-resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su
-partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo,
-pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las
-elecciones.
-
-“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto
-en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el
-siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para
-solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los
-candidatos presentados en su _ticket_, a fin de persuadirlos a
-que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de
-dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones
-para los _meetings_, y aun carruajes para traer los enfermos a las
-mesas en cada elección. El número de votantes son la mitad o los dos
-tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas
-ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los
-abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los
-médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre
-aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla
-general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en
-Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro
-país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece
-protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota
-cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase
-a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado
-públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses,
-damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella
-no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de
-abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia
-que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia
-con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.
-
-_Elección en el Estado de Nueva York._ Hoy llegó a Boston
-la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura,
-gobernador, etc., de Nueva York:
-
-“El partido _whig_ sacó a la plaza dos piezas de artillería
-de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta
-simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo
-pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo
-los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo
-de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido
-opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar.
-
-“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de
-distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era
-día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré
-hombres a la puerta teniendo las listas de los candidatos rivales, y
-ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad
-pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al
-secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro,
-se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo,
-y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la
-votación, conversando y calculando las probabilidades.
-
-“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una
-escisión del partido _whig_ con motivo de la _licence-law_,
-aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe
-concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección.
-Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los
-candidatos democráticos; otra por los _whigs_ que eran contra
-la _licence-law_ (ley prohibiendo vender aguardiente por menos
-cantidad de quince galones) y otra por los _whigs_, sin expresión
-de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos
-cuyos nombres se hallaban en ambas listas _whigs_ tuvieron mayoría
-sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva
-elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto.
-
-“Espero con toda confianza que como el partido _whig_ ha triunfado
-en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará un _bill_
-para que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en
-donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo
-pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace
-en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras
-falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última
-elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”.
-
-“_Alborotos en Harrisburg._ Harrisburg, una villa a orillas
-del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la
-capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la
-legislatura del Estado. La legislatura se reunió a principios de
-Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un
-informe, dos _speakers_ fueron elegidos, y se organizaron dos
-cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando
-comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba
-reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la
-marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el
-atropamiento organizó una _comisión de salvación_, que dirigía
-sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna
-de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con
-regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron
-cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma
-prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y
-obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo
-lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección
-los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su
-modo sus propias diferencias.
-
-“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto
-despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado
-con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los
-informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva
-revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen
-viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los
-motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima
-a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el
-pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse
-presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia
-al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando
-el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo
-muchos cambios de empleados _whigs_ para instalar en su lugar
-a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera
-contrabalanceados, que la lucha por el poder es de vida o de muerte,
-y no hay resorte legal y político que no se toque por el partido
-_whig_ para mantenerse en los empleos, y por los demócratas para
-expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De
-éstos hay electos sin disputa:
-
- Miembros democráticos 48
- Id. _whig_ 44
- Mientras hay ocho asientos del condado
- de Filadelfia disputados y pretendidos
- por ambos 8
- ---
- 100
-
-“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos,
-y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos,
-cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces
-reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de
-ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon
-los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos
-democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como
-debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe
-estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas
-nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios,
-y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La
-minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría
-de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales,
-declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley,
-los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran
-sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados
-por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales
-correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un
-distrito o de parte de un distrito. La minoría _whig_, por tanto,
-dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su
-manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamente al secretario de
-Estado, que era también _whig_. Este certificado llegó antes del
-de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo
-alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar
-a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese
-conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de
-los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan
-hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus
-oponentes. Si estos siete _whig_ hubiesen entrado en la Sala de
-representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría
-temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado un _speaker_
-(presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un
-auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de
-los Estados Unidos.
-
-“El partido democrático, considerándose en posesión _bona fide_ de
-la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería
-someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba
-como un fraude _whig_; mientras que los _whig_, creyéndose
-tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta
-que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus
-pretensiones.
-
-“Fácil es colegir la magnitud de los desórdenes que se siguieron a este
-conflicto. Los dos partidos estaban casi contrabalanceados, y sus
-temores y esperanzas excitados profundamente. El pueblo mismo es el
-poder dominante, y cuando está excitado, no teme responsabilidad alguna
-legal, sino que lleva a efecto sus deseos y convicciones en el modo que
-mejor cuadra a las exigencias del momento. Apelará a las leyes cuando
-el mal de que se queja no se hace irremediable con la demora; pero, en
-el caso presente, si los demócratas hubiesen dejado a sus oponentes
-tomar posesión de sus asientos, el daño se habría perpetrado _ipso
-facto_, y recurrieron a un alboroto para impedirlo. En cualquier
-país de Europa, (¿qué diremos del resto de América?) un asalto
-tumultuoso sobre la legislatura, si hubiese tenido efecto, habría sido
-el precursor de una revolución; pero aquí es un suceso de importancia
-muy subalterna. En los Estados Unidos una revolución no puede conducir
-a otra cosa que a la pérdida de la libertad. El sufragio es punto
-menos que universal, y el pueblo elige, directa o indirectamente,
-no solamente la legislatura, sino todos los empleados del Estado.
-Las imaginaciones más desarregladas no pueden idear una forma más
-democrática de gobierno; y como no hay clase aristocrática que tenga
-intereses separados ni sentimientos diversos de los del pueblo que
-pudiese usurpar el poder, una revolución conduciría al despotismo. Los
-Estados están muy lejos de aquellas condiciones en que el despotismo
-se hace posible. No hay una multitud pobre, ignorante y sufriente, que
-un ambicioso pueda arrastrar a prestarle su fuerza física para echar
-por tierra las libertades de su país. Una gran porción de electores son
-dueños de fincas, mientras que la más humilde clase posee propiedad y
-algún grado de inteligencia. Todos han sido educados en el amor, no
-sólo de la libertad, sino también del poder. No hay desórdenes sociales
-dignos de mención, y los que existen no son de naturaleza de inducir
-a los ricos a desprenderse de su libertad, a trueque de asegurar
-la salvación de sus vidas y propiedades. Generalmente hablando, la
-justicia de hombre a hombre es hecha bien y ejecutada vigorosamente.
-Solamente cuando el gobierno obra contra el pueblo, o el pueblo está
-poseído del frenesí de hacer mal por medio de los tumultos, se sienten
-débiles los poderes ejecutivo y judicial. Estas ocurrencias son raras y
-nacen de causas temporales y específicas. No hay descontento general,
-reforzándose secretamente hasta que se halla en actitud de estallar
-por entre de las junturas que la ley deja, buscando desagravio en la
-anarquía y en el derramamiento de sangre. Toda injusticia es sentida,
-y proclamada por mil lenguas a guisa de trompetas, pintándola con
-las formas más exageradas; y como el pueblo domina absolutamente
-en la legislatura y en el ejecutivo, no puede durar hasta hacerse
-verdaderamente formidable. Mirados a la distancia los gobiernos de los
-Estados particulares, pueden aparecer tan débiles que se crea a la
-sociedad constantemente expuesta a la anarquía; pero cuando se examina
-de cerca la condición del pueblo, se ve que faltan los elementos de
-anarquía. Estos gobiernos apoyados en los intereses populares, en
-la inteligencia popular y la voluntad popular, tienen una base tan
-ancha, que en las presentes circunstancias de la nación es imposible
-trastornarlos, y como el poder de reconstrucción está constantemente
-presente, aunque fuesen dislocados en algunas de sus partes, se reunen
-con una rapidez, y reaccionan con una actividad que muestra los más
-fuertes indicios de salud y de vigor.
-
-“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente
-de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he
-encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco
-años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado
-de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su
-eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo,
-aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy
-imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se
-miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es
-sólida en su estructura, y sus bases son fuertes.
-
-“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el
-llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la
-rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres
-de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios
-tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen
-un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba
-que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni
-derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y así sucedió
-en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus
-deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que
-haya pasado toda aquella bulla”.
-
-“_Derecho de sufragio de Pensilvania._--Ultimamente ha sido adoptada
-una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania, por la
-cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia de _un_
-año en el Estado, en lugar de _dos_ que se necesitaban antes, y de diez
-días de residencia del votante en el distrito en que ha de votar, cosa
-que no se requería, y en el pago de una contribución del Estado o del
-condado. Requiérense ambas contribuciones, pero toca a la legislatura
-determinar la clase de pruebas por las cuales se han de acreditar
-aquellos requisitos y aquella residencia. Las personas de color
-residentes en el Estado, aunque libres y pagando contribuciones, son
-privadas del derecho de votar. Antes de la enmienda no habían palabras
-especiales para excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su
-privilegio, tan inveterada es la preocupación contra ellos.
-
-“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad
-de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los
-fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige
-ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El
-número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las
-elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y
-local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del
-votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor
-peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia
-era más remota”.
-
-“_Apuestas sobre las elecciones._--Ritner añade: “Yo recomiendo
-fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas
-sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego.
-Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes
-mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y
-destruye la confianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de
-la urna”.
-
-“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres
-honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a
-quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus
-propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores,
-magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de
-la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión
-que requiera la interposición legislativa, representa una pintura
-humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación,
-sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de
-este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que
-afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese
-para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de
-Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando
-para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un
-mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se
-sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como
-tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas
-más severas”.
-
-“_Elección civil de Nueva York._--La elección de Mayor y consejeros
-para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido
-democrático ha quitado el poder a los _whigs_ y anda ahora
-celebrando su triunfo.
-
-“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo
-lleno de admiración.
-
-“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace
-en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan
-triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas.
-Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él
-había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo
-una de esas tormentas nordeste que causan centenares de enfermedades
-de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules.
-¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de
-mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión
-que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos
-trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall
-y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los
-loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer
-en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién
-cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenados _whigs_, y
-esto basta”.
-
-“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados
-medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No
-hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que
-pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia
-son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de
-extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley,
-sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los
-inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se
-pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a
-la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere
-residencia en un _barrio_, como calificación para votar. Cuando un
-partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales
-en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una
-porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el
-barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y
-jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a
-sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la
-ley. Llaman a esta operación _colonizar_. Los hombres virtuosos de
-ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes,
-o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula
-hace, reune más dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto
-se pide que haya una ley de registro.
-
-“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a
-desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república
-que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos.
-Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su
-país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda
-cometer aquel crimen.
-
-“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo
-hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección
-se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos
-partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de
-registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción
-de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos
-las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su
-tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en
-el sendero del deber”.
-
-“_Ley de elecciones._--El 7 de mayo sancionó la legislatura de
-Nueva York una ley para remediar los abusos que se perpetraba en las
-elecciones. Por ella se dispone que toda persona que jure falso en
-cuanto a su calificación será criminal de perjurio, y las personas que
-indujeren a otros a jurar en falso, serán criminales de soborno de
-perjurio, y ambos castigados en conformidad.
-
-“Las personas que tratasen de influir a un elector o apartarlo de votar,
-pagarán una multa que no baje de 500 pesos, o sufrirán una prisión que
-no exceda de un año, o ambas penas a un tiempo. Las personas que voten
-u ofrezcan votar en un barrio que no sea el suyo propio, o más de una
-vez en una elección, serán castigadas con prisión o multa en ambos
-casos. Los habitantes de otro estado que voten en este serán criminales
-de felonía, y serán puestos en la prisión de Estado por un término que
-no pase de un año”.
-
-“_Elección de Nueva York._--El partido democrático ha triunfado
-en la elección de los miembros para la legislatura de la _ciudad_
-de Nueva York por una mayoría de mil quinientos. Los diarios de
-aquella ciudad de ambos partidos reconocen que la elección ha sido
-conducida con orden y decoro, y que el resultado expresa francamente la
-opinión de la mayoría. Esta elección tuvo lugar bajo la ley enmendada:
-las elecciones civiles del pasado abril habían sido señaladas por
-deshonrosa corrupción en general, y perjurios de ambos partidos.
-
-“En el Estado de Nueva York, los _whigs_ han elegido el gobernador
-y los electores de ambas cámaras de la legislatura; de modo que los
-demócratas sólo tienen ascendiente en la ciudad”.
-
-“_Elección de Boston._--Hoy es el día de hacer elección en Boston
-para gobernador y otros empleados del Estado, y para miembros de la
-legislatura; y yo fuí a una mesa a observar los procedimientos. Había
-orden y buen humor; pero la opinión está profundamente dividida sobre
-la ley que prohibe la venta de licores al menudeo, y estas diferencias
-van a obrar sobre la legislatura por medio de la urna electoral. Ya he
-mencionado que por sólo la agitación moral, la causa de la temperancia
-había hecho tan grandes progresos en Massachusetts, que en 1838 la
-legislatura sancionó una ley a la cual concurrieron whigs y demócratas,
-prohibiendo la venta de todo licor que contuviese alcohol, en menor
-cantidad que quince galones, excepto con licencia especial; que muchos
-amigos de la temperancia se opusieron a ella desde el principio,
-porque llevaban las cosas demasiado adelante, y por ser errónea en
-principio. En la mesa de las votaciones encontré un ticket regular
-_whig_, conteniendo una lista de puros _whigs_; un ticket demócrata, con
-una lista de puros demócratas, ambos sin referencia a la cuestión
-de temperancia; un ticket _unión liberal_, conteniendo puros
-candidatos _whigs_, pero una mitad partidarios y otra adversarios de
-la temperancia, o como decía, con mucha gracia, un amigo “un ticket
-compuesto de un vaso de ron y otro de agua alternativamente”. Había un
-ticket whig temperante, cuyos candidatos eran todos whigs y abogados
-de la temperancia; un ticket democrático temperante, en el cual todos
-eran demócratas partidarios de la temperancia. A más de estos había
-un ticket liberal whig, uno independiente democrático, otro unión
-temperancia, y otro abolición, no siéndome posible saber el significado
-preciso de muchos de ellos. El resultado de esta elección en todo
-el Estado fué que el gobernador whig Eduardo Everett fué removido,
-y Mr. Marcus Morton, un juez demócrata, fué nombrado gobernador por
-una mayoría de _uno_; los whigs conservaron su ascendiente en el
-senado y en la sala de representantes sólo por una diminuta mayoría;
-y, cuando se reunió la sala, su primer acto fué abolir la ley sobre el
-menudeo de licores espirituosos casi a la unanimidad”.
-
-_El presidente de los Estados Unidos._--En marzo de 1839 debe
-expirar el primer término de oficio de M. Van-Buren, y una nueva
-elección de presidente tendrá lugar en 1840. Desde que llegamos a
-los Estados Unidos los diarios whigs habían opuesto a Mr. Clay como
-el candidato para la presidencia por parte de los whigs, a Van-Buren
-nombrado por los demócratas para ser reelecto. Los whigs han tenido
-una convención de delegados de todos los Estados en Harrisburg, en
-Pensilvania, en la cual dejaron a un lado a Mr. Clay y nombraron al
-general Harrison, residente en North-Rend en el Estado de Ohío como
-su candidato, y a Juan Tyler de Virginia para la vicepresidencia.
-Mr. Clay ha escrito una hermosa carta renunciando a sus pretensiones
-y aconsejando unanimidad en las filas whigs en favor de Harrison y
-Tyler. Los delegados, al regresar a sus estados respectivos, convocan
-a los miembros de su partido a un _meeting_, para explicarles las
-razones que han guiado a la Convención en la elección hecha. Reúnense,
-entonces, _meetings_ de ciudad y de condados, a los cuales se
-comunican estas explicaciones. Por medio de este mecanismo los whigs de
-todo este vasto país son invitados a comenzar las operaciones bajo este
-mismo espíritu para asegurar el éxito del objeto de esta elección. Los
-demócratas siguen una marcha semejante; pero, como están en el poder,
-su conducta es más bien defensiva que agresiva”.
-
-“La falta de un libro de registro de votantes es indudablemente un
-defecto en la ley de elecciones de Nueva York; pero, si algún partido
-político propusiese tal arreglo, sería acusado por el otro de querer
-restringir los derechos populares, y hacer de ello capital político.
-En la _ciudad_ de Nueva York, sin embargo, prevalecía el partido
-democrático en 1839, mientras que el partido whig dominaba en la
-legislatura del Estado. Los whigs se aprovecharon de la oportunidad
-suministrada por los groseros fraudes practicados en la elección
-municipal de Nueva York, para sancionar una ley mandando se llevase un
-registro de electores en aquella ciudad. No lo habrían hecho así para
-el Estado, porque el grito de derechos populares se habría levantado
-contra ellos con éxito, mientras que nada perdían en la ciudad por
-pertenecer ya a sus oponentes. Por tanto, estableciendo un registro
-para aquella ciudad, hacían el bien que les era posible, esperando
-ocasión de hacer extensiva la ley a otros lugares”.
-
-“Para adquirir popularidad es preciso buscar la opinión pública por
-su lado flaco. Ya he descripto a la gran mayoría de los votantes
-americanos como jóvenes ardientes, llenos de impulso, activos y
-prácticos, pero deficientes de miras, profundas y extensas, y también
-incapaces de proseguir un bien distante en medio de obstáculos y
-dificultades. También dejo establecido que su educación, en proporción
-de los poderes que ejercen y de los deberes, es muy defectuosa. Para
-ganar el favor de un pueblo en esta condición de ánimo, no basta por sí
-misma la actual capacidad para conducirse con honradez e independencia
-en el desempeño de los destinos públicos; debe, además, dirigirse
-a sus sentimientos predominantes, participar de sus aversiones y
-predilecciones capitales, y adherirse con ardor a la causa o al partido
-que sabe gozar de más alto favor”.
-
-“El puede representar su propia capacidad para el empleo, y su
-certificado será recibido, con tal que bajo otros respectos su conducta
-y principios sean aprobados. Si en el desempeño de sus funciones se
-condujese muy mal, será depuesto del empleo al fin del término por
-el cual fué elegido; pero la más sabia y concienzuda ejecución no
-le asegurarán en lo general mantenimiento en el empleo, si aboga
-públicamente por sus opiniones impopulares, aunque no tengan relación
-con su empleo, o si pertenece a un partido que haya perdido el favor
-público, o sido despojado del poder”.
-
-“El mejor remedio que puede proponerse para los males descriptos,
-me parece que consiste en una educación más alta, y en dar mayor
-preparación a los electores; si ellos hubiesen sido más completamente
-instruídos en su juventud con respecto a las leyes que reglan la
-prosperidad de las naciones como también en las cualidades del espíritu
-humano, y en la indispensable necesidad de que los empleados públicos
-tengan integridad y juicio para el recto manejo de los negocios,
-entonces exigirían de sus hombres públicos más capacidad para captarse
-el favor popular, y de este modo se conservarían en posesión de los
-empleos hombres útiles y fieles”.
-
-“La excitación del espíritu público durante la lucha por la presidencia
-es grande y universal; la lengua deja de expresar y los oídos de
-escuchar otras palabras que aquellas que se refieren a la elección; la
-prensa brama bajo el peso del asunto, y todas las funciones de la vida
-parecen estar consagradas a este objeto. La elección del presidente
-engendra mucha borrachera y desorden, fraudes, mentiras, soborno,
-seducción e intimidaciones; pero, también, produce muchísimo bien. Las
-medidas del gobierno son severamente examinadas por la razón, como
-también interpretadas por las pasiones; toda la Unión es conmovida por
-un solo interés, y la impresión de que todos pertenecen a una nación se
-agita vivamente. Por un momento se olvidan los intereses locales y una
-sola pulsación vibra desde el Maine al Misisipí. Mi temor es que sin
-la repetición de estas elecciones, el pueblo de los diversos Estados
-llegaría rápidamente a mirar a los otros como extranjeros, llevándolo,
-insensiblemente, a aflojar los lazos que ligan a una gran nación.
-Las elecciones de miembros para el congreso no producen este efecto;
-porque, aunque aquella asamblea es nacional, cada uno de sus miembros
-representa una sección del país. Sólo el presidente deriva del poder
-del pueblo de toda la Unión”.
-
-“En la elección que tuvo lugar en noviembre de 1839, se trajo a las
-mesas del escrutinio en Nueva York la cuestión de la moneda corriente.
-Las divisas de los partidos eran por una parte bancos y papel-moneda,
-y por la otra metálico, y una ley que proveyese de tesoreros en cada
-Estado. Estas son cuestiones sobre las cuales Adam Smith, Ricardo,
-Mac Culloch, y los más profundos economistas han diferido en opinión.
-¿Vuestra educación os habilita para entenderlas y decidirlas? ¡No! Y
-sin embargo vuestro pueblo _obra_, entienda o no entienda. Vota
-en favor de los sostenedores del papel, y el papel florece. Si sucede
-lo contrario, llevan al poder a los partidarios del metálico, y el
-papel y el crédito desaparecen. Hace el pueblo experimentos. Pero
-¡qué experimentos! ¡Cuántos millares de individuos y de familias son
-arruinados por la violencia de cada cambio!”
-
-
-
-
-INCIDENTES DE VIAJE
-
-
-NUEVA YORK
-
-Mis aventuras de viaje en los Estados Unidos no merecen intercalarse
-entre las reflexiones que el espectáculo de aquel país me ha sugerido,
-por lo que sólo referiré a usted algunas que creo pueden interesarle.
-Tomando balance a mi bolsa en París, hallé los últimos días de julio
-que me quedaban escasos cosa de 600 duros. El viaje a través del istmo
-sólo cuesta 700, y aún me quedaba por visitar la Inglaterra. Esta
-quiebra, que defraudaba parte de mis esperanzas, aguzaba como sucede
-siempre los deseos. ¡No ver la Inglaterra, ni el Támesis, ni aquellas
-fábricas de Birmingham ni Mánchester! ¡No entrar en aquel océano de
-casas de Londres, ni ver los bosques de mástiles de los _docks_
-de Liverpool!... ¡Maestro de escuela en viaje de exploración por el
-mundo para examinar el estado de la enseñanza primaria, y regresar
-a América, sin haber inspeccionado las escuelas de Massachusetts,
-las más adelantadas del mundo! A caza de datos sobre la emigración,
-que había querido estudiar en Africa: ¿podría darme cuenta de ella,
-sin visitar los Estados Unidos, el país a donde se dirigen todos los
-años doscientos mil emigrantes? Republicano en perspectiva y con la
-presencia de la resurrección de la república en Francia: ¿volvería sin
-haber visto la república única, grande y poderosa que existe hoy en la
-tierra?
-
-Luego, donde la realidad flaquea, la imaginación continúa la obra.
-Si llegare a la Habana siquiera, allí me ingeniaría, para pasar a
-Venezuela, donde, por la prensa, la enseñanza y otras trazas, me
-haría de recursos y de relaciones, para atravesar el continente
-hasta Bogotá, y de allí hasta Quito a asomar al fin la cabeza en
-Guayaquil, realizando por economía de medios, el viaje más novedoso y
-sorprendente que haya hecho americano de nuestros días. Los fenicios
-que circunnavegaron el Africa, se detenían, al decir de Herodoto, de
-distancia en distancia, a sembrar trigo y cosecharlo para continuar su
-viaje. ¿Por qué no me detendría yo en Caracas, por ejemplo, a enseñar
-mis métodos de lectura, borrajear páginas en la prensa, abrir cursos
-pedagógicos, y cosechar unos cuantos pesos, para irme arrastrando poco
-a poco hacia los climas del sur, de donde había partido?
-
-Por otra parte, volver por el Cabo Hornos a Chile era tan prosaico y
-tan desairado efecto hacía en la carta náutica que tenía abierta por
-delante, que cogiendo a dos manos mi valor de calavera por reflexión, y
-bien pesado el pro y el contra, resolví no sólo visitar la Inglaterra,
-los Estados Unidos, el Canadá, y México, y más si en ello me venía
-la fantasía, a fin de completar la idea que de largo tiempo halagaba
-mi codicia, de hacer un viaje en derredor del mundo civilizado. ¿Qué
-podría objetarse a este plan? Marcharía con el reloj en una mano y la
-bolsa en la otra, y donde esta antorcha se me apagare... me quedaría a
-obscuras, y a tientas y con maña buscaría mi camino hasta Chile.
-
-Tranquilizado con estas ideas, paseéme holgadamente en Londres,
-recorriendo despacio la línea de ferrocarriles, que por Birmingham,
-Manchester, conduce a Liverpool donde paré ocho días con el joven
-argentino emigrado D. N. de la Riestra y establecido de muchos años en
-una casa de comercio. Embarquéme en el _Montezuma_, buque de gran
-calado, paquete de vela que hacía once millas a la menor brisa, y que
-llevaba cuatrocientos ochenta emigrantes irlandeses a Norte América.
-Mi poco ejercicio en el inglés me hizo tratar de cerca a una familia
-judía que hablaba el francés. Una vez, al salir de la cámara, como
-no acertase a abrir la puerta, un pasajero me dijo en español: tire
-usted que está abierta. Era Mr. Ward, de la casa de Huth Gruning de
-Valparaíso, y desde entonces pude creerme, gracias a sus deferencias,
-libre de perderme, desconocido en el nuevo mundo que iba a visitar.
-Un senador de los Estados Unidos regresaba de Europa, y conocía a Mr.
-Horace Mann, el célebre secretario del _Board_ de Instrucción
-Pública de Massachusetts, y como llovida del cielo me venía una carta
-de introducción para este eminente maestro, pudiendo en ella Mr. Ward
-responder que conocía la misión y la idoneidad del recomendado. Mi
-camino se aclaraba, poco a poco, y todo temor, salvo el de flaquearme
-la bolsa, iba por grados desapareciendo.
-
-La vida de mar es poco _contábile_. Por las tardes me acercaba
-a la cubierta, a donde salían como ratas de sus cuevas los infelices
-irlandeses, desnudos, macilentos, animada su existencia por la
-esperanza de ver, en la tierra prometida, el término de sus miserias.
-Emigraban viejas sexagenarias, y un ciego mendigo tocaba por las
-tardes la zampoña, para que bailasen damas mugrientas, chupadas y
-desmelenadas, con galopines en cueros o cubiertos de andrajos, lo que
-no estorbaba que se agrupase en torno de aquellas parejas con figuras
-de convalecientes de hospital, un público con trazas de turba de casas
-de corrección. Habíales entrado la gana de morirse y seis u ocho
-cadáveres se arrojaban al mar algunos días, sin que el baile de la
-tarde estuviese por eso menos concurrido.
-
-Llegamos al fin a la rada de Nueva York, que por sus ensenadas y
-profundidad, como por la belleza del paisaje, recuerda, con colores
-más suaves y formas menos grandiosas, la de Río de Janeiro. La vista
-de esta naturaleza plácida despierta involuntariamente en el ánimo el
-recuerdo de los caracteres de Wáshington y de Franklin, prosaicos,
-comunes, sin brillo, pero grandes en su sencillez, _good-natured_
-sublimes a fuerza de buen sentido, de laboriosidad y honradez.
-Iba preparado al espectáculo, y no me sorprendieron ni las colinas
-hermosísimas cubiertas de bosques, ni las caletas, canales y ensenadas
-que rodean la ciudad, llenas de barcas y cruzadas por centenares de
-vapores. Nueva York es el centro de la actividad norteamericana, el
-desembarcadero de los emigrantes europeos, y por tanto, la ciudad
-menos americana en su fisonomía y costumbres de las que presenta la
-Unión. Barrios enteros tienen calles estrechísimas y desaseadas,
-alineadas de casas de mezquina apariencia. Los cerdos son personajes
-obligados de las calles y escondrijos, donde nadie les disputa sus
-derechos de ciudadanía. Ocupa el centro de la parte más hermosa de la
-ciudad el Broad-Way, la calle ancha que toca por un extremo en Garden
-Castle, y en su desenvolvimiento enseña Trinity Church, templo gótico
-de hermosa arquitectura y de cierta magnificencia, cosa rara en los
-Estados Unidos. Ha sido construído por acciones, como todas las grandes
-empresas norteamericanas. Hay en el Broad-Way hermosos edificios
-particulares, un bazar en mármol blanco, que se cree no tiene rival en
-Europa, y un teatro en construcción para ópera italiana. En una hora
-conté en el Broad-Way 480 carruajes entre ómnibus, carros y coches que
-pasaban frente a la ventana de mi Boarding-house. Por la noche dábase
-el _Hernani_ en un teatro improvisado en Garden Castle, y allí nos
-reunimos seis sudamericanos: Osma del Perú; el joven Alvear argentino;
-el señor Carvallo y su secretario de legación, mi amigo Astaburuaga,
-y un recién llegado, que a poco se introdujo en la conversación,
-preguntando: ¿conocen ustedes a un señor Sarmiento, que debe haber
-llegado de Europa? Era don Santiago Arcos, quien, reconociéndome por
-el tal, me dijo que venía desde Francia en mi seguimiento, que desde
-allí seríamos inseparables hasta Chile, y que éramos amigos, muy amigos
-de mucho tiempo, acompañando estas palabras con aquel reir de buena
-voluntad que tiene, y que haría desarmar la extrañeza más quisquillosa.
-
-La _prima donna_ cantó por añadidura, el jaleo, dirigiendo a
-nuestro grupo desde las tablas palabras en español que le fueron
-contestadas con una cuchufleta de manolo, de manera que estaba, por
-decirlo así, en país de lengua castellana y de relaciones antiguas,
-pues que al joven Osma lo había conocido en España, y vuéltolo a
-encontrar en Londres, si no me engaño. Hasta las antiguas glorias de
-la patria y sus actuales miserias encontraba allí representadas en el
-general Alvear, con quien, allanadas ciertas dificultades de etiqueta,
-y merced a reticencias convencionales, pasé tres días oyéndolo
-hablarme de los pasados tiempos. El general Flores, del Ecuador, había
-también recalado por allí, asaz mohino y cariacontecido, de lo que
-nos divertíamos Osma y yo por los malos ratos que le habíamos dado en
-Madrid.
-
-Nueva York es la capital del más rico de los Estados americanos. Su
-municipalidad sería, por su magnificencia, comparable sólo al Senado
-romano, si no fuese ella misma compuesta de un Senado y una Cámara de
-Diputados que legislan sobre el bien de medio millón de ciudadanos.
-Sólo la de Roma le ha precedido en la construcción de gigantescas obras
-de utilidad pública, si bien de los restos de los famosos acueductos
-que traían el agua a la ciudad eterna, ninguno ha vencido dificultades
-tan grandes, ni empleado medios más adelantados. El acueducto de Croton
-ha costado a la ciudad de Nueva York trece millones de pesos; prodúcele
-una renta anual de seiscientos mil, y sus habitantes pueden en el
-cuarto piso de sus casas disponer de cuanta agua necesitan torciendo
-una llave. El acueducto de Croton comienza en el río Croton, que
-corre a cinco millas del Hudson en un condado vecino. El _dam_ o
-depósito de agua, que de él se ha formado para dar igualdad a la masa
-de aguas, tiene 250 pies de largo, 70 de ancho en el fondo, 7 arriba, y
-40 de alto, construído todo de piedra y cemento. Forma un lago dentro
-de estas paredes de granito, cuya área cubre cuatrocientos acres de
-terreno, conteniendo 500 millones de galones de agua. Desde este gran
-depósito parte el acueducto perforando las montañas, o sostenido por
-arcadas sobre los valles como los acueductos romanos de Segovia y
-la Sabinia, dejando bajo puentes altísimos paso a los torrentes que
-atraviesa. Antes de llegar al río Harlem, trae así recorridas treinta y
-tres millas. El acueducto es de piedra, ladrillo y cemento, abovedado
-por arriba y por abajo, con 6 pies 3 pulgadas de ancho abajo, y 7 pies
-8 pulgadas en lo alto de las murallas del costado, y 8 pies 5 pulgadas
-de alto. Lleva desde 13 y media pulgadas por milla, y descarga 60
-millones de galones de agua cada veinte y cuatro horas. Sobre el río
-Harlem pasa en un magnífico puente de piedra de 1450 pies de largo
-con 14 pilares, ocho de los cuales sostienen arcos de ochenta pies de
-abertura, y otros de cincuenta, con superposiciones de 114 pies sobre
-el nivel del agua. El canal pasa aquí en tubos de hierro colado que
-dos hombres alcanzarán apenas a abrazar. El receptáculo que recibe
-las aguas en la calle 86, a 58 millas del de Croton, cubre 35 acres,
-y contiene 150 millones de galones. El depósito de distribución sobre
-el monte Murray, calle 40, cubre cuatro acres, es de piedra y cemento
-y a cuarenta y cinco pies sobre el nivel de la calle, y contiene
-veinte millones de galones. Desde allí se distribuye el agua por toda
-la ciudad en tubos de hierro, colocados en la tierra a suficiente
-profundidad para que el agua no se hiele en el invierno. Los tubos de 6
-a 36 pulgadas de diámetro miden 170 millas; el agua sube a los pisos de
-las casas, y hay otros tubos para volver a la tierra las aguas sucias.
-El derecho que la Municipalidad cobra sobre el agua basta para pagar
-el interés de 13 millones de capital invertido, los salarios de los
-empleados y dejar una utilidad anual de más de medio millón, ahorrando
-a los vecinos los millones que gastaban antes en proveerse de agua de
-calidad menos exquisita que la de Croton.
-
-Hacían más gratas las emociones que el examen de la grande obra del
-acueducto me causaba, los inteligentes comentarios, y las explicaciones
-de incidentes prolijos que a medida que recorríamos los hermosos
-alrededores de Nueva York, me iba haciendo don Manuel Carvallo,
-enviado extraordinario de Chile en Wáshington. La solicitud de este
-amigo, pues desde entonces nos hemos dado este nombre, me sacaba de
-aquella especie de desamparo en que creía encontrarme entre los pueblos
-del Norte de América, de lo que había sufrido moralmente y mucho en el
-norte de Europa. Con él visité el Saint-James-College de los Jesuítas,
-donde estudiaban varios jóvenes chilenos, las fábricas de caotchouc,
-donde se confeccionaban puentes militares impermeables y equipos
-completos de campaña, como asimismo todo aquello que en monumentos,
-construcciones y establecimientos merecía ser conocido del viajero.
-
-Con su simpático secretario Astaburuaga emprendíamos las correrías
-de detalle, sazonadas por recuerdos de Chile, y animadas por la
-comunicativa _causerie_ de dos amigos que vuelven a verse después
-de algunos años. Llevóme a visitar el cementerio Greenwood, separado de
-Nueva York por un canal.
-
-Abraza el cementerio un espacio inmenso de terreno en el estado de
-naturaleza. Accidentado por ligeras ondulaciones, ofrece una variedad
-de aspecto que cambia a medida que se penetra en su solitario recinto.
-Bosques seculares sombrean los terrenos bajos y aún las aguas de las
-lluvias se depositan en lagunatos y zanjas. Un camino espacioso para
-carruajes serpentea sin sujeción a merced de los accidentes del suelo;
-las yerbas del campo crecen a sus anchas en matorrales y arbustos, y en
-lo alto de las pequeñas colinas descuellan, ya aislados, ya en grupos,
-arbolillos graciosos de los que forman la variada flora norteamericana.
-Allí, en el seno de la Naturaleza, reposan, en sepulcros desparramados
-a discreción por la vasta superficie, las cenizas de los que quisieron
-dejar algún rastro sobre la tierra de su efímero pasaje. A la sombra de
-una encina secular se abriga una tumba de estilo gótico; una linterna
-de Diógenes corona un montículo, y en el fondo de un vallecito, entre
-arbolillos vistosos, se muestra un templete griego, depositario de
-un sarcófago. ¿No es cierto que este sistema de cementerios a la
-rústica, verdadero campo de los muertos, infunde sentimientos de
-plácida melancolía, aligerada por la contemplación de la Naturaleza,
-volviéndole a ella los restos orgánicos de ella recibidos, para que
-disponga sin sujeción y a su arbitrio nuevas combinaciones y nuevas
-existencias? Al menos esta impresión me causaba la vista, desde alguna
-parte elevada del cementerio, apoyado en un sepulcro, de Nueva York
-coronada de humo, y Brooklyn su vecina, la Bahía hermosa con sus grupos
-de buques cual bosque de invierno, y los estrechos agitados por la
-marea que levantan los poderosos vapores, terminando la perspectiva el
-océano, límite natural de cosas terrenas, frontera de lo infinito e
-imagen imperfecta de la inmensidad.
-
-El santuario de mi peregrinación era Boston, la reina de las escuelas
-de enseñanza primaria, si bien cuando objetos de estudio nos llevan a
-un punto, es permitido hacer un rodeo en busca de sitios pintorescos.
-Para ir a Boston, pues, porque está al naciente del Hudson, dispuse
-mi derrotero por Búfalo que está exactamente al Oeste. La cascada de
-Niágara y los célebres lagos estaban de por medio, y no había que
-trepidar en más o menos dóllars, no obstante el estado angustiado de
-la plaza, que no tenía víveres (hablo de mi bolsa), sino para contados
-días. Embarquéme en Nueva York a las siete de la mañana para Albany
-(144 millas, un peso) a donde llegué a la tarde, pocos momentos antes
-de la partida del tren de Búfalo (325 millas, doce pesos), en todo
-469 millas en vapor o camino de hierro, y tres días de marcha, con
-descansos de un cuarto de hora de distancia en distancia para comer y
-almorzar.
-
-El Hudson es poética, histórica y comercialmente hablando, el centro
-de vida de los Estados Unidos. Camino de Boston, de Montreal, de
-Quebec, de Búfalo, del Niágara y de los lagos; arteria principal por
-donde fluyen los productos del Canadá, Vermont, Massachusetts, Jersey
-y el estado de Nueva York; sus aguas están de continuo literalmente
-cubiertas de naves, a punto de hacerse obstrucciones de la vía, como
-en las calles de las grandes ciudades. Los vapores se cruzan como
-exhalaciones meteóricas, y los remolques traen consigo una feria de
-buques amarrados a sus costados que levantan con sus quillas una
-verdadera marea a su frente. Catorce naves cargadas preceden y siguen
-al motor, ocupando una ancha superficie del río. Los vapores de
-transporte asumen en los ríos norteamericanos la forma y la elevación
-de casas flotantes de dos pisos, con azotea y corredores.
-
-Dan nuevo realce al espectáculo, de suyo grandioso por las formas
-colosales de estos hoteles ambulantes, la apariencia culta, esmerada y
-aun ceremoniosa de los pasajeros, pues es práctica general de hombres
-y de mujeres ponerse vestidos de fiesta para hacer expediciones por
-agua o ferrocarriles, si bien la fría reserva del carácter yankee y
-su sociedad imprimen a estas grandes reuniones cierta fisonomía uraña
-que en Europa sería tachada de aristocrática, siendo considerada en el
-lugar de la escena por testigos europeos, como selvática, cuando solo
-es en verdad reserva necesaria. Las damas ocupan la parte anterior
-de los grandes salones y son el objeto de atenciones oficiales. Dan
-todavía más animación a estos vapores la colocación de los prácticos y
-timonel a la proa del buque, en lugar alto y aparente, y a veces debajo
-de un elegante kiosco, dirigiendo, por cadenas que mueven un torno, el
-timón del buque, desde donde pueden descubrir a cada instante su ruta,
-cual si fueran realmente la cabeza y el alma inteligente de aquella
-máquina. La campana suena a cada momento, anunciando la proximidad de
-un lugar del tránsito, para que se preparen a desembarcar los que se
-dirigen a él.
-
-Desde lo alto de la azotea del buque, dominando ambas riberas, el
-viajero ve desfilar delante de sí, villas risueñas, montículos
-coronados por edificios y árboles, y a sus costados centenares de
-buques de todas formas y dimensiones que hacen su camino en sentido
-opuesto en aquella calle pública, inmensa, resplandeciente y tersa como
-un espejo. Así pasan revista, desde la salida de Nueva York, al océano,
-la bahía con su movible panorama de buques, y las pintorescas islas,
-estrechos y canales. La ciudad de Jersey, en frente del embarcadero,
-la roca de Weehawken, que sale exabrupto de entre las aguas y sirve
-de base a una _villa_ edificada en su cumbre, pintoresco término
-avanzado a la entrada de las _Palizadas_, que son una muralla
-perpendicular de rocas acantiladas, que se alzan cuatrocientos y
-quinientos pies sobre la superficie de las aguas, y costea el río por
-espacio de veinte millas. Este accidente de la naturaleza da al paisaje
-una grandiosidad indescriptible, mientras, por el otro lado, la ribera
-ostenta villas, ciudades, arboledas, colinas y bosques que mantienen
-la animación y despiertan la curiosidad. Alguna ruina también corona
-alguna altura, y los nombres de Hamilton y Wáshington son recordados
-por algunas piedras subsistentes de fuertes tomados y destruídos
-durante la guerra de la independencia. Monumentos vivos son, empero,
-Westpoint, la academia militar en cuyo recinto 230 cadetes guardan
-permanentemente el fuego sagrado de las tradiciones y la ciencia de
-la guerra. El asilo de los huérfanos, el hospital de locos y otros
-edificios públicos prestan, desde las alturas, sus formas griegas a
-la decoración del río que se las disputa al Rhin en belleza, y que no
-tiene rival sino en la China en actividad y movimiento.
-
-Al fin se presenta Albany, la capital política del estado de Nueva
-York, porque parece que los congresos yankees huyen del bullicio de
-las grandes ciudades. Los edificios públicos corresponden al título
-de capital, aún más que a la extensión de la ciudad la importancia de
-sus edificios particulares. El camino de hierro recorre desde allí 325
-millas al oeste, pasando por Amsterdam, Jonda, Utica, Roma, Verona,
-Manlius, Siracusa, Camillus, Séneca, Itaca, Waterloo, Génova, Viena,
-Víctor, Byron, Batavia, Alejandro, Attica y otras muchas ciudades
-que reunen en una línea los nombres de ciudades, países y hombres de
-diversos tiempos y lugares.
-
-Búfalo, término del viaje, está en el extremo este del lago Erie, que
-lo es, a su vez, de la navegación del Hurón, el Michigan y el Superior.
-La emigración alemana, sobre todo, ataca esta línea de navegación
-por Chicago, que está al extremo oeste del Michigan y en contacto
-con las cabeceras del Mississipi; y por Búfalo, que sirve de centro
-a la navegación del Ohio por el canal de Cleveland y del Hudson por
-el canal del Erie. La vista de esta ciudad, estrecha para el número
-de habitantes que contiene, me hizo un efecto singular. Una turba de
-buques de vapor dejaba escapar de sus chimeneas la gruesa mole de
-humo del fuego que aún se está encendiendo. La descarga de pieles de
-búfalo, y otras producciones del comercio con los salvajes, contrariaba
-el movimiento de la procesión de pasajeros que se dirigen al puerto,
-mientras que volviendo la vista a la ciudad, descubríanse sobre lo
-alto de los edificios centenares de hombres ocupados afanosamente en
-construir edificios nuevos, agrandándose la ciudad de improviso para
-satisfacer a las necesidades de una población que cada año aumenta de
-veinte mil almas. Búfalo tiene a su alcance, como todos los centros
-predestinados de comercio futuro en la Unión, un depósito de carbón en
-la península que forma el Michigan y el contiguo Huron.
-
-De Búfalo adelante las obras humanas, ferrocarriles, villas nacientes
-y plantaciones nuevas, deslucen las sublimes obras de la naturaleza.
-Desde allí al norte principia el pedazo más bello de la tierra. El
-río Niágara sale del Erie manso y cristalino, reflejando en sus
-ondas rododendrones y encinas entremezcladas, formando a los lejos
-lontananzas azuladas de selvas primitivas, bajo cuyas espesuras
-pueden aún verse los rastros misteriosos del mocasín del indio
-indómito. Abrese en dos al formar la grande isla, y recoge luego sus
-aguas para prepararse al sublime juego de aguas que comienza en los
-_Rápidos_, y termina en la _Cascada_. El rumor lejano de este
-salto portentoso, la neblina que se alza en el cielo de partículas
-acuáticas, la excitación que causa la proximidad de sensaciones de
-largo tiempo esperadas y presentidas, traen al viajero desasosegado
-y acusando de lentitud al tren que lo arrastra. Llégase por fin a
-_Niágara-Falls_, villa que alimenta la concurrencia de curiosos,
-desde donde el redoble pavoroso de la caída atruena los oídos, el
-torbellino de agua se hace más visible, descollando blanquecino sobre
-las copas de los árboles; y entre los claros que sus troncos dejan a
-medida que uno se acerca, divísase contrastando con la opacidad de la
-enramada sombría, algún pedazo de _rápidos_, como un fragmento
-de plata bruñida. Son estos rápidos cascadas subacuáticas en que la
-enorme masa del Niágara viene despeñándose, sobre un lecho de rocas
-escarpadas, que no se presentan a la vista, y que dan al agua un
-blanco marmóreo. Mil trágicas aventuras han ocurrido, desde el cazador
-indio que distraído un momento por el ardor de la persecución sintióse
-llevado de la corriente en su frágil piragua, y después de esfuerzos
-sobrehumanos para resistirla, apuró su calabaza de aguardiente, y
-de pie con los brazos cruzados se dejó llevar a la catarata, que ni
-los cadáveres entrega de sus víctimas, hasta los presidiarios que
-apoderados de un vapor, no supieron gobernar y vieron descender la mal
-dirigida nave a los rápidos y la catarata, sepultándolos para siempre
-el abismo sin fondo que ha excavado la caída. Hablábase del reciente
-fin de un niño caído en los rápidos y que ya tenían de la mano en la
-isla de la Cabra, que promedia las dos caídas, volvióseles a escapar.
-
-Describir escena tan estupenda sería empeño vano. Lo colosal de las
-dimensiones atenúa la impresión de pavor, como la distancia de las
-estrellas nos las hace aparecer pequeñas. Cítanse con elogio los versos
-que el espectáculo inspiró a una señorita.
-
- Flow on for ever, in thy glorious robe
- Of terror and beauty. God hath set
- His rainbow on thy forehead; and the cloud
- Mantled around thy feet. Awe he doth give
- Thy voice of thunder, power to speak to Him
- Eternally--bidding the lip of man
- Keep silence; and upon thine altar pour
- Incense of awe-struck praise[5].
-
-Teníame por pasajero pasablemente erudito en punto a cascadas. Había
-visto la de Tivolí, tan bella, tan artística y tan poéticamente
-acompañada de recuerdos históricos; la del Rhin, la más grande que
-ocurre en Europa, y aquellas cien que alegran el paisaje suizo en los
-Alpes. La de Niágara, empero, sale de los términos de toda comparación;
-es ella sola en la tierra el más terrífico espectáculo. Sus dimensiones
-colosales, la enormidad de las masas de agua, y las líneas rectas que
-describe, le quitan, empero, toda belleza, inspirando sólo sensaciones
-de terror, admiración y aquel deleite sublime que acusa el espectáculo
-de los grandes conflictos. Imaginaos un río cristalino, como el
-Bío-Bío, descendiendo de golpe de un plano superior a otro inferior.
-Cortado el borde perpendicularmente, el agua describirá un ángulo recto
-al cambiar del plano horizontal al vertical, y desde allí, después de
-revolverse sobre sí misma en torbellinos plateados, seguirá el nuevo
-plano inferior con la misma mansedumbre que antes de caer. La belleza
-de la cascada la hacen las puntas de rocas salientes, que fuerzan
-el agua a retroceder, lanzarse en el aire, subdividirse en átomos e
-impregnarse de luz.
-
-La vista de las otras cascadas me había hecho sonreír de placer; más en
-la del Niágara sentía que las piernas me temblaban, y aquella sensación
-fiebrosa que indica que la sangre se retira de la cara. Llegándose a
-ella por la isla de la Cabra, que la subdivide en dos, el ánimo viene
-alegremente preparado por la escena menos tumultuosa que presentan los
-rápidos, en que el Niágara desciende cincuenta pies en una milla. El
-bosque primitivo que cubre la isla y oculta tras su ramaje la vecina
-ciudad, la perspectiva aguas arriba en que el río viene caracoleando,
-presenta uno de esos golpes de vista risueños, virginales, tan
-comunes en los Estados Unidos. La cascada inglesa tiene la forma de
-una herradura y cuatro cuadras de desenvolvimiento, sin accidente ni
-interrupción alguna. La cascada del lado americano tiene doscientas
-yardas de ancho y esto la hace llamar la chica. En ambas cae el agua
-desde 165 pies y el canal excavado en la roca que la recibe, tiene cien
-varas de profundidad y ciento treinta de ancho. Al ver escritas estas
-cifras averiguadas por mensura, nótase la incompetencia del ojo humano
-para abrazar las grandes superficies. San Pedro, en Roma, aparece una
-estructura de dimensiones naturales, y la cascada del Niágara se achica
-a la simple vista para ponerse al nivel de nuestra pequeñez.
-
-El espesor de la masa de agua es de 21 pies, de manera que no pudiendo
-atravesarla la luz, conserva su color verde en el centro de la caída.
-Este accidente, que revela a los ojos la magnitud de la escena, aumenta
-el pavor que inspira. Vésela desde una linterna o garito construído en
-la isla de la Cabra; vésela mejor todavía porque se llega al borde de
-ella desde el lado inglés, desde donde el ojo puede perfilar la línea
-vertical de la caída y medir el abismo que gruñe como una tormenta
-de rayos, o un aguacero de cañonazos a sus pies. Vésela en todo su
-esplendor y magnificencia desde a bordo de un vapor que sube todos los
-días del lago Ontario, llega cargado de pasajeros hasta cien yardas
-de distancia de la caída, detiénese allí con su motor listo para
-contrariar la atracción de los remolinos, tirita el casco sobre aquella
-agua atormentada, y espumando como si estuviera en delirio, y vuelve
-atrás con los pasajeros, satisfechos ya de emociones terríficas. Pero,
-la cascada no se siente, no se palpa, sino descendiendo al abismo que
-le sirve de base, envolviéndose para ello en capotes de goma elástica
-y dejándose conducir de la mano por un guía debajo de la caída misma,
-donde se ha practicado un camino en la roca, con pasamanos de fierro,
-que garantizan de las caídas ocasionadas por la presencia de centenares
-de anguilas mucosas y resbaladizas que se acogen entre las sinuosidades
-de la roca. Colocado en el fondo de esta singular galería, aturdido,
-anonadado por el ruido, recibiendo sobre su cuerpo la caída de gruesos
-chorros de agua, ve delante de sí una muralla de cristal, que creyera
-dura y estable si las filtraciones de goteras no causaran la presencia
-del líquido elemento. Salido de aquel húmedo infierno, volviendo a ver
-de nuevo el sol y el cielo, puede decirse que el corazón ha apurado la
-sensación de lo sublime. Una batalla de doscientos mil combatientes no
-causará emociones más profundas.
-
-Del lado inglés hay un magnífico hotel y un museo, donde se muestran
-búfalos vivos y se venden esponjas de mar y coral petrificados, que se
-desprenden del suelo en que está la cascada. Aquello fué fondo de mar
-en otro tiempo.
-
-Distínguese esta caída de las otras del mundo en que está situada en
-el centro de una llanura, sin que a primera vista se descubra la causa
-de su existencia. Descendiendo, empero, hacia Ontario, el fenómeno se
-explica fácilmente. El lago Erie está en el centro de una plataforma
-espaciosísima sin accidente alguno. Este llano es la superficie
-superior de una meseta, cuyo borde está cerca del Ontario, el cual está
-situado sobre otra meseta inferior. La diferencia de nivel que hay
-entre uno y otro lago es de 300 pies; y la caída del río Niágara que
-los une entre sí, debe hacerse necesariamente en el borde del banco o
-meseta superior, que está no lejos de las márgenes del Ontario. Pero la
-caída se encuentra siete millas más arriba, y la roca está excavada en
-un profundo zanjón de la altura de la caída. La catarata ha ido, pues,
-cambiando de lugar, o más propiamente hablando, va lentamente en marcha
-hacia el Erie, adonde llegará un día. Bastaría fijar, por medio de la
-observación, la distancia que avanza al año la catarata, derrumbando
-o carcomiendo la roca que le sirve de lecho, para sacar una parte de
-la cronología del globo. Según el geólogo Lyell, admitiendo que solo
-un pie retroceda por año, ha necesitado 39.000 años para llegar desde
-el borde de la escarpa que está cerca de la ciudad de Queenston. Pero
-modifican este cálculo las diferencias de la altura de la caída en
-cada uno de los lugares de su estación, y la diversa resistencia que
-han debido oponerle la mayor o menor adherencia de las rocas que va
-encontrando. La primera vez que un europeo ha descripto la cascada, ha
-sido en 1678, que lo fué por unos misioneros franceses que levantaron
-de ella un diseño. Otra descripción hay de 1751; pero las observaciones
-geológicas no comienzan sino de una época muy reciente. Desde 1815
-adelante las dos caídas han ido alterando su forma por el derrumbe de
-enormes trozos de rocas, y desde 1840 la isla de la Cabra ha perdido
-algunos acres de terreno.
-
-Mr. Lyell descubrió hasta cuatro millas más abajo del lugar de la
-caída, el lecho antiquísimo del río sobre la superficie de la tierra
-y aun a mayor altura de la que hoy tiene el Niágara. Las conchillas
-fluviátiles que se encuentran en bancos de residuos en la isla de
-la Cabra, se hallan perteneciendo a las mismas especies y épocas,
-en una línea hacia el Ontario que señala la dirección que llevaba
-el río. Tenemos, dice este geólogo, en el costado de los barrancos
-que va dejando el Niágara, un cronómetro que mide ruda, pero
-significativamente, la inmensa magnitud del intervalo de años que
-separa el tiempo presente de la época en que el Niágara corría por
-muchas millas más al Norte sobre la superficie de la plataforma. Este
-cronómetro nos muestra cómo los dos sucesos que creemos coetáneos, la
-desaparición de los mastodontes y la época de la primera población
-de la tierra por el hombre, pueden estar a distancias infinitamente
-remotas una de otra. El geólogo, añade, puede cavilar sobre estos
-acontecimientos hasta que lleno de espanto y de admiración, olvida la
-presencia de la catarata misma, y deja de percibir el movimiento de sus
-aguas, ni oye su estampido al caer en el profundo abismo. Pero, así que
-sus pensamientos vuelven al momento presente el estado de su espíritu,
-las sensaciones despertadas en su corazón se hallarán en perfecta
-armonía con la grandiosidad y belleza de la gloriosa escena que lo
-rodea.
-
-[5] Fluye por siempre, cubierta con tu glorioso ropaje de terror y
-de beldad. Puso Dios sobre tu frente el iris, y una nube envuelve
-cual manto tus pies. Te dió su voz de trueno con poder de hablarle
-eternamente, sellando el labio humano, condenado a guardar silencio,
-contentándose con derramar sobre tu altar el incienso de su hija,
-adoración del terror.
-
-
-CANADA
-
-El ferrocarril que corre al costado del zanjón formado por la cascada
-hasta Queenston, cerca del Ontario, lleva los pasajeros que se dirigen
-hacia Quebec o el lago de Champlain. Después de haber saboreado aquel
-magnífico espectáculo, iba yo en mi banco rumiando las emociones
-pasadas, y dejando escapar, de vez en cuando, alguna exclamación de la
-admiración que había experimentado. Un yankee, que me escuchaba con
-la plácida frialdad que distingue a este tipo de hombre, me mostró la
-cascada bajo un punto de vista nuevo. _Beautiful! Beautiful!_
-decía, y para explicarme su manera de sentir la belleza, añadía: esta
-cascada vale millones. Ya se han puesto algunas máquinas a lo largo
-de los rápidos, de donde por canales poco costosos se sacan caídas
-de agua para darles movimiento. Cuando la población de los Estados
-se aglomere hacia este lado, el inmenso caudal de agua de la cascada
-americana puede ser subdividido, y desviándolo, por canales que corran
-sobre el terreno superior, traerlos a descargarlo al cauce inferior del
-Niágara, a los puntos donde se hallen establecidas máquinas de tejidos
-y de otras industrias. ¿Se imagina usted--me decía--que pueden usarse
-motores de agua de la fuerza de cuarenta mil caballos si se necesita?
-Entonces el Niágara será una calle flanqueada por ambos lados de siete
-millas de usinas, cada una con su caída de agua del tamaño que la
-necesite el motor. Los buques vendrán a atracar a la puerta y llevar
-por el San Lorenzo, el Champlain, o el canal de Oswego, las mercaderías
-a Europa o a Nueva York. _Beautiful! Beautiful!_ añadía, extasiado
-en la aplicación útil de aquella mole enorme de agua, que hoy sólo
-sirve para mostrar el poder de la Naturaleza. Yo creo que los yankees
-están celosos de la cascada y que la han de ocupar, como ocupan y
-pueblan los bosques.
-
-Pasando de un ferrocarril a otro, en medio de bosques todavía
-despoblados, atravesando villorrios apenas diseñados, sin poderse
-uno dar cuenta cómo pueden andar vagones por aquellas soledades
-desamparadas, se pasa a uno de _Stages_, diligencias que remiendan
-intervalos sin rieles, y en Queenston va a alojarse a bordo del vapor
-que espera el tren para descender el Ontario, tocando en Oswego,
-boca del canal que liga este lago con el canal que une el Ontario
-con el Hudson. Van Buren, el expresidente, promoviendo la abertura
-de este canal auxiliar, dió valor a unos terrenos que poseía en las
-inmediaciones, sin que nadie haya criticado su procedimiento de
-egoísta; pues el canal completaba, realmente, el estupendo sistema de
-comunicaciones acuáticas de que he hablado en otro lugar.
-
-El país está aún despoblado por esta parte; el vapor del Ontario
-se acerca a los barrancos, adonde salen los paisanotes de fraque y
-las mozas envueltas en cachemiras a tomar pasaje. Divísanse a lo
-lejos aisladas en el bosque aquellas cabañas de troncos de árboles
-superpuestos, o de tablas descoloridas, que sirven de morada por los
-primeros años al plantador que recién está descuajando el bosque. El
-paisaje conserva toda la frescura virginal que Cooper ha pintado en
-aquellos inimitables cuadros del _Ultimo Mohicano_. Ya he dicho
-a Vd. que desde Búfalo hacia esta parte está el pedazo más bello de
-la tierra. Sin la petulante lozanía de los trópicos y sin la fría
-severidad de los bosques del Norte de la Europa, mézclanse en la
-escena ríos como lagos, lagos como mares, rodeados de una vegetación
-primorosa, artística en sus combinaciones y grandiosa en su conjunto.
-Traíame arrobado de dos días atrás la contemplación de la Naturaleza,
-y, a veces, sorprendía en el fondo de mi corazón un sentimiento
-extraño, que no había experimentado ni en París. Era el deseo secreto
-de quedarme por ahí a vivir para siempre, hacerme yankee, y ver si
-podría arrimar a la cascada alguna pobre fábrica para vivir. ¿Fábrica
-de qué?... Y aquí el deleite de tan bella vida se me tornaba en
-vergüenza, acordándome de aquellos ostentosos letreros chuecos que
-había visto en algunas aldeas de España, _Fábrica de fósforos_.
-¡Y qué fósforos! ¿Enseñar o escribir qué con este idioma que nadie
-necesita saber? Para curarme de estas ilusiones y recuperar mi alegría,
-no necesitaba más que tomarle el peso a mi descarnada bolsa, y echar
-una ojeada sobre mi contaduría en general para no volver a pensar más
-en ello.
-
-Al vaciarse el Ontario en el río San Lorenzo hay un punto que se
-llama Thousand Islands, las mil islas, que no son menos las que están
-aglomeradas en un corto espacio. La escena fluvial más bella que la
-Europa presenta es el Rin desde Maguncia y Colonia abajo. Yo lo había
-recorrido hasta Harlem, frontera de la Holanda, desde donde por Utrecht
-va un camino de hierro hasta Amsterdam, y de allí por La Haya se
-desciende a Rotterdam para tomar el Escalda, que conduce a Amberes y
-a Bruselas. Embellecen el Rin las tradiciones alemanas, los castillos
-feudales que aún coronan las alturas; las ciudades renanas que ostentan
-la estatua de Gutenberg, y la catedral de Colonia. Fluye el río
-silencioso por entre quebradas sañudas y obscuras, sale a explayadas
-que espacian la vista y enseñan las agujas de las iglesias de las
-aldeas, y los viñedos que se esparcen enanos y casi rastreros por los
-faldeos de las circunvecinas montañas. Más allá, y aproximándose a la
-Holanda, el terreno baja, el río se ensancha, los molinos de viento
-se suceden a los castillejos, y los ciénagos holandeses requieren los
-canales que surcan el país en todas direcciones y los pasmosos diques
-que oponen su hombro al porfiado y poderoso embate del océano, superior
-en el nivel.
-
-En el San Lorenzo, la naturaleza, desnuda de todo atavío de arte
-humano, se presenta a luchar con toda comparación posible. Aquí la
-escena se dilata hasta donde la vista alcanza, sin encontrar, sin
-embargo, objeto que introduzca la monotonía. El pasaje por entre las
-mil islas es un sueño de hadas. Era el otoño, y los árboles de la
-flora americana estaban ya matizados de colores de ópalo, amarillo y
-púrpura, que tanto codician los pintores para las escenas rústicas. Hay
-la encina norteamericana y otros árboles que se tiñen de rojo puro, y
-tan subido que desde leguas atraen la mirada por su extrañeza. De este
-ropaje estaban vestidas las islas, grandes algunas como para contener
-una aldea, y tan pequeñas otras que parecían una canastilla de flores
-flotando sobre las aguas. El San Lorenzo vuelve a hacer rápidos saltos
-de distancia en distancia, lo que da a sus aguas cristalinas un blanco
-esmaltado y sin espuma, por estar a mucha profundidad las rocas que
-quiebran el agua. La corriente del río se presenta, entonces, como un
-ancho reguero de plata, accidentado por aquellas cucas islas que traen
-al espectador alborotado, cambiando la escena a cada paso, agrupándose
-en formas y en cadencias caprichosas, descubriendo nuevos horizontes a
-cada paso, hasta no entenderse en el laberinto que forman. Cuando el
-vapor va a entrar en los rápidos, el maquinista detiene el motor, la
-corriente de aquel canal de molino arrebata el buque, y el piloto con
-mano firme lo endilga por entre los escollos y remansos que se forman
-en aquella catarata continua. No sé si me han engañado; sesenta millas
-hacemos, díjonos el piloto, mirando sin pestañear un pasaje difícil
-que teníamos por delante. El tren expreso entre Manchester y Liverpool
-hacía también 60 millas. Llégase a Kingston, ciudad del Alto Canadá,
-cómpranse manzanas por hacer alguna cosa, y la noche mediante, llégase
-a Montreal, la ciudad francesa de esta parte de las colonias británicas.
-
-El hotel Donegana, espacioso como nuestros claustros y arreglado en
-todo como los grandes hoteles norteamericanos, acoge al pasajero
-derrengado y mal traído, a merced de vagones, _stages_ complementarios
-y vapores. El _hong-hong_ no falta para triturarle al infeliz los
-nervios, si se obstina en dormir una hora más.
-
-¡Montreal, qué joya para figurar en impresiones de viaje! Dumas ignora
-el tesoro que hay allí sepultado a sólo diez u once días de vapor
-de Francia. Es la ciudad más adelantada del mundo en cuanto a la
-aplicación y generalización de los medios más perfectos de construcción
-civil. Las casas son de piedra de cantería o ladrillo. Las techumbres
-están cubiertas de un manto de zinc, lo que da a la ciudad un aspecto
-reluciente. El pavimento de las calles todas es de palo a pique como el
-que se ha ensayado en París en frente de la Opera Cómica, y construído
-bajo el mismo principio, y las aceras son de tablones atravesados y
-montados sobre barrotes que permiten al agua escurrirse por debajo.
-Bajo este respecto Montreal es la ciudad más altamente civilizada
-que existe en el globo; pero hay un aspecto moral por donde es una
-curiosidad fósil digna de observación.
-
-Sábese que el Alto y Bajo Canadá fué cedido a la Inglaterra por Luis
-XIV, al fin de las desastrosas guerras que amargaron el ocaso de
-sus días e hicieron pagar caro a la Francia el orgullo de sus reyes
-y la arrogancia de sus ejércitos; triste y merecido fin que tienen
-esos triunfos con que la fortuna engalana los primeros pasos de la
-vida de los tiranos. La vejez trae sus arrugas, la conciencia sus
-remordimientos, y el cansancio y la extenuación de los pueblos la
-debilidad que da reparación a los ofendidos. Con Napoleón repitióse el
-mismo cuento y con nuestro imbécil se reproducirá el mismo hecho, muy a
-expensas nuestras.
-
-¡Vuelvo siempre a mis carneros! La población francesa de Montreal
-lloró, como Cartago condenada a la destrucción, el día en que se
-le anunció que había sido tratada como mercancía, entregada cual
-vil rebaño a la odiada Inglaterra. Pero, el llorar y el mesarse los
-cabellos en nada cambiaba la situación que la madre patria les hacía,
-y hubieron de resignarse a su suerte desamparada. Desde entonces se
-rompió el vínculo que los ligaba a la madre patria y no oyeron hablar
-más de la Francia. Sus revoluciones posteriores, la república, el
-imperio, la restauración y la casi restauración, han pasado sin que el
-vulgo sepa de tan grandes sucesos, sino de oídas, aquello más notable;
-pero sin sucesión, sin formar ya parte de la historia nacional.
-
-Los libros franceses dejaron de penetrar en la colonia inglesa, y todo
-progreso en las ideas, toda novedad literaria o filosófica dejó para
-los infelices de ser continuación y consecuencia de aquel movimiento de
-ideas que comenzó en el reinado de Luis XIV y continuó con Rousseau,
-Voltaire y el siglo XVIII. Para los franceses de Montreal, pues, la
-Francia, la única Francia posible, es la Francia del gran rey con
-su corte de Versalles, su etiqueta y su lujo asiático; los únicos
-poetas, Corneille y Racine; las únicas glorias militares, las del gran
-Condé, Catinant, Villars y Turena. El canadiense es ceremonioso como
-un cortesano antiguo, y tan quisquilloso en punto a hidalguía, que
-la genealogía de las familias es allí espejo que no ha de empañar ni
-por el contacto mácula alguna. Viviendo bajo la dominación inglesa de
-un siglo a esta parte, las madres no enseñan a sus hijas el inglés,
-para ponerlas en la imposibilidad de oír a los odiosos opresores de
-su raza; cuando en las calles se pregunta a los paseantes algo en
-inglés, puede desfilar toda la población por delante, sin que haya
-una persona de origen francés que se dé por entendida de lo que se
-le pregunta. Hablad en francés y entonces las miradas se vuelven de
-todas partes, los semblantes sonríen y la buena voluntad y el deseo
-_d’être agréable_ vese pintado en la blanda ondulación de cada
-músculo. “¡Ah! ¡señor, me decía un joven, con voz conmovida, viene
-usted de Francia; qué feliz es Vd.! ¡Oh, la Francia, nuestra patria!
-¡Si supiera ella lo que ha hecho, entregándonos a los ingleses! Ya se
-ha arrepentido, ¿no es así? Porque ni aun en sus reproches querrían
-ofender a este tipo de la nacionalidad de su raza.
-
-La religión se ha hecho un arma de oposición a los dominadores, y el
-catolicismo una trinchera adonde se ha acogido toda la vida de este
-pueblo desmembrado. El catolicismo cuan estable es en sus dogmas, ha
-marchado, sin embargo, con los siglos, y afectando nuevas formas, para
-adaptarse a las nuevas instituciones. Si queréis volver una página
-de un siglo de su historia y verlo tal cual era, después de salido de
-la Edad Media, id a Montreal y lo encontraréis en todo su primitivo
-candor, lleno de savia y de fuerza y concentrando en sí, como en España
-en tiempos de la reina Isabel, el patriotismo, el poder, y la fuente
-del heroísmo. Hacia la base del monte que da nominación a la ciudad, se
-levanta una hermosa casilla de ladrillo rodeada de árboles y colocada
-en una pequeña elevación del terreno que la hace más pintoresca. Esta
-casa, que me había llamado la atención, tiene tapiadas las puertas
-y está abandonada. Preguntando a un canadiense el motivo de lo que
-veía, “¡Que no sabe! me dijo, la casa del Judío. Y bien.--Del alma en
-pena, _le revenant_. Un judío (si esta apelación no es, como lo
-sospecho, todavía una muestra del viejo catolicismo) un judío era
-el dueño de esa casa. Una noche, tarde de la noche, oyóse un tiro.
-Al día siguiente los vecinos lo encontraron muerto, suicidado. Sus
-compatriotas quisieron ocupar la casa; pero el alma del condenado
-volvía a su habitación todas las noches, revolvía papeles, oíanse
-gemidos y ruidos de cadenas. En vano han querido después habitar la
-casa; esto hace ya veinte años, algunos vecinos pobres han intentado
-ocuparla. El alma del condenado vuelve; las luces se apagan solas, y
-comienzan los gemidos y el ruido de cadenas. La autoridad ha mandado
-al fin amurallar las puertas, por miedo que la casa se convierta en
-guarida de ladrones”.
-
-Yo escuchaba maravillado este cuento, que me traía a la memoria escenas
-de mi infancia, oyendo horripilado historias de ánimas y aparecidos,
-y miraba a mi hombre de hito en hito para ver si creía realmente lo
-que me estaba contando, y si no concluía como algunos clérigos en
-Roma que le enseñan a uno la mesa con tres patas en que almorzaba
-Jesucristo con San Pedro y San Juan, y que concluyen por reírse de la
-conseja cuando uno les pone cierta cara. Esta vez, empero, había en
-la voz y en lo profundo de los ojos del narrador tal convicción, que
-mostrar duda siquiera habría sido desmoralizarlo, porque la sencillez
-de su espíritu, la sanción dada por todos, aun por la autoridad, a
-esta tradición, no le habrían dejado sospechar que hubiera ningún ser
-racional que dudase de la posibilidad de tales sucesos.
-
-Sobrevino el domingo y me dirigí a la catedral para visitarla. Jamás
-había podido imaginarme espectáculo más imponente. Habíame enfriado
-Roma con su Semana Santa y sus ceremonias. San Pedro es en esos días,
-como siempre, un suntuoso desierto. Los romanos preguntan: ¿Ha estado
-Vd. en San Pedro? ¿Ha visto al Papa?--Ellos no van nunca a la gran
-basílica y pocas veces a las demás iglesias. Si en Roma sucede eso,
-imagínese lo que sucederá en Francia, España y el resto de la Italia.
-No recuerdo dónde he encontrado en diversas iglesias tres sacerdotes
-que decían misa sin un solo oyente o alguna vieja mendiga por todo
-acompañamiento.
-
-En la gótica catedral de Montreal había ese domingo de quince a
-veinte mil almas oyendo la misa mayor. La población católica no se
-desobliga del precepto, sino oyendo la misa episcopal, pontificada con
-una pompa sencilla, servida por setenta y dos acólitos, monacillos y
-oficiantes que pude contar por los bonetes en forma de conos truncados
-y altos de una tercia que llevaban los oficiantes. No ofreciendo
-suficiente espacio el pavimento de la catedral para tanto concurso,
-se han adaptado a las naves exteriores dos anchas galerías salientes
-que hacen dos corridas de palcos por ambos lados de la iglesia; y
-las cuatro y el piso estaban llenos. Predicaba a la sazón el cura la
-plática doctrinal; un profundo silencio reinaba en aquella inmensa
-congregación, y una señora que me veía de pie, con los ojos y con la
-mano me invitaba cortésmente a tomar asiento a su lado, en las lunetas
-de madera que cubren toda la superficie del vasto edificio, más ancho
-que la catedral de Santiago. Esto que veía entonces, sucedía siempre y
-las acomodaciones de la iglesia me lo decían demasiado.
-
-Al día siguiente encontré en las calles larga procesión de niños en dos
-filas y precedido por una cruz con paño llevada por un clérigo, que
-se dirigían a la iglesia cantando en coro las alabanzas, seguidos del
-cura y sotacuras, a oír la misa diaria, antes de entrar a las clases.
-El cura, como fué práctica en los antiguos tiempos, es el maestro
-de escuela de la parroquia, y los sotacuras son sus ayudantes si es
-numerosa. Adoctrínalos con amor en todas las creencias; fortifícalos
-contra toda innovación peligrosa y contra toda tibieza que pueda dar
-entrada en sus almas al odiado protestantismo de sus amos. Así el
-catolicismo se ha endurecido y reconcentrado para hacer frente a la
-destitución de la raza y del idioma, y se apega a las añejas prácticas
-y aun a las supersticiones más frívolas por no dar su brazo a torcer.
-Todo esto es santo, bello, tierno, patriótico y ortodoxo, sin duda.
-Pero, ¡ah, que está de Dios que no ha de haber cosa cumplida en este
-mundo! Los católicos de Montreal poseen y cultivan una ignorancia
-desesperante. Alejados de la administración, porque temen contaminarse
-si aceptan empleos, viven ajenos de todo movimiento de la vida
-pública. Al lado de los yankees, gobernados por la Inglaterra, no
-poseen ninguna industria, cultivan mal la tierra, y la pobreza, la
-obscuridad, la nulidad y la miseria los viene cercenando y estrechando
-de todas partes. Hoy vende una familia patricia su casa que compra un
-comerciante inglés, y mañana sus hijos están en la indigencia, y como
-no tienen ni instrucción ni habilidad manual, concluyen sus nietos por
-ser mozos de cordel o domésticos. Calcúlase que en un siglo más habrá
-desaparecido este pueblo, incapaz de vivir en la sociedad actual y
-obstinado por patriotismo en perpetuar un modo de ser que lo aniquila
-lentamente.
-
-Los ingleses, en tanto, se desenvuelven por el comercio, por el
-ejercicio del poder, por la inmigración y por la vida británica, tan
-llena de expansión y actividad. Agitan los ingleses la separación de la
-metrópoli y maldicen el día que vencieron a Montgomery, que les traía
-la independencia.
-
-Montreal es un emporio de las peleterías del Norte, y los almacenes
-están llenos de la variedad infinita de producciones que forman este
-ramo. Después de haber visto aquella ciudad encantadora y que bajo las
-formas más modernas encierra la población más vieja, hube de dirigirme
-a Quebec, donde quería examinar una caserna que el gobierno inglés
-había establecido para recepción de inmigrantes irlandeses. Dáseles
-allí ración y ocupación diaria hasta que se les destina a los terrenos
-que se han señalado para las nuevas plantaciones. A veces creo que no
-debemos pensar en cosas nuevas, sino buscar dónde está ya realizada
-la idea que nos embarga. Traía desde Alemania el pensamiento de estas
-grandes hospederías, para acoger inmigrantes en nuestros países, y
-hablándole de ello a Astaburuaga en Nueva York, indicóme la existencia
-de ésta. Al tomar pasaje en San Lázaro abajo, vínome el remordimiento
-de aquella prodigalidad de dinero con que iba haciendo mis viajes,
-cual si fuera un príncipe ruso. Siete pesos debía costarme de ida y
-vuelta la excursión a Quebec, duplicado de Montreal, ciudad menos bella
-y pueblo menos virgen que el que había visto. ¡Siete pesos! Tomé un
-vapor para atravesar el San Lorenzo con asiento en el ferrocarril de la
-Pradera, que lleva a orillas del lago Champlain, camino de Nueva York,
-tomando a lo largo el larguísimo lago, viendo aproximarse las costas,
-alejarse o cruzarse puntas de tierra entrantes y ensenadas, variándose
-el panorama con una movilidad infinita, hasta que llega a Whitehall,
-donde se toma pasaje por un canal que conduce a Troya, desde donde el
-camino de hierro lleva a Boston, fin de mi excursión por este lado.
-Reasumamos la parte económica del viaje. De Búfalo a la cascada, camino
-de hierro, 1 peso, 22 millas. De Niágara Falls a Lewiston, camino de
-hierro, _stage_, 6 pesos, 31 millas. Lago Ontario a Montreal,
-vapor, 10 pesos. De Montreal a la Prairie, vapor y ferrocarril, 1 peso.
-De la Prairie, Lago Champlain a Whitehall, 1 peso; diligencia a Troya,
-3 pesos; ferrocarril a Greenbush, 3 pesos.
-
-
-BOSTON
-
-La ciudad puritana, la Menfis de la civilización yankee, tenía 18.000
-habitantes en 1790, 33.000 en 1810 y 114.360 en 1845. La ciudad está
-fundada sobre una península, cuyo istmo de una milla sirve de principal
-comunicación con el continente, si bien muchos puentes echados sobre
-la bahía interior establecen nuevas líneas de contacto. Suaves colinas
-accidentan el suelo y dan a la perspectiva puntos de vista agradables.
-Vive aún la encina a cuya sombra se reunieron los _Peregrinos_
-para darse las leyes fundamentales. En Boston se dictó aquella famosa
-ley de educación pública general y obligatoria de 1676, que ha
-preludiado a la habilitación del género humano. En Boston se reunieron
-en _meetings_ los colonos y resolvieron no pagar el derecho del
-té, abstenerse del uso de esta infusión y arrojar al mar las cajas de
-té del estanco. En Boston se disparó el primer fusilazo en la guerra de
-la Independencia. En Boston están las escuelas públicas convertidas en
-templos por la magnificencia de su arquitectura, y cada viviente paga
-un peso anual por educar a los hijos de sus semejantes, y cada niño
-pobre consume al año siete pesos de renta pública para educarse. En
-Boston está la sede y el centro del unitarismo religioso, que propende
-a reunir en un centro común todas las subdivisiones de secta y elevar
-la creencia al rango de filosofía religiosa y moral. De Boston, en
-fin, salen esos enjambres de colonizadores que llevan al Far West las
-instituciones, la ciencia y la práctica del gobierno, el espíritu
-yankee y las artes manuales que presiden a la toma de posesión de la
-tierra. Cuatro líneas de vapores lo ligan con la Europa. Un ferrocarril
-corre la costa hasta Portland en el Maine; otro hasta Concordia lo
-pone en comunicación con el Estado de Nueva Hampshire; otro con Troya
-y sus líneas y canales afluentes; tres con Nueva York, completándose
-con líneas de navegación por mar o por la sonda de Long Island. Sus
-hoteles son el primor de los Estados Unidos y el Fremont Hotel pasa
-por superior a todos en elegancia y _comfort_.
-
-Había llegado de noche y entregádome a ese sueño de ganapán que termina
-las trasnochadas e incomodidades de un afanoso viaje. A las tres de
-la mañana me despiertan golpes redoblados a mi puerta, y una risa
-prolongada y burlona que apenas podía contenerse. Acababa de llegar en
-la noche; alma nacida podía saber que ya me hallaba en Boston, y sin
-embargo, el burlón repetía muriéndose de risa: Abra, Sarmiento, soy
-yo.--¿Quién es yo?--Y creía hacerme desesperar.--Yo, Casaffoust.
-
-Una noche en Nápoles tomaba helados en un café con un joven francés.
-Como viese entrar a un individuo, dije a mi compañero en francés: Aquel
-joven es americano, del mediodía, es de Buenos Aires. ¿Hay, realmente,
-un tipo nacional argentino? Rugendas sabe reproducirlo con el lápiz,
-y yo esta vez acertaba a conocer por la fisonomía a un compatriota.
-Acercóse con reserva, miróme con frecuencia y al fin se aventuró a
-decirme: “Creo, señor, haberle oído que soy americano”. En efecto, era
-porteño, uno de esos caracteres enérgicos que se abren paso en el mundo
-por su propio esfuerzo. Salido joven de su país, se había establecido
-en Río de Janeiro, pasado a Valparaíso, Bolivia y Lima, y últimamente
-asentádose en la América Central, donde, habiendo engrosado su fortuna,
-había empezado a creer que el mundo no estaría satisfecho si él no lo
-recorría. Despedímonos en Nápoles y nos encontramos de nuevo en Roma.
-Allí tomó él para Trieste y yo debía salir más tarde para Florencia. Al
-entrar en un café en Venecia, Casaffoust nos tapó la puerta; acababa
-de desembarcar. No debíamos vernos más. El día que llegué a París lo
-encontré de manos a boca en el bulevar América. En el hotel donde un
-mes después fuí a alojarme en Londres, encontré a Casaffoust, que comía
-a la sazón. ¡Era éste un fantasma que me perseguía! Después de cruzar
-los brazos uno y otro para contemplarnos con extrañeza, nos echábamos
-a reír de esta singularidad. Desde Londres partió al fin para Belice
-en el _Istmo_, desde donde debía arribar a Costa Rica. No quiso
-dirigirse, como yo se lo aconsejaba, a los Estados Unidos. La noche
-que llegaba yo a Boston, partía él del mismo hotel, y mientras pagaba
-su cuenta, leía en el libro de pasajeros, abierto ante sus ojos, _D.
-F. Sarmiento_, entre los últimos llegados. Suspendió su viaje,
-acompañóme dos días, y nos separamos prometiéndonos con las mayores
-veras, no volvernos a encontrar más, porque aquella tenacidad me iba ya
-dando que pensar. Esta vez lo hemos cumplido: no nos hemos visto más.
-
-El principal objeto de mi viaje era ver a Mr. Horace Mann, el
-secretario del _Board_ de Educación, el gran reformador de la educación
-primaria, viajero como yo en busca de métodos y sistemas por Europa
-y hombre que al fondo inagotable de bondad y de filantropía reunía
-en sus actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber.
-Vivía fuera de Boston, y hube de tomar el ferrocarril para dirigirme
-a Newton East, pequeña aldea de su residencia. Pasamos largas horas
-de conferencias en dos días consecutivos. Contóme sus tribulaciones
-y las dificultades con que su grande obra había tenido que luchar,
-por las preocupaciones populares sobre educación, y los celos locales
-y de secta, y la mezquindad democrática que deslucía las mejores
-instituciones. La legislatura misma del Estado había estado a punto de
-destruirle su trabajo, destituirlo y disolver la comisión de educación,
-cediendo a los móviles más indignos, la envidia y la rutina. Su trabajo
-era inmenso y la retribución escasa, enterándola él en su ánimo con los
-frutos ya cosechados y el porvenir que abría a su país. Creaba allí, a
-su lado, un plantel de maestras de escuela que visité con su señora, y
-donde, no sin asombro, vi mujeres que pagaban una pensión para estudiar
-matemáticas, química, botánica y anatomía, como ramos complementarios
-de su educación. Eran niñas pobres que tomaban dinero anticipado para
-costear su educación, debiendo pagarlo cuando se colocasen en las
-escuelas como maestras; y como los salarios que se pagan son subidos,
-el negocio era seguro y lucrativo para los prestamistas. Gracias a
-sus desvelos, el Estado de Massachusetts, de que es Boston la capital,
-contenía en 1846, en las trescientas nueve ciudades y villas que lo
-forman, 3475 escuelas públicas, con 2589 maestros hombres y 5000
-maestras, asistidas por 174.084 niños. Observe Vd. que el número de
-maestros de escuelas es mayor en este Estado que el monto total del
-ejército permanente de Chile, y el tercio del de todos los Estados
-Unidos.
-
-La población del Estado es de 737.700 habitantes, y los niños en estado
-de asistir a la escuela, 203.877.
-
-Las rentas destinadas para sostener la educación pública son 650.000
-pesos, recolectados por contribución de escuelas[6]. Además de las
-escuelas hay en Massachusetts 77 colegios públicos incorporados, con
-3700 estudiantes y 1091 colegios y escuelas particulares, con 24.318
-discípulos, los cuales pagan 277.690 pesos por la enseñanza que reciben.
-
-Además de estas pasmosas sumas, cada localidad posee fondos cuyos
-productos están especialmente destinados a la enseñanza. Estos fondos
-producían quince mil pesos de censo, a los que se añadían más de ocho
-mil pesos de sobrantes de rentas ordinarias que eran aplicadas por la
-administración a este santo objeto.
-
-Para más ilustración de mi asunto, añadiré a Vd. que este Estado sólo
-tiene siete mil quinientas millas cuadradas o treinta leguas de ancho
-sobre sesenta y tres de largo. En este reducido espacio hay, como
-he dicho, más de setecientos mil habitantes, dueños de trescientos
-millones de pesos.
-
-Usted ve, mi querido amigo, que estos yankees tienen el derecho de
-ser impertinentes. Cien habitantes por milla, cuatrocientos pesos
-de capital por persona, una escuela o colegio para cada doscientos
-habitantes, cinco pesos de renta anual para cada niño, y además
-los colegios; esto para preparar el espíritu. Para la materia o
-la producción tiene Boston una red de caminos de hierro, otra de
-canales, otra de ríos, y una línea de costas; para el pensamiento
-tiene la cátedra del evangelio y cuarenta y cinco diarios, periódicos
-y revistas; y para el buen orden de todo, la educación de todos sus
-funcionarios, los _meetings_ frecuentes por objeto de utilidad
-y conveniencia pública y las sociedades religiosas, filantrópicas y
-otras que dan dirección e impulso a todo. ¿Puede concebirse cosa más
-bella que la obligación en que está Mr. Mann, secretario del _Board_
-de Educación, de viajar una parte del año, convocar a una reunión
-educacional a la población de cada aldea y ciudad adonde llega, subir a
-la tribuna y predicar un sermón sobre educación primaria, demostrar las
-ventajas prácticas que de su difusión resultan, estimular a los pobres,
-vencer el egoísmo, allanar dificultades, aconsejar a los maestros y
-hacer las indicaciones, proponer las mejoras en las escuelas que su
-ciencia, su bondad y su experiencia le sugieren?
-
-En los alrededores de Boston, a distancia de doce millas, unido a
-la ciudad por un camino de hierro para las personas y por un canal
-para las materias primas, está Lowell, el Birmingham de la industria
-norteamericana. Aquí como en todas las cosas, brilla la soberana
-inteligencia de este pueblo. ¿Cómo luchar con la fabricación inglesa,
-producto de ingentes capitales empleados en las fábricas, y de salarios
-ínfimos pagados a un pueblo miserable y andrajoso? Dícese que las
-fábricas aumentan el capital, en razón de la miseria popular que
-producen. Lowell es un desmentido a esta teoría. Ningunas ventajas o
-escasísimas llevan a los ingleses en el costo de la materia prima;
-pues, tanto vale llevar a Londres o a Boston por mar las balas de
-algodón de la Florida; pero las diferencias de salarios son enormes, y
-sin embargo, los tejidos de Lowell sostienen la concurrencia con los
-ingleses en precio, y les aventajan de ordinario en calidad. ¿Cómo han
-hecho este prodigio? Apurando todos los medios inteligentes de que el
-país es tan rico. El obrero, el maquinista son hombres educados; su
-trabajo, por tanto, es perfecto, sus medios ingeniosos; y pudiendo
-calcular el tiempo y el producto, producen mayor cantidad de obra y más
-perfecta.
-
-Las hilanderas y trabajadoras son niñas educadas, sensibles a los
-estímulos del deber y de la emulación. Vienen de ochenta leguas a la
-redonda a buscar por sí medios de reunir un pequeño peculio; hijas de
-labradores, más o menos acomodados, sus costumbres decorosas las ponen
-a cubierto de la disolución. Buscan plata para establecerse, y en los
-hombres que las rodean no ven sino un candidato a marido. Visten con
-decencia, llevan media de seda los domingos, sombrilla y manteleta en
-la calle; ahorran ciento cincuenta o doscientos pesos en algunos años y
-se vuelven al seno de su familia, en aptitud de sufragar los gastos de
-establecimiento de una nueva familia. Para obtener estos resultados hay
-en Lowell hoteles cómodos y espaciosos que dan de comer y alojamientos
-económicos a los obreros, disponiendo de bibliotecas, diarios y aun
-pianos para las niñas que saben su poco de música. De todo el mal que
-de los Estados Unidos han dicho los europeos, de todas las ventajas
-de que los americanos se jactan y aquéllos les disputan o afean con
-defectos que las contrabalancean, Lowell ha escapado a toda crítica y
-ha quedado como un modelo y un ejemplo de lo que en la industria puede
-dar el capital combinado con la elevación moral del obrero. Salarios
-respectivamente subidos producen allí mejor obra y al mismo precio que
-las fábricas de Londres, que asesinan a las generaciones.
-
-Estos tejidos de Lowell, como los de Pittsburg y de doscientas fábricas
-que se levantan en diversos puntos del territorio de la Unión, entran
-por poco todavía en la masa de productos fabriles que inundan los
-mercados del mundo. Se consumen la mayor parte en el interior del país,
-y aun en esto los Estados Unidos presentan uno de esos resultados que
-muestran en cifras luminosas cuánto es el bienestar de que goza la masa
-de la población. Datos estadísticos de Francia muestran que aquella
-nación sólo consume al año un metro de tejidos de algodón por persona,
-y la Irlanda una y media yardas, mientras que los Estados Unidos
-consumen veintiuna y media yardas por persona, lo que hace suponer que
-no hay ganapán que no tenga sábanas y varias mudas de camisas. De este
-dato los publicistas norteamericanos sacan una conclusión que no deja
-de tener su valor. En lugar--dicen--de buscar mercados en el exterior
-para nuestras fábricas, traigamos población para nuestros bosques. Si
-nosotros hubiéramos de proveer de tejidos de algodón a la Irlanda,
-que tiene cuatro millones de habitantes, habríamos suplido a sus
-necesidades con seis millones de yardas de tejidos; mientras que para
-consumir esos mismos seis millones, son bastantes 285.714 inmigrantes,
-que es poco más o menos la cifra de la inmigración anual. Veinte años
-de inmigración nos darán colocación para ciento veinte millones de
-yardas de tejidos de algodón.
-
-El consumo de los otros artículos manufacturados está en igual
-proporción con los tejidos de algodón. El año 1842 se introdujeron
-en los Estados once millones de pesos en tejidos de lana, veinte y
-un millones en 1836, bien que en 1840 y 1842 anduvo de ocho a nueve
-millones. En 1839 consumieron veinte y un millón de pesos en tejidos
-de seda, quince millones en 1841, y nueve en 1842. Nueve millones de
-tejidos de hilo en 1836, cerca de siete millones en 1841, habiendo
-bajado a tres y medio en 1842. A este enorme consumo de productos
-europeos corresponden cifras no menos abultadas de producciones
-nacionales. Calculábase para el año 1843 como producto anual de la
-agricultura, 65.387.597 dólares; de manufacturas, 239.836.224 dólares,
-y del comercio, 79.721.086.
-
-Hasta el año de 1825 no se había estampado en los Estados Unidos una
-sola yarda de calicó (quimon). En 1836 se importaron de Inglaterra
-ciento cincuenta millones de yardas, lo que según el censo de 1840 que
-dió diez y siete millones de habitantes, toca a cada mujer (el tercio
-del número tal) dos vestidos de a diez varas. En 1842 los estampados
-norteamericanos subieron a la enorme suma de ciento cincuenta y ocho
-millones de yardas, habiendo descendido la importación inglesa a sólo
-quince millones. Las manufacturas de los Estados de Nueva Inglaterra
-proveían en 1845 de mercado a un tercio del algodón que cosechan los
-Estados del Sur, y los obreros consumían más harina y granos que la
-cantidad exportada por el puerto de Nueva York.
-
-Mr. Mann me favoreció con muchas cartas de introducción para sabios,
-pedagogistas y hombres notables. Su nombre solo, era ya por todas
-partes un pasaporte para mí. Tuve una larga conferencia con uno de
-los ministros de Estado, quien me proveyó de una orden para que se
-me entregasen varias colecciones de libros y documentos públicos que
-me ponían al corriente del estado de la educación en Massachusetts y
-después de ver cuanto digno encerraba la ciudad de ser visto, púseme
-en camino para Nueva York, por una serie de ferrocarriles y vapores
-combinados, que me pusieron no sé cómo, de día y de noche marchando, en
-el desembarcadero de Nueva York.
-
-[6] Esto ocurría en 1848; la renta había ascendido a 800.000
-pesos.--_El A._
-
-
-BALTIMORE, FILADELFIA
-
-Lleno aún de las emociones de este viaje, el más _impresivo_ que
-puede hacerse en quince días, viendo aún en mi imaginación la cascada
-de Niágara, asistí a una representación del genial Tom Puce, el enano
-de 25 pulgadas de alto.
-
-Don Santiago Arcos me aguardaba con impaciencia para que emprendiéramos
-el viaje de regreso a Chile. Cada vez que me hablaba de este asunto,
-poníale yo la cara de un ministro del despacho, cuando no sabe si se
-acordará o no lo que de él se solicita. Abríamos el mapa, trazábase
-la ruta, y ya estábamos punto menos que en marcha, sin que yo diese
-síntomas de convenir en nada. Hubimos al fin de explicarnos. Yo tenía
-en caja veintidós guineas y como treinta papeles de a un peso, ni un
-medio más, ni un medio menos. Al fin cogí a dos manos mi resolución
-y expuse mi situación financiera con toda la dignidad de quien no
-pide ni acepta auxilio, intimando mi ultimátum de separarme desde la
-Habana, para seguir mi camino por Caracas. Arcos me había escuchado
-con interés y aun le tentaba la perspectiva de atravesar las soledades
-tropicales de la América del Sud, correr aventuras ignoradas, pasar
-trabajos y no contar sino consigo mismo para sobreponerse a ellos;
-pero el lado romanesco y varonil de su carácter no es menos aparente
-que la jovialidad y franqueza que lo distingue. Cuando yo me esperaba
-ofrecimientos y protestas, salióme con un baile pantomímico y un reir
-a desternillarse, que me puso en nuevos gestos de dignidad. ¡Qué
-bueno--decía saltando y riendo--pues si yo no tengo sino cuatrocientos
-pesos! Hagamos compañía y donde se concluya el capital de ambos,
-proveeremos según lo aconseje la gravedad del caso.
-
-Dispusimos, pues, que yo continuaría pronto mi ruta a Wáshington por
-Filadelfia y Baltimore, nos daríamos cita en Filadelfia para emprender
-la jornada por Harrisburg y Pittsburg, para descender el Ohio y el
-Mississipi hasta Nueva Orleáns, distante 22.234 millas del lugar donde
-nos hallábamos; y acercándose la hora de la partida del tren de la
-mañana para Filadelfia, hice aprisa mi maleta y la entrega de billetes
-y guineas para que las cambiara, prestándome en cambio treinta o
-cuarenta dólares para gastos de la excursión. Este pequeño incidente
-es, sin embargo, el origen del más espantable drama de que he sido
-víctima en mis viajes.
-
-Lo fatigaría a Vd. si continuase describiéndole ciudades notables:
-pero Filadelfia y Baltimore son tipos de la construcción civil de los
-Estados Unidos que, a diferencia de Nueva York, conservan toda su
-originalidad. Tienen los americanos el don de reducirlo todo a arte, y
-aplicar el sentido común y los cálculos de la conveniencia a todas las
-cosas. Conoce Vd. nuestras ciudades sudamericanas cortadas todas por
-un mismo padrón, en calles a distancia de ciento cincuenta varas, de
-doce de ancho, y cortándose en líneas rectas. Este damero parécenos el
-bello ideal de la perfección. Pero propóngase Vd. ir del centro en una
-dirección oblicua, o para fijar más los términos, si las calles corren
-de Sur a Norte y de Este a Oeste, ¿cuánto espacio se necesita andar
-para llegar el extremo Sudeste o Nordeste? Claro está que el doble de
-la distancia que hay en línea recta, porque es necesario hacer zig-zag
-de calle en calle, por el ángulo de cada cuadra a fin de buscar la
-diagonal. La manzana de ciento cincuenta varas da en el centro setenta
-y cinco de fondo a cada solar; espacio más que suficiente para tener
-viña, hortaliza y arboleda en el interior de la casa; pero acumulándose
-la población, este centro de las cuadras es un terreno inútil y que
-fuerza a tomar a las habitaciones un frente en proporción, y diseminar
-las casas. Después vienen los tubos de hierro para distribuir el agua
-potable, los cañones de gas, etc., y se encuentra que los costos
-para superficies tan grandes exceden a los posibles de los vecinos.
-Los norteamericanos han inventado su plan de ciudades en atención a
-todas estas circunstancias. La manzana tiene o puede tener 140 varas
-de largo, pero sólo le dan 30 ó 50 de fondo, de manera que dos casas
-pueden dar frente a ambas calles, y poblar bien la ciudad.
-
-Como la calle es materia de comodidad pública y de recreo, tiene
-de ordinario treinta varas, flanqueada a distancia de cinco o seis
-de los edificios, de árboles coposos, que esparcen sombra en todas
-direcciones. Las aceras son por tanto calles separadas e independientes
-de la central, ancha de veinte varas, que está abandonada a carros,
-jinetes, ómnibus y aun a ferrocarriles, que todos tienen espacio para
-moverse. Crúzanse éstas en ángulos rectos; altérnanse en anchas y
-angostas; intercéptalas de vez en cuando una ancha calle transversal
-que conduce a los ángulos extremos de la ciudad; cambia de plan y
-dirección todo el sistema de calles; redúcense más aun las manzanas
-cerca de los puertos, y por todas partes presentan las calles asonadas
-un bosque de árboles, que cierran a cierta distancia la perspectiva,
-y por sobre sus copas las cúpulas de los bancos o de los hoteles, las
-agujas de los templos y los frontispicios de los edificios del Estado.
-Nada hay más holgado, aireado ni silvestre que estas calles de árboles
-y de casas, en que el movimiento de los otros es una cosa que no nos
-atañe ni interesa.
-
-En Baltimore tomé el ferrocarril de Wáshington, y a poco andar cata
-que venía en dirección opuesta y por los mismos rieles otro tren
-de vagones. Grande alboroto adentro. ¡Qué sacar de cabezas por las
-ventanillas, qué abrir de ojazos, al mirarnos unos a otros, qué agitar
-de pañuelos, en fin, en ambos trenes, temerosos de que fuesen a darse
-una topada y quedáramos todos hechos tortilla! Era el caso que con las
-avenidas, se había desgringolado un puente, y el tren que venía era el
-que había salido de Baltimore el día anterior. Tuvimos que echar pie
-a tierra, y entre todos los pasajeros, metidos en el fango, levantar
-punto menos que en peso la locomotora y el ténder y traerlos a la
-culata del tren para que desde allí volviéramos a Baltimore.
-
-No se podía ir a Wáshington, porque en los Estados Unidos, si no
-hay camino de hierro, o canal o río, no se cree viable la tierra
-de otro modo. Improvisóse en el acto un vapor que debía llevar los
-pasajeros por un río hasta cierto punto; de allí tomar un fragmento
-de ferrocarril; pasar a pie una distancia, tomar otro ferrocarril y
-embarcarse en otro y entrar en Wáshington por la bahía de Chesapeake
-y el río Potomack. El vapor de la Bahía era un cascarón de formas
-abominables y de mal talante, lleno de camarotes superpuestos en seis o
-siete pisos, como las gavetas de un inmenso armario. El _steward_
-me señaló el mío en el quinto piso; pasóse el día en mirar el paisaje,
-sobrevino la noche, solicitóme el sueño, y como las gallinas que miran
-de hito en hito la rama donde han de posarse, anduve a vueltas un
-rato, hasta que resolví emprender la jornada de llegar a mi camarote,
-subiendo por los otros a guisa de lagartija. Iba ya a medio camino,
-cuando empieza abajo un rumor de voces y de risas, que se convertía
-por segundos en un _crescendo universal_. Yo seguía tranquilo mi
-ascenso, y ya ponía una pierna dentro de mi agujero, cuando alguien me
-toma de la otra y me dice qué sé yo qué barbaridades en el tono natal
-del yankee. Vuelvo la vista y veo, ¡oh, rabia! que era yo el objeto
-de la risa de trescientos gaznápiros. El tal me disputaba el lugar:
-habíale colocado un pañuelo en señal de posesión, y hacía rato que me
-estaba haciendo _opposition_, sin que yo interrumpiese mi ascenso.
-Imagínese usted, amigo, mi situación en aquella postura incongruente,
-expuesto a la vergüenza pública, hecho el objeto del ridículo de
-aquella turbamulta.
-
-No había más remedio que descolgarse, ocultar la cara entre ambas
-manos, atravesar la muchedumbre y tirarse al agua. Yo hice algo mejor.
-Bajéme, en efecto, dirigíme rápidamente a una luz que estaba por ahí,
-y poniéndome en lugar donde los rayos me iluminasen perfectamente la
-cara, con voz llena y estridente, con semblante contenido, pero severo,
-dije, dirigiéndome a la multitud que aguardaba alguna nueva peripecia
-para reirse más: ¡Señores! Si hay entre vosotros alguno que entienda
-español o francés, hágame la gracia de manifestarse, porque necesito
-explicarme, dar y pedir inmediatamente una satisfacción. Un profundo
-silencio se había hecho en el intertanto. Los que no sabían el francés
-en que hablaba, para no dar materia nueva al ridículo con mi mal
-inglés, se miraban unos a otros, mientras que allá en el fondo oí quedo
-repetir mis palabras traducidas al inglés. La escena había cambiado
-completamente; el yankee es bueno de corazón, y todos sintieron
-que me había llegado al alma aquella broma, que no tenía malicia
-de su parte. Acercáronse algunos, dándome cordiales explicaciones,
-vino el _opositor_ al hueco y me dijo en tono blando lo que
-sucedía, abandoné yo mi posición de gato acosado, y fuí a dormir en
-un espacioso camarote que en cambio me dió el _steward_, que en
-pública audiencia había declarado que él me había asignado el camarote
-disputado. El día siguiente pasélo tranquilo mirando las costas
-de Virginia, llanuras espaciosas, cultivadas en parte, y en parte
-cubiertas de sotillos, hasta que remontando el Potomack llegamos a un
-barranco con honores de puerto mayor de Wáshington, la capital de los
-Estados Unidos.
-
-
-WASHINGTON
-
-Sobre una eminencia que domina el panorama adyacente se alza el
-Capitolio Americano, cuya primera piedra colocó Wáshington en 1793.
-Este monumento es la capital de los Estados Unidos, que no reconocen
-otra institución madre que el congreso. Reunirse para deliberar
-sobre todas las cuestiones que afectan al interés de más de uno, es
-el instinto nacional del pueblo norteamericano. La naciente colonia
-de Virginia, fundada por una compañía de Londres, a quien el rey
-había hecho una gran concesión de tierras, había, después de muchas
-vicisitudes, caído bajo el gobierno provisorio de un tal Argall,
-hombre violento y rapaz, que para hacerse obedecer de los colonos
-proclamó la ley marcial. El trabajo de los colonos era confiscado en
-favor del gobernador, y en castigo de ligeras faltas imponía meses
-de trabajo forzado en sus haciendas. Las violencias del gobierno, la
-trasplantación de la tiranía a América contenían la emigración europea,
-mientras que los colonos, desalentados por los sufrimientos morales
-de la opresión, empezaban a desmayar en su ruda tarea de descuajar la
-tierra. Entonces los colonos elevaron su voz para pedir a la compañía
-de Londres desagravio; y acusaron a Argall de defraudar a la compañía
-misma, mientras daba rienda suelta a sus pasiones sobre los colonos.
-Después de acaloradas luchas sus quejas fueron oídas, Argall depuesto y
-desaprobado, y en su lugar enviado Yeardley, un Wáshington que tomó a
-su cargo echar los cimientos de la futura organización de los Estados
-Unidos.
-
-Así, pues, la arbitrariedad de los gobernantes que cual polilla se
-había introducido en América entre los bagajes de los primeros colonos,
-fué extirpada antes que lograse fecundar los huevos en la patria
-americana; y la ocupación constante de los colonos desde entonces,
-en cada punto de las nacientes plantaciones, fué combatir ya las
-pretensiones de los gobernadores enviados por la corona; ya negar el
-_exequatur_ a las pragmáticas y decretos de los reyes mismos
-de Inglaterra cuando invadían sus libertades; ya, en fin, oponerse
-a los avances del parlamento inglés, cuya autoridad en materia de
-impuesto no reconocieron jamás, por no estar las colonias directa
-y debidamente representadas en el parlamento. La revolución de la
-independencia fué el último acto del drama principiado en 1618 en
-Virginia, y que concluyó en 1774, con la última batalla de la guerra de
-la independencia.
-
-¡Esto sucedía en 1618, a principios del siglo XVII, cuando la
-Europa, sin exceptuar a la Inglaterra, yacía entregada al desenfreno
-de la regia autoridad, y la hoguera y el hacha del verdugo, la
-confiscación y el saqueo, eran el castigo, más que del crimen de la
-debilidad de las víctimas! Puso Yeardley orden en todas las cosas,
-libertando al diminuto plantel de colonos de todas las cargas hasta
-entonces impuestas, y que no fuesen estrictamente necesarias para la
-conservación y adelanto de la colonia. La autoridad del gobernador
-fué limitada por un consejo, que tenía el derecho de revocar aquellas
-disposiciones que juzgase injustas o perjudiciales, y los colonos
-mismos fueron admitidos a participar en la legislación. En el mes
-de junio de 1619, fué convocado en Jamestown el primer congreso
-americano, la primera representación popular, compuesta del gobernador
-y su consejo, y de los diputados por cada uno de los once miserables
-villorrios que componían entonces la colonia de Virginia, para discutir
-en él cuanta materia pudiese ofrecer medios de mejora y progreso
-para la naciente colonia. La compañía de Londres, y no el rey, debía
-ratificar las leyes así sancionadas. Aquella nación con congreso y
-consejo de estado componíase tan sólo de seiscientas personas entre
-niños, mujeres y hombres, en 1619; y en 1851, en otra parte del
-suelo americano, las hay de millones de hombres que no habían tenido
-fuerza ni dignidad suficiente para poner límites racionales al poder
-inquisitorial y destructor que los domina. Aquella fué, pues, la aurora
-de la libertad norteamericana; los colonos llenos de entusiasmo y con
-el ánimo abierto a todas las esperanzas “empiezan a edificar casas, y
-sembrar trigo”, seguros ya de tener una patria que no había por qué
-temer abandonarían jamás.
-
-Las legislaturas entran desde los principios en la organización de
-casi todas las colonias, y se reunen congresos entre varias de ellas,
-para resistir a las incursiones de los salvajes o mandar expediciones
-de milicias combinadas para escarmentarlos. Wáshington en una época
-posterior hizo conocer así a los Estados los talentos militares que
-más tarde puso al servicio de la libertad de su patria. Cuando aun
-el pensamiento de separarse de la Inglaterra no había apuntado en
-cabeza alguna, las diversas colonias enviaban diputados a congresos
-generales para acordar la marcha que debía seguirse, a fin de resistir
-las pretensiones del parlamento inglés, como habían resistido al Largo
-Parlamento, y como era la tradición constante de la tierra. Durante la
-guerra de la independencia, el congreso emigraba de un punto a otro, y
-los soldados amotinados, cobrando sus salarios, era al congreso a quien
-dirigían sus quejas y sus amenazas. Todavía después de asegurada la
-independencia, el congreso fué asaltado en Annápoles, que le servía de
-asiento, y entonces Wáshington, dícese que sin otra idea política que
-la necesidad de fijar el lugar de su residencia, indicó a Wáshington
-para que reposase aquel tabernáculo de la alianza, como Salomón
-construyó un templo en Jerusalén para el arca que contenía los libros
-de la ley del pueblo hebreo.
-
-En los Estados Unidos no hay capital propiamente dicha, o, más bien,
-según la acepción latina que damos nosotros a esta palabra. Descúbrese
-esto al contemplar la comparativa soledad de aquel monumento,
-arrojado como por acaso en el centro de la villa, que no es centro
-de nada, ni del país, ni de la inteligencia, ni de la riqueza, ni
-de la cultura, ni de las vías comerciales. Colocada sobre la margen
-izquierda del Potomack, a 120 millas más arriba de su desembocadura
-en la bahía Chesapeake, ni el nombre de puerto merece el desierto
-embarcadero donde atracan algunos buques. El distrito de Columbia es
-la provincia de sesenta millas cuadradas que le queda, de las cien que
-originariamente le concedieron los vecinos Estados de Maryland y de
-Virginia. Esta última retiró el año pasado cuarenta millas que estaban
-al lado opuesto del río y que la capital germen no puede fecundar; y
-treinta y cinco mil habitantes es toda la población del Estado, de la
-cual hay reunida en la capital más de veinticinco mil. Como se sabe, el
-congreso es el soberano de este territorio.
-
-La ciudad está rodeada de una serie de colinas de aspecto alegre,
-cubiertas de verdura, y en algunos de sus declives cultivadas. El
-terreno mismo de la ciudad es elevado, ocupando el centro el capitolio,
-desde donde parten calles con dirección a los cuatro puntos cardinales,
-dividiendo la ciudad en manzanas cuadradas como nuestras poblaciones.
-Las calles llevan el nombre de los diversos Estados de la Unión, y
-las principales de entre ellas, tienen cuarenta y cinco a cincuenta
-varas de ancho. La mayor parte de ellas apenas están trazadas, pero la
-de Pensilvania, que conduce del capitolio a la casa del presidente,
-tiene aceras de nueve varas de ancho enlozadas y con líneas de árboles
-de ambos costados. En torno del capitolio se extiende un jardín de
-veintidós acres de terreno, adornado de gran variedad de árboles, y
-animado por el bullicio de fuentes cristalinas, de modo que aquel
-lugar, es también, a más de los altos fines de su existencia, un paseo
-que atrae a los habitantes y transeuntes por la belleza de la situación.
-
-El edificio pertenece al orden corintio y está construido con la
-hermosa piedra blanca norteamericana que llaman _freestone_. Está
-situado sobre una eminencia y elevado 78 pies sobre la altura de la
-marea, y se compone de un edificio central, dos alas y una proyección
-en el costado oeste, presentando un frente de 352 pies, incluyendo
-las alas. Al este el frontón tiene 65 pies de ancho, sobre el cual
-se avanza un pórtico de veintidós columnas de 38 pies de alto. La
-gran cúpula central tiene 120 pies de alto, y la rotonda que forma
-en el interior 90 de diámetro, adornada con esculturas, y altos
-relieves. En el ala del sud está la cámara en que se reune la Sala de
-Representantes, de forma circular de 96 pies de diámetro y 60 de alto,
-cubierta por una cúpula que sostiene veinticuatro columnas de jaspe
-americano con capiteles de mármol blanco de Italia. Al lado opuesto,
-en una rotonda algo semejante, pero de más pequeñas dimensiones, se
-congrega el Senado; y en un piso inferior y menos ornamentado, tiene
-sus audiencias la Suprema Corte de los Estados Unidos. Hay, además,
-sesenta departamentos para reunión de las comisiones, y residencia de
-empleados del congreso. Una muralla de piedra rodea el edificio; un
-depósito de gas provee a la iluminación especial de todo el espacioso
-monumento, pudiendo alimentar seis mil picos que se encienden para las
-iluminaciones; y en aquellos momentos estaba para terminarse el aparato
-para colocar sobre la cúpula central, en un mástil de diez y seis varas
-de alto, una luz eléctrica que debía iluminar la ciudad y acaso el
-distrito de Columbia entero. ¡Bello símbolo por cierto, de la misión
-de aquella casa, desde cuyo recinto sale la luz de la inteligencia,
-iluminando toda la nación! Acordábamonos con Astaburuaga, quien me
-servía de cicerone en el examen del edificio, de aquella camarilla de
-diputados que habíamos dejado en Chile, en la que los representantes
-están ensacados en una especie de vainas laterales, o si pudiese
-llevarse la comparación a terreno irrespetuoso, cual bostitas de
-cordero en una tripa, repitiéndonos al oído el viejo adagio: ruín es el
-que por ruín se tiene. Los locos en Londres, en Génova y otros puntos
-de Europa, moran en palacios más nobles que el que cubre a nuestros
-congresos en América.
-
-Pues que ya he empezado a describir edificios, concluiré con los
-pocos que llaman la atención del viajero en la presunta capital de
-los Estados Unidos. White House, la casa blanca como la llama el
-pueblo, es el palacio presidencial, y está colocada en la parte aún
-desierta de la población, en el punto donde se cruzan las calles de
-Pensilvania, Virginia, Connecticut, New York y Vermont, rodeada de un
-parque de veinte acres de terreno, y sobre una elevación de cuarenta
-y cuatro pies sobre el río. El frontis que sirve de entrada por la
-plaza de Lafayette hacia el norte, y el que da al sur sobre el jardín,
-domina el hermoso panorama de la ciudad, el río Potomack, las costas
-de Maryland y de Virginia. En el frente del norte hay un hermoso
-pórtico que reposa sobre cuatro columnas jónicas. Una intercolumnación
-exterior sirve para poner a cubierto los carruajes de los visitantes.
-El espacio intermediario está destinado para el tránsito a pie, y una
-elevada plataforma conduce de ambos lados a la puerta de entrada. El
-interior del palacio está pasablemente ornamentado, aunque no tanto
-cuanto correspondiera al presidente de los Estados Unidos. El servicio
-de palacio es modesto, y aun mezquino en las exterioridades. Vese
-al presidente paseándose solo por las hermosas avenidas del jardín
-adyacente; uno o dos porteros en librea, únicos servidores que el
-Estado pone a su servicio, no siendo permitido al presidente tener
-guardias en torno de su persona. El presidente recibe sin ceremonia a
-los que desean verlo, y hay un día de la semana, y dos o tres días del
-año, en que todo estante o habitante tiene derecho de entrarse hasta
-la habitación del presidente. El 4 de julio la plaza de Lafayette se
-llena de carruajes de los visitantes en aquel día de felicitaciones;
-descienden éstos del carruaje, y tras ellos el cochero, que encomienda
-los caballos a algún muchacho mediante algunos centavos. El presidente
-está en aquellos días en verdadera exhibición; los cocheros se abren
-paso por entre la multitud haciendo resonar sobre el pavimento de
-mármol sus botas herradas, llegan ante el presidente y le tienden una
-mano callosa que aprieta la suya fuertemente y la sacude mirándole la
-cara y riéndosele con fisonomía bonaza, provocativa, y satisfecha;
-tornan a sus caballos, volviendo de vez en cuando la cara para mirar
-al presidente, a obtener un último _piping_, de gusto y de
-felitación. ¡Pobre presidente de la democracia!
-
-Hacia el lado oriente del White House hay extensos edificios, y otros
-dos hacia el occidente, los cuales están destinados para las oficinas
-de los ministros de hacienda, guerra y marina. La Posta general es un
-palacio del orden corintio; y la tesorería ostenta una columnata de 457
-pies de largo. La oficina de patentes, depósito de modelos de inventos,
-con un pórtico imitado en la forma y en la extensión del Partenón de
-Atenas, tendrá, cuando se terminen las alas, cuatrocientos pies de
-largo, encerrando en la parte concluída un salón de 275 pies de largo y
-65 de ancho.
-
-Hay, además, en Wáshington 30 templos de diversas congregaciones, doce
-colegios (academias), una universidad, tres bancos, dos asilos para
-huérfanos, un consistorio municipal, un hospital, una penitenciaria, un
-teatro y algunos edificios particulares, que dan cierta apariencia a
-aquel plantel de la ciudad.
-
-Mi residencia en Wáshington fué uno de aquellos oasis de felicidad
-íntima, doméstica, en que el corazón se lleva la mayor parte, y que tan
-preciosos son para el que vaga por luengas tierras. El señor Carvallo,
-enviado extraordinario de Chile, se obstinó en darme hospitalidad en
-la casa de su embajada; su señora me prodigó cuantas atenciones puede
-hacer recordar la familia, y si algo faltara para estar a mis anchas,
-mi amigo Astaburuaga, secretario del agente chileno, me acompañaba a
-todas partes, poniendo a mi disposición su práctica y conocimiento de
-Wáshington. Así él podía mostrarme en la avenida de Pensilvania, entre
-las jóvenes transeuntes que llamaban nuestra atención, cuál era la hija
-de un senador, la de un banquero, una simple modista u otra persona
-menos calificable. La sencillez del vestido, sus paseos y trajines por
-las calles, sin nadie que las acompañe, y el detenerse aun a mirar
-cualquier cosa que llame la atención, dan una idea del decoro de las
-costumbres norteamericanas, y de aquella libertad de que goza la mujer
-soltera entre ellos.
-
-Quería mi amigo Astaburuaga ponerme en contacto con el redactor del
-_Wáshington Intelligencer_, diario muy importante de la capital,
-por tanto, de _opposition_ entonces, pues en aquel momento
-dominaban en el gobierno con Mr. Taylor los demócratas. Encontrámoslo
-en campo abierto sobre el terreno destinado a la fundación de un
-colegio, para cuyo sostén legó un ciudadano millón y medio de pesos,
-rodeado de siete u ocho jóvenes, y ocupados en discutir las bases, a lo
-que supe después, de un gran proyecto. Mr. Johnson, el diarista, era el
-presidente de edad nombrado para presidir a la instalación. Acercámonos
-nosotros a distancia comedida, esperando que la sesión se levantase,
-temerosos de ser importunos, como cuando nuestras gentes rezan, que
-debe esperarse a que se santigüen para saludarlas. Dirigíalas el
-presidente la palabra; contestaba alguno; replicaba un tercero en
-tono sentencioso y frío, y oídos los pareceres, el presidente sometía
-a votación la materia, contando los gangosos _yes, yes, nay,
-yes, nay_, y declarando cuál era el punto sancionado. Repitióse
-varias veces el procedimiento, y el fuego graneado _yes, nay, nay,
-yes, yes_, terminó, al fin, el asunto. Entonces, se acercaron a
-Astaburuaga, sucediéronse las recíprocas presentaciones de costumbre,
-y supe, andando la conversación, que se habían reunido allí para echar
-los cimientos de una asociación con el grande objeto de... ¡jugar a la
-bocha! ¡Oh! ¡los yankees!
-
-Habíase, pues, propuesto, discutido y aprobado con una fuerte mayoría
-de dos o tres votos.--1.º presidente, que lo fué Mr. Johnson local,
-aquel donde estaban reunidos; hora de reunión, las cuatro de la tarde;
-extensión del juego, reglas, arbitración en los casos litigiosos,
-multas por infracción, etc. Era y es Mr. Johnson[7] un sujeto de
-cuarenta años, hijo de un general de la independencia del mismo nombre,
-culto de modales e instruido, cual correspondía al director de un
-diario trascendental. Pasamos días enteros en discusiones las más
-acaloradas sobre un punto, en que no habría esperado contradictores
-en los Estados Unidos, a saber, la democracia y la república. Mr.
-Johnson estaba bajo la pata del partido demócrata que domina desde
-la presidencia Polk, y ofendido, desmoralizado por la tiranía de sus
-opresores, porque en los Estados Unidos la mayoría dominante en el
-gobierno es implacable e intolerante, maldecía de la república, de
-la democracia y de aquella licencia ignorante y brutal que se decora
-con el nombre de libertad. El mérito obscurecido, y eso es cierto;
-el interés público descuidado, y eso también es cierto en muchos
-casos; los servicios olvidados o miserablemente retribuidos, cosa
-que es de regla en los Estados Unidos; en fin, la pasión de partido
-sirviendo de criterio y de peso y medida para juzgar de todos y de
-todo; el charlatanismo preferido a la ciencia, y las pasiones menos
-justificables sirviendo de impulso a la dirección de la opinión
-pública, todas estas tachas y otras muchas que afean las democracias,
-las pasaba en revista para hacerme detestar aquella libertad de que yo
-me mostraba tan apasionado. Cuando yo me empeñaba en contradecirlo, me
-decía con sinceridad: “lo que yo quiero es que Vd. no se alucine con
-esta apariencia de orden, de prosperidad y de progreso, y los atribuya
-a la forma de gobierno. Bajo esta corteza no encontrará sino miserias,
-pasiones indignas, ignorancia y caprichos. Lo que yo me propongo es
-que no vaya Vd. a la América del Sud a proponernos por modelo de
-gobierno”. Otras veces, más aplacado, me confesaba que la exasperación
-en que lo tenía la tiranía del partido contrario, a él que era hijo
-de un general ilustre, a él que estaba por la educación preparado para
-ocupar en la sociedad lugar mejor, ofuscaba, a veces, su razón y le
-hacía exagerar los inconvenientes muy reales del gobierno popular.
-Sin embargo, de estas atenuaciones, diferíamos en puntos esenciales.
-Sostenía él, por ejemplo, que la libertad es en las naciones una de
-las fases que recorren. La libertad engendra la licencia; la licencia
-trae la anarquía; la anarquía el despotismo. Aquí hay un momento de
-alto; mientras el despotismo se consolida, mientras teme, es cruel,
-sanguinario y desconfiado. Cuando está de todos aceptado, entra en
-una época de indulgencia y de tolerancia que hace nacer el bienestar,
-y da lugar al desarrollo de todas las facultades físicas y morales
-de los hombres. Con la civilización y la seguridad, la libertad se
-desenvuelve, el pueblo conquista uno a uno sus derechos, discute en
-seguida el principio de la autoridad que lo gobierna, y de la extrema
-libertad pasa a la licencia, y de ahí a la anarquía, volviendo a
-recorrer aquel ciclo fatal en que está encerrada eternamente la vida de
-las naciones.
-
-Esta doctrina, que la primera vez que se presentó obtuvo de su autor
-un pomposo título de la _scienza nuova_, puede apoyarse con un
-poco de maña y de sagacidad en la historia de todos los pueblos, desde
-Grecia y Roma hasta los tiempos modernos; y uno y otro la invocábamos
-en nuestro apoyo, luchando, a brazo partido, en la polémica y
-disputándonos, palmo a palmo el terreno en cada hecho de aquellos que,
-sin poner en duda su autenticidad histórica, traducíamos de diverso
-modo.
-
-Mi argumentación iba por otro camino. La humanidad, decía yo, que es
-el conjunto de las sociedades, tiene en la historia su alto, en las
-épocas su ancho, y su organización íntima en la vida de cada pueblo.
-Aseméjase el mundo moral al mundo físico. La historia de la tierra
-se encuentra en las capas geológicas que revelan el mundo monstruoso
-que ha precedido al nuestro; si se la toma desde los polos hacia el
-Ecuador, mostrará las graduaciones de temperatura y de vegetación
-que diversifican su especie; y si la consideramos desde los valles,
-remontando hacia la cumbre de las montañas, nos ofrecerá el mismo
-fenómeno de graduación de climas y de producciones.
-
-La historia es, pues, la geología moral. Veamos si sus capas diversas
-han experimentado mejora y progreso. Supongamos un día antiguo en que
-la tierra se nos presenta poblada. ¿Qué es lo que vemos? Casi todo el
-globo sumido en la barbarie; imperios poderosos cuyas facciones, si no
-es la conquista y la violencia, no alcanzamos a discernir bien. Al fin,
-la Grecia, una mínima porción de la tierra, brilla por la libertad, la
-democracia, las bellas artes y la ciencia. No entremos en detalles.
-Roma se asimila a la Grecia, destruye a Cartago y somete al mundo. Pero
-Roma desenvuelve la noción del derecho y extiende su práctica por toda
-la tierra culta, que es, sin embargo, una pequeña fracción del globo.
-Como los romanos a los griegos y al Egipto, los bárbaros de todos
-los extremos del imperio romano se los absorben a ellos; esto es, se
-asimilan a él, se agregan a la masa civilizada. La edad media es la
-obra de fusión. A fines del siglo XV la Europa entera está en posesión
-de las conquistas hechas por el pensamiento humano durante cuatro o
-seis mil años. Con el renacimiento concurren Lutero, Galileo, Colón,
-Bacón y otros. La América se agrega a la masa de pueblos civilizados,
-y en esta parte se pone en práctica la noción del derecho que está
-en todos los espíritus y cuyo desarrollo embarazan aún en Europa las
-escorias que ha dejado la edad media. Lleguemos de un golpe al siglo
-XIX, y abramos el mapamundi. ¿Dónde están los bárbaros? Guarecidos en
-las islas, trabajados por la Rusia en las estepas de la alta Asia o
-sepultados en el interior inaccesible del Africa. La parte civilizada
-y en posesión más o menos de la libertad, o en vía de completarla, es
-la mayoría de la humanidad, mayoría numérica, mayoría moral, de fuerza,
-de inteligencia y de goces. Tiene hoy en su poder la parte más rica,
-más templada, más productiva del globo; tiene el cañón, el vapor y
-la imprenta para someter el resto salvaje del mundo, asimilárselo o
-aniquilarlo. En vista de este espectáculo, ¿cómo se quiere someter a
-un ciclo el movimiento social de las naciones, comparándolas con los
-ejemplos truncos, aislados, que nos han dejado las naciones antiguas?
-Si hubiera un ciclo tal, es preciso convenir en que, así como se
-ha agrandado inmensamente la esfera de las naciones que tienen que
-recorrerlo a un tiempo, así deben ser largas las épocas en que se han
-de suceder las diversas fases; y yo me río de la general tiranía que ha
-de pesar sobre el mundo desde la India y los confines de la Rusia hasta
-los Montes Rocallosos en América dentro de mil millares de años.
-
-Ahora miremos a los pueblos por su espesor o su organización íntima,
-aunque no sea posible considerarlos sin relación a las épocas
-históricas. Pero supongamos un pueblo de Italia que se perpetúa en
-un punto del territorio desde las épocas históricas; la población
-de Fiézzole, por ejemplo, que es florentina, toscana, y ha sido
-romana, etrusca, pelasga, autóctona e indígena, si no ha tenido
-otros nombres intermediarios. ¿Cómo eran estos pueblos y cómo son?
-¿Qué transformaciones han experimentado? Primero antropófagos; en
-seguida haciendo sacrificios humanos en los templos, más tarde
-haciendo esclavos a los prisioneros en la guerra, y ejerciendo la
-guerra de pillaje y de devastación como industria y ocupación. Los
-conquistadores se distribuyen el suelo conquistado y los hombres; nacen
-las aristocracias y el pueblo siervo, la chusma ignorante y sujeta a la
-tortura en los tribunales de justicia, a la miseria y la degradación.
-El cristianismo encontró al mundo organizado así. Pongámonos ahora a
-contemplarlo desde el siglo XIX, y desde los Estados Unidos, desde el
-seno de esta comarca que usted maldice como el prototipo del desorden
-moral y político. No hay guerra, no hay señores ni aristocracia;
-no hay pueblo en el sentido romano; hay la nación, con igualdad de
-derechos, con industria personal para vivir, con máquinas auxiliares
-del trabajo, ferrocarriles, telégrafos, prensas, escuelas primarias,
-colegios, asilos, hospitales, penitenciarías, etc., etc. Observe la
-organización íntima de esta parte de la humanidad, de esta Atica
-moderna que ocupa, sin embargo, medio continente; y cuán atrás
-supongamos al resto de las naciones, no se necesita mayor esfuerzo
-de ánimo para suponer que han de llegar a ese grado de habilitación
-de todos los individuos de la sociedad, porque todas están labradas
-por las mismas ideas y las mismas instituciones. Desde que haya una
-escuela en una villa, una prensa en una ciudad, un buque en el mar
-y un hospicio para enfermos, la democracia y la igualdad comenzarán
-a existir. El resultado de todo esto es que la masa en elaboración
-es inmensa, que no hay naciones o pueblos propiamente dichos y que
-la libertad individual está en cada punto del globo apoyada por
-la humanidad civilizada entera; y cuando hubiese un pueblo que se
-inclinase a entrar en el ciclo fatal del despotismo que se les asigna,
-el espectáculo, la influencia de cien otros que entran en el período
-de libertad lo retendrían en la fatal pendiente. El primer período del
-ciclo fué la antropofagia. ¿Qué pueblo ha vuelto a recorrerlo una vez
-salido de él? El último es la democracia. ¿Qué pueblo ha sido demócrata
-en el sentido moderno y con los medios organizados hoy de hacerlo
-efectivo la prensa y la industria y un mundo civilizado en el exterior
-que le sirva de atmósfera favorable y que haya salido de ese terreno
-para fundar monarquías aristocráticas? ¿Las repúblicas italianas?
-
-Sobre este tópico nos batíamos sin cesar Mr. Johnson y yo. A veces me
-decía: “Nada fueran las masas americanas, si no viniesen todos los años
-trescientos mil salvajes de Europa que echan a perder la fusión y
-hacen de la mejora de la opinión una cántara de las Danaides”.
-
---¡Ah, si tuvieran ustedes, como nosotros en Sud América, que luchar
-con una masa en la cual el europeo, tan atrasado como lo encuentran
-ustedes, es un elemento precioso y escaso de civilización y de
-libertad!...
-
-[7] Ahora es empleado de una oficina, y está, a lo que Astaburuaga me
-escribe, en todo su apogeo, pues domina el partido whig.--El autor.
-
-
-EL ARTE AMERICANO
-
-A quince millas de distancia de Wáshington está Mount-Vernon, la
-morada y la tumba de aquel grande hombre que la humanidad entera ha
-aceptado como un santo, grande por la virtud y el más grande de los
-hombres por haber puesto la piedra angular al edificio de la nación
-única del mundo que ve claro su porvenir y cuyo porvenir es el bello
-ideal de la grandeza de las naciones modernas. Tomo una descripción
-que encuentro a mano del santuario yankee, de aquella Santa Caaba, de
-plácido recuerdo: “Después de haber cabalgado un corto espacio por
-medio de bosques, que de vez en cuando se abren en oasis de culturas
-aisladas, mi amigo me señaló una piedra hundida en el terreno al lado
-del camino, que, según me dijo, marcaba el principio de la quinta de
-Mount-Vernon. Todavía marchamos dos millas antes de ver la puerta y la
-morada del portero. Después de haber entrado, recorrimos una distancia
-de cerca de media milla; y el camino de carruajes seguía atravesando un
-terreno muy variado y sombreado por árboles grandes en toda la lozanía
-de los bosques. Cruzamos un torrente, pasamos un arroyo, sintiéndonos
-tan en medio de la naturaleza primitiva que la vista de la casa y el
-huerto que la rodea casi hizo sobre mi ánimo el efecto de un encuentro
-inesperado. La aproximación a la casa se hace por el frente del oeste.
-La puerta del gran patio da a una extensa habitación en la cual
-entramos. No fué el hábito, sino un sentimiento más y más profundo, el
-que me hizo quitar el sombrero de la cabeza y marchar con precaución
-como si pisara una tierra sagrada... Las piezas de la casa son
-espaciosas y campea cierta elegancia en su acomodo; pero el conjunto
-es notable por su extrema simplicidad. Todo cuanto la mirada abraza
-parece respirar la santidad de aquellas reliquias públicas, y todas las
-cosas se conservan casi en el mismo estado en que Wáshington las dejó.
-Todo americano, y principalmente, los jóvenes que visitan este lugar,
-experimentan una fuerte impresión que durará toda su vida... A cierta
-distancia de la casa, en un lugar retirado, está la tumba nueva de la
-familia, compuesta de una simple estructura de ladrillo con una puerta
-de hierro, por entre cuyas rejas se divisan dos sarcófagos de mármol
-blanco, el uno al costado del otro, los cuales contienen los restos de
-Wáshington y de su mujer. La antigua tumba de familia en que estaba
-colocado al principio, estuvo en una situación más pintoresca, sobre
-una colina dominando el panorama de Potomack; pero la presente está más
-retirada, lo que fué una razón para determinar los deseos del hombre
-modesto”.
-
-¡Cuánto arte no se descubre en la colocación de esta tumba, cuánta
-grandeza en su obscuridad, y cuán americano y nacional es aquel
-acompañamiento de bosques primitivos, torrentes agrestes y arroyuelos
-en el estado de naturaleza! Esta es la artística morada de Wáshington,
-el plantador norteamericano, el genio de la democracia apenas
-posesionada de la naturaleza inculta. Adriano estaba bien en la que hoy
-es el castillo San Angelo; Rafael en la Rotonda de Agripa, que él puso
-sobre pilares en San Pedro; Napoleón bajo la cúpula de los Inválidos;
-pero los manes de Wáshington habrían vagado largo tiempo en rededor
-de su sepulcro si le hubiese faltado la perspectiva y la sombra de
-los árboles seculares de los bosques, rodeando el asilo doméstico y
-combinando la naturaleza inculta con el fruto del trabajo personal del
-norteamericano.
-
-Y, sin embargo, Wáshington, el héroe de la independencia
-norteamericana, el fundador del pueblo trabajador y positivo, estaba
-destinado, también, a inspirar el sentimiento de las bellas artes a
-los hijos de los puritanos, y volver a esta familia, descarriada por
-preocupaciones religiosas, el camino en que la humanidad ha marchado
-siempre, desde el fetiche informe que adora en su infancia, hasta las
-Pirámides de Egipto, el Coliseo romano, el Partenón, o el moderno
-San Pedro. Las ruinas de Palenque, las esculturas encontradas por
-Stephen en Centro América, como las estatuas de Miguel Angel o las
-pinturas de Rafael, son todas páginas de un mismo libro, que señalan
-el día en que cada nación tuvo conciencia de sí misma y perpetuando
-la memoria de lo pasado o endureciendo en piedra o en bronce una
-idea, empezó a mirarse viva en las edades futuras, legando a las
-venideras generaciones monumentos, estatuas y obras públicas que
-demandan siglos de elaboración. A veces me ocurre la idea de que
-tanto hicieron los egipcios trabajar a los hebreos cautivos en la
-construcción de pirámides y otros monumentos, que cuando aquella chusma
-se sublevó y tomó el desierto, juró no permitir que en la tierra de
-promisión que iban buscando, se levantasen monumentos ni se erigiesen
-estatuas, acordándose, sin duda, de los palos que les habían dado
-los sobrestantes egipcios. ¿Cómo explicarse de otro modo el horror
-a los templos y a las imágenes que muestra Moisés, el discípulo de
-los sacerdotes egipcios? El arte es la realización del hombre, es
-el hombre mismo, puesto que, no siendo, al parecer, necesario a su
-existencia, como lo muestran los demás animales, es, sin embargo, la
-preocupación más constante desde la vida salvaje hasta el pináculo de
-la civilización. Tengo para mí que Roma ha muerto sofocada por los
-monumentos, que éste es el fin de las grandes ciudades de la historia
-y que París ha de acabar por fin por cuajar su suelo de monumentos
-públicos, de manera que al final de los siglos la población se acoja
-a las catacumbas, que minan el suelo, por no haber espacio para ella
-sobre la superficie de la tierra. Cuando se dice que los primeros
-cristianos se ocultaban en las catacumbas de Roma, huyendo de la
-persecución, me parece que se toma un hecho por otro. La exploración de
-aquellas inmensas cavernas y perforaciones muestra hoy al arqueólogo
-los restos de tres siglos de arte cristiano primitivo, lo que prueba
-que durante tres siglos y hasta la destrucción de la ciudad monumental
-por Atila, la plebe romana vivió alojada en las catacumbas, donde
-tenía sus templos, plazas subterráneas, mercados y cementerios. Es
-ridículo pensar que en una ciudad vivan escondidos durante tres siglos
-cientos de miles de habitantes, que a cada momento necesitan ponerse en
-contacto con el exterior, para proveer a sus necesidades.
-
-Mahoma y los protestantes no deben citarse en materia de bellas artes
-como una nueva aberración de la naturaleza humana, puesto que la obra
-de estas dos reacciones en contra no son más que recrudescencias de la
-ojeriza de Moisés contra las pirámides, a causa del mal trato dado a
-los hebreos; gato escaldado, en materia de asentar piedras.
-
-Los norteamericanos creen que no tienen vocación artística, y afectan
-desdeñar las producciones del arte, como fruto de sociedades viejas
-y corrompidas por el lujo. Yo he creído, sin embargo, sorprender el
-sentimiento profundo, exquisito, de lo bello y de lo grande de este
-pueblo que marcha de carrera en busca del bienestar material, y va
-dejando a su paso incompletas todas sus obras y a medio hacer. ¿Qué no
-entra por nada en el sentimiento del bello ideal, la beldad moral? ¿Qué
-pueblo del mundo ha sentido más hondamente esta necesidad de confort,
-de decencia, de holgura, de bienestar, de cultura de la inteligencia?
-¿Qué pueblo ha sentido más horror por el espectáculo de lo feo, la
-pobreza, la ignorancia, la borrachera, la degradación física y moral,
-que es como la corteza y la primera apariencia de las sociedades
-europeas? En Roma, de entre los monumentos y las basílicas se alargan
-manos muy cuidadas pidiendo limosna.
-
-No hablaré de los hoteles, bancos, iglesias, embarcaderos y acueductos
-que en toda la Unión asumen formas monumentales; mucho menos de las
-columnas, obeliscos de cierta grandeza y elevación que en honor de
-Wáshington y de Franklin se alzan en Boston, Filadelfia y Nueva York.
-Todas estas son muestras, o más bien, productos artísticos, pero que no
-revelan el sentimiento norteamericano del arte. Los europeos emigrados
-ahora dos siglos, o emigrando actualmente, comunican por fuerza y
-como necesidad de existencia los medios artísticos que poseen. Pero
-no es este el arte americano, pues que no doy este nombre sino a la
-manifestación de aquella constante y seguida aspiración de un pueblo
-en prosecución de una idea nacional, que existe y se revela en cada
-hombre, por generaciones sucesivas. Llamóle arte, no a los grados
-de civilización de los diversos pueblos, sino al genio, al carácter
-nacional en cuanto reviste formas tangibles y afecta su historia. ¿Cuál
-era el arte romano? Sin duda que no se dará este nombre a los diversos
-órdenes de arquitectura, a la estatuaria y demás decoraciones, cuyas
-formas habían adoptado de los griegos, imitándolas, entremezclándolas,
-y adaptándolas a sus trabajos. Llamo arte romano a aquel sentimiento
-grandioso que hacía concebir las Termas, el Coliseo, la tumba de
-Adriano, los acueductos de Segovia y el anfiteatro de Nimes; al
-espíritu monumental y dominador de la tierra y de los obstáculos que
-ella oponía a la continuidad y facilidad de dilatación y permanencia
-de la grande y perseverante idea artística romana, la incorporación de
-la tierra conocida bajo el dominio de sus leyes, y la adopción de los
-cultos, de las civilizaciones y de las costumbres de todos los pueblos.
-Una revolución interna, la elevación de la plebe, y otra externa, la
-incorporación de los bárbaros, destruyeron la obra romana, como una
-plétora a que no pudo resistir aquel cuerpo que tenía que digerir un
-mundo de un golpe.
-
-Acaso los yankees están amenazados de sucumbir bajo el peso de una
-elaboración interna tan amenazante como la de la plebe romana. Todos
-tiemblan hoy porque aquel coloso de una civilización tan completa
-y tan vasta no vaya a morir en las convulsiones que le prepara la
-emancipación de la raza negra; incidente de una magnitud amenazante,
-y sin embargo, tan extraño a la civilización norteamericana en su
-esencia, como sería extraño a las leyes internas de nuestro globo el
-que un cometa de los millares que andan errantes por el espacio, se
-estrellase contra él un día y lo hiciese periclitar.
-
-¿Dónde está, pues, el genio artístico americano? No lejos del Capitolio
-de Washington en una casita modesta, sobre un bufete de madera de
-pino sin barnizar, mostráronnos a mí y a mi amigo Astaburuaga, quien
-me conducía a aquel retrete, un modelo de un monumento que debía
-erigirse a la memoria del héroe norteamericano. La construcción se
-compone de un gran edificio de formas jónicas de cuyo centro se
-eleva una aguja. Según la escala que tiene al pie el diseño, mide en
-alto todo él, dos metros más que la pirámide de Cheops en Egipto. La
-arquitectura es una combinación, más o menos feliz, de formas y géneros
-conocidos, herencia de todos los pueblos civilizados. Lo que en aquel
-monumento hay del genio yankee es la altura, es decir, el sentimiento
-nacional de sobrepasar en osadía a la especie humana entera, a todas
-las civilizaciones y a todos los siglos. Dos metros más alto que el
-monumento más alto construído por los hombres, he aquí el sentimiento
-de lo grande, de lo sin rival que caracteriza a aquel pueblo;
-sentimiento que ha preludiado o seguido a las más grandes épocas que ha
-alcanzado alguna porción del género humano. A este mismo sentimiento
-obedeció el pueblo que construyó las pirámides; ese mismo sentimiento
-aconsejó hacer del monte Athos una estatua de Alejandro, cuya mano
-tendría las fuentes naturales del río; ese sentimiento, en fin, inspiró
-la idea del coliseo de Nerón, el coliseo su vecino, y ese sentimiento
-dirigió la construcción de San Pedro en Roma, el camino del Simplón,
-etc., etc.
-
-La idea de elevar aquel monumento a Washington, ha sido acogida en
-la Unión con entusiasmo febril, nada más que porque respondía a la
-aspiración nacional de sobreponerse a las demás naciones[8]. Vese
-este espíritu en la arquitectura naval. El buque que no mide dos
-mil quinientas toneladas no merece llamar la atención ni engreir al
-pueblo como un trofeo de su gloria. ¿Qué dijera Colón que atravesó el
-océano en carabelas de ochenta toneladas, si viera flotar sobre las
-aguas aquellos monstruos que pueden esconder en su seno cincuenta mil
-quintales de nieve o de granito, porque granito canteado y nieve, son
-dos mercaderías de exportación de que los norteamericanos hacen un
-comercio de algunos millones?... Hace cosa de diez años que atormenta
-a los yankees la idea de atravesar el continente americano con un
-camino de hierro desde Nueva York hasta el Oregon, uniendo el Atlántico
-con el Pacífico, e interponiéndose ellos entre la Europa y el Asia,
-de manera de pasarles con la derecha a los ingleses lo que con la
-izquierda hubiesen cogido en las costas de la China y del Japón[9]. No
-han inventado, sin duda, los americanos ni el camino de hierro, ni el
-buque, ni el orden jónico; pero suyas son las colosales aplicaciones y
-los perfeccionamientos que introducen diariamente en su construcción;
-pues si no han podido mejorar los órdenes arquitectónicos, algo de un
-carácter nacional les han añadido a los conocidos, como la estatua de
-Franklin sosteniendo el pararrayos en el pináculo de las cúpulas, como
-ya lo he indicado antes, y la mazorca de maiz como coronación y remate,
-en lugar del piñón antiguo. El embarcadero de los caminos de hierro, el
-viaducto, el puente, el hotel y otras construcciones, que reclaman las
-necesidades de nuestra época, pueden dar en los Estados Unidos formas
-arquitectónicas desconocidas en los siglos pasados y que estereotipen
-un carácter peculiar a cada clase de monumento.
-
-La parte económica del monumento de Washington revela otro de los
-signos del genio artístico de los yankees. Levántase aquella obra
-colosal, por medio de una suscripción popular de solo algunas monedas
-de cobre por individuo. Así cada año la nación en masa trae a los pies
-de la estatua del grande hombre, tipo del bello ideal nacional, un
-tributo espontáneo de gratitud y alabanza; y en este punto pueden darse
-por vencidas todas las naciones de la tierra. Todos los monumentos
-del mundo están amasados con lágrimas e iniquidades; y el mismo
-San Pedro de Roma, no es _gloriam Dei_ la que enarra, sino la
-perversidad y las extorsiones de sus ministros. Roma contiene hoy
-en monumentos, como ahora dos mil años, la sangre y los despojos de
-la tierra. Versalles, el Escorial, el Arco de l’Etoile, todos los
-monumentos del mundo protestan contra el despotismo de quien fueron
-antojo y vanidosa ostentación. Pero el monumento de Washington es tan
-puro, como la idea inmortal que representa. Las generaciones pueden
-sucederse embelleciéndolo de año en año por siglos enteros, sin que
-una idea triste acongoje el ánimo del espectador más complacido que
-asombrado. Veinte millones de ciudadanos felices hoy, mañana ciento,
-consagran una ínfima parte de su trabajo a solemnizar el más noble
-y el más grande de los recuerdos históricos, la personificación de
-la dignidad moral más alta que se haya ofrecido a la especie humana.
-¿Qué es Napoleón mirado desde esa altura? El último y el más sublime
-de los bandidos que han asolado la tierra y cubiértola de cadáveres,
-para poner su orgullo en lucha con la obra de la perfección social que
-destruyó con la república. ¿Qué es Washington sepultado al lado de su
-mujer en un obscuro y solitario rincón de la casa que habitó? El genio
-de la humanidad moderna, el principio de una era que asoma, y que ya
-deja marcado al mundo el camino de justicia, de igualdad y de trabajo
-laborioso que seguirá.
-
-Deben decorar el interior del monumento de Washington, piedras e
-inscripciones enviadas por todos los Estados de la Unión, las ciudades
-y las corporaciones, y sociedades científicas, filantrópicas, y aun
-industriales[10]. Aquel sistema de contribución popular y espontánea
-para la realización de un pensamiento nacional, constituye, a mi
-juicio, la muestra más clara de la existencia de un sentimiento
-artístico nacional. No sé si hay en Europa pueblos que en masa se
-apasionen por la realización de una idea, si no son los franceses de
-cierta clase, y lo que ha hecho en la edad media el catolicismo, por
-medio de las corporaciones de artesanos. Pero en los Estados Unidos,
-si este sentimiento no está del todo desenvuelto en la masa de la
-nación, lejos de morir como el bello espíritu cristiano de la edad
-media, está en germen apenas, y toma cada día formas más aparentes. No
-hay ciudad de alguna importancia que no tenga en los Estados Unidos su
-rudimento de museo, en que están bárbaramente mezcladas obras de arte,
-curiosidades traídas por los navegantes, objetos de historia natural,
-y aun representaciones grotescas de escenas ocurridas en los mares
-u otros puntos y que han preocupado al público. Esas colecciones se
-enseñan al curioso por una retribución, y aquella retribución forma
-un capital que se emplea incesantemente en enriquecer, embellecer y
-completar las colecciones para excitar más y más la curiosidad. Durante
-mi permanencia en Nueva York, estaba en exhibición una bellísima
-estatua en mármol de Carrara, ejecutada en Roma por Poper, joven
-artista norteamericano de rara habilidad. La estatua representaba una
-cautiva georgiana, no siendo más que una Venus con cadenas. Era, acaso,
-la vez primera que los puritanos veían expuesta una de esas bellas
-desnudeces femeniles con que tanto se familiariza uno, ennobleciéndose
-el pudor, en los museos de Italia y de Francia. Los primeros días hubo
-grande escándalo; pero concluyeron al fin las gazmoñas por levantar los
-ojos y habituarse a contemplar la beldad artística en aquel espejo de
-mármol. El resultado fué que la exposición de la estatua tomó el camino
-de hierro, y fué de ciudad en ciudad exhibiéndose a los ojos rudos del
-pueblo, y reuniendo, en cambio de sorpresas, cuchicheos y admiraciones
-de los espectadores, sendos pesos fuertes; por manera que el artista
-obtuvo en recompensa de su talento, más de lo que Canova u Horace
-Vernet obtuvieron nunca por sus más afamados _capi d’opera_. Estas
-costumbres y esta ovación popular prometen al arte americano estímulos
-más poderosos, gloria más retumbante que la que los reyes de la tierra
-han podido conceder jamás, gastando en fomentar las bellas artes rentas
-que no son suyas, y que arrancan para sus placeres el sudor de los
-pueblos. No es esta una paradoja; hase comprobado ya que los gastos
-que hacen por suscripciones gratuitas en Norte América los ciudadanos
-y aun las señoras para costear los trabajos de los astrónomos de
-Cincinnati, exceden en mucho a las rentas acordadas por el gobierno
-inglés para los mismos fines. No está, pues, lejos el día en que los
-grandes artistas europeos vengan tras del lucro a pasear por los
-Estados Unidos sus obras maestras, recogiendo pesos a millares mientras
-el gusto nacional se educa, y más tarde codiciando la ovación que al
-talento haga un pueblo, juez competente ya en materia de arte. Las
-cantatrices y bailarinas célebres empiezan a mostrar el camino que más
-tarde seguirán los pintores y los estatuarios. Tan genial es aquella
-ambulancia del arte en Norte América, que no hace muchos años hubo un
-teatro magnífico, construído sobre un buque que iba dando funciones a
-ambas márgenes de un río, a medida que llegaba a una villa o ciudad de
-consideración.
-
-Tienen los norteamericanos costumbres públicas y privadas que se
-prestarían al desarrollo de las artes. La vida afanosa que llevan y la
-excitación de los negocios los fuerza a viajar continuamente, mostrando
-cierta necesidad de emociones, de ver y de agitarse, que los lleva en
-romería a la cascada del Niágara, a los lagos y a las ciudades de la
-costa. Esta parte antigua de la Unión ejerce sobre la población del
-interior una grande influencia moral, como que allí está el centro
-del movimiento inteligente y mercantil, y la sede del gobierno; y
-como todas las familias del interior son originarias de los antiguos
-Estados, los ojos se vuelven siempre hacia la patria primitiva,
-embelleciendo los recuerdos, la carencia de los goces a que los padres
-estuvieron habituados.
-
-Washington, la capital nominal de la Unión, aprovechará, sin duda, en
-un porvenir próximo, de estas disposiciones del espíritu nacional, si
-el Capitolio, el Museo de Inventos y el monumento elevado a Washington,
-hubiesen de ser acompañados por otras atracciones que hiciesen al
-fin de la capital un centro de espectáculos que muevan la curiosidad
-de los viajeros y despierten el nacionalismo. Residencia de los
-Senadores, ministros y altos funcionarios, como asimismo, de los
-representantes de las otras naciones, Washington podría embellecer sus
-veladas con la ópera, y las artes dramáticas y coreográficas, si las
-ideas religiosas no opusiesen a ello fuertes obstáculos.
-
-Añádase a esto que el sentimiento de unidad, de centralización, y
-de dirección, lucha con desventaja contra la energía individual y
-local, base de la organización política de aquel país, y resultado
-del espíritu protestante. No conozco hecho en contrario, si no es el
-_Board_ de Educación de Massachusetts, que ha logrado al fin
-sobreponerse a las resistencias y espontaneidad local en materia
-de enseñanza, imprimiendo una impulsión científica y sistemada a
-la educación general del Estado. ¿Podría extender esta influencia
-sobre toda la Unión, partiendo de un centro único y oficial? Si tal
-sucediera, lo que es obra del tiempo, diríase que se obraba una
-revolución radical en la vida de aquel pueblo. El movimiento de
-mejora y sistema en la educación primaria principió en Boston, Nueva
-York, Maine y los demás Estados, hasta los del Oeste, pusiéronse
-luego en movimiento; pero, cada uno de por sí, adoptando variantes y
-aplicaciones, según lo aconsejaba la dirección impresa a la opinión.
-Es posible que aquellos Estados lleguen a tener al fin una legislación
-idéntica, sin ser por eso común, ni ligada a un centro general. La
-civilización y el poder de los individuos es igual a la suma de los
-individuos que la componen; pero no es esa suma, representada por
-el Estado, como nos lo dictan nuestras ideas latinas en materia de
-gobierno. La estadística, los monumentos, todo se hace por agregaciones
-parciales; y tal es la idea de la negación de la personalidad del
-Estado, que después de una guerra se venden en pública subasta los
-buques, los fusiles y los cañones que sirvieron para hacer efectiva la
-fuerza nacional.
-
-En despecho de todo esto, los americanos han tenido la pretensión de
-honrar un arte nacional, llamando tal a los productos artísticos
-salidos de ingenios americanos. Idea mezquina para nación tan
-cosmopolita, y emigrada de los antiguos pueblos europeos. Los
-norteamericanos debieran, como nación, emprender la conquista de
-los monumentos de las artes de Europa. A cada momento se anuncia en
-Venecia, en Génova y en Florencia la venta de Museos particulares
-que cuentan Ticianos, Españolettos, Carrachos y aun Rafaeles. Los
-franceses han saqueado la España de Murillos, Zurbaranes y Velázquez,
-y aun la Irlanda se ha enriquecido de bellezas artísticas, mientras
-que los cónsules bárbaros de Norte América no sienten siquiera la
-tentación de Marcelo al ver las estatuas de Corinto. Cien mil pesos
-anuales destinados a la adquisición de las obras de los maestros
-antiguos y modernos, echarían en los Estados Unidos la base del futuro
-arte americano. En Francia, cuán adelantada es aquella nación en las
-bellas artes, pues lo es más que la Italia, siéntese la necesidad
-de trasportar en copia al menos todos los grandes modelos del arte
-extranjero. Washington debiera enseñar las imitaciones perfectas y
-como para servir de escuela, de la Rotunda de Agripa, del Partenon de
-Atenas, de la Catedral de Ruan, como modelo del gótico, y de media
-docena más de edificios célebres. Así se convertiría en capital
-artística aquella aldea buena para nada y rebelde al tiempo y al
-progreso, que agranda y embellece a vista de ojo todas las ciudades
-americanas; pues Washington, no siendo centro comercial ni naciendo el
-movimiento político de su seno, adonde viene, por el contrario, desde
-afuera, está condenada a no ser nunca gran cosa, si no se apodera
-del único principio orgánico que ella puede centralizar, que es la
-impulsión artística y la concentración monumental que trae a la nación
-a un centro común de vanidad, de gloria y de veneración.
-
-Hay ya un establecimiento en Washington, que atrae las miradas de toda
-la nación, el cual es visitado diariamente como escuela nacional. La
-Oficina de Patentes encierra en un museo de modelos la historia de los
-progresos que las artes industriales han hecho desde su creación.
-Trece mil quinientas veinte y tres patentes por invenciones y mejoras
-se habían otorgado hasta 1844, perteneciendo al año de 1843 quinientas
-treinta y una. En este ramo de la actividad inteligente del país han
-procedido, como debieran proceder en todo lo que tiene relación con
-la cultura, a saber: importando primero, plagiando, saqueando a las
-otras naciones para enriquecer de datos su espíritu, y obrar después.
-Los resultados no se han hecho aguardar. De un extracto del informe
-sobre exportación de máquinas hecho en 1841 ante la Cámara de los
-Comunes en Inglaterra resulta que preguntado el informante si la
-Inglaterra debe de una manera notable a los extranjeros invenciones en
-maquinaria, fué respondido: “podría decir que la mayor parte de los
-nuevos inventos últimamente introducidos en las fábricas de este país,
-vienen de afuera; pero necesito hacer comprender que no son mejoras
-en máquinas, sino inventos enteramente nuevos. Hay ciertamente muchos
-perfeccionamientos emanados de este país, pero temo que la mayoría de
-las invenciones realmente nuevas, esto es, ideas nuevas enteramente
-en la aplicación de ciertos procedimientos, por máquinas nuevas, o
-por medios nuevos, traen su origen de fuera, y principalmente, de
-_América_.”
-
-Esta confesión de la Inglaterra de su esterilidad en la maquinaria, y
-de la invasora fecundidad de su joven rival, es el grito lúgubre de los
-náufragos que saben que no hay socorro posible. Norte América invade
-hoy al mundo, no ya con productos e inventos, sino con ingenieros,
-artífices y maquinistas que van a enseñar las artes de producir mucho a
-poca costa, osarlo todo y realizar maravillas.
-
-He insistido en aquel extraño atraso artístico, fruto de preocupaciones
-heredadas, porque, no sólo en las artes útiles, sino en los trabajos
-de la inteligencia, los norteamericanos empiezan a tomar una posición
-propia. Conoce usted a Cooper, a Washington Irving, a Prescott, a
-Bancroff y Sparks, como historiadores de primer orden de las cosas
-americanas, osando algunos de ellos emprender la aclaración de algunos
-episodios de la historia europea; pero aun es más grande el número de
-escritores de renombre que han tratado las cuestiones especulativas
-de filosofía, economía, política y teología. Baste decir que en doce
-años hasta 1842, se han publicado ciento seis obras originales sobre
-biografía; ciento dieciocho sobre geografía e historia americana;
-noventa y una sobre lo mismo con respecto a otros países; diez y
-nueve de filosofía; ciento tres de poesías; y ciento quince novelas,
-mientras que casi en el mismo tiempo trescientas ochenta y dos obras
-originales americanas habían sido reimpresas en Inglaterra, y aceptadas
-por aquel público mismo que veinte años antes preguntaba por boca
-de una revista: ¿quién lee libros americanos? Oradores y estadistas
-como Everett, Webster, Calloum, Clay, los poseen iguales solo en la
-Francia y la Inglaterra, siendo de notar que el brillo en los trabajos
-históricos y en la elocuencia empieza a ser como en Francia, escalón
-que conduce al poder y la influencia sobre la opinión pública. Los
-viajeros, los naturalistas, arqueólogos de cosas americanas, geólogos y
-astrónomos que emprenden enriquecer, y aun rehacer la ciencia, abundan
-comparativamente, mostrando por los resultados que obtienen en sus
-trabajos, que están mucho más adelantados que lo que la Europa hubiera
-creido, a no tener a cada momento que aceptarlos.
-
-Diráme usted que toda esta reseña de los progresos intelectuales de los
-americanos no tiene nada de común con Washington, la desierta capital;
-pero, ¿dónde colocar estas reminiscencias y cómo darles cuerpo y unidad
-si no se inventa un centro a que referirlas?
-
-Mi permanencia en Washington se prolongó de un día más sobre el tiempo
-convenido con Arcos, pues nos habíamos dado cita últimamente en
-Harrisburg en el _United-States-Hotel_, que yo había señalado como
-punto de reunión.
-
-Hube de regresarme a Baltimore y de allí tomar el ferrocarril que
-conduce a aquella cuidad; y no bien hube llegado a la posta, empecé
-a inquirirme del _United-States-Hotel_. ¡Cuál fué mi sorpresa al
-saber que en Harrisburg no había hotel con aquel nombre! Como en toda
-ciudad norteamericana hay uno que lo lleva, yo había dado a mi futuro
-compañero de viaje cita al que suponía debía haber en Harrisburg. Con
-trabajo pude indagar el paradero de Arcos, que había dejado escrito en
-el libro del hotel de la posta, estas lacónicas palabras, dirigidas
-a mí: “Le aguardo en Chamberburg.” Asaz mohino y cariacontecido por
-este contratiempo me dirigí a Chamberburg, donde, después de recorrer
-las posadas con inquietud creciente, nadie supo darme noticia de la
-persona por quien preguntaba, tanto más cuanto que hablando Arcos el
-inglés con una rara perfección, y gangoseándolo por travesura cuando
-se dirigía a norteamericanos, nadie, ni los mismos que habían hablado
-con él, me daba noticia del joven español por quien yo preguntaba
-en un inglés que hacía estremecer las fibras a los pobres yankees.
-Entreteníame aún la esperanza de que estuviese en los alrededores
-cazando, pues en nuestro programa de viaje entraba una expedición
-campestre en los Montes Alleghanies. Al fin supe que había dejado en
-la posta una esquela, en que me repetía lo de Harrisburg: “Lo aguardo
-en Pittsburg”. _¡Malheureux!_ exclamé yo acongojado. ¡Cincuenta
-leguas de Chamberburg a Pittsburg, los Alleghanies de por medio, diez
-pesos de pasaje en la diligencia, y no cuento sino con tres o cuatro
-en el bolsillo, suficientes apenas para pagar el hotel en que estoy
-alojado! Supe, pidiendo detalles circunstanciados sobre la indiscreta
-partida de mi intangible precursor, que no habiendo en el saco de heno
-que lleva encima para proveer a los caballos, y que allí debía viajar
-dos días y dos noches, impulsado a tanto sacrificio por la inquietud
-juvenil de una sabandija incapaz de aguardar en un lugar ocho horas,
-que era la diferencia de tren a tren que nos llevábamos en el camino
-de hierro. Heme aquí, pues, en el corazón de los Estados Unidos,
-como quien dice tierra adentro, sin un medio, haciéndome entender
-a duras penas y rodeado de aquellas caras impasibles y heladas de
-los americanos. ¡Qué susto y qué aflicciones pasé en Chamberburg! A
-cada momento llamaba al dueño del hotel y de palabra y por escrito le
-exponía mi situación.--Un joven que va adelante lleva mi dinero, sin
-saber que no traigo el necesario para los gastos de camino. Me piden
-diez pesos de pasaje en la posta y no tengo sino cuatro para pagar el
-hotel. Pero tengo algunos objetos de valor intrínseco en mi maleta y
-quiero que la posta los retenga hasta que haya cubierto mi pasaje en
-Pittsburg.--El posadero, al oir esta lamentable historia, se encogía
-de hombros por toda respuesta. Contaba mis cuitas al maestre de posta
-y se quedaba mirándome como si no le hubiese dicho nada. Dos días de
-continuo suplicio y de desesperación habían pasado ya, y lo peor era
-que no había asiento en la diligencia, por venir todos contratados
-desde Filadelfia, como complemento del camino de hierro que termina
-allí. Al fin me sugirieron escribir a Arcos por el telégrafo eléctrico,
-lo que hice en cuarenta palabras por valor de cuatro reales, y en los
-términos más sentidos. No obstante aquel laconismo telegráfico, “no
-sea usted animal”... era la introducción de mi misiva, y le contaba
-lo que por su indiscreción me sucedía.--¿Dónde está el sujeto a quien
-se dirige?--En el _United-States-Hotel_, contesté yo, dudando
-ahora si en Pittsburg habría un hotel de aquel nombre; y para no darme
-un nuevo chasco, indiqué que se le buscase en todos los hoteles más
-aparentes de la ciudad.
-
-Tardaba la respuesta a mi impaciencia y a mi miedo de no dar con aquel
-calavera, y no despegaba los ojos de la maquinita que con golpecitos
-redoblados indicaba a cada momento el paso de misivas a otros puntos,
-y que no se anotaban allí, por no venir precedidas de la palabra
-Chamberburg y la señal preventiva y convencional para llamar la
-atención del oficinista. Voy a preguntar, me dijo; y tocando a su vez
-su aparato, se sucedieron golpecillos, con cuya mayor o menor duración
-trazaba el punzón magnetizado a cincuenta leguas la pregunta que se
-hacía desde Chamberburg.--¿Qué hay del joven Arcos que se mandó
-buscar?... Y un momento después... señal de atención a Chamberburg...
-Contestan, me dijo el oficinista, acercándose al aparato; y el punzón
-de Chamberburg trazaba sus puntos sobre tira de papel que el cilindro
-va desarrollando poco a poco. ¡Qué hubiera dado por leer yo mismo
-aquellos carácteres que consisten en puntos y líneas, obrados por la
-presión en la superficie blanca del papel. Concluída la operación, tomó
-la tira de papel y leyó: “No se le encuentra en ninguna parte. Se ha
-mandado de nuevo a buscarlo”.--Dos horas después nueva interrogación,
-nuevo martirio de aguardar un sí o un no de que dependía el sosiego o
-la desesperación, y nuevo y definitivo... no hay tal individuo...!
-
-Quedé punto menos que si me hubiese caído un rayo. Entonces,
-interesándose en mi suerte y haciendo conjeturas el hostelero, nombró a
-Filadelfia. ¡Cómo Filadelfia! le interrumpí yo; es en Pittsburg donde
-está Arcos y donde han debido buscarlo.--Acabaremos, me respondió;
-como es en Filadelfia donde se paga la diligencia, el oficinista del
-telégrafo ha creído que es allí donde usted recomienda que le tomen
-pasaje; _but no matter_, voy a corregir el error; y dirigiéndose
-a la puerta se detuvo, y señalando a la oficina me dijo: ya cerraron,
-hasta mañana a las ocho... Las grandes pasiones del ánimo no pueden
-desahogarse sino en el idioma patrio, y aunque el inglés tiene un
-pasable _goddam_ para casos especiales, preferí el español
-que es tan rotundo y sonoro para lanzar un ahullido de rabia. Los
-yankees están poco habituados a las manifestaciones de las pasiones
-meridionales, y el huésped, oyéndome maldecir con excitación profunda
-en idioma extraño, me miró espantado; y haciéndome seña con la mano,
-como para que me detuviera un momento antes de morderlos a todos o
-suicidarme, salió corriendo a la calle, en busca sin duda de algún
-alguacil para que me aprehendiese. ¡Esto sólo me faltaba ya! y aquella
-idea me volvió repentinamente la compostura que en mi aflicción había
-perdido por un momento. Minutos después volvió a entrar acompañado de
-un sujeto que traía la pluma a la oreja y que con frialdad me preguntó
-en inglés primero, en francés en seguida, y luego alguna palabra
-en español, la causa de mi turbación, de que lo había instruído el
-posadero. Contéle en breves palabras lo que me pasaba, indiquéle mi
-procedencia y destino, suplicándole intercediese en la posta para que
-se tomase mi reloj y otros objetos en rehenes hasta haber satisfecho
-en Pittsburg el pasaje. El individuo aquel me escuchó sin que un
-músculo de su fisonomía impasible se moviese, y cuando hube acabado
-de hablar, me dijo en francés:--Señor, lo único que puedo hacer...
-(¡Qué introducción! me dije yo para mi coleto y tragando saliva...)
-lo único que puedo hacer es pagar el hotel y el pasaje de usted hasta
-Pittsburg, a condición de que llegado usted a aquella ciudad, haga
-abonar en el _Merchants-Manufactory-bank_, en cuenta de Lesley y
-Cía. de Chamberburg, la cantidad que usted crea necesario anticiparle
-aquí.--Tuve necesidad de tomar una larga aspiración de aire para
-responderle: pero, señor, gracias; pero usted no me conoce, y si puedo
-darle alguna garantía...--No vale la pena; personas en la situación de
-usted, señor, no engañan nunca; y diciendo estas palabras se despidió
-de mí hasta más tarde. Comíme en seguida un real de manzanas, pues que
-hambre era lo que había despertado la serie de emociones por que había
-pasado durante tres días. Aproveché la tarde en recorrer la ciudad y
-alrededores; necesitaba caminar, agitar mis miembros para creerme y
-sentirme dueño de mí mismo. En la primera noche se me apareció mi ángel
-custodio, cargado de libros; traíame un tomo de Quevedo, otro del Tasso
-en italiano y uno o dos mamotretos en francés para que me distrajese.
-Consagróme algunos momentos hablando alternativamente en español y en
-francés; díjome que conocía el latín y el griego, inquirióse sobre
-algunos detalles de mi viaje y me deseó buena noche al retirarse.
-
-Al siguiente día volvió y me dió cuatro billetes de a cinco pesos, no
-obstante mi empeño de devolverle uno por innecesario; y como ya se
-retirase, regresó diciéndome casi ruborizado: Usted me perdone señor,
-pero se me ha quedado otro billete en el bolsillo que ruego a usted
-agregue a los anteriores. Este hombre había excedido más de la suma
-que yo había indicado, porque en resumidas cuentas yo solo necesitaba
-diez pesos. Comprendí el sentimiento delicado que lo impulsaba e
-hice una débil resistencia a recibirlo, aceptándolo con cordialidad.
-La diligencia partió al fin, y yo volví a mi estado de quietud de
-ánimo ordinario, complaciéndome de haber tenido ocasión, aunque tan
-penosa para mí, de dar lugar a manifestación tan noble y simpática
-como aquella del caballero Lesley. La noche sobrevino, apareció la
-luna plácida en el horizonte, y la diligencia empezó a remontar,
-pausadamente, los montes Alleghanies. Cuando habíamos llegado a la
-parte más elevada, bajaron algunos pasajeros, y una voz de mujer dijo
-en francés dentro de la diligencia: bajen a ver el paisaje que es
-bellísimo. Aprovécheme de la indicación, descendí tras los otros, y
-pude gozar en efecto de uno de los espectáculos más bellos y apacibles
-de la naturaleza. Los montes Alleghanies están cubiertos hasta la
-cima de una frondosa y espesa vegetación; las copas de los árboles
-de las lomadas inferiores, iluminadas de lo alto por los rayos de la
-luna, presentaban el aspecto de un mar nebuloso y azulado, que por el
-cambio continuo del espectador iba desarrollando sus olas silenciosas
-y obscuras, sintiéndose, sin embargo, aquella excitación que causa en
-el ánimo la vista de objetos que se conocen y comprenden, pero que
-no pueden discernirse bien, porque el órgano no alcanza o la luz es
-incierta y vagorosa.
-
-Al llegar a una posada, después de habernos recogido a nuestro
-vehículo, la misma voz dijo, siempre en francés: aquí se desciende
-a tomar algo, porque marcharemos toda la noche sin parar. Bajé yo,
-en consecuencia, y presentándose a la puerta una señora, ofrecíla la
-mano para que se apoyase. Volvimos a poco a tomar nuestros asientos,
-continuóse el viaje, y empezaba a sentir somnolencia, cuando la misma
-voz de antes, y que era la señora aquella, me dijo con timidez:
-creo, señor, que usted se ha visto en algunas dificultades.--¡Yo! No,
-señora, contestéle perentoriamente, y la conversación terminó ahí;
-pero mientras yo recapacitaba sobre esta pregunta, la señora añadió
-con visibles muestras de turbación: Usted me dispense, señor, si le
-he hecho una pregunta indiscreta, pero esta mañana en Chamberburg,
-me hallaba por casualidad en una pieza, desde donde no pude dejar de
-oír lo que contaba usted a un caballero.--En efecto, señora, pero
-usted supo, sin duda, que todo quedó allanado.--¿Y qué piensa usted
-hacer, señor, si no encontrase a su compañero en Pittsburg?--Me asusta
-usted, señora, con su pregunta. No he pensado en ello, y tiemblo de
-sospechar que tal cosa sea posible. Me volvería a Nueva York o a
-Wáshington donde tengo conocidos.--¿Y por qué no continuaría su viaje
-adelante?--¿Cómo he de engolfarme en un país desconocido, señora, sin
-fondos?--Le decía a usted esto, porque mi casa está cinco leguas más
-acá de Nueva Orleans, y deseaba ofrecérsela a usted. Desde allí puede
-usted tomar noticia de su amigo; y si no lo encontrase, escribir a su
-país y aguardar a que le manden lo que necesita.--La noble acción de
-Mr. Lesley había, según lo visto, sido contagiosa. Aquella señora lo
-había oído todo, y quería a su vez completar la obra. Esta reflexión me
-vino antes, tocado como estaba por el buen proceder, de otra a que, su
-sexo podría haber dado pretexto; la señora me dijo en seguida, acaso
-para responder a la posibilidad de una sospecha, que hacía seis semanas
-que acababa de perder a su marido, y que iba a poner orden en los
-negocios de su casa de Orleans. Acompañábala una hijita de nueve años
-y ambas vestían de luto completo. Era la madre, pues, y no la mujer,
-la que ofrecía el asilo doméstico a un desconocido que debía también
-tener madre; y obedeciendo a esta idea que santificaba la oferta y la
-aceptación, traté en adelante a la señora con menos reserva, seguro,
-sin embargo, de que no llegaría el caso por ella previsto.
-
-Llegamos a Pittsburg, y la señora me hizo prevenir que partía por un
-vapor y que si aceptaba su ofrecimiento fuese a tomar pasaje en el
-mismo vapor. Salí a buscar a Arcos en el _United-States-Hotel_;
-porque ¿dónde había de encontrarlo sino allí? Afortunadamente para mí
-había en efecto en Pittsburg un hotel de los Estados Unidos, donde
-encontré a mi Arcos, que a la sazón escribía en los diarios un aviso,
-previniéndome su paradero y justificándose de lo que ya empezaba a
-sentir por mi demora, que había sido una niñería. Venía dispuesto a
-reconvenirlo amigable, pero seriamente; mas, me puso una cara tan
-cómicamente angustiada al verme, que hube de soltar la risa y tenderle
-la mano. Salimos juntos inmediatamente, y contándole mi historia en el
-camino nos dirigimos al vapor _Martha Wáshington_, en que había
-tomado pasaje la señora, a fin de darla las gracias y prevenirla de mi
-hallazgo, para que no partiese con el temor de que quedase yo aislado.
-En efecto, no bien hube puesto el pie en la espaciosa cámara del buque,
-cuando del extremo opuesto, levantóse la señora que había estado en
-acecho aguardándome, y dirigiéndose hacia mí con disimulo, fingió
-darme la mano, para pasarme ocultamente un bolsillo de oro. Presentéle
-sin aceptarlo la buena pieza que me acompañaba y que había ocasionado
-todas aquellas tragedias, y ambos la dimos un millón de gracias por
-su solicitud; y como si la ingratitud fuera la recompensa de tan
-desinteresado proceder, he olvidado su nombre, habiéndonos separado en
-Cincinnati para no volvernos a ver más.
-
-[8] El monumento está ya en vías de ejecución y asombrosamente
-avanzado, según lo anuncian los diarios. En 1842 ni los cimientos
-estaban indicados aún, pues la presteza de la ejecución es otra de las
-condiciones del arte yankee.--_Nota del autor_, 1850.
-
-[9] Esta idea es muy anterior a la adquisición de California, y la
-de ponerse en contacto con la China y la India, como de los secretos
-móviles populares de la guerra de Méjico, que les trajo aquella
-conquista.--_Nota del autor._
-
-[10] California ha mandado ya sus cuarzos entremezclados de oro.
-
-
-CINCINNATI
-
-De Pittsburg, que no tuve tiempo de examinar, el vapor por 5 pesos
-lleva al viajero a Cincinnati cuatrocientas cincuenta y cinco millas
-Ohio abajo. El magnífico río da nombre al Estado, si bien principia a
-ser navegado desde la Pensilvania. Otra vez he hablado de la riqueza
-de aquel suelo privilegiado, dónde sobre lechos inconmensurables de
-carbón bituminoso, se extienden llanuras de bosques y de cultivo,
-accidentadas por montes que esconden el hierro en sus flancos, y de
-cuyas faldas fluyen canales como el Ohio que se liga al Mississipi y
-sus afluentes, y somete un mundo al alcance de sus manufacturas.
-
-Para darle noticia del progreso asombroso del estado del Ohio, debo
-principiar por el _sicut erat in principio_, es decir, el aspecto
-del país ayer no más. Este estado se extiende unas 40.000 millas
-cuadradas desde la margen del Ohio hasta el lago Erie, al norte. La
-parte sur y este del terreno del Ohio es llano y fertilísimo; el
-resto, accidentado de montículos, encierra valles hermosos, sabanas,
-pantanos, y terreno quebrado. La cantidad de tierras arables se reputa
-en 35.000 millas, el resto es la parte cenagosa, quebrada o estéril.
-Hasta 1840 la parte labrada no pasaba de 12.000 millas. El primer
-establecimiento se hizo en 1788 en Marieta. La población cristiana se
-presentó en el Estado en 1802, en número de 50.000 habitantes. En 1810
-había aumentado a 230.760; en 1820, a 937.679; y en 1840, a más de un
-millón y medio. Hoy tiene más de dos millones. No soy yo ahora quien
-hace esta comparación. Copio de un librejo. “Dícese que el territorio
-de los Estados Unidos es un noveno o cuando más un octavo de la parte
-del continente colonizado por los españoles. Sin embargo, en todas
-aquellas vastas regiones conquistadas por Cortés y Pizarro no pasan de
-dos millones de habitantes de sangre pura española, de manera que no
-sobrepasan en mucho en número a la población del Ohio en medio siglo,
-y quedan muy atrás en riqueza y civilización”. Si la observación no es
-del todo exacta el aumento de población de la América española desde
-aquella época es sin duda infinitamente inferior. Méjico y la República
-Argentina han disminuído el número de sus habitantes; bien es verdad
-que es artículo orgánico de la constitución política de los nuevos
-estados sudamericanos ignorar siempre cuántos bípedos habitan el país.
-Nuestros gobiernos sabrán un día oficialmente cuántas estrellas hay en
-el cielo, como los niños traviesos suelen deshojar una rosa para saber
-cuántos pétalos tiene; pero saber cuál es el número de habitantes de su
-país, _¡fi donc!_ ¡Un gobierno descender a tan mezquinos detalles!
-Toda la organización norteamericana reposa en el censo decenal y en
-el catastro de la propiedad; y hay reglas para calcular cada día el
-aumento de población, y sus resultados tienen certeza administrativa.
-El censo de 1850 está calculado en veinte y dos millones[11]; el de
-1860 en veintinueve; el de 70 en treinta y ocho millones; el de 80 en
-cincuenta millones; el de 1890 en sesenta y tres millones, y el de 1900
-en ochenta millones. Habrá error quizá en un pico de diez o veinte
-millones de más.
-
-El valor de los productos del Ohio ascendió en 1840 a circumcirca de
-veinte millones de duros, entre los cuales figuraban cinco millones
-de cecinas y animales domésticos, y cinco millones de artículos
-manufacturados. Como la población de aquel Estado es aproximadamente la
-que se le atribuye a Chile (porque la verdad es un secreto que Dios se
-reserva entre los inexcrutables de su política _à lui_) juzgará
-usted que Chile ha debido producir veinte millones, todos los años que
-hace que está teniendo millón y medio de habitantes. Es verdad que no
-contentos los habitantes del Ohío con las facilidades que les ofrece
-su río, han abierto siete canales navegables que penetran en el país,
-los cuales producían de beneficio ochenta y ocho mil pesos en 1843,
-y ciento setenta y dos mil seiscientos cincuenta y nueve en 1844,
-esto es, el doble del año anterior, lo que prueba que la cantidad de
-productos había doblado de un año a otro.
-
-Este Estado se halla poblado generalmente por los nuevos inmigrantes
-compuestos de alemanes, irlandeses y otras naciones. Estos labradores
-aumentan en número todos los días, y forman una mayoría sobre los
-yankees _pur sang_, de donde resulta que les ganan siempre las
-elecciones, unidos los extranjeros de origen al partido demócrata.
-Esto desespera a los puritanos, pues que siendo por lo general muy
-ignorantes los europeos, y en gran número católicos de Irlanda, lo que
-no constituye una patente de sapiencia, se oponen a todas las mejoras
-útiles, y se niegan a contribuir para escuelas, canales, caminos,
-mostrando la mayor indiferencia por la llegada de cartas y periódicos,
-“al mismo tiempo, dice un autor, que están siempre dispuestos a dar sus
-votos a los demagogos, que estarían prontos a hundir el país en la más
-violenta carrera de cambios políticos”. Esta coincidencia con ciertos
-países que nosotros conocemos, me hace creer que cuanto más ignorante
-y menos dispuesto a promover las mejoras útiles, es un pueblo, más
-aspira a cambios políticos, como aquellos animales despeados que dejan
-el camino trillado por mejorar, y se meten en la pedrazón y en los
-derrumbaderos.
-
-Para azuzar a estos demócratas indisciplinados hay la _Stump
-oratory_, así llamada por la ocurrencia de algún candidato popular
-de treparse a la copa de un árbol para dirigirse a su rudo auditorio.
-Un viajero inglés refiere en estos términos el discurso que le contó
-uno de estos personajes. “Un labrador que entró en el coche de
-Worcester, habló con vehemencia contra la nueva tarifa, que dijo,
-sacrificaba los agricultores del Oeste a los manufactureros de Nueva
-Inglaterra, quienes querían forzarlos a comprar sus efectos hechizos,
-mientras que las materias primeras de Ohio y del Oeste estaban
-excluídas del mercado de Inglaterra. Elogióme las ventajas de que
-gozaba en los Estados Unidos, compadeciéndose de la masa del pueblo
-inglés, privada de sus derechos políticos y expuesta a la opresión y
-tiranía del rico. Con la mira de distraerlo, le dije que un día antes
-había visto en la ciudad de Columbus, a un ministro predicando en
-idioma welche ante una congregación de trescientas personas; que estos
-y otros pobres labradores irlandeses y alemanes eran ignorantes de
-las leyes e instituciones norteamericanas, y personas sin educación
-alguna, y que cómo se les había de permitir influir y dominar en las
-elecciones como sabía que lo acababan de hacer en Ohio. Sobre este
-tópico me espetó una oración, cuyo tema fué la igualdad de derechos de
-todos los hombres, la división que algunos querían establecer entre los
-antiguos y los nuevos plantadores, la buena política de recibir a los
-inmigrantes cuando la población era escasa, la ventaja de las escuelas
-comunales, y últimamente el mal de dotar universidades, que dijo son
-_un nido de aristócratas_.
-
-Este odio popular contra las universidades no quita que haya, y muy
-bien dotada, una universidad en Atenas, otra en Oxford, otra en
-Willoughly; siete colegios en varias otras ciudades; varios institutos
-teológicos; setenta y cinco academias, y cinco mil doscientas escuelas.
-
-La ciudad principal de este Estado es Cincinnati, cuya población es de
-cincuenta mil habitantes, y está situada en la abertura de un valle
-delicioso formado por colinas que van ascendiendo suavemente hasta la
-altura de trescientos pies, enseñando en sus flancos grupos de árboles
-y aun manchas de bosque. La ciudad está situada en dos terraplenes
-uno más alto que el otro quince a veinte varas. En el desembarcadero
-la playa está cubierta de losas hasta la parte más baja del río, y
-hay muelles cuya superficie sube y baja con la marea. Las calles
-están sombreadas de árboles y muy bien pobladas de edificios. Sus
-comunicaciones con el interior las facilitan canales que la ligan con
-el lago Erie y el canal Wabasch. Hay además, ferrocarriles, caminos
-macadamizados y vecinales. El canal Whitewater se extiende 70 millas
-al interior. Como es bueno saber lo que puede hacerse en treinta años,
-recordaré a usted que esta ciudad fué reconocida tal en 1819 y fundada
-aldea en 1789. De su puerto parte un vapor diario para Pittsburg, y
-otros para San Luis, Nueva Orleans río abajo, también diariamente.
-Diligencias hacen la travesía entre las vecinas ciudades en todas
-direcciones. Hay cuarenta iglesias, un teatro, un museo, una oficina
-de venta de tierras del Estado, cuatro mercados, y un consistorio. La
-ciudad se suple de agua del río, levantada por poderosas máquinas de
-vapor.
-
-Pero lo que más distingue a Cincinnati son el crecido número de
-sociedades literarias, científicas y filantrópicas, de las cuales
-haré a usted breve mención, tanto más que en adelante me abstendré de
-entrar en estos detalles. Me complazco en enumerar los elementos que
-entran en la composición y en la vida de la sociedad americana, aun en
-estos Estados de ayer, porque la comparación puede ser para nuestros
-compatriotas una útil enseñanza. Un viajero inglés, Robertson[12]
-hablando de Corrientes y Entre Ríos, en la República Argentina, dice:
-“Me espanta al contemplar estos bellos países, considerar lo que han
-dejado de hacer los españoles en tres siglos”. La idea es sublime y
-profunda. ¡Lo que no han hecho en tres siglos! Espanta, en efecto. El
-colegio de Cincinnati fundado en 1819 tiene excelentes tierras y un
-hermoso edificio en el centro de la ciudad. El colegio de Woodward y el
-de San Javier, fundado por los católicos, y el seminario presbiteriano
-tiene dieciséis mil volúmenes en sus bibliotecas, dotación y profesores
-correspondientes a los ramos de enseñanza. El colegio de medicina
-del Ohio, fundado en 1825, posee hermosos edificios y está bajo la
-dirección de un consejo de directores; tiene dos mil volúmenes y
-aparatos completos de anatomía, anatomía comparada, cirugía, química
-y materia médica. El colegio de jurisprudencia está relacionado con
-el de Cincinnati. El instituto de mecánica fué creado en 1829 para
-instrucción de mecánicos, y da cursos de artes y ciencias; posee
-importantes aparatos de física y química, una biblioteca y un salón
-de lectura. En una de sus salas se reune la Academia Occidental de
-Ciencias Naturales; en otro salón se tiene una feria anual para fomento
-de las artes y de las manufacturas. Una escuela normal para instrucción
-de maestros fué establecida en 1821.
-
-La biblioteca mercantil para jóvenes dependientes tiene un salón de
-lectura y dos mil volúmenes. La biblioteca de aprendices cuenta mayor
-número de volúmenes. Hay dos asilos católicos, el asilo para huérfanos
-y una casa de pobres. Los establecimientos que no son sostenidos por
-asociaciones espontáneas, costéalos el Estado con rentas especiales
-cobradas para el objeto. En materia de rentas de escuelas la ley obliga
-a contribuir al sostén de las que existen, aun a aquellos pobladores
-que están diseminados entre los bosques. Los poseedores de vastas
-extensiones de territorio desierto están además obligados a contribuir
-a todas las cargas del Estado, y cuando están ausentes y atrasados en
-el pago, el _sheriff_ toma una porción de terreno y la vende en
-pública subasta. De este modo la ley cuida de que los propietarios
-ricos no monopolicen la tierra, esperando sin cultivarla aprovechar del
-valor accesorio y progresivo que le va dando el tiempo. La ocupación de
-este país empezó desde las márgenes del Ohío hacia el Norte. Cuando se
-terminó el canal de Erie, que ponía en comunicación el Ohio con lagos,
-el Hudson, Nueva York y el Atlántico, otro movimiento de población
-comenzó a invadir desde el lago Erie hasta el Sur, quedando un inmenso
-bosque en el centro para dar colocación sucesiva a las generaciones
-venideras, pues la previsión de la ley de hacer pagar su parte de
-impuesto a los poseedores, hace que pocos quieran hacer la adquisición,
-si no es con el ánimo de trabajarlas inmediatamente.
-
-Cincinnati es el emporio de la explotación de los cerdos, y hay una
-clase de sociedad a quien dan el apodo de la aristocracia de los
-puercos, por haberse enriquecido con esta industria. Anualmente se
-salan en los saladeros de Cincinnati doscientos mil puercos, y llegada
-la estación de la cosecha, puéblanse los establos de madera de los
-alrededores y acuden de toda la Unión los compradores de manteca,
-jamones, etc. Apenas es posible creer a qué sumas enormes da origen
-esta industria. Lo más notable es que en Cincinnati los puercos viven
-por millares en las calles sin propietario particular. Los vecinos
-toman uno para engordar en sus casas, los niños se montan en ellos
-si los logran coger, y la policía manda matarlos cuando se propagan
-demasiado. Cincinnati es, pues, el país donde se amarran los perros con
-longaniza y no se las comen.
-
-Cuatro o cinco días pasamos con Arcos en Cincinnati dejándonos llevar
-por el placer de recorrer sus calles y alrededores, visitar su museo,
-y holgarnos en el _far niente_ del turista. En Cincinnati fué
-donde Arcos, viendo a un pacífico yankee que leía su Biblia, sentado
-a la puerta de su tendejón, se paró delante de él, le sacó de la boca
-el cigarro que fumaba, prendió el suyo, volvió a metérselo, y siguió
-su camino sin que el buen hombre hubiese levantado la vista, ni hecho
-otro movimiento que abrir la boca para que le ensartaran el cigarro.
-Paciencia, hermano, en cambio de alguna impertinencia vuestra.
-
-Embarcámonos en un vapor de grandes dimensiones y el tercero que
-descendía el Misisipí desde que se tuvo noticias de que habían ya
-cesado los estragos de la fiebre amarilla, periódica en Nueva Orleans,
-en el verano. De Cincinnati a aquella ciudad hay 1548 millas, que se
-hacen en once días de navegación de vapor, marchando de día y de noche
-sin otros intervalos que los necesarios para cargar leña, o cambiar
-pasajeros en las ciudades y embarcaderos del litoral. Cuatro comidas
-abundantes y opíparas se sirven, contando con el _lunch_; y viaje,
-comida y servicio de once días cuesta quince pesos, algo menos que lo
-que se pagaría por vivir el mismo tiempo en un hotel.
-
-Poco diré a usted de las ciudades a cuyos puertos y muelles va
-sucesivamente atracando el vapor en el trayecto, pues que en ninguna
-permanecimos lo suficiente para conservar ni aun reminiscencia distinta
-de ella. Marieta, Luisville, Roma, Cairo, se suceden de día en día,
-hasta que el país bárbaro, el Far West, empieza, y la escena recobra su
-carácter agreste y semisalvaje.
-
-El viaje del Misisipí es uno de los más bellos y que más duraderos y
-más plácidos recuerdos me haya dejado. El majestuoso río desciende
-ondulando blandamente por el seno del valle más grande que existe en
-la tierra. La escena cambia a cada ondulación, y un ancho moderado
-del más grande de los ríos permite que la vista alcance en esta y la
-otra ribera, a calar por entre la sombría enramada de los bosques, y
-esparcirse en las sabanas y aberturas que hace la vegetación mayor de
-vez en cuando. El encuentro de un vapor es un incidente deseado, por
-la proximidad y rapidez del pasaje, mientras que la vista cae desde
-lo alto de las galerías del palacio flotante, sobre una escuadra de
-angadas que descienden a merced de la corriente cargadas de carbón de
-piedra; se ve más allá un falte o mercachifle que va en su buquecillo
-de vela, vendiendo al detalle por las vecinas aldeas sus chismes y
-baratijas. Descender a las ciudades y aldeas adonde el vapor toca,
-correr por las calles, meternos en una mina, curiosearlo todo, comprar
-manzanas y bizcochos, con el oído atento a la campana que anuncia la
-próxima partida, era regalo y codiciada variante que no dejábamos de
-añadir a nuestras emociones, como nunca dejábamos de saltar sobre un
-barranco, ganar el bosque y correr un rato, mientras el vapor estaba
-cargando leña para quemar en sus hogueras.
-
-Arcos, que había principiado nuestra asociación con una niñada, se
-propuso en aquellos días conquistar mi afecto, haciendo ostentación
-de cuanto salero y jovialidad hay en su carácter, alimentados por
-un inagotable repertorio de cuentos absurdos, ridículos, eróticos,
-tales cuales sólo sabe atesorar la juventud calavera de París o de
-Madrid. Ibamos con esto de zambra y fiesta permanentes, a punto de ser
-conocidos y notados por trescientos pasajeros del vapor.
-
-Servíase a bordo la mesa tres veces para dar abasto a tan crecido
-número de comensales, y como todos se atropellasen para tomar asiento
-en la primera, nos quedamos el segundo día para la segunda, la que
-dejamos el tercero para estar a nuestras anchas, hasta que al fin
-nos arreglamos a comer en la cuarta con los criados, en la que nos
-iba perfectamente, prolongando la sobremesa los dos solos por horas
-como lo habríamos hecho en el _Astor-Hotel_. Gustáronnos
-las melazas que los primeros días sirviéronnos de postre, y como
-faltasen al quinto, reclamamos pidiendo la presencia de las melazas;
-razón por la que un mozo descendía corriendo en los desembarcaderos
-a comprarla en los bodegones vecinos, “para los señores españoles
-que se enferman--decía--si no comen melazas”. Hablábamos recio en
-español en la mesa, y reíamos con tal desenfado que atraíamos en torno
-nuestro un círculo de huasos ya hartos, a vernos comer, gozándose en
-nuestro inextinguible buen humor. Una mañana Arcos la emprendió con un
-bonazo de ministro protestante.--Señor, le decía, ¿de qué profesión
-es usted?--Presbiteriano, señor.--Dígame, ¿cuáles son los dogmas
-especiales de esta creencia? Y el padre procedía bondadosamente a
-satisfacerlo.--Pero Vd., señor, decía Arcos con aire convencido, y como
-si ambos estuvieran de inteligencia, usted no cree nada de eso por
-supuesto. Es Vd. demasiado sensato para poner fe en esas bromas.--Las
-facciones del infeliz sometido a tortura semejante, se contraían como
-cuando nos pisan un callo. El buen clérigo se ponía de todos colores, y
-medio indignado, medio suplicante, hacía profesión de fe solemne de su
-creencia. Pero el implacable y serio burlón le replicaba con un aplomo
-imperturbable:--¡Comprendo, comprendo! Vd. predica y sostiene ante el
-público esas doctrinas; vive Vd. de ello y la dignidad de su carácter
-así lo exige; pero aquí entre nosotros, vamos, yo sé lo que hay en
-plata.
-
-Otra vez estaba rodeado de un grupo de yankees horripilados de
-oírlo, y levantando más y más la voz, para que el escándalo fuese
-mayor.--¡Gobierno, decía, es el del Emperador de Rusia! ¡Eso sí que
-es un gobierno! Cuando un general delinque o desagrada a su soberano,
-¡se le desatan los calzones y se le dan quinientos azotes! ¡Pero
-estas repúblicas! esto es un escándalo y un desorden. ¿Qué significan
-vuestras elecciones, y qué sabe Vd. ni Vd., añadía, dirigiéndose a
-éste o al otro de sus auditores espantados, lo que conviene al Estado,
-cuándo debe hacerse la guerra y cuándo la paz? Al pueblo sólo le toca
-pagar los gastos de la corte del soberano, que gobierna por derecho
-divino...
-
-Y esto dicho con una seriedad y una afectación de estar de ello
-convencido, que aquellos hombres se hacían cruces de oírlo; y pasada
-la tormenta se lo señalaban unos a otros, mostrándolo como a un animal
-extraño, un ruso o un loco peligroso. Todo esto para reír después y
-alimentar la francachela. ¿No se le antoja una vez persuadir a una
-cuarentona llena de colgajos y de colorete, que yo era sobrino de
-Abd-el-Kader que viajaba de incógnito, favoreciendo esta broma la
-circunstancia de ser el único en aquellos parajes que llevara la barba
-entera y la birreta griega? Habíala ya medio persuadido, hablábale en
-español para que ella creyese que era el árabe, exagerando el sonito de
-la J, y se empeñaba en que me pusiese albornoz para completar el chasco.
-
-Más tarde me mostró este joven la parte seria de su carácter, que no es
-menos notable por el buen sentido que lo caracteriza, a lo que se añade
-mucho trato de la sociedad y la rara habilidad de revestir las formas
-populares en lenguaje y porte, cualidades que con su instrucción en
-materias económicas, lo harían un joven espectable si supiese dominar
-las impaciencias de un espíritu impresionable que no contienen ideas
-fijas y sentimientos de moralidad teórica, aunque su conducta sea
-regular. Necesito añadir estas rectificaciones por temor de que sin
-ellas hiciese pasar plaza de truhán en mi narración a un compañero de
-viaje que me acompañó cuatro meses y me prestó amigables servicios.
-
-La vecindad de Nueva Orleáns se deja presentir por alteraciones
-visibles en la materia de la cultura y por la forma de los edificios.
-Divísanse haciendas, y en ellas líneas de casuchas de madera de la
-misma forma y capacidad todas, mostrando que el libre albedrío no
-ha presidido a su construcción. La tierra está dividida en lotes
-más grandes; la población rural aislada desaparece; y las raras
-habitaciones que de cuando en cuando se presentan, asumen formas y
-extensión que acusan la presencia de una aristocracia campestre.
-
-Aquellas casitas iguales son, en efecto, las habitaciones de los
-señores amos. Esta es la aristocracia de las balas de algodón y de las
-bolsas de azúcar, fruto del sudor de los esclavos. ¡Ah, la esclavitud,
-la llaga profunda y la fístula incurable que amenaza gangrenar el
-cuerpo robusto de la Unión! ¡Qué fatal error fué el de Wáshington y de
-los grandes filósofos que hicieron la declaración de los derechos del
-hombre, al dejar a los plantadores del Sur sus esclavos; ¿y por qué
-rara fatalidad los Estados Unidos, que en la práctica han realizado
-los últimos progresos del sentimiento de igualdad y de caridad, están
-condenados a dar las postreras batallas contra la injusticia antigua de
-hombre a hombre, vencida ya en todo el resto de la tierra?
-
-La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solución
-posible; son cuatro millones de negros, y dentro de veinte años serán
-ocho. Rescatados, ¿quién paga los mil millones de pesos que valen?
-Libertos, ¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca?
-En tiempo de Wáshington y treinta años después, el cinismo de la
-teoría no venía a justificar en el ánimo de los amos la codicia de
-la práctica; pero hoy la esclavitud está apoyada en doctrina, porque
-se ha hecho el alma de la sociedad que la explota. Entonces era más
-reducido el número de esclavos, y por tanto más cancelable económica
-y numéricamente. Mientras tanto la esclavitud tiene en los Estados
-yankees genuinos, y éstos son los más ricos, poblados y numerosos,
-antagonistas implacables, fanáticos. El espíritu puritano de igualdad
-y de justicia se eleva en el Norte a la altura de un sentimiento
-religioso. Abominan de ella como de una lepra y de una mancha que
-deshonra a la Unión, y en su ardor predican la cruzada contra los
-réprobos que explotan la abyección de una raza maldecida.
-
-Echámosles en cara a los norteamericanos su perpetuación. ¡Dios mío!
-vale tanto como afligir y humillar las canas del padre virtuoso,
-echándole en cara los desmanes de su hijo pródigo. La esclavitud es
-una vegetación parásita que la colonización inglesa ha dejado pegada
-al árbol frondoso de las libertades americanas. No se atrevieron a
-arrancarla de raíz cuando podaron el árbol, dejando al tiempo que la
-matase, y la parásita ha crecido y amenaza desgajar el árbol entero.
-
-Los estados libres son superiores en número y riqueza a los estados de
-esclavos. En el Congreso, en las leyes no conquistará la esclavitud un
-palmo de terreno más al Norte de la línea que el hecho existente se
-ha trazado. Si la guerra sobreviene, ¿los negros irán a batirse con
-los blancos para evitar que les quiten sus cadenas? ¿Los amos formarán
-ejércitos para guardar sus esclavos? La separación en estados libres y
-en estados esclavos, tan cacareada por los estados del Sur, traería la
-desaparición de la esclavitud. Pero, ¿adónde irían cuatro millones de
-libertos? He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que
-llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de
-la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto
-la raza pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. Una guerra de
-razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra
-atrasada y vil, al lado de otra blanca la más poderosa y culta de la
-tierra.
-
-Desde Pittsburg hasta Nueva Orleáns habíamos atravesado diez estados
-de los que no entraron en la primitiva federación. La ciudad de
-Nueva Orleáns es la capital de la Luisiana, originariamente francesa
-y cuya promiscua población se compone hoy de criollos americanos,
-españoles y franceses. La apariencia de la ciudad desde el puerto es
-magnífica, y los vapores sólo, que están de continuo en sus ancladeros
-por centenares, bastan para revelar la actividad comercial de sus
-habitantes. Puede decirse que el vapor se inventó para el Mississipí.
-Antes de su aplicación a la navegación fluvial, echaban meses y meses
-las raras barcas que remontaban los ríos, como sucede hoy en el Paraná
-y Uruguay; los buques de alta mar cruzaban muchos días en el golfo
-de Méjico acechando la ocasión favorable de tomar la difícil entrada
-del caudaloso río que a muchas leguas de la costa lleva aún su cauce
-en el fondo del mar flanqueado de bancos peligrosísimos. Inventóse,
-empero, el vapor, y bandadas de remolques remolinean en la embocadura
-para lanzarse en el golfo, apenas divisan en el lejano horizonte
-una vela. Millares de vapores recorren el río arriba, dispersándose
-hacia todos los rumbos de horizonte, siguiendo las vías acuáticas
-en que por centenares se subdivide el canal principal a medida que
-se le incorporan ríos tributarios; y cuando el valle del Mississipí
-esté ocupado por el hombre, espantará, sin duda, la masa de productos
-que vendrá a acumularse en Nueva Orleáns, quedando estrecho el canal
-anchuroso que desde aquella ciudad conduce al golfo para la no
-interrumpida procesión de buques que han de ir a desparramarse como
-puñados de granos en la inmensidad del océano, porque el Mississipí es
-la única salida que ofrece un mundo entero.
-
-Desgraciadamente, Nueva Orleáns está incurablemente enferma; la fiebre
-amarilla aparece periódicamente en su recinto todos los años desde
-tal día del año, hasta tal otro, mata a los que no huyen del seno
-de la ciudad, y vuelve a convalecer y restablecer su salud hasta la
-misma época del año siguiente. A una legua de la ciudad la salubridad
-es completa, y ni por contagio alcanza aquel azote periódico. Tenía
-en 1840 ciento dos mil habitantes, número que no aumenta en grandes
-proporciones, no obstante ser el desembarcadero de la emigración
-francesa.
-
-Residimos en Nueva Orleáns diez días hasta contratar pasaje para la
-Habana en un malísimo y pestilente buquecillo de vela, que como la
-falúa del Mediterráneo que me condujo de Mallorca a Argel, llevaba su
-carga de cerdos, con el aditamento de tres o cuatro tísicos moribundos,
-que partían con nosotros camarotes estrechísimos, calientes y llenos de
-telarañas. El mundo norteamericano concluía, y principiábamos a sentir
-con anticipación las colonias españolas adonde nos dirigíamos.
-
-[11] Ha pasado al verificarlo de ventitrés.--_El autor._
-
-[12] _Letters on the Paraguay._
-
-
-
-
- INDICE
-
-
- _Pág._
-
- Domingo F. Sarmiento 4
-
- Estados Unidos 7
-
- Avaricia y mala fe 74
-
- Geografía moral 80
-
- Elecciones 98
-
- Nueva York 118
-
- Canadá 134
-
- Boston 144
-
- Baltimore, Filadelfia 151
-
- Wáshington 156
-
- El Arte Americano 169
-
- Cincinnati 190
-
-
-
-
- Notas
-
-Se corrigieron errores obvios de puntuación e la ortografia. Se
-mantuvieron algunas palabras con o sin acentos como en el texto
-original cuando no se redujo la comprensión.(Obvious errors in
-punctuation and spelling were fixed. Some improperly accented words
-were left as in the original text when it did not impact comprehension.)
-
-Existieron alguna inconsistencia en la ortografía de los nombres de
-lugares o palabras donde parece que el autor tenia la intención de usar
-el nombre en inglés. En estes casos, se corrigió la ortografía a usar la
-correcta en inglés. (There was some inconsistency in the spelling of
-the names of places or words where it seems that the author intended to
-use the name in English. In these cases, the spelling was corrected to
-use the correct one in English.)
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ESTADOS UNIDOS ***
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-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>Estados Unidos</span>, by Domingo Faustino Sarmiento</p>
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-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>Estados Unidos</span></p>
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Domingo Faustino Sarmiento</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: February 6, 2022 [eBook #67348]</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p>
- <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Adrian Mastronardi and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.)</p>
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>ESTADOS UNIDOS</span> ***</div>
-
-<p class="center p0">“LA CULTURA ARGENTINA”</p>
-<hr class="r65" />
-<p class="center p0"><big>DOMINGO F. SARMIENTO</big></p>
-<hr class="r5" />
-<h1 class="space-above">VIAJES<br />
-<small>III</small><br />
-<big>ESTADOS UNIDOS</big></h1>
-
-<hr class="r5" />
-
-<p class="center space-above p0"><span class="figcenter" id="img001">
- <img src="images/001.jpg" class="w5" alt="Publisher logo; imagen del editor" /></span>
-</p>
-
-
-<p class="center space-above p0">ADMINISTRACION:<br />
-VACCARO, Avenida de Mayo 638.&mdash;Buenos Aires<br />
-1922
-</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker" />
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak" id="DOMINGO">DOMINGO F. SARMIENTO</h2>
-</div>
-
-
-<p>Nació en San Juan el 15 de febrero de 1811. Aprendió primeras letras en
-la <i>Escuela de la patria</i>; en 1821 no consiguió una beca para el
-seminario de Loreto, de Córdoba; circunstancias adversas impidiéronle
-continuar sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales, de Buenos
-Aires. En 1826 se dedicó a enseñar los primeros rudimentos del saber a
-los mocetones de San Francisco, en San Luis. Vuelto a San Juan (1872)
-vióse obligado a ganarse el sustento trabajando como dependiente en
-un almacén; en sus momentos libres leyó las cartillas de ciencias y
-artes que estaban allí de venta. Desde esa fecha hasta su muerte vivió
-estudiando y enseñando.</p>
-
-<p>Afiliado al unitarismo, desde 1829, tocóle emigrar a Chile. Allí
-fué maestro de escuela municipal en una aldea, abrió un despacho de
-bebidas, fué dependiente de comercio, trabajó en una mina, hasta
-regresar a San Juan (1837). Tuvo entonces ocasión de ensanchar sus
-conocimientos, y dos años más tarde organizó un colegio y fundó un
-periódico, <i>El Zonda</i>, cuya publicación le costó la cárcel. Emigró
-a Chile en 1840. En Valparaíso fué redactor de <i>El Mercurio</i> y en
-Santiago fundó <i>El Nacional</i>. En 1842 organizó la Escuela Normal
-de Preceptores, de que fué director, sin apartarse del periodismo de
-combate. De 1845 a 1848 viajó por Europa y Estados Unidos, continuando
-a su regreso las tareas educacionales y periodísticas. En 1852 se
-incorporó al ejército de Urquiza, apartándose de éste poco después
-de caer Rosas. Emigró nuevamente, y en Chile rompió su amistad con
-Alberdi, para siempre. Con varia fortuna política fué muchas veces
-diputado, senador, ministro, gobernador de San Juan (1862-1864) y
-Presidente de la República (1868-1874). Fué repetidamente Director y
-Superintendente de Escuelas, provincial y nacional, tocándole sostener
-luchas memorables con los partidos reaccionarios, en defensa de la
-escuela laica.</p>
-
-<p>Su enorme labor escrita (Obras Completas, LII volúmenes) es, en
-grandísima parte, periodística y de oportunidad. Sus obras principales
-son: <i>Facundo</i> (1845), <i>De la educación popular</i> (1848),
-<i>Argirópolis</i> (1850), <i>Recuerdos de Provincia</i> (1850),
-<i>Comentarios de la Constitución</i> (1853), <i>Conflicto y armonías
-de las razas en América</i> (1883), etc.</p>
-
-<p>Su característica fué la lucha por la educación pública. Por el
-número y la variedad de sus iniciativas, no tiene parangón con ningún
-otro americano; su eficacia como agitador de espíritus fué absoluta,
-ejercitando para ello sus dos vocaciones fundamentales: el magisterio y
-el periodismo. Centuplicando su vida en un perenne afán de aprender y
-enseñar, dejó rastro firme en cuantas cosas posó su mano.</p>
-
-<p>El 11 de septiembre de 1888, falleció en el Paraguay, donde fuera en
-busca de remedio a sus achaques. La posteridad, unánime, le ha señalado
-como el más eminente de los argentinos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="ESTADOS_UNIDOS">ESTADOS UNIDOS</h2>
-</div>
-
-
-<p>
-<i>Señor don Valentín Alsina.</i></p>
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-<p class="space-left">Noviembre 12 de 1847.
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-<p>Salgo de los Estados Unidos, mi estimado amigo, en aquel estado de
-excitación que causa el espectáculo de un drama nuevo, lleno de
-peripecias, sin plan, sin unidad, erizado de crímenes que alumbran
-con su luz siniestra actos de heroísmo y abnegación, en medio de los
-esplendores fabulosos de decoraciones que remedan bosques seculares,
-praderas floridas, montañas sañudas, o habitaciones humanas en cuyo
-pacífico recinto reinan la virtud y la inocencia. Quiero decirle
-que salgo triste, pensativo, complacido y abismado; la mitad de mis
-ilusiones rotas o ajadas, mientras que otras luchan con el raciocinio
-para decorar de nuevo aquel panorama imaginario en que encerramos
-siempre las ideas que no hemos visto, como damos una fisonomía y un
-metal de voz al amigo que sólo por cartas conocemos. Los Estados Unidos
-son una cosa sin modelo anterior, una especie de disparate que choca a
-la primera vista, y frustra la espectación pugnando contra las ideas
-recibidas, y no obstante este disparate inconcebible es grande y noble,
-sublime a veces, regular siempre; y con tales muestras de permanencia
-y de fuerza orgánica se presenta, que el ridículo se deslizaría sobre
-su superficie como la impotente bala sobre las duras escamas del
-caimán. No es aquel cuerpo social un ser deforme, monstruo de las
-especies conocidas, sino como un animal nuevo producido por la creación
-política, extraño como aquellos megaterios cuyos huesos se presentan
-aún sobre la superficie de la tierra. De manera que para aprender o
-contemplarlo,<span class="pagenum" id="Page_8">[Pg 8]</span> es preciso antes educar el juicio propio, disimulando
-sus aparentes faltas orgánicas, a fin de apreciarlo en su propia
-índole, no sin riesgo de, vencida la primera extrañeza, apasionarse por
-él, hallarlo bello, y proclamar un nuevo criterio de las cosas humanas,
-como lo hizo el romanticismo para hacerse perdonar sus monstruosidades
-al derrocar al viejo ídolo de la poética romano-francesa.</p>
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-<p>Educados Vd. y yo, mi buen amigo, bajo la vara de hierro del más
-sublime de los tiranos, combatiéndolo sin cesar en nombre del derecho,
-de la justicia, en nombre de la república, en fin, como realización
-de las conclusiones a que la conciencia y la inteligencia humana
-han llegado, <abbr title="Usted">Vd.</abbr> y yo, como tantos otros nos hemos envanecido y
-alentado al divisar en medio de la noche de plomo que pesa sobre la
-América del Sur, la aureola de luz con que se alumbra el Norte. Por
-fin, nos hemos dicho para endurecernos contra los males presentes:
-la república existe, fuerte, invencible; la luz se irradiará hasta
-nosotros cuando el Sud refleje al Norte. ¡Y cierto, la república es!
-Solo que al contemplarla de cerca, se halla que bajo muchos respectos
-no corresponde a la idea abstracta que de ella teníamos. Al mismo
-tiempo que en Norte América han desaparecido las más feas úlceras de
-la especie humana, se presentan algunas cicatrizadas ya aún entre los
-pueblos europeos, y que aquí se convierten en cáncer, al paso que
-se originan dolencias nuevas para las que aún no se busca ni conoce
-remedio. Así, pues, nuestra república, libertad y fuerza, inteligencia
-y belleza; aquella república de nuestros sueños para cuando el mal
-aconsejado tirano cayera, y sobre cuya organización discutíamos
-candorosamente entre nosotros en el destierro, y bajo el duro aguijón
-de las necesidades del momento; aquella república, mi querido amigo,
-es un <em>desiderátum</em> todavía, posible en la tierra, si hay Dios
-que para bien dirige los lentos destinos humanos, si la justicia es un
-sentimiento inherente a nuestra naturaleza, su ley orgánica y el fin de
-su larga preparación.</p>
-
-<p>Si no temiera, pues, que la citación diese lugar a un concepto<span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span>
-equivocado, diría al darle cuenta de mis impresiones en los Estados
-Unidos, lo que Voltaire hace decir a Bruto:</p>
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-<p class="center" xml:lang="fr" lang="fr">Et je cherche ici Rome, et ne la trouve plus!
-</p>
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-<p>Como en Roma o en Venecia existió el patriarcado, aquí existe
-la democracia; la República, la cosa pública vendrá más tarde.
-Consuélenos, empero, la idea de que estos demócratas son hoy en la
-tierra los que más en camino van de hallar la incógnita que dará
-la solución política que buscan a obscuras los pueblos cristianos,
-tropezando en la monarquía como en Europa, o atajados por el despotismo
-brutal como en nuestra pobre patria.</p>
-
-<p>No espere que dé a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> una descripción ordenada de los Estados
-Unidos, no obstante que he visitado todas sus grandes ciudades, y
-atravesado o seguido los límites de veinte y uno de sus más ricos
-Estados. Quiero seguir otro camino. A la altura de civilización a
-que ha llegado la parte más noble de la especie humana, para que una
-nación sea eminentemente poderosa o susceptible de serlo, se requieren
-condiciones territoriales que nada puede suplir permanentemente. Si
-Dios me encargara de formar una gran república, nuestra república <i xml:lang="fr" lang="fr">à
-nous</i>, por ejemplo, no admitiría tan serio encargo, sino a condición
-de que me diese estas bases por lo menos: espacio sin límites conocidos
-para que se huelguen un día en él doscientos millones de habitantes;
-ancha exposición a los mares, costas acribilladas de golfos y bahías;
-superficie variada sin que oponga dificultades a los caminos de hierro
-y canales que habrán de cruzar el estado en todas direcciones; y como
-no consentiré jamás en suprimir lo de los ferrocarriles, ha de haber
-tanto carbón de piedra y tanto hierro, que el año de gracia cuatro mil
-setecientos cincuenta y uno, se estén aún explotando las minas como el
-primer día. La extrema abundancia de madera de construcción sería el
-único obstáculo que soportaría para el fácil descuajo de la tierra;
-encargándome yo, personalmente, de dar dirección oportuna a los ríos
-navegables que habrían de atravesar<span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span> el país en todas direcciones,
-convertirse en lagos donde la perspectiva lo requiriese, desembocar
-en todos los mares, ligar entre sí todos los climas, a fin de que las
-producciones de los polos viniesen en vía recta a los países tropicales
-y vice versa. Luego para mis miras futuras pediría abundancia por
-doquier de mármoles, granitos, pórfidos y otras piedras de cantería,
-sin las cuales las naciones no pueden imprimir a la tierra olvidadiza
-el rastro eterno de sus plantas.</p>
-
-<p>¡País de Cucaña! diría un francés. ¡La ínsula Barataria! apuntaría un
-español. ¡Imbéciles! Son los Estados Unidos, tal cual los ha formado
-Dios, y jurara que al crear este pedazo de mundo, se sabía muy bien
-él, que allá por el siglo XIX, los desechos de su pobre humanidad
-pisoteada en otras partes, esclavizada, o muriéndose de hambre a fin
-de que huelguen los pocos, vendrían a reunirse aquí, desenvolverse
-sin obstáculo, engrandecerse, y vengar con su ejemplo a la especie
-humana de tantos siglos de tutela leonina y de sufrimientos. ¿Por qué
-no descubrieron los romanos aquella tierra eminentemente adaptada para
-la industria que ellos no ejercitaron, para la invasión pacífica del
-colono, y tan pródiga de bienestar para el individuo? ¿Por qué la raza
-sajona tropezó con este pedazo de mundo que tan bien cuadraba con sus
-instintos industriales, y por qué a la raza española le cupo en suerte
-la América del Sur, donde había minas de plata y oro e indios mansos
-y abyectos, que venían de perlas a su pereza de amo, a su atraso e
-ineptitud industrial? ¿No hay orden y premeditación en todos estos
-casos? ¿No hay Providencia? ¡Oh! amigo, Dios es la más fácil solución
-de todas estas dificultades.</p>
-
-<p>Olvidé pedir para mi república, y lo hago aquí para que conste, que se
-me dé por vecinos pueblos de la estirpe española, México por ejemplo, y
-allá en el horizonte, Cuba, un istmo, etc.</p>
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-<p>No soy yo el primero que ha sido sorprendido por éste apropósito de la
-naturaleza en los Estados Unidos. Un compañero de viaje escribía a uno
-de sus amigos de Europa:</p>
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-<p>“No tengo noticia de lugar alguno donde Dios se haya<span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span> sobrepasado a sí
-mismo como aquí. Estaba muy de buen humor, sin duda, cuando bosquejaba
-estos grados 0° a 6° de longitud, Este y Oeste de Wáshington. ¡Esto es
-bello y trazado con soltura! Cada río tiene seis millas de ancho, cada
-lago cuatrocientas por lo menos de circunferencia; por todas partes
-bosques inmensos de árboles en perfecta armonía con el paisaje. Ni una
-sola colina, ni una sola isla árida; vegetación por todas partes, como
-allá en sus montañas de los Pirineos”.</p>
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-<p>En cuanto a la ordenación general de este país, daré a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> algunas
-ligeras nociones. Supóngase un espacio cuadrado de tierra que mida
-dos millones y medio de millas cuadradas, bañados por mares diversos
-hacia el Sur, oriente y occidente. Al Norte un río, salido de una
-cadena de lagos tan capaces como el mar Caspio, sirviéndole de límite,
-y proporcionándole una línea de navegación desde lo más recóndito del
-interior, hasta las costas del Atlántico. Mas como la boca del San
-Lorenzo, que es aquel río término, cae fuera de los límites de los
-Estados, a la altura de Montreal, se dirige hacia el Sur no más ancho
-que un río, al lago Champlain, hasta tocar casi con las fuentes de
-Hudson, que por este medio ofrece al emporio de Nueva York comunicación
-acuática con los lagos y el alto y bajo Canadá.</p>
-
-<p>Como el cuadrado que nos hemos trazado es poco menos grande que la
-Europa, necesitaba en teoría una arteria interior, por donde hubiese
-de circular y penetrar la vida. Para llenar este requisito, desde las
-inmediaciones del lago Erie, se desprende hacia el Sur el Mississipi,
-el más caudaloso río de la tierra, y corriendo en seguida navegable
-por mil quinientas millas, incorpora en su caudal las aguas del Ohio,
-el Arkansas, el Illinois, el Missouri, el Tenessee, el Awash y muchos
-otros que de oriente y occidente, vienen alternativamente arrastrando
-sobre sus turbias ondas los productos de las plantaciones más remotas,
-hasta el Golfo de México. Porque hay esto de notable en la distribución
-de las aguas de Norte América, que las unas se reunen en un inmenso
-receptáculo y marchan al oriente reunidas<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span> en el San Lorenzo: las otras
-se dirigen hacia el Sur, y se aglomeran en el Mississipi, no quedando
-independientes de aquellos dos grandes sistemas de desagüe, sino el
-Hudson, el Potomack y el Susquehanna.</p>
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-<p>Muy bisoños se habrían mostrado los yankees, si no hubiesen completado
-por canales el conocido plan de la Providencia, de manera que las
-mercadería del Canadá tengan camino acuático a Nueva York o a Orleans
-indistintamente, recorriendo para ello una línea de navegación interna,
-mayor que la que la que media entre América y Europa. Por otra parte,
-como un estado americano ha de vivir necesariamente de la exportación
-de sus materias primas, sus cereales y peleterías, su exposición debe
-ser de preferencia al Atlántico; y su necesidad primera, que de todos
-los puntos converjan y concurran sus vías de comunicación a las bocas
-y orificios de aquel inmenso pólipo, cuya simple estructura no ofrece
-sino tubo intestinal y bocas. Pero supóngase que el estado de larva ha
-de pasar por diversas transformaciones, hasta entrar en la familia de
-los animales más perfectos, y dotados de diversos sistemas, sanguíneo,
-nervioso, digestivo, etc.; entonces la vida se hace más complicada, y
-el animal no existe ya para la boca, sino la boca para el animal. La
-vida interna haciéndose más complicada exige vasos secretorios, donde
-se preparen mejor los alimentos; lo que equivale a decir, porque ya la
-alegoría fastidia, que con el exceso de la población y el desarrollo
-de la riqueza, nace una industria nacional, y el estado, sin disminuir
-su movimiento de exportación e importación, adquiere, al fin, una
-vida interna que necesita satisfacer por sí mismo y para sí mismo.
-La China en Asia, la Alemania y la Francia en Europa, dan un ejemplo
-de esta vida interior, que da pábulo a industrias poderosas, y mayor
-acumulación de riquezas. Cuando este caso llegue para los Estados
-Unidos, se concibe que las ciudades del litoral no serán los únicos
-focos de riquezas, pues para promediar las distancias, habrá en el
-centro del Estado, nuevos focos industriales que derramen e irradien a
-los extremos, los productos del trabajo<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span> nacional. Ahora, busque <abbr title="Usted">Vd.</abbr> en
-el mapa de los Estados Unidos un punto a propósito para esta secreción
-interna, reuniendo además las condiciones de viabilidad y abundancia
-de elementos de fabricación, hierro, maderas, carbón, etc. Si <abbr title="Usted">Vd.</abbr> no
-lo encuentra tan pronto, yo se lo indicaré. Hacia lo interior de la
-Pensilvania, los ríos Ohio, Alleghany y Monongahela se reunen para
-dirigirse al Mississipi, la grande arteria que distribuye y concreta
-como hemos visto el movimiento interior.</p>
-
-<p>En la confluencia de estos ríos está situada Pittsburg, que por canales
-artificiales y ferrocarriles comunica con Baltimore en la bahía de
-Chesapeake, Filadelfia, New York, Boston al Norte. Removiendo un
-poco la superficie de la tierra sobre que está fundada Pittsburg,
-se encuentra un manto de carbón de piedra, el cual se extiende unas
-catorce mil millas cuadradas, esto es, un espacio un poco menor que
-la Inglaterra entera. Por todo el país circunvecino y a orillas de
-los ríos, los propietarios pueden bajo el hogar doméstico, abrir una
-boca de mina, para extraer esta substancia, alimenticia de fábricas;
-y en Marieta hemos descendido del vapor y atravesado dos calles de la
-ciudad, entrándonos sin más rodeos en una mina de carbón bituminoso,
-que del interior de una colina sacaban en carretillas de mano, para
-hacerlo derramarse en seguida, hasta sobre la cubierta del buque que
-atracan a la orilla del río a recibirlo. De alli en caravanas de
-angadas informes, que sin velas, ni remos, se abandonan a merced de
-la corriente de los ríos, va el carbón hasta Nueva Orleans, a hacer
-concurrencia ventajosa a la leña que se corta en los inmediatos bosques
-y cuyo precio se regula por el salario diario del leñador. Esto por
-lo que hace al carbón, que en cuanto al hierro se le encuentra en
-igual abundancia por todas partes, y gracias a estas envidiables
-ventajas de posición, Pittsburg se alza hoy en medio de las selvas
-americanas, envuelta en su denso manto de humo hediondo y espeso, que
-la hace llamar ya el Birmingham yankee, y será el Londres futuro, por
-la multitud de sus fábricas, sus algodones, que remontan desde Nueva
-Orleans, para ser allí pintados o tejidos<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span> por mecanismos que avanzan
-en perfección casi siempre a los inventos europeos. Como una muestra
-de lo que puede ser Pittsburg, recordaré que a fines del siglo pasado,
-el territorio adyacente estaba aún en poder de los salvajes; en 1800,
-contenía ya, 45.000 habitantes, y en 1845, montaba la población a dos
-millones.</p>
-
-<p>¡Como la población de los Estados Unidos avanza hacia el Pacífico
-setecientas millas de frente por año, más tarde será necesario un foco
-industrial todavía más adentro, a cuyo fin se ha dispuesto que donde el
-Misouri, que corre unas 1.200 millas, se echa en el Mississipi, y no
-lejos del punto en que de la parte opuesta desemboca el Ohio, haya otro
-depósito de carbón de piedra que, a lo que ha podido averiguarse hasta
-ahora, ocupa un área de cosa de 60.000 millas cuadradas!</p>
-
-<p>Yo no quiero hacer cómplice a la Providencia de todas las usurpaciones
-norteamericanas, ni de su mal ejemplo, que en un período más o menos
-remoto, puede atraerle, unirle políticamente o anexarle, como ellos
-llaman, el Canadá, México, etc. Entonces, la unión de hombres libres
-principiará en el Polo Norte, para venir a terminar por falta de tierra
-en el istmo de Panamá.</p>
-
-<p>Para entonces estarán los lagos en el centro de la unión gigante,
-y para entonces también el Estado de Michigan, envuelto como una
-península por el lago del mismo nombre, el Huron, el Saint-Clair, y
-la base del Erie, podrá dar fructuosa ocupación al enorme depósito de
-carbón que contiene en su centro. En espectación de aquel suceso, y
-por aquellos mares de agua dulce, empieza ya a surgir del haz de la
-tierra, Buffalo, ciudad que sin haber sido aldea siquiera, contaba hace
-un año 30.000 habitantes, y contará hoy 50.000, según los términos de
-la progresión yankee. Un camino de hierro, que desde Albany atraviesa
-sin pretensión alguna cinco grados de longitud, derrama en sus calles
-todos los días una avenida de hombres, que desde Europa, y remontando
-el Hudson, vienen a escogerse, entre los bosques intermediarios, algún
-pedazo de tierra donde fijar una<span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span> nueva familia, como aquellas razas
-de Sem y de Jafet, que partían desde la Babel antigua a repartirse
-entre sí la tierra despoblada. Igual confusión de lenguas entre los
-que llegan; si bien la tierra les imprime la suya a poco andar, y
-como el agua frotando las superficies angulosas de diversas piedras
-conforma los guijarros cual si fueran una familia de hermanos, así,
-reuniéndose, mezclándose entre sí esas avenidas de fragmentos de
-sociedades antiguas, se forma la nueva, la más joven y osada república
-del mundo. ¡Oh! ¡Cuánta verdad tangible hay en los misterios morales
-de nuestra raza; cuántas relaciones íntimas, inevitables, muestran
-las cosas físicas! La libertad emigrada al norte da al hombre que
-llega alas para volar; ruedan torrentes humanos por entre las selvas
-primitivas, y la palabra pasa muda sobre sus cabezas en hilos de
-hierro, para ir a activar a lo lejos aquella invasión del hombre sobre
-el suelo que le estaba reservado; del espíritu envejecido y experto
-sobre la materia inculta aún, y esperando, desde <i xml:lang="la" lang="la">ab initio</i>, que
-se le dé forma. Franklin, como <abbr title="Usted">Vd.</abbr> sabe, fué el primero que tomó en
-sus manos el terrible rayo, y lo explicó al mundo asombrado. Partiendo
-del descubrimiento de Franklin (hablo en el sentido práctico del
-pararrayos, con que él dotó a la humanidad), Volta, Oersted, Alexander,
-Ampere, Arago, habían escrito y tentado mucho sobre la telegrafía
-eléctrica, cuando Morse, norteamericano, hizo sus ensayos mediante los
-30.000 pesos que el congreso de los Estados Unidos dió para costearlos.
-¿No es singular que haya cabido a los Estados Unidos la gloria de
-haber inventado el pararrayos y el éter sulfúrico, para ahorrar dos
-grandes males a la humanidad, e impreso a los movimientos del hombre
-rapideces planetarias, con la aplicación del vapor hecha por Fulton
-y con la telegrafía eléctrica por Morse? En Francia dejé líneas de
-telégrafos de este género en vía de ensayo, de Ruan a París, de París
-a Lille, y esto para el servicio del gobierno. En los Estados Unidos
-había en el momento de mi salida: de Nueva York un círculo que liga con
-Wáshington, Baltimore, Filadelfia, y vuelve a Nueva York, 455 millas;<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span>
-otro anillo que liga a Nueva York, New Haven, Hartford, Springfield,
-Boston, y vuelve a Nueva York, 452 millas. Una línea a Albany que parte
-desde el mismo centro, 150, y de allí extiende un brazo a Buffalo, 250
-millas. Otra a Rochester, 252; otra a Montreal, 205. La diligencia que
-lleva diariamente la correspondencia por toda la Unión recorre 142.295
-millas, y 853 millas describen los canales artificiales. Rodean los
-estados 3.600 millas de mar y 1.200 de lagos. Nueva York sirve de
-puerto de navegación interna de ríos, canales y lagos de 3.000 millas;
-Nueva Orleans a otra de 20.000, subdividida en ríos navegables, y que
-uniéndose por el Mississippi, con los lagos y el San Lorenzo, puede
-producir la más pasmosa línea de circunnavegación interior y fluvial.</p>
-
-<p>La naturaleza había ejecutado las grandes fracciones del territorio
-de la Unión; pero sin la profunda ciencia de la riqueza pública que
-poseen los norteamericanos, la obra habría quedado incompleta. Desde
-Filadelfia a San Luis, como de Buenos Aires a Mendoza, atraviesa el
-estado una gran ruta nacional, porque en este sentido el país no es
-viable por canales, pues los declives de las aguas se inclinan al Sud
-y al Este. Pero del lago Erie, desciende un canal navegable, que,
-uniéndose al Ohio entre Cincinnati y Pittsburg, trae con fletes ínfimos
-los productos del extremo norte del lago superior y del Canadá hasta
-Nueva Orleans. Del extremo este del mismo lago Erie parte otro canal,
-que, después de haberse puesto en contacto por una ramificación con
-el lago Ontario, a la altura de Troya desemboca en el Hudson, y liga
-por agua a Chicago, que está a 14 grados de distancia al occidente,
-con Nueva York y Quebec. Desde Pittsburg parte un canal faldeando los
-montes Alleghanies, que pone en contacto acuático a Filadelfia en
-el Atlántico, con Nueva Orleans en el Golfo de México, describiendo
-una ruta a través del continente, de más de mil leguas. Inútil sería
-detenerse en las líneas de caminos de hierro, que completan en parte
-las de lagos, o se cruzan con ellas, facilitando a cada Estado, a cada
-ciudad y a cada aldea, las comunicaciones<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span> baratas, rápidas, diarias,
-fáciles, al alcance de todas las fortunas, apropiadas a todas las
-mercaderías. Tocqueville ha dicho que los caminos de hierro bajaron de
-un cuarto los costos de transporte. Los canales han abolido casi el
-flete, pues apenas es sensible; y, sin embargo, tal es la afluencia de
-productos, que, estas obras, producen al Estado millones de renta anual.</p>
-
-<p>Del aspecto general del país, o de su arquitectura, como distribución
-de los medios de acción puestos por Dios y utilizados y completados
-por el hombre, pasaré sin transición a la aldea, centro de la vida
-política, como la familia lo es de la vida doméstica. Los Estados
-Unidos están en ella con todos sus accidentes, cosa que no puede
-decirse de nación alguna. La aldea francesa o chilena es la negación
-de la Francia o de Chile, y nadie quisiera aceptar ni sus costumbres,
-ni sus vestidos, ni sus ideas, como manifestación de la civilización
-nacional. La aldea norteamericana es ya todo el Estado, con su gobierno
-civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su
-censo, su espíritu y su apariencia. Del seno de un bosque primitivo,
-la diligencia o los vagones salen a un pequeño espacio desmontado
-en cuyo centro se alzan diez o doce casas. Estas son de ladrillo,
-construido con el auxilio de máquinas, lo que da a sus costados la
-tersura de figuras matemáticas, uniéndolos entre sí con argamasa en
-filetes finísimos y rectos. Levántanse aquéllas en dos pisos cubiertas
-de techumbre de madera pintada. Puertas y ventanas pintadas de blanco,
-sujetan y cierran cerraduras de patente; y <i xml:lang="en" lang="en">stores</i> verdes animan
-y varían la regularidad de la distribución. Fíjome en estos detalles
-porque ellos solos bastan para caracterizar un pueblo y suscitan un
-cúmulo de reflexiones. La primera que me ha embargado al presenciar
-tanta ostentación de riqueza y de bienestar, es la que suministra
-la comparación de las fuerzas productivas de las naciones. Chile,
-por ejemplo, y lo que es aplicable a Chile lo es a toda la América
-española, Chile tiene millón y medio de habitantes. ¿En qué proporción
-están las casas, que de tales<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span> merezcan el nombre, con las familias
-que lo habitan? Pues en los Estados Unidos todos los hombres viven
-en casas, tales como las que he delineado al principio, rodeados de
-todos los instrumentos más adelantados de la civilización, salvo los
-<i xml:lang="en" lang="en">pioneers</i> que habitan aún los bosques, salvo los transeuntes
-que se albergan en inmensos hoteles. De aquí resulta un fenómeno
-económico que apuntaré ligeramente. Supongo que veinte millones de
-norteamericanos habiten un millón de casas. ¿Cuánto capital invertido
-en satisfacer esta sola necesidad? Fabricantes de ladrillos a la
-mecánica han hecho con sus productos fortunas colosales; fábricas
-de cerrajería de patente venden sus obras por cantidades cien veces
-mayores que en cualquiera otra parte del mundo, para servir a menor
-número de hombres. Las estufas de hierro colado que se aplican al uso
-doméstico en todas las aldeas, bastarían a dar movimiento y ocupación
-a las fábricas de Londres; y el avalúo de las casas que habitan los
-norteamericanos en las aldeas, no diré más pobres, porque el término es
-impropio, equivaldría a la riqueza territorial e inmueble de cualquiera
-de nuestros estados.</p>
-
-<p>La cocina, más o menos espaciosa, según el número de individuos
-de la familia, consta de un aparato económico de hierro fundido,
-formando parte de él un servicio completo de cacerolas y de utensilios
-culinarios, todo obra de alguna fábrica que se ocupa de este ramo.
-En algún departamento interior se guardan arados del autor francés
-que los inventó, y el instrumento de agricultura más poderoso que se
-conoce: su reja abre un surco de media vara de ancho; una cuchilla
-movible va rozando las yerbas, y el menor esfuerzo del labrador la
-aparta del encuentro del tronco de un árbol. Su ligera obra de madera
-está constantemente pintada de colorado, y los arneses de los caballos
-que lo tiran son de obra de talabartería, lustrosa siempre y con
-hebillas amarillas y adornos en bronce para ajustarlos. Las hachas de
-la casa son también de patente y de la construcción más aventajada
-que se conoce; pues el hacha es la trompa del elefante del yankee, su
-mondadientes y su dedo,<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span> como entre nosotros el cuchillo, o la navaja
-entre los españoles. Una carretela de cuatro ruedas, ligera como las
-patas de un escarabajo, siempre barnizada y lustrosa como recién sacada
-de la fábrica, con arneses brillantes, completos y tales como no los
-llevan iguales los <i xml:lang="fr" lang="fr">fiacres</i> de París, facilitan la locomoción de
-los habitantes. Una máquina sirve para desgranar el maíz; otra para
-limpiar el trigo; y cada operación agrícola o doméstica, llama en su
-ayuda el talento inventivo de los fabricantes. El terreno adyacente
-a la casa y que sirve de jardín de horticultura, está separado de la
-calle o camino público por una balaustrada de madera, pintada de blanco
-en toda su extensión y de la forma más artística. No se olvide <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que
-estoy describiéndole una pobre aldea que aún no cuenta doce casas,
-rodeada todavía de bosques no descuajados y apartada por centenares
-de leguas de las grandes ciudades. Mi aldea, pues, tiene varios
-establecimientos públicos, alguna fábrica de cerveza, una panadería,
-varios bodegones o figonerías, todos con el anuncio en letras de oro,
-perfectamente ejecutadas por algún fabricante de letras. Este es un
-punto capital. Los anuncios en los Estados Unidos son por toda la Unión
-una obra de arte, y la muestra más inequívoca del adelanto del país.
-Me he divertido en España y en toda la América del Sud, examinando
-aquellos letreros donde los hay, hechos con caracteres raquíticos,
-jorobados y ostentando, en errores de ortografía, la ignorancia supina
-del artesano o aficionado que los formó.</p>
-
-<p>El norteamericano es un literato clásico en materia de anuncios, y una
-letra chueca o gorda, o un error ortográfico expondría al locatario
-a ver desierto su mostrador. Dos hoteles ha de haber por lo menos
-en la aldea para alojamiento de los pasajeros; una imprenta para un
-diario diminuto, un banco y una capilla. La oficina de la posta recibe
-diariamente los periódicos de la vecindad o las grandes ciudades, a que
-están subscriptos los aldeanos; y cartas, paquetes y transeuntes han
-de llegar y salir de ella diariamente; pues el transporte de la mala,
-aún a los puntos más distantes, se hace en vehículos de<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span> cuatro ruedas
-y con comodidades para pasajeros. Las calles, que se van delineando
-a medida que la población crece, tienen como las grandes ciudades,
-treinta varas de ancho, inclusas las aceras de seis varas que deben
-quedar de cada costado, sombreadas por líneas de árboles que desde
-luego plantan. El centro de la calle es, mientras no hay medios de
-empedrarlo, un ciénago en que hozan todos los cerdos de la aldea, los
-cuales ocupan tan encumbrado lugar en la economía doméstica, que sus
-productos en toda la Unión corren parejas con los cultivos de trigo.</p>
-
-<p>Y como es regla que según el nido ha de ser el pájaro, diré una palabra
-sobre el villano. Si es bodegonero, almacenero o de otra profesión
-secundaria, su traje diario se compone de las piezas siguientes: botas
-charoladas, pantalón y frac de paño negro, chaleco de raso ídem,
-corbata de gró, un pequeño casquete o gorrita de paño; y pendiente
-de un cordón negro, un chisme de oro que representa un lápiz o una
-llave. En la punta de este cordón y muy sumido en el bolsillo está la
-pieza más curiosa del traje del yankee. Si <abbr title="Usted">Vd.</abbr> quiere estudiar las
-transformaciones que el reloj ha experimentado desde su invención
-hasta nuestros días, pida <abbr title="Usted">Vd.</abbr> la hora a cuanto yankee encuentre. Verá
-<abbr title="Usted">Vd.</abbr> relojes fósiles, relojes mastodontes, relojes fantasmas, relojes
-guarida de sabandijas, relojes de tres pisos, inflados, con puente
-levadizo y escalera secreta, para descender con linterna a darles
-cuerda. El padrón del reloj de Dulcamara, en el <i>Elixir de Amor</i>,
-emigró con los primeros puritanos, y sus descendientes gozan del
-derecho de ciudadanía, y están alistados en el partido temible de los
-<em>nativistas</em>, que profesan las doctrinas del <em>americanismo</em>
-más exaltado. Cada buque que llega de Europa trae centenares de estos
-emigrantes, los cuales, vendidos a la mejor postura en Nueva York,
-Boston, Nueva Orleans, Baltimore, desde el precio de doce reales para
-arriba, proveen a esta demanda nacional y popular de relojes. Tiene
-el yankee una cartera en el bolsillo, y al acostarse en la cama traza
-a la ligera jeroglíficos que indican el camino que tiene<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span> trazado a
-sus acciones del día siguiente. No se crea que hay exageración en
-esta común distribución de los medios civilizados a las aldeas como a
-las ciudades, y a los hombres de todas clases. Tomo a la ventura las
-villitas más pequeñas, cuya descripción me cae a la mano. Bennington
-contiene un consistorio, una iglesia, dos academias (colegios), un
-banco y cerca de 300 habitantes.</p>
-
-<p>Norwich, en la orilla derecha del Connecticut, contiene varias
-iglesias, un banco y 700 habitantes.</p>
-
-<p>Haverhill tiene un consistorio, un banco, una iglesia, una academia y
-sesenta casas, etc.</p>
-
-<p>Hacia el Oeste, donde la civilización declina, y en el <i xml:lang="en" lang="en">Far West</i>,
-donde casi se extingue, por el desparramo de la población en las
-campañas, el aspecto cambia, sin duda: el bienestar se reduce a lo
-estrictamente necesario, y la casa se convierte en el <i xml:lang="en" lang="en">log house</i>,
-construido en veinticuatro horas, de palos superpuestos y cruzándose
-en las esquinas por medio de muescas; pero aún en estas remotas
-plantaciones, hay igualdad perfecta de aspecto en la población, en el
-vestido, en los modales, y aún en la inteligencia; el comerciante,
-el doctor, el <i xml:lang="en" lang="en">sheriff</i>, el cultivador, todos tienen el mismo
-aspecto. El campesino es padre de familia, es propietario de doscientos
-acres de tierra o de dos mil, no importa para el caso. Sus instrumentos
-aratorios, sus <i xml:lang="en" lang="en">engines</i>, son los mismos, es decir, los mejores
-conocidos; y si acierta a darse en la vecindad un mitin religioso, de
-lo profundo de los bosques, descendiendo de las montañas, asomándose
-por todos los caminos, veráse los campesinos a caballo en grandes
-cabalgatas, con su pantalón y su frac negro, y las niñas con los
-vestidos de los géneros más frescos y las formas más graciosas. A bordo
-de un vapor en una larga navegación, habíame tocado de vez en cuando
-acercarme a un sujeto perfectamente vestido y que se hacía notar por
-el cortés desembarazo de los modales. Una mañana, al acercarnos a una
-ciudad, le ví, no sin sorpresa, sacar de su camarote un caja, templarla
-y comenzar a tocar la llamada, invitando al enganche a los jóvenes<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span> del
-lugar. ¡Era tambor! A veces la cadena del reloj caía sobre el parche
-y embarazaba momentáneamente el juego de los palillos. La igualdad
-es, pues, absoluta en las costumbres y en las formas. Los grados de
-civilización o de riqueza no están expresados como entre nosotros por
-cortes especiales de vestido. No hay chaqueta, ni poncho, sino un
-vestido común y hasta una rudeza común de modales que mantiene las
-apariencias de igualdad en la educación.</p>
-
-<p>Pero aún no es esta la parte más característica de aquel pueblo: es su
-aptitud para apropiarse, generalizar, <em>vulgarizar</em>, conservar y
-perfeccionar todos los usos, instrumentos, procederes y auxilios que la
-más adelantada civilización ha puesto en manos de los hombres. En esto
-los Estados Unidos son únicos en la tierra. No hay rutina invencible
-que demore por siglos la adopción de una mejora conocida; hay por el
-contrario una predisposición a adoptar todo. El anuncio hecho por un
-diario de una modificación en el arado, por ejemplo, lo transcriben
-en un día todos los periódicos de la Unión. Al día siguiente se habla
-de ello en todas las plantaciones, y los herreros y fabricantes han
-ensayado en doscientos puntos de la Unión esta práctica. Id a hacer o a
-esperar cosa semejante en un siglo en España, Francia o nuestra América.</p>
-
-<p>El diccionario de Salvá, porque el de la Academia no hace fe hoy, dice,
-definiendo la palabra <i>civilización</i>, que es “aquel grado de
-cultura que adquieren pueblos y personas, cuando de la rudeza natural
-pasan al primor, elegancia y dulzura de voces y costumbres propio de
-gente culta”. Yo llamaría a esto <em>civilidad</em>; pues, las voces
-muy relamidas, ni las costumbres en extremo muelles, representan la
-perfección moral y física, ni las fuerzas que el hombre civilizado
-desarrolla para someter a su uso la naturaleza.</p>
-
-<p>Después de las aldeas de los Estados Unidos, llama de preferencia
-la atención del viajero el movimiento de los caminos que las unen
-entre sí, ya sean carriles, macadamizados, ferrocarriles o ríos
-navegables. Si Dios llamara repentinamente a<span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span> cuentas al mundo,
-sorprendería en marcha, como a las hormigas, a los dos tercios de
-la población norteamericana, de donde resulta lo mismo que he dicho
-de los edificios; pues viajando todos, no hay empresa imposible ni
-improductiva en materia de viabilidad. Ciento veinte leguas de camino
-de hierro se hacen en veinticuatro horas desde Albany hasta Buffalo
-por doce pesos; y por quince, inclusas cuatro opíparas y suculentas
-comidas diarias, dos mil doscientas millas de navegación de vapor en
-diez días, desde Cincinnati hasta Nueva Orleans, por los ríos Ohio o
-Mississippi. El vapor o el convoy del ferrocarril atraviesa bosques
-primitivos, entre cuyas enramadas, obscuras y solitarias, teme el
-viajero meditabundo ver aparecer el último resto de las tribus salvajes
-que no hace diez años llamaban a aquellos parajes las cacerías de sus
-padres.</p>
-
-<p>La concurrencia de los pasajeros permite la baratura del pasaje; y
-la baratura del pasaje tienta a viajar a los que no tienen objeto
-preciso para ello; el yankee sale de su casa a respirar un poco de
-aire, a tomar un paseo, y hace de ida y vuelta cincuenta leguas en un
-vapor o un convoy, y vuelve a continuar sus ocupaciones. Cuando el
-ojo certero de la industria descubre un trayecto de ferrocarril, una
-asociación lo abre lo suficiente para indicar la vía; de los árboles
-volteados se hacen las líneas del futuro ferrocarril, poniéndoles
-sobrepuestas planchuelas delgadas de hierro. El convoy se lanza con
-tiento al principio, equilibrándose, aquí caigo, allí levanto sobre
-esta peligrosa vía; los pasajeros llueven de todas partes y con los
-productos que dejan, se construye entonces el verdadero camino, nunca
-seguro, por no hacerlo costoso, lo que no aumenta en mucho el número de
-desgracias. El convoy es siempre cómodo, espacioso, y si los cojines
-no son tan muelles como los de la primera clase en Francia, no son
-tampoco tan estúpidamente duros como los de segunda en Inglaterra;
-pues en los Estados Unidos, no habiendo sino una clase en la sociedad,
-la cual la forma <em>el hombre</em>, no hay tres y aún cuatro clases
-de vagones, como sucede en Europa. Pero, donde el lujo y la grandeza
-norteamericanas<span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span> se ostentan sin rival en la tierra, es en los vapores
-de los ríos del norte. Cloacas o cáscaras de nuez parecerían a su lado
-los que navegan en el Mediterráneo. Son palacios flotantes de tres
-pisos, con galerías y azoteas para pasearse. Brilla el oro en los
-capiteles y arquitrabes de las mil columnas que, como en el <i>Isaac
-Newton</i>, flanquean cámaras monstruos, capaces de contener en su seno
-al senado y cámara de diputados. Colgaduras de damasco artísticamente
-prendidas disimulan los camarotes para quinientos pasajeros, comedores
-colosos con mesa sin fin de caoba bruñida y servicio de porcelana y
-plata para mil comensales. Puede este buque recibir dos mil pasajeros;
-tiene 750 lechos, 200 camarotes independientes; mide 341 pies de largo,
-85 de ancho, y carga además 1.450 toneladas.</p>
-
-<p>El vapor <i>Hendrick</i> mide 341 pies de largo y 72 de ancho; tiene
-150 camarotes independientes; 600 lechos con colchones de pluma, dando
-<i xml:lang="en" lang="en">accommodations</i> en general para dos mil pasajeros, todo por un
-dólar, corriendo la distancia de 144 millas. Un habitante de Nueva York
-va a Troya o Albany en la noche; habla por la mañana del día siguiente
-con su corresponsal, y en la tarde está en Nueva York de regreso, a
-vacar de las ocupaciones del día, habiendo hecho en la interrupción
-de diez o doce horas de tiempo hábil, cien leguas de camino. El
-sudamericano que acaba de desembarcar de Europa, donde se ha extasiado
-admirando los progresos de la industria y el poder del hombre, se
-pregunta atónito al ver aquellas colosales construcciones americanas,
-aquellas facilidades de locomoción, si realmente la Europa está a la
-cabeza de la civilización del mundo. Marinos franceses, ingleses y
-sardos, he visto expresar sin disimulo su asombro de encontrarse tan
-pequeños, tan atrás de este pueblo gigantesco.</p>
-
-<p>Hay en aquellos buques del Hudson un <i xml:lang="la" lang="la">sancta sanctorum</i>, en cuyo
-recinto no penetra el ojo del profano, una morada misteriosa, de
-cuyas delicias puede cuando más tenerse sospechas por las bocanadas
-de perfumes que se escapan al abrirse momentáneamente la puerta.
-Los norteamericanos se han creado<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span> costumbres que no tienen ejemplo
-ni antecedentes en la tierra. La mujer soltera, o el <em>hombre de
-sexo femenino</em>, es libre como las mariposas hasta el momento de
-encerrarse en el capullo doméstico para llenar con el matrimonio sus
-funciones sociales. Antes de esta época viaja sola, vaga por las calles
-de las ciudades y mantiene amoríos castos a la par que desenvueltos
-a la luz del público, bajo el ojo indiferente de sus padres. Recibe
-visitas de personas que no se han presentado a la familia, y a las dos
-de la mañana vuelve de un baile a su casa acompañada por aquel con
-quien ha valseado o polkeado exclusivamente toda la noche. Los buenos
-puritanos de sus padres la hacen bromas a veces con el tal, de cuyos
-amores han sido instruídos por la voz pública, y la taimada se complace
-en derrotar las conjeturas, desmintiendo la evidencia.</p>
-
-<p>Después de dos o tres años de <em>flirtear</em>, este es el verbo
-norteamericano, bailes, paseos, viajes y coqueterías, la niña de la
-historia, en el almuerzo y como quién no quiere la cosa, pregunta a
-sus padres si conocen a un joven alto, rubio, maquinista de profesión,
-que suele venir a verla, de vez en cuando, todos los días. Hacía un
-año que estaban esperando esta introducción. El desenlace es que hay
-en la familia un enlace convenido, de que se da parte a los padres
-la víspera, los cuales ya lo sabían por todas las comadres de la
-vecindad. Celebrado el desposorio, los novios toman en el acto el
-próximo camino de hierro, y salen a ostentar su felicidad por bosques,
-villas, ciudades y hoteles. En los vagones se las ve siempre a estas
-encantadoras parejas de jóvenes de veinte años, abrazados, reposándose
-el uno en el seno del otro, y prodigándose caricias tan expresivas que
-edifican a todos los circunstantes, haciéndoles formar el propósito
-de casarse inmediatamente, aún a los más contumaces solterones. No
-puede hacerse en términos más insinuantes que esta exposición al aire
-libre de las embriagueces matrimoniales, la propaganda del casamiento.
-Debido a esto es que el yankee no llega nunca<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span> a la edad de veinte
-y cinco años sin tener ya una familia numerosa; y yo no me explico
-de otro modo la asombrosa propagación de la especie en aquel suelo
-afortunado. En 1790 la población constaba de cerca de cuatro millones;
-1800, cinco millones; 1810, siete millones; 1820, nueve millones; 1830,
-doce millones; 1840, diez y siete millones; 1850, contará veinte y tres
-millones. La inmigración influye en estas cifras; pero en proporciones
-limitadas. El inmigrante no es un animal prolífico, hasta que ha
-recibido el baño yankee.</p>
-
-<p>Volviendo, pues, a los millares de novios que andan enardeciendo y
-vivificando la atmósfera con sus hálitos de primavera, los vapores del
-Hudson y de otros ríos clásicos les tienen preparados departamentos
-<i xml:lang="la" lang="la">ad hoc</i>. ¡Llámase este recinto la <em>cámara de la novia</em>!
-Vidrios de colores esmaltados imprimen a la discreta luz que penetra
-en ella, todos los suaves colores del iris; lámparas rosadas arden
-por la noche; y de noche y de día el perfume de las flores, las aguas
-odoríferas y los aromas que se queman aguzan la sed de placer que
-consume a sus escogidos moradores. Las fábricas de París no han creado
-damascos ni muselinas suficientemente costosas, para envolver entre sus
-sueltos pliegues y bajo techumbres doradas las legítimas saturnales
-de la <em>cámara de la novia</em>. Después de haber visto la cascada
-del Niágara, bañándose en las fuentes termales de Saratoga, pasado
-en revista cien ciudades y recorrido mil leguas de país, los novios
-vuelven, después de quince días, extenuados, maravillados y contentos,
-a aburrirse santamente en el hogar doméstico. La mujer ha dicho adiós
-para siempre al mundo, de cuyos placeres gozó tanto tiempo con entera
-libertad; a las selvas frescas de verdura, testigos de sus amores, a
-la cascada, a los caminos y a los ríos. En adelante, el cerrado asilo
-doméstico es su penitencia perpetua; el <i xml:lang="en" lang="en">roastbeef</i> su acusador
-eterno; el hormigueo de chiquillos rubios y retozones, su torcedor
-continuo; y un marido incivil, aunque <i xml:lang="en" lang="en">good natured</i>, sudón de día
-y roncador<span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span> de noche, su cómplice y su fantasma. Atribuyo a aquellos
-amores ambulantes en que termina el <em>flirteo</em> americano, la
-manía de viajar que distingue al yankee, de quien puede decirse que
-nace viajero. El furor de viajar crece en proporciones espantosas año
-por año. Los productos de todas las obras públicas, ferrocarriles,
-puentes y canales en los diversos estados, en 1844, comparados con
-los de 1843, mostraron un aumento de cuatro millones de dóllars; lo
-que hizo subir en solo aquel año de ochenta millones el valor de los
-trabajos, computando el rédito al cinco por ciento. Sabe de memoria
-todas las distancias, y a la vista de una ciudad, en los vagones o en
-los vapores, hay un movimiento general de echar mano a la faltriquera,
-desdoblar el mapa topográfico de los alrededores y señalar con el dedo
-el punto de la cuestión. Una sola casa de Nueva York ha vendido en diez
-años millón y medio de atlas y mapas para el uso popular. Es seguro
-que en París no hay ninguna que haya hecho emisión igual para proveer
-al mundo entero. Cada estado tiene su carta geológica, que muestra la
-composición del suelo y los elementos explotables que contiene; cada
-condado su carta topográfica en diez ediciones diversas de todos los
-tamaños y de todos los precios. Apenas se tiró el primer cañonazo en
-la frontera mejicana, la Unión fué inundada por millones de mapas de
-Méjico, en los cuales el yankee traza los movimientos del ejército,
-da batallas, avanza, toma a la capital y se estaciona allí, hasta que
-las nuevas noticias venidas por el telégrafo, lo orientan sobre la
-verdadera posición de los ejércitos, para hacerlos marchar de nuevo,
-con el dedo puesto en el mapa y a fuerza de conjeturas y cálculos,
-lo pone <em>a la hora de ésta</em> dentro de la ciudad de Méjico. Los
-mejicanos pueden ir a recibir lecciones de los leñadores yankees sobre
-la topografía, producciones y ventajas del país que sin conocer habitan.</p>
-
-<p>Pero continuemos un poco describiendo la fisonomía<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span> de los caminos. En
-los lagos y en otros ríos de mayor longitud que el Hudson, los vapores
-se acercan a los barrancos en puntos determinados, para renovar su
-provisión de leña, operación que se hace en menos tiempo que el cambio
-de mulas en las postas españolas o la renovación de pasajeros. Del
-centro de un bosque secular y por sendas apenas practicables, vese
-salir una familia de señoras en <i xml:lang="fr" lang="fr">toilette</i> de baile, acompañadas
-por caballeros vestidos del eterno frac negro, variado a veces por un
-paletó, y cuando más un anciano con <em>surtú</em> de terciopelo a la
-puritana; cabellos blancos y largos hasta los hombros, a lo Franklin,
-y sombrero redondo de copa baja. El carruaje que los conduce es de la
-misma construcción y tan esmeradamente barnizado como los que circulan
-en las calles de Washington. Los caballos con arneses relucientes,
-pertenecen a la raza inglesa, que no ha perdido nada de su esbelta
-belleza ni de su árabe conformación al emigrar al nuevo mundo; porque
-el norteamericano, lejos de barbarizar como nosotros los elementos que
-nos entregó al instalarnos colonos la civilización europea, trabaja por
-perfeccionarlos más aún y hacerles dar un nuevo paso. El espectáculo
-de esta <em>decencia</em> uniforme, y de aquel bienestar general, si
-bien satisface el corazón de los que gozan en contemplar a una porción
-de la especie humana, dueña en proporciones comunes a todos, de los
-goces y las ventajas de la asociación, cansa, al fin, la vista por su
-monótona uniformidad; desluciendo el cuadro, a veces, la aparición de
-un campesino con vestidos desordenados, levita descolorida y sucia, o
-frac hecho harapos, lo que trae a la memoria del viajero el recuerdo
-de los mendigos españoles o sudamericanos, de tan ingrata apariencia.
-No hermosean el paisaje, por ejemplo, aquellos trajes romanescos de la
-campiña de Nápoles; el sombrero con pluma empinada de las aguadoras
-de Venecia; la mantilla de las manolas sevillanas; ni las vestiduras
-recamadas de oro de las judías de Argel u Orán. ¡La Francia misma,<span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span> que
-manda a todos los pueblos el despótico decreto de sus modas, entretiene
-al viajero con las cofias de las mujeres de campaña, invariables y
-características en cada provincia, llegando en las inmediaciones de
-Burdeos a asumir la aterrante altura de dos tercios de vara sobre la
-cabeza, como aquellas peinetas formadas de la concha de un galápago
-entero, que llenas de orgullo llevaron en un tiempo las damas de Buenos
-Aires; analogía que unida a los pabellones y espuelas chilenos, me ha
-hecho sospechar que el espíritu de provincia, de aldea, es por todas
-partes fecundo en cosas abultadas!</p>
-
-<p>Una paisanota de los Estados Unidos se conoce apenas por lo sonrosado
-de sus mejillas, su cara redonda y regordeta y el sonreir candoroso y
-<i xml:lang="fr" lang="fr">hébété</i> que la distingue de las gentes de las ciudades. Fuera de
-esto y un poco de peor gusto y menos desenfado para llevar la cachemira
-o la manteleta, las mujeres norteamericanas pertenecen todas a una
-misma clase, con tipos de fisonomía que por lo general honran a la
-especie humana.</p>
-
-<p>En este viaje que con usted, mi buen amigo, ando haciendo por todas
-partes en los Estados Unidos, ya sea que nos paseemos en las galerías
-o sobre la cubierta de los vapores, ya sea que prefiramos el más
-sedentario vehículo de los ferrocarriles, al fin hemos de llegar, no
-diré a las puertas de una ciudad, frase europea y que está indicando
-las prisiones de que están circundadas, sino al desembarcadero, desde
-donde, con trescientos pasajeros más, iremos a <em>acuartelarnos</em>
-en uno de los magníficos hoteles cuyas carrozas con cuatro caballos
-y domésticos elegantes, si no queremos seguir a pie la procesión con
-nuestro saco de viaje bajo el brazo, nos aguardan a la puerta. Al
-acercarse el vapor en que descendía el Mississipí, volviendo una de las
-semicirculares curvas que describe aquella inmensa cuanto quieta mole
-de agua, nos señalaron en el horizonte, dominando masas escalonadas de
-bosques matizados por el otoño y<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span> a cuya base se extienden en líneas
-de esmeralda las dilatadas plantaciones de azúcar, la cúpula de San
-Carlos, consoladora muestra, después de 700 leguas de agua y bosque,
-de la proximidad de Nueva Orleáns; y aunque el aspecto del paisaje
-circunvecino no favorece la comparación, la vista de aquella lejana
-cúpula me trajo a la memoria la de San Pedro en Roma, que se divisa
-desde todos los puntos del horizonte como si ella sola existiese allí;
-mostrándose tan colosal a veinte leguas, como no se la cree cuando es
-considerada de cerca. Por fin, iba a ver en los Estados Unidos una
-basílica de arquitectura clásica y de dimensiones dignas del culto.
-Alguien nos preguntó si teníamos hotel para nuestro alojamiento,
-indicándonos el de San Carlos, como el más bien servido. Desde la
-cúpula, añadió, podrán ustedes tener al salir el sol el panorama más
-vasto de la ciudad, el río, el lago y las vecinas campiñas. El San
-Carlos que alzaba su erguida cabeza sobre las colinas y bosques de los
-alrededores, el San Carlos que me había traído la reminiscencia de San
-Pedro en Roma, ¡no era más que una fonda!</p>
-
-<p>He aquí el pueblo rey que se construye palacios para reposar la cabeza
-una noche bajo sus bóvedas; he aquí el culto tributado al hombre, en
-cuanto hombre, y los prodigios del arte empleados, prodigados para
-glorificar a las masas populares. Nerón tuvo su Domus Aurea; ¡entre los
-romanos, los plebeyos tenían sus catacumbas tan sólo para abrigarse!</p>
-
-<p>Nuestra admiración en nada disminuyó al acercarnos a la base del
-soberbio palacio que envidiaran muchos príncipes europeos, y que
-en los Estados Unidos, a excepción del Capitolio de Wáshington,
-monumento alguno civil o religioso le es superior en dimensiones y
-buen gusto. Sobre una subconstrucción de granito, destinada a bodegas
-y almacenes, se alza un basamento de mármol blanco, que sirve de base
-a doce columnas estriadas de orden compósito, y<span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span> seis de las cuales,
-avanzándose sobre el plan general, sostienen un bellísimo frontón. El
-lienzo de las murallas que a ambos lados continúan el frontispicio,
-contiene entre la altura correspondiente a la que media entre el
-basamento y el arquitrabe de las columnas, cuatro órdenes de pisos,
-conservando, sin embargo, sus ventanas proporciones arquitectónicas.
-Debajo del pórtico formado por el frontón está la estatua de Wáshington
-jupiterino, que guarda la entrada, la cual conduce a una espaciosa
-rotonda, pavimentada de mármol, y que corresponde a la gran cúpula que
-reposa sobre ella. En este espacioso recinto están distribuídas mesas
-recargadas de colecciones de periódicos de toda la Unión y los de
-Europa de quince días anteriores.</p>
-
-<p>Las oficinas de la contaduría de la casa ocupan el frente; escalas
-soberbias se enroscan en el aire sobre sí mismas cual serpientes de
-bronce, para dar ascenso en todas direcciones a las habitaciones
-superiores, hasta la misma cúpula, rodeada de una galería de columnas
-corintias, en que termina el monumento. Profusa y ordenada turba de
-sirvientes están prontos a obedecer la menor indicación del viajero; y
-una chimenea que puede contener una tonelada de carbón de piedra, le
-entretiene y conforta en el invierno, mientras se registra su nombre
-en el gran libro, siempre abierto para este fin, y se le señalan
-habitaciones a donde transportar su equipaje. Una iluminación de gas
-poderosa distribuye por mil picos esparcidos en todo el ámbito del
-edificio torrentes de luz solar. A la izquierda se extiende hacia el
-fondo de la construcción el comedor, rodeado de columnas, alumbrado
-por arañas colosales de bronce, y suficientemente ancho para contener
-tres mesas de caoba que corren paralelas a lo largo del salón una
-distancia de algo menos de media cuadra. Setecientos comensales
-se reunen en torno de estas mesas en el invierno, época de mayor
-actividad y concurrencia en Nueva Orleans. El interior del edificio
-corresponde en lujo<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span> a estas colosales exterioridades. Mi compañero de
-viaje, dominado por ideas sociales de un orden superior, se había en
-conversaciones anteriores, mostrado punto menos que indiferente sobre
-las ventajas de este o el otro sistema de gobierno. Pero, al recorrer
-las calles internas que dan comunicación a centenares de habitaciones,
-decoradas éstas con todas las gradaciones de lujo que pueden exigir
-la condición diversa de los huéspedes, y que según él, se extendían a
-distancias fabulosas, estoy convertido, me decía, por la intercesión
-de San Carlos; ahora creo en la república, creo en la democracia,
-creo en todo; perdono a los puritanos, aun aquel que comía salsa de
-tomate crudo con la punta del cuchillo y antes de la sopa. ¡Todo debe
-perdonársele, sin embargo, al pueblo que levanta monumentos a la sala
-de comer, y corona con una cúpula como ésta la cocina!</p>
-
-<p>El San Carlos, no obstante ser el San Pedro de los hoteles, no es por
-eso ni el más espacioso ni el más sólido de los palacios populares,
-si bien ha costado 700.000 duros su construcción. Cada gran ciudad de
-los Estados Unidos se envanece de poseer dos o tres hoteles monstruos,
-que luchan entre sí en lujo y <i xml:lang="en" lang="en">comfort</i>, menudeando al pueblo a
-precios ínfimos. El <i>Astor-Hotel</i> en Nueva York es una soberbia
-construcción en granito que ocupa con su mole un costado de la plaza
-de Wáshington; y en ninguno de los templos que abundan en aquella
-ciudad se han invertido mayores sumas. Después que he visitado los
-Estados Unidos, y visto los resultados obtenidos allí espontáneamente,
-me he formado una rara preocupación, y es que para saber si una
-máquina, un invento, o una doctrina social es útil y de aplicación o
-desenvolvimiento futuro, se ha de poner a prueba en la piedra de toque
-de la espontánea aplicación de los yankees. Los hoteles hacen hoy un
-papel primordial en la vida doméstica de las naciones. Los pueblos
-estacionarios, como la España y sus derivados, no necesitan hotel,<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span>
-bástales el hogar doméstico; en los pueblos activos, con vida actual,
-con porvenir, el hotel estará más arriba que toda otra construcción
-pública. Hace cien años el hotel se conocía apenas en París, y no lo
-era en todo el resto de la Europa. Hace 40 años que Fourier basaba su
-teoría social en cuanto a habitaciones, en el falansterio, o el hotel,
-capaz de contener dos mil personas, proporcionándoles comodidades
-que no puede obtener la familia aislada en el hogar doméstico. La
-prueba de que Fourier no andaba errado, es el hotel norteamericano,
-que siguiendo la simple impulsión de conveniencia, ha tomado ya la
-forma monumental y dimensiones punto menos que falansterianas. Las
-iglesias cristianas subdivididas en sectas en los Estados Unidos, de
-catedrales que eran antes, han descendido a capillas. Las flechas
-del templo bajan a medida que las creencias se subdividen, mientras
-que el hotel hereda la cúpula del tabernáculo antiguo, y toma las
-formas de las termas de los emperadores, donde la importancia del
-individuo ha llegado a la altura de la democracia norteamericana. La
-arquitectura religiosa continúa secándose y marchitándose, al paso
-que la arquitectura popular improvisa en todos los Estados Unidos,
-formas, dimensiones y ordenanzas que acabarán por serle peculiares.
-El banco americano es una construcción sólida como la caja de hierro,
-con frontis jónico, y si no es jónica la construcción, es egipcia.
-¿Por qué caen los yankees en estos órdenes tan macizos, para encerrar
-la caja de hierro? Sobre todos los monumentos americanos se alza un
-pararrayos; y domina ya el uso arquitectónico de poner en la cúspide de
-las cúpulas, a guisa de pináculo, la estatua de Franklin, sosteniendo
-el pararrayos. ¡Ya tenemos, pues, un Mercurio, encargado de guardar
-el asilo doméstico, o una Santa Bárbara abogada contra rayos! Si los
-americanos no han creado, pues, un orden de arquitectura, tendrán,
-por lo menos, aplicaciones nacionales, carácter y forma sugeridos
-por las instituciones políticas y sociales, como ha sucedido con
-todas<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span> las arquitecturas que nos ha legado la antigüedad. Una rara
-confusión reina hoy en Europa sobre la aplicación de las bellas
-artes. El restablecimiento y reparación de las catedrales góticas, ha
-seguido al movimiento de la literatura llamada romántica. El panteón
-creado por la República francesa ha quedado acéfalo, como si esperara
-aún tiempos mejores para llenar su objeto. El templo de la gloria
-edificado por Napoleón, la construcción más griega, más olímpica que
-vieron nunca romanos o franceses, es hoy el templo de la Magdalena,
-cuya arquitectura risueña y plácida parece burlarse de las lágrimas
-de la arrepentida Loreta de Jerusalén; y las imágenes de la virgen y
-de los santos han ido a confundirse en los museos, y tenerse hombro
-con hombro con las estatuas de los dioses paganos, o las desnudeces
-de la pintura profana, en Roma, Londres, Dresde, o Florencia. En los
-Estados Unidos las formas exteriores se apropian a los objetos del
-culto, perdóneme la expresión. El Banco en jónico; el hotel en corintio
-a veces, y monumental siempre, y el inventor del pararrayos tiene ya
-su puesto elevado y su función arquitectónica, y hasta el piñón de la
-arquitectura romana ha sido prolongado, para hacer de él la imagen de
-la mazorca de maíz, símbolo de la agricultura americana.</p>
-
-<p>En cuanto a la distribución interior del grande hotel, nada de más
-normal que la ordenanza común a todos estos establecimientos. A la
-entrada un pórtico, que contiene las oficinas de administración. Un
-registro en que el huésped entrante inscribe su nombre, y a cuyo
-margen el oficinista anota el número 560, o 227, que es el de la
-cámara que se le destina, y cuya campanilla, como todas las de la
-casa, cae en cerradas hileras a la misma oficina. En el vestíbulo
-están fijados todos los carteles de la ciudad para conocimientos del
-viajero. La representación teatral, el <i xml:lang="en" lang="en">meeting</i>, el sermón
-del día, los vapores que parten, el movimiento de<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span> los caminos de
-hierro, etc. En un salón inmediato está el gabinete de lectura que
-contiene los principales diarios de la Unión y las últimas fechas de
-Europa. Un salón de fumar, y cuatro o cinco salas de conversación y
-de recibo, completan por esta parte las comodidades públicas de la
-casa. Baños termales están a toda hora a disposición de los huéspedes.
-Las señoras tienen igualmente sus salones de recibo y de tertulia,
-decorados con gracia y lujo. Dos o tres pianos entran en el material
-de estos establecimientos. A las 7 y media de la mañana la vibración
-insoportable del <em>hong-hong</em> chino, recorriendo todas las galerías de
-comunicación, avisa a los habitantes que es llegada la hora de ponerse
-de pie. A las ocho nuevo y más prolongado rumor anuncia estar el
-almuerzo servido. La turbamulta de los conventuales acude, se precipita
-de cada una de las avenidas, hacia la entrada del inmenso refectorio.
-Aquí principia a mostrarse la vida de este pueblo tan serio cuando
-ríe como cuando come. Donde todos los hombres son iguales al último
-individuo de la sociedad, no hay protección para el débil, por la
-misma razón que no hay jerarquías que separen a los poderosos. ¡Ay
-de las mujeres en este acto solemne de la soberanía popular! si los
-reglamentos provisorios del hotel no viniesen en su ayuda:</p>
-
-<p>“Art. 1.º Nadie podrá sentarse a la mesa común, hasta que las damas,
-con sus consortes, o deudos, hayan ocupado la cabecera y costados
-contiguos de la mesa.</p>
-
-<p>“Art. 2.º Se suplica al público que no fume ni masque tabaco en la mesa.</p>
-
-<p>“Art. 3.º A un golpe de campanilla los varones se sentarán en los
-asientos que quedaren.”</p>
-
-<p>Sobreentendidas estas disposiciones, el pueblo gastrónomo se alinea
-detrás de los asientos, con ambas manos puestas sobre el espaldar
-de la silla, y por derecha e izquierda vista al sirviente que ha de
-administrar el apetecido companillazo. Toma este el sonoro instrumento
-en<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span> mano, y la noble línea se conmueve; al menor movimiento indicativo
-de la campana, los cuerpos describen ondulaciones como las espigas de
-trigo al más ligero soplo de la brisa. Alzase la campanilla en actitud
-de sonar, y una descarga cerrada de sillas removidas con estrépito
-acompaña, si no precede al retintín chillón del cobre agitado, e
-instantáneamente un fuego graneado de platos, cuchillos y tenedores
-que se chocan entre sí, se prolonga durante cinco minutos, pudiendo
-por el rumor tempestuoso que se difunde por el aire, saberse a media
-legua a la redonda que se come en un hotel. Imposible seguir con la
-vista las evoluciones que se suceden en aquella batahola, no obstante
-la actividad y destreza de cincuenta domésticos, que tratan de dar
-cierto orden acompasado al destapar de las viandas, o al verter té o
-café. El norteamericano tiene destinados dos minutos para almorzar,
-cinco para comer, diez para fumar o mascar tabaco, y todos los momentos
-desocupados para echar una ojeada sobre el diario que usted está
-leyendo, único diario que le interesa puesto que otro está ya ocupado
-de él.</p>
-
-<p>Almuerzo, <i xml:lang="en" lang="en">lunch</i> a las once, comida, y el té, son las cuatro
-colaciones de ordenanza de aquellas comunidades que se renuevan todos
-los días, sin que la regla estorbe el que se administre el almuerzo
-a las cinco de la mañana para los que han de partir en un vapor o
-convoy matinal, ni falte nunca una refacción servida para todos los
-que llegan, no importa la hora del día o de la noche. Y luego, ¡qué
-incongruencias! ¡qué incestos! ¡y qué promiscuaciones en los manjares!
-El yankee <i xml:lang="fr" lang="fr">pur sang</i>, se sirve en un mismo plato, conjunta o
-sucesivamente, todas las viandas, postres y frutas. ¡Hemos visto a uno
-del <i xml:lang="en" lang="en">Far-West</i>, país de dudosa situación, como el Ophir de los
-fenicios, principiar la comida por salsa de tomates frescos, tomada en
-cantidad enorme, sola y con la punta del cuchillo! ¡Patatas dulces con
-vinagre! Estábamos helados de horror, y mi compañero de<span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span> viaje lleno de
-gastronómica indignación al ver estas abominaciones: y no llueve fuego
-del cielo, exclamaba: los pecados de Sodoma y Gomorra debieron ser
-menores que los que cometen a cada paso estos puritanos!</p>
-
-<p>En los salones de lectura, cuatro o cinco moscones se le apoyarán
-pesadamente en los hombros para leer el mismo trozo de la letra
-menudísima que está usted leyendo. Si baja usted una escala, o quiere
-introducirse por una puerta, por poca que sea la concurrencia,
-el que se suceda lo empujará por apoyarse en algo. Si fuma usted
-tranquilamente su cigarro, un pasante se lo sacará de la boca para
-encender el suyo, y si usted no anda listo para recibirlo, se encargará
-él en persona de metérselo de nuevo en la boca. Si tiene usted un
-libro en las manos, con tal que lo cierre un poco para mirar hacia
-otra parte, su vecino se apoderará de él para leerse dos capítulos
-de seguida. Si los botones de su paletó tienen relieve de cabezas de
-venado, caballos o javalíes, cuantos lo noten vendrán a recorrerlos
-uno a uno, haciendo girar la persona de usted de derecha a izquierda,
-de izquierda a derecha, para mejor inspeccionar el museo ambulante.
-Ultimamente, si usted lleva barba completa en los países del Norte, lo
-cual indica que es usted francés o polaco, a cada paso se encuentra
-encerrado en medio de un círculo de hombres que lo contemplan con
-curiosidad infantil, llamando a sus amigos o conocidos para que
-satisfagan de cuerpo presente su novedosa curiosidad.</p>
-
-<p>Todas estas libertades, bien entendido, puede usted tomárselas con los
-otros a su vez, sin que nadie reclame de ello ni dé el menor síntoma
-de serle desagradable. Pero, donde el genio y los instintos nacionales
-brillan en su verdadera luz, es en las actitudes yankees en sociedad.
-Esto merece algunas explicaciones. En un pueblo que como éste avanza
-cien leguas de frontera por año, se improvisa un estado en seis meses,
-se transporta de un extremo a otro<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span> de la Unión en algunas horas, y
-emigra al Oregon, deben gozar de tan alta estima los pies, como la
-cabeza entre los que piensan, o el pecho entre los que cantan. En Norte
-América verá usted muestras a cada paso del culto religioso que la
-nación tributa a sus nobles y dignos instrumentos de riqueza: los pies.
-Conversando con usted el yankee de educación esmerada, levantará él un
-pie a la altura de la rodilla, sacarále el zapato para acariciarlo, y
-oir las quejas que contra el excesivo servicio puedan poner los dedos.
-Cuatro individuos sentados en torno de una mesa de mármol pondrán
-infaliblemente sus ocho pies sobre ella, a no ser que puedan procurarse
-un asiento forrado en terciopelo, que en cuanto a blandura prefieren
-los yankees el mármol. En el Fremonthotel, de Boston, he visto siete
-dandies yankees en discusión amigable, sentados como sigue: dos con
-los pies sobre la mesa; uno con los dichos sobre el cojín de una silla
-adyacente; otro con una pierna pasada sobre el brazo de la silla
-propia; otro con ambos talones apoyados en el borde del cojín de su
-propia silla, de manera de apoyar la barba entre las dos rodillas; otro
-abrazando o empiernando el espaldar de la silla, de la misma manera que
-nosotros solemos apoyar el brazo. Esta postura imposible para los otros
-pueblos del mundo, la he ensayado sin éxito, y se la recomiendo a usted
-para administrarse unos calambres en castigo de alguna indiscreción;
-otro, en fin, si no están ya los siete, en alguna otra posición
-absurda. No recuerdo si he visto norteamericanos sentados en la espalda
-de silla con los pies en el cojín: de lo que estoy seguro es que nunca
-vi uno que se preciase de cortés en la postura natural. El estar
-acostados es el fuerte de la elegancia, y los entendidos reservan este
-rasgo de buen gusto para cuando hay damas, o cuando un locófoco oye un
-<i xml:lang="en" lang="en">speech whig</i>. El secretario de la legación chilena, al llegar a
-Wáshington, tuvo necesidad de hablar a un diputado. Acude al Capitolio,
-se informa de su asiento durante<span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span> la sesión, llega, al fin, hasta el
-punto donde Mr. N. roncaba profundamente acostado en su asiento con las
-piernas extendidas sobre el asiento de su vecino. Hubo de despertarlo,
-y una vez entendido sobre el asunto que lo traía, se acomodó del otro
-lado, esperando, sin duda, que concluyese el interminable discurso
-de algún orador de opinión contraria. Los americanos, en política y
-religión, profesan el admirable y conciliante principio de que no debe
-discutirse sino con los que son de su propia secta u opinión. Este
-sistema se funda en el pleno conocimiento de la naturaleza humana. El
-orador yankee se esfuerza en confirmar a los suyos en sus creencias,
-más bien que en persuadir a los contrarios, que duermen en el entre
-tanto, o piensan en sus negocios. La conclusión de todo esto es que los
-yankees son los animalitos más inciviles que llevan fraque o paletó
-debajo del sol. Así lo han declarado jueces tan competentes, como el
-capitán Marryat, Miss Trolop y otros viajeros; bien es verdad que si
-en Francia, y en Inglaterra, los carboneros, leñadores y fogoneros se
-sentasen a la misma mesa, con los artistas, diputados, banqueros y
-propietarios, como sucede en los Estados Unidos, otra opinión formarían
-los europeos de su propia cultura. En los países cultos, los buenos
-modales tienen su límite natural. El lord inglés es incivil por orgullo
-y por desprecio a sus inferiores, mientras que la gran mayoría lo es
-por brutalidad e ignorancia. En los Estados Unidos la civilización se
-ejerce sobre una masa tan grande, que la depuración se hace lentamente,
-reaccionando la influencia de la masa grosera sobre el individuo,
-y forzándole a adoptar los hábitos de la mayoría, y creando, al
-fin, una especie de gusto nacional que se convierte en orgullo y en
-preocupación. Los europeos se burlan de estos hábitos de rudeza, más
-aparente que real, y los yankees, por espíritu de contradicción, se
-obstinan en ellos, y pretenden ponerlos bajo la égida de la libertad
-y del espíritu americano. Sin favorecer estos<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span> hábitos, ni empeñarme
-en disculparlos, después de haber recorrido las primeras naciones
-del mundo cristiano, estoy convencido de que los norteamericanos son
-el único pueblo culto que existe en la tierra, el último resultado
-obtenido de la civilización moderna.</p>
-
-<p>Los americanos en masa llevan reloj, en Francia no lo usa un décimo de
-la nación. Los americanos en masa visten fraque y los otros vestidos
-complementarios, aseados y de buena calidad. En Francia viste blusa de
-anquín los cuatro quintos de la nación.</p>
-
-<p>Usan los yankees, en masa, cocinas económicas, arado Durand y coche.
-Habitan casas cómodas, aseadas. El jornalero gana un duro al día.
-Tienen caminos de hierro, canales artificiales y ríos navegables, en
-mayor número y recorriendo mayores distancias que toda Europa junta.
-La estadística comparativa de los caminos de hierro era como sigue: En
-1845: Inglaterra, 1800 millas; Alemania, 1339; Francia, 560; Estados
-Unidos, 4000; lo que equivale a 86 millas en Inglaterra por cada millón
-de habitantes; 16 en Francia, 222 en los Estados Unidos. Sus líneas
-de telégrafos eléctricos están hoy, únicas en el mundo, puestas a
-disposición del pueblo, pudiendo en fracciones inapreciables de tiempo,
-enviar avisos y órdenes de un extremo a otro de la Unión.</p>
-
-<p>El único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura
-para todas sus necesidades, donde 2000 periódicos satisfacen la
-curiosidad pública, son los Estados Unidos, y donde la educación como
-el bienestar están por todas partes difundidos y al alcance de los que
-quieran obtenerlo. ¿Están uno y otro en igual caso en punto alguno de
-la tierra? La Francia tiene 270.000 electores, esto es, entre treinta
-y seis millones de individuos de la nación más antiguamente civilizada
-del mundo, los únicos que por la ley no están declarados bestias:
-puesto que no les reconoce raza para gobernarse.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span></p>
-
-<p>En los Estados Unidos, todo hombre, por cuanto es hombre, está
-habilitado para tener juicio y voluntad en los negocios políticos, y
-lo tiene, en efecto. En cambio, la Francia tiene un rey, cuatrocientos
-mil soldados, fortificaciones de París que han costado dos mil millones
-de francos, y un pueblo que se muere de hambre. Los norteamericanos
-viven sin gobierno, y su ejército permanente monta sólo a nueve mil
-hombres, siendo necesario hacer un viaje a puntos determinados para
-ver el equipo y apariencia de los soldados norteamericanos; pues que
-hay familias y aldeas de la Unión que jamás han visto un soldado.
-Muchos vicios de carácter tachan los europeos y aun los sudamericanos
-a los yankees. Por lo que a mí respecta, miro con veneración esos
-mismos defectos, atribuyéndoselos a la especie humana, al siglo, a las
-preocupaciones hereditarias y a la imperfección de la inteligencia.
-Un pueblo compuesto de todos los pueblos del mundo, libre como la
-conciencia, como el aire, sin tutores, sin ejército, y sin bastillas,
-es la resultante de todos los antecedentes humanos, europeos y
-cristianos. Sus defectos deben, pues, ser los de la raza humana en un
-período dado de desenvolvimiento. Pero como nación, los Estados Unidos
-son el último resultado de la lógica humana. No tiene reyes, ni nobles,
-ni clases privilegiadas, ni hombres nacidos para mandar, ni máquinas
-humanas nacidas para obedecer. ¿No es este resultado conforme a las
-ideas de justicia y de igualdad que la cristiandad acepta en teoría? El
-bienestar está distribuído con más generalidad que en pueblo alguno;
-la población se aumenta según leyes desconocidas hasta hoy entre las
-otras naciones; la producción sigue una progresión asombrosa. ¿No
-entrará, como pretenden los europeos, por nada de esto la libertad
-de acción, y la falta de gobierno? Dícese que la facilidad de ocupar
-nuevos terrenos, es la causa de tanta prosperidad. Pero, ¿por qué en
-la América del Sud, donde es igualmente fácil y aun más ocupar nuevas
-tierras,<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span> ni la población ni la riqueza aumentan, y hay ciudades y aun
-capitales tan estacionarias, que no han edificado cien casas nuevas en
-diez años? Aún no se ha hecho en nación alguna el censo de la capacidad
-inteligente de sus moradores. Cuéntase la población por el número de
-habitantes, y de las cifras acumuladas deduce su fuerza y valimento.
-Acaso para la guerra, mirado el hombre como máquina de destrucción,
-puede ser significativo este dato estadístico; mas una peculiaridad
-de los Estados Unidos hace que aun en este caso falle el cálculo.
-Un yankee para matar hombres equivale a muchos de otras naciones,
-de manera que la fuerza destructora de la nación puede contarse en
-doscientos millones de habitantes. El rifle es el arma nacional, el
-tiro al blanco la diversión de los niños en los estados que tienen
-bosques, y cazar ardillas a bala en los árboles, tostándoles las patas
-para no lastimar la piel, la destreza asombrosa que adquieren todos.</p>
-
-<p>La estadística de los Estados Unidos muestra el número de hombres
-adultos que corresponden a veinte millones de habitantes, todos
-educados, leyendo, escribiendo, y gozando de derechos políticos
-con excepciones que no alcanzan a desnaturalizar el rigor de las
-deducciones: el hombre con hogar, o con la certidumbre de tenerlo; el
-hombre fuera del alcance de la garra del hambre y de la desesperación;
-el hombre con esperanza de un porvenir tal como la imaginación puede
-inventarlo; el hombre con sentimientos y necesidades políticas; el
-hombre, en fin, dueño de sí mismo, y elevado su espíritu por la
-educación y el sentimiento de su dignidad. Dícese que el hombre es un
-ser racional, por cuanto es susceptible de llegar a la adquisición y
-al ejercicio de la razón; y en este sentido país ninguno de la tierra
-cuenta con mayor número de seres racionales, aunque le exceda diez
-veces en el de habitantes.</p>
-
-<p>No es cosa fácil mostrar cómo obra la libertad para producir los
-prodigios de prosperidad que los Estados Unidos<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span> ostentan. ¿La libertad
-de cultos puede producir riquezas? ¿Cómo obra la facultad de ir a esta
-u otra capilla, de creer en este o en el otro dogma para desenvolver
-fuerzas productoras? Para cada secta religiosa las otras son como si
-no existieran, y por tanto, la libertad es nula en sus efectos para
-cada una separadamente. Los europeos lo atribuyen a las facilidades que
-ofrece un país nuevo, con terrenos vírgenes y de fácil adquisición,
-lo cual fuera explicación satisfactoria, si la América del Sud, cuan
-grande es, no tuviera mayor extensión de terrenos vírgenes, igual
-facilidad para obtenerlos, y sin embargo, atraso, pobreza e ignorancia
-mayor, si cabe, que la que muestran las masas europeas. Luego, no basta
-la circunstancia de ser países nuevos en cuya extensión pueda dilatarse
-la esfera de acción.</p>
-
-<p>Muchas veces me ocurrirá acudir a este censo moral e intelectual para
-tratar de explicar los fenómenos sociales que sorprenden en América.
-Ahora, sólo estableceré un hecho, y es que la aptitud de la raza
-sajona no es tampoco explicación de la causa del gran desenvolvimiento
-norteamericano. Ingleses son los habitantes de ambas riberas del río
-Niágara, y sin embargo, allí donde las colonias inglesas se tocan con
-las poblaciones norteamericanas, el ojo percibe que son dos pueblos
-distintos. Un viajero inglés, después de haber descripto varias
-muestras de industria y progreso del lado americano de la cascada,
-añade:</p>
-
-<p>“Ahora estoy de nuevo bajo la jurisdicción de las leyes y del gobierno
-inglés, y por tanto, ya no me creo extranjero. Aunque los americanos
-en general son civiles y afables, sin embargo un inglés, extranjero
-en medio de ellos, es importunado y disgustado por sus jactancias de
-proezas en la última guerra, y su superioridad sobre todas las otras
-naciones, asentando como un hecho incuestionable que los americanos
-sobrepasan a todas las otras naciones en virtud, saber, valor,
-libertad, gobierno y toda otra excelencia. No obstante, por más que
-merezcan el ridículo por este flaco,<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span> yo no puedo menos de admirar la
-energía y espíritu de empresa que muestran en todo, y deploro la apatía
-del gobierno inglés con respecto a la mejora de estas provincias. Una
-sola mirada echada sobre las riberas del Niágara basta para mostrar
-de qué lado está el gobierno más efectivo. Del lado de los Estados
-Unidos se levantan grandes ciudades, numerosos puertos con muelles para
-protegerlos en las radas, o diligencias corriendo a lo largo de los
-caminos; y la actividad del comercio mostrándose en todas direcciones.
-En el lado del Canadá, aunque dividido por el cauce de un río, en un
-<em>antiguo establecimiento</em>, y al parecer con <em>mejor tierra</em>,
-hay sólo dos o tres almacenes, una taberna o dos, un puerto tal como
-Dios lo hizo y sin obras que lo defiendan; uno o dos buquecitos
-anclados, y algún desembarcadero accidental.”</p>
-
-<p>Otro viajero, después de describir varias muestras de la industria
-creciente del lado americano, añade “el país que atravesamos (del lado
-canadiense) estaba muy avanzado en las cosechas, sin que se viesen
-señales de intentar recogerlas. Donde quiera que nos deteníamos para
-mudar caballos, nos asaltaban bandas de chicuelos vendiendo manzanas,
-y por la primera vez vimos de este lado algunos <em>mendigos</em>”. No
-hace mucho tiempo que una grande inmigración venida del Canadá volvió
-a emigrar a los Estados Unidos. Los caminos de hierro, como medio
-de riqueza y civilización, son comunes a la Europa y a los Estados
-Unidos, y como en ambos países datan de ayer solo, en ellos puede
-estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los
-trabajos de nivelación, como todo lo que constituye el ferrocarril, son
-cuidadosamente examinados por los ingenieros antes de ser entregados a
-la circulación; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes;
-dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento
-en opuestas dirección; si un camino vecinal atraviesa<span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span> el trayecto,
-fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente
-un cuarto de hora antes que lleguen los vagones, a fin de evitar
-accidentes. De distancia en distancia, por toda la extensión del
-camino, están apostados centinelas que descubren el espacio y anuncian
-con banderolas de diversos colores si hay peligro u obstáculos que
-detengan el convoy, que no parte del desembarcadero sino cuatro minutos
-después que una falange de vigilantes se ha cerciorado de que todos
-los transeuntes ocupan sus lugares, las puertas están cerradas, y el
-camino expedito, y nadie cerca ni a una vara de distancia del paso
-del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de
-dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos,
-ahora, lo que pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa
-leguas de bosques, primitivos, donde aún no se ha establecido morada
-humana. Como la empresa carece de fondos, los rieles son de madera,
-con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, y el ojo
-del maquinista escudriña incesantemente por temor de un desastre. Una
-sola línea basta para la ida y venida de los trenes, habiendo ojos de
-buey de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase
-por el costado opuesto el otro de vuelta. Un alma no hay que instruya
-de las accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas y los
-niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo
-atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a
-más de calle es camino vecinal, y el viajero puede ver las gentes que
-se apartan lo bastante para dejarlo pasar, y continuar en seguida su
-marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa
-el ferrocarril, hay simplemente una tabla escrita que dice <em>tengan
-cuidado con la campana cuando se acerque</em>; jeroglífico que previene
-al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido inprudentemente de
-por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente del<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span>
-embarcadero, y mientras va marchando saltan a bordo los pasajeros,
-descienden los vendedores de frutas y periódicos, y se pasean de un
-vagón a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aun en el
-rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el explayado
-del camino, y la locomotora norteamericana va precedida de una trompa
-triangular que tiene por caritativa misión arrojar a los costados a
-estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, y
-no es raro el caso de que algún muchacho dormido sea arrojado a cuatro
-varas por un trompazo de aquellos que salvándole la vida le rompen
-o dislocan un miembro. Los resultados físicos y morales de ambos
-sistemas son demasiado perceptibles. La Europa, con su antigua ciencia
-y sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de
-los caminos de hierro que facilitan el movimiento en Norteamérica. El
-europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado;
-su instinto de conservación no es reputado suficiente preservativo;
-verjas, puertas, vigilantes, señales preventivas, inspección, seguros,
-todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo menos
-su razón, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, menos su
-derecho de cuidarse a sí mismo, su intención y su voluntad. El yankee
-se guarda a sí mismo, y, si quiere matarse, nadie se lo estorbará;
-si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, y si se atreve a dar
-un salto y cogerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de
-hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de
-expender un número más, ha dejado que el tren tome toda su carrera
-y salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con que cae
-parado, y sigue a pie su camino. He aquí como se forma el carácter
-de las naciones y como se usa de la libertad. Acaso hay un poco más
-de víctimas y de accidentes, pero hay en cambio hombres libres y no
-presos disciplinados, a quienes se les administra la vida. La palabra
-<em>pasaporte</em> es desconocida en<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span> los Estados, y el yankee que logra
-ver uno de estos protocolos europeos en que consta cada movimiento que
-ha hecho el viajero, lo muestra a los otros con señales de horror y de
-asco. El niño que quiere tomar el ferrocarril, el vapor o la barca del
-canal, la niña soltera que va a hacer una visita a doscientas leguas de
-distancia, no encontrarán jamás quién les pregunte con qué objeto, con
-qué permiso se alejan del hogar paterno. Usan de su libertad y de su
-derecho de moverse. De ahí nace que el niño yankee espanta al europeo
-por su desenvoltura, su prudencia cautelosa, su conocimiento de la
-vida a los diez años. ¿Cómo le va a usted en su negocio? , le preguntaba
-Arcos, mi compañero de viaje, a un listo muchachuelo que nos hacía
-el inventario comentado de los libros, periódicos y panfletos que se
-empeñaba en hacernos comprar. Va bien; hace tres años que gano mi vida
-en él y tengo ya 300 pesos guardados. Este año reuniré los quinientos
-que necesito para hacer compañía con Williams y poner una librería,
-y explotar todo el Estado. Este comerciante tenía de nueve a diez
-años. ¿Es usted propietario, preguntábamos a un mocetón que viajaba al
-Far-West? Sí; voy a comprar tierras; ¡tengo 600 pesos!</p>
-
-<p>Al lado del trayecto del camino de hierro va el telégrafo eléctrico,
-que por ahorrar camino a veces, se separa de la vía ordinaria, se hunde
-en la espesura de los bosques y lleva a doscientas leguas las noticias
-más interesantes. Cuando en 1847 se hacían en Francia entre Ruan y
-París los primeros ensayos, la prensa anunciaba la existencia de 1.635
-millas de telégrafos en los Estados Unidos; cuando yo llegué había
-3.000 millas; y mientras atravesé el país que media entre Nueva York y
-Nueva Orleáns, se formó una asociación y se puso en actividad una línea
-entre la primera de aquellas ciudades y Montreal en el bajo Canadá, a
-donde había estado yo quince días antes. Hoy habrá 10.000 millas, y
-dentro de poquísimos años, medirán los telégrafos las mismas ochenta
-mil millas que recorre la<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span> posta. En Francia el telégrafo es para el
-uso del gobierno, es asunto de estado; en los Estados Unidos, es simple
-negocio de movimiento y actividad, y se le aceptarían correspondencias
-a la administración tan sólo porque paga el porte. ¿Puede llegar a más
-alto punto el extravío de las ideas, que hace que los liberales, los
-republicanos, consientan en Francia en este monopolio, y en carecer
-de los medios de comunicación más expeditos? En Harrisburg, población
-de 4.500 almas, el telégrafo eléctrico tenía empleo diario para traer
-apurado al encargado de servicio, mientras que en Francia, aún no había
-podido hacerse un miserable ensayo. Hago estas comparaciones para
-mostrar la diversa atmósfera en que se educa el pueblo y la energía
-moral y física que desenvuelve. En Francia hay tres categorías de
-vagones, en Inglaterra cuatro; la nobleza se mide por el dinero que
-puede pagar cada uno, y los empresarios para envilecer al hombre que
-paga poco, han acumulado comodidades y lujo en la 1.ª clase, y dejado
-tablas rasas, estrechas y duras para los de 3.ª. No sé por qué no han
-puesto púas en los asientos para mortificar al pobre. En los Estados
-Unidos el vagón es una sala de veinte varas de largo y espaciosa de
-ancho, con asientos de espalda movible, de manera de formar corrillo
-cuatro asientos, volviéndose dos a opuesto lado, con una callejuela
-de por medio para facilitar el movimiento, y abiertos los vagones por
-ambos lados, de manera que el curioso pueda trasladarse del primero
-al último, durante la marcha, y el aire penetre libremente por todas
-partes. Las comodidades y los cojines son excelentes e iguales, y por
-tanto el precio del pasaje es el mismo para todos. Me han mostrado a
-mi lado el gobernador de un Estado, y las callosidades de las manos
-de mi otro vecino me revelaban en él un rudo leñador. Así se educa el
-sentimiento de la igualdad, por el respeto al hombre. La aristocracia
-veneciana estableció la igualdad en la adusta pobreza de las góndolas
-por no herir la envidia de los nobles pobres; la democracia de Norte
-América ha distribuído el <i xml:lang="en" lang="en">comfort</i> y el lujo igualmente en todos
-los vagones para alentar y honrar la pobreza. Estos solos hechos
-bastan para medir la<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span> libertad y el espíritu de ambas naciones. El
-<i>Times</i> decía una vez que si la Francia hubiese abolido el
-pasaporte, habría hecho más progresos en la libertad que no los ha
-hecho con medio siglo de revoluciones y sus avanzadas teorías sociales,
-y en los Estados Unidos pueden estudiarse los efectos.</p>
-
-<p>He aquí un débil cuadro del espectáculo de la libertad en Norte
-América. En medio de las ciudades el hombre se cría salvaje, si es
-posible decirlo; la mujer de cualquiera condición que sea, vaga sola
-por las calles y los caminos desde la edad de doce años, <em>flirtea</em>
-hasta los quince, se casa con quien quiere, viaja y se sepulta en el
-nuevo hogar a preparar la familia; el niño acude desde temprano a las
-escuelas, se familiariza con los libros y las ideas de los hombres; es
-el mismo hombre hecho a los quince años, y desde entonces toda tutela
-desaparece a su vista. No ha visto soldados, no conoce gendarmes; el
-motín de las calles lo divierte, lo exalta y lo educa; sus pasiones se
-desenvuelven en toda su lozanía y vigor; tiene una profesión y se casa
-a los veinte años, seguro de sí mismo y de su porvenir. El progreso
-general de la Unión lo arrastrará en despecho suyo y avanzará sus
-negocios propios. Y entonces, ¡cuántos sueños grandiosos agitan para
-llegar a la fortuna! ¿Es artesano? Una grande asociación, una fábrica
-para cubrir los estados con los productos de su arte, o bien un invento
-europeo aún no introducido en el país, o una mejora sobre los aparatos
-conocidos o una invención nueva, porque nada arredra hoy al yankee.
-Largo tiempo he creído que el patrimonio norteamericano era y sería por
-muchos años apropiarse, apoderarse de los progresos de la inteligencia
-humana. La ciencia europea inventa, y la práctica americana populariza
-la cocina económica, el arado Durand, la locomotora, el telégrafo.
-Nada más natural, y sin embargo, nada hay menos exacto. Los datos
-estadísticos colectados en estos últimos años, muestran que diez
-partes de los inventos y mejoras adoptados en Inglaterra son de origen
-norteamericano. Han modificado la máquina de vapor; mejorado la
-quilla del buque; perfeccionado el vagón, a punto de exportarse estos
-artículos para la Europa misma, y preferirse<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span> en Rusia y otros puntos
-los empresarios y artífices americanos para todo lo que constituye la
-viabilidad. El puente yankee de madera, que a veces atraviesa doce
-cuadras en un río y soporta los trenes cargados de productos agrícolas,
-sobre pedestales y armazón al parecer deleznable, es, sin embargo, el
-fruto del más profundo estudio de las leyes de la gravitación, de la
-repercusión, elasticidad y equilibrio de las fuerzas combinadas. El
-artífice yankee posee ya el puente reducido a arte mecánica, y lo alza
-donde quiera a prueba de torrentes, huracanes y pesos enormes. La mitad
-de los aparatos de labranza son invención de su ingenio, y el molino de
-vapor, como la barrica en que envasija las harinas, son la obra de sus
-fábricas y de sus combinaciones para producir inmensos resultados con
-limitadísimos medios.</p>
-
-<p>Pero donde más brilla la capacidad de desenvolvimiento del
-norteamericano, es en la posesión de la tierra que va a ser el plantel
-de una nueva familia. En medio de la civilización más avanzada, los
-hijos de Noé se reparten la tierra despoblada, o los Nemrod echan
-los fundamentos de una Babilonia. Dejo a un lado los que siguen el
-paso ordinario de las sociedades que se dilatan, agregando a la villa
-naciente una casa nueva, a la heredad labrada nuevos campos rosados.</p>
-
-<p>El Estado es el depositario fiel del gran caudal de tierras que
-pertenecen a la federación, y para administrar a cada uno su parte
-de propiedad, no consiente ni intermediarios especuladores, ni
-oscilaciones de precios que cierren la puerta de la adquisición a las
-pequeñas fortunas. La tierra vale diez reales el acre; y este dato es
-el punto de partida para el futuro propietario. Hay un procedimiento
-en la distribución de las tierras de cuya simétrica belleza sólo Dios
-puede darse de antemano cuenta.</p>
-
-<p>El Estado manda sus ingenieros a delinear las tierras vendibles,
-tomando por base de la mensura un meridiano del cielo. Si a cien
-leguas de distancia al sur o al norte ha de medirse otra porción de
-tierra, los ingenieros buscarán el mismo meridiano, para que un día,
-dentro de dos siglos quizás<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span> aparezcan completas y sin interrupción
-aquellas líneas que han venido dividiendo el continente en zonas, cual
-si fuera una pequeña heredad. Esta agrimensura rectilínea es privativa
-del genio americano. La propiedad en la provincia de Buenos Aires, en
-aquella pampa lisa como la mesa del geómetra, fué forzada por el genio
-de Rivadavia a encuadrarse en paralelógramos, triángulos y figuras de
-fácil conmensuración, de manera que se reprodujesen sin esfuerzo en
-el mapa que daba el departamento topográfico cada diez años, pudiendo
-por la comparación de las varias ediciones, estudiarse a vista de ojo
-el movimiento de la propiedad, buscando un término medio de extensión,
-subdividiéndose por las particiones entre herederos las grandes
-propiedades, acumulándose las pequeñas, por la necesidad de apropiarlas
-a la cría del ganado.</p>
-
-<p>El error fatal de la colonización española en la América del Sur,
-la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a
-la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las
-tierras. En Chile se hicieron concesiones de grandes lotes entre
-los conquistadores, medidos de cerro a cerro, y desde la margen de
-un río hasta la orilla de un arroyo. Se fundaron condados entre los
-capitanes, y a la sombra de sus techos improvisados, debieron asilarse
-los soldados, padres del inquilino, este labrador sin tierra, que crece
-y se multiplica sin aumentar el número de edificios. El prurito de
-ocupar tierras en nombre del rey hizo apoderarse de comarcas enteras,
-distanciándose los propietarios, que en tres siglos no han alcanzado a
-desmontar la tierra intermediaria. La ciudad por tanto quedaba en este
-vasto plan suprimida, y las pocas aldeas de nueva creación después de
-la conquista han sido <em>decretadas</em> por los presidentes, contándose
-cien por lo menos en Chile de este origen oficial y ficticio. Ved cómo
-procede el norteamericano, recién llamado en el siglo XIX a conquistar
-su pedazo de mundo para vivir, porque el gobierno ha cuidado de dejar
-a todas las generaciones sucesivas su parte de tierra. La conscripción
-de jóvenes aspirantes a la propiedad se apiña todos los años en torno
-del martillo en que se venden las tierras<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span> públicas, y con su lote
-numerado parte a tomar posesión de su propiedad, esperando que los
-títulos en forma le vengan más tarde de las oficinas de Wáshington.
-Los más enérgicos yankees, los misántropos, los selváticos, los
-<i xml:lang="en" lang="en">squatters</i>, en fin, obran de una manera más romanesca, más
-poética o más primitiva. Armados de su rifle se enmarañan en las
-soledades vírgenes, matan por pasatiempo ardillas que triscan con
-su movilidad incansable entre las ramas de los árboles; una bala
-certera vuela al firmamento a precipitar un águila que cernía sus alas
-majestuosamente sobre la verdinegra superficie que forman las copas de
-los árboles; el hacha, su compañera fiel, cuando no fuere más que por
-ejercitar las fuerzas, ha de echar cedros o robles al suelo. En estas
-correrías vagabundas, el plantador indisciplinado busca un terreno
-fértil, un punto de vista pintoresco, la margen de un río navegable,
-y cuando se ha decidido en su elección, como en las épocas primitivas
-del globo, dice esto es mío, y sin otra diligencia toma posesión de la
-tierra en nombre del rey del mundo, que es el trabajo y la voluntad.
-Si algún día llega hasta el límite que él ha trazado a su propiedad la
-mensura de las tierras del Estado, la venta en almoneda sólo servirá
-para decirle lo qué debe por lo que ha cultivado, según el precio a
-que se vendan los adyacentes campos incultos; y no es raro que este
-carácter indómito, insocial, alcanzado por las poblaciones que vienen
-avanzando sobre el desierto, venda su quinta y se aleje con su familia,
-sus bueyes y caballos, buscando la apetecida soledad de los bosques.
-El yankee ha nacido irrevocablemente propietario; si nada posee ni
-poseyó jamás, no dice que es pobre, sino que está pobre; los negocios
-van mal; el país va en decadencia; y entonces los bosques primitivos
-se presentan a su imaginación, obscuros, solitarios, apartados, y en
-el centro de ellos, a la orilla de algún río desconocido, ve su futura
-mansión, el humo de las chimeneas, los bueyes que vuelven con tardo
-paso al caer de la tarde al redil, la dicha, en fin la propiedad que
-le pertenece. Desde entonces no habla ya de otra cosa que de ir a
-poblar, a ocupar tierras nuevas. Sus vigilias las pasa sobre la carta
-geográfica,<span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span> computando las jornadas, trazándose un camino para la
-carreta; y en el diario no busca sino el anuncio de venta de terrenos
-del Estado, o la ciudad nueva que se está construyendo en las orillas
-del lago Superior.</p>
-
-<p>Alejandro el Grande destruyendo a Tiro, tenía que devolver al comercio
-del mundo un centro para reconcentrar las especies del Oriente, y
-desde donde se derramasen en seguida por las costas del Mediterráneo.
-La fundación de Alejandría le ha valido su renombre como muestra de
-su perspicacia, no obstante que las vías comerciales eran conocidas y
-el istmo de Suez la feria indispensable entre los mares de la India
-y la Europa y el Africa de entonces. Esta obra la realizan todos los
-días Alejandros norteamericanos que vagan en los desiertos buscando
-puntos que un estudio profundo del porvenir señala como centros futuros
-del comercio. El yankee, inventor de ciudades, profesa una ciencia
-especulativa, que de inducción en inducción, lo conduce a adivinar el
-sitio donde ha de florecer una ciudad futura. Con el mapa extendido
-a la sombra de los bosques, su ojo profundo mide las distancias de
-tiempo y de lugar, traza por la fuerza del pensamiento el rumbo que han
-de llevar más tarde los caminos públicos; y encuentra en su mapa las
-encrucijadas forzosas que han de hacer. Precede a la marcha invasora
-de la población que se avanza sobre el desierto, y calcula el tiempo
-que empleará la del norte y el que necesita la del sur, para acercarse
-ambas al punto que estudia, que ha escogido en la confluencia de
-dos ríos navegables. Entonces traza con mano segura el trayecto de
-caminos de hierro que han de ligar el sistema comercial de los lagos
-con su presunta metrópoli, los canales que pueden alimentar los ríos
-y arroyos que halla a mano, y los millares de leguas de navegación
-fluvial que quedan en todas direcciones sometidas como radios del
-centro que imagina. Si después de fijados estos puntos, halla un
-manto de carbón de piedra, o minas de hierro, levanta el plano de la
-ciudad, la da nombre y vuelve a las poblaciones, a anunciar, por los
-mil ecos del diarismo, el descubrimiento que ha hecho del local de una
-ciudad famosa<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span> en el porvenir, centro de cien vías comerciales. El
-público lee el anuncio, abre el mapa para verificar la exactitud de
-las inducciones, y si halla acertados los cálculos, acude en tropel
-a comprar lotes de terreno, cual en los que han de ser tajamares y
-muelles, cual en derredor de la plaza de Wáshington o de Franklin;
-y una Babel se levanta en un año, en medio de los bosques, afanados
-todos por estar en posesión el día que lleguen a realizarse los grandes
-destinos predichos por la ciencia topográfica a la ciudad. Abrense
-en tanto caminos de comunicación; el diario del lugar da cuenta de
-los progresos de la sociedad, la agricultura comienza, álzanse los
-templos, los hoteles, los muelles y los bancos; puéblase de naves el
-puerto, y la ciudad empieza en efecto a extender sus relaciones, y a
-hacer sentir la urgencia de ligarse por caminos de hierro o canales a
-los otros grandes centros de actividad. Cien ciudades en los lagos, en
-el Misisipí y en otros puntos remotos, tienen este sabio y calculado
-origen, y casi todos justifican por sus progresos asombrosos, la
-certeza y la profundidad de los estudios económicos y sociales que les
-sirvieron de origen.</p>
-
-<p>Dos clases de seres humanos conozco, entre quienes sobrevive aún en
-medio de nuestra actual mesura de carácter moral, el antiguo espíritu
-heroico de las primeras edades de los pueblos. Los presidiarios de
-Tolón y de Bicerte, y los emigrantes norteamericanos; todo el resto de
-la especie humana ha caído en la atonía de la civilización. Las hazañas
-de Francisco Pizarro o las de los Argonautas las reproduce a cada
-momento la audacia inaudita del presidiario liberto; valor, constancia,
-sufrimiento, disimulo y violación de toda ley moral, de todo principio
-de honor y de justicia; todo es igual, sin que esto excluya cierta
-grandeza de alma, cierta inteligencia profunda en los medios, que está
-revelando el genio humano mal empleado, el Alejandro pervertido y
-ocupado en matar a unos pocos transeuntes en lugar de asolar naciones y
-ametrallar a millares, lo que ya cambia la escena y los nombres, guerra,
-conquista, etc.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span></p>
-
-<p>En los Estados Unidos aquellos caracteres acerados, que hay
-distribuídos al uno por ciento en todas partes, se entregan a sus
-instintos heroicos, sin nombre aún, para establecerse y multiplicarse.
-El espíritu yankee se siente aprisionado en las ciudades; necesita ver
-desde la puerta de su casa la dilatada y sombría columnata que forman
-las encinas seculares de los bosques.</p>
-
-<p>¿Por qué se ha muerto el espíritu colonizador entre nosotros, los
-descendientes de la colonización oficial? Desde Colón hasta una época
-no muy remota sin duda, la fundación de una ciudad española era solo un
-escalón para apoyar la invasión de otros puntos apartados. La ocupación
-del Perú traía aparejada la expedición de Almagro: cuando Mendoza se
-defendía contra los araucanos en el sud, destacaba al oriente sesenta
-lanceros al mando del capitán Jofré, para ir a asomarse al otro lado
-de los Andes, y fundar dos ciudades, San Juan y Mendoza, solitarias en
-medio de desiertos, a la orilla de los dos ríos que hallaron.</p>
-
-<p>Contaré a usted el sistema entero de estas empresas que requieren
-Hércules para realizarlas, y verá usted si merecen desprecio por los
-motivos y por los medios, aquellas hazañas de nuestros conquistadores
-de Sud América. Sabe usted cuánta irritación hubo, y cuánta necedad
-dijeron de una y otra parte en la cuestión de límites del Oregón.
-Todo quedó en paz después que americanos e ingleses se hubieron
-racionalmente entendido, menos el espíritu yankee, que, como el cóndor
-la sangre, había husmeado, en la discusión, tierras laborables, ríos,
-bosques, puertos. La discusión comienza de nuevo en los diarios sobre
-la posibilidad de sorberse el comercio de la China por el Oregón; sobre
-la facilidad de abrir un camino de hierro de ocho días de marcha, desde
-el Pacífico al Atlántico, y la ventaja de tomar el pan caliente aún
-salido de Cincinnati, vía Oregón, y otros mil tópicos, inverosímiles y
-absurdos para otro que no sea el yankee, habituado a no creer imposible
-nada, desde que se puede concebir, él, que desde luego tiene adiestrada
-su mente a concebir proyectos.<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span> Cuando la opinión está formada y
-designados los rumbos que deben seguirse para ir a aquel Eldorado
-remoto, se indica la estación oportuna para emigrar, y el punto de
-partida, y el día designado por algunos emigrantes que invitan a todos
-los aventureros de la Unión para acompañarlos en la gloriosa jornada.
-El día del <i xml:lang="fr" lang="fr">rendez vous</i>, vense de todos los puntos del horizonte
-llegar hileras de carros, cargados de mujeres, niños, gallinas, ollas,
-arados, hachas, sillas, y toda clase de objetos de menaje; acompáñanles
-arreas escasas de bueyes apestados y mulas y caballos rengos y mancos
-que forman parte muy trabajada de la expedición, y sobre todo este
-conjunto, dominando las caras bronceadas, acentuadas y serias de los
-yankees vestidos de paletó, levita o fraque raído, con un rifle que le
-sirve de bastón, y la mirada tranquila del puritano y del chacarero.</p>
-
-<p>Si he de darle una idea exacta de estas emigraciones y del espíritu
-yankee, necesito desde este momento ajustarme al hecho, y seguir los
-incidentes diarios de una, entre ciento, de estas estupendas marchas
-por el desierto, sin soldados, ni guardia, ni empleado público, ni
-autoridad humana que les ligue a la Unión que dejan sin pesar estos
-hijos de Noé.</p>
-
-<p>En mayo de 1845 habían pasado por Independence, último término poblado
-del Estado de... varias tropas de carros, que de a veinte y ocho,
-que de a treinta y ocho, que de a ciento, dirigíanse con cortos
-intervalos hacia el Oregón. El día 13 varias de estas partidas reunidas
-en número de ciento setenta carros de la descripción arriba dicha,
-viéronse ya rodeadas a la distancia de indios que rondaban por asaltar
-el ganado mayor que montaba a cosa de dos mil cabezas, lo que hizo
-pensar que era ya tiempo de organizar la colonia, y constituir el
-estado ambulante; puesto que los oficiales y empleados públicos hasta
-entonces en ejercicio, debían terminar sus funciones en Big-Soldier.
-Los dos empleados que deben en primer lugar nombrarse son el piloto
-(baqueano) y el capitán. Todo el camino se ha venido tratando en
-las conversaciones de los carros y a la orilla del fuego en los
-alojamientos,<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span> de esta suprema cuestión, y las candidaturas rivales
-formando sus partidos. El 13 de mayo, cada carro lanza a la arena dos
-hombres, por lo menos, a reunirse en asamblea electiva. Dos candidatos
-para piloto se presentan; es el uno un tal Mr. Adams, que había
-entrado tierra adentro hasta el fuerte Laramie, poseía el derrotero
-(<i>maning</i>) de Gilpin, y tenía consigo un español que conocía el
-país; Mr. Adams, además, ha sido uno de los que más han contribuido a
-excitar la <em>fiebre del Oregón</em>, esto es, el deseo de emigrar. Mr.
-Adams pide 500 pesos por servir de piloto si la honorable asamblea se
-digna elegirlo.</p>
-
-<p>Mr. Meek es un viejo montañés del corte del Trampero de Cooper; ha
-pasado muchos años en los Montes Rocallosos como traficante y trampero,
-y ha propuesto, como el otro, pilotearlos hasta el fuerte Vancouver,
-por 250 pesos, de los cuales sólo pedía 30 pesos. Se hace moción para
-postergar hasta el día siguiente la elección, cuando se ve al viejo
-Meek, venir a escape en su caballo, los ojos y la mano vueltos hacia
-el campo. Los indios se llevan el ganado, dice con precipitación;
-la asamblea se disuelve, y cinco minutos después estaba convertida
-en escuadrón de caballería armado de rifle y daga, y marchando en
-buen orden sobre el enemigo. A distancia de dos millas divisa una
-aldea de indios; la soldadesca se echa sobre los <i xml:lang="en" lang="en">wigwams</i>, y
-los indios sobrecojidos de espanto, las mujeres llorando, los niños
-escondiéndose, no saben qué imaginarse de aquel ataque de los caras
-pálidas. Los jefes indios se presentan a ofrecer la pipa de paz, y
-protestan enérgicamente contra la imputación que pesa sobre ellos.
-Un desgaritado que venía llegando a la aldea es cogido y llevado
-preso. Nómbranse jueces, y el prisionero se presenta a la barra.
-Preguntado, lisa y llanamente, si es criminal o no, contesta con un
-gruñido de terror. Su causa se instruye en forma entonces; se oyen las
-deposiciones de los testigos, y no siendo suficiente la evidencia de
-los cargos alegados contra él, se le absuelve completamente, quedando
-probado por el contrario que ha sido una falsa alarma para posponer la
-elección. Serenados<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span> los espíritus, y depuestos los rifles, vuelve la
-sociedad a constituirse en asamblea electoral, y se procede a votación,
-de la que resultan electos, el trampero Meek como piloto y Mr. Welch
-capitán, con los demás empleados necesarios para el buen gobierno,
-tales como tenientes, sargentos, jueces, etc. La marcha principia
-el 14 de mayo. Cinco millas el 16. El 17 se separan 16 carros, y se
-reunen al cuerpo principal. El 18 alcanza a un <i xml:lang="en" lang="en">wigwam</i> de los
-indios Caw, rateros insignes que se conducen honorablemente con la
-sociedad y la proveen de víveres en cambio de productos de la Unión.
-El 19 la minoría vencida en las elecciones protesta contra la voluntad
-de la mayoría. Para satisfacer las ambiciones burladas se conviene
-en dividir la masa en 3 cuerpos, cada uno de los cuales elegirá sus
-propios jefes y oficiales, no reconociéndose otra autoridad general
-que la del piloto y la de Mr. Welch. Antes de separarse se convino
-pagar el piloto, y para ello, se nombra un <em>tesorero</em>, quien
-después de dar las fianzas correspondientes, procede a colectar los
-fondos; algunos se niegan redondamente a pagar, y otros ex ciudadanos
-no tienen blanca. Después de haber arreglado satisfactoriamente éstos
-y otros puntos, se procede al nombramiento de oficiales para cada uno
-de los tres grupos, haciéndose en cada uno reglamentos respecto al
-buen gobierno de la compañía, y la marcha continúa el 20. El 23 el
-piloto avisa que el punto donde se hallan es el último donde pueden
-procurarse repuestos para ejes y pértigos para las carretas. El camino
-se va midiendo con una cadena diariamente, y se lleva un diario de todo
-lo ocurrido, aspecto del país, accidentes, pasto, leña, agua, maderas,
-ríos, pasajes, búfalos, etc., torcaces, conejos, etc. etc. Junio 2: una
-compañía propone desligarse del compromiso en que están de aguardarse
-en las marchas. La moción es rechazada. 15. Alto. Una manada de búfalos
-cae a tiro de rifle, matan algunos y hacen charque. La escena que el
-campo presenta en este momento está así descripta en el diario de
-viaje: “Los cazadores, volviendo con las reses, algunos erigiendo
-palizadas, otros<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span> secando carne. Las mujeres unas estaban lavando,
-planchando otras, muchas cosiendo. De dos tiendas, flautas hacían oir
-sus desusadas melodías en aquellas soledades; otras se oía cantar; tal
-lee su biblia, tal otro recorre una novela. Un predicador campbellista
-entona, por fin, un himno preparatorio para el oficio religioso”. Junio
-24: llegan al fuerte Laramie, 630 millas distante de Independence.</p>
-
-<p>Durante dos días se ocupan en renovar las herraduras de los caballos, y
-reuniendo entre todos provisiones, azúcar, café, tabaco, dan un paquete
-a los indios siomos, precedido de un parlamento. “Hace tiempo, dijo el
-jefe indio, que algunos jefes blancos pasaron Missouri arriba, diciendo
-que eran amigos de los hombres de piel roja. Este país pertenece a
-los pieles rojas, pero sus hermanos blancos lo atraviesan cazando y
-dispersando los animales. De esto modo los indios pierden sus únicos
-medios de subsistencia para sostener a sus mujeres e hijos. Los niños
-del hombre rojo piden alimento, y no hay alimento que darles. Era
-costumbre cuando los blancos pasaban, hacer presentes de pólvora y
-plomo a sus amigos los indios. Su tribu es numerosa, pero la mayor
-parte de la gente ha ido a las montañas a cazar. Antes que los blancos
-viniesen, la caza era mansa y fácil de coger; pero ahora los blancos
-la han espantado; y el hombre rojo necesita trepar a las montañas en
-su busca; el hombre rojo necesita largas carabinas ahora.” Un yankee
-que para el caso hace de jefe blanco, se expresa en estos términos.
-“Nosotros vamos viajando a las grandes aguas del Oeste. Nuestro gran
-Padre poseía un extenso país allí, y vamos yendo a establecernos en
-él. Con este fin traemos nuestras mujeres y nuestros hijos. Nos vemos
-forzados a atravesar por las tierras de los hombres rojos, pero lo
-hacemos como amigos y no como enemigos. Como amigos les damos una
-fiesta, les apretamos la mano y fumamos con ellos la pipa de paz. Ellos
-saben que venimos como amigos trayendo con nosotros nuestras<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span> mujeres
-e hijos. El hombre rojo no lleva sus <i xml:lang="en" lang="en">squaws</i> al combate; ni las
-caras blancas tampoco. Pero amigos como somos, estamos prontos para
-volvernos enemigos; y si se nos molesta castigaremos a los agresores.
-Algunos de nosotros piensan volverse. Nuestros padres, hermanos e
-hijos, vienen en pos de nosotros, y esperamos que los hombres rojos
-los traten con bondad. Nosotros nos conducimos pacíficamente; dejadnos
-partir. No somos traficantes y no tenemos ni pólvora ni plomo que dar.
-¡Vamos a arar y plantar la tierra!”</p>
-
-<p>Septiembre 3. “Caminamos este día quince millas hasta Malheur. En este
-lugar se abre el camino en dos, y es muy temible para los inmigrantes
-el tomar mal camino. Meek, que había sido contratado como nuestro
-piloto al Oregon, indujo a cerca de doscientas familias, con sus
-vagones y ganado, a seguir por el camino de la izquierda, diez días
-antes de nuestra llegada a la encrucijada. Por largo trecho encontraron
-un camino excelente, con abundancia de pasto, leña y agua; en seguida
-dirigieron su marcha a unas montañas estériles donde por muchos días
-carecieron de agua, y cuando la encontraban era tan mala que ni aun
-para el ganado era potable. Pero, aun así, era fuerza hacer uso de
-ella. La fiebre que se llama de campamento estalló bien pronto.”</p>
-
-<p>“Al fin llegaron a un ciénago que intentaron en vano atravesar; y como
-viesen que se extendía mucho hacia el Sud, no obstante el parecer del
-baqueano Meek, enderezaron al río de las Caídas, que recorrieron para
-arriba y para abajo, buscando vado, que no se encontró en ninguna
-parte. Sus sufrimientos aumentaban de día en día, pues sus provisiones
-se iban concluyendo rápidamente, el ganado estaba exhausto, y muchos
-de los que formaban la caravana padecían enfermedades graves. Al fin,
-Meek les informó que estaban a dos días de distancia solamente de<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span>
-Dalles. Dos hombres salieron a caballo en busca de la estación de los
-Metodistas con provisiones para dos días.”</p>
-
-<p>“Después de haber caminado diez días sin parar, llegaron a Dalles; en
-el camino un indio les dió un conejo y un pescado, y con este alimento
-hicieron los dos su jornada de diez días. Cuando llegaron a Dalles, sus
-fuerzas estaban tan estenuadas, que sus miembros se habían empalado, y
-fué necesario desmontarlos del caballo. En este lugar encontraron un
-viejo montañés, llamado el negro Harris, que se ofreció a conducirlos,
-saliendo con varios otros en busca de la compañía perdida, a la que
-hallaron reducida a la última extremidad, exhausta por las fatigas, y
-desesperando ya de salir a los establecimientos. Encontróse un lugar
-por donde el ganado podía atravesar a nado el río, después de lo cual
-era preciso hacerlo subir un ascenso casi perpendicular. Mayores
-dificultades había para pasar los carros. Una larga cuerda fué echada
-a través del río, atando fuertemente sus puntas de ambos lados en las
-rocas. Un carro liviano fué suspendido con correderas en la cuerda,
-y con cuerdas para llevarlo a uno y otro lado del río; esta especie
-de cuna (andarivel), servía para trasportar las familias de un lado a
-otro del río con toda seguridad. El pasaje de este río ocupó algunas
-semanas. La distancia a Dalles era de 35 millas, adonde llegaron del 13
-al 14 de octubre. Como 20 habían perecido víctimas de las enfermedades,
-y otros murieron después de haber llegado...”</p>
-
-<p>Setiembre 7. “Este día viajamos cerca de doce millas. El camino es hoy
-más áspero que ayer. A veces va por el fondo de un torrente, a veces
-por el faldeo de una montaña, tan rápido que se necesitan dos o tres
-hombres trabajando del lado de arriba para sostener el equilibrio de
-los carros. El torrente y camino están tan encajonados en montañas,
-que en varios puntos es casi imposible continuar. Vistas las montañas
-desde este punto, parecen murallas perpendiculares y por tanto lisas.
-Alegran de vez en cuando la vista algunos grupos de cedros macilentos;
-pero en el torrente<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span> es tal la espesura de las malezas espinosas, que
-es casi imposible pasar... pero sabiendo que los que nos han precedido
-han vencido estas dificultades, hacemos el último esfuerzo y pasamos.”</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Noviembre 1.º “Ahora estamos en el lugar destinado, en un período no
-distante, a ser un punto importante en la historia comercial de la
-Unión como centro del comercio de la China y de la India. Atravesando
-el bosque que se extiende al Este de la ciudad, vimos la ciudad de
-Oregon y las caídas de Villa-Mate, al mismo tiempo. Tan llenos de
-gratitud nos sentíamos de haber llegado a los establecimientos de los
-blancos, y de admiración a la vista del volumen de las aguas de las
-cataratas, que la caravana hizo alto, y en este momento de felicidad
-repasamos con el pensamiento todos nuestros trabajos, con más rapidez
-que lo que la lengua o la escritura pueden hacer. Desde Independence
-hasta el Fuerte Laramie, 692 millas; de allí al Fuerte Hall, 585; al
-Fuerte Rois, 281; a los Dalles, 305; de Dalles a la ciudad de Oregon,
-160 millas, haciendo la total distancia de despoblado 1960 millas.”</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>“Tanto tiempo habíamos permanecido entre los salvajes, que nuestra
-apariencia se asemejaba mucho a la de ellos; pero cuando hubimos
-cambiado de vestido y afeitádonos al uso de los blancos, no nos
-podíamos reconocer unos a otros. Largo tiempo habíamos hecho vida
-común, sufrido juntos privaciones y penas, y en los peligros contado
-con la ayuda común. Los vínculos de los afectos se habían estrechado
-entre nosotros, y cuando hubimos de separarnos, cada uno sentía
-desgarrársele el corazón; pero como ya habíamos roto otros vínculos
-más fuertes aún, cada uno tomó su partido, y en algunas horas nuestra
-compañía<span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span> se dispersó tomando cada uno diferentes direcciones.”<span class="fnanchor" id="fna1"><a href="#fn1">[1]</a></span></p>
-
-<p>Cuando uno lee la narración de aventuras como estas, se siente sin
-duda orgulloso de pertenecer a la raza humana. Ninguna de las grandes
-pasiones que han obrado los prodigios de la historia, está aquí en
-juego para fanatizar el espíritu: ni la desesperación de los restos
-del grande ejército, ni el amor a la patria de los 10.000 espartanos
-echados entre los bárbaros, ni la sed de oro, de gloria y de sangre de
-los conquistadores españoles. Hombres de aquel temple tenían en los
-Estados tierras de propiedad pública para afincarse; familias que los
-ayudasen; ganados para auxiliarse en las rudas labores de la tierra.
-Atraviesan 600 leguas de desiertos para realizar una grande idea,
-ellos, el desecho del pueblo norteamericano, quieren que la Unión
-ostente sus estrellas en el firmamento del Pacífico, que se realice
-el sueño dorado de acercar la India y la China, y arrebatar estos
-mercados a la Inglaterra. Se sacrifican, pues, a una idea de porvenir
-nacional, porque el yankee no ignora que la primera generación de las
-nuevas plantaciones, abona solo la tierra con su sudor para que gocen
-las venideras; y cuando en el Oregón se han reunido algunos centenares
-de familias, los jefes, dejando a un lado el hacha con que destruyen
-lentamente los bosques para labrarse un campo, y crear su propiedad, se
-reunen en asamblea deliberante, “con el objeto de fijar los principios
-de libertad civil y religiosa, como la base de todas las leyes y
-constituciones que puedan en adelante adoptarse”, y estatuyen:</p>
-
-<p>“Artículo 1.º Ninguna persona que se conduzca de una manera regular
-y ordenada, será molestada a causa de su modo de adoración o sus
-sentimientos religiosos.</p>
-
-<p>“Art. 2.º Los habitantes de dicho territorio gozarán siempre de los
-beneficios del escrito <i xml:lang="la" lang="la">habeas corpus</i>, del juicio<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span> por jurados,
-de una proporcionada representación del pueblo en la legislatura,
-y de procedimientos judiciales conformes a la secuela de las leyes
-ordinarias. Todas las personas podrán dar fianzas, excepto por delitos
-capitales y cuando las pruebas sean evidentes, y las presunciones
-graves. Ningún hombre será privado de su libertad sino por juicio de
-sus pares, o la ley de la tierra...</p>
-
-<p>“Art. 3.º Siendo necesarias para el buen gobierno y felicidad de la
-especie humana, la religión, moralidad e instrucción, serán siempre
-fomentadas las escuelas y todos los medios de educación.</p>
-
-<p>“Art. 5.º Ninguna persona será privada de llevar armas para su propia
-defensa; no se autoriza pesquisas ni registros sin motivo fundado; la
-libertad de la prensa no será restringida; ni el pueblo será privado
-del derecho de reunirse pacíficamente a discutir los asuntos que halle
-por conveniente.</p>
-
-<p>“Art. 6.º Los poderes del gobierno serán divididos en tres distintos
-departamentos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, etc., etc.”</p>
-
-<p><em>Ley de tierras</em>: “Toda persona que posea o en adelante pretenda
-poseer tierra en este territorio, designará la extensión de su
-propiedad por medio de límites naturales, o por mojones en las esquinas
-y sobre los costados del lote, y hará registrar la extensión y límites
-de tal lote en la oficina del escribano del lugar, en un libro que
-será llevado para aquel objeto, en el término de veinte días después
-de hecho el pedido; proveyéndose, que los que están en posesión del
-territorio, tendrán doce meses contados desde la sanción de esta ley,
-para hacer la descripción del lote de tierras en el libro de los
-registros; proveyéndose, además, que el dicho poseedor declarará el
-tamaño, forma y ubicación del terreno.</p>
-
-<p>“2.ª Todo poseedor, en los seis primeros meses después de registrado su
-lote, habrá hecho permanentes mejoras en el terreno, ya edificando o
-cercando, o bien ocupando el terreno en un año de la data del registro;
-o en caso de no ocuparlo,<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span> pagar en tesorería cinco pesos anuales, y
-en caso de no ocuparlo o no pagar la suma antedicha, el título será
-considerado como abandonado; proveyéndose que los no residentes en
-este país no pueden aprovechar de esta ley; y proveyéndose, además
-que los residentes en este territorio que se ausentasen por negocios
-particulares por dos años, podrán conservar la propiedad pagando cinco
-pesos anuales al tesoro.</p>
-
-<p>“3.ª Ningún individuo podrá tomar posesión de más de un cuarto de
-milla cuadrada, o 640 acres, en una forma cuadrada u oblonga. Ningún
-individuo podrá poseer dos lotes a un mismo tiempo.</p>
-
-<p>“5.ª Las líneas de los límites de todos los lotes se conformarán tan
-aproximadamente cuanto sea posible con los puntos cardinales.”<span class="fnanchor" id="fna2"><a href="#fn2">[2]</a></span></p>
-
-<p>Este pueblo, lleva, como <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ve, en su cerebro, orgánicamente, cual
-si fueran una conciencia política, ciertos principios constitutivos
-de la asociación: la ciencia política pasada a sentimiento moral
-complementario del hombre, del pueblo, de la chusma; la municipalidad
-convertida en regla de asociación espontánea; la libertad de conciencia
-y de pensamiento; el juicio por jurados. Si quiere <abbr title="Usted">Vd.</abbr> medir el
-camino que ha andado aquel pueblo, reuna <abbr title="Usted">Vd.</abbr> un grupo, no del vulgo
-de ingleses, franceses, chilenos o argentinos, sino de las clases
-cultas, y pídales de improviso que se constituyan en asociación, y
-no sabrán qué se les pide, cuanto y más fijar con precisión, como
-aquellos aventureros del Oregón, las bases en que ha de reposar el
-gobierno de una sociedad que va a nacer, y que, por la distancia y los
-desiertos que la dejan separada del resto de la Unión, queda de hecho
-y de derecho desligada de la patria común.<span class="fnanchor" id="fna3"><a href="#fn3">[3]</a></span> Algunos años más tarde
-de estos rudimentos dispersos, surgirá un territorio; y del territorio
-un<span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span> Estado para aumentar una nueva estrella en la constelación de
-los Estados Norteamericanos, con sus mismas leyes, sus prácticas,
-sus instituciones civiles y políticas, y sobre todo, con su carácter
-peculiar de nacionalidad, marcado con el sello enérgico de aquel coloso.</p>
-
-<p>Hay un fenómeno que se realiza en los Estados Unidos, y que no obstante
-de referirse a principios fundamentales inherentes a la especie
-humana, no ha sido hasta hoy de una manera precisa establecido. Hasta
-de palabra adecuada carecen para indicarlo los idiomas. Pretender
-señalarlo en dos páginas sería el índice o el plan de un gran libro.
-¿Qué es la moral? El código de preceptos que ha dado en seis mil años
-el contacto de un hombre con otro, a fin de que vivan en paz sin
-hacerse mal, amándose, procurándose el bien. La moral que nos liga
-a Dios por nuestros padres, está después de Confucio, de Sócrates y
-Franklin, adivinada, encontrada. Si algo le falta para ser perfecta
-por el estudio humano y los sentimientos del corazón, la revelación la
-completa en cuanto a la parte de los hombres más desligada de nosotros
-mismos, que es el prójimo, el extranjero, el enemigo, clasificaciones
-que distinguen tres grados de separación; por las leyes el prójimo es
-indiferente; el extranjero, la tela de que se hizo siempre el esclavo;
-para el enemigo, cesan todos los vínculos de la familia humana, la
-muerte está pronta para él, sin remordimiento, con gloria. Cuando el
-hombre se llame el enemigo, entonces deja de formar parte de nuestra
-especie; ni las leyes, ni religión alguna han podido hasta hoy nada
-contra los efectos morales de esta clasificación.</p>
-
-<p>Pero la moral se refiere a las acciones de los individuos solamente.
-¿Cómo se llama aquella otra parte de la vida del hombre, en cuanto
-a miembro de un rebaño, de una colmena, o de una bandada, puesto
-que pertenece a la especie de los animales gregarios? Preguntádselo
-al czar de Rusia, a un lord del parlamento, a Rousseau, a Rosas, a
-Franklin, y cada uno os dará un bellísimo sistema de política, esto
-es,<span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span> de preceptos, de obligaciones, derechos y deberes que sirvan de
-regla a los individuos en relación con la masa, con la sociedad. Los
-unos pretenderán que el <em>uno</em> que gobierna hará para el bien
-común todo lo que le dé la gana; otros sostendrán que los lores son
-los que tienen el derecho de hacer su soberana voluntad, y no faltará
-quien sostenga que cada individuo tiene su parte de ingerencia en los
-negocios de todos, bien que esto dependerá de la cantidad de bienes
-que haya acumulado, o bien del estado de su razón. La política humana,
-pues, no ha hecho tantos progresos como la moral, y puede ser todavía
-puesta aquella ciencia primordial en el número de las especulativas,
-no obstante referirse al hecho más antiguo, más duradero, más actual,
-que es la sociedad en que vivimos. A la especie humana en general
-le falta un sentido, si es posible decirlo. A la <em>conciencia</em>
-que regla las acciones morales entre los hombres, falta añadir otra
-cosa que indique con la misma seguridad los deberes y derechos
-que constituyen la asociación, la moral en grande, obrando sobre
-millones de hombres, entre familias, ciudades, estados y naciones,
-completada más tarde por las leyes de la humanidad entera. La ciudad
-de Atenas parece que había adquirido este sentimiento; más tarde lo
-tuvieron los patricios romanos; pero aquéllo lo destruyeron éstos,
-hiriéndolo por la abertura que deja hasta hoy la moral, a saber, por
-la clasificación del <em>enemigo</em>; y a los últimos los destruyó y
-dispersó la <em>plebe</em>, que adquiría a la sombra del patriciado
-el mismo sentimiento, y por los <em>extranjeros</em>, que de enemigos
-conquistados, pasaron a sentir la gana de formar parte del senado
-romano.</p>
-
-<p>Perdóneme <abbr title="Usted">Vd.</abbr> esta tirada pedantesca, sin la cual no puedo explicar
-mi idea. La población en masa de los Estados Unidos ha adquirido este
-sentimiento, esta conciencia política, pues no sé qué nombre darle. El
-cómo lo ha adquirido lo barruntará <abbr title="Usted">Vd.</abbr> en la historia de los Estados
-Unidos por Bancroft. Es un hecho que se ha venido preparando<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span> de cuatro
-siglos; es la práctica de doctrinas y partidos vencidos y rechazados
-en Europa, y que con los peregrinos, los puritanos, los cuáqueros, el
-<i xml:lang="la" lang="la">habeas corpus</i>, el parlamento, el juri, la tierra despoblada, la
-distancia, el aislamiento, la naturaleza salvaje, la independencia,
-etc., se ha venido desenvolviendo, perfeccionando, arraigando. En
-Inglaterra hay libertades políticas y religiosas para los lores y los
-comerciantes; en Francia para los que escriben o gobiernan; el pueblo,
-la masa bruta, pobre, desheredada, no <em>siente</em> nada todavía
-sobre su posición como miembros de una sociedad; serán gobernados
-monárquicamente, aristocráticamente, teocráticamente, según lo quieran,
-o no puedan resistirlo, los propietarios, los abogados, los militares,
-los literatos.</p>
-
-<p>En Norte América, el yankee será fatalmente republicano, por la
-perfección que adquiere su sentimiento político, que es ya claro y fijo
-como la conciencia moral; porque es de dogma que la moral es adquirida,
-sin lo cual la revelación era inútil, y no se ha hecho revelación
-alguna a los hombres para guiarse en sus relaciones con la masa. Si una
-parte de la Union defiende y mantiene la esclavitud, es porque en esa
-parte la conciencia moral en cuanto al extranjero de raza, aprisionado,
-cazado, débil, ignorante, está en la categoría del <em>enemigo</em>, y
-por tanto, la moral no le favorece; pero, en todos los demás Estados,
-en todas las clases, o más bien, en la clase única que forma la
-sociedad, el sentimiento <em>político</em>, que debe ser inherente al
-hombre, como la razón y la conciencia, está completamente desenvuelto.
-De aquí nace que donde quiera que se reunan diez yankees, pobres,
-andrajosos, estúpidos, antes de poner el hacha al pie de los árboles
-para construirse una morada, se reunen para arreglar las bases de la
-asociación; un día llegará en que no se escriba este pacto, porque
-estará sobre-entendido siempre: y este pacto es, como ha visto usted en
-la ley orgánica del Oregon, una serie de dogmas, un decálogo. Cada uno
-creerá lo que cree; cada uno nombrará<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span> quien haya de gobernarlo; cada
-uno dirá de palabra y por escrito su pensamiento; será juzgado por un
-jurado, y se le admitirá fianza de cárcel segura por todo delito que no
-merezca pena capital.</p>
-
-<p>Pero esta parte es solo la que puede formularse, que hay otra que
-está en las ideas y en las adquisiciones hechas; y es la más digna
-de estudiarse. Por ejemplo: un hombre no llega a la plenitud de su
-desenvolvimiento moral e inteligente sino por la educación; luego la
-sociedad debe completar al padre en la crianza de su hijo. Las escuelas
-gratuítas son coetáneas y a veces anteriores a la fundación de una
-villa. La sociedad necesita tener una voz suya, como cada individuo
-tiene la que le sirve para expresar sus sentimientos, opiniones y
-deseos; luego habrá <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> y cámara de representantes que
-<em>enacte</em> todos los quereres, y prensa diaria que se ocupe de los
-intereses, pasiones e ideas de grandes masas. Como la sociedad, aunque
-naciendo en el seno de los bosques, es hija y heredera de todas las
-adquisiciones de la civilización del mundo, aspirará a tener desde
-luego, o lo más pronto, posta diaria, caminos, puertos, ferrocarriles,
-telégrafos, etc., y de pieza en pieza llega usted hasta el arado, el
-vestido, los utensilios de cocina perfeccionados, de patente, el último
-resultado de la ciencia humana para todos, para cada uno.</p>
-
-<p>Estos detalles, que pueden parecer triviales, constituyen, sin embargo,
-un hecho único en la historia del mundo. Vengo de recorrer la Europa,
-de admirar sus monumentos, de prosternarme ante su ciencia, asombrado
-todavía de los prodigios de sus artes; pero he visto sus millones de
-campesinos, proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser
-contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos,
-los harapos y andrajos de que visten, no revelan bastante las tinieblas
-de su espíritu; y en materia de política, de organización social,
-aquellas tinieblas alcanzan a obscurecer la mente de los sabios, de
-los<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span> banqueros y de los nobles. Imagínese usted veinte millones de
-hombres que saben lo bastante, leen diariamente lo necesario para tener
-en ejercicio su razón, sus pasiones públicas o políticas; que tienen
-que comer y vestir, que en la pobreza mantienen esperanzas fundadas,
-realizables de un porvenir feliz, que alojan en sus viajes en un hotel
-cómodo y espacioso, que viajan sentados en cojines muelles, que llevan
-cartera y mapa geográfico en su bolsillo, que vuelan por los aires
-en alas del vapor, que están diariamente al corriente de todo lo que
-pasa en el mundo, que discuten sin cesar sobre intereses públicos
-que los agitan vivamente, que se sienten legisladores y artífices de
-la prosperidad nacional; imagínese usted este cúmulo de actividad,
-de goces, de fuerzas, de progresos, obrando a un tiempo sobre los
-veinte millones, con rarísimas excepciones, y sentirá usted lo que
-he sentido yo, al ver esta sociedad sobre cuyos edificios y plazas
-parece que brilla con más vivacidad el sol, y cuyos miembros muestran
-en sus proyectos, empresas y trabajos una virilidad que deja muy atrás
-a la especie humana en general. Los norteamericanos sólo pueden ser
-comparados hoy a los romanos antiguos, sin otra diferencia que los
-primeros conquistan sobre la naturaleza ruda por el trabajo propio,
-mientras los otros se apoderaban por la guerra del fruto creado por el
-trabajo ajeno. La misma superioridad viril, la misma pertinencia, la
-misma estrategia, la misma preocupación de un porvenir de poder y de grandeza.</p>
-
-<p>Su buque es el mejor del mundo, el más barato, el más grande. Si en
-alta mar encontráis en un día de bolina una nave que cruza arrebatada
-por la borrasca, cuyas bocanadas inflan a reventar las velas, juanetes,
-alas y arrastraderas, el capitán francés, español o inglés de vuestro
-buque que ha tomado rizos a la vela mayor, os dirá a qué nación
-pertenece; os dirá, rechinando los dientes de cólera que es yankee; lo
-conoce en el tamaño, en la audacia, y más que<span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span> todo en que pasa rozando
-su buque sin izar la bandera para saludarlo.</p>
-
-<p>En los puertos o docks europeos vuestra vista tropezará con un
-departamento especial en que están reunidas fragatas colosales, que
-parecen pertenecer a otro mundo, a otros hombres; son los buques
-yankees que principiaron por agrandarse para contener mayor número de
-balas de algodón y han concluído por hacer un género en la construcción
-naval. Quince buques de vapor de los que hacen el servicio del Hudson,
-unidos por sus quillas y proas describen una calle de madera de una
-milla de largo. Si en un día de tempestad veis en el Havre o en
-Liverpool un buque empeñado en tomar la mar, es un buque yankee que
-tenía anunciada para aquel día su salida, y que el honor al pabellón,
-la gloria de las estrellas de su bandera, le prohiben aguardar, como
-lo harán los buques de otras naciones, a que el viento abonance.
-¿Qué buques son los que persiguen las ballenas en los mares polares?
-Son casi exclusivamente los norteamericanos; y dentro de ese casco
-solitario, de aquel <i xml:lang="en" lang="en">squatter</i> de las aguas, encontraréis una
-tripulación escasa, que no bebe licores, porque pertenece a la sociedad
-de templanza, hombres endurecidos en las fatigas, que arrancan a los
-peligros de la muerte un peculio para establecerse en los Estados
-cuando vuelvan, para tomar un lote de tierra y labrarse una propiedad
-y levantar una casa, y contar a sus hijos alrededor de la estufa de
-hierro colado sus aventuras de mar. El año pasado la reina Victoria se
-paseaba en su suntuoso <i xml:lang="en" lang="en">yacht</i>, acompañada del príncipe Alberto,
-por la bahía de Falmouth. Los buques todos estaban empavesados para
-honrar a las regias visitas. Sobre el tope del palo mayor de una
-fragata norteamericana veíase un marinero yankee parado en un pie,
-balanceándose con el buque que se mecía sobre sus anclas y tendiendo al
-aire su sombrero en una mano en señal de saludo. He aquí la expresión
-jeroglífica de la marina yankee. La reina<span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span> se enfermó a la vista de
-aquel espectáculo. Un marinero inglés hubo, picado de amor nacional, de
-repetir la prueba. La reina lo prohibió con sus señales de espanto. ¿Lo
-habría hecho? No lo hizo, y eso basta. Era una imitación de la audacia
-ajena; el hombre es capaz de eso y mucho más; pero sólo el genio de un
-pueblo inspira la idea y el coraje de ejecutarlo.</p>
-
-<p>Me detengo en este punto de la marina norteamericana, porque el buque
-es para el yankee su medio internacional, la prolongación de su nación
-para ponerse en contacto con todas las otras de la tierra; y en esta
-época de movimiento universal, el pueblo que tenga buques más ligeros,
-de construcción más barata y por tanto de fletes menos subidos, es el
-rey del universo. En el Mediterráneo, en los mares de la India y el
-Pacífico, anulan, suprimen y alejan de día en día toda otra marina y
-todo otro comercio que el suyo. Oh, reyes de la tierra, que habéis
-insultado por tantos siglos a la especie humana, que habéis puesto
-el pie de nuestros esbirros sobre los progresos de la razón y del
-sentimiento político de los pueblos revolucionarios, dentro de veinte
-años, el nombre de la República norteamericana será para vosotros
-como el de Roma para los reyes bárbaros. Las teorías, las utopías, de
-vuestros filósofos, desacreditadas, ridiculizadas por la tradición, la
-legitimidad, el <em>hecho consumado</em>, bien entendido que apoyados en
-medio millón de bayonetas, para que el ridículo sea eficaz, encontrarán
-el hecho también luminoso y triunfante.</p>
-
-<p>Cuando los Estados de la Unión se cuenten por centenares, y los
-habitantes por cientos de millones, educados, vestidos y hartos, ¿qué
-váis a oponer a la voluntad tan soberana de la gran República en los
-negocios del mundo? ¿Vuestros guardianes de pordioseros? ¡Pero os
-olvidáis de las naves americanas que os bloquearían en todos los mares,
-en todos los puertos! Dios ha querido, al fin, que se hallen reunidos
-en un solo hecho, en una sola nación, la tierra virgen que permite a
-la sociedad dilatarse hasta el<span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span> infinito, sin temor de la miseria; el
-hierro que completa las fuerzas humanas; el carbón de piedra que agita
-las máquinas; los bosques que proveen de materiales a la arquitectura
-naval; la educación popular, que desenvuelve por la instrucción general
-la fuerza de producción en todos los individuos de una nación; la
-libertad religiosa que atrae a los pueblos en masa a incorporarse en
-la población; la libertad política que mira con horror el despotismo y
-las familias privilegiadas; la República, en fin, fuerte, ascendente
-como un astro nuevo en el cielo; y todos estos hechos se eslabonan
-entre sí, la libertad y la tierra abundante; el hierro y el genio
-industrial; la democracia y la superioridad de los buques. Empeñaos en
-desunirlos por las teorías y la especulación; decid que la libertad,
-la educación popular, no entran por nada en esta prosperidad inaudita,
-que conduce fatalmente a una supremacía indisputable; el <em>hecho</em>
-será siempre el mismo, que en las monarquías europeas se han reunido la
-decrepitud, las revoluciones, la pobreza, la ignorancia, la barbarie
-y la degradación del mayor número. Escupid al cielo, y ponderadnos
-las ventajas de la monarquía. La tierra se os vuelve estéril bajo las
-plantas, y la República os lleva sus cereales para alimentaros; la
-ignorancia de la muchedumbre sirve de base a vuestros tronos, y la
-corona que orna vuestras sienes brilla cual flor sobre ruinas; medio
-millón de soldados guardan el equilibrio de los celos y de la envidia
-de unos soberanos con otros, mientras la República, colocada por la
-Providencia en terreno propicio, como colmena de abejas, ahorra esas
-sumas inmensas para convertirlas en medios de prosperidad que da su
-rédito en acrecentamiento de poder y de fuerza. Vuestra ciencia y
-vuestras vigilias sirven sólo para aumentar el esplendor de aquélla.
-<i xml:lang="la" lang="la">Sic vos non vobis</i> inventáis telégrafos eléctricos para que la
-unión active sus comunicaciones; <i xml:lang="la" lang="la">sic vos non vobis</i> creasteis los
-rieles para que rodasen las producciones y el comercio norteamericano.<span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span>
-Franklin tuvo la audacia de presentarse en la corte más fastuosa del
-mundo con sus zapatos herrados de labriego y sus vestidos de paño
-burdo; vosotros tendréis un día que esconder vuestros cetros, coronas y
-zarandajas doradas para presentaros ante la República, por temor de que
-no os ponga a la puerta, como a cómicos o truhanes de carnestolendas.</p>
-
-<p>¡Oh! me exalta, mi querido amigo, la idea de presentir el momento en
-que los sufrimientos de tantos siglos, de tantos millones de hombres,
-la violación de tantos principios santos, por la fuerza material
-de los hechos elevados a teoría, a ciencia, encontrarán también el
-<em>hecho</em> que los aplaste, los domine y desmoralice. ¡El día
-del grande escándalo de la República fuerte, rica de centenares de
-millones, no está lejos! El progreso de la población norteamericana lo
-está indicando; ella aumenta como ciento, y las otras naciones sólo
-como uno; las cifras van a equilibrarse y a cambiar en seguida las
-proporciones; y ¿estas cifras numéricas no expresarán lo que encierra
-en sí de fuerzas productoras y de energía física y moral del pueblo
-avezado a las prácticas de la libertad, del trabajo y de la asociación?</p>
-
-<p class="footnote" id="fn1"><a href="#fna1">[1]</a> <i>Journal of Travels over the Rocky Mountains to the Mouth of the
-Columbia River, made the years 1845 and 1846.</i></p>
-
-<p class="footnote" id="fn2"><a href="#fna2">[2]</a> Ley orgánica del Oregón, sancionada el 5 de julio de 1845.</p>
-
-<p class="footnote" id="fn3"><a href="#fna3">[3]</a> El presidente de Estados Unidos, en el Mensaje de 1848, pedía que
-se invitase a los habitantes del Oregón a entrar en relaciones con la
-Unión y reconociesen la autoridad común, como un territorio.</p>
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak" id="AVARICIA">AVARICIA Y MALA FE</h2>
-</div>
-
-<p>Tan fatigado lo considero de seguirme en estas excursiones que al
-rápido andar de las ideas hago por los extremos aportados de la Unión,
-tras de alguna manifestación de la vida de este pueblo, que para
-su solaz quiero en adelante, en vías de puntos de descanso, poner
-epígrafes a las materias que iré tratando. Usted ha comprendido, sin
-duda, que el que precede anuncia que voy a hablar del carácter moral
-de esta nación. En aquellas dos palabras se reasume, en efecto, el
-reproche que hacen, más bien diré, el tizne que afea el carácter moral
-yankee, y el entusiasmo por las instituciones democráticas se resfría
-al ver las brechas<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span> que a la moral individual hacen, y no hay pueblo
-medio civilizado que no se sienta superior a los yankees por este lado
-al menos, al revés de las grandes naciones antiguas y modernas, de Roma
-y la Inglaterra, en que el Estado era un bandido famoso, mientras los
-individuos que lo componían practicaban las virtudes más austeras.</p>
-
-<p>Los Estados Unidos como gobierno son irreprochables en sus actos
-públicos, mientras que los individuos que lo forman adolecen de
-vicios repugnantes de que se creen menos sujetas las demás naciones.
-¿Dependerá esto de una peculiaridad de la raza sajona? ¿Vendrá de la
-amalgama de tantos pueblos diversos? ¿Será fruto ingrato de la libertad
-y de la democracia?</p>
-
-<p>No se espante si muestro que a esta última causa más que a otra
-ninguna atribuyo el mal moral que aqueja a aquellos pueblos. La
-avaricia es hija legítima de la igualdad, como el fraude viene ¡¡cosa
-extraña al parecer!! de la libertad misma. Es la especie humana que se
-muestra allí, sin disfraz alguno, tal como ella es, en el período de
-civilización que ha alcanzado, y tal como se mostrará todavía durante
-algunos siglos más, mientras no se termine la profunda revolución que
-se está obrando en los destinos humanos, cuya delantera llevan los
-Estados Unidos.</p>
-
-<p>El mundo se transforma, y la moral también. No se escandalice usted.
-Como la aplicación del vapor a la locomoción, como la electricidad a la
-transmisión de la palabra, los Estados Unidos han precedido a todos los
-demás pueblos en añadir un principio a la moral humana en relación con
-la democracia. ¡Franklin! Todos los moralistas antiguos y modernos han
-seguido las huellas de una moral que, dando por sentada, por fatal y
-necesaria la existencia de una gran masa de sufrimientos, de pobreza y
-de abyecciones, localizaba el sentimiento moral, dando por atenuaciones
-la limosna del rico y la resignación del pobre. Desde las castas
-inmóviles de indios y egipcios, hasta la esclavitud<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span> y el proletariado
-normal de la Europa, todos los sistemas de moral han flaqueado por
-ahí. Franklin ha sido el primero que ha dicho: bienestar y virtud; sed
-virtuosos para que podáis adquirir; adquirid para poder ser virtuosos.
-Mucho se aproximaba Moisés en sus doctrinas morales a estos principios,
-cuando decía: honrad a vuestros padres para que así viváis largo tiempo
-sobre la tierra prometida. Todas las leyes modernas están basadas en
-este principio nuevo de moral. Abrir a la sociedad en masa, de par en
-par, las puertas al bienestar y a la riqueza.</p>
-
-<p>Allá va el mundo en masa, y sabe Dios los dolores que va a costar
-habituar a los goces de la vida, despertar la inteligencia de esos
-millones de seres humanos que durante tantos miles de años han servido
-para abrigar con el calor de sus entrañas los pies de los nobles que
-volvían de la caza. ¿Qué es el capital? preguntan hoy los economistas.
-El capital es el representante del trabajo de las generaciones pasadas
-legado a las presentes; tienen capitales los que han heredado el fruto
-del trabajo de los siglos pasados, como las aristocracias, y los que
-lo han adquirido en este y el pasado siglo con los descubrimientos de
-las ciencias industriales y las especulaciones del comercio; es decir,
-poquísimos en proporción de la masa pobre de las naciones. He aquí, en
-mi humilde sentir, el origen de la desenfrenada pasión norteamericana.
-Veinte millones de seres humanos, todos a un tiempo, están haciendo
-capital, para ellos y para sus hijos; nación que nació ayer en suelo
-virgen y a quién los siglos pasados no le habían dejado en herencia
-sino bosques primitivos, ríos inexplorados, tierras incultas. Despertad
-en Francia o en Inglaterra, por ejemplo, esos veinte millones de
-pobres que trabajando veinte horas diarias, se amotinan por conseguir
-solamente que el salario les baste para no morir de hambre, sin aspirar
-a un porvenir mejor, sin osar soñarlo siquiera, como pretensiones
-impropias de su esfera; poned<span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span> a los rotos de Chile en la alta esfera
-de las especulaciones, con la idea fija de hacer pronto una fortuna
-de cincuenta mil pesos, y veréis mostrarse entonces las pasiones
-infernales que están aletargadas en el ánimo del pueblo. El roto os
-pide diez reales por el objeto que venderá por uno, si le ofrecen
-uno, y todavía os habrá engañado. Un chileno cree honrada a la masa
-de su nación por serlo él y por desprecio al miserable roto, que, sin
-embargo, forma la gran mayoría. Tal es la explicación del fenómeno
-que llama la atención en los Estados Unidos. Toda la energía del
-carácter de la nación en masa está aplicada a esta grande empresa de
-las generaciones actuales, acumular capital, apropiarse el mayor número
-de bienes para establecerse en la vida. La revolución francesa vió por
-otro camino, aunque conduciendo al mismo fin, desenvolverse la energía
-moral de la nación; la gloria militar puesta al alcance de quién
-supiera conquistarla, el bastón de mariscal en la boca de los cañones
-del enemigo, y sabe usted los prodigios obrados por aquella nación.</p>
-
-<p>El norteamericano lucha con la naturaleza, se endurece contra las
-dificultades por llegar al supremo bien que su posición social le hace
-codiciar: el bienestar; y si la moral se pone de por medio cuando
-él iba a tocar su bien, ¿qué extraño es que la aparte a un lado lo
-bastante para pasar, o la dé un empellón si persiste en interponerse?
-Porque el norteamericano es el pueblo, es la masa, es la humanidad no
-muy moralizada todavía, cubierta allí en todas sus graduaciones de
-desenvolvimiento bajo una apariencia común. ¿Quién es este hombre? se
-preguntará usted en cualquiera parte del mundo; y su fisonomía exterior
-le responderá: es un roto, un labriego, un mendigo, un clérigo, un
-comerciante. En los Estados Unidos todos los hombres son a la vista un
-solo hombre, el norteamericano. Así, pues, la libertad y la igualdad
-producen aquellos defectos morales, que no existen tan aparentes en
-otras partes, porque el grueso de la nación está inhabilitado<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span> para
-manifestarlos. ¡Qué escándalo dieran si llegasen de improviso a ser
-picados por la tarántula!</p>
-
-<p>Contribuyen a hacerlo más manifiesto las peculiaridades de la
-organización de aquel país. Es tal el sentimiento de vida que se
-experimenta en los Estados Unidos, tal la confianza en el porvenir,
-tal la fe que se tiene en los resultados del trabajo, y tan grande
-la esfera del movimiento, que el crédito reposa en la existencia del
-individuo más bien que en la garantía de la propiedad. Un hombre
-trabajando adquirirá infaliblemente. La estadística de la progresión
-en que va la riqueza lo demuestra; luego, todo hombre que trabaja
-tiene crédito. Ejemplo: un individuo remonta el Mississipi en un
-vapor y propone la compra de 4000 barricas de harina. El vendedor
-dice su precio y queda aceptado, después de preguntar quién es el
-banquero del comprador. El vendedor escribe a Nueva York al banquero
-indicado, pidiendo la solvibilidad del individuo, y con la respuesta:
-posee 4000 pesos, crédito bueno, el contrato queda concluído a cuatro
-meses de plazo, a pagar en Londres, donde se venderá la harina al
-banquero del vendedor. Llegado el término del contrato el vendedor
-ve el precio corriente de las harinas en Londres, en la época en que
-ha debido efectuarse la venta y ya sabe a qué atenerse en cuanto a
-la solvibilidad de su deudor. ¡Cuántos tropezones ha dado un yankee
-para llegar a tener fortuna! Aquí llamamos quiebras; allá negocios
-frustrados solamente, que irritan la actividad en lugar de paralizarla.</p>
-
-<p>Cuando el especulador es un Estado, el pícaro se presenta más
-desfachatado. El Estado agencia capitales en Inglaterra para abrir
-caminos de hierro, los obtiene y realiza su empresa; pero como es un
-Estado naciente del Oeste, donde la población y la riqueza no son
-grandes, los peajes no producen por largos años el interés del dinero,
-el Estado deudor promete, aplaza de hoy a mañana el pago sinceramente,
-miente, en seguida, por necesidad, se enfada de que le estén exigiendo,
-y últimamente, un día amanece de mal humor,<span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span> pone a la puerta al
-acreedor importuno, y le declara en sus propias barbas, y a la faz
-de todo el mundo, que <em>repudia</em> la deuda, es decir que no paga.
-¿Demandarlo? ¿Ante quién? He aquí el primer pícaro que se presenta
-en el mundo, que no conoce juez en la tierra; el pueblo soberano. El
-Presidente, el Congreso, el Juez supremo nada pueden contra esta clase
-de bellacos. El gobierno mismo del Estado nada puede; ni la clase culta
-y por tanto con vergüenza, porque emanando el poder del voto de la
-muchedumbre ignorante y bribona, no acepta esta contribución nueva para
-pagar la deuda contraída. Así se han conducido Mississipi, Illinois,
-Indiana, Michigan, Arkansas y algunos otros más. ¡Qué bulla han metido
-los banqueros en Londres con aquella magnífica muestra de la más
-insigne felonía! Y, ¿qué remedio?</p>
-
-<p>Aquí principia el reverso de la medalla. Los diarios de Europa hacen
-llover como sobre Sodoma y Gomorra el fuego de la execración universal,
-y los Estados alzados se ríen con insolencia de tales bravatas. Mas en
-los Estados que no han participado del crimen, principia una reacción
-en nombre de la dignidad nacional, del honor de la Unión mancillado,
-y los delincuentes soberanos empiezan a ponerse serios. Una línea de
-circunvalación se establece en torno de ellos, y desde allí la opinión
-pública los fulmina a mansalva. La clase ilustrada de los Estados que
-han <em>repudiado</em> las deudas siente la indignidad del procedimiento;
-pero ¿qué hacer contra la mayoría que lo sostiene? Un diario entra
-tímidamente en la cuestión; copia como por incidente algún artículo
-censorio. Desde luego reconoce que dadas las circunstancias en que el
-Estado se halló, y la insolencia de los ingleses, hizo perfectamente
-bien, y les ha dado una lección severa, para que en adelante respeten
-mejor la dignidad de un Estado soberano (tramposo). Pero las
-circunstancias empiezan a cambiar felizmente la propiedad se desarrolla
-rápidamente. ¿No convendría, <i xml:lang="en" lang="en">to repeal</i> la <em>repudiación</em>?
-¿Al menos reconsiderar el asunto, arbitrar medios, etc.?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span></p>
-
-<p>El pueblo soberano oye ya sin enojarse. Al día siguiente le insinúan
-ideas de honor, sentimientos de generosidad, hasta que al fin la
-opinión pública se forma, la reprobación excitada afuera halla ecos
-en el Estado, un sentimiento de vergüenza apunta en los semblantes;
-voces enérgicas se levantan en la minoría del Congreso, el movimiento
-se generaliza, y el Estado criminal vuelve sobre sus pasos, entabla
-negociaciones con los banqueros defraudados, y concluye por reconocer
-por legítima la deuda del capital, y ofrece un 60 por ciento de los
-intereses. Otro Estado, no habiendo podido terminar el canal en que
-invirtió los capitales, pide que se le den las sumas necesarias para
-llevarlo a cabo, y pagará todo. Un Estado, en fin, permanece inerte en
-despecho del clamoreo universal, porque es muy pobre, muy apartado, y
-no se admire usted, muy bruto.</p>
-
-<p>Esto último requiere explicaciones.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak" id="GEOGRAFIA">GEOGRAFIA MORAL</h2>
-</div>
-
-<p>Había pintado el plan iconográfico de la viabilidad de los Estados
-Unidos, que si no es la base de la prosperidad de aquel país, es su
-instrumento, como los dedos del hombre son los fieles ejecutores de su
-pensamiento. Hay, también, una geografía moral en aquel país, cuyas
-facciones principales necesito señalar. Conocido el suelo, verá usted
-las corrientes civilizadoras que llevan a todos los extremos de la
-Unión la mejora, la luz y el progreso moral.</p>
-
-<p>Conoce usted la historia y la colocación de los trece Estados
-primitivos de la Unión americana. Dos siglos habían depositado allí
-las grandes ideas políticas y religiosas que la Inglaterra había
-arrojado sucesivamente de su seno. Bancroft ha hecho el inventario de
-esas ideas, colocándolas cada una en la localidad que ocuparon desde
-su establecimiento, con los peregrinos en la Nueva Inglaterra, con
-los cuáqueros en la Pensilvania, con los católicos en el Maryland.
-Aquella colonización fué menos de hombres que se trasladaban de un
-país<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span> a otro, que de ideas políticas y religiosas que pedían aire y
-espacio para explayarse. Sus frutos han sido la república americana,
-frutos muy anteriores a la revolución francesa. La declaración de los
-derechos del hombre hecha por el Congreso de los Estados Unidos en
-1776, es la primera página de la historia del mundo moderno, y todas
-las revoluciones políticas que se seguirán en la tierra, un comentario
-de aquellos simples dogmas del sentido común.</p>
-
-<p>La declaración de la independencia fué como aquel creced y multiplicaos
-de Dios a los hebreos. Desde entonces las ideas y los hombres se
-pusieron en marcha hacia el interior; la república empezó a parir
-<em>territorios</em> que se convertían luego en <em>Estados</em>, como
-un pólipo que echa al costado de su tronco nuevas ramas. Observe el
-movimiento de las repúblicas sudamericanas desde su independencia
-adelante, y verá cuán notable es la diferencia. Chile subdivide sus
-antiguas provincias, pero sin aumentar ni el territorio poblado, ni el
-número de sus ciudades. Las antiguas Provincias Unidas del Río de la
-Plata ven desmembrarse su territorio, y de sus fragmentos constituirse
-estados raquíticos y absurdos, mientras que las provincias que aún
-quedan llevando el nombre argentino, se despueblan de día en día,
-extinguiéndose sus antiguos planteles de ciudades como luces que se
-apagan. Maine tenía, por ejemplo, en 1790, 96.000 habitantes; 151.000
-en 1800; 228.705 en 1810; 400.000 en 1830; 501.793 en 1840. Nueva York
-tenía 340.120 en 1790; 586.766 en 1800; 959.949 en 1810; 1.372.812 en
-1820; 1.918.608 en 1830; 2.428.921 en 1840.</p>
-
-<p>Pero a este movimiento de concentración se añade otro de dilatación.
-Mississipi aparece en 1800 con 8.850 habitantes; en 1840, contaba ya
-375.651. Arkansas no suena hasta 1820, en que presenta una población
-de 14.273 habitantes; en 1840 tiene cerca de cien mil. Indiana
-contaba en 1810, 4.762; treinta años después, 685.866. Ultimamente
-Ohio, que en 1800 registró una población de 40.365, contaba en 1840
-un acrecentamiento de más de millón y medio. Asómbrese usted de
-este<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span> diluvio de hombres que los primeros colonos en un desierto ven
-llegar y establecerse en los alrededores. Me han mostrado un hombre
-que no era viejo, el cual había visto nacer, desenvolverse y crecer
-uno de aquellos grandes estados. ¿De dónde salen estos hombres,
-desde que ya no hay Deucaliones que los produzcan tirando piedras
-hacia atrás? La inmigración europea figura en segundo plano en estas
-sucesivas inmigraciones, por más que aparentemente sea su número muy
-considerable. Los Estados viejos o adultos engendran a los que van
-apareciendo. El <i xml:lang="en" lang="en">indian hater</i>, odiador del indio, va adelante,
-esparciendo los miembros de esta singular secta instintiva, que tiene
-por único dogma perseguir al salvaje, por único apetito el exterminio
-de las razas indígenas. Nadie lo ha mandado; él va solo al bosque
-con su rifle y sus perros a dar caza a los salvajes, ahuyentarlos
-y hacerles abandonar las cacerías de sus padres. Detrás vienen los
-<i xml:lang="en" lang="en">squatters</i>, misántropos que buscan la soledad por morada, el
-peligro por emociones, y el trabajo de desmontar por solaz. Siguen a
-distancia los <i xml:lang="en" lang="en">pioneers</i> abriendo las selvas, sembrando la tierra
-y diseminándose en una grande esfera. Vienen en seguida los empresarios
-capitalistas con emigrantes por peones, y fundando ciudades y aldeas
-según que los accidentes del terreno lo aconsejan. Sobre estos cuadros
-viene en seguida a colocarse la inmigración propietaria, mecánica,
-industrial, joven, que se desprende de los Estados antiguos a buscar y
-crear la fortuna.</p>
-
-<p>En esta expansión de la población norteamericana se muestran grados
-de civilización muy marcados, desapareciendo casi del todo en los
-extremos, al oeste por la diseminación de los habitantes y la rudeza de
-las ocupaciones campestres, al sur por la presencia de los esclavos, y
-por las tradiciones españolas o francesas. Medio siglo bastaría para
-que la barbarie incurable de nuestras campañas argentinas se mostrase
-en las extremidades de la Unión, si los elementos vivos de regeneración
-que encierra aquel país no constituyesen un flujo y reflujo<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span> que tiene
-en actividad toda la masa, y evita que las partes lejanas o aisladas se
-estagnen y degeneren.</p>
-
-<p>¡La inmigración europea es allí un elemento de barbarie, quién lo
-creyera! El europeo, irlandés o alemán, francés o español, salvo
-las excepciones naturales, sale de las clases menesterosas de
-Europa, ignorante de ordinario, y siempre no avezado a las prácticas
-republicanas de la tierra. ¿Cómo hacer que el inmigrante comprenda
-de un golpe aquel complicado mecanismo de instituciones municipales,
-provinciales y nacionales, y más que todo, que se apasione como el
-yankee por cada una de ellas, y las crea ligadas con su existencia y
-como parte de su ser, de tal manera que si descuidara ocuparse de ellas
-y de los intereses a que se ligan, temería que su vida y su conciencia
-estaban a un tiempo en peligro? ¿Cómo habituarlo al <i xml:lang="en" lang="en">meeting</i> a
-que a cada instante recurre el pueblo para expresar <i xml:lang="en" lang="en">his sentiment;</i>
-y una vez expresado, una vez votados una serie de <i xml:lang="en" lang="en">and to be further
-resolved</i>, sentir aquel desahogo y como descargo de un peso que
-experimenta el norteamericano, como si hubiera producido un hecho, o
-desvanecido la opinión que combate? Así es que los extranjeros son en
-los Estados Unidos la piedra de escándalo, y la levadura de corrupción
-que se introduce anualmente en la masa de la sangre de aquella nación
-tan antiguamente educada en las prácticas de la libertad. El partido
-<i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, que es la parte más racional de la nación, ha intentado
-muchas veces poner trabas a la inmigración, y sobre todo prolongar
-por muchos años el aprendizaje, que requiere el uso de los derechos
-políticos. El partido nativista, hoy extinto, trató de crear una
-especie de fanatismo nacional, parecido, aunque por motivos contrarios,
-a nuestro <em>americanismo</em>; pero disiparon luego el interés de cada
-Estado naciente los primeros nubarrones de preocupación que empezaban a
-levantarse. Los Estados antiguos podían prescindir de los extranjeros,
-pues que ya estaban densamente poblados y ofrecen poco aliciente a
-los advenedizos. No así los estados del oeste, que pusieron desde
-entonces en pública subasta<span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span> la ciudadanía, bajando a porfía los años
-de residencia y excusando requisitos para obtenerla.</p>
-
-<p>Contra esta relajación de la disciplina de los mayores y la más
-sensible que trae la diseminación de la población de las campañas, la
-organización social de aquel país tiene medios eficacísimos y que ya
-hubieran producido sus resultados, si no fuese una obra interminable
-mientras continúen llegando <i lang="it">i barbari</i> de Europa por centenas de
-miles, y hayan acres de bosques por descuajar por millares de millones.
-Estas fuerzas de atracción, depuración y pulimento, son tan importantes
-que me permitirá usted irlas enumerando.</p>
-
-<p>La posta diaria es la que más sensiblemente obra. La posta sonará a
-las puertas de cada aldea lejana y depositará en ella, en algún papel
-público, un tópico de conversación, y una noticia de las novedades de
-la Unión. Usted concibe que es imposible barbarizarse donde la posta,
-como una gotera diaria, está disolviendo toda indiferencia nacida del
-aislamiento. No olvide que esta posta recorre 134.000 millas, y que en
-partes tiene por auxiliar el telégrafo.</p>
-
-<p>Paso por alto la influencia civilizadora e irritante de la prensa
-periódica.</p>
-
-<p>El juicio por jurados llama a los hombres de las campañas a cada
-instante a reunirse, para juzgar causas criminales, y el payo juez
-oye la acusación y la defensa, pesa las razones, compulsa leyes, se
-habitúa a su mecanismo y juzga con toda seguridad de conciencia. El
-hábito del jurado ha creado el crimen civil, impune, horrible, que
-se llama la <i>Ley de Lynch</i>. Como Jesús decía: “Donde quiera que
-estaréis reunidos tres en mi nombre, yo estaré con vosotros”, la
-<i xml:lang="en" lang="en">Lynch’s law</i> ha dicho al yankee de los bosques: “Donde quiera
-que os reunáis siete en nombre de la voluntad del pueblo, la justicia
-será con vosotros”. Guárdese usted en el Far-West o en los Estados
-de esclavos de encontrarse con siete hombres reunidos y provocar sus
-pasiones. Será usted colgado por aquellos jueces, más terribles y más
-arbitrarios que los jueces invisibles de los tribunales<span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span> secretos de
-la Alemania antigua. La ley lo permite, y aquellas conciencias torvas
-quedan exentas de todo remordimiento, ni más ni menos que el inquisidor
-español que veía arder la víctima que con sus ardides había llevado a
-la hoguera; así la religión y la democracia caen en el crimen cuando se
-exageran sus principios y sus objetos.</p>
-
-<p>No ejerce menor influencia civilizadora la elección de presidente.
-El norteamericano hace cincuenta elecciones al año. Derrotado en el
-consejo de instrucción pública, se echa con el mismo ardor en la
-de sacristán de su capilla; si pierde allí, espera con redoblado
-encarnizamiento la de <i xml:lang="en" lang="en">attorney</i>, la de diputados para su Estado
-o la de gobernador. No lo exalta menos la que requiere la renovación
-de las cámaras, e incuba un año entero su ojeriza contra un candidato
-para la presidencia y su amor por otro. Entonces la Unión se agita por
-sus cimientos; los <i xml:lang="en" lang="en">squatters</i> salen de los bosques como sombras
-evocadas por un conjuro. La suerte de cada uno de aquellos galápagos,
-está comprometida en el éxito; amenaza no sobrevivir al triunfo del
-candidato <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, cual si dijéramos retrógrado; y si el escrutinio
-deja burladas sus esperanzas, aprieta los puños se alejan en dirección
-a su morada, jurando desquitarse en la elección de pastor de su
-doctrina.</p>
-
-<p>La elección de presidente es, pues, el único vínculo que une entre
-sí a todos los extremos de la Unión, la preocupación nacional única
-que conmueve a un tiempo a todos los hombres y a todos los Estados.
-La lucha electoral, es, por tanto, un despertador, una escuela y un
-estimulante que hace revivir la vida adormecida por las distancias y la
-rudeza del trabajo.</p>
-
-<p>Pero el mayor de todos los reactivos constitúyelo el sentimiento
-religioso. Pasma, sin duda, a un católico tibio que llega de nuestros
-países ver la escala extensa y elevada en que la religión obra, en
-medio de aquella extrema libertad. Desde luego la Biblia está en toda
-la Unión, desde el <i xml:lang="en" lang="en">loghouse</i> del bosque hasta los hoteles de las
-grandes ciudades, obrando en bien y en mal, los efectos de su lectura
-diaria. Digo en mal,<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span> porque el apego a la letra del texto produce
-consecuencias desastrosas en los ánimos estrechos. Sábese que en la
-nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las leyes de Moisés; tal
-era y es aún la idea de la perfección inmaculada de cada frase y de
-cada versículo de la Biblia. A bordo de un buque se hablaba de las
-maravillas del cloroformo. Un médico aseguraba que podía aplicarse
-sin peligro a los alumbramientos.&mdash;¿Y usted lo aplicará a su mujer?
-preguntaba un puritano presente.&mdash;¿Por qué no?&mdash;Pues yo no lo haría,
-replicó seriamente el interlocutor.&mdash;Eso depende del grado de confianza
-de cada uno en su eficacia.&mdash;No, señor; el Génesis dice: parirá la
-mujer con dolores; y usted contraría la voluntad de Dios. Como se ve,
-la cuestión del cloroformo era mirada por el lado de la conciencia, y
-medida su bondad en el cartabón de la Biblia.</p>
-
-<p>El acento nasal de los yanquis, más pronunciado en el interior,
-viéneles de la lectura cotidiana de la Biblia; pero en despecho de
-estos pequeños inconvenientes, produce, por otra parte, resultados
-inmensos. La historia aunque trunca, los preceptos de la moral, las
-frases evangélicas, se pegan a la mente del lector; y la plática del
-pastor se refiere cual comentario a aquellos puntos que el oyente
-conoce y sobre cuya significación su ruda mente pedía esclarecimientos.
-La lluvia de la palabra cae entonces sobre terreno abierto y sediente,
-y no como la de nuestros predicadores ordinarios, que la arrojan
-al viento en las plazas públicas, condimentándolas no pocas veces
-con groserías para que sirvan éstas de mordiente al caer sobre las
-naturalezas brutas del pueblo. La polémica de las sectas da más
-animación y actualidad a estas lecturas, y la vida entera de un hombre
-no basta para penetrar en los misterios que encierra en inmenso
-catálogo su libro sagrado. Sesenta y siete colegios de teología
-difunden por toda la Unión la ciencia religiosa, mientras que alcanzan
-apenas a diez los consagrados a las leyes, produciendo, sin embargo,
-un número de más de veinte mil abogados. El número de obras originales
-sobre aquel punto es tres veces mayor en los Estados Unidos que el de
-otras consagradas<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span> a investigaciones de la ciencia. Esta peculiaridad
-nacional hará de aquel pueblo una entidad aparte en el mundo moderno.</p>
-
-<p>Para mantener el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las
-campañas remotas, millares de pastores viajeros, que pasan toda
-su vida en misión; hombres rudos y enérgicos que llevan a todas
-partes la agitación, despiertan los ánimos, excitándolos a la
-contemplación de las verdades eternas. Son éstos verdaderos ejercicios
-espirituales, como los de los católicos; más espirituales aún, pues,
-sin amedrentarlos con las penas del infierno, el pastor o los pastores
-reunidos en un mitin religioso, al aire libre o en algún galpón
-improvisado, sacuden las embotadas inteligencias de los campesinos,
-les presentan la imagen de Dios en formas grandiosas, inconcebibles;
-y cuando el estimulante ha producido su efecto, envían a las mujeres
-al bosque de un lado y a los hombres del otro, para que mediten a sus
-solas, se encuentren en presencia de sí mismos viendo su nada, su
-desamparo y sus defectos morales.</p>
-
-<p>Los resultados de esta curación moral son extraños e inexplicables.
-Las mujeres entran en delirio, se tuercen y revuelcan por el suelo,
-echando espumarajos; lloran los hombres y aprietan los puños, hasta
-que, al fin, un himno religioso, entonado en coro, empieza, lentamente,
-a dulcificar aquellas santas amarguras; la razón recobra su imperio,
-la conciencia se aquieta y tranquiliza, y una profunda melancolía se
-pinta en los semblantes, mezclada de síntomas de bondad moral, como si
-hubiese robustecídose el sentimiento de lo justo con aquel vomitivo
-aplicado al espíritu. Los profanos que han presenciado estas escenas
-en las campañas, atribuyen aquellos efectos singulares de la palabra
-a la excitación que producen sobre el cerebro las ideas elevadas,
-en personas que por la monotonía de la vida aislada que llevan,
-pasan meses enteros sin experimentar emoción alguna de placer ni de
-dolor. Es aquel un drama entre Dios y la criatura, cuyas peripecias
-tienen despierto al<span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span> auditorio que es la parte más activa de la
-representación. Acaso el cerebro tiene movimientos y revoluciones como
-otros órganos del cuerpo humano también. Pero en todo caso el habitante
-del Far West en nada se parece al bárbaro pastor o al labrador de
-nuestras campañas, pues que está abundantemente preparado para oir
-la palabra divina por la lectura de la Biblia y por los comentarios
-teológicos de los divinistas. Pero lo que de todo esto importa para
-mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos, las disidencias
-teológicas y los pastores ambulantes, aquella grande masa humana vive
-toda en fermentación, y la inteligencia de los más apartados habitantes
-de los centros se conserva despierta, activa, y con sus poros abiertos
-para recibir toda clase de cultura. A semejanza de una cuba, que no
-importa la calidad del líquido que encierre, se mantiene ajustada y
-apta para servir; mientras que si se le deja vacía, las duelas se
-tuercen, los arcos se aflojan y queda con la acción del tiempo y las
-fluctuaciones de la intemperie, inutilizada para siempre.</p>
-
-<p>Pero abra <abbr title="Usted">Vd.</abbr> paso, todavía para un elemento civilizador, el más
-activo que mantiene la vida en aquellos pueblos, religioso, político,
-industrial, lleno del espíritu antiguo de las colonias, como, asimismo,
-accesible a todos los progresos de la inteligencia moderna, el
-descendiente de los viejos peregrinos, el heredero de sus tradiciones
-de resignación y de endurecimiento al trabajo manual, el elaborador de
-las grandes ideas sociales y morales que constituyen la nacionalidad
-norteamericana, el habitante, en fin, de los Estados de la Nueva
-Inglaterra, Maine, New Hampshire, Massachusetts, etc. He aquí la raza
-bramínica de los Estados Unidos. Como los bramanes descendiendo de las
-montañas del Himalaya, los habitantes de aquellos antiguos Estados,
-se diseminan hacia el Oeste de la Unión, educando con su ejemplo
-y sus prácticas a los pueblos nuevos que surgen sin pericia y sin
-ciencia sobre la faz de la tierra apenas desmontada. Recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que
-los peregrinos<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span> eran ciento cincuenta sabios, pensadores, fanáticos,
-entusiastas, políticos, emigrados y probados por todas las calamidades
-que pueden caer sobre los hombres; recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, sin duda, que no
-quisieron que con ellos se embarcase un sirviente al alejarse de las
-costas de la Europa, resueltos como estaban a labrar la tierra con sus
-propias manos y no reconocer desigualdades sociales en la nueva patria
-que iban a buscar en la América: recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, que se sentaron todos
-debajo de una encina de donde hoy está Boston, y después de dar gracias
-al Dios de Israel por su feliz arribo, discutieron las leyes que se
-darían para gloria de Jehová y su libertad personal; recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, por
-fin, que esos hombres en aquella época establecieron escuelas públicas,
-obligando a cada padre, tutor o patrón de niños, a darles educación
-elemental para el espíritu y un oficio manual para el sustento del
-cuerpo. Pues bien, los hijos de aquella escogida porción de la especie
-humana, son aun hoy los mentores y los directores de las nuevas
-generaciones. Créese que más de un millón de familias descienden,
-en toda la Unión de aquella noble estirpe. Ellos han impreso en la
-fisonomía del yankee aquella plácida bondad que se nota en la clase más
-educada. Ellos llevan a toda la Unión la aptitud manual que hace de un
-norteamericano una maestranza ambulante; la energía férrea para luchar
-con las dificultades y vencerlas; y la aptitud moral e intelectual que
-lo pone al nivel, si no en la línea superior, a lo mejor de la especie
-humana. Estos emigrantes del Norte disciplinan las poblaciones nuevas,
-les inyectan su espíritu en los mítines que presiden y provocan; en las
-escuelas, en los libros, en las elecciones y en la práctica de todas
-las instituciones norteamericanas. Las grandes empresas de colonización
-y ferrocarriles, los bancos y las sociedades, ellos las inician y
-llevan a cabo. Así es que la barbarie producida por el aislamiento
-de los bosques, y la relajación de las prácticas republicanas,
-introducidas por los emigrantes, encuentran en los descendientes de los
-puritanos y peregrinos un dique y un astringente.<span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span> Hay, pues, flujo y
-reflujo, entre estas dos fuerzas contrarias; y por más que fuera rápida
-la dilatación de la Unión y la mezcla y yuxtaposición de los pueblos,
-ellos acabarían, al fin, por dar homogeneidad al todo y conservarle
-el tipo original y nuevo, tradicional y progresivo que distingue a
-aquel pueblo. ¿Sucede cosa igual en el resto del mundo en formas tan
-perceptibles y constantes?</p>
-
-<p>Acaso, creerá <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que aquellos instrumentos de pulimento y purificación
-nacional, a fuer de herederos de las antiguas creencias de los
-peregrinos, mantienen la inmovilidad de las ideas y constituyen una
-secta aparte. Bajo el aspecto religioso, los Estados Unidos presentan
-el mismo espectáculo que las costumbres, y que la superficie de la
-tierra. En ninguna parte del mundo puede decirse con más propiedad
-que Dios está hecho a imagen y semejanza de los hombres. Los
-norteamericanos tienen de Dios las ideas elevadas que de su esencia
-nos han transmitido los hebreos por medio del cristianismo; pero las
-sectas religiosas y las prácticas se adaptan allí a la inteligencia
-popular, descienden a una especie que llamaría fetichismo si tuviese
-por símbolos ídolos o manitúes; y se eleva hasta la filosofía pura,
-el deísmo, sin perder su carácter profundamente religioso, y aun
-sin salir de las grandes fórmulas morales del cristianismo. Como en
-todos los pueblos eminentemente religiosos, hay hoy en este momento
-en los Estados Unidos, santos, profetas, enviados de Dios, descensión
-y ascensión visible del Espíritu Santo, y comunión entre el cielo y
-la tierra. Hay religiones nuevas, que están naciendo y prometiendo
-absorber toda la tierra; los mormones, son de ayer, y sus inspirados y
-pontífices hacen milagros; testigo de ello que durante mi residencia
-en los Estados Unidos, un profano descubrió que la luz pálida que
-arrojaba el semblante del santo varón, procedía de una fricción que se
-había dado con fósforo. El venerable pontífice no se dió por vencido,
-diciendo que todos los milagros habían sido preparados así, ni sufrió
-en lo<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span> menor la fe y fervor de los creyentes, que hoy ascienden a más
-de ciento cincuenta mil.</p>
-
-<p>Hay religiones danzantes, y los fieles, después de haber oído la
-oración del pastor, se lanzan a bailar hasta que el numen del baile
-se despierta, y el cuerpo se lanza a hacer cabriolas frenéticas,
-e indescriptibles. Entonces créese iluminado el paciente, que cae
-al fin extenuado y demente. Como he visto en el baile Mabille, de
-París, a la Reina Pomaré, la Rigolette, y otras celebridades hacer
-diabluras, no me dejo atrapar fácilmente por estas manifestaciones del
-Espíritu Santo. Sobre estas capas inferiores del culto en los Estados
-Unidos descuellan disidencias cristianas más respetables, tales como
-baptistas, metodistas, presbiterianos, congregacionalistas, cristianos,
-episcopalistas, luteranos, alemanes reformados, católicos romanos,
-amigos, universalistas, unitarios y otras sectas, entre las cuales
-yo incluiría los deístas puros; pues, tal es el espíritu religioso
-y tolerante de aquel país, que la negación de toda religión, lo que
-nosotros llamamos la impiedad, forma una secta aparte contra la cual
-nadie levanta la voz. Como una muestra de las proporciones que guardan
-estas divisiones, apuntaré que los baptistas tienen 1.130 iglesias
-y 4.907 pastores; los episcopalistas 950 iglesias, servidas por 849
-pastores; los católicos 912 iglesias con 545 sacerdotes; los unitarios
-200 iglesias con 174 pastores, guardando todos los demás una proporción
-descendente, según su colocación.</p>
-
-<p>He dicho tolerante en el sentido genuíno que los americanos dan a esta
-palabra. Las sectas religiosas, forman en los Estados Unidos verdaderas
-cofradías y naciones religiosas, no obstante estar entremezcladas en
-las ciudades y en los campos. El médico, el escribano, el proveedor de
-carne, el boticario de la casa, y aun el botero, han de ser de la misma
-creencia de quien lo ocupa. Hay guerra sorda, proselitismo, en este
-sentido. Pero la tolerancia se muestra en la impasibilidad con que un
-metodista oiría contradecir sus dogmas por un católico y viceversa;<span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span>
-porque en los Estados Unidos los católicos que profesan por dogma la
-intolerancia religiosa, son como aquellos tigres sin uñas ni dientes
-que solemos criar en las casas. No se ha oído hasta ahora que un
-católico haya mordido a nadie en Estados Unidos, donde hallan muy buena
-la libertad religiosa de que disfrutan a sus anchas, no sin salvar
-almas todos los años de los engaños falaces del tentador.</p>
-
-<p>Este caos religioso, aquellas cien verdades contradictorias están,
-a su vez, sufriendo una elaboración, lenta, es verdad, pero segura,
-ascendente. Mientras la barbarie mormónica hace sus progresos la
-filosofía religiosa de los descendientes de los peregrinos viene
-de alto abajo descendiendo hasta las profundidades de la sociedad,
-acercando las distancias que separan todas las disidencias, echando
-entre ellas blandas ligaduras que concluyen por estrecharlas, y que
-terminarán al fin en absorberlas en el unitarismo, secta nueva,
-panteísta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos
-los bautismos, por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia,
-y elevándose a regiones más encumbradas, desprendiéndose de toda
-interpretación religiosa, concluye por reunir en un sólo abrazo
-a judíos, mahometanos y cristianos, prescindiendo de milagros y
-ministerios, como cosas que no cuadran con la forma orgánica que Dios
-ha dado al espíritu humano, y clasificándolos en el número de las
-figuras de la retórica. La moral del cristianismo como expresión y
-regla de la vida humana, como punto de reunión asequible y aceptable
-por todas las naciones, he aquí el único dogma que admiten, como la
-virtud y la humanidad el único culto y la única práctica que prescriben
-a los creyentes.</p>
-
-<p>Esta filosofía religiosa se extiende con rapidez en los seis Estados de
-Nueva Inglaterra, tiene su centro en Boston, la Atenas norteamericana,
-y como propagadores a los hombres más sabios de los Estados.</p>
-
-<p>Como <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ve, el espíritu puritano ha estado en actividad durante dos
-siglos, y marcha a darse conclusiones pacíficas,<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span> conciliadoras,
-obrando siempre el progreso sin romper en guerra con los hechos
-existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente, como lo
-emprendió la filosofía nacida del catolicismo en el siglo XVIII, y que
-tan poco camino ha hecho. Si recuerda el espíritu religioso que campea
-en los escritos de Franklin, notará que estas manifestaciones tienen
-antecedentes en la filosofía de buen sentido que inició aquel grande
-hombre práctico.</p>
-
-<p>Concluyo de todo esto, mi buen amigo, en una cosa que hará pararse los
-pelos de horror a los buenos yanquis, y es que marchan derecho a la
-unidad de creencias y que un día no muy remoto la Unión presentará al
-mundo el espectáculo de un pueblo católico devoto, sin forma religiosa
-aparente, filósofo sin abjurar el cristianismo, exactamente como los
-chinos han concluído por tener una religión sin culto, cuyo grande
-apóstol es Confucio, el moralista que con el auxilio de su razón dió
-con el axioma: No hagas lo que no quieras que te hagan a ti mismo,
-añadiéndole este sublime corolario: y “sacrifícate por la masa”.</p>
-
-<p>Si tal sucediera, y debe suceder, cuán grande y fecundo habrá de ser
-para la humanidad el experimento hecho en aquella porción que dará por
-resultado la dignificación del hombre por la igualdad de derechos, la
-elevación moral por la desaparición de las sectas religiosas que ahora
-lo subdividen, enérgico por las facultades físicas, y eminentemente
-civilizado por la apropiación a su existencia y bienestar de todos los
-progresos de la inteligencia humana. Norteamericano es el principio de
-la tolerancia religiosa que está inscripto en todas las constituciones
-y pasado ya a axioma vulgar; en Norte América fué por primera vez
-pronunciada esta palabra que debía restañar la sangre que la humanidad
-ha derramado a torrentes, y venido destilando hasta nosotros desde los
-primeros tiempos del mundo. Católicos, cuáqueros, calvinistas, todas
-estas variantes de una misma fe, venían a las colonias norteamericanas,
-a yuxtaponerse, sin mezclarse, prevaleciendo<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span> los odios que había
-engendrado la lucha en la Europa. Los padres peregrinos eran los
-más celosos exclusivistas, porque habían atravesado el mundo, dice
-Bancroft, para gozar el privilegio de vivir por sí mismos. La guerra
-religiosa, la persecución había ya estallado entre aquellos miserables
-restos de un naufragio común, despedazándose entre sí, en lugar
-de prestarse mutuo auxilio y amparo para resistir a la desgracia.
-Perseguían en Europa los anglicanos a los disidentes; los católicos a
-los herejes; quemaban a porfía la Inquisición y Calvino, papas y reyes,
-mahometanos y cristianos, de manera que usted no sabía adónde darse
-vuelta sin riesgo de que lo hiciesen <i>biftec</i>. En Febrero de 1631,
-llegó a América un joven maestro lleno del espíritu de Dios, y dotado
-de preciosos dones. Llamábase Rogerio Williams. Tenía entonces poco
-más de treinta años; pero su alma había madurado ya una doctrina que
-le aseguró la inmortalidad, al mismo tiempo que su aplicación ha dado
-paz religiosa al mundo americano. Era puritano y venía huyendo de la
-persecución de la Inglaterra; pero sus agravios personales no habían
-sido parte a obscurecer su clara inteligencia. La profundidad de su
-espíritu le había descubierto la naturaleza de la intolerancia, y él,
-sólo él, llegó al principio que es su único remedio efectivo. Anunció
-su principio bajo la simple proposición de santidad de conciencia.
-El magistrado civil podía reprimir el crimen, pero jamás dar reglas
-a la opinión; castigar los delitos, pero nunca violar la libertad
-del alma. Esta nueva contenía en sí misma una reforma completa de la
-jurisprudencia teológica, borrando del código de las leyes el delito
-de felonía por no conformidad; extinguiendo las hogueras que por tanto
-tiempo había tenido encendidas la persecución; derogando toda ley que
-hiciese obligatoria la observancia religiosa; aboliendo los diezmos y
-toda contribución forzosa para el sostén de la iglesia; dando igual
-protección a toda forma de fe religiosa, sin permitir que la autoridad
-del gobierno civil se alistase contra la mezquita del musulmán, contra
-el<span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span> altar del adorador del fuego, la sinagoga judía, o la catedral
-romana.</p>
-
-<p>Los principios de Roger Williams lo pusieron en perpetua lucha con
-el clero y gobierno de Massachussetts. Williams no pactaba con la
-intolerancia, porque decía: la doctrina de la persecución por causas
-de conciencia es evidente y lamentablemente contraria a la doctrina de
-Cristo Jesús.</p>
-
-<p>Los magistrados insistían en exigir la presencia de todo hombre en el
-oficio divino, Williams reprobaba la ley, mirando como una abierta
-violación de los derechos de un hombre compelerlo a unirse con
-aquellos de creencia diversa; arrastrar al templo a los incrédulos
-o mal querientes, era santificar la hipocresía. Una alma incrédula,
-añadía, está muerta en pecado, y forzar al indiferente en una creencia
-a entrar en otra, es como mudar de mortajas a un cadáver. Nadie debe
-ser obligado a adorar, por mantener una creencia, sin su propio
-consentimiento.</p>
-
-<p>Qué, le contestaban los puritanos, ¿el trabajador no merece su
-salario?&mdash;Que se lo pague el que lo ocupa, replicaba el heresiarca
-de la tolerancia. Su perspicacia le hizo desde entonces prever la
-influencia de sus principios en el gobierno de las sociedades. En los
-últimos días de su vida confirmó sus primeras ideas diciendo: “será
-un acto de misericordia y de justicia para las naciones esclavizadas
-romper el yugo de la opresión del alma, como es de fuerza obligatoria,
-hacer que todos y cada interés y conciencia preserven la libertad y la
-paz comunes”<span class="fnanchor" id="fna4"><a href="#fn4">[4]</a></span>.</p>
-
-<p>¡Y la luz fué! Desde Williams acá unos más pronto, otros más de mala
-gana y refunfuñando, han tenido que apagar sus tizoncitos y dejarse de
-esa bufonada de mal género que consiste en quemar hombres para mayor
-honra y gloria de Dios.</p>
-
-<p>No tengo con qué acabar cuando yo entro en el campo<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span> de la teología;
-me vuelvo yankee como usted ve, y hasta gangoso me pongo al leer
-estos razonamientos. Pero mal que le pese, tengo aún que apuntar una
-de las fuerzas de regeneración, propaganda y auxilio al moroso que
-tienen en movimiento la inteligencia en Norte América y fuerzan a
-marchar adelante a los rezagados. Su origen y su forma es religiosa,
-si bien sus efectos se hacen sentir en todos los aspectos sociales.
-Hablo del espíritu de asociación religiosa y filantrópica, que pone
-en actividad millares de voluntades para la consecución de un fin
-laudable y consagra caudales gigantescos a la prosecución de su obra.
-En este punto el norteamericano se ha creado necesidades espirituales
-tan dispendiosas e imprescindibles como las del cuerpo mismo, y esta
-provisión de necesidades del ánimo, aquel tiempo, trabajo y dinero
-empleado en dejar satisfecho un deseo, una preocupación, muestra
-cuán activa es la vida moral de aquel pueblo. ¿Quién pudiera ser más
-infatigable propagandista que el católico exclusivo para quien no hay
-salvación fuera de la iglesia, y está en posesión de una verdad, de
-que ve a tantos millares de sus semejantes extraviados? Preguntadle al
-clero más intolerante cuánto dinero gasta de su bolsillo para proseguir
-la reducción de los infieles, la moralización de las masas. Poquísimo,
-por desgracia, y ese poco no es debido al sentimiento religioso que
-lo anima, sino a las cualidades personales y a las predisposiciones
-de ánimo del que se consagra a las obras de propaganda y filantropía.
-¿A quién le ha ocurrido en la América española intentar una cruzada
-contra la borrachera? En Estados Unidos se cuentan ya por millares los
-propagandistas celosos de la templanza, y por cientos de miles los
-que han subscripto la obligación de no probar licores, hasta que la
-raza humana se cure de esta enfermedad que desbarata toda economía y
-destruye toda moralidad.</p>
-
-<p>El norteamericano satisface deberes, y llena necesidades de su corazón
-y de su espíritu con su dinero; y si hubiera de formar su presupuesto
-anual de gastos diría 100 en comer<span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span> y vestir, 20 en propagar las
-buenas ideas religiosas, 10 para obras de filantropía, 50 para fines
-políticos, 20 para civilización de los bárbaros. Así distribuída la
-inversión del fruto del trabajo, se permite la libertad de mostrarse
-egoísta, duro e interesado.</p>
-
-<p><i>La Sociedad americana de templanza</i> data desde 1826 y ya en 1835
-había en el país ocho mil sociedades, con millón y medio de miembros.
-La caridad por los borrachos no se limita a buenos ejemplos. Cuatro
-mil destiladores de aguardientes desmontaron sus alambiques, ocho mil
-comerciantes se abstuvieron de vender licores, y mil doscientos buques
-se hicieron a la vela sin provisión de aguardiente. La legislatura de
-Massachusetts prohibió la venta de líquidos alcohólicos por menos de
-15 galones. <i xml:lang="en" lang="en">The tract society</i>, que tiene por objeto moralizar
-las clases ambulantes, como los marineros y otros, publicó en 1835
-cincuenta y tres millones de páginas. <i>La Sociedad americana de
-escuelas dominicales</i>, formada en 1824, recolectaba diez años
-después 136.855 pesos en un año, había hecho 600 publicaciones
-diversas, y estaba en contacto con 16.000 escuelas, 115.000 maestros,
-cerca de 800.000 discípulos.</p>
-
-<p>La <i>Sociedad bíblica americana</i> ha recibido desde su fundación
-hasta ahora poco, dos millones y medio de pesos, y abandonado a la
-circulación cerca de cuatro millones de ejemplares de la Biblia. Omito
-hablar a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> de las misiones en el Occidente, en cuyos países una
-sola de ellas mantiene 308 misioneros, 478 escuelas, 17 imprentas, 4
-fundiciones de tipos para imprimir libros en idiomas ignorados aun de
-nombre en Europa. Los resultados de las misiones americanas en Sandwich
-los conocemos todos para que haya de detenerme sobre ellos, pues mi
-ánimo al recordar todas estas sociedades es sólo hacer sensible una
-de las muchas fuerzas civilizadoras que están en continua acción para
-mejorar moral, religiosa y políticamente la condición del pueblo.
-No es raro ver un banquero como Girard, que deja millón y medio de
-duros<span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span> para que se funde un colegio en que se eduquen jóvenes bajo
-ciertas condiciones por él prescriptas, y otros filántropos que, como
-Franklin, dejen un fondo para que dentro de dos siglos se disponga
-de los intereses capitalizados. En todo este enorme y complicado
-trabajo nacional, verá <abbr title="Usted">Vd.</abbr> predominar una grande idea, la igualdad; un
-sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio,
-la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional
-e individual de aquel pueblo.</p>
-
-<p class="footnote" id="fn4"><a href="#fna4">[4]</a> <i xml:lang="en" lang="en">History of the United States</i>, <span xml:lang="en" lang="en">by George Bancroft</span>.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak" id="ELECCIONES">ELECCIONES</h2>
-</div>
-
-<p>Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados
-Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de
-poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad.
-Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y
-darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo,
-tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un
-arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar
-prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las
-poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo,
-Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de
-las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está
-montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad
-de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el
-sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar
-con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un
-trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación
-del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros
-conocimientos americanos.</p>
-
-<p>No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para
-vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la
-constitución de los Estados Unidos en general,<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span> dan idea insuficiente.
-Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver
-elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la
-de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado
-muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para
-penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego
-de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede
-haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso,
-exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para
-desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de
-un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor
-de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando
-se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente
-o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda
-una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera?
-El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen
-apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo
-bastante por una práctica comparativamente larga.</p>
-
-<p>El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los
-diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el
-candidato del partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, invitándolos a que se reuniesen con
-los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy
-edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo
-que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la
-balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da,
-sin duda, mucha importancia.</p>
-
-<p>No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que
-no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes
-del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es
-un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una
-imparcialidad y franqueza<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span> sincera, lo hacen un juez competente y una
-autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor:</p>
-
-<p>“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del
-Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts,
-como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección
-anual, y se han convocado <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> preparatorios por cada
-uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante
-delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de
-candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes
-para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listas <i xml:lang="en" lang="en">tickets</i>.
-El <i xml:lang="en" lang="en">ticket whig</i> como el <i xml:lang="en" lang="en">ticket</i> democrático se anuncian
-por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido,
-y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun
-me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento
-y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios
-candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido
-de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la
-prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la
-vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande
-extensión la prensa británica.</p>
-
-<p>“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados
-divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los
-cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores
-acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia
-su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto,
-registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista
-impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para
-impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre
-puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que
-aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque
-esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente
-la mano,<span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span> para que no introduzca dos o más <i xml:lang="en" lang="en">tickets</i> en la urna.
-Al fin de la elección los <i xml:lang="en" lang="en">tickets</i> son examinados, y después
-de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al
-efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta
-sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho
-con el <i xml:lang="en" lang="en">ticket</i> de su partido, puede borrar algunos nombres y
-substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no
-hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven
-electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su
-propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente
-se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más
-<i xml:lang="en" lang="en">tickets</i>, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes
-candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual,
-el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por
-un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que
-haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato
-es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me
-he asegurado de que la <em>intimidación</em> en el sentido inglés de la
-palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería
-resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su
-partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo,
-pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las
-elecciones.</p>
-
-<p>“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto
-en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el
-siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para
-solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los
-candidatos presentados en su <i xml:lang="en" lang="en">ticket</i>, a fin de persuadirlos a
-que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de
-dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones
-para los <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i>, y aun carruajes para traer los enfermos a las
-mesas en cada elección. El número de votantes son la<span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span> mitad o los dos
-tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas
-ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los
-abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los
-médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre
-aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla
-general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en
-Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro
-país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece
-protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota
-cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase
-a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado
-públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses,
-damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella
-no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de
-abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia
-que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia
-con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.</p>
-
-<p><i>Elección en el Estado de Nueva York.</i> Hoy llegó a Boston
-la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura,
-gobernador, etc., de Nueva York:</p>
-
-<p>“El partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> sacó a la plaza dos piezas de artillería
-de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta
-simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo
-pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo
-los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo
-de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido
-opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar.</p>
-
-<p>“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de
-distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era
-día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré
-hombres a la puerta teniendo<span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span> las listas de los candidatos rivales, y
-ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad
-pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al
-secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro,
-se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo,
-y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la
-votación, conversando y calculando las probabilidades.</p>
-
-<p>“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una
-escisión del partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> con motivo de la <i xml:lang="en" lang="en">licence-law</i>,
-aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe
-concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección.
-Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los
-candidatos democráticos; otra por los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> que eran contra
-la <i xml:lang="en" lang="en">licence-law</i> (ley prohibiendo vender aguardiente por menos
-cantidad de quince galones) y otra por los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i>, sin expresión
-de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos
-cuyos nombres se hallaban en ambas listas <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> tuvieron mayoría
-sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva
-elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto.</p>
-
-<p>“Espero con toda confianza que como el partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> ha triunfado
-en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará un <i xml:lang="en" lang="en">bill</i>
-para que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en
-donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo
-pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace
-en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras
-falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última
-elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”.</p>
-
-<p>“<i>Alborotos en Harrisburg.</i> Harrisburg, una villa a orillas
-del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la
-capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la
-legislatura del Estado. La legislatura se reunió a<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span> principios de
-Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un
-informe, dos <i xml:lang="en" lang="en">speakers</i> fueron elegidos, y se organizaron dos
-cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando
-comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba
-reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la
-marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el
-atropamiento organizó una <em>comisión de salvación</em>, que dirigía
-sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna
-de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con
-regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron
-cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma
-prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y
-obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo
-lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección
-los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su
-modo sus propias diferencias.</p>
-
-<p>“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto
-despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado
-con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los
-informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva
-revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen
-viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los
-motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima
-a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el
-pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse
-presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia
-al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando
-el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo
-muchos cambios de empleados <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> para instalar en su lugar
-a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera
-contrabalanceados, que la lucha por el poder<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span> es de vida o de muerte,
-y no hay resorte legal y político que no se toque por el partido
-<i xml:lang="en" lang="en">whig</i> para mantenerse en los empleos, y por los demócratas para
-expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De
-éstos hay electos sin disputa:</p>
-
-<table class="autotable">
-<tr>
-<td colspan="2">
-Miembros democráticos
-</td>
-<td class="tdr">
-48
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-</td>
-<td>Id. <em>whig</em>
-</td>
-<td class="tdr">
-44
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td colspan="2">
-Mientras hay ocho asientos del condado <br />
-de Filadelfia disputados y pretendidos <br />
-por ambos
-</td>
-<td class="tdr">
-8
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-</td>
-<td>
-</td>
-<td class="tdr tt">
-100
-</td>
-</tr>
-</table>
-
-<p>“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos,
-y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos,
-cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces
-reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de
-ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon
-los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos
-democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como
-debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe
-estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas
-nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios,
-y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La
-minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría
-de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales,
-declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley,
-los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran
-sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados
-por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales
-correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un
-distrito o de parte de un distrito. La minoría <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, por tanto,
-dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su
-manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamente<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span> al secretario de
-Estado, que era también <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>. Este certificado llegó antes del
-de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo
-alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar
-a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese
-conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de
-los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan
-hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus
-oponentes. Si estos siete <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> hubiesen entrado en la Sala de
-representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría
-temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado un <i xml:lang="en" lang="en">speaker</i>
-(presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un
-auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de
-los Estados Unidos.</p>
-
-<p>“El partido democrático, considerándose en posesión <i xml:lang="fr" lang="fr">bona fide</i> de
-la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería
-someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba
-como un fraude <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>; mientras que los <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, creyéndose
-tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta
-que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus
-pretensiones.</p>
-
-<p>“Fácil es colegir la magnitud de los desórdenes que se siguieron a este
-conflicto. Los dos partidos estaban casi contrabalanceados, y sus
-temores y esperanzas excitados profundamente. El pueblo mismo es el
-poder dominante, y cuando está excitado, no teme responsabilidad alguna
-legal, sino que lleva a efecto sus deseos y convicciones en el modo que
-mejor cuadra a las exigencias del momento. Apelará a las leyes cuando
-el mal de que se queja no se hace irremediable con la demora; pero, en
-el caso presente, si los demócratas hubiesen dejado a sus oponentes
-tomar posesión de sus asientos, el daño se habría perpetrado <i xml:lang="la" lang="la">ipso
-facto</i>, y recurrieron a un alboroto para impedirlo. En cualquier
-país de Europa, (¿qué diremos del resto de América?) un asalto
-tumultuoso<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span> sobre la legislatura, si hubiese tenido efecto, habría sido
-el precursor de una revolución; pero aquí es un suceso de importancia
-muy subalterna. En los Estados Unidos una revolución no puede conducir
-a otra cosa que a la pérdida de la libertad. El sufragio es punto
-menos que universal, y el pueblo elige, directa o indirectamente,
-no solamente la legislatura, sino todos los empleados del Estado.
-Las imaginaciones más desarregladas no pueden idear una forma más
-democrática de gobierno; y como no hay clase aristocrática que tenga
-intereses separados ni sentimientos diversos de los del pueblo que
-pudiese usurpar el poder, una revolución conduciría al despotismo. Los
-Estados están muy lejos de aquellas condiciones en que el despotismo
-se hace posible. No hay una multitud pobre, ignorante y sufriente, que
-un ambicioso pueda arrastrar a prestarle su fuerza física para echar
-por tierra las libertades de su país. Una gran porción de electores son
-dueños de fincas, mientras que la más humilde clase posee propiedad y
-algún grado de inteligencia. Todos han sido educados en el amor, no
-sólo de la libertad, sino también del poder. No hay desórdenes sociales
-dignos de mención, y los que existen no son de naturaleza de inducir
-a los ricos a desprenderse de su libertad, a trueque de asegurar
-la salvación de sus vidas y propiedades. Generalmente hablando, la
-justicia de hombre a hombre es hecha bien y ejecutada vigorosamente.
-Solamente cuando el gobierno obra contra el pueblo, o el pueblo está
-poseído del frenesí de hacer mal por medio de los tumultos, se sienten
-débiles los poderes ejecutivo y judicial. Estas ocurrencias son raras y
-nacen de causas temporales y específicas. No hay descontento general,
-reforzándose secretamente hasta que se halla en actitud de estallar
-por entre de las junturas que la ley deja, buscando desagravio en la
-anarquía y en el derramamiento de sangre. Toda injusticia es sentida,
-y proclamada por mil lenguas a guisa de trompetas, pintándola con
-las formas más exageradas; y como el pueblo domina absolutamente<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span>
-en la legislatura y en el ejecutivo, no puede durar hasta hacerse
-verdaderamente formidable. Mirados a la distancia los gobiernos de los
-Estados particulares, pueden aparecer tan débiles que se crea a la
-sociedad constantemente expuesta a la anarquía; pero cuando se examina
-de cerca la condición del pueblo, se ve que faltan los elementos de
-anarquía. Estos gobiernos apoyados en los intereses populares, en
-la inteligencia popular y la voluntad popular, tienen una base tan
-ancha, que en las presentes circunstancias de la nación es imposible
-trastornarlos, y como el poder de reconstrucción está constantemente
-presente, aunque fuesen dislocados en algunas de sus partes, se reunen
-con una rapidez, y reaccionan con una actividad que muestra los más
-fuertes indicios de salud y de vigor.</p>
-
-<p>“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente
-de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he
-encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco
-años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado
-de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su
-eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo,
-aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy
-imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se
-miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es
-sólida en su estructura, y sus bases son fuertes.</p>
-
-<p>“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el
-llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la
-rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres
-de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios
-tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen
-un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba
-que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni
-derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y así<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span> sucedió
-en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus
-deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que
-haya pasado toda aquella bulla”.</p>
-
-<p>“<i>Derecho de sufragio de Pensilvania.</i>&mdash;Ultimamente ha sido
-adoptada una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania,
-por la cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia
-de <em>un</em> año en el Estado, en lugar de <em>dos</em> que se
-necesitaban antes, y de diez días de residencia del votante en el
-distrito en que ha de votar, cosa que no se requería, y en el pago
-de una contribución del Estado o del condado. Requiérense ambas
-contribuciones, pero toca a la legislatura determinar la clase de
-pruebas por las cuales se han de acreditar aquellos requisitos y
-aquella residencia. Las personas de color residentes en el Estado,
-aunque libres y pagando contribuciones, son privadas del derecho
-de votar. Antes de la enmienda no habían palabras especiales para
-excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su privilegio, tan
-inveterada es la preocupación contra ellos.</p>
-
-<p>“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad
-de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los
-fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige
-ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El
-número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las
-elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y
-local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del
-votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor
-peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia
-era más remota”.</p>
-
-<p>“<i>Apuestas sobre las elecciones.</i>&mdash;Ritner añade: “Yo recomiendo
-fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas
-sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego.
-Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes
-mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y
-destruye la<span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span> confianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de
-la urna”.</p>
-
-<p>“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres
-honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a
-quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus
-propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores,
-magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de
-la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión
-que requiera la interposición legislativa, representa una pintura
-humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación,
-sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de
-este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que
-afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese
-para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de
-Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando
-para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un
-mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se
-sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como
-tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas
-más severas”.</p>
-
-<p>“<i>Elección civil de Nueva York.</i>&mdash;La elección de Mayor y consejeros
-para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido
-democrático ha quitado el poder a los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> y anda ahora
-celebrando su triunfo.</p>
-
-<p>“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo
-lleno de admiración.</p>
-
-<p>“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace
-en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan
-triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas.
-Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él
-había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo
-una de esas<span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span> tormentas nordeste que causan centenares de enfermedades
-de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules.
-¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de
-mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión
-que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos
-trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall
-y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los
-loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer
-en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién
-cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenados <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i>, y
-esto basta”.</p>
-
-<p>“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados
-medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No
-hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que
-pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia
-son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de
-extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley,
-sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los
-inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se
-pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a
-la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere
-residencia en un <em>barrio</em>, como calificación para votar. Cuando un
-partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales
-en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una
-porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el
-barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y
-jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a
-sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la
-ley. Llaman a esta operación <em>colonizar</em>. Los hombres virtuosos de
-ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes,
-o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula
-hace, reune<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span> más dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto
-se pide que haya una ley de registro.</p>
-
-<p>“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a
-desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república
-que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos.
-Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su
-país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda
-cometer aquel crimen.</p>
-
-<p>“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo
-hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección
-se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos
-partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de
-registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción
-de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos
-las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su
-tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en
-el sendero del deber”.</p>
-
-<p>“<i>Ley de elecciones.</i>&mdash;El 7 de mayo sancionó la legislatura de
-Nueva York una ley para remediar los abusos que se perpetraba en las
-elecciones. Por ella se dispone que toda persona que jure falso en
-cuanto a su calificación será criminal de perjurio, y las personas que
-indujeren a otros a jurar en falso, serán criminales de soborno de
-perjurio, y ambos castigados en conformidad.</p>
-
-<p>“Las personas que tratasen de influir a un elector o apartarlo de votar,
-pagarán una multa que no baje de 500 pesos, o sufrirán una prisión que
-no exceda de un año, o ambas penas a un tiempo. Las personas que voten
-u ofrezcan votar en un barrio que no sea el suyo propio, o más de una
-vez en una elección, serán castigadas con prisión o multa en ambos
-casos. Los habitantes de otro estado que voten en este serán criminales
-de felonía, y serán puestos en la prisión de Estado por un término que
-no pase de un año”.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span></p>
-
-<p>“<i>Elección de Nueva York.</i>&mdash;El partido democrático ha triunfado
-en la elección de los miembros para la legislatura de la <em>ciudad</em>
-de Nueva York por una mayoría de mil quinientos. Los diarios de
-aquella ciudad de ambos partidos reconocen que la elección ha sido
-conducida con orden y decoro, y que el resultado expresa francamente la
-opinión de la mayoría. Esta elección tuvo lugar bajo la ley enmendada:
-las elecciones civiles del pasado abril habían sido señaladas por
-deshonrosa corrupción en general, y perjurios de ambos partidos.</p>
-
-<p>“En el Estado de Nueva York, los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> han elegido el gobernador
-y los electores de ambas cámaras de la legislatura; de modo que los
-demócratas sólo tienen ascendiente en la ciudad”.</p>
-
-<p>“<i>Elección de Boston.</i>&mdash;Hoy es el día de hacer elección en Boston
-para gobernador y otros empleados del Estado, y para miembros de la
-legislatura; y yo fuí a una mesa a observar los procedimientos. Había
-orden y buen humor; pero la opinión está profundamente dividida sobre
-la ley que prohibe la venta de licores al menudeo, y estas diferencias
-van a obrar sobre la legislatura por medio de la urna electoral. Ya he
-mencionado que por sólo la agitación moral, la causa de la temperancia
-había hecho tan grandes progresos en Massachusetts, que en 1838 la
-legislatura sancionó una ley a la cual concurrieron whigs y demócratas,
-prohibiendo la venta de todo licor que contuviese alcohol, en menor
-cantidad que quince galones, excepto con licencia especial; que muchos
-amigos de la temperancia se opusieron a ella desde el principio,
-porque llevaban las cosas demasiado adelante, y por ser errónea en
-principio. En la mesa de las votaciones encontré un ticket regular
-<em>whig</em>, conteniendo una lista de puros <em>whigs</em>; un ticket demócrata, con
-una lista de puros demócratas, ambos sin referencia a la cuestión
-de temperancia; un ticket <em>unión liberal</em>, conteniendo puros
-candidatos <em>whigs</em>, pero una mitad partidarios y otra adversarios<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span> de
-la temperancia, o como decía, con mucha gracia, un amigo “un ticket
-compuesto de un vaso de ron y otro de agua alternativamente”. Había un
-ticket whig temperante, cuyos candidatos eran todos whigs y abogados
-de la temperancia; un ticket democrático temperante, en el cual todos
-eran demócratas partidarios de la temperancia. A más de estos había
-un ticket liberal whig, uno independiente democrático, otro unión
-temperancia, y otro abolición, no siéndome posible saber el significado
-preciso de muchos de ellos. El resultado de esta elección en todo
-el Estado fué que el gobernador whig Eduardo Everett fué removido,
-y Mr. Marcus Morton, un juez demócrata, fué nombrado gobernador por
-una mayoría de <em>uno</em>; los whigs conservaron su ascendiente en el
-senado y en la sala de representantes sólo por una diminuta mayoría;
-y, cuando se reunió la sala, su primer acto fué abolir la ley sobre el
-menudeo de licores espirituosos casi a la unanimidad”.</p>
-
-<p><i>El presidente de los Estados Unidos.</i>&mdash;En marzo de 1839 debe
-expirar el primer término de oficio de M. Van-Buren, y una nueva
-elección de presidente tendrá lugar en 1840. Desde que llegamos a
-los Estados Unidos los diarios whigs habían opuesto a Mr. Clay como
-el candidato para la presidencia por parte de los whigs, a Van-Buren
-nombrado por los demócratas para ser reelecto. Los whigs han tenido
-una convención de delegados de todos los Estados en Harrisburg, en
-Pensilvania, en la cual dejaron a un lado a Mr. Clay y nombraron al
-general Harrison, residente en North-Rend en el Estado de Ohío como
-su candidato, y a Juan Tyler de Virginia para la vicepresidencia.
-Mr. Clay ha escrito una hermosa carta renunciando a sus pretensiones
-y aconsejando unanimidad en las filas whigs en favor de Harrison y
-Tyler. Los delegados, al regresar a sus estados respectivos, convocan
-a los miembros de su partido a un <i xml:lang="en" lang="en">meeting</i>, para explicarles las
-razones que han guiado a la Convención en la elección hecha. Reúnense,
-entonces, <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> de ciudad y de condados, a los<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span> cuales se
-comunican estas explicaciones. Por medio de este mecanismo los whigs de
-todo este vasto país son invitados a comenzar las operaciones bajo este
-mismo espíritu para asegurar el éxito del objeto de esta elección. Los
-demócratas siguen una marcha semejante; pero, como están en el poder,
-su conducta es más bien defensiva que agresiva”.</p>
-
-<p>“La falta de un libro de registro de votantes es indudablemente un
-defecto en la ley de elecciones de Nueva York; pero, si algún partido
-político propusiese tal arreglo, sería acusado por el otro de querer
-restringir los derechos populares, y hacer de ello capital político.
-En la <em>ciudad</em> de Nueva York, sin embargo, prevalecía el partido
-democrático en 1839, mientras que el partido whig dominaba en la
-legislatura del Estado. Los whigs se aprovecharon de la oportunidad
-suministrada por los groseros fraudes practicados en la elección
-municipal de Nueva York, para sancionar una ley mandando se llevase un
-registro de electores en aquella ciudad. No lo habrían hecho así para
-el Estado, porque el grito de derechos populares se habría levantado
-contra ellos con éxito, mientras que nada perdían en la ciudad por
-pertenecer ya a sus oponentes. Por tanto, estableciendo un registro
-para aquella ciudad, hacían el bien que les era posible, esperando
-ocasión de hacer extensiva la ley a otros lugares”.</p>
-
-<p>“Para adquirir popularidad es preciso buscar la opinión pública por
-su lado flaco. Ya he descripto a la gran mayoría de los votantes
-americanos como jóvenes ardientes, llenos de impulso, activos y
-prácticos, pero deficientes de miras, profundas y extensas, y también
-incapaces de proseguir un bien distante en medio de obstáculos y
-dificultades. También dejo establecido que su educación, en proporción
-de los poderes que ejercen y de los deberes, es muy defectuosa. Para
-ganar el favor de un pueblo en esta condición de ánimo, no basta por sí
-misma la actual capacidad para conducirse con honradez e independencia
-en el desempeño de los destinos públicos; debe, además, dirigirse
-a sus sentimientos predominantes,<span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span> participar de sus aversiones y
-predilecciones capitales, y adherirse con ardor a la causa o al partido
-que sabe gozar de más alto favor”.</p>
-
-<p>“El puede representar su propia capacidad para el empleo, y su
-certificado será recibido, con tal que bajo otros respectos su conducta
-y principios sean aprobados. Si en el desempeño de sus funciones se
-condujese muy mal, será depuesto del empleo al fin del término por
-el cual fué elegido; pero la más sabia y concienzuda ejecución no
-le asegurarán en lo general mantenimiento en el empleo, si aboga
-públicamente por sus opiniones impopulares, aunque no tengan relación
-con su empleo, o si pertenece a un partido que haya perdido el favor
-público, o sido despojado del poder”.</p>
-
-<p>“El mejor remedio que puede proponerse para los males descriptos,
-me parece que consiste en una educación más alta, y en dar mayor
-preparación a los electores; si ellos hubiesen sido más completamente
-instruídos en su juventud con respecto a las leyes que reglan la
-prosperidad de las naciones como también en las cualidades del espíritu
-humano, y en la indispensable necesidad de que los empleados públicos
-tengan integridad y juicio para el recto manejo de los negocios,
-entonces exigirían de sus hombres públicos más capacidad para captarse
-el favor popular, y de este modo se conservarían en posesión de los
-empleos hombres útiles y fieles”.</p>
-
-<p>“La excitación del espíritu público durante la lucha por la presidencia
-es grande y universal; la lengua deja de expresar y los oídos de
-escuchar otras palabras que aquellas que se refieren a la elección; la
-prensa brama bajo el peso del asunto, y todas las funciones de la vida
-parecen estar consagradas a este objeto. La elección del presidente
-engendra mucha borrachera y desorden, fraudes, mentiras, soborno,
-seducción e intimidaciones; pero, también, produce muchísimo bien. Las
-medidas del gobierno son severamente examinadas por la razón, como
-también interpretadas por las pasiones;<span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span> toda la Unión es conmovida por
-un solo interés, y la impresión de que todos pertenecen a una nación se
-agita vivamente. Por un momento se olvidan los intereses locales y una
-sola pulsación vibra desde el Maine al Misisipí. Mi temor es que sin
-la repetición de estas elecciones, el pueblo de los diversos Estados
-llegaría rápidamente a mirar a los otros como extranjeros, llevándolo,
-insensiblemente, a aflojar los lazos que ligan a una gran nación.
-Las elecciones de miembros para el congreso no producen este efecto;
-porque, aunque aquella asamblea es nacional, cada uno de sus miembros
-representa una sección del país. Sólo el presidente deriva del poder
-del pueblo de toda la Unión”.</p>
-
-<p>“En la elección que tuvo lugar en noviembre de 1839, se trajo a las
-mesas del escrutinio en Nueva York la cuestión de la moneda corriente.
-Las divisas de los partidos eran por una parte bancos y papel-moneda,
-y por la otra metálico, y una ley que proveyese de tesoreros en cada
-Estado. Estas son cuestiones sobre las cuales Adam Smith, Ricardo,
-Mac Culloch, y los más profundos economistas han diferido en opinión.
-¿Vuestra educación os habilita para entenderlas y decidirlas? ¡No! Y
-sin embargo vuestro pueblo <em>obra</em>, entienda o no entienda. Vota
-en favor de los sostenedores del papel, y el papel florece. Si sucede
-lo contrario, llevan al poder a los partidarios del metálico, y el
-papel y el crédito desaparecen. Hace el pueblo experimentos. Pero
-¡qué experimentos! ¡Cuántos millares de individuos y de familias son
-arruinados por la violencia de cada cambio!”</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="INCIDENTES">INCIDENTES DE VIAJE</h2>
-<h3 id="NUEVA">NUEVA YORK</h3>
-</div>
-
-<p>Mis aventuras de viaje en los Estados Unidos no merecen intercalarse
-entre las reflexiones que el espectáculo de aquel país me ha sugerido,
-por lo que sólo referiré a usted algunas que creo pueden interesarle.
-Tomando balance a mi bolsa en París, hallé los últimos días de julio
-que me quedaban escasos cosa de 600 duros. El viaje a través del istmo
-sólo cuesta 700, y aún me quedaba por visitar la Inglaterra. Esta
-quiebra, que defraudaba parte de mis esperanzas, aguzaba como sucede
-siempre los deseos. ¡No ver la Inglaterra, ni el Támesis, ni aquellas
-fábricas de Birmingham ni Mánchester! ¡No entrar en aquel océano de
-casas de Londres, ni ver los bosques de mástiles de los <i xml:lang="en" lang="en">docks</i>
-de Liverpool!... ¡Maestro de escuela en viaje de exploración por el
-mundo para examinar el estado de la enseñanza primaria, y regresar
-a América, sin haber inspeccionado las escuelas de Massachusetts,
-las más adelantadas del mundo! A caza de datos sobre la emigración,
-que había querido estudiar en Africa: ¿podría darme cuenta de ella,
-sin visitar los Estados Unidos, el país a donde se dirigen todos los
-años doscientos mil emigrantes? Republicano en perspectiva y con la
-presencia de la resurrección de la república en Francia: ¿volvería sin
-haber visto la república única, grande y poderosa que existe hoy en la
-tierra?</p>
-
-<p>Luego, donde la realidad flaquea, la imaginación continúa<span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span> la obra.
-Si llegare a la Habana siquiera, allí me ingeniaría, para pasar a
-Venezuela, donde, por la prensa, la enseñanza y otras trazas, me
-haría de recursos y de relaciones, para atravesar el continente
-hasta Bogotá, y de allí hasta Quito a asomar al fin la cabeza en
-Guayaquil, realizando por economía de medios, el viaje más novedoso y
-sorprendente que haya hecho americano de nuestros días. Los fenicios
-que circunnavegaron el Africa, se detenían, al decir de Herodoto, de
-distancia en distancia, a sembrar trigo y cosecharlo para continuar su
-viaje. ¿Por qué no me detendría yo en Caracas, por ejemplo, a enseñar
-mis métodos de lectura, borrajear páginas en la prensa, abrir cursos
-pedagógicos, y cosechar unos cuantos pesos, para irme arrastrando poco
-a poco hacia los climas del sur, de donde había partido?</p>
-
-<p>Por otra parte, volver por el Cabo Hornos a Chile era tan prosaico y
-tan desairado efecto hacía en la carta náutica que tenía abierta por
-delante, que cogiendo a dos manos mi valor de calavera por reflexión, y
-bien pesado el pro y el contra, resolví no sólo visitar la Inglaterra,
-los Estados Unidos, el Canadá, y México, y más si en ello me venía
-la fantasía, a fin de completar la idea que de largo tiempo halagaba
-mi codicia, de hacer un viaje en derredor del mundo civilizado. ¿Qué
-podría objetarse a este plan? Marcharía con el reloj en una mano y la
-bolsa en la otra, y donde esta antorcha se me apagare... me quedaría a
-obscuras, y a tientas y con maña buscaría mi camino hasta Chile.</p>
-
-<p>Tranquilizado con estas ideas, paseéme holgadamente en Londres,
-recorriendo despacio la línea de ferrocarriles, que por Birmingham,
-Manchester, conduce a Liverpool donde paré ocho días con el joven
-argentino emigrado D. N. de la Riestra y establecido de muchos años en
-una casa de comercio. Embarquéme en el <i>Montezuma</i>, buque de gran
-calado, paquete de vela que hacía once millas a la menor brisa, y que
-llevaba cuatrocientos ochenta emigrantes irlandeses a Norte América.
-Mi poco ejercicio en el inglés me hizo tratar<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span> de cerca a una familia
-judía que hablaba el francés. Una vez, al salir de la cámara, como
-no acertase a abrir la puerta, un pasajero me dijo en español: tire
-usted que está abierta. Era Mr. Ward, de la casa de Huth Gruning de
-Valparaíso, y desde entonces pude creerme, gracias a sus deferencias,
-libre de perderme, desconocido en el nuevo mundo que iba a visitar.
-Un senador de los Estados Unidos regresaba de Europa, y conocía a Mr.
-Horace Mann, el célebre secretario del <i xml:lang="en" lang="en">Board</i> de Instrucción
-Pública de Massachusetts, y como llovida del cielo me venía una carta
-de introducción para este eminente maestro, pudiendo en ella Mr. Ward
-responder que conocía la misión y la idoneidad del recomendado. Mi
-camino se aclaraba, poco a poco, y todo temor, salvo el de flaquearme
-la bolsa, iba por grados desapareciendo.</p>
-
-<p>La vida de mar es poco <em>contábile</em>. Por las tardes me acercaba
-a la cubierta, a donde salían como ratas de sus cuevas los infelices
-irlandeses, desnudos, macilentos, animada su existencia por la
-esperanza de ver, en la tierra prometida, el término de sus miserias.
-Emigraban viejas sexagenarias, y un ciego mendigo tocaba por las
-tardes la zampoña, para que bailasen damas mugrientas, chupadas y
-desmelenadas, con galopines en cueros o cubiertos de andrajos, lo que
-no estorbaba que se agrupase en torno de aquellas parejas con figuras
-de convalecientes de hospital, un público con trazas de turba de casas
-de corrección. Habíales entrado la gana de morirse y seis u ocho
-cadáveres se arrojaban al mar algunos días, sin que el baile de la
-tarde estuviese por eso menos concurrido.</p>
-
-<p>Llegamos al fin a la rada de Nueva York, que por sus ensenadas y
-profundidad, como por la belleza del paisaje, recuerda, con colores
-más suaves y formas menos grandiosas, la de Río de Janeiro. La vista
-de esta naturaleza plácida despierta involuntariamente en el ánimo el
-recuerdo de los caracteres de Wáshington y de Franklin, prosaicos,
-comunes, sin brillo, pero grandes en su sencillez, <i xml:lang="en" lang="en">good-natured</i>
-sublimes<span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span> a fuerza de buen sentido, de laboriosidad y honradez.
-Iba preparado al espectáculo, y no me sorprendieron ni las colinas
-hermosísimas cubiertas de bosques, ni las caletas, canales y ensenadas
-que rodean la ciudad, llenas de barcas y cruzadas por centenares de
-vapores. Nueva York es el centro de la actividad norteamericana, el
-desembarcadero de los emigrantes europeos, y por tanto, la ciudad
-menos americana en su fisonomía y costumbres de las que presenta la
-Unión. Barrios enteros tienen calles estrechísimas y desaseadas,
-alineadas de casas de mezquina apariencia. Los cerdos son personajes
-obligados de las calles y escondrijos, donde nadie les disputa sus
-derechos de ciudadanía. Ocupa el centro de la parte más hermosa de la
-ciudad el Broad-Way, la calle ancha que toca por un extremo en Garden
-Castle, y en su desenvolvimiento enseña Trinity Church, templo gótico
-de hermosa arquitectura y de cierta magnificencia, cosa rara en los
-Estados Unidos. Ha sido construído por acciones, como todas las grandes
-empresas norteamericanas. Hay en el Broad-Way hermosos edificios
-particulares, un bazar en mármol blanco, que se cree no tiene rival en
-Europa, y un teatro en construcción para ópera italiana. En una hora
-conté en el Broad-Way 480 carruajes entre ómnibus, carros y coches que
-pasaban frente a la ventana de mi Boarding-house. Por la noche dábase
-el <i>Hernani</i> en un teatro improvisado en Garden Castle, y allí nos
-reunimos seis sudamericanos: Osma del Perú; el joven Alvear argentino;
-el señor Carvallo y su secretario de legación, mi amigo Astaburuaga,
-y un recién llegado, que a poco se introdujo en la conversación,
-preguntando: ¿conocen ustedes a un señor Sarmiento, que debe haber
-llegado de Europa? Era don Santiago Arcos, quien, reconociéndome por
-el tal, me dijo que venía desde Francia en mi seguimiento, que desde
-allí seríamos inseparables hasta Chile, y que éramos amigos, muy amigos
-de mucho tiempo, acompañando estas palabras con aquel reir de buena
-voluntad que tiene, y que haría desarmar la extrañeza más quisquillosa.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span></p>
-
-<p>La <i lang="it">prima donna</i> cantó por añadidura, el jaleo, dirigiendo a
-nuestro grupo desde las tablas palabras en español que le fueron
-contestadas con una cuchufleta de manolo, de manera que estaba, por
-decirlo así, en país de lengua castellana y de relaciones antiguas,
-pues que al joven Osma lo había conocido en España, y vuéltolo a
-encontrar en Londres, si no me engaño. Hasta las antiguas glorias de
-la patria y sus actuales miserias encontraba allí representadas en el
-general Alvear, con quien, allanadas ciertas dificultades de etiqueta,
-y merced a reticencias convencionales, pasé tres días oyéndolo
-hablarme de los pasados tiempos. El general Flores, del Ecuador, había
-también recalado por allí, asaz mohino y cariacontecido, de lo que
-nos divertíamos Osma y yo por los malos ratos que le habíamos dado en
-Madrid.</p>
-
-<p>Nueva York es la capital del más rico de los Estados americanos. Su
-municipalidad sería, por su magnificencia, comparable sólo al Senado
-romano, si no fuese ella misma compuesta de un Senado y una Cámara de
-Diputados que legislan sobre el bien de medio millón de ciudadanos.
-Sólo la de Roma le ha precedido en la construcción de gigantescas obras
-de utilidad pública, si bien de los restos de los famosos acueductos
-que traían el agua a la ciudad eterna, ninguno ha vencido dificultades
-tan grandes, ni empleado medios más adelantados. El acueducto de Croton
-ha costado a la ciudad de Nueva York trece millones de pesos; prodúcele
-una renta anual de seiscientos mil, y sus habitantes pueden en el
-cuarto piso de sus casas disponer de cuanta agua necesitan torciendo
-una llave. El acueducto de Croton comienza en el río Croton, que
-corre a cinco millas del Hudson en un condado vecino. El <i xml:lang="en" lang="en">dam</i> o
-depósito de agua, que de él se ha formado para dar igualdad a la masa
-de aguas, tiene 250 pies de largo, 70 de ancho en el fondo, 7 arriba, y
-40 de alto, construído todo de piedra y cemento. Forma un lago dentro
-de estas paredes de granito, cuya área cubre cuatrocientos acres de
-terreno, conteniendo 500 millones de galones de agua. Desde este gran
-depósito<span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span> parte el acueducto perforando las montañas, o sostenido por
-arcadas sobre los valles como los acueductos romanos de Segovia y
-la Sabinia, dejando bajo puentes altísimos paso a los torrentes que
-atraviesa. Antes de llegar al río Harlem, trae así recorridas treinta y
-tres millas. El acueducto es de piedra, ladrillo y cemento, abovedado
-por arriba y por abajo, con 6 pies 3 pulgadas de ancho abajo, y 7 pies
-8 pulgadas en lo alto de las murallas del costado, y 8 pies 5 pulgadas
-de alto. Lleva desde 13 y media pulgadas por milla, y descarga 60
-millones de galones de agua cada veinte y cuatro horas. Sobre el río
-Harlem pasa en un magnífico puente de piedra de 1450 pies de largo
-con 14 pilares, ocho de los cuales sostienen arcos de ochenta pies de
-abertura, y otros de cincuenta, con superposiciones de 114 pies sobre
-el nivel del agua. El canal pasa aquí en tubos de hierro colado que
-dos hombres alcanzarán apenas a abrazar. El receptáculo que recibe
-las aguas en la calle 86, a 58 millas del de Croton, cubre 35 acres,
-y contiene 150 millones de galones. El depósito de distribución sobre
-el monte Murray, calle 40, cubre cuatro acres, es de piedra y cemento
-y a cuarenta y cinco pies sobre el nivel de la calle, y contiene
-veinte millones de galones. Desde allí se distribuye el agua por toda
-la ciudad en tubos de hierro, colocados en la tierra a suficiente
-profundidad para que el agua no se hiele en el invierno. Los tubos de 6
-a 36 pulgadas de diámetro miden 170 millas; el agua sube a los pisos de
-las casas, y hay otros tubos para volver a la tierra las aguas sucias.
-El derecho que la Municipalidad cobra sobre el agua basta para pagar
-el interés de 13 millones de capital invertido, los salarios de los
-empleados y dejar una utilidad anual de más de medio millón, ahorrando
-a los vecinos los millones que gastaban antes en proveerse de agua de
-calidad menos exquisita que la de Croton.</p>
-
-<p>Hacían más gratas las emociones que el examen de la grande obra del
-acueducto me causaba, los inteligentes comentarios, y las explicaciones
-de incidentes prolijos que a medida que recorríamos los hermosos
-alrededores de Nueva York, me<span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span> iba haciendo don Manuel Carvallo,
-enviado extraordinario de Chile en Wáshington. La solicitud de este
-amigo, pues desde entonces nos hemos dado este nombre, me sacaba de
-aquella especie de desamparo en que creía encontrarme entre los pueblos
-del Norte de América, de lo que había sufrido moralmente y mucho en el
-norte de Europa. Con él visité el Saint-James-College de los Jesuítas,
-donde estudiaban varios jóvenes chilenos, las fábricas de caotchouc,
-donde se confeccionaban puentes militares impermeables y equipos
-completos de campaña, como asimismo todo aquello que en monumentos,
-construcciones y establecimientos merecía ser conocido del viajero.</p>
-
-<p>Con su simpático secretario Astaburuaga emprendíamos las correrías
-de detalle, sazonadas por recuerdos de Chile, y animadas por la
-comunicativa <i xml:lang="fr" lang="fr">causerie</i> de dos amigos que vuelven a verse después
-de algunos años. Llevóme a visitar el cementerio Greenwood, separado de
-Nueva York por un canal.</p>
-
-<p>Abraza el cementerio un espacio inmenso de terreno en el estado de
-naturaleza. Accidentado por ligeras ondulaciones, ofrece una variedad
-de aspecto que cambia a medida que se penetra en su solitario recinto.
-Bosques seculares sombrean los terrenos bajos y aún las aguas de las
-lluvias se depositan en lagunatos y zanjas. Un camino espacioso para
-carruajes serpentea sin sujeción a merced de los accidentes del suelo;
-las yerbas del campo crecen a sus anchas en matorrales y arbustos, y en
-lo alto de las pequeñas colinas descuellan, ya aislados, ya en grupos,
-arbolillos graciosos de los que forman la variada flora norteamericana.
-Allí, en el seno de la Naturaleza, reposan, en sepulcros desparramados
-a discreción por la vasta superficie, las cenizas de los que quisieron
-dejar algún rastro sobre la tierra de su efímero pasaje. A la sombra de
-una encina secular se abriga una tumba de estilo gótico; una linterna
-de Diógenes corona un montículo, y en el fondo de un vallecito, entre
-arbolillos vistosos, se muestra un templete griego, depositario de
-un sarcófago. ¿No es cierto que<span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span> este sistema de cementerios a la
-rústica, verdadero campo de los muertos, infunde sentimientos de
-plácida melancolía, aligerada por la contemplación de la Naturaleza,
-volviéndole a ella los restos orgánicos de ella recibidos, para que
-disponga sin sujeción y a su arbitrio nuevas combinaciones y nuevas
-existencias? Al menos esta impresión me causaba la vista, desde alguna
-parte elevada del cementerio, apoyado en un sepulcro, de Nueva York
-coronada de humo, y Brooklyn su vecina, la Bahía hermosa con sus grupos
-de buques cual bosque de invierno, y los estrechos agitados por la
-marea que levantan los poderosos vapores, terminando la perspectiva el
-océano, límite natural de cosas terrenas, frontera de lo infinito e
-imagen imperfecta de la inmensidad.</p>
-
-<p>El santuario de mi peregrinación era Boston, la reina de las escuelas
-de enseñanza primaria, si bien cuando objetos de estudio nos llevan a
-un punto, es permitido hacer un rodeo en busca de sitios pintorescos.
-Para ir a Boston, pues, porque está al naciente del Hudson, dispuse
-mi derrotero por Búfalo que está exactamente al Oeste. La cascada de
-Niágara y los célebres lagos estaban de por medio, y no había que
-trepidar en más o menos dóllars, no obstante el estado angustiado de
-la plaza, que no tenía víveres (hablo de mi bolsa), sino para contados
-días. Embarquéme en Nueva York a las siete de la mañana para Albany
-(144 millas, un peso) a donde llegué a la tarde, pocos momentos antes
-de la partida del tren de Búfalo (325 millas, doce pesos), en todo
-469 millas en vapor o camino de hierro, y tres días de marcha, con
-descansos de un cuarto de hora de distancia en distancia para comer y
-almorzar.</p>
-
-<p>El Hudson es poética, histórica y comercialmente hablando, el centro
-de vida de los Estados Unidos. Camino de Boston, de Montreal, de
-Quebec, de Búfalo, del Niágara y de los lagos; arteria principal por
-donde fluyen los productos del Canadá, Vermont, Massachusetts, Jersey
-y el estado de Nueva York; sus aguas están de continuo literalmente
-cubiertas de naves, a punto de hacerse obstrucciones de la vía, como
-en<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span> las calles de las grandes ciudades. Los vapores se cruzan como
-exhalaciones meteóricas, y los remolques traen consigo una feria de
-buques amarrados a sus costados que levantan con sus quillas una
-verdadera marea a su frente. Catorce naves cargadas preceden y siguen
-al motor, ocupando una ancha superficie del río. Los vapores de
-transporte asumen en los ríos norteamericanos la forma y la elevación
-de casas flotantes de dos pisos, con azotea y corredores.</p>
-
-<p>Dan nuevo realce al espectáculo, de suyo grandioso por las formas
-colosales de estos hoteles ambulantes, la apariencia culta, esmerada y
-aun ceremoniosa de los pasajeros, pues es práctica general de hombres
-y de mujeres ponerse vestidos de fiesta para hacer expediciones por
-agua o ferrocarriles, si bien la fría reserva del carácter yankee y
-su sociedad imprimen a estas grandes reuniones cierta fisonomía uraña
-que en Europa sería tachada de aristocrática, siendo considerada en el
-lugar de la escena por testigos europeos, como selvática, cuando solo
-es en verdad reserva necesaria. Las damas ocupan la parte anterior
-de los grandes salones y son el objeto de atenciones oficiales. Dan
-todavía más animación a estos vapores la colocación de los prácticos y
-timonel a la proa del buque, en lugar alto y aparente, y a veces debajo
-de un elegante kiosco, dirigiendo, por cadenas que mueven un torno, el
-timón del buque, desde donde pueden descubrir a cada instante su ruta,
-cual si fueran realmente la cabeza y el alma inteligente de aquella
-máquina. La campana suena a cada momento, anunciando la proximidad de
-un lugar del tránsito, para que se preparen a desembarcar los que se
-dirigen a él.</p>
-
-<p>Desde lo alto de la azotea del buque, dominando ambas riberas, el
-viajero ve desfilar delante de sí, villas risueñas, montículos
-coronados por edificios y árboles, y a sus costados centenares de
-buques de todas formas y dimensiones que hacen su camino en sentido
-opuesto en aquella calle pública, inmensa, resplandeciente y tersa como
-un espejo. Así pasan revista, desde la salida de Nueva York, al océano,
-la bahía con su movible panorama de buques, y las pintorescas islas,<span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span>
-estrechos y canales. La ciudad de Jersey, en frente del embarcadero,
-la roca de Weehawken, que sale exabrupto de entre las aguas y sirve
-de base a una <em>villa</em> edificada en su cumbre, pintoresco término
-avanzado a la entrada de las <i>Palizadas</i>, que son una muralla
-perpendicular de rocas acantiladas, que se alzan cuatrocientos y
-quinientos pies sobre la superficie de las aguas, y costea el río por
-espacio de veinte millas. Este accidente de la naturaleza da al paisaje
-una grandiosidad indescriptible, mientras, por el otro lado, la ribera
-ostenta villas, ciudades, arboledas, colinas y bosques que mantienen
-la animación y despiertan la curiosidad. Alguna ruina también corona
-alguna altura, y los nombres de Hamilton y Wáshington son recordados
-por algunas piedras subsistentes de fuertes tomados y destruídos
-durante la guerra de la independencia. Monumentos vivos son, empero,
-Westpoint, la academia militar en cuyo recinto 230 cadetes guardan
-permanentemente el fuego sagrado de las tradiciones y la ciencia de
-la guerra. El asilo de los huérfanos, el hospital de locos y otros
-edificios públicos prestan, desde las alturas, sus formas griegas a
-la decoración del río que se las disputa al Rhin en belleza, y que no
-tiene rival sino en la China en actividad y movimiento.</p>
-
-<p>Al fin se presenta Albany, la capital política del estado de Nueva
-York, porque parece que los congresos yankees huyen del bullicio de
-las grandes ciudades. Los edificios públicos corresponden al título
-de capital, aún más que a la extensión de la ciudad la importancia de
-sus edificios particulares. El camino de hierro recorre desde allí 325
-millas al oeste, pasando por Amsterdam, Jonda, Utica, Roma, Verona,
-Manlius, Siracusa, Camillus, Séneca, Itaca, Waterloo, Génova, Viena,
-Víctor, Byron, Batavia, Alejandro, Attica y otras muchas ciudades
-que reunen en una línea los nombres de ciudades, países y hombres de
-diversos tiempos y lugares.</p>
-
-<p>Búfalo, término del viaje, está en el extremo este del lago Erie, que
-lo es, a su vez, de la navegación del Hurón, el Michigan y el Superior.
-La emigración alemana, sobre todo,<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span> ataca esta línea de navegación
-por Chicago, que está al extremo oeste del Michigan y en contacto
-con las cabeceras del Mississipi; y por Búfalo, que sirve de centro
-a la navegación del Ohio por el canal de Cleveland y del Hudson por
-el canal del Erie. La vista de esta ciudad, estrecha para el número
-de habitantes que contiene, me hizo un efecto singular. Una turba de
-buques de vapor dejaba escapar de sus chimeneas la gruesa mole de
-humo del fuego que aún se está encendiendo. La descarga de pieles de
-búfalo, y otras producciones del comercio con los salvajes, contrariaba
-el movimiento de la procesión de pasajeros que se dirigen al puerto,
-mientras que volviendo la vista a la ciudad, descubríanse sobre lo
-alto de los edificios centenares de hombres ocupados afanosamente en
-construir edificios nuevos, agrandándose la ciudad de improviso para
-satisfacer a las necesidades de una población que cada año aumenta de
-veinte mil almas. Búfalo tiene a su alcance, como todos los centros
-predestinados de comercio futuro en la Unión, un depósito de carbón en
-la península que forma el Michigan y el contiguo Huron.</p>
-
-<p>De Búfalo adelante las obras humanas, ferrocarriles, villas nacientes
-y plantaciones nuevas, deslucen las sublimes obras de la naturaleza.
-Desde allí al norte principia el pedazo más bello de la tierra. El
-río Niágara sale del Erie manso y cristalino, reflejando en sus
-ondas rododendrones y encinas entremezcladas, formando a los lejos
-lontananzas azuladas de selvas primitivas, bajo cuyas espesuras
-pueden aún verse los rastros misteriosos del mocasín del indio
-indómito. Abrese en dos al formar la grande isla, y recoge luego sus
-aguas para prepararse al sublime juego de aguas que comienza en los
-<i>Rápidos</i>, y termina en la <i>Cascada</i>. El rumor lejano de este
-salto portentoso, la neblina que se alza en el cielo de partículas
-acuáticas, la excitación que causa la proximidad de sensaciones de
-largo tiempo esperadas y presentidas, traen al viajero desasosegado
-y acusando de lentitud al tren que lo arrastra. Llégase por fin a
-<i xml:lang="en" lang="en">Niágara-Falls</i>, villa que alimenta la concurrencia de curiosos,
-desde donde el redoble pavoroso<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span> de la caída atruena los oídos, el
-torbellino de agua se hace más visible, descollando blanquecino sobre
-las copas de los árboles; y entre los claros que sus troncos dejan a
-medida que uno se acerca, divísase contrastando con la opacidad de la
-enramada sombría, algún pedazo de <em>rápidos</em>, como un fragmento
-de plata bruñida. Son estos rápidos cascadas subacuáticas en que la
-enorme masa del Niágara viene despeñándose, sobre un lecho de rocas
-escarpadas, que no se presentan a la vista, y que dan al agua un
-blanco marmóreo. Mil trágicas aventuras han ocurrido, desde el cazador
-indio que distraído un momento por el ardor de la persecución sintióse
-llevado de la corriente en su frágil piragua, y después de esfuerzos
-sobrehumanos para resistirla, apuró su calabaza de aguardiente, y
-de pie con los brazos cruzados se dejó llevar a la catarata, que ni
-los cadáveres entrega de sus víctimas, hasta los presidiarios que
-apoderados de un vapor, no supieron gobernar y vieron descender la mal
-dirigida nave a los rápidos y la catarata, sepultándolos para siempre
-el abismo sin fondo que ha excavado la caída. Hablábase del reciente
-fin de un niño caído en los rápidos y que ya tenían de la mano en la
-isla de la Cabra, que promedia las dos caídas, volvióseles a escapar.</p>
-
-<p>Describir escena tan estupenda sería empeño vano. Lo colosal de las
-dimensiones atenúa la impresión de pavor, como la distancia de las
-estrellas nos las hace aparecer pequeñas. Cítanse con elogio los versos
-que el espectáculo inspiró a una señorita.</p>
-
-<p class="center p0 poetry" xml:lang="en" lang="en">Flow on for ever, in thy glorious robe<br />
-Of terror and beauty. God hath set<br />
-His rainbow on thy forehead; and the cloud<br />
-Mantled around thy feet. Awe he doth give<br />
-Thy voice of thunder, power to speak to Him<br /><span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span>
-Eternally&mdash;bidding the lip of man<br />
-Keep silence; and upon thine altar pour<br />
-Incense of awe-struck praise<span class="fnanchor" id="fna5"><a href="#fn5">[5]</a></span>.
-</p>
-
-<p>Teníame por pasajero pasablemente erudito en punto a cascadas. Había
-visto la de Tivolí, tan bella, tan artística y tan poéticamente
-acompañada de recuerdos históricos; la del Rhin, la más grande que
-ocurre en Europa, y aquellas cien que alegran el paisaje suizo en los
-Alpes. La de Niágara, empero, sale de los términos de toda comparación;
-es ella sola en la tierra el más terrífico espectáculo. Sus dimensiones
-colosales, la enormidad de las masas de agua, y las líneas rectas que
-describe, le quitan, empero, toda belleza, inspirando sólo sensaciones
-de terror, admiración y aquel deleite sublime que acusa el espectáculo
-de los grandes conflictos. Imaginaos un río cristalino, como el
-Bío-Bío, descendiendo de golpe de un plano superior a otro inferior.
-Cortado el borde perpendicularmente, el agua describirá un ángulo recto
-al cambiar del plano horizontal al vertical, y desde allí, después de
-revolverse sobre sí misma en torbellinos plateados, seguirá el nuevo
-plano inferior con la misma mansedumbre que antes de caer. La belleza
-de la cascada la hacen las puntas de rocas salientes, que fuerzan
-el agua a retroceder, lanzarse en el aire, subdividirse en átomos e
-impregnarse de luz.</p>
-
-<p>La vista de las otras cascadas me había hecho sonreír de placer; más en
-la del Niágara sentía que las piernas me temblaban, y aquella sensación
-fiebrosa que indica que la sangre se retira de la cara. Llegándose a
-ella por la isla de la Cabra, que la subdivide en dos, el ánimo viene
-alegremente preparado por la escena menos tumultuosa que presentan los
-rápidos,<span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span> en que el Niágara desciende cincuenta pies en una milla. El
-bosque primitivo que cubre la isla y oculta tras su ramaje la vecina
-ciudad, la perspectiva aguas arriba en que el río viene caracoleando,
-presenta uno de esos golpes de vista risueños, virginales, tan
-comunes en los Estados Unidos. La cascada inglesa tiene la forma de
-una herradura y cuatro cuadras de desenvolvimiento, sin accidente ni
-interrupción alguna. La cascada del lado americano tiene doscientas
-yardas de ancho y esto la hace llamar la chica. En ambas cae el agua
-desde 165 pies y el canal excavado en la roca que la recibe, tiene cien
-varas de profundidad y ciento treinta de ancho. Al ver escritas estas
-cifras averiguadas por mensura, nótase la incompetencia del ojo humano
-para abrazar las grandes superficies. San Pedro, en Roma, aparece una
-estructura de dimensiones naturales, y la cascada del Niágara se achica
-a la simple vista para ponerse al nivel de nuestra pequeñez.</p>
-
-<p>El espesor de la masa de agua es de 21 pies, de manera que no pudiendo
-atravesarla la luz, conserva su color verde en el centro de la caída.
-Este accidente, que revela a los ojos la magnitud de la escena, aumenta
-el pavor que inspira. Vésela desde una linterna o garito construído en
-la isla de la Cabra; vésela mejor todavía porque se llega al borde de
-ella desde el lado inglés, desde donde el ojo puede perfilar la línea
-vertical de la caída y medir el abismo que gruñe como una tormenta
-de rayos, o un aguacero de cañonazos a sus pies. Vésela en todo su
-esplendor y magnificencia desde a bordo de un vapor que sube todos los
-días del lago Ontario, llega cargado de pasajeros hasta cien yardas
-de distancia de la caída, detiénese allí con su motor listo para
-contrariar la atracción de los remolinos, tirita el casco sobre aquella
-agua atormentada, y espumando como si estuviera en delirio, y vuelve
-atrás con los pasajeros, satisfechos ya de emociones terríficas. Pero,
-la cascada no se siente, no se palpa, sino descendiendo al abismo que
-le sirve de base, envolviéndose para ello en capotes de goma elástica
-y dejándose conducir de la mano por un guía debajo de la caída misma,
-donde se<span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span> ha practicado un camino en la roca, con pasamanos de fierro,
-que garantizan de las caídas ocasionadas por la presencia de centenares
-de anguilas mucosas y resbaladizas que se acogen entre las sinuosidades
-de la roca. Colocado en el fondo de esta singular galería, aturdido,
-anonadado por el ruido, recibiendo sobre su cuerpo la caída de gruesos
-chorros de agua, ve delante de sí una muralla de cristal, que creyera
-dura y estable si las filtraciones de goteras no causaran la presencia
-del líquido elemento. Salido de aquel húmedo infierno, volviendo a ver
-de nuevo el sol y el cielo, puede decirse que el corazón ha apurado la
-sensación de lo sublime. Una batalla de doscientos mil combatientes no
-causará emociones más profundas.</p>
-
-<p>Del lado inglés hay un magnífico hotel y un museo, donde se muestran
-búfalos vivos y se venden esponjas de mar y coral petrificados, que se
-desprenden del suelo en que está la cascada. Aquello fué fondo de mar
-en otro tiempo.</p>
-
-<p>Distínguese esta caída de las otras del mundo en que está situada en
-el centro de una llanura, sin que a primera vista se descubra la causa
-de su existencia. Descendiendo, empero, hacia Ontario, el fenómeno se
-explica fácilmente. El lago Erie está en el centro de una plataforma
-espaciosísima sin accidente alguno. Este llano es la superficie
-superior de una meseta, cuyo borde está cerca del Ontario, el cual está
-situado sobre otra meseta inferior. La diferencia de nivel que hay
-entre uno y otro lago es de 300 pies; y la caída del río Niágara que
-los une entre sí, debe hacerse necesariamente en el borde del banco o
-meseta superior, que está no lejos de las márgenes del Ontario. Pero la
-caída se encuentra siete millas más arriba, y la roca está excavada en
-un profundo zanjón de la altura de la caída. La catarata ha ido, pues,
-cambiando de lugar, o más propiamente hablando, va lentamente en marcha
-hacia el Erie, adonde llegará un día. Bastaría fijar, por medio de la
-observación, la distancia que avanza al año la catarata, derrumbando
-o carcomiendo la roca que le sirve de lecho, para sacar una parte de
-la cronología del<span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span> globo. Según el geólogo Lyell, admitiendo que solo
-un pie retroceda por año, ha necesitado 39.000 años para llegar desde
-el borde de la escarpa que está cerca de la ciudad de Queenston. Pero
-modifican este cálculo las diferencias de la altura de la caída en
-cada uno de los lugares de su estación, y la diversa resistencia que
-han debido oponerle la mayor o menor adherencia de las rocas que va
-encontrando. La primera vez que un europeo ha descripto la cascada, ha
-sido en 1678, que lo fué por unos misioneros franceses que levantaron
-de ella un diseño. Otra descripción hay de 1751; pero las observaciones
-geológicas no comienzan sino de una época muy reciente. Desde 1815
-adelante las dos caídas han ido alterando su forma por el derrumbe de
-enormes trozos de rocas, y desde 1840 la isla de la Cabra ha perdido
-algunos acres de terreno.</p>
-
-<p>Mr. Lyell descubrió hasta cuatro millas más abajo del lugar de la
-caída, el lecho antiquísimo del río sobre la superficie de la tierra
-y aun a mayor altura de la que hoy tiene el Niágara. Las conchillas
-fluviátiles que se encuentran en bancos de residuos en la isla de
-la Cabra, se hallan perteneciendo a las mismas especies y épocas,
-en una línea hacia el Ontario que señala la dirección que llevaba
-el río. Tenemos, dice este geólogo, en el costado de los barrancos
-que va dejando el Niágara, un cronómetro que mide ruda, pero
-significativamente, la inmensa magnitud del intervalo de años que
-separa el tiempo presente de la época en que el Niágara corría por
-muchas millas más al Norte sobre la superficie de la plataforma. Este
-cronómetro nos muestra cómo los dos sucesos que creemos coetáneos, la
-desaparición de los mastodontes y la época de la primera población
-de la tierra por el hombre, pueden estar a distancias infinitamente
-remotas una de otra. El geólogo, añade, puede cavilar sobre estos
-acontecimientos hasta que lleno de espanto y de admiración, olvida la
-presencia de la catarata misma, y deja de percibir el movimiento de sus
-aguas, ni oye su estampido al caer en el profundo abismo. Pero, así que
-sus pensamientos vuelven<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span> al momento presente el estado de su espíritu,
-las sensaciones despertadas en su corazón se hallarán en perfecta
-armonía con la grandiosidad y belleza de la gloriosa escena que lo
-rodea.</p>
-
-<p class="footnote" id="fn5"><a href="#fna5">[5]</a> Fluye por siempre, cubierta con tu glorioso ropaje de terror y
-de beldad. Puso Dios sobre tu frente el iris, y una nube envuelve
-cual manto tus pies. Te dió su voz de trueno con poder de hablarle
-eternamente, sellando el labio humano, condenado a guardar silencio,
-contentándose con derramar sobre tu altar el incienso de su hija,
-adoración del terror.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="CANADA">CANADA</h3>
-</div>
-
-<p>El ferrocarril que corre al costado del zanjón formado por la cascada
-hasta Queenston, cerca del Ontario, lleva los pasajeros que se dirigen
-hacia Quebec o el lago de Champlain. Después de haber saboreado aquel
-magnífico espectáculo, iba yo en mi banco rumiando las emociones
-pasadas, y dejando escapar, de vez en cuando, alguna exclamación de la
-admiración que había experimentado. Un yankee, que me escuchaba con
-la plácida frialdad que distingue a este tipo de hombre, me mostró la
-cascada bajo un punto de vista nuevo. <i xml:lang="en" lang="en">Beautiful! Beautiful!</i>
-decía, y para explicarme su manera de sentir la belleza, añadía: esta
-cascada vale millones. Ya se han puesto algunas máquinas a lo largo
-de los rápidos, de donde por canales poco costosos se sacan caídas
-de agua para darles movimiento. Cuando la población de los Estados
-se aglomere hacia este lado, el inmenso caudal de agua de la cascada
-americana puede ser subdividido, y desviándolo, por canales que corran
-sobre el terreno superior, traerlos a descargarlo al cauce inferior del
-Niágara, a los puntos donde se hallen establecidas máquinas de tejidos
-y de otras industrias. ¿Se imagina usted&mdash;me decía&mdash;que pueden usarse
-motores de agua de la fuerza de cuarenta mil caballos si se necesita?
-Entonces el Niágara será una calle flanqueada por ambos lados de siete
-millas de usinas, cada una con su caída de agua del tamaño que la
-necesite el motor. Los buques vendrán a atracar a la puerta y llevar
-por el San Lorenzo, el Champlain, o el canal de Oswego, las mercaderías
-a Europa o a Nueva York. <i xml:lang="en" lang="en">Beautiful! Beautiful!</i> añadía, extasiado
-en la aplicación útil de aquella mole enorme de agua, que hoy sólo
-sirve para mostrar el poder de la Naturaleza. Yo creo<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span> que los yankees
-están celosos de la cascada y que la han de ocupar, como ocupan y
-pueblan los bosques.</p>
-
-<p>Pasando de un ferrocarril a otro, en medio de bosques todavía
-despoblados, atravesando villorrios apenas diseñados, sin poderse
-uno dar cuenta cómo pueden andar vagones por aquellas soledades
-desamparadas, se pasa a uno de <i xml:lang="en" lang="en">Stages</i>, diligencias que remiendan
-intervalos sin rieles, y en Queenston va a alojarse a bordo del vapor
-que espera el tren para descender el Ontario, tocando en Oswego,
-boca del canal que liga este lago con el canal que une el Ontario
-con el Hudson. Van Buren, el expresidente, promoviendo la abertura
-de este canal auxiliar, dió valor a unos terrenos que poseía en las
-inmediaciones, sin que nadie haya criticado su procedimiento de
-egoísta; pues el canal completaba, realmente, el estupendo sistema de
-comunicaciones acuáticas de que he hablado en otro lugar.</p>
-
-<p>El país está aún despoblado por esta parte; el vapor del Ontario
-se acerca a los barrancos, adonde salen los paisanotes de fraque y
-las mozas envueltas en cachemiras a tomar pasaje. Divísanse a lo
-lejos aisladas en el bosque aquellas cabañas de troncos de árboles
-superpuestos, o de tablas descoloridas, que sirven de morada por los
-primeros años al plantador que recién está descuajando el bosque. El
-paisaje conserva toda la frescura virginal que Cooper ha pintado en
-aquellos inimitables cuadros del <i>Ultimo Mohicano</i>. Ya he dicho
-a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que desde Búfalo hacia esta parte está el pedazo más bello de
-la tierra. Sin la petulante lozanía de los trópicos y sin la fría
-severidad de los bosques del Norte de la Europa, mézclanse en la
-escena ríos como lagos, lagos como mares, rodeados de una vegetación
-primorosa, artística en sus combinaciones y grandiosa en su conjunto.
-Traíame arrobado de dos días atrás la contemplación de la Naturaleza,
-y, a veces, sorprendía en el fondo de mi corazón un sentimiento
-extraño, que no había experimentado ni en París. Era el deseo secreto
-de quedarme por ahí a vivir para siempre,<span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span> hacerme yankee, y ver si
-podría arrimar a la cascada alguna pobre fábrica para vivir. ¿Fábrica
-de qué?... Y aquí el deleite de tan bella vida se me tornaba en
-vergüenza, acordándome de aquellos ostentosos letreros chuecos que
-había visto en algunas aldeas de España, <i>Fábrica de fósforos</i>.
-¡Y qué fósforos! ¿Enseñar o escribir qué con este idioma que nadie
-necesita saber? Para curarme de estas ilusiones y recuperar mi alegría,
-no necesitaba más que tomarle el peso a mi descarnada bolsa, y echar
-una ojeada sobre mi contaduría en general para no volver a pensar más
-en ello.</p>
-
-<p>Al vaciarse el Ontario en el río San Lorenzo hay un punto que se
-llama Thousand Islands, las mil islas, que no son menos las que están
-aglomeradas en un corto espacio. La escena fluvial más bella que la
-Europa presenta es el Rin desde Maguncia y Colonia abajo. Yo lo había
-recorrido hasta Harlem, frontera de la Holanda, desde donde por Utrecht
-va un camino de hierro hasta Amsterdam, y de allí por La Haya se
-desciende a Rotterdam para tomar el Escalda, que conduce a Amberes y
-a Bruselas. Embellecen el Rin las tradiciones alemanas, los castillos
-feudales que aún coronan las alturas; las ciudades renanas que ostentan
-la estatua de Gutenberg, y la catedral de Colonia. Fluye el río
-silencioso por entre quebradas sañudas y obscuras, sale a explayadas
-que espacian la vista y enseñan las agujas de las iglesias de las
-aldeas, y los viñedos que se esparcen enanos y casi rastreros por los
-faldeos de las circunvecinas montañas. Más allá, y aproximándose a la
-Holanda, el terreno baja, el río se ensancha, los molinos de viento
-se suceden a los castillejos, y los ciénagos holandeses requieren los
-canales que surcan el país en todas direcciones y los pasmosos diques
-que oponen su hombro al porfiado y poderoso embate del océano, superior
-en el nivel.</p>
-
-<p>En el San Lorenzo, la naturaleza, desnuda de todo atavío de arte
-humano, se presenta a luchar con toda comparación posible. Aquí la
-escena se dilata hasta donde la vista alcanza, sin encontrar, sin
-embargo, objeto que introduzca la monotonía.<span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span> El pasaje por entre las
-mil islas es un sueño de hadas. Era el otoño, y los árboles de la
-flora americana estaban ya matizados de colores de ópalo, amarillo y
-púrpura, que tanto codician los pintores para las escenas rústicas. Hay
-la encina norteamericana y otros árboles que se tiñen de rojo puro, y
-tan subido que desde leguas atraen la mirada por su extrañeza. De este
-ropaje estaban vestidas las islas, grandes algunas como para contener
-una aldea, y tan pequeñas otras que parecían una canastilla de flores
-flotando sobre las aguas. El San Lorenzo vuelve a hacer rápidos saltos
-de distancia en distancia, lo que da a sus aguas cristalinas un blanco
-esmaltado y sin espuma, por estar a mucha profundidad las rocas que
-quiebran el agua. La corriente del río se presenta, entonces, como un
-ancho reguero de plata, accidentado por aquellas cucas islas que traen
-al espectador alborotado, cambiando la escena a cada paso, agrupándose
-en formas y en cadencias caprichosas, descubriendo nuevos horizontes a
-cada paso, hasta no entenderse en el laberinto que forman. Cuando el
-vapor va a entrar en los rápidos, el maquinista detiene el motor, la
-corriente de aquel canal de molino arrebata el buque, y el piloto con
-mano firme lo endilga por entre los escollos y remansos que se forman
-en aquella catarata continua. No sé si me han engañado; sesenta millas
-hacemos, díjonos el piloto, mirando sin pestañear un pasaje difícil
-que teníamos por delante. El tren expreso entre Manchester y Liverpool
-hacía también 60 millas. Llégase a Kingston, ciudad del Alto Canadá,
-cómpranse manzanas por hacer alguna cosa, y la noche mediante, llégase
-a Montreal, la ciudad francesa de esta parte de las colonias británicas.</p>
-
-<p>El hotel Donegana, espacioso como nuestros claustros y arreglado en
-todo como los grandes hoteles norteamericanos, acoge al pasajero
-derrengado y mal traído, a merced de vagones, <i xml:lang="en" lang="en">stages</i>
-complementarios y vapores. El <i>hong-hong</i> no falta para triturarle
-al infeliz los nervios, si se obstina en dormir una hora más.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span></p>
-
-<p>¡Montreal, qué joya para figurar en impresiones de viaje! Dumas ignora
-el tesoro que hay allí sepultado a sólo diez u once días de vapor
-de Francia. Es la ciudad más adelantada del mundo en cuanto a la
-aplicación y generalización de los medios más perfectos de construcción
-civil. Las casas son de piedra de cantería o ladrillo. Las techumbres
-están cubiertas de un manto de zinc, lo que da a la ciudad un aspecto
-reluciente. El pavimento de las calles todas es de palo a pique como el
-que se ha ensayado en París en frente de la Opera Cómica, y construído
-bajo el mismo principio, y las aceras son de tablones atravesados y
-montados sobre barrotes que permiten al agua escurrirse por debajo.
-Bajo este respecto Montreal es la ciudad más altamente civilizada
-que existe en el globo; pero hay un aspecto moral por donde es una
-curiosidad fósil digna de observación.</p>
-
-<p>Sábese que el Alto y Bajo Canadá fué cedido a la Inglaterra por Luis
-XIV, al fin de las desastrosas guerras que amargaron el ocaso de
-sus días e hicieron pagar caro a la Francia el orgullo de sus reyes
-y la arrogancia de sus ejércitos; triste y merecido fin que tienen
-esos triunfos con que la fortuna engalana los primeros pasos de la
-vida de los tiranos. La vejez trae sus arrugas, la conciencia sus
-remordimientos, y el cansancio y la extenuación de los pueblos la
-debilidad que da reparación a los ofendidos. Con Napoleón repitióse el
-mismo cuento y con nuestro imbécil se reproducirá el mismo hecho, muy a
-expensas nuestras.</p>
-
-<p>¡Vuelvo siempre a mis carneros! La población francesa de Montreal
-lloró, como Cartago condenada a la destrucción, el día en que se
-le anunció que había sido tratada como mercancía, entregada cual
-vil rebaño a la odiada Inglaterra. Pero, el llorar y el mesarse los
-cabellos en nada cambiaba la situación que la madre patria les hacía,
-y hubieron de resignarse a su suerte desamparada. Desde entonces se
-rompió el vínculo que los ligaba a la madre patria y no oyeron hablar
-más de la Francia. Sus revoluciones posteriores, la república, el
-imperio, la restauración y la casi restauración, han pasado<span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span> sin que el
-vulgo sepa de tan grandes sucesos, sino de oídas, aquello más notable;
-pero sin sucesión, sin formar ya parte de la historia nacional.</p>
-
-<p>Los libros franceses dejaron de penetrar en la colonia inglesa, y todo
-progreso en las ideas, toda novedad literaria o filosófica dejó para
-los infelices de ser continuación y consecuencia de aquel movimiento de
-ideas que comenzó en el reinado de Luis XIV y continuó con Rousseau,
-Voltaire y el siglo XVIII. Para los franceses de Montreal, pues, la
-Francia, la única Francia posible, es la Francia del gran rey con
-su corte de Versalles, su etiqueta y su lujo asiático; los únicos
-poetas, Corneille y Racine; las únicas glorias militares, las del gran
-Condé, Catinant, Villars y Turena. El canadiense es ceremonioso como
-un cortesano antiguo, y tan quisquilloso en punto a hidalguía, que
-la genealogía de las familias es allí espejo que no ha de empañar ni
-por el contacto mácula alguna. Viviendo bajo la dominación inglesa de
-un siglo a esta parte, las madres no enseñan a sus hijas el inglés,
-para ponerlas en la imposibilidad de oír a los odiosos opresores de
-su raza; cuando en las calles se pregunta a los paseantes algo en
-inglés, puede desfilar toda la población por delante, sin que haya
-una persona de origen francés que se dé por entendida de lo que se
-le pregunta. Hablad en francés y entonces las miradas se vuelven de
-todas partes, los semblantes sonríen y la buena voluntad y el deseo
-<i xml:lang="fr" lang="fr">d’être agréable</i> vese pintado en la blanda ondulación de cada
-músculo. “¡Ah! ¡señor, me decía un joven, con voz conmovida, viene
-usted de Francia; qué feliz es <abbr title="Usted">Vd.</abbr>! ¡Oh, la Francia, nuestra patria!
-¡Si supiera ella lo que ha hecho, entregándonos a los ingleses! Ya se
-ha arrepentido, ¿no es así? Porque ni aun en sus reproches querrían
-ofender a este tipo de la nacionalidad de su raza.</p>
-
-<p>La religión se ha hecho un arma de oposición a los dominadores, y el
-catolicismo una trinchera adonde se ha acogido toda la vida de este
-pueblo desmembrado. El catolicismo cuan estable es en sus dogmas, ha
-marchado, sin embargo, con los siglos, y afectando nuevas formas, para
-adaptarse a<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span> las nuevas instituciones. Si queréis volver una página
-de un siglo de su historia y verlo tal cual era, después de salido de
-la Edad Media, id a Montreal y lo encontraréis en todo su primitivo
-candor, lleno de savia y de fuerza y concentrando en sí, como en España
-en tiempos de la reina Isabel, el patriotismo, el poder, y la fuente
-del heroísmo. Hacia la base del monte que da nominación a la ciudad, se
-levanta una hermosa casilla de ladrillo rodeada de árboles y colocada
-en una pequeña elevación del terreno que la hace más pintoresca. Esta
-casa, que me había llamado la atención, tiene tapiadas las puertas
-y está abandonada. Preguntando a un canadiense el motivo de lo que
-veía, “¡Que no sabe! me dijo, la casa del Judío. Y bien.&mdash;Del alma en
-pena, <i xml:lang="fr" lang="fr">le revenant</i>. Un judío (si esta apelación no es, como lo
-sospecho, todavía una muestra del viejo catolicismo) un judío era
-el dueño de esa casa. Una noche, tarde de la noche, oyóse un tiro.
-Al día siguiente los vecinos lo encontraron muerto, suicidado. Sus
-compatriotas quisieron ocupar la casa; pero el alma del condenado
-volvía a su habitación todas las noches, revolvía papeles, oíanse
-gemidos y ruidos de cadenas. En vano han querido después habitar la
-casa; esto hace ya veinte años, algunos vecinos pobres han intentado
-ocuparla. El alma del condenado vuelve; las luces se apagan solas, y
-comienzan los gemidos y el ruido de cadenas. La autoridad ha mandado
-al fin amurallar las puertas, por miedo que la casa se convierta en
-guarida de ladrones”.</p>
-
-<p>Yo escuchaba maravillado este cuento, que me traía a la memoria escenas
-de mi infancia, oyendo horripilado historias de ánimas y aparecidos,
-y miraba a mi hombre de hito en hito para ver si creía realmente lo
-que me estaba contando, y si no concluía como algunos clérigos en
-Roma que le enseñan a uno la mesa con tres patas en que almorzaba
-Jesucristo con San Pedro y San Juan, y que concluyen por reírse de la
-conseja cuando uno les pone cierta cara. Esta vez, empero, había en
-la voz y en lo profundo de los ojos del narrador tal convicción, que
-mostrar duda siquiera habría sido<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span> desmoralizarlo, porque la sencillez
-de su espíritu, la sanción dada por todos, aun por la autoridad, a
-esta tradición, no le habrían dejado sospechar que hubiera ningún ser
-racional que dudase de la posibilidad de tales sucesos.</p>
-
-<p>Sobrevino el domingo y me dirigí a la catedral para visitarla. Jamás
-había podido imaginarme espectáculo más imponente. Habíame enfriado
-Roma con su Semana Santa y sus ceremonias. San Pedro es en esos días,
-como siempre, un suntuoso desierto. Los romanos preguntan: ¿Ha estado
-<abbr title="Usted">Vd.</abbr> en San Pedro? ¿Ha visto al Papa?&mdash;Ellos no van nunca a la gran
-basílica y pocas veces a las demás iglesias. Si en Roma sucede eso,
-imagínese lo que sucederá en Francia, España y el resto de la Italia.
-No recuerdo dónde he encontrado en diversas iglesias tres sacerdotes
-que decían misa sin un solo oyente o alguna vieja mendiga por todo
-acompañamiento.</p>
-
-<p>En la gótica catedral de Montreal había ese domingo de quince a
-veinte mil almas oyendo la misa mayor. La población católica no se
-desobliga del precepto, sino oyendo la misa episcopal, pontificada con
-una pompa sencilla, servida por setenta y dos acólitos, monacillos y
-oficiantes que pude contar por los bonetes en forma de conos truncados
-y altos de una tercia que llevaban los oficiantes. No ofreciendo
-suficiente espacio el pavimento de la catedral para tanto concurso,
-se han adaptado a las naves exteriores dos anchas galerías salientes
-que hacen dos corridas de palcos por ambos lados de la iglesia; y
-las cuatro y el piso estaban llenos. Predicaba a la sazón el cura la
-plática doctrinal; un profundo silencio reinaba en aquella inmensa
-congregación, y una señora que me veía de pie, con los ojos y con la
-mano me invitaba cortésmente a tomar asiento a su lado, en las lunetas
-de madera que cubren toda la superficie del vasto edificio, más ancho
-que la catedral de Santiago. Esto que veía entonces, sucedía siempre y
-las acomodaciones de la iglesia me lo decían demasiado.</p>
-
-<p>Al día siguiente encontré en las calles larga procesión de niños en dos
-filas y precedido por una cruz con paño llevada<span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span> por un clérigo, que
-se dirigían a la iglesia cantando en coro las alabanzas, seguidos del
-cura y sotacuras, a oír la misa diaria, antes de entrar a las clases.
-El cura, como fué práctica en los antiguos tiempos, es el maestro
-de escuela de la parroquia, y los sotacuras son sus ayudantes si es
-numerosa. Adoctrínalos con amor en todas las creencias; fortifícalos
-contra toda innovación peligrosa y contra toda tibieza que pueda dar
-entrada en sus almas al odiado protestantismo de sus amos. Así el
-catolicismo se ha endurecido y reconcentrado para hacer frente a la
-destitución de la raza y del idioma, y se apega a las añejas prácticas
-y aun a las supersticiones más frívolas por no dar su brazo a torcer.
-Todo esto es santo, bello, tierno, patriótico y ortodoxo, sin duda.
-Pero, ¡ah, que está de Dios que no ha de haber cosa cumplida en este
-mundo! Los católicos de Montreal poseen y cultivan una ignorancia
-desesperante. Alejados de la administración, porque temen contaminarse
-si aceptan empleos, viven ajenos de todo movimiento de la vida
-pública. Al lado de los yankees, gobernados por la Inglaterra, no
-poseen ninguna industria, cultivan mal la tierra, y la pobreza, la
-obscuridad, la nulidad y la miseria los viene cercenando y estrechando
-de todas partes. Hoy vende una familia patricia su casa que compra un
-comerciante inglés, y mañana sus hijos están en la indigencia, y como
-no tienen ni instrucción ni habilidad manual, concluyen sus nietos por
-ser mozos de cordel o domésticos. Calcúlase que en un siglo más habrá
-desaparecido este pueblo, incapaz de vivir en la sociedad actual y
-obstinado por patriotismo en perpetuar un modo de ser que lo aniquila
-lentamente.</p>
-
-<p>Los ingleses, en tanto, se desenvuelven por el comercio, por el
-ejercicio del poder, por la inmigración y por la vida británica, tan
-llena de expansión y actividad. Agitan los ingleses la separación de la
-metrópoli y maldicen el día que vencieron a Montgomery, que les traía
-la independencia.</p>
-
-<p>Montreal es un emporio de las peleterías del Norte, y los almacenes
-están llenos de la variedad infinita de producciones<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span> que forman este
-ramo. Después de haber visto aquella ciudad encantadora y que bajo las
-formas más modernas encierra la población más vieja, hube de dirigirme
-a Quebec, donde quería examinar una caserna que el gobierno inglés
-había establecido para recepción de inmigrantes irlandeses. Dáseles
-allí ración y ocupación diaria hasta que se les destina a los terrenos
-que se han señalado para las nuevas plantaciones. A veces creo que no
-debemos pensar en cosas nuevas, sino buscar dónde está ya realizada
-la idea que nos embarga. Traía desde Alemania el pensamiento de estas
-grandes hospederías, para acoger inmigrantes en nuestros países, y
-hablándole de ello a Astaburuaga en Nueva York, indicóme la existencia
-de ésta. Al tomar pasaje en San Lázaro abajo, vínome el remordimiento
-de aquella prodigalidad de dinero con que iba haciendo mis viajes,
-cual si fuera un príncipe ruso. Siete pesos debía costarme de ida y
-vuelta la excursión a Quebec, duplicado de Montreal, ciudad menos bella
-y pueblo menos virgen que el que había visto. ¡Siete pesos! Tomé un
-vapor para atravesar el San Lorenzo con asiento en el ferrocarril de la
-Pradera, que lleva a orillas del lago Champlain, camino de Nueva York,
-tomando a lo largo el larguísimo lago, viendo aproximarse las costas,
-alejarse o cruzarse puntas de tierra entrantes y ensenadas, variándose
-el panorama con una movilidad infinita, hasta que llega a Whitehall,
-donde se toma pasaje por un canal que conduce a Troya, desde donde el
-camino de hierro lleva a Boston, fin de mi excursión por este lado.
-Reasumamos la parte económica del viaje. De Búfalo a la cascada, camino
-de hierro, 1 peso, 22 millas. De Niágara Falls a Lewiston, camino de
-hierro, <i xml:lang="en" lang="en">stage</i>, 6 pesos, 31 millas. Lago Ontario a Montreal,
-vapor, 10 pesos. De Montreal a la Prairie, vapor y ferrocarril, 1 peso.
-De la Prairie, Lago Champlain a Whitehall, 1 peso; diligencia a Troya,
-3 pesos; ferrocarril a Greenbush, 3 pesos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="BOSTON">BOSTON</h3>
-</div>
-
-<p>La ciudad puritana, la Menfis de la civilización yankee, tenía 18.000
-habitantes en 1790, 33.000 en 1810 y 114.360 en 1845. La ciudad está
-fundada sobre una península, cuyo istmo de una milla sirve de principal
-comunicación con el continente, si bien muchos puentes echados sobre
-la bahía interior establecen nuevas líneas de contacto. Suaves colinas
-accidentan el suelo y dan a la perspectiva puntos de vista agradables.
-Vive aún la encina a cuya sombra se reunieron los <i>Peregrinos</i>
-para darse las leyes fundamentales. En Boston se dictó aquella famosa
-ley de educación pública general y obligatoria de 1676, que ha
-preludiado a la habilitación del género humano. En Boston se reunieron
-en <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> los colonos y resolvieron no pagar el derecho del
-té, abstenerse del uso de esta infusión y arrojar al mar las cajas de
-té del estanco. En Boston se disparó el primer fusilazo en la guerra de
-la Independencia. En Boston están las escuelas públicas convertidas en
-templos por la magnificencia de su arquitectura, y cada viviente paga
-un peso anual por educar a los hijos de sus semejantes, y cada niño
-pobre consume al año siete pesos de renta pública para educarse. En
-Boston está la sede y el centro del unitarismo religioso, que propende
-a reunir en un centro común todas las subdivisiones de secta y elevar
-la creencia al rango de filosofía religiosa y moral. De Boston, en
-fin, salen esos enjambres de colonizadores que llevan al Far West las
-instituciones, la ciencia y la práctica del gobierno, el espíritu
-yankee y las artes manuales que presiden a la toma de posesión de la
-tierra. Cuatro líneas de vapores lo ligan con la Europa. Un ferrocarril
-corre la costa hasta Portland en el Maine; otro hasta Concordia lo
-pone en comunicación con el Estado de Nueva Hampshire; otro con Troya
-y sus líneas y canales afluentes; tres con Nueva York, completándose
-con líneas de navegación por mar o por la sonda de Long Island. Sus
-hoteles son el primor de los Estados<span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span> Unidos y el Fremont Hotel pasa
-por superior a todos en elegancia y <i xml:lang="en" lang="en">comfort</i>.</p>
-
-<p>Había llegado de noche y entregádome a ese sueño de ganapán que termina
-las trasnochadas e incomodidades de un afanoso viaje. A las tres de
-la mañana me despiertan golpes redoblados a mi puerta, y una risa
-prolongada y burlona que apenas podía contenerse. Acababa de llegar en
-la noche; alma nacida podía saber que ya me hallaba en Boston, y sin
-embargo, el burlón repetía muriéndose de risa: Abra, Sarmiento, soy
-yo.&mdash;¿Quién es yo?&mdash;Y creía hacerme desesperar.&mdash;Yo, Casaffoust.</p>
-
-<p>Una noche en Nápoles tomaba helados en un café con un joven francés.
-Como viese entrar a un individuo, dije a mi compañero en francés: Aquel
-joven es americano, del mediodía, es de Buenos Aires. ¿Hay, realmente,
-un tipo nacional argentino? Rugendas sabe reproducirlo con el lápiz,
-y yo esta vez acertaba a conocer por la fisonomía a un compatriota.
-Acercóse con reserva, miróme con frecuencia y al fin se aventuró a
-decirme: “Creo, señor, haberle oído que soy americano”. En efecto, era
-porteño, uno de esos caracteres enérgicos que se abren paso en el mundo
-por su propio esfuerzo. Salido joven de su país, se había establecido
-en Río de Janeiro, pasado a Valparaíso, Bolivia y Lima, y últimamente
-asentádose en la América Central, donde, habiendo engrosado su fortuna,
-había empezado a creer que el mundo no estaría satisfecho si él no lo
-recorría. Despedímonos en Nápoles y nos encontramos de nuevo en Roma.
-Allí tomó él para Trieste y yo debía salir más tarde para Florencia. Al
-entrar en un café en Venecia, Casaffoust nos tapó la puerta; acababa
-de desembarcar. No debíamos vernos más. El día que llegué a París lo
-encontré de manos a boca en el bulevar América. En el hotel donde un
-mes después fuí a alojarme en Londres, encontré a Casaffoust, que comía
-a la sazón. ¡Era éste un fantasma que me perseguía! Después de cruzar
-los brazos uno y otro para contemplarnos con extrañeza, nos echábamos
-a reír de esta singularidad. Desde Londres partió<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span> al fin para Belice
-en el <i>Istmo</i>, desde donde debía arribar a Costa Rica. No quiso
-dirigirse, como yo se lo aconsejaba, a los Estados Unidos. La noche
-que llegaba yo a Boston, partía él del mismo hotel, y mientras pagaba
-su cuenta, leía en el libro de pasajeros, abierto ante sus ojos, <i>D.
-F. Sarmiento</i>, entre los últimos llegados. Suspendió su viaje,
-acompañóme dos días, y nos separamos prometiéndonos con las mayores
-veras, no volvernos a encontrar más, porque aquella tenacidad me iba ya
-dando que pensar. Esta vez lo hemos cumplido: no nos hemos visto más.</p>
-
-<p>El principal objeto de mi viaje era ver a Mr. Horace Mann, el
-secretario del <em>Board</em> de Educación, el gran reformador de la educación
-primaria, viajero como yo en busca de métodos y sistemas por Europa
-y hombre que al fondo inagotable de bondad y de filantropía reunía
-en sus actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber.
-Vivía fuera de Boston, y hube de tomar el ferrocarril para dirigirme
-a Newton East, pequeña aldea de su residencia. Pasamos largas horas
-de conferencias en dos días consecutivos. Contóme sus tribulaciones
-y las dificultades con que su grande obra había tenido que luchar,
-por las preocupaciones populares sobre educación, y los celos locales
-y de secta, y la mezquindad democrática que deslucía las mejores
-instituciones. La legislatura misma del Estado había estado a punto de
-destruirle su trabajo, destituirlo y disolver la comisión de educación,
-cediendo a los móviles más indignos, la envidia y la rutina. Su trabajo
-era inmenso y la retribución escasa, enterándola él en su ánimo con los
-frutos ya cosechados y el porvenir que abría a su país. Creaba allí, a
-su lado, un plantel de maestras de escuela que visité con su señora, y
-donde, no sin asombro, vi mujeres que pagaban una pensión para estudiar
-matemáticas, química, botánica y anatomía, como ramos complementarios
-de su educación. Eran niñas pobres que tomaban dinero anticipado para
-costear su educación, debiendo pagarlo cuando se colocasen en las
-escuelas como maestras; y como los salarios que se pagan son subidos,
-el negocio era seguro<span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span> y lucrativo para los prestamistas. Gracias a
-sus desvelos, el Estado de Massachusetts, de que es Boston la capital,
-contenía en 1846, en las trescientas nueve ciudades y villas que lo
-forman, 3475 escuelas públicas, con 2589 maestros hombres y 5000
-maestras, asistidas por 174.084 niños. Observe <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que el número de
-maestros de escuelas es mayor en este Estado que el monto total del
-ejército permanente de Chile, y el tercio del de todos los Estados
-Unidos.</p>
-
-<p>La población del Estado es de 737.700 habitantes, y los niños en estado
-de asistir a la escuela, 203.877.</p>
-
-<p>Las rentas destinadas para sostener la educación pública son 650.000
-pesos, recolectados por contribución de escuelas<span class="fnanchor" id="fna6"><a href="#fn6">[6]</a></span>. Además de las
-escuelas hay en Massachusetts 77 colegios públicos incorporados, con
-3700 estudiantes y 1091 colegios y escuelas particulares, con 24.318
-discípulos, los cuales pagan 277.690 pesos por la enseñanza que reciben.</p>
-
-<p>Además de estas pasmosas sumas, cada localidad posee fondos cuyos
-productos están especialmente destinados a la enseñanza. Estos fondos
-producían quince mil pesos de censo, a los que se añadían más de ocho
-mil pesos de sobrantes de rentas ordinarias que eran aplicadas por la
-administración a este santo objeto.</p>
-
-<p>Para más ilustración de mi asunto, añadiré a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que este Estado sólo
-tiene siete mil quinientas millas cuadradas o treinta leguas de ancho
-sobre sesenta y tres de largo. En este reducido espacio hay, como
-he dicho, más de setecientos mil habitantes, dueños de trescientos
-millones de pesos.</p>
-
-<p>Usted ve, mi querido amigo, que estos yankees tienen el derecho de
-ser impertinentes. Cien habitantes por milla, cuatrocientos pesos
-de capital por persona, una escuela o colegio para cada doscientos
-habitantes, cinco pesos de renta anual para cada niño, y además
-los colegios; esto para preparar el espíritu. Para la materia o
-la producción tiene Boston<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span> una red de caminos de hierro, otra de
-canales, otra de ríos, y una línea de costas; para el pensamiento
-tiene la cátedra del evangelio y cuarenta y cinco diarios, periódicos
-y revistas; y para el buen orden de todo, la educación de todos sus
-funcionarios, los <i><span xml:lang="en" lang="en">meetings</span></i> frecuentes por objeto de utilidad
-y conveniencia pública y las sociedades religiosas, filantrópicas y
-otras que dan dirección e impulso a todo. ¿Puede concebirse cosa más
-bella que la obligación en que está Mr. Mann, secretario del <em>Board</em>
-de Educación, de viajar una parte del año, convocar a una reunión
-educacional a la población de cada aldea y ciudad adonde llega, subir a
-la tribuna y predicar un sermón sobre educación primaria, demostrar las
-ventajas prácticas que de su difusión resultan, estimular a los pobres,
-vencer el egoísmo, allanar dificultades, aconsejar a los maestros y
-hacer las indicaciones, proponer las mejoras en las escuelas que su
-ciencia, su bondad y su experiencia le sugieren?</p>
-
-<p>En los alrededores de Boston, a distancia de doce millas, unido a
-la ciudad por un camino de hierro para las personas y por un canal
-para las materias primas, está Lowell, el Birmingham de la industria
-norteamericana. Aquí como en todas las cosas, brilla la soberana
-inteligencia de este pueblo. ¿Cómo luchar con la fabricación inglesa,
-producto de ingentes capitales empleados en las fábricas, y de salarios
-ínfimos pagados a un pueblo miserable y andrajoso? Dícese que las
-fábricas aumentan el capital, en razón de la miseria popular que
-producen. Lowell es un desmentido a esta teoría. Ningunas ventajas o
-escasísimas llevan a los ingleses en el costo de la materia prima;
-pues, tanto vale llevar a Londres o a Boston por mar las balas de
-algodón de la Florida; pero las diferencias de salarios son enormes, y
-sin embargo, los tejidos de Lowell sostienen la concurrencia con los
-ingleses en precio, y les aventajan de ordinario en calidad. ¿Cómo han
-hecho este prodigio? Apurando todos los medios inteligentes de que el
-país es tan rico. El obrero, el maquinista son hombres educados; su
-trabajo, por tanto, es perfecto, sus<span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span> medios ingeniosos; y pudiendo
-calcular el tiempo y el producto, producen mayor cantidad de obra y más
-perfecta.</p>
-
-<p>Las hilanderas y trabajadoras son niñas educadas, sensibles a los
-estímulos del deber y de la emulación. Vienen de ochenta leguas a la
-redonda a buscar por sí medios de reunir un pequeño peculio; hijas de
-labradores, más o menos acomodados, sus costumbres decorosas las ponen
-a cubierto de la disolución. Buscan plata para establecerse, y en los
-hombres que las rodean no ven sino un candidato a marido. Visten con
-decencia, llevan media de seda los domingos, sombrilla y manteleta en
-la calle; ahorran ciento cincuenta o doscientos pesos en algunos años y
-se vuelven al seno de su familia, en aptitud de sufragar los gastos de
-establecimiento de una nueva familia. Para obtener estos resultados hay
-en Lowell hoteles cómodos y espaciosos que dan de comer y alojamientos
-económicos a los obreros, disponiendo de bibliotecas, diarios y aun
-pianos para las niñas que saben su poco de música. De todo el mal que
-de los Estados Unidos han dicho los europeos, de todas las ventajas
-de que los americanos se jactan y aquéllos les disputan o afean con
-defectos que las contrabalancean, Lowell ha escapado a toda crítica y
-ha quedado como un modelo y un ejemplo de lo que en la industria puede
-dar el capital combinado con la elevación moral del obrero. Salarios
-respectivamente subidos producen allí mejor obra y al mismo precio que
-las fábricas de Londres, que asesinan a las generaciones.</p>
-
-<p>Estos tejidos de Lowell, como los de Pittsburg y de doscientas fábricas
-que se levantan en diversos puntos del territorio de la Unión, entran
-por poco todavía en la masa de productos fabriles que inundan los
-mercados del mundo. Se consumen la mayor parte en el interior del país,
-y aun en esto los Estados Unidos presentan uno de esos resultados que
-muestran en cifras luminosas cuánto es el bienestar de que goza la masa
-de la población. Datos estadísticos de Francia muestran que aquella
-nación sólo consume al año un metro de tejidos de algodón por persona,
-y la Irlanda una y media<span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span> yardas, mientras que los Estados Unidos
-consumen veintiuna y media yardas por persona, lo que hace suponer que
-no hay ganapán que no tenga sábanas y varias mudas de camisas. De este
-dato los publicistas norteamericanos sacan una conclusión que no deja
-de tener su valor. En lugar&mdash;dicen&mdash;de buscar mercados en el exterior
-para nuestras fábricas, traigamos población para nuestros bosques. Si
-nosotros hubiéramos de proveer de tejidos de algodón a la Irlanda,
-que tiene cuatro millones de habitantes, habríamos suplido a sus
-necesidades con seis millones de yardas de tejidos; mientras que para
-consumir esos mismos seis millones, son bastantes 285.714 inmigrantes,
-que es poco más o menos la cifra de la inmigración anual. Veinte años
-de inmigración nos darán colocación para ciento veinte millones de
-yardas de tejidos de algodón.</p>
-
-<p>El consumo de los otros artículos manufacturados está en igual
-proporción con los tejidos de algodón. El año 1842 se introdujeron
-en los Estados once millones de pesos en tejidos de lana, veinte y
-un millones en 1836, bien que en 1840 y 1842 anduvo de ocho a nueve
-millones. En 1839 consumieron veinte y un millón de pesos en tejidos
-de seda, quince millones en 1841, y nueve en 1842. Nueve millones de
-tejidos de hilo en 1836, cerca de siete millones en 1841, habiendo
-bajado a tres y medio en 1842. A este enorme consumo de productos
-europeos corresponden cifras no menos abultadas de producciones
-nacionales. Calculábase para el año 1843 como producto anual de la
-agricultura, 65.387.597 dólares; de manufacturas, 239.836.224 dólares,
-y del comercio, 79.721.086.</p>
-
-<p>Hasta el año de 1825 no se había estampado en los Estados Unidos una
-sola yarda de calicó (quimon). En 1836 se importaron de Inglaterra
-ciento cincuenta millones de yardas, lo que según el censo de 1840 que
-dió diez y siete millones de habitantes, toca a cada mujer (el tercio
-del número tal) dos vestidos de a diez varas. En 1842 los estampados
-norteamericanos subieron a la enorme suma de ciento cincuenta<span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span> y ocho
-millones de yardas, habiendo descendido la importación inglesa a sólo
-quince millones. Las manufacturas de los Estados de Nueva Inglaterra
-proveían en 1845 de mercado a un tercio del algodón que cosechan los
-Estados del Sur, y los obreros consumían más harina y granos que la
-cantidad exportada por el puerto de Nueva York.</p>
-
-<p>Mr. Mann me favoreció con muchas cartas de introducción para sabios,
-pedagogistas y hombres notables. Su nombre solo, era ya por todas
-partes un pasaporte para mí. Tuve una larga conferencia con uno de
-los ministros de Estado, quien me proveyó de una orden para que se
-me entregasen varias colecciones de libros y documentos públicos que
-me ponían al corriente del estado de la educación en Massachusetts y
-después de ver cuanto digno encerraba la ciudad de ser visto, púseme
-en camino para Nueva York, por una serie de ferrocarriles y vapores
-combinados, que me pusieron no sé cómo, de día y de noche marchando, en
-el desembarcadero de Nueva York.</p>
-
-<p class="footnote" id="fn6"><a href="#fna6">[6]</a> Esto ocurría en 1848; la renta había ascendido a 800.000
-pesos.&mdash;<i>El A.</i></p>
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="BALTIMORE">BALTIMORE, FILADELFIA</h3>
-</div>
-
-<p>Lleno aún de las emociones de este viaje, el más <em>impresivo</em> que
-puede hacerse en quince días, viendo aún en mi imaginación la cascada
-de Niágara, asistí a una representación del genial Tom Puce, el enano
-de 25 pulgadas de alto.</p>
-
-<p>Don Santiago Arcos me aguardaba con impaciencia para que emprendiéramos
-el viaje de regreso a Chile. Cada vez que me hablaba de este asunto,
-poníale yo la cara de un ministro del despacho, cuando no sabe si se
-acordará o no lo que de él se solicita. Abríamos el mapa, trazábase
-la ruta, y ya estábamos punto menos que en marcha, sin que yo diese
-síntomas de convenir en nada. Hubimos al fin de explicarnos. Yo tenía
-en caja veintidós guineas y como treinta papeles de a un peso, ni un
-medio más, ni un medio menos. Al fin cogí a dos manos mi resolución
-y expuse mi situación financiera con toda la dignidad de quien no
-pide ni acepta<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span> auxilio, intimando mi ultimátum de separarme desde la
-Habana, para seguir mi camino por Caracas. Arcos me había escuchado
-con interés y aun le tentaba la perspectiva de atravesar las soledades
-tropicales de la América del Sud, correr aventuras ignoradas, pasar
-trabajos y no contar sino consigo mismo para sobreponerse a ellos;
-pero el lado romanesco y varonil de su carácter no es menos aparente
-que la jovialidad y franqueza que lo distingue. Cuando yo me esperaba
-ofrecimientos y protestas, salióme con un baile pantomímico y un reir
-a desternillarse, que me puso en nuevos gestos de dignidad. ¡Qué
-bueno&mdash;decía saltando y riendo&mdash;pues si yo no tengo sino cuatrocientos
-pesos! Hagamos compañía y donde se concluya el capital de ambos,
-proveeremos según lo aconseje la gravedad del caso.</p>
-
-<p>Dispusimos, pues, que yo continuaría pronto mi ruta a Wáshington por
-Filadelfia y Baltimore, nos daríamos cita en Filadelfia para emprender
-la jornada por Harrisburg y Pittsburg, para descender el Ohio y el
-Mississipi hasta Nueva Orleáns, distante 22.234 millas del lugar donde
-nos hallábamos; y acercándose la hora de la partida del tren de la
-mañana para Filadelfia, hice aprisa mi maleta y la entrega de billetes
-y guineas para que las cambiara, prestándome en cambio treinta o
-cuarenta dólares para gastos de la excursión. Este pequeño incidente
-es, sin embargo, el origen del más espantable drama de que he sido
-víctima en mis viajes.</p>
-
-<p>Lo fatigaría a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> si continuase describiéndole ciudades notables:
-pero Filadelfia y Baltimore son tipos de la construcción civil de los
-Estados Unidos que, a diferencia de Nueva York, conservan toda su
-originalidad. Tienen los americanos el don de reducirlo todo a arte, y
-aplicar el sentido común y los cálculos de la conveniencia a todas las
-cosas. Conoce <abbr title="Usted">Vd.</abbr> nuestras ciudades sudamericanas cortadas todas por
-un mismo padrón, en calles a distancia de ciento cincuenta varas, de
-doce de ancho, y cortándose en líneas rectas. Este damero parécenos el
-bello ideal de la perfección. Pero propóngase <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ir del centro en una
-dirección oblicua, o para<span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span> fijar más los términos, si las calles corren
-de Sur a Norte y de Este a Oeste, ¿cuánto espacio se necesita andar
-para llegar el extremo Sudeste o Nordeste? Claro está que el doble de
-la distancia que hay en línea recta, porque es necesario hacer zig-zag
-de calle en calle, por el ángulo de cada cuadra a fin de buscar la
-diagonal. La manzana de ciento cincuenta varas da en el centro setenta
-y cinco de fondo a cada solar; espacio más que suficiente para tener
-viña, hortaliza y arboleda en el interior de la casa; pero acumulándose
-la población, este centro de las cuadras es un terreno inútil y que
-fuerza a tomar a las habitaciones un frente en proporción, y diseminar
-las casas. Después vienen los tubos de hierro para distribuir el agua
-potable, los cañones de gas, etc., y se encuentra que los costos
-para superficies tan grandes exceden a los posibles de los vecinos.
-Los norteamericanos han inventado su plan de ciudades en atención a
-todas estas circunstancias. La manzana tiene o puede tener 140 varas
-de largo, pero sólo le dan 30 ó 50 de fondo, de manera que dos casas
-pueden dar frente a ambas calles, y poblar bien la ciudad.</p>
-
-<p>Como la calle es materia de comodidad pública y de recreo, tiene
-de ordinario treinta varas, flanqueada a distancia de cinco o seis
-de los edificios, de árboles coposos, que esparcen sombra en todas
-direcciones. Las aceras son por tanto calles separadas e independientes
-de la central, ancha de veinte varas, que está abandonada a carros,
-jinetes, ómnibus y aun a ferrocarriles, que todos tienen espacio para
-moverse. Crúzanse éstas en ángulos rectos; altérnanse en anchas y
-angostas; intercéptalas de vez en cuando una ancha calle transversal
-que conduce a los ángulos extremos de la ciudad; cambia de plan y
-dirección todo el sistema de calles; redúcense más aun las manzanas
-cerca de los puertos, y por todas partes presentan las calles asonadas
-un bosque de árboles, que cierran a cierta distancia la perspectiva,
-y por sobre sus copas las cúpulas de los bancos o de los hoteles, las
-agujas de los templos y los frontispicios de los edificios del Estado.
-Nada hay más holgado, aireado ni silvestre que<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span> estas calles de árboles
-y de casas, en que el movimiento de los otros es una cosa que no nos
-atañe ni interesa.</p>
-
-<p>En Baltimore tomé el ferrocarril de Wáshington, y a poco andar cata
-que venía en dirección opuesta y por los mismos rieles otro tren
-de vagones. Grande alboroto adentro. ¡Qué sacar de cabezas por las
-ventanillas, qué abrir de ojazos, al mirarnos unos a otros, qué agitar
-de pañuelos, en fin, en ambos trenes, temerosos de que fuesen a darse
-una topada y quedáramos todos hechos tortilla! Era el caso que con las
-avenidas, se había desgringolado un puente, y el tren que venía era el
-que había salido de Baltimore el día anterior. Tuvimos que echar pie
-a tierra, y entre todos los pasajeros, metidos en el fango, levantar
-punto menos que en peso la locomotora y el ténder y traerlos a la
-culata del tren para que desde allí volviéramos a Baltimore.</p>
-
-<p>No se podía ir a Wáshington, porque en los Estados Unidos, si no
-hay camino de hierro, o canal o río, no se cree viable la tierra
-de otro modo. Improvisóse en el acto un vapor que debía llevar los
-pasajeros por un río hasta cierto punto; de allí tomar un fragmento
-de ferrocarril; pasar a pie una distancia, tomar otro ferrocarril y
-embarcarse en otro y entrar en Wáshington por la bahía de Chesapeake
-y el río Potomack. El vapor de la Bahía era un cascarón de formas
-abominables y de mal talante, lleno de camarotes superpuestos en seis o
-siete pisos, como las gavetas de un inmenso armario. El <i xml:lang="en" lang="en">steward</i>
-me señaló el mío en el quinto piso; pasóse el día en mirar el paisaje,
-sobrevino la noche, solicitóme el sueño, y como las gallinas que miran
-de hito en hito la rama donde han de posarse, anduve a vueltas un
-rato, hasta que resolví emprender la jornada de llegar a mi camarote,
-subiendo por los otros a guisa de lagartija. Iba ya a medio camino,
-cuando empieza abajo un rumor de voces y de risas, que se convertía
-por segundos en un <em>crescendo universal</em>. Yo seguía tranquilo mi
-ascenso, y ya ponía una pierna dentro de mi agujero, cuando alguien me
-toma de la otra y me dice qué sé yo qué barbaridades en el tono natal
-del yankee.<span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span> Vuelvo la vista y veo, ¡oh, rabia! que era yo el objeto
-de la risa de trescientos gaznápiros. El tal me disputaba el lugar:
-habíale colocado un pañuelo en señal de posesión, y hacía rato que me
-estaba haciendo <i xml:lang="en" lang="en">opposition</i>, sin que yo interrumpiese mi ascenso.
-Imagínese usted, amigo, mi situación en aquella postura incongruente,
-expuesto a la vergüenza pública, hecho el objeto del ridículo de
-aquella turbamulta.</p>
-
-<p>No había más remedio que descolgarse, ocultar la cara entre ambas
-manos, atravesar la muchedumbre y tirarse al agua. Yo hice algo mejor.
-Bajéme, en efecto, dirigíme rápidamente a una luz que estaba por ahí,
-y poniéndome en lugar donde los rayos me iluminasen perfectamente la
-cara, con voz llena y estridente, con semblante contenido, pero severo,
-dije, dirigiéndome a la multitud que aguardaba alguna nueva peripecia
-para reirse más: ¡Señores! Si hay entre vosotros alguno que entienda
-español o francés, hágame la gracia de manifestarse, porque necesito
-explicarme, dar y pedir inmediatamente una satisfacción. Un profundo
-silencio se había hecho en el intertanto. Los que no sabían el francés
-en que hablaba, para no dar materia nueva al ridículo con mi mal
-inglés, se miraban unos a otros, mientras que allá en el fondo oí quedo
-repetir mis palabras traducidas al inglés. La escena había cambiado
-completamente; el yankee es bueno de corazón, y todos sintieron
-que me había llegado al alma aquella broma, que no tenía malicia
-de su parte. Acercáronse algunos, dándome cordiales explicaciones,
-vino el <em>opositor</em> al hueco y me dijo en tono blando lo que
-sucedía, abandoné yo mi posición de gato acosado, y fuí a dormir en
-un espacioso camarote que en cambio me dió el <i xml:lang="en" lang="en">steward</i>, que en
-pública audiencia había declarado que él me había asignado el camarote
-disputado. El día siguiente pasélo tranquilo mirando las costas
-de Virginia, llanuras espaciosas, cultivadas en parte, y en parte
-cubiertas de sotillos, hasta que remontando el Potomack llegamos a un
-barranco con honores de puerto mayor de Wáshington, la capital de los
-Estados Unidos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="WASHINGTON">WASHINGTON</h3>
-</div>
-
-<p>Sobre una eminencia que domina el panorama adyacente se alza el
-Capitolio Americano, cuya primera piedra colocó Wáshington en 1793.
-Este monumento es la capital de los Estados Unidos, que no reconocen
-otra institución madre que el congreso. Reunirse para deliberar
-sobre todas las cuestiones que afectan al interés de más de uno, es
-el instinto nacional del pueblo norteamericano. La naciente colonia
-de Virginia, fundada por una compañía de Londres, a quien el rey
-había hecho una gran concesión de tierras, había, después de muchas
-vicisitudes, caído bajo el gobierno provisorio de un tal Argall,
-hombre violento y rapaz, que para hacerse obedecer de los colonos
-proclamó la ley marcial. El trabajo de los colonos era confiscado en
-favor del gobernador, y en castigo de ligeras faltas imponía meses
-de trabajo forzado en sus haciendas. Las violencias del gobierno, la
-trasplantación de la tiranía a América contenían la emigración europea,
-mientras que los colonos, desalentados por los sufrimientos morales
-de la opresión, empezaban a desmayar en su ruda tarea de descuajar la
-tierra. Entonces los colonos elevaron su voz para pedir a la compañía
-de Londres desagravio; y acusaron a Argall de defraudar a la compañía
-misma, mientras daba rienda suelta a sus pasiones sobre los colonos.
-Después de acaloradas luchas sus quejas fueron oídas, Argall depuesto y
-desaprobado, y en su lugar enviado Yeardley, un Wáshington que tomó a
-su cargo echar los cimientos de la futura organización de los Estados
-Unidos.</p>
-
-<p>Así, pues, la arbitrariedad de los gobernantes que cual polilla se
-había introducido en América entre los bagajes de los primeros colonos,
-fué extirpada antes que lograse fecundar los huevos en la patria
-americana; y la ocupación constante de los colonos desde entonces,
-en cada punto de las nacientes plantaciones, fué combatir ya las
-pretensiones de los gobernadores enviados por la corona; ya negar el
-<i>exequatur</i><span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span> a las pragmáticas y decretos de los reyes mismos
-de Inglaterra cuando invadían sus libertades; ya, en fin, oponerse
-a los avances del parlamento inglés, cuya autoridad en materia de
-impuesto no reconocieron jamás, por no estar las colonias directa
-y debidamente representadas en el parlamento. La revolución de la
-independencia fué el último acto del drama principiado en 1618 en
-Virginia, y que concluyó en 1774, con la última batalla de la guerra de
-la independencia.</p>
-
-<p>¡Esto sucedía en 1618, a principios del siglo XVII, cuando la
-Europa, sin exceptuar a la Inglaterra, yacía entregada al desenfreno
-de la regia autoridad, y la hoguera y el hacha del verdugo, la
-confiscación y el saqueo, eran el castigo, más que del crimen de la
-debilidad de las víctimas! Puso Yeardley orden en todas las cosas,
-libertando al diminuto plantel de colonos de todas las cargas hasta
-entonces impuestas, y que no fuesen estrictamente necesarias para la
-conservación y adelanto de la colonia. La autoridad del gobernador
-fué limitada por un consejo, que tenía el derecho de revocar aquellas
-disposiciones que juzgase injustas o perjudiciales, y los colonos
-mismos fueron admitidos a participar en la legislación. En el mes
-de junio de 1619, fué convocado en Jamestown el primer congreso
-americano, la primera representación popular, compuesta del gobernador
-y su consejo, y de los diputados por cada uno de los once miserables
-villorrios que componían entonces la colonia de Virginia, para discutir
-en él cuanta materia pudiese ofrecer medios de mejora y progreso
-para la naciente colonia. La compañía de Londres, y no el rey, debía
-ratificar las leyes así sancionadas. Aquella nación con congreso y
-consejo de estado componíase tan sólo de seiscientas personas entre
-niños, mujeres y hombres, en 1619; y en 1851, en otra parte del
-suelo americano, las hay de millones de hombres que no habían tenido
-fuerza ni dignidad suficiente para poner límites racionales al poder
-inquisitorial y destructor que los domina. Aquella fué, pues, la aurora
-de la libertad norteamericana; los colonos llenos de entusiasmo y<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span> con
-el ánimo abierto a todas las esperanzas “empiezan a edificar casas, y
-sembrar trigo”, seguros ya de tener una patria que no había por qué
-temer abandonarían jamás.</p>
-
-<p>Las legislaturas entran desde los principios en la organización de
-casi todas las colonias, y se reunen congresos entre varias de ellas,
-para resistir a las incursiones de los salvajes o mandar expediciones
-de milicias combinadas para escarmentarlos. Wáshington en una época
-posterior hizo conocer así a los Estados los talentos militares que
-más tarde puso al servicio de la libertad de su patria. Cuando aun
-el pensamiento de separarse de la Inglaterra no había apuntado en
-cabeza alguna, las diversas colonias enviaban diputados a congresos
-generales para acordar la marcha que debía seguirse, a fin de resistir
-las pretensiones del parlamento inglés, como habían resistido al Largo
-Parlamento, y como era la tradición constante de la tierra. Durante la
-guerra de la independencia, el congreso emigraba de un punto a otro, y
-los soldados amotinados, cobrando sus salarios, era al congreso a quien
-dirigían sus quejas y sus amenazas. Todavía después de asegurada la
-independencia, el congreso fué asaltado en Annápoles, que le servía de
-asiento, y entonces Wáshington, dícese que sin otra idea política que
-la necesidad de fijar el lugar de su residencia, indicó a Wáshington
-para que reposase aquel tabernáculo de la alianza, como Salomón
-construyó un templo en Jerusalén para el arca que contenía los libros
-de la ley del pueblo hebreo.</p>
-
-<p>En los Estados Unidos no hay capital propiamente dicha, o, más bien,
-según la acepción latina que damos nosotros a esta palabra. Descúbrese
-esto al contemplar la comparativa soledad de aquel monumento,
-arrojado como por acaso en el centro de la villa, que no es centro
-de nada, ni del país, ni de la inteligencia, ni de la riqueza, ni
-de la cultura, ni de las vías comerciales. Colocada sobre la margen
-izquierda del Potomack, a 120 millas más arriba de su desembocadura
-en la bahía Chesapeake, ni el nombre de puerto merece el desierto<span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span>
-embarcadero donde atracan algunos buques. El distrito de Columbia es
-la provincia de sesenta millas cuadradas que le queda, de las cien que
-originariamente le concedieron los vecinos Estados de Maryland y de
-Virginia. Esta última retiró el año pasado cuarenta millas que estaban
-al lado opuesto del río y que la capital germen no puede fecundar; y
-treinta y cinco mil habitantes es toda la población del Estado, de la
-cual hay reunida en la capital más de veinticinco mil. Como se sabe, el
-congreso es el soberano de este territorio.</p>
-
-<p>La ciudad está rodeada de una serie de colinas de aspecto alegre,
-cubiertas de verdura, y en algunos de sus declives cultivadas. El
-terreno mismo de la ciudad es elevado, ocupando el centro el capitolio,
-desde donde parten calles con dirección a los cuatro puntos cardinales,
-dividiendo la ciudad en manzanas cuadradas como nuestras poblaciones.
-Las calles llevan el nombre de los diversos Estados de la Unión, y
-las principales de entre ellas, tienen cuarenta y cinco a cincuenta
-varas de ancho. La mayor parte de ellas apenas están trazadas, pero la
-de Pensilvania, que conduce del capitolio a la casa del presidente,
-tiene aceras de nueve varas de ancho enlozadas y con líneas de árboles
-de ambos costados. En torno del capitolio se extiende un jardín de
-veintidós acres de terreno, adornado de gran variedad de árboles, y
-animado por el bullicio de fuentes cristalinas, de modo que aquel
-lugar, es también, a más de los altos fines de su existencia, un paseo
-que atrae a los habitantes y transeuntes por la belleza de la situación.</p>
-
-<p>El edificio pertenece al orden corintio y está construido con la
-hermosa piedra blanca norteamericana que llaman <i xml:lang="en" lang="en">freestone</i>. Está
-situado sobre una eminencia y elevado 78 pies sobre la altura de la
-marea, y se compone de un edificio central, dos alas y una proyección
-en el costado oeste, presentando un frente de 352 pies, incluyendo
-las alas. Al este el frontón tiene 65 pies de ancho, sobre el cual
-se avanza un pórtico de veintidós columnas de 38 pies de alto. La
-gran cúpula<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span> central tiene 120 pies de alto, y la rotonda que forma
-en el interior 90 de diámetro, adornada con esculturas, y altos
-relieves. En el ala del sud está la cámara en que se reune la Sala de
-Representantes, de forma circular de 96 pies de diámetro y 60 de alto,
-cubierta por una cúpula que sostiene veinticuatro columnas de jaspe
-americano con capiteles de mármol blanco de Italia. Al lado opuesto,
-en una rotonda algo semejante, pero de más pequeñas dimensiones, se
-congrega el Senado; y en un piso inferior y menos ornamentado, tiene
-sus audiencias la Suprema Corte de los Estados Unidos. Hay, además,
-sesenta departamentos para reunión de las comisiones, y residencia de
-empleados del congreso. Una muralla de piedra rodea el edificio; un
-depósito de gas provee a la iluminación especial de todo el espacioso
-monumento, pudiendo alimentar seis mil picos que se encienden para las
-iluminaciones; y en aquellos momentos estaba para terminarse el aparato
-para colocar sobre la cúpula central, en un mástil de diez y seis varas
-de alto, una luz eléctrica que debía iluminar la ciudad y acaso el
-distrito de Columbia entero. ¡Bello símbolo por cierto, de la misión
-de aquella casa, desde cuyo recinto sale la luz de la inteligencia,
-iluminando toda la nación! Acordábamonos con Astaburuaga, quien me
-servía de cicerone en el examen del edificio, de aquella camarilla de
-diputados que habíamos dejado en Chile, en la que los representantes
-están ensacados en una especie de vainas laterales, o si pudiese
-llevarse la comparación a terreno irrespetuoso, cual bostitas de
-cordero en una tripa, repitiéndonos al oído el viejo adagio: ruín es el
-que por ruín se tiene. Los locos en Londres, en Génova y otros puntos
-de Europa, moran en palacios más nobles que el que cubre a nuestros
-congresos en América.</p>
-
-<p>Pues que ya he empezado a describir edificios, concluiré con los
-pocos que llaman la atención del viajero en la presunta capital de
-los Estados Unidos. White House, la casa blanca como la llama el
-pueblo, es el palacio presidencial, y está colocada en la parte aún
-desierta de la población, en el punto<span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span> donde se cruzan las calles de
-Pensilvania, Virginia, Connecticut, New York y Vermont, rodeada de un
-parque de veinte acres de terreno, y sobre una elevación de cuarenta
-y cuatro pies sobre el río. El frontis que sirve de entrada por la
-plaza de Lafayette hacia el norte, y el que da al sur sobre el jardín,
-domina el hermoso panorama de la ciudad, el río Potomack, las costas
-de Maryland y de Virginia. En el frente del norte hay un hermoso
-pórtico que reposa sobre cuatro columnas jónicas. Una intercolumnación
-exterior sirve para poner a cubierto los carruajes de los visitantes.
-El espacio intermediario está destinado para el tránsito a pie, y una
-elevada plataforma conduce de ambos lados a la puerta de entrada. El
-interior del palacio está pasablemente ornamentado, aunque no tanto
-cuanto correspondiera al presidente de los Estados Unidos. El servicio
-de palacio es modesto, y aun mezquino en las exterioridades. Vese
-al presidente paseándose solo por las hermosas avenidas del jardín
-adyacente; uno o dos porteros en librea, únicos servidores que el
-Estado pone a su servicio, no siendo permitido al presidente tener
-guardias en torno de su persona. El presidente recibe sin ceremonia a
-los que desean verlo, y hay un día de la semana, y dos o tres días del
-año, en que todo estante o habitante tiene derecho de entrarse hasta
-la habitación del presidente. El 4 de julio la plaza de Lafayette se
-llena de carruajes de los visitantes en aquel día de felicitaciones;
-descienden éstos del carruaje, y tras ellos el cochero, que encomienda
-los caballos a algún muchacho mediante algunos centavos. El presidente
-está en aquellos días en verdadera exhibición; los cocheros se abren
-paso por entre la multitud haciendo resonar sobre el pavimento de
-mármol sus botas herradas, llegan ante el presidente y le tienden una
-mano callosa que aprieta la suya fuertemente y la sacude mirándole la
-cara y riéndosele con fisonomía bonaza, provocativa, y satisfecha;
-tornan a sus caballos, volviendo de vez en cuando la cara para mirar
-al presidente, a<span class="pagenum" id="Page_162">[Pg 162]</span> obtener un último <i>piping</i>, de gusto y de
-felitación. ¡Pobre presidente de la democracia!</p>
-
-<p>Hacia el lado oriente del White House hay extensos edificios, y otros
-dos hacia el occidente, los cuales están destinados para las oficinas
-de los ministros de hacienda, guerra y marina. La Posta general es un
-palacio del orden corintio; y la tesorería ostenta una columnata de 457
-pies de largo. La oficina de patentes, depósito de modelos de inventos,
-con un pórtico imitado en la forma y en la extensión del Partenón de
-Atenas, tendrá, cuando se terminen las alas, cuatrocientos pies de
-largo, encerrando en la parte concluída un salón de 275 pies de largo y
-65 de ancho.</p>
-
-<p>Hay, además, en Wáshington 30 templos de diversas congregaciones, doce
-colegios (academias), una universidad, tres bancos, dos asilos para
-huérfanos, un consistorio municipal, un hospital, una penitenciaria, un
-teatro y algunos edificios particulares, que dan cierta apariencia a
-aquel plantel de la ciudad.</p>
-
-<p>Mi residencia en Wáshington fué uno de aquellos oasis de felicidad
-íntima, doméstica, en que el corazón se lleva la mayor parte, y que tan
-preciosos son para el que vaga por luengas tierras. El señor Carvallo,
-enviado extraordinario de Chile, se obstinó en darme hospitalidad en
-la casa de su embajada; su señora me prodigó cuantas atenciones puede
-hacer recordar la familia, y si algo faltara para estar a mis anchas,
-mi amigo Astaburuaga, secretario del agente chileno, me acompañaba a
-todas partes, poniendo a mi disposición su práctica y conocimiento de
-Wáshington. Así él podía mostrarme en la avenida de Pensilvania, entre
-las jóvenes transeuntes que llamaban nuestra atención, cuál era la hija
-de un senador, la de un banquero, una simple modista u otra persona
-menos calificable. La sencillez del vestido, sus paseos y trajines por
-las calles, sin nadie que las acompañe, y el detenerse aun a mirar
-cualquier cosa que llame la atención, dan una idea del decoro de las
-costumbres norteamericanas,<span class="pagenum" id="Page_163">[Pg 163]</span> y de aquella libertad de que goza la mujer
-soltera entre ellos.</p>
-
-<p>Quería mi amigo Astaburuaga ponerme en contacto con el redactor del
-<i xml:lang="en" lang="en">Wáshington Intelligencer</i>, diario muy importante de la capital,
-por tanto, de <i xml:lang="en" lang="en">opposition</i> entonces, pues en aquel momento
-dominaban en el gobierno con Mr. Taylor los demócratas. Encontrámoslo
-en campo abierto sobre el terreno destinado a la fundación de un
-colegio, para cuyo sostén legó un ciudadano millón y medio de pesos,
-rodeado de siete u ocho jóvenes, y ocupados en discutir las bases, a lo
-que supe después, de un gran proyecto. Mr. Johnson, el diarista, era el
-presidente de edad nombrado para presidir a la instalación. Acercámonos
-nosotros a distancia comedida, esperando que la sesión se levantase,
-temerosos de ser importunos, como cuando nuestras gentes rezan, que
-debe esperarse a que se santigüen para saludarlas. Dirigíalas el
-presidente la palabra; contestaba alguno; replicaba un tercero en
-tono sentencioso y frío, y oídos los pareceres, el presidente sometía
-a votación la materia, contando los gangosos <i xml:lang="en" lang="en">yes, yes, nay,
-yes, nay</i>, y declarando cuál era el punto sancionado. Repitióse
-varias veces el procedimiento, y el fuego graneado <i xml:lang="en" lang="en">yes, nay, nay,
-yes, yes</i>, terminó, al fin, el asunto. Entonces, se acercaron a
-Astaburuaga, sucediéronse las recíprocas presentaciones de costumbre,
-y supe, andando la conversación, que se habían reunido allí para echar
-los cimientos de una asociación con el grande objeto de... ¡jugar a la
-bocha! ¡Oh! ¡los yankees!</p>
-
-<p>Habíase, pues, propuesto, discutido y aprobado con una fuerte mayoría
-de dos o tres votos.&mdash;1.º presidente, que lo fué Mr. Johnson local,
-aquel donde estaban reunidos; hora de reunión, las cuatro de la tarde;
-extensión del juego, reglas, arbitración en los casos litigiosos,
-multas por infracción, etc.<span class="pagenum" id="Page_164">[Pg 164]</span> Era y es Mr. Johnson<span class="fnanchor" id="fna7"><a href="#fn7">[7]</a></span> un sujeto de
-cuarenta años, hijo de un general de la independencia del mismo nombre,
-culto de modales e instruido, cual correspondía al director de un
-diario trascendental. Pasamos días enteros en discusiones las más
-acaloradas sobre un punto, en que no habría esperado contradictores
-en los Estados Unidos, a saber, la democracia y la república. Mr.
-Johnson estaba bajo la pata del partido demócrata que domina desde
-la presidencia Polk, y ofendido, desmoralizado por la tiranía de sus
-opresores, porque en los Estados Unidos la mayoría dominante en el
-gobierno es implacable e intolerante, maldecía de la república, de
-la democracia y de aquella licencia ignorante y brutal que se decora
-con el nombre de libertad. El mérito obscurecido, y eso es cierto;
-el interés público descuidado, y eso también es cierto en muchos
-casos; los servicios olvidados o miserablemente retribuidos, cosa
-que es de regla en los Estados Unidos; en fin, la pasión de partido
-sirviendo de criterio y de peso y medida para juzgar de todos y de
-todo; el charlatanismo preferido a la ciencia, y las pasiones menos
-justificables sirviendo de impulso a la dirección de la opinión
-pública, todas estas tachas y otras muchas que afean las democracias,
-las pasaba en revista para hacerme detestar aquella libertad de que yo
-me mostraba tan apasionado. Cuando yo me empeñaba en contradecirlo, me
-decía con sinceridad: “lo que yo quiero es que <abbr title="Usted">Vd.</abbr> no se alucine con
-esta apariencia de orden, de prosperidad y de progreso, y los atribuya
-a la forma de gobierno. Bajo esta corteza no encontrará sino miserias,
-pasiones indignas, ignorancia y caprichos. Lo que yo me propongo es
-que no vaya <abbr title="Usted">Vd.</abbr> a la América del Sud a proponernos por modelo de
-gobierno”. Otras veces, más aplacado, me confesaba que la exasperación
-en que lo tenía la tiranía del partido contrario,<span class="pagenum" id="Page_165">[Pg 165]</span> a él que era hijo
-de un general ilustre, a él que estaba por la educación preparado para
-ocupar en la sociedad lugar mejor, ofuscaba, a veces, su razón y le
-hacía exagerar los inconvenientes muy reales del gobierno popular.
-Sin embargo, de estas atenuaciones, diferíamos en puntos esenciales.
-Sostenía él, por ejemplo, que la libertad es en las naciones una de
-las fases que recorren. La libertad engendra la licencia; la licencia
-trae la anarquía; la anarquía el despotismo. Aquí hay un momento de
-alto; mientras el despotismo se consolida, mientras teme, es cruel,
-sanguinario y desconfiado. Cuando está de todos aceptado, entra en
-una época de indulgencia y de tolerancia que hace nacer el bienestar,
-y da lugar al desarrollo de todas las facultades físicas y morales
-de los hombres. Con la civilización y la seguridad, la libertad se
-desenvuelve, el pueblo conquista uno a uno sus derechos, discute en
-seguida el principio de la autoridad que lo gobierna, y de la extrema
-libertad pasa a la licencia, y de ahí a la anarquía, volviendo a
-recorrer aquel ciclo fatal en que está encerrada eternamente la vida de
-las naciones.</p>
-
-<p>Esta doctrina, que la primera vez que se presentó obtuvo de su autor
-un pomposo título de la <i lang="it">scienza nuova</i>, puede apoyarse con un
-poco de maña y de sagacidad en la historia de todos los pueblos, desde
-Grecia y Roma hasta los tiempos modernos; y uno y otro la invocábamos
-en nuestro apoyo, luchando, a brazo partido, en la polémica y
-disputándonos, palmo a palmo el terreno en cada hecho de aquellos que,
-sin poner en duda su autenticidad histórica, traducíamos de diverso
-modo.</p>
-
-<p>Mi argumentación iba por otro camino. La humanidad, decía yo, que es
-el conjunto de las sociedades, tiene en la historia su alto, en las
-épocas su ancho, y su organización íntima en la vida de cada pueblo.
-Aseméjase el mundo moral al mundo físico. La historia de la tierra
-se encuentra en las capas geológicas que revelan el mundo monstruoso
-que ha precedido al nuestro; si se la toma desde los polos hacia<span class="pagenum" id="Page_166">[Pg 166]</span> el
-Ecuador, mostrará las graduaciones de temperatura y de vegetación
-que diversifican su especie; y si la consideramos desde los valles,
-remontando hacia la cumbre de las montañas, nos ofrecerá el mismo
-fenómeno de graduación de climas y de producciones.</p>
-
-<p>La historia es, pues, la geología moral. Veamos si sus capas diversas
-han experimentado mejora y progreso. Supongamos un día antiguo en que
-la tierra se nos presenta poblada. ¿Qué es lo que vemos? Casi todo el
-globo sumido en la barbarie; imperios poderosos cuyas facciones, si no
-es la conquista y la violencia, no alcanzamos a discernir bien. Al fin,
-la Grecia, una mínima porción de la tierra, brilla por la libertad, la
-democracia, las bellas artes y la ciencia. No entremos en detalles.
-Roma se asimila a la Grecia, destruye a Cartago y somete al mundo. Pero
-Roma desenvuelve la noción del derecho y extiende su práctica por toda
-la tierra culta, que es, sin embargo, una pequeña fracción del globo.
-Como los romanos a los griegos y al Egipto, los bárbaros de todos
-los extremos del imperio romano se los absorben a ellos; esto es, se
-asimilan a él, se agregan a la masa civilizada. La edad media es la
-obra de fusión. A fines del siglo XV la Europa entera está en posesión
-de las conquistas hechas por el pensamiento humano durante cuatro o
-seis mil años. Con el renacimiento concurren Lutero, Galileo, Colón,
-Bacón y otros. La América se agrega a la masa de pueblos civilizados,
-y en esta parte se pone en práctica la noción del derecho que está
-en todos los espíritus y cuyo desarrollo embarazan aún en Europa las
-escorias que ha dejado la edad media. Lleguemos de un golpe al siglo
-XIX, y abramos el mapamundi. ¿Dónde están los bárbaros? Guarecidos en
-las islas, trabajados por la Rusia en las estepas de la alta Asia o
-sepultados en el interior inaccesible del Africa. La parte civilizada
-y en posesión más o menos de la libertad, o en vía de completarla, es
-la mayoría de la humanidad, mayoría numérica, mayoría moral, de fuerza,
-de inteligencia y de<span class="pagenum" id="Page_167">[Pg 167]</span> goces. Tiene hoy en su poder la parte más rica,
-más templada, más productiva del globo; tiene el cañón, el vapor y
-la imprenta para someter el resto salvaje del mundo, asimilárselo o
-aniquilarlo. En vista de este espectáculo, ¿cómo se quiere someter a
-un ciclo el movimiento social de las naciones, comparándolas con los
-ejemplos truncos, aislados, que nos han dejado las naciones antiguas?
-Si hubiera un ciclo tal, es preciso convenir en que, así como se
-ha agrandado inmensamente la esfera de las naciones que tienen que
-recorrerlo a un tiempo, así deben ser largas las épocas en que se han
-de suceder las diversas fases; y yo me río de la general tiranía que ha
-de pesar sobre el mundo desde la India y los confines de la Rusia hasta
-los Montes Rocallosos en América dentro de mil millares de años.</p>
-
-<p>Ahora miremos a los pueblos por su espesor o su organización íntima,
-aunque no sea posible considerarlos sin relación a las épocas
-históricas. Pero supongamos un pueblo de Italia que se perpetúa en
-un punto del territorio desde las épocas históricas; la población
-de Fiézzole, por ejemplo, que es florentina, toscana, y ha sido
-romana, etrusca, pelasga, autóctona e indígena, si no ha tenido
-otros nombres intermediarios. ¿Cómo eran estos pueblos y cómo son?
-¿Qué transformaciones han experimentado? Primero antropófagos; en
-seguida haciendo sacrificios humanos en los templos, más tarde
-haciendo esclavos a los prisioneros en la guerra, y ejerciendo la
-guerra de pillaje y de devastación como industria y ocupación. Los
-conquistadores se distribuyen el suelo conquistado y los hombres; nacen
-las aristocracias y el pueblo siervo, la chusma ignorante y sujeta a la
-tortura en los tribunales de justicia, a la miseria y la degradación.
-El cristianismo encontró al mundo organizado así. Pongámonos ahora a
-contemplarlo desde el siglo XIX, y desde los Estados Unidos, desde el
-seno de esta comarca que usted maldice como el prototipo del desorden
-moral y político. No hay<span class="pagenum" id="Page_168">[Pg 168]</span> guerra, no hay señores ni aristocracia;
-no hay pueblo en el sentido romano; hay la nación, con igualdad de
-derechos, con industria personal para vivir, con máquinas auxiliares
-del trabajo, ferrocarriles, telégrafos, prensas, escuelas primarias,
-colegios, asilos, hospitales, penitenciarías, etc., etc. Observe la
-organización íntima de esta parte de la humanidad, de esta Atica
-moderna que ocupa, sin embargo, medio continente; y cuán atrás
-supongamos al resto de las naciones, no se necesita mayor esfuerzo
-de ánimo para suponer que han de llegar a ese grado de habilitación
-de todos los individuos de la sociedad, porque todas están labradas
-por las mismas ideas y las mismas instituciones. Desde que haya una
-escuela en una villa, una prensa en una ciudad, un buque en el mar
-y un hospicio para enfermos, la democracia y la igualdad comenzarán
-a existir. El resultado de todo esto es que la masa en elaboración
-es inmensa, que no hay naciones o pueblos propiamente dichos y que
-la libertad individual está en cada punto del globo apoyada por
-la humanidad civilizada entera; y cuando hubiese un pueblo que se
-inclinase a entrar en el ciclo fatal del despotismo que se les asigna,
-el espectáculo, la influencia de cien otros que entran en el período
-de libertad lo retendrían en la fatal pendiente. El primer período del
-ciclo fué la antropofagia. ¿Qué pueblo ha vuelto a recorrerlo una vez
-salido de él? El último es la democracia. ¿Qué pueblo ha sido demócrata
-en el sentido moderno y con los medios organizados hoy de hacerlo
-efectivo la prensa y la industria y un mundo civilizado en el exterior
-que le sirva de atmósfera favorable y que haya salido de ese terreno
-para fundar monarquías aristocráticas? ¿Las repúblicas italianas?</p>
-
-<p>Sobre este tópico nos batíamos sin cesar Mr. Johnson y yo. A veces me
-decía: “Nada fueran las masas americanas, si no viniesen todos los años
-trescientos mil salvajes<span class="pagenum" id="Page_169">[Pg 169]</span> de Europa que echan a perder la fusión y
-hacen de la mejora de la opinión una cántara de las Danaides”.</p>
-
-<p>&mdash;¡Ah, si tuvieran ustedes, como nosotros en Sud América, que luchar
-con una masa en la cual el europeo, tan atrasado como lo encuentran
-ustedes, es un elemento precioso y escaso de civilización y de
-libertad!...</p>
-
-<p class="footnote" id="fn7"><a href="#fna7">[7]</a> Ahora es empleado de una oficina, y está, a lo que Astaburuaga me
-escribe, en todo su apogeo, pues domina el partido whig.&mdash;El autor.</p>
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="ARTE">EL ARTE AMERICANO</h3>
-</div>
-
-<p>A quince millas de distancia de Wáshington está Mount-Vernon, la
-morada y la tumba de aquel grande hombre que la humanidad entera ha
-aceptado como un santo, grande por la virtud y el más grande de los
-hombres por haber puesto la piedra angular al edificio de la nación
-única del mundo que ve claro su porvenir y cuyo porvenir es el bello
-ideal de la grandeza de las naciones modernas. Tomo una descripción
-que encuentro a mano del santuario yankee, de aquella Santa Caaba, de
-plácido recuerdo: “Después de haber cabalgado un corto espacio por
-medio de bosques, que de vez en cuando se abren en oasis de culturas
-aisladas, mi amigo me señaló una piedra hundida en el terreno al lado
-del camino, que, según me dijo, marcaba el principio de la quinta de
-Mount-Vernon. Todavía marchamos dos millas antes de ver la puerta y la
-morada del portero. Después de haber entrado, recorrimos una distancia
-de cerca de media milla; y el camino de carruajes seguía atravesando un
-terreno muy variado y sombreado por árboles grandes en toda la lozanía
-de los bosques. Cruzamos un torrente, pasamos un arroyo, sintiéndonos
-tan en medio de la naturaleza primitiva que la vista de la casa y el
-huerto que la rodea casi hizo sobre mi ánimo el efecto de un encuentro
-inesperado. La aproximación a la casa se hace por el frente del oeste.
-La puerta del gran patio da a una extensa habitación en la<span class="pagenum" id="Page_170">[Pg 170]</span> cual
-entramos. No fué el hábito, sino un sentimiento más y más profundo, el
-que me hizo quitar el sombrero de la cabeza y marchar con precaución
-como si pisara una tierra sagrada... Las piezas de la casa son
-espaciosas y campea cierta elegancia en su acomodo; pero el conjunto
-es notable por su extrema simplicidad. Todo cuanto la mirada abraza
-parece respirar la santidad de aquellas reliquias públicas, y todas las
-cosas se conservan casi en el mismo estado en que Wáshington las dejó.
-Todo americano, y principalmente, los jóvenes que visitan este lugar,
-experimentan una fuerte impresión que durará toda su vida... A cierta
-distancia de la casa, en un lugar retirado, está la tumba nueva de la
-familia, compuesta de una simple estructura de ladrillo con una puerta
-de hierro, por entre cuyas rejas se divisan dos sarcófagos de mármol
-blanco, el uno al costado del otro, los cuales contienen los restos de
-Wáshington y de su mujer. La antigua tumba de familia en que estaba
-colocado al principio, estuvo en una situación más pintoresca, sobre
-una colina dominando el panorama de Potomack; pero la presente está más
-retirada, lo que fué una razón para determinar los deseos del hombre
-modesto”.</p>
-
-<p>¡Cuánto arte no se descubre en la colocación de esta tumba, cuánta
-grandeza en su obscuridad, y cuán americano y nacional es aquel
-acompañamiento de bosques primitivos, torrentes agrestes y arroyuelos
-en el estado de naturaleza! Esta es la artística morada de Wáshington,
-el plantador norteamericano, el genio de la democracia apenas
-posesionada de la naturaleza inculta. Adriano estaba bien en la que hoy
-es el castillo San Angelo; Rafael en la Rotonda de Agripa, que él puso
-sobre pilares en San Pedro; Napoleón bajo la cúpula de los Inválidos;
-pero los manes de Wáshington habrían vagado largo tiempo en rededor
-de su sepulcro si le hubiese faltado la perspectiva y la sombra de
-los árboles seculares de los bosques, rodeando<span class="pagenum" id="Page_171">[Pg 171]</span> el asilo doméstico y
-combinando la naturaleza inculta con el fruto del trabajo personal del
-norteamericano.</p>
-
-<p>Y, sin embargo, Wáshington, el héroe de la independencia
-norteamericana, el fundador del pueblo trabajador y positivo, estaba
-destinado, también, a inspirar el sentimiento de las bellas artes a
-los hijos de los puritanos, y volver a esta familia, descarriada por
-preocupaciones religiosas, el camino en que la humanidad ha marchado
-siempre, desde el fetiche informe que adora en su infancia, hasta las
-Pirámides de Egipto, el Coliseo romano, el Partenón, o el moderno
-San Pedro. Las ruinas de Palenque, las esculturas encontradas por
-Stephen en Centro América, como las estatuas de Miguel Angel o las
-pinturas de Rafael, son todas páginas de un mismo libro, que señalan
-el día en que cada nación tuvo conciencia de sí misma y perpetuando
-la memoria de lo pasado o endureciendo en piedra o en bronce una
-idea, empezó a mirarse viva en las edades futuras, legando a las
-venideras generaciones monumentos, estatuas y obras públicas que
-demandan siglos de elaboración. A veces me ocurre la idea de que
-tanto hicieron los egipcios trabajar a los hebreos cautivos en la
-construcción de pirámides y otros monumentos, que cuando aquella chusma
-se sublevó y tomó el desierto, juró no permitir que en la tierra de
-promisión que iban buscando, se levantasen monumentos ni se erigiesen
-estatuas, acordándose, sin duda, de los palos que les habían dado
-los sobrestantes egipcios. ¿Cómo explicarse de otro modo el horror
-a los templos y a las imágenes que muestra Moisés, el discípulo de
-los sacerdotes egipcios? El arte es la realización del hombre, es
-el hombre mismo, puesto que, no siendo, al parecer, necesario a su
-existencia, como lo muestran los demás animales, es, sin embargo, la
-preocupación más constante desde la vida salvaje hasta el pináculo de
-la civilización. Tengo para mí que Roma ha muerto sofocada por los
-monumentos, que<span class="pagenum" id="Page_172">[Pg 172]</span> éste es el fin de las grandes ciudades de la historia
-y que París ha de acabar por fin por cuajar su suelo de monumentos
-públicos, de manera que al final de los siglos la población se acoja
-a las catacumbas, que minan el suelo, por no haber espacio para ella
-sobre la superficie de la tierra. Cuando se dice que los primeros
-cristianos se ocultaban en las catacumbas de Roma, huyendo de la
-persecución, me parece que se toma un hecho por otro. La exploración de
-aquellas inmensas cavernas y perforaciones muestra hoy al arqueólogo
-los restos de tres siglos de arte cristiano primitivo, lo que prueba
-que durante tres siglos y hasta la destrucción de la ciudad monumental
-por Atila, la plebe romana vivió alojada en las catacumbas, donde
-tenía sus templos, plazas subterráneas, mercados y cementerios. Es
-ridículo pensar que en una ciudad vivan escondidos durante tres siglos
-cientos de miles de habitantes, que a cada momento necesitan ponerse en
-contacto con el exterior, para proveer a sus necesidades.</p>
-
-<p>Mahoma y los protestantes no deben citarse en materia de bellas artes
-como una nueva aberración de la naturaleza humana, puesto que la obra
-de estas dos reacciones en contra no son más que recrudescencias de la
-ojeriza de Moisés contra las pirámides, a causa del mal trato dado a
-los hebreos; gato escaldado, en materia de asentar piedras.</p>
-
-<p>Los norteamericanos creen que no tienen vocación artística, y afectan
-desdeñar las producciones del arte, como fruto de sociedades viejas
-y corrompidas por el lujo. Yo he creído, sin embargo, sorprender el
-sentimiento profundo, exquisito, de lo bello y de lo grande de este
-pueblo que marcha de carrera en busca del bienestar material, y va
-dejando a su paso incompletas todas sus obras y a medio hacer. ¿Qué no
-entra por nada en el sentimiento del bello ideal, la beldad moral? ¿Qué
-pueblo del mundo ha sentido más hondamente esta necesidad de confort,
-de decencia, de holgura, de bienestar, de cultura de la inteligencia?<span class="pagenum" id="Page_173">[Pg 173]</span>
-¿Qué pueblo ha sentido más horror por el espectáculo de lo feo, la
-pobreza, la ignorancia, la borrachera, la degradación física y moral,
-que es como la corteza y la primera apariencia de las sociedades
-europeas? En Roma, de entre los monumentos y las basílicas se alargan
-manos muy cuidadas pidiendo limosna.</p>
-
-<p>No hablaré de los hoteles, bancos, iglesias, embarcaderos y acueductos
-que en toda la Unión asumen formas monumentales; mucho menos de las
-columnas, obeliscos de cierta grandeza y elevación que en honor de
-Wáshington y de Franklin se alzan en Boston, Filadelfia y Nueva York.
-Todas estas son muestras, o más bien, productos artísticos, pero que no
-revelan el sentimiento norteamericano del arte. Los europeos emigrados
-ahora dos siglos, o emigrando actualmente, comunican por fuerza y
-como necesidad de existencia los medios artísticos que poseen. Pero
-no es este el arte americano, pues que no doy este nombre sino a la
-manifestación de aquella constante y seguida aspiración de un pueblo
-en prosecución de una idea nacional, que existe y se revela en cada
-hombre, por generaciones sucesivas. Llamóle arte, no a los grados
-de civilización de los diversos pueblos, sino al genio, al carácter
-nacional en cuanto reviste formas tangibles y afecta su historia. ¿Cuál
-era el arte romano? Sin duda que no se dará este nombre a los diversos
-órdenes de arquitectura, a la estatuaria y demás decoraciones, cuyas
-formas habían adoptado de los griegos, imitándolas, entremezclándolas,
-y adaptándolas a sus trabajos. Llamo arte romano a aquel sentimiento
-grandioso que hacía concebir las Termas, el Coliseo, la tumba de
-Adriano, los acueductos de Segovia y el anfiteatro de Nimes; al
-espíritu monumental y dominador de la tierra y de los obstáculos que
-ella oponía a la continuidad y facilidad de dilatación y permanencia
-de la grande y perseverante idea artística romana, la incorporación de
-la tierra conocida bajo el<span class="pagenum" id="Page_174">[Pg 174]</span> dominio de sus leyes, y la adopción de los
-cultos, de las civilizaciones y de las costumbres de todos los pueblos.
-Una revolución interna, la elevación de la plebe, y otra externa, la
-incorporación de los bárbaros, destruyeron la obra romana, como una
-plétora a que no pudo resistir aquel cuerpo que tenía que digerir un
-mundo de un golpe.</p>
-
-<p>Acaso los yankees están amenazados de sucumbir bajo el peso de una
-elaboración interna tan amenazante como la de la plebe romana. Todos
-tiemblan hoy porque aquel coloso de una civilización tan completa
-y tan vasta no vaya a morir en las convulsiones que le prepara la
-emancipación de la raza negra; incidente de una magnitud amenazante,
-y sin embargo, tan extraño a la civilización norteamericana en su
-esencia, como sería extraño a las leyes internas de nuestro globo el
-que un cometa de los millares que andan errantes por el espacio, se
-estrellase contra él un día y lo hiciese periclitar.</p>
-
-<p>¿Dónde está, pues, el genio artístico americano? No lejos del Capitolio
-de Washington en una casita modesta, sobre un bufete de madera de
-pino sin barnizar, mostráronnos a mí y a mi amigo Astaburuaga, quien
-me conducía a aquel retrete, un modelo de un monumento que debía
-erigirse a la memoria del héroe norteamericano. La construcción se
-compone de un gran edificio de formas jónicas de cuyo centro se
-eleva una aguja. Según la escala que tiene al pie el diseño, mide en
-alto todo él, dos metros más que la pirámide de Cheops en Egipto. La
-arquitectura es una combinación, más o menos feliz, de formas y géneros
-conocidos, herencia de todos los pueblos civilizados. Lo que en aquel
-monumento hay del genio yankee es la altura, es decir, el sentimiento
-nacional de sobrepasar en osadía a la especie humana entera, a todas
-las civilizaciones y a todos los siglos. Dos metros más alto que el
-monumento más alto construído por los hombres, he aquí el sentimiento
-de lo grande, de lo<span class="pagenum" id="Page_175">[Pg 175]</span> sin rival que caracteriza a aquel pueblo;
-sentimiento que ha preludiado o seguido a las más grandes épocas que ha
-alcanzado alguna porción del género humano. A este mismo sentimiento
-obedeció el pueblo que construyó las pirámides; ese mismo sentimiento
-aconsejó hacer del monte Athos una estatua de Alejandro, cuya mano
-tendría las fuentes naturales del río; ese sentimiento, en fin, inspiró
-la idea del coliseo de Nerón, el coliseo su vecino, y ese sentimiento
-dirigió la construcción de San Pedro en Roma, el camino del Simplón,
-etc., etc.</p>
-
-<p>La idea de elevar aquel monumento a Washington, ha sido acogida en
-la Unión con entusiasmo febril, nada más que porque respondía a la
-aspiración nacional de sobreponerse a las demás naciones<span class="fnanchor" id="fna8"><a href="#fn8">[8]</a></span>. Vese
-este espíritu en la arquitectura naval. El buque que no mide dos
-mil quinientas toneladas no merece llamar la atención ni engreir al
-pueblo como un trofeo de su gloria. ¿Qué dijera Colón que atravesó el
-océano en carabelas de ochenta toneladas, si viera flotar sobre las
-aguas aquellos monstruos que pueden esconder en su seno cincuenta mil
-quintales de nieve o de granito, porque granito canteado y nieve, son
-dos mercaderías de exportación de que los norteamericanos hacen un
-comercio de algunos millones?... Hace cosa de diez años que atormenta
-a los yankees la idea de atravesar el continente americano con un
-camino de hierro desde Nueva York hasta el Oregon, uniendo el Atlántico
-con el Pacífico, e interponiéndose ellos entre la Europa y el Asia,
-de manera de pasarles con la derecha a los ingleses lo que con la
-izquierda hubiesen cogido en las<span class="pagenum" id="Page_176">[Pg 176]</span> costas de la China y del Japón<span class="fnanchor" id="fna9"><a href="#fn9">[9]</a></span>. No
-han inventado, sin duda, los americanos ni el camino de hierro, ni el
-buque, ni el orden jónico; pero suyas son las colosales aplicaciones y
-los perfeccionamientos que introducen diariamente en su construcción;
-pues si no han podido mejorar los órdenes arquitectónicos, algo de un
-carácter nacional les han añadido a los conocidos, como la estatua de
-Franklin sosteniendo el pararrayos en el pináculo de las cúpulas, como
-ya lo he indicado antes, y la mazorca de maiz como coronación y remate,
-en lugar del piñón antiguo. El embarcadero de los caminos de hierro, el
-viaducto, el puente, el hotel y otras construcciones, que reclaman las
-necesidades de nuestra época, pueden dar en los Estados Unidos formas
-arquitectónicas desconocidas en los siglos pasados y que estereotipen
-un carácter peculiar a cada clase de monumento.</p>
-
-<p>La parte económica del monumento de Washington revela otro de los
-signos del genio artístico de los yankees. Levántase aquella obra
-colosal, por medio de una suscripción popular de solo algunas monedas
-de cobre por individuo. Así cada año la nación en masa trae a los pies
-de la estatua del grande hombre, tipo del bello ideal nacional, un
-tributo espontáneo de gratitud y alabanza; y en este punto pueden darse
-por vencidas todas las naciones de la tierra. Todos los monumentos
-del mundo están amasados con lágrimas e iniquidades; y el mismo
-San Pedro de Roma, no es <i xml:lang="la" lang="la">gloriam Dei</i> la que enarra, sino la
-perversidad y las extorsiones de sus ministros. Roma contiene hoy
-en monumentos, como ahora dos mil años, la sangre y los despojos de
-la tierra. Versalles, el Escorial, el Arco de l’Etoile, todos los
-monumentos del mundo protestan<span class="pagenum" id="Page_177">[Pg 177]</span> contra el despotismo de quien fueron
-antojo y vanidosa ostentación. Pero el monumento de Washington es tan
-puro, como la idea inmortal que representa. Las generaciones pueden
-sucederse embelleciéndolo de año en año por siglos enteros, sin que
-una idea triste acongoje el ánimo del espectador más complacido que
-asombrado. Veinte millones de ciudadanos felices hoy, mañana ciento,
-consagran una ínfima parte de su trabajo a solemnizar el más noble
-y el más grande de los recuerdos históricos, la personificación de
-la dignidad moral más alta que se haya ofrecido a la especie humana.
-¿Qué es Napoleón mirado desde esa altura? El último y el más sublime
-de los bandidos que han asolado la tierra y cubiértola de cadáveres,
-para poner su orgullo en lucha con la obra de la perfección social que
-destruyó con la república. ¿Qué es Washington sepultado al lado de su
-mujer en un obscuro y solitario rincón de la casa que habitó? El genio
-de la humanidad moderna, el principio de una era que asoma, y que ya
-deja marcado al mundo el camino de justicia, de igualdad y de trabajo
-laborioso que seguirá.</p>
-
-<p>Deben decorar el interior del monumento de Washington, piedras e
-inscripciones enviadas por todos los Estados de la Unión, las ciudades
-y las corporaciones, y sociedades científicas, filantrópicas, y aun
-industriales<span class="fnanchor" id="fna10"><a href="#fn10">[10]</a></span>. Aquel sistema de contribución popular y espontánea
-para la realización de un pensamiento nacional, constituye, a mi
-juicio, la muestra más clara de la existencia de un sentimiento
-artístico nacional. No sé si hay en Europa pueblos que en masa se
-apasionen por la realización de una idea, si no son los franceses de
-cierta clase, y lo que ha hecho en la edad media el catolicismo, por
-medio de las corporaciones de artesanos. Pero en los Estados Unidos,
-si este sentimiento no está del todo desenvuelto en la masa<span class="pagenum" id="Page_178">[Pg 178]</span> de la
-nación, lejos de morir como el bello espíritu cristiano de la edad
-media, está en germen apenas, y toma cada día formas más aparentes. No
-hay ciudad de alguna importancia que no tenga en los Estados Unidos su
-rudimento de museo, en que están bárbaramente mezcladas obras de arte,
-curiosidades traídas por los navegantes, objetos de historia natural,
-y aun representaciones grotescas de escenas ocurridas en los mares
-u otros puntos y que han preocupado al público. Esas colecciones se
-enseñan al curioso por una retribución, y aquella retribución forma
-un capital que se emplea incesantemente en enriquecer, embellecer y
-completar las colecciones para excitar más y más la curiosidad. Durante
-mi permanencia en Nueva York, estaba en exhibición una bellísima
-estatua en mármol de Carrara, ejecutada en Roma por Poper, joven
-artista norteamericano de rara habilidad. La estatua representaba una
-cautiva georgiana, no siendo más que una Venus con cadenas. Era, acaso,
-la vez primera que los puritanos veían expuesta una de esas bellas
-desnudeces femeniles con que tanto se familiariza uno, ennobleciéndose
-el pudor, en los museos de Italia y de Francia. Los primeros días hubo
-grande escándalo; pero concluyeron al fin las gazmoñas por levantar los
-ojos y habituarse a contemplar la beldad artística en aquel espejo de
-mármol. El resultado fué que la exposición de la estatua tomó el camino
-de hierro, y fué de ciudad en ciudad exhibiéndose a los ojos rudos del
-pueblo, y reuniendo, en cambio de sorpresas, cuchicheos y admiraciones
-de los espectadores, sendos pesos fuertes; por manera que el artista
-obtuvo en recompensa de su talento, más de lo que Canova u Horace
-Vernet obtuvieron nunca por sus más afamados <i lang="it">capi d’opera</i>. Estas
-costumbres y esta ovación popular prometen al arte americano estímulos
-más poderosos, gloria más retumbante que la que los reyes de la tierra
-han podido conceder jamás, gastando en fomentar las bellas artes rentas
-que no son suyas, y que arrancan para sus placeres el sudor de los
-pueblos. No es esta una<span class="pagenum" id="Page_179">[Pg 179]</span> paradoja; hase comprobado ya que los gastos
-que hacen por suscripciones gratuitas en Norte América los ciudadanos
-y aun las señoras para costear los trabajos de los astrónomos de
-Cincinnati, exceden en mucho a las rentas acordadas por el gobierno
-inglés para los mismos fines. No está, pues, lejos el día en que los
-grandes artistas europeos vengan tras del lucro a pasear por los
-Estados Unidos sus obras maestras, recogiendo pesos a millares mientras
-el gusto nacional se educa, y más tarde codiciando la ovación que al
-talento haga un pueblo, juez competente ya en materia de arte. Las
-cantatrices y bailarinas célebres empiezan a mostrar el camino que más
-tarde seguirán los pintores y los estatuarios. Tan genial es aquella
-ambulancia del arte en Norte América, que no hace muchos años hubo un
-teatro magnífico, construído sobre un buque que iba dando funciones a
-ambas márgenes de un río, a medida que llegaba a una villa o ciudad de
-consideración.</p>
-
-<p>Tienen los norteamericanos costumbres públicas y privadas que se
-prestarían al desarrollo de las artes. La vida afanosa que llevan y la
-excitación de los negocios los fuerza a viajar continuamente, mostrando
-cierta necesidad de emociones, de ver y de agitarse, que los lleva en
-romería a la cascada del Niágara, a los lagos y a las ciudades de la
-costa. Esta parte antigua de la Unión ejerce sobre la población del
-interior una grande influencia moral, como que allí está el centro
-del movimiento inteligente y mercantil, y la sede del gobierno; y
-como todas las familias del interior son originarias de los antiguos
-Estados, los ojos se vuelven siempre hacia la patria primitiva,
-embelleciendo los recuerdos, la carencia de los goces a que los padres
-estuvieron habituados.</p>
-
-<p>Washington, la capital nominal de la Unión, aprovechará, sin duda, en
-un porvenir próximo, de estas disposiciones del espíritu nacional, si
-el Capitolio, el Museo de Inventos y el monumento elevado a Washington,
-hubiesen de ser acompañados por otras atracciones que hiciesen al
-fin de la capital un centro de espectáculos que muevan la curiosidad
-de los<span class="pagenum" id="Page_180">[Pg 180]</span> viajeros y despierten el nacionalismo. Residencia de los
-Senadores, ministros y altos funcionarios, como asimismo, de los
-representantes de las otras naciones, Washington podría embellecer sus
-veladas con la ópera, y las artes dramáticas y coreográficas, si las
-ideas religiosas no opusiesen a ello fuertes obstáculos.</p>
-
-<p>Añádase a esto que el sentimiento de unidad, de centralización, y
-de dirección, lucha con desventaja contra la energía individual y
-local, base de la organización política de aquel país, y resultado
-del espíritu protestante. No conozco hecho en contrario, si no es el
-<i xml:lang="en" lang="en">Board</i> de Educación de Massachusetts, que ha logrado al fin
-sobreponerse a las resistencias y espontaneidad local en materia
-de enseñanza, imprimiendo una impulsión científica y sistemada a
-la educación general del Estado. ¿Podría extender esta influencia
-sobre toda la Unión, partiendo de un centro único y oficial? Si tal
-sucediera, lo que es obra del tiempo, diríase que se obraba una
-revolución radical en la vida de aquel pueblo. El movimiento de
-mejora y sistema en la educación primaria principió en Boston, Nueva
-York, Maine y los demás Estados, hasta los del Oeste, pusiéronse
-luego en movimiento; pero, cada uno de por sí, adoptando variantes y
-aplicaciones, según lo aconsejaba la dirección impresa a la opinión.
-Es posible que aquellos Estados lleguen a tener al fin una legislación
-idéntica, sin ser por eso común, ni ligada a un centro general. La
-civilización y el poder de los individuos es igual a la suma de los
-individuos que la componen; pero no es esa suma, representada por
-el Estado, como nos lo dictan nuestras ideas latinas en materia de
-gobierno. La estadística, los monumentos, todo se hace por agregaciones
-parciales; y tal es la idea de la negación de la personalidad del
-Estado, que después de una guerra se venden en pública subasta los
-buques, los fusiles y los cañones que sirvieron para hacer efectiva la
-fuerza nacional.</p>
-
-<p>En despecho de todo esto, los americanos han tenido la pretensión de
-honrar un arte nacional, llamando tal a los productos<span class="pagenum" id="Page_181">[Pg 181]</span> artísticos
-salidos de ingenios americanos. Idea mezquina para nación tan
-cosmopolita, y emigrada de los antiguos pueblos europeos. Los
-norteamericanos debieran, como nación, emprender la conquista de
-los monumentos de las artes de Europa. A cada momento se anuncia en
-Venecia, en Génova y en Florencia la venta de Museos particulares
-que cuentan Ticianos, Españolettos, Carrachos y aun Rafaeles. Los
-franceses han saqueado la España de Murillos, Zurbaranes y Velázquez,
-y aun la Irlanda se ha enriquecido de bellezas artísticas, mientras
-que los cónsules bárbaros de Norte América no sienten siquiera la
-tentación de Marcelo al ver las estatuas de Corinto. Cien mil pesos
-anuales destinados a la adquisición de las obras de los maestros
-antiguos y modernos, echarían en los Estados Unidos la base del futuro
-arte americano. En Francia, cuán adelantada es aquella nación en las
-bellas artes, pues lo es más que la Italia, siéntese la necesidad
-de trasportar en copia al menos todos los grandes modelos del arte
-extranjero. Washington debiera enseñar las imitaciones perfectas y
-como para servir de escuela, de la Rotunda de Agripa, del Partenon de
-Atenas, de la Catedral de Ruan, como modelo del gótico, y de media
-docena más de edificios célebres. Así se convertiría en capital
-artística aquella aldea buena para nada y rebelde al tiempo y al
-progreso, que agranda y embellece a vista de ojo todas las ciudades
-americanas; pues Washington, no siendo centro comercial ni naciendo el
-movimiento político de su seno, adonde viene, por el contrario, desde
-afuera, está condenada a no ser nunca gran cosa, si no se apodera
-del único principio orgánico que ella puede centralizar, que es la
-impulsión artística y la concentración monumental que trae a la nación
-a un centro común de vanidad, de gloria y de veneración.</p>
-
-<p>Hay ya un establecimiento en Washington, que atrae las miradas de toda
-la nación, el cual es visitado diariamente como escuela nacional. La
-Oficina de Patentes encierra en un museo de modelos la historia de los
-progresos que las artes industriales<span class="pagenum" id="Page_182">[Pg 182]</span> han hecho desde su creación.
-Trece mil quinientas veinte y tres patentes por invenciones y mejoras
-se habían otorgado hasta 1844, perteneciendo al año de 1843 quinientas
-treinta y una. En este ramo de la actividad inteligente del país han
-procedido, como debieran proceder en todo lo que tiene relación con
-la cultura, a saber: importando primero, plagiando, saqueando a las
-otras naciones para enriquecer de datos su espíritu, y obrar después.
-Los resultados no se han hecho aguardar. De un extracto del informe
-sobre exportación de máquinas hecho en 1841 ante la Cámara de los
-Comunes en Inglaterra resulta que preguntado el informante si la
-Inglaterra debe de una manera notable a los extranjeros invenciones en
-maquinaria, fué respondido: “podría decir que la mayor parte de los
-nuevos inventos últimamente introducidos en las fábricas de este país,
-vienen de afuera; pero necesito hacer comprender que no son mejoras
-en máquinas, sino inventos enteramente nuevos. Hay ciertamente muchos
-perfeccionamientos emanados de este país, pero temo que la mayoría de
-las invenciones realmente nuevas, esto es, ideas nuevas enteramente
-en la aplicación de ciertos procedimientos, por máquinas nuevas, o
-por medios nuevos, traen su origen de fuera, y principalmente, de
-<i>América</i>.”</p>
-
-<p>Esta confesión de la Inglaterra de su esterilidad en la maquinaria, y
-de la invasora fecundidad de su joven rival, es el grito lúgubre de los
-náufragos que saben que no hay socorro posible. Norte América invade
-hoy al mundo, no ya con productos e inventos, sino con ingenieros,
-artífices y maquinistas que van a enseñar las artes de producir mucho a
-poca costa, osarlo todo y realizar maravillas.</p>
-
-<p>He insistido en aquel extraño atraso artístico, fruto de preocupaciones
-heredadas, porque, no sólo en las artes útiles, sino en los trabajos
-de la inteligencia, los norteamericanos empiezan a tomar una posición
-propia. Conoce usted a Cooper, a Washington Irving, a Prescott, a
-Bancroff y Sparks, como historiadores de primer orden de las cosas
-americanas, osando<span class="pagenum" id="Page_183">[Pg 183]</span> algunos de ellos emprender la aclaración de algunos
-episodios de la historia europea; pero aun es más grande el número de
-escritores de renombre que han tratado las cuestiones especulativas
-de filosofía, economía, política y teología. Baste decir que en doce
-años hasta 1842, se han publicado ciento seis obras originales sobre
-biografía; ciento dieciocho sobre geografía e historia americana;
-noventa y una sobre lo mismo con respecto a otros países; diez y
-nueve de filosofía; ciento tres de poesías; y ciento quince novelas,
-mientras que casi en el mismo tiempo trescientas ochenta y dos obras
-originales americanas habían sido reimpresas en Inglaterra, y aceptadas
-por aquel público mismo que veinte años antes preguntaba por boca
-de una revista: ¿quién lee libros americanos? Oradores y estadistas
-como Everett, Webster, Calloum, Clay, los poseen iguales solo en la
-Francia y la Inglaterra, siendo de notar que el brillo en los trabajos
-históricos y en la elocuencia empieza a ser como en Francia, escalón
-que conduce al poder y la influencia sobre la opinión pública. Los
-viajeros, los naturalistas, arqueólogos de cosas americanas, geólogos y
-astrónomos que emprenden enriquecer, y aun rehacer la ciencia, abundan
-comparativamente, mostrando por los resultados que obtienen en sus
-trabajos, que están mucho más adelantados que lo que la Europa hubiera
-creido, a no tener a cada momento que aceptarlos.</p>
-
-<p>Diráme usted que toda esta reseña de los progresos intelectuales de los
-americanos no tiene nada de común con Washington, la desierta capital;
-pero, ¿dónde colocar estas reminiscencias y cómo darles cuerpo y unidad
-si no se inventa un centro a que referirlas?</p>
-
-<p>Mi permanencia en Washington se prolongó de un día más sobre el tiempo
-convenido con Arcos, pues nos habíamos dado cita últimamente en
-Harrisburg en el <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>, que yo había señalado como
-punto de reunión.</p>
-
-<p>Hube de regresarme a Baltimore y de allí tomar el ferrocarril que
-conduce a aquella cuidad; y no bien hube llegado<span class="pagenum" id="Page_184">[Pg 184]</span> a la posta, empecé
-a inquirirme del <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>. ¡Cuál fué mi sorpresa al
-saber que en Harrisburg no había hotel con aquel nombre! Como en toda
-ciudad norteamericana hay uno que lo lleva, yo había dado a mi futuro
-compañero de viaje cita al que suponía debía haber en Harrisburg. Con
-trabajo pude indagar el paradero de Arcos, que había dejado escrito en
-el libro del hotel de la posta, estas lacónicas palabras, dirigidas
-a mí: “Le aguardo en Chamberburg.” Asaz mohino y cariacontecido por
-este contratiempo me dirigí a Chamberburg, donde, después de recorrer
-las posadas con inquietud creciente, nadie supo darme noticia de la
-persona por quien preguntaba, tanto más cuanto que hablando Arcos el
-inglés con una rara perfección, y gangoseándolo por travesura cuando
-se dirigía a norteamericanos, nadie, ni los mismos que habían hablado
-con él, me daba noticia del joven español por quien yo preguntaba
-en un inglés que hacía estremecer las fibras a los pobres yankees.
-Entreteníame aún la esperanza de que estuviese en los alrededores
-cazando, pues en nuestro programa de viaje entraba una expedición
-campestre en los Montes Alleghanies. Al fin supe que había dejado en
-la posta una esquela, en que me repetía lo de Harrisburg: “Lo aguardo
-en Pittsburg”. <i>¡Malheureux!</i> exclamé yo acongojado. ¡Cincuenta
-leguas de Chamberburg a Pittsburg, los Alleghanies de por medio, diez
-pesos de pasaje en la diligencia, y no cuento sino con tres o cuatro
-en el bolsillo, suficientes apenas para pagar el hotel en que estoy
-alojado! Supe, pidiendo detalles circunstanciados sobre la indiscreta
-partida de mi intangible precursor, que no habiendo en el saco de heno
-que lleva encima para proveer a los caballos, y que allí debía viajar
-dos días y dos noches, impulsado a tanto sacrificio por la inquietud
-juvenil de una sabandija incapaz de aguardar en un lugar ocho horas,
-que era la diferencia de tren a tren que nos llevábamos en el camino
-de hierro. Heme aquí, pues, en el corazón de los Estados Unidos,
-como quien dice tierra adentro, sin un medio, haciéndome entender
-a duras penas y rodeado de aquellas caras<span class="pagenum" id="Page_185">[Pg 185]</span> impasibles y heladas de
-los americanos. ¡Qué susto y qué aflicciones pasé en Chamberburg! A
-cada momento llamaba al dueño del hotel y de palabra y por escrito le
-exponía mi situación.&mdash;Un joven que va adelante lleva mi dinero, sin
-saber que no traigo el necesario para los gastos de camino. Me piden
-diez pesos de pasaje en la posta y no tengo sino cuatro para pagar el
-hotel. Pero tengo algunos objetos de valor intrínseco en mi maleta y
-quiero que la posta los retenga hasta que haya cubierto mi pasaje en
-Pittsburg.&mdash;El posadero, al oir esta lamentable historia, se encogía
-de hombros por toda respuesta. Contaba mis cuitas al maestre de posta
-y se quedaba mirándome como si no le hubiese dicho nada. Dos días de
-continuo suplicio y de desesperación habían pasado ya, y lo peor era
-que no había asiento en la diligencia, por venir todos contratados
-desde Filadelfia, como complemento del camino de hierro que termina
-allí. Al fin me sugirieron escribir a Arcos por el telégrafo eléctrico,
-lo que hice en cuarenta palabras por valor de cuatro reales, y en los
-términos más sentidos. No obstante aquel laconismo telegráfico, “no
-sea usted animal”... era la introducción de mi misiva, y le contaba
-lo que por su indiscreción me sucedía.&mdash;¿Dónde está el sujeto a quien
-se dirige?&mdash;En el <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>, contesté yo, dudando
-ahora si en Pittsburg habría un hotel de aquel nombre; y para no darme
-un nuevo chasco, indiqué que se le buscase en todos los hoteles más
-aparentes de la ciudad.</p>
-
-<p>Tardaba la respuesta a mi impaciencia y a mi miedo de no dar con aquel
-calavera, y no despegaba los ojos de la maquinita que con golpecitos
-redoblados indicaba a cada momento el paso de misivas a otros puntos,
-y que no se anotaban allí, por no venir precedidas de la palabra
-Chamberburg y la señal preventiva y convencional para llamar la
-atención del oficinista. Voy a preguntar, me dijo; y tocando a su vez
-su aparato, se sucedieron golpecillos, con cuya mayor o menor duración
-trazaba el punzón magnetizado a cincuenta leguas la pregunta que se
-hacía desde Chamberburg.&mdash;¿Qué hay del joven Arcos<span class="pagenum" id="Page_186">[Pg 186]</span> que se mandó
-buscar?... Y un momento después... señal de atención a Chamberburg...
-Contestan, me dijo el oficinista, acercándose al aparato; y el punzón
-de Chamberburg trazaba sus puntos sobre tira de papel que el cilindro
-va desarrollando poco a poco. ¡Qué hubiera dado por leer yo mismo
-aquellos carácteres que consisten en puntos y líneas, obrados por la
-presión en la superficie blanca del papel. Concluída la operación, tomó
-la tira de papel y leyó: “No se le encuentra en ninguna parte. Se ha
-mandado de nuevo a buscarlo”.&mdash;Dos horas después nueva interrogación,
-nuevo martirio de aguardar un sí o un no de que dependía el sosiego o
-la desesperación, y nuevo y definitivo... no hay tal individuo...!</p>
-
-<p>Quedé punto menos que si me hubiese caído un rayo. Entonces,
-interesándose en mi suerte y haciendo conjeturas el hostelero, nombró a
-Filadelfia. ¡Cómo Filadelfia! le interrumpí yo; es en Pittsburg donde
-está Arcos y donde han debido buscarlo.&mdash;Acabaremos, me respondió;
-como es en Filadelfia donde se paga la diligencia, el oficinista del
-telégrafo ha creído que es allí donde usted recomienda que le tomen
-pasaje; <i xml:lang="en" lang="en">but no matter</i>, voy a corregir el error; y dirigiéndose
-a la puerta se detuvo, y señalando a la oficina me dijo: ya cerraron,
-hasta mañana a las ocho... Las grandes pasiones del ánimo no pueden
-desahogarse sino en el idioma patrio, y aunque el inglés tiene un
-pasable <i xml:lang="en" lang="en">goddam</i> para casos especiales, preferí el español
-que es tan rotundo y sonoro para lanzar un ahullido de rabia. Los
-yankees están poco habituados a las manifestaciones de las pasiones
-meridionales, y el huésped, oyéndome maldecir con excitación profunda
-en idioma extraño, me miró espantado; y haciéndome seña con la mano,
-como para que me detuviera un momento antes de morderlos a todos o
-suicidarme, salió corriendo a la calle, en busca sin duda de algún
-alguacil para que me aprehendiese. ¡Esto sólo me faltaba ya! y aquella
-idea me volvió repentinamente la compostura que en mi aflicción había
-perdido por un momento. Minutos después volvió a entrar acompañado de
-un sujeto que traía la<span class="pagenum" id="Page_187">[Pg 187]</span> pluma a la oreja y que con frialdad me preguntó
-en inglés primero, en francés en seguida, y luego alguna palabra
-en español, la causa de mi turbación, de que lo había instruído el
-posadero. Contéle en breves palabras lo que me pasaba, indiquéle mi
-procedencia y destino, suplicándole intercediese en la posta para que
-se tomase mi reloj y otros objetos en rehenes hasta haber satisfecho
-en Pittsburg el pasaje. El individuo aquel me escuchó sin que un
-músculo de su fisonomía impasible se moviese, y cuando hube acabado
-de hablar, me dijo en francés:&mdash;Señor, lo único que puedo hacer...
-(¡Qué introducción! me dije yo para mi coleto y tragando saliva...)
-lo único que puedo hacer es pagar el hotel y el pasaje de usted hasta
-Pittsburg, a condición de que llegado usted a aquella ciudad, haga
-abonar en el <i xml:lang="en" lang="en">Merchants-Manufactory-bank</i>, en cuenta de Lesley y
-Cía. de Chamberburg, la cantidad que usted crea necesario anticiparle
-aquí.&mdash;Tuve necesidad de tomar una larga aspiración de aire para
-responderle: pero, señor, gracias; pero usted no me conoce, y si puedo
-darle alguna garantía...&mdash;No vale la pena; personas en la situación de
-usted, señor, no engañan nunca; y diciendo estas palabras se despidió
-de mí hasta más tarde. Comíme en seguida un real de manzanas, pues que
-hambre era lo que había despertado la serie de emociones por que había
-pasado durante tres días. Aproveché la tarde en recorrer la ciudad y
-alrededores; necesitaba caminar, agitar mis miembros para creerme y
-sentirme dueño de mí mismo. En la primera noche se me apareció mi ángel
-custodio, cargado de libros; traíame un tomo de Quevedo, otro del Tasso
-en italiano y uno o dos mamotretos en francés para que me distrajese.
-Consagróme algunos momentos hablando alternativamente en español y en
-francés; díjome que conocía el latín y el griego, inquirióse sobre
-algunos detalles de mi viaje y me deseó buena noche al retirarse.</p>
-
-<p>Al siguiente día volvió y me dió cuatro billetes de a cinco pesos, no
-obstante mi empeño de devolverle uno por innecesario; y como ya se
-retirase, regresó diciéndome casi ruborizado:<span class="pagenum" id="Page_188">[Pg 188]</span> Usted me perdone señor,
-pero se me ha quedado otro billete en el bolsillo que ruego a usted
-agregue a los anteriores. Este hombre había excedido más de la suma
-que yo había indicado, porque en resumidas cuentas yo solo necesitaba
-diez pesos. Comprendí el sentimiento delicado que lo impulsaba e
-hice una débil resistencia a recibirlo, aceptándolo con cordialidad.
-La diligencia partió al fin, y yo volví a mi estado de quietud de
-ánimo ordinario, complaciéndome de haber tenido ocasión, aunque tan
-penosa para mí, de dar lugar a manifestación tan noble y simpática
-como aquella del caballero Lesley. La noche sobrevino, apareció la
-luna plácida en el horizonte, y la diligencia empezó a remontar,
-pausadamente, los montes Alleghanies. Cuando habíamos llegado a la
-parte más elevada, bajaron algunos pasajeros, y una voz de mujer dijo
-en francés dentro de la diligencia: bajen a ver el paisaje que es
-bellísimo. Aprovécheme de la indicación, descendí tras los otros, y
-pude gozar en efecto de uno de los espectáculos más bellos y apacibles
-de la naturaleza. Los montes Alleghanies están cubiertos hasta la
-cima de una frondosa y espesa vegetación; las copas de los árboles
-de las lomadas inferiores, iluminadas de lo alto por los rayos de la
-luna, presentaban el aspecto de un mar nebuloso y azulado, que por el
-cambio continuo del espectador iba desarrollando sus olas silenciosas
-y obscuras, sintiéndose, sin embargo, aquella excitación que causa en
-el ánimo la vista de objetos que se conocen y comprenden, pero que
-no pueden discernirse bien, porque el órgano no alcanza o la luz es
-incierta y vagorosa.</p>
-
-<p>Al llegar a una posada, después de habernos recogido a nuestro
-vehículo, la misma voz dijo, siempre en francés: aquí se desciende
-a tomar algo, porque marcharemos toda la noche sin parar. Bajé yo,
-en consecuencia, y presentándose a la puerta una señora, ofrecíla la
-mano para que se apoyase. Volvimos a poco a tomar nuestros asientos,
-continuóse el viaje, y empezaba a sentir somnolencia, cuando la misma
-voz de antes, y que era la señora aquella, me dijo con timidez:<span class="pagenum" id="Page_189">[Pg 189]</span>
-creo, señor, que usted se ha visto en algunas dificultades.&mdash;¡Yo! No,
-señora, contestéle perentoriamente, y la conversación terminó ahí;
-pero mientras yo recapacitaba sobre esta pregunta, la señora añadió
-con visibles muestras de turbación: Usted me dispense, señor, si le
-he hecho una pregunta indiscreta, pero esta mañana en Chamberburg,
-me hallaba por casualidad en una pieza, desde donde no pude dejar de
-oír lo que contaba usted a un caballero.&mdash;En efecto, señora, pero
-usted supo, sin duda, que todo quedó allanado.&mdash;¿Y qué piensa usted
-hacer, señor, si no encontrase a su compañero en Pittsburg?&mdash;Me asusta
-usted, señora, con su pregunta. No he pensado en ello, y tiemblo de
-sospechar que tal cosa sea posible. Me volvería a Nueva York o a
-Wáshington donde tengo conocidos.&mdash;¿Y por qué no continuaría su viaje
-adelante?&mdash;¿Cómo he de engolfarme en un país desconocido, señora, sin
-fondos?&mdash;Le decía a usted esto, porque mi casa está cinco leguas más
-acá de Nueva Orleans, y deseaba ofrecérsela a usted. Desde allí puede
-usted tomar noticia de su amigo; y si no lo encontrase, escribir a su
-país y aguardar a que le manden lo que necesita.&mdash;La noble acción de
-Mr. Lesley había, según lo visto, sido contagiosa. Aquella señora lo
-había oído todo, y quería a su vez completar la obra. Esta reflexión me
-vino antes, tocado como estaba por el buen proceder, de otra a que, su
-sexo podría haber dado pretexto; la señora me dijo en seguida, acaso
-para responder a la posibilidad de una sospecha, que hacía seis semanas
-que acababa de perder a su marido, y que iba a poner orden en los
-negocios de su casa de Orleans. Acompañábala una hijita de nueve años
-y ambas vestían de luto completo. Era la madre, pues, y no la mujer,
-la que ofrecía el asilo doméstico a un desconocido que debía también
-tener madre; y obedeciendo a esta idea que santificaba la oferta y la
-aceptación, traté en adelante a la señora con menos reserva, seguro,
-sin embargo, de que no llegaría el caso por ella previsto.</p>
-
-<p>Llegamos a Pittsburg, y la señora me hizo prevenir que<span class="pagenum" id="Page_190">[Pg 190]</span> partía por un
-vapor y que si aceptaba su ofrecimiento fuese a tomar pasaje en el
-mismo vapor. Salí a buscar a Arcos en el <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>;
-porque ¿dónde había de encontrarlo sino allí? Afortunadamente para mí
-había en efecto en Pittsburg un hotel de los Estados Unidos, donde
-encontré a mi Arcos, que a la sazón escribía en los diarios un aviso,
-previniéndome su paradero y justificándose de lo que ya empezaba a
-sentir por mi demora, que había sido una niñería. Venía dispuesto a
-reconvenirlo amigable, pero seriamente; mas, me puso una cara tan
-cómicamente angustiada al verme, que hube de soltar la risa y tenderle
-la mano. Salimos juntos inmediatamente, y contándole mi historia en el
-camino nos dirigimos al vapor <i xml:lang="en" lang="en">Martha Wáshington</i>, en que había
-tomado pasaje la señora, a fin de darla las gracias y prevenirla de mi
-hallazgo, para que no partiese con el temor de que quedase yo aislado.
-En efecto, no bien hube puesto el pie en la espaciosa cámara del buque,
-cuando del extremo opuesto, levantóse la señora que había estado en
-acecho aguardándome, y dirigiéndose hacia mí con disimulo, fingió
-darme la mano, para pasarme ocultamente un bolsillo de oro. Presentéle
-sin aceptarlo la buena pieza que me acompañaba y que había ocasionado
-todas aquellas tragedias, y ambos la dimos un millón de gracias por
-su solicitud; y como si la ingratitud fuera la recompensa de tan
-desinteresado proceder, he olvidado su nombre, habiéndonos separado en
-Cincinnati para no volvernos a ver más.</p>
-
-<p class="footnote" id="fn8"><a href="#fna8">[8]</a> El monumento está ya en vías de ejecución y asombrosamente
-avanzado, según lo anuncian los diarios. En 1842 ni los cimientos
-estaban indicados aún, pues la presteza de la ejecución es otra de las
-condiciones del arte yankee.&mdash;<i>Nota del autor</i>, 1850.</p>
-
-<p class="footnote" id="fn9"><a href="#fna9">[9]</a> Esta idea es muy anterior a la adquisición de California, y la
-de ponerse en contacto con la China y la India, como de los secretos
-móviles populares de la guerra de Méjico, que les trajo aquella
-conquista.&mdash;<i>Nota del autor.</i></p>
-
-<p class="footnote" id="fn10"><a href="#fna10">[10]</a> California ha mandado ya sus cuarzos entremezclados de oro.</p>
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="CINCINNATI">CINCINNATI</h3>
-</div>
-
-<p>De Pittsburg, que no tuve tiempo de examinar, el vapor por 5 pesos
-lleva al viajero a Cincinnati cuatrocientas cincuenta y cinco millas
-Ohio abajo. El magnífico río da nombre al Estado, si bien principia a
-ser navegado desde la Pensilvania. Otra vez he hablado de la riqueza
-de aquel suelo privilegiado, dónde sobre lechos inconmensurables de
-carbón bituminoso,<span class="pagenum" id="Page_191">[Pg 191]</span> se extienden llanuras de bosques y de cultivo,
-accidentadas por montes que esconden el hierro en sus flancos, y de
-cuyas faldas fluyen canales como el Ohio que se liga al Mississipi y
-sus afluentes, y somete un mundo al alcance de sus manufacturas.</p>
-
-<p>Para darle noticia del progreso asombroso del estado del Ohio, debo
-principiar por el <i xml:lang="la" lang="la">sicut erat in principio</i>, es decir, el aspecto
-del país ayer no más. Este estado se extiende unas 40.000 millas
-cuadradas desde la margen del Ohio hasta el lago Erie, al norte. La
-parte sur y este del terreno del Ohio es llano y fertilísimo; el
-resto, accidentado de montículos, encierra valles hermosos, sabanas,
-pantanos, y terreno quebrado. La cantidad de tierras arables se reputa
-en 35.000 millas, el resto es la parte cenagosa, quebrada o estéril.
-Hasta 1840 la parte labrada no pasaba de 12.000 millas. El primer
-establecimiento se hizo en 1788 en Marieta. La población cristiana se
-presentó en el Estado en 1802, en número de 50.000 habitantes. En 1810
-había aumentado a 230.760; en 1820, a 937.679; y en 1840, a más de un
-millón y medio. Hoy tiene más de dos millones. No soy yo ahora quien
-hace esta comparación. Copio de un librejo. “Dícese que el territorio
-de los Estados Unidos es un noveno o cuando más un octavo de la parte
-del continente colonizado por los españoles. Sin embargo, en todas
-aquellas vastas regiones conquistadas por Cortés y Pizarro no pasan de
-dos millones de habitantes de sangre pura española, de manera que no
-sobrepasan en mucho en número a la población del Ohio en medio siglo,
-y quedan muy atrás en riqueza y civilización”. Si la observación no es
-del todo exacta el aumento de población de la América española desde
-aquella época es sin duda infinitamente inferior. Méjico y la República
-Argentina han disminuído el número de sus habitantes; bien es verdad
-que es artículo orgánico de la constitución política de los nuevos
-estados sudamericanos ignorar siempre cuántos bípedos habitan el país.
-Nuestros gobiernos sabrán un día oficialmente cuántas estrellas hay en
-el<span class="pagenum" id="Page_192">[Pg 192]</span> cielo, como los niños traviesos suelen deshojar una rosa para saber
-cuántos pétalos tiene; pero saber cuál es el número de habitantes de su
-país, <i xml:lang="la" lang="la">¡fi donc!</i> ¡Un gobierno descender a tan mezquinos detalles!
-Toda la organización norteamericana reposa en el censo decenal y en
-el catastro de la propiedad; y hay reglas para calcular cada día el
-aumento de población, y sus resultados tienen certeza administrativa.
-El censo de 1850 está calculado en veinte y dos millones<span class="fnanchor" id="fna11"><a href="#fn11">[11]</a></span>; el de
-1860 en veintinueve; el de 70 en treinta y ocho millones; el de 80 en
-cincuenta millones; el de 1890 en sesenta y tres millones, y el de 1900
-en ochenta millones. Habrá error quizá en un pico de diez o veinte
-millones de más.</p>
-
-<p>El valor de los productos del Ohio ascendió en 1840 a circumcirca de
-veinte millones de duros, entre los cuales figuraban cinco millones
-de cecinas y animales domésticos, y cinco millones de artículos
-manufacturados. Como la población de aquel Estado es aproximadamente la
-que se le atribuye a Chile (porque la verdad es un secreto que Dios se
-reserva entre los inexcrutables de su política <i>à lui</i>) juzgará
-usted que Chile ha debido producir veinte millones, todos los años que
-hace que está teniendo millón y medio de habitantes. Es verdad que no
-contentos los habitantes del Ohío con las facilidades que les ofrece
-su río, han abierto siete canales navegables que penetran en el país,
-los cuales producían de beneficio ochenta y ocho mil pesos en 1843,
-y ciento setenta y dos mil seiscientos cincuenta y nueve en 1844,
-esto es, el doble del año anterior, lo que prueba que la cantidad de
-productos había doblado de un año a otro.</p>
-
-<p>Este Estado se halla poblado generalmente por los nuevos inmigrantes
-compuestos de alemanes, irlandeses y otras naciones. Estos labradores
-aumentan en número todos los días, y forman una mayoría sobre los
-yankees <i xml:lang="fr" lang="fr">pur sang</i>, de donde resulta que les ganan siempre las
-elecciones, unidos los extranjeros<span class="pagenum" id="Page_193">[Pg 193]</span> de origen al partido demócrata.
-Esto desespera a los puritanos, pues que siendo por lo general muy
-ignorantes los europeos, y en gran número católicos de Irlanda, lo que
-no constituye una patente de sapiencia, se oponen a todas las mejoras
-útiles, y se niegan a contribuir para escuelas, canales, caminos,
-mostrando la mayor indiferencia por la llegada de cartas y periódicos,
-“al mismo tiempo, dice un autor, que están siempre dispuestos a dar sus
-votos a los demagogos, que estarían prontos a hundir el país en la más
-violenta carrera de cambios políticos”. Esta coincidencia con ciertos
-países que nosotros conocemos, me hace creer que cuanto más ignorante
-y menos dispuesto a promover las mejoras útiles, es un pueblo, más
-aspira a cambios políticos, como aquellos animales despeados que dejan
-el camino trillado por mejorar, y se meten en la pedrazón y en los
-derrumbaderos.</p>
-
-<p>Para azuzar a estos demócratas indisciplinados hay la <i xml:lang="en" lang="en">Stump
-oratory</i>, así llamada por la ocurrencia de algún candidato popular
-de treparse a la copa de un árbol para dirigirse a su rudo auditorio.
-Un viajero inglés refiere en estos términos el discurso que le contó
-uno de estos personajes. “Un labrador que entró en el coche de
-Worcester, habló con vehemencia contra la nueva tarifa, que dijo,
-sacrificaba los agricultores del Oeste a los manufactureros de Nueva
-Inglaterra, quienes querían forzarlos a comprar sus efectos hechizos,
-mientras que las materias primeras de Ohio y del Oeste estaban
-excluídas del mercado de Inglaterra. Elogióme las ventajas de que
-gozaba en los Estados Unidos, compadeciéndose de la masa del pueblo
-inglés, privada de sus derechos políticos y expuesta a la opresión y
-tiranía del rico. Con la mira de distraerlo, le dije que un día antes
-había visto en la ciudad de Columbus, a un ministro predicando en
-idioma welche ante una congregación de trescientas personas; que estos
-y otros pobres labradores irlandeses y alemanes eran ignorantes de
-las leyes e instituciones norteamericanas, y personas sin educación
-alguna, y que cómo se les había de permitir influir y<span class="pagenum" id="Page_194">[Pg 194]</span> dominar en las
-elecciones como sabía que lo acababan de hacer en Ohio. Sobre este
-tópico me espetó una oración, cuyo tema fué la igualdad de derechos de
-todos los hombres, la división que algunos querían establecer entre los
-antiguos y los nuevos plantadores, la buena política de recibir a los
-inmigrantes cuando la población era escasa, la ventaja de las escuelas
-comunales, y últimamente el mal de dotar universidades, que dijo son
-<i>un nido de aristócratas</i>.</p>
-
-<p>Este odio popular contra las universidades no quita que haya, y muy
-bien dotada, una universidad en Atenas, otra en Oxford, otra en
-Willoughly; siete colegios en varias otras ciudades; varios institutos
-teológicos; setenta y cinco academias, y cinco mil doscientas escuelas.</p>
-
-<p>La ciudad principal de este Estado es Cincinnati, cuya población es de
-cincuenta mil habitantes, y está situada en la abertura de un valle
-delicioso formado por colinas que van ascendiendo suavemente hasta la
-altura de trescientos pies, enseñando en sus flancos grupos de árboles
-y aun manchas de bosque. La ciudad está situada en dos terraplenes
-uno más alto que el otro quince a veinte varas. En el desembarcadero
-la playa está cubierta de losas hasta la parte más baja del río, y
-hay muelles cuya superficie sube y baja con la marea. Las calles
-están sombreadas de árboles y muy bien pobladas de edificios. Sus
-comunicaciones con el interior las facilitan canales que la ligan con
-el lago Erie y el canal Wabasch. Hay además, ferrocarriles, caminos
-macadamizados y vecinales. El canal Whitewater se extiende 70 millas
-al interior. Como es bueno saber lo que puede hacerse en treinta años,
-recordaré a usted que esta ciudad fué reconocida tal en 1819 y fundada
-aldea en 1789. De su puerto parte un vapor diario para Pittsburg, y
-otros para San Luis, Nueva Orleans río abajo, también diariamente.
-Diligencias hacen la travesía entre las vecinas ciudades en todas
-direcciones. Hay cuarenta iglesias, un teatro, un museo, una oficina
-de venta de tierras del Estado, cuatro mercados, y un consistorio. La
-ciudad se<span class="pagenum" id="Page_195">[Pg 195]</span> suple de agua del río, levantada por poderosas máquinas de
-vapor.</p>
-
-<p>Pero lo que más distingue a Cincinnati son el crecido número de
-sociedades literarias, científicas y filantrópicas, de las cuales
-haré a usted breve mención, tanto más que en adelante me abstendré de
-entrar en estos detalles. Me complazco en enumerar los elementos que
-entran en la composición y en la vida de la sociedad americana, aun en
-estos Estados de ayer, porque la comparación puede ser para nuestros
-compatriotas una útil enseñanza. Un viajero inglés, Robertson<span class="fnanchor" id="fna12"><a href="#fn12">[12]</a></span>
-hablando de Corrientes y Entre Ríos, en la República Argentina, dice:
-“Me espanta al contemplar estos bellos países, considerar lo que han
-dejado de hacer los españoles en tres siglos”. La idea es sublime y
-profunda. ¡Lo que no han hecho en tres siglos! Espanta, en efecto. El
-colegio de Cincinnati fundado en 1819 tiene excelentes tierras y un
-hermoso edificio en el centro de la ciudad. El colegio de Woodward y el
-de San Javier, fundado por los católicos, y el seminario presbiteriano
-tiene dieciséis mil volúmenes en sus bibliotecas, dotación y profesores
-correspondientes a los ramos de enseñanza. El colegio de medicina
-del Ohio, fundado en 1825, posee hermosos edificios y está bajo la
-dirección de un consejo de directores; tiene dos mil volúmenes y
-aparatos completos de anatomía, anatomía comparada, cirugía, química
-y materia médica. El colegio de jurisprudencia está relacionado con
-el de Cincinnati. El instituto de mecánica fué creado en 1829 para
-instrucción de mecánicos, y da cursos de artes y ciencias; posee
-importantes aparatos de física y química, una biblioteca y un salón
-de lectura. En una de sus salas se reune la Academia Occidental de
-Ciencias Naturales; en otro salón se tiene una feria anual para fomento
-de las artes y de las manufacturas. Una escuela normal para instrucción
-de maestros fué establecida en 1821.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_196">[Pg 196]</span></p>
-
-<p>La biblioteca mercantil para jóvenes dependientes tiene un salón de
-lectura y dos mil volúmenes. La biblioteca de aprendices cuenta mayor
-número de volúmenes. Hay dos asilos católicos, el asilo para huérfanos
-y una casa de pobres. Los establecimientos que no son sostenidos por
-asociaciones espontáneas, costéalos el Estado con rentas especiales
-cobradas para el objeto. En materia de rentas de escuelas la ley obliga
-a contribuir al sostén de las que existen, aun a aquellos pobladores
-que están diseminados entre los bosques. Los poseedores de vastas
-extensiones de territorio desierto están además obligados a contribuir
-a todas las cargas del Estado, y cuando están ausentes y atrasados en
-el pago, el <i xml:lang="en" lang="en">sheriff</i> toma una porción de terreno y la vende en
-pública subasta. De este modo la ley cuida de que los propietarios
-ricos no monopolicen la tierra, esperando sin cultivarla aprovechar del
-valor accesorio y progresivo que le va dando el tiempo. La ocupación de
-este país empezó desde las márgenes del Ohío hacia el Norte. Cuando se
-terminó el canal de Erie, que ponía en comunicación el Ohio con lagos,
-el Hudson, Nueva York y el Atlántico, otro movimiento de población
-comenzó a invadir desde el lago Erie hasta el Sur, quedando un inmenso
-bosque en el centro para dar colocación sucesiva a las generaciones
-venideras, pues la previsión de la ley de hacer pagar su parte de
-impuesto a los poseedores, hace que pocos quieran hacer la adquisición,
-si no es con el ánimo de trabajarlas inmediatamente.</p>
-
-<p>Cincinnati es el emporio de la explotación de los cerdos, y hay una
-clase de sociedad a quien dan el apodo de la aristocracia de los
-puercos, por haberse enriquecido con esta industria. Anualmente se
-salan en los saladeros de Cincinnati doscientos mil puercos, y llegada
-la estación de la cosecha, puéblanse los establos de madera de los
-alrededores y acuden de toda la Unión los compradores de manteca,
-jamones, etc. Apenas es posible creer a qué sumas enormes da origen
-esta industria. Lo más notable es que en Cincinnati los puercos viven
-por millares en las calles sin propietario particular. Los<span class="pagenum" id="Page_197">[Pg 197]</span> vecinos
-toman uno para engordar en sus casas, los niños se montan en ellos
-si los logran coger, y la policía manda matarlos cuando se propagan
-demasiado. Cincinnati es, pues, el país donde se amarran los perros con
-longaniza y no se las comen.</p>
-
-<p>Cuatro o cinco días pasamos con Arcos en Cincinnati dejándonos llevar
-por el placer de recorrer sus calles y alrededores, visitar su museo,
-y holgarnos en el <i lang="it">far niente</i> del turista. En Cincinnati fué
-donde Arcos, viendo a un pacífico yankee que leía su Biblia, sentado
-a la puerta de su tendejón, se paró delante de él, le sacó de la boca
-el cigarro que fumaba, prendió el suyo, volvió a metérselo, y siguió
-su camino sin que el buen hombre hubiese levantado la vista, ni hecho
-otro movimiento que abrir la boca para que le ensartaran el cigarro.
-Paciencia, hermano, en cambio de alguna impertinencia vuestra.</p>
-
-<p>Embarcámonos en un vapor de grandes dimensiones y el tercero que
-descendía el Misisipí desde que se tuvo noticias de que habían ya
-cesado los estragos de la fiebre amarilla, periódica en Nueva Orleans,
-en el verano. De Cincinnati a aquella ciudad hay 1548 millas, que se
-hacen en once días de navegación de vapor, marchando de día y de noche
-sin otros intervalos que los necesarios para cargar leña, o cambiar
-pasajeros en las ciudades y embarcaderos del litoral. Cuatro comidas
-abundantes y opíparas se sirven, contando con el <i xml:lang="en" lang="en">lunch</i>; y viaje,
-comida y servicio de once días cuesta quince pesos, algo menos que lo
-que se pagaría por vivir el mismo tiempo en un hotel.</p>
-
-<p>Poco diré a usted de las ciudades a cuyos puertos y muelles va
-sucesivamente atracando el vapor en el trayecto, pues que en ninguna
-permanecimos lo suficiente para conservar ni aun reminiscencia distinta
-de ella. Marieta, Luisville, Roma, Cairo, se suceden de día en día,
-hasta que el país bárbaro, el Far West, empieza, y la escena recobra su
-carácter agreste y semisalvaje.</p>
-
-<p>El viaje del Misisipí es uno de los más bellos y que más duraderos y
-más plácidos recuerdos me haya dejado. El majestuoso<span class="pagenum" id="Page_198">[Pg 198]</span> río desciende
-ondulando blandamente por el seno del valle más grande que existe en
-la tierra. La escena cambia a cada ondulación, y un ancho moderado
-del más grande de los ríos permite que la vista alcance en esta y la
-otra ribera, a calar por entre la sombría enramada de los bosques, y
-esparcirse en las sabanas y aberturas que hace la vegetación mayor de
-vez en cuando. El encuentro de un vapor es un incidente deseado, por
-la proximidad y rapidez del pasaje, mientras que la vista cae desde
-lo alto de las galerías del palacio flotante, sobre una escuadra de
-angadas que descienden a merced de la corriente cargadas de carbón de
-piedra; se ve más allá un falte o mercachifle que va en su buquecillo
-de vela, vendiendo al detalle por las vecinas aldeas sus chismes y
-baratijas. Descender a las ciudades y aldeas adonde el vapor toca,
-correr por las calles, meternos en una mina, curiosearlo todo, comprar
-manzanas y bizcochos, con el oído atento a la campana que anuncia la
-próxima partida, era regalo y codiciada variante que no dejábamos de
-añadir a nuestras emociones, como nunca dejábamos de saltar sobre un
-barranco, ganar el bosque y correr un rato, mientras el vapor estaba
-cargando leña para quemar en sus hogueras.</p>
-
-<p>Arcos, que había principiado nuestra asociación con una niñada, se
-propuso en aquellos días conquistar mi afecto, haciendo ostentación
-de cuanto salero y jovialidad hay en su carácter, alimentados por
-un inagotable repertorio de cuentos absurdos, ridículos, eróticos,
-tales cuales sólo sabe atesorar la juventud calavera de París o de
-Madrid. Ibamos con esto de zambra y fiesta permanentes, a punto de ser
-conocidos y notados por trescientos pasajeros del vapor.</p>
-
-<p>Servíase a bordo la mesa tres veces para dar abasto a tan crecido
-número de comensales, y como todos se atropellasen para tomar asiento
-en la primera, nos quedamos el segundo día para la segunda, la que
-dejamos el tercero para estar a nuestras anchas, hasta que al fin
-nos arreglamos a comer en la cuarta con los criados, en la que nos
-iba perfectamente, prolongando la sobremesa los dos solos por horas
-como lo<span class="pagenum" id="Page_199">[Pg 199]</span> habríamos hecho en el <i xml:lang="en" lang="en">Astor-Hotel</i>. Gustáronnos
-las melazas que los primeros días sirviéronnos de postre, y como
-faltasen al quinto, reclamamos pidiendo la presencia de las melazas;
-razón por la que un mozo descendía corriendo en los desembarcaderos
-a comprarla en los bodegones vecinos, “para los señores españoles
-que se enferman&mdash;decía&mdash;si no comen melazas”. Hablábamos recio en
-español en la mesa, y reíamos con tal desenfado que atraíamos en torno
-nuestro un círculo de huasos ya hartos, a vernos comer, gozándose en
-nuestro inextinguible buen humor. Una mañana Arcos la emprendió con un
-bonazo de ministro protestante.&mdash;Señor, le decía, ¿de qué profesión
-es usted?&mdash;Presbiteriano, señor.&mdash;Dígame, ¿cuáles son los dogmas
-especiales de esta creencia? Y el padre procedía bondadosamente a
-satisfacerlo.&mdash;Pero <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, señor, decía Arcos con aire convencido, y como
-si ambos estuvieran de inteligencia, usted no cree nada de eso por
-supuesto. Es <abbr title="Usted">Vd.</abbr> demasiado sensato para poner fe en esas bromas.&mdash;Las
-facciones del infeliz sometido a tortura semejante, se contraían como
-cuando nos pisan un callo. El buen clérigo se ponía de todos colores, y
-medio indignado, medio suplicante, hacía profesión de fe solemne de su
-creencia. Pero el implacable y serio burlón le replicaba con un aplomo
-imperturbable:&mdash;¡Comprendo, comprendo! <abbr title="Usted">Vd.</abbr> predica y sostiene ante el
-público esas doctrinas; vive <abbr title="Usted">Vd.</abbr> de ello y la dignidad de su carácter
-así lo exige; pero aquí entre nosotros, vamos, yo sé lo que hay en
-plata.</p>
-
-<p>Otra vez estaba rodeado de un grupo de yankees horripilados de
-oírlo, y levantando más y más la voz, para que el escándalo fuese
-mayor.&mdash;¡Gobierno, decía, es el del Emperador de Rusia! ¡Eso sí que
-es un gobierno! Cuando un general delinque o desagrada a su soberano,
-¡se le desatan los calzones y se le dan quinientos azotes! ¡Pero
-estas repúblicas! esto es un escándalo y un desorden. ¿Qué significan
-vuestras elecciones, y qué sabe <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ni <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, añadía, dirigiéndose a
-éste o al otro de sus auditores espantados, lo que conviene al Estado,
-cuándo debe hacerse la guerra y cuándo la paz?<span class="pagenum" id="Page_200">[Pg 200]</span> Al pueblo sólo le toca
-pagar los gastos de la corte del soberano, que gobierna por derecho
-divino...</p>
-
-<p>Y esto dicho con una seriedad y una afectación de estar de ello
-convencido, que aquellos hombres se hacían cruces de oírlo; y pasada
-la tormenta se lo señalaban unos a otros, mostrándolo como a un animal
-extraño, un ruso o un loco peligroso. Todo esto para reír después y
-alimentar la francachela. ¿No se le antoja una vez persuadir a una
-cuarentona llena de colgajos y de colorete, que yo era sobrino de
-Abd-el-Kader que viajaba de incógnito, favoreciendo esta broma la
-circunstancia de ser el único en aquellos parajes que llevara la barba
-entera y la birreta griega? Habíala ya medio persuadido, hablábale en
-español para que ella creyese que era el árabe, exagerando el sonito de
-la J, y se empeñaba en que me pusiese albornoz para completar el chasco.</p>
-
-<p>Más tarde me mostró este joven la parte seria de su carácter, que no es
-menos notable por el buen sentido que lo caracteriza, a lo que se añade
-mucho trato de la sociedad y la rara habilidad de revestir las formas
-populares en lenguaje y porte, cualidades que con su instrucción en
-materias económicas, lo harían un joven espectable si supiese dominar
-las impaciencias de un espíritu impresionable que no contienen ideas
-fijas y sentimientos de moralidad teórica, aunque su conducta sea
-regular. Necesito añadir estas rectificaciones por temor de que sin
-ellas hiciese pasar plaza de truhán en mi narración a un compañero de
-viaje que me acompañó cuatro meses y me prestó amigables servicios.</p>
-
-<p>La vecindad de Nueva Orleáns se deja presentir por alteraciones
-visibles en la materia de la cultura y por la forma de los edificios.
-Divísanse haciendas, y en ellas líneas de casuchas de madera de la
-misma forma y capacidad todas, mostrando que el libre albedrío no
-ha presidido a su construcción. La tierra está dividida en lotes
-más grandes; la población rural aislada desaparece; y las raras
-habitaciones que de cuando en cuando se presentan, asumen formas y
-extensión que acusan la presencia de una aristocracia campestre.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_201">[Pg 201]</span></p>
-
-<p>Aquellas casitas iguales son, en efecto, las habitaciones de los
-señores amos. Esta es la aristocracia de las balas de algodón y de las
-bolsas de azúcar, fruto del sudor de los esclavos. ¡Ah, la esclavitud,
-la llaga profunda y la fístula incurable que amenaza gangrenar el
-cuerpo robusto de la Unión! ¡Qué fatal error fué el de Wáshington y de
-los grandes filósofos que hicieron la declaración de los derechos del
-hombre, al dejar a los plantadores del Sur sus esclavos; ¿y por qué
-rara fatalidad los Estados Unidos, que en la práctica han realizado
-los últimos progresos del sentimiento de igualdad y de caridad, están
-condenados a dar las postreras batallas contra la injusticia antigua de
-hombre a hombre, vencida ya en todo el resto de la tierra?</p>
-
-<p>La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solución
-posible; son cuatro millones de negros, y dentro de veinte años serán
-ocho. Rescatados, ¿quién paga los mil millones de pesos que valen?
-Libertos, ¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca?
-En tiempo de Wáshington y treinta años después, el cinismo de la
-teoría no venía a justificar en el ánimo de los amos la codicia de
-la práctica; pero hoy la esclavitud está apoyada en doctrina, porque
-se ha hecho el alma de la sociedad que la explota. Entonces era más
-reducido el número de esclavos, y por tanto más cancelable económica
-y numéricamente. Mientras tanto la esclavitud tiene en los Estados
-yankees genuinos, y éstos son los más ricos, poblados y numerosos,
-antagonistas implacables, fanáticos. El espíritu puritano de igualdad
-y de justicia se eleva en el Norte a la altura de un sentimiento
-religioso. Abominan de ella como de una lepra y de una mancha que
-deshonra a la Unión, y en su ardor predican la cruzada contra los
-réprobos que explotan la abyección de una raza maldecida.</p>
-
-<p>Echámosles en cara a los norteamericanos su perpetuación. ¡Dios mío!
-vale tanto como afligir y humillar las canas del padre virtuoso,
-echándole en cara los desmanes de su hijo pródigo. La esclavitud es
-una vegetación parásita que la colonización<span class="pagenum" id="Page_202">[Pg 202]</span> inglesa ha dejado pegada
-al árbol frondoso de las libertades americanas. No se atrevieron a
-arrancarla de raíz cuando podaron el árbol, dejando al tiempo que la
-matase, y la parásita ha crecido y amenaza desgajar el árbol entero.</p>
-
-<p>Los estados libres son superiores en número y riqueza a los estados de
-esclavos. En el Congreso, en las leyes no conquistará la esclavitud un
-palmo de terreno más al Norte de la línea que el hecho existente se
-ha trazado. Si la guerra sobreviene, ¿los negros irán a batirse con
-los blancos para evitar que les quiten sus cadenas? ¿Los amos formarán
-ejércitos para guardar sus esclavos? La separación en estados libres y
-en estados esclavos, tan cacareada por los estados del Sur, traería la
-desaparición de la esclavitud. Pero, ¿adónde irían cuatro millones de
-libertos? He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que
-llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de
-la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto
-la raza pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. Una guerra de
-razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra
-atrasada y vil, al lado de otra blanca la más poderosa y culta de la
-tierra.</p>
-
-<p>Desde Pittsburg hasta Nueva Orleáns habíamos atravesado diez estados
-de los que no entraron en la primitiva federación. La ciudad de
-Nueva Orleáns es la capital de la Luisiana, originariamente francesa
-y cuya promiscua población se compone hoy de criollos americanos,
-españoles y franceses. La apariencia de la ciudad desde el puerto es
-magnífica, y los vapores sólo, que están de continuo en sus ancladeros
-por centenares, bastan para revelar la actividad comercial de sus
-habitantes. Puede decirse que el vapor se inventó para el Mississipí.
-Antes de su aplicación a la navegación fluvial, echaban meses y meses
-las raras barcas que remontaban los ríos, como sucede hoy en el Paraná
-y Uruguay; los buques de alta mar cruzaban muchos días en el golfo
-de Méjico acechando la ocasión favorable de tomar la difícil entrada
-del caudaloso río que a muchas leguas de la costa lleva aún su<span class="pagenum" id="Page_203">[Pg 203]</span> cauce
-en el fondo del mar flanqueado de bancos peligrosísimos. Inventóse,
-empero, el vapor, y bandadas de remolques remolinean en la embocadura
-para lanzarse en el golfo, apenas divisan en el lejano horizonte
-una vela. Millares de vapores recorren el río arriba, dispersándose
-hacia todos los rumbos de horizonte, siguiendo las vías acuáticas
-en que por centenares se subdivide el canal principal a medida que
-se le incorporan ríos tributarios; y cuando el valle del Mississipí
-esté ocupado por el hombre, espantará, sin duda, la masa de productos
-que vendrá a acumularse en Nueva Orleáns, quedando estrecho el canal
-anchuroso que desde aquella ciudad conduce al golfo para la no
-interrumpida procesión de buques que han de ir a desparramarse como
-puñados de granos en la inmensidad del océano, porque el Mississipí es
-la única salida que ofrece un mundo entero.</p>
-
-<p>Desgraciadamente, Nueva Orleáns está incurablemente enferma; la fiebre
-amarilla aparece periódicamente en su recinto todos los años desde
-tal día del año, hasta tal otro, mata a los que no huyen del seno
-de la ciudad, y vuelve a convalecer y restablecer su salud hasta la
-misma época del año siguiente. A una legua de la ciudad la salubridad
-es completa, y ni por contagio alcanza aquel azote periódico. Tenía
-en 1840 ciento dos mil habitantes, número que no aumenta en grandes
-proporciones, no obstante ser el desembarcadero de la emigración
-francesa.</p>
-
-<p>Residimos en Nueva Orleáns diez días hasta contratar pasaje para la
-Habana en un malísimo y pestilente buquecillo de vela, que como la
-falúa del Mediterráneo que me condujo de Mallorca a Argel, llevaba su
-carga de cerdos, con el aditamento de tres o cuatro tísicos moribundos,
-que partían con nosotros camarotes estrechísimos, calientes y llenos de
-telarañas. El mundo norteamericano concluía, y principiábamos a sentir
-con anticipación las colonias españolas adonde nos dirigíamos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_205">[Pg 205]</span></p>
-
-<p class="footnote" id="fn11"><a href="#fna11">[11]</a> Ha pasado al verificarlo de ventitrés.&mdash;<i>El autor.</i></p>
-
-<p class="footnote" id="fn12"><a href="#fna12">[12]</a> <i xml:lang="en" lang="en">Letters on the Paraguay.</i></p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker" />
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak" id="INDICE">INDICE</h2>
-</div>
-
-<table class="autotable">
-<tr>
-<th>
-</th>
-<th class="th tdr">
-<i>Pág.</i>
-</th>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#DOMINGO">Domingo F. Sarmiento</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#DOMINGO">4</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#ESTADOS_UNIDOS">Estados Unidos</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_7">7</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#AVARICIA">Avaricia y mala fe</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_74">74</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#GEOGRAFIA">Geografía moral</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_80">80</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#ELECCIONES">Elecciones</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_98">98</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#NUEVA">Nueva York</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_118">118</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#CANADA">Canadá</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_134">134</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#BOSTON">Boston</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_144">144</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#BALTIMORE">Baltimore, Filadelfia</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_151">151</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#WASHINGTON">Wáshington</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_156">156</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#ARTE">El Arte Americano</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_169">169</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#CINCINNATI">Cincinnati</a>
-</td>
-<td class="tdr">
-<a href="#Page_190">190</a>
-</td>
-</tr>
-</table>
-<hr class="chap x-ebookmaker" />
-
-<div class="chapter transnote">
-<h2>Notas</h2>
-
-<p class="p0">Se corrigieron errores obvios de puntuación e la ortografia. Se
-mantuvieron algunas palabras con o sin acentos como en el texto
-original cuando no se redujo la comprensión. (Obvious errors in
-punctuation and spelling were fixed. Some improperly accented words
-were left as in the original text when it did not impact comprehension.)</p>
-
-<p class="p0">Existieron alguna inconsistencia en la ortografía de los nombres de
-lugares o palabras donde parece que el autor tenia la intención de usar
-el nombre en inglés. En estes casos, se corrigió la ortografía a usar la
-correcta en inglés. (There was some inconsistency in the spelling of
-the names of places or words where it seems that the author intended to
-use the name in English. In these cases, the spelling was corrected to
-use the correct one in English.)</p>
-</div>
-
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>ESTADOS UNIDOS</span> ***</div>
-<div style='text-align:left'>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Updated editions will replace the previous one&#8212;the old editions will
-be renamed.
-</div>
-
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-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
-Defect you cause.
-</div>
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-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-</div>
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