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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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-The Project Gutenberg eBook of Que nada se sabe, by Francisco Sánchez
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Que nada se sabe
-
-Author: Francisco Sánchez
-
-Commentator: Marcelino Menéndez y Pelayo
-
-Release Date: July 28, 2021 [eBook #65937]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net. (This file was produced from
- images generously made available by Biblioteca Digital
- Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se
- han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido respetada pero se han
- puesto tildes a las mayúsculas que las necesitaban.
-
- * Las notas a pie de página han sido renumeradas y ubicadas al final
- del libro.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- BIBLIOTECA
- RENACIMIENTO
-
- COLECCIÓN GIL-BLAS,
- DIRIGIDA
- POR DON
- RICARDO LEÓN,
- DE LA REAL ACADEMIA
- ESPAÑOLA
-
- CLÁSICOS
- ESPAÑOLES
-
-
-
-
- QVE NADA SE SABE
- _POR EL_
- DOCTOR FRANCISCO SÁNCHEZ
-
- _MÉDICO Y FILÓSOFO_
-
- _PRIMERA TRADVCCIÓN
- EN LENGVA CASTELLANA_
-
- Con un prólogo de MENÉNDEZ Y PELAYO.
-
-
- GIL-BLAS
- RENACIMIENTO
-
-
-
-
-_DEDICATORIA_
-
-
- _Al integérrimo y elocuentísimo varón
- Diego de Castro
- saluda
- Francisco Sánchez._
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-Revolviendo ha poco mi biblioteca, Diego carísimo, di casualmente con
-este opúsculo que compuse y trabajé durante siete años con propósito
-de no darle a luz antes del noveno; mas ahora que le hallé, hecho una
-criba de la polilla y los ratones, comprendí que si aún espero dos años
-en dar sus pobres folios a la estampa es de temer que más sirvieran
-para darles al fuego que para darles a luz.
-
-Ello me indujo a abortar el librejo a toda prisa, juzgando
-ambiciosamente que así como los partos humanos no sólo son viables al
-noveno mes, sino también cuando alcanzan el séptimo, de igual suerte
-podrá sobrevivir, con toda su ruindad, este aborto sietemesino.
-
-¿Cuántos meses, cuántos años, cuántos siglos serían menester para que
-en los partos del ingenio nada hubiese al cabo que mudar ni corregir?
-¿Y no vemos con frecuencia cómo los autores, al pulir y rehacer sus
-obras para acrecentar su virtud, las deforman en vez de reformarlas y
-enervan o aniquilan sus bríos en lugar de robustecerlos?
-
-Salga, pues, al campo este engendro de mi mocedad, libre y silvestre
-como las palomas torcaces, llano y rudo como el soldado que va a
-combatir contra el error. Y si acontece que le acorralan sus enemigos,
-encárgale que se acoja a tus reales, amantísimo Castro, que en parte
-alguna se hallará más seguro.
-
-Y para que nadie le corte el paso antes que tú le conozcas, te lo envío
-con estas letras para que lo más pronto posible te salude en mi nombre,
-confirme nuestra amistad y, sellado con tus armas, salga a campaña
-desembarazadamente.
-
-Recíbelo, pues, con alegre rostro e inscríbele en el número de los
-tuyos y a mí con él.--VALE.
-
-
-En Tolosa de Francia, año de 1581.
-
-
-
-
-_FRANCISCO SÁNCHEZ_
-
-_AL LECTOR_
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-Innato es en los hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida
-la ciencia. Y no ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del
-mayor número de los hombres.
-
-Desde mi primera edad, aficionado a la contemplación de la naturaleza,
-dime a inquirir minuciosamente sus secretos; y aunque, al principio, mi
-espíritu, ávido de saber, solía contentarse con el primer manjar que de
-cualquier modo se le ofreciese, no se pasó mucho tiempo sin que, presa
-de grave indigestión, comenzase a arrojar de sí tan mal acondicionados
-alimentos.
-
-Comencé entonces a buscar algo que mi mente pudiera asimilar y
-comprender con facilidad y exactitud, algo en cuyo conocimiento y
-certidumbre hallara luz y reposo, mas nada encontré que a llenar
-viniera mis deseos. Revolví los libros de los autores pasados;
-interrogué a los presentes: cada cual decía una cosa distinta; ninguno
-me dió respuesta que del todo me satisficiese.
-
-Confieso que en algunos avizoré y entreví ciertas sombras y dejos de
-verdad, pero ni uno solo me mostró, sincera y definitivamente, la
-verdad absoluta ni aun me dió un juicio recto y desinteresado de las
-cosas.
-
-Entonces me encerré dentro de mí mismo y poniéndolo todo en duda y en
-suspenso, como si nadie en el mundo hubiese dicho nada jamás, empecé a
-examinar las cosas en sí mismas, que es la única manera de saber algo.
-Me remonté hasta los primeros principios, tomándolos como punto de
-partida para la contemplación de los demás, y cuanto más pensaba más
-dudaba: nunca pude adquirir conocimiento perfecto.
-
-Sentí una profunda desesperación, mas persistí no obstante en mi
-ardentísima y angustiosa empresa intelectual. Volví a acercarme a los
-Maestros, y de nuevo les pregunté con ansia por la Verdad codiciada.
-¿Y qué me contestaron? Cada uno de ellos se había construído una
-ciencia con sus propias imaginaciones o con las ajenas; de las
-cuales deducían nuevas consecuencias, más fantásticas aún, y de esas
-consecuencias artificiales inferían otras y otras, fuera ya de las
-cosas mismas, hasta dar en un laberinto de palabras sin fundamento
-alguno de verdad. Así, en vez de una recta interpretación de los
-fenómenos naturales, se nos ofrece un tejido de fábulas y ficciones que
-ningún cabal entendimiento puede recibir. Pues ¿quién ha de comprender
-lo que no existe: los átomos de Demócrito, las ideas de Platón, los
-números de Pitágoras, los universales de Aristóteles, el intelecto
-agente y todas esas famosas invenciones que nada enseñan ni descubren
-si no es el ingenio de sus artífices? Con este cebo pescan a los
-ignorantes, prometiéndoles que les revelarán los recónditos misterios
-de la Naturaleza y los infelices lo creen a pie juntillo, tornan a
-resobar los libros de Aristóteles, los leen y releen, los aprenden de
-memoria, y es tenido por más docto el que mejor sabe recitar el texto
-aristotélico.
-
-¡Qué profunda miseria! Si tú, pensador de buena fe les niegas algo
-a los tales de lo que allí se contiene, te llamarán blasfemo; si
-arguyeres en contra te apellidarán sofista. ¿Qué les vas a hacer?
-Engáñense en buen hora los que quieran vivir engañados. Yo no escribo
-para tales hombres; ni aun pretendo que lean mis escritos. No faltará,
-sin embargo, alguno de ellos que leyéndome y no entendiéndome (¿qué
-sabe el asno del son de la lira?) pretenda hincarme el diente venenoso;
-pero le sucederá lo que a la sierpe de la fábula esópica, que quiso
-morder la lima y sólo consiguió quebrarse los dientes en el acero. Yo
-aspiro a que me lean y entiendan los fuertes y juiciosos varones que no
-están acostumbrados a jurar sobre las palabras de ningún maestro, sino
-a examinar las cosas por sí mismos, a acometer con su propia espada
-todas las cuestiones, guiados por el sentido y la razón.
-
-Tú, lector desconocido, quien quiera que seas, con tal que tuvieres la
-misma condición y temperamento que yo; tú, que dudaste muchas veces,
-en lo secreto de tu alma, sobre la naturaleza de las cosas, ven ahora
-a dudar conmigo; ejercitemos juntos nuestros ingenios y facultades;
-séanos a los dos libre el juicio, pero no irracional.
-
-Pero dirásme, por ventura: --¿Qué novedades puedes tú traerme después
-de tantos y tan ilustres sabios como en el mundo han sido? ¿Te estaba
-esperando a ti solo la Verdad? --Ciertamente que no --respondo al
-punto--. Pero ¿acaso la Verdad les había esperado antes a ellos? Porque
-Aristóteles haya escrito, ¿me he de callar yo? ¿Por ventura Aristóteles
-llegó a apurar en sus obras toda la potestad de la naturaleza y abrazó
-todo el ámbito de los seres? No creeré tal aunque me lo prediquen
-algunos doctísimos modernos exageradamente adictos al Estagirita a
-quien llaman dictador de la Verdad y árbitro de la Ciencia. No: en la
-república de la ciencia, en el tribunal de la verdad, nadie juzga,
-nadie tiene imperio sino la verdad misma.
-
-Yo tengo a Aristóteles por uno de los más agudos y sutiles
-escudriñadores de la Naturaleza que hubo en el mundo; yo le admiro como
-a uno de los más fértiles ingenios que ha producido la especie humana:
-pero afirmo, también, que ignoró muchas cosas, que en otras muchas
-anduvo vacilante, que enseñó no pocas con grande confusión, que algunas
-cuestiones las trató sucintamente o las pasó y huyó por no atreverse a
-afrontarlas. Hombre era al fin, lo mismo que nosotros, y hartas veces,
-contra su voluntad, hubo de dar muestras de la limitación y flaqueza
-humanas. Tal es nuestro juicio. Suceden tiempos a tiempos, y con los
-tiempos se mudan las opiniones de los hombres; cada cual cree haber
-encontrado la verdad, siendo así que de mil que opinan variamente sólo
-uno puede estar en lo cierto. Mas dentro de esa fatal y común flaqueza,
-todos los hombres deben ejercitar sus facultades y, sin curar de
-opiniones ajenas, aun a costa de errores y caídas, investigar las cosas
-por sí mismos.
-
-Séame, pues, lícito, como a todos los demás, y con ellos o sin ellos,
-hacer la misma indagación. Quizá encuentre, al apartarme de las
-antiguas autoridades, un destello de la verdad que busco. Y no te
-admire, lector, que después de tantos y tan ilustres varones venga
-yo, tan humilde, a mover de nuevo esta roca, pues no sería la primera
-vez que un ratoncillo rompiese los lazos que sujetaban al león; más
-fácilmente cobran la presa muchos perros que uno solo.
-
-Y no por eso te prometo la verdad, pues yo la ignoro lo mismo que
-todas las demás cosas; únicamente prometo inquirirla en cuanto me sea
-posible, para ver si sacándola de las cavernas en que suele estar
-encerrada puedes tú perseguirla en campo raso y abierto. Ni tampoco
-tengas tú muchas esperanzas de alcanzarla nunca ni, menos, de poseerla;
-conténtate, como yo, con perseguirla. Este es mi fin, este es mi
-propósito, este debe ser también el tuyo.
-
-Empezando, pues, por los principios de las cosas, vamos a examinar los
-fundamentos más graves de la Filosofía, los que pusieron por base a sus
-doctrinas los más insignes pensadores. Pero no me detendré mucho en
-cuestiones particulares, porque quiero llegar pronto a exponer aquellas
-nociones filosóficas que sirven de cimiento a la Medicina, de cuyo
-arte soy profesor. Si quisiera recorrer todo el campo vastísimo de la
-Ciencia, la vida no me bastara.
-
-Ni esperes de mí compuesta y atildada expresión. Si me pusiera a
-escoger las palabras y a usar de giros elegantes, la Verdad se me
-escaparía de entre las manos. Si buscas elocuencia, pídesela a Cicerón,
-cuyo era este oficio: yo hablaré con suficiente hermosura si hablare
-con suficiente verdad. Quédense las bellas palabras para los poetas,
-los cortesanos, los amantes, las meretrices, los rufianes, aduladores,
-parásitos y gentes de esa laya, que tanto se precian de hablar bien. A
-la Ciencia le basta siempre, porque es lo único necesario, la propiedad
-del lenguaje.
-
-Tampoco me pidas autoridades ni falsos acatamientos a la opinión ajena,
-porque ello más bien sería indicio de ánimo servil e indocto que de un
-espíritu libre y amante de la verdad. Yo sólo seguiré con la razón a
-sola la naturaleza. La autoridad manda creer; la razón demuestra las
-cosas; aquélla es apta para la fe; ésta para la ciencia.
-
-Y quiera Dios que con el mismo ánimo que yo, sincero y vigilante,
-escribo estos renglones, los recibas tú, vigilante y sincero, y los
-juzgues con mente sana y libre, rechazando con firmes razones aquello
-que te parezca falso (cosa para mí agradable por ser tan propia de un
-filósofo) y sin necesidad de injurias (cosas, al fin, de mujerzuelas,
-indignas de un filósofo y para mí, por tal, muy desagradables),
-aprobando y confirmando, últimamente, aquello que te parezca verdadero.
-
-Lo cual aguardo que hagas, en espera de futuras y más provechosas
-investigaciones.--VALE.
-
-
- En Tolosa, en las calendas de enero, año de la Redención mil y
- quinientos setenta y seis.
-
-
-
-
- _PRÓLOGO
- de
- MENÉNDEZ Y PELAYO_
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-
-_De multum nobili et prima, universali scientia quod nihil scitur_,
-fué publicado por primera vez, que yo sepa, en 1581, pero escrito
-en 1576, como del prólogo y de la dedicatoria a Diego de Castro se
-infiere. Del autor de este libro singularísimo pocas noticias tengo,
-fuera de las que ya consignó su primer biógrafo y discípulo, Ramón
-Delasse, al frente de la colección de las obras médicas y filosóficas
-de Sánchez, que se imprimieron juntas en Tolosa de Francia en 1636,
-noticias que luego, con poca variedad, reprodujeron Nicolás Antonio
-en su _Bibliotheca Hispana Nova_, Bayle en su famoso _Diccionario_, y
-Barbosa Machado en su _Biblioteca Lusitana_. Dícese, ignoramos con qué
-fundamento, que era de origen judío, y podemos afirmar que nació por
-los años de 1552; su patria fué, según unos, la ciudad de Tuy; según
-otros, la de Braga o algún pueblo de su archidiócesis, en tiempos en
-que distaba mucho de estar consumada la funesta escisión moral de la
-Península, y en que todavía el metropolitano Bracarense disputaba a
-Toledo y a Tarragona la primacía de las Españas. Por motivos que no se
-indican, pero que algo tendrían que ver con su condición de cristiano
-nuevo, el médico Antonio Sánchez, padre de nuestro filósofo, hubo de
-trasladarse a Francia y establecerse en Burdeos, donde ejerció su
-profesión con mucho crédito y donde era grande el concurso de españoles
-y duraba aún la fama del insigne humanista valenciano Juan Gélida,
-llamado por Luis Vives _alter nostri temporis Aristoteles_. Comenzó
-Francisco Sánchez sus estudios en Francia y los continuó en Italia,
-haciendo larga residencia en Roma. Pero el campo principal de sus
-triunfos fué la escuela médica de Montpellier, en la cual se graduó
-de doctor en 1573, y después de haber sido ayudante del famoso médico
-Huchet, obtuvo en brillantes oposiciones, a los veinticuatro años
-de edad, una de las principales cátedras de aquel gimnasio, la cual
-desempeñó por espacio de once años. Las guerras civiles llamadas de
-religión y los tumultos del tiempo de la Liga le hicieron abandonar
-aquel quieto asilo de la ciencia, refugiándose en Tolosa, donde vivió
-el resto de sus días, ocupado en la práctica de la medicina, que
-le granjeó estimados honores. Murió en 1623, a los setenta años de
-edad.[1] Sus hijos, Dionisio y Guillermo Sánchez, hicieron imprimir
-en 1636 la edición general de sus obras, que comprende gran número de
-tratados de medicina, entre los cuales descuellan los tres libros _De
-Morbis internis_, los dos de _De Febribus et earum synptomatibus_, y
-la _Summa Anatomica_ en cuatro libros, sin hacer méritos de muchos
-comentarios a Galeno y de una _Censura de las Obras de Hipócrates_.
-Los libros de filosofía no son más que cuatro y muy breves;[2] tres de
-ellos comentarios o más bien observaciones escépticas sobre algunos
-tratados aristotélicos como el de _De divinatione per somnium_ y a
-_Phisiognomia_ (este último tenido hoy por apócrifo). El cuarto y el
-más importante de todos es el _Quod nihil scitur_, obra que, a pesar de
-tener muy pocas páginas y estar escrita con rapidez, ligereza y gracia
-de estilo que ciertamente convidan a su lectura, ha sido hasta el
-presente mucho más citada que leída. El título paradójico que su autor
-la dió ha extraviado a la mayor parte de los críticos, induciéndoles a
-creer que se trataba de una declamación contra las ciencias, semejante
-a la de Cornelio Agripa. Nada más lejano de la mente de Sánchez que
-imitar el mal ejemplo de aquel charlatán filosófico. Sánchez, hombre de
-ciencia positiva, médico de los más famosos de su tiempo, matemático
-y astrónomo que no dudó medir sus fuerzas con el mismo Cristóbal
-Clavio, no iba a perder su tiempo en un vano ejercicio retórico.
-Su escepticismo no podía ser más que propedéutico; si atacaba la
-ciencia de su siglo, era para preparar los caminos a una concepción
-científica que él tenía por más racional y elevada. Es cierto que de
-su sistema no nos queda más que la parte negativa o destructiva, pero
-el autor anuncia constantemente que dará luego una parte positiva, y
-que el actual opúsculo sólo puede considerarse como introducción o
-trabajo previo. Dondequiera anuncia su formal propósito de intentar la
-reconstrucción de la ciencia, basándola no en quimeras y ficciones,
-sino en la propia realidad de las cosas, huyendo de imposturas, sueños,
-delirios y prestidigitaciones filosóficas. Su empeño es no menor que lo
-fué luego el de Descartes. Rehacer totalmente la síntesis científica,
-mostrando: primero, si es posible saber alguna cosa, y segundo, cuál
-puede ser el método que nos lleve a esta ciencia segura y novísima.
-
-... Las palabras con que Francisco Sánchez en 1576 nos declara que
-después de haber pasado por la filosofía de las escuelas, y por un
-período en que le invadió lo que Kant llama _el tedio de pensar_, buscó
-una tabla a que asirse en el naufragio de todas las tesis dogmáticas,
-y se encerró dentro de su propia conciencia y empezó a dudar de todo,
-hasta de los primeros principios, son punto por punto las mismas
-con que Descartes había de encabezar en 1637 su _Discurso sobre el
-método_. Y ved, lectores, cómo cada día resulta más evidente que el
-cartesianismo se formó en gran parte con despojos de la filosofía
-española: tomando de Sánchez la duda metódica y el replegarse en propia
-conciencia; tomando de Gómez Pereira el razonamiento inicial que con
-nombre de silogismo o entinema no es más que la afirmación espontánea
-del hecho primitivo de conciencia, base del método psicológico.
-
-No esperéis de mí, ni cabe en los límites de este discurso, que ya va
-adquiriendo desusadas proporciones, un análisis completo del libro de
-Sánchez. Muy corto es, pero no hay en él palabra perdida; para mostrar
-toda su originalidad, habría que pesarlas una tras otra. Además, este
-trabajo ha sido ya brillantemente realizado en una tesis alemana,
-a la cual me remito para todos los desarrollos que aquí se echen
-de menos. A mi propósito baste indicar aquellos puntos cardinales
-que, separando a Sánchez del escepticismo vulgar, lo convierten en
-verdadero precursor del cristianismo positivista. Otros pensadores,
-especialmente españoles y también italianos, le habían precedido en
-sus violentos ataques contra el principio de la autoridad escolástica,
-en sus valientes afirmaciones de la autonomía científica y de los
-fueros del propio pensar, en su guerra contra Aristóteles, y aun si se
-quiere en su anticipado cartesianismo. Pero la originalidad de Sánchez
-consiste en ser un escéptico empedernido en cuanto a toda realidad
-metafísica superior al mundo de los fenómenos, y un fogoso creyente
-en los resultados de la ciencia experimental, como no podía menos de
-serlo un tan célebre anatómico como él, que, según refiere su biógrafo,
-había formado una especie de sociedad secreta para hacer la disección
-de los cadáveres del hospital de Tolosa. Un tan aventajado discípulo y
-émulo de Vesalio, de Servet, de Realdo Colombo y de Fallopio, no podía
-profesar, en cuanto a las ciencias naturales, aquella manera de grosero
-y plebeyo escepticismo que tanto ofende en las paradojas de Cornelio
-Agripa. Tenía que ser un escéptico empírico, como lo fueron los
-médicos alejandrinos sucesores de Enesidemo, como lo fué, por ejemplo,
-Menodoto, el adversario de Galeno.
-
-A primera vista, nada más radical que las primeras afirmaciones de
-Sánchez: ni siquiera está seguro de que no sabe nada; se limita a
-conjeturarlo vehementemente de sí mismo y de los demás. No podemos
-conocer la naturaleza de ninguna cosa.
-
-Y si no la conocemos, ¿cómo ha de ser posible la demostración? Y si
-no podemos demostrar nada, ¿cómo nos atrevemos a definirlo? ¿Cómo
-tenemos la audacia de poner nombres a las cosas que ignoramos? Cuando
-se define el hombre «animal racional mortal», ¿qué quiere decir
-_animal_, qué quiere decir _racional_, qué quiere decir _mortal_?
-No se puede salir del paso como no fuera definiendo por géneros y
-diferencias superiores, hasta llegar al Ente último, que nadie sabe
-lo que significa, pero que ya no se define, porque no tiene género
-superior. Ente, sustancia, cuerpo, viviente, animal, hombre... palabras
-y palabras. ¿Qué quiere decir _cualidad_, qué _naturaleza_, _alma_,
-_vida_? Cada filósofo entiende estos términos a su modo, y los hace
-servir a su propósito. Y si queremos guiarnos por el uso vulgar,
-tampoco encontramos uniformidad ni concordia.
-
-Sánchez es, por consiguiente, un nominalista acérrimo, para quien las
-palabras no son más que signos de sensaciones. Pero ¿hemos de creer
-que por eso no tenga un concepto de la ciencia? Sí que le tiene, y
-es cardinal en su filosofía; pero antes de llegar a él, empieza por
-analizar y rechazar el de Aristóteles: _scientia est habitus per
-demostrationem acquisitus_. «Es definir lo obscuro por lo más obscuro
-(dice nuestro filósofo); todavía entiendo menos lo que es el hábito
-que lo que es la ciencia. Y volveremos a enredarnos en la serie de los
-predicamentos, para venir a parar en el consabido Ente. Y ¿qué son los
-predicamentos? Una serie larga de palabras inventadas para que los
-lógicos disputen eternamente sobre su orden, sobre su número, sobre sus
-diferencias y propiedades, sepultándose a sí propios y a los míseros
-oyentes en un caos profundísimo de inepcias, de que está llena la misma
-lógica de Aristóteles, y mucho más las dialécticas posteriores. A esto
-se añade la ficción aristotélica de los universales, no menos vacía
-que la de las ideas platónicas; y esa nueva quimera del entendimiento
-agente, abstrayente e iluminante, que más bien llamaríamos
-obscureciente. Así se forma todo ese laberinto de disputas eternas
-sobre los términos equívocos, unívocos, análogos, denominativos,
-de primera intención, de segunda intención, categoremáticos,
-sincategoremáticos y otras innumerables denominaciones. ¡Y a esto
-llamamos ciencia! En vez de perfeccionar el entendimiento, educamos
-generaciones de insensatos; en vez de investigar las causas de los
-fenómenos naturales, las inventamos, y el que las multiplica más y
-las hace más obscuras pasa por más sabio; una ficción resuelve otra
-ficción, y un clavo impele otro clavo. Más que ejercicio de filósofos,
-parece escamoteo de prestidigitadores o nigromantes.»
-
-«¿Y cómo hemos de creer (prosigue Sánchez) que la demostración pueda
-fundarse en el silogismo? Me dirás, ¡oh escolástico!, que soy blasfemo,
-y que merezco ser apedreado. Tú sí que mereces palos, por dejarte
-engañar con tales trampantojos. Anda, pruébame que el hombre es un
-Ente. Y empezáis a discurrir de este modo: «el hombre es sustancia, la
-sustancia es Ente; luego el hombre es Ente». Y yo dudo de lo primero
-y dudo de lo segundo, y por tanto dudo de la conclusión. Y tú sigues
-probando: «el hombre es cuerpo, el cuerpo es sustancia; luego el hombre
-es sustancia». Y yo dudo de la mayor y de la menor. Y tú continúas: «el
-hombre es viviente, el viviente es cuerpo; luego el hombre es cuerpo».
-Y como prosigo en mis dudas, me lanzas este otro silogismo: «el hombre
-es animal, el animal es viviente; luego el hombre es viviente». ¡Dios
-mío, qué fárrago para probar que el hombre es un Ente! La prueba es
-más obscura que la cuestión. Y a todo esto continuamos ignorando lo
-que es Ente, lo que es sustancia, lo que es vida, lo que es animal y
-lo que es hombre. ¿Qué has adelantado con tus silogismos? Tan dudosa
-has dejado la demostración como estaba al principio, y aún recelo que
-ese Ente de que hablas haya quedado tan en el aire, que nos aplaste
-a ti y a mí en su caída. ¿Para qué quieres engañarte y engañarme con
-esas concatenaciones de términos verbales? Confiesa como yo que no
-sabemos una palabra. Todos esos grados intermedios no sirven más que
-para confundir la mente y disimular la ignorancia. Casi todo eso que
-llamáis Metafísica se reduce a puras definiciones nominales. Ignorando
-las partes se ignora el todo, y la verdad es que no sabemos ni el todo
-ni las partes. Pero yo tengo la ventaja de confesar mi ignorancia, como
-los escépticos, académicos y pirrónicos, y como aquel sapientísimo y
-excelente varón llamado Sócrates, si bien éste, a mi entender, afirmó
-demasiado cuando dijo que no sabía nada, puesto que en rigor ignoraba
-esto lo mismo que todo lo demás. Sin duda por eso no escribió nunca una
-letra, y yo, mirándolo bien, debía seguir su ejemplo, pues ¿qué cosa
-podré decir que esté libre de error o falsedad? Todas las cosas humanas
-me parecen sospechosas, empezando por estas mismas que voy escribiendo.
-Pero no me callaré, sino que diré libremente que creo o sospecho que
-no sé nada, para que tú, ¡oh lector!, no te fatigues en vano esperando
-que algún día vas a obtener la verdad; y si después de haberte enseñado
-esto llego a descubrir algo de lo que la naturaleza nos encubre, ni aun
-de este descubrimiento me cuidaré mucho, porque al fin todo es vanidad,
-como dijo el hombre más sabio de este mundo.»
-
-En suma, que la ciencia, suponiendo que en algún modo sea posible,
-no se obtendrá nunca ni por método deductivo ni por demostración. La
-demostración es un sueño de Aristóteles, tan sueño como la República
-de Platón. No existe ni es posible demostración alguna. El silogismo
-no ha servido para fundar ninguna ciencia, sino para echarlas a perder
-y confundirlas a todas. Sirve sólo para apartar los hombres de la
-contemplación de la realidad, y burlarlos e iludirlos con sombras y
-apariencias engañosas.
-
-En resolución, Francisco Sánchez declara que de Aristóteles y de
-sus discípulos nunca sacó su espíritu más positiva ventaja que la
-de moverle con sus contradicciones y dificultades a «huir de ellos
-y a refugiarse en la realidad de las cosas» _(ad quamlibet rem
-contemplandam me accinxi... iis dimissis ad res confugi, inde iudicium
-petiturus)._ «La ciencia no está en los libros, sino en las cosas. El
-que me muestra alguna con el dedo no produce en mí la visión, sino que
-ejercita la potencia visual para que se reduzca a acto.»
-
-Gran necedad le parece a nuestro escéptico el suponer que la
-demostración puede tener fuerza necesaria como derivada de principios
-eternos e inviolables, cuando en primer lugar es dudoso que tales
-principios existan, y si existen, son enteramente incógnitos para
-nosotros, que somos seres corruptibles y sobremanera violables en
-poquísimo tiempo. La verdadera ciencia, si es que alguna ciencia
-existe, ha de ser ciencia libre y nacida de libre entendimiento, y si
-no percibe la cosa en sí misma, tampoco la percibirá obligada por los
-artificios dialécticos de ninguna demostración.
-
-A veces el menosprecio de la ciencia escolástica llega a tal punto
-en Francisco Sánchez, que, dirigiéndose a su interlocutor supuesto,
-le exhorta a que abandone el pueril ejercicio de juntar absurdas
-proposiciones para construir su silogismo bárbaro, y se dedique a
-cualquier arte liberal o mecánica, porque un buen arquitecto, un buen
-curtidor, un buen zapatero y hasta uno malo y remendón, valen más que
-un inepto filósofo. Pero su humorismo escéptico le impone en seguida
-una salvedad necesaria: «tú no me puedes entender, porque no sabes
-nada, y como yo también lo ignoro todo, tampoco te podría persuadir de
-ello, por mucho que me empeñara».
-
-Pero en último caso, si la ciencia existe, o puede existir en lo
-sucesivo, nunca habrá de ser un fárrago de conclusiones dialécticas
-y de especies varias, sino una visión interna (SCIENTIA AUTEM NIHIL
-ALIUD EST QUAM INTERNA VISIO), una _intuición directa de las cosas
-singulares_ o individuales. De aquí se infiere, y Sánchez lo deduce
-con su rigor nominalista y fenoménico, que la ciencia sólo puede ser
-ciencia de cada cosa en particular y no de muchas a un tiempo, así como
-de cada objeto no se da más que una visión. No es posible entender
-dos cosas a la vez, como no es posible percibir a un tiempo dos
-objetos. Pero así como todos los hombres, específica o nominalmente,
-son un hombre solo, también la visión se llama una, aunque sea de
-muchas cosas, y aunque sean muchas visiones a un tiempo. Y así podemos
-decir que la Filosofía es una ciencia sola, aunque sea contemplación
-de muchas cosas, cada una de las cuales exige antes particular
-contemplación. Una ciencia basta, en rigor, para todo el mundo, y todo
-el mundo no basta para la ciencia. «Para mí, la menor cosa de este
-mundo sería materia de contemplación para toda la vida, y no por eso
-tendría yo la esperanza de haberla conocido bien. Créeme: muchos son
-los llamados y pocos los escogidos, y si quieres hacer la prueba, ponte
-a analizar un insecto, y verás lo poco que llegas a saber.»
-
-La ciencia no puede ser un ejercicio de memoria, aunque la memoria
-sea necesaria para conservarla; ni podemos afirmar que su objeto
-esté en nosotros, puesto que nuestras mismas dificultades nos son
-imperfectamente conocidas, y nada sabemos, en rigor, ni de nuestro
-cuerpo, ni de nuestra alma, ni de nuestra inteligencia, ni de las
-imágenes de nuestra fantasía. Existan o no existan las cosas, y
-respondan a ellas sus imágenes o no respondan, la ciencia no puede
-ser un hábito ni una cualidad, sino una visión, un acto simple de la
-mente, un acto perfecto desde la primera intuición. Y esto no por la
-reminiscencia platónica, que Sánchez combate largamente con razones
-análogas a las de los peripatéticos, ni porque en esta intuición
-vaya envuelto el conocimiento de las causas, que en buena doctrina
-escéptica son totalmente inasequibles, como nuestro autor inculca
-en repetidos lugares, así respecto de la causa final como de la
-eficiente; no porque de lo relativo deduzcamos lo absoluto, que es
-incomprensible e ininteligible en sí (lo _incondicionado_ de Hamilton,
-lo _incognoscible_ de Herbert Spencer), ni porque tengan valor alguno
-los socorridos conceptos de materia y forma, ni porque sea lícito decir
-con Aristóteles que existe una ciencia indemostrable de los primeros
-principios, porque la ciencia, dado que exista, tiene que ser una y no
-múltiple, como uno es el entendimiento y uno el acto de la intuición.
-La ciencia no puede ser otra cosa que «el conocimiento perfecto
-de la cosa» (_scientia est rei perfecta cognitio_). Y ¿qué es el
-conocimiento? Sánchez confiesa que no se atreve a definirlo. Llamarle
-_comprehensión_, _percepción_, _intelección_, no es más que acumular
-sinónimos. No hay más remedio que encerrarse cada cual dentro de sí
-mismo y _pensar_. El pensamiento testifica de sí propio, aun ante los
-más declarados escépticos. Y aquí surge una nueva fuente de discusión.
-Yo respondo de mi propio conocimiento; tú del tuyo. ¿Quién fallará
-este pleito? ¿Quién podrá discernir cuál de estos conocimientos es el
-verdadero? Nadie. Y entonces se me dirá (prosigue Sánchez): «¿Por qué
-escribes? Escribo para decir lo único que sé: lo que yo pienso.»
-
-Y lo que piensa es que en el problema del conocimiento hay que
-distinguir tres términos: la cosa que ha de ser conocida (_res
-scienda_), el ente que conoce (_ens cognoscens_) y el conocimiento
-mismo (_cognitio ipsa_). Las cosas susceptibles de ser conocidas serán
-quizás infinitas, no sólo en los individuos, sino en las especies. Por
-lo menos nadie puede afirmar que su número sea limitado. Y no paran
-aquí las antinomias: ni tenemos derecho a decir que la materia sea una,
-ni tampoco que sea múltiple. Nadie puede demostrar que los espíritus no
-tengan su materia propia, aunque los llamamos múltiples. Es la misma
-duda de Locke, que llevaba en germen todo el materialismo del siglo
-pasado.
-
-Renunciando generosamente a la resolución de tan arduos problemas,
-Sánchez se limita a consignar que los objetos de la ciencia, aunque
-sean múltiples, están enlazados entre sí por cierta ley de _conexión
-o de asociación_, que hace que todas las ciencias se presten mutuos
-servicios y hagan continuas excursiones las unas en el dominio de las
-otras, no porque exista una ciencia superior que pueda dar leyes a las
-demás y resolver sus conflictos, sino porque todas parecen conspirar
-al mismo fin (_omnia tamen in unum conferunt_), y es indecible el
-encadenamiento de ellas (_indecibilis omnium concatenatio_). Cabe,
-pues, cierta manera de síntesis científica, provisional a lo menos,
-que nuestro pensador no llegó a formular, reservándola sin duda para
-libros posteriores. Pero lo que en éste afirma es que semejante
-síntesis estará siempre muy lejos de la _una_ y verdadera ciencia. Los
-que hoy llamamos conocimientos científicos no son más que rapsodias y
-fragmentos recogidos de pocas y malas observaciones. Para que todavía
-resulten más estériles, las supuestas ciencias se han subdividido hasta
-el infinito, como si el conocimiento de una sola cosa no exigiese el de
-otras innumerables.
-
-Y en vano se intenta suplir este conocimiento con la vacía invención
-de los universales. En el mundo todo es particular, y sólo se perciben
-los individuos: los géneros y las especies no son más que una vana
-imaginación. Y en realidad ¿qué podemos afirmar con carácter universal
-y con certeza? La ciencia que hoy llamamos perfecta, mañana resulta
-anticuada: ayer se decía que el Océano circundaba toda la tierra y que
-la tierra tenía tres partes; hoy se ha descubierto un nuevo mundo:
-ayer decíamos que la zona ecuatorial era inhabitable por el excesivo
-calor, y las tierras vecinas a los polos por el excesivo frío, y hoy la
-experiencia convence de lo contrario. Hay que construir otra ciencia,
-puesto que resulta falsa la primera. «¿Cómo te atreves a hablar de
-proposiciones eternas, incorruptibles, infalibles, tú, miserable
-gusano, que ni siquiera sabes quién eres, ni de dónde vienes, ni adónde
-vas?»
-
-Por otra parte, nos está vedado el acceso de la mayor parte de las
-cosas lejanas de nosotros, ya por razón del espacio, ya por razón del
-tiempo. De aquí tanta variedad de opiniones, tanta penuria de ciencia.
-
-No se le ocultaron a Francisco Sánchez algunas de las antinomias
-kantianas: v. gr., la eternidad o creación del mundo. Terminantemente
-afirma que por racional discurso no puede probarse ni que el mundo sea
-eterno, ni que haya tenido principio, y haya de tener fin. Declarada
-de este modo la impotencia de la razón para resolver tal conflicto, se
-refugia en el testimonio de la fe, y a nuestro juicio sinceramente,
-porque nada hallamos en sus escritos ni en su vida que nos muestre en
-él lo que hoy llamaríamos un librepensador en materia religiosa. Sería
-de origen judío o cristiano, pero que tenía una creencia positiva no
-es dudoso para nosotros. Su biógrafo nos dice expresamente que jamás
-el pirronismo de Sánchez ni sus cavilaciones escépticas tocaron a
-las cosas divinas, así como tampoco dudó nunca del testimonio de los
-sentidos. La Inquisición dejó pasar sin tacha ni censura todos sus
-escritos. Por otra parte, nada le obligaba a disimular, y escribiendo
-como escribía en un país de relativa tolerancia religiosa, después de
-Rabelais y poco antes de Montaigne, fácil le hubiera sido manifestar, o
-insinuar a lo menos, su indiferencia religiosa si realmente la hubiera
-profesado. Cuando tales audacias se toleraban en escritores que hacían
-uso constante de la lengua vulgar y escribían para todo el mundo, ¿no
-hubiera podido él, con un poco de artificio de estilo, hacerlas pasar
-iguales o mayores en un libro escrito en latín y sólo para los hombres
-de ciencia? Si no las puso, fué porque realmente no las pensaba ni
-las sentía. No hay que leer entre líneas, ni buscar en el _Quod nihil
-scitur_ más que lo que el autor quiso darnos. La intrepidez filosófica
-de Sánchez era tal, que si realmente hubiese sido heterodoxo, no
-habría retrocedido ante la hoguera de Miguel Servet y de Giordano Bruno.
-
-... El incurable escéptico reaparece, cuando después de habernos
-mostrado lo vano e impotente del conocimiento por razón de su materia
-_(res cognita)_ emprende mostrarnos la incapacidad de nuestras
-facultades cognoscitivas _(ens cognoscens)_ para alcanzar algo que
-no sea fenomenal, variable y limitado. Todo conocimiento viene de
-los sentidos, pero los sentidos no conocen las cosas exteriores,
-aunque nos pongan en contacto con ellas. Si los sentidos nos engañan,
-nuestro entendimiento nos engañará también, puesto que no tiene
-más dato que el de los sentidos, ni ve las cosas mismas, sino sus
-imágenes, simulacros o representaciones. Nuestra noción de las cosas
-exteriores parece aquel convite de la fábula dado por la zorra a la
-cigüeña en redoma de boca estrechísima. Juzgamos de las cosas por
-sus simulacros; esto es, por meras representaciones de accidentes,
-que no tocan a la esencia, ni nos dan razón alguna de ella. En esta
-parte Sánchez se declara expresamente secuaz de Luis Vives, y le
-defiende contra Escalígero, que había tachado de absurdo su criticismo
-prekantiano. «Si esta opinión es absurda (dice), yo quiero ser tenido
-por hombre absurdísimo, puesto que Vives se contentó con decir que el
-conocimiento psicológico estaba lleno de obscuridad, y yo añado que no
-sólo es obscuro, sino caliginoso, escabroso, inaccesible, y con tales
-dificultades y contradicciones, que no han sido, ni serán, superadas
-por nadie.» Decimos que el conocimiento es la aprehensión de la cosa,
-y todavía no sabemos lo que es la aprehensión ni la percepción ni la
-intuición. A lo sumo podemos distinguirla de la recepción. Nuestros
-sentidos _reciben_, pero no conocen. Podemos distinguir también el
-conocimiento propio directo o intuitivo del conocimiento renovado por
-la memoria. Tres son las cosas que de diverso modo conoce la mente:
-1.º, los objetos externos; 2.º, sus propias operaciones internas;
-3.º, algo que a un tiempo puede ser considerado como externo y como
-interno. El conocimiento de los objetos exteriores es mediato, por
-los sentidos, pero el conocimiento de las operaciones internas es
-inmediato y _per se_, y el conocimiento de la tercera especie participa
-de lo mediato y de lo inmediato. Este conocimiento es el que algunos
-lógicos semipositivistas, especialmente Taine, admiten con el nombre
-de conocimiento de _abstracción_, cuyo oficio es despojar de sus
-accidentes a la intuición sensible y elevarla a cierta generalidad que
-ya traspasa los límites del puro empirismo. _Naturam quandam sibi
-fingit communem, ut potest_, dice Francisco Sánchez. Pero ¡qué poder
-de abstracción tan relativo y limitado, que apenas procede más que
-por negaciones y exclusiones, comparaciones y divisiones! Aun así no
-quiere concederla nuestro filósofo el nombre de verdadero conocimiento,
-sino de pura _opinión_, mucho más incierta que el testimonio interno,
-mucho más incierta que el testimonio de los sentidos, cuyas ilusiones y
-falacias analiza largamente Sánchez con argumentos y observaciones en
-que no nos detendremos, por ser sustancialmente las mismas que habían
-presentado Sexto Empírico y los antiguos escépticos. Hay que advertir,
-sin embargo, que Sánchez remoza toda esta antigua materia filosófica,
-adaptándola al progreso científico de su tiempo, y enriqueciéndola con
-los resultados de su propia observación anatómica y fisiológica.
-
-En suma, «el entendimiento humano es una potencia pasiva, a la cual
-se opone otra pasiva impotencia». La imperfección de los instrumentos
-contradice a la perfección de la obra. Aquí expone nuestro médico
-interesantes consideraciones sobre el influjo de lo físico en lo moral,
-encontrándose en muchas observaciones con Huarte, como era natural,
-dada su común tendencia antropológica. Sánchez no admite que el
-entender sea función exclusiva del alma, sino del hombre todo, en su
-unidad de cuerpo y de espíritu, indisoluble en cualquiera de sus actos.
-
-Pero sobre estos rasgos, dignos de ser considerados por su valor propio
-en disertación ajena de nuestro asunto, y sobre la bellísima peroración
-final, en que el autor ofrece como la quinta esencia de toda la parte
-negativa y demoledora del criticismo del Renacimiento, y da nueva vida
-en su estilo nervioso, impaciente y pintoresco (verdadero estilo de
-insurrecto literario y de periodista de oposición filosófica) a lo que
-en tono más reposado, y haciendo salvedades que él no hace, habían
-escrito Luis Vives y sus discípulos, ya contra los viciosos métodos
-de enseñanza y el abuso del argumento de autoridad, y el ciego y
-desacordado empeño de buscar la ciencia solamente en libros, cerrando
-los ojos al maravilloso espectáculo de la naturaleza, ya contra la
-torpe ambición que convierte la ciencia en miserable granjería, en vez
-de amarla con indomable amor, por sí misma, por su propia virtud y
-excelencia, y por los inefables deleites que proporciona; ya contra el
-vano rumor de la disputa, que se va haciendo más encarnizado y ruidoso
-cuanto más se alejan los contendientes de la directa inspección del
-objeto en litigio; ya, finalmente, sobre la confusión que en el ánimo
-del alumno induce el choque de encontradas opiniones; sobre todas estas
-cosas, digo, pondremos siempre como expresión total del pensamiento de
-Sánchez aquellas palabras, casi las últimas, en que asigna por únicos
-criterios a la ciencia futura el experimento y la crítica o el juicio
-que ha de fecundar las conclusiones experimentales. «En vano (dice
-Sánchez) se trabaja por reparar el ruinoso edificio de la demostración
-silogística; su materia es frágil y además está mal construído; cada
-día hay que añadirle nuevos puntales para impedir su completa ruina.
-El que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las cosas
-en sí mismas; pero como esta contemplación directa no es posible,
-dados los límites en que se mueve el conocimiento humano, hay dos
-medios subsidiarios que no suministran ciencia perfecta, pero que,
-en suma, algo perciben y algo enseñan: el experimento y el juicio,
-pero no separados nunca, sino en íntimo enlace y unión, como mostraré
-en otro libro. Los experimentos son muchas veces falaces y siempre
-difíciles, y hasta cuando llegan a la perfección, nunca nos muestran
-más que los accidentes extrínsecos, jamás la naturaleza de la cosa. El
-juicio recae sobre los resudados del experimento, y por consiguiente
-no traspasa el límite de lo exterior, y aun esto lo discierne de una
-manera incompleta, sin que sobre las causas pueda pasar de una probable
-conjetura. Se dirá que nada de esto es ciencia. Pues no hay otra.»
-
-La filosofía de Sánchez es, mucho más que la de Luis Vives, un
-verdadero _ars nescendi_. Niega demasiado para ser un verdadero
-escéptico; hoy más bien le llamaríamos _agnóstico_. Su libro termina,
-sin embargo, con una interrogación, con un _quid?_ análogo al
-_Que-sais-je?_ de Montaigne. Esta analogía y otras muy fortuitas, como
-la de llevar el _Quod nihil scitur_ la fecha de 1576, y ser la primera
-edición de los _Ensayos_ de 1580, habiéndose escrito además una y otra
-obra en países no muy distantes, ha hecho suponer entre el pensamiento
-de ambos autores cierta analogía, que, a nuestro entender, no existe.
-El escepticismo mitigado de Montaigne, aquella manera de filosofar
-tan personal suya, ejercicio fácil y suave de una curiosidad siempre
-activa; aquella tan simpática y continua observación de sí propio,
-es una manera de sibaritismo intelectual, más que de filósofo, de
-hombre de mundo, que gusta de dormir sosegadamente sobre la almohada
-de la duda; por el contrario, el escepticismo de Sánchez, dado que
-así queramos llamarle, es una doctrina esencialmente batalladora, que
-aparentando suspender el juicio, trae realmente juicio definitivo y
-formado sobre los más capitales problemas filosóficos. Montaigne es
-un aficionado, que filosofa a sus anchas, en lengua vulgar, y sin
-cuidarse del método, antes bien, haciendo gala de traducir fielmente en
-su estilo todos los caprichosos giros de su humor libre y errabundo,
-Sánchez es un profesor, preocupado de una doctrina, secuaz fanático
-de un método que tiene por exclusivo. Los dos son extraordinariamente
-sinceros, pero en Montaigne, el candor parece un refinamiento
-literario; en Sánchez es la expresión brusca, intemperante y feroz
-de una convicción arraigada, de un amor sin límites a las realidades
-concretas, experimentadas por él con el cuchillo anatómico de Vesalio
-y de Valverde. No son chispazos de escepticismo ni discreteos de
-moralista los que nos da, sino un sistema _agnóstico_ completo, una
-crítica clarísima e implacable de nuestra facultad de conocer, una
-determinación de su límite y de su objeto. Puede tener, y tiene, en
-efecto, contradicciones de detalle de que ningún escéptico se libra y
-que son la parte endeble y mal guarnecida por donde la tesis dogmática
-penetrará siempre en su campo; pero el sistema en sus líneas generales
-es claro, sencillo y consecuente.
-
-El programa de Sánchez, tan mal entendido hasta ahora, se reduce a dos
-palabras: «guerra al silogismo; paso a la inducción». Es un degüello
-de todas las entidades metafísicas, _un 93 de la ciencia antigua_,
-como decía Enrique Heine hablando de la _Crítica de la Razón Pura_. El
-escepticismo de Sánchez no es ni alarde de retórico, ni consecuencia
-de un _dilettantismo_ enervado por la variedad y copia de lecturas
-filosóficas, ni explosión de un ánimo misantrópico y desengañado;
-no es tampoco un estado provisional ni una ficción dialéctica, como
-lo es la duda cartesiana, de la cual parte Sánchez, pero en la cual
-no se detiene: es pura y sencillamente la expresión meditada de
-aquel aforismo capital entre los positivistas: la _relatividad_ del
-conocimiento. No sabemos nada, porque creemos saberlo todo: renunciemos
-a la riqueza ficticia que nos proporciona el crédito metafísico, y
-empecemos a vivir de los productos modestos, pero seguros, de nuestra
-propia hacienda, hasta ahora tan descuidada.
-
-No necesito decir, que esta filosofía dista, y no poco, de la que yo
-profeso, porque yo no soy positivista ni enemigo de la Metafísica;
-pero basta para el caso que fuera la de Francisco Sánchez, y en el
-fondo a nadie ha de pesarle que tales voces salieran de nuestra patria,
-precisamente cuando debían salir, es decir, en el momento solemne de la
-renovación de los métodos experimentales. No es preciso identificarse
-con las ideas de un filósofo para comprender su genio ni la razón de
-su influjo. Los paralogismos de que la argumentación de Sánchez abunda
-son hoy inofensivos: una síntesis científica superior nos ha enseñado
-que la demostración es un procedimiento científico tan legítimo como
-la inducción, tan natural al espíritu humano como ella, y que es
-una insensatez querer mutilar nuestra inteligencia, así como es una
-pretensión temeraria aspirar al conocimiento de un objeto cuando éste
-no es comprendido bajo razón de integridad. La ciencia hoy, hasta sin
-darse cuenta de ello, aspira a este conocimiento íntegro y cabal, así
-por razón del objeto como por razón de la inteligencia conocedora, y
-forzosamente ha de parecernos incompleta lo mismo una lógica puramente
-deductiva, como vino a serlo en manos de sus discípulos de decadencia
-la lógica de Aristóteles, que una lógica puramente inductiva, de las
-que en lengua inglesa abundan tanto. Ambos procedimientos del espíritu,
-excelentes cuando recta y adecuadamente se aplican a sus respectivos
-objetos, resultan estrechos y peligrosos en cuanto pretenden ser únicos
-y emanciparse de aquella primitiva intuición sintética dentro de la
-cual se razonan. Pero es condición casi ineludible de la mente humana
-el proceder por exageraciones contrarias; y a los espíritus violentos,
-a los amotinados filosóficos como Sánchez no hay que pedirles cuenta
-de la doctrina tanto como del impulso, que en su tiempo fué generoso
-y acompañó dignamente aquel heroico despertar de la ciencia desde
-Telesio y Cesalpino hasta Galileo, y desde Galileo hasta Newton. Sin
-un poco de fanatismo no se hacen milagros en filosofía ni en otra
-ninguna ciencia humana. Hay que representarse al médico bracarense
-ejerciendo la anatomía entre las sombras de la noche, o teniendo que
-escribir seriamente tratados filosóficos para combatir la creencia en
-la adivinación y en los presagios, o en la virtud supersticiosa de los
-caracteres mágicos, de los espejos y de las rayas de la mano, y de los
-aspectos favorables o maléficos de las constelaciones. ¿Cómo no había
-de sentir tal hombre hambre y sed de ciencia positiva, y abominar de la
-ciencia oficial que silogísticamente autorizaba y defendía semejantes
-dislates? Hoy cuesta poco trabajo hacer justicia a la Escolástica ni
-a la Edad Media; estamos demasiado lejos, y todo eso nos parece una
-amenísima leyenda romántica; pero no nos apresuremos a condenar de
-ligero a aquellos hombres del siglo XVI para quienes tal ciencia no era
-un recuerdo poético, sino una tiranía actual que durísimamente pesaba
-sobre sus cuellos.
-
-[Ilustración]
-
-
-
-
-[Ilustración]
-
-QUE NADA SE SABE...
-
-Todo es cuestión de nombres. No hay nombre acomodado.
-
-
-Ni esto siquiera sé, que nada sé; lo conjeturo, sin embargo, de mí y de
-los demás.
-
-Sea esta proposición mi bandera; ésta se debe seguir: _Nada se sabe_.
-
-Si supiere probarla, concluiría con razón que nada se sabe; si no
-supiere, mejor todavía, pues tal es lo que afirmo.
-
-Pero dirás: si sabes probarla, seguiráse lo contrario, pues ya sabes
-algo.
-
-Pero yo concluí lo contrario primero que tú arguyeras.
-
-Ya se comienza a enredar la cosa; de esto mismo ya se sigue que nada se
-sabe.
-
-Tal vez no me entendiste y me llamas ignorante y caviloso.
-
-Dijiste verdad. Pero yo mejor que tú, porque no entendiste.
-
-Ambos, pues, ignorantes.
-
-Ya, pues, sin saberlo, concluíste lo que buscaba.
-
-Si entendiste la ambigüedad de la consecuencia, viste manifiestamente
-que nada se sabe; si no, piensa, distingue y desátame el nudo.
-
-Aguza el ingenio. Prosigo.
-
-Traigamos la cosa por su nombre. Pues para mí toda definición es
-nominal y casi toda cuestión lo es.
-
-Voy a explicarme.
-
-No podemos conocer las naturalezas de las cosas; al menos yo; si dices
-que tú sí, no lo disputaré; pero es falso. ¿Por qué tú y no yo? De ahí,
-que nada sabemos.
-
-Y si no las conocemos, ¿cómo demostrarlas? De ninguna manera.[3]
-
-Tú, no obstante, dices que es definición la que demuestra la naturaleza
-de la cosa. Dame una. No la tienes. Concluyo, pues...
-
-Además, ¿cómo ponemos nombres a las cosas que no conocemos? No lo
-concibo. Los hay, sin embargo.
-
-De ahí, duda perpetua acerca de los nombres y mucha confusión y
-falacia en las palabras, y tal vez en todo esto que acabo de decir.
-Concluye tú...
-
-Dices que tú defines esta cosa que es el hombre con esta definición:
-animal racional mortal. Niego. Pues dudo nuevamente de la palabra
-animal, de la racional y de la otra.
-
-Definirás todavía estas cosas por los géneros y las diferencias
-superiores, según les llamas, hasta llegar al ente. Preguntaré lo mismo
-de cada uno de los nombres y, finalmente, del último: _ente_. Ya sé
-menos.[4]
-
-Dirás, sin embargo, que al fin se ha de cesar en las preguntas. Esto no
-resuelve la dificultad ni satisface a la mente. Declaras, forzado, la
-ignorancia. Me alegro. Procedo, pues, en consecuencia.
-
-Una sola cosa es el hombre; pero la señalas, no obstante, con muchos
-nombres: ente, substancia, cuerpo, viviente, animal, hombre y,
-finalmente, Sócrates. ¿No son, todas éstas, palabras? Ciertamente. Si
-significan lo mismo, son superfluas; si nuevas cosas, no significan una
-sola: el hombre.
-
-Dices que consideras muchas cosas en el mismo hombre, a cada una de
-las cuales atribuyes nombres propios. Haces la cuestión más dudosa.
-No entiendes a todo el hombre, que es algo magno, craso y perceptible
-por el sentido, y lo divides en tan pequeñas partes, que escapan al
-sentido, el más seguro de todos los jueces, para indagarlas con la
-razón falaz y oscura. Obras mal, me engañas, y te engañas más a ti
-mismo.
-
-Pregunto: ¿qué llamas en el hombre animal, viviente, cuerpo,
-substancia, ente? Lo ignoras como antes. Y yo también. Y esto quería.
-Lo diré, sin embargo, más abajo.
-
-Pregunto después: ¿qué significa este nombre _cualidad_, qué
-_naturaleza_, qué _ánima_, qué _vida_? Dirás: esto. Lo negaré
-fácilmente, pues puede ser otra cosa. Pruébalo. Recurres a Aristóteles.
-Yo a Cicerón, cuyo es el oficio de mostrar las significaciones de las
-palabras.
-
-Dirás que no habló con tanta propiedad Cicerón ni con tanta exquisitez.
-Yo replicaré lo contrario, pues Cicerón ejercía este arte, no
-Aristóteles. Si quieres más, traeré otros cultivadores de la lengua
-latina o de la griega, pues es lo mismo. No hay entre ellos concordia
-alguna, ninguna certidumbre, ninguna estabilidad, ningunos límites.
-Cada cual fuerza las palabras a su antojo, las desencaja aquí y allí
-las acomoda a su placer. De ahí tantos tropos, tantas figuras, tantas
-reglas, tanta confusión, de todo lo cual se compone la Gramática.
-
-Y ¿qué no pervierten la Retórica y la Poética? ¿De qué modos no abusan?
-Todos ellos ejercitan sólo la inútil locuacidad.
-
-Así también la Dialéctica o Lógica, aunque de diversa suerte; pues
-dispone en orden las palabras, las prepara al combate y les prohibe que
-peleen separadas, en vez de unidas; dicta leyes, cohibe, consiente,
-apremia. Finalmente, son parecidas la Dialéctica y la Lógica a aquellos
-que fingen batallas y campamentos en los juegos y espectáculos
-públicos, en los cuales se requiere más decoro que fuerza; muy al
-contrario acontece a los que se preparan seriamente para la guerra, a
-los cuales más conviene la fuerza que la hermosura.
-
-Y, para todos, son las palabras soldados locuaces. ¿A cuál de ellas
-creerás más? Es dudoso. Cada una quiere ser creída. No basta esto.
-Las significaciones de las palabras parece que dependen principal o
-totalmente del vulgo, y, por tanto, a él se han de preguntar; pues
-¿quién nos enseñó a hablar sino el vulgo?
-
-Por esta razón, casi todos los que hasta el momento presente
-escribieron tomaron por fundamento de disputa lo que más frecuentemente
-está en boca de los hombres, como aquello: «Entonces decimos que
-sabemos algo cuando conocemos sus causas y principios», y aquello otro:
-«Hase de aceptar aquí aquel principio aprobado por el consentimiento de
-todos, que todos los hombres entonces se juzgan firmes», etc.
-
-Mas ¿hay en el vulgo alguna certidumbre y estabilidad? Ninguna. ¿Cómo,
-pues, habrá alguna vez reposo en las palabras?
-
-Ya no hay dónde te refugies.
-
-Dirás tal vez que se ha de buscar qué significación usó el que primero
-impuso el nombre. Búscalo, pues. No lo hallarás.
-
-Pero ya es bastante.
-
-¿Es o no es todo, manifiestamente, cuestión de nombres? A mí me
-parece que lo probé. Si lo niegas continuarás la prueba de la cuestión
-principal. Pero luego se probará mejor.
-
-
-
-
-La ciencia.
-
-
-Veamos, pues, qué se ha de entender con el nombre de ciencia.
-
-Pues si ésta es nula, no habrá quien sea llamado sabio.
-
-¿Qué dice Aristóteles? Baste haber examinado a este autor sobre todos
-los demás (como quien fué agudísimo escudriñador de la Naturaleza y a
-quien sigue, las más de las veces, la mayor turba de filósofos); pues
-si contra todos se hubiese de combatir, se extendería la obra a lo
-infinito y abandonaríamos, además, la naturaleza, como es costumbre de
-los otros.
-
-¿Qué dice, pues, Aristóteles? Ciencia es un hábito adquirido por la
-demostración. No entiendo. Esto es pésimo. Es definir lo oscuro por lo
-más oscuro; así engañan los hombres.
-
-¿Qué es hábito? Lo sé menos aún que lo que es ciencia. Y tú, menos
-todavía...
-
-Di, es una cualidad firme. Todavía menos. Cuanto más avanzas, menos me
-convences; cuantas más palabras, más confusión. Me echas a la línea
-predicamental, y de ahí, siempre al ente, que no sabes lo que es.
-
-¿Hase o no de reducir todo a los predicamentos? Ciertamente que sí.
-¿Qué se saca de ahí? Que todo se ha de llevar a un laberinto.
-
-¿Qué son los predicamentos? Una larga serie de palabras. Pero ¿qué
-dije? Digo de palabras, unas comunísimas, _ente_, _verdad_, _bien_, si
-quieres; otras, menos comunes, _sustancia_, _cuerpo_; otras, propias,
-_Sócrates_, _Platón_. Aquéllas lo significan todo; las segundas, muchas
-cosas; las terceras, una sola.
-
-Síguese que cuando dicen _Sócrates es hombre_, y de ahí _animal_, etc.,
-se significa que esto que muestro (entiende _Sócrates_) llámase así con
-particular nombre; es decir, con los otros semejantes en figura. Con el
-nombre común, hombre; con el caballo y los demás que se mueven, pero
-que son desemejantes en figura, _animal_, con el comunísimo con todas
-las cosas, _ente_.
-
-De los restantes predicamentos, lo mismo.
-
-No basta. No contentos los lógicos con las palabras simples, para hacer
-la cosa más difícil, usan de palabras comunes, añadiéndoles alguna
-diferencia; como para el hombre, _animal racional mortal_, cualquiera
-de las cuales es más difícil que la primera. Pues donde hay muchedumbre
-hay confusión, y cuanto más amplias son las palabras tanto son más
-confusas y oscuras.
-
-Esto es mezquino. Construyen sobre cosas extrañas. De esta serie de
-palabras (que se llaman predicamentos) disputan muchas cosas: del
-orden, del número, del género, de la diferencia, de las propiedades,
-de la reducción a ellas de todas las cosas; esto lo reducen a la línea
-recta, aquello a la lateral; esto, por sí; aquello, por razón de su
-contrario; esto es común de dos; aquello se reduce a lo otro; esto no
-tiene a qué se reduzca, y, por tanto, si hay cielo, si no obtuvo lugar
-en algún predicamento, nada es ya. ¿Qué diré? Por ahí se meten en
-infinitas bagatelas. Más todavía, enredándose en palabras, se echan a
-sí y a sus desgraciados oyentes en un caos profundo y estéril.
-
-Con esto tienes toda entera la lógica de Aristóteles y mucho más las
-dialécticas que después de él escribieron los modernos. Pues a los
-nombres más comunes llaman géneros; a otros, especies, diferencias,
-propios, individuos...
-
-Si preguntas qué es esto, te diré: algo común abstraído por el
-entendimiento; una ficción de Aristóteles no desemejante a las Ideas
-platónicas. Pues ¿y la quimera del entendimiento agente (cosa nueva),
-abstrayente o iluminante (más bien oscureciente) y del inteligente, de
-donde surge el universal _animal_? Llevan a tanto las cosas, que, asno
-significa la mente de estos lógicos, que no pueden comprender sino el
-asno común, y aun formarlo, cuando, no obstante cada uno de ellos es un
-asno particular.
-
-¿Qué dices? ¿No es todo esto palabras y necedad? ¿Verdad que sí? Y esto
-sólo de los términos simples, que llaman predicables. De los cuales
-preguntan todavía ¿cuántos, cuáles, qué? Nada, líos.
-
-Además, llaman a unos equívocos, a otros unívocos, análogos,
-denominativos, términos, voces, palabras, dicciones, simples,
-compuestas, complejas, incomplejas, mentales, vocales, escritas;
-arbitrarias, naturales; de primera intención, de segunda intención;
-categoremáticas, sincategoremáticas, vagas, confusas, y otras
-innumerables denominaciones de los nombres, y además otras de éstas; y
-acerca de cada una de ellas forman sutilísimas disputas, tan sutiles,
-que el menor golpe las sepultas en la nada.
-
-¿Llamas tú a eso ciencia? Yo le llamo ignorancia.
-
-
-
-
-Juicios lógicos.
-
-
-Como arañas sutiles, puestas a fabricar su delgadísima tela, estos
-filósofos verbales constituyen el sujeto, el predicado, la cópula, la
-proposición, la definición, la división y la argumentación. Y de todo
-esto, además, otras infinitas especies, diferencias, condiciones.
-
-¿Qué diré? Mientras aseguran que la mente se perfecciona con la
-ciencia, se hacen totalmente insensatos; los que debieran investigar
-y predican que investigan las causas y naturalezas de las cosas,
-fingen novedades; y el que finge más y más oscuras cosas, ése es el
-doctor; de donde también escribió él[5] la ciencia de los sofismas,
-y así la ficción resuelve la ficción y un clavo saca otro clavo.
-Me parecen semejantes[6] a aquellos que profesan la nigromancia y
-los encantamientos, de los cuales el más astuto, como dicen, elude
-las acciones y los conatos del otro y los anula y los deshace y
-rompe. Algunos impíos objetaron antiguamente al divino Moisés acerca
-de la serpiente que devoró a las de los magos: así estos nuestros
-encantadores, confiados en las palabras, sin saber cosa alguna,
-pretenden, no obstante, que saben muchas cosas para que no sean
-argüídos de ignorancia.
-
-Yo, contra su ignorancia, confieso de buen grado la mía, y con más
-libertad descubro la suya. Nada sé. Pero menos ellos.
-
-Hasta aquí del hábito.
-
-
-
-
-La demostración.
-
-
-¿Qué es _demostración_?
-
-La definirás así: un silogismo que engendra ciencia.
-
-Cometiste círculo vicioso y, por tanto, me engañaste y te engañaste.
-
-Pero ¿qué es silogismo? ¡Cosa admirable; abre los oídos, extiende la
-fantasía! Ni aun así cogerás, por ventura, tantas palabras.
-
-¡Cuán sutil, cuán larga, cuán difícil es la ciencia de los silogismos!
-Ciertamente es fútil, larga, difícil y nula la ciencia de los Sofistas.
-
-¡Ah, blasfemé! Delinquí, porque dije la verdad. Ya soy digno de ser
-apedreado. Pero tú de ser azotado, porque engañas. Pues la ignorancia
-merece en todas partes perdón, pero la falacia castigo.
-
-Oye; prueba que el hombre es ente. Dices así: el hombre es sustancia;
-ésta es ente; luego el hombre es ente. Dudo de lo primero y de lo
-segundo, y por tanto, dudo de la conclusión. Pero tú sigues así: el
-hombre es cuerpo; el cuerpo es sustancia; luego el hombre es sustancia.
-
-Dudo también de ambas cosas, y dices: el hombre es viviente; el
-viviente es cuerpo; luego el hombre es cuerpo.
-
-Y de esto dudo también, y dices: el hombre es animal; éste es viviente;
-luego el hombre es viviente.
-
-¡Sumo Dios, qué serie, qué fárrago, para probar que el hombre es ente!
-La prueba es más oscura que la cuestión.
-
-Niego también que el hombre es animal. ¿Qué dirás? No hay más géneros.
-¿Adónde te acogerás? A la definición del animal, que es: un viviente
-móvil y sensible; tal es el hombre.
-
-Ambas cosas niego; sigue.
-
-Viviente es el cuerpo que se nutre; tal es el animal; luego...
-
-Prueba estas cosas.
-
-Cuerpo es una sustancia que consta de tres dimensiones; tal es el
-viviente; luego...
-
-Ambas cosas son falsas.
-
-Sustancia es ente por sí; cual es el cuerpo; luego...
-
-Y quisiera también que lo probaras. Ya no podrás más.
-
-¿Qué es, finalmente, el ente? Lo ignoras como antes. ¿Qué hiciste
-con tus silogismos? No probaste que el hombre es ente, que es lo
-que primero te había pedido; antes, ya subiendo, ya bajando por tu
-línea, para que me aproximaras aquel altísimo ente, quedóse tan en el
-aire que a poco más nos aplasta a ti y a mí en su caída; finalmente,
-dejásteme la cuestión tan dudosa como antes o más.
-
-Y al parecerte siempre que te probabas sólo las primeras proposiciones,
-no tocaste a las segundas. Y si hubieses probado las primeras y
-hubiésemos llegado a las segundas, ¿cuánto más no tropezaras en éstas?
-
-¿A qué, pues, engañarse con tales encadenamientos de palabras?
-
- * * *
-
-Yo lo diré con más claridad.
-
-_Ente_ lo significa todo: hombre, caballo, asno, etcétera; luego el
-hombre es ente, como también el caballo y el asno.
-
-Si me niegas lo primero, no lo probaré, pues no sabría. Pruébalo tú, si
-sabes. Tú tampoco. Nada, pues, sabemos.[7]
-
-
-
-
-Poco valor de los silogismos.
-
-
-Vuelvo a los silogismos, cuya ciencia sutilísima cayó toda.
-
-Dije yo arriba: los nombres, unos son comunísimos, como ente, verdad;
-otros menos comunes: sustancia, cualidad; otros particulares: Platón,
-Mitrídates.
-
-Hay muchos intermedios, que ni significan tanto como aquéllos ni tan
-poco como éstos: cuerpo, viviente, animal.
-
-De ahí le es fácil al indagador mostrar con una sola palabra si el
-hombre es sustancia.
-
-Sustancia significa todo lo que es por sí; de donde, lo son el hombre y
-la piedra y el leño; luego el hombre es sustancia.
-
-Mas ellos, buscando rodeos, para que no caiga en desprecio su ciencia,
-si es fácil, la hacen difícil y laboriosa con envolturas de palabras,
-jactándose que demostraron y probaron científicamente que el hombre
-es sustancia, diciendo así en _Barbara_,[8] castillo inexpugnable:
-_Todo animal es sustancia; todo hombre es animal; luego todo hombre
-es sustancia_. Dijiste verdad, pero la dijiste neciamente y más
-oscuramente que podía el sabio. Pues es lo mismo que si dijeras, que
-sustancia significa tanto los vivientes como los no vivientes; y
-viviente significa el hombre y la cereza; luego desde lo primero a lo
-último significa sustancia el hombre.
-
-Mas por tantos grados intermedios se confunde la mente, y aun, por
-ello, duda más de cada uno de los intermedios. ¿No es esto por ventura
-aquello que había dicho en otro lugar el mismo: «Lo que se dice del
-predicado se dice lo mismo del sujeto»? Mas esto son variaciones de los
-nombres; como también aquello: «Lo que es dícese de muchos modos»; si
-el nombre de hombre significa una sola cosa, dícese otro principio;
-y la causa dícese de un modo; la naturaleza dícese de un modo; dícese
-necesario.
-
-Finalmente, todo lo que hay en la Metafísica de Aristóteles y en las
-restantes obras, es definición de nombres. De donde, toda cuestión es
-casi del nombre: si la sustancia se dice del hombre, y así de otras
-cosas.
-
-De tal suerte, no pudiendo saber nadie con certeza, no hay ciencia
-alguna ni de cosas ni de palabras.
-
- * * *
-
-Di: en último término impongamos las palabras. Lo permito. Sabemos,
-pues, que tal palabra significa esto. Falso, pues ignoras qué sea
-_palabra_, ignoras qué sea _esto_, ignoras qué sea significar; luego no
-sabes que tal palabra significa esto.
-
-Prueba que se sigue, pues, ignoradas las partes, se ignora el todo. Y
-tú conmigo ignoras partes y todo; luego nada sabemos.
-
-¿Por qué, pues, siendo ignorantes yo y tú, pues tú mismo eres ignorante
-y máxima la ignorancia de las palabras, llamas, sin embargo, sutil a
-la ciencia y la hinches con fárrago oscuro y mayor ignorancia?
-
-Para que aparezca sabio, dirás. Pero acontece al revés: pues, mientras
-pones en solfa artificios y ridiculeces, predicas, en tanto, que sabes
-mucho. Yo me confieso del todo ignorante y sorprendido de que no sepas
-que nada sabes. Porque si lo sabes, al decir que sabes muchas cosas,
-eres engañador y mentiroso. En vano busqué afanosamente un filósofo
-sincero que diga con certidumbre si sabe perfectamente alguna cosa;
-nunca lo hallé, aparte de aquel sabio y austero varón Sócrates (aunque
-los llamados pirrónicos, académicos y escépticos lo afirmasen también
-con Favorino), el cual sabía esto solo: que nada sabía. Por sólo decir
-tal, yo le juzgo doctísimo; aunque ni aun así me satisfizo totalmente
-pues, en rigor, ignoraba esto como todo lo demás. Sin embargo, para
-afirmar mejor que nada sabía, dijo que sabía aquello solo. Tal vez por
-eso, no sabiendo cosa alguna, nada quiso escribir.
-
-Esto me vino siempre a la mente. ¿Qué diré yo que no sea sospechoso
-de falsedad? Pues todas las cosas humanas me son sospechosas, y esto
-mismo que escribo ahora, también.
-
-No callaré, sin embargo; al menos diré libremente que yo nada sé; ni
-tú tampoco trabajes en vano, lector, inquiriendo la verdad, esperando
-que alguna vez podrás poseerla claramente. Y si después investigare
-con los demás algo de lo que hay en la naturaleza, ni aun de tales
-investigaciones me curo; pues todo es vanidad, como dijo aquel
-sapientísimo Salomón, el más docto que recordamos de los que nos dieron
-los pasados siglos; lo cual demuestran claramente sus obras, entre las
-cuales ocupa el primer lugar aquel áureo libro llamado _Eclesiastés_.
-
-Pero volvamos a la ciencia.
-
-¿Qué movió a Aristóteles a disertar tantas y tan hondas cosas de la
-contextura de las palabras; qué a fingir aquellos universales? Si
-podemos saber alguna cosa sin todo esto, lo mostraré más abajo, donde
-hablaré del modo de saber.
-
-Mientras tanto, de Aristóteles no hay ciencia alguna.
-
-Velo: la ciencia se obtiene por demostración. ¿Qué es eso? Un sueño
-de Aristóteles no desemejante al repúblico de Platón, al orador de
-Cicerón, al poeta de Horacio. No hay ciencia en parte alguna. Escribió
-aquél con bastante prolija prosa, y nunca dió ciencia, ni después de
-él la dió nadie. Al menos, dala tú y envíamela. No la tienes, lo sé;
-Aristóteles mismo no formó jamás otro silogismo, sino cuando enseñó a
-los demás a formarlos; y entonces, no con los términos que significan,
-sino con los elementos _a b c_, y ello todavía con mucha dificultad. Y
-si hubiese usado de términos justificativos, jamás hubiese terminado
-la obra. ¿Para qué, pues, sirven éstos? ¿Por qué trabajó tanto en
-enseñarlos? ¿Por qué después de él se esfuerzan todavía los demás?
-
-Escribiendo no usamos de ellos ni él tampoco. Con silogismos nunca se
-engendró ciencia alguna, antes se perdieron muchas y se turbaron por su
-causa. Arguyendo y disputando, contentos con la simple consecuencia,
-todavía usamos menos de ellos, pues de otra suerte nunca tendría fin la
-disputa y siempre se había de pugnar sobre reducir el silogismo a modo
-y figura, convirtiéndolo en otras copiosas bagatelas; y hay infinitos
-necios que hacen hoy así y niegan cuanto no es puesto en modo y figura;
-tanta es la estupidez humana y tanta la agudeza y utilidad de esta
-ciencia silogística, que, olvidadas totalmente las cosas, se meten en
-tinieblas.
-
-De donde es de admirar al, por otro lado, agudo Averroes, y después
-de él muchos, los cuales quisieron mostrar en todas partes que son
-infalibles, certísimos y demostrativos los silogismos. ¡Con cuanto
-trabajo se esforzó en reducir Aristóteles las cosas que dijo, a tales
-moldes, cuando nada hay más extraño a ellas, según después mostraré!
-
-Al contrario, no es de admirar que el Agustino, esplendidísima
-lumbrera de la Iglesia cristiana, aprendiera sin preceptor, por su
-solo esfuerzo, todas las otras ciencias, menos esta silogística. Pues
-las otras se fundan en las cosas; pero ésta es una ficción sutil y de
-ningún fruto, antes de muchísimo daño; como que aparta a los hombres de
-la contemplación de la naturaleza y los detiene en sí, lo cual verás
-mejor en el discurso de nuestras obras.
-
-Mas esto se diferencia mucho de lo que dicen los escolásticos, a saber:
-que es el modo de conocer y el principio sin el cual no hay ciencia.
-
-Los cuales dicen ciertamente verdad, pero la dicen neciamente. Pues la
-ciencia de ellos es ésta: no saben otra cosa que construir de la nada
-un silogismo, es decir, de _a b c_; pues si se hubiese de construir
-de algo, enmudecerían, como quienes no entienden ni la más pequeña
-proposición.
-
- * * *
-
-Pero volvamos a nosotros.
-
-¿Qué, pues? Quien enseña a construir una casa ¿no la construye él
-jamás, ni tampoco sus discípulos? ¿Cómo voy a creer que se construye
-así? Y si no hay demostración, ¿no hay ciencia alguna?
-
-Además, también es falso aquello de que la demostración engendre hábito
-científico. Del ignorante, pero apto para aprender, brota la ciencia
-mas no así de la demostración, que sólo muestra la cosa que se ha de
-saber, pues tal indica hasta la palabra misma _demostración_.
-
-Yo no entendí jamás de Aristóteles ni de otros la más pequeña
-proposición; mas impresionado por la lectura de sus libros, me
-apliqué a contemplar todas las cosas, y vistas sus contradicciones y
-dificultades, para no ser envuelto yo por ellas, desamparados todos
-los filósofos, me refugié en las cosas, ejercitando mi propio juicio.
-Esto fué para mí Aristóteles; lo que el mismo Aristóteles dice que fué
-Timoteo para los demás autores, a saber: un estímulo para huir de las
-contradicciones de los sabios y refugiarse en la naturaleza.
-
-De donde es fácil ver cuán necios son los que buscan de solos los
-libros toda ciencia, no estudiando en las cosas mismas. Pues quien me
-señalare con el dedo una cosa para que la vea, no por eso produce en mí
-la visión, sino que excita la potencia visual para que se reduzca al
-acto.
-
-De donde me parece también muy necio lo que algunos establecen: que
-la demostración concluye y participa necesariamente de lo eterno e
-inviolable; cuando por ventura quizá no hay tal eterno, o si existe nos
-es desconocido como tal a nosotros, que somos muy corruptibles y muy
-violables en poquísimo tiempo.
-
-Por eso, al contrario, la verdadera ciencia, si la hubiera, sería libre
-y nacida de entendimiento libre; el cual, si de suyo no percibe la cosa
-en sí misma, no la percibirá forzado por demostración alguna.
-
-Éstas (las demostraciones) fuerzan, por tanto, a los ignorantes,
-a los cuales basta la sola fe. ¿Por qué, pues, ignorante, coliges
-de aquí y de allí, de Aristóteles, muchas proposiciones, con las
-cuales construyes al fin un silogismo _bárbaro_ y de las cuales no
-entiendes una sola? Te querría bien si te dijera: deja la Filosofía,
-pues eres totalmente inepto para ella; procura ser un buen alarife o
-zapatero, o si quieres menestral, de esos que convierten la madera, las
-piedras, los paños y los cueros en figura, no _bárbara_ como tú, sino
-pulimentada, y no preguntan qué es la madera, la piedra, el paño o el
-cuero, sino cómo forman de ellos una casa, un vestido o un calzado para
-el César; mientras que tú, usando de la potestad del César, construyes
-un laberinto en el que te aprisionas a ti y a otros parecidos
-miserables a quienes falta el filo de la razón.
-
-No entiendes, no sabes cosa alguna y, sin embargo, alardeas de enseñar
-a los demás. Tampoco yo sé y, no obstante, me empeño en persuadírtelo.
-De donde no sabiendo tú aquello, tampoco podrás percibir esto. Y yo
-tampoco, ignorándolo todo, podré demostrártelo. Luego nada sabemos.
-
-Tal muestro todavía. Sigo la definición de la ciencia. Llaman hábito al
-_conglomerado de muchas conclusiones_. Es maravilloso cómo abandonando
-totalmente las cosas vuelven siempre los dialécticos a sus ficciones,
-semejantes a la gata de Esopo mudada en doncella, la cual, sin embargo,
-después de cambiar la forma, todavía perseguía a los ratones. Y, a la
-verdad, para aquéllos la ciencia se reduce, pues no saben más, a muchas
-conclusiones, sin realidad alguna. Pues ¿quién definió jamás una visión
-por un amontonamiento de especies? La ciencia no es otra cosa que una
-_visión interna_. Si la ciencia fuese un montón de especies, todo libro
-sería un pozo de ciencia.
-
-Eres un protervo: dirás tal vez que tus obras tienen ciencia escrita,
-según aquello de que uno es el término vocal, otro el escrito, otro el
-mental. No entiendo. Lo concedo, sin embargo. ¿Qué se sigue? Que ni tú
-ni yo sabemos cosa alguna.
-
-Prueba esto Esopo, el cual puesto entre un gramático y un retórico, al
-preguntarle qué sabía, respondió: nada. ¿Cómo es esto? Porque (dijo)
-el gramático y el retórico no me dejaron nada por saber; preguntados
-antes qué sabían, respondieron que _todo_. Ahora, pues, este libro sabe
-muchas cosas por ti, otro sabrá también muchas y todos los demás del
-mismo modo; luego nada nos han dejado a nosotros por saber.
-
-Prosigo; si hubiesen dicho _conglomerado de muchas cosas en la mente_,
-tal vez hubieran dicho mejor; pero no es del todo verdad. Pues sólo
-de una sola cosa puede ser la ciencia; o más bien, sólo hay ciencia
-de cada una de las cosas individuales, no de muchas a la vez; como
-una visión es de un solo objeto individual; pues ni es posible ver de
-un modo perfecto dos cosas juntamente ni entender a la vez dos cosas
-perfectamente, sino una después de otra. De donde aquello: aplicada la
-mente a muchas cosas, es menor la atención a cada una.
-
-Mas del mismo modo que todos los hombres son en especie, mejor dicho,
-en nombre, un solo hombre, así la visión se dice una sola aunque sea de
-muchas cosas, y las visiones son muchas en número, y así la Filosofía
-se dice una sola ciencia, aunque sea contemplación de muchas cosas de
-las cuales a cada una corresponde contemplación propia, y la ciencia de
-cada una, después de la contemplación, es una sola.
-
-Ni es tampoco verdad que el cúmulo de muchas cosas en la mente sea
-ciencia; lo cual piensan algunos ineptamente, llamando más doctos a
-aquellos que más cosas han visto y oído y pueden, por consiguiente,
-recitar, ya en la misma ciencia, ya en diversas. Antes al contrario,
-quien quiere abrazarlo todo, todo lo pierde; pues basta una sola
-ciencia a todo el orbe, pero todo éste no basta a la ciencia. A mí me
-bastaría para la contemplación de toda la vida la más mínima cosa del
-mundo, y ni aun así alcanzaría a conocerla. Pues ¿cómo un solo hombre
-puede saber tantas cosas?
-
-Créeme, muchos son los llamados y pocos los escogidos; experiméntalo en
-ti mismo, contempla alguna cosa, un gusano, si quieres; su alma: nada
-podrás alcanzar.
-
-Confieso que estas cosas deben estar necesariamente en la mente para
-saberlas; pero esto no es ciencia, sino memoria; como tampoco el
-amontonamiento de especies en el ojo es visión (si así se hace la
-visión), por más que ésta sin ellas no pueda existir. Pues vemos que
-aquellos que imaginan algo fijamente, ofrézcase lo que se quiera a los
-sentidos, nada sienten, aunque en el mismo momento se impriman los
-espectros en ojos y oídos. Por esta misma razón, afirmóse que todo
-estaba en todos. ¿Cómo, pues, dicen, conoceremos aquello que está
-fuera de nosotros? Luego todo estaba en nosotros, pero lo hallamos
-revolviendo y esto es saber.
-
-Pero se engañan harto. Primero, porque afirman que en nosotros hay un
-asno (por ventura está en ellos), un león y lo demás. Pues ¿cómo puede
-suceder que yo esté en el león y el león en mí? ¿No es esto fingir una
-quimera? Y ojalá probasen que nosotros sabemos algo; pues entonces les
-concederíamos la consecuencia, a saber: que nada puede saberse sin que
-esté en nosotros; todo se sabe; luego todo está en nosotros.
-
-Pero ahora la mayor es dudosa; la menor falsa. ¿Cómo, pues, concluirás?
-
-Después, arguyen mal si piensan que basta, para saber, que esté
-en nosotros aquello que se sabe. Pues aun cuando esto tal vez
-contribuiría, si pudiera ser, no se sigue de ahí que todo esté en
-nosotros, antes al contrario; estando ciertamente en nosotros el
-cuerpo, el alma, el entendimiento, las facultades, las imágenes y otras
-muchas cosas, sin embargo, de ningún modo las conocemos perfectamente.
-
-Pero esta cuestión, a saber, si todo está en nosotros, lo trataremos
-exprofeso en los libros de la naturaleza; ahora baste haber tocado lo
-que conduce al tratado propuesto.
-
-Así, pues, las cosas o las imágenes de las cosas existentes en nosotros
-no hacen ciencia ni son ciencia; pero la memoria es poblada por ellas,
-y en la fantasía las contempla la mente.
-
-De ahí también concluyo que la ciencia se llama pésimamente hábito.
-Pues aquí la cualidad es dificultosamente móvil; la ciencia no es
-cualidad, a no ser que quieras llamar a la visión cualidad; más bien
-acción simple de la mente, la cual puede ser perfecta aun de primera
-intención, y no dura más que lo que está en la mente, como tampoco la
-visión. De cuya contemplación y conocimiento, que se hace por la mente,
-la imagen confiada a la memoria se retiene en ella; la cual, si se ha
-fijado bien, se dirá hábito; si menos, disposición.
-
-Pero todo esto será propio de la memoria, no de la ciencia; si luego lo
-retorna, se dirá que se recuerda lo sabido, no que se sabe, sino cuando
-lo contempla; como quien recita lo visto no ve.
-
-Dícese, sin embargo, que sabe muchas cosas quien retiene en la memoria
-lo así sabido, porque o supo antes todo aquello o puede saberlo cuando
-quiere; pues aun con la menor ojeada, mirándolas, las entiende, porque
-ya las entendió antes.
-
-De donde queda, que el hábito de muchas cosas en la memoria no se llama
-ciencia, si no hubiesen sido ellas conocidas antes por el entendimiento.
-
- * * *
-
-Decía Platón que nuestro saber (cosa extraña) no es otra cosa que
-recordar; es decir, que nuestra ánima lo sabía todo antes de nosotros,
-que en nosotros lo olvidó todo al ser sumergida en el cuerpo, y que
-poco a poco recuerda como despertando de un sueño.
-
-Pero levanta el doctísimo varón un castillo muy deleznable, no
-confirmado por la razón y la experiencia; como también otras muchas
-cosas que soñó del alma, según mostraremos en el tratado del espíritu.
-
-Aquel error lo repitió muchas veces Aristóteles. Mas, dejando las
-razones de Platón, porque pueden ser leídas por cualquiera en él,
-examinémos nosotros la cuestión por lo que se refiere a nuestro
-propósito.
-
-Si él hubiese dicho que vió cómo su alma lo sabía todo antes que fuese
-sumergida en su cuerpo, por ventura lo hubiese creído; pero entonces no
-sería hombre, sino larva o fantasma de tal.
-
-Yo, a la verdad, ignoro qué fué antes de mí; apenas creo lo que veo;
-¿cómo, pues, filósofo, creeré tus sueños?
-
-Di: o antes que el alma entrase en tu cuerpo sabía, o no. ¿Dices que
-sí? Entonces, o aquella ciencia del alma era sólo recuerdo o no; si lo
-era, sería recuerdo de otra ánima que había en ella, la cual, antes que
-estuviese en la tuya, lo sabía todo.
-
-Y el saber de esta otra alma, ¿era o no era recordar?
-
-Vamos así a lo infinito.
-
-Si no recuerda por otra ánima, sino por sí misma; fué que se olvidó
-antes. ¿Por qué? Y si se había olvidado antes que esto aconteciese,
-¿era o no era todavía su saber recordar? También vamos a lo infinito.
-
-Si el saber del alma no era recordar, ¿perdió aquel saber sumergida
-en el cuerpo? Si no lo perdió, sabe como antes. Y antes, según tú, su
-saber no era recordar.
-
-Y si por la inmersión en el cuerpo, como dices, como aturdida por el
-comercio del nuevo domicilio, permanece olvidada de sí durante un
-tiempo, se acordará ciertamente después de aquello que había olvidado,
-pero no lo sabrá entonces; como también nosotros, olvidados de lo que
-antes sabíamos, por fin lo recordamos; pero este recuerdo no es saber.
-
-Mas, si lo pierde, no lo recordará luego; pues solo recordamos aquellas
-cosas que permanecen todavía en la memoria o imaginación, aunque no se
-ofrezcan al pensamiento, y así, excitados por alguna reminiscencia de
-cosa semejante, surgen, como traídas a la fantasía, pero con recuerdo,
-porque antes habían estado allí mismo.
-
-Y si del todo hubiesen sido arrancadas, no fuera recuerdo, sino nueva
-impresión; como acontece a aquellos que por enfermedad incurren en
-perfecto olvido hasta del propio nombre; de los cuales no dirás que lo
-recuerdan si acontece que lo aprenden después; pues dice el vulgo que
-son víctimas los tales de total olvido y que, por consiguiente, deben
-ser de nuevo instruídos como si fuesen niños ignaros; y ellos mismos
-niegan que supieran alguna vez aquello que se les enseña.
-
-Recordar, pues, no es saber.
-
- * * *
-
-Además, siempre que recordamos decimos: había olvidado antes esto, pero
-ahora lo recuerdo así, o que así sucedió.
-
-Y si aconteciere al alma que sólo recordase, diría también el niño
-cuando fuere enseñado: yo también sabía esto antes, ahora lo recuerdo.
-¿Y quién dice tal?
-
-Además, si el alma, antes que fuere sumergida en el cuerpo, sabía,
-después sabrá ella misma, no el hombre. Y decir que el alma sabe, ¿no
-es impropio?
-
- * * *
-
-Finalmente, hagamos más clara la cosa, pues es cuestión de nombre.
-
-O saber y recordar son lo mismo o no. ¿Qué han de ser lo mismo? ¿Por
-qué, si lo son, no usamos indiferentemente lo uno por lo otro?
-
-No dudo que recuerdan también los perros; pues herí a uno de industria,
-el cual, cuando después me ve, me ladra, acordándose, sin duda, de las
-heridas.
-
-¿Y quién dirá que los perros saben?
-
-¿Por ventura no quieres que recuerden los perros, con tal de no
-desmentir a Aristóteles?
-
-Recuerdan, por lo menos, mujeres y niños; y, sin embargo, nada saben;
-recordamos todos y nada sabemos.
-
- * * *
-
-Si no significan lo mismo recordar y saber, ¿por qué los confunde?
-Si lo uno es superior a lo otro, ¿por qué no añadió Platón alguna
-diferencia que los restringiese?
-
-Pues el hombre es animal, pero no sólo animal, porque lo es también el
-caballo; por lo cual a éste le añadimos _cuadrúpedo_, a aquél _bípedo_.
-
-No significan, pues, lo mismo; luego son cosas diversas saber y
-recordar.
-
- * * *
-
-¿Qué es saber?
-
-Conocer las cosas por sus causas, dicen.
-
-No está del todo bien; es oscura la definición, pues se sigue
-inmediatamente la cuestión de las causas, más difícil que la primera.
-
-¿Es necesario conocer todas las causas para conocer las cosas?
-
-Las eficientes no, pues ¿qué influye mi padre para el conocimiento de
-mí?
-
-Después, si quieres conocer perfectamente el causado, es menester que
-conozcas también perfectamente las causas. ¿Qué se sigue? Que nada se
-sabe si quieres tener conocimiento perfecto de la causa eficiente.
-
-Venimos, pues, a parar en mi tema.
-
-Para el perfecto conocimiento de mí es menester conocer perfectamente
-a mi padre; para conocer a éste es necesario que conozcas antes a mi
-abuelo; después de éste a otro, y así infinitamente.
-
-De las demás cosas lo mismo.
-
-Y así también de la causa final.
-
- * * *
-
-Dirás que tú no consideras los particulares, que no caen bajo la
-ciencia, sino los universales: el hombre, el caballo, etc.
-
-Está bien; pero antes también lo decías; tu ciencia no es del
-verdadero hombre, sino del que tú te finges; por tanto, nada vale.
-
-Considera, pues, aquel fingido hombre tuyo; no lo conocerás si no
-conocieres sus causas. ¿La tiene eficiente? No lo negarás. Si quieres
-conocer ésta, considera su eficiente. No acabarás nunca, y, por tanto,
-nunca sabrás qué es aquel hombre tuyo, ni siquiera si era _verdadero_;
-luego nada sabes.
-
- * * *
-
-Por ventura recurrirás a Dios omnipotente, primera causa de todo y fin
-último de todo, y dirás que allí hemos de parar y no en el infinito
-imaginario.
-
-De esto, hablaremos después. Pero ahora pregunto: ¿qué de ahí?
-Nada sabes. Huyes del infinito y caes en el infinito, inmenso,
-incomprensible, indecible, ininteligible. ¿Lo sabes tu acaso, lo
-conoces?
-
-Pero, según tú, es causa de todo. Luego para el conocimiento de los
-efectos es necesario su conocimiento, según tu definición. Luego nada
-sabes.
-
-Si para el conocimiento de la cosa no juzgaste necesarias la eficiente
-ni la final, ¿por qué no distinguiste en tu definición? Pues yo las
-entendí todas cuando dijiste en absoluto: conocer las cosas por las
-causas.
-
-Pero en otro lugar, Aristóteles las comprende y enumera todas,
-eficiente, material, formal y final, cuando dijo que entonces pensamos
-nosotros conocer la cosa, cuando conocemos su primera causa.
-
-Pero te concedo (aun cuando no deba concedértelo ni pueda lícitamente)
-que no son necesarias la eficiente y la final; quedan dos, la material
-y la formal, las cuales creo entiendes que se han de conocer.
-
-Menos aún.
-
-Si quieres conocer la forma es necesario que la conozcas por sus
-causas, según tu definición. No por la eficiente y la final, como
-antes, sino por la material y la formal. Pero no la tienes. Luego nada
-sabes. Y si ésta no la sabes, tampoco sabrás aquello de lo cual es
-forma, pues ignoradas las partes, se ignora el todo.
-
-De la materia diré lo mismo, la cual es todavía más simple y menos
-sustantiva, y de la cual tal vez no hay causa alguna, al menos
-eficiente, material y formal, según Aristóteles; y de la final también
-puede dudarse.
-
- * * *
-
-¿Qué dices?
-
-Basta cualquier conocimiento de las causas para tener ciencia de las
-cosas, aunque no sea perfecto.
-
-Coplas.
-
-Es imposible conocer perfectamente el todo sin que conozcas
-perfectamente las causas.
-
-Y si concediera también esto, pregunto: ¿puede tenerse ciencia de la
-forma y de la materia?
-
-Lo concederás tú, que pretendes saberlo todo.
-
-Mas vuelvo a preguntar: ¿por sus causas?
-
-Si no, tu definición es nula. Y ahora repito lo mismo de estas causas:
-¿pueden saberse? Claro que sí; pues, según tú, lo más simple es más
-manifiesto por naturaleza, y, por tanto, es de suyo más cognoscible.
-Mas ¿por sus causas? Volvemos a lo infinito.
-
-Es, pues, nula la definición.
-
-Y, además, nada sabes por las mismas razones.
-
- * * *
-
-Mas Aristóteles se objetó a sí mismo en otro lugar: si verdaderamente
-es sólo ciencia aquélla que se tiene por demostración y los primeros
-principios no pueden demostrarse, no habrá ciencia de éstos y por
-tanto, no habrá ciencia alguna.
-
-Luego rectificó diciendo que no toda ciencia era demostrativa, y que
-sólo es indemostrable la de aquellas cosas que carecen de medios.
-
-Pues de ahí se sigue que aquella sentencia, _saber es conocer las cosas
-por las causas_, no es absolutamente verdadera, ni aquella otra: la
-ciencia es hábito adquirido por demostración, si hay alguna que no se
-tiene por demostración.
-
-Mejor habló en otro lugar y podía excusarse si siempre hubiese hablado
-del mismo modo y hubiese explicado alguna vez la ciencia de modo
-perfecto. Mas ahora, siendo en todas partes vago, confuso y veleidoso
-se cierra el camino a la excusa. Pues había dicho que la ciencia de las
-cosas, de las cuales son los principios, las causas y los elementos,
-pende del conocimiento de éstos. Lo cual es ridículo como lo entienden
-sus secuaces, pues reduciendo las cosas a palabras y silogismos
-(soporificados en el viejo error y pudriéndose en él), interpretan los
-principios como primeras, manifiestas y supuestas proposiciones de cada
-ciencia, a las cuales ellos llaman principios y dignidades; y explican
-como causas las proposiciones medias que se hacen entre aquéllos y la
-cosa que se ha de probar; y elementos, el sujeto, el predicado, la
-cópula, el medio, la extremidad mayor y la menor.
-
-¿No es todo esto una sutil ficción o más bien un delirio en cuya
-comparación, si el Maestro se engaña, los discípulos, no entendiéndole
-ni siguiéndole, se engañan más aún? ¿Hasta cuándo se despeñarán en
-tantas vanidades, apartándose así de la clara y libre razón?
-
- * * *
-
-Pero volvamos a Aristóteles. No puede excusarse. Arriba decía que la de
-los primeros principios es ciencia, pero indemostrable. En otro lugar
-llama al conocimiento de los primeros principios entendimiento, no
-ciencia. Mal dicho, pues, si se tuviera conocimiento de éstos, como de
-los demás, sería perfecta ciencia. Mas ahora, no teniéndose de ellos,
-tampoco se tiene de aquellas cosas de las cuales son estos principios.
-
-De donde se sigue que nada se sabe.
-
-Además, ¿qué es la ciencia sino el entendimiento de las cosas? Sólo
-decimos que sabemos algo cuando lo entendemos.
-
-Pero tampoco es verdad que hay doble ciencia, pues sería una y simple,
-si alguna hubiese, como es una la visión.
-
-Hay, según dicen, dos modos de ciencia: uno simple, cuando conociésemos
-una cosa simple, como la materia, la forma, el espíritu; otro
-compuesto, por decirlo así, cuando se ofreciere una cosa compuesta,
-de la cual hubiera primero que descomponer y conocer cada una de las
-partes, y luego, finalmente, el todo.
-
-Y a este último modo siempre precede el primero; pero a éste no siempre
-le sigue aquél.
-
-En ambos casos, la demostración no sirve de otra cosa sino, tal vez,
-para mostrar la cosa que se ha de saber.
-
-Pero ya hay bastante; pues dijimos ya más de lo que parecía convenir
-al que nada sabe. Pero no se ha dicho todo esto sin razón.
-
-Hasta aquí mostré la ignorancia de los demás, según la definición de la
-ciencia y, por tanto, según el conocimiento; ahora mostraré la mía (no
-parezca que sólo yo sé algo) por la cual podrás ver cuán indoctamente
-sabemos. Pues lo que hasta aquí fué recibido por muchos, a mí me parece
-falso, como ya probé; y lo que después diré, verdadero.
-
-Por ventura juzgarás tú lo contrario, y tendrás por verdadero lo tuyo;
-de donde se sigue la confirmación de lo propuesto: que nada se sabe.
-
-
-
-
-¿Qué es saber?
-
-
-Veamos, pues, qué es saber, para que de ahí se haga más manifiesto si
-algo se sabe.
-
-_Ciencia es el perfecto conocimiento de la cosa._
-
-He aquí una explicación fácil, pero verdadera, del nombre.
-
-Si preguntas el género y la diferencia, no los daré, pues todo esto son
-palabras más oscuras que lo definido.
-
-Y ¿qué es conocimiento?
-
-Ciertamente no lo sabría definir y si lo definiese de algún modo,
-podrías preguntar nuevamente lo mismo de esta definición y de sus
-partes. Y así nunca se llegaría al fin; habría duda perpetua de los
-nombres.
-
-Por la cual razón, nuestras ciencias son ya infinitas, ya totalmente
-dudosas.
-
-En alguna parte, dices, nos hemos de parar en las cuestiones. Es
-verdad, porque no podemos otra cosa.
-
- * * *
-
-Pero no sé lo que es conocimiento; defínemelo.
-
-Yo diría la comprensión de la cosa, la perfección, la intelección, y
-algo más que signifique lo mismo.
-
-Si dudas todavía de esto, callaré; pero te exigiré a ti otra cosa;
-si lo concedieres, dudaré de lo tuyo, y así padeceremos perpetua
-ignorancia.
-
-¿Qué queda? Un recurso extremo; piensa tú por ti mismo.
-
-¿Pensaste? ¿Por ventura aprehendiste con la mente el conocimiento? Así
-lo crees. A mi también me parece que comprendí.
-
-¿Qué de ahí? Mientras hablo después contigo del conocimiento, cual lo
-comprendí tal lo propongo; tú, al contrario, cual lo entendiste tú.
-Esto afirmo yo que es; tú, afirmas otra cosa.
-
-¿Quién compondrá el pleito? Quien se conozca a sí mismo verdaderamente.
-Y ¿quién es el tal? Nadie. Cada uno se parece a si doctísimo; a mí,
-todos ignorantes. Tal vez sea yo solo el ignorante; a lo menos,
-quisiera saber esto; y ni esto siquiera sé. ¿Qué diré, pues, en
-adelante que carezca de sospecha de ignorancia?
-
-¿Para qué, pues, escribo? Para decir lo único que sé: lo que yo pienso.
-Mas lo que pienso es mi verdad, no la tuya, no la de todos. Torno acá.
-Nada sabemos.
-
-Supón la explicación del nombre de ciencia dada por mí, para que
-proceda el discurso, y de ahí coligamos que nada sabemos, pues suponer
-no es saber, sino fingir; por lo cual, de los supuestos saldrán
-ficciones, no ciencia.
-
-Ve adónde nos llevó ya el discurso: Toda ciencia es ficción. Evidente.
-La ciencia se ha por demostración. Esta supone la definición, pues no
-pueden probarse las definiciones, sino que deben creerse; luego la
-demostración de supuestos producirá ciencia supositicia, no firme y
-cierta.
-
-Además, según tú, se han de suponer los principios, y no conviene
-disputar sobre ellos; luego lo que de ellos se sigue será supuesto, no
-sabido.
-
-¿Hay algo más miserable? Para saber es necesario ignorar. Pues ¿qué
-otra cosa es suponer sino admitir lo que no sabemos? ¿No sería mejor
-saber antes los principios?
-
-Yo niego los principios de tu arte; pruébalos.
-
-No se ha de argüir contra los que niegan los principios, dices. No lo
-sabes probar. Eres ignorante, no sabio.
-
-Mas, corresponde a la ciencia superior o común probar los principios.
-Lo sabrá, por ventura, todo, quien posea esta ciencia común; tú, nada;
-pues quien ignora los principios, ignora también la cosa. Pero ¿qué es
-aquella ciencia común?
-
-Es maravilloso cómo estos artífices se parten los oficios, se separan
-con linderos, del mismo modo que el necio vulgo se adapta y se parte
-la tierra. Levantan un imperio de las ciencias, cuya reina y supremo
-juez es la ciencia común, la Lógica, a la cual se llevan los supremos
-pleitos; ésta da leyes a las demás, leyes que es menester aceptar como
-buenas; a ninguna de las otras ciencias, es lícito echar impunemente la
-hoz en su mies, ni a las unas en el campo de las otras; y así toda la
-vida pleitean del sujeto de cada ciencia, y no hay quien dirima este
-pleito de ignorancias.
-
-De ahí, que si alguno trata de los astros en la física, dicen que lo
-hace o en cuanto que es físico o en cuanto es astrólogo; y uno compra
-esto del aritmético, pero otro roba aquello del matemático. ¿Qué es
-esto? ¿No son entretenimientos de chiquillos? Pues éstos, en un lugar
-público, en la plaza, en el foro o en el campo, construyen huertas, las
-cercan con tejas y cada uno cierra a otro la entrada de su huertecillo.
-
-Entiendo lo que es eso. No pudiendo cada uno abrazarlo todo, el uno
-se eligió esta parte, el otro se apartó la otra. De ahí, que nada se
-sabe. Pues, conspirando todas las cosas que hay en este mundo a la
-composición de una sola, las unas no pueden subsistir sin las otras,
-ni éstas ser conservadas con aquéllas; y cada cual ejerce su oficio,
-diverso, sí, del de la otra, pero todos, no obstante, concurren a uno
-solo; éstas causan aquéllas, y éstas son hechas por aquellas otras. Es
-indecible la concatenación de todas.
-
-No es, pues, de extrañar, si, ignorada una cosa, se ignora también lo
-demás. Por causa de lo cual acontece que quien se ocupa de los astros,
-considerando sus movimientos y las causas de ellos, acepta del físico,
-como cosa probada, qué es el astro, qué el movimiento; de ahí que sólo
-contemple la variedad, y la multitud del movimiento.
-
-De lo demás, del mismo modo.
-
-Mas, esto no es saber.
-
-Saber es haber conocido primero la naturaleza de la cosa, en segundo
-lugar los accidentes, cuando la cosa tiene accidentes.
-
-De lo cual se sigue que la demostración no es silogismo científico, más
-bien, nada es, como que solo demuestra, según tú, que tiene accidente
-(pues para mí, tanto dista de demostrar algo, que más bien esconde y
-no hace otra cosa que turbar el ingenio); pero, en cambio, supone la
-definición de la cosa.
-
-Nada, pues, saben los que se fían de demostraciones y esperan de ellas
-ciencia; quienes condenan también éstas, nada para ti; y como poco ha,
-lo probaré.
-
-Luego nada sabemos.
-
-
-
-
-Elementos de la ciencia.
-
-
-En la ciencia, pues, si admites mi definición, hay tres cosas: la que
-se ha de saber, el ente que conoce y el conocimiento mismo; cada una de
-las cuales hemos de explicar por separado, para colegir de ahí que nada
-se sabe.
-
-En primer lugar, ¿cuántas son las cosas que se pueden conocer? Tal vez
-infinitas, no sólo en los individuos, sino también en las especies.
-
-Negarás que son infinitas, pero no probarás que son limitadas pues ni
-siquiera pudiste numerar la más mínima parte de ellas; yo apenas conocí
-el hombre, el caballo y el perro.
-
-Luego de esto ya nada sabemos. Pues ni tú viste el fin de todas las
-cosas, y, sin embargo, afirmas que son finitas; ni yo tampoco vi su
-infinidad; pero, no obstante, conjeturo que son infinitas. ¿Qué más
-cierto te parecerá a ti? A mí nada.
-
-Pero dirás: ¿qué puede impedir la infinidad para el conocimiento de una
-sola cosa? Mucho, según tú, pues es necesario conocer los principios
-para conocer las cosas; tal vez, la materia y la forma; mas, en el
-infinito, las materias infinitas son tal vez distintas en especie (por
-más que tú no quieres distinguir de algo la materia por su especie; de
-lo cual hablaremos después).
-
-De las formas no hay duda; pero del infinito no hay ciencia alguna.
-
-Replicarás: puede ser la misma la materia aun de cosas infinitas.
-Cierto; pero también puede no ser la misma, y, por consiguiente
-múltiple. Pues, por ventura, hay otras cosas totalmente diversas de las
-nuestras, que no conoció ninguno de nosotros. Lo cual puede ser y no
-ser, es dudoso cuál de ambas cosas es.
-
-Pero la ciencia es de suyo de lo que es y que no puede ser de otra
-manera, según tú. Ni es necesario que haya cosas infinitas, para que
-sea diversa la materia; pues ni siquiera a ti, que las crees infinitas
-todavía, no consta ni constará jamás (puedo, sin embargo, engañarme)
-si la materia del cielo es la misma que la de estas cosas inferiores.
-
-¿Que tal vez los espíritus tengan materia propia, aunque se digan
-simples? Ciertamente. Afirmas tú que son muchos sus géneros y muchas,
-por consiguiente, las diferencias. Luego convienen en algo común; y
-esto es, según tú, la materia; y se diferencian en algo, y esto es la
-forma.
-
-¿Tienen también materia propia los accidentes? Tú llamas al género de
-ellos materia, y a la diferencia forma.
-
-¿Es la misma que la del cielo la materia de los astros? No lo sabes.
-Parece que no.
-
-Luego tampoco sabes los principios, de los cuales se ignora cuántos
-son, aunque las cosas sean finitas.
-
-Ni se tendrá jamás estabilidad en los principios; pues los principios
-del hombre son los elementos; de los cuales surgen materia y forma; y
-de esta materia y esta forma otras más simples.
-
-Lo mismo del león, del asno, del oso; y así infinitamente.
-
- * * *
-
-Y de las formas no hay duda que en el infinito serán infinitas. Mas es
-necesario preconizar los principios.
-
-Dirás que los elementos no son principios, de lo cual se hablará
-después. Y aun que no habrá principios, pues de lo infinito no hay
-principio...
-
- * * *
-
-Pero sean finitas las cosas: no por eso sabrás más. Pues ni siquiera
-conociste el primer principio necesarísimo de todas las cosas; por lo
-cual tampoco lo demás que se deriva de él. Nada, pues, sabemos.
-
-Después, entre las cosas, unas son de sí como principio, de sí como
-sustancia, en sí, por sí y únicamente para sí (séame lícito hablar de
-esta manera), como la que llaman los filósofos primera causa, y los
-nuestros Dios; y todas las demás de éste, no de sí como principio, no
-de sí como sustancia, no en sí, no por sí, no para sí solas ni por
-causa de sí, sino que unas se originan de otras, otras se constituyen
-de otras, otras están en otras, otras son por otras. Y todas ellas es
-necesario conocerlas.
-
-Mas, a Dios ¿quién le conoció perfectamente? «No me verá el hombre y
-vivirá». Por consiguiente, sólo fué lícito a Moisés verle por segundas
-causas; es decir, por sus obras. De donde dijo San Pablo: las cosas
-invisibles de Dios se ven por lo que ha sido hecho, entendiéndolo.
-
-Y así es menester también conocer cuáles son las cosas que causan y el
-cómo, para que sepamos el qué perfectamente.
-
-Y hay tal encadenamiento en todas las cosas, que ninguna es tan ociosa
-que no aproveche o dañe a otra; y aun una misma tiene por destino dañar
-a muchas y ayudar a muchas.
-
-Luego es necesario conocerlas todas para el perfecto conocimiento de
-una sola. Mas esto, ¿quién lo puede alcanzar? Jamás lo vi.
-
-Y por esta misma razón unas ciencias prestan ayuda a otras, y cada una
-contribuye al conocimiento de las demás.
-
-A tal punto que ninguna puede saberse perfectamente sin las otras; y,
-por ende, éstas son obligadas a corroborar a aquéllas. Y los sujetos de
-todas hanse también de tal manera, que el uno depende mutuamente del
-otro y también cada uno hace mutuamente a los demás.
-
-De donde se sigue nuevamente que nada se sabe. Pues ¿quién conoce todas
-las ciencias?
-
-
-
-
-Casos prácticos.
-
-
-Traeré un ejemplo breve para que no quede esto sin prueba. Bastará del
-hombre.
-
-Éste odia al basilisco; pues cuéntase que el basilisco muere por la
-saliva del hombre ayuno; el basilisco al hombre y a la comadreja, la
-cual sola dícese que lo mata; la comadreja al basilisco y al ratón;
-el ratón a la comadreja y al gato; el gato al ratón y al perro; el
-perro al gato y al conejo; el conejo al perro y al hurón. Y basta de
-antipatías.
-
-Además, el hombre no se mantiene y deleita de cualquier manjar, sino
-del buey, del carnero, etc. Éstos no de cualquier cosa que se les
-ofrece, sino de heno, paja, avena, que no se crían en cualquier tierra,
-sino en una determinada; y esta tierra no lo produce todo, sino un
-fruto peculiar a lo que contribuye mucho este o el otro cielo. Baste
-aquí de las simpatías.
-
-¿Cómo sucede todo esto? Es menester conocer la naturaleza de cada una
-de tales cosas antes de conocer dignamente al hombre.
-
-Y además, porque el hombre se nutre, crece, vive, raciocina, engendra,
-se corrompe, hase de preguntar inmediatamente del alma y de sus
-facultades.
-
-Por igual razón también hay que inquirir de las plantas con qué alma
-viven; de los animales, de los seres inanimados. ¿No es la misma la
-ciencia de los contrarios? La generación y la corrupción ¿quién las
-hace? Las cualidades contrarias. Pues inmediatamente se pregunta de
-éstas, de los elementos, de los cuerpos superiores, de la introducción
-del alma, de la introducción de las formas, de la acción y de la
-pasión; de la cualidad, de la cantidad, de la situación, de la
-relación; por qué se siente, engendra y calienta. Además, aquello por
-qué está en descanso; lo otro, por qué es en un instante; esto, por qué
-es en el tiempo; hase de ver qué es tiempo y espacio e inmediatamente
-saber de los cielos y de sus movimientos, pues el tiempo es, (dice
-Aristóteles, aunque mal, como veremos después) número y lugar, según
-que tiene sucesión y extensión.
-
-Puesto que el movimiento se mueve en línea recta y hacia abajo, debe
-preguntarse qué es hacia arriba y qué hacia abajo; cual es el centro
-del mundo, cuales los polos, y sus demás partes.
-
-Porque vemos, y esto mediante la luz, pregúntase inmediatamente de los
-colores, de las imágenes, de la luz, del sol y de los astros.
-
-Porque existe el cuerpo y es en el lugar, pregúntase del cuerpo, de la
-sustancia, del espacio y del vacío.
-
-Porque el espacio dícese finito, de lo finito y de lo infinito.
-
-Porque el cuerpo engendra y es engendrado, inmediatamente de todas las
-causas basta la primera.
-
-Porque el hombre raciocina, del alma intelectiva y de sus facultades,
-de la ciencia y de lo cognoscible, de la prudencia y de los demás
-hábitos.
-
-Porque mata, porque nunca vive contento, porque expone a la muerte la
-vida por la patria, porque socorre a enfermos y necesitados, suscítanse
-las cuestiones del bien y del mal, del último y sumo bien, de la
-virtud y del vicio, de la inmortalidad del alma.
-
-Cualquiera de estas cosas lleva consigo todas las demás, que seguir
-fuera fastidioso.
-
-Y lo mismo la cosa más trivial.
-
-Conocerás esto con el ejemplo familiarísimo del reloj común. Pues si
-quieres saber cómo da las horas, es menester que examines todas las
-ruedas desde la primera a la última, y qué mueve la primera, y cómo
-ésta la otra y ésta otras dos, y así llegar hasta la última. Y si,
-aparte de dar las horas el reloj, las señala también con una aguja
-en un cuadrante, y muestra, además, los movimientos de la luna, su
-crecimiento y decrecimiento, y asimismo el curso perfecto del sol
-por el Zodiaco, de igual tenor que se hace en el cielo (todo lo cual
-y otras muchas cosas vemos que se nos muestra en el reloj portátil,
-según el verdadero curso de los astros), ciertamente harás la cosa más
-difícil, y no podrás percibir cómo se hace la menor de estas cosas sin
-que desmontes totalmente toda la fábrica, la examines y entiendas cada
-parte y su oficio.
-
-Lo mismo te representará el orbe de cristal construído con admirable
-artificio por Arquímedes en el cual orbe todas las esferas y planetas
-eran movidos y observados del mismo modo que en el Universo, haciéndolo
-todo automáticamente un soplo por ciertos canalillos y conductos. ¿No
-era menester, si alguno quería conocer esto, penetrar perfectamente
-toda la máquina y sus partes hasta la más pequeña con sus oficios?
-
-Lo mismo se debe entender en este nuestro orbe. Pues ¿qué hallarás en
-él que no mueva y sea movido, mude y sea mudado o experimente una o
-ambas cosas?
-
-
-
-
-Consecuencias.
-
-
-Ve adónde se ha llegado.
-
-Sólo hay o podría haber una ciencia: la de la naturaleza de las cosas;
-por la cual todas ellas serían perfectamente conocidas: ya que una no
-puede ser conocida perfectamente sin todas las otras. Las ciencias
-que tenemos son vanidades, rapsodias, fragmentos de observaciones
-contradictorias; lo demás, imaginaciones, artificios, fantasías...
-
-De donde no del todo ineptamente decía el Rey Sabio: que la sabiduría
-de los hombres es necedad ante Dios.
-
-Pero volvamos allá de donde nos habíamos apartado, y de ahí colige que
-es una sola la ciencia de todas las cosas. Pues siempre que acontece
-tratar de alguna cosa, con ocasión de ésta hase de tratar de otra y de
-otra por ésta, y por tercera vez de otra por ésta; y así iríamos hasta
-lo infinito, si en medio del camino no volviésemos pie atrás, y no sin
-detrimento de la sabiduría.
-
-De donde surge aquella ley en las ciencias: _Todo está en todo_; pues
-vemos que todo se sigue de todo. Mas para que no dejara de tener fin
-su ciencia, se empeñaron los filósofos en poner límites, los cuales,
-sin embargo, no pueden conservar (pues, ¿cómo conservarán los límites
-que no tolera la naturaleza?); de donde es necesario repetir lo mismo
-mil veces en la misma obra y en las diversas obras. Fácilmente lo
-mostraríamos en cualquier autor, pero sería largo. Pues lo que dijo
-Aristóteles en los predicamentos ¿no lo repite, por ventura, en la
-Física y en la Metafísica? ¿y lo que en estas ciencias en otras,
-frecuentemente?
-
-Y nuestro Galeno ¡cuán prolijo es! Apenas hallarás un solo capítulo
-en que no leas: _Y de esto, aun cuando tratamos más extensamente en
-otro lugar, no dañará si repetimos brevemente lo que atañe a nuestro
-propósito. Baste aquí por lo que se refiere al presente tratado; lo
-demás lo hallarás en tal libro_.
-
-Lo cual muestra claramente que para el conocimiento de una sola cosa es
-también necesario el conocimiento de las demás; cuando también para la
-producción de una sola cosa, conservación o destrucción, es necesario
-el concurso de todas las otras, como probaremos más extensamente en el
-examen de la naturaleza.
-
-Confirman también lo mismo los que promueven disputa sobre alguna cosa;
-pues si pretenden probar que el hombre es animal, distan tanto de
-lograrlo, que, al revés, discurriendo mediante silogismos, de una cosa
-en otra llegan por fin o al cielo o al infierno, según los medios de
-que usa el probante y según lo negado por su rival.
-
-Y lo que el inventor de la demostración dice de ella, que por los
-intermedios hase de llegar a los primeros principios, y que en ellos se
-ha de parar, es una ficción; como también todo lo otro que dice acerca
-de la misma cosa.
-
-Ni tampoco hay tales medios ciertos, numerados y ordenados, por los
-cuales podamos proceder libremente; ni principios en los cuales pueda
-el ánimo posarse quieto y contento.
-
-Y si tú tienes tales cosas, me placerá mucho que me las enseñes.
-
-
-
-
-Otra prueba de la ignorancia.
-
-
-¿Y esperas todavía más ancha prueba de nuestra ignorancia? La daré.
-
-Viste ya la dificultad en las especies.
-
-Mas de los individuos confesarás que no hay ciencia alguna, porque son
-infinitos.
-
-Pero las especies nada son, o al menos son una fantasía; sólo son
-los individuos, sólo se perciben éstos, sólo de éstos hase de
-tener ciencia; de ellos se ha de captar. Si no es así muéstrame en
-la naturaleza aquellos tus universales; los darás en los mismos
-particulares. Nada veo en ellos universal; todo particular.
-
-Y en éstos ¿cuánta variedad se observa? Cosa maravillosa. Este es un
-ladrón acabado; aquél homicida; aquél sólo nacido para la gramática;
-el otro totalmente inepto para las ciencias; éste cruel y sanguinario
-desde la cuna; por ningún arte puede ser aquél apartado del vino, éste
-del placer venéreo, el otro del juego; uno se derrite a sola la vista u
-olfato de la hiel; otro no gustó jamás la manzana ni puede ver a otro
-que la guste; otros la carne, otros el queso, otro el pescado: de todos
-los cuales nosotros conocimos algunos.
-
-Hay quien devora y cuece indiferentemente metales, vidrios, plumas,
-ladrillos, lana, y, finalmente, todo; otro cae en síncope al olor o
-vista de una rosa; éste odia a las mujeres; aquél se nutre con cicuta;
-esotro duerme día y noche. Yo arrojé muchas veces con ira los libros y
-huí del arte, pero en el foro, en el campo, medito sin cesar, y nunca
-menos solo que cuando estoy solo, y nunca menos ocioso que cuando estoy
-ocioso; conmigo tengo el enemigo y no puedo evadirlo, y, como escribió
-Horacio: _huyo fugitivo de mí mismo, como errabundo, ya preguntando a
-los caminantes, ya buscando calmar el cuidado con el sueño; pero en
-vano, porque la negra compañera me atormenta y sigue..._
-
-Finalmente, hay algunos hombres ante los que dudas muy seriamente si
-los debes llamar racionales o irracionales. Y, al contrario, hay brutos
-a los que puedes apellidar con mayor justicia racionales que a algunos
-de entre los hombres. Responderás que una golondrina no hace verano ni
-un particular destruye lo universal. Yo, al contrario, insisto en que
-el universal es totalmente falso, a no ser que abrace y afirme cómo es
-todo lo que se contiene bajo de él. Pues, ¿cómo fuera verdad decir que
-todo hombre es racional, si muchos o uno solo fuesen irracionales? Si
-dices que en este hombre el defecto no está en el ánima, sino en el
-cuerpo su instrumento, dirás, por ventura, verdad, pero en mi favor.
-Pues, el hombre no es sola el ánima ni sólo el cuerpo, sino los dos
-juntos; luego, siendo uno de ellos defectuoso, defectuoso será el
-hombre.
-
-De lo cual se sigue que es ridículo el dicho de algunos: que el alma
-del hombre puede ser redonda o de cualquiera otra figura distinta de
-como todos somos. Ignoro si ellos la vieron alguna vez; si la vieron,
-confirman mi tesis; pues nadie creería que tal alma fuese de la misma
-condición que las nuestras. Si no la vieron, ¿por qué la fingen tal
-cual la naturaleza no puede, por ventura, producirla? Y si puede, ¿cómo
-será cierta aquella proposición: el alma es acto del cuerpo físico?
-
-He aquí la ciencia de los tales.
-
-Y todavía es mucho más absurdo aquello, de que, no existiendo hombre
-alguno, sería verdadero decir, el hombre es animal. Ello es suponer un
-imposible para inferir una falsedad. Pues, si hablas en la filosofía,
-jamás faltarán hombres, porque el mundo es eterno; si hablas en la
-fe, ¿dejará de ser Cristo nuestro Señor? Ve cómo de ambas maneras es
-imposible el supuesto.
-
-Mas, ¿no sabes por tu preceptor que, puesto lo posible en el ser, no se
-sigue inconveniente, pero que, admitido lo imposible, se siguen muchos?
-
-Pero sea, sea posible: si el hombre _no es_ ¿cómo será el hombre animal?
-
-Dicen que el verbo _es_ tómase allí por la esencia, no por la
-existencia y que es sólo cópula, y que, por tanto, aquella proposición
-es eterna y en las ciencias siempre se toma así; y que aun antes de la
-creación del hombre fué verdadera aquella proposición y que en la mente
-divina estuvieron todas las esencias de las cosas. Y así, escriben
-cosas maravillosas del ser y de la esencia. ¿Cabe mayor vanidad? De tal
-manera truecan y cambian las palabras de su propia significación, que
-su lenguaje es totalmente diverso del paterno, debiendo ser el mismo.
-Y, acercándose a ellos para aprender algo, cambian de tal manera las
-significaciones de las palabras, de las que antes habías usado, que ya
-no designan las cosas mismas y naturales, sino aquellas que ellos se
-fingieron, para que tú, ávido de saber y totalmente ignorante de estas
-cosas nuevas, les oigas a ellos disputando y disertando con sutileza,
-tejiendo sueños de sueños, fantasías aderezadas con maravilloso
-artificio, y les admires y les tengas y reverencies como agudísimos
-escudriñadores de la naturaleza.
-
-¡Caso extraño! ¡Cuánta barbarie! ¿Qué cosa más sencilla, más clara, más
-usada que el verbo es? Sin embargo, ¡cuánta disputa en torno suyo! Los
-chiquillos son más doctos que los filósofos, pues si preguntas a un
-niño si el padre está en casa, responde que está, si está; si preguntas
-si es malo, lo niega.
-
-El filósofo, de ningún hombre afirma nada a derechas. Ni es tampoco
-menos absurdo lo que algunos se empeñan en establecer, que la filosofía
-no puede ser enseñada en otro idioma que en griego o latín; porque,
-dicen, no hay palabras con las que puedas traducir muchas que hay en
-aquellas lenguas, como la _entelequeia_ de Aristóteles (de la cual
-se ha disputado en vano hasta ahora cómo se debe verter del latín);
-_esencia_, _quiddidad_, _corporeidad_ y otras parecidas que maquinan
-los filósofos. Naturalmente, como no significan cosa alguna, tampoco
-son entendidas por nadie ni pueden ser explicadas ni vertidas en
-lenguaje vulgar, el cual suele designar con sus nombres propios sólo
-las cosas verdaderas, no las fingidas.
-
-
-
-
-Etimologías.
-
-
-Añade a esto la frívola sentencia de otros que asignan a las palabras
-no sé qué fuerza propia, para deducir de ahí que los nombres fueron
-impuestos a las cosas según la naturaleza de ellas.
-
-Guiados por lo cual, no menos neciamente empéñanse algunos en traer de
-algo propio las significaciones de todas las palabras; como _lapis_
-(piedra), de que hiere el pie; _humus_ (tierra), de humedad. Y asno,
-¿de dónde?: de ti, vano etimologista, porque no tienes _sentido_, pues
-_a_ en griego y latín significa frecuentemente privación; _sinus_, como
-_sensus_, sentido; luego _asno_ es lo mismo que _sin sentido_, o sea lo
-mismo que tú.
-
-Pero ¿no es buena la etimología?
-
-No, cuando se inquieren las palabras más bien por curiosidad que con
-verdad o utilidad; así todo lo haces derivativo o compuesto, nada
-simple o primitivo; ¿cabe mayor insensatez?
-
-Si la dicción _lapis_ (piedra) fué impuesta por la naturaleza de la
-cosa, como dices, ¿es la naturaleza de la piedra que hiera el pie?
-Pienso que no. Pero sea. ¿Cómo _lædo_ (hiero) representa la naturaleza
-del daño que significa? ¿Cómo _pes_ (pie) significa la naturaleza del
-pie?
-
-Vamos a lo infinito.
-
-_Humus_ tampoco se dice de _humedad_; pues, al contrario, la tierra
-es, según tú, el más seco de todos los elementos; pero, aunque fuera
-humidísima y de la humedad se dijera _humus_, ¿de dónde se dirá tal la
-humedad? Si me das otra palabra preguntaré su abolengo. Y así, otra
-vez hasta lo infinito. Porque, si cesas en alguna, la obligaré a que
-muestre la naturaleza de la cosa que significa. Todas las intermedias
-parecen representar la naturaleza de la cosa, porque se derivan de
-otras que significan algo hasta la última, que de ninguna otra se
-deriva, según tú; pues bien, preguntaría lo mismo de la última.
-
-¿Cuántas son las voces simples? Casi todas.
-
-Además. Si _pan_ ha sido impuesta, según la naturaleza de la cosa, ¿qué
-decir de la griega _artos_, o de la británica _bara_, o de la vascuence
-_ouguia_, cuya diversidad en el sonido, en las letras, en el acento, es
-tanta, que no tienen nada de común?
-
-Si dices que sólo una lengua ha sido impuesta, según la naturaleza
-de la cosa, ¿por qué no las demás también? Y ¿cuál es ella? Si dices
-que la primera de Adán, acaso, pues pudo, por haber conocido las
-naturalezas de las cosas, como atestigua el autor del Pentateuco,
-darles nombre adecuado, pero entonces ciertamente habría hecho falta
-que su filosofía o la que tenemos hubiese sido escrita en su idioma.
-¡Bella filosofía la que no puede ser enseñada o explicada con otro
-lenguaje que con el de Adán! Pero tú, varón prudentísimo, te contentas
-con el griego o el latín, que no han sido impuestos por la naturaleza
-de las cosas.
-
-¿Y no se corrompen y mudan perpetuamente las voces?; ¿no hay libros
-franceses y españoles en los que hallarás muchas palabras cuyo
-significado se ignora totalmente?
-
-¿No hay en latín muchas palabras anticuadas y no se inventan otras
-muchas todos los días? Lo mismo acontece con el estilo, y con otras
-cosas, que se varían con el uso continuo y, al fin, tanta mudanza se
-hace que degenera todo y todo se hace diverso; así pereció el antiguo
-idioma latino transformado ahora en el vulgar italiano; el griego del
-mismo modo.
-
-Y si algunos libros conservan todavía sobrevivientes ambas lenguas,
-difieren tanto de aquel antiguo esplendor y sentido, que si nos oyeran
-hablando su lengua Demóstenes o Cicerón, se reirían.
-
-Ni es esto solo, sino que los idiomas toman de los demás muchas
-dicciones; y así opino que no nos queda ninguna sincera y legítima
-lengua.
-
-No tienen, pues, las voces ninguna facultad de explicar las naturalezas
-de las cosas, aparte de aquella que tienen por el arbitrio del
-imponente; y la voz _canis_ la misma fuerza tiene, si te place, de
-expresar pan que perro.
-
-Hay palabras impuestas a las cosas por el efecto o por algún accidente,
-mas no por la naturaleza. Pues ¿quién conoce las naturalezas de las
-cosas para que, según ellas, les imponga nombres? O ¿qué comunidad hay
-entre nombres y cosas? De aquellos los hay propios, como si llamas
-al hombre risueño o lloroso, en los cuales los primitivos _risa_
-o _llanto_ no tienen otra fuerza que la que recibieron de nuestro
-arbitrio; así las locuciones que parecen más significativas.
-
-Hay también palabras que por semejanza imitan los sonidos, las voces
-de aquellas cosas que significan, y, por ende, llámanse onomatopeicas,
-como el _cacarear_ de las gallinas, el _graznar_ de los cuervos, el
-_rugir_ de los leones, el _balar_ de las ovejas, el _ladrar_ de los
-perros, el _relinchar_ de los caballos, el _mugir_ de los bueyes, el
-_gruñir_ de los puercos, el _roncar_ de los que duermen, el _susurro_
-de las aguas, el _silbido_, el _tañido_, el _clangor_ de las campanas
-y clarines. (_Baubantem est timidi pertimuisse canem._) _Es del
-tímido temer al perro que ladra_; y aquello otro: (_Et tuba terribili
-sonitu taratantara dixit._) _Y la trompeta con terrible sonido dijo
-taratantara_; y también: (_Quadrupedante putrem sonitu quatit ungula
-campum._) _Con cuádruple sonido hiere con sus patas el polvoroso campo._
-
-Y tampoco en esto hay alguna demostración de la naturaleza de aquellas
-cosas que significan, sino semejanza de sonidos.
-
-Menos todavía debe buscarse derivación en todas las palabras; pues de
-otra suerte iríase a lo infinito.
-
-Pero fuimos más lejos de lo que había pensado.
-
-Vuelvo atrás.
-
-
-
-
-Variedades humanas.
-
-
-¡Cuánta variedad de los hombres aun en la misma especie!
-
-En unas partes son de cortísima estatura, los pigmeos; en otras,
-de gran talla, los gigantes; unos andan totalmente desnudos; otros
-vellosos y cubiertos de pieles en todo el cuerpo; los hay faltos
-totalmente de palabra, que viven en las selvas como las fieras, se
-refugian en cavernas o se establecen en los árboles a modo de aves, y
-si logran alguna vez arrebatar a nuestros hombres, los devoran con gran
-placer; los hay que descuidados totalmente de Dios y de la religión lo
-tienen todo común, inclusos los hijos y las mujeres: vagan y no tienen
-asiento fijo. Al contrario, otros, esclavos de Dios y de la religión,
-derraman intrépidamente la sangre por la caridad y la fe.
-
-Cada cual quiere tener ciudad propia, casa, mujer y familia, y,
-habidas, las defienden hasta la muerte; unos, después de la muerte son
-entregados al fuego o a la tierra con los amigos vivos, las mujeres y
-el ajuar; otros, no curando de cosa alguna de éstas, quedan insepultos;
-hay quien permite que le despedacen vivo y le dividan en partes, y lo
-procura; hay quien cree que a todo trance ha de huir la muerte.
-
-No acabaríamos, si quisiéramos narrar todas las costumbres de los
-hombres.
-
-¿Atribuyes tú a todos ellos la misma condición que a nosotros? A mí no
-me parece verosímil que sean iguales. Sin embargo, nada sabemos ni tú
-ni yo.
-
-Negarás, por ventura, que algunos de los tales sean hombres.
-
-No lo disputaré; así lo acepté de otros; de ellos están llenos los
-libros de los antiguos y de los modernos, y no parece imposible; y
-aun, por ventura, los hay más diversos aún de nosotros en alguna parte
-del mundo no descubierta todavía, o los hubo o los habrá. Pues, ¿quién
-puede decir algo cierto de todo lo que fué o es o será?
-
-Decías ayer con tu perfecta ciencia, y aun desde muchos siglos se dijo,
-que toda la tierra era rodeada por el océano, y la dividías en tres
-partes universales: Asia, África, Europa. Ahora, ¿qué dirás? Ha sido
-hallado un nuevo mundo, nuevas cosas en la nueva España, en las Indias
-occidentales y orientales.
-
-Decías también que las tierras meridionales y puestas debajo del
-Ecuador eran inhabitables por el calor, y que las situadas debajo
-de los Polos y en las zonas extremas, por el frío. Ya prueba la
-experiencia que ambas cosas son falsas.
-
-Construye otra ciencia, pues la ciencia de ayer es ya un montón de
-dislates.
-
-¿Cómo afirmas, pues, que son eternas e incorruptibles, y que no pueden
-ser de otra manera tus proposiciones, miserable gusano, que apenas
-sabes qué eres, de dónde vienes ni adónde vas?
-
-De las otras especies, ya de animales, ya de plantas, según la diversa
-situación del orbe, puede decirse lo mismo; pues que, en las diversas
-tierras y mares del mundo hay tanta muchedumbre de especies, que
-parecen distintas y lo son. Nada, sin embargo, se sabe, puesto que
-no conocemos las formas de unas y otras cosas, por las cuales se
-distinguen.
-
-Añade que, para mayor ignorancia nuestra, nos esta vedado el acceso de
-algunas cosas o por el espacio o por el tiempo, y ellas son la mayor
-parte. De ahí, que haya gran duda de aquellas cosas que se hacen y son
-en el mar, en las entrañas de la tierra, en las alturas atmosféricas y,
-finalmente, en los más elevados cuerpos.
-
-Y no sin razón, pues todo conocimiento procede del sentido; por el
-cual, como no puedan ser percibidas aquellas cosas, tampoco pueden
-saberse, y mucho menos que las que están con nosotros, pues de éstas no
-dudamos que sean, mas de muchas de aquéllas hay variedad de opiniones,
-y ni aun se sabe que existan ni la razón fuerza a ello, antes, a veces,
-dice lo contrario.
-
-
-
-
-Cuestiones indecisas.
-
-
-Corresponde también a este lugar la cuestión de la pluralidad del
-mundo, de lo que está fuera del cielo y otras parecidas.
-
-Y no es esto sólo, sino que en las diversas partes de la tierra (que
-uno mismo no puede recorrer todas, pero que es necesario), por la
-multitud de las cosas dichas poco ha, son varias las opiniones de los
-hombres y ninguna la ciencia.
-
-Y de las cosas que sucedieron mucho tiempo antes de nosotros y de las
-que después sucederán ¿quién puede afirmar algo cierto?
-
-Con ocasión de esto es aguda la controversia habida hasta aquí entre
-los filósofos acerca del principio del mundo, de su eternidad o de su
-duración y fin; al cual nadie impuso, que sepamos, fin, ni habría de
-imponérsele por ciencia.
-
-Pues ¿cómo lo corruptible podrá mostrar algo con certeza de lo
-incorruptible, lo finito de lo infinito? ¿Qué sabe de la eternidad
-quien vive sólo un instante como sí no viviese y aun como si no fuese
-de lo sempiterno?
-
-De todas estas cosas, que son muy nobles y muy necesarias para el
-conocimiento de todo lo demás, hay dudas en la Filosofía; la ignorancia
-de ellas trae, como consecuencia, el desconocimiento de todo.
-
-Y que nada puede saberse perfectamente, del modo humano, vese claro
-en que el Peripatético con toda su escuela empéñase en probar con
-innumerables razones que el mundo es eterno y que no tuvo principio
-ni tendrá fin; y esto fué persuadido a los filósofos. De donde aquel
-romano (Plinio) tomó fundamento para su _Historia Natural_.
-
-Y ciertamente, si te guías por la razón humana; lo advertirás mejor
-todavía. Pues viniste al mundo ya hecho, y tu padre también, y tus
-abuelos; marcharon ellos y marcharás tú, y verás a otros que nacen y
-mueren, mientras el mundo subsiste. Y no hay nadie que asegure o de
-palabra o por escrito, que vió el principio del universo o que vió a
-alguno que lo haya visto, o haya oído de otro que lo vió. Y, como dice
-el Sabio, «pasa una generación y viene otra generación; pero la tierra
-se mantiene perpetua; nace el sol y se pone, y vuelve a su lugar y,
-renaciendo allí, dirige su curso hacia el Mediodía, y declina después
-hacia el Norte; corre el viento soplando por toda la redondez de la
-tierra y vuelve a comenzar sus giros. Todos los ríos entran en el mar,
-y el mar no rebosa; van los ríos a desaguar en el mar, lugar de donde
-salieron, para volver a correr de nuevo. Todas las cosas del mundo son
-difíciles; no puede el hombre explicarlas con palabras».
-
-Oíste el parecer de los filósofos; sin embargo, ves que lo contrario es
-totalmente verdadero, según la fe, y que el mundo fué creado, y que ha
-de tener fin, al menos según las cualidades que ahora tiene. Pues no
-será aniquilado, según aquello del Rey profeta: «Y como una vestidura
-los mudarás y serán renovados». Lo cual todo se sabe por divina
-revelación, no por discurso humano.
-
-Y así aquel divino legislador, Moisés, teje divinamente desde la
-creación del mundo su divina historia, inspirado por el espíritu
-divino; totalmente al revés de lo que hizo Plinio.
-
-Por consiguiente, tiene alguna excusa la opinión de los filósofos; pero
-ninguna la pertinacia en el descreimiento ni la contumacia contra la fe.
-
-Pero volvamos atrás.
-
-
-
-
-Otra causa de nuestra ignorancia.
-
-
-Hay también otra causa de nuestra ignorancia: que es tan grande la
-sustancia de algunas cosas que no puede absolutamente ser percibida
-por nosotros; en el cual género está el infinito de los filósofos,
-si hay alguno, y el Dios de los nuestros, que no puede tener medida
-alguna, ni límite alguno, ni por consiguiente, puede ser de modo alguno
-comprendido por nuestra mente.
-
-Y no sin razón: pues debe haber cierta proporción del que comprende
-a lo comprendido, de manera que el que ha de comprender sea mayor
-que lo comprendido o, al menos, igual (aunque esto parece que apenas
-puede realizarse, que un igual comprenda a otro igual, como veremos
-en el tratado del espacio; pero ahora concedámoslo); mas, nosotros no
-tenemos proporción alguna con Dios, ni lo finito con lo infinito, ni lo
-corruptible con lo eterno.
-
-Por esta misma razón El conoce todas las cosas, como que es mayor que
-todo, superior, más excelente o mejor, y para que no parezca que hago
-comparación con las criaturas, es máximo, supremo y excelentísimo.
-
-Cuanto es más cercano a este Artífice, por la misma razón nos es más
-desconocido.
-
- * * *
-
-Hay otro linaje de cosas totalmente contrario a éstas, de las cuales es
-tan pequeño el ser, que apenas puede ser comprendido por la mente.
-
-De esas cosas infinitamente pequeñas hay grande abundancia, y su
-conocimiento es muy necesario para la ciencia, y, sin embargo, casi
-ninguno tenemos.
-
-Tales son, tal vez, todos los accidentes, que casi son nada; de
-tal manera, que hasta ahora ninguno hubo que haya podido explicar
-perfectamente su naturaleza, como tampoco de las demás cosas.
-
-Nada sabemos: ¿cómo, pues, lo podríamos explicar?
-
-Ni es de extrañar, si algunos juzgaren que los accidentes nada son en
-sí, sino sólo ciertas cosas que nos aparecen, las cuales nos aparecen
-varias según nuestra varia condición y disposición; como quien está
-febril todo lo juzga caliente, quien tiene lengua amarilla empapada de
-bilis todo lo juzga amargo.
-
- * * *
-
-Todavía queda en las cosas otra causa de nuestra ignorancia, a saber,
-la perpetua duración de algunas, la perpetua generación de otras, la
-perpetua corrupción y la perpetua mudanza.
-
-De suerte, que, no viviendo siempre, no puedes darte cuenta de ellas;
-ni tampoco de éstas últimas que no son jamás las mismas, y que tan
-pronto son, como no son.
-
-De ahí sucede que la disputa acerca de la generación y la corrupción
-está todavía sin resolver, acerca de la cual diremos en otro lugar lo
-que sentimos.
-
-¿Cuántos modos hay de generación, cuántos de corrupción? ¿Cuántos de
-crear, cuántos de destruir?
-
-Y entre el nacimiento y la muerte, ¿cuántas mudanzas se hacen?
-Innumerables.
-
-En los vivientes, la perpetua nutrición, el crecimiento temporal,
-el estado, la decadencia, la generación, la variación de partos, la
-mudanza, los defectos, las añadiduras, la perfección de las costumbres,
-las acciones, obras diversas, muchas veces contrarias en el mismo
-individuo; todo es variación y movimiento.
-
-Ni es de extrañar si fué sentencia de algunos, que de un mismo hombre,
-después de una hora, no puede afirmarse que sea el mismo que antes
-de ella; no se ha de rechazar totalmente, acaso tal sentencia es
-verdadera. Pues es tanta la indivisibilidad de la identidad, que si
-añades o quitas un solo punto de cualquier cosa, ya no es enteramente
-la misma; pero los accidentes son de esencia del individuo los cuales
-variando perpetuamente, le imprimen variación.
-
-Sé, dices, que mientras permanece la misma forma, es siempre el mismo
-individuo, pues de ella llámase algo _uno_; y que las minucias de estos
-accidentes no mudan la identidad.
-
-Dije que nada se ha de mudar en la identidad; de lo contrario no sería
-totalmente lo mismo. Una sola forma hace un _uno_. Por ventura informa
-siempre la misma, pero no totalmente lo mismo; pues, en esto hay
-perpetua mudanza, como en mi cuerpo.
-
-Soy compuesto de ambas cosas, de alma, principalmente, y de cuerpo
-menos principalmente; de los cuales, variado alguno, varío también yo;
-pero de esto se hablará en otro lugar más extensa y oportunamente.
-
- * * *
-
-Y hasta aquí de los animales en su totalidad.
-
-Mas si consideras las partes, es mucho mayor la duda. ¿Por qué son
-éstos así? ¿Por qué aquéllos? ¿Fuera mejor de otra manera? ¿Fuera peor?
-¿Por qué no son más? ¿Por qué tantos? ¿Por qué tan grandes? ¿Por qué
-tan pequeños? No acabamos jamás.
-
-En los seres inanimados, lo mismo.
-
-¿Qué hay, pues, fijo de cosas tan mudables, qué determinado de cosas
-tan varias, qué cierto de cosas tan inciertas? Nada, absolutamente.
-
-De ahí nació, por consiguiente, tan gran disputa acerca de la
-introducción de las formas y de su principio, que jamás la acabará
-nadie.
-
-Y si quieres añadir los monstruos que se crían a veces, tantos y tan
-diversos, principalmente en el hombre; los sexos promiscuos en algunas
-especies y en los individuos de otras; las especies mixtas, como el
-mulo, del asno y la yegua, o el macho, del caballo y la burra; la
-licesca, de perra y lobo; el híbrido, de toro y yegua, que son vulgares
-entre nosotros.
-
-En los árboles se observa la misma mezcla, y en otras plantas como en
-el melocotón-manzano, en el almendro-melocotón y en muchos otros, con
-los cuales, mediante injerto, adquiérese una naturaleza media entre
-el pie y el injerto. Si añades, por fin, la mudanza de las especies,
-cómo del trigo hácese muchas veces cizaña, y de la cizaña trigo alguna
-vez, y del centeno avena; y las mudanzas de los sexos en algunos seres,
-harás la cuestión totalmente difícil. Ni sabrás qué es esto, ni cómo,
-ni de dónde, ni por qué. Y yo menos.
-
-En las cosas que carecen de alma hay todavía mayor mudanza, mayor
-diversidad en la generación, en la corrupción. Igualmente nos confunden
-los varios y múltiples efectos de la misma causa, y los efectos
-contrarios; y, al revés, las varias, muchas y contrarias causas de un
-mismo efecto.
-
-Séate como único ejemplo (por no ser demasiado prolijo, comoquiera
-que en el examen de la naturaleza hanse de discutir estas cosas más
-extensamente) el calor, el cual engendra y destruye una misma cosa;
-blanquea y ennegrece, calienta y enfría, esclarece y espesa, disuelve
-y junta, derrite y solidifica, seca y humedece, enrarece y densifica,
-dilata y contrae, amplía y coarta, dulcifica y amarga, grava y aligera,
-reblandece y endurece, atrae y rechaza, mueve y cohibe, alegra y
-entristece. ¿Qué, finalmente, no hace el calor? Es el numen sublunar,
-la diestra de la Naturaleza, el agente de los agentes, el motor de los
-motores, el principio de los principios, la causa de las causas, el
-instrumento de los instrumentos, el alma del mundo. Y no sin razón,
-en la primera filosofía muchos antiguos creyeron que el fuego es el
-primer principio. Con razón llamó Trimegisto al fuego dios. Con
-gran razón Aristóteles pudo llamar a Dios ardor del cielo, aunque no
-creyere que el ardor del cielo sea dios, y, por consiguiente, en esto
-es mal censurado por Cicerón. Pues ¿qué nos sugiere mejor que el fuego
-la potencia y virtud del Dios máximo y alguna forma de su inefable
-divinidad? Él mismo insinuó esto, mostrándose primeramente a su siervo
-en una zarza que ardía y guiando por el desierto a su querido pueblo en
-ígnea columna y descendiendo en lenguas de fuego sobre el colegio de
-los elegidos.
-
-Ves cuánto calor hace; sin embargo, es simple accidente, cuya razón,
-como las de las otras cosas, es desconocida. ¿Cómo él solo desempeña
-tantos oficios? Difícil es de entender, más difícil de decir,
-dificilísimo, o tal vez imposible de penetrar.
-
-Distinguen, sin embargo, los filósofos, lo que es por sí de lo que es
-por accidente; objetan la variedad de los sujetos. Pero, ¿quién conoce
-exactamente esta variedad? Nadie. Sólo se tiene noticia de algunas
-cosas probables; de ninguna con entera certidumbre. Pero de esto
-hablaremos después. Baste ahora conocer que nosotros nada conocemos
-claramente.
-
- * * *
-
-Por la misma razón, el mismo efecto producido por contrarias causas nos
-engendra máxima ambigüedad.
-
-Hácese frialdad con el movimiento, como en la agitación del corazón,
-del tórax, de las arterias y del agua caliente, y con el descanso, como
-cuando el hombre, estando caliente, deja de moverse.
-
-También el calor prodúcese por el movimiento, como en el salto y la
-carrera; en la quietud, si descansa el corazón o no se mueve el agua
-hirviendo.
-
-La negrura, proviene del calor, como en los etíopes; del frío, en el
-muerto o en el miembro tiempo ha paralizado, principalmente si por la
-compresión se impide la circulación del aliento por las arterias.
-
-La putrefacción se produce de todas las cualidades cuanto desaparece la
-sequedad.
-
-Ni es esto sólo; sino que un contrario es producido por otro
-contrario; el calor por el frío, en la cal fría macerada, en nosotros,
-en las fuentes, en la tierra, en tiempo de invierno; de donde la
-sentencia: Los vientres, muy calientes en invierno y en verano.
-
-El frío por el calor, en los cuerpos calientes que se queman; en
-ciertos seres, que son fríos por dentro, y en nosotros también en el
-estío.
-
-Cómo se hace todo esto de ningún modo lo sé. ¿Tampoco los demás? No
-lo concluyo necesariamente, pero lo parece. Oigo lo que dicen de
-estas cosas; pero no por ello conozco mejor la cuestión. Lo mismo
-pensaba yo antes, y no saciaba el ánimo. Pues si algo hubiese conocido
-perfectamente, no lo hubiera negado, antes lo hubiese aclamado
-vehementemente, con alegría, pues nada puede ocurrirme de mayor
-felicidad.
-
-Mas ahora me consumo en perpetua tristeza, desesperando que pueda saber
-perfectamente alguna cosa.
-
-Y una de dos: o yo soy el más ignorante de todos los hombres o todos
-los demás lo son conmigo. Ambas cosas las creo verdaderas. Algo sabría,
-no obstante, si los demás supieran algo también; tampoco es verosímil
-que a mí solo me haya sido adversa la fortuna. Mas nada sé. Ni tú
-tampoco.
-
-Muchas otras ocasiones de ignorar tenemos en las cosas; ocasiones que
-fuera largo e inútil traer aquí, cuando puedes verlas en cada uno de
-los tratados especiales, y yo mismo te las mostraré dondequiera que se
-tratare de ellas.
-
-Sólo añadiré todavía alguna que otra de las principales.
-
-La variedad de las cosas, la forma múltiple, la figura, la cantidad,
-las acciones y tantos y tan diversos usos, de tal manera atan la
-mente, o mejor, la distraen, que no puede preferir o sentir algo con
-seguridad, sin que sea sitiada por otra parte y forzada a abandonar su
-opinión; y así, variando de aquí y de allí, nunca está quieta.
-
-Si afirma que la blancura (y baste traer ejemplo de los colores) la
-hace el calor, te contradirán la nieve, el hielo, los alemanes; si
-el frío, la ceniza, la cal, el yeso y los huesos calcinados; si la
-humedad, estas cosas; si la sequía, aquéllas.
-
-Acerca de la negrura ocurren otras tantas dudas.
-
-¿Y de los colores medios? ¿Qué temperatura les señalarás?
-
-Y aun las cosas extremas parece que tienen causa manifiesta, como
-la nieve, el frío, la ceniza, el calor, porque ambas cosas las
-aprehendemos con los sentidos.
-
-Pero ¿qué dirás de los animales manchados, la pantera, el leopardo,
-el perro y otros semejantes? ¿Qué de las hierbas, el dragoncillo, el
-cardo plateado, el trébol multicolor? ¿Qué de las flores de la betónica
-comestible y de las variedades de violetas? ¿Qué de los guisantes
-turcos? ¿Qué de las aves, del pavo real, del papagayo?
-
-¿Señalarás, por ventura, diversas temperaturas al pavo, a las flores
-multicolores, al leopardo, en la misma pluma, en la misma flor, en el
-mismo pelo?
-
-Y los colores son permanentes.
-
-¿Qué dirás del iris, de la paloma variada, del vidrio lleno de agua y
-del otro sin agua, que por la diversa exposición al sol o por la varia
-posición del observador dan tan varios colores?
-
-Con razón te quedarás mudo, como yo también.
-
-Y en todas las otras cosas que señalamos arriba, mucho mas.
-
-Y cuanto más escudriñamos, más perplejidades se ofrecen, más nos
-confundimos, más difícilmente hallamos luz. Pues donde hay muchedumbre
-allí hay confusión.
-
-
-
-
-Infortunio del hombre de letras.
-
-
-Así, séanos lícito, no sin razón, comparar nuestra filosofía al
-laberinto de Creta, entrados en el cual no podemos volver atrás ni
-desenvolvernos, y si vamos adelante, caemos en el Minotauro, que nos
-quita la vida.
-
-¡Este es el fin de nuestros estudios, éste el premio del perdido y
-vano trabajo, de la perpetua vigilia: el esfuerzo, los cuidados la
-solicitud, la soledad, la privación de todos los deleites, una vida
-semejante al no ser, habitando, pugnando, hablando y pensando con
-los muertos, apartándose de los vivos, abandonando el cuidado de las
-propias cosas, destruyendo el cuerpo por ejercitar el espíritu!
-
-De ahí las enfermedades, muchas veces el delirio, siempre la muerte.
-
-Ni el trabajo ímprobo vence de otro modo todas las cosas, sino porque
-quita la vida y acelera la muerte, que libra de todos los males; porque
-el que muere todo lo vence.
-
-Así Horacio retrata la triste condición del hombre de letras cuando
-dice: _Aunque vengas tú mismo, Homero, acompañado de las musas, si nada
-trajeres irás fuera_.
-
-Y el mismo Horacio dice mejor abajo: _El rey dinero da mujer con dote
-y crédito y amigos y linaje y fortuna. Y al bien adinerado decoran
-Suadela y Venus_.
-
-Es también verdad ahora lo que también dijo Ovidio en otra parte: _Es
-cerrada a los pobres la curia; la hacienda da honores, por ella es
-grave el juez, por ella formal el caballero. Hay ahora precio en el
-precio, da la hacienda honores, la hacienda da amistades; el pobre en
-todas partes es abandonado_.
-
-Se desprecia la doctrina, y las togas ceden a las armas, las lenguas
-se subordinan a la gloria. Los pensadores son despreciados. ¿Por qué,
-pues, nos consumimos? No lo sé; así lo quieren los hados.
-
-Dió Dios a los hijos de los hombres esta ocupación pésima para que se
-ocupasen en ella. Hizo todos los bienes en su tiempo y entregó el mundo
-a las disputas de ellos para que no halle el hombre la obra que obró
-Dios desde el principio al fin.
-
-No parece tampoco desemejante la misma filosofía (volviendo allá de
-donde nos habíamos apartado) a la Hidra Lernea, que venció Hércules.
-Mas a la nuestra no hay quien la venza. Cortada una cabeza, emergen
-cien otras más feroces. Pues falta el fuego de la mente, que conociendo
-perfectamente una cosa quite a las demás dificultades la ocasión de
-pulular.
-
-Concluyamos.
-
-
-
-
-El conocimiento y los sentidos.
-
-
-Todo conocimiento trae su origen del sentido. Fuera de éste todo es
-confusión, duda, perplejidad, adivinación; nada cierto.
-
-El sentido sólo ve lo exterior, pero no lo conoce. Ahora llamo sentido
-al ojo.
-
-La mente considera las cosas recibidas de los sentidos. Si éstos se
-engañan, también aquélla; y si no ¿qué se consigue? Sólo considera las
-imágenes de las cosas, que admitió el ojo; la mente las mira por todas
-partes, las vuelve, preguntando ¿qué es esto, de qué procede tal cosa,
-por qué?
-
-¿No significa esto, por ventura, la fábula antigua en que, invitando
-a comer la grulla a la zorra, ofrecióle una vasija de cristal de boca
-estrecha llena de puches, a la cual aplicando la zorra lengua y boca,
-pensaba en vano coger algo de la pitanza que veía?
-
-De la misma manera engañó Zeusis a las aves con uvas pintadas, cuando
-aplicando el pico para comerlas, chocaban el pico contra la tabla. Y
-Parrasio engañó a un pintor con un velo tan primorosamente dibujado
-que parecía verdadero; de suerte que el rival, ensoberbecido como si
-hubiese vencido, y ansioso de ver la pintura que creía cubierta con un
-velo, aplicó la mano a la tabla para descorrer el velo y tropezó con la
-tabla.
-
-Así nos presenta la Naturaleza las cosas para conocerlas.
-
-Y esto decía Aristóteles en otro lugar: que nuestro entendimiento se ha
-a la naturaleza de las cosas, como el ojo de la lechuza a la luz del
-sol.
-
-Juzgamos las cosas por sus simulacros. ¿Puede ser, por ventura, recto
-el juicio?
-
-Ello aún fuera tolerable si tuviésemos por el sentido los simulacros de
-todas las cosas que deseamos saber.
-
-Pero sucede lo contrario: que no los tenemos de las principales cosas.
-Sólo los tenemos de los accidentes que nada influyen, como dicen, en
-la esencia de la cosa, de la cual es la verdadera ciencia; y son los
-accidentes lo más vil de todas las cosas. Mas por éstos es menester
-conjeturar de todo lo demás. Lo que es sensual, craso, abyecto (son los
-accidentes y lo compuesto) nos es conocido por todas partes. Pero lo
-que es espiritual, tenue, sublime (son los principios de los compuestos
-y lo celestial) de ningún modo.
-
-Sin embargo, esto último es por su naturaleza más conocible, porque
-es más perfecto, más ente y más simple; cualidades que producen el
-conocimiento perfecto.
-
-Pero para nosotros todavía estas cualidades están más distantes de los
-sentidos. Lo más cercano a éstos nos es más conocido, no por otra razón
-sino porque nuestro mejor conocimiento depende del sentido; en cambio
-por su naturaleza es lo menos cognoscible, porque es imperfectísimo,
-casi nada. Sólo el ser es el objeto, sujeto y principio de todo
-conocimiento y aun de todos los actos y movimientos.
-
-Ves cuánta ocasión se nos da de ignorar en las cosas del sentido y más
-aún en las de nuestro ser espiritual. Y lo verás mejor cuando vengamos
-a la explicación de ellas. Pues lo aquí dicho hase dicho sólo en
-general.
-
-Mas todo ello no demuestra que nada se sabe. Ni me propuse demostrarlo
-(usando de tu concepto de la palabra _demostrar_) ni podría. Pues
-nada se sabe. Bástete que te haya objetado dificultades. Si puedes
-vencerlas, algo sabrás. Pero no podrás, a no ser que, desaparecido
-ocultamente, renazca en ti un nuevo espíritu...
-
-
-
-
-Pobreza del sujeto cognoscente.
-
-
-Toda la lobreguez que hay en las cosas es mínima, si se compara con los
-obstáculos de parte del cognoscente.
-
-El cual, si estuviese dotado de perfecto y agudísimo ingenio y de
-sentido sin tacha, tal vez podría vencerlo todo (concediéndote esto
-gratuitamente, pues no podría aunque lo hubiese todo perfectísimo).
-
-Pero ahora se ve lo contrario.
-
-Dijimos en la definición de la ciencia que la ciencia es
-_conocimiento_, en el cual se consideran tres cosas. La cosa conocida,
-de la cual se habló arriba; el cognoscente, de que se hablará abajo, y
-el mismo conocimiento, que es el acto de éste sobre aquélla.
-
-Ahora trátase de éste, del sujeto que conoce. Pero lo más brevemente
-que podamos; porque su propio lugar es el tratado del alma.
-
-Y en efecto: es dificilísima y llena de perplejidad la contemplación
-del alma, de sus facultades y acciones, principalmente en este
-conocimiento que buscamos ahora. No habiendo nada más digno que el
-alma, nada hay tampoco más excelente que este único conocimiento. El
-cual, si lo tuviera perfecto, fuera semejante a Dios; más bien Dios
-mismo, Y nadie puede conocer perfectamente lo que no crió. Y ni Dios
-hubiese podido criar ni regir lo criado si no lo hubiese preconocido
-perfectamente.
-
-Sólo Él, pues, sabiduría, conocimiento, entendimiento perfecto, lo
-penetra todo, todo lo sabe, todo lo conoce, todo lo entiende; porque Él
-es todas las cosas y está en todas, y todas son Él y están en Él.
-
-Pero el imperfecto y miserable hombrecillo, ¿cómo conocerá otras cosas
-no pudiéndose conocer a sí mismo que está en sí y consigo? ¿Cómo
-entenderá lo abstrusísimo de la naturaleza, entre lo cual hállase lo
-espiritual, como es nuestra alma, cuando no entiende lo clarísimo y
-manifestísimo que come, que bebe, que toca, que ve, que oye?
-
-Ciertamente, lo que pienso ahora, lo que escribo aquí, ni yo lo
-entiendo ni tú, leído, lo entenderás, Juzgarás, no obstante, por
-ventura que lo he dicho con verdad y rectitud. Yo estimo lo mismo.
-Pero ninguno de los dos sabemos nada.
-
-Por consiguiente, sin razón llama Escalígero, aunque doctísimo varón,
-absurdo a Vives porque dice que la perscrutación de la naturaleza,
-que hace la mente, está llena de obscuridad. Antes yo, si la opinión
-de Vives es absurda, quiero ser absurdísimo. Pues yo no sólo juzgo
-semejante perscrutación llena de obscuridad, sino tenebrosa, escabrosa,
-abstrusa, inaccesible, tentada por muchos y por nadie superada ni
-superable.
-
-Tal vez Escalígero, como era de agudísimo ingenio, la tuvo fácil. Y
-ciertamente trató del alma muy hermosamente y con mucha sabiduría, como
-de tantas otras cosas en que se ocupó. Pero no del todo absolutamente,
-no con orden, no totalmente. Muchas cosas dijo que engañan la mente
-con la exterior ampulosidad de las palabras e, ingeridas copiosamente,
-parece que amortiguan el hambre, pero escudriñadas hondamente, por fin
-dan engaño y dejan la cuestión tan difícil como antes, como mostraremos
-en su lugar.
-
-
-
-
-El conocimiento.
-
-
-Mas ahora sujetémonos al negocio que interesa de presente.
-
-¿Qué es conocimiento? La aprehensión de la cosa. ¿Qué es aprehensión?
-Apréndetelo de ti, pues yo no puedo ingerírtelo todo en la mente.
-Y si insistes diré: intelección, perspección, intuición. Si sigues
-preguntándome de estas últimas cosas, callaré. Distingue, no obstante,
-la aprehensión de la recepción; pues recibe el perro la imagen del
-hombre, de la piedra, de la cantidad; pero no conoce. Y aun recíbela
-nuestro ojo y tampoco conoce. Recíbela el alma muchas veces y no
-conoce, como cuando admite lo falso, cuando se ofrecen a un ingenio
-tardo cosas obscuras.
-
-Distingue también el conocimiento propiamente dicho que ahora
-describimos, pero que no conocemos, de otro impropiamente dicho, por el
-cual dícese que conoce cada cual aquellas cosas que vió en otra ocasión
-y retiene en la memoria ornadas con las propias señales. Pues con este
-conocimiento dícese que conoce el niño al padre y al hermano, y el
-perro al dueño y el camino por donde fué.
-
-Divide, después, todo conocimiento en dos: Uno perfecto, por el cual se
-contempla y entiende la cosa por todas partes, por dentro y por fuera,
-y ésta es la ciencia que ahora quisiéramos conciliar con los hombres,
-pero que ella no quiere. Otro imperfecto, por el cual apréndese la cosa
-de cualquier manera. Y éste nos es familiar. Pero es mayor, menor, más
-claro, más obscuro y, finalmente, dividido en varios grados, según los
-varios ingenios de los hombres.
-
-Este segundo conocimiento lo hacen doble.
-
-Uno externo, que se hace por los sentidos y le llaman, por
-consiguiente, sensual; otro interno, que es por sola la mente, pero
-nada menos que eso.
-
-De otra manera se han de considerar estas cosas.
-
-El hombre es un solo cognoscente. Uno solo el conocimiento en todas
-estas cosas; pues es una sola la mente que conoce lo externo y lo
-interno.
-
-El sentido nada conoce, nada juzga; sólo recibe lo que ofrezca a la
-mente que ha de conocer. Del mismo modo que el aire no ve los colores
-ni la luz, aunque los reciba para ofrecerlos a la vista.
-
- * * *
-
-Sin embargo, tres son las cosas que son conocidas por la mente de
-diverso modo.
-
-Unas son totalmente externas sin la menor acción de la mente.
-
-Otras totalmente internas, de las cuales algunas son sin acción de la
-mente, y otras no del todo sin esta acción.
-
-Otras, en parte externas, en parte internas.
-
-Finalmente, aquéllas se dan por los sentidos: las segundas, de ningún
-modo por éstos, sino inmediatamente por sí; las últimas, por fin, parte
-por ellos, parte por sí.
-
-Expliquemos todo esto.
-
-El color, el sonido, el calor, no pueden ofrecerse por sí a la mente,
-para que los conozca, si no imprimen la imagen de sí (aceptemos ahora
-que se hace la sensación por la recepción de las especies) a un órgano
-apto para recibirla, la cual imagen u otra parecida se ofrece a la
-mente para que la conozca o conozca la cosa de la cual es ella especie,
-mediante ella.
-
-Mas lo que es obra exclusiva del entendimiento, la que es hija suya
-y está dentro de nosotros, no se muestra al entendimiento por
-otras especies sino por sí misma. Tales son muchas cosas que él se
-finge; como también cuando excogita algo nuevo y lo concluye con
-muchos discursos, cuando entiende él su intelección, y cuando hace
-conjunciones, divisiones, comparaciones, predicaciones y nociones, y
-aplicando el ánimo a ellas, las conoce por sí mismas. Y son del segundo
-género todas las cosas internas idénticas con el entendimiento, las
-cuales, no obstante, se hacen o son sin su acción; como la voluntad, la
-memoria, el apetito, la ira, el miedo y las demás pasiones y cuanto hay
-interno, lo cual es conocido por el mismo entendimiento, inmediatamente
-por sí.
-
-Hay, finalmente, muchas cosas que, en parte, llegan a él por el
-sentido, en parte son hechas por él. La naturaleza del electro y de
-la piedra imán, de modo alguno puede ser alcanzada por el sentido.
-Pero vestida de color, magnitud, figura, es llevada al ánimo por
-los sentidos. Este la despoja de aquellos accidentes. Lo que queda
-lo considera, lo vuelve, lo compara; finalmente, fíngese una cierta
-naturaleza común, como puede.
-
-Esos filósofos levántanme a los cielos las inteligencias; yo oigo
-lo que dicen; pero no lo entiendo aunque finjo algo que me inspira
-inteligencia.
-
-Por todas partes percibo el aire con el tacto; pero no tiene imagen
-alguna en mi mente, sino cierta que yo me fingí como de un cuerpo
-incorpóreo, sin saber lo que es.
-
-Pienso del mismo modo en el vacío, y aun comprendo el infinito, no
-comprendiendo jamás el fin; pero, en medio de su pensamiento párome
-forzado al advertir que es infinito lo que, añadido al infinito,
-imaginando lo infinito, nunca le pondré términos con la aprensión;
-y así fingiré una especie ciertamente determinada, pero de la cual
-ninguna extremidad es determinada y perfecta, sino cuasi defectuosa;
-una noción, que no es terminada ni terminable; porque se le pueden
-añadir eternamente partes infinitas por ambos extremos.
-
-¿Qué hacer? Miserable es nuestra condición. En medio de la luz nos
-cegamos. ¡Cuántas veces pensé en la luz y siempre la dejé impensada,
-desconocida, incomprendida!
-
-Lo mismo es si contemplares la voluntad, el entendimiento y otras
-cosas que no se perciben por los sentidos.
-
-Estoy cierto de que esto que ahora escribo quiero pensarlo, escribirlo
-y deseo que sea verdadero y sea aprobado por ti; pero no lo procuro con
-exceso.
-
-Mas cuando me empeño en considerar qué es este pensamiento, este
-querer, este desear, este inquirir, ciertamente desfallece el
-conocimiento, frústrase la voluntad, crece el deseo y aumenta la
-angustia.
-
- * * *
-
-Nada veo que pueda alcanzar o aprehender.
-
-Y, ciertamente, en esto, es superado el conocimiento que se hace de
-las cosas internas sin el sentido por aquel que se tiene de las cosas
-externas por los sentidos; pues algo alcanza el entendimiento de lo
-exterior: la figura del hombre, de la piedra, del árbol, que tomó del
-sentido: y así le parece que comprende las cosas por sus imágenes.
-
-Pero en aquel que se hace de las cosas internas, nada halla el
-entendimiento que pueda comprender; y discurre aquí y allí, palpando
-como ciego...
-
-Y al contrario, es vencido en certidumbre el conocimiento que se tiene
-por los sentidos de las cosas externas, por aquel que es traído por
-aquellas cosas que hay en nosotros o son hechas por nosotros. Pues soy
-más cierto de que yo tengo apetito y voluntad, y que ahora pienso esto,
-ahora huyo de aquello o lo detesto, que si viese un templo o un hombre.
-
-Dije que de aquellas cosas que hay en nosotros o en nosotros se hacen,
-estamos ciertos que existen en realidad. Y de aquello que, juzgando,
-opinamos de las cosas por discurso y raciocinio, y colegimos que son en
-la realidad como nosotros las juzgamos, es inciertísimo el conocimiento.
-
-Esme más cierto que este papel en que escribo existe y es blanco, que
-es compuesto de cuatro elementos y que éstos están en él en acto y que
-tiene otra forma por ellos.
-
-Finalmente, si quitas lo que hay en nosotros o es hecho por nosotros,
-el más cierto conocimiento es el que se hace por los sentidos, y el más
-incierto de todos es el que se hace por el discurso; pues éste no es
-verdaderamente conocimiento, sino tiento, duda, opinión, conjetura.
-
-De lo cual síguese que no es ciencia la que se obtiene por silogismos,
-divisiones, predicaciones y otras parecidas acciones de la mente.
-
-Pero si pudiera hacerse que, al modo como percibimos con el sentido,
-de alguna manera, las externas cualidades de las cosas, así
-comprendiésemos la interna razón de cualquier cosa, entonces se diría
-que sabemos verdaderamente. Pero esto nadie lo pudo jamás, que sepamos.
-De donde nada sabemos.
-
-Mas del conocimiento de las cosas internas y del otro que llamo no
-conocimiento, sino opinión, que se hace por conjunciones, negaciones,
-comparaciones, divisiones y otras acciones de la mente, se tratará más
-en su lugar, donde se manifestará la insuficiencia de ambos.
-
-Ahora baste con decir algo de aquel que se tiene de las cosas externas
-mediante los sentidos.
-
-En éstos hay dos medios, a veces tres o cuatro: pero siempre dos, por
-los cuales se produce la sensación, ya se haga ella internamente, ya
-por transmisión (no nos detenga ahora esto). El uso interno, el ojo;
-el otro externo, el aire. ¿Conócese por ellos alguna cosa? De ningún
-modo. Pues lo que debe conocerse perfectamente no debe conocerse por
-otro, sino por el mismo cognoscente, por sí mismo inmediatamente.
-
-Mas ahora la substancia de las cosas se muestra mediante los accidentes
-que se perciben por los sentidos o, al contrario, escóndese a ellos.
-
-La mente infórmase de la substancia de las cosas por los falaces
-sentidos o, de otra suerte, es engañada. ¿Cómo, pues, podemos saber
-algo perfectamente? Y la ciencia debe ser de las substancias de las
-cosas...
-
-Pues de los accidentes ¿puede haber perfecto conocimiento? Menos
-todavía. Por un lado ayudan, a saber, porque son percibidos por los
-sentidos; por muchos lados perjudican, a saber, porque los mismos
-accidentes no llegan a nosotros, sino tan sólo sus imágenes y,
-finalmente, porque engañan muchas veces al sentido.
-
-Esto por la variedad del medio, tanto externo como interno, en la
-substancia, sitio y disposición.
-
-Baste hablar de uno de los sentidos.
-
-Por ejemplo, de la vista.
-
-La cual aunque se haga por órgano perfectísimo y sea el más cierto y
-nobilísimo de los sentidos, no obstante, muchas veces se engaña.
-
-El medio externo suele ser vario; por consiguiente, impresiona al
-sentido variamente. El aire parece que presenta mejor las cosas
-comunes, pues aparece exento de todo color; el agua las representa de
-otra manera. Esto las cosas naturales.
-
-Las muchas cosas artificiales, como el vidrio, el cuerno en láminas, el
-cristal y otras cosas parecidas, de otro modo.
-
-¿A cuál creer?
-
-Con la vista no sólo se disciernen los colores, sino también la
-magnitud, el número, la figura, el movimiento, la distancia, la
-aspereza, la brillantez, y lo que a esto se refiere, como la igualdad,
-la semejanza, la velocidad y lo contrario de esto.
-
-El agua hace obscuros a los cuerpos, los duplica, los aumenta, los
-disminuye, los cambia de figura, los hace más crasos, más móviles, más
-tenues. Y no siempre obra de este modo, sino también de otra suerte.
-En el aire a veces se tornan los cuerpos ligerísimos; en el viento,
-obscuros; dobles en el eco, al sol, a la luna; a veces al contrario.
-
-En ocasiones lo pintado aparece esculpido y vivo, y lo esculpido
-también muchas veces palpitante.
-
-El vidrio, el cuerno y el cristal, parecen mayores y menores; densos,
-tenues; del mismo color, de vario color; finalmente, según la voluntad
-del artífice. De ahí tanta diversidad de espejos y de lentes.
-
-¿Cuál de ellos los expresará mejor y con más verdad?
-
-¿Qué decir del aire? Pues del color hay mucha mayor duda. ¿Cuándo se
-le ha de creer? Cuando es más próximo a su naturaleza y menos alterado
-por extraño. Pero ¿quién conoce su naturaleza? ¿Quién lo vió simple?
-Perpetua mudanza por el sol, la luna y otros cuerpos de arriba y de
-abajo por la tierra, el agua y los mixtos.
-
-Del vidrio y el agua hase de juzgar lo mismo, y aun es más difícil la
-solución.
-
- * * *
-
-Esto cuanto a la substancia del medio externo, a la cual refiérense
-también la densidad o la ligereza, la magnitud o la parvedad, esta o
-aquella figura del medio por el cual se ve algo y todo ello aunque
-no se halle todo en el aire; sin embargo, los medios artificiales
-hacen variar mucho la cosa vista. Pues el vidrio grueso lo muestra
-de otro modo que el tenue; el cuadrado o redondo de otro modo que el
-triangular; el grande de otro modo que el pequeño. Muestran esto los
-cristales de fabricación varia y las normas del vidrio, por las cuales
-ves las cosas derechas o invertidas de este o de aquel color y figura;
-finalmente, diversas de lo que son.
-
-El agua del mar en gran volumen se ve azul y lo que debajo de ella está
-se ve del mismo color; pero en pequeña cantidad, blanca.
-
- * * *
-
-La situación varia de la cosa suele también variar el sentido. Lo mismo
-del medio. Esto es manifiesto en las lentes; si aplicas el ojo te
-presentan el objeto de otro modo que si lo apartas algo.
-
-En el aire lo mismo. El astro en su perigeo aparece igual, oblongo,
-quieto, pequeño, rojo; en su apogeo redondo, radiante por doquiera
-y desigual, destellante y móvil (de donde tomó Aristóteles su
-demostración para probar que los planetas están cerca de nosotros,
-porque no destellan), grande, claro y sin color.
-
-Los que están lejos aparecen obscuros, pequeños; los demasiado
-próximos, o no se ven o de otro modo que son.
-
-¿Qué hacer? Atenerse al medio. ¿Dónde está aquel medio? ¿Es a dos pasos
-o a alguna distancia determinada?
-
-El que está lejos de nosotros, aunque corra muy aprisa, sin embargo,
-parece que se mueve muy lentamente; principalmente si lo miras desde
-abajo, viniendo de lo alto, o al revés.
-
-Lo que se hace muy despacio escapa al sentido; como el movimiento de
-las agujas en el reloj.
-
-¿Cómo juzgar con certidumbre?
-
-De ahí surge perpetua duda de la magnitud de las estrellas, callando lo
-de la distancia, de la celeridad, del lugar, lo cual todo parece que
-depende de aquélla. Lo que tenemos a la mano es posible explorarlo
-de cualquier modo y de tiempo en tiempo y con diversos sensorios, si
-son comunes, y conocerlo próximamente con mayor certeza. Pero aquéllas
-¿quién puede?
-
-Y no es esto sólo. Si ves de lejos, lector, un palo medio sumergido en
-el agua, aparecerá torcido y roto. Dirás que, sin embargo, está entero,
-porque lo has experimentado de otra manera. Y si está roto, aparecerá,
-no obstante, roto, pues no vale aquí la razón de los contrarios.
-Afirmarás que está entero por la anterior razón, y sin embargo, es
-falso. ¿Qué harás si no puedes sacarlo del agua? Quedarás en duda.
-
-Y en los colores cuánto importa la situación lo muestra el iris, un
-vaso de cristal lleno de agua, la paloma irisada, las telas de seda
-tejidas de diversos colores, la proximidad de un cuerpo luminoso de
-otro color (como también si sobrepones perpendicularmente a un plano
-una lámina de oro o de plata, y mucho más si la inclinas hacia abajo);
-lo cual, todo, movido acá y allá, presenta muy vario color.
-
-¿En qué posición, dirás, tienen el verdadero color?
-
-En la misma parte unas veces aparece rojo, otras amarillo, luego azul.
-¿Cuál de estos colores es el más propio? Sólo podemos dudar.
-
- * * *
-
-Y que el número, la figura, el movimiento y la magnitud varían por la
-variación del sitio (en cuanto al sentido entendemos, no en sí) no hay
-por qué lo mostremos prolijamente, porque puedes experimentarlo por el
-uso cuotidiano.
-
-Y baste esto del sitio.
-
- * * *
-
-Es necesario que la varia disposición del medio varíe aquellas cosas
-que por él nos son ofrecidas.
-
-Ya en parte lo dijimos.
-
-En el aire denso todo aparece obscuro, pequeño. En el tenue, al
-contrario.
-
-En el prado todo se hace verde. Cerca de lo rojo y de lo amarillo los
-cuerpos se tiñen con estos colores.
-
-En la mucha luz no se puede ver, principalmente los cuerpos blancos
-o los muy brillantes. En las tinieblas, menos. Acerca de éstas y de
-aquélla todo son dudas o errores. ¿Cuál es el medio? Desígnalo tú.
-
-Pero también en el aire iluminado por fuegos artificiales vense unos
-y otros colores y otras figuras, según la variedad de la materia del
-fuego.
-
-Si el medio es el vidrio o el cristal, vese la cosa de una o de otra
-manera, según los colores de aquéllos y las varias figuras y densidad.
-
-Éstos son los medios por cuyo intermedio se ven las cosas. Y unos
-las muestran por su superficie. En éstos no hay consistencia alguna.
-¡Cuántas figuras monstruosas, ridículas, multiplicadas, invertidas,
-truncadas! ¿Qué no fingen los espejos? ¿Qué juzgarás de éstos? ¿Ves
-aquella figura? No existe; ¿cómo la ves? Y, no obstante, la ves; ¿cómo
-es ello? Lo ignoras no sin razón.
-
- * * *
-
-Pasemos ya al medio interno, en el cual acontecen tantas dificultades.
-
-Levantado un ojo o atravesado, se ven dos cosas (aunque sintió lo
-contrario Aristóteles). De donde es de extrañar que los que padecen
-estrabismo no vean dobles todas las cosas. Pero daremos la razón en el
-examen de las cosas.
-
-Sucede lo mismo si, acostándote de lado, tienes delante de ti algún
-cuerpo que tape el ojo inferior; pues entonces el ojo superior verá
-todo lo que está debajo de aquel cuerpo; pero el otro sólo aquel
-cuerpo y no distintamente, sino como en nubes; y así, mirando un ojo
-lo que está detrás del cuerpo y el otro el mismo cuerpo, parece que
-vemos a la vez dos cuerpos, de los cuales el uno está sobre el otro. Y
-experimentarás todavía mejor esto si moviendo un ojo hacia el ángulo
-exterior miras lo que está de lado. Pues entonces, dirigiendo allí el
-otro ojo, se pone de por medio la nariz y aparece que se sobreponen a
-modo de sombra las cosas que son vistas por el otro ojo.
-
-Del mismo modo, si presentas a los ojos el dedo, pero no lo miras,
-sino que atiendes a aquellas cosas que están o detrás de él o a sus
-costados, aparecerá doble.
-
-Lo mismo sucederá si converges ambos ojos a la nariz; todo se verá
-doble.
-
-Movido un ojo, lo que se ve parece que se mueve. Y aun de dos cosas
-aparentes muévese la una estando quieta la otra. Y una se mueve a la
-derecha, otra a la izquierda si, mirando al libro, mueves continuamente
-los ojos por sí mismos sin ayuda del dedo, mirando sólo las líneas y no
-leyendo.
-
- * * *
-
-Añádese también a estas cosas la posición del ojo, hundido o saltón,
-por naturaleza o por accidente. De las cuales situaciones hay mucha
-diversidad en el ver. Y mucho más si uno está hundido y el otro
-prominente. Y también si el uno mira arriba y el otro abajo; pero
-aquí hay manifiesto error. Pero cuando ambos están hundidos o ambos
-saltones, ninguno.
-
-A la situación de los ojos refiérese también la mayor o menor abertura
-u oclusión del párpado.
-
-Si miras una luz, guiñando los ojos, aparecerán muchos rayos que se
-extienden hasta los ojos y se mueven conforme al movimiento de los
-párpados; si los abres totalmente, se paran y no son tan largos.
-
-Baste esto a modo de ejemplo, de lo cual podrás tú conjeturar y
-experimentar otras muchas cosas.
-
-Los colores se mudan por la varia posición de los ojos no menos que por
-la varia posición del objeto que se ha de ver y del medio; pero ya se
-dijo.
-
-Todo esto tal vez lo tienes tú en poco y no piensas que pueda impedir
-la ciencia. Pero no es así. Pues estas cosas movieron a muchos para
-que dudasen también de todo lo que aparece a los sentidos y creyesen
-que los colores no son permanentes en las cosas, sino que son hechos y
-variados por la luz. De lo cual se habló por nosotros en otra parte,
-como verás; pero vayamos ya a la substancia.
-
-
-
-
-Medios internos del conocimiento.
-
-
-Cuentan los filósofos cinco medios internos: la vista, el tacto, el
-gusto, el oído, el olfato.
-
-Las substancias de todos ellos son diversas. Por consiguiente, son
-también percibidas por los sentidos cosas diversas; pero, sin embargo,
-las hay comunes; las tocamos arriba: la magnitud, el número, la figura,
-etc.
-
-El ojo ve un solo golpe; el oído percibe doble golpe; si no lo
-hubiese visto el ojo, sin duda juzgaría que había habido dos golpes.
-Supongamos un ciego; daré dos golpes, o bien uno, pero lejos de mí e
-inmediatamente otro, como por el eco. Advertido por alguno, si nunca lo
-viste, dirás que es por el eco, y será falso. Más: supongamos que ves,
-y mando que otro, oculto, dé un golpe después de darlo yo; dirás que es
-el eco, y no es.
-
-Corriendo un caballo, muchas veces juzga el oído que son dos; o si son
-dos y marcan el paso a un tiempo, parece que es uno solo. Pues la vista
-si está a distancia de las cosas, si son muchas las que se mueven, se
-engaña más todavía.
-
-En la magnitud ocurre otro tanto: lo que el ojo ve pequeño, lo aprecia
-grande el oído, y al revés. En la figura engáñase mucho más la vista
-que el tacto; como también se engaña éste menos que aquélla en la
-magnitud. Y en la distancia, ambos sentidos yerran igualmente: lo que
-está cerca, parece también alguna vez distantísimo al que lo ve o
-escucha.
-
-No menos se engaña el tacto en la distancia; pues al sentir algo muy
-caliente, aunque sea de lejos, lo juzga, no obstante, como próximo, por
-la fuerte impresión que recibe. De igual manera ¿cuántas veces no se
-engaña el olfato?
-
-¿A qué proseguir? Nada más cierto que el sentido, nada más falso que él.
-
- * * *
-
-Añade ahora a lo anterior las varias disposiciones de todos estos
-órganos, las cuales no pocas veces nos extravían y confunden.
-
-Los diversos colores de los ojos, los varios temperamentos, la
-capacidad, sustancia, posición, virtud y transparencia de los tejidos
-y humores que hay en ese aparato complejísimo, ¿no engendran, por
-ventura, gran diversidad en la visión?
-
-Muchas veces por causa externa parece que vemos nubecillas, moscas,
-telarañas y otras cosas semejantes, cuando en realidad no las hay.
-
-Inflamado el ojo, todo aparece bermejo; empapado de bilis, cetrino. Si
-se adhiere humor a la pupila, todo aparece perforado o cubierto de un
-velo, grande o sutil, claro u obscuro.
-
-Estos achaques son morbosos; pero aun quienes tienen la vista sana,
-ven mejor ya de lejos, ya de cerca; unos ven más agudamente, otros
-con menos claridad; éste ve grande, aquél pequeño; éste rojo, aquél
-amarillo. Finalmente, nadie ve con perfección o del mismo modo que los
-demás.
-
-¿Qué mucho, pues, que, por el ojo, tan sujeto a mudanzas y aun tan
-vario en sí y no menos por el aire y todavía más móvil e incierto,
-veamos nosotros las cosas también confusas e inestables, de muy diversa
-suerte que ellas son, y que perpetuamente nos engañemos y no podamos
-alcanzar cosa alguna con certeza y, por consiguiente, nada podamos
-afirmar?
-
-Y cuenta que la vista es el más principal y cierto de todos los
-sentidos...
-
- * * *
-
-Pues si te vuelves a las otras cosas, aún hallarás mayores dudas y
-tinieblas.
-
-¿Cómo lo que es siempre caliente juzgará con igual rectitud de lo
-caliente y de lo frío? Así acontece que los que están en las termas o
-baños artificiales, juzgan fría la orina y el agua tibia, lo cual de
-suyo es falso.
-
-¿Por ventura todo lo que tocamos no está en el aire y es influído por
-él?, ¿por ventura no somos nosotros afectados perpetuamente por el
-mismo? Y el aire ¿no lo es por el agua, tierra y astros?
-
-¿Qué obliga, pues, a decir que el agua es fría, ni que el aire es
-caliente? A los muy ardorosos, lo menos cálido aparece frío. Tales,
-por ventura, nosotros. En invierno, porque somos harto impresionables
-al frío exterior, el agua recién sacada del pozo o la fontana se nos
-antoja caliente porque es menos fría que la que corre al cierzo; en
-verano, aunque caliente, parece fría, y el aire, si lo mueves con
-un abanico, parece también más fresco, siendo, no obstante, de suyo
-caliente, y en el estío más.
-
-¿Qué es, pues, el calor? ¿Qué el frío? Para entender qué cosas son
-calientes o cuáles frías, nada puede aquí la razón. ¿Quién conoce la
-íntima razón de las cosas? Nadie. El juicio hase de confiar a los
-sentidos.
-
-Mas, aunque el sentido percibiera muy bien y discerniese aquellas
-cualidades, no por eso las sabría mejor: las conocería exteriormente,
-como el rústico distingue su asno del buey del vecino o de su propio
-rocín.
-
-¿Qué sabemos, pues? Nada.
-
- * * *
-
-Discurre por otros sentidos. Menos. Y este es el principal conocimiento
-de los hombres. ¿Qué hará la mente engañada por el sentido? Engañarse
-más. Supuesta una falsedad, inferirá otras muchas, y de éstas otras
-(pues error pequeño en los comienzos es grande en el fin).
-
-Últimamente, cuando advierte el error (pues la verdad es única y
-consecuente consigo misma), vuelve atrás la inteligencia; busca el
-lugar que es causa del defecto. No lo halla; sospecha de éste o de
-aquél; investiga nuevamente sin acertar a conocerlo, porque la verdad
-está sobre el sentido y el hombre, engañado por él, cuando no por los
-errores de la razón, fluctúa entre muchas probabilidades sin llegar a
-una conclusión definitiva.
-
-Lector: experiméntalo en ti mismo. No te impongo mis opiniones; si
-estuviese contigo, acaso te mostraría fácilmente de palabra que todo es
-dudoso; pero, lo escrito no permite tan espaciosa libertad.
-
-Mas por lo arriba dicho pudiste verlo siquiera en torpe esbozo;
-después, acaso lo verás mejor.
-
-
-
-
-De cómo la imperfección humana excluye un conocimiento perfecto.
-
-
-Sigo mi tesis. Ya hablé de la cosa que ha de ser conocida, primero
-de los términos que hay que distinguir, como dije, en el problema
-del conocimiento; hablé también de los sentidos o medios de conocer:
-hablemos ahora del sujeto que conoce. Mejor dijera del sujeto que
-ignora. Porque la vida es breve y el arte es largo, es infinito;
-las ocasiones de conocer son pocas y fugitivas; la experiencia es
-peligrosa, el juicio harto difícil. ¿Quién habrá, pues, verdadero
-conocimiento de las cosas?
-
-Empecemos por el hombre incipiente; una vez nacido es una mole de cera,
-capaz de casi todas las figuras, lo mismo en el cuerpo que en el alma;
-pero más en ésta. De suerte que no es mala comparación la ya sabida de
-la tabla rasa en la cual nada hay escrito; mas no se afirma bien cuando
-se afirma que todo puede escribirse en ella. No todos son aptos para
-las letras, aunque se les suministren todos los elementos precisos.
-¿Cómo, pues, podrían pintarse en el alma las naturalezas de todas las
-cosas?
-
-Dos hay en el recién nacido: nada impreso en acto; en potencia poco o
-mucho, pero nunca todo.
-
-Pero esa potencia es sólo pasiva, a la cual se opone otra pasiva
-impotencia, por la cual cada uno es totalmente inepto para ciertas
-cosas.
-
-En este punto se nos asemejan también los otros animales, puesto que
-el papagayo con aquella primera potencia puede imitar la palabra
-humana, la cual el mono no puede imitar por aquella segunda impotencia.
-Este, al contrario, por la primera potencia ejecuta muchas cosas a
-imitación del hombre, que no puede ejecutar el papagayo por la segunda
-impotencia. Así, entre los hombres, éste es totalmente inepto para la
-gramática; en cambio, es muy apto para la navegación y aquél todo lo
-contrario.
-
-Mas tenemos nosotros una potencia activa de que carecen los brutos y
-por la cual hállanse las ciencias y las artes.
-
-Pero de esto se tratará extensamente cuando se trate del alma. Baste
-ahora haber traído estas cosas para entender lo que sigue.
-
-¡Cuán pocos, pues, de tantos millones de hombres son capaces para las
-ciencias, aun para aquellas que hoy profesamos! Apenas alguno que otro;
-perfectamente, ninguno.
-
-Es necesario que sea hombre perfecto el que haya de saber algo
-perfectamente. ¿Hay alguno así?
-
-Tú dices que el alma es en todo igualmente perfecta (ignorando su
-naturaleza, como mostraremos en otra parte), y que el cuerpo es la
-causa de que unos sean más doctos, otros menos, y muchos totalmente
-incapaces. Sea como tú dices.
-
-¿Es, por ventura, nuestra alma bastante perfecta para que sepa el
-hombre algo perfectamente? No. Mas supongamos que sí: en tal caso
-quien tenga el cuerpo menos perfecto sabrá imperfectamente las
-cosas, pero quien tenga mayor perfección corporal habrá de saberlas
-perfectísimamente.
-
-Esto es lo que más racionalmente parece colegirse de tus razones. Mas
-¿a quién le fué dado cuerpo perfecto?
-
-Yo llamo con Galeno perfectísimo al cuerpo que es templadísimo y
-hermosísimo y produce todas las operaciones perfectísimas, empezando
-por las del entendimiento, padre de la Ciencia.
-
-Hubo algunos médicos que afirmaron que el médico para que fuese
-perfecto debía padecer todas las enfermedades antes que pudiese juzgar
-perfectamente de ellas. Y no parece del todo descabellada la opinión,
-por más que entonces mejor fuera no ser médico. Pues ¿cómo podrá
-sentenciar rectamente del dolor el que nunca lo sintió? Los dolores y
-enfermedades, mejor los conocemos en nosotros mismos y curamos que en
-los demás.
-
-Pues ¿cómo habrá de discernir el ciego de colores, ni el sordo de
-sonidos, ni el paralítico de las cualidades táctiles? Es necesario,
-pues, que vea cabalmente quien cabalmente ha de juzgar de colores, y
-oiga quien juzgue de sonidos, y palpe quien discierna lo tangible,
-y guste quien hable de lo sabroso, y se mueva quien estudie el
-movimiento, y sufra quien haga juicio del dolor, e imagine quien haya
-de saber de fantasías, y entienda quien del entendimiento investigue.
-De otra suerte, como dijo Galeno, será navegante de libros que,
-sentado muy seguro en su sillón, describirá muy bien los puertos, los
-escollos, los piélagos más lejanos y guiará muy bien la nave por la
-cocina o sobre la mesa; pero si se lanza al mar y le encomiendas el
-timón de un navío, se meterá en aquellos Escilas y Caribdis que tan
-lindamente sabía describir a pies enjutos.
-
-Y por esta razón dícese también que Cristo Señor nuestro quiso
-sobrellevar las humanas miserias para que, experimentando nuestras
-calamidades, se compadeciese más. Pues el que fué alguna vez indigente
-se compadece mejor del pobre; el que fué preso, del cautivo, y,
-finalmente, el que se vió desamparado siente mayor lástima del
-miserable y del triste.
-
-El perfectísimo conocimiento requiere, pues, un cuerpo perfectísimo
-unido a una perfectísima razón, pues todas las cosas perfectas gozan
-de las cosas perfectas, son hechas por los perfectos y por medios
-igualmente cabales.
-
-¿Qué cosa más perfecta que la creación? Es hecha por el solo Perfecto,
-por la perfección misma, que es Dios. ¿Con qué medio? Con su
-perfectísima potencia, la cual es la sola y única perfectísima, porque
-sólo ella es infinita, porque es el mismo Dios.
-
-Todo lo demás que sea perfecto en su línea es hecho por algo semejante
-o superior a sí: por ejemplo, lo que hacen los cuerpos celestes no
-puede ser obrado por cuerpos inferiores.
-
-Razón de todo esto: El agente siempre que va al paciente, trasciende;
-pues todo ser ambiciona transformar a otro en sí. Lo cual no es posible
-si no se le comunica. Y en comunicándose los dos el uno es término
-pasivo del otro; empéñase, sin embargo, el paciente en conservarse
-en su ser (lo cual ha sido grabado en todos); en parte resiste y en
-parte quiere también convertir al otro en sí, extiende y ejerce cuanto
-puede su potencia en el agente y le imprime fuerza; mas, porque le es
-inferior, es vencido en la lucha y es forzado a seguir las huellas del
-otro, a introducirse en él, despojado de su primer hábito.
-
-Si, pues, el agente es perfecto, también debe ser perfecta la acción y
-los medios para ejecutar la obra y el paciente que recibe la acción, en
-cuanto la recibe, aunque por otra parte sea imperfecto.
-
-Y si no sigue a la acción la conversión del paciente en el agente, al
-menos la obra que de tal acción se hace es perfecta siendo de agente
-perfecto, imperfecta si de imperfecto. Pues los partos, dicen los
-médicos, dan testimonio de sus principios. Lo que se hace bien, es
-siempre con medios idóneos.
-
-Y así, el perfecto agente ayudado por perfectos instrumentos y medios
-solícitos, obrará en el paciente y ejecutará la obra intentada mejor
-que con imperfectos.
-
-Ve esto en todas las acciones tanto naturales como voluntarias: el sol,
-que es el más perfecto de todos los cuerpos (de donde los antiguos lo
-juzgaron Dios), ¿qué acción hace? Perfectísima, parecida a la acción de
-Dios. Pues éste crea, pero aquél engendra las cosas, que es el segundo
-grado después de la creación; pero se diferencian en que Dios crea por
-sí solo, de la nada y sin medio ni instrumento alguno. El sol, teniendo
-su potencia de Dios, engendra, estimula y mueve por medios naturales y
-congéneres.
-
- * * *
-
-Pero objetarás, tal vez, que el sol corrompe también, la cual es pésima
-acción. Mas, no es así. No corrompe, sino que, mientras engendra,
-síguese necesariamente la corrupción, como una consecuencia natural. Y
-que engendra primero, es manifiesto. Pues primero es el ser que el no
-ser; el acto, que la privación; la vida, que la nada.
-
-Ningún ser obra por nada o intenta nada (de donde tampoco el mal por
-sí, pues el mal es privación del bien, cuasi nada), pues todo es por un
-fin, y la nada no puede ser fin para un ser. El fin es perfección, la
-cual entre los seres ocupa el primer lugar.
-
-Privación, destrucción, defecto, mera negación del ser; ¿con qué otro
-nombre llamaré a la nada que con el tenebrosísimo de _nada_? ¡Opuesta y
-enemiga a toda perfección, a todo ser; finalmente, nada!...
-
-¿Quién la intentará, quién la buscará? Todas las cosas la huyen
-naturalmente. Nada me aterra, entristece y postra el ánimo como la Nada
-cuando pienso que alguna vez pudiera yo ver sus abismos, si, acompañada
-mi alma de la fe, esperanza y caridad, no destruyesen este miedo, y me
-confirmasen prometiéndome, después de la disolución de este compuesto,
-de mi carne y mi espíritu, indisoluble nexo con Dios óptimo y máximo.
-
-El sol, pues, el más perfecto de todos los cuerpos, ¿intentará la
-corrupción, la hará? No, pues engendra. ¿Con qué medio? Con el calor,
-que es la más perfecta, principal y activa de todas las cualidades.
-
- * * *
-
-Tú añades también la luz; pero yo no lo consiento. La luz, sin embargo,
-es otro argumento a mi favor.
-
-Bellísima cosa es la luz, amicísima y queridísima de los hombres.
-Dios llámase a sí propio Luz, y a ella se compara la vida como a las
-tinieblas la muerte. Gracias a su benéfico resplandor gozamos de los
-colores, de los matices y las formas; sin luz seríamos semejantes a los
-ciegos, viviríamos como dormidos y absortos en la sombra de lo interior
-y lo exterior, vagando como las ánimas de los difuntos, sin vernos a
-nosotros mismos e ignorando la Naturaleza ¡Cuán triste silencio en
-la noche nublada y tenebrosa! ¿No parece la imagen del caos y de la
-muerte? Más quisiera morirme que vivir sin luz...
-
-Padre el sol de ambos, del calor y la luz, de ellos usa, conforme a
-tu misma opinión, para fecundar las cosas, mas no para corromperlas.
-En saliendo el sol todo revive, renace, germina, pulula, se remoza,
-florece y fructifica. Los animales, entumecidos por el frío, los seres
-corruptibles y todos aquellos que se corromperían totalmente con la
-ausencia del astro, así que le ven se levantan de las tinieblas,
-tórnanse más ágiles y gozosos, corren, saltan, retozan, gallardean y
-cantan el advenimiento del astro generador y hácense más aptos para
-generar a su vez, para vivir y trabajar con alegría, singularmente en
-la primavera y en el verano. Yo, sólo entonces vivo...
-
-Mas en apartándose de nosotros el ojo derecho de Dios (séame lícito
-apellidar al sol de esta manera) todo languidece, todo se arrice y
-se amustia. ¿Qué son el otoño y el invierno sino imágenes de nuestro
-fenecer? A la muerte llaman los poetas fría, glacial, pálida,
-macilenta, y a la vida, en cambio, robusta, floreciente y ardorosa.
-La muerte viene del frío; la vida, del calor. Por esto el sol es el
-más perfecto de los cuerpos, porque hace, mediante la más perfecta
-cualidad, el calor, la más perfecta de todas las acciones naturales.
-
- * * *
-
-Pues en lo que se refiere a las acciones voluntarias ¿por ventura el
-pintor, el escultor, el músico, no pintará, no esculpirá, no tañerá
-más consumadamente si usan de los instrumentos más perfectos? ¿Cantará
-bien el ronco, saltará el paralítico, escribirá el que tiene la mano
-torpe o rota? Y ¿qué instrumento más hábil y flexible que la mano del
-hombre pudo haber escogido la madre naturaleza? Era preciso que el más
-perfecto de todos los animales, el hombre, hubiese el más perfecto
-instrumento para hacer con la mayor perfección y elegancia las muchas y
-difíciles cosas que ejecuta.
-
-En resolución: todo lo perfecto produce cosas perfectas y usa de medios
-idóneos para producirlas.
-
-¿Qué se deduce de ahí? Que el alma humana, la más perfecta de las
-criaturas de Dios, para la más perfecta de todas sus acciones, el
-conocimiento perfecto, necesita de un cuerpo perfectísimo.
-
-¡Cómo! --dirás--. Pero la intelección no depende, en modo alguno, del
-cuerpo, sino exclusivamente del alma, de su facultad intelectual...
---Eso es falso --respondo-- y ya te lo probaré en otra parte. Falso es
-decir que el alma entiende, que el alma oye, pues ambas cosas no son
-función exclusiva del alma ni del sentido, sino del hombre todo en su
-unidad de espíritu y de cuerpo, indisoluble en cualquiera de sus actos.
-Nada hace el alma sin los órganos del cuerpo ni el cuerpo sin la acción
-y gobierno del alma.
-
-¿Por qué este hombre es menos docto que aquél, si el alma, como tú
-dices, es igualmente perfecta en ambos? Será por defecto corporal,
-según decías también. Luego el más docto gozará de un cuerpo
-privilegiado, capaz de obrar consumadamente las cosas, lo mismo las del
-sentido que las del entendimiento. Y el hombre que fuere doctísimo,
-tendrá un cuerpo perfectísimo y será el verdadero sabio...
-
-Pero ¿dónde, repito, está ese cuerpo privilegiado y perfectísimo capaz
-de un perfectísimo conocimiento? Yo, médico y filósofo, no le hallé
-jamás. Y como no es posible que semejante cuerpo exista, no creo
-posible tampoco el perfecto conocimiento o, lo que es lo mismo, la
-Ciencia.
-
-Al llegar aquí tal vez me arguyas: --Para entender no necesitamos de
-los brazos y piernas; por consiguiente, aunque ellos sean defectuosos,
-mientras tenga bien el cerebro me basta. --No te basta --replico--,
-pues las cosas físicas influyen no poco en la parte moral y en la
-función del entendimiento, los órganos se corresponden todos y se
-influyen mutuamente, aun los más apartados y distintos, por todo lo
-cual un cerebro sano es incompatible con otros órganos enfermos.
-
-Un miembro imperfecto, una deformidad cualquiera, un vicio morboso,
-pueden ser adquiridos o congénitos: si el cuerpo viene mal conformado
-desde los orígenes, anduvo el defecto ya en la materia de que se hace,
-ya en la virtud generadora, y en ambos casos la imperfección es fatal
-no sólo para el miembro u órgano defectuoso, pero también para muchos
-o algunos de los demás, tanto en lo exterior como en lo interior. Y
-si el vicio o deformidad sobreviene después, sea por causa interna
-o externa, ocurren iguales alteraciones. En suma: un cuerpo cabal y
-perfecto no existe o duraría un instante.
-
-Luego, repito, no habiendo seres de tal perfección, no hay un
-conocimiento perfecto, no hay un perfecto sabio, nada se puede saber de
-un modo cabal.
-
-Pero dirásme, tal vez, que también el hombre imperfecto, por muy
-defectuoso que fuere, tiene capacidad para el ejercicio de las
-ciencias. Yo te lo concedo gustoso, como te concedí otras muchas
-cosas, pues aquí arguyo sin vanidad ni rigidez. Hay hombres, incluso
-llenos de estigmas y deformidades, que son idóneos para el cultivo
-de las ciencias, pero no todos ni cualquiera de ellos. Es necesario
-que el hombre, dentro de su imperfección, esté dotado de un cierto
-temperamento para ejercer con eficacia las disciplinas científicas.
-¿Cuál será ese temperamento? Lo ignoramos. Pero aunque lo supiésemos
-¿cuántas mudanzas del aire, del espacio, del alimento, de la edad, la
-educación, las opiniones, las doctrinas, de todo cuanto rodea, influye
-y mueve en este oleaje de la vida humana a nuestro cuerpo y nuestro
-espíritu, no habrá de padecer el más capaz y atemperado de todos para
-la investigación de la Verdad?
-
-Piénsalo y experiméntalo en ti mismo.
-
-
-
-
-Nuevas dificultades para la investigación de la Verdad.
-
-
-Si el hombre es rico, trátase deliciosamente, dase a todos los gustos
-del sentido, engorda, se enerva, tórnase todo carnal, inepto para la
-contemplación y el estudio. Como el alma y el cuerpo --según dicen--
-solicitan siempre cosas contrarias, el rico tiende a desamparar el
-espíritu. Desde la niñez los padres no le consienten que se fatigue
-con el estudio y el trabajo, sino que todo se lo disponen para culto y
-regalo del cuerpo; únicamente celosos, y no siempre, de las costumbres,
-de la moral exterior, enseñan a sus hijos (como hacen la mayoría de
-los hombres por el impulso disculpable de la naturaleza) a cuidar la
-salud, acrecentar el caudal y todos los demás bienes que suelen hacer
-felices a las gentes vulgares, sin dejar resquicio ni vagar para el
-estudio de las letras y ciencias. Mas aunque los padres permitieran
-y desearan semejante estudio, ya se encargaran los hijos de rechazar
-aquellas trabajosas disciplinas, pues el cuerpo apetece el ocio y tiene
-al trabajo por enemigo mortal.
-
-Las riquezas distraen el ánimo, los placeres le perturban, el mundo
-le seduce y engaña. ¡Bienaventurados aquellos y dignos de eterna
-admiración, que en el disfrute de los bienes del siglo, aciertan
-a abandonarle y a despreciar sus falsos y vanísimos tesoros para
-entregarse, pobres y libres, a la contemplación de las cosas! Pero
-almas de esta sublime condición son aves raras en el mundo. Los hombres
-abrazan la Ciencia para granjear aplauso, riqueza o dignidad, no por
-sí misma, por amor desinteresado y puro. Y de esta suerte cada cual
-trabaja mientras le urge para llegar al fin, no al fin de la ciencia,
-sino al de su ambición...
-
- * * *
-
-Los pobres, en cambio, corren a los estudios con triste principio, con
-medios adversos y también, casi siempre, con bastardo fin. Como es
-la necesidad la que les impulsa, una vez saciada, suele concluir la
-ciencia de los pobres, ya que no trabajaron sino para hurtarse a la
-pobreza.
-
-De aquí la frase: «El ingenio vuela, mas la pobreza lo deprime.» Y
-aquella otra: «La bolsa llena hace al ingenio divino.» Y esotras de
-un poeta: «Hase primero de buscar el oro, que ya vendrán con él la
-fuerza y la sabiduría; sin Ceres y sin Baco se enfría Venus y también
-Minerva...»
-
-«Los papagayos charlan y aprenden mejor después de beber vino: tal les
-sucede a muchos hombres.» Acerca de lo cual también se dijo: «Las copas
-llenas ¿a quién no hicieron elocuente?» Y añado yo: ¿a qué no obligan
-la sed y el hambre? No acabaríamos nunca si hubiésemos de contar las
-desventuradas proezas a que impulsa la triste necesidad...
-
-A todo el que estudia no debe moverle otro fin que saber. Al
-necesitado, en cambio, no le mueve ese fin o sólo le mueve mientras
-evita su necesidad. Así, quien sólo estudia por el vientre, cuando
-lo llena cierra los libros y se echa las ciencias a la espalda. El
-pobre, si no es apto para la contemplación de las cosas, no halla nunca
-deleite en el estudio; y si es apto, su propia indigencia le impide
-gustar esos manjares tan sutiles. ¿Hay algo más digno de compasión?
-
- * * *
-
-Y si todavía insistes en que el rico y el pobre son igualmente capaces
-para la austera investigación de la Verdad, yo quiero suponer que es
-así; pero ve cuántas dificultades se siguen.
-
-Ambos han de ser instruídos desde los rudimentos, ya que nadie fué
-tan dichoso que saliera enseñado del vientre de su madre o lograse
-instruirse por sí mismo, sin necesidad de textos ni de aulas. Y
-¡cuántas miserias en la instrucción y enseñanza de los jóvenes! ¡Cuán
-pocos lograron haber buenos maestros!
-
-Unos por la poca retribución o por desidia, por enfermedad o pobreza,
-otros por envidia, temor o vanidad, por amor o por odio, por ineptitud
-o ignorancia, por todas estas y otras muchas cosas, esconden o
-desfiguran la verdad, si la conocieron alguna vez, y enseñan el error.
-¿Qué mayor calamidad para un principiante? Bebido el error ya nunca se
-sacude su ponzoña, sobre todo si se bebió en la niñez y era insigne la
-autoridad del maestro.
-
-De donde se dijo: A la vasija nueva dura el resabio de lo que se echó
-en ella.
-
-Por esta razón Timoteo pactaba retribución sencilla con el
-principiante; mas a aquel que había aprendido con otro preceptor,
-pedía retribución doble, pues que era menester doble trabajo, uno para
-arrancar el error que había ya bebido y otro para sembrar la verdad.
-
-De los errores en la enseñanza nacieron las sectas de los filósofos,
-y aquello de jurar en las palabras del maestro; el pasar los años
-disputando por cosas ociosas y peregrinas, unos para defenderlas, otros
-para negarlas; llenar volúmenes sobre entender al profesor; fingir
-nuevas e infinitas explicaciones, inteligencias y distinciones, las
-cuales no imaginó él ni aun en sueños.
-
-Y aún hay doctores tan sandios que se jactan de poder defender todo
-lo que ha sido enseñado por éste o por aquel autor; dispónense para
-ello con argucias y bagatelas, de tal manera cubiertos y armados de
-enredos, que se parecen a los cazadores que acechan con redes y con
-falsos silbidos a los tordos. Enredados no pocas veces ellos mismos,
-no se pueden desenvolver, y así caen en la fosa que preparan a los
-demás, como el cazador de Esopo, que mientras acechaba a la paloma, fué
-mordido por la sierpe.
-
-Tales también aquellos que usan de las máquinas de guerra (que llaman
-arcabuces) y mientras a disparar aplican el ojo a la mira para que
-salga recto el proyectil y ponen fuego a la pólvora, si está obstruída
-la máquina, experimentan el efecto contrario: que el tiro vuelve atrás
-y les atraviesa la cabeza.
-
-Así estos falsos doctores mientras maquinan falacias, ellos mismos caen
-en las redes de su propia falsedad.
-
- * * *
-
-Unos pretenden recoger lo esencial de un asunto y hacen un epítome.
-Otros recorren tablas, capítulos, libros, que fueron confusamente
-escritos por otros. Éstos, al contrario, amplían, añaden, extienden,
-comentan y critican muchas cosas. Aquéllos se empeñan con supersticiosa
-y fatua piedad en conciliar a los disidentes y reducir a la paz a los
-beligerantes. Otros, al contrario, hacen enemigos a los que sienten
-lo mismo, al afirmar que escriben y entienden cosas diversas. Esotros
-afirman que tal obra es de aquél; sus adversarios pugnan por demostrar
-que la robó del cercado ajeno. Y en probar tales monsergas, ¿qué de
-argumentos no usan? ¿Qué no gritan? ¿Qué no claman? ¿Qué no torturan?
-
-Si no bastan las pruebas falsas, emplean verdades reprobables, a saber,
-contumelias, invectivas y libelos.
-
-Finalmente, no contentos aún, vienen a las armas, para que lo que la
-razón no pudo lo pueda la fuerza, a estilo militar.
-
-Así, los que se dicen científicos se hacen brutos. Pues, ¿no es todo
-esto furor y demencia?
-
-Los que presumen de investigar la naturaleza nada hacen sino disputar
-y absorber en minucias y simulacros toda su vida, como el perro, que,
-viendo en el agua la sombra de la carne que lleva en la boca, suelta la
-carne para asir la sombra en el agua, y como el toro, que, persiguiendo
-al lidiador, cogida su capa, se ensaña en el trapo, sin preocuparse del
-hombre.
-
-Así los falsos investigadores de la naturaleza, que, a espaldas de la
-realidad, no saben sino repetir, como papagayos, lo que en los libros
-hallaron escrito, ignorantes seguramente de lo que dicen.
-
-De tales entes hay una gran multitud en las ciencias; varones sinceros
-que investiguen la realidad en sí misma, muy pocos, y aun esos pocos
-varones son juzgados indoctos por los primeros y por el vulgo.
-
- * * *
-
-Y no es de extrañar.
-
-Cada uno juzga a los demás por su propia condición.
-
-Así, el docto juzga al docto y lo alaba, porque entiende lo que dice;
-el ignorante le desprecia, porque no le entiende, y levanta al necio,
-porque siente en necio; todo semejante goza con el semejante y rechaza
-al que no lo es.
-
-¡Ay del mozo infeliz que beba en la turbia fuente de tan ruines
-preceptores!
-
-Si estudia siempre bajo el mismo doctor, siempre errará, si erró
-una vez. Y su error será cada vez más profundo. Error pequeño en un
-principio es grande en el fin; dado un absurdo, síguense muchos. Y
-¿quién hay que no yerre una vez? o ¿quién que yerre una sola vez? ¿no
-erramos casi siempre?
-
-Y si el joven es enseñado por muchos maestros ¿no le será más fácil
-extraviarse y confundirse?
-
-Pocos, a quienes amó el justo Júpiter y levantó el ardiente juicio a lo
-celestial, pudieron librarse de errores y poseer todos los caminos de
-la oscura selva. ¿Cómo, pues, no ha de perderse el miserable ingenio
-del principiante, distraído y desgarrado en las contiendas y tumultos
-de escuelas y maestros?
-
-Este le inculca una doctrina; aquél se empeña en persuadir la
-contraria. Pues ¿quién ve que convengan dos en todas las cosas?
-
-El mayor juicio de certidumbre de una verdad y, por tanto, también de
-alguna ciencia, es la concordancia de los doctores; pues la verdad es
-siempre concordante consigo misma. Al contrario, nada arguye más la
-incertidumbre de una ciencia que la diversidad de opiniones.
-
-Basta advertir cuán común es esta diversidad en los doctores de
-cualquier ciencia, para colegir también cuán poca certidumbre hay en
-nuestros conocimientos.
-
-Y así al débil novicio tráenle contrarios doctores en confusión y
-ambigüedad. Sin acertar adónde orientarse, inclínase a éste o aquél,
-según le parece; y con más frecuencia al que le engaña; pues éste es el
-que más grita, con el desenfado propio de los que sostienen sinrazones.
-
-Ahí tienes al sabio.
-
-Así, durante mucho tiempo, lucha en los oleajes de esta furiosa
-tempestad; las más de las veces toda la vida.
-
- * * *
-
-Y si nos acercamos al método de enseñanza, no habrá aquí menor
-dificultad, antes mayor, ya atiendas a los que enseñan de viva voz, ya
-a los que enseñan por escrito. Pues tienen ambos las mismas viciosas
-maneras.
-
-Cabalmente, por este lado, viénele al estudiante, o la mayor utilidad,
-si emplea buen método el doctor, o el más grave daño, si emplea un
-método perverso. Pues nada tiene en el enseñar tanta importancia como
-el método; el cual, por consiguiente, es tan vario para los hombres.
-Saber usar del método no es menos laborioso que útil, y no menos raro
-que necesario. ¡Cuán pocos maestros aciertan aquí!
-
-Siendo, por ventura, el arte infinito, como ya dijimos, y la vida de
-todas las cosas harto breve, cuando es necesario medirla para enseñar o
-aprender, impone grandísimo cuidado. Medir lo infinito con lo finito y,
-lo que es más, comprenderlo; ¿no parece cosa inaccesible?
-
-Así hay preceptor que se empeña en contraer el arte (al cual no le es
-posible producir la vida) y hace más largo el camino, más oscuro y
-difícil por la brevedad (pues hágome oscuro cuando me empeño en ser
-breve).
-
-Hay otros que exponen difusamente, y hácense viejos en los primeros
-principios y nosotros con él. A éstos condenan los impacientes en el
-trabajo, los de agudo ingenio; porque inculcan con muchas palabras lo
-que ellos con pocas. En cambio, les alaban los morosos y rudos para
-quienes nada está jamás bastante explanado.
-
-Y si alguno escribe con términos medios, es reprobado por todos, porque
-no es bastante breve y porque es más breve de lo justo. Pues el medio
-siempre es contrario a ambos extremos. Sólo es agradable a quienes
-también se gozan en el término medio, que suelen ser muy pocos y
-escogidos.
-
-Hay quien habla castiza y hermosamente; hay quien de un modo áspero y
-rudo. Este escritor hurta los trabajos ajenos y los da como propios;
-repite aqueste íntegras sus páginas, olvidado de sí. Uno lo mezcla y
-lo confunde todo o lo deja como indiscutido e inédito. Tal otro es
-parlador y sofista; aquél, severo y grave; éste, agudo inventor de
-cosas nuevas; esotro, torpe repetidor de lo viejo.
-
-¿Qué más diré? ¿Quién agradó nunca a todos? Ni aun la misma
-naturaleza. ¿Cuántos no se atrevieron a condenarla e increparla?
-
-Tanta es la variedad de las cosas, que parece que la naturaleza juega
-en ellas y se regocija de nuestra confusión; que buscándola nosotros
-por aquí y por allí, teniéndola delante de los ojos, se burla y nos
-escarnece.
-
- * * *
-
-Y no sólo se advierte variedad en las cosas varias.
-
-Un mismo hombre, ora quiere, ora rechaza; ya afirma una cosa, ya
-condena la misma; hoy profesa esto, de lo cual, si mañana le preguntas,
-no se acuerda ya ni quiere acordarse; en esta parte del globo florecen
-ahora las letras, y en el resto, hay omnímoda brutalidad; antes, aquí,
-lo eran todo las espadas; ahora no tienes otra cosa que libros... Hoy
-priva una opinión; Fulano es el doctor de moda: mañana será todo lo
-contrario...
-
- * * *
-
-Ejemplos de todas estas cosas verás si lees las historias; no obstante,
-traeré algún ejemplo singular.
-
-¿Qué hubo más esplendoroso en letras que el antiguo Egipto y la antigua
-Grecia? ¿Qué más fértil en el culto de los dioses? ¿Dónde más ilustres
-varones, ya en cualesquiera ciencias, ya en las armas? Hogaño no
-hallarás allí museo ni ídolo ni varón insigne.
-
-En Italia, en Francia, en España ni por sueño había entonces un doctor;
-lo eran todo Mercurio y Júpiter. Ahora siéntanse aquí las Musas, y
-habita Cristo entre nosotros.
-
-Y en las Indias, ¿cuánta ignorancia no reinó hasta hoy? Ya, ahora,
-hácense poco a poco más religiosos, más agudos, más doctos que nosotros
-mismos.[9]
-
- * * *
-
-¿Qué hará, pues, en tanta variedad de cosas el desdichado mozo? ¿A
-quién seguirá? ¿A quién creerá? ¿A éste?, ¿a aquél?, ¿a nadie?
-
-Si se entrega a un solo maestro, hácese esclavo, no docto; defiende sus
-dogmas con cualquier razón y con cualquier injuria; hácese soldado que
-sigue a un capitán dondequiera que le lleve, para combatir por él; no
-se acuerda más de sí; perece con él.
-
-De esta suerte nuestro joven y su ciencia perecen cuando se adhieren
-con pertinacia a un solo preceptor. Que no sin daño de la verdad puede
-uno jurar sobre las palabras del maestro.
-
-Y si el estudiante cree igualmente a todos, o no cree a nadie, y
-pretende escoger de todos lo que mejor le parezca, ello es más libre,
-pero también más arduo, pues ¿qué juicio no necesita quien se empeña
-en dirimir pleitos de todos? Cada cual tiene en su favor razones y
-argumentos en apariencia inexpugnables, y no hay aquí sentencia posible
-sin riesgo de la verdad y del propio juez.
-
-Así como en la guerra acontece que el arte y la astucia rinden a quien
-es superior en armas, en caballos y bríos, así el que busca la verdad y
-la defiende suele ser arrollado por el error, que es, no pocas veces,
-más agudo y sutil.
-
-¡Cuántos, armados de su pérfida ciencia silogística, no tiñen de verdad
-el error y hacen que lo falso parezca verdadero y lo verdadero falso,
-hasta envolver en sus redes al más valeroso campeón! Y ¡cuántos, muy
-doctos, caen vencidos en la ingeniosa trampa de un silogismo falaz,
-más inermes aún que aquel ignorante que en presencia de un sofista
-charlatán, empeñado en persuadirle de que lo blanco es negro, respondió
-al sofista: Yo no entiendo tus razones porque no estudié como tú, pero
-por nada del mundo me harás creer que son iguales lo blanco y lo negro;
-arguye tú cuanto quisieres, que a mí me sobran para saber de colores
-estos dos ojos de mi cara!
-
- * * *
-
-Recuerdo que, al iniciarme en la dialéctica cuando niño, fuí provocado
-muchas veces a disputa por los más viejos en edad y en estudio para
-probar mi ingenio; oprimido por engañosos silogismos, cuya falacia yo
-no conocía, llegaba a conceder lo que encubiertamente era falso, mas
-apenas advertía la falsedad manifiesta, sentíame atormentado en lo
-más hondo de mi corazón y ya no descansaba hasta buscar y comprender
-el defecto del cauteloso silogismo. ¿No hubiera sido harto mejor que
-el tiempo que perdía en estas sutilezas lo empleara en conocer alguna
-causa natural?
-
-Porque en semejantes lides parece más docto el que charla mejor, el que
-construye con más ingenio un artificio con que vencer al contrincante
-y forzarlo a que conceda lo más absurdo y falaz. ¡A este sistema, el
-más pernicioso para el entendimiento y la lógica, llaman doctrina
-científica!
-
-El propio Aristóteles, cuando escribió su aguda cavilatoria para
-librarse de los engaños del silogismo, intentó en vano curar con
-semejante tríaca los efectos de este veneno destructor; pues no hay
-posible medicina para un veneno tan fuerte.
-
-¿Cuántos remedios, peores que la enfermedad, no se han inventado
-posteriormente? ¿cuántas otras falacias, cuántos volúmenes de
-suposiciones, de exponibles y reflexiones de todo jaez? Ya la
-Dialéctica es otra Circe que convierte en asnos a sus amantes...
-
-A punto me vi, como ellos, de beber las aguas circeas, de embriagarme
-en sus traidoras linfas y rebuznar perpetuamente sus silogismos
-engañosos, en torno a esa puente de la Ciencia que bien merece llamarse
-la puente de los asnos. Valiéronme entonces mi natural indócil y los
-versos de Ulises para hurtarme al yugo de aquella hechicera dama y
-renegar de sus figuras y embelecos en la artificiosa puente de los
-silogismos.
-
-¡Qué de tormentos sufren los amadores de tan áspera Circe! ¡Qué
-modos tienen de honrarla y defenderla, pugnando hogaño por mantener
-y apuntalar su vieja y desmoronada habitación! ¡Hasta qué punto se
-rebajan y pierden por amartelar y servir a su despótica Dueña!
-
-Así Eneas, el héroe, totalmente ajenado de sí mismo y olvidado de
-Italia, adonde iba por el mandato de los dioses, vestido de lasciva
-clámide, envilecido y muelle, entregado por amorosa esclavitud a
-Dido, no atendía más que a ella, no curaba de otra cosa que de sus
-torpes embelesos; hasta que avisado por Mercurio, abiertos los ojos,
-avergonzado de sí mismo, conoció cuán miserablemente vivía, y,
-despojado al punto de la mujer, vistióse del hombre y con ello se hizo
-señor de gran parte del mundo, guiándole la virtud y acompañándole
-la fortuna. ¡Pluguiera al cielo que yo fuese Mercurio para nuestros
-Eneas cautivos, para que, abandonada la hechicera Dido, la Dialéctica
-engañadora, volviesen los bríos y la voluntad a la robusta Naturaleza,
-con lo que muchos se harían, por ventura, dueños y señores del orbe!
-
- * * *
-
-Pero dirás acaso: ¿Qué? ¿Quieres que, como si fueras un dios, aceptemos
-por cosa confirmada sin razón y sin prueba, cuanto dijeres, y más en
-detrimento de cosas que están todavía muy firmes y como en altares en
-las casas de los doctos?
-
-No pretendo tal: sólo aspiro a abrir los ojos y el entendimiento a la
-incauta juventud y desbrozar los caminos de la libre y ancha Naturaleza.
-
-¿Qué hará, si no, el mozo mal experimentado que al asomarse al
-campo de la Ciencia sólo ve en él zarzas y ortigas, dificultades y
-estorbos? Pues enredarse en ellas como les sucedió antes, a su vez,
-a sus maestros y preceptores, y, a espaldas de la hermosa realidad,
-amontonar libros y libros, hacer perpetuos los sofismas y eternas las
-ignorancias...
-
- * * *
-
-Pero supón a un estudiante de buena fe que apoyado en su solo juicio,
-luego de haber aprendido largo tiempo en las aulas y visto tanta
-diversidad de opiniones, quiere sentenciar por sí mismo. ¿En cuánto
-riesgo no se hallará? ¿Cómo encarecer las dificultades y peligros de
-considerar escrupulosamente y sin ayuda ajena todas las cosas puestas
-en pleito en las lides científicas?
-
-De aquí nueva multitud de errores, de divergencias y disputas, de
-interpretaciones falsas, de retrocesos inútiles; de aquí el dar por
-flamantes novedades las cosas más añejas y sabidas, el oponer un dogma
-a otro dogma, el sentenciar contra los pareceres ajenos, más por ser
-ajenos que por ser erróneos, y, finalmente, el alejarse cada vez más de
-la directa inspección de los objetos en litigio.
-
-¿Qué hacer, pues, si los viciosos métodos de enseñanza, los abusos
-de la autoridad, el ciego empeño de buscar la ciencia en los libros,
-la tentación de convertir la especulación intelectual en granjería,
-el triste espectáculo de las disputas ociosas, de las opiniones
-apasionadas y hostiles, no se remedian con el solo y libre juicio
-individual?
-
-
-
-
-Conclusión. Los únicos criterios de la Ciencia: el experimento y la
-crítica.
-
-
-El que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las cosas
-en sí mismas.
-
-Pero ¿ello es fácil? Nada tan penoso, nada tan ambiguo, nada tan lleno
-de confusión e incertidumbre.
-
-Viste ya cuánta diversidad hay en las cosas, qué de mudanzas y
-vaivenes; cuánto de inaccesible y amargo para el que aspira a la
-Ciencia. ¿Qué no sucederá cuando pretendamos acercarnos a las cosas
-mismas?
-
-Ni es posible, dados los límites en que se mueve el conocimiento
-humano, la contemplación directa de las cosas.
-
-Con todo: hay dos medios subsidiarios que no suministran ciencia
-perfecta, pero que, en suma, algo perciben y algo enseñan: son la
-experiencia y el juicio. Pero no separados jamás, sino en íntimo
-enlace y unión, como demostraré en otro libro. Los experimentos son
-muchas veces falaces y siempre difíciles, y hasta cuando llegan a la
-perfección nunca nos muestran más que los accidentes extrínsecos, jamás
-las naturalezas de las cosas. El juicio recae sobre los resultados del
-experimento, y por consiguiente no traspasa los límites de lo exterior,
-y aun esto lo discierne de una manera incompleta, sin que sobre las
-causas pueda pasar de una probable conjetura. Se dirá que nada de esto
-es ciencia. Pues no hay otra.
-
-Ni aun tales medios subsidiarios pueden ser perfectos en un joven.
-Pues, omitiendo las dificultades de toda experimentación para el hombre
-más apto y maduro, ¿qué experiencia puede tener el mozo de pocos años
-que empieza a cultivar las ciencias en el aula?
-
-Necesario es haber vivido mucho y haber experimentado no pocas cosas
-para juzgar rectamente, y aun así, como decíamos al principio, pueden
-estar mal trabados y disconformes los años y las experiencias. De esta
-suerte, quien hoy opina esto, juzga mañana otra cosa y defiende ahora
-lo que condenaba ayer.
-
-Nadie, antes de conocer el imán, el pez torpedo, el pez rémora, les
-hubiese atribuído las virtudes que tienen. Decíamos ha poco que toda
-atracción proviene del calor, de la sequedad, del miedo al vacío. ¿Qué
-decir ahora de la electricidad?
-
-¿Habríase nunca imaginado que el veneno añadido al veneno lejos de
-matar al hombre le serviría de tríaca? Ciertamente que no, pues, por
-ventura, antes de experimentarlo afirmábase que lo que no hace uno lo
-hacen dos, a pesar de haber demostrado lo contrario la atroz consorte
-de Ausonio, que empeñada en matar a su marido lo más rápidamente
-posible, mezcló mercurio al veneno que le tenía preparado, con lo cual
-escapó Ausonio de la muerte.
-
-¿Quién hubiese creído tampoco que la cicuta añadida al vino matase más
-prontamente, sobre todo a los temperamentos biliosos, y tantas otras
-cosas que la experiencia acredita en contra de lo que parece racional?
-
- * * *
-
-Mucha experiencia, pues, hace al hombre docto y prudente. Así los
-varones más ancianos son más duchos por razón de la experiencia que
-tienen, y más a propósito que los jóvenes, para la gestión de los
-negocios públicos, si les asiste a la par un juicio agudo y sazonado.
-
-Y para acrecentar ese tesoro de la experiencia, para conservarle al
-través de los siglos, imaginaron los hombres la escritura, merced a la
-cual todo lo que uno experimentó en su vida, lo aprenda otro después en
-breve espacio. De esta suerte, las generaciones, las experiencias, los
-hechos, las invenciones de cada época, se van eslabonando y acreciendo
-sin cesar, por lo que, gráficamente, cada generación que surge a la
-vida y a la ciencia se ha comparado a un niño jinete en el cuello de un
-gigante.
-
-Utilísimo es para la ciencia y la vida ese caudal inmenso de
-experiencia acumulado siglo tras siglo en las bibliotecas del mundo.
-Pero (aun omitiendo que los libros, como todas las cosas humanas,
-no son perennes, pues los consumen la guerra, el fuego, la incuria,
-la novedad de otras opiniones y, finalmente, el tiempo y el olvido)
-sucede que la sugestión de esa riqueza nos ofusca. ¿Cuántos siglos
-necesitaríamos vivir para leer esas ingentes muchedumbres de libros?
-¿Cuántos de ellos no mienten o disimulan la verdad? ¿Cuántos no se
-escribieron por el único móvil de granjear la gloria o mendigar
-opinión, cuando no por razones más miserables? ¿Cuántos, en todo caso,
-son del todo accesibles a nuestro entendimiento?
-
-A fuerza de leer y releer, de poner en claro y en concierto nuestras
-lecturas, se nos pasan los años más preciosos; vivimos entre montañas
-de papel, sólo atentos a los hombres y a sus obras, de espaldas a la
-viva Naturaleza. Así, muchas veces, por el afán de saberlo todo, nos
-convertimos en necios...
-
- * * *
-
-Mas supongamos que los libros no mienten, que exponen con entera
-verdad lo experimentado por sus autores. ¿Qué me aprovecha que otro
-haya experimentado esto o aquello, si yo no experimento lo mismo? Ello
-no engendrará en mí ciencia, sino fe. De aquí que el mayor número de
-los escritores modernos sean más fieles que sabios, pues beben de
-los libros lo que poseen sin experiencia ni juicio propios, sin otro
-fundamento que lo que hallaron escrito, sin otra novedad que lo que
-pueda deducirse de los supuestos tradicionales.
-
-Dada esta condición, quien pretenda saber algo ha de estudiar
-perpetuamente, ha de leer todo lo que fué dicho por todos, y, en el
-caso mejor, comprobar a cada paso, hasta el final de la vida, las
-experiencias de las cosas con las experiencias de los libros. ¿Hay algo
-más triste y miserable que ese linaje de vida? Linaje de muerte le
-llamo yo.
-
-Por bien constituído que imaginemos a un mozo sometido a régimen
-tan inhumano, por cabal que sea la salud de que goce, marchitaráse
-prontamente, y consumidas las fuerzas corporales en el estudio,
-afligido por numerosas y terribles dolencias, afectada la mente en su
-sede principal, el cerebro, morirá sin haber apenas gozado de la vida
-ni de la ciencia.
-
-Pero aunque por excepción se vea libre de tales pesadumbres, no le
-faltará siquiera la oscura melancolía que acompaña a los excesos
-mentales. Y ¿cómo ha de juzgar un melancólico de todas las cosas,
-cuando para juzgar rectamente todo buen juez ha de carecer de toda
-afección?
-
-Y aun suponiendo, que ya es suponer, horro y salvo a nuestro joven de
-todo achaque y tristeza, ¿sabrá por eso alguna cosa? Nada ciertamente.
-
-Pues en él, como en las demás cosas de este mundo, hay continua
-mudanza. Y la principal de todas es la edad. ¿Cuánto no se diferencia
-el mozo del varón maduro y éste del anciano? ¿Qué diversidad no hay en
-ellos de principio, de medio y de fin? El que ahora joven juzga esto y
-lo cree verdadero, lo revoca y reprueba en la edad viril y torna acaso
-a defenderlo en el crepúsculo de su vida. En otros casos acaece lo
-contrario y nadie es, jamás, consecuente consigo mismo.
-
-Ni hay quien editando hogaño un libro valeroso pueda decir que mañana
-no cantará la palinodia, ni quien, errando ayer, no confiese, si es
-probo, que se engañó entonces. Y los que, por ignorancia o amor propio,
-no hacen tal y defienden con pertinacia sus errores, causan un grave
-daño a la verdad, tanto mayor cuanto más agudos sean sus ingenios.
-
-Tampoco hay nadie en el mundo que si, en vez de dar a las prensas
-aceleradamente sus obras, las guarda por muchos años, deje de
-corregirlas y enmendarlas uno y otro, aunque viviera cien. Y si
-eternamente viviera, eternamente andaría quitando aquí, mudando allí,
-rehaciendo acullá.
-
-¿De dónde tanta innovación, tanta variedad e inconstancia?
-
-Ciertamente, de la ignorancia humana. Pues, si supiéramos perfectamente
-lo que una vez escribimos, nada habría de mudarse luego.
-
-¿En qué edad, pues, se juzga mejor? Dirás: en la ancianidad. Pero, más
-racional parece en el tiempo en que todo está en vigor; en la vejez,
-todo languidece y por eso se compara a la infancia; de donde la frase:
-_Malditos los niños de cien años_.
-
- * * *
-
-Aparte estas mudanzas del cuerpo, impiden también el conocimiento de
-la verdad las afecciones del ánimo. Lo dijimos ya arriba. El amor,
-el odio, la envidia y lo demás que allí nombramos, se opone a que se
-juzgue bien.
-
-Y ¿quién es tan equilibrado que no caiga en alguna de esas pasiones?
-Mas si de todas ellas se viere libre, ¿no caerá en el amor propio?
-Pues, ¿quién hay que no crea que dijo lo cierto, que halló el nudo de
-la dificultad y que entiende muy bien las cosas? Omitiendo, finalmente,
-que cada uno se estime más docto, más agudo, más perspicaz, más
-prudente, más sabio que los demás.
-
-Nadie, dice el vulgo, es juez recto en causa propia. Y cada uno trata
-su causa cuando afirma algo de palabra o por escrito.
-
-Nada, pues, sabemos.
-
- * * *
-
-Pero, supongamos (cosa imposible) que carece nuestro juez de tales
-defectos. Aun así, no sabrá más en lo sucesivo, aunque se guíe por
-la común sentencia de que perpetuamente nos hacemos más doctos,
-pues sucede lo contrario a todos aquellos que se proponen conocer
-perfectamente las cosas.
-
-Yo, antes que hubiese comenzado a considerarlas, parecíame que era más
-culto. Pues lo que había recibido de mis preceptores, lo tenía por
-sobradamente sabido y propio, estimando que el saber consiste en haber
-visto, oído y retenido muchas cosas.
-
-Conforme a lo cual con revolver en el magín los conceptos ajenos
-parecíame que lo sabía todo, y cada día me aficionaba más a este linaje
-de ciencia.
-
-Mas, tan luego como me convertí a las cosas, abandonada en un todo la
-fe primera (aquella fe con humos científicos), comencé a examinarlas,
-como si nadie hubiese dicho jamás cosa alguna; y cuanto más me parecía
-saber antes, otro tanto vi que ignoraba entonces, y a tal punto llegué
-que hoy me parece que nada sé ni espero que pueda saberse; cuanto más
-contemplo las cosas más dudo.
-
-Pues ¿cómo no dudar, si no puedo percibir ni conocer las naturalezas de
-las cosas, fuentes de la verdadera ciencia?
-
-Harto fácil es ver el imán; pero ¿qué es el imán en sí? ¿por qué atrae
-al hierro? Esto sería saber lo que es el imán si pudiéramos conocer las
-cosas. Con todo, los que se dicen sabios responden que la atracción se
-debe a una virtud oculta. Y a esto llaman saber, cuando verdaderamente
-es ignorar. Pues ¿qué diferencia hallaré entre quien me dice que no
-sabe por qué se hace una cosa y quien me afirma que se hace por una
-oculta y misteriosa propiedad?
-
-Y si a la duda de la atracción del hierro se añaden estas otras
-que aunque tuvieren satisfactoria respuesta provocarían nuevas
-interrogaciones sin fin, ¿quién se resiste a la evidencia de nuestra
-ignorancia? ¿Cómo tocado el hierro por el imán, de aquella parte de
-la piedra que en su criadero miraba al Norte, se vuelve siempre al
-Septentrión, y huye del lado contrario, merced a lo cual rodeamos
-la tierra en pequeña nave y conocemos en medio del océano un punto
-cualquiera con infalible certidumbre? ¿Cómo el imán no sólo atrae a un
-solo anillo ni a una sola aguja, sino que difunde también la fuerza
-transmitida por agujas y anillos a otros muchos hasta suspenderlos
-todos en el aire? Y si, finalmente, se le unta con ajo, ¿por qué
-languidece y pierde la fuerza de atraer?
-
-Este y otros innumerables ejemplos que podrían ponerse ¿no rinden los
-bríos de la razón al más docto y experimentado de los hombres?
-
- * * *
-
-Así ¿qué hará nuestro juez, ese juez imaginario de las cosas, aunque
-viva cien años en ancha y cabal plenitud? Experimentar algunas de esas
-cosas; experimentarlas mal y juzgarlas peor. De ninguna de ellas sabrá
-en absoluto nada.
-
-Pero aunque viese y estudiase muchas, no podría, sin embargo,
-examinarlas todas, que sería el único medio de aprender a conocerlas.
-A cada paso le asaltaría una duda: ¿habré experimentado bien? Y si
-consulta a otros diversos autores sobre los mismos objetos en examen,
-los hallará diversamente experimentados y traducidos: lo que uno dice
-que probó, asegura otro que es imposible; una experiencia contradice a
-otra experiencia.
-
-¿Cómo, pues, juzgará rectamente de lo oscuro y recóndito, de lo que en
-modo alguno puede ser alcanzado por el sentido, quien no está cierto de
-las cosas que al sentido se nos presentan y que por él han de conocerse?
-
-Y si, apartándonos de los doctos, nos arrimamos al vulgo, ¡cuánta
-variedad, cuánta discordia, qué de ignorancia y confusión!
-
-Se me replicará que de los hombres rudos ha de esperarse menos que de
-los letrados. Mas ¿no se dice comúnmente: _Voz del pueblo voz de Dios_?
-Y en verdad que es difícil suponer que todo el pueblo se engañe y sólo
-el filósofo tenga razón, principalmente en las cosas que estriban más
-en la experiencia que en el juicio. En general ha de creerse al vulgo
-en lo que se refiera a la agricultura, navegación, arte mercantil y
-oficios mecánicos, según la profesión de cada cual, pues también es
-dicho común que más vale el ignorante en su oficio que el sabio en el
-ajeno.
-
-Con todo, si se ha de escoger entre la opinión del pueblo y la opinión
-de los filósofos, se inclina el ánimo casi siempre a diputar por
-verdadero lo que el docto afirma. Y aunque parece racional que los
-que acierten sean pocos, también parece duro creer que se engañe tanta
-muchedumbre allí donde uno solo dice que dice la verdad.
-
-Por otra parte, lo que es tenido y confirmado durante largo tiempo por
-muchos parece que tiene mayor certidumbre que una novedad enseñada por
-uno solo. Claro está que hay verdades que viven desconocidas luengos
-años, pero también hay verdades harto conocidas que al cabo se hunden
-en el descrédito.
-
-¿Qué decir de tu opinión nueva, filósofo novel, que luchas contra
-el vulgo? ¿Es una verdad desconocida que ha de triunfar o es en el
-fondo una antigualla que debe morir? Si dices lo primero, tú y yo
-lo ignoramos. Y si respondes que tu opinión es una verdad añeja y
-autorizada (por aquello de que _nada se dice que antes no se haya
-dicho_) y me pruebas que ya otros hombres afirmaron antaño igual que
-tú, exactamente lo mismo puede afirmar y probar el que defiende un
-error, pues no hubo nunca opinión, por necia que fuere, que no hallase
-en el mundo seguidores.
-
- * * *
-
-Todo esto pugna, al cabo, contra mí al querer probar que nada se sabe,
-cuando hoy todo el mundo opina de diversa suerte. Pero, no obstante,
-algo hay a mi favor en el fondo de ese optimismo universal. ¿No dicen
-que la ciencia, para merecer tal nombre, ha de ser cierta, infalible
-y perenne? Pues ¿qué juzgará de la certidumbre, infalibilidad y
-permanencia del conocimiento científico el miserable anciano, por muy
-experimentado que fuere, al cerrar las últimas páginas del libro de su
-vida?
-
-
-
-
-Resumen.
-
-
-Quedan, a mi juicio, explanados los tres términos que hay que
-distinguir en el problema del conocimiento: la cosa que ha de ser
-conocida, el ente que conoce y el conocimiento mismo. Creo haber
-mostrado la vanidad e impotencia de nuestro saber por razón de su
-materia y la incapacidad de nuestras facultades cognoscitivas para
-alcanzar algo que no sea exterior, mudable y limitado.
-
-_Ciencia_, se dijo, _es el conocimiento perfecto de la cosa_; ¿y de qué
-cosa podemos presumir un conocimiento semejante? ¿Puede darse el nombre
-de ciencia a un conocimiento cualquiera? Tanto valdría decir que todo
-el mundo es sabio; el docto lo mismo que el ignorante, los hombres lo
-mismo que los brutos.
-
-Y que la ciencia debe ser conocimiento perfecto nadie lo duda; la
-incertidumbre está en que sea posible llegar a conocer perfectamente
-alguna cosa. ¿En dónde y en quién hallar ese puro y perfecto
-conocimiento? Lo ignoramos también, aunque lo más racional sea decir:
-en nadie, en parte ninguna de este mundo.
-
-Lo dijimos ya: el perfecto conocimiento requiere un ente perfecto,
-una perfecta adecuación del entendimiento a la cosa que se pretende
-conocer. Esa perfección del ente, esa _comprehensión_ intelectual nunca
-las vi. Si tú las viste, lector, escríbemelo. Y dime, también, si viste
-algo perfecto y cabal en la Naturaleza...
-
- * * *
-
-Nada me parece necesario añadir en punto a nuestra definición de la
-ciencia y a la demostración de la tesis: _que nada se sabe_.
-
-Si quieres más pruebas de esta cuestión, las hallarás copiosamente en
-el proceso de mis obras, en todas las cuales me propuse, directa o
-indirectamente, demostrar lo mismo. Por ahora, demos paz a la pluma y
-reposo también al pensamiento, que ya este discurso creció harto más de
-lo que yo deseaba.
-
-Viste, pues, lector, las dificultades que nos arrebatan la ciencia.
-Sé que no te agradarán muchas de las cosas que aquí dije y sospecho
-también que, al acabar la lectura, me reproches que no he demostrado
-nada.
-
-A lo menos, dije lo que pienso con toda la llaneza, sinceridad y
-rectitud que pude, ya que no quise cometer la misma falta que en los
-demás condeno: la de probar mi tesis con razones traídas por la melena,
-más oscuras y tal vez más dudosas que la cuestión.
-
-Es mi propósito fundar, en cuanto me sea posible, una ciencia segura y
-fácil, basándola no en quimeras y ficciones, ajenas a la realidad de
-las cosas, y útiles sólo para mostrar la sutileza y el ingenio de quien
-escribe, sino en los métodos firmes y positivos que puedan conducir a
-una concepción científica verdaderamente racional y elevada.
-
-No me faltaran a mí tampoco agudezas ni ingeniosas invenciones,
-como al más pintado, si en tales artificios y arrequives hallara yo
-contentamiento. Mas ¿qué deleite puede hallar un ánimo severo y libre,
-que sienta la sed de la verdad, en esas ficciones, divorciadas de la
-naturaleza, que antes engañan que instruyen y acaban por confundir lo
-falso y lo verdadero? ¿Cómo llamarle ciencia a ese tejer y destejer
-de sueños, de imposturas y delirios a esa invención de charlatanes y
-prestidigitadores?
-
-Tú, lector, juzgarás de todo ello: lo que aquí te pareciere bien
-recíbelo con amor; lo que aquí te disguste no lo rechaces con odio,
-pues fuera cruel hacer daño a quien intenta fustigar errores.
-
-Examínate a ti mismo. Si algo sabes, enséñamelo. Te daré las gracias.
-
-Yo, en tanto, ciñéndome a examinar las cosas, propondré en otro libro
-si es posible saber algo y de qué modo; esto es, cuál puede ser el
-método que nos conduzca a la ciencia en cuanto lo permita la humana
-fragilidad.
-
-Vale.
-
- * * *
-
-_Lo que se enseña no tiene más virtud que la que recibe de quien lo
-enseña._
-
- * * *
-
-QUID?
-
-
-
-
-ÍNDICE
-
-
- Páginas.
-
- DEDICATORIA. V
-
- FRANCISCO SÁNCHEZ, AL LECTOR. XI
-
- PRÓLOGO. XXIII
-
- Todo es cuestión de nombres. No hay
- nombre acomodado. 9
-
- La ciencia. 16
-
- Juicios lógicos. 20
-
- La demostración. 21
-
- Poco valor de los silogismos. 25
-
- ¿Qué es saber? 53
-
- Elementos de la ciencia. 59
-
- Casos prácticos. 64
-
- Consecuencias. 68
-
- Otra prueba de la ignorancia. 71
-
- Etimologías. 77
-
- Variedades humanas. 82
-
- Cuestiones indecisas. 85
-
- Otra causa de nuestra ignorancia. 89
-
- Infortunio del hombre de letras. 101
-
- El conocimiento y los sentidos. 103
-
- Pobreza del sujeto cognoscente. 107
-
- El conocimiento. 110
-
- Medios internos del conocimiento. 129
-
- De cómo la imperfección humana excluye
- un conocimiento perfecto. 135
-
- Nuevas dificultades para la
- investigación de la Verdad. 149
-
- Conclusión. Los únicos criterios
- de la Ciencia: el experimento y
- la crítica. 169
-
- Resumen. 183
-
-
-
-
-NOTAS
-
-
-[1] Un distinguido profesor del Mediodía de Francia, y buen amigo de
-España, Mr. Henry Pierre Cazac, me ha proporcionado algunos datos
-biográficos de gran novedad relativos a la persona de Francisco
-Sánchez, y que rectifican ciertas fechas tenidas hasta ahora por
-seguras.
-
-Consta en el libro de Astruc _Mémoires pour servir à l’histoire de la
-Faculté de Médecine de Montpellier_ que Francisco Sánchez, español,
-vino a estudiar medicina a Montpellier, y se inscribió por primera vez
-en los registros de matrícula en 1573. Es imposible, por tanto, que en
-esa fecha se hubiese graduado de doctor. Astruc añade que se graduó
-en años sucesivos; pero no dice una palabra de su profesorado, y en
-cambio advierte que Sánchez, terminada su carrera, pasó de Montpellier
-a Tolosa, en cuya Universidad obtuvo una regencia o cargo de regente
-_dont il s’acquitta avec beaucoup d’honneur_.
-
-La dedicatoria del _Carmen de Cometa_ (1578) está datada de Tolosa,
-donde Sánchez enseñó filosofía veinticinco años, y medicina por espacio
-de doce.
-
-Existe en la sala de Actos de la Universidad de Tolosa el retrato de
-Francisco Sánchez con la siguiente inscripción, que rectifica la fecha
-de su muerte admitida por todos los biógrafos, y que también admití
-yo en la primera edición de este discurso. La inscripción dice así:
-_«Franciscus Sanchez Lusitanus, antecesor regius saluberrimæ facultatis
-medicinæ in alma Universitate tolosana, profesor. Obiit anno MDCXXIII
-ætatis suæ LXX.--Quid? Liberalium artium cathedram prius occupaverat.»_
-
-El _Quid?_ es muy significativo como divisa escéptica, y ninguna otra
-tan apropiada para ponerse al pie de un retrato de nuestro filósofo.
-El cambio de 1623 por 1636 se explica fácilmente por un trastrueque de
-letras, que ha venido pasando de unos a otros escritores.
-
-Sánchez dirigió por espacio de treinta años el hospital de Santiago de
-Tolosa, según la _Biographie Toulousaine_.
-
-Describiendo el retrato de Sánchez, conservado en Tolosa (donde
-también está el de Raimundo Sabunde), me dice el Sr. Cazac que piensa
-reproducirle al frente de su versión francesa de este discurso: _«Tête
-longue avec une expression de finesse, qui n’exclut pas une certaine
-bonhomie.»_
-
-[2] Consta que existieron otros tres, citados en el _Diccionario_ de
-Moreri: _Método Universal de las Ciencias_, en castellano: _Examen
-Rerum, Tractatus de Anima_. Gran descubrimiento sería el de estos
-libros, que quizá existan aún en algunas bibliotecas del Mediodía de
-Francia.
-
-[3] No se saben solamente las cosas que se _demuestran_, sino también
-las que se _intuyen_. No es el único ni siquiera el principal criterio
-de verdad la _razón_; lo son también la _inteligencia_ o potencia
-intuitiva del mundo exterior y la _conciencia_ o potencia intuitiva del
-mundo interior; ellas, aparte de los sentidos.
-
-En este argumento apóyase gran parte del sofisma de los escépticos.
-
-Que _yo existo_, que _el mundo existe_, etc., no sólo no se demuestran,
-sino que no admiten demostración, como ningún axioma ni del mundo
-empírico ni del mundo ideal. Basta que el objeto se presente
-debidamente a la facultad suficientemente dispuesta para que el
-conocimiento se verifique: para saber que existe este libro, que lo
-estás leyendo, caro lector, te basta tenerlo delante, sin que nadie te
-lo demuestre. _Nota del Trad._
-
-[4] Es decir, ya sé menos todavía en eso de andar por géneros próximos
-y diferencias específicas... _N. del T._
-
-[5] Aristóteles.
-
-[6] Aristóteles y sus discípulos.
-
-[7] No se sabe solamente lo que se prueba. Las más de las cosas las
-sabemos por intuición. No podrás _probar_ que existe este libro que
-estás leyendo, lector amable, pero sabes _ciertamente_ que existe por
-que lo _intuyes_. Obsérvese que ahí estriba todo el sistema escéptico,
-en ese falso concepto del valor de los criterios de verdad y de
-certeza. _Nota del Trad._
-
-[8] Recuérdese que _Barbara_ es una palabra bárbara con que los
-escolásticos exagerados por amaneramiento y extremos de sutileza
-expresaron uno de los modos del silogismo.
-
-[9] Pronto se dejó sentir nuestro colosal esfuerzo colonizador en
-América.--(_N. del T._)
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- Que nada se sabe, by Francisco Sánchez «el Escéptico»&mdash;A Project Gutenberg eBook
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-<body class="formato">
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Que nada se sabe, by Francisco Sánchez</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Que nada se sabe</p>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Francisco Sánchez</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Commentator: Marcelino Menéndez y Pelayo</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: July 28, 2021 [eBook #65937]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net. (This file was produced from images generously made available by Biblioteca Digital Hispánica/Biblioteca Nacional de España.)</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <p><a href="#Notas">Notas</a></p>
- <h1 class="faux">Que nada se sabe</h1>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido respetada pero se han
- puesto tildes a las mayúsculas que las necesitaban.</li>
-
- <li>Las notas a pie de página han sido renumeradas y ubicadas al final
- del libro.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
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-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_ii">p. ii</span></p>
- <div class="figcenter">
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- alt="Primera página de la portada" />
- </div>
- <p class="caption">BIBLIOTECA RENACIMIENTO<br />
- <span class="smcap">Colección</span> GIL-BLAS,<br />
- <span class="smcap">dirigida por Don Ricardo León,<br />
- de la Real Academia Española</span><br />
- CLÁSICOS ESPAÑOLES</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
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- style="width: 22em; height: auto;"
- alt="Segunda página de la portada" />
- </div>
- <p class="caption">QVE NADA SE SABE<br />
- <i>POR EL</i><br />
- DOCTOR FRANCISCO SÁNCHEZ<br />
- <i>MÉDICO Y FILÓSOFO</i><br />
- <i>PRIMERA TRADVCCIÓN<br />
- EN LENGVA CASTELLANA</i><br />
- Con un prólogo de MENÉNDEZ Y PELAYO.</p>
- <p class="caption">GIL-BLAS<br />
- RENACIMIENTO</p>
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch01">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_v">p. v</span></p>
- <h2 class="centro lh150 ws1"><i>DEDICATORIA</i></h2>
- <p class="centra fs110 lh150 ws1 mt05"><i>Al integérrimo y elocuentísimo varón<br />
- Diego de Castro<br />
- saluda<br />
- Francisco Sánchez.</i></p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_vii">p. vii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img src="images/i006.jpg"
- style="width: 28em; height: auto;"
- alt="Ilustración ornamental" />
- </div>
-</div>
-
-<div class="cursiva mt8">
-
-<div class="drop">
- <img src="images/cap_r.jpg"
- style="width: auto; height: 5.5em;"
- alt="R" />
-</div>
-
-<p class="icap"><span class="versal">Revolviendo</span> ha poco mi
-biblioteca, Diego carísimo, di casualmente con este opúsculo que
-compuse y trabajé durante siete años con propósito de no darle a luz
-antes del noveno; mas ahora que le hallé, hecho una criba de la polilla
-y los ratones, comprendí que si aún espero dos años en dar sus pobres
-folios a la estampa es de temer que más sirvieran para darles al fuego
-que para darles a luz.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_viii">p. viii</span>Ello me indujo a
-abortar el librejo a toda prisa, juzgando ambiciosamente que así como
-los partos humanos no sólo son viables al noveno mes, sino también
-cuando alcanzan el séptimo, de igual suerte podrá sobrevivir, con toda
-su ruindad, este aborto sietemesino.</p>
-
-<p>¿Cuántos meses, cuántos años, cuántos siglos serían menester
-para que en los partos del ingenio nada hubiese al cabo que mudar
-ni corregir? ¿Y no vemos con frecuencia cómo los autores, al pulir
-y rehacer sus obras para acrecentar su virtud, las deforman en
-vez de reformarlas y enervan o aniquilan sus bríos en lugar de
-robustecerlos?</p>
-
-<p>Salga, pues, al campo este engendro de mi mocedad, libre y silvestre
-como las palomas torcaces, llano y rudo como el soldado que va a
-combatir contra el error. Y si acontece que le acorralan sus enemigos,
-encárgale que se acoja a tus reales, amantísimo Castro, que en parte
-alguna se hallará más seguro.</p>
-
-<p>Y para que nadie le corte el paso antes que tú le conozcas,
-te lo envío con estas letras para que lo más pronto posible te
-salude en mi nombre, confirme<span class="pagenum" id="Page_ix">p.
-ix</span> nuestra amistad y, sellado con tus armas, salga a campaña
-desembarazadamente.</p>
-
-<p>Recíbelo, pues, con alegre rostro e inscríbele en el número de los
-tuyos y a mí con él.—<span class="smcap">Vale.</span></p>
-
-<p class="mt2">En Tolosa de Francia, año de 1581.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch02">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_xi">p. xi</span></p>
- <h2 class="centro lh200 ws1"><i>FRANCISCO SÁNCHEZ<br />
- <small>AL LECTOR</small></i></h2>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_xiii">p. xiii</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img src="images/i012.jpg"
- style="width: 28em; height: auto;"
- alt="Ilustración ornamental" />
- </div>
-</div>
-
-<div class="cursiva mt8">
-
-<div class="drop">
- <img src="images/cap_i.jpg"
- style="width: auto; height: 5.5em;"
- alt="I" />
-</div>
-
-<p class="icap2"><span class="versal">Innato</span> es en los
-hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida la ciencia. Y no
-ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del mayor número de los
-hombres.</p>
-
-<p>Desde mi primera edad, aficionado a la contemplación de la
-naturaleza, dime a inquirir minuciosamente sus secretos; y aunque,
-al principio, mi espíritu, ávido de saber, solía contentarse con
-el primer manjar que de cualquier modo se le ofreciese, no se
-pasó mucho tiempo sin que, presa de grave<span class="pagenum"
-id="Page_xiv">p. xiv</span> indigestión, comenzase a arrojar de sí tan
-mal acondicionados alimentos.</p>
-
-<p>Comencé entonces a buscar algo que mi mente pudiera asimilar y
-comprender con facilidad y exactitud, algo en cuyo conocimiento y
-certidumbre hallara luz y reposo, mas nada encontré que a llenar
-viniera mis deseos. Revolví los libros de los autores pasados;
-interrogué a los presentes: cada cual decía una cosa distinta; ninguno
-me dió respuesta que del todo me satisficiese.</p>
-
-<p>Confieso que en algunos avizoré y entreví ciertas sombras y dejos
-de verdad, pero ni uno solo me mostró, sincera y definitivamente, la
-verdad absoluta ni aun me dió un juicio recto y desinteresado de las
-cosas.</p>
-
-<p>Entonces me encerré dentro de mí mismo y poniéndolo todo en duda
-y en suspenso, como si nadie en el mundo hubiese dicho nada jamás,
-empecé a examinar las cosas en sí mismas, que es la única manera de
-saber algo. Me remonté hasta los primeros principios, tomándolos como
-punto de partida para la contemplación de los demás, y cuanto<span
-class="pagenum" id="Page_xv">p. xv</span> más pensaba más dudaba: nunca
-pude adquirir conocimiento perfecto.</p>
-
-<p>Sentí una profunda desesperación, mas persistí no obstante en mi
-ardentísima y angustiosa empresa intelectual. Volví a acercarme a los
-Maestros, y de nuevo les pregunté con ansia por la Verdad codiciada. ¿Y
-qué me contestaron? Cada uno de ellos se había construído una ciencia
-con sus propias imaginaciones o con las ajenas; de las cuales deducían
-nuevas consecuencias, más fantásticas aún, y de esas consecuencias
-artificiales inferían otras y otras, fuera ya de las cosas mismas,
-hasta dar en un laberinto de palabras sin fundamento alguno de verdad.
-Así, en vez de una recta interpretación de los fenómenos naturales,
-se nos ofrece un tejido de fábulas y ficciones que ningún cabal
-entendimiento puede recibir. Pues ¿quién ha de comprender lo que no
-existe: los átomos de Demócrito, las ideas de Platón, los números
-de Pitágoras, los universales de Aristóteles, el intelecto agente y
-todas esas famosas invenciones que nada enseñan ni descubren si no es
-el ingenio de sus artífices? Con este cebo pescan a los ignorantes,
-prometiéndoles que les revelarán<span class="pagenum" id="Page_xvi">p.
-xvi</span> los recónditos misterios de la Naturaleza y los infelices lo
-creen a pie juntillo, tornan a resobar los libros de Aristóteles, los
-leen y releen, los aprenden de memoria, y es tenido por más docto el
-que mejor sabe recitar el texto aristotélico.</p>
-
-<p>¡Qué profunda miseria! Si tú, pensador de buena fe les niegas
-algo a los tales de lo que allí se contiene, te llamarán blasfemo;
-si arguyeres en contra te apellidarán sofista. ¿Qué les vas a hacer?
-Engáñense en buen hora los que quieran vivir engañados. Yo no escribo
-para tales hombres; ni aun pretendo que lean mis escritos. No faltará,
-sin embargo, alguno de ellos que leyéndome y no entendiéndome (¿qué
-sabe el asno del son de la lira?) pretenda hincarme el diente venenoso;
-pero le sucederá lo que a la sierpe de la fábula esópica, que quiso
-morder la lima y sólo consiguió quebrarse los dientes en el acero. Yo
-aspiro a que me lean y entiendan los fuertes y juiciosos varones que no
-están acostumbrados a jurar sobre las palabras de ningún maestro, sino
-a examinar las cosas por sí mismos, a acometer con su propia espada
-todas las cuestiones, guiados por el sentido y la razón.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_xvii">p. xvii</span>Tú, lector
-desconocido, quien quiera que seas, con tal que tuvieres la misma
-condición y temperamento que yo; tú, que dudaste muchas veces, en lo
-secreto de tu alma, sobre la naturaleza de las cosas, ven ahora a dudar
-conmigo; ejercitemos juntos nuestros ingenios y facultades; séanos a
-los dos libre el juicio, pero no irracional.</p>
-
-<p>Pero dirásme, por ventura: —¿Qué novedades puedes tú traerme
-después de tantos y tan ilustres sabios como en el mundo han sido? ¿Te
-estaba esperando a ti solo la Verdad? —Ciertamente que no —respondo al
-punto—. Pero ¿acaso la Verdad les había esperado antes a ellos? Porque
-Aristóteles haya escrito, ¿me he de callar yo? ¿Por ventura Aristóteles
-llegó a apurar en sus obras toda la potestad de la naturaleza y abrazó
-todo el ámbito de los seres? No creeré tal aunque me lo prediquen
-algunos doctísimos modernos exageradamente adictos al Estagirita a
-quien llaman dictador de la Verdad y árbitro de la Ciencia. No: en la
-república de la ciencia, en el tribunal de la verdad, nadie juzga,
-nadie tiene imperio sino la verdad misma.</p>
-
-<p>Yo tengo a Aristóteles por uno de los más agudos<span
-class="pagenum" id="Page_xviii">p. xviii</span> y sutiles
-escudriñadores de la Naturaleza que hubo en el mundo; yo le admiro como
-a uno de los más fértiles ingenios que ha producido la especie humana:
-pero afirmo, también, que ignoró muchas cosas, que en otras muchas
-anduvo vacilante, que enseñó no pocas con grande confusión, que algunas
-cuestiones las trató sucintamente o las pasó y huyó por no atreverse a
-afrontarlas. Hombre era al fin, lo mismo que nosotros, y hartas veces,
-contra su voluntad, hubo de dar muestras de la limitación y flaqueza
-humanas. Tal es nuestro juicio. Suceden tiempos a tiempos, y con los
-tiempos se mudan las opiniones de los hombres; cada cual cree haber
-encontrado la verdad, siendo así que de mil que opinan variamente sólo
-uno puede estar en lo cierto. Mas dentro de esa fatal y común flaqueza,
-todos los hombres deben ejercitar sus facultades y, sin curar de
-opiniones ajenas, aun a costa de errores y caídas, investigar las cosas
-por sí mismos.</p>
-
-<p>Séame, pues, lícito, como a todos los demás, y con ellos o sin
-ellos, hacer la misma indagación. Quizá encuentre, al apartarme de
-las antiguas autoridades, un destello de la verdad que busco. Y<span
-class="pagenum" id="Page_xix">p. xix</span> no te admire, lector, que
-después de tantos y tan ilustres varones venga yo, tan humilde, a mover
-de nuevo esta roca, pues no sería la primera vez que un ratoncillo
-rompiese los lazos que sujetaban al león; más fácilmente cobran la
-presa muchos perros que uno solo.</p>
-
-<p>Y no por eso te prometo la verdad, pues yo la ignoro lo mismo que
-todas las demás cosas; únicamente prometo inquirirla en cuanto me sea
-posible, para ver si sacándola de las cavernas en que suele estar
-encerrada puedes tú perseguirla en campo raso y abierto. Ni tampoco
-tengas tú muchas esperanzas de alcanzarla nunca ni, menos, de poseerla;
-conténtate, como yo, con perseguirla. Este es mi fin, este es mi
-propósito, este debe ser también el tuyo.</p>
-
-<p>Empezando, pues, por los principios de las cosas, vamos a examinar
-los fundamentos más graves de la Filosofía, los que pusieron por base a
-sus doctrinas los más insignes pensadores. Pero no me detendré mucho en
-cuestiones particulares, porque quiero llegar pronto a exponer aquellas
-nociones filosóficas que sirven de cimiento a la Medicina, de<span
-class="pagenum" id="Page_xx">p. xx</span> cuyo arte soy profesor. Si
-quisiera recorrer todo el campo vastísimo de la Ciencia, la vida no me
-bastara.</p>
-
-<p>Ni esperes de mí compuesta y atildada expresión. Si me pusiera a
-escoger las palabras y a usar de giros elegantes, la Verdad se me
-escaparía de entre las manos. Si buscas elocuencia, pídesela a Cicerón,
-cuyo era este oficio: yo hablaré con suficiente hermosura si hablare
-con suficiente verdad. Quédense las bellas palabras para los poetas,
-los cortesanos, los amantes, las meretrices, los rufianes, aduladores,
-parásitos y gentes de esa laya, que tanto se precian de hablar bien. A
-la Ciencia le basta siempre, porque es lo único necesario, la propiedad
-del lenguaje.</p>
-
-<p>Tampoco me pidas autoridades ni falsos acatamientos a la opinión
-ajena, porque ello más bien sería indicio de ánimo servil e indocto
-que de un espíritu libre y amante de la verdad. Yo sólo seguiré
-con la razón a sola la naturaleza. La autoridad manda creer; la
-razón demuestra las cosas; aquélla es apta para la fe; ésta para la
-ciencia.</p>
-
-<p>Y quiera Dios que con el mismo ánimo que yo,<span class="pagenum"
-id="Page_xxi">p. xxi</span> sincero y vigilante, escribo estos
-renglones, los recibas tú, vigilante y sincero, y los juzgues con mente
-sana y libre, rechazando con firmes razones aquello que te parezca
-falso (cosa para mí agradable por ser tan propia de un filósofo) y
-sin necesidad de injurias (cosas, al fin, de mujerzuelas, indignas
-de un filósofo y para mí, por tal, muy desagradables), aprobando y
-confirmando, últimamente, aquello que te parezca verdadero.</p>
-
-<p>Lo cual aguardo que hagas, en espera de futuras y más provechosas
-investigaciones.—<span class="smcap">Vale.</span></p>
-
-
-<p class="lh100 mt2"><small>En Tolosa, en las calendas de enero, año de
-la Redención mil y quinientos setenta y seis.</small></p>
-
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6" id="Ch03">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_xxiii">p. xxiii</span></p>
- <h2 class="centro lh150 ws1"><i>PRÓLOGO</i></h2>
- <p class="centra fs110 lh150 ws1"><i>de<br />
- MENÉNDEZ Y PELAYO</i></p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_xxv">p. xxv</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img src="images/i024.jpg"
- style="width: 28em; height: auto;"
- alt="Ilustración ornamental" />
- </div>
-</div>
-
-<div class="cursiva mt8">
-
-<div class="drop">
- <img src="images/cap_d.jpg"
- style="width: auto; height: 5.5em;"
- alt="D" />
-</div>
-
-<p class="icap"><span class="antiqua"><span class="versal">De</span>
-multum nobili et prima, universali scientia quod nihil scitur</span>,
-fué publicado por primera vez, que yo sepa, en 1581, pero escrito
-en 1576, como del prólogo y de la dedicatoria a Diego de Castro se
-infiere. Del autor de este libro singularísimo pocas noticias tengo,
-fuera de las que ya consignó su primer biógrafo y discípulo, Ramón
-Delasse, al frente de la colección de las obras médicas y filosóficas
-de Sánchez, que se imprimieron juntas en Tolosa de Francia en
-1636, noticias que luego, con poca variedad, reprodujeron Nicolás
-Antonio<span class="pagenum" id="Page_xxvi">p. xxvi</span> en su <span
-class="antiqua">Bibliotheca Hispana Nova</span>, Bayle en su famoso
-<span class="antiqua">Diccionario</span>, y Barbosa Machado en su <span
-class="antiqua">Biblioteca Lusitana</span>. Dícese, ignoramos con qué
-fundamento, que era de origen judío, y podemos afirmar que nació por
-los años de 1552; su patria fué, según unos, la ciudad de Tuy; según
-otros, la de Braga o algún pueblo de su archidiócesis, en tiempos en
-que distaba mucho de estar consumada la funesta escisión moral de la
-Península, y en que todavía el metropolitano Bracarense disputaba a
-Toledo y a Tarragona la primacía de las Españas. Por motivos que no se
-indican, pero que algo tendrían que ver con su condición de cristiano
-nuevo, el médico Antonio Sánchez, padre de nuestro filósofo, hubo de
-trasladarse a Francia y establecerse en Burdeos, donde ejerció su
-profesión con mucho crédito y donde era grande el concurso de españoles
-y duraba aún la fama del insigne humanista valenciano Juan Gélida,
-llamado por Luis Vives <span class="antiqua">alter nostri temporis
-Aristoteles</span>. Comenzó Francisco Sánchez sus estudios en Francia
-y los continuó en Italia, haciendo larga residencia en Roma. Pero el
-campo principal de sus triunfos fué la escuela médica de Montpellier,
-en la cual se graduó de doctor en 1573, y después de haber sido
-ayudante del famoso médico Huchet, obtuvo en brillantes oposiciones, a
-los<span class="pagenum" id="Page_xxvii">p. xxvii</span> veinticuatro
-años de edad, una de las principales cátedras de aquel gimnasio, la
-cual desempeñó por espacio de once años. Las guerras civiles llamadas
-de religión y los tumultos del tiempo de la Liga le hicieron abandonar
-aquel quieto asilo de la ciencia, refugiándose en Tolosa, donde vivió
-el resto de sus días, ocupado en la práctica de la medicina, que le
-granjeó estimados honores. Murió en 1623, a los setenta años de edad.<a
-id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a> Sus hijos,
-Dionisio y Guillermo Sánchez, hicieron imprimir<span class="pagenum"
-id="Page_xxviii">p. xxviii</span> en 1636 la edición general de sus
-obras, que comprende gran número de tratados de medicina, entre los
-cuales descuellan los tres libros <span class="antiqua">De Morbis
-internis</span>, los dos de <span class="antiqua">De Febribus et earum
-synptomatibus</span>, y la <span class="antiqua">Summa Anatomica</span>
-en cuatro libros, sin hacer méritos de muchos comentarios a Galeno y de
-una <span class="antiqua">Censura de las Obras de Hipócrates</span>.
-Los libros de filosofía no son más que cuatro y muy breves;<a
-id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a> tres
-de ellos comentarios o más<span class="pagenum" id="Page_xxix">p.
-xxix</span> bien observaciones escépticas sobre algunos tratados
-aristotélicos como el de <span class="antiqua">De divinatione per
-somnium</span> y la <span class="antiqua">Phisiognomia</span> (este
-último tenido hoy por apócrifo). El cuarto y el más importante de
-todos es el <span class="antiqua">Quod nihil scitur</span>, obra
-que, a pesar de tener muy pocas páginas y estar escrita con rapidez,
-ligereza y gracia de estilo que ciertamente convidan a su lectura,
-ha sido hasta el presente mucho más citada que leída. El título
-paradójico que su autor la dió ha extraviado a la mayor parte de los
-críticos, induciéndoles a creer que se trataba de una declamación
-contra las ciencias, semejante a la de Cornelio Agripa. Nada más lejano
-de la mente de Sánchez que imitar el mal ejemplo de aquel charlatán
-filosófico. Sánchez, hombre de ciencia positiva, médico de los más
-famosos de su tiempo, matemático y astrónomo que no dudó medir sus
-fuerzas con el mismo Cristóbal Clavio, no iba a perder su tiempo en
-un vano ejercicio retórico. Su escepticismo no podía ser más que
-propedéutico; si atacaba la ciencia de su siglo, era para preparar
-los caminos a una concepción científica que él tenía por más racional
-y elevada. Es cierto que de su sistema no nos queda más que la parte
-negativa o destructiva, pero el autor anuncia constantemente que
-dará luego una parte positiva, y que el actual opúsculo sólo puede
-considerarse<span class="pagenum" id="Page_xxx">p. xxx</span> como
-introducción o trabajo previo. Dondequiera anuncia su formal propósito
-de intentar la reconstrucción de la ciencia, basándola no en quimeras
-y ficciones, sino en la propia realidad de las cosas, huyendo de
-imposturas, sueños, delirios y prestidigitaciones filosóficas. Su
-empeño es no menor que lo fué luego el de Descartes. Rehacer totalmente
-la síntesis científica, mostrando: primero, si es posible saber alguna
-cosa, y segundo, cuál puede ser el método que nos lleve a esta ciencia
-segura y novísima.</p>
-
-<p>... Las palabras con que Francisco Sánchez en 1576 nos declara que
-después de haber pasado por la filosofía de las escuelas, y por un
-período en que le invadió lo que Kant llama <span class="antiqua">el
-tedio de pensar</span>, buscó una tabla a que asirse en el naufragio de
-todas las tesis dogmáticas, y se encerró dentro de su propia conciencia
-y empezó a dudar de todo, hasta de los primeros principios, son punto
-por punto las mismas con que Descartes había de encabezar en 1637 su
-<span class="antiqua">Discurso sobre el método</span>. Y ved, lectores,
-cómo cada día resulta más evidente que el cartesianismo se formó en
-gran parte con despojos de la filosofía española: tomando de Sánchez la
-duda metódica y el replegarse en propia conciencia; tomando de Gómez
-Pereira el razonamiento inicial que con nombre<span class="pagenum"
-id="Page_xxxi">p. xxxi</span> de silogismo o entimema no es más que
-la afirmación espontánea del hecho primitivo de conciencia, base del
-método psicológico.</p>
-
-<p>No esperéis de mí, ni cabe en los límites de este discurso, que
-ya va adquiriendo desusadas proporciones, un análisis completo del
-libro de Sánchez. Muy corto es, pero no hay en él palabra perdida;
-para mostrar toda su originalidad, habría que pesarlas una tras otra.
-Además, este trabajo ha sido ya brillantemente realizado en una tesis
-alemana, a la cual me remito para todos los desarrollos que aquí se
-echen de menos. A mi propósito baste indicar aquellos puntos cardinales
-que, separando a Sánchez del escepticismo vulgar, lo convierten en
-verdadero precursor del cristianismo positivista. Otros pensadores,
-especialmente españoles y también italianos, le habían precedido en
-sus violentos ataques contra el principio de la autoridad escolástica,
-en sus valientes afirmaciones de la autonomía científica y de los
-fueros del propio pensar, en su guerra contra Aristóteles, y aun si se
-quiere en su anticipado cartesianismo. Pero la originalidad de Sánchez
-consiste en ser un escéptico empedernido en cuanto a toda realidad
-metafísica superior al mundo de los fenómenos, y un fogoso creyente
-en los resultados de la ciencia experimental,<span class="pagenum"
-id="Page_xxxii">p. xxxii</span> como no podía menos de serlo un tan
-célebre anatómico como él, que, según refiere su biógrafo, había
-formado una especie de sociedad secreta para hacer la disección de
-los cadáveres del hospital de Tolosa. Un tan aventajado discípulo y
-émulo de Vesalio, de Servet, de Realdo Colombo y de Fallopio, no podía
-profesar, en cuanto a las ciencias naturales, aquella manera de grosero
-y plebeyo escepticismo que tanto ofende en las paradojas de Cornelio
-Agripa. Tenía que ser un escéptico empírico, como lo fueron los
-médicos alejandrinos sucesores de Enesidemo, como lo fué, por ejemplo,
-Menodoto, el adversario de Galeno.</p>
-
-<p>A primera vista, nada más radical que las primeras afirmaciones
-de Sánchez: ni siquiera está seguro de que no sabe nada; se limita a
-conjeturarlo vehementemente de sí mismo y de los demás. No podemos
-conocer la naturaleza de ninguna cosa.</p>
-
-<p>Y si no la conocemos, ¿cómo ha de ser posible la demostración?
-Y si no podemos demostrar nada, ¿cómo nos atrevemos a definirlo?
-¿Cómo tenemos la audacia de poner nombres a las cosas que ignoramos?
-Cuando se define el hombre «animal racional mortal», ¿qué quiere
-decir <span class="antiqua">animal</span>, qué quiere decir
-<span class="antiqua">racional</span>, qué quiere decir <span
-class="antiqua">mortal</span>? No se puede salir del paso como
-no fuera definiendo<span class="pagenum" id="Page_xxxiii">p.
-xxxiii</span> por géneros y diferencias superiores, hasta llegar
-al Ente último, que nadie sabe lo que significa, pero que ya no
-se define, porque no tiene género superior. Ente, sustancia,
-cuerpo, viviente, animal, hombre... palabras y palabras. ¿Qué
-quiere decir <span class="antiqua">cualidad</span>, qué <span
-class="antiqua">naturaleza</span>, <span class="antiqua">alma</span>,
-<span class="antiqua">vida</span>? Cada filósofo entiende estos
-términos a su modo, y los hace servir a su propósito. Y si queremos
-guiarnos por el uso vulgar, tampoco encontramos uniformidad ni
-concordia.</p>
-
-<p>Sánchez es, por consiguiente, un nominalista acérrimo, para quien
-las palabras no son más que signos de sensaciones. Pero ¿hemos de creer
-que por eso no tenga un concepto de la ciencia? Sí que le tiene, y
-es cardinal en su filosofía; pero antes de llegar a él, empieza por
-analizar y rechazar el de Aristóteles: <span class="antiqua">scientia
-est habitus per demostrationem acquisitus</span>. «Es definir lo
-obscuro por lo más obscuro (dice nuestro filósofo); todavía entiendo
-menos lo que es el hábito que lo que es la ciencia. Y volveremos a
-enredarnos en la serie de los predicamentos, para venir a parar en
-el consabido Ente. Y ¿qué son los predicamentos? Una serie larga de
-palabras inventadas para que los lógicos disputen eternamente sobre
-su orden, sobre su número, sobre sus diferencias y propiedades,
-sepultándose a sí propios y a los míseros<span class="pagenum"
-id="Page_xxxiv">p. xxxiv</span> oyentes en un caos profundísimo
-de inepcias, de que está llena la misma lógica de Aristóteles, y
-mucho más las dialécticas posteriores. A esto se añade la ficción
-aristotélica de los universales, no menos vacía que la de las ideas
-platónicas; y esa nueva quimera del entendimiento agente, abstrayente
-e iluminante, que más bien llamaríamos obscureciente. Así se forma
-todo ese laberinto de disputas eternas sobre los términos equívocos,
-unívocos, análogos, denominativos, de primera intención, de segunda
-intención, categoremáticos, sincategoremáticos y otras innumerables
-denominaciones. ¡Y a esto llamamos ciencia! En vez de perfeccionar
-el entendimiento, educamos generaciones de insensatos; en vez de
-investigar las causas de los fenómenos naturales, las inventamos, y
-el que las multiplica más y las hace más obscuras pasa por más sabio;
-una ficción resuelve otra ficción, y un clavo impele otro clavo. Más
-que ejercicio de filósofos, parece escamoteo de prestidigitadores o
-nigromantes.»</p>
-
-<p>«¿Y cómo hemos de creer (prosigue Sánchez) que la demostración
-pueda fundarse en el silogismo? Me dirás, ¡oh escolástico!, que soy
-blasfemo, y que merezco ser apedreado. Tú sí que mereces palos, por
-dejarte engañar con tales trampantojos. Anda, pruébame que el<span
-class="pagenum" id="Page_xxxv">p. xxxv</span> hombre es un Ente.
-Y empezáis a discurrir de este modo: «el hombre es sustancia, la
-sustancia es Ente; luego el hombre es Ente». Y yo dudo de lo primero
-y dudo de lo segundo, y por tanto dudo de la conclusión. Y tú sigues
-probando: «el hombre es cuerpo, el cuerpo es sustancia; luego el hombre
-es sustancia». Y yo dudo de la mayor y de la menor. Y tú continúas:
-«el hombre es viviente, el viviente es cuerpo; luego el hombre es
-cuerpo». Y como prosigo en mis dudas, me lanzas este otro silogismo:
-«el hombre es animal, el animal es viviente; luego el hombre es
-viviente». ¡Dios mío, qué fárrago para probar que el hombre es un Ente!
-La prueba es más obscura que la cuestión. Y a todo esto continuamos
-ignorando lo que es Ente, lo que es sustancia, lo que es vida, lo que
-es animal y lo que es hombre. ¿Qué has adelantado con tus silogismos?
-Tan dudosa has dejado la demostración como estaba al principio, y
-aún recelo que ese Ente de que hablas haya quedado tan en el aire,
-que nos aplaste a ti y a mí en su caída. ¿Para qué quieres engañarte
-y engañarme con esas concatenaciones de términos verbales? Confiesa
-como yo que no sabemos una palabra. Todos esos grados intermedios no
-sirven más que para confundir la mente y disimular la ignorancia. Casi
-todo eso que llamáis Metafísica se reduce a puras definiciones<span
-class="pagenum" id="Page_xxxvi">p. xxxvi</span> nominales. Ignorando
-las partes se ignora el todo, y la verdad es que no sabemos ni el todo
-ni las partes. Pero yo tengo la ventaja de confesar mi ignorancia, como
-los escépticos, académicos y pirrónicos, y como aquel sapientísimo y
-excelente varón llamado Sócrates, si bien éste, a mi entender, afirmó
-demasiado cuando dijo que no sabía nada, puesto que en rigor ignoraba
-esto lo mismo que todo lo demás. Sin duda por eso no escribió nunca una
-letra, y yo, mirándolo bien, debía seguir su ejemplo, pues ¿qué cosa
-podré decir que esté libre de error o falsedad? Todas las cosas humanas
-me parecen sospechosas, empezando por estas mismas que voy escribiendo.
-Pero no me callaré, sino que diré libremente que creo o sospecho que
-no sé nada, para que tú, ¡oh lector!, no te fatigues en vano esperando
-que algún día vas a obtener la verdad; y si después de haberte enseñado
-esto llego a descubrir algo de lo que la naturaleza nos encubre, ni aun
-de este descubrimiento me cuidaré mucho, porque al fin todo es vanidad,
-como dijo el hombre más sabio de este mundo.»</p>
-
-<p>En suma, que la ciencia, suponiendo que en algún modo sea posible,
-no se obtendrá nunca ni por método deductivo ni por demostración. La
-demostración es un sueño de Aristóteles, tan sueño como la República
-de<span class="pagenum" id="Page_xxxvii">p. xxxvii</span> Platón. No
-existe ni es posible demostración alguna. El silogismo no ha servido
-para fundar ninguna ciencia, sino para echarlas a perder y confundirlas
-a todas. Sirve sólo para apartar los hombres de la contemplación
-de la realidad, y burlarlos e iludirlos con sombras y apariencias
-engañosas.</p>
-
-<p>En resolución, Francisco Sánchez declara que de Aristóteles y de
-sus discípulos nunca sacó su espíritu más positiva ventaja que la de
-moverle con sus contradicciones y dificultades a «huir de ellos y a
-refugiarse en la realidad de las cosas» <span class="antiqua">(ad
-quamlibet rem contemplandam me accinxi... iis dimissis ad res confugi,
-inde iudicium petiturus).</span> «La ciencia no está en los libros,
-sino en las cosas. El que me muestra alguna con el dedo no produce en
-mí la visión, sino que ejercita la potencia visual para que se reduzca
-a acto.»</p>
-
-<p>Gran necedad le parece a nuestro escéptico el suponer que la
-demostración puede tener fuerza necesaria como derivada de principios
-eternos e inviolables, cuando en primer lugar es dudoso que tales
-principios existan, y si existen, son enteramente incógnitos para
-nosotros, que somos seres corruptibles y sobremanera violables
-en poquísimo tiempo. La verdadera ciencia, si es que alguna
-ciencia existe, ha de ser ciencia libre y<span class="pagenum"
-id="Page_xxxviii">p. xxxviii</span> nacida de libre entendimiento, y si
-no percibe la cosa en sí misma, tampoco la percibirá obligada por los
-artificios dialécticos de ninguna demostración.</p>
-
-<p>A veces el menosprecio de la ciencia escolástica llega a tal punto
-en Francisco Sánchez, que, dirigiéndose a su interlocutor supuesto,
-le exhorta a que abandone el pueril ejercicio de juntar absurdas
-proposiciones para construir su silogismo bárbaro, y se dedique a
-cualquier arte liberal o mecánica, porque un buen arquitecto, un buen
-curtidor, un buen zapatero y hasta uno malo y remendón, valen más que
-un inepto filósofo. Pero su humorismo escéptico le impone en seguida
-una salvedad necesaria: «tú no me puedes entender, porque no sabes
-nada, y como yo también lo ignoro todo, tampoco te podría persuadir de
-ello, por mucho que me empeñara».</p>
-
-<p>Pero en último caso, si la ciencia existe, o puede existir en lo
-sucesivo, nunca habrá de ser un fárrago de conclusiones dialécticas
-y de especies varias, sino una visión interna (SCIENTIA AUTEM NIHIL
-ALIUD EST QUAM INTERNA VISIO), una <span class="antiqua">intuición
-directa de las cosas singulares</span> o individuales. De aquí se
-infiere, y Sánchez lo deduce con su rigor nominalista y fenoménico,
-que la ciencia sólo puede ser ciencia de cada cosa en particular
-y no de muchas a un tiempo, así como de<span class="pagenum"
-id="Page_xxxix">p. xxxix</span> cada objeto no se da más que una
-visión. No es posible entender dos cosas a la vez, como no es posible
-percibir a un tiempo dos objetos. Pero así como todos los hombres,
-específica o nominalmente, son un hombre solo, también la visión se
-llama una, aunque sea de muchas cosas, y aunque sean muchas visiones a
-un tiempo. Y así podemos decir que la Filosofía es una ciencia sola,
-aunque sea contemplación de muchas cosas, cada una de las cuales exige
-antes particular contemplación. Una ciencia basta, en rigor, para todo
-el mundo, y todo el mundo no basta para la ciencia. «Para mí, la menor
-cosa de este mundo sería materia de contemplación para toda la vida, y
-no por eso tendría yo la esperanza de haberla conocido bien. Créeme:
-muchos son los llamados y pocos los escogidos, y si quieres hacer la
-prueba, ponte a analizar un insecto, y verás lo poco que llegas a
-saber.»</p>
-
-<p>La ciencia no puede ser un ejercicio de memoria, aunque la
-memoria sea necesaria para conservarla; ni podemos afirmar que su
-objeto esté en nosotros, puesto que nuestras mismas dificultades
-nos son imperfectamente conocidas, y nada sabemos, en rigor, ni de
-nuestro cuerpo, ni de nuestra alma, ni de nuestra inteligencia, ni
-de las imágenes de nuestra fantasía. Existan o<span class="pagenum"
-id="Page_xl">p. xl</span> no existan las cosas, y respondan a ellas
-sus imágenes o no respondan, la ciencia no puede ser un hábito ni
-una cualidad, sino una visión, un acto simple de la mente, un acto
-perfecto desde la primera intuición. Y esto no por la reminiscencia
-platónica, que Sánchez combate largamente con razones análogas a
-las de los peripatéticos, ni porque en esta intuición vaya envuelto
-el conocimiento de las causas, que en buena doctrina escéptica son
-totalmente inasequibles, como nuestro autor inculca en repetidos
-lugares, así respecto de la causa final como de la eficiente; no
-porque de lo relativo deduzcamos lo absoluto, que es incomprensible e
-ininteligible en sí (lo <span class="antiqua">incondicionado</span>
-de Hamilton, lo <span class="antiqua">incognoscible</span> de Herbert
-Spencer), ni porque tengan valor alguno los socorridos conceptos
-de materia y forma, ni porque sea lícito decir con Aristóteles que
-existe una ciencia indemostrable de los primeros principios, porque
-la ciencia, dado que exista, tiene que ser una y no múltiple, como
-uno es el entendimiento y uno el acto de la intuición. La ciencia
-no puede ser otra cosa que «el conocimiento perfecto de la cosa»
-(<span class="antiqua">scientia est rei perfecta cognitio</span>).
-Y ¿qué es el conocimiento? Sánchez confiesa que no se atreve a
-definirlo. Llamarle <span class="antiqua">comprehensión</span>,
-<span class="antiqua">percepción</span>, <span
-class="antiqua">intelección</span>, no es más que acumular
-sinónimos. No hay<span class="pagenum" id="Page_xli">p. xli</span>
-más remedio que encerrarse cada cual dentro de sí mismo y <span
-class="antiqua">pensar</span>. El pensamiento testifica de sí propio,
-aun ante los más declarados escépticos. Y aquí surge una nueva fuente
-de discusión. Yo respondo de mi propio conocimiento; tú del tuyo.
-¿Quién fallará este pleito? ¿Quién podrá discernir cuál de estos
-conocimientos es el verdadero? Nadie. Y entonces se me dirá (prosigue
-Sánchez): «¿Por qué escribes? Escribo para decir lo único que sé: lo
-que yo pienso.»</p>
-
-<p>Y lo que piensa es que en el problema del conocimiento hay que
-distinguir tres términos: la cosa que ha de ser conocida (<span
-class="antiqua">res scienda</span>), el ente que conoce (<span
-class="antiqua">ens cognoscens</span>) y el conocimiento mismo (<span
-class="antiqua">cognitio ipsa</span>). Las cosas susceptibles de ser
-conocidas serán quizás infinitas, no sólo en los individuos, sino
-en las especies. Por lo menos nadie puede afirmar que su número sea
-limitado. Y no paran aquí las antinomias: ni tenemos derecho a decir
-que la materia sea una, ni tampoco que sea múltiple. Nadie puede
-demostrar que los espíritus no tengan su materia propia, aunque los
-llamamos múltiples. Es la misma duda de Locke, que llevaba en germen
-todo el materialismo del siglo pasado.</p>
-
-<p>Renunciando generosamente a la resolución de tan arduos
-problemas, Sánchez se limita a consignar que<span class="pagenum"
-id="Page_xlii">p. xlii</span> los objetos de la ciencia, aunque
-sean múltiples, están enlazados entre sí por cierta ley de <span
-class="antiqua">conexión o de asociación</span>, que hace que todas las
-ciencias se presten mutuos servicios y hagan continuas excursiones las
-unas en el dominio de las otras, no porque exista una ciencia superior
-que pueda dar leyes a las demás y resolver sus conflictos, sino porque
-todas parecen conspirar al mismo fin (<span class="antiqua">omnia tamen
-in unum conferunt</span>), y es indecible el encadenamiento de ellas
-(<span class="antiqua">indecibilis omnium concatenatio</span>). Cabe,
-pues, cierta manera de síntesis científica, provisional a lo menos, que
-nuestro pensador no llegó a formular, reservándola sin duda para libros
-posteriores. Pero lo que en éste afirma es que semejante síntesis
-estará siempre muy lejos de la <span class="antiqua">una</span> y
-verdadera ciencia. Los que hoy llamamos conocimientos científicos
-no son más que rapsodias y fragmentos recogidos de pocas y malas
-observaciones. Para que todavía resulten más estériles, las supuestas
-ciencias se han subdividido hasta el infinito, como si el conocimiento
-de una sola cosa no exigiese el de otras innumerables.</p>
-
-<p>Y en vano se intenta suplir este conocimiento con la vacía invención
-de los universales. En el mundo todo es particular, y sólo se perciben
-los individuos: los géneros y las especies no son más que una vana
-imaginación.<span class="pagenum" id="Page_xliii">p. xliii</span> Y
-en realidad ¿qué podemos afirmar con carácter universal y con certeza?
-La ciencia que hoy llamamos perfecta, mañana resulta anticuada: ayer
-se decía que el Océano circundaba toda la tierra y que la tierra tenía
-tres partes; hoy se ha descubierto un nuevo mundo: ayer decíamos que la
-zona ecuatorial era inhabitable por el excesivo calor, y las tierras
-vecinas a los polos por el excesivo frío, y hoy la experiencia convence
-de lo contrario. Hay que construir otra ciencia, puesto que resulta
-falsa la primera. «¿Cómo te atreves a hablar de proposiciones eternas,
-incorruptibles, infalibles, tú, miserable gusano, que ni siquiera sabes
-quién eres, ni de dónde vienes, ni adónde vas?»</p>
-
-<p>Por otra parte, nos está vedado el acceso de la mayor parte de las
-cosas lejanas de nosotros, ya por razón del espacio, ya por razón
-del tiempo. De aquí tanta variedad de opiniones, tanta penuria de
-ciencia.</p>
-
-<p>No se le ocultaron a Francisco Sánchez algunas de las antinomias
-kantianas: v. gr., la eternidad o creación del mundo. Terminantemente
-afirma que por racional discurso no puede probarse ni que el mundo
-sea eterno, ni que haya tenido principio, y haya de tener fin.
-Declarada de este modo la impotencia de la razón para resolver tal
-conflicto, se refugia en el testimonio de la fe,<span class="pagenum"
-id="Page_xliv">p. xliv</span> y a nuestro juicio sinceramente, porque
-nada hallamos en sus escritos ni en su vida que nos muestre en él lo
-que hoy llamaríamos un librepensador en materia religiosa. Sería de
-origen judío o cristiano, pero que tenía una creencia positiva no es
-dudoso para nosotros. Su biógrafo nos dice expresamente que jamás
-el pirronismo de Sánchez ni sus cavilaciones escépticas tocaron a
-las cosas divinas, así como tampoco dudó nunca del testimonio de los
-sentidos. La Inquisición dejó pasar sin tacha ni censura todos sus
-escritos. Por otra parte, nada le obligaba a disimular, y escribiendo
-como escribía en un país de relativa tolerancia religiosa, después de
-Rabelais y poco antes de Montaigne, fácil le hubiera sido manifestar,
-o insinuar a lo menos, su indiferencia religiosa si realmente la
-hubiera profesado. Cuando tales audacias se toleraban en escritores
-que hacían uso constante de la lengua vulgar y escribían para todo
-el mundo, ¿no hubiera podido él, con un poco de artificio de estilo,
-hacerlas pasar iguales o mayores en un libro escrito en latín y sólo
-para los hombres de ciencia? Si no las puso, fué porque realmente no
-las pensaba ni las sentía. No hay que leer entre líneas, ni buscar en
-el <span class="antiqua">Quod nihil scitur</span> más que lo que el
-autor quiso darnos. La intrepidez filosófica de Sánchez era tal, que
-si realmente hubiese<span class="pagenum" id="Page_xlv">p. xlv</span>
-sido heterodoxo, no habría retrocedido ante la hoguera de Miguel Servet
-y de Giordano Bruno.</p>
-
-<p>... El incurable escéptico reaparece, cuando después de
-habernos mostrado lo vano e impotente del conocimiento por razón
-de su materia <span class="antiqua">(res cognita)</span> emprende
-mostrarnos la incapacidad de nuestras facultades cognoscitivas <span
-class="antiqua">(ens cognoscens)</span> para alcanzar algo que no
-sea fenomenal, variable y limitado. Todo conocimiento viene de los
-sentidos, pero los sentidos no conocen las cosas exteriores, aunque
-nos pongan en contacto con ellas. Si los sentidos nos engañan, nuestro
-entendimiento nos engañará también, puesto que no tiene más dato que el
-de los sentidos, ni ve las cosas mismas, sino sus imágenes, simulacros
-o representaciones. Nuestra noción de las cosas exteriores parece
-aquel convite de la fábula dado por la zorra a la cigüeña en redoma de
-boca estrechísima. Juzgamos de las cosas por sus simulacros; esto es,
-por meras representaciones de accidentes, que no tocan a la esencia,
-ni nos dan razón alguna de ella. En esta parte Sánchez se declara
-expresamente secuaz de Luis Vives, y le defiende contra Escalígero, que
-había tachado de absurdo su criticismo prekantiano. «Si esta opinión es
-absurda (dice), yo quiero ser tenido por hombre absurdísimo, puesto que
-Vives se<span class="pagenum" id="Page_xlvi">p. xlvi</span> contentó
-con decir que el conocimiento psicológico estaba lleno de obscuridad,
-y yo añado que no sólo es obscuro, sino caliginoso, escabroso,
-inaccesible, y con tales dificultades y contradicciones, que no han
-sido, ni serán, superadas por nadie.» Decimos que el conocimiento es la
-aprehensión de la cosa, y todavía no sabemos lo que es la aprehensión
-ni la percepción ni la intuición. A lo sumo podemos distinguirla de la
-recepción. Nuestros sentidos <span class="antiqua">reciben</span>, pero
-no conocen. Podemos distinguir también el conocimiento propio directo
-o intuitivo del conocimiento renovado por la memoria. Tres son las
-cosas que de diverso modo conoce la mente: 1.º, los objetos externos;
-2.º, sus propias operaciones internas; 3.º, algo que a un tiempo puede
-ser considerado como externo y como interno. El conocimiento de los
-objetos exteriores es mediato, por los sentidos, pero el conocimiento
-de las operaciones internas es inmediato y <span class="antiqua">per
-se</span>, y el conocimiento de la tercera especie participa de lo
-mediato y de lo inmediato. Este conocimiento es el que algunos lógicos
-semipositivistas, especialmente Taine, admiten con el nombre de
-conocimiento de <span class="antiqua">abstracción</span>, cuyo oficio
-es despojar de sus accidentes a la intuición sensible y elevarla a
-cierta generalidad que ya traspasa los límites del puro empirismo.
-<span class="antiqua">Naturam quandam sibi<span class="pagenum"
-id="Page_xlvii">p. xlvii</span> fingit communem, ut potest</span>,
-dice Francisco Sánchez. Pero ¡qué poder de abstracción tan relativo
-y limitado, que apenas procede más que por negaciones y exclusiones,
-comparaciones y divisiones! Aun así no quiere concederla nuestro
-filósofo el nombre de verdadero conocimiento, sino de pura <span
-class="antiqua">opinión</span>, mucho más incierta que el testimonio
-interno, mucho más incierta que el testimonio de los sentidos, cuyas
-ilusiones y falacias analiza largamente Sánchez con argumentos y
-observaciones en que no nos detendremos, por ser sustancialmente las
-mismas que habían presentado Sexto Empírico y los antiguos escépticos.
-Hay que advertir, sin embargo, que Sánchez remoza toda esta antigua
-materia filosófica, adaptándola al progreso científico de su tiempo, y
-enriqueciéndola con los resultados de su propia observación anatómica y
-fisiológica.</p>
-
-<p>En suma, «el entendimiento humano es una potencia pasiva, a la cual
-se opone otra pasiva impotencia». La imperfección de los instrumentos
-contradice a la perfección de la obra. Aquí expone nuestro médico
-interesantes consideraciones sobre el influjo de lo físico en lo moral,
-encontrándose en muchas observaciones con Huarte, como era natural,
-dada su común tendencia antropológica. Sánchez no admite que el
-entender sea<span class="pagenum" id="Page_xlviii">p. xlviii</span>
-función exclusiva del alma, sino del hombre todo, en su unidad de
-cuerpo y de espíritu, indisoluble en cualquiera de sus actos.</p>
-
-<p>Pero sobre estos rasgos, dignos de ser considerados por su valor
-propio en disertación ajena de nuestro asunto, y sobre la bellísima
-peroración final, en que el autor ofrece como la quinta esencia de toda
-la parte negativa y demoledora del criticismo del Renacimiento, y da
-nueva vida en su estilo nervioso, impaciente y pintoresco (verdadero
-estilo de insurrecto literario y de periodista de oposición filosófica)
-a lo que en tono más reposado, y haciendo salvedades que él no hace,
-habían escrito Luis Vives y sus discípulos, ya contra los viciosos
-métodos de enseñanza y el abuso del argumento de autoridad, y el ciego
-y desacordado empeño de buscar la ciencia solamente en libros, cerrando
-los ojos al maravilloso espectáculo de la naturaleza, ya contra la
-torpe ambición que convierte la ciencia en miserable granjería, en
-vez de amarla con indomable amor, por sí misma, por su propia virtud
-y excelencia, y por los inefables deleites que proporciona; ya contra
-el vano rumor de la disputa, que se va haciendo más encarnizado
-y ruidoso cuanto más se alejan los contendientes de la directa
-inspección del objeto en litigio; ya, finalmente,<span class="pagenum"
-id="Page_xlix">p. xlix</span> sobre la confusión que en el ánimo del
-alumno induce el choque de encontradas opiniones; sobre todas estas
-cosas, digo, pondremos siempre como expresión total del pensamiento de
-Sánchez aquellas palabras, casi las últimas, en que asigna por únicos
-criterios a la ciencia futura el experimento y la crítica o el juicio
-que ha de fecundar las conclusiones experimentales. «En vano (dice
-Sánchez) se trabaja por reparar el ruinoso edificio de la demostración
-silogística; su materia es frágil y además está mal construído; cada
-día hay que añadirle nuevos puntales para impedir su completa ruina. El
-que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las cosas en
-sí mismas; pero como esta contemplación directa no es posible, dados
-los límites en que se mueve el conocimiento humano, hay dos medios
-subsidiarios que no suministran ciencia perfecta, pero que, en suma,
-algo perciben y algo enseñan: el experimento y el juicio, pero no
-separados nunca, sino en íntimo enlace y unión, como mostraré en otro
-libro. Los experimentos son muchas veces falaces y siempre difíciles,
-y hasta cuando llegan a la perfección, nunca nos muestran más que los
-accidentes extrínsecos, jamás la naturaleza de la cosa. El juicio
-recae sobre los resultados del experimento, y por consiguiente<span
-class="pagenum" id="Page_l">p. l</span> no traspasa el límite de lo
-exterior, y aun esto lo discierne de una manera incompleta, sin que
-sobre las causas pueda pasar de una probable conjetura. Se dirá que
-nada de esto es ciencia. Pues no hay otra.»</p>
-
-<p>La filosofía de Sánchez es, mucho más que la de Luis Vives, un
-verdadero <span class="antiqua">ars nescendi</span>. Niega demasiado
-para ser un verdadero escéptico; hoy más bien le llamaríamos <span
-class="antiqua">agnóstico</span>. Su libro termina, sin embargo, con
-una interrogación, con un <span class="antiqua">quid?</span> análogo al
-<span class="antiqua">Que-sais-je?</span> de Montaigne. Esta analogía
-y otras muy fortuitas, como la de llevar el <span class="antiqua">Quod
-nihil scitur</span> la fecha de 1576, y ser la primera edición de los
-<span class="antiqua">Ensayos</span> de 1580, habiéndose escrito además
-una y otra obra en países no muy distantes, ha hecho suponer entre el
-pensamiento de ambos autores cierta analogía, que, a nuestro entender,
-no existe. El escepticismo mitigado de Montaigne, aquella manera de
-filosofar tan personal suya, ejercicio fácil y suave de una curiosidad
-siempre activa; aquella tan simpática y continua observación de sí
-propio, es una manera de sibaritismo intelectual, más que de filósofo,
-de hombre de mundo, que gusta de dormir sosegadamente sobre la almohada
-de la duda; por el contrario, el escepticismo de Sánchez,<span
-class="pagenum" id="Page_li">p. li</span> dado que así queramos
-llamarle, es una doctrina esencialmente batalladora, que aparentando
-suspender el juicio, trae realmente juicio definitivo y formado sobre
-los más capitales problemas filosóficos. Montaigne es un aficionado,
-que filosofa a sus anchas, en lengua vulgar, y sin cuidarse del método,
-antes bien, haciendo gala de traducir fielmente en su estilo todos
-los caprichosos giros de su humor libre y errabundo, Sánchez es un
-profesor, preocupado de una doctrina, secuaz fanático de un método que
-tiene por exclusivo. Los dos son extraordinariamente sinceros, pero en
-Montaigne, el candor parece un refinamiento literario; en Sánchez es la
-expresión brusca, intemperante y feroz de una convicción arraigada, de
-un amor sin límites a las realidades concretas, experimentadas por él
-con el cuchillo anatómico de Vesalio y de Valverde. No son chispazos de
-escepticismo ni discreteos de moralista los que nos da, sino un sistema
-<span class="antiqua">agnóstico</span> completo, una crítica clarísima
-e implacable de nuestra facultad de conocer, una determinación de su
-límite y de su objeto. Puede tener, y tiene, en efecto, contradicciones
-de detalle de que ningún escéptico se libra y que son la parte endeble
-y mal guarnecida por donde la tesis dogmática penetrará siempre en
-su campo; pero el sistema<span class="pagenum" id="Page_lii">p.
-lii</span> en sus líneas generales es claro, sencillo y consecuente.</p>
-
-<p>El programa de Sánchez, tan mal entendido hasta ahora, se reduce
-a dos palabras: «guerra al silogismo; paso a la inducción». Es un
-degüello de todas las entidades metafísicas, <span class="antiqua">un
-93 de la ciencia antigua</span>, como decía Enrique Heine hablando
-de la <span class="antiqua">Crítica de la Razón Pura</span>. El
-escepticismo de Sánchez no es ni alarde de retórico, ni consecuencia de
-un <span class="antiqua">dilettantismo</span> enervado por la variedad
-y copia de lecturas filosóficas, ni explosión de un ánimo misantrópico
-y desengañado; no es tampoco un estado provisional ni una ficción
-dialéctica, como lo es la duda cartesiana, de la cual parte Sánchez,
-pero en la cual no se detiene: es pura y sencillamente la expresión
-meditada de aquel aforismo capital entre los positivistas: la <span
-class="antiqua">relatividad</span> del conocimiento. No sabemos nada,
-porque creemos saberlo todo: renunciemos a la riqueza ficticia que nos
-proporciona el crédito metafísico, y empecemos a vivir de los productos
-modestos, pero seguros, de nuestra propia hacienda, hasta ahora tan
-descuidada.</p>
-
-<p>No necesito decir, que esta filosofía dista, y no poco, de la que
-yo profeso, porque yo no soy positivista ni enemigo de la Metafísica;
-pero basta para el caso que fuera la de Francisco Sánchez, y en
-el<span class="pagenum" id="Page_liii">p. liii</span> fondo a nadie
-ha de pesarle que tales voces salieran de nuestra patria, precisamente
-cuando debían salir, es decir, en el momento solemne de la renovación
-de los métodos experimentales. No es preciso identificarse con las
-ideas de un filósofo para comprender su genio ni la razón de su
-influjo. Los paralogismos de que la argumentación de Sánchez abunda
-son hoy inofensivos: una síntesis científica superior nos ha enseñado
-que la demostración es un procedimiento científico tan legítimo como
-la inducción, tan natural al espíritu humano como ella, y que es
-una insensatez querer mutilar nuestra inteligencia, así como es una
-pretensión temeraria aspirar al conocimiento de un objeto cuando éste
-no es comprendido bajo razón de integridad. La ciencia hoy, hasta sin
-darse cuenta de ello, aspira a este conocimiento íntegro y cabal, así
-por razón del objeto como por razón de la inteligencia conocedora, y
-forzosamente ha de parecernos incompleta lo mismo una lógica puramente
-deductiva, como vino a serlo en manos de sus discípulos de decadencia
-la lógica de Aristóteles, que una lógica puramente inductiva, de
-las que en lengua inglesa abundan tanto. Ambos procedimientos del
-espíritu, excelentes cuando recta y adecuadamente se aplican a sus
-respectivos<span class="pagenum" id="Page_liv">p. liv</span> objetos,
-resultan estrechos y peligrosos en cuanto pretenden ser únicos y
-emanciparse de aquella primitiva intuición sintética dentro de la cual
-se razonan. Pero es condición casi ineludible de la mente humana el
-proceder por exageraciones contrarias; y a los espíritus violentos,
-a los amotinados filosóficos como Sánchez no hay que pedirles cuenta
-de la doctrina tanto como del impulso, que en su tiempo fué generoso
-y acompañó dignamente aquel heroico despertar de la ciencia desde
-Telesio y Cesalpino hasta Galileo, y desde Galileo hasta Newton. Sin
-un poco de fanatismo no se hacen milagros en filosofía ni en otra
-ninguna ciencia humana. Hay que representarse al médico bracarense
-ejerciendo la anatomía entre las sombras de la noche, o teniendo que
-escribir seriamente tratados filosóficos para combatir la creencia en
-la adivinación y en los presagios, o en la virtud supersticiosa de los
-caracteres mágicos, de los espejos y de las rayas de la mano, y de los
-aspectos favorables o maléficos de las constelaciones. ¿Cómo no había
-de sentir tal hombre hambre y sed de ciencia positiva, y abominar de la
-ciencia oficial que silogísticamente autorizaba y defendía semejantes
-dislates? Hoy cuesta poco trabajo hacer justicia a la Escolástica ni a
-la Edad Media; estamos<span class="pagenum" id="Page_lv">p. lv</span>
-demasiado lejos, y todo eso nos parece una amenísima leyenda romántica;
-pero no nos apresuremos a condenar de ligero a aquellos hombres del
-siglo XVI para quienes tal ciencia no era un recuerdo poético, sino una
-tiranía actual que durísimamente pesaba sobre sus cuellos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="figcenter mt3">
- <img src="images/i054.jpg"
- style="width: 14em; height: auto;"
- alt="Viñeta ornamental" />
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch1">
-<p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p>
- <div class="figcenter">
- <img src="images/i056.jpg"
- style="width: 28em; height: auto;"
- alt="Ilustración ornamental" />
- </div>
- <p class="centra fs120 ws1 mt4">QUE NADA SE SABE...</p>
- <h2 class="nobreak">Todo es cuestión de nombres.<br /> No hay nombre
- acomodado.</h2>
-</div>
-
-<div class="drop">
- <img src="images/cap_n.jpg"
- style="width: auto; height: 5.5em;"
- alt="N" />
-</div>
-
-<p class="icap"><span class="versal">Ni</span> esto siquiera sé, que
-nada sé; lo conjeturo, sin embargo, de mí y de los demás.</p>
-
-<p>Sea esta proposición mi bandera; ésta se debe seguir: <i>Nada se
-sabe</i>.</p>
-
-<p>Si supiere probarla, concluiría con razón que nada se sabe; si no
-supiere, mejor todavía, pues tal es lo que afirmo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span>Pero dirás: si sabes
-probarla, seguiráse lo contrario, pues ya sabes algo.</p>
-
-<p>Pero yo concluí lo contrario primero que tú arguyeras.</p>
-
-<p>Ya se comienza a enredar la cosa; de esto mismo ya se sigue que nada
-se sabe.</p>
-
-<p>Tal vez no me entendiste y me llamas ignorante y caviloso.</p>
-
-<p>Dijiste verdad. Pero yo mejor que tú, porque no entendiste.</p>
-
-<p>Ambos, pues, ignorantes.</p>
-
-<p>Ya, pues, sin saberlo, concluíste lo que buscaba.</p>
-
-<p>Si entendiste la ambigüedad de la consecuencia, viste
-manifiestamente que nada se sabe; si no, piensa, distingue y desátame
-el nudo.</p>
-
-<p>Aguza el ingenio. Prosigo.</p>
-
-<p>Traigamos la cosa por su nombre. Pues para mí toda definición es
-nominal y casi toda cuestión lo es.</p>
-
-<p>Voy a explicarme.</p>
-
-<p>No podemos conocer las naturalezas de las cosas; al menos yo; si
-dices que tú sí, no lo disputaré; pero es falso. ¿Por qué tú y no yo?
-De ahí, que nada sabemos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>Y si no las
-conocemos, ¿cómo demostrarlas? De ninguna manera.<a id="FNanchor_3"
-href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a></p>
-
-<p>Tú, no obstante, dices que es definición la que demuestra la
-naturaleza de la cosa. Dame una. No la tienes. Concluyo, pues...</p>
-
-<p>Además, ¿cómo ponemos nombres a las cosas que no conocemos? No lo
-concibo. Los hay, sin embargo.</p>
-
-<p>De ahí, duda perpetua acerca de los nombres y<span class="pagenum"
-id="Page_12">p. 12</span> mucha confusión y falacia en las palabras, y
-tal vez en todo esto que acabo de decir. Concluye tú...</p>
-
-<p>Dices que tú defines esta cosa que es el hombre con esta definición:
-animal racional mortal. Niego. Pues dudo nuevamente de la palabra
-animal, de la racional y de la otra.</p>
-
-<p>Definirás todavía estas cosas por los géneros y las diferencias
-superiores, según les llamas, hasta llegar al ente. Preguntaré
-lo mismo de cada uno de los nombres y, finalmente, del último:
-<i>ente</i>. Ya sé menos.<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4"
-class="fnanchor">[4]</a></p>
-
-<p>Dirás, sin embargo, que al fin se ha de cesar en las preguntas. Esto
-no resuelve la dificultad ni satisface a la mente. Declaras, forzado,
-la ignorancia. Me alegro. Procedo, pues, en consecuencia.</p>
-
-<p>Una sola cosa es el hombre; pero la señalas, no obstante, con
-muchos nombres: ente, substancia, cuerpo, viviente, animal, hombre y,
-finalmente, Sócrates. ¿No son, todas éstas, palabras? Ciertamente. Si
-significan lo mismo, son superfluas; si nuevas cosas, no significan una
-sola: el hombre.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span>Dices que consideras
-muchas cosas en el mismo hombre, a cada una de las cuales atribuyes
-nombres propios. Haces la cuestión más dudosa. No entiendes a todo el
-hombre, que es algo magno, craso y perceptible por el sentido, y lo
-divides en tan pequeñas partes, que escapan al sentido, el más seguro
-de todos los jueces, para indagarlas con la razón falaz y oscura. Obras
-mal, me engañas, y te engañas más a ti mismo.</p>
-
-<p>Pregunto: ¿qué llamas en el hombre animal, viviente, cuerpo,
-substancia, ente? Lo ignoras como antes. Y yo también. Y esto quería.
-Lo diré, sin embargo, más abajo.</p>
-
-<p>Pregunto después: ¿qué significa este nombre <i>cualidad</i>, qué
-<i>naturaleza</i>, qué <i>ánima</i>, qué <i>vida</i>? Dirás: esto.
-Lo negaré fácilmente, pues puede ser otra cosa. Pruébalo. Recurres
-a Aristóteles. Yo a Cicerón, cuyo es el oficio de mostrar las
-significaciones de las palabras.</p>
-
-<p>Dirás que no habló con tanta propiedad Cicerón ni con tanta
-exquisitez. Yo replicaré lo contrario, pues Cicerón ejercía este arte,
-no Aristóteles. Si quieres más, traeré otros cultivadores de la<span
-class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span> lengua latina o de la
-griega, pues es lo mismo. No hay entre ellos concordia alguna, ninguna
-certidumbre, ninguna estabilidad, ningunos límites. Cada cual fuerza
-las palabras a su antojo, las desencaja aquí y allí las acomoda a su
-placer. De ahí tantos tropos, tantas figuras, tantas reglas, tanta
-confusión, de todo lo cual se compone la Gramática.</p>
-
-<p>Y ¿qué no pervierten la Retórica y la Poética? ¿De qué modos no
-abusan? Todos ellos ejercitan sólo la inútil locuacidad.</p>
-
-<p>Así también la Dialéctica o Lógica, aunque de diversa suerte; pues
-dispone en orden las palabras, las prepara al combate y les prohibe que
-peleen separadas, en vez de unidas; dicta leyes, cohibe, consiente,
-apremia. Finalmente, son parecidas la Dialéctica y la Lógica a aquellos
-que fingen batallas y campamentos en los juegos y espectáculos
-públicos, en los cuales se requiere más decoro que fuerza; muy al
-contrario acontece a los que se preparan seriamente para la guerra, a
-los cuales más conviene la fuerza que la hermosura.</p>
-
-<p>Y, para todos, son las palabras soldados locuaces. ¿A cuál de ellas
-creerás más? Es dudoso. Cada<span class="pagenum" id="Page_15">p.
-15</span> una quiere ser creída. No basta esto. Las significaciones de
-las palabras parece que dependen principal o totalmente del vulgo, y,
-por tanto, a él se han de preguntar; pues ¿quién nos enseñó a hablar
-sino el vulgo?</p>
-
-<p>Por esta razón, casi todos los que hasta el momento presente
-escribieron tomaron por fundamento de disputa lo que más frecuentemente
-está en boca de los hombres, como aquello: «Entonces decimos que
-sabemos algo cuando conocemos sus causas y principios», y aquello otro:
-«Hase de aceptar aquí aquel principio aprobado por el consentimiento de
-todos, que todos los hombres entonces se juzgan firmes», etc.</p>
-
-<p>Mas ¿hay en el vulgo alguna certidumbre y estabilidad? Ninguna.
-¿Cómo, pues, habrá alguna vez reposo en las palabras?</p>
-
-<p>Ya no hay dónde te refugies.</p>
-
-<p>Dirás tal vez que se ha de buscar qué significación usó el que
-primero impuso el nombre. Búscalo, pues. No lo hallarás.</p>
-
-<p>Pero ya es bastante.</p>
-
-<p>¿Es o no es todo, manifiestamente, cuestión de<span class="pagenum"
-id="Page_16">p. 16</span> nombres? A mí me parece que lo probé. Si lo
-niegas continuarás la prueba de la cuestión principal. Pero luego se
-probará mejor.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch2">
- <h2 class="nobreak">La ciencia.</h2>
-</div>
-
-<p>Veamos, pues, qué se ha de entender con el nombre de ciencia.</p>
-
-<p>Pues si ésta es nula, no habrá quien sea llamado sabio.</p>
-
-<p>¿Qué dice Aristóteles? Baste haber examinado a este autor sobre
-todos los demás (como quien fué agudísimo escudriñador de la Naturaleza
-y a quien sigue, las más de las veces, la mayor turba de filósofos);
-pues si contra todos se hubiese de combatir, se extendería la obra a lo
-infinito y abandonaríamos, además, la naturaleza, como es costumbre de
-los otros.</p>
-
-<p>¿Qué dice, pues, Aristóteles? Ciencia es un hábito adquirido por la
-demostración. No entiendo. Esto es pésimo. Es definir lo oscuro por lo
-más oscuro; así engañan los hombres.</p>
-
-<p>¿Qué es hábito? Lo sé menos aún que lo que es ciencia. Y tú, menos
-todavía...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>Di, es una cualidad
-firme. Todavía menos. Cuanto más avanzas, menos me convences; cuantas
-más palabras, más confusión. Me echas a la línea predicamental, y de
-ahí, siempre al ente, que no sabes lo que es.</p>
-
-<p>¿Hase o no de reducir todo a los predicamentos? Ciertamente que sí.
-¿Qué se saca de ahí? Que todo se ha de llevar a un laberinto.</p>
-
-<p>¿Qué son los predicamentos? Una larga serie de palabras. Pero ¿qué
-dije? Digo de palabras, unas comunísimas, <i>ente</i>, <i>verdad</i>,
-<i>bien</i>, si quieres; otras, menos comunes, <i>sustancia</i>,
-<i>cuerpo</i>; otras, propias, <i>Sócrates</i>, <i>Platón</i>. Aquéllas
-lo significan todo; las segundas, muchas cosas; las terceras, una
-sola.</p>
-
-<p>Síguese que cuando dicen <i>Sócrates es hombre</i>, y de ahí
-<i>animal</i>, etc., se significa que esto que muestro (entiende
-<i>Sócrates</i>) llámase así con particular nombre; es decir, con
-los otros semejantes en figura. Con el nombre común, hombre; con el
-caballo y los demás que se mueven, pero que son desemejantes en figura,
-<i>animal</i>, con el comunísimo con todas las cosas, <i>ente</i>.</p>
-
-<p>De los restantes predicamentos, lo mismo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>No basta. No
-contentos los lógicos con las palabras simples, para hacer la cosa más
-difícil, usan de palabras comunes, añadiéndoles alguna diferencia;
-como para el hombre, <i>animal racional mortal</i>, cualquiera de las
-cuales es más difícil que la primera. Pues donde hay muchedumbre hay
-confusión, y cuanto más amplias son las palabras tanto son más confusas
-y oscuras.</p>
-
-<p>Esto es mezquino. Construyen sobre cosas extrañas. De esta serie
-de palabras (que se llaman predicamentos) disputan muchas cosas: del
-orden, del número, del género, de la diferencia, de las propiedades,
-de la reducción a ellas de todas las cosas; esto lo reducen a la línea
-recta, aquello a la lateral; esto, por sí; aquello, por razón de su
-contrario; esto es común de dos; aquello se reduce a lo otro; esto no
-tiene a qué se reduzca, y, por tanto, si hay cielo, si no obtuvo lugar
-en algún predicamento, nada es ya. ¿Qué diré? Por ahí se meten en
-infinitas bagatelas. Más todavía, enredándose en palabras, se echan a
-sí y a sus desgraciados oyentes en un caos profundo y estéril.</p>
-
-<p>Con esto tienes toda entera la lógica de Aristóteles<span
-class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> y mucho más las dialécticas
-que después de él escribieron los modernos. Pues a los nombres más
-comunes llaman géneros; a otros, especies, diferencias, propios,
-individuos...</p>
-
-<p>Si preguntas qué es esto, te diré: algo común abstraído por el
-entendimiento; una ficción de Aristóteles no desemejante a las Ideas
-platónicas. Pues ¿y la quimera del entendimiento agente (cosa nueva),
-abstrayente o iluminante (más bien oscureciente) y del inteligente, de
-donde surge el universal <i>animal</i>? Llevan a tanto las cosas, que,
-asno significa la mente de estos lógicos, que no pueden comprender sino
-el asno común, y aun formarlo, cuando, no obstante cada uno de ellos es
-un asno particular.</p>
-
-<p>¿Qué dices? ¿No es todo esto palabras y necedad? ¿Verdad que sí?
-Y esto sólo de los términos simples, que llaman predicables. De los
-cuales preguntan todavía ¿cuántos, cuáles, qué? Nada, líos.</p>
-
-<p>Además, llaman a unos equívocos, a otros unívocos, análogos,
-denominativos, términos, voces, palabras, dicciones, simples,
-compuestas, complejas, incomplejas, mentales, vocales, escritas;
-arbitrarias,<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> naturales;
-de primera intención, de segunda intención; categoremáticas,
-sincategoremáticas, vagas, confusas, y otras innumerables
-denominaciones de los nombres, y además otras de éstas; y acerca de
-cada una de ellas forman sutilísimas disputas, tan sutiles, que al
-menor golpe las sepultas en la nada.</p>
-
-<p>¿Llamas tú a eso ciencia? Yo le llamo ignorancia.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch3">
- <h2 class="nobreak">Juicios lógicos.</h2>
-</div>
-
-<p>Como arañas sutiles, puestas a fabricar su delgadísima tela, estos
-filósofos verbales constituyen el sujeto, el predicado, la cópula, la
-proposición, la definición, la división y la argumentación. Y de todo
-esto, además, otras infinitas especies, diferencias, condiciones.</p>
-
-<p>¿Qué diré? Mientras aseguran que la mente se perfecciona con la
-ciencia, se hacen totalmente insensatos; los que debieran investigar y
-predican que investigan las causas y naturalezas de las cosas, fingen
-novedades; y el que finge más y más oscuras cosas, ése es el doctor; de
-donde también escribió<span class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span>
-él<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a>
-la ciencia de los sofismas, y así la ficción resuelve la ficción y
-un clavo saca otro clavo. Me parecen semejantes<a id="FNanchor_6"
-href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a> a aquellos que profesan
-la nigromancia y los encantamientos, de los cuales el más astuto,
-como dicen, elude las acciones y los conatos del otro y los anula y
-los deshace y rompe. Algunos impíos objetaron antiguamente al divino
-Moisés acerca de la serpiente que devoró a las de los magos: así estos
-nuestros encantadores, confiados en las palabras, sin saber cosa
-alguna, pretenden, no obstante, que saben muchas cosas para que no sean
-argüídos de ignorancia.</p>
-
-<p>Yo, contra su ignorancia, confieso de buen grado la mía, y con más
-libertad descubro la suya. Nada sé. Pero menos ellos.</p>
-
-<p>Hasta aquí del hábito.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch4">
- <h2 class="nobreak">La demostración.</h2>
-</div>
-
-<p>¿Qué es <i>demostración</i>?</p>
-
-<p>La definirás así: un silogismo que engendra ciencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>Cometiste círculo
-vicioso y, por tanto, me engañaste y te engañaste.</p>
-
-<p>Pero ¿qué es silogismo? ¡Cosa admirable; abre los oídos, extiende la
-fantasía! Ni aun así cogerás, por ventura, tantas palabras.</p>
-
-<p>¡Cuán sutil, cuán larga, cuán difícil es la ciencia de los
-silogismos! Ciertamente es fútil, larga, difícil y nula la ciencia de
-los Sofistas.</p>
-
-<p>¡Ah, blasfemé! Delinquí, porque dije la verdad. Ya soy digno de ser
-apedreado. Pero tú de ser azotado, porque engañas. Pues la ignorancia
-merece en todas partes perdón, pero la falacia castigo.</p>
-
-<p>Oye; prueba que el hombre es ente. Dices así: el hombre es
-sustancia; ésta es ente; luego el hombre es ente. Dudo de lo primero
-y de lo segundo, y por tanto, dudo de la conclusión. Pero tú sigues
-así: el hombre es cuerpo; el cuerpo es sustancia; luego el hombre es
-sustancia.</p>
-
-<p>Dudo también de ambas cosas, y dices: el hombre es viviente; el
-viviente es cuerpo; luego el hombre es cuerpo.</p>
-
-<p>Y de esto dudo también, y dices: el hombre es animal; éste es
-viviente; luego el hombre es viviente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_23">p. 23</span>¡Sumo Dios, qué
-serie, qué fárrago, para probar que el hombre es ente! La prueba es más
-oscura que la cuestión.</p>
-
-<p>Niego también que el hombre es animal. ¿Qué dirás? No hay más
-géneros. ¿Adónde te acogerás? A la definición del animal, que es: un
-viviente móvil y sensible; tal es el hombre.</p>
-
-<p>Ambas cosas niego; sigue.</p>
-
-<p>Viviente es el cuerpo que se nutre; tal es el animal; luego...</p>
-
-<p>Prueba estas cosas.</p>
-
-<p>Cuerpo es una sustancia que consta de tres dimensiones; tal es el
-viviente; luego...</p>
-
-<p>Ambas cosas son falsas.</p>
-
-<p>Sustancia es ente por sí; cual es el cuerpo; luego...</p>
-
-<p>Y quisiera también que lo probaras. Ya no podrás más.</p>
-
-<p>¿Qué es, finalmente, el ente? Lo ignoras como antes. ¿Qué hiciste
-con tus silogismos? No probaste que el hombre es ente, que es lo
-que primero te había pedido; antes, ya subiendo, ya bajando por tu
-línea, para que me aproximaras aquel altísimo<span class="pagenum"
-id="Page_24">p. 24</span> ente, quedóse tan en el aire que a poco más
-nos aplasta a ti y a mí en su caída; finalmente, dejásteme la cuestión
-tan dudosa como antes o más.</p>
-
-<p>Y al parecerte siempre que te probabas sólo las primeras
-proposiciones, no tocaste a las segundas. Y si hubieses probado las
-primeras y hubiésemos llegado a las segundas, ¿cuánto más no tropezaras
-en éstas?</p>
-
-<p>¿A qué, pues, engañarse con tales encadenamientos de palabras?</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Yo lo diré con más claridad.</p>
-
-<p><i>Ente</i> lo significa todo: hombre, caballo, asno, etcétera;
-luego el hombre es ente, como también el caballo y el asno.</p>
-
-<p>Si me niegas lo primero, no lo probaré, pues no sabría. Pruébalo
-tú, si sabes. Tú tampoco. Nada, pues, sabemos.<a id="FNanchor_7"
-href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a></p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span></p>
- <h2 class="nobreak">Poco valor de los silogismos.</h2>
-</div>
-
-<p>Vuelvo a los silogismos, cuya ciencia sutilísima cayó toda.</p>
-
-<p>Dije yo arriba: los nombres, unos son comunísimos, como ente,
-verdad; otros menos comunes: sustancia, cualidad; otros particulares:
-Platón, Mitrídates.</p>
-
-<p>Hay muchos intermedios, que ni significan tanto como aquéllos ni tan
-poco como éstos: cuerpo, viviente, animal.</p>
-
-<p>De ahí le es fácil al indagador mostrar con una sola palabra si el
-hombre es sustancia.</p>
-
-<p>Sustancia significa todo lo que es por sí; de donde, lo son el
-hombre y la piedra y el leño; luego el hombre es sustancia.</p>
-
-<p>Mas ellos, buscando rodeos, para que no caiga en desprecio su
-ciencia, si es fácil, la hacen difícil y laboriosa con envolturas de
-palabras, jactándose<span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span>
-que demostraron y probaron científicamente que el hombre es sustancia,
-diciendo así en <i>Barbara</i>,<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8"
-class="fnanchor">[8]</a> castillo inexpugnable: <i>Todo animal es
-sustancia; todo hombre es animal; luego todo hombre es sustancia</i>.
-Dijiste verdad, pero la dijiste neciamente y más oscuramente que podía
-el sabio. Pues es lo mismo que si dijeras, que sustancia significa
-tanto los vivientes como los no vivientes; y viviente significa el
-hombre y la cereza; luego desde lo primero a lo último significa
-sustancia el hombre.</p>
-
-<p>Mas por tantos grados intermedios se confunde la mente, y aun, por
-ello, duda más de cada uno de los intermedios. ¿No es esto por ventura
-aquello que había dicho en otro lugar el mismo: «Lo que se dice del
-predicado se dice lo mismo del sujeto»? Mas esto son variaciones de
-los nombres; como también aquello: «Lo que es dícese de muchos modos»;
-si el nombre de hombre significa<span class="pagenum" id="Page_27">p.
-27</span> una sola cosa, dícese otro principio; y la causa dícese de un
-modo; la naturaleza dícese de un modo; dícese necesario.</p>
-
-<p>Finalmente, todo lo que hay en la Metafísica de Aristóteles y en
-las restantes obras, es definición de nombres. De donde, toda cuestión
-es casi del nombre: si la sustancia se dice del hombre, y así de otras
-cosas.</p>
-
-<p>De tal suerte, no pudiendo saber nadie con certeza, no hay ciencia
-alguna ni de cosas ni de palabras.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Di: en último término impongamos las palabras. Lo permito.
-Sabemos, pues, que tal palabra significa esto. Falso, pues ignoras
-qué sea <i>palabra</i>, ignoras qué sea <i>esto</i>, ignoras qué sea
-significar; luego no sabes que tal palabra significa esto.</p>
-
-<p>Prueba que se sigue, pues, ignoradas las partes, se ignora el todo.
-Y tú conmigo ignoras partes y todo; luego nada sabemos.</p>
-
-<p>¿Por qué, pues, siendo ignorantes yo y tú, pues tú mismo eres
-ignorante y máxima la ignorancia de las palabras, llamas, sin embargo,
-sutil a la<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> ciencia y la
-hinches con fárrago oscuro y mayor ignorancia?</p>
-
-<p>Para que aparezca sabio, dirás. Pero acontece al revés: pues,
-mientras pones en solfa artificios y ridiculeces, predicas, en tanto,
-que sabes mucho. Yo me confieso del todo ignorante y sorprendido de
-que no sepas que nada sabes. Porque si lo sabes, al decir que sabes
-muchas cosas, eres engañador y mentiroso. En vano busqué afanosamente
-un filósofo sincero que diga con certidumbre si sabe perfectamente
-alguna cosa; nunca lo hallé, aparte de aquel sabio y austero varón
-Sócrates (aunque los llamados pirrónicos, académicos y escépticos lo
-afirmasen también con Favorino), el cual sabía esto solo: que nada
-sabía. Por sólo decir tal, yo le juzgo doctísimo; aunque ni aun así me
-satisfizo totalmente pues, en rigor, ignoraba esto como todo lo demás.
-Sin embargo, para afirmar mejor que nada sabía, dijo que sabía aquello
-solo. Tal vez por eso, no sabiendo cosa alguna, nada quiso escribir.</p>
-
-<p>Esto me vino siempre a la mente. ¿Qué diré yo que no sea sospechoso
-de falsedad? Pues todas<span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span>
-las cosas humanas me son sospechosas, y esto mismo que escribo ahora,
-también.</p>
-
-<p>No callaré, sin embargo; al menos diré libremente que yo nada
-sé; ni tú tampoco trabajes en vano, lector, inquiriendo la verdad,
-esperando que alguna vez podrás poseerla claramente. Y si después
-investigare con los demás algo de lo que hay en la naturaleza, ni aun
-de tales investigaciones me curo; pues todo es vanidad, como dijo
-aquel sapientísimo Salomón, el más docto que recordamos de los que nos
-dieron los pasados siglos; lo cual demuestran claramente sus obras,
-entre las cuales ocupa el primer lugar aquel áureo libro llamado
-<i>Eclesiastés</i>.</p>
-
-<p>Pero volvamos a la ciencia.</p>
-
-<p>¿Qué movió a Aristóteles a disertar tantas y tan hondas cosas de
-la contextura de las palabras; qué a fingir aquellos universales? Si
-podemos saber alguna cosa sin todo esto, lo mostraré más abajo, donde
-hablaré del modo de saber.</p>
-
-<p>Mientras tanto, de Aristóteles no hay ciencia alguna.</p>
-
-<p>Velo: la ciencia se obtiene por demostración.<span class="pagenum"
-id="Page_30">p. 30</span> ¿Qué es eso? Un sueño de Aristóteles no
-desemejante al repúblico de Platón, al orador de Cicerón, al poeta de
-Horacio. No hay ciencia en parte alguna. Escribió aquél con bastante
-prolija prosa, y nunca dió ciencia, ni después de él la dió nadie. Al
-menos, dala tú y envíamela. No la tienes, lo sé; Aristóteles mismo no
-formó jamás otro silogismo, sino cuando enseñó a los demás a formarlos;
-y entonces, no con los términos que significan, sino con los elementos
-<i>a b c</i>, y ello todavía con mucha dificultad. Y si hubiese usado
-de términos justificativos, jamás hubiese terminado la obra. ¿Para qué,
-pues, sirven éstos? ¿Por qué trabajó tanto en enseñarlos? ¿Por qué
-después de él se esfuerzan todavía los demás?</p>
-
-<p>Escribiendo no usamos de ellos ni él tampoco. Con silogismos
-nunca se engendró ciencia alguna, antes se perdieron muchas y se
-turbaron por su causa. Arguyendo y disputando, contentos con la simple
-consecuencia, todavía usamos menos de ellos, pues de otra suerte nunca
-tendría fin la disputa y siempre se había de pugnar sobre reducir el
-silogismo a modo y figura, convirtiéndolo en<span class="pagenum"
-id="Page_31">p. 31</span> otras copiosas bagatelas; y hay infinitos
-necios que hacen hoy así y niegan cuanto no es puesto en modo y figura;
-tanta es la estupidez humana y tanta la agudeza y utilidad de esta
-ciencia silogística, que, olvidadas totalmente las cosas, se meten en
-tinieblas.</p>
-
-<p>De donde es de admirar al, por otro lado, agudo Averroes, y después
-de él muchos, los cuales quisieron mostrar en todas partes que son
-infalibles, certísimos y demostrativos los silogismos. ¡Con cuanto
-trabajo se esforzó en reducir Aristóteles las cosas que dijo, a tales
-moldes, cuando nada hay más extraño a ellas, según después mostraré!</p>
-
-<p>Al contrario, no es de admirar que el Agustino, esplendidísima
-lumbrera de la Iglesia cristiana, aprendiera sin preceptor, por su
-solo esfuerzo, todas las otras ciencias, menos esta silogística. Pues
-las otras se fundan en las cosas; pero ésta es una ficción sutil y de
-ningún fruto, antes de muchísimo daño; como que aparta a los hombres de
-la contemplación de la naturaleza y los detiene en sí, lo cual verás
-mejor en el discurso de nuestras obras.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span>Mas esto se
-diferencia mucho de lo que dicen los escolásticos, a saber: que es el
-modo de conocer y el principio sin el cual no hay ciencia.</p>
-
-<p>Los cuales dicen ciertamente verdad, pero la dicen neciamente. Pues
-la ciencia de ellos es ésta: no saben otra cosa que construir de la
-nada un silogismo, es decir, de <i>a b c</i>; pues si se hubiese de
-construir de algo, enmudecerían, como quienes no entienden ni la más
-pequeña proposición.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero volvamos a nosotros.</p>
-
-<p>¿Qué, pues? Quien enseña a construir una casa ¿no la construye él
-jamás, ni tampoco sus discípulos? ¿Cómo voy a creer que se construye
-así? Y si no hay demostración, ¿no hay ciencia alguna?</p>
-
-<p>Además, también es falso aquello de que la demostración engendre
-hábito científico. Del ignorante, pero apto para aprender, brota
-la ciencia mas no así de la demostración, que sólo muestra la
-cosa que se ha de saber, pues tal indica hasta la palabra misma
-<i>demostración</i>.</p>
-
-<p>Yo no entendí jamás de Aristóteles ni de otros<span class="pagenum"
-id="Page_33">p. 33</span> la más pequeña proposición; mas impresionado
-por la lectura de sus libros, me apliqué a contemplar todas las cosas,
-y vistas sus contradicciones y dificultades, para no ser envuelto yo
-por ellas, desamparados todos los filósofos, me refugié en las cosas,
-ejercitando mi propio juicio. Esto fué para mí Aristóteles; lo que el
-mismo Aristóteles dice que fué Timoteo para los demás autores, a saber:
-un estímulo para huir de las contradicciones de los sabios y refugiarse
-en la naturaleza.</p>
-
-<p>De donde es fácil ver cuán necios son los que buscan de solos los
-libros toda ciencia, no estudiando en las cosas mismas. Pues quien me
-señalare con el dedo una cosa para que la vea, no por eso produce en mí
-la visión, sino que excita la potencia visual para que se reduzca al
-acto.</p>
-
-<p>De donde me parece también muy necio lo que algunos establecen: que
-la demostración concluye y participa necesariamente de lo eterno e
-inviolable; cuando por ventura quizá no hay tal eterno, o si existe nos
-es desconocido como tal a nosotros, que somos muy corruptibles y muy
-violables en poquísimo tiempo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span>Por eso, al
-contrario, la verdadera ciencia, si la hubiera, sería libre y nacida
-de entendimiento libre; el cual, si de suyo no percibe la cosa en sí
-misma, no la percibirá forzado por demostración alguna.</p>
-
-<p>Éstas (las demostraciones) fuerzan, por tanto, a los ignorantes,
-a los cuales basta la sola fe. ¿Por qué, pues, ignorante, coliges de
-aquí y de allí, de Aristóteles, muchas proposiciones, con las cuales
-construyes al fin un silogismo <i>bárbaro</i> y de las cuales no
-entiendes una sola? Te querría bien si te dijera: deja la Filosofía,
-pues eres totalmente inepto para ella; procura ser un buen alarife o
-zapatero, o si quieres menestral, de esos que convierten la madera,
-las piedras, los paños y los cueros en figura, no <i>bárbara</i> como
-tú, sino pulimentada, y no preguntan qué es la madera, la piedra, el
-paño o el cuero, sino cómo forman de ellos una casa, un vestido o un
-calzado para el César; mientras que tú, usando de la potestad del
-César, construyes un laberinto en el que te aprisionas a ti y a otros
-parecidos miserables a quienes falta el filo de la razón.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>No entiendes, no
-sabes cosa alguna y, sin embargo, alardeas de enseñar a los demás.
-Tampoco yo sé y, no obstante, me empeño en persuadírtelo. De donde
-no sabiendo tú aquello, tampoco podrás percibir esto. Y yo tampoco,
-ignorándolo todo, podré demostrártelo. Luego nada sabemos.</p>
-
-<p>Tal muestro todavía. Sigo la definición de la ciencia. Llaman hábito
-al <i>conglomerado de muchas conclusiones</i>. Es maravilloso cómo
-abandonando totalmente las cosas vuelven siempre los dialécticos a
-sus ficciones, semejantes a la gata de Esopo mudada en doncella, la
-cual, sin embargo, después de cambiar la forma, todavía perseguía a
-los ratones. Y, a la verdad, para aquéllos la ciencia se reduce, pues
-no saben más, a muchas conclusiones, sin realidad alguna. Pues ¿quién
-definió jamás una visión por un amontonamiento de especies? La ciencia
-no es otra cosa que una <i>visión interna</i>. Si la ciencia fuese un
-montón de especies, todo libro sería un pozo de ciencia.</p>
-
-<p>Eres un protervo: dirás tal vez que tus obras tienen ciencia
-escrita, según aquello de que uno es el término vocal, otro el escrito,
-otro el mental. No entiendo.<span class="pagenum" id="Page_36">p.
-36</span> Lo concedo, sin embargo. ¿Qué se sigue? Que ni tú ni yo
-sabemos cosa alguna.</p>
-
-<p>Prueba esto Esopo, el cual puesto entre un gramático y un retórico,
-al preguntarle qué sabía, respondió: nada. ¿Cómo es esto? Porque (dijo)
-el gramático y el retórico no me dejaron nada por saber; preguntados
-antes qué sabían, respondieron que <i>todo</i>. Ahora, pues, este libro
-sabe muchas cosas por ti, otro sabrá también muchas y todos los demás
-del mismo modo; luego nada nos han dejado a nosotros por saber.</p>
-
-<p>Prosigo; si hubiesen dicho <i>conglomerado de muchas cosas en la
-mente</i>, tal vez hubieran dicho mejor; pero no es del todo verdad.
-Pues sólo de una sola cosa puede ser la ciencia; o más bien, sólo hay
-ciencia de cada una de las cosas individuales, no de muchas a la vez;
-como una visión es de un solo objeto individual; pues ni es posible ver
-de un modo perfecto dos cosas juntamente ni entender a la vez dos cosas
-perfectamente, sino una después de otra. De donde aquello: aplicada la
-mente a muchas cosas, es menor la atención a cada una.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>Mas del mismo modo
-que todos los hombres son en especie, mejor dicho, en nombre, un solo
-hombre, así la visión se dice una sola aunque sea de muchas cosas, y
-las visiones son muchas en número, y así la Filosofía se dice una sola
-ciencia, aunque sea contemplación de muchas cosas de las cuales a cada
-una corresponde contemplación propia, y la ciencia de cada una, después
-de la contemplación, es una sola.</p>
-
-<p>Ni es tampoco verdad que el cúmulo de muchas cosas en la mente sea
-ciencia; lo cual piensan algunos ineptamente, llamando más doctos a
-aquellos que más cosas han visto y oído y pueden, por consiguiente,
-recitar, ya en la misma ciencia, ya en diversas. Antes al contrario,
-quien quiere abrazarlo todo, todo lo pierde; pues basta una sola
-ciencia a todo el orbe, pero todo éste no basta a la ciencia. A mí me
-bastaría para la contemplación de toda la vida la más mínima cosa del
-mundo, y ni aun así alcanzaría a conocerla. Pues ¿cómo un solo hombre
-puede saber tantas cosas?</p>
-
-<p>Créeme, muchos son los llamados y pocos los escogidos; experiméntalo
-en ti mismo, contempla<span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span>
-alguna cosa, un gusano, si quieres; su alma: nada podrás alcanzar.</p>
-
-<p>Confieso que estas cosas deben estar necesariamente en la mente
-para saberlas; pero esto no es ciencia, sino memoria; como tampoco
-el amontonamiento de especies en el ojo es visión (si así se hace la
-visión), por más que ésta sin ellas no pueda existir. Pues vemos que
-aquellos que imaginan algo fijamente, ofrézcase lo que se quiera a los
-sentidos, nada sienten, aunque en el mismo momento se impriman los
-espectros en ojos y oídos. Por esta misma razón, afirmóse que todo
-estaba en todos. ¿Cómo, pues, dicen, conoceremos aquello que está
-fuera de nosotros? Luego todo estaba en nosotros, pero lo hallamos
-revolviendo y esto es saber.</p>
-
-<p>Pero se engañan harto. Primero, porque afirman que en nosotros hay
-un asno (por ventura está en ellos), un león y lo demás. Pues ¿cómo
-puede suceder que yo esté en el león y el león en mí? ¿No es esto
-fingir una quimera? Y ojalá probasen que nosotros sabemos algo; pues
-entonces les concederíamos la consecuencia, a saber: que nada<span
-class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> puede saberse sin que esté en
-nosotros; todo se sabe; luego todo está en nosotros.</p>
-
-<p>Pero ahora la mayor es dudosa; la menor falsa. ¿Cómo, pues,
-concluirás?</p>
-
-<p>Después, arguyen mal si piensan que basta, para saber, que esté
-en nosotros aquello que se sabe. Pues aun cuando esto tal vez
-contribuiría, si pudiera ser, no se sigue de ahí que todo esté en
-nosotros, antes al contrario; estando ciertamente en nosotros el
-cuerpo, el alma, el entendimiento, las facultades, las imágenes
-y otras muchas cosas, sin embargo, de ningún modo las conocemos
-perfectamente.</p>
-
-<p>Pero esta cuestión, a saber, si todo está en nosotros, lo trataremos
-exprofeso en los libros de la naturaleza; ahora baste haber tocado lo
-que conduce al tratado propuesto.</p>
-
-<p>Así, pues, las cosas o las imágenes de las cosas existentes en
-nosotros no hacen ciencia ni son ciencia; pero la memoria es poblada
-por ellas, y en la fantasía las contempla la mente.</p>
-
-<p>De ahí también concluyo que la ciencia se llama pésimamente hábito.
-Pues aquí la cualidad<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span>
-es dificultosamente móvil; la ciencia no es cualidad, a no ser que
-quieras llamar a la visión cualidad; más bien acción simple de la
-mente, la cual puede ser perfecta aun de primera intención, y no dura
-más que lo que está en la mente, como tampoco la visión. De cuya
-contemplación y conocimiento, que se hace por la mente, la imagen
-confiada a la memoria se retiene en ella; la cual, si se ha fijado
-bien, se dirá hábito; si menos, disposición.</p>
-
-<p>Pero todo esto será propio de la memoria, no de la ciencia; si luego
-lo retorna, se dirá que se recuerda lo sabido, no que se sabe, sino
-cuando lo contempla; como quien recita lo visto no ve.</p>
-
-<p>Dícese, sin embargo, que sabe muchas cosas quien retiene en la
-memoria lo así sabido, porque o supo antes todo aquello o puede saberlo
-cuando quiere; pues aun con la menor ojeada, mirándolas, las entiende,
-porque ya las entendió antes.</p>
-
-<p>De donde queda, que el hábito de muchas cosas en la memoria no
-se llama ciencia, si no hubiesen sido ellas conocidas antes por el
-entendimiento.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>Decía Platón que
-nuestro saber (cosa extraña) no es otra cosa que recordar; es decir,
-que nuestra ánima lo sabía todo antes de nosotros, que en nosotros lo
-olvidó todo al ser sumergida en el cuerpo, y que poco a poco recuerda
-como despertando de un sueño.</p>
-
-<p>Pero levanta el doctísimo varón un castillo muy deleznable,
-no confirmado por la razón y la experiencia; como también otras
-muchas cosas que soñó del alma, según mostraremos en el tratado del
-espíritu.</p>
-
-<p>Aquel error lo repitió muchas veces Aristóteles. Mas, dejando
-las razones de Platón, porque pueden ser leídas por cualquiera en
-él, examinémos nosotros la cuestión por lo que se refiere a nuestro
-propósito.</p>
-
-<p>Si él hubiese dicho que vió cómo su alma lo sabía todo antes que
-fuese sumergida en su cuerpo, por ventura lo hubiese creído; pero
-entonces no sería hombre, sino larva o fantasma de tal.</p>
-
-<p>Yo, a la verdad, ignoro qué fué antes de mí; apenas creo lo que veo;
-¿cómo, pues, filósofo, creeré tus sueños?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span>Di: o antes que
-el alma entrase en tu cuerpo sabía, o no. ¿Dices que sí? Entonces,
-o aquella ciencia del alma era sólo recuerdo o no; si lo era, sería
-recuerdo de otra ánima que había en ella, la cual, antes que estuviese
-en la tuya, lo sabía todo.</p>
-
-<p>Y el saber de esta otra alma, ¿era o no era recordar?</p>
-
-<p>Vamos así a lo infinito.</p>
-
-<p>Si no recuerda por otra ánima, sino por sí misma; fué que se olvidó
-antes. ¿Por qué? Y si se había olvidado antes que esto aconteciese,
-¿era o no era todavía su saber recordar? También vamos a lo
-infinito.</p>
-
-<p>Si el saber del alma no era recordar, ¿perdió aquel saber sumergida
-en el cuerpo? Si no lo perdió, sabe como antes. Y antes, según tú, su
-saber no era recordar.</p>
-
-<p>Y si por la inmersión en el cuerpo, como dices, como aturdida por
-el comercio del nuevo domicilio, permanece olvidada de sí durante un
-tiempo, se acordará ciertamente después de aquello que había olvidado,
-pero no lo sabrá entonces; como también nosotros, olvidados de lo que
-antes sabíamos,<span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span> por fin
-lo recordamos; pero este recuerdo no es saber.</p>
-
-<p>Mas, si lo pierde, no lo recordará luego; pues solo recordamos
-aquellas cosas que permanecen todavía en la memoria o imaginación,
-aunque no se ofrezcan al pensamiento, y así, excitados por alguna
-reminiscencia de cosa semejante, surgen, como traídas a la fantasía,
-pero con recuerdo, porque antes habían estado allí mismo.</p>
-
-<p>Y si del todo hubiesen sido arrancadas, no fuera recuerdo, sino
-nueva impresión; como acontece a aquellos que por enfermedad incurren
-en perfecto olvido hasta del propio nombre; de los cuales no dirás que
-lo recuerdan si acontece que lo aprenden después; pues dice el vulgo
-que son víctimas los tales de total olvido y que, por consiguiente,
-deben ser de nuevo instruídos como si fuesen niños ignaros; y ellos
-mismos niegan que supieran alguna vez aquello que se les enseña.</p>
-
-<p>Recordar, pues, no es saber.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span>Además, siempre que
-recordamos decimos: había olvidado antes esto, pero ahora lo recuerdo
-así, o que así sucedió.</p>
-
-<p>Y si aconteciere al alma que sólo recordase, diría también el niño
-cuando fuere enseñado: yo también sabía esto antes, ahora lo recuerdo.
-¿Y quién dice tal?</p>
-
-<p>Además, si el alma, antes que fuere sumergida en el cuerpo, sabía,
-después sabrá ella misma, no el hombre. Y decir que el alma sabe, ¿no
-es impropio?</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Finalmente, hagamos más clara la cosa, pues es cuestión de
-nombre.</p>
-
-<p>O saber y recordar son lo mismo o no. ¿Qué han de ser lo mismo? ¿Por
-qué, si lo son, no usamos indiferentemente lo uno por lo otro?</p>
-
-<p>No dudo que recuerdan también los perros; pues herí a uno de
-industria, el cual, cuando después me ve, me ladra, acordándose, sin
-duda, de las heridas.</p>
-
-<p>¿Y quién dirá que los perros saben?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>¿Por ventura
-no quieres que recuerden los perros, con tal de no desmentir a
-Aristóteles?</p>
-
-<p>Recuerdan, por lo menos, mujeres y niños; y, sin embargo, nada
-saben; recordamos todos y nada sabemos.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Si no significan lo mismo recordar y saber, ¿por qué los confunde?
-Si lo uno es superior a lo otro, ¿por qué no añadió Platón alguna
-diferencia que los restringiese?</p>
-
-<p>Pues el hombre es animal, pero no sólo animal, porque lo es también
-el caballo; por lo cual a éste le añadimos <i>cuadrúpedo</i>, a aquél
-<i>bípedo</i>.</p>
-
-<p>No significan, pues, lo mismo; luego son cosas diversas saber y
-recordar.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>¿Qué es saber?</p>
-
-<p>Conocer las cosas por sus causas, dicen.</p>
-
-<p>No está del todo bien; es oscura la definición, pues se sigue
-inmediatamente la cuestión de las causas, más difícil que la
-primera.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>¿Es necesario conocer
-todas las causas para conocer las cosas?</p>
-
-<p>Las eficientes no, pues ¿qué influye mi padre para el conocimiento
-de mí?</p>
-
-<p>Después, si quieres conocer perfectamente el causado, es menester
-que conozcas también perfectamente las causas. ¿Qué se sigue? Que
-nada se sabe si quieres tener conocimiento perfecto de la causa
-eficiente.</p>
-
-<p>Venimos, pues, a parar en mi tema.</p>
-
-<p>Para el perfecto conocimiento de mí es menester conocer
-perfectamente a mi padre; para conocer a éste es necesario que conozcas
-antes a mi abuelo; después de éste a otro, y así infinitamente.</p>
-
-<p>De las demás cosas lo mismo.</p>
-
-<p>Y así también de la causa final.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Dirás que tú no consideras los particulares, que no caen bajo la
-ciencia, sino los universales: el hombre, el caballo, etc.</p>
-
-<p>Está bien; pero antes también lo decías; tu<span class="pagenum"
-id="Page_47">p. 47</span> ciencia no es del verdadero hombre, sino del
-que tú te finges; por tanto, nada vale.</p>
-
-<p>Considera, pues, aquel fingido hombre tuyo; no lo conocerás si
-no conocieres sus causas. ¿La tiene eficiente? No lo negarás. Si
-quieres conocer ésta, considera su eficiente. No acabarás nunca, y,
-por tanto, nunca sabrás qué es aquel hombre tuyo, ni siquiera si era
-<i>verdadero</i>; luego nada sabes.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Por ventura recurrirás a Dios omnipotente, primera causa de todo y
-fin último de todo, y dirás que allí hemos de parar y no en el infinito
-imaginario.</p>
-
-<p>De esto, hablaremos después. Pero ahora pregunto: ¿qué de ahí?
-Nada sabes. Huyes del infinito y caes en el infinito, inmenso,
-incomprensible, indecible, ininteligible. ¿Lo sabes tu acaso, lo
-conoces?</p>
-
-<p>Pero, según tú, es causa de todo. Luego para el conocimiento de los
-efectos es necesario su conocimiento, según tu definición. Luego nada
-sabes.</p>
-
-<p>Si para el conocimiento de la cosa no juzgaste<span class="pagenum"
-id="Page_48">p. 48</span> necesarias la eficiente ni la final, ¿por
-qué no distinguiste en tu definición? Pues yo las entendí todas cuando
-dijiste en absoluto: conocer las cosas por las causas.</p>
-
-<p>Pero en otro lugar, Aristóteles las comprende y enumera todas,
-eficiente, material, formal y final, cuando dijo que entonces pensamos
-nosotros conocer la cosa, cuando conocemos su primera causa.</p>
-
-<p>Pero te concedo (aun cuando no deba concedértelo ni pueda
-lícitamente) que no son necesarias la eficiente y la final; quedan
-dos, la material y la formal, las cuales creo entiendes que se han de
-conocer.</p>
-
-<p>Menos aún.</p>
-
-<p>Si quieres conocer la forma es necesario que la conozcas por sus
-causas, según tu definición. No por la eficiente y la final, como
-antes, sino por la material y la formal. Pero no la tienes. Luego nada
-sabes. Y si ésta no la sabes, tampoco sabrás aquello de lo cual es
-forma, pues ignoradas las partes, se ignora el todo.</p>
-
-<p>De la materia diré lo mismo, la cual es todavía<span
-class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span> más simple y menos
-sustantiva, y de la cual tal vez no hay causa alguna, al menos
-eficiente, material y formal, según Aristóteles; y de la final también
-puede dudarse.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>¿Qué dices?</p>
-
-<p>Basta cualquier conocimiento de las causas para tener ciencia de las
-cosas, aunque no sea perfecto.</p>
-
-<p>Coplas.</p>
-
-<p>Es imposible conocer perfectamente el todo sin que conozcas
-perfectamente las causas.</p>
-
-<p>Y si concediera también esto, pregunto: ¿puede tenerse ciencia de la
-forma y de la materia?</p>
-
-<p>Lo concederás tú, que pretendes saberlo todo.</p>
-
-<p>Mas vuelvo a preguntar: ¿por sus causas?</p>
-
-<p>Si no, tu definición es nula. Y ahora repito lo mismo de estas
-causas: ¿pueden saberse? Claro que sí; pues, según tú, lo más simple
-es más manifiesto por naturaleza, y, por tanto, es de suyo más
-cognoscible. Mas ¿por sus causas? Volvemos a lo infinito.</p>
-
-<p>Es, pues, nula la definición.</p>
-
-<p>Y, además, nada sabes por las mismas razones.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>Mas Aristóteles se
-objetó a sí mismo en otro lugar: si verdaderamente es sólo ciencia
-aquélla que se tiene por demostración y los primeros principios no
-pueden demostrarse, no habrá ciencia de éstos y por tanto, no habrá
-ciencia alguna.</p>
-
-<p>Luego rectificó diciendo que no toda ciencia era demostrativa, y que
-sólo es indemostrable la de aquellas cosas que carecen de medios.</p>
-
-<p>Pues de ahí se sigue que aquella sentencia, <i>saber es conocer las
-cosas por las causas</i>, no es absolutamente verdadera, ni aquella
-otra: la ciencia es hábito adquirido por demostración, si hay alguna
-que no se tiene por demostración.</p>
-
-<p>Mejor habló en otro lugar y podía excusarse si siempre hubiese
-hablado del mismo modo y hubiese explicado alguna vez la ciencia
-de modo perfecto. Mas ahora, siendo en todas partes vago, confuso
-y veleidoso se cierra el camino a la excusa. Pues había dicho que
-la ciencia de las cosas, de las cuales son los principios, las
-causas y los elementos, pende del conocimiento de éstos. Lo cual es
-ridículo como lo entienden sus secuaces, pues reduciendo las cosas a
-palabras y silogismos<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span>
-(soporificados en el viejo error y pudriéndose en él), interpretan los
-principios como primeras, manifiestas y supuestas proposiciones de cada
-ciencia, a las cuales ellos llaman principios y dignidades; y explican
-como causas las proposiciones medias que se hacen entre aquéllos y la
-cosa que se ha de probar; y elementos, el sujeto, el predicado, la
-cópula, el medio, la extremidad mayor y la menor.</p>
-
-<p>¿No es todo esto una sutil ficción o más bien un delirio en cuya
-comparación, si el Maestro se engaña, los discípulos, no entendiéndole
-ni siguiéndole, se engañan más aún? ¿Hasta cuándo se despeñarán en
-tantas vanidades, apartándose así de la clara y libre razón?</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero volvamos a Aristóteles. No puede excusarse. Arriba decía que
-la de los primeros principios es ciencia, pero indemostrable. En otro
-lugar llama al conocimiento de los primeros principios entendimiento,
-no ciencia. Mal dicho, pues, si se tuviera conocimiento de éstos, como
-de los demás,<span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span> sería
-perfecta ciencia. Mas ahora, no teniéndose de ellos, tampoco se tiene
-de aquellas cosas de las cuales son estos principios.</p>
-
-<p>De donde se sigue que nada se sabe.</p>
-
-<p>Además, ¿qué es la ciencia sino el entendimiento de las cosas? Sólo
-decimos que sabemos algo cuando lo entendemos.</p>
-
-<p>Pero tampoco es verdad que hay doble ciencia, pues sería una y
-simple, si alguna hubiese, como es una la visión.</p>
-
-<p>Hay, según dicen, dos modos de ciencia: uno simple, cuando
-conociésemos una cosa simple, como la materia, la forma, el espíritu;
-otro compuesto, por decirlo así, cuando se ofreciere una cosa
-compuesta, de la cual hubiera primero que descomponer y conocer cada
-una de las partes, y luego, finalmente, el todo.</p>
-
-<p>Y a este último modo siempre precede el primero; pero a éste no
-siempre le sigue aquél.</p>
-
-<p>En ambos casos, la demostración no sirve de otra cosa sino, tal vez,
-para mostrar la cosa que se ha de saber.</p>
-
-<p>Pero ya hay bastante; pues dijimos ya más de lo<span
-class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> que parecía convenir al que
-nada sabe. Pero no se ha dicho todo esto sin razón.</p>
-
-<p>Hasta aquí mostré la ignorancia de los demás, según la definición
-de la ciencia y, por tanto, según el conocimiento; ahora mostraré
-la mía (no parezca que sólo yo sé algo) por la cual podrás ver cuán
-indoctamente sabemos. Pues lo que hasta aquí fué recibido por muchos, a
-mí me parece falso, como ya probé; y lo que después diré, verdadero.</p>
-
-<p>Por ventura juzgarás tú lo contrario, y tendrás por verdadero lo
-tuyo; de donde se sigue la confirmación de lo propuesto: que nada se
-sabe.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch6">
- <h2 class="nobreak">¿Qué es saber?</h2>
-</div>
-
-<p>Veamos, pues, qué es saber, para que de ahí se haga más manifiesto
-si algo se sabe.</p>
-
-<p><i>Ciencia es el perfecto conocimiento de la cosa.</i></p>
-
-<p>He aquí una explicación fácil, pero verdadera, del nombre.</p>
-
-<p>Si preguntas el género y la diferencia, no los daré, pues todo esto
-son palabras más oscuras que lo definido.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span>Y ¿qué es
-conocimiento?</p>
-
-<p>Ciertamente no lo sabría definir y si lo definiese de algún modo,
-podrías preguntar nuevamente lo mismo de esta definición y de sus
-partes. Y así nunca se llegaría al fin; habría duda perpetua de los
-nombres.</p>
-
-<p>Por la cual razón, nuestras ciencias son ya infinitas, ya totalmente
-dudosas.</p>
-
-<p>En alguna parte, dices, nos hemos de parar en las cuestiones. Es
-verdad, porque no podemos otra cosa.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero no sé lo que es conocimiento; defínemelo.</p>
-
-<p>Yo diría la comprensión de la cosa, la perfección, la intelección, y
-algo más que signifique lo mismo.</p>
-
-<p>Si dudas todavía de esto, callaré; pero te exigiré a ti otra cosa;
-si lo concedieres, dudaré de lo tuyo, y así padeceremos perpetua
-ignorancia.</p>
-
-<p>¿Qué queda? Un recurso extremo; piensa tú por ti mismo.</p>
-
-<p>¿Pensaste? ¿Por ventura aprehendiste con la mente el conocimiento?
-Así lo crees. A mí también me parece que comprendí.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>¿Qué de ahí? Mientras
-hablo después contigo del conocimiento, cual lo comprendí tal lo
-propongo; tú, al contrario, cual lo entendiste tú. Esto afirmo yo que
-es; tú, afirmas otra cosa.</p>
-
-<p>¿Quién compondrá el pleito? Quien se conozca a sí mismo
-verdaderamente. Y ¿quién es el tal? Nadie. Cada uno se parece a sí
-doctísimo; a mí, todos ignorantes. Tal vez sea yo solo el ignorante; a
-lo menos, quisiera saber esto; y ni esto siquiera sé. ¿Qué diré, pues,
-en adelante que carezca de sospecha de ignorancia?</p>
-
-<p>¿Para qué, pues, escribo? Para decir lo único que sé: lo que yo
-pienso. Mas lo que pienso es mi verdad, no la tuya, no la de todos.
-Torno acá. Nada sabemos.</p>
-
-<p>Supón la explicación del nombre de ciencia dada por mí, para que
-proceda el discurso, y de ahí coligamos que nada sabemos, pues suponer
-no es saber, sino fingir; por lo cual, de los supuestos saldrán
-ficciones, no ciencia.</p>
-
-<p>Ve adónde nos llevó ya el discurso: Toda ciencia es ficción.
-Evidente. La ciencia se ha por demostración. Esta supone la definición,
-pues no pueden<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> probarse
-las definiciones, sino que deben creerse; luego la demostración de
-supuestos producirá ciencia supositicia, no firme y cierta.</p>
-
-<p>Además, según tú, se han de suponer los principios, y no conviene
-disputar sobre ellos; luego lo que de ellos se sigue será supuesto, no
-sabido.</p>
-
-<p>¿Hay algo más miserable? Para saber es necesario ignorar. Pues ¿qué
-otra cosa es suponer sino admitir lo que no sabemos? ¿No sería mejor
-saber antes los principios?</p>
-
-<p>Yo niego los principios de tu arte; pruébalos.</p>
-
-<p>No se ha de argüir contra los que niegan los principios, dices. No
-lo sabes probar. Eres ignorante, no sabio.</p>
-
-<p>Mas corresponde a la ciencia superior o común probar los principios.
-Lo sabrá, por ventura, todo, quien posea esta ciencia común; tú, nada;
-pues quien ignora los principios, ignora también la cosa. Pero ¿qué es
-aquella ciencia común?</p>
-
-<p>Es maravilloso cómo estos artífices se parten los oficios, se
-separan con linderos, del mismo modo que el necio vulgo se adapta y se
-parte la tierra. Levantan un imperio de las ciencias, cuya reina<span
-class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span> y supremo juez es la ciencia
-común, la Lógica, a la cual se llevan los supremos pleitos; ésta da
-leyes a las demás, leyes que es menester aceptar como buenas; a ninguna
-de las otras ciencias, es lícito echar impunemente la hoz en su mies,
-ni a las unas en el campo de las otras; y así toda la vida pleitean
-del sujeto de cada ciencia, y no hay quien dirima este pleito de
-ignorancias.</p>
-
-<p>De ahí, que si alguno trata de los astros en la física, dicen que
-lo hace o en cuanto que es físico o en cuanto es astrólogo; y uno
-compra esto del aritmético, pero otro roba aquello del matemático.
-¿Qué es esto? ¿No son entretenimientos de chiquillos? Pues éstos, en
-un lugar público, en la plaza, en el foro o en el campo, construyen
-huertas, las cercan con tejas y cada uno cierra a otro la entrada de su
-huertecillo.</p>
-
-<p>Entiendo lo que es eso. No pudiendo cada uno abrazarlo todo, el
-uno se eligió esta parte, el otro se apartó la otra. De ahí, que nada
-se sabe. Pues, conspirando todas las cosas que hay en este mundo a
-la composición de una sola, las unas no pueden subsistir sin las
-otras, ni éstas ser conservadas<span class="pagenum" id="Page_58">p.
-58</span> con aquéllas; y cada cual ejerce su oficio, diverso, sí,
-del de la otra, pero todos, no obstante, concurren a uno solo; éstas
-causan aquéllas, y éstas son hechas por aquellas otras. Es indecible la
-concatenación de todas.</p>
-
-<p>No es, pues, de extrañar, si, ignorada una cosa, se ignora también
-lo demás. Por causa de lo cual acontece que quien se ocupa de los
-astros, considerando sus movimientos y las causas de ellos, acepta del
-físico, como cosa probada, qué es el astro, qué el movimiento; de ahí
-que sólo contemple la variedad, y la multitud del movimiento.</p>
-
-<p>De lo demás, del mismo modo.</p>
-
-<p>Mas, esto no es saber.</p>
-
-<p>Saber es haber conocido primero la naturaleza de la cosa, en segundo
-lugar los accidentes, cuando la cosa tiene accidentes.</p>
-
-<p>De lo cual se sigue que la demostración no es silogismo científico,
-más bien, nada es, como que solo demuestra, según tú, que tiene
-accidente (pues para mí, tanto dista de demostrar algo, que más bien
-esconde y no hace otra cosa que turbar el ingenio); pero, en cambio,
-supone la definición de la cosa.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>Nada, pues, saben
-los que se fían de demostraciones y esperan de ellas ciencia; quienes
-condenan también éstas, nada para ti; y como poco ha, lo probaré.</p>
-
-<p>Luego nada sabemos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch7">
- <h2 class="nobreak">Elementos de la ciencia.</h2>
-</div>
-
-<p>En la ciencia, pues, si admites mi definición, hay tres cosas: la
-que se ha de saber, el ente que conoce y el conocimiento mismo; cada
-una de las cuales hemos de explicar por separado, para colegir de ahí
-que nada se sabe.</p>
-
-<p>En primer lugar, ¿cuántas son las cosas que se pueden conocer?
-Tal vez infinitas, no sólo en los individuos, sino también en las
-especies.</p>
-
-<p>Negarás que son infinitas, pero no probarás que son limitadas pues
-ni siquiera pudiste numerar la más mínima parte de ellas; yo apenas
-conocí el hombre, el caballo y el perro.</p>
-
-<p>Luego de esto ya nada sabemos. Pues ni tú viste el fin de todas
-las cosas, y, sin embargo, afirmas que son finitas; ni yo tampoco vi
-su infinidad; pero, no obstante, conjeturo que son infinitas.<span
-class="pagenum" id="Page_60">p. 60</span> ¿Qué más cierto te parecerá a
-ti? A mí nada.</p>
-
-<p>Pero dirás: ¿qué puede impedir la infinidad para el conocimiento
-de una sola cosa? Mucho, según tú, pues es necesario conocer los
-principios para conocer las cosas; tal vez, la materia y la forma;
-mas, en el infinito, las materias infinitas son tal vez distintas en
-especie (por más que tú no quieres distinguir de algo la materia por su
-especie; de lo cual hablaremos después).</p>
-
-<p>De las formas no hay duda; pero del infinito no hay ciencia
-alguna.</p>
-
-<p>Replicarás: puede ser la misma la materia aun de cosas infinitas.
-Cierto; pero también puede no ser la misma, y, por consiguiente
-múltiple. Pues, por ventura, hay otras cosas totalmente diversas de las
-nuestras, que no conoció ninguno de nosotros. Lo cual puede ser y no
-ser, es dudoso cuál de ambas cosas es.</p>
-
-<p>Pero la ciencia es de suyo de lo que es y que no puede ser de otra
-manera, según tú. Ni es necesario que haya cosas infinitas, para que
-sea diversa la materia; pues ni siquiera a ti, que las crees infinitas
-todavía, no consta ni constará jamás (puedo,<span class="pagenum"
-id="Page_61">p. 61</span> sin embargo, engañarme) si la materia del
-cielo es la misma que la de estas cosas inferiores.</p>
-
-<p>¿Que tal vez los espíritus tengan materia propia, aunque se digan
-simples? Ciertamente. Afirmas tú que son muchos sus géneros y muchas,
-por consiguiente, las diferencias. Luego convienen en algo común; y
-esto es, según tú, la materia; y se diferencian en algo, y esto es la
-forma.</p>
-
-<p>¿Tienen también materia propia los accidentes? Tú llamas al género
-de ellos materia, y a la diferencia forma.</p>
-
-<p>¿Es la misma que la del cielo la materia de los astros? No lo sabes.
-Parece que no.</p>
-
-<p>Luego tampoco sabes los principios, de los cuales se ignora cuántos
-son, aunque las cosas sean finitas.</p>
-
-<p>Ni se tendrá jamás estabilidad en los principios; pues los
-principios del hombre son los elementos; de los cuales surgen materia y
-forma; y de esta materia y esta forma otras más simples.</p>
-
-<p>Lo mismo del león, del asno, del oso; y así infinitamente.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span>Y de las formas
-no hay duda que en el infinito serán infinitas. Mas es necesario
-preconizar los principios.</p>
-
-<p>Dirás que los elementos no son principios, de lo cual se hablará
-después. Y aun que no habrá principios, pues de lo infinito no hay
-principio...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero sean finitas las cosas: no por eso sabrás más. Pues ni siquiera
-conociste el primer principio necesarísimo de todas las cosas; por lo
-cual tampoco lo demás que se deriva de él. Nada, pues, sabemos.</p>
-
-<p>Después, entre las cosas, unas son de sí como principio, de sí como
-sustancia, en sí, por sí y únicamente para sí (séame lícito hablar de
-esta manera), como la que llaman los filósofos primera causa, y los
-nuestros Dios; y todas las demás de éste, no de sí como principio, no
-de sí como sustancia, no en sí, no por sí, no para sí solas ni por
-causa de sí, sino que unas se originan de otras, otras se constituyen
-de otras, otras están en otras, otras son por otras. Y todas ellas es
-necesario conocerlas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span>Mas, a Dios ¿quién
-le conoció perfectamente? «No me verá el hombre y vivirá». Por
-consiguiente, sólo fué lícito a Moisés verle por segundas causas; es
-decir, por sus obras. De donde dijo San Pablo: las cosas invisibles de
-Dios se ven por lo que ha sido hecho, entendiéndolo.</p>
-
-<p>Y así es menester también conocer cuáles son las cosas que causan y
-el cómo, para que sepamos el qué perfectamente.</p>
-
-<p>Y hay tal encadenamiento en todas las cosas, que ninguna es tan
-ociosa que no aproveche o dañe a otra; y aun una misma tiene por
-destino dañar a muchas y ayudar a muchas.</p>
-
-<p>Luego es necesario conocerlas todas para el perfecto conocimiento de
-una sola. Mas esto, ¿quién lo puede alcanzar? Jamás lo vi.</p>
-
-<p>Y por esta misma razón unas ciencias prestan ayuda a otras, y cada
-una contribuye al conocimiento de las demás.</p>
-
-<p>A tal punto que ninguna puede saberse perfectamente sin las otras;
-y, por ende, éstas son obligadas a corroborar a aquéllas. Y los sujetos
-de todas hanse también de tal manera, que el uno<span class="pagenum"
-id="Page_64">p. 64</span> depende mutuamente del otro y también cada
-uno hace mutuamente a los demás.</p>
-
-<p>De donde se sigue nuevamente que nada se sabe. Pues ¿quién conoce
-todas las ciencias?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch8">
- <h2 class="nobreak">Casos prácticos.</h2>
-</div>
-
-<p>Traeré un ejemplo breve para que no quede esto sin prueba. Bastará
-del hombre.</p>
-
-<p>Éste odia al basilisco; pues cuéntase que el basilisco muere por la
-saliva del hombre ayuno; el basilisco al hombre y a la comadreja, la
-cual sola dícese que lo mata; la comadreja al basilisco y al ratón;
-el ratón a la comadreja y al gato; el gato al ratón y al perro; el
-perro al gato y al conejo; el conejo al perro y al hurón. Y basta de
-antipatías.</p>
-
-<p>Además, el hombre no se mantiene y deleita de cualquier manjar,
-sino del buey, del carnero, etc. Éstos no de cualquier cosa que se les
-ofrece, sino de heno, paja, avena, que no se crían en cualquier tierra,
-sino en una determinada; y esta tierra no lo produce todo, sino un
-fruto peculiar a lo que contribuye mucho este o el otro cielo. Baste
-aquí de las simpatías.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>¿Cómo sucede todo
-esto? Es menester conocer la naturaleza de cada una de tales cosas
-antes de conocer dignamente al hombre.</p>
-
-<p>Y además, porque el hombre se nutre, crece, vive, raciocina,
-engendra, se corrompe, hase de preguntar inmediatamente del alma y de
-sus facultades.</p>
-
-<p>Por igual razón también hay que inquirir de las plantas con qué
-alma viven; de los animales, de los seres inanimados. ¿No es la
-misma la ciencia de los contrarios? La generación y la corrupción
-¿quién las hace? Las cualidades contrarias. Pues inmediatamente se
-pregunta de éstas, de los elementos, de los cuerpos superiores, de la
-introducción del alma, de la introducción de las formas, de la acción
-y de la pasión; de la cualidad, de la cantidad, de la situación, de
-la relación; por qué se siente, engendra y calienta. Además, aquello
-por qué está en descanso; lo otro, por qué es en un instante; esto,
-por qué es en el tiempo; hase de ver qué es tiempo y espacio e
-inmediatamente saber de los cielos y de sus movimientos, pues el tiempo
-es, (dice Aristóteles, aunque mal, como veremos<span class="pagenum"
-id="Page_66">p. 66</span> después) número y lugar, según que tiene
-sucesión y extensión.</p>
-
-<p>Puesto que el movimiento se mueve en línea recta y hacia abajo, debe
-preguntarse qué es hacia arriba y qué hacia abajo; cual es el centro
-del mundo, cuales los polos, y sus demás partes.</p>
-
-<p>Porque vemos, y esto mediante la luz, pregúntase inmediatamente de
-los colores, de las imágenes, de la luz, del sol y de los astros.</p>
-
-<p>Porque existe el cuerpo y es en el lugar, pregúntase del cuerpo, de
-la sustancia, del espacio y del vacío.</p>
-
-<p>Porque el espacio dícese finito, de lo finito y de lo infinito.</p>
-
-<p>Porque el cuerpo engendra y es engendrado, inmediatamente de todas
-las causas basta la primera.</p>
-
-<p>Porque el hombre raciocina, del alma intelectiva y de sus
-facultades, de la ciencia y de lo cognoscible, de la prudencia y de los
-demás hábitos.</p>
-
-<p>Porque mata, porque nunca vive contento, porque expone a la muerte
-la vida por la patria, porque socorre a enfermos y necesitados,
-suscítanse las cuestiones del bien y del mal, del último y sumo<span
-class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span> bien, de la virtud y del
-vicio, de la inmortalidad del alma.</p>
-
-<p>Cualquiera de estas cosas lleva consigo todas las demás, que seguir
-fuera fastidioso.</p>
-
-<p>Y lo mismo la cosa más trivial.</p>
-
-<p>Conocerás esto con el ejemplo familiarísimo del reloj común. Pues
-si quieres saber cómo da las horas, es menester que examines todas
-las ruedas desde la primera a la última, y qué mueve la primera, y
-cómo ésta la otra y ésta otras dos, y así llegar hasta la última.
-Y si, aparte de dar las horas el reloj, las señala también con una
-aguja en un cuadrante, y muestra, además, los movimientos de la luna,
-su crecimiento y decrecimiento, y asimismo el curso perfecto del sol
-por el Zodiaco, de igual tenor que se hace en el cielo (todo lo cual
-y otras muchas cosas vemos que se nos muestra en el reloj portátil,
-según el verdadero curso de los astros), ciertamente harás la cosa más
-difícil, y no podrás percibir cómo se hace la menor de estas cosas sin
-que desmontes totalmente toda la fábrica, la examines y entiendas cada
-parte y su oficio.</p>
-
-<p>Lo mismo te representará el orbe de cristal<span class="pagenum"
-id="Page_68">p. 68</span> construído con admirable artificio por
-Arquímedes en el cual orbe todas las esferas y planetas eran movidos
-y observados del mismo modo que en el Universo, haciéndolo todo
-automáticamente un soplo por ciertos canalillos y conductos. ¿No era
-menester, si alguno quería conocer esto, penetrar perfectamente toda la
-máquina y sus partes hasta la más pequeña con sus oficios?</p>
-
-<p>Lo mismo se debe entender en este nuestro orbe. Pues ¿qué hallarás
-en él que no mueva y sea movido, mude y sea mudado o experimente una o
-ambas cosas?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch9">
- <h2 class="nobreak">Consecuencias.</h2>
-</div>
-
-<p>Ve adónde se ha llegado.</p>
-
-<p>Sólo hay o podría haber una ciencia: la de la naturaleza de las
-cosas; por la cual todas ellas serían perfectamente conocidas: ya
-que una no puede ser conocida perfectamente sin todas las otras.
-Las ciencias que tenemos son vanidades, rapsodias, fragmentos de
-observaciones contradictorias; lo demás, imaginaciones, artificios,
-fantasías...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>De donde no del todo
-ineptamente decía el Rey Sabio: que la sabiduría de los hombres es
-necedad ante Dios.</p>
-
-<p>Pero volvamos allá de donde nos habíamos apartado, y de ahí colige
-que es una sola la ciencia de todas las cosas. Pues siempre que
-acontece tratar de alguna cosa, con ocasión de ésta hase de tratar de
-otra y de otra por ésta, y por tercera vez de otra por ésta; y así
-iríamos hasta lo infinito, si en medio del camino no volviésemos pie
-atrás, y no sin detrimento de la sabiduría.</p>
-
-<p>De donde surge aquella ley en las ciencias: <i>Todo está en
-todo</i>; pues vemos que todo se sigue de todo. Mas para que no dejara
-de tener fin su ciencia, se empeñaron los filósofos en poner límites,
-los cuales, sin embargo, no pueden conservar (pues, ¿cómo conservarán
-los límites que no tolera la naturaleza?); de donde es necesario
-repetir lo mismo mil veces en la misma obra y en las diversas obras.
-Fácilmente lo mostraríamos en cualquier autor, pero sería largo.
-Pues lo que dijo Aristóteles en los predicamentos ¿no lo repite, por
-ventura, en la Física y en la Metafísica? ¿y<span class="pagenum"
-id="Page_70">p. 70</span> lo que en estas ciencias en otras,
-frecuentemente?</p>
-
-<p>Y nuestro Galeno ¡cuán prolijo es! Apenas hallarás un solo capítulo
-en que no leas: <i>Y de esto, aun cuando tratamos más extensamente en
-otro lugar, no dañará si repetimos brevemente lo que atañe a nuestro
-propósito. Baste aquí por lo que se refiere al presente tratado; lo
-demás lo hallarás en tal libro</i>.</p>
-
-<p>Lo cual muestra claramente que para el conocimiento de una sola
-cosa es también necesario el conocimiento de las demás; cuando también
-para la producción de una sola cosa, conservación o destrucción,
-es necesario el concurso de todas las otras, como probaremos más
-extensamente en el examen de la naturaleza.</p>
-
-<p>Confirman también lo mismo los que promueven disputa sobre alguna
-cosa; pues si pretenden probar que el hombre es animal, distan tanto de
-lograrlo, que, al revés, discurriendo mediante silogismos, de una cosa
-en otra llegan por fin o al cielo o al infierno, según los medios de
-que usa el probante y según lo negado por su rival.</p>
-
-<p>Y lo que el inventor de la demostración dice de<span
-class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> ella, que por los intermedios
-hase de llegar a los primeros principios, y que en ellos se ha de
-parar, es una ficción; como también todo lo otro que dice acerca de la
-misma cosa.</p>
-
-<p>Ni tampoco hay tales medios ciertos, numerados y ordenados, por los
-cuales podamos proceder libremente; ni principios en los cuales pueda
-el ánimo posarse quieto y contento.</p>
-
-<p>Y si tú tienes tales cosas, me placerá mucho que me las enseñes.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch10">
- <h2 class="nobreak">Otra prueba<br /> de la ignorancia.</h2>
-</div>
-
-<p>¿Y esperas todavía más ancha prueba de nuestra ignorancia? La
-daré.</p>
-
-<p>Viste ya la dificultad en las especies.</p>
-
-<p>Mas de los individuos confesarás que no hay ciencia alguna, porque
-son infinitos.</p>
-
-<p>Pero las especies nada son, o al menos son una fantasía; sólo
-son los individuos, sólo se perciben éstos, sólo de éstos hase de
-tener ciencia; de ellos se ha de captar. Si no es así muéstrame
-en la naturaleza aquellos tus universales; los darás en los<span
-class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> mismos particulares. Nada veo
-en ellos universal; todo particular.</p>
-
-<p>Y en éstos ¿cuánta variedad se observa? Cosa maravillosa. Este es un
-ladrón acabado; aquél homicida; aquél sólo nacido para la gramática;
-el otro totalmente inepto para las ciencias; éste cruel y sanguinario
-desde la cuna; por ningún arte puede ser aquél apartado del vino, éste
-del placer venéreo, el otro del juego; uno se derrite a sola la vista u
-olfato de la hiel; otro no gustó jamás la manzana ni puede ver a otro
-que la guste; otros la carne, otros el queso, otro el pescado: de todos
-los cuales nosotros conocimos algunos.</p>
-
-<p>Hay quien devora y cuece indiferentemente metales, vidrios, plumas,
-ladrillos, lana, y, finalmente, todo; otro cae en síncope al olor o
-vista de una rosa; éste odia a las mujeres; aquél se nutre con cicuta;
-esotro duerme día y noche. Yo arrojé muchas veces con ira los libros y
-huí del arte, pero en el foro, en el campo, medito sin cesar, y nunca
-menos solo que cuando estoy solo, y nunca menos ocioso que cuando
-estoy ocioso; conmigo tengo el enemigo y no puedo evadirlo, y, como
-escribió<span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> Horacio:
-<i>huyo fugitivo de mí mismo, como errabundo, ya preguntando a los
-caminantes, ya buscando calmar el cuidado con el sueño; pero en vano,
-porque la negra compañera me atormenta y sigue...</i></p>
-
-<p>Finalmente, hay algunos hombres ante los que dudas muy seriamente si
-los debes llamar racionales o irracionales. Y, al contrario, hay brutos
-a los que puedes apellidar con mayor justicia racionales que a algunos
-de entre los hombres. Responderás que una golondrina no hace verano ni
-un particular destruye lo universal. Yo, al contrario, insisto en que
-el universal es totalmente falso, a no ser que abrace y afirme cómo es
-todo lo que se contiene bajo de él. Pues, ¿cómo fuera verdad decir que
-todo hombre es racional, si muchos o uno solo fuesen irracionales? Si
-dices que en este hombre el defecto no está en el ánima, sino en el
-cuerpo su instrumento, dirás, por ventura, verdad, pero en mi favor.
-Pues, el hombre no es sola el ánima ni sólo el cuerpo, sino los dos
-juntos; luego, siendo uno de ellos defectuoso, defectuoso será el
-hombre.</p>
-
-<p>De lo cual se sigue que es ridículo el dicho de algunos: que el alma
-del hombre puede ser redonda<span class="pagenum" id="Page_74">p.
-74</span> o de cualquiera otra figura distinta de como todos somos.
-Ignoro si ellos la vieron alguna vez; si la vieron, confirman mi tesis;
-pues nadie creería que tal alma fuese de la misma condición que las
-nuestras. Si no la vieron, ¿por qué la fingen tal cual la naturaleza no
-puede, por ventura, producirla? Y si puede, ¿cómo será cierta aquella
-proposición: el alma es acto del cuerpo físico?</p>
-
-<p>He aquí la ciencia de los tales.</p>
-
-<p>Y todavía es mucho más absurdo aquello de que, no existiendo hombre
-alguno, sería verdadero decir: el hombre es animal. Ello es suponer un
-imposible para inferir una falsedad. Pues, si hablas en la filosofía,
-jamás faltarán hombres, porque el mundo es eterno; si hablas en la
-fe, ¿dejará de ser Cristo nuestro Señor? Ve cómo de ambas maneras es
-imposible el supuesto.</p>
-
-<p>Mas, ¿no sabes por tu preceptor que, puesto lo posible en el ser,
-no se sigue inconveniente, pero que, admitido lo imposible, se siguen
-muchos?</p>
-
-<p>Pero sea, sea posible: si el hombre <i>no es</i> ¿cómo será el
-hombre animal?</p>
-
-<p>Dicen que el verbo <i>es</i> tómase allí por la esencia,<span
-class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> no por la existencia y que es
-sólo cópula, y que, por tanto, aquella proposición es eterna y en las
-ciencias siempre se toma así; y que aun antes de la creación del hombre
-fué verdadera aquella proposición y que en la mente divina estuvieron
-todas las esencias de las cosas. Y así, escriben cosas maravillosas
-del ser y de la esencia. ¿Cabe mayor vanidad? De tal manera truecan y
-cambian las palabras de su propia significación, que su lenguaje es
-totalmente diverso del paterno, debiendo ser el mismo. Y, acercándose
-a ellos para aprender algo, cambian de tal manera las significaciones
-de las palabras, de las que antes habías usado, que ya no designan las
-cosas mismas y naturales, sino aquellas que ellos se fingieron, para
-que tú, ávido de saber y totalmente ignorante de estas cosas nuevas,
-les oigas a ellos disputando y disertando con sutileza, tejiendo sueños
-de sueños, fantasías aderezadas con maravilloso artificio, y les
-admires y les tengas y reverencies como agudísimos escudriñadores de la
-naturaleza.</p>
-
-<p>¡Caso extraño! ¡Cuánta barbarie! ¿Qué cosa más sencilla, más clara,
-más usada que el verbo es? Sin<span class="pagenum" id="Page_76">p.
-76</span> embargo, ¡cuánta disputa en torno suyo! Los chiquillos son
-más doctos que los filósofos, pues si preguntas a un niño si el padre
-está en casa, responde que está, si está; si preguntas si es malo, lo
-niega.</p>
-
-<p>El filósofo, de ningún hombre afirma nada a derechas. Ni es tampoco
-menos absurdo lo que algunos se empeñan en establecer, que la filosofía
-no puede ser enseñada en otro idioma que en griego o latín; porque,
-dicen, no hay palabras con las que puedas traducir muchas que hay en
-aquellas lenguas, como la <i>entelequeia</i> de Aristóteles (de la cual
-se ha disputado en vano hasta ahora cómo se debe verter del latín);
-<i>esencia</i>, <i>quiddidad</i>, <i>corporeidad</i> y otras parecidas
-que maquinan los filósofos. Naturalmente, como no significan cosa
-alguna, tampoco son entendidas por nadie ni pueden ser explicadas ni
-vertidas en lenguaje vulgar, el cual suele designar con sus nombres
-propios sólo las cosas verdaderas, no las fingidas.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span></p>
- <h2 class="nobreak">Etimologías.</h2>
-</div>
-
-<p>Añade a esto la frívola sentencia de otros que asignan a las
-palabras no sé qué fuerza propia, para deducir de ahí que los nombres
-fueron impuestos a las cosas según la naturaleza de ellas.</p>
-
-<p>Guiados por lo cual, no menos neciamente empéñanse algunos en
-traer de algo propio las significaciones de todas las palabras; como
-<i>lapis</i> (piedra), de que hiere el pie; <i>humus</i> (tierra),
-de humedad. Y asno, ¿de dónde?: de ti, vano etimologista, porque no
-tienes <i>sentido</i>, pues <i>a</i> en griego y latín significa
-frecuentemente privación; <i>sinus</i>, como <i>sensus</i>, sentido;
-luego <i>asno</i> es lo mismo que <i>sin sentido</i>, o sea lo mismo
-que tú.</p>
-
-<p>Pero ¿no es buena la etimología?</p>
-
-<p>No, cuando se inquieren las palabras más bien por curiosidad que
-con verdad o utilidad; así todo lo haces derivativo o compuesto, nada
-simple o primitivo; ¿cabe mayor insensatez?</p>
-
-<p>Si la dicción <i>lapis</i> (piedra) fué impuesta por la naturaleza
-de la cosa, como dices, ¿es la naturaleza de la piedra que hiera el
-pie? Pienso que no.<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>
-Pero sea. ¿Cómo <i>lædo</i> (hiero) representa la naturaleza del daño
-que significa? ¿Cómo <i>pes</i> (pie) significa la naturaleza del
-pie?</p>
-
-<p>Vamos a lo infinito.</p>
-
-<p><i>Humus</i> tampoco se dice de <i>humedad</i>; pues, al contrario,
-la tierra es, según tú, el más seco de todos los elementos; pero,
-aunque fuera humidísima y de la humedad se dijera <i>humus</i>, ¿de
-dónde se dirá tal la humedad? Si me das otra palabra preguntaré
-su abolengo. Y así, otra vez hasta lo infinito. Porque, si cesas
-en alguna, la obligaré a que muestre la naturaleza de la cosa que
-significa. Todas las intermedias parecen representar la naturaleza
-de la cosa, porque se derivan de otras que significan algo hasta la
-última, que de ninguna otra se deriva, según tú; pues bien, preguntaría
-lo mismo de la última.</p>
-
-<p>¿Cuántas son las voces simples? Casi todas.</p>
-
-<p>Además. Si <i>pan</i> ha sido impuesta, según la naturaleza de
-la cosa, ¿qué decir de la griega <i>artos</i>, o de la británica
-<i>bara</i>, o de la vascuence <i>ouguia</i>, cuya diversidad en el
-sonido, en las letras, en el acento, es tanta, que no tienen nada de
-común?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>Si dices que sólo una
-lengua ha sido impuesta, según la naturaleza de la cosa, ¿por qué no
-las demás también? Y ¿cuál es ella? Si dices que la primera de Adán,
-acaso, pues pudo, por haber conocido las naturalezas de las cosas,
-como atestigua el autor del Pentateuco, darles nombre adecuado, pero
-entonces ciertamente habría hecho falta que su filosofía o la que
-tenemos hubiese sido escrita en su idioma. ¡Bella filosofía la que no
-puede ser enseñada o explicada con otro lenguaje que con el de Adán!
-Pero tú, varón prudentísimo, te contentas con el griego o el latín, que
-no han sido impuestos por la naturaleza de las cosas.</p>
-
-<p>¿Y no se corrompen y mudan perpetuamente las voces?; ¿no hay
-libros franceses y españoles en los que hallarás muchas palabras cuyo
-significado se ignora totalmente?</p>
-
-<p>¿No hay en latín muchas palabras anticuadas y no se inventan otras
-muchas todos los días? Lo mismo acontece con el estilo, y con otras
-cosas, que se varían con el uso continuo y, al fin, tanta mudanza se
-hace que degenera todo y todo se hace diverso; así pereció el antiguo
-idioma latino transformado<span class="pagenum" id="Page_80">p.
-80</span> ahora en el vulgar italiano; el griego del mismo modo.</p>
-
-<p>Y si algunos libros conservan todavía sobrevivientes ambas lenguas,
-difieren tanto de aquel antiguo esplendor y sentido, que si nos oyeran
-hablando su lengua Demóstenes o Cicerón, se reirían.</p>
-
-<p>Ni es esto solo, sino que los idiomas toman de los demás muchas
-dicciones; y así opino que no nos queda ninguna sincera y legítima
-lengua.</p>
-
-<p>No tienen, pues, las voces ninguna facultad de explicar las
-naturalezas de las cosas, aparte de aquella que tienen por el arbitrio
-del imponente; y la voz <i>canis</i> la misma fuerza tiene, si te
-place, de expresar pan que perro.</p>
-
-<p>Hay palabras impuestas a las cosas por el efecto o por algún
-accidente, mas no por la naturaleza. Pues ¿quién conoce las naturalezas
-de las cosas para que, según ellas, les imponga nombres? O ¿qué
-comunidad hay entre nombres y cosas? De aquellos los hay propios,
-como si llamas al hombre risueño o lloroso, en los cuales los
-primitivos<span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span> <i>risa</i>
-o <i>llanto</i> no tienen otra fuerza que la que recibieron de nuestro
-arbitrio; así las locuciones que parecen más significativas.</p>
-
-<p>Hay también palabras que por semejanza imitan los sonidos, las voces
-de aquellas cosas que significan, y, por ende, llámanse onomatopeicas,
-como el <i>cacarear</i> de las gallinas, el <i>graznar</i> de los
-cuervos, el <i>rugir</i> de los leones, el <i>balar</i> de las ovejas,
-el <i>ladrar</i> de los perros, el <i>relinchar</i> de los caballos,
-el <i>mugir</i> de los bueyes, el <i>gruñir</i> de los puercos, el
-<i>roncar</i> de los que duermen, el <i>susurro</i> de las aguas, el
-<i>silbido</i>, el <i>tañido</i>, el <i>clangor</i> de las campanas
-y clarines. (<i>Baubantem est timidi pertimuisse canem.</i>) <i>Es
-del tímido temer al perro que ladra</i>; y aquello otro: (<i>Et tuba
-terribili sonitu taratantara dixit.</i>) <i>Y la trompeta con terrible
-sonido dijo taratantara</i>; y también: (<i>Quadrupedante putrem sonitu
-quatit ungula campum.</i>) <i>Con cuádruple sonido hiere con sus patas
-el polvoroso campo.</i></p>
-
-<p>Y tampoco en esto hay alguna demostración de la naturaleza de
-aquellas cosas que significan, sino semejanza de sonidos.</p>
-
-<p>Menos todavía debe buscarse derivación en todas<span
-class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> las palabras; pues de otra
-suerte iríase a lo infinito.</p>
-
-<p>Pero fuimos más lejos de lo que había pensado.</p>
-
-<p>Vuelvo atrás.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch12">
- <h2 class="nobreak">Variedades humanas.</h2>
-</div>
-
-<p>¡Cuánta variedad de los hombres aun en la misma especie!</p>
-
-<p>En unas partes son de cortísima estatura, los pigmeos; en otras,
-de gran talla, los gigantes; unos andan totalmente desnudos; otros
-vellosos y cubiertos de pieles en todo el cuerpo; los hay faltos
-totalmente de palabra, que viven en las selvas como las fieras, se
-refugian en cavernas o se establecen en los árboles a modo de aves, y
-si logran alguna vez arrebatar a nuestros hombres, los devoran con gran
-placer; los hay que descuidados totalmente de Dios y de la religión lo
-tienen todo común, inclusos los hijos y las mujeres: vagan y no tienen
-asiento fijo. Al contrario, otros, esclavos de Dios y de la religión,
-derraman intrépidamente la sangre por la caridad y la fe.</p>
-
-<p>Cada cual quiere tener ciudad propia, casa, mujer<span
-class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> y familia, y, habidas, las
-defienden hasta la muerte; unos, después de la muerte son entregados
-al fuego o a la tierra con los amigos vivos, las mujeres y el ajuar;
-otros, no curando de cosa alguna de éstas, quedan insepultos; hay quien
-permite que le despedacen vivo y le dividan en partes, y lo procura;
-hay quien cree que a todo trance ha de huir la muerte.</p>
-
-<p>No acabaríamos, si quisiéramos narrar todas las costumbres de los
-hombres.</p>
-
-<p>¿Atribuyes tú a todos ellos la misma condición que a nosotros? A mí
-no me parece verosímil que sean iguales. Sin embargo, nada sabemos ni
-tú ni yo.</p>
-
-<p>Negarás, por ventura, que algunos de los tales sean hombres.</p>
-
-<p>No lo disputaré; así lo acepté de otros; de ellos están llenos los
-libros de los antiguos y de los modernos, y no parece imposible; y
-aun, por ventura, los hay más diversos aún de nosotros en alguna parte
-del mundo no descubierta todavía, o los hubo o los habrá. Pues, ¿quién
-puede decir algo cierto de todo lo que fué o es o será?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>Decías ayer con tu
-perfecta ciencia, y aun desde muchos siglos se dijo, que toda la tierra
-era rodeada por el océano, y la dividías en tres partes universales:
-Asia, África, Europa. Ahora, ¿qué dirás? Ha sido hallado un nuevo
-mundo, nuevas cosas en la nueva España, en las Indias occidentales y
-orientales.</p>
-
-<p>Decías también que las tierras meridionales y puestas debajo del
-Ecuador eran inhabitables por el calor, y que las situadas debajo
-de los Polos y en las zonas extremas, por el frío. Ya prueba la
-experiencia que ambas cosas son falsas.</p>
-
-<p>Construye otra ciencia, pues la ciencia de ayer es ya un montón de
-dislates.</p>
-
-<p>¿Cómo afirmas, pues, que son eternas e incorruptibles, y que no
-pueden ser de otra manera tus proposiciones, miserable gusano, que
-apenas sabes qué eres, de dónde vienes ni adónde vas?</p>
-
-<p>De las otras especies, ya de animales, ya de plantas, según la
-diversa situación del orbe, puede decirse lo mismo; pues en las
-diversas tierras y mares del mundo hay tanta muchedumbre de especies,
-que parecen distintas y lo son. Nada, sin<span class="pagenum"
-id="Page_85">p. 85</span> embargo, se sabe, puesto que no conocemos las
-formas de unas y otras cosas, por las cuales se distinguen.</p>
-
-<p>Añade que, para mayor ignorancia nuestra, nos esta vedado el acceso
-de algunas cosas o por el espacio o por el tiempo, y ellas son la mayor
-parte. De ahí, que haya gran duda de aquellas cosas que se hacen y son
-en el mar, en las entrañas de la tierra, en las alturas atmosféricas y,
-finalmente, en los más elevados cuerpos.</p>
-
-<p>Y no sin razón, pues todo conocimiento procede del sentido; por el
-cual, como no puedan ser percibidas aquellas cosas, tampoco pueden
-saberse, y mucho menos que las que están con nosotros, pues de éstas no
-dudamos que sean, mas de muchas de aquéllas hay variedad de opiniones,
-y ni aun se sabe que existan ni la razón fuerza a ello, antes, a veces,
-dice lo contrario.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch13">
- <h2 class="nobreak">Cuestiones indecisas.</h2>
-</div>
-
-<p>Corresponde también a este lugar la cuestión de la pluralidad del
-mundo, de lo que está fuera del cielo y otras parecidas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>Y no es esto sólo,
-sino que en las diversas partes de la tierra (que uno mismo no puede
-recorrer todas, pero que es necesario), por la multitud de las cosas
-dichas poco ha, son varias las opiniones de los hombres y ninguna la
-ciencia.</p>
-
-<p>Y de las cosas que sucedieron mucho tiempo antes de nosotros y de
-las que después sucederán ¿quién puede afirmar algo cierto?</p>
-
-<p>Con ocasión de esto es aguda la controversia habida hasta aquí entre
-los filósofos acerca del principio del mundo, de su eternidad o de su
-duración y fin; al cual nadie impuso, que sepamos, fin, ni habría de
-imponérsele por ciencia.</p>
-
-<p>Pues ¿cómo lo corruptible podrá mostrar algo con certeza de lo
-incorruptible, lo finito de lo infinito? ¿Qué sabe de la eternidad
-quien vive sólo un instante como si no viviese y aun como si no fuese
-de lo sempiterno?</p>
-
-<p>De todas estas cosas, que son muy nobles y muy necesarias para el
-conocimiento de todo lo demás, hay dudas en la Filosofía; la ignorancia
-de ellas trae, como consecuencia, el desconocimiento de todo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span>Y que nada puede
-saberse perfectamente, del modo humano, vese claro en que el
-Peripatético con toda su escuela empéñase en probar con innumerables
-razones que el mundo es eterno y que no tuvo principio ni tendrá fin;
-y esto fué persuadido a los filósofos. De donde aquel romano (Plinio)
-tomó fundamento para su <i>Historia Natural</i>.</p>
-
-<p>Y ciertamente, si te guías por la razón humana; lo advertirás mejor
-todavía. Pues viniste al mundo ya hecho, y tu padre también, y tus
-abuelos; marcharon ellos y marcharás tú, y verás a otros que nacen y
-mueren, mientras el mundo subsiste. Y no hay nadie que asegure o de
-palabra o por escrito, que vió el principio del universo o que vió a
-alguno que lo haya visto, o haya oído de otro que lo vió. Y, como dice
-el Sabio, «pasa una generación y viene otra generación; pero la tierra
-se mantiene perpetua; nace el sol y se pone, y vuelve a su lugar y,
-renaciendo allí, dirige su curso hacia el Mediodía, y declina después
-hacia el Norte; corre el viento soplando por toda la redondez de la
-tierra y vuelve a comenzar sus giros. Todos los ríos entran en el mar,
-y el mar no rebosa; van los ríos<span class="pagenum" id="Page_88">p.
-88</span> a desaguar en el mar, lugar de donde salieron, para volver a
-correr de nuevo. Todas las cosas del mundo son difíciles; no puede el
-hombre explicarlas con palabras».</p>
-
-<p>Oíste el parecer de los filósofos; sin embargo, ves que lo contrario
-es totalmente verdadero, según la fe, y que el mundo fué creado, y que
-ha de tener fin, al menos según las cualidades que ahora tiene. Pues no
-será aniquilado, según aquello del Rey profeta: «Y como una vestidura
-los mudarás y serán renovados». Lo cual todo se sabe por divina
-revelación, no por discurso humano.</p>
-
-<p>Y así aquel divino legislador, Moisés, teje divinamente desde la
-creación del mundo su divina historia, inspirado por el espíritu
-divino; totalmente al revés de lo que hizo Plinio.</p>
-
-<p>Por consiguiente, tiene alguna excusa la opinión de los filósofos;
-pero ninguna la pertinacia en el descreimiento ni la contumacia contra
-la fe.</p>
-
-<p>Pero volvamos atrás.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch14">
- <p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span></p>
- <h2 class="nobreak">Otra causa<br /> de nuestra ignorancia.</h2>
-</div>
-
-<p>Hay también otra causa de nuestra ignorancia: que es tan grande la
-sustancia de algunas cosas que no puede absolutamente ser percibida
-por nosotros; en el cual género está el infinito de los filósofos,
-si hay alguno, y el Dios de los nuestros, que no puede tener medida
-alguna, ni límite alguno, ni por consiguiente, puede ser de modo alguno
-comprendido por nuestra mente.</p>
-
-<p>Y no sin razón: pues debe haber cierta proporción del que comprende
-a lo comprendido, de manera que el que ha de comprender sea mayor
-que lo comprendido o, al menos, igual (aunque esto parece que apenas
-puede realizarse, que un igual comprenda a otro igual, como veremos
-en el tratado del espacio; pero ahora concedámoslo); mas, nosotros no
-tenemos proporción alguna con Dios, ni lo finito con lo infinito, ni lo
-corruptible con lo eterno.</p>
-
-<p>Por esta misma razón Él conoce todas las cosas, como que es mayor
-que todo, superior, más excelente<span class="pagenum" id="Page_90">p.
-90</span> o mejor, y para que no parezca que hago comparación con las
-criaturas, es máximo, supremo y excelentísimo.</p>
-
-<p>Cuanto es más cercano a este Artífice, por la misma razón nos es más
-desconocido.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Hay otro linaje de cosas totalmente contrario a éstas, de las
-cuales es tan pequeño el ser, que apenas puede ser comprendido por la
-mente.</p>
-
-<p>De esas cosas infinitamente pequeñas hay grande abundancia, y su
-conocimiento es muy necesario para la ciencia, y, sin embargo, casi
-ninguno tenemos.</p>
-
-<p>Tales son, tal vez, todos los accidentes, que casi son nada; de
-tal manera, que hasta ahora ninguno hubo que haya podido explicar
-perfectamente su naturaleza, como tampoco de las demás cosas.</p>
-
-<p>Nada sabemos: ¿cómo, pues, lo podríamos explicar?</p>
-
-<p>Ni es de extrañar, si algunos juzgaren que los accidentes nada
-son en sí, sino sólo ciertas cosas que nos aparecen, las cuales nos
-aparecen varias<span class="pagenum" id="Page_91">p. 91</span> según
-nuestra varia condición y disposición; como quien está febril todo lo
-juzga caliente, quien tiene lengua amarilla empapada de bilis todo lo
-juzga amargo.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Todavía queda en las cosas otra causa de nuestra ignorancia, a
-saber, la perpetua duración de algunas, la perpetua generación de
-otras, la perpetua corrupción y la perpetua mudanza.</p>
-
-<p>De suerte, que, no viviendo siempre, no puedes darte cuenta de
-ellas; ni tampoco de éstas últimas que no son jamás las mismas, y que
-tan pronto son, como no son.</p>
-
-<p>De ahí sucede que la disputa acerca de la generación y la corrupción
-está todavía sin resolver, acerca de la cual diremos en otro lugar lo
-que sentimos.</p>
-
-<p>¿Cuántos modos hay de generación, cuántos de corrupción? ¿Cuántos de
-crear, cuántos de destruir?</p>
-
-<p>Y entre el nacimiento y la muerte, ¿cuántas mudanzas se hacen?
-Innumerables.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>En los vivientes, la
-perpetua nutrición, el crecimiento temporal, el estado, la decadencia,
-la generación, la variación de partos, la mudanza, los defectos, las
-añadiduras, la perfección de las costumbres, las acciones, obras
-diversas, muchas veces contrarias en el mismo individuo; todo es
-variación y movimiento.</p>
-
-<p>Ni es de extrañar si fué sentencia de algunos, que de un mismo
-hombre, después de una hora, no puede afirmarse que sea el mismo que
-antes de ella; no se ha de rechazar totalmente, acaso tal sentencia es
-verdadera. Pues es tanta la indivisibilidad de la identidad, que si
-añades o quitas un solo punto de cualquier cosa, ya no es enteramente
-la misma; pero los accidentes son de esencia del individuo los cuales
-variando perpetuamente, le imprimen variación.</p>
-
-<p>Sé, dices, que mientras permanece la misma forma, es siempre el
-mismo individuo, pues de ella llámase algo <i>uno</i>; y que las
-minucias de estos accidentes no mudan la identidad.</p>
-
-<p>Dije que nada se ha de mudar en la identidad; de lo contrario no
-sería totalmente lo mismo. Una<span class="pagenum" id="Page_93">p.
-93</span> sola forma hace un <i>uno</i>. Por ventura informa siempre la
-misma, pero no totalmente lo mismo; pues, en esto hay perpetua mudanza,
-como en mi cuerpo.</p>
-
-<p>Soy compuesto de ambas cosas, de alma, principalmente, y de cuerpo
-menos principalmente; de los cuales, variado alguno, varío también yo;
-pero de esto se hablará en otro lugar más extensa y oportunamente.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Y hasta aquí de los animales en su totalidad.</p>
-
-<p>Mas si consideras las partes, es mucho mayor la duda. ¿Por qué son
-éstos así? ¿Por qué aquéllos? ¿Fuera mejor de otra manera? ¿Fuera peor?
-¿Por qué no son más? ¿Por qué tantos? ¿Por qué tan grandes? ¿Por qué
-tan pequeños? No acabamos jamás.</p>
-
-<p>En los seres inanimados, lo mismo.</p>
-
-<p>¿Qué hay, pues, fijo de cosas tan mudables, qué determinado de cosas
-tan varias, qué cierto de cosas tan inciertas? Nada, absolutamente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span>De ahí nació, por
-consiguiente, tan gran disputa acerca de la introducción de las formas
-y de su principio, que jamás la acabará nadie.</p>
-
-<p>Y si quieres añadir los monstruos que se crían a veces, tantos y tan
-diversos, principalmente en el hombre; los sexos promiscuos en algunas
-especies y en los individuos de otras; las especies mixtas, como el
-mulo, del asno y la yegua, o el macho, del caballo y la burra; la
-licesca, de perra y lobo; el híbrido, de toro y yegua, que son vulgares
-entre nosotros.</p>
-
-<p>En los árboles se observa la misma mezcla, y en otras plantas como
-en el melocotón-manzano, en el almendro-melocotón y en muchos otros,
-con los cuales, mediante injerto, adquiérese una naturaleza media entre
-el pie y el injerto. Si añades, por fin, la mudanza de las especies,
-cómo del trigo hácese muchas veces cizaña, y de la cizaña trigo alguna
-vez, y del centeno avena; y las mudanzas de los sexos en algunos seres,
-harás la cuestión totalmente difícil. Ni sabrás qué es esto, ni cómo,
-ni de dónde, ni por qué. Y yo menos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>En las cosas que
-carecen de alma hay todavía mayor mudanza, mayor diversidad en la
-generación, en la corrupción. Igualmente nos confunden los varios y
-múltiples efectos de la misma causa, y los efectos contrarios; y, al
-revés, las varias, muchas y contrarias causas de un mismo efecto.</p>
-
-<p>Séate como único ejemplo (por no ser demasiado prolijo, comoquiera
-que en el examen de la naturaleza hanse de discutir estas cosas más
-extensamente) el calor, el cual engendra y destruye una misma cosa;
-blanquea y ennegrece, calienta y enfría, esclarece y espesa, disuelve
-y junta, derrite y solidifica, seca y humedece, enrarece y densifica,
-dilata y contrae, amplía y coarta, dulcifica y amarga, grava y aligera,
-reblandece y endurece, atrae y rechaza, mueve y cohibe, alegra y
-entristece. ¿Qué, finalmente, no hace el calor? Es el numen sublunar,
-la diestra de la Naturaleza, el agente de los agentes, el motor de los
-motores, el principio de los principios, la causa de las causas, el
-instrumento de los instrumentos, el alma del mundo. Y no sin razón,
-en la primera filosofía muchos antiguos creyeron que el fuego es el
-primer<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> principio. Con
-razón llamó Trimegisto al fuego dios. Con gran razón Aristóteles pudo
-llamar a Dios ardor del cielo, aunque no creyere que el ardor del cielo
-sea dios, y, por consiguiente, en esto es mal censurado por Cicerón.
-Pues ¿qué nos sugiere mejor que el fuego la potencia y virtud del Dios
-máximo y alguna forma de su inefable divinidad? Él mismo insinuó esto,
-mostrándose primeramente a su siervo en una zarza que ardía y guiando
-por el desierto a su querido pueblo en ígnea columna y descendiendo en
-lenguas de fuego sobre el colegio de los elegidos.</p>
-
-<p>Ves cuánto calor hace; sin embargo, es simple accidente, cuya
-razón, como las de las otras cosas, es desconocida. ¿Cómo él solo
-desempeña tantos oficios? Difícil es de entender, más difícil de decir,
-dificilísimo, o tal vez imposible de penetrar.</p>
-
-<p>Distinguen, sin embargo, los filósofos, lo que es por sí de lo que
-es por accidente; objetan la variedad de los sujetos. Pero, ¿quién
-conoce exactamente esta variedad? Nadie. Sólo se tiene noticia de
-algunas cosas probables; de ninguna con entera certidumbre. Pero
-de esto hablaremos después.<span class="pagenum" id="Page_97">p.
-97</span> Baste ahora conocer que nosotros nada conocemos
-claramente.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Por la misma razón, el mismo efecto producido por contrarias causas
-nos engendra máxima ambigüedad.</p>
-
-<p>Hácese frialdad con el movimiento, como en la agitación del corazón,
-del tórax, de las arterias y del agua caliente, y con el descanso, como
-cuando el hombre, estando caliente, deja de moverse.</p>
-
-<p>También el calor prodúcese por el movimiento, como en el salto y la
-carrera; en la quietud, si descansa el corazón o no se mueve el agua
-hirviendo.</p>
-
-<p>La negrura, proviene del calor, como en los etíopes; del frío, en el
-muerto o en el miembro tiempo ha paralizado, principalmente si por la
-compresión se impide la circulación del aliento por las arterias.</p>
-
-<p>La putrefacción se produce de todas las cualidades cuanto desaparece
-la sequedad.</p>
-
-<p>Ni es esto sólo; sino que un contrario es producido<span
-class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span> por otro contrario; el calor
-por el frío, en la cal fría macerada, en nosotros, en las fuentes, en
-la tierra, en tiempo de invierno; de donde la sentencia: Los vientres,
-muy calientes en invierno y en verano.</p>
-
-<p>El frío por el calor, en los cuerpos calientes que se queman; en
-ciertos seres, que son fríos por dentro, y en nosotros también en el
-estío.</p>
-
-<p>Cómo se hace todo esto de ningún modo lo sé. ¿Tampoco los demás?
-No lo concluyo necesariamente, pero lo parece. Oigo lo que dicen de
-estas cosas; pero no por ello conozco mejor la cuestión. Lo mismo
-pensaba yo antes, y no saciaba el ánimo. Pues si algo hubiese conocido
-perfectamente, no lo hubiera negado, antes lo hubiese aclamado
-vehementemente, con alegría, pues nada puede ocurrirme de mayor
-felicidad.</p>
-
-<p>Mas ahora me consumo en perpetua tristeza, desesperando que pueda
-saber perfectamente alguna cosa.</p>
-
-<p>Y una de dos: o yo soy el más ignorante de todos los hombres o todos
-los demás lo son conmigo. Ambas cosas las creo verdaderas. Algo sabría,
-no<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> obstante, si los
-demás supieran algo también; tampoco es verosímil que a mí solo me haya
-sido adversa la fortuna. Mas nada sé. Ni tú tampoco.</p>
-
-<p>Muchas otras ocasiones de ignorar tenemos en las cosas; ocasiones
-que fuera largo e inútil traer aquí, cuando puedes verlas en cada uno
-de los tratados especiales, y yo mismo te las mostraré dondequiera que
-se tratare de ellas.</p>
-
-<p>Sólo añadiré todavía alguna que otra de las principales.</p>
-
-<p>La variedad de las cosas, la forma múltiple, la figura, la cantidad,
-las acciones y tantos y tan diversos usos, de tal manera atan la
-mente, o mejor, la distraen, que no puede preferir o sentir algo con
-seguridad, sin que sea sitiada por otra parte y forzada a abandonar su
-opinión; y así, variando de aquí y de allí, nunca está quieta.</p>
-
-<p>Si afirma que la blancura (y baste traer ejemplo de los colores)
-la hace el calor, te contradirán la nieve, el hielo, los alemanes; si
-el frío, la ceniza, la cal, el yeso y los huesos calcinados; si la
-humedad, estas cosas; si la sequía, aquéllas.</p>
-
-<p>Acerca de la negrura ocurren otras tantas dudas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span>¿Y de los colores
-medios? ¿Qué temperatura les señalarás?</p>
-
-<p>Y aun las cosas extremas parece que tienen causa manifiesta,
-como la nieve, el frío, la ceniza, el calor, porque ambas cosas las
-aprehendemos con los sentidos.</p>
-
-<p>Pero ¿qué dirás de los animales manchados, la pantera, el leopardo,
-el perro y otros semejantes? ¿Qué de las hierbas, el dragoncillo, el
-cardo plateado, el trébol multicolor? ¿Qué de las flores de la betónica
-comestible y de las variedades de violetas? ¿Qué de los guisantes
-turcos? ¿Qué de las aves, del pavo real, del papagayo?</p>
-
-<p>¿Señalarás, por ventura, diversas temperaturas al pavo, a las flores
-multicolores, al leopardo, en la misma pluma, en la misma flor, en el
-mismo pelo?</p>
-
-<p>Y los colores son permanentes.</p>
-
-<p>¿Qué dirás del iris, de la paloma variada, del vidrio lleno de agua
-y del otro sin agua, que por la diversa exposición al sol o por la
-varia posición del observador dan tan varios colores?</p>
-
-<p>Con razón te quedarás mudo, como yo también.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>Y en todas las
-otras cosas que señalamos arriba, mucho mas.</p>
-
-<p>Y cuanto más escudriñamos, más perplejidades se ofrecen, más nos
-confundimos, más difícilmente hallamos luz. Pues donde hay muchedumbre
-allí hay confusión.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch15">
- <h2 class="nobreak">Infortunio<br /> del hombre de letras.</h2>
-</div>
-
-<p>Así, séanos lícito, no sin razón, comparar nuestra filosofía al
-laberinto de Creta, entrados en el cual no podemos volver atrás ni
-desenvolvernos, y si vamos adelante, caemos en el Minotauro, que nos
-quita la vida.</p>
-
-<p>¡Este es el fin de nuestros estudios, éste el premio del perdido
-y vano trabajo, de la perpetua vigilia: el esfuerzo, los cuidados la
-solicitud, la soledad, la privación de todos los deleites, una vida
-semejante al no ser, habitando, pugnando, hablando y pensando con
-los muertos, apartándose de los vivos, abandonando el cuidado de las
-propias cosas, destruyendo el cuerpo por ejercitar el espíritu!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span>De ahí las
-enfermedades, muchas veces el delirio, siempre la muerte.</p>
-
-<p>Ni el trabajo ímprobo vence de otro modo todas las cosas, sino
-porque quita la vida y acelera la muerte, que libra de todos los males;
-porque el que muere todo lo vence.</p>
-
-<p>Así Horacio retrata la triste condición del hombre de letras cuando
-dice: <i>Aunque vengas tú mismo, Homero, acompañado de las musas, si
-nada trajeres irás fuera</i>.</p>
-
-<p>Y el mismo Horacio dice mejor abajo: <i>El rey dinero da mujer con
-dote y crédito y amigos y linaje y fortuna. Y al bien adinerado decoran
-Suadela y Venus</i>.</p>
-
-<p>Es también verdad ahora lo que también dijo Ovidio en otra parte:
-<i>Es cerrada a los pobres la curia; la hacienda da honores, por ella
-es grave el juez, por ella formal el caballero. Hay ahora precio en el
-precio, da la hacienda honores, la hacienda da amistades; el pobre en
-todas partes es abandonado</i>.</p>
-
-<p>Se desprecia la doctrina, y las togas ceden a las armas, las lenguas
-se subordinan a la gloria. Los<span class="pagenum" id="Page_103">p.
-103</span> pensadores son despreciados. ¿Por qué, pues, nos consumimos?
-No lo sé; así lo quieren los hados.</p>
-
-<p>Dió Dios a los hijos de los hombres esta ocupación pésima para que
-se ocupasen en ella. Hizo todos los bienes en su tiempo y entregó el
-mundo a las disputas de ellos para que no halle el hombre la obra que
-obró Dios desde el principio al fin.</p>
-
-<p>No parece tampoco desemejante la misma filosofía (volviendo allá de
-donde nos habíamos apartado) a la Hidra Lernea, que venció Hércules.
-Mas a la nuestra no hay quien la venza. Cortada una cabeza, emergen
-cien otras más feroces. Pues falta el fuego de la mente, que conociendo
-perfectamente una cosa quite a las demás dificultades la ocasión de
-pulular.</p>
-
-<p>Concluyamos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch16">
- <h2 class="nobreak">El conocimiento<br /> y los sentidos.</h2>
-</div>
-
-<p>Todo conocimiento trae su origen del sentido. Fuera de éste todo es
-confusión, duda, perplejidad, adivinación; nada cierto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>El sentido sólo ve
-lo exterior, pero no lo conoce. Ahora llamo sentido al ojo.</p>
-
-<p>La mente considera las cosas recibidas de los sentidos. Si éstos se
-engañan, también aquélla; y si no ¿qué se consigue? Sólo considera las
-imágenes de las cosas, que admitió el ojo; la mente las mira por todas
-partes, las vuelve, preguntando ¿qué es esto, de qué procede tal cosa,
-por qué?</p>
-
-<p>¿No significa esto, por ventura, la fábula antigua en que, invitando
-a comer la grulla a la zorra, ofrecióle una vasija de cristal de boca
-estrecha llena de puches, a la cual aplicando la zorra lengua y boca,
-pensaba en vano coger algo de la pitanza que veía?</p>
-
-<p>De la misma manera engañó Zeusis a las aves con uvas pintadas,
-cuando aplicando el pico para comerlas, chocaban el pico contra la
-tabla. Y Parrasio engañó a un pintor con un velo tan primorosamente
-dibujado que parecía verdadero; de suerte que el rival, ensoberbecido
-como si hubiese vencido, y ansioso de ver la pintura que creía cubierta
-con un velo, aplicó la mano a la tabla para descorrer el velo y tropezó
-con la tabla.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span>Así nos presenta la
-Naturaleza las cosas para conocerlas.</p>
-
-<p>Y esto decía Aristóteles en otro lugar: que nuestro entendimiento se
-ha a la naturaleza de las cosas, como el ojo de la lechuza a la luz del
-sol.</p>
-
-<p>Juzgamos las cosas por sus simulacros. ¿Puede ser, por ventura,
-recto el juicio?</p>
-
-<p>Ello aún fuera tolerable si tuviésemos por el sentido los simulacros
-de todas las cosas que deseamos saber.</p>
-
-<p>Pero sucede lo contrario: que no los tenemos de las principales
-cosas. Sólo los tenemos de los accidentes que nada influyen, como
-dicen, en la esencia de la cosa, de la cual es la verdadera ciencia;
-y son los accidentes lo más vil de todas las cosas. Mas por éstos es
-menester conjeturar de todo lo demás. Lo que es sensual, craso, abyecto
-(son los accidentes y lo compuesto) nos es conocido por todas partes.
-Pero lo que es espiritual, tenue, sublime (son los principios de los
-compuestos y lo celestial) de ningún modo.</p>
-
-<p>Sin embargo, esto último es por su naturaleza más conocible, porque
-es más perfecto, más ente y<span class="pagenum" id="Page_106">p.
-106</span> más simple; cualidades que producen el conocimiento
-perfecto.</p>
-
-<p>Pero para nosotros todavía estas cualidades están más distantes
-de los sentidos. Lo más cercano a éstos nos es más conocido, no por
-otra razón sino porque nuestro mejor conocimiento depende del sentido;
-en cambio por su naturaleza es lo menos cognoscible, porque es
-imperfectísimo, casi nada. Sólo el ser es el objeto, sujeto y principio
-de todo conocimiento y aun de todos los actos y movimientos.</p>
-
-<p>Ves cuánta ocasión se nos da de ignorar en las cosas del sentido
-y más aún en las de nuestro ser espiritual. Y lo verás mejor cuando
-vengamos a la explicación de ellas. Pues lo aquí dicho hase dicho sólo
-en general.</p>
-
-<p>Mas todo ello no demuestra que nada se sabe. Ni me propuse
-demostrarlo (usando de tu concepto de la palabra <i>demostrar</i>) ni
-podría. Pues nada se sabe. Bástete que te haya objetado dificultades.
-Si puedes vencerlas, algo sabrás. Pero no podrás, a no ser que,
-desaparecido ocultamente, renazca en ti un nuevo espíritu...</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch17">
- <p><span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span></p>
- <h2 class="nobreak">Pobreza del&nbsp;sujeto cognoscente.</h2>
-</div>
-
-<p>Toda la lobreguez que hay en las cosas es mínima, si se compara con
-los obstáculos de parte del cognoscente.</p>
-
-<p>El cual, si estuviese dotado de perfecto y agudísimo ingenio y de
-sentido sin tacha, tal vez podría vencerlo todo (concediéndote esto
-gratuitamente, pues no podría aunque lo hubiese todo perfectísimo).</p>
-
-<p>Pero ahora se ve lo contrario.</p>
-
-<p>Dijimos en la definición de la ciencia que la ciencia es
-<i>conocimiento</i>, en el cual se consideran tres cosas. La cosa
-conocida, de la cual se habló arriba; el cognoscente, de que se
-hablará abajo, y el mismo conocimiento, que es el acto de éste sobre
-aquélla.</p>
-
-<p>Ahora trátase de éste, del sujeto que conoce. Pero lo más brevemente
-que podamos; porque su propio lugar es el tratado del alma.</p>
-
-<p>Y en efecto: es dificilísima y llena de perplejidad la contemplación
-del alma, de sus facultades y acciones, principalmente en este
-conocimiento que<span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span>
-buscamos ahora. No habiendo nada más digno que el alma, nada hay
-tampoco más excelente que este único conocimiento. El cual, si lo
-tuviera perfecto, fuera semejante a Dios; más bien Dios mismo, Y nadie
-puede conocer perfectamente lo que no crió. Y ni Dios hubiese podido
-criar ni regir lo criado si no lo hubiese preconocido perfectamente.</p>
-
-<p>Sólo Él, pues, sabiduría, conocimiento, entendimiento perfecto, lo
-penetra todo, todo lo sabe, todo lo conoce, todo lo entiende; porque Él
-es todas las cosas y está en todas, y todas son Él y están en Él.</p>
-
-<p>Pero el imperfecto y miserable hombrecillo, ¿cómo conocerá otras
-cosas no pudiéndose conocer a sí mismo que está en sí y consigo? ¿Cómo
-entenderá lo abstrusísimo de la naturaleza, entre lo cual hállase lo
-espiritual, como es nuestra alma, cuando no entiende lo clarísimo y
-manifestísimo que come, que bebe, que toca, que ve, que oye?</p>
-
-<p>Ciertamente, lo que pienso ahora, lo que escribo aquí, ni yo
-lo entiendo ni tú, leído, lo entenderás, Juzgarás, no obstante,
-por ventura que lo he dicho<span class="pagenum" id="Page_109">p.
-109</span> con verdad y rectitud. Yo estimo lo mismo. Pero ninguno de
-los dos sabemos nada.</p>
-
-<p>Por consiguiente, sin razón llama Escalígero, aunque doctísimo
-varón, absurdo a Vives porque dice que la perscrutación de la
-naturaleza, que hace la mente, está llena de obscuridad. Antes yo, si
-la opinión de Vives es absurda, quiero ser absurdísimo. Pues yo no sólo
-juzgo semejante perscrutación llena de obscuridad, sino tenebrosa,
-escabrosa, abstrusa, inaccesible, tentada por muchos y por nadie
-superada ni superable.</p>
-
-<p>Tal vez Escalígero, como era de agudísimo ingenio, la tuvo fácil. Y
-ciertamente trató del alma muy hermosamente y con mucha sabiduría, como
-de tantas otras cosas en que se ocupó. Pero no del todo absolutamente,
-no con orden, no totalmente. Muchas cosas dijo que engañan la mente
-con la exterior ampulosidad de las palabras e, ingeridas copiosamente,
-parece que amortiguan el hambre, pero escudriñadas hondamente, por fin
-dan engaño y dejan la cuestión tan difícil como antes, como mostraremos
-en su lugar.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch18">
- <p><span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span></p>
- <h2 class="nobreak">El conocimiento.</h2>
-</div>
-
-<p>Mas ahora sujetémonos al negocio que interesa de presente.</p>
-
-<p>¿Qué es conocimiento? La aprehensión de la cosa. ¿Qué es
-aprehensión? Apréndetelo de ti, pues yo no puedo ingerírtelo todo en
-la mente. Y si insistes diré: intelección, perspección, intuición.
-Si sigues preguntándome de estas últimas cosas, callaré. Distingue,
-no obstante, la aprehensión de la recepción; pues recibe el perro la
-imagen del hombre, de la piedra, de la cantidad; pero no conoce. Y aun
-recíbela nuestro ojo y tampoco conoce. Recíbela el alma muchas veces y
-no conoce, como cuando admite lo falso, cuando se ofrecen a un ingenio
-tardo cosas obscuras.</p>
-
-<p>Distingue también el conocimiento propiamente dicho que ahora
-describimos, pero que no conocemos, de otro impropiamente dicho, por el
-cual dícese que conoce cada cual aquellas cosas que vió en otra ocasión
-y retiene en la memoria ornadas con las propias señales. Pues con este
-conocimiento dícese que conoce el niño al padre y al hermano, y el
-perro al dueño y el camino por donde fué.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>Divide, después,
-todo conocimiento en dos: Uno perfecto, por el cual se contempla y
-entiende la cosa por todas partes, por dentro y por fuera, y ésta es la
-ciencia que ahora quisiéramos conciliar con los hombres, pero que ella
-no quiere. Otro imperfecto, por el cual apréndese la cosa de cualquier
-manera. Y éste nos es familiar. Pero es mayor, menor, más claro, más
-obscuro y, finalmente, dividido en varios grados, según los varios
-ingenios de los hombres.</p>
-
-<p>Este segundo conocimiento lo hacen doble.</p>
-
-<p>Uno externo, que se hace por los sentidos y le llaman, por
-consiguiente, sensual; otro interno, que es por sola la mente, pero
-nada menos que eso.</p>
-
-<p>De otra manera se han de considerar estas cosas.</p>
-
-<p>El hombre es un solo cognoscente. Uno solo el conocimiento en todas
-estas cosas; pues es una sola la mente que conoce lo externo y lo
-interno.</p>
-
-<p>El sentido nada conoce, nada juzga; sólo recibe lo que ofrezca a la
-mente que ha de conocer. Del mismo modo que el aire no ve los colores
-ni la luz, aunque los reciba para ofrecerlos a la vista.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_112">p. 112</span>Sin embargo, tres
-son las cosas que son conocidas por la mente de diverso modo.</p>
-
-<p>Unas son totalmente externas sin la menor acción de la mente.</p>
-
-<p>Otras totalmente internas, de las cuales algunas son sin acción de
-la mente, y otras no del todo sin esta acción.</p>
-
-<p>Otras, en parte externas, en parte internas.</p>
-
-<p>Finalmente, aquéllas se dan por los sentidos: las segundas, de
-ningún modo por éstos, sino inmediatamente por sí; las últimas, por
-fin, parte por ellos, parte por sí.</p>
-
-<p>Expliquemos todo esto.</p>
-
-<p>El color, el sonido, el calor, no pueden ofrecerse por sí a la
-mente, para que los conozca, si no imprimen la imagen de sí (aceptemos
-ahora que se hace la sensación por la recepción de las especies) a un
-órgano apto para recibirla, la cual imagen u otra parecida se ofrece
-a la mente para que la conozca o conozca la cosa de la cual es ella
-especie, mediante ella.</p>
-
-<p>Mas lo que es obra exclusiva del entendimiento, la que es hija suya
-y está dentro de nosotros, no<span class="pagenum" id="Page_113">p.
-113</span> se muestra al entendimiento por otras especies sino por sí
-misma. Tales son muchas cosas que él se finge; como también cuando
-excogita algo nuevo y lo concluye con muchos discursos, cuando
-entiende él su intelección, y cuando hace conjunciones, divisiones,
-comparaciones, predicaciones y nociones, y aplicando el ánimo a ellas,
-las conoce por sí mismas. Y son del segundo género todas las cosas
-internas idénticas con el entendimiento, las cuales, no obstante, se
-hacen o son sin su acción; como la voluntad, la memoria, el apetito,
-la ira, el miedo y las demás pasiones y cuanto hay interno, lo cual es
-conocido por el mismo entendimiento, inmediatamente por sí.</p>
-
-<p>Hay, finalmente, muchas cosas que, en parte, llegan a él por el
-sentido, en parte son hechas por él. La naturaleza del electro y de
-la piedra imán, de modo alguno puede ser alcanzada por el sentido.
-Pero vestida de color, magnitud, figura, es llevada al ánimo por
-los sentidos. Este la despoja de aquellos accidentes. Lo que queda
-lo considera, lo vuelve, lo compara; finalmente, fíngese una cierta
-naturaleza común, como puede.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span>Esos filósofos
-levántanme a los cielos las inteligencias; yo oigo lo que dicen; pero
-no lo entiendo aunque finjo algo que me inspira inteligencia.</p>
-
-<p>Por todas partes percibo el aire con el tacto; pero no tiene imagen
-alguna en mi mente, sino cierta que yo me fingí como de un cuerpo
-incorpóreo, sin saber lo que es.</p>
-
-<p>Pienso del mismo modo en el vacío, y aun comprendo el infinito, no
-comprendiendo jamás el fin; pero, en medio de su pensamiento párome
-forzado al advertir que es infinito lo que, añadido al infinito,
-imaginando lo infinito, nunca le pondré términos con la aprensión;
-y así fingiré una especie ciertamente determinada, pero de la cual
-ninguna extremidad es determinada y perfecta, sino cuasi defectuosa;
-una noción, que no es terminada ni terminable; porque se le pueden
-añadir eternamente partes infinitas por ambos extremos.</p>
-
-<p>¿Qué hacer? Miserable es nuestra condición. En medio de la luz nos
-cegamos. ¡Cuántas veces pensé en la luz y siempre la dejé impensada,
-desconocida, incomprendida!</p>
-
-<p>Lo mismo es si contemplares la voluntad, el entendimiento<span
-class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span> y otras cosas que no se
-perciben por los sentidos.</p>
-
-<p>Estoy cierto de que esto que ahora escribo quiero pensarlo,
-escribirlo y deseo que sea verdadero y sea aprobado por ti; pero no lo
-procuro con exceso.</p>
-
-<p>Mas cuando me empeño en considerar qué es este pensamiento,
-este querer, este desear, este inquirir, ciertamente desfallece el
-conocimiento, frústrase la voluntad, crece el deseo y aumenta la
-angustia.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Nada veo que pueda alcanzar o aprehender.</p>
-
-<p>Y, ciertamente, en esto, es superado el conocimiento que se hace de
-las cosas internas sin el sentido por aquel que se tiene de las cosas
-externas por los sentidos; pues algo alcanza el entendimiento de lo
-exterior: la figura del hombre, de la piedra, del árbol, que tomó del
-sentido: y así le parece que comprende las cosas por sus imágenes.</p>
-
-<p>Pero en aquel que se hace de las cosas internas, nada halla
-el entendimiento que pueda comprender;<span class="pagenum"
-id="Page_116">p. 116</span> y discurre aquí y allí, palpando como
-ciego...</p>
-
-<p>Y al contrario, es vencido en certidumbre el conocimiento que se
-tiene por los sentidos de las cosas externas, por aquel que es traído
-por aquellas cosas que hay en nosotros o son hechas por nosotros. Pues
-soy más cierto de que yo tengo apetito y voluntad, y que ahora pienso
-esto, ahora huyo de aquello o lo detesto, que si viese un templo o un
-hombre.</p>
-
-<p>Dije que de aquellas cosas que hay en nosotros o en nosotros se
-hacen, estamos ciertos que existen en realidad. Y de aquello que,
-juzgando, opinamos de las cosas por discurso y raciocinio, y colegimos
-que son en la realidad como nosotros las juzgamos, es inciertísimo el
-conocimiento.</p>
-
-<p>Esme más cierto que este papel en que escribo existe y es blanco,
-que es compuesto de cuatro elementos y que éstos están en él en acto y
-que tiene otra forma por ellos.</p>
-
-<p>Finalmente, si quitas lo que hay en nosotros o es hecho por
-nosotros, el más cierto conocimiento es el que se hace por los
-sentidos, y el más incierto de todos es el que se hace por el discurso;
-pues<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span> éste no es
-verdaderamente conocimiento, sino tiento, duda, opinión, conjetura.</p>
-
-<p>De lo cual síguese que no es ciencia la que se obtiene por
-silogismos, divisiones, predicaciones y otras parecidas acciones de la
-mente.</p>
-
-<p>Pero si pudiera hacerse que, al modo como percibimos con el
-sentido, de alguna manera, las externas cualidades de las cosas, así
-comprendiésemos la interna razón de cualquier cosa, entonces se diría
-que sabemos verdaderamente. Pero esto nadie lo pudo jamás, que sepamos.
-De donde nada sabemos.</p>
-
-<p>Mas del conocimiento de las cosas internas y del otro que llamo no
-conocimiento, sino opinión, que se hace por conjunciones, negaciones,
-comparaciones, divisiones y otras acciones de la mente, se tratará más
-en su lugar, donde se manifestará la insuficiencia de ambos.</p>
-
-<p>Ahora baste con decir algo de aquel que se tiene de las cosas
-externas mediante los sentidos.</p>
-
-<p>En éstos hay dos medios, a veces tres o cuatro: pero siempre dos,
-por los cuales se produce la sensación, ya se haga ella internamente,
-ya por transmisión<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>
-(no nos detenga ahora esto). El uso interno, el ojo; el otro externo,
-el aire. ¿Conócese por ellos alguna cosa? De ningún modo. Pues lo que
-debe conocerse perfectamente no debe conocerse por otro, sino por el
-mismo cognoscente, por sí mismo inmediatamente.</p>
-
-<p>Mas ahora la substancia de las cosas se muestra mediante los
-accidentes que se perciben por los sentidos o, al contrario, escóndese
-a ellos.</p>
-
-<p>La mente infórmase de la substancia de las cosas por los falaces
-sentidos o, de otra suerte, es engañada. ¿Cómo, pues, podemos saber
-algo perfectamente? Y la ciencia debe ser de las substancias de las
-cosas...</p>
-
-<p>Pues de los accidentes ¿puede haber perfecto conocimiento? Menos
-todavía. Por un lado ayudan, a saber, porque son percibidos por los
-sentidos; por muchos lados perjudican, a saber, porque los mismos
-accidentes no llegan a nosotros, sino tan sólo sus imágenes y,
-finalmente, porque engañan muchas veces al sentido.</p>
-
-<p>Esto por la variedad del medio, tanto externo como interno, en la
-substancia, sitio y disposición.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>Baste hablar de uno
-de los sentidos.</p>
-
-<p>Por ejemplo, de la vista.</p>
-
-<p>La cual aunque se haga por órgano perfectísimo y sea el más cierto y
-nobilísimo de los sentidos, no obstante, muchas veces se engaña.</p>
-
-<p>El medio externo suele ser vario; por consiguiente, impresiona
-al sentido variamente. El aire parece que presenta mejor las cosas
-comunes, pues aparece exento de todo color; el agua las representa de
-otra manera. Esto las cosas naturales.</p>
-
-<p>Las muchas cosas artificiales, como el vidrio, el cuerno en láminas,
-el cristal y otras cosas parecidas, de otro modo.</p>
-
-<p>¿A cuál creer?</p>
-
-<p>Con la vista no sólo se disciernen los colores, sino también la
-magnitud, el número, la figura, el movimiento, la distancia, la
-aspereza, la brillantez, y lo que a esto se refiere, como la igualdad,
-la semejanza, la velocidad y lo contrario de esto.</p>
-
-<p>El agua hace obscuros a los cuerpos, los duplica, los aumenta, los
-disminuye, los cambia de figura, los hace más crasos, más móviles,
-más tenues. Y no siempre obra de este modo, sino también de<span
-class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> otra suerte. En el aire a
-veces se tornan los cuerpos ligerísimos; en el viento, obscuros; dobles
-en el eco, al sol, a la luna; a veces al contrario.</p>
-
-<p>En ocasiones lo pintado aparece esculpido y vivo, y lo esculpido
-también muchas veces palpitante.</p>
-
-<p>El vidrio, el cuerno y el cristal, parecen mayores y menores;
-densos, tenues; del mismo color, de vario color; finalmente, según
-la voluntad del artífice. De ahí tanta diversidad de espejos y de
-lentes.</p>
-
-<p>¿Cuál de ellos los expresará mejor y con más verdad?</p>
-
-<p>¿Qué decir del aire? Pues del color hay mucha mayor duda. ¿Cuándo se
-le ha de creer? Cuando es más próximo a su naturaleza y menos alterado
-por extraño. Pero ¿quién conoce su naturaleza? ¿Quién lo vió simple?
-Perpetua mudanza por el sol, la luna y otros cuerpos de arriba y de
-abajo por la tierra, el agua y los mixtos.</p>
-
-<p>Del vidrio y el agua hase de juzgar lo mismo, y aun es más difícil
-la solución.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span>Esto cuanto a la
-substancia del medio externo, a la cual refiérense también la densidad
-o la ligereza, la magnitud o la parvedad, esta o aquella figura del
-medio por el cual se ve algo y todo ello aunque no se halle todo en el
-aire; sin embargo, los medios artificiales hacen variar mucho la cosa
-vista. Pues el vidrio grueso lo muestra de otro modo que el tenue;
-el cuadrado o redondo de otro modo que el triangular; el grande de
-otro modo que el pequeño. Muestran esto los cristales de fabricación
-varia y las normas del vidrio, por las cuales ves las cosas derechas o
-invertidas de este o de aquel color y figura; finalmente, diversas de
-lo que son.</p>
-
-<p>El agua del mar en gran volumen se ve azul y lo que debajo de ella
-está se ve del mismo color; pero en pequeña cantidad, blanca.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>La situación varia de la cosa suele también variar el sentido. Lo
-mismo del medio. Esto es manifiesto en las lentes; si aplicas el ojo te
-presentan el objeto de otro modo que si lo apartas algo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span>En el aire
-lo mismo. El astro en su perigeo aparece igual, oblongo, quieto,
-pequeño, rojo; en su apogeo redondo, radiante por doquiera y desigual,
-destellante y móvil (de donde tomó Aristóteles su demostración para
-probar que los planetas están cerca de nosotros, porque no destellan),
-grande, claro y sin color.</p>
-
-<p>Los que están lejos aparecen obscuros, pequeños; los demasiado
-próximos, o no se ven o de otro modo que son.</p>
-
-<p>¿Qué hacer? Atenerse al medio. ¿Dónde está aquel medio? ¿Es a dos
-pasos o a alguna distancia determinada?</p>
-
-<p>El que está lejos de nosotros, aunque corra muy aprisa, sin embargo,
-parece que se mueve muy lentamente; principalmente si lo miras desde
-abajo, viniendo de lo alto, o al revés.</p>
-
-<p>Lo que se hace muy despacio escapa al sentido; como el movimiento de
-las agujas en el reloj.</p>
-
-<p>¿Cómo juzgar con certidumbre?</p>
-
-<p>De ahí surge perpetua duda de la magnitud de las estrellas, callando
-lo de la distancia, de la celeridad, del lugar, lo cual todo parece que
-depende<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> de aquélla.
-Lo que tenemos a la mano es posible explorarlo de cualquier modo y de
-tiempo en tiempo y con diversos sensorios, si son comunes, y conocerlo
-próximamente con mayor certeza. Pero aquéllas ¿quién puede?</p>
-
-<p>Y no es esto sólo. Si ves de lejos, lector, un palo medio sumergido
-en el agua, aparecerá torcido y roto. Dirás que, sin embargo, está
-entero, porque lo has experimentado de otra manera. Y si está roto,
-aparecerá, no obstante, roto, pues no vale aquí la razón de los
-contrarios. Afirmarás que está entero por la anterior razón, y sin
-embargo, es falso. ¿Qué harás si no puedes sacarlo del agua? Quedarás
-en duda.</p>
-
-<p>Y en los colores cuánto importa la situación lo muestra el iris, un
-vaso de cristal lleno de agua, la paloma irisada, las telas de seda
-tejidas de diversos colores, la proximidad de un cuerpo luminoso de
-otro color (como también si sobrepones perpendicularmente a un plano
-una lámina de oro o de plata, y mucho más si la inclinas hacia abajo);
-lo cual, todo, movido acá y allá, presenta muy vario color.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>¿En qué posición,
-dirás, tienen el verdadero color?</p>
-
-<p>En la misma parte unas veces aparece rojo, otras amarillo, luego
-azul. ¿Cuál de estos colores es el más propio? Sólo podemos dudar.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Y que el número, la figura, el movimiento y la magnitud varían por
-la variación del sitio (en cuanto al sentido entendemos, no en sí) no
-hay por qué lo mostremos prolijamente, porque puedes experimentarlo por
-el uso cuotidiano.</p>
-
-<p>Y baste esto del sitio.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Es necesario que la varia disposición del medio varíe aquellas cosas
-que por él nos son ofrecidas.</p>
-
-<p>Ya en parte lo dijimos.</p>
-
-<p>En el aire denso todo aparece obscuro, pequeño. En el tenue, al
-contrario.</p>
-
-<p>En el prado todo se hace verde. Cerca de lo<span class="pagenum"
-id="Page_125">p. 125</span> rojo y de lo amarillo los cuerpos se tiñen
-con estos colores.</p>
-
-<p>En la mucha luz no se puede ver, principalmente los cuerpos blancos
-o los muy brillantes. En las tinieblas, menos. Acerca de éstas y de
-aquélla todo son dudas o errores. ¿Cuál es el medio? Desígnalo tú.</p>
-
-<p>Pero también en el aire iluminado por fuegos artificiales vense unos
-y otros colores y otras figuras, según la variedad de la materia del
-fuego.</p>
-
-<p>Si el medio es el vidrio o el cristal, vese la cosa de una o de
-otra manera, según los colores de aquéllos y las varias figuras y
-densidad.</p>
-
-<p>Éstos son los medios por cuyo intermedio se ven las cosas. Y unos
-las muestran por su superficie. En éstos no hay consistencia alguna.
-¡Cuántas figuras monstruosas, ridículas, multiplicadas, invertidas,
-truncadas! ¿Qué no fingen los espejos? ¿Qué juzgarás de éstos? ¿Ves
-aquella figura? No existe; ¿cómo la ves? Y, no obstante, la ves; ¿cómo
-es ello? Lo ignoras no sin razón.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>Pasemos ya al medio
-interno, en el cual acontecen tantas dificultades.</p>
-
-<p>Levantado un ojo o atravesado, se ven dos cosas (aunque sintió lo
-contrario Aristóteles). De donde es de extrañar que los que padecen
-estrabismo no vean dobles todas las cosas. Pero daremos la razón en el
-examen de las cosas.</p>
-
-<p>Sucede lo mismo si, acostándote de lado, tienes delante de ti
-algún cuerpo que tape el ojo inferior; pues entonces el ojo superior
-verá todo lo que está debajo de aquel cuerpo; pero el otro sólo aquel
-cuerpo y no distintamente, sino como en nubes; y así, mirando un ojo
-lo que está detrás del cuerpo y el otro el mismo cuerpo, parece que
-vemos a la vez dos cuerpos, de los cuales el uno está sobre el otro. Y
-experimentarás todavía mejor esto si moviendo un ojo hacia el ángulo
-exterior miras lo que está de lado. Pues entonces, dirigiendo allí el
-otro ojo, se pone de por medio la nariz y aparece que se sobreponen a
-modo de sombra las cosas que son vistas por el otro ojo.</p>
-
-<p>Del mismo modo, si presentas a los ojos el dedo, pero no lo
-miras, sino que atiendes a aquellas cosas<span class="pagenum"
-id="Page_127">p. 127</span> que están o detrás de él o a sus costados,
-aparecerá doble.</p>
-
-<p>Lo mismo sucederá si converges ambos ojos a la nariz; todo se verá
-doble.</p>
-
-<p>Movido un ojo, lo que se ve parece que se mueve. Y aun de dos cosas
-aparentes muévese la una estando quieta la otra. Y una se mueve a la
-derecha, otra a la izquierda si, mirando al libro, mueves continuamente
-los ojos por sí mismos sin ayuda del dedo, mirando sólo las líneas y no
-leyendo.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Añádese también a estas cosas la posición del ojo, hundido o
-saltón, por naturaleza o por accidente. De las cuales situaciones hay
-mucha diversidad en el ver. Y mucho más si uno está hundido y el otro
-prominente. Y también si el uno mira arriba y el otro abajo; pero
-aquí hay manifiesto error. Pero cuando ambos están hundidos o ambos
-saltones, ninguno.</p>
-
-<p>A la situación de los ojos refiérese también la mayor o menor
-abertura u oclusión del párpado.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span>Si miras una luz,
-guiñando los ojos, aparecerán muchos rayos que se extienden hasta los
-ojos y se mueven conforme al movimiento de los párpados; si los abres
-totalmente, se paran y no son tan largos.</p>
-
-<p>Baste esto a modo de ejemplo, de lo cual podrás tú conjeturar y
-experimentar otras muchas cosas.</p>
-
-<p>Los colores se mudan por la varia posición de los ojos no menos que
-por la varia posición del objeto que se ha de ver y del medio; pero ya
-se dijo.</p>
-
-<p>Todo esto tal vez lo tienes tú en poco y no piensas que pueda
-impedir la ciencia. Pero no es así. Pues estas cosas movieron a muchos
-para que dudasen también de todo lo que aparece a los sentidos y
-creyesen que los colores no son permanentes en las cosas, sino que son
-hechos y variados por la luz. De lo cual se habló por nosotros en otra
-parte, como verás; pero vayamos ya a la substancia.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch19">
- <p><span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span></p>
- <h2 class="nobreak">Medios internos del&nbsp;conocimiento.</h2>
-</div>
-
-<p>Cuentan los filósofos cinco medios internos: la vista, el tacto, el
-gusto, el oído, el olfato.</p>
-
-<p>Las substancias de todos ellos son diversas. Por consiguiente, son
-también percibidas por los sentidos cosas diversas; pero, sin embargo,
-las hay comunes; las tocamos arriba: la magnitud, el número, la figura,
-etc.</p>
-
-<p>El ojo ve un solo golpe; el oído percibe doble golpe; si no lo
-hubiese visto el ojo, sin duda juzgaría que había habido dos golpes.
-Supongamos un ciego; daré dos golpes, o bien uno, pero lejos de mí e
-inmediatamente otro, como por el eco. Advertido por alguno, si nunca lo
-viste, dirás que es por el eco, y será falso. Más: supongamos que ves,
-y mando que otro, oculto, dé un golpe después de darlo yo; dirás que es
-el eco, y no es.</p>
-
-<p>Corriendo un caballo, muchas veces juzga el oído que son dos; o si
-son dos y marcan el paso a un tiempo, parece que es uno solo. Pues
-la vista si<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> está a
-distancia de las cosas, si son muchas las que se mueven, se engaña más
-todavía.</p>
-
-<p>En la magnitud ocurre otro tanto: lo que el ojo ve pequeño, lo
-aprecia grande el oído, y al revés. En la figura engáñase mucho más la
-vista que el tacto; como también se engaña éste menos que aquélla en
-la magnitud. Y en la distancia, ambos sentidos yerran igualmente: lo
-que está cerca, parece también alguna vez distantísimo al que lo ve o
-escucha.</p>
-
-<p>No menos se engaña el tacto en la distancia; pues al sentir algo muy
-caliente, aunque sea de lejos, lo juzga, no obstante, como próximo, por
-la fuerte impresión que recibe. De igual manera ¿cuántas veces no se
-engaña el olfato?</p>
-
-<p>¿A qué proseguir? Nada más cierto que el sentido, nada más falso que
-él.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Añade ahora a lo anterior las varias disposiciones de todos estos
-órganos, las cuales no pocas veces nos extravían y confunden.</p>
-
-<p>Los diversos colores de los ojos, los varios temperamentos,<span
-class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> la capacidad, sustancia,
-posición, virtud y transparencia de los tejidos y humores que hay en
-ese aparato complejísimo, ¿no engendran, por ventura, gran diversidad
-en la visión?</p>
-
-<p>Muchas veces por causa externa parece que vemos nubecillas, moscas,
-telarañas y otras cosas semejantes, cuando en realidad no las hay.</p>
-
-<p>Inflamado el ojo, todo aparece bermejo; empapado de bilis, cetrino.
-Si se adhiere humor a la pupila, todo aparece perforado o cubierto de
-un velo, grande o sutil, claro u obscuro.</p>
-
-<p>Estos achaques son morbosos; pero aun quienes tienen la vista sana,
-ven mejor ya de lejos, ya de cerca; unos ven más agudamente, otros
-con menos claridad; éste ve grande, aquél pequeño; éste rojo, aquél
-amarillo. Finalmente, nadie ve con perfección o del mismo modo que los
-demás.</p>
-
-<p>¿Qué mucho, pues, que, por el ojo, tan sujeto a mudanzas y aun tan
-vario en sí y no menos por el aire y todavía más móvil e incierto,
-veamos nosotros las cosas también confusas e inestables, de muy diversa
-suerte que ellas son, y que perpetuamente nos engañemos y no podamos
-alcanzar cosa<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span> alguna
-con certeza y, por consiguiente, nada podamos afirmar?</p>
-
-<p>Y cuenta que la vista es el más principal y cierto de todos los
-sentidos...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pues si te vuelves a las otras cosas, aún hallarás mayores dudas y
-tinieblas.</p>
-
-<p>¿Cómo lo que es siempre caliente juzgará con igual rectitud de lo
-caliente y de lo frío? Así acontece que los que están en las termas o
-baños artificiales, juzgan fría la orina y el agua tibia, lo cual de
-suyo es falso.</p>
-
-<p>¿Por ventura todo lo que tocamos no está en el aire y es influído
-por él?, ¿por ventura no somos nosotros afectados perpetuamente por el
-mismo? Y el aire ¿no lo es por el agua, tierra y astros?</p>
-
-<p>¿Qué obliga, pues, a decir que el agua es fría, ni que el aire es
-caliente? A los muy ardorosos, lo menos cálido aparece frío. Tales,
-por ventura, nosotros. En invierno, porque somos harto impresionables
-al frío exterior, el agua recién sacada del pozo o la fontana se nos
-antoja caliente porque es<span class="pagenum" id="Page_133">p.
-133</span> menos fría que la que corre al cierzo; en verano, aunque
-caliente, parece fría, y el aire, si lo mueves con un abanico, parece
-también más fresco, siendo, no obstante, de suyo caliente, y en el
-estío más.</p>
-
-<p>¿Qué es, pues, el calor? ¿Qué el frío? Para entender qué cosas son
-calientes o cuáles frías, nada puede aquí la razón. ¿Quién conoce la
-íntima razón de las cosas? Nadie. El juicio hase de confiar a los
-sentidos.</p>
-
-<p>Mas, aunque el sentido percibiera muy bien y discerniese aquellas
-cualidades, no por eso las sabría mejor: las conocería exteriormente,
-como el rústico distingue su asno del buey del vecino o de su propio
-rocín.</p>
-
-<p>¿Qué sabemos, pues? Nada.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Discurre por otros sentidos. Menos. Y este es el principal
-conocimiento de los hombres. ¿Qué hará la mente engañada por el
-sentido? Engañarse más. Supuesta una falsedad, inferirá otras muchas,
-y de éstas otras (pues error pequeño en los comienzos es grande en el
-fin).</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span>Últimamente, cuando
-advierte el error (pues la verdad es única y consecuente consigo
-misma), vuelve atrás la inteligencia; busca el lugar que es causa del
-defecto. No lo halla; sospecha de éste o de aquél; investiga nuevamente
-sin acertar a conocerlo, porque la verdad está sobre el sentido y el
-hombre, engañado por él, cuando no por los errores de la razón, fluctúa
-entre muchas probabilidades sin llegar a una conclusión definitiva.</p>
-
-<p>Lector: experiméntalo en ti mismo. No te impongo mis opiniones; si
-estuviese contigo, acaso te mostraría fácilmente de palabra que todo es
-dudoso; pero, lo escrito no permite tan espaciosa libertad.</p>
-
-<p>Mas por lo arriba dicho pudiste verlo siquiera en torpe esbozo;
-después, acaso lo verás mejor.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch20">
- <p><span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span></p>
- <h2 class="nobreak">De cómo la imperfección<br /> humana excluye<br /> un
- conocimiento perfecto.</h2>
-</div>
-
-<p>Sigo mi tesis. Ya hablé de la cosa que ha de ser conocida, primero
-de los términos que hay que distinguir, como dije, en el problema
-del conocimiento; hablé también de los sentidos o medios de conocer:
-hablemos ahora del sujeto que conoce. Mejor dijera del sujeto que
-ignora. Porque la vida es breve y el arte es largo, es infinito;
-las ocasiones de conocer son pocas y fugitivas; la experiencia es
-peligrosa, el juicio harto difícil. ¿Quién habrá, pues, verdadero
-conocimiento de las cosas?</p>
-
-<p>Empecemos por el hombre incipiente; una vez nacido es una mole de
-cera, capaz de casi todas las figuras, lo mismo en el cuerpo que en
-el alma; pero más en ésta. De suerte que no es mala comparación la
-ya sabida de la tabla rasa en la cual nada hay escrito; mas no se
-afirma bien cuando se afirma que todo puede escribirse en ella. No
-todos son aptos para las letras, aunque se les suministren todos los
-elementos precisos. ¿Cómo, pues,<span class="pagenum" id="Page_136">p.
-136</span> podrían pintarse en el alma las naturalezas de todas las
-cosas?</p>
-
-<p>Dos hay en el recién nacido: nada impreso en acto; en potencia poco
-o mucho, pero nunca todo.</p>
-
-<p>Pero esa potencia es sólo pasiva, a la cual se opone otra pasiva
-impotencia, por la cual cada uno es totalmente inepto para ciertas
-cosas.</p>
-
-<p>En este punto se nos asemejan también los otros animales, puesto
-que el papagayo con aquella primera potencia puede imitar la palabra
-humana, la cual el mono no puede imitar por aquella segunda impotencia.
-Este, al contrario, por la primera potencia ejecuta muchas cosas a
-imitación del hombre, que no puede ejecutar el papagayo por la segunda
-impotencia. Así, entre los hombres, éste es totalmente inepto para la
-gramática; en cambio, es muy apto para la navegación y aquél todo lo
-contrario.</p>
-
-<p>Mas tenemos nosotros una potencia activa de que carecen los brutos y
-por la cual hállanse las ciencias y las artes.</p>
-
-<p>Pero de esto se tratará extensamente cuando se trate del alma. Baste
-ahora haber traído estas cosas para entender lo que sigue.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span>¡Cuán pocos, pues,
-de tantos millones de hombres son capaces para las ciencias, aun para
-aquellas que hoy profesamos! Apenas alguno que otro; perfectamente,
-ninguno.</p>
-
-<p>Es necesario que sea hombre perfecto el que haya de saber algo
-perfectamente. ¿Hay alguno así?</p>
-
-<p>Tú dices que el alma es en todo igualmente perfecta (ignorando su
-naturaleza, como mostraremos en otra parte), y que el cuerpo es la
-causa de que unos sean más doctos, otros menos, y muchos totalmente
-incapaces. Sea como tú dices.</p>
-
-<p>¿Es, por ventura, nuestra alma bastante perfecta para que sepa
-el hombre algo perfectamente? No. Mas supongamos que sí: en tal
-caso quien tenga el cuerpo menos perfecto sabrá imperfectamente las
-cosas, pero quien tenga mayor perfección corporal habrá de saberlas
-perfectísimamente.</p>
-
-<p>Esto es lo que más racionalmente parece colegirse de tus razones.
-Mas ¿a quién le fué dado cuerpo perfecto?</p>
-
-<p>Yo llamo con Galeno perfectísimo al cuerpo que es templadísimo y
-hermosísimo y produce todas<span class="pagenum" id="Page_138">p.
-138</span> las operaciones perfectísimas, empezando por las del
-entendimiento, padre de la Ciencia.</p>
-
-<p>Hubo algunos médicos que afirmaron que el médico para que fuese
-perfecto debía padecer todas las enfermedades antes que pudiese juzgar
-perfectamente de ellas. Y no parece del todo descabellada la opinión,
-por más que entonces mejor fuera no ser médico. Pues ¿cómo podrá
-sentenciar rectamente del dolor el que nunca lo sintió? Los dolores y
-enfermedades, mejor los conocemos en nosotros mismos y curamos que en
-los demás.</p>
-
-<p>Pues ¿cómo habrá de discernir el ciego de colores, ni el sordo de
-sonidos, ni el paralítico de las cualidades táctiles? Es necesario,
-pues, que vea cabalmente quien cabalmente ha de juzgar de colores, y
-oiga quien juzgue de sonidos, y palpe quien discierna lo tangible,
-y guste quien hable de lo sabroso, y se mueva quien estudie el
-movimiento, y sufra quien haga juicio del dolor, e imagine quien haya
-de saber de fantasías, y entienda quien del entendimiento investigue.
-De otra suerte, como dijo Galeno, será navegante de libros que, sentado
-muy seguro en su sillón, describirá muy bien los<span class="pagenum"
-id="Page_139">p. 139</span> puertos, los escollos, los piélagos más
-lejanos y guiará muy bien la nave por la cocina o sobre la mesa; pero
-si se lanza al mar y le encomiendas el timón de un navío, se meterá en
-aquellos Escilas y Caribdis que tan lindamente sabía describir a pies
-enjutos.</p>
-
-<p>Y por esta razón dícese también que Cristo Señor nuestro quiso
-sobrellevar las humanas miserias para que, experimentando nuestras
-calamidades, se compadeciese más. Pues el que fué alguna vez indigente
-se compadece mejor del pobre; el que fué preso, del cautivo, y,
-finalmente, el que se vió desamparado siente mayor lástima del
-miserable y del triste.</p>
-
-<p>El perfectísimo conocimiento requiere, pues, un cuerpo perfectísimo
-unido a una perfectísima razón, pues todas las cosas perfectas gozan
-de las cosas perfectas, son hechas por los perfectos y por medios
-igualmente cabales.</p>
-
-<p>¿Qué cosa más perfecta que la creación? Es hecha por el solo
-Perfecto, por la perfección misma, que es Dios. ¿Con qué medio? Con su
-perfectísima potencia, la cual es la sola y única perfectísima,<span
-class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> porque sólo ella es
-infinita, porque es el mismo Dios.</p>
-
-<p>Todo lo demás que sea perfecto en su línea es hecho por algo
-semejante o superior a sí: por ejemplo, lo que hacen los cuerpos
-celestes no puede ser obrado por cuerpos inferiores.</p>
-
-<p>Razón de todo esto: El agente siempre que va al paciente,
-trasciende; pues todo ser ambiciona transformar a otro en sí. Lo cual
-no es posible si no se le comunica. Y en comunicándose los dos el uno
-es término pasivo del otro; empéñase, sin embargo, el paciente en
-conservarse en su ser (lo cual ha sido grabado en todos); en parte
-resiste y en parte quiere también convertir al otro en sí, extiende y
-ejerce cuanto puede su potencia en el agente y le imprime fuerza; mas,
-porque le es inferior, es vencido en la lucha y es forzado a seguir
-las huellas del otro, a introducirse en él, despojado de su primer
-hábito.</p>
-
-<p>Si, pues, el agente es perfecto, también debe ser perfecta la acción
-y los medios para ejecutar la obra y el paciente que recibe la acción,
-en cuanto la recibe, aunque por otra parte sea imperfecto.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span>Y si no sigue a la
-acción la conversión del paciente en el agente, al menos la obra que de
-tal acción se hace es perfecta siendo de agente perfecto, imperfecta si
-de imperfecto. Pues los partos, dicen los médicos, dan testimonio de
-sus principios. Lo que se hace bien, es siempre con medios idóneos.</p>
-
-<p>Y así, el perfecto agente ayudado por perfectos instrumentos y
-medios solícitos, obrará en el paciente y ejecutará la obra intentada
-mejor que con imperfectos.</p>
-
-<p>Ve esto en todas las acciones tanto naturales como voluntarias: el
-sol, que es el más perfecto de todos los cuerpos (de donde los antiguos
-lo juzgaron Dios), ¿qué acción hace? Perfectísima, parecida a la acción
-de Dios. Pues éste crea, pero aquél engendra las cosas, que es el
-segundo grado después de la creación; pero se diferencian en que Dios
-crea por sí solo, de la nada y sin medio ni instrumento alguno. El sol,
-teniendo su potencia de Dios, engendra, estimula y mueve por medios
-naturales y congéneres.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>Pero objetarás, tal
-vez, que el sol corrompe también, la cual es pésima acción. Mas, no es
-así. No corrompe, sino que, mientras engendra, síguese necesariamente
-la corrupción, como una consecuencia natural. Y que engendra primero,
-es manifiesto. Pues primero es el ser que el no ser; el acto, que la
-privación; la vida, que la nada.</p>
-
-<p>Ningún ser obra por nada o intenta nada (de donde tampoco el mal por
-sí, pues el mal es privación del bien, cuasi nada), pues todo es por un
-fin, y la nada no puede ser fin para un ser. El fin es perfección, la
-cual entre los seres ocupa el primer lugar.</p>
-
-<p>Privación, destrucción, defecto, mera negación del ser; ¿con qué
-otro nombre llamaré a la nada que con el tenebrosísimo de <i>nada</i>?
-¡Opuesta y enemiga a toda perfección, a todo ser; finalmente,
-nada!...</p>
-
-<p>¿Quién la intentará, quién la buscará? Todas las cosas la huyen
-naturalmente. Nada me aterra, entristece y postra el ánimo como la
-Nada cuando pienso que alguna vez pudiera yo ver sus abismos, si,
-acompañada mi alma de la fe, esperanza y caridad,<span class="pagenum"
-id="Page_143">p. 143</span> no destruyesen este miedo, y me confirmasen
-prometiéndome, después de la disolución de este compuesto, de mi carne
-y mi espíritu, indisoluble nexo con Dios óptimo y máximo.</p>
-
-<p>El sol, pues, el más perfecto de todos los cuerpos, ¿intentará la
-corrupción, la hará? No, pues engendra. ¿Con qué medio? Con el calor,
-que es la más perfecta, principal y activa de todas las cualidades.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Tú añades también la luz; pero yo no lo consiento. La luz, sin
-embargo, es otro argumento a mi favor.</p>
-
-<p>Bellísima cosa es la luz, amicísima y queridísima de los hombres.
-Dios llámase a sí propio Luz, y a ella se compara la vida como a las
-tinieblas la muerte. Gracias a su benéfico resplandor gozamos de los
-colores, de los matices y las formas; sin luz seríamos semejantes a los
-ciegos, viviríamos como dormidos y absortos en la sombra de lo interior
-y lo exterior, vagando como las ánimas de los difuntos, sin vernos a
-nosotros mismos e ignorando la<span class="pagenum" id="Page_144">p.
-144</span> Naturaleza ¡Cuán triste silencio en la noche nublada y
-tenebrosa! ¿No parece la imagen del caos y de la muerte? Más quisiera
-morirme que vivir sin luz...</p>
-
-<p>Padre el sol de ambos, del calor y la luz, de ellos usa, conforme a
-tu misma opinión, para fecundar las cosas, mas no para corromperlas.
-En saliendo el sol todo revive, renace, germina, pulula, se remoza,
-florece y fructifica. Los animales, entumecidos por el frío, los seres
-corruptibles y todos aquellos que se corromperían totalmente con la
-ausencia del astro, así que le ven se levantan de las tinieblas,
-tórnanse más ágiles y gozosos, corren, saltan, retozan, gallardean y
-cantan el advenimiento del astro generador y hácense más aptos para
-generar a su vez, para vivir y trabajar con alegría, singularmente en
-la primavera y en el verano. Yo, sólo entonces vivo...</p>
-
-<p>Mas en apartándose de nosotros el ojo derecho de Dios (séame
-lícito apellidar al sol de esta manera) todo languidece, todo se
-arrice y se amustia. ¿Qué son el otoño y el invierno sino imágenes de
-nuestro fenecer? A la muerte llaman los poetas<span class="pagenum"
-id="Page_145">p. 145</span> fría, glacial, pálida, macilenta, y a la
-vida, en cambio, robusta, floreciente y ardorosa. La muerte viene del
-frío; la vida, del calor. Por esto el sol es el más perfecto de los
-cuerpos, porque hace, mediante la más perfecta cualidad, el calor, la
-más perfecta de todas las acciones naturales.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pues en lo que se refiere a las acciones voluntarias ¿por ventura
-el pintor, el escultor, el músico, no pintará, no esculpirá, no tañerá
-más consumadamente si usan de los instrumentos más perfectos? ¿Cantará
-bien el ronco, saltará el paralítico, escribirá el que tiene la mano
-torpe o rota? Y ¿qué instrumento más hábil y flexible que la mano del
-hombre pudo haber escogido la madre naturaleza? Era preciso que el más
-perfecto de todos los animales, el hombre, hubiese el más perfecto
-instrumento para hacer con la mayor perfección y elegancia las muchas y
-difíciles cosas que ejecuta.</p>
-
-<p>En resolución: todo lo perfecto produce cosas perfectas y usa de
-medios idóneos para producirlas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span>¿Qué se deduce de
-ahí? Que el alma humana, la más perfecta de las criaturas de Dios,
-para la más perfecta de todas sus acciones, el conocimiento perfecto,
-necesita de un cuerpo perfectísimo.</p>
-
-<p>¡Cómo! —dirás—. Pero la intelección no depende, en modo alguno, del
-cuerpo, sino exclusivamente del alma, de su facultad intelectual...
-—Eso es falso —respondo— y ya te lo probaré en otra parte. Falso es
-decir que el alma entiende, que el alma oye, pues ambas cosas no son
-función exclusiva del alma ni del sentido, sino del hombre todo en su
-unidad de espíritu y de cuerpo, indisoluble en cualquiera de sus actos.
-Nada hace el alma sin los órganos del cuerpo ni el cuerpo sin la acción
-y gobierno del alma.</p>
-
-<p>¿Por qué este hombre es menos docto que aquél, si el alma, como tú
-dices, es igualmente perfecta en ambos? Será por defecto corporal,
-según decías también. Luego el más docto gozará de un cuerpo
-privilegiado, capaz de obrar consumadamente las cosas, lo mismo las del
-sentido que las del entendimiento. Y el hombre que fuere doctísimo,
-tendrá un cuerpo perfectísimo y será el verdadero sabio...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span>Pero ¿dónde,
-repito, está ese cuerpo privilegiado y perfectísimo capaz de un
-perfectísimo conocimiento? Yo, médico y filósofo, no le hallé jamás. Y
-como no es posible que semejante cuerpo exista, no creo posible tampoco
-el perfecto conocimiento o, lo que es lo mismo, la Ciencia.</p>
-
-<p>Al llegar aquí tal vez me arguyas: —Para entender no necesitamos de
-los brazos y piernas; por consiguiente, aunque ellos sean defectuosos,
-mientras tenga bien el cerebro me basta. —No te basta —replico—, pues
-las cosas físicas influyen no poco en la parte moral y en la función
-del entendimiento, los órganos se corresponden todos y se influyen
-mutuamente, aun los más apartados y distintos, por todo lo cual un
-cerebro sano es incompatible con otros órganos enfermos.</p>
-
-<p>Un miembro imperfecto, una deformidad cualquiera, un vicio morboso,
-pueden ser adquiridos o congénitos: si el cuerpo viene mal conformado
-desde los orígenes, anduvo el defecto ya en la materia de que se hace,
-ya en la virtud generadora, y en ambos casos la imperfección es fatal
-no sólo para el miembro u órgano defectuoso, pero también para<span
-class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> muchos o algunos de los
-demás, tanto en lo exterior como en lo interior. Y si el vicio o
-deformidad sobreviene después, sea por causa interna o externa, ocurren
-iguales alteraciones. En suma: un cuerpo cabal y perfecto no existe o
-duraría un instante.</p>
-
-<p>Luego, repito, no habiendo seres de tal perfección, no hay un
-conocimiento perfecto, no hay un perfecto sabio, nada se puede saber de
-un modo cabal.</p>
-
-<p>Pero dirásme, tal vez, que también el hombre imperfecto, por
-muy defectuoso que fuere, tiene capacidad para el ejercicio de las
-ciencias. Yo te lo concedo gustoso, como te concedí otras muchas
-cosas, pues aquí arguyo sin vanidad ni rigidez. Hay hombres, incluso
-llenos de estigmas y deformidades, que son idóneos para el cultivo
-de las ciencias, pero no todos ni cualquiera de ellos. Es necesario
-que el hombre, dentro de su imperfección, esté dotado de un cierto
-temperamento para ejercer con eficacia las disciplinas científicas.
-¿Cuál será ese temperamento? Lo ignoramos. Pero aunque lo supiésemos
-¿cuántas mudanzas del aire, del espacio, del alimento, de la edad,
-la educación, las<span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>
-opiniones, las doctrinas, de todo cuanto rodea, influye y mueve en este
-oleaje de la vida humana a nuestro cuerpo y nuestro espíritu, no habrá
-de padecer el más capaz y atemperado de todos para la investigación de
-la Verdad?</p>
-
-<p>Piénsalo y experiméntalo en ti mismo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter" id="Ch21">
- <h2 class="nobreak">Nuevas dificultades para<br /> la investigación
- de la Verdad.</h2>
-</div>
-
-<p>Si el hombre es rico, trátase deliciosamente, dase a todos los
-gustos del sentido, engorda, se enerva, tórnase todo carnal, inepto
-para la contemplación y el estudio. Como el alma y el cuerpo —según
-dicen— solicitan siempre cosas contrarias, el rico tiende a desamparar
-el espíritu. Desde la niñez los padres no le consienten que se fatigue
-con el estudio y el trabajo, sino que todo se lo disponen para culto y
-regalo del cuerpo; únicamente celosos, y no siempre, de las costumbres,
-de la moral exterior, enseñan a sus hijos (como hacen la mayoría de los
-hombres por el impulso disculpable de la naturaleza) a cuidar la salud,
-acrecentar el caudal y todos los demás bienes que suelen hacer<span
-class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> felices a las gentes
-vulgares, sin dejar resquicio ni vagar para el estudio de las letras
-y ciencias. Mas aunque los padres permitieran y desearan semejante
-estudio, ya se encargaran los hijos de rechazar aquellas trabajosas
-disciplinas, pues el cuerpo apetece el ocio y tiene al trabajo por
-enemigo mortal.</p>
-
-<p>Las riquezas distraen el ánimo, los placeres le perturban, el mundo
-le seduce y engaña. ¡Bienaventurados aquellos y dignos de eterna
-admiración, que en el disfrute de los bienes del siglo, aciertan
-a abandonarle y a despreciar sus falsos y vanísimos tesoros para
-entregarse, pobres y libres, a la contemplación de las cosas! Pero
-almas de esta sublime condición son aves raras en el mundo. Los hombres
-abrazan la Ciencia para granjear aplauso, riqueza o dignidad, no por
-sí misma, por amor desinteresado y puro. Y de esta suerte cada cual
-trabaja mientras le urge para llegar al fin, no al fin de la ciencia,
-sino al de su ambición...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span>Los pobres, en
-cambio, corren a los estudios con triste principio, con medios adversos
-y también, casi siempre, con bastardo fin. Como es la necesidad la que
-les impulsa, una vez saciada, suele concluir la ciencia de los pobres,
-ya que no trabajaron sino para hurtarse a la pobreza.</p>
-
-<p>De aquí la frase: «El ingenio vuela, mas la pobreza lo deprime.» Y
-aquella otra: «La bolsa llena hace al ingenio divino.» Y esotras de
-un poeta: «Hase primero de buscar el oro, que ya vendrán con él la
-fuerza y la sabiduría; sin Ceres y sin Baco se enfría Venus y también
-Minerva...»</p>
-
-<p>«Los papagayos charlan y aprenden mejor después de beber vino:
-tal les sucede a muchos hombres.» Acerca de lo cual también se
-dijo: «Las copas llenas ¿a quién no hicieron elocuente?» Y añado
-yo: ¿a qué no obligan la sed y el hambre? No acabaríamos nunca si
-hubiésemos de contar las desventuradas proezas a que impulsa la triste
-necesidad...</p>
-
-<p>A todo el que estudia no debe moverle otro fin que saber. Al
-necesitado, en cambio, no le mueve ese fin o sólo le mueve mientras
-evita su necesidad.<span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span>
-Así, quien sólo estudia por el vientre, cuando lo llena cierra los
-libros y se echa las ciencias a la espalda. El pobre, si no es apto
-para la contemplación de las cosas, no halla nunca deleite en el
-estudio; y si es apto, su propia indigencia le impide gustar esos
-manjares tan sutiles. ¿Hay algo más digno de compasión?</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Y si todavía insistes en que el rico y el pobre son igualmente
-capaces para la austera investigación de la Verdad, yo quiero suponer
-que es así; pero ve cuántas dificultades se siguen.</p>
-
-<p>Ambos han de ser instruídos desde los rudimentos, ya que nadie fué
-tan dichoso que saliera enseñado del vientre de su madre o lograse
-instruirse por sí mismo, sin necesidad de textos ni de aulas. Y
-¡cuántas miserias en la instrucción y enseñanza de los jóvenes! ¡Cuán
-pocos lograron haber buenos maestros!</p>
-
-<p>Unos por la poca retribución o por desidia, por enfermedad o
-pobreza, otros por envidia, temor o vanidad, por amor o por odio,
-por ineptitud o ignorancia,<span class="pagenum" id="Page_153">p.
-153</span> por todas estas y otras muchas cosas, esconden o desfiguran
-la verdad, si la conocieron alguna vez, y enseñan el error. ¿Qué mayor
-calamidad para un principiante? Bebido el error ya nunca se sacude su
-ponzoña, sobre todo si se bebió en la niñez y era insigne la autoridad
-del maestro.</p>
-
-<p>De donde se dijo: A la vasija nueva dura el resabio de lo que se
-echó en ella.</p>
-
-<p>Por esta razón Timoteo pactaba retribución sencilla con el
-principiante; mas a aquel que había aprendido con otro preceptor,
-pedía retribución doble, pues que era menester doble trabajo, uno para
-arrancar el error que había ya bebido y otro para sembrar la verdad.</p>
-
-<p>De los errores en la enseñanza nacieron las sectas de los filósofos,
-y aquello de jurar en las palabras del maestro; el pasar los años
-disputando por cosas ociosas y peregrinas, unos para defenderlas, otros
-para negarlas; llenar volúmenes sobre entender al profesor; fingir
-nuevas e infinitas explicaciones, inteligencias y distinciones, las
-cuales no imaginó él ni aun en sueños.</p>
-
-<p>Y aún hay doctores tan sandios que se jactan de<span
-class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> poder defender todo lo que
-ha sido enseñado por éste o por aquel autor; dispónense para ello con
-argucias y bagatelas, de tal manera cubiertos y armados de enredos, que
-se parecen a los cazadores que acechan con redes y con falsos silbidos
-a los tordos. Enredados no pocas veces ellos mismos, no se pueden
-desenvolver, y así caen en la fosa que preparan a los demás, como el
-cazador de Esopo, que mientras acechaba a la paloma, fué mordido por la
-sierpe.</p>
-
-<p>Tales también aquellos que usan de las máquinas de guerra (que
-llaman arcabuces) y mientras a disparar aplican el ojo a la mira para
-que salga recto el proyectil y ponen fuego a la pólvora, si está
-obstruída la máquina, experimentan el efecto contrario: que el tiro
-vuelve atrás y les atraviesa la cabeza.</p>
-
-<p>Así estos falsos doctores mientras maquinan falacias, ellos mismos
-caen en las redes de su propia falsedad.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Unos pretenden recoger lo esencial de un asunto y hacen un
-epítome. Otros recorren tablas, capítulos,<span class="pagenum"
-id="Page_155">p. 155</span> libros, que fueron confusamente escritos
-por otros. Éstos, al contrario, amplían, añaden, extienden, comentan
-y critican muchas cosas. Aquéllos se empeñan con supersticiosa y
-fatua piedad en conciliar a los disidentes y reducir a la paz a los
-beligerantes. Otros, al contrario, hacen enemigos a los que sienten
-lo mismo, al afirmar que escriben y entienden cosas diversas.
-Esotros afirman que tal obra es de aquél; sus adversarios pugnan por
-demostrar que la robó del cercado ajeno. Y en probar tales monsergas,
-¿qué de argumentos no usan? ¿Qué no gritan? ¿Qué no claman? ¿Qué no
-torturan?</p>
-
-<p>Si no bastan las pruebas falsas, emplean verdades reprobables, a
-saber, contumelias, invectivas y libelos.</p>
-
-<p>Finalmente, no contentos aún, vienen a las armas, para que lo que la
-razón no pudo lo pueda la fuerza, a estilo militar.</p>
-
-<p>Así, los que se dicen científicos se hacen brutos. Pues, ¿no es todo
-esto furor y demencia?</p>
-
-<p>Los que presumen de investigar la naturaleza nada hacen
-sino disputar y absorber en minucias y<span class="pagenum"
-id="Page_156">p. 156</span> simulacros toda su vida, como el perro,
-que, viendo en el agua la sombra de la carne que lleva en la boca,
-suelta la carne para asir la sombra en el agua, y como el toro, que,
-persiguiendo al lidiador, cogida su capa, se ensaña en el trapo, sin
-preocuparse del hombre.</p>
-
-<p>Así los falsos investigadores de la naturaleza, que, a espaldas
-de la realidad, no saben sino repetir, como papagayos, lo que en los
-libros hallaron escrito, ignorantes seguramente de lo que dicen.</p>
-
-<p>De tales entes hay una gran multitud en las ciencias; varones
-sinceros que investiguen la realidad en sí misma, muy pocos, y aun esos
-pocos varones son juzgados indoctos por los primeros y por el vulgo.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Y no es de extrañar.</p>
-
-<p>Cada uno juzga a los demás por su propia condición.</p>
-
-<p>Así, el docto juzga al docto y lo alaba, porque entiende lo que
-dice; el ignorante le desprecia, porque no le entiende, y levanta al
-necio, porque<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span> siente
-en necio; todo semejante goza con el semejante y rechaza al que no lo
-es.</p>
-
-<p>¡Ay del mozo infeliz que beba en la turbia fuente de tan ruines
-preceptores!</p>
-
-<p>Si estudia siempre bajo el mismo doctor, siempre errará, si erró
-una vez. Y su error será cada vez más profundo. Error pequeño en un
-principio es grande en el fin; dado un absurdo, síguense muchos. Y
-¿quién hay que no yerre una vez? o ¿quién que yerre una sola vez? ¿no
-erramos casi siempre?</p>
-
-<p>Y si el joven es enseñado por muchos maestros ¿no le será más fácil
-extraviarse y confundirse?</p>
-
-<p>Pocos, a quienes amó el justo Júpiter y levantó el ardiente juicio a
-lo celestial, pudieron librarse de errores y poseer todos los caminos
-de la oscura selva. ¿Cómo, pues, no ha de perderse el miserable ingenio
-del principiante, distraído y desgarrado en las contiendas y tumultos
-de escuelas y maestros?</p>
-
-<p>Este le inculca una doctrina; aquél se empeña en persuadir la
-contraria. Pues ¿quién ve que convengan dos en todas las cosas?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>El mayor juicio de
-certidumbre de una verdad y, por tanto, también de alguna ciencia, es
-la concordancia de los doctores; pues la verdad es siempre concordante
-consigo misma. Al contrario, nada arguye más la incertidumbre de una
-ciencia que la diversidad de opiniones.</p>
-
-<p>Basta advertir cuán común es esta diversidad en los doctores de
-cualquier ciencia, para colegir también cuán poca certidumbre hay en
-nuestros conocimientos.</p>
-
-<p>Y así al débil novicio tráenle contrarios doctores en confusión y
-ambigüedad. Sin acertar adónde orientarse, inclínase a éste o aquél,
-según le parece; y con más frecuencia al que le engaña; pues éste
-es el que más grita, con el desenfado propio de los que sostienen
-sinrazones.</p>
-
-<p>Ahí tienes al sabio.</p>
-
-<p>Así, durante mucho tiempo, lucha en los oleajes de esta furiosa
-tempestad; las más de las veces toda la vida.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Y si nos acercamos al método de enseñanza, no habrá aquí
-menor dificultad, antes mayor, ya atiendas<span class="pagenum"
-id="Page_159">p. 159</span> a los que enseñan de viva voz, ya a los que
-enseñan por escrito. Pues tienen ambos las mismas viciosas maneras.</p>
-
-<p>Cabalmente, por este lado, viénele al estudiante, o la mayor
-utilidad, si emplea buen método el doctor, o el más grave daño,
-si emplea un método perverso. Pues nada tiene en el enseñar tanta
-importancia como el método; el cual, por consiguiente, es tan vario
-para los hombres. Saber usar del método no es menos laborioso que útil,
-y no menos raro que necesario. ¡Cuán pocos maestros aciertan aquí!</p>
-
-<p>Siendo, por ventura, el arte infinito, como ya dijimos, y la vida de
-todas las cosas harto breve, cuando es necesario medirla para enseñar o
-aprender, impone grandísimo cuidado. Medir lo infinito con lo finito y,
-lo que es más, comprenderlo; ¿no parece cosa inaccesible?</p>
-
-<p>Así hay preceptor que se empeña en contraer el arte (al cual no le
-es posible producir la vida) y hace más largo el camino, más oscuro y
-difícil por la brevedad (pues hágome oscuro cuando me empeño en ser
-breve).</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>Hay otros que
-exponen difusamente, y hácense viejos en los primeros principios y
-nosotros con él. A éstos condenan los impacientes en el trabajo, los
-de agudo ingenio; porque inculcan con muchas palabras lo que ellos con
-pocas. En cambio, les alaban los morosos y rudos para quienes nada está
-jamás bastante explanado.</p>
-
-<p>Y si alguno escribe con términos medios, es reprobado por todos,
-porque no es bastante breve y porque es más breve de lo justo. Pues
-el medio siempre es contrario a ambos extremos. Sólo es agradable a
-quienes también se gozan en el término medio, que suelen ser muy pocos
-y escogidos.</p>
-
-<p>Hay quien habla castiza y hermosamente; hay quien de un modo áspero
-y rudo. Este escritor hurta los trabajos ajenos y los da como propios;
-repite aqueste íntegras sus páginas, olvidado de sí. Uno lo mezcla y
-lo confunde todo o lo deja como indiscutido e inédito. Tal otro es
-parlador y sofista; aquél, severo y grave; éste, agudo inventor de
-cosas nuevas; esotro, torpe repetidor de lo viejo.</p>
-
-<p>¿Qué más diré? ¿Quién agradó nunca a todos?<span class="pagenum"
-id="Page_161">p. 161</span> Ni aun la misma naturaleza. ¿Cuántos no se
-atrevieron a condenarla e increparla?</p>
-
-<p>Tanta es la variedad de las cosas, que parece que la naturaleza
-juega en ellas y se regocija de nuestra confusión; que buscándola
-nosotros por aquí y por allí, teniéndola delante de los ojos, se burla
-y nos escarnece.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Y no sólo se advierte variedad en las cosas varias.</p>
-
-<p>Un mismo hombre, ora quiere, ora rechaza; ya afirma una cosa, ya
-condena la misma; hoy profesa esto, de lo cual, si mañana le preguntas,
-no se acuerda ya ni quiere acordarse; en esta parte del globo florecen
-ahora las letras, y en el resto, hay omnímoda brutalidad; antes, aquí,
-lo eran todo las espadas; ahora no tienes otra cosa que libros... Hoy
-priva una opinión; Fulano es el doctor de moda: mañana será todo lo
-contrario...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>Ejemplos de todas
-estas cosas verás si lees las historias; no obstante, traeré algún
-ejemplo singular.</p>
-
-<p>¿Qué hubo más esplendoroso en letras que el antiguo Egipto y la
-antigua Grecia? ¿Qué más fértil en el culto de los dioses? ¿Dónde más
-ilustres varones, ya en cualesquiera ciencias, ya en las armas? Hogaño
-no hallarás allí museo ni ídolo ni varón insigne.</p>
-
-<p>En Italia, en Francia, en España ni por sueño había entonces un
-doctor; lo eran todo Mercurio y Júpiter. Ahora siéntanse aquí las
-Musas, y habita Cristo entre nosotros.</p>
-
-<p>Y en las Indias, ¿cuánta ignorancia no reinó hasta hoy? Ya,
-ahora, hácense poco a poco más religiosos, más agudos, más
-doctos que nosotros mismos.<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9"
-class="fnanchor">[9]</a></p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>¿Qué hará, pues, en tanta variedad de cosas el desdichado mozo? ¿A
-quién seguirá? ¿A quién creerá? ¿A éste?, ¿a aquél?, ¿a nadie?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span>Si se entrega a
-un solo maestro, hácese esclavo, no docto; defiende sus dogmas con
-cualquier razón y con cualquier injuria; hácese soldado que sigue a un
-capitán dondequiera que le lleve, para combatir por él; no se acuerda
-más de sí; perece con él.</p>
-
-<p>De esta suerte nuestro joven y su ciencia perecen cuando se adhieren
-con pertinacia a un solo preceptor. Que no sin daño de la verdad puede
-uno jurar sobre las palabras del maestro.</p>
-
-<p>Y si el estudiante cree igualmente a todos, o no cree a nadie, y
-pretende escoger de todos lo que mejor le parezca, ello es más libre,
-pero también más arduo, pues ¿qué juicio no necesita quien se empeña
-en dirimir pleitos de todos? Cada cual tiene en su favor razones y
-argumentos en apariencia inexpugnables, y no hay aquí sentencia posible
-sin riesgo de la verdad y del propio juez.</p>
-
-<p>Así como en la guerra acontece que el arte y la astucia rinden a
-quien es superior en armas, en caballos y bríos, así el que busca la
-verdad y la defiende suele ser arrollado por el error, que es, no pocas
-veces, más agudo y sutil.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span>¡Cuántos, armados
-de su pérfida ciencia silogística, no tiñen de verdad el error y hacen
-que lo falso parezca verdadero y lo verdadero falso, hasta envolver
-en sus redes al más valeroso campeón! Y ¡cuántos, muy doctos, caen
-vencidos en la ingeniosa trampa de un silogismo falaz, más inermes aún
-que aquel ignorante que en presencia de un sofista charlatán, empeñado
-en persuadirle de que lo blanco es negro, respondió al sofista: Yo no
-entiendo tus razones porque no estudié como tú, pero por nada del mundo
-me harás creer que son iguales lo blanco y lo negro; arguye tú cuanto
-quisieres, que a mí me sobran para saber de colores estos dos ojos de
-mi cara!</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Recuerdo que, al iniciarme en la dialéctica cuando niño, fuí
-provocado muchas veces a disputa por los más viejos en edad y en
-estudio para probar mi ingenio; oprimido por engañosos silogismos, cuya
-falacia yo no conocía, llegaba a conceder lo que encubiertamente era
-falso, mas apenas advertía la falsedad manifiesta, sentíame atormentado
-en lo<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> más hondo de
-mi corazón y ya no descansaba hasta buscar y comprender el defecto
-del cauteloso silogismo. ¿No hubiera sido harto mejor que el tiempo
-que perdía en estas sutilezas lo empleara en conocer alguna causa
-natural?</p>
-
-<p>Porque en semejantes lides parece más docto el que charla mejor,
-el que construye con más ingenio un artificio con que vencer al
-contrincante y forzarlo a que conceda lo más absurdo y falaz. ¡A este
-sistema, el más pernicioso para el entendimiento y la lógica, llaman
-doctrina científica!</p>
-
-<p>El propio Aristóteles, cuando escribió su aguda cavilatoria para
-librarse de los engaños del silogismo, intentó en vano curar con
-semejante tríaca los efectos de este veneno destructor; pues no hay
-posible medicina para un veneno tan fuerte.</p>
-
-<p>¿Cuántos remedios, peores que la enfermedad, no se han inventado
-posteriormente? ¿cuántas otras falacias, cuántos volúmenes de
-suposiciones, de exponibles y reflexiones de todo jaez? Ya la
-Dialéctica es otra Circe que convierte en asnos a sus amantes...</p>
-
-<p>A punto me vi, como ellos, de beber las aguas<span class="pagenum"
-id="Page_166">p. 166</span> circeas, de embriagarme en sus traidoras
-linfas y rebuznar perpetuamente sus silogismos engañosos, en torno a
-esa puente de la Ciencia que bien merece llamarse la puente de los
-asnos. Valiéronme entonces mi natural indócil y los versos de Ulises
-para hurtarme al yugo de aquella hechicera dama y renegar de sus
-figuras y embelecos en la artificiosa puente de los silogismos.</p>
-
-<p>¡Qué de tormentos sufren los amadores de tan áspera Circe! ¡Qué
-modos tienen de honrarla y defenderla, pugnando hogaño por mantener
-y apuntalar su vieja y desmoronada habitación! ¡Hasta qué punto se
-rebajan y pierden por amartelar y servir a su despótica Dueña!</p>
-
-<p>Así Eneas, el héroe, totalmente ajenado de sí mismo y olvidado de
-Italia, adonde iba por el mandato de los dioses, vestido de lasciva
-clámide, envilecido y muelle, entregado por amorosa esclavitud a
-Dido, no atendía más que a ella, no curaba de otra cosa que de sus
-torpes embelesos; hasta que avisado por Mercurio, abiertos los
-ojos, avergonzado de sí mismo, conoció cuán miserablemente vivía,
-y, despojado al punto de la mujer, vistióse<span class="pagenum"
-id="Page_167">p. 167</span> del hombre y con ello se hizo señor de
-gran parte del mundo, guiándole la virtud y acompañándole la fortuna.
-¡Pluguiera al cielo que yo fuese Mercurio para nuestros Eneas cautivos,
-para que, abandonada la hechicera Dido, la Dialéctica engañadora,
-volviesen los bríos y la voluntad a la robusta Naturaleza, con lo que
-muchos se harían, por ventura, dueños y señores del orbe!</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero dirás acaso: ¿Qué? ¿Quieres que, como si fueras un dios,
-aceptemos por cosa confirmada sin razón y sin prueba, cuanto dijeres,
-y más en detrimento de cosas que están todavía muy firmes y como en
-altares en las casas de los doctos?</p>
-
-<p>No pretendo tal: sólo aspiro a abrir los ojos y el entendimiento
-a la incauta juventud y desbrozar los caminos de la libre y ancha
-Naturaleza.</p>
-
-<p>¿Qué hará, si no, el mozo mal experimentado que al asomarse al
-campo de la Ciencia sólo ve en él zarzas y ortigas, dificultades y
-estorbos? Pues enredarse en ellas como les sucedió antes, a su<span
-class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> vez, a sus maestros y
-preceptores, y, a espaldas de la hermosa realidad, amontonar libros y
-libros, hacer perpetuos los sofismas y eternas las ignorancias...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero supón a un estudiante de buena fe que apoyado en su solo
-juicio, luego de haber aprendido largo tiempo en las aulas y visto
-tanta diversidad de opiniones, quiere sentenciar por sí mismo. ¿En
-cuánto riesgo no se hallará? ¿Cómo encarecer las dificultades y
-peligros de considerar escrupulosamente y sin ayuda ajena todas las
-cosas puestas en pleito en las lides científicas?</p>
-
-<p>De aquí nueva multitud de errores, de divergencias y disputas, de
-interpretaciones falsas, de retrocesos inútiles; de aquí el dar por
-flamantes novedades las cosas más añejas y sabidas, el oponer un dogma
-a otro dogma, el sentenciar contra los pareceres ajenos, más por ser
-ajenos que por ser erróneos, y, finalmente, el alejarse cada vez más de
-la directa inspección de los objetos en litigio.</p>
-
-<p>¿Qué hacer, pues, si los viciosos métodos de<span class="pagenum"
-id="Page_169">p. 169</span> enseñanza, los abusos de la autoridad,
-el ciego empeño de buscar la ciencia en los libros, la tentación
-de convertir la especulación intelectual en granjería, el triste
-espectáculo de las disputas ociosas, de las opiniones apasionadas y
-hostiles, no se remedian con el solo y libre juicio individual?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch22">
- <h2 class="nobreak">Conclusión. Los únicos criterios de la Ciencia:<br />
- el experimento y la crítica.</h2>
-</div>
-
-<p>El que quiera saber algo no tiene más camino que contemplar las
-cosas en sí mismas.</p>
-
-<p>Pero ¿ello es fácil? Nada tan penoso, nada tan ambiguo, nada tan
-lleno de confusión e incertidumbre.</p>
-
-<p>Viste ya cuánta diversidad hay en las cosas, qué de mudanzas y
-vaivenes; cuánto de inaccesible y amargo para el que aspira a la
-Ciencia. ¿Qué no sucederá cuando pretendamos acercarnos a las cosas
-mismas?</p>
-
-<p>Ni es posible, dados los límites en que se mueve el conocimiento
-humano, la contemplación directa de las cosas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_170">p. 170</span>Con todo: hay dos
-medios subsidiarios que no suministran ciencia perfecta, pero que, en
-suma, algo perciben y algo enseñan: son la experiencia y el juicio.
-Pero no separados jamás, sino en íntimo enlace y unión, como demostraré
-en otro libro. Los experimentos son muchas veces falaces y siempre
-difíciles, y hasta cuando llegan a la perfección nunca nos muestran más
-que los accidentes extrínsecos, jamás las naturalezas de las cosas. El
-juicio recae sobre los resultados del experimento, y por consiguiente
-no traspasa los límites de lo exterior, y aun esto lo discierne de una
-manera incompleta, sin que sobre las causas pueda pasar de una probable
-conjetura. Se dirá que nada de esto es ciencia. Pues no hay otra.</p>
-
-<p>Ni aun tales medios subsidiarios pueden ser perfectos en un joven.
-Pues, omitiendo las dificultades de toda experimentación para el hombre
-más apto y maduro, ¿qué experiencia puede tener el mozo de pocos años
-que empieza a cultivar las ciencias en el aula?</p>
-
-<p>Necesario es haber vivido mucho y haber experimentado no pocas
-cosas para juzgar rectamente,<span class="pagenum" id="Page_171">p.
-171</span> y aun así, como decíamos al principio, pueden estar mal
-trabados y disconformes los años y las experiencias. De esta suerte,
-quien hoy opina esto, juzga mañana otra cosa y defiende ahora lo que
-condenaba ayer.</p>
-
-<p>Nadie, antes de conocer el imán, el pez torpedo, el pez rémora, les
-hubiese atribuído las virtudes que tienen. Decíamos ha poco que toda
-atracción proviene del calor, de la sequedad, del miedo al vacío. ¿Qué
-decir ahora de la electricidad?</p>
-
-<p>¿Habríase nunca imaginado que el veneno añadido al veneno lejos de
-matar al hombre le serviría de tríaca? Ciertamente que no, pues, por
-ventura, antes de experimentarlo afirmábase que lo que no hace uno lo
-hacen dos, a pesar de haber demostrado lo contrario la atroz consorte
-de Ausonio, que empeñada en matar a su marido lo más rápidamente
-posible, mezcló mercurio al veneno que le tenía preparado, con lo cual
-escapó Ausonio de la muerte.</p>
-
-<p>¿Quién hubiese creído tampoco que la cicuta añadida al vino matase
-más prontamente, sobre todo a los temperamentos biliosos, y tantas
-otras<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> cosas que la
-experiencia acredita en contra de lo que parece racional?</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Mucha experiencia, pues, hace al hombre docto y prudente. Así
-los varones más ancianos son más duchos por razón de la experiencia
-que tienen, y más a propósito que los jóvenes, para la gestión de
-los negocios públicos, si les asiste a la par un juicio agudo y
-sazonado.</p>
-
-<p>Y para acrecentar ese tesoro de la experiencia, para conservarle al
-través de los siglos, imaginaron los hombres la escritura, merced a la
-cual todo lo que uno experimentó en su vida, lo aprenda otro después en
-breve espacio. De esta suerte, las generaciones, las experiencias, los
-hechos, las invenciones de cada época, se van eslabonando y acreciendo
-sin cesar, por lo que, gráficamente, cada generación que surge a la
-vida y a la ciencia se ha comparado a un niño jinete en el cuello de un
-gigante.</p>
-
-<p>Utilísimo es para la ciencia y la vida ese caudal inmenso de
-experiencia acumulado siglo tras siglo<span class="pagenum"
-id="Page_173">p. 173</span> en las bibliotecas del mundo. Pero (aun
-omitiendo que los libros, como todas las cosas humanas, no son
-perennes, pues los consumen la guerra, el fuego, la incuria, la novedad
-de otras opiniones y, finalmente, el tiempo y el olvido) sucede que la
-sugestión de esa riqueza nos ofusca. ¿Cuántos siglos necesitaríamos
-vivir para leer esas ingentes muchedumbres de libros? ¿Cuántos de ellos
-no mienten o disimulan la verdad? ¿Cuántos no se escribieron por el
-único móvil de granjear la gloria o mendigar opinión, cuando no por
-razones más miserables? ¿Cuántos, en todo caso, son del todo accesibles
-a nuestro entendimiento?</p>
-
-<p>A fuerza de leer y releer, de poner en claro y en concierto nuestras
-lecturas, se nos pasan los años más preciosos; vivimos entre montañas
-de papel, sólo atentos a los hombres y a sus obras, de espaldas a la
-viva Naturaleza. Así, muchas veces, por el afán de saberlo todo, nos
-convertimos en necios...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Mas supongamos que los libros no mienten, que exponen con entera
-verdad lo experimentado por<span class="pagenum" id="Page_174">p.
-174</span> sus autores. ¿Qué me aprovecha que otro haya experimentado
-esto o aquello, si yo no experimento lo mismo? Ello no engendrará en
-mí ciencia, sino fe. De aquí que el mayor número de los escritores
-modernos sean más fieles que sabios, pues beben de los libros lo que
-poseen sin experiencia ni juicio propios, sin otro fundamento que lo
-que hallaron escrito, sin otra novedad que lo que pueda deducirse de
-los supuestos tradicionales.</p>
-
-<p>Dada esta condición, quien pretenda saber algo ha de estudiar
-perpetuamente, ha de leer todo lo que fué dicho por todos, y, en el
-caso mejor, comprobar a cada paso, hasta el final de la vida, las
-experiencias de las cosas con las experiencias de los libros. ¿Hay algo
-más triste y miserable que ese linaje de vida? Linaje de muerte le
-llamo yo.</p>
-
-<p>Por bien constituído que imaginemos a un mozo sometido a régimen
-tan inhumano, por cabal que sea la salud de que goce, marchitaráse
-prontamente, y consumidas las fuerzas corporales en el estudio,
-afligido por numerosas y terribles dolencias, afectada la mente en su
-sede principal, el cerebro,<span class="pagenum" id="Page_175">p.
-175</span> morirá sin haber apenas gozado de la vida ni de la
-ciencia.</p>
-
-<p>Pero aunque por excepción se vea libre de tales pesadumbres, no
-le faltará siquiera la oscura melancolía que acompaña a los excesos
-mentales. Y ¿cómo ha de juzgar un melancólico de todas las cosas,
-cuando para juzgar rectamente todo buen juez ha de carecer de toda
-afección?</p>
-
-<p>Y aun suponiendo, que ya es suponer, horro y salvo a nuestro
-joven de todo achaque y tristeza, ¿sabrá por eso alguna cosa? Nada
-ciertamente.</p>
-
-<p>Pues en él, como en las demás cosas de este mundo, hay continua
-mudanza. Y la principal de todas es la edad. ¿Cuánto no se diferencia
-el mozo del varón maduro y éste del anciano? ¿Qué diversidad no hay en
-ellos de principio, de medio y de fin? El que ahora joven juzga esto y
-lo cree verdadero, lo revoca y reprueba en la edad viril y torna acaso
-a defenderlo en el crepúsculo de su vida. En otros casos acaece lo
-contrario y nadie es, jamás, consecuente consigo mismo.</p>
-
-<p>Ni hay quien editando hogaño un libro valeroso pueda decir que
-mañana no cantará la palinodia,<span class="pagenum" id="Page_176">p.
-176</span> ni quien, errando ayer, no confiese, si es probo, que se
-engañó entonces. Y los que, por ignorancia o amor propio, no hacen
-tal y defienden con pertinacia sus errores, causan un grave daño a la
-verdad, tanto mayor cuanto más agudos sean sus ingenios.</p>
-
-<p>Tampoco hay nadie en el mundo que si, en vez de dar a las
-prensas aceleradamente sus obras, las guarda por muchos años, deje
-de corregirlas y enmendarlas uno y otro, aunque viviera cien. Y si
-eternamente viviera, eternamente andaría quitando aquí, mudando allí,
-rehaciendo acullá.</p>
-
-<p>¿De dónde tanta innovación, tanta variedad e inconstancia?</p>
-
-<p>Ciertamente, de la ignorancia humana. Pues, si supiéramos
-perfectamente lo que una vez escribimos, nada habría de mudarse
-luego.</p>
-
-<p>¿En qué edad, pues, se juzga mejor? Dirás: en la ancianidad. Pero,
-más racional parece en el tiempo en que todo está en vigor; en la
-vejez, todo languidece y por eso se compara a la infancia; de donde la
-frase: <i>Malditos los niños de cien años</i>.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_177">p. 177</span>Aparte estas
-mudanzas del cuerpo, impiden también el conocimiento de la verdad
-las afecciones del ánimo. Lo dijimos ya arriba. El amor, el odio,
-la envidia y lo demás que allí nombramos, se opone a que se juzgue
-bien.</p>
-
-<p>Y ¿quién es tan equilibrado que no caiga en alguna de esas pasiones?
-Mas si de todas ellas se viere libre, ¿no caerá en el amor propio?
-Pues, ¿quién hay que no crea que dijo lo cierto, que halló el nudo de
-la dificultad y que entiende muy bien las cosas? Omitiendo, finalmente,
-que cada uno se estime más docto, más agudo, más perspicaz, más
-prudente, más sabio que los demás.</p>
-
-<p>Nadie, dice el vulgo, es juez recto en causa propia. Y cada uno
-trata su causa cuando afirma algo de palabra o por escrito.</p>
-
-<p>Nada, pues, sabemos.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Pero, supongamos (cosa imposible) que carece nuestro juez de tales
-defectos. Aun así, no sabrá más en lo sucesivo, aunque se guíe por la
-común<span class="pagenum" id="Page_178">p. 178</span> sentencia de
-que perpetuamente nos hacemos más doctos, pues sucede lo contrario a
-todos aquellos que se proponen conocer perfectamente las cosas.</p>
-
-<p>Yo, antes que hubiese comenzado a considerarlas, parecíame que era
-más culto. Pues lo que había recibido de mis preceptores, lo tenía por
-sobradamente sabido y propio, estimando que el saber consiste en haber
-visto, oído y retenido muchas cosas.</p>
-
-<p>Conforme a lo cual con revolver en el magín los conceptos ajenos
-parecíame que lo sabía todo, y cada día me aficionaba más a este linaje
-de ciencia.</p>
-
-<p>Mas, tan luego como me convertí a las cosas, abandonada en un
-todo la fe primera (aquella fe con humos científicos), comencé a
-examinarlas, como si nadie hubiese dicho jamás cosa alguna; y cuanto
-más me parecía saber antes, otro tanto vi que ignoraba entonces, y a
-tal punto llegué que hoy me parece que nada sé ni espero que pueda
-saberse; cuanto más contemplo las cosas más dudo.</p>
-
-<p>Pues ¿cómo no dudar, si no puedo percibir ni conocer las naturalezas
-de las cosas, fuentes de la verdadera ciencia?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span>Harto fácil es ver
-el imán; pero ¿qué es el imán en sí? ¿por qué atrae al hierro? Esto
-sería saber lo que es el imán si pudiéramos conocer las cosas. Con
-todo, los que se dicen sabios responden que la atracción se debe a una
-virtud oculta. Y a esto llaman saber, cuando verdaderamente es ignorar.
-Pues ¿qué diferencia hallaré entre quien me dice que no sabe por qué se
-hace una cosa y quien me afirma que se hace por una oculta y misteriosa
-propiedad?</p>
-
-<p>Y si a la duda de la atracción del hierro se añaden estas otras
-que aunque tuvieren satisfactoria respuesta provocarían nuevas
-interrogaciones sin fin, ¿quién se resiste a la evidencia de nuestra
-ignorancia? ¿Cómo tocado el hierro por el imán, de aquella parte de
-la piedra que en su criadero miraba al Norte, se vuelve siempre al
-Septentrión, y huye del lado contrario, merced a lo cual rodeamos
-la tierra en pequeña nave y conocemos en medio del océano un punto
-cualquiera con infalible certidumbre? ¿Cómo el imán no sólo atrae a un
-solo anillo ni a una sola aguja, sino que difunde también la fuerza
-transmitida por agujas y anillos<span class="pagenum" id="Page_180">p.
-180</span> a otros muchos hasta suspenderlos todos en el aire? Y si,
-finalmente, se le unta con ajo, ¿por qué languidece y pierde la fuerza
-de atraer?</p>
-
-<p>Este y otros innumerables ejemplos que podrían ponerse ¿no rinden
-los bríos de la razón al más docto y experimentado de los hombres?</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Así ¿qué hará nuestro juez, ese juez imaginario de las cosas, aunque
-viva cien años en ancha y cabal plenitud? Experimentar algunas de esas
-cosas; experimentarlas mal y juzgarlas peor. De ninguna de ellas sabrá
-en absoluto nada.</p>
-
-<p>Pero aunque viese y estudiase muchas, no podría, sin embargo,
-examinarlas todas, que sería el único medio de aprender a conocerlas.
-A cada paso le asaltaría una duda: ¿habré experimentado bien? Y si
-consulta a otros diversos autores sobre los mismos objetos en examen,
-los hallará diversamente experimentados y traducidos: lo que uno dice
-que probó, asegura otro que es imposible; una experiencia contradice a
-otra experiencia.</p>
-
-<p>¿Cómo, pues, juzgará rectamente de lo oscuro<span class="pagenum"
-id="Page_181">p. 181</span> y recóndito, de lo que en modo alguno puede
-ser alcanzado por el sentido, quien no está cierto de las cosas que al
-sentido se nos presentan y que por él han de conocerse?</p>
-
-<p>Y si, apartándonos de los doctos, nos arrimamos al vulgo, ¡cuánta
-variedad, cuánta discordia, qué de ignorancia y confusión!</p>
-
-<p>Se me replicará que de los hombres rudos ha de esperarse menos que
-de los letrados. Mas ¿no se dice comúnmente: <i>Voz del pueblo voz de
-Dios</i>? Y en verdad que es difícil suponer que todo el pueblo se
-engañe y sólo el filósofo tenga razón, principalmente en las cosas
-que estriban más en la experiencia que en el juicio. En general ha de
-creerse al vulgo en lo que se refiera a la agricultura, navegación,
-arte mercantil y oficios mecánicos, según la profesión de cada cual,
-pues también es dicho común que más vale el ignorante en su oficio que
-el sabio en el ajeno.</p>
-
-<p>Con todo, si se ha de escoger entre la opinión del pueblo y la
-opinión de los filósofos, se inclina el ánimo casi siempre a diputar
-por verdadero lo que el docto afirma. Y aunque parece racional
-que<span class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span> los que acierten
-sean pocos, también parece duro creer que se engañe tanta muchedumbre
-allí donde uno solo dice que dice la verdad.</p>
-
-<p>Por otra parte, lo que es tenido y confirmado durante largo tiempo
-por muchos parece que tiene mayor certidumbre que una novedad enseñada
-por uno solo. Claro está que hay verdades que viven desconocidas
-luengos años, pero también hay verdades harto conocidas que al cabo se
-hunden en el descrédito.</p>
-
-<p>¿Qué decir de tu opinión nueva, filósofo novel, que luchas contra
-el vulgo? ¿Es una verdad desconocida que ha de triunfar o es en el
-fondo una antigualla que debe morir? Si dices lo primero, tú y yo
-lo ignoramos. Y si respondes que tu opinión es una verdad añeja y
-autorizada (por aquello de que <i>nada se dice que antes no se haya
-dicho</i>) y me pruebas que ya otros hombres afirmaron antaño igual
-que tú, exactamente lo mismo puede afirmar y probar el que defiende un
-error, pues no hubo nunca opinión, por necia que fuere, que no hallase
-en el mundo seguidores.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span>Todo esto pugna, al
-cabo, contra mí al querer probar que nada se sabe, cuando hoy todo el
-mundo opina de diversa suerte. Pero, no obstante, algo hay a mi favor
-en el fondo de ese optimismo universal. ¿No dicen que la ciencia, para
-merecer tal nombre, ha de ser cierta, infalible y perenne? Pues ¿qué
-juzgará de la certidumbre, infalibilidad y permanencia del conocimiento
-científico el miserable anciano, por muy experimentado que fuere, al
-cerrar las últimas páginas del libro de su vida?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter" id="Ch23">
- <h2 class="nobreak">Resumen.</h2>
-</div>
-
-<p>Quedan, a mi juicio, explanados los tres términos que hay que
-distinguir en el problema del conocimiento: la cosa que ha de ser
-conocida, el ente que conoce y el conocimiento mismo. Creo haber
-mostrado la vanidad e impotencia de nuestro saber por razón de su
-materia y la incapacidad de nuestras facultades cognoscitivas para
-alcanzar algo que no sea exterior, mudable y limitado.</p>
-
-<p><i>Ciencia</i>, se dijo, <i>es el conocimiento perfecto de la
-cosa</i>; ¿y de qué cosa podemos presumir un conocimiento semejante?
-¿Puede darse el nombre de<span class="pagenum" id="Page_184">p.
-184</span> ciencia a un conocimiento cualquiera? Tanto valdría decir
-que todo el mundo es sabio; el docto lo mismo que el ignorante, los
-hombres lo mismo que los brutos.</p>
-
-<p>Y que la ciencia debe ser conocimiento perfecto nadie lo duda; la
-incertidumbre está en que sea posible llegar a conocer perfectamente
-alguna cosa. ¿En dónde y en quién hallar ese puro y perfecto
-conocimiento? Lo ignoramos también, aunque lo más racional sea decir:
-en nadie, en parte ninguna de este mundo.</p>
-
-<p>Lo dijimos ya: el perfecto conocimiento requiere un ente perfecto,
-una perfecta adecuación del entendimiento a la cosa que se pretende
-conocer. Esa perfección del ente, esa <i>comprehensión</i> intelectual
-nunca las vi. Si tú las viste, lector, escríbemelo. Y dime, también, si
-viste algo perfecto y cabal en la Naturaleza...</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p>Nada me parece necesario añadir en punto a nuestra definición de la
-ciencia y a la demostración de la tesis: <i>que nada se sabe</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>Si quieres más
-pruebas de esta cuestión, las hallarás copiosamente en el proceso de
-mis obras, en todas las cuales me propuse, directa o indirectamente,
-demostrar lo mismo. Por ahora, demos paz a la pluma y reposo también
-al pensamiento, que ya este discurso creció harto más de lo que yo
-deseaba.</p>
-
-<p>Viste, pues, lector, las dificultades que nos arrebatan la ciencia.
-Sé que no te agradarán muchas de las cosas que aquí dije y sospecho
-también que, al acabar la lectura, me reproches que no he demostrado
-nada.</p>
-
-<p>A lo menos, dije lo que pienso con toda la llaneza, sinceridad y
-rectitud que pude, ya que no quise cometer la misma falta que en los
-demás condeno: la de probar mi tesis con razones traídas por la melena,
-más oscuras y tal vez más dudosas que la cuestión.</p>
-
-<p>Es mi propósito fundar, en cuanto me sea posible, una ciencia segura
-y fácil, basándola no en quimeras y ficciones, ajenas a la realidad de
-las cosas, y útiles sólo para mostrar la sutileza y el ingenio de quien
-escribe, sino en los métodos<span class="pagenum" id="Page_186">p.
-186</span> firmes y positivos que puedan conducir a una concepción
-científica verdaderamente racional y elevada.</p>
-
-<p>No me faltaran a mí tampoco agudezas ni ingeniosas invenciones,
-como al más pintado, si en tales artificios y arrequives hallara yo
-contentamiento. Mas ¿qué deleite puede hallar un ánimo severo y libre,
-que sienta la sed de la verdad, en esas ficciones, divorciadas de la
-naturaleza, que antes engañan que instruyen y acaban por confundir lo
-falso y lo verdadero? ¿Cómo llamarle ciencia a ese tejer y destejer
-de sueños, de imposturas y delirios a esa invención de charlatanes y
-prestidigitadores?</p>
-
-<p>Tú, lector, juzgarás de todo ello: lo que aquí te pareciere bien
-recíbelo con amor; lo que aquí te disguste no lo rechaces con odio,
-pues fuera cruel hacer daño a quien intenta fustigar errores.</p>
-
-<p>Examínate a ti mismo. Si algo sabes, enséñamelo. Te daré las
-gracias.</p>
-
-<p>Yo, en tanto, ciñéndome a examinar las cosas, propondré en otro
-libro si es posible saber algo y<span class="pagenum" id="Page_187">p.
-187</span> de qué modo; esto es, cuál puede ser el método que nos
-conduzca a la ciencia en cuanto lo permita la humana fragilidad.</p>
-
-<p>Vale.</p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p><i>Lo que se enseña no tiene más virtud que la que recibe de quien
-lo enseña.</i></p>
-
-<div class="aster"><sub>*</sub><sup>*</sup><sub>*</sub></div>
-
-<p class="centra smcap mt2">Quid?</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span></p>
- <h2 class="centro g1">ÍNDICE</h2>
-</div>
-
-<table class="toc" summary="Índice de contenidos">
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdcb bb"><small>Páginas.</small></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh smcap pt05"><a href="#Ch01">Dedicatoria</a>.</td>
- <td class="tdrb asc pt05"><a href="#Page_v">V</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh smcap"><a href="#Ch02">Francisco Sánchez, al lector</a>.</td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_xi">XI</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh smcap"><a href="#Ch03">Prólogo</a>.</td>
- <td class="tdrb asc"><a href="#Page_xxiii">XXIII</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch1">Todo es cuestión de nombres. No hay
- nombre acomodado</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_9">9</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch2">La ciencia</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_16">16</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch3">Juicios lógicos</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_20">20</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch4">La demostración</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_21">21</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch5">Poco valor de los silogismos</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_25">25</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch6">¿Qué es saber?</a></td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_53">53</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch7">Elementos de la ciencia</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_59">59</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch8">Casos prácticos</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_64">64</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch9">Consecuencias</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_68">68</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch10">Otra prueba de la ignorancia</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_71">71</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch11">Etimologías</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_77">77</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch12">Variedades humanas</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_82">82</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch13">Cuestiones indecisas</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_85">85</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch14">Otra causa de nuestra ignorancia</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_89">89</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch15">Infortunio del hombre de letras</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_101">101</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch16">El conocimiento y los sentidos</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_103">103</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><span class="pagenum" id="Page_190">p. 190</span><a href="#Ch17">Pobreza del sujeto cognoscente</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_107">107</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch18">El conocimiento</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_110">110</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch19">Medios internos del conocimiento</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_129">129</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch20">De cómo la imperfección humana
- excluye un conocimiento perfecto</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_135">135</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch21">Nuevas dificultades para la
- investigación de la Verdad</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_149">149</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch22">Conclusión. Los únicos criterios de
- la Ciencia: el experimento y la crítica</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_169">169</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch23">Resumen</a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_183">183</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Notas">
- <h2 class="centro g1">NOTAS</h2>
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Un
-distinguido profesor del Mediodía de Francia, y buen amigo de España,
-Mr. Henry Pierre Cazac, me ha proporcionado algunos datos biográficos
-de gran novedad relativos a la persona de Francisco Sánchez, y que
-rectifican ciertas fechas tenidas hasta ahora por seguras.</p>
-
-<p class="ti1">Consta en el libro de Astruc <i>Mémoires pour servir à
-l’histoire de la Faculté de Médecine de Montpellier</i> que Francisco
-Sánchez, español, vino a estudiar medicina a Montpellier, y se
-inscribió por primera vez en los registros de matrícula en 1573. Es
-imposible, por tanto, que en esa fecha se hubiese graduado de doctor.
-Astruc añade que se graduó en años sucesivos; pero no dice una palabra
-de su profesorado, y en cambio advierte que Sánchez, terminada su
-carrera, pasó de Montpellier a Tolosa, en cuya Universidad obtuvo
-una regencia o cargo de regente <i>dont il s’acquitta avec beaucoup
-d’honneur</i>.</p>
-
-<p class="ti1">La dedicatoria del <i>Carmen de Cometa</i> (1578) está
-datada de Tolosa, donde Sánchez enseñó filosofía veinticinco años, y
-medicina por espacio de doce.</p>
-
-<p class="ti1">Existe en la sala de Actos de la Universidad de Tolosa
-el retrato de Francisco Sánchez con la siguiente inscripción, que
-rectifica la fecha de su muerte admitida por todos los biógrafos,
-y que también admití yo en la primera edición de este discurso. La
-inscripción dice así: <i>«Franciscus Sanchez Lusitanus, antecesor
-regius saluberrimæ facultatis medicinæ in alma Universitate tolosana,
-profesor. Obiit anno MDCXXIII ætatis suæ LXX.—Quid? Liberalium artium
-cathedram prius occupaverat.»</i></p>
-
-<p class="ti1">El <i>Quid?</i> es muy significativo como divisa
-escéptica, y ninguna otra tan apropiada para ponerse al pie de un
-retrato de nuestro filósofo. El cambio de 1623 por 1636 se explica
-fácilmente por un trastrueque de letras, que ha venido pasando de unos
-a otros escritores.</p>
-
-<p class="ti1">Sánchez dirigió por espacio de treinta años el hospital
-de Santiago de Tolosa, según la <i>Biographie Toulousaine</i>.</p>
-
-<p class="ti1">Describiendo el retrato de Sánchez, conservado en Tolosa
-(donde también está el de Raimundo Sabunde), me dice el Sr. Cazac que
-piensa reproducirle al frente de su versión francesa de este discurso:
-<i>«Tête longue avec une expression de finesse, qui n’exclut pas une
-certaine bonhomie.»</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Consta
-que existieron otros tres, citados en el <i>Diccionario</i> de Moreri:
-<i>Método Universal de las Ciencias</i>, en castellano: <i>Examen
-Rerum, Tractatus de Anima</i>. Gran descubrimiento sería el de estos
-libros, que quizá existan aún en algunas bibliotecas del Mediodía de
-Francia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> No se
-saben solamente las cosas que se <i>demuestran</i>, sino también las
-que se <i>intuyen</i>. No es el único ni siquiera el principal criterio
-de verdad la <i>razón</i>; lo son también la <i>inteligencia</i> o
-potencia intuitiva del mundo exterior y la <i>conciencia</i> o potencia
-intuitiva del mundo interior; ellas, aparte de los sentidos.</p>
-
-<p class="ti1">En este argumento apóyase gran parte del sofisma de los
-escépticos.</p>
-
-<p class="ti1">Que <i>yo existo</i>, que <i>el mundo existe</i>, etc.,
-no sólo no se demuestran, sino que no admiten demostración, como ningún
-axioma ni del mundo empírico ni del mundo ideal. Basta que el objeto se
-presente debidamente a la facultad suficientemente dispuesta para que
-el conocimiento se verifique: para saber que existe este libro, que lo
-estás leyendo, caro lector, te basta tenerlo delante, sin que nadie te
-lo demuestre. <i>Nota del Trad.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> Es
-decir, ya sé menos todavía en eso de andar por géneros próximos y
-diferencias específicas... <i>N. del T.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a>
-Aristóteles.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a>
-Aristóteles y sus discípulos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> No se
-sabe solamente lo que se prueba. Las más de las cosas las sabemos por
-intuición. No podrás <i>probar</i> que existe este libro que estás
-leyendo, lector amable, pero sabes <i>ciertamente</i> que existe por
-que lo <i>intuyes</i>. Obsérvese que ahí estriba todo el sistema
-escéptico, en ese falso concepto del valor de los criterios de verdad y
-de certeza. <i>Nota del Trad.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a>
-Recuérdese que <i>Barbara</i> es una palabra bárbara con que los
-escolásticos exagerados por amaneramiento y extremos de sutileza
-expresaron uno de los modos del silogismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Pronto
-se dejó sentir nuestro colosal esfuerzo colonizador en América.—(<i>N.
-del T.</i>)</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="figcenter mt3">
- <img class="thin"
- style="width: 20em; height: auto;"
- src="images/cover-back.jpg"
- alt="Contracubierta del libro" />
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK QUE NADA SE SABE ***</div>
-<div style='text-align:left'>
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- </div>
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-</div>
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-</div>
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-1.F.
-</div>
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-</div>
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-</div>
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-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
-Defect you cause.
-</div>
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-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-
-</body>
-</html>
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deleted file mode 100644
index 79675ac..0000000
--- a/old/65937-h/images/i024.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/65937-h/images/i054.jpg b/old/65937-h/images/i054.jpg
deleted file mode 100644
index 3cce4b9..0000000
--- a/old/65937-h/images/i054.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/65937-h/images/i056.jpg b/old/65937-h/images/i056.jpg
deleted file mode 100644
index 514fdb4..0000000
--- a/old/65937-h/images/i056.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ