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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
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+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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-The Project Gutenberg eBook of La familia de Doctor Pedraza, by Vicente
-Blasco Ibáñez
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: La familia de Doctor Pedraza
-
-Author: Vicente Blasco Ibáñez
-
-Illustrator: Varela de Seijas
-
-Release Date: June 28, 2021 [eBook #65719]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Chuck Greif, Biblioteca Nacional de España and the Online
- Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA ***
-
-
-
-
- LA NOVELA DE HOY
-
- Director: ARTEMIO PRECIOSO
-
- Oficinas: MENDIZÁBAL, 42, 2.º 1-4 Apartado número 473
-
- Año 1 Madrid, 3 Noviembre 1922 Núm. 25
-
-
-
-
- La familia del doctor Pedraza
-
- NOVELA
-
- POR
-
- Vicente Blasco Ibáñez
-
- Ilustraciones de VARELA DE SEIJAS
-
- NÚMERO EXTRAORDINARIO
-
- MADRID
-
- SUCESORES DE RIVADENEYRA (S. A.)
-
- Paseo de San Vicente, 20
-
- 1922
-
-
-
-
- OBRAS DE
-
- VICENTE BLASCO IBÁÑEZ
-
-
- NOVELAS A CINCO PESETAS
-
-=Arroz y tartana.--Flor de Mayo.--La Barraca.--Entre naranjos.--Sónnica
-la cortesana.--Cañas y barro.--La Catedral.--El Intruso.--La Bodega.--La
-Horda. La maja desnuda.--Sangre y arena.--Los muertos mandan.--Luna
-Benamor.--Los argonautas= (dos tomos).--=Los cuatro jinetes del
-Apocalipsis.--Mare nostrum.--Los enemigos de la mujer.--El préstamo de
-la difunta.--El paraíso de las mujeres.--La tierra de todos.=
-
-
- CUENTOS A CINCO PESETAS
-
- =La Condenada.--Cuentos valencianos.=
-
-
- VIAJES A CINCO PESETAS
-
- =Oriente.--En el país del arte.= (Tres meses en Italia.)
-
-
- ARTÍCULOS A CUATRO PESETAS
-
- =El militarismo mejicano.=
-
- Estas obras, encuadernadas en tela, una peseta de aumento el
- volumen.--De venta en todas las librerías y bibliotecas de las
- estaciones de ferrocarril.
-
-
- PARA LOS PEDIDOS
- Editorial PROMETEO.--Valencia
-
- [Illustration]
-
-
-
-
- A manera de prólogo
-
-
- Hablando con Blasco Ibáñez.
-
-_La mejor obra de Blasco Ibáñez, aun siendo por tantos conceptos
-admirable cuanto ha salido de la pluma, del insigne valenciano, será su
-autobiografía, cuando el maestro se decida a plasmar impresiones,
-anécdotas y aventuras de su vida interesantísima..._
-
-_--Es que mi vida no ha terminado aún--me decía un día--¡Quién sabe si_
-ahora comienza!...
-
-_--No, Maestro. Usted_ ha llegado, _pero de la manera_ completa _que
-todos los verdaderos artistas deben alcanzar, saboreando las caricias de
-la Gloria Universal, y al propio tiempo gustando de las comodidades y
-magnificencias que proporciona el dinero... Y aunque en su vida futura
-puedan existir hechos y apoteosis superiores a los de hoy--si es que
-esto es posible--, ¿acaso no podría usted volcar en un tomo las
-impresiones y acciones de su vida hasta ahora? ¿Por qué, entonces, no
-comenzar ya la hermosa tarea, que será, no lo dude usted, superior a_ La
-barraca, _con ser esta novela una obra-cumbre?_
-
-_--Si llevo vida de millonario--decíame en la intimidad otro día--, no
-soy digno de envidia. Trabajo doce o catorce horas diarias para atender
-a los compromisos adquiridos con revistas y editores de Europa y
-América... Además, la gente ve el resultado final de una vida de
-continua producción, pero ignora lo que he tenido que sufrir y trabajar
-para obtener eso. Baste decir que jamás fuí tertuliano de ningún café,
-ni perdí el tiempo figurando en grupitos literarios, infecundos y
-murmuradores. Tal vez el haberme dedicado a la política revolucionaria
-desde los diez y siete años me libró de esa vida de pereza y crítica
-negativa que ha atrofiado las facultades de tantos jóvenes en nuestro
-país._
-
-_--Realmente no parece usted un español. ¡Tiene usted alma de
-norteamericano!_
-
-_--Eso me han dicho muchas veces, hasta cuando me vieron de cerca en
-Estados Unidos. Muchos yankees esperaban asombrarme con la prodigiosa
-actividad de su país, y finalmente los periódicos de allá acabaron por
-reconocer que en punto a voluntad enérgica y a potencia productora yo
-podía figurar entre los más fuertes de sus compatriotas._
-
-_El gran novelista español tiene en su vida un éxito material que pocas
-veces se ha visto._
-
-_Un día, estando en su regia posesión de la Costa Azul--y perdone el
-maestro tan poco republicano adjetivo--, le visitó el presidente de una
-de las más grandes casas cinematográficas de Nueva York. Venía a
-comprarle sus derechos de autor de_ Los cuatro jinetes del Apocalipsis
-_para hacer con esta novela--famosísima en el mundo entero-y de la cual
-se han vendido en Estados Unidos cerca de dos millones de ejemplares--un
-film de gran espectáculo. Y le entregó por dicha autorización 200.000
-dólares, o sea más de un millón de pesetas. ¡Eso es recibir una visita
-grata!... Pero hay que recordar que la citada novela la vendió en 1916
-en 300 dólares a la traductora inglesa, y que ésta se ha enriquecido con
-ella, así como los editores, sin que Blasco Ibáñez recibiese un céntimo
-más. Justo es que la Providencia, en forma de Empresa cinematográfica,
-le haya proporcionado esa magnífica compensación._
-
-_--¿Usted sigue siendo republicano?_
-
-_--Lo seré mientras viva. Yo no soy un político; no lo he sido nunca.
-Soy un romántico de la República. A veces pienso como digno final de mi
-existencia morir lo mismo que aquel viejo desconocido que muere en_ Los
-Miserables _sobre una barricada, sin que nadie sepa su nombre, sirviendo
-de bandera a la juventud revolucionaria. No quiero volver a la actividad
-política para ser un político..., un diputado. Hay veinte mil españoles,
-por lo menos, que pueden ser diputados, tan bien o mejor que yo lo fuí
-durante muchos años. Españoles que puedan escribir novelas y las hagan
-leer a los públicos de toda la tierra, son indudablemente algunos menos.
-Yo creo servir a mi país haciendo lo que hago ahora: novelas. Y si algún
-día renacen en España los movimientos para implantar la República,
-entonces yo, aunque tenga ochenta años..._
-
-_El brillo de los ojos del famoso novelista parece terminar esta
-profesión de fe, verdaderamente de_ “romántico”, _eternamente joven.
-Luego queda pensativo y añade:_
-
-_--Dicen que disminuye el número de los republicanos en España. Esto no
-significa nada. En veinticuatro horas una nación entera puede pasar de
-monárquica a republicana. Además, no me impresiona que aumenten las
-deserciones y se abran claros en las filas. Yo repito el verso del
-inmenso Hugo en una situación semejante, cuando Napoleón III parecía
-victorioso para siempre, y cada vez eran menos los republicanos en
-Francia: “Si sólo queda uno, ése seré yo.”_
-
---_La literatura de nuestro país hoy..._
-
---_Hay muchos novelistas jóvenes a los que leo con verdadero deleite.
-Todo el que trabaja y expresa sinceramente su manera de ver la vida,
-tiene en mí un admirador. Lo único que les falta a algunos de ellos es
-asomarse al mundo, vivir en otros ambientes, respirar otros aires,
-renovarse..._
-
-_La charla de Blasco Ibáñez está a su altura como escritor. Me gusta
-casi tanto cuando habla como cuando escribe. A veces es mordaz, irónico,
-y en dos palabras tajantes va al resumen de la cuestión._
-
---_¿No ha hablado usted nunca con el Rey?_
-
-_El novelista me mira. ¿Quiere sondar con su mirada de estilete la
-intención de mi pregunta? Ha debido ver en mis ojos lealtad, cuando
-tranquilamente, pausadamente, me responde:_
-
---_No; no he hablado nunca con el Rey. ¿Qué motivos hay para ello?... Si
-escribiese novelas, tal vez me interesaría verle. No digo que no acabe
-haciéndolas, pues según dicen ha nacido con variadísimos talentos para
-todo; pero hasta el presente sólo ha hecho discursos... Viviendo en el
-extranjero, como yo vivo, bien podría ocurrir alguna vez que me
-encontrase con él en sus viajes, y hablásemos. Fuera de España no hay
-política; todos somos españoles._
-
-_Blasco Ibáñez añade:_
-
---_Yo soy amigo particular de otro rey de España, que no está sentado en
-el trono, pero cuyos derechos a la Corona sostienen aún muchos
-españoles. Algunas tardes veo a Don Jaime de Borbón y echamos un párrafo
-con la alegría de dos compatriotas que se encuentran en tierra
-extranjera._
-
-_Don Jaime ha comprado una propiedad agrícola en los alrededores de
-Niza; Blasco Ibáñez tiene su poética “Fontana Rosa” en Menton; entre
-estas dos ciudades cercanas de la Costa Azul viene a ser Montecarlo un
-lugar intermedio, y es en el Casino de Montecarlo donde se encuentran
-con frecuencia el pretendiente al trono de España y el novelista, como
-dos vecinos._
-
---_El tiene sus creencias y yo las mías. Somos dos españoles que amamos
-a España, cada uno a su modo, y nunca reñimos. Además, Don Jaime posee
-la más sólida y positiva de las ilustraciones; la que no se adquiere en
-los libros, sino viajando. ¡Ojalá todos sus partidarios y los más de los
-españoles hubiesen hecho lo mismo!... El ha corrido una gran parte de la
-tierra; yo no he viajado menos que él, y eso hace que nos entendamos
-perfectamente, con la tolerancia y el mutuo respeto de dos hombres que
-se libertaron de esas estrecheces de criterio y miserias mentales que
-sufren los que no han salido nunca de “la sombra de su campanario”.
-Además, lo repito: somos dos buenos españoles, y hay que vivir fuera de
-España para saber lo que representa esto como fuerza atractiva._
-
-_--Y si España peligrase, maestro, ¿abandonaría usted su dorada y
-altísima Torre del Arte para acudir?_
-
-_Los ojos del maestro llamean de patriótica exaltación._
-
-_--¡Claro que sí!... ¿Acaso hay quien crea que porque no resido
-habitualmente en España no la quiero y venero tanto como el que más? ¿No
-presto yo mejor servicio a mi Patria estando fuera de ella que si
-viviese aquí como uno de tantos españoles?..._
-
- * * * * *
-
-_En la terraza del Casino de Madrid, a los postres, hablamos de España,
-de Europa, del mundo..._
-
-_--Sí, indudablemente España progresa--dice el eminente novelista--,
-pero el progreso que se ve es “material”; un progreso de ladrillos
-puestos unos sobre otros y de nuevas calles en las ciudades. Pero
-progreso moral, espiritual, intelectual... ¡lo dudo un poco! La vida
-sigue siendo aquí dura, agresiva y áspera. Aún no hemos aprendido “la
-dulzura de vivir”. Yo_ YA _no podría residir aquí continuamente, como
-en otro tiempo. Al que viene de fuera, le parece que todo en este
-ambiente le molesta y le pincha... Para las mujeres no hay respeto, sino
-procacidad, grosería... Los hombres, ante una mujer hermosa parecen
-lobos hambrientos... Es triste, pero es cierto..._
-
-_--Sí--interrumpo--, aun los que todavía no hemos vivido, ni viajado, ni
-aprendido, ni visto lo que usted, comprendemos con dolor y con tristeza
-que España, en estos aspectos de que hablamos, es una aldea, una pobre
-aldea sin botica, pero con cura... Una aldea en la que, naturalmente,
-todo llama la atención: la mujer hermosa, los brillantes, las pieles,
-las pantorrillas, los hombres altos, los hombres flacos, los hombres
-gordos... ¡hasta las mujeres feas despiertan estupor! Y luego, todo se
-toma por la tremenda, por lo trágico, en cobardes huídas del ingenio...
-Tiene usted las corridas de toros..._
-
-_--No me hable usted de las corridas de toros--interrumpe ahora el
-maestro--¿Para qué hablar de tan cobarde espectáculo? El caballo, amigo
-fiel del hombre, que le ayuda en todo, encuentra como premio a su vida
-abnegada la plaza de toros, donde se le somete a los más infames
-martirios... No hablemos, no hablemos de las corridas de toros..._
-
-_Pasamos a conversar de otra cosa que interesa particularmente al
-novelista: el viaje que va a hacer alrededor del mundo._
-
-_En noviembre del año próximo 1923, Blasco Ibáñez irá a Nueva York para
-embarcarse en un gran yacht que dará la vuelta a la tierra. Es un viaje
-organizado para millonarios norteamericanos, a juzgar por lo que cuesta.
-Un centenar de pasajeros hará esto, circunnavegación en un
-transatlántico de 20.000 toneladas, convertido en yacht. Después de
-visitar muchas islas de Oceanía, el Japón, Corea, China, Java, la India,
-Ceilán, Egipto, etc., el novelista bajará a tierra en Montecarlo, único
-puerto de Europa en que tocará el yacht, y se irá tranquilamente a su
-villa “Fontana Rosa” en el tranvía de Menton (veinte minutos), o en uno
-de sus dos automóviles, mientras el buque continúa navegando hacia Nueva
-York con los demás pasajeros._
-
-_Esto se llama vivir en nuestro planeta como si fuese casa propia._
-
- * * * * *
-
-_Referir cuanto hemos oído al maestro durante su última estancia en
-España, sería labor prolija._
-
-_Vicente Blasco Ibáñez es el más alto y más sólido prestigio literario
-de la España de nuestros días, y uno de los primeros novelistas del
-mundo, como lo han declarado famosos críticos de Europa y América._ LA
-NOVELA DE HOY _experimenta verdadera satisfacción al decir a sus
-lectores: el maestro, el glorioso autor de_ La barraca, _de_ Entre
-naranjos, _de_ Mare Nostrum, _de_ Los cuatro jinetes del Apocalipsis,
-_de tantas obras famosas, leídas y saboreadas por millones y millones de
-almas, traducidas a todos los idiomas, el maestro Blasco Ibáñez, el
-insigne valenciano, el célebre español aclamado por los más diversos
-públicos, colaborará asiduamente en nuestras páginas._
-
-_¡Salud, maestro! Hasta su próxima novela, y hasta la visita que le
-prometí en la Costa Azul, le abraza su devoto_
-
-[Illustration]
-
-[Illustration]
-
-
-
-
- La familia del doctor Pedraza
-
-
-
-
-I
-
-
---Yo también--dijo Serrano--conocí, como algunos de ustedes, al doctor
-Rómulo Pedraza. No siempre he vivido en París, pasando mis noches en los
-restaurants de Montmartre. Para reunir la modesta fortuna que me permite
-llevar mi existencia presente, anduve muchos años por América ejerciendo
-diversos oficios y conociendo los más rudos altibajos de la suerte.
-
-Estando en Argentina hablé por primera vez con el doctor Pedraza. Yo no
-vivía en Buenos Aires. Me había metido en empresas de colonización y
-roturaba muy lejos de dicha ciudad unas tierras que estaban esperando
-desde el principio del planeta al hombre que se preocupase de hacerlas
-productivas.
-
-La necesidad de adquirir dinero me obligaba a visitar con frecuencia la
-capital de la República. Pero como los Bancos se negaron finalmente a
-hacerme más préstamos dudando del éxito de mi colonización, tuve que
-buscar, para seguir adelante en mi negocio, el auxilio del Banco
-Hipotecario Nacional. Con lo que me diesen los altos y poderosos
-directores de este establecimiento, dependiente del Gobierno, podría
-pagar la mayor parte de mis deudas a los Bancos particulares, recobrando
-mi prestigio financiero, y terminaría, igualmente, los trabajos de
-roturación, que iban a centuplicar el valor de mis tierras.
-
-Me quedé en Buenos Aires por mucho tiempo, dispuesto a no volver a mi
-propiedad hasta ver aceptadas mis pretensiones por el Banco Hipotecario.
-No era empresa fácil, ni rápida. Como muchos de ustedes no han estado
-allá, ignoran cómo se hacen los negocios en la mayor parte de los países
-americanos de habla española.
-
-Todo lo que tiene una relación, más o menos lejana, con el Gobierno debe
-desarrollarse pausadamente y tras largas esperas. Si se resuelven los
-negocios con rapidez y en pocas horas, pueden creer los maldicientes que
-se ha hecho algo ilegal para obtener ganancias enormes. Por eso en toda
-oficina pública le responden a usted ordinariamente: “Vuelva mañana”; y
-este mañana, que será el día de la resolución del asunto, tarda meses o
-tarda años.
-
-Yo, pobre español, metido en trabajos importantes con poco dinero, falto
-de protectores, y que además no estaba casado con una señora del
-país--alianza que proporciona un apoyo semejante al de la solidaridad de
-la antigua tribu--, tuve que oír muchas veces “Vuelva usted mañana” y
-esperar semanas y semanas en las oficinas del Banco Hipotecario a que
-llegase mi “mañana”, o sea la concesión del préstamo.
-
-Durante mis monótonas esperas en la antesala del presidente de dicho
-Banco vi por primera vez al doctor Pedraza, recibiendo la regia limosna
-de su protectora conversación.
-
-Otra advertencia que considero necesaria para todos los que me escuchan
-y no han estado allá. Este doctor Pedraza era llamado “doctor”, no
-porque fuese médico, sino por ser abogado.
-
-Desde Tejas al cabo de Hornos, en todas las repúblicas, los abogados son
-tan numerosos como los generales; y esto es decir algo. Pero en las
-repúblicas de la América que podemos llamar de arriba, los titulan
-simplemente “licenciados”, y abajo, en la Argentina y otros países,
-“doctores”.
-
-He visto en el Archivo de Indias, de Sevilla, una súplica dirigida al
-rey de España por los primeros habitantes de Buenos Aires pidiendo que
-fuesen enviados a la ciudad naciente hombres de todas las profesiones,
-menos abogados, por ser la tal carrera nociva para la paz y la
-prosperidad de un país. Estos colonos de hace tres siglos adivinaban con
-prodigiosa anticipación las futuras calamidades de su patria. Hay quien
-asegura que si en la Avenida de Mayo o la calle Florida--lo más céntrico
-y concurrido de Buenos Aires--alguien grita en plena tarde “¿Doctor?”,
-cincuenta transeuntes se detienen al mismo tiempo y vuelven la cabeza
-creyéndose llamados. Algunos van más lejos y afirman que si el grito se
-repite varias veces pueden ser tantos los atraídos por él, que la
-circulación quede interrumpida. Pero esto último no debe ser tenido, en
-mi opinión, por rigurosamente exacto.
-
-Después de tales explicaciones, les diré que el doctor Pedraza, como
-tantos otros doctores de su país, era un abogado de lujo que nunca había
-ejercido su profesión y cuando tenía que acudir a los tribunales por
-asuntos propios buscaba el auxilio de algún colega con “estudio”
-abierto. El título de doctor es como una distinción nobiliaria en
-aquella tierra de régimen democrático, crisis periódicas y riqueza
-incesantemente renovada, que surte a una gran parte de la Humanidad de
-panecillos y bifteques.
-
-El doctor Pedraza se dedicaba a los negocios lo mismo que muchos
-argentinos de su generación. En su primera juventud había desempeñado
-una cátedra de Derecho en la Universidad de La Plata como profesor
-substituto; luego ocupó varios cargos políticos en la provincia de
-Buenos Aires, llegando, finalmente, a ser diputado nacional. Pero su
-palabra reposada y majestuosa, que se detenía, abriendo largas pausas,
-para cazar las expresiones más retorcidas y sonoras, no aspiraba a los
-triunfos parlamentarios. Su posición social y las necesidades suntuosas
-de su familia exigían mucho dinero, y sólo le era posible obtenerlo
-honradamente dedicándose en absoluto a los negocios.
-
-Compraba campos--las más de las veces sin conocerlos--y los vendía,
-valiéndose para tan enormes transacciones de las cantidades que le
-prestaban los Bancos. Al mismo tiempo dirigía desde Buenos Aires una
-rica estancia heredada de sus padres y otra no menos importante que su
-esposa había aportado como dote. Era un personaje cuyo nombre figuraba
-casi todos los días en la crónica social de los diarios de Buenos Aires;
-“un exponente representativo de la alta vida del país” como decía él con
-su lenguaje rebuscado.
-
-Alto de talla, fuerte y de inconmovible salud tenía la gallarda soltura
-de miembros de todos los hombres de allá, criados en las estancias, que
-aprenden a montar a caballo antes de saber andar. Al mismo tiempo que
-ágil, era recio de cuerpo y carnudo. No pueden ser de otro modo en una
-tierra donde los destetan de niños con carne asada.
-
-Este buen mozo, de porte señoril, rostro aguileño y largos bigotes,
-cuidaba de su indumento como en los años que aún era muchacho y sentía
-sus primeros impulsos amorosos hacia la que después fué su esposa.
-Siempre vi sus pies, pequeños y arqueados como los de una mujer, en un
-encierro de brillante charol. Nunca le encontré, a partir de las
-primeras horas de la tarde, que no vistiese chaqué y llevase sobre la
-corbata una perla que parecía caída del turbante de un rajah. Jamás, al
-extenderse la noche sobre Buenos Aires, dejé de encontrar al doctor
-Pedraza puesto de _smoking_, si iba a comer con los amigos en el Jockey
-Club, o de frac, para acompañar a su familia al teatro Colón.
-
-Su esposa y sus seis hijas no le hubiesen permitido la menor falta a las
-reglas que debe observar todo _gentleman_ en uno u otro hemisferio de la
-tierra. Y el elegante doctor, hombre enérgico a sus horas y temible en
-el manejo de las armas, era incapaz de oponer resistencia a los
-caprichos y órdenes de las mujeres de su familia.
-
-[Illustration]
-
-Este hombre, que gastaba muchos miles de pesos en el adorno de su
-persona, no había dado que murmurar a sus enemigos y envidiosos con la
-más pequeña aventura pasional. Se acicalaba para la gente de su casa;
-para gustar a su mujer; para que le admirasen sus niñas con esa
-satisfacción orgullosa que siente toda joven cuando contempla las
-elegancias y seducciones del género masculino a través de su padre.
-
-Para el doctor Pedraza no había nada más allá de su familia. Ella le
-inspiró el más extraordinario de los heroísmos... Porque sepan ustedes
-que el hombre que les voy describiendo fué un héroe más grande que los
-héroes de la guerra o de la ciencia. Estos mueren por la gloria,
-orgullosos de su muerte y ganosos de que todos la conozcan.
-
-Pedraza, héroe obscuro, al desaparecer de un modo que no hiciese
-sospechar a nadie su sacrificio, resulta más admirable.
-
-Ustedes se convencerán de ello si tienen paciencia para seguir
-escuchándome.
-
-
-
-
-II
-
-
-Un cambio enorme se ha realizado durante los últimos cincuenta años en
-el interior de las familias acomodadas; algo tan importante como una de
-esas revoluciones que trastornan la organización política de un país o
-la forma de la propiedad.
-
-Pero como esto sólo ocurre entre las gentes de dinero, que son las
-menos, la tal revolución ha pasado algo inadvertida hasta el presente y
-sólo se dan cuenta de ella los que sufren sus efectos.
-
-Hace medio siglo, cuando un hombre se arruinaba voluntariamente, y no a
-causa de malos negocios, era casi siempre por el amor o por el juego.
-Una llamada “artista”, o una profesional, con sus dientecitos
-incansables había ido royendo la fortuna del pobre señor. Mientras
-tanto, la esposa vivía obscuramente en su casa, haciendo economías para
-remediar las locuras del marido, y las hijas, bajo la dirección materna,
-llevaban una existencia de sobriedad monjil.
-
-Vestir con modestia era signo de distinción social. Las joyas vistosas,
-los trajes originales, los despilfarros, parecían un vergonzoso
-privilegio de las “artistas”, de las mundanas, de todas las criaturas
-brillantes, peligrosas y efímeras mantenidas al margen de la alta
-sociedad. La mujer decente, la madre de familia, debía ser económica,
-modesta, opaca, y ahorrar en su casa, mientras el marido gastaba fuera
-de ella. Las alas de mariposa eran para las mujeres “malas”, para las
-criaturas versátiles y locas sin otra preocupación que danzar en torno
-a la llama que acaba por quemarlas.
-
-La existencia de muchos hombres resultaba parecida a la de los antiguos
-ciudadanos de Atenas, fieles visitantes de las hetairas de moda, para
-discurrir con ellas sobre el amor, los prodigios de las artes y el lujo,
-mientras la mujer legítima hilaba en el gineceo, se ocupaba de la
-limpieza de sus pequeños y ordenaba el trabajo de los esclavos.
-
-Pero un día la mujer moderna se dió cuenta de la inferioridad que
-significaba continuar siendo señora decente; de la injusticia con que
-procedía el hombre con ella mostrándose económico en el hogar y
-despilfarrador con las hembras encontradas en la calle o en el teatro.
-
---Si nuestros maridos o nuestros padres--dijeron muchas--desean
-arruinarse por una mujer, que sea por nosotras. Nos pintaremos, nos
-vestiremos y devoraremos el dinero, lo mismo que las otras. Eso se
-aprende con facilidad. Sabremos hacerles conocer, igual que ellas, los
-refinamientos de un lujo disparatado y el orgullo de pagar lo mucho que
-cuesta. Si han de tirar una fortuna por vanidad, a lo menos que su
-locura sea aprovechada por las de la casa. Acicalémonos como las
-profesionales y tengamos sus mismas exigencias...
-
-Total: que hoy todas las mujeres se adornan del mismo modo, se permiten
-iguales audacias en público, y uno no puede distinguir, como antes, la
-señora de la que no lo es. El único indicio para no equivocarse es tener
-por señora a la que menos parece serlo. Las mujeres decentes muestran en
-la actualidad el atrevimiento del neófito que acaba de entrar en una
-religión nueva, la audacia del esclavo recién libertado.
-
-Algunos dicen que esta gran revolución en la vida doméstica ha venido a
-Europa desde América en los últimos cincuenta años; como los _Palaces_,
-como la afición exagerada al baile, como los _jazz-band_ y tantas cosas
-contemporáneas. Otros afirman que no ha sido precisa la influencia
-americana para esto, pues en todo tiempo han existido en Europa esposas
-que arruinaron a sus maridos. Pero aunque así fuese, representó en su
-época una excepción, y de ningún modo algo general y corriente como en
-nuestros tiempos.
-
-El hecho es que ahora, cuando se pregunta: “¿Cómo se arruinó Fulano de
-Tal?”, se escucha con frecuencia la misma respuesta: “Al pobrecito lo
-arruinaron su mujer y sus hijas.”
-
-Esto tiene una explicación lógica. En los tiempos presentes, amigos
-míos, la mujer resulta más cara que nunca. Es empresa difícil sostener
-el lujo de una señora decente. Ríanse ustedes de las magnificencias de
-ciertas mujeres célebres que figuran en la Historia. El lujo de antes
-era deslumbrador, pero consistía principalmente en alhajas; es decir,
-en algo duradero y que representaba un capital, guardado en reserva. Un
-hombre, al hacer entonces regalos ostentosos a su mujer, iba depositando
-en realidad dinero para el porvenir en la caja fuerte de su casa. Lo
-terrible es el lujo de ahora: lujo de trapos, de blondas, pieles y
-plumas, cosas todas que duran un par de meses, o cuando más un par de
-años, que se ajan con facilidad y sólo pueden admirarse unos días, pues
-carecen de la seducción sólida, inconmovible, eterna, de las piedras
-preciosas.
-
-Ustedes habrán oído hablar de Madame Recamier. Todo París estaba a sus
-pies hace un siglo. Era la mujer más elegante de su época. Los guerreros
-napoleónicos, los santos padres del naciente romanticismo, los hombres
-de moda, necesitaban ir todas las tardes a su tertulia, que era como una
-consagración. La divina Julieta estrenaba diariamente un vestido; lo
-llevaba unas horas nada más, y lo regalaba después a su doncella.
-¡Trescientos sesenta y cinco vestidos al año!...
-
-Pero el valor de cada uno de ellos equivalía, según testimonio de los
-indiscretos de aquella época, a unos tres francos cincuenta céntimos.
-Eran túnicas blancas de lino o de batista, sobre las cuales colocaba la
-divina Recamier una faja de seda celeste, y su belleza rubia no
-necesitaba
-
-[Illustration]
-
-más para tenderse en un diván, rematado por cuellos de cisne, a escuchar
-los lamentos ossiánicos de un arpa o los versos recitados por su amigo
-Chateaubriand.
-
-Ahora, una mujer tenida por elegante se considera deshonrada si lleva
-vestidos de menos de mil francos. Lo corriente es que valgan dos mil. Y
-lo mismo ocurre con el sombrero, las botas, etcétera. Además, la pobre
-Recamier haría reír a nuestras amigas si intentase deslumbrarlas
-cambiando cada día de vestido. Un vestido por día: ¡qué suciedad!, ¡qué
-atraso!... Una mujer _chic_ cambia ahora ritualmente de vestido tres
-veces al día, cuando menos, y debe preferir la muerte antes de conocer
-la deshonra de que sus compañeras la sorprendan dos días seguidos
-llevando las mismas ropas.
-
-Aquellas cortesanas y comediantas, lujosas como la reina de Sabá y
-devoradoras de millones, que todos hemos conocido en el teatro y en los
-libros al describir la vida de París de hace medio siglo, son ya
-personajes fantásticos de comedia y de novela. Sólo existen en la
-imaginación de las gentes crédulas. Vayan ustedes a las joyerías de la
-plaza Vendôme, a los modistos de la rue de la Paix y demás proveedores
-del lujo femenino; pregúntenles por las “artistas” de costumbres ligeras
-y por las mundanas célebres, que deben ser sus mejores clientes, y
-verán cómo tuercen el gesto:
-
---Eso era en otros tiempos, señor. Ahora las gentes de tal clase no nos
-convienen; sólo saben hacer deudas. Ya no hay grandes duques rusos que
-las protejan. Unicamente quedan agentes bolcheviques, que vienen de allá
-llevando varios millones para la propaganda roja y los gastan con
-bailarinas viejas que admiraron en su juventud de bohemios hambrientos.
-Pero son tan pocos, que esto no significa nada. Háblenos usted de
-señoras decentes; de mamás y de niñas. Esa es la verdadera clientela de
-nuestra época. Los millonarios de América y de Europa ya no gastan el
-dinero más que en las mujeres de su casa. El despilfarro y la locura
-marchan ahora del brazo con la moral.
-
-Y los tales comerciantes, si fuesen capaces de hablar con esta
-franqueza, dirían la verdad. Hay ahora niña casadera que antes de los
-veinte años presenta a su papá cuentas de modisto y de otros proveedores
-más enormes que las que pagó su abuelo ocultamente cuando se dedicaba a
-proteger bailarinas o a dar a conocer al mundo el talento de alguna
-comediante joven y de buen rostro.
-
-La familia del doctor Pedraza era de esta clase. La eterna preocupación
-del prócer argentino consistía en ser rico, enormemente rico, para que
-su familia, compuesta toda de mujeres, no experimentase ninguna
-privación en sus deseos de lujo.
-
-Cada vez que el doctor encontraba en los relatos de fiestas
-aristocráticas publicados por los diarios a “la distinguidísima señora
-de Pedraza y sus lindas e interesantes hijas”, sentía la misma emoción
-de vanidad satisfecha, el mismo legítimo orgullo del artista que ve
-elogiadas sus obras.
-
-Para él, su mujer era la primera dama de Buenos Aires y sus hijas
-estaban destinadas a casarse con los jóvenes más ricos del país. Y esta
-admiración por su cónyuge se convertía en obediencia absoluta a todas
-sus indicaciones, como si la considerase incapaz de equivocarse en los
-asuntos concernientes a la familia. El, para los negocios, para ganar
-dinero; y su esposa, para la vida de alta sociedad, para gastar con
-“distinción”.
-
-No resultaba extraordinario que después de veinte años de matrimonio
-siguiese tan enamorado de su esposa. Doña Zoila (allá no son raros
-nombres como éste) era una hermosa mujer: la patricia argentina, madre
-de numerosa familia, que mantiene intactas la belleza y la gracia de la
-primera juventud y muestra todavía un gran atractivo femenil rodeada de
-sus nietas. Esta matrona, de ojos negros y arrogante estatura, guardaba
-todas las magnificencias físicas de una raza sana y fuerte, que adopta
-por moda los enervamientos del lujo, pero no ha sido vencida aún por
-ellos.
-
-Doña Zoila era la primera invitada a toda fiesta. Su opinión equivalía a
-una ley; ella indicaba lo que era distinguido y lo que debía ser
-considerado como “guarango”. Se estremecía de orgullo al declarar que
-todas sus ropas procedían de París y que los grandes modistos de allá se
-preocupaban del adorno de su persona, salvando el obstáculo de tres mil
-leguas oceánicas. Cuando llegaban los comisionistas de la rue de la Paix
-a Buenos Aires, apenas habían empezado a desenfardar en el hotel sus
-modelos para la estación próxima, a la primera que avisaban era a
-“Madame Pedraza”. Contaban con ella como gran compradora, y además sus
-gustos y sus recomendaciones eran seguidos por mucha gente.
-
-Después de su reputación de mujer elegante, lo que más apreciaba ella al
-conversar en los salones con algún extranjero era poder decir:
-
---Y tal como usted me ve, soy madre de seis señoritas.
-
-Una maternidad tan corta representaba para ella una humillación, y se
-apresuraba a añadir:
-
---Una hermana mía tiene diez y ocho hijos; muchos de ellos varones.
-
-Esto es natural en un país poco poblado, que sólo cuenta un habitante
-por kilómetro. Mientras los dueños de estancia fomentan la cría de sus
-reses, en las ciudades, las esposas se afanan por aumentar el número de
-ciudadanos.
-
-Además, amigos míos, aquellas mujeres que llevan en sus entrañas el
-porvenir de su país son sanas y prolíficas, con la frescura y la salud
-de un pueblo joven. Como la riqueza las impulsa a aceptar los caprichos
-de la moda, a lo mejor se resignan a sufrir los tormentos del hambre
-para ser extremadamente delgadas. “Hay que conservar la línea.” Pero a
-pesar de su demacración elegante y su agostamiento distinguido, no
-pueden ocultar la solidez del andamiaje interno, el noble vigor de sus
-antecesores los centauros de la pampa. Parecen, por lo flacas, que
-acaban de salir de una ciudad sitiada, o de un transatlántico con
-averías en alta mar que sometieron a los pasajeros a la media ración.
-Pero que la moda les dé permiso para comer y renacerán esplendorosas,
-como surge el trigo en la llanura argentina cuando llueve largo.
-
-Decía, señores, que el doctor Pedraza amaba y admiraba al mismo tiempo a
-su esposa. Ni una sola vez había contestado negativamente a las
-peticiones de doña Zoila, y eso que la señora no reconocía límites ni
-escrúpulos en los gastos para sostener, como ella decía, “el prestigio
-de la familia”. Habitaban una casa nueva, grande y elegante en las
-cercanías del Parque de Palermo; estaban abonados invariablemente a uno
-de los mejores palcos del teatro Colón durante la temporada de ópera, y
-a otros palcos en diversos teatros. En Buenos Aires no abundan las
-fiestas de sociedad, y el llamado “gran mundo” se ve y se habla durante
-los entreactos en las representaciones tenidas por elegantes. Su
-servidumbre era numerosa. Poseían tres automóviles: uno, el de
-“negocios”, para el señor, y otros dos que empleaban la señora y las
-niñas para visitas o excursiones.
-
-Doña Zoila enviaba a la casa donde el doctor tenía establecido su
-“escritorio”, todas las cuentas de sus proveedores urbanos, así como las
-que llegaban de París y Londres los días de vapor correo. Y Pedraza, sin
-hacer objeciones, iba llenando hojas y más hojas de su cuaderno de
-cheques, y las entregaba, dando por terminado el asunto.
-
-Le enorgullecían los enormes gastos hechos por su cónyuge. Eran una
-demostración de su elegancia natural y de su noble origen. Porque el
-doctor creía más aún que su mujer en el linaje aristocrático de ésta.
-
---Soy de los Pérez Zurrialde--declaraba doña Zoila con orgullo en
-determinados momentos.
-
-Y los demás, cuando querían hacer un elogio completo de ella, después de
-ensalzar su elegancia
-
-[Illustration]
-
-y su buen gusto, acababan diciendo: “Es una Pérez Zurrialde.”
-
-Todos creían en la distinción aristocrática de esta familia, sin poder
-explicar el porqué de su creencia. En América se ve esto muchas veces.
-Hay familias que cuentan entre sus antecesores generales célebres,
-héroes patrióticos, presidentes de República. Pero otras, cuyos abuelos
-no hicieron nada y no fueron nada, pasan, sin embargo, por más
-distinguidas y más aristocráticas. Tal vez será porque estos
-predecesores hablaron poco, se mantuvieron al margen de las luchas del
-país, se preocuparon únicamente de vestir bien, dedicando a esto toda su
-inteligencia, y fueron muy exigentes en materia de casamientos,
-emparentándose solamente con sus allegados.
-
-Si una familia se empeña en ser aristocrática, como ponga en ello su
-voluntad durante tres generaciones y lo afirme a todas horas, al cabo de
-un siglo todos acabarán por aceptar su aristocracia y creer en ella.
-¿Quién va a escarbar la historia de nadie más allá del abuelo o el
-bisabuelo?... Hace cien años, en todas las colonias españolas de América
-el mayor signo de distinción y bienestar era tener tienda abierta: un
-establecimiento de comestibles o de ropas. Las familias linajudas de
-todas las ciudades históricas de aquellas repúblicas tuvieron por
-fundadores a tenderos españoles o criollos, que representaban la
-riqueza y la aristocracia de entonces. La agricultura y la ganadería no
-valían nada en aquellos tiempos. Sólo eran ricos los que vivían detrás
-de un mostrador. Pero doña Zoila no quería saber esto: “Soy una Pérez
-Zurrialde.” Y su marido, simple Pedraza que había alcanzado de niño a
-conocer a su abuelo, un emigrante venido de Castilla, participaba
-también de esta admiración por el noble linaje de su esposa, por la
-historia de aquella familia, que databa casi de siglo y medio, lo que
-equivale en América a perderse en la noche de los tiempos.
-
-Además, esta esposa, todavía bella, de elegancia generalmente reconocida
-y que le había dado seis veces la reproducción de su propia persona,
-merecía gratitud por sus sólidas virtudes conyugales.
-
-Con doña Zoila “no había miedo a novelas”, como decía el doctor, y un
-marido podía vivir en perpetua tranquilidad. Su avidez de audacias
-elegantes no iba más allá de las invenciones del modisto, de la
-sombrerera y demás artistas encargados del embellecimiento de la mujer.
-Para ella no existía otro amor que el conyugal. Los demás caprichos e
-invenciones eran buenos para las “locas de París” y no para ella, una
-señora, casada y madre.
-
-Gustaba de que los hombres elogiasen en los salones la elegancia de sus
-vestidos y su sabiduría para apreciar lo que es _chic_ y lo que no lo
-es; pero nada de alabanzas a su persona, nada de muestras de asombro o
-admiración por su belleza, que se mantenía fresca y viva, desafiando al
-tiempo.
-
---Pero usted--le dijo un europeo--gasta una fortuna en vestidos todos
-los años, y debe complacerle que los hombres admiren su lujo y se lo
-digan.
-
-La señora de Pedraza acogió con un gesto desdeñoso tales palabras: Eso
-sería verdad allá en Europa, donde las mujeres sólo piensan en los
-hombres.
-
---Entonces--siguió preguntando el curioso--,¿para qué viste usted con
-tanta elegancia y se preocupa del adorno de su persona?...
-
-Doña Zoila, antes de contestar, le miró con cierta conmiseración, como
-apiadada de su ignorancia:
-
---Para dar envidia a mis amigas y que rabien un poco.
-
-
-
-
-III
-
-
-Llevaba yo tres semanas de presentarme todas las tardes en la antesala
-del presidente del Banco Hipotecario, para saber si mi petición de
-empréstito iba a ser bien acogida por los señores de la Junta, cuando
-hablé por primera vez con el doctor Pedraza.
-
-Algunos de ustedes tal vez no saben lo que son las cédulas del Banco
-Hipotecario Argentino. En las Bolsas de Europa las consideran como un
-papel de esos que llaman “de todo reposo”; un valor para que el padre de
-familia invierta en él sin miedo sus ahorros y la viuda pobre su escasa
-herencia. Estas cédulas hipotecarias gozan de más crédito entre la gente
-tímida que los empréstitos que emiten los gobiernos o las obligaciones
-de las empresas industriales, que siempre tienen algo de aventurado.
-Cada título representa un pedazo de tierra hipotecada, algo sólido,
-tangible, que no puede desaparecer ni volatilizarse en una guerra o una
-catástrofe. Y como los directores del Banco Hipotecario desean mantener
-incólume el prestigio reposado y seguro de su institución, de aquí que
-procediesen en mis tiempos con tanta lentitud y minuciosidad en sus
-operaciones, como si aun vivieran en la época colonial.
-
-Yo aspiraba a que me diesen dinero con la garantía de mis tierras; pero
-ellos, antes de emitir sobre mi propiedad varios centenares de cédulas
-nuevas y venderlas en Europa a gentes timoratas que sólo tienen de
-América vagas ideas, necesitaban minuciosos informes y repetidas
-exploraciones de sus ingenieros para que en lo futuro no fuese posible
-una depreciación de la hipoteca.
-
-El ujier del presidente se inclinó al entrar en la antesala un hombre
-vestido con elegancia y de aspecto aseñorado. Le abrió la puerta del
-despacho presidencial y luego creyó necesario darme una explicación para
-que no me doliese la injusticia de que alguien entrase antes que yo, no
-obstante mi larga espera.
-
---Es el doctor Pedraza..., un señor muy rico que ha sido diputado
-nacional.
-
-Volví a verle otras tardes en el Banco Hipotecario, pero esperando lo
-mismo que yo, pues he observado muchas veces que la frecuentación de las
-oficinas no da mayor confianza al solicitante, sino, por el contrario,
-le quita poco a poco el prestigio y la entrada franca que tuvo en sus
-primeras visitas. El doctor Pedraza acabó por sentarse en la antesala
-cerca de mí. Unas veces había salido el presidente; otras, no deseaba
-hablar con él, sino con los ingenieros y los peritos del Banco, cuyo
-informe era siempre laborioso, circunspecto y lento. Un amigo cualquiera
-nos puso en relación, y como la soledad de la pieza predisponía a las
-confidencias, hablamos mucho durante las horas pesadas y al mismo tiempo
-optimistas que siguen al almuerzo, y son en Buenos Aires las de visita a
-las oficinas.
-
-El doctor Pedraza solicitaba lo mismo que yo, aunque entre sus
-pretensiones y las mías existiese una diferencia igual a la que separaba
-mi humilde persona de colonizador extranjero de su opulencia de gran
-propietario. Quería hipotecar la estancia heredada de sus padres,
-operación importante para el Banco por tratarse de un préstamo de muchos
-centenares de miles de pesos.
-
-Esto no me produjo asombro, ni quebrantó el respeto que me infundía el
-doctor como hombre rico. En aquel país se puede ser un gran millonario y
-deber al mismo tiempo sumas enormes. Hasta parece que la riqueza traiga
-aparejado lo de tener deudas. Se emprenden sin miedo nuevos negocios; se
-compra sin tener con qué pagar, dando por seguro que se venderá lo
-comprado antes de unos meses y con fabulosa ganancia; nadie vacila en
-tomar cantidades a préstamo... Así es como se ha engrandecido aquel
-país.
-
-Para mí era indudable que este opulento personaje necesitaba el dinero
-de la hipoteca para emprender algún negocio considerable y secreto.
-
-Seducido por el silencio con que le escuchaba, iba enumerando Pedraza
-las magnificencias de la estancia que pretendía hipotecar. Además, todo
-argentino nace propagandista de su patria, y se enardece hasta ser
-elocuente cuando relata las grandezas de la tierra natal. El doctor,
-exagerando
-
-[Illustration]
-
-un poco, me describía los pastos de sus praderas, pasándose una mano por
-el pecho para hacerme ver hasta dónde llegaba su altura. Yo,
-escuchándole, contemplaba imaginativamente el galope circular de las
-tropas de yeguas por el vasto campo cerrado con alambradas; el lento
-rumiar de los bueyes, mejorados por una continua selección, casi sin
-cuernos, con el lomo plano lo mismo que una mesa, y carnosos, como si en
-su interior hubiera quedado suprimido el andamiaje del esqueleto.
-
---Ha habido año que he vendido diez mil novillos; ¿sabe, compañero?...
-
-Otras tardes sentía la nostálgica necesidad de hacerme ver el Buenos
-Aires de su infancia. Casas bajas de sobria arquitectura colonial;
-aceras de ladrillo que parecían escaleras por sus numerosos altibajos;
-calles profundas como barrancos, polvorientas unas veces y otras tan
-llenas de agua estancada que había que vadearlas lo mismo que
-riachuelos. Muy pocos transitaban a pie por la ciudad.
-
---Yo iba a caballo a la escuela, y los otros muchachos “bien” llegaban
-del mismo modo. Mientras duraba la lección había fuera de la casa unas
-cuantas docenas de caballitos “petizos”, que entretenían su impaciencia
-escarbando el suelo con las patas. Cuando yo salía de la escuela, mi
-“petizo”
-
-[Illustration]
-
-había abierto un hoyo así de grande. Los mendigos también iban montados,
-pidiendo limosna de puerta en puerta. Los cocheros públicos encontraban
-que era más barato no dar de comer a sus animales, y cuando éstos se les
-morían, enganchar otros nuevos. No tenían más que salir a las afueras de
-la ciudad para comprarlos por lo que querían ofrecer. Y ahora vendo yo
-caballos en mi estancia tan caros como en Europa... Además, ¡lo que ha
-cambiado nuestro Buenos Aires! Es cosa de asombrarse, compañero, viendo
-esas avenidas y esas casas que parecen las de Nueva York... A veces creo
-que lo de mi niñez fué algo soñado.
-
-Pero el doctor cortaba su entusiasmo patriótico para protegerme con una
-de sus miradas bondadosas:
-
---Y usted, galleguito, ¿qué piensa hacer con su plata cuando esos
-señores le acepten la operación?...
-
-Modestamente iba yo explicando mis planes de colonizador. Con el
-producto de la hipoteca terminaría la roturación de mis terrenos;
-compraría tractores mecánicos y otras maquinarias agrícolas de las que
-fabrican en los Estados Unidos; crearía un sistema de riego, y las
-ganancias del nuevo cultivo me permitirían pagar los intereses de la
-deuda y suprimirla finalmente, vendiendo tierra en pequeñas parcelas.
-Pero me avergonzaba de la modestia de mis planes al recordar la
-importancia del hombre que me estaba escuchando.
-
---Usted, doctor, sí que hará cosas enormes en su estancia con esa
-fortuna que le va a prestar el Banco. ¡Habrá que ver eso!...
-
-Y el doctor acogía mis palabras moviendo la cabeza con pensativa
-gravedad. Luego hablaba. Los tiempos empezaban a ser malos; la compra y
-venta de terrenos se iba paralizando; ya no era un negocio la
-especulación. Sería conveniente volver al cultivo de las estancias, como
-lo habían hecho los padres y los abuelos, pero agrandándolas,
-modernizándolas...
-
-Dejé de verle. La operación sobre su estancia estaba casi terminada, y
-de un momento a otro le iban a entregar las cédulas hipotecarias, o sea
-el dinero. Para él los informes de los técnicos se hacían breves, y los
-obstáculos rituales se derrumbaban ante su paso. Por algo era el doctor
-Pedraza, y su esposa una Pérez Zurrialde. Además, doña Zoila, la noble
-criolla, resultaba parienta, más o menos próxima, de la mayor parte de
-los directores del Banco.
-
-Como si la protección que me había dispensado el doctor--expresada
-únicamente hasta entonces con palabras amables y ojeadas
-majestuosas--empezase a ejercer sobre mí una influencia real, algunas
-semanas después los poderosos personajes del Banco se apiadaron de mi
-insignificancia, concediéndome la hipoteca sobre mis tierras.
-
-Esto representó un descanso en mi angustiosa empresa, un alto durante el
-cual podría resollar algunos meses con la tranquilidad que proporciona
-la abundancia de dinero. Ya no tendría que mendigar pequeños préstamos
-en los Bancos particulares. Pagué deudas, emprendí los trabajos que
-tenía proyectados, encargué maquinaria a los Estados Unidos, y como la
-nueva orientación de mi empresa exigía una espera, durante la cual
-permanecería inactivo, me acometió el deseo de hacer un viaje corto a
-Europa.
-
-Bien había ganado este descanso en dos años de áspera lucha. Además me
-quedaba disponible algún dinero, varios miles de pesos, que podía gastar
-en el regalo de mi propia persona, e inmediatamente sentí lo que llaman
-en Buenos Aires “la enfermedad de París”. ¿Por qué yo, que pretendía
-llegar en lo futuro a millonario (estilo América del Sur), no me podía
-dar por algunas semanas una representación adelantada de lo que es en
-Europa la vida de un personaje de tal clase?...
-
-Precisamente hacía un mes que en Buenos Aires los periódicos y las
-gentes hablaban todos los días del _Cap Bojador_, transatlántico alemán
-que había hecho su primer viaje desde Hamburgo e iba a emprender su
-travesía de regreso. Esto fué antes de la última guerra europea, y el
-tal _Cap Bojador_, que no sobrepasaba en importancia a la mayor parte de
-los transatlánticos que van a los Estados Unidos, era considerado como
-una maravilla por su gran tonelaje entre los buques que remontan el río
-de la Plata.
-
-Las gentes hablaban de sus salones lujosos; de su piscina de natación;
-de las previsoras innovaciones establecidas en sus camarotes para
-atender a las más pequeñas necesidades higiénicas, del invernáculo que
-esparcía su jardín de flores tropicales sobre la última cubierta. Una
-muchedumbre interminable bajaba como en procesión al muelle para visitar
-esta maravilla flotante.
-
-¡Pobre _Cap Bojador_! La organización germánica lo había previsto todo
-en él. Hasta guardaba en lo más secreto de sus bodegas unos cuantos
-cañones desmontados para convertirse rápidamente en corsario si
-estallaba una guerra. Y cuando la noticia de la guerra le sorprendió,
-años después, estando anclado en Buenos Aires, montó su artillería y
-salió al mar, para ser cañoneado y echado a pique por los cruceros
-ingleses cerca de las costas de Africa.
-
-Familias que semanas antes no pensaban ni remotamente en un viaje a
-Europa, sentían de pronto la necesidad de pasar el Atlántico. Fué de
-moda ser pasajero del _Cap Bojador_ en su primera travesía. Representaba
-una gran distinción. Sólo los millonarios podían permitirse, según el
-vulgo, este gusto inaudito.
-
-Preparaba yo modestamente mi viaje en otro buque cuando me avisaron que
-en el famoso transatlántico había un pequeño camarote libre. Alguien
-había desistido de su excursión a última hora. ¿Por qué no había de
-darme el gusto de figurar, aunque fuese en último término, entre los
-opulentos pasajeros del _Cap Bojador_, cuando precisamente iba yo a
-Europa para hacer el aprendizaje de cómo viaja y vive un futuro
-millonario?...
-
-La salida del buque fué precedida de una confusión clamorosa y triunfal.
-Todos los alemanes de Buenos Aires se habían aglomerado en el muelle
-para celebrar este acontecimiento glorioso. Músicas, banderas, ¡_hocs_!
-incesantes al Káiser, cánticos del _Hüber Alles_. Además, gran afluencia
-de familias criollas, que acudían para admirar y envidiar a los que se
-marchaban; haces de flores enormes, como gavillas de trigo; cajas de
-chocolates que parecían maletas; besos; miles de pañuelos tremolados
-como banderas...
-
-Pasé modestamente a través de esa confusión. Nadie me conocía y yo no
-conocía a nadie. Cuando el buque se despegó del muelle tuve un
-
-[Illustration]
-
-encuentro en una de las calles de esta ciudad flotante que se iba
-deslizando sin el menor movimiento, como si resbalase sobre el fondo del
-río de la Plata. El doctor Pedraza iba a Europa con toda su familia.
-
-Doña Zoila y las seis hijas se movían atareadas y confusas, no sabiendo
-qué hacer de las gavillas de flores y las cajas de dulces apiladas sobre
-varios sillones de la cubierta: regalos de las numerosas amistades que
-habían acudido a despedirlas. Todas ellas llevaban unos vestidos de
-violenta novedad, “modelos únicos”, encargados, sin duda, por cable a
-París apenas la familia decidió el viaje.
-
-El doctor iba trajeado como yo me imaginaba entonces que vestían el
-presidente de la Cámara de los Lores o el primer ministro inglés al
-salir de excursión. ¡Las ilusiones de aquel tiempo, en que no habíamos
-visto aún los retratos de Lloyd George!...
-
-Me distinguió el rico argentino una vez más con sus palabras amables,
-rebuscadas, majestuosas, y también con sus ojos protectores. En el curso
-del viaje se dignó muchas veces tratarme como si fuese amigo suyo, y
-hasta hizo mi presentación a doña Zoila y las niñas, las cuales me
-acogieron con una indiferencia cortés.
-
-Era la familia más importante de a bordo por el número de sus
-individuos y por su lujosa instalación.
-
-Doña Zoila y su esposo habitaban un amplio dormitorio, con salón propio
-y otras dependencias. Las seis niñas se habían resignado a ocupar tres
-amplios camarotes de los más caros, cada uno con dos camas. Además,
-formaban parte de esta expedición un par de doncellas españolas al
-servicio de las señoritas: una parienta, pobre, de doña Zoila, que no se
-dignaba prestar otro trabajo que el de servir de acompañanta a las niñas
-en ausencia de su madre; el ayuda de cámara italiano del doctor, y una
-vieja criada mestiza que había tenido en sus brazos a la señora de
-Pedraza y seguía la familia a todas partes, como un recuerdo histórico
-de la noble casa de los Pérez Zurrialde. En total, doce personas,
-ocupando todo un lado de cierto corredor del buque donde estaban las
-mejores habitaciones.
-
-La señora y señoritas de Pedraza viajaban “a la ligera”, según
-declaración de la mamá, pues se proponían renovar enteramente su
-vestuario cuando llegasen a París. Esto no impedía que al lado de las
-puertas de sus camarotes estuviesen amontonados y obstruyendo el paso
-numerosos cofres y maletas: una pequeña parte destacada del grueso del
-equipaje oculto en las bodegas. El viaje de Buenos Aires a Boulogne iba
-a durar aproximadamente veinte días. Una persona decente debe cambiar
-de vestido tres veces cada veinticuatro horas, y ellas no podían
-resignarse a que las demás pasajeras dijesen que en los veinte días se
-habían puesto dos veces las mismas ropas. Total: sesenta vestidos por
-cada una de ellas, ¡y eran siete!...
-
-Las dos hijas mayores habían dejado sus novios en Buenos Aires, y todas
-las mañanas escribían una carta, guardándola para echarlas luego juntas
-en los puertos donde hacía escala el buque. Sus hermanas menores
-bailaban en el gran salón o en la cubierta cuando los camareros del
-vapor se convertían en músicos, unas veces de instrumentos de cuerda,
-otras de metal. Además hacían continuos ejercicios gimnásticos para
-cultivar su delgadez, riñendo batallas tenaces y heroicas con el apetito
-juvenil, excitado por el aire del mar. Sus comidas consistían casi
-siempre en una taza de té, y alguna de ellas hasta suprimía este líquido
-con la ambición de llegar a ser más esquelética que sus hermanas.
-
-En cambio, el doctor Pedraza gozaba con regodeo de la abundante mesa de
-a bordo, así como de la consideración y el respeto que le acompañaba en
-sus paseos por el buque.
-
---Es un doctor de Buenos Aires--decían algunos europeos de regreso a su
-tierra, al mostrarse a este personaje--, un estanciero riquísimo, una
-persona “bien”. ¡La plata que debe tener!...
-
-Al verme Pedraza, poco después de haber zarpado el transatlántico, me
-saludó dándome en la espalda una de sus palmadas de buen príncipe.
-
---¡Usted aquí, españolito!... ¿Va usted a dar un paseo por Europa?...
-Hace bien; no todo ha de ser trabajo... Hay que gastar la platita.
-
-¡Simpático y bondadoso personaje! Recordé nuestras conversaciones
-durante las primeras horas de la tarde, sentados en la antesala del
-Banco Hipotecario.
-
-Luego una idea absurda, inverosímil, pasó por mi pensamiento. Se me
-ocurrió que el dinero facilitado por el Banco Hipotecario iba a servir
-en su mayor parte para este viaje suntuoso.
-
-Tal vez el doctor Pedraza había hipotecado su estancia para dar gusto a
-su familia, deseosa de realizar un paseo triunfal por el viejo mundo: un
-viaje que excitase la envidia y la admiración de las amigas que dejaban
-a sus espaldas.
-
-
-
-
-IV
-
-
-Terminada la navegación nos vimos poco. Yo no podía vivir en el mismo
-plano que este millonario.
-
-Además huía de él, no porque me fuese antipática su persona, sino por
-miedo a la deslumbrante doña Zoila y a sus hijas, que parecían esparcir
-una nueva luz sobre París.
-
-[Illustration]
-
-_Le Figaro_, que es el diario que presta más atención al paso de los
-americanos, hablaba casi todos los días de “Madame de Pedraza, ilustre
-dama argentina, y sus hermosas hijas”.
-
-Ocupaba la familia una parte considerable del primer piso de cierto
-hotel monumental, próximo al Arco de Triunfo. Algunas mañanas el
-doctor, con su esposa y las seis niñas, salían a caballo para galopar
-por las avenidas del Bosque de Bolonia. Esta cabalgata, que muchos, en
-el primer momento de sorpresa, tomaron por un desfile de artistas de
-circo, servía para demostrar la opulencia de la familia. Además, todos
-eran excelentes jinetes, que habían aprendido la equitación por
-instinto, en la estancia natal, al mismo tiempo que aprendían a hablar.
-
-[Illustration]
-
-No se sabe si fué la admiración o la envidia la que inventó el mote;
-pero las seis señoritas Pedraza empezaron a ser apodadas “Las walkirias
-argentinas”.
-
-El éxito de las hijas del doctor no podía ser más halagüeño para la
-vanidad de sus padres. No digo que París entero se preocupase de ellas.
-París es muy grande y su vida está dividida en sectores. Pero en el
-fragmento de mundo parisién donde se movían los Pedraza, o sea la
-porción comprendida entre el Bosque, la Avenida Kleber y los bulevares,
-la popularidad de las seis walkirias era cada vez más grande.
-
-En los establecimientos de la calle de la Paz, de los Campos Elíseos y
-de la plaza Vendôme sonaba con frecuencia el nombre de madame de Pedraza
-y sus _demoiselles_, recomendando los jefes, con voz respetuosa, el
-rápido cumplimiento de los encargos de tan ricas clientes. Muchas veces,
-al contar yo que venía de la Argentina y tenía en ella mis negocios,
-escuché las mismas palabras:
-
---Ahora está en París un gran millonario de allá, el doctor Pedraza, con
-su esposa, una señora muy distinguida, y sus niñas, que parecen un coro
-de ángeles. ¡Lo que gasta esa familia! ¡La fortuna enorme que debe tener
-el padre!... ¡Qué collar de perlas el de la mamá!...
-
-Y yo asentía a estas expresiones de asombro y admiración... ¿Para qué
-hablar? En Europa tienen tal concepto de la riqueza, sólida,
-inconmovible, cristalizada, que no pueden imaginarse la riqueza movible,
-inquieta y en continuo volteo de los países americanos: una riqueza que
-se aleja y vuelve, se desvanece y torna a reconstituírse, haciendo que
-un mismo hombre se vea tres o cuatro veces en su existencia millonario
-como un príncipe de cuento de hadas y mendigo visionario.
-
-Además, el lujo enorme de la familia Pedraza, que yo apreciaba desde
-lejos, acabó por desorientarme, haciéndome dudar de lo que había visto
-al otro lado del Océano.
-
-En realidad, yo sólo sabía del doctor que había hipotecado la mejor de
-sus fincas; pero esto no significaba nada extraordinario ni fatal. En el
-Nuevo Mundo no basta preguntar cuánto posee una persona; es preciso
-añadir: “¿Cuánto debe?”. Todos, por ricos que sean, tienen deudas
-enormes, contraídas para el agrandamiento de sus negocios. El
-crecimiento rápido de los pueblos jóvenes exige que los ricos vivan un
-poco a la ventura, como viven los jugadores, confiándose a su buena
-suerte y tomando sin vacilación todo el dinero que les ofrezcan, con la
-esperanza de poder devolverlo gracias a nuevos negocios.
-
-Tal vez el doctor era más rico que yo me lo imaginaba, y su préstamo
-debía ser considerado como una operación transitoria y sin importancia.
-Al año siguiente una portentosa cosecha de trigo, o una de aquellas
-ventas de “hacienda”, en las que entraban los novillos a miles, y que él
-me había descrito entusiásticamente en sus conversaciones, bastaría para
-pagar enteramente su deuda sin tener que imponerse sacrificio alguno.
-
-Antes de que yo regresase a la Argentina tuve noticias directas de los
-grandes éxitos obtenidos en París por doña Zoila y sus hijas. Las dos
-mayores se mostraban refractarias a todo coqueteo, e iban de fiesta en
-fiesta, estrenando cada vez un vestido riquísimo; pero graves y
-austeras, orgullosas de su lujo y dignándose mirar únicamente a las de
-su sexo, lo mismo que su noble madre.
-
---Somos muy argentinas y sólo podemos casarnos con uno de nuestra
-tierra.
-
-Las dos seguían escribiendo diariamente a sus novios, que estaban en
-Buenos Aires. Unicamente les interesaban en París los vestidos y los
-elogios de las mujeres.
-
-En cambio, las otras hermanas vivían asediadas por el amor y las
-peticiones matrimoniales. Hasta la más pequeña, que todavía iba de corto
-y con el cabello suelto, tenía varios suspirantes que la deseaban por
-esposa. La fama de estas millonarias recién llegadas se había esparcido
-por todos los círculos, más o menos aristocráticos, donde hay jóvenes
-que se tienden con desesperación en un diván después de haber perdido
-los últimos miles de francos en la sala destinada al juego.
-
-Además, en los años anteriores a la guerra la República Argentina
-acababa de ponerse de moda, y los conocimientos geográficos de los
-hombres deseosos de adquirir una fortuna casándose se ensancharon
-considerablemente.
-
-Todos habían acabado por descubrir una gran novedad; que existen dos
-Américas: la del Norte y la del Sur. El matrimonio con americanas de los
-Estados Unidos era ya entonces una industria en decadencia. Los títulos
-nobiliarios se aprecian allá cada vez menos. Las mujeres de aquel país,
-dotadas de un carácter práctico y escarmentadas por la experiencia, se
-reservan el manejo de sus bienes, y el marido sólo es un consocio bien
-alimentado, pero sin derecho a tocar la fortuna de su esposa: una
-especie de rey consorte, sin voz ni voto en el gobierno de la casa...
-
-Era conveniente buscar acomodo en la otra América, donde también existen
-millonarias, menos numerosas, pero más inexpertas en esta clase de
-alianzas. El riquísimo doctor llegaba oportunamente con cuatro hijas
-casaderas, y todos los que en París esperaban salvarse por medio del
-matrimonio olvidaron lo que sabían de inglés para perfeccionarse en el
-tango y chapurrear algunas palabras de español.
-
-Dos de las señoritas Pedraza empezaron a mostrarse distanciadas por una
-rivalidad aristocrática:
-
---Yo puedo ser duquesa si quiero--decía una de ellas--, y a ti sólo te
-pretende un marqués.
-
---Pero el mío es más joven que el tuyo--contestaba la otra.
-
-Doña Zoila creyó oportuno cortar tales disputas con la autoridad de su
-noble pasado. Nada tenía que decir contra estos personajes que aspiraban
-a ser sus yernos; pero no le hacían ningún favor extraordinario al
-pretender entrar en su familia. Ellos tenían un pasado histórico, pero
-los Pérez Zurrialde no eran cualquier cosa allá en su tierra. Si
-llegaban a casarse con sus niñas no tendrían por qué ruborizarse, pues
-éstas eran iguales a ellos.
-
-Empezó a circular entre los sudamericanos de París la noticia de que un
-duque y un marqués querían ser yernos del doctor Pedraza. Les corría
-prisa esta unión y deseaban realizarla antes de que la familia volviese
-a Buenos Aires. Las niñas, por su parte, también mostraban una prisa
-igual, pensando en lo que dirían sus amiguitas de allá al verlas con
-títulos nobiliarios.
-
-Yo me marché de París en aquellos días; pero las confidencias de
-algunos amigos del doctor sirvieron para darme una idea aproximada de lo
-que debió ocurrir.
-
-Estos nobles personajes que descienden a emparentarse con los ricos del
-otro lado del Océano muestran siempre un gran desinterés cuando llega el
-momento de tratar las condiciones materiales que deben regir la
-asociación matrimonial. Ocupados en el galanteo de la joven millonaria,
-no quieren interrumpir su dúo de amor con vulgares discusiones
-financieras, y envían a un llamado hombre de ley, a un notario que ha
-servido siempre a su familia o al administrador de su hacienda
-quebrantada para que ajuste el convenio con los padres.
-
-El doctor Pedraza, hombre de negocios, consideró sin importancia estos
-tratos preliminares del matrimonio. El manejaría a su gusto a los dos
-nobles señores que pretendían ser hijos suyos. Pero en vez de hablar con
-ellos, tuvo que recibir la visita de dos leguleyos franceses, de palabra
-melosa, con el plumaje áspero y el pico duro, lo mismo que aves de
-rapiña.
-
-Pedraza y su noble esposa se expresaron como príncipes generosos que no
-pueden contar la inmensidad de su fortuna. Los dos se comprometieron
-desde el primer momento a entregar a cada una de sus niñas una renta
-anual de trescientos mil francos. Pero los enviados no creían en rentas
-que pueden ser pagadas fielmente el primer año e ir disminuyéndose en
-los siguientes, hasta quedar suprimidas. Ellos necesitaban un capital
-positivo, aunque la renta fuese menor: campos, casas, valores
-mobiliarios, algo que pudiera convertirse en dinero a cualquiera hora,
-dando una seguridad de riqueza a sus poseedores.
-
-En resumen: que éstas conferencias laboriosas, en las que se batían
-ambas partes con buenas palabras y perversas intenciones, terminaron tan
-mal como cualquiera de las entrevistas diplomáticas a las que asisten
-los Gobiernos con el propósito de engañarse unos a otros.
-
-El duque y el marqués desaparecieron. Las dos niñas lloraron un poco.
-¡No poder marcar con una corona heráldica sus pañuelos y sus ropas más
-íntimas, para envidia de las amigas!...
-
-Las hermanas mayores, que habían sufrido en silencio el orgullo
-nobiliario de las otras, creyeron llegado el momento del desquite.
-
---Nosotras debemos casarnos con gentes de nuestra tierra. Aquí, en
-Europa, sólo nos buscan por nuestra gran fortuna. Os hubieran tomado la
-plata y después, ¡quién sabe si habrían acabado pegándoos!...
-
-Doña Zoila apoyaba estas palabras:
-
---Allá no usamos corona, pero somos tan nobles como los de aquí.
-Vosotras, además de ser Pedraza, lleváis un gran nombre por vuestra
-madre.
-
-La hermosa señora abominaba ahora de París. Según contó después a sus
-amigas de Buenos Aires, algunos mocitos que casi podían ser hijos suyos
-habían osado hablarla, en los salones, de “almas dormidas que deben ser
-despertadas”, burlándose a continuación de la vulgaridad de ser fiel al
-marido, y comparando su belleza con el sol de la tarde, más deslumbrador
-y ardoroso que el del amanecer... ¡A ella! ¡A una matrona respetada por
-todos en su país!... Si había aguantado en silencio tales audacias era
-por miedo a que se enterase su esposo, hombre violento en sus cóleras y
-famoso tirador de pistola.
-
-Pedraza, arrepentido sinceramente de la satisfacción que le había
-procurado por unas semanas la posibilidad de ser suegro de tan
-aristocráticos personajes, mostraba ahora un recrudecimiento de sus
-entusiasmos de americano, hijo de una República.
-
---Lo de los títulos de nobleza, che, puede deslumbrar a los gringos de
-Europa; ¿pero a nosotros?... En la América del Sur eso nos hace reír.
-
-
-
-
-V
-
-
-Transcurrió mucho tiempo sin que yo volviese a ver al doctor. Me enteré
-por los diarios argentinos de su regreso triunfal de Europa. Otra vez su
-nombre y el de todas las mujeres que componían su familia volvieron a
-aparecer en las crónicas de la alta vida social.
-
-Doña Zoila organizaba fiestas de caridad; se movía a la cabeza de todas
-las Juntas para la difusión de principios morales, y a la hora del té su
-palabra era escuchada como un oráculo, definiendo lo que es elegancia y
-en qué consiste la falta de _chic_. Después de haber pasado un año en
-París, su autoridad parecía inconmovible.
-
-La vida del doctor resultaba menos dichosa y plácida. Yo le veía pasar
-en su lujoso automóvil por la avenida de Mayo o apearse en la calle
-Reconquista, donde están establecidos los Bancos de la ciudad, yendo de
-uno a otro para sus numerosas e importantes operaciones. Todos seguían
-considerándole con respeto, como un personaje influyente, y muchos
-envidiaban su riqueza. Pero de tarde en tarde llegaban hasta mí noticias
-inquietantes para el crédito del doctor. Sus amigos íntimos contaban que
-había gastado en Europa un
-
-[Illustration]
-
-millón de pesos (más de lo que le había prestado el Banco Hipotecario).
-En las reuniones de alta sociedad se hablaba con asombro del collar de
-perlas que doña Zoila había adquirido en París, y los envidiosos
-apuntaban que el marido no tenía fortuna para tantos dispendios.
-
-En mucho tiempo no volví a acordarme de Pedraza, pues bastante tenía con
-preocuparme de mi propia suerte. La Argentina pasaba en aquellos
-momentos por una de esas crisis financieras que son en su existencia a
-modo de una enfermedad normal y periódica, repitiéndose aproximadamente
-cada diez años.
-
-A los negocios rápidos y extraordinariamente productivos había sucedido
-la atonía del dinero; al despilfarro, el pánico, el egoísmo y la
-pobreza. Los Bancos que adelantaban antes capitales para toda clase de
-negocios, no sólo habían cortado repentinamente sus créditos, sino que
-exigían la inmediata devolución de sus préstamos. Yo tuve que luchar
-mucho en aquella época para no salir de la crisis completamente pobre.
-De no ocurrir tal calamidad estarían ustedes escuchando ahora a un
-millonario. Gracias que pude salvar lo preciso para retirarme a París y
-vivir aquí con modestia.
-
-Pero volvamos a nuestro doctor. Su situación era semejante a la de otros
-compatriotas suyos. Continuaba siendo un capitalista para las gentes:
-seguía viviendo como un millonario; pero los directores de los Bancos y
-los hacendados sólidamente ricos, al nombrarle con respeto, contraían
-los labios como para cerrar el paso a una sonrisa burlona y cruel. Su
-infortunio llegaba hasta mí fragmentariamente, por noticias sueltas y
-espaciadas, como se aproximan o se alejan las detonaciones de un combate
-remoto, según los caprichos del viento.
-
-La familia había tomado, como siempre, su palco en el teatro Colón al
-empezar la temporada de ópera. Esto era natural. La vida resulta
-inconcebible en Buenos Aires sin la asistencia a dicho teatro. ¡Antes
-morir! Pero el doctor había entregado al empresario por el abono del
-palco, no un cheque, sino un pagaré a noventa días vista. En las malas
-épocas muchos pagan así en aquel país. Se confía en el porvenir. Nadie
-cuenta únicamente con lo que tiene en la mano, como los tímidos del
-viejo mundo; todos admiten de consocia a la esperanza. ¡Quién sabe qué
-grandes negocios pueden hacerse en el plazo de noventa días!... Como la
-fortuna tiene alas, sólo necesita unos instantes para llegar hasta
-nosotros.
-
-También supe que Pedraza había hipotecado la otra estancia que era de su
-mujer. Acababan de casarse las dos hijas mayores con una magnificencia
-que hizo acudir a toda la alta sociedad de Buenos Aires. Doña Zoila dió
-a las bodas de sus hijas el aparato de un acontecimiento histórico.
-Mientras tanto el pobre doctor se agitaba de la mañana a la noche por
-conseguir al mismo tiempo dos cosas que parecían antagónicas: sostener
-el aspecto opulento de su familia sin aminorar sus gastos, y pagar los
-enormes réditos de sus deudas.
-
-Las cosechas de las dos estancias y las ventas de novillos criados en
-sus campos sólo servían para satisfacer los tales réditos. Pedraza,
-deseoso de evitar disgustos a su esposa, disimulaba las angustias de
-esta situación. Apenas se veía en su casa, rodeado de un ambiente de
-lujo, entre sus hijas solteras, que hablaban y reían como princesas
-seguras del porvenir; necesitaba mostrarse optimista, imaginándose una
-serie de negocios maravillosos que vendrían a sacarle de apuros al día
-siguiente.
-
-No quiero cansar a ustedes describiendo detalladamente cómo se fué
-acelerando, cuesta abajo, la ruina de Pedraza. Necesitaba siempre
-dinero; en los Bancos no querían dárselo al interés corriente, y
-recurrió al préstamo usurario. Además tuvo que vender con pérdida enorme
-los terrenos que había adquirido para especular sobre su alza en la
-buena época del país, cuando circulaba vertiginosamente la riqueza.
-
-Al mismo tiempo mostraba, al hablar con sus hijas casadas y sus yernos,
-la tranquilidad bondadosa de un hombre inmensamente rico, que al morir
-dejará caer un chaparrón de bienes sobre sus herederos. Aceptaba sin la
-menor mueca de contrariedad todas las peticiones de las hijas que vivían
-en su casa. Doña Zoila, que estaba vagamente enterada de que los
-negocios no marchaban del todo bien, parecía vacilar algunas veces al
-hacer a su marido la enumeración de los gastos de la familia, pensando
-en la posibilidad de ciertas economías. Un día hasta le dió a entender
-que, en caso de apuro, estaba dispuesta a desprenderse de sus joyas.
-Pero esto, aun siendo mera hipótesis, parecía causar tal pena a la
-señora, que el doctor se apresuró a disuadirla.
-
-Le era imposible aceptar que su noble compañera modificase su vida
-ordinaria. Además, ¿qué dirían las gentes al ver disminuído el lujo de
-la familia?... Y era el pobre doctor quien recomendaba a su esposa que
-evitase las economías demasiado visibles. Las niñas debían casarse, y
-para ello era conveniente que la casa conservase su aspecto de
-abundancia segura y ostentosa.
-
-Cuando de tarde en tarde me ponía la casualidad al alcance de la palabra
-solemne y los ojos protectores de mi amigo adivinaba yo los estragos que
-iba haciendo en su persona esta nueva vida de pobreza disimulada. Iba
-vestido con la elegancia de siempre; conservaba su aspecto señoril; pero
-estaba viejo, mucho más viejo que debía serlo por su edad.
-
---¿Cómo marchan sus negocios, españolito?... Mala época: ¡muy mala para
-todos!... Pero esto no puede durar.
-
-Y me golpeaba la espalda con la bondad de un ser superior que sabe que
-existe la desgracia, pero es para los otros, pues él se encuentra por
-encima de las miserias del vulgo.
-
-Su caída fué larga. Nadie se enriquece con la rapidez que se imaginan
-los que viven al margen de los negocios; nadie tampoco se arruina, por
-regla general, en unos instantes, como lo vemos muchas veces en comedias
-y novelas. Hay ruinas fulminantes, como hay naufragios instantáneos que
-sólo duran unos minutos; pero la mayoría de las gentes se enriquecen con
-lentitud, o van empobreciéndose como el que baja una escalera, peldaño
-tras peldaño. El naufragio del doctor fué igual al de los grandes
-veleros, que después de estar llenos de agua, todavía flotan con la
-quilla al aire mucho tiempo, yendo de un lado a otro, al capricho de las
-corrientes.
-
-En realidad, sólo sé de Pedraza lo que me contaron incidentalmente
-algunos de sus amigos íntimos. Estas noticias son a modo de episodios
-sueltos y sin concordancia; pero yo he hecho de todos ellos algo
-compacto, uniéndolos con los hilos de mis suposiciones. Valiéndome del
-álgebra de la inducción, he llegado a imaginarme todo lo que le ocurrió
-al doctor. Dirán ustedes que lo que voy a contarles es en gran parte
-invención mía; pero hay invenciones más ciertas y verosímiles, por ser
-lógicas, que las noticias que nos dan como seguras los amigos y los
-periódicos.
-
-He pensado muchas veces en las tardes que debió pasar cuando quedaba
-solo en su “escritorio”: un piso arrendado en la avenida de Mayo para
-sus oficinas. Lejos de su casa y libre de las seducciones que ejercían
-sobre él las mujeres de su familia, obligándole a verlo todo de una
-manera optimista, quedaba frente a frente al enigma de su situación. Iba
-a verse arruinado en un país donde el dinero tiene mayor importancia que
-en otras naciones y resulta más necesario para la vida. ¿Era posible la
-existencia de un Rómulo Pedraza protegido por sus amigos y con un empleo
-público para sostener humildemente a su familia?...
-
-La idea de que su mujer y sus niñas tuvieran alguna vez que remendar sus
-vestidos, llevando la existencia dolorosa de los ricos arruinados que
-buscan el amparo de unos parientes más dichosos, le parecía tan absurda
-e inconcebible como un trastorno de las leyes astronómicas. ¿Era lógico
-que Zoila, su mujer, fuese alguna vez pobre?...
-
-Además sentía miedo al pensar en sus hijas. El conocía la historia de
-muchas señoritas cuyos padres se habían empobrecido. Unas pocas
-conseguían casarse con ricos, lo mismo que en las novelas; las más se
-resignaban a descender, perdiendo la distinción de su origen,
-convirtiéndose en obreras ocultas que trabajaban mal recompensadas para
-el sostenimiento de una vida miserable; y algunas acababan sirviendo de
-amantes a hombres que en otras circunstancias no habrían osado aspirar a
-ser sus maridos.
-
-El pobre doctor se estremecía de miedo y de cólera al pensar que sus
-hijas, las cuatro hijas que le quedaban en casa, podían verse en la
-misma situación de algunas infelices que atraen a los libertinos con un
-nuevo encanto: el de haber sido señoritas de buena casa, jóvenes, ricas
-y educadas en el lujo antes de que la ruina paternal les empuje a ser lo
-que son.
-
-
-
-
-VI
-
-
-Como todos los que viven inseguros y acechados por el peligro, creyendo
-sentir que la tierra vacila bajo sus pies, el doctor aceptó
-supersticiosamente la existencia de fuerzas misteriosas que pueden
-proteger a los mortales y salvarlos, fijándose en ellos con las secretas
-preferencias de la predestinación. ¿Por qué no había de ayudarle la
-fortuna, tirando de él con un manotazo maternal para elevarlo sobre
-aquellas miserias que le obligaban de día a dolorosos fingimientos, y le
-tenían la noche entera entre las roedoras mandíbulas del insomnio?...
-Había que abrir las ventanas a la suerte para que pudiese tocarle con
-sus alas.
-
-Y se hizo jugador, jugando en la Bolsa y en los Clubs aristocráticos, de
-los que era uno de los socios más respetables y escuchados. Dió orden
-también a las gentes de su “escritorio” para que dejasen libre la
-entrada a todo el que llegase pretendiendo hablarle. ¡Quién sabe si el
-más humilde visitante vendría a proponerle un negocio salvador!... En
-los países jóvenes, de continua inmigración, que atraen a los
-aventureros de mala ley, pero igualmente a los visionarios geniales e
-inventores, todo es posible.
-
-Un día, un agente de seguros sobre la vida le conquistó con su charla
-amena, haciéndole firmar una póliza de doscientos mil pesos a favor de
-su mujer y sus hijas. Esto iba a obligarle al pago de una prima
-importante todos los años; pero como estaba acostumbrado a los enormes
-réditos que debía entregar a sus acreedores, consideró insignificante el
-aumento de una cantidad más...
-
-El agente de seguros, alegre por la comisión ganada, debió hablar a sus
-compañeros; la puerta del “escritorio” seguía franca, y empezaron a
-visitar a Pedraza casi todos los que en Buenos Aires se dedicaban al
-mismo negocio. Intentó resistirse al principio a una segunda operación
-basada en su muerte; pero al fin acabó mostrando cierto gusto por ella,
-y como continuaba acogiendo bien a tales visitantes, éstos parecieron
-pasarse el aviso unos a otros.
-
-Rara era la semana que el doctor no suscribía una póliza nueva. Como a
-pesar de su madurez se mantenía fuerte, y los médicos de las Compañías
-de Seguros daban un informe rotundo sobre su espléndido equilibrio
-físico, libre de toda enfermedad, el negocio se hacía sin obstáculos. Al
-poco tiempo Pedraza estaba asegurado en más de una docena de compañías,
-unas del país, otras de Europa y de los Estados Unidos. Además había
-firmado contraseguros y hecho otras operaciones que le aconsejaban los
-agentes, deseosos de ganar nuevas primas.
-
-Al fin, su persona había llegado a valer más de dos millones de pesos,
-según manifestaba con regocijo a sus amigos. Esta era la cantidad que
-deberían entregar las Compañías a su familia en el momento de su muerte.
-Pero los amigos, admirando la solidez de su cuerpo, contestaban:
-
---Antes de morir habrás pagado en primas algo más de los dos millones.
-¡Mal negocio el tuyo! Vas a vivir mucho.
-
-Y el doctor sonreía, orgulloso de su vigor, afirmando que se consideraba
-más fuerte que nunca, y al final serían efectivamente las Compañías de
-Seguros las explotadoras de su credulidad. Luego terminaba, con una
-displicencia de rico:
-
---Caro resulta eso; pero ¿qué importa?... Es plata que voy depositando
-para los míos.
-
-Una mañana le escuché estas palabras en un Banco, cuando formábamos
-grupo en la antesala del gerente varios aspirantes a un préstamo
-inmediato.
-
-Y de pronto la muerte, una muerte inesperada, que muchos llamaron
-“estúpida”, por su absurda inoportunidad; como si alguna vez la muerte
-pudiera resultar oportuna.
-
-Era en verano y la familia del doctor estaba pasando una temporada en
-las islas del Tigre. Estas islas están cerca de Buenos Aires, y las
-forma el río Paraná al desembocar en el estuario llamado río de la
-Plata: una red intrincada de canales navegables entre tierras medio
-sumergidas, cubiertas de una vegetación frondosa, siempre verde. Es un
-lugar hermoso, digno de servir de escenario a un poema. Lo malo es que
-nunca ha ocurrido en él nada digno de mención.
-
-Muchos ricos de Buenos Aires, especialmente las familias de origen
-antiguo, tienen una casa de recreo en las inmediaciones del Tigre, y
-doña Zoila había creído indispensable poseer un edificio igual, para
-complemento del lujoso hotel, cerca del Parque de Palermo. Considero
-necesario decir de paso que las dos nobles viviendas estaban
-hipotecadas.
-
-El doctor pasaba las noches con su familia, acompañando a las niñas
-cuando bailaban en el Casino del Tigre. Por la mañana tomaba el tren
-para ir a Buenos Aires y ocuparse en sus negocios, regresando al
-anochecer. Fué en uno de estos viajes de vuelta cuando el doctor cayó a
-la vía, al pasar de un vagón a otro. Nadie pudo explicarse claramente
-cómo ocurrió este suceso, que produjo tanta emoción en la ciudad. Lo
-cierto es que el cadáver del doctor fué encontrado hecho pedazos entre
-los rieles.
-
-Los periódicos hablaron largamente, censurando a la Compañía del
-ferrocarril por el mal estado de su material. Había cerrado ya la noche
-y la obscuridad debió ser la verdadera causa de esta desgracia; pero
-también resultaba culpable de ella la Empresa, por la vejez de sus
-vagones. Los puentes que los unían eran defectuosos; las portezuelas se
-abrían solas. Indudablemente un hombre como el doctor Pedraza,
-preocupado a todas
-
-[Illustration]
-
-horas por sus negocios, al pasar distraído de un vagón a otro, había
-sido víctima de tales deficiencias.
-
-Sus funerales fueron magníficos. Los diarios publicaron largas
-biografías de él, considerando su trágica muerte como una pérdida
-nacional.
-
-¡Ah, doctor! ¡Heroico doctor!... Unos pocos nada más nos mirábamos
-fijamente al mencionar su nombre. Nos hablábamos con los ojos, leíamos
-mutuamente en ellos nuestro común pensamiento; pero nadie se atrevía a
-expresarlo con palabras.
-
-Algunos hubiesen querido hablar; pero ¿cómo interrumpir con suposiciones
-malévolas, inoportunas y peligrosas la unanimidad del sentimiento
-público por la pérdida de un ilustre hijo del país?... El duelo general
-había servido para demostrar cuán numerosas eran las amistades de la
-familia del llorado doctor y el prestigio de doña Zoila en la alta
-sociedad (¡una Pérez Zurrialde!).
-
-La señora viuda de Pedraza y sus hijas cobraron dos millones de pesos de
-las Compañías de Seguros. Todos admiraron la previsión de este buen
-padre de familia. Le tenían por rico; dejaba a los suyos una gran
-fortuna (aunque indudablemente algo quebrantada por la crisis del
-momento), y había que añadir a tal herencia los importantes seguros
-sobre su muerte. El dinero siempre llega a tiempo, y en esta ocasión
-serviría para suavizar el dolor de la familia.
-
-Doña Zoila libró de hipotecas sus propiedades, y al poco tiempo la
-Suerte--a la que el pobre doctor abría inútilmente la ventana para que
-entrase--se decidió repentinamente a ir en busca de sus herederos. Pasó
-la crisis nacional, circuló otra vez la riqueza; el mundo, que necesita
-para vivir panecillos y bifteques, compró a buen precio los trigos y las
-reses; las dos estancias de la familia, limpias de réditos,
-proporcionaron magníficas rentas.
-
-La señora viuda de Pedraza continúa siendo una de las primeras matronas
-del país. Llama, como siempre, la atención de todos por su elegancia;
-pero ahora es una elegancia de noble dama que ha renunciado a dar
-envidia a sus amigas; una elegancia a base de colores apagados, de ricas
-blondas y joyas sólidas.
-
-Para que un concierto o una función teatral de caridad tenga público
-hasta en los pasillos es preciso que ella la organice. Los comerciantes
-tiemblan al verla presidenta de una nueva institución benéfica, sabiendo
-que esto significa un tributo más que tendrán que pagar con miedosa
-sonrisa, so pena de verse sin clientela. Los comediantes célebres, los
-concertistas, los escritores que llegan
-
-[Illustration]
-
-de Europa a dar conferencias, están condenados al fracaso si no cuentan
-con su protección.
-
-No ha vuelto al viejo mundo; pero desde Buenos Aires legisla sobre
-materias de elegancia, y los comisionistas de modas que llegan de París
-van a enseñarla sus novedades antes que al público.
-
-Todas sus hijas se han casado ya. Los nietos empiezan a tirar de su
-falda, y cada vez que siente una fugaz simpatía por cualquiera de sus
-yernos, le dice suspirando:
-
---Hijo mío: sólo deseo que sea usted tan bueno para la familia como lo
-fué mi finado el doctor.
-
-[Illustration: Firma: Vicente Blasco Ibáñez]
-
- * * * * *
-
-
- En el próximo número publicaremos
-
-
- =UNA MUJER ESPIRITUAL=
-
- por EDUARDO ZAMACOIS
- Ilustraciones de _M. Quintanilla_.
-
- * * * * *
-
- EDITORIAL “MUNDO LATINO”
-
- ---- MADRID----
-
- Apartado 502.--Librería: Caballero de Gracia, 28
-
-
- OBRAS DE “EL CABALLERO AUDAZ”
-
- (José María Carretero.)
-
- Ptas.
-“La virgen desnuda” (novela) 5
-“Desamor” (6.ª edición) 4.50
-“De pecado en pecado” 5
-“El pozo de las pasiones” 5
-“El libro de los toreros” 2
-“La bien pagada” (4.ª edición) 5
-“En carne viva” (2.ª edición) 5
-“Emocionario” (almas y paisajes) 5
-“La sin ventura” (novela) 5
-“El divino pecado” 5
-“Lo que sé por mí” (10 volúmenes de interviús) 5
-“Con el pie en el corazón” (novela) 5
-“Hombre de amor” (novela) 5
-“Un hombre extraño” (novela) 5
-
-
-EN PRENSA
-
-“Las horas cortesanas” (impresiones) 5
-“El jefe político” (novela) 5
-“Vírgenes y cortesanas” 5
-
-[Illustration]
-
-
- Pedidos directamente a MUNDO LATINO
- Apartado 502.
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA ***
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- The Project Gutenberg eBook of La familia de Doctor Pedraza, por
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-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
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-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: La familia de Doctor Pedraza</p>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Vicente Blasco Ibáñez</div>
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-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Illustrator: Varela de Seijas</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: June 28, 2021 [eBook #65719]</div>
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-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Chuck Greif, Biblioteca Nacional de España and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA ***</div>
-<hr class="full" />
-
-<div class="figcenter">
-<a href="images/cover.jpg">
-<img src="images/cover.jpg" width="600"
-alt="" /></a>
-</div>
-
-<table border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" style="border:3px double gray;
-padding:1em;">
-<tr><td>
-<a href="#I">I, </a>
-<a href="#II">II, </a>
-<a href="#III">III, </a>
-<a href="#IV">IV, </a>
-<a href="#V">V, </a>
-<a href="#VI">VI.</a>
-</td></tr>
-</table>
-<p><span class="pagenum"><a name="page_1" id="page_1">{1}</a></span></p>
-
-<p class="cb">LA NOVELA DE HOY</p>
-
-<p class="c">Director: ARTEMIO PRECIOSO</p>
-
-<p class="c">Oficinas: MENDIZÁBAL, 42, 2.º 1-4 Apartado número 473</p>
-
-<p class="c">Año 1 Madrid, 3 Noviembre 1922 Núm. 25</p>
-
-<h1>La familia del doctor Pedraza</h1>
-<p class="cb">
-<span class="sans">N O V E L A</span><br /><br />
-
-<span class="sans">POR</span><br /><br />
-
-Vicente &nbsp; Blasco &nbsp; Ibáñez<br /><br />
-<span class="sans">
-Ilustraciones de VARELA DE SEIJAS</span><br /><br />
-
-<span class="sans"><big>NÚMERO &nbsp; EXTRAORDINARIO</big></span><br /><br />
-<small>
-MADRID<br />
-Sucesores de Rivadeneyra (S. A.)<br />
-
-Paseo de San Vicente, 20<br />
-
-1922</small>
-<span class="pagenum"><a name="page_2" id="page_2">{2}</a></span></p>
-
-<div class="boxx">
-<p class="cb">OBRAS DE<br />
-<big>VICENTE BLASCO IBÁÑEZ</big></p>
-
-<p class="c"><span class="smcap">Novelas a CINCO pesetas</span></p>
-
-<p class="nind"><b>Arroz y tartana.&mdash;Flor de Mayo.&mdash;La Barraca.&mdash;Entre naranjos.&mdash;Sónnica
-la cortesana.&mdash;Cañas y barro.&mdash;La Catedral.&mdash;El Intruso.&mdash;La Bodega.&mdash;La
-Horda. La maja desnuda.&mdash;Sangre y arena.&mdash;Los muertos mandan.&mdash;Luna
-Benamor.&mdash;Los argonautas</b> (dos tomos).&mdash;<b>Los cuatro jinetes del
-Apocalipsis.&mdash;Mare nostrum.&mdash;Los enemigos de la mujer.&mdash;El préstamo de
-la difunta.&mdash;El paraíso de las mujeres.&mdash;La tierra de todos.</b></p>
-
-<p class="c"><span class="smcap">Cuentos a CINCO pesetas</span></p>
-
-<p class="c"><b>La Condenada.&mdash;Cuentos valencianos.</b></p>
-
-<p class="c"><span class="smcap">Viajes a CINCO pesetas</span></p>
-
-<p class="c"><b>Oriente.&mdash;En el país del arte.</b> (Tres meses en Italia.)</p>
-
-<p class="c"><span class="smcap">Artículos a CUATRO pesetas</span></p>
-
-<p class="c"><b>El militarismo mejicano.</b></p>
-
-<p class="nind">Estas obras, encuadernadas en tela, una peseta de aumento el
-volumen.&mdash;De venta en todas las librerías y bibliotecas de las
-estaciones de ferrocarril.</p>
-
-<p class="c">
-PARA LOS PEDIDOS<br />
-Editorial PROMETEO.&mdash;Valencia<br /></p>
-
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_3" id="page_3">{3}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 473px;">
-<a href="images/ill_002.png">
-<img src="images/ill_002.png" width="473" height="53" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<h2><a name="A_manera_de_prologo" id="A_manera_de_prologo"></a>A manera de prólogo</h2>
-
-<p class="r">
-Hablando con Blasco Ibáñez.<br />
-</p>
-
-<p><i>La mejor obra de Blasco Ibáñez, aun siendo por tantos conceptos
-admirable cuanto ha salido de la pluma, del insigne valenciano, será su
-autobiografía, cuando el maestro se decida a plasmar impresiones,
-anécdotas y aventuras de su vida interesantísima...</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Es que mi vida no ha terminado aún&mdash;me decía un día&mdash;¡Quién sabe si</i>
-ahora comienza!...</p>
-
-<p><i>&mdash;No, Maestro. Usted</i> ha llegado, <i>pero de la manera</i> completa <i>que
-todos los verdaderos artistas deben alcanzar, saboreando las caricias de
-la Gloria Universal, y al propio tiempo gustando de las comodidades y
-magnificencias que proporciona el dinero... Y aunque en su vida futura
-puedan existir hechos y apoteosis superiores a los de hoy&mdash;si es que
-esto es posible&mdash;, ¿acaso no podría us<span class="pagenum"><a name="page_4" id="page_4">{4}</a></span>ted volcar en un tomo las
-impresiones y acciones de su vida hasta ahora? ¿Por qué, entonces, no
-comenzar ya la hermosa tarea, que será, no lo dude usted, superior a</i> La
-barraca, <i>con ser esta novela una obra-cumbre?</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Si llevo vida de millonario&mdash;decíame en la intimidad otro día&mdash;, no
-soy digno de envidia. Trabajo doce o catorce horas diarias para atender
-a los compromisos adquiridos con revistas y editores de Europa y
-América... Además, la gente ve el resultado final de una vida de
-continua producción, pero ignora lo que he tenido que sufrir y trabajar
-para obtener eso. Baste decir que jamás fuí tertuliano de ningún café,
-ni perdí el tiempo figurando en grupitos literarios, infecundos y
-murmuradores. Tal vez el haberme dedicado a la política revolucionaria
-desde los diez y siete años me libró de esa vida de pereza y crítica
-negativa que ha atrofiado las facultades de tantos jóvenes en nuestro
-país.</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Realmente no parece usted un español. ¡Tiene usted alma de
-norteamericano!</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Eso me han dicho muchas veces, hasta cuando me vieron de cerca en
-Estados Unidos. Muchos yankees esperaban asombrarme con la prodigiosa
-actividad de su país, y finalmente los periódicos de allá acabaron por
-reconocer que en punto a voluntad enérgica y a potencia produc<span class="pagenum"><a name="page_5" id="page_5">{5}</a></span>tora yo
-podía figurar entre los más fuertes de sus compatriotas.</i></p>
-
-<p><i>El gran novelista español tiene en su vida un éxito material que pocas
-veces se ha visto.</i></p>
-
-<p><i>Un día, estando en su regia posesión de la Costa Azul&mdash;y perdone el
-maestro tan poco republicano adjetivo&mdash;, le visitó el presidente de una
-de las más grandes casas cinematográficas de Nueva York. Venía a
-comprarle sus derechos de autor de</i> Los cuatro jinetes del Apocalipsis
-<i>para hacer con esta novela&mdash;famosísima en el mundo entero-y de la cual
-se han vendido en Estados Unidos cerca de dos millones de ejemplares&mdash;un
-film de gran espectáculo. Y le entregó por dicha autorización 200.000
-dólares, o sea más de un millón de pesetas. ¡Eso es recibir una visita
-grata!... Pero hay que recordar que la citada novela la vendió en 1916
-en 300 dólares a la traductora inglesa, y que ésta se ha enriquecido con
-ella, así como los editores, sin que Blasco Ibáñez recibiese un céntimo
-más. Justo es que la Providencia, en forma de Empresa cinematográfica,
-le haya proporcionado esa magnífica compensación.</i></p>
-
-<p><i>&mdash;¿Usted sigue siendo republicano?</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Lo seré mientras viva. Yo no soy un político; no lo he sido nunca.
-Soy un romántico de la República. A veces pienso como digno final de mi
-existencia morir lo mismo que aquel viejo desco<span class="pagenum"><a name="page_6" id="page_6">{6}</a></span>nocido que muere en</i> Los
-Miserables <i>sobre una barricada, sin que nadie sepa su nombre, sirviendo
-de bandera a la juventud revolucionaria. No quiero volver a la actividad
-política para ser un político..., un diputado. Hay veinte mil españoles,
-por lo menos, que pueden ser diputados, tan bien o mejor que yo lo fuí
-durante muchos años. Españoles que puedan escribir novelas y las hagan
-leer a los públicos de toda la tierra, son indudablemente algunos menos.
-Yo creo servir a mi país haciendo lo que hago ahora: novelas. Y si algún
-día renacen en España los movimientos para implantar la República,
-entonces yo, aunque tenga ochenta años...</i></p>
-
-<p><i>El brillo de los ojos del famoso novelista parece terminar esta
-profesión de fe, verdaderamente de</i> “romántico”, <i>eternamente joven.
-Luego queda pensativo y añade:</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Dicen que disminuye el número de los republicanos en España. Esto no
-significa nada. En veinticuatro horas una nación entera puede pasar de
-monárquica a republicana. Además, no me impresiona que aumenten las
-deserciones y se abran claros en las filas. Yo repito el verso del
-inmenso Hugo en una situación semejante, cuando Napoleón III parecía
-victorioso para siempre, y cada vez eran menos los republicanos en
-Francia: “Si sólo queda uno, ése seré yo.”</i><span class="pagenum"><a name="page_7" id="page_7">{7}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;<i>La literatura de nuestro país hoy...</i></p>
-
-<p>&mdash;<i>Hay muchos novelistas jóvenes a los que leo con verdadero deleite.
-Todo el que trabaja y expresa sinceramente su manera de ver la vida,
-tiene en mí un admirador. Lo único que les falta a algunos de ellos es
-asomarse al mundo, vivir en otros ambientes, respirar otros aires,
-renovarse...</i></p>
-
-<p><i>La charla de Blasco Ibáñez está a su altura como escritor. Me gusta
-casi tanto cuando habla como cuando escribe. A veces es mordaz, irónico,
-y en dos palabras tajantes va al resumen de la cuestión.</i></p>
-
-<p>&mdash;<i>¿No ha hablado usted nunca con el Rey?</i></p>
-
-<p><i>El novelista me mira. ¿Quiere sondar con su mirada de estilete la
-intención de mi pregunta? Ha debido ver en mis ojos lealtad, cuando
-tranquilamente, pausadamente, me responde:</i></p>
-
-<p>&mdash;<i>No; no he hablado nunca con el Rey. ¿Qué motivos hay para ello?... Si
-escribiese novelas, tal vez me interesaría verle. No digo que no acabe
-haciéndolas, pues según dicen ha nacido con variadísimos talentos para
-todo; pero hasta el presente sólo ha hecho discursos... Viviendo en el
-extranjero, como yo vivo, bien podría ocurrir alguna vez que me
-encontrase con él en sus viajes, y hablásemos. Fuera de España no hay
-política; todos somos españoles.</i></p>
-
-<p><i>Blasco Ibáñez añade:</i><span class="pagenum"><a name="page_8" id="page_8">{8}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;<i>Yo soy amigo particular de otro rey de España, que no está sentado en
-el trono, pero cuyos derechos a la Corona sostienen aún muchos
-españoles. Algunas tardes veo a Don Jaime de Borbón y echamos un párrafo
-con la alegría de dos compatriotas que se encuentran en tierra
-extranjera.</i></p>
-
-<p><i>Don Jaime ha comprado una propiedad agrícola en los alrededores de
-Niza; Blasco Ibáñez tiene su poética “Fontana Rosa” en Menton; entre
-estas dos ciudades cercanas de la Costa Azul viene a ser Montecarlo un
-lugar intermedio, y es en el Casino de Montecarlo donde se encuentran
-con frecuencia el pretendiente al trono de España y el novelista, como
-dos vecinos.</i></p>
-
-<p>&mdash;<i>El tiene sus creencias y yo las mías. Somos dos españoles que amamos
-a España, cada uno a su modo, y nunca reñimos. Además, Don Jaime posee
-la más sólida y positiva de las ilustraciones; la que no se adquiere en
-los libros, sino viajando. ¡Ojalá todos sus partidarios y los más de los
-españoles hubiesen hecho lo mismo!... El ha corrido una gran parte de la
-tierra; yo no he viajado menos que él, y eso hace que nos entendamos
-perfectamente, con la tolerancia y el mutuo respeto de dos hombres que
-se libertaron de esas estrecheces de criterio y miserias mentales que
-sufren los que no han salido nunca de “la sombra de su<span class="pagenum"><a name="page_9" id="page_9">{9}</a></span> campanario”.
-Además, lo repito: somos dos buenos españoles, y hay que vivir fuera de
-España para saber lo que representa esto como fuerza atractiva.</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Y si España peligrase, maestro, ¿abandonaría usted su dorada y
-altísima Torre del Arte para acudir?</i></p>
-
-<p><i>Los ojos del maestro llamean de patriótica exaltación.</i></p>
-
-<p><i>&mdash;¡Claro que sí!... ¿Acaso hay quien crea que porque no resido
-habitualmente en España no la quiero y venero tanto como el que más? ¿No
-presto yo mejor servicio a mi Patria estando fuera de ella que si
-viviese aquí como uno de tantos españoles?...</i></p>
-
-<p class="astc">*</p>
-
-<p><i>En la terraza del Casino de Madrid, a los postres, hablamos de España,
-de Europa, del mundo...</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Sí, indudablemente España progresa&mdash;dice el eminente novelista&mdash;,
-pero el progreso que se ve es “material”; un progreso de ladrillos
-puestos unos sobre otros y de nuevas calles en las ciudades. Pero
-progreso moral, espiritual, intelectual... ¡lo dudo un poco! La vida
-sigue siendo aquí dura, agresiva y áspera. Aún no hemos aprendido “la
-dulzura de vivir”. Yo</i> <small>YA</small> <i>no podría residir aquí<span class="pagenum"><a name="page_10" id="page_10">{10}</a></span> continuamente, como
-en otro tiempo. Al que viene de fuera, le parece que todo en este
-ambiente le molesta y le pincha... Para las mujeres no hay respeto, sino
-procacidad, grosería... Los hombres, ante una mujer hermosa parecen
-lobos hambrientos... Es triste, pero es cierto...</i></p>
-
-<p><i>&mdash;Sí&mdash;interrumpo&mdash;, aun los que todavía no hemos vivido, ni viajado, ni
-aprendido, ni visto lo que usted, comprendemos con dolor y con tristeza
-que España, en estos aspectos de que hablamos, es una aldea, una pobre
-aldea sin botica, pero con cura... Una aldea en la que, naturalmente,
-todo llama la atención: la mujer hermosa, los brillantes, las pieles,
-las pantorrillas, los hombres altos, los hombres flacos, los hombres
-gordos... ¡hasta las mujeres feas despiertan estupor! Y luego, todo se
-toma por la tremenda, por lo trágico, en cobardes huídas del ingenio...
-Tiene usted las corridas de toros...</i></p>
-
-<p><i>&mdash;No me hable usted de las corridas de toros&mdash;interrumpe ahora el
-maestro&mdash;¿Para qué hablar de tan cobarde espectáculo? El caballo, amigo
-fiel del hombre, que le ayuda en todo, encuentra como premio a su vida
-abnegada la plaza de toros, donde se le somete a los más infames
-martirios... No hablemos, no hablemos de las corridas de toros...</i></p>
-
-<p><i>Pasamos a conversar de otra cosa que interesa<span class="pagenum"><a name="page_11" id="page_11">{11}</a></span> particularmente al
-novelista: el viaje que va a hacer alrededor del mundo.</i></p>
-
-<p><i>En noviembre del año próximo 1923, Blasco Ibáñez irá a Nueva York para
-embarcarse en un gran yacht que dará la vuelta a la tierra. Es un viaje
-organizado para millonarios norteamericanos, a juzgar por lo que cuesta.
-Un centenar de pasajeros hará esto, circunnavegación en un
-transatlántico de 20.000 toneladas, convertido en yacht. Después de
-visitar muchas islas de Oceanía, el Japón, Corea, China, Java, la India,
-Ceilán, Egipto, etc., el novelista bajará a tierra en Montecarlo, único
-puerto de Europa en que tocará el yacht, y se irá tranquilamente a su
-villa “Fontana Rosa” en el tranvía de Menton (veinte minutos), o en uno
-de sus dos automóviles, mientras el buque continúa navegando hacia Nueva
-York con los demás pasajeros.</i></p>
-
-<p><i>Esto se llama vivir en nuestro planeta como si fuese casa propia.</i></p>
-
-<p class="astc">*</p>
-
-<p><i>Referir cuanto hemos oído al maestro durante su última estancia en
-España, sería labor prolija.</i></p>
-
-<p><i>Vicente Blasco Ibáñez es el más alto y más sólido prestigio literario
-de la España de nuestros días, y uno de los primeros novelistas del
-mundo,<span class="pagenum"><a name="page_12" id="page_12">{12}</a></span> como lo han declarado famosos críticos de Europa y América.</i> <span class="smcap">La
-Novela de Hoy</span> <i>experimenta verdadera satisfacción al decir a sus
-lectores: el maestro, el glorioso autor de</i> La barraca, <i>de</i> Entre
-naranjos, <i>de</i> Mare Nostrum, <i>de</i> Los cuatro jinetes del Apocalipsis,
-<i>de tantas obras famosas, leídas y saboreadas por millones y millones de
-almas, traducidas a todos los idiomas, el maestro Blasco Ibáñez, el
-insigne valenciano, el célebre español aclamado por los más diversos
-públicos, colaborará asiduamente en nuestras páginas.</i></p>
-
-<p><i>¡Salud, maestro! Hasta su próxima novela, y hasta la visita que le
-prometí en la Costa Azul, le abraza su devoto</i></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 437px;">
-<a href="images/ill_003.png">
-<img src="images/ill_003.png" width="437" height="146" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_13" id="page_13">{13}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 474px;">
-<a href="images/ill_004.png">
-<img src="images/ill_004.png" width="474" height="46" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<h1>La familia del doctor Pedraza</h1>
-
-<h2><a name="I" id="I"></a>I</h2>
-
-<p>&mdash;Yo también&mdash;dijo Serrano&mdash;conocí, como algunos de ustedes, al doctor
-Rómulo Pedraza. No siempre he vivido en París, pasando mis noches en los
-restaurants de Montmartre. Para reunir la modesta fortuna que me permite
-llevar mi existencia presente, anduve muchos años por América ejerciendo
-diversos oficios y conociendo los más rudos altibajos de la suerte.</p>
-
-<p>Estando en Argentina hablé por primera vez con el doctor Pedraza. Yo no
-vivía en Buenos Aires. Me había metido en empresas de colonización y
-roturaba muy lejos de dicha ciudad unas tierras que estaban esperando
-desde el principio<span class="pagenum"><a name="page_14" id="page_14">{14}</a></span> del planeta al hombre que se preocupase de hacerlas
-productivas.</p>
-
-<p>La necesidad de adquirir dinero me obligaba a visitar con frecuencia la
-capital de la República. Pero como los Bancos se negaron finalmente a
-hacerme más préstamos dudando del éxito de mi colonización, tuve que
-buscar, para seguir adelante en mi negocio, el auxilio del Banco
-Hipotecario Nacional. Con lo que me diesen los altos y poderosos
-directores de este establecimiento, dependiente del Gobierno, podría
-pagar la mayor parte de mis deudas a los Bancos particulares, recobrando
-mi prestigio financiero, y terminaría, igualmente, los trabajos de
-roturación, que iban a centuplicar el valor de mis tierras.</p>
-
-<p>Me quedé en Buenos Aires por mucho tiempo, dispuesto a no volver a mi
-propiedad hasta ver aceptadas mis pretensiones por el Banco Hipotecario.
-No era empresa fácil, ni rápida. Como muchos de ustedes no han estado
-allá, ignoran cómo se hacen los negocios en la mayor parte de los países
-americanos de habla española.</p>
-
-<p>Todo lo que tiene una relación, más o menos lejana, con el Gobierno debe
-desarrollarse pausadamente y tras largas esperas. Si se resuelven los
-negocios con rapidez y en pocas horas, pueden creer los maldicientes que
-se ha hecho algo ilegal para obtener ganancias enormes. Por eso en toda<span class="pagenum"><a name="page_15" id="page_15">{15}</a></span>
-oficina pública le responden a usted ordinariamente: “Vuelva mañana”; y
-este mañana, que será el día de la resolución del asunto, tarda meses o
-tarda años.</p>
-
-<p>Yo, pobre español, metido en trabajos importantes con poco dinero, falto
-de protectores, y que además no estaba casado con una señora del
-país&mdash;alianza que proporciona un apoyo semejante al de la solidaridad de
-la antigua tribu&mdash;, tuve que oír muchas veces “Vuelva usted mañana” y
-esperar semanas y semanas en las oficinas del Banco Hipotecario a que
-llegase mi “mañana”, o sea la concesión del préstamo.</p>
-
-<p>Durante mis monótonas esperas en la antesala del presidente de dicho
-Banco vi por primera vez al doctor Pedraza, recibiendo la regia limosna
-de su protectora conversación.</p>
-
-<p>Otra advertencia que considero necesaria para todos los que me escuchan
-y no han estado allá. Este doctor Pedraza era llamado “doctor”, no
-porque fuese médico, sino por ser abogado.</p>
-
-<p>Desde Tejas al cabo de Hornos, en todas las repúblicas, los abogados son
-tan numerosos como los generales; y esto es decir algo. Pero en las
-repúblicas de la América que podemos llamar de arriba, los titulan
-simplemente “licenciados”, y abajo, en la Argentina y otros países,
-“doctores”.</p>
-
-<p>He visto en el Archivo de Indias, de Sevilla,<span class="pagenum"><a name="page_16" id="page_16">{16}</a></span> una súplica dirigida al
-rey de España por los primeros habitantes de Buenos Aires pidiendo que
-fuesen enviados a la ciudad naciente hombres de todas las profesiones,
-menos abogados, por ser la tal carrera nociva para la paz y la
-prosperidad de un país. Estos colonos de hace tres siglos adivinaban con
-prodigiosa anticipación las futuras calamidades de su patria. Hay quien
-asegura que si en la Avenida de Mayo o la calle Florida&mdash;lo más céntrico
-y concurrido de Buenos Aires&mdash;alguien grita en plena tarde “¿Doctor?”,
-cincuenta transeuntes se detienen al mismo tiempo y vuelven la cabeza
-creyéndose llamados. Algunos van más lejos y afirman que si el grito se
-repite varias veces pueden ser tantos los atraídos por él, que la
-circulación quede interrumpida. Pero esto último no debe ser tenido, en
-mi opinión, por rigurosamente exacto.</p>
-
-<p>Después de tales explicaciones, les diré que el doctor Pedraza, como
-tantos otros doctores de su país, era un abogado de lujo que nunca había
-ejercido su profesión y cuando tenía que acudir a los tribunales por
-asuntos propios buscaba el auxilio de algún colega con “estudio”
-abierto. El título de doctor es como una distinción nobiliaria en
-aquella tierra de régimen democrático, crisis periódicas y riqueza
-incesantemente renovada, que<span class="pagenum"><a name="page_17" id="page_17">{17}</a></span> surte a una gran parte de la Humanidad de
-panecillos y bifteques.</p>
-
-<p>El doctor Pedraza se dedicaba a los negocios lo mismo que muchos
-argentinos de su generación. En su primera juventud había desempeñado
-una cátedra de Derecho en la Universidad de La Plata como profesor
-substituto; luego ocupó varios cargos políticos en la provincia de
-Buenos Aires, llegando, finalmente, a ser diputado nacional. Pero su
-palabra reposada y majestuosa, que se detenía, abriendo largas pausas,
-para cazar las expresiones más retorcidas y sonoras, no aspiraba a los
-triunfos parlamentarios. Su posición social y las necesidades suntuosas
-de su familia exigían mucho dinero, y sólo le era posible obtenerlo
-honradamente dedicándose en absoluto a los negocios.</p>
-
-<p>Compraba campos&mdash;las más de las veces sin conocerlos&mdash;y los vendía,
-valiéndose para tan enormes transacciones de las cantidades que le
-prestaban los Bancos. Al mismo tiempo dirigía desde Buenos Aires una
-rica estancia heredada de sus padres y otra no menos importante que su
-esposa había aportado como dote. Era un personaje cuyo nombre figuraba
-casi todos los días en la crónica social de los diarios de Buenos Aires;
-“un exponente representativo de la alta vida del país” como decía él con
-su lenguaje rebuscado.</p>
-
-<p>Alto de talla, fuerte y de inconmovible salud<span class="pagenum"><a name="page_18" id="page_18">{18}</a></span> tenía la gallarda soltura
-de miembros de todos los hombres de allá, criados en las estancias, que
-aprenden a montar a caballo antes de saber andar. Al mismo tiempo que
-ágil, era recio de cuerpo y carnudo. No pueden ser de otro modo en una
-tierra donde los destetan de niños con carne asada.</p>
-
-<p>Este buen mozo, de porte señoril, rostro aguileño y largos bigotes,
-cuidaba de su indumento como en los años que aún era muchacho y sentía
-sus primeros impulsos amorosos hacia la que después fué su esposa.
-Siempre vi sus pies, pequeños y arqueados como los de una mujer, en un
-encierro de brillante charol. Nunca le encontré, a partir de las
-primeras horas de la tarde, que no vistiese chaqué y llevase sobre la
-corbata una perla que parecía caída del turbante de un rajah. Jamás, al
-extenderse la noche sobre Buenos Aires, dejé de encontrar al doctor
-Pedraza puesto de <i>smoking</i>, si iba a comer con los amigos en el Jockey
-Club, o de frac, para acompañar a su familia al teatro Colón.</p>
-
-<p>Su esposa y sus seis hijas no le hubiesen permitido la menor falta a las
-reglas que debe observar todo <i>gentleman</i> en uno u otro hemisferio de la
-tierra. Y el elegante doctor, hombre enérgico a sus horas y temible en
-el manejo de las armas, era incapaz de oponer resistencia a los
-caprichos y órdenes de las mujeres de su familia.<span class="pagenum"><a name="page_19" id="page_19">{19}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 427px;">
-<a href="images/ill_005.png">
-<img src="images/ill_005.png" width="427" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_20" id="page_20">{20}</a></span></p>
-
-<p>Este hombre, que gastaba muchos miles de pesos en el adorno de su
-persona, no había dado que murmurar a sus enemigos y envidiosos con la
-más pequeña aventura pasional. Se acicalaba para la gente de su casa;
-para gustar a su mujer; para que le admirasen sus niñas con esa
-satisfacción orgullosa que siente toda joven cuando contempla las
-elegancias y seducciones del género masculino a través de su padre.</p>
-
-<p>Para el doctor Pedraza no había nada más allá de su familia. Ella le
-inspiró el más extraordinario de los heroísmos... Porque sepan ustedes
-que el hombre que les voy describiendo fué un héroe más grande que los
-héroes de la guerra o de la ciencia. Estos mueren por la gloria,
-orgullosos de su muerte y ganosos de que todos la conozcan.</p>
-
-<p>Pedraza, héroe obscuro, al desaparecer de un modo que no hiciese
-sospechar a nadie su sacrificio, resulta más admirable.</p>
-
-<p>Ustedes se convencerán de ello si tienen paciencia para seguir
-escuchándome.</p>
-
-<h2><a name="II" id="II"></a>II</h2>
-
-<p>Un cambio enorme se ha realizado durante los últimos cincuenta años en
-el interior de las familias acomodadas; algo tan importante como una<span class="pagenum"><a name="page_21" id="page_21">{21}</a></span> de
-esas revoluciones que trastornan la organización política de un país o
-la forma de la propiedad.</p>
-
-<p>Pero como esto sólo ocurre entre las gentes de dinero, que son las
-menos, la tal revolución ha pasado algo inadvertida hasta el presente y
-sólo se dan cuenta de ella los que sufren sus efectos.</p>
-
-<p>Hace medio siglo, cuando un hombre se arruinaba voluntariamente, y no a
-causa de malos negocios, era casi siempre por el amor o por el juego.
-Una llamada “artista”, o una profesional, con sus dientecitos
-incansables había ido royendo la fortuna del pobre señor. Mientras
-tanto, la esposa vivía obscuramente en su casa, haciendo economías para
-remediar las locuras del marido, y las hijas, bajo la dirección materna,
-llevaban una existencia de sobriedad monjil.</p>
-
-<p>Vestir con modestia era signo de distinción social. Las joyas vistosas,
-los trajes originales, los despilfarros, parecían un vergonzoso
-privilegio de las “artistas”, de las mundanas, de todas las criaturas
-brillantes, peligrosas y efímeras mantenidas al margen de la alta
-sociedad. La mujer decente, la madre de familia, debía ser económica,
-modesta, opaca, y ahorrar en su casa, mientras el marido gastaba fuera
-de ella. Las alas de mariposa eran para las mujeres “malas”, para las
-criaturas versátiles y locas sin otra preocupación que dan<span class="pagenum"><a name="page_22" id="page_22">{22}</a></span>zar en torno
-a la llama que acaba por quemarlas.</p>
-
-<p>La existencia de muchos hombres resultaba parecida a la de los antiguos
-ciudadanos de Atenas, fieles visitantes de las hetairas de moda, para
-discurrir con ellas sobre el amor, los prodigios de las artes y el lujo,
-mientras la mujer legítima hilaba en el gineceo, se ocupaba de la
-limpieza de sus pequeños y ordenaba el trabajo de los esclavos.</p>
-
-<p>Pero un día la mujer moderna se dió cuenta de la inferioridad que
-significaba continuar siendo señora decente; de la injusticia con que
-procedía el hombre con ella mostrándose económico en el hogar y
-despilfarrador con las hembras encontradas en la calle o en el teatro.</p>
-
-<p>&mdash;Si nuestros maridos o nuestros padres&mdash;dijeron muchas&mdash;desean
-arruinarse por una mujer, que sea por nosotras. Nos pintaremos, nos
-vestiremos y devoraremos el dinero, lo mismo que las otras. Eso se
-aprende con facilidad. Sabremos hacerles conocer, igual que ellas, los
-refinamientos de un lujo disparatado y el orgullo de pagar lo mucho que
-cuesta. Si han de tirar una fortuna por vanidad, a lo menos que su
-locura sea aprovechada por las de la casa. Acicalémonos como las
-profesionales y tengamos sus mismas exigencias...</p>
-
-<p>Total: que hoy todas las mujeres se adornan del mismo modo, se permiten
-iguales audacias en<span class="pagenum"><a name="page_23" id="page_23">{23}</a></span> público, y uno no puede distinguir, como antes, la
-señora de la que no lo es. El único indicio para no equivocarse es tener
-por señora a la que menos parece serlo. Las mujeres decentes muestran en
-la actualidad el atrevimiento del neófito que acaba de entrar en una
-religión nueva, la audacia del esclavo recién libertado.</p>
-
-<p>Algunos dicen que esta gran revolución en la vida doméstica ha venido a
-Europa desde América en los últimos cincuenta años; como los <i>Palaces</i>,
-como la afición exagerada al baile, como los <i>jazz-band</i> y tantas cosas
-contemporáneas. Otros afirman que no ha sido precisa la influencia
-americana para esto, pues en todo tiempo han existido en Europa esposas
-que arruinaron a sus maridos. Pero aunque así fuese, representó en su
-época una excepción, y de ningún modo algo general y corriente como en
-nuestros tiempos.</p>
-
-<p>El hecho es que ahora, cuando se pregunta: “¿Cómo se arruinó Fulano de
-Tal?”, se escucha con frecuencia la misma respuesta: “Al pobrecito lo
-arruinaron su mujer y sus hijas.”</p>
-
-<p>Esto tiene una explicación lógica. En los tiempos presentes, amigos
-míos, la mujer resulta más cara que nunca. Es empresa difícil sostener
-el lujo de una señora decente. Ríanse ustedes de las magnificencias de
-ciertas mujeres célebres que figuran en la Historia. El lujo de antes
-era deslumbrador,<span class="pagenum"><a name="page_24" id="page_24">{24}</a></span> pero consistía principalmente en alhajas; es decir,
-en algo duradero y que representaba un capital, guardado en reserva. Un
-hombre, al hacer entonces regalos ostentosos a su mujer, iba depositando
-en realidad dinero para el porvenir en la caja fuerte de su casa. Lo
-terrible es el lujo de ahora: lujo de trapos, de blondas, pieles y
-plumas, cosas todas que duran un par de meses, o cuando más un par de
-años, que se ajan con facilidad y sólo pueden admirarse unos días, pues
-carecen de la seducción sólida, inconmovible, eterna, de las piedras
-preciosas.</p>
-
-<p>Ustedes habrán oído hablar de Madame Recamier. Todo París estaba a sus
-pies hace un siglo. Era la mujer más elegante de su época. Los guerreros
-napoleónicos, los santos padres del naciente romanticismo, los hombres
-de moda, necesitaban ir todas las tardes a su tertulia, que era como una
-consagración. La divina Julieta estrenaba diariamente un vestido; lo
-llevaba unas horas nada más, y lo regalaba después a su doncella.
-¡Trescientos sesenta y cinco vestidos al año!...</p>
-
-<p>Pero el valor de cada uno de ellos equivalía, según testimonio de los
-indiscretos de aquella época, a unos tres francos cincuenta céntimos.
-Eran túnicas blancas de lino o de batista, sobre las cuales colocaba la
-divina Recamier una faja de seda celeste, y su belleza rubia no
-necesitaba<span class="pagenum"><a name="page_25" id="page_25">{25}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 431px;">
-<a href="images/ill_006.png">
-<img src="images/ill_006.png" width="431" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_26" id="page_26">{26}</a></span></p>
-
-<p class="nind">más para tenderse en un diván, rematado por cuellos de cisne, a escuchar
-los lamentos ossiánicos de un arpa o los versos recitados por su amigo
-Chateaubriand.</p>
-
-<p>Ahora, una mujer tenida por elegante se considera deshonrada si lleva
-vestidos de menos de mil francos. Lo corriente es que valgan dos mil. Y
-lo mismo ocurre con el sombrero, las botas, etcétera. Además, la pobre
-Recamier haría reír a nuestras amigas si intentase deslumbrarlas
-cambiando cada día de vestido. Un vestido por día: ¡qué suciedad!, ¡qué
-atraso!... Una mujer <i>chic</i> cambia ahora ritualmente de vestido tres
-veces al día, cuando menos, y debe preferir la muerte antes de conocer
-la deshonra de que sus compañeras la sorprendan dos días seguidos
-llevando las mismas ropas.</p>
-
-<p>Aquellas cortesanas y comediantas, lujosas como la reina de Sabá y
-devoradoras de millones, que todos hemos conocido en el teatro y en los
-libros al describir la vida de París de hace medio siglo, son ya
-personajes fantásticos de comedia y de novela. Sólo existen en la
-imaginación de las gentes crédulas. Vayan ustedes a las joyerías de la
-plaza Vendôme, a los modistos de la rue de la Paix y demás proveedores
-del lujo femenino; pregúntenles por las “artistas” de costumbres ligeras
-y por las mundanas célebres, que deben ser sus<span class="pagenum"><a name="page_27" id="page_27">{27}</a></span> mejores clientes, y
-verán cómo tuercen el gesto:</p>
-
-<p>&mdash;Eso era en otros tiempos, señor. Ahora las gentes de tal clase no nos
-convienen; sólo saben hacer deudas. Ya no hay grandes duques rusos que
-las protejan. Unicamente quedan agentes bolcheviques, que vienen de allá
-llevando varios millones para la propaganda roja y los gastan con
-bailarinas viejas que admiraron en su juventud de bohemios hambrientos.
-Pero son tan pocos, que esto no significa nada. Háblenos usted de
-señoras decentes; de mamás y de niñas. Esa es la verdadera clientela de
-nuestra época. Los millonarios de América y de Europa ya no gastan el
-dinero más que en las mujeres de su casa. El despilfarro y la locura
-marchan ahora del brazo con la moral.</p>
-
-<p>Y los tales comerciantes, si fuesen capaces de hablar con esta
-franqueza, dirían la verdad. Hay ahora niña casadera que antes de los
-veinte años presenta a su papá cuentas de modisto y de otros proveedores
-más enormes que las que pagó su abuelo ocultamente cuando se dedicaba a
-proteger bailarinas o a dar a conocer al mundo el talento de alguna
-comediante joven y de buen rostro.</p>
-
-<p>La familia del doctor Pedraza era de esta clase. La eterna preocupación
-del prócer argentino consistía en ser rico, enormemente rico, para que
-su familia, compuesta toda de mujeres, no experi<span class="pagenum"><a name="page_28" id="page_28">{28}</a></span>mentase ninguna
-privación en sus deseos de lujo.</p>
-
-<p>Cada vez que el doctor encontraba en los relatos de fiestas
-aristocráticas publicados por los diarios a “la distinguidísima señora
-de Pedraza y sus lindas e interesantes hijas”, sentía la misma emoción
-de vanidad satisfecha, el mismo legítimo orgullo del artista que ve
-elogiadas sus obras.</p>
-
-<p>Para él, su mujer era la primera dama de Buenos Aires y sus hijas
-estaban destinadas a casarse con los jóvenes más ricos del país. Y esta
-admiración por su cónyuge se convertía en obediencia absoluta a todas
-sus indicaciones, como si la considerase incapaz de equivocarse en los
-asuntos concernientes a la familia. El, para los negocios, para ganar
-dinero; y su esposa, para la vida de alta sociedad, para gastar con
-“distinción”.</p>
-
-<p>No resultaba extraordinario que después de veinte años de matrimonio
-siguiese tan enamorado de su esposa. Doña Zoila (allá no son raros
-nombres como éste) era una hermosa mujer: la patricia argentina, madre
-de numerosa familia, que mantiene intactas la belleza y la gracia de la
-primera juventud y muestra todavía un gran atractivo femenil rodeada de
-sus nietas. Esta matrona, de ojos negros y arrogante estatura, guardaba
-todas las magnificencias físicas de una raza sana y fuerte, que adopta
-por moda los enerva<span class="pagenum"><a name="page_29" id="page_29">{29}</a></span>mientos del lujo, pero no ha sido vencida aún por
-ellos.</p>
-
-<p>Doña Zoila era la primera invitada a toda fiesta. Su opinión equivalía a
-una ley; ella indicaba lo que era distinguido y lo que debía ser
-considerado como “guarango”. Se estremecía de orgullo al declarar que
-todas sus ropas procedían de París y que los grandes modistos de allá se
-preocupaban del adorno de su persona, salvando el obstáculo de tres mil
-leguas oceánicas. Cuando llegaban los comisionistas de la rue de la Paix
-a Buenos Aires, apenas habían empezado a desenfardar en el hotel sus
-modelos para la estación próxima, a la primera que avisaban era a
-“Madame Pedraza”. Contaban con ella como gran compradora, y además sus
-gustos y sus recomendaciones eran seguidos por mucha gente.</p>
-
-<p>Después de su reputación de mujer elegante, lo que más apreciaba ella al
-conversar en los salones con algún extranjero era poder decir:</p>
-
-<p>&mdash;Y tal como usted me ve, soy madre de seis señoritas.</p>
-
-<p>Una maternidad tan corta representaba para ella una humillación, y se
-apresuraba a añadir:</p>
-
-<p>&mdash;Una hermana mía tiene diez y ocho hijos; muchos de ellos varones.</p>
-
-<p>Esto es natural en un país poco poblado, que sólo cuenta un habitante
-por kilómetro. Mientras<span class="pagenum"><a name="page_30" id="page_30">{30}</a></span> los dueños de estancia fomentan la cría de sus
-reses, en las ciudades, las esposas se afanan por aumentar el número de
-ciudadanos.</p>
-
-<p>Además, amigos míos, aquellas mujeres que llevan en sus entrañas el
-porvenir de su país son sanas y prolíficas, con la frescura y la salud
-de un pueblo joven. Como la riqueza las impulsa a aceptar los caprichos
-de la moda, a lo mejor se resignan a sufrir los tormentos del hambre
-para ser extremadamente delgadas. “Hay que conservar la línea.” Pero a
-pesar de su demacración elegante y su agostamiento distinguido, no
-pueden ocultar la solidez del andamiaje interno, el noble vigor de sus
-antecesores los centauros de la pampa. Parecen, por lo flacas, que
-acaban de salir de una ciudad sitiada, o de un transatlántico con
-averías en alta mar que sometieron a los pasajeros a la media ración.
-Pero que la moda les dé permiso para comer y renacerán esplendorosas,
-como surge el trigo en la llanura argentina cuando llueve largo.</p>
-
-<p>Decía, señores, que el doctor Pedraza amaba y admiraba al mismo tiempo a
-su esposa. Ni una sola vez había contestado negativamente a las
-peticiones de doña Zoila, y eso que la señora no reconocía límites ni
-escrúpulos en los gastos para sostener, como ella decía, “el prestigio
-de la familia”. Habitaban una casa nueva, grande y ele<span class="pagenum"><a name="page_31" id="page_31">{31}</a></span>gante en las
-cercanías del Parque de Palermo; estaban abonados invariablemente a uno
-de los mejores palcos del teatro Colón durante la temporada de ópera, y
-a otros palcos en diversos teatros. En Buenos Aires no abundan las
-fiestas de sociedad, y el llamado “gran mundo” se ve y se habla durante
-los entreactos en las representaciones tenidas por elegantes. Su
-servidumbre era numerosa. Poseían tres automóviles: uno, el de
-“negocios”, para el señor, y otros dos que empleaban la señora y las
-niñas para visitas o excursiones.</p>
-
-<p>Doña Zoila enviaba a la casa donde el doctor tenía establecido su
-“escritorio”, todas las cuentas de sus proveedores urbanos, así como las
-que llegaban de París y Londres los días de vapor correo. Y Pedraza, sin
-hacer objeciones, iba llenando hojas y más hojas de su cuaderno de
-cheques, y las entregaba, dando por terminado el asunto.</p>
-
-<p>Le enorgullecían los enormes gastos hechos por su cónyuge. Eran una
-demostración de su elegancia natural y de su noble origen. Porque el
-doctor creía más aún que su mujer en el linaje aristocrático de ésta.</p>
-
-<p>&mdash;Soy de los Pérez Zurrialde&mdash;declaraba doña Zoila con orgullo en
-determinados momentos.</p>
-
-<p>Y los demás, cuando querían hacer un elogio completo de ella, después de
-ensalzar su elegancia<span class="pagenum"><a name="page_32" id="page_32">{32}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 437px;">
-<a href="images/ill_007.png">
-<img src="images/ill_007.png" width="437" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_33" id="page_33">{33}</a></span></p>
-
-<p class="nind">y su buen gusto, acababan diciendo: “Es una Pérez Zurrialde.”</p>
-
-<p>Todos creían en la distinción aristocrática de esta familia, sin poder
-explicar el porqué de su creencia. En América se ve esto muchas veces.
-Hay familias que cuentan entre sus antecesores generales célebres,
-héroes patrióticos, presidentes de República. Pero otras, cuyos abuelos
-no hicieron nada y no fueron nada, pasan, sin embargo, por más
-distinguidas y más aristocráticas. Tal vez será porque estos
-predecesores hablaron poco, se mantuvieron al margen de las luchas del
-país, se preocuparon únicamente de vestir bien, dedicando a esto toda su
-inteligencia, y fueron muy exigentes en materia de casamientos,
-emparentándose solamente con sus allegados.</p>
-
-<p>Si una familia se empeña en ser aristocrática, como ponga en ello su
-voluntad durante tres generaciones y lo afirme a todas horas, al cabo de
-un siglo todos acabarán por aceptar su aristocracia y creer en ella.
-¿Quién va a escarbar la historia de nadie más allá del abuelo o el
-bisabuelo?... Hace cien años, en todas las colonias españolas de América
-el mayor signo de distinción y bienestar era tener tienda abierta: un
-establecimiento de comestibles o de ropas. Las familias linajudas de
-todas las ciudades históricas de aquellas repúblicas tuvieron por
-fundadores a tenderos espa<span class="pagenum"><a name="page_34" id="page_34">{34}</a></span>ñoles o criollos, que representaban la
-riqueza y la aristocracia de entonces. La agricultura y la ganadería no
-valían nada en aquellos tiempos. Sólo eran ricos los que vivían detrás
-de un mostrador. Pero doña Zoila no quería saber esto: “Soy una Pérez
-Zurrialde.” Y su marido, simple Pedraza que había alcanzado de niño a
-conocer a su abuelo, un emigrante venido de Castilla, participaba
-también de esta admiración por el noble linaje de su esposa, por la
-historia de aquella familia, que databa casi de siglo y medio, lo que
-equivale en América a perderse en la noche de los tiempos.</p>
-
-<p>Además, esta esposa, todavía bella, de elegancia generalmente reconocida
-y que le había dado seis veces la reproducción de su propia persona,
-merecía gratitud por sus sólidas virtudes conyugales.</p>
-
-<p>Con doña Zoila “no había miedo a novelas”, como decía el doctor, y un
-marido podía vivir en perpetua tranquilidad. Su avidez de audacias
-elegantes no iba más allá de las invenciones del modisto, de la
-sombrerera y demás artistas encargados del embellecimiento de la mujer.
-Para ella no existía otro amor que el conyugal. Los demás caprichos e
-invenciones eran buenos para las “locas de París” y no para ella, una
-señora, casada y madre.</p>
-
-<p>Gustaba de que los hombres elogiasen en los<span class="pagenum"><a name="page_35" id="page_35">{35}</a></span> salones la elegancia de sus
-vestidos y su sabiduría para apreciar lo que es <i>chic</i> y lo que no lo
-es; pero nada de alabanzas a su persona, nada de muestras de asombro o
-admiración por su belleza, que se mantenía fresca y viva, desafiando al
-tiempo.</p>
-
-<p>&mdash;Pero usted&mdash;le dijo un europeo&mdash;gasta una fortuna en vestidos todos
-los años, y debe complacerle que los hombres admiren su lujo y se lo
-digan.</p>
-
-<p>La señora de Pedraza acogió con un gesto desdeñoso tales palabras: Eso
-sería verdad allá en Europa, donde las mujeres sólo piensan en los
-hombres.</p>
-
-<p>&mdash;Entonces&mdash;siguió preguntando el curioso&mdash;,¿para qué viste usted con
-tanta elegancia y se preocupa del adorno de su persona?...</p>
-
-<p>Doña Zoila, antes de contestar, le miró con cierta conmiseración, como
-apiadada de su ignorancia:</p>
-
-<p>&mdash;Para dar envidia a mis amigas y que rabien un poco.</p>
-
-<h2><a name="III" id="III"></a>III</h2>
-
-<p>Llevaba yo tres semanas de presentarme todas las tardes en la antesala
-del presidente del Banco Hipotecario, para saber si mi petición de
-empréstito iba a ser bien acogida por los señores de la<span class="pagenum"><a name="page_36" id="page_36">{36}</a></span> Junta, cuando
-hablé por primera vez con el doctor Pedraza.</p>
-
-<p>Algunos de ustedes tal vez no saben lo que son las cédulas del Banco
-Hipotecario Argentino. En las Bolsas de Europa las consideran como un
-papel de esos que llaman “de todo reposo”; un valor para que el padre de
-familia invierta en él sin miedo sus ahorros y la viuda pobre su escasa
-herencia. Estas cédulas hipotecarias gozan de más crédito entre la gente
-tímida que los empréstitos que emiten los gobiernos o las obligaciones
-de las empresas industriales, que siempre tienen algo de aventurado.
-Cada título representa un pedazo de tierra hipotecada, algo sólido,
-tangible, que no puede desaparecer ni volatilizarse en una guerra o una
-catástrofe. Y como los directores del Banco Hipotecario desean mantener
-incólume el prestigio reposado y seguro de su institución, de aquí que
-procediesen en mis tiempos con tanta lentitud y minuciosidad en sus
-operaciones, como si aun vivieran en la época colonial.</p>
-
-<p>Yo aspiraba a que me diesen dinero con la garantía de mis tierras; pero
-ellos, antes de emitir sobre mi propiedad varios centenares de cédulas
-nuevas y venderlas en Europa a gentes timoratas que sólo tienen de
-América vagas ideas, necesitaban minuciosos informes y repetidas
-exploracio<span class="pagenum"><a name="page_37" id="page_37">{37}</a></span>nes de sus ingenieros para que en lo futuro no fuese posible
-una depreciación de la hipoteca.</p>
-
-<p>El ujier del presidente se inclinó al entrar en la antesala un hombre
-vestido con elegancia y de aspecto aseñorado. Le abrió la puerta del
-despacho presidencial y luego creyó necesario darme una explicación para
-que no me doliese la injusticia de que alguien entrase antes que yo, no
-obstante mi larga espera.</p>
-
-<p>&mdash;Es el doctor Pedraza..., un señor muy rico que ha sido diputado
-nacional.</p>
-
-<p>Volví a verle otras tardes en el Banco Hipotecario, pero esperando lo
-mismo que yo, pues he observado muchas veces que la frecuentación de las
-oficinas no da mayor confianza al solicitante, sino, por el contrario,
-le quita poco a poco el prestigio y la entrada franca que tuvo en sus
-primeras visitas. El doctor Pedraza acabó por sentarse en la antesala
-cerca de mí. Unas veces había salido el presidente; otras, no deseaba
-hablar con él, sino con los ingenieros y los peritos del Banco, cuyo
-informe era siempre laborioso, circunspecto y lento. Un amigo cualquiera
-nos puso en relación, y como la soledad de la pieza predisponía a las
-confidencias, hablamos mucho durante las horas pesadas y al mismo tiempo
-optimistas que siguen al almuerzo, y son en Buenos Aires las de visita a
-las oficinas.<span class="pagenum"><a name="page_38" id="page_38">{38}</a></span></p>
-
-<p>El doctor Pedraza solicitaba lo mismo que yo, aunque entre sus
-pretensiones y las mías existiese una diferencia igual a la que separaba
-mi humilde persona de colonizador extranjero de su opulencia de gran
-propietario. Quería hipotecar la estancia heredada de sus padres,
-operación importante para el Banco por tratarse de un préstamo de muchos
-centenares de miles de pesos.</p>
-
-<p>Esto no me produjo asombro, ni quebrantó el respeto que me infundía el
-doctor como hombre rico. En aquel país se puede ser un gran millonario y
-deber al mismo tiempo sumas enormes. Hasta parece que la riqueza traiga
-aparejado lo de tener deudas. Se emprenden sin miedo nuevos negocios; se
-compra sin tener con qué pagar, dando por seguro que se venderá lo
-comprado antes de unos meses y con fabulosa ganancia; nadie vacila en
-tomar cantidades a préstamo... Así es como se ha engrandecido aquel
-país.</p>
-
-<p>Para mí era indudable que este opulento personaje necesitaba el dinero
-de la hipoteca para emprender algún negocio considerable y secreto.</p>
-
-<p>Seducido por el silencio con que le escuchaba, iba enumerando Pedraza
-las magnificencias de la estancia que pretendía hipotecar. Además, todo
-argentino nace propagandista de su patria, y se enardece hasta ser
-elocuente cuando relata las grandezas de la tierra natal. El doctor,
-exagerando<span class="pagenum"><a name="page_39" id="page_39">{39}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 452px;">
-<a href="images/ill_008.png">
-<img src="images/ill_008.png" width="452" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_40" id="page_40">{40}</a></span></p>
-
-<p class="nind">un poco, me describía los pastos de sus praderas, pasándose una mano por
-el pecho para hacerme ver hasta dónde llegaba su altura. Yo,
-escuchándole, contemplaba imaginativamente el galope circular de las
-tropas de yeguas por el vasto campo cerrado con alambradas; el lento
-rumiar de los bueyes, mejorados por una continua selección, casi sin
-cuernos, con el lomo plano lo mismo que una mesa, y carnosos, como si en
-su interior hubiera quedado suprimido el andamiaje del esqueleto.</p>
-
-<p>&mdash;Ha habido año que he vendido diez mil novillos; ¿sabe, compañero?...</p>
-
-<p>Otras tardes sentía la nostálgica necesidad de hacerme ver el Buenos
-Aires de su infancia. Casas bajas de sobria arquitectura colonial;
-aceras de ladrillo que parecían escaleras por sus numerosos altibajos;
-calles profundas como barrancos, polvorientas unas veces y otras tan
-llenas de agua estancada que había que vadearlas lo mismo que
-riachuelos. Muy pocos transitaban a pie por la ciudad.</p>
-
-<p>&mdash;Yo iba a caballo a la escuela, y los otros muchachos “bien” llegaban
-del mismo modo. Mientras duraba la lección había fuera de la casa unas
-cuantas docenas de caballitos “petizos”, que entretenían su impaciencia
-escarbando el suelo con las patas. Cuando yo salía de la escuela, mi
-“petizo<span class="pagenum"><a name="page_41" id="page_41">{41}</a></span>”</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 480px;">
-<a href="images/ill_009.png">
-<img src="images/ill_009.png" width="480" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_42" id="page_42">{42}</a></span></p>
-
-<p class="nind">había abierto un hoyo así de grande. Los mendigos también iban montados,
-pidiendo limosna de puerta en puerta. Los cocheros públicos encontraban
-que era más barato no dar de comer a sus animales, y cuando éstos se les
-morían, enganchar otros nuevos. No tenían más que salir a las afueras de
-la ciudad para comprarlos por lo que querían ofrecer. Y ahora vendo yo
-caballos en mi estancia tan caros como en Europa... Además, ¡lo que ha
-cambiado nuestro Buenos Aires! Es cosa de asombrarse, compañero, viendo
-esas avenidas y esas casas que parecen las de Nueva York... A veces creo
-que lo de mi niñez fué algo soñado.</p>
-
-<p>Pero el doctor cortaba su entusiasmo patriótico para protegerme con una
-de sus miradas bondadosas:</p>
-
-<p>&mdash;Y usted, galleguito, ¿qué piensa hacer con su plata cuando esos
-señores le acepten la operación?...</p>
-
-<p>Modestamente iba yo explicando mis planes de colonizador. Con el
-producto de la hipoteca terminaría la roturación de mis terrenos;
-compraría tractores mecánicos y otras maquinarias agrícolas de las que
-fabrican en los Estados Unidos; crearía un sistema de riego, y las
-ganancias del nuevo cultivo me permitirían pagar los intereses de la
-deuda y suprimirla finalmente, vendiendo tierra en pequeñas parcelas.
-Pero me avergonzaba de la<span class="pagenum"><a name="page_43" id="page_43">{43}</a></span> modestia de mis planes al recordar la
-importancia del hombre que me estaba escuchando.</p>
-
-<p>&mdash;Usted, doctor, sí que hará cosas enormes en su estancia con esa
-fortuna que le va a prestar el Banco. ¡Habrá que ver eso!...</p>
-
-<p>Y el doctor acogía mis palabras moviendo la cabeza con pensativa
-gravedad. Luego hablaba. Los tiempos empezaban a ser malos; la compra y
-venta de terrenos se iba paralizando; ya no era un negocio la
-especulación. Sería conveniente volver al cultivo de las estancias, como
-lo habían hecho los padres y los abuelos, pero agrandándolas,
-modernizándolas...</p>
-
-<p>Dejé de verle. La operación sobre su estancia estaba casi terminada, y
-de un momento a otro le iban a entregar las cédulas hipotecarias, o sea
-el dinero. Para él los informes de los técnicos se hacían breves, y los
-obstáculos rituales se derrumbaban ante su paso. Por algo era el doctor
-Pedraza, y su esposa una Pérez Zurrialde. Además, doña Zoila, la noble
-criolla, resultaba parienta, más o menos próxima, de la mayor parte de
-los directores del Banco.</p>
-
-<p>Como si la protección que me había dispensado el doctor&mdash;expresada
-únicamente hasta entonces con palabras amables y ojeadas
-majestuosas&mdash;empezase a ejercer sobre mí una influencia real, algunas
-semanas después los poderosos personajes<span class="pagenum"><a name="page_44" id="page_44">{44}</a></span> del Banco se apiadaron de mi
-insignificancia, concediéndome la hipoteca sobre mis tierras.</p>
-
-<p>Esto representó un descanso en mi angustiosa empresa, un alto durante el
-cual podría resollar algunos meses con la tranquilidad que proporciona
-la abundancia de dinero. Ya no tendría que mendigar pequeños préstamos
-en los Bancos particulares. Pagué deudas, emprendí los trabajos que
-tenía proyectados, encargué maquinaria a los Estados Unidos, y como la
-nueva orientación de mi empresa exigía una espera, durante la cual
-permanecería inactivo, me acometió el deseo de hacer un viaje corto a
-Europa.</p>
-
-<p>Bien había ganado este descanso en dos años de áspera lucha. Además me
-quedaba disponible algún dinero, varios miles de pesos, que podía gastar
-en el regalo de mi propia persona, e inmediatamente sentí lo que llaman
-en Buenos Aires “la enfermedad de París”. ¿Por qué yo, que pretendía
-llegar en lo futuro a millonario (estilo América del Sur), no me podía
-dar por algunas semanas una representación adelantada de lo que es en
-Europa la vida de un personaje de tal clase?...</p>
-
-<p>Precisamente hacía un mes que en Buenos Aires los periódicos y las
-gentes hablaban todos los días del <i>Cap Bojador</i>, transatlántico alemán
-que había hecho su primer viaje desde Hamburgo e iba a<span class="pagenum"><a name="page_45" id="page_45">{45}</a></span> emprender su
-travesía de regreso. Esto fué antes de la última guerra europea, y el
-tal <i>Cap Bojador</i>, que no sobrepasaba en importancia a la mayor parte de
-los transatlánticos que van a los Estados Unidos, era considerado como
-una maravilla por su gran tonelaje entre los buques que remontan el río
-de la Plata.</p>
-
-<p>Las gentes hablaban de sus salones lujosos; de su piscina de natación;
-de las previsoras innovaciones establecidas en sus camarotes para
-atender a las más pequeñas necesidades higiénicas, del invernáculo que
-esparcía su jardín de flores tropicales sobre la última cubierta. Una
-muchedumbre interminable bajaba como en procesión al muelle para visitar
-esta maravilla flotante.</p>
-
-<p>¡Pobre <i>Cap Bojador</i>! La organización germánica lo había previsto todo
-en él. Hasta guardaba en lo más secreto de sus bodegas unos cuantos
-cañones desmontados para convertirse rápidamente en corsario si
-estallaba una guerra. Y cuando la noticia de la guerra le sorprendió,
-años después, estando anclado en Buenos Aires, montó su artillería y
-salió al mar, para ser cañoneado y echado a pique por los cruceros
-ingleses cerca de las costas de Africa.</p>
-
-<p>Familias que semanas antes no pensaban ni remotamente en un viaje a
-Europa, sentían de pronto la necesidad de pasar el Atlántico. Fué de<span class="pagenum"><a name="page_46" id="page_46">{46}</a></span>
-moda ser pasajero del <i>Cap Bojador</i> en su primera travesía. Representaba
-una gran distinción. Sólo los millonarios podían permitirse, según el
-vulgo, este gusto inaudito.</p>
-
-<p>Preparaba yo modestamente mi viaje en otro buque cuando me avisaron que
-en el famoso transatlántico había un pequeño camarote libre. Alguien
-había desistido de su excursión a última hora. ¿Por qué no había de
-darme el gusto de figurar, aunque fuese en último término, entre los
-opulentos pasajeros del <i>Cap Bojador</i>, cuando precisamente iba yo a
-Europa para hacer el aprendizaje de cómo viaja y vive un futuro
-millonario?...</p>
-
-<p>La salida del buque fué precedida de una confusión clamorosa y triunfal.
-Todos los alemanes de Buenos Aires se habían aglomerado en el muelle
-para celebrar este acontecimiento glorioso. Músicas, banderas, ¡<i>hocs</i>!
-incesantes al Káiser, cánticos del <i>Hüber Alles</i>. Además, gran afluencia
-de familias criollas, que acudían para admirar y envidiar a los que se
-marchaban; haces de flores enormes, como gavillas de trigo; cajas de
-chocolates que parecían maletas; besos; miles de pañuelos tremolados
-como banderas...</p>
-
-<p>Pasé modestamente a través de esa confusión. Nadie me conocía y yo no
-conocía a nadie. Cuando el buque se despegó del muelle tuve un<span class="pagenum"><a name="page_47" id="page_47">{47}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 444px;">
-<a href="images/ill_010.png">
-<img src="images/ill_010.png" width="444" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_48" id="page_48">{48}</a></span></p>
-
-<p class="nind">encuentro en una de las calles de esta ciudad flotante que se iba
-deslizando sin el menor movimiento, como si resbalase sobre el fondo del
-río de la Plata. El doctor Pedraza iba a Europa con toda su familia.</p>
-
-<p>Doña Zoila y las seis hijas se movían atareadas y confusas, no sabiendo
-qué hacer de las gavillas de flores y las cajas de dulces apiladas sobre
-varios sillones de la cubierta: regalos de las numerosas amistades que
-habían acudido a despedirlas. Todas ellas llevaban unos vestidos de
-violenta novedad, “modelos únicos”, encargados, sin duda, por cable a
-París apenas la familia decidió el viaje.</p>
-
-<p>El doctor iba trajeado como yo me imaginaba entonces que vestían el
-presidente de la Cámara de los Lores o el primer ministro inglés al
-salir de excursión. ¡Las ilusiones de aquel tiempo, en que no habíamos
-visto aún los retratos de Lloyd George!...</p>
-
-<p>Me distinguió el rico argentino una vez más con sus palabras amables,
-rebuscadas, majestuosas, y también con sus ojos protectores. En el curso
-del viaje se dignó muchas veces tratarme como si fuese amigo suyo, y
-hasta hizo mi presentación a doña Zoila y las niñas, las cuales me
-acogieron con una indiferencia cortés.</p>
-
-<p>Era la familia más importante de a bordo por<span class="pagenum"><a name="page_49" id="page_49">{49}</a></span> el número de sus
-individuos y por su lujosa instalación.</p>
-
-<p>Doña Zoila y su esposo habitaban un amplio dormitorio, con salón propio
-y otras dependencias. Las seis niñas se habían resignado a ocupar tres
-amplios camarotes de los más caros, cada uno con dos camas. Además,
-formaban parte de esta expedición un par de doncellas españolas al
-servicio de las señoritas: una parienta, pobre, de doña Zoila, que no se
-dignaba prestar otro trabajo que el de servir de acompañanta a las niñas
-en ausencia de su madre; el ayuda de cámara italiano del doctor, y una
-vieja criada mestiza que había tenido en sus brazos a la señora de
-Pedraza y seguía la familia a todas partes, como un recuerdo histórico
-de la noble casa de los Pérez Zurrialde. En total, doce personas,
-ocupando todo un lado de cierto corredor del buque donde estaban las
-mejores habitaciones.</p>
-
-<p>La señora y señoritas de Pedraza viajaban “a la ligera”, según
-declaración de la mamá, pues se proponían renovar enteramente su
-vestuario cuando llegasen a París. Esto no impedía que al lado de las
-puertas de sus camarotes estuviesen amontonados y obstruyendo el paso
-numerosos cofres y maletas: una pequeña parte destacada del grueso del
-equipaje oculto en las bodegas. El viaje de Buenos Aires a Boulogne iba
-a durar aproxima<span class="pagenum"><a name="page_50" id="page_50">{50}</a></span>damente veinte días. Una persona decente debe cambiar
-de vestido tres veces cada veinticuatro horas, y ellas no podían
-resignarse a que las demás pasajeras dijesen que en los veinte días se
-habían puesto dos veces las mismas ropas. Total: sesenta vestidos por
-cada una de ellas, ¡y eran siete!...</p>
-
-<p>Las dos hijas mayores habían dejado sus novios en Buenos Aires, y todas
-las mañanas escribían una carta, guardándola para echarlas luego juntas
-en los puertos donde hacía escala el buque. Sus hermanas menores
-bailaban en el gran salón o en la cubierta cuando los camareros del
-vapor se convertían en músicos, unas veces de instrumentos de cuerda,
-otras de metal. Además hacían continuos ejercicios gimnásticos para
-cultivar su delgadez, riñendo batallas tenaces y heroicas con el apetito
-juvenil, excitado por el aire del mar. Sus comidas consistían casi
-siempre en una taza de té, y alguna de ellas hasta suprimía este líquido
-con la ambición de llegar a ser más esquelética que sus hermanas.</p>
-
-<p>En cambio, el doctor Pedraza gozaba con regodeo de la abundante mesa de
-a bordo, así como de la consideración y el respeto que le acompañaba en
-sus paseos por el buque.</p>
-
-<p>&mdash;Es un doctor de Buenos Aires&mdash;decían algunos europeos de regreso a su
-tierra, al mostrarse a este personaje&mdash;, un estanciero riquísi<span class="pagenum"><a name="page_51" id="page_51">{51}</a></span>mo, una
-persona “bien”. ¡La plata que debe tener!...</p>
-
-<p>Al verme Pedraza, poco después de haber zarpado el transatlántico, me
-saludó dándome en la espalda una de sus palmadas de buen príncipe.</p>
-
-<p>&mdash;¡Usted aquí, españolito!... ¿Va usted a dar un paseo por Europa?...
-Hace bien; no todo ha de ser trabajo... Hay que gastar la platita.</p>
-
-<p>¡Simpático y bondadoso personaje! Recordé nuestras conversaciones
-durante las primeras horas de la tarde, sentados en la antesala del
-Banco Hipotecario.</p>
-
-<p>Luego una idea absurda, inverosímil, pasó por mi pensamiento. Se me
-ocurrió que el dinero facilitado por el Banco Hipotecario iba a servir
-en su mayor parte para este viaje suntuoso.</p>
-
-<p>Tal vez el doctor Pedraza había hipotecado su estancia para dar gusto a
-su familia, deseosa de realizar un paseo triunfal por el viejo mundo: un
-viaje que excitase la envidia y la admiración de las amigas que dejaban
-a sus espaldas.</p>
-
-<h2><a name="IV" id="IV"></a>IV</h2>
-
-<p>Terminada la navegación nos vimos poco. Yo no podía vivir en el mismo
-plano que este millonario.</p>
-
-<p>Además huía de él, no porque me fuese antipá<span class="pagenum"><a name="page_52" id="page_52">{52}</a></span>tica su persona, sino por
-miedo a la deslumbrante doña Zoila y a sus hijas, que parecían esparcir
-una nueva luz sobre París.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 507px;">
-<a href="images/ill_011.png">
-<img src="images/ill_011.png" width="507" height="446" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><i>Le Figaro</i>, que es el diario que presta más atención al paso de los
-americanos, hablaba casi todos los días de “Madame de Pedraza, ilustre
-dama argentina, y sus hermosas hijas”.</p>
-
-<p>Ocupaba la familia una parte considerable del primer piso de cierto
-hotel monumental, próxi<span class="pagenum"><a name="page_53" id="page_53">{53}</a></span>mo al Arco de Triunfo. Algunas mañanas el
-doctor, con su esposa y las seis niñas, salían a caballo para galopar
-por las avenidas del Bosque de Bolonia. Esta cabalgata, que muchos, en
-el primer momento de sorpresa, tomaron por un desfile de artistas de
-circo, servía para demostrar la opulencia de la familia. Además, todos
-eran excelentes jinetes, que habían aprendido la equitación por
-instinto, en la estancia natal, al mismo tiempo que aprendían a hablar.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 500px;">
-<a href="images/ill_012.png">
-<img src="images/ill_012.png" width="500" height="443" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_54" id="page_54">{54}</a></span></p>
-
-<p>No se sabe si fué la admiración o la envidia la que inventó el mote;
-pero las seis señoritas Pedraza empezaron a ser apodadas “Las walkirias
-argentinas”.</p>
-
-<p>El éxito de las hijas del doctor no podía ser más halagüeño para la
-vanidad de sus padres. No digo que París entero se preocupase de ellas.
-París es muy grande y su vida está dividida en sectores. Pero en el
-fragmento de mundo parisién donde se movían los Pedraza, o sea la
-porción comprendida entre el Bosque, la Avenida Kleber y los bulevares,
-la popularidad de las seis walkirias era cada vez más grande.</p>
-
-<p>En los establecimientos de la calle de la Paz, de los Campos Elíseos y
-de la plaza Vendôme sonaba con frecuencia el nombre de madame de Pedraza
-y sus <i>demoiselles</i>, recomendando los jefes, con voz respetuosa, el
-rápido cumplimiento de los encargos de tan ricas clientes. Muchas veces,
-al contar yo que venía de la Argentina y tenía en ella mis negocios,
-escuché las mismas palabras:</p>
-
-<p>&mdash;Ahora está en París un gran millonario de allá, el doctor Pedraza, con
-su esposa, una señora muy distinguida, y sus niñas, que parecen un coro
-de ángeles. ¡Lo que gasta esa familia! ¡La fortuna enorme que debe tener
-el padre!... ¡Qué collar de perlas el de la mamá!...<span class="pagenum"><a name="page_55" id="page_55">{55}</a></span></p>
-
-<p>Y yo asentía a estas expresiones de asombro y admiración... ¿Para qué
-hablar? En Europa tienen tal concepto de la riqueza, sólida,
-inconmovible, cristalizada, que no pueden imaginarse la riqueza movible,
-inquieta y en continuo volteo de los países americanos: una riqueza que
-se aleja y vuelve, se desvanece y torna a reconstituírse, haciendo que
-un mismo hombre se vea tres o cuatro veces en su existencia millonario
-como un príncipe de cuento de hadas y mendigo visionario.</p>
-
-<p>Además, el lujo enorme de la familia Pedraza, que yo apreciaba desde
-lejos, acabó por desorientarme, haciéndome dudar de lo que había visto
-al otro lado del Océano.</p>
-
-<p>En realidad, yo sólo sabía del doctor que había hipotecado la mejor de
-sus fincas; pero esto no significaba nada extraordinario ni fatal. En el
-Nuevo Mundo no basta preguntar cuánto posee una persona; es preciso
-añadir: “¿Cuánto debe?”. Todos, por ricos que sean, tienen deudas
-enormes, contraídas para el agrandamiento de sus negocios. El
-crecimiento rápido de los pueblos jóvenes exige que los ricos vivan un
-poco a la ventura, como viven los jugadores, confiándose a su buena
-suerte y tomando sin vacilación todo el dinero que les ofrezcan, con la
-esperanza de poder devolverlo gracias a nuevos negocios.</p>
-
-<p>Tal vez el doctor era más rico que yo me lo<span class="pagenum"><a name="page_56" id="page_56">{56}</a></span> imaginaba, y su préstamo
-debía ser considerado como una operación transitoria y sin importancia.
-Al año siguiente una portentosa cosecha de trigo, o una de aquellas
-ventas de “hacienda”, en las que entraban los novillos a miles, y que él
-me había descrito entusiásticamente en sus conversaciones, bastaría para
-pagar enteramente su deuda sin tener que imponerse sacrificio alguno.</p>
-
-<p>Antes de que yo regresase a la Argentina tuve noticias directas de los
-grandes éxitos obtenidos en París por doña Zoila y sus hijas. Las dos
-mayores se mostraban refractarias a todo coqueteo, e iban de fiesta en
-fiesta, estrenando cada vez un vestido riquísimo; pero graves y
-austeras, orgullosas de su lujo y dignándose mirar únicamente a las de
-su sexo, lo mismo que su noble madre.</p>
-
-<p>&mdash;Somos muy argentinas y sólo podemos casarnos con uno de nuestra
-tierra.</p>
-
-<p>Las dos seguían escribiendo diariamente a sus novios, que estaban en
-Buenos Aires. Unicamente les interesaban en París los vestidos y los
-elogios de las mujeres.</p>
-
-<p>En cambio, las otras hermanas vivían asediadas por el amor y las
-peticiones matrimoniales. Hasta la más pequeña, que todavía iba de corto
-y con el cabello suelto, tenía varios suspirantes que la deseaban por
-esposa. La fama de estas millonarias recién llegadas se había esparcido
-por to<span class="pagenum"><a name="page_57" id="page_57">{57}</a></span>dos los círculos, más o menos aristocráticos, donde hay jóvenes
-que se tienden con desesperación en un diván después de haber perdido
-los últimos miles de francos en la sala destinada al juego.</p>
-
-<p>Además, en los años anteriores a la guerra la República Argentina
-acababa de ponerse de moda, y los conocimientos geográficos de los
-hombres deseosos de adquirir una fortuna casándose se ensancharon
-considerablemente.</p>
-
-<p>Todos habían acabado por descubrir una gran novedad; que existen dos
-Américas: la del Norte y la del Sur. El matrimonio con americanas de los
-Estados Unidos era ya entonces una industria en decadencia. Los títulos
-nobiliarios se aprecian allá cada vez menos. Las mujeres de aquel país,
-dotadas de un carácter práctico y escarmentadas por la experiencia, se
-reservan el manejo de sus bienes, y el marido sólo es un consocio bien
-alimentado, pero sin derecho a tocar la fortuna de su esposa: una
-especie de rey consorte, sin voz ni voto en el gobierno de la casa...</p>
-
-<p>Era conveniente buscar acomodo en la otra América, donde también existen
-millonarias, menos numerosas, pero más inexpertas en esta clase de
-alianzas. El riquísimo doctor llegaba oportunamente con cuatro hijas
-casaderas, y todos los que en París esperaban salvarse por medio del
-matrimonio olvidaron lo que sabían de inglés para<span class="pagenum"><a name="page_58" id="page_58">{58}</a></span> perfeccionarse en el
-tango y chapurrear algunas palabras de español.</p>
-
-<p>Dos de las señoritas Pedraza empezaron a mostrarse distanciadas por una
-rivalidad aristocrática:</p>
-
-<p>&mdash;Yo puedo ser duquesa si quiero&mdash;decía una de ellas&mdash;, y a ti sólo te
-pretende un marqués.</p>
-
-<p>&mdash;Pero el mío es más joven que el tuyo&mdash;contestaba la otra.</p>
-
-<p>Doña Zoila creyó oportuno cortar tales disputas con la autoridad de su
-noble pasado. Nada tenía que decir contra estos personajes que aspiraban
-a ser sus yernos; pero no le hacían ningún favor extraordinario al
-pretender entrar en su familia. Ellos tenían un pasado histórico, pero
-los Pérez Zurrialde no eran cualquier cosa allá en su tierra. Si
-llegaban a casarse con sus niñas no tendrían por qué ruborizarse, pues
-éstas eran iguales a ellos.</p>
-
-<p>Empezó a circular entre los sudamericanos de París la noticia de que un
-duque y un marqués querían ser yernos del doctor Pedraza. Les corría
-prisa esta unión y deseaban realizarla antes de que la familia volviese
-a Buenos Aires. Las niñas, por su parte, también mostraban una prisa
-igual, pensando en lo que dirían sus amiguitas de allá al verlas con
-títulos nobiliarios.</p>
-
-<p>Yo me marché de París en aquellos días; pero<span class="pagenum"><a name="page_59" id="page_59">{59}</a></span> las confidencias de
-algunos amigos del doctor sirvieron para darme una idea aproximada de lo
-que debió ocurrir.</p>
-
-<p>Estos nobles personajes que descienden a emparentarse con los ricos del
-otro lado del Océano muestran siempre un gran desinterés cuando llega el
-momento de tratar las condiciones materiales que deben regir la
-asociación matrimonial. Ocupados en el galanteo de la joven millonaria,
-no quieren interrumpir su dúo de amor con vulgares discusiones
-financieras, y envían a un llamado hombre de ley, a un notario que ha
-servido siempre a su familia o al administrador de su hacienda
-quebrantada para que ajuste el convenio con los padres.</p>
-
-<p>El doctor Pedraza, hombre de negocios, consideró sin importancia estos
-tratos preliminares del matrimonio. El manejaría a su gusto a los dos
-nobles señores que pretendían ser hijos suyos. Pero en vez de hablar con
-ellos, tuvo que recibir la visita de dos leguleyos franceses, de palabra
-melosa, con el plumaje áspero y el pico duro, lo mismo que aves de
-rapiña.</p>
-
-<p>Pedraza y su noble esposa se expresaron como príncipes generosos que no
-pueden contar la inmensidad de su fortuna. Los dos se comprometieron
-desde el primer momento a entregar a cada una de sus niñas una renta
-anual de trescientos<span class="pagenum"><a name="page_60" id="page_60">{60}</a></span> mil francos. Pero los enviados no creían en rentas
-que pueden ser pagadas fielmente el primer año e ir disminuyéndose en
-los siguientes, hasta quedar suprimidas. Ellos necesitaban un capital
-positivo, aunque la renta fuese menor: campos, casas, valores
-mobiliarios, algo que pudiera convertirse en dinero a cualquiera hora,
-dando una seguridad de riqueza a sus poseedores.</p>
-
-<p>En resumen: que éstas conferencias laboriosas, en las que se batían
-ambas partes con buenas palabras y perversas intenciones, terminaron tan
-mal como cualquiera de las entrevistas diplomáticas a las que asisten
-los Gobiernos con el propósito de engañarse unos a otros.</p>
-
-<p>El duque y el marqués desaparecieron. Las dos niñas lloraron un poco.
-¡No poder marcar con una corona heráldica sus pañuelos y sus ropas más
-íntimas, para envidia de las amigas!...</p>
-
-<p>Las hermanas mayores, que habían sufrido en silencio el orgullo
-nobiliario de las otras, creyeron llegado el momento del desquite.</p>
-
-<p>&mdash;Nosotras debemos casarnos con gentes de nuestra tierra. Aquí, en
-Europa, sólo nos buscan por nuestra gran fortuna. Os hubieran tomado la
-plata y después, ¡quién sabe si habrían acabado pegándoos!...</p>
-
-<p>Doña Zoila apoyaba estas palabras:</p>
-
-<p>&mdash;Allá no usamos corona, pero somos tan no<span class="pagenum"><a name="page_61" id="page_61">{61}</a></span>bles como los de aquí.
-Vosotras, además de ser Pedraza, lleváis un gran nombre por vuestra
-madre.</p>
-
-<p>La hermosa señora abominaba ahora de París. Según contó después a sus
-amigas de Buenos Aires, algunos mocitos que casi podían ser hijos suyos
-habían osado hablarla, en los salones, de “almas dormidas que deben ser
-despertadas”, burlándose a continuación de la vulgaridad de ser fiel al
-marido, y comparando su belleza con el sol de la tarde, más deslumbrador
-y ardoroso que el del amanecer... ¡A ella! ¡A una matrona respetada por
-todos en su país!... Si había aguantado en silencio tales audacias era
-por miedo a que se enterase su esposo, hombre violento en sus cóleras y
-famoso tirador de pistola.</p>
-
-<p>Pedraza, arrepentido sinceramente de la satisfacción que le había
-procurado por unas semanas la posibilidad de ser suegro de tan
-aristocráticos personajes, mostraba ahora un recrudecimiento de sus
-entusiasmos de americano, hijo de una República.</p>
-
-<p>&mdash;Lo de los títulos de nobleza, che, puede deslumbrar a los gringos de
-Europa; ¿pero a nosotros?... En la América del Sur eso nos hace reír.<span class="pagenum"><a name="page_62" id="page_62">{62}</a></span></p>
-
-<h2><a name="V" id="V"></a>V</h2>
-
-<p>Transcurrió mucho tiempo sin que yo volviese a ver al doctor. Me enteré
-por los diarios argentinos de su regreso triunfal de Europa. Otra vez su
-nombre y el de todas las mujeres que componían su familia volvieron a
-aparecer en las crónicas de la alta vida social.</p>
-
-<p>Doña Zoila organizaba fiestas de caridad; se movía a la cabeza de todas
-las Juntas para la difusión de principios morales, y a la hora del té su
-palabra era escuchada como un oráculo, definiendo lo que es elegancia y
-en qué consiste la falta de <i>chic</i>. Después de haber pasado un año en
-París, su autoridad parecía inconmovible.</p>
-
-<p>La vida del doctor resultaba menos dichosa y plácida. Yo le veía pasar
-en su lujoso automóvil por la avenida de Mayo o apearse en la calle
-Reconquista, donde están establecidos los Bancos de la ciudad, yendo de
-uno a otro para sus numerosas e importantes operaciones. Todos seguían
-considerándole con respeto, como un personaje influyente, y muchos
-envidiaban su riqueza. Pero de tarde en tarde llegaban hasta mí noticias
-inquietantes para el crédito del doctor. Sus amigos íntimos contaban que
-había gastado en Europa un<span class="pagenum"><a name="page_63" id="page_63">{63}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 443px;">
-<a href="images/ill_013.png">
-<img src="images/ill_013.png" width="443" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_64" id="page_64">{64}</a></span></p>
-
-<p class="nind">millón de pesos (más de lo que le había prestado el Banco Hipotecario).
-En las reuniones de alta sociedad se hablaba con asombro del collar de
-perlas que doña Zoila había adquirido en París, y los envidiosos
-apuntaban que el marido no tenía fortuna para tantos dispendios.</p>
-
-<p>En mucho tiempo no volví a acordarme de Pedraza, pues bastante tenía con
-preocuparme de mi propia suerte. La Argentina pasaba en aquellos
-momentos por una de esas crisis financieras que son en su existencia a
-modo de una enfermedad normal y periódica, repitiéndose aproximadamente
-cada diez años.</p>
-
-<p>A los negocios rápidos y extraordinariamente productivos había sucedido
-la atonía del dinero; al despilfarro, el pánico, el egoísmo y la
-pobreza. Los Bancos que adelantaban antes capitales para toda clase de
-negocios, no sólo habían cortado repentinamente sus créditos, sino que
-exigían la inmediata devolución de sus préstamos. Yo tuve que luchar
-mucho en aquella época para no salir de la crisis completamente pobre.
-De no ocurrir tal calamidad estarían ustedes escuchando ahora a un
-millonario. Gracias que pude salvar lo preciso para retirarme a París y
-vivir aquí con modestia.</p>
-
-<p>Pero volvamos a nuestro doctor. Su situación era semejante a la de otros
-compatriotas suyos.<span class="pagenum"><a name="page_65" id="page_65">{65}</a></span> Continuaba siendo un capitalista para las gentes:
-seguía viviendo como un millonario; pero los directores de los Bancos y
-los hacendados sólidamente ricos, al nombrarle con respeto, contraían
-los labios como para cerrar el paso a una sonrisa burlona y cruel. Su
-infortunio llegaba hasta mí fragmentariamente, por noticias sueltas y
-espaciadas, como se aproximan o se alejan las detonaciones de un combate
-remoto, según los caprichos del viento.</p>
-
-<p>La familia había tomado, como siempre, su palco en el teatro Colón al
-empezar la temporada de ópera. Esto era natural. La vida resulta
-inconcebible en Buenos Aires sin la asistencia a dicho teatro. ¡Antes
-morir! Pero el doctor había entregado al empresario por el abono del
-palco, no un cheque, sino un pagaré a noventa días vista. En las malas
-épocas muchos pagan así en aquel país. Se confía en el porvenir. Nadie
-cuenta únicamente con lo que tiene en la mano, como los tímidos del
-viejo mundo; todos admiten de consocia a la esperanza. ¡Quién sabe qué
-grandes negocios pueden hacerse en el plazo de noventa días!... Como la
-fortuna tiene alas, sólo necesita unos instantes para llegar hasta
-nosotros.</p>
-
-<p>También supe que Pedraza había hipotecado la otra estancia que era de su
-mujer. Acababan de casarse las dos hijas mayores con una magnificen<span class="pagenum"><a name="page_66" id="page_66">{66}</a></span>cia
-que hizo acudir a toda la alta sociedad de Buenos Aires. Doña Zoila dió
-a las bodas de sus hijas el aparato de un acontecimiento histórico.
-Mientras tanto el pobre doctor se agitaba de la mañana a la noche por
-conseguir al mismo tiempo dos cosas que parecían antagónicas: sostener
-el aspecto opulento de su familia sin aminorar sus gastos, y pagar los
-enormes réditos de sus deudas.</p>
-
-<p>Las cosechas de las dos estancias y las ventas de novillos criados en
-sus campos sólo servían para satisfacer los tales réditos. Pedraza,
-deseoso de evitar disgustos a su esposa, disimulaba las angustias de
-esta situación. Apenas se veía en su casa, rodeado de un ambiente de
-lujo, entre sus hijas solteras, que hablaban y reían como princesas
-seguras del porvenir; necesitaba mostrarse optimista, imaginándose una
-serie de negocios maravillosos que vendrían a sacarle de apuros al día
-siguiente.</p>
-
-<p>No quiero cansar a ustedes describiendo detalladamente cómo se fué
-acelerando, cuesta abajo, la ruina de Pedraza. Necesitaba siempre
-dinero; en los Bancos no querían dárselo al interés corriente, y
-recurrió al préstamo usurario. Además tuvo que vender con pérdida enorme
-los terrenos que había adquirido para especular sobre su alza en la
-buena época del país, cuando circulaba vertiginosamente la riqueza.<span class="pagenum"><a name="page_67" id="page_67">{67}</a></span></p>
-
-<p>Al mismo tiempo mostraba, al hablar con sus hijas casadas y sus yernos,
-la tranquilidad bondadosa de un hombre inmensamente rico, que al morir
-dejará caer un chaparrón de bienes sobre sus herederos. Aceptaba sin la
-menor mueca de contrariedad todas las peticiones de las hijas que vivían
-en su casa. Doña Zoila, que estaba vagamente enterada de que los
-negocios no marchaban del todo bien, parecía vacilar algunas veces al
-hacer a su marido la enumeración de los gastos de la familia, pensando
-en la posibilidad de ciertas economías. Un día hasta le dió a entender
-que, en caso de apuro, estaba dispuesta a desprenderse de sus joyas.
-Pero esto, aun siendo mera hipótesis, parecía causar tal pena a la
-señora, que el doctor se apresuró a disuadirla.</p>
-
-<p>Le era imposible aceptar que su noble compañera modificase su vida
-ordinaria. Además, ¿qué dirían las gentes al ver disminuído el lujo de
-la familia?... Y era el pobre doctor quien recomendaba a su esposa que
-evitase las economías demasiado visibles. Las niñas debían casarse, y
-para ello era conveniente que la casa conservase su aspecto de
-abundancia segura y ostentosa.</p>
-
-<p>Cuando de tarde en tarde me ponía la casualidad al alcance de la palabra
-solemne y los ojos protectores de mi amigo adivinaba yo los estragos que
-iba haciendo en su persona esta nueva vida<span class="pagenum"><a name="page_68" id="page_68">{68}</a></span> de pobreza disimulada. Iba
-vestido con la elegancia de siempre; conservaba su aspecto señoril; pero
-estaba viejo, mucho más viejo que debía serlo por su edad.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo marchan sus negocios, españolito?... Mala época: ¡muy mala para
-todos!... Pero esto no puede durar.</p>
-
-<p>Y me golpeaba la espalda con la bondad de un ser superior que sabe que
-existe la desgracia, pero es para los otros, pues él se encuentra por
-encima de las miserias del vulgo.</p>
-
-<p>Su caída fué larga. Nadie se enriquece con la rapidez que se imaginan
-los que viven al margen de los negocios; nadie tampoco se arruina, por
-regla general, en unos instantes, como lo vemos muchas veces en comedias
-y novelas. Hay ruinas fulminantes, como hay naufragios instantáneos que
-sólo duran unos minutos; pero la mayoría de las gentes se enriquecen con
-lentitud, o van empobreciéndose como el que baja una escalera, peldaño
-tras peldaño. El naufragio del doctor fué igual al de los grandes
-veleros, que después de estar llenos de agua, todavía flotan con la
-quilla al aire mucho tiempo, yendo de un lado a otro, al capricho de las
-corrientes.</p>
-
-<p>En realidad, sólo sé de Pedraza lo que me contaron incidentalmente
-algunos de sus amigos íntimos. Estas noticias son a modo de episodios
-suel<span class="pagenum"><a name="page_69" id="page_69">{69}</a></span>tos y sin concordancia; pero yo he hecho de todos ellos algo
-compacto, uniéndolos con los hilos de mis suposiciones. Valiéndome del
-álgebra de la inducción, he llegado a imaginarme todo lo que le ocurrió
-al doctor. Dirán ustedes que lo que voy a contarles es en gran parte
-invención mía; pero hay invenciones más ciertas y verosímiles, por ser
-lógicas, que las noticias que nos dan como seguras los amigos y los
-periódicos.</p>
-
-<p>He pensado muchas veces en las tardes que debió pasar cuando quedaba
-solo en su “escritorio”: un piso arrendado en la avenida de Mayo para
-sus oficinas. Lejos de su casa y libre de las seducciones que ejercían
-sobre él las mujeres de su familia, obligándole a verlo todo de una
-manera optimista, quedaba frente a frente al enigma de su situación. Iba
-a verse arruinado en un país donde el dinero tiene mayor importancia que
-en otras naciones y resulta más necesario para la vida. ¿Era posible la
-existencia de un Rómulo Pedraza protegido por sus amigos y con un empleo
-público para sostener humildemente a su familia?...</p>
-
-<p>La idea de que su mujer y sus niñas tuvieran alguna vez que remendar sus
-vestidos, llevando la existencia dolorosa de los ricos arruinados que
-buscan el amparo de unos parientes más dichosos, le parecía tan absurda
-e inconcebible como un trastorno de las leyes astronómicas. ¿Era ló<span class="pagenum"><a name="page_70" id="page_70">{70}</a></span>gico
-que Zoila, su mujer, fuese alguna vez pobre?...</p>
-
-<p>Además sentía miedo al pensar en sus hijas. El conocía la historia de
-muchas señoritas cuyos padres se habían empobrecido. Unas pocas
-conseguían casarse con ricos, lo mismo que en las novelas; las más se
-resignaban a descender, perdiendo la distinción de su origen,
-convirtiéndose en obreras ocultas que trabajaban mal recompensadas para
-el sostenimiento de una vida miserable; y algunas acababan sirviendo de
-amantes a hombres que en otras circunstancias no habrían osado aspirar a
-ser sus maridos.</p>
-
-<p>El pobre doctor se estremecía de miedo y de cólera al pensar que sus
-hijas, las cuatro hijas que le quedaban en casa, podían verse en la
-misma situación de algunas infelices que atraen a los libertinos con un
-nuevo encanto: el de haber sido señoritas de buena casa, jóvenes, ricas
-y educadas en el lujo antes de que la ruina paternal les empuje a ser lo
-que son.</p>
-
-<h2><a name="VI" id="VI"></a>VI</h2>
-
-<p>Como todos los que viven inseguros y acechados por el peligro, creyendo
-sentir que la tierra vacila bajo sus pies, el doctor aceptó
-supersticiosamente la existencia de fuerzas misteriosas que<span class="pagenum"><a name="page_71" id="page_71">{71}</a></span> pueden
-proteger a los mortales y salvarlos, fijándose en ellos con las secretas
-preferencias de la predestinación. ¿Por qué no había de ayudarle la
-fortuna, tirando de él con un manotazo maternal para elevarlo sobre
-aquellas miserias que le obligaban de día a dolorosos fingimientos, y le
-tenían la noche entera entre las roedoras mandíbulas del insomnio?...
-Había que abrir las ventanas a la suerte para que pudiese tocarle con
-sus alas.</p>
-
-<p>Y se hizo jugador, jugando en la Bolsa y en los Clubs aristocráticos, de
-los que era uno de los socios más respetables y escuchados. Dió orden
-también a las gentes de su “escritorio” para que dejasen libre la
-entrada a todo el que llegase pretendiendo hablarle. ¡Quién sabe si el
-más humilde visitante vendría a proponerle un negocio salvador!... En
-los países jóvenes, de continua inmigración, que atraen a los
-aventureros de mala ley, pero igualmente a los visionarios geniales e
-inventores, todo es posible.</p>
-
-<p>Un día, un agente de seguros sobre la vida le conquistó con su charla
-amena, haciéndole firmar una póliza de doscientos mil pesos a favor de
-su mujer y sus hijas. Esto iba a obligarle al pago de una prima
-importante todos los años; pero como estaba acostumbrado a los enormes
-réditos que debía entregar a sus acreedores, consideró insignificante el
-aumento de una cantidad más...<span class="pagenum"><a name="page_72" id="page_72">{72}</a></span></p>
-
-<p>El agente de seguros, alegre por la comisión ganada, debió hablar a sus
-compañeros; la puerta del “escritorio” seguía franca, y empezaron a
-visitar a Pedraza casi todos los que en Buenos Aires se dedicaban al
-mismo negocio. Intentó resistirse al principio a una segunda operación
-basada en su muerte; pero al fin acabó mostrando cierto gusto por ella,
-y como continuaba acogiendo bien a tales visitantes, éstos parecieron
-pasarse el aviso unos a otros.</p>
-
-<p>Rara era la semana que el doctor no suscribía una póliza nueva. Como a
-pesar de su madurez se mantenía fuerte, y los médicos de las Compañías
-de Seguros daban un informe rotundo sobre su espléndido equilibrio
-físico, libre de toda enfermedad, el negocio se hacía sin obstáculos. Al
-poco tiempo Pedraza estaba asegurado en más de una docena de compañías,
-unas del país, otras de Europa y de los Estados Unidos. Además había
-firmado contraseguros y hecho otras operaciones que le aconsejaban los
-agentes, deseosos de ganar nuevas primas.</p>
-
-<p>Al fin, su persona había llegado a valer más de dos millones de pesos,
-según manifestaba con regocijo a sus amigos. Esta era la cantidad que
-deberían entregar las Compañías a su familia en el momento de su muerte.
-Pero los amigos, admirando la solidez de su cuerpo, contestaban:<span class="pagenum"><a name="page_73" id="page_73">{73}</a></span></p>
-
-<p>&mdash;Antes de morir habrás pagado en primas algo más de los dos millones.
-¡Mal negocio el tuyo! Vas a vivir mucho.</p>
-
-<p>Y el doctor sonreía, orgulloso de su vigor, afirmando que se consideraba
-más fuerte que nunca, y al final serían efectivamente las Compañías de
-Seguros las explotadoras de su credulidad. Luego terminaba, con una
-displicencia de rico:</p>
-
-<p>&mdash;Caro resulta eso; pero ¿qué importa?... Es plata que voy depositando
-para los míos.</p>
-
-<p>Una mañana le escuché estas palabras en un Banco, cuando formábamos
-grupo en la antesala del gerente varios aspirantes a un préstamo
-inmediato.</p>
-
-<p>Y de pronto la muerte, una muerte inesperada, que muchos llamaron
-“estúpida”, por su absurda inoportunidad; como si alguna vez la muerte
-pudiera resultar oportuna.</p>
-
-<p>Era en verano y la familia del doctor estaba pasando una temporada en
-las islas del Tigre. Estas islas están cerca de Buenos Aires, y las
-forma el río Paraná al desembocar en el estuario llamado río de la
-Plata: una red intrincada de canales navegables entre tierras medio
-sumergidas, cubiertas de una vegetación frondosa, siempre verde. Es un
-lugar hermoso, digno de servir de escenario a un poema. Lo malo es que
-nunca ha ocurrido en él nada digno de mención.<span class="pagenum"><a name="page_74" id="page_74">{74}</a></span></p>
-
-<p>Muchos ricos de Buenos Aires, especialmente las familias de origen
-antiguo, tienen una casa de recreo en las inmediaciones del Tigre, y
-doña Zoila había creído indispensable poseer un edificio igual, para
-complemento del lujoso hotel, cerca del Parque de Palermo. Considero
-necesario decir de paso que las dos nobles viviendas estaban
-hipotecadas.</p>
-
-<p>El doctor pasaba las noches con su familia, acompañando a las niñas
-cuando bailaban en el Casino del Tigre. Por la mañana tomaba el tren
-para ir a Buenos Aires y ocuparse en sus negocios, regresando al
-anochecer. Fué en uno de estos viajes de vuelta cuando el doctor cayó a
-la vía, al pasar de un vagón a otro. Nadie pudo explicarse claramente
-cómo ocurrió este suceso, que produjo tanta emoción en la ciudad. Lo
-cierto es que el cadáver del doctor fué encontrado hecho pedazos entre
-los rieles.</p>
-
-<p>Los periódicos hablaron largamente, censurando a la Compañía del
-ferrocarril por el mal estado de su material. Había cerrado ya la noche
-y la obscuridad debió ser la verdadera causa de esta desgracia; pero
-también resultaba culpable de ella la Empresa, por la vejez de sus
-vagones. Los puentes que los unían eran defectuosos; las portezuelas se
-abrían solas. Indudablemente un hombre como el doctor Pedraza,
-preocupado a todas<span class="pagenum"><a name="page_75" id="page_75">{75}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 452px;">
-<a href="images/ill_014.png">
-<img src="images/ill_014.png" width="452" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_76" id="page_76">{76}</a></span></p>
-
-<p class="nind">horas por sus negocios, al pasar distraído de un vagón a otro, había
-sido víctima de tales deficiencias.</p>
-
-<p>Sus funerales fueron magníficos. Los diarios publicaron largas
-biografías de él, considerando su trágica muerte como una pérdida
-nacional.</p>
-
-<p>¡Ah, doctor! ¡Heroico doctor!... Unos pocos nada más nos mirábamos
-fijamente al mencionar su nombre. Nos hablábamos con los ojos, leíamos
-mutuamente en ellos nuestro común pensamiento; pero nadie se atrevía a
-expresarlo con palabras.</p>
-
-<p>Algunos hubiesen querido hablar; pero ¿cómo interrumpir con suposiciones
-malévolas, inoportunas y peligrosas la unanimidad del sentimiento
-público por la pérdida de un ilustre hijo del país?... El duelo general
-había servido para demostrar cuán numerosas eran las amistades de la
-familia del llorado doctor y el prestigio de doña Zoila en la alta
-sociedad (¡una Pérez Zurrialde!).</p>
-
-<p>La señora viuda de Pedraza y sus hijas cobraron dos millones de pesos de
-las Compañías de Seguros. Todos admiraron la previsión de este buen
-padre de familia. Le tenían por rico; dejaba a los suyos una gran
-fortuna (aunque indudablemente algo quebrantada por la crisis del
-momento), y había que añadir a tal herencia los importantes seguros
-sobre su muerte. El dinero siem<span class="pagenum"><a name="page_77" id="page_77">{77}</a></span>pre llega a tiempo, y en esta ocasión
-serviría para suavizar el dolor de la familia.</p>
-
-<p>Doña Zoila libró de hipotecas sus propiedades, y al poco tiempo la
-Suerte&mdash;a la que el pobre doctor abría inútilmente la ventana para que
-entrase&mdash;se decidió repentinamente a ir en busca de sus herederos. Pasó
-la crisis nacional, circuló otra vez la riqueza; el mundo, que necesita
-para vivir panecillos y bifteques, compró a buen precio los trigos y las
-reses; las dos estancias de la familia, limpias de réditos,
-proporcionaron magníficas rentas.</p>
-
-<p>La señora viuda de Pedraza continúa siendo una de las primeras matronas
-del país. Llama, como siempre, la atención de todos por su elegancia;
-pero ahora es una elegancia de noble dama que ha renunciado a dar
-envidia a sus amigas; una elegancia a base de colores apagados, de ricas
-blondas y joyas sólidas.</p>
-
-<p>Para que un concierto o una función teatral de caridad tenga público
-hasta en los pasillos es preciso que ella la organice. Los comerciantes
-tiemblan al verla presidenta de una nueva institución benéfica, sabiendo
-que esto significa un tributo más que tendrán que pagar con miedosa
-sonrisa, so pena de verse sin clientela. Los comediantes célebres, los
-concertistas, los escritores que llegan<span class="pagenum"><a name="page_78" id="page_78">{78}</a></span></p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 410px;">
-<a href="images/ill_015.png">
-<img src="images/ill_015.png" width="410" height="600" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a name="page_79" id="page_79">{79}</a></span></p>
-
-<p class="nind">de Europa a dar conferencias, están condenados al fracaso si no cuentan
-con su protección.</p>
-
-<p>No ha vuelto al viejo mundo; pero desde Buenos Aires legisla sobre
-materias de elegancia, y los comisionistas de modas que llegan de París
-van a enseñarla sus novedades antes que al público.</p>
-
-<p>Todas sus hijas se han casado ya. Los nietos empiezan a tirar de su
-falda, y cada vez que siente una fugaz simpatía por cualquiera de sus
-yernos, le dice suspirando:</p>
-
-<p>&mdash;Hijo mío: sólo deseo que sea usted tan bueno para la familia como lo
-fué mi finado el doctor.</p>
-
-<div class="figcenter" style="width: 428px;">
-<a href="images/ill_016.png">
-<img src="images/ill_016.png" width="428" height="209" alt="[Image unavailable.]" /></a>
-</div>
-
-<hr />
-
-<p class="c">En el próximo número publicaremos</p>
-
-<p class="c"><big>
-<b><span class="sans">U N A &nbsp; M U J E R &nbsp; E S P I R I T U A L</span></b></big><br />
-por EDUARDO ZAMACOIS<br />
-Ilustraciones de <i>M. Quintanilla</i>.<br />
-<span class="pagenum"><a name="page_80" id="page_80">{80}</a></span></p>
-
-<div class="boxx">
-
-<p class="c"><big>EDITORIAL “MUNDO LATINO”</big></p>
-
-<p class="cb">&mdash;&mdash;MADRID&mdash;&mdash;</p>
-
-<p class="c">Apartado 502.&mdash;Librería: Caballero de Gracia, 28</p>
-
-<p class="cb">OBRAS DE “EL CABALLERO AUDAZ”</p>
-
-<p class="cb">(José María Carretero.)</p>
-
-<table border="0" cellpadding="1" cellspacing="0" summary="">
-<tr><td>&nbsp;</td><td class="rt">Ptas.</td></tr>
-<tr><td align="left">“La virgen desnuda” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Desamor” (6.ª edición)</td><td class="rt">4.50</td></tr>
-<tr><td align="left">“De pecado en pecado”</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“El pozo de las pasiones”</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“El libro de los toreros”</td><td class="rt">2</td></tr>
-<tr><td align="left">“La bien pagada” (4.ª edición)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“En carne viva” (2.ª edición)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Emocionario” (almas y paisajes)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“La sin ventura” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“El divino pecado”</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Lo que sé por mí” (10 volúmenes de interviús)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Con el pie en el corazón” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Hombre de amor” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Un hombre extraño” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td class="c" colspan="2"><b>EN PRENSA</b></td></tr>
-<tr><td align="left">“Las horas cortesanas” (impresiones)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“El jefe político” (novela)</td><td class="rt">5</td></tr>
-<tr><td align="left">“Vírgenes y cortesanas”</td><td class="rt">5</td></tr>
-</table>
-
-<p class="astc">* * *</p>
-
-<p class="c">
-Pedidos directamente a MUNDO LATINO<br />
-Apartado 502.<br />
-</p>
-</div>
-
-<hr class="full" />
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA FAMILIA DE DOCTOR PEDRAZA ***</div>
-<div style='text-align:left'>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Updated editions will replace the previous one&#8212;the old editions will
-be renamed.
-</div>
-
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-license, especially commercial redistribution.
-</div>
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-<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br />
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-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
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-Defect you cause.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-
-</body>
-</html>
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