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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: La familia de Doctor Pedraza - -Author: Vicente Blasco Ibáñez - -Illustrator: Varela de Seijas - -Release Date: June 28, 2021 [eBook #65719] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Chuck Greif, Biblioteca Nacional de España and the Online - Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA *** - - - - - LA NOVELA DE HOY - - Director: ARTEMIO PRECIOSO - - Oficinas: MENDIZÁBAL, 42, 2.º 1-4 Apartado número 473 - - Año 1 Madrid, 3 Noviembre 1922 Núm. 25 - - - - - La familia del doctor Pedraza - - NOVELA - - POR - - Vicente Blasco Ibáñez - - Ilustraciones de VARELA DE SEIJAS - - NÚMERO EXTRAORDINARIO - - MADRID - - SUCESORES DE RIVADENEYRA (S. A.) - - Paseo de San Vicente, 20 - - 1922 - - - - - OBRAS DE - - VICENTE BLASCO IBÁÑEZ - - - NOVELAS A CINCO PESETAS - -=Arroz y tartana.--Flor de Mayo.--La Barraca.--Entre naranjos.--Sónnica -la cortesana.--Cañas y barro.--La Catedral.--El Intruso.--La Bodega.--La -Horda. La maja desnuda.--Sangre y arena.--Los muertos mandan.--Luna -Benamor.--Los argonautas= (dos tomos).--=Los cuatro jinetes del -Apocalipsis.--Mare nostrum.--Los enemigos de la mujer.--El préstamo de -la difunta.--El paraíso de las mujeres.--La tierra de todos.= - - - CUENTOS A CINCO PESETAS - - =La Condenada.--Cuentos valencianos.= - - - VIAJES A CINCO PESETAS - - =Oriente.--En el país del arte.= (Tres meses en Italia.) - - - ARTÍCULOS A CUATRO PESETAS - - =El militarismo mejicano.= - - Estas obras, encuadernadas en tela, una peseta de aumento el - volumen.--De venta en todas las librerías y bibliotecas de las - estaciones de ferrocarril. - - - PARA LOS PEDIDOS - Editorial PROMETEO.--Valencia - - [Illustration] - - - - - A manera de prólogo - - - Hablando con Blasco Ibáñez. - -_La mejor obra de Blasco Ibáñez, aun siendo por tantos conceptos -admirable cuanto ha salido de la pluma, del insigne valenciano, será su -autobiografía, cuando el maestro se decida a plasmar impresiones, -anécdotas y aventuras de su vida interesantísima..._ - -_--Es que mi vida no ha terminado aún--me decía un día--¡Quién sabe si_ -ahora comienza!... - -_--No, Maestro. Usted_ ha llegado, _pero de la manera_ completa _que -todos los verdaderos artistas deben alcanzar, saboreando las caricias de -la Gloria Universal, y al propio tiempo gustando de las comodidades y -magnificencias que proporciona el dinero... Y aunque en su vida futura -puedan existir hechos y apoteosis superiores a los de hoy--si es que -esto es posible--, ¿acaso no podría usted volcar en un tomo las -impresiones y acciones de su vida hasta ahora? ¿Por qué, entonces, no -comenzar ya la hermosa tarea, que será, no lo dude usted, superior a_ La -barraca, _con ser esta novela una obra-cumbre?_ - -_--Si llevo vida de millonario--decíame en la intimidad otro día--, no -soy digno de envidia. Trabajo doce o catorce horas diarias para atender -a los compromisos adquiridos con revistas y editores de Europa y -América... Además, la gente ve el resultado final de una vida de -continua producción, pero ignora lo que he tenido que sufrir y trabajar -para obtener eso. Baste decir que jamás fuí tertuliano de ningún café, -ni perdí el tiempo figurando en grupitos literarios, infecundos y -murmuradores. Tal vez el haberme dedicado a la política revolucionaria -desde los diez y siete años me libró de esa vida de pereza y crítica -negativa que ha atrofiado las facultades de tantos jóvenes en nuestro -país._ - -_--Realmente no parece usted un español. ¡Tiene usted alma de -norteamericano!_ - -_--Eso me han dicho muchas veces, hasta cuando me vieron de cerca en -Estados Unidos. Muchos yankees esperaban asombrarme con la prodigiosa -actividad de su país, y finalmente los periódicos de allá acabaron por -reconocer que en punto a voluntad enérgica y a potencia productora yo -podía figurar entre los más fuertes de sus compatriotas._ - -_El gran novelista español tiene en su vida un éxito material que pocas -veces se ha visto._ - -_Un día, estando en su regia posesión de la Costa Azul--y perdone el -maestro tan poco republicano adjetivo--, le visitó el presidente de una -de las más grandes casas cinematográficas de Nueva York. Venía a -comprarle sus derechos de autor de_ Los cuatro jinetes del Apocalipsis -_para hacer con esta novela--famosísima en el mundo entero-y de la cual -se han vendido en Estados Unidos cerca de dos millones de ejemplares--un -film de gran espectáculo. Y le entregó por dicha autorización 200.000 -dólares, o sea más de un millón de pesetas. ¡Eso es recibir una visita -grata!... Pero hay que recordar que la citada novela la vendió en 1916 -en 300 dólares a la traductora inglesa, y que ésta se ha enriquecido con -ella, así como los editores, sin que Blasco Ibáñez recibiese un céntimo -más. Justo es que la Providencia, en forma de Empresa cinematográfica, -le haya proporcionado esa magnífica compensación._ - -_--¿Usted sigue siendo republicano?_ - -_--Lo seré mientras viva. Yo no soy un político; no lo he sido nunca. -Soy un romántico de la República. A veces pienso como digno final de mi -existencia morir lo mismo que aquel viejo desconocido que muere en_ Los -Miserables _sobre una barricada, sin que nadie sepa su nombre, sirviendo -de bandera a la juventud revolucionaria. No quiero volver a la actividad -política para ser un político..., un diputado. Hay veinte mil españoles, -por lo menos, que pueden ser diputados, tan bien o mejor que yo lo fuí -durante muchos años. Españoles que puedan escribir novelas y las hagan -leer a los públicos de toda la tierra, son indudablemente algunos menos. -Yo creo servir a mi país haciendo lo que hago ahora: novelas. Y si algún -día renacen en España los movimientos para implantar la República, -entonces yo, aunque tenga ochenta años..._ - -_El brillo de los ojos del famoso novelista parece terminar esta -profesión de fe, verdaderamente de_ “romántico”, _eternamente joven. -Luego queda pensativo y añade:_ - -_--Dicen que disminuye el número de los republicanos en España. Esto no -significa nada. En veinticuatro horas una nación entera puede pasar de -monárquica a republicana. Además, no me impresiona que aumenten las -deserciones y se abran claros en las filas. Yo repito el verso del -inmenso Hugo en una situación semejante, cuando Napoleón III parecía -victorioso para siempre, y cada vez eran menos los republicanos en -Francia: “Si sólo queda uno, ése seré yo.”_ - ---_La literatura de nuestro país hoy..._ - ---_Hay muchos novelistas jóvenes a los que leo con verdadero deleite. -Todo el que trabaja y expresa sinceramente su manera de ver la vida, -tiene en mí un admirador. Lo único que les falta a algunos de ellos es -asomarse al mundo, vivir en otros ambientes, respirar otros aires, -renovarse..._ - -_La charla de Blasco Ibáñez está a su altura como escritor. Me gusta -casi tanto cuando habla como cuando escribe. A veces es mordaz, irónico, -y en dos palabras tajantes va al resumen de la cuestión._ - ---_¿No ha hablado usted nunca con el Rey?_ - -_El novelista me mira. ¿Quiere sondar con su mirada de estilete la -intención de mi pregunta? Ha debido ver en mis ojos lealtad, cuando -tranquilamente, pausadamente, me responde:_ - ---_No; no he hablado nunca con el Rey. ¿Qué motivos hay para ello?... Si -escribiese novelas, tal vez me interesaría verle. No digo que no acabe -haciéndolas, pues según dicen ha nacido con variadísimos talentos para -todo; pero hasta el presente sólo ha hecho discursos... Viviendo en el -extranjero, como yo vivo, bien podría ocurrir alguna vez que me -encontrase con él en sus viajes, y hablásemos. Fuera de España no hay -política; todos somos españoles._ - -_Blasco Ibáñez añade:_ - ---_Yo soy amigo particular de otro rey de España, que no está sentado en -el trono, pero cuyos derechos a la Corona sostienen aún muchos -españoles. Algunas tardes veo a Don Jaime de Borbón y echamos un párrafo -con la alegría de dos compatriotas que se encuentran en tierra -extranjera._ - -_Don Jaime ha comprado una propiedad agrícola en los alrededores de -Niza; Blasco Ibáñez tiene su poética “Fontana Rosa” en Menton; entre -estas dos ciudades cercanas de la Costa Azul viene a ser Montecarlo un -lugar intermedio, y es en el Casino de Montecarlo donde se encuentran -con frecuencia el pretendiente al trono de España y el novelista, como -dos vecinos._ - ---_El tiene sus creencias y yo las mías. Somos dos españoles que amamos -a España, cada uno a su modo, y nunca reñimos. Además, Don Jaime posee -la más sólida y positiva de las ilustraciones; la que no se adquiere en -los libros, sino viajando. ¡Ojalá todos sus partidarios y los más de los -españoles hubiesen hecho lo mismo!... El ha corrido una gran parte de la -tierra; yo no he viajado menos que él, y eso hace que nos entendamos -perfectamente, con la tolerancia y el mutuo respeto de dos hombres que -se libertaron de esas estrecheces de criterio y miserias mentales que -sufren los que no han salido nunca de “la sombra de su campanario”. -Además, lo repito: somos dos buenos españoles, y hay que vivir fuera de -España para saber lo que representa esto como fuerza atractiva._ - -_--Y si España peligrase, maestro, ¿abandonaría usted su dorada y -altísima Torre del Arte para acudir?_ - -_Los ojos del maestro llamean de patriótica exaltación._ - -_--¡Claro que sí!... ¿Acaso hay quien crea que porque no resido -habitualmente en España no la quiero y venero tanto como el que más? ¿No -presto yo mejor servicio a mi Patria estando fuera de ella que si -viviese aquí como uno de tantos españoles?..._ - - * * * * * - -_En la terraza del Casino de Madrid, a los postres, hablamos de España, -de Europa, del mundo..._ - -_--Sí, indudablemente España progresa--dice el eminente novelista--, -pero el progreso que se ve es “material”; un progreso de ladrillos -puestos unos sobre otros y de nuevas calles en las ciudades. Pero -progreso moral, espiritual, intelectual... ¡lo dudo un poco! La vida -sigue siendo aquí dura, agresiva y áspera. Aún no hemos aprendido “la -dulzura de vivir”. Yo_ YA _no podría residir aquí continuamente, como -en otro tiempo. Al que viene de fuera, le parece que todo en este -ambiente le molesta y le pincha... Para las mujeres no hay respeto, sino -procacidad, grosería... Los hombres, ante una mujer hermosa parecen -lobos hambrientos... Es triste, pero es cierto..._ - -_--Sí--interrumpo--, aun los que todavía no hemos vivido, ni viajado, ni -aprendido, ni visto lo que usted, comprendemos con dolor y con tristeza -que España, en estos aspectos de que hablamos, es una aldea, una pobre -aldea sin botica, pero con cura... Una aldea en la que, naturalmente, -todo llama la atención: la mujer hermosa, los brillantes, las pieles, -las pantorrillas, los hombres altos, los hombres flacos, los hombres -gordos... ¡hasta las mujeres feas despiertan estupor! Y luego, todo se -toma por la tremenda, por lo trágico, en cobardes huídas del ingenio... -Tiene usted las corridas de toros..._ - -_--No me hable usted de las corridas de toros--interrumpe ahora el -maestro--¿Para qué hablar de tan cobarde espectáculo? El caballo, amigo -fiel del hombre, que le ayuda en todo, encuentra como premio a su vida -abnegada la plaza de toros, donde se le somete a los más infames -martirios... No hablemos, no hablemos de las corridas de toros..._ - -_Pasamos a conversar de otra cosa que interesa particularmente al -novelista: el viaje que va a hacer alrededor del mundo._ - -_En noviembre del año próximo 1923, Blasco Ibáñez irá a Nueva York para -embarcarse en un gran yacht que dará la vuelta a la tierra. Es un viaje -organizado para millonarios norteamericanos, a juzgar por lo que cuesta. -Un centenar de pasajeros hará esto, circunnavegación en un -transatlántico de 20.000 toneladas, convertido en yacht. Después de -visitar muchas islas de Oceanía, el Japón, Corea, China, Java, la India, -Ceilán, Egipto, etc., el novelista bajará a tierra en Montecarlo, único -puerto de Europa en que tocará el yacht, y se irá tranquilamente a su -villa “Fontana Rosa” en el tranvía de Menton (veinte minutos), o en uno -de sus dos automóviles, mientras el buque continúa navegando hacia Nueva -York con los demás pasajeros._ - -_Esto se llama vivir en nuestro planeta como si fuese casa propia._ - - * * * * * - -_Referir cuanto hemos oído al maestro durante su última estancia en -España, sería labor prolija._ - -_Vicente Blasco Ibáñez es el más alto y más sólido prestigio literario -de la España de nuestros días, y uno de los primeros novelistas del -mundo, como lo han declarado famosos críticos de Europa y América._ LA -NOVELA DE HOY _experimenta verdadera satisfacción al decir a sus -lectores: el maestro, el glorioso autor de_ La barraca, _de_ Entre -naranjos, _de_ Mare Nostrum, _de_ Los cuatro jinetes del Apocalipsis, -_de tantas obras famosas, leídas y saboreadas por millones y millones de -almas, traducidas a todos los idiomas, el maestro Blasco Ibáñez, el -insigne valenciano, el célebre español aclamado por los más diversos -públicos, colaborará asiduamente en nuestras páginas._ - -_¡Salud, maestro! Hasta su próxima novela, y hasta la visita que le -prometí en la Costa Azul, le abraza su devoto_ - -[Illustration] - -[Illustration] - - - - - La familia del doctor Pedraza - - - - -I - - ---Yo también--dijo Serrano--conocí, como algunos de ustedes, al doctor -Rómulo Pedraza. No siempre he vivido en París, pasando mis noches en los -restaurants de Montmartre. Para reunir la modesta fortuna que me permite -llevar mi existencia presente, anduve muchos años por América ejerciendo -diversos oficios y conociendo los más rudos altibajos de la suerte. - -Estando en Argentina hablé por primera vez con el doctor Pedraza. Yo no -vivía en Buenos Aires. Me había metido en empresas de colonización y -roturaba muy lejos de dicha ciudad unas tierras que estaban esperando -desde el principio del planeta al hombre que se preocupase de hacerlas -productivas. - -La necesidad de adquirir dinero me obligaba a visitar con frecuencia la -capital de la República. Pero como los Bancos se negaron finalmente a -hacerme más préstamos dudando del éxito de mi colonización, tuve que -buscar, para seguir adelante en mi negocio, el auxilio del Banco -Hipotecario Nacional. Con lo que me diesen los altos y poderosos -directores de este establecimiento, dependiente del Gobierno, podría -pagar la mayor parte de mis deudas a los Bancos particulares, recobrando -mi prestigio financiero, y terminaría, igualmente, los trabajos de -roturación, que iban a centuplicar el valor de mis tierras. - -Me quedé en Buenos Aires por mucho tiempo, dispuesto a no volver a mi -propiedad hasta ver aceptadas mis pretensiones por el Banco Hipotecario. -No era empresa fácil, ni rápida. Como muchos de ustedes no han estado -allá, ignoran cómo se hacen los negocios en la mayor parte de los países -americanos de habla española. - -Todo lo que tiene una relación, más o menos lejana, con el Gobierno debe -desarrollarse pausadamente y tras largas esperas. Si se resuelven los -negocios con rapidez y en pocas horas, pueden creer los maldicientes que -se ha hecho algo ilegal para obtener ganancias enormes. Por eso en toda -oficina pública le responden a usted ordinariamente: “Vuelva mañana”; y -este mañana, que será el día de la resolución del asunto, tarda meses o -tarda años. - -Yo, pobre español, metido en trabajos importantes con poco dinero, falto -de protectores, y que además no estaba casado con una señora del -país--alianza que proporciona un apoyo semejante al de la solidaridad de -la antigua tribu--, tuve que oír muchas veces “Vuelva usted mañana” y -esperar semanas y semanas en las oficinas del Banco Hipotecario a que -llegase mi “mañana”, o sea la concesión del préstamo. - -Durante mis monótonas esperas en la antesala del presidente de dicho -Banco vi por primera vez al doctor Pedraza, recibiendo la regia limosna -de su protectora conversación. - -Otra advertencia que considero necesaria para todos los que me escuchan -y no han estado allá. Este doctor Pedraza era llamado “doctor”, no -porque fuese médico, sino por ser abogado. - -Desde Tejas al cabo de Hornos, en todas las repúblicas, los abogados son -tan numerosos como los generales; y esto es decir algo. Pero en las -repúblicas de la América que podemos llamar de arriba, los titulan -simplemente “licenciados”, y abajo, en la Argentina y otros países, -“doctores”. - -He visto en el Archivo de Indias, de Sevilla, una súplica dirigida al -rey de España por los primeros habitantes de Buenos Aires pidiendo que -fuesen enviados a la ciudad naciente hombres de todas las profesiones, -menos abogados, por ser la tal carrera nociva para la paz y la -prosperidad de un país. Estos colonos de hace tres siglos adivinaban con -prodigiosa anticipación las futuras calamidades de su patria. Hay quien -asegura que si en la Avenida de Mayo o la calle Florida--lo más céntrico -y concurrido de Buenos Aires--alguien grita en plena tarde “¿Doctor?”, -cincuenta transeuntes se detienen al mismo tiempo y vuelven la cabeza -creyéndose llamados. Algunos van más lejos y afirman que si el grito se -repite varias veces pueden ser tantos los atraídos por él, que la -circulación quede interrumpida. Pero esto último no debe ser tenido, en -mi opinión, por rigurosamente exacto. - -Después de tales explicaciones, les diré que el doctor Pedraza, como -tantos otros doctores de su país, era un abogado de lujo que nunca había -ejercido su profesión y cuando tenía que acudir a los tribunales por -asuntos propios buscaba el auxilio de algún colega con “estudio” -abierto. El título de doctor es como una distinción nobiliaria en -aquella tierra de régimen democrático, crisis periódicas y riqueza -incesantemente renovada, que surte a una gran parte de la Humanidad de -panecillos y bifteques. - -El doctor Pedraza se dedicaba a los negocios lo mismo que muchos -argentinos de su generación. En su primera juventud había desempeñado -una cátedra de Derecho en la Universidad de La Plata como profesor -substituto; luego ocupó varios cargos políticos en la provincia de -Buenos Aires, llegando, finalmente, a ser diputado nacional. Pero su -palabra reposada y majestuosa, que se detenía, abriendo largas pausas, -para cazar las expresiones más retorcidas y sonoras, no aspiraba a los -triunfos parlamentarios. Su posición social y las necesidades suntuosas -de su familia exigían mucho dinero, y sólo le era posible obtenerlo -honradamente dedicándose en absoluto a los negocios. - -Compraba campos--las más de las veces sin conocerlos--y los vendía, -valiéndose para tan enormes transacciones de las cantidades que le -prestaban los Bancos. Al mismo tiempo dirigía desde Buenos Aires una -rica estancia heredada de sus padres y otra no menos importante que su -esposa había aportado como dote. Era un personaje cuyo nombre figuraba -casi todos los días en la crónica social de los diarios de Buenos Aires; -“un exponente representativo de la alta vida del país” como decía él con -su lenguaje rebuscado. - -Alto de talla, fuerte y de inconmovible salud tenía la gallarda soltura -de miembros de todos los hombres de allá, criados en las estancias, que -aprenden a montar a caballo antes de saber andar. Al mismo tiempo que -ágil, era recio de cuerpo y carnudo. No pueden ser de otro modo en una -tierra donde los destetan de niños con carne asada. - -Este buen mozo, de porte señoril, rostro aguileño y largos bigotes, -cuidaba de su indumento como en los años que aún era muchacho y sentía -sus primeros impulsos amorosos hacia la que después fué su esposa. -Siempre vi sus pies, pequeños y arqueados como los de una mujer, en un -encierro de brillante charol. Nunca le encontré, a partir de las -primeras horas de la tarde, que no vistiese chaqué y llevase sobre la -corbata una perla que parecía caída del turbante de un rajah. Jamás, al -extenderse la noche sobre Buenos Aires, dejé de encontrar al doctor -Pedraza puesto de _smoking_, si iba a comer con los amigos en el Jockey -Club, o de frac, para acompañar a su familia al teatro Colón. - -Su esposa y sus seis hijas no le hubiesen permitido la menor falta a las -reglas que debe observar todo _gentleman_ en uno u otro hemisferio de la -tierra. Y el elegante doctor, hombre enérgico a sus horas y temible en -el manejo de las armas, era incapaz de oponer resistencia a los -caprichos y órdenes de las mujeres de su familia. - -[Illustration] - -Este hombre, que gastaba muchos miles de pesos en el adorno de su -persona, no había dado que murmurar a sus enemigos y envidiosos con la -más pequeña aventura pasional. Se acicalaba para la gente de su casa; -para gustar a su mujer; para que le admirasen sus niñas con esa -satisfacción orgullosa que siente toda joven cuando contempla las -elegancias y seducciones del género masculino a través de su padre. - -Para el doctor Pedraza no había nada más allá de su familia. Ella le -inspiró el más extraordinario de los heroísmos... Porque sepan ustedes -que el hombre que les voy describiendo fué un héroe más grande que los -héroes de la guerra o de la ciencia. Estos mueren por la gloria, -orgullosos de su muerte y ganosos de que todos la conozcan. - -Pedraza, héroe obscuro, al desaparecer de un modo que no hiciese -sospechar a nadie su sacrificio, resulta más admirable. - -Ustedes se convencerán de ello si tienen paciencia para seguir -escuchándome. - - - - -II - - -Un cambio enorme se ha realizado durante los últimos cincuenta años en -el interior de las familias acomodadas; algo tan importante como una de -esas revoluciones que trastornan la organización política de un país o -la forma de la propiedad. - -Pero como esto sólo ocurre entre las gentes de dinero, que son las -menos, la tal revolución ha pasado algo inadvertida hasta el presente y -sólo se dan cuenta de ella los que sufren sus efectos. - -Hace medio siglo, cuando un hombre se arruinaba voluntariamente, y no a -causa de malos negocios, era casi siempre por el amor o por el juego. -Una llamada “artista”, o una profesional, con sus dientecitos -incansables había ido royendo la fortuna del pobre señor. Mientras -tanto, la esposa vivía obscuramente en su casa, haciendo economías para -remediar las locuras del marido, y las hijas, bajo la dirección materna, -llevaban una existencia de sobriedad monjil. - -Vestir con modestia era signo de distinción social. Las joyas vistosas, -los trajes originales, los despilfarros, parecían un vergonzoso -privilegio de las “artistas”, de las mundanas, de todas las criaturas -brillantes, peligrosas y efímeras mantenidas al margen de la alta -sociedad. La mujer decente, la madre de familia, debía ser económica, -modesta, opaca, y ahorrar en su casa, mientras el marido gastaba fuera -de ella. Las alas de mariposa eran para las mujeres “malas”, para las -criaturas versátiles y locas sin otra preocupación que danzar en torno -a la llama que acaba por quemarlas. - -La existencia de muchos hombres resultaba parecida a la de los antiguos -ciudadanos de Atenas, fieles visitantes de las hetairas de moda, para -discurrir con ellas sobre el amor, los prodigios de las artes y el lujo, -mientras la mujer legítima hilaba en el gineceo, se ocupaba de la -limpieza de sus pequeños y ordenaba el trabajo de los esclavos. - -Pero un día la mujer moderna se dió cuenta de la inferioridad que -significaba continuar siendo señora decente; de la injusticia con que -procedía el hombre con ella mostrándose económico en el hogar y -despilfarrador con las hembras encontradas en la calle o en el teatro. - ---Si nuestros maridos o nuestros padres--dijeron muchas--desean -arruinarse por una mujer, que sea por nosotras. Nos pintaremos, nos -vestiremos y devoraremos el dinero, lo mismo que las otras. Eso se -aprende con facilidad. Sabremos hacerles conocer, igual que ellas, los -refinamientos de un lujo disparatado y el orgullo de pagar lo mucho que -cuesta. Si han de tirar una fortuna por vanidad, a lo menos que su -locura sea aprovechada por las de la casa. Acicalémonos como las -profesionales y tengamos sus mismas exigencias... - -Total: que hoy todas las mujeres se adornan del mismo modo, se permiten -iguales audacias en público, y uno no puede distinguir, como antes, la -señora de la que no lo es. El único indicio para no equivocarse es tener -por señora a la que menos parece serlo. Las mujeres decentes muestran en -la actualidad el atrevimiento del neófito que acaba de entrar en una -religión nueva, la audacia del esclavo recién libertado. - -Algunos dicen que esta gran revolución en la vida doméstica ha venido a -Europa desde América en los últimos cincuenta años; como los _Palaces_, -como la afición exagerada al baile, como los _jazz-band_ y tantas cosas -contemporáneas. Otros afirman que no ha sido precisa la influencia -americana para esto, pues en todo tiempo han existido en Europa esposas -que arruinaron a sus maridos. Pero aunque así fuese, representó en su -época una excepción, y de ningún modo algo general y corriente como en -nuestros tiempos. - -El hecho es que ahora, cuando se pregunta: “¿Cómo se arruinó Fulano de -Tal?”, se escucha con frecuencia la misma respuesta: “Al pobrecito lo -arruinaron su mujer y sus hijas.” - -Esto tiene una explicación lógica. En los tiempos presentes, amigos -míos, la mujer resulta más cara que nunca. Es empresa difícil sostener -el lujo de una señora decente. Ríanse ustedes de las magnificencias de -ciertas mujeres célebres que figuran en la Historia. El lujo de antes -era deslumbrador, pero consistía principalmente en alhajas; es decir, -en algo duradero y que representaba un capital, guardado en reserva. Un -hombre, al hacer entonces regalos ostentosos a su mujer, iba depositando -en realidad dinero para el porvenir en la caja fuerte de su casa. Lo -terrible es el lujo de ahora: lujo de trapos, de blondas, pieles y -plumas, cosas todas que duran un par de meses, o cuando más un par de -años, que se ajan con facilidad y sólo pueden admirarse unos días, pues -carecen de la seducción sólida, inconmovible, eterna, de las piedras -preciosas. - -Ustedes habrán oído hablar de Madame Recamier. Todo París estaba a sus -pies hace un siglo. Era la mujer más elegante de su época. Los guerreros -napoleónicos, los santos padres del naciente romanticismo, los hombres -de moda, necesitaban ir todas las tardes a su tertulia, que era como una -consagración. La divina Julieta estrenaba diariamente un vestido; lo -llevaba unas horas nada más, y lo regalaba después a su doncella. -¡Trescientos sesenta y cinco vestidos al año!... - -Pero el valor de cada uno de ellos equivalía, según testimonio de los -indiscretos de aquella época, a unos tres francos cincuenta céntimos. -Eran túnicas blancas de lino o de batista, sobre las cuales colocaba la -divina Recamier una faja de seda celeste, y su belleza rubia no -necesitaba - -[Illustration] - -más para tenderse en un diván, rematado por cuellos de cisne, a escuchar -los lamentos ossiánicos de un arpa o los versos recitados por su amigo -Chateaubriand. - -Ahora, una mujer tenida por elegante se considera deshonrada si lleva -vestidos de menos de mil francos. Lo corriente es que valgan dos mil. Y -lo mismo ocurre con el sombrero, las botas, etcétera. Además, la pobre -Recamier haría reír a nuestras amigas si intentase deslumbrarlas -cambiando cada día de vestido. Un vestido por día: ¡qué suciedad!, ¡qué -atraso!... Una mujer _chic_ cambia ahora ritualmente de vestido tres -veces al día, cuando menos, y debe preferir la muerte antes de conocer -la deshonra de que sus compañeras la sorprendan dos días seguidos -llevando las mismas ropas. - -Aquellas cortesanas y comediantas, lujosas como la reina de Sabá y -devoradoras de millones, que todos hemos conocido en el teatro y en los -libros al describir la vida de París de hace medio siglo, son ya -personajes fantásticos de comedia y de novela. Sólo existen en la -imaginación de las gentes crédulas. Vayan ustedes a las joyerías de la -plaza Vendôme, a los modistos de la rue de la Paix y demás proveedores -del lujo femenino; pregúntenles por las “artistas” de costumbres ligeras -y por las mundanas célebres, que deben ser sus mejores clientes, y -verán cómo tuercen el gesto: - ---Eso era en otros tiempos, señor. Ahora las gentes de tal clase no nos -convienen; sólo saben hacer deudas. Ya no hay grandes duques rusos que -las protejan. Unicamente quedan agentes bolcheviques, que vienen de allá -llevando varios millones para la propaganda roja y los gastan con -bailarinas viejas que admiraron en su juventud de bohemios hambrientos. -Pero son tan pocos, que esto no significa nada. Háblenos usted de -señoras decentes; de mamás y de niñas. Esa es la verdadera clientela de -nuestra época. Los millonarios de América y de Europa ya no gastan el -dinero más que en las mujeres de su casa. El despilfarro y la locura -marchan ahora del brazo con la moral. - -Y los tales comerciantes, si fuesen capaces de hablar con esta -franqueza, dirían la verdad. Hay ahora niña casadera que antes de los -veinte años presenta a su papá cuentas de modisto y de otros proveedores -más enormes que las que pagó su abuelo ocultamente cuando se dedicaba a -proteger bailarinas o a dar a conocer al mundo el talento de alguna -comediante joven y de buen rostro. - -La familia del doctor Pedraza era de esta clase. La eterna preocupación -del prócer argentino consistía en ser rico, enormemente rico, para que -su familia, compuesta toda de mujeres, no experimentase ninguna -privación en sus deseos de lujo. - -Cada vez que el doctor encontraba en los relatos de fiestas -aristocráticas publicados por los diarios a “la distinguidísima señora -de Pedraza y sus lindas e interesantes hijas”, sentía la misma emoción -de vanidad satisfecha, el mismo legítimo orgullo del artista que ve -elogiadas sus obras. - -Para él, su mujer era la primera dama de Buenos Aires y sus hijas -estaban destinadas a casarse con los jóvenes más ricos del país. Y esta -admiración por su cónyuge se convertía en obediencia absoluta a todas -sus indicaciones, como si la considerase incapaz de equivocarse en los -asuntos concernientes a la familia. El, para los negocios, para ganar -dinero; y su esposa, para la vida de alta sociedad, para gastar con -“distinción”. - -No resultaba extraordinario que después de veinte años de matrimonio -siguiese tan enamorado de su esposa. Doña Zoila (allá no son raros -nombres como éste) era una hermosa mujer: la patricia argentina, madre -de numerosa familia, que mantiene intactas la belleza y la gracia de la -primera juventud y muestra todavía un gran atractivo femenil rodeada de -sus nietas. Esta matrona, de ojos negros y arrogante estatura, guardaba -todas las magnificencias físicas de una raza sana y fuerte, que adopta -por moda los enervamientos del lujo, pero no ha sido vencida aún por -ellos. - -Doña Zoila era la primera invitada a toda fiesta. Su opinión equivalía a -una ley; ella indicaba lo que era distinguido y lo que debía ser -considerado como “guarango”. Se estremecía de orgullo al declarar que -todas sus ropas procedían de París y que los grandes modistos de allá se -preocupaban del adorno de su persona, salvando el obstáculo de tres mil -leguas oceánicas. Cuando llegaban los comisionistas de la rue de la Paix -a Buenos Aires, apenas habían empezado a desenfardar en el hotel sus -modelos para la estación próxima, a la primera que avisaban era a -“Madame Pedraza”. Contaban con ella como gran compradora, y además sus -gustos y sus recomendaciones eran seguidos por mucha gente. - -Después de su reputación de mujer elegante, lo que más apreciaba ella al -conversar en los salones con algún extranjero era poder decir: - ---Y tal como usted me ve, soy madre de seis señoritas. - -Una maternidad tan corta representaba para ella una humillación, y se -apresuraba a añadir: - ---Una hermana mía tiene diez y ocho hijos; muchos de ellos varones. - -Esto es natural en un país poco poblado, que sólo cuenta un habitante -por kilómetro. Mientras los dueños de estancia fomentan la cría de sus -reses, en las ciudades, las esposas se afanan por aumentar el número de -ciudadanos. - -Además, amigos míos, aquellas mujeres que llevan en sus entrañas el -porvenir de su país son sanas y prolíficas, con la frescura y la salud -de un pueblo joven. Como la riqueza las impulsa a aceptar los caprichos -de la moda, a lo mejor se resignan a sufrir los tormentos del hambre -para ser extremadamente delgadas. “Hay que conservar la línea.” Pero a -pesar de su demacración elegante y su agostamiento distinguido, no -pueden ocultar la solidez del andamiaje interno, el noble vigor de sus -antecesores los centauros de la pampa. Parecen, por lo flacas, que -acaban de salir de una ciudad sitiada, o de un transatlántico con -averías en alta mar que sometieron a los pasajeros a la media ración. -Pero que la moda les dé permiso para comer y renacerán esplendorosas, -como surge el trigo en la llanura argentina cuando llueve largo. - -Decía, señores, que el doctor Pedraza amaba y admiraba al mismo tiempo a -su esposa. Ni una sola vez había contestado negativamente a las -peticiones de doña Zoila, y eso que la señora no reconocía límites ni -escrúpulos en los gastos para sostener, como ella decía, “el prestigio -de la familia”. Habitaban una casa nueva, grande y elegante en las -cercanías del Parque de Palermo; estaban abonados invariablemente a uno -de los mejores palcos del teatro Colón durante la temporada de ópera, y -a otros palcos en diversos teatros. En Buenos Aires no abundan las -fiestas de sociedad, y el llamado “gran mundo” se ve y se habla durante -los entreactos en las representaciones tenidas por elegantes. Su -servidumbre era numerosa. Poseían tres automóviles: uno, el de -“negocios”, para el señor, y otros dos que empleaban la señora y las -niñas para visitas o excursiones. - -Doña Zoila enviaba a la casa donde el doctor tenía establecido su -“escritorio”, todas las cuentas de sus proveedores urbanos, así como las -que llegaban de París y Londres los días de vapor correo. Y Pedraza, sin -hacer objeciones, iba llenando hojas y más hojas de su cuaderno de -cheques, y las entregaba, dando por terminado el asunto. - -Le enorgullecían los enormes gastos hechos por su cónyuge. Eran una -demostración de su elegancia natural y de su noble origen. Porque el -doctor creía más aún que su mujer en el linaje aristocrático de ésta. - ---Soy de los Pérez Zurrialde--declaraba doña Zoila con orgullo en -determinados momentos. - -Y los demás, cuando querían hacer un elogio completo de ella, después de -ensalzar su elegancia - -[Illustration] - -y su buen gusto, acababan diciendo: “Es una Pérez Zurrialde.” - -Todos creían en la distinción aristocrática de esta familia, sin poder -explicar el porqué de su creencia. En América se ve esto muchas veces. -Hay familias que cuentan entre sus antecesores generales célebres, -héroes patrióticos, presidentes de República. Pero otras, cuyos abuelos -no hicieron nada y no fueron nada, pasan, sin embargo, por más -distinguidas y más aristocráticas. Tal vez será porque estos -predecesores hablaron poco, se mantuvieron al margen de las luchas del -país, se preocuparon únicamente de vestir bien, dedicando a esto toda su -inteligencia, y fueron muy exigentes en materia de casamientos, -emparentándose solamente con sus allegados. - -Si una familia se empeña en ser aristocrática, como ponga en ello su -voluntad durante tres generaciones y lo afirme a todas horas, al cabo de -un siglo todos acabarán por aceptar su aristocracia y creer en ella. -¿Quién va a escarbar la historia de nadie más allá del abuelo o el -bisabuelo?... Hace cien años, en todas las colonias españolas de América -el mayor signo de distinción y bienestar era tener tienda abierta: un -establecimiento de comestibles o de ropas. Las familias linajudas de -todas las ciudades históricas de aquellas repúblicas tuvieron por -fundadores a tenderos españoles o criollos, que representaban la -riqueza y la aristocracia de entonces. La agricultura y la ganadería no -valían nada en aquellos tiempos. Sólo eran ricos los que vivían detrás -de un mostrador. Pero doña Zoila no quería saber esto: “Soy una Pérez -Zurrialde.” Y su marido, simple Pedraza que había alcanzado de niño a -conocer a su abuelo, un emigrante venido de Castilla, participaba -también de esta admiración por el noble linaje de su esposa, por la -historia de aquella familia, que databa casi de siglo y medio, lo que -equivale en América a perderse en la noche de los tiempos. - -Además, esta esposa, todavía bella, de elegancia generalmente reconocida -y que le había dado seis veces la reproducción de su propia persona, -merecía gratitud por sus sólidas virtudes conyugales. - -Con doña Zoila “no había miedo a novelas”, como decía el doctor, y un -marido podía vivir en perpetua tranquilidad. Su avidez de audacias -elegantes no iba más allá de las invenciones del modisto, de la -sombrerera y demás artistas encargados del embellecimiento de la mujer. -Para ella no existía otro amor que el conyugal. Los demás caprichos e -invenciones eran buenos para las “locas de París” y no para ella, una -señora, casada y madre. - -Gustaba de que los hombres elogiasen en los salones la elegancia de sus -vestidos y su sabiduría para apreciar lo que es _chic_ y lo que no lo -es; pero nada de alabanzas a su persona, nada de muestras de asombro o -admiración por su belleza, que se mantenía fresca y viva, desafiando al -tiempo. - ---Pero usted--le dijo un europeo--gasta una fortuna en vestidos todos -los años, y debe complacerle que los hombres admiren su lujo y se lo -digan. - -La señora de Pedraza acogió con un gesto desdeñoso tales palabras: Eso -sería verdad allá en Europa, donde las mujeres sólo piensan en los -hombres. - ---Entonces--siguió preguntando el curioso--,¿para qué viste usted con -tanta elegancia y se preocupa del adorno de su persona?... - -Doña Zoila, antes de contestar, le miró con cierta conmiseración, como -apiadada de su ignorancia: - ---Para dar envidia a mis amigas y que rabien un poco. - - - - -III - - -Llevaba yo tres semanas de presentarme todas las tardes en la antesala -del presidente del Banco Hipotecario, para saber si mi petición de -empréstito iba a ser bien acogida por los señores de la Junta, cuando -hablé por primera vez con el doctor Pedraza. - -Algunos de ustedes tal vez no saben lo que son las cédulas del Banco -Hipotecario Argentino. En las Bolsas de Europa las consideran como un -papel de esos que llaman “de todo reposo”; un valor para que el padre de -familia invierta en él sin miedo sus ahorros y la viuda pobre su escasa -herencia. Estas cédulas hipotecarias gozan de más crédito entre la gente -tímida que los empréstitos que emiten los gobiernos o las obligaciones -de las empresas industriales, que siempre tienen algo de aventurado. -Cada título representa un pedazo de tierra hipotecada, algo sólido, -tangible, que no puede desaparecer ni volatilizarse en una guerra o una -catástrofe. Y como los directores del Banco Hipotecario desean mantener -incólume el prestigio reposado y seguro de su institución, de aquí que -procediesen en mis tiempos con tanta lentitud y minuciosidad en sus -operaciones, como si aun vivieran en la época colonial. - -Yo aspiraba a que me diesen dinero con la garantía de mis tierras; pero -ellos, antes de emitir sobre mi propiedad varios centenares de cédulas -nuevas y venderlas en Europa a gentes timoratas que sólo tienen de -América vagas ideas, necesitaban minuciosos informes y repetidas -exploraciones de sus ingenieros para que en lo futuro no fuese posible -una depreciación de la hipoteca. - -El ujier del presidente se inclinó al entrar en la antesala un hombre -vestido con elegancia y de aspecto aseñorado. Le abrió la puerta del -despacho presidencial y luego creyó necesario darme una explicación para -que no me doliese la injusticia de que alguien entrase antes que yo, no -obstante mi larga espera. - ---Es el doctor Pedraza..., un señor muy rico que ha sido diputado -nacional. - -Volví a verle otras tardes en el Banco Hipotecario, pero esperando lo -mismo que yo, pues he observado muchas veces que la frecuentación de las -oficinas no da mayor confianza al solicitante, sino, por el contrario, -le quita poco a poco el prestigio y la entrada franca que tuvo en sus -primeras visitas. El doctor Pedraza acabó por sentarse en la antesala -cerca de mí. Unas veces había salido el presidente; otras, no deseaba -hablar con él, sino con los ingenieros y los peritos del Banco, cuyo -informe era siempre laborioso, circunspecto y lento. Un amigo cualquiera -nos puso en relación, y como la soledad de la pieza predisponía a las -confidencias, hablamos mucho durante las horas pesadas y al mismo tiempo -optimistas que siguen al almuerzo, y son en Buenos Aires las de visita a -las oficinas. - -El doctor Pedraza solicitaba lo mismo que yo, aunque entre sus -pretensiones y las mías existiese una diferencia igual a la que separaba -mi humilde persona de colonizador extranjero de su opulencia de gran -propietario. Quería hipotecar la estancia heredada de sus padres, -operación importante para el Banco por tratarse de un préstamo de muchos -centenares de miles de pesos. - -Esto no me produjo asombro, ni quebrantó el respeto que me infundía el -doctor como hombre rico. En aquel país se puede ser un gran millonario y -deber al mismo tiempo sumas enormes. Hasta parece que la riqueza traiga -aparejado lo de tener deudas. Se emprenden sin miedo nuevos negocios; se -compra sin tener con qué pagar, dando por seguro que se venderá lo -comprado antes de unos meses y con fabulosa ganancia; nadie vacila en -tomar cantidades a préstamo... Así es como se ha engrandecido aquel -país. - -Para mí era indudable que este opulento personaje necesitaba el dinero -de la hipoteca para emprender algún negocio considerable y secreto. - -Seducido por el silencio con que le escuchaba, iba enumerando Pedraza -las magnificencias de la estancia que pretendía hipotecar. Además, todo -argentino nace propagandista de su patria, y se enardece hasta ser -elocuente cuando relata las grandezas de la tierra natal. El doctor, -exagerando - -[Illustration] - -un poco, me describía los pastos de sus praderas, pasándose una mano por -el pecho para hacerme ver hasta dónde llegaba su altura. Yo, -escuchándole, contemplaba imaginativamente el galope circular de las -tropas de yeguas por el vasto campo cerrado con alambradas; el lento -rumiar de los bueyes, mejorados por una continua selección, casi sin -cuernos, con el lomo plano lo mismo que una mesa, y carnosos, como si en -su interior hubiera quedado suprimido el andamiaje del esqueleto. - ---Ha habido año que he vendido diez mil novillos; ¿sabe, compañero?... - -Otras tardes sentía la nostálgica necesidad de hacerme ver el Buenos -Aires de su infancia. Casas bajas de sobria arquitectura colonial; -aceras de ladrillo que parecían escaleras por sus numerosos altibajos; -calles profundas como barrancos, polvorientas unas veces y otras tan -llenas de agua estancada que había que vadearlas lo mismo que -riachuelos. Muy pocos transitaban a pie por la ciudad. - ---Yo iba a caballo a la escuela, y los otros muchachos “bien” llegaban -del mismo modo. Mientras duraba la lección había fuera de la casa unas -cuantas docenas de caballitos “petizos”, que entretenían su impaciencia -escarbando el suelo con las patas. Cuando yo salía de la escuela, mi -“petizo” - -[Illustration] - -había abierto un hoyo así de grande. Los mendigos también iban montados, -pidiendo limosna de puerta en puerta. Los cocheros públicos encontraban -que era más barato no dar de comer a sus animales, y cuando éstos se les -morían, enganchar otros nuevos. No tenían más que salir a las afueras de -la ciudad para comprarlos por lo que querían ofrecer. Y ahora vendo yo -caballos en mi estancia tan caros como en Europa... Además, ¡lo que ha -cambiado nuestro Buenos Aires! Es cosa de asombrarse, compañero, viendo -esas avenidas y esas casas que parecen las de Nueva York... A veces creo -que lo de mi niñez fué algo soñado. - -Pero el doctor cortaba su entusiasmo patriótico para protegerme con una -de sus miradas bondadosas: - ---Y usted, galleguito, ¿qué piensa hacer con su plata cuando esos -señores le acepten la operación?... - -Modestamente iba yo explicando mis planes de colonizador. Con el -producto de la hipoteca terminaría la roturación de mis terrenos; -compraría tractores mecánicos y otras maquinarias agrícolas de las que -fabrican en los Estados Unidos; crearía un sistema de riego, y las -ganancias del nuevo cultivo me permitirían pagar los intereses de la -deuda y suprimirla finalmente, vendiendo tierra en pequeñas parcelas. -Pero me avergonzaba de la modestia de mis planes al recordar la -importancia del hombre que me estaba escuchando. - ---Usted, doctor, sí que hará cosas enormes en su estancia con esa -fortuna que le va a prestar el Banco. ¡Habrá que ver eso!... - -Y el doctor acogía mis palabras moviendo la cabeza con pensativa -gravedad. Luego hablaba. Los tiempos empezaban a ser malos; la compra y -venta de terrenos se iba paralizando; ya no era un negocio la -especulación. Sería conveniente volver al cultivo de las estancias, como -lo habían hecho los padres y los abuelos, pero agrandándolas, -modernizándolas... - -Dejé de verle. La operación sobre su estancia estaba casi terminada, y -de un momento a otro le iban a entregar las cédulas hipotecarias, o sea -el dinero. Para él los informes de los técnicos se hacían breves, y los -obstáculos rituales se derrumbaban ante su paso. Por algo era el doctor -Pedraza, y su esposa una Pérez Zurrialde. Además, doña Zoila, la noble -criolla, resultaba parienta, más o menos próxima, de la mayor parte de -los directores del Banco. - -Como si la protección que me había dispensado el doctor--expresada -únicamente hasta entonces con palabras amables y ojeadas -majestuosas--empezase a ejercer sobre mí una influencia real, algunas -semanas después los poderosos personajes del Banco se apiadaron de mi -insignificancia, concediéndome la hipoteca sobre mis tierras. - -Esto representó un descanso en mi angustiosa empresa, un alto durante el -cual podría resollar algunos meses con la tranquilidad que proporciona -la abundancia de dinero. Ya no tendría que mendigar pequeños préstamos -en los Bancos particulares. Pagué deudas, emprendí los trabajos que -tenía proyectados, encargué maquinaria a los Estados Unidos, y como la -nueva orientación de mi empresa exigía una espera, durante la cual -permanecería inactivo, me acometió el deseo de hacer un viaje corto a -Europa. - -Bien había ganado este descanso en dos años de áspera lucha. Además me -quedaba disponible algún dinero, varios miles de pesos, que podía gastar -en el regalo de mi propia persona, e inmediatamente sentí lo que llaman -en Buenos Aires “la enfermedad de París”. ¿Por qué yo, que pretendía -llegar en lo futuro a millonario (estilo América del Sur), no me podía -dar por algunas semanas una representación adelantada de lo que es en -Europa la vida de un personaje de tal clase?... - -Precisamente hacía un mes que en Buenos Aires los periódicos y las -gentes hablaban todos los días del _Cap Bojador_, transatlántico alemán -que había hecho su primer viaje desde Hamburgo e iba a emprender su -travesía de regreso. Esto fué antes de la última guerra europea, y el -tal _Cap Bojador_, que no sobrepasaba en importancia a la mayor parte de -los transatlánticos que van a los Estados Unidos, era considerado como -una maravilla por su gran tonelaje entre los buques que remontan el río -de la Plata. - -Las gentes hablaban de sus salones lujosos; de su piscina de natación; -de las previsoras innovaciones establecidas en sus camarotes para -atender a las más pequeñas necesidades higiénicas, del invernáculo que -esparcía su jardín de flores tropicales sobre la última cubierta. Una -muchedumbre interminable bajaba como en procesión al muelle para visitar -esta maravilla flotante. - -¡Pobre _Cap Bojador_! La organización germánica lo había previsto todo -en él. Hasta guardaba en lo más secreto de sus bodegas unos cuantos -cañones desmontados para convertirse rápidamente en corsario si -estallaba una guerra. Y cuando la noticia de la guerra le sorprendió, -años después, estando anclado en Buenos Aires, montó su artillería y -salió al mar, para ser cañoneado y echado a pique por los cruceros -ingleses cerca de las costas de Africa. - -Familias que semanas antes no pensaban ni remotamente en un viaje a -Europa, sentían de pronto la necesidad de pasar el Atlántico. Fué de -moda ser pasajero del _Cap Bojador_ en su primera travesía. Representaba -una gran distinción. Sólo los millonarios podían permitirse, según el -vulgo, este gusto inaudito. - -Preparaba yo modestamente mi viaje en otro buque cuando me avisaron que -en el famoso transatlántico había un pequeño camarote libre. Alguien -había desistido de su excursión a última hora. ¿Por qué no había de -darme el gusto de figurar, aunque fuese en último término, entre los -opulentos pasajeros del _Cap Bojador_, cuando precisamente iba yo a -Europa para hacer el aprendizaje de cómo viaja y vive un futuro -millonario?... - -La salida del buque fué precedida de una confusión clamorosa y triunfal. -Todos los alemanes de Buenos Aires se habían aglomerado en el muelle -para celebrar este acontecimiento glorioso. Músicas, banderas, ¡_hocs_! -incesantes al Káiser, cánticos del _Hüber Alles_. Además, gran afluencia -de familias criollas, que acudían para admirar y envidiar a los que se -marchaban; haces de flores enormes, como gavillas de trigo; cajas de -chocolates que parecían maletas; besos; miles de pañuelos tremolados -como banderas... - -Pasé modestamente a través de esa confusión. Nadie me conocía y yo no -conocía a nadie. Cuando el buque se despegó del muelle tuve un - -[Illustration] - -encuentro en una de las calles de esta ciudad flotante que se iba -deslizando sin el menor movimiento, como si resbalase sobre el fondo del -río de la Plata. El doctor Pedraza iba a Europa con toda su familia. - -Doña Zoila y las seis hijas se movían atareadas y confusas, no sabiendo -qué hacer de las gavillas de flores y las cajas de dulces apiladas sobre -varios sillones de la cubierta: regalos de las numerosas amistades que -habían acudido a despedirlas. Todas ellas llevaban unos vestidos de -violenta novedad, “modelos únicos”, encargados, sin duda, por cable a -París apenas la familia decidió el viaje. - -El doctor iba trajeado como yo me imaginaba entonces que vestían el -presidente de la Cámara de los Lores o el primer ministro inglés al -salir de excursión. ¡Las ilusiones de aquel tiempo, en que no habíamos -visto aún los retratos de Lloyd George!... - -Me distinguió el rico argentino una vez más con sus palabras amables, -rebuscadas, majestuosas, y también con sus ojos protectores. En el curso -del viaje se dignó muchas veces tratarme como si fuese amigo suyo, y -hasta hizo mi presentación a doña Zoila y las niñas, las cuales me -acogieron con una indiferencia cortés. - -Era la familia más importante de a bordo por el número de sus -individuos y por su lujosa instalación. - -Doña Zoila y su esposo habitaban un amplio dormitorio, con salón propio -y otras dependencias. Las seis niñas se habían resignado a ocupar tres -amplios camarotes de los más caros, cada uno con dos camas. Además, -formaban parte de esta expedición un par de doncellas españolas al -servicio de las señoritas: una parienta, pobre, de doña Zoila, que no se -dignaba prestar otro trabajo que el de servir de acompañanta a las niñas -en ausencia de su madre; el ayuda de cámara italiano del doctor, y una -vieja criada mestiza que había tenido en sus brazos a la señora de -Pedraza y seguía la familia a todas partes, como un recuerdo histórico -de la noble casa de los Pérez Zurrialde. En total, doce personas, -ocupando todo un lado de cierto corredor del buque donde estaban las -mejores habitaciones. - -La señora y señoritas de Pedraza viajaban “a la ligera”, según -declaración de la mamá, pues se proponían renovar enteramente su -vestuario cuando llegasen a París. Esto no impedía que al lado de las -puertas de sus camarotes estuviesen amontonados y obstruyendo el paso -numerosos cofres y maletas: una pequeña parte destacada del grueso del -equipaje oculto en las bodegas. El viaje de Buenos Aires a Boulogne iba -a durar aproximadamente veinte días. Una persona decente debe cambiar -de vestido tres veces cada veinticuatro horas, y ellas no podían -resignarse a que las demás pasajeras dijesen que en los veinte días se -habían puesto dos veces las mismas ropas. Total: sesenta vestidos por -cada una de ellas, ¡y eran siete!... - -Las dos hijas mayores habían dejado sus novios en Buenos Aires, y todas -las mañanas escribían una carta, guardándola para echarlas luego juntas -en los puertos donde hacía escala el buque. Sus hermanas menores -bailaban en el gran salón o en la cubierta cuando los camareros del -vapor se convertían en músicos, unas veces de instrumentos de cuerda, -otras de metal. Además hacían continuos ejercicios gimnásticos para -cultivar su delgadez, riñendo batallas tenaces y heroicas con el apetito -juvenil, excitado por el aire del mar. Sus comidas consistían casi -siempre en una taza de té, y alguna de ellas hasta suprimía este líquido -con la ambición de llegar a ser más esquelética que sus hermanas. - -En cambio, el doctor Pedraza gozaba con regodeo de la abundante mesa de -a bordo, así como de la consideración y el respeto que le acompañaba en -sus paseos por el buque. - ---Es un doctor de Buenos Aires--decían algunos europeos de regreso a su -tierra, al mostrarse a este personaje--, un estanciero riquísimo, una -persona “bien”. ¡La plata que debe tener!... - -Al verme Pedraza, poco después de haber zarpado el transatlántico, me -saludó dándome en la espalda una de sus palmadas de buen príncipe. - ---¡Usted aquí, españolito!... ¿Va usted a dar un paseo por Europa?... -Hace bien; no todo ha de ser trabajo... Hay que gastar la platita. - -¡Simpático y bondadoso personaje! Recordé nuestras conversaciones -durante las primeras horas de la tarde, sentados en la antesala del -Banco Hipotecario. - -Luego una idea absurda, inverosímil, pasó por mi pensamiento. Se me -ocurrió que el dinero facilitado por el Banco Hipotecario iba a servir -en su mayor parte para este viaje suntuoso. - -Tal vez el doctor Pedraza había hipotecado su estancia para dar gusto a -su familia, deseosa de realizar un paseo triunfal por el viejo mundo: un -viaje que excitase la envidia y la admiración de las amigas que dejaban -a sus espaldas. - - - - -IV - - -Terminada la navegación nos vimos poco. Yo no podía vivir en el mismo -plano que este millonario. - -Además huía de él, no porque me fuese antipática su persona, sino por -miedo a la deslumbrante doña Zoila y a sus hijas, que parecían esparcir -una nueva luz sobre París. - -[Illustration] - -_Le Figaro_, que es el diario que presta más atención al paso de los -americanos, hablaba casi todos los días de “Madame de Pedraza, ilustre -dama argentina, y sus hermosas hijas”. - -Ocupaba la familia una parte considerable del primer piso de cierto -hotel monumental, próximo al Arco de Triunfo. Algunas mañanas el -doctor, con su esposa y las seis niñas, salían a caballo para galopar -por las avenidas del Bosque de Bolonia. Esta cabalgata, que muchos, en -el primer momento de sorpresa, tomaron por un desfile de artistas de -circo, servía para demostrar la opulencia de la familia. Además, todos -eran excelentes jinetes, que habían aprendido la equitación por -instinto, en la estancia natal, al mismo tiempo que aprendían a hablar. - -[Illustration] - -No se sabe si fué la admiración o la envidia la que inventó el mote; -pero las seis señoritas Pedraza empezaron a ser apodadas “Las walkirias -argentinas”. - -El éxito de las hijas del doctor no podía ser más halagüeño para la -vanidad de sus padres. No digo que París entero se preocupase de ellas. -París es muy grande y su vida está dividida en sectores. Pero en el -fragmento de mundo parisién donde se movían los Pedraza, o sea la -porción comprendida entre el Bosque, la Avenida Kleber y los bulevares, -la popularidad de las seis walkirias era cada vez más grande. - -En los establecimientos de la calle de la Paz, de los Campos Elíseos y -de la plaza Vendôme sonaba con frecuencia el nombre de madame de Pedraza -y sus _demoiselles_, recomendando los jefes, con voz respetuosa, el -rápido cumplimiento de los encargos de tan ricas clientes. Muchas veces, -al contar yo que venía de la Argentina y tenía en ella mis negocios, -escuché las mismas palabras: - ---Ahora está en París un gran millonario de allá, el doctor Pedraza, con -su esposa, una señora muy distinguida, y sus niñas, que parecen un coro -de ángeles. ¡Lo que gasta esa familia! ¡La fortuna enorme que debe tener -el padre!... ¡Qué collar de perlas el de la mamá!... - -Y yo asentía a estas expresiones de asombro y admiración... ¿Para qué -hablar? En Europa tienen tal concepto de la riqueza, sólida, -inconmovible, cristalizada, que no pueden imaginarse la riqueza movible, -inquieta y en continuo volteo de los países americanos: una riqueza que -se aleja y vuelve, se desvanece y torna a reconstituírse, haciendo que -un mismo hombre se vea tres o cuatro veces en su existencia millonario -como un príncipe de cuento de hadas y mendigo visionario. - -Además, el lujo enorme de la familia Pedraza, que yo apreciaba desde -lejos, acabó por desorientarme, haciéndome dudar de lo que había visto -al otro lado del Océano. - -En realidad, yo sólo sabía del doctor que había hipotecado la mejor de -sus fincas; pero esto no significaba nada extraordinario ni fatal. En el -Nuevo Mundo no basta preguntar cuánto posee una persona; es preciso -añadir: “¿Cuánto debe?”. Todos, por ricos que sean, tienen deudas -enormes, contraídas para el agrandamiento de sus negocios. El -crecimiento rápido de los pueblos jóvenes exige que los ricos vivan un -poco a la ventura, como viven los jugadores, confiándose a su buena -suerte y tomando sin vacilación todo el dinero que les ofrezcan, con la -esperanza de poder devolverlo gracias a nuevos negocios. - -Tal vez el doctor era más rico que yo me lo imaginaba, y su préstamo -debía ser considerado como una operación transitoria y sin importancia. -Al año siguiente una portentosa cosecha de trigo, o una de aquellas -ventas de “hacienda”, en las que entraban los novillos a miles, y que él -me había descrito entusiásticamente en sus conversaciones, bastaría para -pagar enteramente su deuda sin tener que imponerse sacrificio alguno. - -Antes de que yo regresase a la Argentina tuve noticias directas de los -grandes éxitos obtenidos en París por doña Zoila y sus hijas. Las dos -mayores se mostraban refractarias a todo coqueteo, e iban de fiesta en -fiesta, estrenando cada vez un vestido riquísimo; pero graves y -austeras, orgullosas de su lujo y dignándose mirar únicamente a las de -su sexo, lo mismo que su noble madre. - ---Somos muy argentinas y sólo podemos casarnos con uno de nuestra -tierra. - -Las dos seguían escribiendo diariamente a sus novios, que estaban en -Buenos Aires. Unicamente les interesaban en París los vestidos y los -elogios de las mujeres. - -En cambio, las otras hermanas vivían asediadas por el amor y las -peticiones matrimoniales. Hasta la más pequeña, que todavía iba de corto -y con el cabello suelto, tenía varios suspirantes que la deseaban por -esposa. La fama de estas millonarias recién llegadas se había esparcido -por todos los círculos, más o menos aristocráticos, donde hay jóvenes -que se tienden con desesperación en un diván después de haber perdido -los últimos miles de francos en la sala destinada al juego. - -Además, en los años anteriores a la guerra la República Argentina -acababa de ponerse de moda, y los conocimientos geográficos de los -hombres deseosos de adquirir una fortuna casándose se ensancharon -considerablemente. - -Todos habían acabado por descubrir una gran novedad; que existen dos -Américas: la del Norte y la del Sur. El matrimonio con americanas de los -Estados Unidos era ya entonces una industria en decadencia. Los títulos -nobiliarios se aprecian allá cada vez menos. Las mujeres de aquel país, -dotadas de un carácter práctico y escarmentadas por la experiencia, se -reservan el manejo de sus bienes, y el marido sólo es un consocio bien -alimentado, pero sin derecho a tocar la fortuna de su esposa: una -especie de rey consorte, sin voz ni voto en el gobierno de la casa... - -Era conveniente buscar acomodo en la otra América, donde también existen -millonarias, menos numerosas, pero más inexpertas en esta clase de -alianzas. El riquísimo doctor llegaba oportunamente con cuatro hijas -casaderas, y todos los que en París esperaban salvarse por medio del -matrimonio olvidaron lo que sabían de inglés para perfeccionarse en el -tango y chapurrear algunas palabras de español. - -Dos de las señoritas Pedraza empezaron a mostrarse distanciadas por una -rivalidad aristocrática: - ---Yo puedo ser duquesa si quiero--decía una de ellas--, y a ti sólo te -pretende un marqués. - ---Pero el mío es más joven que el tuyo--contestaba la otra. - -Doña Zoila creyó oportuno cortar tales disputas con la autoridad de su -noble pasado. Nada tenía que decir contra estos personajes que aspiraban -a ser sus yernos; pero no le hacían ningún favor extraordinario al -pretender entrar en su familia. Ellos tenían un pasado histórico, pero -los Pérez Zurrialde no eran cualquier cosa allá en su tierra. Si -llegaban a casarse con sus niñas no tendrían por qué ruborizarse, pues -éstas eran iguales a ellos. - -Empezó a circular entre los sudamericanos de París la noticia de que un -duque y un marqués querían ser yernos del doctor Pedraza. Les corría -prisa esta unión y deseaban realizarla antes de que la familia volviese -a Buenos Aires. Las niñas, por su parte, también mostraban una prisa -igual, pensando en lo que dirían sus amiguitas de allá al verlas con -títulos nobiliarios. - -Yo me marché de París en aquellos días; pero las confidencias de -algunos amigos del doctor sirvieron para darme una idea aproximada de lo -que debió ocurrir. - -Estos nobles personajes que descienden a emparentarse con los ricos del -otro lado del Océano muestran siempre un gran desinterés cuando llega el -momento de tratar las condiciones materiales que deben regir la -asociación matrimonial. Ocupados en el galanteo de la joven millonaria, -no quieren interrumpir su dúo de amor con vulgares discusiones -financieras, y envían a un llamado hombre de ley, a un notario que ha -servido siempre a su familia o al administrador de su hacienda -quebrantada para que ajuste el convenio con los padres. - -El doctor Pedraza, hombre de negocios, consideró sin importancia estos -tratos preliminares del matrimonio. El manejaría a su gusto a los dos -nobles señores que pretendían ser hijos suyos. Pero en vez de hablar con -ellos, tuvo que recibir la visita de dos leguleyos franceses, de palabra -melosa, con el plumaje áspero y el pico duro, lo mismo que aves de -rapiña. - -Pedraza y su noble esposa se expresaron como príncipes generosos que no -pueden contar la inmensidad de su fortuna. Los dos se comprometieron -desde el primer momento a entregar a cada una de sus niñas una renta -anual de trescientos mil francos. Pero los enviados no creían en rentas -que pueden ser pagadas fielmente el primer año e ir disminuyéndose en -los siguientes, hasta quedar suprimidas. Ellos necesitaban un capital -positivo, aunque la renta fuese menor: campos, casas, valores -mobiliarios, algo que pudiera convertirse en dinero a cualquiera hora, -dando una seguridad de riqueza a sus poseedores. - -En resumen: que éstas conferencias laboriosas, en las que se batían -ambas partes con buenas palabras y perversas intenciones, terminaron tan -mal como cualquiera de las entrevistas diplomáticas a las que asisten -los Gobiernos con el propósito de engañarse unos a otros. - -El duque y el marqués desaparecieron. Las dos niñas lloraron un poco. -¡No poder marcar con una corona heráldica sus pañuelos y sus ropas más -íntimas, para envidia de las amigas!... - -Las hermanas mayores, que habían sufrido en silencio el orgullo -nobiliario de las otras, creyeron llegado el momento del desquite. - ---Nosotras debemos casarnos con gentes de nuestra tierra. Aquí, en -Europa, sólo nos buscan por nuestra gran fortuna. Os hubieran tomado la -plata y después, ¡quién sabe si habrían acabado pegándoos!... - -Doña Zoila apoyaba estas palabras: - ---Allá no usamos corona, pero somos tan nobles como los de aquí. -Vosotras, además de ser Pedraza, lleváis un gran nombre por vuestra -madre. - -La hermosa señora abominaba ahora de París. Según contó después a sus -amigas de Buenos Aires, algunos mocitos que casi podían ser hijos suyos -habían osado hablarla, en los salones, de “almas dormidas que deben ser -despertadas”, burlándose a continuación de la vulgaridad de ser fiel al -marido, y comparando su belleza con el sol de la tarde, más deslumbrador -y ardoroso que el del amanecer... ¡A ella! ¡A una matrona respetada por -todos en su país!... Si había aguantado en silencio tales audacias era -por miedo a que se enterase su esposo, hombre violento en sus cóleras y -famoso tirador de pistola. - -Pedraza, arrepentido sinceramente de la satisfacción que le había -procurado por unas semanas la posibilidad de ser suegro de tan -aristocráticos personajes, mostraba ahora un recrudecimiento de sus -entusiasmos de americano, hijo de una República. - ---Lo de los títulos de nobleza, che, puede deslumbrar a los gringos de -Europa; ¿pero a nosotros?... En la América del Sur eso nos hace reír. - - - - -V - - -Transcurrió mucho tiempo sin que yo volviese a ver al doctor. Me enteré -por los diarios argentinos de su regreso triunfal de Europa. Otra vez su -nombre y el de todas las mujeres que componían su familia volvieron a -aparecer en las crónicas de la alta vida social. - -Doña Zoila organizaba fiestas de caridad; se movía a la cabeza de todas -las Juntas para la difusión de principios morales, y a la hora del té su -palabra era escuchada como un oráculo, definiendo lo que es elegancia y -en qué consiste la falta de _chic_. Después de haber pasado un año en -París, su autoridad parecía inconmovible. - -La vida del doctor resultaba menos dichosa y plácida. Yo le veía pasar -en su lujoso automóvil por la avenida de Mayo o apearse en la calle -Reconquista, donde están establecidos los Bancos de la ciudad, yendo de -uno a otro para sus numerosas e importantes operaciones. Todos seguían -considerándole con respeto, como un personaje influyente, y muchos -envidiaban su riqueza. Pero de tarde en tarde llegaban hasta mí noticias -inquietantes para el crédito del doctor. Sus amigos íntimos contaban que -había gastado en Europa un - -[Illustration] - -millón de pesos (más de lo que le había prestado el Banco Hipotecario). -En las reuniones de alta sociedad se hablaba con asombro del collar de -perlas que doña Zoila había adquirido en París, y los envidiosos -apuntaban que el marido no tenía fortuna para tantos dispendios. - -En mucho tiempo no volví a acordarme de Pedraza, pues bastante tenía con -preocuparme de mi propia suerte. La Argentina pasaba en aquellos -momentos por una de esas crisis financieras que son en su existencia a -modo de una enfermedad normal y periódica, repitiéndose aproximadamente -cada diez años. - -A los negocios rápidos y extraordinariamente productivos había sucedido -la atonía del dinero; al despilfarro, el pánico, el egoísmo y la -pobreza. Los Bancos que adelantaban antes capitales para toda clase de -negocios, no sólo habían cortado repentinamente sus créditos, sino que -exigían la inmediata devolución de sus préstamos. Yo tuve que luchar -mucho en aquella época para no salir de la crisis completamente pobre. -De no ocurrir tal calamidad estarían ustedes escuchando ahora a un -millonario. Gracias que pude salvar lo preciso para retirarme a París y -vivir aquí con modestia. - -Pero volvamos a nuestro doctor. Su situación era semejante a la de otros -compatriotas suyos. Continuaba siendo un capitalista para las gentes: -seguía viviendo como un millonario; pero los directores de los Bancos y -los hacendados sólidamente ricos, al nombrarle con respeto, contraían -los labios como para cerrar el paso a una sonrisa burlona y cruel. Su -infortunio llegaba hasta mí fragmentariamente, por noticias sueltas y -espaciadas, como se aproximan o se alejan las detonaciones de un combate -remoto, según los caprichos del viento. - -La familia había tomado, como siempre, su palco en el teatro Colón al -empezar la temporada de ópera. Esto era natural. La vida resulta -inconcebible en Buenos Aires sin la asistencia a dicho teatro. ¡Antes -morir! Pero el doctor había entregado al empresario por el abono del -palco, no un cheque, sino un pagaré a noventa días vista. En las malas -épocas muchos pagan así en aquel país. Se confía en el porvenir. Nadie -cuenta únicamente con lo que tiene en la mano, como los tímidos del -viejo mundo; todos admiten de consocia a la esperanza. ¡Quién sabe qué -grandes negocios pueden hacerse en el plazo de noventa días!... Como la -fortuna tiene alas, sólo necesita unos instantes para llegar hasta -nosotros. - -También supe que Pedraza había hipotecado la otra estancia que era de su -mujer. Acababan de casarse las dos hijas mayores con una magnificencia -que hizo acudir a toda la alta sociedad de Buenos Aires. Doña Zoila dió -a las bodas de sus hijas el aparato de un acontecimiento histórico. -Mientras tanto el pobre doctor se agitaba de la mañana a la noche por -conseguir al mismo tiempo dos cosas que parecían antagónicas: sostener -el aspecto opulento de su familia sin aminorar sus gastos, y pagar los -enormes réditos de sus deudas. - -Las cosechas de las dos estancias y las ventas de novillos criados en -sus campos sólo servían para satisfacer los tales réditos. Pedraza, -deseoso de evitar disgustos a su esposa, disimulaba las angustias de -esta situación. Apenas se veía en su casa, rodeado de un ambiente de -lujo, entre sus hijas solteras, que hablaban y reían como princesas -seguras del porvenir; necesitaba mostrarse optimista, imaginándose una -serie de negocios maravillosos que vendrían a sacarle de apuros al día -siguiente. - -No quiero cansar a ustedes describiendo detalladamente cómo se fué -acelerando, cuesta abajo, la ruina de Pedraza. Necesitaba siempre -dinero; en los Bancos no querían dárselo al interés corriente, y -recurrió al préstamo usurario. Además tuvo que vender con pérdida enorme -los terrenos que había adquirido para especular sobre su alza en la -buena época del país, cuando circulaba vertiginosamente la riqueza. - -Al mismo tiempo mostraba, al hablar con sus hijas casadas y sus yernos, -la tranquilidad bondadosa de un hombre inmensamente rico, que al morir -dejará caer un chaparrón de bienes sobre sus herederos. Aceptaba sin la -menor mueca de contrariedad todas las peticiones de las hijas que vivían -en su casa. Doña Zoila, que estaba vagamente enterada de que los -negocios no marchaban del todo bien, parecía vacilar algunas veces al -hacer a su marido la enumeración de los gastos de la familia, pensando -en la posibilidad de ciertas economías. Un día hasta le dió a entender -que, en caso de apuro, estaba dispuesta a desprenderse de sus joyas. -Pero esto, aun siendo mera hipótesis, parecía causar tal pena a la -señora, que el doctor se apresuró a disuadirla. - -Le era imposible aceptar que su noble compañera modificase su vida -ordinaria. Además, ¿qué dirían las gentes al ver disminuído el lujo de -la familia?... Y era el pobre doctor quien recomendaba a su esposa que -evitase las economías demasiado visibles. Las niñas debían casarse, y -para ello era conveniente que la casa conservase su aspecto de -abundancia segura y ostentosa. - -Cuando de tarde en tarde me ponía la casualidad al alcance de la palabra -solemne y los ojos protectores de mi amigo adivinaba yo los estragos que -iba haciendo en su persona esta nueva vida de pobreza disimulada. Iba -vestido con la elegancia de siempre; conservaba su aspecto señoril; pero -estaba viejo, mucho más viejo que debía serlo por su edad. - ---¿Cómo marchan sus negocios, españolito?... Mala época: ¡muy mala para -todos!... Pero esto no puede durar. - -Y me golpeaba la espalda con la bondad de un ser superior que sabe que -existe la desgracia, pero es para los otros, pues él se encuentra por -encima de las miserias del vulgo. - -Su caída fué larga. Nadie se enriquece con la rapidez que se imaginan -los que viven al margen de los negocios; nadie tampoco se arruina, por -regla general, en unos instantes, como lo vemos muchas veces en comedias -y novelas. Hay ruinas fulminantes, como hay naufragios instantáneos que -sólo duran unos minutos; pero la mayoría de las gentes se enriquecen con -lentitud, o van empobreciéndose como el que baja una escalera, peldaño -tras peldaño. El naufragio del doctor fué igual al de los grandes -veleros, que después de estar llenos de agua, todavía flotan con la -quilla al aire mucho tiempo, yendo de un lado a otro, al capricho de las -corrientes. - -En realidad, sólo sé de Pedraza lo que me contaron incidentalmente -algunos de sus amigos íntimos. Estas noticias son a modo de episodios -sueltos y sin concordancia; pero yo he hecho de todos ellos algo -compacto, uniéndolos con los hilos de mis suposiciones. Valiéndome del -álgebra de la inducción, he llegado a imaginarme todo lo que le ocurrió -al doctor. Dirán ustedes que lo que voy a contarles es en gran parte -invención mía; pero hay invenciones más ciertas y verosímiles, por ser -lógicas, que las noticias que nos dan como seguras los amigos y los -periódicos. - -He pensado muchas veces en las tardes que debió pasar cuando quedaba -solo en su “escritorio”: un piso arrendado en la avenida de Mayo para -sus oficinas. Lejos de su casa y libre de las seducciones que ejercían -sobre él las mujeres de su familia, obligándole a verlo todo de una -manera optimista, quedaba frente a frente al enigma de su situación. Iba -a verse arruinado en un país donde el dinero tiene mayor importancia que -en otras naciones y resulta más necesario para la vida. ¿Era posible la -existencia de un Rómulo Pedraza protegido por sus amigos y con un empleo -público para sostener humildemente a su familia?... - -La idea de que su mujer y sus niñas tuvieran alguna vez que remendar sus -vestidos, llevando la existencia dolorosa de los ricos arruinados que -buscan el amparo de unos parientes más dichosos, le parecía tan absurda -e inconcebible como un trastorno de las leyes astronómicas. ¿Era lógico -que Zoila, su mujer, fuese alguna vez pobre?... - -Además sentía miedo al pensar en sus hijas. El conocía la historia de -muchas señoritas cuyos padres se habían empobrecido. Unas pocas -conseguían casarse con ricos, lo mismo que en las novelas; las más se -resignaban a descender, perdiendo la distinción de su origen, -convirtiéndose en obreras ocultas que trabajaban mal recompensadas para -el sostenimiento de una vida miserable; y algunas acababan sirviendo de -amantes a hombres que en otras circunstancias no habrían osado aspirar a -ser sus maridos. - -El pobre doctor se estremecía de miedo y de cólera al pensar que sus -hijas, las cuatro hijas que le quedaban en casa, podían verse en la -misma situación de algunas infelices que atraen a los libertinos con un -nuevo encanto: el de haber sido señoritas de buena casa, jóvenes, ricas -y educadas en el lujo antes de que la ruina paternal les empuje a ser lo -que son. - - - - -VI - - -Como todos los que viven inseguros y acechados por el peligro, creyendo -sentir que la tierra vacila bajo sus pies, el doctor aceptó -supersticiosamente la existencia de fuerzas misteriosas que pueden -proteger a los mortales y salvarlos, fijándose en ellos con las secretas -preferencias de la predestinación. ¿Por qué no había de ayudarle la -fortuna, tirando de él con un manotazo maternal para elevarlo sobre -aquellas miserias que le obligaban de día a dolorosos fingimientos, y le -tenían la noche entera entre las roedoras mandíbulas del insomnio?... -Había que abrir las ventanas a la suerte para que pudiese tocarle con -sus alas. - -Y se hizo jugador, jugando en la Bolsa y en los Clubs aristocráticos, de -los que era uno de los socios más respetables y escuchados. Dió orden -también a las gentes de su “escritorio” para que dejasen libre la -entrada a todo el que llegase pretendiendo hablarle. ¡Quién sabe si el -más humilde visitante vendría a proponerle un negocio salvador!... En -los países jóvenes, de continua inmigración, que atraen a los -aventureros de mala ley, pero igualmente a los visionarios geniales e -inventores, todo es posible. - -Un día, un agente de seguros sobre la vida le conquistó con su charla -amena, haciéndole firmar una póliza de doscientos mil pesos a favor de -su mujer y sus hijas. Esto iba a obligarle al pago de una prima -importante todos los años; pero como estaba acostumbrado a los enormes -réditos que debía entregar a sus acreedores, consideró insignificante el -aumento de una cantidad más... - -El agente de seguros, alegre por la comisión ganada, debió hablar a sus -compañeros; la puerta del “escritorio” seguía franca, y empezaron a -visitar a Pedraza casi todos los que en Buenos Aires se dedicaban al -mismo negocio. Intentó resistirse al principio a una segunda operación -basada en su muerte; pero al fin acabó mostrando cierto gusto por ella, -y como continuaba acogiendo bien a tales visitantes, éstos parecieron -pasarse el aviso unos a otros. - -Rara era la semana que el doctor no suscribía una póliza nueva. Como a -pesar de su madurez se mantenía fuerte, y los médicos de las Compañías -de Seguros daban un informe rotundo sobre su espléndido equilibrio -físico, libre de toda enfermedad, el negocio se hacía sin obstáculos. Al -poco tiempo Pedraza estaba asegurado en más de una docena de compañías, -unas del país, otras de Europa y de los Estados Unidos. Además había -firmado contraseguros y hecho otras operaciones que le aconsejaban los -agentes, deseosos de ganar nuevas primas. - -Al fin, su persona había llegado a valer más de dos millones de pesos, -según manifestaba con regocijo a sus amigos. Esta era la cantidad que -deberían entregar las Compañías a su familia en el momento de su muerte. -Pero los amigos, admirando la solidez de su cuerpo, contestaban: - ---Antes de morir habrás pagado en primas algo más de los dos millones. -¡Mal negocio el tuyo! Vas a vivir mucho. - -Y el doctor sonreía, orgulloso de su vigor, afirmando que se consideraba -más fuerte que nunca, y al final serían efectivamente las Compañías de -Seguros las explotadoras de su credulidad. Luego terminaba, con una -displicencia de rico: - ---Caro resulta eso; pero ¿qué importa?... Es plata que voy depositando -para los míos. - -Una mañana le escuché estas palabras en un Banco, cuando formábamos -grupo en la antesala del gerente varios aspirantes a un préstamo -inmediato. - -Y de pronto la muerte, una muerte inesperada, que muchos llamaron -“estúpida”, por su absurda inoportunidad; como si alguna vez la muerte -pudiera resultar oportuna. - -Era en verano y la familia del doctor estaba pasando una temporada en -las islas del Tigre. Estas islas están cerca de Buenos Aires, y las -forma el río Paraná al desembocar en el estuario llamado río de la -Plata: una red intrincada de canales navegables entre tierras medio -sumergidas, cubiertas de una vegetación frondosa, siempre verde. Es un -lugar hermoso, digno de servir de escenario a un poema. Lo malo es que -nunca ha ocurrido en él nada digno de mención. - -Muchos ricos de Buenos Aires, especialmente las familias de origen -antiguo, tienen una casa de recreo en las inmediaciones del Tigre, y -doña Zoila había creído indispensable poseer un edificio igual, para -complemento del lujoso hotel, cerca del Parque de Palermo. Considero -necesario decir de paso que las dos nobles viviendas estaban -hipotecadas. - -El doctor pasaba las noches con su familia, acompañando a las niñas -cuando bailaban en el Casino del Tigre. Por la mañana tomaba el tren -para ir a Buenos Aires y ocuparse en sus negocios, regresando al -anochecer. Fué en uno de estos viajes de vuelta cuando el doctor cayó a -la vía, al pasar de un vagón a otro. Nadie pudo explicarse claramente -cómo ocurrió este suceso, que produjo tanta emoción en la ciudad. Lo -cierto es que el cadáver del doctor fué encontrado hecho pedazos entre -los rieles. - -Los periódicos hablaron largamente, censurando a la Compañía del -ferrocarril por el mal estado de su material. Había cerrado ya la noche -y la obscuridad debió ser la verdadera causa de esta desgracia; pero -también resultaba culpable de ella la Empresa, por la vejez de sus -vagones. Los puentes que los unían eran defectuosos; las portezuelas se -abrían solas. Indudablemente un hombre como el doctor Pedraza, -preocupado a todas - -[Illustration] - -horas por sus negocios, al pasar distraído de un vagón a otro, había -sido víctima de tales deficiencias. - -Sus funerales fueron magníficos. Los diarios publicaron largas -biografías de él, considerando su trágica muerte como una pérdida -nacional. - -¡Ah, doctor! ¡Heroico doctor!... Unos pocos nada más nos mirábamos -fijamente al mencionar su nombre. Nos hablábamos con los ojos, leíamos -mutuamente en ellos nuestro común pensamiento; pero nadie se atrevía a -expresarlo con palabras. - -Algunos hubiesen querido hablar; pero ¿cómo interrumpir con suposiciones -malévolas, inoportunas y peligrosas la unanimidad del sentimiento -público por la pérdida de un ilustre hijo del país?... El duelo general -había servido para demostrar cuán numerosas eran las amistades de la -familia del llorado doctor y el prestigio de doña Zoila en la alta -sociedad (¡una Pérez Zurrialde!). - -La señora viuda de Pedraza y sus hijas cobraron dos millones de pesos de -las Compañías de Seguros. Todos admiraron la previsión de este buen -padre de familia. Le tenían por rico; dejaba a los suyos una gran -fortuna (aunque indudablemente algo quebrantada por la crisis del -momento), y había que añadir a tal herencia los importantes seguros -sobre su muerte. El dinero siempre llega a tiempo, y en esta ocasión -serviría para suavizar el dolor de la familia. - -Doña Zoila libró de hipotecas sus propiedades, y al poco tiempo la -Suerte--a la que el pobre doctor abría inútilmente la ventana para que -entrase--se decidió repentinamente a ir en busca de sus herederos. Pasó -la crisis nacional, circuló otra vez la riqueza; el mundo, que necesita -para vivir panecillos y bifteques, compró a buen precio los trigos y las -reses; las dos estancias de la familia, limpias de réditos, -proporcionaron magníficas rentas. - -La señora viuda de Pedraza continúa siendo una de las primeras matronas -del país. Llama, como siempre, la atención de todos por su elegancia; -pero ahora es una elegancia de noble dama que ha renunciado a dar -envidia a sus amigas; una elegancia a base de colores apagados, de ricas -blondas y joyas sólidas. - -Para que un concierto o una función teatral de caridad tenga público -hasta en los pasillos es preciso que ella la organice. Los comerciantes -tiemblan al verla presidenta de una nueva institución benéfica, sabiendo -que esto significa un tributo más que tendrán que pagar con miedosa -sonrisa, so pena de verse sin clientela. Los comediantes célebres, los -concertistas, los escritores que llegan - -[Illustration] - -de Europa a dar conferencias, están condenados al fracaso si no cuentan -con su protección. - -No ha vuelto al viejo mundo; pero desde Buenos Aires legisla sobre -materias de elegancia, y los comisionistas de modas que llegan de París -van a enseñarla sus novedades antes que al público. - -Todas sus hijas se han casado ya. Los nietos empiezan a tirar de su -falda, y cada vez que siente una fugaz simpatía por cualquiera de sus -yernos, le dice suspirando: - ---Hijo mío: sólo deseo que sea usted tan bueno para la familia como lo -fué mi finado el doctor. - -[Illustration: Firma: Vicente Blasco Ibáñez] - - * * * * * - - - En el próximo número publicaremos - - - =UNA MUJER ESPIRITUAL= - - por EDUARDO ZAMACOIS - Ilustraciones de _M. Quintanilla_. - - * * * * * - - EDITORIAL “MUNDO LATINO” - - ---- MADRID---- - - Apartado 502.--Librería: Caballero de Gracia, 28 - - - OBRAS DE “EL CABALLERO AUDAZ” - - (José María Carretero.) - - Ptas. -“La virgen desnuda” (novela) 5 -“Desamor” (6.ª edición) 4.50 -“De pecado en pecado” 5 -“El pozo de las pasiones” 5 -“El libro de los toreros” 2 -“La bien pagada” (4.ª edición) 5 -“En carne viva” (2.ª edición) 5 -“Emocionario” (almas y paisajes) 5 -“La sin ventura” (novela) 5 -“El divino pecado” 5 -“Lo que sé por mí” (10 volúmenes de interviús) 5 -“Con el pie en el corazón” (novela) 5 -“Hombre de amor” (novela) 5 -“Un hombre extraño” (novela) 5 - - -EN PRENSA - -“Las horas cortesanas” (impresiones) 5 -“El jefe político” (novela) 5 -“Vírgenes y cortesanas” 5 - -[Illustration] - - - Pedidos directamente a MUNDO LATINO - Apartado 502. - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without -widespread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our website which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This website includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/65719-0.zip b/old/65719-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index ca3177c..0000000 --- a/old/65719-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h.zip b/old/65719-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index f768e4e..0000000 --- a/old/65719-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/65719-h.htm b/old/65719-h/65719-h.htm deleted file mode 100644 index fec07e0..0000000 --- a/old/65719-h/65719-h.htm +++ /dev/null @@ -1,2301 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" -"http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> - -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" lang="en" xml:lang="en"> - <head> <link rel="coverpage" href="images/cover.jpg" /> -<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=utf-8" /> -<title> - The Project Gutenberg eBook of La familia de Doctor Pedraza, por -Vicente Blasco Ibáñez. -</title> -<style type="text/css"> - -a:link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} - - link {background-color:#ffffff;color:blue;text-decoration:none;} - -a:visited {background-color:#ffffff;color:purple;text-decoration:none;} - -a:hover {background-color:#ffffff;color:#FF0000;text-decoration:underline;} - -.astc {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold; -font-size:250%;} - -big {font-size: 130%;} - -body{margin-left:4%;margin-right:6%;background:#ffffff;color:black;font-family:"Times New Roman", serif;font-size:medium;} - -.boxx {border:double 4px black;margin:1em auto; -max-width:75%;padding:.5em;} - -.c {text-align:center;text-indent:0%;} - -.cb {text-align:center;text-indent:0%;font-weight:bold;} - -.figcenter {margin:3% auto 3% auto;clear:both; -text-align:center;text-indent:0%;} - - h1 {margin-top:5%;text-align:center;clear:both; -font-weight:bold;font-size:225%;} - - h2 {margin-top:4%;margin-bottom:2%;text-align:center;clear:both; - font-size:150%;font-weight:normal;} - - hr {width:90%;margin:2em auto 2em auto;clear:both;color:black;} - - hr.full {width: 60%;margin:2% auto 2% auto;border-top:1px solid black; -padding:.1em;border-bottom:1px solid black;border-left:none;border-right:none;} - - img {border:none;} - -.nind {text-indent:0%;} - - p {margin-top:.2em;text-align:justify;margin-bottom:.2em;text-indent:4%;} - -.pagenum {font-style:normal;position:absolute; -left:95%;font-size:55%;text-align:right;color:gray; -background-color:#ffffff;font-variant:normal;font-style:normal;font-weight:normal;text-decoration:none;text-indent:0em;} -.x-bookmaker .pagenum {display: none;} - -.r {text-align:right;margin-right: 5%;} - -.rt {text-align:right;} - -.sans {font-family:sans-serif;} - -small {font-size: 70%;} - -.smcap {font-variant:small-caps;font-size:120%;} - -table {margin-top:2%;margin-bottom:2%;margin-left:auto;margin-right:auto;border:none;} - -</style> - </head> -<body> - -<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of La familia de Doctor Pedraza, by Vicente Blasco Ibáñez</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and -most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. 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A.)<br /> - -Paseo de San Vicente, 20<br /> - -1922</small> -<span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span></p> - -<div class="boxx"> -<p class="cb">OBRAS DE<br /> -<big>VICENTE BLASCO IBÁÑEZ</big></p> - -<p class="c"><span class="smcap">Novelas a CINCO pesetas</span></p> - -<p class="nind"><b>Arroz y tartana.—Flor de Mayo.—La Barraca.—Entre naranjos.—Sónnica -la cortesana.—Cañas y barro.—La Catedral.—El Intruso.—La Bodega.—La -Horda. La maja desnuda.—Sangre y arena.—Los muertos mandan.—Luna -Benamor.—Los argonautas</b> (dos tomos).—<b>Los cuatro jinetes del -Apocalipsis.—Mare nostrum.—Los enemigos de la mujer.—El préstamo de -la difunta.—El paraíso de las mujeres.—La tierra de todos.</b></p> - -<p class="c"><span class="smcap">Cuentos a CINCO pesetas</span></p> - -<p class="c"><b>La Condenada.—Cuentos valencianos.</b></p> - -<p class="c"><span class="smcap">Viajes a CINCO pesetas</span></p> - -<p class="c"><b>Oriente.—En el país del arte.</b> (Tres meses en Italia.)</p> - -<p class="c"><span class="smcap">Artículos a CUATRO pesetas</span></p> - -<p class="c"><b>El militarismo mejicano.</b></p> - -<p class="nind">Estas obras, encuadernadas en tela, una peseta de aumento el -volumen.—De venta en todas las librerías y bibliotecas de las -estaciones de ferrocarril.</p> - -<p class="c"> -PARA LOS PEDIDOS<br /> -Editorial PROMETEO.—Valencia<br /></p> - -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 473px;"> -<a href="images/ill_002.png"> -<img src="images/ill_002.png" width="473" height="53" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<h2><a name="A_manera_de_prologo" id="A_manera_de_prologo"></a>A manera de prólogo</h2> - -<p class="r"> -Hablando con Blasco Ibáñez.<br /> -</p> - -<p><i>La mejor obra de Blasco Ibáñez, aun siendo por tantos conceptos -admirable cuanto ha salido de la pluma, del insigne valenciano, será su -autobiografía, cuando el maestro se decida a plasmar impresiones, -anécdotas y aventuras de su vida interesantísima...</i></p> - -<p><i>—Es que mi vida no ha terminado aún—me decía un día—¡Quién sabe si</i> -ahora comienza!...</p> - -<p><i>—No, Maestro. Usted</i> ha llegado, <i>pero de la manera</i> completa <i>que -todos los verdaderos artistas deben alcanzar, saboreando las caricias de -la Gloria Universal, y al propio tiempo gustando de las comodidades y -magnificencias que proporciona el dinero... Y aunque en su vida futura -puedan existir hechos y apoteosis superiores a los de hoy—si es que -esto es posible—, ¿acaso no podría us<span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span>ted volcar en un tomo las -impresiones y acciones de su vida hasta ahora? ¿Por qué, entonces, no -comenzar ya la hermosa tarea, que será, no lo dude usted, superior a</i> La -barraca, <i>con ser esta novela una obra-cumbre?</i></p> - -<p><i>—Si llevo vida de millonario—decíame en la intimidad otro día—, no -soy digno de envidia. Trabajo doce o catorce horas diarias para atender -a los compromisos adquiridos con revistas y editores de Europa y -América... Además, la gente ve el resultado final de una vida de -continua producción, pero ignora lo que he tenido que sufrir y trabajar -para obtener eso. Baste decir que jamás fuí tertuliano de ningún café, -ni perdí el tiempo figurando en grupitos literarios, infecundos y -murmuradores. Tal vez el haberme dedicado a la política revolucionaria -desde los diez y siete años me libró de esa vida de pereza y crítica -negativa que ha atrofiado las facultades de tantos jóvenes en nuestro -país.</i></p> - -<p><i>—Realmente no parece usted un español. ¡Tiene usted alma de -norteamericano!</i></p> - -<p><i>—Eso me han dicho muchas veces, hasta cuando me vieron de cerca en -Estados Unidos. Muchos yankees esperaban asombrarme con la prodigiosa -actividad de su país, y finalmente los periódicos de allá acabaron por -reconocer que en punto a voluntad enérgica y a potencia produc<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span>tora yo -podía figurar entre los más fuertes de sus compatriotas.</i></p> - -<p><i>El gran novelista español tiene en su vida un éxito material que pocas -veces se ha visto.</i></p> - -<p><i>Un día, estando en su regia posesión de la Costa Azul—y perdone el -maestro tan poco republicano adjetivo—, le visitó el presidente de una -de las más grandes casas cinematográficas de Nueva York. Venía a -comprarle sus derechos de autor de</i> Los cuatro jinetes del Apocalipsis -<i>para hacer con esta novela—famosísima en el mundo entero-y de la cual -se han vendido en Estados Unidos cerca de dos millones de ejemplares—un -film de gran espectáculo. Y le entregó por dicha autorización 200.000 -dólares, o sea más de un millón de pesetas. ¡Eso es recibir una visita -grata!... Pero hay que recordar que la citada novela la vendió en 1916 -en 300 dólares a la traductora inglesa, y que ésta se ha enriquecido con -ella, así como los editores, sin que Blasco Ibáñez recibiese un céntimo -más. Justo es que la Providencia, en forma de Empresa cinematográfica, -le haya proporcionado esa magnífica compensación.</i></p> - -<p><i>—¿Usted sigue siendo republicano?</i></p> - -<p><i>—Lo seré mientras viva. Yo no soy un político; no lo he sido nunca. -Soy un romántico de la República. A veces pienso como digno final de mi -existencia morir lo mismo que aquel viejo desco<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span>nocido que muere en</i> Los -Miserables <i>sobre una barricada, sin que nadie sepa su nombre, sirviendo -de bandera a la juventud revolucionaria. No quiero volver a la actividad -política para ser un político..., un diputado. Hay veinte mil españoles, -por lo menos, que pueden ser diputados, tan bien o mejor que yo lo fuí -durante muchos años. Españoles que puedan escribir novelas y las hagan -leer a los públicos de toda la tierra, son indudablemente algunos menos. -Yo creo servir a mi país haciendo lo que hago ahora: novelas. Y si algún -día renacen en España los movimientos para implantar la República, -entonces yo, aunque tenga ochenta años...</i></p> - -<p><i>El brillo de los ojos del famoso novelista parece terminar esta -profesión de fe, verdaderamente de</i> “romántico”, <i>eternamente joven. -Luego queda pensativo y añade:</i></p> - -<p><i>—Dicen que disminuye el número de los republicanos en España. Esto no -significa nada. En veinticuatro horas una nación entera puede pasar de -monárquica a republicana. Además, no me impresiona que aumenten las -deserciones y se abran claros en las filas. Yo repito el verso del -inmenso Hugo en una situación semejante, cuando Napoleón III parecía -victorioso para siempre, y cada vez eran menos los republicanos en -Francia: “Si sólo queda uno, ése seré yo.”</i><span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span></p> - -<p>—<i>La literatura de nuestro país hoy...</i></p> - -<p>—<i>Hay muchos novelistas jóvenes a los que leo con verdadero deleite. -Todo el que trabaja y expresa sinceramente su manera de ver la vida, -tiene en mí un admirador. Lo único que les falta a algunos de ellos es -asomarse al mundo, vivir en otros ambientes, respirar otros aires, -renovarse...</i></p> - -<p><i>La charla de Blasco Ibáñez está a su altura como escritor. Me gusta -casi tanto cuando habla como cuando escribe. A veces es mordaz, irónico, -y en dos palabras tajantes va al resumen de la cuestión.</i></p> - -<p>—<i>¿No ha hablado usted nunca con el Rey?</i></p> - -<p><i>El novelista me mira. ¿Quiere sondar con su mirada de estilete la -intención de mi pregunta? Ha debido ver en mis ojos lealtad, cuando -tranquilamente, pausadamente, me responde:</i></p> - -<p>—<i>No; no he hablado nunca con el Rey. ¿Qué motivos hay para ello?... Si -escribiese novelas, tal vez me interesaría verle. No digo que no acabe -haciéndolas, pues según dicen ha nacido con variadísimos talentos para -todo; pero hasta el presente sólo ha hecho discursos... Viviendo en el -extranjero, como yo vivo, bien podría ocurrir alguna vez que me -encontrase con él en sus viajes, y hablásemos. Fuera de España no hay -política; todos somos españoles.</i></p> - -<p><i>Blasco Ibáñez añade:</i><span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span></p> - -<p>—<i>Yo soy amigo particular de otro rey de España, que no está sentado en -el trono, pero cuyos derechos a la Corona sostienen aún muchos -españoles. Algunas tardes veo a Don Jaime de Borbón y echamos un párrafo -con la alegría de dos compatriotas que se encuentran en tierra -extranjera.</i></p> - -<p><i>Don Jaime ha comprado una propiedad agrícola en los alrededores de -Niza; Blasco Ibáñez tiene su poética “Fontana Rosa” en Menton; entre -estas dos ciudades cercanas de la Costa Azul viene a ser Montecarlo un -lugar intermedio, y es en el Casino de Montecarlo donde se encuentran -con frecuencia el pretendiente al trono de España y el novelista, como -dos vecinos.</i></p> - -<p>—<i>El tiene sus creencias y yo las mías. Somos dos españoles que amamos -a España, cada uno a su modo, y nunca reñimos. Además, Don Jaime posee -la más sólida y positiva de las ilustraciones; la que no se adquiere en -los libros, sino viajando. ¡Ojalá todos sus partidarios y los más de los -españoles hubiesen hecho lo mismo!... El ha corrido una gran parte de la -tierra; yo no he viajado menos que él, y eso hace que nos entendamos -perfectamente, con la tolerancia y el mutuo respeto de dos hombres que -se libertaron de esas estrecheces de criterio y miserias mentales que -sufren los que no han salido nunca de “la sombra de su<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span> campanario”. -Además, lo repito: somos dos buenos españoles, y hay que vivir fuera de -España para saber lo que representa esto como fuerza atractiva.</i></p> - -<p><i>—Y si España peligrase, maestro, ¿abandonaría usted su dorada y -altísima Torre del Arte para acudir?</i></p> - -<p><i>Los ojos del maestro llamean de patriótica exaltación.</i></p> - -<p><i>—¡Claro que sí!... ¿Acaso hay quien crea que porque no resido -habitualmente en España no la quiero y venero tanto como el que más? ¿No -presto yo mejor servicio a mi Patria estando fuera de ella que si -viviese aquí como uno de tantos españoles?...</i></p> - -<p class="astc">*</p> - -<p><i>En la terraza del Casino de Madrid, a los postres, hablamos de España, -de Europa, del mundo...</i></p> - -<p><i>—Sí, indudablemente España progresa—dice el eminente novelista—, -pero el progreso que se ve es “material”; un progreso de ladrillos -puestos unos sobre otros y de nuevas calles en las ciudades. Pero -progreso moral, espiritual, intelectual... ¡lo dudo un poco! La vida -sigue siendo aquí dura, agresiva y áspera. Aún no hemos aprendido “la -dulzura de vivir”. Yo</i> <small>YA</small> <i>no podría residir aquí<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span> continuamente, como -en otro tiempo. Al que viene de fuera, le parece que todo en este -ambiente le molesta y le pincha... Para las mujeres no hay respeto, sino -procacidad, grosería... Los hombres, ante una mujer hermosa parecen -lobos hambrientos... Es triste, pero es cierto...</i></p> - -<p><i>—Sí—interrumpo—, aun los que todavía no hemos vivido, ni viajado, ni -aprendido, ni visto lo que usted, comprendemos con dolor y con tristeza -que España, en estos aspectos de que hablamos, es una aldea, una pobre -aldea sin botica, pero con cura... Una aldea en la que, naturalmente, -todo llama la atención: la mujer hermosa, los brillantes, las pieles, -las pantorrillas, los hombres altos, los hombres flacos, los hombres -gordos... ¡hasta las mujeres feas despiertan estupor! Y luego, todo se -toma por la tremenda, por lo trágico, en cobardes huídas del ingenio... -Tiene usted las corridas de toros...</i></p> - -<p><i>—No me hable usted de las corridas de toros—interrumpe ahora el -maestro—¿Para qué hablar de tan cobarde espectáculo? El caballo, amigo -fiel del hombre, que le ayuda en todo, encuentra como premio a su vida -abnegada la plaza de toros, donde se le somete a los más infames -martirios... No hablemos, no hablemos de las corridas de toros...</i></p> - -<p><i>Pasamos a conversar de otra cosa que interesa<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span> particularmente al -novelista: el viaje que va a hacer alrededor del mundo.</i></p> - -<p><i>En noviembre del año próximo 1923, Blasco Ibáñez irá a Nueva York para -embarcarse en un gran yacht que dará la vuelta a la tierra. Es un viaje -organizado para millonarios norteamericanos, a juzgar por lo que cuesta. -Un centenar de pasajeros hará esto, circunnavegación en un -transatlántico de 20.000 toneladas, convertido en yacht. Después de -visitar muchas islas de Oceanía, el Japón, Corea, China, Java, la India, -Ceilán, Egipto, etc., el novelista bajará a tierra en Montecarlo, único -puerto de Europa en que tocará el yacht, y se irá tranquilamente a su -villa “Fontana Rosa” en el tranvía de Menton (veinte minutos), o en uno -de sus dos automóviles, mientras el buque continúa navegando hacia Nueva -York con los demás pasajeros.</i></p> - -<p><i>Esto se llama vivir en nuestro planeta como si fuese casa propia.</i></p> - -<p class="astc">*</p> - -<p><i>Referir cuanto hemos oído al maestro durante su última estancia en -España, sería labor prolija.</i></p> - -<p><i>Vicente Blasco Ibáñez es el más alto y más sólido prestigio literario -de la España de nuestros días, y uno de los primeros novelistas del -mundo,<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span> como lo han declarado famosos críticos de Europa y América.</i> <span class="smcap">La -Novela de Hoy</span> <i>experimenta verdadera satisfacción al decir a sus -lectores: el maestro, el glorioso autor de</i> La barraca, <i>de</i> Entre -naranjos, <i>de</i> Mare Nostrum, <i>de</i> Los cuatro jinetes del Apocalipsis, -<i>de tantas obras famosas, leídas y saboreadas por millones y millones de -almas, traducidas a todos los idiomas, el maestro Blasco Ibáñez, el -insigne valenciano, el célebre español aclamado por los más diversos -públicos, colaborará asiduamente en nuestras páginas.</i></p> - -<p><i>¡Salud, maestro! Hasta su próxima novela, y hasta la visita que le -prometí en la Costa Azul, le abraza su devoto</i></p> - -<div class="figcenter" style="width: 437px;"> -<a href="images/ill_003.png"> -<img src="images/ill_003.png" width="437" height="146" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 474px;"> -<a href="images/ill_004.png"> -<img src="images/ill_004.png" width="474" height="46" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<h1>La familia del doctor Pedraza</h1> - -<h2><a name="I" id="I"></a>I</h2> - -<p>—Yo también—dijo Serrano—conocí, como algunos de ustedes, al doctor -Rómulo Pedraza. No siempre he vivido en París, pasando mis noches en los -restaurants de Montmartre. Para reunir la modesta fortuna que me permite -llevar mi existencia presente, anduve muchos años por América ejerciendo -diversos oficios y conociendo los más rudos altibajos de la suerte.</p> - -<p>Estando en Argentina hablé por primera vez con el doctor Pedraza. Yo no -vivía en Buenos Aires. Me había metido en empresas de colonización y -roturaba muy lejos de dicha ciudad unas tierras que estaban esperando -desde el principio<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> del planeta al hombre que se preocupase de hacerlas -productivas.</p> - -<p>La necesidad de adquirir dinero me obligaba a visitar con frecuencia la -capital de la República. Pero como los Bancos se negaron finalmente a -hacerme más préstamos dudando del éxito de mi colonización, tuve que -buscar, para seguir adelante en mi negocio, el auxilio del Banco -Hipotecario Nacional. Con lo que me diesen los altos y poderosos -directores de este establecimiento, dependiente del Gobierno, podría -pagar la mayor parte de mis deudas a los Bancos particulares, recobrando -mi prestigio financiero, y terminaría, igualmente, los trabajos de -roturación, que iban a centuplicar el valor de mis tierras.</p> - -<p>Me quedé en Buenos Aires por mucho tiempo, dispuesto a no volver a mi -propiedad hasta ver aceptadas mis pretensiones por el Banco Hipotecario. -No era empresa fácil, ni rápida. Como muchos de ustedes no han estado -allá, ignoran cómo se hacen los negocios en la mayor parte de los países -americanos de habla española.</p> - -<p>Todo lo que tiene una relación, más o menos lejana, con el Gobierno debe -desarrollarse pausadamente y tras largas esperas. Si se resuelven los -negocios con rapidez y en pocas horas, pueden creer los maldicientes que -se ha hecho algo ilegal para obtener ganancias enormes. Por eso en toda<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span> -oficina pública le responden a usted ordinariamente: “Vuelva mañana”; y -este mañana, que será el día de la resolución del asunto, tarda meses o -tarda años.</p> - -<p>Yo, pobre español, metido en trabajos importantes con poco dinero, falto -de protectores, y que además no estaba casado con una señora del -país—alianza que proporciona un apoyo semejante al de la solidaridad de -la antigua tribu—, tuve que oír muchas veces “Vuelva usted mañana” y -esperar semanas y semanas en las oficinas del Banco Hipotecario a que -llegase mi “mañana”, o sea la concesión del préstamo.</p> - -<p>Durante mis monótonas esperas en la antesala del presidente de dicho -Banco vi por primera vez al doctor Pedraza, recibiendo la regia limosna -de su protectora conversación.</p> - -<p>Otra advertencia que considero necesaria para todos los que me escuchan -y no han estado allá. Este doctor Pedraza era llamado “doctor”, no -porque fuese médico, sino por ser abogado.</p> - -<p>Desde Tejas al cabo de Hornos, en todas las repúblicas, los abogados son -tan numerosos como los generales; y esto es decir algo. Pero en las -repúblicas de la América que podemos llamar de arriba, los titulan -simplemente “licenciados”, y abajo, en la Argentina y otros países, -“doctores”.</p> - -<p>He visto en el Archivo de Indias, de Sevilla,<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> una súplica dirigida al -rey de España por los primeros habitantes de Buenos Aires pidiendo que -fuesen enviados a la ciudad naciente hombres de todas las profesiones, -menos abogados, por ser la tal carrera nociva para la paz y la -prosperidad de un país. Estos colonos de hace tres siglos adivinaban con -prodigiosa anticipación las futuras calamidades de su patria. Hay quien -asegura que si en la Avenida de Mayo o la calle Florida—lo más céntrico -y concurrido de Buenos Aires—alguien grita en plena tarde “¿Doctor?”, -cincuenta transeuntes se detienen al mismo tiempo y vuelven la cabeza -creyéndose llamados. Algunos van más lejos y afirman que si el grito se -repite varias veces pueden ser tantos los atraídos por él, que la -circulación quede interrumpida. Pero esto último no debe ser tenido, en -mi opinión, por rigurosamente exacto.</p> - -<p>Después de tales explicaciones, les diré que el doctor Pedraza, como -tantos otros doctores de su país, era un abogado de lujo que nunca había -ejercido su profesión y cuando tenía que acudir a los tribunales por -asuntos propios buscaba el auxilio de algún colega con “estudio” -abierto. El título de doctor es como una distinción nobiliaria en -aquella tierra de régimen democrático, crisis periódicas y riqueza -incesantemente renovada, que<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span> surte a una gran parte de la Humanidad de -panecillos y bifteques.</p> - -<p>El doctor Pedraza se dedicaba a los negocios lo mismo que muchos -argentinos de su generación. En su primera juventud había desempeñado -una cátedra de Derecho en la Universidad de La Plata como profesor -substituto; luego ocupó varios cargos políticos en la provincia de -Buenos Aires, llegando, finalmente, a ser diputado nacional. Pero su -palabra reposada y majestuosa, que se detenía, abriendo largas pausas, -para cazar las expresiones más retorcidas y sonoras, no aspiraba a los -triunfos parlamentarios. Su posición social y las necesidades suntuosas -de su familia exigían mucho dinero, y sólo le era posible obtenerlo -honradamente dedicándose en absoluto a los negocios.</p> - -<p>Compraba campos—las más de las veces sin conocerlos—y los vendía, -valiéndose para tan enormes transacciones de las cantidades que le -prestaban los Bancos. Al mismo tiempo dirigía desde Buenos Aires una -rica estancia heredada de sus padres y otra no menos importante que su -esposa había aportado como dote. Era un personaje cuyo nombre figuraba -casi todos los días en la crónica social de los diarios de Buenos Aires; -“un exponente representativo de la alta vida del país” como decía él con -su lenguaje rebuscado.</p> - -<p>Alto de talla, fuerte y de inconmovible salud<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span> tenía la gallarda soltura -de miembros de todos los hombres de allá, criados en las estancias, que -aprenden a montar a caballo antes de saber andar. Al mismo tiempo que -ágil, era recio de cuerpo y carnudo. No pueden ser de otro modo en una -tierra donde los destetan de niños con carne asada.</p> - -<p>Este buen mozo, de porte señoril, rostro aguileño y largos bigotes, -cuidaba de su indumento como en los años que aún era muchacho y sentía -sus primeros impulsos amorosos hacia la que después fué su esposa. -Siempre vi sus pies, pequeños y arqueados como los de una mujer, en un -encierro de brillante charol. Nunca le encontré, a partir de las -primeras horas de la tarde, que no vistiese chaqué y llevase sobre la -corbata una perla que parecía caída del turbante de un rajah. Jamás, al -extenderse la noche sobre Buenos Aires, dejé de encontrar al doctor -Pedraza puesto de <i>smoking</i>, si iba a comer con los amigos en el Jockey -Club, o de frac, para acompañar a su familia al teatro Colón.</p> - -<p>Su esposa y sus seis hijas no le hubiesen permitido la menor falta a las -reglas que debe observar todo <i>gentleman</i> en uno u otro hemisferio de la -tierra. Y el elegante doctor, hombre enérgico a sus horas y temible en -el manejo de las armas, era incapaz de oponer resistencia a los -caprichos y órdenes de las mujeres de su familia.<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 427px;"> -<a href="images/ill_005.png"> -<img src="images/ill_005.png" width="427" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span></p> - -<p>Este hombre, que gastaba muchos miles de pesos en el adorno de su -persona, no había dado que murmurar a sus enemigos y envidiosos con la -más pequeña aventura pasional. Se acicalaba para la gente de su casa; -para gustar a su mujer; para que le admirasen sus niñas con esa -satisfacción orgullosa que siente toda joven cuando contempla las -elegancias y seducciones del género masculino a través de su padre.</p> - -<p>Para el doctor Pedraza no había nada más allá de su familia. Ella le -inspiró el más extraordinario de los heroísmos... Porque sepan ustedes -que el hombre que les voy describiendo fué un héroe más grande que los -héroes de la guerra o de la ciencia. Estos mueren por la gloria, -orgullosos de su muerte y ganosos de que todos la conozcan.</p> - -<p>Pedraza, héroe obscuro, al desaparecer de un modo que no hiciese -sospechar a nadie su sacrificio, resulta más admirable.</p> - -<p>Ustedes se convencerán de ello si tienen paciencia para seguir -escuchándome.</p> - -<h2><a name="II" id="II"></a>II</h2> - -<p>Un cambio enorme se ha realizado durante los últimos cincuenta años en -el interior de las familias acomodadas; algo tan importante como una<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span> de -esas revoluciones que trastornan la organización política de un país o -la forma de la propiedad.</p> - -<p>Pero como esto sólo ocurre entre las gentes de dinero, que son las -menos, la tal revolución ha pasado algo inadvertida hasta el presente y -sólo se dan cuenta de ella los que sufren sus efectos.</p> - -<p>Hace medio siglo, cuando un hombre se arruinaba voluntariamente, y no a -causa de malos negocios, era casi siempre por el amor o por el juego. -Una llamada “artista”, o una profesional, con sus dientecitos -incansables había ido royendo la fortuna del pobre señor. Mientras -tanto, la esposa vivía obscuramente en su casa, haciendo economías para -remediar las locuras del marido, y las hijas, bajo la dirección materna, -llevaban una existencia de sobriedad monjil.</p> - -<p>Vestir con modestia era signo de distinción social. Las joyas vistosas, -los trajes originales, los despilfarros, parecían un vergonzoso -privilegio de las “artistas”, de las mundanas, de todas las criaturas -brillantes, peligrosas y efímeras mantenidas al margen de la alta -sociedad. La mujer decente, la madre de familia, debía ser económica, -modesta, opaca, y ahorrar en su casa, mientras el marido gastaba fuera -de ella. Las alas de mariposa eran para las mujeres “malas”, para las -criaturas versátiles y locas sin otra preocupación que dan<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span>zar en torno -a la llama que acaba por quemarlas.</p> - -<p>La existencia de muchos hombres resultaba parecida a la de los antiguos -ciudadanos de Atenas, fieles visitantes de las hetairas de moda, para -discurrir con ellas sobre el amor, los prodigios de las artes y el lujo, -mientras la mujer legítima hilaba en el gineceo, se ocupaba de la -limpieza de sus pequeños y ordenaba el trabajo de los esclavos.</p> - -<p>Pero un día la mujer moderna se dió cuenta de la inferioridad que -significaba continuar siendo señora decente; de la injusticia con que -procedía el hombre con ella mostrándose económico en el hogar y -despilfarrador con las hembras encontradas en la calle o en el teatro.</p> - -<p>—Si nuestros maridos o nuestros padres—dijeron muchas—desean -arruinarse por una mujer, que sea por nosotras. Nos pintaremos, nos -vestiremos y devoraremos el dinero, lo mismo que las otras. Eso se -aprende con facilidad. Sabremos hacerles conocer, igual que ellas, los -refinamientos de un lujo disparatado y el orgullo de pagar lo mucho que -cuesta. Si han de tirar una fortuna por vanidad, a lo menos que su -locura sea aprovechada por las de la casa. Acicalémonos como las -profesionales y tengamos sus mismas exigencias...</p> - -<p>Total: que hoy todas las mujeres se adornan del mismo modo, se permiten -iguales audacias en<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span> público, y uno no puede distinguir, como antes, la -señora de la que no lo es. El único indicio para no equivocarse es tener -por señora a la que menos parece serlo. Las mujeres decentes muestran en -la actualidad el atrevimiento del neófito que acaba de entrar en una -religión nueva, la audacia del esclavo recién libertado.</p> - -<p>Algunos dicen que esta gran revolución en la vida doméstica ha venido a -Europa desde América en los últimos cincuenta años; como los <i>Palaces</i>, -como la afición exagerada al baile, como los <i>jazz-band</i> y tantas cosas -contemporáneas. Otros afirman que no ha sido precisa la influencia -americana para esto, pues en todo tiempo han existido en Europa esposas -que arruinaron a sus maridos. Pero aunque así fuese, representó en su -época una excepción, y de ningún modo algo general y corriente como en -nuestros tiempos.</p> - -<p>El hecho es que ahora, cuando se pregunta: “¿Cómo se arruinó Fulano de -Tal?”, se escucha con frecuencia la misma respuesta: “Al pobrecito lo -arruinaron su mujer y sus hijas.”</p> - -<p>Esto tiene una explicación lógica. En los tiempos presentes, amigos -míos, la mujer resulta más cara que nunca. Es empresa difícil sostener -el lujo de una señora decente. Ríanse ustedes de las magnificencias de -ciertas mujeres célebres que figuran en la Historia. El lujo de antes -era deslumbrador,<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span> pero consistía principalmente en alhajas; es decir, -en algo duradero y que representaba un capital, guardado en reserva. Un -hombre, al hacer entonces regalos ostentosos a su mujer, iba depositando -en realidad dinero para el porvenir en la caja fuerte de su casa. Lo -terrible es el lujo de ahora: lujo de trapos, de blondas, pieles y -plumas, cosas todas que duran un par de meses, o cuando más un par de -años, que se ajan con facilidad y sólo pueden admirarse unos días, pues -carecen de la seducción sólida, inconmovible, eterna, de las piedras -preciosas.</p> - -<p>Ustedes habrán oído hablar de Madame Recamier. Todo París estaba a sus -pies hace un siglo. Era la mujer más elegante de su época. Los guerreros -napoleónicos, los santos padres del naciente romanticismo, los hombres -de moda, necesitaban ir todas las tardes a su tertulia, que era como una -consagración. La divina Julieta estrenaba diariamente un vestido; lo -llevaba unas horas nada más, y lo regalaba después a su doncella. -¡Trescientos sesenta y cinco vestidos al año!...</p> - -<p>Pero el valor de cada uno de ellos equivalía, según testimonio de los -indiscretos de aquella época, a unos tres francos cincuenta céntimos. -Eran túnicas blancas de lino o de batista, sobre las cuales colocaba la -divina Recamier una faja de seda celeste, y su belleza rubia no -necesitaba<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 431px;"> -<a href="images/ill_006.png"> -<img src="images/ill_006.png" width="431" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span></p> - -<p class="nind">más para tenderse en un diván, rematado por cuellos de cisne, a escuchar -los lamentos ossiánicos de un arpa o los versos recitados por su amigo -Chateaubriand.</p> - -<p>Ahora, una mujer tenida por elegante se considera deshonrada si lleva -vestidos de menos de mil francos. Lo corriente es que valgan dos mil. Y -lo mismo ocurre con el sombrero, las botas, etcétera. Además, la pobre -Recamier haría reír a nuestras amigas si intentase deslumbrarlas -cambiando cada día de vestido. Un vestido por día: ¡qué suciedad!, ¡qué -atraso!... Una mujer <i>chic</i> cambia ahora ritualmente de vestido tres -veces al día, cuando menos, y debe preferir la muerte antes de conocer -la deshonra de que sus compañeras la sorprendan dos días seguidos -llevando las mismas ropas.</p> - -<p>Aquellas cortesanas y comediantas, lujosas como la reina de Sabá y -devoradoras de millones, que todos hemos conocido en el teatro y en los -libros al describir la vida de París de hace medio siglo, son ya -personajes fantásticos de comedia y de novela. Sólo existen en la -imaginación de las gentes crédulas. Vayan ustedes a las joyerías de la -plaza Vendôme, a los modistos de la rue de la Paix y demás proveedores -del lujo femenino; pregúntenles por las “artistas” de costumbres ligeras -y por las mundanas célebres, que deben ser sus<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span> mejores clientes, y -verán cómo tuercen el gesto:</p> - -<p>—Eso era en otros tiempos, señor. Ahora las gentes de tal clase no nos -convienen; sólo saben hacer deudas. Ya no hay grandes duques rusos que -las protejan. Unicamente quedan agentes bolcheviques, que vienen de allá -llevando varios millones para la propaganda roja y los gastan con -bailarinas viejas que admiraron en su juventud de bohemios hambrientos. -Pero son tan pocos, que esto no significa nada. Háblenos usted de -señoras decentes; de mamás y de niñas. Esa es la verdadera clientela de -nuestra época. Los millonarios de América y de Europa ya no gastan el -dinero más que en las mujeres de su casa. El despilfarro y la locura -marchan ahora del brazo con la moral.</p> - -<p>Y los tales comerciantes, si fuesen capaces de hablar con esta -franqueza, dirían la verdad. Hay ahora niña casadera que antes de los -veinte años presenta a su papá cuentas de modisto y de otros proveedores -más enormes que las que pagó su abuelo ocultamente cuando se dedicaba a -proteger bailarinas o a dar a conocer al mundo el talento de alguna -comediante joven y de buen rostro.</p> - -<p>La familia del doctor Pedraza era de esta clase. La eterna preocupación -del prócer argentino consistía en ser rico, enormemente rico, para que -su familia, compuesta toda de mujeres, no experi<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span>mentase ninguna -privación en sus deseos de lujo.</p> - -<p>Cada vez que el doctor encontraba en los relatos de fiestas -aristocráticas publicados por los diarios a “la distinguidísima señora -de Pedraza y sus lindas e interesantes hijas”, sentía la misma emoción -de vanidad satisfecha, el mismo legítimo orgullo del artista que ve -elogiadas sus obras.</p> - -<p>Para él, su mujer era la primera dama de Buenos Aires y sus hijas -estaban destinadas a casarse con los jóvenes más ricos del país. Y esta -admiración por su cónyuge se convertía en obediencia absoluta a todas -sus indicaciones, como si la considerase incapaz de equivocarse en los -asuntos concernientes a la familia. El, para los negocios, para ganar -dinero; y su esposa, para la vida de alta sociedad, para gastar con -“distinción”.</p> - -<p>No resultaba extraordinario que después de veinte años de matrimonio -siguiese tan enamorado de su esposa. Doña Zoila (allá no son raros -nombres como éste) era una hermosa mujer: la patricia argentina, madre -de numerosa familia, que mantiene intactas la belleza y la gracia de la -primera juventud y muestra todavía un gran atractivo femenil rodeada de -sus nietas. Esta matrona, de ojos negros y arrogante estatura, guardaba -todas las magnificencias físicas de una raza sana y fuerte, que adopta -por moda los enerva<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span>mientos del lujo, pero no ha sido vencida aún por -ellos.</p> - -<p>Doña Zoila era la primera invitada a toda fiesta. Su opinión equivalía a -una ley; ella indicaba lo que era distinguido y lo que debía ser -considerado como “guarango”. Se estremecía de orgullo al declarar que -todas sus ropas procedían de París y que los grandes modistos de allá se -preocupaban del adorno de su persona, salvando el obstáculo de tres mil -leguas oceánicas. Cuando llegaban los comisionistas de la rue de la Paix -a Buenos Aires, apenas habían empezado a desenfardar en el hotel sus -modelos para la estación próxima, a la primera que avisaban era a -“Madame Pedraza”. Contaban con ella como gran compradora, y además sus -gustos y sus recomendaciones eran seguidos por mucha gente.</p> - -<p>Después de su reputación de mujer elegante, lo que más apreciaba ella al -conversar en los salones con algún extranjero era poder decir:</p> - -<p>—Y tal como usted me ve, soy madre de seis señoritas.</p> - -<p>Una maternidad tan corta representaba para ella una humillación, y se -apresuraba a añadir:</p> - -<p>—Una hermana mía tiene diez y ocho hijos; muchos de ellos varones.</p> - -<p>Esto es natural en un país poco poblado, que sólo cuenta un habitante -por kilómetro. Mientras<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span> los dueños de estancia fomentan la cría de sus -reses, en las ciudades, las esposas se afanan por aumentar el número de -ciudadanos.</p> - -<p>Además, amigos míos, aquellas mujeres que llevan en sus entrañas el -porvenir de su país son sanas y prolíficas, con la frescura y la salud -de un pueblo joven. Como la riqueza las impulsa a aceptar los caprichos -de la moda, a lo mejor se resignan a sufrir los tormentos del hambre -para ser extremadamente delgadas. “Hay que conservar la línea.” Pero a -pesar de su demacración elegante y su agostamiento distinguido, no -pueden ocultar la solidez del andamiaje interno, el noble vigor de sus -antecesores los centauros de la pampa. Parecen, por lo flacas, que -acaban de salir de una ciudad sitiada, o de un transatlántico con -averías en alta mar que sometieron a los pasajeros a la media ración. -Pero que la moda les dé permiso para comer y renacerán esplendorosas, -como surge el trigo en la llanura argentina cuando llueve largo.</p> - -<p>Decía, señores, que el doctor Pedraza amaba y admiraba al mismo tiempo a -su esposa. Ni una sola vez había contestado negativamente a las -peticiones de doña Zoila, y eso que la señora no reconocía límites ni -escrúpulos en los gastos para sostener, como ella decía, “el prestigio -de la familia”. Habitaban una casa nueva, grande y ele<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span>gante en las -cercanías del Parque de Palermo; estaban abonados invariablemente a uno -de los mejores palcos del teatro Colón durante la temporada de ópera, y -a otros palcos en diversos teatros. En Buenos Aires no abundan las -fiestas de sociedad, y el llamado “gran mundo” se ve y se habla durante -los entreactos en las representaciones tenidas por elegantes. Su -servidumbre era numerosa. Poseían tres automóviles: uno, el de -“negocios”, para el señor, y otros dos que empleaban la señora y las -niñas para visitas o excursiones.</p> - -<p>Doña Zoila enviaba a la casa donde el doctor tenía establecido su -“escritorio”, todas las cuentas de sus proveedores urbanos, así como las -que llegaban de París y Londres los días de vapor correo. Y Pedraza, sin -hacer objeciones, iba llenando hojas y más hojas de su cuaderno de -cheques, y las entregaba, dando por terminado el asunto.</p> - -<p>Le enorgullecían los enormes gastos hechos por su cónyuge. Eran una -demostración de su elegancia natural y de su noble origen. Porque el -doctor creía más aún que su mujer en el linaje aristocrático de ésta.</p> - -<p>—Soy de los Pérez Zurrialde—declaraba doña Zoila con orgullo en -determinados momentos.</p> - -<p>Y los demás, cuando querían hacer un elogio completo de ella, después de -ensalzar su elegancia<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 437px;"> -<a href="images/ill_007.png"> -<img src="images/ill_007.png" width="437" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span></p> - -<p class="nind">y su buen gusto, acababan diciendo: “Es una Pérez Zurrialde.”</p> - -<p>Todos creían en la distinción aristocrática de esta familia, sin poder -explicar el porqué de su creencia. En América se ve esto muchas veces. -Hay familias que cuentan entre sus antecesores generales célebres, -héroes patrióticos, presidentes de República. Pero otras, cuyos abuelos -no hicieron nada y no fueron nada, pasan, sin embargo, por más -distinguidas y más aristocráticas. Tal vez será porque estos -predecesores hablaron poco, se mantuvieron al margen de las luchas del -país, se preocuparon únicamente de vestir bien, dedicando a esto toda su -inteligencia, y fueron muy exigentes en materia de casamientos, -emparentándose solamente con sus allegados.</p> - -<p>Si una familia se empeña en ser aristocrática, como ponga en ello su -voluntad durante tres generaciones y lo afirme a todas horas, al cabo de -un siglo todos acabarán por aceptar su aristocracia y creer en ella. -¿Quién va a escarbar la historia de nadie más allá del abuelo o el -bisabuelo?... Hace cien años, en todas las colonias españolas de América -el mayor signo de distinción y bienestar era tener tienda abierta: un -establecimiento de comestibles o de ropas. Las familias linajudas de -todas las ciudades históricas de aquellas repúblicas tuvieron por -fundadores a tenderos espa<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span>ñoles o criollos, que representaban la -riqueza y la aristocracia de entonces. La agricultura y la ganadería no -valían nada en aquellos tiempos. Sólo eran ricos los que vivían detrás -de un mostrador. Pero doña Zoila no quería saber esto: “Soy una Pérez -Zurrialde.” Y su marido, simple Pedraza que había alcanzado de niño a -conocer a su abuelo, un emigrante venido de Castilla, participaba -también de esta admiración por el noble linaje de su esposa, por la -historia de aquella familia, que databa casi de siglo y medio, lo que -equivale en América a perderse en la noche de los tiempos.</p> - -<p>Además, esta esposa, todavía bella, de elegancia generalmente reconocida -y que le había dado seis veces la reproducción de su propia persona, -merecía gratitud por sus sólidas virtudes conyugales.</p> - -<p>Con doña Zoila “no había miedo a novelas”, como decía el doctor, y un -marido podía vivir en perpetua tranquilidad. Su avidez de audacias -elegantes no iba más allá de las invenciones del modisto, de la -sombrerera y demás artistas encargados del embellecimiento de la mujer. -Para ella no existía otro amor que el conyugal. Los demás caprichos e -invenciones eran buenos para las “locas de París” y no para ella, una -señora, casada y madre.</p> - -<p>Gustaba de que los hombres elogiasen en los<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span> salones la elegancia de sus -vestidos y su sabiduría para apreciar lo que es <i>chic</i> y lo que no lo -es; pero nada de alabanzas a su persona, nada de muestras de asombro o -admiración por su belleza, que se mantenía fresca y viva, desafiando al -tiempo.</p> - -<p>—Pero usted—le dijo un europeo—gasta una fortuna en vestidos todos -los años, y debe complacerle que los hombres admiren su lujo y se lo -digan.</p> - -<p>La señora de Pedraza acogió con un gesto desdeñoso tales palabras: Eso -sería verdad allá en Europa, donde las mujeres sólo piensan en los -hombres.</p> - -<p>—Entonces—siguió preguntando el curioso—,¿para qué viste usted con -tanta elegancia y se preocupa del adorno de su persona?...</p> - -<p>Doña Zoila, antes de contestar, le miró con cierta conmiseración, como -apiadada de su ignorancia:</p> - -<p>—Para dar envidia a mis amigas y que rabien un poco.</p> - -<h2><a name="III" id="III"></a>III</h2> - -<p>Llevaba yo tres semanas de presentarme todas las tardes en la antesala -del presidente del Banco Hipotecario, para saber si mi petición de -empréstito iba a ser bien acogida por los señores de la<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> Junta, cuando -hablé por primera vez con el doctor Pedraza.</p> - -<p>Algunos de ustedes tal vez no saben lo que son las cédulas del Banco -Hipotecario Argentino. En las Bolsas de Europa las consideran como un -papel de esos que llaman “de todo reposo”; un valor para que el padre de -familia invierta en él sin miedo sus ahorros y la viuda pobre su escasa -herencia. Estas cédulas hipotecarias gozan de más crédito entre la gente -tímida que los empréstitos que emiten los gobiernos o las obligaciones -de las empresas industriales, que siempre tienen algo de aventurado. -Cada título representa un pedazo de tierra hipotecada, algo sólido, -tangible, que no puede desaparecer ni volatilizarse en una guerra o una -catástrofe. Y como los directores del Banco Hipotecario desean mantener -incólume el prestigio reposado y seguro de su institución, de aquí que -procediesen en mis tiempos con tanta lentitud y minuciosidad en sus -operaciones, como si aun vivieran en la época colonial.</p> - -<p>Yo aspiraba a que me diesen dinero con la garantía de mis tierras; pero -ellos, antes de emitir sobre mi propiedad varios centenares de cédulas -nuevas y venderlas en Europa a gentes timoratas que sólo tienen de -América vagas ideas, necesitaban minuciosos informes y repetidas -exploracio<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span>nes de sus ingenieros para que en lo futuro no fuese posible -una depreciación de la hipoteca.</p> - -<p>El ujier del presidente se inclinó al entrar en la antesala un hombre -vestido con elegancia y de aspecto aseñorado. Le abrió la puerta del -despacho presidencial y luego creyó necesario darme una explicación para -que no me doliese la injusticia de que alguien entrase antes que yo, no -obstante mi larga espera.</p> - -<p>—Es el doctor Pedraza..., un señor muy rico que ha sido diputado -nacional.</p> - -<p>Volví a verle otras tardes en el Banco Hipotecario, pero esperando lo -mismo que yo, pues he observado muchas veces que la frecuentación de las -oficinas no da mayor confianza al solicitante, sino, por el contrario, -le quita poco a poco el prestigio y la entrada franca que tuvo en sus -primeras visitas. El doctor Pedraza acabó por sentarse en la antesala -cerca de mí. Unas veces había salido el presidente; otras, no deseaba -hablar con él, sino con los ingenieros y los peritos del Banco, cuyo -informe era siempre laborioso, circunspecto y lento. Un amigo cualquiera -nos puso en relación, y como la soledad de la pieza predisponía a las -confidencias, hablamos mucho durante las horas pesadas y al mismo tiempo -optimistas que siguen al almuerzo, y son en Buenos Aires las de visita a -las oficinas.<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span></p> - -<p>El doctor Pedraza solicitaba lo mismo que yo, aunque entre sus -pretensiones y las mías existiese una diferencia igual a la que separaba -mi humilde persona de colonizador extranjero de su opulencia de gran -propietario. Quería hipotecar la estancia heredada de sus padres, -operación importante para el Banco por tratarse de un préstamo de muchos -centenares de miles de pesos.</p> - -<p>Esto no me produjo asombro, ni quebrantó el respeto que me infundía el -doctor como hombre rico. En aquel país se puede ser un gran millonario y -deber al mismo tiempo sumas enormes. Hasta parece que la riqueza traiga -aparejado lo de tener deudas. Se emprenden sin miedo nuevos negocios; se -compra sin tener con qué pagar, dando por seguro que se venderá lo -comprado antes de unos meses y con fabulosa ganancia; nadie vacila en -tomar cantidades a préstamo... Así es como se ha engrandecido aquel -país.</p> - -<p>Para mí era indudable que este opulento personaje necesitaba el dinero -de la hipoteca para emprender algún negocio considerable y secreto.</p> - -<p>Seducido por el silencio con que le escuchaba, iba enumerando Pedraza -las magnificencias de la estancia que pretendía hipotecar. Además, todo -argentino nace propagandista de su patria, y se enardece hasta ser -elocuente cuando relata las grandezas de la tierra natal. El doctor, -exagerando<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 452px;"> -<a href="images/ill_008.png"> -<img src="images/ill_008.png" width="452" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span></p> - -<p class="nind">un poco, me describía los pastos de sus praderas, pasándose una mano por -el pecho para hacerme ver hasta dónde llegaba su altura. Yo, -escuchándole, contemplaba imaginativamente el galope circular de las -tropas de yeguas por el vasto campo cerrado con alambradas; el lento -rumiar de los bueyes, mejorados por una continua selección, casi sin -cuernos, con el lomo plano lo mismo que una mesa, y carnosos, como si en -su interior hubiera quedado suprimido el andamiaje del esqueleto.</p> - -<p>—Ha habido año que he vendido diez mil novillos; ¿sabe, compañero?...</p> - -<p>Otras tardes sentía la nostálgica necesidad de hacerme ver el Buenos -Aires de su infancia. Casas bajas de sobria arquitectura colonial; -aceras de ladrillo que parecían escaleras por sus numerosos altibajos; -calles profundas como barrancos, polvorientas unas veces y otras tan -llenas de agua estancada que había que vadearlas lo mismo que -riachuelos. Muy pocos transitaban a pie por la ciudad.</p> - -<p>—Yo iba a caballo a la escuela, y los otros muchachos “bien” llegaban -del mismo modo. Mientras duraba la lección había fuera de la casa unas -cuantas docenas de caballitos “petizos”, que entretenían su impaciencia -escarbando el suelo con las patas. Cuando yo salía de la escuela, mi -“petizo<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span>”</p> - -<div class="figcenter" style="width: 480px;"> -<a href="images/ill_009.png"> -<img src="images/ill_009.png" width="480" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span></p> - -<p class="nind">había abierto un hoyo así de grande. Los mendigos también iban montados, -pidiendo limosna de puerta en puerta. Los cocheros públicos encontraban -que era más barato no dar de comer a sus animales, y cuando éstos se les -morían, enganchar otros nuevos. No tenían más que salir a las afueras de -la ciudad para comprarlos por lo que querían ofrecer. Y ahora vendo yo -caballos en mi estancia tan caros como en Europa... Además, ¡lo que ha -cambiado nuestro Buenos Aires! Es cosa de asombrarse, compañero, viendo -esas avenidas y esas casas que parecen las de Nueva York... A veces creo -que lo de mi niñez fué algo soñado.</p> - -<p>Pero el doctor cortaba su entusiasmo patriótico para protegerme con una -de sus miradas bondadosas:</p> - -<p>—Y usted, galleguito, ¿qué piensa hacer con su plata cuando esos -señores le acepten la operación?...</p> - -<p>Modestamente iba yo explicando mis planes de colonizador. Con el -producto de la hipoteca terminaría la roturación de mis terrenos; -compraría tractores mecánicos y otras maquinarias agrícolas de las que -fabrican en los Estados Unidos; crearía un sistema de riego, y las -ganancias del nuevo cultivo me permitirían pagar los intereses de la -deuda y suprimirla finalmente, vendiendo tierra en pequeñas parcelas. -Pero me avergonzaba de la<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span> modestia de mis planes al recordar la -importancia del hombre que me estaba escuchando.</p> - -<p>—Usted, doctor, sí que hará cosas enormes en su estancia con esa -fortuna que le va a prestar el Banco. ¡Habrá que ver eso!...</p> - -<p>Y el doctor acogía mis palabras moviendo la cabeza con pensativa -gravedad. Luego hablaba. Los tiempos empezaban a ser malos; la compra y -venta de terrenos se iba paralizando; ya no era un negocio la -especulación. Sería conveniente volver al cultivo de las estancias, como -lo habían hecho los padres y los abuelos, pero agrandándolas, -modernizándolas...</p> - -<p>Dejé de verle. La operación sobre su estancia estaba casi terminada, y -de un momento a otro le iban a entregar las cédulas hipotecarias, o sea -el dinero. Para él los informes de los técnicos se hacían breves, y los -obstáculos rituales se derrumbaban ante su paso. Por algo era el doctor -Pedraza, y su esposa una Pérez Zurrialde. Además, doña Zoila, la noble -criolla, resultaba parienta, más o menos próxima, de la mayor parte de -los directores del Banco.</p> - -<p>Como si la protección que me había dispensado el doctor—expresada -únicamente hasta entonces con palabras amables y ojeadas -majestuosas—empezase a ejercer sobre mí una influencia real, algunas -semanas después los poderosos personajes<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span> del Banco se apiadaron de mi -insignificancia, concediéndome la hipoteca sobre mis tierras.</p> - -<p>Esto representó un descanso en mi angustiosa empresa, un alto durante el -cual podría resollar algunos meses con la tranquilidad que proporciona -la abundancia de dinero. Ya no tendría que mendigar pequeños préstamos -en los Bancos particulares. Pagué deudas, emprendí los trabajos que -tenía proyectados, encargué maquinaria a los Estados Unidos, y como la -nueva orientación de mi empresa exigía una espera, durante la cual -permanecería inactivo, me acometió el deseo de hacer un viaje corto a -Europa.</p> - -<p>Bien había ganado este descanso en dos años de áspera lucha. Además me -quedaba disponible algún dinero, varios miles de pesos, que podía gastar -en el regalo de mi propia persona, e inmediatamente sentí lo que llaman -en Buenos Aires “la enfermedad de París”. ¿Por qué yo, que pretendía -llegar en lo futuro a millonario (estilo América del Sur), no me podía -dar por algunas semanas una representación adelantada de lo que es en -Europa la vida de un personaje de tal clase?...</p> - -<p>Precisamente hacía un mes que en Buenos Aires los periódicos y las -gentes hablaban todos los días del <i>Cap Bojador</i>, transatlántico alemán -que había hecho su primer viaje desde Hamburgo e iba a<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> emprender su -travesía de regreso. Esto fué antes de la última guerra europea, y el -tal <i>Cap Bojador</i>, que no sobrepasaba en importancia a la mayor parte de -los transatlánticos que van a los Estados Unidos, era considerado como -una maravilla por su gran tonelaje entre los buques que remontan el río -de la Plata.</p> - -<p>Las gentes hablaban de sus salones lujosos; de su piscina de natación; -de las previsoras innovaciones establecidas en sus camarotes para -atender a las más pequeñas necesidades higiénicas, del invernáculo que -esparcía su jardín de flores tropicales sobre la última cubierta. Una -muchedumbre interminable bajaba como en procesión al muelle para visitar -esta maravilla flotante.</p> - -<p>¡Pobre <i>Cap Bojador</i>! La organización germánica lo había previsto todo -en él. Hasta guardaba en lo más secreto de sus bodegas unos cuantos -cañones desmontados para convertirse rápidamente en corsario si -estallaba una guerra. Y cuando la noticia de la guerra le sorprendió, -años después, estando anclado en Buenos Aires, montó su artillería y -salió al mar, para ser cañoneado y echado a pique por los cruceros -ingleses cerca de las costas de Africa.</p> - -<p>Familias que semanas antes no pensaban ni remotamente en un viaje a -Europa, sentían de pronto la necesidad de pasar el Atlántico. Fué de<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span> -moda ser pasajero del <i>Cap Bojador</i> en su primera travesía. Representaba -una gran distinción. Sólo los millonarios podían permitirse, según el -vulgo, este gusto inaudito.</p> - -<p>Preparaba yo modestamente mi viaje en otro buque cuando me avisaron que -en el famoso transatlántico había un pequeño camarote libre. Alguien -había desistido de su excursión a última hora. ¿Por qué no había de -darme el gusto de figurar, aunque fuese en último término, entre los -opulentos pasajeros del <i>Cap Bojador</i>, cuando precisamente iba yo a -Europa para hacer el aprendizaje de cómo viaja y vive un futuro -millonario?...</p> - -<p>La salida del buque fué precedida de una confusión clamorosa y triunfal. -Todos los alemanes de Buenos Aires se habían aglomerado en el muelle -para celebrar este acontecimiento glorioso. Músicas, banderas, ¡<i>hocs</i>! -incesantes al Káiser, cánticos del <i>Hüber Alles</i>. Además, gran afluencia -de familias criollas, que acudían para admirar y envidiar a los que se -marchaban; haces de flores enormes, como gavillas de trigo; cajas de -chocolates que parecían maletas; besos; miles de pañuelos tremolados -como banderas...</p> - -<p>Pasé modestamente a través de esa confusión. Nadie me conocía y yo no -conocía a nadie. Cuando el buque se despegó del muelle tuve un<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 444px;"> -<a href="images/ill_010.png"> -<img src="images/ill_010.png" width="444" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span></p> - -<p class="nind">encuentro en una de las calles de esta ciudad flotante que se iba -deslizando sin el menor movimiento, como si resbalase sobre el fondo del -río de la Plata. El doctor Pedraza iba a Europa con toda su familia.</p> - -<p>Doña Zoila y las seis hijas se movían atareadas y confusas, no sabiendo -qué hacer de las gavillas de flores y las cajas de dulces apiladas sobre -varios sillones de la cubierta: regalos de las numerosas amistades que -habían acudido a despedirlas. Todas ellas llevaban unos vestidos de -violenta novedad, “modelos únicos”, encargados, sin duda, por cable a -París apenas la familia decidió el viaje.</p> - -<p>El doctor iba trajeado como yo me imaginaba entonces que vestían el -presidente de la Cámara de los Lores o el primer ministro inglés al -salir de excursión. ¡Las ilusiones de aquel tiempo, en que no habíamos -visto aún los retratos de Lloyd George!...</p> - -<p>Me distinguió el rico argentino una vez más con sus palabras amables, -rebuscadas, majestuosas, y también con sus ojos protectores. En el curso -del viaje se dignó muchas veces tratarme como si fuese amigo suyo, y -hasta hizo mi presentación a doña Zoila y las niñas, las cuales me -acogieron con una indiferencia cortés.</p> - -<p>Era la familia más importante de a bordo por<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> el número de sus -individuos y por su lujosa instalación.</p> - -<p>Doña Zoila y su esposo habitaban un amplio dormitorio, con salón propio -y otras dependencias. Las seis niñas se habían resignado a ocupar tres -amplios camarotes de los más caros, cada uno con dos camas. Además, -formaban parte de esta expedición un par de doncellas españolas al -servicio de las señoritas: una parienta, pobre, de doña Zoila, que no se -dignaba prestar otro trabajo que el de servir de acompañanta a las niñas -en ausencia de su madre; el ayuda de cámara italiano del doctor, y una -vieja criada mestiza que había tenido en sus brazos a la señora de -Pedraza y seguía la familia a todas partes, como un recuerdo histórico -de la noble casa de los Pérez Zurrialde. En total, doce personas, -ocupando todo un lado de cierto corredor del buque donde estaban las -mejores habitaciones.</p> - -<p>La señora y señoritas de Pedraza viajaban “a la ligera”, según -declaración de la mamá, pues se proponían renovar enteramente su -vestuario cuando llegasen a París. Esto no impedía que al lado de las -puertas de sus camarotes estuviesen amontonados y obstruyendo el paso -numerosos cofres y maletas: una pequeña parte destacada del grueso del -equipaje oculto en las bodegas. El viaje de Buenos Aires a Boulogne iba -a durar aproxima<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span>damente veinte días. Una persona decente debe cambiar -de vestido tres veces cada veinticuatro horas, y ellas no podían -resignarse a que las demás pasajeras dijesen que en los veinte días se -habían puesto dos veces las mismas ropas. Total: sesenta vestidos por -cada una de ellas, ¡y eran siete!...</p> - -<p>Las dos hijas mayores habían dejado sus novios en Buenos Aires, y todas -las mañanas escribían una carta, guardándola para echarlas luego juntas -en los puertos donde hacía escala el buque. Sus hermanas menores -bailaban en el gran salón o en la cubierta cuando los camareros del -vapor se convertían en músicos, unas veces de instrumentos de cuerda, -otras de metal. Además hacían continuos ejercicios gimnásticos para -cultivar su delgadez, riñendo batallas tenaces y heroicas con el apetito -juvenil, excitado por el aire del mar. Sus comidas consistían casi -siempre en una taza de té, y alguna de ellas hasta suprimía este líquido -con la ambición de llegar a ser más esquelética que sus hermanas.</p> - -<p>En cambio, el doctor Pedraza gozaba con regodeo de la abundante mesa de -a bordo, así como de la consideración y el respeto que le acompañaba en -sus paseos por el buque.</p> - -<p>—Es un doctor de Buenos Aires—decían algunos europeos de regreso a su -tierra, al mostrarse a este personaje—, un estanciero riquísi<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span>mo, una -persona “bien”. ¡La plata que debe tener!...</p> - -<p>Al verme Pedraza, poco después de haber zarpado el transatlántico, me -saludó dándome en la espalda una de sus palmadas de buen príncipe.</p> - -<p>—¡Usted aquí, españolito!... ¿Va usted a dar un paseo por Europa?... -Hace bien; no todo ha de ser trabajo... Hay que gastar la platita.</p> - -<p>¡Simpático y bondadoso personaje! Recordé nuestras conversaciones -durante las primeras horas de la tarde, sentados en la antesala del -Banco Hipotecario.</p> - -<p>Luego una idea absurda, inverosímil, pasó por mi pensamiento. Se me -ocurrió que el dinero facilitado por el Banco Hipotecario iba a servir -en su mayor parte para este viaje suntuoso.</p> - -<p>Tal vez el doctor Pedraza había hipotecado su estancia para dar gusto a -su familia, deseosa de realizar un paseo triunfal por el viejo mundo: un -viaje que excitase la envidia y la admiración de las amigas que dejaban -a sus espaldas.</p> - -<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2> - -<p>Terminada la navegación nos vimos poco. Yo no podía vivir en el mismo -plano que este millonario.</p> - -<p>Además huía de él, no porque me fuese antipá<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span>tica su persona, sino por -miedo a la deslumbrante doña Zoila y a sus hijas, que parecían esparcir -una nueva luz sobre París.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 507px;"> -<a href="images/ill_011.png"> -<img src="images/ill_011.png" width="507" height="446" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><i>Le Figaro</i>, que es el diario que presta más atención al paso de los -americanos, hablaba casi todos los días de “Madame de Pedraza, ilustre -dama argentina, y sus hermosas hijas”.</p> - -<p>Ocupaba la familia una parte considerable del primer piso de cierto -hotel monumental, próxi<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span>mo al Arco de Triunfo. Algunas mañanas el -doctor, con su esposa y las seis niñas, salían a caballo para galopar -por las avenidas del Bosque de Bolonia. Esta cabalgata, que muchos, en -el primer momento de sorpresa, tomaron por un desfile de artistas de -circo, servía para demostrar la opulencia de la familia. Además, todos -eran excelentes jinetes, que habían aprendido la equitación por -instinto, en la estancia natal, al mismo tiempo que aprendían a hablar.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 500px;"> -<a href="images/ill_012.png"> -<img src="images/ill_012.png" width="500" height="443" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span></p> - -<p>No se sabe si fué la admiración o la envidia la que inventó el mote; -pero las seis señoritas Pedraza empezaron a ser apodadas “Las walkirias -argentinas”.</p> - -<p>El éxito de las hijas del doctor no podía ser más halagüeño para la -vanidad de sus padres. No digo que París entero se preocupase de ellas. -París es muy grande y su vida está dividida en sectores. Pero en el -fragmento de mundo parisién donde se movían los Pedraza, o sea la -porción comprendida entre el Bosque, la Avenida Kleber y los bulevares, -la popularidad de las seis walkirias era cada vez más grande.</p> - -<p>En los establecimientos de la calle de la Paz, de los Campos Elíseos y -de la plaza Vendôme sonaba con frecuencia el nombre de madame de Pedraza -y sus <i>demoiselles</i>, recomendando los jefes, con voz respetuosa, el -rápido cumplimiento de los encargos de tan ricas clientes. Muchas veces, -al contar yo que venía de la Argentina y tenía en ella mis negocios, -escuché las mismas palabras:</p> - -<p>—Ahora está en París un gran millonario de allá, el doctor Pedraza, con -su esposa, una señora muy distinguida, y sus niñas, que parecen un coro -de ángeles. ¡Lo que gasta esa familia! ¡La fortuna enorme que debe tener -el padre!... ¡Qué collar de perlas el de la mamá!...<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span></p> - -<p>Y yo asentía a estas expresiones de asombro y admiración... ¿Para qué -hablar? En Europa tienen tal concepto de la riqueza, sólida, -inconmovible, cristalizada, que no pueden imaginarse la riqueza movible, -inquieta y en continuo volteo de los países americanos: una riqueza que -se aleja y vuelve, se desvanece y torna a reconstituírse, haciendo que -un mismo hombre se vea tres o cuatro veces en su existencia millonario -como un príncipe de cuento de hadas y mendigo visionario.</p> - -<p>Además, el lujo enorme de la familia Pedraza, que yo apreciaba desde -lejos, acabó por desorientarme, haciéndome dudar de lo que había visto -al otro lado del Océano.</p> - -<p>En realidad, yo sólo sabía del doctor que había hipotecado la mejor de -sus fincas; pero esto no significaba nada extraordinario ni fatal. En el -Nuevo Mundo no basta preguntar cuánto posee una persona; es preciso -añadir: “¿Cuánto debe?”. Todos, por ricos que sean, tienen deudas -enormes, contraídas para el agrandamiento de sus negocios. El -crecimiento rápido de los pueblos jóvenes exige que los ricos vivan un -poco a la ventura, como viven los jugadores, confiándose a su buena -suerte y tomando sin vacilación todo el dinero que les ofrezcan, con la -esperanza de poder devolverlo gracias a nuevos negocios.</p> - -<p>Tal vez el doctor era más rico que yo me lo<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span> imaginaba, y su préstamo -debía ser considerado como una operación transitoria y sin importancia. -Al año siguiente una portentosa cosecha de trigo, o una de aquellas -ventas de “hacienda”, en las que entraban los novillos a miles, y que él -me había descrito entusiásticamente en sus conversaciones, bastaría para -pagar enteramente su deuda sin tener que imponerse sacrificio alguno.</p> - -<p>Antes de que yo regresase a la Argentina tuve noticias directas de los -grandes éxitos obtenidos en París por doña Zoila y sus hijas. Las dos -mayores se mostraban refractarias a todo coqueteo, e iban de fiesta en -fiesta, estrenando cada vez un vestido riquísimo; pero graves y -austeras, orgullosas de su lujo y dignándose mirar únicamente a las de -su sexo, lo mismo que su noble madre.</p> - -<p>—Somos muy argentinas y sólo podemos casarnos con uno de nuestra -tierra.</p> - -<p>Las dos seguían escribiendo diariamente a sus novios, que estaban en -Buenos Aires. Unicamente les interesaban en París los vestidos y los -elogios de las mujeres.</p> - -<p>En cambio, las otras hermanas vivían asediadas por el amor y las -peticiones matrimoniales. Hasta la más pequeña, que todavía iba de corto -y con el cabello suelto, tenía varios suspirantes que la deseaban por -esposa. La fama de estas millonarias recién llegadas se había esparcido -por to<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span>dos los círculos, más o menos aristocráticos, donde hay jóvenes -que se tienden con desesperación en un diván después de haber perdido -los últimos miles de francos en la sala destinada al juego.</p> - -<p>Además, en los años anteriores a la guerra la República Argentina -acababa de ponerse de moda, y los conocimientos geográficos de los -hombres deseosos de adquirir una fortuna casándose se ensancharon -considerablemente.</p> - -<p>Todos habían acabado por descubrir una gran novedad; que existen dos -Américas: la del Norte y la del Sur. El matrimonio con americanas de los -Estados Unidos era ya entonces una industria en decadencia. Los títulos -nobiliarios se aprecian allá cada vez menos. Las mujeres de aquel país, -dotadas de un carácter práctico y escarmentadas por la experiencia, se -reservan el manejo de sus bienes, y el marido sólo es un consocio bien -alimentado, pero sin derecho a tocar la fortuna de su esposa: una -especie de rey consorte, sin voz ni voto en el gobierno de la casa...</p> - -<p>Era conveniente buscar acomodo en la otra América, donde también existen -millonarias, menos numerosas, pero más inexpertas en esta clase de -alianzas. El riquísimo doctor llegaba oportunamente con cuatro hijas -casaderas, y todos los que en París esperaban salvarse por medio del -matrimonio olvidaron lo que sabían de inglés para<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span> perfeccionarse en el -tango y chapurrear algunas palabras de español.</p> - -<p>Dos de las señoritas Pedraza empezaron a mostrarse distanciadas por una -rivalidad aristocrática:</p> - -<p>—Yo puedo ser duquesa si quiero—decía una de ellas—, y a ti sólo te -pretende un marqués.</p> - -<p>—Pero el mío es más joven que el tuyo—contestaba la otra.</p> - -<p>Doña Zoila creyó oportuno cortar tales disputas con la autoridad de su -noble pasado. Nada tenía que decir contra estos personajes que aspiraban -a ser sus yernos; pero no le hacían ningún favor extraordinario al -pretender entrar en su familia. Ellos tenían un pasado histórico, pero -los Pérez Zurrialde no eran cualquier cosa allá en su tierra. Si -llegaban a casarse con sus niñas no tendrían por qué ruborizarse, pues -éstas eran iguales a ellos.</p> - -<p>Empezó a circular entre los sudamericanos de París la noticia de que un -duque y un marqués querían ser yernos del doctor Pedraza. Les corría -prisa esta unión y deseaban realizarla antes de que la familia volviese -a Buenos Aires. Las niñas, por su parte, también mostraban una prisa -igual, pensando en lo que dirían sus amiguitas de allá al verlas con -títulos nobiliarios.</p> - -<p>Yo me marché de París en aquellos días; pero<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span> las confidencias de -algunos amigos del doctor sirvieron para darme una idea aproximada de lo -que debió ocurrir.</p> - -<p>Estos nobles personajes que descienden a emparentarse con los ricos del -otro lado del Océano muestran siempre un gran desinterés cuando llega el -momento de tratar las condiciones materiales que deben regir la -asociación matrimonial. Ocupados en el galanteo de la joven millonaria, -no quieren interrumpir su dúo de amor con vulgares discusiones -financieras, y envían a un llamado hombre de ley, a un notario que ha -servido siempre a su familia o al administrador de su hacienda -quebrantada para que ajuste el convenio con los padres.</p> - -<p>El doctor Pedraza, hombre de negocios, consideró sin importancia estos -tratos preliminares del matrimonio. El manejaría a su gusto a los dos -nobles señores que pretendían ser hijos suyos. Pero en vez de hablar con -ellos, tuvo que recibir la visita de dos leguleyos franceses, de palabra -melosa, con el plumaje áspero y el pico duro, lo mismo que aves de -rapiña.</p> - -<p>Pedraza y su noble esposa se expresaron como príncipes generosos que no -pueden contar la inmensidad de su fortuna. Los dos se comprometieron -desde el primer momento a entregar a cada una de sus niñas una renta -anual de trescientos<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> mil francos. Pero los enviados no creían en rentas -que pueden ser pagadas fielmente el primer año e ir disminuyéndose en -los siguientes, hasta quedar suprimidas. Ellos necesitaban un capital -positivo, aunque la renta fuese menor: campos, casas, valores -mobiliarios, algo que pudiera convertirse en dinero a cualquiera hora, -dando una seguridad de riqueza a sus poseedores.</p> - -<p>En resumen: que éstas conferencias laboriosas, en las que se batían -ambas partes con buenas palabras y perversas intenciones, terminaron tan -mal como cualquiera de las entrevistas diplomáticas a las que asisten -los Gobiernos con el propósito de engañarse unos a otros.</p> - -<p>El duque y el marqués desaparecieron. Las dos niñas lloraron un poco. -¡No poder marcar con una corona heráldica sus pañuelos y sus ropas más -íntimas, para envidia de las amigas!...</p> - -<p>Las hermanas mayores, que habían sufrido en silencio el orgullo -nobiliario de las otras, creyeron llegado el momento del desquite.</p> - -<p>—Nosotras debemos casarnos con gentes de nuestra tierra. Aquí, en -Europa, sólo nos buscan por nuestra gran fortuna. Os hubieran tomado la -plata y después, ¡quién sabe si habrían acabado pegándoos!...</p> - -<p>Doña Zoila apoyaba estas palabras:</p> - -<p>—Allá no usamos corona, pero somos tan no<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span>bles como los de aquí. -Vosotras, además de ser Pedraza, lleváis un gran nombre por vuestra -madre.</p> - -<p>La hermosa señora abominaba ahora de París. Según contó después a sus -amigas de Buenos Aires, algunos mocitos que casi podían ser hijos suyos -habían osado hablarla, en los salones, de “almas dormidas que deben ser -despertadas”, burlándose a continuación de la vulgaridad de ser fiel al -marido, y comparando su belleza con el sol de la tarde, más deslumbrador -y ardoroso que el del amanecer... ¡A ella! ¡A una matrona respetada por -todos en su país!... Si había aguantado en silencio tales audacias era -por miedo a que se enterase su esposo, hombre violento en sus cóleras y -famoso tirador de pistola.</p> - -<p>Pedraza, arrepentido sinceramente de la satisfacción que le había -procurado por unas semanas la posibilidad de ser suegro de tan -aristocráticos personajes, mostraba ahora un recrudecimiento de sus -entusiasmos de americano, hijo de una República.</p> - -<p>—Lo de los títulos de nobleza, che, puede deslumbrar a los gringos de -Europa; ¿pero a nosotros?... En la América del Sur eso nos hace reír.<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span></p> - -<h2><a name="V" id="V"></a>V</h2> - -<p>Transcurrió mucho tiempo sin que yo volviese a ver al doctor. Me enteré -por los diarios argentinos de su regreso triunfal de Europa. Otra vez su -nombre y el de todas las mujeres que componían su familia volvieron a -aparecer en las crónicas de la alta vida social.</p> - -<p>Doña Zoila organizaba fiestas de caridad; se movía a la cabeza de todas -las Juntas para la difusión de principios morales, y a la hora del té su -palabra era escuchada como un oráculo, definiendo lo que es elegancia y -en qué consiste la falta de <i>chic</i>. Después de haber pasado un año en -París, su autoridad parecía inconmovible.</p> - -<p>La vida del doctor resultaba menos dichosa y plácida. Yo le veía pasar -en su lujoso automóvil por la avenida de Mayo o apearse en la calle -Reconquista, donde están establecidos los Bancos de la ciudad, yendo de -uno a otro para sus numerosas e importantes operaciones. Todos seguían -considerándole con respeto, como un personaje influyente, y muchos -envidiaban su riqueza. Pero de tarde en tarde llegaban hasta mí noticias -inquietantes para el crédito del doctor. Sus amigos íntimos contaban que -había gastado en Europa un<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 443px;"> -<a href="images/ill_013.png"> -<img src="images/ill_013.png" width="443" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span></p> - -<p class="nind">millón de pesos (más de lo que le había prestado el Banco Hipotecario). -En las reuniones de alta sociedad se hablaba con asombro del collar de -perlas que doña Zoila había adquirido en París, y los envidiosos -apuntaban que el marido no tenía fortuna para tantos dispendios.</p> - -<p>En mucho tiempo no volví a acordarme de Pedraza, pues bastante tenía con -preocuparme de mi propia suerte. La Argentina pasaba en aquellos -momentos por una de esas crisis financieras que son en su existencia a -modo de una enfermedad normal y periódica, repitiéndose aproximadamente -cada diez años.</p> - -<p>A los negocios rápidos y extraordinariamente productivos había sucedido -la atonía del dinero; al despilfarro, el pánico, el egoísmo y la -pobreza. Los Bancos que adelantaban antes capitales para toda clase de -negocios, no sólo habían cortado repentinamente sus créditos, sino que -exigían la inmediata devolución de sus préstamos. Yo tuve que luchar -mucho en aquella época para no salir de la crisis completamente pobre. -De no ocurrir tal calamidad estarían ustedes escuchando ahora a un -millonario. Gracias que pude salvar lo preciso para retirarme a París y -vivir aquí con modestia.</p> - -<p>Pero volvamos a nuestro doctor. Su situación era semejante a la de otros -compatriotas suyos.<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span> Continuaba siendo un capitalista para las gentes: -seguía viviendo como un millonario; pero los directores de los Bancos y -los hacendados sólidamente ricos, al nombrarle con respeto, contraían -los labios como para cerrar el paso a una sonrisa burlona y cruel. Su -infortunio llegaba hasta mí fragmentariamente, por noticias sueltas y -espaciadas, como se aproximan o se alejan las detonaciones de un combate -remoto, según los caprichos del viento.</p> - -<p>La familia había tomado, como siempre, su palco en el teatro Colón al -empezar la temporada de ópera. Esto era natural. La vida resulta -inconcebible en Buenos Aires sin la asistencia a dicho teatro. ¡Antes -morir! Pero el doctor había entregado al empresario por el abono del -palco, no un cheque, sino un pagaré a noventa días vista. En las malas -épocas muchos pagan así en aquel país. Se confía en el porvenir. Nadie -cuenta únicamente con lo que tiene en la mano, como los tímidos del -viejo mundo; todos admiten de consocia a la esperanza. ¡Quién sabe qué -grandes negocios pueden hacerse en el plazo de noventa días!... Como la -fortuna tiene alas, sólo necesita unos instantes para llegar hasta -nosotros.</p> - -<p>También supe que Pedraza había hipotecado la otra estancia que era de su -mujer. Acababan de casarse las dos hijas mayores con una magnificen<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span>cia -que hizo acudir a toda la alta sociedad de Buenos Aires. Doña Zoila dió -a las bodas de sus hijas el aparato de un acontecimiento histórico. -Mientras tanto el pobre doctor se agitaba de la mañana a la noche por -conseguir al mismo tiempo dos cosas que parecían antagónicas: sostener -el aspecto opulento de su familia sin aminorar sus gastos, y pagar los -enormes réditos de sus deudas.</p> - -<p>Las cosechas de las dos estancias y las ventas de novillos criados en -sus campos sólo servían para satisfacer los tales réditos. Pedraza, -deseoso de evitar disgustos a su esposa, disimulaba las angustias de -esta situación. Apenas se veía en su casa, rodeado de un ambiente de -lujo, entre sus hijas solteras, que hablaban y reían como princesas -seguras del porvenir; necesitaba mostrarse optimista, imaginándose una -serie de negocios maravillosos que vendrían a sacarle de apuros al día -siguiente.</p> - -<p>No quiero cansar a ustedes describiendo detalladamente cómo se fué -acelerando, cuesta abajo, la ruina de Pedraza. Necesitaba siempre -dinero; en los Bancos no querían dárselo al interés corriente, y -recurrió al préstamo usurario. Además tuvo que vender con pérdida enorme -los terrenos que había adquirido para especular sobre su alza en la -buena época del país, cuando circulaba vertiginosamente la riqueza.<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span></p> - -<p>Al mismo tiempo mostraba, al hablar con sus hijas casadas y sus yernos, -la tranquilidad bondadosa de un hombre inmensamente rico, que al morir -dejará caer un chaparrón de bienes sobre sus herederos. Aceptaba sin la -menor mueca de contrariedad todas las peticiones de las hijas que vivían -en su casa. Doña Zoila, que estaba vagamente enterada de que los -negocios no marchaban del todo bien, parecía vacilar algunas veces al -hacer a su marido la enumeración de los gastos de la familia, pensando -en la posibilidad de ciertas economías. Un día hasta le dió a entender -que, en caso de apuro, estaba dispuesta a desprenderse de sus joyas. -Pero esto, aun siendo mera hipótesis, parecía causar tal pena a la -señora, que el doctor se apresuró a disuadirla.</p> - -<p>Le era imposible aceptar que su noble compañera modificase su vida -ordinaria. Además, ¿qué dirían las gentes al ver disminuído el lujo de -la familia?... Y era el pobre doctor quien recomendaba a su esposa que -evitase las economías demasiado visibles. Las niñas debían casarse, y -para ello era conveniente que la casa conservase su aspecto de -abundancia segura y ostentosa.</p> - -<p>Cuando de tarde en tarde me ponía la casualidad al alcance de la palabra -solemne y los ojos protectores de mi amigo adivinaba yo los estragos que -iba haciendo en su persona esta nueva vida<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> de pobreza disimulada. Iba -vestido con la elegancia de siempre; conservaba su aspecto señoril; pero -estaba viejo, mucho más viejo que debía serlo por su edad.</p> - -<p>—¿Cómo marchan sus negocios, españolito?... Mala época: ¡muy mala para -todos!... Pero esto no puede durar.</p> - -<p>Y me golpeaba la espalda con la bondad de un ser superior que sabe que -existe la desgracia, pero es para los otros, pues él se encuentra por -encima de las miserias del vulgo.</p> - -<p>Su caída fué larga. Nadie se enriquece con la rapidez que se imaginan -los que viven al margen de los negocios; nadie tampoco se arruina, por -regla general, en unos instantes, como lo vemos muchas veces en comedias -y novelas. Hay ruinas fulminantes, como hay naufragios instantáneos que -sólo duran unos minutos; pero la mayoría de las gentes se enriquecen con -lentitud, o van empobreciéndose como el que baja una escalera, peldaño -tras peldaño. El naufragio del doctor fué igual al de los grandes -veleros, que después de estar llenos de agua, todavía flotan con la -quilla al aire mucho tiempo, yendo de un lado a otro, al capricho de las -corrientes.</p> - -<p>En realidad, sólo sé de Pedraza lo que me contaron incidentalmente -algunos de sus amigos íntimos. Estas noticias son a modo de episodios -suel<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span>tos y sin concordancia; pero yo he hecho de todos ellos algo -compacto, uniéndolos con los hilos de mis suposiciones. Valiéndome del -álgebra de la inducción, he llegado a imaginarme todo lo que le ocurrió -al doctor. Dirán ustedes que lo que voy a contarles es en gran parte -invención mía; pero hay invenciones más ciertas y verosímiles, por ser -lógicas, que las noticias que nos dan como seguras los amigos y los -periódicos.</p> - -<p>He pensado muchas veces en las tardes que debió pasar cuando quedaba -solo en su “escritorio”: un piso arrendado en la avenida de Mayo para -sus oficinas. Lejos de su casa y libre de las seducciones que ejercían -sobre él las mujeres de su familia, obligándole a verlo todo de una -manera optimista, quedaba frente a frente al enigma de su situación. Iba -a verse arruinado en un país donde el dinero tiene mayor importancia que -en otras naciones y resulta más necesario para la vida. ¿Era posible la -existencia de un Rómulo Pedraza protegido por sus amigos y con un empleo -público para sostener humildemente a su familia?...</p> - -<p>La idea de que su mujer y sus niñas tuvieran alguna vez que remendar sus -vestidos, llevando la existencia dolorosa de los ricos arruinados que -buscan el amparo de unos parientes más dichosos, le parecía tan absurda -e inconcebible como un trastorno de las leyes astronómicas. ¿Era ló<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span>gico -que Zoila, su mujer, fuese alguna vez pobre?...</p> - -<p>Además sentía miedo al pensar en sus hijas. El conocía la historia de -muchas señoritas cuyos padres se habían empobrecido. Unas pocas -conseguían casarse con ricos, lo mismo que en las novelas; las más se -resignaban a descender, perdiendo la distinción de su origen, -convirtiéndose en obreras ocultas que trabajaban mal recompensadas para -el sostenimiento de una vida miserable; y algunas acababan sirviendo de -amantes a hombres que en otras circunstancias no habrían osado aspirar a -ser sus maridos.</p> - -<p>El pobre doctor se estremecía de miedo y de cólera al pensar que sus -hijas, las cuatro hijas que le quedaban en casa, podían verse en la -misma situación de algunas infelices que atraen a los libertinos con un -nuevo encanto: el de haber sido señoritas de buena casa, jóvenes, ricas -y educadas en el lujo antes de que la ruina paternal les empuje a ser lo -que son.</p> - -<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2> - -<p>Como todos los que viven inseguros y acechados por el peligro, creyendo -sentir que la tierra vacila bajo sus pies, el doctor aceptó -supersticiosamente la existencia de fuerzas misteriosas que<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span> pueden -proteger a los mortales y salvarlos, fijándose en ellos con las secretas -preferencias de la predestinación. ¿Por qué no había de ayudarle la -fortuna, tirando de él con un manotazo maternal para elevarlo sobre -aquellas miserias que le obligaban de día a dolorosos fingimientos, y le -tenían la noche entera entre las roedoras mandíbulas del insomnio?... -Había que abrir las ventanas a la suerte para que pudiese tocarle con -sus alas.</p> - -<p>Y se hizo jugador, jugando en la Bolsa y en los Clubs aristocráticos, de -los que era uno de los socios más respetables y escuchados. Dió orden -también a las gentes de su “escritorio” para que dejasen libre la -entrada a todo el que llegase pretendiendo hablarle. ¡Quién sabe si el -más humilde visitante vendría a proponerle un negocio salvador!... En -los países jóvenes, de continua inmigración, que atraen a los -aventureros de mala ley, pero igualmente a los visionarios geniales e -inventores, todo es posible.</p> - -<p>Un día, un agente de seguros sobre la vida le conquistó con su charla -amena, haciéndole firmar una póliza de doscientos mil pesos a favor de -su mujer y sus hijas. Esto iba a obligarle al pago de una prima -importante todos los años; pero como estaba acostumbrado a los enormes -réditos que debía entregar a sus acreedores, consideró insignificante el -aumento de una cantidad más...<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span></p> - -<p>El agente de seguros, alegre por la comisión ganada, debió hablar a sus -compañeros; la puerta del “escritorio” seguía franca, y empezaron a -visitar a Pedraza casi todos los que en Buenos Aires se dedicaban al -mismo negocio. Intentó resistirse al principio a una segunda operación -basada en su muerte; pero al fin acabó mostrando cierto gusto por ella, -y como continuaba acogiendo bien a tales visitantes, éstos parecieron -pasarse el aviso unos a otros.</p> - -<p>Rara era la semana que el doctor no suscribía una póliza nueva. Como a -pesar de su madurez se mantenía fuerte, y los médicos de las Compañías -de Seguros daban un informe rotundo sobre su espléndido equilibrio -físico, libre de toda enfermedad, el negocio se hacía sin obstáculos. Al -poco tiempo Pedraza estaba asegurado en más de una docena de compañías, -unas del país, otras de Europa y de los Estados Unidos. Además había -firmado contraseguros y hecho otras operaciones que le aconsejaban los -agentes, deseosos de ganar nuevas primas.</p> - -<p>Al fin, su persona había llegado a valer más de dos millones de pesos, -según manifestaba con regocijo a sus amigos. Esta era la cantidad que -deberían entregar las Compañías a su familia en el momento de su muerte. -Pero los amigos, admirando la solidez de su cuerpo, contestaban:<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span></p> - -<p>—Antes de morir habrás pagado en primas algo más de los dos millones. -¡Mal negocio el tuyo! Vas a vivir mucho.</p> - -<p>Y el doctor sonreía, orgulloso de su vigor, afirmando que se consideraba -más fuerte que nunca, y al final serían efectivamente las Compañías de -Seguros las explotadoras de su credulidad. Luego terminaba, con una -displicencia de rico:</p> - -<p>—Caro resulta eso; pero ¿qué importa?... Es plata que voy depositando -para los míos.</p> - -<p>Una mañana le escuché estas palabras en un Banco, cuando formábamos -grupo en la antesala del gerente varios aspirantes a un préstamo -inmediato.</p> - -<p>Y de pronto la muerte, una muerte inesperada, que muchos llamaron -“estúpida”, por su absurda inoportunidad; como si alguna vez la muerte -pudiera resultar oportuna.</p> - -<p>Era en verano y la familia del doctor estaba pasando una temporada en -las islas del Tigre. Estas islas están cerca de Buenos Aires, y las -forma el río Paraná al desembocar en el estuario llamado río de la -Plata: una red intrincada de canales navegables entre tierras medio -sumergidas, cubiertas de una vegetación frondosa, siempre verde. Es un -lugar hermoso, digno de servir de escenario a un poema. Lo malo es que -nunca ha ocurrido en él nada digno de mención.<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span></p> - -<p>Muchos ricos de Buenos Aires, especialmente las familias de origen -antiguo, tienen una casa de recreo en las inmediaciones del Tigre, y -doña Zoila había creído indispensable poseer un edificio igual, para -complemento del lujoso hotel, cerca del Parque de Palermo. Considero -necesario decir de paso que las dos nobles viviendas estaban -hipotecadas.</p> - -<p>El doctor pasaba las noches con su familia, acompañando a las niñas -cuando bailaban en el Casino del Tigre. Por la mañana tomaba el tren -para ir a Buenos Aires y ocuparse en sus negocios, regresando al -anochecer. Fué en uno de estos viajes de vuelta cuando el doctor cayó a -la vía, al pasar de un vagón a otro. Nadie pudo explicarse claramente -cómo ocurrió este suceso, que produjo tanta emoción en la ciudad. Lo -cierto es que el cadáver del doctor fué encontrado hecho pedazos entre -los rieles.</p> - -<p>Los periódicos hablaron largamente, censurando a la Compañía del -ferrocarril por el mal estado de su material. Había cerrado ya la noche -y la obscuridad debió ser la verdadera causa de esta desgracia; pero -también resultaba culpable de ella la Empresa, por la vejez de sus -vagones. Los puentes que los unían eran defectuosos; las portezuelas se -abrían solas. Indudablemente un hombre como el doctor Pedraza, -preocupado a todas<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 452px;"> -<a href="images/ill_014.png"> -<img src="images/ill_014.png" width="452" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span></p> - -<p class="nind">horas por sus negocios, al pasar distraído de un vagón a otro, había -sido víctima de tales deficiencias.</p> - -<p>Sus funerales fueron magníficos. Los diarios publicaron largas -biografías de él, considerando su trágica muerte como una pérdida -nacional.</p> - -<p>¡Ah, doctor! ¡Heroico doctor!... Unos pocos nada más nos mirábamos -fijamente al mencionar su nombre. Nos hablábamos con los ojos, leíamos -mutuamente en ellos nuestro común pensamiento; pero nadie se atrevía a -expresarlo con palabras.</p> - -<p>Algunos hubiesen querido hablar; pero ¿cómo interrumpir con suposiciones -malévolas, inoportunas y peligrosas la unanimidad del sentimiento -público por la pérdida de un ilustre hijo del país?... El duelo general -había servido para demostrar cuán numerosas eran las amistades de la -familia del llorado doctor y el prestigio de doña Zoila en la alta -sociedad (¡una Pérez Zurrialde!).</p> - -<p>La señora viuda de Pedraza y sus hijas cobraron dos millones de pesos de -las Compañías de Seguros. Todos admiraron la previsión de este buen -padre de familia. Le tenían por rico; dejaba a los suyos una gran -fortuna (aunque indudablemente algo quebrantada por la crisis del -momento), y había que añadir a tal herencia los importantes seguros -sobre su muerte. El dinero siem<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span>pre llega a tiempo, y en esta ocasión -serviría para suavizar el dolor de la familia.</p> - -<p>Doña Zoila libró de hipotecas sus propiedades, y al poco tiempo la -Suerte—a la que el pobre doctor abría inútilmente la ventana para que -entrase—se decidió repentinamente a ir en busca de sus herederos. Pasó -la crisis nacional, circuló otra vez la riqueza; el mundo, que necesita -para vivir panecillos y bifteques, compró a buen precio los trigos y las -reses; las dos estancias de la familia, limpias de réditos, -proporcionaron magníficas rentas.</p> - -<p>La señora viuda de Pedraza continúa siendo una de las primeras matronas -del país. Llama, como siempre, la atención de todos por su elegancia; -pero ahora es una elegancia de noble dama que ha renunciado a dar -envidia a sus amigas; una elegancia a base de colores apagados, de ricas -blondas y joyas sólidas.</p> - -<p>Para que un concierto o una función teatral de caridad tenga público -hasta en los pasillos es preciso que ella la organice. Los comerciantes -tiemblan al verla presidenta de una nueva institución benéfica, sabiendo -que esto significa un tributo más que tendrán que pagar con miedosa -sonrisa, so pena de verse sin clientela. Los comediantes célebres, los -concertistas, los escritores que llegan<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p> - -<div class="figcenter" style="width: 410px;"> -<a href="images/ill_015.png"> -<img src="images/ill_015.png" width="410" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span></p> - -<p class="nind">de Europa a dar conferencias, están condenados al fracaso si no cuentan -con su protección.</p> - -<p>No ha vuelto al viejo mundo; pero desde Buenos Aires legisla sobre -materias de elegancia, y los comisionistas de modas que llegan de París -van a enseñarla sus novedades antes que al público.</p> - -<p>Todas sus hijas se han casado ya. Los nietos empiezan a tirar de su -falda, y cada vez que siente una fugaz simpatía por cualquiera de sus -yernos, le dice suspirando:</p> - -<p>—Hijo mío: sólo deseo que sea usted tan bueno para la familia como lo -fué mi finado el doctor.</p> - -<div class="figcenter" style="width: 428px;"> -<a href="images/ill_016.png"> -<img src="images/ill_016.png" width="428" height="209" alt="[Image unavailable.]" /></a> -</div> - -<hr /> - -<p class="c">En el próximo número publicaremos</p> - -<p class="c"><big> -<b><span class="sans">U N A M U J E R E S P I R I T U A L</span></b></big><br /> -por EDUARDO ZAMACOIS<br /> -Ilustraciones de <i>M. Quintanilla</i>.<br /> -<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span></p> - -<div class="boxx"> - -<p class="c"><big>EDITORIAL “MUNDO LATINO”</big></p> - -<p class="cb">——MADRID——</p> - -<p class="c">Apartado 502.—Librería: Caballero de Gracia, 28</p> - -<p class="cb">OBRAS DE “EL CABALLERO AUDAZ”</p> - -<p class="cb">(José María Carretero.)</p> - -<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="0" summary=""> -<tr><td> </td><td class="rt">Ptas.</td></tr> -<tr><td align="left">“La virgen desnuda” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Desamor” (6.ª edición)</td><td class="rt">4.50</td></tr> -<tr><td align="left">“De pecado en pecado”</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“El pozo de las pasiones”</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“El libro de los toreros”</td><td class="rt">2</td></tr> -<tr><td align="left">“La bien pagada” (4.ª edición)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“En carne viva” (2.ª edición)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Emocionario” (almas y paisajes)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“La sin ventura” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“El divino pecado”</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Lo que sé por mí” (10 volúmenes de interviús)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Con el pie en el corazón” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Hombre de amor” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Un hombre extraño” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td class="c" colspan="2"><b>EN PRENSA</b></td></tr> -<tr><td align="left">“Las horas cortesanas” (impresiones)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“El jefe político” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr> -<tr><td align="left">“Vírgenes y cortesanas”</td><td class="rt">5</td></tr> -</table> - -<p class="astc">* * *</p> - -<p class="c"> -Pedidos directamente a MUNDO LATINO<br /> -Apartado 502.<br /> -</p> -</div> - -<hr class="full" /> -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. 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Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/65719-h/images/cover.jpg b/old/65719-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 9860706..0000000 --- a/old/65719-h/images/cover.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_002.png b/old/65719-h/images/ill_002.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 6925842..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_002.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_003.png b/old/65719-h/images/ill_003.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 66470ab..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_003.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_004.png b/old/65719-h/images/ill_004.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 25d93fe..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_004.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_005.png b/old/65719-h/images/ill_005.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 8ddf0fe..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_005.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_006.png b/old/65719-h/images/ill_006.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 63b4719..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_006.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_007.png b/old/65719-h/images/ill_007.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 34e8ec0..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_007.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_008.png b/old/65719-h/images/ill_008.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 1608ba3..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_008.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_009.png b/old/65719-h/images/ill_009.png Binary files differdeleted file mode 100644 index cf8a26e..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_009.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_010.png b/old/65719-h/images/ill_010.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 5799358..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_010.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_011.png b/old/65719-h/images/ill_011.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 8ba0616..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_011.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_012.png b/old/65719-h/images/ill_012.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 9337b63..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_012.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_013.png b/old/65719-h/images/ill_013.png Binary files differdeleted file mode 100644 index d082405..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_013.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_014.png b/old/65719-h/images/ill_014.png Binary files differdeleted file mode 100644 index cff8b97..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_014.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_015.png b/old/65719-h/images/ill_015.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 5b51b7b..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_015.png +++ /dev/null diff --git a/old/65719-h/images/ill_016.png b/old/65719-h/images/ill_016.png Binary files differdeleted file mode 100644 index 8647b64..0000000 --- a/old/65719-h/images/ill_016.png +++ /dev/null |
