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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Que nada se sabe - -Author: Francisco Sánchez - -Commentator: Marcelino Menéndez y Pelayo - -Release Date: July 28, 2021 [eBook #65937] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net. (This file was produced from - images generously made available by Biblioteca Digital - Hispánica/Biblioteca Nacional de España.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se - han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido respetada pero se han - puesto tildes a las mayúsculas que las necesitaban. - - * Las notas a pie de página han sido renumeradas y ubicadas al final - del libro. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - BIBLIOTECA - RENACIMIENTO - - COLECCIÓN GIL-BLAS, - DIRIGIDA - POR DON - RICARDO LEÓN, - DE LA REAL ACADEMIA - ESPAÑOLA - - CLÁSICOS - ESPAÑOLES - - - - - QVE NADA SE SABE - _POR EL_ - DOCTOR FRANCISCO SÁNCHEZ - - _MÉDICO Y FILÓSOFO_ - - _PRIMERA TRADVCCIÓN - EN LENGVA CASTELLANA_ - - Con un prólogo de MENÉNDEZ Y PELAYO. - - - GIL-BLAS - RENACIMIENTO - - - - -_DEDICATORIA_ - - - _Al integérrimo y elocuentísimo varón - Diego de Castro - saluda - Francisco Sánchez._ - - - - -[Ilustración] - - -Revolviendo ha poco mi biblioteca, Diego carísimo, di casualmente con -este opúsculo que compuse y trabajé durante siete años con propósito -de no darle a luz antes del noveno; mas ahora que le hallé, hecho una -criba de la polilla y los ratones, comprendí que si aún espero dos años -en dar sus pobres folios a la estampa es de temer que más sirvieran -para darles al fuego que para darles a luz. - -Ello me indujo a abortar el librejo a toda prisa, juzgando -ambiciosamente que así como los partos humanos no sólo son viables al -noveno mes, sino también cuando alcanzan el séptimo, de igual suerte -podrá sobrevivir, con toda su ruindad, este aborto sietemesino. - -¿Cuántos meses, cuántos años, cuántos siglos serían menester para que -en los partos del ingenio nada hubiese al cabo que mudar ni corregir? -¿Y no vemos con frecuencia cómo los autores, al pulir y rehacer sus -obras para acrecentar su virtud, las deforman en vez de reformarlas y -enervan o aniquilan sus bríos en lugar de robustecerlos? - -Salga, pues, al campo este engendro de mi mocedad, libre y silvestre -como las palomas torcaces, llano y rudo como el soldado que va a -combatir contra el error. Y si acontece que le acorralan sus enemigos, -encárgale que se acoja a tus reales, amantísimo Castro, que en parte -alguna se hallará más seguro. - -Y para que nadie le corte el paso antes que tú le conozcas, te lo envío -con estas letras para que lo más pronto posible te salude en mi nombre, -confirme nuestra amistad y, sellado con tus armas, salga a campaña -desembarazadamente. - -Recíbelo, pues, con alegre rostro e inscríbele en el número de los -tuyos y a mí con él.--VALE. - - -En Tolosa de Francia, año de 1581. - - - - -_FRANCISCO SÁNCHEZ_ - -_AL LECTOR_ - - - - -[Ilustración] - - -Innato es en los hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida -la ciencia. Y no ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del -mayor número de los hombres. - -Desde mi primera edad, aficionado a la contemplación de la naturaleza, -dime a inquirir minuciosamente sus secretos; y aunque, al principio, mi -espíritu, ávido de saber, solía contentarse con el primer manjar que de -cualquier modo se le ofreciese, no se pasó mucho tiempo sin que, presa -de grave indigestión, comenzase a arrojar de sí tan mal acondicionados -alimentos. - -Comencé entonces a buscar algo que mi mente pudiera asimilar y -comprender con facilidad y exactitud, algo en cuyo conocimiento y -certidumbre hallara luz y reposo, mas nada encontré que a llenar -viniera mis deseos. Revolví los libros de los autores pasados; -interrogué a los presentes: cada cual decía una cosa distinta; ninguno -me dió respuesta que del todo me satisficiese. - -Confieso que en algunos avizoré y entreví ciertas sombras y dejos de -verdad, pero ni uno solo me mostró, sincera y definitivamente, la -verdad absoluta ni aun me dió un juicio recto y desinteresado de las -cosas. - -Entonces me encerré dentro de mí mismo y poniéndolo todo en duda y en -suspenso, como si nadie en el mundo hubiese dicho nada jamás, empecé a -examinar las cosas en sí mismas, que es la única manera de saber algo. -Me remonté hasta los primeros principios, tomándolos como punto de -partida para la contemplación de los demás, y cuanto más pensaba más -dudaba: nunca pude adquirir conocimiento perfecto. - -Sentí una profunda desesperación, mas persistí no obstante en mi -ardentísima y angustiosa empresa intelectual. Volví a acercarme a los -Maestros, y de nuevo les pregunté con ansia por la Verdad codiciada. -¿Y qué me contestaron? Cada uno de ellos se había construído una -ciencia con sus propias imaginaciones o con las ajenas; de las -cuales deducían nuevas consecuencias, más fantásticas aún, y de esas -consecuencias artificiales inferían otras y otras, fuera ya de las -cosas mismas, hasta dar en un laberinto de palabras sin fundamento -alguno de verdad. Así, en vez de una recta interpretación de los -fenómenos naturales, se nos ofrece un tejido de fábulas y ficciones que -ningún cabal entendimiento puede recibir. Pues ¿quién ha de comprender -lo que no existe: los átomos de Demócrito, las ideas de Platón, los -números de Pitágoras, los universales de Aristóteles, el intelecto -agente y todas esas famosas invenciones que nada enseñan ni descubren -si no es el ingenio de sus artífices? Con este cebo pescan a los -ignorantes, prometiéndoles que les revelarán los recónditos misterios -de la Naturaleza y los infelices lo creen a pie juntillo, tornan a -resobar los libros de Aristóteles, los leen y releen, los aprenden de -memoria, y es tenido por más docto el que mejor sabe recitar el texto -aristotélico. - -¡Qué profunda miseria! Si tú, pensador de buena fe les niegas algo -a los tales de lo que allí se contiene, te llamarán blasfemo; si -arguyeres en contra te apellidarán sofista. ¿Qué les vas a hacer? -Engáñense en buen hora los que quieran vivir engañados. Yo no escribo -para tales hombres; ni aun pretendo que lean mis escritos. No faltará, -sin embargo, alguno de ellos que leyéndome y no entendiéndome (¿qué -sabe el asno del son de la lira?) pretenda hincarme el diente venenoso; -pero le sucederá lo que a la sierpe de la fábula esópica, que quiso -morder la lima y sólo consiguió quebrarse los dientes en el acero. Yo -aspiro a que me lean y entiendan los fuertes y juiciosos varones que no -están acostumbrados a jurar sobre las palabras de ningún maestro, sino -a examinar las cosas por sí mismos, a acometer con su propia espada -todas las cuestiones, guiados por el sentido y la razón. - -Tú, lector desconocido, quien quiera que seas, con tal que tuvieres la -misma condición y temperamento que yo; tú, que dudaste muchas veces, -en lo secreto de tu alma, sobre la naturaleza de las cosas, ven ahora -a dudar conmigo; ejercitemos juntos nuestros ingenios y facultades; -séanos a los dos libre el juicio, pero no irracional. - -Pero dirásme, por ventura: --¿Qué novedades puedes tú traerme después -de tantos y tan ilustres sabios como en el mundo han sido? ¿Te estaba -esperando a ti solo la Verdad? --Ciertamente que no --respondo al -punto--. Pero ¿acaso la Verdad les había esperado antes a ellos? Porque -Aristóteles haya escrito, ¿me he de callar yo? ¿Por ventura Aristóteles -llegó a apurar en sus obras toda la potestad de la naturaleza y abrazó -todo el ámbito de los seres? No creeré tal aunque me lo prediquen -algunos doctísimos modernos exageradamente adictos al Estagirita a -quien llaman dictador de la Verdad y árbitro de la Ciencia. No: en la -república de la ciencia, en el tribunal de la verdad, nadie juzga, -nadie tiene imperio sino la verdad misma. - -Yo tengo a Aristóteles por uno de los más agudos y sutiles -escudriñadores de la Naturaleza que hubo en el mundo; yo le admiro como -a uno de los más fértiles ingenios que ha producido la especie humana: -pero afirmo, también, que ignoró muchas cosas, que en otras muchas -anduvo vacilante, que enseñó no pocas con grande confusión, que algunas -cuestiones las trató sucintamente o las pasó y huyó por no atreverse a -afrontarlas. Hombre era al fin, lo mismo que nosotros, y hartas veces, -contra su voluntad, hubo de dar muestras de la limitación y flaqueza -humanas. Tal es nuestro juicio. Suceden tiempos a tiempos, y con los -tiempos se mudan las opiniones de los hombres; cada cual cree haber -encontrado la verdad, siendo así que de mil que opinan variamente sólo -uno puede estar en lo cierto. Mas dentro de esa fatal y común flaqueza, -todos los hombres deben ejercitar sus facultades y, sin curar de -opiniones ajenas, aun a costa de errores y caídas, investigar las cosas -por sí mismos. - -Séame, pues, lícito, como a todos los demás, y con ellos o sin ellos, -hacer la misma indagación. Quizá encuentre, al apartarme de las -antiguas autoridades, un destello de la verdad que busco. Y no te -admire, lector, que después de tantos y tan ilustres varones venga -yo, tan humilde, a mover de nuevo esta roca, pues no sería la primera -vez que un ratoncillo rompiese los lazos que sujetaban al león; más -fácilmente cobran la presa muchos perros que uno solo. - -Y no por eso te prometo la verdad, pues yo la ignoro lo mismo que -todas las demás cosas; únicamente prometo inquirirla en cuanto me sea -posible, para ver si sacándola de las cavernas en que suele estar -encerrada puedes tú perseguirla en campo raso y abierto. Ni tampoco -tengas tú muchas esperanzas de alcanzarla nunca ni, menos, de poseerla; -conténtate, como yo, con perseguirla. Este es mi fin, este es mi -propósito, este debe ser también el tuyo. - -Empezando, pues, por los principios de las cosas, vamos a examinar los -fundamentos más graves de la Filosofía, los que pusieron por base a sus -doctrinas los más insignes pensadores. Pero no me detendré mucho en -cuestiones particulares, porque quiero llegar pronto a exponer aquellas -nociones filosóficas que sirven de cimiento a la Medicina, de cuyo -arte soy profesor. Si quisiera recorrer todo el campo vastísimo de la -Ciencia, la vida no me bastara. - -Ni esperes de mí compuesta y atildada expresión. Si me pusiera a -escoger las palabras y a usar de giros elegantes, la Verdad se me -escaparía de entre las manos. Si buscas elocuencia, pídesela a Cicerón, -cuyo era este oficio: yo hablaré con suficiente hermosura si hablare -con suficiente verdad. Quédense las bellas palabras para los poetas, -los cortesanos, los amantes, las meretrices, los rufianes, aduladores, -parásitos y gentes de esa laya, que tanto se precian de hablar bien. A -la Ciencia le basta siempre, porque es lo único necesario, la propiedad -del lenguaje. - -Tampoco me pidas autoridades ni falsos acatamientos a la opinión ajena, -porque ello más bien sería indicio de ánimo servil e indocto que de un -espíritu libre y amante de la verdad. Yo sólo seguiré con la razón a -sola la naturaleza. La autoridad manda creer; la razón demuestra las -cosas; aquélla es apta para la fe; ésta para la ciencia. - -Y quiera Dios que con el mismo ánimo que yo, sincero y vigilante, -escribo estos renglones, los recibas tú, vigilante y sincero, y los -juzgues con mente sana y libre, rechazando con firmes razones aquello -que te parezca falso (cosa para mí agradable por ser tan propia de un -filósofo) y sin necesidad de injurias (cosas, al fin, de mujerzuelas, -indignas de un filósofo y para mí, por tal, muy desagradables), -aprobando y confirmando, últimamente, aquello que te parezca verdadero. - -Lo cual aguardo que hagas, en espera de futuras y más provechosas -investigaciones.--VALE. - - - En Tolosa, en las calendas de enero, año de la Redención mil y - quinientos setenta y seis. - - - - - _PRÓLOGO - de - MENÉNDEZ Y PELAYO_ - - - - -[Ilustración] - - -_De multum nobili et prima, universali scientia quod nihil scitur_, -fué publicado por primera vez, que yo sepa, en 1581, pero escrito -en 1576, como del prólogo y de la dedicatoria a Diego de Castro se -infiere. Del autor de este libro singularísimo pocas noticias tengo, -fuera de las que ya consignó su primer biógrafo y discípulo, Ramón -Delasse, al frente de la colección de las obras médicas y filosóficas -de Sánchez, que se imprimieron juntas en Tolosa de Francia en 1636, -noticias que luego, con poca variedad, reprodujeron Nicolás Antonio -en su _Bibliotheca Hispana Nova_, Bayle en su famoso _Diccionario_, y -Barbosa Machado en su _Biblioteca Lusitana_. Dícese, ignoramos con qué -fundamento, que era de origen judío, y podemos afirmar que nació por -los años de 1552; su patria fué, según unos, la ciudad de Tuy; según -otros, la de Braga o algún pueblo de su archidiócesis, en tiempos en -que distaba mucho de estar consumada la funesta escisión moral de la -Península, y en que todavía el metropolitano Bracarense disputaba a -Toledo y a Tarragona la primacía de las Españas. Por motivos que no se -indican, pero que algo tendrían que ver con su condición de cristiano -nuevo, el médico Antonio Sánchez, padre de nuestro filósofo, hubo de -trasladarse a Francia y establecerse en Burdeos, donde ejerció su -profesión con mucho crédito y donde era grande el concurso de españoles -y duraba aún la fama del insigne humanista valenciano Juan Gélida, -llamado por Luis Vives _alter nostri temporis Aristoteles_. Comenzó -Francisco Sánchez sus estudios en Francia y los continuó en Italia, -haciendo larga residencia en Roma. Pero el campo principal de sus -triunfos fué la escuela médica de Montpellier, en la cual se graduó -de doctor en 1573, y después de haber sido ayudante del famoso médico -Huchet, obtuvo en brillantes oposiciones, a los veinticuatro años -de edad, una de las principales cátedras de aquel gimnasio, la cual -desempeñó por espacio de once años. Las guerras civiles llamadas de -religión y los tumultos del tiempo de la Liga le hicieron abandonar -aquel quieto asilo de la ciencia, refugiándose en Tolosa, donde vivió -el resto de sus días, ocupado en la práctica de la medicina, que -le granjeó estimados honores. Murió en 1623, a los setenta años de -edad.[1] Sus hijos, Dionisio y Guillermo Sánchez, hicieron imprimir -en 1636 la edición general de sus obras, que comprende gran número de -tratados de medicina, entre los cuales descuellan los tres libros _De -Morbis internis_, los dos de _De Febribus et earum synptomatibus_, y -la _Summa Anatomica_ en cuatro libros, sin hacer méritos de muchos -comentarios a Galeno y de una _Censura de las Obras de Hipócrates_. -Los libros de filosofía no son más que cuatro y muy breves;[2] tres de -ellos comentarios o más bien observaciones escépticas sobre algunos -tratados aristotélicos como el de _De divinatione per somnium_ y a -_Phisiognomia_ (este último tenido hoy por apócrifo). El cuarto y el -más importante de todos es el _Quod nihil scitur_, obra que, a pesar de -tener muy pocas páginas y estar escrita con rapidez, ligereza y gracia -de estilo que ciertamente convidan a su lectura, ha sido hasta el -presente mucho más citada que leída. El título paradójico que su autor -la dió ha extraviado a la mayor parte de los críticos, induciéndoles a -creer que se trataba de una declamación contra las ciencias, semejante -a la de Cornelio Agripa. Nada más lejano de la mente de Sánchez que -imitar el mal ejemplo de aquel charlatán filosófico. Sánchez, hombre de -ciencia positiva, médico de los más famosos de su tiempo, matemático -y astrónomo que no dudó medir sus fuerzas con el mismo Cristóbal -Clavio, no iba a perder su tiempo en un vano ejercicio retórico. -Su escepticismo no podía ser más que propedéutico; si atacaba la -ciencia de su siglo, era para preparar los caminos a una concepción -científica que él tenía por más racional y elevada. Es cierto que de -su sistema no nos queda más que la parte negativa o destructiva, pero -el autor anuncia constantemente que dará luego una parte positiva, y -que el actual opúsculo sólo puede considerarse como introducción o -trabajo previo. Dondequiera anuncia su formal propósito de intentar la -reconstrucción de la ciencia, basándola no en quimeras y ficciones, -sino en la propia realidad de las cosas, huyendo de imposturas, sueños, -delirios y prestidigitaciones filosóficas. Su empeño es no menor que lo -fué luego el de Descartes. Rehacer totalmente la síntesis científica, -mostrando: primero, si es posible saber alguna cosa, y segundo, cuál -puede ser el método que nos lleve a esta ciencia segura y novísima. - -... Las palabras con que Francisco Sánchez en 1576 nos declara que -después de haber pasado por la filosofía de las escuelas, y por un -período en que le invadió lo que Kant llama _el tedio de pensar_, buscó -una tabla a que asirse en el naufragio de todas las tesis dogmáticas, -y se encerró dentro de su propia conciencia y empezó a dudar de todo, -hasta de los primeros principios, son punto por punto las mismas -con que Descartes había de encabezar en 1637 su _Discurso sobre el -método_. Y ved, lectores, cómo cada día resulta más evidente que el -cartesianismo se formó en gran parte con despojos de la filosofía -española: tomando de Sánchez la duda metódica y el replegarse en propia -conciencia; tomando de Gómez Pereira el razonamiento inicial que con -nombre de silogismo o entinema no es más que la afirmación espontánea -del hecho primitivo de conciencia, base del método psicológico. - -No esperéis de mí, ni cabe en los límites de este discurso, que ya va -adquiriendo desusadas proporciones, un análisis completo del libro de -Sánchez. Muy corto es, pero no hay en él palabra perdida; para mostrar -toda su originalidad, habría que pesarlas una tras otra. Además, este -trabajo ha sido ya brillantemente realizado en una tesis alemana, -a la cual me remito para todos los desarrollos que aquí se echen -de menos. A mi propósito baste indicar aquellos puntos cardinales -que, separando a Sánchez del escepticismo vulgar, lo convierten en -verdadero precursor del cristianismo positivista. Otros pensadores, -especialmente españoles y también italianos, le habían precedido en -sus violentos ataques contra el principio de la autoridad escolástica, -en sus valientes afirmaciones de la autonomía científica y de los -fueros del propio pensar, en su guerra contra Aristóteles, y aun si se -quiere en su anticipado cartesianismo. Pero la originalidad de Sánchez -consiste en ser un escéptico empedernido en cuanto a toda realidad -metafísica superior al mundo de los fenómenos, y un fogoso creyente -en los resultados de la ciencia experimental, como no podía menos de -serlo un tan célebre anatómico como él, que, según refiere su biógrafo, -había formado una especie de sociedad secreta para hacer la disección -de los cadáveres del hospital de Tolosa. Un tan aventajado discípulo y -émulo de Vesalio, de Servet, de Realdo Colombo y de Fallopio, no podía -profesar, en cuanto a las ciencias naturales, aquella manera de grosero -y plebeyo escepticismo que tanto ofende en las paradojas de Cornelio -Agripa. Tenía que ser un escéptico empírico, como lo fueron los -médicos alejandrinos sucesores de Enesidemo, como lo fué, por ejemplo, -Menodoto, el adversario de Galeno. - -A primera vista, nada más radical que las primeras afirmaciones de -Sánchez: ni siquiera está seguro de que no sabe nada; se limita a -conjeturarlo vehementemente de sí mismo y de los demás. No podemos -conocer la naturaleza de ninguna cosa. - -Y si no la conocemos, ¿cómo ha de ser posible la demostración? Y si -no podemos demostrar nada, ¿cómo nos atrevemos a definirlo? ¿Cómo -tenemos la audacia de poner nombres a las cosas que ignoramos? Cuando -se define el hombre «animal racional mortal», ¿qué quiere decir -_animal_, qué quiere decir _racional_, qué quiere decir _mortal_? -No se puede salir del paso como no fuera definiendo por géneros y -diferencias superiores, hasta llegar al Ente último, que nadie sabe -lo que significa, pero que ya no se define, porque no tiene género -superior. Ente, sustancia, cuerpo, viviente, animal, hombre... palabras -y palabras. ¿Qué quiere decir _cualidad_, qué _naturaleza_, _alma_, -_vida_? Cada filósofo entiende estos términos a su modo, y los hace -servir a su propósito. Y si queremos guiarnos por el uso vulgar, -tampoco encontramos uniformidad ni concordia. - -Sánchez es, por consiguiente, un nominalista acérrimo, para quien las -palabras no son más que signos de sensaciones. Pero ¿hemos de creer -que por eso no tenga un concepto de la ciencia? Sí que le tiene, y -es cardinal en su filosofía; pero antes de llegar a él, empieza por -analizar y rechazar el de Aristóteles: _scientia est habitus per -demostrationem acquisitus_. «Es definir lo obscuro por lo más obscuro -(dice nuestro filósofo); todavía entiendo menos lo que es el hábito -que lo que es la ciencia. Y volveremos a enredarnos en la serie de los -predicamentos, para venir a parar en el consabido Ente. Y ¿qué son los -predicamentos? Una serie larga de palabras inventadas para que los -lógicos disputen eternamente sobre su orden, sobre su número, sobre sus -diferencias y propiedades, sepultándose a sí propios y a los míseros -oyentes en un caos profundísimo de inepcias, de que está llena la misma -lógica de Aristóteles, y mucho más las dialécticas posteriores. A esto -se añade la ficción aristotélica de los universales, no menos vacía -que la de las ideas platónicas; y esa nueva quimera del entendimiento -agente, abstrayente e iluminante, que más bien llamaríamos -obscureciente. Así se forma todo ese laberinto de disputas eternas -sobre los términos equívocos, unívocos, análogos, denominativos, -de primera intención, de segunda intención, categoremáticos, -sincategoremáticos y otras innumerables denominaciones. ¡Y a esto -llamamos ciencia! En vez de perfeccionar el entendimiento, educamos -generaciones de insensatos; en vez de investigar las causas de los -fenómenos naturales, las inventamos, y el que las multiplica más y -las hace más obscuras pasa por más sabio; una ficción resuelve otra -ficción, y un clavo impele otro clavo. Más que ejercicio de filósofos, -parece escamoteo de prestidigitadores o nigromantes.» - -«¿Y cómo hemos de creer (prosigue Sánchez) que la demostración pueda -fundarse en el silogismo? Me dirás, ¡oh escolástico!, que soy blasfemo, -y que merezco ser apedreado. Tú sí que mereces palos, por dejarte -engañar con tales trampantojos. Anda, pruébame que el hombre es un -Ente. Y empezáis a discurrir de este modo: «el hombre es sustancia, la -sustancia es Ente; luego el hombre es Ente». Y yo dudo de lo primero -y dudo de lo segundo, y por tanto dudo de la conclusión. Y tú sigues -probando: «el hombre es cuerpo, el cuerpo es sustancia; luego el hombre -es sustancia». Y yo dudo de la mayor y de la menor. Y tú continúas: «el -hombre es viviente, el viviente es cuerpo; luego el hombre es cuerpo». -Y como prosigo en mis dudas, me lanzas este otro silogismo: «el hombre -es animal, el animal es viviente; luego el hombre es viviente». ¡Dios -mío, qué fárrago para probar que el hombre es un Ente! La prueba es -más obscura que la cuestión. Y a todo esto continuamos ignorando lo -que es Ente, lo que es sustancia, lo que es vida, lo que es animal y -lo que es hombre. ¿Qué has adelantado con tus silogismos? Tan dudosa -has dejado la demostración como estaba al principio, y aún recelo que -ese Ente de que hablas haya quedado tan en el aire, que nos aplaste -a ti y a mí en su caída. ¿Para qué quieres engañarte y engañarme con -esas concatenaciones de términos verbales? Confiesa como yo que no -sabemos una palabra. Todos esos grados intermedios no sirven más que -para confundir la mente y disimular la ignorancia. Casi todo eso que -llamáis Metafísica se reduce a puras definiciones nominales. Ignorando -las partes se ignora el todo, y la verdad es que no sabemos ni el todo -ni las partes. Pero yo tengo la ventaja de confesar mi ignorancia, como -los escépticos, académicos y pirrónicos, y como aquel sapientísimo y -excelente varón llamado Sócrates, si bien éste, a mi entender, afirmó -demasiado cuando dijo que no sabía nada, puesto que en rigor ignoraba -esto lo mismo que todo lo demás. Sin duda por eso no escribió nunca una -letra, y yo, mirándolo bien, debía seguir su ejemplo, pues ¿qué cosa -podré decir que esté libre de error o falsedad? Todas las cosas humanas -me parecen sospechosas, empezando por estas mismas que voy escribiendo. -Pero no me callaré, sino que diré libremente que creo o sospecho que -no sé nada, para que tú, ¡oh lector!, no te fatigues en vano esperando -que algún día vas a obtener la verdad; y si después de haberte enseñado -esto llego a descubrir algo de lo que la naturaleza nos encubre, ni aun -de este descubrimiento me cuidaré mucho, porque al fin todo es vanidad, -como dijo el hombre más sabio de este mundo.» - -En suma, que la ciencia, suponiendo que en algún modo sea posible, -no se obtendrá nunca ni por método deductivo ni por demostración. La -demostración es un sueño de Aristóteles, tan sueño como la República -de Platón. No existe ni es posible demostración alguna. El silogismo -no ha servido para fundar ninguna ciencia, sino para echarlas a perder -y confundirlas a todas. Sirve sólo para apartar los hombres de la -contemplación de la realidad, y burlarlos e iludirlos con sombras y -apariencias engañosas. - -En resolución, Francisco Sánchez declara que de Aristóteles y de -sus discípulos nunca sacó su espíritu más positiva ventaja que la -de moverle con sus contradicciones y dificultades a «huir de ellos -y a refugiarse en la realidad de las cosas» _(ad quamlibet rem -contemplandam me accinxi... iis dimissis ad res confugi, inde iudicium -petiturus)._ «La ciencia no está en los libros, sino en las cosas. El -que me muestra alguna con el dedo no produce en mí la visión, sino que -ejercita la potencia visual para que se reduzca a acto.» - -Gran necedad le parece a nuestro escéptico el suponer que la -demostración puede tener fuerza necesaria como derivada de principios -eternos e inviolables, cuando en primer lugar es dudoso que tales -principios existan, y si existen, son enteramente incógnitos para -nosotros, que somos seres corruptibles y sobremanera violables en -poquísimo tiempo. La verdadera ciencia, si es que alguna ciencia -existe, ha de ser ciencia libre y nacida de libre entendimiento, y si -no percibe la cosa en sí misma, tampoco la percibirá obligada por los -artificios dialécticos de ninguna demostración. - -A veces el menosprecio de la ciencia escolástica llega a tal punto -en Francisco Sánchez, que, dirigiéndose a su interlocutor supuesto, -le exhorta a que abandone el pueril ejercicio de juntar absurdas -proposiciones para construir su silogismo bárbaro, y se dedique a -cualquier arte liberal o mecánica, porque un buen arquitecto, un buen -curtidor, un buen zapatero y hasta uno malo y remendón, valen más que -un inepto filósofo. Pero su humorismo escéptico le impone en seguida -una salvedad necesaria: «tú no me puedes entender, porque no sabes -nada, y como yo también lo ignoro todo, tampoco te podría persuadir de -ello, por mucho que me empeñara». - -Pero en último caso, si la ciencia existe, o puede existir en lo -sucesivo, nunca habrá de ser un fárrago de conclusiones dialécticas -y de especies varias, sino una visión interna (SCIENTIA AUTEM NIHIL -ALIUD EST QUAM INTERNA VISIO), una _intuición directa de las cosas -singulares_ o individuales. De aquí se infiere, y Sánchez lo deduce -con su rigor nominalista y fenoménico, que la ciencia sólo puede ser -ciencia de cada cosa en particular y no de muchas a un tiempo, así como -de cada objeto no se da más que una visión. No es posible entender -dos cosas a la vez, como no es posible percibir a un tiempo dos -objetos. Pero así como todos los hombres, específica o nominalmente, -son un hombre solo, también la visión se llama una, aunque sea de -muchas cosas, y aunque sean muchas visiones a un tiempo. Y así podemos -decir que la Filosofía es una ciencia sola, aunque sea contemplación -de muchas cosas, cada una de las cuales exige antes particular -contemplación. Una ciencia basta, en rigor, para todo el mundo, y todo -el mundo no basta para la ciencia. «Para mí, la menor cosa de este -mundo sería materia de contemplación para toda la vida, y no por eso -tendría yo la esperanza de haberla conocido bien. Créeme: muchos son -los llamados y pocos los escogidos, y si quieres hacer la prueba, ponte -a analizar un insecto, y verás lo poco que llegas a saber.» - -La ciencia no puede ser un ejercicio de memoria, aunque la memoria -sea necesaria para conservarla; ni podemos afirmar que su objeto -esté en nosotros, puesto que nuestras mismas dificultades nos son -imperfectamente conocidas, y nada sabemos, en rigor, ni de nuestro -cuerpo, ni de nuestra alma, ni de nuestra inteligencia, ni de las -imágenes de nuestra fantasía. Existan o no existan las cosas, y -respondan a ellas sus imágenes o no respondan, la ciencia no puede -ser un hábito ni una cualidad, sino una visión, un acto simple de la -mente, un acto perfecto desde la primera intuición. Y esto no por la -reminiscencia platónica, que Sánchez combate largamente con razones -análogas a las de los peripatéticos, ni porque en esta intuición -vaya envuelto el conocimiento de las causas, que en buena doctrina -escéptica son totalmente inasequibles, como nuestro autor inculca -en repetidos lugares, así respecto de la causa final como de la -eficiente; no porque de lo relativo deduzcamos lo absoluto, que es -incomprensible e ininteligible en sí (lo _incondicionado_ de Hamilton, -lo _incognoscible_ de Herbert Spencer), ni porque tengan valor alguno -los socorridos conceptos de materia y forma, ni porque sea lícito decir -con Aristóteles que existe una ciencia indemostrable de los primeros -principios, porque la ciencia, dado que exista, tiene que ser una y no -múltiple, como uno es el entendimiento y uno el acto de la intuición. -La ciencia no puede ser otra cosa que «el conocimiento perfecto -de la cosa» (_scientia est rei perfecta cognitio_). Y ¿qué es el -conocimiento? Sánchez confiesa que no se atreve a definirlo. Llamarle -_comprehensión_, _percepción_, _intelección_, no es más que acumular -sinónimos. No hay más remedio que encerrarse cada cual dentro de sí -mismo y _pensar_. El pensamiento testifica de sí propio, aun ante los -más declarados escépticos. Y aquí surge una nueva fuente de discusión. -Yo respondo de mi propio conocimiento; tú del tuyo. ¿Quién fallará -este pleito? ¿Quién podrá discernir cuál de estos conocimientos es el -verdadero? Nadie. Y entonces se me dirá (prosigue Sánchez): «¿Por qué -escribes? Escribo para decir lo único que sé: lo que yo pienso.» - -Y lo que piensa es que en el problema del conocimiento hay que -distinguir tres términos: la cosa que ha de ser conocida (_res -scienda_), el ente que conoce (_ens cognoscens_) y el conocimiento -mismo (_cognitio ipsa_). Las cosas susceptibles de ser conocidas serán -quizás infinitas, no sólo en los individuos, sino en las especies. Por -lo menos nadie puede afirmar que su número sea limitado. Y no paran -aquí las antinomias: ni tenemos derecho a decir que la materia sea una, -ni tampoco que sea múltiple. Nadie puede demostrar que los espíritus no -tengan su materia propia, aunque los llamamos múltiples. Es la misma -duda de Locke, que llevaba en germen todo el materialismo del siglo -pasado. - -Renunciando generosamente a la resolución de tan arduos problemas, -Sánchez se limita a consignar que los objetos de la ciencia, aunque -sean múltiples, están enlazados entre sí por cierta ley de _conexión -o de asociación_, que hace que todas las ciencias se presten mutuos -servicios y hagan continuas excursiones las unas en el dominio de las -otras, no porque exista una ciencia superior que pueda dar leyes a las -demás y resolver sus conflictos, sino porque todas parecen conspirar -al mismo fin (_omnia tamen in unum conferunt_), y es indecible el -encadenamiento de ellas (_indecibilis omnium concatenatio_). Cabe, -pues, cierta manera de síntesis científica, provisional a lo menos, -que nuestro pensador no llegó a formular, reservándola sin duda para -libros posteriores. Pero lo que en éste afirma es que semejante -síntesis estará siempre muy lejos de la _una_ y verdadera ciencia. Los -que hoy llamamos conocimientos científicos no son más que rapsodias y -fragmentos recogidos de pocas y malas observaciones. Para que todavía -resulten más estériles, las supuestas ciencias se han subdividido hasta -el infinito, como si el conocimiento de una sola cosa no exigiese el de -otras innumerables. - -Y en vano se intenta suplir este conocimiento con la vacía invención -de los universales. En el mundo todo es particular, y sólo se perciben -los individuos: los géneros y las especies no son más que una vana -imaginación. Y en realidad ¿qué podemos afirmar con carácter universal -y con certeza? La ciencia que hoy llamamos perfecta, mañana resulta -anticuada: ayer se decía que el Océano circundaba toda la tierra y que -la tierra tenía tres partes; hoy se ha descubierto un nuevo mundo: -ayer decíamos que la zona ecuatorial era inhabitable por el excesivo -calor, y las tierras vecinas a los polos por el excesivo frío, y hoy la -experiencia convence de lo contrario. Hay que construir otra ciencia, -puesto que resulta falsa la primera. «¿Cómo te atreves a hablar de -proposiciones eternas, incorruptibles, infalibles, tú, miserable -gusano, que ni siquiera sabes quién eres, ni de dónde vienes, ni adónde -vas?» - -Por otra parte, nos está vedado el acceso de la mayor parte de las -cosas lejanas de nosotros, ya por razón del espacio, ya por razón del -tiempo. De aquí tanta variedad de opiniones, tanta penuria de ciencia. - -No se le ocultaron a Francisco Sánchez algunas de las antinomias -kantianas: v. gr., la eternidad o creación del mundo. Terminantemente -afirma que por racional discurso no puede probarse ni que el mundo sea -eterno, ni que haya tenido principio, y haya de tener fin. Declarada -de este modo la impotencia de la razón para resolver tal conflicto, se -refugia en el testimonio de la fe, y a nuestro juicio sinceramente, -porque nada hallamos en sus escritos ni en su vida que nos muestre en -él lo que hoy llamaríamos un librepensador en materia religiosa. Sería -de origen judío o cristiano, pero que tenía una creencia positiva no -es dudoso para nosotros. Su biógrafo nos dice expresamente que jamás -el pirronismo de Sánchez ni sus cavilaciones escépticas tocaron a -las cosas divinas, así como tampoco dudó nunca del testimonio de los -sentidos. La Inquisición dejó pasar sin tacha ni censura todos sus -escritos. Por otra parte, nada le obligaba a disimular, y escribiendo -como escribía en un país de relativa tolerancia religiosa, después de -Rabelais y poco antes de Montaigne, fácil le hubiera sido manifestar, o -insinuar a lo menos, su indiferencia religiosa si realmente la hubiera -profesado. Cuando tales audacias se toleraban en escritores que hacían -uso constante de la lengua vulgar y escribían para todo el mundo, ¿no -hubiera podido él, con un poco de artificio de estilo, hacerlas pasar -iguales o mayores en un libro escrito en latín y sólo para los hombres -de ciencia? Si no las puso, fué porque realmente no las pensaba ni -las sentía. No hay que leer entre líneas, ni buscar en el _Quod nihil -scitur_ más que lo que el autor quiso darnos. La intrepidez filosófica -de Sánchez era tal, que si realmente hubiese sido heterodoxo, no -habría retrocedido ante la hoguera de Miguel Servet y de Giordano Bruno. - -... El incurable escéptico reaparece, cuando después de habernos -mostrado lo vano e impotente del conocimiento por razón de su materia -_(res cognita)_ emprende mostrarnos la incapacidad de nuestras -facultades cognoscitivas _(ens cognoscens)_ para alcanzar algo que -no sea fenomenal, variable y limitado. Todo conocimiento viene de -los sentidos, pero los sentidos no conocen las cosas exteriores, -aunque nos pongan en contacto con ellas. Si los sentidos nos engañan, -nuestro entendimiento nos engañará también, puesto que no tiene -más dato que el de los sentidos, ni ve las cosas mismas, sino sus -imágenes, simulacros o representaciones. Nuestra noción de las cosas -exteriores parece aquel convite de la fábula dado por la zorra a la -cigüeña en redoma de boca estrechísima. Juzgamos de las cosas por -sus simulacros; esto es, por meras representaciones de accidentes, -que no tocan a la esencia, ni nos dan razón alguna de ella. En esta -parte Sánchez se declara expresamente secuaz de Luis Vives, y le -defiende contra Escalígero, que había tachado de absurdo su criticismo -prekantiano. «Si esta opinión es absurda (dice), yo quiero ser tenido -por hombre absurdísimo, puesto que Vives se contentó con decir que el -conocimiento psicológico estaba lleno de obscuridad, y yo añado que no -sólo es obscuro, sino caliginoso, escabroso, inaccesible, y con tales -dificultades y contradicciones, que no han sido, ni serán, superadas -por nadie.» Decimos que el conocimiento es la aprehensión de la cosa, -y todavía no sabemos lo que es la aprehensión ni la percepción ni la -intuición. A lo sumo podemos distinguirla de la recepción. Nuestros -sentidos _reciben_, pero no conocen. Podemos distinguir también el -conocimiento propio directo o intuitivo del conocimiento renovado por -la memoria. Tres son las cosas que de diverso modo conoce la mente: -1.º, los objetos externos; 2.º, sus propias operaciones internas; -3.º, algo que a un tiempo puede ser considerado como externo y como -interno. El conocimiento de los objetos exteriores es mediato, por -los sentidos, pero el conocimiento de las operaciones internas es -inmediato y _per se_, y el conocimiento de la tercera especie participa -de lo mediato y de lo inmediato. Este conocimiento es el que algunos -lógicos semipositivistas, especialmente Taine, admiten con el nombre -de conocimiento de _abstracción_, cuyo oficio es despojar de sus -accidentes a la intuición sensible y elevarla a cierta generalidad que -ya traspasa los límites del puro empirismo. _Naturam quandam sibi -fingit communem, ut potest_, dice Francisco Sánchez. Pero ¡qué poder -de abstracción tan relativo y limitado, que apenas procede más que -por negaciones y exclusiones, comparaciones y divisiones! Aun así no -quiere concederla nuestro filósofo el nombre de verdadero conocimiento, -sino de pura _opinión_, mucho más incierta que el testimonio interno, -mucho más incierta que el testimonio de los sentidos, cuyas ilusiones y -falacias analiza largamente Sánchez con argumentos y observaciones en -que no nos detendremos, por ser sustancialmente las mismas que habían -presentado Sexto Empírico y los antiguos escépticos. Hay que advertir, -sin embargo, que Sánchez remoza toda esta antigua materia filosófica, -adaptándola al progreso científico de su tiempo, y enriqueciéndola con -los resultados de su propia observación anatómica y fisiológica. - -En suma, «el entendimiento humano es una potencia pasiva, a la cual -se opone otra pasiva impotencia». La imperfección de los instrumentos -contradice a la perfección de la obra. Aquí expone nuestro médico -interesantes consideraciones sobre el influjo de lo físico en lo moral, -encontrándose en muchas observaciones con Huarte, como era natural, -dada su común tendencia antropológica. Sánchez no admite que el -entender sea función exclusiva del alma, sino del hombre todo, en su -unidad de cuerpo y de espíritu, indisoluble en cualquiera de sus actos. - -Pero sobre estos rasgos, dignos de ser considerados por su valor propio -en disertación ajena de nuestro asunto, y sobre la bellísima peroración -final, en que el autor ofrece como la quinta esencia de toda la parte -negativa y demoledora del criticismo del Renacimiento, y da nueva vida -en su estilo nervioso, impaciente y pintoresco (verdadero estilo de -insurrecto literario y de periodista de oposición filosófica) a lo que -en tono más reposado, y haciendo salvedades que él no hace, habían -escrito Luis Vives y sus discípulos, ya contra los viciosos métodos -de enseñanza y el abuso del argumento de autoridad, y el ciego y -desacordado empeño de buscar la ciencia solamente en libros, cerrando -los ojos al maravilloso espectáculo de la naturaleza, ya contra la -torpe ambición que convierte la ciencia en miserable granjería, en vez -de amarla con indomable amor, por sí misma, por su propia virtud y -excelencia, y por los inefables deleites que proporciona; ya contra el -vano rumor de la disputa, que se va haciendo más encarnizado y ruidoso -cuanto más se alejan los contendientes de la directa inspección del -objeto en litigio; ya, finalmente, sobre la confusión que en el ánimo -del alumno induce el choque de encontradas opiniones; sobre todas estas -cosas, digo, pondremos siempre como expresión total del pensamiento de -Sánchez aquellas palabras, casi las últimas, en que asigna por únicos -criterios a la ciencia futura el experimento y la crítica o el juicio -que ha de fecundar las conclusiones experimentales. «En vano (dice -Sánchez) se trabaja por reparar el ruinoso edificio de la demostración -silogística; su materia es frágil y además está mal construído; cada -día hay que añadirle nuevos puntales para impedir su completa ruina. -El que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las cosas -en sí mismas; pero como esta contemplación directa no es posible, -dados los límites en que se mueve el conocimiento humano, hay dos -medios subsidiarios que no suministran ciencia perfecta, pero que, -en suma, algo perciben y algo enseñan: el experimento y el juicio, -pero no separados nunca, sino en íntimo enlace y unión, como mostraré -en otro libro. Los experimentos son muchas veces falaces y siempre -difíciles, y hasta cuando llegan a la perfección, nunca nos muestran -más que los accidentes extrínsecos, jamás la naturaleza de la cosa. El -juicio recae sobre los resudados del experimento, y por consiguiente -no traspasa el límite de lo exterior, y aun esto lo discierne de una -manera incompleta, sin que sobre las causas pueda pasar de una probable -conjetura. Se dirá que nada de esto es ciencia. Pues no hay otra.» - -La filosofía de Sánchez es, mucho más que la de Luis Vives, un -verdadero _ars nescendi_. Niega demasiado para ser un verdadero -escéptico; hoy más bien le llamaríamos _agnóstico_. Su libro termina, -sin embargo, con una interrogación, con un _quid?_ análogo al -_Que-sais-je?_ de Montaigne. Esta analogía y otras muy fortuitas, como -la de llevar el _Quod nihil scitur_ la fecha de 1576, y ser la primera -edición de los _Ensayos_ de 1580, habiéndose escrito además una y otra -obra en países no muy distantes, ha hecho suponer entre el pensamiento -de ambos autores cierta analogía, que, a nuestro entender, no existe. -El escepticismo mitigado de Montaigne, aquella manera de filosofar -tan personal suya, ejercicio fácil y suave de una curiosidad siempre -activa; aquella tan simpática y continua observación de sí propio, -es una manera de sibaritismo intelectual, más que de filósofo, de -hombre de mundo, que gusta de dormir sosegadamente sobre la almohada -de la duda; por el contrario, el escepticismo de Sánchez, dado que -así queramos llamarle, es una doctrina esencialmente batalladora, que -aparentando suspender el juicio, trae realmente juicio definitivo y -formado sobre los más capitales problemas filosóficos. Montaigne es -un aficionado, que filosofa a sus anchas, en lengua vulgar, y sin -cuidarse del método, antes bien, haciendo gala de traducir fielmente en -su estilo todos los caprichosos giros de su humor libre y errabundo, -Sánchez es un profesor, preocupado de una doctrina, secuaz fanático -de un método que tiene por exclusivo. Los dos son extraordinariamente -sinceros, pero en Montaigne, el candor parece un refinamiento -literario; en Sánchez es la expresión brusca, intemperante y feroz -de una convicción arraigada, de un amor sin límites a las realidades -concretas, experimentadas por él con el cuchillo anatómico de Vesalio -y de Valverde. No son chispazos de escepticismo ni discreteos de -moralista los que nos da, sino un sistema _agnóstico_ completo, una -crítica clarísima e implacable de nuestra facultad de conocer, una -determinación de su límite y de su objeto. Puede tener, y tiene, en -efecto, contradicciones de detalle de que ningún escéptico se libra y -que son la parte endeble y mal guarnecida por donde la tesis dogmática -penetrará siempre en su campo; pero el sistema en sus líneas generales -es claro, sencillo y consecuente. - -El programa de Sánchez, tan mal entendido hasta ahora, se reduce a dos -palabras: «guerra al silogismo; paso a la inducción». Es un degüello -de todas las entidades metafísicas, _un 93 de la ciencia antigua_, -como decía Enrique Heine hablando de la _Crítica de la Razón Pura_. El -escepticismo de Sánchez no es ni alarde de retórico, ni consecuencia -de un _dilettantismo_ enervado por la variedad y copia de lecturas -filosóficas, ni explosión de un ánimo misantrópico y desengañado; -no es tampoco un estado provisional ni una ficción dialéctica, como -lo es la duda cartesiana, de la cual parte Sánchez, pero en la cual -no se detiene: es pura y sencillamente la expresión meditada de -aquel aforismo capital entre los positivistas: la _relatividad_ del -conocimiento. No sabemos nada, porque creemos saberlo todo: renunciemos -a la riqueza ficticia que nos proporciona el crédito metafísico, y -empecemos a vivir de los productos modestos, pero seguros, de nuestra -propia hacienda, hasta ahora tan descuidada. - -No necesito decir, que esta filosofía dista, y no poco, de la que yo -profeso, porque yo no soy positivista ni enemigo de la Metafísica; -pero basta para el caso que fuera la de Francisco Sánchez, y en el -fondo a nadie ha de pesarle que tales voces salieran de nuestra patria, -precisamente cuando debían salir, es decir, en el momento solemne de la -renovación de los métodos experimentales. No es preciso identificarse -con las ideas de un filósofo para comprender su genio ni la razón de -su influjo. Los paralogismos de que la argumentación de Sánchez abunda -son hoy inofensivos: una síntesis científica superior nos ha enseñado -que la demostración es un procedimiento científico tan legítimo como -la inducción, tan natural al espíritu humano como ella, y que es -una insensatez querer mutilar nuestra inteligencia, así como es una -pretensión temeraria aspirar al conocimiento de un objeto cuando éste -no es comprendido bajo razón de integridad. La ciencia hoy, hasta sin -darse cuenta de ello, aspira a este conocimiento íntegro y cabal, así -por razón del objeto como por razón de la inteligencia conocedora, y -forzosamente ha de parecernos incompleta lo mismo una lógica puramente -deductiva, como vino a serlo en manos de sus discípulos de decadencia -la lógica de Aristóteles, que una lógica puramente inductiva, de las -que en lengua inglesa abundan tanto. Ambos procedimientos del espíritu, -excelentes cuando recta y adecuadamente se aplican a sus respectivos -objetos, resultan estrechos y peligrosos en cuanto pretenden ser únicos -y emanciparse de aquella primitiva intuición sintética dentro de la -cual se razonan. Pero es condición casi ineludible de la mente humana -el proceder por exageraciones contrarias; y a los espíritus violentos, -a los amotinados filosóficos como Sánchez no hay que pedirles cuenta -de la doctrina tanto como del impulso, que en su tiempo fué generoso -y acompañó dignamente aquel heroico despertar de la ciencia desde -Telesio y Cesalpino hasta Galileo, y desde Galileo hasta Newton. Sin -un poco de fanatismo no se hacen milagros en filosofía ni en otra -ninguna ciencia humana. Hay que representarse al médico bracarense -ejerciendo la anatomía entre las sombras de la noche, o teniendo que -escribir seriamente tratados filosóficos para combatir la creencia en -la adivinación y en los presagios, o en la virtud supersticiosa de los -caracteres mágicos, de los espejos y de las rayas de la mano, y de los -aspectos favorables o maléficos de las constelaciones. ¿Cómo no había -de sentir tal hombre hambre y sed de ciencia positiva, y abominar de la -ciencia oficial que silogísticamente autorizaba y defendía semejantes -dislates? Hoy cuesta poco trabajo hacer justicia a la Escolástica ni -a la Edad Media; estamos demasiado lejos, y todo eso nos parece una -amenísima leyenda romántica; pero no nos apresuremos a condenar de -ligero a aquellos hombres del siglo XVI para quienes tal ciencia no era -un recuerdo poético, sino una tiranía actual que durísimamente pesaba -sobre sus cuellos. - -[Ilustración] - - - - -[Ilustración] - -QUE NADA SE SABE... - -Todo es cuestión de nombres. No hay nombre acomodado. - - -Ni esto siquiera sé, que nada sé; lo conjeturo, sin embargo, de mí y de -los demás. - -Sea esta proposición mi bandera; ésta se debe seguir: _Nada se sabe_. - -Si supiere probarla, concluiría con razón que nada se sabe; si no -supiere, mejor todavía, pues tal es lo que afirmo. - -Pero dirás: si sabes probarla, seguiráse lo contrario, pues ya sabes -algo. - -Pero yo concluí lo contrario primero que tú arguyeras. - -Ya se comienza a enredar la cosa; de esto mismo ya se sigue que nada se -sabe. - -Tal vez no me entendiste y me llamas ignorante y caviloso. - -Dijiste verdad. Pero yo mejor que tú, porque no entendiste. - -Ambos, pues, ignorantes. - -Ya, pues, sin saberlo, concluíste lo que buscaba. - -Si entendiste la ambigüedad de la consecuencia, viste manifiestamente -que nada se sabe; si no, piensa, distingue y desátame el nudo. - -Aguza el ingenio. Prosigo. - -Traigamos la cosa por su nombre. Pues para mí toda definición es -nominal y casi toda cuestión lo es. - -Voy a explicarme. - -No podemos conocer las naturalezas de las cosas; al menos yo; si dices -que tú sí, no lo disputaré; pero es falso. ¿Por qué tú y no yo? De ahí, -que nada sabemos. - -Y si no las conocemos, ¿cómo demostrarlas? De ninguna manera.[3] - -Tú, no obstante, dices que es definición la que demuestra la naturaleza -de la cosa. Dame una. No la tienes. Concluyo, pues... - -Además, ¿cómo ponemos nombres a las cosas que no conocemos? No lo -concibo. Los hay, sin embargo. - -De ahí, duda perpetua acerca de los nombres y mucha confusión y -falacia en las palabras, y tal vez en todo esto que acabo de decir. -Concluye tú... - -Dices que tú defines esta cosa que es el hombre con esta definición: -animal racional mortal. Niego. Pues dudo nuevamente de la palabra -animal, de la racional y de la otra. - -Definirás todavía estas cosas por los géneros y las diferencias -superiores, según les llamas, hasta llegar al ente. Preguntaré lo mismo -de cada uno de los nombres y, finalmente, del último: _ente_. Ya sé -menos.[4] - -Dirás, sin embargo, que al fin se ha de cesar en las preguntas. Esto no -resuelve la dificultad ni satisface a la mente. Declaras, forzado, la -ignorancia. Me alegro. Procedo, pues, en consecuencia. - -Una sola cosa es el hombre; pero la señalas, no obstante, con muchos -nombres: ente, substancia, cuerpo, viviente, animal, hombre y, -finalmente, Sócrates. ¿No son, todas éstas, palabras? Ciertamente. Si -significan lo mismo, son superfluas; si nuevas cosas, no significan una -sola: el hombre. - -Dices que consideras muchas cosas en el mismo hombre, a cada una de -las cuales atribuyes nombres propios. Haces la cuestión más dudosa. -No entiendes a todo el hombre, que es algo magno, craso y perceptible -por el sentido, y lo divides en tan pequeñas partes, que escapan al -sentido, el más seguro de todos los jueces, para indagarlas con la -razón falaz y oscura. Obras mal, me engañas, y te engañas más a ti -mismo. - -Pregunto: ¿qué llamas en el hombre animal, viviente, cuerpo, -substancia, ente? Lo ignoras como antes. Y yo también. Y esto quería. -Lo diré, sin embargo, más abajo. - -Pregunto después: ¿qué significa este nombre _cualidad_, qué -_naturaleza_, qué _ánima_, qué _vida_? Dirás: esto. Lo negaré -fácilmente, pues puede ser otra cosa. Pruébalo. Recurres a Aristóteles. -Yo a Cicerón, cuyo es el oficio de mostrar las significaciones de las -palabras. - -Dirás que no habló con tanta propiedad Cicerón ni con tanta exquisitez. -Yo replicaré lo contrario, pues Cicerón ejercía este arte, no -Aristóteles. Si quieres más, traeré otros cultivadores de la lengua -latina o de la griega, pues es lo mismo. No hay entre ellos concordia -alguna, ninguna certidumbre, ninguna estabilidad, ningunos límites. -Cada cual fuerza las palabras a su antojo, las desencaja aquí y allí -las acomoda a su placer. De ahí tantos tropos, tantas figuras, tantas -reglas, tanta confusión, de todo lo cual se compone la Gramática. - -Y ¿qué no pervierten la Retórica y la Poética? ¿De qué modos no abusan? -Todos ellos ejercitan sólo la inútil locuacidad. - -Así también la Dialéctica o Lógica, aunque de diversa suerte; pues -dispone en orden las palabras, las prepara al combate y les prohibe que -peleen separadas, en vez de unidas; dicta leyes, cohibe, consiente, -apremia. Finalmente, son parecidas la Dialéctica y la Lógica a aquellos -que fingen batallas y campamentos en los juegos y espectáculos -públicos, en los cuales se requiere más decoro que fuerza; muy al -contrario acontece a los que se preparan seriamente para la guerra, a -los cuales más conviene la fuerza que la hermosura. - -Y, para todos, son las palabras soldados locuaces. ¿A cuál de ellas -creerás más? Es dudoso. Cada una quiere ser creída. No basta esto. -Las significaciones de las palabras parece que dependen principal o -totalmente del vulgo, y, por tanto, a él se han de preguntar; pues -¿quién nos enseñó a hablar sino el vulgo? - -Por esta razón, casi todos los que hasta el momento presente -escribieron tomaron por fundamento de disputa lo que más frecuentemente -está en boca de los hombres, como aquello: «Entonces decimos que -sabemos algo cuando conocemos sus causas y principios», y aquello otro: -«Hase de aceptar aquí aquel principio aprobado por el consentimiento de -todos, que todos los hombres entonces se juzgan firmes», etc. - -Mas ¿hay en el vulgo alguna certidumbre y estabilidad? Ninguna. ¿Cómo, -pues, habrá alguna vez reposo en las palabras? - -Ya no hay dónde te refugies. - -Dirás tal vez que se ha de buscar qué significación usó el que primero -impuso el nombre. Búscalo, pues. No lo hallarás. - -Pero ya es bastante. - -¿Es o no es todo, manifiestamente, cuestión de nombres? A mí me -parece que lo probé. Si lo niegas continuarás la prueba de la cuestión -principal. Pero luego se probará mejor. - - - - -La ciencia. - - -Veamos, pues, qué se ha de entender con el nombre de ciencia. - -Pues si ésta es nula, no habrá quien sea llamado sabio. - -¿Qué dice Aristóteles? Baste haber examinado a este autor sobre todos -los demás (como quien fué agudísimo escudriñador de la Naturaleza y a -quien sigue, las más de las veces, la mayor turba de filósofos); pues -si contra todos se hubiese de combatir, se extendería la obra a lo -infinito y abandonaríamos, además, la naturaleza, como es costumbre de -los otros. - -¿Qué dice, pues, Aristóteles? Ciencia es un hábito adquirido por la -demostración. No entiendo. Esto es pésimo. Es definir lo oscuro por lo -más oscuro; así engañan los hombres. - -¿Qué es hábito? Lo sé menos aún que lo que es ciencia. Y tú, menos -todavía... - -Di, es una cualidad firme. Todavía menos. Cuanto más avanzas, menos me -convences; cuantas más palabras, más confusión. Me echas a la línea -predicamental, y de ahí, siempre al ente, que no sabes lo que es. - -¿Hase o no de reducir todo a los predicamentos? Ciertamente que sí. -¿Qué se saca de ahí? Que todo se ha de llevar a un laberinto. - -¿Qué son los predicamentos? Una larga serie de palabras. Pero ¿qué -dije? Digo de palabras, unas comunísimas, _ente_, _verdad_, _bien_, si -quieres; otras, menos comunes, _sustancia_, _cuerpo_; otras, propias, -_Sócrates_, _Platón_. Aquéllas lo significan todo; las segundas, muchas -cosas; las terceras, una sola. - -Síguese que cuando dicen _Sócrates es hombre_, y de ahí _animal_, etc., -se significa que esto que muestro (entiende _Sócrates_) llámase así con -particular nombre; es decir, con los otros semejantes en figura. Con el -nombre común, hombre; con el caballo y los demás que se mueven, pero -que son desemejantes en figura, _animal_, con el comunísimo con todas -las cosas, _ente_. - -De los restantes predicamentos, lo mismo. - -No basta. No contentos los lógicos con las palabras simples, para hacer -la cosa más difícil, usan de palabras comunes, añadiéndoles alguna -diferencia; como para el hombre, _animal racional mortal_, cualquiera -de las cuales es más difícil que la primera. Pues donde hay muchedumbre -hay confusión, y cuanto más amplias son las palabras tanto son más -confusas y oscuras. - -Esto es mezquino. Construyen sobre cosas extrañas. De esta serie de -palabras (que se llaman predicamentos) disputan muchas cosas: del -orden, del número, del género, de la diferencia, de las propiedades, -de la reducción a ellas de todas las cosas; esto lo reducen a la línea -recta, aquello a la lateral; esto, por sí; aquello, por razón de su -contrario; esto es común de dos; aquello se reduce a lo otro; esto no -tiene a qué se reduzca, y, por tanto, si hay cielo, si no obtuvo lugar -en algún predicamento, nada es ya. ¿Qué diré? Por ahí se meten en -infinitas bagatelas. Más todavía, enredándose en palabras, se echan a -sí y a sus desgraciados oyentes en un caos profundo y estéril. - -Con esto tienes toda entera la lógica de Aristóteles y mucho más las -dialécticas que después de él escribieron los modernos. Pues a los -nombres más comunes llaman géneros; a otros, especies, diferencias, -propios, individuos... - -Si preguntas qué es esto, te diré: algo común abstraído por el -entendimiento; una ficción de Aristóteles no desemejante a las Ideas -platónicas. Pues ¿y la quimera del entendimiento agente (cosa nueva), -abstrayente o iluminante (más bien oscureciente) y del inteligente, de -donde surge el universal _animal_? Llevan a tanto las cosas, que, asno -significa la mente de estos lógicos, que no pueden comprender sino el -asno común, y aun formarlo, cuando, no obstante cada uno de ellos es un -asno particular. - -¿Qué dices? ¿No es todo esto palabras y necedad? ¿Verdad que sí? Y esto -sólo de los términos simples, que llaman predicables. De los cuales -preguntan todavía ¿cuántos, cuáles, qué? Nada, líos. - -Además, llaman a unos equívocos, a otros unívocos, análogos, -denominativos, términos, voces, palabras, dicciones, simples, -compuestas, complejas, incomplejas, mentales, vocales, escritas; -arbitrarias, naturales; de primera intención, de segunda intención; -categoremáticas, sincategoremáticas, vagas, confusas, y otras -innumerables denominaciones de los nombres, y además otras de éstas; y -acerca de cada una de ellas forman sutilísimas disputas, tan sutiles, -que el menor golpe las sepultas en la nada. - -¿Llamas tú a eso ciencia? Yo le llamo ignorancia. - - - - -Juicios lógicos. - - -Como arañas sutiles, puestas a fabricar su delgadísima tela, estos -filósofos verbales constituyen el sujeto, el predicado, la cópula, la -proposición, la definición, la división y la argumentación. Y de todo -esto, además, otras infinitas especies, diferencias, condiciones. - -¿Qué diré? Mientras aseguran que la mente se perfecciona con la -ciencia, se hacen totalmente insensatos; los que debieran investigar -y predican que investigan las causas y naturalezas de las cosas, -fingen novedades; y el que finge más y más oscuras cosas, ése es el -doctor; de donde también escribió él[5] la ciencia de los sofismas, -y así la ficción resuelve la ficción y un clavo saca otro clavo. -Me parecen semejantes[6] a aquellos que profesan la nigromancia y -los encantamientos, de los cuales el más astuto, como dicen, elude -las acciones y los conatos del otro y los anula y los deshace y -rompe. Algunos impíos objetaron antiguamente al divino Moisés acerca -de la serpiente que devoró a las de los magos: así estos nuestros -encantadores, confiados en las palabras, sin saber cosa alguna, -pretenden, no obstante, que saben muchas cosas para que no sean -argüídos de ignorancia. - -Yo, contra su ignorancia, confieso de buen grado la mía, y con más -libertad descubro la suya. Nada sé. Pero menos ellos. - -Hasta aquí del hábito. - - - - -La demostración. - - -¿Qué es _demostración_? - -La definirás así: un silogismo que engendra ciencia. - -Cometiste círculo vicioso y, por tanto, me engañaste y te engañaste. - -Pero ¿qué es silogismo? ¡Cosa admirable; abre los oídos, extiende la -fantasía! Ni aun así cogerás, por ventura, tantas palabras. - -¡Cuán sutil, cuán larga, cuán difícil es la ciencia de los silogismos! -Ciertamente es fútil, larga, difícil y nula la ciencia de los Sofistas. - -¡Ah, blasfemé! Delinquí, porque dije la verdad. Ya soy digno de ser -apedreado. Pero tú de ser azotado, porque engañas. Pues la ignorancia -merece en todas partes perdón, pero la falacia castigo. - -Oye; prueba que el hombre es ente. Dices así: el hombre es sustancia; -ésta es ente; luego el hombre es ente. Dudo de lo primero y de lo -segundo, y por tanto, dudo de la conclusión. Pero tú sigues así: el -hombre es cuerpo; el cuerpo es sustancia; luego el hombre es sustancia. - -Dudo también de ambas cosas, y dices: el hombre es viviente; el -viviente es cuerpo; luego el hombre es cuerpo. - -Y de esto dudo también, y dices: el hombre es animal; éste es viviente; -luego el hombre es viviente. - -¡Sumo Dios, qué serie, qué fárrago, para probar que el hombre es ente! -La prueba es más oscura que la cuestión. - -Niego también que el hombre es animal. ¿Qué dirás? No hay más géneros. -¿Adónde te acogerás? A la definición del animal, que es: un viviente -móvil y sensible; tal es el hombre. - -Ambas cosas niego; sigue. - -Viviente es el cuerpo que se nutre; tal es el animal; luego... - -Prueba estas cosas. - -Cuerpo es una sustancia que consta de tres dimensiones; tal es el -viviente; luego... - -Ambas cosas son falsas. - -Sustancia es ente por sí; cual es el cuerpo; luego... - -Y quisiera también que lo probaras. Ya no podrás más. - -¿Qué es, finalmente, el ente? Lo ignoras como antes. ¿Qué hiciste -con tus silogismos? No probaste que el hombre es ente, que es lo -que primero te había pedido; antes, ya subiendo, ya bajando por tu -línea, para que me aproximaras aquel altísimo ente, quedóse tan en el -aire que a poco más nos aplasta a ti y a mí en su caída; finalmente, -dejásteme la cuestión tan dudosa como antes o más. - -Y al parecerte siempre que te probabas sólo las primeras proposiciones, -no tocaste a las segundas. Y si hubieses probado las primeras y -hubiésemos llegado a las segundas, ¿cuánto más no tropezaras en éstas? - -¿A qué, pues, engañarse con tales encadenamientos de palabras? - - * * * - -Yo lo diré con más claridad. - -_Ente_ lo significa todo: hombre, caballo, asno, etcétera; luego el -hombre es ente, como también el caballo y el asno. - -Si me niegas lo primero, no lo probaré, pues no sabría. Pruébalo tú, si -sabes. Tú tampoco. Nada, pues, sabemos.[7] - - - - -Poco valor de los silogismos. - - -Vuelvo a los silogismos, cuya ciencia sutilísima cayó toda. - -Dije yo arriba: los nombres, unos son comunísimos, como ente, verdad; -otros menos comunes: sustancia, cualidad; otros particulares: Platón, -Mitrídates. - -Hay muchos intermedios, que ni significan tanto como aquéllos ni tan -poco como éstos: cuerpo, viviente, animal. - -De ahí le es fácil al indagador mostrar con una sola palabra si el -hombre es sustancia. - -Sustancia significa todo lo que es por sí; de donde, lo son el hombre y -la piedra y el leño; luego el hombre es sustancia. - -Mas ellos, buscando rodeos, para que no caiga en desprecio su ciencia, -si es fácil, la hacen difícil y laboriosa con envolturas de palabras, -jactándose que demostraron y probaron científicamente que el hombre -es sustancia, diciendo así en _Barbara_,[8] castillo inexpugnable: -_Todo animal es sustancia; todo hombre es animal; luego todo hombre -es sustancia_. Dijiste verdad, pero la dijiste neciamente y más -oscuramente que podía el sabio. Pues es lo mismo que si dijeras, que -sustancia significa tanto los vivientes como los no vivientes; y -viviente significa el hombre y la cereza; luego desde lo primero a lo -último significa sustancia el hombre. - -Mas por tantos grados intermedios se confunde la mente, y aun, por -ello, duda más de cada uno de los intermedios. ¿No es esto por ventura -aquello que había dicho en otro lugar el mismo: «Lo que se dice del -predicado se dice lo mismo del sujeto»? Mas esto son variaciones de los -nombres; como también aquello: «Lo que es dícese de muchos modos»; si -el nombre de hombre significa una sola cosa, dícese otro principio; -y la causa dícese de un modo; la naturaleza dícese de un modo; dícese -necesario. - -Finalmente, todo lo que hay en la Metafísica de Aristóteles y en las -restantes obras, es definición de nombres. De donde, toda cuestión es -casi del nombre: si la sustancia se dice del hombre, y así de otras -cosas. - -De tal suerte, no pudiendo saber nadie con certeza, no hay ciencia -alguna ni de cosas ni de palabras. - - * * * - -Di: en último término impongamos las palabras. Lo permito. Sabemos, -pues, que tal palabra significa esto. Falso, pues ignoras qué sea -_palabra_, ignoras qué sea _esto_, ignoras qué sea significar; luego no -sabes que tal palabra significa esto. - -Prueba que se sigue, pues, ignoradas las partes, se ignora el todo. Y -tú conmigo ignoras partes y todo; luego nada sabemos. - -¿Por qué, pues, siendo ignorantes yo y tú, pues tú mismo eres ignorante -y máxima la ignorancia de las palabras, llamas, sin embargo, sutil a -la ciencia y la hinches con fárrago oscuro y mayor ignorancia? - -Para que aparezca sabio, dirás. Pero acontece al revés: pues, mientras -pones en solfa artificios y ridiculeces, predicas, en tanto, que sabes -mucho. Yo me confieso del todo ignorante y sorprendido de que no sepas -que nada sabes. Porque si lo sabes, al decir que sabes muchas cosas, -eres engañador y mentiroso. En vano busqué afanosamente un filósofo -sincero que diga con certidumbre si sabe perfectamente alguna cosa; -nunca lo hallé, aparte de aquel sabio y austero varón Sócrates (aunque -los llamados pirrónicos, académicos y escépticos lo afirmasen también -con Favorino), el cual sabía esto solo: que nada sabía. Por sólo decir -tal, yo le juzgo doctísimo; aunque ni aun así me satisfizo totalmente -pues, en rigor, ignoraba esto como todo lo demás. Sin embargo, para -afirmar mejor que nada sabía, dijo que sabía aquello solo. Tal vez por -eso, no sabiendo cosa alguna, nada quiso escribir. - -Esto me vino siempre a la mente. ¿Qué diré yo que no sea sospechoso -de falsedad? Pues todas las cosas humanas me son sospechosas, y esto -mismo que escribo ahora, también. - -No callaré, sin embargo; al menos diré libremente que yo nada sé; ni -tú tampoco trabajes en vano, lector, inquiriendo la verdad, esperando -que alguna vez podrás poseerla claramente. Y si después investigare -con los demás algo de lo que hay en la naturaleza, ni aun de tales -investigaciones me curo; pues todo es vanidad, como dijo aquel -sapientísimo Salomón, el más docto que recordamos de los que nos dieron -los pasados siglos; lo cual demuestran claramente sus obras, entre las -cuales ocupa el primer lugar aquel áureo libro llamado _Eclesiastés_. - -Pero volvamos a la ciencia. - -¿Qué movió a Aristóteles a disertar tantas y tan hondas cosas de la -contextura de las palabras; qué a fingir aquellos universales? Si -podemos saber alguna cosa sin todo esto, lo mostraré más abajo, donde -hablaré del modo de saber. - -Mientras tanto, de Aristóteles no hay ciencia alguna. - -Velo: la ciencia se obtiene por demostración. ¿Qué es eso? Un sueño -de Aristóteles no desemejante al repúblico de Platón, al orador de -Cicerón, al poeta de Horacio. No hay ciencia en parte alguna. Escribió -aquél con bastante prolija prosa, y nunca dió ciencia, ni después de -él la dió nadie. Al menos, dala tú y envíamela. No la tienes, lo sé; -Aristóteles mismo no formó jamás otro silogismo, sino cuando enseñó a -los demás a formarlos; y entonces, no con los términos que significan, -sino con los elementos _a b c_, y ello todavía con mucha dificultad. Y -si hubiese usado de términos justificativos, jamás hubiese terminado -la obra. ¿Para qué, pues, sirven éstos? ¿Por qué trabajó tanto en -enseñarlos? ¿Por qué después de él se esfuerzan todavía los demás? - -Escribiendo no usamos de ellos ni él tampoco. Con silogismos nunca se -engendró ciencia alguna, antes se perdieron muchas y se turbaron por su -causa. Arguyendo y disputando, contentos con la simple consecuencia, -todavía usamos menos de ellos, pues de otra suerte nunca tendría fin la -disputa y siempre se había de pugnar sobre reducir el silogismo a modo -y figura, convirtiéndolo en otras copiosas bagatelas; y hay infinitos -necios que hacen hoy así y niegan cuanto no es puesto en modo y figura; -tanta es la estupidez humana y tanta la agudeza y utilidad de esta -ciencia silogística, que, olvidadas totalmente las cosas, se meten en -tinieblas. - -De donde es de admirar al, por otro lado, agudo Averroes, y después -de él muchos, los cuales quisieron mostrar en todas partes que son -infalibles, certísimos y demostrativos los silogismos. ¡Con cuanto -trabajo se esforzó en reducir Aristóteles las cosas que dijo, a tales -moldes, cuando nada hay más extraño a ellas, según después mostraré! - -Al contrario, no es de admirar que el Agustino, esplendidísima -lumbrera de la Iglesia cristiana, aprendiera sin preceptor, por su -solo esfuerzo, todas las otras ciencias, menos esta silogística. Pues -las otras se fundan en las cosas; pero ésta es una ficción sutil y de -ningún fruto, antes de muchísimo daño; como que aparta a los hombres de -la contemplación de la naturaleza y los detiene en sí, lo cual verás -mejor en el discurso de nuestras obras. - -Mas esto se diferencia mucho de lo que dicen los escolásticos, a saber: -que es el modo de conocer y el principio sin el cual no hay ciencia. - -Los cuales dicen ciertamente verdad, pero la dicen neciamente. Pues la -ciencia de ellos es ésta: no saben otra cosa que construir de la nada -un silogismo, es decir, de _a b c_; pues si se hubiese de construir -de algo, enmudecerían, como quienes no entienden ni la más pequeña -proposición. - - * * * - -Pero volvamos a nosotros. - -¿Qué, pues? Quien enseña a construir una casa ¿no la construye él -jamás, ni tampoco sus discípulos? ¿Cómo voy a creer que se construye -así? Y si no hay demostración, ¿no hay ciencia alguna? - -Además, también es falso aquello de que la demostración engendre hábito -científico. Del ignorante, pero apto para aprender, brota la ciencia -mas no así de la demostración, que sólo muestra la cosa que se ha de -saber, pues tal indica hasta la palabra misma _demostración_. - -Yo no entendí jamás de Aristóteles ni de otros la más pequeña -proposición; mas impresionado por la lectura de sus libros, me -apliqué a contemplar todas las cosas, y vistas sus contradicciones y -dificultades, para no ser envuelto yo por ellas, desamparados todos -los filósofos, me refugié en las cosas, ejercitando mi propio juicio. -Esto fué para mí Aristóteles; lo que el mismo Aristóteles dice que fué -Timoteo para los demás autores, a saber: un estímulo para huir de las -contradicciones de los sabios y refugiarse en la naturaleza. - -De donde es fácil ver cuán necios son los que buscan de solos los -libros toda ciencia, no estudiando en las cosas mismas. Pues quien me -señalare con el dedo una cosa para que la vea, no por eso produce en mí -la visión, sino que excita la potencia visual para que se reduzca al -acto. - -De donde me parece también muy necio lo que algunos establecen: que -la demostración concluye y participa necesariamente de lo eterno e -inviolable; cuando por ventura quizá no hay tal eterno, o si existe nos -es desconocido como tal a nosotros, que somos muy corruptibles y muy -violables en poquísimo tiempo. - -Por eso, al contrario, la verdadera ciencia, si la hubiera, sería libre -y nacida de entendimiento libre; el cual, si de suyo no percibe la cosa -en sí misma, no la percibirá forzado por demostración alguna. - -Éstas (las demostraciones) fuerzan, por tanto, a los ignorantes, -a los cuales basta la sola fe. ¿Por qué, pues, ignorante, coliges -de aquí y de allí, de Aristóteles, muchas proposiciones, con las -cuales construyes al fin un silogismo _bárbaro_ y de las cuales no -entiendes una sola? Te querría bien si te dijera: deja la Filosofía, -pues eres totalmente inepto para ella; procura ser un buen alarife o -zapatero, o si quieres menestral, de esos que convierten la madera, las -piedras, los paños y los cueros en figura, no _bárbara_ como tú, sino -pulimentada, y no preguntan qué es la madera, la piedra, el paño o el -cuero, sino cómo forman de ellos una casa, un vestido o un calzado para -el César; mientras que tú, usando de la potestad del César, construyes -un laberinto en el que te aprisionas a ti y a otros parecidos -miserables a quienes falta el filo de la razón. - -No entiendes, no sabes cosa alguna y, sin embargo, alardeas de enseñar -a los demás. Tampoco yo sé y, no obstante, me empeño en persuadírtelo. -De donde no sabiendo tú aquello, tampoco podrás percibir esto. Y yo -tampoco, ignorándolo todo, podré demostrártelo. Luego nada sabemos. - -Tal muestro todavía. Sigo la definición de la ciencia. Llaman hábito al -_conglomerado de muchas conclusiones_. Es maravilloso cómo abandonando -totalmente las cosas vuelven siempre los dialécticos a sus ficciones, -semejantes a la gata de Esopo mudada en doncella, la cual, sin embargo, -después de cambiar la forma, todavía perseguía a los ratones. Y, a la -verdad, para aquéllos la ciencia se reduce, pues no saben más, a muchas -conclusiones, sin realidad alguna. Pues ¿quién definió jamás una visión -por un amontonamiento de especies? La ciencia no es otra cosa que una -_visión interna_. Si la ciencia fuese un montón de especies, todo libro -sería un pozo de ciencia. - -Eres un protervo: dirás tal vez que tus obras tienen ciencia escrita, -según aquello de que uno es el término vocal, otro el escrito, otro el -mental. No entiendo. Lo concedo, sin embargo. ¿Qué se sigue? Que ni tú -ni yo sabemos cosa alguna. - -Prueba esto Esopo, el cual puesto entre un gramático y un retórico, al -preguntarle qué sabía, respondió: nada. ¿Cómo es esto? Porque (dijo) -el gramático y el retórico no me dejaron nada por saber; preguntados -antes qué sabían, respondieron que _todo_. Ahora, pues, este libro sabe -muchas cosas por ti, otro sabrá también muchas y todos los demás del -mismo modo; luego nada nos han dejado a nosotros por saber. - -Prosigo; si hubiesen dicho _conglomerado de muchas cosas en la mente_, -tal vez hubieran dicho mejor; pero no es del todo verdad. Pues sólo -de una sola cosa puede ser la ciencia; o más bien, sólo hay ciencia -de cada una de las cosas individuales, no de muchas a la vez; como -una visión es de un solo objeto individual; pues ni es posible ver de -un modo perfecto dos cosas juntamente ni entender a la vez dos cosas -perfectamente, sino una después de otra. De donde aquello: aplicada la -mente a muchas cosas, es menor la atención a cada una. - -Mas del mismo modo que todos los hombres son en especie, mejor dicho, -en nombre, un solo hombre, así la visión se dice una sola aunque sea de -muchas cosas, y las visiones son muchas en número, y así la Filosofía -se dice una sola ciencia, aunque sea contemplación de muchas cosas de -las cuales a cada una corresponde contemplación propia, y la ciencia de -cada una, después de la contemplación, es una sola. - -Ni es tampoco verdad que el cúmulo de muchas cosas en la mente sea -ciencia; lo cual piensan algunos ineptamente, llamando más doctos a -aquellos que más cosas han visto y oído y pueden, por consiguiente, -recitar, ya en la misma ciencia, ya en diversas. Antes al contrario, -quien quiere abrazarlo todo, todo lo pierde; pues basta una sola -ciencia a todo el orbe, pero todo éste no basta a la ciencia. A mí me -bastaría para la contemplación de toda la vida la más mínima cosa del -mundo, y ni aun así alcanzaría a conocerla. Pues ¿cómo un solo hombre -puede saber tantas cosas? - -Créeme, muchos son los llamados y pocos los escogidos; experiméntalo en -ti mismo, contempla alguna cosa, un gusano, si quieres; su alma: nada -podrás alcanzar. - -Confieso que estas cosas deben estar necesariamente en la mente para -saberlas; pero esto no es ciencia, sino memoria; como tampoco el -amontonamiento de especies en el ojo es visión (si así se hace la -visión), por más que ésta sin ellas no pueda existir. Pues vemos que -aquellos que imaginan algo fijamente, ofrézcase lo que se quiera a los -sentidos, nada sienten, aunque en el mismo momento se impriman los -espectros en ojos y oídos. Por esta misma razón, afirmóse que todo -estaba en todos. ¿Cómo, pues, dicen, conoceremos aquello que está -fuera de nosotros? Luego todo estaba en nosotros, pero lo hallamos -revolviendo y esto es saber. - -Pero se engañan harto. Primero, porque afirman que en nosotros hay un -asno (por ventura está en ellos), un león y lo demás. Pues ¿cómo puede -suceder que yo esté en el león y el león en mí? ¿No es esto fingir una -quimera? Y ojalá probasen que nosotros sabemos algo; pues entonces les -concederíamos la consecuencia, a saber: que nada puede saberse sin que -esté en nosotros; todo se sabe; luego todo está en nosotros. - -Pero ahora la mayor es dudosa; la menor falsa. ¿Cómo, pues, concluirás? - -Después, arguyen mal si piensan que basta, para saber, que esté -en nosotros aquello que se sabe. Pues aun cuando esto tal vez -contribuiría, si pudiera ser, no se sigue de ahí que todo esté en -nosotros, antes al contrario; estando ciertamente en nosotros el -cuerpo, el alma, el entendimiento, las facultades, las imágenes y otras -muchas cosas, sin embargo, de ningún modo las conocemos perfectamente. - -Pero esta cuestión, a saber, si todo está en nosotros, lo trataremos -exprofeso en los libros de la naturaleza; ahora baste haber tocado lo -que conduce al tratado propuesto. - -Así, pues, las cosas o las imágenes de las cosas existentes en nosotros -no hacen ciencia ni son ciencia; pero la memoria es poblada por ellas, -y en la fantasía las contempla la mente. - -De ahí también concluyo que la ciencia se llama pésimamente hábito. -Pues aquí la cualidad es dificultosamente móvil; la ciencia no es -cualidad, a no ser que quieras llamar a la visión cualidad; más bien -acción simple de la mente, la cual puede ser perfecta aun de primera -intención, y no dura más que lo que está en la mente, como tampoco la -visión. De cuya contemplación y conocimiento, que se hace por la mente, -la imagen confiada a la memoria se retiene en ella; la cual, si se ha -fijado bien, se dirá hábito; si menos, disposición. - -Pero todo esto será propio de la memoria, no de la ciencia; si luego lo -retorna, se dirá que se recuerda lo sabido, no que se sabe, sino cuando -lo contempla; como quien recita lo visto no ve. - -Dícese, sin embargo, que sabe muchas cosas quien retiene en la memoria -lo así sabido, porque o supo antes todo aquello o puede saberlo cuando -quiere; pues aun con la menor ojeada, mirándolas, las entiende, porque -ya las entendió antes. - -De donde queda, que el hábito de muchas cosas en la memoria no se llama -ciencia, si no hubiesen sido ellas conocidas antes por el entendimiento. - - * * * - -Decía Platón que nuestro saber (cosa extraña) no es otra cosa que -recordar; es decir, que nuestra ánima lo sabía todo antes de nosotros, -que en nosotros lo olvidó todo al ser sumergida en el cuerpo, y que -poco a poco recuerda como despertando de un sueño. - -Pero levanta el doctísimo varón un castillo muy deleznable, no -confirmado por la razón y la experiencia; como también otras muchas -cosas que soñó del alma, según mostraremos en el tratado del espíritu. - -Aquel error lo repitió muchas veces Aristóteles. Mas, dejando las -razones de Platón, porque pueden ser leídas por cualquiera en él, -examinémos nosotros la cuestión por lo que se refiere a nuestro -propósito. - -Si él hubiese dicho que vió cómo su alma lo sabía todo antes que fuese -sumergida en su cuerpo, por ventura lo hubiese creído; pero entonces no -sería hombre, sino larva o fantasma de tal. - -Yo, a la verdad, ignoro qué fué antes de mí; apenas creo lo que veo; -¿cómo, pues, filósofo, creeré tus sueños? - -Di: o antes que el alma entrase en tu cuerpo sabía, o no. ¿Dices que -sí? Entonces, o aquella ciencia del alma era sólo recuerdo o no; si lo -era, sería recuerdo de otra ánima que había en ella, la cual, antes que -estuviese en la tuya, lo sabía todo. - -Y el saber de esta otra alma, ¿era o no era recordar? - -Vamos así a lo infinito. - -Si no recuerda por otra ánima, sino por sí misma; fué que se olvidó -antes. ¿Por qué? Y si se había olvidado antes que esto aconteciese, -¿era o no era todavía su saber recordar? También vamos a lo infinito. - -Si el saber del alma no era recordar, ¿perdió aquel saber sumergida -en el cuerpo? Si no lo perdió, sabe como antes. Y antes, según tú, su -saber no era recordar. - -Y si por la inmersión en el cuerpo, como dices, como aturdida por el -comercio del nuevo domicilio, permanece olvidada de sí durante un -tiempo, se acordará ciertamente después de aquello que había olvidado, -pero no lo sabrá entonces; como también nosotros, olvidados de lo que -antes sabíamos, por fin lo recordamos; pero este recuerdo no es saber. - -Mas, si lo pierde, no lo recordará luego; pues solo recordamos aquellas -cosas que permanecen todavía en la memoria o imaginación, aunque no se -ofrezcan al pensamiento, y así, excitados por alguna reminiscencia de -cosa semejante, surgen, como traídas a la fantasía, pero con recuerdo, -porque antes habían estado allí mismo. - -Y si del todo hubiesen sido arrancadas, no fuera recuerdo, sino nueva -impresión; como acontece a aquellos que por enfermedad incurren en -perfecto olvido hasta del propio nombre; de los cuales no dirás que lo -recuerdan si acontece que lo aprenden después; pues dice el vulgo que -son víctimas los tales de total olvido y que, por consiguiente, deben -ser de nuevo instruídos como si fuesen niños ignaros; y ellos mismos -niegan que supieran alguna vez aquello que se les enseña. - -Recordar, pues, no es saber. - - * * * - -Además, siempre que recordamos decimos: había olvidado antes esto, pero -ahora lo recuerdo así, o que así sucedió. - -Y si aconteciere al alma que sólo recordase, diría también el niño -cuando fuere enseñado: yo también sabía esto antes, ahora lo recuerdo. -¿Y quién dice tal? - -Además, si el alma, antes que fuere sumergida en el cuerpo, sabía, -después sabrá ella misma, no el hombre. Y decir que el alma sabe, ¿no -es impropio? - - * * * - -Finalmente, hagamos más clara la cosa, pues es cuestión de nombre. - -O saber y recordar son lo mismo o no. ¿Qué han de ser lo mismo? ¿Por -qué, si lo son, no usamos indiferentemente lo uno por lo otro? - -No dudo que recuerdan también los perros; pues herí a uno de industria, -el cual, cuando después me ve, me ladra, acordándose, sin duda, de las -heridas. - -¿Y quién dirá que los perros saben? - -¿Por ventura no quieres que recuerden los perros, con tal de no -desmentir a Aristóteles? - -Recuerdan, por lo menos, mujeres y niños; y, sin embargo, nada saben; -recordamos todos y nada sabemos. - - * * * - -Si no significan lo mismo recordar y saber, ¿por qué los confunde? -Si lo uno es superior a lo otro, ¿por qué no añadió Platón alguna -diferencia que los restringiese? - -Pues el hombre es animal, pero no sólo animal, porque lo es también el -caballo; por lo cual a éste le añadimos _cuadrúpedo_, a aquél _bípedo_. - -No significan, pues, lo mismo; luego son cosas diversas saber y -recordar. - - * * * - -¿Qué es saber? - -Conocer las cosas por sus causas, dicen. - -No está del todo bien; es oscura la definición, pues se sigue -inmediatamente la cuestión de las causas, más difícil que la primera. - -¿Es necesario conocer todas las causas para conocer las cosas? - -Las eficientes no, pues ¿qué influye mi padre para el conocimiento de -mí? - -Después, si quieres conocer perfectamente el causado, es menester que -conozcas también perfectamente las causas. ¿Qué se sigue? Que nada se -sabe si quieres tener conocimiento perfecto de la causa eficiente. - -Venimos, pues, a parar en mi tema. - -Para el perfecto conocimiento de mí es menester conocer perfectamente -a mi padre; para conocer a éste es necesario que conozcas antes a mi -abuelo; después de éste a otro, y así infinitamente. - -De las demás cosas lo mismo. - -Y así también de la causa final. - - * * * - -Dirás que tú no consideras los particulares, que no caen bajo la -ciencia, sino los universales: el hombre, el caballo, etc. - -Está bien; pero antes también lo decías; tu ciencia no es del -verdadero hombre, sino del que tú te finges; por tanto, nada vale. - -Considera, pues, aquel fingido hombre tuyo; no lo conocerás si no -conocieres sus causas. ¿La tiene eficiente? No lo negarás. Si quieres -conocer ésta, considera su eficiente. No acabarás nunca, y, por tanto, -nunca sabrás qué es aquel hombre tuyo, ni siquiera si era _verdadero_; -luego nada sabes. - - * * * - -Por ventura recurrirás a Dios omnipotente, primera causa de todo y fin -último de todo, y dirás que allí hemos de parar y no en el infinito -imaginario. - -De esto, hablaremos después. Pero ahora pregunto: ¿qué de ahí? -Nada sabes. Huyes del infinito y caes en el infinito, inmenso, -incomprensible, indecible, ininteligible. ¿Lo sabes tu acaso, lo -conoces? - -Pero, según tú, es causa de todo. Luego para el conocimiento de los -efectos es necesario su conocimiento, según tu definición. Luego nada -sabes. - -Si para el conocimiento de la cosa no juzgaste necesarias la eficiente -ni la final, ¿por qué no distinguiste en tu definición? Pues yo las -entendí todas cuando dijiste en absoluto: conocer las cosas por las -causas. - -Pero en otro lugar, Aristóteles las comprende y enumera todas, -eficiente, material, formal y final, cuando dijo que entonces pensamos -nosotros conocer la cosa, cuando conocemos su primera causa. - -Pero te concedo (aun cuando no deba concedértelo ni pueda lícitamente) -que no son necesarias la eficiente y la final; quedan dos, la material -y la formal, las cuales creo entiendes que se han de conocer. - -Menos aún. - -Si quieres conocer la forma es necesario que la conozcas por sus -causas, según tu definición. No por la eficiente y la final, como -antes, sino por la material y la formal. Pero no la tienes. Luego nada -sabes. Y si ésta no la sabes, tampoco sabrás aquello de lo cual es -forma, pues ignoradas las partes, se ignora el todo. - -De la materia diré lo mismo, la cual es todavía más simple y menos -sustantiva, y de la cual tal vez no hay causa alguna, al menos -eficiente, material y formal, según Aristóteles; y de la final también -puede dudarse. - - * * * - -¿Qué dices? - -Basta cualquier conocimiento de las causas para tener ciencia de las -cosas, aunque no sea perfecto. - -Coplas. - -Es imposible conocer perfectamente el todo sin que conozcas -perfectamente las causas. - -Y si concediera también esto, pregunto: ¿puede tenerse ciencia de la -forma y de la materia? - -Lo concederás tú, que pretendes saberlo todo. - -Mas vuelvo a preguntar: ¿por sus causas? - -Si no, tu definición es nula. Y ahora repito lo mismo de estas causas: -¿pueden saberse? Claro que sí; pues, según tú, lo más simple es más -manifiesto por naturaleza, y, por tanto, es de suyo más cognoscible. -Mas ¿por sus causas? Volvemos a lo infinito. - -Es, pues, nula la definición. - -Y, además, nada sabes por las mismas razones. - - * * * - -Mas Aristóteles se objetó a sí mismo en otro lugar: si verdaderamente -es sólo ciencia aquélla que se tiene por demostración y los primeros -principios no pueden demostrarse, no habrá ciencia de éstos y por -tanto, no habrá ciencia alguna. - -Luego rectificó diciendo que no toda ciencia era demostrativa, y que -sólo es indemostrable la de aquellas cosas que carecen de medios. - -Pues de ahí se sigue que aquella sentencia, _saber es conocer las cosas -por las causas_, no es absolutamente verdadera, ni aquella otra: la -ciencia es hábito adquirido por demostración, si hay alguna que no se -tiene por demostración. - -Mejor habló en otro lugar y podía excusarse si siempre hubiese hablado -del mismo modo y hubiese explicado alguna vez la ciencia de modo -perfecto. Mas ahora, siendo en todas partes vago, confuso y veleidoso -se cierra el camino a la excusa. Pues había dicho que la ciencia de las -cosas, de las cuales son los principios, las causas y los elementos, -pende del conocimiento de éstos. Lo cual es ridículo como lo entienden -sus secuaces, pues reduciendo las cosas a palabras y silogismos -(soporificados en el viejo error y pudriéndose en él), interpretan los -principios como primeras, manifiestas y supuestas proposiciones de cada -ciencia, a las cuales ellos llaman principios y dignidades; y explican -como causas las proposiciones medias que se hacen entre aquéllos y la -cosa que se ha de probar; y elementos, el sujeto, el predicado, la -cópula, el medio, la extremidad mayor y la menor. - -¿No es todo esto una sutil ficción o más bien un delirio en cuya -comparación, si el Maestro se engaña, los discípulos, no entendiéndole -ni siguiéndole, se engañan más aún? ¿Hasta cuándo se despeñarán en -tantas vanidades, apartándose así de la clara y libre razón? - - * * * - -Pero volvamos a Aristóteles. No puede excusarse. Arriba decía que la de -los primeros principios es ciencia, pero indemostrable. En otro lugar -llama al conocimiento de los primeros principios entendimiento, no -ciencia. Mal dicho, pues, si se tuviera conocimiento de éstos, como de -los demás, sería perfecta ciencia. Mas ahora, no teniéndose de ellos, -tampoco se tiene de aquellas cosas de las cuales son estos principios. - -De donde se sigue que nada se sabe. - -Además, ¿qué es la ciencia sino el entendimiento de las cosas? Sólo -decimos que sabemos algo cuando lo entendemos. - -Pero tampoco es verdad que hay doble ciencia, pues sería una y simple, -si alguna hubiese, como es una la visión. - -Hay, según dicen, dos modos de ciencia: uno simple, cuando conociésemos -una cosa simple, como la materia, la forma, el espíritu; otro -compuesto, por decirlo así, cuando se ofreciere una cosa compuesta, -de la cual hubiera primero que descomponer y conocer cada una de las -partes, y luego, finalmente, el todo. - -Y a este último modo siempre precede el primero; pero a éste no siempre -le sigue aquél. - -En ambos casos, la demostración no sirve de otra cosa sino, tal vez, -para mostrar la cosa que se ha de saber. - -Pero ya hay bastante; pues dijimos ya más de lo que parecía convenir -al que nada sabe. Pero no se ha dicho todo esto sin razón. - -Hasta aquí mostré la ignorancia de los demás, según la definición de la -ciencia y, por tanto, según el conocimiento; ahora mostraré la mía (no -parezca que sólo yo sé algo) por la cual podrás ver cuán indoctamente -sabemos. Pues lo que hasta aquí fué recibido por muchos, a mí me parece -falso, como ya probé; y lo que después diré, verdadero. - -Por ventura juzgarás tú lo contrario, y tendrás por verdadero lo tuyo; -de donde se sigue la confirmación de lo propuesto: que nada se sabe. - - - - -¿Qué es saber? - - -Veamos, pues, qué es saber, para que de ahí se haga más manifiesto si -algo se sabe. - -_Ciencia es el perfecto conocimiento de la cosa._ - -He aquí una explicación fácil, pero verdadera, del nombre. - -Si preguntas el género y la diferencia, no los daré, pues todo esto son -palabras más oscuras que lo definido. - -Y ¿qué es conocimiento? - -Ciertamente no lo sabría definir y si lo definiese de algún modo, -podrías preguntar nuevamente lo mismo de esta definición y de sus -partes. Y así nunca se llegaría al fin; habría duda perpetua de los -nombres. - -Por la cual razón, nuestras ciencias son ya infinitas, ya totalmente -dudosas. - -En alguna parte, dices, nos hemos de parar en las cuestiones. Es -verdad, porque no podemos otra cosa. - - * * * - -Pero no sé lo que es conocimiento; defínemelo. - -Yo diría la comprensión de la cosa, la perfección, la intelección, y -algo más que signifique lo mismo. - -Si dudas todavía de esto, callaré; pero te exigiré a ti otra cosa; -si lo concedieres, dudaré de lo tuyo, y así padeceremos perpetua -ignorancia. - -¿Qué queda? Un recurso extremo; piensa tú por ti mismo. - -¿Pensaste? ¿Por ventura aprehendiste con la mente el conocimiento? Así -lo crees. A mi también me parece que comprendí. - -¿Qué de ahí? Mientras hablo después contigo del conocimiento, cual lo -comprendí tal lo propongo; tú, al contrario, cual lo entendiste tú. -Esto afirmo yo que es; tú, afirmas otra cosa. - -¿Quién compondrá el pleito? Quien se conozca a sí mismo verdaderamente. -Y ¿quién es el tal? Nadie. Cada uno se parece a si doctísimo; a mí, -todos ignorantes. Tal vez sea yo solo el ignorante; a lo menos, -quisiera saber esto; y ni esto siquiera sé. ¿Qué diré, pues, en -adelante que carezca de sospecha de ignorancia? - -¿Para qué, pues, escribo? Para decir lo único que sé: lo que yo pienso. -Mas lo que pienso es mi verdad, no la tuya, no la de todos. Torno acá. -Nada sabemos. - -Supón la explicación del nombre de ciencia dada por mí, para que -proceda el discurso, y de ahí coligamos que nada sabemos, pues suponer -no es saber, sino fingir; por lo cual, de los supuestos saldrán -ficciones, no ciencia. - -Ve adónde nos llevó ya el discurso: Toda ciencia es ficción. Evidente. -La ciencia se ha por demostración. Esta supone la definición, pues no -pueden probarse las definiciones, sino que deben creerse; luego la -demostración de supuestos producirá ciencia supositicia, no firme y -cierta. - -Además, según tú, se han de suponer los principios, y no conviene -disputar sobre ellos; luego lo que de ellos se sigue será supuesto, no -sabido. - -¿Hay algo más miserable? Para saber es necesario ignorar. Pues ¿qué -otra cosa es suponer sino admitir lo que no sabemos? ¿No sería mejor -saber antes los principios? - -Yo niego los principios de tu arte; pruébalos. - -No se ha de argüir contra los que niegan los principios, dices. No lo -sabes probar. Eres ignorante, no sabio. - -Mas, corresponde a la ciencia superior o común probar los principios. -Lo sabrá, por ventura, todo, quien posea esta ciencia común; tú, nada; -pues quien ignora los principios, ignora también la cosa. Pero ¿qué es -aquella ciencia común? - -Es maravilloso cómo estos artífices se parten los oficios, se separan -con linderos, del mismo modo que el necio vulgo se adapta y se parte -la tierra. Levantan un imperio de las ciencias, cuya reina y supremo -juez es la ciencia común, la Lógica, a la cual se llevan los supremos -pleitos; ésta da leyes a las demás, leyes que es menester aceptar como -buenas; a ninguna de las otras ciencias, es lícito echar impunemente la -hoz en su mies, ni a las unas en el campo de las otras; y así toda la -vida pleitean del sujeto de cada ciencia, y no hay quien dirima este -pleito de ignorancias. - -De ahí, que si alguno trata de los astros en la física, dicen que lo -hace o en cuanto que es físico o en cuanto es astrólogo; y uno compra -esto del aritmético, pero otro roba aquello del matemático. ¿Qué es -esto? ¿No son entretenimientos de chiquillos? Pues éstos, en un lugar -público, en la plaza, en el foro o en el campo, construyen huertas, las -cercan con tejas y cada uno cierra a otro la entrada de su huertecillo. - -Entiendo lo que es eso. No pudiendo cada uno abrazarlo todo, el uno -se eligió esta parte, el otro se apartó la otra. De ahí, que nada se -sabe. Pues, conspirando todas las cosas que hay en este mundo a la -composición de una sola, las unas no pueden subsistir sin las otras, -ni éstas ser conservadas con aquéllas; y cada cual ejerce su oficio, -diverso, sí, del de la otra, pero todos, no obstante, concurren a uno -solo; éstas causan aquéllas, y éstas son hechas por aquellas otras. Es -indecible la concatenación de todas. - -No es, pues, de extrañar, si, ignorada una cosa, se ignora también lo -demás. Por causa de lo cual acontece que quien se ocupa de los astros, -considerando sus movimientos y las causas de ellos, acepta del físico, -como cosa probada, qué es el astro, qué el movimiento; de ahí que sólo -contemple la variedad, y la multitud del movimiento. - -De lo demás, del mismo modo. - -Mas, esto no es saber. - -Saber es haber conocido primero la naturaleza de la cosa, en segundo -lugar los accidentes, cuando la cosa tiene accidentes. - -De lo cual se sigue que la demostración no es silogismo científico, más -bien, nada es, como que solo demuestra, según tú, que tiene accidente -(pues para mí, tanto dista de demostrar algo, que más bien esconde y -no hace otra cosa que turbar el ingenio); pero, en cambio, supone la -definición de la cosa. - -Nada, pues, saben los que se fían de demostraciones y esperan de ellas -ciencia; quienes condenan también éstas, nada para ti; y como poco ha, -lo probaré. - -Luego nada sabemos. - - - - -Elementos de la ciencia. - - -En la ciencia, pues, si admites mi definición, hay tres cosas: la que -se ha de saber, el ente que conoce y el conocimiento mismo; cada una de -las cuales hemos de explicar por separado, para colegir de ahí que nada -se sabe. - -En primer lugar, ¿cuántas son las cosas que se pueden conocer? Tal vez -infinitas, no sólo en los individuos, sino también en las especies. - -Negarás que son infinitas, pero no probarás que son limitadas pues ni -siquiera pudiste numerar la más mínima parte de ellas; yo apenas conocí -el hombre, el caballo y el perro. - -Luego de esto ya nada sabemos. Pues ni tú viste el fin de todas las -cosas, y, sin embargo, afirmas que son finitas; ni yo tampoco vi su -infinidad; pero, no obstante, conjeturo que son infinitas. ¿Qué más -cierto te parecerá a ti? A mí nada. - -Pero dirás: ¿qué puede impedir la infinidad para el conocimiento de una -sola cosa? Mucho, según tú, pues es necesario conocer los principios -para conocer las cosas; tal vez, la materia y la forma; mas, en el -infinito, las materias infinitas son tal vez distintas en especie (por -más que tú no quieres distinguir de algo la materia por su especie; de -lo cual hablaremos después). - -De las formas no hay duda; pero del infinito no hay ciencia alguna. - -Replicarás: puede ser la misma la materia aun de cosas infinitas. -Cierto; pero también puede no ser la misma, y, por consiguiente -múltiple. Pues, por ventura, hay otras cosas totalmente diversas de las -nuestras, que no conoció ninguno de nosotros. Lo cual puede ser y no -ser, es dudoso cuál de ambas cosas es. - -Pero la ciencia es de suyo de lo que es y que no puede ser de otra -manera, según tú. Ni es necesario que haya cosas infinitas, para que -sea diversa la materia; pues ni siquiera a ti, que las crees infinitas -todavía, no consta ni constará jamás (puedo, sin embargo, engañarme) -si la materia del cielo es la misma que la de estas cosas inferiores. - -¿Que tal vez los espíritus tengan materia propia, aunque se digan -simples? Ciertamente. Afirmas tú que son muchos sus géneros y muchas, -por consiguiente, las diferencias. Luego convienen en algo común; y -esto es, según tú, la materia; y se diferencian en algo, y esto es la -forma. - -¿Tienen también materia propia los accidentes? Tú llamas al género de -ellos materia, y a la diferencia forma. - -¿Es la misma que la del cielo la materia de los astros? No lo sabes. -Parece que no. - -Luego tampoco sabes los principios, de los cuales se ignora cuántos -son, aunque las cosas sean finitas. - -Ni se tendrá jamás estabilidad en los principios; pues los principios -del hombre son los elementos; de los cuales surgen materia y forma; y -de esta materia y esta forma otras más simples. - -Lo mismo del león, del asno, del oso; y así infinitamente. - - * * * - -Y de las formas no hay duda que en el infinito serán infinitas. Mas es -necesario preconizar los principios. - -Dirás que los elementos no son principios, de lo cual se hablará -después. Y aun que no habrá principios, pues de lo infinito no hay -principio... - - * * * - -Pero sean finitas las cosas: no por eso sabrás más. Pues ni siquiera -conociste el primer principio necesarísimo de todas las cosas; por lo -cual tampoco lo demás que se deriva de él. Nada, pues, sabemos. - -Después, entre las cosas, unas son de sí como principio, de sí como -sustancia, en sí, por sí y únicamente para sí (séame lícito hablar de -esta manera), como la que llaman los filósofos primera causa, y los -nuestros Dios; y todas las demás de éste, no de sí como principio, no -de sí como sustancia, no en sí, no por sí, no para sí solas ni por -causa de sí, sino que unas se originan de otras, otras se constituyen -de otras, otras están en otras, otras son por otras. Y todas ellas es -necesario conocerlas. - -Mas, a Dios ¿quién le conoció perfectamente? «No me verá el hombre y -vivirá». Por consiguiente, sólo fué lícito a Moisés verle por segundas -causas; es decir, por sus obras. De donde dijo San Pablo: las cosas -invisibles de Dios se ven por lo que ha sido hecho, entendiéndolo. - -Y así es menester también conocer cuáles son las cosas que causan y el -cómo, para que sepamos el qué perfectamente. - -Y hay tal encadenamiento en todas las cosas, que ninguna es tan ociosa -que no aproveche o dañe a otra; y aun una misma tiene por destino dañar -a muchas y ayudar a muchas. - -Luego es necesario conocerlas todas para el perfecto conocimiento de -una sola. Mas esto, ¿quién lo puede alcanzar? Jamás lo vi. - -Y por esta misma razón unas ciencias prestan ayuda a otras, y cada una -contribuye al conocimiento de las demás. - -A tal punto que ninguna puede saberse perfectamente sin las otras; y, -por ende, éstas son obligadas a corroborar a aquéllas. Y los sujetos de -todas hanse también de tal manera, que el uno depende mutuamente del -otro y también cada uno hace mutuamente a los demás. - -De donde se sigue nuevamente que nada se sabe. Pues ¿quién conoce todas -las ciencias? - - - - -Casos prácticos. - - -Traeré un ejemplo breve para que no quede esto sin prueba. Bastará del -hombre. - -Éste odia al basilisco; pues cuéntase que el basilisco muere por la -saliva del hombre ayuno; el basilisco al hombre y a la comadreja, la -cual sola dícese que lo mata; la comadreja al basilisco y al ratón; -el ratón a la comadreja y al gato; el gato al ratón y al perro; el -perro al gato y al conejo; el conejo al perro y al hurón. Y basta de -antipatías. - -Además, el hombre no se mantiene y deleita de cualquier manjar, sino -del buey, del carnero, etc. Éstos no de cualquier cosa que se les -ofrece, sino de heno, paja, avena, que no se crían en cualquier tierra, -sino en una determinada; y esta tierra no lo produce todo, sino un -fruto peculiar a lo que contribuye mucho este o el otro cielo. Baste -aquí de las simpatías. - -¿Cómo sucede todo esto? Es menester conocer la naturaleza de cada una -de tales cosas antes de conocer dignamente al hombre. - -Y además, porque el hombre se nutre, crece, vive, raciocina, engendra, -se corrompe, hase de preguntar inmediatamente del alma y de sus -facultades. - -Por igual razón también hay que inquirir de las plantas con qué alma -viven; de los animales, de los seres inanimados. ¿No es la misma la -ciencia de los contrarios? La generación y la corrupción ¿quién las -hace? Las cualidades contrarias. Pues inmediatamente se pregunta de -éstas, de los elementos, de los cuerpos superiores, de la introducción -del alma, de la introducción de las formas, de la acción y de la -pasión; de la cualidad, de la cantidad, de la situación, de la -relación; por qué se siente, engendra y calienta. Además, aquello por -qué está en descanso; lo otro, por qué es en un instante; esto, por qué -es en el tiempo; hase de ver qué es tiempo y espacio e inmediatamente -saber de los cielos y de sus movimientos, pues el tiempo es, (dice -Aristóteles, aunque mal, como veremos después) número y lugar, según -que tiene sucesión y extensión. - -Puesto que el movimiento se mueve en línea recta y hacia abajo, debe -preguntarse qué es hacia arriba y qué hacia abajo; cual es el centro -del mundo, cuales los polos, y sus demás partes. - -Porque vemos, y esto mediante la luz, pregúntase inmediatamente de los -colores, de las imágenes, de la luz, del sol y de los astros. - -Porque existe el cuerpo y es en el lugar, pregúntase del cuerpo, de la -sustancia, del espacio y del vacío. - -Porque el espacio dícese finito, de lo finito y de lo infinito. - -Porque el cuerpo engendra y es engendrado, inmediatamente de todas las -causas basta la primera. - -Porque el hombre raciocina, del alma intelectiva y de sus facultades, -de la ciencia y de lo cognoscible, de la prudencia y de los demás -hábitos. - -Porque mata, porque nunca vive contento, porque expone a la muerte la -vida por la patria, porque socorre a enfermos y necesitados, suscítanse -las cuestiones del bien y del mal, del último y sumo bien, de la -virtud y del vicio, de la inmortalidad del alma. - -Cualquiera de estas cosas lleva consigo todas las demás, que seguir -fuera fastidioso. - -Y lo mismo la cosa más trivial. - -Conocerás esto con el ejemplo familiarísimo del reloj común. Pues si -quieres saber cómo da las horas, es menester que examines todas las -ruedas desde la primera a la última, y qué mueve la primera, y cómo -ésta la otra y ésta otras dos, y así llegar hasta la última. Y si, -aparte de dar las horas el reloj, las señala también con una aguja -en un cuadrante, y muestra, además, los movimientos de la luna, su -crecimiento y decrecimiento, y asimismo el curso perfecto del sol -por el Zodiaco, de igual tenor que se hace en el cielo (todo lo cual -y otras muchas cosas vemos que se nos muestra en el reloj portátil, -según el verdadero curso de los astros), ciertamente harás la cosa más -difícil, y no podrás percibir cómo se hace la menor de estas cosas sin -que desmontes totalmente toda la fábrica, la examines y entiendas cada -parte y su oficio. - -Lo mismo te representará el orbe de cristal construído con admirable -artificio por Arquímedes en el cual orbe todas las esferas y planetas -eran movidos y observados del mismo modo que en el Universo, haciéndolo -todo automáticamente un soplo por ciertos canalillos y conductos. ¿No -era menester, si alguno quería conocer esto, penetrar perfectamente -toda la máquina y sus partes hasta la más pequeña con sus oficios? - -Lo mismo se debe entender en este nuestro orbe. Pues ¿qué hallarás en -él que no mueva y sea movido, mude y sea mudado o experimente una o -ambas cosas? - - - - -Consecuencias. - - -Ve adónde se ha llegado. - -Sólo hay o podría haber una ciencia: la de la naturaleza de las cosas; -por la cual todas ellas serían perfectamente conocidas: ya que una no -puede ser conocida perfectamente sin todas las otras. Las ciencias -que tenemos son vanidades, rapsodias, fragmentos de observaciones -contradictorias; lo demás, imaginaciones, artificios, fantasías... - -De donde no del todo ineptamente decía el Rey Sabio: que la sabiduría -de los hombres es necedad ante Dios. - -Pero volvamos allá de donde nos habíamos apartado, y de ahí colige que -es una sola la ciencia de todas las cosas. Pues siempre que acontece -tratar de alguna cosa, con ocasión de ésta hase de tratar de otra y de -otra por ésta, y por tercera vez de otra por ésta; y así iríamos hasta -lo infinito, si en medio del camino no volviésemos pie atrás, y no sin -detrimento de la sabiduría. - -De donde surge aquella ley en las ciencias: _Todo está en todo_; pues -vemos que todo se sigue de todo. Mas para que no dejara de tener fin -su ciencia, se empeñaron los filósofos en poner límites, los cuales, -sin embargo, no pueden conservar (pues, ¿cómo conservarán los límites -que no tolera la naturaleza?); de donde es necesario repetir lo mismo -mil veces en la misma obra y en las diversas obras. Fácilmente lo -mostraríamos en cualquier autor, pero sería largo. Pues lo que dijo -Aristóteles en los predicamentos ¿no lo repite, por ventura, en la -Física y en la Metafísica? ¿y lo que en estas ciencias en otras, -frecuentemente? - -Y nuestro Galeno ¡cuán prolijo es! Apenas hallarás un solo capítulo -en que no leas: _Y de esto, aun cuando tratamos más extensamente en -otro lugar, no dañará si repetimos brevemente lo que atañe a nuestro -propósito. Baste aquí por lo que se refiere al presente tratado; lo -demás lo hallarás en tal libro_. - -Lo cual muestra claramente que para el conocimiento de una sola cosa es -también necesario el conocimiento de las demás; cuando también para la -producción de una sola cosa, conservación o destrucción, es necesario -el concurso de todas las otras, como probaremos más extensamente en el -examen de la naturaleza. - -Confirman también lo mismo los que promueven disputa sobre alguna cosa; -pues si pretenden probar que el hombre es animal, distan tanto de -lograrlo, que, al revés, discurriendo mediante silogismos, de una cosa -en otra llegan por fin o al cielo o al infierno, según los medios de -que usa el probante y según lo negado por su rival. - -Y lo que el inventor de la demostración dice de ella, que por los -intermedios hase de llegar a los primeros principios, y que en ellos se -ha de parar, es una ficción; como también todo lo otro que dice acerca -de la misma cosa. - -Ni tampoco hay tales medios ciertos, numerados y ordenados, por los -cuales podamos proceder libremente; ni principios en los cuales pueda -el ánimo posarse quieto y contento. - -Y si tú tienes tales cosas, me placerá mucho que me las enseñes. - - - - -Otra prueba de la ignorancia. - - -¿Y esperas todavía más ancha prueba de nuestra ignorancia? La daré. - -Viste ya la dificultad en las especies. - -Mas de los individuos confesarás que no hay ciencia alguna, porque son -infinitos. - -Pero las especies nada son, o al menos son una fantasía; sólo son -los individuos, sólo se perciben éstos, sólo de éstos hase de -tener ciencia; de ellos se ha de captar. Si no es así muéstrame en -la naturaleza aquellos tus universales; los darás en los mismos -particulares. Nada veo en ellos universal; todo particular. - -Y en éstos ¿cuánta variedad se observa? Cosa maravillosa. Este es un -ladrón acabado; aquél homicida; aquél sólo nacido para la gramática; -el otro totalmente inepto para las ciencias; éste cruel y sanguinario -desde la cuna; por ningún arte puede ser aquél apartado del vino, éste -del placer venéreo, el otro del juego; uno se derrite a sola la vista u -olfato de la hiel; otro no gustó jamás la manzana ni puede ver a otro -que la guste; otros la carne, otros el queso, otro el pescado: de todos -los cuales nosotros conocimos algunos. - -Hay quien devora y cuece indiferentemente metales, vidrios, plumas, -ladrillos, lana, y, finalmente, todo; otro cae en síncope al olor o -vista de una rosa; éste odia a las mujeres; aquél se nutre con cicuta; -esotro duerme día y noche. Yo arrojé muchas veces con ira los libros y -huí del arte, pero en el foro, en el campo, medito sin cesar, y nunca -menos solo que cuando estoy solo, y nunca menos ocioso que cuando estoy -ocioso; conmigo tengo el enemigo y no puedo evadirlo, y, como escribió -Horacio: _huyo fugitivo de mí mismo, como errabundo, ya preguntando a -los caminantes, ya buscando calmar el cuidado con el sueño; pero en -vano, porque la negra compañera me atormenta y sigue..._ - -Finalmente, hay algunos hombres ante los que dudas muy seriamente si -los debes llamar racionales o irracionales. Y, al contrario, hay brutos -a los que puedes apellidar con mayor justicia racionales que a algunos -de entre los hombres. Responderás que una golondrina no hace verano ni -un particular destruye lo universal. Yo, al contrario, insisto en que -el universal es totalmente falso, a no ser que abrace y afirme cómo es -todo lo que se contiene bajo de él. Pues, ¿cómo fuera verdad decir que -todo hombre es racional, si muchos o uno solo fuesen irracionales? Si -dices que en este hombre el defecto no está en el ánima, sino en el -cuerpo su instrumento, dirás, por ventura, verdad, pero en mi favor. -Pues, el hombre no es sola el ánima ni sólo el cuerpo, sino los dos -juntos; luego, siendo uno de ellos defectuoso, defectuoso será el -hombre. - -De lo cual se sigue que es ridículo el dicho de algunos: que el alma -del hombre puede ser redonda o de cualquiera otra figura distinta de -como todos somos. Ignoro si ellos la vieron alguna vez; si la vieron, -confirman mi tesis; pues nadie creería que tal alma fuese de la misma -condición que las nuestras. Si no la vieron, ¿por qué la fingen tal -cual la naturaleza no puede, por ventura, producirla? Y si puede, ¿cómo -será cierta aquella proposición: el alma es acto del cuerpo físico? - -He aquí la ciencia de los tales. - -Y todavía es mucho más absurdo aquello, de que, no existiendo hombre -alguno, sería verdadero decir, el hombre es animal. Ello es suponer un -imposible para inferir una falsedad. Pues, si hablas en la filosofía, -jamás faltarán hombres, porque el mundo es eterno; si hablas en la -fe, ¿dejará de ser Cristo nuestro Señor? Ve cómo de ambas maneras es -imposible el supuesto. - -Mas, ¿no sabes por tu preceptor que, puesto lo posible en el ser, no se -sigue inconveniente, pero que, admitido lo imposible, se siguen muchos? - -Pero sea, sea posible: si el hombre _no es_ ¿cómo será el hombre animal? - -Dicen que el verbo _es_ tómase allí por la esencia, no por la -existencia y que es sólo cópula, y que, por tanto, aquella proposición -es eterna y en las ciencias siempre se toma así; y que aun antes de la -creación del hombre fué verdadera aquella proposición y que en la mente -divina estuvieron todas las esencias de las cosas. Y así, escriben -cosas maravillosas del ser y de la esencia. ¿Cabe mayor vanidad? De tal -manera truecan y cambian las palabras de su propia significación, que -su lenguaje es totalmente diverso del paterno, debiendo ser el mismo. -Y, acercándose a ellos para aprender algo, cambian de tal manera las -significaciones de las palabras, de las que antes habías usado, que ya -no designan las cosas mismas y naturales, sino aquellas que ellos se -fingieron, para que tú, ávido de saber y totalmente ignorante de estas -cosas nuevas, les oigas a ellos disputando y disertando con sutileza, -tejiendo sueños de sueños, fantasías aderezadas con maravilloso -artificio, y les admires y les tengas y reverencies como agudísimos -escudriñadores de la naturaleza. - -¡Caso extraño! ¡Cuánta barbarie! ¿Qué cosa más sencilla, más clara, más -usada que el verbo es? Sin embargo, ¡cuánta disputa en torno suyo! Los -chiquillos son más doctos que los filósofos, pues si preguntas a un -niño si el padre está en casa, responde que está, si está; si preguntas -si es malo, lo niega. - -El filósofo, de ningún hombre afirma nada a derechas. Ni es tampoco -menos absurdo lo que algunos se empeñan en establecer, que la filosofía -no puede ser enseñada en otro idioma que en griego o latín; porque, -dicen, no hay palabras con las que puedas traducir muchas que hay en -aquellas lenguas, como la _entelequeia_ de Aristóteles (de la cual -se ha disputado en vano hasta ahora cómo se debe verter del latín); -_esencia_, _quiddidad_, _corporeidad_ y otras parecidas que maquinan -los filósofos. Naturalmente, como no significan cosa alguna, tampoco -son entendidas por nadie ni pueden ser explicadas ni vertidas en -lenguaje vulgar, el cual suele designar con sus nombres propios sólo -las cosas verdaderas, no las fingidas. - - - - -Etimologías. - - -Añade a esto la frívola sentencia de otros que asignan a las palabras -no sé qué fuerza propia, para deducir de ahí que los nombres fueron -impuestos a las cosas según la naturaleza de ellas. - -Guiados por lo cual, no menos neciamente empéñanse algunos en traer de -algo propio las significaciones de todas las palabras; como _lapis_ -(piedra), de que hiere el pie; _humus_ (tierra), de humedad. Y asno, -¿de dónde?: de ti, vano etimologista, porque no tienes _sentido_, pues -_a_ en griego y latín significa frecuentemente privación; _sinus_, como -_sensus_, sentido; luego _asno_ es lo mismo que _sin sentido_, o sea lo -mismo que tú. - -Pero ¿no es buena la etimología? - -No, cuando se inquieren las palabras más bien por curiosidad que con -verdad o utilidad; así todo lo haces derivativo o compuesto, nada -simple o primitivo; ¿cabe mayor insensatez? - -Si la dicción _lapis_ (piedra) fué impuesta por la naturaleza de la -cosa, como dices, ¿es la naturaleza de la piedra que hiera el pie? -Pienso que no. Pero sea. ¿Cómo _lædo_ (hiero) representa la naturaleza -del daño que significa? ¿Cómo _pes_ (pie) significa la naturaleza del -pie? - -Vamos a lo infinito. - -_Humus_ tampoco se dice de _humedad_; pues, al contrario, la tierra -es, según tú, el más seco de todos los elementos; pero, aunque fuera -humidísima y de la humedad se dijera _humus_, ¿de dónde se dirá tal la -humedad? Si me das otra palabra preguntaré su abolengo. Y así, otra -vez hasta lo infinito. Porque, si cesas en alguna, la obligaré a que -muestre la naturaleza de la cosa que significa. Todas las intermedias -parecen representar la naturaleza de la cosa, porque se derivan de -otras que significan algo hasta la última, que de ninguna otra se -deriva, según tú; pues bien, preguntaría lo mismo de la última. - -¿Cuántas son las voces simples? Casi todas. - -Además. Si _pan_ ha sido impuesta, según la naturaleza de la cosa, ¿qué -decir de la griega _artos_, o de la británica _bara_, o de la vascuence -_ouguia_, cuya diversidad en el sonido, en las letras, en el acento, es -tanta, que no tienen nada de común? - -Si dices que sólo una lengua ha sido impuesta, según la naturaleza -de la cosa, ¿por qué no las demás también? Y ¿cuál es ella? Si dices -que la primera de Adán, acaso, pues pudo, por haber conocido las -naturalezas de las cosas, como atestigua el autor del Pentateuco, -darles nombre adecuado, pero entonces ciertamente habría hecho falta -que su filosofía o la que tenemos hubiese sido escrita en su idioma. -¡Bella filosofía la que no puede ser enseñada o explicada con otro -lenguaje que con el de Adán! Pero tú, varón prudentísimo, te contentas -con el griego o el latín, que no han sido impuestos por la naturaleza -de las cosas. - -¿Y no se corrompen y mudan perpetuamente las voces?; ¿no hay libros -franceses y españoles en los que hallarás muchas palabras cuyo -significado se ignora totalmente? - -¿No hay en latín muchas palabras anticuadas y no se inventan otras -muchas todos los días? Lo mismo acontece con el estilo, y con otras -cosas, que se varían con el uso continuo y, al fin, tanta mudanza se -hace que degenera todo y todo se hace diverso; así pereció el antiguo -idioma latino transformado ahora en el vulgar italiano; el griego del -mismo modo. - -Y si algunos libros conservan todavía sobrevivientes ambas lenguas, -difieren tanto de aquel antiguo esplendor y sentido, que si nos oyeran -hablando su lengua Demóstenes o Cicerón, se reirían. - -Ni es esto solo, sino que los idiomas toman de los demás muchas -dicciones; y así opino que no nos queda ninguna sincera y legítima -lengua. - -No tienen, pues, las voces ninguna facultad de explicar las naturalezas -de las cosas, aparte de aquella que tienen por el arbitrio del -imponente; y la voz _canis_ la misma fuerza tiene, si te place, de -expresar pan que perro. - -Hay palabras impuestas a las cosas por el efecto o por algún accidente, -mas no por la naturaleza. Pues ¿quién conoce las naturalezas de las -cosas para que, según ellas, les imponga nombres? O ¿qué comunidad hay -entre nombres y cosas? De aquellos los hay propios, como si llamas -al hombre risueño o lloroso, en los cuales los primitivos _risa_ -o _llanto_ no tienen otra fuerza que la que recibieron de nuestro -arbitrio; así las locuciones que parecen más significativas. - -Hay también palabras que por semejanza imitan los sonidos, las voces -de aquellas cosas que significan, y, por ende, llámanse onomatopeicas, -como el _cacarear_ de las gallinas, el _graznar_ de los cuervos, el -_rugir_ de los leones, el _balar_ de las ovejas, el _ladrar_ de los -perros, el _relinchar_ de los caballos, el _mugir_ de los bueyes, el -_gruñir_ de los puercos, el _roncar_ de los que duermen, el _susurro_ -de las aguas, el _silbido_, el _tañido_, el _clangor_ de las campanas -y clarines. (_Baubantem est timidi pertimuisse canem._) _Es del -tímido temer al perro que ladra_; y aquello otro: (_Et tuba terribili -sonitu taratantara dixit._) _Y la trompeta con terrible sonido dijo -taratantara_; y también: (_Quadrupedante putrem sonitu quatit ungula -campum._) _Con cuádruple sonido hiere con sus patas el polvoroso campo._ - -Y tampoco en esto hay alguna demostración de la naturaleza de aquellas -cosas que significan, sino semejanza de sonidos. - -Menos todavía debe buscarse derivación en todas las palabras; pues de -otra suerte iríase a lo infinito. - -Pero fuimos más lejos de lo que había pensado. - -Vuelvo atrás. - - - - -Variedades humanas. - - -¡Cuánta variedad de los hombres aun en la misma especie! - -En unas partes son de cortísima estatura, los pigmeos; en otras, -de gran talla, los gigantes; unos andan totalmente desnudos; otros -vellosos y cubiertos de pieles en todo el cuerpo; los hay faltos -totalmente de palabra, que viven en las selvas como las fieras, se -refugian en cavernas o se establecen en los árboles a modo de aves, y -si logran alguna vez arrebatar a nuestros hombres, los devoran con gran -placer; los hay que descuidados totalmente de Dios y de la religión lo -tienen todo común, inclusos los hijos y las mujeres: vagan y no tienen -asiento fijo. Al contrario, otros, esclavos de Dios y de la religión, -derraman intrépidamente la sangre por la caridad y la fe. - -Cada cual quiere tener ciudad propia, casa, mujer y familia, y, -habidas, las defienden hasta la muerte; unos, después de la muerte son -entregados al fuego o a la tierra con los amigos vivos, las mujeres y -el ajuar; otros, no curando de cosa alguna de éstas, quedan insepultos; -hay quien permite que le despedacen vivo y le dividan en partes, y lo -procura; hay quien cree que a todo trance ha de huir la muerte. - -No acabaríamos, si quisiéramos narrar todas las costumbres de los -hombres. - -¿Atribuyes tú a todos ellos la misma condición que a nosotros? A mí no -me parece verosímil que sean iguales. Sin embargo, nada sabemos ni tú -ni yo. - -Negarás, por ventura, que algunos de los tales sean hombres. - -No lo disputaré; así lo acepté de otros; de ellos están llenos los -libros de los antiguos y de los modernos, y no parece imposible; y -aun, por ventura, los hay más diversos aún de nosotros en alguna parte -del mundo no descubierta todavía, o los hubo o los habrá. Pues, ¿quién -puede decir algo cierto de todo lo que fué o es o será? - -Decías ayer con tu perfecta ciencia, y aun desde muchos siglos se dijo, -que toda la tierra era rodeada por el océano, y la dividías en tres -partes universales: Asia, África, Europa. Ahora, ¿qué dirás? Ha sido -hallado un nuevo mundo, nuevas cosas en la nueva España, en las Indias -occidentales y orientales. - -Decías también que las tierras meridionales y puestas debajo del -Ecuador eran inhabitables por el calor, y que las situadas debajo -de los Polos y en las zonas extremas, por el frío. Ya prueba la -experiencia que ambas cosas son falsas. - -Construye otra ciencia, pues la ciencia de ayer es ya un montón de -dislates. - -¿Cómo afirmas, pues, que son eternas e incorruptibles, y que no pueden -ser de otra manera tus proposiciones, miserable gusano, que apenas -sabes qué eres, de dónde vienes ni adónde vas? - -De las otras especies, ya de animales, ya de plantas, según la diversa -situación del orbe, puede decirse lo mismo; pues que, en las diversas -tierras y mares del mundo hay tanta muchedumbre de especies, que -parecen distintas y lo son. Nada, sin embargo, se sabe, puesto que -no conocemos las formas de unas y otras cosas, por las cuales se -distinguen. - -Añade que, para mayor ignorancia nuestra, nos esta vedado el acceso de -algunas cosas o por el espacio o por el tiempo, y ellas son la mayor -parte. De ahí, que haya gran duda de aquellas cosas que se hacen y son -en el mar, en las entrañas de la tierra, en las alturas atmosféricas y, -finalmente, en los más elevados cuerpos. - -Y no sin razón, pues todo conocimiento procede del sentido; por el -cual, como no puedan ser percibidas aquellas cosas, tampoco pueden -saberse, y mucho menos que las que están con nosotros, pues de éstas no -dudamos que sean, mas de muchas de aquéllas hay variedad de opiniones, -y ni aun se sabe que existan ni la razón fuerza a ello, antes, a veces, -dice lo contrario. - - - - -Cuestiones indecisas. - - -Corresponde también a este lugar la cuestión de la pluralidad del -mundo, de lo que está fuera del cielo y otras parecidas. - -Y no es esto sólo, sino que en las diversas partes de la tierra (que -uno mismo no puede recorrer todas, pero que es necesario), por la -multitud de las cosas dichas poco ha, son varias las opiniones de los -hombres y ninguna la ciencia. - -Y de las cosas que sucedieron mucho tiempo antes de nosotros y de las -que después sucederán ¿quién puede afirmar algo cierto? - -Con ocasión de esto es aguda la controversia habida hasta aquí entre -los filósofos acerca del principio del mundo, de su eternidad o de su -duración y fin; al cual nadie impuso, que sepamos, fin, ni habría de -imponérsele por ciencia. - -Pues ¿cómo lo corruptible podrá mostrar algo con certeza de lo -incorruptible, lo finito de lo infinito? ¿Qué sabe de la eternidad -quien vive sólo un instante como sí no viviese y aun como si no fuese -de lo sempiterno? - -De todas estas cosas, que son muy nobles y muy necesarias para el -conocimiento de todo lo demás, hay dudas en la Filosofía; la ignorancia -de ellas trae, como consecuencia, el desconocimiento de todo. - -Y que nada puede saberse perfectamente, del modo humano, vese claro -en que el Peripatético con toda su escuela empéñase en probar con -innumerables razones que el mundo es eterno y que no tuvo principio -ni tendrá fin; y esto fué persuadido a los filósofos. De donde aquel -romano (Plinio) tomó fundamento para su _Historia Natural_. - -Y ciertamente, si te guías por la razón humana; lo advertirás mejor -todavía. Pues viniste al mundo ya hecho, y tu padre también, y tus -abuelos; marcharon ellos y marcharás tú, y verás a otros que nacen y -mueren, mientras el mundo subsiste. Y no hay nadie que asegure o de -palabra o por escrito, que vió el principio del universo o que vió a -alguno que lo haya visto, o haya oído de otro que lo vió. Y, como dice -el Sabio, «pasa una generación y viene otra generación; pero la tierra -se mantiene perpetua; nace el sol y se pone, y vuelve a su lugar y, -renaciendo allí, dirige su curso hacia el Mediodía, y declina después -hacia el Norte; corre el viento soplando por toda la redondez de la -tierra y vuelve a comenzar sus giros. Todos los ríos entran en el mar, -y el mar no rebosa; van los ríos a desaguar en el mar, lugar de donde -salieron, para volver a correr de nuevo. Todas las cosas del mundo son -difíciles; no puede el hombre explicarlas con palabras». - -Oíste el parecer de los filósofos; sin embargo, ves que lo contrario es -totalmente verdadero, según la fe, y que el mundo fué creado, y que ha -de tener fin, al menos según las cualidades que ahora tiene. Pues no -será aniquilado, según aquello del Rey profeta: «Y como una vestidura -los mudarás y serán renovados». Lo cual todo se sabe por divina -revelación, no por discurso humano. - -Y así aquel divino legislador, Moisés, teje divinamente desde la -creación del mundo su divina historia, inspirado por el espíritu -divino; totalmente al revés de lo que hizo Plinio. - -Por consiguiente, tiene alguna excusa la opinión de los filósofos; pero -ninguna la pertinacia en el descreimiento ni la contumacia contra la fe. - -Pero volvamos atrás. - - - - -Otra causa de nuestra ignorancia. - - -Hay también otra causa de nuestra ignorancia: que es tan grande la -sustancia de algunas cosas que no puede absolutamente ser percibida -por nosotros; en el cual género está el infinito de los filósofos, -si hay alguno, y el Dios de los nuestros, que no puede tener medida -alguna, ni límite alguno, ni por consiguiente, puede ser de modo alguno -comprendido por nuestra mente. - -Y no sin razón: pues debe haber cierta proporción del que comprende -a lo comprendido, de manera que el que ha de comprender sea mayor -que lo comprendido o, al menos, igual (aunque esto parece que apenas -puede realizarse, que un igual comprenda a otro igual, como veremos -en el tratado del espacio; pero ahora concedámoslo); mas, nosotros no -tenemos proporción alguna con Dios, ni lo finito con lo infinito, ni lo -corruptible con lo eterno. - -Por esta misma razón El conoce todas las cosas, como que es mayor que -todo, superior, más excelente o mejor, y para que no parezca que hago -comparación con las criaturas, es máximo, supremo y excelentísimo. - -Cuanto es más cercano a este Artífice, por la misma razón nos es más -desconocido. - - * * * - -Hay otro linaje de cosas totalmente contrario a éstas, de las cuales es -tan pequeño el ser, que apenas puede ser comprendido por la mente. - -De esas cosas infinitamente pequeñas hay grande abundancia, y su -conocimiento es muy necesario para la ciencia, y, sin embargo, casi -ninguno tenemos. - -Tales son, tal vez, todos los accidentes, que casi son nada; de -tal manera, que hasta ahora ninguno hubo que haya podido explicar -perfectamente su naturaleza, como tampoco de las demás cosas. - -Nada sabemos: ¿cómo, pues, lo podríamos explicar? - -Ni es de extrañar, si algunos juzgaren que los accidentes nada son en -sí, sino sólo ciertas cosas que nos aparecen, las cuales nos aparecen -varias según nuestra varia condición y disposición; como quien está -febril todo lo juzga caliente, quien tiene lengua amarilla empapada de -bilis todo lo juzga amargo. - - * * * - -Todavía queda en las cosas otra causa de nuestra ignorancia, a saber, -la perpetua duración de algunas, la perpetua generación de otras, la -perpetua corrupción y la perpetua mudanza. - -De suerte, que, no viviendo siempre, no puedes darte cuenta de ellas; -ni tampoco de éstas últimas que no son jamás las mismas, y que tan -pronto son, como no son. - -De ahí sucede que la disputa acerca de la generación y la corrupción -está todavía sin resolver, acerca de la cual diremos en otro lugar lo -que sentimos. - -¿Cuántos modos hay de generación, cuántos de corrupción? ¿Cuántos de -crear, cuántos de destruir? - -Y entre el nacimiento y la muerte, ¿cuántas mudanzas se hacen? -Innumerables. - -En los vivientes, la perpetua nutrición, el crecimiento temporal, -el estado, la decadencia, la generación, la variación de partos, la -mudanza, los defectos, las añadiduras, la perfección de las costumbres, -las acciones, obras diversas, muchas veces contrarias en el mismo -individuo; todo es variación y movimiento. - -Ni es de extrañar si fué sentencia de algunos, que de un mismo hombre, -después de una hora, no puede afirmarse que sea el mismo que antes -de ella; no se ha de rechazar totalmente, acaso tal sentencia es -verdadera. Pues es tanta la indivisibilidad de la identidad, que si -añades o quitas un solo punto de cualquier cosa, ya no es enteramente -la misma; pero los accidentes son de esencia del individuo los cuales -variando perpetuamente, le imprimen variación. - -Sé, dices, que mientras permanece la misma forma, es siempre el mismo -individuo, pues de ella llámase algo _uno_; y que las minucias de estos -accidentes no mudan la identidad. - -Dije que nada se ha de mudar en la identidad; de lo contrario no sería -totalmente lo mismo. Una sola forma hace un _uno_. Por ventura informa -siempre la misma, pero no totalmente lo mismo; pues, en esto hay -perpetua mudanza, como en mi cuerpo. - -Soy compuesto de ambas cosas, de alma, principalmente, y de cuerpo -menos principalmente; de los cuales, variado alguno, varío también yo; -pero de esto se hablará en otro lugar más extensa y oportunamente. - - * * * - -Y hasta aquí de los animales en su totalidad. - -Mas si consideras las partes, es mucho mayor la duda. ¿Por qué son -éstos así? ¿Por qué aquéllos? ¿Fuera mejor de otra manera? ¿Fuera peor? -¿Por qué no son más? ¿Por qué tantos? ¿Por qué tan grandes? ¿Por qué -tan pequeños? No acabamos jamás. - -En los seres inanimados, lo mismo. - -¿Qué hay, pues, fijo de cosas tan mudables, qué determinado de cosas -tan varias, qué cierto de cosas tan inciertas? Nada, absolutamente. - -De ahí nació, por consiguiente, tan gran disputa acerca de la -introducción de las formas y de su principio, que jamás la acabará -nadie. - -Y si quieres añadir los monstruos que se crían a veces, tantos y tan -diversos, principalmente en el hombre; los sexos promiscuos en algunas -especies y en los individuos de otras; las especies mixtas, como el -mulo, del asno y la yegua, o el macho, del caballo y la burra; la -licesca, de perra y lobo; el híbrido, de toro y yegua, que son vulgares -entre nosotros. - -En los árboles se observa la misma mezcla, y en otras plantas como en -el melocotón-manzano, en el almendro-melocotón y en muchos otros, con -los cuales, mediante injerto, adquiérese una naturaleza media entre -el pie y el injerto. Si añades, por fin, la mudanza de las especies, -cómo del trigo hácese muchas veces cizaña, y de la cizaña trigo alguna -vez, y del centeno avena; y las mudanzas de los sexos en algunos seres, -harás la cuestión totalmente difícil. Ni sabrás qué es esto, ni cómo, -ni de dónde, ni por qué. Y yo menos. - -En las cosas que carecen de alma hay todavía mayor mudanza, mayor -diversidad en la generación, en la corrupción. Igualmente nos confunden -los varios y múltiples efectos de la misma causa, y los efectos -contrarios; y, al revés, las varias, muchas y contrarias causas de un -mismo efecto. - -Séate como único ejemplo (por no ser demasiado prolijo, comoquiera -que en el examen de la naturaleza hanse de discutir estas cosas más -extensamente) el calor, el cual engendra y destruye una misma cosa; -blanquea y ennegrece, calienta y enfría, esclarece y espesa, disuelve -y junta, derrite y solidifica, seca y humedece, enrarece y densifica, -dilata y contrae, amplía y coarta, dulcifica y amarga, grava y aligera, -reblandece y endurece, atrae y rechaza, mueve y cohibe, alegra y -entristece. ¿Qué, finalmente, no hace el calor? Es el numen sublunar, -la diestra de la Naturaleza, el agente de los agentes, el motor de los -motores, el principio de los principios, la causa de las causas, el -instrumento de los instrumentos, el alma del mundo. Y no sin razón, -en la primera filosofía muchos antiguos creyeron que el fuego es el -primer principio. Con razón llamó Trimegisto al fuego dios. Con -gran razón Aristóteles pudo llamar a Dios ardor del cielo, aunque no -creyere que el ardor del cielo sea dios, y, por consiguiente, en esto -es mal censurado por Cicerón. Pues ¿qué nos sugiere mejor que el fuego -la potencia y virtud del Dios máximo y alguna forma de su inefable -divinidad? Él mismo insinuó esto, mostrándose primeramente a su siervo -en una zarza que ardía y guiando por el desierto a su querido pueblo en -ígnea columna y descendiendo en lenguas de fuego sobre el colegio de -los elegidos. - -Ves cuánto calor hace; sin embargo, es simple accidente, cuya razón, -como las de las otras cosas, es desconocida. ¿Cómo él solo desempeña -tantos oficios? Difícil es de entender, más difícil de decir, -dificilísimo, o tal vez imposible de penetrar. - -Distinguen, sin embargo, los filósofos, lo que es por sí de lo que es -por accidente; objetan la variedad de los sujetos. Pero, ¿quién conoce -exactamente esta variedad? Nadie. Sólo se tiene noticia de algunas -cosas probables; de ninguna con entera certidumbre. Pero de esto -hablaremos después. Baste ahora conocer que nosotros nada conocemos -claramente. - - * * * - -Por la misma razón, el mismo efecto producido por contrarias causas nos -engendra máxima ambigüedad. - -Hácese frialdad con el movimiento, como en la agitación del corazón, -del tórax, de las arterias y del agua caliente, y con el descanso, como -cuando el hombre, estando caliente, deja de moverse. - -También el calor prodúcese por el movimiento, como en el salto y la -carrera; en la quietud, si descansa el corazón o no se mueve el agua -hirviendo. - -La negrura, proviene del calor, como en los etíopes; del frío, en el -muerto o en el miembro tiempo ha paralizado, principalmente si por la -compresión se impide la circulación del aliento por las arterias. - -La putrefacción se produce de todas las cualidades cuanto desaparece la -sequedad. - -Ni es esto sólo; sino que un contrario es producido por otro -contrario; el calor por el frío, en la cal fría macerada, en nosotros, -en las fuentes, en la tierra, en tiempo de invierno; de donde la -sentencia: Los vientres, muy calientes en invierno y en verano. - -El frío por el calor, en los cuerpos calientes que se queman; en -ciertos seres, que son fríos por dentro, y en nosotros también en el -estío. - -Cómo se hace todo esto de ningún modo lo sé. ¿Tampoco los demás? No -lo concluyo necesariamente, pero lo parece. Oigo lo que dicen de -estas cosas; pero no por ello conozco mejor la cuestión. Lo mismo -pensaba yo antes, y no saciaba el ánimo. Pues si algo hubiese conocido -perfectamente, no lo hubiera negado, antes lo hubiese aclamado -vehementemente, con alegría, pues nada puede ocurrirme de mayor -felicidad. - -Mas ahora me consumo en perpetua tristeza, desesperando que pueda saber -perfectamente alguna cosa. - -Y una de dos: o yo soy el más ignorante de todos los hombres o todos -los demás lo son conmigo. Ambas cosas las creo verdaderas. Algo sabría, -no obstante, si los demás supieran algo también; tampoco es verosímil -que a mí solo me haya sido adversa la fortuna. Mas nada sé. Ni tú -tampoco. - -Muchas otras ocasiones de ignorar tenemos en las cosas; ocasiones que -fuera largo e inútil traer aquí, cuando puedes verlas en cada uno de -los tratados especiales, y yo mismo te las mostraré dondequiera que se -tratare de ellas. - -Sólo añadiré todavía alguna que otra de las principales. - -La variedad de las cosas, la forma múltiple, la figura, la cantidad, -las acciones y tantos y tan diversos usos, de tal manera atan la -mente, o mejor, la distraen, que no puede preferir o sentir algo con -seguridad, sin que sea sitiada por otra parte y forzada a abandonar su -opinión; y así, variando de aquí y de allí, nunca está quieta. - -Si afirma que la blancura (y baste traer ejemplo de los colores) la -hace el calor, te contradirán la nieve, el hielo, los alemanes; si -el frío, la ceniza, la cal, el yeso y los huesos calcinados; si la -humedad, estas cosas; si la sequía, aquéllas. - -Acerca de la negrura ocurren otras tantas dudas. - -¿Y de los colores medios? ¿Qué temperatura les señalarás? - -Y aun las cosas extremas parece que tienen causa manifiesta, como -la nieve, el frío, la ceniza, el calor, porque ambas cosas las -aprehendemos con los sentidos. - -Pero ¿qué dirás de los animales manchados, la pantera, el leopardo, -el perro y otros semejantes? ¿Qué de las hierbas, el dragoncillo, el -cardo plateado, el trébol multicolor? ¿Qué de las flores de la betónica -comestible y de las variedades de violetas? ¿Qué de los guisantes -turcos? ¿Qué de las aves, del pavo real, del papagayo? - -¿Señalarás, por ventura, diversas temperaturas al pavo, a las flores -multicolores, al leopardo, en la misma pluma, en la misma flor, en el -mismo pelo? - -Y los colores son permanentes. - -¿Qué dirás del iris, de la paloma variada, del vidrio lleno de agua y -del otro sin agua, que por la diversa exposición al sol o por la varia -posición del observador dan tan varios colores? - -Con razón te quedarás mudo, como yo también. - -Y en todas las otras cosas que señalamos arriba, mucho mas. - -Y cuanto más escudriñamos, más perplejidades se ofrecen, más nos -confundimos, más difícilmente hallamos luz. Pues donde hay muchedumbre -allí hay confusión. - - - - -Infortunio del hombre de letras. - - -Así, séanos lícito, no sin razón, comparar nuestra filosofía al -laberinto de Creta, entrados en el cual no podemos volver atrás ni -desenvolvernos, y si vamos adelante, caemos en el Minotauro, que nos -quita la vida. - -¡Este es el fin de nuestros estudios, éste el premio del perdido y -vano trabajo, de la perpetua vigilia: el esfuerzo, los cuidados la -solicitud, la soledad, la privación de todos los deleites, una vida -semejante al no ser, habitando, pugnando, hablando y pensando con -los muertos, apartándose de los vivos, abandonando el cuidado de las -propias cosas, destruyendo el cuerpo por ejercitar el espíritu! - -De ahí las enfermedades, muchas veces el delirio, siempre la muerte. - -Ni el trabajo ímprobo vence de otro modo todas las cosas, sino porque -quita la vida y acelera la muerte, que libra de todos los males; porque -el que muere todo lo vence. - -Así Horacio retrata la triste condición del hombre de letras cuando -dice: _Aunque vengas tú mismo, Homero, acompañado de las musas, si nada -trajeres irás fuera_. - -Y el mismo Horacio dice mejor abajo: _El rey dinero da mujer con dote -y crédito y amigos y linaje y fortuna. Y al bien adinerado decoran -Suadela y Venus_. - -Es también verdad ahora lo que también dijo Ovidio en otra parte: _Es -cerrada a los pobres la curia; la hacienda da honores, por ella es -grave el juez, por ella formal el caballero. Hay ahora precio en el -precio, da la hacienda honores, la hacienda da amistades; el pobre en -todas partes es abandonado_. - -Se desprecia la doctrina, y las togas ceden a las armas, las lenguas -se subordinan a la gloria. Los pensadores son despreciados. ¿Por qué, -pues, nos consumimos? No lo sé; así lo quieren los hados. - -Dió Dios a los hijos de los hombres esta ocupación pésima para que se -ocupasen en ella. Hizo todos los bienes en su tiempo y entregó el mundo -a las disputas de ellos para que no halle el hombre la obra que obró -Dios desde el principio al fin. - -No parece tampoco desemejante la misma filosofía (volviendo allá de -donde nos habíamos apartado) a la Hidra Lernea, que venció Hércules. -Mas a la nuestra no hay quien la venza. Cortada una cabeza, emergen -cien otras más feroces. Pues falta el fuego de la mente, que conociendo -perfectamente una cosa quite a las demás dificultades la ocasión de -pulular. - -Concluyamos. - - - - -El conocimiento y los sentidos. - - -Todo conocimiento trae su origen del sentido. Fuera de éste todo es -confusión, duda, perplejidad, adivinación; nada cierto. - -El sentido sólo ve lo exterior, pero no lo conoce. Ahora llamo sentido -al ojo. - -La mente considera las cosas recibidas de los sentidos. Si éstos se -engañan, también aquélla; y si no ¿qué se consigue? Sólo considera las -imágenes de las cosas, que admitió el ojo; la mente las mira por todas -partes, las vuelve, preguntando ¿qué es esto, de qué procede tal cosa, -por qué? - -¿No significa esto, por ventura, la fábula antigua en que, invitando -a comer la grulla a la zorra, ofrecióle una vasija de cristal de boca -estrecha llena de puches, a la cual aplicando la zorra lengua y boca, -pensaba en vano coger algo de la pitanza que veía? - -De la misma manera engañó Zeusis a las aves con uvas pintadas, cuando -aplicando el pico para comerlas, chocaban el pico contra la tabla. Y -Parrasio engañó a un pintor con un velo tan primorosamente dibujado -que parecía verdadero; de suerte que el rival, ensoberbecido como si -hubiese vencido, y ansioso de ver la pintura que creía cubierta con un -velo, aplicó la mano a la tabla para descorrer el velo y tropezó con la -tabla. - -Así nos presenta la Naturaleza las cosas para conocerlas. - -Y esto decía Aristóteles en otro lugar: que nuestro entendimiento se ha -a la naturaleza de las cosas, como el ojo de la lechuza a la luz del -sol. - -Juzgamos las cosas por sus simulacros. ¿Puede ser, por ventura, recto -el juicio? - -Ello aún fuera tolerable si tuviésemos por el sentido los simulacros de -todas las cosas que deseamos saber. - -Pero sucede lo contrario: que no los tenemos de las principales cosas. -Sólo los tenemos de los accidentes que nada influyen, como dicen, en -la esencia de la cosa, de la cual es la verdadera ciencia; y son los -accidentes lo más vil de todas las cosas. Mas por éstos es menester -conjeturar de todo lo demás. Lo que es sensual, craso, abyecto (son los -accidentes y lo compuesto) nos es conocido por todas partes. Pero lo -que es espiritual, tenue, sublime (son los principios de los compuestos -y lo celestial) de ningún modo. - -Sin embargo, esto último es por su naturaleza más conocible, porque -es más perfecto, más ente y más simple; cualidades que producen el -conocimiento perfecto. - -Pero para nosotros todavía estas cualidades están más distantes de los -sentidos. Lo más cercano a éstos nos es más conocido, no por otra razón -sino porque nuestro mejor conocimiento depende del sentido; en cambio -por su naturaleza es lo menos cognoscible, porque es imperfectísimo, -casi nada. Sólo el ser es el objeto, sujeto y principio de todo -conocimiento y aun de todos los actos y movimientos. - -Ves cuánta ocasión se nos da de ignorar en las cosas del sentido y más -aún en las de nuestro ser espiritual. Y lo verás mejor cuando vengamos -a la explicación de ellas. Pues lo aquí dicho hase dicho sólo en -general. - -Mas todo ello no demuestra que nada se sabe. Ni me propuse demostrarlo -(usando de tu concepto de la palabra _demostrar_) ni podría. Pues -nada se sabe. Bástete que te haya objetado dificultades. Si puedes -vencerlas, algo sabrás. Pero no podrás, a no ser que, desaparecido -ocultamente, renazca en ti un nuevo espíritu... - - - - -Pobreza del sujeto cognoscente. - - -Toda la lobreguez que hay en las cosas es mínima, si se compara con los -obstáculos de parte del cognoscente. - -El cual, si estuviese dotado de perfecto y agudísimo ingenio y de -sentido sin tacha, tal vez podría vencerlo todo (concediéndote esto -gratuitamente, pues no podría aunque lo hubiese todo perfectísimo). - -Pero ahora se ve lo contrario. - -Dijimos en la definición de la ciencia que la ciencia es -_conocimiento_, en el cual se consideran tres cosas. La cosa conocida, -de la cual se habló arriba; el cognoscente, de que se hablará abajo, y -el mismo conocimiento, que es el acto de éste sobre aquélla. - -Ahora trátase de éste, del sujeto que conoce. Pero lo más brevemente -que podamos; porque su propio lugar es el tratado del alma. - -Y en efecto: es dificilísima y llena de perplejidad la contemplación -del alma, de sus facultades y acciones, principalmente en este -conocimiento que buscamos ahora. No habiendo nada más digno que el -alma, nada hay tampoco más excelente que este único conocimiento. El -cual, si lo tuviera perfecto, fuera semejante a Dios; más bien Dios -mismo, Y nadie puede conocer perfectamente lo que no crió. Y ni Dios -hubiese podido criar ni regir lo criado si no lo hubiese preconocido -perfectamente. - -Sólo Él, pues, sabiduría, conocimiento, entendimiento perfecto, lo -penetra todo, todo lo sabe, todo lo conoce, todo lo entiende; porque Él -es todas las cosas y está en todas, y todas son Él y están en Él. - -Pero el imperfecto y miserable hombrecillo, ¿cómo conocerá otras cosas -no pudiéndose conocer a sí mismo que está en sí y consigo? ¿Cómo -entenderá lo abstrusísimo de la naturaleza, entre lo cual hállase lo -espiritual, como es nuestra alma, cuando no entiende lo clarísimo y -manifestísimo que come, que bebe, que toca, que ve, que oye? - -Ciertamente, lo que pienso ahora, lo que escribo aquí, ni yo lo -entiendo ni tú, leído, lo entenderás, Juzgarás, no obstante, por -ventura que lo he dicho con verdad y rectitud. Yo estimo lo mismo. -Pero ninguno de los dos sabemos nada. - -Por consiguiente, sin razón llama Escalígero, aunque doctísimo varón, -absurdo a Vives porque dice que la perscrutación de la naturaleza, -que hace la mente, está llena de obscuridad. Antes yo, si la opinión -de Vives es absurda, quiero ser absurdísimo. Pues yo no sólo juzgo -semejante perscrutación llena de obscuridad, sino tenebrosa, escabrosa, -abstrusa, inaccesible, tentada por muchos y por nadie superada ni -superable. - -Tal vez Escalígero, como era de agudísimo ingenio, la tuvo fácil. Y -ciertamente trató del alma muy hermosamente y con mucha sabiduría, como -de tantas otras cosas en que se ocupó. Pero no del todo absolutamente, -no con orden, no totalmente. Muchas cosas dijo que engañan la mente -con la exterior ampulosidad de las palabras e, ingeridas copiosamente, -parece que amortiguan el hambre, pero escudriñadas hondamente, por fin -dan engaño y dejan la cuestión tan difícil como antes, como mostraremos -en su lugar. - - - - -El conocimiento. - - -Mas ahora sujetémonos al negocio que interesa de presente. - -¿Qué es conocimiento? La aprehensión de la cosa. ¿Qué es aprehensión? -Apréndetelo de ti, pues yo no puedo ingerírtelo todo en la mente. -Y si insistes diré: intelección, perspección, intuición. Si sigues -preguntándome de estas últimas cosas, callaré. Distingue, no obstante, -la aprehensión de la recepción; pues recibe el perro la imagen del -hombre, de la piedra, de la cantidad; pero no conoce. Y aun recíbela -nuestro ojo y tampoco conoce. Recíbela el alma muchas veces y no -conoce, como cuando admite lo falso, cuando se ofrecen a un ingenio -tardo cosas obscuras. - -Distingue también el conocimiento propiamente dicho que ahora -describimos, pero que no conocemos, de otro impropiamente dicho, por el -cual dícese que conoce cada cual aquellas cosas que vió en otra ocasión -y retiene en la memoria ornadas con las propias señales. Pues con este -conocimiento dícese que conoce el niño al padre y al hermano, y el -perro al dueño y el camino por donde fué. - -Divide, después, todo conocimiento en dos: Uno perfecto, por el cual se -contempla y entiende la cosa por todas partes, por dentro y por fuera, -y ésta es la ciencia que ahora quisiéramos conciliar con los hombres, -pero que ella no quiere. Otro imperfecto, por el cual apréndese la cosa -de cualquier manera. Y éste nos es familiar. Pero es mayor, menor, más -claro, más obscuro y, finalmente, dividido en varios grados, según los -varios ingenios de los hombres. - -Este segundo conocimiento lo hacen doble. - -Uno externo, que se hace por los sentidos y le llaman, por -consiguiente, sensual; otro interno, que es por sola la mente, pero -nada menos que eso. - -De otra manera se han de considerar estas cosas. - -El hombre es un solo cognoscente. Uno solo el conocimiento en todas -estas cosas; pues es una sola la mente que conoce lo externo y lo -interno. - -El sentido nada conoce, nada juzga; sólo recibe lo que ofrezca a la -mente que ha de conocer. Del mismo modo que el aire no ve los colores -ni la luz, aunque los reciba para ofrecerlos a la vista. - - * * * - -Sin embargo, tres son las cosas que son conocidas por la mente de -diverso modo. - -Unas son totalmente externas sin la menor acción de la mente. - -Otras totalmente internas, de las cuales algunas son sin acción de la -mente, y otras no del todo sin esta acción. - -Otras, en parte externas, en parte internas. - -Finalmente, aquéllas se dan por los sentidos: las segundas, de ningún -modo por éstos, sino inmediatamente por sí; las últimas, por fin, parte -por ellos, parte por sí. - -Expliquemos todo esto. - -El color, el sonido, el calor, no pueden ofrecerse por sí a la mente, -para que los conozca, si no imprimen la imagen de sí (aceptemos ahora -que se hace la sensación por la recepción de las especies) a un órgano -apto para recibirla, la cual imagen u otra parecida se ofrece a la -mente para que la conozca o conozca la cosa de la cual es ella especie, -mediante ella. - -Mas lo que es obra exclusiva del entendimiento, la que es hija suya -y está dentro de nosotros, no se muestra al entendimiento por -otras especies sino por sí misma. Tales son muchas cosas que él se -finge; como también cuando excogita algo nuevo y lo concluye con -muchos discursos, cuando entiende él su intelección, y cuando hace -conjunciones, divisiones, comparaciones, predicaciones y nociones, y -aplicando el ánimo a ellas, las conoce por sí mismas. Y son del segundo -género todas las cosas internas idénticas con el entendimiento, las -cuales, no obstante, se hacen o son sin su acción; como la voluntad, la -memoria, el apetito, la ira, el miedo y las demás pasiones y cuanto hay -interno, lo cual es conocido por el mismo entendimiento, inmediatamente -por sí. - -Hay, finalmente, muchas cosas que, en parte, llegan a él por el -sentido, en parte son hechas por él. La naturaleza del electro y de -la piedra imán, de modo alguno puede ser alcanzada por el sentido. -Pero vestida de color, magnitud, figura, es llevada al ánimo por -los sentidos. Este la despoja de aquellos accidentes. Lo que queda -lo considera, lo vuelve, lo compara; finalmente, fíngese una cierta -naturaleza común, como puede. - -Esos filósofos levántanme a los cielos las inteligencias; yo oigo -lo que dicen; pero no lo entiendo aunque finjo algo que me inspira -inteligencia. - -Por todas partes percibo el aire con el tacto; pero no tiene imagen -alguna en mi mente, sino cierta que yo me fingí como de un cuerpo -incorpóreo, sin saber lo que es. - -Pienso del mismo modo en el vacío, y aun comprendo el infinito, no -comprendiendo jamás el fin; pero, en medio de su pensamiento párome -forzado al advertir que es infinito lo que, añadido al infinito, -imaginando lo infinito, nunca le pondré términos con la aprensión; -y así fingiré una especie ciertamente determinada, pero de la cual -ninguna extremidad es determinada y perfecta, sino cuasi defectuosa; -una noción, que no es terminada ni terminable; porque se le pueden -añadir eternamente partes infinitas por ambos extremos. - -¿Qué hacer? Miserable es nuestra condición. En medio de la luz nos -cegamos. ¡Cuántas veces pensé en la luz y siempre la dejé impensada, -desconocida, incomprendida! - -Lo mismo es si contemplares la voluntad, el entendimiento y otras -cosas que no se perciben por los sentidos. - -Estoy cierto de que esto que ahora escribo quiero pensarlo, escribirlo -y deseo que sea verdadero y sea aprobado por ti; pero no lo procuro con -exceso. - -Mas cuando me empeño en considerar qué es este pensamiento, este -querer, este desear, este inquirir, ciertamente desfallece el -conocimiento, frústrase la voluntad, crece el deseo y aumenta la -angustia. - - * * * - -Nada veo que pueda alcanzar o aprehender. - -Y, ciertamente, en esto, es superado el conocimiento que se hace de -las cosas internas sin el sentido por aquel que se tiene de las cosas -externas por los sentidos; pues algo alcanza el entendimiento de lo -exterior: la figura del hombre, de la piedra, del árbol, que tomó del -sentido: y así le parece que comprende las cosas por sus imágenes. - -Pero en aquel que se hace de las cosas internas, nada halla el -entendimiento que pueda comprender; y discurre aquí y allí, palpando -como ciego... - -Y al contrario, es vencido en certidumbre el conocimiento que se tiene -por los sentidos de las cosas externas, por aquel que es traído por -aquellas cosas que hay en nosotros o son hechas por nosotros. Pues soy -más cierto de que yo tengo apetito y voluntad, y que ahora pienso esto, -ahora huyo de aquello o lo detesto, que si viese un templo o un hombre. - -Dije que de aquellas cosas que hay en nosotros o en nosotros se hacen, -estamos ciertos que existen en realidad. Y de aquello que, juzgando, -opinamos de las cosas por discurso y raciocinio, y colegimos que son en -la realidad como nosotros las juzgamos, es inciertísimo el conocimiento. - -Esme más cierto que este papel en que escribo existe y es blanco, que -es compuesto de cuatro elementos y que éstos están en él en acto y que -tiene otra forma por ellos. - -Finalmente, si quitas lo que hay en nosotros o es hecho por nosotros, -el más cierto conocimiento es el que se hace por los sentidos, y el más -incierto de todos es el que se hace por el discurso; pues éste no es -verdaderamente conocimiento, sino tiento, duda, opinión, conjetura. - -De lo cual síguese que no es ciencia la que se obtiene por silogismos, -divisiones, predicaciones y otras parecidas acciones de la mente. - -Pero si pudiera hacerse que, al modo como percibimos con el sentido, -de alguna manera, las externas cualidades de las cosas, así -comprendiésemos la interna razón de cualquier cosa, entonces se diría -que sabemos verdaderamente. Pero esto nadie lo pudo jamás, que sepamos. -De donde nada sabemos. - -Mas del conocimiento de las cosas internas y del otro que llamo no -conocimiento, sino opinión, que se hace por conjunciones, negaciones, -comparaciones, divisiones y otras acciones de la mente, se tratará más -en su lugar, donde se manifestará la insuficiencia de ambos. - -Ahora baste con decir algo de aquel que se tiene de las cosas externas -mediante los sentidos. - -En éstos hay dos medios, a veces tres o cuatro: pero siempre dos, por -los cuales se produce la sensación, ya se haga ella internamente, ya -por transmisión (no nos detenga ahora esto). El uso interno, el ojo; -el otro externo, el aire. ¿Conócese por ellos alguna cosa? De ningún -modo. Pues lo que debe conocerse perfectamente no debe conocerse por -otro, sino por el mismo cognoscente, por sí mismo inmediatamente. - -Mas ahora la substancia de las cosas se muestra mediante los accidentes -que se perciben por los sentidos o, al contrario, escóndese a ellos. - -La mente infórmase de la substancia de las cosas por los falaces -sentidos o, de otra suerte, es engañada. ¿Cómo, pues, podemos saber -algo perfectamente? Y la ciencia debe ser de las substancias de las -cosas... - -Pues de los accidentes ¿puede haber perfecto conocimiento? Menos -todavía. Por un lado ayudan, a saber, porque son percibidos por los -sentidos; por muchos lados perjudican, a saber, porque los mismos -accidentes no llegan a nosotros, sino tan sólo sus imágenes y, -finalmente, porque engañan muchas veces al sentido. - -Esto por la variedad del medio, tanto externo como interno, en la -substancia, sitio y disposición. - -Baste hablar de uno de los sentidos. - -Por ejemplo, de la vista. - -La cual aunque se haga por órgano perfectísimo y sea el más cierto y -nobilísimo de los sentidos, no obstante, muchas veces se engaña. - -El medio externo suele ser vario; por consiguiente, impresiona al -sentido variamente. El aire parece que presenta mejor las cosas -comunes, pues aparece exento de todo color; el agua las representa de -otra manera. Esto las cosas naturales. - -Las muchas cosas artificiales, como el vidrio, el cuerno en láminas, el -cristal y otras cosas parecidas, de otro modo. - -¿A cuál creer? - -Con la vista no sólo se disciernen los colores, sino también la -magnitud, el número, la figura, el movimiento, la distancia, la -aspereza, la brillantez, y lo que a esto se refiere, como la igualdad, -la semejanza, la velocidad y lo contrario de esto. - -El agua hace obscuros a los cuerpos, los duplica, los aumenta, los -disminuye, los cambia de figura, los hace más crasos, más móviles, más -tenues. Y no siempre obra de este modo, sino también de otra suerte. -En el aire a veces se tornan los cuerpos ligerísimos; en el viento, -obscuros; dobles en el eco, al sol, a la luna; a veces al contrario. - -En ocasiones lo pintado aparece esculpido y vivo, y lo esculpido -también muchas veces palpitante. - -El vidrio, el cuerno y el cristal, parecen mayores y menores; densos, -tenues; del mismo color, de vario color; finalmente, según la voluntad -del artífice. De ahí tanta diversidad de espejos y de lentes. - -¿Cuál de ellos los expresará mejor y con más verdad? - -¿Qué decir del aire? Pues del color hay mucha mayor duda. ¿Cuándo se -le ha de creer? Cuando es más próximo a su naturaleza y menos alterado -por extraño. Pero ¿quién conoce su naturaleza? ¿Quién lo vió simple? -Perpetua mudanza por el sol, la luna y otros cuerpos de arriba y de -abajo por la tierra, el agua y los mixtos. - -Del vidrio y el agua hase de juzgar lo mismo, y aun es más difícil la -solución. - - * * * - -Esto cuanto a la substancia del medio externo, a la cual refiérense -también la densidad o la ligereza, la magnitud o la parvedad, esta o -aquella figura del medio por el cual se ve algo y todo ello aunque -no se halle todo en el aire; sin embargo, los medios artificiales -hacen variar mucho la cosa vista. Pues el vidrio grueso lo muestra -de otro modo que el tenue; el cuadrado o redondo de otro modo que el -triangular; el grande de otro modo que el pequeño. Muestran esto los -cristales de fabricación varia y las normas del vidrio, por las cuales -ves las cosas derechas o invertidas de este o de aquel color y figura; -finalmente, diversas de lo que son. - -El agua del mar en gran volumen se ve azul y lo que debajo de ella está -se ve del mismo color; pero en pequeña cantidad, blanca. - - * * * - -La situación varia de la cosa suele también variar el sentido. Lo mismo -del medio. Esto es manifiesto en las lentes; si aplicas el ojo te -presentan el objeto de otro modo que si lo apartas algo. - -En el aire lo mismo. El astro en su perigeo aparece igual, oblongo, -quieto, pequeño, rojo; en su apogeo redondo, radiante por doquiera -y desigual, destellante y móvil (de donde tomó Aristóteles su -demostración para probar que los planetas están cerca de nosotros, -porque no destellan), grande, claro y sin color. - -Los que están lejos aparecen obscuros, pequeños; los demasiado -próximos, o no se ven o de otro modo que son. - -¿Qué hacer? Atenerse al medio. ¿Dónde está aquel medio? ¿Es a dos pasos -o a alguna distancia determinada? - -El que está lejos de nosotros, aunque corra muy aprisa, sin embargo, -parece que se mueve muy lentamente; principalmente si lo miras desde -abajo, viniendo de lo alto, o al revés. - -Lo que se hace muy despacio escapa al sentido; como el movimiento de -las agujas en el reloj. - -¿Cómo juzgar con certidumbre? - -De ahí surge perpetua duda de la magnitud de las estrellas, callando lo -de la distancia, de la celeridad, del lugar, lo cual todo parece que -depende de aquélla. Lo que tenemos a la mano es posible explorarlo -de cualquier modo y de tiempo en tiempo y con diversos sensorios, si -son comunes, y conocerlo próximamente con mayor certeza. Pero aquéllas -¿quién puede? - -Y no es esto sólo. Si ves de lejos, lector, un palo medio sumergido en -el agua, aparecerá torcido y roto. Dirás que, sin embargo, está entero, -porque lo has experimentado de otra manera. Y si está roto, aparecerá, -no obstante, roto, pues no vale aquí la razón de los contrarios. -Afirmarás que está entero por la anterior razón, y sin embargo, es -falso. ¿Qué harás si no puedes sacarlo del agua? Quedarás en duda. - -Y en los colores cuánto importa la situación lo muestra el iris, un -vaso de cristal lleno de agua, la paloma irisada, las telas de seda -tejidas de diversos colores, la proximidad de un cuerpo luminoso de -otro color (como también si sobrepones perpendicularmente a un plano -una lámina de oro o de plata, y mucho más si la inclinas hacia abajo); -lo cual, todo, movido acá y allá, presenta muy vario color. - -¿En qué posición, dirás, tienen el verdadero color? - -En la misma parte unas veces aparece rojo, otras amarillo, luego azul. -¿Cuál de estos colores es el más propio? Sólo podemos dudar. - - * * * - -Y que el número, la figura, el movimiento y la magnitud varían por la -variación del sitio (en cuanto al sentido entendemos, no en sí) no hay -por qué lo mostremos prolijamente, porque puedes experimentarlo por el -uso cuotidiano. - -Y baste esto del sitio. - - * * * - -Es necesario que la varia disposición del medio varíe aquellas cosas -que por él nos son ofrecidas. - -Ya en parte lo dijimos. - -En el aire denso todo aparece obscuro, pequeño. En el tenue, al -contrario. - -En el prado todo se hace verde. Cerca de lo rojo y de lo amarillo los -cuerpos se tiñen con estos colores. - -En la mucha luz no se puede ver, principalmente los cuerpos blancos -o los muy brillantes. En las tinieblas, menos. Acerca de éstas y de -aquélla todo son dudas o errores. ¿Cuál es el medio? Desígnalo tú. - -Pero también en el aire iluminado por fuegos artificiales vense unos -y otros colores y otras figuras, según la variedad de la materia del -fuego. - -Si el medio es el vidrio o el cristal, vese la cosa de una o de otra -manera, según los colores de aquéllos y las varias figuras y densidad. - -Éstos son los medios por cuyo intermedio se ven las cosas. Y unos -las muestran por su superficie. En éstos no hay consistencia alguna. -¡Cuántas figuras monstruosas, ridículas, multiplicadas, invertidas, -truncadas! ¿Qué no fingen los espejos? ¿Qué juzgarás de éstos? ¿Ves -aquella figura? No existe; ¿cómo la ves? Y, no obstante, la ves; ¿cómo -es ello? Lo ignoras no sin razón. - - * * * - -Pasemos ya al medio interno, en el cual acontecen tantas dificultades. - -Levantado un ojo o atravesado, se ven dos cosas (aunque sintió lo -contrario Aristóteles). De donde es de extrañar que los que padecen -estrabismo no vean dobles todas las cosas. Pero daremos la razón en el -examen de las cosas. - -Sucede lo mismo si, acostándote de lado, tienes delante de ti algún -cuerpo que tape el ojo inferior; pues entonces el ojo superior verá -todo lo que está debajo de aquel cuerpo; pero el otro sólo aquel -cuerpo y no distintamente, sino como en nubes; y así, mirando un ojo -lo que está detrás del cuerpo y el otro el mismo cuerpo, parece que -vemos a la vez dos cuerpos, de los cuales el uno está sobre el otro. Y -experimentarás todavía mejor esto si moviendo un ojo hacia el ángulo -exterior miras lo que está de lado. Pues entonces, dirigiendo allí el -otro ojo, se pone de por medio la nariz y aparece que se sobreponen a -modo de sombra las cosas que son vistas por el otro ojo. - -Del mismo modo, si presentas a los ojos el dedo, pero no lo miras, -sino que atiendes a aquellas cosas que están o detrás de él o a sus -costados, aparecerá doble. - -Lo mismo sucederá si converges ambos ojos a la nariz; todo se verá -doble. - -Movido un ojo, lo que se ve parece que se mueve. Y aun de dos cosas -aparentes muévese la una estando quieta la otra. Y una se mueve a la -derecha, otra a la izquierda si, mirando al libro, mueves continuamente -los ojos por sí mismos sin ayuda del dedo, mirando sólo las líneas y no -leyendo. - - * * * - -Añádese también a estas cosas la posición del ojo, hundido o saltón, -por naturaleza o por accidente. De las cuales situaciones hay mucha -diversidad en el ver. Y mucho más si uno está hundido y el otro -prominente. Y también si el uno mira arriba y el otro abajo; pero -aquí hay manifiesto error. Pero cuando ambos están hundidos o ambos -saltones, ninguno. - -A la situación de los ojos refiérese también la mayor o menor abertura -u oclusión del párpado. - -Si miras una luz, guiñando los ojos, aparecerán muchos rayos que se -extienden hasta los ojos y se mueven conforme al movimiento de los -párpados; si los abres totalmente, se paran y no son tan largos. - -Baste esto a modo de ejemplo, de lo cual podrás tú conjeturar y -experimentar otras muchas cosas. - -Los colores se mudan por la varia posición de los ojos no menos que por -la varia posición del objeto que se ha de ver y del medio; pero ya se -dijo. - -Todo esto tal vez lo tienes tú en poco y no piensas que pueda impedir -la ciencia. Pero no es así. Pues estas cosas movieron a muchos para -que dudasen también de todo lo que aparece a los sentidos y creyesen -que los colores no son permanentes en las cosas, sino que son hechos y -variados por la luz. De lo cual se habló por nosotros en otra parte, -como verás; pero vayamos ya a la substancia. - - - - -Medios internos del conocimiento. - - -Cuentan los filósofos cinco medios internos: la vista, el tacto, el -gusto, el oído, el olfato. - -Las substancias de todos ellos son diversas. Por consiguiente, son -también percibidas por los sentidos cosas diversas; pero, sin embargo, -las hay comunes; las tocamos arriba: la magnitud, el número, la figura, -etc. - -El ojo ve un solo golpe; el oído percibe doble golpe; si no lo -hubiese visto el ojo, sin duda juzgaría que había habido dos golpes. -Supongamos un ciego; daré dos golpes, o bien uno, pero lejos de mí e -inmediatamente otro, como por el eco. Advertido por alguno, si nunca lo -viste, dirás que es por el eco, y será falso. Más: supongamos que ves, -y mando que otro, oculto, dé un golpe después de darlo yo; dirás que es -el eco, y no es. - -Corriendo un caballo, muchas veces juzga el oído que son dos; o si son -dos y marcan el paso a un tiempo, parece que es uno solo. Pues la vista -si está a distancia de las cosas, si son muchas las que se mueven, se -engaña más todavía. - -En la magnitud ocurre otro tanto: lo que el ojo ve pequeño, lo aprecia -grande el oído, y al revés. En la figura engáñase mucho más la vista -que el tacto; como también se engaña éste menos que aquélla en la -magnitud. Y en la distancia, ambos sentidos yerran igualmente: lo que -está cerca, parece también alguna vez distantísimo al que lo ve o -escucha. - -No menos se engaña el tacto en la distancia; pues al sentir algo muy -caliente, aunque sea de lejos, lo juzga, no obstante, como próximo, por -la fuerte impresión que recibe. De igual manera ¿cuántas veces no se -engaña el olfato? - -¿A qué proseguir? Nada más cierto que el sentido, nada más falso que él. - - * * * - -Añade ahora a lo anterior las varias disposiciones de todos estos -órganos, las cuales no pocas veces nos extravían y confunden. - -Los diversos colores de los ojos, los varios temperamentos, la -capacidad, sustancia, posición, virtud y transparencia de los tejidos -y humores que hay en ese aparato complejísimo, ¿no engendran, por -ventura, gran diversidad en la visión? - -Muchas veces por causa externa parece que vemos nubecillas, moscas, -telarañas y otras cosas semejantes, cuando en realidad no las hay. - -Inflamado el ojo, todo aparece bermejo; empapado de bilis, cetrino. Si -se adhiere humor a la pupila, todo aparece perforado o cubierto de un -velo, grande o sutil, claro u obscuro. - -Estos achaques son morbosos; pero aun quienes tienen la vista sana, -ven mejor ya de lejos, ya de cerca; unos ven más agudamente, otros -con menos claridad; éste ve grande, aquél pequeño; éste rojo, aquél -amarillo. Finalmente, nadie ve con perfección o del mismo modo que los -demás. - -¿Qué mucho, pues, que, por el ojo, tan sujeto a mudanzas y aun tan -vario en sí y no menos por el aire y todavía más móvil e incierto, -veamos nosotros las cosas también confusas e inestables, de muy diversa -suerte que ellas son, y que perpetuamente nos engañemos y no podamos -alcanzar cosa alguna con certeza y, por consiguiente, nada podamos -afirmar? - -Y cuenta que la vista es el más principal y cierto de todos los -sentidos... - - * * * - -Pues si te vuelves a las otras cosas, aún hallarás mayores dudas y -tinieblas. - -¿Cómo lo que es siempre caliente juzgará con igual rectitud de lo -caliente y de lo frío? Así acontece que los que están en las termas o -baños artificiales, juzgan fría la orina y el agua tibia, lo cual de -suyo es falso. - -¿Por ventura todo lo que tocamos no está en el aire y es influído por -él?, ¿por ventura no somos nosotros afectados perpetuamente por el -mismo? Y el aire ¿no lo es por el agua, tierra y astros? - -¿Qué obliga, pues, a decir que el agua es fría, ni que el aire es -caliente? A los muy ardorosos, lo menos cálido aparece frío. Tales, -por ventura, nosotros. En invierno, porque somos harto impresionables -al frío exterior, el agua recién sacada del pozo o la fontana se nos -antoja caliente porque es menos fría que la que corre al cierzo; en -verano, aunque caliente, parece fría, y el aire, si lo mueves con -un abanico, parece también más fresco, siendo, no obstante, de suyo -caliente, y en el estío más. - -¿Qué es, pues, el calor? ¿Qué el frío? Para entender qué cosas son -calientes o cuáles frías, nada puede aquí la razón. ¿Quién conoce la -íntima razón de las cosas? Nadie. El juicio hase de confiar a los -sentidos. - -Mas, aunque el sentido percibiera muy bien y discerniese aquellas -cualidades, no por eso las sabría mejor: las conocería exteriormente, -como el rústico distingue su asno del buey del vecino o de su propio -rocín. - -¿Qué sabemos, pues? Nada. - - * * * - -Discurre por otros sentidos. Menos. Y este es el principal conocimiento -de los hombres. ¿Qué hará la mente engañada por el sentido? Engañarse -más. Supuesta una falsedad, inferirá otras muchas, y de éstas otras -(pues error pequeño en los comienzos es grande en el fin). - -Últimamente, cuando advierte el error (pues la verdad es única y -consecuente consigo misma), vuelve atrás la inteligencia; busca el -lugar que es causa del defecto. No lo halla; sospecha de éste o de -aquél; investiga nuevamente sin acertar a conocerlo, porque la verdad -está sobre el sentido y el hombre, engañado por él, cuando no por los -errores de la razón, fluctúa entre muchas probabilidades sin llegar a -una conclusión definitiva. - -Lector: experiméntalo en ti mismo. No te impongo mis opiniones; si -estuviese contigo, acaso te mostraría fácilmente de palabra que todo es -dudoso; pero, lo escrito no permite tan espaciosa libertad. - -Mas por lo arriba dicho pudiste verlo siquiera en torpe esbozo; -después, acaso lo verás mejor. - - - - -De cómo la imperfección humana excluye un conocimiento perfecto. - - -Sigo mi tesis. Ya hablé de la cosa que ha de ser conocida, primero -de los términos que hay que distinguir, como dije, en el problema -del conocimiento; hablé también de los sentidos o medios de conocer: -hablemos ahora del sujeto que conoce. Mejor dijera del sujeto que -ignora. Porque la vida es breve y el arte es largo, es infinito; -las ocasiones de conocer son pocas y fugitivas; la experiencia es -peligrosa, el juicio harto difícil. ¿Quién habrá, pues, verdadero -conocimiento de las cosas? - -Empecemos por el hombre incipiente; una vez nacido es una mole de cera, -capaz de casi todas las figuras, lo mismo en el cuerpo que en el alma; -pero más en ésta. De suerte que no es mala comparación la ya sabida de -la tabla rasa en la cual nada hay escrito; mas no se afirma bien cuando -se afirma que todo puede escribirse en ella. No todos son aptos para -las letras, aunque se les suministren todos los elementos precisos. -¿Cómo, pues, podrían pintarse en el alma las naturalezas de todas las -cosas? - -Dos hay en el recién nacido: nada impreso en acto; en potencia poco o -mucho, pero nunca todo. - -Pero esa potencia es sólo pasiva, a la cual se opone otra pasiva -impotencia, por la cual cada uno es totalmente inepto para ciertas -cosas. - -En este punto se nos asemejan también los otros animales, puesto que -el papagayo con aquella primera potencia puede imitar la palabra -humana, la cual el mono no puede imitar por aquella segunda impotencia. -Este, al contrario, por la primera potencia ejecuta muchas cosas a -imitación del hombre, que no puede ejecutar el papagayo por la segunda -impotencia. Así, entre los hombres, éste es totalmente inepto para la -gramática; en cambio, es muy apto para la navegación y aquél todo lo -contrario. - -Mas tenemos nosotros una potencia activa de que carecen los brutos y -por la cual hállanse las ciencias y las artes. - -Pero de esto se tratará extensamente cuando se trate del alma. Baste -ahora haber traído estas cosas para entender lo que sigue. - -¡Cuán pocos, pues, de tantos millones de hombres son capaces para las -ciencias, aun para aquellas que hoy profesamos! Apenas alguno que otro; -perfectamente, ninguno. - -Es necesario que sea hombre perfecto el que haya de saber algo -perfectamente. ¿Hay alguno así? - -Tú dices que el alma es en todo igualmente perfecta (ignorando su -naturaleza, como mostraremos en otra parte), y que el cuerpo es la -causa de que unos sean más doctos, otros menos, y muchos totalmente -incapaces. Sea como tú dices. - -¿Es, por ventura, nuestra alma bastante perfecta para que sepa el -hombre algo perfectamente? No. Mas supongamos que sí: en tal caso -quien tenga el cuerpo menos perfecto sabrá imperfectamente las -cosas, pero quien tenga mayor perfección corporal habrá de saberlas -perfectísimamente. - -Esto es lo que más racionalmente parece colegirse de tus razones. Mas -¿a quién le fué dado cuerpo perfecto? - -Yo llamo con Galeno perfectísimo al cuerpo que es templadísimo y -hermosísimo y produce todas las operaciones perfectísimas, empezando -por las del entendimiento, padre de la Ciencia. - -Hubo algunos médicos que afirmaron que el médico para que fuese -perfecto debía padecer todas las enfermedades antes que pudiese juzgar -perfectamente de ellas. Y no parece del todo descabellada la opinión, -por más que entonces mejor fuera no ser médico. Pues ¿cómo podrá -sentenciar rectamente del dolor el que nunca lo sintió? Los dolores y -enfermedades, mejor los conocemos en nosotros mismos y curamos que en -los demás. - -Pues ¿cómo habrá de discernir el ciego de colores, ni el sordo de -sonidos, ni el paralítico de las cualidades táctiles? Es necesario, -pues, que vea cabalmente quien cabalmente ha de juzgar de colores, y -oiga quien juzgue de sonidos, y palpe quien discierna lo tangible, -y guste quien hable de lo sabroso, y se mueva quien estudie el -movimiento, y sufra quien haga juicio del dolor, e imagine quien haya -de saber de fantasías, y entienda quien del entendimiento investigue. -De otra suerte, como dijo Galeno, será navegante de libros que, -sentado muy seguro en su sillón, describirá muy bien los puertos, los -escollos, los piélagos más lejanos y guiará muy bien la nave por la -cocina o sobre la mesa; pero si se lanza al mar y le encomiendas el -timón de un navío, se meterá en aquellos Escilas y Caribdis que tan -lindamente sabía describir a pies enjutos. - -Y por esta razón dícese también que Cristo Señor nuestro quiso -sobrellevar las humanas miserias para que, experimentando nuestras -calamidades, se compadeciese más. Pues el que fué alguna vez indigente -se compadece mejor del pobre; el que fué preso, del cautivo, y, -finalmente, el que se vió desamparado siente mayor lástima del -miserable y del triste. - -El perfectísimo conocimiento requiere, pues, un cuerpo perfectísimo -unido a una perfectísima razón, pues todas las cosas perfectas gozan -de las cosas perfectas, son hechas por los perfectos y por medios -igualmente cabales. - -¿Qué cosa más perfecta que la creación? Es hecha por el solo Perfecto, -por la perfección misma, que es Dios. ¿Con qué medio? Con su -perfectísima potencia, la cual es la sola y única perfectísima, porque -sólo ella es infinita, porque es el mismo Dios. - -Todo lo demás que sea perfecto en su línea es hecho por algo semejante -o superior a sí: por ejemplo, lo que hacen los cuerpos celestes no -puede ser obrado por cuerpos inferiores. - -Razón de todo esto: El agente siempre que va al paciente, trasciende; -pues todo ser ambiciona transformar a otro en sí. Lo cual no es posible -si no se le comunica. Y en comunicándose los dos el uno es término -pasivo del otro; empéñase, sin embargo, el paciente en conservarse -en su ser (lo cual ha sido grabado en todos); en parte resiste y en -parte quiere también convertir al otro en sí, extiende y ejerce cuanto -puede su potencia en el agente y le imprime fuerza; mas, porque le es -inferior, es vencido en la lucha y es forzado a seguir las huellas del -otro, a introducirse en él, despojado de su primer hábito. - -Si, pues, el agente es perfecto, también debe ser perfecta la acción y -los medios para ejecutar la obra y el paciente que recibe la acción, en -cuanto la recibe, aunque por otra parte sea imperfecto. - -Y si no sigue a la acción la conversión del paciente en el agente, al -menos la obra que de tal acción se hace es perfecta siendo de agente -perfecto, imperfecta si de imperfecto. Pues los partos, dicen los -médicos, dan testimonio de sus principios. Lo que se hace bien, es -siempre con medios idóneos. - -Y así, el perfecto agente ayudado por perfectos instrumentos y medios -solícitos, obrará en el paciente y ejecutará la obra intentada mejor -que con imperfectos. - -Ve esto en todas las acciones tanto naturales como voluntarias: el sol, -que es el más perfecto de todos los cuerpos (de donde los antiguos lo -juzgaron Dios), ¿qué acción hace? Perfectísima, parecida a la acción de -Dios. Pues éste crea, pero aquél engendra las cosas, que es el segundo -grado después de la creación; pero se diferencian en que Dios crea por -sí solo, de la nada y sin medio ni instrumento alguno. El sol, teniendo -su potencia de Dios, engendra, estimula y mueve por medios naturales y -congéneres. - - * * * - -Pero objetarás, tal vez, que el sol corrompe también, la cual es pésima -acción. Mas, no es así. No corrompe, sino que, mientras engendra, -síguese necesariamente la corrupción, como una consecuencia natural. Y -que engendra primero, es manifiesto. Pues primero es el ser que el no -ser; el acto, que la privación; la vida, que la nada. - -Ningún ser obra por nada o intenta nada (de donde tampoco el mal por -sí, pues el mal es privación del bien, cuasi nada), pues todo es por un -fin, y la nada no puede ser fin para un ser. El fin es perfección, la -cual entre los seres ocupa el primer lugar. - -Privación, destrucción, defecto, mera negación del ser; ¿con qué otro -nombre llamaré a la nada que con el tenebrosísimo de _nada_? ¡Opuesta y -enemiga a toda perfección, a todo ser; finalmente, nada!... - -¿Quién la intentará, quién la buscará? Todas las cosas la huyen -naturalmente. Nada me aterra, entristece y postra el ánimo como la Nada -cuando pienso que alguna vez pudiera yo ver sus abismos, si, acompañada -mi alma de la fe, esperanza y caridad, no destruyesen este miedo, y me -confirmasen prometiéndome, después de la disolución de este compuesto, -de mi carne y mi espíritu, indisoluble nexo con Dios óptimo y máximo. - -El sol, pues, el más perfecto de todos los cuerpos, ¿intentará la -corrupción, la hará? No, pues engendra. ¿Con qué medio? Con el calor, -que es la más perfecta, principal y activa de todas las cualidades. - - * * * - -Tú añades también la luz; pero yo no lo consiento. La luz, sin embargo, -es otro argumento a mi favor. - -Bellísima cosa es la luz, amicísima y queridísima de los hombres. -Dios llámase a sí propio Luz, y a ella se compara la vida como a las -tinieblas la muerte. Gracias a su benéfico resplandor gozamos de los -colores, de los matices y las formas; sin luz seríamos semejantes a los -ciegos, viviríamos como dormidos y absortos en la sombra de lo interior -y lo exterior, vagando como las ánimas de los difuntos, sin vernos a -nosotros mismos e ignorando la Naturaleza ¡Cuán triste silencio en -la noche nublada y tenebrosa! ¿No parece la imagen del caos y de la -muerte? Más quisiera morirme que vivir sin luz... - -Padre el sol de ambos, del calor y la luz, de ellos usa, conforme a -tu misma opinión, para fecundar las cosas, mas no para corromperlas. -En saliendo el sol todo revive, renace, germina, pulula, se remoza, -florece y fructifica. Los animales, entumecidos por el frío, los seres -corruptibles y todos aquellos que se corromperían totalmente con la -ausencia del astro, así que le ven se levantan de las tinieblas, -tórnanse más ágiles y gozosos, corren, saltan, retozan, gallardean y -cantan el advenimiento del astro generador y hácense más aptos para -generar a su vez, para vivir y trabajar con alegría, singularmente en -la primavera y en el verano. Yo, sólo entonces vivo... - -Mas en apartándose de nosotros el ojo derecho de Dios (séame lícito -apellidar al sol de esta manera) todo languidece, todo se arrice y -se amustia. ¿Qué son el otoño y el invierno sino imágenes de nuestro -fenecer? A la muerte llaman los poetas fría, glacial, pálida, -macilenta, y a la vida, en cambio, robusta, floreciente y ardorosa. -La muerte viene del frío; la vida, del calor. Por esto el sol es el -más perfecto de los cuerpos, porque hace, mediante la más perfecta -cualidad, el calor, la más perfecta de todas las acciones naturales. - - * * * - -Pues en lo que se refiere a las acciones voluntarias ¿por ventura el -pintor, el escultor, el músico, no pintará, no esculpirá, no tañerá -más consumadamente si usan de los instrumentos más perfectos? ¿Cantará -bien el ronco, saltará el paralítico, escribirá el que tiene la mano -torpe o rota? Y ¿qué instrumento más hábil y flexible que la mano del -hombre pudo haber escogido la madre naturaleza? Era preciso que el más -perfecto de todos los animales, el hombre, hubiese el más perfecto -instrumento para hacer con la mayor perfección y elegancia las muchas y -difíciles cosas que ejecuta. - -En resolución: todo lo perfecto produce cosas perfectas y usa de medios -idóneos para producirlas. - -¿Qué se deduce de ahí? Que el alma humana, la más perfecta de las -criaturas de Dios, para la más perfecta de todas sus acciones, el -conocimiento perfecto, necesita de un cuerpo perfectísimo. - -¡Cómo! --dirás--. Pero la intelección no depende, en modo alguno, del -cuerpo, sino exclusivamente del alma, de su facultad intelectual... ---Eso es falso --respondo-- y ya te lo probaré en otra parte. Falso es -decir que el alma entiende, que el alma oye, pues ambas cosas no son -función exclusiva del alma ni del sentido, sino del hombre todo en su -unidad de espíritu y de cuerpo, indisoluble en cualquiera de sus actos. -Nada hace el alma sin los órganos del cuerpo ni el cuerpo sin la acción -y gobierno del alma. - -¿Por qué este hombre es menos docto que aquél, si el alma, como tú -dices, es igualmente perfecta en ambos? Será por defecto corporal, -según decías también. Luego el más docto gozará de un cuerpo -privilegiado, capaz de obrar consumadamente las cosas, lo mismo las del -sentido que las del entendimiento. Y el hombre que fuere doctísimo, -tendrá un cuerpo perfectísimo y será el verdadero sabio... - -Pero ¿dónde, repito, está ese cuerpo privilegiado y perfectísimo capaz -de un perfectísimo conocimiento? Yo, médico y filósofo, no le hallé -jamás. Y como no es posible que semejante cuerpo exista, no creo -posible tampoco el perfecto conocimiento o, lo que es lo mismo, la -Ciencia. - -Al llegar aquí tal vez me arguyas: --Para entender no necesitamos de -los brazos y piernas; por consiguiente, aunque ellos sean defectuosos, -mientras tenga bien el cerebro me basta. --No te basta --replico--, -pues las cosas físicas influyen no poco en la parte moral y en la -función del entendimiento, los órganos se corresponden todos y se -influyen mutuamente, aun los más apartados y distintos, por todo lo -cual un cerebro sano es incompatible con otros órganos enfermos. - -Un miembro imperfecto, una deformidad cualquiera, un vicio morboso, -pueden ser adquiridos o congénitos: si el cuerpo viene mal conformado -desde los orígenes, anduvo el defecto ya en la materia de que se hace, -ya en la virtud generadora, y en ambos casos la imperfección es fatal -no sólo para el miembro u órgano defectuoso, pero también para muchos -o algunos de los demás, tanto en lo exterior como en lo interior. Y -si el vicio o deformidad sobreviene después, sea por causa interna -o externa, ocurren iguales alteraciones. En suma: un cuerpo cabal y -perfecto no existe o duraría un instante. - -Luego, repito, no habiendo seres de tal perfección, no hay un -conocimiento perfecto, no hay un perfecto sabio, nada se puede saber de -un modo cabal. - -Pero dirásme, tal vez, que también el hombre imperfecto, por muy -defectuoso que fuere, tiene capacidad para el ejercicio de las -ciencias. Yo te lo concedo gustoso, como te concedí otras muchas -cosas, pues aquí arguyo sin vanidad ni rigidez. Hay hombres, incluso -llenos de estigmas y deformidades, que son idóneos para el cultivo -de las ciencias, pero no todos ni cualquiera de ellos. Es necesario -que el hombre, dentro de su imperfección, esté dotado de un cierto -temperamento para ejercer con eficacia las disciplinas científicas. -¿Cuál será ese temperamento? Lo ignoramos. Pero aunque lo supiésemos -¿cuántas mudanzas del aire, del espacio, del alimento, de la edad, la -educación, las opiniones, las doctrinas, de todo cuanto rodea, influye -y mueve en este oleaje de la vida humana a nuestro cuerpo y nuestro -espíritu, no habrá de padecer el más capaz y atemperado de todos para -la investigación de la Verdad? - -Piénsalo y experiméntalo en ti mismo. - - - - -Nuevas dificultades para la investigación de la Verdad. - - -Si el hombre es rico, trátase deliciosamente, dase a todos los gustos -del sentido, engorda, se enerva, tórnase todo carnal, inepto para la -contemplación y el estudio. Como el alma y el cuerpo --según dicen-- -solicitan siempre cosas contrarias, el rico tiende a desamparar el -espíritu. Desde la niñez los padres no le consienten que se fatigue -con el estudio y el trabajo, sino que todo se lo disponen para culto y -regalo del cuerpo; únicamente celosos, y no siempre, de las costumbres, -de la moral exterior, enseñan a sus hijos (como hacen la mayoría de -los hombres por el impulso disculpable de la naturaleza) a cuidar la -salud, acrecentar el caudal y todos los demás bienes que suelen hacer -felices a las gentes vulgares, sin dejar resquicio ni vagar para el -estudio de las letras y ciencias. Mas aunque los padres permitieran -y desearan semejante estudio, ya se encargaran los hijos de rechazar -aquellas trabajosas disciplinas, pues el cuerpo apetece el ocio y tiene -al trabajo por enemigo mortal. - -Las riquezas distraen el ánimo, los placeres le perturban, el mundo -le seduce y engaña. ¡Bienaventurados aquellos y dignos de eterna -admiración, que en el disfrute de los bienes del siglo, aciertan -a abandonarle y a despreciar sus falsos y vanísimos tesoros para -entregarse, pobres y libres, a la contemplación de las cosas! Pero -almas de esta sublime condición son aves raras en el mundo. Los hombres -abrazan la Ciencia para granjear aplauso, riqueza o dignidad, no por -sí misma, por amor desinteresado y puro. Y de esta suerte cada cual -trabaja mientras le urge para llegar al fin, no al fin de la ciencia, -sino al de su ambición... - - * * * - -Los pobres, en cambio, corren a los estudios con triste principio, con -medios adversos y también, casi siempre, con bastardo fin. Como es -la necesidad la que les impulsa, una vez saciada, suele concluir la -ciencia de los pobres, ya que no trabajaron sino para hurtarse a la -pobreza. - -De aquí la frase: «El ingenio vuela, mas la pobreza lo deprime.» Y -aquella otra: «La bolsa llena hace al ingenio divino.» Y esotras de -un poeta: «Hase primero de buscar el oro, que ya vendrán con él la -fuerza y la sabiduría; sin Ceres y sin Baco se enfría Venus y también -Minerva...» - -«Los papagayos charlan y aprenden mejor después de beber vino: tal les -sucede a muchos hombres.» Acerca de lo cual también se dijo: «Las copas -llenas ¿a quién no hicieron elocuente?» Y añado yo: ¿a qué no obligan -la sed y el hambre? No acabaríamos nunca si hubiésemos de contar las -desventuradas proezas a que impulsa la triste necesidad... - -A todo el que estudia no debe moverle otro fin que saber. Al -necesitado, en cambio, no le mueve ese fin o sólo le mueve mientras -evita su necesidad. Así, quien sólo estudia por el vientre, cuando -lo llena cierra los libros y se echa las ciencias a la espalda. El -pobre, si no es apto para la contemplación de las cosas, no halla nunca -deleite en el estudio; y si es apto, su propia indigencia le impide -gustar esos manjares tan sutiles. ¿Hay algo más digno de compasión? - - * * * - -Y si todavía insistes en que el rico y el pobre son igualmente capaces -para la austera investigación de la Verdad, yo quiero suponer que es -así; pero ve cuántas dificultades se siguen. - -Ambos han de ser instruídos desde los rudimentos, ya que nadie fué -tan dichoso que saliera enseñado del vientre de su madre o lograse -instruirse por sí mismo, sin necesidad de textos ni de aulas. Y -¡cuántas miserias en la instrucción y enseñanza de los jóvenes! ¡Cuán -pocos lograron haber buenos maestros! - -Unos por la poca retribución o por desidia, por enfermedad o pobreza, -otros por envidia, temor o vanidad, por amor o por odio, por ineptitud -o ignorancia, por todas estas y otras muchas cosas, esconden o -desfiguran la verdad, si la conocieron alguna vez, y enseñan el error. -¿Qué mayor calamidad para un principiante? Bebido el error ya nunca se -sacude su ponzoña, sobre todo si se bebió en la niñez y era insigne la -autoridad del maestro. - -De donde se dijo: A la vasija nueva dura el resabio de lo que se echó -en ella. - -Por esta razón Timoteo pactaba retribución sencilla con el -principiante; mas a aquel que había aprendido con otro preceptor, -pedía retribución doble, pues que era menester doble trabajo, uno para -arrancar el error que había ya bebido y otro para sembrar la verdad. - -De los errores en la enseñanza nacieron las sectas de los filósofos, -y aquello de jurar en las palabras del maestro; el pasar los años -disputando por cosas ociosas y peregrinas, unos para defenderlas, otros -para negarlas; llenar volúmenes sobre entender al profesor; fingir -nuevas e infinitas explicaciones, inteligencias y distinciones, las -cuales no imaginó él ni aun en sueños. - -Y aún hay doctores tan sandios que se jactan de poder defender todo -lo que ha sido enseñado por éste o por aquel autor; dispónense para -ello con argucias y bagatelas, de tal manera cubiertos y armados de -enredos, que se parecen a los cazadores que acechan con redes y con -falsos silbidos a los tordos. Enredados no pocas veces ellos mismos, -no se pueden desenvolver, y así caen en la fosa que preparan a los -demás, como el cazador de Esopo, que mientras acechaba a la paloma, fué -mordido por la sierpe. - -Tales también aquellos que usan de las máquinas de guerra (que llaman -arcabuces) y mientras a disparar aplican el ojo a la mira para que -salga recto el proyectil y ponen fuego a la pólvora, si está obstruída -la máquina, experimentan el efecto contrario: que el tiro vuelve atrás -y les atraviesa la cabeza. - -Así estos falsos doctores mientras maquinan falacias, ellos mismos caen -en las redes de su propia falsedad. - - * * * - -Unos pretenden recoger lo esencial de un asunto y hacen un epítome. -Otros recorren tablas, capítulos, libros, que fueron confusamente -escritos por otros. Éstos, al contrario, amplían, añaden, extienden, -comentan y critican muchas cosas. Aquéllos se empeñan con supersticiosa -y fatua piedad en conciliar a los disidentes y reducir a la paz a los -beligerantes. Otros, al contrario, hacen enemigos a los que sienten -lo mismo, al afirmar que escriben y entienden cosas diversas. Esotros -afirman que tal obra es de aquél; sus adversarios pugnan por demostrar -que la robó del cercado ajeno. Y en probar tales monsergas, ¿qué de -argumentos no usan? ¿Qué no gritan? ¿Qué no claman? ¿Qué no torturan? - -Si no bastan las pruebas falsas, emplean verdades reprobables, a saber, -contumelias, invectivas y libelos. - -Finalmente, no contentos aún, vienen a las armas, para que lo que la -razón no pudo lo pueda la fuerza, a estilo militar. - -Así, los que se dicen científicos se hacen brutos. Pues, ¿no es todo -esto furor y demencia? - -Los que presumen de investigar la naturaleza nada hacen sino disputar -y absorber en minucias y simulacros toda su vida, como el perro, que, -viendo en el agua la sombra de la carne que lleva en la boca, suelta la -carne para asir la sombra en el agua, y como el toro, que, persiguiendo -al lidiador, cogida su capa, se ensaña en el trapo, sin preocuparse del -hombre. - -Así los falsos investigadores de la naturaleza, que, a espaldas de la -realidad, no saben sino repetir, como papagayos, lo que en los libros -hallaron escrito, ignorantes seguramente de lo que dicen. - -De tales entes hay una gran multitud en las ciencias; varones sinceros -que investiguen la realidad en sí misma, muy pocos, y aun esos pocos -varones son juzgados indoctos por los primeros y por el vulgo. - - * * * - -Y no es de extrañar. - -Cada uno juzga a los demás por su propia condición. - -Así, el docto juzga al docto y lo alaba, porque entiende lo que dice; -el ignorante le desprecia, porque no le entiende, y levanta al necio, -porque siente en necio; todo semejante goza con el semejante y rechaza -al que no lo es. - -¡Ay del mozo infeliz que beba en la turbia fuente de tan ruines -preceptores! - -Si estudia siempre bajo el mismo doctor, siempre errará, si erró -una vez. Y su error será cada vez más profundo. Error pequeño en un -principio es grande en el fin; dado un absurdo, síguense muchos. Y -¿quién hay que no yerre una vez? o ¿quién que yerre una sola vez? ¿no -erramos casi siempre? - -Y si el joven es enseñado por muchos maestros ¿no le será más fácil -extraviarse y confundirse? - -Pocos, a quienes amó el justo Júpiter y levantó el ardiente juicio a lo -celestial, pudieron librarse de errores y poseer todos los caminos de -la oscura selva. ¿Cómo, pues, no ha de perderse el miserable ingenio -del principiante, distraído y desgarrado en las contiendas y tumultos -de escuelas y maestros? - -Este le inculca una doctrina; aquél se empeña en persuadir la -contraria. Pues ¿quién ve que convengan dos en todas las cosas? - -El mayor juicio de certidumbre de una verdad y, por tanto, también de -alguna ciencia, es la concordancia de los doctores; pues la verdad es -siempre concordante consigo misma. Al contrario, nada arguye más la -incertidumbre de una ciencia que la diversidad de opiniones. - -Basta advertir cuán común es esta diversidad en los doctores de -cualquier ciencia, para colegir también cuán poca certidumbre hay en -nuestros conocimientos. - -Y así al débil novicio tráenle contrarios doctores en confusión y -ambigüedad. Sin acertar adónde orientarse, inclínase a éste o aquél, -según le parece; y con más frecuencia al que le engaña; pues éste es el -que más grita, con el desenfado propio de los que sostienen sinrazones. - -Ahí tienes al sabio. - -Así, durante mucho tiempo, lucha en los oleajes de esta furiosa -tempestad; las más de las veces toda la vida. - - * * * - -Y si nos acercamos al método de enseñanza, no habrá aquí menor -dificultad, antes mayor, ya atiendas a los que enseñan de viva voz, ya -a los que enseñan por escrito. Pues tienen ambos las mismas viciosas -maneras. - -Cabalmente, por este lado, viénele al estudiante, o la mayor utilidad, -si emplea buen método el doctor, o el más grave daño, si emplea un -método perverso. Pues nada tiene en el enseñar tanta importancia como -el método; el cual, por consiguiente, es tan vario para los hombres. -Saber usar del método no es menos laborioso que útil, y no menos raro -que necesario. ¡Cuán pocos maestros aciertan aquí! - -Siendo, por ventura, el arte infinito, como ya dijimos, y la vida de -todas las cosas harto breve, cuando es necesario medirla para enseñar o -aprender, impone grandísimo cuidado. Medir lo infinito con lo finito y, -lo que es más, comprenderlo; ¿no parece cosa inaccesible? - -Así hay preceptor que se empeña en contraer el arte (al cual no le es -posible producir la vida) y hace más largo el camino, más oscuro y -difícil por la brevedad (pues hágome oscuro cuando me empeño en ser -breve). - -Hay otros que exponen difusamente, y hácense viejos en los primeros -principios y nosotros con él. A éstos condenan los impacientes en el -trabajo, los de agudo ingenio; porque inculcan con muchas palabras lo -que ellos con pocas. En cambio, les alaban los morosos y rudos para -quienes nada está jamás bastante explanado. - -Y si alguno escribe con términos medios, es reprobado por todos, porque -no es bastante breve y porque es más breve de lo justo. Pues el medio -siempre es contrario a ambos extremos. Sólo es agradable a quienes -también se gozan en el término medio, que suelen ser muy pocos y -escogidos. - -Hay quien habla castiza y hermosamente; hay quien de un modo áspero y -rudo. Este escritor hurta los trabajos ajenos y los da como propios; -repite aqueste íntegras sus páginas, olvidado de sí. Uno lo mezcla y -lo confunde todo o lo deja como indiscutido e inédito. Tal otro es -parlador y sofista; aquél, severo y grave; éste, agudo inventor de -cosas nuevas; esotro, torpe repetidor de lo viejo. - -¿Qué más diré? ¿Quién agradó nunca a todos? Ni aun la misma -naturaleza. ¿Cuántos no se atrevieron a condenarla e increparla? - -Tanta es la variedad de las cosas, que parece que la naturaleza juega -en ellas y se regocija de nuestra confusión; que buscándola nosotros -por aquí y por allí, teniéndola delante de los ojos, se burla y nos -escarnece. - - * * * - -Y no sólo se advierte variedad en las cosas varias. - -Un mismo hombre, ora quiere, ora rechaza; ya afirma una cosa, ya -condena la misma; hoy profesa esto, de lo cual, si mañana le preguntas, -no se acuerda ya ni quiere acordarse; en esta parte del globo florecen -ahora las letras, y en el resto, hay omnímoda brutalidad; antes, aquí, -lo eran todo las espadas; ahora no tienes otra cosa que libros... Hoy -priva una opinión; Fulano es el doctor de moda: mañana será todo lo -contrario... - - * * * - -Ejemplos de todas estas cosas verás si lees las historias; no obstante, -traeré algún ejemplo singular. - -¿Qué hubo más esplendoroso en letras que el antiguo Egipto y la antigua -Grecia? ¿Qué más fértil en el culto de los dioses? ¿Dónde más ilustres -varones, ya en cualesquiera ciencias, ya en las armas? Hogaño no -hallarás allí museo ni ídolo ni varón insigne. - -En Italia, en Francia, en España ni por sueño había entonces un doctor; -lo eran todo Mercurio y Júpiter. Ahora siéntanse aquí las Musas, y -habita Cristo entre nosotros. - -Y en las Indias, ¿cuánta ignorancia no reinó hasta hoy? Ya, ahora, -hácense poco a poco más religiosos, más agudos, más doctos que nosotros -mismos.[9] - - * * * - -¿Qué hará, pues, en tanta variedad de cosas el desdichado mozo? ¿A -quién seguirá? ¿A quién creerá? ¿A éste?, ¿a aquél?, ¿a nadie? - -Si se entrega a un solo maestro, hácese esclavo, no docto; defiende sus -dogmas con cualquier razón y con cualquier injuria; hácese soldado que -sigue a un capitán dondequiera que le lleve, para combatir por él; no -se acuerda más de sí; perece con él. - -De esta suerte nuestro joven y su ciencia perecen cuando se adhieren -con pertinacia a un solo preceptor. Que no sin daño de la verdad puede -uno jurar sobre las palabras del maestro. - -Y si el estudiante cree igualmente a todos, o no cree a nadie, y -pretende escoger de todos lo que mejor le parezca, ello es más libre, -pero también más arduo, pues ¿qué juicio no necesita quien se empeña -en dirimir pleitos de todos? Cada cual tiene en su favor razones y -argumentos en apariencia inexpugnables, y no hay aquí sentencia posible -sin riesgo de la verdad y del propio juez. - -Así como en la guerra acontece que el arte y la astucia rinden a quien -es superior en armas, en caballos y bríos, así el que busca la verdad y -la defiende suele ser arrollado por el error, que es, no pocas veces, -más agudo y sutil. - -¡Cuántos, armados de su pérfida ciencia silogística, no tiñen de verdad -el error y hacen que lo falso parezca verdadero y lo verdadero falso, -hasta envolver en sus redes al más valeroso campeón! Y ¡cuántos, muy -doctos, caen vencidos en la ingeniosa trampa de un silogismo falaz, -más inermes aún que aquel ignorante que en presencia de un sofista -charlatán, empeñado en persuadirle de que lo blanco es negro, respondió -al sofista: Yo no entiendo tus razones porque no estudié como tú, pero -por nada del mundo me harás creer que son iguales lo blanco y lo negro; -arguye tú cuanto quisieres, que a mí me sobran para saber de colores -estos dos ojos de mi cara! - - * * * - -Recuerdo que, al iniciarme en la dialéctica cuando niño, fuí provocado -muchas veces a disputa por los más viejos en edad y en estudio para -probar mi ingenio; oprimido por engañosos silogismos, cuya falacia yo -no conocía, llegaba a conceder lo que encubiertamente era falso, mas -apenas advertía la falsedad manifiesta, sentíame atormentado en lo -más hondo de mi corazón y ya no descansaba hasta buscar y comprender -el defecto del cauteloso silogismo. ¿No hubiera sido harto mejor que -el tiempo que perdía en estas sutilezas lo empleara en conocer alguna -causa natural? - -Porque en semejantes lides parece más docto el que charla mejor, el que -construye con más ingenio un artificio con que vencer al contrincante -y forzarlo a que conceda lo más absurdo y falaz. ¡A este sistema, el -más pernicioso para el entendimiento y la lógica, llaman doctrina -científica! - -El propio Aristóteles, cuando escribió su aguda cavilatoria para -librarse de los engaños del silogismo, intentó en vano curar con -semejante tríaca los efectos de este veneno destructor; pues no hay -posible medicina para un veneno tan fuerte. - -¿Cuántos remedios, peores que la enfermedad, no se han inventado -posteriormente? ¿cuántas otras falacias, cuántos volúmenes de -suposiciones, de exponibles y reflexiones de todo jaez? Ya la -Dialéctica es otra Circe que convierte en asnos a sus amantes... - -A punto me vi, como ellos, de beber las aguas circeas, de embriagarme -en sus traidoras linfas y rebuznar perpetuamente sus silogismos -engañosos, en torno a esa puente de la Ciencia que bien merece llamarse -la puente de los asnos. Valiéronme entonces mi natural indócil y los -versos de Ulises para hurtarme al yugo de aquella hechicera dama y -renegar de sus figuras y embelecos en la artificiosa puente de los -silogismos. - -¡Qué de tormentos sufren los amadores de tan áspera Circe! ¡Qué -modos tienen de honrarla y defenderla, pugnando hogaño por mantener -y apuntalar su vieja y desmoronada habitación! ¡Hasta qué punto se -rebajan y pierden por amartelar y servir a su despótica Dueña! - -Así Eneas, el héroe, totalmente ajenado de sí mismo y olvidado de -Italia, adonde iba por el mandato de los dioses, vestido de lasciva -clámide, envilecido y muelle, entregado por amorosa esclavitud a -Dido, no atendía más que a ella, no curaba de otra cosa que de sus -torpes embelesos; hasta que avisado por Mercurio, abiertos los ojos, -avergonzado de sí mismo, conoció cuán miserablemente vivía, y, -despojado al punto de la mujer, vistióse del hombre y con ello se hizo -señor de gran parte del mundo, guiándole la virtud y acompañándole -la fortuna. ¡Pluguiera al cielo que yo fuese Mercurio para nuestros -Eneas cautivos, para que, abandonada la hechicera Dido, la Dialéctica -engañadora, volviesen los bríos y la voluntad a la robusta Naturaleza, -con lo que muchos se harían, por ventura, dueños y señores del orbe! - - * * * - -Pero dirás acaso: ¿Qué? ¿Quieres que, como si fueras un dios, aceptemos -por cosa confirmada sin razón y sin prueba, cuanto dijeres, y más en -detrimento de cosas que están todavía muy firmes y como en altares en -las casas de los doctos? - -No pretendo tal: sólo aspiro a abrir los ojos y el entendimiento a la -incauta juventud y desbrozar los caminos de la libre y ancha Naturaleza. - -¿Qué hará, si no, el mozo mal experimentado que al asomarse al -campo de la Ciencia sólo ve en él zarzas y ortigas, dificultades y -estorbos? Pues enredarse en ellas como les sucedió antes, a su vez, -a sus maestros y preceptores, y, a espaldas de la hermosa realidad, -amontonar libros y libros, hacer perpetuos los sofismas y eternas las -ignorancias... - - * * * - -Pero supón a un estudiante de buena fe que apoyado en su solo juicio, -luego de haber aprendido largo tiempo en las aulas y visto tanta -diversidad de opiniones, quiere sentenciar por sí mismo. ¿En cuánto -riesgo no se hallará? ¿Cómo encarecer las dificultades y peligros de -considerar escrupulosamente y sin ayuda ajena todas las cosas puestas -en pleito en las lides científicas? - -De aquí nueva multitud de errores, de divergencias y disputas, de -interpretaciones falsas, de retrocesos inútiles; de aquí el dar por -flamantes novedades las cosas más añejas y sabidas, el oponer un dogma -a otro dogma, el sentenciar contra los pareceres ajenos, más por ser -ajenos que por ser erróneos, y, finalmente, el alejarse cada vez más de -la directa inspección de los objetos en litigio. - -¿Qué hacer, pues, si los viciosos métodos de enseñanza, los abusos -de la autoridad, el ciego empeño de buscar la ciencia en los libros, -la tentación de convertir la especulación intelectual en granjería, -el triste espectáculo de las disputas ociosas, de las opiniones -apasionadas y hostiles, no se remedian con el solo y libre juicio -individual? - - - - -Conclusión. Los únicos criterios de la Ciencia: el experimento y la -crítica. - - -El que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las cosas -en sí mismas. - -Pero ¿ello es fácil? Nada tan penoso, nada tan ambiguo, nada tan lleno -de confusión e incertidumbre. - -Viste ya cuánta diversidad hay en las cosas, qué de mudanzas y -vaivenes; cuánto de inaccesible y amargo para el que aspira a la -Ciencia. ¿Qué no sucederá cuando pretendamos acercarnos a las cosas -mismas? - -Ni es posible, dados los límites en que se mueve el conocimiento -humano, la contemplación directa de las cosas. - -Con todo: hay dos medios subsidiarios que no suministran ciencia -perfecta, pero que, en suma, algo perciben y algo enseñan: son la -experiencia y el juicio. Pero no separados jamás, sino en íntimo -enlace y unión, como demostraré en otro libro. Los experimentos son -muchas veces falaces y siempre difíciles, y hasta cuando llegan a la -perfección nunca nos muestran más que los accidentes extrínsecos, jamás -las naturalezas de las cosas. El juicio recae sobre los resultados del -experimento, y por consiguiente no traspasa los límites de lo exterior, -y aun esto lo discierne de una manera incompleta, sin que sobre las -causas pueda pasar de una probable conjetura. Se dirá que nada de esto -es ciencia. Pues no hay otra. - -Ni aun tales medios subsidiarios pueden ser perfectos en un joven. -Pues, omitiendo las dificultades de toda experimentación para el hombre -más apto y maduro, ¿qué experiencia puede tener el mozo de pocos años -que empieza a cultivar las ciencias en el aula? - -Necesario es haber vivido mucho y haber experimentado no pocas cosas -para juzgar rectamente, y aun así, como decíamos al principio, pueden -estar mal trabados y disconformes los años y las experiencias. De esta -suerte, quien hoy opina esto, juzga mañana otra cosa y defiende ahora -lo que condenaba ayer. - -Nadie, antes de conocer el imán, el pez torpedo, el pez rémora, les -hubiese atribuído las virtudes que tienen. Decíamos ha poco que toda -atracción proviene del calor, de la sequedad, del miedo al vacío. ¿Qué -decir ahora de la electricidad? - -¿Habríase nunca imaginado que el veneno añadido al veneno lejos de -matar al hombre le serviría de tríaca? Ciertamente que no, pues, por -ventura, antes de experimentarlo afirmábase que lo que no hace uno lo -hacen dos, a pesar de haber demostrado lo contrario la atroz consorte -de Ausonio, que empeñada en matar a su marido lo más rápidamente -posible, mezcló mercurio al veneno que le tenía preparado, con lo cual -escapó Ausonio de la muerte. - -¿Quién hubiese creído tampoco que la cicuta añadida al vino matase más -prontamente, sobre todo a los temperamentos biliosos, y tantas otras -cosas que la experiencia acredita en contra de lo que parece racional? - - * * * - -Mucha experiencia, pues, hace al hombre docto y prudente. Así los -varones más ancianos son más duchos por razón de la experiencia que -tienen, y más a propósito que los jóvenes, para la gestión de los -negocios públicos, si les asiste a la par un juicio agudo y sazonado. - -Y para acrecentar ese tesoro de la experiencia, para conservarle al -través de los siglos, imaginaron los hombres la escritura, merced a la -cual todo lo que uno experimentó en su vida, lo aprenda otro después en -breve espacio. De esta suerte, las generaciones, las experiencias, los -hechos, las invenciones de cada época, se van eslabonando y acreciendo -sin cesar, por lo que, gráficamente, cada generación que surge a la -vida y a la ciencia se ha comparado a un niño jinete en el cuello de un -gigante. - -Utilísimo es para la ciencia y la vida ese caudal inmenso de -experiencia acumulado siglo tras siglo en las bibliotecas del mundo. -Pero (aun omitiendo que los libros, como todas las cosas humanas, -no son perennes, pues los consumen la guerra, el fuego, la incuria, -la novedad de otras opiniones y, finalmente, el tiempo y el olvido) -sucede que la sugestión de esa riqueza nos ofusca. ¿Cuántos siglos -necesitaríamos vivir para leer esas ingentes muchedumbres de libros? -¿Cuántos de ellos no mienten o disimulan la verdad? ¿Cuántos no se -escribieron por el único móvil de granjear la gloria o mendigar -opinión, cuando no por razones más miserables? ¿Cuántos, en todo caso, -son del todo accesibles a nuestro entendimiento? - -A fuerza de leer y releer, de poner en claro y en concierto nuestras -lecturas, se nos pasan los años más preciosos; vivimos entre montañas -de papel, sólo atentos a los hombres y a sus obras, de espaldas a la -viva Naturaleza. Así, muchas veces, por el afán de saberlo todo, nos -convertimos en necios... - - * * * - -Mas supongamos que los libros no mienten, que exponen con entera -verdad lo experimentado por sus autores. ¿Qué me aprovecha que otro -haya experimentado esto o aquello, si yo no experimento lo mismo? Ello -no engendrará en mí ciencia, sino fe. De aquí que el mayor número de -los escritores modernos sean más fieles que sabios, pues beben de -los libros lo que poseen sin experiencia ni juicio propios, sin otro -fundamento que lo que hallaron escrito, sin otra novedad que lo que -pueda deducirse de los supuestos tradicionales. - -Dada esta condición, quien pretenda saber algo ha de estudiar -perpetuamente, ha de leer todo lo que fué dicho por todos, y, en el -caso mejor, comprobar a cada paso, hasta el final de la vida, las -experiencias de las cosas con las experiencias de los libros. ¿Hay algo -más triste y miserable que ese linaje de vida? Linaje de muerte le -llamo yo. - -Por bien constituído que imaginemos a un mozo sometido a régimen -tan inhumano, por cabal que sea la salud de que goce, marchitaráse -prontamente, y consumidas las fuerzas corporales en el estudio, -afligido por numerosas y terribles dolencias, afectada la mente en su -sede principal, el cerebro, morirá sin haber apenas gozado de la vida -ni de la ciencia. - -Pero aunque por excepción se vea libre de tales pesadumbres, no le -faltará siquiera la oscura melancolía que acompaña a los excesos -mentales. Y ¿cómo ha de juzgar un melancólico de todas las cosas, -cuando para juzgar rectamente todo buen juez ha de carecer de toda -afección? - -Y aun suponiendo, que ya es suponer, horro y salvo a nuestro joven de -todo achaque y tristeza, ¿sabrá por eso alguna cosa? Nada ciertamente. - -Pues en él, como en las demás cosas de este mundo, hay continua -mudanza. Y la principal de todas es la edad. ¿Cuánto no se diferencia -el mozo del varón maduro y éste del anciano? ¿Qué diversidad no hay en -ellos de principio, de medio y de fin? El que ahora joven juzga esto y -lo cree verdadero, lo revoca y reprueba en la edad viril y torna acaso -a defenderlo en el crepúsculo de su vida. En otros casos acaece lo -contrario y nadie es, jamás, consecuente consigo mismo. - -Ni hay quien editando hogaño un libro valeroso pueda decir que mañana -no cantará la palinodia, ni quien, errando ayer, no confiese, si es -probo, que se engañó entonces. Y los que, por ignorancia o amor propio, -no hacen tal y defienden con pertinacia sus errores, causan un grave -daño a la verdad, tanto mayor cuanto más agudos sean sus ingenios. - -Tampoco hay nadie en el mundo que si, en vez de dar a las prensas -aceleradamente sus obras, las guarda por muchos años, deje de -corregirlas y enmendarlas uno y otro, aunque viviera cien. Y si -eternamente viviera, eternamente andaría quitando aquí, mudando allí, -rehaciendo acullá. - -¿De dónde tanta innovación, tanta variedad e inconstancia? - -Ciertamente, de la ignorancia humana. Pues, si supiéramos perfectamente -lo que una vez escribimos, nada habría de mudarse luego. - -¿En qué edad, pues, se juzga mejor? Dirás: en la ancianidad. Pero, más -racional parece en el tiempo en que todo está en vigor; en la vejez, -todo languidece y por eso se compara a la infancia; de donde la frase: -_Malditos los niños de cien años_. - - * * * - -Aparte estas mudanzas del cuerpo, impiden también el conocimiento de -la verdad las afecciones del ánimo. Lo dijimos ya arriba. El amor, -el odio, la envidia y lo demás que allí nombramos, se opone a que se -juzgue bien. - -Y ¿quién es tan equilibrado que no caiga en alguna de esas pasiones? -Mas si de todas ellas se viere libre, ¿no caerá en el amor propio? -Pues, ¿quién hay que no crea que dijo lo cierto, que halló el nudo de -la dificultad y que entiende muy bien las cosas? Omitiendo, finalmente, -que cada uno se estime más docto, más agudo, más perspicaz, más -prudente, más sabio que los demás. - -Nadie, dice el vulgo, es juez recto en causa propia. Y cada uno trata -su causa cuando afirma algo de palabra o por escrito. - -Nada, pues, sabemos. - - * * * - -Pero, supongamos (cosa imposible) que carece nuestro juez de tales -defectos. Aun así, no sabrá más en lo sucesivo, aunque se guíe por -la común sentencia de que perpetuamente nos hacemos más doctos, -pues sucede lo contrario a todos aquellos que se proponen conocer -perfectamente las cosas. - -Yo, antes que hubiese comenzado a considerarlas, parecíame que era más -culto. Pues lo que había recibido de mis preceptores, lo tenía por -sobradamente sabido y propio, estimando que el saber consiste en haber -visto, oído y retenido muchas cosas. - -Conforme a lo cual con revolver en el magín los conceptos ajenos -parecíame que lo sabía todo, y cada día me aficionaba más a este linaje -de ciencia. - -Mas, tan luego como me convertí a las cosas, abandonada en un todo la -fe primera (aquella fe con humos científicos), comencé a examinarlas, -como si nadie hubiese dicho jamás cosa alguna; y cuanto más me parecía -saber antes, otro tanto vi que ignoraba entonces, y a tal punto llegué -que hoy me parece que nada sé ni espero que pueda saberse; cuanto más -contemplo las cosas más dudo. - -Pues ¿cómo no dudar, si no puedo percibir ni conocer las naturalezas de -las cosas, fuentes de la verdadera ciencia? - -Harto fácil es ver el imán; pero ¿qué es el imán en sí? ¿por qué atrae -al hierro? Esto sería saber lo que es el imán si pudiéramos conocer las -cosas. Con todo, los que se dicen sabios responden que la atracción se -debe a una virtud oculta. Y a esto llaman saber, cuando verdaderamente -es ignorar. Pues ¿qué diferencia hallaré entre quien me dice que no -sabe por qué se hace una cosa y quien me afirma que se hace por una -oculta y misteriosa propiedad? - -Y si a la duda de la atracción del hierro se añaden estas otras -que aunque tuvieren satisfactoria respuesta provocarían nuevas -interrogaciones sin fin, ¿quién se resiste a la evidencia de nuestra -ignorancia? ¿Cómo tocado el hierro por el imán, de aquella parte de -la piedra que en su criadero miraba al Norte, se vuelve siempre al -Septentrión, y huye del lado contrario, merced a lo cual rodeamos -la tierra en pequeña nave y conocemos en medio del océano un punto -cualquiera con infalible certidumbre? ¿Cómo el imán no sólo atrae a un -solo anillo ni a una sola aguja, sino que difunde también la fuerza -transmitida por agujas y anillos a otros muchos hasta suspenderlos -todos en el aire? Y si, finalmente, se le unta con ajo, ¿por qué -languidece y pierde la fuerza de atraer? - -Este y otros innumerables ejemplos que podrían ponerse ¿no rinden los -bríos de la razón al más docto y experimentado de los hombres? - - * * * - -Así ¿qué hará nuestro juez, ese juez imaginario de las cosas, aunque -viva cien años en ancha y cabal plenitud? Experimentar algunas de esas -cosas; experimentarlas mal y juzgarlas peor. De ninguna de ellas sabrá -en absoluto nada. - -Pero aunque viese y estudiase muchas, no podría, sin embargo, -examinarlas todas, que sería el único medio de aprender a conocerlas. -A cada paso le asaltaría una duda: ¿habré experimentado bien? Y si -consulta a otros diversos autores sobre los mismos objetos en examen, -los hallará diversamente experimentados y traducidos: lo que uno dice -que probó, asegura otro que es imposible; una experiencia contradice a -otra experiencia. - -¿Cómo, pues, juzgará rectamente de lo oscuro y recóndito, de lo que en -modo alguno puede ser alcanzado por el sentido, quien no está cierto de -las cosas que al sentido se nos presentan y que por él han de conocerse? - -Y si, apartándonos de los doctos, nos arrimamos al vulgo, ¡cuánta -variedad, cuánta discordia, qué de ignorancia y confusión! - -Se me replicará que de los hombres rudos ha de esperarse menos que de -los letrados. Mas ¿no se dice comúnmente: _Voz del pueblo voz de Dios_? -Y en verdad que es difícil suponer que todo el pueblo se engañe y sólo -el filósofo tenga razón, principalmente en las cosas que estriban más -en la experiencia que en el juicio. En general ha de creerse al vulgo -en lo que se refiera a la agricultura, navegación, arte mercantil y -oficios mecánicos, según la profesión de cada cual, pues también es -dicho común que más vale el ignorante en su oficio que el sabio en el -ajeno. - -Con todo, si se ha de escoger entre la opinión del pueblo y la opinión -de los filósofos, se inclina el ánimo casi siempre a diputar por -verdadero lo que el docto afirma. Y aunque parece racional que los -que acierten sean pocos, también parece duro creer que se engañe tanta -muchedumbre allí donde uno solo dice que dice la verdad. - -Por otra parte, lo que es tenido y confirmado durante largo tiempo por -muchos parece que tiene mayor certidumbre que una novedad enseñada por -uno solo. Claro está que hay verdades que viven desconocidas luengos -años, pero también hay verdades harto conocidas que al cabo se hunden -en el descrédito. - -¿Qué decir de tu opinión nueva, filósofo novel, que luchas contra -el vulgo? ¿Es una verdad desconocida que ha de triunfar o es en el -fondo una antigualla que debe morir? Si dices lo primero, tú y yo -lo ignoramos. Y si respondes que tu opinión es una verdad añeja y -autorizada (por aquello de que _nada se dice que antes no se haya -dicho_) y me pruebas que ya otros hombres afirmaron antaño igual que -tú, exactamente lo mismo puede afirmar y probar el que defiende un -error, pues no hubo nunca opinión, por necia que fuere, que no hallase -en el mundo seguidores. - - * * * - -Todo esto pugna, al cabo, contra mí al querer probar que nada se sabe, -cuando hoy todo el mundo opina de diversa suerte. Pero, no obstante, -algo hay a mi favor en el fondo de ese optimismo universal. ¿No dicen -que la ciencia, para merecer tal nombre, ha de ser cierta, infalible -y perenne? Pues ¿qué juzgará de la certidumbre, infalibilidad y -permanencia del conocimiento científico el miserable anciano, por muy -experimentado que fuere, al cerrar las últimas páginas del libro de su -vida? - - - - -Resumen. - - -Quedan, a mi juicio, explanados los tres términos que hay que -distinguir en el problema del conocimiento: la cosa que ha de ser -conocida, el ente que conoce y el conocimiento mismo. Creo haber -mostrado la vanidad e impotencia de nuestro saber por razón de su -materia y la incapacidad de nuestras facultades cognoscitivas para -alcanzar algo que no sea exterior, mudable y limitado. - -_Ciencia_, se dijo, _es el conocimiento perfecto de la cosa_; ¿y de qué -cosa podemos presumir un conocimiento semejante? ¿Puede darse el nombre -de ciencia a un conocimiento cualquiera? Tanto valdría decir que todo -el mundo es sabio; el docto lo mismo que el ignorante, los hombres lo -mismo que los brutos. - -Y que la ciencia debe ser conocimiento perfecto nadie lo duda; la -incertidumbre está en que sea posible llegar a conocer perfectamente -alguna cosa. ¿En dónde y en quién hallar ese puro y perfecto -conocimiento? Lo ignoramos también, aunque lo más racional sea decir: -en nadie, en parte ninguna de este mundo. - -Lo dijimos ya: el perfecto conocimiento requiere un ente perfecto, -una perfecta adecuación del entendimiento a la cosa que se pretende -conocer. Esa perfección del ente, esa _comprehensión_ intelectual nunca -las vi. Si tú las viste, lector, escríbemelo. Y dime, también, si viste -algo perfecto y cabal en la Naturaleza... - - * * * - -Nada me parece necesario añadir en punto a nuestra definición de la -ciencia y a la demostración de la tesis: _que nada se sabe_. - -Si quieres más pruebas de esta cuestión, las hallarás copiosamente en -el proceso de mis obras, en todas las cuales me propuse, directa o -indirectamente, demostrar lo mismo. Por ahora, demos paz a la pluma y -reposo también al pensamiento, que ya este discurso creció harto más de -lo que yo deseaba. - -Viste, pues, lector, las dificultades que nos arrebatan la ciencia. -Sé que no te agradarán muchas de las cosas que aquí dije y sospecho -también que, al acabar la lectura, me reproches que no he demostrado -nada. - -A lo menos, dije lo que pienso con toda la llaneza, sinceridad y -rectitud que pude, ya que no quise cometer la misma falta que en los -demás condeno: la de probar mi tesis con razones traídas por la melena, -más oscuras y tal vez más dudosas que la cuestión. - -Es mi propósito fundar, en cuanto me sea posible, una ciencia segura y -fácil, basándola no en quimeras y ficciones, ajenas a la realidad de -las cosas, y útiles sólo para mostrar la sutileza y el ingenio de quien -escribe, sino en los métodos firmes y positivos que puedan conducir a -una concepción científica verdaderamente racional y elevada. - -No me faltaran a mí tampoco agudezas ni ingeniosas invenciones, -como al más pintado, si en tales artificios y arrequives hallara yo -contentamiento. Mas ¿qué deleite puede hallar un ánimo severo y libre, -que sienta la sed de la verdad, en esas ficciones, divorciadas de la -naturaleza, que antes engañan que instruyen y acaban por confundir lo -falso y lo verdadero? ¿Cómo llamarle ciencia a ese tejer y destejer -de sueños, de imposturas y delirios a esa invención de charlatanes y -prestidigitadores? - -Tú, lector, juzgarás de todo ello: lo que aquí te pareciere bien -recíbelo con amor; lo que aquí te disguste no lo rechaces con odio, -pues fuera cruel hacer daño a quien intenta fustigar errores. - -Examínate a ti mismo. Si algo sabes, enséñamelo. Te daré las gracias. - -Yo, en tanto, ciñéndome a examinar las cosas, propondré en otro libro -si es posible saber algo y de qué modo; esto es, cuál puede ser el -método que nos conduzca a la ciencia en cuanto lo permita la humana -fragilidad. - -Vale. - - * * * - -_Lo que se enseña no tiene más virtud que la que recibe de quien lo -enseña._ - - * * * - -QUID? - - - - -ÍNDICE - - - Páginas. - - DEDICATORIA. V - - FRANCISCO SÁNCHEZ, AL LECTOR. XI - - PRÓLOGO. XXIII - - Todo es cuestión de nombres. No hay - nombre acomodado. 9 - - La ciencia. 16 - - Juicios lógicos. 20 - - La demostración. 21 - - Poco valor de los silogismos. 25 - - ¿Qué es saber? 53 - - Elementos de la ciencia. 59 - - Casos prácticos. 64 - - Consecuencias. 68 - - Otra prueba de la ignorancia. 71 - - Etimologías. 77 - - Variedades humanas. 82 - - Cuestiones indecisas. 85 - - Otra causa de nuestra ignorancia. 89 - - Infortunio del hombre de letras. 101 - - El conocimiento y los sentidos. 103 - - Pobreza del sujeto cognoscente. 107 - - El conocimiento. 110 - - Medios internos del conocimiento. 129 - - De cómo la imperfección humana excluye - un conocimiento perfecto. 135 - - Nuevas dificultades para la - investigación de la Verdad. 149 - - Conclusión. Los únicos criterios - de la Ciencia: el experimento y - la crítica. 169 - - Resumen. 183 - - - - -NOTAS - - -[1] Un distinguido profesor del Mediodía de Francia, y buen amigo de -España, Mr. Henry Pierre Cazac, me ha proporcionado algunos datos -biográficos de gran novedad relativos a la persona de Francisco -Sánchez, y que rectifican ciertas fechas tenidas hasta ahora por -seguras. - -Consta en el libro de Astruc _Mémoires pour servir à l’histoire de la -Faculté de Médecine de Montpellier_ que Francisco Sánchez, español, -vino a estudiar medicina a Montpellier, y se inscribió por primera vez -en los registros de matrícula en 1573. Es imposible, por tanto, que en -esa fecha se hubiese graduado de doctor. Astruc añade que se graduó -en años sucesivos; pero no dice una palabra de su profesorado, y en -cambio advierte que Sánchez, terminada su carrera, pasó de Montpellier -a Tolosa, en cuya Universidad obtuvo una regencia o cargo de regente -_dont il s’acquitta avec beaucoup d’honneur_. - -La dedicatoria del _Carmen de Cometa_ (1578) está datada de Tolosa, -donde Sánchez enseñó filosofía veinticinco años, y medicina por espacio -de doce. - -Existe en la sala de Actos de la Universidad de Tolosa el retrato de -Francisco Sánchez con la siguiente inscripción, que rectifica la fecha -de su muerte admitida por todos los biógrafos, y que también admití -yo en la primera edición de este discurso. La inscripción dice así: -_«Franciscus Sanchez Lusitanus, antecesor regius saluberrimæ facultatis -medicinæ in alma Universitate tolosana, profesor. Obiit anno MDCXXIII -ætatis suæ LXX.--Quid? Liberalium artium cathedram prius occupaverat.»_ - -El _Quid?_ es muy significativo como divisa escéptica, y ninguna otra -tan apropiada para ponerse al pie de un retrato de nuestro filósofo. -El cambio de 1623 por 1636 se explica fácilmente por un trastrueque de -letras, que ha venido pasando de unos a otros escritores. - -Sánchez dirigió por espacio de treinta años el hospital de Santiago de -Tolosa, según la _Biographie Toulousaine_. - -Describiendo el retrato de Sánchez, conservado en Tolosa (donde -también está el de Raimundo Sabunde), me dice el Sr. Cazac que piensa -reproducirle al frente de su versión francesa de este discurso: _«Tête -longue avec une expression de finesse, qui n’exclut pas une certaine -bonhomie.»_ - -[2] Consta que existieron otros tres, citados en el _Diccionario_ de -Moreri: _Método Universal de las Ciencias_, en castellano: _Examen -Rerum, Tractatus de Anima_. Gran descubrimiento sería el de estos -libros, que quizá existan aún en algunas bibliotecas del Mediodía de -Francia. - -[3] No se saben solamente las cosas que se _demuestran_, sino también -las que se _intuyen_. No es el único ni siquiera el principal criterio -de verdad la _razón_; lo son también la _inteligencia_ o potencia -intuitiva del mundo exterior y la _conciencia_ o potencia intuitiva del -mundo interior; ellas, aparte de los sentidos. - -En este argumento apóyase gran parte del sofisma de los escépticos. - -Que _yo existo_, que _el mundo existe_, etc., no sólo no se demuestran, -sino que no admiten demostración, como ningún axioma ni del mundo -empírico ni del mundo ideal. Basta que el objeto se presente -debidamente a la facultad suficientemente dispuesta para que el -conocimiento se verifique: para saber que existe este libro, que lo -estás leyendo, caro lector, te basta tenerlo delante, sin que nadie te -lo demuestre. _Nota del Trad._ - -[4] Es decir, ya sé menos todavía en eso de andar por géneros próximos -y diferencias específicas... _N. del T._ - -[5] Aristóteles. - -[6] Aristóteles y sus discípulos. - -[7] No se sabe solamente lo que se prueba. Las más de las cosas las -sabemos por intuición. No podrás _probar_ que existe este libro que -estás leyendo, lector amable, pero sabes _ciertamente_ que existe por -que lo _intuyes_. Obsérvese que ahí estriba todo el sistema escéptico, -en ese falso concepto del valor de los criterios de verdad y de -certeza. _Nota del Trad._ - -[8] Recuérdese que _Barbara_ es una palabra bárbara con que los -escolásticos exagerados por amaneramiento y extremos de sutileza -expresaron uno de los modos del silogismo. - -[9] Pronto se dejó sentir nuestro colosal esfuerzo colonizador en -América.--(_N. del T._) - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. 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If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Que nada se sabe</p> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Francisco Sánchez</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Commentator: Marcelino Menéndez y Pelayo</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: July 28, 2021 [eBook #65937]</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> - -<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net. (This file was produced from images generously made available by Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)</div> - -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> - <p><a href="#Notas">Notas</a></p> - <h1 class="faux">Que nada se sabe</h1> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li> - - <li>La ortografía del texto original ha sido respetada pero se han - puesto tildes a las mayúsculas que las necesitaban.</li> - - <li>Las notas a pie de página han sido renumeradas y ubicadas al final - del libro.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 24em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_ii">p. ii</span></p> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - src="images/i001.jpg" - style="width: 22em; height: auto;" - alt="Primera página de la portada" /> - </div> - <p class="caption">BIBLIOTECA RENACIMIENTO<br /> - <span class="smcap">Colección</span> GIL-BLAS,<br /> - <span class="smcap">dirigida por Don Ricardo León,<br /> - de la Real Academia Española</span><br /> - CLÁSICOS ESPAÑOLES</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - src="images/i002.jpg" - style="width: 22em; height: auto;" - alt="Segunda página de la portada" /> - </div> - <p class="caption">QVE NADA SE SABE<br /> - <i>POR EL</i><br /> - DOCTOR FRANCISCO SÁNCHEZ<br /> - <i>MÉDICO Y FILÓSOFO</i><br /> - <i>PRIMERA TRADVCCIÓN<br /> - EN LENGVA CASTELLANA</i><br /> - Con un prólogo de MENÉNDEZ Y PELAYO.</p> - <p class="caption">GIL-BLAS<br /> - RENACIMIENTO</p> -</div> - - -<div class="chapter pt6" id="Ch01"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p> - <h2 class="centro lh150 ws1"><i>DEDICATORIA</i></h2> - <p class="centra fs110 lh150 ws1 mt05"><i>Al integérrimo y elocuentísimo varón<br /> - Diego de Castro<br /> - saluda<br /> - Francisco Sánchez.</i></p> - <hr class="chap" /> -</div> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/i006.jpg" - style="width: 28em; height: auto;" - alt="Ilustración ornamental" /> - </div> -</div> - -<div class="cursiva mt8"> - -<div class="drop"> - <img src="images/cap_r.jpg" - style="width: auto; height: 5.5em;" - alt="R" /> -</div> - -<p class="icap"><span class="versal">Revolviendo</span> ha poco mi -biblioteca, Diego carísimo, di casualmente con este opúsculo que -compuse y trabajé durante siete años con propósito de no darle a luz -antes del noveno; mas ahora que le hallé, hecho una criba de la polilla -y los ratones, comprendí que si aún espero dos años en dar sus pobres -folios a la estampa es de temer que más sirvieran para darles al fuego -que para darles a luz.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span>Ello me indujo a -abortar el librejo a toda prisa, juzgando ambiciosamente que así como -los partos humanos no sólo son viables al noveno mes, sino también -cuando alcanzan el séptimo, de igual suerte podrá sobrevivir, con toda -su ruindad, este aborto sietemesino.</p> - -<p>¿Cuántos meses, cuántos años, cuántos siglos serían menester -para que en los partos del ingenio nada hubiese al cabo que mudar -ni corregir? ¿Y no vemos con frecuencia cómo los autores, al pulir -y rehacer sus obras para acrecentar su virtud, las deforman en -vez de reformarlas y enervan o aniquilan sus bríos en lugar de -robustecerlos?</p> - -<p>Salga, pues, al campo este engendro de mi mocedad, libre y silvestre -como las palomas torcaces, llano y rudo como el soldado que va a -combatir contra el error. Y si acontece que le acorralan sus enemigos, -encárgale que se acoja a tus reales, amantísimo Castro, que en parte -alguna se hallará más seguro.</p> - -<p>Y para que nadie le corte el paso antes que tú le conozcas, -te lo envío con estas letras para que lo más pronto posible te -salude en mi nombre, confirme<span class="pagenum" id="Page_ix">p. -ix</span> nuestra amistad y, sellado con tus armas, salga a campaña -desembarazadamente.</p> - -<p>Recíbelo, pues, con alegre rostro e inscríbele en el número de los -tuyos y a mí con él.—<span class="smcap">Vale.</span></p> - -<p class="mt2">En Tolosa de Francia, año de 1581.</p> - -</div> - - -<div class="chapter pt6" id="Ch02"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span></p> - <h2 class="centro lh200 ws1"><i>FRANCISCO SÁNCHEZ<br /> - <small>AL LECTOR</small></i></h2> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/i012.jpg" - style="width: 28em; height: auto;" - alt="Ilustración ornamental" /> - </div> -</div> - -<div class="cursiva mt8"> - -<div class="drop"> - <img src="images/cap_i.jpg" - style="width: auto; height: 5.5em;" - alt="I" /> -</div> - -<p class="icap2"><span class="versal">Innato</span> es en los -hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida la ciencia. Y no -ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del mayor número de los -hombres.</p> - -<p>Desde mi primera edad, aficionado a la contemplación de la -naturaleza, dime a inquirir minuciosamente sus secretos; y aunque, -al principio, mi espíritu, ávido de saber, solía contentarse con -el primer manjar que de cualquier modo se le ofreciese, no se -pasó mucho tiempo sin que, presa de grave<span class="pagenum" -id="Page_xiv">p. xiv</span> indigestión, comenzase a arrojar de sí tan -mal acondicionados alimentos.</p> - -<p>Comencé entonces a buscar algo que mi mente pudiera asimilar y -comprender con facilidad y exactitud, algo en cuyo conocimiento y -certidumbre hallara luz y reposo, mas nada encontré que a llenar -viniera mis deseos. Revolví los libros de los autores pasados; -interrogué a los presentes: cada cual decía una cosa distinta; ninguno -me dió respuesta que del todo me satisficiese.</p> - -<p>Confieso que en algunos avizoré y entreví ciertas sombras y dejos -de verdad, pero ni uno solo me mostró, sincera y definitivamente, la -verdad absoluta ni aun me dió un juicio recto y desinteresado de las -cosas.</p> - -<p>Entonces me encerré dentro de mí mismo y poniéndolo todo en duda -y en suspenso, como si nadie en el mundo hubiese dicho nada jamás, -empecé a examinar las cosas en sí mismas, que es la única manera de -saber algo. Me remonté hasta los primeros principios, tomándolos como -punto de partida para la contemplación de los demás, y cuanto<span -class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span> más pensaba más dudaba: nunca -pude adquirir conocimiento perfecto.</p> - -<p>Sentí una profunda desesperación, mas persistí no obstante en mi -ardentísima y angustiosa empresa intelectual. Volví a acercarme a los -Maestros, y de nuevo les pregunté con ansia por la Verdad codiciada. ¿Y -qué me contestaron? Cada uno de ellos se había construído una ciencia -con sus propias imaginaciones o con las ajenas; de las cuales deducían -nuevas consecuencias, más fantásticas aún, y de esas consecuencias -artificiales inferían otras y otras, fuera ya de las cosas mismas, -hasta dar en un laberinto de palabras sin fundamento alguno de verdad. -Así, en vez de una recta interpretación de los fenómenos naturales, -se nos ofrece un tejido de fábulas y ficciones que ningún cabal -entendimiento puede recibir. Pues ¿quién ha de comprender lo que no -existe: los átomos de Demócrito, las ideas de Platón, los números -de Pitágoras, los universales de Aristóteles, el intelecto agente y -todas esas famosas invenciones que nada enseñan ni descubren si no es -el ingenio de sus artífices? Con este cebo pescan a los ignorantes, -prometiéndoles que les revelarán<span class="pagenum" id="Page_xvi">p. -xvi</span> los recónditos misterios de la Naturaleza y los infelices lo -creen a pie juntillo, tornan a resobar los libros de Aristóteles, los -leen y releen, los aprenden de memoria, y es tenido por más docto el -que mejor sabe recitar el texto aristotélico.</p> - -<p>¡Qué profunda miseria! Si tú, pensador de buena fe les niegas -algo a los tales de lo que allí se contiene, te llamarán blasfemo; -si arguyeres en contra te apellidarán sofista. ¿Qué les vas a hacer? -Engáñense en buen hora los que quieran vivir engañados. Yo no escribo -para tales hombres; ni aun pretendo que lean mis escritos. No faltará, -sin embargo, alguno de ellos que leyéndome y no entendiéndome (¿qué -sabe el asno del son de la lira?) pretenda hincarme el diente venenoso; -pero le sucederá lo que a la sierpe de la fábula esópica, que quiso -morder la lima y sólo consiguió quebrarse los dientes en el acero. Yo -aspiro a que me lean y entiendan los fuertes y juiciosos varones que no -están acostumbrados a jurar sobre las palabras de ningún maestro, sino -a examinar las cosas por sí mismos, a acometer con su propia espada -todas las cuestiones, guiados por el sentido y la razón.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_xvii">p. xvii</span>Tú, lector -desconocido, quien quiera que seas, con tal que tuvieres la misma -condición y temperamento que yo; tú, que dudaste muchas veces, en lo -secreto de tu alma, sobre la naturaleza de las cosas, ven ahora a dudar -conmigo; ejercitemos juntos nuestros ingenios y facultades; séanos a -los dos libre el juicio, pero no irracional.</p> - -<p>Pero dirásme, por ventura: —¿Qué novedades puedes tú traerme -después de tantos y tan ilustres sabios como en el mundo han sido? ¿Te -estaba esperando a ti solo la Verdad? —Ciertamente que no —respondo al -punto—. Pero ¿acaso la Verdad les había esperado antes a ellos? Porque -Aristóteles haya escrito, ¿me he de callar yo? ¿Por ventura Aristóteles -llegó a apurar en sus obras toda la potestad de la naturaleza y abrazó -todo el ámbito de los seres? No creeré tal aunque me lo prediquen -algunos doctísimos modernos exageradamente adictos al Estagirita a -quien llaman dictador de la Verdad y árbitro de la Ciencia. No: en la -república de la ciencia, en el tribunal de la verdad, nadie juzga, -nadie tiene imperio sino la verdad misma.</p> - -<p>Yo tengo a Aristóteles por uno de los más agudos<span -class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> y sutiles -escudriñadores de la Naturaleza que hubo en el mundo; yo le admiro como -a uno de los más fértiles ingenios que ha producido la especie humana: -pero afirmo, también, que ignoró muchas cosas, que en otras muchas -anduvo vacilante, que enseñó no pocas con grande confusión, que algunas -cuestiones las trató sucintamente o las pasó y huyó por no atreverse a -afrontarlas. Hombre era al fin, lo mismo que nosotros, y hartas veces, -contra su voluntad, hubo de dar muestras de la limitación y flaqueza -humanas. Tal es nuestro juicio. Suceden tiempos a tiempos, y con los -tiempos se mudan las opiniones de los hombres; cada cual cree haber -encontrado la verdad, siendo así que de mil que opinan variamente sólo -uno puede estar en lo cierto. Mas dentro de esa fatal y común flaqueza, -todos los hombres deben ejercitar sus facultades y, sin curar de -opiniones ajenas, aun a costa de errores y caídas, investigar las cosas -por sí mismos.</p> - -<p>Séame, pues, lícito, como a todos los demás, y con ellos o sin -ellos, hacer la misma indagación. Quizá encuentre, al apartarme de -las antiguas autoridades, un destello de la verdad que busco. Y<span -class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span> no te admire, lector, que -después de tantos y tan ilustres varones venga yo, tan humilde, a mover -de nuevo esta roca, pues no sería la primera vez que un ratoncillo -rompiese los lazos que sujetaban al león; más fácilmente cobran la -presa muchos perros que uno solo.</p> - -<p>Y no por eso te prometo la verdad, pues yo la ignoro lo mismo que -todas las demás cosas; únicamente prometo inquirirla en cuanto me sea -posible, para ver si sacándola de las cavernas en que suele estar -encerrada puedes tú perseguirla en campo raso y abierto. Ni tampoco -tengas tú muchas esperanzas de alcanzarla nunca ni, menos, de poseerla; -conténtate, como yo, con perseguirla. Este es mi fin, este es mi -propósito, este debe ser también el tuyo.</p> - -<p>Empezando, pues, por los principios de las cosas, vamos a examinar -los fundamentos más graves de la Filosofía, los que pusieron por base a -sus doctrinas los más insignes pensadores. Pero no me detendré mucho en -cuestiones particulares, porque quiero llegar pronto a exponer aquellas -nociones filosóficas que sirven de cimiento a la Medicina, de<span -class="pagenum" id="Page_xx">p. xx</span> cuyo arte soy profesor. Si -quisiera recorrer todo el campo vastísimo de la Ciencia, la vida no me -bastara.</p> - -<p>Ni esperes de mí compuesta y atildada expresión. Si me pusiera a -escoger las palabras y a usar de giros elegantes, la Verdad se me -escaparía de entre las manos. Si buscas elocuencia, pídesela a Cicerón, -cuyo era este oficio: yo hablaré con suficiente hermosura si hablare -con suficiente verdad. Quédense las bellas palabras para los poetas, -los cortesanos, los amantes, las meretrices, los rufianes, aduladores, -parásitos y gentes de esa laya, que tanto se precian de hablar bien. A -la Ciencia le basta siempre, porque es lo único necesario, la propiedad -del lenguaje.</p> - -<p>Tampoco me pidas autoridades ni falsos acatamientos a la opinión -ajena, porque ello más bien sería indicio de ánimo servil e indocto -que de un espíritu libre y amante de la verdad. Yo sólo seguiré -con la razón a sola la naturaleza. La autoridad manda creer; la -razón demuestra las cosas; aquélla es apta para la fe; ésta para la -ciencia.</p> - -<p>Y quiera Dios que con el mismo ánimo que yo,<span class="pagenum" -id="Page_xxi">p. xxi</span> sincero y vigilante, escribo estos -renglones, los recibas tú, vigilante y sincero, y los juzgues con mente -sana y libre, rechazando con firmes razones aquello que te parezca -falso (cosa para mí agradable por ser tan propia de un filósofo) y -sin necesidad de injurias (cosas, al fin, de mujerzuelas, indignas -de un filósofo y para mí, por tal, muy desagradables), aprobando y -confirmando, últimamente, aquello que te parezca verdadero.</p> - -<p>Lo cual aguardo que hagas, en espera de futuras y más provechosas -investigaciones.—<span class="smcap">Vale.</span></p> - - -<p class="lh100 mt2"><small>En Tolosa, en las calendas de enero, año de -la Redención mil y quinientos setenta y seis.</small></p> - -</div> - - -<div class="chapter pt6" id="Ch03"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. xxiii</span></p> - <h2 class="centro lh150 ws1"><i>PRÓLOGO</i></h2> - <p class="centra fs110 lh150 ws1"><i>de<br /> - MENÉNDEZ Y PELAYO</i></p> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_xxv">p. xxv</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/i024.jpg" - style="width: 28em; height: auto;" - alt="Ilustración ornamental" /> - </div> -</div> - -<div class="cursiva mt8"> - -<div class="drop"> - <img src="images/cap_d.jpg" - style="width: auto; height: 5.5em;" - alt="D" /> -</div> - -<p class="icap"><span class="antiqua"><span class="versal">De</span> -multum nobili et prima, universali scientia quod nihil scitur</span>, -fué publicado por primera vez, que yo sepa, en 1581, pero escrito -en 1576, como del prólogo y de la dedicatoria a Diego de Castro se -infiere. Del autor de este libro singularísimo pocas noticias tengo, -fuera de las que ya consignó su primer biógrafo y discípulo, Ramón -Delasse, al frente de la colección de las obras médicas y filosóficas -de Sánchez, que se imprimieron juntas en Tolosa de Francia en -1636, noticias que luego, con poca variedad, reprodujeron Nicolás -Antonio<span class="pagenum" id="Page_xxvi">p. xxvi</span> en su <span -class="antiqua">Bibliotheca Hispana Nova</span>, Bayle en su famoso -<span class="antiqua">Diccionario</span>, y Barbosa Machado en su <span -class="antiqua">Biblioteca Lusitana</span>. Dícese, ignoramos con qué -fundamento, que era de origen judío, y podemos afirmar que nació por -los años de 1552; su patria fué, según unos, la ciudad de Tuy; según -otros, la de Braga o algún pueblo de su archidiócesis, en tiempos en -que distaba mucho de estar consumada la funesta escisión moral de la -Península, y en que todavía el metropolitano Bracarense disputaba a -Toledo y a Tarragona la primacía de las Españas. Por motivos que no se -indican, pero que algo tendrían que ver con su condición de cristiano -nuevo, el médico Antonio Sánchez, padre de nuestro filósofo, hubo de -trasladarse a Francia y establecerse en Burdeos, donde ejerció su -profesión con mucho crédito y donde era grande el concurso de españoles -y duraba aún la fama del insigne humanista valenciano Juan Gélida, -llamado por Luis Vives <span class="antiqua">alter nostri temporis -Aristoteles</span>. Comenzó Francisco Sánchez sus estudios en Francia -y los continuó en Italia, haciendo larga residencia en Roma. Pero el -campo principal de sus triunfos fué la escuela médica de Montpellier, -en la cual se graduó de doctor en 1573, y después de haber sido -ayudante del famoso médico Huchet, obtuvo en brillantes oposiciones, a -los<span class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span> veinticuatro -años de edad, una de las principales cátedras de aquel gimnasio, la -cual desempeñó por espacio de once años. Las guerras civiles llamadas -de religión y los tumultos del tiempo de la Liga le hicieron abandonar -aquel quieto asilo de la ciencia, refugiándose en Tolosa, donde vivió -el resto de sus días, ocupado en la práctica de la medicina, que le -granjeó estimados honores. Murió en 1623, a los setenta años de edad.<a -id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a> Sus hijos, -Dionisio y Guillermo Sánchez, hicieron imprimir<span class="pagenum" -id="Page_xxviii">p. xxviii</span> en 1636 la edición general de sus -obras, que comprende gran número de tratados de medicina, entre los -cuales descuellan los tres libros <span class="antiqua">De Morbis -internis</span>, los dos de <span class="antiqua">De Febribus et earum -synptomatibus</span>, y la <span class="antiqua">Summa Anatomica</span> -en cuatro libros, sin hacer méritos de muchos comentarios a Galeno y de -una <span class="antiqua">Censura de las Obras de Hipócrates</span>. -Los libros de filosofía no son más que cuatro y muy breves;<a -id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> tres -de ellos comentarios o más<span class="pagenum" id="Page_xxix">p. -xxix</span> bien observaciones escépticas sobre algunos tratados -aristotélicos como el de <span class="antiqua">De divinatione per -somnium</span> y la <span class="antiqua">Phisiognomia</span> (este -último tenido hoy por apócrifo). El cuarto y el más importante de -todos es el <span class="antiqua">Quod nihil scitur</span>, obra -que, a pesar de tener muy pocas páginas y estar escrita con rapidez, -ligereza y gracia de estilo que ciertamente convidan a su lectura, -ha sido hasta el presente mucho más citada que leída. El título -paradójico que su autor la dió ha extraviado a la mayor parte de los -críticos, induciéndoles a creer que se trataba de una declamación -contra las ciencias, semejante a la de Cornelio Agripa. Nada más lejano -de la mente de Sánchez que imitar el mal ejemplo de aquel charlatán -filosófico. Sánchez, hombre de ciencia positiva, médico de los más -famosos de su tiempo, matemático y astrónomo que no dudó medir sus -fuerzas con el mismo Cristóbal Clavio, no iba a perder su tiempo en -un vano ejercicio retórico. Su escepticismo no podía ser más que -propedéutico; si atacaba la ciencia de su siglo, era para preparar -los caminos a una concepción científica que él tenía por más racional -y elevada. Es cierto que de su sistema no nos queda más que la parte -negativa o destructiva, pero el autor anuncia constantemente que -dará luego una parte positiva, y que el actual opúsculo sólo puede -considerarse<span class="pagenum" id="Page_xxx">p. xxx</span> como -introducción o trabajo previo. Dondequiera anuncia su formal propósito -de intentar la reconstrucción de la ciencia, basándola no en quimeras -y ficciones, sino en la propia realidad de las cosas, huyendo de -imposturas, sueños, delirios y prestidigitaciones filosóficas. Su -empeño es no menor que lo fué luego el de Descartes. Rehacer totalmente -la síntesis científica, mostrando: primero, si es posible saber alguna -cosa, y segundo, cuál puede ser el método que nos lleve a esta ciencia -segura y novísima.</p> - -<p>... Las palabras con que Francisco Sánchez en 1576 nos declara que -después de haber pasado por la filosofía de las escuelas, y por un -período en que le invadió lo que Kant llama <span class="antiqua">el -tedio de pensar</span>, buscó una tabla a que asirse en el naufragio de -todas las tesis dogmáticas, y se encerró dentro de su propia conciencia -y empezó a dudar de todo, hasta de los primeros principios, son punto -por punto las mismas con que Descartes había de encabezar en 1637 su -<span class="antiqua">Discurso sobre el método</span>. Y ved, lectores, -cómo cada día resulta más evidente que el cartesianismo se formó en -gran parte con despojos de la filosofía española: tomando de Sánchez la -duda metódica y el replegarse en propia conciencia; tomando de Gómez -Pereira el razonamiento inicial que con nombre<span class="pagenum" -id="Page_xxxi">p. xxxi</span> de silogismo o entimema no es más que -la afirmación espontánea del hecho primitivo de conciencia, base del -método psicológico.</p> - -<p>No esperéis de mí, ni cabe en los límites de este discurso, que -ya va adquiriendo desusadas proporciones, un análisis completo del -libro de Sánchez. Muy corto es, pero no hay en él palabra perdida; -para mostrar toda su originalidad, habría que pesarlas una tras otra. -Además, este trabajo ha sido ya brillantemente realizado en una tesis -alemana, a la cual me remito para todos los desarrollos que aquí se -echen de menos. A mi propósito baste indicar aquellos puntos cardinales -que, separando a Sánchez del escepticismo vulgar, lo convierten en -verdadero precursor del cristianismo positivista. Otros pensadores, -especialmente españoles y también italianos, le habían precedido en -sus violentos ataques contra el principio de la autoridad escolástica, -en sus valientes afirmaciones de la autonomía científica y de los -fueros del propio pensar, en su guerra contra Aristóteles, y aun si se -quiere en su anticipado cartesianismo. Pero la originalidad de Sánchez -consiste en ser un escéptico empedernido en cuanto a toda realidad -metafísica superior al mundo de los fenómenos, y un fogoso creyente -en los resultados de la ciencia experimental,<span class="pagenum" -id="Page_xxxii">p. xxxii</span> como no podía menos de serlo un tan -célebre anatómico como él, que, según refiere su biógrafo, había -formado una especie de sociedad secreta para hacer la disección de -los cadáveres del hospital de Tolosa. Un tan aventajado discípulo y -émulo de Vesalio, de Servet, de Realdo Colombo y de Fallopio, no podía -profesar, en cuanto a las ciencias naturales, aquella manera de grosero -y plebeyo escepticismo que tanto ofende en las paradojas de Cornelio -Agripa. Tenía que ser un escéptico empírico, como lo fueron los -médicos alejandrinos sucesores de Enesidemo, como lo fué, por ejemplo, -Menodoto, el adversario de Galeno.</p> - -<p>A primera vista, nada más radical que las primeras afirmaciones -de Sánchez: ni siquiera está seguro de que no sabe nada; se limita a -conjeturarlo vehementemente de sí mismo y de los demás. No podemos -conocer la naturaleza de ninguna cosa.</p> - -<p>Y si no la conocemos, ¿cómo ha de ser posible la demostración? -Y si no podemos demostrar nada, ¿cómo nos atrevemos a definirlo? -¿Cómo tenemos la audacia de poner nombres a las cosas que ignoramos? -Cuando se define el hombre «animal racional mortal», ¿qué quiere -decir <span class="antiqua">animal</span>, qué quiere decir -<span class="antiqua">racional</span>, qué quiere decir <span -class="antiqua">mortal</span>? No se puede salir del paso como -no fuera definiendo<span class="pagenum" id="Page_xxxiii">p. -xxxiii</span> por géneros y diferencias superiores, hasta llegar -al Ente último, que nadie sabe lo que significa, pero que ya no -se define, porque no tiene género superior. Ente, sustancia, -cuerpo, viviente, animal, hombre... palabras y palabras. ¿Qué -quiere decir <span class="antiqua">cualidad</span>, qué <span -class="antiqua">naturaleza</span>, <span class="antiqua">alma</span>, -<span class="antiqua">vida</span>? Cada filósofo entiende estos -términos a su modo, y los hace servir a su propósito. Y si queremos -guiarnos por el uso vulgar, tampoco encontramos uniformidad ni -concordia.</p> - -<p>Sánchez es, por consiguiente, un nominalista acérrimo, para quien -las palabras no son más que signos de sensaciones. Pero ¿hemos de creer -que por eso no tenga un concepto de la ciencia? Sí que le tiene, y -es cardinal en su filosofía; pero antes de llegar a él, empieza por -analizar y rechazar el de Aristóteles: <span class="antiqua">scientia -est habitus per demostrationem acquisitus</span>. «Es definir lo -obscuro por lo más obscuro (dice nuestro filósofo); todavía entiendo -menos lo que es el hábito que lo que es la ciencia. Y volveremos a -enredarnos en la serie de los predicamentos, para venir a parar en -el consabido Ente. Y ¿qué son los predicamentos? Una serie larga de -palabras inventadas para que los lógicos disputen eternamente sobre -su orden, sobre su número, sobre sus diferencias y propiedades, -sepultándose a sí propios y a los míseros<span class="pagenum" -id="Page_xxxiv">p. xxxiv</span> oyentes en un caos profundísimo -de inepcias, de que está llena la misma lógica de Aristóteles, y -mucho más las dialécticas posteriores. A esto se añade la ficción -aristotélica de los universales, no menos vacía que la de las ideas -platónicas; y esa nueva quimera del entendimiento agente, abstrayente -e iluminante, que más bien llamaríamos obscureciente. Así se forma -todo ese laberinto de disputas eternas sobre los términos equívocos, -unívocos, análogos, denominativos, de primera intención, de segunda -intención, categoremáticos, sincategoremáticos y otras innumerables -denominaciones. ¡Y a esto llamamos ciencia! En vez de perfeccionar -el entendimiento, educamos generaciones de insensatos; en vez de -investigar las causas de los fenómenos naturales, las inventamos, y -el que las multiplica más y las hace más obscuras pasa por más sabio; -una ficción resuelve otra ficción, y un clavo impele otro clavo. Más -que ejercicio de filósofos, parece escamoteo de prestidigitadores o -nigromantes.»</p> - -<p>«¿Y cómo hemos de creer (prosigue Sánchez) que la demostración -pueda fundarse en el silogismo? Me dirás, ¡oh escolástico!, que soy -blasfemo, y que merezco ser apedreado. Tú sí que mereces palos, por -dejarte engañar con tales trampantojos. Anda, pruébame que el<span -class="pagenum" id="Page_xxxv">p. xxxv</span> hombre es un Ente. -Y empezáis a discurrir de este modo: «el hombre es sustancia, la -sustancia es Ente; luego el hombre es Ente». Y yo dudo de lo primero -y dudo de lo segundo, y por tanto dudo de la conclusión. Y tú sigues -probando: «el hombre es cuerpo, el cuerpo es sustancia; luego el hombre -es sustancia». Y yo dudo de la mayor y de la menor. Y tú continúas: -«el hombre es viviente, el viviente es cuerpo; luego el hombre es -cuerpo». Y como prosigo en mis dudas, me lanzas este otro silogismo: -«el hombre es animal, el animal es viviente; luego el hombre es -viviente». ¡Dios mío, qué fárrago para probar que el hombre es un Ente! -La prueba es más obscura que la cuestión. Y a todo esto continuamos -ignorando lo que es Ente, lo que es sustancia, lo que es vida, lo que -es animal y lo que es hombre. ¿Qué has adelantado con tus silogismos? -Tan dudosa has dejado la demostración como estaba al principio, y -aún recelo que ese Ente de que hablas haya quedado tan en el aire, -que nos aplaste a ti y a mí en su caída. ¿Para qué quieres engañarte -y engañarme con esas concatenaciones de términos verbales? Confiesa -como yo que no sabemos una palabra. Todos esos grados intermedios no -sirven más que para confundir la mente y disimular la ignorancia. Casi -todo eso que llamáis Metafísica se reduce a puras definiciones<span -class="pagenum" id="Page_xxxvi">p. xxxvi</span> nominales. Ignorando -las partes se ignora el todo, y la verdad es que no sabemos ni el todo -ni las partes. Pero yo tengo la ventaja de confesar mi ignorancia, como -los escépticos, académicos y pirrónicos, y como aquel sapientísimo y -excelente varón llamado Sócrates, si bien éste, a mi entender, afirmó -demasiado cuando dijo que no sabía nada, puesto que en rigor ignoraba -esto lo mismo que todo lo demás. Sin duda por eso no escribió nunca una -letra, y yo, mirándolo bien, debía seguir su ejemplo, pues ¿qué cosa -podré decir que esté libre de error o falsedad? Todas las cosas humanas -me parecen sospechosas, empezando por estas mismas que voy escribiendo. -Pero no me callaré, sino que diré libremente que creo o sospecho que -no sé nada, para que tú, ¡oh lector!, no te fatigues en vano esperando -que algún día vas a obtener la verdad; y si después de haberte enseñado -esto llego a descubrir algo de lo que la naturaleza nos encubre, ni aun -de este descubrimiento me cuidaré mucho, porque al fin todo es vanidad, -como dijo el hombre más sabio de este mundo.»</p> - -<p>En suma, que la ciencia, suponiendo que en algún modo sea posible, -no se obtendrá nunca ni por método deductivo ni por demostración. La -demostración es un sueño de Aristóteles, tan sueño como la República -de<span class="pagenum" id="Page_xxxvii">p. xxxvii</span> Platón. No -existe ni es posible demostración alguna. El silogismo no ha servido -para fundar ninguna ciencia, sino para echarlas a perder y confundirlas -a todas. Sirve sólo para apartar los hombres de la contemplación -de la realidad, y burlarlos e iludirlos con sombras y apariencias -engañosas.</p> - -<p>En resolución, Francisco Sánchez declara que de Aristóteles y de -sus discípulos nunca sacó su espíritu más positiva ventaja que la de -moverle con sus contradicciones y dificultades a «huir de ellos y a -refugiarse en la realidad de las cosas» <span class="antiqua">(ad -quamlibet rem contemplandam me accinxi... iis dimissis ad res confugi, -inde iudicium petiturus).</span> «La ciencia no está en los libros, -sino en las cosas. El que me muestra alguna con el dedo no produce en -mí la visión, sino que ejercita la potencia visual para que se reduzca -a acto.»</p> - -<p>Gran necedad le parece a nuestro escéptico el suponer que la -demostración puede tener fuerza necesaria como derivada de principios -eternos e inviolables, cuando en primer lugar es dudoso que tales -principios existan, y si existen, son enteramente incógnitos para -nosotros, que somos seres corruptibles y sobremanera violables -en poquísimo tiempo. La verdadera ciencia, si es que alguna -ciencia existe, ha de ser ciencia libre y<span class="pagenum" -id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span> nacida de libre entendimiento, y si -no percibe la cosa en sí misma, tampoco la percibirá obligada por los -artificios dialécticos de ninguna demostración.</p> - -<p>A veces el menosprecio de la ciencia escolástica llega a tal punto -en Francisco Sánchez, que, dirigiéndose a su interlocutor supuesto, -le exhorta a que abandone el pueril ejercicio de juntar absurdas -proposiciones para construir su silogismo bárbaro, y se dedique a -cualquier arte liberal o mecánica, porque un buen arquitecto, un buen -curtidor, un buen zapatero y hasta uno malo y remendón, valen más que -un inepto filósofo. Pero su humorismo escéptico le impone en seguida -una salvedad necesaria: «tú no me puedes entender, porque no sabes -nada, y como yo también lo ignoro todo, tampoco te podría persuadir de -ello, por mucho que me empeñara».</p> - -<p>Pero en último caso, si la ciencia existe, o puede existir en lo -sucesivo, nunca habrá de ser un fárrago de conclusiones dialécticas -y de especies varias, sino una visión interna (SCIENTIA AUTEM NIHIL -ALIUD EST QUAM INTERNA VISIO), una <span class="antiqua">intuición -directa de las cosas singulares</span> o individuales. De aquí se -infiere, y Sánchez lo deduce con su rigor nominalista y fenoménico, -que la ciencia sólo puede ser ciencia de cada cosa en particular -y no de muchas a un tiempo, así como de<span class="pagenum" -id="Page_xxxix">p. xxxix</span> cada objeto no se da más que una -visión. No es posible entender dos cosas a la vez, como no es posible -percibir a un tiempo dos objetos. Pero así como todos los hombres, -específica o nominalmente, son un hombre solo, también la visión se -llama una, aunque sea de muchas cosas, y aunque sean muchas visiones a -un tiempo. Y así podemos decir que la Filosofía es una ciencia sola, -aunque sea contemplación de muchas cosas, cada una de las cuales exige -antes particular contemplación. Una ciencia basta, en rigor, para todo -el mundo, y todo el mundo no basta para la ciencia. «Para mí, la menor -cosa de este mundo sería materia de contemplación para toda la vida, y -no por eso tendría yo la esperanza de haberla conocido bien. Créeme: -muchos son los llamados y pocos los escogidos, y si quieres hacer la -prueba, ponte a analizar un insecto, y verás lo poco que llegas a -saber.»</p> - -<p>La ciencia no puede ser un ejercicio de memoria, aunque la -memoria sea necesaria para conservarla; ni podemos afirmar que su -objeto esté en nosotros, puesto que nuestras mismas dificultades -nos son imperfectamente conocidas, y nada sabemos, en rigor, ni de -nuestro cuerpo, ni de nuestra alma, ni de nuestra inteligencia, ni -de las imágenes de nuestra fantasía. Existan o<span class="pagenum" -id="Page_xl">p. xl</span> no existan las cosas, y respondan a ellas -sus imágenes o no respondan, la ciencia no puede ser un hábito ni -una cualidad, sino una visión, un acto simple de la mente, un acto -perfecto desde la primera intuición. Y esto no por la reminiscencia -platónica, que Sánchez combate largamente con razones análogas a -las de los peripatéticos, ni porque en esta intuición vaya envuelto -el conocimiento de las causas, que en buena doctrina escéptica son -totalmente inasequibles, como nuestro autor inculca en repetidos -lugares, así respecto de la causa final como de la eficiente; no -porque de lo relativo deduzcamos lo absoluto, que es incomprensible e -ininteligible en sí (lo <span class="antiqua">incondicionado</span> -de Hamilton, lo <span class="antiqua">incognoscible</span> de Herbert -Spencer), ni porque tengan valor alguno los socorridos conceptos -de materia y forma, ni porque sea lícito decir con Aristóteles que -existe una ciencia indemostrable de los primeros principios, porque -la ciencia, dado que exista, tiene que ser una y no múltiple, como -uno es el entendimiento y uno el acto de la intuición. La ciencia -no puede ser otra cosa que «el conocimiento perfecto de la cosa» -(<span class="antiqua">scientia est rei perfecta cognitio</span>). -Y ¿qué es el conocimiento? Sánchez confiesa que no se atreve a -definirlo. Llamarle <span class="antiqua">comprehensión</span>, -<span class="antiqua">percepción</span>, <span -class="antiqua">intelección</span>, no es más que acumular -sinónimos. No hay<span class="pagenum" id="Page_xli">p. xli</span> -más remedio que encerrarse cada cual dentro de sí mismo y <span -class="antiqua">pensar</span>. El pensamiento testifica de sí propio, -aun ante los más declarados escépticos. Y aquí surge una nueva fuente -de discusión. Yo respondo de mi propio conocimiento; tú del tuyo. -¿Quién fallará este pleito? ¿Quién podrá discernir cuál de estos -conocimientos es el verdadero? Nadie. Y entonces se me dirá (prosigue -Sánchez): «¿Por qué escribes? Escribo para decir lo único que sé: lo -que yo pienso.»</p> - -<p>Y lo que piensa es que en el problema del conocimiento hay que -distinguir tres términos: la cosa que ha de ser conocida (<span -class="antiqua">res scienda</span>), el ente que conoce (<span -class="antiqua">ens cognoscens</span>) y el conocimiento mismo (<span -class="antiqua">cognitio ipsa</span>). Las cosas susceptibles de ser -conocidas serán quizás infinitas, no sólo en los individuos, sino -en las especies. Por lo menos nadie puede afirmar que su número sea -limitado. Y no paran aquí las antinomias: ni tenemos derecho a decir -que la materia sea una, ni tampoco que sea múltiple. Nadie puede -demostrar que los espíritus no tengan su materia propia, aunque los -llamamos múltiples. Es la misma duda de Locke, que llevaba en germen -todo el materialismo del siglo pasado.</p> - -<p>Renunciando generosamente a la resolución de tan arduos -problemas, Sánchez se limita a consignar que<span class="pagenum" -id="Page_xlii">p. xlii</span> los objetos de la ciencia, aunque -sean múltiples, están enlazados entre sí por cierta ley de <span -class="antiqua">conexión o de asociación</span>, que hace que todas las -ciencias se presten mutuos servicios y hagan continuas excursiones las -unas en el dominio de las otras, no porque exista una ciencia superior -que pueda dar leyes a las demás y resolver sus conflictos, sino porque -todas parecen conspirar al mismo fin (<span class="antiqua">omnia tamen -in unum conferunt</span>), y es indecible el encadenamiento de ellas -(<span class="antiqua">indecibilis omnium concatenatio</span>). Cabe, -pues, cierta manera de síntesis científica, provisional a lo menos, que -nuestro pensador no llegó a formular, reservándola sin duda para libros -posteriores. Pero lo que en éste afirma es que semejante síntesis -estará siempre muy lejos de la <span class="antiqua">una</span> y -verdadera ciencia. Los que hoy llamamos conocimientos científicos -no son más que rapsodias y fragmentos recogidos de pocas y malas -observaciones. Para que todavía resulten más estériles, las supuestas -ciencias se han subdividido hasta el infinito, como si el conocimiento -de una sola cosa no exigiese el de otras innumerables.</p> - -<p>Y en vano se intenta suplir este conocimiento con la vacía invención -de los universales. En el mundo todo es particular, y sólo se perciben -los individuos: los géneros y las especies no son más que una vana -imaginación.<span class="pagenum" id="Page_xliii">p. xliii</span> Y -en realidad ¿qué podemos afirmar con carácter universal y con certeza? -La ciencia que hoy llamamos perfecta, mañana resulta anticuada: ayer -se decía que el Océano circundaba toda la tierra y que la tierra tenía -tres partes; hoy se ha descubierto un nuevo mundo: ayer decíamos que la -zona ecuatorial era inhabitable por el excesivo calor, y las tierras -vecinas a los polos por el excesivo frío, y hoy la experiencia convence -de lo contrario. Hay que construir otra ciencia, puesto que resulta -falsa la primera. «¿Cómo te atreves a hablar de proposiciones eternas, -incorruptibles, infalibles, tú, miserable gusano, que ni siquiera sabes -quién eres, ni de dónde vienes, ni adónde vas?»</p> - -<p>Por otra parte, nos está vedado el acceso de la mayor parte de las -cosas lejanas de nosotros, ya por razón del espacio, ya por razón -del tiempo. De aquí tanta variedad de opiniones, tanta penuria de -ciencia.</p> - -<p>No se le ocultaron a Francisco Sánchez algunas de las antinomias -kantianas: v. gr., la eternidad o creación del mundo. Terminantemente -afirma que por racional discurso no puede probarse ni que el mundo -sea eterno, ni que haya tenido principio, y haya de tener fin. -Declarada de este modo la impotencia de la razón para resolver tal -conflicto, se refugia en el testimonio de la fe,<span class="pagenum" -id="Page_xliv">p. xliv</span> y a nuestro juicio sinceramente, porque -nada hallamos en sus escritos ni en su vida que nos muestre en él lo -que hoy llamaríamos un librepensador en materia religiosa. Sería de -origen judío o cristiano, pero que tenía una creencia positiva no es -dudoso para nosotros. Su biógrafo nos dice expresamente que jamás -el pirronismo de Sánchez ni sus cavilaciones escépticas tocaron a -las cosas divinas, así como tampoco dudó nunca del testimonio de los -sentidos. La Inquisición dejó pasar sin tacha ni censura todos sus -escritos. Por otra parte, nada le obligaba a disimular, y escribiendo -como escribía en un país de relativa tolerancia religiosa, después de -Rabelais y poco antes de Montaigne, fácil le hubiera sido manifestar, -o insinuar a lo menos, su indiferencia religiosa si realmente la -hubiera profesado. Cuando tales audacias se toleraban en escritores -que hacían uso constante de la lengua vulgar y escribían para todo -el mundo, ¿no hubiera podido él, con un poco de artificio de estilo, -hacerlas pasar iguales o mayores en un libro escrito en latín y sólo -para los hombres de ciencia? Si no las puso, fué porque realmente no -las pensaba ni las sentía. No hay que leer entre líneas, ni buscar en -el <span class="antiqua">Quod nihil scitur</span> más que lo que el -autor quiso darnos. La intrepidez filosófica de Sánchez era tal, que -si realmente hubiese<span class="pagenum" id="Page_xlv">p. xlv</span> -sido heterodoxo, no habría retrocedido ante la hoguera de Miguel Servet -y de Giordano Bruno.</p> - -<p>... El incurable escéptico reaparece, cuando después de -habernos mostrado lo vano e impotente del conocimiento por razón -de su materia <span class="antiqua">(res cognita)</span> emprende -mostrarnos la incapacidad de nuestras facultades cognoscitivas <span -class="antiqua">(ens cognoscens)</span> para alcanzar algo que no -sea fenomenal, variable y limitado. Todo conocimiento viene de los -sentidos, pero los sentidos no conocen las cosas exteriores, aunque -nos pongan en contacto con ellas. Si los sentidos nos engañan, nuestro -entendimiento nos engañará también, puesto que no tiene más dato que el -de los sentidos, ni ve las cosas mismas, sino sus imágenes, simulacros -o representaciones. Nuestra noción de las cosas exteriores parece -aquel convite de la fábula dado por la zorra a la cigüeña en redoma de -boca estrechísima. Juzgamos de las cosas por sus simulacros; esto es, -por meras representaciones de accidentes, que no tocan a la esencia, -ni nos dan razón alguna de ella. En esta parte Sánchez se declara -expresamente secuaz de Luis Vives, y le defiende contra Escalígero, que -había tachado de absurdo su criticismo prekantiano. «Si esta opinión es -absurda (dice), yo quiero ser tenido por hombre absurdísimo, puesto que -Vives se<span class="pagenum" id="Page_xlvi">p. xlvi</span> contentó -con decir que el conocimiento psicológico estaba lleno de obscuridad, -y yo añado que no sólo es obscuro, sino caliginoso, escabroso, -inaccesible, y con tales dificultades y contradicciones, que no han -sido, ni serán, superadas por nadie.» Decimos que el conocimiento es la -aprehensión de la cosa, y todavía no sabemos lo que es la aprehensión -ni la percepción ni la intuición. A lo sumo podemos distinguirla de la -recepción. Nuestros sentidos <span class="antiqua">reciben</span>, pero -no conocen. Podemos distinguir también el conocimiento propio directo -o intuitivo del conocimiento renovado por la memoria. Tres son las -cosas que de diverso modo conoce la mente: 1.º, los objetos externos; -2.º, sus propias operaciones internas; 3.º, algo que a un tiempo puede -ser considerado como externo y como interno. El conocimiento de los -objetos exteriores es mediato, por los sentidos, pero el conocimiento -de las operaciones internas es inmediato y <span class="antiqua">per -se</span>, y el conocimiento de la tercera especie participa de lo -mediato y de lo inmediato. Este conocimiento es el que algunos lógicos -semipositivistas, especialmente Taine, admiten con el nombre de -conocimiento de <span class="antiqua">abstracción</span>, cuyo oficio -es despojar de sus accidentes a la intuición sensible y elevarla a -cierta generalidad que ya traspasa los límites del puro empirismo. -<span class="antiqua">Naturam quandam sibi<span class="pagenum" -id="Page_xlvii">p. xlvii</span> fingit communem, ut potest</span>, -dice Francisco Sánchez. Pero ¡qué poder de abstracción tan relativo -y limitado, que apenas procede más que por negaciones y exclusiones, -comparaciones y divisiones! Aun así no quiere concederla nuestro -filósofo el nombre de verdadero conocimiento, sino de pura <span -class="antiqua">opinión</span>, mucho más incierta que el testimonio -interno, mucho más incierta que el testimonio de los sentidos, cuyas -ilusiones y falacias analiza largamente Sánchez con argumentos y -observaciones en que no nos detendremos, por ser sustancialmente las -mismas que habían presentado Sexto Empírico y los antiguos escépticos. -Hay que advertir, sin embargo, que Sánchez remoza toda esta antigua -materia filosófica, adaptándola al progreso científico de su tiempo, y -enriqueciéndola con los resultados de su propia observación anatómica y -fisiológica.</p> - -<p>En suma, «el entendimiento humano es una potencia pasiva, a la cual -se opone otra pasiva impotencia». La imperfección de los instrumentos -contradice a la perfección de la obra. Aquí expone nuestro médico -interesantes consideraciones sobre el influjo de lo físico en lo moral, -encontrándose en muchas observaciones con Huarte, como era natural, -dada su común tendencia antropológica. Sánchez no admite que el -entender sea<span class="pagenum" id="Page_xlviii">p. xlviii</span> -función exclusiva del alma, sino del hombre todo, en su unidad de -cuerpo y de espíritu, indisoluble en cualquiera de sus actos.</p> - -<p>Pero sobre estos rasgos, dignos de ser considerados por su valor -propio en disertación ajena de nuestro asunto, y sobre la bellísima -peroración final, en que el autor ofrece como la quinta esencia de toda -la parte negativa y demoledora del criticismo del Renacimiento, y da -nueva vida en su estilo nervioso, impaciente y pintoresco (verdadero -estilo de insurrecto literario y de periodista de oposición filosófica) -a lo que en tono más reposado, y haciendo salvedades que él no hace, -habían escrito Luis Vives y sus discípulos, ya contra los viciosos -métodos de enseñanza y el abuso del argumento de autoridad, y el ciego -y desacordado empeño de buscar la ciencia solamente en libros, cerrando -los ojos al maravilloso espectáculo de la naturaleza, ya contra la -torpe ambición que convierte la ciencia en miserable granjería, en -vez de amarla con indomable amor, por sí misma, por su propia virtud -y excelencia, y por los inefables deleites que proporciona; ya contra -el vano rumor de la disputa, que se va haciendo más encarnizado -y ruidoso cuanto más se alejan los contendientes de la directa -inspección del objeto en litigio; ya, finalmente,<span class="pagenum" -id="Page_xlix">p. xlix</span> sobre la confusión que en el ánimo del -alumno induce el choque de encontradas opiniones; sobre todas estas -cosas, digo, pondremos siempre como expresión total del pensamiento de -Sánchez aquellas palabras, casi las últimas, en que asigna por únicos -criterios a la ciencia futura el experimento y la crítica o el juicio -que ha de fecundar las conclusiones experimentales. «En vano (dice -Sánchez) se trabaja por reparar el ruinoso edificio de la demostración -silogística; su materia es frágil y además está mal construído; cada -día hay que añadirle nuevos puntales para impedir su completa ruina. El -que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las cosas en -sí mismas; pero como esta contemplación directa no es posible, dados -los límites en que se mueve el conocimiento humano, hay dos medios -subsidiarios que no suministran ciencia perfecta, pero que, en suma, -algo perciben y algo enseñan: el experimento y el juicio, pero no -separados nunca, sino en íntimo enlace y unión, como mostraré en otro -libro. Los experimentos son muchas veces falaces y siempre difíciles, -y hasta cuando llegan a la perfección, nunca nos muestran más que los -accidentes extrínsecos, jamás la naturaleza de la cosa. El juicio -recae sobre los resultados del experimento, y por consiguiente<span -class="pagenum" id="Page_l">p. l</span> no traspasa el límite de lo -exterior, y aun esto lo discierne de una manera incompleta, sin que -sobre las causas pueda pasar de una probable conjetura. Se dirá que -nada de esto es ciencia. Pues no hay otra.»</p> - -<p>La filosofía de Sánchez es, mucho más que la de Luis Vives, un -verdadero <span class="antiqua">ars nescendi</span>. Niega demasiado -para ser un verdadero escéptico; hoy más bien le llamaríamos <span -class="antiqua">agnóstico</span>. Su libro termina, sin embargo, con -una interrogación, con un <span class="antiqua">quid?</span> análogo al -<span class="antiqua">Que-sais-je?</span> de Montaigne. Esta analogía -y otras muy fortuitas, como la de llevar el <span class="antiqua">Quod -nihil scitur</span> la fecha de 1576, y ser la primera edición de los -<span class="antiqua">Ensayos</span> de 1580, habiéndose escrito además -una y otra obra en países no muy distantes, ha hecho suponer entre el -pensamiento de ambos autores cierta analogía, que, a nuestro entender, -no existe. El escepticismo mitigado de Montaigne, aquella manera de -filosofar tan personal suya, ejercicio fácil y suave de una curiosidad -siempre activa; aquella tan simpática y continua observación de sí -propio, es una manera de sibaritismo intelectual, más que de filósofo, -de hombre de mundo, que gusta de dormir sosegadamente sobre la almohada -de la duda; por el contrario, el escepticismo de Sánchez,<span -class="pagenum" id="Page_li">p. li</span> dado que así queramos -llamarle, es una doctrina esencialmente batalladora, que aparentando -suspender el juicio, trae realmente juicio definitivo y formado sobre -los más capitales problemas filosóficos. Montaigne es un aficionado, -que filosofa a sus anchas, en lengua vulgar, y sin cuidarse del método, -antes bien, haciendo gala de traducir fielmente en su estilo todos -los caprichosos giros de su humor libre y errabundo, Sánchez es un -profesor, preocupado de una doctrina, secuaz fanático de un método que -tiene por exclusivo. Los dos son extraordinariamente sinceros, pero en -Montaigne, el candor parece un refinamiento literario; en Sánchez es la -expresión brusca, intemperante y feroz de una convicción arraigada, de -un amor sin límites a las realidades concretas, experimentadas por él -con el cuchillo anatómico de Vesalio y de Valverde. No son chispazos de -escepticismo ni discreteos de moralista los que nos da, sino un sistema -<span class="antiqua">agnóstico</span> completo, una crítica clarísima -e implacable de nuestra facultad de conocer, una determinación de su -límite y de su objeto. Puede tener, y tiene, en efecto, contradicciones -de detalle de que ningún escéptico se libra y que son la parte endeble -y mal guarnecida por donde la tesis dogmática penetrará siempre en -su campo; pero el sistema<span class="pagenum" id="Page_lii">p. -lii</span> en sus líneas generales es claro, sencillo y consecuente.</p> - -<p>El programa de Sánchez, tan mal entendido hasta ahora, se reduce -a dos palabras: «guerra al silogismo; paso a la inducción». Es un -degüello de todas las entidades metafísicas, <span class="antiqua">un -93 de la ciencia antigua</span>, como decía Enrique Heine hablando -de la <span class="antiqua">Crítica de la Razón Pura</span>. El -escepticismo de Sánchez no es ni alarde de retórico, ni consecuencia de -un <span class="antiqua">dilettantismo</span> enervado por la variedad -y copia de lecturas filosóficas, ni explosión de un ánimo misantrópico -y desengañado; no es tampoco un estado provisional ni una ficción -dialéctica, como lo es la duda cartesiana, de la cual parte Sánchez, -pero en la cual no se detiene: es pura y sencillamente la expresión -meditada de aquel aforismo capital entre los positivistas: la <span -class="antiqua">relatividad</span> del conocimiento. No sabemos nada, -porque creemos saberlo todo: renunciemos a la riqueza ficticia que nos -proporciona el crédito metafísico, y empecemos a vivir de los productos -modestos, pero seguros, de nuestra propia hacienda, hasta ahora tan -descuidada.</p> - -<p>No necesito decir, que esta filosofía dista, y no poco, de la que -yo profeso, porque yo no soy positivista ni enemigo de la Metafísica; -pero basta para el caso que fuera la de Francisco Sánchez, y en -el<span class="pagenum" id="Page_liii">p. liii</span> fondo a nadie -ha de pesarle que tales voces salieran de nuestra patria, precisamente -cuando debían salir, es decir, en el momento solemne de la renovación -de los métodos experimentales. No es preciso identificarse con las -ideas de un filósofo para comprender su genio ni la razón de su -influjo. Los paralogismos de que la argumentación de Sánchez abunda -son hoy inofensivos: una síntesis científica superior nos ha enseñado -que la demostración es un procedimiento científico tan legítimo como -la inducción, tan natural al espíritu humano como ella, y que es -una insensatez querer mutilar nuestra inteligencia, así como es una -pretensión temeraria aspirar al conocimiento de un objeto cuando éste -no es comprendido bajo razón de integridad. La ciencia hoy, hasta sin -darse cuenta de ello, aspira a este conocimiento íntegro y cabal, así -por razón del objeto como por razón de la inteligencia conocedora, y -forzosamente ha de parecernos incompleta lo mismo una lógica puramente -deductiva, como vino a serlo en manos de sus discípulos de decadencia -la lógica de Aristóteles, que una lógica puramente inductiva, de -las que en lengua inglesa abundan tanto. Ambos procedimientos del -espíritu, excelentes cuando recta y adecuadamente se aplican a sus -respectivos<span class="pagenum" id="Page_liv">p. liv</span> objetos, -resultan estrechos y peligrosos en cuanto pretenden ser únicos y -emanciparse de aquella primitiva intuición sintética dentro de la cual -se razonan. Pero es condición casi ineludible de la mente humana el -proceder por exageraciones contrarias; y a los espíritus violentos, -a los amotinados filosóficos como Sánchez no hay que pedirles cuenta -de la doctrina tanto como del impulso, que en su tiempo fué generoso -y acompañó dignamente aquel heroico despertar de la ciencia desde -Telesio y Cesalpino hasta Galileo, y desde Galileo hasta Newton. Sin -un poco de fanatismo no se hacen milagros en filosofía ni en otra -ninguna ciencia humana. Hay que representarse al médico bracarense -ejerciendo la anatomía entre las sombras de la noche, o teniendo que -escribir seriamente tratados filosóficos para combatir la creencia en -la adivinación y en los presagios, o en la virtud supersticiosa de los -caracteres mágicos, de los espejos y de las rayas de la mano, y de los -aspectos favorables o maléficos de las constelaciones. ¿Cómo no había -de sentir tal hombre hambre y sed de ciencia positiva, y abominar de la -ciencia oficial que silogísticamente autorizaba y defendía semejantes -dislates? Hoy cuesta poco trabajo hacer justicia a la Escolástica ni a -la Edad Media; estamos<span class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span> -demasiado lejos, y todo eso nos parece una amenísima leyenda romántica; -pero no nos apresuremos a condenar de ligero a aquellos hombres del -siglo XVI para quienes tal ciencia no era un recuerdo poético, sino una -tiranía actual que durísimamente pesaba sobre sus cuellos.</p> - -</div> - -<div class="figcenter mt3"> - <img src="images/i054.jpg" - style="width: 14em; height: auto;" - alt="Viñeta ornamental" /> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch1"> -<p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p> - <div class="figcenter"> - <img src="images/i056.jpg" - style="width: 28em; height: auto;" - alt="Ilustración ornamental" /> - </div> - <p class="centra fs120 ws1 mt4">QUE NADA SE SABE...</p> - <h2 class="nobreak">Todo es cuestión de nombres.<br /> No hay nombre - acomodado.</h2> -</div> - -<div class="drop"> - <img src="images/cap_n.jpg" - style="width: auto; height: 5.5em;" - alt="N" /> -</div> - -<p class="icap"><span class="versal">Ni</span> esto siquiera sé, que -nada sé; lo conjeturo, sin embargo, de mí y de los demás.</p> - -<p>Sea esta proposición mi bandera; ésta se debe seguir: <i>Nada se -sabe</i>.</p> - -<p>Si supiere probarla, concluiría con razón que nada se sabe; si no -supiere, mejor todavía, pues tal es lo que afirmo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span>Pero dirás: si sabes -probarla, seguiráse lo contrario, pues ya sabes algo.</p> - -<p>Pero yo concluí lo contrario primero que tú arguyeras.</p> - -<p>Ya se comienza a enredar la cosa; de esto mismo ya se sigue que nada -se sabe.</p> - -<p>Tal vez no me entendiste y me llamas ignorante y caviloso.</p> - -<p>Dijiste verdad. Pero yo mejor que tú, porque no entendiste.</p> - -<p>Ambos, pues, ignorantes.</p> - -<p>Ya, pues, sin saberlo, concluíste lo que buscaba.</p> - -<p>Si entendiste la ambigüedad de la consecuencia, viste -manifiestamente que nada se sabe; si no, piensa, distingue y desátame -el nudo.</p> - -<p>Aguza el ingenio. Prosigo.</p> - -<p>Traigamos la cosa por su nombre. Pues para mí toda definición es -nominal y casi toda cuestión lo es.</p> - -<p>Voy a explicarme.</p> - -<p>No podemos conocer las naturalezas de las cosas; al menos yo; si -dices que tú sí, no lo disputaré; pero es falso. ¿Por qué tú y no yo? -De ahí, que nada sabemos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>Y si no las -conocemos, ¿cómo demostrarlas? De ninguna manera.<a id="FNanchor_3" -href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a></p> - -<p>Tú, no obstante, dices que es definición la que demuestra la -naturaleza de la cosa. Dame una. No la tienes. Concluyo, pues...</p> - -<p>Además, ¿cómo ponemos nombres a las cosas que no conocemos? No lo -concibo. Los hay, sin embargo.</p> - -<p>De ahí, duda perpetua acerca de los nombres y<span class="pagenum" -id="Page_12">p. 12</span> mucha confusión y falacia en las palabras, y -tal vez en todo esto que acabo de decir. Concluye tú...</p> - -<p>Dices que tú defines esta cosa que es el hombre con esta definición: -animal racional mortal. Niego. Pues dudo nuevamente de la palabra -animal, de la racional y de la otra.</p> - -<p>Definirás todavía estas cosas por los géneros y las diferencias -superiores, según les llamas, hasta llegar al ente. Preguntaré -lo mismo de cada uno de los nombres y, finalmente, del último: -<i>ente</i>. Ya sé menos.<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" -class="fnanchor">[4]</a></p> - -<p>Dirás, sin embargo, que al fin se ha de cesar en las preguntas. Esto -no resuelve la dificultad ni satisface a la mente. Declaras, forzado, -la ignorancia. Me alegro. Procedo, pues, en consecuencia.</p> - -<p>Una sola cosa es el hombre; pero la señalas, no obstante, con -muchos nombres: ente, substancia, cuerpo, viviente, animal, hombre y, -finalmente, Sócrates. ¿No son, todas éstas, palabras? Ciertamente. Si -significan lo mismo, son superfluas; si nuevas cosas, no significan una -sola: el hombre.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span>Dices que consideras -muchas cosas en el mismo hombre, a cada una de las cuales atribuyes -nombres propios. Haces la cuestión más dudosa. No entiendes a todo el -hombre, que es algo magno, craso y perceptible por el sentido, y lo -divides en tan pequeñas partes, que escapan al sentido, el más seguro -de todos los jueces, para indagarlas con la razón falaz y oscura. Obras -mal, me engañas, y te engañas más a ti mismo.</p> - -<p>Pregunto: ¿qué llamas en el hombre animal, viviente, cuerpo, -substancia, ente? Lo ignoras como antes. Y yo también. Y esto quería. -Lo diré, sin embargo, más abajo.</p> - -<p>Pregunto después: ¿qué significa este nombre <i>cualidad</i>, qué -<i>naturaleza</i>, qué <i>ánima</i>, qué <i>vida</i>? Dirás: esto. -Lo negaré fácilmente, pues puede ser otra cosa. Pruébalo. Recurres -a Aristóteles. Yo a Cicerón, cuyo es el oficio de mostrar las -significaciones de las palabras.</p> - -<p>Dirás que no habló con tanta propiedad Cicerón ni con tanta -exquisitez. Yo replicaré lo contrario, pues Cicerón ejercía este arte, -no Aristóteles. Si quieres más, traeré otros cultivadores de la<span -class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> lengua latina o de la -griega, pues es lo mismo. No hay entre ellos concordia alguna, ninguna -certidumbre, ninguna estabilidad, ningunos límites. Cada cual fuerza -las palabras a su antojo, las desencaja aquí y allí las acomoda a su -placer. De ahí tantos tropos, tantas figuras, tantas reglas, tanta -confusión, de todo lo cual se compone la Gramática.</p> - -<p>Y ¿qué no pervierten la Retórica y la Poética? ¿De qué modos no -abusan? Todos ellos ejercitan sólo la inútil locuacidad.</p> - -<p>Así también la Dialéctica o Lógica, aunque de diversa suerte; pues -dispone en orden las palabras, las prepara al combate y les prohibe que -peleen separadas, en vez de unidas; dicta leyes, cohibe, consiente, -apremia. Finalmente, son parecidas la Dialéctica y la Lógica a aquellos -que fingen batallas y campamentos en los juegos y espectáculos -públicos, en los cuales se requiere más decoro que fuerza; muy al -contrario acontece a los que se preparan seriamente para la guerra, a -los cuales más conviene la fuerza que la hermosura.</p> - -<p>Y, para todos, son las palabras soldados locuaces. ¿A cuál de ellas -creerás más? Es dudoso. Cada<span class="pagenum" id="Page_15">p. -15</span> una quiere ser creída. No basta esto. Las significaciones de -las palabras parece que dependen principal o totalmente del vulgo, y, -por tanto, a él se han de preguntar; pues ¿quién nos enseñó a hablar -sino el vulgo?</p> - -<p>Por esta razón, casi todos los que hasta el momento presente -escribieron tomaron por fundamento de disputa lo que más frecuentemente -está en boca de los hombres, como aquello: «Entonces decimos que -sabemos algo cuando conocemos sus causas y principios», y aquello otro: -«Hase de aceptar aquí aquel principio aprobado por el consentimiento de -todos, que todos los hombres entonces se juzgan firmes», etc.</p> - -<p>Mas ¿hay en el vulgo alguna certidumbre y estabilidad? Ninguna. -¿Cómo, pues, habrá alguna vez reposo en las palabras?</p> - -<p>Ya no hay dónde te refugies.</p> - -<p>Dirás tal vez que se ha de buscar qué significación usó el que -primero impuso el nombre. Búscalo, pues. No lo hallarás.</p> - -<p>Pero ya es bastante.</p> - -<p>¿Es o no es todo, manifiestamente, cuestión de<span class="pagenum" -id="Page_16">p. 16</span> nombres? A mí me parece que lo probé. Si lo -niegas continuarás la prueba de la cuestión principal. Pero luego se -probará mejor.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch2"> - <h2 class="nobreak">La ciencia.</h2> -</div> - -<p>Veamos, pues, qué se ha de entender con el nombre de ciencia.</p> - -<p>Pues si ésta es nula, no habrá quien sea llamado sabio.</p> - -<p>¿Qué dice Aristóteles? Baste haber examinado a este autor sobre -todos los demás (como quien fué agudísimo escudriñador de la Naturaleza -y a quien sigue, las más de las veces, la mayor turba de filósofos); -pues si contra todos se hubiese de combatir, se extendería la obra a lo -infinito y abandonaríamos, además, la naturaleza, como es costumbre de -los otros.</p> - -<p>¿Qué dice, pues, Aristóteles? Ciencia es un hábito adquirido por la -demostración. No entiendo. Esto es pésimo. Es definir lo oscuro por lo -más oscuro; así engañan los hombres.</p> - -<p>¿Qué es hábito? Lo sé menos aún que lo que es ciencia. Y tú, menos -todavía...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>Di, es una cualidad -firme. Todavía menos. Cuanto más avanzas, menos me convences; cuantas -más palabras, más confusión. Me echas a la línea predicamental, y de -ahí, siempre al ente, que no sabes lo que es.</p> - -<p>¿Hase o no de reducir todo a los predicamentos? Ciertamente que sí. -¿Qué se saca de ahí? Que todo se ha de llevar a un laberinto.</p> - -<p>¿Qué son los predicamentos? Una larga serie de palabras. Pero ¿qué -dije? Digo de palabras, unas comunísimas, <i>ente</i>, <i>verdad</i>, -<i>bien</i>, si quieres; otras, menos comunes, <i>sustancia</i>, -<i>cuerpo</i>; otras, propias, <i>Sócrates</i>, <i>Platón</i>. Aquéllas -lo significan todo; las segundas, muchas cosas; las terceras, una -sola.</p> - -<p>Síguese que cuando dicen <i>Sócrates es hombre</i>, y de ahí -<i>animal</i>, etc., se significa que esto que muestro (entiende -<i>Sócrates</i>) llámase así con particular nombre; es decir, con -los otros semejantes en figura. Con el nombre común, hombre; con el -caballo y los demás que se mueven, pero que son desemejantes en figura, -<i>animal</i>, con el comunísimo con todas las cosas, <i>ente</i>.</p> - -<p>De los restantes predicamentos, lo mismo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>No basta. No -contentos los lógicos con las palabras simples, para hacer la cosa más -difícil, usan de palabras comunes, añadiéndoles alguna diferencia; -como para el hombre, <i>animal racional mortal</i>, cualquiera de las -cuales es más difícil que la primera. Pues donde hay muchedumbre hay -confusión, y cuanto más amplias son las palabras tanto son más confusas -y oscuras.</p> - -<p>Esto es mezquino. Construyen sobre cosas extrañas. De esta serie -de palabras (que se llaman predicamentos) disputan muchas cosas: del -orden, del número, del género, de la diferencia, de las propiedades, -de la reducción a ellas de todas las cosas; esto lo reducen a la línea -recta, aquello a la lateral; esto, por sí; aquello, por razón de su -contrario; esto es común de dos; aquello se reduce a lo otro; esto no -tiene a qué se reduzca, y, por tanto, si hay cielo, si no obtuvo lugar -en algún predicamento, nada es ya. ¿Qué diré? Por ahí se meten en -infinitas bagatelas. Más todavía, enredándose en palabras, se echan a -sí y a sus desgraciados oyentes en un caos profundo y estéril.</p> - -<p>Con esto tienes toda entera la lógica de Aristóteles<span -class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> y mucho más las dialécticas -que después de él escribieron los modernos. Pues a los nombres más -comunes llaman géneros; a otros, especies, diferencias, propios, -individuos...</p> - -<p>Si preguntas qué es esto, te diré: algo común abstraído por el -entendimiento; una ficción de Aristóteles no desemejante a las Ideas -platónicas. Pues ¿y la quimera del entendimiento agente (cosa nueva), -abstrayente o iluminante (más bien oscureciente) y del inteligente, de -donde surge el universal <i>animal</i>? Llevan a tanto las cosas, que, -asno significa la mente de estos lógicos, que no pueden comprender sino -el asno común, y aun formarlo, cuando, no obstante cada uno de ellos es -un asno particular.</p> - -<p>¿Qué dices? ¿No es todo esto palabras y necedad? ¿Verdad que sí? -Y esto sólo de los términos simples, que llaman predicables. De los -cuales preguntan todavía ¿cuántos, cuáles, qué? Nada, líos.</p> - -<p>Además, llaman a unos equívocos, a otros unívocos, análogos, -denominativos, términos, voces, palabras, dicciones, simples, -compuestas, complejas, incomplejas, mentales, vocales, escritas; -arbitrarias,<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> naturales; -de primera intención, de segunda intención; categoremáticas, -sincategoremáticas, vagas, confusas, y otras innumerables -denominaciones de los nombres, y además otras de éstas; y acerca de -cada una de ellas forman sutilísimas disputas, tan sutiles, que al -menor golpe las sepultas en la nada.</p> - -<p>¿Llamas tú a eso ciencia? Yo le llamo ignorancia.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch3"> - <h2 class="nobreak">Juicios lógicos.</h2> -</div> - -<p>Como arañas sutiles, puestas a fabricar su delgadísima tela, estos -filósofos verbales constituyen el sujeto, el predicado, la cópula, la -proposición, la definición, la división y la argumentación. Y de todo -esto, además, otras infinitas especies, diferencias, condiciones.</p> - -<p>¿Qué diré? Mientras aseguran que la mente se perfecciona con la -ciencia, se hacen totalmente insensatos; los que debieran investigar y -predican que investigan las causas y naturalezas de las cosas, fingen -novedades; y el que finge más y más oscuras cosas, ése es el doctor; de -donde también escribió<span class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span> -él<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a> -la ciencia de los sofismas, y así la ficción resuelve la ficción y -un clavo saca otro clavo. Me parecen semejantes<a id="FNanchor_6" -href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a> a aquellos que profesan -la nigromancia y los encantamientos, de los cuales el más astuto, -como dicen, elude las acciones y los conatos del otro y los anula y -los deshace y rompe. Algunos impíos objetaron antiguamente al divino -Moisés acerca de la serpiente que devoró a las de los magos: así estos -nuestros encantadores, confiados en las palabras, sin saber cosa -alguna, pretenden, no obstante, que saben muchas cosas para que no sean -argüídos de ignorancia.</p> - -<p>Yo, contra su ignorancia, confieso de buen grado la mía, y con más -libertad descubro la suya. Nada sé. Pero menos ellos.</p> - -<p>Hasta aquí del hábito.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch4"> - <h2 class="nobreak">La demostración.</h2> -</div> - -<p>¿Qué es <i>demostración</i>?</p> - -<p>La definirás así: un silogismo que engendra ciencia.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>Cometiste círculo -vicioso y, por tanto, me engañaste y te engañaste.</p> - -<p>Pero ¿qué es silogismo? ¡Cosa admirable; abre los oídos, extiende la -fantasía! Ni aun así cogerás, por ventura, tantas palabras.</p> - -<p>¡Cuán sutil, cuán larga, cuán difícil es la ciencia de los -silogismos! Ciertamente es fútil, larga, difícil y nula la ciencia de -los Sofistas.</p> - -<p>¡Ah, blasfemé! Delinquí, porque dije la verdad. Ya soy digno de ser -apedreado. Pero tú de ser azotado, porque engañas. Pues la ignorancia -merece en todas partes perdón, pero la falacia castigo.</p> - -<p>Oye; prueba que el hombre es ente. Dices así: el hombre es -sustancia; ésta es ente; luego el hombre es ente. Dudo de lo primero -y de lo segundo, y por tanto, dudo de la conclusión. Pero tú sigues -así: el hombre es cuerpo; el cuerpo es sustancia; luego el hombre es -sustancia.</p> - -<p>Dudo también de ambas cosas, y dices: el hombre es viviente; el -viviente es cuerpo; luego el hombre es cuerpo.</p> - -<p>Y de esto dudo también, y dices: el hombre es animal; éste es -viviente; luego el hombre es viviente.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>¡Sumo Dios, qué -serie, qué fárrago, para probar que el hombre es ente! La prueba es más -oscura que la cuestión.</p> - -<p>Niego también que el hombre es animal. ¿Qué dirás? No hay más -géneros. ¿Adónde te acogerás? A la definición del animal, que es: un -viviente móvil y sensible; tal es el hombre.</p> - -<p>Ambas cosas niego; sigue.</p> - -<p>Viviente es el cuerpo que se nutre; tal es el animal; luego...</p> - -<p>Prueba estas cosas.</p> - -<p>Cuerpo es una sustancia que consta de tres dimensiones; tal es el -viviente; luego...</p> - -<p>Ambas cosas son falsas.</p> - -<p>Sustancia es ente por sí; cual es el cuerpo; luego...</p> - -<p>Y quisiera también que lo probaras. Ya no podrás más.</p> - -<p>¿Qué es, finalmente, el ente? Lo ignoras como antes. ¿Qué hiciste -con tus silogismos? No probaste que el hombre es ente, que es lo -que primero te había pedido; antes, ya subiendo, ya bajando por tu -línea, para que me aproximaras aquel altísimo<span class="pagenum" -id="Page_24">p. 24</span> ente, quedóse tan en el aire que a poco más -nos aplasta a ti y a mí en su caída; finalmente, dejásteme la cuestión -tan dudosa como antes o más.</p> - -<p>Y al parecerte siempre que te probabas sólo las primeras -proposiciones, no tocaste a las segundas. Y si hubieses probado las -primeras y hubiésemos llegado a las segundas, ¿cuánto más no tropezaras -en éstas?</p> - -<p>¿A qué, pues, engañarse con tales encadenamientos de palabras?</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Yo lo diré con más claridad.</p> - -<p><i>Ente</i> lo significa todo: hombre, caballo, asno, etcétera; -luego el hombre es ente, como también el caballo y el asno.</p> - -<p>Si me niegas lo primero, no lo probaré, pues no sabría. Pruébalo -tú, si sabes. Tú tampoco. Nada, pues, sabemos.<a id="FNanchor_7" -href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a></p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span></p> - <h2 class="nobreak">Poco valor de los silogismos.</h2> -</div> - -<p>Vuelvo a los silogismos, cuya ciencia sutilísima cayó toda.</p> - -<p>Dije yo arriba: los nombres, unos son comunísimos, como ente, -verdad; otros menos comunes: sustancia, cualidad; otros particulares: -Platón, Mitrídates.</p> - -<p>Hay muchos intermedios, que ni significan tanto como aquéllos ni tan -poco como éstos: cuerpo, viviente, animal.</p> - -<p>De ahí le es fácil al indagador mostrar con una sola palabra si el -hombre es sustancia.</p> - -<p>Sustancia significa todo lo que es por sí; de donde, lo son el -hombre y la piedra y el leño; luego el hombre es sustancia.</p> - -<p>Mas ellos, buscando rodeos, para que no caiga en desprecio su -ciencia, si es fácil, la hacen difícil y laboriosa con envolturas de -palabras, jactándose<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> -que demostraron y probaron científicamente que el hombre es sustancia, -diciendo así en <i>Barbara</i>,<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" -class="fnanchor">[8]</a> castillo inexpugnable: <i>Todo animal es -sustancia; todo hombre es animal; luego todo hombre es sustancia</i>. -Dijiste verdad, pero la dijiste neciamente y más oscuramente que podía -el sabio. Pues es lo mismo que si dijeras, que sustancia significa -tanto los vivientes como los no vivientes; y viviente significa el -hombre y la cereza; luego desde lo primero a lo último significa -sustancia el hombre.</p> - -<p>Mas por tantos grados intermedios se confunde la mente, y aun, por -ello, duda más de cada uno de los intermedios. ¿No es esto por ventura -aquello que había dicho en otro lugar el mismo: «Lo que se dice del -predicado se dice lo mismo del sujeto»? Mas esto son variaciones de -los nombres; como también aquello: «Lo que es dícese de muchos modos»; -si el nombre de hombre significa<span class="pagenum" id="Page_27">p. -27</span> una sola cosa, dícese otro principio; y la causa dícese de un -modo; la naturaleza dícese de un modo; dícese necesario.</p> - -<p>Finalmente, todo lo que hay en la Metafísica de Aristóteles y en -las restantes obras, es definición de nombres. De donde, toda cuestión -es casi del nombre: si la sustancia se dice del hombre, y así de otras -cosas.</p> - -<p>De tal suerte, no pudiendo saber nadie con certeza, no hay ciencia -alguna ni de cosas ni de palabras.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Di: en último término impongamos las palabras. Lo permito. -Sabemos, pues, que tal palabra significa esto. Falso, pues ignoras -qué sea <i>palabra</i>, ignoras qué sea <i>esto</i>, ignoras qué sea -significar; luego no sabes que tal palabra significa esto.</p> - -<p>Prueba que se sigue, pues, ignoradas las partes, se ignora el todo. -Y tú conmigo ignoras partes y todo; luego nada sabemos.</p> - -<p>¿Por qué, pues, siendo ignorantes yo y tú, pues tú mismo eres -ignorante y máxima la ignorancia de las palabras, llamas, sin embargo, -sutil a la<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> ciencia y la -hinches con fárrago oscuro y mayor ignorancia?</p> - -<p>Para que aparezca sabio, dirás. Pero acontece al revés: pues, -mientras pones en solfa artificios y ridiculeces, predicas, en tanto, -que sabes mucho. Yo me confieso del todo ignorante y sorprendido de -que no sepas que nada sabes. Porque si lo sabes, al decir que sabes -muchas cosas, eres engañador y mentiroso. En vano busqué afanosamente -un filósofo sincero que diga con certidumbre si sabe perfectamente -alguna cosa; nunca lo hallé, aparte de aquel sabio y austero varón -Sócrates (aunque los llamados pirrónicos, académicos y escépticos lo -afirmasen también con Favorino), el cual sabía esto solo: que nada -sabía. Por sólo decir tal, yo le juzgo doctísimo; aunque ni aun así me -satisfizo totalmente pues, en rigor, ignoraba esto como todo lo demás. -Sin embargo, para afirmar mejor que nada sabía, dijo que sabía aquello -solo. Tal vez por eso, no sabiendo cosa alguna, nada quiso escribir.</p> - -<p>Esto me vino siempre a la mente. ¿Qué diré yo que no sea sospechoso -de falsedad? Pues todas<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span> -las cosas humanas me son sospechosas, y esto mismo que escribo ahora, -también.</p> - -<p>No callaré, sin embargo; al menos diré libremente que yo nada -sé; ni tú tampoco trabajes en vano, lector, inquiriendo la verdad, -esperando que alguna vez podrás poseerla claramente. Y si después -investigare con los demás algo de lo que hay en la naturaleza, ni aun -de tales investigaciones me curo; pues todo es vanidad, como dijo -aquel sapientísimo Salomón, el más docto que recordamos de los que nos -dieron los pasados siglos; lo cual demuestran claramente sus obras, -entre las cuales ocupa el primer lugar aquel áureo libro llamado -<i>Eclesiastés</i>.</p> - -<p>Pero volvamos a la ciencia.</p> - -<p>¿Qué movió a Aristóteles a disertar tantas y tan hondas cosas de -la contextura de las palabras; qué a fingir aquellos universales? Si -podemos saber alguna cosa sin todo esto, lo mostraré más abajo, donde -hablaré del modo de saber.</p> - -<p>Mientras tanto, de Aristóteles no hay ciencia alguna.</p> - -<p>Velo: la ciencia se obtiene por demostración.<span class="pagenum" -id="Page_30">p. 30</span> ¿Qué es eso? Un sueño de Aristóteles no -desemejante al repúblico de Platón, al orador de Cicerón, al poeta de -Horacio. No hay ciencia en parte alguna. Escribió aquél con bastante -prolija prosa, y nunca dió ciencia, ni después de él la dió nadie. Al -menos, dala tú y envíamela. No la tienes, lo sé; Aristóteles mismo no -formó jamás otro silogismo, sino cuando enseñó a los demás a formarlos; -y entonces, no con los términos que significan, sino con los elementos -<i>a b c</i>, y ello todavía con mucha dificultad. Y si hubiese usado -de términos justificativos, jamás hubiese terminado la obra. ¿Para qué, -pues, sirven éstos? ¿Por qué trabajó tanto en enseñarlos? ¿Por qué -después de él se esfuerzan todavía los demás?</p> - -<p>Escribiendo no usamos de ellos ni él tampoco. Con silogismos -nunca se engendró ciencia alguna, antes se perdieron muchas y se -turbaron por su causa. Arguyendo y disputando, contentos con la simple -consecuencia, todavía usamos menos de ellos, pues de otra suerte nunca -tendría fin la disputa y siempre se había de pugnar sobre reducir el -silogismo a modo y figura, convirtiéndolo en<span class="pagenum" -id="Page_31">p. 31</span> otras copiosas bagatelas; y hay infinitos -necios que hacen hoy así y niegan cuanto no es puesto en modo y figura; -tanta es la estupidez humana y tanta la agudeza y utilidad de esta -ciencia silogística, que, olvidadas totalmente las cosas, se meten en -tinieblas.</p> - -<p>De donde es de admirar al, por otro lado, agudo Averroes, y después -de él muchos, los cuales quisieron mostrar en todas partes que son -infalibles, certísimos y demostrativos los silogismos. ¡Con cuanto -trabajo se esforzó en reducir Aristóteles las cosas que dijo, a tales -moldes, cuando nada hay más extraño a ellas, según después mostraré!</p> - -<p>Al contrario, no es de admirar que el Agustino, esplendidísima -lumbrera de la Iglesia cristiana, aprendiera sin preceptor, por su -solo esfuerzo, todas las otras ciencias, menos esta silogística. Pues -las otras se fundan en las cosas; pero ésta es una ficción sutil y de -ningún fruto, antes de muchísimo daño; como que aparta a los hombres de -la contemplación de la naturaleza y los detiene en sí, lo cual verás -mejor en el discurso de nuestras obras.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span>Mas esto se -diferencia mucho de lo que dicen los escolásticos, a saber: que es el -modo de conocer y el principio sin el cual no hay ciencia.</p> - -<p>Los cuales dicen ciertamente verdad, pero la dicen neciamente. Pues -la ciencia de ellos es ésta: no saben otra cosa que construir de la -nada un silogismo, es decir, de <i>a b c</i>; pues si se hubiese de -construir de algo, enmudecerían, como quienes no entienden ni la más -pequeña proposición.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero volvamos a nosotros.</p> - -<p>¿Qué, pues? Quien enseña a construir una casa ¿no la construye él -jamás, ni tampoco sus discípulos? ¿Cómo voy a creer que se construye -así? Y si no hay demostración, ¿no hay ciencia alguna?</p> - -<p>Además, también es falso aquello de que la demostración engendre -hábito científico. Del ignorante, pero apto para aprender, brota -la ciencia mas no así de la demostración, que sólo muestra la -cosa que se ha de saber, pues tal indica hasta la palabra misma -<i>demostración</i>.</p> - -<p>Yo no entendí jamás de Aristóteles ni de otros<span class="pagenum" -id="Page_33">p. 33</span> la más pequeña proposición; mas impresionado -por la lectura de sus libros, me apliqué a contemplar todas las cosas, -y vistas sus contradicciones y dificultades, para no ser envuelto yo -por ellas, desamparados todos los filósofos, me refugié en las cosas, -ejercitando mi propio juicio. Esto fué para mí Aristóteles; lo que el -mismo Aristóteles dice que fué Timoteo para los demás autores, a saber: -un estímulo para huir de las contradicciones de los sabios y refugiarse -en la naturaleza.</p> - -<p>De donde es fácil ver cuán necios son los que buscan de solos los -libros toda ciencia, no estudiando en las cosas mismas. Pues quien me -señalare con el dedo una cosa para que la vea, no por eso produce en mí -la visión, sino que excita la potencia visual para que se reduzca al -acto.</p> - -<p>De donde me parece también muy necio lo que algunos establecen: que -la demostración concluye y participa necesariamente de lo eterno e -inviolable; cuando por ventura quizá no hay tal eterno, o si existe nos -es desconocido como tal a nosotros, que somos muy corruptibles y muy -violables en poquísimo tiempo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>Por eso, al -contrario, la verdadera ciencia, si la hubiera, sería libre y nacida -de entendimiento libre; el cual, si de suyo no percibe la cosa en sí -misma, no la percibirá forzado por demostración alguna.</p> - -<p>Éstas (las demostraciones) fuerzan, por tanto, a los ignorantes, -a los cuales basta la sola fe. ¿Por qué, pues, ignorante, coliges de -aquí y de allí, de Aristóteles, muchas proposiciones, con las cuales -construyes al fin un silogismo <i>bárbaro</i> y de las cuales no -entiendes una sola? Te querría bien si te dijera: deja la Filosofía, -pues eres totalmente inepto para ella; procura ser un buen alarife o -zapatero, o si quieres menestral, de esos que convierten la madera, -las piedras, los paños y los cueros en figura, no <i>bárbara</i> como -tú, sino pulimentada, y no preguntan qué es la madera, la piedra, el -paño o el cuero, sino cómo forman de ellos una casa, un vestido o un -calzado para el César; mientras que tú, usando de la potestad del -César, construyes un laberinto en el que te aprisionas a ti y a otros -parecidos miserables a quienes falta el filo de la razón.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>No entiendes, no -sabes cosa alguna y, sin embargo, alardeas de enseñar a los demás. -Tampoco yo sé y, no obstante, me empeño en persuadírtelo. De donde -no sabiendo tú aquello, tampoco podrás percibir esto. Y yo tampoco, -ignorándolo todo, podré demostrártelo. Luego nada sabemos.</p> - -<p>Tal muestro todavía. Sigo la definición de la ciencia. Llaman hábito -al <i>conglomerado de muchas conclusiones</i>. Es maravilloso cómo -abandonando totalmente las cosas vuelven siempre los dialécticos a -sus ficciones, semejantes a la gata de Esopo mudada en doncella, la -cual, sin embargo, después de cambiar la forma, todavía perseguía a -los ratones. Y, a la verdad, para aquéllos la ciencia se reduce, pues -no saben más, a muchas conclusiones, sin realidad alguna. Pues ¿quién -definió jamás una visión por un amontonamiento de especies? La ciencia -no es otra cosa que una <i>visión interna</i>. Si la ciencia fuese un -montón de especies, todo libro sería un pozo de ciencia.</p> - -<p>Eres un protervo: dirás tal vez que tus obras tienen ciencia -escrita, según aquello de que uno es el término vocal, otro el escrito, -otro el mental. No entiendo.<span class="pagenum" id="Page_36">p. -36</span> Lo concedo, sin embargo. ¿Qué se sigue? Que ni tú ni yo -sabemos cosa alguna.</p> - -<p>Prueba esto Esopo, el cual puesto entre un gramático y un retórico, -al preguntarle qué sabía, respondió: nada. ¿Cómo es esto? Porque (dijo) -el gramático y el retórico no me dejaron nada por saber; preguntados -antes qué sabían, respondieron que <i>todo</i>. Ahora, pues, este libro -sabe muchas cosas por ti, otro sabrá también muchas y todos los demás -del mismo modo; luego nada nos han dejado a nosotros por saber.</p> - -<p>Prosigo; si hubiesen dicho <i>conglomerado de muchas cosas en la -mente</i>, tal vez hubieran dicho mejor; pero no es del todo verdad. -Pues sólo de una sola cosa puede ser la ciencia; o más bien, sólo hay -ciencia de cada una de las cosas individuales, no de muchas a la vez; -como una visión es de un solo objeto individual; pues ni es posible ver -de un modo perfecto dos cosas juntamente ni entender a la vez dos cosas -perfectamente, sino una después de otra. De donde aquello: aplicada la -mente a muchas cosas, es menor la atención a cada una.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>Mas del mismo modo -que todos los hombres son en especie, mejor dicho, en nombre, un solo -hombre, así la visión se dice una sola aunque sea de muchas cosas, y -las visiones son muchas en número, y así la Filosofía se dice una sola -ciencia, aunque sea contemplación de muchas cosas de las cuales a cada -una corresponde contemplación propia, y la ciencia de cada una, después -de la contemplación, es una sola.</p> - -<p>Ni es tampoco verdad que el cúmulo de muchas cosas en la mente sea -ciencia; lo cual piensan algunos ineptamente, llamando más doctos a -aquellos que más cosas han visto y oído y pueden, por consiguiente, -recitar, ya en la misma ciencia, ya en diversas. Antes al contrario, -quien quiere abrazarlo todo, todo lo pierde; pues basta una sola -ciencia a todo el orbe, pero todo éste no basta a la ciencia. A mí me -bastaría para la contemplación de toda la vida la más mínima cosa del -mundo, y ni aun así alcanzaría a conocerla. Pues ¿cómo un solo hombre -puede saber tantas cosas?</p> - -<p>Créeme, muchos son los llamados y pocos los escogidos; experiméntalo -en ti mismo, contempla<span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span> -alguna cosa, un gusano, si quieres; su alma: nada podrás alcanzar.</p> - -<p>Confieso que estas cosas deben estar necesariamente en la mente -para saberlas; pero esto no es ciencia, sino memoria; como tampoco -el amontonamiento de especies en el ojo es visión (si así se hace la -visión), por más que ésta sin ellas no pueda existir. Pues vemos que -aquellos que imaginan algo fijamente, ofrézcase lo que se quiera a los -sentidos, nada sienten, aunque en el mismo momento se impriman los -espectros en ojos y oídos. Por esta misma razón, afirmóse que todo -estaba en todos. ¿Cómo, pues, dicen, conoceremos aquello que está -fuera de nosotros? Luego todo estaba en nosotros, pero lo hallamos -revolviendo y esto es saber.</p> - -<p>Pero se engañan harto. Primero, porque afirman que en nosotros hay -un asno (por ventura está en ellos), un león y lo demás. Pues ¿cómo -puede suceder que yo esté en el león y el león en mí? ¿No es esto -fingir una quimera? Y ojalá probasen que nosotros sabemos algo; pues -entonces les concederíamos la consecuencia, a saber: que nada<span -class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> puede saberse sin que esté en -nosotros; todo se sabe; luego todo está en nosotros.</p> - -<p>Pero ahora la mayor es dudosa; la menor falsa. ¿Cómo, pues, -concluirás?</p> - -<p>Después, arguyen mal si piensan que basta, para saber, que esté -en nosotros aquello que se sabe. Pues aun cuando esto tal vez -contribuiría, si pudiera ser, no se sigue de ahí que todo esté en -nosotros, antes al contrario; estando ciertamente en nosotros el -cuerpo, el alma, el entendimiento, las facultades, las imágenes -y otras muchas cosas, sin embargo, de ningún modo las conocemos -perfectamente.</p> - -<p>Pero esta cuestión, a saber, si todo está en nosotros, lo trataremos -exprofeso en los libros de la naturaleza; ahora baste haber tocado lo -que conduce al tratado propuesto.</p> - -<p>Así, pues, las cosas o las imágenes de las cosas existentes en -nosotros no hacen ciencia ni son ciencia; pero la memoria es poblada -por ellas, y en la fantasía las contempla la mente.</p> - -<p>De ahí también concluyo que la ciencia se llama pésimamente hábito. -Pues aquí la cualidad<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> -es dificultosamente móvil; la ciencia no es cualidad, a no ser que -quieras llamar a la visión cualidad; más bien acción simple de la -mente, la cual puede ser perfecta aun de primera intención, y no dura -más que lo que está en la mente, como tampoco la visión. De cuya -contemplación y conocimiento, que se hace por la mente, la imagen -confiada a la memoria se retiene en ella; la cual, si se ha fijado -bien, se dirá hábito; si menos, disposición.</p> - -<p>Pero todo esto será propio de la memoria, no de la ciencia; si luego -lo retorna, se dirá que se recuerda lo sabido, no que se sabe, sino -cuando lo contempla; como quien recita lo visto no ve.</p> - -<p>Dícese, sin embargo, que sabe muchas cosas quien retiene en la -memoria lo así sabido, porque o supo antes todo aquello o puede saberlo -cuando quiere; pues aun con la menor ojeada, mirándolas, las entiende, -porque ya las entendió antes.</p> - -<p>De donde queda, que el hábito de muchas cosas en la memoria no -se llama ciencia, si no hubiesen sido ellas conocidas antes por el -entendimiento.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>Decía Platón que -nuestro saber (cosa extraña) no es otra cosa que recordar; es decir, -que nuestra ánima lo sabía todo antes de nosotros, que en nosotros lo -olvidó todo al ser sumergida en el cuerpo, y que poco a poco recuerda -como despertando de un sueño.</p> - -<p>Pero levanta el doctísimo varón un castillo muy deleznable, -no confirmado por la razón y la experiencia; como también otras -muchas cosas que soñó del alma, según mostraremos en el tratado del -espíritu.</p> - -<p>Aquel error lo repitió muchas veces Aristóteles. Mas, dejando -las razones de Platón, porque pueden ser leídas por cualquiera en -él, examinémos nosotros la cuestión por lo que se refiere a nuestro -propósito.</p> - -<p>Si él hubiese dicho que vió cómo su alma lo sabía todo antes que -fuese sumergida en su cuerpo, por ventura lo hubiese creído; pero -entonces no sería hombre, sino larva o fantasma de tal.</p> - -<p>Yo, a la verdad, ignoro qué fué antes de mí; apenas creo lo que veo; -¿cómo, pues, filósofo, creeré tus sueños?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span>Di: o antes que -el alma entrase en tu cuerpo sabía, o no. ¿Dices que sí? Entonces, -o aquella ciencia del alma era sólo recuerdo o no; si lo era, sería -recuerdo de otra ánima que había en ella, la cual, antes que estuviese -en la tuya, lo sabía todo.</p> - -<p>Y el saber de esta otra alma, ¿era o no era recordar?</p> - -<p>Vamos así a lo infinito.</p> - -<p>Si no recuerda por otra ánima, sino por sí misma; fué que se olvidó -antes. ¿Por qué? Y si se había olvidado antes que esto aconteciese, -¿era o no era todavía su saber recordar? También vamos a lo -infinito.</p> - -<p>Si el saber del alma no era recordar, ¿perdió aquel saber sumergida -en el cuerpo? Si no lo perdió, sabe como antes. Y antes, según tú, su -saber no era recordar.</p> - -<p>Y si por la inmersión en el cuerpo, como dices, como aturdida por -el comercio del nuevo domicilio, permanece olvidada de sí durante un -tiempo, se acordará ciertamente después de aquello que había olvidado, -pero no lo sabrá entonces; como también nosotros, olvidados de lo que -antes sabíamos,<span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> por fin -lo recordamos; pero este recuerdo no es saber.</p> - -<p>Mas, si lo pierde, no lo recordará luego; pues solo recordamos -aquellas cosas que permanecen todavía en la memoria o imaginación, -aunque no se ofrezcan al pensamiento, y así, excitados por alguna -reminiscencia de cosa semejante, surgen, como traídas a la fantasía, -pero con recuerdo, porque antes habían estado allí mismo.</p> - -<p>Y si del todo hubiesen sido arrancadas, no fuera recuerdo, sino -nueva impresión; como acontece a aquellos que por enfermedad incurren -en perfecto olvido hasta del propio nombre; de los cuales no dirás que -lo recuerdan si acontece que lo aprenden después; pues dice el vulgo -que son víctimas los tales de total olvido y que, por consiguiente, -deben ser de nuevo instruídos como si fuesen niños ignaros; y ellos -mismos niegan que supieran alguna vez aquello que se les enseña.</p> - -<p>Recordar, pues, no es saber.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span>Además, siempre que -recordamos decimos: había olvidado antes esto, pero ahora lo recuerdo -así, o que así sucedió.</p> - -<p>Y si aconteciere al alma que sólo recordase, diría también el niño -cuando fuere enseñado: yo también sabía esto antes, ahora lo recuerdo. -¿Y quién dice tal?</p> - -<p>Además, si el alma, antes que fuere sumergida en el cuerpo, sabía, -después sabrá ella misma, no el hombre. Y decir que el alma sabe, ¿no -es impropio?</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Finalmente, hagamos más clara la cosa, pues es cuestión de -nombre.</p> - -<p>O saber y recordar son lo mismo o no. ¿Qué han de ser lo mismo? ¿Por -qué, si lo son, no usamos indiferentemente lo uno por lo otro?</p> - -<p>No dudo que recuerdan también los perros; pues herí a uno de -industria, el cual, cuando después me ve, me ladra, acordándose, sin -duda, de las heridas.</p> - -<p>¿Y quién dirá que los perros saben?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>¿Por ventura -no quieres que recuerden los perros, con tal de no desmentir a -Aristóteles?</p> - -<p>Recuerdan, por lo menos, mujeres y niños; y, sin embargo, nada -saben; recordamos todos y nada sabemos.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Si no significan lo mismo recordar y saber, ¿por qué los confunde? -Si lo uno es superior a lo otro, ¿por qué no añadió Platón alguna -diferencia que los restringiese?</p> - -<p>Pues el hombre es animal, pero no sólo animal, porque lo es también -el caballo; por lo cual a éste le añadimos <i>cuadrúpedo</i>, a aquél -<i>bípedo</i>.</p> - -<p>No significan, pues, lo mismo; luego son cosas diversas saber y -recordar.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>¿Qué es saber?</p> - -<p>Conocer las cosas por sus causas, dicen.</p> - -<p>No está del todo bien; es oscura la definición, pues se sigue -inmediatamente la cuestión de las causas, más difícil que la -primera.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>¿Es necesario conocer -todas las causas para conocer las cosas?</p> - -<p>Las eficientes no, pues ¿qué influye mi padre para el conocimiento -de mí?</p> - -<p>Después, si quieres conocer perfectamente el causado, es menester -que conozcas también perfectamente las causas. ¿Qué se sigue? Que -nada se sabe si quieres tener conocimiento perfecto de la causa -eficiente.</p> - -<p>Venimos, pues, a parar en mi tema.</p> - -<p>Para el perfecto conocimiento de mí es menester conocer -perfectamente a mi padre; para conocer a éste es necesario que conozcas -antes a mi abuelo; después de éste a otro, y así infinitamente.</p> - -<p>De las demás cosas lo mismo.</p> - -<p>Y así también de la causa final.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Dirás que tú no consideras los particulares, que no caen bajo la -ciencia, sino los universales: el hombre, el caballo, etc.</p> - -<p>Está bien; pero antes también lo decías; tu<span class="pagenum" -id="Page_47">p. 47</span> ciencia no es del verdadero hombre, sino del -que tú te finges; por tanto, nada vale.</p> - -<p>Considera, pues, aquel fingido hombre tuyo; no lo conocerás si -no conocieres sus causas. ¿La tiene eficiente? No lo negarás. Si -quieres conocer ésta, considera su eficiente. No acabarás nunca, y, -por tanto, nunca sabrás qué es aquel hombre tuyo, ni siquiera si era -<i>verdadero</i>; luego nada sabes.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Por ventura recurrirás a Dios omnipotente, primera causa de todo y -fin último de todo, y dirás que allí hemos de parar y no en el infinito -imaginario.</p> - -<p>De esto, hablaremos después. Pero ahora pregunto: ¿qué de ahí? -Nada sabes. Huyes del infinito y caes en el infinito, inmenso, -incomprensible, indecible, ininteligible. ¿Lo sabes tu acaso, lo -conoces?</p> - -<p>Pero, según tú, es causa de todo. Luego para el conocimiento de los -efectos es necesario su conocimiento, según tu definición. Luego nada -sabes.</p> - -<p>Si para el conocimiento de la cosa no juzgaste<span class="pagenum" -id="Page_48">p. 48</span> necesarias la eficiente ni la final, ¿por -qué no distinguiste en tu definición? Pues yo las entendí todas cuando -dijiste en absoluto: conocer las cosas por las causas.</p> - -<p>Pero en otro lugar, Aristóteles las comprende y enumera todas, -eficiente, material, formal y final, cuando dijo que entonces pensamos -nosotros conocer la cosa, cuando conocemos su primera causa.</p> - -<p>Pero te concedo (aun cuando no deba concedértelo ni pueda -lícitamente) que no son necesarias la eficiente y la final; quedan -dos, la material y la formal, las cuales creo entiendes que se han de -conocer.</p> - -<p>Menos aún.</p> - -<p>Si quieres conocer la forma es necesario que la conozcas por sus -causas, según tu definición. No por la eficiente y la final, como -antes, sino por la material y la formal. Pero no la tienes. Luego nada -sabes. Y si ésta no la sabes, tampoco sabrás aquello de lo cual es -forma, pues ignoradas las partes, se ignora el todo.</p> - -<p>De la materia diré lo mismo, la cual es todavía<span -class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> más simple y menos -sustantiva, y de la cual tal vez no hay causa alguna, al menos -eficiente, material y formal, según Aristóteles; y de la final también -puede dudarse.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>¿Qué dices?</p> - -<p>Basta cualquier conocimiento de las causas para tener ciencia de las -cosas, aunque no sea perfecto.</p> - -<p>Coplas.</p> - -<p>Es imposible conocer perfectamente el todo sin que conozcas -perfectamente las causas.</p> - -<p>Y si concediera también esto, pregunto: ¿puede tenerse ciencia de la -forma y de la materia?</p> - -<p>Lo concederás tú, que pretendes saberlo todo.</p> - -<p>Mas vuelvo a preguntar: ¿por sus causas?</p> - -<p>Si no, tu definición es nula. Y ahora repito lo mismo de estas -causas: ¿pueden saberse? Claro que sí; pues, según tú, lo más simple -es más manifiesto por naturaleza, y, por tanto, es de suyo más -cognoscible. Mas ¿por sus causas? Volvemos a lo infinito.</p> - -<p>Es, pues, nula la definición.</p> - -<p>Y, además, nada sabes por las mismas razones.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>Mas Aristóteles se -objetó a sí mismo en otro lugar: si verdaderamente es sólo ciencia -aquélla que se tiene por demostración y los primeros principios no -pueden demostrarse, no habrá ciencia de éstos y por tanto, no habrá -ciencia alguna.</p> - -<p>Luego rectificó diciendo que no toda ciencia era demostrativa, y que -sólo es indemostrable la de aquellas cosas que carecen de medios.</p> - -<p>Pues de ahí se sigue que aquella sentencia, <i>saber es conocer las -cosas por las causas</i>, no es absolutamente verdadera, ni aquella -otra: la ciencia es hábito adquirido por demostración, si hay alguna -que no se tiene por demostración.</p> - -<p>Mejor habló en otro lugar y podía excusarse si siempre hubiese -hablado del mismo modo y hubiese explicado alguna vez la ciencia -de modo perfecto. Mas ahora, siendo en todas partes vago, confuso -y veleidoso se cierra el camino a la excusa. Pues había dicho que -la ciencia de las cosas, de las cuales son los principios, las -causas y los elementos, pende del conocimiento de éstos. Lo cual es -ridículo como lo entienden sus secuaces, pues reduciendo las cosas a -palabras y silogismos<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> -(soporificados en el viejo error y pudriéndose en él), interpretan los -principios como primeras, manifiestas y supuestas proposiciones de cada -ciencia, a las cuales ellos llaman principios y dignidades; y explican -como causas las proposiciones medias que se hacen entre aquéllos y la -cosa que se ha de probar; y elementos, el sujeto, el predicado, la -cópula, el medio, la extremidad mayor y la menor.</p> - -<p>¿No es todo esto una sutil ficción o más bien un delirio en cuya -comparación, si el Maestro se engaña, los discípulos, no entendiéndole -ni siguiéndole, se engañan más aún? ¿Hasta cuándo se despeñarán en -tantas vanidades, apartándose así de la clara y libre razón?</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero volvamos a Aristóteles. No puede excusarse. Arriba decía que -la de los primeros principios es ciencia, pero indemostrable. En otro -lugar llama al conocimiento de los primeros principios entendimiento, -no ciencia. Mal dicho, pues, si se tuviera conocimiento de éstos, como -de los demás,<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> sería -perfecta ciencia. Mas ahora, no teniéndose de ellos, tampoco se tiene -de aquellas cosas de las cuales son estos principios.</p> - -<p>De donde se sigue que nada se sabe.</p> - -<p>Además, ¿qué es la ciencia sino el entendimiento de las cosas? Sólo -decimos que sabemos algo cuando lo entendemos.</p> - -<p>Pero tampoco es verdad que hay doble ciencia, pues sería una y -simple, si alguna hubiese, como es una la visión.</p> - -<p>Hay, según dicen, dos modos de ciencia: uno simple, cuando -conociésemos una cosa simple, como la materia, la forma, el espíritu; -otro compuesto, por decirlo así, cuando se ofreciere una cosa -compuesta, de la cual hubiera primero que descomponer y conocer cada -una de las partes, y luego, finalmente, el todo.</p> - -<p>Y a este último modo siempre precede el primero; pero a éste no -siempre le sigue aquél.</p> - -<p>En ambos casos, la demostración no sirve de otra cosa sino, tal vez, -para mostrar la cosa que se ha de saber.</p> - -<p>Pero ya hay bastante; pues dijimos ya más de lo<span -class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> que parecía convenir al que -nada sabe. Pero no se ha dicho todo esto sin razón.</p> - -<p>Hasta aquí mostré la ignorancia de los demás, según la definición -de la ciencia y, por tanto, según el conocimiento; ahora mostraré -la mía (no parezca que sólo yo sé algo) por la cual podrás ver cuán -indoctamente sabemos. Pues lo que hasta aquí fué recibido por muchos, a -mí me parece falso, como ya probé; y lo que después diré, verdadero.</p> - -<p>Por ventura juzgarás tú lo contrario, y tendrás por verdadero lo -tuyo; de donde se sigue la confirmación de lo propuesto: que nada se -sabe.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch6"> - <h2 class="nobreak">¿Qué es saber?</h2> -</div> - -<p>Veamos, pues, qué es saber, para que de ahí se haga más manifiesto -si algo se sabe.</p> - -<p><i>Ciencia es el perfecto conocimiento de la cosa.</i></p> - -<p>He aquí una explicación fácil, pero verdadera, del nombre.</p> - -<p>Si preguntas el género y la diferencia, no los daré, pues todo esto -son palabras más oscuras que lo definido.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span>Y ¿qué es -conocimiento?</p> - -<p>Ciertamente no lo sabría definir y si lo definiese de algún modo, -podrías preguntar nuevamente lo mismo de esta definición y de sus -partes. Y así nunca se llegaría al fin; habría duda perpetua de los -nombres.</p> - -<p>Por la cual razón, nuestras ciencias son ya infinitas, ya totalmente -dudosas.</p> - -<p>En alguna parte, dices, nos hemos de parar en las cuestiones. Es -verdad, porque no podemos otra cosa.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero no sé lo que es conocimiento; defínemelo.</p> - -<p>Yo diría la comprensión de la cosa, la perfección, la intelección, y -algo más que signifique lo mismo.</p> - -<p>Si dudas todavía de esto, callaré; pero te exigiré a ti otra cosa; -si lo concedieres, dudaré de lo tuyo, y así padeceremos perpetua -ignorancia.</p> - -<p>¿Qué queda? Un recurso extremo; piensa tú por ti mismo.</p> - -<p>¿Pensaste? ¿Por ventura aprehendiste con la mente el conocimiento? -Así lo crees. A mí también me parece que comprendí.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>¿Qué de ahí? Mientras -hablo después contigo del conocimiento, cual lo comprendí tal lo -propongo; tú, al contrario, cual lo entendiste tú. Esto afirmo yo que -es; tú, afirmas otra cosa.</p> - -<p>¿Quién compondrá el pleito? Quien se conozca a sí mismo -verdaderamente. Y ¿quién es el tal? Nadie. Cada uno se parece a sí -doctísimo; a mí, todos ignorantes. Tal vez sea yo solo el ignorante; a -lo menos, quisiera saber esto; y ni esto siquiera sé. ¿Qué diré, pues, -en adelante que carezca de sospecha de ignorancia?</p> - -<p>¿Para qué, pues, escribo? Para decir lo único que sé: lo que yo -pienso. Mas lo que pienso es mi verdad, no la tuya, no la de todos. -Torno acá. Nada sabemos.</p> - -<p>Supón la explicación del nombre de ciencia dada por mí, para que -proceda el discurso, y de ahí coligamos que nada sabemos, pues suponer -no es saber, sino fingir; por lo cual, de los supuestos saldrán -ficciones, no ciencia.</p> - -<p>Ve adónde nos llevó ya el discurso: Toda ciencia es ficción. -Evidente. La ciencia se ha por demostración. Esta supone la definición, -pues no pueden<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> probarse -las definiciones, sino que deben creerse; luego la demostración de -supuestos producirá ciencia supositicia, no firme y cierta.</p> - -<p>Además, según tú, se han de suponer los principios, y no conviene -disputar sobre ellos; luego lo que de ellos se sigue será supuesto, no -sabido.</p> - -<p>¿Hay algo más miserable? Para saber es necesario ignorar. Pues ¿qué -otra cosa es suponer sino admitir lo que no sabemos? ¿No sería mejor -saber antes los principios?</p> - -<p>Yo niego los principios de tu arte; pruébalos.</p> - -<p>No se ha de argüir contra los que niegan los principios, dices. No -lo sabes probar. Eres ignorante, no sabio.</p> - -<p>Mas corresponde a la ciencia superior o común probar los principios. -Lo sabrá, por ventura, todo, quien posea esta ciencia común; tú, nada; -pues quien ignora los principios, ignora también la cosa. Pero ¿qué es -aquella ciencia común?</p> - -<p>Es maravilloso cómo estos artífices se parten los oficios, se -separan con linderos, del mismo modo que el necio vulgo se adapta y se -parte la tierra. Levantan un imperio de las ciencias, cuya reina<span -class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> y supremo juez es la ciencia -común, la Lógica, a la cual se llevan los supremos pleitos; ésta da -leyes a las demás, leyes que es menester aceptar como buenas; a ninguna -de las otras ciencias, es lícito echar impunemente la hoz en su mies, -ni a las unas en el campo de las otras; y así toda la vida pleitean -del sujeto de cada ciencia, y no hay quien dirima este pleito de -ignorancias.</p> - -<p>De ahí, que si alguno trata de los astros en la física, dicen que -lo hace o en cuanto que es físico o en cuanto es astrólogo; y uno -compra esto del aritmético, pero otro roba aquello del matemático. -¿Qué es esto? ¿No son entretenimientos de chiquillos? Pues éstos, en -un lugar público, en la plaza, en el foro o en el campo, construyen -huertas, las cercan con tejas y cada uno cierra a otro la entrada de su -huertecillo.</p> - -<p>Entiendo lo que es eso. No pudiendo cada uno abrazarlo todo, el -uno se eligió esta parte, el otro se apartó la otra. De ahí, que nada -se sabe. Pues, conspirando todas las cosas que hay en este mundo a -la composición de una sola, las unas no pueden subsistir sin las -otras, ni éstas ser conservadas<span class="pagenum" id="Page_58">p. -58</span> con aquéllas; y cada cual ejerce su oficio, diverso, sí, -del de la otra, pero todos, no obstante, concurren a uno solo; éstas -causan aquéllas, y éstas son hechas por aquellas otras. Es indecible la -concatenación de todas.</p> - -<p>No es, pues, de extrañar, si, ignorada una cosa, se ignora también -lo demás. Por causa de lo cual acontece que quien se ocupa de los -astros, considerando sus movimientos y las causas de ellos, acepta del -físico, como cosa probada, qué es el astro, qué el movimiento; de ahí -que sólo contemple la variedad, y la multitud del movimiento.</p> - -<p>De lo demás, del mismo modo.</p> - -<p>Mas, esto no es saber.</p> - -<p>Saber es haber conocido primero la naturaleza de la cosa, en segundo -lugar los accidentes, cuando la cosa tiene accidentes.</p> - -<p>De lo cual se sigue que la demostración no es silogismo científico, -más bien, nada es, como que solo demuestra, según tú, que tiene -accidente (pues para mí, tanto dista de demostrar algo, que más bien -esconde y no hace otra cosa que turbar el ingenio); pero, en cambio, -supone la definición de la cosa.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>Nada, pues, saben -los que se fían de demostraciones y esperan de ellas ciencia; quienes -condenan también éstas, nada para ti; y como poco ha, lo probaré.</p> - -<p>Luego nada sabemos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch7"> - <h2 class="nobreak">Elementos de la ciencia.</h2> -</div> - -<p>En la ciencia, pues, si admites mi definición, hay tres cosas: la -que se ha de saber, el ente que conoce y el conocimiento mismo; cada -una de las cuales hemos de explicar por separado, para colegir de ahí -que nada se sabe.</p> - -<p>En primer lugar, ¿cuántas son las cosas que se pueden conocer? -Tal vez infinitas, no sólo en los individuos, sino también en las -especies.</p> - -<p>Negarás que son infinitas, pero no probarás que son limitadas pues -ni siquiera pudiste numerar la más mínima parte de ellas; yo apenas -conocí el hombre, el caballo y el perro.</p> - -<p>Luego de esto ya nada sabemos. Pues ni tú viste el fin de todas -las cosas, y, sin embargo, afirmas que son finitas; ni yo tampoco vi -su infinidad; pero, no obstante, conjeturo que son infinitas.<span -class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span> ¿Qué más cierto te parecerá a -ti? A mí nada.</p> - -<p>Pero dirás: ¿qué puede impedir la infinidad para el conocimiento -de una sola cosa? Mucho, según tú, pues es necesario conocer los -principios para conocer las cosas; tal vez, la materia y la forma; -mas, en el infinito, las materias infinitas son tal vez distintas en -especie (por más que tú no quieres distinguir de algo la materia por su -especie; de lo cual hablaremos después).</p> - -<p>De las formas no hay duda; pero del infinito no hay ciencia -alguna.</p> - -<p>Replicarás: puede ser la misma la materia aun de cosas infinitas. -Cierto; pero también puede no ser la misma, y, por consiguiente -múltiple. Pues, por ventura, hay otras cosas totalmente diversas de las -nuestras, que no conoció ninguno de nosotros. Lo cual puede ser y no -ser, es dudoso cuál de ambas cosas es.</p> - -<p>Pero la ciencia es de suyo de lo que es y que no puede ser de otra -manera, según tú. Ni es necesario que haya cosas infinitas, para que -sea diversa la materia; pues ni siquiera a ti, que las crees infinitas -todavía, no consta ni constará jamás (puedo,<span class="pagenum" -id="Page_61">p. 61</span> sin embargo, engañarme) si la materia del -cielo es la misma que la de estas cosas inferiores.</p> - -<p>¿Que tal vez los espíritus tengan materia propia, aunque se digan -simples? Ciertamente. Afirmas tú que son muchos sus géneros y muchas, -por consiguiente, las diferencias. Luego convienen en algo común; y -esto es, según tú, la materia; y se diferencian en algo, y esto es la -forma.</p> - -<p>¿Tienen también materia propia los accidentes? Tú llamas al género -de ellos materia, y a la diferencia forma.</p> - -<p>¿Es la misma que la del cielo la materia de los astros? No lo sabes. -Parece que no.</p> - -<p>Luego tampoco sabes los principios, de los cuales se ignora cuántos -son, aunque las cosas sean finitas.</p> - -<p>Ni se tendrá jamás estabilidad en los principios; pues los -principios del hombre son los elementos; de los cuales surgen materia y -forma; y de esta materia y esta forma otras más simples.</p> - -<p>Lo mismo del león, del asno, del oso; y así infinitamente.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>Y de las formas -no hay duda que en el infinito serán infinitas. Mas es necesario -preconizar los principios.</p> - -<p>Dirás que los elementos no son principios, de lo cual se hablará -después. Y aun que no habrá principios, pues de lo infinito no hay -principio...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero sean finitas las cosas: no por eso sabrás más. Pues ni siquiera -conociste el primer principio necesarísimo de todas las cosas; por lo -cual tampoco lo demás que se deriva de él. Nada, pues, sabemos.</p> - -<p>Después, entre las cosas, unas son de sí como principio, de sí como -sustancia, en sí, por sí y únicamente para sí (séame lícito hablar de -esta manera), como la que llaman los filósofos primera causa, y los -nuestros Dios; y todas las demás de éste, no de sí como principio, no -de sí como sustancia, no en sí, no por sí, no para sí solas ni por -causa de sí, sino que unas se originan de otras, otras se constituyen -de otras, otras están en otras, otras son por otras. Y todas ellas es -necesario conocerlas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>Mas, a Dios ¿quién -le conoció perfectamente? «No me verá el hombre y vivirá». Por -consiguiente, sólo fué lícito a Moisés verle por segundas causas; es -decir, por sus obras. De donde dijo San Pablo: las cosas invisibles de -Dios se ven por lo que ha sido hecho, entendiéndolo.</p> - -<p>Y así es menester también conocer cuáles son las cosas que causan y -el cómo, para que sepamos el qué perfectamente.</p> - -<p>Y hay tal encadenamiento en todas las cosas, que ninguna es tan -ociosa que no aproveche o dañe a otra; y aun una misma tiene por -destino dañar a muchas y ayudar a muchas.</p> - -<p>Luego es necesario conocerlas todas para el perfecto conocimiento de -una sola. Mas esto, ¿quién lo puede alcanzar? Jamás lo vi.</p> - -<p>Y por esta misma razón unas ciencias prestan ayuda a otras, y cada -una contribuye al conocimiento de las demás.</p> - -<p>A tal punto que ninguna puede saberse perfectamente sin las otras; -y, por ende, éstas son obligadas a corroborar a aquéllas. Y los sujetos -de todas hanse también de tal manera, que el uno<span class="pagenum" -id="Page_64">p. 64</span> depende mutuamente del otro y también cada -uno hace mutuamente a los demás.</p> - -<p>De donde se sigue nuevamente que nada se sabe. Pues ¿quién conoce -todas las ciencias?</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch8"> - <h2 class="nobreak">Casos prácticos.</h2> -</div> - -<p>Traeré un ejemplo breve para que no quede esto sin prueba. Bastará -del hombre.</p> - -<p>Éste odia al basilisco; pues cuéntase que el basilisco muere por la -saliva del hombre ayuno; el basilisco al hombre y a la comadreja, la -cual sola dícese que lo mata; la comadreja al basilisco y al ratón; -el ratón a la comadreja y al gato; el gato al ratón y al perro; el -perro al gato y al conejo; el conejo al perro y al hurón. Y basta de -antipatías.</p> - -<p>Además, el hombre no se mantiene y deleita de cualquier manjar, -sino del buey, del carnero, etc. Éstos no de cualquier cosa que se les -ofrece, sino de heno, paja, avena, que no se crían en cualquier tierra, -sino en una determinada; y esta tierra no lo produce todo, sino un -fruto peculiar a lo que contribuye mucho este o el otro cielo. Baste -aquí de las simpatías.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>¿Cómo sucede todo -esto? Es menester conocer la naturaleza de cada una de tales cosas -antes de conocer dignamente al hombre.</p> - -<p>Y además, porque el hombre se nutre, crece, vive, raciocina, -engendra, se corrompe, hase de preguntar inmediatamente del alma y de -sus facultades.</p> - -<p>Por igual razón también hay que inquirir de las plantas con qué -alma viven; de los animales, de los seres inanimados. ¿No es la -misma la ciencia de los contrarios? La generación y la corrupción -¿quién las hace? Las cualidades contrarias. Pues inmediatamente se -pregunta de éstas, de los elementos, de los cuerpos superiores, de la -introducción del alma, de la introducción de las formas, de la acción -y de la pasión; de la cualidad, de la cantidad, de la situación, de -la relación; por qué se siente, engendra y calienta. Además, aquello -por qué está en descanso; lo otro, por qué es en un instante; esto, -por qué es en el tiempo; hase de ver qué es tiempo y espacio e -inmediatamente saber de los cielos y de sus movimientos, pues el tiempo -es, (dice Aristóteles, aunque mal, como veremos<span class="pagenum" -id="Page_66">p. 66</span> después) número y lugar, según que tiene -sucesión y extensión.</p> - -<p>Puesto que el movimiento se mueve en línea recta y hacia abajo, debe -preguntarse qué es hacia arriba y qué hacia abajo; cual es el centro -del mundo, cuales los polos, y sus demás partes.</p> - -<p>Porque vemos, y esto mediante la luz, pregúntase inmediatamente de -los colores, de las imágenes, de la luz, del sol y de los astros.</p> - -<p>Porque existe el cuerpo y es en el lugar, pregúntase del cuerpo, de -la sustancia, del espacio y del vacío.</p> - -<p>Porque el espacio dícese finito, de lo finito y de lo infinito.</p> - -<p>Porque el cuerpo engendra y es engendrado, inmediatamente de todas -las causas basta la primera.</p> - -<p>Porque el hombre raciocina, del alma intelectiva y de sus -facultades, de la ciencia y de lo cognoscible, de la prudencia y de los -demás hábitos.</p> - -<p>Porque mata, porque nunca vive contento, porque expone a la muerte -la vida por la patria, porque socorre a enfermos y necesitados, -suscítanse las cuestiones del bien y del mal, del último y sumo<span -class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> bien, de la virtud y del -vicio, de la inmortalidad del alma.</p> - -<p>Cualquiera de estas cosas lleva consigo todas las demás, que seguir -fuera fastidioso.</p> - -<p>Y lo mismo la cosa más trivial.</p> - -<p>Conocerás esto con el ejemplo familiarísimo del reloj común. Pues -si quieres saber cómo da las horas, es menester que examines todas -las ruedas desde la primera a la última, y qué mueve la primera, y -cómo ésta la otra y ésta otras dos, y así llegar hasta la última. -Y si, aparte de dar las horas el reloj, las señala también con una -aguja en un cuadrante, y muestra, además, los movimientos de la luna, -su crecimiento y decrecimiento, y asimismo el curso perfecto del sol -por el Zodiaco, de igual tenor que se hace en el cielo (todo lo cual -y otras muchas cosas vemos que se nos muestra en el reloj portátil, -según el verdadero curso de los astros), ciertamente harás la cosa más -difícil, y no podrás percibir cómo se hace la menor de estas cosas sin -que desmontes totalmente toda la fábrica, la examines y entiendas cada -parte y su oficio.</p> - -<p>Lo mismo te representará el orbe de cristal<span class="pagenum" -id="Page_68">p. 68</span> construído con admirable artificio por -Arquímedes en el cual orbe todas las esferas y planetas eran movidos -y observados del mismo modo que en el Universo, haciéndolo todo -automáticamente un soplo por ciertos canalillos y conductos. ¿No era -menester, si alguno quería conocer esto, penetrar perfectamente toda la -máquina y sus partes hasta la más pequeña con sus oficios?</p> - -<p>Lo mismo se debe entender en este nuestro orbe. Pues ¿qué hallarás -en él que no mueva y sea movido, mude y sea mudado o experimente una o -ambas cosas?</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch9"> - <h2 class="nobreak">Consecuencias.</h2> -</div> - -<p>Ve adónde se ha llegado.</p> - -<p>Sólo hay o podría haber una ciencia: la de la naturaleza de las -cosas; por la cual todas ellas serían perfectamente conocidas: ya -que una no puede ser conocida perfectamente sin todas las otras. -Las ciencias que tenemos son vanidades, rapsodias, fragmentos de -observaciones contradictorias; lo demás, imaginaciones, artificios, -fantasías...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>De donde no del todo -ineptamente decía el Rey Sabio: que la sabiduría de los hombres es -necedad ante Dios.</p> - -<p>Pero volvamos allá de donde nos habíamos apartado, y de ahí colige -que es una sola la ciencia de todas las cosas. Pues siempre que -acontece tratar de alguna cosa, con ocasión de ésta hase de tratar de -otra y de otra por ésta, y por tercera vez de otra por ésta; y así -iríamos hasta lo infinito, si en medio del camino no volviésemos pie -atrás, y no sin detrimento de la sabiduría.</p> - -<p>De donde surge aquella ley en las ciencias: <i>Todo está en -todo</i>; pues vemos que todo se sigue de todo. Mas para que no dejara -de tener fin su ciencia, se empeñaron los filósofos en poner límites, -los cuales, sin embargo, no pueden conservar (pues, ¿cómo conservarán -los límites que no tolera la naturaleza?); de donde es necesario -repetir lo mismo mil veces en la misma obra y en las diversas obras. -Fácilmente lo mostraríamos en cualquier autor, pero sería largo. -Pues lo que dijo Aristóteles en los predicamentos ¿no lo repite, por -ventura, en la Física y en la Metafísica? ¿y<span class="pagenum" -id="Page_70">p. 70</span> lo que en estas ciencias en otras, -frecuentemente?</p> - -<p>Y nuestro Galeno ¡cuán prolijo es! Apenas hallarás un solo capítulo -en que no leas: <i>Y de esto, aun cuando tratamos más extensamente en -otro lugar, no dañará si repetimos brevemente lo que atañe a nuestro -propósito. Baste aquí por lo que se refiere al presente tratado; lo -demás lo hallarás en tal libro</i>.</p> - -<p>Lo cual muestra claramente que para el conocimiento de una sola -cosa es también necesario el conocimiento de las demás; cuando también -para la producción de una sola cosa, conservación o destrucción, -es necesario el concurso de todas las otras, como probaremos más -extensamente en el examen de la naturaleza.</p> - -<p>Confirman también lo mismo los que promueven disputa sobre alguna -cosa; pues si pretenden probar que el hombre es animal, distan tanto de -lograrlo, que, al revés, discurriendo mediante silogismos, de una cosa -en otra llegan por fin o al cielo o al infierno, según los medios de -que usa el probante y según lo negado por su rival.</p> - -<p>Y lo que el inventor de la demostración dice de<span -class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> ella, que por los intermedios -hase de llegar a los primeros principios, y que en ellos se ha de -parar, es una ficción; como también todo lo otro que dice acerca de la -misma cosa.</p> - -<p>Ni tampoco hay tales medios ciertos, numerados y ordenados, por los -cuales podamos proceder libremente; ni principios en los cuales pueda -el ánimo posarse quieto y contento.</p> - -<p>Y si tú tienes tales cosas, me placerá mucho que me las enseñes.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch10"> - <h2 class="nobreak">Otra prueba<br /> de la ignorancia.</h2> -</div> - -<p>¿Y esperas todavía más ancha prueba de nuestra ignorancia? La -daré.</p> - -<p>Viste ya la dificultad en las especies.</p> - -<p>Mas de los individuos confesarás que no hay ciencia alguna, porque -son infinitos.</p> - -<p>Pero las especies nada son, o al menos son una fantasía; sólo -son los individuos, sólo se perciben éstos, sólo de éstos hase de -tener ciencia; de ellos se ha de captar. Si no es así muéstrame -en la naturaleza aquellos tus universales; los darás en los<span -class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> mismos particulares. Nada veo -en ellos universal; todo particular.</p> - -<p>Y en éstos ¿cuánta variedad se observa? Cosa maravillosa. Este es un -ladrón acabado; aquél homicida; aquél sólo nacido para la gramática; -el otro totalmente inepto para las ciencias; éste cruel y sanguinario -desde la cuna; por ningún arte puede ser aquél apartado del vino, éste -del placer venéreo, el otro del juego; uno se derrite a sola la vista u -olfato de la hiel; otro no gustó jamás la manzana ni puede ver a otro -que la guste; otros la carne, otros el queso, otro el pescado: de todos -los cuales nosotros conocimos algunos.</p> - -<p>Hay quien devora y cuece indiferentemente metales, vidrios, plumas, -ladrillos, lana, y, finalmente, todo; otro cae en síncope al olor o -vista de una rosa; éste odia a las mujeres; aquél se nutre con cicuta; -esotro duerme día y noche. Yo arrojé muchas veces con ira los libros y -huí del arte, pero en el foro, en el campo, medito sin cesar, y nunca -menos solo que cuando estoy solo, y nunca menos ocioso que cuando -estoy ocioso; conmigo tengo el enemigo y no puedo evadirlo, y, como -escribió<span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> Horacio: -<i>huyo fugitivo de mí mismo, como errabundo, ya preguntando a los -caminantes, ya buscando calmar el cuidado con el sueño; pero en vano, -porque la negra compañera me atormenta y sigue...</i></p> - -<p>Finalmente, hay algunos hombres ante los que dudas muy seriamente si -los debes llamar racionales o irracionales. Y, al contrario, hay brutos -a los que puedes apellidar con mayor justicia racionales que a algunos -de entre los hombres. Responderás que una golondrina no hace verano ni -un particular destruye lo universal. Yo, al contrario, insisto en que -el universal es totalmente falso, a no ser que abrace y afirme cómo es -todo lo que se contiene bajo de él. Pues, ¿cómo fuera verdad decir que -todo hombre es racional, si muchos o uno solo fuesen irracionales? Si -dices que en este hombre el defecto no está en el ánima, sino en el -cuerpo su instrumento, dirás, por ventura, verdad, pero en mi favor. -Pues, el hombre no es sola el ánima ni sólo el cuerpo, sino los dos -juntos; luego, siendo uno de ellos defectuoso, defectuoso será el -hombre.</p> - -<p>De lo cual se sigue que es ridículo el dicho de algunos: que el alma -del hombre puede ser redonda<span class="pagenum" id="Page_74">p. -74</span> o de cualquiera otra figura distinta de como todos somos. -Ignoro si ellos la vieron alguna vez; si la vieron, confirman mi tesis; -pues nadie creería que tal alma fuese de la misma condición que las -nuestras. Si no la vieron, ¿por qué la fingen tal cual la naturaleza no -puede, por ventura, producirla? Y si puede, ¿cómo será cierta aquella -proposición: el alma es acto del cuerpo físico?</p> - -<p>He aquí la ciencia de los tales.</p> - -<p>Y todavía es mucho más absurdo aquello de que, no existiendo hombre -alguno, sería verdadero decir: el hombre es animal. Ello es suponer un -imposible para inferir una falsedad. Pues, si hablas en la filosofía, -jamás faltarán hombres, porque el mundo es eterno; si hablas en la -fe, ¿dejará de ser Cristo nuestro Señor? Ve cómo de ambas maneras es -imposible el supuesto.</p> - -<p>Mas, ¿no sabes por tu preceptor que, puesto lo posible en el ser, -no se sigue inconveniente, pero que, admitido lo imposible, se siguen -muchos?</p> - -<p>Pero sea, sea posible: si el hombre <i>no es</i> ¿cómo será el -hombre animal?</p> - -<p>Dicen que el verbo <i>es</i> tómase allí por la esencia,<span -class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> no por la existencia y que es -sólo cópula, y que, por tanto, aquella proposición es eterna y en las -ciencias siempre se toma así; y que aun antes de la creación del hombre -fué verdadera aquella proposición y que en la mente divina estuvieron -todas las esencias de las cosas. Y así, escriben cosas maravillosas -del ser y de la esencia. ¿Cabe mayor vanidad? De tal manera truecan y -cambian las palabras de su propia significación, que su lenguaje es -totalmente diverso del paterno, debiendo ser el mismo. Y, acercándose -a ellos para aprender algo, cambian de tal manera las significaciones -de las palabras, de las que antes habías usado, que ya no designan las -cosas mismas y naturales, sino aquellas que ellos se fingieron, para -que tú, ávido de saber y totalmente ignorante de estas cosas nuevas, -les oigas a ellos disputando y disertando con sutileza, tejiendo sueños -de sueños, fantasías aderezadas con maravilloso artificio, y les -admires y les tengas y reverencies como agudísimos escudriñadores de la -naturaleza.</p> - -<p>¡Caso extraño! ¡Cuánta barbarie! ¿Qué cosa más sencilla, más clara, -más usada que el verbo es? Sin<span class="pagenum" id="Page_76">p. -76</span> embargo, ¡cuánta disputa en torno suyo! Los chiquillos son -más doctos que los filósofos, pues si preguntas a un niño si el padre -está en casa, responde que está, si está; si preguntas si es malo, lo -niega.</p> - -<p>El filósofo, de ningún hombre afirma nada a derechas. Ni es tampoco -menos absurdo lo que algunos se empeñan en establecer, que la filosofía -no puede ser enseñada en otro idioma que en griego o latín; porque, -dicen, no hay palabras con las que puedas traducir muchas que hay en -aquellas lenguas, como la <i>entelequeia</i> de Aristóteles (de la cual -se ha disputado en vano hasta ahora cómo se debe verter del latín); -<i>esencia</i>, <i>quiddidad</i>, <i>corporeidad</i> y otras parecidas -que maquinan los filósofos. Naturalmente, como no significan cosa -alguna, tampoco son entendidas por nadie ni pueden ser explicadas ni -vertidas en lenguaje vulgar, el cual suele designar con sus nombres -propios sólo las cosas verdaderas, no las fingidas.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span></p> - <h2 class="nobreak">Etimologías.</h2> -</div> - -<p>Añade a esto la frívola sentencia de otros que asignan a las -palabras no sé qué fuerza propia, para deducir de ahí que los nombres -fueron impuestos a las cosas según la naturaleza de ellas.</p> - -<p>Guiados por lo cual, no menos neciamente empéñanse algunos en -traer de algo propio las significaciones de todas las palabras; como -<i>lapis</i> (piedra), de que hiere el pie; <i>humus</i> (tierra), -de humedad. Y asno, ¿de dónde?: de ti, vano etimologista, porque no -tienes <i>sentido</i>, pues <i>a</i> en griego y latín significa -frecuentemente privación; <i>sinus</i>, como <i>sensus</i>, sentido; -luego <i>asno</i> es lo mismo que <i>sin sentido</i>, o sea lo mismo -que tú.</p> - -<p>Pero ¿no es buena la etimología?</p> - -<p>No, cuando se inquieren las palabras más bien por curiosidad que -con verdad o utilidad; así todo lo haces derivativo o compuesto, nada -simple o primitivo; ¿cabe mayor insensatez?</p> - -<p>Si la dicción <i>lapis</i> (piedra) fué impuesta por la naturaleza -de la cosa, como dices, ¿es la naturaleza de la piedra que hiera el -pie? Pienso que no.<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span> -Pero sea. ¿Cómo <i>lædo</i> (hiero) representa la naturaleza del daño -que significa? ¿Cómo <i>pes</i> (pie) significa la naturaleza del -pie?</p> - -<p>Vamos a lo infinito.</p> - -<p><i>Humus</i> tampoco se dice de <i>humedad</i>; pues, al contrario, -la tierra es, según tú, el más seco de todos los elementos; pero, -aunque fuera humidísima y de la humedad se dijera <i>humus</i>, ¿de -dónde se dirá tal la humedad? Si me das otra palabra preguntaré -su abolengo. Y así, otra vez hasta lo infinito. Porque, si cesas -en alguna, la obligaré a que muestre la naturaleza de la cosa que -significa. Todas las intermedias parecen representar la naturaleza -de la cosa, porque se derivan de otras que significan algo hasta la -última, que de ninguna otra se deriva, según tú; pues bien, preguntaría -lo mismo de la última.</p> - -<p>¿Cuántas son las voces simples? Casi todas.</p> - -<p>Además. Si <i>pan</i> ha sido impuesta, según la naturaleza de -la cosa, ¿qué decir de la griega <i>artos</i>, o de la británica -<i>bara</i>, o de la vascuence <i>ouguia</i>, cuya diversidad en el -sonido, en las letras, en el acento, es tanta, que no tienen nada de -común?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>Si dices que sólo una -lengua ha sido impuesta, según la naturaleza de la cosa, ¿por qué no -las demás también? Y ¿cuál es ella? Si dices que la primera de Adán, -acaso, pues pudo, por haber conocido las naturalezas de las cosas, -como atestigua el autor del Pentateuco, darles nombre adecuado, pero -entonces ciertamente habría hecho falta que su filosofía o la que -tenemos hubiese sido escrita en su idioma. ¡Bella filosofía la que no -puede ser enseñada o explicada con otro lenguaje que con el de Adán! -Pero tú, varón prudentísimo, te contentas con el griego o el latín, que -no han sido impuestos por la naturaleza de las cosas.</p> - -<p>¿Y no se corrompen y mudan perpetuamente las voces?; ¿no hay -libros franceses y españoles en los que hallarás muchas palabras cuyo -significado se ignora totalmente?</p> - -<p>¿No hay en latín muchas palabras anticuadas y no se inventan otras -muchas todos los días? Lo mismo acontece con el estilo, y con otras -cosas, que se varían con el uso continuo y, al fin, tanta mudanza se -hace que degenera todo y todo se hace diverso; así pereció el antiguo -idioma latino transformado<span class="pagenum" id="Page_80">p. -80</span> ahora en el vulgar italiano; el griego del mismo modo.</p> - -<p>Y si algunos libros conservan todavía sobrevivientes ambas lenguas, -difieren tanto de aquel antiguo esplendor y sentido, que si nos oyeran -hablando su lengua Demóstenes o Cicerón, se reirían.</p> - -<p>Ni es esto solo, sino que los idiomas toman de los demás muchas -dicciones; y así opino que no nos queda ninguna sincera y legítima -lengua.</p> - -<p>No tienen, pues, las voces ninguna facultad de explicar las -naturalezas de las cosas, aparte de aquella que tienen por el arbitrio -del imponente; y la voz <i>canis</i> la misma fuerza tiene, si te -place, de expresar pan que perro.</p> - -<p>Hay palabras impuestas a las cosas por el efecto o por algún -accidente, mas no por la naturaleza. Pues ¿quién conoce las naturalezas -de las cosas para que, según ellas, les imponga nombres? O ¿qué -comunidad hay entre nombres y cosas? De aquellos los hay propios, -como si llamas al hombre risueño o lloroso, en los cuales los -primitivos<span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span> <i>risa</i> -o <i>llanto</i> no tienen otra fuerza que la que recibieron de nuestro -arbitrio; así las locuciones que parecen más significativas.</p> - -<p>Hay también palabras que por semejanza imitan los sonidos, las voces -de aquellas cosas que significan, y, por ende, llámanse onomatopeicas, -como el <i>cacarear</i> de las gallinas, el <i>graznar</i> de los -cuervos, el <i>rugir</i> de los leones, el <i>balar</i> de las ovejas, -el <i>ladrar</i> de los perros, el <i>relinchar</i> de los caballos, -el <i>mugir</i> de los bueyes, el <i>gruñir</i> de los puercos, el -<i>roncar</i> de los que duermen, el <i>susurro</i> de las aguas, el -<i>silbido</i>, el <i>tañido</i>, el <i>clangor</i> de las campanas -y clarines. (<i>Baubantem est timidi pertimuisse canem.</i>) <i>Es -del tímido temer al perro que ladra</i>; y aquello otro: (<i>Et tuba -terribili sonitu taratantara dixit.</i>) <i>Y la trompeta con terrible -sonido dijo taratantara</i>; y también: (<i>Quadrupedante putrem sonitu -quatit ungula campum.</i>) <i>Con cuádruple sonido hiere con sus patas -el polvoroso campo.</i></p> - -<p>Y tampoco en esto hay alguna demostración de la naturaleza de -aquellas cosas que significan, sino semejanza de sonidos.</p> - -<p>Menos todavía debe buscarse derivación en todas<span -class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> las palabras; pues de otra -suerte iríase a lo infinito.</p> - -<p>Pero fuimos más lejos de lo que había pensado.</p> - -<p>Vuelvo atrás.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch12"> - <h2 class="nobreak">Variedades humanas.</h2> -</div> - -<p>¡Cuánta variedad de los hombres aun en la misma especie!</p> - -<p>En unas partes son de cortísima estatura, los pigmeos; en otras, -de gran talla, los gigantes; unos andan totalmente desnudos; otros -vellosos y cubiertos de pieles en todo el cuerpo; los hay faltos -totalmente de palabra, que viven en las selvas como las fieras, se -refugian en cavernas o se establecen en los árboles a modo de aves, y -si logran alguna vez arrebatar a nuestros hombres, los devoran con gran -placer; los hay que descuidados totalmente de Dios y de la religión lo -tienen todo común, inclusos los hijos y las mujeres: vagan y no tienen -asiento fijo. Al contrario, otros, esclavos de Dios y de la religión, -derraman intrépidamente la sangre por la caridad y la fe.</p> - -<p>Cada cual quiere tener ciudad propia, casa, mujer<span -class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> y familia, y, habidas, las -defienden hasta la muerte; unos, después de la muerte son entregados -al fuego o a la tierra con los amigos vivos, las mujeres y el ajuar; -otros, no curando de cosa alguna de éstas, quedan insepultos; hay quien -permite que le despedacen vivo y le dividan en partes, y lo procura; -hay quien cree que a todo trance ha de huir la muerte.</p> - -<p>No acabaríamos, si quisiéramos narrar todas las costumbres de los -hombres.</p> - -<p>¿Atribuyes tú a todos ellos la misma condición que a nosotros? A mí -no me parece verosímil que sean iguales. Sin embargo, nada sabemos ni -tú ni yo.</p> - -<p>Negarás, por ventura, que algunos de los tales sean hombres.</p> - -<p>No lo disputaré; así lo acepté de otros; de ellos están llenos los -libros de los antiguos y de los modernos, y no parece imposible; y -aun, por ventura, los hay más diversos aún de nosotros en alguna parte -del mundo no descubierta todavía, o los hubo o los habrá. Pues, ¿quién -puede decir algo cierto de todo lo que fué o es o será?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>Decías ayer con tu -perfecta ciencia, y aun desde muchos siglos se dijo, que toda la tierra -era rodeada por el océano, y la dividías en tres partes universales: -Asia, África, Europa. Ahora, ¿qué dirás? Ha sido hallado un nuevo -mundo, nuevas cosas en la nueva España, en las Indias occidentales y -orientales.</p> - -<p>Decías también que las tierras meridionales y puestas debajo del -Ecuador eran inhabitables por el calor, y que las situadas debajo -de los Polos y en las zonas extremas, por el frío. Ya prueba la -experiencia que ambas cosas son falsas.</p> - -<p>Construye otra ciencia, pues la ciencia de ayer es ya un montón de -dislates.</p> - -<p>¿Cómo afirmas, pues, que son eternas e incorruptibles, y que no -pueden ser de otra manera tus proposiciones, miserable gusano, que -apenas sabes qué eres, de dónde vienes ni adónde vas?</p> - -<p>De las otras especies, ya de animales, ya de plantas, según la -diversa situación del orbe, puede decirse lo mismo; pues en las -diversas tierras y mares del mundo hay tanta muchedumbre de especies, -que parecen distintas y lo son. Nada, sin<span class="pagenum" -id="Page_85">p. 85</span> embargo, se sabe, puesto que no conocemos las -formas de unas y otras cosas, por las cuales se distinguen.</p> - -<p>Añade que, para mayor ignorancia nuestra, nos esta vedado el acceso -de algunas cosas o por el espacio o por el tiempo, y ellas son la mayor -parte. De ahí, que haya gran duda de aquellas cosas que se hacen y son -en el mar, en las entrañas de la tierra, en las alturas atmosféricas y, -finalmente, en los más elevados cuerpos.</p> - -<p>Y no sin razón, pues todo conocimiento procede del sentido; por el -cual, como no puedan ser percibidas aquellas cosas, tampoco pueden -saberse, y mucho menos que las que están con nosotros, pues de éstas no -dudamos que sean, mas de muchas de aquéllas hay variedad de opiniones, -y ni aun se sabe que existan ni la razón fuerza a ello, antes, a veces, -dice lo contrario.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch13"> - <h2 class="nobreak">Cuestiones indecisas.</h2> -</div> - -<p>Corresponde también a este lugar la cuestión de la pluralidad del -mundo, de lo que está fuera del cielo y otras parecidas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>Y no es esto sólo, -sino que en las diversas partes de la tierra (que uno mismo no puede -recorrer todas, pero que es necesario), por la multitud de las cosas -dichas poco ha, son varias las opiniones de los hombres y ninguna la -ciencia.</p> - -<p>Y de las cosas que sucedieron mucho tiempo antes de nosotros y de -las que después sucederán ¿quién puede afirmar algo cierto?</p> - -<p>Con ocasión de esto es aguda la controversia habida hasta aquí entre -los filósofos acerca del principio del mundo, de su eternidad o de su -duración y fin; al cual nadie impuso, que sepamos, fin, ni habría de -imponérsele por ciencia.</p> - -<p>Pues ¿cómo lo corruptible podrá mostrar algo con certeza de lo -incorruptible, lo finito de lo infinito? ¿Qué sabe de la eternidad -quien vive sólo un instante como si no viviese y aun como si no fuese -de lo sempiterno?</p> - -<p>De todas estas cosas, que son muy nobles y muy necesarias para el -conocimiento de todo lo demás, hay dudas en la Filosofía; la ignorancia -de ellas trae, como consecuencia, el desconocimiento de todo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span>Y que nada puede -saberse perfectamente, del modo humano, vese claro en que el -Peripatético con toda su escuela empéñase en probar con innumerables -razones que el mundo es eterno y que no tuvo principio ni tendrá fin; -y esto fué persuadido a los filósofos. De donde aquel romano (Plinio) -tomó fundamento para su <i>Historia Natural</i>.</p> - -<p>Y ciertamente, si te guías por la razón humana; lo advertirás mejor -todavía. Pues viniste al mundo ya hecho, y tu padre también, y tus -abuelos; marcharon ellos y marcharás tú, y verás a otros que nacen y -mueren, mientras el mundo subsiste. Y no hay nadie que asegure o de -palabra o por escrito, que vió el principio del universo o que vió a -alguno que lo haya visto, o haya oído de otro que lo vió. Y, como dice -el Sabio, «pasa una generación y viene otra generación; pero la tierra -se mantiene perpetua; nace el sol y se pone, y vuelve a su lugar y, -renaciendo allí, dirige su curso hacia el Mediodía, y declina después -hacia el Norte; corre el viento soplando por toda la redondez de la -tierra y vuelve a comenzar sus giros. Todos los ríos entran en el mar, -y el mar no rebosa; van los ríos<span class="pagenum" id="Page_88">p. -88</span> a desaguar en el mar, lugar de donde salieron, para volver a -correr de nuevo. Todas las cosas del mundo son difíciles; no puede el -hombre explicarlas con palabras».</p> - -<p>Oíste el parecer de los filósofos; sin embargo, ves que lo contrario -es totalmente verdadero, según la fe, y que el mundo fué creado, y que -ha de tener fin, al menos según las cualidades que ahora tiene. Pues no -será aniquilado, según aquello del Rey profeta: «Y como una vestidura -los mudarás y serán renovados». Lo cual todo se sabe por divina -revelación, no por discurso humano.</p> - -<p>Y así aquel divino legislador, Moisés, teje divinamente desde la -creación del mundo su divina historia, inspirado por el espíritu -divino; totalmente al revés de lo que hizo Plinio.</p> - -<p>Por consiguiente, tiene alguna excusa la opinión de los filósofos; -pero ninguna la pertinacia en el descreimiento ni la contumacia contra -la fe.</p> - -<p>Pero volvamos atrás.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span></p> - <h2 class="nobreak">Otra causa<br /> de nuestra ignorancia.</h2> -</div> - -<p>Hay también otra causa de nuestra ignorancia: que es tan grande la -sustancia de algunas cosas que no puede absolutamente ser percibida -por nosotros; en el cual género está el infinito de los filósofos, -si hay alguno, y el Dios de los nuestros, que no puede tener medida -alguna, ni límite alguno, ni por consiguiente, puede ser de modo alguno -comprendido por nuestra mente.</p> - -<p>Y no sin razón: pues debe haber cierta proporción del que comprende -a lo comprendido, de manera que el que ha de comprender sea mayor -que lo comprendido o, al menos, igual (aunque esto parece que apenas -puede realizarse, que un igual comprenda a otro igual, como veremos -en el tratado del espacio; pero ahora concedámoslo); mas, nosotros no -tenemos proporción alguna con Dios, ni lo finito con lo infinito, ni lo -corruptible con lo eterno.</p> - -<p>Por esta misma razón Él conoce todas las cosas, como que es mayor -que todo, superior, más excelente<span class="pagenum" id="Page_90">p. -90</span> o mejor, y para que no parezca que hago comparación con las -criaturas, es máximo, supremo y excelentísimo.</p> - -<p>Cuanto es más cercano a este Artífice, por la misma razón nos es más -desconocido.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Hay otro linaje de cosas totalmente contrario a éstas, de las -cuales es tan pequeño el ser, que apenas puede ser comprendido por la -mente.</p> - -<p>De esas cosas infinitamente pequeñas hay grande abundancia, y su -conocimiento es muy necesario para la ciencia, y, sin embargo, casi -ninguno tenemos.</p> - -<p>Tales son, tal vez, todos los accidentes, que casi son nada; de -tal manera, que hasta ahora ninguno hubo que haya podido explicar -perfectamente su naturaleza, como tampoco de las demás cosas.</p> - -<p>Nada sabemos: ¿cómo, pues, lo podríamos explicar?</p> - -<p>Ni es de extrañar, si algunos juzgaren que los accidentes nada -son en sí, sino sólo ciertas cosas que nos aparecen, las cuales nos -aparecen varias<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span> según -nuestra varia condición y disposición; como quien está febril todo lo -juzga caliente, quien tiene lengua amarilla empapada de bilis todo lo -juzga amargo.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Todavía queda en las cosas otra causa de nuestra ignorancia, a -saber, la perpetua duración de algunas, la perpetua generación de -otras, la perpetua corrupción y la perpetua mudanza.</p> - -<p>De suerte, que, no viviendo siempre, no puedes darte cuenta de -ellas; ni tampoco de éstas últimas que no son jamás las mismas, y que -tan pronto son, como no son.</p> - -<p>De ahí sucede que la disputa acerca de la generación y la corrupción -está todavía sin resolver, acerca de la cual diremos en otro lugar lo -que sentimos.</p> - -<p>¿Cuántos modos hay de generación, cuántos de corrupción? ¿Cuántos de -crear, cuántos de destruir?</p> - -<p>Y entre el nacimiento y la muerte, ¿cuántas mudanzas se hacen? -Innumerables.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>En los vivientes, la -perpetua nutrición, el crecimiento temporal, el estado, la decadencia, -la generación, la variación de partos, la mudanza, los defectos, las -añadiduras, la perfección de las costumbres, las acciones, obras -diversas, muchas veces contrarias en el mismo individuo; todo es -variación y movimiento.</p> - -<p>Ni es de extrañar si fué sentencia de algunos, que de un mismo -hombre, después de una hora, no puede afirmarse que sea el mismo que -antes de ella; no se ha de rechazar totalmente, acaso tal sentencia es -verdadera. Pues es tanta la indivisibilidad de la identidad, que si -añades o quitas un solo punto de cualquier cosa, ya no es enteramente -la misma; pero los accidentes son de esencia del individuo los cuales -variando perpetuamente, le imprimen variación.</p> - -<p>Sé, dices, que mientras permanece la misma forma, es siempre el -mismo individuo, pues de ella llámase algo <i>uno</i>; y que las -minucias de estos accidentes no mudan la identidad.</p> - -<p>Dije que nada se ha de mudar en la identidad; de lo contrario no -sería totalmente lo mismo. Una<span class="pagenum" id="Page_93">p. -93</span> sola forma hace un <i>uno</i>. Por ventura informa siempre la -misma, pero no totalmente lo mismo; pues, en esto hay perpetua mudanza, -como en mi cuerpo.</p> - -<p>Soy compuesto de ambas cosas, de alma, principalmente, y de cuerpo -menos principalmente; de los cuales, variado alguno, varío también yo; -pero de esto se hablará en otro lugar más extensa y oportunamente.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Y hasta aquí de los animales en su totalidad.</p> - -<p>Mas si consideras las partes, es mucho mayor la duda. ¿Por qué son -éstos así? ¿Por qué aquéllos? ¿Fuera mejor de otra manera? ¿Fuera peor? -¿Por qué no son más? ¿Por qué tantos? ¿Por qué tan grandes? ¿Por qué -tan pequeños? No acabamos jamás.</p> - -<p>En los seres inanimados, lo mismo.</p> - -<p>¿Qué hay, pues, fijo de cosas tan mudables, qué determinado de cosas -tan varias, qué cierto de cosas tan inciertas? Nada, absolutamente.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>De ahí nació, por -consiguiente, tan gran disputa acerca de la introducción de las formas -y de su principio, que jamás la acabará nadie.</p> - -<p>Y si quieres añadir los monstruos que se crían a veces, tantos y tan -diversos, principalmente en el hombre; los sexos promiscuos en algunas -especies y en los individuos de otras; las especies mixtas, como el -mulo, del asno y la yegua, o el macho, del caballo y la burra; la -licesca, de perra y lobo; el híbrido, de toro y yegua, que son vulgares -entre nosotros.</p> - -<p>En los árboles se observa la misma mezcla, y en otras plantas como -en el melocotón-manzano, en el almendro-melocotón y en muchos otros, -con los cuales, mediante injerto, adquiérese una naturaleza media entre -el pie y el injerto. Si añades, por fin, la mudanza de las especies, -cómo del trigo hácese muchas veces cizaña, y de la cizaña trigo alguna -vez, y del centeno avena; y las mudanzas de los sexos en algunos seres, -harás la cuestión totalmente difícil. Ni sabrás qué es esto, ni cómo, -ni de dónde, ni por qué. Y yo menos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>En las cosas que -carecen de alma hay todavía mayor mudanza, mayor diversidad en la -generación, en la corrupción. Igualmente nos confunden los varios y -múltiples efectos de la misma causa, y los efectos contrarios; y, al -revés, las varias, muchas y contrarias causas de un mismo efecto.</p> - -<p>Séate como único ejemplo (por no ser demasiado prolijo, comoquiera -que en el examen de la naturaleza hanse de discutir estas cosas más -extensamente) el calor, el cual engendra y destruye una misma cosa; -blanquea y ennegrece, calienta y enfría, esclarece y espesa, disuelve -y junta, derrite y solidifica, seca y humedece, enrarece y densifica, -dilata y contrae, amplía y coarta, dulcifica y amarga, grava y aligera, -reblandece y endurece, atrae y rechaza, mueve y cohibe, alegra y -entristece. ¿Qué, finalmente, no hace el calor? Es el numen sublunar, -la diestra de la Naturaleza, el agente de los agentes, el motor de los -motores, el principio de los principios, la causa de las causas, el -instrumento de los instrumentos, el alma del mundo. Y no sin razón, -en la primera filosofía muchos antiguos creyeron que el fuego es el -primer<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> principio. Con -razón llamó Trimegisto al fuego dios. Con gran razón Aristóteles pudo -llamar a Dios ardor del cielo, aunque no creyere que el ardor del cielo -sea dios, y, por consiguiente, en esto es mal censurado por Cicerón. -Pues ¿qué nos sugiere mejor que el fuego la potencia y virtud del Dios -máximo y alguna forma de su inefable divinidad? Él mismo insinuó esto, -mostrándose primeramente a su siervo en una zarza que ardía y guiando -por el desierto a su querido pueblo en ígnea columna y descendiendo en -lenguas de fuego sobre el colegio de los elegidos.</p> - -<p>Ves cuánto calor hace; sin embargo, es simple accidente, cuya -razón, como las de las otras cosas, es desconocida. ¿Cómo él solo -desempeña tantos oficios? Difícil es de entender, más difícil de decir, -dificilísimo, o tal vez imposible de penetrar.</p> - -<p>Distinguen, sin embargo, los filósofos, lo que es por sí de lo que -es por accidente; objetan la variedad de los sujetos. Pero, ¿quién -conoce exactamente esta variedad? Nadie. Sólo se tiene noticia de -algunas cosas probables; de ninguna con entera certidumbre. Pero -de esto hablaremos después.<span class="pagenum" id="Page_97">p. -97</span> Baste ahora conocer que nosotros nada conocemos -claramente.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Por la misma razón, el mismo efecto producido por contrarias causas -nos engendra máxima ambigüedad.</p> - -<p>Hácese frialdad con el movimiento, como en la agitación del corazón, -del tórax, de las arterias y del agua caliente, y con el descanso, como -cuando el hombre, estando caliente, deja de moverse.</p> - -<p>También el calor prodúcese por el movimiento, como en el salto y la -carrera; en la quietud, si descansa el corazón o no se mueve el agua -hirviendo.</p> - -<p>La negrura, proviene del calor, como en los etíopes; del frío, en el -muerto o en el miembro tiempo ha paralizado, principalmente si por la -compresión se impide la circulación del aliento por las arterias.</p> - -<p>La putrefacción se produce de todas las cualidades cuanto desaparece -la sequedad.</p> - -<p>Ni es esto sólo; sino que un contrario es producido<span -class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span> por otro contrario; el calor -por el frío, en la cal fría macerada, en nosotros, en las fuentes, en -la tierra, en tiempo de invierno; de donde la sentencia: Los vientres, -muy calientes en invierno y en verano.</p> - -<p>El frío por el calor, en los cuerpos calientes que se queman; en -ciertos seres, que son fríos por dentro, y en nosotros también en el -estío.</p> - -<p>Cómo se hace todo esto de ningún modo lo sé. ¿Tampoco los demás? -No lo concluyo necesariamente, pero lo parece. Oigo lo que dicen de -estas cosas; pero no por ello conozco mejor la cuestión. Lo mismo -pensaba yo antes, y no saciaba el ánimo. Pues si algo hubiese conocido -perfectamente, no lo hubiera negado, antes lo hubiese aclamado -vehementemente, con alegría, pues nada puede ocurrirme de mayor -felicidad.</p> - -<p>Mas ahora me consumo en perpetua tristeza, desesperando que pueda -saber perfectamente alguna cosa.</p> - -<p>Y una de dos: o yo soy el más ignorante de todos los hombres o todos -los demás lo son conmigo. Ambas cosas las creo verdaderas. Algo sabría, -no<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> obstante, si los -demás supieran algo también; tampoco es verosímil que a mí solo me haya -sido adversa la fortuna. Mas nada sé. Ni tú tampoco.</p> - -<p>Muchas otras ocasiones de ignorar tenemos en las cosas; ocasiones -que fuera largo e inútil traer aquí, cuando puedes verlas en cada uno -de los tratados especiales, y yo mismo te las mostraré dondequiera que -se tratare de ellas.</p> - -<p>Sólo añadiré todavía alguna que otra de las principales.</p> - -<p>La variedad de las cosas, la forma múltiple, la figura, la cantidad, -las acciones y tantos y tan diversos usos, de tal manera atan la -mente, o mejor, la distraen, que no puede preferir o sentir algo con -seguridad, sin que sea sitiada por otra parte y forzada a abandonar su -opinión; y así, variando de aquí y de allí, nunca está quieta.</p> - -<p>Si afirma que la blancura (y baste traer ejemplo de los colores) -la hace el calor, te contradirán la nieve, el hielo, los alemanes; si -el frío, la ceniza, la cal, el yeso y los huesos calcinados; si la -humedad, estas cosas; si la sequía, aquéllas.</p> - -<p>Acerca de la negrura ocurren otras tantas dudas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span>¿Y de los colores -medios? ¿Qué temperatura les señalarás?</p> - -<p>Y aun las cosas extremas parece que tienen causa manifiesta, -como la nieve, el frío, la ceniza, el calor, porque ambas cosas las -aprehendemos con los sentidos.</p> - -<p>Pero ¿qué dirás de los animales manchados, la pantera, el leopardo, -el perro y otros semejantes? ¿Qué de las hierbas, el dragoncillo, el -cardo plateado, el trébol multicolor? ¿Qué de las flores de la betónica -comestible y de las variedades de violetas? ¿Qué de los guisantes -turcos? ¿Qué de las aves, del pavo real, del papagayo?</p> - -<p>¿Señalarás, por ventura, diversas temperaturas al pavo, a las flores -multicolores, al leopardo, en la misma pluma, en la misma flor, en el -mismo pelo?</p> - -<p>Y los colores son permanentes.</p> - -<p>¿Qué dirás del iris, de la paloma variada, del vidrio lleno de agua -y del otro sin agua, que por la diversa exposición al sol o por la -varia posición del observador dan tan varios colores?</p> - -<p>Con razón te quedarás mudo, como yo también.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>Y en todas las -otras cosas que señalamos arriba, mucho mas.</p> - -<p>Y cuanto más escudriñamos, más perplejidades se ofrecen, más nos -confundimos, más difícilmente hallamos luz. Pues donde hay muchedumbre -allí hay confusión.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch15"> - <h2 class="nobreak">Infortunio<br /> del hombre de letras.</h2> -</div> - -<p>Así, séanos lícito, no sin razón, comparar nuestra filosofía al -laberinto de Creta, entrados en el cual no podemos volver atrás ni -desenvolvernos, y si vamos adelante, caemos en el Minotauro, que nos -quita la vida.</p> - -<p>¡Este es el fin de nuestros estudios, éste el premio del perdido -y vano trabajo, de la perpetua vigilia: el esfuerzo, los cuidados la -solicitud, la soledad, la privación de todos los deleites, una vida -semejante al no ser, habitando, pugnando, hablando y pensando con -los muertos, apartándose de los vivos, abandonando el cuidado de las -propias cosas, destruyendo el cuerpo por ejercitar el espíritu!</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>De ahí las -enfermedades, muchas veces el delirio, siempre la muerte.</p> - -<p>Ni el trabajo ímprobo vence de otro modo todas las cosas, sino -porque quita la vida y acelera la muerte, que libra de todos los males; -porque el que muere todo lo vence.</p> - -<p>Así Horacio retrata la triste condición del hombre de letras cuando -dice: <i>Aunque vengas tú mismo, Homero, acompañado de las musas, si -nada trajeres irás fuera</i>.</p> - -<p>Y el mismo Horacio dice mejor abajo: <i>El rey dinero da mujer con -dote y crédito y amigos y linaje y fortuna. Y al bien adinerado decoran -Suadela y Venus</i>.</p> - -<p>Es también verdad ahora lo que también dijo Ovidio en otra parte: -<i>Es cerrada a los pobres la curia; la hacienda da honores, por ella -es grave el juez, por ella formal el caballero. Hay ahora precio en el -precio, da la hacienda honores, la hacienda da amistades; el pobre en -todas partes es abandonado</i>.</p> - -<p>Se desprecia la doctrina, y las togas ceden a las armas, las lenguas -se subordinan a la gloria. Los<span class="pagenum" id="Page_103">p. -103</span> pensadores son despreciados. ¿Por qué, pues, nos consumimos? -No lo sé; así lo quieren los hados.</p> - -<p>Dió Dios a los hijos de los hombres esta ocupación pésima para que -se ocupasen en ella. Hizo todos los bienes en su tiempo y entregó el -mundo a las disputas de ellos para que no halle el hombre la obra que -obró Dios desde el principio al fin.</p> - -<p>No parece tampoco desemejante la misma filosofía (volviendo allá de -donde nos habíamos apartado) a la Hidra Lernea, que venció Hércules. -Mas a la nuestra no hay quien la venza. Cortada una cabeza, emergen -cien otras más feroces. Pues falta el fuego de la mente, que conociendo -perfectamente una cosa quite a las demás dificultades la ocasión de -pulular.</p> - -<p>Concluyamos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch16"> - <h2 class="nobreak">El conocimiento<br /> y los sentidos.</h2> -</div> - -<p>Todo conocimiento trae su origen del sentido. Fuera de éste todo es -confusión, duda, perplejidad, adivinación; nada cierto.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>El sentido sólo ve -lo exterior, pero no lo conoce. Ahora llamo sentido al ojo.</p> - -<p>La mente considera las cosas recibidas de los sentidos. Si éstos se -engañan, también aquélla; y si no ¿qué se consigue? Sólo considera las -imágenes de las cosas, que admitió el ojo; la mente las mira por todas -partes, las vuelve, preguntando ¿qué es esto, de qué procede tal cosa, -por qué?</p> - -<p>¿No significa esto, por ventura, la fábula antigua en que, invitando -a comer la grulla a la zorra, ofrecióle una vasija de cristal de boca -estrecha llena de puches, a la cual aplicando la zorra lengua y boca, -pensaba en vano coger algo de la pitanza que veía?</p> - -<p>De la misma manera engañó Zeusis a las aves con uvas pintadas, -cuando aplicando el pico para comerlas, chocaban el pico contra la -tabla. Y Parrasio engañó a un pintor con un velo tan primorosamente -dibujado que parecía verdadero; de suerte que el rival, ensoberbecido -como si hubiese vencido, y ansioso de ver la pintura que creía cubierta -con un velo, aplicó la mano a la tabla para descorrer el velo y tropezó -con la tabla.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span>Así nos presenta la -Naturaleza las cosas para conocerlas.</p> - -<p>Y esto decía Aristóteles en otro lugar: que nuestro entendimiento se -ha a la naturaleza de las cosas, como el ojo de la lechuza a la luz del -sol.</p> - -<p>Juzgamos las cosas por sus simulacros. ¿Puede ser, por ventura, -recto el juicio?</p> - -<p>Ello aún fuera tolerable si tuviésemos por el sentido los simulacros -de todas las cosas que deseamos saber.</p> - -<p>Pero sucede lo contrario: que no los tenemos de las principales -cosas. Sólo los tenemos de los accidentes que nada influyen, como -dicen, en la esencia de la cosa, de la cual es la verdadera ciencia; -y son los accidentes lo más vil de todas las cosas. Mas por éstos es -menester conjeturar de todo lo demás. Lo que es sensual, craso, abyecto -(son los accidentes y lo compuesto) nos es conocido por todas partes. -Pero lo que es espiritual, tenue, sublime (son los principios de los -compuestos y lo celestial) de ningún modo.</p> - -<p>Sin embargo, esto último es por su naturaleza más conocible, porque -es más perfecto, más ente y<span class="pagenum" id="Page_106">p. -106</span> más simple; cualidades que producen el conocimiento -perfecto.</p> - -<p>Pero para nosotros todavía estas cualidades están más distantes -de los sentidos. Lo más cercano a éstos nos es más conocido, no por -otra razón sino porque nuestro mejor conocimiento depende del sentido; -en cambio por su naturaleza es lo menos cognoscible, porque es -imperfectísimo, casi nada. Sólo el ser es el objeto, sujeto y principio -de todo conocimiento y aun de todos los actos y movimientos.</p> - -<p>Ves cuánta ocasión se nos da de ignorar en las cosas del sentido -y más aún en las de nuestro ser espiritual. Y lo verás mejor cuando -vengamos a la explicación de ellas. Pues lo aquí dicho hase dicho sólo -en general.</p> - -<p>Mas todo ello no demuestra que nada se sabe. Ni me propuse -demostrarlo (usando de tu concepto de la palabra <i>demostrar</i>) ni -podría. Pues nada se sabe. Bástete que te haya objetado dificultades. -Si puedes vencerlas, algo sabrás. Pero no podrás, a no ser que, -desaparecido ocultamente, renazca en ti un nuevo espíritu...</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch17"> - <p><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span></p> - <h2 class="nobreak">Pobreza del sujeto cognoscente.</h2> -</div> - -<p>Toda la lobreguez que hay en las cosas es mínima, si se compara con -los obstáculos de parte del cognoscente.</p> - -<p>El cual, si estuviese dotado de perfecto y agudísimo ingenio y de -sentido sin tacha, tal vez podría vencerlo todo (concediéndote esto -gratuitamente, pues no podría aunque lo hubiese todo perfectísimo).</p> - -<p>Pero ahora se ve lo contrario.</p> - -<p>Dijimos en la definición de la ciencia que la ciencia es -<i>conocimiento</i>, en el cual se consideran tres cosas. La cosa -conocida, de la cual se habló arriba; el cognoscente, de que se -hablará abajo, y el mismo conocimiento, que es el acto de éste sobre -aquélla.</p> - -<p>Ahora trátase de éste, del sujeto que conoce. Pero lo más brevemente -que podamos; porque su propio lugar es el tratado del alma.</p> - -<p>Y en efecto: es dificilísima y llena de perplejidad la contemplación -del alma, de sus facultades y acciones, principalmente en este -conocimiento que<span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span> -buscamos ahora. No habiendo nada más digno que el alma, nada hay -tampoco más excelente que este único conocimiento. El cual, si lo -tuviera perfecto, fuera semejante a Dios; más bien Dios mismo, Y nadie -puede conocer perfectamente lo que no crió. Y ni Dios hubiese podido -criar ni regir lo criado si no lo hubiese preconocido perfectamente.</p> - -<p>Sólo Él, pues, sabiduría, conocimiento, entendimiento perfecto, lo -penetra todo, todo lo sabe, todo lo conoce, todo lo entiende; porque Él -es todas las cosas y está en todas, y todas son Él y están en Él.</p> - -<p>Pero el imperfecto y miserable hombrecillo, ¿cómo conocerá otras -cosas no pudiéndose conocer a sí mismo que está en sí y consigo? ¿Cómo -entenderá lo abstrusísimo de la naturaleza, entre lo cual hállase lo -espiritual, como es nuestra alma, cuando no entiende lo clarísimo y -manifestísimo que come, que bebe, que toca, que ve, que oye?</p> - -<p>Ciertamente, lo que pienso ahora, lo que escribo aquí, ni yo -lo entiendo ni tú, leído, lo entenderás, Juzgarás, no obstante, -por ventura que lo he dicho<span class="pagenum" id="Page_109">p. -109</span> con verdad y rectitud. Yo estimo lo mismo. Pero ninguno de -los dos sabemos nada.</p> - -<p>Por consiguiente, sin razón llama Escalígero, aunque doctísimo -varón, absurdo a Vives porque dice que la perscrutación de la -naturaleza, que hace la mente, está llena de obscuridad. Antes yo, si -la opinión de Vives es absurda, quiero ser absurdísimo. Pues yo no sólo -juzgo semejante perscrutación llena de obscuridad, sino tenebrosa, -escabrosa, abstrusa, inaccesible, tentada por muchos y por nadie -superada ni superable.</p> - -<p>Tal vez Escalígero, como era de agudísimo ingenio, la tuvo fácil. Y -ciertamente trató del alma muy hermosamente y con mucha sabiduría, como -de tantas otras cosas en que se ocupó. Pero no del todo absolutamente, -no con orden, no totalmente. Muchas cosas dijo que engañan la mente -con la exterior ampulosidad de las palabras e, ingeridas copiosamente, -parece que amortiguan el hambre, pero escudriñadas hondamente, por fin -dan engaño y dejan la cuestión tan difícil como antes, como mostraremos -en su lugar.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch18"> - <p><span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span></p> - <h2 class="nobreak">El conocimiento.</h2> -</div> - -<p>Mas ahora sujetémonos al negocio que interesa de presente.</p> - -<p>¿Qué es conocimiento? La aprehensión de la cosa. ¿Qué es -aprehensión? Apréndetelo de ti, pues yo no puedo ingerírtelo todo en -la mente. Y si insistes diré: intelección, perspección, intuición. -Si sigues preguntándome de estas últimas cosas, callaré. Distingue, -no obstante, la aprehensión de la recepción; pues recibe el perro la -imagen del hombre, de la piedra, de la cantidad; pero no conoce. Y aun -recíbela nuestro ojo y tampoco conoce. Recíbela el alma muchas veces y -no conoce, como cuando admite lo falso, cuando se ofrecen a un ingenio -tardo cosas obscuras.</p> - -<p>Distingue también el conocimiento propiamente dicho que ahora -describimos, pero que no conocemos, de otro impropiamente dicho, por el -cual dícese que conoce cada cual aquellas cosas que vió en otra ocasión -y retiene en la memoria ornadas con las propias señales. Pues con este -conocimiento dícese que conoce el niño al padre y al hermano, y el -perro al dueño y el camino por donde fué.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>Divide, después, -todo conocimiento en dos: Uno perfecto, por el cual se contempla y -entiende la cosa por todas partes, por dentro y por fuera, y ésta es la -ciencia que ahora quisiéramos conciliar con los hombres, pero que ella -no quiere. Otro imperfecto, por el cual apréndese la cosa de cualquier -manera. Y éste nos es familiar. Pero es mayor, menor, más claro, más -obscuro y, finalmente, dividido en varios grados, según los varios -ingenios de los hombres.</p> - -<p>Este segundo conocimiento lo hacen doble.</p> - -<p>Uno externo, que se hace por los sentidos y le llaman, por -consiguiente, sensual; otro interno, que es por sola la mente, pero -nada menos que eso.</p> - -<p>De otra manera se han de considerar estas cosas.</p> - -<p>El hombre es un solo cognoscente. Uno solo el conocimiento en todas -estas cosas; pues es una sola la mente que conoce lo externo y lo -interno.</p> - -<p>El sentido nada conoce, nada juzga; sólo recibe lo que ofrezca a la -mente que ha de conocer. Del mismo modo que el aire no ve los colores -ni la luz, aunque los reciba para ofrecerlos a la vista.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>Sin embargo, tres -son las cosas que son conocidas por la mente de diverso modo.</p> - -<p>Unas son totalmente externas sin la menor acción de la mente.</p> - -<p>Otras totalmente internas, de las cuales algunas son sin acción de -la mente, y otras no del todo sin esta acción.</p> - -<p>Otras, en parte externas, en parte internas.</p> - -<p>Finalmente, aquéllas se dan por los sentidos: las segundas, de -ningún modo por éstos, sino inmediatamente por sí; las últimas, por -fin, parte por ellos, parte por sí.</p> - -<p>Expliquemos todo esto.</p> - -<p>El color, el sonido, el calor, no pueden ofrecerse por sí a la -mente, para que los conozca, si no imprimen la imagen de sí (aceptemos -ahora que se hace la sensación por la recepción de las especies) a un -órgano apto para recibirla, la cual imagen u otra parecida se ofrece -a la mente para que la conozca o conozca la cosa de la cual es ella -especie, mediante ella.</p> - -<p>Mas lo que es obra exclusiva del entendimiento, la que es hija suya -y está dentro de nosotros, no<span class="pagenum" id="Page_113">p. -113</span> se muestra al entendimiento por otras especies sino por sí -misma. Tales son muchas cosas que él se finge; como también cuando -excogita algo nuevo y lo concluye con muchos discursos, cuando -entiende él su intelección, y cuando hace conjunciones, divisiones, -comparaciones, predicaciones y nociones, y aplicando el ánimo a ellas, -las conoce por sí mismas. Y son del segundo género todas las cosas -internas idénticas con el entendimiento, las cuales, no obstante, se -hacen o son sin su acción; como la voluntad, la memoria, el apetito, -la ira, el miedo y las demás pasiones y cuanto hay interno, lo cual es -conocido por el mismo entendimiento, inmediatamente por sí.</p> - -<p>Hay, finalmente, muchas cosas que, en parte, llegan a él por el -sentido, en parte son hechas por él. La naturaleza del electro y de -la piedra imán, de modo alguno puede ser alcanzada por el sentido. -Pero vestida de color, magnitud, figura, es llevada al ánimo por -los sentidos. Este la despoja de aquellos accidentes. Lo que queda -lo considera, lo vuelve, lo compara; finalmente, fíngese una cierta -naturaleza común, como puede.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span>Esos filósofos -levántanme a los cielos las inteligencias; yo oigo lo que dicen; pero -no lo entiendo aunque finjo algo que me inspira inteligencia.</p> - -<p>Por todas partes percibo el aire con el tacto; pero no tiene imagen -alguna en mi mente, sino cierta que yo me fingí como de un cuerpo -incorpóreo, sin saber lo que es.</p> - -<p>Pienso del mismo modo en el vacío, y aun comprendo el infinito, no -comprendiendo jamás el fin; pero, en medio de su pensamiento párome -forzado al advertir que es infinito lo que, añadido al infinito, -imaginando lo infinito, nunca le pondré términos con la aprensión; -y así fingiré una especie ciertamente determinada, pero de la cual -ninguna extremidad es determinada y perfecta, sino cuasi defectuosa; -una noción, que no es terminada ni terminable; porque se le pueden -añadir eternamente partes infinitas por ambos extremos.</p> - -<p>¿Qué hacer? Miserable es nuestra condición. En medio de la luz nos -cegamos. ¡Cuántas veces pensé en la luz y siempre la dejé impensada, -desconocida, incomprendida!</p> - -<p>Lo mismo es si contemplares la voluntad, el entendimiento<span -class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span> y otras cosas que no se -perciben por los sentidos.</p> - -<p>Estoy cierto de que esto que ahora escribo quiero pensarlo, -escribirlo y deseo que sea verdadero y sea aprobado por ti; pero no lo -procuro con exceso.</p> - -<p>Mas cuando me empeño en considerar qué es este pensamiento, -este querer, este desear, este inquirir, ciertamente desfallece el -conocimiento, frústrase la voluntad, crece el deseo y aumenta la -angustia.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Nada veo que pueda alcanzar o aprehender.</p> - -<p>Y, ciertamente, en esto, es superado el conocimiento que se hace de -las cosas internas sin el sentido por aquel que se tiene de las cosas -externas por los sentidos; pues algo alcanza el entendimiento de lo -exterior: la figura del hombre, de la piedra, del árbol, que tomó del -sentido: y así le parece que comprende las cosas por sus imágenes.</p> - -<p>Pero en aquel que se hace de las cosas internas, nada halla -el entendimiento que pueda comprender;<span class="pagenum" -id="Page_116">p. 116</span> y discurre aquí y allí, palpando como -ciego...</p> - -<p>Y al contrario, es vencido en certidumbre el conocimiento que se -tiene por los sentidos de las cosas externas, por aquel que es traído -por aquellas cosas que hay en nosotros o son hechas por nosotros. Pues -soy más cierto de que yo tengo apetito y voluntad, y que ahora pienso -esto, ahora huyo de aquello o lo detesto, que si viese un templo o un -hombre.</p> - -<p>Dije que de aquellas cosas que hay en nosotros o en nosotros se -hacen, estamos ciertos que existen en realidad. Y de aquello que, -juzgando, opinamos de las cosas por discurso y raciocinio, y colegimos -que son en la realidad como nosotros las juzgamos, es inciertísimo el -conocimiento.</p> - -<p>Esme más cierto que este papel en que escribo existe y es blanco, -que es compuesto de cuatro elementos y que éstos están en él en acto y -que tiene otra forma por ellos.</p> - -<p>Finalmente, si quitas lo que hay en nosotros o es hecho por -nosotros, el más cierto conocimiento es el que se hace por los -sentidos, y el más incierto de todos es el que se hace por el discurso; -pues<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> éste no es -verdaderamente conocimiento, sino tiento, duda, opinión, conjetura.</p> - -<p>De lo cual síguese que no es ciencia la que se obtiene por -silogismos, divisiones, predicaciones y otras parecidas acciones de la -mente.</p> - -<p>Pero si pudiera hacerse que, al modo como percibimos con el -sentido, de alguna manera, las externas cualidades de las cosas, así -comprendiésemos la interna razón de cualquier cosa, entonces se diría -que sabemos verdaderamente. Pero esto nadie lo pudo jamás, que sepamos. -De donde nada sabemos.</p> - -<p>Mas del conocimiento de las cosas internas y del otro que llamo no -conocimiento, sino opinión, que se hace por conjunciones, negaciones, -comparaciones, divisiones y otras acciones de la mente, se tratará más -en su lugar, donde se manifestará la insuficiencia de ambos.</p> - -<p>Ahora baste con decir algo de aquel que se tiene de las cosas -externas mediante los sentidos.</p> - -<p>En éstos hay dos medios, a veces tres o cuatro: pero siempre dos, -por los cuales se produce la sensación, ya se haga ella internamente, -ya por transmisión<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> -(no nos detenga ahora esto). El uso interno, el ojo; el otro externo, -el aire. ¿Conócese por ellos alguna cosa? De ningún modo. Pues lo que -debe conocerse perfectamente no debe conocerse por otro, sino por el -mismo cognoscente, por sí mismo inmediatamente.</p> - -<p>Mas ahora la substancia de las cosas se muestra mediante los -accidentes que se perciben por los sentidos o, al contrario, escóndese -a ellos.</p> - -<p>La mente infórmase de la substancia de las cosas por los falaces -sentidos o, de otra suerte, es engañada. ¿Cómo, pues, podemos saber -algo perfectamente? Y la ciencia debe ser de las substancias de las -cosas...</p> - -<p>Pues de los accidentes ¿puede haber perfecto conocimiento? Menos -todavía. Por un lado ayudan, a saber, porque son percibidos por los -sentidos; por muchos lados perjudican, a saber, porque los mismos -accidentes no llegan a nosotros, sino tan sólo sus imágenes y, -finalmente, porque engañan muchas veces al sentido.</p> - -<p>Esto por la variedad del medio, tanto externo como interno, en la -substancia, sitio y disposición.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>Baste hablar de uno -de los sentidos.</p> - -<p>Por ejemplo, de la vista.</p> - -<p>La cual aunque se haga por órgano perfectísimo y sea el más cierto y -nobilísimo de los sentidos, no obstante, muchas veces se engaña.</p> - -<p>El medio externo suele ser vario; por consiguiente, impresiona -al sentido variamente. El aire parece que presenta mejor las cosas -comunes, pues aparece exento de todo color; el agua las representa de -otra manera. Esto las cosas naturales.</p> - -<p>Las muchas cosas artificiales, como el vidrio, el cuerno en láminas, -el cristal y otras cosas parecidas, de otro modo.</p> - -<p>¿A cuál creer?</p> - -<p>Con la vista no sólo se disciernen los colores, sino también la -magnitud, el número, la figura, el movimiento, la distancia, la -aspereza, la brillantez, y lo que a esto se refiere, como la igualdad, -la semejanza, la velocidad y lo contrario de esto.</p> - -<p>El agua hace obscuros a los cuerpos, los duplica, los aumenta, los -disminuye, los cambia de figura, los hace más crasos, más móviles, -más tenues. Y no siempre obra de este modo, sino también de<span -class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> otra suerte. En el aire a -veces se tornan los cuerpos ligerísimos; en el viento, obscuros; dobles -en el eco, al sol, a la luna; a veces al contrario.</p> - -<p>En ocasiones lo pintado aparece esculpido y vivo, y lo esculpido -también muchas veces palpitante.</p> - -<p>El vidrio, el cuerno y el cristal, parecen mayores y menores; -densos, tenues; del mismo color, de vario color; finalmente, según -la voluntad del artífice. De ahí tanta diversidad de espejos y de -lentes.</p> - -<p>¿Cuál de ellos los expresará mejor y con más verdad?</p> - -<p>¿Qué decir del aire? Pues del color hay mucha mayor duda. ¿Cuándo se -le ha de creer? Cuando es más próximo a su naturaleza y menos alterado -por extraño. Pero ¿quién conoce su naturaleza? ¿Quién lo vió simple? -Perpetua mudanza por el sol, la luna y otros cuerpos de arriba y de -abajo por la tierra, el agua y los mixtos.</p> - -<p>Del vidrio y el agua hase de juzgar lo mismo, y aun es más difícil -la solución.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span>Esto cuanto a la -substancia del medio externo, a la cual refiérense también la densidad -o la ligereza, la magnitud o la parvedad, esta o aquella figura del -medio por el cual se ve algo y todo ello aunque no se halle todo en el -aire; sin embargo, los medios artificiales hacen variar mucho la cosa -vista. Pues el vidrio grueso lo muestra de otro modo que el tenue; -el cuadrado o redondo de otro modo que el triangular; el grande de -otro modo que el pequeño. Muestran esto los cristales de fabricación -varia y las normas del vidrio, por las cuales ves las cosas derechas o -invertidas de este o de aquel color y figura; finalmente, diversas de -lo que son.</p> - -<p>El agua del mar en gran volumen se ve azul y lo que debajo de ella -está se ve del mismo color; pero en pequeña cantidad, blanca.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>La situación varia de la cosa suele también variar el sentido. Lo -mismo del medio. Esto es manifiesto en las lentes; si aplicas el ojo te -presentan el objeto de otro modo que si lo apartas algo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span>En el aire -lo mismo. El astro en su perigeo aparece igual, oblongo, quieto, -pequeño, rojo; en su apogeo redondo, radiante por doquiera y desigual, -destellante y móvil (de donde tomó Aristóteles su demostración para -probar que los planetas están cerca de nosotros, porque no destellan), -grande, claro y sin color.</p> - -<p>Los que están lejos aparecen obscuros, pequeños; los demasiado -próximos, o no se ven o de otro modo que son.</p> - -<p>¿Qué hacer? Atenerse al medio. ¿Dónde está aquel medio? ¿Es a dos -pasos o a alguna distancia determinada?</p> - -<p>El que está lejos de nosotros, aunque corra muy aprisa, sin embargo, -parece que se mueve muy lentamente; principalmente si lo miras desde -abajo, viniendo de lo alto, o al revés.</p> - -<p>Lo que se hace muy despacio escapa al sentido; como el movimiento de -las agujas en el reloj.</p> - -<p>¿Cómo juzgar con certidumbre?</p> - -<p>De ahí surge perpetua duda de la magnitud de las estrellas, callando -lo de la distancia, de la celeridad, del lugar, lo cual todo parece que -depende<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> de aquélla. -Lo que tenemos a la mano es posible explorarlo de cualquier modo y de -tiempo en tiempo y con diversos sensorios, si son comunes, y conocerlo -próximamente con mayor certeza. Pero aquéllas ¿quién puede?</p> - -<p>Y no es esto sólo. Si ves de lejos, lector, un palo medio sumergido -en el agua, aparecerá torcido y roto. Dirás que, sin embargo, está -entero, porque lo has experimentado de otra manera. Y si está roto, -aparecerá, no obstante, roto, pues no vale aquí la razón de los -contrarios. Afirmarás que está entero por la anterior razón, y sin -embargo, es falso. ¿Qué harás si no puedes sacarlo del agua? Quedarás -en duda.</p> - -<p>Y en los colores cuánto importa la situación lo muestra el iris, un -vaso de cristal lleno de agua, la paloma irisada, las telas de seda -tejidas de diversos colores, la proximidad de un cuerpo luminoso de -otro color (como también si sobrepones perpendicularmente a un plano -una lámina de oro o de plata, y mucho más si la inclinas hacia abajo); -lo cual, todo, movido acá y allá, presenta muy vario color.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>¿En qué posición, -dirás, tienen el verdadero color?</p> - -<p>En la misma parte unas veces aparece rojo, otras amarillo, luego -azul. ¿Cuál de estos colores es el más propio? Sólo podemos dudar.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Y que el número, la figura, el movimiento y la magnitud varían por -la variación del sitio (en cuanto al sentido entendemos, no en sí) no -hay por qué lo mostremos prolijamente, porque puedes experimentarlo por -el uso cuotidiano.</p> - -<p>Y baste esto del sitio.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Es necesario que la varia disposición del medio varíe aquellas cosas -que por él nos son ofrecidas.</p> - -<p>Ya en parte lo dijimos.</p> - -<p>En el aire denso todo aparece obscuro, pequeño. En el tenue, al -contrario.</p> - -<p>En el prado todo se hace verde. Cerca de lo<span class="pagenum" -id="Page_125">p. 125</span> rojo y de lo amarillo los cuerpos se tiñen -con estos colores.</p> - -<p>En la mucha luz no se puede ver, principalmente los cuerpos blancos -o los muy brillantes. En las tinieblas, menos. Acerca de éstas y de -aquélla todo son dudas o errores. ¿Cuál es el medio? Desígnalo tú.</p> - -<p>Pero también en el aire iluminado por fuegos artificiales vense unos -y otros colores y otras figuras, según la variedad de la materia del -fuego.</p> - -<p>Si el medio es el vidrio o el cristal, vese la cosa de una o de -otra manera, según los colores de aquéllos y las varias figuras y -densidad.</p> - -<p>Éstos son los medios por cuyo intermedio se ven las cosas. Y unos -las muestran por su superficie. En éstos no hay consistencia alguna. -¡Cuántas figuras monstruosas, ridículas, multiplicadas, invertidas, -truncadas! ¿Qué no fingen los espejos? ¿Qué juzgarás de éstos? ¿Ves -aquella figura? No existe; ¿cómo la ves? Y, no obstante, la ves; ¿cómo -es ello? Lo ignoras no sin razón.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>Pasemos ya al medio -interno, en el cual acontecen tantas dificultades.</p> - -<p>Levantado un ojo o atravesado, se ven dos cosas (aunque sintió lo -contrario Aristóteles). De donde es de extrañar que los que padecen -estrabismo no vean dobles todas las cosas. Pero daremos la razón en el -examen de las cosas.</p> - -<p>Sucede lo mismo si, acostándote de lado, tienes delante de ti -algún cuerpo que tape el ojo inferior; pues entonces el ojo superior -verá todo lo que está debajo de aquel cuerpo; pero el otro sólo aquel -cuerpo y no distintamente, sino como en nubes; y así, mirando un ojo -lo que está detrás del cuerpo y el otro el mismo cuerpo, parece que -vemos a la vez dos cuerpos, de los cuales el uno está sobre el otro. Y -experimentarás todavía mejor esto si moviendo un ojo hacia el ángulo -exterior miras lo que está de lado. Pues entonces, dirigiendo allí el -otro ojo, se pone de por medio la nariz y aparece que se sobreponen a -modo de sombra las cosas que son vistas por el otro ojo.</p> - -<p>Del mismo modo, si presentas a los ojos el dedo, pero no lo -miras, sino que atiendes a aquellas cosas<span class="pagenum" -id="Page_127">p. 127</span> que están o detrás de él o a sus costados, -aparecerá doble.</p> - -<p>Lo mismo sucederá si converges ambos ojos a la nariz; todo se verá -doble.</p> - -<p>Movido un ojo, lo que se ve parece que se mueve. Y aun de dos cosas -aparentes muévese la una estando quieta la otra. Y una se mueve a la -derecha, otra a la izquierda si, mirando al libro, mueves continuamente -los ojos por sí mismos sin ayuda del dedo, mirando sólo las líneas y no -leyendo.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Añádese también a estas cosas la posición del ojo, hundido o -saltón, por naturaleza o por accidente. De las cuales situaciones hay -mucha diversidad en el ver. Y mucho más si uno está hundido y el otro -prominente. Y también si el uno mira arriba y el otro abajo; pero -aquí hay manifiesto error. Pero cuando ambos están hundidos o ambos -saltones, ninguno.</p> - -<p>A la situación de los ojos refiérese también la mayor o menor -abertura u oclusión del párpado.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span>Si miras una luz, -guiñando los ojos, aparecerán muchos rayos que se extienden hasta los -ojos y se mueven conforme al movimiento de los párpados; si los abres -totalmente, se paran y no son tan largos.</p> - -<p>Baste esto a modo de ejemplo, de lo cual podrás tú conjeturar y -experimentar otras muchas cosas.</p> - -<p>Los colores se mudan por la varia posición de los ojos no menos que -por la varia posición del objeto que se ha de ver y del medio; pero ya -se dijo.</p> - -<p>Todo esto tal vez lo tienes tú en poco y no piensas que pueda -impedir la ciencia. Pero no es así. Pues estas cosas movieron a muchos -para que dudasen también de todo lo que aparece a los sentidos y -creyesen que los colores no son permanentes en las cosas, sino que son -hechos y variados por la luz. De lo cual se habló por nosotros en otra -parte, como verás; pero vayamos ya a la substancia.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch19"> - <p><span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span></p> - <h2 class="nobreak">Medios internos del conocimiento.</h2> -</div> - -<p>Cuentan los filósofos cinco medios internos: la vista, el tacto, el -gusto, el oído, el olfato.</p> - -<p>Las substancias de todos ellos son diversas. Por consiguiente, son -también percibidas por los sentidos cosas diversas; pero, sin embargo, -las hay comunes; las tocamos arriba: la magnitud, el número, la figura, -etc.</p> - -<p>El ojo ve un solo golpe; el oído percibe doble golpe; si no lo -hubiese visto el ojo, sin duda juzgaría que había habido dos golpes. -Supongamos un ciego; daré dos golpes, o bien uno, pero lejos de mí e -inmediatamente otro, como por el eco. Advertido por alguno, si nunca lo -viste, dirás que es por el eco, y será falso. Más: supongamos que ves, -y mando que otro, oculto, dé un golpe después de darlo yo; dirás que es -el eco, y no es.</p> - -<p>Corriendo un caballo, muchas veces juzga el oído que son dos; o si -son dos y marcan el paso a un tiempo, parece que es uno solo. Pues -la vista si<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> está a -distancia de las cosas, si son muchas las que se mueven, se engaña más -todavía.</p> - -<p>En la magnitud ocurre otro tanto: lo que el ojo ve pequeño, lo -aprecia grande el oído, y al revés. En la figura engáñase mucho más la -vista que el tacto; como también se engaña éste menos que aquélla en -la magnitud. Y en la distancia, ambos sentidos yerran igualmente: lo -que está cerca, parece también alguna vez distantísimo al que lo ve o -escucha.</p> - -<p>No menos se engaña el tacto en la distancia; pues al sentir algo muy -caliente, aunque sea de lejos, lo juzga, no obstante, como próximo, por -la fuerte impresión que recibe. De igual manera ¿cuántas veces no se -engaña el olfato?</p> - -<p>¿A qué proseguir? Nada más cierto que el sentido, nada más falso que -él.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Añade ahora a lo anterior las varias disposiciones de todos estos -órganos, las cuales no pocas veces nos extravían y confunden.</p> - -<p>Los diversos colores de los ojos, los varios temperamentos,<span -class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> la capacidad, sustancia, -posición, virtud y transparencia de los tejidos y humores que hay en -ese aparato complejísimo, ¿no engendran, por ventura, gran diversidad -en la visión?</p> - -<p>Muchas veces por causa externa parece que vemos nubecillas, moscas, -telarañas y otras cosas semejantes, cuando en realidad no las hay.</p> - -<p>Inflamado el ojo, todo aparece bermejo; empapado de bilis, cetrino. -Si se adhiere humor a la pupila, todo aparece perforado o cubierto de -un velo, grande o sutil, claro u obscuro.</p> - -<p>Estos achaques son morbosos; pero aun quienes tienen la vista sana, -ven mejor ya de lejos, ya de cerca; unos ven más agudamente, otros -con menos claridad; éste ve grande, aquél pequeño; éste rojo, aquél -amarillo. Finalmente, nadie ve con perfección o del mismo modo que los -demás.</p> - -<p>¿Qué mucho, pues, que, por el ojo, tan sujeto a mudanzas y aun tan -vario en sí y no menos por el aire y todavía más móvil e incierto, -veamos nosotros las cosas también confusas e inestables, de muy diversa -suerte que ellas son, y que perpetuamente nos engañemos y no podamos -alcanzar cosa<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span> alguna -con certeza y, por consiguiente, nada podamos afirmar?</p> - -<p>Y cuenta que la vista es el más principal y cierto de todos los -sentidos...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pues si te vuelves a las otras cosas, aún hallarás mayores dudas y -tinieblas.</p> - -<p>¿Cómo lo que es siempre caliente juzgará con igual rectitud de lo -caliente y de lo frío? Así acontece que los que están en las termas o -baños artificiales, juzgan fría la orina y el agua tibia, lo cual de -suyo es falso.</p> - -<p>¿Por ventura todo lo que tocamos no está en el aire y es influído -por él?, ¿por ventura no somos nosotros afectados perpetuamente por el -mismo? Y el aire ¿no lo es por el agua, tierra y astros?</p> - -<p>¿Qué obliga, pues, a decir que el agua es fría, ni que el aire es -caliente? A los muy ardorosos, lo menos cálido aparece frío. Tales, -por ventura, nosotros. En invierno, porque somos harto impresionables -al frío exterior, el agua recién sacada del pozo o la fontana se nos -antoja caliente porque es<span class="pagenum" id="Page_133">p. -133</span> menos fría que la que corre al cierzo; en verano, aunque -caliente, parece fría, y el aire, si lo mueves con un abanico, parece -también más fresco, siendo, no obstante, de suyo caliente, y en el -estío más.</p> - -<p>¿Qué es, pues, el calor? ¿Qué el frío? Para entender qué cosas son -calientes o cuáles frías, nada puede aquí la razón. ¿Quién conoce la -íntima razón de las cosas? Nadie. El juicio hase de confiar a los -sentidos.</p> - -<p>Mas, aunque el sentido percibiera muy bien y discerniese aquellas -cualidades, no por eso las sabría mejor: las conocería exteriormente, -como el rústico distingue su asno del buey del vecino o de su propio -rocín.</p> - -<p>¿Qué sabemos, pues? Nada.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Discurre por otros sentidos. Menos. Y este es el principal -conocimiento de los hombres. ¿Qué hará la mente engañada por el -sentido? Engañarse más. Supuesta una falsedad, inferirá otras muchas, -y de éstas otras (pues error pequeño en los comienzos es grande en el -fin).</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>Últimamente, cuando -advierte el error (pues la verdad es única y consecuente consigo -misma), vuelve atrás la inteligencia; busca el lugar que es causa del -defecto. No lo halla; sospecha de éste o de aquél; investiga nuevamente -sin acertar a conocerlo, porque la verdad está sobre el sentido y el -hombre, engañado por él, cuando no por los errores de la razón, fluctúa -entre muchas probabilidades sin llegar a una conclusión definitiva.</p> - -<p>Lector: experiméntalo en ti mismo. No te impongo mis opiniones; si -estuviese contigo, acaso te mostraría fácilmente de palabra que todo es -dudoso; pero, lo escrito no permite tan espaciosa libertad.</p> - -<p>Mas por lo arriba dicho pudiste verlo siquiera en torpe esbozo; -después, acaso lo verás mejor.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch20"> - <p><span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span></p> - <h2 class="nobreak">De cómo la imperfección<br /> humana excluye<br /> un - conocimiento perfecto.</h2> -</div> - -<p>Sigo mi tesis. Ya hablé de la cosa que ha de ser conocida, primero -de los términos que hay que distinguir, como dije, en el problema -del conocimiento; hablé también de los sentidos o medios de conocer: -hablemos ahora del sujeto que conoce. Mejor dijera del sujeto que -ignora. Porque la vida es breve y el arte es largo, es infinito; -las ocasiones de conocer son pocas y fugitivas; la experiencia es -peligrosa, el juicio harto difícil. ¿Quién habrá, pues, verdadero -conocimiento de las cosas?</p> - -<p>Empecemos por el hombre incipiente; una vez nacido es una mole de -cera, capaz de casi todas las figuras, lo mismo en el cuerpo que en -el alma; pero más en ésta. De suerte que no es mala comparación la -ya sabida de la tabla rasa en la cual nada hay escrito; mas no se -afirma bien cuando se afirma que todo puede escribirse en ella. No -todos son aptos para las letras, aunque se les suministren todos los -elementos precisos. ¿Cómo, pues,<span class="pagenum" id="Page_136">p. -136</span> podrían pintarse en el alma las naturalezas de todas las -cosas?</p> - -<p>Dos hay en el recién nacido: nada impreso en acto; en potencia poco -o mucho, pero nunca todo.</p> - -<p>Pero esa potencia es sólo pasiva, a la cual se opone otra pasiva -impotencia, por la cual cada uno es totalmente inepto para ciertas -cosas.</p> - -<p>En este punto se nos asemejan también los otros animales, puesto -que el papagayo con aquella primera potencia puede imitar la palabra -humana, la cual el mono no puede imitar por aquella segunda impotencia. -Este, al contrario, por la primera potencia ejecuta muchas cosas a -imitación del hombre, que no puede ejecutar el papagayo por la segunda -impotencia. Así, entre los hombres, éste es totalmente inepto para la -gramática; en cambio, es muy apto para la navegación y aquél todo lo -contrario.</p> - -<p>Mas tenemos nosotros una potencia activa de que carecen los brutos y -por la cual hállanse las ciencias y las artes.</p> - -<p>Pero de esto se tratará extensamente cuando se trate del alma. Baste -ahora haber traído estas cosas para entender lo que sigue.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span>¡Cuán pocos, pues, -de tantos millones de hombres son capaces para las ciencias, aun para -aquellas que hoy profesamos! Apenas alguno que otro; perfectamente, -ninguno.</p> - -<p>Es necesario que sea hombre perfecto el que haya de saber algo -perfectamente. ¿Hay alguno así?</p> - -<p>Tú dices que el alma es en todo igualmente perfecta (ignorando su -naturaleza, como mostraremos en otra parte), y que el cuerpo es la -causa de que unos sean más doctos, otros menos, y muchos totalmente -incapaces. Sea como tú dices.</p> - -<p>¿Es, por ventura, nuestra alma bastante perfecta para que sepa -el hombre algo perfectamente? No. Mas supongamos que sí: en tal -caso quien tenga el cuerpo menos perfecto sabrá imperfectamente las -cosas, pero quien tenga mayor perfección corporal habrá de saberlas -perfectísimamente.</p> - -<p>Esto es lo que más racionalmente parece colegirse de tus razones. -Mas ¿a quién le fué dado cuerpo perfecto?</p> - -<p>Yo llamo con Galeno perfectísimo al cuerpo que es templadísimo y -hermosísimo y produce todas<span class="pagenum" id="Page_138">p. -138</span> las operaciones perfectísimas, empezando por las del -entendimiento, padre de la Ciencia.</p> - -<p>Hubo algunos médicos que afirmaron que el médico para que fuese -perfecto debía padecer todas las enfermedades antes que pudiese juzgar -perfectamente de ellas. Y no parece del todo descabellada la opinión, -por más que entonces mejor fuera no ser médico. Pues ¿cómo podrá -sentenciar rectamente del dolor el que nunca lo sintió? Los dolores y -enfermedades, mejor los conocemos en nosotros mismos y curamos que en -los demás.</p> - -<p>Pues ¿cómo habrá de discernir el ciego de colores, ni el sordo de -sonidos, ni el paralítico de las cualidades táctiles? Es necesario, -pues, que vea cabalmente quien cabalmente ha de juzgar de colores, y -oiga quien juzgue de sonidos, y palpe quien discierna lo tangible, -y guste quien hable de lo sabroso, y se mueva quien estudie el -movimiento, y sufra quien haga juicio del dolor, e imagine quien haya -de saber de fantasías, y entienda quien del entendimiento investigue. -De otra suerte, como dijo Galeno, será navegante de libros que, sentado -muy seguro en su sillón, describirá muy bien los<span class="pagenum" -id="Page_139">p. 139</span> puertos, los escollos, los piélagos más -lejanos y guiará muy bien la nave por la cocina o sobre la mesa; pero -si se lanza al mar y le encomiendas el timón de un navío, se meterá en -aquellos Escilas y Caribdis que tan lindamente sabía describir a pies -enjutos.</p> - -<p>Y por esta razón dícese también que Cristo Señor nuestro quiso -sobrellevar las humanas miserias para que, experimentando nuestras -calamidades, se compadeciese más. Pues el que fué alguna vez indigente -se compadece mejor del pobre; el que fué preso, del cautivo, y, -finalmente, el que se vió desamparado siente mayor lástima del -miserable y del triste.</p> - -<p>El perfectísimo conocimiento requiere, pues, un cuerpo perfectísimo -unido a una perfectísima razón, pues todas las cosas perfectas gozan -de las cosas perfectas, son hechas por los perfectos y por medios -igualmente cabales.</p> - -<p>¿Qué cosa más perfecta que la creación? Es hecha por el solo -Perfecto, por la perfección misma, que es Dios. ¿Con qué medio? Con su -perfectísima potencia, la cual es la sola y única perfectísima,<span -class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> porque sólo ella es -infinita, porque es el mismo Dios.</p> - -<p>Todo lo demás que sea perfecto en su línea es hecho por algo -semejante o superior a sí: por ejemplo, lo que hacen los cuerpos -celestes no puede ser obrado por cuerpos inferiores.</p> - -<p>Razón de todo esto: El agente siempre que va al paciente, -trasciende; pues todo ser ambiciona transformar a otro en sí. Lo cual -no es posible si no se le comunica. Y en comunicándose los dos el uno -es término pasivo del otro; empéñase, sin embargo, el paciente en -conservarse en su ser (lo cual ha sido grabado en todos); en parte -resiste y en parte quiere también convertir al otro en sí, extiende y -ejerce cuanto puede su potencia en el agente y le imprime fuerza; mas, -porque le es inferior, es vencido en la lucha y es forzado a seguir -las huellas del otro, a introducirse en él, despojado de su primer -hábito.</p> - -<p>Si, pues, el agente es perfecto, también debe ser perfecta la acción -y los medios para ejecutar la obra y el paciente que recibe la acción, -en cuanto la recibe, aunque por otra parte sea imperfecto.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span>Y si no sigue a la -acción la conversión del paciente en el agente, al menos la obra que de -tal acción se hace es perfecta siendo de agente perfecto, imperfecta si -de imperfecto. Pues los partos, dicen los médicos, dan testimonio de -sus principios. Lo que se hace bien, es siempre con medios idóneos.</p> - -<p>Y así, el perfecto agente ayudado por perfectos instrumentos y -medios solícitos, obrará en el paciente y ejecutará la obra intentada -mejor que con imperfectos.</p> - -<p>Ve esto en todas las acciones tanto naturales como voluntarias: el -sol, que es el más perfecto de todos los cuerpos (de donde los antiguos -lo juzgaron Dios), ¿qué acción hace? Perfectísima, parecida a la acción -de Dios. Pues éste crea, pero aquél engendra las cosas, que es el -segundo grado después de la creación; pero se diferencian en que Dios -crea por sí solo, de la nada y sin medio ni instrumento alguno. El sol, -teniendo su potencia de Dios, engendra, estimula y mueve por medios -naturales y congéneres.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>Pero objetarás, tal -vez, que el sol corrompe también, la cual es pésima acción. Mas, no es -así. No corrompe, sino que, mientras engendra, síguese necesariamente -la corrupción, como una consecuencia natural. Y que engendra primero, -es manifiesto. Pues primero es el ser que el no ser; el acto, que la -privación; la vida, que la nada.</p> - -<p>Ningún ser obra por nada o intenta nada (de donde tampoco el mal por -sí, pues el mal es privación del bien, cuasi nada), pues todo es por un -fin, y la nada no puede ser fin para un ser. El fin es perfección, la -cual entre los seres ocupa el primer lugar.</p> - -<p>Privación, destrucción, defecto, mera negación del ser; ¿con qué -otro nombre llamaré a la nada que con el tenebrosísimo de <i>nada</i>? -¡Opuesta y enemiga a toda perfección, a todo ser; finalmente, -nada!...</p> - -<p>¿Quién la intentará, quién la buscará? Todas las cosas la huyen -naturalmente. Nada me aterra, entristece y postra el ánimo como la -Nada cuando pienso que alguna vez pudiera yo ver sus abismos, si, -acompañada mi alma de la fe, esperanza y caridad,<span class="pagenum" -id="Page_143">p. 143</span> no destruyesen este miedo, y me confirmasen -prometiéndome, después de la disolución de este compuesto, de mi carne -y mi espíritu, indisoluble nexo con Dios óptimo y máximo.</p> - -<p>El sol, pues, el más perfecto de todos los cuerpos, ¿intentará la -corrupción, la hará? No, pues engendra. ¿Con qué medio? Con el calor, -que es la más perfecta, principal y activa de todas las cualidades.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Tú añades también la luz; pero yo no lo consiento. La luz, sin -embargo, es otro argumento a mi favor.</p> - -<p>Bellísima cosa es la luz, amicísima y queridísima de los hombres. -Dios llámase a sí propio Luz, y a ella se compara la vida como a las -tinieblas la muerte. Gracias a su benéfico resplandor gozamos de los -colores, de los matices y las formas; sin luz seríamos semejantes a los -ciegos, viviríamos como dormidos y absortos en la sombra de lo interior -y lo exterior, vagando como las ánimas de los difuntos, sin vernos a -nosotros mismos e ignorando la<span class="pagenum" id="Page_144">p. -144</span> Naturaleza ¡Cuán triste silencio en la noche nublada y -tenebrosa! ¿No parece la imagen del caos y de la muerte? Más quisiera -morirme que vivir sin luz...</p> - -<p>Padre el sol de ambos, del calor y la luz, de ellos usa, conforme a -tu misma opinión, para fecundar las cosas, mas no para corromperlas. -En saliendo el sol todo revive, renace, germina, pulula, se remoza, -florece y fructifica. Los animales, entumecidos por el frío, los seres -corruptibles y todos aquellos que se corromperían totalmente con la -ausencia del astro, así que le ven se levantan de las tinieblas, -tórnanse más ágiles y gozosos, corren, saltan, retozan, gallardean y -cantan el advenimiento del astro generador y hácense más aptos para -generar a su vez, para vivir y trabajar con alegría, singularmente en -la primavera y en el verano. Yo, sólo entonces vivo...</p> - -<p>Mas en apartándose de nosotros el ojo derecho de Dios (séame -lícito apellidar al sol de esta manera) todo languidece, todo se -arrice y se amustia. ¿Qué son el otoño y el invierno sino imágenes de -nuestro fenecer? A la muerte llaman los poetas<span class="pagenum" -id="Page_145">p. 145</span> fría, glacial, pálida, macilenta, y a la -vida, en cambio, robusta, floreciente y ardorosa. La muerte viene del -frío; la vida, del calor. Por esto el sol es el más perfecto de los -cuerpos, porque hace, mediante la más perfecta cualidad, el calor, la -más perfecta de todas las acciones naturales.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pues en lo que se refiere a las acciones voluntarias ¿por ventura -el pintor, el escultor, el músico, no pintará, no esculpirá, no tañerá -más consumadamente si usan de los instrumentos más perfectos? ¿Cantará -bien el ronco, saltará el paralítico, escribirá el que tiene la mano -torpe o rota? Y ¿qué instrumento más hábil y flexible que la mano del -hombre pudo haber escogido la madre naturaleza? Era preciso que el más -perfecto de todos los animales, el hombre, hubiese el más perfecto -instrumento para hacer con la mayor perfección y elegancia las muchas y -difíciles cosas que ejecuta.</p> - -<p>En resolución: todo lo perfecto produce cosas perfectas y usa de -medios idóneos para producirlas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span>¿Qué se deduce de -ahí? Que el alma humana, la más perfecta de las criaturas de Dios, -para la más perfecta de todas sus acciones, el conocimiento perfecto, -necesita de un cuerpo perfectísimo.</p> - -<p>¡Cómo! —dirás—. Pero la intelección no depende, en modo alguno, del -cuerpo, sino exclusivamente del alma, de su facultad intelectual... -—Eso es falso —respondo— y ya te lo probaré en otra parte. Falso es -decir que el alma entiende, que el alma oye, pues ambas cosas no son -función exclusiva del alma ni del sentido, sino del hombre todo en su -unidad de espíritu y de cuerpo, indisoluble en cualquiera de sus actos. -Nada hace el alma sin los órganos del cuerpo ni el cuerpo sin la acción -y gobierno del alma.</p> - -<p>¿Por qué este hombre es menos docto que aquél, si el alma, como tú -dices, es igualmente perfecta en ambos? Será por defecto corporal, -según decías también. Luego el más docto gozará de un cuerpo -privilegiado, capaz de obrar consumadamente las cosas, lo mismo las del -sentido que las del entendimiento. Y el hombre que fuere doctísimo, -tendrá un cuerpo perfectísimo y será el verdadero sabio...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span>Pero ¿dónde, -repito, está ese cuerpo privilegiado y perfectísimo capaz de un -perfectísimo conocimiento? Yo, médico y filósofo, no le hallé jamás. Y -como no es posible que semejante cuerpo exista, no creo posible tampoco -el perfecto conocimiento o, lo que es lo mismo, la Ciencia.</p> - -<p>Al llegar aquí tal vez me arguyas: —Para entender no necesitamos de -los brazos y piernas; por consiguiente, aunque ellos sean defectuosos, -mientras tenga bien el cerebro me basta. —No te basta —replico—, pues -las cosas físicas influyen no poco en la parte moral y en la función -del entendimiento, los órganos se corresponden todos y se influyen -mutuamente, aun los más apartados y distintos, por todo lo cual un -cerebro sano es incompatible con otros órganos enfermos.</p> - -<p>Un miembro imperfecto, una deformidad cualquiera, un vicio morboso, -pueden ser adquiridos o congénitos: si el cuerpo viene mal conformado -desde los orígenes, anduvo el defecto ya en la materia de que se hace, -ya en la virtud generadora, y en ambos casos la imperfección es fatal -no sólo para el miembro u órgano defectuoso, pero también para<span -class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> muchos o algunos de los -demás, tanto en lo exterior como en lo interior. Y si el vicio o -deformidad sobreviene después, sea por causa interna o externa, ocurren -iguales alteraciones. En suma: un cuerpo cabal y perfecto no existe o -duraría un instante.</p> - -<p>Luego, repito, no habiendo seres de tal perfección, no hay un -conocimiento perfecto, no hay un perfecto sabio, nada se puede saber de -un modo cabal.</p> - -<p>Pero dirásme, tal vez, que también el hombre imperfecto, por -muy defectuoso que fuere, tiene capacidad para el ejercicio de las -ciencias. Yo te lo concedo gustoso, como te concedí otras muchas -cosas, pues aquí arguyo sin vanidad ni rigidez. Hay hombres, incluso -llenos de estigmas y deformidades, que son idóneos para el cultivo -de las ciencias, pero no todos ni cualquiera de ellos. Es necesario -que el hombre, dentro de su imperfección, esté dotado de un cierto -temperamento para ejercer con eficacia las disciplinas científicas. -¿Cuál será ese temperamento? Lo ignoramos. Pero aunque lo supiésemos -¿cuántas mudanzas del aire, del espacio, del alimento, de la edad, -la educación, las<span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span> -opiniones, las doctrinas, de todo cuanto rodea, influye y mueve en este -oleaje de la vida humana a nuestro cuerpo y nuestro espíritu, no habrá -de padecer el más capaz y atemperado de todos para la investigación de -la Verdad?</p> - -<p>Piénsalo y experiméntalo en ti mismo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter" id="Ch21"> - <h2 class="nobreak">Nuevas dificultades para<br /> la investigación - de la Verdad.</h2> -</div> - -<p>Si el hombre es rico, trátase deliciosamente, dase a todos los -gustos del sentido, engorda, se enerva, tórnase todo carnal, inepto -para la contemplación y el estudio. Como el alma y el cuerpo —según -dicen— solicitan siempre cosas contrarias, el rico tiende a desamparar -el espíritu. Desde la niñez los padres no le consienten que se fatigue -con el estudio y el trabajo, sino que todo se lo disponen para culto y -regalo del cuerpo; únicamente celosos, y no siempre, de las costumbres, -de la moral exterior, enseñan a sus hijos (como hacen la mayoría de los -hombres por el impulso disculpable de la naturaleza) a cuidar la salud, -acrecentar el caudal y todos los demás bienes que suelen hacer<span -class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> felices a las gentes -vulgares, sin dejar resquicio ni vagar para el estudio de las letras -y ciencias. Mas aunque los padres permitieran y desearan semejante -estudio, ya se encargaran los hijos de rechazar aquellas trabajosas -disciplinas, pues el cuerpo apetece el ocio y tiene al trabajo por -enemigo mortal.</p> - -<p>Las riquezas distraen el ánimo, los placeres le perturban, el mundo -le seduce y engaña. ¡Bienaventurados aquellos y dignos de eterna -admiración, que en el disfrute de los bienes del siglo, aciertan -a abandonarle y a despreciar sus falsos y vanísimos tesoros para -entregarse, pobres y libres, a la contemplación de las cosas! Pero -almas de esta sublime condición son aves raras en el mundo. Los hombres -abrazan la Ciencia para granjear aplauso, riqueza o dignidad, no por -sí misma, por amor desinteresado y puro. Y de esta suerte cada cual -trabaja mientras le urge para llegar al fin, no al fin de la ciencia, -sino al de su ambición...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span>Los pobres, en -cambio, corren a los estudios con triste principio, con medios adversos -y también, casi siempre, con bastardo fin. Como es la necesidad la que -les impulsa, una vez saciada, suele concluir la ciencia de los pobres, -ya que no trabajaron sino para hurtarse a la pobreza.</p> - -<p>De aquí la frase: «El ingenio vuela, mas la pobreza lo deprime.» Y -aquella otra: «La bolsa llena hace al ingenio divino.» Y esotras de -un poeta: «Hase primero de buscar el oro, que ya vendrán con él la -fuerza y la sabiduría; sin Ceres y sin Baco se enfría Venus y también -Minerva...»</p> - -<p>«Los papagayos charlan y aprenden mejor después de beber vino: -tal les sucede a muchos hombres.» Acerca de lo cual también se -dijo: «Las copas llenas ¿a quién no hicieron elocuente?» Y añado -yo: ¿a qué no obligan la sed y el hambre? No acabaríamos nunca si -hubiésemos de contar las desventuradas proezas a que impulsa la triste -necesidad...</p> - -<p>A todo el que estudia no debe moverle otro fin que saber. Al -necesitado, en cambio, no le mueve ese fin o sólo le mueve mientras -evita su necesidad.<span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span> -Así, quien sólo estudia por el vientre, cuando lo llena cierra los -libros y se echa las ciencias a la espalda. El pobre, si no es apto -para la contemplación de las cosas, no halla nunca deleite en el -estudio; y si es apto, su propia indigencia le impide gustar esos -manjares tan sutiles. ¿Hay algo más digno de compasión?</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Y si todavía insistes en que el rico y el pobre son igualmente -capaces para la austera investigación de la Verdad, yo quiero suponer -que es así; pero ve cuántas dificultades se siguen.</p> - -<p>Ambos han de ser instruídos desde los rudimentos, ya que nadie fué -tan dichoso que saliera enseñado del vientre de su madre o lograse -instruirse por sí mismo, sin necesidad de textos ni de aulas. Y -¡cuántas miserias en la instrucción y enseñanza de los jóvenes! ¡Cuán -pocos lograron haber buenos maestros!</p> - -<p>Unos por la poca retribución o por desidia, por enfermedad o -pobreza, otros por envidia, temor o vanidad, por amor o por odio, -por ineptitud o ignorancia,<span class="pagenum" id="Page_153">p. -153</span> por todas estas y otras muchas cosas, esconden o desfiguran -la verdad, si la conocieron alguna vez, y enseñan el error. ¿Qué mayor -calamidad para un principiante? Bebido el error ya nunca se sacude su -ponzoña, sobre todo si se bebió en la niñez y era insigne la autoridad -del maestro.</p> - -<p>De donde se dijo: A la vasija nueva dura el resabio de lo que se -echó en ella.</p> - -<p>Por esta razón Timoteo pactaba retribución sencilla con el -principiante; mas a aquel que había aprendido con otro preceptor, -pedía retribución doble, pues que era menester doble trabajo, uno para -arrancar el error que había ya bebido y otro para sembrar la verdad.</p> - -<p>De los errores en la enseñanza nacieron las sectas de los filósofos, -y aquello de jurar en las palabras del maestro; el pasar los años -disputando por cosas ociosas y peregrinas, unos para defenderlas, otros -para negarlas; llenar volúmenes sobre entender al profesor; fingir -nuevas e infinitas explicaciones, inteligencias y distinciones, las -cuales no imaginó él ni aun en sueños.</p> - -<p>Y aún hay doctores tan sandios que se jactan de<span -class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> poder defender todo lo que -ha sido enseñado por éste o por aquel autor; dispónense para ello con -argucias y bagatelas, de tal manera cubiertos y armados de enredos, que -se parecen a los cazadores que acechan con redes y con falsos silbidos -a los tordos. Enredados no pocas veces ellos mismos, no se pueden -desenvolver, y así caen en la fosa que preparan a los demás, como el -cazador de Esopo, que mientras acechaba a la paloma, fué mordido por la -sierpe.</p> - -<p>Tales también aquellos que usan de las máquinas de guerra (que -llaman arcabuces) y mientras a disparar aplican el ojo a la mira para -que salga recto el proyectil y ponen fuego a la pólvora, si está -obstruída la máquina, experimentan el efecto contrario: que el tiro -vuelve atrás y les atraviesa la cabeza.</p> - -<p>Así estos falsos doctores mientras maquinan falacias, ellos mismos -caen en las redes de su propia falsedad.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Unos pretenden recoger lo esencial de un asunto y hacen un -epítome. Otros recorren tablas, capítulos,<span class="pagenum" -id="Page_155">p. 155</span> libros, que fueron confusamente escritos -por otros. Éstos, al contrario, amplían, añaden, extienden, comentan -y critican muchas cosas. Aquéllos se empeñan con supersticiosa y -fatua piedad en conciliar a los disidentes y reducir a la paz a los -beligerantes. Otros, al contrario, hacen enemigos a los que sienten -lo mismo, al afirmar que escriben y entienden cosas diversas. -Esotros afirman que tal obra es de aquél; sus adversarios pugnan por -demostrar que la robó del cercado ajeno. Y en probar tales monsergas, -¿qué de argumentos no usan? ¿Qué no gritan? ¿Qué no claman? ¿Qué no -torturan?</p> - -<p>Si no bastan las pruebas falsas, emplean verdades reprobables, a -saber, contumelias, invectivas y libelos.</p> - -<p>Finalmente, no contentos aún, vienen a las armas, para que lo que la -razón no pudo lo pueda la fuerza, a estilo militar.</p> - -<p>Así, los que se dicen científicos se hacen brutos. Pues, ¿no es todo -esto furor y demencia?</p> - -<p>Los que presumen de investigar la naturaleza nada hacen -sino disputar y absorber en minucias y<span class="pagenum" -id="Page_156">p. 156</span> simulacros toda su vida, como el perro, -que, viendo en el agua la sombra de la carne que lleva en la boca, -suelta la carne para asir la sombra en el agua, y como el toro, que, -persiguiendo al lidiador, cogida su capa, se ensaña en el trapo, sin -preocuparse del hombre.</p> - -<p>Así los falsos investigadores de la naturaleza, que, a espaldas -de la realidad, no saben sino repetir, como papagayos, lo que en los -libros hallaron escrito, ignorantes seguramente de lo que dicen.</p> - -<p>De tales entes hay una gran multitud en las ciencias; varones -sinceros que investiguen la realidad en sí misma, muy pocos, y aun esos -pocos varones son juzgados indoctos por los primeros y por el vulgo.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Y no es de extrañar.</p> - -<p>Cada uno juzga a los demás por su propia condición.</p> - -<p>Así, el docto juzga al docto y lo alaba, porque entiende lo que -dice; el ignorante le desprecia, porque no le entiende, y levanta al -necio, porque<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span> siente -en necio; todo semejante goza con el semejante y rechaza al que no lo -es.</p> - -<p>¡Ay del mozo infeliz que beba en la turbia fuente de tan ruines -preceptores!</p> - -<p>Si estudia siempre bajo el mismo doctor, siempre errará, si erró -una vez. Y su error será cada vez más profundo. Error pequeño en un -principio es grande en el fin; dado un absurdo, síguense muchos. Y -¿quién hay que no yerre una vez? o ¿quién que yerre una sola vez? ¿no -erramos casi siempre?</p> - -<p>Y si el joven es enseñado por muchos maestros ¿no le será más fácil -extraviarse y confundirse?</p> - -<p>Pocos, a quienes amó el justo Júpiter y levantó el ardiente juicio a -lo celestial, pudieron librarse de errores y poseer todos los caminos -de la oscura selva. ¿Cómo, pues, no ha de perderse el miserable ingenio -del principiante, distraído y desgarrado en las contiendas y tumultos -de escuelas y maestros?</p> - -<p>Este le inculca una doctrina; aquél se empeña en persuadir la -contraria. Pues ¿quién ve que convengan dos en todas las cosas?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>El mayor juicio de -certidumbre de una verdad y, por tanto, también de alguna ciencia, es -la concordancia de los doctores; pues la verdad es siempre concordante -consigo misma. Al contrario, nada arguye más la incertidumbre de una -ciencia que la diversidad de opiniones.</p> - -<p>Basta advertir cuán común es esta diversidad en los doctores de -cualquier ciencia, para colegir también cuán poca certidumbre hay en -nuestros conocimientos.</p> - -<p>Y así al débil novicio tráenle contrarios doctores en confusión y -ambigüedad. Sin acertar adónde orientarse, inclínase a éste o aquél, -según le parece; y con más frecuencia al que le engaña; pues éste -es el que más grita, con el desenfado propio de los que sostienen -sinrazones.</p> - -<p>Ahí tienes al sabio.</p> - -<p>Así, durante mucho tiempo, lucha en los oleajes de esta furiosa -tempestad; las más de las veces toda la vida.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Y si nos acercamos al método de enseñanza, no habrá aquí -menor dificultad, antes mayor, ya atiendas<span class="pagenum" -id="Page_159">p. 159</span> a los que enseñan de viva voz, ya a los que -enseñan por escrito. Pues tienen ambos las mismas viciosas maneras.</p> - -<p>Cabalmente, por este lado, viénele al estudiante, o la mayor -utilidad, si emplea buen método el doctor, o el más grave daño, -si emplea un método perverso. Pues nada tiene en el enseñar tanta -importancia como el método; el cual, por consiguiente, es tan vario -para los hombres. Saber usar del método no es menos laborioso que útil, -y no menos raro que necesario. ¡Cuán pocos maestros aciertan aquí!</p> - -<p>Siendo, por ventura, el arte infinito, como ya dijimos, y la vida de -todas las cosas harto breve, cuando es necesario medirla para enseñar o -aprender, impone grandísimo cuidado. Medir lo infinito con lo finito y, -lo que es más, comprenderlo; ¿no parece cosa inaccesible?</p> - -<p>Así hay preceptor que se empeña en contraer el arte (al cual no le -es posible producir la vida) y hace más largo el camino, más oscuro y -difícil por la brevedad (pues hágome oscuro cuando me empeño en ser -breve).</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>Hay otros que -exponen difusamente, y hácense viejos en los primeros principios y -nosotros con él. A éstos condenan los impacientes en el trabajo, los -de agudo ingenio; porque inculcan con muchas palabras lo que ellos con -pocas. En cambio, les alaban los morosos y rudos para quienes nada está -jamás bastante explanado.</p> - -<p>Y si alguno escribe con términos medios, es reprobado por todos, -porque no es bastante breve y porque es más breve de lo justo. Pues -el medio siempre es contrario a ambos extremos. Sólo es agradable a -quienes también se gozan en el término medio, que suelen ser muy pocos -y escogidos.</p> - -<p>Hay quien habla castiza y hermosamente; hay quien de un modo áspero -y rudo. Este escritor hurta los trabajos ajenos y los da como propios; -repite aqueste íntegras sus páginas, olvidado de sí. Uno lo mezcla y -lo confunde todo o lo deja como indiscutido e inédito. Tal otro es -parlador y sofista; aquél, severo y grave; éste, agudo inventor de -cosas nuevas; esotro, torpe repetidor de lo viejo.</p> - -<p>¿Qué más diré? ¿Quién agradó nunca a todos?<span class="pagenum" -id="Page_161">p. 161</span> Ni aun la misma naturaleza. ¿Cuántos no se -atrevieron a condenarla e increparla?</p> - -<p>Tanta es la variedad de las cosas, que parece que la naturaleza -juega en ellas y se regocija de nuestra confusión; que buscándola -nosotros por aquí y por allí, teniéndola delante de los ojos, se burla -y nos escarnece.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Y no sólo se advierte variedad en las cosas varias.</p> - -<p>Un mismo hombre, ora quiere, ora rechaza; ya afirma una cosa, ya -condena la misma; hoy profesa esto, de lo cual, si mañana le preguntas, -no se acuerda ya ni quiere acordarse; en esta parte del globo florecen -ahora las letras, y en el resto, hay omnímoda brutalidad; antes, aquí, -lo eran todo las espadas; ahora no tienes otra cosa que libros... Hoy -priva una opinión; Fulano es el doctor de moda: mañana será todo lo -contrario...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>Ejemplos de todas -estas cosas verás si lees las historias; no obstante, traeré algún -ejemplo singular.</p> - -<p>¿Qué hubo más esplendoroso en letras que el antiguo Egipto y la -antigua Grecia? ¿Qué más fértil en el culto de los dioses? ¿Dónde más -ilustres varones, ya en cualesquiera ciencias, ya en las armas? Hogaño -no hallarás allí museo ni ídolo ni varón insigne.</p> - -<p>En Italia, en Francia, en España ni por sueño había entonces un -doctor; lo eran todo Mercurio y Júpiter. Ahora siéntanse aquí las -Musas, y habita Cristo entre nosotros.</p> - -<p>Y en las Indias, ¿cuánta ignorancia no reinó hasta hoy? Ya, -ahora, hácense poco a poco más religiosos, más agudos, más -doctos que nosotros mismos.<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" -class="fnanchor">[9]</a></p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>¿Qué hará, pues, en tanta variedad de cosas el desdichado mozo? ¿A -quién seguirá? ¿A quién creerá? ¿A éste?, ¿a aquél?, ¿a nadie?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>Si se entrega a -un solo maestro, hácese esclavo, no docto; defiende sus dogmas con -cualquier razón y con cualquier injuria; hácese soldado que sigue a un -capitán dondequiera que le lleve, para combatir por él; no se acuerda -más de sí; perece con él.</p> - -<p>De esta suerte nuestro joven y su ciencia perecen cuando se adhieren -con pertinacia a un solo preceptor. Que no sin daño de la verdad puede -uno jurar sobre las palabras del maestro.</p> - -<p>Y si el estudiante cree igualmente a todos, o no cree a nadie, y -pretende escoger de todos lo que mejor le parezca, ello es más libre, -pero también más arduo, pues ¿qué juicio no necesita quien se empeña -en dirimir pleitos de todos? Cada cual tiene en su favor razones y -argumentos en apariencia inexpugnables, y no hay aquí sentencia posible -sin riesgo de la verdad y del propio juez.</p> - -<p>Así como en la guerra acontece que el arte y la astucia rinden a -quien es superior en armas, en caballos y bríos, así el que busca la -verdad y la defiende suele ser arrollado por el error, que es, no pocas -veces, más agudo y sutil.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>¡Cuántos, armados -de su pérfida ciencia silogística, no tiñen de verdad el error y hacen -que lo falso parezca verdadero y lo verdadero falso, hasta envolver -en sus redes al más valeroso campeón! Y ¡cuántos, muy doctos, caen -vencidos en la ingeniosa trampa de un silogismo falaz, más inermes aún -que aquel ignorante que en presencia de un sofista charlatán, empeñado -en persuadirle de que lo blanco es negro, respondió al sofista: Yo no -entiendo tus razones porque no estudié como tú, pero por nada del mundo -me harás creer que son iguales lo blanco y lo negro; arguye tú cuanto -quisieres, que a mí me sobran para saber de colores estos dos ojos de -mi cara!</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Recuerdo que, al iniciarme en la dialéctica cuando niño, fuí -provocado muchas veces a disputa por los más viejos en edad y en -estudio para probar mi ingenio; oprimido por engañosos silogismos, cuya -falacia yo no conocía, llegaba a conceder lo que encubiertamente era -falso, mas apenas advertía la falsedad manifiesta, sentíame atormentado -en lo<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> más hondo de -mi corazón y ya no descansaba hasta buscar y comprender el defecto -del cauteloso silogismo. ¿No hubiera sido harto mejor que el tiempo -que perdía en estas sutilezas lo empleara en conocer alguna causa -natural?</p> - -<p>Porque en semejantes lides parece más docto el que charla mejor, -el que construye con más ingenio un artificio con que vencer al -contrincante y forzarlo a que conceda lo más absurdo y falaz. ¡A este -sistema, el más pernicioso para el entendimiento y la lógica, llaman -doctrina científica!</p> - -<p>El propio Aristóteles, cuando escribió su aguda cavilatoria para -librarse de los engaños del silogismo, intentó en vano curar con -semejante tríaca los efectos de este veneno destructor; pues no hay -posible medicina para un veneno tan fuerte.</p> - -<p>¿Cuántos remedios, peores que la enfermedad, no se han inventado -posteriormente? ¿cuántas otras falacias, cuántos volúmenes de -suposiciones, de exponibles y reflexiones de todo jaez? Ya la -Dialéctica es otra Circe que convierte en asnos a sus amantes...</p> - -<p>A punto me vi, como ellos, de beber las aguas<span class="pagenum" -id="Page_166">p. 166</span> circeas, de embriagarme en sus traidoras -linfas y rebuznar perpetuamente sus silogismos engañosos, en torno a -esa puente de la Ciencia que bien merece llamarse la puente de los -asnos. Valiéronme entonces mi natural indócil y los versos de Ulises -para hurtarme al yugo de aquella hechicera dama y renegar de sus -figuras y embelecos en la artificiosa puente de los silogismos.</p> - -<p>¡Qué de tormentos sufren los amadores de tan áspera Circe! ¡Qué -modos tienen de honrarla y defenderla, pugnando hogaño por mantener -y apuntalar su vieja y desmoronada habitación! ¡Hasta qué punto se -rebajan y pierden por amartelar y servir a su despótica Dueña!</p> - -<p>Así Eneas, el héroe, totalmente ajenado de sí mismo y olvidado de -Italia, adonde iba por el mandato de los dioses, vestido de lasciva -clámide, envilecido y muelle, entregado por amorosa esclavitud a -Dido, no atendía más que a ella, no curaba de otra cosa que de sus -torpes embelesos; hasta que avisado por Mercurio, abiertos los -ojos, avergonzado de sí mismo, conoció cuán miserablemente vivía, -y, despojado al punto de la mujer, vistióse<span class="pagenum" -id="Page_167">p. 167</span> del hombre y con ello se hizo señor de -gran parte del mundo, guiándole la virtud y acompañándole la fortuna. -¡Pluguiera al cielo que yo fuese Mercurio para nuestros Eneas cautivos, -para que, abandonada la hechicera Dido, la Dialéctica engañadora, -volviesen los bríos y la voluntad a la robusta Naturaleza, con lo que -muchos se harían, por ventura, dueños y señores del orbe!</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero dirás acaso: ¿Qué? ¿Quieres que, como si fueras un dios, -aceptemos por cosa confirmada sin razón y sin prueba, cuanto dijeres, -y más en detrimento de cosas que están todavía muy firmes y como en -altares en las casas de los doctos?</p> - -<p>No pretendo tal: sólo aspiro a abrir los ojos y el entendimiento -a la incauta juventud y desbrozar los caminos de la libre y ancha -Naturaleza.</p> - -<p>¿Qué hará, si no, el mozo mal experimentado que al asomarse al -campo de la Ciencia sólo ve en él zarzas y ortigas, dificultades y -estorbos? Pues enredarse en ellas como les sucedió antes, a su<span -class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> vez, a sus maestros y -preceptores, y, a espaldas de la hermosa realidad, amontonar libros y -libros, hacer perpetuos los sofismas y eternas las ignorancias...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero supón a un estudiante de buena fe que apoyado en su solo -juicio, luego de haber aprendido largo tiempo en las aulas y visto -tanta diversidad de opiniones, quiere sentenciar por sí mismo. ¿En -cuánto riesgo no se hallará? ¿Cómo encarecer las dificultades y -peligros de considerar escrupulosamente y sin ayuda ajena todas las -cosas puestas en pleito en las lides científicas?</p> - -<p>De aquí nueva multitud de errores, de divergencias y disputas, de -interpretaciones falsas, de retrocesos inútiles; de aquí el dar por -flamantes novedades las cosas más añejas y sabidas, el oponer un dogma -a otro dogma, el sentenciar contra los pareceres ajenos, más por ser -ajenos que por ser erróneos, y, finalmente, el alejarse cada vez más de -la directa inspección de los objetos en litigio.</p> - -<p>¿Qué hacer, pues, si los viciosos métodos de<span class="pagenum" -id="Page_169">p. 169</span> enseñanza, los abusos de la autoridad, -el ciego empeño de buscar la ciencia en los libros, la tentación -de convertir la especulación intelectual en granjería, el triste -espectáculo de las disputas ociosas, de las opiniones apasionadas y -hostiles, no se remedian con el solo y libre juicio individual?</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch22"> - <h2 class="nobreak">Conclusión. Los únicos criterios de la Ciencia:<br /> - el experimento y la crítica.</h2> -</div> - -<p>El que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las -cosas en sí mismas.</p> - -<p>Pero ¿ello es fácil? Nada tan penoso, nada tan ambiguo, nada tan -lleno de confusión e incertidumbre.</p> - -<p>Viste ya cuánta diversidad hay en las cosas, qué de mudanzas y -vaivenes; cuánto de inaccesible y amargo para el que aspira a la -Ciencia. ¿Qué no sucederá cuando pretendamos acercarnos a las cosas -mismas?</p> - -<p>Ni es posible, dados los límites en que se mueve el conocimiento -humano, la contemplación directa de las cosas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>Con todo: hay dos -medios subsidiarios que no suministran ciencia perfecta, pero que, en -suma, algo perciben y algo enseñan: son la experiencia y el juicio. -Pero no separados jamás, sino en íntimo enlace y unión, como demostraré -en otro libro. Los experimentos son muchas veces falaces y siempre -difíciles, y hasta cuando llegan a la perfección nunca nos muestran más -que los accidentes extrínsecos, jamás las naturalezas de las cosas. El -juicio recae sobre los resultados del experimento, y por consiguiente -no traspasa los límites de lo exterior, y aun esto lo discierne de una -manera incompleta, sin que sobre las causas pueda pasar de una probable -conjetura. Se dirá que nada de esto es ciencia. Pues no hay otra.</p> - -<p>Ni aun tales medios subsidiarios pueden ser perfectos en un joven. -Pues, omitiendo las dificultades de toda experimentación para el hombre -más apto y maduro, ¿qué experiencia puede tener el mozo de pocos años -que empieza a cultivar las ciencias en el aula?</p> - -<p>Necesario es haber vivido mucho y haber experimentado no pocas -cosas para juzgar rectamente,<span class="pagenum" id="Page_171">p. -171</span> y aun así, como decíamos al principio, pueden estar mal -trabados y disconformes los años y las experiencias. De esta suerte, -quien hoy opina esto, juzga mañana otra cosa y defiende ahora lo que -condenaba ayer.</p> - -<p>Nadie, antes de conocer el imán, el pez torpedo, el pez rémora, les -hubiese atribuído las virtudes que tienen. Decíamos ha poco que toda -atracción proviene del calor, de la sequedad, del miedo al vacío. ¿Qué -decir ahora de la electricidad?</p> - -<p>¿Habríase nunca imaginado que el veneno añadido al veneno lejos de -matar al hombre le serviría de tríaca? Ciertamente que no, pues, por -ventura, antes de experimentarlo afirmábase que lo que no hace uno lo -hacen dos, a pesar de haber demostrado lo contrario la atroz consorte -de Ausonio, que empeñada en matar a su marido lo más rápidamente -posible, mezcló mercurio al veneno que le tenía preparado, con lo cual -escapó Ausonio de la muerte.</p> - -<p>¿Quién hubiese creído tampoco que la cicuta añadida al vino matase -más prontamente, sobre todo a los temperamentos biliosos, y tantas -otras<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> cosas que la -experiencia acredita en contra de lo que parece racional?</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Mucha experiencia, pues, hace al hombre docto y prudente. Así -los varones más ancianos son más duchos por razón de la experiencia -que tienen, y más a propósito que los jóvenes, para la gestión de -los negocios públicos, si les asiste a la par un juicio agudo y -sazonado.</p> - -<p>Y para acrecentar ese tesoro de la experiencia, para conservarle al -través de los siglos, imaginaron los hombres la escritura, merced a la -cual todo lo que uno experimentó en su vida, lo aprenda otro después en -breve espacio. De esta suerte, las generaciones, las experiencias, los -hechos, las invenciones de cada época, se van eslabonando y acreciendo -sin cesar, por lo que, gráficamente, cada generación que surge a la -vida y a la ciencia se ha comparado a un niño jinete en el cuello de un -gigante.</p> - -<p>Utilísimo es para la ciencia y la vida ese caudal inmenso de -experiencia acumulado siglo tras siglo<span class="pagenum" -id="Page_173">p. 173</span> en las bibliotecas del mundo. Pero (aun -omitiendo que los libros, como todas las cosas humanas, no son -perennes, pues los consumen la guerra, el fuego, la incuria, la novedad -de otras opiniones y, finalmente, el tiempo y el olvido) sucede que la -sugestión de esa riqueza nos ofusca. ¿Cuántos siglos necesitaríamos -vivir para leer esas ingentes muchedumbres de libros? ¿Cuántos de ellos -no mienten o disimulan la verdad? ¿Cuántos no se escribieron por el -único móvil de granjear la gloria o mendigar opinión, cuando no por -razones más miserables? ¿Cuántos, en todo caso, son del todo accesibles -a nuestro entendimiento?</p> - -<p>A fuerza de leer y releer, de poner en claro y en concierto nuestras -lecturas, se nos pasan los años más preciosos; vivimos entre montañas -de papel, sólo atentos a los hombres y a sus obras, de espaldas a la -viva Naturaleza. Así, muchas veces, por el afán de saberlo todo, nos -convertimos en necios...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Mas supongamos que los libros no mienten, que exponen con entera -verdad lo experimentado por<span class="pagenum" id="Page_174">p. -174</span> sus autores. ¿Qué me aprovecha que otro haya experimentado -esto o aquello, si yo no experimento lo mismo? Ello no engendrará en -mí ciencia, sino fe. De aquí que el mayor número de los escritores -modernos sean más fieles que sabios, pues beben de los libros lo que -poseen sin experiencia ni juicio propios, sin otro fundamento que lo -que hallaron escrito, sin otra novedad que lo que pueda deducirse de -los supuestos tradicionales.</p> - -<p>Dada esta condición, quien pretenda saber algo ha de estudiar -perpetuamente, ha de leer todo lo que fué dicho por todos, y, en el -caso mejor, comprobar a cada paso, hasta el final de la vida, las -experiencias de las cosas con las experiencias de los libros. ¿Hay algo -más triste y miserable que ese linaje de vida? Linaje de muerte le -llamo yo.</p> - -<p>Por bien constituído que imaginemos a un mozo sometido a régimen -tan inhumano, por cabal que sea la salud de que goce, marchitaráse -prontamente, y consumidas las fuerzas corporales en el estudio, -afligido por numerosas y terribles dolencias, afectada la mente en su -sede principal, el cerebro,<span class="pagenum" id="Page_175">p. -175</span> morirá sin haber apenas gozado de la vida ni de la -ciencia.</p> - -<p>Pero aunque por excepción se vea libre de tales pesadumbres, no -le faltará siquiera la oscura melancolía que acompaña a los excesos -mentales. Y ¿cómo ha de juzgar un melancólico de todas las cosas, -cuando para juzgar rectamente todo buen juez ha de carecer de toda -afección?</p> - -<p>Y aun suponiendo, que ya es suponer, horro y salvo a nuestro -joven de todo achaque y tristeza, ¿sabrá por eso alguna cosa? Nada -ciertamente.</p> - -<p>Pues en él, como en las demás cosas de este mundo, hay continua -mudanza. Y la principal de todas es la edad. ¿Cuánto no se diferencia -el mozo del varón maduro y éste del anciano? ¿Qué diversidad no hay en -ellos de principio, de medio y de fin? El que ahora joven juzga esto y -lo cree verdadero, lo revoca y reprueba en la edad viril y torna acaso -a defenderlo en el crepúsculo de su vida. En otros casos acaece lo -contrario y nadie es, jamás, consecuente consigo mismo.</p> - -<p>Ni hay quien editando hogaño un libro valeroso pueda decir que -mañana no cantará la palinodia,<span class="pagenum" id="Page_176">p. -176</span> ni quien, errando ayer, no confiese, si es probo, que se -engañó entonces. Y los que, por ignorancia o amor propio, no hacen -tal y defienden con pertinacia sus errores, causan un grave daño a la -verdad, tanto mayor cuanto más agudos sean sus ingenios.</p> - -<p>Tampoco hay nadie en el mundo que si, en vez de dar a las -prensas aceleradamente sus obras, las guarda por muchos años, deje -de corregirlas y enmendarlas uno y otro, aunque viviera cien. Y si -eternamente viviera, eternamente andaría quitando aquí, mudando allí, -rehaciendo acullá.</p> - -<p>¿De dónde tanta innovación, tanta variedad e inconstancia?</p> - -<p>Ciertamente, de la ignorancia humana. Pues, si supiéramos -perfectamente lo que una vez escribimos, nada habría de mudarse -luego.</p> - -<p>¿En qué edad, pues, se juzga mejor? Dirás: en la ancianidad. Pero, -más racional parece en el tiempo en que todo está en vigor; en la -vejez, todo languidece y por eso se compara a la infancia; de donde la -frase: <i>Malditos los niños de cien años</i>.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_177">p. 177</span>Aparte estas -mudanzas del cuerpo, impiden también el conocimiento de la verdad -las afecciones del ánimo. Lo dijimos ya arriba. El amor, el odio, -la envidia y lo demás que allí nombramos, se opone a que se juzgue -bien.</p> - -<p>Y ¿quién es tan equilibrado que no caiga en alguna de esas pasiones? -Mas si de todas ellas se viere libre, ¿no caerá en el amor propio? -Pues, ¿quién hay que no crea que dijo lo cierto, que halló el nudo de -la dificultad y que entiende muy bien las cosas? Omitiendo, finalmente, -que cada uno se estime más docto, más agudo, más perspicaz, más -prudente, más sabio que los demás.</p> - -<p>Nadie, dice el vulgo, es juez recto en causa propia. Y cada uno -trata su causa cuando afirma algo de palabra o por escrito.</p> - -<p>Nada, pues, sabemos.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Pero, supongamos (cosa imposible) que carece nuestro juez de tales -defectos. Aun así, no sabrá más en lo sucesivo, aunque se guíe por la -común<span class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> sentencia de -que perpetuamente nos hacemos más doctos, pues sucede lo contrario a -todos aquellos que se proponen conocer perfectamente las cosas.</p> - -<p>Yo, antes que hubiese comenzado a considerarlas, parecíame que era -más culto. Pues lo que había recibido de mis preceptores, lo tenía por -sobradamente sabido y propio, estimando que el saber consiste en haber -visto, oído y retenido muchas cosas.</p> - -<p>Conforme a lo cual con revolver en el magín los conceptos ajenos -parecíame que lo sabía todo, y cada día me aficionaba más a este linaje -de ciencia.</p> - -<p>Mas, tan luego como me convertí a las cosas, abandonada en un -todo la fe primera (aquella fe con humos científicos), comencé a -examinarlas, como si nadie hubiese dicho jamás cosa alguna; y cuanto -más me parecía saber antes, otro tanto vi que ignoraba entonces, y a -tal punto llegué que hoy me parece que nada sé ni espero que pueda -saberse; cuanto más contemplo las cosas más dudo.</p> - -<p>Pues ¿cómo no dudar, si no puedo percibir ni conocer las naturalezas -de las cosas, fuentes de la verdadera ciencia?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span>Harto fácil es ver -el imán; pero ¿qué es el imán en sí? ¿por qué atrae al hierro? Esto -sería saber lo que es el imán si pudiéramos conocer las cosas. Con -todo, los que se dicen sabios responden que la atracción se debe a una -virtud oculta. Y a esto llaman saber, cuando verdaderamente es ignorar. -Pues ¿qué diferencia hallaré entre quien me dice que no sabe por qué se -hace una cosa y quien me afirma que se hace por una oculta y misteriosa -propiedad?</p> - -<p>Y si a la duda de la atracción del hierro se añaden estas otras -que aunque tuvieren satisfactoria respuesta provocarían nuevas -interrogaciones sin fin, ¿quién se resiste a la evidencia de nuestra -ignorancia? ¿Cómo tocado el hierro por el imán, de aquella parte de -la piedra que en su criadero miraba al Norte, se vuelve siempre al -Septentrión, y huye del lado contrario, merced a lo cual rodeamos -la tierra en pequeña nave y conocemos en medio del océano un punto -cualquiera con infalible certidumbre? ¿Cómo el imán no sólo atrae a un -solo anillo ni a una sola aguja, sino que difunde también la fuerza -transmitida por agujas y anillos<span class="pagenum" id="Page_180">p. -180</span> a otros muchos hasta suspenderlos todos en el aire? Y si, -finalmente, se le unta con ajo, ¿por qué languidece y pierde la fuerza -de atraer?</p> - -<p>Este y otros innumerables ejemplos que podrían ponerse ¿no rinden -los bríos de la razón al más docto y experimentado de los hombres?</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Así ¿qué hará nuestro juez, ese juez imaginario de las cosas, aunque -viva cien años en ancha y cabal plenitud? Experimentar algunas de esas -cosas; experimentarlas mal y juzgarlas peor. De ninguna de ellas sabrá -en absoluto nada.</p> - -<p>Pero aunque viese y estudiase muchas, no podría, sin embargo, -examinarlas todas, que sería el único medio de aprender a conocerlas. -A cada paso le asaltaría una duda: ¿habré experimentado bien? Y si -consulta a otros diversos autores sobre los mismos objetos en examen, -los hallará diversamente experimentados y traducidos: lo que uno dice -que probó, asegura otro que es imposible; una experiencia contradice a -otra experiencia.</p> - -<p>¿Cómo, pues, juzgará rectamente de lo oscuro<span class="pagenum" -id="Page_181">p. 181</span> y recóndito, de lo que en modo alguno puede -ser alcanzado por el sentido, quien no está cierto de las cosas que al -sentido se nos presentan y que por él han de conocerse?</p> - -<p>Y si, apartándonos de los doctos, nos arrimamos al vulgo, ¡cuánta -variedad, cuánta discordia, qué de ignorancia y confusión!</p> - -<p>Se me replicará que de los hombres rudos ha de esperarse menos que -de los letrados. Mas ¿no se dice comúnmente: <i>Voz del pueblo voz de -Dios</i>? Y en verdad que es difícil suponer que todo el pueblo se -engañe y sólo el filósofo tenga razón, principalmente en las cosas -que estriban más en la experiencia que en el juicio. En general ha de -creerse al vulgo en lo que se refiera a la agricultura, navegación, -arte mercantil y oficios mecánicos, según la profesión de cada cual, -pues también es dicho común que más vale el ignorante en su oficio que -el sabio en el ajeno.</p> - -<p>Con todo, si se ha de escoger entre la opinión del pueblo y la -opinión de los filósofos, se inclina el ánimo casi siempre a diputar -por verdadero lo que el docto afirma. Y aunque parece racional -que<span class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span> los que acierten -sean pocos, también parece duro creer que se engañe tanta muchedumbre -allí donde uno solo dice que dice la verdad.</p> - -<p>Por otra parte, lo que es tenido y confirmado durante largo tiempo -por muchos parece que tiene mayor certidumbre que una novedad enseñada -por uno solo. Claro está que hay verdades que viven desconocidas -luengos años, pero también hay verdades harto conocidas que al cabo se -hunden en el descrédito.</p> - -<p>¿Qué decir de tu opinión nueva, filósofo novel, que luchas contra -el vulgo? ¿Es una verdad desconocida que ha de triunfar o es en el -fondo una antigualla que debe morir? Si dices lo primero, tú y yo -lo ignoramos. Y si respondes que tu opinión es una verdad añeja y -autorizada (por aquello de que <i>nada se dice que antes no se haya -dicho</i>) y me pruebas que ya otros hombres afirmaron antaño igual -que tú, exactamente lo mismo puede afirmar y probar el que defiende un -error, pues no hubo nunca opinión, por necia que fuere, que no hallase -en el mundo seguidores.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span>Todo esto pugna, al -cabo, contra mí al querer probar que nada se sabe, cuando hoy todo el -mundo opina de diversa suerte. Pero, no obstante, algo hay a mi favor -en el fondo de ese optimismo universal. ¿No dicen que la ciencia, para -merecer tal nombre, ha de ser cierta, infalible y perenne? Pues ¿qué -juzgará de la certidumbre, infalibilidad y permanencia del conocimiento -científico el miserable anciano, por muy experimentado que fuere, al -cerrar las últimas páginas del libro de su vida?</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter" id="Ch23"> - <h2 class="nobreak">Resumen.</h2> -</div> - -<p>Quedan, a mi juicio, explanados los tres términos que hay que -distinguir en el problema del conocimiento: la cosa que ha de ser -conocida, el ente que conoce y el conocimiento mismo. Creo haber -mostrado la vanidad e impotencia de nuestro saber por razón de su -materia y la incapacidad de nuestras facultades cognoscitivas para -alcanzar algo que no sea exterior, mudable y limitado.</p> - -<p><i>Ciencia</i>, se dijo, <i>es el conocimiento perfecto de la -cosa</i>; ¿y de qué cosa podemos presumir un conocimiento semejante? -¿Puede darse el nombre de<span class="pagenum" id="Page_184">p. -184</span> ciencia a un conocimiento cualquiera? Tanto valdría decir -que todo el mundo es sabio; el docto lo mismo que el ignorante, los -hombres lo mismo que los brutos.</p> - -<p>Y que la ciencia debe ser conocimiento perfecto nadie lo duda; la -incertidumbre está en que sea posible llegar a conocer perfectamente -alguna cosa. ¿En dónde y en quién hallar ese puro y perfecto -conocimiento? Lo ignoramos también, aunque lo más racional sea decir: -en nadie, en parte ninguna de este mundo.</p> - -<p>Lo dijimos ya: el perfecto conocimiento requiere un ente perfecto, -una perfecta adecuación del entendimiento a la cosa que se pretende -conocer. Esa perfección del ente, esa <i>comprehensión</i> intelectual -nunca las vi. Si tú las viste, lector, escríbemelo. Y dime, también, si -viste algo perfecto y cabal en la Naturaleza...</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p>Nada me parece necesario añadir en punto a nuestra definición de la -ciencia y a la demostración de la tesis: <i>que nada se sabe</i>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>Si quieres más -pruebas de esta cuestión, las hallarás copiosamente en el proceso de -mis obras, en todas las cuales me propuse, directa o indirectamente, -demostrar lo mismo. Por ahora, demos paz a la pluma y reposo también -al pensamiento, que ya este discurso creció harto más de lo que yo -deseaba.</p> - -<p>Viste, pues, lector, las dificultades que nos arrebatan la ciencia. -Sé que no te agradarán muchas de las cosas que aquí dije y sospecho -también que, al acabar la lectura, me reproches que no he demostrado -nada.</p> - -<p>A lo menos, dije lo que pienso con toda la llaneza, sinceridad y -rectitud que pude, ya que no quise cometer la misma falta que en los -demás condeno: la de probar mi tesis con razones traídas por la melena, -más oscuras y tal vez más dudosas que la cuestión.</p> - -<p>Es mi propósito fundar, en cuanto me sea posible, una ciencia segura -y fácil, basándola no en quimeras y ficciones, ajenas a la realidad de -las cosas, y útiles sólo para mostrar la sutileza y el ingenio de quien -escribe, sino en los métodos<span class="pagenum" id="Page_186">p. -186</span> firmes y positivos que puedan conducir a una concepción -científica verdaderamente racional y elevada.</p> - -<p>No me faltaran a mí tampoco agudezas ni ingeniosas invenciones, -como al más pintado, si en tales artificios y arrequives hallara yo -contentamiento. Mas ¿qué deleite puede hallar un ánimo severo y libre, -que sienta la sed de la verdad, en esas ficciones, divorciadas de la -naturaleza, que antes engañan que instruyen y acaban por confundir lo -falso y lo verdadero? ¿Cómo llamarle ciencia a ese tejer y destejer -de sueños, de imposturas y delirios a esa invención de charlatanes y -prestidigitadores?</p> - -<p>Tú, lector, juzgarás de todo ello: lo que aquí te pareciere bien -recíbelo con amor; lo que aquí te disguste no lo rechaces con odio, -pues fuera cruel hacer daño a quien intenta fustigar errores.</p> - -<p>Examínate a ti mismo. Si algo sabes, enséñamelo. Te daré las -gracias.</p> - -<p>Yo, en tanto, ciñéndome a examinar las cosas, propondré en otro -libro si es posible saber algo y<span class="pagenum" id="Page_187">p. -187</span> de qué modo; esto es, cuál puede ser el método que nos -conduzca a la ciencia en cuanto lo permita la humana fragilidad.</p> - -<p>Vale.</p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p><i>Lo que se enseña no tiene más virtud que la que recibe de quien -lo enseña.</i></p> - -<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div> - -<p class="centra smcap mt2">Quid?</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <p><span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span></p> - <h2 class="centro g1">ÍNDICE</h2> -</div> - -<table class="toc" summary="Índice de contenidos"> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdcb bb"><small>Páginas.</small></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh smcap pt05"><a href="#Ch01">Dedicatoria</a>.</td> - <td class="tdrb asc pt05"><a href="#Page_v">V</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh smcap"><a href="#Ch02">Francisco Sánchez, al lector</a>.</td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_xi">XI</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh smcap"><a href="#Ch03">Prólogo</a>.</td> - <td class="tdrb asc"><a href="#Page_xxiii">XXIII</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch1">Todo es cuestión de nombres. No hay - nombre acomodado</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_9">9</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch2">La ciencia</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_16">16</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch3">Juicios lógicos</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_20">20</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch4">La demostración</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_21">21</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch5">Poco valor de los silogismos</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_25">25</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch6">¿Qué es saber?</a></td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_53">53</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch7">Elementos de la ciencia</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_59">59</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch8">Casos prácticos</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_64">64</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch9">Consecuencias</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_68">68</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch10">Otra prueba de la ignorancia</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_71">71</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch11">Etimologías</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_77">77</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch12">Variedades humanas</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_82">82</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch13">Cuestiones indecisas</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_85">85</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch14">Otra causa de nuestra ignorancia</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_89">89</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch15">Infortunio del hombre de letras</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_101">101</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch16">El conocimiento y los sentidos</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_103">103</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span><a href="#Ch17">Pobreza del sujeto cognoscente</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_107">107</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch18">El conocimiento</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_110">110</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch19">Medios internos del conocimiento</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_129">129</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch20">De cómo la imperfección humana - excluye un conocimiento perfecto</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_135">135</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch21">Nuevas dificultades para la - investigación de la Verdad</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_149">149</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch22">Conclusión. Los únicos criterios de - la Ciencia: el experimento y la crítica</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_169">169</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch23">Resumen</a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_183">183</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Notas"> - <h2 class="centro g1">NOTAS</h2> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Un -distinguido profesor del Mediodía de Francia, y buen amigo de España, -Mr. Henry Pierre Cazac, me ha proporcionado algunos datos biográficos -de gran novedad relativos a la persona de Francisco Sánchez, y que -rectifican ciertas fechas tenidas hasta ahora por seguras.</p> - -<p class="ti1">Consta en el libro de Astruc <i>Mémoires pour servir à -l’histoire de la Faculté de Médecine de Montpellier</i> que Francisco -Sánchez, español, vino a estudiar medicina a Montpellier, y se -inscribió por primera vez en los registros de matrícula en 1573. Es -imposible, por tanto, que en esa fecha se hubiese graduado de doctor. -Astruc añade que se graduó en años sucesivos; pero no dice una palabra -de su profesorado, y en cambio advierte que Sánchez, terminada su -carrera, pasó de Montpellier a Tolosa, en cuya Universidad obtuvo -una regencia o cargo de regente <i>dont il s’acquitta avec beaucoup -d’honneur</i>.</p> - -<p class="ti1">La dedicatoria del <i>Carmen de Cometa</i> (1578) está -datada de Tolosa, donde Sánchez enseñó filosofía veinticinco años, y -medicina por espacio de doce.</p> - -<p class="ti1">Existe en la sala de Actos de la Universidad de Tolosa -el retrato de Francisco Sánchez con la siguiente inscripción, que -rectifica la fecha de su muerte admitida por todos los biógrafos, -y que también admití yo en la primera edición de este discurso. La -inscripción dice así: <i>«Franciscus Sanchez Lusitanus, antecesor -regius saluberrimæ facultatis medicinæ in alma Universitate tolosana, -profesor. Obiit anno MDCXXIII ætatis suæ LXX.—Quid? Liberalium artium -cathedram prius occupaverat.»</i></p> - -<p class="ti1">El <i>Quid?</i> es muy significativo como divisa -escéptica, y ninguna otra tan apropiada para ponerse al pie de un -retrato de nuestro filósofo. El cambio de 1623 por 1636 se explica -fácilmente por un trastrueque de letras, que ha venido pasando de unos -a otros escritores.</p> - -<p class="ti1">Sánchez dirigió por espacio de treinta años el hospital -de Santiago de Tolosa, según la <i>Biographie Toulousaine</i>.</p> - -<p class="ti1">Describiendo el retrato de Sánchez, conservado en Tolosa -(donde también está el de Raimundo Sabunde), me dice el Sr. Cazac que -piensa reproducirle al frente de su versión francesa de este discurso: -<i>«Tête longue avec une expression de finesse, qui n’exclut pas une -certaine bonhomie.»</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Consta -que existieron otros tres, citados en el <i>Diccionario</i> de Moreri: -<i>Método Universal de las Ciencias</i>, en castellano: <i>Examen -Rerum, Tractatus de Anima</i>. Gran descubrimiento sería el de estos -libros, que quizá existan aún en algunas bibliotecas del Mediodía de -Francia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> No se -saben solamente las cosas que se <i>demuestran</i>, sino también las -que se <i>intuyen</i>. No es el único ni siquiera el principal criterio -de verdad la <i>razón</i>; lo son también la <i>inteligencia</i> o -potencia intuitiva del mundo exterior y la <i>conciencia</i> o potencia -intuitiva del mundo interior; ellas, aparte de los sentidos.</p> - -<p class="ti1">En este argumento apóyase gran parte del sofisma de los -escépticos.</p> - -<p class="ti1">Que <i>yo existo</i>, que <i>el mundo existe</i>, etc., -no sólo no se demuestran, sino que no admiten demostración, como ningún -axioma ni del mundo empírico ni del mundo ideal. Basta que el objeto se -presente debidamente a la facultad suficientemente dispuesta para que -el conocimiento se verifique: para saber que existe este libro, que lo -estás leyendo, caro lector, te basta tenerlo delante, sin que nadie te -lo demuestre. <i>Nota del Trad.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> Es -decir, ya sé menos todavía en eso de andar por géneros próximos y -diferencias específicas... <i>N. del T.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> -Aristóteles.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> -Aristóteles y sus discípulos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> No se -sabe solamente lo que se prueba. Las más de las cosas las sabemos por -intuición. No podrás <i>probar</i> que existe este libro que estás -leyendo, lector amable, pero sabes <i>ciertamente</i> que existe por -que lo <i>intuyes</i>. Obsérvese que ahí estriba todo el sistema -escéptico, en ese falso concepto del valor de los criterios de verdad y -de certeza. <i>Nota del Trad.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> -Recuérdese que <i>Barbara</i> es una palabra bárbara con que los -escolásticos exagerados por amaneramiento y extremos de sutileza -expresaron uno de los modos del silogismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Pronto -se dejó sentir nuestro colosal esfuerzo colonizador en América.—(<i>N. -del T.</i>)</p> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="figcenter mt3"> - <img class="thin" - style="width: 20em; height: auto;" - src="images/cover-back.jpg" - alt="Contracubierta del libro" /> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state -visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Please check the Project Gutenberg web pages for current donation -methods and addresses. Donations are accepted in a number of other -ways including checks, online payments and credit card donations. To -donate, please visit: www.gutenberg.org/donate -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 5. General Information About Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Professor Michael S. Hart was the originator of the Project -Gutenberg™ concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg™ eBooks with only a loose network of -volunteer support. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/65937-h/images/cap_d.jpg b/old/65937-h/images/cap_d.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 6749740..0000000 --- a/old/65937-h/images/cap_d.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/cap_i.jpg b/old/65937-h/images/cap_i.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 1daf908..0000000 --- a/old/65937-h/images/cap_i.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/cap_n.jpg b/old/65937-h/images/cap_n.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index a09a5f8..0000000 --- a/old/65937-h/images/cap_n.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/cap_r.jpg b/old/65937-h/images/cap_r.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ae2c15d..0000000 --- a/old/65937-h/images/cap_r.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/cover-back.jpg b/old/65937-h/images/cover-back.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index ddad00f..0000000 --- a/old/65937-h/images/cover-back.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/cover.jpg b/old/65937-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index b891da1..0000000 --- a/old/65937-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i001.jpg b/old/65937-h/images/i001.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f5b4810..0000000 --- a/old/65937-h/images/i001.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i002.jpg b/old/65937-h/images/i002.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index c8448cc..0000000 --- a/old/65937-h/images/i002.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i006.jpg b/old/65937-h/images/i006.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 87163c2..0000000 --- a/old/65937-h/images/i006.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i012.jpg b/old/65937-h/images/i012.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 733dd4c..0000000 --- a/old/65937-h/images/i012.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i024.jpg b/old/65937-h/images/i024.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 79675ac..0000000 --- a/old/65937-h/images/i024.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i054.jpg b/old/65937-h/images/i054.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 3cce4b9..0000000 --- a/old/65937-h/images/i054.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65937-h/images/i056.jpg b/old/65937-h/images/i056.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 514fdb4..0000000 --- a/old/65937-h/images/i056.jpg +++ /dev/null |
