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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Estados Unidos - -Author: Domingo Faustino Sarmiento - -Release Date: February 6, 2022 [eBook #67348] - -Language: Spanish - -Produced by: Adrian Mastronardi and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/American Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ESTADOS UNIDOS *** - - - - - - ESTADOS UNIDOS - - - - - DOMINGO F. SARMIENTO - - -Nació en San Juan el 15 de febrero de 1811. Aprendió primeras letras en -la _Escuela de la patria_; en 1821 no consiguió una beca para el -seminario de Loreto, de Córdoba; circunstancias adversas impidiéronle -continuar sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales, de Buenos -Aires. En 1826 se dedicó a enseñar los primeros rudimentos del saber a -los mocetones de San Francisco, en San Luis. Vuelto a San Juan (1872) -vióse obligado a ganarse el sustento trabajando como dependiente en -un almacén; en sus momentos libres leyó las cartillas de ciencias y -artes que estaban allí de venta. Desde esa fecha hasta su muerte vivió -estudiando y enseñando. - -Afiliado al unitarismo, desde 1829, tocóle emigrar a Chile. Allí -fué maestro de escuela municipal en una aldea, abrió un despacho de -bebidas, fué dependiente de comercio, trabajó en una mina, hasta -regresar a San Juan (1837). Tuvo entonces ocasión de ensanchar sus -conocimientos, y dos años más tarde organizó un colegio y fundó un -periódico, _El Zonda_, cuya publicación le costó la cárcel. Emigró -a Chile en 1840. En Valparaíso fué redactor de _El Mercurio_ y en -Santiago fundó _El Nacional_. En 1842 organizó la Escuela Normal -de Preceptores, de que fué director, sin apartarse del periodismo de -combate. De 1845 a 1848 viajó por Europa y Estados Unidos, continuando -a su regreso las tareas educacionales y periodísticas. En 1852 se -incorporó al ejército de Urquiza, apartándose de éste poco después -de caer Rosas. Emigró nuevamente, y en Chile rompió su amistad con -Alberdi, para siempre. Con varia fortuna política fué muchas veces -diputado, senador, ministro, gobernador de San Juan (1862-1864) y -Presidente de la República (1868-1874). Fué repetidamente Director y -Superintendente de Escuelas, provincial y nacional, tocándole sostener -luchas memorables con los partidos reaccionarios, en defensa de la -escuela laica. - -Su enorme labor escrita (Obras Completas, LII volúmenes) es, en -grandísima parte, periodística y de oportunidad. Sus obras principales -son: _Facundo_ (1845), _De la educación popular_ (1848), _Argirópolis_ -(1850), _Recuerdos de Provincia_ (1850), _Comentarios de la -Constitución_ (1853), _Conflicto y armonías de las razas en América_ -(1883), etc. - -Su característica fué la lucha por la educación pública. Por el -número y la variedad de sus iniciativas, no tiene parangón con ningún -otro americano; su eficacia como agitador de espíritus fué absoluta, -ejercitando para ello sus dos vocaciones fundamentales: el magisterio y -el periodismo. Centuplicando su vida en un perenne afán de aprender y -enseñar, dejó rastro firme en cuantas cosas posó su mano. - -El 11 de septiembre de 1888, falleció en el Paraguay, donde fuera en -busca de remedio a sus achaques. La posteridad, unánime, le ha señalado -como el más eminente de los argentinos. - - - - - “LA CULTURA ARGENTINA” - - DOMINGO F. SARMIENTO - - VIAJES - - III - - ESTADOS UNIDOS - - [Illustration: Publisher’s Logo; imagen del editor] - - - ADMINISTRACION: - VACCARO, Avenida de Mayo 638.--Buenos Aires - 1922 - - - - - ESTADOS UNIDOS - - - _Señor don Valentín Alsina._ - - Noviembre 12 de 1847. - -Salgo de los Estados Unidos, mi estimado amigo, en aquel estado de -excitación que causa el espectáculo de un drama nuevo, lleno de -peripecias, sin plan, sin unidad, erizado de crímenes que alumbran -con su luz siniestra actos de heroísmo y abnegación, en medio de los -esplendores fabulosos de decoraciones que remedan bosques seculares, -praderas floridas, montañas sañudas, o habitaciones humanas en cuyo -pacífico recinto reinan la virtud y la inocencia. Quiero decirle -que salgo triste, pensativo, complacido y abismado; la mitad de mis -ilusiones rotas o ajadas, mientras que otras luchan con el raciocinio -para decorar de nuevo aquel panorama imaginario en que encerramos -siempre las ideas que no hemos visto, como damos una fisonomía y un -metal de voz al amigo que sólo por cartas conocemos. Los Estados Unidos -son una cosa sin modelo anterior, una especie de disparate que choca a -la primera vista, y frustra la espectación pugnando contra las ideas -recibidas, y no obstante este disparate inconcebible es grande y noble, -sublime a veces, regular siempre; y con tales muestras de permanencia -y de fuerza orgánica se presenta, que el ridículo se deslizaría sobre -su superficie como la impotente bala sobre las duras escamas del -caimán. No es aquel cuerpo social un ser deforme, monstruo de las -especies conocidas, sino como un animal nuevo producido por la creación -política, extraño como aquellos megaterios cuyos huesos se presentan -aún sobre la superficie de la tierra. De manera que para aprender o -contemplarlo, es preciso antes educar el juicio propio, disimulando -sus aparentes faltas orgánicas, a fin de apreciarlo en su propia -índole, no sin riesgo de, vencida la primera extrañeza, apasionarse por -él, hallarlo bello, y proclamar un nuevo criterio de las cosas humanas, -como lo hizo el romanticismo para hacerse perdonar sus monstruosidades -al derrocar al viejo ídolo de la poética romano-francesa. - -Educados Vd. y yo, mi buen amigo, bajo la vara de hierro del más -sublime de los tiranos, combatiéndolo sin cesar en nombre del derecho, -de la justicia, en nombre de la república, en fin, como realización -de las conclusiones a que la conciencia y la inteligencia humana -han llegado, Vd. y yo, como tantos otros nos hemos envanecido y -alentado al divisar en medio de la noche de plomo que pesa sobre la -América del Sur, la aureola de luz con que se alumbra el Norte. Por -fin, nos hemos dicho para endurecernos contra los males presentes: -la república existe, fuerte, invencible; la luz se irradiará hasta -nosotros cuando el Sud refleje al Norte. ¡Y cierto, la república es! -Solo que al contemplarla de cerca, se halla que bajo muchos respectos -no corresponde a la idea abstracta que de ella teníamos. Al mismo -tiempo que en Norte América han desaparecido las más feas úlceras de -la especie humana, se presentan algunas cicatrizadas ya aún entre los -pueblos europeos, y que aquí se convierten en cáncer, al paso que -se originan dolencias nuevas para las que aún no se busca ni conoce -remedio. Así, pues, nuestra república, libertad y fuerza, inteligencia -y belleza; aquella república de nuestros sueños para cuando el mal -aconsejado tirano cayera, y sobre cuya organización discutíamos -candorosamente entre nosotros en el destierro, y bajo el duro aguijón -de las necesidades del momento; aquella república, mi querido amigo, -es un _desiderátum_ todavía, posible en la tierra, si hay Dios -que para bien dirige los lentos destinos humanos, si la justicia es un -sentimiento inherente a nuestra naturaleza, su ley orgánica y el fin de -su larga preparación. - -Si no temiera, pues, que la citación diese lugar a un concepto -equivocado, diría al darle cuenta de mis impresiones en los Estados -Unidos, lo que Voltaire hace decir a Bruto: - - Et je cherche ici Rome, et ne la trouve plus! - -Como en Roma o en Venecia existió el patriarcado, aquí existe -la democracia; la República, la cosa pública vendrá más tarde. -Consuélenos, empero, la idea de que estos demócratas son hoy en la -tierra los que más en camino van de hallar la incógnita que dará -la solución política que buscan a obscuras los pueblos cristianos, -tropezando en la monarquía como en Europa, o atajados por el despotismo -brutal como en nuestra pobre patria. - -No espere que dé a Vd. una descripción ordenada de los Estados -Unidos, no obstante que he visitado todas sus grandes ciudades, y -atravesado o seguido los límites de veinte y uno de sus más ricos -Estados. Quiero seguir otro camino. A la altura de civilización a -que ha llegado la parte más noble de la especie humana, para que una -nación sea eminentemente poderosa o susceptible de serlo, se requieren -condiciones territoriales que nada puede suplir permanentemente. Si -Dios me encargara de formar una gran república, nuestra república _à -nous_, por ejemplo, no admitiría tan serio encargo, sino a condición -de que me diese estas bases por lo menos: espacio sin límites conocidos -para que se huelguen un día en él doscientos millones de habitantes; -ancha exposición a los mares, costas acribilladas de golfos y bahías; -superficie variada sin que oponga dificultades a los caminos de hierro -y canales que habrán de cruzar el estado en todas direcciones; y como -no consentiré jamás en suprimir lo de los ferrocarriles, ha de haber -tanto carbón de piedra y tanto hierro, que el año de gracia cuatro mil -setecientos cincuenta y uno, se estén aún explotando las minas como el -primer día. La extrema abundancia de madera de construcción sería el -único obstáculo que soportaría para el fácil descuajo de la tierra; -encargándome yo, personalmente, de dar dirección oportuna a los ríos -navegables que habrían de atravesar el país en todas direcciones, -convertirse en lagos donde la perspectiva lo requiriese, desembocar -en todos los mares, ligar entre sí todos los climas, a fin de que las -producciones de los polos viniesen en vía recta a los países tropicales -y vice versa. Luego para mis miras futuras pediría abundancia por -doquier de mármoles, granitos, pórfidos y otras piedras de cantería, -sin las cuales las naciones no pueden imprimir a la tierra olvidadiza -el rastro eterno de sus plantas. - -¡País de Cucaña! diría un francés. ¡La ínsula Barataria! apuntaría un -español. ¡Imbéciles! Son los Estados Unidos, tal cual los ha formado -Dios, y jurara que al crear este pedazo de mundo, se sabía muy bien -él, que allá por el siglo XIX, los desechos de su pobre humanidad -pisoteada en otras partes, esclavizada, o muriéndose de hambre a fin -de que huelguen los pocos, vendrían a reunirse aquí, desenvolverse -sin obstáculo, engrandecerse, y vengar con su ejemplo a la especie -humana de tantos siglos de tutela leonina y de sufrimientos. ¿Por qué -no descubrieron los romanos aquella tierra eminentemente adaptada para -la industria que ellos no ejercitaron, para la invasión pacífica del -colono, y tan pródiga de bienestar para el individuo? ¿Por qué la raza -sajona tropezó con este pedazo de mundo que tan bien cuadraba con sus -instintos industriales, y por qué a la raza española le cupo en suerte -la América del Sur, donde había minas de plata y oro e indios mansos -y abyectos, que venían de perlas a su pereza de amo, a su atraso e -ineptitud industrial? ¿No hay orden y premeditación en todos estos -casos? ¿No hay Providencia? ¡Oh! amigo, Dios es la más fácil solución -de todas estas dificultades. - -Olvidé pedir para mi república, y lo hago aquí para que conste, que se -me dé por vecinos pueblos de la estirpe española, México por ejemplo, y -allá en el horizonte, Cuba, un istmo, etc. - -No soy yo el primero que ha sido sorprendido por éste apropósito de la -naturaleza en los Estados Unidos. Un compañero de viaje escribía a uno -de sus amigos de Europa: - -“No tengo noticia de lugar alguno donde Dios se haya sobrepasado a sí -mismo como aquí. Estaba muy de buen humor, sin duda, cuando bosquejaba -estos grados 0° a 6° de longitud, Este y Oeste de Wáshington. ¡Esto es -bello y trazado con soltura! Cada río tiene seis millas de ancho, cada -lago cuatrocientas por lo menos de circunferencia; por todas partes -bosques inmensos de árboles en perfecta armonía con el paisaje. Ni una -sola colina, ni una sola isla árida; vegetación por todas partes, como -allá en sus montañas de los Pirineos”. - -En cuanto a la ordenación general de este país, daré a Vd. algunas -ligeras nociones. Supóngase un espacio cuadrado de tierra que mida -dos millones y medio de millas cuadradas, bañados por mares diversos -hacia el Sur, oriente y occidente. Al Norte un río, salido de una -cadena de lagos tan capaces como el mar Caspio, sirviéndole de límite, -y proporcionándole una línea de navegación desde lo más recóndito del -interior, hasta las costas del Atlántico. Mas como la boca del San -Lorenzo, que es aquel río término, cae fuera de los límites de los -Estados, a la altura de Montreal, se dirige hacia el Sur no más ancho -que un río, al lago Champlain, hasta tocar casi con las fuentes de -Hudson, que por este medio ofrece al emporio de Nueva York comunicación -acuática con los lagos y el alto y bajo Canadá. - -Como el cuadrado que nos hemos trazado es poco menos grande que la -Europa, necesitaba en teoría una arteria interior, por donde hubiese -de circular y penetrar la vida. Para llenar este requisito, desde las -inmediaciones del lago Erie, se desprende hacia el Sur el Mississipi, -el más caudaloso río de la tierra, y corriendo en seguida navegable -por mil quinientas millas, incorpora en su caudal las aguas del Ohio, -el Arkansas, el Illinois, el Missouri, el Tenessee, el Awash y muchos -otros que de oriente y occidente, vienen alternativamente arrastrando -sobre sus turbias ondas los productos de las plantaciones más remotas, -hasta el Golfo de México. Porque hay esto de notable en la distribución -de las aguas de Norte América, que las unas se reunen en un inmenso -receptáculo y marchan al oriente reunidas en el San Lorenzo: las otras -se dirigen hacia el Sur, y se aglomeran en el Mississipi, no quedando -independientes de aquellos dos grandes sistemas de desagüe, sino el -Hudson, el Potomack y el Susquehanna. - -Muy bisoños se habrían mostrado los yankees, si no hubiesen completado -por canales el conocido plan de la Providencia, de manera que las -mercadería del Canadá tengan camino acuático a Nueva York o a Orleans -indistintamente, recorriendo para ello una línea de navegación interna, -mayor que la que la que media entre América y Europa. Por otra parte, -como un estado americano ha de vivir necesariamente de la exportación -de sus materias primas, sus cereales y peleterías, su exposición debe -ser de preferencia al Atlántico; y su necesidad primera, que de todos -los puntos converjan y concurran sus vías de comunicación a las bocas -y orificios de aquel inmenso pólipo, cuya simple estructura no ofrece -sino tubo intestinal y bocas. Pero supóngase que el estado de larva ha -de pasar por diversas transformaciones, hasta entrar en la familia de -los animales más perfectos, y dotados de diversos sistemas, sanguíneo, -nervioso, digestivo, etc.; entonces la vida se hace más complicada, y -el animal no existe ya para la boca, sino la boca para el animal. La -vida interna haciéndose más complicada exige vasos secretorios, donde -se preparen mejor los alimentos; lo que equivale a decir, porque ya la -alegoría fastidia, que con el exceso de la población y el desarrollo -de la riqueza, nace una industria nacional, y el estado, sin disminuir -su movimiento de exportación e importación, adquiere, al fin, una -vida interna que necesita satisfacer por sí mismo y para sí mismo. -La China en Asia, la Alemania y la Francia en Europa, dan un ejemplo -de esta vida interior, que da pábulo a industrias poderosas, y mayor -acumulación de riquezas. Cuando este caso llegue para los Estados -Unidos, se concibe que las ciudades del litoral no serán los únicos -focos de riquezas, pues para promediar las distancias, habrá en el -centro del Estado, nuevos focos industriales que derramen e irradien a -los extremos, los productos del trabajo nacional. Ahora, busque Vd. en -el mapa de los Estados Unidos un punto a propósito para esta secreción -interna, reuniendo además las condiciones de viabilidad y abundancia -de elementos de fabricación, hierro, maderas, carbón, etc. Si Vd. no -lo encuentra tan pronto, yo se lo indicaré. Hacia lo interior de la -Pensilvania, los ríos Ohio, Alleghany y Monongahela se reunen para -dirigirse al Mississipi, la grande arteria que distribuye y concreta -como hemos visto el movimiento interior. - -En la confluencia de estos ríos está situada Pittsburg, que por canales -artificiales y ferrocarriles comunica con Baltimore en la bahía de -Chesapeake, Filadelfia, New York, Boston al Norte. Removiendo un -poco la superficie de la tierra sobre que está fundada Pittsburg, -se encuentra un manto de carbón de piedra, el cual se extiende unas -catorce mil millas cuadradas, esto es, un espacio un poco menor que -la Inglaterra entera. Por todo el país circunvecino y a orillas de -los ríos, los propietarios pueden bajo el hogar doméstico, abrir una -boca de mina, para extraer esta substancia, alimenticia de fábricas; -y en Marieta hemos descendido del vapor y atravesado dos calles de la -ciudad, entrándonos sin más rodeos en una mina de carbón bituminoso, -que del interior de una colina sacaban en carretillas de mano, para -hacerlo derramarse en seguida, hasta sobre la cubierta del buque que -atracan a la orilla del río a recibirlo. De alli en caravanas de -angadas informes, que sin velas, ni remos, se abandonan a merced de -la corriente de los ríos, va el carbón hasta Nueva Orleans, a hacer -concurrencia ventajosa a la leña que se corta en los inmediatos bosques -y cuyo precio se regula por el salario diario del leñador. Esto por -lo que hace al carbón, que en cuanto al hierro se le encuentra en -igual abundancia por todas partes, y gracias a estas envidiables -ventajas de posición, Pittsburg se alza hoy en medio de las selvas -americanas, envuelta en su denso manto de humo hediondo y espeso, que -la hace llamar ya el Birmingham yankee, y será el Londres futuro, por -la multitud de sus fábricas, sus algodones, que remontan desde Nueva -Orleans, para ser allí pintados o tejidos por mecanismos que avanzan -en perfección casi siempre a los inventos europeos. Como una muestra -de lo que puede ser Pittsburg, recordaré que a fines del siglo pasado, -el territorio adyacente estaba aún en poder de los salvajes; en 1800, -contenía ya, 45.000 habitantes, y en 1845, montaba la población a dos -millones. - -¡Como la población de los Estados Unidos avanza hacia el Pacífico -setecientas millas de frente por año, más tarde será necesario un foco -industrial todavía más adentro, a cuyo fin se ha dispuesto que donde el -Misouri, que corre unas 1.200 millas, se echa en el Mississipi, y no -lejos del punto en que de la parte opuesta desemboca el Ohio, haya otro -depósito de carbón de piedra que, a lo que ha podido averiguarse hasta -ahora, ocupa un área de cosa de 60.000 millas cuadradas! - -Yo no quiero hacer cómplice a la Providencia de todas las usurpaciones -norteamericanas, ni de su mal ejemplo, que en un período más o menos -remoto, puede atraerle, unirle políticamente o anexarle, como ellos -llaman, el Canadá, México, etc. Entonces, la unión de hombres libres -principiará en el Polo Norte, para venir a terminar por falta de tierra -en el istmo de Panamá. - -Para entonces estarán los lagos en el centro de la unión gigante, -y para entonces también el Estado de Michigan, envuelto como una -península por el lago del mismo nombre, el Huron, el Saint-Clair, y -la base del Erie, podrá dar fructuosa ocupación al enorme depósito de -carbón que contiene en su centro. En espectación de aquel suceso, y -por aquellos mares de agua dulce, empieza ya a surgir del haz de la -tierra, Buffalo, ciudad que sin haber sido aldea siquiera, contaba hace -un año 30.000 habitantes, y contará hoy 50.000, según los términos de -la progresión yankee. Un camino de hierro, que desde Albany atraviesa -sin pretensión alguna cinco grados de longitud, derrama en sus calles -todos los días una avenida de hombres, que desde Europa, y remontando -el Hudson, vienen a escogerse, entre los bosques intermediarios, algún -pedazo de tierra donde fijar una nueva familia, como aquellas razas -de Sem y de Jafet, que partían desde la Babel antigua a repartirse -entre sí la tierra despoblada. Igual confusión de lenguas entre los -que llegan; si bien la tierra les imprime la suya a poco andar, y -como el agua frotando las superficies angulosas de diversas piedras -conforma los guijarros cual si fueran una familia de hermanos, así, -reuniéndose, mezclándose entre sí esas avenidas de fragmentos de -sociedades antiguas, se forma la nueva, la más joven y osada república -del mundo. ¡Oh! ¡Cuánta verdad tangible hay en los misterios morales -de nuestra raza; cuántas relaciones íntimas, inevitables, muestran -las cosas físicas! La libertad emigrada al norte da al hombre que -llega alas para volar; ruedan torrentes humanos por entre las selvas -primitivas, y la palabra pasa muda sobre sus cabezas en hilos de -hierro, para ir a activar a lo lejos aquella invasión del hombre sobre -el suelo que le estaba reservado; del espíritu envejecido y experto -sobre la materia inculta aún, y esperando, desde _ab initio_, que -se le dé forma. Franklin, como Vd. sabe, fué el primero que tomó en -sus manos el terrible rayo, y lo explicó al mundo asombrado. Partiendo -del descubrimiento de Franklin (hablo en el sentido práctico del -pararrayos, con que él dotó a la humanidad), Volta, Oersted, Alexander, -Ampere, Arago, habían escrito y tentado mucho sobre la telegrafía -eléctrica, cuando Morse, norteamericano, hizo sus ensayos mediante los -30.000 pesos que el congreso de los Estados Unidos dió para costearlos. -¿No es singular que haya cabido a los Estados Unidos la gloria de -haber inventado el pararrayos y el éter sulfúrico, para ahorrar dos -grandes males a la humanidad, e impreso a los movimientos del hombre -rapideces planetarias, con la aplicación del vapor hecha por Fulton -y con la telegrafía eléctrica por Morse? En Francia dejé líneas de -telégrafos de este género en vía de ensayo, de Ruan a París, de París -a Lille, y esto para el servicio del gobierno. En los Estados Unidos -había en el momento de mi salida: de Nueva York un círculo que liga con -Wáshington, Baltimore, Filadelfia, y vuelve a Nueva York, 455 millas; -otro anillo que liga a Nueva York, New Haven, Hartford, Springfield, -Boston, y vuelve a Nueva York, 452 millas. Una línea a Albany que parte -desde el mismo centro, 150, y de allí extiende un brazo a Buffalo, 250 -millas. Otra a Rochester, 252; otra a Montreal, 205. La diligencia que -lleva diariamente la correspondencia por toda la Unión recorre 142.295 -millas, y 853 millas describen los canales artificiales. Rodean los -estados 3.600 millas de mar y 1.200 de lagos. Nueva York sirve de -puerto de navegación interna de ríos, canales y lagos de 3.000 millas; -Nueva Orleans a otra de 20.000, subdividida en ríos navegables, y que -uniéndose por el Mississippi, con los lagos y el San Lorenzo, puede -producir la más pasmosa línea de circunnavegación interior y fluvial. - -La naturaleza había ejecutado las grandes fracciones del territorio -de la Unión; pero sin la profunda ciencia de la riqueza pública que -poseen los norteamericanos, la obra habría quedado incompleta. Desde -Filadelfia a San Luis, como de Buenos Aires a Mendoza, atraviesa el -estado una gran ruta nacional, porque en este sentido el país no es -viable por canales, pues los declives de las aguas se inclinan al Sud -y al Este. Pero del lago Erie, desciende un canal navegable, que, -uniéndose al Ohio entre Cincinnati y Pittsburg, trae con fletes ínfimos -los productos del extremo norte del lago superior y del Canadá hasta -Nueva Orleans. Del extremo este del mismo lago Erie parte otro canal, -que, después de haberse puesto en contacto por una ramificación con -el lago Ontario, a la altura de Troya desemboca en el Hudson, y liga -por agua a Chicago, que está a 14 grados de distancia al occidente, -con Nueva York y Quebec. Desde Pittsburg parte un canal faldeando los -montes Alleghanies, que pone en contacto acuático a Filadelfia en -el Atlántico, con Nueva Orleans en el Golfo de México, describiendo -una ruta a través del continente, de más de mil leguas. Inútil sería -detenerse en las líneas de caminos de hierro, que completan en parte -las de lagos, o se cruzan con ellas, facilitando a cada Estado, a cada -ciudad y a cada aldea, las comunicaciones baratas, rápidas, diarias, -fáciles, al alcance de todas las fortunas, apropiadas a todas las -mercaderías. Tocqueville ha dicho que los caminos de hierro bajaron de -un cuarto los costos de transporte. Los canales han abolido casi el -flete, pues apenas es sensible; y, sin embargo, tal es la afluencia de -productos, que, estas obras, producen al Estado millones de renta anual. - -Del aspecto general del país, o de su arquitectura, como distribución -de los medios de acción puestos por Dios y utilizados y completados -por el hombre, pasaré sin transición a la aldea, centro de la vida -política, como la familia lo es de la vida doméstica. Los Estados -Unidos están en ella con todos sus accidentes, cosa que no puede -decirse de nación alguna. La aldea francesa o chilena es la negación -de la Francia o de Chile, y nadie quisiera aceptar ni sus costumbres, -ni sus vestidos, ni sus ideas, como manifestación de la civilización -nacional. La aldea norteamericana es ya todo el Estado, con su gobierno -civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su -censo, su espíritu y su apariencia. Del seno de un bosque primitivo, -la diligencia o los vagones salen a un pequeño espacio desmontado -en cuyo centro se alzan diez o doce casas. Estas son de ladrillo, -construido con el auxilio de máquinas, lo que da a sus costados la -tersura de figuras matemáticas, uniéndolos entre sí con argamasa en -filetes finísimos y rectos. Levántanse aquéllas en dos pisos cubiertas -de techumbre de madera pintada. Puertas y ventanas pintadas de blanco, -sujetan y cierran cerraduras de patente; y _stores_ verdes animan -y varían la regularidad de la distribución. Fíjome en estos detalles -porque ellos solos bastan para caracterizar un pueblo y suscitan un -cúmulo de reflexiones. La primera que me ha embargado al presenciar -tanta ostentación de riqueza y de bienestar, es la que suministra -la comparación de las fuerzas productivas de las naciones. Chile, -por ejemplo, y lo que es aplicable a Chile lo es a toda la América -española, Chile tiene millón y medio de habitantes. ¿En qué proporción -están las casas, que de tales merezcan el nombre, con las familias -que lo habitan? Pues en los Estados Unidos todos los hombres viven -en casas, tales como las que he delineado al principio, rodeados de -todos los instrumentos más adelantados de la civilización, salvo los -_pioneers_ que habitan aún los bosques, salvo los transeuntes -que se albergan en inmensos hoteles. De aquí resulta un fenómeno -económico que apuntaré ligeramente. Supongo que veinte millones de -norteamericanos habiten un millón de casas. ¿Cuánto capital invertido -en satisfacer esta sola necesidad? Fabricantes de ladrillos a la -mecánica han hecho con sus productos fortunas colosales; fábricas -de cerrajería de patente venden sus obras por cantidades cien veces -mayores que en cualquiera otra parte del mundo, para servir a menor -número de hombres. Las estufas de hierro colado que se aplican al uso -doméstico en todas las aldeas, bastarían a dar movimiento y ocupación -a las fábricas de Londres; y el avalúo de las casas que habitan los -norteamericanos en las aldeas, no diré más pobres, porque el término es -impropio, equivaldría a la riqueza territorial e inmueble de cualquiera -de nuestros estados. - -La cocina, más o menos espaciosa, según el número de individuos -de la familia, consta de un aparato económico de hierro fundido, -formando parte de él un servicio completo de cacerolas y de utensilios -culinarios, todo obra de alguna fábrica que se ocupa de este ramo. -En algún departamento interior se guardan arados del autor francés -que los inventó, y el instrumento de agricultura más poderoso que se -conoce: su reja abre un surco de media vara de ancho; una cuchilla -movible va rozando las yerbas, y el menor esfuerzo del labrador la -aparta del encuentro del tronco de un árbol. Su ligera obra de madera -está constantemente pintada de colorado, y los arneses de los caballos -que lo tiran son de obra de talabartería, lustrosa siempre y con -hebillas amarillas y adornos en bronce para ajustarlos. Las hachas de -la casa son también de patente y de la construcción más aventajada -que se conoce; pues el hacha es la trompa del elefante del yankee, su -mondadientes y su dedo, como entre nosotros el cuchillo, o la navaja -entre los españoles. Una carretela de cuatro ruedas, ligera como las -patas de un escarabajo, siempre barnizada y lustrosa como recién sacada -de la fábrica, con arneses brillantes, completos y tales como no los -llevan iguales los _fiacres_ de París, facilitan la locomoción de -los habitantes. Una máquina sirve para desgranar el maíz; otra para -limpiar el trigo; y cada operación agrícola o doméstica, llama en su -ayuda el talento inventivo de los fabricantes. El terreno adyacente -a la casa y que sirve de jardín de horticultura, está separado de la -calle o camino público por una balaustrada de madera, pintada de blanco -en toda su extensión y de la forma más artística. No se olvide Vd. que -estoy describiéndole una pobre aldea que aún no cuenta doce casas, -rodeada todavía de bosques no descuajados y apartada por centenares -de leguas de las grandes ciudades. Mi aldea, pues, tiene varios -establecimientos públicos, alguna fábrica de cerveza, una panadería, -varios bodegones o figonerías, todos con el anuncio en letras de oro, -perfectamente ejecutadas por algún fabricante de letras. Este es un -punto capital. Los anuncios en los Estados Unidos son por toda la Unión -una obra de arte, y la muestra más inequívoca del adelanto del país. -Me he divertido en España y en toda la América del Sud, examinando -aquellos letreros donde los hay, hechos con caracteres raquíticos, -jorobados y ostentando, en errores de ortografía, la ignorancia supina -del artesano o aficionado que los formó. - -El norteamericano es un literato clásico en materia de anuncios, y una -letra chueca o gorda, o un error ortográfico expondría al locatario -a ver desierto su mostrador. Dos hoteles ha de haber por lo menos -en la aldea para alojamiento de los pasajeros; una imprenta para un -diario diminuto, un banco y una capilla. La oficina de la posta recibe -diariamente los periódicos de la vecindad o las grandes ciudades, a que -están subscriptos los aldeanos; y cartas, paquetes y transeuntes han -de llegar y salir de ella diariamente; pues el transporte de la mala, -aún a los puntos más distantes, se hace en vehículos de cuatro ruedas -y con comodidades para pasajeros. Las calles, que se van delineando -a medida que la población crece, tienen como las grandes ciudades, -treinta varas de ancho, inclusas las aceras de seis varas que deben -quedar de cada costado, sombreadas por líneas de árboles que desde -luego plantan. El centro de la calle es, mientras no hay medios de -empedrarlo, un ciénago en que hozan todos los cerdos de la aldea, los -cuales ocupan tan encumbrado lugar en la economía doméstica, que sus -productos en toda la Unión corren parejas con los cultivos de trigo. - -Y como es regla que según el nido ha de ser el pájaro, diré una palabra -sobre el villano. Si es bodegonero, almacenero o de otra profesión -secundaria, su traje diario se compone de las piezas siguientes: botas -charoladas, pantalón y frac de paño negro, chaleco de raso ídem, -corbata de gró, un pequeño casquete o gorrita de paño; y pendiente -de un cordón negro, un chisme de oro que representa un lápiz o una -llave. En la punta de este cordón y muy sumido en el bolsillo está la -pieza más curiosa del traje del yankee. Si Vd. quiere estudiar las -transformaciones que el reloj ha experimentado desde su invención -hasta nuestros días, pida Vd. la hora a cuanto yankee encuentre. Verá -Vd. relojes fósiles, relojes mastodontes, relojes fantasmas, relojes -guarida de sabandijas, relojes de tres pisos, inflados, con puente -levadizo y escalera secreta, para descender con linterna a darles -cuerda. El padrón del reloj de Dulcamara, en el _Elixir de Amor_, -emigró con los primeros puritanos, y sus descendientes gozan del -derecho de ciudadanía, y están alistados en el partido temible de los -_nativistas_, que profesan las doctrinas del _americanismo_ -más exaltado. Cada buque que llega de Europa trae centenares de estos -emigrantes, los cuales, vendidos a la mejor postura en Nueva York, -Boston, Nueva Orleans, Baltimore, desde el precio de doce reales para -arriba, proveen a esta demanda nacional y popular de relojes. Tiene -el yankee una cartera en el bolsillo, y al acostarse en la cama traza -a la ligera jeroglíficos que indican el camino que tiene trazado a -sus acciones del día siguiente. No se crea que hay exageración en -esta común distribución de los medios civilizados a las aldeas como a -las ciudades, y a los hombres de todas clases. Tomo a la ventura las -villitas más pequeñas, cuya descripción me cae a la mano. Bennington -contiene un consistorio, una iglesia, dos academias (colegios), un -banco y cerca de 300 habitantes. - -Norwich, en la orilla derecha del Connecticut, contiene varias -iglesias, un banco y 700 habitantes. - -Haverhill tiene un consistorio, un banco, una iglesia, una academia y -sesenta casas, etc. - -Hacia el Oeste, donde la civilización declina, y en el _Far West_, -donde casi se extingue, por el desparramo de la población en las -campañas, el aspecto cambia, sin duda: el bienestar se reduce a lo -estrictamente necesario, y la casa se convierte en el _log house_, -construido en veinticuatro horas, de palos superpuestos y cruzándose -en las esquinas por medio de muescas; pero aún en estas remotas -plantaciones, hay igualdad perfecta de aspecto en la población, en el -vestido, en los modales, y aún en la inteligencia; el comerciante, -el doctor, el _sheriff_, el cultivador, todos tienen el mismo -aspecto. El campesino es padre de familia, es propietario de doscientos -acres de tierra o de dos mil, no importa para el caso. Sus instrumentos -aratorios, sus _engines_, son los mismos, es decir, los mejores -conocidos; y si acierta a darse en la vecindad un mitin religioso, de -lo profundo de los bosques, descendiendo de las montañas, asomándose -por todos los caminos, veráse los campesinos a caballo en grandes -cabalgatas, con su pantalón y su frac negro, y las niñas con los -vestidos de los géneros más frescos y las formas más graciosas. A bordo -de un vapor en una larga navegación, habíame tocado de vez en cuando -acercarme a un sujeto perfectamente vestido y que se hacía notar por -el cortés desembarazo de los modales. Una mañana, al acercarnos a una -ciudad, le ví, no sin sorpresa, sacar de su camarote un caja, templarla -y comenzar a tocar la llamada, invitando al enganche a los jóvenes del -lugar. ¡Era tambor! A veces la cadena del reloj caía sobre el parche -y embarazaba momentáneamente el juego de los palillos. La igualdad -es, pues, absoluta en las costumbres y en las formas. Los grados de -civilización o de riqueza no están expresados como entre nosotros por -cortes especiales de vestido. No hay chaqueta, ni poncho, sino un -vestido común y hasta una rudeza común de modales que mantiene las -apariencias de igualdad en la educación. - -Pero aún no es esta la parte más característica de aquel pueblo: es su -aptitud para apropiarse, generalizar, _vulgarizar_, conservar y -perfeccionar todos los usos, instrumentos, procederes y auxilios que la -más adelantada civilización ha puesto en manos de los hombres. En esto -los Estados Unidos son únicos en la tierra. No hay rutina invencible -que demore por siglos la adopción de una mejora conocida; hay por el -contrario una predisposición a adoptar todo. El anuncio hecho por un -diario de una modificación en el arado, por ejemplo, lo transcriben -en un día todos los periódicos de la Unión. Al día siguiente se habla -de ello en todas las plantaciones, y los herreros y fabricantes han -ensayado en doscientos puntos de la Unión esta práctica. Id a hacer o a -esperar cosa semejante en un siglo en España, Francia o nuestra América. - -El diccionario de Salvá, porque el de la Academia no hace fe hoy, dice, -definiendo la palabra _civilización_, que es “aquel grado de -cultura que adquieren pueblos y personas, cuando de la rudeza natural -pasan al primor, elegancia y dulzura de voces y costumbres propio de -gente culta”. Yo llamaría a esto _civilidad_; pues, las voces -muy relamidas, ni las costumbres en extremo muelles, representan la -perfección moral y física, ni las fuerzas que el hombre civilizado -desarrolla para someter a su uso la naturaleza. - -Después de las aldeas de los Estados Unidos, llama de preferencia -la atención del viajero el movimiento de los caminos que las unen -entre sí, ya sean carriles, macadamizados, ferrocarriles o ríos -navegables. Si Dios llamara repentinamente a cuentas al mundo, -sorprendería en marcha, como a las hormigas, a los dos tercios de -la población norteamericana, de donde resulta lo mismo que he dicho -de los edificios; pues viajando todos, no hay empresa imposible ni -improductiva en materia de viabilidad. Ciento veinte leguas de camino -de hierro se hacen en veinticuatro horas desde Albany hasta Buffalo -por doce pesos; y por quince, inclusas cuatro opíparas y suculentas -comidas diarias, dos mil doscientas millas de navegación de vapor en -diez días, desde Cincinnati hasta Nueva Orleans, por los ríos Ohio o -Mississippi. El vapor o el convoy del ferrocarril atraviesa bosques -primitivos, entre cuyas enramadas, obscuras y solitarias, teme el -viajero meditabundo ver aparecer el último resto de las tribus salvajes -que no hace diez años llamaban a aquellos parajes las cacerías de sus -padres. - -La concurrencia de los pasajeros permite la baratura del pasaje; y -la baratura del pasaje tienta a viajar a los que no tienen objeto -preciso para ello; el yankee sale de su casa a respirar un poco de -aire, a tomar un paseo, y hace de ida y vuelta cincuenta leguas en un -vapor o un convoy, y vuelve a continuar sus ocupaciones. Cuando el -ojo certero de la industria descubre un trayecto de ferrocarril, una -asociación lo abre lo suficiente para indicar la vía; de los árboles -volteados se hacen las líneas del futuro ferrocarril, poniéndoles -sobrepuestas planchuelas delgadas de hierro. El convoy se lanza con -tiento al principio, equilibrándose, aquí caigo, allí levanto sobre -esta peligrosa vía; los pasajeros llueven de todas partes y con los -productos que dejan, se construye entonces el verdadero camino, nunca -seguro, por no hacerlo costoso, lo que no aumenta en mucho el número de -desgracias. El convoy es siempre cómodo, espacioso, y si los cojines -no son tan muelles como los de la primera clase en Francia, no son -tampoco tan estúpidamente duros como los de segunda en Inglaterra; -pues en los Estados Unidos, no habiendo sino una clase en la sociedad, -la cual la forma _el hombre_, no hay tres y aún cuatro clases -de vagones, como sucede en Europa. Pero, donde el lujo y la grandeza -norteamericanas se ostentan sin rival en la tierra, es en los vapores -de los ríos del norte. Cloacas o cáscaras de nuez parecerían a su lado -los que navegan en el Mediterráneo. Son palacios flotantes de tres -pisos, con galerías y azoteas para pasearse. Brilla el oro en los -capiteles y arquitrabes de las mil columnas que, como en el _Isaac -Newton_, flanquean cámaras monstruos, capaces de contener en su seno -al senado y cámara de diputados. Colgaduras de damasco artísticamente -prendidas disimulan los camarotes para quinientos pasajeros, comedores -colosos con mesa sin fin de caoba bruñida y servicio de porcelana y -plata para mil comensales. Puede este buque recibir dos mil pasajeros; -tiene 750 lechos, 200 camarotes independientes; mide 341 pies de largo, -85 de ancho, y carga además 1.450 toneladas. - -El vapor _Hendrick_ mide 341 pies de largo y 72 de ancho; tiene -150 camarotes independientes; 600 lechos con colchones de pluma, dando -_accommodations_ en general para dos mil pasajeros, todo por un -dólar, corriendo la distancia de 144 millas. Un habitante de Nueva York -va a Troya o Albany en la noche; habla por la mañana del día siguiente -con su corresponsal, y en la tarde está en Nueva York de regreso, a -vacar de las ocupaciones del día, habiendo hecho en la interrupción -de diez o doce horas de tiempo hábil, cien leguas de camino. El -sudamericano que acaba de desembarcar de Europa, donde se ha extasiado -admirando los progresos de la industria y el poder del hombre, se -pregunta atónito al ver aquellas colosales construcciones americanas, -aquellas facilidades de locomoción, si realmente la Europa está a la -cabeza de la civilización del mundo. Marinos franceses, ingleses y -sardos, he visto expresar sin disimulo su asombro de encontrarse tan -pequeños, tan atrás de este pueblo gigantesco. - -Hay en aquellos buques del Hudson un _sancta sanctorum_, en cuyo -recinto no penetra el ojo del profano, una morada misteriosa, de -cuyas delicias puede cuando más tenerse sospechas por las bocanadas -de perfumes que se escapan al abrirse momentáneamente la puerta. -Los norteamericanos se han creado costumbres que no tienen ejemplo -ni antecedentes en la tierra. La mujer soltera, o el _hombre de -sexo femenino_, es libre como las mariposas hasta el momento de -encerrarse en el capullo doméstico para llenar con el matrimonio sus -funciones sociales. Antes de esta época viaja sola, vaga por las calles -de las ciudades y mantiene amoríos castos a la par que desenvueltos -a la luz del público, bajo el ojo indiferente de sus padres. Recibe -visitas de personas que no se han presentado a la familia, y a las dos -de la mañana vuelve de un baile a su casa acompañada por aquel con -quien ha valseado o polkeado exclusivamente toda la noche. Los buenos -puritanos de sus padres la hacen bromas a veces con el tal, de cuyos -amores han sido instruídos por la voz pública, y la taimada se complace -en derrotar las conjeturas, desmintiendo la evidencia. - -Después de dos o tres años de _flirtear_, este es el verbo -norteamericano, bailes, paseos, viajes y coqueterías, la niña de la -historia, en el almuerzo y como quién no quiere la cosa, pregunta a -sus padres si conocen a un joven alto, rubio, maquinista de profesión, -que suele venir a verla, de vez en cuando, todos los días. Hacía un -año que estaban esperando esta introducción. El desenlace es que hay -en la familia un enlace convenido, de que se da parte a los padres -la víspera, los cuales ya lo sabían por todas las comadres de la -vecindad. Celebrado el desposorio, los novios toman en el acto el -próximo camino de hierro, y salen a ostentar su felicidad por bosques, -villas, ciudades y hoteles. En los vagones se las ve siempre a estas -encantadoras parejas de jóvenes de veinte años, abrazados, reposándose -el uno en el seno del otro, y prodigándose caricias tan expresivas que -edifican a todos los circunstantes, haciéndoles formar el propósito -de casarse inmediatamente, aún a los más contumaces solterones. No -puede hacerse en términos más insinuantes que esta exposición al aire -libre de las embriagueces matrimoniales, la propaganda del casamiento. -Debido a esto es que el yankee no llega nunca a la edad de veinte -y cinco años sin tener ya una familia numerosa; y yo no me explico -de otro modo la asombrosa propagación de la especie en aquel suelo -afortunado. En 1790 la población constaba de cerca de cuatro millones; -1800, cinco millones; 1810, siete millones; 1820, nueve millones; 1830, -doce millones; 1840, diez y siete millones; 1850, contará veinte y tres -millones. La inmigración influye en estas cifras; pero en proporciones -limitadas. El inmigrante no es un animal prolífico, hasta que ha -recibido el baño yankee. - -Volviendo, pues, a los millares de novios que andan enardeciendo y -vivificando la atmósfera con sus hálitos de primavera, los vapores del -Hudson y de otros ríos clásicos les tienen preparados departamentos -_ad hoc_. ¡Llámase este recinto la _cámara de la novia_! -Vidrios de colores esmaltados imprimen a la discreta luz que penetra -en ella, todos los suaves colores del iris; lámparas rosadas arden -por la noche; y de noche y de día el perfume de las flores, las aguas -odoríferas y los aromas que se queman aguzan la sed de placer que -consume a sus escogidos moradores. Las fábricas de París no han creado -damascos ni muselinas suficientemente costosas, para envolver entre sus -sueltos pliegues y bajo techumbres doradas las legítimas saturnales -de la _cámara de la novia_. Después de haber visto la cascada -del Niágara, bañándose en las fuentes termales de Saratoga, pasado -en revista cien ciudades y recorrido mil leguas de país, los novios -vuelven, después de quince días, extenuados, maravillados y contentos, -a aburrirse santamente en el hogar doméstico. La mujer ha dicho adiós -para siempre al mundo, de cuyos placeres gozó tanto tiempo con entera -libertad; a las selvas frescas de verdura, testigos de sus amores, a -la cascada, a los caminos y a los ríos. En adelante, el cerrado asilo -doméstico es su penitencia perpetua; el _roastbeef_ su acusador -eterno; el hormigueo de chiquillos rubios y retozones, su torcedor -continuo; y un marido incivil, aunque _good natured_, sudón de día -y roncador de noche, su cómplice y su fantasma. Atribuyo a aquellos -amores ambulantes en que termina el _flirteo_ americano, la -manía de viajar que distingue al yankee, de quien puede decirse que -nace viajero. El furor de viajar crece en proporciones espantosas año -por año. Los productos de todas las obras públicas, ferrocarriles, -puentes y canales en los diversos estados, en 1844, comparados con -los de 1843, mostraron un aumento de cuatro millones de dóllars; lo -que hizo subir en solo aquel año de ochenta millones el valor de los -trabajos, computando el rédito al cinco por ciento. Sabe de memoria -todas las distancias, y a la vista de una ciudad, en los vagones o en -los vapores, hay un movimiento general de echar mano a la faltriquera, -desdoblar el mapa topográfico de los alrededores y señalar con el dedo -el punto de la cuestión. Una sola casa de Nueva York ha vendido en diez -años millón y medio de atlas y mapas para el uso popular. Es seguro -que en París no hay ninguna que haya hecho emisión igual para proveer -al mundo entero. Cada estado tiene su carta geológica, que muestra la -composición del suelo y los elementos explotables que contiene; cada -condado su carta topográfica en diez ediciones diversas de todos los -tamaños y de todos los precios. Apenas se tiró el primer cañonazo en -la frontera mejicana, la Unión fué inundada por millones de mapas de -Méjico, en los cuales el yankee traza los movimientos del ejército, -da batallas, avanza, toma a la capital y se estaciona allí, hasta que -las nuevas noticias venidas por el telégrafo, lo orientan sobre la -verdadera posición de los ejércitos, para hacerlos marchar de nuevo, -con el dedo puesto en el mapa y a fuerza de conjeturas y cálculos, -lo pone _a la hora de ésta_ dentro de la ciudad de Méjico. Los -mejicanos pueden ir a recibir lecciones de los leñadores yankees sobre -la topografía, producciones y ventajas del país que sin conocer habitan. - -Pero continuemos un poco describiendo la fisonomía de los caminos. En -los lagos y en otros ríos de mayor longitud que el Hudson, los vapores -se acercan a los barrancos en puntos determinados, para renovar su -provisión de leña, operación que se hace en menos tiempo que el cambio -de mulas en las postas españolas o la renovación de pasajeros. Del -centro de un bosque secular y por sendas apenas practicables, vese -salir una familia de señoras en _toilette_ de baile, acompañadas -por caballeros vestidos del eterno frac negro, variado a veces por un -paletó, y cuando más un anciano con _surtú_ de terciopelo a la -puritana; cabellos blancos y largos hasta los hombros, a lo Franklin, -y sombrero redondo de copa baja. El carruaje que los conduce es de la -misma construcción y tan esmeradamente barnizado como los que circulan -en las calles de Washington. Los caballos con arneses relucientes, -pertenecen a la raza inglesa, que no ha perdido nada de su esbelta -belleza ni de su árabe conformación al emigrar al nuevo mundo; porque -el norteamericano, lejos de barbarizar como nosotros los elementos que -nos entregó al instalarnos colonos la civilización europea, trabaja por -perfeccionarlos más aún y hacerles dar un nuevo paso. El espectáculo -de esta _decencia_ uniforme, y de aquel bienestar general, si -bien satisface el corazón de los que gozan en contemplar a una porción -de la especie humana, dueña en proporciones comunes a todos, de los -goces y las ventajas de la asociación, cansa, al fin, la vista por su -monótona uniformidad; desluciendo el cuadro, a veces, la aparición de -un campesino con vestidos desordenados, levita descolorida y sucia, o -frac hecho harapos, lo que trae a la memoria del viajero el recuerdo -de los mendigos españoles o sudamericanos, de tan ingrata apariencia. -No hermosean el paisaje, por ejemplo, aquellos trajes romanescos de la -campiña de Nápoles; el sombrero con pluma empinada de las aguadoras -de Venecia; la mantilla de las manolas sevillanas; ni las vestiduras -recamadas de oro de las judías de Argel u Orán. ¡La Francia misma, que -manda a todos los pueblos el despótico decreto de sus modas, entretiene -al viajero con las cofias de las mujeres de campaña, invariables y -características en cada provincia, llegando en las inmediaciones de -Burdeos a asumir la aterrante altura de dos tercios de vara sobre la -cabeza, como aquellas peinetas formadas de la concha de un galápago -entero, que llenas de orgullo llevaron en un tiempo las damas de Buenos -Aires; analogía que unida a los pabellones y espuelas chilenos, me ha -hecho sospechar que el espíritu de provincia, de aldea, es por todas -partes fecundo en cosas abultadas! - -Una paisanota de los Estados Unidos se conoce apenas por lo sonrosado -de sus mejillas, su cara redonda y regordeta y el sonreir candoroso y -_hébété_ que la distingue de las gentes de las ciudades. Fuera de -esto y un poco de peor gusto y menos desenfado para llevar la cachemira -o la manteleta, las mujeres norteamericanas pertenecen todas a una -misma clase, con tipos de fisonomía que por lo general honran a la -especie humana. - -En este viaje que con usted, mi buen amigo, ando haciendo por todas -partes en los Estados Unidos, ya sea que nos paseemos en las galerías -o sobre la cubierta de los vapores, ya sea que prefiramos el más -sedentario vehículo de los ferrocarriles, al fin hemos de llegar, no -diré a las puertas de una ciudad, frase europea y que está indicando -las prisiones de que están circundadas, sino al desembarcadero, desde -donde, con trescientos pasajeros más, iremos a _acuartelarnos_ -en uno de los magníficos hoteles cuyas carrozas con cuatro caballos -y domésticos elegantes, si no queremos seguir a pie la procesión con -nuestro saco de viaje bajo el brazo, nos aguardan a la puerta. Al -acercarse el vapor en que descendía el Mississipí, volviendo una de las -semicirculares curvas que describe aquella inmensa cuanto quieta mole -de agua, nos señalaron en el horizonte, dominando masas escalonadas de -bosques matizados por el otoño y a cuya base se extienden en líneas -de esmeralda las dilatadas plantaciones de azúcar, la cúpula de San -Carlos, consoladora muestra, después de 700 leguas de agua y bosque, -de la proximidad de Nueva Orleáns; y aunque el aspecto del paisaje -circunvecino no favorece la comparación, la vista de aquella lejana -cúpula me trajo a la memoria la de San Pedro en Roma, que se divisa -desde todos los puntos del horizonte como si ella sola existiese allí; -mostrándose tan colosal a veinte leguas, como no se la cree cuando es -considerada de cerca. Por fin, iba a ver en los Estados Unidos una -basílica de arquitectura clásica y de dimensiones dignas del culto. -Alguien nos preguntó si teníamos hotel para nuestro alojamiento, -indicándonos el de San Carlos, como el más bien servido. Desde la -cúpula, añadió, podrán ustedes tener al salir el sol el panorama más -vasto de la ciudad, el río, el lago y las vecinas campiñas. El San -Carlos que alzaba su erguida cabeza sobre las colinas y bosques de los -alrededores, el San Carlos que me había traído la reminiscencia de San -Pedro en Roma, ¡no era más que una fonda! - -He aquí el pueblo rey que se construye palacios para reposar la cabeza -una noche bajo sus bóvedas; he aquí el culto tributado al hombre, en -cuanto hombre, y los prodigios del arte empleados, prodigados para -glorificar a las masas populares. Nerón tuvo su Domus Aurea; ¡entre los -romanos, los plebeyos tenían sus catacumbas tan sólo para abrigarse! - -Nuestra admiración en nada disminuyó al acercarnos a la base del -soberbio palacio que envidiaran muchos príncipes europeos, y que -en los Estados Unidos, a excepción del Capitolio de Wáshington, -monumento alguno civil o religioso le es superior en dimensiones y -buen gusto. Sobre una subconstrucción de granito, destinada a bodegas -y almacenes, se alza un basamento de mármol blanco, que sirve de base -a doce columnas estriadas de orden compósito, y seis de las cuales, -avanzándose sobre el plan general, sostienen un bellísimo frontón. El -lienzo de las murallas que a ambos lados continúan el frontispicio, -contiene entre la altura correspondiente a la que media entre el -basamento y el arquitrabe de las columnas, cuatro órdenes de pisos, -conservando, sin embargo, sus ventanas proporciones arquitectónicas. -Debajo del pórtico formado por el frontón está la estatua de Wáshington -jupiterino, que guarda la entrada, la cual conduce a una espaciosa -rotonda, pavimentada de mármol, y que corresponde a la gran cúpula que -reposa sobre ella. En este espacioso recinto están distribuídas mesas -recargadas de colecciones de periódicos de toda la Unión y los de -Europa de quince días anteriores. - -Las oficinas de la contaduría de la casa ocupan el frente; escalas -soberbias se enroscan en el aire sobre sí mismas cual serpientes de -bronce, para dar ascenso en todas direcciones a las habitaciones -superiores, hasta la misma cúpula, rodeada de una galería de columnas -corintias, en que termina el monumento. Profusa y ordenada turba de -sirvientes están prontos a obedecer la menor indicación del viajero; y -una chimenea que puede contener una tonelada de carbón de piedra, le -entretiene y conforta en el invierno, mientras se registra su nombre -en el gran libro, siempre abierto para este fin, y se le señalan -habitaciones a donde transportar su equipaje. Una iluminación de gas -poderosa distribuye por mil picos esparcidos en todo el ámbito del -edificio torrentes de luz solar. A la izquierda se extiende hacia el -fondo de la construcción el comedor, rodeado de columnas, alumbrado -por arañas colosales de bronce, y suficientemente ancho para contener -tres mesas de caoba que corren paralelas a lo largo del salón una -distancia de algo menos de media cuadra. Setecientos comensales -se reunen en torno de estas mesas en el invierno, época de mayor -actividad y concurrencia en Nueva Orleans. El interior del edificio -corresponde en lujo a estas colosales exterioridades. Mi compañero de -viaje, dominado por ideas sociales de un orden superior, se había en -conversaciones anteriores, mostrado punto menos que indiferente sobre -las ventajas de este o el otro sistema de gobierno. Pero, al recorrer -las calles internas que dan comunicación a centenares de habitaciones, -decoradas éstas con todas las gradaciones de lujo que pueden exigir -la condición diversa de los huéspedes, y que según él, se extendían a -distancias fabulosas, estoy convertido, me decía, por la intercesión -de San Carlos; ahora creo en la república, creo en la democracia, -creo en todo; perdono a los puritanos, aun aquel que comía salsa de -tomate crudo con la punta del cuchillo y antes de la sopa. ¡Todo debe -perdonársele, sin embargo, al pueblo que levanta monumentos a la sala -de comer, y corona con una cúpula como ésta la cocina! - -El San Carlos, no obstante ser el San Pedro de los hoteles, no es por -eso ni el más espacioso ni el más sólido de los palacios populares, -si bien ha costado 700.000 duros su construcción. Cada gran ciudad de -los Estados Unidos se envanece de poseer dos o tres hoteles monstruos, -que luchan entre sí en lujo y _comfort_, menudeando al pueblo a -precios ínfimos. El _Astor-Hotel_ en Nueva York es una soberbia -construcción en granito que ocupa con su mole un costado de la plaza -de Wáshington; y en ninguno de los templos que abundan en aquella -ciudad se han invertido mayores sumas. Después que he visitado los -Estados Unidos, y visto los resultados obtenidos allí espontáneamente, -me he formado una rara preocupación, y es que para saber si una -máquina, un invento, o una doctrina social es útil y de aplicación o -desenvolvimiento futuro, se ha de poner a prueba en la piedra de toque -de la espontánea aplicación de los yankees. Los hoteles hacen hoy un -papel primordial en la vida doméstica de las naciones. Los pueblos -estacionarios, como la España y sus derivados, no necesitan hotel, -bástales el hogar doméstico; en los pueblos activos, con vida actual, -con porvenir, el hotel estará más arriba que toda otra construcción -pública. Hace cien años el hotel se conocía apenas en París, y no lo -era en todo el resto de la Europa. Hace 40 años que Fourier basaba su -teoría social en cuanto a habitaciones, en el falansterio, o el hotel, -capaz de contener dos mil personas, proporcionándoles comodidades -que no puede obtener la familia aislada en el hogar doméstico. La -prueba de que Fourier no andaba errado, es el hotel norteamericano, -que siguiendo la simple impulsión de conveniencia, ha tomado ya la -forma monumental y dimensiones punto menos que falansterianas. Las -iglesias cristianas subdivididas en sectas en los Estados Unidos, de -catedrales que eran antes, han descendido a capillas. Las flechas -del templo bajan a medida que las creencias se subdividen, mientras -que el hotel hereda la cúpula del tabernáculo antiguo, y toma las -formas de las termas de los emperadores, donde la importancia del -individuo ha llegado a la altura de la democracia norteamericana. La -arquitectura religiosa continúa secándose y marchitándose, al paso -que la arquitectura popular improvisa en todos los Estados Unidos, -formas, dimensiones y ordenanzas que acabarán por serle peculiares. -El banco americano es una construcción sólida como la caja de hierro, -con frontis jónico, y si no es jónica la construcción, es egipcia. -¿Por qué caen los yankees en estos órdenes tan macizos, para encerrar -la caja de hierro? Sobre todos los monumentos americanos se alza un -pararrayos; y domina ya el uso arquitectónico de poner en la cúspide de -las cúpulas, a guisa de pináculo, la estatua de Franklin, sosteniendo -el pararrayos. ¡Ya tenemos, pues, un Mercurio, encargado de guardar -el asilo doméstico, o una Santa Bárbara abogada contra rayos! Si los -americanos no han creado, pues, un orden de arquitectura, tendrán, -por lo menos, aplicaciones nacionales, carácter y forma sugeridos -por las instituciones políticas y sociales, como ha sucedido con -todas las arquitecturas que nos ha legado la antigüedad. Una rara -confusión reina hoy en Europa sobre la aplicación de las bellas -artes. El restablecimiento y reparación de las catedrales góticas, ha -seguido al movimiento de la literatura llamada romántica. El panteón -creado por la República francesa ha quedado acéfalo, como si esperara -aún tiempos mejores para llenar su objeto. El templo de la gloria -edificado por Napoleón, la construcción más griega, más olímpica que -vieron nunca romanos o franceses, es hoy el templo de la Magdalena, -cuya arquitectura risueña y plácida parece burlarse de las lágrimas -de la arrepentida Loreta de Jerusalén; y las imágenes de la virgen y -de los santos han ido a confundirse en los museos, y tenerse hombro -con hombro con las estatuas de los dioses paganos, o las desnudeces -de la pintura profana, en Roma, Londres, Dresde, o Florencia. En los -Estados Unidos las formas exteriores se apropian a los objetos del -culto, perdóneme la expresión. El Banco en jónico; el hotel en corintio -a veces, y monumental siempre, y el inventor del pararrayos tiene ya -su puesto elevado y su función arquitectónica, y hasta el piñón de la -arquitectura romana ha sido prolongado, para hacer de él la imagen de -la mazorca de maíz, símbolo de la agricultura americana. - -En cuanto a la distribución interior del grande hotel, nada de más -normal que la ordenanza común a todos estos establecimientos. A la -entrada un pórtico, que contiene las oficinas de administración. Un -registro en que el huésped entrante inscribe su nombre, y a cuyo -margen el oficinista anota el número 560, o 227, que es el de la -cámara que se le destina, y cuya campanilla, como todas las de la -casa, cae en cerradas hileras a la misma oficina. En el vestíbulo -están fijados todos los carteles de la ciudad para conocimientos del -viajero. La representación teatral, el _meeting_, el sermón -del día, los vapores que parten, el movimiento de los caminos de -hierro, etc. En un salón inmediato está el gabinete de lectura que -contiene los principales diarios de la Unión y las últimas fechas de -Europa. Un salón de fumar, y cuatro o cinco salas de conversación y -de recibo, completan por esta parte las comodidades públicas de la -casa. Baños termales están a toda hora a disposición de los huéspedes. -Las señoras tienen igualmente sus salones de recibo y de tertulia, -decorados con gracia y lujo. Dos o tres pianos entran en el material -de estos establecimientos. A las 7 y media de la mañana la vibración -insoportable del _hong-hong_ chino, recorriendo todas las galerías de -comunicación, avisa a los habitantes que es llegada la hora de ponerse -de pie. A las ocho nuevo y más prolongado rumor anuncia estar el -almuerzo servido. La turbamulta de los conventuales acude, se precipita -de cada una de las avenidas, hacia la entrada del inmenso refectorio. -Aquí principia a mostrarse la vida de este pueblo tan serio cuando -ríe como cuando come. Donde todos los hombres son iguales al último -individuo de la sociedad, no hay protección para el débil, por la -misma razón que no hay jerarquías que separen a los poderosos. ¡Ay -de las mujeres en este acto solemne de la soberanía popular! si los -reglamentos provisorios del hotel no viniesen en su ayuda: - -“Art. 1.º Nadie podrá sentarse a la mesa común, hasta que las damas, -con sus consortes, o deudos, hayan ocupado la cabecera y costados -contiguos de la mesa. - -“Art. 2.º Se suplica al público que no fume ni masque tabaco en la mesa. - -“Art. 3.º A un golpe de campanilla los varones se sentarán en los -asientos que quedaren.” - -Sobreentendidas estas disposiciones, el pueblo gastrónomo se alinea -detrás de los asientos, con ambas manos puestas sobre el espaldar -de la silla, y por derecha e izquierda vista al sirviente que ha de -administrar el apetecido companillazo. Toma este el sonoro instrumento -en mano, y la noble línea se conmueve; al menor movimiento indicativo -de la campana, los cuerpos describen ondulaciones como las espigas de -trigo al más ligero soplo de la brisa. Alzase la campanilla en actitud -de sonar, y una descarga cerrada de sillas removidas con estrépito -acompaña, si no precede al retintín chillón del cobre agitado, e -instantáneamente un fuego graneado de platos, cuchillos y tenedores -que se chocan entre sí, se prolonga durante cinco minutos, pudiendo -por el rumor tempestuoso que se difunde por el aire, saberse a media -legua a la redonda que se come en un hotel. Imposible seguir con la -vista las evoluciones que se suceden en aquella batahola, no obstante -la actividad y destreza de cincuenta domésticos, que tratan de dar -cierto orden acompasado al destapar de las viandas, o al verter té o -café. El norteamericano tiene destinados dos minutos para almorzar, -cinco para comer, diez para fumar o mascar tabaco, y todos los momentos -desocupados para echar una ojeada sobre el diario que usted está -leyendo, único diario que le interesa puesto que otro está ya ocupado -de él. - -Almuerzo, _lunch_ a las once, comida, y el té, son las cuatro -colaciones de ordenanza de aquellas comunidades que se renuevan todos -los días, sin que la regla estorbe el que se administre el almuerzo -a las cinco de la mañana para los que han de partir en un vapor o -convoy matinal, ni falte nunca una refacción servida para todos los -que llegan, no importa la hora del día o de la noche. Y luego, ¡qué -incongruencias! ¡qué incestos! ¡y qué promiscuaciones en los manjares! -El yankee _pur sang_, se sirve en un mismo plato, conjunta o -sucesivamente, todas las viandas, postres y frutas. ¡Hemos visto a uno -del _Far-West_, país de dudosa situación, como el Ophir de los -fenicios, principiar la comida por salsa de tomates frescos, tomada en -cantidad enorme, sola y con la punta del cuchillo! ¡Patatas dulces con -vinagre! Estábamos helados de horror, y mi compañero de viaje lleno de -gastronómica indignación al ver estas abominaciones: y no llueve fuego -del cielo, exclamaba: los pecados de Sodoma y Gomorra debieron ser -menores que los que cometen a cada paso estos puritanos! - -En los salones de lectura, cuatro o cinco moscones se le apoyarán -pesadamente en los hombros para leer el mismo trozo de la letra -menudísima que está usted leyendo. Si baja usted una escala, o quiere -introducirse por una puerta, por poca que sea la concurrencia, -el que se suceda lo empujará por apoyarse en algo. Si fuma usted -tranquilamente su cigarro, un pasante se lo sacará de la boca para -encender el suyo, y si usted no anda listo para recibirlo, se encargará -él en persona de metérselo de nuevo en la boca. Si tiene usted un -libro en las manos, con tal que lo cierre un poco para mirar hacia -otra parte, su vecino se apoderará de él para leerse dos capítulos -de seguida. Si los botones de su paletó tienen relieve de cabezas de -venado, caballos o javalíes, cuantos lo noten vendrán a recorrerlos -uno a uno, haciendo girar la persona de usted de derecha a izquierda, -de izquierda a derecha, para mejor inspeccionar el museo ambulante. -Ultimamente, si usted lleva barba completa en los países del Norte, lo -cual indica que es usted francés o polaco, a cada paso se encuentra -encerrado en medio de un círculo de hombres que lo contemplan con -curiosidad infantil, llamando a sus amigos o conocidos para que -satisfagan de cuerpo presente su novedosa curiosidad. - -Todas estas libertades, bien entendido, puede usted tomárselas con los -otros a su vez, sin que nadie reclame de ello ni dé el menor síntoma -de serle desagradable. Pero, donde el genio y los instintos nacionales -brillan en su verdadera luz, es en las actitudes yankees en sociedad. -Esto merece algunas explicaciones. En un pueblo que como éste avanza -cien leguas de frontera por año, se improvisa un estado en seis meses, -se transporta de un extremo a otro de la Unión en algunas horas, y -emigra al Oregon, deben gozar de tan alta estima los pies, como la -cabeza entre los que piensan, o el pecho entre los que cantan. En Norte -América verá usted muestras a cada paso del culto religioso que la -nación tributa a sus nobles y dignos instrumentos de riqueza: los pies. -Conversando con usted el yankee de educación esmerada, levantará él un -pie a la altura de la rodilla, sacarále el zapato para acariciarlo, y -oir las quejas que contra el excesivo servicio puedan poner los dedos. -Cuatro individuos sentados en torno de una mesa de mármol pondrán -infaliblemente sus ocho pies sobre ella, a no ser que puedan procurarse -un asiento forrado en terciopelo, que en cuanto a blandura prefieren -los yankees el mármol. En el Fremonthotel, de Boston, he visto siete -dandies yankees en discusión amigable, sentados como sigue: dos con -los pies sobre la mesa; uno con los dichos sobre el cojín de una silla -adyacente; otro con una pierna pasada sobre el brazo de la silla -propia; otro con ambos talones apoyados en el borde del cojín de su -propia silla, de manera de apoyar la barba entre las dos rodillas; otro -abrazando o empiernando el espaldar de la silla, de la misma manera que -nosotros solemos apoyar el brazo. Esta postura imposible para los otros -pueblos del mundo, la he ensayado sin éxito, y se la recomiendo a usted -para administrarse unos calambres en castigo de alguna indiscreción; -otro, en fin, si no están ya los siete, en alguna otra posición -absurda. No recuerdo si he visto norteamericanos sentados en la espalda -de silla con los pies en el cojín: de lo que estoy seguro es que nunca -vi uno que se preciase de cortés en la postura natural. El estar -acostados es el fuerte de la elegancia, y los entendidos reservan este -rasgo de buen gusto para cuando hay damas, o cuando un locófoco oye un -_speech whig_. El secretario de la legación chilena, al llegar a -Wáshington, tuvo necesidad de hablar a un diputado. Acude al Capitolio, -se informa de su asiento durante la sesión, llega, al fin, hasta el -punto donde Mr. N. roncaba profundamente acostado en su asiento con las -piernas extendidas sobre el asiento de su vecino. Hubo de despertarlo, -y una vez entendido sobre el asunto que lo traía, se acomodó del otro -lado, esperando, sin duda, que concluyese el interminable discurso -de algún orador de opinión contraria. Los americanos, en política y -religión, profesan el admirable y conciliante principio de que no debe -discutirse sino con los que son de su propia secta u opinión. Este -sistema se funda en el pleno conocimiento de la naturaleza humana. El -orador yankee se esfuerza en confirmar a los suyos en sus creencias, -más bien que en persuadir a los contrarios, que duermen en el entre -tanto, o piensan en sus negocios. La conclusión de todo esto es que los -yankees son los animalitos más inciviles que llevan fraque o paletó -debajo del sol. Así lo han declarado jueces tan competentes, como el -capitán Marryat, Miss Trolop y otros viajeros; bien es verdad que si -en Francia, y en Inglaterra, los carboneros, leñadores y fogoneros se -sentasen a la misma mesa, con los artistas, diputados, banqueros y -propietarios, como sucede en los Estados Unidos, otra opinión formarían -los europeos de su propia cultura. En los países cultos, los buenos -modales tienen su límite natural. El lord inglés es incivil por orgullo -y por desprecio a sus inferiores, mientras que la gran mayoría lo es -por brutalidad e ignorancia. En los Estados Unidos la civilización se -ejerce sobre una masa tan grande, que la depuración se hace lentamente, -reaccionando la influencia de la masa grosera sobre el individuo, -y forzándole a adoptar los hábitos de la mayoría, y creando, al -fin, una especie de gusto nacional que se convierte en orgullo y en -preocupación. Los europeos se burlan de estos hábitos de rudeza, más -aparente que real, y los yankees, por espíritu de contradicción, se -obstinan en ellos, y pretenden ponerlos bajo la égida de la libertad -y del espíritu americano. Sin favorecer estos hábitos, ni empeñarme -en disculparlos, después de haber recorrido las primeras naciones -del mundo cristiano, estoy convencido de que los norteamericanos son -el único pueblo culto que existe en la tierra, el último resultado -obtenido de la civilización moderna. - -Los americanos en masa llevan reloj, en Francia no lo usa un décimo de -la nación. Los americanos en masa visten fraque y los otros vestidos -complementarios, aseados y de buena calidad. En Francia viste blusa de -anquín los cuatro quintos de la nación. - -Usan los yankees, en masa, cocinas económicas, arado Durand y coche. -Habitan casas cómodas, aseadas. El jornalero gana un duro al día. -Tienen caminos de hierro, canales artificiales y ríos navegables, en -mayor número y recorriendo mayores distancias que toda Europa junta. -La estadística comparativa de los caminos de hierro era como sigue: En -1845: Inglaterra, 1800 millas; Alemania, 1339; Francia, 560; Estados -Unidos, 4000; lo que equivale a 86 millas en Inglaterra por cada millón -de habitantes; 16 en Francia, 222 en los Estados Unidos. Sus líneas -de telégrafos eléctricos están hoy, únicas en el mundo, puestas a -disposición del pueblo, pudiendo en fracciones inapreciables de tiempo, -enviar avisos y órdenes de un extremo a otro de la Unión. - -El único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura -para todas sus necesidades, donde 2000 periódicos satisfacen la -curiosidad pública, son los Estados Unidos, y donde la educación como -el bienestar están por todas partes difundidos y al alcance de los que -quieran obtenerlo. ¿Están uno y otro en igual caso en punto alguno de -la tierra? La Francia tiene 270.000 electores, esto es, entre treinta -y seis millones de individuos de la nación más antiguamente civilizada -del mundo, los únicos que por la ley no están declarados bestias: -puesto que no les reconoce raza para gobernarse. - -En los Estados Unidos, todo hombre, por cuanto es hombre, está -habilitado para tener juicio y voluntad en los negocios políticos, y -lo tiene, en efecto. En cambio, la Francia tiene un rey, cuatrocientos -mil soldados, fortificaciones de París que han costado dos mil millones -de francos, y un pueblo que se muere de hambre. Los norteamericanos -viven sin gobierno, y su ejército permanente monta sólo a nueve mil -hombres, siendo necesario hacer un viaje a puntos determinados para -ver el equipo y apariencia de los soldados norteamericanos; pues que -hay familias y aldeas de la Unión que jamás han visto un soldado. -Muchos vicios de carácter tachan los europeos y aun los sudamericanos -a los yankees. Por lo que a mí respecta, miro con veneración esos -mismos defectos, atribuyéndoselos a la especie humana, al siglo, a las -preocupaciones hereditarias y a la imperfección de la inteligencia. -Un pueblo compuesto de todos los pueblos del mundo, libre como la -conciencia, como el aire, sin tutores, sin ejército, y sin bastillas, -es la resultante de todos los antecedentes humanos, europeos y -cristianos. Sus defectos deben, pues, ser los de la raza humana en un -período dado de desenvolvimiento. Pero como nación, los Estados Unidos -son el último resultado de la lógica humana. No tiene reyes, ni nobles, -ni clases privilegiadas, ni hombres nacidos para mandar, ni máquinas -humanas nacidas para obedecer. ¿No es este resultado conforme a las -ideas de justicia y de igualdad que la cristiandad acepta en teoría? El -bienestar está distribuído con más generalidad que en pueblo alguno; -la población se aumenta según leyes desconocidas hasta hoy entre las -otras naciones; la producción sigue una progresión asombrosa. ¿No -entrará, como pretenden los europeos, por nada de esto la libertad -de acción, y la falta de gobierno? Dícese que la facilidad de ocupar -nuevos terrenos, es la causa de tanta prosperidad. Pero, ¿por qué en -la América del Sud, donde es igualmente fácil y aun más ocupar nuevas -tierras, ni la población ni la riqueza aumentan, y hay ciudades y aun -capitales tan estacionarias, que no han edificado cien casas nuevas en -diez años? Aún no se ha hecho en nación alguna el censo de la capacidad -inteligente de sus moradores. Cuéntase la población por el número de -habitantes, y de las cifras acumuladas deduce su fuerza y valimento. -Acaso para la guerra, mirado el hombre como máquina de destrucción, -puede ser significativo este dato estadístico; mas una peculiaridad -de los Estados Unidos hace que aun en este caso falle el cálculo. -Un yankee para matar hombres equivale a muchos de otras naciones, -de manera que la fuerza destructora de la nación puede contarse en -doscientos millones de habitantes. El rifle es el arma nacional, el -tiro al blanco la diversión de los niños en los estados que tienen -bosques, y cazar ardillas a bala en los árboles, tostándoles las patas -para no lastimar la piel, la destreza asombrosa que adquieren todos. - -La estadística de los Estados Unidos muestra el número de hombres -adultos que corresponden a veinte millones de habitantes, todos -educados, leyendo, escribiendo, y gozando de derechos políticos -con excepciones que no alcanzan a desnaturalizar el rigor de las -deducciones: el hombre con hogar, o con la certidumbre de tenerlo; el -hombre fuera del alcance de la garra del hambre y de la desesperación; -el hombre con esperanza de un porvenir tal como la imaginación puede -inventarlo; el hombre con sentimientos y necesidades políticas; el -hombre, en fin, dueño de sí mismo, y elevado su espíritu por la -educación y el sentimiento de su dignidad. Dícese que el hombre es un -ser racional, por cuanto es susceptible de llegar a la adquisición y -al ejercicio de la razón; y en este sentido país ninguno de la tierra -cuenta con mayor número de seres racionales, aunque le exceda diez -veces en el de habitantes. - -No es cosa fácil mostrar cómo obra la libertad para producir los -prodigios de prosperidad que los Estados Unidos ostentan. ¿La libertad -de cultos puede producir riquezas? ¿Cómo obra la facultad de ir a esta -u otra capilla, de creer en este o en el otro dogma para desenvolver -fuerzas productoras? Para cada secta religiosa las otras son como si -no existieran, y por tanto, la libertad es nula en sus efectos para -cada una separadamente. Los europeos lo atribuyen a las facilidades que -ofrece un país nuevo, con terrenos vírgenes y de fácil adquisición, -lo cual fuera explicación satisfactoria, si la América del Sud, cuan -grande es, no tuviera mayor extensión de terrenos vírgenes, igual -facilidad para obtenerlos, y sin embargo, atraso, pobreza e ignorancia -mayor, si cabe, que la que muestran las masas europeas. Luego, no basta -la circunstancia de ser países nuevos en cuya extensión pueda dilatarse -la esfera de acción. - -Muchas veces me ocurrirá acudir a este censo moral e intelectual para -tratar de explicar los fenómenos sociales que sorprenden en América. -Ahora, sólo estableceré un hecho, y es que la aptitud de la raza -sajona no es tampoco explicación de la causa del gran desenvolvimiento -norteamericano. Ingleses son los habitantes de ambas riberas del río -Niágara, y sin embargo, allí donde las colonias inglesas se tocan con -las poblaciones norteamericanas, el ojo percibe que son dos pueblos -distintos. Un viajero inglés, después de haber descripto varias -muestras de industria y progreso del lado americano de la cascada, -añade: - -“Ahora estoy de nuevo bajo la jurisdicción de las leyes y del gobierno -inglés, y por tanto, ya no me creo extranjero. Aunque los americanos -en general son civiles y afables, sin embargo un inglés, extranjero -en medio de ellos, es importunado y disgustado por sus jactancias de -proezas en la última guerra, y su superioridad sobre todas las otras -naciones, asentando como un hecho incuestionable que los americanos -sobrepasan a todas las otras naciones en virtud, saber, valor, -libertad, gobierno y toda otra excelencia. No obstante, por más que -merezcan el ridículo por este flaco, yo no puedo menos de admirar la -energía y espíritu de empresa que muestran en todo, y deploro la apatía -del gobierno inglés con respecto a la mejora de estas provincias. Una -sola mirada echada sobre las riberas del Niágara basta para mostrar -de qué lado está el gobierno más efectivo. Del lado de los Estados -Unidos se levantan grandes ciudades, numerosos puertos con muelles para -protegerlos en las radas, o diligencias corriendo a lo largo de los -caminos; y la actividad del comercio mostrándose en todas direcciones. -En el lado del Canadá, aunque dividido por el cauce de un río, en un -_antiguo establecimiento_, y al parecer con _mejor tierra_, -hay sólo dos o tres almacenes, una taberna o dos, un puerto tal como -Dios lo hizo y sin obras que lo defiendan; uno o dos buquecitos -anclados, y algún desembarcadero accidental.” - -Otro viajero, después de describir varias muestras de la industria -creciente del lado americano, añade “el país que atravesamos (del lado -canadiense) estaba muy avanzado en las cosechas, sin que se viesen -señales de intentar recogerlas. Donde quiera que nos deteníamos para -mudar caballos, nos asaltaban bandas de chicuelos vendiendo manzanas, -y por la primera vez vimos de este lado algunos _mendigos_”. No -hace mucho tiempo que una grande inmigración venida del Canadá volvió -a emigrar a los Estados Unidos. Los caminos de hierro, como medio -de riqueza y civilización, son comunes a la Europa y a los Estados -Unidos, y como en ambos países datan de ayer solo, en ellos puede -estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los -trabajos de nivelación, como todo lo que constituye el ferrocarril, son -cuidadosamente examinados por los ingenieros antes de ser entregados a -la circulación; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes; -dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento -en opuestas dirección; si un camino vecinal atraviesa el trayecto, -fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente -un cuarto de hora antes que lleguen los vagones, a fin de evitar -accidentes. De distancia en distancia, por toda la extensión del -camino, están apostados centinelas que descubren el espacio y anuncian -con banderolas de diversos colores si hay peligro u obstáculos que -detengan el convoy, que no parte del desembarcadero sino cuatro minutos -después que una falange de vigilantes se ha cerciorado de que todos -los transeuntes ocupan sus lugares, las puertas están cerradas, y el -camino expedito, y nadie cerca ni a una vara de distancia del paso -del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de -dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos, -ahora, lo que pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa -leguas de bosques, primitivos, donde aún no se ha establecido morada -humana. Como la empresa carece de fondos, los rieles son de madera, -con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, y el ojo -del maquinista escudriña incesantemente por temor de un desastre. Una -sola línea basta para la ida y venida de los trenes, habiendo ojos de -buey de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase -por el costado opuesto el otro de vuelta. Un alma no hay que instruya -de las accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas y los -niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo -atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a -más de calle es camino vecinal, y el viajero puede ver las gentes que -se apartan lo bastante para dejarlo pasar, y continuar en seguida su -marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa -el ferrocarril, hay simplemente una tabla escrita que dice _tengan -cuidado con la campana cuando se acerque_; jeroglífico que previene -al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido inprudentemente de -por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente del -embarcadero, y mientras va marchando saltan a bordo los pasajeros, -descienden los vendedores de frutas y periódicos, y se pasean de un -vagón a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aun en el -rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el explayado -del camino, y la locomotora norteamericana va precedida de una trompa -triangular que tiene por caritativa misión arrojar a los costados a -estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, y -no es raro el caso de que algún muchacho dormido sea arrojado a cuatro -varas por un trompazo de aquellos que salvándole la vida le rompen -o dislocan un miembro. Los resultados físicos y morales de ambos -sistemas son demasiado perceptibles. La Europa, con su antigua ciencia -y sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de -los caminos de hierro que facilitan el movimiento en Norteamérica. El -europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado; -su instinto de conservación no es reputado suficiente preservativo; -verjas, puertas, vigilantes, señales preventivas, inspección, seguros, -todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo menos -su razón, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, menos su -derecho de cuidarse a sí mismo, su intención y su voluntad. El yankee -se guarda a sí mismo, y, si quiere matarse, nadie se lo estorbará; -si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, y si se atreve a dar -un salto y cogerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de -hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de -expender un número más, ha dejado que el tren tome toda su carrera -y salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con que cae -parado, y sigue a pie su camino. He aquí como se forma el carácter -de las naciones y como se usa de la libertad. Acaso hay un poco más -de víctimas y de accidentes, pero hay en cambio hombres libres y no -presos disciplinados, a quienes se les administra la vida. La palabra -_pasaporte_ es desconocida en los Estados, y el yankee que logra -ver uno de estos protocolos europeos en que consta cada movimiento que -ha hecho el viajero, lo muestra a los otros con señales de horror y de -asco. El niño que quiere tomar el ferrocarril, el vapor o la barca del -canal, la niña soltera que va a hacer una visita a doscientas leguas de -distancia, no encontrarán jamás quién les pregunte con qué objeto, con -qué permiso se alejan del hogar paterno. Usan de su libertad y de su -derecho de moverse. De ahí nace que el niño yankee espanta al europeo -por su desenvoltura, su prudencia cautelosa, su conocimiento de la -vida a los diez años. ¿Cómo le va a usted en su negocio?, le preguntaba -Arcos, mi compañero de viaje, a un listo muchachuelo que nos hacía -el inventario comentado de los libros, periódicos y panfletos que se -empeñaba en hacernos comprar. Va bien; hace tres años que gano mi vida -en él y tengo ya 300 pesos guardados. Este año reuniré los quinientos -que necesito para hacer compañía con Williams y poner una librería, -y explotar todo el Estado. Este comerciante tenía de nueve a diez -años. ¿Es usted propietario, preguntábamos a un mocetón que viajaba al -Far-West? Sí; voy a comprar tierras; ¡tengo 600 pesos! - -Al lado del trayecto del camino de hierro va el telégrafo eléctrico, -que por ahorrar camino a veces, se separa de la vía ordinaria, se hunde -en la espesura de los bosques y lleva a doscientas leguas las noticias -más interesantes. Cuando en 1847 se hacían en Francia entre Ruan y -París los primeros ensayos, la prensa anunciaba la existencia de 1.635 -millas de telégrafos en los Estados Unidos; cuando yo llegué había -3.000 millas; y mientras atravesé el país que media entre Nueva York y -Nueva Orleáns, se formó una asociación y se puso en actividad una línea -entre la primera de aquellas ciudades y Montreal en el bajo Canadá, a -donde había estado yo quince días antes. Hoy habrá 10.000 millas, y -dentro de poquísimos años, medirán los telégrafos las mismas ochenta -mil millas que recorre la posta. En Francia el telégrafo es para el -uso del gobierno, es asunto de estado; en los Estados Unidos, es simple -negocio de movimiento y actividad, y se le aceptarían correspondencias -a la administración tan sólo porque paga el porte. ¿Puede llegar a más -alto punto el extravío de las ideas, que hace que los liberales, los -republicanos, consientan en Francia en este monopolio, y en carecer -de los medios de comunicación más expeditos? En Harrisburg, población -de 4.500 almas, el telégrafo eléctrico tenía empleo diario para traer -apurado al encargado de servicio, mientras que en Francia, aún no había -podido hacerse un miserable ensayo. Hago estas comparaciones para -mostrar la diversa atmósfera en que se educa el pueblo y la energía -moral y física que desenvuelve. En Francia hay tres categorías de -vagones, en Inglaterra cuatro; la nobleza se mide por el dinero que -puede pagar cada uno, y los empresarios para envilecer al hombre que -paga poco, han acumulado comodidades y lujo en la 1.ª clase, y dejado -tablas rasas, estrechas y duras para los de 3.ª. No sé por qué no han -puesto púas en los asientos para mortificar al pobre. En los Estados -Unidos el vagón es una sala de veinte varas de largo y espaciosa de -ancho, con asientos de espalda movible, de manera de formar corrillo -cuatro asientos, volviéndose dos a opuesto lado, con una callejuela -de por medio para facilitar el movimiento, y abiertos los vagones por -ambos lados, de manera que el curioso pueda trasladarse del primero -al último, durante la marcha, y el aire penetre libremente por todas -partes. Las comodidades y los cojines son excelentes e iguales, y por -tanto el precio del pasaje es el mismo para todos. Me han mostrado a -mi lado el gobernador de un Estado, y las callosidades de las manos -de mi otro vecino me revelaban en él un rudo leñador. Así se educa el -sentimiento de la igualdad, por el respeto al hombre. La aristocracia -veneciana estableció la igualdad en la adusta pobreza de las góndolas -por no herir la envidia de los nobles pobres; la democracia de Norte -América ha distribuído el _comfort_ y el lujo igualmente en todos -los vagones para alentar y honrar la pobreza. Estos solos hechos -bastan para medir la libertad y el espíritu de ambas naciones. El -_Times_ decía una vez que si la Francia hubiese abolido el -pasaporte, habría hecho más progresos en la libertad que no los ha -hecho con medio siglo de revoluciones y sus avanzadas teorías sociales, -y en los Estados Unidos pueden estudiarse los efectos. - -He aquí un débil cuadro del espectáculo de la libertad en Norte -América. En medio de las ciudades el hombre se cría salvaje, si es -posible decirlo; la mujer de cualquiera condición que sea, vaga sola -por las calles y los caminos desde la edad de doce años, _flirtea_ -hasta los quince, se casa con quien quiere, viaja y se sepulta en el -nuevo hogar a preparar la familia; el niño acude desde temprano a las -escuelas, se familiariza con los libros y las ideas de los hombres; es -el mismo hombre hecho a los quince años, y desde entonces toda tutela -desaparece a su vista. No ha visto soldados, no conoce gendarmes; el -motín de las calles lo divierte, lo exalta y lo educa; sus pasiones se -desenvuelven en toda su lozanía y vigor; tiene una profesión y se casa -a los veinte años, seguro de sí mismo y de su porvenir. El progreso -general de la Unión lo arrastrará en despecho suyo y avanzará sus -negocios propios. Y entonces, ¡cuántos sueños grandiosos agitan para -llegar a la fortuna! ¿Es artesano? Una grande asociación, una fábrica -para cubrir los estados con los productos de su arte, o bien un invento -europeo aún no introducido en el país, o una mejora sobre los aparatos -conocidos o una invención nueva, porque nada arredra hoy al yankee. -Largo tiempo he creído que el patrimonio norteamericano era y sería por -muchos años apropiarse, apoderarse de los progresos de la inteligencia -humana. La ciencia europea inventa, y la práctica americana populariza -la cocina económica, el arado Durand, la locomotora, el telégrafo. -Nada más natural, y sin embargo, nada hay menos exacto. Los datos -estadísticos colectados en estos últimos años, muestran que diez -partes de los inventos y mejoras adoptados en Inglaterra son de origen -norteamericano. Han modificado la máquina de vapor; mejorado la -quilla del buque; perfeccionado el vagón, a punto de exportarse estos -artículos para la Europa misma, y preferirse en Rusia y otros puntos -los empresarios y artífices americanos para todo lo que constituye la -viabilidad. El puente yankee de madera, que a veces atraviesa doce -cuadras en un río y soporta los trenes cargados de productos agrícolas, -sobre pedestales y armazón al parecer deleznable, es, sin embargo, el -fruto del más profundo estudio de las leyes de la gravitación, de la -repercusión, elasticidad y equilibrio de las fuerzas combinadas. El -artífice yankee posee ya el puente reducido a arte mecánica, y lo alza -donde quiera a prueba de torrentes, huracanes y pesos enormes. La mitad -de los aparatos de labranza son invención de su ingenio, y el molino de -vapor, como la barrica en que envasija las harinas, son la obra de sus -fábricas y de sus combinaciones para producir inmensos resultados con -limitadísimos medios. - -Pero donde más brilla la capacidad de desenvolvimiento del -norteamericano, es en la posesión de la tierra que va a ser el plantel -de una nueva familia. En medio de la civilización más avanzada, los -hijos de Noé se reparten la tierra despoblada, o los Nemrod echan -los fundamentos de una Babilonia. Dejo a un lado los que siguen el -paso ordinario de las sociedades que se dilatan, agregando a la villa -naciente una casa nueva, a la heredad labrada nuevos campos rosados. - -El Estado es el depositario fiel del gran caudal de tierras que -pertenecen a la federación, y para administrar a cada uno su parte -de propiedad, no consiente ni intermediarios especuladores, ni -oscilaciones de precios que cierren la puerta de la adquisición a las -pequeñas fortunas. La tierra vale diez reales el acre; y este dato es -el punto de partida para el futuro propietario. Hay un procedimiento -en la distribución de las tierras de cuya simétrica belleza sólo Dios -puede darse de antemano cuenta. - -El Estado manda sus ingenieros a delinear las tierras vendibles, -tomando por base de la mensura un meridiano del cielo. Si a cien -leguas de distancia al sur o al norte ha de medirse otra porción de -tierra, los ingenieros buscarán el mismo meridiano, para que un día, -dentro de dos siglos quizás aparezcan completas y sin interrupción -aquellas líneas que han venido dividiendo el continente en zonas, cual -si fuera una pequeña heredad. Esta agrimensura rectilínea es privativa -del genio americano. La propiedad en la provincia de Buenos Aires, en -aquella pampa lisa como la mesa del geómetra, fué forzada por el genio -de Rivadavia a encuadrarse en paralelógramos, triángulos y figuras de -fácil conmensuración, de manera que se reprodujesen sin esfuerzo en -el mapa que daba el departamento topográfico cada diez años, pudiendo -por la comparación de las varias ediciones, estudiarse a vista de ojo -el movimiento de la propiedad, buscando un término medio de extensión, -subdividiéndose por las particiones entre herederos las grandes -propiedades, acumulándose las pequeñas, por la necesidad de apropiarlas -a la cría del ganado. - -El error fatal de la colonización española en la América del Sur, -la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a -la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las -tierras. En Chile se hicieron concesiones de grandes lotes entre -los conquistadores, medidos de cerro a cerro, y desde la margen de -un río hasta la orilla de un arroyo. Se fundaron condados entre los -capitanes, y a la sombra de sus techos improvisados, debieron asilarse -los soldados, padres del inquilino, este labrador sin tierra, que crece -y se multiplica sin aumentar el número de edificios. El prurito de -ocupar tierras en nombre del rey hizo apoderarse de comarcas enteras, -distanciándose los propietarios, que en tres siglos no han alcanzado a -desmontar la tierra intermediaria. La ciudad por tanto quedaba en este -vasto plan suprimida, y las pocas aldeas de nueva creación después de -la conquista han sido _decretadas_ por los presidentes, contándose -cien por lo menos en Chile de este origen oficial y ficticio. Ved cómo -procede el norteamericano, recién llamado en el siglo XIX a conquistar -su pedazo de mundo para vivir, porque el gobierno ha cuidado de dejar -a todas las generaciones sucesivas su parte de tierra. La conscripción -de jóvenes aspirantes a la propiedad se apiña todos los años en torno -del martillo en que se venden las tierras públicas, y con su lote -numerado parte a tomar posesión de su propiedad, esperando que los -títulos en forma le vengan más tarde de las oficinas de Wáshington. -Los más enérgicos yankees, los misántropos, los selváticos, los -_squatters_, en fin, obran de una manera más romanesca, más -poética o más primitiva. Armados de su rifle se enmarañan en las -soledades vírgenes, matan por pasatiempo ardillas que triscan con -su movilidad incansable entre las ramas de los árboles; una bala -certera vuela al firmamento a precipitar un águila que cernía sus alas -majestuosamente sobre la verdinegra superficie que forman las copas de -los árboles; el hacha, su compañera fiel, cuando no fuere más que por -ejercitar las fuerzas, ha de echar cedros o robles al suelo. En estas -correrías vagabundas, el plantador indisciplinado busca un terreno -fértil, un punto de vista pintoresco, la margen de un río navegable, -y cuando se ha decidido en su elección, como en las épocas primitivas -del globo, dice esto es mío, y sin otra diligencia toma posesión de la -tierra en nombre del rey del mundo, que es el trabajo y la voluntad. -Si algún día llega hasta el límite que él ha trazado a su propiedad la -mensura de las tierras del Estado, la venta en almoneda sólo servirá -para decirle lo qué debe por lo que ha cultivado, según el precio a -que se vendan los adyacentes campos incultos; y no es raro que este -carácter indómito, insocial, alcanzado por las poblaciones que vienen -avanzando sobre el desierto, venda su quinta y se aleje con su familia, -sus bueyes y caballos, buscando la apetecida soledad de los bosques. -El yankee ha nacido irrevocablemente propietario; si nada posee ni -poseyó jamás, no dice que es pobre, sino que está pobre; los negocios -van mal; el país va en decadencia; y entonces los bosques primitivos -se presentan a su imaginación, obscuros, solitarios, apartados, y en -el centro de ellos, a la orilla de algún río desconocido, ve su futura -mansión, el humo de las chimeneas, los bueyes que vuelven con tardo -paso al caer de la tarde al redil, la dicha, en fin la propiedad que -le pertenece. Desde entonces no habla ya de otra cosa que de ir a -poblar, a ocupar tierras nuevas. Sus vigilias las pasa sobre la carta -geográfica, computando las jornadas, trazándose un camino para la -carreta; y en el diario no busca sino el anuncio de venta de terrenos -del Estado, o la ciudad nueva que se está construyendo en las orillas -del lago Superior. - -Alejandro el Grande destruyendo a Tiro, tenía que devolver al comercio -del mundo un centro para reconcentrar las especies del Oriente, y -desde donde se derramasen en seguida por las costas del Mediterráneo. -La fundación de Alejandría le ha valido su renombre como muestra de -su perspicacia, no obstante que las vías comerciales eran conocidas y -el istmo de Suez la feria indispensable entre los mares de la India -y la Europa y el Africa de entonces. Esta obra la realizan todos los -días Alejandros norteamericanos que vagan en los desiertos buscando -puntos que un estudio profundo del porvenir señala como centros futuros -del comercio. El yankee, inventor de ciudades, profesa una ciencia -especulativa, que de inducción en inducción, lo conduce a adivinar el -sitio donde ha de florecer una ciudad futura. Con el mapa extendido -a la sombra de los bosques, su ojo profundo mide las distancias de -tiempo y de lugar, traza por la fuerza del pensamiento el rumbo que han -de llevar más tarde los caminos públicos; y encuentra en su mapa las -encrucijadas forzosas que han de hacer. Precede a la marcha invasora -de la población que se avanza sobre el desierto, y calcula el tiempo -que empleará la del norte y el que necesita la del sur, para acercarse -ambas al punto que estudia, que ha escogido en la confluencia de -dos ríos navegables. Entonces traza con mano segura el trayecto de -caminos de hierro que han de ligar el sistema comercial de los lagos -con su presunta metrópoli, los canales que pueden alimentar los ríos -y arroyos que halla a mano, y los millares de leguas de navegación -fluvial que quedan en todas direcciones sometidas como radios del -centro que imagina. Si después de fijados estos puntos, halla un -manto de carbón de piedra, o minas de hierro, levanta el plano de la -ciudad, la da nombre y vuelve a las poblaciones, a anunciar, por los -mil ecos del diarismo, el descubrimiento que ha hecho del local de una -ciudad famosa en el porvenir, centro de cien vías comerciales. El -público lee el anuncio, abre el mapa para verificar la exactitud de -las inducciones, y si halla acertados los cálculos, acude en tropel -a comprar lotes de terreno, cual en los que han de ser tajamares y -muelles, cual en derredor de la plaza de Wáshington o de Franklin; -y una Babel se levanta en un año, en medio de los bosques, afanados -todos por estar en posesión el día que lleguen a realizarse los grandes -destinos predichos por la ciencia topográfica a la ciudad. Abrense -en tanto caminos de comunicación; el diario del lugar da cuenta de -los progresos de la sociedad, la agricultura comienza, álzanse los -templos, los hoteles, los muelles y los bancos; puéblase de naves el -puerto, y la ciudad empieza en efecto a extender sus relaciones, y a -hacer sentir la urgencia de ligarse por caminos de hierro o canales a -los otros grandes centros de actividad. Cien ciudades en los lagos, en -el Misisipí y en otros puntos remotos, tienen este sabio y calculado -origen, y casi todos justifican por sus progresos asombrosos, la -certeza y la profundidad de los estudios económicos y sociales que les -sirvieron de origen. - -Dos clases de seres humanos conozco, entre quienes sobrevive aún en -medio de nuestra actual mesura de carácter moral, el antiguo espíritu -heroico de las primeras edades de los pueblos. Los presidiarios de -Tolón y de Bicerte, y los emigrantes norteamericanos; todo el resto de -la especie humana ha caído en la atonía de la civilización. Las hazañas -de Francisco Pizarro o las de los Argonautas las reproduce a cada -momento la audacia inaudita del presidiario liberto; valor, constancia, -sufrimiento, disimulo y violación de toda ley moral, de todo principio -de honor y de justicia; todo es igual, sin que esto excluya cierta -grandeza de alma, cierta inteligencia profunda en los medios, que está -revelando el genio humano mal empleado, el Alejandro pervertido y -ocupado en matar a unos pocos transeuntes en lugar de asolar naciones y -ametrallar a millares, lo que ya cambia la escena y los nombres, guerra, -conquista, etc. - -En los Estados Unidos aquellos caracteres acerados, que hay -distribuídos al uno por ciento en todas partes, se entregan a sus -instintos heroicos, sin nombre aún, para establecerse y multiplicarse. -El espíritu yankee se siente aprisionado en las ciudades; necesita ver -desde la puerta de su casa la dilatada y sombría columnata que forman -las encinas seculares de los bosques. - -¿Por qué se ha muerto el espíritu colonizador entre nosotros, los -descendientes de la colonización oficial? Desde Colón hasta una época -no muy remota sin duda, la fundación de una ciudad española era solo un -escalón para apoyar la invasión de otros puntos apartados. La ocupación -del Perú traía aparejada la expedición de Almagro: cuando Mendoza se -defendía contra los araucanos en el sud, destacaba al oriente sesenta -lanceros al mando del capitán Jofré, para ir a asomarse al otro lado -de los Andes, y fundar dos ciudades, San Juan y Mendoza, solitarias en -medio de desiertos, a la orilla de los dos ríos que hallaron. - -Contaré a usted el sistema entero de estas empresas que requieren -Hércules para realizarlas, y verá usted si merecen desprecio por los -motivos y por los medios, aquellas hazañas de nuestros conquistadores -de Sud América. Sabe usted cuánta irritación hubo, y cuánta necedad -dijeron de una y otra parte en la cuestión de límites del Oregón. -Todo quedó en paz después que americanos e ingleses se hubieron -racionalmente entendido, menos el espíritu yankee, que, como el cóndor -la sangre, había husmeado, en la discusión, tierras laborables, ríos, -bosques, puertos. La discusión comienza de nuevo en los diarios sobre -la posibilidad de sorberse el comercio de la China por el Oregón; sobre -la facilidad de abrir un camino de hierro de ocho días de marcha, desde -el Pacífico al Atlántico, y la ventaja de tomar el pan caliente aún -salido de Cincinnati, vía Oregón, y otros mil tópicos, inverosímiles y -absurdos para otro que no sea el yankee, habituado a no creer imposible -nada, desde que se puede concebir, él, que desde luego tiene adiestrada -su mente a concebir proyectos. Cuando la opinión está formada y -designados los rumbos que deben seguirse para ir a aquel Eldorado -remoto, se indica la estación oportuna para emigrar, y el punto de -partida, y el día designado por algunos emigrantes que invitan a todos -los aventureros de la Unión para acompañarlos en la gloriosa jornada. -El día del _rendez vous_, vense de todos los puntos del horizonte -llegar hileras de carros, cargados de mujeres, niños, gallinas, ollas, -arados, hachas, sillas, y toda clase de objetos de menaje; acompáñanles -arreas escasas de bueyes apestados y mulas y caballos rengos y mancos -que forman parte muy trabajada de la expedición, y sobre todo este -conjunto, dominando las caras bronceadas, acentuadas y serias de los -yankees vestidos de paletó, levita o fraque raído, con un rifle que le -sirve de bastón, y la mirada tranquila del puritano y del chacarero. - -Si he de darle una idea exacta de estas emigraciones y del espíritu -yankee, necesito desde este momento ajustarme al hecho, y seguir los -incidentes diarios de una, entre ciento, de estas estupendas marchas -por el desierto, sin soldados, ni guardia, ni empleado público, ni -autoridad humana que les ligue a la Unión que dejan sin pesar estos -hijos de Noé. - -En mayo de 1845 habían pasado por Independence, último término poblado -del Estado de... varias tropas de carros, que de a veinte y ocho, -que de a treinta y ocho, que de a ciento, dirigíanse con cortos -intervalos hacia el Oregón. El día 13 varias de estas partidas reunidas -en número de ciento setenta carros de la descripción arriba dicha, -viéronse ya rodeadas a la distancia de indios que rondaban por asaltar -el ganado mayor que montaba a cosa de dos mil cabezas, lo que hizo -pensar que era ya tiempo de organizar la colonia, y constituir el -estado ambulante; puesto que los oficiales y empleados públicos hasta -entonces en ejercicio, debían terminar sus funciones en Big-Soldier. -Los dos empleados que deben en primer lugar nombrarse son el piloto -(baqueano) y el capitán. Todo el camino se ha venido tratando en -las conversaciones de los carros y a la orilla del fuego en los -alojamientos, de esta suprema cuestión, y las candidaturas rivales -formando sus partidos. El 13 de mayo, cada carro lanza a la arena dos -hombres, por lo menos, a reunirse en asamblea electiva. Dos candidatos -para piloto se presentan; es el uno un tal Mr. Adams, que había -entrado tierra adentro hasta el fuerte Laramie, poseía el derrotero -(_maning_) de Gilpin, y tenía consigo un español que conocía el -país; Mr. Adams, además, ha sido uno de los que más han contribuido a -excitar la _fiebre del Oregón_, esto es, el deseo de emigrar. Mr. -Adams pide 500 pesos por servir de piloto si la honorable asamblea se -digna elegirlo. - -Mr. Meek es un viejo montañés del corte del Trampero de Cooper; ha -pasado muchos años en los Montes Rocallosos como traficante y trampero, -y ha propuesto, como el otro, pilotearlos hasta el fuerte Vancouver, -por 250 pesos, de los cuales sólo pedía 30 pesos. Se hace moción para -postergar hasta el día siguiente la elección, cuando se ve al viejo -Meek, venir a escape en su caballo, los ojos y la mano vueltos hacia -el campo. Los indios se llevan el ganado, dice con precipitación; -la asamblea se disuelve, y cinco minutos después estaba convertida -en escuadrón de caballería armado de rifle y daga, y marchando en -buen orden sobre el enemigo. A distancia de dos millas divisa una -aldea de indios; la soldadesca se echa sobre los _wigwams_, y -los indios sobrecojidos de espanto, las mujeres llorando, los niños -escondiéndose, no saben qué imaginarse de aquel ataque de los caras -pálidas. Los jefes indios se presentan a ofrecer la pipa de paz, y -protestan enérgicamente contra la imputación que pesa sobre ellos. -Un desgaritado que venía llegando a la aldea es cogido y llevado -preso. Nómbranse jueces, y el prisionero se presenta a la barra. -Preguntado, lisa y llanamente, si es criminal o no, contesta con un -gruñido de terror. Su causa se instruye en forma entonces; se oyen las -deposiciones de los testigos, y no siendo suficiente la evidencia de -los cargos alegados contra él, se le absuelve completamente, quedando -probado por el contrario que ha sido una falsa alarma para posponer la -elección. Serenados los espíritus, y depuestos los rifles, vuelve la -sociedad a constituirse en asamblea electoral, y se procede a votación, -de la que resultan electos, el trampero Meek como piloto y Mr. Welch -capitán, con los demás empleados necesarios para el buen gobierno, -tales como tenientes, sargentos, jueces, etc. La marcha principia -el 14 de mayo. Cinco millas el 16. El 17 se separan 16 carros, y se -reunen al cuerpo principal. El 18 alcanza a un _wigwam_ de los -indios Caw, rateros insignes que se conducen honorablemente con la -sociedad y la proveen de víveres en cambio de productos de la Unión. -El 19 la minoría vencida en las elecciones protesta contra la voluntad -de la mayoría. Para satisfacer las ambiciones burladas se conviene -en dividir la masa en 3 cuerpos, cada uno de los cuales elegirá sus -propios jefes y oficiales, no reconociéndose otra autoridad general -que la del piloto y la de Mr. Welch. Antes de separarse se convino -pagar el piloto, y para ello, se nombra un _tesorero_, quien -después de dar las fianzas correspondientes, procede a colectar los -fondos; algunos se niegan redondamente a pagar, y otros ex ciudadanos -no tienen blanca. Después de haber arreglado satisfactoriamente éstos -y otros puntos, se procede al nombramiento de oficiales para cada uno -de los tres grupos, haciéndose en cada uno reglamentos respecto al -buen gobierno de la compañía, y la marcha continúa el 20. El 23 el -piloto avisa que el punto donde se hallan es el último donde pueden -procurarse repuestos para ejes y pértigos para las carretas. El camino -se va midiendo con una cadena diariamente, y se lleva un diario de todo -lo ocurrido, aspecto del país, accidentes, pasto, leña, agua, maderas, -ríos, pasajes, búfalos, etc., torcaces, conejos, etc. etc. Junio 2: una -compañía propone desligarse del compromiso en que están de aguardarse -en las marchas. La moción es rechazada. 15. Alto. Una manada de búfalos -cae a tiro de rifle, matan algunos y hacen charque. La escena que el -campo presenta en este momento está así descripta en el diario de -viaje: “Los cazadores, volviendo con las reses, algunos erigiendo -palizadas, otros secando carne. Las mujeres unas estaban lavando, -planchando otras, muchas cosiendo. De dos tiendas, flautas hacían oir -sus desusadas melodías en aquellas soledades; otras se oía cantar; tal -lee su biblia, tal otro recorre una novela. Un predicador campbellista -entona, por fin, un himno preparatorio para el oficio religioso”. Junio -24: llegan al fuerte Laramie, 630 millas distante de Independence. - -Durante dos días se ocupan en renovar las herraduras de los caballos, y -reuniendo entre todos provisiones, azúcar, café, tabaco, dan un paquete -a los indios siomos, precedido de un parlamento. “Hace tiempo, dijo el -jefe indio, que algunos jefes blancos pasaron Missouri arriba, diciendo -que eran amigos de los hombres de piel roja. Este país pertenece a -los pieles rojas, pero sus hermanos blancos lo atraviesan cazando y -dispersando los animales. De esto modo los indios pierden sus únicos -medios de subsistencia para sostener a sus mujeres e hijos. Los niños -del hombre rojo piden alimento, y no hay alimento que darles. Era -costumbre cuando los blancos pasaban, hacer presentes de pólvora y -plomo a sus amigos los indios. Su tribu es numerosa, pero la mayor -parte de la gente ha ido a las montañas a cazar. Antes que los blancos -viniesen, la caza era mansa y fácil de coger; pero ahora los blancos -la han espantado; y el hombre rojo necesita trepar a las montañas en -su busca; el hombre rojo necesita largas carabinas ahora.” Un yankee -que para el caso hace de jefe blanco, se expresa en estos términos. -“Nosotros vamos viajando a las grandes aguas del Oeste. Nuestro gran -Padre poseía un extenso país allí, y vamos yendo a establecernos en -él. Con este fin traemos nuestras mujeres y nuestros hijos. Nos vemos -forzados a atravesar por las tierras de los hombres rojos, pero lo -hacemos como amigos y no como enemigos. Como amigos les damos una -fiesta, les apretamos la mano y fumamos con ellos la pipa de paz. Ellos -saben que venimos como amigos trayendo con nosotros nuestras mujeres -e hijos. El hombre rojo no lleva sus _squaws_ al combate; ni las -caras blancas tampoco. Pero amigos como somos, estamos prontos para -volvernos enemigos; y si se nos molesta castigaremos a los agresores. -Algunos de nosotros piensan volverse. Nuestros padres, hermanos e -hijos, vienen en pos de nosotros, y esperamos que los hombres rojos -los traten con bondad. Nosotros nos conducimos pacíficamente; dejadnos -partir. No somos traficantes y no tenemos ni pólvora ni plomo que dar. -¡Vamos a arar y plantar la tierra!” - -Septiembre 3. “Caminamos este día quince millas hasta Malheur. En este -lugar se abre el camino en dos, y es muy temible para los inmigrantes -el tomar mal camino. Meek, que había sido contratado como nuestro -piloto al Oregon, indujo a cerca de doscientas familias, con sus -vagones y ganado, a seguir por el camino de la izquierda, diez días -antes de nuestra llegada a la encrucijada. Por largo trecho encontraron -un camino excelente, con abundancia de pasto, leña y agua; en seguida -dirigieron su marcha a unas montañas estériles donde por muchos días -carecieron de agua, y cuando la encontraban era tan mala que ni aun -para el ganado era potable. Pero, aun así, era fuerza hacer uso de -ella. La fiebre que se llama de campamento estalló bien pronto.” - -“Al fin llegaron a un ciénago que intentaron en vano atravesar; y como -viesen que se extendía mucho hacia el Sud, no obstante el parecer del -baqueano Meek, enderezaron al río de las Caídas, que recorrieron para -arriba y para abajo, buscando vado, que no se encontró en ninguna -parte. Sus sufrimientos aumentaban de día en día, pues sus provisiones -se iban concluyendo rápidamente, el ganado estaba exhausto, y muchos -de los que formaban la caravana padecían enfermedades graves. Al fin, -Meek les informó que estaban a dos días de distancia solamente de -Dalles. Dos hombres salieron a caballo en busca de la estación de los -Metodistas con provisiones para dos días.” - -“Después de haber caminado diez días sin parar, llegaron a Dalles; en -el camino un indio les dió un conejo y un pescado, y con este alimento -hicieron los dos su jornada de diez días. Cuando llegaron a Dalles, sus -fuerzas estaban tan estenuadas, que sus miembros se habían empalado, y -fué necesario desmontarlos del caballo. En este lugar encontraron un -viejo montañés, llamado el negro Harris, que se ofreció a conducirlos, -saliendo con varios otros en busca de la compañía perdida, a la que -hallaron reducida a la última extremidad, exhausta por las fatigas, y -desesperando ya de salir a los establecimientos. Encontróse un lugar -por donde el ganado podía atravesar a nado el río, después de lo cual -era preciso hacerlo subir un ascenso casi perpendicular. Mayores -dificultades había para pasar los carros. Una larga cuerda fué echada -a través del río, atando fuertemente sus puntas de ambos lados en las -rocas. Un carro liviano fué suspendido con correderas en la cuerda, -y con cuerdas para llevarlo a uno y otro lado del río; esta especie -de cuna (andarivel), servía para trasportar las familias de un lado a -otro del río con toda seguridad. El pasaje de este río ocupó algunas -semanas. La distancia a Dalles era de 35 millas, adonde llegaron del 13 -al 14 de octubre. Como 20 habían perecido víctimas de las enfermedades, -y otros murieron después de haber llegado...” - -Setiembre 7. “Este día viajamos cerca de doce millas. El camino es hoy -más áspero que ayer. A veces va por el fondo de un torrente, a veces -por el faldeo de una montaña, tan rápido que se necesitan dos o tres -hombres trabajando del lado de arriba para sostener el equilibrio de -los carros. El torrente y camino están tan encajonados en montañas, -que en varios puntos es casi imposible continuar. Vistas las montañas -desde este punto, parecen murallas perpendiculares y por tanto lisas. -Alegran de vez en cuando la vista algunos grupos de cedros macilentos; -pero en el torrente es tal la espesura de las malezas espinosas, que -es casi imposible pasar... pero sabiendo que los que nos han precedido -han vencido estas dificultades, hacemos el último esfuerzo y pasamos.” - - * * * * * - -Noviembre 1.º “Ahora estamos en el lugar destinado, en un período no -distante, a ser un punto importante en la historia comercial de la -Unión como centro del comercio de la China y de la India. Atravesando -el bosque que se extiende al Este de la ciudad, vimos la ciudad de -Oregon y las caídas de Villa-Mate, al mismo tiempo. Tan llenos de -gratitud nos sentíamos de haber llegado a los establecimientos de los -blancos, y de admiración a la vista del volumen de las aguas de las -cataratas, que la caravana hizo alto, y en este momento de felicidad -repasamos con el pensamiento todos nuestros trabajos, con más rapidez -que lo que la lengua o la escritura pueden hacer. Desde Independence -hasta el Fuerte Laramie, 692 millas; de allí al Fuerte Hall, 585; al -Fuerte Rois, 281; a los Dalles, 305; de Dalles a la ciudad de Oregon, -160 millas, haciendo la total distancia de despoblado 1960 millas.” - - * * * * * - -“Tanto tiempo habíamos permanecido entre los salvajes, que nuestra -apariencia se asemejaba mucho a la de ellos; pero cuando hubimos -cambiado de vestido y afeitádonos al uso de los blancos, no nos -podíamos reconocer unos a otros. Largo tiempo habíamos hecho vida -común, sufrido juntos privaciones y penas, y en los peligros contado -con la ayuda común. Los vínculos de los afectos se habían estrechado -entre nosotros, y cuando hubimos de separarnos, cada uno sentía -desgarrársele el corazón; pero como ya habíamos roto otros vínculos -más fuertes aún, cada uno tomó su partido, y en algunas horas nuestra -compañía se dispersó tomando cada uno diferentes direcciones.”[1] - -Cuando uno lee la narración de aventuras como estas, se siente sin -duda orgulloso de pertenecer a la raza humana. Ninguna de las grandes -pasiones que han obrado los prodigios de la historia, está aquí en -juego para fanatizar el espíritu: ni la desesperación de los restos -del grande ejército, ni el amor a la patria de los 10.000 espartanos -echados entre los bárbaros, ni la sed de oro, de gloria y de sangre de -los conquistadores españoles. Hombres de aquel temple tenían en los -Estados tierras de propiedad pública para afincarse; familias que los -ayudasen; ganados para auxiliarse en las rudas labores de la tierra. -Atraviesan 600 leguas de desiertos para realizar una grande idea, -ellos, el desecho del pueblo norteamericano, quieren que la Unión -ostente sus estrellas en el firmamento del Pacífico, que se realice -el sueño dorado de acercar la India y la China, y arrebatar estos -mercados a la Inglaterra. Se sacrifican, pues, a una idea de porvenir -nacional, porque el yankee no ignora que la primera generación de las -nuevas plantaciones, abona solo la tierra con su sudor para que gocen -las venideras; y cuando en el Oregón se han reunido algunos centenares -de familias, los jefes, dejando a un lado el hacha con que destruyen -lentamente los bosques para labrarse un campo, y crear su propiedad, se -reunen en asamblea deliberante, “con el objeto de fijar los principios -de libertad civil y religiosa, como la base de todas las leyes y -constituciones que puedan en adelante adoptarse”, y estatuyen: - -“Artículo 1.º Ninguna persona que se conduzca de una manera regular -y ordenada, será molestada a causa de su modo de adoración o sus -sentimientos religiosos. - -“Art. 2.º Los habitantes de dicho territorio gozarán siempre de los -beneficios del escrito _habeas corpus_, del juicio por jurados, -de una proporcionada representación del pueblo en la legislatura, -y de procedimientos judiciales conformes a la secuela de las leyes -ordinarias. Todas las personas podrán dar fianzas, excepto por delitos -capitales y cuando las pruebas sean evidentes, y las presunciones -graves. Ningún hombre será privado de su libertad sino por juicio de -sus pares, o la ley de la tierra... - -“Art. 3.º Siendo necesarias para el buen gobierno y felicidad de la -especie humana, la religión, moralidad e instrucción, serán siempre -fomentadas las escuelas y todos los medios de educación. - -“Art. 5.º Ninguna persona será privada de llevar armas para su propia -defensa; no se autoriza pesquisas ni registros sin motivo fundado; la -libertad de la prensa no será restringida; ni el pueblo será privado -del derecho de reunirse pacíficamente a discutir los asuntos que halle -por conveniente. - -“Art. 6.º Los poderes del gobierno serán divididos en tres distintos -departamentos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, etc., etc.” - -_Ley de tierras_: “Toda persona que posea o en adelante pretenda -poseer tierra en este territorio, designará la extensión de su -propiedad por medio de límites naturales, o por mojones en las esquinas -y sobre los costados del lote, y hará registrar la extensión y límites -de tal lote en la oficina del escribano del lugar, en un libro que -será llevado para aquel objeto, en el término de veinte días después -de hecho el pedido; proveyéndose, que los que están en posesión del -territorio, tendrán doce meses contados desde la sanción de esta ley, -para hacer la descripción del lote de tierras en el libro de los -registros; proveyéndose, además, que el dicho poseedor declarará el -tamaño, forma y ubicación del terreno. - -“2.ª Todo poseedor, en los seis primeros meses después de registrado su -lote, habrá hecho permanentes mejoras en el terreno, ya edificando o -cercando, o bien ocupando el terreno en un año de la data del registro; -o en caso de no ocuparlo, pagar en tesorería cinco pesos anuales, y -en caso de no ocuparlo o no pagar la suma antedicha, el título será -considerado como abandonado; proveyéndose que los no residentes en -este país no pueden aprovechar de esta ley; y proveyéndose, además -que los residentes en este territorio que se ausentasen por negocios -particulares por dos años, podrán conservar la propiedad pagando cinco -pesos anuales al tesoro. - -“3.ª Ningún individuo podrá tomar posesión de más de un cuarto de -milla cuadrada, o 640 acres, en una forma cuadrada u oblonga. Ningún -individuo podrá poseer dos lotes a un mismo tiempo. - -“5.ª Las líneas de los límites de todos los lotes se conformarán tan -aproximadamente cuanto sea posible con los puntos cardinales.”[2] - -Este pueblo, lleva, como Vd. ve, en su cerebro, orgánicamente, cual -si fueran una conciencia política, ciertos principios constitutivos -de la asociación: la ciencia política pasada a sentimiento moral -complementario del hombre, del pueblo, de la chusma; la municipalidad -convertida en regla de asociación espontánea; la libertad de conciencia -y de pensamiento; el juicio por jurados. Si quiere Vd. medir el -camino que ha andado aquel pueblo, reuna Vd. un grupo, no del vulgo -de ingleses, franceses, chilenos o argentinos, sino de las clases -cultas, y pídales de improviso que se constituyan en asociación, y -no sabrán qué se les pide, cuanto y más fijar con precisión, como -aquellos aventureros del Oregón, las bases en que ha de reposar el -gobierno de una sociedad que va a nacer, y que, por la distancia y los -desiertos que la dejan separada del resto de la Unión, queda de hecho -y de derecho desligada de la patria común.[3] Algunos años más tarde -de estos rudimentos dispersos, surgirá un territorio; y del territorio -un Estado para aumentar una nueva estrella en la constelación de -los Estados Norteamericanos, con sus mismas leyes, sus prácticas, -sus instituciones civiles y políticas, y sobre todo, con su carácter -peculiar de nacionalidad, marcado con el sello enérgico de aquel coloso. - -Hay un fenómeno que se realiza en los Estados Unidos, y que no obstante -de referirse a principios fundamentales inherentes a la especie -humana, no ha sido hasta hoy de una manera precisa establecido. Hasta -de palabra adecuada carecen para indicarlo los idiomas. Pretender -señalarlo en dos páginas sería el índice o el plan de un gran libro. -¿Qué es la moral? El código de preceptos que ha dado en seis mil años -el contacto de un hombre con otro, a fin de que vivan en paz sin -hacerse mal, amándose, procurándose el bien. La moral que nos liga -a Dios por nuestros padres, está después de Confucio, de Sócrates y -Franklin, adivinada, encontrada. Si algo le falta para ser perfecta -por el estudio humano y los sentimientos del corazón, la revelación la -completa en cuanto a la parte de los hombres más desligada de nosotros -mismos, que es el prójimo, el extranjero, el enemigo, clasificaciones -que distinguen tres grados de separación; por las leyes el prójimo es -indiferente; el extranjero, la tela de que se hizo siempre el esclavo; -para el enemigo, cesan todos los vínculos de la familia humana, la -muerte está pronta para él, sin remordimiento, con gloria. Cuando el -hombre se llame el enemigo, entonces deja de formar parte de nuestra -especie; ni las leyes, ni religión alguna han podido hasta hoy nada -contra los efectos morales de esta clasificación. - -Pero la moral se refiere a las acciones de los individuos solamente. -¿Cómo se llama aquella otra parte de la vida del hombre, en cuanto -a miembro de un rebaño, de una colmena, o de una bandada, puesto -que pertenece a la especie de los animales gregarios? Preguntádselo -al czar de Rusia, a un lord del parlamento, a Rousseau, a Rosas, a -Franklin, y cada uno os dará un bellísimo sistema de política, esto -es, de preceptos, de obligaciones, derechos y deberes que sirvan de -regla a los individuos en relación con la masa, con la sociedad. Los -unos pretenderán que el _uno_ que gobierna hará para el bien -común todo lo que le dé la gana; otros sostendrán que los lores son -los que tienen el derecho de hacer su soberana voluntad, y no faltará -quien sostenga que cada individuo tiene su parte de ingerencia en los -negocios de todos, bien que esto dependerá de la cantidad de bienes -que haya acumulado, o bien del estado de su razón. La política humana, -pues, no ha hecho tantos progresos como la moral, y puede ser todavía -puesta aquella ciencia primordial en el número de las especulativas, -no obstante referirse al hecho más antiguo, más duradero, más actual, -que es la sociedad en que vivimos. A la especie humana en general -le falta un sentido, si es posible decirlo. A la _conciencia_ -que regla las acciones morales entre los hombres, falta añadir otra -cosa que indique con la misma seguridad los deberes y derechos -que constituyen la asociación, la moral en grande, obrando sobre -millones de hombres, entre familias, ciudades, estados y naciones, -completada más tarde por las leyes de la humanidad entera. La ciudad -de Atenas parece que había adquirido este sentimiento; más tarde lo -tuvieron los patricios romanos; pero aquéllo lo destruyeron éstos, -hiriéndolo por la abertura que deja hasta hoy la moral, a saber, por -la clasificación del _enemigo_; y a los últimos los destruyó y -dispersó la _plebe_, que adquiría a la sombra del patriciado -el mismo sentimiento, y por los _extranjeros_, que de enemigos -conquistados, pasaron a sentir la gana de formar parte del senado -romano. - -Perdóneme Vd. esta tirada pedantesca, sin la cual no puedo explicar -mi idea. La población en masa de los Estados Unidos ha adquirido este -sentimiento, esta conciencia política, pues no sé qué nombre darle. El -cómo lo ha adquirido lo barruntará Vd. en la historia de los Estados -Unidos por Bancroft. Es un hecho que se ha venido preparando de cuatro -siglos; es la práctica de doctrinas y partidos vencidos y rechazados -en Europa, y que con los peregrinos, los puritanos, los cuáqueros, el -_habeas corpus_, el parlamento, el juri, la tierra despoblada, la -distancia, el aislamiento, la naturaleza salvaje, la independencia, -etc., se ha venido desenvolviendo, perfeccionando, arraigando. En -Inglaterra hay libertades políticas y religiosas para los lores y los -comerciantes; en Francia para los que escriben o gobiernan; el pueblo, -la masa bruta, pobre, desheredada, no _siente_ nada todavía -sobre su posición como miembros de una sociedad; serán gobernados -monárquicamente, aristocráticamente, teocráticamente, según lo quieran, -o no puedan resistirlo, los propietarios, los abogados, los militares, -los literatos. - -En Norte América, el yankee será fatalmente republicano, por la -perfección que adquiere su sentimiento político, que es ya claro y fijo -como la conciencia moral; porque es de dogma que la moral es adquirida, -sin lo cual la revelación era inútil, y no se ha hecho revelación -alguna a los hombres para guiarse en sus relaciones con la masa. Si una -parte de la Union defiende y mantiene la esclavitud, es porque en esa -parte la conciencia moral en cuanto al extranjero de raza, aprisionado, -cazado, débil, ignorante, está en la categoría del _enemigo_, y -por tanto, la moral no le favorece; pero, en todos los demás Estados, -en todas las clases, o más bien, en la clase única que forma la -sociedad, el sentimiento _político_, que debe ser inherente al -hombre, como la razón y la conciencia, está completamente desenvuelto. -De aquí nace que donde quiera que se reunan diez yankees, pobres, -andrajosos, estúpidos, antes de poner el hacha al pie de los árboles -para construirse una morada, se reunen para arreglar las bases de la -asociación; un día llegará en que no se escriba este pacto, porque -estará sobre-entendido siempre: y este pacto es, como ha visto usted en -la ley orgánica del Oregon, una serie de dogmas, un decálogo. Cada uno -creerá lo que cree; cada uno nombrará quien haya de gobernarlo; cada -uno dirá de palabra y por escrito su pensamiento; será juzgado por un -jurado, y se le admitirá fianza de cárcel segura por todo delito que no -merezca pena capital. - -Pero esta parte es solo la que puede formularse, que hay otra que -está en las ideas y en las adquisiciones hechas; y es la más digna -de estudiarse. Por ejemplo: un hombre no llega a la plenitud de su -desenvolvimiento moral e inteligente sino por la educación; luego la -sociedad debe completar al padre en la crianza de su hijo. Las escuelas -gratuítas son coetáneas y a veces anteriores a la fundación de una -villa. La sociedad necesita tener una voz suya, como cada individuo -tiene la que le sirve para expresar sus sentimientos, opiniones y -deseos; luego habrá _meetings_ y cámara de representantes que -_enacte_ todos los quereres, y prensa diaria que se ocupe de los -intereses, pasiones e ideas de grandes masas. Como la sociedad, aunque -naciendo en el seno de los bosques, es hija y heredera de todas las -adquisiciones de la civilización del mundo, aspirará a tener desde -luego, o lo más pronto, posta diaria, caminos, puertos, ferrocarriles, -telégrafos, etc., y de pieza en pieza llega usted hasta el arado, el -vestido, los utensilios de cocina perfeccionados, de patente, el último -resultado de la ciencia humana para todos, para cada uno. - -Estos detalles, que pueden parecer triviales, constituyen, sin embargo, -un hecho único en la historia del mundo. Vengo de recorrer la Europa, -de admirar sus monumentos, de prosternarme ante su ciencia, asombrado -todavía de los prodigios de sus artes; pero he visto sus millones de -campesinos, proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser -contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos, -los harapos y andrajos de que visten, no revelan bastante las tinieblas -de su espíritu; y en materia de política, de organización social, -aquellas tinieblas alcanzan a obscurecer la mente de los sabios, de -los banqueros y de los nobles. Imagínese usted veinte millones de -hombres que saben lo bastante, leen diariamente lo necesario para tener -en ejercicio su razón, sus pasiones públicas o políticas; que tienen -que comer y vestir, que en la pobreza mantienen esperanzas fundadas, -realizables de un porvenir feliz, que alojan en sus viajes en un hotel -cómodo y espacioso, que viajan sentados en cojines muelles, que llevan -cartera y mapa geográfico en su bolsillo, que vuelan por los aires -en alas del vapor, que están diariamente al corriente de todo lo que -pasa en el mundo, que discuten sin cesar sobre intereses públicos -que los agitan vivamente, que se sienten legisladores y artífices de -la prosperidad nacional; imagínese usted este cúmulo de actividad, -de goces, de fuerzas, de progresos, obrando a un tiempo sobre los -veinte millones, con rarísimas excepciones, y sentirá usted lo que -he sentido yo, al ver esta sociedad sobre cuyos edificios y plazas -parece que brilla con más vivacidad el sol, y cuyos miembros muestran -en sus proyectos, empresas y trabajos una virilidad que deja muy atrás -a la especie humana en general. Los norteamericanos sólo pueden ser -comparados hoy a los romanos antiguos, sin otra diferencia que los -primeros conquistan sobre la naturaleza ruda por el trabajo propio, -mientras los otros se apoderaban por la guerra del fruto creado por el -trabajo ajeno. La misma superioridad viril, la misma pertinencia, la -misma estrategia, la misma preocupación de un porvenir de poder y de -grandeza. - -Su buque es el mejor del mundo, el más barato, el más grande. Si en -alta mar encontráis en un día de bolina una nave que cruza arrebatada -por la borrasca, cuyas bocanadas inflan a reventar las velas, juanetes, -alas y arrastraderas, el capitán francés, español o inglés de vuestro -buque que ha tomado rizos a la vela mayor, os dirá a qué nación -pertenece; os dirá, rechinando los dientes de cólera que es yankee; lo -conoce en el tamaño, en la audacia, y más que todo en que pasa rozando -su buque sin izar la bandera para saludarlo. - -En los puertos o docks europeos vuestra vista tropezará con un -departamento especial en que están reunidas fragatas colosales, que -parecen pertenecer a otro mundo, a otros hombres; son los buques -yankees que principiaron por agrandarse para contener mayor número de -balas de algodón y han concluído por hacer un género en la construcción -naval. Quince buques de vapor de los que hacen el servicio del Hudson, -unidos por sus quillas y proas describen una calle de madera de una -milla de largo. Si en un día de tempestad veis en el Havre o en -Liverpool un buque empeñado en tomar la mar, es un buque yankee que -tenía anunciada para aquel día su salida, y que el honor al pabellón, -la gloria de las estrellas de su bandera, le prohiben aguardar, como -lo harán los buques de otras naciones, a que el viento abonance. -¿Qué buques son los que persiguen las ballenas en los mares polares? -Son casi exclusivamente los norteamericanos; y dentro de ese casco -solitario, de aquel _squatter_ de las aguas, encontraréis una -tripulación escasa, que no bebe licores, porque pertenece a la sociedad -de templanza, hombres endurecidos en las fatigas, que arrancan a los -peligros de la muerte un peculio para establecerse en los Estados -cuando vuelvan, para tomar un lote de tierra y labrarse una propiedad -y levantar una casa, y contar a sus hijos alrededor de la estufa de -hierro colado sus aventuras de mar. El año pasado la reina Victoria se -paseaba en su suntuoso _yacht_, acompañada del príncipe Alberto, -por la bahía de Falmouth. Los buques todos estaban empavesados para -honrar a las regias visitas. Sobre el tope del palo mayor de una -fragata norteamericana veíase un marinero yankee parado en un pie, -balanceándose con el buque que se mecía sobre sus anclas y tendiendo al -aire su sombrero en una mano en señal de saludo. He aquí la expresión -jeroglífica de la marina yankee. La reina se enfermó a la vista de -aquel espectáculo. Un marinero inglés hubo, picado de amor nacional, de -repetir la prueba. La reina lo prohibió con sus señales de espanto. ¿Lo -habría hecho? No lo hizo, y eso basta. Era una imitación de la audacia -ajena; el hombre es capaz de eso y mucho más; pero sólo el genio de un -pueblo inspira la idea y el coraje de ejecutarlo. - -Me detengo en este punto de la marina norteamericana, porque el buque -es para el yankee su medio internacional, la prolongación de su nación -para ponerse en contacto con todas las otras de la tierra; y en esta -época de movimiento universal, el pueblo que tenga buques más ligeros, -de construcción más barata y por tanto de fletes menos subidos, es el -rey del universo. En el Mediterráneo, en los mares de la India y el -Pacífico, anulan, suprimen y alejan de día en día toda otra marina y -todo otro comercio que el suyo. Oh, reyes de la tierra, que habéis -insultado por tantos siglos a la especie humana, que habéis puesto -el pie de nuestros esbirros sobre los progresos de la razón y del -sentimiento político de los pueblos revolucionarios, dentro de veinte -años, el nombre de la República norteamericana será para vosotros -como el de Roma para los reyes bárbaros. Las teorías, las utopías, de -vuestros filósofos, desacreditadas, ridiculizadas por la tradición, la -legitimidad, el _hecho consumado_, bien entendido que apoyados en -medio millón de bayonetas, para que el ridículo sea eficaz, encontrarán -el hecho también luminoso y triunfante. - -Cuando los Estados de la Unión se cuenten por centenares, y los -habitantes por cientos de millones, educados, vestidos y hartos, ¿qué -váis a oponer a la voluntad tan soberana de la gran República en los -negocios del mundo? ¿Vuestros guardianes de pordioseros? ¡Pero os -olvidáis de las naves americanas que os bloquearían en todos los mares, -en todos los puertos! Dios ha querido, al fin, que se hallen reunidos -en un solo hecho, en una sola nación, la tierra virgen que permite a -la sociedad dilatarse hasta el infinito, sin temor de la miseria; el -hierro que completa las fuerzas humanas; el carbón de piedra que agita -las máquinas; los bosques que proveen de materiales a la arquitectura -naval; la educación popular, que desenvuelve por la instrucción general -la fuerza de producción en todos los individuos de una nación; la -libertad religiosa que atrae a los pueblos en masa a incorporarse en -la población; la libertad política que mira con horror el despotismo y -las familias privilegiadas; la República, en fin, fuerte, ascendente -como un astro nuevo en el cielo; y todos estos hechos se eslabonan -entre sí, la libertad y la tierra abundante; el hierro y el genio -industrial; la democracia y la superioridad de los buques. Empeñaos en -desunirlos por las teorías y la especulación; decid que la libertad, -la educación popular, no entran por nada en esta prosperidad inaudita, -que conduce fatalmente a una supremacía indisputable; el _hecho_ -será siempre el mismo, que en las monarquías europeas se han reunido la -decrepitud, las revoluciones, la pobreza, la ignorancia, la barbarie -y la degradación del mayor número. Escupid al cielo, y ponderadnos -las ventajas de la monarquía. La tierra se os vuelve estéril bajo las -plantas, y la República os lleva sus cereales para alimentaros; la -ignorancia de la muchedumbre sirve de base a vuestros tronos, y la -corona que orna vuestras sienes brilla cual flor sobre ruinas; medio -millón de soldados guardan el equilibrio de los celos y de la envidia -de unos soberanos con otros, mientras la República, colocada por la -Providencia en terreno propicio, como colmena de abejas, ahorra esas -sumas inmensas para convertirlas en medios de prosperidad que da su -rédito en acrecentamiento de poder y de fuerza. Vuestra ciencia y -vuestras vigilias sirven sólo para aumentar el esplendor de aquélla. -_Sic vos non vobis_ inventáis telégrafos eléctricos para que la -unión active sus comunicaciones; _sic vos non vobis_ creasteis los -rieles para que rodasen las producciones y el comercio norteamericano. -Franklin tuvo la audacia de presentarse en la corte más fastuosa del -mundo con sus zapatos herrados de labriego y sus vestidos de paño -burdo; vosotros tendréis un día que esconder vuestros cetros, coronas y -zarandajas doradas para presentaros ante la República, por temor de que -no os ponga a la puerta, como a cómicos o truhanes de carnestolendas. - -¡Oh! me exalta, mi querido amigo, la idea de presentir el momento en -que los sufrimientos de tantos siglos, de tantos millones de hombres, -la violación de tantos principios santos, por la fuerza material -de los hechos elevados a teoría, a ciencia, encontrarán también el -_hecho_ que los aplaste, los domine y desmoralice. ¡El día -del grande escándalo de la República fuerte, rica de centenares de -millones, no está lejos! El progreso de la población norteamericana lo -está indicando; ella aumenta como ciento, y las otras naciones sólo -como uno; las cifras van a equilibrarse y a cambiar en seguida las -proporciones; y ¿estas cifras numéricas no expresarán lo que encierra -en sí de fuerzas productoras y de energía física y moral del pueblo -avezado a las prácticas de la libertad, del trabajo y de la asociación? - -[1] _Journal of Travels over the Rocky Mountains to the Mouth of the -Columbia River, made the years 1845 and 1846._ - -[2] Ley orgánica del Oregón, sancionada el 5 de julio de 1845. - -[3] El presidente de Estados Unidos, en el Mensaje de 1848, pedía que -se invitase a los habitantes del Oregón a entrar en relaciones con la -Unión y reconociesen la autoridad común, como un territorio. - - -AVARICIA Y MALA FE - -Tan fatigado lo considero de seguirme en estas excursiones que al -rápido andar de las ideas hago por los extremos aportados de la Unión, -tras de alguna manifestación de la vida de este pueblo, que para -su solaz quiero en adelante, en vías de puntos de descanso, poner -epígrafes a las materias que iré tratando. Usted ha comprendido, sin -duda, que el que precede anuncia que voy a hablar del carácter moral -de esta nación. En aquellas dos palabras se reasume, en efecto, el -reproche que hacen, más bien diré, el tizne que afea el carácter moral -yankee, y el entusiasmo por las instituciones democráticas se resfría -al ver las brechas que a la moral individual hacen, y no hay pueblo -medio civilizado que no se sienta superior a los yankees por este lado -al menos, al revés de las grandes naciones antiguas y modernas, de Roma -y la Inglaterra, en que el Estado era un bandido famoso, mientras los -individuos que lo componían practicaban las virtudes más austeras. - -Los Estados Unidos como gobierno son irreprochables en sus actos -públicos, mientras que los individuos que lo forman adolecen de -vicios repugnantes de que se creen menos sujetas las demás naciones. -¿Dependerá esto de una peculiaridad de la raza sajona? ¿Vendrá de la -amalgama de tantos pueblos diversos? ¿Será fruto ingrato de la libertad -y de la democracia? - -No se espante si muestro que a esta última causa más que a otra -ninguna atribuyo el mal moral que aqueja a aquellos pueblos. La -avaricia es hija legítima de la igualdad, como el fraude viene ¡¡cosa -extraña al parecer!! de la libertad misma. Es la especie humana que se -muestra allí, sin disfraz alguno, tal como ella es, en el período de -civilización que ha alcanzado, y tal como se mostrará todavía durante -algunos siglos más, mientras no se termine la profunda revolución que -se está obrando en los destinos humanos, cuya delantera llevan los -Estados Unidos. - -El mundo se transforma, y la moral también. No se escandalice usted. -Como la aplicación del vapor a la locomoción, como la electricidad a la -transmisión de la palabra, los Estados Unidos han precedido a todos los -demás pueblos en añadir un principio a la moral humana en relación con -la democracia. ¡Franklin! Todos los moralistas antiguos y modernos han -seguido las huellas de una moral que, dando por sentada, por fatal y -necesaria la existencia de una gran masa de sufrimientos, de pobreza y -de abyecciones, localizaba el sentimiento moral, dando por atenuaciones -la limosna del rico y la resignación del pobre. Desde las castas -inmóviles de indios y egipcios, hasta la esclavitud y el proletariado -normal de la Europa, todos los sistemas de moral han flaqueado por -ahí. Franklin ha sido el primero que ha dicho: bienestar y virtud; sed -virtuosos para que podáis adquirir; adquirid para poder ser virtuosos. -Mucho se aproximaba Moisés en sus doctrinas morales a estos principios, -cuando decía: honrad a vuestros padres para que así viváis largo tiempo -sobre la tierra prometida. Todas las leyes modernas están basadas en -este principio nuevo de moral. Abrir a la sociedad en masa, de par en -par, las puertas al bienestar y a la riqueza. - -Allá va el mundo en masa, y sabe Dios los dolores que va a costar -habituar a los goces de la vida, despertar la inteligencia de esos -millones de seres humanos que durante tantos miles de años han servido -para abrigar con el calor de sus entrañas los pies de los nobles que -volvían de la caza. ¿Qué es el capital? preguntan hoy los economistas. -El capital es el representante del trabajo de las generaciones pasadas -legado a las presentes; tienen capitales los que han heredado el fruto -del trabajo de los siglos pasados, como las aristocracias, y los que -lo han adquirido en este y el pasado siglo con los descubrimientos de -las ciencias industriales y las especulaciones del comercio; es decir, -poquísimos en proporción de la masa pobre de las naciones. He aquí, en -mi humilde sentir, el origen de la desenfrenada pasión norteamericana. -Veinte millones de seres humanos, todos a un tiempo, están haciendo -capital, para ellos y para sus hijos; nación que nació ayer en suelo -virgen y a quién los siglos pasados no le habían dejado en herencia -sino bosques primitivos, ríos inexplorados, tierras incultas. Despertad -en Francia o en Inglaterra, por ejemplo, esos veinte millones de -pobres que trabajando veinte horas diarias, se amotinan por conseguir -solamente que el salario les baste para no morir de hambre, sin aspirar -a un porvenir mejor, sin osar soñarlo siquiera, como pretensiones -impropias de su esfera; poned a los rotos de Chile en la alta esfera -de las especulaciones, con la idea fija de hacer pronto una fortuna -de cincuenta mil pesos, y veréis mostrarse entonces las pasiones -infernales que están aletargadas en el ánimo del pueblo. El roto os -pide diez reales por el objeto que venderá por uno, si le ofrecen -uno, y todavía os habrá engañado. Un chileno cree honrada a la masa -de su nación por serlo él y por desprecio al miserable roto, que, sin -embargo, forma la gran mayoría. Tal es la explicación del fenómeno -que llama la atención en los Estados Unidos. Toda la energía del -carácter de la nación en masa está aplicada a esta grande empresa de -las generaciones actuales, acumular capital, apropiarse el mayor número -de bienes para establecerse en la vida. La revolución francesa vió por -otro camino, aunque conduciendo al mismo fin, desenvolverse la energía -moral de la nación; la gloria militar puesta al alcance de quién -supiera conquistarla, el bastón de mariscal en la boca de los cañones -del enemigo, y sabe usted los prodigios obrados por aquella nación. - -El norteamericano lucha con la naturaleza, se endurece contra las -dificultades por llegar al supremo bien que su posición social le hace -codiciar: el bienestar; y si la moral se pone de por medio cuando -él iba a tocar su bien, ¿qué extraño es que la aparte a un lado lo -bastante para pasar, o la dé un empellón si persiste en interponerse? -Porque el norteamericano es el pueblo, es la masa, es la humanidad no -muy moralizada todavía, cubierta allí en todas sus graduaciones de -desenvolvimiento bajo una apariencia común. ¿Quién es este hombre? se -preguntará usted en cualquiera parte del mundo; y su fisonomía exterior -le responderá: es un roto, un labriego, un mendigo, un clérigo, un -comerciante. En los Estados Unidos todos los hombres son a la vista un -solo hombre, el norteamericano. Así, pues, la libertad y la igualdad -producen aquellos defectos morales, que no existen tan aparentes en -otras partes, porque el grueso de la nación está inhabilitado para -manifestarlos. ¡Qué escándalo dieran si llegasen de improviso a ser -picados por la tarántula! - -Contribuyen a hacerlo más manifiesto las peculiaridades de la -organización de aquel país. Es tal el sentimiento de vida que se -experimenta en los Estados Unidos, tal la confianza en el porvenir, -tal la fe que se tiene en los resultados del trabajo, y tan grande -la esfera del movimiento, que el crédito reposa en la existencia del -individuo más bien que en la garantía de la propiedad. Un hombre -trabajando adquirirá infaliblemente. La estadística de la progresión -en que va la riqueza lo demuestra; luego, todo hombre que trabaja -tiene crédito. Ejemplo: un individuo remonta el Mississipi en un -vapor y propone la compra de 4000 barricas de harina. El vendedor -dice su precio y queda aceptado, después de preguntar quién es el -banquero del comprador. El vendedor escribe a Nueva York al banquero -indicado, pidiendo la solvibilidad del individuo, y con la respuesta: -posee 4000 pesos, crédito bueno, el contrato queda concluído a cuatro -meses de plazo, a pagar en Londres, donde se venderá la harina al -banquero del vendedor. Llegado el término del contrato el vendedor -ve el precio corriente de las harinas en Londres, en la época en que -ha debido efectuarse la venta y ya sabe a qué atenerse en cuanto a -la solvibilidad de su deudor. ¡Cuántos tropezones ha dado un yankee -para llegar a tener fortuna! Aquí llamamos quiebras; allá negocios -frustrados solamente, que irritan la actividad en lugar de paralizarla. - -Cuando el especulador es un Estado, el pícaro se presenta más -desfachatado. El Estado agencia capitales en Inglaterra para abrir -caminos de hierro, los obtiene y realiza su empresa; pero como es un -Estado naciente del Oeste, donde la población y la riqueza no son -grandes, los peajes no producen por largos años el interés del dinero, -el Estado deudor promete, aplaza de hoy a mañana el pago sinceramente, -miente, en seguida, por necesidad, se enfada de que le estén exigiendo, -y últimamente, un día amanece de mal humor, pone a la puerta al -acreedor importuno, y le declara en sus propias barbas, y a la faz -de todo el mundo, que _repudia_ la deuda, es decir que no paga. -¿Demandarlo? ¿Ante quién? He aquí el primer pícaro que se presenta -en el mundo, que no conoce juez en la tierra; el pueblo soberano. El -Presidente, el Congreso, el Juez supremo nada pueden contra esta clase -de bellacos. El gobierno mismo del Estado nada puede; ni la clase culta -y por tanto con vergüenza, porque emanando el poder del voto de la -muchedumbre ignorante y bribona, no acepta esta contribución nueva para -pagar la deuda contraída. Así se han conducido Mississipi, Illinois, -Indiana, Michigan, Arkansas y algunos otros más. ¡Qué bulla han metido -los banqueros en Londres con aquella magnífica muestra de la más -insigne felonía! Y, ¿qué remedio? - -Aquí principia el reverso de la medalla. Los diarios de Europa hacen -llover como sobre Sodoma y Gomorra el fuego de la execración universal, -y los Estados alzados se ríen con insolencia de tales bravatas. Mas en -los Estados que no han participado del crimen, principia una reacción -en nombre de la dignidad nacional, del honor de la Unión mancillado, -y los delincuentes soberanos empiezan a ponerse serios. Una línea de -circunvalación se establece en torno de ellos, y desde allí la opinión -pública los fulmina a mansalva. La clase ilustrada de los Estados que -han _repudiado_ las deudas siente la indignidad del procedimiento; -pero ¿qué hacer contra la mayoría que lo sostiene? Un diario entra -tímidamente en la cuestión; copia como por incidente algún artículo -censorio. Desde luego reconoce que dadas las circunstancias en que el -Estado se halló, y la insolencia de los ingleses, hizo perfectamente -bien, y les ha dado una lección severa, para que en adelante respeten -mejor la dignidad de un Estado soberano (tramposo). Pero las -circunstancias empiezan a cambiar felizmente la propiedad se desarrolla -rápidamente. ¿No convendría, _to repeal_ la _repudiación_? -¿Al menos reconsiderar el asunto, arbitrar medios, etc.? - -El pueblo soberano oye ya sin enojarse. Al día siguiente le insinúan -ideas de honor, sentimientos de generosidad, hasta que al fin la -opinión pública se forma, la reprobación excitada afuera halla ecos -en el Estado, un sentimiento de vergüenza apunta en los semblantes; -voces enérgicas se levantan en la minoría del Congreso, el movimiento -se generaliza, y el Estado criminal vuelve sobre sus pasos, entabla -negociaciones con los banqueros defraudados, y concluye por reconocer -por legítima la deuda del capital, y ofrece un 60 por ciento de los -intereses. Otro Estado, no habiendo podido terminar el canal en que -invirtió los capitales, pide que se le den las sumas necesarias para -llevarlo a cabo, y pagará todo. Un Estado, en fin, permanece inerte en -despecho del clamoreo universal, porque es muy pobre, muy apartado, y -no se admire usted, muy bruto. - -Esto último requiere explicaciones. - - -GEOGRAFIA MORAL - -Había pintado el plan iconográfico de la viabilidad de los Estados -Unidos, que si no es la base de la prosperidad de aquel país, es su -instrumento, como los dedos del hombre son los fieles ejecutores de su -pensamiento. Hay, también, una geografía moral en aquel país, cuyas -facciones principales necesito señalar. Conocido el suelo, verá usted -las corrientes civilizadoras que llevan a todos los extremos de la -Unión la mejora, la luz y el progreso moral. - -Conoce usted la historia y la colocación de los trece Estados -primitivos de la Unión americana. Dos siglos habían depositado allí -las grandes ideas políticas y religiosas que la Inglaterra había -arrojado sucesivamente de su seno. Bancroft ha hecho el inventario de -esas ideas, colocándolas cada una en la localidad que ocuparon desde -su establecimiento, con los peregrinos en la Nueva Inglaterra, con -los cuáqueros en la Pensilvania, con los católicos en el Maryland. -Aquella colonización fué menos de hombres que se trasladaban de un -país a otro, que de ideas políticas y religiosas que pedían aire y -espacio para explayarse. Sus frutos han sido la república americana, -frutos muy anteriores a la revolución francesa. La declaración de los -derechos del hombre hecha por el Congreso de los Estados Unidos en -1776, es la primera página de la historia del mundo moderno, y todas -las revoluciones políticas que se seguirán en la tierra, un comentario -de aquellos simples dogmas del sentido común. - -La declaración de la independencia fué como aquel creced y multiplicaos -de Dios a los hebreos. Desde entonces las ideas y los hombres se -pusieron en marcha hacia el interior; la república empezó a parir -_territorios_ que se convertían luego en _Estados_, como -un pólipo que echa al costado de su tronco nuevas ramas. Observe el -movimiento de las repúblicas sudamericanas desde su independencia -adelante, y verá cuán notable es la diferencia. Chile subdivide sus -antiguas provincias, pero sin aumentar ni el territorio poblado, ni el -número de sus ciudades. Las antiguas Provincias Unidas del Río de la -Plata ven desmembrarse su territorio, y de sus fragmentos constituirse -estados raquíticos y absurdos, mientras que las provincias que aún -quedan llevando el nombre argentino, se despueblan de día en día, -extinguiéndose sus antiguos planteles de ciudades como luces que se -apagan. Maine tenía, por ejemplo, en 1790, 96.000 habitantes; 151.000 -en 1800; 228.705 en 1810; 400.000 en 1830; 501.793 en 1840. Nueva York -tenía 340.120 en 1790; 586.766 en 1800; 959.949 en 1810; 1.372.812 en -1820; 1.918.608 en 1830; 2.428.921 en 1840. - -Pero a este movimiento de concentración se añade otro de dilatación. -Mississipi aparece en 1800 con 8.850 habitantes; en 1840, contaba ya -375.651. Arkansas no suena hasta 1820, en que presenta una población -de 14.273 habitantes; en 1840 tiene cerca de cien mil. Indiana -contaba en 1810, 4.762; treinta años después, 685.866. Ultimamente -Ohio, que en 1800 registró una población de 40.365, contaba en 1840 -un acrecentamiento de más de millón y medio. Asómbrese usted de -este diluvio de hombres que los primeros colonos en un desierto ven -llegar y establecerse en los alrededores. Me han mostrado un hombre -que no era viejo, el cual había visto nacer, desenvolverse y crecer -uno de aquellos grandes estados. ¿De dónde salen estos hombres, -desde que ya no hay Deucaliones que los produzcan tirando piedras -hacia atrás? La inmigración europea figura en segundo plano en estas -sucesivas inmigraciones, por más que aparentemente sea su número muy -considerable. Los Estados viejos o adultos engendran a los que van -apareciendo. El _indian hater_, odiador del indio, va adelante, -esparciendo los miembros de esta singular secta instintiva, que tiene -por único dogma perseguir al salvaje, por único apetito el exterminio -de las razas indígenas. Nadie lo ha mandado; él va solo al bosque -con su rifle y sus perros a dar caza a los salvajes, ahuyentarlos -y hacerles abandonar las cacerías de sus padres. Detrás vienen los -_squatters_, misántropos que buscan la soledad por morada, el -peligro por emociones, y el trabajo de desmontar por solaz. Siguen a -distancia los _pioneers_ abriendo las selvas, sembrando la tierra -y diseminándose en una grande esfera. Vienen en seguida los empresarios -capitalistas con emigrantes por peones, y fundando ciudades y aldeas -según que los accidentes del terreno lo aconsejan. Sobre estos cuadros -viene en seguida a colocarse la inmigración propietaria, mecánica, -industrial, joven, que se desprende de los Estados antiguos a buscar y -crear la fortuna. - -En esta expansión de la población norteamericana se muestran grados -de civilización muy marcados, desapareciendo casi del todo en los -extremos, al oeste por la diseminación de los habitantes y la rudeza de -las ocupaciones campestres, al sur por la presencia de los esclavos, y -por las tradiciones españolas o francesas. Medio siglo bastaría para -que la barbarie incurable de nuestras campañas argentinas se mostrase -en las extremidades de la Unión, si los elementos vivos de regeneración -que encierra aquel país no constituyesen un flujo y reflujo que tiene -en actividad toda la masa, y evita que las partes lejanas o aisladas se -estagnen y degeneren. - -¡La inmigración europea es allí un elemento de barbarie, quién lo -creyera! El europeo, irlandés o alemán, francés o español, salvo -las excepciones naturales, sale de las clases menesterosas de -Europa, ignorante de ordinario, y siempre no avezado a las prácticas -republicanas de la tierra. ¿Cómo hacer que el inmigrante comprenda -de un golpe aquel complicado mecanismo de instituciones municipales, -provinciales y nacionales, y más que todo, que se apasione como el -yankee por cada una de ellas, y las crea ligadas con su existencia y -como parte de su ser, de tal manera que si descuidara ocuparse de ellas -y de los intereses a que se ligan, temería que su vida y su conciencia -estaban a un tiempo en peligro? ¿Cómo habituarlo al _meeting_ a -que a cada instante recurre el pueblo para expresar _his sentiment;_ -y una vez expresado, una vez votados una serie de _and to be further -resolved_, sentir aquel desahogo y como descargo de un peso que -experimenta el norteamericano, como si hubiera producido un hecho, o -desvanecido la opinión que combate? Así es que los extranjeros son en -los Estados Unidos la piedra de escándalo, y la levadura de corrupción -que se introduce anualmente en la masa de la sangre de aquella nación -tan antiguamente educada en las prácticas de la libertad. El partido -_whig_, que es la parte más racional de la nación, ha intentado -muchas veces poner trabas a la inmigración, y sobre todo prolongar -por muchos años el aprendizaje, que requiere el uso de los derechos -políticos. El partido nativista, hoy extinto, trató de crear una -especie de fanatismo nacional, parecido, aunque por motivos contrarios, -a nuestro _americanismo_; pero disiparon luego el interés de cada -Estado naciente los primeros nubarrones de preocupación que empezaban a -levantarse. Los Estados antiguos podían prescindir de los extranjeros, -pues que ya estaban densamente poblados y ofrecen poco aliciente a -los advenedizos. No así los estados del oeste, que pusieron desde -entonces en pública subasta la ciudadanía, bajando a porfía los años -de residencia y excusando requisitos para obtenerla. - -Contra esta relajación de la disciplina de los mayores y la más -sensible que trae la diseminación de la población de las campañas, la -organización social de aquel país tiene medios eficacísimos y que ya -hubieran producido sus resultados, si no fuese una obra interminable -mientras continúen llegando _i barbari_ de Europa por centenas de -miles, y hayan acres de bosques por descuajar por millares de millones. -Estas fuerzas de atracción, depuración y pulimento, son tan importantes -que me permitirá usted irlas enumerando. - -La posta diaria es la que más sensiblemente obra. La posta sonará a -las puertas de cada aldea lejana y depositará en ella, en algún papel -público, un tópico de conversación, y una noticia de las novedades de -la Unión. Usted concibe que es imposible barbarizarse donde la posta, -como una gotera diaria, está disolviendo toda indiferencia nacida del -aislamiento. No olvide que esta posta recorre 134.000 millas, y que en -partes tiene por auxiliar el telégrafo. - -Paso por alto la influencia civilizadora e irritante de la prensa -periódica. - -El juicio por jurados llama a los hombres de las campañas a cada -instante a reunirse, para juzgar causas criminales, y el payo juez -oye la acusación y la defensa, pesa las razones, compulsa leyes, se -habitúa a su mecanismo y juzga con toda seguridad de conciencia. El -hábito del jurado ha creado el crimen civil, impune, horrible, que -se llama la _Ley de Lynch_. Como Jesús decía: “Donde quiera que -estaréis reunidos tres en mi nombre, yo estaré con vosotros”, la -_Lynch’s law_ ha dicho al yankee de los bosques: “Donde quiera -que os reunáis siete en nombre de la voluntad del pueblo, la justicia -será con vosotros”. Guárdese usted en el Far-West o en los Estados -de esclavos de encontrarse con siete hombres reunidos y provocar sus -pasiones. Será usted colgado por aquellos jueces, más terribles y más -arbitrarios que los jueces invisibles de los tribunales secretos de -la Alemania antigua. La ley lo permite, y aquellas conciencias torvas -quedan exentas de todo remordimiento, ni más ni menos que el inquisidor -español que veía arder la víctima que con sus ardides había llevado a -la hoguera; así la religión y la democracia caen en el crimen cuando se -exageran sus principios y sus objetos. - -No ejerce menor influencia civilizadora la elección de presidente. -El norteamericano hace cincuenta elecciones al año. Derrotado en el -consejo de instrucción pública, se echa con el mismo ardor en la -de sacristán de su capilla; si pierde allí, espera con redoblado -encarnizamiento la de _attorney_, la de diputados para su Estado -o la de gobernador. No lo exalta menos la que requiere la renovación -de las cámaras, e incuba un año entero su ojeriza contra un candidato -para la presidencia y su amor por otro. Entonces la Unión se agita por -sus cimientos; los _squatters_ salen de los bosques como sombras -evocadas por un conjuro. La suerte de cada uno de aquellos galápagos, -está comprometida en el éxito; amenaza no sobrevivir al triunfo del -candidato _whig_, cual si dijéramos retrógrado; y si el escrutinio -deja burladas sus esperanzas, aprieta los puños se alejan en dirección -a su morada, jurando desquitarse en la elección de pastor de su -doctrina. - -La elección de presidente es, pues, el único vínculo que une entre -sí a todos los extremos de la Unión, la preocupación nacional única -que conmueve a un tiempo a todos los hombres y a todos los Estados. -La lucha electoral, es, por tanto, un despertador, una escuela y un -estimulante que hace revivir la vida adormecida por las distancias y la -rudeza del trabajo. - -Pero el mayor de todos los reactivos constitúyelo el sentimiento -religioso. Pasma, sin duda, a un católico tibio que llega de nuestros -países ver la escala extensa y elevada en que la religión obra, en -medio de aquella extrema libertad. Desde luego la Biblia está en toda -la Unión, desde el _loghouse_ del bosque hasta los hoteles de las -grandes ciudades, obrando en bien y en mal, los efectos de su lectura -diaria. Digo en mal, porque el apego a la letra del texto produce -consecuencias desastrosas en los ánimos estrechos. Sábese que en la -nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las leyes de Moisés; tal -era y es aún la idea de la perfección inmaculada de cada frase y de -cada versículo de la Biblia. A bordo de un buque se hablaba de las -maravillas del cloroformo. Un médico aseguraba que podía aplicarse -sin peligro a los alumbramientos.--¿Y usted lo aplicará a su mujer? -preguntaba un puritano presente.--¿Por qué no?--Pues yo no lo haría, -replicó seriamente el interlocutor.--Eso depende del grado de confianza -de cada uno en su eficacia.--No, señor; el Génesis dice: parirá la -mujer con dolores; y usted contraría la voluntad de Dios. Como se ve, -la cuestión del cloroformo era mirada por el lado de la conciencia, y -medida su bondad en el cartabón de la Biblia. - -El acento nasal de los yanquis, más pronunciado en el interior, -viéneles de la lectura cotidiana de la Biblia; pero en despecho de -estos pequeños inconvenientes, produce, por otra parte, resultados -inmensos. La historia aunque trunca, los preceptos de la moral, las -frases evangélicas, se pegan a la mente del lector; y la plática del -pastor se refiere cual comentario a aquellos puntos que el oyente -conoce y sobre cuya significación su ruda mente pedía esclarecimientos. -La lluvia de la palabra cae entonces sobre terreno abierto y sediente, -y no como la de nuestros predicadores ordinarios, que la arrojan -al viento en las plazas públicas, condimentándolas no pocas veces -con groserías para que sirvan éstas de mordiente al caer sobre las -naturalezas brutas del pueblo. La polémica de las sectas da más -animación y actualidad a estas lecturas, y la vida entera de un hombre -no basta para penetrar en los misterios que encierra en inmenso -catálogo su libro sagrado. Sesenta y siete colegios de teología -difunden por toda la Unión la ciencia religiosa, mientras que alcanzan -apenas a diez los consagrados a las leyes, produciendo, sin embargo, -un número de más de veinte mil abogados. El número de obras originales -sobre aquel punto es tres veces mayor en los Estados Unidos que el de -otras consagradas a investigaciones de la ciencia. Esta peculiaridad -nacional hará de aquel pueblo una entidad aparte en el mundo moderno. - -Para mantener el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las -campañas remotas, millares de pastores viajeros, que pasan toda -su vida en misión; hombres rudos y enérgicos que llevan a todas -partes la agitación, despiertan los ánimos, excitándolos a la -contemplación de las verdades eternas. Son éstos verdaderos ejercicios -espirituales, como los de los católicos; más espirituales aún, pues, -sin amedrentarlos con las penas del infierno, el pastor o los pastores -reunidos en un mitin religioso, al aire libre o en algún galpón -improvisado, sacuden las embotadas inteligencias de los campesinos, -les presentan la imagen de Dios en formas grandiosas, inconcebibles; -y cuando el estimulante ha producido su efecto, envían a las mujeres -al bosque de un lado y a los hombres del otro, para que mediten a sus -solas, se encuentren en presencia de sí mismos viendo su nada, su -desamparo y sus defectos morales. - -Los resultados de esta curación moral son extraños e inexplicables. -Las mujeres entran en delirio, se tuercen y revuelcan por el suelo, -echando espumarajos; lloran los hombres y aprietan los puños, hasta -que, al fin, un himno religioso, entonado en coro, empieza, lentamente, -a dulcificar aquellas santas amarguras; la razón recobra su imperio, -la conciencia se aquieta y tranquiliza, y una profunda melancolía se -pinta en los semblantes, mezclada de síntomas de bondad moral, como si -hubiese robustecídose el sentimiento de lo justo con aquel vomitivo -aplicado al espíritu. Los profanos que han presenciado estas escenas -en las campañas, atribuyen aquellos efectos singulares de la palabra -a la excitación que producen sobre el cerebro las ideas elevadas, -en personas que por la monotonía de la vida aislada que llevan, -pasan meses enteros sin experimentar emoción alguna de placer ni de -dolor. Es aquel un drama entre Dios y la criatura, cuyas peripecias -tienen despierto al auditorio que es la parte más activa de la -representación. Acaso el cerebro tiene movimientos y revoluciones como -otros órganos del cuerpo humano también. Pero en todo caso el habitante -del Far West en nada se parece al bárbaro pastor o al labrador de -nuestras campañas, pues que está abundantemente preparado para oir -la palabra divina por la lectura de la Biblia y por los comentarios -teológicos de los divinistas. Pero lo que de todo esto importa para -mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos, las disidencias -teológicas y los pastores ambulantes, aquella grande masa humana vive -toda en fermentación, y la inteligencia de los más apartados habitantes -de los centros se conserva despierta, activa, y con sus poros abiertos -para recibir toda clase de cultura. A semejanza de una cuba, que no -importa la calidad del líquido que encierre, se mantiene ajustada y -apta para servir; mientras que si se le deja vacía, las duelas se -tuercen, los arcos se aflojan y queda con la acción del tiempo y las -fluctuaciones de la intemperie, inutilizada para siempre. - -Pero abra Vd. paso, todavía para un elemento civilizador, el más -activo que mantiene la vida en aquellos pueblos, religioso, político, -industrial, lleno del espíritu antiguo de las colonias, como, asimismo, -accesible a todos los progresos de la inteligencia moderna, el -descendiente de los viejos peregrinos, el heredero de sus tradiciones -de resignación y de endurecimiento al trabajo manual, el elaborador de -las grandes ideas sociales y morales que constituyen la nacionalidad -norteamericana, el habitante, en fin, de los Estados de la Nueva -Inglaterra, Maine, New Hampshire, Massachusetts, etc. He aquí la raza -bramínica de los Estados Unidos. Como los bramanes descendiendo de las -montañas del Himalaya, los habitantes de aquellos antiguos Estados, -se diseminan hacia el Oeste de la Unión, educando con su ejemplo -y sus prácticas a los pueblos nuevos que surgen sin pericia y sin -ciencia sobre la faz de la tierra apenas desmontada. Recuerda Vd. que -los peregrinos eran ciento cincuenta sabios, pensadores, fanáticos, -entusiastas, políticos, emigrados y probados por todas las calamidades -que pueden caer sobre los hombres; recuerda Vd., sin duda, que no -quisieron que con ellos se embarcase un sirviente al alejarse de las -costas de la Europa, resueltos como estaban a labrar la tierra con sus -propias manos y no reconocer desigualdades sociales en la nueva patria -que iban a buscar en la América: recuerda Vd., que se sentaron todos -debajo de una encina de donde hoy está Boston, y después de dar gracias -al Dios de Israel por su feliz arribo, discutieron las leyes que se -darían para gloria de Jehová y su libertad personal; recuerda Vd., por -fin, que esos hombres en aquella época establecieron escuelas públicas, -obligando a cada padre, tutor o patrón de niños, a darles educación -elemental para el espíritu y un oficio manual para el sustento del -cuerpo. Pues bien, los hijos de aquella escogida porción de la especie -humana, son aun hoy los mentores y los directores de las nuevas -generaciones. Créese que más de un millón de familias descienden, -en toda la Unión de aquella noble estirpe. Ellos han impreso en la -fisonomía del yankee aquella plácida bondad que se nota en la clase más -educada. Ellos llevan a toda la Unión la aptitud manual que hace de un -norteamericano una maestranza ambulante; la energía férrea para luchar -con las dificultades y vencerlas; y la aptitud moral e intelectual que -lo pone al nivel, si no en la línea superior, a lo mejor de la especie -humana. Estos emigrantes del Norte disciplinan las poblaciones nuevas, -les inyectan su espíritu en los mítines que presiden y provocan; en las -escuelas, en los libros, en las elecciones y en la práctica de todas -las instituciones norteamericanas. Las grandes empresas de colonización -y ferrocarriles, los bancos y las sociedades, ellos las inician y -llevan a cabo. Así es que la barbarie producida por el aislamiento -de los bosques, y la relajación de las prácticas republicanas, -introducidas por los emigrantes, encuentran en los descendientes de los -puritanos y peregrinos un dique y un astringente. Hay, pues, flujo y -reflujo, entre estas dos fuerzas contrarias; y por más que fuera rápida -la dilatación de la Unión y la mezcla y yuxtaposición de los pueblos, -ellos acabarían, al fin, por dar homogeneidad al todo y conservarle -el tipo original y nuevo, tradicional y progresivo que distingue a -aquel pueblo. ¿Sucede cosa igual en el resto del mundo en formas tan -perceptibles y constantes? - -Acaso, creerá Vd. que aquellos instrumentos de pulimento y purificación -nacional, a fuer de herederos de las antiguas creencias de los -peregrinos, mantienen la inmovilidad de las ideas y constituyen una -secta aparte. Bajo el aspecto religioso, los Estados Unidos presentan -el mismo espectáculo que las costumbres, y que la superficie de la -tierra. En ninguna parte del mundo puede decirse con más propiedad -que Dios está hecho a imagen y semejanza de los hombres. Los -norteamericanos tienen de Dios las ideas elevadas que de su esencia -nos han transmitido los hebreos por medio del cristianismo; pero las -sectas religiosas y las prácticas se adaptan allí a la inteligencia -popular, descienden a una especie que llamaría fetichismo si tuviese -por símbolos ídolos o manitúes; y se eleva hasta la filosofía pura, -el deísmo, sin perder su carácter profundamente religioso, y aun -sin salir de las grandes fórmulas morales del cristianismo. Como en -todos los pueblos eminentemente religiosos, hay hoy en este momento -en los Estados Unidos, santos, profetas, enviados de Dios, descensión -y ascensión visible del Espíritu Santo, y comunión entre el cielo y -la tierra. Hay religiones nuevas, que están naciendo y prometiendo -absorber toda la tierra; los mormones, son de ayer, y sus inspirados y -pontífices hacen milagros; testigo de ello que durante mi residencia -en los Estados Unidos, un profano descubrió que la luz pálida que -arrojaba el semblante del santo varón, procedía de una fricción que se -había dado con fósforo. El venerable pontífice no se dió por vencido, -diciendo que todos los milagros habían sido preparados así, ni sufrió -en lo menor la fe y fervor de los creyentes, que hoy ascienden a más -de ciento cincuenta mil. - -Hay religiones danzantes, y los fieles, después de haber oído la -oración del pastor, se lanzan a bailar hasta que el numen del baile -se despierta, y el cuerpo se lanza a hacer cabriolas frenéticas, -e indescriptibles. Entonces créese iluminado el paciente, que cae -al fin extenuado y demente. Como he visto en el baile Mabille, de -París, a la Reina Pomaré, la Rigolette, y otras celebridades hacer -diabluras, no me dejo atrapar fácilmente por estas manifestaciones del -Espíritu Santo. Sobre estas capas inferiores del culto en los Estados -Unidos descuellan disidencias cristianas más respetables, tales como -baptistas, metodistas, presbiterianos, congregacionalistas, cristianos, -episcopalistas, luteranos, alemanes reformados, católicos romanos, -amigos, universalistas, unitarios y otras sectas, entre las cuales -yo incluiría los deístas puros; pues, tal es el espíritu religioso -y tolerante de aquel país, que la negación de toda religión, lo que -nosotros llamamos la impiedad, forma una secta aparte contra la cual -nadie levanta la voz. Como una muestra de las proporciones que guardan -estas divisiones, apuntaré que los baptistas tienen 1.130 iglesias -y 4.907 pastores; los episcopalistas 950 iglesias, servidas por 849 -pastores; los católicos 912 iglesias con 545 sacerdotes; los unitarios -200 iglesias con 174 pastores, guardando todos los demás una proporción -descendente, según su colocación. - -He dicho tolerante en el sentido genuíno que los americanos dan a esta -palabra. Las sectas religiosas, forman en los Estados Unidos verdaderas -cofradías y naciones religiosas, no obstante estar entremezcladas en -las ciudades y en los campos. El médico, el escribano, el proveedor de -carne, el boticario de la casa, y aun el botero, han de ser de la misma -creencia de quien lo ocupa. Hay guerra sorda, proselitismo, en este -sentido. Pero la tolerancia se muestra en la impasibilidad con que un -metodista oiría contradecir sus dogmas por un católico y viceversa; -porque en los Estados Unidos los católicos que profesan por dogma la -intolerancia religiosa, son como aquellos tigres sin uñas ni dientes -que solemos criar en las casas. No se ha oído hasta ahora que un -católico haya mordido a nadie en Estados Unidos, donde hallan muy buena -la libertad religiosa de que disfrutan a sus anchas, no sin salvar -almas todos los años de los engaños falaces del tentador. - -Este caos religioso, aquellas cien verdades contradictorias están, -a su vez, sufriendo una elaboración, lenta, es verdad, pero segura, -ascendente. Mientras la barbarie mormónica hace sus progresos la -filosofía religiosa de los descendientes de los peregrinos viene -de alto abajo descendiendo hasta las profundidades de la sociedad, -acercando las distancias que separan todas las disidencias, echando -entre ellas blandas ligaduras que concluyen por estrecharlas, y que -terminarán al fin en absorberlas en el unitarismo, secta nueva, -panteísta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos -los bautismos, por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia, -y elevándose a regiones más encumbradas, desprendiéndose de toda -interpretación religiosa, concluye por reunir en un sólo abrazo -a judíos, mahometanos y cristianos, prescindiendo de milagros y -ministerios, como cosas que no cuadran con la forma orgánica que Dios -ha dado al espíritu humano, y clasificándolos en el número de las -figuras de la retórica. La moral del cristianismo como expresión y -regla de la vida humana, como punto de reunión asequible y aceptable -por todas las naciones, he aquí el único dogma que admiten, como la -virtud y la humanidad el único culto y la única práctica que prescriben -a los creyentes. - -Esta filosofía religiosa se extiende con rapidez en los seis Estados de -Nueva Inglaterra, tiene su centro en Boston, la Atenas norteamericana, -y como propagadores a los hombres más sabios de los Estados. - -Como Vd. ve, el espíritu puritano ha estado en actividad durante dos -siglos, y marcha a darse conclusiones pacíficas, conciliadoras, -obrando siempre el progreso sin romper en guerra con los hechos -existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente, como lo -emprendió la filosofía nacida del catolicismo en el siglo XVIII, y que -tan poco camino ha hecho. Si recuerda el espíritu religioso que campea -en los escritos de Franklin, notará que estas manifestaciones tienen -antecedentes en la filosofía de buen sentido que inició aquel grande -hombre práctico. - -Concluyo de todo esto, mi buen amigo, en una cosa que hará pararse los -pelos de horror a los buenos yanquis, y es que marchan derecho a la -unidad de creencias y que un día no muy remoto la Unión presentará al -mundo el espectáculo de un pueblo católico devoto, sin forma religiosa -aparente, filósofo sin abjurar el cristianismo, exactamente como los -chinos han concluído por tener una religión sin culto, cuyo grande -apóstol es Confucio, el moralista que con el auxilio de su razón dió -con el axioma: No hagas lo que no quieras que te hagan a ti mismo, -añadiéndole este sublime corolario: y “sacrifícate por la masa”. - -Si tal sucediera, y debe suceder, cuán grande y fecundo habrá de ser -para la humanidad el experimento hecho en aquella porción que dará por -resultado la dignificación del hombre por la igualdad de derechos, la -elevación moral por la desaparición de las sectas religiosas que ahora -lo subdividen, enérgico por las facultades físicas, y eminentemente -civilizado por la apropiación a su existencia y bienestar de todos los -progresos de la inteligencia humana. Norteamericano es el principio de -la tolerancia religiosa que está inscripto en todas las constituciones -y pasado ya a axioma vulgar; en Norte América fué por primera vez -pronunciada esta palabra que debía restañar la sangre que la humanidad -ha derramado a torrentes, y venido destilando hasta nosotros desde los -primeros tiempos del mundo. Católicos, cuáqueros, calvinistas, todas -estas variantes de una misma fe, venían a las colonias norteamericanas, -a yuxtaponerse, sin mezclarse, prevaleciendo los odios que había -engendrado la lucha en la Europa. Los padres peregrinos eran los -más celosos exclusivistas, porque habían atravesado el mundo, dice -Bancroft, para gozar el privilegio de vivir por sí mismos. La guerra -religiosa, la persecución había ya estallado entre aquellos miserables -restos de un naufragio común, despedazándose entre sí, en lugar -de prestarse mutuo auxilio y amparo para resistir a la desgracia. -Perseguían en Europa los anglicanos a los disidentes; los católicos a -los herejes; quemaban a porfía la Inquisición y Calvino, papas y reyes, -mahometanos y cristianos, de manera que usted no sabía adónde darse -vuelta sin riesgo de que lo hiciesen _biftec_. En Febrero de 1631, -llegó a América un joven maestro lleno del espíritu de Dios, y dotado -de preciosos dones. Llamábase Rogerio Williams. Tenía entonces poco -más de treinta años; pero su alma había madurado ya una doctrina que -le aseguró la inmortalidad, al mismo tiempo que su aplicación ha dado -paz religiosa al mundo americano. Era puritano y venía huyendo de la -persecución de la Inglaterra; pero sus agravios personales no habían -sido parte a obscurecer su clara inteligencia. La profundidad de su -espíritu le había descubierto la naturaleza de la intolerancia, y él, -sólo él, llegó al principio que es su único remedio efectivo. Anunció -su principio bajo la simple proposición de santidad de conciencia. -El magistrado civil podía reprimir el crimen, pero jamás dar reglas -a la opinión; castigar los delitos, pero nunca violar la libertad -del alma. Esta nueva contenía en sí misma una reforma completa de la -jurisprudencia teológica, borrando del código de las leyes el delito -de felonía por no conformidad; extinguiendo las hogueras que por tanto -tiempo había tenido encendidas la persecución; derogando toda ley que -hiciese obligatoria la observancia religiosa; aboliendo los diezmos y -toda contribución forzosa para el sostén de la iglesia; dando igual -protección a toda forma de fe religiosa, sin permitir que la autoridad -del gobierno civil se alistase contra la mezquita del musulmán, contra -el altar del adorador del fuego, la sinagoga judía, o la catedral -romana. - -Los principios de Roger Williams lo pusieron en perpetua lucha con -el clero y gobierno de Massachussetts. Williams no pactaba con la -intolerancia, porque decía: la doctrina de la persecución por causas -de conciencia es evidente y lamentablemente contraria a la doctrina de -Cristo Jesús. - -Los magistrados insistían en exigir la presencia de todo hombre en el -oficio divino, Williams reprobaba la ley, mirando como una abierta -violación de los derechos de un hombre compelerlo a unirse con -aquellos de creencia diversa; arrastrar al templo a los incrédulos -o mal querientes, era santificar la hipocresía. Una alma incrédula, -añadía, está muerta en pecado, y forzar al indiferente en una creencia -a entrar en otra, es como mudar de mortajas a un cadáver. Nadie debe -ser obligado a adorar, por mantener una creencia, sin su propio -consentimiento. - -Qué, le contestaban los puritanos, ¿el trabajador no merece su -salario?--Que se lo pague el que lo ocupa, replicaba el heresiarca -de la tolerancia. Su perspicacia le hizo desde entonces prever la -influencia de sus principios en el gobierno de las sociedades. En los -últimos días de su vida confirmó sus primeras ideas diciendo: “será -un acto de misericordia y de justicia para las naciones esclavizadas -romper el yugo de la opresión del alma, como es de fuerza obligatoria, -hacer que todos y cada interés y conciencia preserven la libertad y la -paz comunes”[4]. - -¡Y la luz fué! Desde Williams acá unos más pronto, otros más de mala -gana y refunfuñando, han tenido que apagar sus tizoncitos y dejarse de -esa bufonada de mal género que consiste en quemar hombres para mayor -honra y gloria de Dios. - -No tengo con qué acabar cuando yo entro en el campo de la teología; -me vuelvo yankee como usted ve, y hasta gangoso me pongo al leer -estos razonamientos. Pero mal que le pese, tengo aún que apuntar una -de las fuerzas de regeneración, propaganda y auxilio al moroso que -tienen en movimiento la inteligencia en Norte América y fuerzan a -marchar adelante a los rezagados. Su origen y su forma es religiosa, -si bien sus efectos se hacen sentir en todos los aspectos sociales. -Hablo del espíritu de asociación religiosa y filantrópica, que pone -en actividad millares de voluntades para la consecución de un fin -laudable y consagra caudales gigantescos a la prosecución de su obra. -En este punto el norteamericano se ha creado necesidades espirituales -tan dispendiosas e imprescindibles como las del cuerpo mismo, y esta -provisión de necesidades del ánimo, aquel tiempo, trabajo y dinero -empleado en dejar satisfecho un deseo, una preocupación, muestra -cuán activa es la vida moral de aquel pueblo. ¿Quién pudiera ser más -infatigable propagandista que el católico exclusivo para quien no hay -salvación fuera de la iglesia, y está en posesión de una verdad, de -que ve a tantos millares de sus semejantes extraviados? Preguntadle al -clero más intolerante cuánto dinero gasta de su bolsillo para proseguir -la reducción de los infieles, la moralización de las masas. Poquísimo, -por desgracia, y ese poco no es debido al sentimiento religioso que -lo anima, sino a las cualidades personales y a las predisposiciones -de ánimo del que se consagra a las obras de propaganda y filantropía. -¿A quién le ha ocurrido en la América española intentar una cruzada -contra la borrachera? En Estados Unidos se cuentan ya por millares los -propagandistas celosos de la templanza, y por cientos de miles los -que han subscripto la obligación de no probar licores, hasta que la -raza humana se cure de esta enfermedad que desbarata toda economía y -destruye toda moralidad. - -El norteamericano satisface deberes, y llena necesidades de su corazón -y de su espíritu con su dinero; y si hubiera de formar su presupuesto -anual de gastos diría 100 en comer y vestir, 20 en propagar las -buenas ideas religiosas, 10 para obras de filantropía, 50 para fines -políticos, 20 para civilización de los bárbaros. Así distribuída la -inversión del fruto del trabajo, se permite la libertad de mostrarse -egoísta, duro e interesado. - -_La Sociedad americana de templanza_ data desde 1826 y ya en 1835 -había en el país ocho mil sociedades, con millón y medio de miembros. -La caridad por los borrachos no se limita a buenos ejemplos. Cuatro -mil destiladores de aguardientes desmontaron sus alambiques, ocho mil -comerciantes se abstuvieron de vender licores, y mil doscientos buques -se hicieron a la vela sin provisión de aguardiente. La legislatura de -Massachusetts prohibió la venta de líquidos alcohólicos por menos de -15 galones. _The tract society_, que tiene por objeto moralizar -las clases ambulantes, como los marineros y otros, publicó en 1835 -cincuenta y tres millones de páginas. _La Sociedad americana de -escuelas dominicales_, formada en 1824, recolectaba diez años -después 136.855 pesos en un año, había hecho 600 publicaciones -diversas, y estaba en contacto con 16.000 escuelas, 115.000 maestros, -cerca de 800.000 discípulos. - -La _Sociedad bíblica americana_ ha recibido desde su fundación -hasta ahora poco, dos millones y medio de pesos, y abandonado a la -circulación cerca de cuatro millones de ejemplares de la Biblia. Omito -hablar a Vd. de las misiones en el Occidente, en cuyos países una -sola de ellas mantiene 308 misioneros, 478 escuelas, 17 imprentas, 4 -fundiciones de tipos para imprimir libros en idiomas ignorados aun de -nombre en Europa. Los resultados de las misiones americanas en Sandwich -los conocemos todos para que haya de detenerme sobre ellos, pues mi -ánimo al recordar todas estas sociedades es sólo hacer sensible una -de las muchas fuerzas civilizadoras que están en continua acción para -mejorar moral, religiosa y políticamente la condición del pueblo. -No es raro ver un banquero como Girard, que deja millón y medio de -duros para que se funde un colegio en que se eduquen jóvenes bajo -ciertas condiciones por él prescriptas, y otros filántropos que, como -Franklin, dejen un fondo para que dentro de dos siglos se disponga -de los intereses capitalizados. En todo este enorme y complicado -trabajo nacional, verá Vd. predominar una grande idea, la igualdad; un -sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio, -la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional -e individual de aquel pueblo. - -[4] _History of the United States_, by George Bancroft. - - -ELECCIONES - -Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados -Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de -poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad. -Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y -darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo, -tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un -arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar -prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las -poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo, -Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de -las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está -montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad -de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el -sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar -con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un -trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación -del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros -conocimientos americanos. - -No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para -vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la -constitución de los Estados Unidos en general, dan idea insuficiente. -Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver -elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la -de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado -muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para -penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego -de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede -haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso, -exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para -desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de -un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor -de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando -se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente -o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda -una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera? -El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen -apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo -bastante por una práctica comparativamente larga. - -El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los -diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el -candidato del partido _whig_, invitándolos a que se reuniesen con -los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy -edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo -que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la -balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da, -sin duda, mucha importancia. - -No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que -no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes -del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es -un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una -imparcialidad y franqueza sincera, lo hacen un juez competente y una -autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor: - -“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del -Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts, -como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección -anual, y se han convocado _meetings_ preparatorios por cada -uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante -delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de -candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes -para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listas _tickets_. -El _ticket whig_ como el _ticket_ democrático se anuncian -por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido, -y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun -me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento -y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios -candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido -de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la -prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la -vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande -extensión la prensa británica. - -“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados -divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los -cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores -acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia -su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto, -registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista -impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para -impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre -puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que -aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque -esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente -la mano, para que no introduzca dos o más _tickets_ en la urna. -Al fin de la elección los _tickets_ son examinados, y después -de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al -efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta -sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho -con el _ticket_ de su partido, puede borrar algunos nombres y -substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no -hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven -electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su -propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente -se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más -_tickets_, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes -candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual, -el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por -un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que -haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato -es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me -he asegurado de que la _intimidación_ en el sentido inglés de la -palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería -resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su -partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo, -pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las -elecciones. - -“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto -en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el -siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para -solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los -candidatos presentados en su _ticket_, a fin de persuadirlos a -que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de -dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones -para los _meetings_, y aun carruajes para traer los enfermos a las -mesas en cada elección. El número de votantes son la mitad o los dos -tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas -ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los -abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los -médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre -aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla -general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en -Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro -país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece -protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota -cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase -a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado -públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses, -damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella -no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de -abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia -que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia -con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”. - -_Elección en el Estado de Nueva York._ Hoy llegó a Boston -la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura, -gobernador, etc., de Nueva York: - -“El partido _whig_ sacó a la plaza dos piezas de artillería -de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta -simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo -pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo -los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo -de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido -opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar. - -“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de -distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era -día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré -hombres a la puerta teniendo las listas de los candidatos rivales, y -ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad -pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al -secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro, -se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo, -y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la -votación, conversando y calculando las probabilidades. - -“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una -escisión del partido _whig_ con motivo de la _licence-law_, -aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe -concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección. -Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los -candidatos democráticos; otra por los _whigs_ que eran contra -la _licence-law_ (ley prohibiendo vender aguardiente por menos -cantidad de quince galones) y otra por los _whigs_, sin expresión -de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos -cuyos nombres se hallaban en ambas listas _whigs_ tuvieron mayoría -sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva -elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto. - -“Espero con toda confianza que como el partido _whig_ ha triunfado -en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará un _bill_ -para que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en -donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo -pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace -en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras -falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última -elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”. - -“_Alborotos en Harrisburg._ Harrisburg, una villa a orillas -del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la -capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la -legislatura del Estado. La legislatura se reunió a principios de -Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un -informe, dos _speakers_ fueron elegidos, y se organizaron dos -cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando -comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba -reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la -marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el -atropamiento organizó una _comisión de salvación_, que dirigía -sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna -de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con -regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron -cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma -prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y -obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo -lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección -los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su -modo sus propias diferencias. - -“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto -despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado -con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los -informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva -revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen -viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los -motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima -a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el -pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse -presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia -al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando -el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo -muchos cambios de empleados _whigs_ para instalar en su lugar -a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera -contrabalanceados, que la lucha por el poder es de vida o de muerte, -y no hay resorte legal y político que no se toque por el partido -_whig_ para mantenerse en los empleos, y por los demócratas para -expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De -éstos hay electos sin disputa: - - Miembros democráticos 48 - Id. _whig_ 44 - Mientras hay ocho asientos del condado - de Filadelfia disputados y pretendidos - por ambos 8 - --- - 100 - -“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos, -y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos, -cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces -reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de -ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon -los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos -democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como -debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe -estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas -nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios, -y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La -minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría -de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales, -declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley, -los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran -sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados -por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales -correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un -distrito o de parte de un distrito. La minoría _whig_, por tanto, -dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su -manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamente al secretario de -Estado, que era también _whig_. Este certificado llegó antes del -de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo -alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar -a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese -conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de -los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan -hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus -oponentes. Si estos siete _whig_ hubiesen entrado en la Sala de -representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría -temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado un _speaker_ -(presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un -auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de -los Estados Unidos. - -“El partido democrático, considerándose en posesión _bona fide_ de -la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería -someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba -como un fraude _whig_; mientras que los _whig_, creyéndose -tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta -que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus -pretensiones. - -“Fácil es colegir la magnitud de los desórdenes que se siguieron a este -conflicto. Los dos partidos estaban casi contrabalanceados, y sus -temores y esperanzas excitados profundamente. El pueblo mismo es el -poder dominante, y cuando está excitado, no teme responsabilidad alguna -legal, sino que lleva a efecto sus deseos y convicciones en el modo que -mejor cuadra a las exigencias del momento. Apelará a las leyes cuando -el mal de que se queja no se hace irremediable con la demora; pero, en -el caso presente, si los demócratas hubiesen dejado a sus oponentes -tomar posesión de sus asientos, el daño se habría perpetrado _ipso -facto_, y recurrieron a un alboroto para impedirlo. En cualquier -país de Europa, (¿qué diremos del resto de América?) un asalto -tumultuoso sobre la legislatura, si hubiese tenido efecto, habría sido -el precursor de una revolución; pero aquí es un suceso de importancia -muy subalterna. En los Estados Unidos una revolución no puede conducir -a otra cosa que a la pérdida de la libertad. El sufragio es punto -menos que universal, y el pueblo elige, directa o indirectamente, -no solamente la legislatura, sino todos los empleados del Estado. -Las imaginaciones más desarregladas no pueden idear una forma más -democrática de gobierno; y como no hay clase aristocrática que tenga -intereses separados ni sentimientos diversos de los del pueblo que -pudiese usurpar el poder, una revolución conduciría al despotismo. Los -Estados están muy lejos de aquellas condiciones en que el despotismo -se hace posible. No hay una multitud pobre, ignorante y sufriente, que -un ambicioso pueda arrastrar a prestarle su fuerza física para echar -por tierra las libertades de su país. Una gran porción de electores son -dueños de fincas, mientras que la más humilde clase posee propiedad y -algún grado de inteligencia. Todos han sido educados en el amor, no -sólo de la libertad, sino también del poder. No hay desórdenes sociales -dignos de mención, y los que existen no son de naturaleza de inducir -a los ricos a desprenderse de su libertad, a trueque de asegurar -la salvación de sus vidas y propiedades. Generalmente hablando, la -justicia de hombre a hombre es hecha bien y ejecutada vigorosamente. -Solamente cuando el gobierno obra contra el pueblo, o el pueblo está -poseído del frenesí de hacer mal por medio de los tumultos, se sienten -débiles los poderes ejecutivo y judicial. Estas ocurrencias son raras y -nacen de causas temporales y específicas. No hay descontento general, -reforzándose secretamente hasta que se halla en actitud de estallar -por entre de las junturas que la ley deja, buscando desagravio en la -anarquía y en el derramamiento de sangre. Toda injusticia es sentida, -y proclamada por mil lenguas a guisa de trompetas, pintándola con -las formas más exageradas; y como el pueblo domina absolutamente -en la legislatura y en el ejecutivo, no puede durar hasta hacerse -verdaderamente formidable. Mirados a la distancia los gobiernos de los -Estados particulares, pueden aparecer tan débiles que se crea a la -sociedad constantemente expuesta a la anarquía; pero cuando se examina -de cerca la condición del pueblo, se ve que faltan los elementos de -anarquía. Estos gobiernos apoyados en los intereses populares, en -la inteligencia popular y la voluntad popular, tienen una base tan -ancha, que en las presentes circunstancias de la nación es imposible -trastornarlos, y como el poder de reconstrucción está constantemente -presente, aunque fuesen dislocados en algunas de sus partes, se reunen -con una rapidez, y reaccionan con una actividad que muestra los más -fuertes indicios de salud y de vigor. - -“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente -de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he -encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco -años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado -de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su -eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo, -aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy -imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se -miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es -sólida en su estructura, y sus bases son fuertes. - -“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el -llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la -rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres -de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios -tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen -un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba -que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni -derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y así sucedió -en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus -deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que -haya pasado toda aquella bulla”. - -“_Derecho de sufragio de Pensilvania._--Ultimamente ha sido adoptada -una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania, por la -cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia de _un_ -año en el Estado, en lugar de _dos_ que se necesitaban antes, y de diez -días de residencia del votante en el distrito en que ha de votar, cosa -que no se requería, y en el pago de una contribución del Estado o del -condado. Requiérense ambas contribuciones, pero toca a la legislatura -determinar la clase de pruebas por las cuales se han de acreditar -aquellos requisitos y aquella residencia. Las personas de color -residentes en el Estado, aunque libres y pagando contribuciones, son -privadas del derecho de votar. Antes de la enmienda no habían palabras -especiales para excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su -privilegio, tan inveterada es la preocupación contra ellos. - -“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad -de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los -fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige -ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El -número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las -elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y -local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del -votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor -peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia -era más remota”. - -“_Apuestas sobre las elecciones._--Ritner añade: “Yo recomiendo -fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas -sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego. -Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes -mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y -destruye la confianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de -la urna”. - -“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres -honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a -quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus -propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores, -magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de -la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión -que requiera la interposición legislativa, representa una pintura -humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación, -sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de -este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que -afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese -para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de -Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando -para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un -mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se -sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como -tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas -más severas”. - -“_Elección civil de Nueva York._--La elección de Mayor y consejeros -para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido -democrático ha quitado el poder a los _whigs_ y anda ahora -celebrando su triunfo. - -“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo -lleno de admiración. - -“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace -en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan -triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas. -Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él -había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo -una de esas tormentas nordeste que causan centenares de enfermedades -de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules. -¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de -mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión -que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos -trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall -y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los -loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer -en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién -cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenados _whigs_, y -esto basta”. - -“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados -medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No -hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que -pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia -son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de -extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley, -sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los -inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se -pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a -la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere -residencia en un _barrio_, como calificación para votar. Cuando un -partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales -en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una -porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el -barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y -jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a -sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la -ley. Llaman a esta operación _colonizar_. Los hombres virtuosos de -ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes, -o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula -hace, reune más dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto -se pide que haya una ley de registro. - -“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a -desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república -que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos. -Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su -país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda -cometer aquel crimen. - -“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo -hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección -se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos -partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de -registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción -de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos -las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su -tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en -el sendero del deber”. - -“_Ley de elecciones._--El 7 de mayo sancionó la legislatura de -Nueva York una ley para remediar los abusos que se perpetraba en las -elecciones. Por ella se dispone que toda persona que jure falso en -cuanto a su calificación será criminal de perjurio, y las personas que -indujeren a otros a jurar en falso, serán criminales de soborno de -perjurio, y ambos castigados en conformidad. - -“Las personas que tratasen de influir a un elector o apartarlo de votar, -pagarán una multa que no baje de 500 pesos, o sufrirán una prisión que -no exceda de un año, o ambas penas a un tiempo. Las personas que voten -u ofrezcan votar en un barrio que no sea el suyo propio, o más de una -vez en una elección, serán castigadas con prisión o multa en ambos -casos. Los habitantes de otro estado que voten en este serán criminales -de felonía, y serán puestos en la prisión de Estado por un término que -no pase de un año”. - -“_Elección de Nueva York._--El partido democrático ha triunfado -en la elección de los miembros para la legislatura de la _ciudad_ -de Nueva York por una mayoría de mil quinientos. Los diarios de -aquella ciudad de ambos partidos reconocen que la elección ha sido -conducida con orden y decoro, y que el resultado expresa francamente la -opinión de la mayoría. Esta elección tuvo lugar bajo la ley enmendada: -las elecciones civiles del pasado abril habían sido señaladas por -deshonrosa corrupción en general, y perjurios de ambos partidos. - -“En el Estado de Nueva York, los _whigs_ han elegido el gobernador -y los electores de ambas cámaras de la legislatura; de modo que los -demócratas sólo tienen ascendiente en la ciudad”. - -“_Elección de Boston._--Hoy es el día de hacer elección en Boston -para gobernador y otros empleados del Estado, y para miembros de la -legislatura; y yo fuí a una mesa a observar los procedimientos. Había -orden y buen humor; pero la opinión está profundamente dividida sobre -la ley que prohibe la venta de licores al menudeo, y estas diferencias -van a obrar sobre la legislatura por medio de la urna electoral. Ya he -mencionado que por sólo la agitación moral, la causa de la temperancia -había hecho tan grandes progresos en Massachusetts, que en 1838 la -legislatura sancionó una ley a la cual concurrieron whigs y demócratas, -prohibiendo la venta de todo licor que contuviese alcohol, en menor -cantidad que quince galones, excepto con licencia especial; que muchos -amigos de la temperancia se opusieron a ella desde el principio, -porque llevaban las cosas demasiado adelante, y por ser errónea en -principio. En la mesa de las votaciones encontré un ticket regular -_whig_, conteniendo una lista de puros _whigs_; un ticket demócrata, con -una lista de puros demócratas, ambos sin referencia a la cuestión -de temperancia; un ticket _unión liberal_, conteniendo puros -candidatos _whigs_, pero una mitad partidarios y otra adversarios de -la temperancia, o como decía, con mucha gracia, un amigo “un ticket -compuesto de un vaso de ron y otro de agua alternativamente”. Había un -ticket whig temperante, cuyos candidatos eran todos whigs y abogados -de la temperancia; un ticket democrático temperante, en el cual todos -eran demócratas partidarios de la temperancia. A más de estos había -un ticket liberal whig, uno independiente democrático, otro unión -temperancia, y otro abolición, no siéndome posible saber el significado -preciso de muchos de ellos. El resultado de esta elección en todo -el Estado fué que el gobernador whig Eduardo Everett fué removido, -y Mr. Marcus Morton, un juez demócrata, fué nombrado gobernador por -una mayoría de _uno_; los whigs conservaron su ascendiente en el -senado y en la sala de representantes sólo por una diminuta mayoría; -y, cuando se reunió la sala, su primer acto fué abolir la ley sobre el -menudeo de licores espirituosos casi a la unanimidad”. - -_El presidente de los Estados Unidos._--En marzo de 1839 debe -expirar el primer término de oficio de M. Van-Buren, y una nueva -elección de presidente tendrá lugar en 1840. Desde que llegamos a -los Estados Unidos los diarios whigs habían opuesto a Mr. Clay como -el candidato para la presidencia por parte de los whigs, a Van-Buren -nombrado por los demócratas para ser reelecto. Los whigs han tenido -una convención de delegados de todos los Estados en Harrisburg, en -Pensilvania, en la cual dejaron a un lado a Mr. Clay y nombraron al -general Harrison, residente en North-Rend en el Estado de Ohío como -su candidato, y a Juan Tyler de Virginia para la vicepresidencia. -Mr. Clay ha escrito una hermosa carta renunciando a sus pretensiones -y aconsejando unanimidad en las filas whigs en favor de Harrison y -Tyler. Los delegados, al regresar a sus estados respectivos, convocan -a los miembros de su partido a un _meeting_, para explicarles las -razones que han guiado a la Convención en la elección hecha. Reúnense, -entonces, _meetings_ de ciudad y de condados, a los cuales se -comunican estas explicaciones. Por medio de este mecanismo los whigs de -todo este vasto país son invitados a comenzar las operaciones bajo este -mismo espíritu para asegurar el éxito del objeto de esta elección. Los -demócratas siguen una marcha semejante; pero, como están en el poder, -su conducta es más bien defensiva que agresiva”. - -“La falta de un libro de registro de votantes es indudablemente un -defecto en la ley de elecciones de Nueva York; pero, si algún partido -político propusiese tal arreglo, sería acusado por el otro de querer -restringir los derechos populares, y hacer de ello capital político. -En la _ciudad_ de Nueva York, sin embargo, prevalecía el partido -democrático en 1839, mientras que el partido whig dominaba en la -legislatura del Estado. Los whigs se aprovecharon de la oportunidad -suministrada por los groseros fraudes practicados en la elección -municipal de Nueva York, para sancionar una ley mandando se llevase un -registro de electores en aquella ciudad. No lo habrían hecho así para -el Estado, porque el grito de derechos populares se habría levantado -contra ellos con éxito, mientras que nada perdían en la ciudad por -pertenecer ya a sus oponentes. Por tanto, estableciendo un registro -para aquella ciudad, hacían el bien que les era posible, esperando -ocasión de hacer extensiva la ley a otros lugares”. - -“Para adquirir popularidad es preciso buscar la opinión pública por -su lado flaco. Ya he descripto a la gran mayoría de los votantes -americanos como jóvenes ardientes, llenos de impulso, activos y -prácticos, pero deficientes de miras, profundas y extensas, y también -incapaces de proseguir un bien distante en medio de obstáculos y -dificultades. También dejo establecido que su educación, en proporción -de los poderes que ejercen y de los deberes, es muy defectuosa. Para -ganar el favor de un pueblo en esta condición de ánimo, no basta por sí -misma la actual capacidad para conducirse con honradez e independencia -en el desempeño de los destinos públicos; debe, además, dirigirse -a sus sentimientos predominantes, participar de sus aversiones y -predilecciones capitales, y adherirse con ardor a la causa o al partido -que sabe gozar de más alto favor”. - -“El puede representar su propia capacidad para el empleo, y su -certificado será recibido, con tal que bajo otros respectos su conducta -y principios sean aprobados. Si en el desempeño de sus funciones se -condujese muy mal, será depuesto del empleo al fin del término por -el cual fué elegido; pero la más sabia y concienzuda ejecución no -le asegurarán en lo general mantenimiento en el empleo, si aboga -públicamente por sus opiniones impopulares, aunque no tengan relación -con su empleo, o si pertenece a un partido que haya perdido el favor -público, o sido despojado del poder”. - -“El mejor remedio que puede proponerse para los males descriptos, -me parece que consiste en una educación más alta, y en dar mayor -preparación a los electores; si ellos hubiesen sido más completamente -instruídos en su juventud con respecto a las leyes que reglan la -prosperidad de las naciones como también en las cualidades del espíritu -humano, y en la indispensable necesidad de que los empleados públicos -tengan integridad y juicio para el recto manejo de los negocios, -entonces exigirían de sus hombres públicos más capacidad para captarse -el favor popular, y de este modo se conservarían en posesión de los -empleos hombres útiles y fieles”. - -“La excitación del espíritu público durante la lucha por la presidencia -es grande y universal; la lengua deja de expresar y los oídos de -escuchar otras palabras que aquellas que se refieren a la elección; la -prensa brama bajo el peso del asunto, y todas las funciones de la vida -parecen estar consagradas a este objeto. La elección del presidente -engendra mucha borrachera y desorden, fraudes, mentiras, soborno, -seducción e intimidaciones; pero, también, produce muchísimo bien. Las -medidas del gobierno son severamente examinadas por la razón, como -también interpretadas por las pasiones; toda la Unión es conmovida por -un solo interés, y la impresión de que todos pertenecen a una nación se -agita vivamente. Por un momento se olvidan los intereses locales y una -sola pulsación vibra desde el Maine al Misisipí. Mi temor es que sin -la repetición de estas elecciones, el pueblo de los diversos Estados -llegaría rápidamente a mirar a los otros como extranjeros, llevándolo, -insensiblemente, a aflojar los lazos que ligan a una gran nación. -Las elecciones de miembros para el congreso no producen este efecto; -porque, aunque aquella asamblea es nacional, cada uno de sus miembros -representa una sección del país. Sólo el presidente deriva del poder -del pueblo de toda la Unión”. - -“En la elección que tuvo lugar en noviembre de 1839, se trajo a las -mesas del escrutinio en Nueva York la cuestión de la moneda corriente. -Las divisas de los partidos eran por una parte bancos y papel-moneda, -y por la otra metálico, y una ley que proveyese de tesoreros en cada -Estado. Estas son cuestiones sobre las cuales Adam Smith, Ricardo, -Mac Culloch, y los más profundos economistas han diferido en opinión. -¿Vuestra educación os habilita para entenderlas y decidirlas? ¡No! Y -sin embargo vuestro pueblo _obra_, entienda o no entienda. Vota -en favor de los sostenedores del papel, y el papel florece. Si sucede -lo contrario, llevan al poder a los partidarios del metálico, y el -papel y el crédito desaparecen. Hace el pueblo experimentos. Pero -¡qué experimentos! ¡Cuántos millares de individuos y de familias son -arruinados por la violencia de cada cambio!” - - - - -INCIDENTES DE VIAJE - - -NUEVA YORK - -Mis aventuras de viaje en los Estados Unidos no merecen intercalarse -entre las reflexiones que el espectáculo de aquel país me ha sugerido, -por lo que sólo referiré a usted algunas que creo pueden interesarle. -Tomando balance a mi bolsa en París, hallé los últimos días de julio -que me quedaban escasos cosa de 600 duros. El viaje a través del istmo -sólo cuesta 700, y aún me quedaba por visitar la Inglaterra. Esta -quiebra, que defraudaba parte de mis esperanzas, aguzaba como sucede -siempre los deseos. ¡No ver la Inglaterra, ni el Támesis, ni aquellas -fábricas de Birmingham ni Mánchester! ¡No entrar en aquel océano de -casas de Londres, ni ver los bosques de mástiles de los _docks_ -de Liverpool!... ¡Maestro de escuela en viaje de exploración por el -mundo para examinar el estado de la enseñanza primaria, y regresar -a América, sin haber inspeccionado las escuelas de Massachusetts, -las más adelantadas del mundo! A caza de datos sobre la emigración, -que había querido estudiar en Africa: ¿podría darme cuenta de ella, -sin visitar los Estados Unidos, el país a donde se dirigen todos los -años doscientos mil emigrantes? Republicano en perspectiva y con la -presencia de la resurrección de la república en Francia: ¿volvería sin -haber visto la república única, grande y poderosa que existe hoy en la -tierra? - -Luego, donde la realidad flaquea, la imaginación continúa la obra. -Si llegare a la Habana siquiera, allí me ingeniaría, para pasar a -Venezuela, donde, por la prensa, la enseñanza y otras trazas, me -haría de recursos y de relaciones, para atravesar el continente -hasta Bogotá, y de allí hasta Quito a asomar al fin la cabeza en -Guayaquil, realizando por economía de medios, el viaje más novedoso y -sorprendente que haya hecho americano de nuestros días. Los fenicios -que circunnavegaron el Africa, se detenían, al decir de Herodoto, de -distancia en distancia, a sembrar trigo y cosecharlo para continuar su -viaje. ¿Por qué no me detendría yo en Caracas, por ejemplo, a enseñar -mis métodos de lectura, borrajear páginas en la prensa, abrir cursos -pedagógicos, y cosechar unos cuantos pesos, para irme arrastrando poco -a poco hacia los climas del sur, de donde había partido? - -Por otra parte, volver por el Cabo Hornos a Chile era tan prosaico y -tan desairado efecto hacía en la carta náutica que tenía abierta por -delante, que cogiendo a dos manos mi valor de calavera por reflexión, y -bien pesado el pro y el contra, resolví no sólo visitar la Inglaterra, -los Estados Unidos, el Canadá, y México, y más si en ello me venía -la fantasía, a fin de completar la idea que de largo tiempo halagaba -mi codicia, de hacer un viaje en derredor del mundo civilizado. ¿Qué -podría objetarse a este plan? Marcharía con el reloj en una mano y la -bolsa en la otra, y donde esta antorcha se me apagare... me quedaría a -obscuras, y a tientas y con maña buscaría mi camino hasta Chile. - -Tranquilizado con estas ideas, paseéme holgadamente en Londres, -recorriendo despacio la línea de ferrocarriles, que por Birmingham, -Manchester, conduce a Liverpool donde paré ocho días con el joven -argentino emigrado D. N. de la Riestra y establecido de muchos años en -una casa de comercio. Embarquéme en el _Montezuma_, buque de gran -calado, paquete de vela que hacía once millas a la menor brisa, y que -llevaba cuatrocientos ochenta emigrantes irlandeses a Norte América. -Mi poco ejercicio en el inglés me hizo tratar de cerca a una familia -judía que hablaba el francés. Una vez, al salir de la cámara, como -no acertase a abrir la puerta, un pasajero me dijo en español: tire -usted que está abierta. Era Mr. Ward, de la casa de Huth Gruning de -Valparaíso, y desde entonces pude creerme, gracias a sus deferencias, -libre de perderme, desconocido en el nuevo mundo que iba a visitar. -Un senador de los Estados Unidos regresaba de Europa, y conocía a Mr. -Horace Mann, el célebre secretario del _Board_ de Instrucción -Pública de Massachusetts, y como llovida del cielo me venía una carta -de introducción para este eminente maestro, pudiendo en ella Mr. Ward -responder que conocía la misión y la idoneidad del recomendado. Mi -camino se aclaraba, poco a poco, y todo temor, salvo el de flaquearme -la bolsa, iba por grados desapareciendo. - -La vida de mar es poco _contábile_. Por las tardes me acercaba -a la cubierta, a donde salían como ratas de sus cuevas los infelices -irlandeses, desnudos, macilentos, animada su existencia por la -esperanza de ver, en la tierra prometida, el término de sus miserias. -Emigraban viejas sexagenarias, y un ciego mendigo tocaba por las -tardes la zampoña, para que bailasen damas mugrientas, chupadas y -desmelenadas, con galopines en cueros o cubiertos de andrajos, lo que -no estorbaba que se agrupase en torno de aquellas parejas con figuras -de convalecientes de hospital, un público con trazas de turba de casas -de corrección. Habíales entrado la gana de morirse y seis u ocho -cadáveres se arrojaban al mar algunos días, sin que el baile de la -tarde estuviese por eso menos concurrido. - -Llegamos al fin a la rada de Nueva York, que por sus ensenadas y -profundidad, como por la belleza del paisaje, recuerda, con colores -más suaves y formas menos grandiosas, la de Río de Janeiro. La vista -de esta naturaleza plácida despierta involuntariamente en el ánimo el -recuerdo de los caracteres de Wáshington y de Franklin, prosaicos, -comunes, sin brillo, pero grandes en su sencillez, _good-natured_ -sublimes a fuerza de buen sentido, de laboriosidad y honradez. -Iba preparado al espectáculo, y no me sorprendieron ni las colinas -hermosísimas cubiertas de bosques, ni las caletas, canales y ensenadas -que rodean la ciudad, llenas de barcas y cruzadas por centenares de -vapores. Nueva York es el centro de la actividad norteamericana, el -desembarcadero de los emigrantes europeos, y por tanto, la ciudad -menos americana en su fisonomía y costumbres de las que presenta la -Unión. Barrios enteros tienen calles estrechísimas y desaseadas, -alineadas de casas de mezquina apariencia. Los cerdos son personajes -obligados de las calles y escondrijos, donde nadie les disputa sus -derechos de ciudadanía. Ocupa el centro de la parte más hermosa de la -ciudad el Broad-Way, la calle ancha que toca por un extremo en Garden -Castle, y en su desenvolvimiento enseña Trinity Church, templo gótico -de hermosa arquitectura y de cierta magnificencia, cosa rara en los -Estados Unidos. Ha sido construído por acciones, como todas las grandes -empresas norteamericanas. Hay en el Broad-Way hermosos edificios -particulares, un bazar en mármol blanco, que se cree no tiene rival en -Europa, y un teatro en construcción para ópera italiana. En una hora -conté en el Broad-Way 480 carruajes entre ómnibus, carros y coches que -pasaban frente a la ventana de mi Boarding-house. Por la noche dábase -el _Hernani_ en un teatro improvisado en Garden Castle, y allí nos -reunimos seis sudamericanos: Osma del Perú; el joven Alvear argentino; -el señor Carvallo y su secretario de legación, mi amigo Astaburuaga, -y un recién llegado, que a poco se introdujo en la conversación, -preguntando: ¿conocen ustedes a un señor Sarmiento, que debe haber -llegado de Europa? Era don Santiago Arcos, quien, reconociéndome por -el tal, me dijo que venía desde Francia en mi seguimiento, que desde -allí seríamos inseparables hasta Chile, y que éramos amigos, muy amigos -de mucho tiempo, acompañando estas palabras con aquel reir de buena -voluntad que tiene, y que haría desarmar la extrañeza más quisquillosa. - -La _prima donna_ cantó por añadidura, el jaleo, dirigiendo a -nuestro grupo desde las tablas palabras en español que le fueron -contestadas con una cuchufleta de manolo, de manera que estaba, por -decirlo así, en país de lengua castellana y de relaciones antiguas, -pues que al joven Osma lo había conocido en España, y vuéltolo a -encontrar en Londres, si no me engaño. Hasta las antiguas glorias de -la patria y sus actuales miserias encontraba allí representadas en el -general Alvear, con quien, allanadas ciertas dificultades de etiqueta, -y merced a reticencias convencionales, pasé tres días oyéndolo -hablarme de los pasados tiempos. El general Flores, del Ecuador, había -también recalado por allí, asaz mohino y cariacontecido, de lo que -nos divertíamos Osma y yo por los malos ratos que le habíamos dado en -Madrid. - -Nueva York es la capital del más rico de los Estados americanos. Su -municipalidad sería, por su magnificencia, comparable sólo al Senado -romano, si no fuese ella misma compuesta de un Senado y una Cámara de -Diputados que legislan sobre el bien de medio millón de ciudadanos. -Sólo la de Roma le ha precedido en la construcción de gigantescas obras -de utilidad pública, si bien de los restos de los famosos acueductos -que traían el agua a la ciudad eterna, ninguno ha vencido dificultades -tan grandes, ni empleado medios más adelantados. El acueducto de Croton -ha costado a la ciudad de Nueva York trece millones de pesos; prodúcele -una renta anual de seiscientos mil, y sus habitantes pueden en el -cuarto piso de sus casas disponer de cuanta agua necesitan torciendo -una llave. El acueducto de Croton comienza en el río Croton, que -corre a cinco millas del Hudson en un condado vecino. El _dam_ o -depósito de agua, que de él se ha formado para dar igualdad a la masa -de aguas, tiene 250 pies de largo, 70 de ancho en el fondo, 7 arriba, y -40 de alto, construído todo de piedra y cemento. Forma un lago dentro -de estas paredes de granito, cuya área cubre cuatrocientos acres de -terreno, conteniendo 500 millones de galones de agua. Desde este gran -depósito parte el acueducto perforando las montañas, o sostenido por -arcadas sobre los valles como los acueductos romanos de Segovia y -la Sabinia, dejando bajo puentes altísimos paso a los torrentes que -atraviesa. Antes de llegar al río Harlem, trae así recorridas treinta y -tres millas. El acueducto es de piedra, ladrillo y cemento, abovedado -por arriba y por abajo, con 6 pies 3 pulgadas de ancho abajo, y 7 pies -8 pulgadas en lo alto de las murallas del costado, y 8 pies 5 pulgadas -de alto. Lleva desde 13 y media pulgadas por milla, y descarga 60 -millones de galones de agua cada veinte y cuatro horas. Sobre el río -Harlem pasa en un magnífico puente de piedra de 1450 pies de largo -con 14 pilares, ocho de los cuales sostienen arcos de ochenta pies de -abertura, y otros de cincuenta, con superposiciones de 114 pies sobre -el nivel del agua. El canal pasa aquí en tubos de hierro colado que -dos hombres alcanzarán apenas a abrazar. El receptáculo que recibe -las aguas en la calle 86, a 58 millas del de Croton, cubre 35 acres, -y contiene 150 millones de galones. El depósito de distribución sobre -el monte Murray, calle 40, cubre cuatro acres, es de piedra y cemento -y a cuarenta y cinco pies sobre el nivel de la calle, y contiene -veinte millones de galones. Desde allí se distribuye el agua por toda -la ciudad en tubos de hierro, colocados en la tierra a suficiente -profundidad para que el agua no se hiele en el invierno. Los tubos de 6 -a 36 pulgadas de diámetro miden 170 millas; el agua sube a los pisos de -las casas, y hay otros tubos para volver a la tierra las aguas sucias. -El derecho que la Municipalidad cobra sobre el agua basta para pagar -el interés de 13 millones de capital invertido, los salarios de los -empleados y dejar una utilidad anual de más de medio millón, ahorrando -a los vecinos los millones que gastaban antes en proveerse de agua de -calidad menos exquisita que la de Croton. - -Hacían más gratas las emociones que el examen de la grande obra del -acueducto me causaba, los inteligentes comentarios, y las explicaciones -de incidentes prolijos que a medida que recorríamos los hermosos -alrededores de Nueva York, me iba haciendo don Manuel Carvallo, -enviado extraordinario de Chile en Wáshington. La solicitud de este -amigo, pues desde entonces nos hemos dado este nombre, me sacaba de -aquella especie de desamparo en que creía encontrarme entre los pueblos -del Norte de América, de lo que había sufrido moralmente y mucho en el -norte de Europa. Con él visité el Saint-James-College de los Jesuítas, -donde estudiaban varios jóvenes chilenos, las fábricas de caotchouc, -donde se confeccionaban puentes militares impermeables y equipos -completos de campaña, como asimismo todo aquello que en monumentos, -construcciones y establecimientos merecía ser conocido del viajero. - -Con su simpático secretario Astaburuaga emprendíamos las correrías -de detalle, sazonadas por recuerdos de Chile, y animadas por la -comunicativa _causerie_ de dos amigos que vuelven a verse después -de algunos años. Llevóme a visitar el cementerio Greenwood, separado de -Nueva York por un canal. - -Abraza el cementerio un espacio inmenso de terreno en el estado de -naturaleza. Accidentado por ligeras ondulaciones, ofrece una variedad -de aspecto que cambia a medida que se penetra en su solitario recinto. -Bosques seculares sombrean los terrenos bajos y aún las aguas de las -lluvias se depositan en lagunatos y zanjas. Un camino espacioso para -carruajes serpentea sin sujeción a merced de los accidentes del suelo; -las yerbas del campo crecen a sus anchas en matorrales y arbustos, y en -lo alto de las pequeñas colinas descuellan, ya aislados, ya en grupos, -arbolillos graciosos de los que forman la variada flora norteamericana. -Allí, en el seno de la Naturaleza, reposan, en sepulcros desparramados -a discreción por la vasta superficie, las cenizas de los que quisieron -dejar algún rastro sobre la tierra de su efímero pasaje. A la sombra de -una encina secular se abriga una tumba de estilo gótico; una linterna -de Diógenes corona un montículo, y en el fondo de un vallecito, entre -arbolillos vistosos, se muestra un templete griego, depositario de -un sarcófago. ¿No es cierto que este sistema de cementerios a la -rústica, verdadero campo de los muertos, infunde sentimientos de -plácida melancolía, aligerada por la contemplación de la Naturaleza, -volviéndole a ella los restos orgánicos de ella recibidos, para que -disponga sin sujeción y a su arbitrio nuevas combinaciones y nuevas -existencias? Al menos esta impresión me causaba la vista, desde alguna -parte elevada del cementerio, apoyado en un sepulcro, de Nueva York -coronada de humo, y Brooklyn su vecina, la Bahía hermosa con sus grupos -de buques cual bosque de invierno, y los estrechos agitados por la -marea que levantan los poderosos vapores, terminando la perspectiva el -océano, límite natural de cosas terrenas, frontera de lo infinito e -imagen imperfecta de la inmensidad. - -El santuario de mi peregrinación era Boston, la reina de las escuelas -de enseñanza primaria, si bien cuando objetos de estudio nos llevan a -un punto, es permitido hacer un rodeo en busca de sitios pintorescos. -Para ir a Boston, pues, porque está al naciente del Hudson, dispuse -mi derrotero por Búfalo que está exactamente al Oeste. La cascada de -Niágara y los célebres lagos estaban de por medio, y no había que -trepidar en más o menos dóllars, no obstante el estado angustiado de -la plaza, que no tenía víveres (hablo de mi bolsa), sino para contados -días. Embarquéme en Nueva York a las siete de la mañana para Albany -(144 millas, un peso) a donde llegué a la tarde, pocos momentos antes -de la partida del tren de Búfalo (325 millas, doce pesos), en todo -469 millas en vapor o camino de hierro, y tres días de marcha, con -descansos de un cuarto de hora de distancia en distancia para comer y -almorzar. - -El Hudson es poética, histórica y comercialmente hablando, el centro -de vida de los Estados Unidos. Camino de Boston, de Montreal, de -Quebec, de Búfalo, del Niágara y de los lagos; arteria principal por -donde fluyen los productos del Canadá, Vermont, Massachusetts, Jersey -y el estado de Nueva York; sus aguas están de continuo literalmente -cubiertas de naves, a punto de hacerse obstrucciones de la vía, como -en las calles de las grandes ciudades. Los vapores se cruzan como -exhalaciones meteóricas, y los remolques traen consigo una feria de -buques amarrados a sus costados que levantan con sus quillas una -verdadera marea a su frente. Catorce naves cargadas preceden y siguen -al motor, ocupando una ancha superficie del río. Los vapores de -transporte asumen en los ríos norteamericanos la forma y la elevación -de casas flotantes de dos pisos, con azotea y corredores. - -Dan nuevo realce al espectáculo, de suyo grandioso por las formas -colosales de estos hoteles ambulantes, la apariencia culta, esmerada y -aun ceremoniosa de los pasajeros, pues es práctica general de hombres -y de mujeres ponerse vestidos de fiesta para hacer expediciones por -agua o ferrocarriles, si bien la fría reserva del carácter yankee y -su sociedad imprimen a estas grandes reuniones cierta fisonomía uraña -que en Europa sería tachada de aristocrática, siendo considerada en el -lugar de la escena por testigos europeos, como selvática, cuando solo -es en verdad reserva necesaria. Las damas ocupan la parte anterior -de los grandes salones y son el objeto de atenciones oficiales. Dan -todavía más animación a estos vapores la colocación de los prácticos y -timonel a la proa del buque, en lugar alto y aparente, y a veces debajo -de un elegante kiosco, dirigiendo, por cadenas que mueven un torno, el -timón del buque, desde donde pueden descubrir a cada instante su ruta, -cual si fueran realmente la cabeza y el alma inteligente de aquella -máquina. La campana suena a cada momento, anunciando la proximidad de -un lugar del tránsito, para que se preparen a desembarcar los que se -dirigen a él. - -Desde lo alto de la azotea del buque, dominando ambas riberas, el -viajero ve desfilar delante de sí, villas risueñas, montículos -coronados por edificios y árboles, y a sus costados centenares de -buques de todas formas y dimensiones que hacen su camino en sentido -opuesto en aquella calle pública, inmensa, resplandeciente y tersa como -un espejo. Así pasan revista, desde la salida de Nueva York, al océano, -la bahía con su movible panorama de buques, y las pintorescas islas, -estrechos y canales. La ciudad de Jersey, en frente del embarcadero, -la roca de Weehawken, que sale exabrupto de entre las aguas y sirve -de base a una _villa_ edificada en su cumbre, pintoresco término -avanzado a la entrada de las _Palizadas_, que son una muralla -perpendicular de rocas acantiladas, que se alzan cuatrocientos y -quinientos pies sobre la superficie de las aguas, y costea el río por -espacio de veinte millas. Este accidente de la naturaleza da al paisaje -una grandiosidad indescriptible, mientras, por el otro lado, la ribera -ostenta villas, ciudades, arboledas, colinas y bosques que mantienen -la animación y despiertan la curiosidad. Alguna ruina también corona -alguna altura, y los nombres de Hamilton y Wáshington son recordados -por algunas piedras subsistentes de fuertes tomados y destruídos -durante la guerra de la independencia. Monumentos vivos son, empero, -Westpoint, la academia militar en cuyo recinto 230 cadetes guardan -permanentemente el fuego sagrado de las tradiciones y la ciencia de -la guerra. El asilo de los huérfanos, el hospital de locos y otros -edificios públicos prestan, desde las alturas, sus formas griegas a -la decoración del río que se las disputa al Rhin en belleza, y que no -tiene rival sino en la China en actividad y movimiento. - -Al fin se presenta Albany, la capital política del estado de Nueva -York, porque parece que los congresos yankees huyen del bullicio de -las grandes ciudades. Los edificios públicos corresponden al título -de capital, aún más que a la extensión de la ciudad la importancia de -sus edificios particulares. El camino de hierro recorre desde allí 325 -millas al oeste, pasando por Amsterdam, Jonda, Utica, Roma, Verona, -Manlius, Siracusa, Camillus, Séneca, Itaca, Waterloo, Génova, Viena, -Víctor, Byron, Batavia, Alejandro, Attica y otras muchas ciudades -que reunen en una línea los nombres de ciudades, países y hombres de -diversos tiempos y lugares. - -Búfalo, término del viaje, está en el extremo este del lago Erie, que -lo es, a su vez, de la navegación del Hurón, el Michigan y el Superior. -La emigración alemana, sobre todo, ataca esta línea de navegación -por Chicago, que está al extremo oeste del Michigan y en contacto -con las cabeceras del Mississipi; y por Búfalo, que sirve de centro -a la navegación del Ohio por el canal de Cleveland y del Hudson por -el canal del Erie. La vista de esta ciudad, estrecha para el número -de habitantes que contiene, me hizo un efecto singular. Una turba de -buques de vapor dejaba escapar de sus chimeneas la gruesa mole de -humo del fuego que aún se está encendiendo. La descarga de pieles de -búfalo, y otras producciones del comercio con los salvajes, contrariaba -el movimiento de la procesión de pasajeros que se dirigen al puerto, -mientras que volviendo la vista a la ciudad, descubríanse sobre lo -alto de los edificios centenares de hombres ocupados afanosamente en -construir edificios nuevos, agrandándose la ciudad de improviso para -satisfacer a las necesidades de una población que cada año aumenta de -veinte mil almas. Búfalo tiene a su alcance, como todos los centros -predestinados de comercio futuro en la Unión, un depósito de carbón en -la península que forma el Michigan y el contiguo Huron. - -De Búfalo adelante las obras humanas, ferrocarriles, villas nacientes -y plantaciones nuevas, deslucen las sublimes obras de la naturaleza. -Desde allí al norte principia el pedazo más bello de la tierra. El -río Niágara sale del Erie manso y cristalino, reflejando en sus -ondas rododendrones y encinas entremezcladas, formando a los lejos -lontananzas azuladas de selvas primitivas, bajo cuyas espesuras -pueden aún verse los rastros misteriosos del mocasín del indio -indómito. Abrese en dos al formar la grande isla, y recoge luego sus -aguas para prepararse al sublime juego de aguas que comienza en los -_Rápidos_, y termina en la _Cascada_. El rumor lejano de este -salto portentoso, la neblina que se alza en el cielo de partículas -acuáticas, la excitación que causa la proximidad de sensaciones de -largo tiempo esperadas y presentidas, traen al viajero desasosegado -y acusando de lentitud al tren que lo arrastra. Llégase por fin a -_Niágara-Falls_, villa que alimenta la concurrencia de curiosos, -desde donde el redoble pavoroso de la caída atruena los oídos, el -torbellino de agua se hace más visible, descollando blanquecino sobre -las copas de los árboles; y entre los claros que sus troncos dejan a -medida que uno se acerca, divísase contrastando con la opacidad de la -enramada sombría, algún pedazo de _rápidos_, como un fragmento -de plata bruñida. Son estos rápidos cascadas subacuáticas en que la -enorme masa del Niágara viene despeñándose, sobre un lecho de rocas -escarpadas, que no se presentan a la vista, y que dan al agua un -blanco marmóreo. Mil trágicas aventuras han ocurrido, desde el cazador -indio que distraído un momento por el ardor de la persecución sintióse -llevado de la corriente en su frágil piragua, y después de esfuerzos -sobrehumanos para resistirla, apuró su calabaza de aguardiente, y -de pie con los brazos cruzados se dejó llevar a la catarata, que ni -los cadáveres entrega de sus víctimas, hasta los presidiarios que -apoderados de un vapor, no supieron gobernar y vieron descender la mal -dirigida nave a los rápidos y la catarata, sepultándolos para siempre -el abismo sin fondo que ha excavado la caída. Hablábase del reciente -fin de un niño caído en los rápidos y que ya tenían de la mano en la -isla de la Cabra, que promedia las dos caídas, volvióseles a escapar. - -Describir escena tan estupenda sería empeño vano. Lo colosal de las -dimensiones atenúa la impresión de pavor, como la distancia de las -estrellas nos las hace aparecer pequeñas. Cítanse con elogio los versos -que el espectáculo inspiró a una señorita. - - Flow on for ever, in thy glorious robe - Of terror and beauty. God hath set - His rainbow on thy forehead; and the cloud - Mantled around thy feet. Awe he doth give - Thy voice of thunder, power to speak to Him - Eternally--bidding the lip of man - Keep silence; and upon thine altar pour - Incense of awe-struck praise[5]. - -Teníame por pasajero pasablemente erudito en punto a cascadas. Había -visto la de Tivolí, tan bella, tan artística y tan poéticamente -acompañada de recuerdos históricos; la del Rhin, la más grande que -ocurre en Europa, y aquellas cien que alegran el paisaje suizo en los -Alpes. La de Niágara, empero, sale de los términos de toda comparación; -es ella sola en la tierra el más terrífico espectáculo. Sus dimensiones -colosales, la enormidad de las masas de agua, y las líneas rectas que -describe, le quitan, empero, toda belleza, inspirando sólo sensaciones -de terror, admiración y aquel deleite sublime que acusa el espectáculo -de los grandes conflictos. Imaginaos un río cristalino, como el -Bío-Bío, descendiendo de golpe de un plano superior a otro inferior. -Cortado el borde perpendicularmente, el agua describirá un ángulo recto -al cambiar del plano horizontal al vertical, y desde allí, después de -revolverse sobre sí misma en torbellinos plateados, seguirá el nuevo -plano inferior con la misma mansedumbre que antes de caer. La belleza -de la cascada la hacen las puntas de rocas salientes, que fuerzan -el agua a retroceder, lanzarse en el aire, subdividirse en átomos e -impregnarse de luz. - -La vista de las otras cascadas me había hecho sonreír de placer; más en -la del Niágara sentía que las piernas me temblaban, y aquella sensación -fiebrosa que indica que la sangre se retira de la cara. Llegándose a -ella por la isla de la Cabra, que la subdivide en dos, el ánimo viene -alegremente preparado por la escena menos tumultuosa que presentan los -rápidos, en que el Niágara desciende cincuenta pies en una milla. El -bosque primitivo que cubre la isla y oculta tras su ramaje la vecina -ciudad, la perspectiva aguas arriba en que el río viene caracoleando, -presenta uno de esos golpes de vista risueños, virginales, tan -comunes en los Estados Unidos. La cascada inglesa tiene la forma de -una herradura y cuatro cuadras de desenvolvimiento, sin accidente ni -interrupción alguna. La cascada del lado americano tiene doscientas -yardas de ancho y esto la hace llamar la chica. En ambas cae el agua -desde 165 pies y el canal excavado en la roca que la recibe, tiene cien -varas de profundidad y ciento treinta de ancho. Al ver escritas estas -cifras averiguadas por mensura, nótase la incompetencia del ojo humano -para abrazar las grandes superficies. San Pedro, en Roma, aparece una -estructura de dimensiones naturales, y la cascada del Niágara se achica -a la simple vista para ponerse al nivel de nuestra pequeñez. - -El espesor de la masa de agua es de 21 pies, de manera que no pudiendo -atravesarla la luz, conserva su color verde en el centro de la caída. -Este accidente, que revela a los ojos la magnitud de la escena, aumenta -el pavor que inspira. Vésela desde una linterna o garito construído en -la isla de la Cabra; vésela mejor todavía porque se llega al borde de -ella desde el lado inglés, desde donde el ojo puede perfilar la línea -vertical de la caída y medir el abismo que gruñe como una tormenta -de rayos, o un aguacero de cañonazos a sus pies. Vésela en todo su -esplendor y magnificencia desde a bordo de un vapor que sube todos los -días del lago Ontario, llega cargado de pasajeros hasta cien yardas -de distancia de la caída, detiénese allí con su motor listo para -contrariar la atracción de los remolinos, tirita el casco sobre aquella -agua atormentada, y espumando como si estuviera en delirio, y vuelve -atrás con los pasajeros, satisfechos ya de emociones terríficas. Pero, -la cascada no se siente, no se palpa, sino descendiendo al abismo que -le sirve de base, envolviéndose para ello en capotes de goma elástica -y dejándose conducir de la mano por un guía debajo de la caída misma, -donde se ha practicado un camino en la roca, con pasamanos de fierro, -que garantizan de las caídas ocasionadas por la presencia de centenares -de anguilas mucosas y resbaladizas que se acogen entre las sinuosidades -de la roca. Colocado en el fondo de esta singular galería, aturdido, -anonadado por el ruido, recibiendo sobre su cuerpo la caída de gruesos -chorros de agua, ve delante de sí una muralla de cristal, que creyera -dura y estable si las filtraciones de goteras no causaran la presencia -del líquido elemento. Salido de aquel húmedo infierno, volviendo a ver -de nuevo el sol y el cielo, puede decirse que el corazón ha apurado la -sensación de lo sublime. Una batalla de doscientos mil combatientes no -causará emociones más profundas. - -Del lado inglés hay un magnífico hotel y un museo, donde se muestran -búfalos vivos y se venden esponjas de mar y coral petrificados, que se -desprenden del suelo en que está la cascada. Aquello fué fondo de mar -en otro tiempo. - -Distínguese esta caída de las otras del mundo en que está situada en -el centro de una llanura, sin que a primera vista se descubra la causa -de su existencia. Descendiendo, empero, hacia Ontario, el fenómeno se -explica fácilmente. El lago Erie está en el centro de una plataforma -espaciosísima sin accidente alguno. Este llano es la superficie -superior de una meseta, cuyo borde está cerca del Ontario, el cual está -situado sobre otra meseta inferior. La diferencia de nivel que hay -entre uno y otro lago es de 300 pies; y la caída del río Niágara que -los une entre sí, debe hacerse necesariamente en el borde del banco o -meseta superior, que está no lejos de las márgenes del Ontario. Pero la -caída se encuentra siete millas más arriba, y la roca está excavada en -un profundo zanjón de la altura de la caída. La catarata ha ido, pues, -cambiando de lugar, o más propiamente hablando, va lentamente en marcha -hacia el Erie, adonde llegará un día. Bastaría fijar, por medio de la -observación, la distancia que avanza al año la catarata, derrumbando -o carcomiendo la roca que le sirve de lecho, para sacar una parte de -la cronología del globo. Según el geólogo Lyell, admitiendo que solo -un pie retroceda por año, ha necesitado 39.000 años para llegar desde -el borde de la escarpa que está cerca de la ciudad de Queenston. Pero -modifican este cálculo las diferencias de la altura de la caída en -cada uno de los lugares de su estación, y la diversa resistencia que -han debido oponerle la mayor o menor adherencia de las rocas que va -encontrando. La primera vez que un europeo ha descripto la cascada, ha -sido en 1678, que lo fué por unos misioneros franceses que levantaron -de ella un diseño. Otra descripción hay de 1751; pero las observaciones -geológicas no comienzan sino de una época muy reciente. Desde 1815 -adelante las dos caídas han ido alterando su forma por el derrumbe de -enormes trozos de rocas, y desde 1840 la isla de la Cabra ha perdido -algunos acres de terreno. - -Mr. Lyell descubrió hasta cuatro millas más abajo del lugar de la -caída, el lecho antiquísimo del río sobre la superficie de la tierra -y aun a mayor altura de la que hoy tiene el Niágara. Las conchillas -fluviátiles que se encuentran en bancos de residuos en la isla de -la Cabra, se hallan perteneciendo a las mismas especies y épocas, -en una línea hacia el Ontario que señala la dirección que llevaba -el río. Tenemos, dice este geólogo, en el costado de los barrancos -que va dejando el Niágara, un cronómetro que mide ruda, pero -significativamente, la inmensa magnitud del intervalo de años que -separa el tiempo presente de la época en que el Niágara corría por -muchas millas más al Norte sobre la superficie de la plataforma. Este -cronómetro nos muestra cómo los dos sucesos que creemos coetáneos, la -desaparición de los mastodontes y la época de la primera población -de la tierra por el hombre, pueden estar a distancias infinitamente -remotas una de otra. El geólogo, añade, puede cavilar sobre estos -acontecimientos hasta que lleno de espanto y de admiración, olvida la -presencia de la catarata misma, y deja de percibir el movimiento de sus -aguas, ni oye su estampido al caer en el profundo abismo. Pero, así que -sus pensamientos vuelven al momento presente el estado de su espíritu, -las sensaciones despertadas en su corazón se hallarán en perfecta -armonía con la grandiosidad y belleza de la gloriosa escena que lo -rodea. - -[5] Fluye por siempre, cubierta con tu glorioso ropaje de terror y -de beldad. Puso Dios sobre tu frente el iris, y una nube envuelve -cual manto tus pies. Te dió su voz de trueno con poder de hablarle -eternamente, sellando el labio humano, condenado a guardar silencio, -contentándose con derramar sobre tu altar el incienso de su hija, -adoración del terror. - - -CANADA - -El ferrocarril que corre al costado del zanjón formado por la cascada -hasta Queenston, cerca del Ontario, lleva los pasajeros que se dirigen -hacia Quebec o el lago de Champlain. Después de haber saboreado aquel -magnífico espectáculo, iba yo en mi banco rumiando las emociones -pasadas, y dejando escapar, de vez en cuando, alguna exclamación de la -admiración que había experimentado. Un yankee, que me escuchaba con -la plácida frialdad que distingue a este tipo de hombre, me mostró la -cascada bajo un punto de vista nuevo. _Beautiful! Beautiful!_ -decía, y para explicarme su manera de sentir la belleza, añadía: esta -cascada vale millones. Ya se han puesto algunas máquinas a lo largo -de los rápidos, de donde por canales poco costosos se sacan caídas -de agua para darles movimiento. Cuando la población de los Estados -se aglomere hacia este lado, el inmenso caudal de agua de la cascada -americana puede ser subdividido, y desviándolo, por canales que corran -sobre el terreno superior, traerlos a descargarlo al cauce inferior del -Niágara, a los puntos donde se hallen establecidas máquinas de tejidos -y de otras industrias. ¿Se imagina usted--me decía--que pueden usarse -motores de agua de la fuerza de cuarenta mil caballos si se necesita? -Entonces el Niágara será una calle flanqueada por ambos lados de siete -millas de usinas, cada una con su caída de agua del tamaño que la -necesite el motor. Los buques vendrán a atracar a la puerta y llevar -por el San Lorenzo, el Champlain, o el canal de Oswego, las mercaderías -a Europa o a Nueva York. _Beautiful! Beautiful!_ añadía, extasiado -en la aplicación útil de aquella mole enorme de agua, que hoy sólo -sirve para mostrar el poder de la Naturaleza. Yo creo que los yankees -están celosos de la cascada y que la han de ocupar, como ocupan y -pueblan los bosques. - -Pasando de un ferrocarril a otro, en medio de bosques todavía -despoblados, atravesando villorrios apenas diseñados, sin poderse -uno dar cuenta cómo pueden andar vagones por aquellas soledades -desamparadas, se pasa a uno de _Stages_, diligencias que remiendan -intervalos sin rieles, y en Queenston va a alojarse a bordo del vapor -que espera el tren para descender el Ontario, tocando en Oswego, -boca del canal que liga este lago con el canal que une el Ontario -con el Hudson. Van Buren, el expresidente, promoviendo la abertura -de este canal auxiliar, dió valor a unos terrenos que poseía en las -inmediaciones, sin que nadie haya criticado su procedimiento de -egoísta; pues el canal completaba, realmente, el estupendo sistema de -comunicaciones acuáticas de que he hablado en otro lugar. - -El país está aún despoblado por esta parte; el vapor del Ontario -se acerca a los barrancos, adonde salen los paisanotes de fraque y -las mozas envueltas en cachemiras a tomar pasaje. Divísanse a lo -lejos aisladas en el bosque aquellas cabañas de troncos de árboles -superpuestos, o de tablas descoloridas, que sirven de morada por los -primeros años al plantador que recién está descuajando el bosque. El -paisaje conserva toda la frescura virginal que Cooper ha pintado en -aquellos inimitables cuadros del _Ultimo Mohicano_. Ya he dicho -a Vd. que desde Búfalo hacia esta parte está el pedazo más bello de -la tierra. Sin la petulante lozanía de los trópicos y sin la fría -severidad de los bosques del Norte de la Europa, mézclanse en la -escena ríos como lagos, lagos como mares, rodeados de una vegetación -primorosa, artística en sus combinaciones y grandiosa en su conjunto. -Traíame arrobado de dos días atrás la contemplación de la Naturaleza, -y, a veces, sorprendía en el fondo de mi corazón un sentimiento -extraño, que no había experimentado ni en París. Era el deseo secreto -de quedarme por ahí a vivir para siempre, hacerme yankee, y ver si -podría arrimar a la cascada alguna pobre fábrica para vivir. ¿Fábrica -de qué?... Y aquí el deleite de tan bella vida se me tornaba en -vergüenza, acordándome de aquellos ostentosos letreros chuecos que -había visto en algunas aldeas de España, _Fábrica de fósforos_. -¡Y qué fósforos! ¿Enseñar o escribir qué con este idioma que nadie -necesita saber? Para curarme de estas ilusiones y recuperar mi alegría, -no necesitaba más que tomarle el peso a mi descarnada bolsa, y echar -una ojeada sobre mi contaduría en general para no volver a pensar más -en ello. - -Al vaciarse el Ontario en el río San Lorenzo hay un punto que se -llama Thousand Islands, las mil islas, que no son menos las que están -aglomeradas en un corto espacio. La escena fluvial más bella que la -Europa presenta es el Rin desde Maguncia y Colonia abajo. Yo lo había -recorrido hasta Harlem, frontera de la Holanda, desde donde por Utrecht -va un camino de hierro hasta Amsterdam, y de allí por La Haya se -desciende a Rotterdam para tomar el Escalda, que conduce a Amberes y -a Bruselas. Embellecen el Rin las tradiciones alemanas, los castillos -feudales que aún coronan las alturas; las ciudades renanas que ostentan -la estatua de Gutenberg, y la catedral de Colonia. Fluye el río -silencioso por entre quebradas sañudas y obscuras, sale a explayadas -que espacian la vista y enseñan las agujas de las iglesias de las -aldeas, y los viñedos que se esparcen enanos y casi rastreros por los -faldeos de las circunvecinas montañas. Más allá, y aproximándose a la -Holanda, el terreno baja, el río se ensancha, los molinos de viento -se suceden a los castillejos, y los ciénagos holandeses requieren los -canales que surcan el país en todas direcciones y los pasmosos diques -que oponen su hombro al porfiado y poderoso embate del océano, superior -en el nivel. - -En el San Lorenzo, la naturaleza, desnuda de todo atavío de arte -humano, se presenta a luchar con toda comparación posible. Aquí la -escena se dilata hasta donde la vista alcanza, sin encontrar, sin -embargo, objeto que introduzca la monotonía. El pasaje por entre las -mil islas es un sueño de hadas. Era el otoño, y los árboles de la -flora americana estaban ya matizados de colores de ópalo, amarillo y -púrpura, que tanto codician los pintores para las escenas rústicas. Hay -la encina norteamericana y otros árboles que se tiñen de rojo puro, y -tan subido que desde leguas atraen la mirada por su extrañeza. De este -ropaje estaban vestidas las islas, grandes algunas como para contener -una aldea, y tan pequeñas otras que parecían una canastilla de flores -flotando sobre las aguas. El San Lorenzo vuelve a hacer rápidos saltos -de distancia en distancia, lo que da a sus aguas cristalinas un blanco -esmaltado y sin espuma, por estar a mucha profundidad las rocas que -quiebran el agua. La corriente del río se presenta, entonces, como un -ancho reguero de plata, accidentado por aquellas cucas islas que traen -al espectador alborotado, cambiando la escena a cada paso, agrupándose -en formas y en cadencias caprichosas, descubriendo nuevos horizontes a -cada paso, hasta no entenderse en el laberinto que forman. Cuando el -vapor va a entrar en los rápidos, el maquinista detiene el motor, la -corriente de aquel canal de molino arrebata el buque, y el piloto con -mano firme lo endilga por entre los escollos y remansos que se forman -en aquella catarata continua. No sé si me han engañado; sesenta millas -hacemos, díjonos el piloto, mirando sin pestañear un pasaje difícil -que teníamos por delante. El tren expreso entre Manchester y Liverpool -hacía también 60 millas. Llégase a Kingston, ciudad del Alto Canadá, -cómpranse manzanas por hacer alguna cosa, y la noche mediante, llégase -a Montreal, la ciudad francesa de esta parte de las colonias británicas. - -El hotel Donegana, espacioso como nuestros claustros y arreglado en -todo como los grandes hoteles norteamericanos, acoge al pasajero -derrengado y mal traído, a merced de vagones, _stages_ complementarios -y vapores. El _hong-hong_ no falta para triturarle al infeliz los -nervios, si se obstina en dormir una hora más. - -¡Montreal, qué joya para figurar en impresiones de viaje! Dumas ignora -el tesoro que hay allí sepultado a sólo diez u once días de vapor -de Francia. Es la ciudad más adelantada del mundo en cuanto a la -aplicación y generalización de los medios más perfectos de construcción -civil. Las casas son de piedra de cantería o ladrillo. Las techumbres -están cubiertas de un manto de zinc, lo que da a la ciudad un aspecto -reluciente. El pavimento de las calles todas es de palo a pique como el -que se ha ensayado en París en frente de la Opera Cómica, y construído -bajo el mismo principio, y las aceras son de tablones atravesados y -montados sobre barrotes que permiten al agua escurrirse por debajo. -Bajo este respecto Montreal es la ciudad más altamente civilizada -que existe en el globo; pero hay un aspecto moral por donde es una -curiosidad fósil digna de observación. - -Sábese que el Alto y Bajo Canadá fué cedido a la Inglaterra por Luis -XIV, al fin de las desastrosas guerras que amargaron el ocaso de -sus días e hicieron pagar caro a la Francia el orgullo de sus reyes -y la arrogancia de sus ejércitos; triste y merecido fin que tienen -esos triunfos con que la fortuna engalana los primeros pasos de la -vida de los tiranos. La vejez trae sus arrugas, la conciencia sus -remordimientos, y el cansancio y la extenuación de los pueblos la -debilidad que da reparación a los ofendidos. Con Napoleón repitióse el -mismo cuento y con nuestro imbécil se reproducirá el mismo hecho, muy a -expensas nuestras. - -¡Vuelvo siempre a mis carneros! La población francesa de Montreal -lloró, como Cartago condenada a la destrucción, el día en que se -le anunció que había sido tratada como mercancía, entregada cual -vil rebaño a la odiada Inglaterra. Pero, el llorar y el mesarse los -cabellos en nada cambiaba la situación que la madre patria les hacía, -y hubieron de resignarse a su suerte desamparada. Desde entonces se -rompió el vínculo que los ligaba a la madre patria y no oyeron hablar -más de la Francia. Sus revoluciones posteriores, la república, el -imperio, la restauración y la casi restauración, han pasado sin que el -vulgo sepa de tan grandes sucesos, sino de oídas, aquello más notable; -pero sin sucesión, sin formar ya parte de la historia nacional. - -Los libros franceses dejaron de penetrar en la colonia inglesa, y todo -progreso en las ideas, toda novedad literaria o filosófica dejó para -los infelices de ser continuación y consecuencia de aquel movimiento de -ideas que comenzó en el reinado de Luis XIV y continuó con Rousseau, -Voltaire y el siglo XVIII. Para los franceses de Montreal, pues, la -Francia, la única Francia posible, es la Francia del gran rey con -su corte de Versalles, su etiqueta y su lujo asiático; los únicos -poetas, Corneille y Racine; las únicas glorias militares, las del gran -Condé, Catinant, Villars y Turena. El canadiense es ceremonioso como -un cortesano antiguo, y tan quisquilloso en punto a hidalguía, que -la genealogía de las familias es allí espejo que no ha de empañar ni -por el contacto mácula alguna. Viviendo bajo la dominación inglesa de -un siglo a esta parte, las madres no enseñan a sus hijas el inglés, -para ponerlas en la imposibilidad de oír a los odiosos opresores de -su raza; cuando en las calles se pregunta a los paseantes algo en -inglés, puede desfilar toda la población por delante, sin que haya -una persona de origen francés que se dé por entendida de lo que se -le pregunta. Hablad en francés y entonces las miradas se vuelven de -todas partes, los semblantes sonríen y la buena voluntad y el deseo -_d’être agréable_ vese pintado en la blanda ondulación de cada -músculo. “¡Ah! ¡señor, me decía un joven, con voz conmovida, viene -usted de Francia; qué feliz es Vd.! ¡Oh, la Francia, nuestra patria! -¡Si supiera ella lo que ha hecho, entregándonos a los ingleses! Ya se -ha arrepentido, ¿no es así? Porque ni aun en sus reproches querrían -ofender a este tipo de la nacionalidad de su raza. - -La religión se ha hecho un arma de oposición a los dominadores, y el -catolicismo una trinchera adonde se ha acogido toda la vida de este -pueblo desmembrado. El catolicismo cuan estable es en sus dogmas, ha -marchado, sin embargo, con los siglos, y afectando nuevas formas, para -adaptarse a las nuevas instituciones. Si queréis volver una página -de un siglo de su historia y verlo tal cual era, después de salido de -la Edad Media, id a Montreal y lo encontraréis en todo su primitivo -candor, lleno de savia y de fuerza y concentrando en sí, como en España -en tiempos de la reina Isabel, el patriotismo, el poder, y la fuente -del heroísmo. Hacia la base del monte que da nominación a la ciudad, se -levanta una hermosa casilla de ladrillo rodeada de árboles y colocada -en una pequeña elevación del terreno que la hace más pintoresca. Esta -casa, que me había llamado la atención, tiene tapiadas las puertas -y está abandonada. Preguntando a un canadiense el motivo de lo que -veía, “¡Que no sabe! me dijo, la casa del Judío. Y bien.--Del alma en -pena, _le revenant_. Un judío (si esta apelación no es, como lo -sospecho, todavía una muestra del viejo catolicismo) un judío era -el dueño de esa casa. Una noche, tarde de la noche, oyóse un tiro. -Al día siguiente los vecinos lo encontraron muerto, suicidado. Sus -compatriotas quisieron ocupar la casa; pero el alma del condenado -volvía a su habitación todas las noches, revolvía papeles, oíanse -gemidos y ruidos de cadenas. En vano han querido después habitar la -casa; esto hace ya veinte años, algunos vecinos pobres han intentado -ocuparla. El alma del condenado vuelve; las luces se apagan solas, y -comienzan los gemidos y el ruido de cadenas. La autoridad ha mandado -al fin amurallar las puertas, por miedo que la casa se convierta en -guarida de ladrones”. - -Yo escuchaba maravillado este cuento, que me traía a la memoria escenas -de mi infancia, oyendo horripilado historias de ánimas y aparecidos, -y miraba a mi hombre de hito en hito para ver si creía realmente lo -que me estaba contando, y si no concluía como algunos clérigos en -Roma que le enseñan a uno la mesa con tres patas en que almorzaba -Jesucristo con San Pedro y San Juan, y que concluyen por reírse de la -conseja cuando uno les pone cierta cara. Esta vez, empero, había en -la voz y en lo profundo de los ojos del narrador tal convicción, que -mostrar duda siquiera habría sido desmoralizarlo, porque la sencillez -de su espíritu, la sanción dada por todos, aun por la autoridad, a -esta tradición, no le habrían dejado sospechar que hubiera ningún ser -racional que dudase de la posibilidad de tales sucesos. - -Sobrevino el domingo y me dirigí a la catedral para visitarla. Jamás -había podido imaginarme espectáculo más imponente. Habíame enfriado -Roma con su Semana Santa y sus ceremonias. San Pedro es en esos días, -como siempre, un suntuoso desierto. Los romanos preguntan: ¿Ha estado -Vd. en San Pedro? ¿Ha visto al Papa?--Ellos no van nunca a la gran -basílica y pocas veces a las demás iglesias. Si en Roma sucede eso, -imagínese lo que sucederá en Francia, España y el resto de la Italia. -No recuerdo dónde he encontrado en diversas iglesias tres sacerdotes -que decían misa sin un solo oyente o alguna vieja mendiga por todo -acompañamiento. - -En la gótica catedral de Montreal había ese domingo de quince a -veinte mil almas oyendo la misa mayor. La población católica no se -desobliga del precepto, sino oyendo la misa episcopal, pontificada con -una pompa sencilla, servida por setenta y dos acólitos, monacillos y -oficiantes que pude contar por los bonetes en forma de conos truncados -y altos de una tercia que llevaban los oficiantes. No ofreciendo -suficiente espacio el pavimento de la catedral para tanto concurso, -se han adaptado a las naves exteriores dos anchas galerías salientes -que hacen dos corridas de palcos por ambos lados de la iglesia; y -las cuatro y el piso estaban llenos. Predicaba a la sazón el cura la -plática doctrinal; un profundo silencio reinaba en aquella inmensa -congregación, y una señora que me veía de pie, con los ojos y con la -mano me invitaba cortésmente a tomar asiento a su lado, en las lunetas -de madera que cubren toda la superficie del vasto edificio, más ancho -que la catedral de Santiago. Esto que veía entonces, sucedía siempre y -las acomodaciones de la iglesia me lo decían demasiado. - -Al día siguiente encontré en las calles larga procesión de niños en dos -filas y precedido por una cruz con paño llevada por un clérigo, que -se dirigían a la iglesia cantando en coro las alabanzas, seguidos del -cura y sotacuras, a oír la misa diaria, antes de entrar a las clases. -El cura, como fué práctica en los antiguos tiempos, es el maestro -de escuela de la parroquia, y los sotacuras son sus ayudantes si es -numerosa. Adoctrínalos con amor en todas las creencias; fortifícalos -contra toda innovación peligrosa y contra toda tibieza que pueda dar -entrada en sus almas al odiado protestantismo de sus amos. Así el -catolicismo se ha endurecido y reconcentrado para hacer frente a la -destitución de la raza y del idioma, y se apega a las añejas prácticas -y aun a las supersticiones más frívolas por no dar su brazo a torcer. -Todo esto es santo, bello, tierno, patriótico y ortodoxo, sin duda. -Pero, ¡ah, que está de Dios que no ha de haber cosa cumplida en este -mundo! Los católicos de Montreal poseen y cultivan una ignorancia -desesperante. Alejados de la administración, porque temen contaminarse -si aceptan empleos, viven ajenos de todo movimiento de la vida -pública. Al lado de los yankees, gobernados por la Inglaterra, no -poseen ninguna industria, cultivan mal la tierra, y la pobreza, la -obscuridad, la nulidad y la miseria los viene cercenando y estrechando -de todas partes. Hoy vende una familia patricia su casa que compra un -comerciante inglés, y mañana sus hijos están en la indigencia, y como -no tienen ni instrucción ni habilidad manual, concluyen sus nietos por -ser mozos de cordel o domésticos. Calcúlase que en un siglo más habrá -desaparecido este pueblo, incapaz de vivir en la sociedad actual y -obstinado por patriotismo en perpetuar un modo de ser que lo aniquila -lentamente. - -Los ingleses, en tanto, se desenvuelven por el comercio, por el -ejercicio del poder, por la inmigración y por la vida británica, tan -llena de expansión y actividad. Agitan los ingleses la separación de la -metrópoli y maldicen el día que vencieron a Montgomery, que les traía -la independencia. - -Montreal es un emporio de las peleterías del Norte, y los almacenes -están llenos de la variedad infinita de producciones que forman este -ramo. Después de haber visto aquella ciudad encantadora y que bajo las -formas más modernas encierra la población más vieja, hube de dirigirme -a Quebec, donde quería examinar una caserna que el gobierno inglés -había establecido para recepción de inmigrantes irlandeses. Dáseles -allí ración y ocupación diaria hasta que se les destina a los terrenos -que se han señalado para las nuevas plantaciones. A veces creo que no -debemos pensar en cosas nuevas, sino buscar dónde está ya realizada -la idea que nos embarga. Traía desde Alemania el pensamiento de estas -grandes hospederías, para acoger inmigrantes en nuestros países, y -hablándole de ello a Astaburuaga en Nueva York, indicóme la existencia -de ésta. Al tomar pasaje en San Lázaro abajo, vínome el remordimiento -de aquella prodigalidad de dinero con que iba haciendo mis viajes, -cual si fuera un príncipe ruso. Siete pesos debía costarme de ida y -vuelta la excursión a Quebec, duplicado de Montreal, ciudad menos bella -y pueblo menos virgen que el que había visto. ¡Siete pesos! Tomé un -vapor para atravesar el San Lorenzo con asiento en el ferrocarril de la -Pradera, que lleva a orillas del lago Champlain, camino de Nueva York, -tomando a lo largo el larguísimo lago, viendo aproximarse las costas, -alejarse o cruzarse puntas de tierra entrantes y ensenadas, variándose -el panorama con una movilidad infinita, hasta que llega a Whitehall, -donde se toma pasaje por un canal que conduce a Troya, desde donde el -camino de hierro lleva a Boston, fin de mi excursión por este lado. -Reasumamos la parte económica del viaje. De Búfalo a la cascada, camino -de hierro, 1 peso, 22 millas. De Niágara Falls a Lewiston, camino de -hierro, _stage_, 6 pesos, 31 millas. Lago Ontario a Montreal, -vapor, 10 pesos. De Montreal a la Prairie, vapor y ferrocarril, 1 peso. -De la Prairie, Lago Champlain a Whitehall, 1 peso; diligencia a Troya, -3 pesos; ferrocarril a Greenbush, 3 pesos. - - -BOSTON - -La ciudad puritana, la Menfis de la civilización yankee, tenía 18.000 -habitantes en 1790, 33.000 en 1810 y 114.360 en 1845. La ciudad está -fundada sobre una península, cuyo istmo de una milla sirve de principal -comunicación con el continente, si bien muchos puentes echados sobre -la bahía interior establecen nuevas líneas de contacto. Suaves colinas -accidentan el suelo y dan a la perspectiva puntos de vista agradables. -Vive aún la encina a cuya sombra se reunieron los _Peregrinos_ -para darse las leyes fundamentales. En Boston se dictó aquella famosa -ley de educación pública general y obligatoria de 1676, que ha -preludiado a la habilitación del género humano. En Boston se reunieron -en _meetings_ los colonos y resolvieron no pagar el derecho del -té, abstenerse del uso de esta infusión y arrojar al mar las cajas de -té del estanco. En Boston se disparó el primer fusilazo en la guerra de -la Independencia. En Boston están las escuelas públicas convertidas en -templos por la magnificencia de su arquitectura, y cada viviente paga -un peso anual por educar a los hijos de sus semejantes, y cada niño -pobre consume al año siete pesos de renta pública para educarse. En -Boston está la sede y el centro del unitarismo religioso, que propende -a reunir en un centro común todas las subdivisiones de secta y elevar -la creencia al rango de filosofía religiosa y moral. De Boston, en -fin, salen esos enjambres de colonizadores que llevan al Far West las -instituciones, la ciencia y la práctica del gobierno, el espíritu -yankee y las artes manuales que presiden a la toma de posesión de la -tierra. Cuatro líneas de vapores lo ligan con la Europa. Un ferrocarril -corre la costa hasta Portland en el Maine; otro hasta Concordia lo -pone en comunicación con el Estado de Nueva Hampshire; otro con Troya -y sus líneas y canales afluentes; tres con Nueva York, completándose -con líneas de navegación por mar o por la sonda de Long Island. Sus -hoteles son el primor de los Estados Unidos y el Fremont Hotel pasa -por superior a todos en elegancia y _comfort_. - -Había llegado de noche y entregádome a ese sueño de ganapán que termina -las trasnochadas e incomodidades de un afanoso viaje. A las tres de -la mañana me despiertan golpes redoblados a mi puerta, y una risa -prolongada y burlona que apenas podía contenerse. Acababa de llegar en -la noche; alma nacida podía saber que ya me hallaba en Boston, y sin -embargo, el burlón repetía muriéndose de risa: Abra, Sarmiento, soy -yo.--¿Quién es yo?--Y creía hacerme desesperar.--Yo, Casaffoust. - -Una noche en Nápoles tomaba helados en un café con un joven francés. -Como viese entrar a un individuo, dije a mi compañero en francés: Aquel -joven es americano, del mediodía, es de Buenos Aires. ¿Hay, realmente, -un tipo nacional argentino? Rugendas sabe reproducirlo con el lápiz, -y yo esta vez acertaba a conocer por la fisonomía a un compatriota. -Acercóse con reserva, miróme con frecuencia y al fin se aventuró a -decirme: “Creo, señor, haberle oído que soy americano”. En efecto, era -porteño, uno de esos caracteres enérgicos que se abren paso en el mundo -por su propio esfuerzo. Salido joven de su país, se había establecido -en Río de Janeiro, pasado a Valparaíso, Bolivia y Lima, y últimamente -asentádose en la América Central, donde, habiendo engrosado su fortuna, -había empezado a creer que el mundo no estaría satisfecho si él no lo -recorría. Despedímonos en Nápoles y nos encontramos de nuevo en Roma. -Allí tomó él para Trieste y yo debía salir más tarde para Florencia. Al -entrar en un café en Venecia, Casaffoust nos tapó la puerta; acababa -de desembarcar. No debíamos vernos más. El día que llegué a París lo -encontré de manos a boca en el bulevar América. En el hotel donde un -mes después fuí a alojarme en Londres, encontré a Casaffoust, que comía -a la sazón. ¡Era éste un fantasma que me perseguía! Después de cruzar -los brazos uno y otro para contemplarnos con extrañeza, nos echábamos -a reír de esta singularidad. Desde Londres partió al fin para Belice -en el _Istmo_, desde donde debía arribar a Costa Rica. No quiso -dirigirse, como yo se lo aconsejaba, a los Estados Unidos. La noche -que llegaba yo a Boston, partía él del mismo hotel, y mientras pagaba -su cuenta, leía en el libro de pasajeros, abierto ante sus ojos, _D. -F. Sarmiento_, entre los últimos llegados. Suspendió su viaje, -acompañóme dos días, y nos separamos prometiéndonos con las mayores -veras, no volvernos a encontrar más, porque aquella tenacidad me iba ya -dando que pensar. Esta vez lo hemos cumplido: no nos hemos visto más. - -El principal objeto de mi viaje era ver a Mr. Horace Mann, el -secretario del _Board_ de Educación, el gran reformador de la educación -primaria, viajero como yo en busca de métodos y sistemas por Europa -y hombre que al fondo inagotable de bondad y de filantropía reunía -en sus actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber. -Vivía fuera de Boston, y hube de tomar el ferrocarril para dirigirme -a Newton East, pequeña aldea de su residencia. Pasamos largas horas -de conferencias en dos días consecutivos. Contóme sus tribulaciones -y las dificultades con que su grande obra había tenido que luchar, -por las preocupaciones populares sobre educación, y los celos locales -y de secta, y la mezquindad democrática que deslucía las mejores -instituciones. La legislatura misma del Estado había estado a punto de -destruirle su trabajo, destituirlo y disolver la comisión de educación, -cediendo a los móviles más indignos, la envidia y la rutina. Su trabajo -era inmenso y la retribución escasa, enterándola él en su ánimo con los -frutos ya cosechados y el porvenir que abría a su país. Creaba allí, a -su lado, un plantel de maestras de escuela que visité con su señora, y -donde, no sin asombro, vi mujeres que pagaban una pensión para estudiar -matemáticas, química, botánica y anatomía, como ramos complementarios -de su educación. Eran niñas pobres que tomaban dinero anticipado para -costear su educación, debiendo pagarlo cuando se colocasen en las -escuelas como maestras; y como los salarios que se pagan son subidos, -el negocio era seguro y lucrativo para los prestamistas. Gracias a -sus desvelos, el Estado de Massachusetts, de que es Boston la capital, -contenía en 1846, en las trescientas nueve ciudades y villas que lo -forman, 3475 escuelas públicas, con 2589 maestros hombres y 5000 -maestras, asistidas por 174.084 niños. Observe Vd. que el número de -maestros de escuelas es mayor en este Estado que el monto total del -ejército permanente de Chile, y el tercio del de todos los Estados -Unidos. - -La población del Estado es de 737.700 habitantes, y los niños en estado -de asistir a la escuela, 203.877. - -Las rentas destinadas para sostener la educación pública son 650.000 -pesos, recolectados por contribución de escuelas[6]. Además de las -escuelas hay en Massachusetts 77 colegios públicos incorporados, con -3700 estudiantes y 1091 colegios y escuelas particulares, con 24.318 -discípulos, los cuales pagan 277.690 pesos por la enseñanza que reciben. - -Además de estas pasmosas sumas, cada localidad posee fondos cuyos -productos están especialmente destinados a la enseñanza. Estos fondos -producían quince mil pesos de censo, a los que se añadían más de ocho -mil pesos de sobrantes de rentas ordinarias que eran aplicadas por la -administración a este santo objeto. - -Para más ilustración de mi asunto, añadiré a Vd. que este Estado sólo -tiene siete mil quinientas millas cuadradas o treinta leguas de ancho -sobre sesenta y tres de largo. En este reducido espacio hay, como -he dicho, más de setecientos mil habitantes, dueños de trescientos -millones de pesos. - -Usted ve, mi querido amigo, que estos yankees tienen el derecho de -ser impertinentes. Cien habitantes por milla, cuatrocientos pesos -de capital por persona, una escuela o colegio para cada doscientos -habitantes, cinco pesos de renta anual para cada niño, y además -los colegios; esto para preparar el espíritu. Para la materia o -la producción tiene Boston una red de caminos de hierro, otra de -canales, otra de ríos, y una línea de costas; para el pensamiento -tiene la cátedra del evangelio y cuarenta y cinco diarios, periódicos -y revistas; y para el buen orden de todo, la educación de todos sus -funcionarios, los _meetings_ frecuentes por objeto de utilidad -y conveniencia pública y las sociedades religiosas, filantrópicas y -otras que dan dirección e impulso a todo. ¿Puede concebirse cosa más -bella que la obligación en que está Mr. Mann, secretario del _Board_ -de Educación, de viajar una parte del año, convocar a una reunión -educacional a la población de cada aldea y ciudad adonde llega, subir a -la tribuna y predicar un sermón sobre educación primaria, demostrar las -ventajas prácticas que de su difusión resultan, estimular a los pobres, -vencer el egoísmo, allanar dificultades, aconsejar a los maestros y -hacer las indicaciones, proponer las mejoras en las escuelas que su -ciencia, su bondad y su experiencia le sugieren? - -En los alrededores de Boston, a distancia de doce millas, unido a -la ciudad por un camino de hierro para las personas y por un canal -para las materias primas, está Lowell, el Birmingham de la industria -norteamericana. Aquí como en todas las cosas, brilla la soberana -inteligencia de este pueblo. ¿Cómo luchar con la fabricación inglesa, -producto de ingentes capitales empleados en las fábricas, y de salarios -ínfimos pagados a un pueblo miserable y andrajoso? Dícese que las -fábricas aumentan el capital, en razón de la miseria popular que -producen. Lowell es un desmentido a esta teoría. Ningunas ventajas o -escasísimas llevan a los ingleses en el costo de la materia prima; -pues, tanto vale llevar a Londres o a Boston por mar las balas de -algodón de la Florida; pero las diferencias de salarios son enormes, y -sin embargo, los tejidos de Lowell sostienen la concurrencia con los -ingleses en precio, y les aventajan de ordinario en calidad. ¿Cómo han -hecho este prodigio? Apurando todos los medios inteligentes de que el -país es tan rico. El obrero, el maquinista son hombres educados; su -trabajo, por tanto, es perfecto, sus medios ingeniosos; y pudiendo -calcular el tiempo y el producto, producen mayor cantidad de obra y más -perfecta. - -Las hilanderas y trabajadoras son niñas educadas, sensibles a los -estímulos del deber y de la emulación. Vienen de ochenta leguas a la -redonda a buscar por sí medios de reunir un pequeño peculio; hijas de -labradores, más o menos acomodados, sus costumbres decorosas las ponen -a cubierto de la disolución. Buscan plata para establecerse, y en los -hombres que las rodean no ven sino un candidato a marido. Visten con -decencia, llevan media de seda los domingos, sombrilla y manteleta en -la calle; ahorran ciento cincuenta o doscientos pesos en algunos años y -se vuelven al seno de su familia, en aptitud de sufragar los gastos de -establecimiento de una nueva familia. Para obtener estos resultados hay -en Lowell hoteles cómodos y espaciosos que dan de comer y alojamientos -económicos a los obreros, disponiendo de bibliotecas, diarios y aun -pianos para las niñas que saben su poco de música. De todo el mal que -de los Estados Unidos han dicho los europeos, de todas las ventajas -de que los americanos se jactan y aquéllos les disputan o afean con -defectos que las contrabalancean, Lowell ha escapado a toda crítica y -ha quedado como un modelo y un ejemplo de lo que en la industria puede -dar el capital combinado con la elevación moral del obrero. Salarios -respectivamente subidos producen allí mejor obra y al mismo precio que -las fábricas de Londres, que asesinan a las generaciones. - -Estos tejidos de Lowell, como los de Pittsburg y de doscientas fábricas -que se levantan en diversos puntos del territorio de la Unión, entran -por poco todavía en la masa de productos fabriles que inundan los -mercados del mundo. Se consumen la mayor parte en el interior del país, -y aun en esto los Estados Unidos presentan uno de esos resultados que -muestran en cifras luminosas cuánto es el bienestar de que goza la masa -de la población. Datos estadísticos de Francia muestran que aquella -nación sólo consume al año un metro de tejidos de algodón por persona, -y la Irlanda una y media yardas, mientras que los Estados Unidos -consumen veintiuna y media yardas por persona, lo que hace suponer que -no hay ganapán que no tenga sábanas y varias mudas de camisas. De este -dato los publicistas norteamericanos sacan una conclusión que no deja -de tener su valor. En lugar--dicen--de buscar mercados en el exterior -para nuestras fábricas, traigamos población para nuestros bosques. Si -nosotros hubiéramos de proveer de tejidos de algodón a la Irlanda, -que tiene cuatro millones de habitantes, habríamos suplido a sus -necesidades con seis millones de yardas de tejidos; mientras que para -consumir esos mismos seis millones, son bastantes 285.714 inmigrantes, -que es poco más o menos la cifra de la inmigración anual. Veinte años -de inmigración nos darán colocación para ciento veinte millones de -yardas de tejidos de algodón. - -El consumo de los otros artículos manufacturados está en igual -proporción con los tejidos de algodón. El año 1842 se introdujeron -en los Estados once millones de pesos en tejidos de lana, veinte y -un millones en 1836, bien que en 1840 y 1842 anduvo de ocho a nueve -millones. En 1839 consumieron veinte y un millón de pesos en tejidos -de seda, quince millones en 1841, y nueve en 1842. Nueve millones de -tejidos de hilo en 1836, cerca de siete millones en 1841, habiendo -bajado a tres y medio en 1842. A este enorme consumo de productos -europeos corresponden cifras no menos abultadas de producciones -nacionales. Calculábase para el año 1843 como producto anual de la -agricultura, 65.387.597 dólares; de manufacturas, 239.836.224 dólares, -y del comercio, 79.721.086. - -Hasta el año de 1825 no se había estampado en los Estados Unidos una -sola yarda de calicó (quimon). En 1836 se importaron de Inglaterra -ciento cincuenta millones de yardas, lo que según el censo de 1840 que -dió diez y siete millones de habitantes, toca a cada mujer (el tercio -del número tal) dos vestidos de a diez varas. En 1842 los estampados -norteamericanos subieron a la enorme suma de ciento cincuenta y ocho -millones de yardas, habiendo descendido la importación inglesa a sólo -quince millones. Las manufacturas de los Estados de Nueva Inglaterra -proveían en 1845 de mercado a un tercio del algodón que cosechan los -Estados del Sur, y los obreros consumían más harina y granos que la -cantidad exportada por el puerto de Nueva York. - -Mr. Mann me favoreció con muchas cartas de introducción para sabios, -pedagogistas y hombres notables. Su nombre solo, era ya por todas -partes un pasaporte para mí. Tuve una larga conferencia con uno de -los ministros de Estado, quien me proveyó de una orden para que se -me entregasen varias colecciones de libros y documentos públicos que -me ponían al corriente del estado de la educación en Massachusetts y -después de ver cuanto digno encerraba la ciudad de ser visto, púseme -en camino para Nueva York, por una serie de ferrocarriles y vapores -combinados, que me pusieron no sé cómo, de día y de noche marchando, en -el desembarcadero de Nueva York. - -[6] Esto ocurría en 1848; la renta había ascendido a 800.000 -pesos.--_El A._ - - -BALTIMORE, FILADELFIA - -Lleno aún de las emociones de este viaje, el más _impresivo_ que -puede hacerse en quince días, viendo aún en mi imaginación la cascada -de Niágara, asistí a una representación del genial Tom Puce, el enano -de 25 pulgadas de alto. - -Don Santiago Arcos me aguardaba con impaciencia para que emprendiéramos -el viaje de regreso a Chile. Cada vez que me hablaba de este asunto, -poníale yo la cara de un ministro del despacho, cuando no sabe si se -acordará o no lo que de él se solicita. Abríamos el mapa, trazábase -la ruta, y ya estábamos punto menos que en marcha, sin que yo diese -síntomas de convenir en nada. Hubimos al fin de explicarnos. Yo tenía -en caja veintidós guineas y como treinta papeles de a un peso, ni un -medio más, ni un medio menos. Al fin cogí a dos manos mi resolución -y expuse mi situación financiera con toda la dignidad de quien no -pide ni acepta auxilio, intimando mi ultimátum de separarme desde la -Habana, para seguir mi camino por Caracas. Arcos me había escuchado -con interés y aun le tentaba la perspectiva de atravesar las soledades -tropicales de la América del Sud, correr aventuras ignoradas, pasar -trabajos y no contar sino consigo mismo para sobreponerse a ellos; -pero el lado romanesco y varonil de su carácter no es menos aparente -que la jovialidad y franqueza que lo distingue. Cuando yo me esperaba -ofrecimientos y protestas, salióme con un baile pantomímico y un reir -a desternillarse, que me puso en nuevos gestos de dignidad. ¡Qué -bueno--decía saltando y riendo--pues si yo no tengo sino cuatrocientos -pesos! Hagamos compañía y donde se concluya el capital de ambos, -proveeremos según lo aconseje la gravedad del caso. - -Dispusimos, pues, que yo continuaría pronto mi ruta a Wáshington por -Filadelfia y Baltimore, nos daríamos cita en Filadelfia para emprender -la jornada por Harrisburg y Pittsburg, para descender el Ohio y el -Mississipi hasta Nueva Orleáns, distante 22.234 millas del lugar donde -nos hallábamos; y acercándose la hora de la partida del tren de la -mañana para Filadelfia, hice aprisa mi maleta y la entrega de billetes -y guineas para que las cambiara, prestándome en cambio treinta o -cuarenta dólares para gastos de la excursión. Este pequeño incidente -es, sin embargo, el origen del más espantable drama de que he sido -víctima en mis viajes. - -Lo fatigaría a Vd. si continuase describiéndole ciudades notables: -pero Filadelfia y Baltimore son tipos de la construcción civil de los -Estados Unidos que, a diferencia de Nueva York, conservan toda su -originalidad. Tienen los americanos el don de reducirlo todo a arte, y -aplicar el sentido común y los cálculos de la conveniencia a todas las -cosas. Conoce Vd. nuestras ciudades sudamericanas cortadas todas por -un mismo padrón, en calles a distancia de ciento cincuenta varas, de -doce de ancho, y cortándose en líneas rectas. Este damero parécenos el -bello ideal de la perfección. Pero propóngase Vd. ir del centro en una -dirección oblicua, o para fijar más los términos, si las calles corren -de Sur a Norte y de Este a Oeste, ¿cuánto espacio se necesita andar -para llegar el extremo Sudeste o Nordeste? Claro está que el doble de -la distancia que hay en línea recta, porque es necesario hacer zig-zag -de calle en calle, por el ángulo de cada cuadra a fin de buscar la -diagonal. La manzana de ciento cincuenta varas da en el centro setenta -y cinco de fondo a cada solar; espacio más que suficiente para tener -viña, hortaliza y arboleda en el interior de la casa; pero acumulándose -la población, este centro de las cuadras es un terreno inútil y que -fuerza a tomar a las habitaciones un frente en proporción, y diseminar -las casas. Después vienen los tubos de hierro para distribuir el agua -potable, los cañones de gas, etc., y se encuentra que los costos -para superficies tan grandes exceden a los posibles de los vecinos. -Los norteamericanos han inventado su plan de ciudades en atención a -todas estas circunstancias. La manzana tiene o puede tener 140 varas -de largo, pero sólo le dan 30 ó 50 de fondo, de manera que dos casas -pueden dar frente a ambas calles, y poblar bien la ciudad. - -Como la calle es materia de comodidad pública y de recreo, tiene -de ordinario treinta varas, flanqueada a distancia de cinco o seis -de los edificios, de árboles coposos, que esparcen sombra en todas -direcciones. Las aceras son por tanto calles separadas e independientes -de la central, ancha de veinte varas, que está abandonada a carros, -jinetes, ómnibus y aun a ferrocarriles, que todos tienen espacio para -moverse. Crúzanse éstas en ángulos rectos; altérnanse en anchas y -angostas; intercéptalas de vez en cuando una ancha calle transversal -que conduce a los ángulos extremos de la ciudad; cambia de plan y -dirección todo el sistema de calles; redúcense más aun las manzanas -cerca de los puertos, y por todas partes presentan las calles asonadas -un bosque de árboles, que cierran a cierta distancia la perspectiva, -y por sobre sus copas las cúpulas de los bancos o de los hoteles, las -agujas de los templos y los frontispicios de los edificios del Estado. -Nada hay más holgado, aireado ni silvestre que estas calles de árboles -y de casas, en que el movimiento de los otros es una cosa que no nos -atañe ni interesa. - -En Baltimore tomé el ferrocarril de Wáshington, y a poco andar cata -que venía en dirección opuesta y por los mismos rieles otro tren -de vagones. Grande alboroto adentro. ¡Qué sacar de cabezas por las -ventanillas, qué abrir de ojazos, al mirarnos unos a otros, qué agitar -de pañuelos, en fin, en ambos trenes, temerosos de que fuesen a darse -una topada y quedáramos todos hechos tortilla! Era el caso que con las -avenidas, se había desgringolado un puente, y el tren que venía era el -que había salido de Baltimore el día anterior. Tuvimos que echar pie -a tierra, y entre todos los pasajeros, metidos en el fango, levantar -punto menos que en peso la locomotora y el ténder y traerlos a la -culata del tren para que desde allí volviéramos a Baltimore. - -No se podía ir a Wáshington, porque en los Estados Unidos, si no -hay camino de hierro, o canal o río, no se cree viable la tierra -de otro modo. Improvisóse en el acto un vapor que debía llevar los -pasajeros por un río hasta cierto punto; de allí tomar un fragmento -de ferrocarril; pasar a pie una distancia, tomar otro ferrocarril y -embarcarse en otro y entrar en Wáshington por la bahía de Chesapeake -y el río Potomack. El vapor de la Bahía era un cascarón de formas -abominables y de mal talante, lleno de camarotes superpuestos en seis o -siete pisos, como las gavetas de un inmenso armario. El _steward_ -me señaló el mío en el quinto piso; pasóse el día en mirar el paisaje, -sobrevino la noche, solicitóme el sueño, y como las gallinas que miran -de hito en hito la rama donde han de posarse, anduve a vueltas un -rato, hasta que resolví emprender la jornada de llegar a mi camarote, -subiendo por los otros a guisa de lagartija. Iba ya a medio camino, -cuando empieza abajo un rumor de voces y de risas, que se convertía -por segundos en un _crescendo universal_. Yo seguía tranquilo mi -ascenso, y ya ponía una pierna dentro de mi agujero, cuando alguien me -toma de la otra y me dice qué sé yo qué barbaridades en el tono natal -del yankee. Vuelvo la vista y veo, ¡oh, rabia! que era yo el objeto -de la risa de trescientos gaznápiros. El tal me disputaba el lugar: -habíale colocado un pañuelo en señal de posesión, y hacía rato que me -estaba haciendo _opposition_, sin que yo interrumpiese mi ascenso. -Imagínese usted, amigo, mi situación en aquella postura incongruente, -expuesto a la vergüenza pública, hecho el objeto del ridículo de -aquella turbamulta. - -No había más remedio que descolgarse, ocultar la cara entre ambas -manos, atravesar la muchedumbre y tirarse al agua. Yo hice algo mejor. -Bajéme, en efecto, dirigíme rápidamente a una luz que estaba por ahí, -y poniéndome en lugar donde los rayos me iluminasen perfectamente la -cara, con voz llena y estridente, con semblante contenido, pero severo, -dije, dirigiéndome a la multitud que aguardaba alguna nueva peripecia -para reirse más: ¡Señores! Si hay entre vosotros alguno que entienda -español o francés, hágame la gracia de manifestarse, porque necesito -explicarme, dar y pedir inmediatamente una satisfacción. Un profundo -silencio se había hecho en el intertanto. Los que no sabían el francés -en que hablaba, para no dar materia nueva al ridículo con mi mal -inglés, se miraban unos a otros, mientras que allá en el fondo oí quedo -repetir mis palabras traducidas al inglés. La escena había cambiado -completamente; el yankee es bueno de corazón, y todos sintieron -que me había llegado al alma aquella broma, que no tenía malicia -de su parte. Acercáronse algunos, dándome cordiales explicaciones, -vino el _opositor_ al hueco y me dijo en tono blando lo que -sucedía, abandoné yo mi posición de gato acosado, y fuí a dormir en -un espacioso camarote que en cambio me dió el _steward_, que en -pública audiencia había declarado que él me había asignado el camarote -disputado. El día siguiente pasélo tranquilo mirando las costas -de Virginia, llanuras espaciosas, cultivadas en parte, y en parte -cubiertas de sotillos, hasta que remontando el Potomack llegamos a un -barranco con honores de puerto mayor de Wáshington, la capital de los -Estados Unidos. - - -WASHINGTON - -Sobre una eminencia que domina el panorama adyacente se alza el -Capitolio Americano, cuya primera piedra colocó Wáshington en 1793. -Este monumento es la capital de los Estados Unidos, que no reconocen -otra institución madre que el congreso. Reunirse para deliberar -sobre todas las cuestiones que afectan al interés de más de uno, es -el instinto nacional del pueblo norteamericano. La naciente colonia -de Virginia, fundada por una compañía de Londres, a quien el rey -había hecho una gran concesión de tierras, había, después de muchas -vicisitudes, caído bajo el gobierno provisorio de un tal Argall, -hombre violento y rapaz, que para hacerse obedecer de los colonos -proclamó la ley marcial. El trabajo de los colonos era confiscado en -favor del gobernador, y en castigo de ligeras faltas imponía meses -de trabajo forzado en sus haciendas. Las violencias del gobierno, la -trasplantación de la tiranía a América contenían la emigración europea, -mientras que los colonos, desalentados por los sufrimientos morales -de la opresión, empezaban a desmayar en su ruda tarea de descuajar la -tierra. Entonces los colonos elevaron su voz para pedir a la compañía -de Londres desagravio; y acusaron a Argall de defraudar a la compañía -misma, mientras daba rienda suelta a sus pasiones sobre los colonos. -Después de acaloradas luchas sus quejas fueron oídas, Argall depuesto y -desaprobado, y en su lugar enviado Yeardley, un Wáshington que tomó a -su cargo echar los cimientos de la futura organización de los Estados -Unidos. - -Así, pues, la arbitrariedad de los gobernantes que cual polilla se -había introducido en América entre los bagajes de los primeros colonos, -fué extirpada antes que lograse fecundar los huevos en la patria -americana; y la ocupación constante de los colonos desde entonces, -en cada punto de las nacientes plantaciones, fué combatir ya las -pretensiones de los gobernadores enviados por la corona; ya negar el -_exequatur_ a las pragmáticas y decretos de los reyes mismos -de Inglaterra cuando invadían sus libertades; ya, en fin, oponerse -a los avances del parlamento inglés, cuya autoridad en materia de -impuesto no reconocieron jamás, por no estar las colonias directa -y debidamente representadas en el parlamento. La revolución de la -independencia fué el último acto del drama principiado en 1618 en -Virginia, y que concluyó en 1774, con la última batalla de la guerra de -la independencia. - -¡Esto sucedía en 1618, a principios del siglo XVII, cuando la -Europa, sin exceptuar a la Inglaterra, yacía entregada al desenfreno -de la regia autoridad, y la hoguera y el hacha del verdugo, la -confiscación y el saqueo, eran el castigo, más que del crimen de la -debilidad de las víctimas! Puso Yeardley orden en todas las cosas, -libertando al diminuto plantel de colonos de todas las cargas hasta -entonces impuestas, y que no fuesen estrictamente necesarias para la -conservación y adelanto de la colonia. La autoridad del gobernador -fué limitada por un consejo, que tenía el derecho de revocar aquellas -disposiciones que juzgase injustas o perjudiciales, y los colonos -mismos fueron admitidos a participar en la legislación. En el mes -de junio de 1619, fué convocado en Jamestown el primer congreso -americano, la primera representación popular, compuesta del gobernador -y su consejo, y de los diputados por cada uno de los once miserables -villorrios que componían entonces la colonia de Virginia, para discutir -en él cuanta materia pudiese ofrecer medios de mejora y progreso -para la naciente colonia. La compañía de Londres, y no el rey, debía -ratificar las leyes así sancionadas. Aquella nación con congreso y -consejo de estado componíase tan sólo de seiscientas personas entre -niños, mujeres y hombres, en 1619; y en 1851, en otra parte del -suelo americano, las hay de millones de hombres que no habían tenido -fuerza ni dignidad suficiente para poner límites racionales al poder -inquisitorial y destructor que los domina. Aquella fué, pues, la aurora -de la libertad norteamericana; los colonos llenos de entusiasmo y con -el ánimo abierto a todas las esperanzas “empiezan a edificar casas, y -sembrar trigo”, seguros ya de tener una patria que no había por qué -temer abandonarían jamás. - -Las legislaturas entran desde los principios en la organización de -casi todas las colonias, y se reunen congresos entre varias de ellas, -para resistir a las incursiones de los salvajes o mandar expediciones -de milicias combinadas para escarmentarlos. Wáshington en una época -posterior hizo conocer así a los Estados los talentos militares que -más tarde puso al servicio de la libertad de su patria. Cuando aun -el pensamiento de separarse de la Inglaterra no había apuntado en -cabeza alguna, las diversas colonias enviaban diputados a congresos -generales para acordar la marcha que debía seguirse, a fin de resistir -las pretensiones del parlamento inglés, como habían resistido al Largo -Parlamento, y como era la tradición constante de la tierra. Durante la -guerra de la independencia, el congreso emigraba de un punto a otro, y -los soldados amotinados, cobrando sus salarios, era al congreso a quien -dirigían sus quejas y sus amenazas. Todavía después de asegurada la -independencia, el congreso fué asaltado en Annápoles, que le servía de -asiento, y entonces Wáshington, dícese que sin otra idea política que -la necesidad de fijar el lugar de su residencia, indicó a Wáshington -para que reposase aquel tabernáculo de la alianza, como Salomón -construyó un templo en Jerusalén para el arca que contenía los libros -de la ley del pueblo hebreo. - -En los Estados Unidos no hay capital propiamente dicha, o, más bien, -según la acepción latina que damos nosotros a esta palabra. Descúbrese -esto al contemplar la comparativa soledad de aquel monumento, -arrojado como por acaso en el centro de la villa, que no es centro -de nada, ni del país, ni de la inteligencia, ni de la riqueza, ni -de la cultura, ni de las vías comerciales. Colocada sobre la margen -izquierda del Potomack, a 120 millas más arriba de su desembocadura -en la bahía Chesapeake, ni el nombre de puerto merece el desierto -embarcadero donde atracan algunos buques. El distrito de Columbia es -la provincia de sesenta millas cuadradas que le queda, de las cien que -originariamente le concedieron los vecinos Estados de Maryland y de -Virginia. Esta última retiró el año pasado cuarenta millas que estaban -al lado opuesto del río y que la capital germen no puede fecundar; y -treinta y cinco mil habitantes es toda la población del Estado, de la -cual hay reunida en la capital más de veinticinco mil. Como se sabe, el -congreso es el soberano de este territorio. - -La ciudad está rodeada de una serie de colinas de aspecto alegre, -cubiertas de verdura, y en algunos de sus declives cultivadas. El -terreno mismo de la ciudad es elevado, ocupando el centro el capitolio, -desde donde parten calles con dirección a los cuatro puntos cardinales, -dividiendo la ciudad en manzanas cuadradas como nuestras poblaciones. -Las calles llevan el nombre de los diversos Estados de la Unión, y -las principales de entre ellas, tienen cuarenta y cinco a cincuenta -varas de ancho. La mayor parte de ellas apenas están trazadas, pero la -de Pensilvania, que conduce del capitolio a la casa del presidente, -tiene aceras de nueve varas de ancho enlozadas y con líneas de árboles -de ambos costados. En torno del capitolio se extiende un jardín de -veintidós acres de terreno, adornado de gran variedad de árboles, y -animado por el bullicio de fuentes cristalinas, de modo que aquel -lugar, es también, a más de los altos fines de su existencia, un paseo -que atrae a los habitantes y transeuntes por la belleza de la situación. - -El edificio pertenece al orden corintio y está construido con la -hermosa piedra blanca norteamericana que llaman _freestone_. Está -situado sobre una eminencia y elevado 78 pies sobre la altura de la -marea, y se compone de un edificio central, dos alas y una proyección -en el costado oeste, presentando un frente de 352 pies, incluyendo -las alas. Al este el frontón tiene 65 pies de ancho, sobre el cual -se avanza un pórtico de veintidós columnas de 38 pies de alto. La -gran cúpula central tiene 120 pies de alto, y la rotonda que forma -en el interior 90 de diámetro, adornada con esculturas, y altos -relieves. En el ala del sud está la cámara en que se reune la Sala de -Representantes, de forma circular de 96 pies de diámetro y 60 de alto, -cubierta por una cúpula que sostiene veinticuatro columnas de jaspe -americano con capiteles de mármol blanco de Italia. Al lado opuesto, -en una rotonda algo semejante, pero de más pequeñas dimensiones, se -congrega el Senado; y en un piso inferior y menos ornamentado, tiene -sus audiencias la Suprema Corte de los Estados Unidos. Hay, además, -sesenta departamentos para reunión de las comisiones, y residencia de -empleados del congreso. Una muralla de piedra rodea el edificio; un -depósito de gas provee a la iluminación especial de todo el espacioso -monumento, pudiendo alimentar seis mil picos que se encienden para las -iluminaciones; y en aquellos momentos estaba para terminarse el aparato -para colocar sobre la cúpula central, en un mástil de diez y seis varas -de alto, una luz eléctrica que debía iluminar la ciudad y acaso el -distrito de Columbia entero. ¡Bello símbolo por cierto, de la misión -de aquella casa, desde cuyo recinto sale la luz de la inteligencia, -iluminando toda la nación! Acordábamonos con Astaburuaga, quien me -servía de cicerone en el examen del edificio, de aquella camarilla de -diputados que habíamos dejado en Chile, en la que los representantes -están ensacados en una especie de vainas laterales, o si pudiese -llevarse la comparación a terreno irrespetuoso, cual bostitas de -cordero en una tripa, repitiéndonos al oído el viejo adagio: ruín es el -que por ruín se tiene. Los locos en Londres, en Génova y otros puntos -de Europa, moran en palacios más nobles que el que cubre a nuestros -congresos en América. - -Pues que ya he empezado a describir edificios, concluiré con los -pocos que llaman la atención del viajero en la presunta capital de -los Estados Unidos. White House, la casa blanca como la llama el -pueblo, es el palacio presidencial, y está colocada en la parte aún -desierta de la población, en el punto donde se cruzan las calles de -Pensilvania, Virginia, Connecticut, New York y Vermont, rodeada de un -parque de veinte acres de terreno, y sobre una elevación de cuarenta -y cuatro pies sobre el río. El frontis que sirve de entrada por la -plaza de Lafayette hacia el norte, y el que da al sur sobre el jardín, -domina el hermoso panorama de la ciudad, el río Potomack, las costas -de Maryland y de Virginia. En el frente del norte hay un hermoso -pórtico que reposa sobre cuatro columnas jónicas. Una intercolumnación -exterior sirve para poner a cubierto los carruajes de los visitantes. -El espacio intermediario está destinado para el tránsito a pie, y una -elevada plataforma conduce de ambos lados a la puerta de entrada. El -interior del palacio está pasablemente ornamentado, aunque no tanto -cuanto correspondiera al presidente de los Estados Unidos. El servicio -de palacio es modesto, y aun mezquino en las exterioridades. Vese -al presidente paseándose solo por las hermosas avenidas del jardín -adyacente; uno o dos porteros en librea, únicos servidores que el -Estado pone a su servicio, no siendo permitido al presidente tener -guardias en torno de su persona. El presidente recibe sin ceremonia a -los que desean verlo, y hay un día de la semana, y dos o tres días del -año, en que todo estante o habitante tiene derecho de entrarse hasta -la habitación del presidente. El 4 de julio la plaza de Lafayette se -llena de carruajes de los visitantes en aquel día de felicitaciones; -descienden éstos del carruaje, y tras ellos el cochero, que encomienda -los caballos a algún muchacho mediante algunos centavos. El presidente -está en aquellos días en verdadera exhibición; los cocheros se abren -paso por entre la multitud haciendo resonar sobre el pavimento de -mármol sus botas herradas, llegan ante el presidente y le tienden una -mano callosa que aprieta la suya fuertemente y la sacude mirándole la -cara y riéndosele con fisonomía bonaza, provocativa, y satisfecha; -tornan a sus caballos, volviendo de vez en cuando la cara para mirar -al presidente, a obtener un último _piping_, de gusto y de -felitación. ¡Pobre presidente de la democracia! - -Hacia el lado oriente del White House hay extensos edificios, y otros -dos hacia el occidente, los cuales están destinados para las oficinas -de los ministros de hacienda, guerra y marina. La Posta general es un -palacio del orden corintio; y la tesorería ostenta una columnata de 457 -pies de largo. La oficina de patentes, depósito de modelos de inventos, -con un pórtico imitado en la forma y en la extensión del Partenón de -Atenas, tendrá, cuando se terminen las alas, cuatrocientos pies de -largo, encerrando en la parte concluída un salón de 275 pies de largo y -65 de ancho. - -Hay, además, en Wáshington 30 templos de diversas congregaciones, doce -colegios (academias), una universidad, tres bancos, dos asilos para -huérfanos, un consistorio municipal, un hospital, una penitenciaria, un -teatro y algunos edificios particulares, que dan cierta apariencia a -aquel plantel de la ciudad. - -Mi residencia en Wáshington fué uno de aquellos oasis de felicidad -íntima, doméstica, en que el corazón se lleva la mayor parte, y que tan -preciosos son para el que vaga por luengas tierras. El señor Carvallo, -enviado extraordinario de Chile, se obstinó en darme hospitalidad en -la casa de su embajada; su señora me prodigó cuantas atenciones puede -hacer recordar la familia, y si algo faltara para estar a mis anchas, -mi amigo Astaburuaga, secretario del agente chileno, me acompañaba a -todas partes, poniendo a mi disposición su práctica y conocimiento de -Wáshington. Así él podía mostrarme en la avenida de Pensilvania, entre -las jóvenes transeuntes que llamaban nuestra atención, cuál era la hija -de un senador, la de un banquero, una simple modista u otra persona -menos calificable. La sencillez del vestido, sus paseos y trajines por -las calles, sin nadie que las acompañe, y el detenerse aun a mirar -cualquier cosa que llame la atención, dan una idea del decoro de las -costumbres norteamericanas, y de aquella libertad de que goza la mujer -soltera entre ellos. - -Quería mi amigo Astaburuaga ponerme en contacto con el redactor del -_Wáshington Intelligencer_, diario muy importante de la capital, -por tanto, de _opposition_ entonces, pues en aquel momento -dominaban en el gobierno con Mr. Taylor los demócratas. Encontrámoslo -en campo abierto sobre el terreno destinado a la fundación de un -colegio, para cuyo sostén legó un ciudadano millón y medio de pesos, -rodeado de siete u ocho jóvenes, y ocupados en discutir las bases, a lo -que supe después, de un gran proyecto. Mr. Johnson, el diarista, era el -presidente de edad nombrado para presidir a la instalación. Acercámonos -nosotros a distancia comedida, esperando que la sesión se levantase, -temerosos de ser importunos, como cuando nuestras gentes rezan, que -debe esperarse a que se santigüen para saludarlas. Dirigíalas el -presidente la palabra; contestaba alguno; replicaba un tercero en -tono sentencioso y frío, y oídos los pareceres, el presidente sometía -a votación la materia, contando los gangosos _yes, yes, nay, -yes, nay_, y declarando cuál era el punto sancionado. Repitióse -varias veces el procedimiento, y el fuego graneado _yes, nay, nay, -yes, yes_, terminó, al fin, el asunto. Entonces, se acercaron a -Astaburuaga, sucediéronse las recíprocas presentaciones de costumbre, -y supe, andando la conversación, que se habían reunido allí para echar -los cimientos de una asociación con el grande objeto de... ¡jugar a la -bocha! ¡Oh! ¡los yankees! - -Habíase, pues, propuesto, discutido y aprobado con una fuerte mayoría -de dos o tres votos.--1.º presidente, que lo fué Mr. Johnson local, -aquel donde estaban reunidos; hora de reunión, las cuatro de la tarde; -extensión del juego, reglas, arbitración en los casos litigiosos, -multas por infracción, etc. Era y es Mr. Johnson[7] un sujeto de -cuarenta años, hijo de un general de la independencia del mismo nombre, -culto de modales e instruido, cual correspondía al director de un -diario trascendental. Pasamos días enteros en discusiones las más -acaloradas sobre un punto, en que no habría esperado contradictores -en los Estados Unidos, a saber, la democracia y la república. Mr. -Johnson estaba bajo la pata del partido demócrata que domina desde -la presidencia Polk, y ofendido, desmoralizado por la tiranía de sus -opresores, porque en los Estados Unidos la mayoría dominante en el -gobierno es implacable e intolerante, maldecía de la república, de -la democracia y de aquella licencia ignorante y brutal que se decora -con el nombre de libertad. El mérito obscurecido, y eso es cierto; -el interés público descuidado, y eso también es cierto en muchos -casos; los servicios olvidados o miserablemente retribuidos, cosa -que es de regla en los Estados Unidos; en fin, la pasión de partido -sirviendo de criterio y de peso y medida para juzgar de todos y de -todo; el charlatanismo preferido a la ciencia, y las pasiones menos -justificables sirviendo de impulso a la dirección de la opinión -pública, todas estas tachas y otras muchas que afean las democracias, -las pasaba en revista para hacerme detestar aquella libertad de que yo -me mostraba tan apasionado. Cuando yo me empeñaba en contradecirlo, me -decía con sinceridad: “lo que yo quiero es que Vd. no se alucine con -esta apariencia de orden, de prosperidad y de progreso, y los atribuya -a la forma de gobierno. Bajo esta corteza no encontrará sino miserias, -pasiones indignas, ignorancia y caprichos. Lo que yo me propongo es -que no vaya Vd. a la América del Sud a proponernos por modelo de -gobierno”. Otras veces, más aplacado, me confesaba que la exasperación -en que lo tenía la tiranía del partido contrario, a él que era hijo -de un general ilustre, a él que estaba por la educación preparado para -ocupar en la sociedad lugar mejor, ofuscaba, a veces, su razón y le -hacía exagerar los inconvenientes muy reales del gobierno popular. -Sin embargo, de estas atenuaciones, diferíamos en puntos esenciales. -Sostenía él, por ejemplo, que la libertad es en las naciones una de -las fases que recorren. La libertad engendra la licencia; la licencia -trae la anarquía; la anarquía el despotismo. Aquí hay un momento de -alto; mientras el despotismo se consolida, mientras teme, es cruel, -sanguinario y desconfiado. Cuando está de todos aceptado, entra en -una época de indulgencia y de tolerancia que hace nacer el bienestar, -y da lugar al desarrollo de todas las facultades físicas y morales -de los hombres. Con la civilización y la seguridad, la libertad se -desenvuelve, el pueblo conquista uno a uno sus derechos, discute en -seguida el principio de la autoridad que lo gobierna, y de la extrema -libertad pasa a la licencia, y de ahí a la anarquía, volviendo a -recorrer aquel ciclo fatal en que está encerrada eternamente la vida de -las naciones. - -Esta doctrina, que la primera vez que se presentó obtuvo de su autor -un pomposo título de la _scienza nuova_, puede apoyarse con un -poco de maña y de sagacidad en la historia de todos los pueblos, desde -Grecia y Roma hasta los tiempos modernos; y uno y otro la invocábamos -en nuestro apoyo, luchando, a brazo partido, en la polémica y -disputándonos, palmo a palmo el terreno en cada hecho de aquellos que, -sin poner en duda su autenticidad histórica, traducíamos de diverso -modo. - -Mi argumentación iba por otro camino. La humanidad, decía yo, que es -el conjunto de las sociedades, tiene en la historia su alto, en las -épocas su ancho, y su organización íntima en la vida de cada pueblo. -Aseméjase el mundo moral al mundo físico. La historia de la tierra -se encuentra en las capas geológicas que revelan el mundo monstruoso -que ha precedido al nuestro; si se la toma desde los polos hacia el -Ecuador, mostrará las graduaciones de temperatura y de vegetación -que diversifican su especie; y si la consideramos desde los valles, -remontando hacia la cumbre de las montañas, nos ofrecerá el mismo -fenómeno de graduación de climas y de producciones. - -La historia es, pues, la geología moral. Veamos si sus capas diversas -han experimentado mejora y progreso. Supongamos un día antiguo en que -la tierra se nos presenta poblada. ¿Qué es lo que vemos? Casi todo el -globo sumido en la barbarie; imperios poderosos cuyas facciones, si no -es la conquista y la violencia, no alcanzamos a discernir bien. Al fin, -la Grecia, una mínima porción de la tierra, brilla por la libertad, la -democracia, las bellas artes y la ciencia. No entremos en detalles. -Roma se asimila a la Grecia, destruye a Cartago y somete al mundo. Pero -Roma desenvuelve la noción del derecho y extiende su práctica por toda -la tierra culta, que es, sin embargo, una pequeña fracción del globo. -Como los romanos a los griegos y al Egipto, los bárbaros de todos -los extremos del imperio romano se los absorben a ellos; esto es, se -asimilan a él, se agregan a la masa civilizada. La edad media es la -obra de fusión. A fines del siglo XV la Europa entera está en posesión -de las conquistas hechas por el pensamiento humano durante cuatro o -seis mil años. Con el renacimiento concurren Lutero, Galileo, Colón, -Bacón y otros. La América se agrega a la masa de pueblos civilizados, -y en esta parte se pone en práctica la noción del derecho que está -en todos los espíritus y cuyo desarrollo embarazan aún en Europa las -escorias que ha dejado la edad media. Lleguemos de un golpe al siglo -XIX, y abramos el mapamundi. ¿Dónde están los bárbaros? Guarecidos en -las islas, trabajados por la Rusia en las estepas de la alta Asia o -sepultados en el interior inaccesible del Africa. La parte civilizada -y en posesión más o menos de la libertad, o en vía de completarla, es -la mayoría de la humanidad, mayoría numérica, mayoría moral, de fuerza, -de inteligencia y de goces. Tiene hoy en su poder la parte más rica, -más templada, más productiva del globo; tiene el cañón, el vapor y -la imprenta para someter el resto salvaje del mundo, asimilárselo o -aniquilarlo. En vista de este espectáculo, ¿cómo se quiere someter a -un ciclo el movimiento social de las naciones, comparándolas con los -ejemplos truncos, aislados, que nos han dejado las naciones antiguas? -Si hubiera un ciclo tal, es preciso convenir en que, así como se -ha agrandado inmensamente la esfera de las naciones que tienen que -recorrerlo a un tiempo, así deben ser largas las épocas en que se han -de suceder las diversas fases; y yo me río de la general tiranía que ha -de pesar sobre el mundo desde la India y los confines de la Rusia hasta -los Montes Rocallosos en América dentro de mil millares de años. - -Ahora miremos a los pueblos por su espesor o su organización íntima, -aunque no sea posible considerarlos sin relación a las épocas -históricas. Pero supongamos un pueblo de Italia que se perpetúa en -un punto del territorio desde las épocas históricas; la población -de Fiézzole, por ejemplo, que es florentina, toscana, y ha sido -romana, etrusca, pelasga, autóctona e indígena, si no ha tenido -otros nombres intermediarios. ¿Cómo eran estos pueblos y cómo son? -¿Qué transformaciones han experimentado? Primero antropófagos; en -seguida haciendo sacrificios humanos en los templos, más tarde -haciendo esclavos a los prisioneros en la guerra, y ejerciendo la -guerra de pillaje y de devastación como industria y ocupación. Los -conquistadores se distribuyen el suelo conquistado y los hombres; nacen -las aristocracias y el pueblo siervo, la chusma ignorante y sujeta a la -tortura en los tribunales de justicia, a la miseria y la degradación. -El cristianismo encontró al mundo organizado así. Pongámonos ahora a -contemplarlo desde el siglo XIX, y desde los Estados Unidos, desde el -seno de esta comarca que usted maldice como el prototipo del desorden -moral y político. No hay guerra, no hay señores ni aristocracia; -no hay pueblo en el sentido romano; hay la nación, con igualdad de -derechos, con industria personal para vivir, con máquinas auxiliares -del trabajo, ferrocarriles, telégrafos, prensas, escuelas primarias, -colegios, asilos, hospitales, penitenciarías, etc., etc. Observe la -organización íntima de esta parte de la humanidad, de esta Atica -moderna que ocupa, sin embargo, medio continente; y cuán atrás -supongamos al resto de las naciones, no se necesita mayor esfuerzo -de ánimo para suponer que han de llegar a ese grado de habilitación -de todos los individuos de la sociedad, porque todas están labradas -por las mismas ideas y las mismas instituciones. Desde que haya una -escuela en una villa, una prensa en una ciudad, un buque en el mar -y un hospicio para enfermos, la democracia y la igualdad comenzarán -a existir. El resultado de todo esto es que la masa en elaboración -es inmensa, que no hay naciones o pueblos propiamente dichos y que -la libertad individual está en cada punto del globo apoyada por -la humanidad civilizada entera; y cuando hubiese un pueblo que se -inclinase a entrar en el ciclo fatal del despotismo que se les asigna, -el espectáculo, la influencia de cien otros que entran en el período -de libertad lo retendrían en la fatal pendiente. El primer período del -ciclo fué la antropofagia. ¿Qué pueblo ha vuelto a recorrerlo una vez -salido de él? El último es la democracia. ¿Qué pueblo ha sido demócrata -en el sentido moderno y con los medios organizados hoy de hacerlo -efectivo la prensa y la industria y un mundo civilizado en el exterior -que le sirva de atmósfera favorable y que haya salido de ese terreno -para fundar monarquías aristocráticas? ¿Las repúblicas italianas? - -Sobre este tópico nos batíamos sin cesar Mr. Johnson y yo. A veces me -decía: “Nada fueran las masas americanas, si no viniesen todos los años -trescientos mil salvajes de Europa que echan a perder la fusión y -hacen de la mejora de la opinión una cántara de las Danaides”. - ---¡Ah, si tuvieran ustedes, como nosotros en Sud América, que luchar -con una masa en la cual el europeo, tan atrasado como lo encuentran -ustedes, es un elemento precioso y escaso de civilización y de -libertad!... - -[7] Ahora es empleado de una oficina, y está, a lo que Astaburuaga me -escribe, en todo su apogeo, pues domina el partido whig.--El autor. - - -EL ARTE AMERICANO - -A quince millas de distancia de Wáshington está Mount-Vernon, la -morada y la tumba de aquel grande hombre que la humanidad entera ha -aceptado como un santo, grande por la virtud y el más grande de los -hombres por haber puesto la piedra angular al edificio de la nación -única del mundo que ve claro su porvenir y cuyo porvenir es el bello -ideal de la grandeza de las naciones modernas. Tomo una descripción -que encuentro a mano del santuario yankee, de aquella Santa Caaba, de -plácido recuerdo: “Después de haber cabalgado un corto espacio por -medio de bosques, que de vez en cuando se abren en oasis de culturas -aisladas, mi amigo me señaló una piedra hundida en el terreno al lado -del camino, que, según me dijo, marcaba el principio de la quinta de -Mount-Vernon. Todavía marchamos dos millas antes de ver la puerta y la -morada del portero. Después de haber entrado, recorrimos una distancia -de cerca de media milla; y el camino de carruajes seguía atravesando un -terreno muy variado y sombreado por árboles grandes en toda la lozanía -de los bosques. Cruzamos un torrente, pasamos un arroyo, sintiéndonos -tan en medio de la naturaleza primitiva que la vista de la casa y el -huerto que la rodea casi hizo sobre mi ánimo el efecto de un encuentro -inesperado. La aproximación a la casa se hace por el frente del oeste. -La puerta del gran patio da a una extensa habitación en la cual -entramos. No fué el hábito, sino un sentimiento más y más profundo, el -que me hizo quitar el sombrero de la cabeza y marchar con precaución -como si pisara una tierra sagrada... Las piezas de la casa son -espaciosas y campea cierta elegancia en su acomodo; pero el conjunto -es notable por su extrema simplicidad. Todo cuanto la mirada abraza -parece respirar la santidad de aquellas reliquias públicas, y todas las -cosas se conservan casi en el mismo estado en que Wáshington las dejó. -Todo americano, y principalmente, los jóvenes que visitan este lugar, -experimentan una fuerte impresión que durará toda su vida... A cierta -distancia de la casa, en un lugar retirado, está la tumba nueva de la -familia, compuesta de una simple estructura de ladrillo con una puerta -de hierro, por entre cuyas rejas se divisan dos sarcófagos de mármol -blanco, el uno al costado del otro, los cuales contienen los restos de -Wáshington y de su mujer. La antigua tumba de familia en que estaba -colocado al principio, estuvo en una situación más pintoresca, sobre -una colina dominando el panorama de Potomack; pero la presente está más -retirada, lo que fué una razón para determinar los deseos del hombre -modesto”. - -¡Cuánto arte no se descubre en la colocación de esta tumba, cuánta -grandeza en su obscuridad, y cuán americano y nacional es aquel -acompañamiento de bosques primitivos, torrentes agrestes y arroyuelos -en el estado de naturaleza! Esta es la artística morada de Wáshington, -el plantador norteamericano, el genio de la democracia apenas -posesionada de la naturaleza inculta. Adriano estaba bien en la que hoy -es el castillo San Angelo; Rafael en la Rotonda de Agripa, que él puso -sobre pilares en San Pedro; Napoleón bajo la cúpula de los Inválidos; -pero los manes de Wáshington habrían vagado largo tiempo en rededor -de su sepulcro si le hubiese faltado la perspectiva y la sombra de -los árboles seculares de los bosques, rodeando el asilo doméstico y -combinando la naturaleza inculta con el fruto del trabajo personal del -norteamericano. - -Y, sin embargo, Wáshington, el héroe de la independencia -norteamericana, el fundador del pueblo trabajador y positivo, estaba -destinado, también, a inspirar el sentimiento de las bellas artes a -los hijos de los puritanos, y volver a esta familia, descarriada por -preocupaciones religiosas, el camino en que la humanidad ha marchado -siempre, desde el fetiche informe que adora en su infancia, hasta las -Pirámides de Egipto, el Coliseo romano, el Partenón, o el moderno -San Pedro. Las ruinas de Palenque, las esculturas encontradas por -Stephen en Centro América, como las estatuas de Miguel Angel o las -pinturas de Rafael, son todas páginas de un mismo libro, que señalan -el día en que cada nación tuvo conciencia de sí misma y perpetuando -la memoria de lo pasado o endureciendo en piedra o en bronce una -idea, empezó a mirarse viva en las edades futuras, legando a las -venideras generaciones monumentos, estatuas y obras públicas que -demandan siglos de elaboración. A veces me ocurre la idea de que -tanto hicieron los egipcios trabajar a los hebreos cautivos en la -construcción de pirámides y otros monumentos, que cuando aquella chusma -se sublevó y tomó el desierto, juró no permitir que en la tierra de -promisión que iban buscando, se levantasen monumentos ni se erigiesen -estatuas, acordándose, sin duda, de los palos que les habían dado -los sobrestantes egipcios. ¿Cómo explicarse de otro modo el horror -a los templos y a las imágenes que muestra Moisés, el discípulo de -los sacerdotes egipcios? El arte es la realización del hombre, es -el hombre mismo, puesto que, no siendo, al parecer, necesario a su -existencia, como lo muestran los demás animales, es, sin embargo, la -preocupación más constante desde la vida salvaje hasta el pináculo de -la civilización. Tengo para mí que Roma ha muerto sofocada por los -monumentos, que éste es el fin de las grandes ciudades de la historia -y que París ha de acabar por fin por cuajar su suelo de monumentos -públicos, de manera que al final de los siglos la población se acoja -a las catacumbas, que minan el suelo, por no haber espacio para ella -sobre la superficie de la tierra. Cuando se dice que los primeros -cristianos se ocultaban en las catacumbas de Roma, huyendo de la -persecución, me parece que se toma un hecho por otro. La exploración de -aquellas inmensas cavernas y perforaciones muestra hoy al arqueólogo -los restos de tres siglos de arte cristiano primitivo, lo que prueba -que durante tres siglos y hasta la destrucción de la ciudad monumental -por Atila, la plebe romana vivió alojada en las catacumbas, donde -tenía sus templos, plazas subterráneas, mercados y cementerios. Es -ridículo pensar que en una ciudad vivan escondidos durante tres siglos -cientos de miles de habitantes, que a cada momento necesitan ponerse en -contacto con el exterior, para proveer a sus necesidades. - -Mahoma y los protestantes no deben citarse en materia de bellas artes -como una nueva aberración de la naturaleza humana, puesto que la obra -de estas dos reacciones en contra no son más que recrudescencias de la -ojeriza de Moisés contra las pirámides, a causa del mal trato dado a -los hebreos; gato escaldado, en materia de asentar piedras. - -Los norteamericanos creen que no tienen vocación artística, y afectan -desdeñar las producciones del arte, como fruto de sociedades viejas -y corrompidas por el lujo. Yo he creído, sin embargo, sorprender el -sentimiento profundo, exquisito, de lo bello y de lo grande de este -pueblo que marcha de carrera en busca del bienestar material, y va -dejando a su paso incompletas todas sus obras y a medio hacer. ¿Qué no -entra por nada en el sentimiento del bello ideal, la beldad moral? ¿Qué -pueblo del mundo ha sentido más hondamente esta necesidad de confort, -de decencia, de holgura, de bienestar, de cultura de la inteligencia? -¿Qué pueblo ha sentido más horror por el espectáculo de lo feo, la -pobreza, la ignorancia, la borrachera, la degradación física y moral, -que es como la corteza y la primera apariencia de las sociedades -europeas? En Roma, de entre los monumentos y las basílicas se alargan -manos muy cuidadas pidiendo limosna. - -No hablaré de los hoteles, bancos, iglesias, embarcaderos y acueductos -que en toda la Unión asumen formas monumentales; mucho menos de las -columnas, obeliscos de cierta grandeza y elevación que en honor de -Wáshington y de Franklin se alzan en Boston, Filadelfia y Nueva York. -Todas estas son muestras, o más bien, productos artísticos, pero que no -revelan el sentimiento norteamericano del arte. Los europeos emigrados -ahora dos siglos, o emigrando actualmente, comunican por fuerza y -como necesidad de existencia los medios artísticos que poseen. Pero -no es este el arte americano, pues que no doy este nombre sino a la -manifestación de aquella constante y seguida aspiración de un pueblo -en prosecución de una idea nacional, que existe y se revela en cada -hombre, por generaciones sucesivas. Llamóle arte, no a los grados -de civilización de los diversos pueblos, sino al genio, al carácter -nacional en cuanto reviste formas tangibles y afecta su historia. ¿Cuál -era el arte romano? Sin duda que no se dará este nombre a los diversos -órdenes de arquitectura, a la estatuaria y demás decoraciones, cuyas -formas habían adoptado de los griegos, imitándolas, entremezclándolas, -y adaptándolas a sus trabajos. Llamo arte romano a aquel sentimiento -grandioso que hacía concebir las Termas, el Coliseo, la tumba de -Adriano, los acueductos de Segovia y el anfiteatro de Nimes; al -espíritu monumental y dominador de la tierra y de los obstáculos que -ella oponía a la continuidad y facilidad de dilatación y permanencia -de la grande y perseverante idea artística romana, la incorporación de -la tierra conocida bajo el dominio de sus leyes, y la adopción de los -cultos, de las civilizaciones y de las costumbres de todos los pueblos. -Una revolución interna, la elevación de la plebe, y otra externa, la -incorporación de los bárbaros, destruyeron la obra romana, como una -plétora a que no pudo resistir aquel cuerpo que tenía que digerir un -mundo de un golpe. - -Acaso los yankees están amenazados de sucumbir bajo el peso de una -elaboración interna tan amenazante como la de la plebe romana. Todos -tiemblan hoy porque aquel coloso de una civilización tan completa -y tan vasta no vaya a morir en las convulsiones que le prepara la -emancipación de la raza negra; incidente de una magnitud amenazante, -y sin embargo, tan extraño a la civilización norteamericana en su -esencia, como sería extraño a las leyes internas de nuestro globo el -que un cometa de los millares que andan errantes por el espacio, se -estrellase contra él un día y lo hiciese periclitar. - -¿Dónde está, pues, el genio artístico americano? No lejos del Capitolio -de Washington en una casita modesta, sobre un bufete de madera de -pino sin barnizar, mostráronnos a mí y a mi amigo Astaburuaga, quien -me conducía a aquel retrete, un modelo de un monumento que debía -erigirse a la memoria del héroe norteamericano. La construcción se -compone de un gran edificio de formas jónicas de cuyo centro se -eleva una aguja. Según la escala que tiene al pie el diseño, mide en -alto todo él, dos metros más que la pirámide de Cheops en Egipto. La -arquitectura es una combinación, más o menos feliz, de formas y géneros -conocidos, herencia de todos los pueblos civilizados. Lo que en aquel -monumento hay del genio yankee es la altura, es decir, el sentimiento -nacional de sobrepasar en osadía a la especie humana entera, a todas -las civilizaciones y a todos los siglos. Dos metros más alto que el -monumento más alto construído por los hombres, he aquí el sentimiento -de lo grande, de lo sin rival que caracteriza a aquel pueblo; -sentimiento que ha preludiado o seguido a las más grandes épocas que ha -alcanzado alguna porción del género humano. A este mismo sentimiento -obedeció el pueblo que construyó las pirámides; ese mismo sentimiento -aconsejó hacer del monte Athos una estatua de Alejandro, cuya mano -tendría las fuentes naturales del río; ese sentimiento, en fin, inspiró -la idea del coliseo de Nerón, el coliseo su vecino, y ese sentimiento -dirigió la construcción de San Pedro en Roma, el camino del Simplón, -etc., etc. - -La idea de elevar aquel monumento a Washington, ha sido acogida en -la Unión con entusiasmo febril, nada más que porque respondía a la -aspiración nacional de sobreponerse a las demás naciones[8]. Vese -este espíritu en la arquitectura naval. El buque que no mide dos -mil quinientas toneladas no merece llamar la atención ni engreir al -pueblo como un trofeo de su gloria. ¿Qué dijera Colón que atravesó el -océano en carabelas de ochenta toneladas, si viera flotar sobre las -aguas aquellos monstruos que pueden esconder en su seno cincuenta mil -quintales de nieve o de granito, porque granito canteado y nieve, son -dos mercaderías de exportación de que los norteamericanos hacen un -comercio de algunos millones?... Hace cosa de diez años que atormenta -a los yankees la idea de atravesar el continente americano con un -camino de hierro desde Nueva York hasta el Oregon, uniendo el Atlántico -con el Pacífico, e interponiéndose ellos entre la Europa y el Asia, -de manera de pasarles con la derecha a los ingleses lo que con la -izquierda hubiesen cogido en las costas de la China y del Japón[9]. No -han inventado, sin duda, los americanos ni el camino de hierro, ni el -buque, ni el orden jónico; pero suyas son las colosales aplicaciones y -los perfeccionamientos que introducen diariamente en su construcción; -pues si no han podido mejorar los órdenes arquitectónicos, algo de un -carácter nacional les han añadido a los conocidos, como la estatua de -Franklin sosteniendo el pararrayos en el pináculo de las cúpulas, como -ya lo he indicado antes, y la mazorca de maiz como coronación y remate, -en lugar del piñón antiguo. El embarcadero de los caminos de hierro, el -viaducto, el puente, el hotel y otras construcciones, que reclaman las -necesidades de nuestra época, pueden dar en los Estados Unidos formas -arquitectónicas desconocidas en los siglos pasados y que estereotipen -un carácter peculiar a cada clase de monumento. - -La parte económica del monumento de Washington revela otro de los -signos del genio artístico de los yankees. Levántase aquella obra -colosal, por medio de una suscripción popular de solo algunas monedas -de cobre por individuo. Así cada año la nación en masa trae a los pies -de la estatua del grande hombre, tipo del bello ideal nacional, un -tributo espontáneo de gratitud y alabanza; y en este punto pueden darse -por vencidas todas las naciones de la tierra. Todos los monumentos -del mundo están amasados con lágrimas e iniquidades; y el mismo -San Pedro de Roma, no es _gloriam Dei_ la que enarra, sino la -perversidad y las extorsiones de sus ministros. Roma contiene hoy -en monumentos, como ahora dos mil años, la sangre y los despojos de -la tierra. Versalles, el Escorial, el Arco de l’Etoile, todos los -monumentos del mundo protestan contra el despotismo de quien fueron -antojo y vanidosa ostentación. Pero el monumento de Washington es tan -puro, como la idea inmortal que representa. Las generaciones pueden -sucederse embelleciéndolo de año en año por siglos enteros, sin que -una idea triste acongoje el ánimo del espectador más complacido que -asombrado. Veinte millones de ciudadanos felices hoy, mañana ciento, -consagran una ínfima parte de su trabajo a solemnizar el más noble -y el más grande de los recuerdos históricos, la personificación de -la dignidad moral más alta que se haya ofrecido a la especie humana. -¿Qué es Napoleón mirado desde esa altura? El último y el más sublime -de los bandidos que han asolado la tierra y cubiértola de cadáveres, -para poner su orgullo en lucha con la obra de la perfección social que -destruyó con la república. ¿Qué es Washington sepultado al lado de su -mujer en un obscuro y solitario rincón de la casa que habitó? El genio -de la humanidad moderna, el principio de una era que asoma, y que ya -deja marcado al mundo el camino de justicia, de igualdad y de trabajo -laborioso que seguirá. - -Deben decorar el interior del monumento de Washington, piedras e -inscripciones enviadas por todos los Estados de la Unión, las ciudades -y las corporaciones, y sociedades científicas, filantrópicas, y aun -industriales[10]. Aquel sistema de contribución popular y espontánea -para la realización de un pensamiento nacional, constituye, a mi -juicio, la muestra más clara de la existencia de un sentimiento -artístico nacional. No sé si hay en Europa pueblos que en masa se -apasionen por la realización de una idea, si no son los franceses de -cierta clase, y lo que ha hecho en la edad media el catolicismo, por -medio de las corporaciones de artesanos. Pero en los Estados Unidos, -si este sentimiento no está del todo desenvuelto en la masa de la -nación, lejos de morir como el bello espíritu cristiano de la edad -media, está en germen apenas, y toma cada día formas más aparentes. No -hay ciudad de alguna importancia que no tenga en los Estados Unidos su -rudimento de museo, en que están bárbaramente mezcladas obras de arte, -curiosidades traídas por los navegantes, objetos de historia natural, -y aun representaciones grotescas de escenas ocurridas en los mares -u otros puntos y que han preocupado al público. Esas colecciones se -enseñan al curioso por una retribución, y aquella retribución forma -un capital que se emplea incesantemente en enriquecer, embellecer y -completar las colecciones para excitar más y más la curiosidad. Durante -mi permanencia en Nueva York, estaba en exhibición una bellísima -estatua en mármol de Carrara, ejecutada en Roma por Poper, joven -artista norteamericano de rara habilidad. La estatua representaba una -cautiva georgiana, no siendo más que una Venus con cadenas. Era, acaso, -la vez primera que los puritanos veían expuesta una de esas bellas -desnudeces femeniles con que tanto se familiariza uno, ennobleciéndose -el pudor, en los museos de Italia y de Francia. Los primeros días hubo -grande escándalo; pero concluyeron al fin las gazmoñas por levantar los -ojos y habituarse a contemplar la beldad artística en aquel espejo de -mármol. El resultado fué que la exposición de la estatua tomó el camino -de hierro, y fué de ciudad en ciudad exhibiéndose a los ojos rudos del -pueblo, y reuniendo, en cambio de sorpresas, cuchicheos y admiraciones -de los espectadores, sendos pesos fuertes; por manera que el artista -obtuvo en recompensa de su talento, más de lo que Canova u Horace -Vernet obtuvieron nunca por sus más afamados _capi d’opera_. Estas -costumbres y esta ovación popular prometen al arte americano estímulos -más poderosos, gloria más retumbante que la que los reyes de la tierra -han podido conceder jamás, gastando en fomentar las bellas artes rentas -que no son suyas, y que arrancan para sus placeres el sudor de los -pueblos. No es esta una paradoja; hase comprobado ya que los gastos -que hacen por suscripciones gratuitas en Norte América los ciudadanos -y aun las señoras para costear los trabajos de los astrónomos de -Cincinnati, exceden en mucho a las rentas acordadas por el gobierno -inglés para los mismos fines. No está, pues, lejos el día en que los -grandes artistas europeos vengan tras del lucro a pasear por los -Estados Unidos sus obras maestras, recogiendo pesos a millares mientras -el gusto nacional se educa, y más tarde codiciando la ovación que al -talento haga un pueblo, juez competente ya en materia de arte. Las -cantatrices y bailarinas célebres empiezan a mostrar el camino que más -tarde seguirán los pintores y los estatuarios. Tan genial es aquella -ambulancia del arte en Norte América, que no hace muchos años hubo un -teatro magnífico, construído sobre un buque que iba dando funciones a -ambas márgenes de un río, a medida que llegaba a una villa o ciudad de -consideración. - -Tienen los norteamericanos costumbres públicas y privadas que se -prestarían al desarrollo de las artes. La vida afanosa que llevan y la -excitación de los negocios los fuerza a viajar continuamente, mostrando -cierta necesidad de emociones, de ver y de agitarse, que los lleva en -romería a la cascada del Niágara, a los lagos y a las ciudades de la -costa. Esta parte antigua de la Unión ejerce sobre la población del -interior una grande influencia moral, como que allí está el centro -del movimiento inteligente y mercantil, y la sede del gobierno; y -como todas las familias del interior son originarias de los antiguos -Estados, los ojos se vuelven siempre hacia la patria primitiva, -embelleciendo los recuerdos, la carencia de los goces a que los padres -estuvieron habituados. - -Washington, la capital nominal de la Unión, aprovechará, sin duda, en -un porvenir próximo, de estas disposiciones del espíritu nacional, si -el Capitolio, el Museo de Inventos y el monumento elevado a Washington, -hubiesen de ser acompañados por otras atracciones que hiciesen al -fin de la capital un centro de espectáculos que muevan la curiosidad -de los viajeros y despierten el nacionalismo. Residencia de los -Senadores, ministros y altos funcionarios, como asimismo, de los -representantes de las otras naciones, Washington podría embellecer sus -veladas con la ópera, y las artes dramáticas y coreográficas, si las -ideas religiosas no opusiesen a ello fuertes obstáculos. - -Añádase a esto que el sentimiento de unidad, de centralización, y -de dirección, lucha con desventaja contra la energía individual y -local, base de la organización política de aquel país, y resultado -del espíritu protestante. No conozco hecho en contrario, si no es el -_Board_ de Educación de Massachusetts, que ha logrado al fin -sobreponerse a las resistencias y espontaneidad local en materia -de enseñanza, imprimiendo una impulsión científica y sistemada a -la educación general del Estado. ¿Podría extender esta influencia -sobre toda la Unión, partiendo de un centro único y oficial? Si tal -sucediera, lo que es obra del tiempo, diríase que se obraba una -revolución radical en la vida de aquel pueblo. El movimiento de -mejora y sistema en la educación primaria principió en Boston, Nueva -York, Maine y los demás Estados, hasta los del Oeste, pusiéronse -luego en movimiento; pero, cada uno de por sí, adoptando variantes y -aplicaciones, según lo aconsejaba la dirección impresa a la opinión. -Es posible que aquellos Estados lleguen a tener al fin una legislación -idéntica, sin ser por eso común, ni ligada a un centro general. La -civilización y el poder de los individuos es igual a la suma de los -individuos que la componen; pero no es esa suma, representada por -el Estado, como nos lo dictan nuestras ideas latinas en materia de -gobierno. La estadística, los monumentos, todo se hace por agregaciones -parciales; y tal es la idea de la negación de la personalidad del -Estado, que después de una guerra se venden en pública subasta los -buques, los fusiles y los cañones que sirvieron para hacer efectiva la -fuerza nacional. - -En despecho de todo esto, los americanos han tenido la pretensión de -honrar un arte nacional, llamando tal a los productos artísticos -salidos de ingenios americanos. Idea mezquina para nación tan -cosmopolita, y emigrada de los antiguos pueblos europeos. Los -norteamericanos debieran, como nación, emprender la conquista de -los monumentos de las artes de Europa. A cada momento se anuncia en -Venecia, en Génova y en Florencia la venta de Museos particulares -que cuentan Ticianos, Españolettos, Carrachos y aun Rafaeles. Los -franceses han saqueado la España de Murillos, Zurbaranes y Velázquez, -y aun la Irlanda se ha enriquecido de bellezas artísticas, mientras -que los cónsules bárbaros de Norte América no sienten siquiera la -tentación de Marcelo al ver las estatuas de Corinto. Cien mil pesos -anuales destinados a la adquisición de las obras de los maestros -antiguos y modernos, echarían en los Estados Unidos la base del futuro -arte americano. En Francia, cuán adelantada es aquella nación en las -bellas artes, pues lo es más que la Italia, siéntese la necesidad -de trasportar en copia al menos todos los grandes modelos del arte -extranjero. Washington debiera enseñar las imitaciones perfectas y -como para servir de escuela, de la Rotunda de Agripa, del Partenon de -Atenas, de la Catedral de Ruan, como modelo del gótico, y de media -docena más de edificios célebres. Así se convertiría en capital -artística aquella aldea buena para nada y rebelde al tiempo y al -progreso, que agranda y embellece a vista de ojo todas las ciudades -americanas; pues Washington, no siendo centro comercial ni naciendo el -movimiento político de su seno, adonde viene, por el contrario, desde -afuera, está condenada a no ser nunca gran cosa, si no se apodera -del único principio orgánico que ella puede centralizar, que es la -impulsión artística y la concentración monumental que trae a la nación -a un centro común de vanidad, de gloria y de veneración. - -Hay ya un establecimiento en Washington, que atrae las miradas de toda -la nación, el cual es visitado diariamente como escuela nacional. La -Oficina de Patentes encierra en un museo de modelos la historia de los -progresos que las artes industriales han hecho desde su creación. -Trece mil quinientas veinte y tres patentes por invenciones y mejoras -se habían otorgado hasta 1844, perteneciendo al año de 1843 quinientas -treinta y una. En este ramo de la actividad inteligente del país han -procedido, como debieran proceder en todo lo que tiene relación con -la cultura, a saber: importando primero, plagiando, saqueando a las -otras naciones para enriquecer de datos su espíritu, y obrar después. -Los resultados no se han hecho aguardar. De un extracto del informe -sobre exportación de máquinas hecho en 1841 ante la Cámara de los -Comunes en Inglaterra resulta que preguntado el informante si la -Inglaterra debe de una manera notable a los extranjeros invenciones en -maquinaria, fué respondido: “podría decir que la mayor parte de los -nuevos inventos últimamente introducidos en las fábricas de este país, -vienen de afuera; pero necesito hacer comprender que no son mejoras -en máquinas, sino inventos enteramente nuevos. Hay ciertamente muchos -perfeccionamientos emanados de este país, pero temo que la mayoría de -las invenciones realmente nuevas, esto es, ideas nuevas enteramente -en la aplicación de ciertos procedimientos, por máquinas nuevas, o -por medios nuevos, traen su origen de fuera, y principalmente, de -_América_.” - -Esta confesión de la Inglaterra de su esterilidad en la maquinaria, y -de la invasora fecundidad de su joven rival, es el grito lúgubre de los -náufragos que saben que no hay socorro posible. Norte América invade -hoy al mundo, no ya con productos e inventos, sino con ingenieros, -artífices y maquinistas que van a enseñar las artes de producir mucho a -poca costa, osarlo todo y realizar maravillas. - -He insistido en aquel extraño atraso artístico, fruto de preocupaciones -heredadas, porque, no sólo en las artes útiles, sino en los trabajos -de la inteligencia, los norteamericanos empiezan a tomar una posición -propia. Conoce usted a Cooper, a Washington Irving, a Prescott, a -Bancroff y Sparks, como historiadores de primer orden de las cosas -americanas, osando algunos de ellos emprender la aclaración de algunos -episodios de la historia europea; pero aun es más grande el número de -escritores de renombre que han tratado las cuestiones especulativas -de filosofía, economía, política y teología. Baste decir que en doce -años hasta 1842, se han publicado ciento seis obras originales sobre -biografía; ciento dieciocho sobre geografía e historia americana; -noventa y una sobre lo mismo con respecto a otros países; diez y -nueve de filosofía; ciento tres de poesías; y ciento quince novelas, -mientras que casi en el mismo tiempo trescientas ochenta y dos obras -originales americanas habían sido reimpresas en Inglaterra, y aceptadas -por aquel público mismo que veinte años antes preguntaba por boca -de una revista: ¿quién lee libros americanos? Oradores y estadistas -como Everett, Webster, Calloum, Clay, los poseen iguales solo en la -Francia y la Inglaterra, siendo de notar que el brillo en los trabajos -históricos y en la elocuencia empieza a ser como en Francia, escalón -que conduce al poder y la influencia sobre la opinión pública. Los -viajeros, los naturalistas, arqueólogos de cosas americanas, geólogos y -astrónomos que emprenden enriquecer, y aun rehacer la ciencia, abundan -comparativamente, mostrando por los resultados que obtienen en sus -trabajos, que están mucho más adelantados que lo que la Europa hubiera -creido, a no tener a cada momento que aceptarlos. - -Diráme usted que toda esta reseña de los progresos intelectuales de los -americanos no tiene nada de común con Washington, la desierta capital; -pero, ¿dónde colocar estas reminiscencias y cómo darles cuerpo y unidad -si no se inventa un centro a que referirlas? - -Mi permanencia en Washington se prolongó de un día más sobre el tiempo -convenido con Arcos, pues nos habíamos dado cita últimamente en -Harrisburg en el _United-States-Hotel_, que yo había señalado como -punto de reunión. - -Hube de regresarme a Baltimore y de allí tomar el ferrocarril que -conduce a aquella cuidad; y no bien hube llegado a la posta, empecé -a inquirirme del _United-States-Hotel_. ¡Cuál fué mi sorpresa al -saber que en Harrisburg no había hotel con aquel nombre! Como en toda -ciudad norteamericana hay uno que lo lleva, yo había dado a mi futuro -compañero de viaje cita al que suponía debía haber en Harrisburg. Con -trabajo pude indagar el paradero de Arcos, que había dejado escrito en -el libro del hotel de la posta, estas lacónicas palabras, dirigidas -a mí: “Le aguardo en Chamberburg.” Asaz mohino y cariacontecido por -este contratiempo me dirigí a Chamberburg, donde, después de recorrer -las posadas con inquietud creciente, nadie supo darme noticia de la -persona por quien preguntaba, tanto más cuanto que hablando Arcos el -inglés con una rara perfección, y gangoseándolo por travesura cuando -se dirigía a norteamericanos, nadie, ni los mismos que habían hablado -con él, me daba noticia del joven español por quien yo preguntaba -en un inglés que hacía estremecer las fibras a los pobres yankees. -Entreteníame aún la esperanza de que estuviese en los alrededores -cazando, pues en nuestro programa de viaje entraba una expedición -campestre en los Montes Alleghanies. Al fin supe que había dejado en -la posta una esquela, en que me repetía lo de Harrisburg: “Lo aguardo -en Pittsburg”. _¡Malheureux!_ exclamé yo acongojado. ¡Cincuenta -leguas de Chamberburg a Pittsburg, los Alleghanies de por medio, diez -pesos de pasaje en la diligencia, y no cuento sino con tres o cuatro -en el bolsillo, suficientes apenas para pagar el hotel en que estoy -alojado! Supe, pidiendo detalles circunstanciados sobre la indiscreta -partida de mi intangible precursor, que no habiendo en el saco de heno -que lleva encima para proveer a los caballos, y que allí debía viajar -dos días y dos noches, impulsado a tanto sacrificio por la inquietud -juvenil de una sabandija incapaz de aguardar en un lugar ocho horas, -que era la diferencia de tren a tren que nos llevábamos en el camino -de hierro. Heme aquí, pues, en el corazón de los Estados Unidos, -como quien dice tierra adentro, sin un medio, haciéndome entender -a duras penas y rodeado de aquellas caras impasibles y heladas de -los americanos. ¡Qué susto y qué aflicciones pasé en Chamberburg! A -cada momento llamaba al dueño del hotel y de palabra y por escrito le -exponía mi situación.--Un joven que va adelante lleva mi dinero, sin -saber que no traigo el necesario para los gastos de camino. Me piden -diez pesos de pasaje en la posta y no tengo sino cuatro para pagar el -hotel. Pero tengo algunos objetos de valor intrínseco en mi maleta y -quiero que la posta los retenga hasta que haya cubierto mi pasaje en -Pittsburg.--El posadero, al oir esta lamentable historia, se encogía -de hombros por toda respuesta. Contaba mis cuitas al maestre de posta -y se quedaba mirándome como si no le hubiese dicho nada. Dos días de -continuo suplicio y de desesperación habían pasado ya, y lo peor era -que no había asiento en la diligencia, por venir todos contratados -desde Filadelfia, como complemento del camino de hierro que termina -allí. Al fin me sugirieron escribir a Arcos por el telégrafo eléctrico, -lo que hice en cuarenta palabras por valor de cuatro reales, y en los -términos más sentidos. No obstante aquel laconismo telegráfico, “no -sea usted animal”... era la introducción de mi misiva, y le contaba -lo que por su indiscreción me sucedía.--¿Dónde está el sujeto a quien -se dirige?--En el _United-States-Hotel_, contesté yo, dudando -ahora si en Pittsburg habría un hotel de aquel nombre; y para no darme -un nuevo chasco, indiqué que se le buscase en todos los hoteles más -aparentes de la ciudad. - -Tardaba la respuesta a mi impaciencia y a mi miedo de no dar con aquel -calavera, y no despegaba los ojos de la maquinita que con golpecitos -redoblados indicaba a cada momento el paso de misivas a otros puntos, -y que no se anotaban allí, por no venir precedidas de la palabra -Chamberburg y la señal preventiva y convencional para llamar la -atención del oficinista. Voy a preguntar, me dijo; y tocando a su vez -su aparato, se sucedieron golpecillos, con cuya mayor o menor duración -trazaba el punzón magnetizado a cincuenta leguas la pregunta que se -hacía desde Chamberburg.--¿Qué hay del joven Arcos que se mandó -buscar?... Y un momento después... señal de atención a Chamberburg... -Contestan, me dijo el oficinista, acercándose al aparato; y el punzón -de Chamberburg trazaba sus puntos sobre tira de papel que el cilindro -va desarrollando poco a poco. ¡Qué hubiera dado por leer yo mismo -aquellos carácteres que consisten en puntos y líneas, obrados por la -presión en la superficie blanca del papel. Concluída la operación, tomó -la tira de papel y leyó: “No se le encuentra en ninguna parte. Se ha -mandado de nuevo a buscarlo”.--Dos horas después nueva interrogación, -nuevo martirio de aguardar un sí o un no de que dependía el sosiego o -la desesperación, y nuevo y definitivo... no hay tal individuo...! - -Quedé punto menos que si me hubiese caído un rayo. Entonces, -interesándose en mi suerte y haciendo conjeturas el hostelero, nombró a -Filadelfia. ¡Cómo Filadelfia! le interrumpí yo; es en Pittsburg donde -está Arcos y donde han debido buscarlo.--Acabaremos, me respondió; -como es en Filadelfia donde se paga la diligencia, el oficinista del -telégrafo ha creído que es allí donde usted recomienda que le tomen -pasaje; _but no matter_, voy a corregir el error; y dirigiéndose -a la puerta se detuvo, y señalando a la oficina me dijo: ya cerraron, -hasta mañana a las ocho... Las grandes pasiones del ánimo no pueden -desahogarse sino en el idioma patrio, y aunque el inglés tiene un -pasable _goddam_ para casos especiales, preferí el español -que es tan rotundo y sonoro para lanzar un ahullido de rabia. Los -yankees están poco habituados a las manifestaciones de las pasiones -meridionales, y el huésped, oyéndome maldecir con excitación profunda -en idioma extraño, me miró espantado; y haciéndome seña con la mano, -como para que me detuviera un momento antes de morderlos a todos o -suicidarme, salió corriendo a la calle, en busca sin duda de algún -alguacil para que me aprehendiese. ¡Esto sólo me faltaba ya! y aquella -idea me volvió repentinamente la compostura que en mi aflicción había -perdido por un momento. Minutos después volvió a entrar acompañado de -un sujeto que traía la pluma a la oreja y que con frialdad me preguntó -en inglés primero, en francés en seguida, y luego alguna palabra -en español, la causa de mi turbación, de que lo había instruído el -posadero. Contéle en breves palabras lo que me pasaba, indiquéle mi -procedencia y destino, suplicándole intercediese en la posta para que -se tomase mi reloj y otros objetos en rehenes hasta haber satisfecho -en Pittsburg el pasaje. El individuo aquel me escuchó sin que un -músculo de su fisonomía impasible se moviese, y cuando hube acabado -de hablar, me dijo en francés:--Señor, lo único que puedo hacer... -(¡Qué introducción! me dije yo para mi coleto y tragando saliva...) -lo único que puedo hacer es pagar el hotel y el pasaje de usted hasta -Pittsburg, a condición de que llegado usted a aquella ciudad, haga -abonar en el _Merchants-Manufactory-bank_, en cuenta de Lesley y -Cía. de Chamberburg, la cantidad que usted crea necesario anticiparle -aquí.--Tuve necesidad de tomar una larga aspiración de aire para -responderle: pero, señor, gracias; pero usted no me conoce, y si puedo -darle alguna garantía...--No vale la pena; personas en la situación de -usted, señor, no engañan nunca; y diciendo estas palabras se despidió -de mí hasta más tarde. Comíme en seguida un real de manzanas, pues que -hambre era lo que había despertado la serie de emociones por que había -pasado durante tres días. Aproveché la tarde en recorrer la ciudad y -alrededores; necesitaba caminar, agitar mis miembros para creerme y -sentirme dueño de mí mismo. En la primera noche se me apareció mi ángel -custodio, cargado de libros; traíame un tomo de Quevedo, otro del Tasso -en italiano y uno o dos mamotretos en francés para que me distrajese. -Consagróme algunos momentos hablando alternativamente en español y en -francés; díjome que conocía el latín y el griego, inquirióse sobre -algunos detalles de mi viaje y me deseó buena noche al retirarse. - -Al siguiente día volvió y me dió cuatro billetes de a cinco pesos, no -obstante mi empeño de devolverle uno por innecesario; y como ya se -retirase, regresó diciéndome casi ruborizado: Usted me perdone señor, -pero se me ha quedado otro billete en el bolsillo que ruego a usted -agregue a los anteriores. Este hombre había excedido más de la suma -que yo había indicado, porque en resumidas cuentas yo solo necesitaba -diez pesos. Comprendí el sentimiento delicado que lo impulsaba e -hice una débil resistencia a recibirlo, aceptándolo con cordialidad. -La diligencia partió al fin, y yo volví a mi estado de quietud de -ánimo ordinario, complaciéndome de haber tenido ocasión, aunque tan -penosa para mí, de dar lugar a manifestación tan noble y simpática -como aquella del caballero Lesley. La noche sobrevino, apareció la -luna plácida en el horizonte, y la diligencia empezó a remontar, -pausadamente, los montes Alleghanies. Cuando habíamos llegado a la -parte más elevada, bajaron algunos pasajeros, y una voz de mujer dijo -en francés dentro de la diligencia: bajen a ver el paisaje que es -bellísimo. Aprovécheme de la indicación, descendí tras los otros, y -pude gozar en efecto de uno de los espectáculos más bellos y apacibles -de la naturaleza. Los montes Alleghanies están cubiertos hasta la -cima de una frondosa y espesa vegetación; las copas de los árboles -de las lomadas inferiores, iluminadas de lo alto por los rayos de la -luna, presentaban el aspecto de un mar nebuloso y azulado, que por el -cambio continuo del espectador iba desarrollando sus olas silenciosas -y obscuras, sintiéndose, sin embargo, aquella excitación que causa en -el ánimo la vista de objetos que se conocen y comprenden, pero que -no pueden discernirse bien, porque el órgano no alcanza o la luz es -incierta y vagorosa. - -Al llegar a una posada, después de habernos recogido a nuestro -vehículo, la misma voz dijo, siempre en francés: aquí se desciende -a tomar algo, porque marcharemos toda la noche sin parar. Bajé yo, -en consecuencia, y presentándose a la puerta una señora, ofrecíla la -mano para que se apoyase. Volvimos a poco a tomar nuestros asientos, -continuóse el viaje, y empezaba a sentir somnolencia, cuando la misma -voz de antes, y que era la señora aquella, me dijo con timidez: -creo, señor, que usted se ha visto en algunas dificultades.--¡Yo! No, -señora, contestéle perentoriamente, y la conversación terminó ahí; -pero mientras yo recapacitaba sobre esta pregunta, la señora añadió -con visibles muestras de turbación: Usted me dispense, señor, si le -he hecho una pregunta indiscreta, pero esta mañana en Chamberburg, -me hallaba por casualidad en una pieza, desde donde no pude dejar de -oír lo que contaba usted a un caballero.--En efecto, señora, pero -usted supo, sin duda, que todo quedó allanado.--¿Y qué piensa usted -hacer, señor, si no encontrase a su compañero en Pittsburg?--Me asusta -usted, señora, con su pregunta. No he pensado en ello, y tiemblo de -sospechar que tal cosa sea posible. Me volvería a Nueva York o a -Wáshington donde tengo conocidos.--¿Y por qué no continuaría su viaje -adelante?--¿Cómo he de engolfarme en un país desconocido, señora, sin -fondos?--Le decía a usted esto, porque mi casa está cinco leguas más -acá de Nueva Orleans, y deseaba ofrecérsela a usted. Desde allí puede -usted tomar noticia de su amigo; y si no lo encontrase, escribir a su -país y aguardar a que le manden lo que necesita.--La noble acción de -Mr. Lesley había, según lo visto, sido contagiosa. Aquella señora lo -había oído todo, y quería a su vez completar la obra. Esta reflexión me -vino antes, tocado como estaba por el buen proceder, de otra a que, su -sexo podría haber dado pretexto; la señora me dijo en seguida, acaso -para responder a la posibilidad de una sospecha, que hacía seis semanas -que acababa de perder a su marido, y que iba a poner orden en los -negocios de su casa de Orleans. Acompañábala una hijita de nueve años -y ambas vestían de luto completo. Era la madre, pues, y no la mujer, -la que ofrecía el asilo doméstico a un desconocido que debía también -tener madre; y obedeciendo a esta idea que santificaba la oferta y la -aceptación, traté en adelante a la señora con menos reserva, seguro, -sin embargo, de que no llegaría el caso por ella previsto. - -Llegamos a Pittsburg, y la señora me hizo prevenir que partía por un -vapor y que si aceptaba su ofrecimiento fuese a tomar pasaje en el -mismo vapor. Salí a buscar a Arcos en el _United-States-Hotel_; -porque ¿dónde había de encontrarlo sino allí? Afortunadamente para mí -había en efecto en Pittsburg un hotel de los Estados Unidos, donde -encontré a mi Arcos, que a la sazón escribía en los diarios un aviso, -previniéndome su paradero y justificándose de lo que ya empezaba a -sentir por mi demora, que había sido una niñería. Venía dispuesto a -reconvenirlo amigable, pero seriamente; mas, me puso una cara tan -cómicamente angustiada al verme, que hube de soltar la risa y tenderle -la mano. Salimos juntos inmediatamente, y contándole mi historia en el -camino nos dirigimos al vapor _Martha Wáshington_, en que había -tomado pasaje la señora, a fin de darla las gracias y prevenirla de mi -hallazgo, para que no partiese con el temor de que quedase yo aislado. -En efecto, no bien hube puesto el pie en la espaciosa cámara del buque, -cuando del extremo opuesto, levantóse la señora que había estado en -acecho aguardándome, y dirigiéndose hacia mí con disimulo, fingió -darme la mano, para pasarme ocultamente un bolsillo de oro. Presentéle -sin aceptarlo la buena pieza que me acompañaba y que había ocasionado -todas aquellas tragedias, y ambos la dimos un millón de gracias por -su solicitud; y como si la ingratitud fuera la recompensa de tan -desinteresado proceder, he olvidado su nombre, habiéndonos separado en -Cincinnati para no volvernos a ver más. - -[8] El monumento está ya en vías de ejecución y asombrosamente -avanzado, según lo anuncian los diarios. En 1842 ni los cimientos -estaban indicados aún, pues la presteza de la ejecución es otra de las -condiciones del arte yankee.--_Nota del autor_, 1850. - -[9] Esta idea es muy anterior a la adquisición de California, y la -de ponerse en contacto con la China y la India, como de los secretos -móviles populares de la guerra de Méjico, que les trajo aquella -conquista.--_Nota del autor._ - -[10] California ha mandado ya sus cuarzos entremezclados de oro. - - -CINCINNATI - -De Pittsburg, que no tuve tiempo de examinar, el vapor por 5 pesos -lleva al viajero a Cincinnati cuatrocientas cincuenta y cinco millas -Ohio abajo. El magnífico río da nombre al Estado, si bien principia a -ser navegado desde la Pensilvania. Otra vez he hablado de la riqueza -de aquel suelo privilegiado, dónde sobre lechos inconmensurables de -carbón bituminoso, se extienden llanuras de bosques y de cultivo, -accidentadas por montes que esconden el hierro en sus flancos, y de -cuyas faldas fluyen canales como el Ohio que se liga al Mississipi y -sus afluentes, y somete un mundo al alcance de sus manufacturas. - -Para darle noticia del progreso asombroso del estado del Ohio, debo -principiar por el _sicut erat in principio_, es decir, el aspecto -del país ayer no más. Este estado se extiende unas 40.000 millas -cuadradas desde la margen del Ohio hasta el lago Erie, al norte. La -parte sur y este del terreno del Ohio es llano y fertilísimo; el -resto, accidentado de montículos, encierra valles hermosos, sabanas, -pantanos, y terreno quebrado. La cantidad de tierras arables se reputa -en 35.000 millas, el resto es la parte cenagosa, quebrada o estéril. -Hasta 1840 la parte labrada no pasaba de 12.000 millas. El primer -establecimiento se hizo en 1788 en Marieta. La población cristiana se -presentó en el Estado en 1802, en número de 50.000 habitantes. En 1810 -había aumentado a 230.760; en 1820, a 937.679; y en 1840, a más de un -millón y medio. Hoy tiene más de dos millones. No soy yo ahora quien -hace esta comparación. Copio de un librejo. “Dícese que el territorio -de los Estados Unidos es un noveno o cuando más un octavo de la parte -del continente colonizado por los españoles. Sin embargo, en todas -aquellas vastas regiones conquistadas por Cortés y Pizarro no pasan de -dos millones de habitantes de sangre pura española, de manera que no -sobrepasan en mucho en número a la población del Ohio en medio siglo, -y quedan muy atrás en riqueza y civilización”. Si la observación no es -del todo exacta el aumento de población de la América española desde -aquella época es sin duda infinitamente inferior. Méjico y la República -Argentina han disminuído el número de sus habitantes; bien es verdad -que es artículo orgánico de la constitución política de los nuevos -estados sudamericanos ignorar siempre cuántos bípedos habitan el país. -Nuestros gobiernos sabrán un día oficialmente cuántas estrellas hay en -el cielo, como los niños traviesos suelen deshojar una rosa para saber -cuántos pétalos tiene; pero saber cuál es el número de habitantes de su -país, _¡fi donc!_ ¡Un gobierno descender a tan mezquinos detalles! -Toda la organización norteamericana reposa en el censo decenal y en -el catastro de la propiedad; y hay reglas para calcular cada día el -aumento de población, y sus resultados tienen certeza administrativa. -El censo de 1850 está calculado en veinte y dos millones[11]; el de -1860 en veintinueve; el de 70 en treinta y ocho millones; el de 80 en -cincuenta millones; el de 1890 en sesenta y tres millones, y el de 1900 -en ochenta millones. Habrá error quizá en un pico de diez o veinte -millones de más. - -El valor de los productos del Ohio ascendió en 1840 a circumcirca de -veinte millones de duros, entre los cuales figuraban cinco millones -de cecinas y animales domésticos, y cinco millones de artículos -manufacturados. Como la población de aquel Estado es aproximadamente la -que se le atribuye a Chile (porque la verdad es un secreto que Dios se -reserva entre los inexcrutables de su política _à lui_) juzgará -usted que Chile ha debido producir veinte millones, todos los años que -hace que está teniendo millón y medio de habitantes. Es verdad que no -contentos los habitantes del Ohío con las facilidades que les ofrece -su río, han abierto siete canales navegables que penetran en el país, -los cuales producían de beneficio ochenta y ocho mil pesos en 1843, -y ciento setenta y dos mil seiscientos cincuenta y nueve en 1844, -esto es, el doble del año anterior, lo que prueba que la cantidad de -productos había doblado de un año a otro. - -Este Estado se halla poblado generalmente por los nuevos inmigrantes -compuestos de alemanes, irlandeses y otras naciones. Estos labradores -aumentan en número todos los días, y forman una mayoría sobre los -yankees _pur sang_, de donde resulta que les ganan siempre las -elecciones, unidos los extranjeros de origen al partido demócrata. -Esto desespera a los puritanos, pues que siendo por lo general muy -ignorantes los europeos, y en gran número católicos de Irlanda, lo que -no constituye una patente de sapiencia, se oponen a todas las mejoras -útiles, y se niegan a contribuir para escuelas, canales, caminos, -mostrando la mayor indiferencia por la llegada de cartas y periódicos, -“al mismo tiempo, dice un autor, que están siempre dispuestos a dar sus -votos a los demagogos, que estarían prontos a hundir el país en la más -violenta carrera de cambios políticos”. Esta coincidencia con ciertos -países que nosotros conocemos, me hace creer que cuanto más ignorante -y menos dispuesto a promover las mejoras útiles, es un pueblo, más -aspira a cambios políticos, como aquellos animales despeados que dejan -el camino trillado por mejorar, y se meten en la pedrazón y en los -derrumbaderos. - -Para azuzar a estos demócratas indisciplinados hay la _Stump -oratory_, así llamada por la ocurrencia de algún candidato popular -de treparse a la copa de un árbol para dirigirse a su rudo auditorio. -Un viajero inglés refiere en estos términos el discurso que le contó -uno de estos personajes. “Un labrador que entró en el coche de -Worcester, habló con vehemencia contra la nueva tarifa, que dijo, -sacrificaba los agricultores del Oeste a los manufactureros de Nueva -Inglaterra, quienes querían forzarlos a comprar sus efectos hechizos, -mientras que las materias primeras de Ohio y del Oeste estaban -excluídas del mercado de Inglaterra. Elogióme las ventajas de que -gozaba en los Estados Unidos, compadeciéndose de la masa del pueblo -inglés, privada de sus derechos políticos y expuesta a la opresión y -tiranía del rico. Con la mira de distraerlo, le dije que un día antes -había visto en la ciudad de Columbus, a un ministro predicando en -idioma welche ante una congregación de trescientas personas; que estos -y otros pobres labradores irlandeses y alemanes eran ignorantes de -las leyes e instituciones norteamericanas, y personas sin educación -alguna, y que cómo se les había de permitir influir y dominar en las -elecciones como sabía que lo acababan de hacer en Ohio. Sobre este -tópico me espetó una oración, cuyo tema fué la igualdad de derechos de -todos los hombres, la división que algunos querían establecer entre los -antiguos y los nuevos plantadores, la buena política de recibir a los -inmigrantes cuando la población era escasa, la ventaja de las escuelas -comunales, y últimamente el mal de dotar universidades, que dijo son -_un nido de aristócratas_. - -Este odio popular contra las universidades no quita que haya, y muy -bien dotada, una universidad en Atenas, otra en Oxford, otra en -Willoughly; siete colegios en varias otras ciudades; varios institutos -teológicos; setenta y cinco academias, y cinco mil doscientas escuelas. - -La ciudad principal de este Estado es Cincinnati, cuya población es de -cincuenta mil habitantes, y está situada en la abertura de un valle -delicioso formado por colinas que van ascendiendo suavemente hasta la -altura de trescientos pies, enseñando en sus flancos grupos de árboles -y aun manchas de bosque. La ciudad está situada en dos terraplenes -uno más alto que el otro quince a veinte varas. En el desembarcadero -la playa está cubierta de losas hasta la parte más baja del río, y -hay muelles cuya superficie sube y baja con la marea. Las calles -están sombreadas de árboles y muy bien pobladas de edificios. Sus -comunicaciones con el interior las facilitan canales que la ligan con -el lago Erie y el canal Wabasch. Hay además, ferrocarriles, caminos -macadamizados y vecinales. El canal Whitewater se extiende 70 millas -al interior. Como es bueno saber lo que puede hacerse en treinta años, -recordaré a usted que esta ciudad fué reconocida tal en 1819 y fundada -aldea en 1789. De su puerto parte un vapor diario para Pittsburg, y -otros para San Luis, Nueva Orleans río abajo, también diariamente. -Diligencias hacen la travesía entre las vecinas ciudades en todas -direcciones. Hay cuarenta iglesias, un teatro, un museo, una oficina -de venta de tierras del Estado, cuatro mercados, y un consistorio. La -ciudad se suple de agua del río, levantada por poderosas máquinas de -vapor. - -Pero lo que más distingue a Cincinnati son el crecido número de -sociedades literarias, científicas y filantrópicas, de las cuales -haré a usted breve mención, tanto más que en adelante me abstendré de -entrar en estos detalles. Me complazco en enumerar los elementos que -entran en la composición y en la vida de la sociedad americana, aun en -estos Estados de ayer, porque la comparación puede ser para nuestros -compatriotas una útil enseñanza. Un viajero inglés, Robertson[12] -hablando de Corrientes y Entre Ríos, en la República Argentina, dice: -“Me espanta al contemplar estos bellos países, considerar lo que han -dejado de hacer los españoles en tres siglos”. La idea es sublime y -profunda. ¡Lo que no han hecho en tres siglos! Espanta, en efecto. El -colegio de Cincinnati fundado en 1819 tiene excelentes tierras y un -hermoso edificio en el centro de la ciudad. El colegio de Woodward y el -de San Javier, fundado por los católicos, y el seminario presbiteriano -tiene dieciséis mil volúmenes en sus bibliotecas, dotación y profesores -correspondientes a los ramos de enseñanza. El colegio de medicina -del Ohio, fundado en 1825, posee hermosos edificios y está bajo la -dirección de un consejo de directores; tiene dos mil volúmenes y -aparatos completos de anatomía, anatomía comparada, cirugía, química -y materia médica. El colegio de jurisprudencia está relacionado con -el de Cincinnati. El instituto de mecánica fué creado en 1829 para -instrucción de mecánicos, y da cursos de artes y ciencias; posee -importantes aparatos de física y química, una biblioteca y un salón -de lectura. En una de sus salas se reune la Academia Occidental de -Ciencias Naturales; en otro salón se tiene una feria anual para fomento -de las artes y de las manufacturas. Una escuela normal para instrucción -de maestros fué establecida en 1821. - -La biblioteca mercantil para jóvenes dependientes tiene un salón de -lectura y dos mil volúmenes. La biblioteca de aprendices cuenta mayor -número de volúmenes. Hay dos asilos católicos, el asilo para huérfanos -y una casa de pobres. Los establecimientos que no son sostenidos por -asociaciones espontáneas, costéalos el Estado con rentas especiales -cobradas para el objeto. En materia de rentas de escuelas la ley obliga -a contribuir al sostén de las que existen, aun a aquellos pobladores -que están diseminados entre los bosques. Los poseedores de vastas -extensiones de territorio desierto están además obligados a contribuir -a todas las cargas del Estado, y cuando están ausentes y atrasados en -el pago, el _sheriff_ toma una porción de terreno y la vende en -pública subasta. De este modo la ley cuida de que los propietarios -ricos no monopolicen la tierra, esperando sin cultivarla aprovechar del -valor accesorio y progresivo que le va dando el tiempo. La ocupación de -este país empezó desde las márgenes del Ohío hacia el Norte. Cuando se -terminó el canal de Erie, que ponía en comunicación el Ohio con lagos, -el Hudson, Nueva York y el Atlántico, otro movimiento de población -comenzó a invadir desde el lago Erie hasta el Sur, quedando un inmenso -bosque en el centro para dar colocación sucesiva a las generaciones -venideras, pues la previsión de la ley de hacer pagar su parte de -impuesto a los poseedores, hace que pocos quieran hacer la adquisición, -si no es con el ánimo de trabajarlas inmediatamente. - -Cincinnati es el emporio de la explotación de los cerdos, y hay una -clase de sociedad a quien dan el apodo de la aristocracia de los -puercos, por haberse enriquecido con esta industria. Anualmente se -salan en los saladeros de Cincinnati doscientos mil puercos, y llegada -la estación de la cosecha, puéblanse los establos de madera de los -alrededores y acuden de toda la Unión los compradores de manteca, -jamones, etc. Apenas es posible creer a qué sumas enormes da origen -esta industria. Lo más notable es que en Cincinnati los puercos viven -por millares en las calles sin propietario particular. Los vecinos -toman uno para engordar en sus casas, los niños se montan en ellos -si los logran coger, y la policía manda matarlos cuando se propagan -demasiado. Cincinnati es, pues, el país donde se amarran los perros con -longaniza y no se las comen. - -Cuatro o cinco días pasamos con Arcos en Cincinnati dejándonos llevar -por el placer de recorrer sus calles y alrededores, visitar su museo, -y holgarnos en el _far niente_ del turista. En Cincinnati fué -donde Arcos, viendo a un pacífico yankee que leía su Biblia, sentado -a la puerta de su tendejón, se paró delante de él, le sacó de la boca -el cigarro que fumaba, prendió el suyo, volvió a metérselo, y siguió -su camino sin que el buen hombre hubiese levantado la vista, ni hecho -otro movimiento que abrir la boca para que le ensartaran el cigarro. -Paciencia, hermano, en cambio de alguna impertinencia vuestra. - -Embarcámonos en un vapor de grandes dimensiones y el tercero que -descendía el Misisipí desde que se tuvo noticias de que habían ya -cesado los estragos de la fiebre amarilla, periódica en Nueva Orleans, -en el verano. De Cincinnati a aquella ciudad hay 1548 millas, que se -hacen en once días de navegación de vapor, marchando de día y de noche -sin otros intervalos que los necesarios para cargar leña, o cambiar -pasajeros en las ciudades y embarcaderos del litoral. Cuatro comidas -abundantes y opíparas se sirven, contando con el _lunch_; y viaje, -comida y servicio de once días cuesta quince pesos, algo menos que lo -que se pagaría por vivir el mismo tiempo en un hotel. - -Poco diré a usted de las ciudades a cuyos puertos y muelles va -sucesivamente atracando el vapor en el trayecto, pues que en ninguna -permanecimos lo suficiente para conservar ni aun reminiscencia distinta -de ella. Marieta, Luisville, Roma, Cairo, se suceden de día en día, -hasta que el país bárbaro, el Far West, empieza, y la escena recobra su -carácter agreste y semisalvaje. - -El viaje del Misisipí es uno de los más bellos y que más duraderos y -más plácidos recuerdos me haya dejado. El majestuoso río desciende -ondulando blandamente por el seno del valle más grande que existe en -la tierra. La escena cambia a cada ondulación, y un ancho moderado -del más grande de los ríos permite que la vista alcance en esta y la -otra ribera, a calar por entre la sombría enramada de los bosques, y -esparcirse en las sabanas y aberturas que hace la vegetación mayor de -vez en cuando. El encuentro de un vapor es un incidente deseado, por -la proximidad y rapidez del pasaje, mientras que la vista cae desde -lo alto de las galerías del palacio flotante, sobre una escuadra de -angadas que descienden a merced de la corriente cargadas de carbón de -piedra; se ve más allá un falte o mercachifle que va en su buquecillo -de vela, vendiendo al detalle por las vecinas aldeas sus chismes y -baratijas. Descender a las ciudades y aldeas adonde el vapor toca, -correr por las calles, meternos en una mina, curiosearlo todo, comprar -manzanas y bizcochos, con el oído atento a la campana que anuncia la -próxima partida, era regalo y codiciada variante que no dejábamos de -añadir a nuestras emociones, como nunca dejábamos de saltar sobre un -barranco, ganar el bosque y correr un rato, mientras el vapor estaba -cargando leña para quemar en sus hogueras. - -Arcos, que había principiado nuestra asociación con una niñada, se -propuso en aquellos días conquistar mi afecto, haciendo ostentación -de cuanto salero y jovialidad hay en su carácter, alimentados por -un inagotable repertorio de cuentos absurdos, ridículos, eróticos, -tales cuales sólo sabe atesorar la juventud calavera de París o de -Madrid. Ibamos con esto de zambra y fiesta permanentes, a punto de ser -conocidos y notados por trescientos pasajeros del vapor. - -Servíase a bordo la mesa tres veces para dar abasto a tan crecido -número de comensales, y como todos se atropellasen para tomar asiento -en la primera, nos quedamos el segundo día para la segunda, la que -dejamos el tercero para estar a nuestras anchas, hasta que al fin -nos arreglamos a comer en la cuarta con los criados, en la que nos -iba perfectamente, prolongando la sobremesa los dos solos por horas -como lo habríamos hecho en el _Astor-Hotel_. Gustáronnos -las melazas que los primeros días sirviéronnos de postre, y como -faltasen al quinto, reclamamos pidiendo la presencia de las melazas; -razón por la que un mozo descendía corriendo en los desembarcaderos -a comprarla en los bodegones vecinos, “para los señores españoles -que se enferman--decía--si no comen melazas”. Hablábamos recio en -español en la mesa, y reíamos con tal desenfado que atraíamos en torno -nuestro un círculo de huasos ya hartos, a vernos comer, gozándose en -nuestro inextinguible buen humor. Una mañana Arcos la emprendió con un -bonazo de ministro protestante.--Señor, le decía, ¿de qué profesión -es usted?--Presbiteriano, señor.--Dígame, ¿cuáles son los dogmas -especiales de esta creencia? Y el padre procedía bondadosamente a -satisfacerlo.--Pero Vd., señor, decía Arcos con aire convencido, y como -si ambos estuvieran de inteligencia, usted no cree nada de eso por -supuesto. Es Vd. demasiado sensato para poner fe en esas bromas.--Las -facciones del infeliz sometido a tortura semejante, se contraían como -cuando nos pisan un callo. El buen clérigo se ponía de todos colores, y -medio indignado, medio suplicante, hacía profesión de fe solemne de su -creencia. Pero el implacable y serio burlón le replicaba con un aplomo -imperturbable:--¡Comprendo, comprendo! Vd. predica y sostiene ante el -público esas doctrinas; vive Vd. de ello y la dignidad de su carácter -así lo exige; pero aquí entre nosotros, vamos, yo sé lo que hay en -plata. - -Otra vez estaba rodeado de un grupo de yankees horripilados de -oírlo, y levantando más y más la voz, para que el escándalo fuese -mayor.--¡Gobierno, decía, es el del Emperador de Rusia! ¡Eso sí que -es un gobierno! Cuando un general delinque o desagrada a su soberano, -¡se le desatan los calzones y se le dan quinientos azotes! ¡Pero -estas repúblicas! esto es un escándalo y un desorden. ¿Qué significan -vuestras elecciones, y qué sabe Vd. ni Vd., añadía, dirigiéndose a -éste o al otro de sus auditores espantados, lo que conviene al Estado, -cuándo debe hacerse la guerra y cuándo la paz? Al pueblo sólo le toca -pagar los gastos de la corte del soberano, que gobierna por derecho -divino... - -Y esto dicho con una seriedad y una afectación de estar de ello -convencido, que aquellos hombres se hacían cruces de oírlo; y pasada -la tormenta se lo señalaban unos a otros, mostrándolo como a un animal -extraño, un ruso o un loco peligroso. Todo esto para reír después y -alimentar la francachela. ¿No se le antoja una vez persuadir a una -cuarentona llena de colgajos y de colorete, que yo era sobrino de -Abd-el-Kader que viajaba de incógnito, favoreciendo esta broma la -circunstancia de ser el único en aquellos parajes que llevara la barba -entera y la birreta griega? Habíala ya medio persuadido, hablábale en -español para que ella creyese que era el árabe, exagerando el sonito de -la J, y se empeñaba en que me pusiese albornoz para completar el chasco. - -Más tarde me mostró este joven la parte seria de su carácter, que no es -menos notable por el buen sentido que lo caracteriza, a lo que se añade -mucho trato de la sociedad y la rara habilidad de revestir las formas -populares en lenguaje y porte, cualidades que con su instrucción en -materias económicas, lo harían un joven espectable si supiese dominar -las impaciencias de un espíritu impresionable que no contienen ideas -fijas y sentimientos de moralidad teórica, aunque su conducta sea -regular. Necesito añadir estas rectificaciones por temor de que sin -ellas hiciese pasar plaza de truhán en mi narración a un compañero de -viaje que me acompañó cuatro meses y me prestó amigables servicios. - -La vecindad de Nueva Orleáns se deja presentir por alteraciones -visibles en la materia de la cultura y por la forma de los edificios. -Divísanse haciendas, y en ellas líneas de casuchas de madera de la -misma forma y capacidad todas, mostrando que el libre albedrío no -ha presidido a su construcción. La tierra está dividida en lotes -más grandes; la población rural aislada desaparece; y las raras -habitaciones que de cuando en cuando se presentan, asumen formas y -extensión que acusan la presencia de una aristocracia campestre. - -Aquellas casitas iguales son, en efecto, las habitaciones de los -señores amos. Esta es la aristocracia de las balas de algodón y de las -bolsas de azúcar, fruto del sudor de los esclavos. ¡Ah, la esclavitud, -la llaga profunda y la fístula incurable que amenaza gangrenar el -cuerpo robusto de la Unión! ¡Qué fatal error fué el de Wáshington y de -los grandes filósofos que hicieron la declaración de los derechos del -hombre, al dejar a los plantadores del Sur sus esclavos; ¿y por qué -rara fatalidad los Estados Unidos, que en la práctica han realizado -los últimos progresos del sentimiento de igualdad y de caridad, están -condenados a dar las postreras batallas contra la injusticia antigua de -hombre a hombre, vencida ya en todo el resto de la tierra? - -La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solución -posible; son cuatro millones de negros, y dentro de veinte años serán -ocho. Rescatados, ¿quién paga los mil millones de pesos que valen? -Libertos, ¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca? -En tiempo de Wáshington y treinta años después, el cinismo de la -teoría no venía a justificar en el ánimo de los amos la codicia de -la práctica; pero hoy la esclavitud está apoyada en doctrina, porque -se ha hecho el alma de la sociedad que la explota. Entonces era más -reducido el número de esclavos, y por tanto más cancelable económica -y numéricamente. Mientras tanto la esclavitud tiene en los Estados -yankees genuinos, y éstos son los más ricos, poblados y numerosos, -antagonistas implacables, fanáticos. El espíritu puritano de igualdad -y de justicia se eleva en el Norte a la altura de un sentimiento -religioso. Abominan de ella como de una lepra y de una mancha que -deshonra a la Unión, y en su ardor predican la cruzada contra los -réprobos que explotan la abyección de una raza maldecida. - -Echámosles en cara a los norteamericanos su perpetuación. ¡Dios mío! -vale tanto como afligir y humillar las canas del padre virtuoso, -echándole en cara los desmanes de su hijo pródigo. La esclavitud es -una vegetación parásita que la colonización inglesa ha dejado pegada -al árbol frondoso de las libertades americanas. No se atrevieron a -arrancarla de raíz cuando podaron el árbol, dejando al tiempo que la -matase, y la parásita ha crecido y amenaza desgajar el árbol entero. - -Los estados libres son superiores en número y riqueza a los estados de -esclavos. En el Congreso, en las leyes no conquistará la esclavitud un -palmo de terreno más al Norte de la línea que el hecho existente se -ha trazado. Si la guerra sobreviene, ¿los negros irán a batirse con -los blancos para evitar que les quiten sus cadenas? ¿Los amos formarán -ejércitos para guardar sus esclavos? La separación en estados libres y -en estados esclavos, tan cacareada por los estados del Sur, traería la -desaparición de la esclavitud. Pero, ¿adónde irían cuatro millones de -libertos? He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que -llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de -la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto -la raza pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. Una guerra de -razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra -atrasada y vil, al lado de otra blanca la más poderosa y culta de la -tierra. - -Desde Pittsburg hasta Nueva Orleáns habíamos atravesado diez estados -de los que no entraron en la primitiva federación. La ciudad de -Nueva Orleáns es la capital de la Luisiana, originariamente francesa -y cuya promiscua población se compone hoy de criollos americanos, -españoles y franceses. La apariencia de la ciudad desde el puerto es -magnífica, y los vapores sólo, que están de continuo en sus ancladeros -por centenares, bastan para revelar la actividad comercial de sus -habitantes. Puede decirse que el vapor se inventó para el Mississipí. -Antes de su aplicación a la navegación fluvial, echaban meses y meses -las raras barcas que remontaban los ríos, como sucede hoy en el Paraná -y Uruguay; los buques de alta mar cruzaban muchos días en el golfo -de Méjico acechando la ocasión favorable de tomar la difícil entrada -del caudaloso río que a muchas leguas de la costa lleva aún su cauce -en el fondo del mar flanqueado de bancos peligrosísimos. Inventóse, -empero, el vapor, y bandadas de remolques remolinean en la embocadura -para lanzarse en el golfo, apenas divisan en el lejano horizonte -una vela. Millares de vapores recorren el río arriba, dispersándose -hacia todos los rumbos de horizonte, siguiendo las vías acuáticas -en que por centenares se subdivide el canal principal a medida que -se le incorporan ríos tributarios; y cuando el valle del Mississipí -esté ocupado por el hombre, espantará, sin duda, la masa de productos -que vendrá a acumularse en Nueva Orleáns, quedando estrecho el canal -anchuroso que desde aquella ciudad conduce al golfo para la no -interrumpida procesión de buques que han de ir a desparramarse como -puñados de granos en la inmensidad del océano, porque el Mississipí es -la única salida que ofrece un mundo entero. - -Desgraciadamente, Nueva Orleáns está incurablemente enferma; la fiebre -amarilla aparece periódicamente en su recinto todos los años desde -tal día del año, hasta tal otro, mata a los que no huyen del seno -de la ciudad, y vuelve a convalecer y restablecer su salud hasta la -misma época del año siguiente. A una legua de la ciudad la salubridad -es completa, y ni por contagio alcanza aquel azote periódico. Tenía -en 1840 ciento dos mil habitantes, número que no aumenta en grandes -proporciones, no obstante ser el desembarcadero de la emigración -francesa. - -Residimos en Nueva Orleáns diez días hasta contratar pasaje para la -Habana en un malísimo y pestilente buquecillo de vela, que como la -falúa del Mediterráneo que me condujo de Mallorca a Argel, llevaba su -carga de cerdos, con el aditamento de tres o cuatro tísicos moribundos, -que partían con nosotros camarotes estrechísimos, calientes y llenos de -telarañas. El mundo norteamericano concluía, y principiábamos a sentir -con anticipación las colonias españolas adonde nos dirigíamos. - -[11] Ha pasado al verificarlo de ventitrés.--_El autor._ - -[12] _Letters on the Paraguay._ - - - - - INDICE - - - _Pág._ - - Domingo F. Sarmiento 4 - - Estados Unidos 7 - - Avaricia y mala fe 74 - - Geografía moral 80 - - Elecciones 98 - - Nueva York 118 - - Canadá 134 - - Boston 144 - - Baltimore, Filadelfia 151 - - Wáshington 156 - - El Arte Americano 169 - - Cincinnati 190 - - - - - Notas - -Se corrigieron errores obvios de puntuación e la ortografia. Se -mantuvieron algunas palabras con o sin acentos como en el texto -original cuando no se redujo la comprensión.(Obvious errors in -punctuation and spelling were fixed. Some improperly accented words -were left as in the original text when it did not impact comprehension.) - -Existieron alguna inconsistencia en la ortografía de los nombres de -lugares o palabras donde parece que el autor tenia la intención de usar -el nombre en inglés. En estes casos, se corrigió la ortografía a usar la -correcta en inglés. (There was some inconsistency in the spelling of -the names of places or words where it seems that the author intended to -use the name in English. In these cases, the spelling was corrected to -use the correct one in English.) - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ESTADOS UNIDOS *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for an eBook, except by following -the terms of the trademark license, including paying royalties for use -of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for -copies of this eBook, complying with the trademark license is very -easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation -of derivative works, reports, performances and research. Project -Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may -do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected -by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the -person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph -1.E.8. - -1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. 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If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>Estados Unidos</span></p> -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Domingo Faustino Sarmiento</p> -<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: February 6, 2022 [eBook #67348]</p> -<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p> - <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Adrian Mastronardi and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.)</p> -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>ESTADOS UNIDOS</span> ***</div> - -<p class="center p0">“LA CULTURA ARGENTINA”</p> -<hr class="r65" /> -<p class="center p0"><big>DOMINGO F. SARMIENTO</big></p> -<hr class="r5" /> -<h1 class="space-above">VIAJES<br /> -<small>III</small><br /> -<big>ESTADOS UNIDOS</big></h1> - -<hr class="r5" /> - -<p class="center space-above p0"><span class="figcenter" id="img001"> - <img src="images/001.jpg" class="w5" alt="Publisher logo; imagen del editor" /></span> -</p> - - -<p class="center space-above p0">ADMINISTRACION:<br /> -VACCARO, Avenida de Mayo 638.—Buenos Aires<br /> -1922 -</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker" /> - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak" id="DOMINGO">DOMINGO F. SARMIENTO</h2> -</div> - - -<p>Nació en San Juan el 15 de febrero de 1811. Aprendió primeras letras en -la <i>Escuela de la patria</i>; en 1821 no consiguió una beca para el -seminario de Loreto, de Córdoba; circunstancias adversas impidiéronle -continuar sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales, de Buenos -Aires. En 1826 se dedicó a enseñar los primeros rudimentos del saber a -los mocetones de San Francisco, en San Luis. Vuelto a San Juan (1872) -vióse obligado a ganarse el sustento trabajando como dependiente en -un almacén; en sus momentos libres leyó las cartillas de ciencias y -artes que estaban allí de venta. Desde esa fecha hasta su muerte vivió -estudiando y enseñando.</p> - -<p>Afiliado al unitarismo, desde 1829, tocóle emigrar a Chile. Allí -fué maestro de escuela municipal en una aldea, abrió un despacho de -bebidas, fué dependiente de comercio, trabajó en una mina, hasta -regresar a San Juan (1837). Tuvo entonces ocasión de ensanchar sus -conocimientos, y dos años más tarde organizó un colegio y fundó un -periódico, <i>El Zonda</i>, cuya publicación le costó la cárcel. Emigró -a Chile en 1840. En Valparaíso fué redactor de <i>El Mercurio</i> y en -Santiago fundó <i>El Nacional</i>. En 1842 organizó la Escuela Normal -de Preceptores, de que fué director, sin apartarse del periodismo de -combate. De 1845 a 1848 viajó por Europa y Estados Unidos, continuando -a su regreso las tareas educacionales y periodísticas. En 1852 se -incorporó al ejército de Urquiza, apartándose de éste poco después -de caer Rosas. Emigró nuevamente, y en Chile rompió su amistad con -Alberdi, para siempre. Con varia fortuna política fué muchas veces -diputado, senador, ministro, gobernador de San Juan (1862-1864) y -Presidente de la República (1868-1874). Fué repetidamente Director y -Superintendente de Escuelas, provincial y nacional, tocándole sostener -luchas memorables con los partidos reaccionarios, en defensa de la -escuela laica.</p> - -<p>Su enorme labor escrita (Obras Completas, LII volúmenes) es, en -grandísima parte, periodística y de oportunidad. Sus obras principales -son: <i>Facundo</i> (1845), <i>De la educación popular</i> (1848), -<i>Argirópolis</i> (1850), <i>Recuerdos de Provincia</i> (1850), -<i>Comentarios de la Constitución</i> (1853), <i>Conflicto y armonías -de las razas en América</i> (1883), etc.</p> - -<p>Su característica fué la lucha por la educación pública. Por el -número y la variedad de sus iniciativas, no tiene parangón con ningún -otro americano; su eficacia como agitador de espíritus fué absoluta, -ejercitando para ello sus dos vocaciones fundamentales: el magisterio y -el periodismo. Centuplicando su vida en un perenne afán de aprender y -enseñar, dejó rastro firme en cuantas cosas posó su mano.</p> - -<p>El 11 de septiembre de 1888, falleció en el Paraguay, donde fuera en -busca de remedio a sus achaques. La posteridad, unánime, le ha señalado -como el más eminente de los argentinos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_7">[Pg 7]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="ESTADOS_UNIDOS">ESTADOS UNIDOS</h2> -</div> - - -<p> -<i>Señor don Valentín Alsina.</i></p> - -<p class="space-left">Noviembre 12 de 1847. -</p> - -<p>Salgo de los Estados Unidos, mi estimado amigo, en aquel estado de -excitación que causa el espectáculo de un drama nuevo, lleno de -peripecias, sin plan, sin unidad, erizado de crímenes que alumbran -con su luz siniestra actos de heroísmo y abnegación, en medio de los -esplendores fabulosos de decoraciones que remedan bosques seculares, -praderas floridas, montañas sañudas, o habitaciones humanas en cuyo -pacífico recinto reinan la virtud y la inocencia. Quiero decirle -que salgo triste, pensativo, complacido y abismado; la mitad de mis -ilusiones rotas o ajadas, mientras que otras luchan con el raciocinio -para decorar de nuevo aquel panorama imaginario en que encerramos -siempre las ideas que no hemos visto, como damos una fisonomía y un -metal de voz al amigo que sólo por cartas conocemos. Los Estados Unidos -son una cosa sin modelo anterior, una especie de disparate que choca a -la primera vista, y frustra la espectación pugnando contra las ideas -recibidas, y no obstante este disparate inconcebible es grande y noble, -sublime a veces, regular siempre; y con tales muestras de permanencia -y de fuerza orgánica se presenta, que el ridículo se deslizaría sobre -su superficie como la impotente bala sobre las duras escamas del -caimán. No es aquel cuerpo social un ser deforme, monstruo de las -especies conocidas, sino como un animal nuevo producido por la creación -política, extraño como aquellos megaterios cuyos huesos se presentan -aún sobre la superficie de la tierra. De manera que para aprender o -contemplarlo,<span class="pagenum" id="Page_8">[Pg 8]</span> es preciso antes educar el juicio propio, disimulando -sus aparentes faltas orgánicas, a fin de apreciarlo en su propia -índole, no sin riesgo de, vencida la primera extrañeza, apasionarse por -él, hallarlo bello, y proclamar un nuevo criterio de las cosas humanas, -como lo hizo el romanticismo para hacerse perdonar sus monstruosidades -al derrocar al viejo ídolo de la poética romano-francesa.</p> - -<p>Educados Vd. y yo, mi buen amigo, bajo la vara de hierro del más -sublime de los tiranos, combatiéndolo sin cesar en nombre del derecho, -de la justicia, en nombre de la república, en fin, como realización -de las conclusiones a que la conciencia y la inteligencia humana -han llegado, <abbr title="Usted">Vd.</abbr> y yo, como tantos otros nos hemos envanecido y -alentado al divisar en medio de la noche de plomo que pesa sobre la -América del Sur, la aureola de luz con que se alumbra el Norte. Por -fin, nos hemos dicho para endurecernos contra los males presentes: -la república existe, fuerte, invencible; la luz se irradiará hasta -nosotros cuando el Sud refleje al Norte. ¡Y cierto, la república es! -Solo que al contemplarla de cerca, se halla que bajo muchos respectos -no corresponde a la idea abstracta que de ella teníamos. Al mismo -tiempo que en Norte América han desaparecido las más feas úlceras de -la especie humana, se presentan algunas cicatrizadas ya aún entre los -pueblos europeos, y que aquí se convierten en cáncer, al paso que -se originan dolencias nuevas para las que aún no se busca ni conoce -remedio. Así, pues, nuestra república, libertad y fuerza, inteligencia -y belleza; aquella república de nuestros sueños para cuando el mal -aconsejado tirano cayera, y sobre cuya organización discutíamos -candorosamente entre nosotros en el destierro, y bajo el duro aguijón -de las necesidades del momento; aquella república, mi querido amigo, -es un <em>desiderátum</em> todavía, posible en la tierra, si hay Dios -que para bien dirige los lentos destinos humanos, si la justicia es un -sentimiento inherente a nuestra naturaleza, su ley orgánica y el fin de -su larga preparación.</p> - -<p>Si no temiera, pues, que la citación diese lugar a un concepto<span class="pagenum" id="Page_9">[Pg 9]</span> -equivocado, diría al darle cuenta de mis impresiones en los Estados -Unidos, lo que Voltaire hace decir a Bruto:</p> - -<p class="center" xml:lang="fr" lang="fr">Et je cherche ici Rome, et ne la trouve plus! -</p> - -<p>Como en Roma o en Venecia existió el patriarcado, aquí existe -la democracia; la República, la cosa pública vendrá más tarde. -Consuélenos, empero, la idea de que estos demócratas son hoy en la -tierra los que más en camino van de hallar la incógnita que dará -la solución política que buscan a obscuras los pueblos cristianos, -tropezando en la monarquía como en Europa, o atajados por el despotismo -brutal como en nuestra pobre patria.</p> - -<p>No espere que dé a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> una descripción ordenada de los Estados -Unidos, no obstante que he visitado todas sus grandes ciudades, y -atravesado o seguido los límites de veinte y uno de sus más ricos -Estados. Quiero seguir otro camino. A la altura de civilización a -que ha llegado la parte más noble de la especie humana, para que una -nación sea eminentemente poderosa o susceptible de serlo, se requieren -condiciones territoriales que nada puede suplir permanentemente. Si -Dios me encargara de formar una gran república, nuestra república <i xml:lang="fr" lang="fr">à -nous</i>, por ejemplo, no admitiría tan serio encargo, sino a condición -de que me diese estas bases por lo menos: espacio sin límites conocidos -para que se huelguen un día en él doscientos millones de habitantes; -ancha exposición a los mares, costas acribilladas de golfos y bahías; -superficie variada sin que oponga dificultades a los caminos de hierro -y canales que habrán de cruzar el estado en todas direcciones; y como -no consentiré jamás en suprimir lo de los ferrocarriles, ha de haber -tanto carbón de piedra y tanto hierro, que el año de gracia cuatro mil -setecientos cincuenta y uno, se estén aún explotando las minas como el -primer día. La extrema abundancia de madera de construcción sería el -único obstáculo que soportaría para el fácil descuajo de la tierra; -encargándome yo, personalmente, de dar dirección oportuna a los ríos -navegables que habrían de atravesar<span class="pagenum" id="Page_10">[Pg 10]</span> el país en todas direcciones, -convertirse en lagos donde la perspectiva lo requiriese, desembocar -en todos los mares, ligar entre sí todos los climas, a fin de que las -producciones de los polos viniesen en vía recta a los países tropicales -y vice versa. Luego para mis miras futuras pediría abundancia por -doquier de mármoles, granitos, pórfidos y otras piedras de cantería, -sin las cuales las naciones no pueden imprimir a la tierra olvidadiza -el rastro eterno de sus plantas.</p> - -<p>¡País de Cucaña! diría un francés. ¡La ínsula Barataria! apuntaría un -español. ¡Imbéciles! Son los Estados Unidos, tal cual los ha formado -Dios, y jurara que al crear este pedazo de mundo, se sabía muy bien -él, que allá por el siglo XIX, los desechos de su pobre humanidad -pisoteada en otras partes, esclavizada, o muriéndose de hambre a fin -de que huelguen los pocos, vendrían a reunirse aquí, desenvolverse -sin obstáculo, engrandecerse, y vengar con su ejemplo a la especie -humana de tantos siglos de tutela leonina y de sufrimientos. ¿Por qué -no descubrieron los romanos aquella tierra eminentemente adaptada para -la industria que ellos no ejercitaron, para la invasión pacífica del -colono, y tan pródiga de bienestar para el individuo? ¿Por qué la raza -sajona tropezó con este pedazo de mundo que tan bien cuadraba con sus -instintos industriales, y por qué a la raza española le cupo en suerte -la América del Sur, donde había minas de plata y oro e indios mansos -y abyectos, que venían de perlas a su pereza de amo, a su atraso e -ineptitud industrial? ¿No hay orden y premeditación en todos estos -casos? ¿No hay Providencia? ¡Oh! amigo, Dios es la más fácil solución -de todas estas dificultades.</p> - -<p>Olvidé pedir para mi república, y lo hago aquí para que conste, que se -me dé por vecinos pueblos de la estirpe española, México por ejemplo, y -allá en el horizonte, Cuba, un istmo, etc.</p> - -<p>No soy yo el primero que ha sido sorprendido por éste apropósito de la -naturaleza en los Estados Unidos. Un compañero de viaje escribía a uno -de sus amigos de Europa:</p> - -<p>“No tengo noticia de lugar alguno donde Dios se haya<span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span> sobrepasado a sí -mismo como aquí. Estaba muy de buen humor, sin duda, cuando bosquejaba -estos grados 0° a 6° de longitud, Este y Oeste de Wáshington. ¡Esto es -bello y trazado con soltura! Cada río tiene seis millas de ancho, cada -lago cuatrocientas por lo menos de circunferencia; por todas partes -bosques inmensos de árboles en perfecta armonía con el paisaje. Ni una -sola colina, ni una sola isla árida; vegetación por todas partes, como -allá en sus montañas de los Pirineos”.</p> - -<p>En cuanto a la ordenación general de este país, daré a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> algunas -ligeras nociones. Supóngase un espacio cuadrado de tierra que mida -dos millones y medio de millas cuadradas, bañados por mares diversos -hacia el Sur, oriente y occidente. Al Norte un río, salido de una -cadena de lagos tan capaces como el mar Caspio, sirviéndole de límite, -y proporcionándole una línea de navegación desde lo más recóndito del -interior, hasta las costas del Atlántico. Mas como la boca del San -Lorenzo, que es aquel río término, cae fuera de los límites de los -Estados, a la altura de Montreal, se dirige hacia el Sur no más ancho -que un río, al lago Champlain, hasta tocar casi con las fuentes de -Hudson, que por este medio ofrece al emporio de Nueva York comunicación -acuática con los lagos y el alto y bajo Canadá.</p> - -<p>Como el cuadrado que nos hemos trazado es poco menos grande que la -Europa, necesitaba en teoría una arteria interior, por donde hubiese -de circular y penetrar la vida. Para llenar este requisito, desde las -inmediaciones del lago Erie, se desprende hacia el Sur el Mississipi, -el más caudaloso río de la tierra, y corriendo en seguida navegable -por mil quinientas millas, incorpora en su caudal las aguas del Ohio, -el Arkansas, el Illinois, el Missouri, el Tenessee, el Awash y muchos -otros que de oriente y occidente, vienen alternativamente arrastrando -sobre sus turbias ondas los productos de las plantaciones más remotas, -hasta el Golfo de México. Porque hay esto de notable en la distribución -de las aguas de Norte América, que las unas se reunen en un inmenso -receptáculo y marchan al oriente reunidas<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span> en el San Lorenzo: las otras -se dirigen hacia el Sur, y se aglomeran en el Mississipi, no quedando -independientes de aquellos dos grandes sistemas de desagüe, sino el -Hudson, el Potomack y el Susquehanna.</p> - -<p>Muy bisoños se habrían mostrado los yankees, si no hubiesen completado -por canales el conocido plan de la Providencia, de manera que las -mercadería del Canadá tengan camino acuático a Nueva York o a Orleans -indistintamente, recorriendo para ello una línea de navegación interna, -mayor que la que la que media entre América y Europa. Por otra parte, -como un estado americano ha de vivir necesariamente de la exportación -de sus materias primas, sus cereales y peleterías, su exposición debe -ser de preferencia al Atlántico; y su necesidad primera, que de todos -los puntos converjan y concurran sus vías de comunicación a las bocas -y orificios de aquel inmenso pólipo, cuya simple estructura no ofrece -sino tubo intestinal y bocas. Pero supóngase que el estado de larva ha -de pasar por diversas transformaciones, hasta entrar en la familia de -los animales más perfectos, y dotados de diversos sistemas, sanguíneo, -nervioso, digestivo, etc.; entonces la vida se hace más complicada, y -el animal no existe ya para la boca, sino la boca para el animal. La -vida interna haciéndose más complicada exige vasos secretorios, donde -se preparen mejor los alimentos; lo que equivale a decir, porque ya la -alegoría fastidia, que con el exceso de la población y el desarrollo -de la riqueza, nace una industria nacional, y el estado, sin disminuir -su movimiento de exportación e importación, adquiere, al fin, una -vida interna que necesita satisfacer por sí mismo y para sí mismo. -La China en Asia, la Alemania y la Francia en Europa, dan un ejemplo -de esta vida interior, que da pábulo a industrias poderosas, y mayor -acumulación de riquezas. Cuando este caso llegue para los Estados -Unidos, se concibe que las ciudades del litoral no serán los únicos -focos de riquezas, pues para promediar las distancias, habrá en el -centro del Estado, nuevos focos industriales que derramen e irradien a -los extremos, los productos del trabajo<span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span> nacional. Ahora, busque <abbr title="Usted">Vd.</abbr> en -el mapa de los Estados Unidos un punto a propósito para esta secreción -interna, reuniendo además las condiciones de viabilidad y abundancia -de elementos de fabricación, hierro, maderas, carbón, etc. Si <abbr title="Usted">Vd.</abbr> no -lo encuentra tan pronto, yo se lo indicaré. Hacia lo interior de la -Pensilvania, los ríos Ohio, Alleghany y Monongahela se reunen para -dirigirse al Mississipi, la grande arteria que distribuye y concreta -como hemos visto el movimiento interior.</p> - -<p>En la confluencia de estos ríos está situada Pittsburg, que por canales -artificiales y ferrocarriles comunica con Baltimore en la bahía de -Chesapeake, Filadelfia, New York, Boston al Norte. Removiendo un -poco la superficie de la tierra sobre que está fundada Pittsburg, -se encuentra un manto de carbón de piedra, el cual se extiende unas -catorce mil millas cuadradas, esto es, un espacio un poco menor que -la Inglaterra entera. Por todo el país circunvecino y a orillas de -los ríos, los propietarios pueden bajo el hogar doméstico, abrir una -boca de mina, para extraer esta substancia, alimenticia de fábricas; -y en Marieta hemos descendido del vapor y atravesado dos calles de la -ciudad, entrándonos sin más rodeos en una mina de carbón bituminoso, -que del interior de una colina sacaban en carretillas de mano, para -hacerlo derramarse en seguida, hasta sobre la cubierta del buque que -atracan a la orilla del río a recibirlo. De alli en caravanas de -angadas informes, que sin velas, ni remos, se abandonan a merced de -la corriente de los ríos, va el carbón hasta Nueva Orleans, a hacer -concurrencia ventajosa a la leña que se corta en los inmediatos bosques -y cuyo precio se regula por el salario diario del leñador. Esto por -lo que hace al carbón, que en cuanto al hierro se le encuentra en -igual abundancia por todas partes, y gracias a estas envidiables -ventajas de posición, Pittsburg se alza hoy en medio de las selvas -americanas, envuelta en su denso manto de humo hediondo y espeso, que -la hace llamar ya el Birmingham yankee, y será el Londres futuro, por -la multitud de sus fábricas, sus algodones, que remontan desde Nueva -Orleans, para ser allí pintados o tejidos<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span> por mecanismos que avanzan -en perfección casi siempre a los inventos europeos. Como una muestra -de lo que puede ser Pittsburg, recordaré que a fines del siglo pasado, -el territorio adyacente estaba aún en poder de los salvajes; en 1800, -contenía ya, 45.000 habitantes, y en 1845, montaba la población a dos -millones.</p> - -<p>¡Como la población de los Estados Unidos avanza hacia el Pacífico -setecientas millas de frente por año, más tarde será necesario un foco -industrial todavía más adentro, a cuyo fin se ha dispuesto que donde el -Misouri, que corre unas 1.200 millas, se echa en el Mississipi, y no -lejos del punto en que de la parte opuesta desemboca el Ohio, haya otro -depósito de carbón de piedra que, a lo que ha podido averiguarse hasta -ahora, ocupa un área de cosa de 60.000 millas cuadradas!</p> - -<p>Yo no quiero hacer cómplice a la Providencia de todas las usurpaciones -norteamericanas, ni de su mal ejemplo, que en un período más o menos -remoto, puede atraerle, unirle políticamente o anexarle, como ellos -llaman, el Canadá, México, etc. Entonces, la unión de hombres libres -principiará en el Polo Norte, para venir a terminar por falta de tierra -en el istmo de Panamá.</p> - -<p>Para entonces estarán los lagos en el centro de la unión gigante, -y para entonces también el Estado de Michigan, envuelto como una -península por el lago del mismo nombre, el Huron, el Saint-Clair, y -la base del Erie, podrá dar fructuosa ocupación al enorme depósito de -carbón que contiene en su centro. En espectación de aquel suceso, y -por aquellos mares de agua dulce, empieza ya a surgir del haz de la -tierra, Buffalo, ciudad que sin haber sido aldea siquiera, contaba hace -un año 30.000 habitantes, y contará hoy 50.000, según los términos de -la progresión yankee. Un camino de hierro, que desde Albany atraviesa -sin pretensión alguna cinco grados de longitud, derrama en sus calles -todos los días una avenida de hombres, que desde Europa, y remontando -el Hudson, vienen a escogerse, entre los bosques intermediarios, algún -pedazo de tierra donde fijar una<span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span> nueva familia, como aquellas razas -de Sem y de Jafet, que partían desde la Babel antigua a repartirse -entre sí la tierra despoblada. Igual confusión de lenguas entre los -que llegan; si bien la tierra les imprime la suya a poco andar, y -como el agua frotando las superficies angulosas de diversas piedras -conforma los guijarros cual si fueran una familia de hermanos, así, -reuniéndose, mezclándose entre sí esas avenidas de fragmentos de -sociedades antiguas, se forma la nueva, la más joven y osada república -del mundo. ¡Oh! ¡Cuánta verdad tangible hay en los misterios morales -de nuestra raza; cuántas relaciones íntimas, inevitables, muestran -las cosas físicas! La libertad emigrada al norte da al hombre que -llega alas para volar; ruedan torrentes humanos por entre las selvas -primitivas, y la palabra pasa muda sobre sus cabezas en hilos de -hierro, para ir a activar a lo lejos aquella invasión del hombre sobre -el suelo que le estaba reservado; del espíritu envejecido y experto -sobre la materia inculta aún, y esperando, desde <i xml:lang="la" lang="la">ab initio</i>, que -se le dé forma. Franklin, como <abbr title="Usted">Vd.</abbr> sabe, fué el primero que tomó en -sus manos el terrible rayo, y lo explicó al mundo asombrado. Partiendo -del descubrimiento de Franklin (hablo en el sentido práctico del -pararrayos, con que él dotó a la humanidad), Volta, Oersted, Alexander, -Ampere, Arago, habían escrito y tentado mucho sobre la telegrafía -eléctrica, cuando Morse, norteamericano, hizo sus ensayos mediante los -30.000 pesos que el congreso de los Estados Unidos dió para costearlos. -¿No es singular que haya cabido a los Estados Unidos la gloria de -haber inventado el pararrayos y el éter sulfúrico, para ahorrar dos -grandes males a la humanidad, e impreso a los movimientos del hombre -rapideces planetarias, con la aplicación del vapor hecha por Fulton -y con la telegrafía eléctrica por Morse? En Francia dejé líneas de -telégrafos de este género en vía de ensayo, de Ruan a París, de París -a Lille, y esto para el servicio del gobierno. En los Estados Unidos -había en el momento de mi salida: de Nueva York un círculo que liga con -Wáshington, Baltimore, Filadelfia, y vuelve a Nueva York, 455 millas;<span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span> -otro anillo que liga a Nueva York, New Haven, Hartford, Springfield, -Boston, y vuelve a Nueva York, 452 millas. Una línea a Albany que parte -desde el mismo centro, 150, y de allí extiende un brazo a Buffalo, 250 -millas. Otra a Rochester, 252; otra a Montreal, 205. La diligencia que -lleva diariamente la correspondencia por toda la Unión recorre 142.295 -millas, y 853 millas describen los canales artificiales. Rodean los -estados 3.600 millas de mar y 1.200 de lagos. Nueva York sirve de -puerto de navegación interna de ríos, canales y lagos de 3.000 millas; -Nueva Orleans a otra de 20.000, subdividida en ríos navegables, y que -uniéndose por el Mississippi, con los lagos y el San Lorenzo, puede -producir la más pasmosa línea de circunnavegación interior y fluvial.</p> - -<p>La naturaleza había ejecutado las grandes fracciones del territorio -de la Unión; pero sin la profunda ciencia de la riqueza pública que -poseen los norteamericanos, la obra habría quedado incompleta. Desde -Filadelfia a San Luis, como de Buenos Aires a Mendoza, atraviesa el -estado una gran ruta nacional, porque en este sentido el país no es -viable por canales, pues los declives de las aguas se inclinan al Sud -y al Este. Pero del lago Erie, desciende un canal navegable, que, -uniéndose al Ohio entre Cincinnati y Pittsburg, trae con fletes ínfimos -los productos del extremo norte del lago superior y del Canadá hasta -Nueva Orleans. Del extremo este del mismo lago Erie parte otro canal, -que, después de haberse puesto en contacto por una ramificación con -el lago Ontario, a la altura de Troya desemboca en el Hudson, y liga -por agua a Chicago, que está a 14 grados de distancia al occidente, -con Nueva York y Quebec. Desde Pittsburg parte un canal faldeando los -montes Alleghanies, que pone en contacto acuático a Filadelfia en -el Atlántico, con Nueva Orleans en el Golfo de México, describiendo -una ruta a través del continente, de más de mil leguas. Inútil sería -detenerse en las líneas de caminos de hierro, que completan en parte -las de lagos, o se cruzan con ellas, facilitando a cada Estado, a cada -ciudad y a cada aldea, las comunicaciones<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span> baratas, rápidas, diarias, -fáciles, al alcance de todas las fortunas, apropiadas a todas las -mercaderías. Tocqueville ha dicho que los caminos de hierro bajaron de -un cuarto los costos de transporte. Los canales han abolido casi el -flete, pues apenas es sensible; y, sin embargo, tal es la afluencia de -productos, que, estas obras, producen al Estado millones de renta anual.</p> - -<p>Del aspecto general del país, o de su arquitectura, como distribución -de los medios de acción puestos por Dios y utilizados y completados -por el hombre, pasaré sin transición a la aldea, centro de la vida -política, como la familia lo es de la vida doméstica. Los Estados -Unidos están en ella con todos sus accidentes, cosa que no puede -decirse de nación alguna. La aldea francesa o chilena es la negación -de la Francia o de Chile, y nadie quisiera aceptar ni sus costumbres, -ni sus vestidos, ni sus ideas, como manifestación de la civilización -nacional. La aldea norteamericana es ya todo el Estado, con su gobierno -civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su -censo, su espíritu y su apariencia. Del seno de un bosque primitivo, -la diligencia o los vagones salen a un pequeño espacio desmontado -en cuyo centro se alzan diez o doce casas. Estas son de ladrillo, -construido con el auxilio de máquinas, lo que da a sus costados la -tersura de figuras matemáticas, uniéndolos entre sí con argamasa en -filetes finísimos y rectos. Levántanse aquéllas en dos pisos cubiertas -de techumbre de madera pintada. Puertas y ventanas pintadas de blanco, -sujetan y cierran cerraduras de patente; y <i xml:lang="en" lang="en">stores</i> verdes animan -y varían la regularidad de la distribución. Fíjome en estos detalles -porque ellos solos bastan para caracterizar un pueblo y suscitan un -cúmulo de reflexiones. La primera que me ha embargado al presenciar -tanta ostentación de riqueza y de bienestar, es la que suministra -la comparación de las fuerzas productivas de las naciones. Chile, -por ejemplo, y lo que es aplicable a Chile lo es a toda la América -española, Chile tiene millón y medio de habitantes. ¿En qué proporción -están las casas, que de tales<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span> merezcan el nombre, con las familias -que lo habitan? Pues en los Estados Unidos todos los hombres viven -en casas, tales como las que he delineado al principio, rodeados de -todos los instrumentos más adelantados de la civilización, salvo los -<i xml:lang="en" lang="en">pioneers</i> que habitan aún los bosques, salvo los transeuntes -que se albergan en inmensos hoteles. De aquí resulta un fenómeno -económico que apuntaré ligeramente. Supongo que veinte millones de -norteamericanos habiten un millón de casas. ¿Cuánto capital invertido -en satisfacer esta sola necesidad? Fabricantes de ladrillos a la -mecánica han hecho con sus productos fortunas colosales; fábricas -de cerrajería de patente venden sus obras por cantidades cien veces -mayores que en cualquiera otra parte del mundo, para servir a menor -número de hombres. Las estufas de hierro colado que se aplican al uso -doméstico en todas las aldeas, bastarían a dar movimiento y ocupación -a las fábricas de Londres; y el avalúo de las casas que habitan los -norteamericanos en las aldeas, no diré más pobres, porque el término es -impropio, equivaldría a la riqueza territorial e inmueble de cualquiera -de nuestros estados.</p> - -<p>La cocina, más o menos espaciosa, según el número de individuos -de la familia, consta de un aparato económico de hierro fundido, -formando parte de él un servicio completo de cacerolas y de utensilios -culinarios, todo obra de alguna fábrica que se ocupa de este ramo. -En algún departamento interior se guardan arados del autor francés -que los inventó, y el instrumento de agricultura más poderoso que se -conoce: su reja abre un surco de media vara de ancho; una cuchilla -movible va rozando las yerbas, y el menor esfuerzo del labrador la -aparta del encuentro del tronco de un árbol. Su ligera obra de madera -está constantemente pintada de colorado, y los arneses de los caballos -que lo tiran son de obra de talabartería, lustrosa siempre y con -hebillas amarillas y adornos en bronce para ajustarlos. Las hachas de -la casa son también de patente y de la construcción más aventajada -que se conoce; pues el hacha es la trompa del elefante del yankee, su -mondadientes y su dedo,<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span> como entre nosotros el cuchillo, o la navaja -entre los españoles. Una carretela de cuatro ruedas, ligera como las -patas de un escarabajo, siempre barnizada y lustrosa como recién sacada -de la fábrica, con arneses brillantes, completos y tales como no los -llevan iguales los <i xml:lang="fr" lang="fr">fiacres</i> de París, facilitan la locomoción de -los habitantes. Una máquina sirve para desgranar el maíz; otra para -limpiar el trigo; y cada operación agrícola o doméstica, llama en su -ayuda el talento inventivo de los fabricantes. El terreno adyacente -a la casa y que sirve de jardín de horticultura, está separado de la -calle o camino público por una balaustrada de madera, pintada de blanco -en toda su extensión y de la forma más artística. No se olvide <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que -estoy describiéndole una pobre aldea que aún no cuenta doce casas, -rodeada todavía de bosques no descuajados y apartada por centenares -de leguas de las grandes ciudades. Mi aldea, pues, tiene varios -establecimientos públicos, alguna fábrica de cerveza, una panadería, -varios bodegones o figonerías, todos con el anuncio en letras de oro, -perfectamente ejecutadas por algún fabricante de letras. Este es un -punto capital. Los anuncios en los Estados Unidos son por toda la Unión -una obra de arte, y la muestra más inequívoca del adelanto del país. -Me he divertido en España y en toda la América del Sud, examinando -aquellos letreros donde los hay, hechos con caracteres raquíticos, -jorobados y ostentando, en errores de ortografía, la ignorancia supina -del artesano o aficionado que los formó.</p> - -<p>El norteamericano es un literato clásico en materia de anuncios, y una -letra chueca o gorda, o un error ortográfico expondría al locatario -a ver desierto su mostrador. Dos hoteles ha de haber por lo menos -en la aldea para alojamiento de los pasajeros; una imprenta para un -diario diminuto, un banco y una capilla. La oficina de la posta recibe -diariamente los periódicos de la vecindad o las grandes ciudades, a que -están subscriptos los aldeanos; y cartas, paquetes y transeuntes han -de llegar y salir de ella diariamente; pues el transporte de la mala, -aún a los puntos más distantes, se hace en vehículos de<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span> cuatro ruedas -y con comodidades para pasajeros. Las calles, que se van delineando -a medida que la población crece, tienen como las grandes ciudades, -treinta varas de ancho, inclusas las aceras de seis varas que deben -quedar de cada costado, sombreadas por líneas de árboles que desde -luego plantan. El centro de la calle es, mientras no hay medios de -empedrarlo, un ciénago en que hozan todos los cerdos de la aldea, los -cuales ocupan tan encumbrado lugar en la economía doméstica, que sus -productos en toda la Unión corren parejas con los cultivos de trigo.</p> - -<p>Y como es regla que según el nido ha de ser el pájaro, diré una palabra -sobre el villano. Si es bodegonero, almacenero o de otra profesión -secundaria, su traje diario se compone de las piezas siguientes: botas -charoladas, pantalón y frac de paño negro, chaleco de raso ídem, -corbata de gró, un pequeño casquete o gorrita de paño; y pendiente -de un cordón negro, un chisme de oro que representa un lápiz o una -llave. En la punta de este cordón y muy sumido en el bolsillo está la -pieza más curiosa del traje del yankee. Si <abbr title="Usted">Vd.</abbr> quiere estudiar las -transformaciones que el reloj ha experimentado desde su invención -hasta nuestros días, pida <abbr title="Usted">Vd.</abbr> la hora a cuanto yankee encuentre. Verá -<abbr title="Usted">Vd.</abbr> relojes fósiles, relojes mastodontes, relojes fantasmas, relojes -guarida de sabandijas, relojes de tres pisos, inflados, con puente -levadizo y escalera secreta, para descender con linterna a darles -cuerda. El padrón del reloj de Dulcamara, en el <i>Elixir de Amor</i>, -emigró con los primeros puritanos, y sus descendientes gozan del -derecho de ciudadanía, y están alistados en el partido temible de los -<em>nativistas</em>, que profesan las doctrinas del <em>americanismo</em> -más exaltado. Cada buque que llega de Europa trae centenares de estos -emigrantes, los cuales, vendidos a la mejor postura en Nueva York, -Boston, Nueva Orleans, Baltimore, desde el precio de doce reales para -arriba, proveen a esta demanda nacional y popular de relojes. Tiene -el yankee una cartera en el bolsillo, y al acostarse en la cama traza -a la ligera jeroglíficos que indican el camino que tiene<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span> trazado a -sus acciones del día siguiente. No se crea que hay exageración en -esta común distribución de los medios civilizados a las aldeas como a -las ciudades, y a los hombres de todas clases. Tomo a la ventura las -villitas más pequeñas, cuya descripción me cae a la mano. Bennington -contiene un consistorio, una iglesia, dos academias (colegios), un -banco y cerca de 300 habitantes.</p> - -<p>Norwich, en la orilla derecha del Connecticut, contiene varias -iglesias, un banco y 700 habitantes.</p> - -<p>Haverhill tiene un consistorio, un banco, una iglesia, una academia y -sesenta casas, etc.</p> - -<p>Hacia el Oeste, donde la civilización declina, y en el <i xml:lang="en" lang="en">Far West</i>, -donde casi se extingue, por el desparramo de la población en las -campañas, el aspecto cambia, sin duda: el bienestar se reduce a lo -estrictamente necesario, y la casa se convierte en el <i xml:lang="en" lang="en">log house</i>, -construido en veinticuatro horas, de palos superpuestos y cruzándose -en las esquinas por medio de muescas; pero aún en estas remotas -plantaciones, hay igualdad perfecta de aspecto en la población, en el -vestido, en los modales, y aún en la inteligencia; el comerciante, -el doctor, el <i xml:lang="en" lang="en">sheriff</i>, el cultivador, todos tienen el mismo -aspecto. El campesino es padre de familia, es propietario de doscientos -acres de tierra o de dos mil, no importa para el caso. Sus instrumentos -aratorios, sus <i xml:lang="en" lang="en">engines</i>, son los mismos, es decir, los mejores -conocidos; y si acierta a darse en la vecindad un mitin religioso, de -lo profundo de los bosques, descendiendo de las montañas, asomándose -por todos los caminos, veráse los campesinos a caballo en grandes -cabalgatas, con su pantalón y su frac negro, y las niñas con los -vestidos de los géneros más frescos y las formas más graciosas. A bordo -de un vapor en una larga navegación, habíame tocado de vez en cuando -acercarme a un sujeto perfectamente vestido y que se hacía notar por -el cortés desembarazo de los modales. Una mañana, al acercarnos a una -ciudad, le ví, no sin sorpresa, sacar de su camarote un caja, templarla -y comenzar a tocar la llamada, invitando al enganche a los jóvenes<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span> del -lugar. ¡Era tambor! A veces la cadena del reloj caía sobre el parche -y embarazaba momentáneamente el juego de los palillos. La igualdad -es, pues, absoluta en las costumbres y en las formas. Los grados de -civilización o de riqueza no están expresados como entre nosotros por -cortes especiales de vestido. No hay chaqueta, ni poncho, sino un -vestido común y hasta una rudeza común de modales que mantiene las -apariencias de igualdad en la educación.</p> - -<p>Pero aún no es esta la parte más característica de aquel pueblo: es su -aptitud para apropiarse, generalizar, <em>vulgarizar</em>, conservar y -perfeccionar todos los usos, instrumentos, procederes y auxilios que la -más adelantada civilización ha puesto en manos de los hombres. En esto -los Estados Unidos son únicos en la tierra. No hay rutina invencible -que demore por siglos la adopción de una mejora conocida; hay por el -contrario una predisposición a adoptar todo. El anuncio hecho por un -diario de una modificación en el arado, por ejemplo, lo transcriben -en un día todos los periódicos de la Unión. Al día siguiente se habla -de ello en todas las plantaciones, y los herreros y fabricantes han -ensayado en doscientos puntos de la Unión esta práctica. Id a hacer o a -esperar cosa semejante en un siglo en España, Francia o nuestra América.</p> - -<p>El diccionario de Salvá, porque el de la Academia no hace fe hoy, dice, -definiendo la palabra <i>civilización</i>, que es “aquel grado de -cultura que adquieren pueblos y personas, cuando de la rudeza natural -pasan al primor, elegancia y dulzura de voces y costumbres propio de -gente culta”. Yo llamaría a esto <em>civilidad</em>; pues, las voces -muy relamidas, ni las costumbres en extremo muelles, representan la -perfección moral y física, ni las fuerzas que el hombre civilizado -desarrolla para someter a su uso la naturaleza.</p> - -<p>Después de las aldeas de los Estados Unidos, llama de preferencia -la atención del viajero el movimiento de los caminos que las unen -entre sí, ya sean carriles, macadamizados, ferrocarriles o ríos -navegables. Si Dios llamara repentinamente a<span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span> cuentas al mundo, -sorprendería en marcha, como a las hormigas, a los dos tercios de -la población norteamericana, de donde resulta lo mismo que he dicho -de los edificios; pues viajando todos, no hay empresa imposible ni -improductiva en materia de viabilidad. Ciento veinte leguas de camino -de hierro se hacen en veinticuatro horas desde Albany hasta Buffalo -por doce pesos; y por quince, inclusas cuatro opíparas y suculentas -comidas diarias, dos mil doscientas millas de navegación de vapor en -diez días, desde Cincinnati hasta Nueva Orleans, por los ríos Ohio o -Mississippi. El vapor o el convoy del ferrocarril atraviesa bosques -primitivos, entre cuyas enramadas, obscuras y solitarias, teme el -viajero meditabundo ver aparecer el último resto de las tribus salvajes -que no hace diez años llamaban a aquellos parajes las cacerías de sus -padres.</p> - -<p>La concurrencia de los pasajeros permite la baratura del pasaje; y -la baratura del pasaje tienta a viajar a los que no tienen objeto -preciso para ello; el yankee sale de su casa a respirar un poco de -aire, a tomar un paseo, y hace de ida y vuelta cincuenta leguas en un -vapor o un convoy, y vuelve a continuar sus ocupaciones. Cuando el -ojo certero de la industria descubre un trayecto de ferrocarril, una -asociación lo abre lo suficiente para indicar la vía; de los árboles -volteados se hacen las líneas del futuro ferrocarril, poniéndoles -sobrepuestas planchuelas delgadas de hierro. El convoy se lanza con -tiento al principio, equilibrándose, aquí caigo, allí levanto sobre -esta peligrosa vía; los pasajeros llueven de todas partes y con los -productos que dejan, se construye entonces el verdadero camino, nunca -seguro, por no hacerlo costoso, lo que no aumenta en mucho el número de -desgracias. El convoy es siempre cómodo, espacioso, y si los cojines -no son tan muelles como los de la primera clase en Francia, no son -tampoco tan estúpidamente duros como los de segunda en Inglaterra; -pues en los Estados Unidos, no habiendo sino una clase en la sociedad, -la cual la forma <em>el hombre</em>, no hay tres y aún cuatro clases -de vagones, como sucede en Europa. Pero, donde el lujo y la grandeza -norteamericanas<span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span> se ostentan sin rival en la tierra, es en los vapores -de los ríos del norte. Cloacas o cáscaras de nuez parecerían a su lado -los que navegan en el Mediterráneo. Son palacios flotantes de tres -pisos, con galerías y azoteas para pasearse. Brilla el oro en los -capiteles y arquitrabes de las mil columnas que, como en el <i>Isaac -Newton</i>, flanquean cámaras monstruos, capaces de contener en su seno -al senado y cámara de diputados. Colgaduras de damasco artísticamente -prendidas disimulan los camarotes para quinientos pasajeros, comedores -colosos con mesa sin fin de caoba bruñida y servicio de porcelana y -plata para mil comensales. Puede este buque recibir dos mil pasajeros; -tiene 750 lechos, 200 camarotes independientes; mide 341 pies de largo, -85 de ancho, y carga además 1.450 toneladas.</p> - -<p>El vapor <i>Hendrick</i> mide 341 pies de largo y 72 de ancho; tiene -150 camarotes independientes; 600 lechos con colchones de pluma, dando -<i xml:lang="en" lang="en">accommodations</i> en general para dos mil pasajeros, todo por un -dólar, corriendo la distancia de 144 millas. Un habitante de Nueva York -va a Troya o Albany en la noche; habla por la mañana del día siguiente -con su corresponsal, y en la tarde está en Nueva York de regreso, a -vacar de las ocupaciones del día, habiendo hecho en la interrupción -de diez o doce horas de tiempo hábil, cien leguas de camino. El -sudamericano que acaba de desembarcar de Europa, donde se ha extasiado -admirando los progresos de la industria y el poder del hombre, se -pregunta atónito al ver aquellas colosales construcciones americanas, -aquellas facilidades de locomoción, si realmente la Europa está a la -cabeza de la civilización del mundo. Marinos franceses, ingleses y -sardos, he visto expresar sin disimulo su asombro de encontrarse tan -pequeños, tan atrás de este pueblo gigantesco.</p> - -<p>Hay en aquellos buques del Hudson un <i xml:lang="la" lang="la">sancta sanctorum</i>, en cuyo -recinto no penetra el ojo del profano, una morada misteriosa, de -cuyas delicias puede cuando más tenerse sospechas por las bocanadas -de perfumes que se escapan al abrirse momentáneamente la puerta. -Los norteamericanos se han creado<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span> costumbres que no tienen ejemplo -ni antecedentes en la tierra. La mujer soltera, o el <em>hombre de -sexo femenino</em>, es libre como las mariposas hasta el momento de -encerrarse en el capullo doméstico para llenar con el matrimonio sus -funciones sociales. Antes de esta época viaja sola, vaga por las calles -de las ciudades y mantiene amoríos castos a la par que desenvueltos -a la luz del público, bajo el ojo indiferente de sus padres. Recibe -visitas de personas que no se han presentado a la familia, y a las dos -de la mañana vuelve de un baile a su casa acompañada por aquel con -quien ha valseado o polkeado exclusivamente toda la noche. Los buenos -puritanos de sus padres la hacen bromas a veces con el tal, de cuyos -amores han sido instruídos por la voz pública, y la taimada se complace -en derrotar las conjeturas, desmintiendo la evidencia.</p> - -<p>Después de dos o tres años de <em>flirtear</em>, este es el verbo -norteamericano, bailes, paseos, viajes y coqueterías, la niña de la -historia, en el almuerzo y como quién no quiere la cosa, pregunta a -sus padres si conocen a un joven alto, rubio, maquinista de profesión, -que suele venir a verla, de vez en cuando, todos los días. Hacía un -año que estaban esperando esta introducción. El desenlace es que hay -en la familia un enlace convenido, de que se da parte a los padres -la víspera, los cuales ya lo sabían por todas las comadres de la -vecindad. Celebrado el desposorio, los novios toman en el acto el -próximo camino de hierro, y salen a ostentar su felicidad por bosques, -villas, ciudades y hoteles. En los vagones se las ve siempre a estas -encantadoras parejas de jóvenes de veinte años, abrazados, reposándose -el uno en el seno del otro, y prodigándose caricias tan expresivas que -edifican a todos los circunstantes, haciéndoles formar el propósito -de casarse inmediatamente, aún a los más contumaces solterones. No -puede hacerse en términos más insinuantes que esta exposición al aire -libre de las embriagueces matrimoniales, la propaganda del casamiento. -Debido a esto es que el yankee no llega nunca<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span> a la edad de veinte -y cinco años sin tener ya una familia numerosa; y yo no me explico -de otro modo la asombrosa propagación de la especie en aquel suelo -afortunado. En 1790 la población constaba de cerca de cuatro millones; -1800, cinco millones; 1810, siete millones; 1820, nueve millones; 1830, -doce millones; 1840, diez y siete millones; 1850, contará veinte y tres -millones. La inmigración influye en estas cifras; pero en proporciones -limitadas. El inmigrante no es un animal prolífico, hasta que ha -recibido el baño yankee.</p> - -<p>Volviendo, pues, a los millares de novios que andan enardeciendo y -vivificando la atmósfera con sus hálitos de primavera, los vapores del -Hudson y de otros ríos clásicos les tienen preparados departamentos -<i xml:lang="la" lang="la">ad hoc</i>. ¡Llámase este recinto la <em>cámara de la novia</em>! -Vidrios de colores esmaltados imprimen a la discreta luz que penetra -en ella, todos los suaves colores del iris; lámparas rosadas arden -por la noche; y de noche y de día el perfume de las flores, las aguas -odoríferas y los aromas que se queman aguzan la sed de placer que -consume a sus escogidos moradores. Las fábricas de París no han creado -damascos ni muselinas suficientemente costosas, para envolver entre sus -sueltos pliegues y bajo techumbres doradas las legítimas saturnales -de la <em>cámara de la novia</em>. Después de haber visto la cascada -del Niágara, bañándose en las fuentes termales de Saratoga, pasado -en revista cien ciudades y recorrido mil leguas de país, los novios -vuelven, después de quince días, extenuados, maravillados y contentos, -a aburrirse santamente en el hogar doméstico. La mujer ha dicho adiós -para siempre al mundo, de cuyos placeres gozó tanto tiempo con entera -libertad; a las selvas frescas de verdura, testigos de sus amores, a -la cascada, a los caminos y a los ríos. En adelante, el cerrado asilo -doméstico es su penitencia perpetua; el <i xml:lang="en" lang="en">roastbeef</i> su acusador -eterno; el hormigueo de chiquillos rubios y retozones, su torcedor -continuo; y un marido incivil, aunque <i xml:lang="en" lang="en">good natured</i>, sudón de día -y roncador<span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span> de noche, su cómplice y su fantasma. Atribuyo a aquellos -amores ambulantes en que termina el <em>flirteo</em> americano, la -manía de viajar que distingue al yankee, de quien puede decirse que -nace viajero. El furor de viajar crece en proporciones espantosas año -por año. Los productos de todas las obras públicas, ferrocarriles, -puentes y canales en los diversos estados, en 1844, comparados con -los de 1843, mostraron un aumento de cuatro millones de dóllars; lo -que hizo subir en solo aquel año de ochenta millones el valor de los -trabajos, computando el rédito al cinco por ciento. Sabe de memoria -todas las distancias, y a la vista de una ciudad, en los vagones o en -los vapores, hay un movimiento general de echar mano a la faltriquera, -desdoblar el mapa topográfico de los alrededores y señalar con el dedo -el punto de la cuestión. Una sola casa de Nueva York ha vendido en diez -años millón y medio de atlas y mapas para el uso popular. Es seguro -que en París no hay ninguna que haya hecho emisión igual para proveer -al mundo entero. Cada estado tiene su carta geológica, que muestra la -composición del suelo y los elementos explotables que contiene; cada -condado su carta topográfica en diez ediciones diversas de todos los -tamaños y de todos los precios. Apenas se tiró el primer cañonazo en -la frontera mejicana, la Unión fué inundada por millones de mapas de -Méjico, en los cuales el yankee traza los movimientos del ejército, -da batallas, avanza, toma a la capital y se estaciona allí, hasta que -las nuevas noticias venidas por el telégrafo, lo orientan sobre la -verdadera posición de los ejércitos, para hacerlos marchar de nuevo, -con el dedo puesto en el mapa y a fuerza de conjeturas y cálculos, -lo pone <em>a la hora de ésta</em> dentro de la ciudad de Méjico. Los -mejicanos pueden ir a recibir lecciones de los leñadores yankees sobre -la topografía, producciones y ventajas del país que sin conocer habitan.</p> - -<p>Pero continuemos un poco describiendo la fisonomía<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span> de los caminos. En -los lagos y en otros ríos de mayor longitud que el Hudson, los vapores -se acercan a los barrancos en puntos determinados, para renovar su -provisión de leña, operación que se hace en menos tiempo que el cambio -de mulas en las postas españolas o la renovación de pasajeros. Del -centro de un bosque secular y por sendas apenas practicables, vese -salir una familia de señoras en <i xml:lang="fr" lang="fr">toilette</i> de baile, acompañadas -por caballeros vestidos del eterno frac negro, variado a veces por un -paletó, y cuando más un anciano con <em>surtú</em> de terciopelo a la -puritana; cabellos blancos y largos hasta los hombros, a lo Franklin, -y sombrero redondo de copa baja. El carruaje que los conduce es de la -misma construcción y tan esmeradamente barnizado como los que circulan -en las calles de Washington. Los caballos con arneses relucientes, -pertenecen a la raza inglesa, que no ha perdido nada de su esbelta -belleza ni de su árabe conformación al emigrar al nuevo mundo; porque -el norteamericano, lejos de barbarizar como nosotros los elementos que -nos entregó al instalarnos colonos la civilización europea, trabaja por -perfeccionarlos más aún y hacerles dar un nuevo paso. El espectáculo -de esta <em>decencia</em> uniforme, y de aquel bienestar general, si -bien satisface el corazón de los que gozan en contemplar a una porción -de la especie humana, dueña en proporciones comunes a todos, de los -goces y las ventajas de la asociación, cansa, al fin, la vista por su -monótona uniformidad; desluciendo el cuadro, a veces, la aparición de -un campesino con vestidos desordenados, levita descolorida y sucia, o -frac hecho harapos, lo que trae a la memoria del viajero el recuerdo -de los mendigos españoles o sudamericanos, de tan ingrata apariencia. -No hermosean el paisaje, por ejemplo, aquellos trajes romanescos de la -campiña de Nápoles; el sombrero con pluma empinada de las aguadoras -de Venecia; la mantilla de las manolas sevillanas; ni las vestiduras -recamadas de oro de las judías de Argel u Orán. ¡La Francia misma,<span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span> que -manda a todos los pueblos el despótico decreto de sus modas, entretiene -al viajero con las cofias de las mujeres de campaña, invariables y -características en cada provincia, llegando en las inmediaciones de -Burdeos a asumir la aterrante altura de dos tercios de vara sobre la -cabeza, como aquellas peinetas formadas de la concha de un galápago -entero, que llenas de orgullo llevaron en un tiempo las damas de Buenos -Aires; analogía que unida a los pabellones y espuelas chilenos, me ha -hecho sospechar que el espíritu de provincia, de aldea, es por todas -partes fecundo en cosas abultadas!</p> - -<p>Una paisanota de los Estados Unidos se conoce apenas por lo sonrosado -de sus mejillas, su cara redonda y regordeta y el sonreir candoroso y -<i xml:lang="fr" lang="fr">hébété</i> que la distingue de las gentes de las ciudades. Fuera de -esto y un poco de peor gusto y menos desenfado para llevar la cachemira -o la manteleta, las mujeres norteamericanas pertenecen todas a una -misma clase, con tipos de fisonomía que por lo general honran a la -especie humana.</p> - -<p>En este viaje que con usted, mi buen amigo, ando haciendo por todas -partes en los Estados Unidos, ya sea que nos paseemos en las galerías -o sobre la cubierta de los vapores, ya sea que prefiramos el más -sedentario vehículo de los ferrocarriles, al fin hemos de llegar, no -diré a las puertas de una ciudad, frase europea y que está indicando -las prisiones de que están circundadas, sino al desembarcadero, desde -donde, con trescientos pasajeros más, iremos a <em>acuartelarnos</em> -en uno de los magníficos hoteles cuyas carrozas con cuatro caballos -y domésticos elegantes, si no queremos seguir a pie la procesión con -nuestro saco de viaje bajo el brazo, nos aguardan a la puerta. Al -acercarse el vapor en que descendía el Mississipí, volviendo una de las -semicirculares curvas que describe aquella inmensa cuanto quieta mole -de agua, nos señalaron en el horizonte, dominando masas escalonadas de -bosques matizados por el otoño y<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span> a cuya base se extienden en líneas -de esmeralda las dilatadas plantaciones de azúcar, la cúpula de San -Carlos, consoladora muestra, después de 700 leguas de agua y bosque, -de la proximidad de Nueva Orleáns; y aunque el aspecto del paisaje -circunvecino no favorece la comparación, la vista de aquella lejana -cúpula me trajo a la memoria la de San Pedro en Roma, que se divisa -desde todos los puntos del horizonte como si ella sola existiese allí; -mostrándose tan colosal a veinte leguas, como no se la cree cuando es -considerada de cerca. Por fin, iba a ver en los Estados Unidos una -basílica de arquitectura clásica y de dimensiones dignas del culto. -Alguien nos preguntó si teníamos hotel para nuestro alojamiento, -indicándonos el de San Carlos, como el más bien servido. Desde la -cúpula, añadió, podrán ustedes tener al salir el sol el panorama más -vasto de la ciudad, el río, el lago y las vecinas campiñas. El San -Carlos que alzaba su erguida cabeza sobre las colinas y bosques de los -alrededores, el San Carlos que me había traído la reminiscencia de San -Pedro en Roma, ¡no era más que una fonda!</p> - -<p>He aquí el pueblo rey que se construye palacios para reposar la cabeza -una noche bajo sus bóvedas; he aquí el culto tributado al hombre, en -cuanto hombre, y los prodigios del arte empleados, prodigados para -glorificar a las masas populares. Nerón tuvo su Domus Aurea; ¡entre los -romanos, los plebeyos tenían sus catacumbas tan sólo para abrigarse!</p> - -<p>Nuestra admiración en nada disminuyó al acercarnos a la base del -soberbio palacio que envidiaran muchos príncipes europeos, y que -en los Estados Unidos, a excepción del Capitolio de Wáshington, -monumento alguno civil o religioso le es superior en dimensiones y -buen gusto. Sobre una subconstrucción de granito, destinada a bodegas -y almacenes, se alza un basamento de mármol blanco, que sirve de base -a doce columnas estriadas de orden compósito, y<span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span> seis de las cuales, -avanzándose sobre el plan general, sostienen un bellísimo frontón. El -lienzo de las murallas que a ambos lados continúan el frontispicio, -contiene entre la altura correspondiente a la que media entre el -basamento y el arquitrabe de las columnas, cuatro órdenes de pisos, -conservando, sin embargo, sus ventanas proporciones arquitectónicas. -Debajo del pórtico formado por el frontón está la estatua de Wáshington -jupiterino, que guarda la entrada, la cual conduce a una espaciosa -rotonda, pavimentada de mármol, y que corresponde a la gran cúpula que -reposa sobre ella. En este espacioso recinto están distribuídas mesas -recargadas de colecciones de periódicos de toda la Unión y los de -Europa de quince días anteriores.</p> - -<p>Las oficinas de la contaduría de la casa ocupan el frente; escalas -soberbias se enroscan en el aire sobre sí mismas cual serpientes de -bronce, para dar ascenso en todas direcciones a las habitaciones -superiores, hasta la misma cúpula, rodeada de una galería de columnas -corintias, en que termina el monumento. Profusa y ordenada turba de -sirvientes están prontos a obedecer la menor indicación del viajero; y -una chimenea que puede contener una tonelada de carbón de piedra, le -entretiene y conforta en el invierno, mientras se registra su nombre -en el gran libro, siempre abierto para este fin, y se le señalan -habitaciones a donde transportar su equipaje. Una iluminación de gas -poderosa distribuye por mil picos esparcidos en todo el ámbito del -edificio torrentes de luz solar. A la izquierda se extiende hacia el -fondo de la construcción el comedor, rodeado de columnas, alumbrado -por arañas colosales de bronce, y suficientemente ancho para contener -tres mesas de caoba que corren paralelas a lo largo del salón una -distancia de algo menos de media cuadra. Setecientos comensales -se reunen en torno de estas mesas en el invierno, época de mayor -actividad y concurrencia en Nueva Orleans. El interior del edificio -corresponde en lujo<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span> a estas colosales exterioridades. Mi compañero de -viaje, dominado por ideas sociales de un orden superior, se había en -conversaciones anteriores, mostrado punto menos que indiferente sobre -las ventajas de este o el otro sistema de gobierno. Pero, al recorrer -las calles internas que dan comunicación a centenares de habitaciones, -decoradas éstas con todas las gradaciones de lujo que pueden exigir -la condición diversa de los huéspedes, y que según él, se extendían a -distancias fabulosas, estoy convertido, me decía, por la intercesión -de San Carlos; ahora creo en la república, creo en la democracia, -creo en todo; perdono a los puritanos, aun aquel que comía salsa de -tomate crudo con la punta del cuchillo y antes de la sopa. ¡Todo debe -perdonársele, sin embargo, al pueblo que levanta monumentos a la sala -de comer, y corona con una cúpula como ésta la cocina!</p> - -<p>El San Carlos, no obstante ser el San Pedro de los hoteles, no es por -eso ni el más espacioso ni el más sólido de los palacios populares, -si bien ha costado 700.000 duros su construcción. Cada gran ciudad de -los Estados Unidos se envanece de poseer dos o tres hoteles monstruos, -que luchan entre sí en lujo y <i xml:lang="en" lang="en">comfort</i>, menudeando al pueblo a -precios ínfimos. El <i>Astor-Hotel</i> en Nueva York es una soberbia -construcción en granito que ocupa con su mole un costado de la plaza -de Wáshington; y en ninguno de los templos que abundan en aquella -ciudad se han invertido mayores sumas. Después que he visitado los -Estados Unidos, y visto los resultados obtenidos allí espontáneamente, -me he formado una rara preocupación, y es que para saber si una -máquina, un invento, o una doctrina social es útil y de aplicación o -desenvolvimiento futuro, se ha de poner a prueba en la piedra de toque -de la espontánea aplicación de los yankees. Los hoteles hacen hoy un -papel primordial en la vida doméstica de las naciones. Los pueblos -estacionarios, como la España y sus derivados, no necesitan hotel,<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span> -bástales el hogar doméstico; en los pueblos activos, con vida actual, -con porvenir, el hotel estará más arriba que toda otra construcción -pública. Hace cien años el hotel se conocía apenas en París, y no lo -era en todo el resto de la Europa. Hace 40 años que Fourier basaba su -teoría social en cuanto a habitaciones, en el falansterio, o el hotel, -capaz de contener dos mil personas, proporcionándoles comodidades -que no puede obtener la familia aislada en el hogar doméstico. La -prueba de que Fourier no andaba errado, es el hotel norteamericano, -que siguiendo la simple impulsión de conveniencia, ha tomado ya la -forma monumental y dimensiones punto menos que falansterianas. Las -iglesias cristianas subdivididas en sectas en los Estados Unidos, de -catedrales que eran antes, han descendido a capillas. Las flechas -del templo bajan a medida que las creencias se subdividen, mientras -que el hotel hereda la cúpula del tabernáculo antiguo, y toma las -formas de las termas de los emperadores, donde la importancia del -individuo ha llegado a la altura de la democracia norteamericana. La -arquitectura religiosa continúa secándose y marchitándose, al paso -que la arquitectura popular improvisa en todos los Estados Unidos, -formas, dimensiones y ordenanzas que acabarán por serle peculiares. -El banco americano es una construcción sólida como la caja de hierro, -con frontis jónico, y si no es jónica la construcción, es egipcia. -¿Por qué caen los yankees en estos órdenes tan macizos, para encerrar -la caja de hierro? Sobre todos los monumentos americanos se alza un -pararrayos; y domina ya el uso arquitectónico de poner en la cúspide de -las cúpulas, a guisa de pináculo, la estatua de Franklin, sosteniendo -el pararrayos. ¡Ya tenemos, pues, un Mercurio, encargado de guardar -el asilo doméstico, o una Santa Bárbara abogada contra rayos! Si los -americanos no han creado, pues, un orden de arquitectura, tendrán, -por lo menos, aplicaciones nacionales, carácter y forma sugeridos -por las instituciones políticas y sociales, como ha sucedido con -todas<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span> las arquitecturas que nos ha legado la antigüedad. Una rara -confusión reina hoy en Europa sobre la aplicación de las bellas -artes. El restablecimiento y reparación de las catedrales góticas, ha -seguido al movimiento de la literatura llamada romántica. El panteón -creado por la República francesa ha quedado acéfalo, como si esperara -aún tiempos mejores para llenar su objeto. El templo de la gloria -edificado por Napoleón, la construcción más griega, más olímpica que -vieron nunca romanos o franceses, es hoy el templo de la Magdalena, -cuya arquitectura risueña y plácida parece burlarse de las lágrimas -de la arrepentida Loreta de Jerusalén; y las imágenes de la virgen y -de los santos han ido a confundirse en los museos, y tenerse hombro -con hombro con las estatuas de los dioses paganos, o las desnudeces -de la pintura profana, en Roma, Londres, Dresde, o Florencia. En los -Estados Unidos las formas exteriores se apropian a los objetos del -culto, perdóneme la expresión. El Banco en jónico; el hotel en corintio -a veces, y monumental siempre, y el inventor del pararrayos tiene ya -su puesto elevado y su función arquitectónica, y hasta el piñón de la -arquitectura romana ha sido prolongado, para hacer de él la imagen de -la mazorca de maíz, símbolo de la agricultura americana.</p> - -<p>En cuanto a la distribución interior del grande hotel, nada de más -normal que la ordenanza común a todos estos establecimientos. A la -entrada un pórtico, que contiene las oficinas de administración. Un -registro en que el huésped entrante inscribe su nombre, y a cuyo -margen el oficinista anota el número 560, o 227, que es el de la -cámara que se le destina, y cuya campanilla, como todas las de la -casa, cae en cerradas hileras a la misma oficina. En el vestíbulo -están fijados todos los carteles de la ciudad para conocimientos del -viajero. La representación teatral, el <i xml:lang="en" lang="en">meeting</i>, el sermón -del día, los vapores que parten, el movimiento de<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span> los caminos de -hierro, etc. En un salón inmediato está el gabinete de lectura que -contiene los principales diarios de la Unión y las últimas fechas de -Europa. Un salón de fumar, y cuatro o cinco salas de conversación y -de recibo, completan por esta parte las comodidades públicas de la -casa. Baños termales están a toda hora a disposición de los huéspedes. -Las señoras tienen igualmente sus salones de recibo y de tertulia, -decorados con gracia y lujo. Dos o tres pianos entran en el material -de estos establecimientos. A las 7 y media de la mañana la vibración -insoportable del <em>hong-hong</em> chino, recorriendo todas las galerías de -comunicación, avisa a los habitantes que es llegada la hora de ponerse -de pie. A las ocho nuevo y más prolongado rumor anuncia estar el -almuerzo servido. La turbamulta de los conventuales acude, se precipita -de cada una de las avenidas, hacia la entrada del inmenso refectorio. -Aquí principia a mostrarse la vida de este pueblo tan serio cuando -ríe como cuando come. Donde todos los hombres son iguales al último -individuo de la sociedad, no hay protección para el débil, por la -misma razón que no hay jerarquías que separen a los poderosos. ¡Ay -de las mujeres en este acto solemne de la soberanía popular! si los -reglamentos provisorios del hotel no viniesen en su ayuda:</p> - -<p>“Art. 1.º Nadie podrá sentarse a la mesa común, hasta que las damas, -con sus consortes, o deudos, hayan ocupado la cabecera y costados -contiguos de la mesa.</p> - -<p>“Art. 2.º Se suplica al público que no fume ni masque tabaco en la mesa.</p> - -<p>“Art. 3.º A un golpe de campanilla los varones se sentarán en los -asientos que quedaren.”</p> - -<p>Sobreentendidas estas disposiciones, el pueblo gastrónomo se alinea -detrás de los asientos, con ambas manos puestas sobre el espaldar -de la silla, y por derecha e izquierda vista al sirviente que ha de -administrar el apetecido companillazo. Toma este el sonoro instrumento -en<span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span> mano, y la noble línea se conmueve; al menor movimiento indicativo -de la campana, los cuerpos describen ondulaciones como las espigas de -trigo al más ligero soplo de la brisa. Alzase la campanilla en actitud -de sonar, y una descarga cerrada de sillas removidas con estrépito -acompaña, si no precede al retintín chillón del cobre agitado, e -instantáneamente un fuego graneado de platos, cuchillos y tenedores -que se chocan entre sí, se prolonga durante cinco minutos, pudiendo -por el rumor tempestuoso que se difunde por el aire, saberse a media -legua a la redonda que se come en un hotel. Imposible seguir con la -vista las evoluciones que se suceden en aquella batahola, no obstante -la actividad y destreza de cincuenta domésticos, que tratan de dar -cierto orden acompasado al destapar de las viandas, o al verter té o -café. El norteamericano tiene destinados dos minutos para almorzar, -cinco para comer, diez para fumar o mascar tabaco, y todos los momentos -desocupados para echar una ojeada sobre el diario que usted está -leyendo, único diario que le interesa puesto que otro está ya ocupado -de él.</p> - -<p>Almuerzo, <i xml:lang="en" lang="en">lunch</i> a las once, comida, y el té, son las cuatro -colaciones de ordenanza de aquellas comunidades que se renuevan todos -los días, sin que la regla estorbe el que se administre el almuerzo -a las cinco de la mañana para los que han de partir en un vapor o -convoy matinal, ni falte nunca una refacción servida para todos los -que llegan, no importa la hora del día o de la noche. Y luego, ¡qué -incongruencias! ¡qué incestos! ¡y qué promiscuaciones en los manjares! -El yankee <i xml:lang="fr" lang="fr">pur sang</i>, se sirve en un mismo plato, conjunta o -sucesivamente, todas las viandas, postres y frutas. ¡Hemos visto a uno -del <i xml:lang="en" lang="en">Far-West</i>, país de dudosa situación, como el Ophir de los -fenicios, principiar la comida por salsa de tomates frescos, tomada en -cantidad enorme, sola y con la punta del cuchillo! ¡Patatas dulces con -vinagre! Estábamos helados de horror, y mi compañero de<span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span> viaje lleno de -gastronómica indignación al ver estas abominaciones: y no llueve fuego -del cielo, exclamaba: los pecados de Sodoma y Gomorra debieron ser -menores que los que cometen a cada paso estos puritanos!</p> - -<p>En los salones de lectura, cuatro o cinco moscones se le apoyarán -pesadamente en los hombros para leer el mismo trozo de la letra -menudísima que está usted leyendo. Si baja usted una escala, o quiere -introducirse por una puerta, por poca que sea la concurrencia, -el que se suceda lo empujará por apoyarse en algo. Si fuma usted -tranquilamente su cigarro, un pasante se lo sacará de la boca para -encender el suyo, y si usted no anda listo para recibirlo, se encargará -él en persona de metérselo de nuevo en la boca. Si tiene usted un -libro en las manos, con tal que lo cierre un poco para mirar hacia -otra parte, su vecino se apoderará de él para leerse dos capítulos -de seguida. Si los botones de su paletó tienen relieve de cabezas de -venado, caballos o javalíes, cuantos lo noten vendrán a recorrerlos -uno a uno, haciendo girar la persona de usted de derecha a izquierda, -de izquierda a derecha, para mejor inspeccionar el museo ambulante. -Ultimamente, si usted lleva barba completa en los países del Norte, lo -cual indica que es usted francés o polaco, a cada paso se encuentra -encerrado en medio de un círculo de hombres que lo contemplan con -curiosidad infantil, llamando a sus amigos o conocidos para que -satisfagan de cuerpo presente su novedosa curiosidad.</p> - -<p>Todas estas libertades, bien entendido, puede usted tomárselas con los -otros a su vez, sin que nadie reclame de ello ni dé el menor síntoma -de serle desagradable. Pero, donde el genio y los instintos nacionales -brillan en su verdadera luz, es en las actitudes yankees en sociedad. -Esto merece algunas explicaciones. En un pueblo que como éste avanza -cien leguas de frontera por año, se improvisa un estado en seis meses, -se transporta de un extremo a otro<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span> de la Unión en algunas horas, y -emigra al Oregon, deben gozar de tan alta estima los pies, como la -cabeza entre los que piensan, o el pecho entre los que cantan. En Norte -América verá usted muestras a cada paso del culto religioso que la -nación tributa a sus nobles y dignos instrumentos de riqueza: los pies. -Conversando con usted el yankee de educación esmerada, levantará él un -pie a la altura de la rodilla, sacarále el zapato para acariciarlo, y -oir las quejas que contra el excesivo servicio puedan poner los dedos. -Cuatro individuos sentados en torno de una mesa de mármol pondrán -infaliblemente sus ocho pies sobre ella, a no ser que puedan procurarse -un asiento forrado en terciopelo, que en cuanto a blandura prefieren -los yankees el mármol. En el Fremonthotel, de Boston, he visto siete -dandies yankees en discusión amigable, sentados como sigue: dos con -los pies sobre la mesa; uno con los dichos sobre el cojín de una silla -adyacente; otro con una pierna pasada sobre el brazo de la silla -propia; otro con ambos talones apoyados en el borde del cojín de su -propia silla, de manera de apoyar la barba entre las dos rodillas; otro -abrazando o empiernando el espaldar de la silla, de la misma manera que -nosotros solemos apoyar el brazo. Esta postura imposible para los otros -pueblos del mundo, la he ensayado sin éxito, y se la recomiendo a usted -para administrarse unos calambres en castigo de alguna indiscreción; -otro, en fin, si no están ya los siete, en alguna otra posición -absurda. No recuerdo si he visto norteamericanos sentados en la espalda -de silla con los pies en el cojín: de lo que estoy seguro es que nunca -vi uno que se preciase de cortés en la postura natural. El estar -acostados es el fuerte de la elegancia, y los entendidos reservan este -rasgo de buen gusto para cuando hay damas, o cuando un locófoco oye un -<i xml:lang="en" lang="en">speech whig</i>. El secretario de la legación chilena, al llegar a -Wáshington, tuvo necesidad de hablar a un diputado. Acude al Capitolio, -se informa de su asiento durante<span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span> la sesión, llega, al fin, hasta el -punto donde Mr. N. roncaba profundamente acostado en su asiento con las -piernas extendidas sobre el asiento de su vecino. Hubo de despertarlo, -y una vez entendido sobre el asunto que lo traía, se acomodó del otro -lado, esperando, sin duda, que concluyese el interminable discurso -de algún orador de opinión contraria. Los americanos, en política y -religión, profesan el admirable y conciliante principio de que no debe -discutirse sino con los que son de su propia secta u opinión. Este -sistema se funda en el pleno conocimiento de la naturaleza humana. El -orador yankee se esfuerza en confirmar a los suyos en sus creencias, -más bien que en persuadir a los contrarios, que duermen en el entre -tanto, o piensan en sus negocios. La conclusión de todo esto es que los -yankees son los animalitos más inciviles que llevan fraque o paletó -debajo del sol. Así lo han declarado jueces tan competentes, como el -capitán Marryat, Miss Trolop y otros viajeros; bien es verdad que si -en Francia, y en Inglaterra, los carboneros, leñadores y fogoneros se -sentasen a la misma mesa, con los artistas, diputados, banqueros y -propietarios, como sucede en los Estados Unidos, otra opinión formarían -los europeos de su propia cultura. En los países cultos, los buenos -modales tienen su límite natural. El lord inglés es incivil por orgullo -y por desprecio a sus inferiores, mientras que la gran mayoría lo es -por brutalidad e ignorancia. En los Estados Unidos la civilización se -ejerce sobre una masa tan grande, que la depuración se hace lentamente, -reaccionando la influencia de la masa grosera sobre el individuo, -y forzándole a adoptar los hábitos de la mayoría, y creando, al -fin, una especie de gusto nacional que se convierte en orgullo y en -preocupación. Los europeos se burlan de estos hábitos de rudeza, más -aparente que real, y los yankees, por espíritu de contradicción, se -obstinan en ellos, y pretenden ponerlos bajo la égida de la libertad -y del espíritu americano. Sin favorecer estos<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span> hábitos, ni empeñarme -en disculparlos, después de haber recorrido las primeras naciones -del mundo cristiano, estoy convencido de que los norteamericanos son -el único pueblo culto que existe en la tierra, el último resultado -obtenido de la civilización moderna.</p> - -<p>Los americanos en masa llevan reloj, en Francia no lo usa un décimo de -la nación. Los americanos en masa visten fraque y los otros vestidos -complementarios, aseados y de buena calidad. En Francia viste blusa de -anquín los cuatro quintos de la nación.</p> - -<p>Usan los yankees, en masa, cocinas económicas, arado Durand y coche. -Habitan casas cómodas, aseadas. El jornalero gana un duro al día. -Tienen caminos de hierro, canales artificiales y ríos navegables, en -mayor número y recorriendo mayores distancias que toda Europa junta. -La estadística comparativa de los caminos de hierro era como sigue: En -1845: Inglaterra, 1800 millas; Alemania, 1339; Francia, 560; Estados -Unidos, 4000; lo que equivale a 86 millas en Inglaterra por cada millón -de habitantes; 16 en Francia, 222 en los Estados Unidos. Sus líneas -de telégrafos eléctricos están hoy, únicas en el mundo, puestas a -disposición del pueblo, pudiendo en fracciones inapreciables de tiempo, -enviar avisos y órdenes de un extremo a otro de la Unión.</p> - -<p>El único pueblo del mundo que lee en masa, que usa de la escritura -para todas sus necesidades, donde 2000 periódicos satisfacen la -curiosidad pública, son los Estados Unidos, y donde la educación como -el bienestar están por todas partes difundidos y al alcance de los que -quieran obtenerlo. ¿Están uno y otro en igual caso en punto alguno de -la tierra? La Francia tiene 270.000 electores, esto es, entre treinta -y seis millones de individuos de la nación más antiguamente civilizada -del mundo, los únicos que por la ley no están declarados bestias: -puesto que no les reconoce raza para gobernarse.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span></p> - -<p>En los Estados Unidos, todo hombre, por cuanto es hombre, está -habilitado para tener juicio y voluntad en los negocios políticos, y -lo tiene, en efecto. En cambio, la Francia tiene un rey, cuatrocientos -mil soldados, fortificaciones de París que han costado dos mil millones -de francos, y un pueblo que se muere de hambre. Los norteamericanos -viven sin gobierno, y su ejército permanente monta sólo a nueve mil -hombres, siendo necesario hacer un viaje a puntos determinados para -ver el equipo y apariencia de los soldados norteamericanos; pues que -hay familias y aldeas de la Unión que jamás han visto un soldado. -Muchos vicios de carácter tachan los europeos y aun los sudamericanos -a los yankees. Por lo que a mí respecta, miro con veneración esos -mismos defectos, atribuyéndoselos a la especie humana, al siglo, a las -preocupaciones hereditarias y a la imperfección de la inteligencia. -Un pueblo compuesto de todos los pueblos del mundo, libre como la -conciencia, como el aire, sin tutores, sin ejército, y sin bastillas, -es la resultante de todos los antecedentes humanos, europeos y -cristianos. Sus defectos deben, pues, ser los de la raza humana en un -período dado de desenvolvimiento. Pero como nación, los Estados Unidos -son el último resultado de la lógica humana. No tiene reyes, ni nobles, -ni clases privilegiadas, ni hombres nacidos para mandar, ni máquinas -humanas nacidas para obedecer. ¿No es este resultado conforme a las -ideas de justicia y de igualdad que la cristiandad acepta en teoría? El -bienestar está distribuído con más generalidad que en pueblo alguno; -la población se aumenta según leyes desconocidas hasta hoy entre las -otras naciones; la producción sigue una progresión asombrosa. ¿No -entrará, como pretenden los europeos, por nada de esto la libertad -de acción, y la falta de gobierno? Dícese que la facilidad de ocupar -nuevos terrenos, es la causa de tanta prosperidad. Pero, ¿por qué en -la América del Sud, donde es igualmente fácil y aun más ocupar nuevas -tierras,<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span> ni la población ni la riqueza aumentan, y hay ciudades y aun -capitales tan estacionarias, que no han edificado cien casas nuevas en -diez años? Aún no se ha hecho en nación alguna el censo de la capacidad -inteligente de sus moradores. Cuéntase la población por el número de -habitantes, y de las cifras acumuladas deduce su fuerza y valimento. -Acaso para la guerra, mirado el hombre como máquina de destrucción, -puede ser significativo este dato estadístico; mas una peculiaridad -de los Estados Unidos hace que aun en este caso falle el cálculo. -Un yankee para matar hombres equivale a muchos de otras naciones, -de manera que la fuerza destructora de la nación puede contarse en -doscientos millones de habitantes. El rifle es el arma nacional, el -tiro al blanco la diversión de los niños en los estados que tienen -bosques, y cazar ardillas a bala en los árboles, tostándoles las patas -para no lastimar la piel, la destreza asombrosa que adquieren todos.</p> - -<p>La estadística de los Estados Unidos muestra el número de hombres -adultos que corresponden a veinte millones de habitantes, todos -educados, leyendo, escribiendo, y gozando de derechos políticos -con excepciones que no alcanzan a desnaturalizar el rigor de las -deducciones: el hombre con hogar, o con la certidumbre de tenerlo; el -hombre fuera del alcance de la garra del hambre y de la desesperación; -el hombre con esperanza de un porvenir tal como la imaginación puede -inventarlo; el hombre con sentimientos y necesidades políticas; el -hombre, en fin, dueño de sí mismo, y elevado su espíritu por la -educación y el sentimiento de su dignidad. Dícese que el hombre es un -ser racional, por cuanto es susceptible de llegar a la adquisición y -al ejercicio de la razón; y en este sentido país ninguno de la tierra -cuenta con mayor número de seres racionales, aunque le exceda diez -veces en el de habitantes.</p> - -<p>No es cosa fácil mostrar cómo obra la libertad para producir los -prodigios de prosperidad que los Estados Unidos<span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span> ostentan. ¿La libertad -de cultos puede producir riquezas? ¿Cómo obra la facultad de ir a esta -u otra capilla, de creer en este o en el otro dogma para desenvolver -fuerzas productoras? Para cada secta religiosa las otras son como si -no existieran, y por tanto, la libertad es nula en sus efectos para -cada una separadamente. Los europeos lo atribuyen a las facilidades que -ofrece un país nuevo, con terrenos vírgenes y de fácil adquisición, -lo cual fuera explicación satisfactoria, si la América del Sud, cuan -grande es, no tuviera mayor extensión de terrenos vírgenes, igual -facilidad para obtenerlos, y sin embargo, atraso, pobreza e ignorancia -mayor, si cabe, que la que muestran las masas europeas. Luego, no basta -la circunstancia de ser países nuevos en cuya extensión pueda dilatarse -la esfera de acción.</p> - -<p>Muchas veces me ocurrirá acudir a este censo moral e intelectual para -tratar de explicar los fenómenos sociales que sorprenden en América. -Ahora, sólo estableceré un hecho, y es que la aptitud de la raza -sajona no es tampoco explicación de la causa del gran desenvolvimiento -norteamericano. Ingleses son los habitantes de ambas riberas del río -Niágara, y sin embargo, allí donde las colonias inglesas se tocan con -las poblaciones norteamericanas, el ojo percibe que son dos pueblos -distintos. Un viajero inglés, después de haber descripto varias -muestras de industria y progreso del lado americano de la cascada, -añade:</p> - -<p>“Ahora estoy de nuevo bajo la jurisdicción de las leyes y del gobierno -inglés, y por tanto, ya no me creo extranjero. Aunque los americanos -en general son civiles y afables, sin embargo un inglés, extranjero -en medio de ellos, es importunado y disgustado por sus jactancias de -proezas en la última guerra, y su superioridad sobre todas las otras -naciones, asentando como un hecho incuestionable que los americanos -sobrepasan a todas las otras naciones en virtud, saber, valor, -libertad, gobierno y toda otra excelencia. No obstante, por más que -merezcan el ridículo por este flaco,<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span> yo no puedo menos de admirar la -energía y espíritu de empresa que muestran en todo, y deploro la apatía -del gobierno inglés con respecto a la mejora de estas provincias. Una -sola mirada echada sobre las riberas del Niágara basta para mostrar -de qué lado está el gobierno más efectivo. Del lado de los Estados -Unidos se levantan grandes ciudades, numerosos puertos con muelles para -protegerlos en las radas, o diligencias corriendo a lo largo de los -caminos; y la actividad del comercio mostrándose en todas direcciones. -En el lado del Canadá, aunque dividido por el cauce de un río, en un -<em>antiguo establecimiento</em>, y al parecer con <em>mejor tierra</em>, -hay sólo dos o tres almacenes, una taberna o dos, un puerto tal como -Dios lo hizo y sin obras que lo defiendan; uno o dos buquecitos -anclados, y algún desembarcadero accidental.”</p> - -<p>Otro viajero, después de describir varias muestras de la industria -creciente del lado americano, añade “el país que atravesamos (del lado -canadiense) estaba muy avanzado en las cosechas, sin que se viesen -señales de intentar recogerlas. Donde quiera que nos deteníamos para -mudar caballos, nos asaltaban bandas de chicuelos vendiendo manzanas, -y por la primera vez vimos de este lado algunos <em>mendigos</em>”. No -hace mucho tiempo que una grande inmigración venida del Canadá volvió -a emigrar a los Estados Unidos. Los caminos de hierro, como medio -de riqueza y civilización, son comunes a la Europa y a los Estados -Unidos, y como en ambos países datan de ayer solo, en ellos puede -estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los -trabajos de nivelación, como todo lo que constituye el ferrocarril, son -cuidadosamente examinados por los ingenieros antes de ser entregados a -la circulación; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes; -dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento -en opuestas dirección; si un camino vecinal atraviesa<span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span> el trayecto, -fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente -un cuarto de hora antes que lleguen los vagones, a fin de evitar -accidentes. De distancia en distancia, por toda la extensión del -camino, están apostados centinelas que descubren el espacio y anuncian -con banderolas de diversos colores si hay peligro u obstáculos que -detengan el convoy, que no parte del desembarcadero sino cuatro minutos -después que una falange de vigilantes se ha cerciorado de que todos -los transeuntes ocupan sus lugares, las puertas están cerradas, y el -camino expedito, y nadie cerca ni a una vara de distancia del paso -del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de -dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos, -ahora, lo que pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa -leguas de bosques, primitivos, donde aún no se ha establecido morada -humana. Como la empresa carece de fondos, los rieles son de madera, -con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, y el ojo -del maquinista escudriña incesantemente por temor de un desastre. Una -sola línea basta para la ida y venida de los trenes, habiendo ojos de -buey de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase -por el costado opuesto el otro de vuelta. Un alma no hay que instruya -de las accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas y los -niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo -atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a -más de calle es camino vecinal, y el viajero puede ver las gentes que -se apartan lo bastante para dejarlo pasar, y continuar en seguida su -marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa -el ferrocarril, hay simplemente una tabla escrita que dice <em>tengan -cuidado con la campana cuando se acerque</em>; jeroglífico que previene -al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido inprudentemente de -por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente del<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span> -embarcadero, y mientras va marchando saltan a bordo los pasajeros, -descienden los vendedores de frutas y periódicos, y se pasean de un -vagón a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aun en el -rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el explayado -del camino, y la locomotora norteamericana va precedida de una trompa -triangular que tiene por caritativa misión arrojar a los costados a -estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, y -no es raro el caso de que algún muchacho dormido sea arrojado a cuatro -varas por un trompazo de aquellos que salvándole la vida le rompen -o dislocan un miembro. Los resultados físicos y morales de ambos -sistemas son demasiado perceptibles. La Europa, con su antigua ciencia -y sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de -los caminos de hierro que facilitan el movimiento en Norteamérica. El -europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado; -su instinto de conservación no es reputado suficiente preservativo; -verjas, puertas, vigilantes, señales preventivas, inspección, seguros, -todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo menos -su razón, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, menos su -derecho de cuidarse a sí mismo, su intención y su voluntad. El yankee -se guarda a sí mismo, y, si quiere matarse, nadie se lo estorbará; -si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, y si se atreve a dar -un salto y cogerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de -hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de -expender un número más, ha dejado que el tren tome toda su carrera -y salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con que cae -parado, y sigue a pie su camino. He aquí como se forma el carácter -de las naciones y como se usa de la libertad. Acaso hay un poco más -de víctimas y de accidentes, pero hay en cambio hombres libres y no -presos disciplinados, a quienes se les administra la vida. La palabra -<em>pasaporte</em> es desconocida en<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span> los Estados, y el yankee que logra -ver uno de estos protocolos europeos en que consta cada movimiento que -ha hecho el viajero, lo muestra a los otros con señales de horror y de -asco. El niño que quiere tomar el ferrocarril, el vapor o la barca del -canal, la niña soltera que va a hacer una visita a doscientas leguas de -distancia, no encontrarán jamás quién les pregunte con qué objeto, con -qué permiso se alejan del hogar paterno. Usan de su libertad y de su -derecho de moverse. De ahí nace que el niño yankee espanta al europeo -por su desenvoltura, su prudencia cautelosa, su conocimiento de la -vida a los diez años. ¿Cómo le va a usted en su negocio? , le preguntaba -Arcos, mi compañero de viaje, a un listo muchachuelo que nos hacía -el inventario comentado de los libros, periódicos y panfletos que se -empeñaba en hacernos comprar. Va bien; hace tres años que gano mi vida -en él y tengo ya 300 pesos guardados. Este año reuniré los quinientos -que necesito para hacer compañía con Williams y poner una librería, -y explotar todo el Estado. Este comerciante tenía de nueve a diez -años. ¿Es usted propietario, preguntábamos a un mocetón que viajaba al -Far-West? Sí; voy a comprar tierras; ¡tengo 600 pesos!</p> - -<p>Al lado del trayecto del camino de hierro va el telégrafo eléctrico, -que por ahorrar camino a veces, se separa de la vía ordinaria, se hunde -en la espesura de los bosques y lleva a doscientas leguas las noticias -más interesantes. Cuando en 1847 se hacían en Francia entre Ruan y -París los primeros ensayos, la prensa anunciaba la existencia de 1.635 -millas de telégrafos en los Estados Unidos; cuando yo llegué había -3.000 millas; y mientras atravesé el país que media entre Nueva York y -Nueva Orleáns, se formó una asociación y se puso en actividad una línea -entre la primera de aquellas ciudades y Montreal en el bajo Canadá, a -donde había estado yo quince días antes. Hoy habrá 10.000 millas, y -dentro de poquísimos años, medirán los telégrafos las mismas ochenta -mil millas que recorre la<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span> posta. En Francia el telégrafo es para el -uso del gobierno, es asunto de estado; en los Estados Unidos, es simple -negocio de movimiento y actividad, y se le aceptarían correspondencias -a la administración tan sólo porque paga el porte. ¿Puede llegar a más -alto punto el extravío de las ideas, que hace que los liberales, los -republicanos, consientan en Francia en este monopolio, y en carecer -de los medios de comunicación más expeditos? En Harrisburg, población -de 4.500 almas, el telégrafo eléctrico tenía empleo diario para traer -apurado al encargado de servicio, mientras que en Francia, aún no había -podido hacerse un miserable ensayo. Hago estas comparaciones para -mostrar la diversa atmósfera en que se educa el pueblo y la energía -moral y física que desenvuelve. En Francia hay tres categorías de -vagones, en Inglaterra cuatro; la nobleza se mide por el dinero que -puede pagar cada uno, y los empresarios para envilecer al hombre que -paga poco, han acumulado comodidades y lujo en la 1.ª clase, y dejado -tablas rasas, estrechas y duras para los de 3.ª. No sé por qué no han -puesto púas en los asientos para mortificar al pobre. En los Estados -Unidos el vagón es una sala de veinte varas de largo y espaciosa de -ancho, con asientos de espalda movible, de manera de formar corrillo -cuatro asientos, volviéndose dos a opuesto lado, con una callejuela -de por medio para facilitar el movimiento, y abiertos los vagones por -ambos lados, de manera que el curioso pueda trasladarse del primero -al último, durante la marcha, y el aire penetre libremente por todas -partes. Las comodidades y los cojines son excelentes e iguales, y por -tanto el precio del pasaje es el mismo para todos. Me han mostrado a -mi lado el gobernador de un Estado, y las callosidades de las manos -de mi otro vecino me revelaban en él un rudo leñador. Así se educa el -sentimiento de la igualdad, por el respeto al hombre. La aristocracia -veneciana estableció la igualdad en la adusta pobreza de las góndolas -por no herir la envidia de los nobles pobres; la democracia de Norte -América ha distribuído el <i xml:lang="en" lang="en">comfort</i> y el lujo igualmente en todos -los vagones para alentar y honrar la pobreza. Estos solos hechos -bastan para medir la<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span> libertad y el espíritu de ambas naciones. El -<i>Times</i> decía una vez que si la Francia hubiese abolido el -pasaporte, habría hecho más progresos en la libertad que no los ha -hecho con medio siglo de revoluciones y sus avanzadas teorías sociales, -y en los Estados Unidos pueden estudiarse los efectos.</p> - -<p>He aquí un débil cuadro del espectáculo de la libertad en Norte -América. En medio de las ciudades el hombre se cría salvaje, si es -posible decirlo; la mujer de cualquiera condición que sea, vaga sola -por las calles y los caminos desde la edad de doce años, <em>flirtea</em> -hasta los quince, se casa con quien quiere, viaja y se sepulta en el -nuevo hogar a preparar la familia; el niño acude desde temprano a las -escuelas, se familiariza con los libros y las ideas de los hombres; es -el mismo hombre hecho a los quince años, y desde entonces toda tutela -desaparece a su vista. No ha visto soldados, no conoce gendarmes; el -motín de las calles lo divierte, lo exalta y lo educa; sus pasiones se -desenvuelven en toda su lozanía y vigor; tiene una profesión y se casa -a los veinte años, seguro de sí mismo y de su porvenir. El progreso -general de la Unión lo arrastrará en despecho suyo y avanzará sus -negocios propios. Y entonces, ¡cuántos sueños grandiosos agitan para -llegar a la fortuna! ¿Es artesano? Una grande asociación, una fábrica -para cubrir los estados con los productos de su arte, o bien un invento -europeo aún no introducido en el país, o una mejora sobre los aparatos -conocidos o una invención nueva, porque nada arredra hoy al yankee. -Largo tiempo he creído que el patrimonio norteamericano era y sería por -muchos años apropiarse, apoderarse de los progresos de la inteligencia -humana. La ciencia europea inventa, y la práctica americana populariza -la cocina económica, el arado Durand, la locomotora, el telégrafo. -Nada más natural, y sin embargo, nada hay menos exacto. Los datos -estadísticos colectados en estos últimos años, muestran que diez -partes de los inventos y mejoras adoptados en Inglaterra son de origen -norteamericano. Han modificado la máquina de vapor; mejorado la -quilla del buque; perfeccionado el vagón, a punto de exportarse estos -artículos para la Europa misma, y preferirse<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span> en Rusia y otros puntos -los empresarios y artífices americanos para todo lo que constituye la -viabilidad. El puente yankee de madera, que a veces atraviesa doce -cuadras en un río y soporta los trenes cargados de productos agrícolas, -sobre pedestales y armazón al parecer deleznable, es, sin embargo, el -fruto del más profundo estudio de las leyes de la gravitación, de la -repercusión, elasticidad y equilibrio de las fuerzas combinadas. El -artífice yankee posee ya el puente reducido a arte mecánica, y lo alza -donde quiera a prueba de torrentes, huracanes y pesos enormes. La mitad -de los aparatos de labranza son invención de su ingenio, y el molino de -vapor, como la barrica en que envasija las harinas, son la obra de sus -fábricas y de sus combinaciones para producir inmensos resultados con -limitadísimos medios.</p> - -<p>Pero donde más brilla la capacidad de desenvolvimiento del -norteamericano, es en la posesión de la tierra que va a ser el plantel -de una nueva familia. En medio de la civilización más avanzada, los -hijos de Noé se reparten la tierra despoblada, o los Nemrod echan -los fundamentos de una Babilonia. Dejo a un lado los que siguen el -paso ordinario de las sociedades que se dilatan, agregando a la villa -naciente una casa nueva, a la heredad labrada nuevos campos rosados.</p> - -<p>El Estado es el depositario fiel del gran caudal de tierras que -pertenecen a la federación, y para administrar a cada uno su parte -de propiedad, no consiente ni intermediarios especuladores, ni -oscilaciones de precios que cierren la puerta de la adquisición a las -pequeñas fortunas. La tierra vale diez reales el acre; y este dato es -el punto de partida para el futuro propietario. Hay un procedimiento -en la distribución de las tierras de cuya simétrica belleza sólo Dios -puede darse de antemano cuenta.</p> - -<p>El Estado manda sus ingenieros a delinear las tierras vendibles, -tomando por base de la mensura un meridiano del cielo. Si a cien -leguas de distancia al sur o al norte ha de medirse otra porción de -tierra, los ingenieros buscarán el mismo meridiano, para que un día, -dentro de dos siglos quizás<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span> aparezcan completas y sin interrupción -aquellas líneas que han venido dividiendo el continente en zonas, cual -si fuera una pequeña heredad. Esta agrimensura rectilínea es privativa -del genio americano. La propiedad en la provincia de Buenos Aires, en -aquella pampa lisa como la mesa del geómetra, fué forzada por el genio -de Rivadavia a encuadrarse en paralelógramos, triángulos y figuras de -fácil conmensuración, de manera que se reprodujesen sin esfuerzo en -el mapa que daba el departamento topográfico cada diez años, pudiendo -por la comparación de las varias ediciones, estudiarse a vista de ojo -el movimiento de la propiedad, buscando un término medio de extensión, -subdividiéndose por las particiones entre herederos las grandes -propiedades, acumulándose las pequeñas, por la necesidad de apropiarlas -a la cría del ganado.</p> - -<p>El error fatal de la colonización española en la América del Sur, -la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a -la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las -tierras. En Chile se hicieron concesiones de grandes lotes entre -los conquistadores, medidos de cerro a cerro, y desde la margen de -un río hasta la orilla de un arroyo. Se fundaron condados entre los -capitanes, y a la sombra de sus techos improvisados, debieron asilarse -los soldados, padres del inquilino, este labrador sin tierra, que crece -y se multiplica sin aumentar el número de edificios. El prurito de -ocupar tierras en nombre del rey hizo apoderarse de comarcas enteras, -distanciándose los propietarios, que en tres siglos no han alcanzado a -desmontar la tierra intermediaria. La ciudad por tanto quedaba en este -vasto plan suprimida, y las pocas aldeas de nueva creación después de -la conquista han sido <em>decretadas</em> por los presidentes, contándose -cien por lo menos en Chile de este origen oficial y ficticio. Ved cómo -procede el norteamericano, recién llamado en el siglo XIX a conquistar -su pedazo de mundo para vivir, porque el gobierno ha cuidado de dejar -a todas las generaciones sucesivas su parte de tierra. La conscripción -de jóvenes aspirantes a la propiedad se apiña todos los años en torno -del martillo en que se venden las tierras<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span> públicas, y con su lote -numerado parte a tomar posesión de su propiedad, esperando que los -títulos en forma le vengan más tarde de las oficinas de Wáshington. -Los más enérgicos yankees, los misántropos, los selváticos, los -<i xml:lang="en" lang="en">squatters</i>, en fin, obran de una manera más romanesca, más -poética o más primitiva. Armados de su rifle se enmarañan en las -soledades vírgenes, matan por pasatiempo ardillas que triscan con -su movilidad incansable entre las ramas de los árboles; una bala -certera vuela al firmamento a precipitar un águila que cernía sus alas -majestuosamente sobre la verdinegra superficie que forman las copas de -los árboles; el hacha, su compañera fiel, cuando no fuere más que por -ejercitar las fuerzas, ha de echar cedros o robles al suelo. En estas -correrías vagabundas, el plantador indisciplinado busca un terreno -fértil, un punto de vista pintoresco, la margen de un río navegable, -y cuando se ha decidido en su elección, como en las épocas primitivas -del globo, dice esto es mío, y sin otra diligencia toma posesión de la -tierra en nombre del rey del mundo, que es el trabajo y la voluntad. -Si algún día llega hasta el límite que él ha trazado a su propiedad la -mensura de las tierras del Estado, la venta en almoneda sólo servirá -para decirle lo qué debe por lo que ha cultivado, según el precio a -que se vendan los adyacentes campos incultos; y no es raro que este -carácter indómito, insocial, alcanzado por las poblaciones que vienen -avanzando sobre el desierto, venda su quinta y se aleje con su familia, -sus bueyes y caballos, buscando la apetecida soledad de los bosques. -El yankee ha nacido irrevocablemente propietario; si nada posee ni -poseyó jamás, no dice que es pobre, sino que está pobre; los negocios -van mal; el país va en decadencia; y entonces los bosques primitivos -se presentan a su imaginación, obscuros, solitarios, apartados, y en -el centro de ellos, a la orilla de algún río desconocido, ve su futura -mansión, el humo de las chimeneas, los bueyes que vuelven con tardo -paso al caer de la tarde al redil, la dicha, en fin la propiedad que -le pertenece. Desde entonces no habla ya de otra cosa que de ir a -poblar, a ocupar tierras nuevas. Sus vigilias las pasa sobre la carta -geográfica,<span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span> computando las jornadas, trazándose un camino para la -carreta; y en el diario no busca sino el anuncio de venta de terrenos -del Estado, o la ciudad nueva que se está construyendo en las orillas -del lago Superior.</p> - -<p>Alejandro el Grande destruyendo a Tiro, tenía que devolver al comercio -del mundo un centro para reconcentrar las especies del Oriente, y -desde donde se derramasen en seguida por las costas del Mediterráneo. -La fundación de Alejandría le ha valido su renombre como muestra de -su perspicacia, no obstante que las vías comerciales eran conocidas y -el istmo de Suez la feria indispensable entre los mares de la India -y la Europa y el Africa de entonces. Esta obra la realizan todos los -días Alejandros norteamericanos que vagan en los desiertos buscando -puntos que un estudio profundo del porvenir señala como centros futuros -del comercio. El yankee, inventor de ciudades, profesa una ciencia -especulativa, que de inducción en inducción, lo conduce a adivinar el -sitio donde ha de florecer una ciudad futura. Con el mapa extendido -a la sombra de los bosques, su ojo profundo mide las distancias de -tiempo y de lugar, traza por la fuerza del pensamiento el rumbo que han -de llevar más tarde los caminos públicos; y encuentra en su mapa las -encrucijadas forzosas que han de hacer. Precede a la marcha invasora -de la población que se avanza sobre el desierto, y calcula el tiempo -que empleará la del norte y el que necesita la del sur, para acercarse -ambas al punto que estudia, que ha escogido en la confluencia de -dos ríos navegables. Entonces traza con mano segura el trayecto de -caminos de hierro que han de ligar el sistema comercial de los lagos -con su presunta metrópoli, los canales que pueden alimentar los ríos -y arroyos que halla a mano, y los millares de leguas de navegación -fluvial que quedan en todas direcciones sometidas como radios del -centro que imagina. Si después de fijados estos puntos, halla un -manto de carbón de piedra, o minas de hierro, levanta el plano de la -ciudad, la da nombre y vuelve a las poblaciones, a anunciar, por los -mil ecos del diarismo, el descubrimiento que ha hecho del local de una -ciudad famosa<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span> en el porvenir, centro de cien vías comerciales. El -público lee el anuncio, abre el mapa para verificar la exactitud de -las inducciones, y si halla acertados los cálculos, acude en tropel -a comprar lotes de terreno, cual en los que han de ser tajamares y -muelles, cual en derredor de la plaza de Wáshington o de Franklin; -y una Babel se levanta en un año, en medio de los bosques, afanados -todos por estar en posesión el día que lleguen a realizarse los grandes -destinos predichos por la ciencia topográfica a la ciudad. Abrense -en tanto caminos de comunicación; el diario del lugar da cuenta de -los progresos de la sociedad, la agricultura comienza, álzanse los -templos, los hoteles, los muelles y los bancos; puéblase de naves el -puerto, y la ciudad empieza en efecto a extender sus relaciones, y a -hacer sentir la urgencia de ligarse por caminos de hierro o canales a -los otros grandes centros de actividad. Cien ciudades en los lagos, en -el Misisipí y en otros puntos remotos, tienen este sabio y calculado -origen, y casi todos justifican por sus progresos asombrosos, la -certeza y la profundidad de los estudios económicos y sociales que les -sirvieron de origen.</p> - -<p>Dos clases de seres humanos conozco, entre quienes sobrevive aún en -medio de nuestra actual mesura de carácter moral, el antiguo espíritu -heroico de las primeras edades de los pueblos. Los presidiarios de -Tolón y de Bicerte, y los emigrantes norteamericanos; todo el resto de -la especie humana ha caído en la atonía de la civilización. Las hazañas -de Francisco Pizarro o las de los Argonautas las reproduce a cada -momento la audacia inaudita del presidiario liberto; valor, constancia, -sufrimiento, disimulo y violación de toda ley moral, de todo principio -de honor y de justicia; todo es igual, sin que esto excluya cierta -grandeza de alma, cierta inteligencia profunda en los medios, que está -revelando el genio humano mal empleado, el Alejandro pervertido y -ocupado en matar a unos pocos transeuntes en lugar de asolar naciones y -ametrallar a millares, lo que ya cambia la escena y los nombres, guerra, -conquista, etc.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span></p> - -<p>En los Estados Unidos aquellos caracteres acerados, que hay -distribuídos al uno por ciento en todas partes, se entregan a sus -instintos heroicos, sin nombre aún, para establecerse y multiplicarse. -El espíritu yankee se siente aprisionado en las ciudades; necesita ver -desde la puerta de su casa la dilatada y sombría columnata que forman -las encinas seculares de los bosques.</p> - -<p>¿Por qué se ha muerto el espíritu colonizador entre nosotros, los -descendientes de la colonización oficial? Desde Colón hasta una época -no muy remota sin duda, la fundación de una ciudad española era solo un -escalón para apoyar la invasión de otros puntos apartados. La ocupación -del Perú traía aparejada la expedición de Almagro: cuando Mendoza se -defendía contra los araucanos en el sud, destacaba al oriente sesenta -lanceros al mando del capitán Jofré, para ir a asomarse al otro lado -de los Andes, y fundar dos ciudades, San Juan y Mendoza, solitarias en -medio de desiertos, a la orilla de los dos ríos que hallaron.</p> - -<p>Contaré a usted el sistema entero de estas empresas que requieren -Hércules para realizarlas, y verá usted si merecen desprecio por los -motivos y por los medios, aquellas hazañas de nuestros conquistadores -de Sud América. Sabe usted cuánta irritación hubo, y cuánta necedad -dijeron de una y otra parte en la cuestión de límites del Oregón. -Todo quedó en paz después que americanos e ingleses se hubieron -racionalmente entendido, menos el espíritu yankee, que, como el cóndor -la sangre, había husmeado, en la discusión, tierras laborables, ríos, -bosques, puertos. La discusión comienza de nuevo en los diarios sobre -la posibilidad de sorberse el comercio de la China por el Oregón; sobre -la facilidad de abrir un camino de hierro de ocho días de marcha, desde -el Pacífico al Atlántico, y la ventaja de tomar el pan caliente aún -salido de Cincinnati, vía Oregón, y otros mil tópicos, inverosímiles y -absurdos para otro que no sea el yankee, habituado a no creer imposible -nada, desde que se puede concebir, él, que desde luego tiene adiestrada -su mente a concebir proyectos.<span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span> Cuando la opinión está formada y -designados los rumbos que deben seguirse para ir a aquel Eldorado -remoto, se indica la estación oportuna para emigrar, y el punto de -partida, y el día designado por algunos emigrantes que invitan a todos -los aventureros de la Unión para acompañarlos en la gloriosa jornada. -El día del <i xml:lang="fr" lang="fr">rendez vous</i>, vense de todos los puntos del horizonte -llegar hileras de carros, cargados de mujeres, niños, gallinas, ollas, -arados, hachas, sillas, y toda clase de objetos de menaje; acompáñanles -arreas escasas de bueyes apestados y mulas y caballos rengos y mancos -que forman parte muy trabajada de la expedición, y sobre todo este -conjunto, dominando las caras bronceadas, acentuadas y serias de los -yankees vestidos de paletó, levita o fraque raído, con un rifle que le -sirve de bastón, y la mirada tranquila del puritano y del chacarero.</p> - -<p>Si he de darle una idea exacta de estas emigraciones y del espíritu -yankee, necesito desde este momento ajustarme al hecho, y seguir los -incidentes diarios de una, entre ciento, de estas estupendas marchas -por el desierto, sin soldados, ni guardia, ni empleado público, ni -autoridad humana que les ligue a la Unión que dejan sin pesar estos -hijos de Noé.</p> - -<p>En mayo de 1845 habían pasado por Independence, último término poblado -del Estado de... varias tropas de carros, que de a veinte y ocho, -que de a treinta y ocho, que de a ciento, dirigíanse con cortos -intervalos hacia el Oregón. El día 13 varias de estas partidas reunidas -en número de ciento setenta carros de la descripción arriba dicha, -viéronse ya rodeadas a la distancia de indios que rondaban por asaltar -el ganado mayor que montaba a cosa de dos mil cabezas, lo que hizo -pensar que era ya tiempo de organizar la colonia, y constituir el -estado ambulante; puesto que los oficiales y empleados públicos hasta -entonces en ejercicio, debían terminar sus funciones en Big-Soldier. -Los dos empleados que deben en primer lugar nombrarse son el piloto -(baqueano) y el capitán. Todo el camino se ha venido tratando en -las conversaciones de los carros y a la orilla del fuego en los -alojamientos,<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span> de esta suprema cuestión, y las candidaturas rivales -formando sus partidos. El 13 de mayo, cada carro lanza a la arena dos -hombres, por lo menos, a reunirse en asamblea electiva. Dos candidatos -para piloto se presentan; es el uno un tal Mr. Adams, que había -entrado tierra adentro hasta el fuerte Laramie, poseía el derrotero -(<i>maning</i>) de Gilpin, y tenía consigo un español que conocía el -país; Mr. Adams, además, ha sido uno de los que más han contribuido a -excitar la <em>fiebre del Oregón</em>, esto es, el deseo de emigrar. Mr. -Adams pide 500 pesos por servir de piloto si la honorable asamblea se -digna elegirlo.</p> - -<p>Mr. Meek es un viejo montañés del corte del Trampero de Cooper; ha -pasado muchos años en los Montes Rocallosos como traficante y trampero, -y ha propuesto, como el otro, pilotearlos hasta el fuerte Vancouver, -por 250 pesos, de los cuales sólo pedía 30 pesos. Se hace moción para -postergar hasta el día siguiente la elección, cuando se ve al viejo -Meek, venir a escape en su caballo, los ojos y la mano vueltos hacia -el campo. Los indios se llevan el ganado, dice con precipitación; -la asamblea se disuelve, y cinco minutos después estaba convertida -en escuadrón de caballería armado de rifle y daga, y marchando en -buen orden sobre el enemigo. A distancia de dos millas divisa una -aldea de indios; la soldadesca se echa sobre los <i xml:lang="en" lang="en">wigwams</i>, y -los indios sobrecojidos de espanto, las mujeres llorando, los niños -escondiéndose, no saben qué imaginarse de aquel ataque de los caras -pálidas. Los jefes indios se presentan a ofrecer la pipa de paz, y -protestan enérgicamente contra la imputación que pesa sobre ellos. -Un desgaritado que venía llegando a la aldea es cogido y llevado -preso. Nómbranse jueces, y el prisionero se presenta a la barra. -Preguntado, lisa y llanamente, si es criminal o no, contesta con un -gruñido de terror. Su causa se instruye en forma entonces; se oyen las -deposiciones de los testigos, y no siendo suficiente la evidencia de -los cargos alegados contra él, se le absuelve completamente, quedando -probado por el contrario que ha sido una falsa alarma para posponer la -elección. Serenados<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span> los espíritus, y depuestos los rifles, vuelve la -sociedad a constituirse en asamblea electoral, y se procede a votación, -de la que resultan electos, el trampero Meek como piloto y Mr. Welch -capitán, con los demás empleados necesarios para el buen gobierno, -tales como tenientes, sargentos, jueces, etc. La marcha principia -el 14 de mayo. Cinco millas el 16. El 17 se separan 16 carros, y se -reunen al cuerpo principal. El 18 alcanza a un <i xml:lang="en" lang="en">wigwam</i> de los -indios Caw, rateros insignes que se conducen honorablemente con la -sociedad y la proveen de víveres en cambio de productos de la Unión. -El 19 la minoría vencida en las elecciones protesta contra la voluntad -de la mayoría. Para satisfacer las ambiciones burladas se conviene -en dividir la masa en 3 cuerpos, cada uno de los cuales elegirá sus -propios jefes y oficiales, no reconociéndose otra autoridad general -que la del piloto y la de Mr. Welch. Antes de separarse se convino -pagar el piloto, y para ello, se nombra un <em>tesorero</em>, quien -después de dar las fianzas correspondientes, procede a colectar los -fondos; algunos se niegan redondamente a pagar, y otros ex ciudadanos -no tienen blanca. Después de haber arreglado satisfactoriamente éstos -y otros puntos, se procede al nombramiento de oficiales para cada uno -de los tres grupos, haciéndose en cada uno reglamentos respecto al -buen gobierno de la compañía, y la marcha continúa el 20. El 23 el -piloto avisa que el punto donde se hallan es el último donde pueden -procurarse repuestos para ejes y pértigos para las carretas. El camino -se va midiendo con una cadena diariamente, y se lleva un diario de todo -lo ocurrido, aspecto del país, accidentes, pasto, leña, agua, maderas, -ríos, pasajes, búfalos, etc., torcaces, conejos, etc. etc. Junio 2: una -compañía propone desligarse del compromiso en que están de aguardarse -en las marchas. La moción es rechazada. 15. Alto. Una manada de búfalos -cae a tiro de rifle, matan algunos y hacen charque. La escena que el -campo presenta en este momento está así descripta en el diario de -viaje: “Los cazadores, volviendo con las reses, algunos erigiendo -palizadas, otros<span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span> secando carne. Las mujeres unas estaban lavando, -planchando otras, muchas cosiendo. De dos tiendas, flautas hacían oir -sus desusadas melodías en aquellas soledades; otras se oía cantar; tal -lee su biblia, tal otro recorre una novela. Un predicador campbellista -entona, por fin, un himno preparatorio para el oficio religioso”. Junio -24: llegan al fuerte Laramie, 630 millas distante de Independence.</p> - -<p>Durante dos días se ocupan en renovar las herraduras de los caballos, y -reuniendo entre todos provisiones, azúcar, café, tabaco, dan un paquete -a los indios siomos, precedido de un parlamento. “Hace tiempo, dijo el -jefe indio, que algunos jefes blancos pasaron Missouri arriba, diciendo -que eran amigos de los hombres de piel roja. Este país pertenece a -los pieles rojas, pero sus hermanos blancos lo atraviesan cazando y -dispersando los animales. De esto modo los indios pierden sus únicos -medios de subsistencia para sostener a sus mujeres e hijos. Los niños -del hombre rojo piden alimento, y no hay alimento que darles. Era -costumbre cuando los blancos pasaban, hacer presentes de pólvora y -plomo a sus amigos los indios. Su tribu es numerosa, pero la mayor -parte de la gente ha ido a las montañas a cazar. Antes que los blancos -viniesen, la caza era mansa y fácil de coger; pero ahora los blancos -la han espantado; y el hombre rojo necesita trepar a las montañas en -su busca; el hombre rojo necesita largas carabinas ahora.” Un yankee -que para el caso hace de jefe blanco, se expresa en estos términos. -“Nosotros vamos viajando a las grandes aguas del Oeste. Nuestro gran -Padre poseía un extenso país allí, y vamos yendo a establecernos en -él. Con este fin traemos nuestras mujeres y nuestros hijos. Nos vemos -forzados a atravesar por las tierras de los hombres rojos, pero lo -hacemos como amigos y no como enemigos. Como amigos les damos una -fiesta, les apretamos la mano y fumamos con ellos la pipa de paz. Ellos -saben que venimos como amigos trayendo con nosotros nuestras<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span> mujeres -e hijos. El hombre rojo no lleva sus <i xml:lang="en" lang="en">squaws</i> al combate; ni las -caras blancas tampoco. Pero amigos como somos, estamos prontos para -volvernos enemigos; y si se nos molesta castigaremos a los agresores. -Algunos de nosotros piensan volverse. Nuestros padres, hermanos e -hijos, vienen en pos de nosotros, y esperamos que los hombres rojos -los traten con bondad. Nosotros nos conducimos pacíficamente; dejadnos -partir. No somos traficantes y no tenemos ni pólvora ni plomo que dar. -¡Vamos a arar y plantar la tierra!”</p> - -<p>Septiembre 3. “Caminamos este día quince millas hasta Malheur. En este -lugar se abre el camino en dos, y es muy temible para los inmigrantes -el tomar mal camino. Meek, que había sido contratado como nuestro -piloto al Oregon, indujo a cerca de doscientas familias, con sus -vagones y ganado, a seguir por el camino de la izquierda, diez días -antes de nuestra llegada a la encrucijada. Por largo trecho encontraron -un camino excelente, con abundancia de pasto, leña y agua; en seguida -dirigieron su marcha a unas montañas estériles donde por muchos días -carecieron de agua, y cuando la encontraban era tan mala que ni aun -para el ganado era potable. Pero, aun así, era fuerza hacer uso de -ella. La fiebre que se llama de campamento estalló bien pronto.”</p> - -<p>“Al fin llegaron a un ciénago que intentaron en vano atravesar; y como -viesen que se extendía mucho hacia el Sud, no obstante el parecer del -baqueano Meek, enderezaron al río de las Caídas, que recorrieron para -arriba y para abajo, buscando vado, que no se encontró en ninguna -parte. Sus sufrimientos aumentaban de día en día, pues sus provisiones -se iban concluyendo rápidamente, el ganado estaba exhausto, y muchos -de los que formaban la caravana padecían enfermedades graves. Al fin, -Meek les informó que estaban a dos días de distancia solamente de<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span> -Dalles. Dos hombres salieron a caballo en busca de la estación de los -Metodistas con provisiones para dos días.”</p> - -<p>“Después de haber caminado diez días sin parar, llegaron a Dalles; en -el camino un indio les dió un conejo y un pescado, y con este alimento -hicieron los dos su jornada de diez días. Cuando llegaron a Dalles, sus -fuerzas estaban tan estenuadas, que sus miembros se habían empalado, y -fué necesario desmontarlos del caballo. En este lugar encontraron un -viejo montañés, llamado el negro Harris, que se ofreció a conducirlos, -saliendo con varios otros en busca de la compañía perdida, a la que -hallaron reducida a la última extremidad, exhausta por las fatigas, y -desesperando ya de salir a los establecimientos. Encontróse un lugar -por donde el ganado podía atravesar a nado el río, después de lo cual -era preciso hacerlo subir un ascenso casi perpendicular. Mayores -dificultades había para pasar los carros. Una larga cuerda fué echada -a través del río, atando fuertemente sus puntas de ambos lados en las -rocas. Un carro liviano fué suspendido con correderas en la cuerda, -y con cuerdas para llevarlo a uno y otro lado del río; esta especie -de cuna (andarivel), servía para trasportar las familias de un lado a -otro del río con toda seguridad. El pasaje de este río ocupó algunas -semanas. La distancia a Dalles era de 35 millas, adonde llegaron del 13 -al 14 de octubre. Como 20 habían perecido víctimas de las enfermedades, -y otros murieron después de haber llegado...”</p> - -<p>Setiembre 7. “Este día viajamos cerca de doce millas. El camino es hoy -más áspero que ayer. A veces va por el fondo de un torrente, a veces -por el faldeo de una montaña, tan rápido que se necesitan dos o tres -hombres trabajando del lado de arriba para sostener el equilibrio de -los carros. El torrente y camino están tan encajonados en montañas, -que en varios puntos es casi imposible continuar. Vistas las montañas -desde este punto, parecen murallas perpendiculares y por tanto lisas. -Alegran de vez en cuando la vista algunos grupos de cedros macilentos; -pero en el torrente<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span> es tal la espesura de las malezas espinosas, que -es casi imposible pasar... pero sabiendo que los que nos han precedido -han vencido estas dificultades, hacemos el último esfuerzo y pasamos.”</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Noviembre 1.º “Ahora estamos en el lugar destinado, en un período no -distante, a ser un punto importante en la historia comercial de la -Unión como centro del comercio de la China y de la India. Atravesando -el bosque que se extiende al Este de la ciudad, vimos la ciudad de -Oregon y las caídas de Villa-Mate, al mismo tiempo. Tan llenos de -gratitud nos sentíamos de haber llegado a los establecimientos de los -blancos, y de admiración a la vista del volumen de las aguas de las -cataratas, que la caravana hizo alto, y en este momento de felicidad -repasamos con el pensamiento todos nuestros trabajos, con más rapidez -que lo que la lengua o la escritura pueden hacer. Desde Independence -hasta el Fuerte Laramie, 692 millas; de allí al Fuerte Hall, 585; al -Fuerte Rois, 281; a los Dalles, 305; de Dalles a la ciudad de Oregon, -160 millas, haciendo la total distancia de despoblado 1960 millas.”</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>“Tanto tiempo habíamos permanecido entre los salvajes, que nuestra -apariencia se asemejaba mucho a la de ellos; pero cuando hubimos -cambiado de vestido y afeitádonos al uso de los blancos, no nos -podíamos reconocer unos a otros. Largo tiempo habíamos hecho vida -común, sufrido juntos privaciones y penas, y en los peligros contado -con la ayuda común. Los vínculos de los afectos se habían estrechado -entre nosotros, y cuando hubimos de separarnos, cada uno sentía -desgarrársele el corazón; pero como ya habíamos roto otros vínculos -más fuertes aún, cada uno tomó su partido, y en algunas horas nuestra -compañía<span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span> se dispersó tomando cada uno diferentes direcciones.”<span class="fnanchor" id="fna1"><a href="#fn1">[1]</a></span></p> - -<p>Cuando uno lee la narración de aventuras como estas, se siente sin -duda orgulloso de pertenecer a la raza humana. Ninguna de las grandes -pasiones que han obrado los prodigios de la historia, está aquí en -juego para fanatizar el espíritu: ni la desesperación de los restos -del grande ejército, ni el amor a la patria de los 10.000 espartanos -echados entre los bárbaros, ni la sed de oro, de gloria y de sangre de -los conquistadores españoles. Hombres de aquel temple tenían en los -Estados tierras de propiedad pública para afincarse; familias que los -ayudasen; ganados para auxiliarse en las rudas labores de la tierra. -Atraviesan 600 leguas de desiertos para realizar una grande idea, -ellos, el desecho del pueblo norteamericano, quieren que la Unión -ostente sus estrellas en el firmamento del Pacífico, que se realice -el sueño dorado de acercar la India y la China, y arrebatar estos -mercados a la Inglaterra. Se sacrifican, pues, a una idea de porvenir -nacional, porque el yankee no ignora que la primera generación de las -nuevas plantaciones, abona solo la tierra con su sudor para que gocen -las venideras; y cuando en el Oregón se han reunido algunos centenares -de familias, los jefes, dejando a un lado el hacha con que destruyen -lentamente los bosques para labrarse un campo, y crear su propiedad, se -reunen en asamblea deliberante, “con el objeto de fijar los principios -de libertad civil y religiosa, como la base de todas las leyes y -constituciones que puedan en adelante adoptarse”, y estatuyen:</p> - -<p>“Artículo 1.º Ninguna persona que se conduzca de una manera regular -y ordenada, será molestada a causa de su modo de adoración o sus -sentimientos religiosos.</p> - -<p>“Art. 2.º Los habitantes de dicho territorio gozarán siempre de los -beneficios del escrito <i xml:lang="la" lang="la">habeas corpus</i>, del juicio<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span> por jurados, -de una proporcionada representación del pueblo en la legislatura, -y de procedimientos judiciales conformes a la secuela de las leyes -ordinarias. Todas las personas podrán dar fianzas, excepto por delitos -capitales y cuando las pruebas sean evidentes, y las presunciones -graves. Ningún hombre será privado de su libertad sino por juicio de -sus pares, o la ley de la tierra...</p> - -<p>“Art. 3.º Siendo necesarias para el buen gobierno y felicidad de la -especie humana, la religión, moralidad e instrucción, serán siempre -fomentadas las escuelas y todos los medios de educación.</p> - -<p>“Art. 5.º Ninguna persona será privada de llevar armas para su propia -defensa; no se autoriza pesquisas ni registros sin motivo fundado; la -libertad de la prensa no será restringida; ni el pueblo será privado -del derecho de reunirse pacíficamente a discutir los asuntos que halle -por conveniente.</p> - -<p>“Art. 6.º Los poderes del gobierno serán divididos en tres distintos -departamentos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, etc., etc.”</p> - -<p><em>Ley de tierras</em>: “Toda persona que posea o en adelante pretenda -poseer tierra en este territorio, designará la extensión de su -propiedad por medio de límites naturales, o por mojones en las esquinas -y sobre los costados del lote, y hará registrar la extensión y límites -de tal lote en la oficina del escribano del lugar, en un libro que -será llevado para aquel objeto, en el término de veinte días después -de hecho el pedido; proveyéndose, que los que están en posesión del -territorio, tendrán doce meses contados desde la sanción de esta ley, -para hacer la descripción del lote de tierras en el libro de los -registros; proveyéndose, además, que el dicho poseedor declarará el -tamaño, forma y ubicación del terreno.</p> - -<p>“2.ª Todo poseedor, en los seis primeros meses después de registrado su -lote, habrá hecho permanentes mejoras en el terreno, ya edificando o -cercando, o bien ocupando el terreno en un año de la data del registro; -o en caso de no ocuparlo,<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span> pagar en tesorería cinco pesos anuales, y -en caso de no ocuparlo o no pagar la suma antedicha, el título será -considerado como abandonado; proveyéndose que los no residentes en -este país no pueden aprovechar de esta ley; y proveyéndose, además -que los residentes en este territorio que se ausentasen por negocios -particulares por dos años, podrán conservar la propiedad pagando cinco -pesos anuales al tesoro.</p> - -<p>“3.ª Ningún individuo podrá tomar posesión de más de un cuarto de -milla cuadrada, o 640 acres, en una forma cuadrada u oblonga. Ningún -individuo podrá poseer dos lotes a un mismo tiempo.</p> - -<p>“5.ª Las líneas de los límites de todos los lotes se conformarán tan -aproximadamente cuanto sea posible con los puntos cardinales.”<span class="fnanchor" id="fna2"><a href="#fn2">[2]</a></span></p> - -<p>Este pueblo, lleva, como <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ve, en su cerebro, orgánicamente, cual -si fueran una conciencia política, ciertos principios constitutivos -de la asociación: la ciencia política pasada a sentimiento moral -complementario del hombre, del pueblo, de la chusma; la municipalidad -convertida en regla de asociación espontánea; la libertad de conciencia -y de pensamiento; el juicio por jurados. Si quiere <abbr title="Usted">Vd.</abbr> medir el -camino que ha andado aquel pueblo, reuna <abbr title="Usted">Vd.</abbr> un grupo, no del vulgo -de ingleses, franceses, chilenos o argentinos, sino de las clases -cultas, y pídales de improviso que se constituyan en asociación, y -no sabrán qué se les pide, cuanto y más fijar con precisión, como -aquellos aventureros del Oregón, las bases en que ha de reposar el -gobierno de una sociedad que va a nacer, y que, por la distancia y los -desiertos que la dejan separada del resto de la Unión, queda de hecho -y de derecho desligada de la patria común.<span class="fnanchor" id="fna3"><a href="#fn3">[3]</a></span> Algunos años más tarde -de estos rudimentos dispersos, surgirá un territorio; y del territorio -un<span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span> Estado para aumentar una nueva estrella en la constelación de -los Estados Norteamericanos, con sus mismas leyes, sus prácticas, -sus instituciones civiles y políticas, y sobre todo, con su carácter -peculiar de nacionalidad, marcado con el sello enérgico de aquel coloso.</p> - -<p>Hay un fenómeno que se realiza en los Estados Unidos, y que no obstante -de referirse a principios fundamentales inherentes a la especie -humana, no ha sido hasta hoy de una manera precisa establecido. Hasta -de palabra adecuada carecen para indicarlo los idiomas. Pretender -señalarlo en dos páginas sería el índice o el plan de un gran libro. -¿Qué es la moral? El código de preceptos que ha dado en seis mil años -el contacto de un hombre con otro, a fin de que vivan en paz sin -hacerse mal, amándose, procurándose el bien. La moral que nos liga -a Dios por nuestros padres, está después de Confucio, de Sócrates y -Franklin, adivinada, encontrada. Si algo le falta para ser perfecta -por el estudio humano y los sentimientos del corazón, la revelación la -completa en cuanto a la parte de los hombres más desligada de nosotros -mismos, que es el prójimo, el extranjero, el enemigo, clasificaciones -que distinguen tres grados de separación; por las leyes el prójimo es -indiferente; el extranjero, la tela de que se hizo siempre el esclavo; -para el enemigo, cesan todos los vínculos de la familia humana, la -muerte está pronta para él, sin remordimiento, con gloria. Cuando el -hombre se llame el enemigo, entonces deja de formar parte de nuestra -especie; ni las leyes, ni religión alguna han podido hasta hoy nada -contra los efectos morales de esta clasificación.</p> - -<p>Pero la moral se refiere a las acciones de los individuos solamente. -¿Cómo se llama aquella otra parte de la vida del hombre, en cuanto -a miembro de un rebaño, de una colmena, o de una bandada, puesto -que pertenece a la especie de los animales gregarios? Preguntádselo -al czar de Rusia, a un lord del parlamento, a Rousseau, a Rosas, a -Franklin, y cada uno os dará un bellísimo sistema de política, esto -es,<span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span> de preceptos, de obligaciones, derechos y deberes que sirvan de -regla a los individuos en relación con la masa, con la sociedad. Los -unos pretenderán que el <em>uno</em> que gobierna hará para el bien -común todo lo que le dé la gana; otros sostendrán que los lores son -los que tienen el derecho de hacer su soberana voluntad, y no faltará -quien sostenga que cada individuo tiene su parte de ingerencia en los -negocios de todos, bien que esto dependerá de la cantidad de bienes -que haya acumulado, o bien del estado de su razón. La política humana, -pues, no ha hecho tantos progresos como la moral, y puede ser todavía -puesta aquella ciencia primordial en el número de las especulativas, -no obstante referirse al hecho más antiguo, más duradero, más actual, -que es la sociedad en que vivimos. A la especie humana en general -le falta un sentido, si es posible decirlo. A la <em>conciencia</em> -que regla las acciones morales entre los hombres, falta añadir otra -cosa que indique con la misma seguridad los deberes y derechos -que constituyen la asociación, la moral en grande, obrando sobre -millones de hombres, entre familias, ciudades, estados y naciones, -completada más tarde por las leyes de la humanidad entera. La ciudad -de Atenas parece que había adquirido este sentimiento; más tarde lo -tuvieron los patricios romanos; pero aquéllo lo destruyeron éstos, -hiriéndolo por la abertura que deja hasta hoy la moral, a saber, por -la clasificación del <em>enemigo</em>; y a los últimos los destruyó y -dispersó la <em>plebe</em>, que adquiría a la sombra del patriciado -el mismo sentimiento, y por los <em>extranjeros</em>, que de enemigos -conquistados, pasaron a sentir la gana de formar parte del senado -romano.</p> - -<p>Perdóneme <abbr title="Usted">Vd.</abbr> esta tirada pedantesca, sin la cual no puedo explicar -mi idea. La población en masa de los Estados Unidos ha adquirido este -sentimiento, esta conciencia política, pues no sé qué nombre darle. El -cómo lo ha adquirido lo barruntará <abbr title="Usted">Vd.</abbr> en la historia de los Estados -Unidos por Bancroft. Es un hecho que se ha venido preparando<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span> de cuatro -siglos; es la práctica de doctrinas y partidos vencidos y rechazados -en Europa, y que con los peregrinos, los puritanos, los cuáqueros, el -<i xml:lang="la" lang="la">habeas corpus</i>, el parlamento, el juri, la tierra despoblada, la -distancia, el aislamiento, la naturaleza salvaje, la independencia, -etc., se ha venido desenvolviendo, perfeccionando, arraigando. En -Inglaterra hay libertades políticas y religiosas para los lores y los -comerciantes; en Francia para los que escriben o gobiernan; el pueblo, -la masa bruta, pobre, desheredada, no <em>siente</em> nada todavía -sobre su posición como miembros de una sociedad; serán gobernados -monárquicamente, aristocráticamente, teocráticamente, según lo quieran, -o no puedan resistirlo, los propietarios, los abogados, los militares, -los literatos.</p> - -<p>En Norte América, el yankee será fatalmente republicano, por la -perfección que adquiere su sentimiento político, que es ya claro y fijo -como la conciencia moral; porque es de dogma que la moral es adquirida, -sin lo cual la revelación era inútil, y no se ha hecho revelación -alguna a los hombres para guiarse en sus relaciones con la masa. Si una -parte de la Union defiende y mantiene la esclavitud, es porque en esa -parte la conciencia moral en cuanto al extranjero de raza, aprisionado, -cazado, débil, ignorante, está en la categoría del <em>enemigo</em>, y -por tanto, la moral no le favorece; pero, en todos los demás Estados, -en todas las clases, o más bien, en la clase única que forma la -sociedad, el sentimiento <em>político</em>, que debe ser inherente al -hombre, como la razón y la conciencia, está completamente desenvuelto. -De aquí nace que donde quiera que se reunan diez yankees, pobres, -andrajosos, estúpidos, antes de poner el hacha al pie de los árboles -para construirse una morada, se reunen para arreglar las bases de la -asociación; un día llegará en que no se escriba este pacto, porque -estará sobre-entendido siempre: y este pacto es, como ha visto usted en -la ley orgánica del Oregon, una serie de dogmas, un decálogo. Cada uno -creerá lo que cree; cada uno nombrará<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span> quien haya de gobernarlo; cada -uno dirá de palabra y por escrito su pensamiento; será juzgado por un -jurado, y se le admitirá fianza de cárcel segura por todo delito que no -merezca pena capital.</p> - -<p>Pero esta parte es solo la que puede formularse, que hay otra que -está en las ideas y en las adquisiciones hechas; y es la más digna -de estudiarse. Por ejemplo: un hombre no llega a la plenitud de su -desenvolvimiento moral e inteligente sino por la educación; luego la -sociedad debe completar al padre en la crianza de su hijo. Las escuelas -gratuítas son coetáneas y a veces anteriores a la fundación de una -villa. La sociedad necesita tener una voz suya, como cada individuo -tiene la que le sirve para expresar sus sentimientos, opiniones y -deseos; luego habrá <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> y cámara de representantes que -<em>enacte</em> todos los quereres, y prensa diaria que se ocupe de los -intereses, pasiones e ideas de grandes masas. Como la sociedad, aunque -naciendo en el seno de los bosques, es hija y heredera de todas las -adquisiciones de la civilización del mundo, aspirará a tener desde -luego, o lo más pronto, posta diaria, caminos, puertos, ferrocarriles, -telégrafos, etc., y de pieza en pieza llega usted hasta el arado, el -vestido, los utensilios de cocina perfeccionados, de patente, el último -resultado de la ciencia humana para todos, para cada uno.</p> - -<p>Estos detalles, que pueden parecer triviales, constituyen, sin embargo, -un hecho único en la historia del mundo. Vengo de recorrer la Europa, -de admirar sus monumentos, de prosternarme ante su ciencia, asombrado -todavía de los prodigios de sus artes; pero he visto sus millones de -campesinos, proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser -contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos, -los harapos y andrajos de que visten, no revelan bastante las tinieblas -de su espíritu; y en materia de política, de organización social, -aquellas tinieblas alcanzan a obscurecer la mente de los sabios, de -los<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span> banqueros y de los nobles. Imagínese usted veinte millones de -hombres que saben lo bastante, leen diariamente lo necesario para tener -en ejercicio su razón, sus pasiones públicas o políticas; que tienen -que comer y vestir, que en la pobreza mantienen esperanzas fundadas, -realizables de un porvenir feliz, que alojan en sus viajes en un hotel -cómodo y espacioso, que viajan sentados en cojines muelles, que llevan -cartera y mapa geográfico en su bolsillo, que vuelan por los aires -en alas del vapor, que están diariamente al corriente de todo lo que -pasa en el mundo, que discuten sin cesar sobre intereses públicos -que los agitan vivamente, que se sienten legisladores y artífices de -la prosperidad nacional; imagínese usted este cúmulo de actividad, -de goces, de fuerzas, de progresos, obrando a un tiempo sobre los -veinte millones, con rarísimas excepciones, y sentirá usted lo que -he sentido yo, al ver esta sociedad sobre cuyos edificios y plazas -parece que brilla con más vivacidad el sol, y cuyos miembros muestran -en sus proyectos, empresas y trabajos una virilidad que deja muy atrás -a la especie humana en general. Los norteamericanos sólo pueden ser -comparados hoy a los romanos antiguos, sin otra diferencia que los -primeros conquistan sobre la naturaleza ruda por el trabajo propio, -mientras los otros se apoderaban por la guerra del fruto creado por el -trabajo ajeno. La misma superioridad viril, la misma pertinencia, la -misma estrategia, la misma preocupación de un porvenir de poder y de grandeza.</p> - -<p>Su buque es el mejor del mundo, el más barato, el más grande. Si en -alta mar encontráis en un día de bolina una nave que cruza arrebatada -por la borrasca, cuyas bocanadas inflan a reventar las velas, juanetes, -alas y arrastraderas, el capitán francés, español o inglés de vuestro -buque que ha tomado rizos a la vela mayor, os dirá a qué nación -pertenece; os dirá, rechinando los dientes de cólera que es yankee; lo -conoce en el tamaño, en la audacia, y más que<span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span> todo en que pasa rozando -su buque sin izar la bandera para saludarlo.</p> - -<p>En los puertos o docks europeos vuestra vista tropezará con un -departamento especial en que están reunidas fragatas colosales, que -parecen pertenecer a otro mundo, a otros hombres; son los buques -yankees que principiaron por agrandarse para contener mayor número de -balas de algodón y han concluído por hacer un género en la construcción -naval. Quince buques de vapor de los que hacen el servicio del Hudson, -unidos por sus quillas y proas describen una calle de madera de una -milla de largo. Si en un día de tempestad veis en el Havre o en -Liverpool un buque empeñado en tomar la mar, es un buque yankee que -tenía anunciada para aquel día su salida, y que el honor al pabellón, -la gloria de las estrellas de su bandera, le prohiben aguardar, como -lo harán los buques de otras naciones, a que el viento abonance. -¿Qué buques son los que persiguen las ballenas en los mares polares? -Son casi exclusivamente los norteamericanos; y dentro de ese casco -solitario, de aquel <i xml:lang="en" lang="en">squatter</i> de las aguas, encontraréis una -tripulación escasa, que no bebe licores, porque pertenece a la sociedad -de templanza, hombres endurecidos en las fatigas, que arrancan a los -peligros de la muerte un peculio para establecerse en los Estados -cuando vuelvan, para tomar un lote de tierra y labrarse una propiedad -y levantar una casa, y contar a sus hijos alrededor de la estufa de -hierro colado sus aventuras de mar. El año pasado la reina Victoria se -paseaba en su suntuoso <i xml:lang="en" lang="en">yacht</i>, acompañada del príncipe Alberto, -por la bahía de Falmouth. Los buques todos estaban empavesados para -honrar a las regias visitas. Sobre el tope del palo mayor de una -fragata norteamericana veíase un marinero yankee parado en un pie, -balanceándose con el buque que se mecía sobre sus anclas y tendiendo al -aire su sombrero en una mano en señal de saludo. He aquí la expresión -jeroglífica de la marina yankee. La reina<span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span> se enfermó a la vista de -aquel espectáculo. Un marinero inglés hubo, picado de amor nacional, de -repetir la prueba. La reina lo prohibió con sus señales de espanto. ¿Lo -habría hecho? No lo hizo, y eso basta. Era una imitación de la audacia -ajena; el hombre es capaz de eso y mucho más; pero sólo el genio de un -pueblo inspira la idea y el coraje de ejecutarlo.</p> - -<p>Me detengo en este punto de la marina norteamericana, porque el buque -es para el yankee su medio internacional, la prolongación de su nación -para ponerse en contacto con todas las otras de la tierra; y en esta -época de movimiento universal, el pueblo que tenga buques más ligeros, -de construcción más barata y por tanto de fletes menos subidos, es el -rey del universo. En el Mediterráneo, en los mares de la India y el -Pacífico, anulan, suprimen y alejan de día en día toda otra marina y -todo otro comercio que el suyo. Oh, reyes de la tierra, que habéis -insultado por tantos siglos a la especie humana, que habéis puesto -el pie de nuestros esbirros sobre los progresos de la razón y del -sentimiento político de los pueblos revolucionarios, dentro de veinte -años, el nombre de la República norteamericana será para vosotros -como el de Roma para los reyes bárbaros. Las teorías, las utopías, de -vuestros filósofos, desacreditadas, ridiculizadas por la tradición, la -legitimidad, el <em>hecho consumado</em>, bien entendido que apoyados en -medio millón de bayonetas, para que el ridículo sea eficaz, encontrarán -el hecho también luminoso y triunfante.</p> - -<p>Cuando los Estados de la Unión se cuenten por centenares, y los -habitantes por cientos de millones, educados, vestidos y hartos, ¿qué -váis a oponer a la voluntad tan soberana de la gran República en los -negocios del mundo? ¿Vuestros guardianes de pordioseros? ¡Pero os -olvidáis de las naves americanas que os bloquearían en todos los mares, -en todos los puertos! Dios ha querido, al fin, que se hallen reunidos -en un solo hecho, en una sola nación, la tierra virgen que permite a -la sociedad dilatarse hasta el<span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span> infinito, sin temor de la miseria; el -hierro que completa las fuerzas humanas; el carbón de piedra que agita -las máquinas; los bosques que proveen de materiales a la arquitectura -naval; la educación popular, que desenvuelve por la instrucción general -la fuerza de producción en todos los individuos de una nación; la -libertad religiosa que atrae a los pueblos en masa a incorporarse en -la población; la libertad política que mira con horror el despotismo y -las familias privilegiadas; la República, en fin, fuerte, ascendente -como un astro nuevo en el cielo; y todos estos hechos se eslabonan -entre sí, la libertad y la tierra abundante; el hierro y el genio -industrial; la democracia y la superioridad de los buques. Empeñaos en -desunirlos por las teorías y la especulación; decid que la libertad, -la educación popular, no entran por nada en esta prosperidad inaudita, -que conduce fatalmente a una supremacía indisputable; el <em>hecho</em> -será siempre el mismo, que en las monarquías europeas se han reunido la -decrepitud, las revoluciones, la pobreza, la ignorancia, la barbarie -y la degradación del mayor número. Escupid al cielo, y ponderadnos -las ventajas de la monarquía. La tierra se os vuelve estéril bajo las -plantas, y la República os lleva sus cereales para alimentaros; la -ignorancia de la muchedumbre sirve de base a vuestros tronos, y la -corona que orna vuestras sienes brilla cual flor sobre ruinas; medio -millón de soldados guardan el equilibrio de los celos y de la envidia -de unos soberanos con otros, mientras la República, colocada por la -Providencia en terreno propicio, como colmena de abejas, ahorra esas -sumas inmensas para convertirlas en medios de prosperidad que da su -rédito en acrecentamiento de poder y de fuerza. Vuestra ciencia y -vuestras vigilias sirven sólo para aumentar el esplendor de aquélla. -<i xml:lang="la" lang="la">Sic vos non vobis</i> inventáis telégrafos eléctricos para que la -unión active sus comunicaciones; <i xml:lang="la" lang="la">sic vos non vobis</i> creasteis los -rieles para que rodasen las producciones y el comercio norteamericano.<span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span> -Franklin tuvo la audacia de presentarse en la corte más fastuosa del -mundo con sus zapatos herrados de labriego y sus vestidos de paño -burdo; vosotros tendréis un día que esconder vuestros cetros, coronas y -zarandajas doradas para presentaros ante la República, por temor de que -no os ponga a la puerta, como a cómicos o truhanes de carnestolendas.</p> - -<p>¡Oh! me exalta, mi querido amigo, la idea de presentir el momento en -que los sufrimientos de tantos siglos, de tantos millones de hombres, -la violación de tantos principios santos, por la fuerza material -de los hechos elevados a teoría, a ciencia, encontrarán también el -<em>hecho</em> que los aplaste, los domine y desmoralice. ¡El día -del grande escándalo de la República fuerte, rica de centenares de -millones, no está lejos! El progreso de la población norteamericana lo -está indicando; ella aumenta como ciento, y las otras naciones sólo -como uno; las cifras van a equilibrarse y a cambiar en seguida las -proporciones; y ¿estas cifras numéricas no expresarán lo que encierra -en sí de fuerzas productoras y de energía física y moral del pueblo -avezado a las prácticas de la libertad, del trabajo y de la asociación?</p> - -<p class="footnote" id="fn1"><a href="#fna1">[1]</a> <i>Journal of Travels over the Rocky Mountains to the Mouth of the -Columbia River, made the years 1845 and 1846.</i></p> - -<p class="footnote" id="fn2"><a href="#fna2">[2]</a> Ley orgánica del Oregón, sancionada el 5 de julio de 1845.</p> - -<p class="footnote" id="fn3"><a href="#fna3">[3]</a> El presidente de Estados Unidos, en el Mensaje de 1848, pedía que -se invitase a los habitantes del Oregón a entrar en relaciones con la -Unión y reconociesen la autoridad común, como un territorio.</p> - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak" id="AVARICIA">AVARICIA Y MALA FE</h2> -</div> - -<p>Tan fatigado lo considero de seguirme en estas excursiones que al -rápido andar de las ideas hago por los extremos aportados de la Unión, -tras de alguna manifestación de la vida de este pueblo, que para -su solaz quiero en adelante, en vías de puntos de descanso, poner -epígrafes a las materias que iré tratando. Usted ha comprendido, sin -duda, que el que precede anuncia que voy a hablar del carácter moral -de esta nación. En aquellas dos palabras se reasume, en efecto, el -reproche que hacen, más bien diré, el tizne que afea el carácter moral -yankee, y el entusiasmo por las instituciones democráticas se resfría -al ver las brechas<span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span> que a la moral individual hacen, y no hay pueblo -medio civilizado que no se sienta superior a los yankees por este lado -al menos, al revés de las grandes naciones antiguas y modernas, de Roma -y la Inglaterra, en que el Estado era un bandido famoso, mientras los -individuos que lo componían practicaban las virtudes más austeras.</p> - -<p>Los Estados Unidos como gobierno son irreprochables en sus actos -públicos, mientras que los individuos que lo forman adolecen de -vicios repugnantes de que se creen menos sujetas las demás naciones. -¿Dependerá esto de una peculiaridad de la raza sajona? ¿Vendrá de la -amalgama de tantos pueblos diversos? ¿Será fruto ingrato de la libertad -y de la democracia?</p> - -<p>No se espante si muestro que a esta última causa más que a otra -ninguna atribuyo el mal moral que aqueja a aquellos pueblos. La -avaricia es hija legítima de la igualdad, como el fraude viene ¡¡cosa -extraña al parecer!! de la libertad misma. Es la especie humana que se -muestra allí, sin disfraz alguno, tal como ella es, en el período de -civilización que ha alcanzado, y tal como se mostrará todavía durante -algunos siglos más, mientras no se termine la profunda revolución que -se está obrando en los destinos humanos, cuya delantera llevan los -Estados Unidos.</p> - -<p>El mundo se transforma, y la moral también. No se escandalice usted. -Como la aplicación del vapor a la locomoción, como la electricidad a la -transmisión de la palabra, los Estados Unidos han precedido a todos los -demás pueblos en añadir un principio a la moral humana en relación con -la democracia. ¡Franklin! Todos los moralistas antiguos y modernos han -seguido las huellas de una moral que, dando por sentada, por fatal y -necesaria la existencia de una gran masa de sufrimientos, de pobreza y -de abyecciones, localizaba el sentimiento moral, dando por atenuaciones -la limosna del rico y la resignación del pobre. Desde las castas -inmóviles de indios y egipcios, hasta la esclavitud<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span> y el proletariado -normal de la Europa, todos los sistemas de moral han flaqueado por -ahí. Franklin ha sido el primero que ha dicho: bienestar y virtud; sed -virtuosos para que podáis adquirir; adquirid para poder ser virtuosos. -Mucho se aproximaba Moisés en sus doctrinas morales a estos principios, -cuando decía: honrad a vuestros padres para que así viváis largo tiempo -sobre la tierra prometida. Todas las leyes modernas están basadas en -este principio nuevo de moral. Abrir a la sociedad en masa, de par en -par, las puertas al bienestar y a la riqueza.</p> - -<p>Allá va el mundo en masa, y sabe Dios los dolores que va a costar -habituar a los goces de la vida, despertar la inteligencia de esos -millones de seres humanos que durante tantos miles de años han servido -para abrigar con el calor de sus entrañas los pies de los nobles que -volvían de la caza. ¿Qué es el capital? preguntan hoy los economistas. -El capital es el representante del trabajo de las generaciones pasadas -legado a las presentes; tienen capitales los que han heredado el fruto -del trabajo de los siglos pasados, como las aristocracias, y los que -lo han adquirido en este y el pasado siglo con los descubrimientos de -las ciencias industriales y las especulaciones del comercio; es decir, -poquísimos en proporción de la masa pobre de las naciones. He aquí, en -mi humilde sentir, el origen de la desenfrenada pasión norteamericana. -Veinte millones de seres humanos, todos a un tiempo, están haciendo -capital, para ellos y para sus hijos; nación que nació ayer en suelo -virgen y a quién los siglos pasados no le habían dejado en herencia -sino bosques primitivos, ríos inexplorados, tierras incultas. Despertad -en Francia o en Inglaterra, por ejemplo, esos veinte millones de -pobres que trabajando veinte horas diarias, se amotinan por conseguir -solamente que el salario les baste para no morir de hambre, sin aspirar -a un porvenir mejor, sin osar soñarlo siquiera, como pretensiones -impropias de su esfera; poned<span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span> a los rotos de Chile en la alta esfera -de las especulaciones, con la idea fija de hacer pronto una fortuna -de cincuenta mil pesos, y veréis mostrarse entonces las pasiones -infernales que están aletargadas en el ánimo del pueblo. El roto os -pide diez reales por el objeto que venderá por uno, si le ofrecen -uno, y todavía os habrá engañado. Un chileno cree honrada a la masa -de su nación por serlo él y por desprecio al miserable roto, que, sin -embargo, forma la gran mayoría. Tal es la explicación del fenómeno -que llama la atención en los Estados Unidos. Toda la energía del -carácter de la nación en masa está aplicada a esta grande empresa de -las generaciones actuales, acumular capital, apropiarse el mayor número -de bienes para establecerse en la vida. La revolución francesa vió por -otro camino, aunque conduciendo al mismo fin, desenvolverse la energía -moral de la nación; la gloria militar puesta al alcance de quién -supiera conquistarla, el bastón de mariscal en la boca de los cañones -del enemigo, y sabe usted los prodigios obrados por aquella nación.</p> - -<p>El norteamericano lucha con la naturaleza, se endurece contra las -dificultades por llegar al supremo bien que su posición social le hace -codiciar: el bienestar; y si la moral se pone de por medio cuando -él iba a tocar su bien, ¿qué extraño es que la aparte a un lado lo -bastante para pasar, o la dé un empellón si persiste en interponerse? -Porque el norteamericano es el pueblo, es la masa, es la humanidad no -muy moralizada todavía, cubierta allí en todas sus graduaciones de -desenvolvimiento bajo una apariencia común. ¿Quién es este hombre? se -preguntará usted en cualquiera parte del mundo; y su fisonomía exterior -le responderá: es un roto, un labriego, un mendigo, un clérigo, un -comerciante. En los Estados Unidos todos los hombres son a la vista un -solo hombre, el norteamericano. Así, pues, la libertad y la igualdad -producen aquellos defectos morales, que no existen tan aparentes en -otras partes, porque el grueso de la nación está inhabilitado<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span> para -manifestarlos. ¡Qué escándalo dieran si llegasen de improviso a ser -picados por la tarántula!</p> - -<p>Contribuyen a hacerlo más manifiesto las peculiaridades de la -organización de aquel país. Es tal el sentimiento de vida que se -experimenta en los Estados Unidos, tal la confianza en el porvenir, -tal la fe que se tiene en los resultados del trabajo, y tan grande -la esfera del movimiento, que el crédito reposa en la existencia del -individuo más bien que en la garantía de la propiedad. Un hombre -trabajando adquirirá infaliblemente. La estadística de la progresión -en que va la riqueza lo demuestra; luego, todo hombre que trabaja -tiene crédito. Ejemplo: un individuo remonta el Mississipi en un -vapor y propone la compra de 4000 barricas de harina. El vendedor -dice su precio y queda aceptado, después de preguntar quién es el -banquero del comprador. El vendedor escribe a Nueva York al banquero -indicado, pidiendo la solvibilidad del individuo, y con la respuesta: -posee 4000 pesos, crédito bueno, el contrato queda concluído a cuatro -meses de plazo, a pagar en Londres, donde se venderá la harina al -banquero del vendedor. Llegado el término del contrato el vendedor -ve el precio corriente de las harinas en Londres, en la época en que -ha debido efectuarse la venta y ya sabe a qué atenerse en cuanto a -la solvibilidad de su deudor. ¡Cuántos tropezones ha dado un yankee -para llegar a tener fortuna! Aquí llamamos quiebras; allá negocios -frustrados solamente, que irritan la actividad en lugar de paralizarla.</p> - -<p>Cuando el especulador es un Estado, el pícaro se presenta más -desfachatado. El Estado agencia capitales en Inglaterra para abrir -caminos de hierro, los obtiene y realiza su empresa; pero como es un -Estado naciente del Oeste, donde la población y la riqueza no son -grandes, los peajes no producen por largos años el interés del dinero, -el Estado deudor promete, aplaza de hoy a mañana el pago sinceramente, -miente, en seguida, por necesidad, se enfada de que le estén exigiendo, -y últimamente, un día amanece de mal humor,<span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span> pone a la puerta al -acreedor importuno, y le declara en sus propias barbas, y a la faz -de todo el mundo, que <em>repudia</em> la deuda, es decir que no paga. -¿Demandarlo? ¿Ante quién? He aquí el primer pícaro que se presenta -en el mundo, que no conoce juez en la tierra; el pueblo soberano. El -Presidente, el Congreso, el Juez supremo nada pueden contra esta clase -de bellacos. El gobierno mismo del Estado nada puede; ni la clase culta -y por tanto con vergüenza, porque emanando el poder del voto de la -muchedumbre ignorante y bribona, no acepta esta contribución nueva para -pagar la deuda contraída. Así se han conducido Mississipi, Illinois, -Indiana, Michigan, Arkansas y algunos otros más. ¡Qué bulla han metido -los banqueros en Londres con aquella magnífica muestra de la más -insigne felonía! Y, ¿qué remedio?</p> - -<p>Aquí principia el reverso de la medalla. Los diarios de Europa hacen -llover como sobre Sodoma y Gomorra el fuego de la execración universal, -y los Estados alzados se ríen con insolencia de tales bravatas. Mas en -los Estados que no han participado del crimen, principia una reacción -en nombre de la dignidad nacional, del honor de la Unión mancillado, -y los delincuentes soberanos empiezan a ponerse serios. Una línea de -circunvalación se establece en torno de ellos, y desde allí la opinión -pública los fulmina a mansalva. La clase ilustrada de los Estados que -han <em>repudiado</em> las deudas siente la indignidad del procedimiento; -pero ¿qué hacer contra la mayoría que lo sostiene? Un diario entra -tímidamente en la cuestión; copia como por incidente algún artículo -censorio. Desde luego reconoce que dadas las circunstancias en que el -Estado se halló, y la insolencia de los ingleses, hizo perfectamente -bien, y les ha dado una lección severa, para que en adelante respeten -mejor la dignidad de un Estado soberano (tramposo). Pero las -circunstancias empiezan a cambiar felizmente la propiedad se desarrolla -rápidamente. ¿No convendría, <i xml:lang="en" lang="en">to repeal</i> la <em>repudiación</em>? -¿Al menos reconsiderar el asunto, arbitrar medios, etc.?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span></p> - -<p>El pueblo soberano oye ya sin enojarse. Al día siguiente le insinúan -ideas de honor, sentimientos de generosidad, hasta que al fin la -opinión pública se forma, la reprobación excitada afuera halla ecos -en el Estado, un sentimiento de vergüenza apunta en los semblantes; -voces enérgicas se levantan en la minoría del Congreso, el movimiento -se generaliza, y el Estado criminal vuelve sobre sus pasos, entabla -negociaciones con los banqueros defraudados, y concluye por reconocer -por legítima la deuda del capital, y ofrece un 60 por ciento de los -intereses. Otro Estado, no habiendo podido terminar el canal en que -invirtió los capitales, pide que se le den las sumas necesarias para -llevarlo a cabo, y pagará todo. Un Estado, en fin, permanece inerte en -despecho del clamoreo universal, porque es muy pobre, muy apartado, y -no se admire usted, muy bruto.</p> - -<p>Esto último requiere explicaciones.</p> - - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak" id="GEOGRAFIA">GEOGRAFIA MORAL</h2> -</div> - -<p>Había pintado el plan iconográfico de la viabilidad de los Estados -Unidos, que si no es la base de la prosperidad de aquel país, es su -instrumento, como los dedos del hombre son los fieles ejecutores de su -pensamiento. Hay, también, una geografía moral en aquel país, cuyas -facciones principales necesito señalar. Conocido el suelo, verá usted -las corrientes civilizadoras que llevan a todos los extremos de la -Unión la mejora, la luz y el progreso moral.</p> - -<p>Conoce usted la historia y la colocación de los trece Estados -primitivos de la Unión americana. Dos siglos habían depositado allí -las grandes ideas políticas y religiosas que la Inglaterra había -arrojado sucesivamente de su seno. Bancroft ha hecho el inventario de -esas ideas, colocándolas cada una en la localidad que ocuparon desde -su establecimiento, con los peregrinos en la Nueva Inglaterra, con -los cuáqueros en la Pensilvania, con los católicos en el Maryland. -Aquella colonización fué menos de hombres que se trasladaban de un -país<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span> a otro, que de ideas políticas y religiosas que pedían aire y -espacio para explayarse. Sus frutos han sido la república americana, -frutos muy anteriores a la revolución francesa. La declaración de los -derechos del hombre hecha por el Congreso de los Estados Unidos en -1776, es la primera página de la historia del mundo moderno, y todas -las revoluciones políticas que se seguirán en la tierra, un comentario -de aquellos simples dogmas del sentido común.</p> - -<p>La declaración de la independencia fué como aquel creced y multiplicaos -de Dios a los hebreos. Desde entonces las ideas y los hombres se -pusieron en marcha hacia el interior; la república empezó a parir -<em>territorios</em> que se convertían luego en <em>Estados</em>, como -un pólipo que echa al costado de su tronco nuevas ramas. Observe el -movimiento de las repúblicas sudamericanas desde su independencia -adelante, y verá cuán notable es la diferencia. Chile subdivide sus -antiguas provincias, pero sin aumentar ni el territorio poblado, ni el -número de sus ciudades. Las antiguas Provincias Unidas del Río de la -Plata ven desmembrarse su territorio, y de sus fragmentos constituirse -estados raquíticos y absurdos, mientras que las provincias que aún -quedan llevando el nombre argentino, se despueblan de día en día, -extinguiéndose sus antiguos planteles de ciudades como luces que se -apagan. Maine tenía, por ejemplo, en 1790, 96.000 habitantes; 151.000 -en 1800; 228.705 en 1810; 400.000 en 1830; 501.793 en 1840. Nueva York -tenía 340.120 en 1790; 586.766 en 1800; 959.949 en 1810; 1.372.812 en -1820; 1.918.608 en 1830; 2.428.921 en 1840.</p> - -<p>Pero a este movimiento de concentración se añade otro de dilatación. -Mississipi aparece en 1800 con 8.850 habitantes; en 1840, contaba ya -375.651. Arkansas no suena hasta 1820, en que presenta una población -de 14.273 habitantes; en 1840 tiene cerca de cien mil. Indiana -contaba en 1810, 4.762; treinta años después, 685.866. Ultimamente -Ohio, que en 1800 registró una población de 40.365, contaba en 1840 -un acrecentamiento de más de millón y medio. Asómbrese usted de -este<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span> diluvio de hombres que los primeros colonos en un desierto ven -llegar y establecerse en los alrededores. Me han mostrado un hombre -que no era viejo, el cual había visto nacer, desenvolverse y crecer -uno de aquellos grandes estados. ¿De dónde salen estos hombres, -desde que ya no hay Deucaliones que los produzcan tirando piedras -hacia atrás? La inmigración europea figura en segundo plano en estas -sucesivas inmigraciones, por más que aparentemente sea su número muy -considerable. Los Estados viejos o adultos engendran a los que van -apareciendo. El <i xml:lang="en" lang="en">indian hater</i>, odiador del indio, va adelante, -esparciendo los miembros de esta singular secta instintiva, que tiene -por único dogma perseguir al salvaje, por único apetito el exterminio -de las razas indígenas. Nadie lo ha mandado; él va solo al bosque -con su rifle y sus perros a dar caza a los salvajes, ahuyentarlos -y hacerles abandonar las cacerías de sus padres. Detrás vienen los -<i xml:lang="en" lang="en">squatters</i>, misántropos que buscan la soledad por morada, el -peligro por emociones, y el trabajo de desmontar por solaz. Siguen a -distancia los <i xml:lang="en" lang="en">pioneers</i> abriendo las selvas, sembrando la tierra -y diseminándose en una grande esfera. Vienen en seguida los empresarios -capitalistas con emigrantes por peones, y fundando ciudades y aldeas -según que los accidentes del terreno lo aconsejan. Sobre estos cuadros -viene en seguida a colocarse la inmigración propietaria, mecánica, -industrial, joven, que se desprende de los Estados antiguos a buscar y -crear la fortuna.</p> - -<p>En esta expansión de la población norteamericana se muestran grados -de civilización muy marcados, desapareciendo casi del todo en los -extremos, al oeste por la diseminación de los habitantes y la rudeza de -las ocupaciones campestres, al sur por la presencia de los esclavos, y -por las tradiciones españolas o francesas. Medio siglo bastaría para -que la barbarie incurable de nuestras campañas argentinas se mostrase -en las extremidades de la Unión, si los elementos vivos de regeneración -que encierra aquel país no constituyesen un flujo y reflujo<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span> que tiene -en actividad toda la masa, y evita que las partes lejanas o aisladas se -estagnen y degeneren.</p> - -<p>¡La inmigración europea es allí un elemento de barbarie, quién lo -creyera! El europeo, irlandés o alemán, francés o español, salvo -las excepciones naturales, sale de las clases menesterosas de -Europa, ignorante de ordinario, y siempre no avezado a las prácticas -republicanas de la tierra. ¿Cómo hacer que el inmigrante comprenda -de un golpe aquel complicado mecanismo de instituciones municipales, -provinciales y nacionales, y más que todo, que se apasione como el -yankee por cada una de ellas, y las crea ligadas con su existencia y -como parte de su ser, de tal manera que si descuidara ocuparse de ellas -y de los intereses a que se ligan, temería que su vida y su conciencia -estaban a un tiempo en peligro? ¿Cómo habituarlo al <i xml:lang="en" lang="en">meeting</i> a -que a cada instante recurre el pueblo para expresar <i xml:lang="en" lang="en">his sentiment;</i> -y una vez expresado, una vez votados una serie de <i xml:lang="en" lang="en">and to be further -resolved</i>, sentir aquel desahogo y como descargo de un peso que -experimenta el norteamericano, como si hubiera producido un hecho, o -desvanecido la opinión que combate? Así es que los extranjeros son en -los Estados Unidos la piedra de escándalo, y la levadura de corrupción -que se introduce anualmente en la masa de la sangre de aquella nación -tan antiguamente educada en las prácticas de la libertad. El partido -<i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, que es la parte más racional de la nación, ha intentado -muchas veces poner trabas a la inmigración, y sobre todo prolongar -por muchos años el aprendizaje, que requiere el uso de los derechos -políticos. El partido nativista, hoy extinto, trató de crear una -especie de fanatismo nacional, parecido, aunque por motivos contrarios, -a nuestro <em>americanismo</em>; pero disiparon luego el interés de cada -Estado naciente los primeros nubarrones de preocupación que empezaban a -levantarse. Los Estados antiguos podían prescindir de los extranjeros, -pues que ya estaban densamente poblados y ofrecen poco aliciente a -los advenedizos. No así los estados del oeste, que pusieron desde -entonces en pública subasta<span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span> la ciudadanía, bajando a porfía los años -de residencia y excusando requisitos para obtenerla.</p> - -<p>Contra esta relajación de la disciplina de los mayores y la más -sensible que trae la diseminación de la población de las campañas, la -organización social de aquel país tiene medios eficacísimos y que ya -hubieran producido sus resultados, si no fuese una obra interminable -mientras continúen llegando <i lang="it">i barbari</i> de Europa por centenas de -miles, y hayan acres de bosques por descuajar por millares de millones. -Estas fuerzas de atracción, depuración y pulimento, son tan importantes -que me permitirá usted irlas enumerando.</p> - -<p>La posta diaria es la que más sensiblemente obra. La posta sonará a -las puertas de cada aldea lejana y depositará en ella, en algún papel -público, un tópico de conversación, y una noticia de las novedades de -la Unión. Usted concibe que es imposible barbarizarse donde la posta, -como una gotera diaria, está disolviendo toda indiferencia nacida del -aislamiento. No olvide que esta posta recorre 134.000 millas, y que en -partes tiene por auxiliar el telégrafo.</p> - -<p>Paso por alto la influencia civilizadora e irritante de la prensa -periódica.</p> - -<p>El juicio por jurados llama a los hombres de las campañas a cada -instante a reunirse, para juzgar causas criminales, y el payo juez -oye la acusación y la defensa, pesa las razones, compulsa leyes, se -habitúa a su mecanismo y juzga con toda seguridad de conciencia. El -hábito del jurado ha creado el crimen civil, impune, horrible, que -se llama la <i>Ley de Lynch</i>. Como Jesús decía: “Donde quiera que -estaréis reunidos tres en mi nombre, yo estaré con vosotros”, la -<i xml:lang="en" lang="en">Lynch’s law</i> ha dicho al yankee de los bosques: “Donde quiera -que os reunáis siete en nombre de la voluntad del pueblo, la justicia -será con vosotros”. Guárdese usted en el Far-West o en los Estados -de esclavos de encontrarse con siete hombres reunidos y provocar sus -pasiones. Será usted colgado por aquellos jueces, más terribles y más -arbitrarios que los jueces invisibles de los tribunales<span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span> secretos de -la Alemania antigua. La ley lo permite, y aquellas conciencias torvas -quedan exentas de todo remordimiento, ni más ni menos que el inquisidor -español que veía arder la víctima que con sus ardides había llevado a -la hoguera; así la religión y la democracia caen en el crimen cuando se -exageran sus principios y sus objetos.</p> - -<p>No ejerce menor influencia civilizadora la elección de presidente. -El norteamericano hace cincuenta elecciones al año. Derrotado en el -consejo de instrucción pública, se echa con el mismo ardor en la -de sacristán de su capilla; si pierde allí, espera con redoblado -encarnizamiento la de <i xml:lang="en" lang="en">attorney</i>, la de diputados para su Estado -o la de gobernador. No lo exalta menos la que requiere la renovación -de las cámaras, e incuba un año entero su ojeriza contra un candidato -para la presidencia y su amor por otro. Entonces la Unión se agita por -sus cimientos; los <i xml:lang="en" lang="en">squatters</i> salen de los bosques como sombras -evocadas por un conjuro. La suerte de cada uno de aquellos galápagos, -está comprometida en el éxito; amenaza no sobrevivir al triunfo del -candidato <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, cual si dijéramos retrógrado; y si el escrutinio -deja burladas sus esperanzas, aprieta los puños se alejan en dirección -a su morada, jurando desquitarse en la elección de pastor de su -doctrina.</p> - -<p>La elección de presidente es, pues, el único vínculo que une entre -sí a todos los extremos de la Unión, la preocupación nacional única -que conmueve a un tiempo a todos los hombres y a todos los Estados. -La lucha electoral, es, por tanto, un despertador, una escuela y un -estimulante que hace revivir la vida adormecida por las distancias y la -rudeza del trabajo.</p> - -<p>Pero el mayor de todos los reactivos constitúyelo el sentimiento -religioso. Pasma, sin duda, a un católico tibio que llega de nuestros -países ver la escala extensa y elevada en que la religión obra, en -medio de aquella extrema libertad. Desde luego la Biblia está en toda -la Unión, desde el <i xml:lang="en" lang="en">loghouse</i> del bosque hasta los hoteles de las -grandes ciudades, obrando en bien y en mal, los efectos de su lectura -diaria. Digo en mal,<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span> porque el apego a la letra del texto produce -consecuencias desastrosas en los ánimos estrechos. Sábese que en la -nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las leyes de Moisés; tal -era y es aún la idea de la perfección inmaculada de cada frase y de -cada versículo de la Biblia. A bordo de un buque se hablaba de las -maravillas del cloroformo. Un médico aseguraba que podía aplicarse -sin peligro a los alumbramientos.—¿Y usted lo aplicará a su mujer? -preguntaba un puritano presente.—¿Por qué no?—Pues yo no lo haría, -replicó seriamente el interlocutor.—Eso depende del grado de confianza -de cada uno en su eficacia.—No, señor; el Génesis dice: parirá la -mujer con dolores; y usted contraría la voluntad de Dios. Como se ve, -la cuestión del cloroformo era mirada por el lado de la conciencia, y -medida su bondad en el cartabón de la Biblia.</p> - -<p>El acento nasal de los yanquis, más pronunciado en el interior, -viéneles de la lectura cotidiana de la Biblia; pero en despecho de -estos pequeños inconvenientes, produce, por otra parte, resultados -inmensos. La historia aunque trunca, los preceptos de la moral, las -frases evangélicas, se pegan a la mente del lector; y la plática del -pastor se refiere cual comentario a aquellos puntos que el oyente -conoce y sobre cuya significación su ruda mente pedía esclarecimientos. -La lluvia de la palabra cae entonces sobre terreno abierto y sediente, -y no como la de nuestros predicadores ordinarios, que la arrojan -al viento en las plazas públicas, condimentándolas no pocas veces -con groserías para que sirvan éstas de mordiente al caer sobre las -naturalezas brutas del pueblo. La polémica de las sectas da más -animación y actualidad a estas lecturas, y la vida entera de un hombre -no basta para penetrar en los misterios que encierra en inmenso -catálogo su libro sagrado. Sesenta y siete colegios de teología -difunden por toda la Unión la ciencia religiosa, mientras que alcanzan -apenas a diez los consagrados a las leyes, produciendo, sin embargo, -un número de más de veinte mil abogados. El número de obras originales -sobre aquel punto es tres veces mayor en los Estados Unidos que el de -otras consagradas<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span> a investigaciones de la ciencia. Esta peculiaridad -nacional hará de aquel pueblo una entidad aparte en el mundo moderno.</p> - -<p>Para mantener el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las -campañas remotas, millares de pastores viajeros, que pasan toda -su vida en misión; hombres rudos y enérgicos que llevan a todas -partes la agitación, despiertan los ánimos, excitándolos a la -contemplación de las verdades eternas. Son éstos verdaderos ejercicios -espirituales, como los de los católicos; más espirituales aún, pues, -sin amedrentarlos con las penas del infierno, el pastor o los pastores -reunidos en un mitin religioso, al aire libre o en algún galpón -improvisado, sacuden las embotadas inteligencias de los campesinos, -les presentan la imagen de Dios en formas grandiosas, inconcebibles; -y cuando el estimulante ha producido su efecto, envían a las mujeres -al bosque de un lado y a los hombres del otro, para que mediten a sus -solas, se encuentren en presencia de sí mismos viendo su nada, su -desamparo y sus defectos morales.</p> - -<p>Los resultados de esta curación moral son extraños e inexplicables. -Las mujeres entran en delirio, se tuercen y revuelcan por el suelo, -echando espumarajos; lloran los hombres y aprietan los puños, hasta -que, al fin, un himno religioso, entonado en coro, empieza, lentamente, -a dulcificar aquellas santas amarguras; la razón recobra su imperio, -la conciencia se aquieta y tranquiliza, y una profunda melancolía se -pinta en los semblantes, mezclada de síntomas de bondad moral, como si -hubiese robustecídose el sentimiento de lo justo con aquel vomitivo -aplicado al espíritu. Los profanos que han presenciado estas escenas -en las campañas, atribuyen aquellos efectos singulares de la palabra -a la excitación que producen sobre el cerebro las ideas elevadas, -en personas que por la monotonía de la vida aislada que llevan, -pasan meses enteros sin experimentar emoción alguna de placer ni de -dolor. Es aquel un drama entre Dios y la criatura, cuyas peripecias -tienen despierto al<span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span> auditorio que es la parte más activa de la -representación. Acaso el cerebro tiene movimientos y revoluciones como -otros órganos del cuerpo humano también. Pero en todo caso el habitante -del Far West en nada se parece al bárbaro pastor o al labrador de -nuestras campañas, pues que está abundantemente preparado para oir -la palabra divina por la lectura de la Biblia y por los comentarios -teológicos de los divinistas. Pero lo que de todo esto importa para -mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos, las disidencias -teológicas y los pastores ambulantes, aquella grande masa humana vive -toda en fermentación, y la inteligencia de los más apartados habitantes -de los centros se conserva despierta, activa, y con sus poros abiertos -para recibir toda clase de cultura. A semejanza de una cuba, que no -importa la calidad del líquido que encierre, se mantiene ajustada y -apta para servir; mientras que si se le deja vacía, las duelas se -tuercen, los arcos se aflojan y queda con la acción del tiempo y las -fluctuaciones de la intemperie, inutilizada para siempre.</p> - -<p>Pero abra <abbr title="Usted">Vd.</abbr> paso, todavía para un elemento civilizador, el más -activo que mantiene la vida en aquellos pueblos, religioso, político, -industrial, lleno del espíritu antiguo de las colonias, como, asimismo, -accesible a todos los progresos de la inteligencia moderna, el -descendiente de los viejos peregrinos, el heredero de sus tradiciones -de resignación y de endurecimiento al trabajo manual, el elaborador de -las grandes ideas sociales y morales que constituyen la nacionalidad -norteamericana, el habitante, en fin, de los Estados de la Nueva -Inglaterra, Maine, New Hampshire, Massachusetts, etc. He aquí la raza -bramínica de los Estados Unidos. Como los bramanes descendiendo de las -montañas del Himalaya, los habitantes de aquellos antiguos Estados, -se diseminan hacia el Oeste de la Unión, educando con su ejemplo -y sus prácticas a los pueblos nuevos que surgen sin pericia y sin -ciencia sobre la faz de la tierra apenas desmontada. Recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que -los peregrinos<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span> eran ciento cincuenta sabios, pensadores, fanáticos, -entusiastas, políticos, emigrados y probados por todas las calamidades -que pueden caer sobre los hombres; recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, sin duda, que no -quisieron que con ellos se embarcase un sirviente al alejarse de las -costas de la Europa, resueltos como estaban a labrar la tierra con sus -propias manos y no reconocer desigualdades sociales en la nueva patria -que iban a buscar en la América: recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, que se sentaron todos -debajo de una encina de donde hoy está Boston, y después de dar gracias -al Dios de Israel por su feliz arribo, discutieron las leyes que se -darían para gloria de Jehová y su libertad personal; recuerda <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, por -fin, que esos hombres en aquella época establecieron escuelas públicas, -obligando a cada padre, tutor o patrón de niños, a darles educación -elemental para el espíritu y un oficio manual para el sustento del -cuerpo. Pues bien, los hijos de aquella escogida porción de la especie -humana, son aun hoy los mentores y los directores de las nuevas -generaciones. Créese que más de un millón de familias descienden, -en toda la Unión de aquella noble estirpe. Ellos han impreso en la -fisonomía del yankee aquella plácida bondad que se nota en la clase más -educada. Ellos llevan a toda la Unión la aptitud manual que hace de un -norteamericano una maestranza ambulante; la energía férrea para luchar -con las dificultades y vencerlas; y la aptitud moral e intelectual que -lo pone al nivel, si no en la línea superior, a lo mejor de la especie -humana. Estos emigrantes del Norte disciplinan las poblaciones nuevas, -les inyectan su espíritu en los mítines que presiden y provocan; en las -escuelas, en los libros, en las elecciones y en la práctica de todas -las instituciones norteamericanas. Las grandes empresas de colonización -y ferrocarriles, los bancos y las sociedades, ellos las inician y -llevan a cabo. Así es que la barbarie producida por el aislamiento -de los bosques, y la relajación de las prácticas republicanas, -introducidas por los emigrantes, encuentran en los descendientes de los -puritanos y peregrinos un dique y un astringente.<span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span> Hay, pues, flujo y -reflujo, entre estas dos fuerzas contrarias; y por más que fuera rápida -la dilatación de la Unión y la mezcla y yuxtaposición de los pueblos, -ellos acabarían, al fin, por dar homogeneidad al todo y conservarle -el tipo original y nuevo, tradicional y progresivo que distingue a -aquel pueblo. ¿Sucede cosa igual en el resto del mundo en formas tan -perceptibles y constantes?</p> - -<p>Acaso, creerá <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que aquellos instrumentos de pulimento y purificación -nacional, a fuer de herederos de las antiguas creencias de los -peregrinos, mantienen la inmovilidad de las ideas y constituyen una -secta aparte. Bajo el aspecto religioso, los Estados Unidos presentan -el mismo espectáculo que las costumbres, y que la superficie de la -tierra. En ninguna parte del mundo puede decirse con más propiedad -que Dios está hecho a imagen y semejanza de los hombres. Los -norteamericanos tienen de Dios las ideas elevadas que de su esencia -nos han transmitido los hebreos por medio del cristianismo; pero las -sectas religiosas y las prácticas se adaptan allí a la inteligencia -popular, descienden a una especie que llamaría fetichismo si tuviese -por símbolos ídolos o manitúes; y se eleva hasta la filosofía pura, -el deísmo, sin perder su carácter profundamente religioso, y aun -sin salir de las grandes fórmulas morales del cristianismo. Como en -todos los pueblos eminentemente religiosos, hay hoy en este momento -en los Estados Unidos, santos, profetas, enviados de Dios, descensión -y ascensión visible del Espíritu Santo, y comunión entre el cielo y -la tierra. Hay religiones nuevas, que están naciendo y prometiendo -absorber toda la tierra; los mormones, son de ayer, y sus inspirados y -pontífices hacen milagros; testigo de ello que durante mi residencia -en los Estados Unidos, un profano descubrió que la luz pálida que -arrojaba el semblante del santo varón, procedía de una fricción que se -había dado con fósforo. El venerable pontífice no se dió por vencido, -diciendo que todos los milagros habían sido preparados así, ni sufrió -en lo<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span> menor la fe y fervor de los creyentes, que hoy ascienden a más -de ciento cincuenta mil.</p> - -<p>Hay religiones danzantes, y los fieles, después de haber oído la -oración del pastor, se lanzan a bailar hasta que el numen del baile -se despierta, y el cuerpo se lanza a hacer cabriolas frenéticas, -e indescriptibles. Entonces créese iluminado el paciente, que cae -al fin extenuado y demente. Como he visto en el baile Mabille, de -París, a la Reina Pomaré, la Rigolette, y otras celebridades hacer -diabluras, no me dejo atrapar fácilmente por estas manifestaciones del -Espíritu Santo. Sobre estas capas inferiores del culto en los Estados -Unidos descuellan disidencias cristianas más respetables, tales como -baptistas, metodistas, presbiterianos, congregacionalistas, cristianos, -episcopalistas, luteranos, alemanes reformados, católicos romanos, -amigos, universalistas, unitarios y otras sectas, entre las cuales -yo incluiría los deístas puros; pues, tal es el espíritu religioso -y tolerante de aquel país, que la negación de toda religión, lo que -nosotros llamamos la impiedad, forma una secta aparte contra la cual -nadie levanta la voz. Como una muestra de las proporciones que guardan -estas divisiones, apuntaré que los baptistas tienen 1.130 iglesias -y 4.907 pastores; los episcopalistas 950 iglesias, servidas por 849 -pastores; los católicos 912 iglesias con 545 sacerdotes; los unitarios -200 iglesias con 174 pastores, guardando todos los demás una proporción -descendente, según su colocación.</p> - -<p>He dicho tolerante en el sentido genuíno que los americanos dan a esta -palabra. Las sectas religiosas, forman en los Estados Unidos verdaderas -cofradías y naciones religiosas, no obstante estar entremezcladas en -las ciudades y en los campos. El médico, el escribano, el proveedor de -carne, el boticario de la casa, y aun el botero, han de ser de la misma -creencia de quien lo ocupa. Hay guerra sorda, proselitismo, en este -sentido. Pero la tolerancia se muestra en la impasibilidad con que un -metodista oiría contradecir sus dogmas por un católico y viceversa;<span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span> -porque en los Estados Unidos los católicos que profesan por dogma la -intolerancia religiosa, son como aquellos tigres sin uñas ni dientes -que solemos criar en las casas. No se ha oído hasta ahora que un -católico haya mordido a nadie en Estados Unidos, donde hallan muy buena -la libertad religiosa de que disfrutan a sus anchas, no sin salvar -almas todos los años de los engaños falaces del tentador.</p> - -<p>Este caos religioso, aquellas cien verdades contradictorias están, -a su vez, sufriendo una elaboración, lenta, es verdad, pero segura, -ascendente. Mientras la barbarie mormónica hace sus progresos la -filosofía religiosa de los descendientes de los peregrinos viene -de alto abajo descendiendo hasta las profundidades de la sociedad, -acercando las distancias que separan todas las disidencias, echando -entre ellas blandas ligaduras que concluyen por estrecharlas, y que -terminarán al fin en absorberlas en el unitarismo, secta nueva, -panteísta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos -los bautismos, por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia, -y elevándose a regiones más encumbradas, desprendiéndose de toda -interpretación religiosa, concluye por reunir en un sólo abrazo -a judíos, mahometanos y cristianos, prescindiendo de milagros y -ministerios, como cosas que no cuadran con la forma orgánica que Dios -ha dado al espíritu humano, y clasificándolos en el número de las -figuras de la retórica. La moral del cristianismo como expresión y -regla de la vida humana, como punto de reunión asequible y aceptable -por todas las naciones, he aquí el único dogma que admiten, como la -virtud y la humanidad el único culto y la única práctica que prescriben -a los creyentes.</p> - -<p>Esta filosofía religiosa se extiende con rapidez en los seis Estados de -Nueva Inglaterra, tiene su centro en Boston, la Atenas norteamericana, -y como propagadores a los hombres más sabios de los Estados.</p> - -<p>Como <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ve, el espíritu puritano ha estado en actividad durante dos -siglos, y marcha a darse conclusiones pacíficas,<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span> conciliadoras, -obrando siempre el progreso sin romper en guerra con los hechos -existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente, como lo -emprendió la filosofía nacida del catolicismo en el siglo XVIII, y que -tan poco camino ha hecho. Si recuerda el espíritu religioso que campea -en los escritos de Franklin, notará que estas manifestaciones tienen -antecedentes en la filosofía de buen sentido que inició aquel grande -hombre práctico.</p> - -<p>Concluyo de todo esto, mi buen amigo, en una cosa que hará pararse los -pelos de horror a los buenos yanquis, y es que marchan derecho a la -unidad de creencias y que un día no muy remoto la Unión presentará al -mundo el espectáculo de un pueblo católico devoto, sin forma religiosa -aparente, filósofo sin abjurar el cristianismo, exactamente como los -chinos han concluído por tener una religión sin culto, cuyo grande -apóstol es Confucio, el moralista que con el auxilio de su razón dió -con el axioma: No hagas lo que no quieras que te hagan a ti mismo, -añadiéndole este sublime corolario: y “sacrifícate por la masa”.</p> - -<p>Si tal sucediera, y debe suceder, cuán grande y fecundo habrá de ser -para la humanidad el experimento hecho en aquella porción que dará por -resultado la dignificación del hombre por la igualdad de derechos, la -elevación moral por la desaparición de las sectas religiosas que ahora -lo subdividen, enérgico por las facultades físicas, y eminentemente -civilizado por la apropiación a su existencia y bienestar de todos los -progresos de la inteligencia humana. Norteamericano es el principio de -la tolerancia religiosa que está inscripto en todas las constituciones -y pasado ya a axioma vulgar; en Norte América fué por primera vez -pronunciada esta palabra que debía restañar la sangre que la humanidad -ha derramado a torrentes, y venido destilando hasta nosotros desde los -primeros tiempos del mundo. Católicos, cuáqueros, calvinistas, todas -estas variantes de una misma fe, venían a las colonias norteamericanas, -a yuxtaponerse, sin mezclarse, prevaleciendo<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span> los odios que había -engendrado la lucha en la Europa. Los padres peregrinos eran los -más celosos exclusivistas, porque habían atravesado el mundo, dice -Bancroft, para gozar el privilegio de vivir por sí mismos. La guerra -religiosa, la persecución había ya estallado entre aquellos miserables -restos de un naufragio común, despedazándose entre sí, en lugar -de prestarse mutuo auxilio y amparo para resistir a la desgracia. -Perseguían en Europa los anglicanos a los disidentes; los católicos a -los herejes; quemaban a porfía la Inquisición y Calvino, papas y reyes, -mahometanos y cristianos, de manera que usted no sabía adónde darse -vuelta sin riesgo de que lo hiciesen <i>biftec</i>. En Febrero de 1631, -llegó a América un joven maestro lleno del espíritu de Dios, y dotado -de preciosos dones. Llamábase Rogerio Williams. Tenía entonces poco -más de treinta años; pero su alma había madurado ya una doctrina que -le aseguró la inmortalidad, al mismo tiempo que su aplicación ha dado -paz religiosa al mundo americano. Era puritano y venía huyendo de la -persecución de la Inglaterra; pero sus agravios personales no habían -sido parte a obscurecer su clara inteligencia. La profundidad de su -espíritu le había descubierto la naturaleza de la intolerancia, y él, -sólo él, llegó al principio que es su único remedio efectivo. Anunció -su principio bajo la simple proposición de santidad de conciencia. -El magistrado civil podía reprimir el crimen, pero jamás dar reglas -a la opinión; castigar los delitos, pero nunca violar la libertad -del alma. Esta nueva contenía en sí misma una reforma completa de la -jurisprudencia teológica, borrando del código de las leyes el delito -de felonía por no conformidad; extinguiendo las hogueras que por tanto -tiempo había tenido encendidas la persecución; derogando toda ley que -hiciese obligatoria la observancia religiosa; aboliendo los diezmos y -toda contribución forzosa para el sostén de la iglesia; dando igual -protección a toda forma de fe religiosa, sin permitir que la autoridad -del gobierno civil se alistase contra la mezquita del musulmán, contra -el<span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span> altar del adorador del fuego, la sinagoga judía, o la catedral -romana.</p> - -<p>Los principios de Roger Williams lo pusieron en perpetua lucha con -el clero y gobierno de Massachussetts. Williams no pactaba con la -intolerancia, porque decía: la doctrina de la persecución por causas -de conciencia es evidente y lamentablemente contraria a la doctrina de -Cristo Jesús.</p> - -<p>Los magistrados insistían en exigir la presencia de todo hombre en el -oficio divino, Williams reprobaba la ley, mirando como una abierta -violación de los derechos de un hombre compelerlo a unirse con -aquellos de creencia diversa; arrastrar al templo a los incrédulos -o mal querientes, era santificar la hipocresía. Una alma incrédula, -añadía, está muerta en pecado, y forzar al indiferente en una creencia -a entrar en otra, es como mudar de mortajas a un cadáver. Nadie debe -ser obligado a adorar, por mantener una creencia, sin su propio -consentimiento.</p> - -<p>Qué, le contestaban los puritanos, ¿el trabajador no merece su -salario?—Que se lo pague el que lo ocupa, replicaba el heresiarca -de la tolerancia. Su perspicacia le hizo desde entonces prever la -influencia de sus principios en el gobierno de las sociedades. En los -últimos días de su vida confirmó sus primeras ideas diciendo: “será -un acto de misericordia y de justicia para las naciones esclavizadas -romper el yugo de la opresión del alma, como es de fuerza obligatoria, -hacer que todos y cada interés y conciencia preserven la libertad y la -paz comunes”<span class="fnanchor" id="fna4"><a href="#fn4">[4]</a></span>.</p> - -<p>¡Y la luz fué! Desde Williams acá unos más pronto, otros más de mala -gana y refunfuñando, han tenido que apagar sus tizoncitos y dejarse de -esa bufonada de mal género que consiste en quemar hombres para mayor -honra y gloria de Dios.</p> - -<p>No tengo con qué acabar cuando yo entro en el campo<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span> de la teología; -me vuelvo yankee como usted ve, y hasta gangoso me pongo al leer -estos razonamientos. Pero mal que le pese, tengo aún que apuntar una -de las fuerzas de regeneración, propaganda y auxilio al moroso que -tienen en movimiento la inteligencia en Norte América y fuerzan a -marchar adelante a los rezagados. Su origen y su forma es religiosa, -si bien sus efectos se hacen sentir en todos los aspectos sociales. -Hablo del espíritu de asociación religiosa y filantrópica, que pone -en actividad millares de voluntades para la consecución de un fin -laudable y consagra caudales gigantescos a la prosecución de su obra. -En este punto el norteamericano se ha creado necesidades espirituales -tan dispendiosas e imprescindibles como las del cuerpo mismo, y esta -provisión de necesidades del ánimo, aquel tiempo, trabajo y dinero -empleado en dejar satisfecho un deseo, una preocupación, muestra -cuán activa es la vida moral de aquel pueblo. ¿Quién pudiera ser más -infatigable propagandista que el católico exclusivo para quien no hay -salvación fuera de la iglesia, y está en posesión de una verdad, de -que ve a tantos millares de sus semejantes extraviados? Preguntadle al -clero más intolerante cuánto dinero gasta de su bolsillo para proseguir -la reducción de los infieles, la moralización de las masas. Poquísimo, -por desgracia, y ese poco no es debido al sentimiento religioso que -lo anima, sino a las cualidades personales y a las predisposiciones -de ánimo del que se consagra a las obras de propaganda y filantropía. -¿A quién le ha ocurrido en la América española intentar una cruzada -contra la borrachera? En Estados Unidos se cuentan ya por millares los -propagandistas celosos de la templanza, y por cientos de miles los -que han subscripto la obligación de no probar licores, hasta que la -raza humana se cure de esta enfermedad que desbarata toda economía y -destruye toda moralidad.</p> - -<p>El norteamericano satisface deberes, y llena necesidades de su corazón -y de su espíritu con su dinero; y si hubiera de formar su presupuesto -anual de gastos diría 100 en comer<span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span> y vestir, 20 en propagar las -buenas ideas religiosas, 10 para obras de filantropía, 50 para fines -políticos, 20 para civilización de los bárbaros. Así distribuída la -inversión del fruto del trabajo, se permite la libertad de mostrarse -egoísta, duro e interesado.</p> - -<p><i>La Sociedad americana de templanza</i> data desde 1826 y ya en 1835 -había en el país ocho mil sociedades, con millón y medio de miembros. -La caridad por los borrachos no se limita a buenos ejemplos. Cuatro -mil destiladores de aguardientes desmontaron sus alambiques, ocho mil -comerciantes se abstuvieron de vender licores, y mil doscientos buques -se hicieron a la vela sin provisión de aguardiente. La legislatura de -Massachusetts prohibió la venta de líquidos alcohólicos por menos de -15 galones. <i xml:lang="en" lang="en">The tract society</i>, que tiene por objeto moralizar -las clases ambulantes, como los marineros y otros, publicó en 1835 -cincuenta y tres millones de páginas. <i>La Sociedad americana de -escuelas dominicales</i>, formada en 1824, recolectaba diez años -después 136.855 pesos en un año, había hecho 600 publicaciones -diversas, y estaba en contacto con 16.000 escuelas, 115.000 maestros, -cerca de 800.000 discípulos.</p> - -<p>La <i>Sociedad bíblica americana</i> ha recibido desde su fundación -hasta ahora poco, dos millones y medio de pesos, y abandonado a la -circulación cerca de cuatro millones de ejemplares de la Biblia. Omito -hablar a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> de las misiones en el Occidente, en cuyos países una -sola de ellas mantiene 308 misioneros, 478 escuelas, 17 imprentas, 4 -fundiciones de tipos para imprimir libros en idiomas ignorados aun de -nombre en Europa. Los resultados de las misiones americanas en Sandwich -los conocemos todos para que haya de detenerme sobre ellos, pues mi -ánimo al recordar todas estas sociedades es sólo hacer sensible una -de las muchas fuerzas civilizadoras que están en continua acción para -mejorar moral, religiosa y políticamente la condición del pueblo. -No es raro ver un banquero como Girard, que deja millón y medio de -duros<span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span> para que se funde un colegio en que se eduquen jóvenes bajo -ciertas condiciones por él prescriptas, y otros filántropos que, como -Franklin, dejen un fondo para que dentro de dos siglos se disponga -de los intereses capitalizados. En todo este enorme y complicado -trabajo nacional, verá <abbr title="Usted">Vd.</abbr> predominar una grande idea, la igualdad; un -sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio, -la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional -e individual de aquel pueblo.</p> - -<p class="footnote" id="fn4"><a href="#fna4">[4]</a> <i xml:lang="en" lang="en">History of the United States</i>, <span xml:lang="en" lang="en">by George Bancroft</span>.</p> - - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak" id="ELECCIONES">ELECCIONES</h2> -</div> - -<p>Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados -Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de -poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad. -Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y -darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo, -tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un -arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar -prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las -poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo, -Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de -las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está -montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad -de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el -sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar -con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un -trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación -del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros -conocimientos americanos.</p> - -<p>No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para -vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la -constitución de los Estados Unidos en general,<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span> dan idea insuficiente. -Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver -elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la -de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado -muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para -penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego -de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede -haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso, -exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para -desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de -un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor -de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando -se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente -o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda -una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera? -El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen -apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo -bastante por una práctica comparativamente larga.</p> - -<p>El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los -diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el -candidato del partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, invitándolos a que se reuniesen con -los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy -edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo -que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la -balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da, -sin duda, mucha importancia.</p> - -<p>No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que -no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes -del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es -un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una -imparcialidad y franqueza<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span> sincera, lo hacen un juez competente y una -autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor:</p> - -<p>“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del -Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts, -como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección -anual, y se han convocado <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> preparatorios por cada -uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante -delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de -candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes -para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listas <i xml:lang="en" lang="en">tickets</i>. -El <i xml:lang="en" lang="en">ticket whig</i> como el <i xml:lang="en" lang="en">ticket</i> democrático se anuncian -por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido, -y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun -me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento -y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios -candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido -de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la -prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la -vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande -extensión la prensa británica.</p> - -<p>“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados -divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los -cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores -acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia -su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto, -registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista -impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para -impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre -puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que -aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque -esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente -la mano,<span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span> para que no introduzca dos o más <i xml:lang="en" lang="en">tickets</i> en la urna. -Al fin de la elección los <i xml:lang="en" lang="en">tickets</i> son examinados, y después -de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al -efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta -sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho -con el <i xml:lang="en" lang="en">ticket</i> de su partido, puede borrar algunos nombres y -substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no -hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven -electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su -propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente -se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más -<i xml:lang="en" lang="en">tickets</i>, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes -candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual, -el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por -un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que -haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato -es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me -he asegurado de que la <em>intimidación</em> en el sentido inglés de la -palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería -resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su -partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo, -pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las -elecciones.</p> - -<p>“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto -en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el -siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para -solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los -candidatos presentados en su <i xml:lang="en" lang="en">ticket</i>, a fin de persuadirlos a -que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de -dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones -para los <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i>, y aun carruajes para traer los enfermos a las -mesas en cada elección. El número de votantes son la<span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span> mitad o los dos -tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas -ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los -abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los -médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre -aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla -general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en -Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro -país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece -protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota -cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase -a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado -públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses, -damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella -no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de -abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia -que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia -con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.</p> - -<p><i>Elección en el Estado de Nueva York.</i> Hoy llegó a Boston -la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura, -gobernador, etc., de Nueva York:</p> - -<p>“El partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> sacó a la plaza dos piezas de artillería -de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta -simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo -pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo -los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo -de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido -opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar.</p> - -<p>“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de -distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era -día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré -hombres a la puerta teniendo<span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span> las listas de los candidatos rivales, y -ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad -pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al -secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro, -se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo, -y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la -votación, conversando y calculando las probabilidades.</p> - -<p>“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una -escisión del partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> con motivo de la <i xml:lang="en" lang="en">licence-law</i>, -aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe -concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección. -Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los -candidatos democráticos; otra por los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> que eran contra -la <i xml:lang="en" lang="en">licence-law</i> (ley prohibiendo vender aguardiente por menos -cantidad de quince galones) y otra por los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i>, sin expresión -de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos -cuyos nombres se hallaban en ambas listas <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> tuvieron mayoría -sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva -elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto.</p> - -<p>“Espero con toda confianza que como el partido <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> ha triunfado -en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará un <i xml:lang="en" lang="en">bill</i> -para que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en -donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo -pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace -en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras -falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última -elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”.</p> - -<p>“<i>Alborotos en Harrisburg.</i> Harrisburg, una villa a orillas -del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la -capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la -legislatura del Estado. La legislatura se reunió a<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span> principios de -Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un -informe, dos <i xml:lang="en" lang="en">speakers</i> fueron elegidos, y se organizaron dos -cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando -comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba -reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la -marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el -atropamiento organizó una <em>comisión de salvación</em>, que dirigía -sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna -de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con -regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron -cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma -prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y -obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo -lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección -los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su -modo sus propias diferencias.</p> - -<p>“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto -despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado -con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los -informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva -revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen -viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los -motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima -a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el -pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse -presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia -al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando -el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo -muchos cambios de empleados <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> para instalar en su lugar -a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera -contrabalanceados, que la lucha por el poder<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span> es de vida o de muerte, -y no hay resorte legal y político que no se toque por el partido -<i xml:lang="en" lang="en">whig</i> para mantenerse en los empleos, y por los demócratas para -expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De -éstos hay electos sin disputa:</p> - -<table class="autotable"> -<tr> -<td colspan="2"> -Miembros democráticos -</td> -<td class="tdr"> -48 -</td> -</tr> -<tr> -<td> -</td> -<td>Id. <em>whig</em> -</td> -<td class="tdr"> -44 -</td> -</tr> -<tr> -<td colspan="2"> -Mientras hay ocho asientos del condado <br /> -de Filadelfia disputados y pretendidos <br /> -por ambos -</td> -<td class="tdr"> -8 -</td> -</tr> -<tr> -<td> -</td> -<td> -</td> -<td class="tdr tt"> -100 -</td> -</tr> -</table> - -<p>“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos, -y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos, -cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces -reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de -ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon -los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos -democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como -debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe -estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas -nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios, -y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La -minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría -de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales, -declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley, -los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran -sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados -por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales -correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un -distrito o de parte de un distrito. La minoría <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, por tanto, -dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su -manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamente<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span> al secretario de -Estado, que era también <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>. Este certificado llegó antes del -de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo -alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar -a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese -conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de -los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan -hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus -oponentes. Si estos siete <i xml:lang="en" lang="en">whig</i> hubiesen entrado en la Sala de -representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría -temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado un <i xml:lang="en" lang="en">speaker</i> -(presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un -auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de -los Estados Unidos.</p> - -<p>“El partido democrático, considerándose en posesión <i xml:lang="fr" lang="fr">bona fide</i> de -la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería -someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba -como un fraude <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>; mientras que los <i xml:lang="en" lang="en">whig</i>, creyéndose -tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta -que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus -pretensiones.</p> - -<p>“Fácil es colegir la magnitud de los desórdenes que se siguieron a este -conflicto. Los dos partidos estaban casi contrabalanceados, y sus -temores y esperanzas excitados profundamente. El pueblo mismo es el -poder dominante, y cuando está excitado, no teme responsabilidad alguna -legal, sino que lleva a efecto sus deseos y convicciones en el modo que -mejor cuadra a las exigencias del momento. Apelará a las leyes cuando -el mal de que se queja no se hace irremediable con la demora; pero, en -el caso presente, si los demócratas hubiesen dejado a sus oponentes -tomar posesión de sus asientos, el daño se habría perpetrado <i xml:lang="la" lang="la">ipso -facto</i>, y recurrieron a un alboroto para impedirlo. En cualquier -país de Europa, (¿qué diremos del resto de América?) un asalto -tumultuoso<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span> sobre la legislatura, si hubiese tenido efecto, habría sido -el precursor de una revolución; pero aquí es un suceso de importancia -muy subalterna. En los Estados Unidos una revolución no puede conducir -a otra cosa que a la pérdida de la libertad. El sufragio es punto -menos que universal, y el pueblo elige, directa o indirectamente, -no solamente la legislatura, sino todos los empleados del Estado. -Las imaginaciones más desarregladas no pueden idear una forma más -democrática de gobierno; y como no hay clase aristocrática que tenga -intereses separados ni sentimientos diversos de los del pueblo que -pudiese usurpar el poder, una revolución conduciría al despotismo. Los -Estados están muy lejos de aquellas condiciones en que el despotismo -se hace posible. No hay una multitud pobre, ignorante y sufriente, que -un ambicioso pueda arrastrar a prestarle su fuerza física para echar -por tierra las libertades de su país. Una gran porción de electores son -dueños de fincas, mientras que la más humilde clase posee propiedad y -algún grado de inteligencia. Todos han sido educados en el amor, no -sólo de la libertad, sino también del poder. No hay desórdenes sociales -dignos de mención, y los que existen no son de naturaleza de inducir -a los ricos a desprenderse de su libertad, a trueque de asegurar -la salvación de sus vidas y propiedades. Generalmente hablando, la -justicia de hombre a hombre es hecha bien y ejecutada vigorosamente. -Solamente cuando el gobierno obra contra el pueblo, o el pueblo está -poseído del frenesí de hacer mal por medio de los tumultos, se sienten -débiles los poderes ejecutivo y judicial. Estas ocurrencias son raras y -nacen de causas temporales y específicas. No hay descontento general, -reforzándose secretamente hasta que se halla en actitud de estallar -por entre de las junturas que la ley deja, buscando desagravio en la -anarquía y en el derramamiento de sangre. Toda injusticia es sentida, -y proclamada por mil lenguas a guisa de trompetas, pintándola con -las formas más exageradas; y como el pueblo domina absolutamente<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span> -en la legislatura y en el ejecutivo, no puede durar hasta hacerse -verdaderamente formidable. Mirados a la distancia los gobiernos de los -Estados particulares, pueden aparecer tan débiles que se crea a la -sociedad constantemente expuesta a la anarquía; pero cuando se examina -de cerca la condición del pueblo, se ve que faltan los elementos de -anarquía. Estos gobiernos apoyados en los intereses populares, en -la inteligencia popular y la voluntad popular, tienen una base tan -ancha, que en las presentes circunstancias de la nación es imposible -trastornarlos, y como el poder de reconstrucción está constantemente -presente, aunque fuesen dislocados en algunas de sus partes, se reunen -con una rapidez, y reaccionan con una actividad que muestra los más -fuertes indicios de salud y de vigor.</p> - -<p>“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente -de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he -encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco -años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado -de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su -eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo, -aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy -imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se -miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es -sólida en su estructura, y sus bases son fuertes.</p> - -<p>“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el -llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la -rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres -de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios -tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen -un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba -que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni -derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y así<span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span> sucedió -en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus -deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que -haya pasado toda aquella bulla”.</p> - -<p>“<i>Derecho de sufragio de Pensilvania.</i>—Ultimamente ha sido -adoptada una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania, -por la cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia -de <em>un</em> año en el Estado, en lugar de <em>dos</em> que se -necesitaban antes, y de diez días de residencia del votante en el -distrito en que ha de votar, cosa que no se requería, y en el pago -de una contribución del Estado o del condado. Requiérense ambas -contribuciones, pero toca a la legislatura determinar la clase de -pruebas por las cuales se han de acreditar aquellos requisitos y -aquella residencia. Las personas de color residentes en el Estado, -aunque libres y pagando contribuciones, son privadas del derecho -de votar. Antes de la enmienda no habían palabras especiales para -excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su privilegio, tan -inveterada es la preocupación contra ellos.</p> - -<p>“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad -de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los -fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige -ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El -número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las -elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y -local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del -votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor -peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia -era más remota”.</p> - -<p>“<i>Apuestas sobre las elecciones.</i>—Ritner añade: “Yo recomiendo -fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas -sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego. -Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes -mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y -destruye la<span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span> confianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de -la urna”.</p> - -<p>“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres -honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a -quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus -propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores, -magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de -la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión -que requiera la interposición legislativa, representa una pintura -humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación, -sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de -este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que -afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese -para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de -Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando -para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un -mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se -sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como -tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas -más severas”.</p> - -<p>“<i>Elección civil de Nueva York.</i>—La elección de Mayor y consejeros -para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido -democrático ha quitado el poder a los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> y anda ahora -celebrando su triunfo.</p> - -<p>“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo -lleno de admiración.</p> - -<p>“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace -en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan -triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas. -Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él -había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo -una de esas<span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span> tormentas nordeste que causan centenares de enfermedades -de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules. -¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de -mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión -que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos -trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall -y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los -loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer -en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién -cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenados <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i>, y -esto basta”.</p> - -<p>“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados -medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No -hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que -pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia -son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de -extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley, -sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los -inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se -pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a -la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere -residencia en un <em>barrio</em>, como calificación para votar. Cuando un -partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales -en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una -porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el -barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y -jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a -sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la -ley. Llaman a esta operación <em>colonizar</em>. Los hombres virtuosos de -ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes, -o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula -hace, reune<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span> más dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto -se pide que haya una ley de registro.</p> - -<p>“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a -desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república -que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos. -Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su -país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda -cometer aquel crimen.</p> - -<p>“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo -hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección -se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos -partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de -registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción -de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos -las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su -tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en -el sendero del deber”.</p> - -<p>“<i>Ley de elecciones.</i>—El 7 de mayo sancionó la legislatura de -Nueva York una ley para remediar los abusos que se perpetraba en las -elecciones. Por ella se dispone que toda persona que jure falso en -cuanto a su calificación será criminal de perjurio, y las personas que -indujeren a otros a jurar en falso, serán criminales de soborno de -perjurio, y ambos castigados en conformidad.</p> - -<p>“Las personas que tratasen de influir a un elector o apartarlo de votar, -pagarán una multa que no baje de 500 pesos, o sufrirán una prisión que -no exceda de un año, o ambas penas a un tiempo. Las personas que voten -u ofrezcan votar en un barrio que no sea el suyo propio, o más de una -vez en una elección, serán castigadas con prisión o multa en ambos -casos. Los habitantes de otro estado que voten en este serán criminales -de felonía, y serán puestos en la prisión de Estado por un término que -no pase de un año”.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span></p> - -<p>“<i>Elección de Nueva York.</i>—El partido democrático ha triunfado -en la elección de los miembros para la legislatura de la <em>ciudad</em> -de Nueva York por una mayoría de mil quinientos. Los diarios de -aquella ciudad de ambos partidos reconocen que la elección ha sido -conducida con orden y decoro, y que el resultado expresa francamente la -opinión de la mayoría. Esta elección tuvo lugar bajo la ley enmendada: -las elecciones civiles del pasado abril habían sido señaladas por -deshonrosa corrupción en general, y perjurios de ambos partidos.</p> - -<p>“En el Estado de Nueva York, los <i xml:lang="en" lang="en">whigs</i> han elegido el gobernador -y los electores de ambas cámaras de la legislatura; de modo que los -demócratas sólo tienen ascendiente en la ciudad”.</p> - -<p>“<i>Elección de Boston.</i>—Hoy es el día de hacer elección en Boston -para gobernador y otros empleados del Estado, y para miembros de la -legislatura; y yo fuí a una mesa a observar los procedimientos. Había -orden y buen humor; pero la opinión está profundamente dividida sobre -la ley que prohibe la venta de licores al menudeo, y estas diferencias -van a obrar sobre la legislatura por medio de la urna electoral. Ya he -mencionado que por sólo la agitación moral, la causa de la temperancia -había hecho tan grandes progresos en Massachusetts, que en 1838 la -legislatura sancionó una ley a la cual concurrieron whigs y demócratas, -prohibiendo la venta de todo licor que contuviese alcohol, en menor -cantidad que quince galones, excepto con licencia especial; que muchos -amigos de la temperancia se opusieron a ella desde el principio, -porque llevaban las cosas demasiado adelante, y por ser errónea en -principio. En la mesa de las votaciones encontré un ticket regular -<em>whig</em>, conteniendo una lista de puros <em>whigs</em>; un ticket demócrata, con -una lista de puros demócratas, ambos sin referencia a la cuestión -de temperancia; un ticket <em>unión liberal</em>, conteniendo puros -candidatos <em>whigs</em>, pero una mitad partidarios y otra adversarios<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span> de -la temperancia, o como decía, con mucha gracia, un amigo “un ticket -compuesto de un vaso de ron y otro de agua alternativamente”. Había un -ticket whig temperante, cuyos candidatos eran todos whigs y abogados -de la temperancia; un ticket democrático temperante, en el cual todos -eran demócratas partidarios de la temperancia. A más de estos había -un ticket liberal whig, uno independiente democrático, otro unión -temperancia, y otro abolición, no siéndome posible saber el significado -preciso de muchos de ellos. El resultado de esta elección en todo -el Estado fué que el gobernador whig Eduardo Everett fué removido, -y Mr. Marcus Morton, un juez demócrata, fué nombrado gobernador por -una mayoría de <em>uno</em>; los whigs conservaron su ascendiente en el -senado y en la sala de representantes sólo por una diminuta mayoría; -y, cuando se reunió la sala, su primer acto fué abolir la ley sobre el -menudeo de licores espirituosos casi a la unanimidad”.</p> - -<p><i>El presidente de los Estados Unidos.</i>—En marzo de 1839 debe -expirar el primer término de oficio de M. Van-Buren, y una nueva -elección de presidente tendrá lugar en 1840. Desde que llegamos a -los Estados Unidos los diarios whigs habían opuesto a Mr. Clay como -el candidato para la presidencia por parte de los whigs, a Van-Buren -nombrado por los demócratas para ser reelecto. Los whigs han tenido -una convención de delegados de todos los Estados en Harrisburg, en -Pensilvania, en la cual dejaron a un lado a Mr. Clay y nombraron al -general Harrison, residente en North-Rend en el Estado de Ohío como -su candidato, y a Juan Tyler de Virginia para la vicepresidencia. -Mr. Clay ha escrito una hermosa carta renunciando a sus pretensiones -y aconsejando unanimidad en las filas whigs en favor de Harrison y -Tyler. Los delegados, al regresar a sus estados respectivos, convocan -a los miembros de su partido a un <i xml:lang="en" lang="en">meeting</i>, para explicarles las -razones que han guiado a la Convención en la elección hecha. Reúnense, -entonces, <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> de ciudad y de condados, a los<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span> cuales se -comunican estas explicaciones. Por medio de este mecanismo los whigs de -todo este vasto país son invitados a comenzar las operaciones bajo este -mismo espíritu para asegurar el éxito del objeto de esta elección. Los -demócratas siguen una marcha semejante; pero, como están en el poder, -su conducta es más bien defensiva que agresiva”.</p> - -<p>“La falta de un libro de registro de votantes es indudablemente un -defecto en la ley de elecciones de Nueva York; pero, si algún partido -político propusiese tal arreglo, sería acusado por el otro de querer -restringir los derechos populares, y hacer de ello capital político. -En la <em>ciudad</em> de Nueva York, sin embargo, prevalecía el partido -democrático en 1839, mientras que el partido whig dominaba en la -legislatura del Estado. Los whigs se aprovecharon de la oportunidad -suministrada por los groseros fraudes practicados en la elección -municipal de Nueva York, para sancionar una ley mandando se llevase un -registro de electores en aquella ciudad. No lo habrían hecho así para -el Estado, porque el grito de derechos populares se habría levantado -contra ellos con éxito, mientras que nada perdían en la ciudad por -pertenecer ya a sus oponentes. Por tanto, estableciendo un registro -para aquella ciudad, hacían el bien que les era posible, esperando -ocasión de hacer extensiva la ley a otros lugares”.</p> - -<p>“Para adquirir popularidad es preciso buscar la opinión pública por -su lado flaco. Ya he descripto a la gran mayoría de los votantes -americanos como jóvenes ardientes, llenos de impulso, activos y -prácticos, pero deficientes de miras, profundas y extensas, y también -incapaces de proseguir un bien distante en medio de obstáculos y -dificultades. También dejo establecido que su educación, en proporción -de los poderes que ejercen y de los deberes, es muy defectuosa. Para -ganar el favor de un pueblo en esta condición de ánimo, no basta por sí -misma la actual capacidad para conducirse con honradez e independencia -en el desempeño de los destinos públicos; debe, además, dirigirse -a sus sentimientos predominantes,<span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span> participar de sus aversiones y -predilecciones capitales, y adherirse con ardor a la causa o al partido -que sabe gozar de más alto favor”.</p> - -<p>“El puede representar su propia capacidad para el empleo, y su -certificado será recibido, con tal que bajo otros respectos su conducta -y principios sean aprobados. Si en el desempeño de sus funciones se -condujese muy mal, será depuesto del empleo al fin del término por -el cual fué elegido; pero la más sabia y concienzuda ejecución no -le asegurarán en lo general mantenimiento en el empleo, si aboga -públicamente por sus opiniones impopulares, aunque no tengan relación -con su empleo, o si pertenece a un partido que haya perdido el favor -público, o sido despojado del poder”.</p> - -<p>“El mejor remedio que puede proponerse para los males descriptos, -me parece que consiste en una educación más alta, y en dar mayor -preparación a los electores; si ellos hubiesen sido más completamente -instruídos en su juventud con respecto a las leyes que reglan la -prosperidad de las naciones como también en las cualidades del espíritu -humano, y en la indispensable necesidad de que los empleados públicos -tengan integridad y juicio para el recto manejo de los negocios, -entonces exigirían de sus hombres públicos más capacidad para captarse -el favor popular, y de este modo se conservarían en posesión de los -empleos hombres útiles y fieles”.</p> - -<p>“La excitación del espíritu público durante la lucha por la presidencia -es grande y universal; la lengua deja de expresar y los oídos de -escuchar otras palabras que aquellas que se refieren a la elección; la -prensa brama bajo el peso del asunto, y todas las funciones de la vida -parecen estar consagradas a este objeto. La elección del presidente -engendra mucha borrachera y desorden, fraudes, mentiras, soborno, -seducción e intimidaciones; pero, también, produce muchísimo bien. Las -medidas del gobierno son severamente examinadas por la razón, como -también interpretadas por las pasiones;<span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span> toda la Unión es conmovida por -un solo interés, y la impresión de que todos pertenecen a una nación se -agita vivamente. Por un momento se olvidan los intereses locales y una -sola pulsación vibra desde el Maine al Misisipí. Mi temor es que sin -la repetición de estas elecciones, el pueblo de los diversos Estados -llegaría rápidamente a mirar a los otros como extranjeros, llevándolo, -insensiblemente, a aflojar los lazos que ligan a una gran nación. -Las elecciones de miembros para el congreso no producen este efecto; -porque, aunque aquella asamblea es nacional, cada uno de sus miembros -representa una sección del país. Sólo el presidente deriva del poder -del pueblo de toda la Unión”.</p> - -<p>“En la elección que tuvo lugar en noviembre de 1839, se trajo a las -mesas del escrutinio en Nueva York la cuestión de la moneda corriente. -Las divisas de los partidos eran por una parte bancos y papel-moneda, -y por la otra metálico, y una ley que proveyese de tesoreros en cada -Estado. Estas son cuestiones sobre las cuales Adam Smith, Ricardo, -Mac Culloch, y los más profundos economistas han diferido en opinión. -¿Vuestra educación os habilita para entenderlas y decidirlas? ¡No! Y -sin embargo vuestro pueblo <em>obra</em>, entienda o no entienda. Vota -en favor de los sostenedores del papel, y el papel florece. Si sucede -lo contrario, llevan al poder a los partidarios del metálico, y el -papel y el crédito desaparecen. Hace el pueblo experimentos. Pero -¡qué experimentos! ¡Cuántos millares de individuos y de familias son -arruinados por la violencia de cada cambio!”</p> -<hr class="chap x-ebookmaker" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="INCIDENTES">INCIDENTES DE VIAJE</h2> -<h3 id="NUEVA">NUEVA YORK</h3> -</div> - -<p>Mis aventuras de viaje en los Estados Unidos no merecen intercalarse -entre las reflexiones que el espectáculo de aquel país me ha sugerido, -por lo que sólo referiré a usted algunas que creo pueden interesarle. -Tomando balance a mi bolsa en París, hallé los últimos días de julio -que me quedaban escasos cosa de 600 duros. El viaje a través del istmo -sólo cuesta 700, y aún me quedaba por visitar la Inglaterra. Esta -quiebra, que defraudaba parte de mis esperanzas, aguzaba como sucede -siempre los deseos. ¡No ver la Inglaterra, ni el Támesis, ni aquellas -fábricas de Birmingham ni Mánchester! ¡No entrar en aquel océano de -casas de Londres, ni ver los bosques de mástiles de los <i xml:lang="en" lang="en">docks</i> -de Liverpool!... ¡Maestro de escuela en viaje de exploración por el -mundo para examinar el estado de la enseñanza primaria, y regresar -a América, sin haber inspeccionado las escuelas de Massachusetts, -las más adelantadas del mundo! A caza de datos sobre la emigración, -que había querido estudiar en Africa: ¿podría darme cuenta de ella, -sin visitar los Estados Unidos, el país a donde se dirigen todos los -años doscientos mil emigrantes? Republicano en perspectiva y con la -presencia de la resurrección de la república en Francia: ¿volvería sin -haber visto la república única, grande y poderosa que existe hoy en la -tierra?</p> - -<p>Luego, donde la realidad flaquea, la imaginación continúa<span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span> la obra. -Si llegare a la Habana siquiera, allí me ingeniaría, para pasar a -Venezuela, donde, por la prensa, la enseñanza y otras trazas, me -haría de recursos y de relaciones, para atravesar el continente -hasta Bogotá, y de allí hasta Quito a asomar al fin la cabeza en -Guayaquil, realizando por economía de medios, el viaje más novedoso y -sorprendente que haya hecho americano de nuestros días. Los fenicios -que circunnavegaron el Africa, se detenían, al decir de Herodoto, de -distancia en distancia, a sembrar trigo y cosecharlo para continuar su -viaje. ¿Por qué no me detendría yo en Caracas, por ejemplo, a enseñar -mis métodos de lectura, borrajear páginas en la prensa, abrir cursos -pedagógicos, y cosechar unos cuantos pesos, para irme arrastrando poco -a poco hacia los climas del sur, de donde había partido?</p> - -<p>Por otra parte, volver por el Cabo Hornos a Chile era tan prosaico y -tan desairado efecto hacía en la carta náutica que tenía abierta por -delante, que cogiendo a dos manos mi valor de calavera por reflexión, y -bien pesado el pro y el contra, resolví no sólo visitar la Inglaterra, -los Estados Unidos, el Canadá, y México, y más si en ello me venía -la fantasía, a fin de completar la idea que de largo tiempo halagaba -mi codicia, de hacer un viaje en derredor del mundo civilizado. ¿Qué -podría objetarse a este plan? Marcharía con el reloj en una mano y la -bolsa en la otra, y donde esta antorcha se me apagare... me quedaría a -obscuras, y a tientas y con maña buscaría mi camino hasta Chile.</p> - -<p>Tranquilizado con estas ideas, paseéme holgadamente en Londres, -recorriendo despacio la línea de ferrocarriles, que por Birmingham, -Manchester, conduce a Liverpool donde paré ocho días con el joven -argentino emigrado D. N. de la Riestra y establecido de muchos años en -una casa de comercio. Embarquéme en el <i>Montezuma</i>, buque de gran -calado, paquete de vela que hacía once millas a la menor brisa, y que -llevaba cuatrocientos ochenta emigrantes irlandeses a Norte América. -Mi poco ejercicio en el inglés me hizo tratar<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span> de cerca a una familia -judía que hablaba el francés. Una vez, al salir de la cámara, como -no acertase a abrir la puerta, un pasajero me dijo en español: tire -usted que está abierta. Era Mr. Ward, de la casa de Huth Gruning de -Valparaíso, y desde entonces pude creerme, gracias a sus deferencias, -libre de perderme, desconocido en el nuevo mundo que iba a visitar. -Un senador de los Estados Unidos regresaba de Europa, y conocía a Mr. -Horace Mann, el célebre secretario del <i xml:lang="en" lang="en">Board</i> de Instrucción -Pública de Massachusetts, y como llovida del cielo me venía una carta -de introducción para este eminente maestro, pudiendo en ella Mr. Ward -responder que conocía la misión y la idoneidad del recomendado. Mi -camino se aclaraba, poco a poco, y todo temor, salvo el de flaquearme -la bolsa, iba por grados desapareciendo.</p> - -<p>La vida de mar es poco <em>contábile</em>. Por las tardes me acercaba -a la cubierta, a donde salían como ratas de sus cuevas los infelices -irlandeses, desnudos, macilentos, animada su existencia por la -esperanza de ver, en la tierra prometida, el término de sus miserias. -Emigraban viejas sexagenarias, y un ciego mendigo tocaba por las -tardes la zampoña, para que bailasen damas mugrientas, chupadas y -desmelenadas, con galopines en cueros o cubiertos de andrajos, lo que -no estorbaba que se agrupase en torno de aquellas parejas con figuras -de convalecientes de hospital, un público con trazas de turba de casas -de corrección. Habíales entrado la gana de morirse y seis u ocho -cadáveres se arrojaban al mar algunos días, sin que el baile de la -tarde estuviese por eso menos concurrido.</p> - -<p>Llegamos al fin a la rada de Nueva York, que por sus ensenadas y -profundidad, como por la belleza del paisaje, recuerda, con colores -más suaves y formas menos grandiosas, la de Río de Janeiro. La vista -de esta naturaleza plácida despierta involuntariamente en el ánimo el -recuerdo de los caracteres de Wáshington y de Franklin, prosaicos, -comunes, sin brillo, pero grandes en su sencillez, <i xml:lang="en" lang="en">good-natured</i> -sublimes<span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span> a fuerza de buen sentido, de laboriosidad y honradez. -Iba preparado al espectáculo, y no me sorprendieron ni las colinas -hermosísimas cubiertas de bosques, ni las caletas, canales y ensenadas -que rodean la ciudad, llenas de barcas y cruzadas por centenares de -vapores. Nueva York es el centro de la actividad norteamericana, el -desembarcadero de los emigrantes europeos, y por tanto, la ciudad -menos americana en su fisonomía y costumbres de las que presenta la -Unión. Barrios enteros tienen calles estrechísimas y desaseadas, -alineadas de casas de mezquina apariencia. Los cerdos son personajes -obligados de las calles y escondrijos, donde nadie les disputa sus -derechos de ciudadanía. Ocupa el centro de la parte más hermosa de la -ciudad el Broad-Way, la calle ancha que toca por un extremo en Garden -Castle, y en su desenvolvimiento enseña Trinity Church, templo gótico -de hermosa arquitectura y de cierta magnificencia, cosa rara en los -Estados Unidos. Ha sido construído por acciones, como todas las grandes -empresas norteamericanas. Hay en el Broad-Way hermosos edificios -particulares, un bazar en mármol blanco, que se cree no tiene rival en -Europa, y un teatro en construcción para ópera italiana. En una hora -conté en el Broad-Way 480 carruajes entre ómnibus, carros y coches que -pasaban frente a la ventana de mi Boarding-house. Por la noche dábase -el <i>Hernani</i> en un teatro improvisado en Garden Castle, y allí nos -reunimos seis sudamericanos: Osma del Perú; el joven Alvear argentino; -el señor Carvallo y su secretario de legación, mi amigo Astaburuaga, -y un recién llegado, que a poco se introdujo en la conversación, -preguntando: ¿conocen ustedes a un señor Sarmiento, que debe haber -llegado de Europa? Era don Santiago Arcos, quien, reconociéndome por -el tal, me dijo que venía desde Francia en mi seguimiento, que desde -allí seríamos inseparables hasta Chile, y que éramos amigos, muy amigos -de mucho tiempo, acompañando estas palabras con aquel reir de buena -voluntad que tiene, y que haría desarmar la extrañeza más quisquillosa.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span></p> - -<p>La <i lang="it">prima donna</i> cantó por añadidura, el jaleo, dirigiendo a -nuestro grupo desde las tablas palabras en español que le fueron -contestadas con una cuchufleta de manolo, de manera que estaba, por -decirlo así, en país de lengua castellana y de relaciones antiguas, -pues que al joven Osma lo había conocido en España, y vuéltolo a -encontrar en Londres, si no me engaño. Hasta las antiguas glorias de -la patria y sus actuales miserias encontraba allí representadas en el -general Alvear, con quien, allanadas ciertas dificultades de etiqueta, -y merced a reticencias convencionales, pasé tres días oyéndolo -hablarme de los pasados tiempos. El general Flores, del Ecuador, había -también recalado por allí, asaz mohino y cariacontecido, de lo que -nos divertíamos Osma y yo por los malos ratos que le habíamos dado en -Madrid.</p> - -<p>Nueva York es la capital del más rico de los Estados americanos. Su -municipalidad sería, por su magnificencia, comparable sólo al Senado -romano, si no fuese ella misma compuesta de un Senado y una Cámara de -Diputados que legislan sobre el bien de medio millón de ciudadanos. -Sólo la de Roma le ha precedido en la construcción de gigantescas obras -de utilidad pública, si bien de los restos de los famosos acueductos -que traían el agua a la ciudad eterna, ninguno ha vencido dificultades -tan grandes, ni empleado medios más adelantados. El acueducto de Croton -ha costado a la ciudad de Nueva York trece millones de pesos; prodúcele -una renta anual de seiscientos mil, y sus habitantes pueden en el -cuarto piso de sus casas disponer de cuanta agua necesitan torciendo -una llave. El acueducto de Croton comienza en el río Croton, que -corre a cinco millas del Hudson en un condado vecino. El <i xml:lang="en" lang="en">dam</i> o -depósito de agua, que de él se ha formado para dar igualdad a la masa -de aguas, tiene 250 pies de largo, 70 de ancho en el fondo, 7 arriba, y -40 de alto, construído todo de piedra y cemento. Forma un lago dentro -de estas paredes de granito, cuya área cubre cuatrocientos acres de -terreno, conteniendo 500 millones de galones de agua. Desde este gran -depósito<span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span> parte el acueducto perforando las montañas, o sostenido por -arcadas sobre los valles como los acueductos romanos de Segovia y -la Sabinia, dejando bajo puentes altísimos paso a los torrentes que -atraviesa. Antes de llegar al río Harlem, trae así recorridas treinta y -tres millas. El acueducto es de piedra, ladrillo y cemento, abovedado -por arriba y por abajo, con 6 pies 3 pulgadas de ancho abajo, y 7 pies -8 pulgadas en lo alto de las murallas del costado, y 8 pies 5 pulgadas -de alto. Lleva desde 13 y media pulgadas por milla, y descarga 60 -millones de galones de agua cada veinte y cuatro horas. Sobre el río -Harlem pasa en un magnífico puente de piedra de 1450 pies de largo -con 14 pilares, ocho de los cuales sostienen arcos de ochenta pies de -abertura, y otros de cincuenta, con superposiciones de 114 pies sobre -el nivel del agua. El canal pasa aquí en tubos de hierro colado que -dos hombres alcanzarán apenas a abrazar. El receptáculo que recibe -las aguas en la calle 86, a 58 millas del de Croton, cubre 35 acres, -y contiene 150 millones de galones. El depósito de distribución sobre -el monte Murray, calle 40, cubre cuatro acres, es de piedra y cemento -y a cuarenta y cinco pies sobre el nivel de la calle, y contiene -veinte millones de galones. Desde allí se distribuye el agua por toda -la ciudad en tubos de hierro, colocados en la tierra a suficiente -profundidad para que el agua no se hiele en el invierno. Los tubos de 6 -a 36 pulgadas de diámetro miden 170 millas; el agua sube a los pisos de -las casas, y hay otros tubos para volver a la tierra las aguas sucias. -El derecho que la Municipalidad cobra sobre el agua basta para pagar -el interés de 13 millones de capital invertido, los salarios de los -empleados y dejar una utilidad anual de más de medio millón, ahorrando -a los vecinos los millones que gastaban antes en proveerse de agua de -calidad menos exquisita que la de Croton.</p> - -<p>Hacían más gratas las emociones que el examen de la grande obra del -acueducto me causaba, los inteligentes comentarios, y las explicaciones -de incidentes prolijos que a medida que recorríamos los hermosos -alrededores de Nueva York, me<span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span> iba haciendo don Manuel Carvallo, -enviado extraordinario de Chile en Wáshington. La solicitud de este -amigo, pues desde entonces nos hemos dado este nombre, me sacaba de -aquella especie de desamparo en que creía encontrarme entre los pueblos -del Norte de América, de lo que había sufrido moralmente y mucho en el -norte de Europa. Con él visité el Saint-James-College de los Jesuítas, -donde estudiaban varios jóvenes chilenos, las fábricas de caotchouc, -donde se confeccionaban puentes militares impermeables y equipos -completos de campaña, como asimismo todo aquello que en monumentos, -construcciones y establecimientos merecía ser conocido del viajero.</p> - -<p>Con su simpático secretario Astaburuaga emprendíamos las correrías -de detalle, sazonadas por recuerdos de Chile, y animadas por la -comunicativa <i xml:lang="fr" lang="fr">causerie</i> de dos amigos que vuelven a verse después -de algunos años. Llevóme a visitar el cementerio Greenwood, separado de -Nueva York por un canal.</p> - -<p>Abraza el cementerio un espacio inmenso de terreno en el estado de -naturaleza. Accidentado por ligeras ondulaciones, ofrece una variedad -de aspecto que cambia a medida que se penetra en su solitario recinto. -Bosques seculares sombrean los terrenos bajos y aún las aguas de las -lluvias se depositan en lagunatos y zanjas. Un camino espacioso para -carruajes serpentea sin sujeción a merced de los accidentes del suelo; -las yerbas del campo crecen a sus anchas en matorrales y arbustos, y en -lo alto de las pequeñas colinas descuellan, ya aislados, ya en grupos, -arbolillos graciosos de los que forman la variada flora norteamericana. -Allí, en el seno de la Naturaleza, reposan, en sepulcros desparramados -a discreción por la vasta superficie, las cenizas de los que quisieron -dejar algún rastro sobre la tierra de su efímero pasaje. A la sombra de -una encina secular se abriga una tumba de estilo gótico; una linterna -de Diógenes corona un montículo, y en el fondo de un vallecito, entre -arbolillos vistosos, se muestra un templete griego, depositario de -un sarcófago. ¿No es cierto que<span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span> este sistema de cementerios a la -rústica, verdadero campo de los muertos, infunde sentimientos de -plácida melancolía, aligerada por la contemplación de la Naturaleza, -volviéndole a ella los restos orgánicos de ella recibidos, para que -disponga sin sujeción y a su arbitrio nuevas combinaciones y nuevas -existencias? Al menos esta impresión me causaba la vista, desde alguna -parte elevada del cementerio, apoyado en un sepulcro, de Nueva York -coronada de humo, y Brooklyn su vecina, la Bahía hermosa con sus grupos -de buques cual bosque de invierno, y los estrechos agitados por la -marea que levantan los poderosos vapores, terminando la perspectiva el -océano, límite natural de cosas terrenas, frontera de lo infinito e -imagen imperfecta de la inmensidad.</p> - -<p>El santuario de mi peregrinación era Boston, la reina de las escuelas -de enseñanza primaria, si bien cuando objetos de estudio nos llevan a -un punto, es permitido hacer un rodeo en busca de sitios pintorescos. -Para ir a Boston, pues, porque está al naciente del Hudson, dispuse -mi derrotero por Búfalo que está exactamente al Oeste. La cascada de -Niágara y los célebres lagos estaban de por medio, y no había que -trepidar en más o menos dóllars, no obstante el estado angustiado de -la plaza, que no tenía víveres (hablo de mi bolsa), sino para contados -días. Embarquéme en Nueva York a las siete de la mañana para Albany -(144 millas, un peso) a donde llegué a la tarde, pocos momentos antes -de la partida del tren de Búfalo (325 millas, doce pesos), en todo -469 millas en vapor o camino de hierro, y tres días de marcha, con -descansos de un cuarto de hora de distancia en distancia para comer y -almorzar.</p> - -<p>El Hudson es poética, histórica y comercialmente hablando, el centro -de vida de los Estados Unidos. Camino de Boston, de Montreal, de -Quebec, de Búfalo, del Niágara y de los lagos; arteria principal por -donde fluyen los productos del Canadá, Vermont, Massachusetts, Jersey -y el estado de Nueva York; sus aguas están de continuo literalmente -cubiertas de naves, a punto de hacerse obstrucciones de la vía, como -en<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span> las calles de las grandes ciudades. Los vapores se cruzan como -exhalaciones meteóricas, y los remolques traen consigo una feria de -buques amarrados a sus costados que levantan con sus quillas una -verdadera marea a su frente. Catorce naves cargadas preceden y siguen -al motor, ocupando una ancha superficie del río. Los vapores de -transporte asumen en los ríos norteamericanos la forma y la elevación -de casas flotantes de dos pisos, con azotea y corredores.</p> - -<p>Dan nuevo realce al espectáculo, de suyo grandioso por las formas -colosales de estos hoteles ambulantes, la apariencia culta, esmerada y -aun ceremoniosa de los pasajeros, pues es práctica general de hombres -y de mujeres ponerse vestidos de fiesta para hacer expediciones por -agua o ferrocarriles, si bien la fría reserva del carácter yankee y -su sociedad imprimen a estas grandes reuniones cierta fisonomía uraña -que en Europa sería tachada de aristocrática, siendo considerada en el -lugar de la escena por testigos europeos, como selvática, cuando solo -es en verdad reserva necesaria. Las damas ocupan la parte anterior -de los grandes salones y son el objeto de atenciones oficiales. Dan -todavía más animación a estos vapores la colocación de los prácticos y -timonel a la proa del buque, en lugar alto y aparente, y a veces debajo -de un elegante kiosco, dirigiendo, por cadenas que mueven un torno, el -timón del buque, desde donde pueden descubrir a cada instante su ruta, -cual si fueran realmente la cabeza y el alma inteligente de aquella -máquina. La campana suena a cada momento, anunciando la proximidad de -un lugar del tránsito, para que se preparen a desembarcar los que se -dirigen a él.</p> - -<p>Desde lo alto de la azotea del buque, dominando ambas riberas, el -viajero ve desfilar delante de sí, villas risueñas, montículos -coronados por edificios y árboles, y a sus costados centenares de -buques de todas formas y dimensiones que hacen su camino en sentido -opuesto en aquella calle pública, inmensa, resplandeciente y tersa como -un espejo. Así pasan revista, desde la salida de Nueva York, al océano, -la bahía con su movible panorama de buques, y las pintorescas islas,<span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span> -estrechos y canales. La ciudad de Jersey, en frente del embarcadero, -la roca de Weehawken, que sale exabrupto de entre las aguas y sirve -de base a una <em>villa</em> edificada en su cumbre, pintoresco término -avanzado a la entrada de las <i>Palizadas</i>, que son una muralla -perpendicular de rocas acantiladas, que se alzan cuatrocientos y -quinientos pies sobre la superficie de las aguas, y costea el río por -espacio de veinte millas. Este accidente de la naturaleza da al paisaje -una grandiosidad indescriptible, mientras, por el otro lado, la ribera -ostenta villas, ciudades, arboledas, colinas y bosques que mantienen -la animación y despiertan la curiosidad. Alguna ruina también corona -alguna altura, y los nombres de Hamilton y Wáshington son recordados -por algunas piedras subsistentes de fuertes tomados y destruídos -durante la guerra de la independencia. Monumentos vivos son, empero, -Westpoint, la academia militar en cuyo recinto 230 cadetes guardan -permanentemente el fuego sagrado de las tradiciones y la ciencia de -la guerra. El asilo de los huérfanos, el hospital de locos y otros -edificios públicos prestan, desde las alturas, sus formas griegas a -la decoración del río que se las disputa al Rhin en belleza, y que no -tiene rival sino en la China en actividad y movimiento.</p> - -<p>Al fin se presenta Albany, la capital política del estado de Nueva -York, porque parece que los congresos yankees huyen del bullicio de -las grandes ciudades. Los edificios públicos corresponden al título -de capital, aún más que a la extensión de la ciudad la importancia de -sus edificios particulares. El camino de hierro recorre desde allí 325 -millas al oeste, pasando por Amsterdam, Jonda, Utica, Roma, Verona, -Manlius, Siracusa, Camillus, Séneca, Itaca, Waterloo, Génova, Viena, -Víctor, Byron, Batavia, Alejandro, Attica y otras muchas ciudades -que reunen en una línea los nombres de ciudades, países y hombres de -diversos tiempos y lugares.</p> - -<p>Búfalo, término del viaje, está en el extremo este del lago Erie, que -lo es, a su vez, de la navegación del Hurón, el Michigan y el Superior. -La emigración alemana, sobre todo,<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span> ataca esta línea de navegación -por Chicago, que está al extremo oeste del Michigan y en contacto -con las cabeceras del Mississipi; y por Búfalo, que sirve de centro -a la navegación del Ohio por el canal de Cleveland y del Hudson por -el canal del Erie. La vista de esta ciudad, estrecha para el número -de habitantes que contiene, me hizo un efecto singular. Una turba de -buques de vapor dejaba escapar de sus chimeneas la gruesa mole de -humo del fuego que aún se está encendiendo. La descarga de pieles de -búfalo, y otras producciones del comercio con los salvajes, contrariaba -el movimiento de la procesión de pasajeros que se dirigen al puerto, -mientras que volviendo la vista a la ciudad, descubríanse sobre lo -alto de los edificios centenares de hombres ocupados afanosamente en -construir edificios nuevos, agrandándose la ciudad de improviso para -satisfacer a las necesidades de una población que cada año aumenta de -veinte mil almas. Búfalo tiene a su alcance, como todos los centros -predestinados de comercio futuro en la Unión, un depósito de carbón en -la península que forma el Michigan y el contiguo Huron.</p> - -<p>De Búfalo adelante las obras humanas, ferrocarriles, villas nacientes -y plantaciones nuevas, deslucen las sublimes obras de la naturaleza. -Desde allí al norte principia el pedazo más bello de la tierra. El -río Niágara sale del Erie manso y cristalino, reflejando en sus -ondas rododendrones y encinas entremezcladas, formando a los lejos -lontananzas azuladas de selvas primitivas, bajo cuyas espesuras -pueden aún verse los rastros misteriosos del mocasín del indio -indómito. Abrese en dos al formar la grande isla, y recoge luego sus -aguas para prepararse al sublime juego de aguas que comienza en los -<i>Rápidos</i>, y termina en la <i>Cascada</i>. El rumor lejano de este -salto portentoso, la neblina que se alza en el cielo de partículas -acuáticas, la excitación que causa la proximidad de sensaciones de -largo tiempo esperadas y presentidas, traen al viajero desasosegado -y acusando de lentitud al tren que lo arrastra. Llégase por fin a -<i xml:lang="en" lang="en">Niágara-Falls</i>, villa que alimenta la concurrencia de curiosos, -desde donde el redoble pavoroso<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span> de la caída atruena los oídos, el -torbellino de agua se hace más visible, descollando blanquecino sobre -las copas de los árboles; y entre los claros que sus troncos dejan a -medida que uno se acerca, divísase contrastando con la opacidad de la -enramada sombría, algún pedazo de <em>rápidos</em>, como un fragmento -de plata bruñida. Son estos rápidos cascadas subacuáticas en que la -enorme masa del Niágara viene despeñándose, sobre un lecho de rocas -escarpadas, que no se presentan a la vista, y que dan al agua un -blanco marmóreo. Mil trágicas aventuras han ocurrido, desde el cazador -indio que distraído un momento por el ardor de la persecución sintióse -llevado de la corriente en su frágil piragua, y después de esfuerzos -sobrehumanos para resistirla, apuró su calabaza de aguardiente, y -de pie con los brazos cruzados se dejó llevar a la catarata, que ni -los cadáveres entrega de sus víctimas, hasta los presidiarios que -apoderados de un vapor, no supieron gobernar y vieron descender la mal -dirigida nave a los rápidos y la catarata, sepultándolos para siempre -el abismo sin fondo que ha excavado la caída. Hablábase del reciente -fin de un niño caído en los rápidos y que ya tenían de la mano en la -isla de la Cabra, que promedia las dos caídas, volvióseles a escapar.</p> - -<p>Describir escena tan estupenda sería empeño vano. Lo colosal de las -dimensiones atenúa la impresión de pavor, como la distancia de las -estrellas nos las hace aparecer pequeñas. Cítanse con elogio los versos -que el espectáculo inspiró a una señorita.</p> - -<p class="center p0 poetry" xml:lang="en" lang="en">Flow on for ever, in thy glorious robe<br /> -Of terror and beauty. God hath set<br /> -His rainbow on thy forehead; and the cloud<br /> -Mantled around thy feet. Awe he doth give<br /> -Thy voice of thunder, power to speak to Him<br /><span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span> -Eternally—bidding the lip of man<br /> -Keep silence; and upon thine altar pour<br /> -Incense of awe-struck praise<span class="fnanchor" id="fna5"><a href="#fn5">[5]</a></span>. -</p> - -<p>Teníame por pasajero pasablemente erudito en punto a cascadas. Había -visto la de Tivolí, tan bella, tan artística y tan poéticamente -acompañada de recuerdos históricos; la del Rhin, la más grande que -ocurre en Europa, y aquellas cien que alegran el paisaje suizo en los -Alpes. La de Niágara, empero, sale de los términos de toda comparación; -es ella sola en la tierra el más terrífico espectáculo. Sus dimensiones -colosales, la enormidad de las masas de agua, y las líneas rectas que -describe, le quitan, empero, toda belleza, inspirando sólo sensaciones -de terror, admiración y aquel deleite sublime que acusa el espectáculo -de los grandes conflictos. Imaginaos un río cristalino, como el -Bío-Bío, descendiendo de golpe de un plano superior a otro inferior. -Cortado el borde perpendicularmente, el agua describirá un ángulo recto -al cambiar del plano horizontal al vertical, y desde allí, después de -revolverse sobre sí misma en torbellinos plateados, seguirá el nuevo -plano inferior con la misma mansedumbre que antes de caer. La belleza -de la cascada la hacen las puntas de rocas salientes, que fuerzan -el agua a retroceder, lanzarse en el aire, subdividirse en átomos e -impregnarse de luz.</p> - -<p>La vista de las otras cascadas me había hecho sonreír de placer; más en -la del Niágara sentía que las piernas me temblaban, y aquella sensación -fiebrosa que indica que la sangre se retira de la cara. Llegándose a -ella por la isla de la Cabra, que la subdivide en dos, el ánimo viene -alegremente preparado por la escena menos tumultuosa que presentan los -rápidos,<span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span> en que el Niágara desciende cincuenta pies en una milla. El -bosque primitivo que cubre la isla y oculta tras su ramaje la vecina -ciudad, la perspectiva aguas arriba en que el río viene caracoleando, -presenta uno de esos golpes de vista risueños, virginales, tan -comunes en los Estados Unidos. La cascada inglesa tiene la forma de -una herradura y cuatro cuadras de desenvolvimiento, sin accidente ni -interrupción alguna. La cascada del lado americano tiene doscientas -yardas de ancho y esto la hace llamar la chica. En ambas cae el agua -desde 165 pies y el canal excavado en la roca que la recibe, tiene cien -varas de profundidad y ciento treinta de ancho. Al ver escritas estas -cifras averiguadas por mensura, nótase la incompetencia del ojo humano -para abrazar las grandes superficies. San Pedro, en Roma, aparece una -estructura de dimensiones naturales, y la cascada del Niágara se achica -a la simple vista para ponerse al nivel de nuestra pequeñez.</p> - -<p>El espesor de la masa de agua es de 21 pies, de manera que no pudiendo -atravesarla la luz, conserva su color verde en el centro de la caída. -Este accidente, que revela a los ojos la magnitud de la escena, aumenta -el pavor que inspira. Vésela desde una linterna o garito construído en -la isla de la Cabra; vésela mejor todavía porque se llega al borde de -ella desde el lado inglés, desde donde el ojo puede perfilar la línea -vertical de la caída y medir el abismo que gruñe como una tormenta -de rayos, o un aguacero de cañonazos a sus pies. Vésela en todo su -esplendor y magnificencia desde a bordo de un vapor que sube todos los -días del lago Ontario, llega cargado de pasajeros hasta cien yardas -de distancia de la caída, detiénese allí con su motor listo para -contrariar la atracción de los remolinos, tirita el casco sobre aquella -agua atormentada, y espumando como si estuviera en delirio, y vuelve -atrás con los pasajeros, satisfechos ya de emociones terríficas. Pero, -la cascada no se siente, no se palpa, sino descendiendo al abismo que -le sirve de base, envolviéndose para ello en capotes de goma elástica -y dejándose conducir de la mano por un guía debajo de la caída misma, -donde se<span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span> ha practicado un camino en la roca, con pasamanos de fierro, -que garantizan de las caídas ocasionadas por la presencia de centenares -de anguilas mucosas y resbaladizas que se acogen entre las sinuosidades -de la roca. Colocado en el fondo de esta singular galería, aturdido, -anonadado por el ruido, recibiendo sobre su cuerpo la caída de gruesos -chorros de agua, ve delante de sí una muralla de cristal, que creyera -dura y estable si las filtraciones de goteras no causaran la presencia -del líquido elemento. Salido de aquel húmedo infierno, volviendo a ver -de nuevo el sol y el cielo, puede decirse que el corazón ha apurado la -sensación de lo sublime. Una batalla de doscientos mil combatientes no -causará emociones más profundas.</p> - -<p>Del lado inglés hay un magnífico hotel y un museo, donde se muestran -búfalos vivos y se venden esponjas de mar y coral petrificados, que se -desprenden del suelo en que está la cascada. Aquello fué fondo de mar -en otro tiempo.</p> - -<p>Distínguese esta caída de las otras del mundo en que está situada en -el centro de una llanura, sin que a primera vista se descubra la causa -de su existencia. Descendiendo, empero, hacia Ontario, el fenómeno se -explica fácilmente. El lago Erie está en el centro de una plataforma -espaciosísima sin accidente alguno. Este llano es la superficie -superior de una meseta, cuyo borde está cerca del Ontario, el cual está -situado sobre otra meseta inferior. La diferencia de nivel que hay -entre uno y otro lago es de 300 pies; y la caída del río Niágara que -los une entre sí, debe hacerse necesariamente en el borde del banco o -meseta superior, que está no lejos de las márgenes del Ontario. Pero la -caída se encuentra siete millas más arriba, y la roca está excavada en -un profundo zanjón de la altura de la caída. La catarata ha ido, pues, -cambiando de lugar, o más propiamente hablando, va lentamente en marcha -hacia el Erie, adonde llegará un día. Bastaría fijar, por medio de la -observación, la distancia que avanza al año la catarata, derrumbando -o carcomiendo la roca que le sirve de lecho, para sacar una parte de -la cronología del<span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span> globo. Según el geólogo Lyell, admitiendo que solo -un pie retroceda por año, ha necesitado 39.000 años para llegar desde -el borde de la escarpa que está cerca de la ciudad de Queenston. Pero -modifican este cálculo las diferencias de la altura de la caída en -cada uno de los lugares de su estación, y la diversa resistencia que -han debido oponerle la mayor o menor adherencia de las rocas que va -encontrando. La primera vez que un europeo ha descripto la cascada, ha -sido en 1678, que lo fué por unos misioneros franceses que levantaron -de ella un diseño. Otra descripción hay de 1751; pero las observaciones -geológicas no comienzan sino de una época muy reciente. Desde 1815 -adelante las dos caídas han ido alterando su forma por el derrumbe de -enormes trozos de rocas, y desde 1840 la isla de la Cabra ha perdido -algunos acres de terreno.</p> - -<p>Mr. Lyell descubrió hasta cuatro millas más abajo del lugar de la -caída, el lecho antiquísimo del río sobre la superficie de la tierra -y aun a mayor altura de la que hoy tiene el Niágara. Las conchillas -fluviátiles que se encuentran en bancos de residuos en la isla de -la Cabra, se hallan perteneciendo a las mismas especies y épocas, -en una línea hacia el Ontario que señala la dirección que llevaba -el río. Tenemos, dice este geólogo, en el costado de los barrancos -que va dejando el Niágara, un cronómetro que mide ruda, pero -significativamente, la inmensa magnitud del intervalo de años que -separa el tiempo presente de la época en que el Niágara corría por -muchas millas más al Norte sobre la superficie de la plataforma. Este -cronómetro nos muestra cómo los dos sucesos que creemos coetáneos, la -desaparición de los mastodontes y la época de la primera población -de la tierra por el hombre, pueden estar a distancias infinitamente -remotas una de otra. El geólogo, añade, puede cavilar sobre estos -acontecimientos hasta que lleno de espanto y de admiración, olvida la -presencia de la catarata misma, y deja de percibir el movimiento de sus -aguas, ni oye su estampido al caer en el profundo abismo. Pero, así que -sus pensamientos vuelven<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span> al momento presente el estado de su espíritu, -las sensaciones despertadas en su corazón se hallarán en perfecta -armonía con la grandiosidad y belleza de la gloriosa escena que lo -rodea.</p> - -<p class="footnote" id="fn5"><a href="#fna5">[5]</a> Fluye por siempre, cubierta con tu glorioso ropaje de terror y -de beldad. Puso Dios sobre tu frente el iris, y una nube envuelve -cual manto tus pies. Te dió su voz de trueno con poder de hablarle -eternamente, sellando el labio humano, condenado a guardar silencio, -contentándose con derramar sobre tu altar el incienso de su hija, -adoración del terror.</p> - - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="CANADA">CANADA</h3> -</div> - -<p>El ferrocarril que corre al costado del zanjón formado por la cascada -hasta Queenston, cerca del Ontario, lleva los pasajeros que se dirigen -hacia Quebec o el lago de Champlain. Después de haber saboreado aquel -magnífico espectáculo, iba yo en mi banco rumiando las emociones -pasadas, y dejando escapar, de vez en cuando, alguna exclamación de la -admiración que había experimentado. Un yankee, que me escuchaba con -la plácida frialdad que distingue a este tipo de hombre, me mostró la -cascada bajo un punto de vista nuevo. <i xml:lang="en" lang="en">Beautiful! Beautiful!</i> -decía, y para explicarme su manera de sentir la belleza, añadía: esta -cascada vale millones. Ya se han puesto algunas máquinas a lo largo -de los rápidos, de donde por canales poco costosos se sacan caídas -de agua para darles movimiento. Cuando la población de los Estados -se aglomere hacia este lado, el inmenso caudal de agua de la cascada -americana puede ser subdividido, y desviándolo, por canales que corran -sobre el terreno superior, traerlos a descargarlo al cauce inferior del -Niágara, a los puntos donde se hallen establecidas máquinas de tejidos -y de otras industrias. ¿Se imagina usted—me decía—que pueden usarse -motores de agua de la fuerza de cuarenta mil caballos si se necesita? -Entonces el Niágara será una calle flanqueada por ambos lados de siete -millas de usinas, cada una con su caída de agua del tamaño que la -necesite el motor. Los buques vendrán a atracar a la puerta y llevar -por el San Lorenzo, el Champlain, o el canal de Oswego, las mercaderías -a Europa o a Nueva York. <i xml:lang="en" lang="en">Beautiful! Beautiful!</i> añadía, extasiado -en la aplicación útil de aquella mole enorme de agua, que hoy sólo -sirve para mostrar el poder de la Naturaleza. Yo creo<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span> que los yankees -están celosos de la cascada y que la han de ocupar, como ocupan y -pueblan los bosques.</p> - -<p>Pasando de un ferrocarril a otro, en medio de bosques todavía -despoblados, atravesando villorrios apenas diseñados, sin poderse -uno dar cuenta cómo pueden andar vagones por aquellas soledades -desamparadas, se pasa a uno de <i xml:lang="en" lang="en">Stages</i>, diligencias que remiendan -intervalos sin rieles, y en Queenston va a alojarse a bordo del vapor -que espera el tren para descender el Ontario, tocando en Oswego, -boca del canal que liga este lago con el canal que une el Ontario -con el Hudson. Van Buren, el expresidente, promoviendo la abertura -de este canal auxiliar, dió valor a unos terrenos que poseía en las -inmediaciones, sin que nadie haya criticado su procedimiento de -egoísta; pues el canal completaba, realmente, el estupendo sistema de -comunicaciones acuáticas de que he hablado en otro lugar.</p> - -<p>El país está aún despoblado por esta parte; el vapor del Ontario -se acerca a los barrancos, adonde salen los paisanotes de fraque y -las mozas envueltas en cachemiras a tomar pasaje. Divísanse a lo -lejos aisladas en el bosque aquellas cabañas de troncos de árboles -superpuestos, o de tablas descoloridas, que sirven de morada por los -primeros años al plantador que recién está descuajando el bosque. El -paisaje conserva toda la frescura virginal que Cooper ha pintado en -aquellos inimitables cuadros del <i>Ultimo Mohicano</i>. Ya he dicho -a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que desde Búfalo hacia esta parte está el pedazo más bello de -la tierra. Sin la petulante lozanía de los trópicos y sin la fría -severidad de los bosques del Norte de la Europa, mézclanse en la -escena ríos como lagos, lagos como mares, rodeados de una vegetación -primorosa, artística en sus combinaciones y grandiosa en su conjunto. -Traíame arrobado de dos días atrás la contemplación de la Naturaleza, -y, a veces, sorprendía en el fondo de mi corazón un sentimiento -extraño, que no había experimentado ni en París. Era el deseo secreto -de quedarme por ahí a vivir para siempre,<span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span> hacerme yankee, y ver si -podría arrimar a la cascada alguna pobre fábrica para vivir. ¿Fábrica -de qué?... Y aquí el deleite de tan bella vida se me tornaba en -vergüenza, acordándome de aquellos ostentosos letreros chuecos que -había visto en algunas aldeas de España, <i>Fábrica de fósforos</i>. -¡Y qué fósforos! ¿Enseñar o escribir qué con este idioma que nadie -necesita saber? Para curarme de estas ilusiones y recuperar mi alegría, -no necesitaba más que tomarle el peso a mi descarnada bolsa, y echar -una ojeada sobre mi contaduría en general para no volver a pensar más -en ello.</p> - -<p>Al vaciarse el Ontario en el río San Lorenzo hay un punto que se -llama Thousand Islands, las mil islas, que no son menos las que están -aglomeradas en un corto espacio. La escena fluvial más bella que la -Europa presenta es el Rin desde Maguncia y Colonia abajo. Yo lo había -recorrido hasta Harlem, frontera de la Holanda, desde donde por Utrecht -va un camino de hierro hasta Amsterdam, y de allí por La Haya se -desciende a Rotterdam para tomar el Escalda, que conduce a Amberes y -a Bruselas. Embellecen el Rin las tradiciones alemanas, los castillos -feudales que aún coronan las alturas; las ciudades renanas que ostentan -la estatua de Gutenberg, y la catedral de Colonia. Fluye el río -silencioso por entre quebradas sañudas y obscuras, sale a explayadas -que espacian la vista y enseñan las agujas de las iglesias de las -aldeas, y los viñedos que se esparcen enanos y casi rastreros por los -faldeos de las circunvecinas montañas. Más allá, y aproximándose a la -Holanda, el terreno baja, el río se ensancha, los molinos de viento -se suceden a los castillejos, y los ciénagos holandeses requieren los -canales que surcan el país en todas direcciones y los pasmosos diques -que oponen su hombro al porfiado y poderoso embate del océano, superior -en el nivel.</p> - -<p>En el San Lorenzo, la naturaleza, desnuda de todo atavío de arte -humano, se presenta a luchar con toda comparación posible. Aquí la -escena se dilata hasta donde la vista alcanza, sin encontrar, sin -embargo, objeto que introduzca la monotonía.<span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span> El pasaje por entre las -mil islas es un sueño de hadas. Era el otoño, y los árboles de la -flora americana estaban ya matizados de colores de ópalo, amarillo y -púrpura, que tanto codician los pintores para las escenas rústicas. Hay -la encina norteamericana y otros árboles que se tiñen de rojo puro, y -tan subido que desde leguas atraen la mirada por su extrañeza. De este -ropaje estaban vestidas las islas, grandes algunas como para contener -una aldea, y tan pequeñas otras que parecían una canastilla de flores -flotando sobre las aguas. El San Lorenzo vuelve a hacer rápidos saltos -de distancia en distancia, lo que da a sus aguas cristalinas un blanco -esmaltado y sin espuma, por estar a mucha profundidad las rocas que -quiebran el agua. La corriente del río se presenta, entonces, como un -ancho reguero de plata, accidentado por aquellas cucas islas que traen -al espectador alborotado, cambiando la escena a cada paso, agrupándose -en formas y en cadencias caprichosas, descubriendo nuevos horizontes a -cada paso, hasta no entenderse en el laberinto que forman. Cuando el -vapor va a entrar en los rápidos, el maquinista detiene el motor, la -corriente de aquel canal de molino arrebata el buque, y el piloto con -mano firme lo endilga por entre los escollos y remansos que se forman -en aquella catarata continua. No sé si me han engañado; sesenta millas -hacemos, díjonos el piloto, mirando sin pestañear un pasaje difícil -que teníamos por delante. El tren expreso entre Manchester y Liverpool -hacía también 60 millas. Llégase a Kingston, ciudad del Alto Canadá, -cómpranse manzanas por hacer alguna cosa, y la noche mediante, llégase -a Montreal, la ciudad francesa de esta parte de las colonias británicas.</p> - -<p>El hotel Donegana, espacioso como nuestros claustros y arreglado en -todo como los grandes hoteles norteamericanos, acoge al pasajero -derrengado y mal traído, a merced de vagones, <i xml:lang="en" lang="en">stages</i> -complementarios y vapores. El <i>hong-hong</i> no falta para triturarle -al infeliz los nervios, si se obstina en dormir una hora más.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span></p> - -<p>¡Montreal, qué joya para figurar en impresiones de viaje! Dumas ignora -el tesoro que hay allí sepultado a sólo diez u once días de vapor -de Francia. Es la ciudad más adelantada del mundo en cuanto a la -aplicación y generalización de los medios más perfectos de construcción -civil. Las casas son de piedra de cantería o ladrillo. Las techumbres -están cubiertas de un manto de zinc, lo que da a la ciudad un aspecto -reluciente. El pavimento de las calles todas es de palo a pique como el -que se ha ensayado en París en frente de la Opera Cómica, y construído -bajo el mismo principio, y las aceras son de tablones atravesados y -montados sobre barrotes que permiten al agua escurrirse por debajo. -Bajo este respecto Montreal es la ciudad más altamente civilizada -que existe en el globo; pero hay un aspecto moral por donde es una -curiosidad fósil digna de observación.</p> - -<p>Sábese que el Alto y Bajo Canadá fué cedido a la Inglaterra por Luis -XIV, al fin de las desastrosas guerras que amargaron el ocaso de -sus días e hicieron pagar caro a la Francia el orgullo de sus reyes -y la arrogancia de sus ejércitos; triste y merecido fin que tienen -esos triunfos con que la fortuna engalana los primeros pasos de la -vida de los tiranos. La vejez trae sus arrugas, la conciencia sus -remordimientos, y el cansancio y la extenuación de los pueblos la -debilidad que da reparación a los ofendidos. Con Napoleón repitióse el -mismo cuento y con nuestro imbécil se reproducirá el mismo hecho, muy a -expensas nuestras.</p> - -<p>¡Vuelvo siempre a mis carneros! La población francesa de Montreal -lloró, como Cartago condenada a la destrucción, el día en que se -le anunció que había sido tratada como mercancía, entregada cual -vil rebaño a la odiada Inglaterra. Pero, el llorar y el mesarse los -cabellos en nada cambiaba la situación que la madre patria les hacía, -y hubieron de resignarse a su suerte desamparada. Desde entonces se -rompió el vínculo que los ligaba a la madre patria y no oyeron hablar -más de la Francia. Sus revoluciones posteriores, la república, el -imperio, la restauración y la casi restauración, han pasado<span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span> sin que el -vulgo sepa de tan grandes sucesos, sino de oídas, aquello más notable; -pero sin sucesión, sin formar ya parte de la historia nacional.</p> - -<p>Los libros franceses dejaron de penetrar en la colonia inglesa, y todo -progreso en las ideas, toda novedad literaria o filosófica dejó para -los infelices de ser continuación y consecuencia de aquel movimiento de -ideas que comenzó en el reinado de Luis XIV y continuó con Rousseau, -Voltaire y el siglo XVIII. Para los franceses de Montreal, pues, la -Francia, la única Francia posible, es la Francia del gran rey con -su corte de Versalles, su etiqueta y su lujo asiático; los únicos -poetas, Corneille y Racine; las únicas glorias militares, las del gran -Condé, Catinant, Villars y Turena. El canadiense es ceremonioso como -un cortesano antiguo, y tan quisquilloso en punto a hidalguía, que -la genealogía de las familias es allí espejo que no ha de empañar ni -por el contacto mácula alguna. Viviendo bajo la dominación inglesa de -un siglo a esta parte, las madres no enseñan a sus hijas el inglés, -para ponerlas en la imposibilidad de oír a los odiosos opresores de -su raza; cuando en las calles se pregunta a los paseantes algo en -inglés, puede desfilar toda la población por delante, sin que haya -una persona de origen francés que se dé por entendida de lo que se -le pregunta. Hablad en francés y entonces las miradas se vuelven de -todas partes, los semblantes sonríen y la buena voluntad y el deseo -<i xml:lang="fr" lang="fr">d’être agréable</i> vese pintado en la blanda ondulación de cada -músculo. “¡Ah! ¡señor, me decía un joven, con voz conmovida, viene -usted de Francia; qué feliz es <abbr title="Usted">Vd.</abbr>! ¡Oh, la Francia, nuestra patria! -¡Si supiera ella lo que ha hecho, entregándonos a los ingleses! Ya se -ha arrepentido, ¿no es así? Porque ni aun en sus reproches querrían -ofender a este tipo de la nacionalidad de su raza.</p> - -<p>La religión se ha hecho un arma de oposición a los dominadores, y el -catolicismo una trinchera adonde se ha acogido toda la vida de este -pueblo desmembrado. El catolicismo cuan estable es en sus dogmas, ha -marchado, sin embargo, con los siglos, y afectando nuevas formas, para -adaptarse a<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span> las nuevas instituciones. Si queréis volver una página -de un siglo de su historia y verlo tal cual era, después de salido de -la Edad Media, id a Montreal y lo encontraréis en todo su primitivo -candor, lleno de savia y de fuerza y concentrando en sí, como en España -en tiempos de la reina Isabel, el patriotismo, el poder, y la fuente -del heroísmo. Hacia la base del monte que da nominación a la ciudad, se -levanta una hermosa casilla de ladrillo rodeada de árboles y colocada -en una pequeña elevación del terreno que la hace más pintoresca. Esta -casa, que me había llamado la atención, tiene tapiadas las puertas -y está abandonada. Preguntando a un canadiense el motivo de lo que -veía, “¡Que no sabe! me dijo, la casa del Judío. Y bien.—Del alma en -pena, <i xml:lang="fr" lang="fr">le revenant</i>. Un judío (si esta apelación no es, como lo -sospecho, todavía una muestra del viejo catolicismo) un judío era -el dueño de esa casa. Una noche, tarde de la noche, oyóse un tiro. -Al día siguiente los vecinos lo encontraron muerto, suicidado. Sus -compatriotas quisieron ocupar la casa; pero el alma del condenado -volvía a su habitación todas las noches, revolvía papeles, oíanse -gemidos y ruidos de cadenas. En vano han querido después habitar la -casa; esto hace ya veinte años, algunos vecinos pobres han intentado -ocuparla. El alma del condenado vuelve; las luces se apagan solas, y -comienzan los gemidos y el ruido de cadenas. La autoridad ha mandado -al fin amurallar las puertas, por miedo que la casa se convierta en -guarida de ladrones”.</p> - -<p>Yo escuchaba maravillado este cuento, que me traía a la memoria escenas -de mi infancia, oyendo horripilado historias de ánimas y aparecidos, -y miraba a mi hombre de hito en hito para ver si creía realmente lo -que me estaba contando, y si no concluía como algunos clérigos en -Roma que le enseñan a uno la mesa con tres patas en que almorzaba -Jesucristo con San Pedro y San Juan, y que concluyen por reírse de la -conseja cuando uno les pone cierta cara. Esta vez, empero, había en -la voz y en lo profundo de los ojos del narrador tal convicción, que -mostrar duda siquiera habría sido<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span> desmoralizarlo, porque la sencillez -de su espíritu, la sanción dada por todos, aun por la autoridad, a -esta tradición, no le habrían dejado sospechar que hubiera ningún ser -racional que dudase de la posibilidad de tales sucesos.</p> - -<p>Sobrevino el domingo y me dirigí a la catedral para visitarla. Jamás -había podido imaginarme espectáculo más imponente. Habíame enfriado -Roma con su Semana Santa y sus ceremonias. San Pedro es en esos días, -como siempre, un suntuoso desierto. Los romanos preguntan: ¿Ha estado -<abbr title="Usted">Vd.</abbr> en San Pedro? ¿Ha visto al Papa?—Ellos no van nunca a la gran -basílica y pocas veces a las demás iglesias. Si en Roma sucede eso, -imagínese lo que sucederá en Francia, España y el resto de la Italia. -No recuerdo dónde he encontrado en diversas iglesias tres sacerdotes -que decían misa sin un solo oyente o alguna vieja mendiga por todo -acompañamiento.</p> - -<p>En la gótica catedral de Montreal había ese domingo de quince a -veinte mil almas oyendo la misa mayor. La población católica no se -desobliga del precepto, sino oyendo la misa episcopal, pontificada con -una pompa sencilla, servida por setenta y dos acólitos, monacillos y -oficiantes que pude contar por los bonetes en forma de conos truncados -y altos de una tercia que llevaban los oficiantes. No ofreciendo -suficiente espacio el pavimento de la catedral para tanto concurso, -se han adaptado a las naves exteriores dos anchas galerías salientes -que hacen dos corridas de palcos por ambos lados de la iglesia; y -las cuatro y el piso estaban llenos. Predicaba a la sazón el cura la -plática doctrinal; un profundo silencio reinaba en aquella inmensa -congregación, y una señora que me veía de pie, con los ojos y con la -mano me invitaba cortésmente a tomar asiento a su lado, en las lunetas -de madera que cubren toda la superficie del vasto edificio, más ancho -que la catedral de Santiago. Esto que veía entonces, sucedía siempre y -las acomodaciones de la iglesia me lo decían demasiado.</p> - -<p>Al día siguiente encontré en las calles larga procesión de niños en dos -filas y precedido por una cruz con paño llevada<span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span> por un clérigo, que -se dirigían a la iglesia cantando en coro las alabanzas, seguidos del -cura y sotacuras, a oír la misa diaria, antes de entrar a las clases. -El cura, como fué práctica en los antiguos tiempos, es el maestro -de escuela de la parroquia, y los sotacuras son sus ayudantes si es -numerosa. Adoctrínalos con amor en todas las creencias; fortifícalos -contra toda innovación peligrosa y contra toda tibieza que pueda dar -entrada en sus almas al odiado protestantismo de sus amos. Así el -catolicismo se ha endurecido y reconcentrado para hacer frente a la -destitución de la raza y del idioma, y se apega a las añejas prácticas -y aun a las supersticiones más frívolas por no dar su brazo a torcer. -Todo esto es santo, bello, tierno, patriótico y ortodoxo, sin duda. -Pero, ¡ah, que está de Dios que no ha de haber cosa cumplida en este -mundo! Los católicos de Montreal poseen y cultivan una ignorancia -desesperante. Alejados de la administración, porque temen contaminarse -si aceptan empleos, viven ajenos de todo movimiento de la vida -pública. Al lado de los yankees, gobernados por la Inglaterra, no -poseen ninguna industria, cultivan mal la tierra, y la pobreza, la -obscuridad, la nulidad y la miseria los viene cercenando y estrechando -de todas partes. Hoy vende una familia patricia su casa que compra un -comerciante inglés, y mañana sus hijos están en la indigencia, y como -no tienen ni instrucción ni habilidad manual, concluyen sus nietos por -ser mozos de cordel o domésticos. Calcúlase que en un siglo más habrá -desaparecido este pueblo, incapaz de vivir en la sociedad actual y -obstinado por patriotismo en perpetuar un modo de ser que lo aniquila -lentamente.</p> - -<p>Los ingleses, en tanto, se desenvuelven por el comercio, por el -ejercicio del poder, por la inmigración y por la vida británica, tan -llena de expansión y actividad. Agitan los ingleses la separación de la -metrópoli y maldicen el día que vencieron a Montgomery, que les traía -la independencia.</p> - -<p>Montreal es un emporio de las peleterías del Norte, y los almacenes -están llenos de la variedad infinita de producciones<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span> que forman este -ramo. Después de haber visto aquella ciudad encantadora y que bajo las -formas más modernas encierra la población más vieja, hube de dirigirme -a Quebec, donde quería examinar una caserna que el gobierno inglés -había establecido para recepción de inmigrantes irlandeses. Dáseles -allí ración y ocupación diaria hasta que se les destina a los terrenos -que se han señalado para las nuevas plantaciones. A veces creo que no -debemos pensar en cosas nuevas, sino buscar dónde está ya realizada -la idea que nos embarga. Traía desde Alemania el pensamiento de estas -grandes hospederías, para acoger inmigrantes en nuestros países, y -hablándole de ello a Astaburuaga en Nueva York, indicóme la existencia -de ésta. Al tomar pasaje en San Lázaro abajo, vínome el remordimiento -de aquella prodigalidad de dinero con que iba haciendo mis viajes, -cual si fuera un príncipe ruso. Siete pesos debía costarme de ida y -vuelta la excursión a Quebec, duplicado de Montreal, ciudad menos bella -y pueblo menos virgen que el que había visto. ¡Siete pesos! Tomé un -vapor para atravesar el San Lorenzo con asiento en el ferrocarril de la -Pradera, que lleva a orillas del lago Champlain, camino de Nueva York, -tomando a lo largo el larguísimo lago, viendo aproximarse las costas, -alejarse o cruzarse puntas de tierra entrantes y ensenadas, variándose -el panorama con una movilidad infinita, hasta que llega a Whitehall, -donde se toma pasaje por un canal que conduce a Troya, desde donde el -camino de hierro lleva a Boston, fin de mi excursión por este lado. -Reasumamos la parte económica del viaje. De Búfalo a la cascada, camino -de hierro, 1 peso, 22 millas. De Niágara Falls a Lewiston, camino de -hierro, <i xml:lang="en" lang="en">stage</i>, 6 pesos, 31 millas. Lago Ontario a Montreal, -vapor, 10 pesos. De Montreal a la Prairie, vapor y ferrocarril, 1 peso. -De la Prairie, Lago Champlain a Whitehall, 1 peso; diligencia a Troya, -3 pesos; ferrocarril a Greenbush, 3 pesos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span></p> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="BOSTON">BOSTON</h3> -</div> - -<p>La ciudad puritana, la Menfis de la civilización yankee, tenía 18.000 -habitantes en 1790, 33.000 en 1810 y 114.360 en 1845. La ciudad está -fundada sobre una península, cuyo istmo de una milla sirve de principal -comunicación con el continente, si bien muchos puentes echados sobre -la bahía interior establecen nuevas líneas de contacto. Suaves colinas -accidentan el suelo y dan a la perspectiva puntos de vista agradables. -Vive aún la encina a cuya sombra se reunieron los <i>Peregrinos</i> -para darse las leyes fundamentales. En Boston se dictó aquella famosa -ley de educación pública general y obligatoria de 1676, que ha -preludiado a la habilitación del género humano. En Boston se reunieron -en <i xml:lang="en" lang="en">meetings</i> los colonos y resolvieron no pagar el derecho del -té, abstenerse del uso de esta infusión y arrojar al mar las cajas de -té del estanco. En Boston se disparó el primer fusilazo en la guerra de -la Independencia. En Boston están las escuelas públicas convertidas en -templos por la magnificencia de su arquitectura, y cada viviente paga -un peso anual por educar a los hijos de sus semejantes, y cada niño -pobre consume al año siete pesos de renta pública para educarse. En -Boston está la sede y el centro del unitarismo religioso, que propende -a reunir en un centro común todas las subdivisiones de secta y elevar -la creencia al rango de filosofía religiosa y moral. De Boston, en -fin, salen esos enjambres de colonizadores que llevan al Far West las -instituciones, la ciencia y la práctica del gobierno, el espíritu -yankee y las artes manuales que presiden a la toma de posesión de la -tierra. Cuatro líneas de vapores lo ligan con la Europa. Un ferrocarril -corre la costa hasta Portland en el Maine; otro hasta Concordia lo -pone en comunicación con el Estado de Nueva Hampshire; otro con Troya -y sus líneas y canales afluentes; tres con Nueva York, completándose -con líneas de navegación por mar o por la sonda de Long Island. Sus -hoteles son el primor de los Estados<span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span> Unidos y el Fremont Hotel pasa -por superior a todos en elegancia y <i xml:lang="en" lang="en">comfort</i>.</p> - -<p>Había llegado de noche y entregádome a ese sueño de ganapán que termina -las trasnochadas e incomodidades de un afanoso viaje. A las tres de -la mañana me despiertan golpes redoblados a mi puerta, y una risa -prolongada y burlona que apenas podía contenerse. Acababa de llegar en -la noche; alma nacida podía saber que ya me hallaba en Boston, y sin -embargo, el burlón repetía muriéndose de risa: Abra, Sarmiento, soy -yo.—¿Quién es yo?—Y creía hacerme desesperar.—Yo, Casaffoust.</p> - -<p>Una noche en Nápoles tomaba helados en un café con un joven francés. -Como viese entrar a un individuo, dije a mi compañero en francés: Aquel -joven es americano, del mediodía, es de Buenos Aires. ¿Hay, realmente, -un tipo nacional argentino? Rugendas sabe reproducirlo con el lápiz, -y yo esta vez acertaba a conocer por la fisonomía a un compatriota. -Acercóse con reserva, miróme con frecuencia y al fin se aventuró a -decirme: “Creo, señor, haberle oído que soy americano”. En efecto, era -porteño, uno de esos caracteres enérgicos que se abren paso en el mundo -por su propio esfuerzo. Salido joven de su país, se había establecido -en Río de Janeiro, pasado a Valparaíso, Bolivia y Lima, y últimamente -asentádose en la América Central, donde, habiendo engrosado su fortuna, -había empezado a creer que el mundo no estaría satisfecho si él no lo -recorría. Despedímonos en Nápoles y nos encontramos de nuevo en Roma. -Allí tomó él para Trieste y yo debía salir más tarde para Florencia. Al -entrar en un café en Venecia, Casaffoust nos tapó la puerta; acababa -de desembarcar. No debíamos vernos más. El día que llegué a París lo -encontré de manos a boca en el bulevar América. En el hotel donde un -mes después fuí a alojarme en Londres, encontré a Casaffoust, que comía -a la sazón. ¡Era éste un fantasma que me perseguía! Después de cruzar -los brazos uno y otro para contemplarnos con extrañeza, nos echábamos -a reír de esta singularidad. Desde Londres partió<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span> al fin para Belice -en el <i>Istmo</i>, desde donde debía arribar a Costa Rica. No quiso -dirigirse, como yo se lo aconsejaba, a los Estados Unidos. La noche -que llegaba yo a Boston, partía él del mismo hotel, y mientras pagaba -su cuenta, leía en el libro de pasajeros, abierto ante sus ojos, <i>D. -F. Sarmiento</i>, entre los últimos llegados. Suspendió su viaje, -acompañóme dos días, y nos separamos prometiéndonos con las mayores -veras, no volvernos a encontrar más, porque aquella tenacidad me iba ya -dando que pensar. Esta vez lo hemos cumplido: no nos hemos visto más.</p> - -<p>El principal objeto de mi viaje era ver a Mr. Horace Mann, el -secretario del <em>Board</em> de Educación, el gran reformador de la educación -primaria, viajero como yo en busca de métodos y sistemas por Europa -y hombre que al fondo inagotable de bondad y de filantropía reunía -en sus actos y sus escritos una rara prudencia y un profundo saber. -Vivía fuera de Boston, y hube de tomar el ferrocarril para dirigirme -a Newton East, pequeña aldea de su residencia. Pasamos largas horas -de conferencias en dos días consecutivos. Contóme sus tribulaciones -y las dificultades con que su grande obra había tenido que luchar, -por las preocupaciones populares sobre educación, y los celos locales -y de secta, y la mezquindad democrática que deslucía las mejores -instituciones. La legislatura misma del Estado había estado a punto de -destruirle su trabajo, destituirlo y disolver la comisión de educación, -cediendo a los móviles más indignos, la envidia y la rutina. Su trabajo -era inmenso y la retribución escasa, enterándola él en su ánimo con los -frutos ya cosechados y el porvenir que abría a su país. Creaba allí, a -su lado, un plantel de maestras de escuela que visité con su señora, y -donde, no sin asombro, vi mujeres que pagaban una pensión para estudiar -matemáticas, química, botánica y anatomía, como ramos complementarios -de su educación. Eran niñas pobres que tomaban dinero anticipado para -costear su educación, debiendo pagarlo cuando se colocasen en las -escuelas como maestras; y como los salarios que se pagan son subidos, -el negocio era seguro<span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span> y lucrativo para los prestamistas. Gracias a -sus desvelos, el Estado de Massachusetts, de que es Boston la capital, -contenía en 1846, en las trescientas nueve ciudades y villas que lo -forman, 3475 escuelas públicas, con 2589 maestros hombres y 5000 -maestras, asistidas por 174.084 niños. Observe <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que el número de -maestros de escuelas es mayor en este Estado que el monto total del -ejército permanente de Chile, y el tercio del de todos los Estados -Unidos.</p> - -<p>La población del Estado es de 737.700 habitantes, y los niños en estado -de asistir a la escuela, 203.877.</p> - -<p>Las rentas destinadas para sostener la educación pública son 650.000 -pesos, recolectados por contribución de escuelas<span class="fnanchor" id="fna6"><a href="#fn6">[6]</a></span>. Además de las -escuelas hay en Massachusetts 77 colegios públicos incorporados, con -3700 estudiantes y 1091 colegios y escuelas particulares, con 24.318 -discípulos, los cuales pagan 277.690 pesos por la enseñanza que reciben.</p> - -<p>Además de estas pasmosas sumas, cada localidad posee fondos cuyos -productos están especialmente destinados a la enseñanza. Estos fondos -producían quince mil pesos de censo, a los que se añadían más de ocho -mil pesos de sobrantes de rentas ordinarias que eran aplicadas por la -administración a este santo objeto.</p> - -<p>Para más ilustración de mi asunto, añadiré a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> que este Estado sólo -tiene siete mil quinientas millas cuadradas o treinta leguas de ancho -sobre sesenta y tres de largo. En este reducido espacio hay, como -he dicho, más de setecientos mil habitantes, dueños de trescientos -millones de pesos.</p> - -<p>Usted ve, mi querido amigo, que estos yankees tienen el derecho de -ser impertinentes. Cien habitantes por milla, cuatrocientos pesos -de capital por persona, una escuela o colegio para cada doscientos -habitantes, cinco pesos de renta anual para cada niño, y además -los colegios; esto para preparar el espíritu. Para la materia o -la producción tiene Boston<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span> una red de caminos de hierro, otra de -canales, otra de ríos, y una línea de costas; para el pensamiento -tiene la cátedra del evangelio y cuarenta y cinco diarios, periódicos -y revistas; y para el buen orden de todo, la educación de todos sus -funcionarios, los <i><span xml:lang="en" lang="en">meetings</span></i> frecuentes por objeto de utilidad -y conveniencia pública y las sociedades religiosas, filantrópicas y -otras que dan dirección e impulso a todo. ¿Puede concebirse cosa más -bella que la obligación en que está Mr. Mann, secretario del <em>Board</em> -de Educación, de viajar una parte del año, convocar a una reunión -educacional a la población de cada aldea y ciudad adonde llega, subir a -la tribuna y predicar un sermón sobre educación primaria, demostrar las -ventajas prácticas que de su difusión resultan, estimular a los pobres, -vencer el egoísmo, allanar dificultades, aconsejar a los maestros y -hacer las indicaciones, proponer las mejoras en las escuelas que su -ciencia, su bondad y su experiencia le sugieren?</p> - -<p>En los alrededores de Boston, a distancia de doce millas, unido a -la ciudad por un camino de hierro para las personas y por un canal -para las materias primas, está Lowell, el Birmingham de la industria -norteamericana. Aquí como en todas las cosas, brilla la soberana -inteligencia de este pueblo. ¿Cómo luchar con la fabricación inglesa, -producto de ingentes capitales empleados en las fábricas, y de salarios -ínfimos pagados a un pueblo miserable y andrajoso? Dícese que las -fábricas aumentan el capital, en razón de la miseria popular que -producen. Lowell es un desmentido a esta teoría. Ningunas ventajas o -escasísimas llevan a los ingleses en el costo de la materia prima; -pues, tanto vale llevar a Londres o a Boston por mar las balas de -algodón de la Florida; pero las diferencias de salarios son enormes, y -sin embargo, los tejidos de Lowell sostienen la concurrencia con los -ingleses en precio, y les aventajan de ordinario en calidad. ¿Cómo han -hecho este prodigio? Apurando todos los medios inteligentes de que el -país es tan rico. El obrero, el maquinista son hombres educados; su -trabajo, por tanto, es perfecto, sus<span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span> medios ingeniosos; y pudiendo -calcular el tiempo y el producto, producen mayor cantidad de obra y más -perfecta.</p> - -<p>Las hilanderas y trabajadoras son niñas educadas, sensibles a los -estímulos del deber y de la emulación. Vienen de ochenta leguas a la -redonda a buscar por sí medios de reunir un pequeño peculio; hijas de -labradores, más o menos acomodados, sus costumbres decorosas las ponen -a cubierto de la disolución. Buscan plata para establecerse, y en los -hombres que las rodean no ven sino un candidato a marido. Visten con -decencia, llevan media de seda los domingos, sombrilla y manteleta en -la calle; ahorran ciento cincuenta o doscientos pesos en algunos años y -se vuelven al seno de su familia, en aptitud de sufragar los gastos de -establecimiento de una nueva familia. Para obtener estos resultados hay -en Lowell hoteles cómodos y espaciosos que dan de comer y alojamientos -económicos a los obreros, disponiendo de bibliotecas, diarios y aun -pianos para las niñas que saben su poco de música. De todo el mal que -de los Estados Unidos han dicho los europeos, de todas las ventajas -de que los americanos se jactan y aquéllos les disputan o afean con -defectos que las contrabalancean, Lowell ha escapado a toda crítica y -ha quedado como un modelo y un ejemplo de lo que en la industria puede -dar el capital combinado con la elevación moral del obrero. Salarios -respectivamente subidos producen allí mejor obra y al mismo precio que -las fábricas de Londres, que asesinan a las generaciones.</p> - -<p>Estos tejidos de Lowell, como los de Pittsburg y de doscientas fábricas -que se levantan en diversos puntos del territorio de la Unión, entran -por poco todavía en la masa de productos fabriles que inundan los -mercados del mundo. Se consumen la mayor parte en el interior del país, -y aun en esto los Estados Unidos presentan uno de esos resultados que -muestran en cifras luminosas cuánto es el bienestar de que goza la masa -de la población. Datos estadísticos de Francia muestran que aquella -nación sólo consume al año un metro de tejidos de algodón por persona, -y la Irlanda una y media<span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span> yardas, mientras que los Estados Unidos -consumen veintiuna y media yardas por persona, lo que hace suponer que -no hay ganapán que no tenga sábanas y varias mudas de camisas. De este -dato los publicistas norteamericanos sacan una conclusión que no deja -de tener su valor. En lugar—dicen—de buscar mercados en el exterior -para nuestras fábricas, traigamos población para nuestros bosques. Si -nosotros hubiéramos de proveer de tejidos de algodón a la Irlanda, -que tiene cuatro millones de habitantes, habríamos suplido a sus -necesidades con seis millones de yardas de tejidos; mientras que para -consumir esos mismos seis millones, son bastantes 285.714 inmigrantes, -que es poco más o menos la cifra de la inmigración anual. Veinte años -de inmigración nos darán colocación para ciento veinte millones de -yardas de tejidos de algodón.</p> - -<p>El consumo de los otros artículos manufacturados está en igual -proporción con los tejidos de algodón. El año 1842 se introdujeron -en los Estados once millones de pesos en tejidos de lana, veinte y -un millones en 1836, bien que en 1840 y 1842 anduvo de ocho a nueve -millones. En 1839 consumieron veinte y un millón de pesos en tejidos -de seda, quince millones en 1841, y nueve en 1842. Nueve millones de -tejidos de hilo en 1836, cerca de siete millones en 1841, habiendo -bajado a tres y medio en 1842. A este enorme consumo de productos -europeos corresponden cifras no menos abultadas de producciones -nacionales. Calculábase para el año 1843 como producto anual de la -agricultura, 65.387.597 dólares; de manufacturas, 239.836.224 dólares, -y del comercio, 79.721.086.</p> - -<p>Hasta el año de 1825 no se había estampado en los Estados Unidos una -sola yarda de calicó (quimon). En 1836 se importaron de Inglaterra -ciento cincuenta millones de yardas, lo que según el censo de 1840 que -dió diez y siete millones de habitantes, toca a cada mujer (el tercio -del número tal) dos vestidos de a diez varas. En 1842 los estampados -norteamericanos subieron a la enorme suma de ciento cincuenta<span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span> y ocho -millones de yardas, habiendo descendido la importación inglesa a sólo -quince millones. Las manufacturas de los Estados de Nueva Inglaterra -proveían en 1845 de mercado a un tercio del algodón que cosechan los -Estados del Sur, y los obreros consumían más harina y granos que la -cantidad exportada por el puerto de Nueva York.</p> - -<p>Mr. Mann me favoreció con muchas cartas de introducción para sabios, -pedagogistas y hombres notables. Su nombre solo, era ya por todas -partes un pasaporte para mí. Tuve una larga conferencia con uno de -los ministros de Estado, quien me proveyó de una orden para que se -me entregasen varias colecciones de libros y documentos públicos que -me ponían al corriente del estado de la educación en Massachusetts y -después de ver cuanto digno encerraba la ciudad de ser visto, púseme -en camino para Nueva York, por una serie de ferrocarriles y vapores -combinados, que me pusieron no sé cómo, de día y de noche marchando, en -el desembarcadero de Nueva York.</p> - -<p class="footnote" id="fn6"><a href="#fna6">[6]</a> Esto ocurría en 1848; la renta había ascendido a 800.000 -pesos.—<i>El A.</i></p> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="BALTIMORE">BALTIMORE, FILADELFIA</h3> -</div> - -<p>Lleno aún de las emociones de este viaje, el más <em>impresivo</em> que -puede hacerse en quince días, viendo aún en mi imaginación la cascada -de Niágara, asistí a una representación del genial Tom Puce, el enano -de 25 pulgadas de alto.</p> - -<p>Don Santiago Arcos me aguardaba con impaciencia para que emprendiéramos -el viaje de regreso a Chile. Cada vez que me hablaba de este asunto, -poníale yo la cara de un ministro del despacho, cuando no sabe si se -acordará o no lo que de él se solicita. Abríamos el mapa, trazábase -la ruta, y ya estábamos punto menos que en marcha, sin que yo diese -síntomas de convenir en nada. Hubimos al fin de explicarnos. Yo tenía -en caja veintidós guineas y como treinta papeles de a un peso, ni un -medio más, ni un medio menos. Al fin cogí a dos manos mi resolución -y expuse mi situación financiera con toda la dignidad de quien no -pide ni acepta<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span> auxilio, intimando mi ultimátum de separarme desde la -Habana, para seguir mi camino por Caracas. Arcos me había escuchado -con interés y aun le tentaba la perspectiva de atravesar las soledades -tropicales de la América del Sud, correr aventuras ignoradas, pasar -trabajos y no contar sino consigo mismo para sobreponerse a ellos; -pero el lado romanesco y varonil de su carácter no es menos aparente -que la jovialidad y franqueza que lo distingue. Cuando yo me esperaba -ofrecimientos y protestas, salióme con un baile pantomímico y un reir -a desternillarse, que me puso en nuevos gestos de dignidad. ¡Qué -bueno—decía saltando y riendo—pues si yo no tengo sino cuatrocientos -pesos! Hagamos compañía y donde se concluya el capital de ambos, -proveeremos según lo aconseje la gravedad del caso.</p> - -<p>Dispusimos, pues, que yo continuaría pronto mi ruta a Wáshington por -Filadelfia y Baltimore, nos daríamos cita en Filadelfia para emprender -la jornada por Harrisburg y Pittsburg, para descender el Ohio y el -Mississipi hasta Nueva Orleáns, distante 22.234 millas del lugar donde -nos hallábamos; y acercándose la hora de la partida del tren de la -mañana para Filadelfia, hice aprisa mi maleta y la entrega de billetes -y guineas para que las cambiara, prestándome en cambio treinta o -cuarenta dólares para gastos de la excursión. Este pequeño incidente -es, sin embargo, el origen del más espantable drama de que he sido -víctima en mis viajes.</p> - -<p>Lo fatigaría a <abbr title="Usted">Vd.</abbr> si continuase describiéndole ciudades notables: -pero Filadelfia y Baltimore son tipos de la construcción civil de los -Estados Unidos que, a diferencia de Nueva York, conservan toda su -originalidad. Tienen los americanos el don de reducirlo todo a arte, y -aplicar el sentido común y los cálculos de la conveniencia a todas las -cosas. Conoce <abbr title="Usted">Vd.</abbr> nuestras ciudades sudamericanas cortadas todas por -un mismo padrón, en calles a distancia de ciento cincuenta varas, de -doce de ancho, y cortándose en líneas rectas. Este damero parécenos el -bello ideal de la perfección. Pero propóngase <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ir del centro en una -dirección oblicua, o para<span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span> fijar más los términos, si las calles corren -de Sur a Norte y de Este a Oeste, ¿cuánto espacio se necesita andar -para llegar el extremo Sudeste o Nordeste? Claro está que el doble de -la distancia que hay en línea recta, porque es necesario hacer zig-zag -de calle en calle, por el ángulo de cada cuadra a fin de buscar la -diagonal. La manzana de ciento cincuenta varas da en el centro setenta -y cinco de fondo a cada solar; espacio más que suficiente para tener -viña, hortaliza y arboleda en el interior de la casa; pero acumulándose -la población, este centro de las cuadras es un terreno inútil y que -fuerza a tomar a las habitaciones un frente en proporción, y diseminar -las casas. Después vienen los tubos de hierro para distribuir el agua -potable, los cañones de gas, etc., y se encuentra que los costos -para superficies tan grandes exceden a los posibles de los vecinos. -Los norteamericanos han inventado su plan de ciudades en atención a -todas estas circunstancias. La manzana tiene o puede tener 140 varas -de largo, pero sólo le dan 30 ó 50 de fondo, de manera que dos casas -pueden dar frente a ambas calles, y poblar bien la ciudad.</p> - -<p>Como la calle es materia de comodidad pública y de recreo, tiene -de ordinario treinta varas, flanqueada a distancia de cinco o seis -de los edificios, de árboles coposos, que esparcen sombra en todas -direcciones. Las aceras son por tanto calles separadas e independientes -de la central, ancha de veinte varas, que está abandonada a carros, -jinetes, ómnibus y aun a ferrocarriles, que todos tienen espacio para -moverse. Crúzanse éstas en ángulos rectos; altérnanse en anchas y -angostas; intercéptalas de vez en cuando una ancha calle transversal -que conduce a los ángulos extremos de la ciudad; cambia de plan y -dirección todo el sistema de calles; redúcense más aun las manzanas -cerca de los puertos, y por todas partes presentan las calles asonadas -un bosque de árboles, que cierran a cierta distancia la perspectiva, -y por sobre sus copas las cúpulas de los bancos o de los hoteles, las -agujas de los templos y los frontispicios de los edificios del Estado. -Nada hay más holgado, aireado ni silvestre que<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span> estas calles de árboles -y de casas, en que el movimiento de los otros es una cosa que no nos -atañe ni interesa.</p> - -<p>En Baltimore tomé el ferrocarril de Wáshington, y a poco andar cata -que venía en dirección opuesta y por los mismos rieles otro tren -de vagones. Grande alboroto adentro. ¡Qué sacar de cabezas por las -ventanillas, qué abrir de ojazos, al mirarnos unos a otros, qué agitar -de pañuelos, en fin, en ambos trenes, temerosos de que fuesen a darse -una topada y quedáramos todos hechos tortilla! Era el caso que con las -avenidas, se había desgringolado un puente, y el tren que venía era el -que había salido de Baltimore el día anterior. Tuvimos que echar pie -a tierra, y entre todos los pasajeros, metidos en el fango, levantar -punto menos que en peso la locomotora y el ténder y traerlos a la -culata del tren para que desde allí volviéramos a Baltimore.</p> - -<p>No se podía ir a Wáshington, porque en los Estados Unidos, si no -hay camino de hierro, o canal o río, no se cree viable la tierra -de otro modo. Improvisóse en el acto un vapor que debía llevar los -pasajeros por un río hasta cierto punto; de allí tomar un fragmento -de ferrocarril; pasar a pie una distancia, tomar otro ferrocarril y -embarcarse en otro y entrar en Wáshington por la bahía de Chesapeake -y el río Potomack. El vapor de la Bahía era un cascarón de formas -abominables y de mal talante, lleno de camarotes superpuestos en seis o -siete pisos, como las gavetas de un inmenso armario. El <i xml:lang="en" lang="en">steward</i> -me señaló el mío en el quinto piso; pasóse el día en mirar el paisaje, -sobrevino la noche, solicitóme el sueño, y como las gallinas que miran -de hito en hito la rama donde han de posarse, anduve a vueltas un -rato, hasta que resolví emprender la jornada de llegar a mi camarote, -subiendo por los otros a guisa de lagartija. Iba ya a medio camino, -cuando empieza abajo un rumor de voces y de risas, que se convertía -por segundos en un <em>crescendo universal</em>. Yo seguía tranquilo mi -ascenso, y ya ponía una pierna dentro de mi agujero, cuando alguien me -toma de la otra y me dice qué sé yo qué barbaridades en el tono natal -del yankee.<span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span> Vuelvo la vista y veo, ¡oh, rabia! que era yo el objeto -de la risa de trescientos gaznápiros. El tal me disputaba el lugar: -habíale colocado un pañuelo en señal de posesión, y hacía rato que me -estaba haciendo <i xml:lang="en" lang="en">opposition</i>, sin que yo interrumpiese mi ascenso. -Imagínese usted, amigo, mi situación en aquella postura incongruente, -expuesto a la vergüenza pública, hecho el objeto del ridículo de -aquella turbamulta.</p> - -<p>No había más remedio que descolgarse, ocultar la cara entre ambas -manos, atravesar la muchedumbre y tirarse al agua. Yo hice algo mejor. -Bajéme, en efecto, dirigíme rápidamente a una luz que estaba por ahí, -y poniéndome en lugar donde los rayos me iluminasen perfectamente la -cara, con voz llena y estridente, con semblante contenido, pero severo, -dije, dirigiéndome a la multitud que aguardaba alguna nueva peripecia -para reirse más: ¡Señores! Si hay entre vosotros alguno que entienda -español o francés, hágame la gracia de manifestarse, porque necesito -explicarme, dar y pedir inmediatamente una satisfacción. Un profundo -silencio se había hecho en el intertanto. Los que no sabían el francés -en que hablaba, para no dar materia nueva al ridículo con mi mal -inglés, se miraban unos a otros, mientras que allá en el fondo oí quedo -repetir mis palabras traducidas al inglés. La escena había cambiado -completamente; el yankee es bueno de corazón, y todos sintieron -que me había llegado al alma aquella broma, que no tenía malicia -de su parte. Acercáronse algunos, dándome cordiales explicaciones, -vino el <em>opositor</em> al hueco y me dijo en tono blando lo que -sucedía, abandoné yo mi posición de gato acosado, y fuí a dormir en -un espacioso camarote que en cambio me dió el <i xml:lang="en" lang="en">steward</i>, que en -pública audiencia había declarado que él me había asignado el camarote -disputado. El día siguiente pasélo tranquilo mirando las costas -de Virginia, llanuras espaciosas, cultivadas en parte, y en parte -cubiertas de sotillos, hasta que remontando el Potomack llegamos a un -barranco con honores de puerto mayor de Wáshington, la capital de los -Estados Unidos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span></p> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="WASHINGTON">WASHINGTON</h3> -</div> - -<p>Sobre una eminencia que domina el panorama adyacente se alza el -Capitolio Americano, cuya primera piedra colocó Wáshington en 1793. -Este monumento es la capital de los Estados Unidos, que no reconocen -otra institución madre que el congreso. Reunirse para deliberar -sobre todas las cuestiones que afectan al interés de más de uno, es -el instinto nacional del pueblo norteamericano. La naciente colonia -de Virginia, fundada por una compañía de Londres, a quien el rey -había hecho una gran concesión de tierras, había, después de muchas -vicisitudes, caído bajo el gobierno provisorio de un tal Argall, -hombre violento y rapaz, que para hacerse obedecer de los colonos -proclamó la ley marcial. El trabajo de los colonos era confiscado en -favor del gobernador, y en castigo de ligeras faltas imponía meses -de trabajo forzado en sus haciendas. Las violencias del gobierno, la -trasplantación de la tiranía a América contenían la emigración europea, -mientras que los colonos, desalentados por los sufrimientos morales -de la opresión, empezaban a desmayar en su ruda tarea de descuajar la -tierra. Entonces los colonos elevaron su voz para pedir a la compañía -de Londres desagravio; y acusaron a Argall de defraudar a la compañía -misma, mientras daba rienda suelta a sus pasiones sobre los colonos. -Después de acaloradas luchas sus quejas fueron oídas, Argall depuesto y -desaprobado, y en su lugar enviado Yeardley, un Wáshington que tomó a -su cargo echar los cimientos de la futura organización de los Estados -Unidos.</p> - -<p>Así, pues, la arbitrariedad de los gobernantes que cual polilla se -había introducido en América entre los bagajes de los primeros colonos, -fué extirpada antes que lograse fecundar los huevos en la patria -americana; y la ocupación constante de los colonos desde entonces, -en cada punto de las nacientes plantaciones, fué combatir ya las -pretensiones de los gobernadores enviados por la corona; ya negar el -<i>exequatur</i><span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span> a las pragmáticas y decretos de los reyes mismos -de Inglaterra cuando invadían sus libertades; ya, en fin, oponerse -a los avances del parlamento inglés, cuya autoridad en materia de -impuesto no reconocieron jamás, por no estar las colonias directa -y debidamente representadas en el parlamento. La revolución de la -independencia fué el último acto del drama principiado en 1618 en -Virginia, y que concluyó en 1774, con la última batalla de la guerra de -la independencia.</p> - -<p>¡Esto sucedía en 1618, a principios del siglo XVII, cuando la -Europa, sin exceptuar a la Inglaterra, yacía entregada al desenfreno -de la regia autoridad, y la hoguera y el hacha del verdugo, la -confiscación y el saqueo, eran el castigo, más que del crimen de la -debilidad de las víctimas! Puso Yeardley orden en todas las cosas, -libertando al diminuto plantel de colonos de todas las cargas hasta -entonces impuestas, y que no fuesen estrictamente necesarias para la -conservación y adelanto de la colonia. La autoridad del gobernador -fué limitada por un consejo, que tenía el derecho de revocar aquellas -disposiciones que juzgase injustas o perjudiciales, y los colonos -mismos fueron admitidos a participar en la legislación. En el mes -de junio de 1619, fué convocado en Jamestown el primer congreso -americano, la primera representación popular, compuesta del gobernador -y su consejo, y de los diputados por cada uno de los once miserables -villorrios que componían entonces la colonia de Virginia, para discutir -en él cuanta materia pudiese ofrecer medios de mejora y progreso -para la naciente colonia. La compañía de Londres, y no el rey, debía -ratificar las leyes así sancionadas. Aquella nación con congreso y -consejo de estado componíase tan sólo de seiscientas personas entre -niños, mujeres y hombres, en 1619; y en 1851, en otra parte del -suelo americano, las hay de millones de hombres que no habían tenido -fuerza ni dignidad suficiente para poner límites racionales al poder -inquisitorial y destructor que los domina. Aquella fué, pues, la aurora -de la libertad norteamericana; los colonos llenos de entusiasmo y<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span> con -el ánimo abierto a todas las esperanzas “empiezan a edificar casas, y -sembrar trigo”, seguros ya de tener una patria que no había por qué -temer abandonarían jamás.</p> - -<p>Las legislaturas entran desde los principios en la organización de -casi todas las colonias, y se reunen congresos entre varias de ellas, -para resistir a las incursiones de los salvajes o mandar expediciones -de milicias combinadas para escarmentarlos. Wáshington en una época -posterior hizo conocer así a los Estados los talentos militares que -más tarde puso al servicio de la libertad de su patria. Cuando aun -el pensamiento de separarse de la Inglaterra no había apuntado en -cabeza alguna, las diversas colonias enviaban diputados a congresos -generales para acordar la marcha que debía seguirse, a fin de resistir -las pretensiones del parlamento inglés, como habían resistido al Largo -Parlamento, y como era la tradición constante de la tierra. Durante la -guerra de la independencia, el congreso emigraba de un punto a otro, y -los soldados amotinados, cobrando sus salarios, era al congreso a quien -dirigían sus quejas y sus amenazas. Todavía después de asegurada la -independencia, el congreso fué asaltado en Annápoles, que le servía de -asiento, y entonces Wáshington, dícese que sin otra idea política que -la necesidad de fijar el lugar de su residencia, indicó a Wáshington -para que reposase aquel tabernáculo de la alianza, como Salomón -construyó un templo en Jerusalén para el arca que contenía los libros -de la ley del pueblo hebreo.</p> - -<p>En los Estados Unidos no hay capital propiamente dicha, o, más bien, -según la acepción latina que damos nosotros a esta palabra. Descúbrese -esto al contemplar la comparativa soledad de aquel monumento, -arrojado como por acaso en el centro de la villa, que no es centro -de nada, ni del país, ni de la inteligencia, ni de la riqueza, ni -de la cultura, ni de las vías comerciales. Colocada sobre la margen -izquierda del Potomack, a 120 millas más arriba de su desembocadura -en la bahía Chesapeake, ni el nombre de puerto merece el desierto<span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span> -embarcadero donde atracan algunos buques. El distrito de Columbia es -la provincia de sesenta millas cuadradas que le queda, de las cien que -originariamente le concedieron los vecinos Estados de Maryland y de -Virginia. Esta última retiró el año pasado cuarenta millas que estaban -al lado opuesto del río y que la capital germen no puede fecundar; y -treinta y cinco mil habitantes es toda la población del Estado, de la -cual hay reunida en la capital más de veinticinco mil. Como se sabe, el -congreso es el soberano de este territorio.</p> - -<p>La ciudad está rodeada de una serie de colinas de aspecto alegre, -cubiertas de verdura, y en algunos de sus declives cultivadas. El -terreno mismo de la ciudad es elevado, ocupando el centro el capitolio, -desde donde parten calles con dirección a los cuatro puntos cardinales, -dividiendo la ciudad en manzanas cuadradas como nuestras poblaciones. -Las calles llevan el nombre de los diversos Estados de la Unión, y -las principales de entre ellas, tienen cuarenta y cinco a cincuenta -varas de ancho. La mayor parte de ellas apenas están trazadas, pero la -de Pensilvania, que conduce del capitolio a la casa del presidente, -tiene aceras de nueve varas de ancho enlozadas y con líneas de árboles -de ambos costados. En torno del capitolio se extiende un jardín de -veintidós acres de terreno, adornado de gran variedad de árboles, y -animado por el bullicio de fuentes cristalinas, de modo que aquel -lugar, es también, a más de los altos fines de su existencia, un paseo -que atrae a los habitantes y transeuntes por la belleza de la situación.</p> - -<p>El edificio pertenece al orden corintio y está construido con la -hermosa piedra blanca norteamericana que llaman <i xml:lang="en" lang="en">freestone</i>. Está -situado sobre una eminencia y elevado 78 pies sobre la altura de la -marea, y se compone de un edificio central, dos alas y una proyección -en el costado oeste, presentando un frente de 352 pies, incluyendo -las alas. Al este el frontón tiene 65 pies de ancho, sobre el cual -se avanza un pórtico de veintidós columnas de 38 pies de alto. La -gran cúpula<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span> central tiene 120 pies de alto, y la rotonda que forma -en el interior 90 de diámetro, adornada con esculturas, y altos -relieves. En el ala del sud está la cámara en que se reune la Sala de -Representantes, de forma circular de 96 pies de diámetro y 60 de alto, -cubierta por una cúpula que sostiene veinticuatro columnas de jaspe -americano con capiteles de mármol blanco de Italia. Al lado opuesto, -en una rotonda algo semejante, pero de más pequeñas dimensiones, se -congrega el Senado; y en un piso inferior y menos ornamentado, tiene -sus audiencias la Suprema Corte de los Estados Unidos. Hay, además, -sesenta departamentos para reunión de las comisiones, y residencia de -empleados del congreso. Una muralla de piedra rodea el edificio; un -depósito de gas provee a la iluminación especial de todo el espacioso -monumento, pudiendo alimentar seis mil picos que se encienden para las -iluminaciones; y en aquellos momentos estaba para terminarse el aparato -para colocar sobre la cúpula central, en un mástil de diez y seis varas -de alto, una luz eléctrica que debía iluminar la ciudad y acaso el -distrito de Columbia entero. ¡Bello símbolo por cierto, de la misión -de aquella casa, desde cuyo recinto sale la luz de la inteligencia, -iluminando toda la nación! Acordábamonos con Astaburuaga, quien me -servía de cicerone en el examen del edificio, de aquella camarilla de -diputados que habíamos dejado en Chile, en la que los representantes -están ensacados en una especie de vainas laterales, o si pudiese -llevarse la comparación a terreno irrespetuoso, cual bostitas de -cordero en una tripa, repitiéndonos al oído el viejo adagio: ruín es el -que por ruín se tiene. Los locos en Londres, en Génova y otros puntos -de Europa, moran en palacios más nobles que el que cubre a nuestros -congresos en América.</p> - -<p>Pues que ya he empezado a describir edificios, concluiré con los -pocos que llaman la atención del viajero en la presunta capital de -los Estados Unidos. White House, la casa blanca como la llama el -pueblo, es el palacio presidencial, y está colocada en la parte aún -desierta de la población, en el punto<span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span> donde se cruzan las calles de -Pensilvania, Virginia, Connecticut, New York y Vermont, rodeada de un -parque de veinte acres de terreno, y sobre una elevación de cuarenta -y cuatro pies sobre el río. El frontis que sirve de entrada por la -plaza de Lafayette hacia el norte, y el que da al sur sobre el jardín, -domina el hermoso panorama de la ciudad, el río Potomack, las costas -de Maryland y de Virginia. En el frente del norte hay un hermoso -pórtico que reposa sobre cuatro columnas jónicas. Una intercolumnación -exterior sirve para poner a cubierto los carruajes de los visitantes. -El espacio intermediario está destinado para el tránsito a pie, y una -elevada plataforma conduce de ambos lados a la puerta de entrada. El -interior del palacio está pasablemente ornamentado, aunque no tanto -cuanto correspondiera al presidente de los Estados Unidos. El servicio -de palacio es modesto, y aun mezquino en las exterioridades. Vese -al presidente paseándose solo por las hermosas avenidas del jardín -adyacente; uno o dos porteros en librea, únicos servidores que el -Estado pone a su servicio, no siendo permitido al presidente tener -guardias en torno de su persona. El presidente recibe sin ceremonia a -los que desean verlo, y hay un día de la semana, y dos o tres días del -año, en que todo estante o habitante tiene derecho de entrarse hasta -la habitación del presidente. El 4 de julio la plaza de Lafayette se -llena de carruajes de los visitantes en aquel día de felicitaciones; -descienden éstos del carruaje, y tras ellos el cochero, que encomienda -los caballos a algún muchacho mediante algunos centavos. El presidente -está en aquellos días en verdadera exhibición; los cocheros se abren -paso por entre la multitud haciendo resonar sobre el pavimento de -mármol sus botas herradas, llegan ante el presidente y le tienden una -mano callosa que aprieta la suya fuertemente y la sacude mirándole la -cara y riéndosele con fisonomía bonaza, provocativa, y satisfecha; -tornan a sus caballos, volviendo de vez en cuando la cara para mirar -al presidente, a<span class="pagenum" id="Page_162">[Pg 162]</span> obtener un último <i>piping</i>, de gusto y de -felitación. ¡Pobre presidente de la democracia!</p> - -<p>Hacia el lado oriente del White House hay extensos edificios, y otros -dos hacia el occidente, los cuales están destinados para las oficinas -de los ministros de hacienda, guerra y marina. La Posta general es un -palacio del orden corintio; y la tesorería ostenta una columnata de 457 -pies de largo. La oficina de patentes, depósito de modelos de inventos, -con un pórtico imitado en la forma y en la extensión del Partenón de -Atenas, tendrá, cuando se terminen las alas, cuatrocientos pies de -largo, encerrando en la parte concluída un salón de 275 pies de largo y -65 de ancho.</p> - -<p>Hay, además, en Wáshington 30 templos de diversas congregaciones, doce -colegios (academias), una universidad, tres bancos, dos asilos para -huérfanos, un consistorio municipal, un hospital, una penitenciaria, un -teatro y algunos edificios particulares, que dan cierta apariencia a -aquel plantel de la ciudad.</p> - -<p>Mi residencia en Wáshington fué uno de aquellos oasis de felicidad -íntima, doméstica, en que el corazón se lleva la mayor parte, y que tan -preciosos son para el que vaga por luengas tierras. El señor Carvallo, -enviado extraordinario de Chile, se obstinó en darme hospitalidad en -la casa de su embajada; su señora me prodigó cuantas atenciones puede -hacer recordar la familia, y si algo faltara para estar a mis anchas, -mi amigo Astaburuaga, secretario del agente chileno, me acompañaba a -todas partes, poniendo a mi disposición su práctica y conocimiento de -Wáshington. Así él podía mostrarme en la avenida de Pensilvania, entre -las jóvenes transeuntes que llamaban nuestra atención, cuál era la hija -de un senador, la de un banquero, una simple modista u otra persona -menos calificable. La sencillez del vestido, sus paseos y trajines por -las calles, sin nadie que las acompañe, y el detenerse aun a mirar -cualquier cosa que llame la atención, dan una idea del decoro de las -costumbres norteamericanas,<span class="pagenum" id="Page_163">[Pg 163]</span> y de aquella libertad de que goza la mujer -soltera entre ellos.</p> - -<p>Quería mi amigo Astaburuaga ponerme en contacto con el redactor del -<i xml:lang="en" lang="en">Wáshington Intelligencer</i>, diario muy importante de la capital, -por tanto, de <i xml:lang="en" lang="en">opposition</i> entonces, pues en aquel momento -dominaban en el gobierno con Mr. Taylor los demócratas. Encontrámoslo -en campo abierto sobre el terreno destinado a la fundación de un -colegio, para cuyo sostén legó un ciudadano millón y medio de pesos, -rodeado de siete u ocho jóvenes, y ocupados en discutir las bases, a lo -que supe después, de un gran proyecto. Mr. Johnson, el diarista, era el -presidente de edad nombrado para presidir a la instalación. Acercámonos -nosotros a distancia comedida, esperando que la sesión se levantase, -temerosos de ser importunos, como cuando nuestras gentes rezan, que -debe esperarse a que se santigüen para saludarlas. Dirigíalas el -presidente la palabra; contestaba alguno; replicaba un tercero en -tono sentencioso y frío, y oídos los pareceres, el presidente sometía -a votación la materia, contando los gangosos <i xml:lang="en" lang="en">yes, yes, nay, -yes, nay</i>, y declarando cuál era el punto sancionado. Repitióse -varias veces el procedimiento, y el fuego graneado <i xml:lang="en" lang="en">yes, nay, nay, -yes, yes</i>, terminó, al fin, el asunto. Entonces, se acercaron a -Astaburuaga, sucediéronse las recíprocas presentaciones de costumbre, -y supe, andando la conversación, que se habían reunido allí para echar -los cimientos de una asociación con el grande objeto de... ¡jugar a la -bocha! ¡Oh! ¡los yankees!</p> - -<p>Habíase, pues, propuesto, discutido y aprobado con una fuerte mayoría -de dos o tres votos.—1.º presidente, que lo fué Mr. Johnson local, -aquel donde estaban reunidos; hora de reunión, las cuatro de la tarde; -extensión del juego, reglas, arbitración en los casos litigiosos, -multas por infracción, etc.<span class="pagenum" id="Page_164">[Pg 164]</span> Era y es Mr. Johnson<span class="fnanchor" id="fna7"><a href="#fn7">[7]</a></span> un sujeto de -cuarenta años, hijo de un general de la independencia del mismo nombre, -culto de modales e instruido, cual correspondía al director de un -diario trascendental. Pasamos días enteros en discusiones las más -acaloradas sobre un punto, en que no habría esperado contradictores -en los Estados Unidos, a saber, la democracia y la república. Mr. -Johnson estaba bajo la pata del partido demócrata que domina desde -la presidencia Polk, y ofendido, desmoralizado por la tiranía de sus -opresores, porque en los Estados Unidos la mayoría dominante en el -gobierno es implacable e intolerante, maldecía de la república, de -la democracia y de aquella licencia ignorante y brutal que se decora -con el nombre de libertad. El mérito obscurecido, y eso es cierto; -el interés público descuidado, y eso también es cierto en muchos -casos; los servicios olvidados o miserablemente retribuidos, cosa -que es de regla en los Estados Unidos; en fin, la pasión de partido -sirviendo de criterio y de peso y medida para juzgar de todos y de -todo; el charlatanismo preferido a la ciencia, y las pasiones menos -justificables sirviendo de impulso a la dirección de la opinión -pública, todas estas tachas y otras muchas que afean las democracias, -las pasaba en revista para hacerme detestar aquella libertad de que yo -me mostraba tan apasionado. Cuando yo me empeñaba en contradecirlo, me -decía con sinceridad: “lo que yo quiero es que <abbr title="Usted">Vd.</abbr> no se alucine con -esta apariencia de orden, de prosperidad y de progreso, y los atribuya -a la forma de gobierno. Bajo esta corteza no encontrará sino miserias, -pasiones indignas, ignorancia y caprichos. Lo que yo me propongo es -que no vaya <abbr title="Usted">Vd.</abbr> a la América del Sud a proponernos por modelo de -gobierno”. Otras veces, más aplacado, me confesaba que la exasperación -en que lo tenía la tiranía del partido contrario,<span class="pagenum" id="Page_165">[Pg 165]</span> a él que era hijo -de un general ilustre, a él que estaba por la educación preparado para -ocupar en la sociedad lugar mejor, ofuscaba, a veces, su razón y le -hacía exagerar los inconvenientes muy reales del gobierno popular. -Sin embargo, de estas atenuaciones, diferíamos en puntos esenciales. -Sostenía él, por ejemplo, que la libertad es en las naciones una de -las fases que recorren. La libertad engendra la licencia; la licencia -trae la anarquía; la anarquía el despotismo. Aquí hay un momento de -alto; mientras el despotismo se consolida, mientras teme, es cruel, -sanguinario y desconfiado. Cuando está de todos aceptado, entra en -una época de indulgencia y de tolerancia que hace nacer el bienestar, -y da lugar al desarrollo de todas las facultades físicas y morales -de los hombres. Con la civilización y la seguridad, la libertad se -desenvuelve, el pueblo conquista uno a uno sus derechos, discute en -seguida el principio de la autoridad que lo gobierna, y de la extrema -libertad pasa a la licencia, y de ahí a la anarquía, volviendo a -recorrer aquel ciclo fatal en que está encerrada eternamente la vida de -las naciones.</p> - -<p>Esta doctrina, que la primera vez que se presentó obtuvo de su autor -un pomposo título de la <i lang="it">scienza nuova</i>, puede apoyarse con un -poco de maña y de sagacidad en la historia de todos los pueblos, desde -Grecia y Roma hasta los tiempos modernos; y uno y otro la invocábamos -en nuestro apoyo, luchando, a brazo partido, en la polémica y -disputándonos, palmo a palmo el terreno en cada hecho de aquellos que, -sin poner en duda su autenticidad histórica, traducíamos de diverso -modo.</p> - -<p>Mi argumentación iba por otro camino. La humanidad, decía yo, que es -el conjunto de las sociedades, tiene en la historia su alto, en las -épocas su ancho, y su organización íntima en la vida de cada pueblo. -Aseméjase el mundo moral al mundo físico. La historia de la tierra -se encuentra en las capas geológicas que revelan el mundo monstruoso -que ha precedido al nuestro; si se la toma desde los polos hacia<span class="pagenum" id="Page_166">[Pg 166]</span> el -Ecuador, mostrará las graduaciones de temperatura y de vegetación -que diversifican su especie; y si la consideramos desde los valles, -remontando hacia la cumbre de las montañas, nos ofrecerá el mismo -fenómeno de graduación de climas y de producciones.</p> - -<p>La historia es, pues, la geología moral. Veamos si sus capas diversas -han experimentado mejora y progreso. Supongamos un día antiguo en que -la tierra se nos presenta poblada. ¿Qué es lo que vemos? Casi todo el -globo sumido en la barbarie; imperios poderosos cuyas facciones, si no -es la conquista y la violencia, no alcanzamos a discernir bien. Al fin, -la Grecia, una mínima porción de la tierra, brilla por la libertad, la -democracia, las bellas artes y la ciencia. No entremos en detalles. -Roma se asimila a la Grecia, destruye a Cartago y somete al mundo. Pero -Roma desenvuelve la noción del derecho y extiende su práctica por toda -la tierra culta, que es, sin embargo, una pequeña fracción del globo. -Como los romanos a los griegos y al Egipto, los bárbaros de todos -los extremos del imperio romano se los absorben a ellos; esto es, se -asimilan a él, se agregan a la masa civilizada. La edad media es la -obra de fusión. A fines del siglo XV la Europa entera está en posesión -de las conquistas hechas por el pensamiento humano durante cuatro o -seis mil años. Con el renacimiento concurren Lutero, Galileo, Colón, -Bacón y otros. La América se agrega a la masa de pueblos civilizados, -y en esta parte se pone en práctica la noción del derecho que está -en todos los espíritus y cuyo desarrollo embarazan aún en Europa las -escorias que ha dejado la edad media. Lleguemos de un golpe al siglo -XIX, y abramos el mapamundi. ¿Dónde están los bárbaros? Guarecidos en -las islas, trabajados por la Rusia en las estepas de la alta Asia o -sepultados en el interior inaccesible del Africa. La parte civilizada -y en posesión más o menos de la libertad, o en vía de completarla, es -la mayoría de la humanidad, mayoría numérica, mayoría moral, de fuerza, -de inteligencia y de<span class="pagenum" id="Page_167">[Pg 167]</span> goces. Tiene hoy en su poder la parte más rica, -más templada, más productiva del globo; tiene el cañón, el vapor y -la imprenta para someter el resto salvaje del mundo, asimilárselo o -aniquilarlo. En vista de este espectáculo, ¿cómo se quiere someter a -un ciclo el movimiento social de las naciones, comparándolas con los -ejemplos truncos, aislados, que nos han dejado las naciones antiguas? -Si hubiera un ciclo tal, es preciso convenir en que, así como se -ha agrandado inmensamente la esfera de las naciones que tienen que -recorrerlo a un tiempo, así deben ser largas las épocas en que se han -de suceder las diversas fases; y yo me río de la general tiranía que ha -de pesar sobre el mundo desde la India y los confines de la Rusia hasta -los Montes Rocallosos en América dentro de mil millares de años.</p> - -<p>Ahora miremos a los pueblos por su espesor o su organización íntima, -aunque no sea posible considerarlos sin relación a las épocas -históricas. Pero supongamos un pueblo de Italia que se perpetúa en -un punto del territorio desde las épocas históricas; la población -de Fiézzole, por ejemplo, que es florentina, toscana, y ha sido -romana, etrusca, pelasga, autóctona e indígena, si no ha tenido -otros nombres intermediarios. ¿Cómo eran estos pueblos y cómo son? -¿Qué transformaciones han experimentado? Primero antropófagos; en -seguida haciendo sacrificios humanos en los templos, más tarde -haciendo esclavos a los prisioneros en la guerra, y ejerciendo la -guerra de pillaje y de devastación como industria y ocupación. Los -conquistadores se distribuyen el suelo conquistado y los hombres; nacen -las aristocracias y el pueblo siervo, la chusma ignorante y sujeta a la -tortura en los tribunales de justicia, a la miseria y la degradación. -El cristianismo encontró al mundo organizado así. Pongámonos ahora a -contemplarlo desde el siglo XIX, y desde los Estados Unidos, desde el -seno de esta comarca que usted maldice como el prototipo del desorden -moral y político. No hay<span class="pagenum" id="Page_168">[Pg 168]</span> guerra, no hay señores ni aristocracia; -no hay pueblo en el sentido romano; hay la nación, con igualdad de -derechos, con industria personal para vivir, con máquinas auxiliares -del trabajo, ferrocarriles, telégrafos, prensas, escuelas primarias, -colegios, asilos, hospitales, penitenciarías, etc., etc. Observe la -organización íntima de esta parte de la humanidad, de esta Atica -moderna que ocupa, sin embargo, medio continente; y cuán atrás -supongamos al resto de las naciones, no se necesita mayor esfuerzo -de ánimo para suponer que han de llegar a ese grado de habilitación -de todos los individuos de la sociedad, porque todas están labradas -por las mismas ideas y las mismas instituciones. Desde que haya una -escuela en una villa, una prensa en una ciudad, un buque en el mar -y un hospicio para enfermos, la democracia y la igualdad comenzarán -a existir. El resultado de todo esto es que la masa en elaboración -es inmensa, que no hay naciones o pueblos propiamente dichos y que -la libertad individual está en cada punto del globo apoyada por -la humanidad civilizada entera; y cuando hubiese un pueblo que se -inclinase a entrar en el ciclo fatal del despotismo que se les asigna, -el espectáculo, la influencia de cien otros que entran en el período -de libertad lo retendrían en la fatal pendiente. El primer período del -ciclo fué la antropofagia. ¿Qué pueblo ha vuelto a recorrerlo una vez -salido de él? El último es la democracia. ¿Qué pueblo ha sido demócrata -en el sentido moderno y con los medios organizados hoy de hacerlo -efectivo la prensa y la industria y un mundo civilizado en el exterior -que le sirva de atmósfera favorable y que haya salido de ese terreno -para fundar monarquías aristocráticas? ¿Las repúblicas italianas?</p> - -<p>Sobre este tópico nos batíamos sin cesar Mr. Johnson y yo. A veces me -decía: “Nada fueran las masas americanas, si no viniesen todos los años -trescientos mil salvajes<span class="pagenum" id="Page_169">[Pg 169]</span> de Europa que echan a perder la fusión y -hacen de la mejora de la opinión una cántara de las Danaides”.</p> - -<p>—¡Ah, si tuvieran ustedes, como nosotros en Sud América, que luchar -con una masa en la cual el europeo, tan atrasado como lo encuentran -ustedes, es un elemento precioso y escaso de civilización y de -libertad!...</p> - -<p class="footnote" id="fn7"><a href="#fna7">[7]</a> Ahora es empleado de una oficina, y está, a lo que Astaburuaga me -escribe, en todo su apogeo, pues domina el partido whig.—El autor.</p> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="ARTE">EL ARTE AMERICANO</h3> -</div> - -<p>A quince millas de distancia de Wáshington está Mount-Vernon, la -morada y la tumba de aquel grande hombre que la humanidad entera ha -aceptado como un santo, grande por la virtud y el más grande de los -hombres por haber puesto la piedra angular al edificio de la nación -única del mundo que ve claro su porvenir y cuyo porvenir es el bello -ideal de la grandeza de las naciones modernas. Tomo una descripción -que encuentro a mano del santuario yankee, de aquella Santa Caaba, de -plácido recuerdo: “Después de haber cabalgado un corto espacio por -medio de bosques, que de vez en cuando se abren en oasis de culturas -aisladas, mi amigo me señaló una piedra hundida en el terreno al lado -del camino, que, según me dijo, marcaba el principio de la quinta de -Mount-Vernon. Todavía marchamos dos millas antes de ver la puerta y la -morada del portero. Después de haber entrado, recorrimos una distancia -de cerca de media milla; y el camino de carruajes seguía atravesando un -terreno muy variado y sombreado por árboles grandes en toda la lozanía -de los bosques. Cruzamos un torrente, pasamos un arroyo, sintiéndonos -tan en medio de la naturaleza primitiva que la vista de la casa y el -huerto que la rodea casi hizo sobre mi ánimo el efecto de un encuentro -inesperado. La aproximación a la casa se hace por el frente del oeste. -La puerta del gran patio da a una extensa habitación en la<span class="pagenum" id="Page_170">[Pg 170]</span> cual -entramos. No fué el hábito, sino un sentimiento más y más profundo, el -que me hizo quitar el sombrero de la cabeza y marchar con precaución -como si pisara una tierra sagrada... Las piezas de la casa son -espaciosas y campea cierta elegancia en su acomodo; pero el conjunto -es notable por su extrema simplicidad. Todo cuanto la mirada abraza -parece respirar la santidad de aquellas reliquias públicas, y todas las -cosas se conservan casi en el mismo estado en que Wáshington las dejó. -Todo americano, y principalmente, los jóvenes que visitan este lugar, -experimentan una fuerte impresión que durará toda su vida... A cierta -distancia de la casa, en un lugar retirado, está la tumba nueva de la -familia, compuesta de una simple estructura de ladrillo con una puerta -de hierro, por entre cuyas rejas se divisan dos sarcófagos de mármol -blanco, el uno al costado del otro, los cuales contienen los restos de -Wáshington y de su mujer. La antigua tumba de familia en que estaba -colocado al principio, estuvo en una situación más pintoresca, sobre -una colina dominando el panorama de Potomack; pero la presente está más -retirada, lo que fué una razón para determinar los deseos del hombre -modesto”.</p> - -<p>¡Cuánto arte no se descubre en la colocación de esta tumba, cuánta -grandeza en su obscuridad, y cuán americano y nacional es aquel -acompañamiento de bosques primitivos, torrentes agrestes y arroyuelos -en el estado de naturaleza! Esta es la artística morada de Wáshington, -el plantador norteamericano, el genio de la democracia apenas -posesionada de la naturaleza inculta. Adriano estaba bien en la que hoy -es el castillo San Angelo; Rafael en la Rotonda de Agripa, que él puso -sobre pilares en San Pedro; Napoleón bajo la cúpula de los Inválidos; -pero los manes de Wáshington habrían vagado largo tiempo en rededor -de su sepulcro si le hubiese faltado la perspectiva y la sombra de -los árboles seculares de los bosques, rodeando<span class="pagenum" id="Page_171">[Pg 171]</span> el asilo doméstico y -combinando la naturaleza inculta con el fruto del trabajo personal del -norteamericano.</p> - -<p>Y, sin embargo, Wáshington, el héroe de la independencia -norteamericana, el fundador del pueblo trabajador y positivo, estaba -destinado, también, a inspirar el sentimiento de las bellas artes a -los hijos de los puritanos, y volver a esta familia, descarriada por -preocupaciones religiosas, el camino en que la humanidad ha marchado -siempre, desde el fetiche informe que adora en su infancia, hasta las -Pirámides de Egipto, el Coliseo romano, el Partenón, o el moderno -San Pedro. Las ruinas de Palenque, las esculturas encontradas por -Stephen en Centro América, como las estatuas de Miguel Angel o las -pinturas de Rafael, son todas páginas de un mismo libro, que señalan -el día en que cada nación tuvo conciencia de sí misma y perpetuando -la memoria de lo pasado o endureciendo en piedra o en bronce una -idea, empezó a mirarse viva en las edades futuras, legando a las -venideras generaciones monumentos, estatuas y obras públicas que -demandan siglos de elaboración. A veces me ocurre la idea de que -tanto hicieron los egipcios trabajar a los hebreos cautivos en la -construcción de pirámides y otros monumentos, que cuando aquella chusma -se sublevó y tomó el desierto, juró no permitir que en la tierra de -promisión que iban buscando, se levantasen monumentos ni se erigiesen -estatuas, acordándose, sin duda, de los palos que les habían dado -los sobrestantes egipcios. ¿Cómo explicarse de otro modo el horror -a los templos y a las imágenes que muestra Moisés, el discípulo de -los sacerdotes egipcios? El arte es la realización del hombre, es -el hombre mismo, puesto que, no siendo, al parecer, necesario a su -existencia, como lo muestran los demás animales, es, sin embargo, la -preocupación más constante desde la vida salvaje hasta el pináculo de -la civilización. Tengo para mí que Roma ha muerto sofocada por los -monumentos, que<span class="pagenum" id="Page_172">[Pg 172]</span> éste es el fin de las grandes ciudades de la historia -y que París ha de acabar por fin por cuajar su suelo de monumentos -públicos, de manera que al final de los siglos la población se acoja -a las catacumbas, que minan el suelo, por no haber espacio para ella -sobre la superficie de la tierra. Cuando se dice que los primeros -cristianos se ocultaban en las catacumbas de Roma, huyendo de la -persecución, me parece que se toma un hecho por otro. La exploración de -aquellas inmensas cavernas y perforaciones muestra hoy al arqueólogo -los restos de tres siglos de arte cristiano primitivo, lo que prueba -que durante tres siglos y hasta la destrucción de la ciudad monumental -por Atila, la plebe romana vivió alojada en las catacumbas, donde -tenía sus templos, plazas subterráneas, mercados y cementerios. Es -ridículo pensar que en una ciudad vivan escondidos durante tres siglos -cientos de miles de habitantes, que a cada momento necesitan ponerse en -contacto con el exterior, para proveer a sus necesidades.</p> - -<p>Mahoma y los protestantes no deben citarse en materia de bellas artes -como una nueva aberración de la naturaleza humana, puesto que la obra -de estas dos reacciones en contra no son más que recrudescencias de la -ojeriza de Moisés contra las pirámides, a causa del mal trato dado a -los hebreos; gato escaldado, en materia de asentar piedras.</p> - -<p>Los norteamericanos creen que no tienen vocación artística, y afectan -desdeñar las producciones del arte, como fruto de sociedades viejas -y corrompidas por el lujo. Yo he creído, sin embargo, sorprender el -sentimiento profundo, exquisito, de lo bello y de lo grande de este -pueblo que marcha de carrera en busca del bienestar material, y va -dejando a su paso incompletas todas sus obras y a medio hacer. ¿Qué no -entra por nada en el sentimiento del bello ideal, la beldad moral? ¿Qué -pueblo del mundo ha sentido más hondamente esta necesidad de confort, -de decencia, de holgura, de bienestar, de cultura de la inteligencia?<span class="pagenum" id="Page_173">[Pg 173]</span> -¿Qué pueblo ha sentido más horror por el espectáculo de lo feo, la -pobreza, la ignorancia, la borrachera, la degradación física y moral, -que es como la corteza y la primera apariencia de las sociedades -europeas? En Roma, de entre los monumentos y las basílicas se alargan -manos muy cuidadas pidiendo limosna.</p> - -<p>No hablaré de los hoteles, bancos, iglesias, embarcaderos y acueductos -que en toda la Unión asumen formas monumentales; mucho menos de las -columnas, obeliscos de cierta grandeza y elevación que en honor de -Wáshington y de Franklin se alzan en Boston, Filadelfia y Nueva York. -Todas estas son muestras, o más bien, productos artísticos, pero que no -revelan el sentimiento norteamericano del arte. Los europeos emigrados -ahora dos siglos, o emigrando actualmente, comunican por fuerza y -como necesidad de existencia los medios artísticos que poseen. Pero -no es este el arte americano, pues que no doy este nombre sino a la -manifestación de aquella constante y seguida aspiración de un pueblo -en prosecución de una idea nacional, que existe y se revela en cada -hombre, por generaciones sucesivas. Llamóle arte, no a los grados -de civilización de los diversos pueblos, sino al genio, al carácter -nacional en cuanto reviste formas tangibles y afecta su historia. ¿Cuál -era el arte romano? Sin duda que no se dará este nombre a los diversos -órdenes de arquitectura, a la estatuaria y demás decoraciones, cuyas -formas habían adoptado de los griegos, imitándolas, entremezclándolas, -y adaptándolas a sus trabajos. Llamo arte romano a aquel sentimiento -grandioso que hacía concebir las Termas, el Coliseo, la tumba de -Adriano, los acueductos de Segovia y el anfiteatro de Nimes; al -espíritu monumental y dominador de la tierra y de los obstáculos que -ella oponía a la continuidad y facilidad de dilatación y permanencia -de la grande y perseverante idea artística romana, la incorporación de -la tierra conocida bajo el<span class="pagenum" id="Page_174">[Pg 174]</span> dominio de sus leyes, y la adopción de los -cultos, de las civilizaciones y de las costumbres de todos los pueblos. -Una revolución interna, la elevación de la plebe, y otra externa, la -incorporación de los bárbaros, destruyeron la obra romana, como una -plétora a que no pudo resistir aquel cuerpo que tenía que digerir un -mundo de un golpe.</p> - -<p>Acaso los yankees están amenazados de sucumbir bajo el peso de una -elaboración interna tan amenazante como la de la plebe romana. Todos -tiemblan hoy porque aquel coloso de una civilización tan completa -y tan vasta no vaya a morir en las convulsiones que le prepara la -emancipación de la raza negra; incidente de una magnitud amenazante, -y sin embargo, tan extraño a la civilización norteamericana en su -esencia, como sería extraño a las leyes internas de nuestro globo el -que un cometa de los millares que andan errantes por el espacio, se -estrellase contra él un día y lo hiciese periclitar.</p> - -<p>¿Dónde está, pues, el genio artístico americano? No lejos del Capitolio -de Washington en una casita modesta, sobre un bufete de madera de -pino sin barnizar, mostráronnos a mí y a mi amigo Astaburuaga, quien -me conducía a aquel retrete, un modelo de un monumento que debía -erigirse a la memoria del héroe norteamericano. La construcción se -compone de un gran edificio de formas jónicas de cuyo centro se -eleva una aguja. Según la escala que tiene al pie el diseño, mide en -alto todo él, dos metros más que la pirámide de Cheops en Egipto. La -arquitectura es una combinación, más o menos feliz, de formas y géneros -conocidos, herencia de todos los pueblos civilizados. Lo que en aquel -monumento hay del genio yankee es la altura, es decir, el sentimiento -nacional de sobrepasar en osadía a la especie humana entera, a todas -las civilizaciones y a todos los siglos. Dos metros más alto que el -monumento más alto construído por los hombres, he aquí el sentimiento -de lo grande, de lo<span class="pagenum" id="Page_175">[Pg 175]</span> sin rival que caracteriza a aquel pueblo; -sentimiento que ha preludiado o seguido a las más grandes épocas que ha -alcanzado alguna porción del género humano. A este mismo sentimiento -obedeció el pueblo que construyó las pirámides; ese mismo sentimiento -aconsejó hacer del monte Athos una estatua de Alejandro, cuya mano -tendría las fuentes naturales del río; ese sentimiento, en fin, inspiró -la idea del coliseo de Nerón, el coliseo su vecino, y ese sentimiento -dirigió la construcción de San Pedro en Roma, el camino del Simplón, -etc., etc.</p> - -<p>La idea de elevar aquel monumento a Washington, ha sido acogida en -la Unión con entusiasmo febril, nada más que porque respondía a la -aspiración nacional de sobreponerse a las demás naciones<span class="fnanchor" id="fna8"><a href="#fn8">[8]</a></span>. Vese -este espíritu en la arquitectura naval. El buque que no mide dos -mil quinientas toneladas no merece llamar la atención ni engreir al -pueblo como un trofeo de su gloria. ¿Qué dijera Colón que atravesó el -océano en carabelas de ochenta toneladas, si viera flotar sobre las -aguas aquellos monstruos que pueden esconder en su seno cincuenta mil -quintales de nieve o de granito, porque granito canteado y nieve, son -dos mercaderías de exportación de que los norteamericanos hacen un -comercio de algunos millones?... Hace cosa de diez años que atormenta -a los yankees la idea de atravesar el continente americano con un -camino de hierro desde Nueva York hasta el Oregon, uniendo el Atlántico -con el Pacífico, e interponiéndose ellos entre la Europa y el Asia, -de manera de pasarles con la derecha a los ingleses lo que con la -izquierda hubiesen cogido en las<span class="pagenum" id="Page_176">[Pg 176]</span> costas de la China y del Japón<span class="fnanchor" id="fna9"><a href="#fn9">[9]</a></span>. No -han inventado, sin duda, los americanos ni el camino de hierro, ni el -buque, ni el orden jónico; pero suyas son las colosales aplicaciones y -los perfeccionamientos que introducen diariamente en su construcción; -pues si no han podido mejorar los órdenes arquitectónicos, algo de un -carácter nacional les han añadido a los conocidos, como la estatua de -Franklin sosteniendo el pararrayos en el pináculo de las cúpulas, como -ya lo he indicado antes, y la mazorca de maiz como coronación y remate, -en lugar del piñón antiguo. El embarcadero de los caminos de hierro, el -viaducto, el puente, el hotel y otras construcciones, que reclaman las -necesidades de nuestra época, pueden dar en los Estados Unidos formas -arquitectónicas desconocidas en los siglos pasados y que estereotipen -un carácter peculiar a cada clase de monumento.</p> - -<p>La parte económica del monumento de Washington revela otro de los -signos del genio artístico de los yankees. Levántase aquella obra -colosal, por medio de una suscripción popular de solo algunas monedas -de cobre por individuo. Así cada año la nación en masa trae a los pies -de la estatua del grande hombre, tipo del bello ideal nacional, un -tributo espontáneo de gratitud y alabanza; y en este punto pueden darse -por vencidas todas las naciones de la tierra. Todos los monumentos -del mundo están amasados con lágrimas e iniquidades; y el mismo -San Pedro de Roma, no es <i xml:lang="la" lang="la">gloriam Dei</i> la que enarra, sino la -perversidad y las extorsiones de sus ministros. Roma contiene hoy -en monumentos, como ahora dos mil años, la sangre y los despojos de -la tierra. Versalles, el Escorial, el Arco de l’Etoile, todos los -monumentos del mundo protestan<span class="pagenum" id="Page_177">[Pg 177]</span> contra el despotismo de quien fueron -antojo y vanidosa ostentación. Pero el monumento de Washington es tan -puro, como la idea inmortal que representa. Las generaciones pueden -sucederse embelleciéndolo de año en año por siglos enteros, sin que -una idea triste acongoje el ánimo del espectador más complacido que -asombrado. Veinte millones de ciudadanos felices hoy, mañana ciento, -consagran una ínfima parte de su trabajo a solemnizar el más noble -y el más grande de los recuerdos históricos, la personificación de -la dignidad moral más alta que se haya ofrecido a la especie humana. -¿Qué es Napoleón mirado desde esa altura? El último y el más sublime -de los bandidos que han asolado la tierra y cubiértola de cadáveres, -para poner su orgullo en lucha con la obra de la perfección social que -destruyó con la república. ¿Qué es Washington sepultado al lado de su -mujer en un obscuro y solitario rincón de la casa que habitó? El genio -de la humanidad moderna, el principio de una era que asoma, y que ya -deja marcado al mundo el camino de justicia, de igualdad y de trabajo -laborioso que seguirá.</p> - -<p>Deben decorar el interior del monumento de Washington, piedras e -inscripciones enviadas por todos los Estados de la Unión, las ciudades -y las corporaciones, y sociedades científicas, filantrópicas, y aun -industriales<span class="fnanchor" id="fna10"><a href="#fn10">[10]</a></span>. Aquel sistema de contribución popular y espontánea -para la realización de un pensamiento nacional, constituye, a mi -juicio, la muestra más clara de la existencia de un sentimiento -artístico nacional. No sé si hay en Europa pueblos que en masa se -apasionen por la realización de una idea, si no son los franceses de -cierta clase, y lo que ha hecho en la edad media el catolicismo, por -medio de las corporaciones de artesanos. Pero en los Estados Unidos, -si este sentimiento no está del todo desenvuelto en la masa<span class="pagenum" id="Page_178">[Pg 178]</span> de la -nación, lejos de morir como el bello espíritu cristiano de la edad -media, está en germen apenas, y toma cada día formas más aparentes. No -hay ciudad de alguna importancia que no tenga en los Estados Unidos su -rudimento de museo, en que están bárbaramente mezcladas obras de arte, -curiosidades traídas por los navegantes, objetos de historia natural, -y aun representaciones grotescas de escenas ocurridas en los mares -u otros puntos y que han preocupado al público. Esas colecciones se -enseñan al curioso por una retribución, y aquella retribución forma -un capital que se emplea incesantemente en enriquecer, embellecer y -completar las colecciones para excitar más y más la curiosidad. Durante -mi permanencia en Nueva York, estaba en exhibición una bellísima -estatua en mármol de Carrara, ejecutada en Roma por Poper, joven -artista norteamericano de rara habilidad. La estatua representaba una -cautiva georgiana, no siendo más que una Venus con cadenas. Era, acaso, -la vez primera que los puritanos veían expuesta una de esas bellas -desnudeces femeniles con que tanto se familiariza uno, ennobleciéndose -el pudor, en los museos de Italia y de Francia. Los primeros días hubo -grande escándalo; pero concluyeron al fin las gazmoñas por levantar los -ojos y habituarse a contemplar la beldad artística en aquel espejo de -mármol. El resultado fué que la exposición de la estatua tomó el camino -de hierro, y fué de ciudad en ciudad exhibiéndose a los ojos rudos del -pueblo, y reuniendo, en cambio de sorpresas, cuchicheos y admiraciones -de los espectadores, sendos pesos fuertes; por manera que el artista -obtuvo en recompensa de su talento, más de lo que Canova u Horace -Vernet obtuvieron nunca por sus más afamados <i lang="it">capi d’opera</i>. Estas -costumbres y esta ovación popular prometen al arte americano estímulos -más poderosos, gloria más retumbante que la que los reyes de la tierra -han podido conceder jamás, gastando en fomentar las bellas artes rentas -que no son suyas, y que arrancan para sus placeres el sudor de los -pueblos. No es esta una<span class="pagenum" id="Page_179">[Pg 179]</span> paradoja; hase comprobado ya que los gastos -que hacen por suscripciones gratuitas en Norte América los ciudadanos -y aun las señoras para costear los trabajos de los astrónomos de -Cincinnati, exceden en mucho a las rentas acordadas por el gobierno -inglés para los mismos fines. No está, pues, lejos el día en que los -grandes artistas europeos vengan tras del lucro a pasear por los -Estados Unidos sus obras maestras, recogiendo pesos a millares mientras -el gusto nacional se educa, y más tarde codiciando la ovación que al -talento haga un pueblo, juez competente ya en materia de arte. Las -cantatrices y bailarinas célebres empiezan a mostrar el camino que más -tarde seguirán los pintores y los estatuarios. Tan genial es aquella -ambulancia del arte en Norte América, que no hace muchos años hubo un -teatro magnífico, construído sobre un buque que iba dando funciones a -ambas márgenes de un río, a medida que llegaba a una villa o ciudad de -consideración.</p> - -<p>Tienen los norteamericanos costumbres públicas y privadas que se -prestarían al desarrollo de las artes. La vida afanosa que llevan y la -excitación de los negocios los fuerza a viajar continuamente, mostrando -cierta necesidad de emociones, de ver y de agitarse, que los lleva en -romería a la cascada del Niágara, a los lagos y a las ciudades de la -costa. Esta parte antigua de la Unión ejerce sobre la población del -interior una grande influencia moral, como que allí está el centro -del movimiento inteligente y mercantil, y la sede del gobierno; y -como todas las familias del interior son originarias de los antiguos -Estados, los ojos se vuelven siempre hacia la patria primitiva, -embelleciendo los recuerdos, la carencia de los goces a que los padres -estuvieron habituados.</p> - -<p>Washington, la capital nominal de la Unión, aprovechará, sin duda, en -un porvenir próximo, de estas disposiciones del espíritu nacional, si -el Capitolio, el Museo de Inventos y el monumento elevado a Washington, -hubiesen de ser acompañados por otras atracciones que hiciesen al -fin de la capital un centro de espectáculos que muevan la curiosidad -de los<span class="pagenum" id="Page_180">[Pg 180]</span> viajeros y despierten el nacionalismo. Residencia de los -Senadores, ministros y altos funcionarios, como asimismo, de los -representantes de las otras naciones, Washington podría embellecer sus -veladas con la ópera, y las artes dramáticas y coreográficas, si las -ideas religiosas no opusiesen a ello fuertes obstáculos.</p> - -<p>Añádase a esto que el sentimiento de unidad, de centralización, y -de dirección, lucha con desventaja contra la energía individual y -local, base de la organización política de aquel país, y resultado -del espíritu protestante. No conozco hecho en contrario, si no es el -<i xml:lang="en" lang="en">Board</i> de Educación de Massachusetts, que ha logrado al fin -sobreponerse a las resistencias y espontaneidad local en materia -de enseñanza, imprimiendo una impulsión científica y sistemada a -la educación general del Estado. ¿Podría extender esta influencia -sobre toda la Unión, partiendo de un centro único y oficial? Si tal -sucediera, lo que es obra del tiempo, diríase que se obraba una -revolución radical en la vida de aquel pueblo. El movimiento de -mejora y sistema en la educación primaria principió en Boston, Nueva -York, Maine y los demás Estados, hasta los del Oeste, pusiéronse -luego en movimiento; pero, cada uno de por sí, adoptando variantes y -aplicaciones, según lo aconsejaba la dirección impresa a la opinión. -Es posible que aquellos Estados lleguen a tener al fin una legislación -idéntica, sin ser por eso común, ni ligada a un centro general. La -civilización y el poder de los individuos es igual a la suma de los -individuos que la componen; pero no es esa suma, representada por -el Estado, como nos lo dictan nuestras ideas latinas en materia de -gobierno. La estadística, los monumentos, todo se hace por agregaciones -parciales; y tal es la idea de la negación de la personalidad del -Estado, que después de una guerra se venden en pública subasta los -buques, los fusiles y los cañones que sirvieron para hacer efectiva la -fuerza nacional.</p> - -<p>En despecho de todo esto, los americanos han tenido la pretensión de -honrar un arte nacional, llamando tal a los productos<span class="pagenum" id="Page_181">[Pg 181]</span> artísticos -salidos de ingenios americanos. Idea mezquina para nación tan -cosmopolita, y emigrada de los antiguos pueblos europeos. Los -norteamericanos debieran, como nación, emprender la conquista de -los monumentos de las artes de Europa. A cada momento se anuncia en -Venecia, en Génova y en Florencia la venta de Museos particulares -que cuentan Ticianos, Españolettos, Carrachos y aun Rafaeles. Los -franceses han saqueado la España de Murillos, Zurbaranes y Velázquez, -y aun la Irlanda se ha enriquecido de bellezas artísticas, mientras -que los cónsules bárbaros de Norte América no sienten siquiera la -tentación de Marcelo al ver las estatuas de Corinto. Cien mil pesos -anuales destinados a la adquisición de las obras de los maestros -antiguos y modernos, echarían en los Estados Unidos la base del futuro -arte americano. En Francia, cuán adelantada es aquella nación en las -bellas artes, pues lo es más que la Italia, siéntese la necesidad -de trasportar en copia al menos todos los grandes modelos del arte -extranjero. Washington debiera enseñar las imitaciones perfectas y -como para servir de escuela, de la Rotunda de Agripa, del Partenon de -Atenas, de la Catedral de Ruan, como modelo del gótico, y de media -docena más de edificios célebres. Así se convertiría en capital -artística aquella aldea buena para nada y rebelde al tiempo y al -progreso, que agranda y embellece a vista de ojo todas las ciudades -americanas; pues Washington, no siendo centro comercial ni naciendo el -movimiento político de su seno, adonde viene, por el contrario, desde -afuera, está condenada a no ser nunca gran cosa, si no se apodera -del único principio orgánico que ella puede centralizar, que es la -impulsión artística y la concentración monumental que trae a la nación -a un centro común de vanidad, de gloria y de veneración.</p> - -<p>Hay ya un establecimiento en Washington, que atrae las miradas de toda -la nación, el cual es visitado diariamente como escuela nacional. La -Oficina de Patentes encierra en un museo de modelos la historia de los -progresos que las artes industriales<span class="pagenum" id="Page_182">[Pg 182]</span> han hecho desde su creación. -Trece mil quinientas veinte y tres patentes por invenciones y mejoras -se habían otorgado hasta 1844, perteneciendo al año de 1843 quinientas -treinta y una. En este ramo de la actividad inteligente del país han -procedido, como debieran proceder en todo lo que tiene relación con -la cultura, a saber: importando primero, plagiando, saqueando a las -otras naciones para enriquecer de datos su espíritu, y obrar después. -Los resultados no se han hecho aguardar. De un extracto del informe -sobre exportación de máquinas hecho en 1841 ante la Cámara de los -Comunes en Inglaterra resulta que preguntado el informante si la -Inglaterra debe de una manera notable a los extranjeros invenciones en -maquinaria, fué respondido: “podría decir que la mayor parte de los -nuevos inventos últimamente introducidos en las fábricas de este país, -vienen de afuera; pero necesito hacer comprender que no son mejoras -en máquinas, sino inventos enteramente nuevos. Hay ciertamente muchos -perfeccionamientos emanados de este país, pero temo que la mayoría de -las invenciones realmente nuevas, esto es, ideas nuevas enteramente -en la aplicación de ciertos procedimientos, por máquinas nuevas, o -por medios nuevos, traen su origen de fuera, y principalmente, de -<i>América</i>.”</p> - -<p>Esta confesión de la Inglaterra de su esterilidad en la maquinaria, y -de la invasora fecundidad de su joven rival, es el grito lúgubre de los -náufragos que saben que no hay socorro posible. Norte América invade -hoy al mundo, no ya con productos e inventos, sino con ingenieros, -artífices y maquinistas que van a enseñar las artes de producir mucho a -poca costa, osarlo todo y realizar maravillas.</p> - -<p>He insistido en aquel extraño atraso artístico, fruto de preocupaciones -heredadas, porque, no sólo en las artes útiles, sino en los trabajos -de la inteligencia, los norteamericanos empiezan a tomar una posición -propia. Conoce usted a Cooper, a Washington Irving, a Prescott, a -Bancroff y Sparks, como historiadores de primer orden de las cosas -americanas, osando<span class="pagenum" id="Page_183">[Pg 183]</span> algunos de ellos emprender la aclaración de algunos -episodios de la historia europea; pero aun es más grande el número de -escritores de renombre que han tratado las cuestiones especulativas -de filosofía, economía, política y teología. Baste decir que en doce -años hasta 1842, se han publicado ciento seis obras originales sobre -biografía; ciento dieciocho sobre geografía e historia americana; -noventa y una sobre lo mismo con respecto a otros países; diez y -nueve de filosofía; ciento tres de poesías; y ciento quince novelas, -mientras que casi en el mismo tiempo trescientas ochenta y dos obras -originales americanas habían sido reimpresas en Inglaterra, y aceptadas -por aquel público mismo que veinte años antes preguntaba por boca -de una revista: ¿quién lee libros americanos? Oradores y estadistas -como Everett, Webster, Calloum, Clay, los poseen iguales solo en la -Francia y la Inglaterra, siendo de notar que el brillo en los trabajos -históricos y en la elocuencia empieza a ser como en Francia, escalón -que conduce al poder y la influencia sobre la opinión pública. Los -viajeros, los naturalistas, arqueólogos de cosas americanas, geólogos y -astrónomos que emprenden enriquecer, y aun rehacer la ciencia, abundan -comparativamente, mostrando por los resultados que obtienen en sus -trabajos, que están mucho más adelantados que lo que la Europa hubiera -creido, a no tener a cada momento que aceptarlos.</p> - -<p>Diráme usted que toda esta reseña de los progresos intelectuales de los -americanos no tiene nada de común con Washington, la desierta capital; -pero, ¿dónde colocar estas reminiscencias y cómo darles cuerpo y unidad -si no se inventa un centro a que referirlas?</p> - -<p>Mi permanencia en Washington se prolongó de un día más sobre el tiempo -convenido con Arcos, pues nos habíamos dado cita últimamente en -Harrisburg en el <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>, que yo había señalado como -punto de reunión.</p> - -<p>Hube de regresarme a Baltimore y de allí tomar el ferrocarril que -conduce a aquella cuidad; y no bien hube llegado<span class="pagenum" id="Page_184">[Pg 184]</span> a la posta, empecé -a inquirirme del <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>. ¡Cuál fué mi sorpresa al -saber que en Harrisburg no había hotel con aquel nombre! Como en toda -ciudad norteamericana hay uno que lo lleva, yo había dado a mi futuro -compañero de viaje cita al que suponía debía haber en Harrisburg. Con -trabajo pude indagar el paradero de Arcos, que había dejado escrito en -el libro del hotel de la posta, estas lacónicas palabras, dirigidas -a mí: “Le aguardo en Chamberburg.” Asaz mohino y cariacontecido por -este contratiempo me dirigí a Chamberburg, donde, después de recorrer -las posadas con inquietud creciente, nadie supo darme noticia de la -persona por quien preguntaba, tanto más cuanto que hablando Arcos el -inglés con una rara perfección, y gangoseándolo por travesura cuando -se dirigía a norteamericanos, nadie, ni los mismos que habían hablado -con él, me daba noticia del joven español por quien yo preguntaba -en un inglés que hacía estremecer las fibras a los pobres yankees. -Entreteníame aún la esperanza de que estuviese en los alrededores -cazando, pues en nuestro programa de viaje entraba una expedición -campestre en los Montes Alleghanies. Al fin supe que había dejado en -la posta una esquela, en que me repetía lo de Harrisburg: “Lo aguardo -en Pittsburg”. <i>¡Malheureux!</i> exclamé yo acongojado. ¡Cincuenta -leguas de Chamberburg a Pittsburg, los Alleghanies de por medio, diez -pesos de pasaje en la diligencia, y no cuento sino con tres o cuatro -en el bolsillo, suficientes apenas para pagar el hotel en que estoy -alojado! Supe, pidiendo detalles circunstanciados sobre la indiscreta -partida de mi intangible precursor, que no habiendo en el saco de heno -que lleva encima para proveer a los caballos, y que allí debía viajar -dos días y dos noches, impulsado a tanto sacrificio por la inquietud -juvenil de una sabandija incapaz de aguardar en un lugar ocho horas, -que era la diferencia de tren a tren que nos llevábamos en el camino -de hierro. Heme aquí, pues, en el corazón de los Estados Unidos, -como quien dice tierra adentro, sin un medio, haciéndome entender -a duras penas y rodeado de aquellas caras<span class="pagenum" id="Page_185">[Pg 185]</span> impasibles y heladas de -los americanos. ¡Qué susto y qué aflicciones pasé en Chamberburg! A -cada momento llamaba al dueño del hotel y de palabra y por escrito le -exponía mi situación.—Un joven que va adelante lleva mi dinero, sin -saber que no traigo el necesario para los gastos de camino. Me piden -diez pesos de pasaje en la posta y no tengo sino cuatro para pagar el -hotel. Pero tengo algunos objetos de valor intrínseco en mi maleta y -quiero que la posta los retenga hasta que haya cubierto mi pasaje en -Pittsburg.—El posadero, al oir esta lamentable historia, se encogía -de hombros por toda respuesta. Contaba mis cuitas al maestre de posta -y se quedaba mirándome como si no le hubiese dicho nada. Dos días de -continuo suplicio y de desesperación habían pasado ya, y lo peor era -que no había asiento en la diligencia, por venir todos contratados -desde Filadelfia, como complemento del camino de hierro que termina -allí. Al fin me sugirieron escribir a Arcos por el telégrafo eléctrico, -lo que hice en cuarenta palabras por valor de cuatro reales, y en los -términos más sentidos. No obstante aquel laconismo telegráfico, “no -sea usted animal”... era la introducción de mi misiva, y le contaba -lo que por su indiscreción me sucedía.—¿Dónde está el sujeto a quien -se dirige?—En el <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>, contesté yo, dudando -ahora si en Pittsburg habría un hotel de aquel nombre; y para no darme -un nuevo chasco, indiqué que se le buscase en todos los hoteles más -aparentes de la ciudad.</p> - -<p>Tardaba la respuesta a mi impaciencia y a mi miedo de no dar con aquel -calavera, y no despegaba los ojos de la maquinita que con golpecitos -redoblados indicaba a cada momento el paso de misivas a otros puntos, -y que no se anotaban allí, por no venir precedidas de la palabra -Chamberburg y la señal preventiva y convencional para llamar la -atención del oficinista. Voy a preguntar, me dijo; y tocando a su vez -su aparato, se sucedieron golpecillos, con cuya mayor o menor duración -trazaba el punzón magnetizado a cincuenta leguas la pregunta que se -hacía desde Chamberburg.—¿Qué hay del joven Arcos<span class="pagenum" id="Page_186">[Pg 186]</span> que se mandó -buscar?... Y un momento después... señal de atención a Chamberburg... -Contestan, me dijo el oficinista, acercándose al aparato; y el punzón -de Chamberburg trazaba sus puntos sobre tira de papel que el cilindro -va desarrollando poco a poco. ¡Qué hubiera dado por leer yo mismo -aquellos carácteres que consisten en puntos y líneas, obrados por la -presión en la superficie blanca del papel. Concluída la operación, tomó -la tira de papel y leyó: “No se le encuentra en ninguna parte. Se ha -mandado de nuevo a buscarlo”.—Dos horas después nueva interrogación, -nuevo martirio de aguardar un sí o un no de que dependía el sosiego o -la desesperación, y nuevo y definitivo... no hay tal individuo...!</p> - -<p>Quedé punto menos que si me hubiese caído un rayo. Entonces, -interesándose en mi suerte y haciendo conjeturas el hostelero, nombró a -Filadelfia. ¡Cómo Filadelfia! le interrumpí yo; es en Pittsburg donde -está Arcos y donde han debido buscarlo.—Acabaremos, me respondió; -como es en Filadelfia donde se paga la diligencia, el oficinista del -telégrafo ha creído que es allí donde usted recomienda que le tomen -pasaje; <i xml:lang="en" lang="en">but no matter</i>, voy a corregir el error; y dirigiéndose -a la puerta se detuvo, y señalando a la oficina me dijo: ya cerraron, -hasta mañana a las ocho... Las grandes pasiones del ánimo no pueden -desahogarse sino en el idioma patrio, y aunque el inglés tiene un -pasable <i xml:lang="en" lang="en">goddam</i> para casos especiales, preferí el español -que es tan rotundo y sonoro para lanzar un ahullido de rabia. Los -yankees están poco habituados a las manifestaciones de las pasiones -meridionales, y el huésped, oyéndome maldecir con excitación profunda -en idioma extraño, me miró espantado; y haciéndome seña con la mano, -como para que me detuviera un momento antes de morderlos a todos o -suicidarme, salió corriendo a la calle, en busca sin duda de algún -alguacil para que me aprehendiese. ¡Esto sólo me faltaba ya! y aquella -idea me volvió repentinamente la compostura que en mi aflicción había -perdido por un momento. Minutos después volvió a entrar acompañado de -un sujeto que traía la<span class="pagenum" id="Page_187">[Pg 187]</span> pluma a la oreja y que con frialdad me preguntó -en inglés primero, en francés en seguida, y luego alguna palabra -en español, la causa de mi turbación, de que lo había instruído el -posadero. Contéle en breves palabras lo que me pasaba, indiquéle mi -procedencia y destino, suplicándole intercediese en la posta para que -se tomase mi reloj y otros objetos en rehenes hasta haber satisfecho -en Pittsburg el pasaje. El individuo aquel me escuchó sin que un -músculo de su fisonomía impasible se moviese, y cuando hube acabado -de hablar, me dijo en francés:—Señor, lo único que puedo hacer... -(¡Qué introducción! me dije yo para mi coleto y tragando saliva...) -lo único que puedo hacer es pagar el hotel y el pasaje de usted hasta -Pittsburg, a condición de que llegado usted a aquella ciudad, haga -abonar en el <i xml:lang="en" lang="en">Merchants-Manufactory-bank</i>, en cuenta de Lesley y -Cía. de Chamberburg, la cantidad que usted crea necesario anticiparle -aquí.—Tuve necesidad de tomar una larga aspiración de aire para -responderle: pero, señor, gracias; pero usted no me conoce, y si puedo -darle alguna garantía...—No vale la pena; personas en la situación de -usted, señor, no engañan nunca; y diciendo estas palabras se despidió -de mí hasta más tarde. Comíme en seguida un real de manzanas, pues que -hambre era lo que había despertado la serie de emociones por que había -pasado durante tres días. Aproveché la tarde en recorrer la ciudad y -alrededores; necesitaba caminar, agitar mis miembros para creerme y -sentirme dueño de mí mismo. En la primera noche se me apareció mi ángel -custodio, cargado de libros; traíame un tomo de Quevedo, otro del Tasso -en italiano y uno o dos mamotretos en francés para que me distrajese. -Consagróme algunos momentos hablando alternativamente en español y en -francés; díjome que conocía el latín y el griego, inquirióse sobre -algunos detalles de mi viaje y me deseó buena noche al retirarse.</p> - -<p>Al siguiente día volvió y me dió cuatro billetes de a cinco pesos, no -obstante mi empeño de devolverle uno por innecesario; y como ya se -retirase, regresó diciéndome casi ruborizado:<span class="pagenum" id="Page_188">[Pg 188]</span> Usted me perdone señor, -pero se me ha quedado otro billete en el bolsillo que ruego a usted -agregue a los anteriores. Este hombre había excedido más de la suma -que yo había indicado, porque en resumidas cuentas yo solo necesitaba -diez pesos. Comprendí el sentimiento delicado que lo impulsaba e -hice una débil resistencia a recibirlo, aceptándolo con cordialidad. -La diligencia partió al fin, y yo volví a mi estado de quietud de -ánimo ordinario, complaciéndome de haber tenido ocasión, aunque tan -penosa para mí, de dar lugar a manifestación tan noble y simpática -como aquella del caballero Lesley. La noche sobrevino, apareció la -luna plácida en el horizonte, y la diligencia empezó a remontar, -pausadamente, los montes Alleghanies. Cuando habíamos llegado a la -parte más elevada, bajaron algunos pasajeros, y una voz de mujer dijo -en francés dentro de la diligencia: bajen a ver el paisaje que es -bellísimo. Aprovécheme de la indicación, descendí tras los otros, y -pude gozar en efecto de uno de los espectáculos más bellos y apacibles -de la naturaleza. Los montes Alleghanies están cubiertos hasta la -cima de una frondosa y espesa vegetación; las copas de los árboles -de las lomadas inferiores, iluminadas de lo alto por los rayos de la -luna, presentaban el aspecto de un mar nebuloso y azulado, que por el -cambio continuo del espectador iba desarrollando sus olas silenciosas -y obscuras, sintiéndose, sin embargo, aquella excitación que causa en -el ánimo la vista de objetos que se conocen y comprenden, pero que -no pueden discernirse bien, porque el órgano no alcanza o la luz es -incierta y vagorosa.</p> - -<p>Al llegar a una posada, después de habernos recogido a nuestro -vehículo, la misma voz dijo, siempre en francés: aquí se desciende -a tomar algo, porque marcharemos toda la noche sin parar. Bajé yo, -en consecuencia, y presentándose a la puerta una señora, ofrecíla la -mano para que se apoyase. Volvimos a poco a tomar nuestros asientos, -continuóse el viaje, y empezaba a sentir somnolencia, cuando la misma -voz de antes, y que era la señora aquella, me dijo con timidez:<span class="pagenum" id="Page_189">[Pg 189]</span> -creo, señor, que usted se ha visto en algunas dificultades.—¡Yo! No, -señora, contestéle perentoriamente, y la conversación terminó ahí; -pero mientras yo recapacitaba sobre esta pregunta, la señora añadió -con visibles muestras de turbación: Usted me dispense, señor, si le -he hecho una pregunta indiscreta, pero esta mañana en Chamberburg, -me hallaba por casualidad en una pieza, desde donde no pude dejar de -oír lo que contaba usted a un caballero.—En efecto, señora, pero -usted supo, sin duda, que todo quedó allanado.—¿Y qué piensa usted -hacer, señor, si no encontrase a su compañero en Pittsburg?—Me asusta -usted, señora, con su pregunta. No he pensado en ello, y tiemblo de -sospechar que tal cosa sea posible. Me volvería a Nueva York o a -Wáshington donde tengo conocidos.—¿Y por qué no continuaría su viaje -adelante?—¿Cómo he de engolfarme en un país desconocido, señora, sin -fondos?—Le decía a usted esto, porque mi casa está cinco leguas más -acá de Nueva Orleans, y deseaba ofrecérsela a usted. Desde allí puede -usted tomar noticia de su amigo; y si no lo encontrase, escribir a su -país y aguardar a que le manden lo que necesita.—La noble acción de -Mr. Lesley había, según lo visto, sido contagiosa. Aquella señora lo -había oído todo, y quería a su vez completar la obra. Esta reflexión me -vino antes, tocado como estaba por el buen proceder, de otra a que, su -sexo podría haber dado pretexto; la señora me dijo en seguida, acaso -para responder a la posibilidad de una sospecha, que hacía seis semanas -que acababa de perder a su marido, y que iba a poner orden en los -negocios de su casa de Orleans. Acompañábala una hijita de nueve años -y ambas vestían de luto completo. Era la madre, pues, y no la mujer, -la que ofrecía el asilo doméstico a un desconocido que debía también -tener madre; y obedeciendo a esta idea que santificaba la oferta y la -aceptación, traté en adelante a la señora con menos reserva, seguro, -sin embargo, de que no llegaría el caso por ella previsto.</p> - -<p>Llegamos a Pittsburg, y la señora me hizo prevenir que<span class="pagenum" id="Page_190">[Pg 190]</span> partía por un -vapor y que si aceptaba su ofrecimiento fuese a tomar pasaje en el -mismo vapor. Salí a buscar a Arcos en el <i xml:lang="en" lang="en">United-States-Hotel</i>; -porque ¿dónde había de encontrarlo sino allí? Afortunadamente para mí -había en efecto en Pittsburg un hotel de los Estados Unidos, donde -encontré a mi Arcos, que a la sazón escribía en los diarios un aviso, -previniéndome su paradero y justificándose de lo que ya empezaba a -sentir por mi demora, que había sido una niñería. Venía dispuesto a -reconvenirlo amigable, pero seriamente; mas, me puso una cara tan -cómicamente angustiada al verme, que hube de soltar la risa y tenderle -la mano. Salimos juntos inmediatamente, y contándole mi historia en el -camino nos dirigimos al vapor <i xml:lang="en" lang="en">Martha Wáshington</i>, en que había -tomado pasaje la señora, a fin de darla las gracias y prevenirla de mi -hallazgo, para que no partiese con el temor de que quedase yo aislado. -En efecto, no bien hube puesto el pie en la espaciosa cámara del buque, -cuando del extremo opuesto, levantóse la señora que había estado en -acecho aguardándome, y dirigiéndose hacia mí con disimulo, fingió -darme la mano, para pasarme ocultamente un bolsillo de oro. Presentéle -sin aceptarlo la buena pieza que me acompañaba y que había ocasionado -todas aquellas tragedias, y ambos la dimos un millón de gracias por -su solicitud; y como si la ingratitud fuera la recompensa de tan -desinteresado proceder, he olvidado su nombre, habiéndonos separado en -Cincinnati para no volvernos a ver más.</p> - -<p class="footnote" id="fn8"><a href="#fna8">[8]</a> El monumento está ya en vías de ejecución y asombrosamente -avanzado, según lo anuncian los diarios. En 1842 ni los cimientos -estaban indicados aún, pues la presteza de la ejecución es otra de las -condiciones del arte yankee.—<i>Nota del autor</i>, 1850.</p> - -<p class="footnote" id="fn9"><a href="#fna9">[9]</a> Esta idea es muy anterior a la adquisición de California, y la -de ponerse en contacto con la China y la India, como de los secretos -móviles populares de la guerra de Méjico, que les trajo aquella -conquista.—<i>Nota del autor.</i></p> - -<p class="footnote" id="fn10"><a href="#fna10">[10]</a> California ha mandado ya sus cuarzos entremezclados de oro.</p> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="CINCINNATI">CINCINNATI</h3> -</div> - -<p>De Pittsburg, que no tuve tiempo de examinar, el vapor por 5 pesos -lleva al viajero a Cincinnati cuatrocientas cincuenta y cinco millas -Ohio abajo. El magnífico río da nombre al Estado, si bien principia a -ser navegado desde la Pensilvania. Otra vez he hablado de la riqueza -de aquel suelo privilegiado, dónde sobre lechos inconmensurables de -carbón bituminoso,<span class="pagenum" id="Page_191">[Pg 191]</span> se extienden llanuras de bosques y de cultivo, -accidentadas por montes que esconden el hierro en sus flancos, y de -cuyas faldas fluyen canales como el Ohio que se liga al Mississipi y -sus afluentes, y somete un mundo al alcance de sus manufacturas.</p> - -<p>Para darle noticia del progreso asombroso del estado del Ohio, debo -principiar por el <i xml:lang="la" lang="la">sicut erat in principio</i>, es decir, el aspecto -del país ayer no más. Este estado se extiende unas 40.000 millas -cuadradas desde la margen del Ohio hasta el lago Erie, al norte. La -parte sur y este del terreno del Ohio es llano y fertilísimo; el -resto, accidentado de montículos, encierra valles hermosos, sabanas, -pantanos, y terreno quebrado. La cantidad de tierras arables se reputa -en 35.000 millas, el resto es la parte cenagosa, quebrada o estéril. -Hasta 1840 la parte labrada no pasaba de 12.000 millas. El primer -establecimiento se hizo en 1788 en Marieta. La población cristiana se -presentó en el Estado en 1802, en número de 50.000 habitantes. En 1810 -había aumentado a 230.760; en 1820, a 937.679; y en 1840, a más de un -millón y medio. Hoy tiene más de dos millones. No soy yo ahora quien -hace esta comparación. Copio de un librejo. “Dícese que el territorio -de los Estados Unidos es un noveno o cuando más un octavo de la parte -del continente colonizado por los españoles. Sin embargo, en todas -aquellas vastas regiones conquistadas por Cortés y Pizarro no pasan de -dos millones de habitantes de sangre pura española, de manera que no -sobrepasan en mucho en número a la población del Ohio en medio siglo, -y quedan muy atrás en riqueza y civilización”. Si la observación no es -del todo exacta el aumento de población de la América española desde -aquella época es sin duda infinitamente inferior. Méjico y la República -Argentina han disminuído el número de sus habitantes; bien es verdad -que es artículo orgánico de la constitución política de los nuevos -estados sudamericanos ignorar siempre cuántos bípedos habitan el país. -Nuestros gobiernos sabrán un día oficialmente cuántas estrellas hay en -el<span class="pagenum" id="Page_192">[Pg 192]</span> cielo, como los niños traviesos suelen deshojar una rosa para saber -cuántos pétalos tiene; pero saber cuál es el número de habitantes de su -país, <i xml:lang="la" lang="la">¡fi donc!</i> ¡Un gobierno descender a tan mezquinos detalles! -Toda la organización norteamericana reposa en el censo decenal y en -el catastro de la propiedad; y hay reglas para calcular cada día el -aumento de población, y sus resultados tienen certeza administrativa. -El censo de 1850 está calculado en veinte y dos millones<span class="fnanchor" id="fna11"><a href="#fn11">[11]</a></span>; el de -1860 en veintinueve; el de 70 en treinta y ocho millones; el de 80 en -cincuenta millones; el de 1890 en sesenta y tres millones, y el de 1900 -en ochenta millones. Habrá error quizá en un pico de diez o veinte -millones de más.</p> - -<p>El valor de los productos del Ohio ascendió en 1840 a circumcirca de -veinte millones de duros, entre los cuales figuraban cinco millones -de cecinas y animales domésticos, y cinco millones de artículos -manufacturados. Como la población de aquel Estado es aproximadamente la -que se le atribuye a Chile (porque la verdad es un secreto que Dios se -reserva entre los inexcrutables de su política <i>à lui</i>) juzgará -usted que Chile ha debido producir veinte millones, todos los años que -hace que está teniendo millón y medio de habitantes. Es verdad que no -contentos los habitantes del Ohío con las facilidades que les ofrece -su río, han abierto siete canales navegables que penetran en el país, -los cuales producían de beneficio ochenta y ocho mil pesos en 1843, -y ciento setenta y dos mil seiscientos cincuenta y nueve en 1844, -esto es, el doble del año anterior, lo que prueba que la cantidad de -productos había doblado de un año a otro.</p> - -<p>Este Estado se halla poblado generalmente por los nuevos inmigrantes -compuestos de alemanes, irlandeses y otras naciones. Estos labradores -aumentan en número todos los días, y forman una mayoría sobre los -yankees <i xml:lang="fr" lang="fr">pur sang</i>, de donde resulta que les ganan siempre las -elecciones, unidos los extranjeros<span class="pagenum" id="Page_193">[Pg 193]</span> de origen al partido demócrata. -Esto desespera a los puritanos, pues que siendo por lo general muy -ignorantes los europeos, y en gran número católicos de Irlanda, lo que -no constituye una patente de sapiencia, se oponen a todas las mejoras -útiles, y se niegan a contribuir para escuelas, canales, caminos, -mostrando la mayor indiferencia por la llegada de cartas y periódicos, -“al mismo tiempo, dice un autor, que están siempre dispuestos a dar sus -votos a los demagogos, que estarían prontos a hundir el país en la más -violenta carrera de cambios políticos”. Esta coincidencia con ciertos -países que nosotros conocemos, me hace creer que cuanto más ignorante -y menos dispuesto a promover las mejoras útiles, es un pueblo, más -aspira a cambios políticos, como aquellos animales despeados que dejan -el camino trillado por mejorar, y se meten en la pedrazón y en los -derrumbaderos.</p> - -<p>Para azuzar a estos demócratas indisciplinados hay la <i xml:lang="en" lang="en">Stump -oratory</i>, así llamada por la ocurrencia de algún candidato popular -de treparse a la copa de un árbol para dirigirse a su rudo auditorio. -Un viajero inglés refiere en estos términos el discurso que le contó -uno de estos personajes. “Un labrador que entró en el coche de -Worcester, habló con vehemencia contra la nueva tarifa, que dijo, -sacrificaba los agricultores del Oeste a los manufactureros de Nueva -Inglaterra, quienes querían forzarlos a comprar sus efectos hechizos, -mientras que las materias primeras de Ohio y del Oeste estaban -excluídas del mercado de Inglaterra. Elogióme las ventajas de que -gozaba en los Estados Unidos, compadeciéndose de la masa del pueblo -inglés, privada de sus derechos políticos y expuesta a la opresión y -tiranía del rico. Con la mira de distraerlo, le dije que un día antes -había visto en la ciudad de Columbus, a un ministro predicando en -idioma welche ante una congregación de trescientas personas; que estos -y otros pobres labradores irlandeses y alemanes eran ignorantes de -las leyes e instituciones norteamericanas, y personas sin educación -alguna, y que cómo se les había de permitir influir y<span class="pagenum" id="Page_194">[Pg 194]</span> dominar en las -elecciones como sabía que lo acababan de hacer en Ohio. Sobre este -tópico me espetó una oración, cuyo tema fué la igualdad de derechos de -todos los hombres, la división que algunos querían establecer entre los -antiguos y los nuevos plantadores, la buena política de recibir a los -inmigrantes cuando la población era escasa, la ventaja de las escuelas -comunales, y últimamente el mal de dotar universidades, que dijo son -<i>un nido de aristócratas</i>.</p> - -<p>Este odio popular contra las universidades no quita que haya, y muy -bien dotada, una universidad en Atenas, otra en Oxford, otra en -Willoughly; siete colegios en varias otras ciudades; varios institutos -teológicos; setenta y cinco academias, y cinco mil doscientas escuelas.</p> - -<p>La ciudad principal de este Estado es Cincinnati, cuya población es de -cincuenta mil habitantes, y está situada en la abertura de un valle -delicioso formado por colinas que van ascendiendo suavemente hasta la -altura de trescientos pies, enseñando en sus flancos grupos de árboles -y aun manchas de bosque. La ciudad está situada en dos terraplenes -uno más alto que el otro quince a veinte varas. En el desembarcadero -la playa está cubierta de losas hasta la parte más baja del río, y -hay muelles cuya superficie sube y baja con la marea. Las calles -están sombreadas de árboles y muy bien pobladas de edificios. Sus -comunicaciones con el interior las facilitan canales que la ligan con -el lago Erie y el canal Wabasch. Hay además, ferrocarriles, caminos -macadamizados y vecinales. El canal Whitewater se extiende 70 millas -al interior. Como es bueno saber lo que puede hacerse en treinta años, -recordaré a usted que esta ciudad fué reconocida tal en 1819 y fundada -aldea en 1789. De su puerto parte un vapor diario para Pittsburg, y -otros para San Luis, Nueva Orleans río abajo, también diariamente. -Diligencias hacen la travesía entre las vecinas ciudades en todas -direcciones. Hay cuarenta iglesias, un teatro, un museo, una oficina -de venta de tierras del Estado, cuatro mercados, y un consistorio. La -ciudad se<span class="pagenum" id="Page_195">[Pg 195]</span> suple de agua del río, levantada por poderosas máquinas de -vapor.</p> - -<p>Pero lo que más distingue a Cincinnati son el crecido número de -sociedades literarias, científicas y filantrópicas, de las cuales -haré a usted breve mención, tanto más que en adelante me abstendré de -entrar en estos detalles. Me complazco en enumerar los elementos que -entran en la composición y en la vida de la sociedad americana, aun en -estos Estados de ayer, porque la comparación puede ser para nuestros -compatriotas una útil enseñanza. Un viajero inglés, Robertson<span class="fnanchor" id="fna12"><a href="#fn12">[12]</a></span> -hablando de Corrientes y Entre Ríos, en la República Argentina, dice: -“Me espanta al contemplar estos bellos países, considerar lo que han -dejado de hacer los españoles en tres siglos”. La idea es sublime y -profunda. ¡Lo que no han hecho en tres siglos! Espanta, en efecto. El -colegio de Cincinnati fundado en 1819 tiene excelentes tierras y un -hermoso edificio en el centro de la ciudad. El colegio de Woodward y el -de San Javier, fundado por los católicos, y el seminario presbiteriano -tiene dieciséis mil volúmenes en sus bibliotecas, dotación y profesores -correspondientes a los ramos de enseñanza. El colegio de medicina -del Ohio, fundado en 1825, posee hermosos edificios y está bajo la -dirección de un consejo de directores; tiene dos mil volúmenes y -aparatos completos de anatomía, anatomía comparada, cirugía, química -y materia médica. El colegio de jurisprudencia está relacionado con -el de Cincinnati. El instituto de mecánica fué creado en 1829 para -instrucción de mecánicos, y da cursos de artes y ciencias; posee -importantes aparatos de física y química, una biblioteca y un salón -de lectura. En una de sus salas se reune la Academia Occidental de -Ciencias Naturales; en otro salón se tiene una feria anual para fomento -de las artes y de las manufacturas. Una escuela normal para instrucción -de maestros fué establecida en 1821.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_196">[Pg 196]</span></p> - -<p>La biblioteca mercantil para jóvenes dependientes tiene un salón de -lectura y dos mil volúmenes. La biblioteca de aprendices cuenta mayor -número de volúmenes. Hay dos asilos católicos, el asilo para huérfanos -y una casa de pobres. Los establecimientos que no son sostenidos por -asociaciones espontáneas, costéalos el Estado con rentas especiales -cobradas para el objeto. En materia de rentas de escuelas la ley obliga -a contribuir al sostén de las que existen, aun a aquellos pobladores -que están diseminados entre los bosques. Los poseedores de vastas -extensiones de territorio desierto están además obligados a contribuir -a todas las cargas del Estado, y cuando están ausentes y atrasados en -el pago, el <i xml:lang="en" lang="en">sheriff</i> toma una porción de terreno y la vende en -pública subasta. De este modo la ley cuida de que los propietarios -ricos no monopolicen la tierra, esperando sin cultivarla aprovechar del -valor accesorio y progresivo que le va dando el tiempo. La ocupación de -este país empezó desde las márgenes del Ohío hacia el Norte. Cuando se -terminó el canal de Erie, que ponía en comunicación el Ohio con lagos, -el Hudson, Nueva York y el Atlántico, otro movimiento de población -comenzó a invadir desde el lago Erie hasta el Sur, quedando un inmenso -bosque en el centro para dar colocación sucesiva a las generaciones -venideras, pues la previsión de la ley de hacer pagar su parte de -impuesto a los poseedores, hace que pocos quieran hacer la adquisición, -si no es con el ánimo de trabajarlas inmediatamente.</p> - -<p>Cincinnati es el emporio de la explotación de los cerdos, y hay una -clase de sociedad a quien dan el apodo de la aristocracia de los -puercos, por haberse enriquecido con esta industria. Anualmente se -salan en los saladeros de Cincinnati doscientos mil puercos, y llegada -la estación de la cosecha, puéblanse los establos de madera de los -alrededores y acuden de toda la Unión los compradores de manteca, -jamones, etc. Apenas es posible creer a qué sumas enormes da origen -esta industria. Lo más notable es que en Cincinnati los puercos viven -por millares en las calles sin propietario particular. Los<span class="pagenum" id="Page_197">[Pg 197]</span> vecinos -toman uno para engordar en sus casas, los niños se montan en ellos -si los logran coger, y la policía manda matarlos cuando se propagan -demasiado. Cincinnati es, pues, el país donde se amarran los perros con -longaniza y no se las comen.</p> - -<p>Cuatro o cinco días pasamos con Arcos en Cincinnati dejándonos llevar -por el placer de recorrer sus calles y alrededores, visitar su museo, -y holgarnos en el <i lang="it">far niente</i> del turista. En Cincinnati fué -donde Arcos, viendo a un pacífico yankee que leía su Biblia, sentado -a la puerta de su tendejón, se paró delante de él, le sacó de la boca -el cigarro que fumaba, prendió el suyo, volvió a metérselo, y siguió -su camino sin que el buen hombre hubiese levantado la vista, ni hecho -otro movimiento que abrir la boca para que le ensartaran el cigarro. -Paciencia, hermano, en cambio de alguna impertinencia vuestra.</p> - -<p>Embarcámonos en un vapor de grandes dimensiones y el tercero que -descendía el Misisipí desde que se tuvo noticias de que habían ya -cesado los estragos de la fiebre amarilla, periódica en Nueva Orleans, -en el verano. De Cincinnati a aquella ciudad hay 1548 millas, que se -hacen en once días de navegación de vapor, marchando de día y de noche -sin otros intervalos que los necesarios para cargar leña, o cambiar -pasajeros en las ciudades y embarcaderos del litoral. Cuatro comidas -abundantes y opíparas se sirven, contando con el <i xml:lang="en" lang="en">lunch</i>; y viaje, -comida y servicio de once días cuesta quince pesos, algo menos que lo -que se pagaría por vivir el mismo tiempo en un hotel.</p> - -<p>Poco diré a usted de las ciudades a cuyos puertos y muelles va -sucesivamente atracando el vapor en el trayecto, pues que en ninguna -permanecimos lo suficiente para conservar ni aun reminiscencia distinta -de ella. Marieta, Luisville, Roma, Cairo, se suceden de día en día, -hasta que el país bárbaro, el Far West, empieza, y la escena recobra su -carácter agreste y semisalvaje.</p> - -<p>El viaje del Misisipí es uno de los más bellos y que más duraderos y -más plácidos recuerdos me haya dejado. El majestuoso<span class="pagenum" id="Page_198">[Pg 198]</span> río desciende -ondulando blandamente por el seno del valle más grande que existe en -la tierra. La escena cambia a cada ondulación, y un ancho moderado -del más grande de los ríos permite que la vista alcance en esta y la -otra ribera, a calar por entre la sombría enramada de los bosques, y -esparcirse en las sabanas y aberturas que hace la vegetación mayor de -vez en cuando. El encuentro de un vapor es un incidente deseado, por -la proximidad y rapidez del pasaje, mientras que la vista cae desde -lo alto de las galerías del palacio flotante, sobre una escuadra de -angadas que descienden a merced de la corriente cargadas de carbón de -piedra; se ve más allá un falte o mercachifle que va en su buquecillo -de vela, vendiendo al detalle por las vecinas aldeas sus chismes y -baratijas. Descender a las ciudades y aldeas adonde el vapor toca, -correr por las calles, meternos en una mina, curiosearlo todo, comprar -manzanas y bizcochos, con el oído atento a la campana que anuncia la -próxima partida, era regalo y codiciada variante que no dejábamos de -añadir a nuestras emociones, como nunca dejábamos de saltar sobre un -barranco, ganar el bosque y correr un rato, mientras el vapor estaba -cargando leña para quemar en sus hogueras.</p> - -<p>Arcos, que había principiado nuestra asociación con una niñada, se -propuso en aquellos días conquistar mi afecto, haciendo ostentación -de cuanto salero y jovialidad hay en su carácter, alimentados por -un inagotable repertorio de cuentos absurdos, ridículos, eróticos, -tales cuales sólo sabe atesorar la juventud calavera de París o de -Madrid. Ibamos con esto de zambra y fiesta permanentes, a punto de ser -conocidos y notados por trescientos pasajeros del vapor.</p> - -<p>Servíase a bordo la mesa tres veces para dar abasto a tan crecido -número de comensales, y como todos se atropellasen para tomar asiento -en la primera, nos quedamos el segundo día para la segunda, la que -dejamos el tercero para estar a nuestras anchas, hasta que al fin -nos arreglamos a comer en la cuarta con los criados, en la que nos -iba perfectamente, prolongando la sobremesa los dos solos por horas -como lo<span class="pagenum" id="Page_199">[Pg 199]</span> habríamos hecho en el <i xml:lang="en" lang="en">Astor-Hotel</i>. Gustáronnos -las melazas que los primeros días sirviéronnos de postre, y como -faltasen al quinto, reclamamos pidiendo la presencia de las melazas; -razón por la que un mozo descendía corriendo en los desembarcaderos -a comprarla en los bodegones vecinos, “para los señores españoles -que se enferman—decía—si no comen melazas”. Hablábamos recio en -español en la mesa, y reíamos con tal desenfado que atraíamos en torno -nuestro un círculo de huasos ya hartos, a vernos comer, gozándose en -nuestro inextinguible buen humor. Una mañana Arcos la emprendió con un -bonazo de ministro protestante.—Señor, le decía, ¿de qué profesión -es usted?—Presbiteriano, señor.—Dígame, ¿cuáles son los dogmas -especiales de esta creencia? Y el padre procedía bondadosamente a -satisfacerlo.—Pero <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, señor, decía Arcos con aire convencido, y como -si ambos estuvieran de inteligencia, usted no cree nada de eso por -supuesto. Es <abbr title="Usted">Vd.</abbr> demasiado sensato para poner fe en esas bromas.—Las -facciones del infeliz sometido a tortura semejante, se contraían como -cuando nos pisan un callo. El buen clérigo se ponía de todos colores, y -medio indignado, medio suplicante, hacía profesión de fe solemne de su -creencia. Pero el implacable y serio burlón le replicaba con un aplomo -imperturbable:—¡Comprendo, comprendo! <abbr title="Usted">Vd.</abbr> predica y sostiene ante el -público esas doctrinas; vive <abbr title="Usted">Vd.</abbr> de ello y la dignidad de su carácter -así lo exige; pero aquí entre nosotros, vamos, yo sé lo que hay en -plata.</p> - -<p>Otra vez estaba rodeado de un grupo de yankees horripilados de -oírlo, y levantando más y más la voz, para que el escándalo fuese -mayor.—¡Gobierno, decía, es el del Emperador de Rusia! ¡Eso sí que -es un gobierno! Cuando un general delinque o desagrada a su soberano, -¡se le desatan los calzones y se le dan quinientos azotes! ¡Pero -estas repúblicas! esto es un escándalo y un desorden. ¿Qué significan -vuestras elecciones, y qué sabe <abbr title="Usted">Vd.</abbr> ni <abbr title="Usted">Vd.</abbr>, añadía, dirigiéndose a -éste o al otro de sus auditores espantados, lo que conviene al Estado, -cuándo debe hacerse la guerra y cuándo la paz?<span class="pagenum" id="Page_200">[Pg 200]</span> Al pueblo sólo le toca -pagar los gastos de la corte del soberano, que gobierna por derecho -divino...</p> - -<p>Y esto dicho con una seriedad y una afectación de estar de ello -convencido, que aquellos hombres se hacían cruces de oírlo; y pasada -la tormenta se lo señalaban unos a otros, mostrándolo como a un animal -extraño, un ruso o un loco peligroso. Todo esto para reír después y -alimentar la francachela. ¿No se le antoja una vez persuadir a una -cuarentona llena de colgajos y de colorete, que yo era sobrino de -Abd-el-Kader que viajaba de incógnito, favoreciendo esta broma la -circunstancia de ser el único en aquellos parajes que llevara la barba -entera y la birreta griega? Habíala ya medio persuadido, hablábale en -español para que ella creyese que era el árabe, exagerando el sonito de -la J, y se empeñaba en que me pusiese albornoz para completar el chasco.</p> - -<p>Más tarde me mostró este joven la parte seria de su carácter, que no es -menos notable por el buen sentido que lo caracteriza, a lo que se añade -mucho trato de la sociedad y la rara habilidad de revestir las formas -populares en lenguaje y porte, cualidades que con su instrucción en -materias económicas, lo harían un joven espectable si supiese dominar -las impaciencias de un espíritu impresionable que no contienen ideas -fijas y sentimientos de moralidad teórica, aunque su conducta sea -regular. Necesito añadir estas rectificaciones por temor de que sin -ellas hiciese pasar plaza de truhán en mi narración a un compañero de -viaje que me acompañó cuatro meses y me prestó amigables servicios.</p> - -<p>La vecindad de Nueva Orleáns se deja presentir por alteraciones -visibles en la materia de la cultura y por la forma de los edificios. -Divísanse haciendas, y en ellas líneas de casuchas de madera de la -misma forma y capacidad todas, mostrando que el libre albedrío no -ha presidido a su construcción. La tierra está dividida en lotes -más grandes; la población rural aislada desaparece; y las raras -habitaciones que de cuando en cuando se presentan, asumen formas y -extensión que acusan la presencia de una aristocracia campestre.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_201">[Pg 201]</span></p> - -<p>Aquellas casitas iguales son, en efecto, las habitaciones de los -señores amos. Esta es la aristocracia de las balas de algodón y de las -bolsas de azúcar, fruto del sudor de los esclavos. ¡Ah, la esclavitud, -la llaga profunda y la fístula incurable que amenaza gangrenar el -cuerpo robusto de la Unión! ¡Qué fatal error fué el de Wáshington y de -los grandes filósofos que hicieron la declaración de los derechos del -hombre, al dejar a los plantadores del Sur sus esclavos; ¿y por qué -rara fatalidad los Estados Unidos, que en la práctica han realizado -los últimos progresos del sentimiento de igualdad y de caridad, están -condenados a dar las postreras batallas contra la injusticia antigua de -hombre a hombre, vencida ya en todo el resto de la tierra?</p> - -<p>La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solución -posible; son cuatro millones de negros, y dentro de veinte años serán -ocho. Rescatados, ¿quién paga los mil millones de pesos que valen? -Libertos, ¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca? -En tiempo de Wáshington y treinta años después, el cinismo de la -teoría no venía a justificar en el ánimo de los amos la codicia de -la práctica; pero hoy la esclavitud está apoyada en doctrina, porque -se ha hecho el alma de la sociedad que la explota. Entonces era más -reducido el número de esclavos, y por tanto más cancelable económica -y numéricamente. Mientras tanto la esclavitud tiene en los Estados -yankees genuinos, y éstos son los más ricos, poblados y numerosos, -antagonistas implacables, fanáticos. El espíritu puritano de igualdad -y de justicia se eleva en el Norte a la altura de un sentimiento -religioso. Abominan de ella como de una lepra y de una mancha que -deshonra a la Unión, y en su ardor predican la cruzada contra los -réprobos que explotan la abyección de una raza maldecida.</p> - -<p>Echámosles en cara a los norteamericanos su perpetuación. ¡Dios mío! -vale tanto como afligir y humillar las canas del padre virtuoso, -echándole en cara los desmanes de su hijo pródigo. La esclavitud es -una vegetación parásita que la colonización<span class="pagenum" id="Page_202">[Pg 202]</span> inglesa ha dejado pegada -al árbol frondoso de las libertades americanas. No se atrevieron a -arrancarla de raíz cuando podaron el árbol, dejando al tiempo que la -matase, y la parásita ha crecido y amenaza desgajar el árbol entero.</p> - -<p>Los estados libres son superiores en número y riqueza a los estados de -esclavos. En el Congreso, en las leyes no conquistará la esclavitud un -palmo de terreno más al Norte de la línea que el hecho existente se -ha trazado. Si la guerra sobreviene, ¿los negros irán a batirse con -los blancos para evitar que les quiten sus cadenas? ¿Los amos formarán -ejércitos para guardar sus esclavos? La separación en estados libres y -en estados esclavos, tan cacareada por los estados del Sur, traería la -desaparición de la esclavitud. Pero, ¿adónde irían cuatro millones de -libertos? He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que -llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de -la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto -la raza pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. Una guerra de -razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra -atrasada y vil, al lado de otra blanca la más poderosa y culta de la -tierra.</p> - -<p>Desde Pittsburg hasta Nueva Orleáns habíamos atravesado diez estados -de los que no entraron en la primitiva federación. La ciudad de -Nueva Orleáns es la capital de la Luisiana, originariamente francesa -y cuya promiscua población se compone hoy de criollos americanos, -españoles y franceses. La apariencia de la ciudad desde el puerto es -magnífica, y los vapores sólo, que están de continuo en sus ancladeros -por centenares, bastan para revelar la actividad comercial de sus -habitantes. Puede decirse que el vapor se inventó para el Mississipí. -Antes de su aplicación a la navegación fluvial, echaban meses y meses -las raras barcas que remontaban los ríos, como sucede hoy en el Paraná -y Uruguay; los buques de alta mar cruzaban muchos días en el golfo -de Méjico acechando la ocasión favorable de tomar la difícil entrada -del caudaloso río que a muchas leguas de la costa lleva aún su<span class="pagenum" id="Page_203">[Pg 203]</span> cauce -en el fondo del mar flanqueado de bancos peligrosísimos. Inventóse, -empero, el vapor, y bandadas de remolques remolinean en la embocadura -para lanzarse en el golfo, apenas divisan en el lejano horizonte -una vela. Millares de vapores recorren el río arriba, dispersándose -hacia todos los rumbos de horizonte, siguiendo las vías acuáticas -en que por centenares se subdivide el canal principal a medida que -se le incorporan ríos tributarios; y cuando el valle del Mississipí -esté ocupado por el hombre, espantará, sin duda, la masa de productos -que vendrá a acumularse en Nueva Orleáns, quedando estrecho el canal -anchuroso que desde aquella ciudad conduce al golfo para la no -interrumpida procesión de buques que han de ir a desparramarse como -puñados de granos en la inmensidad del océano, porque el Mississipí es -la única salida que ofrece un mundo entero.</p> - -<p>Desgraciadamente, Nueva Orleáns está incurablemente enferma; la fiebre -amarilla aparece periódicamente en su recinto todos los años desde -tal día del año, hasta tal otro, mata a los que no huyen del seno -de la ciudad, y vuelve a convalecer y restablecer su salud hasta la -misma época del año siguiente. A una legua de la ciudad la salubridad -es completa, y ni por contagio alcanza aquel azote periódico. Tenía -en 1840 ciento dos mil habitantes, número que no aumenta en grandes -proporciones, no obstante ser el desembarcadero de la emigración -francesa.</p> - -<p>Residimos en Nueva Orleáns diez días hasta contratar pasaje para la -Habana en un malísimo y pestilente buquecillo de vela, que como la -falúa del Mediterráneo que me condujo de Mallorca a Argel, llevaba su -carga de cerdos, con el aditamento de tres o cuatro tísicos moribundos, -que partían con nosotros camarotes estrechísimos, calientes y llenos de -telarañas. El mundo norteamericano concluía, y principiábamos a sentir -con anticipación las colonias españolas adonde nos dirigíamos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_205">[Pg 205]</span></p> - -<p class="footnote" id="fn11"><a href="#fna11">[11]</a> Ha pasado al verificarlo de ventitrés.—<i>El autor.</i></p> - -<p class="footnote" id="fn12"><a href="#fna12">[12]</a> <i xml:lang="en" lang="en">Letters on the Paraguay.</i></p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker" /> - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak" id="INDICE">INDICE</h2> -</div> - -<table class="autotable"> -<tr> -<th> -</th> -<th class="th tdr"> -<i>Pág.</i> -</th> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#DOMINGO">Domingo F. Sarmiento</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#DOMINGO">4</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#ESTADOS_UNIDOS">Estados Unidos</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_7">7</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#AVARICIA">Avaricia y mala fe</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_74">74</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#GEOGRAFIA">Geografía moral</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_80">80</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#ELECCIONES">Elecciones</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_98">98</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#NUEVA">Nueva York</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_118">118</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#CANADA">Canadá</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_134">134</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#BOSTON">Boston</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_144">144</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#BALTIMORE">Baltimore, Filadelfia</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_151">151</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#WASHINGTON">Wáshington</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_156">156</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#ARTE">El Arte Americano</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_169">169</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#CINCINNATI">Cincinnati</a> -</td> -<td class="tdr"> -<a href="#Page_190">190</a> -</td> -</tr> -</table> -<hr class="chap x-ebookmaker" /> - -<div class="chapter transnote"> -<h2>Notas</h2> - -<p class="p0">Se corrigieron errores obvios de puntuación e la ortografia. Se -mantuvieron algunas palabras con o sin acentos como en el texto -original cuando no se redujo la comprensión. (Obvious errors in -punctuation and spelling were fixed. Some improperly accented words -were left as in the original text when it did not impact comprehension.)</p> - -<p class="p0">Existieron alguna inconsistencia en la ortografía de los nombres de -lugares o palabras donde parece que el autor tenia la intención de usar -el nombre en inglés. En estes casos, se corrigió la ortografía a usar la -correcta en inglés. (There was some inconsistency in the spelling of -the names of places or words where it seems that the author intended to -use the name in English. In these cases, the spelling was corrected to -use the correct one in English.)</p> -</div> - -<div lang='en' xml:lang='en'> -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>ESTADOS UNIDOS</span> ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg™ electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG™ -concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, -and may not be used if you charge for an eBook, except by following -the terms of the trademark license, including paying royalties for use -of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for -copies of this eBook, complying with the trademark license is very -easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation -of derivative works, reports, performances and research. Project -Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away—you may -do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected -by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg™ -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg™ electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg™ electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the person -or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.B. “Project Gutenberg” is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few -things that you can do with most Project Gutenberg™ electronic works -even without complying with the full terms of this agreement. See -paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project -Gutenberg™ electronic works if you follow the terms of this -agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg™ -electronic works. See paragraph 1.E below. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation (“the -Foundation” or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection -of Project Gutenberg™ electronic works. Nearly all the individual -works in the collection are in the public domain in the United -States. If an individual work is unprotected by copyright law in the -United States and you are located in the United States, we do not -claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, -displaying or creating derivative works based on the work as long as -all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope -that you will support the Project Gutenberg™ mission of promoting -free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg™ -works in compliance with the terms of this agreement for keeping the -Project Gutenberg™ name associated with the work. You can easily -comply with the terms of this agreement by keeping this work in the -same format with its attached full Project Gutenberg™ License when -you share it without charge with others. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern -what you can do with this work. 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If an individual Project Gutenberg™ electronic work is posted -with the permission of the copyright holder, your use and distribution -must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any -additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms -will be linked to the Project Gutenberg™ License for all works -posted with the permission of the copyright holder found at the -beginning of this work. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg™ -License terms from this work, or any files containing a part of this -work or any other work associated with Project Gutenberg™. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.E.5. 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INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the -trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone -providing copies of Project Gutenberg™ electronic works in -accordance with this agreement, and any volunteers associated with the -production, promotion and distribution of Project Gutenberg™ -electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, -including legal fees, that arise directly or indirectly from any of -the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this -or any Project Gutenberg™ work, (b) alteration, modification, or -additions or deletions to any Project Gutenberg™ work, and (c) any -Defect you cause. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state -visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Please check the Project Gutenberg web pages for current donation -methods and addresses. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> -</div> -</body> -</html> diff --git a/old/67348-h/images/001.jpg b/old/67348-h/images/001.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f0d98d1..0000000 --- a/old/67348-h/images/001.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/67348-h/images/cover.jpg b/old/67348-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index fb0fb15..0000000 --- a/old/67348-h/images/cover.jpg +++ /dev/null |
