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-The Project Gutenberg eBook of Verdadera historia de los sucesos de la
-conquista de la Nueva-España (1 de 3), by Bernal Díaz del Castillo
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
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-using this eBook.
-
-Title: Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la
- Nueva-España (1 de 3)
-
-Author: Bernal Díaz del Castillo
-
-Release Date: March 28, 2021 [eBook #64945]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/American Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS
-DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (1 DE 3) ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre
- =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las
- variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de los
- nombres propios y de los términos indígenas.
-
- * En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853
- por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de
- Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero
- cuyos errores tipográficos son menores.
-
- * No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha
- distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué»,
- distinción no siempre presente en el original impreso.
-
- * Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y seguido
- —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y aparte,
- con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del original.
-
- * También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una
- raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA
- POR
- BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.
-
-
-
-
- VERDADERA HISTORIA
- DE LOS SUCESOS
- DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA,
-
- POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO,
- UNO DE SUS CONQUISTADORES.
-
-
- TOMO I.
-
-
- MADRID.—1862.
- Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12.
-
-
-
-
-PRÓLOGO.
-
-
-Cuatro palabras nada más sobre el autor de este libro, y sobre las
-calidades de su obra.
-
-En cuanto al autor, nació en Medina del Campo, sin que sepamos la
-fecha exacta de este suceso ni la menor particularidad de su niñez;
-bien es verdad que nada tiene de extraño este silencio respecto á un
-individuo que, nacido sin duda de padres pobres, emprendió la carrera
-militar en la humilde situacion de soldado. Pasó á América el año de
-1514 en compañía de Pedrárias Dávila, á quien el Gobierno acababa de
-conceder la gobernacion del Darien; desde allí, despues de los sucesos
-ocurridos en aquel pais, se trasladó á la isla de Cuba, que gobernaba á
-la sazon Diego Velazquez. La situacion de aventurero en que se hallaba
-BERNAL DIAZ le obligó á tomar parte en cuantas empresas se ofrecian;
-así es que al emprenderse la expedicion del descubrimiento de Yucatan
-se alistó bajo las banderas de Francisco Fernandez de Córdoba, y se
-embarcó con él, haciéndose á la vela el dia 8 de Febrero de 1517; pasó
-luego á la Florida con Juan Ponce, y dió vuelta á Cuba con los pocos
-que se salvaron de aquella empresa desgraciada. Nuevamente se embarcó
-en la expedicion de Grijalva el 5 de Abril de 1518, y vuelto á Cuba,
-salió por tercera vez con la expedicion mandada por Hernan Cortés,
-embarcándose en la nave de Pedro de Albarado. Hizo en aquella conquista
-cuanto era de esperar de un buen soldado; y terminada que fué en todas
-sus partes, recibió, en recompensa de sus servicios, una encomienda en
-Goatemala, donde se estableció, siendo uno de los primeros pobladores
-de la ciudad de Santiago de los Caballeros, en la que ocupó el cargo
-de regidor.—El mérito y servicios militares de BERNAL DIAZ fueron
-muy distinguidos, como que Hernan Cortés le recomendó especialmente
-al Emperador en carta escrita en Méjico el año de 1540; la misma
-honra mereció despues del virey D. Antonio de Mendoza; y por último,
-habiendo él mismo presentado unas probanzas en el consejo de Indias, el
-Emperador se sirvió recomendarle por Real cédula expresa y expedida en
-su favor.
-
-Tomamos estas noticias acerca de BERNAL DIAZ, de la breve reseña
-biográfica que le dedica el último editor de su obra en la _Biblioteca
-de Autores Españoles_ que con tanto acierto y perseverancia sigue
-publicando el señor don Manuel Rivadeneira.
-
-Del mismo documento sacamos la siguiente calificacion, con la
-cual nos hallamos conformes.—Respecto, dice, al estilo de Bernal
-Diaz, aunque poco culto y pulido,—respira la ruda franqueza de un
-soldado; Robertson calificó su mérito con las siguientes palabras:
-«Contiene (dice, hablando de este libro) una narracion confusa y
-llena de pormenores de todas las operaciones de Cortés, en el estilo
-rudo y vulgar propio de un hombre sin letras ni instruccion; pero,
-como refiere los hechos que presenció y en que tuvo tanta parte,
-su narracion lleva todo el sello de la autenticidad, y respira tal
-naturalidad y gracia, cuenta pormenores tan interesantes y demuestra
-un amor propio y vanidad tan graciosos, aunque disimulables en un
-soldado que, segun nos dice, asistió á ciento diez y nueve batallas,
-que su libro es uno de los más singulares que se pueden encontrar en
-lengua alguna.» Nada añadiremos nosotros al testimonio de un escritor
-tan ilustre y juez tan competente en la materia, y únicamente nos
-tomaremos la libertad de indicar á nuestros lectores que la relacion de
-la batalla de Tabasco, la de la prision de Montezuma en la estancia de
-los españoles, y otros trozos que seria fácil mencionar, son los que
-caracterizan perfectamente á BERNAL DIAZ como escritor de historia, y
-los que manifiestan su candor, naturalidad y sencillez.
-
-
-
-
-CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA
-
-POR
-
-BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.
-
-
-
-
-CAPÍTULO PRIMERO.
-
-EN QUÉ TIEMPO SALÍ DE CASTILLA, Y LO QUE ME ACAECIÓ.
-
-
-En el año de 1514 salí de Castilla en compañía del gobernador Pedro
-Arias de Ávila, que en aquella sazon le dieron la gobernacion de
-Tierra-Firme; y viniendo por la mar con buen tiempo, y otras veces
-con contrario, llegamos al Nombre de Dios; y en aquel tiempo hubo
-pestilencia, de que se nos murieron muchos soldados, y demás desto,
-todos los más adolecimos, y se nos hacian unas malas llagas en las
-piernas; y tambien en aquel tiempo tuvo diferencias el mismo gobernador
-con un hidalgo que en aquella sazon estaba por capitan y habia
-conquistado aquella provincia, que se decia Vasco Nuñez de Balboa;
-hombre rico, con quien Pedro Arias de Ávila casó en aquel tiempo una
-su hija doncella con el mismo Balboa; y despues que la hubo desposado,
-segun pareció, y sobre sospechas que tuvo que el yerno se le queria
-alzar con copia de soldados por la mar del Sur, por sentencia le mandó
-degollar.
-
-Y despues vimos lo que dicho tengo y otras revueltas entre capitanes
-y soldados, y alcanzamos á saber que era nuevamente ganada la isla de
-Cuba, y que estaba en ella por gobernador un hidalgo que se decia Diego
-Velazquez, natural de Cuéllar; acordamos ciertos hidalgos y soldados,
-personas de calidad de los que habiamos venido con el Pedro Arias de
-Ávila, de demandalle licencia para nos ir á la isla de Cuba, y él nos
-la dió de buena voluntad, porque no tenia necesidad de tantos soldados
-como los que trujo de Castilla, para hacer guerra, porque no habia qué
-conquistar; que todo estaba de paz, porque el Vasco Nuñez de Balboa,
-yerno del Pedro Arias de Ávila, habia conquistado, y la tierra de suyo
-es muy corta y de poca gente.
-
-Y desque tuvimos la licencia, nos embarcamos en buen navío y con buen
-tiempo; llegamos á la isla de Cuba, y fuimos á besar las manos al
-gobernador della, y nos mostró mucho amor, y prometió que nos daria
-indios de los primeros que vacasen; y como se habian pasado ya tres
-años, ansí en lo que estuvimos en Tierra-Firme como en lo que estuvimos
-en la isla de Cuba aguardando á que nos depositase algunos indios,
-como nos habia prometido, y no habiamos hecho cosa ninguna que de
-contar sea, acordamos de nos juntar ciento y diez compañeros de los
-que habiamos venido de Tierra-Firme y de otros que en la isla de Cuba
-no tenian indios, y concertamos con un hidalgo que se decia Francisco
-Hernandez de Córdoba, que era hombre rico y tenia pueblos de indios
-en aquella isla, para que fuese nuestro capitan, y á nuestra ventura
-buscar y descubrir tierras nuevas, para en ellas emplear nuestras
-personas; y compramos tres navíos, los dos de buen porte, y el otro
-era un barco que hubimos del mismo gobernador Diego Velazquez, fiado,
-con condicion que, primero que nos le diese, nos habiamos de obligar
-todos los soldados, que con aquellos tres navíos habiamos de ir á unas
-isletas que están entre la isla de Cuba y Honduras, que ahora se llaman
-las islas de los Guanajes, y que habiamos de ir de guerra y cargar los
-navíos de indios de aquellas islas para pagar con ellos el barco, para
-servirse dellos por esclavos.
-
-Y desque vimos los soldados que aquello que pedia el Diego Velazquez
-no era justo, le respondimos que lo que decia no lo mandaba Dios ni el
-Rey, que hiciésemos á los libres esclavos.
-
-Y desque vió nuestro intento, dijo que era bueno el propósito que
-llevábamos en querer descubrir tierras nuevas, mejor que no el suyo; y
-entónces nos ayudó con cosas de bastimento para nuestro viaje.
-
-Y desque nos vimos con tres navíos y matalotaje de pan cazabe, que
-se hace de unas raices que llaman yucas, y compramos puercos, que
-nos costaban en aquel tiempo á tres pesos, porque en aquella sazon
-no habia en la isla de Cuba vacas ni carneros, y con otros pobres
-mantenimientos, y con rescate de unas cuentas que entre todos los
-soldados compramos, y buscamos tres pilotos, que el más principal
-dellos y el que regia nuestra armada se llamaba Anton de Alaminos,
-natural de Pálos, y el otro piloto se decia Camacho, de Triana, y
-el otro Juan Álvarez, el Manquillo de Huelva; y asimismo recogimos
-los marineros que hubimos menester, y el mejor aparejo que pudimos
-de cables y maromas y anclas, y pipas de agua, y todas otras cosas
-convenientes para seguir nuestro viaje, y todo esto á nuestra costa y
-mision.
-
-Y despues que nos hubimos juntado los soldados, que fueron ciento y
-diez, nos fuimos á un puerto que se dice en la lengua de Cuba, Ajaruco,
-y es en la banda del Norte, y estaba ocho leguas de una villa que
-entónces tenian poblada, que se decia San Cristóbal, que desde á dos
-años la pasaron á donde agora está poblada la dicha Habana.
-
-Y para que con buen fundamento fuese encaminada nuestra armada, hubimos
-de llevar un Clérigo que estaba en la misma villa de San Cristóbal, que
-se decia Alonso Gonzalez, que con buenas palabras y prometimientos que
-le hicimos se fué con nosotros; y demás desto elegimos por veedor, en
-nombre de su majestad, á un soldado que se decia Bernardino Iñiguez,
-natural de Santo Domingo de la Calzada, para que si Dios fuese servido
-que topásemos tierras que tuviesen oro ó perlas ó plata, hubiese
-persona suficiente que guardase el real quinto.
-
-Y despues de todo concertado y oido Misa, encomendándonos á Dios
-nuestro Señor y á la Vírgen Santa María, su bendita Madre, nuestra
-Señora, comenzamos nuestro viaje de la manera que adelante diré.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II.
-
-DEL DESCUBRIMIENTO DE YUCATAN Y DE UN RENCUENTRO DE GUERRA QUE TUVIMOS
-CON LOS NATURALES.
-
-
-En 8 dias del mes de Febrero del año de 1517 años salimos de la Habana,
-y nos hicimos á la vela en el puerto de Jaruco, que ansí se llama entre
-los indios, y es la banda del Norte, y en doce dias doblamos la de San
-Anton, que por otro nombre en la isla de Cuba se llama la tierra de los
-Guanataveis, que son unos indios como salvajes.
-
-Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos á nuestra
-ventura hácia donde se pone el sol, sin saber bajos ni corrientes, ni
-qué vientos suelen señorear en aquella altura, con grandes riesgos de
-nuestras personas; porque en aquel instante nos vino una tormenta que
-duró dos dias con sus noches, y fué tal, que estuvimos para nos perder;
-y desque abonanzó, yendo por otra navegacion, pasado veinte y un dias
-que salimos de la isla de Cuba, vimos tierra, de que nos alegramos
-mucho, y dimos muchas gracias á Dios por ello; la cual tierra jamás se
-habia descubierto, ni habia noticia della hasta entónces; y desde los
-navíos vimos un gran pueblo, que al parecer estaria de la costa obra de
-dos leguas, y viendo que era gran poblacion y no habiamos visto en la
-isla de Cuba pueblo tan grande, le pusimos por nombre el Gran-Cairo.
-
-Y acordamos que con el un navío de ménos porte se acercasen lo que más
-pudiesen á la costa, á ver qué tierra era, y á ver si habia fondo para
-que pudiésemos anclar junto á la costa; y una mañana, que fueron 4 de
-Marzo, vimos venir cinco canoas grandes llenas de indios naturales de
-aquella poblacion, y venian á remo y vela. Son canoas hechas á manera
-de artesas, son grandes, de maderos gruesos y cavadas por dedentro y
-está hueco, y todas son de un madero macizo, y hay muchas dellas en que
-caben en pié cuarenta y cincuenta indios.
-
-Quiero volver á mi materia. Llegados los indios con las cinco
-canoas cerca de nuestros navíos, con señas de paz que les hicimos,
-llamándoles con las manos y capeándoles con las capas para que nos
-viniesen á hablar, porque no teniamos en aquel tiempo lenguas que
-entendiesen la de Yucatan y mejicana, sin temor ninguno vinieron y
-entraron en la nao capitana sobre treinta dellos, á los cuales dimos de
-comer cazabe y tocino, y á cada uno un sartalejo de cuentas verdes, y
-estuvieron mirando un buen rato los navíos; y el más principal dellos,
-que era cacique, dijo por señas que se queria tornar á embarcar en sus
-canoas y volver á su pueblo, y que otro dia volverian y traerian más
-canoas en que saltásemos en tierra; y venian estos indios vestidos con
-unas jaquetas de algodon y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas
-angostas, que entre ellos llaman mastates, y tuvímoslos por hombres
-más de razon que á los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con
-sus vergüenzas defuera, excepto las mujeres, que traian hasta que les
-llegaban á los muslos unas ropas de algodon que llaman naguas.
-
-Volvamos á nuestro cuento: que otro dia por la mañana volvió el mismo
-cacique á los navíos, y trujo doce canoas grandes con muchos indios
-remeros, y dijo por señas al capitan, con muestras de paz, que fuésemos
-á su pueblo y que nos darian comida y lo que hubiésemos menester, y
-que en aquellas doce canoas podiamos saltar en tierra. Y cuando lo
-estaba diciendo en su lengua, acuérdome que decia: _Con escotoch, con
-escotoch_; y quiere decir, andad acá á mis casas; y por esta causa
-pusimos desde entónces por nombre á aquella tierra Punta de Cotoche, y
-así está en las cartas de marear.
-
-Pues viendo nuestro capitan y todos los demás soldados los muchos
-halagos que nos hacia el cacique para que fuésemos á su pueblo, tomó
-consejo con nosotros, y fué acordado que sacásemos nuestros bateles
-de los navíos, y en el navío de los más pequeños y en las doce canoas
-saliésemos á tierra todos juntos de una vez, porque vimos la costa
-llena de indios que habian venido de aquella poblacion, y salimos todos
-en la primera barcada.
-
-Y cuando el cacique nos vido en tierra y que no íbamos á su pueblo;
-dijo otra vez al capitan por señas que fuésemos á sus casas; y tantas
-muestras de paz hacia, que tomando el capitan nuestro parecer para si
-iriamos ó no, acordóse por todos los más soldados que con el mejor
-recaudo de armas que pudiésemos llevar y con buen concierto fuésemos.
-Llevamos quince ballestas y diez escopetas (que así se llamaban,
-escopetas y espingardas, en aquel tiempo), y comenzamos á caminar por
-un camino por donde el cacique iba por guia, con otros muchos indios
-que le acompañaban.
-
-É yendo de la manera que he dicho, cerca de unos montes breñosos
-comenzó á dar voces y apellidar el cacique para que saliesen á nosotros
-escuadrones de gente de guerra, que tenian en celada para nos matar;
-y á las voces que dió el cacique, los escuadrones vinieron con gran
-furia, y comenzaron á nos flechar de arte, que á la primera rociada
-de flechas nos hirieron quince soldados, y traian armas de algodon,
-y lanzas y rodelas, arcos y flechas, y hondas y mucha piedra, y sus
-penachos puestos, y luego tras las flechas vinieron á se juntar con
-nosotros pié con pié, y con las lanzas á manteniente nos hacian mucho
-mal.
-
-Mas luego les hicimos huir, como conocieron el buen cortar de nuestras
-espadas, y de las ballestas y escopetas el daño que les hacian; por
-manera que quedaron muertos quince dellos.
-
-Un poco más adelante donde nos dieron aquella refriega que dicho tengo,
-estaba una placeta y tres casas de cal y canto, que eran adoratorios,
-donde tenian muchos ídolos de barro, unos como caras de demonios y
-otros como de mujeres, altos de cuerpo, y otros de otras malas figuras;
-de manera que al parecer estaban haciendo sodomías unos bultos de
-indios con otros; y dentro en las casas tenian unas arquillas hechizas
-de madera, y en ellas otros ídolos de gestos diabólicos, y unas
-patenillas de medio oro, y unos pinjantes y tres diademas, y otras
-piecezuelas á manera de pescados y otras á manera de ánades, de oro
-bajo.
-
-Y despues que lo hubimos visto, así el oro como las casas de cal y
-canto, estábamos muy contentos porque habiamos descubierto tal tierra,
-porque en aquel tiempo no era descubierto el Perú, ni aún se descubrió
-dende allí á diez y seis años.
-
-En aquel instante que estábamos batallando con los indios, como dicho
-tengo, el Clérigo Gonzalez iba con nosotros, y con dos indios de Cuba
-se cargó de las arquillas y el oro y los ídolos, y lo llevó al navío; y
-en aquella escaramuza prendimos dos indios, que despues se bautizaron
-y volvieron cristianos, y se llamó el uno Melchor y el otro Julian, y
-entrambos eran trastabados de los ojos.
-
-Y acabado aquel rebato acordamos de nos volver á embarcar, y seguir las
-costas adelante descubriendo hácia donde se pone el sol; y despues de
-curados los heridos, comenzamos á dar velas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III.
-
-DEL DESCUBRIMIENTO DE CAMPECHE.
-
-
-Como acordamos de ir la costa adelante hácia el Poniente, descubriendo
-puntas y bajos y ancones y arrecifes, creyendo que era isla, como nos
-lo certificaba el piloto Anton de Alaminos, íbamos con gran tiento,
-de dia navegando y de noche al reparo y parando; y en quince dias que
-fuimos desta manera, vimos desde los navíos un pueblo, y al parecer
-algo grande, y habia cerca dél gran ensenada y bahía; creimos que
-habia rio ó arroyo donde pudiésemos tomar agua, porque teniamos gran
-falta della; acabábase la de las pipas y vasijas que traiamos, que no
-venian bien reparadas; que, como nuestra armada era de hombres pobres,
-no teniamos dinero cuanto convenia para comprar buenas pipas; faltó el
-agua, hubimos de saltar en tierra junto al pueblo, y fué un domingo de
-Lázaro, y á esta causa le pusimos este nombre, aunque supimos que por
-otro nombre propio de indios se dice Campeche; pues para salir todos
-de una barcada, acordamos de ir en el navío más chico y en los tres
-bateles, bien apercebidos de nuestras armas, no nos acaeciese como en
-la Punta de Cotoche.
-
-Porque en aquellos ancones y bahías mengua mucho la mar, y por esta
-causa dejamos los navíos anclados más de una legua de tierra, y fuimos
-á desembarcar cerca del pueblo, que estaba allí un buen paso de buena
-agua, donde los naturales de aquella poblacion bebian y se servian dél,
-porque en aquellas tierras, segun hemos visto, no hay rios; y sacamos
-las pipas para las henchir de agua y volvernos á los navíos.
-
-Ya que estaban llenas y nos queriamos embarcar, vinieron del pueblo
-obra de cincuenta indios con buenas mantas de algodon, y de paz, y á
-lo que parecia debian ser caciques, y nos decian por señas que qué
-buscábamos, y les dimos á entender que tomar agua é irnos luego á los
-navíos, y señalaron con la mano que si veniamos de hácia donde sale el
-sol, y decian _Castilan, Castilan_, y no mirábamos bien en la plática
-de _Castilan, Castilan_. Y despues destas pláticas que dicho tengo,
-nos dijeron por señas que fuésemos con ellos á su pueblo, y estuvimos
-tomando consejo si iriamos.
-
-Acordamos con buen concierto de ir muy sobre aviso, y lleváronnos á
-unas casas muy grandes, que eran adoratorios de sus ídolos y estaban
-muy bien labradas de cal y canto, y tenian figurados en unas paredes
-muchos bultos de serpientes y culebras y otras pinturas de ídolos, y
-al rededor de uno como altar, lleno de gotas de sangre muy fresca; y á
-otra parte de los ídolos tenian unas señales como á manera de cruces,
-pintados de otros bultos de indios; de todo lo cual nos admiramos, como
-cosa nunca vista ni oida.
-
-Segun pareció, en aquella sazon habian sacrificado á sus ídolos ciertos
-indios para que les diesen vitoria contra nosotros, y andaban muchos
-indios é indias riéndose y al parecer muy de paz, como que nos venian
-á ver; y como se juntaban tantos, temimos no hubiese alguna zalagarda
-como la pasada de Cotoche; y estando desta manera vinieron otros muchos
-indios, que traian muy ruines mantas, cargados de carrizos secos, y
-los pusieron en un llano, y tras estos vinieron dos escuadrones de
-indios flecheros con lanzas y rodelas, y hondas y piedras, y con sus
-armas de algodon, y puestos en concierto en cada escuadron su capitan,
-los cuales se apartaron en poco trecho de nosotros; y luego en aquel
-instante salieron de otra casa, que era su adoratorio diez indios, que
-traian las ropas de mantas de algodon largas y blancas, y los cabellos
-muy grandes, llenos de sangre y muy revueltos los unos con los otros,
-que no se les pueden esparcir ni peinar si no se cortan; los cuales
-eran Sacerdotes de los ídolos, que en la Nueva-España comunmente se
-llaman Papas; otra vez digo que en la Nueva-España se llaman Papas,
-y así los nombraré de aquí adelante; y aquellos Papas nos trujeron
-zahumerios, como á manera de resina, que entre ellos llaman copal, y
-con braseros de barro llenos de lumbre nos comenzaron á zahumar, y por
-señas nos dicen que nos vamos de sus tierras ántes que á aquella leña
-que tienen llegada se ponga fuego y se acabe de arder, si no que nos
-darán guerra y nos matarán.
-
-Y luego mandaron poner fuego á los carrizos y comenzó de arder, y
-se fueron los Papas callando sin más nos hablar, y los que estaban
-apercibidos en los escuadrones empezaron á silbar y á tañer sus bocinas
-y atabalejos.
-
-Y desque los vimos de aquel arte y muy bravosos, y de lo de la Punta
-de Cotoche aún no teniamos sanas las heridas, y se habian muerto dos
-soldados, que echamos al mar, vimos grandes escuadrones de indios sobre
-nosotros, tuvimos temor, y acordamos con buen concierto de irnos á la
-costa; y así, comenzamos á caminar por la playa adelante hasta llegar
-enfrente de un peñol que está en la mar, y los bateles y el navío
-pequeño fueron por la costa tierra á tierra con las pipas de agua, y no
-nos osamos embarcar junto al pueblo donde nos habiamos desembarcado,
-por el gran número de indios que ya se habian juntado, porque tuvimos
-por cierto que al embarcar nos darian guerra.
-
-Pues ya metida nuestra agua en los navíos y embarcados en una bahía
-como portezuelo que allí estaba, comenzamos á navegar seis dias con sus
-noches con buen tiempo, y volvió un Norte, que es travesía en aquella
-costa, el cual duró cuatro dias con sus noches, que estuvimos para dar
-al través: tan recio temporal hacia, que nos hizo anclear la costa por
-no ir al través; que se nos quebraron dos cables, y iba garrando á
-tierra el navío. ¡Oh en qué trabajo nos vimos! Que si se quebrara el
-cable, íbamos á la costa perdidos, y quiso Dios que se ayudaron con
-otras maromas viejas y guindaletas.
-
-Pues ya reposado el tiempo, seguimos nuestra costa adelante,
-llegándonos á tierra cuanto podiamos para tornar á tomar agua, que
-(como he dicho) las pipas que traiamos vinieron muy abiertas y asimismo
-no habia regla en ello; como íbamos costeando, creiamos que do quiera
-que saltásemos en tierra la tomariamos de jagueyes y pozos que
-cavariamos.
-
-Pues yendo nuestra derrota adelante vimos desde los navíos un pueblo,
-y ántes de obra de una legua dél hácia una ensenada, que parecia que
-habria rio ó arroyo: acordamos de seguir junto á él; y como en aquella
-costa (como otras veces he dicho) mengua mucho la mar y quedan en seco
-los navíos, por temor dello surgimos más de una legua de tierra en el
-navío menor y en todos los bateles; fué acordado que saltásemos en
-aquella ensenada, sacando nuestras vasijas con muy buen concierto, y
-armas y ballestas y escopetas.
-
-Salimos en tierra poco más de medio dia, y habria una legua desde el
-pueblo hasta donde desembarcamos, y estaban unos pozos y maizales, y
-caserías de cal y canto. Llámase este pueblo Potonchan, y henchimos
-nuestras pipas de agua; mas no las pudimos llevar ni meter en los
-bateles, con la mucha gente de guerra que cargó sobre nosotros; y
-quedarse ha aquí, y adelante diré las guerras que nos dieron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV.
-
-CÓMO DESEMBARCAMOS EN UNA BAHÍA DONDE HABIA MAIZALES, CERCA DEL PUERTO
-DE POTONCHAN, Y DE LAS GUERRAS QUE NOS DIERON.
-
-
-Y estando en las estancias y maizales por mí ya dichas, tomando nuestra
-agua, vinieron por la costa muchos escuadrones de indios del pueblo de
-Potonchan (que así se dice), con sus armas de algodon que les daba
-á la rodilla, y con arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y espadas
-hechas á manera de montantes de á dos manos, y hondas y piedras, y con
-sus penachos de los que ellos suelen usar, y las caras pintadas de
-blanco y prieto enalmagrados; y venian callando, y se vienen derechos
-á nosotros, como que nos venian á ver de paz, y por señas nos dijeron
-que si veniamos de donde sale el sol, y las palabras formales segun
-nos hubieron dicho los de Lázaro, _Castilan, Castilan_, y respondimos
-por señas que de donde sale el sol veniamos. Y entónces paramos en las
-mieses y en pensar qué podia ser aquella plática, porque los de San
-Lázaro nos dijeron lo mismo; mas nunca entendimos al fin que lo decian.
-
-Seria cuando esto pasó y los indios se juntaban, á la hora de las
-Ave-Marías, y fuéronse á unas caserías, y nosotros pusimos velas y
-escuchas y buen recaudo, porque no nos pareció bien aquella junta de
-aquella manera.
-
-Pues estando velando todos juntos, oimos venir, con el gran ruido
-y estruendo que traian por el camino, muchos indios de otras sus
-estancias y del pueblo, y todos de guerra, y desque aquello sentimos,
-bien entendido teniamos que no se juntaban para hacernos ningun bien,
-y entramos en acuerdo con el capitan qué es lo que hariamos; y unos
-soldados daban por consejo que nos fuésemos luego á embarcar; y como
-en tales casos suele acaecer, unos dicen uno y otros dicen otro, hubo
-parecer que si nos fuéramos á embarcar, que como eran muchos indios,
-darian en nosotros y habria mucho riesgo de nuestras vidas; y otros
-éramos de acuerdo que diésemos en ellos esa noche; que, como dice el
-refran, quien acomete, vence; y por otra parte veiamos que para cada
-uno de nosotros habia trescientos indios.
-
-Y estando en estos conciertos amaneció, y dijimos unos soldados á otros
-que tuviésemos confianza en Dios, y corazones muy fuertes para pelear,
-y despues de nos encomendar á Dios, cada uno hiciese lo que pudiese
-para salvar las vidas.
-
-Ya que era de dia claro vimos venir por la costa muchos más escuadrones
-guerreros con sus banderas tendidas, y penachos y atambores, y con
-arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y se juntaron con los primeros
-que habian venido la noche ántes; y luego, hechos sus escuadrones, nos
-cercan por todas partes, y nos dan tal rociada de flechas y varas,
-y piedras con sus hondas, que hirieron sobre ochenta de nuestros
-soldados, y se juntaron con nosotros pié con pié, unos con lanzas,
-y otros flechando, y otros con espadas de navajas de arte, que nos
-traian á mal andar, puesto que les dábamos buena priesa de estocadas y
-cuchilladas, y las escopetas y ballestas que no paraban, unas armando y
-otras tirando; y ya que se apartaban algo de nosotros, desque sentian
-las grandes estocadas y cuchilladas que les dábamos, no era léjos, y
-esto fué para mejor flechar y tirar al terrero á su salvo; y cuando
-estábamos en esta batalla, y los indios se apellidaban, decian en su
-lengua, _al Calachoni_, _al Calachoni_, que quiere decir que matasen al
-capitan; y le dieron doce flechazos, y á mí me dieron tres, y uno de
-los que me dieron, bien peligroso, en el costado izquierdo, que me pasó
-á lo hueco, y á otros de nuestros soldados dieron grandes lanzadas, y
-á dos llevaron vivos, que se decia el uno Alonso Bote y el otro era un
-portugués viejo.
-
-Pues viendo nuestro capitan que no bastaba nuestro buen pelear, y que
-nos cercaban muchos escuadrones, y venian más de refresco del pueblo, y
-les traian de comer y beber y muchas flechas, y nosotros todos heridos,
-y otros soldados atravesados los gaznates, y nos habia muerto ya sobre
-cincuenta soldados; y viendo que no teniamos fuerzas, acordamos con
-corazones muy fuertes romper por medio de sus batallones, y acogernos
-á los bateles que teniamos en la costa, que fué buen socorro, y hechos
-todos nosotros un escuadron, rompimos por ellos; pues oir la grita y
-silbos y vocería y priesa que nos daban de flecha y á mantiniente con
-sus lanzas, hiriendo siempre en nosotros.
-
-Pues otro daño tuvimos, que, como nos acogimos de golpe á los bateles
-y éramos muchos, íbanse á fondo, y como mejor pudimos, asidos á los
-bordes, medio nadando entre dos aguas, llegamos al navío de ménos
-porte, que estaba cerca, que ya venia á gran priesa á nos socorrer,
-y al embarcar hirieron muchos de nuestros soldados, en especial á los
-que iban asidos en las popas de los bateles, y les tiraban al terrero,
-y entraron en la mar con las lanchas y daban á mantiniente á nuestros
-soldados, y con mucho trabajo quiso Dios que escapamos con las vidas de
-poder de aquella gente.
-
-Pues ya embarcados en los navíos, hallamos que faltaban cincuenta y
-siete compañeros, con los dos que llevaron vivos, y con cinco que
-echamos en la mar, que murieron de las heridas y de la gran sed que
-pasaron.
-
-Estuvimos peleando en aquellas batallas poco más de media hora. Llámase
-este pueblo Potonchan, y en las cartas del marear le pusieron por
-nombre los pilotos y marineros _Bahía de Mala Pelea_.
-
-Y desque nos vimos salvos de aquellas refriegas, dimos muchas gracias á
-Dios; y cuando se curaban las heridas los soldados, se quejaban mucho
-del dolor dellas, que como estaban resfriadas con el agua salada, y
-estaban muy hinchadas y dañadas, algunos de nuestros soldados maldecian
-al piloto Anton Alaminos y á su descubrimiento y viaje, porque siempre
-porfiaba que no era tierra firme, sino isla; donde los dejaré ahora, y
-diré lo que más nos acaeció.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V.
-
-CÓMO ACORDAMOS DE NOS VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y DE LA GRAN SED Y
-TRABAJOS QUE TUVIMOS HASTA LLEGAR AL PUERTO DE LA HABANA.
-
-
-Desque nos vimos embarcados en los navíos de la manera que dicho tengo,
-dimos muchas gracias á Dios, y despues de curados los heridos (que
-no quedó hombre ninguno de cuantos allí nos hallamos que no tuviesen
-á dos y á tres y á cuatro heridas, y el capitan con doce flechazos;
-sólo un soldado quedó sin herir), acordamos de nos volver á la isla de
-Cuba; y como estaban tambien heridos todos los más de los marineros
-que saltaron en tierra con nosotros, que se hallaron en las peleas,
-no teniamos quien marchase las velas, y acordamos que dejásemos el un
-navío, el de ménos porte, en la mar, puesto fuego, despues de sacadas
-dél las velas y anclas y cables, y repartir los marineros que estaban
-sin heridas en los dos navíos de mayor porte; pues otro mayor daño
-teniamos, que fué la gran falta de agua; porque las pipas y vasijas que
-teniamos llenas en Champoton, con la grande guerra que nos dieron y
-priesa de nos acoger á los bateles no se pudieron llevar, que allí se
-quedaron, y no sacamos ninguna agua. Digo que tanta sed pasamos, que
-en las lenguas y bocas teniamos grietas de la secura, pues otra cosa
-ninguna para refrigerio no habia.
-
-¡Oh qué cosa tan trabajosa es ir á descubrir tierras nuevas, y de la
-manera que nosotros nos aventuramos! No se puede ponderar sino los que
-han pasado por aquestos excesivos trabajos en que nosotros nos vimos.
-
-Por manera que con todo esto íbamos navegando muy allegados á tierra,
-para hallarnos en paraje de algun rio ó bahía para tomar agua, y al
-cabo de tres dias vimos uno como ancon, que parecia rio ó estero, que
-creimos tener agua dulce, y saltaron en tierra quince marineros de los
-que habian quedado en los navíos, y tres soldados que estaban más sin
-peligro de los flechazos, y llevaron azadones y tres barriles para
-traer agua; y el estero era salado, é hicieron pozos en la costa, y era
-tan amargosa y salada agua como la del estero; por manera que, mala
-como era, trujeron las vasijas llenas, y no habia hombre que la pudiese
-beber del amargor y sal, y á dos soldados que la bebieron dañó los
-cuerpos y las bocas. Habia en aquel estero muchos y grandes lagartos,
-y desde entónces se puso por nombre _el estero de los Lagartos_, y así
-está en las cartas del marear.
-
-Dejemos esta plática, y diré que entre tanto que fueron los bateles
-por el agua, se levantó un viento nordeste tan deshecho, que íbamos
-garrando á tierra con los navíos; y como en aquella costa es travesía
-y reina siempre norte y nordeste, estuvimos en muy gran peligro por
-falta de cable; y como lo vieron los marineros que habian ido á tierra
-por el agua, vinieron muy más que de paso con los bateles, y tuvieron
-tiempo de echar otras anclas y maromas, y estuvieron los navíos seguros
-dos dias y dos noches; y luego alzamos anclas y dimos vela, siguiendo
-nuestro viaje para nos volver á la isla de Cuba.
-
-Parece ser el piloto Alaminos se concertó y aconsejó con los otros
-dos pilotos que desde aquel paraje donde estábamos atravesásemos á la
-Florida, porque hallaban por sus cartas y grados y alturas que estaria
-de allí obra de setenta leguas, y que despues, puestos en la Florida,
-dijeron que era mejor viaje é más cercana navegacion para ir á la
-Habana que no la derrota por donde habiamos primero venido á descubrir;
-y así fué como el piloto dijo; porque, segun yo entendí, habia venido
-con Juan Ponce de Leon á descubrir la Florida, habia diez ó doce años
-ya pasados.
-
-Volvamos á nuestra materia: que atravesando aquel golfo, en cuatro dias
-que navegamos vimos la tierra de la misma Florida; y lo que en ella nos
-acaeció diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI.
-
-CÓMO DESEMBARCARON EN LA BAHÍA DE LA FLORIDA VEINTE SOLDADOS, Y CON
-NOSOTROS EL PILOTO ALAMINOS, PARA BUSCAR AGUA, Y DE LA GUERRA QUE ALLÍ
-NOS DIERON LOS NATURALES DE AQUELLA TIERRA, Y LO QUE MÁS PASÓ HASTA
-VOLVER Á LA HABANA.
-
-
-Llegados á la Florida acordamos que saliesen en tierra veinte soldados
-de los que teniamos más sanos de las heridas: yo fuí con ellos y
-tambien el piloto Anton de Alaminos, y sacamos las vasijas que habia,
-y azadones, y nuestras ballestas y escopetas; y como el capitan estaba
-muy mal herido, y con la gran sed que pasaba muy debilitado, nos rogó
-que por amor de Dios que en todo caso le trujésemos agua dulce, que se
-secaba y moria de sed; porque el agua que habia era muy salada y no se
-podia beber, como otra vez ya dicho tengo.
-
-Llegados que fuimos á tierra, cerca de un estero que entraba en la
-mar, el piloto reconoció la costa y dijo que habia diez ó doce años
-que habia estado en aquel paraje, cuando vino con Juan Ponce de Leon
-á descubrir aquellas tierras, y allí le habian dado guerra los indios
-de aquella tierra, y que les habian muerto muchos soldados, y que á
-esta causa estuviésemos muy sobre aviso apercebidos, porque vinieron
-en aquel tiempo que dicho tiene muy de repente los indios cuando le
-desbarataron; y luego pusimos por espías dos soldados en una playa que
-se hacia muy ancha, é hicimos pozos muy hondos donde nos pareció haber
-agua dulce, porque en aquella sazon era menguante la marea; y quiso
-Dios que topásemos muy buena agua, y con el alegría, y por hartarnos
-della y lavar paños para curar las heridas, estuvimos espacio de una
-hora; y ya que queriamos venir á embarcar con nuestra agua muy gozosos,
-vimos venir al un soldado de los que habiamos puesto en la playa dando
-muchas voces diciendo:
-
-—«Al arma, al arma; que vienen muchos indios de guerra por tierra y
-otros en canoas por el estero.»
-
-Y el soldado dando voces, é venia corriendo, y los indios llegaron casi
-á la par con el soldado contra nosotros, y traian arcos muy grandes
-y buenas flechas y lanzas, y unas á manera de espadas, y vestidos de
-cueros de venados, y eran de grandes cuerpos, y se vinieron derechos á
-nos flechar, é hirieron luego seis de nuestros compañeros, y á mí me
-dieron un flechazo en el brazo derecho de poca herida; y dímosles tanta
-priesa de estocadas y cuchilladas y con las escopetas y ballestas,
-que nos dejan á nosotros los que estábamos tomando agua de los pozos,
-y van á la mar y estero á ayudar á sus compañeros los que venian en
-las canoas donde estaba nuestro batel con los marineros, que tambien
-andaban peleando pié con pié con los indios de las canoas, y aun les
-tenian ya tomado el batel y le llevaban por el estero arriba con sus
-canoas, y habian herido á cuatro marineros, y al piloto Alaminos le
-dieron una mala herida en la garganta; y arremetimos á ellos, el
-agua más que á la cinta, y á estocadas les hicimos soltar el batel,
-y quedaron tendidos y muertos en la costa y en el agua veintidos de
-ellos, y tres prendimos, que estaban heridos poca cosa, que se murieron
-en los navíos.
-
-Despues desta refriega pasada, preguntamos al soldado que pusimos por
-vela qué se hizo su compañero Berrio (que así se llamaba); dijo que lo
-vió apartar con una hacha en las manos para cortar un palmito, y que
-fué hácia el estero por donde habian venido los indios de guerra, y que
-oyó voces de español, y que por aquellas voces vino de presto á dar
-mandado á la mar, y que entónces le debieran de matar; el cual soldado
-solamente él habia quedado sin ninguna herida en lo de Potonchan, y
-quiso su ventura que vino allí á fenecer; y luego fuimos en busca de
-nuestro soldado por el rastro que habian traido aquellos indios que
-nos dieron guerra, y hallamos una palma que habia comenzado á cortar,
-y cerca della mucha huella en el suelo, más que en otras partes; por
-donde tuvimos por cierto que le llevaron vivo, porque no habia rastro
-de sangre, y anduvimos buscándole á una parte y á otra más de una hora,
-y dimos voces, y sin más saber de él nos volvimos á embarcar en el
-batel y llevamos á los navíos el agua dulce, con que se alegraron todos
-los soldados, como si entónces les diéramos las vidas; y un soldado se
-arrojó desde el navío en el batel con la gran sed que tenia, tomó una
-botija á pechos, y bebió tanta agua, que della se hinchó y murió.
-
-Pues ya embarcados con nuestra agua y metidos nuestros bateles en los
-navíos, dimos vela para la Habana, y pasamos aquel dia y la noche que
-hizo buen tiempo junto de unas isletas que llaman los Mártires, que son
-unos bajos que así los llaman, _los bajos de los Mártires_.
-
-Íbamos en cuatro brazas lo más hondo, y tocó la nao capitana entre
-unas como isletas é hizo mucha agua; que con dar todos los soldados
-que íbamos á la bomba no podiamos estancar, é íbamos con temor no nos
-anegásemos.
-
-Acuérdome que traiamos allí con nosotros á unos marineros levantiscos,
-y les deciamos:
-
-—«Hermanos, ayudad á sacar la bomba, pues veis que estamos muy mal
-heridos y cansados de la noche y el dia, porque nos vamos á fondo.»
-
-Y respondian los levantiscos:
-
-—«Facételo vos, pues no ganamos sueldo, sino hambre y sed y trabajos y
-heridas, como vosotros.»
-
-Por manera que les haciamos dar á la bomba aunque no querian, y malos
-heridos como íbamos, mareábamos las velas y dábamos á la bomba, hasta
-que nuestro Señor Jesucristo nos llevó á Puerto de Carenas, donde ahora
-está poblada la villa de la Habana, que en otro tiempo Puerto de
-Carenas se solia llamar, y no Habana.
-
-Y cuando nos vimos en tierra dimos muchas gracias á Dios, y luego se
-tomó el agua de la capitana un buzano portugués que estaba en otro
-navío en aquel puerto, y escribimos á Diego Velazquez, gobernador de
-aquella isla, muy en posta, haciéndole saber que habiamos descubierto
-tierras de grandes poblaciones y casas de cal y canto, y las gentes
-naturales dellas andaban vestidos de ropa de algodon y cubiertas sus
-vergüenzas, y tenian oro y labranzas de maizales; y desde la Habana
-se fué nuestro capitan Francisco Hernandez por tierra á la villa de
-Santispíritus, que así se dice, donde tenia su encomienda de indios; y
-como iba mal herido, murió dende allí á diez dias que habia llegado á
-su casa; y todos los demás soldados nos desparecimos, y nos fuimos unos
-por una parte y otros por otra de la isla adelante; y en la Habana se
-murieron tres soldados de las heridas, y los navíos fueron á Santiago
-de Cuba, donde estaba el gobernador, y desque hubieron desembarcado
-los dos indios que hubimos en la Punta de Cotoche, que ya he dicho que
-se decian Melchorillo y Julianillo, y en el arquilla con las diademas
-y ánades y pescadillos, y con los ídolos de oro, que aunque era bajo
-y poca cosa, sublimábanlo de arte, que en todas las islas de Santo
-Domingo y en Cuba y aun en Castilla llegó la fama dello, y decian que
-otras tierras en el mundo no se habian descubierto mejores, ni casas
-de cal y canto; y como vió los ídolos de barro y de tantas maneras de
-figuras, decian que eran del tiempo de los gentiles; otros decian que
-eran de los indios que desterró Tito y Vespasiano de Jerusalen, y que
-habian aportado con los navíos rotos en que les echaron en aquella
-tierra; y como en aquel tiempo no era descubierto el Perú, teníase en
-mucha estima aquella tierra.
-
-Pues otra cosa preguntaba el Diego Velazquez á aquellos indios, que si
-habia minas de oro en su tierra; y á todos les respondian que sí, y les
-mostraban oro en polvo de lo que sacaban en la isla de Cuba, y decian
-que habia mucho en su tierra, y no le decian verdad, porque claro está
-que en la Punta de Cotoche ni en todo Yucatan no es donde hay minas
-de oro; y asimismo les mostraban los indios los montones que hacen de
-tierra, donde ponen y siembran las plantas de cuyas raices hacen el
-pan cazabe, y llámanse en la isla de Cuba yuca, y los indios decian
-que las habia en su tierra, y decian _Tale_, por la tierra, que así
-se llama la en que las plantaban; de manera que yuca con tale, quiere
-decir Yucatan.
-
-Decian los españoles que estaban hablando con el Diego Velazquez y con
-los indios:
-
-—«Señor, estos indios dicen que su tierra se llama Yucatan.»
-
-Y así se quedó con este nombre, que en propia lengua no se dice así.
-
-Por manera que todos soldados que fuimos á aquel viaje á descubrir
-gastamos los bienes que teniamos, y heridos y pobres volvimos á Cuba, y
-aun lo tuvimos á buena dicha haber vuelto, y no quedar muertos con los
-demás mis compañeros; y cada soldado tiró por su parte, y el capitan
-(como tengo dicho) luego murió, y estuvimos muchos dias en curarnos
-los heridos, y por nuestra cuenta hallamos que se murieron al pié
-de sesenta soldados, y esta ganancia trujimos de aquella entrada y
-descubrimiento.
-
-Y Diego Velazquez escribió á Castilla á los señores que aquel tiempo
-mandaban en las cosas de Indias, que él lo habia descubierto, y gastado
-en descubrillo mucha cantidad de pesos de oro, y así lo decia D. Juan
-Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, que
-así se nombraba, que era como presidente de Indias, y lo escribió á
-S. M. á Flandes, dando mucho favor y loor del Diego Velazquez, y no
-hizo mencion de ninguno de nosotros los soldados que lo descubrimos á
-nuestra costa.
-
-Y quedarse ha aquí, y diré adelante los trabajos que me acaecieron á mí
-y á tres soldados.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII.
-
-DE LOS TRABAJOS QUE TUVE HASTA LLEGAR Á UNA VILLA QUE SE DICE LA
-TRINIDAD.
-
-
-Ya he dicho que nos quedamos en la Habana ciertos soldados que no
-estábamos sanos de los flechazos, y para ir á la villa de la Trinidad,
-ya que estábamos mejores, acordamos de nos concertar tres soldados con
-un vecino de la misma Habana, que se decia Pedro de Ávila, que iba
-asimismo á aquel viaje en una canoa por la mar por la banda del Sur, y
-llevaba la canoa cargada de camisetas de algodon, que iba á vender á la
-villa de la Trinidad.
-
-Ya he dicho otras veces que canoas son de hechura de artesas grandes,
-cavadas y huecas, y en aquellas tierras con ellas navegan costa á
-costa; y el concierto que hicimos con Pedro de Ávila fué que dariamos
-diez pesos de oro porque fuésemos en su canoa.
-
-Pues yendo por la costa adelante, á veces remando y á ratos á la vela,
-ya que habiamos navegado once dias en pareje de un pueblo de indios de
-paz que se dice Canarreon, que era término de la villa de la Trinidad,
-se levantó un tan recio viento de noche, que no nos pudimos sustentar
-en la mar con la canoa, por bien que remábamos todos nosotros; y el
-Pedro de Ávila y unos indios de la Habana y unos remeros muy buenos que
-traiamos hubimos de dar al través entre unos ceborucos, que los hay muy
-grandes en aquella costa; por manera que se nos quebró la canoa y el
-Ávila perdió su hacienda, y todos salimos descalabrados de los golpes
-de los ceborucos y desnudos de carnes; porque para ayudarnos que no se
-quebrase la canoa y poder mejor nadar, nos apercebimos de estar sin
-ropa ninguna, sino desnudos.
-
-Pues ya escapados con las vidas de entre aquellos ceborucos, para
-nuestra villa de la Trinidad no habia camino por la costa, sino malos
-paises y ceborucos, que así se dicen, que son las piedras con unas
-puntas que salen dellas que pasan las plantas de los piés, y sin tener
-qué comer.
-
-Pues como las olas que reventaban de aquellos grandes ceborucos nos
-embestian, y con el gran viento que hacia llevábamos hechas grietas en
-las partes ocultas que corria sangre dellas, aunque nos habiamos puesto
-delante muchas hojas de árboles y otras yerbas que buscamos para nos
-tapar.
-
-Pues como por aquella costa no podiamos caminar por causa que se nos
-hincaban por las plantas de los piés aquellas puntas y piedras de los
-ceborucos, con mucho trabajo nos metimos en un monte, y con otras
-piedras que habia en el monte cortamos cortezas de árboles, que pusimos
-por suelas, atadas á los piés con unas que parecen cuerdas delgadas,
-que llaman bejucos, que nacen entre los árboles; que espadas no sacamos
-ninguna, y atamos los piés y cortezas de los árboles con ello lo mejor
-que pudimos, y con gran trabajo salimos á una playa de arena.
-
-Y de ahí á dos dias que caminamos llegamos á un pueblo de indios que se
-decia Yaguarama, el cual era en aquella sazon del padre fray Bartolomé
-de las Casas, que era Clérigo Presbítero, y despues le conocí fraile
-dominico, y llegó á ser Obispo de Echiapa; y los indios de aquel pueblo
-nos dieron de comer.
-
-Y otro dia fuimos hasta otro pueblo que se decia Chipiona, que era de
-un Alonso de Ávila é de un Sandoval (no digo del capitan Sandoval el de
-la Nueva-España), y desde allí á la Trinidad; y un amigo mio, que se
-decia Antonio de Medina, me remedió de vestidos, segun que en la villa
-se usaban, y así hicieron á mis compañeros otros vecinos de aquella
-villa; y desde allí con mi pobreza y trabajos me fuí á Santiago de
-Cuba, adonde estaba el gobernador Diego Velazquez, el cual andaba dando
-mucha priesa en enviar otra armada; y cuando le fuí á besar las manos,
-que éramos algo deudos, él se holgó conmigo, y de unas pláticas en
-otras me dijo que si estaba bueno de las heridas, para volver á Yucatan.
-
-É yo riyendo le respondí que quién le puso nombre Yucatan; que allí no
-le llaman así. É dijo:
-
-—«Melchorejo, el que trujistes, lo dice.»
-
-É yo dije:
-
-—«Mejor nombre seria la tierra donde nos mataron la mitad de los
-soldados que fuimos, y todos los demás salimos heridos.»
-
-É dijo:
-
-—«Bien sé que pasastes muchos trabajos, y así es á los que suelen
-descubrir tierras nuevas y ganar honra, é su majestad os lo
-gratificará, é yo así se lo escribiré; é ahora, hijo, id otra vez en la
-armada que hago, que yo haré que os hagan mucha honra.»
-
-Y diré lo que pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII.
-
-CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, ENVIÓ OTRA ARMADA Á LA TIERRA
-QUE DESCUBRIMOS.
-
-
-En el año de 1518 años, viendo Diego Velazquez, gobernador de Cuba, la
-buena relacion de las tierras que descubrimos, que se dice Yucatan,
-ordenó enviar una armada, y para ella se buscaron cuatro navíos; los
-dos fueron los que hubimos comprado los soldados que fuimos en compañía
-del capitan Francisco Hernandez de Córdoba á descubrir á Yucatan (segun
-más largamente lo tengo escrito en el descubrimiento), y los otros dos
-navíos compró el Diego Velazquez de sus dineros.
-
-Y en aquella sazon que ordenaba el armada, se hallaron presentes en
-Santiago de Cuba, donde residia el Velazquez, Juan de Grijalva y Pedro
-de Albarado y Francisco de Montejo é Alonso de Ávila, que habian ido
-con negocios al gobernador; porque todos tenian encomiendas de indios
-en las mismas islas; y como eran personas valerosas, concertóse con
-ellos que el Juan de Grijalva, que era deudo del Diego Velazquez,
-viniese por capitan general, é que Pedro de Albarado viniese por
-capitan de un navío, y Francisco de Montejo de otro, y el Alonso de
-Ávila de otro; por manera que cada uno destos capitanes procuró de
-poner bastimentos y matalotaje de pan cazabe y tocinos; y el Diego
-Velazquez puso ballestas y escopetas, y cierto rescate, y otras
-menudencias, y más los navíos.
-
-Y como habia fama destas tierras que eran muy ricas y habia en ellas
-casas de cal y canto, y el indio Melchorejo decia por señas que habia
-oro, tenian mucha codicia los vecinos y soldados que no tenian indios
-en la isla, de ir á esta tierra; por manera que de presto nos juntamos
-ducientos y cuarenta compañeros, y tambien pusimos cada soldado, de la
-hacienda que teniamos, para matalotaje y armas y cosas que convenian;
-y en este viaje volví y con estos capitanes otra vez, y parece ser la
-instruccion que para ello dió el gobernador Diego Velazquez fué, segun
-entendí, que rescatasen todo el oro y plata que pudiesen, y si viesen
-que convenia poblar que poblasen, ó si no, que se volviesen á Cuba.
-
-É vino por veedor de la armada uno que se decia Peñalosa, natural de
-Segovia, é trujimos un Clérigo que se decia Juan Diaz, y los tres
-pilotos que ántes habiamos traido cuando el primero viaje, que ya
-he dicho sus nombres y de dónde eran, Anton de Alaminos, de Pálos,
-y Camacho, de Triana, y Juan Álvarez, el Manquillo, de Huelva; y el
-Alaminos venia por piloto mayor, y otro piloto que entónces vino no me
-acuerdo el nombre.
-
-Pues ántes que más pase adelante porque nombraré algunas veces á estos
-hidalgos que he dicho que venian por capitanes, y parecerá cosa
-descomedida nombralles secamente, Pedro de Albarado, Francisco de
-Montejo, Alonso de Ávila, y no decilles sus ditados é blasones, sepan
-que el Pedro de Albarado fué un hidalgo muy valeroso, que despues que
-se hubo ganado la Nueva-España fué gobernador y adelantado de las
-provincias de Guatimala, Honduras y Chiapa, é comendador de Santiago.
-
-É asimismo el Francisco de Montejo, hidalgo de mucho valor, que fué
-gobernador y adelantado de Yucatan; hasta que S. M. les hizo aquestas
-mercedes y tuvieron señoríos no les nombraré sino sus nombres, y no
-adelantados.
-
-Volvamos á nuestra plática: que fueron los cuatro navíos por la parte y
-banda del Norte á un puerto que se llama Matanzas, que era cerca de la
-Habana vieja, que en aquella sazon no estaba poblada donde ahora está,
-y en aquel puerto ó cerca dél tenian todos los más vecinos de la Habana
-sus estancias de cazabe y puercos, y desde allí se proveyeron nuestros
-navíos lo que faltaba, y nos juntamos así capitanes como soldados para
-dar vela y hacer nuestro viaje.
-
-Y ántes que más pase adelante, aunque vaya fuera de órden, quiero decir
-por qué llamaban aquel puerto que he dicho de Matanzas, y eso traigo
-aquí á la memoria, porque ciertas personas me lo han preguntado la
-causa de ponelle aquel nombre, y es por esto que diré.
-
-Ántes que aquella isla de Cuba estuviese de paz dió al través por la
-costa del Norte un navío que habia ido desde la isla de Santo Domingo á
-buscar indios, que llamaban los lucayos, á unas islas que están entre
-Cuba y la canal de Bahama, que se llaman las islas de los Lucayos, y
-con mal tiempo dió al través en aquella costa, cerca del rio y puerto
-que he dicho que se llama Matanzas, y venian en el navío sobre treinta
-personas españoles y dos mujeres; y para pasallos aquel rio vinieron
-muchos indios de la Habana y de otros pueblos, como que los venian á
-ver de paz, y les dijeron que les querian pasar en canoas y llevallos á
-sus pueblos para dalles de comer.
-
-É ya que iban con ellos, en medio del rio les trastornaron las canoas
-y los mataron; que no quedaron sino tres hombres y una mujer, que era
-hermosa, la cual llevó un cacique de los más principales que hicieron
-aquella traicion, y los tres españoles repartieron entre los demás
-caciques.
-
-Y á esta causa se puso á este puerto nombre de puerto de Matanzas; y
-conocí á la mujer que he dicho, que despues de ganada la isla de Cuba
-se le quitó al cacique en cuyo poder estaba, y la vi casada en la villa
-de la Trinidad con un vecino della, que se decia Pedro Sanchez Farfan;
-y tambien conocí á los tres españoles, que se decia el uno Gonzalo
-Mejía, hombre anciano, natural de Jerez, y el otro se decia Juan de
-Santisteban, y era natural de Madrigal, y el otro se decia Cascorro,
-hombre de la mar, y era pescador, natural de Huelva, y le habia ya
-casado el cacique con quien solia estar, con una su hija, é ya tenia
-horadadas las orejas y las narices como los indios.
-
-Mucho me he detenido en contar cuentos viejos; volvamos á nuestra
-relacion. É ya que estábamos recogidos, así capitanes como soldados, y
-dadas las instrucciones que los pilotos habian de llevar y las señas
-de los faroles, despues de haber oido Misa con gran devocion, en 5
-dias del mes de Abril de 1518 años dimos vela, y en diez dias doblamos
-la punta de Guaniguanico, que los pilotos llaman de San Anton, y en
-otros ocho dias que navegamos vimos la isla de Cozumel, que entónces
-la descubrimos, dia de Santa Cruz, porque decayeron los navíos con
-las corrientes más bajo que cuando venimos con Francisco Hernandez de
-Córdoba, y bajamos la isla por la banda del sur; vimos un pueblo, y
-allí cerca buen surgidero y bien limpio de arrecifes, y saltamos en
-tierra con el capitan Juan de Grijalva buena copia de soldados, y los
-naturales de aquel pueblo se fueron huyendo desque vieron venir los
-navíos á la vela, porque jamás habian visto tal, y los soldados que
-salimos á tierra no hallamos en el pueblo persona ninguna, y en unas
-mieses de maizales se hallaron dos viejos que no podian andar y los
-trujimos al capitan, y con Julianillo y Melchorejo, los que trajimos de
-la Punta de Cotoche, que entendian muy bien á los indios, y les habló;
-porque su tierra dellos y aquella isla de Cozumel no hay de travesía
-en la mar sino obra de cuatro leguas, y así hablan una misma lengua;
-y el capitan halagó aquellos viejos y les dió cuentezuelas verdes, y
-les envió á llamar al calachioni de aquel pueblo, que así se dicen los
-caciques de aquella tierra, y fueron y nunca volvieron; y estándoles
-aguardando, vino una india moza, de buen parecer, é comenzó á hablar
-la lengua de la isla de Jamáica, y dijo que todos los indios é indias
-de aquella isla y pueblo se habian ido á los montes, de miedo; y como
-muchos de nuestros soldados é yo entendimos muy bien aquella lengua,
-que es la de Cuba, nos admiramos, y la preguntamos que cómo estaba
-allí, y dijo que habia dos años que dió al través con una canoa grande
-en que iban á pescar diez indios de Jamáica á unas isletas, y que las
-corrientes la echaron en aquella tierra, y mataron á su marido y á
-todos los demás indios jamaicanos sus compañeros, y los sacrificaron á
-los ídolos; y desque la entendió el capitan, como vió que aquella india
-seria buena mensajera, envióla á llamar los indios y caciques de aquel
-pueblo, y dióla de plazo dos dias para que volviese; porque los indios
-Melchorejo y Julianillo, que llevamos de la Punta de Cotoche, tuvimos
-temor que, apartados de nosotros, se huirian á su tierra, y por esta
-causa no los enviamos á llamar con ellos; y la india volvió otro dia, y
-dijo que ningun indio ni india queria venir, por más palabras que les
-decia.
-
-Á este pueblo pusimos por nombre Santa Cruz, porque cuatro ó cinco dias
-ántes de Santa Cruz le vimos; habia en él buenos colmenares de miel y
-muchos boniatos y batatas y manadas de puercos de la tierra, que tienen
-sobre el espinazo el ombligo; habia en él tres pueblezuelos, y este
-donde desembarcamos era mayor, y los otros dos eran más chicos, que
-estaba cada uno en una punta de la isla; terná de bojo como obra de dos
-leguas.
-
-Pues como el capitan Juan de Grijalva vió que era perder tiempo estar
-más allí aguardando, mandó que nos embarcásemos luego, y la india de
-Jamáica se fué con nosotros, y seguimos nuestro viaje.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IX.
-
-DE CÓMO VENIMOS Á DESEMBARCAR Á CHAMPOTON.
-
-
-Pues vuelto á embarcar, é yendo por las derrotas pasadas (cuando lo de
-Francisco Hernandez de Córdoba), en ocho dias llegamos en el paraje
-del pueblo de Champoton, que fué donde nos desbarataron los indios de
-aquella provincia, como ya dicho tengo en el capítulo que dello habla;
-y como en aquella ensenada mengua mucho la mar, anclamos los navíos
-una legua de tierra, y con todos los bateles desembarcamos la mitad
-de los soldados que allí íbamos, junto á las casas del pueblo, é los
-indios naturales dél y otros sus comarcanos se juntaron todos, como la
-otra vez cuando nos mataron sobre cincuenta y seis soldados y todos los
-más nos hirieron, segun dicho tengo en el capítulo que dello habla;
-y á esta causa estaban muy ufanos y orgullosos, y bien armados á su
-usanza, que son: arcos, flechas, lanzas, rodelas, macanas y espadas de
-dos manos, y piedras con hondas, y armas de algodon, y trompetillas y
-atambores, y los más dellos pintadas las caras de negro, colorado y
-blanco; y puestos en concierto, esperaron en la costa, para en llegando
-que llegásemos dar en nosotros; y como teniamos experiencia de la otra
-vez, llevábamos en los bateles unos falconetes, é íbamos apercebidos de
-ballestas y escopetas; y llegados á tierra, nos comenzaron á flechar
-y con las lanzas dar á mantiniente; y tal rociada nos dieron ántes
-que llegásemos á tierra, que hirieron la mitad de nosotros, y desque
-hubimos saltado de los bateles les hicimos perder la furia á buenas
-estocadas y cuchilladas; porque, aunque nos flechaban á terrero,
-todos llevábamos armas de algodon, y todavía se sostuvieron buen
-rato peleando con nosotros, hasta que vino otra barcada de nuestros
-soldados, y les hicimos retraer á unas ciénagas junto al pueblo.
-
-En esta guerra mataron á Juan de Quiteria y á otros dos soldados, y al
-capitan Juan de Grijalva le dieron tres flechazos y aun le quebraron
-con un cobaco dos dientes (que hay muchos en aquella costa), é hirieron
-sobre sesenta de los nuestros.
-
-Y desque vimos que todos los contrarios se habian huido, nos fuimos al
-pueblo, y se curaron los heridos y enterramos los muertos, y en todo el
-pueblo no hallamos persona ninguna, ni los que se habian retraido en
-las ciénagas, que ya se habian desgarrado; por manera que todos tenian
-alzadas sus haciendas.
-
-En aquellas escaramuzas prendimos tres indios, y el uno dellos parecia
-principal. Mandóles el capitan que fuesen á llamar al cacique de aquel
-pueblo, y les dió cuentas verdes y cascabeles para que los diesen,
-para que viniesen de paz; y asimismo á aquellos tres prisioneros se
-les hicieron muchos halagos y se les dieron cuentas porque fuesen sin
-miedo; y fueron y nunca volvieron, é creimos que el indio Julianillo
-é Melchorejo no les hubieran de decir lo que les fué mandado, sino al
-revés.
-
-Estuvimos en aquel pueblo cuatro dias. Acuérdome que cuando estábamos
-peleando en aquella escaramuza, que habia allí unos prados algo
-pedregosos, é habia langostas que cuando peleábamos saltaban y venian
-volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban
-tanta flecha como granizos, que parecian eran langostas que volaban,
-y no nos rodelábamos, y la flecha que venia nos heria, y otras veces
-creiamos que era flecha, y eran langostas que venian volando: fué harto
-estorbo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO X.
-
-CÓMO SEGUIMOS NUESTRO VIAJE Y ENTRAMOS EN BOCA DE TÉRMINOS, QUE
-ENTÓNCES LE PUSIMOS ESTE NOMBRE.
-
-
-Yendo por nuestra navegacion adelante, llegamos á una boca, como de
-rio, muy grande y ancha, y no era rio como pensamos, sino muy buen
-puerto, é porque está entre unas tierras é otras, é parecia como
-estrecho: tan gran boca tenia, que decia el piloto Anton de Alaminos
-que era isla y partian términos con la tierra, y á esta causa le
-pusimos el nombre de Boca de Términos, y así está en las cartas de
-marear; y allí saltó el capitan Juan de Grijalva en tierra, con todos
-los más capitanes por mí nombrados, y muchos soldados estuvimos tres
-dias hondando la boca de aquella entrada, y mirando bien arriba y abajo
-del ancon donde creiamos que iba é venia á parar, y hallamos no ser
-isla, sino ancon, y era muy buen puerto; y hallamos unos adoratorios
-de cal y canto y muchos ídolos de barro y palo, que eran dellos como
-figuras de sus dioses, y dellos de figuras de mujeres, y muchos como
-sierpes, y muchos cuernos de venados, é creimos que por allí cerca
-habria alguna poblacion, é con el buen puerto, que seria bueno para
-poblar; lo cual no fué así, que estaba muy despoblado; porque aquellos
-adoratorios eran de mercaderes y cazadores que de pasada entraban en
-aquel puerto con canoas y allí sacrificaban, y habia mucha caza de
-venados y conejos: matamos diez venados con una lebrela, y muchos
-conejos.
-
-Y luego, desque todo fué visto y sondado, nos tornamos á embarcar, y se
-nos quedó allí la lebrela, y cuando volvimos con Cortés la tornamos á
-hallar, y estaba muy gorda y lucida. Llaman los marineros á esto Puerto
-de Términos.
-
-É vueltos á embarcar, navegamos costa á costa junto á tierra, hasta que
-llegamos al rio de Tabasco, que por descubrile el Juan de Grijalva, se
-nombra agora el rio de Grijalva.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XI.
-
-CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE TABASCO, QUE LLAMAN DE GRIJALVA, Y LO QUE ALLÁ
-NOS ACAECIÓ.
-
-
-Navegando costa á costa la via del poniente de dia, porque de noche no
-osábamos por temor de bajos é arrecifes, á cabo de tres dias vimos una
-boca de rio muy ancha, y llegamos muy á tierra con los navíos y parecia
-buen puerto; y como fuimos más cerca de la boca, vimos reventar los
-bajos ántes de entrar en el rio, y allí sacamos los bateles, y con la
-sonda en la mano hallamos que no podian entrar en el puerto los dos
-navíos de mayor porte: fué acordado que anclasen fuera en la mar, y con
-los otros dos navíos que demandaban ménos agua, que con ellos é con los
-bateles fuésemos todos los soldados rio arriba, porque vimos muchos
-indios estar en canoas en las riberas, y tenian arcos y flechas y todas
-sus armas, segun y de la manera de Champoton; por donde entendimos que
-habia por allí algun pueblo grande, y tambien porque viniendo, como
-veniamos, navegando costa á costa, habiamos visto echadas nasas en la
-mar, con que pescaban, y aun á dos dellas se les tomó el pescado con un
-batel que traiamos á jorro de la capitana.
-
-Aqueste rio se llama de Tabasco porque el cacique de aquel pueblo
-se llamaba Tabasco; y como le descubrimos deste viaje, y el Juan de
-Grijalva fué el descubridor, se nombra rio de Grijalva, y así está en
-las cartas del marear.
-
-É ya que llegamos obra de media legua del pueblo, bien oimos el rumor
-de cortar de madera, de que hacian grandes mamparos é fuerzas, y
-aderezarse para nos dar guerra, porque habian sabido de lo que pasó en
-Potonchan y tenian la guerra por muy cierta.
-
-Y desque aquello sentimos, desembarcamos de una punta de aquella tierra
-donde habia unos palmares, que era del pueblo media legua; y desque nos
-vieron allí, vinieron obra de cincuenta canoas con gente de guerra,
-y traian arcos y flechas y armas de algodon, rodelas y lanzas y sus
-atambores y penachos y estaban entre los esteros otras muchas canoas
-llenas de guerreros, y estuvieron algo apartados de nosotros, que no
-osaron llegar como los primeros.
-
-Y desque los vimos de aquel arte, estábamos para tirarles con los tiros
-y con las escopetas y ballestas, y quiso nuestro Señor que acordamos
-de los llamar, é con Julianico y Melchorejo, los de la Punta de
-Cotoche, que sabian muy bien aquella lengua; y dijo á los principales
-que no hubiesen miedo que les queriamos hablar cosas que desque las
-entendiesen, hubiesen por buena nuestra llegada allí é á sus casas, é
-que les queriamos dar de lo que traiamos.
-
-É como entendieron la plática, vinieron obra de cuatro canoas, y
-en ellas hasta treinta indios, y luego se les mostraron sartalejos
-de cuentas verdes y espejuelos y diamantes azules, y desque los
-vieron parecia que estaban de mejor semblante, creyendo que eran
-chalchihuites, que ellos tienen en mucho.
-
-Entónces el capitan les dijo con las lenguas Julianillo ó Melchorejo,
-que veniamos de léjas tierras y éramos vasallos de un grande Emperador
-que se dice D. Cárlos, el cual tiene por vasallos á muchos grandes
-señores y calachioníes, y que ellos le deben tener por señor y les irá
-muy bien en ello, é que á trueco de aquellas cuentas nos dén comida de
-gallinas.
-
-Y nos respondieron dos dellos, que el uno era principal y el otro
-papa, que son como Sacerdotes que tienen cargo de los ídolos, que ya
-he dicho otra vez que papas les llaman en la Nueva-España, y dijeron
-que harian el bastimento que deciamos é trocarian de sus cosas á las
-nuestras; y en lo demás, que señor tienen, é que agora veniamos, é
-sin conocerlos, é ya les queriamos dar señor, é que mirásemos no
-les diésemos guerra como en Potonchan, porque tenian aparejados dos
-jiquipiles de gentes de guerra de todas aquellas provincias contra
-nosotros: cada jiquipil son de ocho mil hombres; é dijeron que bien
-sabian que pocos dias habia que habiamos muerto y herido sobre más de
-ducientos hombres de Potonchan, é que ellos no son hombres de tan pocas
-fuerzas como los otros, é que por eso habian venido á hablar, por saber
-nuestra voluntad; é aquello que les deciamos, que se lo irian á decir
-á los caciques de muchos pueblos, que están juntos para tratar paces ó
-guerra.
-
-Y luego el capitan les abrazó en señal de paz, y les dió unos
-sartalejos de cuentas, y les mandó que volviesen con la respuesta
-con brevedad, é que si no venian, que por fuerza habiamos de ir á su
-pueblo, y no para los enojar.
-
-Y aquellos mensajeros que enviamos hablaron con los caciques y papas,
-que tambien tienen voto entre ellos, y dijeron que eran buenas las
-paces y traer bastimento, é que entre todos ellos y los pueblos
-comarcanos se buscara luego un presente de oro para nos dar y hacer
-amistades; no les acaezca como á los de Potonchan.
-
-Y lo que yo vi y entendí despues acá, en aquellas provincias se usaba
-enviar presentes cuando se trataba paces, y en aquella punta de los
-palmares, donde estábamos, vinieron sobre treinta indios é trujeron
-pescados asados y gallinas é fruta y pan de maíz, é unos braseros con
-ascuas y con zahumerios, y nos zahumaron á todos, y luego pusieron en
-el suelo unas esteras, que acá llaman petates, y encima una manta, y
-presentaron ciertas joyas de oro, que fueron ciertas ánades como las
-de Castilla, y otras joyas como lagartijas, y tres collares de cuentas
-vaciadizas, y otras cosas de oro de poco valor que no valía doscientos
-pesos; y más trujeron unas mantas é camisetas de las que ellos usan, é
-dijeron que recibiésemos aquello de buena voluntad, é que no tienen más
-oro que nos dar; que adelante, hácia donde se pone el sol, hay mucho;
-y decian Culba, Culba, Méjico, Méjico; y nosotros no sabiamos qué cosa
-era Culba, ni aun Méjico tampoco.
-
-Puesto que no valía mucho aquel presente que trujeron, tuvímoslo por
-bueno por saber cierto que tenian oro, y desque lo hubieron presentado,
-dijeron que nos fuésemos luego adelante, y el capitan les dió las
-gracias por ello é cuentas verdes; y fué acordado de irnos luego á
-embarcar, porque estaban en mucho peligro los dos navíos por temor del
-norte, que es travesía, y tambien por acercarnos hácia donde decian que
-habia oro.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XII.
-
-CÓMO VIMOS EL PUEBLO DE AGUAYALUCO, QUE PUSIMOS POR NOMBRE LA-RAMBLA.
-
-
-Vueltos á embarcar, siguiendo la costa adelante, desde á dos dias vimos
-un pueblo junto á tierra, que se dice el Aguayaluco, y andaban muchos
-indios de aquel pueblo por la costa con unas rodelas hechas de conchas
-de tortugas, que relumbraban con el sol que daba en ellas, y algunos
-de nuestros soldados porfiaban que eran de oro bajo, y los indios que
-los traian iban haciendo grandes movimientos por el arenal y costa
-adelante, y pusimos á este pueblo por nombre La-Rambla, y así está en
-las cartas del marear.
-
-É yendo más adelante costeando, vimos una ensenada, donde se quedó
-el rio de Fenole, que á la vuelta que volvimos entramos en él, y le
-pusimos nombre rio de San Antonio, y así está en las cartas del mar.
-
-É yendo más adelante navegando, vimos adonde quedaba el paraje del
-gran rio de Guacayualco, y quisiéramos entrar en el ensenada que
-está, por ver qué cosa era, sino por ser el tiempo contrario; é luego
-se parecieron las grandes sierras nevadas, que en todo el año están
-cargadas de nieve, y tambien vimos otras sierras que están más junto
-al mar, que se llaman agora de San Martin, y pusímoslas por nombre San
-Martin, porque el primero que las vió fué un soldado que se llamaba San
-Martin, vecino de la Habana.
-
-Y navegando nuestra costa adelante, el capitan Pedro de Albarado
-se adelantó con su navío, y entró en un rio que en Indias se llama
-Papalohuna, y entónces pusimos por nombre rio de Albarado, porque lo
-descubrió el mesmo Albarado.
-
-Allí le dieron pescado unos indios pescadores, que eran naturales de un
-pueblo que se dice Tlacotalpa; estuvímosle aguardando en el paraje del
-rio donde entró con todos tres navíos, hasta que salió dél, y á causa
-de haber entrado en el rio sin licencia del general, se enojó mucho con
-él, y le mandó que otra vez no se adelantase del armada, porque no le
-aviniese algun contraste en parte donde no le pudiésemos ayudar.
-
-É luego navegamos con todos cuatro navíos en conserva, hasta que
-llegamos en paraje de otro rio, que le pusimos por nombre rio de
-Banderas, porque estaban en él muchos indios con lanzas grandes,
-y en cada lanza una bandera hecha de manta blanca, revolándolas y
-llamándonos.
-
-Lo cual diré adelante cómo pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIII.
-
-CÓMO LLEGAMOS Á UN RIO QUE PUSIMOS POR NOMBRE RIO DE BANDERAS, É
-RESCATAMOS CATORCE MIL PESOS.
-
-
-Ya habrán oido decir en España y en toda la más parte della y de la
-cristiandad, cómo Méjico es tan gran ciudad, y poblada en el agua como
-Venecia; y habia en ella un gran señor que era Rey de muchas provincias
-y señoreaba todas aquellas tierras, que son mayores que cuatro veces
-nuestra Castilla; el cual señor se decia Montezuma, é como era tan
-poderoso, queria señorear y saber hasta lo que no podia ni le era
-posible, é tuvo noticia de la primera vez que venimos con Francisco
-Hernandez de Córdoba, lo que nos acaesció en la batalla de Cotoche y en
-la de Champoton, y agora deste viaje la batalla del mismo Champoton, y
-supo que éramos nosotros pocos soldados y los de aquel pueblo muchos,
-é al fin entendió que nuestra demanda era buscar oro á trueque del
-rescate que traiamos, é todo se lo habian llevado pintado en unos paños
-que hacen de henequén, que es como de lino; y como supo que íbamos
-costa á costa hácia sus provincias, mandó á sus gobernadores que si por
-allí aportásemos que procurasen de trocar oro á nuestras cuentas, en
-especial á las verdes, que parecian á sus chalchihuites; y tambien lo
-mandó para saber é inquirir más por entero de nuestras personas é qué
-era nuestro intento.
-
-Y lo más cierto era, segun entendimos, que dicen que sus antepasados
-les habian dicho que habian de venir gentes de hácia donde sale el sol,
-que los habian de señorear.
-
-Agora sea por lo uno ó por lo otro, estaban en posta á vela indios del
-grande Montezuma en aquel rio que dicho tengo, con lanzas largas y en
-cada lanza una bandera, enarbolándola y llamándonos que fuésemos allí
-donde estaban.
-
-Y desque vimos de los navíos cosas tan nuevas, para saber qué podia ser
-fué acordado por el general, con todos los demás soldados y capitanes,
-que echamos dos bateles en el agua é que saltásemos en ellos todos los
-ballesteros y escopeteros y veinte soldados, y Francisco Montejo fuese
-con nosotros, é que si viésemos que eran de guerra los que estaban con
-las banderas, que de presto se lo hiciésemos saber, ó otra cualquier
-cosa que fuese.
-
-Y en aquella sazon quiso Dios que hacia bonanza en aquella costa, lo
-cual pocas veces suele acaecer; y como llegamos en tierra hallamos tres
-caciques, que el uno dellos era gobernador de Montezuma é con muchos
-indios de propio, y tenian muchas gallinas de la tierra y pan de maíz
-de lo que ellos suelen comer, y frutas que eran pinas y zapotes, que
-en otras partes llaman niameyes; y estaban debajo de una sombra de
-árboles, puestas esteras en el suelo, que ya he dicho otra vez que en
-estas partes se llaman petates, y allí nos mandaron asentar, y todo
-por señas, porque Julianillo, el de la Punta de Cotoche, no entendia
-aquella lengua; y luego trujeron braseros de barro con ascuas, y nos
-zahumaron con uno como resina que huele á incienso.
-
-Y luego el capitan Montejo lo hizo saber al General, y como lo supo,
-acordó de surgir allí en aquel paraje con todos los navíos, y saltó en
-tierra con todos los capitanes y soldados.
-
-Y desque aquellos caciques y gobernadores le vieron en tierra y
-conocieron que era el capitan general de todos, á su usanza le hicieron
-grande acatamiento y le zahumaron; y él les dió las gracias por ello y
-les hizo muchas caricias, y les mandó dar diamantes y cuentas verdes, y
-por señas les dijo que trujesen oro á trocar á nuestros rescates.
-
-Lo cual luego el gobernador mandó á sus indios, y que todos los pueblos
-comarcanos trujesen de las joyas que tenian á rescatar; y en seis dias
-que estuvimos allí trujeron más de quince mil pesos en joyezuelas de
-oro bajo y de muchas hechuras; y aquesto debe ser lo que dicen los
-cronistas Francisco Lopez de Gómora y Gonzalo Hernandez de Oviedo
-en sus corónicas, que dicen que dieron los de Tabasco; y como se lo
-dijeron por relacion, así lo escriben como si fuese verdad; porque
-vista cosa es que en la provincia del rio de Grijalva no hay oro, sino
-muy pocas joyas.
-
-Dejemos esto y pasemos adelante, y es que tomamos posesion en aquella
-tierra por su majestad, y en su nombre Real el gobernador de Cuba Diego
-Velazquez.
-
-Y despues desto hecho, habló el General á los indios que allí estaban,
-diciendo que se queria embarcar, y les dió camisas de Castilla.
-
-Y de allí tomamos un indio, que llevamos en los navíos, el cual,
-despues que entendió nuestra lengua, se volvió cristiano y se llamó
-Francisco, y despues de ganado Méjico, le vi casado en un pueblo que se
-llama Santa Fe.
-
-Pues como vió el General que no traia más oro á rescatar, é habia seis
-dias que estábamos allí y los navíos corrian riesgo, por ser travesía
-norte, nos mandó embarcar.
-
-É corriendo la costa adelante, vimos una isleta que bañaba la mar y
-tenia la arena blanca, y estaria, al parecer, obra de tres leguas de
-tierra, y pusímosle por nombre isla Blanca, y así está en las cartas
-del marear.
-
-Y no muy léjos desta isleta Blanca vimos otra isla, mayor, al parecer,
-que las demás, y estaria de tierra obra de legua y media, y allí
-enfrente della habia buen surgidero, y mandó el general que surgiésemos.
-
-Echados los bateles en el agua, fué el capitan Juan de Grijalva con
-muchos de nosotros los soldados á ver la isleta, y hallamos dos casas
-hechas de cal y canto y bien labradas, y cada casa con unas gradas
-por donde subian á unos como altares, y en aquellos altares tenian
-unos ídolos de malas figuras, que eran sus dioses, y allí estaban
-sacrificados de aquella noche cinco indios, y estaban abiertos por
-los pechos y cortados los brazos y los muslos, y las paredes llenas
-de sangre. De todo lo cual nos admiramos, y pusimos por nombre á esta
-isleta isla de Sacrificios.
-
-Y allí enfrente de aquella isla saltamos todos en tierra, y en unos
-arenales grandes que allí hay, adonde hicimos ranchos y chozas con
-ramas y con las velas de los navíos.
-
-Habíanse allegado en aquella costa muchos indios que traian á rescatar
-oro hecho piecezuelas, como en el rio de Banderas, y segun despues
-supimos, mandó el gran Montezuma que viniesen con ello, y los indios
-que lo traian, al parecer estaban temerosos, y era muy poco.
-
-Por manera que luego el capitan Juan de Grijalva mandó que los navíos
-alzasen las anclas y pusiesen velas, y fuésemos adelante á surgir
-enfrente de otra isleta que estaba obra de media legua de tierra, y
-esta isla es donde agora está el puerto.
-
-Y diré adelante lo que allí nos avino.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIV.
-
-CÓMO LLEGAMOS AL PUERTO DE SAN JUAN DE CULÚA.
-
-
-Desembarcados en unos arenales, hicimos chozas encima de los mastos
-y medaños de arena, que los hay por allí grandes, por causa de los
-mosquitos, que habia muchos, y con bateles sondearon el puerto y
-hallaron que con el abrigo de aquella isleta estarian seguros los
-navíos del norte y habia buen fondo, y hecho esto, fuimos á la isleta
-con el General treinta soldados bien apercibidos en los bateles, y
-hallamos una casa de adoratorio donde estaba un ídolo muy grande y
-feo, el cual se llamaba Tezcatepuca, y estaban allí cuatro indios con
-mantas prietas y muy largas con capillas, como traen los dominicos
-ó canónigos, ó querian parecer á ellos, y aquellos eran Sacerdotes
-de aquel ídolo, y tenian sacrificados de aquel dia dos muchachos, y
-abiertos por los pechos, y los corazones y sangre ofrecidos á aquel
-maldito ídolo, y los Sacerdotes, que ya he dicho que se dicen papas,
-nos venian á zahumar con lo que zahumaban aquel su ídolo, y en aquella
-sazon que llegamos le estaban zahumando con uno que huele á incienso,
-y no consentimos que tal zahumerio nos diesen; ántes tuvimos muy gran
-lástima y mancilla de aquellos dos muchachos é verlos recien muertos é
-ver tan grandísima crueldad.
-
-Y el general preguntó al indio Francisco; que traiamos del rio de
-Banderas, que parecia algo entendido, que por qué hacian aquello, y
-esto le decia medio por señas, porque entónces no teniamos lengua
-ninguna, como ya otras veces he dicho. Y respondió que los de Culúa lo
-mandaban sacrificar; y como era torpe de lengua, decia: Olúa, Olúa.
-Y como nuestro capitan estaba presente y se llamaba Juan, y asimismo
-era dia de San Juan, pusimos por nombre á aquella isleta San Juan de
-Ulúa, y este puerto es agora muy nombrado, y están hechos en él grandes
-reparos para los navíos, y allí vienen á desembarcar las mercaderías
-para Méjico é Nueva-España.
-
-Volvamos á nuestro cuento: que como estábamos en aquellos arenales,
-vinieron luego indios de pueblos allí comarcanos á trocar su oro en
-joyezuelas á nuestros rescates; mas eran tan pocos y de tan poco valor,
-que no haciamos cuenta dello; y estuvimos siete dias de la manera que
-he dicho, y con los muchos mosquitos no nos podiamos valer, y viendo
-que el tiempo se nos pasaba, y teniendo ya por cierto que aquellas
-tierras no eran islas, sino tierra firme, y que habia grandes pueblos,
-y el pan de cazabe muy mohoso é sucio de las fátulas, y amargaba, y
-los que allí veniamos no éramos bastantes para poblar, cuanto más que
-faltaban diez de nuestros soldados, que se habian muerto de las heridas
-y estaban otros cuatro dolientes; é viendo todo esto, fué acordado que
-lo enviásemos á hacer saber al gobernador Diego Velazquez para que nos
-enviase socorro; porque el Juan de Grijalva muy gran voluntad tenia
-de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos, y siempre
-mostró un grande ánimo de un muy valeroso capitan, y no como lo escribe
-el coronista Gómora.
-
-Pues para hacer esta embajada acordamos que fuese el capitan Pedro de
-Albarado en un navío que se decia San Sebastian, porque hacia agua,
-aunque no mucha, porque en la isla de Cuba se diese carena y pudiesen
-en él traer socorro é bastimento.
-
-Y tambien se concertó que llevase todo el oro que se habia rescatado y
-ropa de mantas, y los dolientes; y los capitanes escribieron al Diego
-Velazquez cada uno lo que le pareció, y luego se hizo á la vela é iba
-la vuelta de la isla de Cuba, adonde los dejaré agora, así al Pedro de
-Albarado como al Grijalva, y diré cómo el Diego Velazquez habia enviado
-en busca nuestra.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XV.
-
-CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE LA ISLA DE CUBA, ENVIÓ UN NAVÍO
-PEQUEÑO EN NUESTRA BUSCA.
-
-
-Despues que salimos con el capitan Juan de Grijalva de la isla de Cuba
-para hacer nuestro viaje, siempre Diego Velazquez estaba triste y
-pensativo no nos hubiese acaecido algun desastre, y deseaba saber de
-nosotros, y á esta causa envió un navío pequeño en nuestra busca con
-siete soldados, y por capitan dellos á un Cristóbal de Olí, persona de
-valía, muy esforzado, y le mandó que siguiese la derrota de Francisco
-Hernandez de Córdoba hasta toparse con nosotros.
-
-Y segun parece, el Cristóbal de Olí, yendo en nuestra busca, estando
-surto cerca de tierra, le dió un recio temporal, y por no anegarse
-sobre las amarras, el piloto que traian mandó cortar los cables, é
-perdió las anclas, é volvióse á Santiago de Cuba, de donde habia
-salido, adonde estaba el Diego Velazquez, y cuando vió que no tenia
-nuevas de nosotros, si triste estaba ántes que enviase al Cristóbal de
-Olí, muy más pensativo estuvo despues.
-
-Y en esta sazon llegó el capitan Pedro de Albarado con el oro y ropa
-y dolientes, y con entera relacion de lo que habiamos descubierto. Y
-cuando el gobernador vió que estaba en joyas, parecia mucho más de
-lo que era, y estaban allí con el Diego Velazquez muchos vecinos de
-aquella isla, que venian á negocios.
-
-Y cuando los oficiales del Rey tomaron el Real quinto que venia á su
-majestad estaban espantados de cuán ricas tierras habiamos descubierto;
-y como el Pedro de Albarado se lo sabia muy bien praticar, dice que
-no hacia el Diego Velazquez sino abrazallo, y en ocho dias tener
-gran regocijo y jugar cañas; y si mucha fama tenian de ántes de
-ricas tierras, agora con este oro se sublimó en todas las islas y en
-Castilla, como adelante diré; y dejaré al Diego Velazquez haciendo
-fiestas, y volveré á nuestros navíos, que estábamos en San Juan de
-Ulúa.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVI.
-
-DE LO QUE NOS SUCEDIÓ COSTEANDO LAS SIERRAS DE TUSTA Y DE TUSPA.
-
-
-Despues que de nosotros se partió el capitan Pedro de Albarado para ir
-á la isla de Cuba, acordó nuestro general con los demás capitanes y
-pilotos que fuésemos costeando y descubriendo todo lo que pudiésemos; é
-yendo por nuestra navegacion, vimos la sierra de Tusta, y más adelante
-de ahí á otros dos dias vimos otras sierras muy altas, que agora se
-llaman las sierras de Tuspa; por manera que unas sierras se dicen
-Tusta, porque están cabe un pueblo que se dice así, y las otras sierras
-se dicen Tuspa, porque se nombra el pueblo junto adonde aquellas están
-Tuspa; é caminando más adelante vimos muchas poblaciones, y estarian
-la tierra adentro dos ó tres leguas, y esto es ya en la provincia de
-Pánuco; é yendo por nuestra navegacion, llegamos á un rio grande,
-que le pusimos por nombre rio de Canoas, é allí enfrente de la boca
-dél surgimos; y estando surtos todos tres navíos, y estando algo
-descuidados, vinieron por el rio diez y seis canoas muy grandes llenas
-de indios de guerra, con arcos y flechas y lanzas, y vanse derechos
-al navío más pequeño, del cual era capitan Alonso de Ávila, y estaba
-más llegado á tierra, y dándole una rociada de flechas, que hirieron
-á dos soldados, echaron mano al navío como que lo querian llevar,
-y aun cortaron una amarra; y puesto que el capitan y los soldados
-peleaban bien, y trastornaron tres canoas, nosotros con gran presteza
-les ayudamos con nuestros bateles y escopetas y ballestas y herimos
-más de la tercia parte de aquellas gentes; por manera que volvieron
-con la mala ventura por donde habian venido; y luego alzamos áncoras
-é dimos vela, é seguimos costa á costa hasta que llegamos á una punta
-muy grande; y era tan mala de doblar, y las corrientes muchas, que no
-podiamos ir adelante; y el piloto Anton de Alaminos dijo al general
-que no era bien navegar más aquella derrota, é para ello se dieron
-muchas causas, y luego se tomó consejo de lo que se habia de hacer, y
-fué acordado que diésemos la vuelta á la isla de Cuba, lo uno porque
-ya entraba el invierno é no habia bastimentos, é un navío hacia mucha
-agua, y los capitanes desconformes, porque el Juan de Grijalva decia
-que queria poblar, y el Francisco Montejo é Alonso de Ávila decian
-que no se podia sustentar por causa de los muchos guerreros que en la
-tierra habia; é tambien todos nosotros los soldados estábamos hartos é
-muy trabajados de andar por la mar.
-
-Así que dimos vuelta á todas velas, y las corrientes que nos ayudaban,
-en pocos dias llegamos en el paraje del gran rio de Guacacualco, é no
-pudimos estar por ser tiempo contrario, y muy abrazados con la tierra
-entramos en el rio de Tonala, que se puso nombre entónces San Anton, é
-allí se dió carena al un navío que hacia mucha agua, puesto que tocó
-tres veces al estar en la barra, que es muy baja; y estando aderezando
-nuestro navío vinieron muchos indios del puerto de Tonala, que estaba
-una legua de allí, é trujeron pan de maíz y pescado é fruta, y con
-buena voluntad nos lo dieron; y el capitan les hizo muchos halagos é
-les mandó dar cuentas verdes y diamantes, é les dijo por señas que
-trujesen oro á rescatar, é que les dariamos de nuestro rescate; é
-traian joyas de oro bajo, é se les daban cuentas por ello. Y desque
-lo supieron los de Guacacualco é de otros pueblos comarcanos que
-rescatábamos, tambien vinieron ellos con sus piecezuelas, é llevaron
-cuentas verdes, que aquellos tenian en mucho.
-
-Pues demás de aqueste rescate, traian comunmente todos los indios de
-aquella provincia unas hachas de cobre muy lucidas, como por gentileza
-é á manera de armas, con unos cabos de palo muy pintados, y nosotros
-creimos que eran de oro bajo, é comenzamos á rescatar dellas; digo que
-en tres dias se hubieron más de seiscientas de ellas, y estábamos muy
-contentos con ellas, creyendo que eran de oro bajo, é los indios mucho
-más con las cuentas; mas todo salió vano; que las hachas eran de cobre
-é las cuentas un poco de nada.
-
-É un marinero habia rescatado secretamente siete hachas y estaba muy
-alegre con ellas, y parece ser que otro marinero lo dijo al capitan, é
-mandóle que las diese; y porque rogamos por él, se las dejó, creyendo
-que eran de oro.
-
-Tambien me acuerdo que un soldado que se decia Bartolomé Pardo fué á
-una casa de ídolos, que ya he dicho que se decia cues, que es como
-quien dice casa de sus dioses, que estaba en un cerro alto, y en
-aquella casa halló muchos ídolos, é copal, que es como incienso, que
-es con que zahuman, y cuchillos de pedernal, con que sacrificaban ó
-retajaban, é unas arcas de madera, y en ellas muchas piezas de oro,
-que eran diademas é collares, é dos ídolos, y otros como cuentas; y
-aquel oro tomó el soldado para sí, y los ídolos del sacrificio trujo al
-capitan.
-
-Y no faltó quien le vió é lo dijo al Grijalva, y se lo queria tomar; é
-rogámosle que se lo dejase; y como era de buena condicion, que sacado
-el quinto de S. M., que lo demás fuese para el pobre soldado; y no
-valía ochenta pesos.
-
-Tambien quiero decir cómo yo sembré unas pepitas de naranjas junto
-á otras casas de ídolos, y fué desta manera: que como habia muchos
-mosquitos en aquel rio, fuíme á dormir á una casa alta de ídolos, é
-allí junto á aquella casa sembré siete ú ocho pepitas de naranjas que
-habia traido de Cuba, é nacieron muy bien; porque parece ser que los
-papas de aquellos ídolos les pusieron defensa para que no las comiesen
-hormigas, é les regaban é limpiaban desque vieron que eran plantas
-diferentes de las suyas.
-
-He traido aquí esto á la memoria para que se sepa que estos fueron los
-primeros naranjos que se plantaron en la Nueva-España, porque despues
-de ganado Méjico é pacíficos los pueblos sujetos de Guacacualco, túvose
-por la mejor provincia, por causa de estar en la mejor conmodacion de
-toda la Nueva-España, así por las minas, que las habia, como por el
-buen puerto, y la tierra de suyo rica de oro y de pastos para ganados;
-á este efecto se pobló de los más principales conquistadores de Méjico,
-é yo fuí uno, é fuí por mis naranjos y traspúselos, é salieron muy
-buenos.
-
-Bien sé que dirán que no hace al propósito de mi relacion estos cuentos
-viejos, y dejallos; é diré como quedaron todos los indios de aquellas
-provincias muy contentos, é luego nos embarcamos y vamos la vuelta de
-Cuba, y en cuarenta y cinco dias, unas veces con buen tiempo y otras
-veces con contrario, llegamos á Santiago de Cuba, donde estaba el
-gobernador Diego Velazquez, y él nos hizo buen recibimiento; y desque
-vió el oro que traiamos, que seria cuatro mil pesos, é con el que trujo
-primero el capitan Pedro de Albarado seria por todo unos veinte mil
-pesos, unos decian más é otros decian ménos, é los oficiales de S. M.
-sacaron el Real quinto; é tambien trujeron las seiscientas hachas
-que parecian de oro, é cuando las trujeron para quintar estaban tan
-mohosas, en fin como cobre que era, y allí hubo bien que reir y decir
-de la burla y del rescate.
-
-Y el Diego Velazquez con todo esto estaba muy contento, puesto que
-parecia estar mal con el pariente Grijalva; é no tenia razon, sino que
-el Alfonso de Ávila era mal acondicionado, y decia que el Grijalva era
-para poco, é no faltó el capitan Montejo que le ayudó del mal.
-
-Y cuando esto pasó, ya habia otras pláticas para enviar otra armada, é
-á quién elegirian por capitan.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVII.
-
-CÓMO DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ Á CASTILLA Á SU PROCURADOR.
-
-
-Y aunque les parezca á los lectores que va fuera de nuestra relacion
-esto que yo traigo aquí á la memoria ántes que entre en lo del capitan
-Hernando Cortés, conviene que se diga por las causas que adelante se
-verán, é tambien porque en un tiempo acaecen dos ó tres cosas, y por
-fuerza hemos de hablar de una, la que más viene al propósito.
-
-Y el caso es que, como ya he dicho, cuando llegó el capitan Pedro
-de Albarado á Santiago de Cuba con el oro que hubimos de las tierras
-que descubrimos, y el Diego Velazquez temió que primero que él
-hiciese relacion á su majestad, que algun caballero privado en córte
-tenia relacion dello y le hurtaba la bendicion, á esta causa envió
-el Diego Velazquez á un su Capellan, que se decia Benito Martinez,
-hombre que entendia muy bien de negocios, á Castilla con probanzas,
-é cartas para don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, é se
-nombraba Arzobispo de Rosano, y para el licenciado Luis Zapata é para
-el secretario Lope Conchillos, que en aquella sazon entendian en las
-cosas de las Indias, y Diego Velazquez era muy servidor del Obispo y
-de los demás oidores, y como tal les dió pueblos de indios en la isla
-de Cuba, que les sacaban oro de las minas, é á esta causa hacia mucho
-por el Diego Velazquez, especialmente el Obispo de Búrgos, é no dió
-ningun pueblo de indios á su majestad, porque en aquella sazon estaba
-en Flandes; y demás de les haber dado los indios que dicho tengo,
-nuevamente envió á estos oidores muchas joyas de oro de lo que habiamos
-enviado con el capitan Albarado, que eran veinte mil pesos, segun dicho
-tengo, é no se haria otra cosa en el Real Consejo de Indias sino lo
-que aquellos señores mandaban; é lo que enviaba á negociar el Diego
-Velazquez era que le diesen licencia para rescatar é conquistar é
-poblar en todo lo que habia descubierto y en lo que más descubriese, y
-decia en sus relaciones é cartas que habia gastado muchos millares de
-pesos de oro en el descubrimiento.
-
-Por manera que el Capellan Benito Martinez fué á Castilla y negoció
-todo lo que pidió, é aun más cumplidamente; que trujo provision para
-el Diego Velazquez para ser adelantado de la isla de Cuba. Pues ya
-negociado lo aquí por mí dicho, no dieron tan presto los despachos, que
-primero no saliese Cortés con otra armada.
-
-Quedarse ha aquí, así los despachos del Diego Velazquez como la armada
-de Cortés, é diré cómo estando escribiendo esta relacion vi una
-corónica del coronista Francisco Lopez de Gómora, y habla en lo de las
-conquistas de la Nueva-España é Méjico, é lo que sobre ello me parece
-declarar, adonde hubiere contradicion sobre lo que dice el Gómora,
-lo diré segun y de la manera que pasó en las conquistas, y va muy
-diferente de lo que escribe, porque todo es contrario de la verdad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVIII.
-
-DE ALGUNAS ADVERTENCIAS ACERCA DE LO QUE ESCRIBE FRANCISCO LOPEZ DE
-GÓMORA, MAL INFORMADO, EN SU HISTORIA.
-
-
-Estando escribiendo esta relacion, acaso vi una historia de buen
-estilo, la cual se nombra de un Francisco Lopez de Gómora, que habla
-de las conquistas de Méjico y Nueva-España, y cuando leí su gran
-retórica, y como mi obra es tan grosera, dejé de escribir en ella, y
-aun tuve vergüenza que pareciese entre personas notables; y estando tan
-perplejo como digo, torné á leer y á mirar las razones y pláticas que
-el Gómora en sus libros escribió, é vi que desde el principio y medio
-hasta el cabo no llevaba buena relacion, y va muy contrario de lo que
-fué é pasó en la Nueva-España; y cuando entró á decir de las grandes
-ciudades, y tantos números que dice que habia de vecinos en ellas, que
-tanto se le dió poner ocho como ocho mil.
-
-Pues de aquellas grandes matanzas que dice que haciamos, siendo
-nosotros obra de cuatrocientos soldados los que andábamos en la guerra,
-que harto teniamos de defendernos que no nos matasen ó llevasen de
-vencida; que aunque estuvieran los indios atados, no hiciéramos tantas
-muertes y crueldades como dice que hicimos; que juro amen que cada dia
-estábamos rogando á Dios y Nuestra Señora no nos desbaratasen.
-
-Volviendo á nuestro cuento, Atalarico, muy bravísimo Rey, é Atila, muy
-soberbio guerrero, en los campos catalanes no hicieron tantas muestras
-de hombres como dice que haciamos.
-
-Tambien dice que derrotamos y abrasamos muchas ciudades y templos, que
-son sus cues, donde tienen sus ídolos, y en aquello le parece á Gómora
-que aplace mucho á los oyentes que leen su historia, y no quiso ver
-ni entender cuando lo escribia que los verdaderos conquistadores y
-curiosos letores que saben lo que pasó, claramente le dirán que en su
-historia en todo lo que escribe se engañó, y si en las demás historias
-que escribe de otras cosas va del arte del de la Nueva-España, tambien
-irá todo errado; y es lo bueno que ensalza á unos capitanes y abaja
-á otros; y los que no se hallaron en las conquistas dice que fueron
-capitanes, y que un Pedro Dircio fué por capitan cuando el desbarate
-que hubo en un pueblo que le pusieron nombre Almería; porque el que fué
-por capitan en aquella entrada fué un Juan de Escalante, que murió en
-el desbarate con otros siete soldados; é dice que un Juan Velazquez de
-Leon fué á poblar á Guacacualco; mas la verdad es así: que un Gonzalo
-de Sandoval, natural de Ávila, lo fué á poblar.
-
-Tambien dice cómo Cortés mandó quemar un indio que se decia
-Quezal-Popoca, capitan de Montezuma, sobre la poblacion que se quemó.
-El Gómora no acierta tambien lo que dice de la entrada que fuimos á un
-pueblo é fortaleza: Anga Panga escríbelo, mas no como pasó. Y de cuando
-en los arenales alzamos á Cortés por capitan general y justicia mayor,
-en todo le engañaron. Pues en la toma de un pueblo que se dice Chamula,
-en la provincia de Chiapa, tampoco acierta en lo que escribe.
-
-Pues otra cosa peor dice, que Cortés mandó secretamente barrenar
-los once navíos en que habiamos venido; ántes fué público, porque
-claramente por consejo de todos los demás soldados mandó dar con ellos
-al través á ojos vistas, porque nos ayudase la gente de la mar que en
-ellos estaba, á velar y guerrear.
-
-Pues en lo de Juan de Grijalva, siendo buen capitan, le deshace é
-disminuye. Pues en lo de Francisco Fernandez de Córdoba, habiendo él
-descubierto lo de Yucatan, lo pasa por alto. Y en lo de Francisco de
-Garay dice que vino él primero con cuatro navíos de lo de Pánuco ántes
-que viniese con la armada postrera; en lo cual no acierta, como en lo
-demás.
-
-Pues en todo lo que escribe de cuándo vino el capitan Narvaez y de
-cómo le desbaratamos, escribe segun é como las relaciones. Pues en las
-batallas de Taxcala hasta que hicimos las paces, en todo escribe muy
-léjos de lo que pasó.
-
-Pues las guerras de Méjico de cuando nos desbarataron y echaron de
-la ciudad, é nos mataron é sacrificaron sobre ochocientos y sesenta
-soldados; digo otra vez sobre ochocientos y sesenta soldados, porque de
-mil trecientos que entramos al socorro de Pedro de Albarado, é íbamos
-en aquel socorro los de Narvaez é los de Cortés, que eran los mil y
-trecientos que he dicho, no escapamos sino cuatrocientos y cuarenta, é
-todos heridos, y dícelo de manera como si no fuera nada.
-
-Pues desque tornamos á conquistar la gran ciudad de Méjico é la
-ganamos, tampoco dice los soldados que nos mataron é hirieron en
-las conquistas, sino que todo lo hallábamos como quien va á bodas y
-regocijos.
-
-¿Para qué meto yo aquí tanto la pluma en contar cada cosa por sí, que
-es gastar papel y tinta? Porque si en todo lo que escribe va de aquesta
-arte, es gran lástima; y puesto que él lleve buen estilo, habia de ver
-que para que diese fe á lo demás que dice, que en esto se habia de
-esmerar.
-
-Dejemos esta plática, é volveré á mi materia; que despues de bien
-mirado todo lo que he dicho que escribe Gómora, que por ser tan léjos
-de lo que pasó es en perjuicio de tantos, torno á proseguir en mi
-relacion é historia; porque dicen sábios varones que la buena política
-y agraciado componer es decir verdad en lo que escribieren, y la mera
-verdad resiste á mi rudeza; y mirando en esto que he dicho, acordé de
-seguir mi intento con el ornato y pláticas que adelante se verán, para
-que salga á luz y se vean las conquistas de la Nueva-España claramente
-y como se han de ver, y su majestad sea servido conocer los grandes é
-notables servicios que le hicimos los verdaderos conquistadores, pues
-tan pocos soldados como venimos á estas tierras con el venturoso y
-buen capitan Hernando Cortés, nos pusimos á tan grandes peligros y le
-ganamos esta tierra, que es una buena parte de las del Nuevo-Mundo,
-puesto que su majestad, como cristiano Rey y señor nuestro, nos lo ha
-mandado muchas veces gratificar; y dejaré de hablar acerca de esto,
-porque hay mucho que decir.
-
-Y quiero volver con la pluma en la mano, como el buen piloto lleva la
-sonda por la mar, descubriendo los bajos cuando siente que los hay,
-así haré yo encaminar á la verdad de lo que pasó la historia del
-coronista Gómora, y no será todo en lo que escribe; porque si parte por
-parte se hubiese de escribir, seria más la costa en coger la rebusca
-que en las verdaderas vendimias.
-
-Digo que sobre esta mi relacion pueden los coronistas sublimar é dar
-loas cuantas quisieren, así al capitan Cortés como á los fuertes
-conquistadores, pues tan grande y santa empresa salió de nuestras
-manos, pues ello mismo da fe muy verdadera; y no son cuentos de
-naciones extrañas, ni sueños ni porfias, que ayer pasó á manera de
-decir, sino vean toda la Nueva-España qué cosa es, y lo que sobre ello
-escriben.
-
-Diremos lo que en aquellos tiempos nos hallamos ser verdad, como
-testigos de vista, é no estaremos hablando las contrariedades y falsas
-relaciones (como decimos) de los que escribieron de oidas, pues sabemos
-que la verdad es cosa sagrada, y quiero dejar de más hablar en esta
-materia; y aunque habia bien que decir della é lo que sé, sospecho
-del coronista que le dieron falsas relaciones cuando hacia aquella
-historia; porque toda la honra y prez della la dió sólo al marqués D.
-Hernando Cortés, é no hizo memoria de ninguno de nuestros valerosos
-capitanes y fuertes soldados; y bien se parece en todo lo que el
-Gómora escribe en su historia serle muy aficionado, pues á su hijo, el
-marqués que agora es, le eligió su corónica é obra, é la dejó de elegir
-á nuestro Rey y señor; y no solamente el Francisco Lopez de Gómora
-escribió tantos borrones é cosas que no son verdaderas, de que ha hecho
-mucho daño á muchos escritores é coronistas que despues del Gómora han
-escrito en las cosas de la Nueva-España, como es el doctor Illescas y
-Pablo Iovio, que se van por sus mismas palabras y escriben ni más ni
-ménos que el Gómora.
-
-Por manera que lo que sobre esta materia escribieron es porque les ha
-hecho errar el Gómora.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIX.
-
-CÓMO VENIMOS OTRA VEZ CON OTRA ARMADA Á LAS TIERRAS NUEVAMENTE
-DESCUBIERTAS, Y POR CAPITAN DE LA ARMADA HERNANDO CORTÉS, QUE DESPUES
-FUÉ MARQUÉS DEL VALLE, Y TUVO OTROS DITADOS, Y DE LAS CONTRARIEDADES
-QUE HUBO PARA LE ESTORBAR QUE NO FUESE CAPITAN.
-
-
-En 15 dias del mes de Noviembre de 1518 años, vuelto el capitan Juan
-de Grijalva de descubrir las tierras nuevas (como dicho habemos), el
-gobernador Diego Velazquez ordenaba de enviar otra armada muy mayor que
-las de ántes, y para ello tenia ya diez navíos en el puerto de Santiago
-de Cuba; los cuatro dellos eran en los que volvimos cuando lo de Juan
-de Grijalva, porque luego les hizo dar carena y adobar, y los otros
-seis recogieron de toda la isla, y los hizo proveer de bastimento, que
-era pan cazabe y tocino, porque en aquella sazon no habia en la isla
-de Cuba ganado vacuno ni carneros, y este bastimento no era para más
-de hasta llegar á la Habana, porque allí habiamos de hacer todo el
-matalotaje, como se hizo.
-
-Y dejemos de hablar en esto, y volvamos á decir las diferencias que
-se hubo en elegir capitan para aquel viaje. Habia muchos debates y
-contrariedades, porque ciertos caballeros decian que viniese un capitan
-muy de calidad, que se decia Vasco Porcallo, pariente cercano del conde
-de Feria, y temióse el Diego Velazquez que se alzaria con la armada,
-porque era atrevido; otros decian que viniese un Agustin Bermudez ó
-un Antonio Velazquez Borrego, ó un Bernardino Velazquez, parientes
-del gobernador Diego Velazquez; y todos los más soldados que allí nos
-hallamos deciamos que volviese el Juan de Grijalva, pues era buen
-capitan y no habia falta en su persona y en saber mandar.
-
-Andando las cosas y conciertos desta manera que aquí he dicho, dos
-grandes privados del Diego Velazquez, que se decian Andrés de Duero,
-secretario del mismo gobernador, y un Amador de Larez, contador de
-su majestad, hicieron secretamente compañía con un buen hidalgo, que
-se decia Hernando Cortés, natural de Medellin, el cual fué hijo de
-Martin Cortés de Monroy y de Catalina Pizarro Altamirano, é ámbos
-hijosdalgo, aunque pobres; é así era por la parte de su padre Cortés
-y Monroy, y la de su madre Pizarro é Altamirano: fué de los buenos
-linajes de Extremadura, é tenia indios de encomienda en aquella isla,
-é poco tiempo habia que se habia casado por amores con una señora que
-se decia doña Catalina Suarez Pacheco, y esta señora era hija de Diego
-Suarez Pacheco, ya difunto, natural de la ciudad de Ávila, y de María
-de Mercaida, vizcaina y hermana de Juan Suarez Pacheco; y este, despues
-que se ganó la Nueva-España, fué vecino y encomendado en Méjico; y
-sobre este casamiento de Cortés le sucedieron muchas pesadumbres y
-prisiones, porque Diego Velazquez favoreció las partes della, como
-más largo contarán otros; y así pasaré adelante y diré acerca de
-la compañía, y fué desta manera: que concertaron estos dos grandes
-privados del Diego Velazquez que le hiciesen dar á Hernando Cortés
-la capitanía general de toda la armada, y que partirian entre todos
-tres la ganancia del oro y plata y joyas de la parte que le cupiese á
-Cortés; porque secretamente el Diego Velazquez enviaba á rescatar, y no
-á poblar.
-
-Pues hecho este concierto, tienen tales modos el Duero y el contador
-con el Diego Velazquez, y le dicen tan buenas y melosas palabras,
-loando mucho á Cortés, que es persona en quien cabe aquel cargo, y para
-capitan muy esforzado y que le seria muy fiel, pues era su ahijado,
-porque fué su padrino cuando Cortés se veló con doña Catalina Suarez
-Pacheco; por manera que le persuadieron á ello y luego se eligió
-por capitan general; y el Andrés de Duero, como era secretario del
-gobernador, no tardó en hacer las provisiones, como dice en el refran,
-de muy buena tinta, y como Cortés las quiso bastantes, y se las trujo
-firmadas.
-
-Ya publicada su eleccion, á unas personas les placia y á otras les
-pesaba. Y un domingo, yendo á Misa el Diego Velazquez, como era
-gobernador, íbanle acompañando las más nobles personas y vecinos que
-habia en aquella villa, y llevaba á Hernando Cortés á su lado derecho
-por le honrar; é iba delante del Diego Velazquez un truhan que se decia
-Cervantes el Loco, haciendo gestos y chocarrerías:
-
-—«Á la gala de mi amo; Diego, Diego, ¿qué capitan has elegido? Que es
-de Medellin de Extremadura, capitan de gran ventura. Mas temo, Diego,
-no se te alce con la armada; que le juzgo por muy gran varon en sus
-cosas.»
-
-Y decia otras locuras, que todas iban inclinadas á malicia. Y porque lo
-iba diciendo de aquella manera le dió de pescozazos el Andrés de Duero,
-que iba allí junto con Cortés, y le dijo:
-
-—«Calla, borracho, loco, no seas más bellaco; que bien entendido tenemos
-que esas malicias, so color de gracias no salen de tí.»
-
-Y todavía el loco iba diciendo:
-
-—«Viva, viva la gala de mi amo Diego y del su venturoso capitan
-Cortés. É juro á tal, mi amo Diego, que por no te ver llorar tu mal
-recaudo que ahora has hecho yo me quiero ir con Cortés á aquellas ricas
-tierras.»
-
-Túvose por cierto que dieron los Velazquez parientes del gobernador
-ciertos pesos de oro á aquel chocarrero porque dijese aquellas
-malicias, so color de gracias.
-
-Y todo salió verdad como lo dijo. Dicen que los locos muchas veces
-aciertan en lo que hablan; y fué elegido Hernando Cortés, por la gracia
-de Dios, para ensalzar nuestra santa fe y servir á su majestad, como
-adelante se dirá.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XX.
-
-DE LAS COSAS QUE HIZO Y ENTENDIÓ EL CAPITAN HERNANDO CORTÉS DESPUES QUE
-FUÉ ELEGIDO POR CAPITAN, COMO DICHO ES.
-
-
-Pues como ya fué elegido Hernando Cortés por general de la armada que
-dicho tengo, comenzó á buscar todo género de armas, así escopetas como
-pólvora y ballestas, é todos cuantos pertrechos de guerra pudo haber
-y buscar, todas cuantas maneras de rescate, y tambien otras cosas
-pertenecientes para aquel viaje.
-
-É demás desto, se comenzó de pulir é abellidar en su persona mucho más
-que de ántes, é se puso un penacho de plumas con su medalla de oro,
-que le parecia muy bien. Pues para hacer aquestos gastos que he dicho
-no tenia de qué, porque en aquella sazon estaba muy adeudado y pobre,
-puesto que tenia buenos indios de encomienda y le daban buena renta de
-las minas de oro; más todo lo gastaba en su persona y en atavíos de su
-mujer, que era recien casado.
-
-Era apacible en su persona y bien quisto y de buena conversacion, y
-habia sido dos veces alcalde en la villa de Santiago de Boroco, adonde
-era vecino, porque en aquestas tierras se tiene por mucha honra.
-
-Y como ciertos mercaderes amigos suyos, que se decian Jaime Tria
-ó Gerónimo Tria y un Pedro de Jerez, le vieron con capitanía y
-prosperado, le prestaron cuatro mil pesos de oro y le dieron otras
-mercaderías sobre la renta de sus indios, y luego hizo hacer unas
-lazadas de oro, que puso en una ropa de terciopelo, y mandó hacer
-estandartes y banderas labradas de oro, con las armas Reales y una cruz
-de cada parte, juntamente con las armas de nuestro Rey y Señor, con un
-letrero en latin, que decia: «Hermanos, sigamos la señal de la Santa
-Cruz con fe verdadera, que con ella venceremos;» y luego mandó dar
-pregones y tocar sus atambores y trompetas en nombre de su majestad, y
-en su Real nombre por Diego Velazquez, para cualesquier personas que
-quisiesen ir en su compañía á las tierras nuevamente descubiertas á las
-conquistar y doblar, les darian sus partes del oro, plata y joyas que
-se hubiese, y encomiendas de indios despues de pacificada, y que para
-ello tenia el Diego Velazquez de su majestad.
-
-É puesto que se pregonó aquesto de la licencia del Rey nuestro Señor,
-aún no habia venido con ella de Castilla el Capellan Benito Martinez,
-que fué el que Diego Velazquez hubo despachado á Castilla para que le
-trujese, como dicho tengo en el capítulo que dello habla.
-
-Pues como se supo esta nueva en toda la isla de Cuba, y tambien Cortés
-escribió á todas las villas á sus amigos que se aparejasen para ir
-con él á aquel viaje, unos vendian sus haciendas para buscar armas
-y caballos, otros comenzaban á hacer cazabe y salar tocinos para
-matalotaje, y se colchaban armas y se apercebian de lo que habian
-menester lo mejor que podian.
-
-De manera que nos juntamos en Santiago de Cuba, donde salimos con el
-armada, más de trescientos soldados; y de la casa del mismo Diego
-Velazquez vinieron los más principales que tenia en su servicio, que
-era un Diego de Ordás, su mayordomo mayor, y á este el mismo Velazquez
-lo envió para que mirase y entendiese no hubiese alguna mala trama en
-la armada; que siempre se temió de Cortés, aunque lo disimulaba; y vino
-un Francisco de Morla y un Escobar y un Heredia, y Juan Ruano y Pedro
-Escudero, y un Martin Ramos de Lares, vizcaino, y otros muchos que eran
-amigos y paniaguados del Diego Velazquez. É yo me pongo á la postre,
-ya que estos soldados pongo aquí por memoria, y no á otros, porque en
-su tiempo y sazon los nombraré á todos los que se me acordare.
-
-Y como Cortés andaba muy solícito en aviar su armada, y en todo se
-daba mucha priesa, como ya la malicia y envidia reinaba siempre en
-aquellos deudos del Diego Velazquez, estaban afrentados como no se
-fiaba el pariente dellos, y dió aquel cargo y capitanía á Cortés,
-sabiendo que le habia tenido por su grande enemigo pocos dias habia
-sobre el casamiento de la mujer de Cortés, que se decia Catalina Suarez
-la Marcaida (como dicho tengo); y á esta causa andaban mormurando del
-pariente Diego de Velazquez y aun de Cortés, y por todas las vías que
-podian la revolvian con el Diego Velazquez para que en todas maneras le
-revocasen el poder; de lo cual tenia dello aviso el Cortés, y á esta
-causa no se quitaba de la compañía de estar con el gobernador y siempre
-mostrándose muy gran su servidor. Él decia que le habia de hacer muy
-ilustre señor é rico en poco tiempo.
-
-Y demás desto, el Andrés de Duero avisaba siempre á Cortés que se diese
-priesa en embarcar, porque ya tenian trastrocado al Diego Velazquez con
-importunidad de aquellos sus parientes los Velazquez. Y desque aquello
-vió Cortés, mandó á su mujer doña Catalina Suarez la Marcaida que todo
-lo que hubiese de llevar de bastimentos y otros regalos que suelen
-hacer para sus maridos, en especial para tal jornada, se llevase luego
-á embarcar á los navíos.
-
-É ya tenia mandado apregonar é apregonado, é apercebidos á los maestres
-y pilotos y á todos los soldados, que para tal dia y noche no quedase
-ninguno en tierra.
-
-Y desque aquello tuvo mandado y los vió todos embarcados, se fué á
-despedir del Diego Velazquez, acompañado de aquellos sus grandes
-amigos y compañeros, Andrés de Duero y el contador Amador de Lares,
-y todos los más nobles vecinos de aquella villa; y despues de muchos
-ofrecimientos y abrazos de Cortés al gobernador y del gobernador á
-Cortés, se despidió dél; y otro dia muy de mañana, despues de haber
-oido Misa, nos fuimos á los navíos, y el mismo Diego Velazquez le tornó
-á acompañar, y otros muchos hidalgos, hasta acercarnos á la vela, y
-con próspero tiempo en pocos dias llegamos á la villa de la Trinidad;
-y tomado puerto y saltados en tierra, lo que allí le avino á Cortés
-adelante se dirá.
-
-Aquí en esta relacion verán lo que á Cortés le acaeció y las
-contrariedades que tuvo hasta elegir por capitan y todo lo demás ya
-por mí dicho; y sobre ello miren lo que dice Gómora en su historia, y
-hallarán ser muy contrario lo uno de lo otro, y cómo á Andrés de Duero,
-siendo secretario que mandaba la isla de Cuba, le hace mercader, y al
-Diego de Ordás, que vino ahora con Cortés, dijo que habia venido con
-Grijalva.
-
-Dejemos al Gómora y á su mala relacion, y digamos cómo desembarcamos
-con Cortés en la villa de la Trinidad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXI.
-
-DE LO QUE CORTÉS HIZO DESQUE LLEGÓ Á LA VILLA DE LA TRINIDAD, Y DE LOS
-CABALLEROS Y SOLDADOS QUE ALLÍ NOS JUNTAMOS PARA IR EN SU COMPAÑÍA, Y
-DE LO QUE MÁS LE AVINO.
-
-
-É así como desembarcamos en el puerto de la villa de la Trinidad, y
-salidos en tierra, y como los vecinos lo supieron, luego fueron á
-recibir á Cortés y á todos nosotros los que veniamos en su compañía, y
-á darnos el parabien venido á su villa, y llevaron á Cortés á aposentar
-entre los vecinos, porque habia en aquella villa poblados muy buenos
-hidalgos; y luego mandó Cortés poner su estandarte delante de su posada
-y dar pregones, como se habia hecho en la villa de Santiago, y mandó
-buscar todas las ballestas y escopetas que habia, y comprar otras cosas
-necesarias y aun bastimentos; y de aquesta villa salieron hidalgos para
-ir con nosotros, y todos hermanos, que fué el capitan Pedro Albarado
-y Gonzalo de Albarado y Jorge de Albarado y Gonzalo y Gomez é Juan de
-Albarado el viejo, que era bastardo; el capitan Pedro de Albarado es el
-por muy muchas veces nombrado; é tambien salió de aquesta villa Alonso
-de Ávila, natural de Ávila, capitan que fué cuando lo de Grijalva, é
-salió Juan de Escalante é Pedro Sanchez Farfan, natural de Sevilla, y
-Gonzalo Mejía, que fué tesorero en lo de Méjico, é un Baena y Juanes
-de Fuenterrabia, y Cristóbal de Olí, que fué forzado, que fué maestre
-de campo en la toma de la ciudad de Méjico y en todas las guerras de
-la Nueva-España, é Ortiz el músico, é un Gaspar Sanchez, sobrino del
-tesorero de Cuba, é un Diego de Pineda ó Pinedo, y un Alonso Rodriguez,
-que tenia unas minas ricas de oro, y un Bartolomé García y otros
-hidalgos que no me acuerdo sus nombres, y todas personas de mucha valía.
-
-Y desde la Trinidad escribió Cortés á la villa de Santispíritus,
-que estaba de allí diez y ocho leguas, haciendo saber á todos los
-vecinos cómo iba á aquel viaje á servir á su majestad, y con palabras
-sabrosas é ofrecimientos para atraer á sí muchas personas de calidad
-que estaban en aquella villa poblados, que se decian Alonso Hernandez
-Puertocarrero, primo del conde de Medellin, y Gonzalo de Sandoval,
-alguacil mayor é gobernador que fué ocho meses, y capitan que despues
-fué en la Nueva-España, y á Juan Velazquez de Leon, pariente del
-gobernador Velazquez, y Rodrigo Rangel y Gonzalo Lopez de Jimena y su
-hermano Juan Lopez, y Juan Sedeño.
-
-Este Juan Sedeño era vecino de aquella villa; y declárolo así porque
-habia en nuestra armada otros dos Sedeños; y todos estos que he
-nombrado, personas muy generosas, vinieron á la villa de la Trinidad,
-donde Cortés estaba; y como lo supo que venian, los salió á recibir
-con todos nosotros los soldados que estábamos en su compañía, y se
-dispararon muchos tiros de artillería y les mostró mucho amor, y ellos
-le tenian grande acato.
-
-Digamos ahora cómo todas las personas que he nombrado, vecinos de
-la Trinidad, tenian en sus estancias, donde hacian el pan cazabe, y
-manadas de puercos cerca de aquella villa, y cada uno procuró de poner
-el más bastimento que podia.
-
-Pues estando desta manera recogiendo soldados y comprando caballos,
-que en aquella sazon é tiempo no los habia, sino muy pocos y caros; y
-como aquel hidalgo por mí ya nombrado, que se decia Alfonso Hernandez
-Puertocarrero, no tenia caballo ni aun de qué comprallo, Cortés le
-compró una yegua rucia y dió por ella unas lazadas de oro que traia en
-la ropa de terciopelo que mandó hacer en Santiago de Cuba (como dicho
-tengo); y en aquel instante vino un navío de la Habana á aquel puerto
-de la Trinidad, que traia un Juan Sedeño, vecino de la misma Habana,
-cargado de pan cazabe y tocinos que iba á vender á unas minas de oro
-cerca de Santiago de Cuba; y como saltó en tierra el Juan Sedeño, fué
-á besar las manos á Cortés, y despues de muchas pláticas que tuvieron,
-le compró el navío y tocinos y cazabe fiado, y se fué el Juan de Sedeño
-con nosotros.
-
-Ya teniamos once navíos, y todo se nos hacia prósperamente, gracias
-á Dios por ello; y estando de la manera que he dicho, envió Diego
-Velazquez cartas y mandamientos para que detengan la armada á Cortés;
-lo cual verán adelante lo que pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXII.
-
-CÓMO EL GOBERNADOR DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ DOS CRIADOS SUYOS EN POSTA
-Á LA VILLA DE LA TRINIDAD CON PODERES Y MANDAMIENTOS PARA REVOCAR Á
-CORTÉS EL PODER DE SER CAPITAN Y TOMALLE LA ARMADA, Y LO QUE PASÓ DIRÉ
-ADELANTE.
-
-
-Quiero volver algo atrás de nuestra plática, para decir que como
-salimos de Santiago de Cuba con todos los navíos de la manera que he
-dicho, dijeron á Diego Velazquez tales palabras contra Cortés, que le
-hicieron volver la hoja; porque le acusaban que ya iba alzado y que
-salió del puerto como á cencerros tapados, y que le habian oido decir
-que aunque pesase al Diego Velazquez habia de ser capitan, y que por
-este efecto habia embarcado todos sus soldados en los navíos de noche,
-para si le quitasen la capitanía por fuerza hacerse á la vela, y que
-le habian engañado al Velazquez su secretario Andrés de Duero y el
-contador Amador de Lares, y que por tratos que habia entre ellos y
-entre Cortés, que le habian hecho dar aquella capitanía.
-
-É quien más metió la mano en ello para convocar al Diego Velazquez que
-le revocase luego el poder eran sus parientes Velazquez, y un viejo que
-se decia Juan Millan, que le llamaban el Astrólogo; otros decian que
-tenia ramos de locura é que era atronado, y este viejo decia muchas
-veces al Diego Velazquez:
-
-—«Mira, señor, que Cortés se vengará ahora de vos de cuando le
-tuvistes preso, y como es mañoso, os ha de echar á perder si no lo
-remediais presto.»
-
-Á estas palabras y otras muchas que le decian dió oidos á ellas, y con
-mucha brevedad envió dos mozos de espuelas, de quien se fiaba, con
-mandamientos y provisiones para el alcalde mayor de la Trinidad, que se
-decia Francisco Verdugo, el cual era cuñado del mismo gobernador; en
-las cuales provisiones mandaba que en todo caso le detuviesen el armada
-á Cortés, porque ya no era capitan, y le habian revocado poder y dado á
-Vasco Porcallo.
-
-Y tambien traian cartas para Diego de Ordás y para Francisco de Morla y
-para todos los amigos y parientes del Diego Velazquez, para que en todo
-caso le quitasen la armada.
-
-Y como Cortés lo supo, habló secretamente al Ordás y á todos aquellos
-soldados y vecinos de la Trinidad que le pareció á Cortés que serian
-en favorecer las provisiones del gobernador Diego Velazquez, y tales
-palabras y ofertas les dijo, que los trujo á su servicio; y aun el
-mismo Diego de Ordás habló é invocó luego á Francisco Verdugo, que era
-alcalde mayor, que no hablasen en el negocio, sino que lo disimulasen;
-y púsole por delante que hasta allí no habia visto ninguna novedad en
-Cortés, ántes se mostraba muy servidor del gobernador; é ya que en
-algo se quisiesen poner por el Velazquez para quitarle la armada en
-aquel tiempo, que Cortés tenia muchos hidalgos por amigos, y enemigos
-del Diego Velazquez porque no les habia dado buenos indios; y demás
-de los hidalgos sus amigos, tenia grande copia de soldados y estaba
-muy pujante, y que seria meter zizaña en la villa, é que por ventura
-los soldados le darian sacomano é le robarian é harian otro peor
-desconcierto; y así, se quedó sin hacer bullicio; y el un mozo de
-espuelas de los que traian las cartas y recaudos se fué con nosotros,
-el cual se decia Pedro Laso, y con el otro mensajero escribió Cortés
-muy mansa y amorosamente al Diego Velazquez que se maravillaba de su
-merced de haber tomado aquel acuerdo, y que su deseo es servir á Dios y
-á S. M., y á él en su Real nombre; y que le suplicaba que no oyese más
-á aquellos señores sus deudos los Velazquez, ni por un viejo loco, como
-era Juan Millan, se mudase.
-
-Y tambien escribió á todos sus amigos, en especial al Duero y al
-contador, sus compañeros: y despues de haber escrito, mandó entender á
-todos los soldados en aderezar armas, y á los herreros que estaban en
-aquella villa, que siempre hiciesen casquillos, y á los ballesteros que
-desbastasen almacen para que tuviesen muchas saetas, y tambien atrujo y
-convocó á los herreros que se fuesen con nosotros, y así lo hicieron; y
-estuvimos en aquella villa doce dias, donde lo dejaré, y diré cómo nos
-embarcamos para ir á la Habana.
-
-Tambien quiero que vean los que esto leyeren la diferencia que hay de
-la relacion de Francisco Gómora cuando dice que envió á mandar Diego
-Velazquez á Ordás que convidase á comer á Cortés en un navío y lo
-llevase preso á Santiago. Y pone otras cosas en su corónica, que por
-no me alargar lo dejo de decir, y al parecer de los curiosos letores
-si lleva mejor camino lo que se vió por vista de ojos ó lo que dice el
-Gómora que no lo vió.
-
-Volvamos á nuestra materia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXIII.
-
-CÓMO EL CAPITAN HERNANDO CORTÉS SE EMBARCÓ CON TODOS LOS DEMÁS
-CABALLEROS Y SOLDADOS PARA IR POR LA BANDA DEL SUR AL PUERTO DE LA
-HABANA, Y ENVIÓ OTRO NAVÍO POR LA BANDA DEL NORTE AL MISMO PUERTO, Y LO
-QUE MÁS LE ACAECIÓ.
-
-
-Despues que Cortés vió que en la villa de la Trinidad no teniamos en
-qué entender, apercibió á todos los caballeros y soldados que allí se
-habian juntado para ir en su compañía, que embarcasen juntamente con él
-en los navíos que estaban en el puerto de la banda del Sur, y los que
-por tierra quisiesen ir, fuesen hasta la Habana con Pedro de Albarado,
-para que fuese recogiendo más soldados, que estaban en unas estancias
-que era camino de la misma Habana; porque el Pedro de Albarado era
-muy apacible, y tenia gracia en hacer gente de guerra. Yo fuí en su
-compañía por tierra, y más de otros cincuenta soldados.
-
-Dejemos esto, y diré que tambien mandó Cortés á un hidalgo que se decia
-Juan de Escalante, muy su amigo, que se fuese en un navío por la banda
-del norte. Y tambien mandó que todos los caballos fuesen por tierra.
-
-Pues ya despachado todo lo que dicho tengo, Cortés se embarcó en la nao
-capitana con todos los navíos para ir la derrota en la Habana.
-
-Parece ser que los naos que llevaba en conserva no vieron á la
-capitana, donde iba Cortés, porque era de noche, y fueron al puerto;
-y asimismo llegamos por tierra con Pedro de Albarado á la villa de la
-Habana; y el navío en que venia Juan de Escalante por la banda del
-norte tambien habia llegado, y todos los caballos que iban por tierra;
-y Cortés no vino, ni sabia dar razon dél ni dónde quedaba, y pasáronse
-cinco dias, y no habia nuevas ningunas de su navío, y teniamos
-sospechas no se hubiese perdido en los Jardines, que es cerca de las
-islas de Pinos, donde hay muchos bajos, que son diez ó doce leguas de
-la Habana; y fué acordada por todos nosotros que fuesen tres navíos
-de los de ménos porte en busca de Cortés; y sin aderezar los navíos
-y en debates, vaya Fulano, vaya Zutano, ó Pedro ó Sancho, se pasaron
-otros dos dias y Cortés no venia; y habia entre nosotros bandos y medio
-chirinolas sobre quién seria capitan hasta saber de Cortés; y quien
-más en ello metió la mano fué Diego de Ordás, como mayordomo mayor del
-Velazquez, á quien enviaba para entender solamente en lo de la armada,
-no se le alzase con ella.
-
-Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que como venia en el navío de mayor
-porte (como ántes tengo dicho), en el paraje de la isla de Pinos ó
-cerca de los Jardines hay muchos bajos, parece ser tocó y quedó algo
-en seco el navío, é no pudo navegar, y con el batel mandó descargar
-toda la carga que se pudo sacar, porque allí cerca habia tierra, donde
-lo descargaron; y desque vieron que el navío estuvo en floto y podia
-nadar, le metieron en más hondo, y tornaron á cargarlo que habian
-descargado en tierra, y dió vela; y fué su viaje hasta el puerto de
-la Habana; y cuando llegó, todos los más de los caballeros y soldados
-que le aguardábamos nos alegramos con su venida salvo algunos que
-pretendian ser capitanes; y cesaron las chirinolas.
-
-Y despues que le aposentamos en la casa de Pedro Barba, que era
-teniente de aquella villa por el Diego Velazquez, mandó sacar sus
-estandartes y ponellos delante de las casas donde posaba; y mandó dar
-pregones segun y de la manera de los pasados, y de allí de la Habana
-vino un hidalgo que se decia Francisco de Montejo, y este es el por mí
-muchas veces nombrado, que, despues de ganado Méjico fué adelantado y
-gobernador de Yucatan y Honduras; y vino Diego de Soto el de Toro, que
-fué mayordomo de Cortés en lo de Méjico; y vino un Angulo, Garci Caro
-y Sebastian Rodriguez y un Pacheco, y un fulano Gutierrez, y un Rojas
-(no digo Rojas el Rico), y un mancebo que se decia Santa Clara, y dos
-hermanos que se decian los Martinez del Fregenal, y un Juan de Najara
-(no lo digo por el sordo, el del juego de la pelota de Méjico), y todas
-personas de calidad, sin otros soldados que no me acuerdo sus nombres.
-
-Y cuando Cortés los vió todos aquellos hidalgos y soldados juntos
-se holgó en grande manera, y luego envió un navío á la punta de
-Guaniguanico, á en pueblo que allí estaba de indios, adonde hacian
-cazabe y tenian muchos puercos, para que cargase el navío de tocinos,
-porque aquella estancia era del gobernador Diego Velazquez; y envió
-por capitan del navío al Diego de Ordás, como mayordomo mayor de
-las haciendas del Velazquez, y envióle por tenelle apartado de sí;
-porque Cortés supo que no se mostró mucho en su favor cuando hubo las
-contiendas sobre quién seria capitan cuando Cortés estaba en la isla
-de Pinos, que tocó su navío, y por no tener contraste en su persona
-le envió; y le mandó que despues que tuviese cargado el navío de
-bastimentos, se estuviese aguardando en el mismo puerto de Guaniguanico
-hasta que se juntase con otro navío que habia de ir por la banda del
-norte, y que irian ámbos en conserva hasta lo de Cozumel, ó le avisaria
-con indios en canoas lo que habia de hacer.
-
-Volvamos á decir del Francisco de Montejo y de todos aquellos vecinos
-de la Habana, que metieron mucho matalotaje de cazabe y tocinos, que
-otra cosa no habia; y luego Cortés mandó sacar toda la artillería de
-los navíos, que eran diez tiros de bronce y ciertos falconetes, y dió
-cargo dellos á un artillero que se decia Mesa y á un levantisco que se
-decia Arbenga y á un Juan Catalan, para que los limpiasen y probasen y
-para que las pelotas y pólvora todo lo tuviesen muy á punto; é dióles
-vino y vinagre con que lo refinasen; y dióles por compañero á uno que
-se decia Bartolomé de Usagre.
-
-Asimismo mandó aderezar las ballestas y cuerdas, y nueces y almacen, é
-que tirasen á terrero, é que mirasen á cuántos pasos llegaba la fuga de
-cada una dellas.
-
-Y como en aquella tierra de la Habana habia mucho algodon, hicimos
-armas muy bien colchadas, porque son buenas para entre indios, porque
-es mucha la vara y flecha y lanzadas que daban, pues piedra era como
-granizo; y allí en la Habana comenzó Cortés á poner casa y á tratarse
-como señor, y el primer maestresala que tuvo fué un Guzman, que
-luego se murió ó mataron indios; no digo por el mayordomo Cristóbal
-de Guzman, que fué de Cortés, que prendió Gutemuz cuando la guerra de
-Méjico. Y tambien tuvo Cortés por camarero á un Rodrigo Rangel, y por
-mayordomo á un Juan de Cáceres, que fué, despues de ganado Méjico,
-hombre rico.
-
-Y todo esto ordenado, nos mandó apercebir para embarcar, y que los
-caballos fuesen repartidos en todos los navíos: hicieron pesebrera, y
-metieron mucho maíz y yerba seca.
-
-Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y yeguas que pasaron.
-
-El capitan Cortés, un caballo castaño zaino, que luego se le murió en
-San Juan de Ulúa.
-
-Pedro de Albarado y Hernando Lopez de Ávila, una yegua castaña muy
-buena, de juego y de carrera, y de que llegamos á la Nueva-España el
-Pedro de Albarado le compró la mitad de la yegua, ó se la tomó por
-fuerza.
-
-Alonso Hernandez Puertocarrero, una yegua rucia de buena carrera, que
-le compró Cortés por las lazadas de oro.
-
-Juan Velazquez de Leon, otra yegua rucia muy poderosa, que llamábamos
-la Rabona, muy revuelta y de buena carrera.
-
-Cristóbal de Olí, un caballo castaño oscuro, harto bueno.
-
-Francisco de Montejo y Alonso de Ávila, un caballo alazan tostado: no
-fué para cosa de guerra.
-
-Francisco de Morla, un caballo castaño oscuro, gran corredor y revuelto.
-
-Juan de Escalante, un caballo castaño claro, tresalvo, no fué bueno.
-
-Diego de Ordás, una yegua rucia, machorra, pasadera aunque corria poco.
-
-Gonzalo Dominguez, un muy extremado jinete, un caballo castaño oscuro
-muy bueno y grande corredor.
-
-Pedro Gonzalez de Trujillo, un buen caballo castaño, perfecto castaño,
-que corria muy bien.
-
-Moron, vecino del Vaimo, un caballo overo labrado de las manos, y era
-bien revuelto.
-
-Vaena, vecino de la Trinidad, un caballo overo algo sobre morcillo: no
-salió bueno.
-
-Lares, él muy buen jinete, un caballo muy bueno, de color castaño, algo
-claro y buen corredor.
-
-Ortiz el músico, y un Bartolomé García, que solia tener minas de oro,
-un muy buen caballo oscuro que decian el Arriero: este fué uno de los
-buenos caballos que pasamos en la armada.
-
-Juan Sedeño, vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió
-en el navío.
-
-Este Juan Sedeño pasó el más rico soldado que hubo en toda la armada,
-porque trujo un navío suyo, y la yegua y un negro, é cazabe é tocinos;
-porque en aquella sazon no se podia hallar caballos ni negros sino era
-á peso de oro, y á esta causa no pasaron más caballos, porque no los
-habia.
-
-Y dejallos hé aquí, y diré lo que allá nos avino, ya que estamos á
-punto para nos embarcar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXIV.
-
-CÓMO DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ Á UN SU CRIADO QUE SE DECIA GASPAR DE
-GARNICA, CON MANDAMIENTOS Y PROVISIONES PARA QUE EN TODO CASO SE
-PRENDIESE Á CORTÉS Y SE LE TOMASE EL ARMADA, Y LO QUE SOBRE ELLO SE
-HIZO.
-
-
-Hay necesidad que algunas cosas desta relacion vuelvan muy atrás á
-se relatar, para que se entienda bien lo que se escribe; y esto digo
-que parece ser que, como el Diego Velazquez vió y supo de cierto que
-Francisco Verdugo, su teniente ó cuñado, que estaba en la villa de la
-Trinidad, no quiso apremiar á Cortés que dejase el armada, ántes le
-favoreció, juntamente con Diego de Ordás, para que saliese, dice que
-estaba tan enojado el Diego Velazquez, que hacia bramuras, y decia al
-secretario Andrés de Duero y al contador Amador de Lares que ellos le
-habian engañado por el trato que hicieron, y que Cortés iba alzado, y
-acordó de enviar á un criado con cartas y mandamientos para la Habana á
-su teniente, que se decia Pedro Barba, y escribió á todos sus parientes
-que estaban por vecinos en aquella villa, y al Diego de Ordás y á
-Juan Velazquez de Leon, que eran sus deudos é amigos, rogándoles muy
-afectuosamente que en bueno ni en malo no dejasen pasar aquella armada,
-y que luego prendiesen á Cortés, y se lo enviasen preso é á buen
-recaudo á Santiago de Cuba.
-
-Llegado que llegó Garnica (que así se decia el que envió con las cartas
-y mandamientos á la Habana), se supo lo que traia, y con este mismo
-mensajero tuvo aviso Cortés de lo que enviaba el Velazquez, y fué de
-esta manera, que parece ser que un fraile de la Merced que se daba por
-servidor de Velazquez, que estaba en su compañía del mismo gobernador,
-escribia á otro fraile de su órden, que se decia fray Bartolomé de
-Olmedo, que iba con Cortés, y en aquella carta del fraile le avisaban
-á Cortés sus dos compañeros Andrés del Duero y el Contador de lo que
-pasaba: volvamos á nuestro cuento.
-
-Pues como al Ordás lo habia enviado Cortés á lo de los bastimentos
-con el navío (como dicho tengo), no tenia Cortés contraditor sino á
-Juan Velazquez de Leon; luego que le habló lo trujo á su mandado, y
-especialmente que el Juan Velazquez no estaba bien con el pariente,
-porque no le habia dado buenos indios.
-
-Pues á todos los más que habia escrito el Diego Velazquez, ninguno
-le acudia á su propósito; ántes todos á una se mostraron por Cortés,
-y el teniente Pedro Barba muy mejor; y demás desto, aquellos
-hidalgos Albarados, y el Alonso Hernandez Puertocarrero, y Francisco
-de Montejo, y Cristóbal de Olí, y Juan de Escalante, é Andrés
-de Monjaraz, y su hermano Gregorio de Monjaraz, y todos nosotros
-pusiéramos la vida por el Cortés.
-
-Por manera que si en la villa de la Trinidad se disimularon los
-mandamientos, muy mejor se callaron en la Habana entónces; y con el
-mismo Garnica escribió el teniente Pedro Barba al Diego Velazquez, que
-no osó prender á Cortés porque estaba muy pujante de soldados, é que
-hubo temor no metiese á sacomano la villa y la robase, y embarcase
-todos los vecinos y se los llevase consigo. É que, á lo que ha
-entendido, que Cortés era su servidor, é que no se atrevió á hacer otra
-cosa.
-
-Y Cortés le escribió al Velazquez con palabras tan buenas y de
-ofrecimientos, que los sabia muy bien decir, é que otro dia se haria á
-la vela, y que le seria muy servidor.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXV.
-
-CÓMO CORTÉS SE HIZO Á LA VELA CON TODA SU COMPAÑÍA DE CABALLEROS Y
-SOLDADOS PARA LA ISLA DE COZUMEL, Y LO QUE ALLÍ LE AVINO.
-
-
-No hicimos alarde hasta la villa de Cozumel, más de mandar Cortés
-que los caballos se embarcasen; y mandó Cortés á Pedro de Albarado
-que fuese por la banda del Norte en un buen navío que se decia San
-Sebastian, y mandó al piloto que llevaba el navío que le aguardase
-en la punta de San Anton, para que allí se juntase con todos los
-navíos para ir en conserva hasta Cozumel, y envió mensajero á Diego
-de Ordás, que habia ido por el bastimento, que aguardase que hiciese
-lo mismo, porque estaba en la banda del Norte; y en 10 dias del mes
-de Febrero, año de 1519, despues de haber oido Misa, nos hicimos á
-la vela con nueve navíos por la banda del Sur con la copia de los
-caballeros y soldados que dicho tengo, y con los dos navíos de la banda
-del Norte (como he dicho), que fueron once con el en que fué Pedro de
-Albarado con sesenta soldados, é yo fuí en su compañía, y el piloto
-que llevábamos, que se decia Camacho, no tuvo cuenta de lo que le fué
-mandado por Cortés y siguió su derrota, y llegamos dos dias ántes que
-Cortés á Cozumel, y surgimos en el puerto, ya por mí otras veces dicho
-cuando lo de Grijalva; y Cortés aún no habia llegado con su flota, por
-causa que un navío en que venia por capitan Francisco de Morla, con
-tiempo se le saltó el gobernalle, y fué socorrido con otro gobernalle
-de los navíos que venian con Cortés, y vinieron todos en conserva.
-
-Volvamos á Pedro de Albarado, que así como llegamos al puerto saltamos
-en tierra en el pueblo de Cozumel con todos los soldados, y no hallamos
-indios ningunos, que se habian ido huyendo; y mandó que luego fuésemos
-á otro pueblo que estaba de allí una legua, y tambien se amontaron
-é huyeron los naturales, y no pudieron llevar su hacienda, y dejaron
-gallinas é otras cosas; y de las gallinas mandó Pedro de Albarado que
-tomasen hasta cuarenta dellas, y tambien en una casa de adoratorios
-de ídolos tenian unos paramentos de mantas viejas é unas arquillas
-donde estaban unas como diademas é ídolos, cuentas é pinjantillos de
-oro bajo, é tambien se les tomó dos indios é una india, y volvimos al
-pueblo donde desembarcamos.
-
-Estando en esto llegó Cortés con todos los navíos, y despues de
-aposentado, la primera cosa que se hizo fué mandar echar preso en
-grillos al piloto Camacho porque no aguardó en la mar, como lo fué
-mandado.
-
-Y desque vió al pueblo sin gente, y supo cómo Pedro de Albarado habia
-ido al otro pueblo, é que les habia tomado gallinas é paramentos y
-otras cosillas de poco valor, de los ídolos y el oro medio cobre,
-mostró tener mucho enojo dello y de cómo no aguardó el piloto; y
-reprendióle gravemente al Pedro de Albarado, y le dijo que no se habian
-de apaciguar las tierras de aquella manera, tomando á los naturales su
-hacienda; y luego mandó traer á los dos indios y la india que habiamos
-tomado, y con Melchorejo, que llevábamos de la Punta de Cotoche,
-que entendia bien aquella lengua, les habló, porque Julianillo su
-compañero se habia muerto, que fuesen á llamar los caciques é indios
-de aquel pueblo, y que no hubiesen miedo, y les mandó volver el oro
-é paramentos y todo lo demás, é por las gallinas, que ya se habian
-comido, les mandó dar cuentas é cascabeles, é más dió á cada indio una
-camisa de Castilla.
-
-Por manera que fueron á llamar el señor de aquel pueblo, é otro dia
-vino el cacique con toda su gente, hijos y mujeres de todos los del
-pueblo, y andaban entre nosotros como si toda su vida nos hubieran
-tratado; é mandó Cortés que no se les hiciese enojo ninguno.
-
-Aquí en esta isla comenzó Cortés á mandar muy de hecho, y nuestro
-Señor le daba gracia que do quiera que ponia la mano se le hacia bien
-especial en pacificar los pueblos y naturales de aquellas partes, como
-adelante verán.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXVI.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER ALARDE DE TODO SU EJÉRCITO, Y DE LO QUE MÁS NOS
-AVINO.
-
-
-De allí á tres dias que estábamos en Cozumel mandó Cortés hacer alarde
-para ver qué tantos soldados llevaba, é halló por su cuenta que éramos
-quinientos y ocho, sin maestres y pilotos é marineros, que serian
-ciento y nueve, y diez y seis caballos é yeguas, las yeguas todas
-eran de juego y de carrera, é once navíos grandes y pequeños, con uno
-que era como bergantin, que traia á cargo un Ginés Nortes, y eran
-treinta y dos ballesteros y trece escopeteros, que así se llamaban en
-aquel tiempo, é tiros de bronce é cuatro falconetes, é mucha pólvora é
-pelotas, y esto desta cuenta de los ballesteros no se me acuerda bien,
-no hace al caso de la relacion; y hecho el alarde, mandó á Mesa el
-artillero, que así se llamaba, é á un Bartolomé de Usagre, é Arbenga é
-á un catalan, que todos eran artilleros, que lo tuviesen muy limpio é
-aderezado, é los tiros y pelotas muy á punto, juntamente con la pólvora.
-
-Puso por capitan de la artillería á un Francisco de Orozco, que habia
-sido buen soldado en Italia; asimismo mandó á los ballesteros, maestros
-de aderezar ballestas, que se decian Juan Benitez y Pedro de Guzman
-el Ballestero, que mirasen que todas las ballestas tuviesen á dos y á
-tres nueces é otras tantas cuerdas, y que siempre tuviesen cepillo é
-ingijuela, y tirasen á terrero, y que caballos estuviesen á punto.
-
-No sé yo en qué gasto ahora tanta tinta en meter la mano en cosas de
-apercibimiento de armas y de lo demás; porque Cortés verdaderamente
-tenia grande vigilancia en todo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXVII.
-
-CÓMO CORTÉS SUPO DE DOS ESPAÑOLES QUE ESTABAN EN PODER DE INDIOS EN LA
-PUNTA DE COTOCHE, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Como Cortés en todo ponia gran diligencia, me mandó llamar á mí é á un
-vizcaino que se llamaba Martin Ramos, é nos preguntó que qué sentiamos
-de aquellas palabras que nos hubieron dicho los indios de Campeche
-cuando venimos con Francisco Hernandez de Córdoba, que decian Castilan,
-Castilan, segun lo he dicho en el capítulo que dello habla; y nosotros
-se lo tornamos á contar segun y de la manera que lo habiamos visto é
-oido, é dijo que ha pensado en ello muchas veces, é que por ventura
-estarian algunos españoles en aquellas tierras, é dijo:
-
-—«Paréceme que será bien preguntar á estos caciques de Cozumel si
-sabian alguna nueva dellos.»
-
-É con Melchorejo, el de la Punta de Cotoche, que entendia ya poca
-cosa la lengua de Castilla, é sabia muy bien la de Cozumel, se lo
-preguntó á todos los principales, é todos á una dijeron que habian
-conocido ciertos españoles, é daban señas dellos, y que en la tierra
-adentro, andadura de dos soles, estaban, y los tenian por esclavos
-unos caciques, y que allí en Cozumel habia indios mercaderes que les
-hablaron pocos dias habia; de lo cual todos nos alegramos con aquellas
-nuevas.
-
-É díjoles Cortés que luego les fuesen á llamar con carta, que en su
-lengua llaman _amales_, é dió á los caciques y á los indios que fueron
-con las cartas, camisas, y los halagó, y les dijo que cuando volviesen
-les darian más cuentas; y el cacique dijo á Cortés que enviase rescate
-para los amos con quien estaban, que los tenian por esclavos, porque
-los dejasen venir; y así se hizo, que se les dió á los mensajeros de
-todo género de cuentas, y luego mandó apercebir dos navíos, los de
-ménos porte, que el uno era poco mayor que bergantin, y con veinte
-ballesteros y escopeteros, y por capitan dellos á Diego de Ordás; y
-mandó que estuviesen en la costa de la Punta de Cotoche, aguardando
-ocho dias con el navío mayor: y entre tanto que iban y venian con
-la respuesta de las cartas, con el navío pequeño volviesen á dar la
-respuesta á Cortés de lo que hacian, porque estaba aquella tierra de la
-Punta de Cotoche obra de cuatro leguas, y se parece la una tierra desde
-la otra; y escrita la carta, decia en ella:
-
- «Señores y hermanos: Aquí en Cozumel he sabido que estais en
- poder de un cacique detenidos, y os pido por merced que luego
- os vengais aquí en Cozumel, que para ello envio un navío con
- soldados, si los hubiéredes menester, y rescate para dar á esos
- indios con quien estais y lleva el navío de plazo ocho dias
- para su aguardar. Veníos con toda brevedad; de mí sereis bien
- mirados y aprovechados. Yo quedo aquí en esta isla con quinientos
- soldados y once navíos; en ellos voy mediante Dios, la via de un
- pueblo que se dice Tabasco ó Potonchan, etc.»
-
-Luego se embarcaron en los navíos con las cartas y los dos indios
-mercaderes de Cozumel que las llevaban, y en tres horas atravesaron
-el golfete, y echaron en tierra los mensajeros con las cartas y el
-rescate, y en dos dias las dieron á un español que se decia Jerónimo de
-Aguilar, que entónces supimos que así se llamaba, y de aquí adelante
-así le nombraré.
-
-Y desque las hubo leido, y recebido el rescate de las cuentas que le
-enviamos, él se holgó con ello y lo llevó á su amo el Cacique para
-que le diese licencia; la cual luego la dió para que se fuese adonde
-quisiese.
-
-Caminó el Aguilar adonde estaba su compañero, que se decia Gonzalo
-Guerrero, que le respondió:
-
-—«Hermano Aguilar, yo soy casado, tengo tres hijos, y tiénenme por
-cacique y capitan cuando hay guerras: íos vos con Dios; que yo tengo
-labrada la cara é horadadas las orejas; ¿qué dirán de mí desque me vean
-esos españoles ir desta manera? É ya veis estos mis tres hijitos cuán
-bonitos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que
-traeis, para ellos, y diré que mis hermanos me las envian de mi tierra.»
-
-É asimismo la india mujer del Gonzalo habló al Aguilar en su lengua
-muy enojada, y le dijo:
-
-—«Mira con qué viene este esclavo á llamar á mi marido: íos vos, y no
-cureis de más pláticas.»
-
-Y el Aguilar tornó á hablar al Gonzalo que mirase que era cristiano,
-que por una india no se perdiese el ánima; y si por mujer é hijos lo
-habia, que la llevase consigo si no los queria dejar; y por más que le
-dijo é amonestó, no quiso venir. Y parece ser aquel Gonzalo Guerrero
-era hombre de la mar, natural de Pálos.
-
-Y desque el Jerónimo de Aguilar vido que no queria venir, se vino
-luego con los dos indios mensajeros adonde habia estado el navío
-aguardándole, y desque llegó no le halló; que ya se habia ido, porque
-ya se habian pasado los ocho dias, é aun uno más que llevó de plazo de
-Ordás para que aguardase; porque desque vió el Aguilar no venia, se
-volvió á Cozumel, sin llevar recaudo á lo que habia venido; y desque el
-Aguilar vió que no estaba allí el navío, quedó muy triste, y se volvió
-á su amo al pueblo donde ántes solia vivir.
-
-Y dejaré esto, é diré cuando Cortés vió venir al Ordás sin recaudo ni
-nueva de los españoles ni de los indios mensajeros, estaba tan enojado,
-que dijo con palabras soberbias el Ordás que habia creido que otro
-mejor recaudo trajera que no venirse así sin los españoles ni nueva
-dellos; porque ciertamente estaban en aquella tierra.
-
-Pues en aquel instante aconteció que unos marineros que se decian los
-Peñates, naturales de Gibraleon, habian hurtado á un soldado que se
-decia Berrio ciertos tocinos, y no se los querian dar, y quejóse el
-Berrio á Cortés; y tomado juramento á los marineros, se perjuraron, y
-en la pesquisa pareció el hurto; los cuales tocinos estaban repartidos
-en los siete marineros, é á todos siete los mandó luego azotar; que no
-aprovecharon ruegos de ningun capitan. Donde lo dejaré, así esto de
-los marineros como esto del Aguilar, é nos iremos sin él nuestro viaje
-hasta su tiempo y sazon.
-
-Y diré cómo venian muchos indios en romería á aquella isla de Cozumel,
-los cuales eran naturales de los pueblos comarcanos de la Punta de
-Cotoche y de otras partes de tierra de Yucatan; porque, segun pareció,
-habia allí en Cozumel ídolos de muy disformes figuras, y estaban en un
-adoratorio.
-
-En aquellos ídolos tenian por costumbre en aquella tierra por aquel
-tiempo de sacrificar, y una mañana estaba lleno el patio donde estaban
-los ídolos, de muchos indios é indias quemando resina, que es como
-nuestro incienso; y como era cosa nueva para nosotros, paramos á mirar
-en ello con atencion, y luego se subió encima de un adoratorio un indio
-viejo con mantas largas, el cual era Sacerdote de aquellos ídolos (que
-ya he dicho otras veces que Papas los llaman en la Nueva-España) é
-comenzó á predicalles un rato, é Cortés y todos nosotros miramos en
-qué paraba aquel negro sermon; é Cortés preguntó á Melchorejo, que
-entendia muy bien aquella lengua, que qué era aquello que decia aquel
-indio viejo; é supo que les predicaba cosas malas; é luego mandó llamar
-al cacique é á todos los principales é al mesmo papa, é como mejor se
-pudo dárselo á entender con aquella nuestra lengua, y les dijo que si
-habian de ser nuestros hermanos, que quitasen de aquella casa aquellos
-sus ídolos, que eran muy malos é les harian errar, y que no eran
-dioses, sino cosas malas, y que les llevarian al infierno sus almas; y
-se les dió á entender otras cosas santas é buenas, é que pusiesen una
-imágen de Nuestra Señora que les dió, é una cruz, y que siempre serian
-ayudados é tendrian buenas sementeras, é se salvarian sus ánimas, y se
-les dijo otras cosas acerca de nuestra santa fe, bien dichas.
-
-Y el papa con los caciques respondieron que sus antepasados adoraban en
-aquellos dioses porque eran buenos, é que no se atrevian ellos de hacer
-otra cosa, é que se los quitásemos nosotros, y que veriamos cuánto
-mal nos iba dello, porque nos iriamos á perder en la mar; é luego
-Cortés mandó que los despedazásemos y echásemos á rodar unas gradas
-abajo, é así se hizo; y luego mandó traer mucha cal, que habia harta
-en aquel pueblo, é indios albañiles, y se hizo un altar muy limpio,
-donde pusiésemos la imágen de Nuestra Señora; é mandó á dos de nuestros
-carpinteros de lo blanco, que se decian Alonso Yañez é Álvaro Lopez,
-que hiciesen una cruz de unos maderos nuevos que allí estaban; la cual
-se puso en uno como humilladero que estaba hecho cerca del altar, é
-dijo Misa el Padre que se decia Juan Diaz, y el papa é cacique y todos
-los indios estaban mirando con atencion.
-
-Llaman en esta isla de Cozumel á los caciques calachionis, como otra
-vez he dicho en lo de Potonchan.
-
-Y dejallos hé aquí, y pasaré adelante, é diré cómo nos embarcamos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXVIII.
-
-CÓMO CORTÉS REPARTIÓ LOS NAVÍOS Y SEÑALÓ CAPITANES PARA IR EN ELLOS, Y
-ASIMISMO SE DIÓ LA INSTRUCCION DE LO QUE HABIAN DE HACER Á LOS PILOTOS,
-Y LAS SEÑALES DE LOS FAROLES DE NOCHE, Y OTRAS COSAS QUE NOS AVINO.
-
-
-Cortés, que llevaba la capitana; Pedro de Albarado y sus hermanos, un
-buen navío que se decia San Sebastian; Alonso Hernandez Puertocarrero,
-otro; Francisco de Montejo, otro buen navío; Cristóbal de Olí, otro;
-Diego de Ordás, otro; Juan Velazquez de Leon, otro; Juan de Escalante,
-otro; Francisco de Morla, otro; otro de Escobar, el paje, y el más
-pequeño, como bergantin, Ginés Nortes, y en cada navío su piloto, y
-el piloto mayor Anton de Alaminos, y las instrucciones por donde se
-habian de regir é lo que habian de hacer, y de noche las señales de los
-faroles; y Cortés se despidió de los caciques é papas, y les encomendó
-aquella imágen, de nuestra Señora, é á la cruz que la reverenciasen é
-tuviesen limpio y enramado, y verian cuánto provecho dello les venia; é
-dijéronle que así lo harian, é trajéronle cuatro gallinas y dos jarros
-de miel, y se abrazaron; y embarcados que fuimos en ciertos dias del
-mes de Marzo de 1519 años, dimos velas é con muy buen tiempo íbamos
-nuestra derrota; é aquel mismo dia á hora de las diez dan desde una nao
-grandes voces, é capean é tiran un tiro para que todos los navíos que
-veniamos en conserva lo oyesen; y como Cortés lo oyó é vió, se puso
-luego en el bordo de la capitana, é vido ir arribando el navío en que
-venia Juan de Escalante, que se volvia hácia Cozumel; é dijo Cortés á
-otras naos que venian allí cerca:
-
-—«¿Qué es aquello, qué es aquello?»
-
-Y un soldado que se decia Zaragoza le respondió que se anegaba el navío
-de Escalante, que era adonde iba el cazabe.
-
-Y Cortés dijo:
-
-—«Plegue á Dios no tengamos algun desman.»
-
-Y mandó al piloto Alaminos que hiciese señas á todos los navíos que
-arribasen á Cozumel.
-
-Ese mismo dia volvimos al puerto donde salimos, y descargamos el
-cazabe, y hallamos la imágen de nuestra Señora y la cruz muy limpio é
-puesto incienso, y dello nos alegramos; é luego vino el Cacique y papas
-á hablar á Cortés, y le preguntaron que á qué volviamos; é dijo que
-porque hacia agua un navío, que lo queria adobar, y que les rogaba que
-con todas sus canoas ayudasen á los bateles á sacar el pan cazabe, y
-así lo hicieron; y estuvimos en adobar el navío cuatro dias.
-
-Y dejemos de más hablar en ello, é diré cómo lo supo el español que
-estaba en poder de indios, que se decia Aguilar, y lo que más hicimos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXIX.
-
-CÓMO EL ESPAÑOL QUE ESTABA EN PODER DE INDIOS, QUE SE LLAMABA JERÓNIMO
-DE AGUILAR, SUPO CÓMO HABIAMOS ARRIBADO Á COZUMEL, Y SE VINO Á
-NOSOTROS, Y LO QUE MÁS PASÓ.
-
-
-Cuando tuvo noticia cierta el español que estaba en poder de los indios
-que habiamos vuelto á Cozumel con los navíos, se alegró en grande
-manera y dió gracias á Dios, y mucha priesa en se venir él y los indios
-que llevaron las cartas y rescate á se embarcar en una canoa; y como
-la pagó bien en cuentas verdes del rescate que le enviamos, luego la
-halló alquilada con seis indios remeros con ella; y dan tal priesa en
-remar, que en espacio de poco tiempo pasaron el golfete que hay de una
-tierra á la otra, que serian cuatro leguas, sin tener contraste de la
-mar; y llegados á la costa de Cozumel, ya que estaban desembarcando,
-dijeron á Cortés unos soldados que iban á montería (porque habia en
-aquella isla puercos de la tierra) que habia venido una canoa grande
-allí junto del pueblo, y que venia de la Punta de Cotoche; é mandó
-Cortés á Andrés de Tapia y á otros dos soldados que fuesen á ver qué
-cosa nueva era venir allí junto á nosotros indios sin temor ninguno con
-canoas grandes, é luego fueron; y desque los indios que venian en la
-canoa, que traia alquilados el Aguilar, vieron los españoles, tuvieron
-temor y se querian tornar á embarcar é hacer á lo largo con la canoa;
-é Aguilar les dijo en su lengua que no tuviesen miedo, que eran sus
-hermanos; y el Andrés de Tapia, como los vió que eran indios (porque el
-Aguilar ni más ni ménos era que indio), luego envió á decir á Cortés
-con un español que siete indios de Cozumel eran los que allí llegaron
-en la canoa; y despues que hubieron saltado en tierra, el español, mal
-mascado y peor pronunciado, dijo:
-
-—«Dios y Santa María y Sevilla.»
-
-É luego le fué á abrazar el Tapia; é otro soldado de los que habian ido
-con el Tapia á ver qué cosa era, fué á mucha prisa á demandar albricias
-á Cortés, como era español el que venia en la canoa, de que todos
-nos alegramos; y luego se vino el Tapia con el español donde estaba
-Cortés; é ántes que llegasen donde Cortés estaba, ciertos españoles
-preguntaban al Tapia qué es del español, aunque iba allí junto con
-él, porque le tenian por indio propio, porque de suyo era moreno é
-tresquilado á manera de indio esclavo, é traia un remo al hombro é una
-cotara vieja calzada y la otra en la cinta, é una manta vieja muy ruin
-é un braguero peor, con que cubria sus vergüenzas, é traia atado en la
-manta un bulto, que eran horas muy viejas.
-
-Pues desque Cortés lo vió de aquella manera, tambien picó como los
-demás soldados y preguntó al Tapia que qué era del español. Y el
-español como lo entendió se puso en cuclillas, como hacen los indios, é
-dijo:
-
-—«Yo soy.»
-
-Y luego le mandó dar de vestir camisa é jubon, é zaragüelles, é
-caperuza, é alpargates, que otros vestidos no habia, y le preguntó de
-su vida é cómo se llamaba y cuándo vino á aquella tierra.
-
-Y él dijo, aunque no bien pronunciado, que se decia Jerónimo de Aguilar
-y que era natural de Écija, y que tenia órdenes de Evangelio; que habia
-ocho años que se habia perdido él y otros quince hombres y dos mujeres
-que iban desde el Darien á la isla de Santo Domingo, cuando hubo unas
-diferencias y pleitos de un Enciso y Valdivia, é dijo que llevaban diez
-mil pesos de oro y los procesos de unos contra los otros, y que el
-navío en que iban dió en los alacranes, que no pudo navegar, y que en
-el batel del mismo navío se metieron él y sus compañeros é dos mujeres,
-creyendo tomar la isla de Cuba ó á Jamáica, y que las corrientes eran
-muy grandes, que les echaron en aquella tierra, y que los calachionis
-de aquella comarca los repartieron entre sí, y que habian sacrificado
-á los ídolos muchos de sus compañeros, y dellos se habian muerto de
-dolencia; é las mujeres, que poco tiempo pasado habia que de trabajo
-tambien se murieron, porque las hacian moler, y que á él que le tenian
-para sacrificar, é una noche se huyó y se fué á aquel cacique, con
-quien estaba (ya no se me acuerda el nombre que allí le nombró), y que
-no habian quedado de todos sino él é un Gonzalo Guerrero, é dijo que le
-fué á llamar é no quiso venir.
-
-Y desque Cortés le oyó dió muchas gracias á Dios por todo, y le dijo
-que, mediante Dios, que dél seria bien mirado y gratificado. Y le
-preguntó por la tierra é pueblos, y el Aguilar dijo que, como le tenian
-por esclavo, que no sabia sino traer leña é agua y cavar en los maices;
-que no habia salido sino hasta cuatro leguas que le llevaron con una
-carga, y que no la pudo llevar é cayó malo dello, y que ha entendido
-que hay muchos pueblos.
-
-Y luego le preguntó por el Gonzalo Guerrero, é dijo que estaba casado y
-tenia tres hijos, y que tenia labrada la cara é horadadas las orejas y
-el bezo de abajo, y que era hombre de la mar, natural de Pálos, y que
-los indios le tienen por esforzado; y que habia poco más de un año que
-cuando vinieron á la Punta de Cotoche una capitanía con tres navíos
-(parece ser que fueron cuando venimos los de Francisco Hernandez de
-Córdoba), que él fué inventor que nos diesen la guerra que nos dieron,
-y que vino él allí por capitan, juntamente con un cacique de un gran
-pueblo, segun ya he dicho en lo de Francisco Hernandez de Córdoba.
-
-É cuando Cortés lo oyó dijo:
-
-—«En verdad que le querria haber á las manos, porque jamás será bueno
-dejársele.»
-
-É diré cómo los caciques de Cozumel cuando vieron al Aguilar que
-hablaba su lengua, le daban muy bien de comer, y el Aguilar los
-aconsejaba que siempre tuviesen devocion y reverencia á la santa imágen
-de nuestra Señora y á la cruz, que conocieran que por ello les vendria
-mucho bien; é los caciques, por consejo de Aguilar, demandaron una
-carta de favor á Cortés, para que si viniesen á aquel puerto otros
-españoles, que fuesen bien tratados é no les hiciesen agravios; la cual
-carta luego se la dió; y despues de despedidos con muchos halagos é
-ofrecimientos, nos hicimos á la vela para el rio de Grijalva, y desta
-manera que he dicho se hubo Aguilar, y no de otra, como lo escribe el
-coronista Gómora; é no me maravillo, pues lo que dice es por nuevas.
-
-Y volvamos á nuestra relacion.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXX.
-
-CÓMO NOS TORNAMOS Á EMBARCAR Y NOS HICIMOS Á LA VELA PARA EL RIO DE
-GRIJALVA, Y LO QUE NOS AVINO EN EL VIAJE.
-
-
-En 4 dias del mes de Marzo de 1519 años, habiendo tan buen suceso en
-llevar tan buena lengua y fiel, mandó Cortés que nos embarcásemos segun
-y de la manera que habiamos venido ántes que arribásemos á Cozumel, é
-con las mismas instrucciones y señas de los faroles para de noche.
-
-Yendo navegando con buen tiempo, revuelve un tiempo, ya que queria
-anochecer, tan recio y contrario, que echó cada navío por su parte, con
-harto riesgo de dar en tierra; y quiso Dios que á media noche aflojó, y
-desque amaneció luego se volvieron á juntar todos los navíos, excepto
-uno en que iba Juan Velazquez de Leon; é íbamos nuestro viaje sin saber
-dél hasta medio dia, de lo cual llevábamos pena, creyendo fuese perdido
-en unos bajos, y desque se pasaba el dia é no parecia, dijo Cortés
-al piloto Alaminos que no era ir bien más adelante sin saber dél, y
-el piloto hizo señas á todos los navíos que estuviesen al reparo,
-aguardando si por ventura le echó el tiempo en alguna ensenada, donde
-no podia salir por ser el tiempo contrario; é como vió que no venia,
-dijo el piloto á Cortés:
-
-—«Señor, tengo por cierto que se metió en uno como puerto ó bahía que
-queda atrás, y que el viento no le deja salir, porque el piloto que
-llevaba es el que vino con Francisco Hernandez de Córdoba é volvió con
-Grijalva, que se decia Juan Álvarez el Manquillo, é sabe aquel puerto.»
-
-Y luego fue acordado de volver á buscarle con toda la armada, y en
-aquella bahía donde habia dicho el piloto lo hallamos anclado, de que
-todos hubimos placer; y estuvimos allí un dia, y echamos dos bateles
-en el agua, é saltó en tierra el piloto é un capitan que se decia
-Francisco de Lugo; é habia por allí unas estancias donde habia maizales
-é hacian sal, y tenian cuatros cues, que son casas de ídolos, y en
-ellos muchas figuras, é todas las más de mujeres, y eran altas de
-cuerpo y se puso nombre á aquella tierra la Punta de las Mujeres.
-
-Acuérdome que decia el Aguilar que cerca de aquellas estancias estaba
-el pueblo donde era esclavo, y que allí vino cargado, que le trujo
-su amo, é cayó malo de traer la carga; y que tambien estaba no muy
-léjos el pueblo donde estaba Gonzalo Guerrero, y que todos tenian oro,
-aunque era poco, y que si queria, que él guiaria, y que fuésemos allá;
-é Cortés le dijo riendo que no venia para tan pocas cosas, sino para
-servir á Dios é al Rey.
-
-É luego mandó Cortés á un capitan que se decia Escobar que fuese en
-el navío de que era capitan, que era muy velero y demandaba poca
-agua, hasta Boca de Términos, é mirase muy bien qué tierra era, é si
-era buen puerto para poblar, é si habia mucha caza, como le habian
-informado; y esto que le mandó fué por consejo del piloto, porque
-cuando por allí pasásemos con todos los navíos no nos detener en entrar
-en él; y que despues de visto, que pusiese una señal y quebrase árboles
-en la boca del puerto, ó escribiese una carta é la pusiese donde la
-viésemos de una parte y de otra del puerto para que conociésemos
-que habia entrado dentro, ó que aguardase en la mar á la armada
-barloventeando despues que lo hubiese visto.
-
-Y luego el Escobar partió é fué á Puerto de Términos (que así se
-llama), é hizo todo lo que le fué mandado, é halló la lebrela que se
-hubo quedado cuando lo de Grijalva, y estaba gorda é lucia; é dijo el
-Escobar que cuando la lebrela vió el navío que estaba en el puerto,
-que estaba halagando con la cola é haciendo otras señas de halagos,
-y se vino luego á los soldados, y se metió con ellos en la nao; y
-esto hecho, se salió luego el Escobar del puerto á la mar, y estaba
-esperando el armada, é parece ser, con viento Sur que le dió, no pudo
-esperar al reparo y metióse mucho en la mar.
-
-Volvamos á nuestra armada, que quedábamos en la Punta de las Mujeres,
-que otro dia de mañana salimos con buen tiempo terral y llegamos en
-Boca de Términos, y no hallamos á Escobar.
-
-Mandó Cortés que sacasen el batel y con diez ballesteros le fuesen á
-buscar en la Boca de Términos ó á ver si habia señal ó carta; y luego
-se halló árboles cortados é una carta que en ella decia cómo era muy
-buen puerto y buena tierra y de mucha caza, é lo de la lebrela; é dijo
-el piloto Alaminos á Cortés que fuésemos nuestra derrota, porque con
-el viento Sur se debia haber metido en la mar, y que no podria ir muy
-léjos, porque habia de navegar á orza.
-
-Y puesto que Cortés sintió pena no le hubiese acaecido algun desman,
-mandó meter velas, y luego le alcanzamos, y dió el Escobar sus
-descargos á Cortés y la causa porque no pudo aguardar.
-
-Estando en esto llegamos en el paraje de Potonchan, y Cortés mandó
-al piloto que surgiésemos en aquella ensenada; y el piloto respondió
-que era mal puerto, porque habian de estar los navíos surtos más de
-dos leguas léjos de tierra, que mengua mucho la mar; porque tenia
-pensamiento Cortés de dalles una buena mano por el desbarate de lo de
-Francisco Hernandez de Córdoba é Grijalva, y muchos de los soldados que
-nos habiamos hallado en aquellas batallas se lo suplicamos que entrase
-dentro, é no quedasen sin buen castigo, aunque se detuviesen allí dos ó
-tres dias.
-
-El piloto Alaminos con otros pilotos porfiaron que si allí entrábamos
-que en ocho dias no podriamos salir, por el tiempo contrario, y que
-ahora llevábamos buen viento y que en dos dias llegariamos á Tabasco; é
-así, pasamos de largo, y en tres dias que navegamos llegamos al rio de
-Grijalva; é lo que allí nos acaeció y las guerras que nos dieron diré
-adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXI.
-
-CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE GRIJALVA, QUE EN LENGUA DE INDIOS LLAMAN
-TABASCO, Y DE LO QUE MÁS CON ELLOS PASAMOS.
-
-
-En 12 dias del mes de Marzo de 1519 años llegamos con toda la armada
-al rio Grijalva, que se dice de Tabasco; y como sabiamos ya de cuando
-lo de Grijalva que en aquel puerto é rio no podian entrar navíos de
-mucho porte, surgieron en la mar los mayores, y con los pequeños é
-los bateles fuimos todos los soldados á desembarcar á la Punta de los
-Palmares (como cuando con Grijalva), que estaba del pueblo de Tabasco
-otra media legua, y andaban por el rio, en la ribera, entre unos
-manglares todo lleno de indios guerreros; de lo cual nos maravillamos
-los que habiamos venido con Grijalva; y demás desto, estaban juntos
-en el pueblo más de doce mil guerreros aparejados para darnos guerra,
-porque en aquella sazon aquel pueblo era de mucho trato y estaban
-sujetos á él otros grandes pueblos, y todos los tenian apercebidos con
-todo género de armas segun las usaban.
-
-Y la causa dello fué porque los de Potonchan é los de Lázaro y otros
-pueblos comarcanos los tuvieron por cobardes, y se lo dieron en rostro,
-por causa que dieron á Grijalva las joyas de oro que ántes he dicho
-en el capítulo que dello habla, y que de medrosos no nos osaron dar
-guerra, pues eran más pueblos y tenian más guerreros que no ellos; y
-esto les decian por afrentarlos; y que en sus pueblos nos habian dado
-guerra y muerto cincuenta y seis hombres.
-
-Por manera que con aquellas palabras que les habian dicho se
-determinaron de tomar armas; y cuando Cortés los vió puestos de aquella
-manera dijo á Aguilar, la lengua, que entendia bien la de Tabasco, que
-dijese á unos indios que parecian principales, que pasaban en una gran
-canoa cerca de nosotros, que para qué andaban tan alborotados, que no
-les veniamos á hacer ningun mal, sino á decilles que les queremos dar
-de lo que traemos, como á hermanos; y que les rogaba que mirasen no
-comenzasen la guerra, porque les pesaria dello, y les dijo otras muchas
-cosas acerca de la paz; é miéntras más les decia el Aguilar, más bravos
-se mostraban, y decian que nos matarian á todos si entrábamos en su
-pueblo, porque le tenian muy fortalecido todo á la redonda de árboles
-muy gruesos, de cercas é albarradas.
-
-Aguilar les tornó á hablar y requerir con la paz, y que nos dejasen
-tomar agua é comprar de comer á trueco de nuestro rescate, é tambien
-decir á los calachionis cosas que sean de su provecho y servicio de
-Dios nuestro Señor, y todavía ellos á porfiar que no pasásemos de
-aquellos palmares adelante; si no, que nos matarian.
-
-Y cuando aquello vió Cortés mandó apercebir los bateles é navíos
-menores, é mandó poner en cada un batel tres tiros, y repartió en
-ellos los ballesteros y escopeteros; y teniamos memoria cuando lo de
-Grijalva, que iba un camino angosto desde los palmares al pueblo por
-unos arroyos é ciénegas.
-
-Cortés mandó á tres soldados que aquella noche mirasen bien si iban á
-las casas, y que no se detuviesen mucho en traer la respuesta; y los
-que fueron vieron que se iban; é visto todo esto, y despues de bien
-mirado, se nos pasó aquel dia dando órden en cómo y de qué manera
-habiamos de ir en los bateles; é otro dia por la mañana, despues de
-haber oido Misa y todas nuestras armas muy á punto, mandó Cortés á
-Alonso de Ávila, que era capitan, que con cien soldados, y entre ellos
-diez ballesteros, fuese por el caminillo, el que he dicho que iba al
-pueblo; y que de que oyese los tiros, él por una parte é nosotros
-por otra diésemos en el pueblo; é Cortés y todos los más soldados
-é capitanes fuimos en los bateles y navíos de ménos porte por el
-rio arriba; y cuando los indios guerreros que estaban en la costa y
-entre los manglares vieron que de hecho íbamos, vienen sobre nosotros
-con tantas canoas al puerto adonde habiamos de desembarcar, para
-defendernos que no saltásemos en tierra, que en toda la costa habia
-sino indios de guerra con todo género de armas que entre ellos se usan,
-tañendo trompetillas y caracoles é atabalejos; é como Cortés así vió
-la cosa, mandó que nos detuviésemos un poco y que no soltásemos tiros
-ni escopetas ni ballestas; é como todas las cosas queria llevar muy
-justificadamente, les hizo otro requerimiento delante de un escribano
-del Rey, que allí con nosotros iba, que se decia Diego de Godoy, é por
-la lengua de Aguilar, para que nos dejasen saltar en tierra, é tomar
-agua y hablalles cosas de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que
-si guerra nos daban, que si por defendernos algunas muertes hubiese ó
-otros cualesquier daños, fuesen á su culpa y cargo, é no á la nuestra;
-y ellos todavía haciendo muchos fieros y que no saltásemos en tierra;
-si no que nos matarian.
-
-Luego comenzaron muy valientemente á nos flechar é hacer sus señas con
-sus atambores para que todos sus escuadrones apechugasen con nosotros,
-é como esforzados hombres vinieron é nos cercaron con las canoas con
-tan grandes rociadas de flechas, que nos hirieron é hicieron detener en
-el agua hasta la cinta y en otras partes más arriba; y como habia allí
-en aquel desembarcadero mucha lama y ciénago, no podiamos tan presto
-salir della; é cargaron sobre nosotros tantos indios, que con lanzas
-á manteniente y otros á flecharnos hacian que no tomásemos tierra tan
-presto como quisiéramos, é tambien porque en aquella lama estaba
-Cortés peleando y se le quedó un alpargata en el cieno, que no lo pudo
-sacar, y descalzo el un pié salió á tierra.
-
-Estuvimos en aquella sazon en grande aprieto, hasta que, (como digo)
-salió á tierra, y todos nosotros; é luego con gran osadía, nombrando
-al Sr. Santiago é arremetiendo á ellos, les hicimos retraer, y aunque
-no muy léjos, por causa de las grandes albarradas y cercas que tenian
-hechas de maderos gruesos, adonde se amparaban, hasta que se las
-deshicimos, é tuvimos lugar por unos portillos de entrar en el pueblo y
-pelear con ellos, y los llevamos por una calle adelante adonde tenian
-hechas otras albarradas y fuerzas, é allí tornaron á reparar y hacer
-cara, y pelearon muy valientemente, con grande esfuerzo y dando voces é
-silbos, diciendo:
-
-—«Ala, lala, al calachoni, al calachoni;» que en su lengua quiere
-decir que matasen á nuestro capitan.
-
-Estando desta manera envueltos con ellos, vino Alonso de Ávila con
-sus soldados, que habia ido por tierra desde los Palmares, como dicho
-tengo, que pareció ser no acertó á venir más presto por causa de unas
-ciénegas y esteros que pasó; y su tardanza fué bien menester, segun
-habiamos estado detenidos en los requerimientos y deshacer portillos en
-las albarradas para pelear; así que todos juntos los tornamos á echar
-de las fuerzas donde estaban y los llevamos retrayendo; y ciertamente
-que como buenos guerreros iban tirando grandes rociadas de flechas y
-varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las espaldas hasta un gran
-patio donde estaban unos aposentos y salas grandes, y tenian tres casas
-de ídolos, é ya habian llevado todo cuanto hato habia en aquel patio.
-
-Mandó Cortés que reparásemos y que no fuésemos más en su seguimiento
-del alcance, pues iban huyendo; é allí tomó Cortés posesion de aquella
-tierra por su majestad, y él en su Real nombre.
-
-Y fué desta manera, que desenvainada su espada, dió tres cuchilladas,
-en señal de posesion, en un árbol grande, que se dice ceiba, que estaba
-en la plaza de aquel gran patio, é dijo que si habia alguna persona que
-se lo contradijese que él se lo defenderia con su espada y una rodela
-que tenia embrazada; y todos los soldados que presentes nos hallamos
-cuando aquello pasó, dijimos que era bien tomar aquella Real posesion
-en nombre de su majestad, y que nosotros seriamos en ayudalle si alguna
-persona otra cosa dijere, é por ante un escribano del Rey se hizo
-aquel auto. Sobre esta posesion, la parte de Diego Velazquez tuvo que
-remormurar della.
-
-Acuérdome que en aquellas reñidas guerras que nos dieron de aquella vez
-hirieron á catorce soldados, é á mí me dieron un flechazo en el muslo,
-mas poca la herida, y quedaron tendidos y muertos diez y ocho indios en
-el agua y en tierra donde desembarcamos; é allí dormimos aquella noche
-con grandes velas y escuchas.
-
-Y dejallo he, por contar lo que más pasamos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXII.
-
-CÓMO MANDÓ CORTÉS Á TODOS LOS CAPITANES QUE FUESEN CON CADA CIEN
-SOLDADOS Á VER LA TIERRA Á DENTRO, Y LO QUE SOBRE ELLO NOS ACAECIÓ.
-
-
-Otro dia de mañana mandó Cortés á Pedro de Albarado que saliese
-por capitan con cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y
-escopeteros, y que fuese á ver la tierra adentro hasta andadura de
-dos leguas, y que llevase en su compañía á Melchorejo, la lengua de
-la Punta de Cotoche; y cuando le fueron á llamar al Melchorejo, no le
-hallaron, que se habia ya huido con los de aquel pueblo de Tabasco;
-porque, segun parecia, el dia ántes en las Puntas de los Palmares dejó
-colgados sus vestidos que tenia de Castilla, y se fué de noche en una
-canoa; y Cortés sintió enojo con su ida, porque no dijese á los indios
-sus naturales algunas cosas que no trujesen provecho.
-
-Dejémosle huido con la mala ventura, y volvamos á nuestro cuento: que
-asimismo mandó Cortés que fuese otro capitan que se decia Francisco
-de Lugo por otra parte con otros cien soldados y doce ballesteros y
-escopeteros, y que no pasase de otras dos leguas, y que volviese en la
-noche á dormir al real; y yendo que iba el Francisco de Lugo con su
-compañía obra de una legua de nuestro real, se encontró con grandes
-capitanes y escuadrones de indios, todos flecheros, y con lanzas y
-rodelas, y atambores y penachos, y se vienen derechos á la capitanía
-de nuestros soldados, y les cercan por todas partes, y les comienzan
-á flechar de arte, que no se podian sustentar con tanta multitud de
-indios, y les tiraban muchas varas tostadas y piedras con hondas, que
-como granizo caian sobre ellos, y con espadas de navajas de dos manos;
-y por bien que peleaba el Francisco de Lugo y sus soldados, no los
-podia apartar de sí; y cuando aquesto vió, con gran concierto se venia
-ya retrayendo al real é habia enviado adelante un indio de Cuba muy
-gran corredor é suelto, á dar mandado á Cortés para que le fuésemos
-á ayudar; é todavía el Francisco de Lugo, con gran concierto de sus
-ballesteros y escopeteros, unos armados é otros tirando, y algunas
-arremetidas que hacian, se sostenian con todos los escuadrones que
-sobre él estaban.
-
-Dejémosle de la manera que he dicho, é con gran peligro, é volvamos
-al capitan Pedro de Albarado, que pareció ser habia andado más de una
-legua, y topó con un estero muy malo de pasar, é quiso Dios nuestro
-Señor encaminallo que volviese por otro camino hácia donde estaba
-el Francisco de Lugo peleando, como dicho tengo; y como oyó las
-escopetas que tiraban y el gran ruido de atambores y trompetillas, y
-voces é silbos de los indios, bien entendió que estaban revueltos en
-guerra, y con mucha presteza é con gran concierto acudió á las voces
-é tiros, é halló al capitan Francisco de Lugo con su gente haciendo
-rostro y peleando con los contrarios, é cinco indios muertos; y luego
-que se juntaron con el Lugo, dan tras los indios, que los hicieron
-apartar, y no de manera que los pudiesen poner en huida, que todavía
-los fueron siguiendo los indios á los nuestros hasta el real; é
-asimismo nos habian acometido y venido á dar guerra otras capitanías
-de guerreros adonde estaba Cortés con los heridos; mas muy presto los
-hicimos retraer con los tiros que llevaban muchos dellos, y á buenas
-cuchilladas y estocadas.
-
-Volvamos á decir algo atrás, que cuando Cortés oyó al indio de Cuba que
-venia á demandar socorro, y del arte que quedaba Francisco de Lugo, de
-presto les íbamos á ayudar, y nosotros que íbamos y los dos capitanes
-por mí nombrados, que llegaban con sus gentes obra de media legua del
-real, y murieron dos soldados de la capitanía de Francisco de Lugo, y
-ocho heridos, y de los de Pedro de Albarado le hirieron tres, y cuando
-llegaron al real se curaron, y enterramos los muertos, é hubo buena
-vela y escuchas; y en aquellas escaramuzas matamos quince indios y se
-prendieron tres, y el uno parecia algo principal; y el Aguilar, nuestra
-lengua, les preguntaba que por qué eran locos é salian á dar guerra.
-
-Luego se envió un indio dellos con cuentas verdes para dar á los
-caciques porque viniesen de paz; é aquel mensajero dijo que el indio
-Melchorejo, que traiamos con nosotros de la Punta de Cotoche, se fué
-á ellos la noche ántes, les aconsejó que nos diesen guerra de dia y
-de noche, que nos vencerian, porque éramos muy pocos; de manera que
-traiamos con nosotros muy mala ayuda y nuestro contrario.
-
-Y aquel indio que enviamos por mensajero fué, y nunca volvió con la
-respuesta; y de los otros dos indios que estaban presos supo Aguilar,
-la lengua, por muy cierto, que para otro dia estaban juntos cuantos
-caciques habia en aquella provincia, con todas sus armas, segun las
-suelen usar, aparejados para nos dar guerra, y que nos habian de venir
-otro dia á cercar en el real, y que el Melchorejo se lo aconsejó.
-
-Y dejallos hé aquí, é diré lo que sobre ello hicimos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXIII.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE PARA OTRO DIA NOS APAREJÁSEMOS TODOS PARA IR EN
-BUSCA DE LOS ESCUADRONES GUERREROS, Y MANDÓ SACAR LOS CABALLOS DE LOS
-NAVÍOS, Y LO QUE MÁS NOS AVINO EN LA BATALLA QUE CON ELLOS TUVIMOS.
-
-
-Luego Cortés supo que muy ciertamente nos venian á dar guerra, y mandó
-que con brevedad sacasen todos los caballos de los navíos en tierra,
-y que escopetas y ballesteros é todos los soldados estuviésemos muy
-á punto con nuestras armas, é aunque estuviésemos heridos; y cuando
-hubieron sacado los caballos en tierra, estaban muy torpes y temerosos
-en el correr, como habia muchos dias que estaban en los navíos, y otro
-dia estuvieron sueltos.
-
-Una cosa acaeció en aquella sazon á seis ó siete soldados, mancebos y
-bien dispuestos, que les dió mal en los riñones, que no se pudieron
-tener poco ni mucho en sus piés si no los llevaban á cuestas: no
-supimos de qué; decian que de ser regalados en Cuba, y que con el peso
-y calor de las armas que les dió aquel mal.
-
-Luego Cortés los mandó llevar á los navíos, no quedasen en tierra, y
-apercibió á los caballeros que habian de ir los mejores jinetes, y
-caballos que fuesen con pretales de cascabeles, y les mandó que no se
-parasen á alancear hasta haberlos desbaratado, sino que las lanzas se
-les pasasen por los rostros; y señaló trece de á caballo, á Cristóbal
-de Olí, y Pedro de Albarado, é Alonso Hernandez Puertocarrero, é Juan
-de Escalante, é Francisco de Montejo; é á Alonso de Ávila le dieron
-un caballo que era de Ortiz el músico y de un Bartolomé García, que
-ninguno dellos era buen jinete; é Juan Velazquez de Leon, é Francisco
-de Morla, y Lares el buen jinete (nómbrole así porque habia otro buen
-jinete y otro Lares), é Gonzalo Dominguez, extremados hombres de á
-caballo; Moron el del Bayamo y Pedro Gonzalez el de Trujillo; todos
-estos caballeros señaló Cortés, y él por capitan, é mandó á Mesa el
-artillero que tuviese á punto su artillería, é mandó á Diego de Ordás
-que fuese por capitan de todos nosotros, porque no era hombre de á
-caballo, é tambien fué por capitan de los ballesteros é artilleros.
-
-Y otro dia muy de mañana, que fué dia de Nuestra Señora de Marzo,
-despues de haber oido Misa, puestos todos en ordenanza con nuestro
-alférez, que entónces era Antonio de Villarroel, marido que fué de una
-señora que se decia Isabel de Ojeda, que desde allí á tres años se mudó
-el nombre en Villareal y se llamó Antonio Serrano de Cardona.
-
-Tornemos á nuestro propósito: que fuimos por unas habanas grandes,
-donde habian dado guerra á Francisco de Lugo y á Pedro de Albarado, y
-llamábase aquella habana é pueblo Cintia, sujeta al mesmo Tabasco, una
-legua del aposento donde salimos; é nuestro Cortés se apartó un poco
-espacio ó trecho de nosotros por causa de unas ciénegas que no podian
-pasar los caballos; é yendo de la manera que he dicho con el Ordás,
-dimos con todo el poder de escuadrones de indios guerreros que nos
-venian ya á buscar á los aposentos, é fué donde los encontramos junto
-al mesmo pueblo de Cintia en un buen llano. Por manera que si aquellos
-guerreros tenian deseo de nos dar guerra y nos iban á buscar, nosotros
-los encontramos con el mismo motivo.
-
-Y dejallo hé aquí, é diré lo que pasó en la batalla, y bien se puede
-nombrar batalla, é bien terrible, como adelante verán.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXIV.
-
-CÓMO NOS DIERON GUERRA TODOS LOS CACIQUES DE TABASCO Y SUS PROVINCIAS,
-Y LO QUE SOBRE ELLO SUCEDIÓ.
-
-
-Ya he dicho de la manera é concierto que íbamos, y cómo hallamos todas
-las capitanías y escuadrones de contrarios que nos iban á buscar, é
-traian todos grandes penachos, é atambores é trompetillas, é las caras
-enalmagradas é blancas é prietas, é con grandes arcos y flechas, é
-lanzas é rodelas, y espadas como montantes de á dos manos, é mucha
-honda é piedra, é varas tostadas, é cada uno sus armas colchadas de
-algodon; é así como llegaron á nosotros, como eran grandes escuadrones,
-que todas las habanas cubrian, se vienen como perros rabiosos é nos
-cercan por todas partes, é tiran tanta de flecha é vara y piedra, que
-de la primera arremetida hirieron más de setenta de los nuestros, é con
-las lanzas pié con pié nos hacian mucho daño, é un soldado murió luego
-de un flechazo que le dió por el oido, el cual se llamaba Saldaña; é no
-hacian sino flechar y herir en los nuestros; é nosotros con los tiros y
-escopetas, é ballestas é grandes estocadas no perdiamos punto de buen
-pelear; y como conocieron las estocadas y el mal que les haciamos, poco
-á poco se apartaban de nosotros, mas era para flechar más á su salvo,
-puesto que Mesa, nuestro artillero, con los tiros mataba muchos dellos,
-porque eran grandes escuadrones y no se apartaban léjos, y daba en
-ellos á su placer, y con todos los males y heridas que les haciamos, no
-los podiamos apartar.
-
-Yo dije al capitan Diego de Ordás:
-
-—«Paréceme que debemos cerrar y apechugar con ellos; porque
-verdaderamente sienten bien el cortar de las espadas, y por esta causa
-se desvian algo de nosotros por temor dellas, y por mejor tirarnos sus
-flechas y varas tostadas, y tanta piedra como granizo.»
-
-Respondió el Ordás que no era buen acuerdo, porque habia para cada uno
-de nosotros trescientos indios, y que no nos podiamos sostener con
-tanta multitud, é así estuvimos con ellos sosteniéndonos.
-
-Todavía acordamos de nos llegar cuanto pudiésemos á ellos, como se
-lo habia dicho el Ordás, por dalles mal año de estocadas; y bien lo
-sintieron, y separaron luego de la parte de una ciénaga; y en todo este
-tiempo Cortés con los de á caballo no venia, aunque deseábamos en gran
-manera su ayuda, y temiamos que por ventura no le hubiese acaecido
-algun desastre.
-
-Acuérdome que cuando soltábamos los tiros, que daban los indios grandes
-silbos é gritos, y echaban tierra y pajas en alto porque no viésemos
-el daño que les haciamos, é tañian entónces trompetas y trompetillas,
-silbos y voces, y decian _Ala lala_.
-
-Estando en esto, vimos asomar los de á caballo, é como aquellos
-grandes escuadrones estaban embebecidos dándonos guerra, no miraron
-tan de pronto de los de á caballo, como venian por las espaldas; y
-como el campo era llano é los caballeros buenos jinetes, é algunos
-de los caballos muy revueltos y corredores, danles tan buena mano, é
-alanceando á su placer, como convenia en aquel tiempo; pues los que
-estábamos peleando, como los vimos, dimos tanta priesa en ellos, los de
-á caballo por una parte é nosotros por otra, que de presto volvieron
-las espaldas.
-
-Aquí creyeron los indios que el caballo é caballero era todo un cuerpo,
-como jamás habian visto caballos hasta entónces; iban aquellas habanas
-é campos llenos dellos, y se acogieron á unos montes que allí habia.
-
-Y despues que los hubimos desbaratado, Cortés nos contó cómo no habia
-podido venir más presto por causa de una ciénaga, y que estuvo peleando
-con otros escuadrones de guerreros ántes que á nosotros llegasen, y
-traia heridos cinco caballeros y ocho caballos.
-
-Y despues de apeados debajo de unos árboles que allí estaban, dimos
-muchas gracias y loores á Dios y á Nuestra Señora su bendita Madre,
-alzando todos las manos al cielo, porque nos habia dado aquella
-victoria tan cumplida; y como era dia de Nuestra Señora de Marzo,
-llamóse una villa que se pobló el tiempo andando, Santa María de la
-Vitoria, así por ser dia de Nuestra Señora como por la gran vitoria que
-tuvimos.
-
-Aquesta fué pues la primera guerra que tuvimos en compañía de Cortés en
-la Nueva-España. Y esto pasando, apretamos las heridas á los heridos
-con paños, que otra cosa no habia, y se curaron los caballos con
-quemalles las heridas con unto de indio de los muertos, que habia por
-el campo, y eran más de ochocientos, é todos los más de estocadas, y
-otros de los tiros y escopetas y ballestas, é muchos estaban medio
-muertos y tendidos. Pues donde anduvieron los de á caballo habia buen
-recuerdo dellos muertos é otros quejándose de las heridas.
-
-Estuvimos en esta batalla sobre una hora, que no les pudimos hacer
-perder punto de buenos guerreros, hasta que vinieron los de á caballo,
-como he dicho; y prendimos cinco indios, é los dos dellos capitanes; y
-como era tarde y hartos de pelear, é no habiamos comido, nos volvimos
-al real, y luego enterramos dos soldados que iban heridos por las
-gargantas é por el oido, y quemamos las heridas á los demás é á los
-caballos con el unto del indio, y pusimos buenas velas y escuchas, y
-cenamos y reposamos.
-
-Aquí es donde dice Francisco Lopez de Gómora que salió Francisco de
-Morla en un caballo rucio picado ántes que llegase Cortés con los de
-á caballo, y que eran los santos Apóstoles señor Santiago ó señor San
-Pedro.
-
-Digo que todas nuestras obras y vitorias son por mano de Nuestro
-Señor Jesucristo, y que en aquella batalla habia para cada uno de
-nosotros tantos indios, que á puñados de tierra nos cegaran, salvo que
-la gran misericordia de Dios en todo nos ayudaba; y pudiera ser que
-los que dice el Gómora fueran los gloriosos Apóstoles señor Santiago
-ó señor San Pedro, y yo, como pecador, no fuese digno de verles; lo
-que yo entónces vi y conocí fué á Francisco de Morla en un caballo
-castaño, que venia juntamente con Cortés, que me parece que agora que
-lo estoy escribiendo, se me representa por estos ojos pecadores toda
-la guerra segun y de la manera que allí pasamos; y ya que yo, como
-indigno pecador, no merecedor de ver á cualquiera de aquellos gloriosos
-Apóstoles, allí en nuestra compañía habia sobre cuatrocientos soldados,
-y Cortés y otros muchos caballeros, y platicárase dello y tomárase por
-testimonio, y se hubiera hecho una iglesia cuando se pobló la villa, y
-se nombrara la villa de Santiago de la Vitoria, ú de San Pedro de la
-Vitoria, como se nombró Santa María de la Vitoria; y si fuera así como
-lo dice el Gómora, harto malos cristianos fuéramos, enviándonos Nuestro
-Señor Dios sus Santos Apóstoles, no reconocer la gran merced que nos
-hacia, y reverenciar cada dia aquella iglesia; y pluguiera á Dios que
-así fuera como el coronista dice, y hasta que leí su Corónica, nunca
-entre conquistadores que allí se hallaron tal se oyó.
-
-Y dejémoslo aquí, é diré lo que más pasamos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXV.
-
-CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á LLAMAR Á TODOS LOS CACIQUES DE AQUELLAS PROVINCIAS,
-Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Ya he dicho cómo prendimos en aquella batalla cinco indios, é los dos
-dellos capitanes; con los cuales estuvo Aguilar, la lengua, á pláticas,
-é conoció en lo que le dijeron que serian hombres para enviar por
-mensajeros; é díjole al capitan Cortés que les soltasen, y que fuesen á
-hablar á los caciques de aquel pueblo é otros cualesquier; y á aquellos
-dos indios mensajeros se les dió cuentas verdes é diamantes azules, y
-les dijo Aguilar muchas palabras bien sabrosas y de halagos, y que les
-queremos tener por hermanos y que no hubiesen miedo, y que lo pasado
-de aquella guerra que ellos tenian la culpa, y que llamasen á todos
-los caciques de todos los pueblos, que les queriamos hablar, y se les
-amonestó otras muchas cosas bien mansamente para atraellos de paz; y
-fueron de buena voluntad, é hablaron con los principales é caciques, y
-les dijeron todo lo que les enviamos á hacer saber sobre la paz.
-
-É oida nuestra embajada, fué entre ellos acordado de enviar luego
-quince indios de los esclavos que entre ellos tenian, y todos tiznadas
-las caras é las mantas y bragueros que traian muy ruines, y con ellos
-enviaron gallinas y pescado asado é pan de maíz; y llegados delante de
-Cortés, los recibió de buena voluntad, é Aguilar, la lengua, les dijo
-medio enojado que cómo venian de aquella manera puestas las caras; que
-más venian de guerra que para tratar paces, y que luego fuesen á los
-caciques y les dijesen que si querian paz, como se la ofrecimos, que
-viniesen señores á tratar della, como se usa, é no enviasen esclavos.
-
-Á aquellos mismos tiznados se les hizo ciertos halagos, y se envió
-con ellos cuentas azules en señal de paz y para ablandalles los
-pensamientos.
-
-Y luego otro dia vinieron treinta indios principales é con buenas
-mantas, y trujeron gallinas y pescado, é fruta y pan de maíz, y
-demandaron licencia á Cortés para quemar y enterrar los cuerpos de los
-muertos en las batallas pasadas, porque no oliesen mal ó los comiesen
-tigres ó leones; la cual licencia les dió luego, y ellos se dieron
-priesa en traer mucha gente para los enterrar y quemar los cuerpos,
-segun su usanza; y segun Cortés supo dellos, dijeron que les faltaba
-sobre ochocientos hombres, sin los que estaban heridos; é dijeron que
-no se podian tener con nosotros en palabras ni paces, porque otro dia
-habian de venir todos los principales y señores de todos aquellos
-pueblos, é concertarian las paces.
-
-Y como Cortés en todo era muy avisado, nos dijo riendo á los soldados
-que allí nos hallamos teniéndole compañía:
-
-—«¿Sabeis, señores, que me parece que estos indios temerán mucho á los
-caballos, y deben de pensar que ellos solos hacen la guerra é asimismo
-las bombardas? He pensado una cosa para que mejor lo crean, que traigan
-la yegua de Juan Sedeño, que parió el otro dia en el navío, é atalla
-han aquí adonde yo estoy, é traigan el caballo de Ortiz el músico, que
-es muy rijoso, y tomará olor de la yegua; é cuando haya tomado olor
-della, llevarán la yegua y el caballo, cada uno de por sí, en parte que
-desque vengan los caciques que han de venir, no los oigan relinchar ni
-los vean hasta que esten delante de mí y estemos hablando.»
-
-É así se hizo, segun y de la manera que lo mandó; que trujeron la yegua
-y el caballo, é tomó olor della en el aposento de Cortés; y demás
-desto, mandó que cebasen un tiro, el mayor de los que teniamos, con una
-buena pelota y bien cargado de pólvora.
-
-Y estando en esto, que ya era medio dia, vinieron cuarenta indios,
-todos caciques, con buena manera y mantas ricas á la usanza dellos,
-saludaron á Cortés y á todos nosotros, y traian de sus inciensos
-zahumándonos á cuantos allí estábamos, y demandaron perdon de lo
-pasado, y que de allí adelante serian buenos.
-
-Cortés les respondió con Aguilar, nuestra lengua, algo con gravedad,
-como haciendo del enojado, que ya ellos habian visto cuántas veces les
-habian requerido con la paz, y que ellos tenian la culpa, y que agora
-eran merecedores que á ellos é á cuantos quedan en todos sus pueblos
-matásemos; y porque somos vasallos de un gran Rey y señor que nos envió
-á estas partes, el cual se dice el emperador D. Cárlos, que manda que á
-los que estuvieren en su Real servicio que les ayudemos é favorezcamos,
-y que si ellos fueren buenos, como dicen, que así lo harémos, é si no,
-que soltará de aquellos tepustles que los maten (al hierro llaman en
-su lengua _tepustle_), que aun por lo pasado que han hecho en darnos
-guerra están enojados algunos dellos.
-
-Entónces secretamente mandó poner fuego á la bombarda que estaba
-cebada, y dió tan buen trueno y recio como era menester; iba la pelota
-zumbando por los montes, que, como en aquel instante era mediodia é
-hacia calma, llevaba gran ruido, y los caciques se espantaron de la
-oir; y como no habian visto cosa como aquella, creyeron que era verdad
-lo que Cortés les dijo, y para asegurarles del miedo, les tornó á decir
-con Aguilar que ya no hubiesen miedo, que él mandó que no hiciese
-daño; y en aquel instante trujeron el caballo que habia tomado olor de
-la yegua, y atándolo no muy léjos de donde estaba Cortés hablando con
-los caciques; y como á la yegua la habian tenido en el mismo aposento
-adonde Cortés y los indios estaban hablando, pateaba el caballo, y
-relinchaba y hacia bramuras, y siempre los ojos mirando á los indios
-y al aposento donde habia tomado olor de la yegua; é los caciques
-creyeron que por ellos hacia aquellas bramuras del relinchar y el
-patear, y estaban espantados.
-
-Y cuando Cortés los vió de aquel arte, se levantó de la silla, y se fué
-para el caballo y le tomó del freno é dijo á Aguilar que hiciese creer
-á los indios que allí estaban que habia mandado al caballo que no les
-hiciese mal ninguno; y luego dijo á los dos mozos de espuelas que lo
-llevasen de allí léjos, que no lo tornasen á ver los caciques.
-
-Y estando en esto, vinieron sobre treinta indios de carga, que entre
-ellos llaman tamenes, que traian la comida de gallinas y pescado asado
-y otras cosas de frutas, que parece ser se quedaron atrás ó no pudieron
-venir juntamente con los caciques.
-
-Allí hubo muchas pláticas Cortés con aquellos principales, y dijeron
-que otro dia vendrian todos, é traerian un presente é hablarian en
-otras cosas; y así, se fueron muy contentos. Donde los dejaré agora
-hasta otro dia.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXVI.
-
-CÓMO VINIERON TODOS LOS CACIQUES É CALACHONIS DEL RIO DE GRIJALVA Y
-TRAJERON UN PRESENTE, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Otro dia de mañana, que fué á los postreros del mes de Marzo de 1519
-años, vinieron muchos caciques y principales de aquel pueblo y otros
-comarcanos, haciendo mucho acato á todos nosotros, é trajeron un
-presente de oro, que fueron cuatro diademas, y unas lagartijas, y dos
-como perrillos, y orejeras, é cinco ánades, y dos figuras de caras de
-indios, y dos suelas de oro, como de sus cotorras, y otras cosillas de
-poco valor, que yo no me acuerdo qué tanto valía, y trajeron mantas de
-las que ellos traian é hacian, que son muy bastas; porque ya habrán
-oido decir los que tienen noticia de aquella provincia que no las hay
-en aquella tierra sino de poco valor; y no fué nada este presente en
-comparacion de veinte mujeres, y entre ellas una muy excelente mujer,
-que se dijo doña Marina, que así se llamó despues de vuelta cristiana.
-
-Y dejaré esta plática, y de hablar della y de las demás mujeres que
-trujeron, y diré que Cortés recibió aquel presente con alegría, y se
-apartó con todos los caciques y con Aguilar el intérprete á hablar, y
-les dijo que por aquello que traian se lo tenia en gracia; mas que una
-cosa les rogaba, que luego mandasen poblar aquel pueblo con toda su
-gente, mujeres é hijos; y que dentro de dos dias le queria ver poblado,
-y que en esto conocerá tener verdadera paz.
-
-Y luego los caciques mandaron llamar todos los vecinos, é con sus
-hijos é mujeres en dos dias se pobló. Y á lo otro que les mandó, que
-dejasen sus ídolos é sacrificios, respondieron que así lo harian; y les
-declaramos con Aguilar, lo mejor que Cortés pudo, las cosas tocantes
-á nuestra santa fe, y cómo éramos cristianos é adorábamos á un solo
-Dios verdadero, y se les mostró una imágen muy devota de nuestra Señora
-con su Hijo precioso en los brazos, y se les declaró que aquella santa
-imágen reverenciábamos porque así se está en el cielo y es Madre de
-nuestro Señor Dios.
-
-Y los caciques dijeron que les parece muy bien aquella gran
-_Tecleciguata_, y que se la diesen para tener en su pueblo, porque á
-las grandes señoras en su lengua llaman _tecleciguatas_. Y dijo Cortés
-que sí daria, y les mandó hacer un buen altar bien labrado; el cual
-luego le hicieron.
-
-Y otro dia de mañana mandó Cortés á dos de nuestros carpinteros de lo
-blanco, que se decian Alonso Yañez é Álvaro Lopez (ya otra vez por mí
-memorados), que luego labrasen una cruz bien alta; y despues de haber
-mandado todo esto, dijo á los caciques qué fué la causa que nos dieron
-guerra tres veces, requiriéndoles con la paz.
-
-Y respondieron que ya habian demandado perdon dello y estaban
-perdonados, y que el cacique de Champoton, su hermano, se lo aconsejó,
-y porque no le tuviesen por cobarde, porque se lo reñian y deshonraban,
-porque no nos dió guerra cuando la otra vez vino otro capitan con
-cuatro navíos; y segun pareció, decíalo por Juan de Grijalva.
-
-Y tambien dijo que el indio que traiamos por lengua, que se nos huyó
-una noche, se lo aconsejó, que de dia y de noche nos diesen guerra,
-porque éramos muy pocos. Y luego Cortés les mandó que en todo caso
-se lo trajesen, é dijeron que como les vió que en la batalla no les
-fué bien, que se les fué huyendo, y que no sabian dél aunque le han
-buscado, é supimos que le sacrificaron, pues tan caro les costó sus
-consejos.
-
-Y más les preguntó, que de qué parte traian oro y aquellas joyezuelas.
-Respondieron que de hácia donde se pone el sol, y decian _Culchúa_
-y _Méjico_, y como no sabiamos qué cosa era Méjico ni Culchúa,
-dejábamoslo pasar por alto; y allí traiamos otra lengua que se decia
-Francisco, que hubimos cuando lo de Grijalva, ya otra vez por mí
-nombrado, mas no entendia poco ni mucho la de Tabasco, sino la de
-Culchúa, que es la mejicana; y medio por señas dijo á Cortés que
-_Culchúa_ era muy adelante, y nombraba _Méjico_, _Méjico_, y no le
-entendimos.
-
-Y en esto cesó la plática hasta otro dia, que se puso en el altar
-la santa imágen de nuestra Señora y la cruz, la cual todos adoramos;
-y dijo Misa el Padre fray Bartolomé de Olmedo, y estaban todos los
-caciques y principales delante, y púsose nombre á aquel pueblo Santa
-María de la Vitoria, é así se llama ahora la villa de Tabasco; y el
-mesmo fraile con nuestra lengua Aguilar predicó á las veinte indias
-que nos presentaron, muchas buenas cosas de nuestra santa fe, y que
-no creyesen en los ídolos que de ántes creian, que eran malos y no
-eran dioses, ni más les sacrificasen, que los traian engañados, é
-adorasen á Nuestro Señor Jesucristo; é luego se bautizaron, y se puso
-por nombre doña Marina aquella india y señora que allí nos dieron, y
-verdaderamente era gran cacica é hija de grandes caciques y señora de
-vasallos, y bien se le parecia en su persona; lo cual diré adelante
-cómo y de qué manera fué allí traida; é de las otras mujeres no me
-acuerdo bien de todos sus nombres, é no hace al caso nombrar algunas,
-mas estas fueron las primeras cristianas que hubo en la Nueva-España.
-
-Y Cortés las repartió á cada capitan la suya, é á esta doña Marina,
-como era de buen parecer y entremetida é desenvuelta, dió á Alonso
-Hernandez Puertocarrero, que ya he dicho otra vez que era muy buen
-caballero, primo del conde de Medellin; y desque fué á Castilla el
-Puertocarrero, estuvo la doña Marina con Cortés, é della hubo un hijo,
-que se dijo don Martin Cortés, que el tiempo andando fué comendador de
-Santiago.
-
-En aquel pueblo estuvimos cinco dias, así porque se curaban las heridas
-como por los que estaban con dolor de riñones, que allí se les quitó;
-y demás desto, porque Cortés siempre atraia con buenas palabras á los
-caciques, y les dijo cómo el Emperador nuestro señor, cuyos vasallos
-somos, tiene á su mandado muchos grandes señores, y que es bien que
-ellos le dén la obediencia; é que en lo que hubieren menester, así
-favor de nosotros como otra cualquiera cosa, que se lo hagan saber
-donde quiera que estuviésemos, que él les vendrá á ayudar.
-
-Y todos los caciques le dieron muchas gracias por ello, y allí se
-otorgaron por vasallos de nuestro grande Emperador. Estos fueron los
-primeros vasallos que en la Nueva-España dieron la obediencia á su
-majestad.
-
-Y luego Cortés les mandó que para otro dia, que era domingo de Ramos,
-muy de mañana viniesen al altar que hicimos, con sus hijos y mujeres,
-para que adorasen la santa imágen de Nuestra Señora y la Cruz; y
-asimismo les mandó que viniesen seis indios carpinteros, y que fuesen
-con nuestros carpinteros, y que en el pueblo de Cintia, adonde Dios
-Nuestro Señor fué servido de darnos aquella victoria de la batalla
-pasada, por mí referida, que hiciesen una cruz en un árbol grande que
-allí estaba, que llaman ceiba, é hiciéronla en aquel árbol á efecto que
-durase mucho, que con la corteza, que suele reverdecer, está siempre
-la cruz señalada.
-
-Hecho esto mandó que aparejasen todas las canoas que tenian, para nos
-ayudar á embarcar, porque aquel santo dia nos queriamos hacer á la
-vela, porque en aquella sazon vinieron dos pilotos á decir á Cortés que
-estaban en gran riesgo los navíos por amor del Norte, que es travesía.
-
-Y otro dia muy de mañana vinieron todos los caciques y principales con
-todas sus mujeres é hijos, y estaban ya en el patio donde teniamos la
-iglesia y cruz, y muchos ramos cortados para andar en procesion; y
-desque los caciques vimos juntos, Cortés y todos los capitanes á una
-con gran devocion anduvimos una muy devota procesion, y el padre de la
-Merced y Juan Diaz el Clérigo revestidos, y se dijo Misa, y adoramos y
-besamos la Santa Cruz, y los caciques é indios mirándonos.
-
-Y hecha nuestra solemne fiesta segun el tiempo, vinieron los
-principales é trajeron á Cortés diez gallinas y pescado asado é otras
-legumbres, é nos despedimos dellos, y siempre Cortés encomendándoles la
-santa imágen de Nuestra Señora y las santas Cruces, y que las tuviesen
-muy limpias, y barrida la casa é la iglesia y enramado, y que las
-reverenciasen, é hallarian salud y buenas sementeras; y despues que era
-ya tarde nos embarcamos, y á otro dia lúnes por la mañana nos hicimos
-á la vela, y con buen viaje navegamos é fuimos la via de San Juan
-de Ulúa, y siempre muy juntos á tierra; é yendo navegando con buen
-tiempo, deciamos á Cortés los soldados que veniamos con Grijalva, cómo
-sabiamos aquella derrota:
-
-—«Señor, allí queda la Rambla, que en lengua de indios se dice
-_Aguayaluco_.»
-
-Y luego llegamos al paraje de _Tonala_, que se dice San Anton, y se lo
-señalábamos; más adelante le mostramos el gran rio de _Guazacualco_, é
-vió las muy altas sierras nevadas, é luego las sierras de San Martin;
-y más adelante le mostramos la roca partida, que es unos grandes
-peñascos que entran en la mar, é tiene una señal arriba como á manera
-de silla; é más adelante le mostramos el rio de Albarado, que es adonde
-entró Pedro de Albarado cuando lo de Grijalva; y luego vimos el rio de
-Banderas, que fué donde rescatamos los diez y seis mil pesos, y luego
-le mostramos la isla Blanca, y tambien le dijimos adónde quedaba la
-isla Verde; y junto á tierra vió la isla de Sacrificios, donde hallamos
-los altares cuando lo de Grijalva, y los indios sacrificados, y luego
-en buena hora llegamos á San Juan de Ulúa juéves de la Cena despues del
-medio dia.
-
-Acuérdome que llegó un caballero que se decia Alonso Hernandez
-Puertocarrero, é dijo á Cortés:
-
-—«Paréceme, señor, que os han venido diciendo estos caballeros que han
-venido otras dos veces á esta tierra:
-
- Cata Francia, Montesinos
- Cata Paris la ciudad,
- Cata las aguas del Duero,
- Do van á dar á la mar.
-
-Yo digo que mireis las tierras ricas, y sabeos bien gobernar.»
-
-Luego Cortés bien entendió á qué fin fueron aquellas palabras dichas, y
-respondió:
-
-—«Dénos Dios ventura en armas como al paladin Roldan; que en lo demás,
-teniendo á vuestra merced y á otros caballeros por señores, bien me
-sabré entender.»
-
-Y dejémoslo, y no pasemos de aquí: esto es lo que pasó; y Cortés entró
-en el rio de Albarado, como dice Gómora.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXVII.
-
-CÓMO DOÑA MARINA ERA CACICA É HIJA DE GRANDES SEÑORES, Y SEÑORA DE
-PUEBLOS Y VASALLOS, Y DE LA MANERA QUE FUÉ TRAIDA Á TABASCO.
-
-
-Ántes que más meta la mano en lo del gran Montezuma y su gran Méjico
-y mejicanos, quiero decir lo de doña Marina, cómo desde su niñez fué
-gran señora de pueblos y vasallos, y es desta manera: que su padre y
-su madre eran señores y caciques de un pueblo que se dice Painala, y
-tenia otros pueblos sujetos á él, obra de ocho leguas de la villa de
-Guacaluco, y murió el padre quedando muy niña, y la madre se casó con
-otro cacique mancebo y hubieron un hijo; y segun pareció, querian bien
-al hijo que habian habido; acordaron entre el padre y la madre de dalle
-el cargo despues de sus dias, y porque en ello no hubiese estorbo,
-dieron de noche la niña á unos indios de Xicalango, porque no fuese
-vista, y echaron fama que se habia muerto, y en aquella sazon murió
-una hija de una india esclava suya, y publicaron que era la heredera,
-por manera que los de Xicalango la dieron á los de Tabasco, y los de
-Tabasco á Cortés, y conocí á su madre y á su hermano de madre, hijo
-de la vieja, que era ya hombre y mandaba juntamente con la madre á
-su pueblo, porque el marido postrero de la vieja ya era fallecido;
-y despues de vueltos cristianos, se llamó la vieja Marta y el hijo
-Lázaro; y esto sélo muy bien, porque en el año 1523, despues de ganado
-Méjico y otras provincias, y se habia alzado Cristóbal de Olí en las
-Higueras, fué Cortés allá y pasó por Guacacualco, fuimos con él á aquel
-viaje toda la mayor parte de los vecinos de aquella villa, como diré
-en su tiempo y lugar; y como doña Marina en todas las guerras de la
-Nueva-España, Tlascala y Méjico fué tan excelente mujer y buena lengua,
-como adelante diré, á esta causa la traia siempre Cortés consigo, y
-en aquella sazon y viaje se casó con ella un hidalgo que se decia
-Juan Jaramillo, en un pueblo que se decia Orizava, delante de ciertos
-testigos, que uno de ellos se decia Aranda, vecino que fué de Tabasco,
-y aquel contaba el casamiento, y no como lo dice el coronista Gómora; y
-la doña Marina tenia mucho ser y mandaba absolutamente entre los indios
-en toda la Nueva-España.
-
-Y estando Cortés en la villa de Guacacualco, envió á llamar á todos los
-caciques de aquella provincia para hacerles un parlamento acerca de la
-santa doctrina y sobre su buen tratamiento, y entónces vino la madre de
-doña Marina y su hermano de madre Lázaro, con otros caciques.
-
-Dias habia que me habia dicho la doña Marina que era de aquella
-provincia y señora de vasallos, y bien lo sabia el capitan Cortés,
-y Aguilar, la lengua; por manera que vino la madre y su hija y el
-hermano, y conocieron que claramente era su hija, porque se le parecia
-mucho.
-
-Tuvieron miedo della, que creyeron que los enviaba á llamar para
-matarlos, y lloraban; y como así los vido llorar la doña Marina, los
-consoló, y dijo que no hubiesen miedo, que cuando la traspusieron con
-los de Xicalango que no supieron lo que se hacian, y se lo perdonaba, y
-les dió muchas joyas de oro y de ropa y que se volviesen á su pueblo, y
-que Dios le habia hecho mucha merced en quitarla de adorar ídolos agora
-y ser cristiana, y tener un hijo de su amo y señor Cortés, y ser casada
-con un caballero como era su marido Juan Jaramillo; que aunque la
-hiciesen cacica de todas cuantas provincias habia en la Nueva-España,
-no lo seria; que en más tenia servir á su marido é á Cortés que cuanto
-en el mundo hay; y todo esto que digo se lo oí muy certificadamente, y
-se lo juró amen. Y esto me parece que quiere remediar á lo que acaeció
-con sus hermanos en Egipto á Josef, que vinieron á su poder cuando lo
-del trigo.
-
-Esto es lo que pasó, y no la relacion que dieron al Gómora, y tambien
-dice otras cosas que dejo por alto.
-
-É volviendo á nuestra materia, doña Marina sabia la lengua de
-Guacacualco, que es la propia de Méjico, y sabia la de Tabasco, como
-Jerónimo de Aguilar sabia la de Yucatan y Tabasco, que es toda una;
-entendíanse bien, y el Aguilar lo declaraba en castellano á Cortés; fué
-gran principio para nuestra conquista; y así se nos hacian las cosas,
-loado sea Dios, muy prósperamente.
-
-He querido declarar esto, porque sin doña Marina no podiamos entender
-la lengua de Nueva-España y Méjico.
-
-Donde lo dejaré é volveré á decir cómo nos desembarcamos en el puerto
-de San Juan de Ulúa.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXVIII.
-
-CÓMO LLEGAMOS CON TODOS LOS NAVÍOS Á SAN JUAN DE ULÚA, Y LO QUE ALLÍ
-PASAMOS.
-
-
-En Juéves Santo de la Cena del Señor de 1519 años llegamos con toda
-la armada al puerto de San Juan de Ulúa; y como el piloto Alaminos
-lo sabia muy bien desde cuando venimos con Juan de Grijalva, luego
-mandó surgir en parte que los navíos estuviesen seguros del Norte, y
-pusieron en la nao capitana sus estandartes reales y veletas, y desde
-obra de media hora que surgimos, vinieron dos canoas muy grandes (que
-en aquellas partes á las canoas grandes llaman piraguas), y en ellas
-vinieron muchos indios mejicanos, y como vieron los estandartes y
-navío grande, conocieron que allí habian de ir á hablar al capitan,
-y fuéronse derechos al navío, y entran dentro y preguntan quién era
-el Tlatoan, que en su lengua dicen el señor. Y doña Marina, bien lo
-entendió, porque sabia muy bien la lengua, se lo mostró.
-
-Y los indios hicieron mucho acato á Cortés á su usanza, y le dijeron
-que fuese bien venido, é que un criado del gran Montezuma, su señor,
-les enviaba á saber qué hombres éramos é qué buscábamos, é que si algo
-hubiésemos menester para nosotros y los navíos, que se lo dijésemos,
-que traerian recaudo para ello.
-
-Y nuestro Cortés respondió con las dos lenguas, Aguilar y doña Marina,
-que se lo tenia en merced; y luego les mandó dar de comer y beber vino,
-y unas cuentas azules, y cuando hubieron bebido, les dijo que veniamos
-para vellos y contratar, y que no se les haria enojo ninguno, é que
-hubiesen por buena nuestra llegada á aquella tierra.
-
-Y los mensajeros se volvieron muy contentos á su tierra; y otro dia,
-que fué Viérnes Santo de la Cruz, desembarcamos, así caballos como
-artillería, en unos montones de arena, que no habia tierra llana,
-sino todos arenales, y asestaron los tiros como mejor le pareció al
-artillero, que se decia Mesa, y hicimos un altar, adonde se dijo luego
-Misa, é hicieron chozas y enramadas para Cortés y para los capitanes,
-y entre tres soldados acarreábamos madera é hicimos nuestras chozas, y
-los caballos se pusieron adonde estuviesen seguros; y en esto se pasó
-aquel Viérnes Santo.
-
-Y otro dia sábado, víspera de Pascua, vinieron muchos indios que
-envió un principal que era gobernador de Montezuma, que se decia
-Pitalpitoque, que despues le llamamos Ovandillo, y trujeron hachas y
-adobaron las chozas del capitan Cortés y los ranchos que más cerca
-hallaron, y les pusieron mantas grandes encima, por amor del sol, que
-era cuaresma é hacia muy gran calor, y trujeron gallinas y pan de maíz
-y ciruelas, que era tiempo dellas, y paréceme que entónces trujeron
-unas joyas de oro, y todo lo presentaron á Cortés, é dijeron que otro
-dia habia de venir un gobernador á traer más bastimento. Cortés se
-lo agradeció mucho y les mandó dar ciertas cosas de rescate, con que
-fueron muy contentos.
-
-Y otro dia, Pascua santa de Resurreccion, vino el gobernador que habian
-dicho, que se decia Tendile, hombre de negocios, é trujo con él á
-Pitalpitoque, que tambien era persona entre ellos principal, y traia
-detrás de sí muchos indios con presentes y gallinas y otras legumbres,
-y á estos que los traian mandó Tendile que se apartasen un poco á un
-cabo, y con mucha humildad hizo tres reverencias á Cortés á su usanza,
-y despues á todos los soldados que más cercanos nos hallamos.
-
-Y Cortés les dijo con nuestras lenguas que fuesen bien venidos, y los
-abrazó, y les mandó que esperasen y que luego les hablaria, y entre
-tanto mandó hacer un altar lo mejor que en aquel tiempo se pudo hacer,
-y dijo misa cantada fray Bartolomé de Olmedo, y la beneficiaba el
-Padre Juan Diaz, y estuvieron á la misa los dos gobernadores y otros
-principales de los que traian en su compañía; y oido misa, comió Cortés
-y ciertos capitanes de los nuestros y los dos indios criados del gran
-Montezuma.
-
-Y alzadas las mesas, se apartó Cortés con las dos nuestras lenguas doña
-Marina y Jerónimo de Aguilar y con aquellos caciques, y les dijimos
-cómo éramos cristianos y vasallos del mayor señor que hay en el mundo,
-que se dice el Emperador don Cárlos, y que tiene por vasallos y criados
-á muchos grandes señores, y que por su mandado veniamos á aquestas
-tierras, porque há muchos años que tienen noticia dellas y del gran
-señor que les manda, y que lo quiere tener por amigo y decille muchas
-cosas en su Real nombre, y cuando las sepa é haya entendido se holgará
-dello, y para contratar con él y sus indios y vasallos de buena
-amistad, y queria saber dónde manda que se vean y se hablen.
-
-Y el Tendile le respondió algo soberbio, y le dijo:
-
-—«Aún agora has llegado y ya le quieres hablar; recibe agora este
-presente que te damos en su nombre, y despues me dirás lo que te
-cumpliere.»
-
-Y luego sacó de una petaca, que es como caja, muchas piezas de oro y de
-buenas labores y ricas, y más de diez cargas de ropa blanca de algodon
-y de pluma, cosas muy de ver, y otras joyas que ya no me acuerdo, como
-há muchos años, y tras esto mucha comida, que eran gallinas de la
-tierra, fruta y pescado asado.
-
-Cortés las recibió riendo y con buena gracia, y les dió cuentas de
-diamantes torcidas y otras cosas de Castilla; y les rogó que mandasen
-en sus pueblos que viniesen á contratar con nosotros, porque él traia
-muchas cuentas á trocar á oro, y le dijeron que así lo mandarian.
-
-Segun despues supimos, estos Tendile y Pitalpitoque eran gobernadores
-de unas provincias que se dicen Cotastlan, Tustepeque, Guazpaltepeque,
-Tlatalteteclo, y de otros pueblos que nuevamente tenian sojuzgados;
-y luego Cortés mandó traer una silla de caderas con entalladuras muy
-pintadas y unas piedras margajitas que tienen dentro en sí muchas
-labores, y envueltas en unos algodones que tenian almizcle porque
-oliesen bien, y un sartal de diamantes torcido y una gorra de carmesí
-con una medalla de oro, y en ella figurado á San Jorge, que estaba
-á caballo con una lanza y parecia que mataba á un dragon: y dijo
-á Tendile que luego enviase aquella silla en que se asiente el Sr.
-Montezuma para cuando le vaya á ver y hablar Cortés, y que aquella
-gorra que la ponga en la cabeza, y que aquellas piedras y todo lo demás
-le mandó dar el Rey nuestro señor, en señal de amistad, porque sabe que
-es gran señor, y que mande señalar para qué dia y en qué parte quiere
-que le vaya á ver.
-
-Y el Tendile le recibió y dijo que su señor Montezuma es tan gran
-señor, que se holgara de conocer á nuestro gran Rey, y que le llevará
-presto aquel presente y traerá respuesta.
-
-Y parece ser que el Tendile traia consigo grandes pintores, que los hay
-tales en Méjico, y mandó pintar al natural rostro, cuerpo y facciones
-de Cortés y de todos los capitanes y soldados, y navíos y velas é
-caballos, y á doña Marina é Aguilar, hasta dos lebreles, é tiros é
-pelotas, é todo el ejército que traiamos, é lo llevó á su señor.
-
-Y luego mandó Cortés á nuestros artilleros que tuviesen muy bien
-cebadas las bombardas con buen golpe de pólvora para que hiciesen gran
-trueno cuando las soltasen, y mandó á Pedro de Albarado que él y todos
-los de á caballo se aparejasen para que aquellos criados de Montezuma
-los viesen correr, y que llevasen pretales de cascabeles; y tambien
-Cortés cabalgó y dijo:
-
-—«Si en estos medaños de arena pudiéramos correr, bueno fuera; mas ya
-verán que á pié atollamos en la arena; salgamos á la playa desque sea
-menguante, y correremos de dos en dos.»
-
-É al Pedro de Albarado, que era su yegua alazana, de gran carrera y
-revuelta, le dió el cargo de todos los de á caballo.
-
-Todo lo cual se hizo delante de aquellos dos embajadores, y para que
-viesen salir los tiros dijo Cortés que les queria tornar á hablar con
-otros muchos principales, y ponen fuego á las bombardas, y en aquella
-sazon hacia calma; iban las piedras por los montes retumbando con gran
-ruido, y los gobernadores y todos los indios se espantaron de cosas
-tan nuevas para ellos, y lo mandaron pintar á sus pintores para que
-Montezuma lo viese.
-
-Y parece ser que un soldado tenia un casco medio dorado, y vióle
-Tendile, que era más entremetido indio que el otro, y dijo que parecia
-á unos que ellos tienen que les habian dejado sus antepasados del
-linaje donde venian, el cual tenian puesta en la cabeza á sus dioses
-Huichilóbos, que es su ídolo de la guerra, y que su señor Montezuma
-se holgará de lo ver, y luego se lo dieron; y les dijo Cortés que
-porque queria saber si el oro de esta tierra es como el que sacan de
-la nuestra de los rios, que le envien aquel casco lleno de granos para
-enviarlo á nuestro gran Emperador.
-
-Y despues de todo esto, el Tendile se despidió de Cortés y de todos
-nosotros, y despues de muchos ofrecimientos que les hizo el mismo
-Cortés, le abrazó y se despidió dél, y dijo el Tendile que él volveria
-con la respuesta con toda brevedad; é ido, alcanzamos á saber que,
-despues de ser indios de grandes negocios, fué el más suelto peon que
-su amo Montezuma tenia; el cual fué en posta y dió relacion de todo á
-su señor, y le mostró el dibujo que llevaba pintado y el presente que
-le envió Cortés; y cuando el gran Montezuma le vió quedó admirado, y
-recibió por otra parte mucho contento, y desque vió el casco y el que
-tenia su Huichilóbos, tuvo por cierto que éramos del linaje de los que
-les habian dicho sus antepasados que vendrian á señorear aquesta tierra.
-
-Aquí es donde dice el coronista Gómora muchas cosas que no le dieron
-buena relacion. Dejallo hé aquí, y diré lo que más nos acaesció.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXXIX.
-
-CÓMO FUÉ TENDILE Á HABLAR Á SU SEÑOR MONTEZUMA Y LLEVAR EL PRESENTE Y
-LO QUE HICIMOS EN NUESTRO REAL.
-
-
-Desque se fué Tendile con el presente que el capitan Cortés le dió para
-su señor Montezuma, é habia quedado en nuestro real el otro gobernador
-que se decia Pitalpitoque, quedó en unas chozas apartadas de nosotros,
-y allí trajeron indios para que hiciesen pan de su maíz, y gallinas,
-fruta y pescado, y de aquella proveian á Cortés y á los capitanes que
-comian con él (que á nosotros los soldados, si no lo mariscábamos é
-íbamos á pescar, no lo teniamos); y en aquella sazon vinieron muchos
-indios de los pueblos por mí nombrados, donde eran gobernadores
-aquellos criados del gran Montezuma, y traian algunos dellos oro y
-joyas de poco valor y gallinas á trocar por nuestros rescates, que
-eran cuentas verdes, diamantes y otras cosas, y con aquello nos
-sustentábamos, porque comunmente todos los soldados traiamos rescate,
-como teniamos aviso cuando lo de Grijalva que era bueno traer cuentas,
-y en esto pasaron seis ó siete dias; y estando en esto vino el Tendile
-una mañana con más de cien indios cargados, y venia con ellos un gran
-cacique mejicano, y en el rostro, facciones y cuerpo se parecian al
-capitan Cortés, y adrede lo envió el gran Montezuma; porque, segun
-dijeron, cuando á Cortés le llevó Tendile dibujada su misma figura,
-todos los principales que estaban con Montezuma dijeron que un
-principal que se decia Quintalbor se le parecia á lo propio á Cortés,
-que así se llamaba aquel gran cacique que venia con Tendile; y como
-parecia á Cortés, así le llamábamos en el real Cortés allá, Cortés
-acullá.
-
-Volvamos á su venida y lo que hicieron en llegando donde nuestro
-capitan estaba, y fué que besó la tierra con la mano, y con braseros
-que traian de barro, y en ellos de su incienso le zahumaron, y á todos
-los demás soldados que allí cerca nos hallamos; y Cortés les mostró
-mucho amor y asentólos cabe sí; é aquel principal que venia con aquel
-presente traia cargo juntamente de hablar con el Tendile (ya he dicho
-que se decia Quintalbor); y despues de haberle dado el parabien venido
-á aquella tierra, y otras muchas pláticas que pasaron, mandó sacar
-el presente que traian encima de unas esteras que llaman petates, y
-tendidas otras mantas de algodon encima dellas, lo primero que dió fué
-una rueda de hechura de sol, tan grande como de una carreta, con muchas
-labores, todo de oro muy fino, gran obra de mirar, que valía, á lo que
-despues dijeron que le habian pesado, sobre veinte mil pesos de oro, y
-otra mayor rueda de plata, figurada la luna con muchos resplandores,
-y otras figuras en ella, y esta era de gran peso, que valía mucho, y
-trujo el casco lleno de oro en granos crespos como lo sacan de las
-minas, que valía tres mil pesos.
-
-Aquel oro del casco tuvimos en más, por saber cierto que habia buenas
-minas, que si trujeran treinta mil pesos. Más trajo veinte ánades de
-oro, de muy prima labor y muy natural, é unos como perros de los que
-entre ellos tienen, y muchas piezas de oro figuradas de hechuras de
-tigres y leones y monos, y diez collares hechos de una hechura muy
-prima, é otros pinjantes, é doce flechas y arco con su cuerda, y dos
-varas como de justicia, de largo de cinco palmos, y todo esto de oro
-muy fino y de obra vaciadiza; y luego mandó traer penachos de oro y de
-ricas plumas verdes y otras de plata, y aventadores de lo mismo, pues
-venados de oro sacados del vaciadizo; é fueron tantas cosas, que, como
-há ya tantos años que pasó, no me acuerdo de todo; y luego mandó traer
-allí sobre treinta cargas de ropa de algodon tan prima y de muchos
-géneros de labores, y de pluma de muchos colores, que por ser tantos no
-quiero en ello más meter la pluma, porque no lo sabré escribir.
-
-Y despues de haber dado, dijo aquel gran cacique Quintalbor y el
-Tendile á Cortés que reciba aquello con la gran voluntad que su señor
-se lo envia, é que lo reparta con los teules que consigo trae; y Cortés
-con alegría los recibió; y dijeron á Cortés aquellos embajadores que le
-querian hablar lo que su señor Montezuma le envia á decir.
-
-Y lo primero que le dijeron, que se ha holgado que hombres tan
-esforzados vengan á su tierra, como le han dicho que somos, porque
-sabia lo de Tabasco; y que deseara mucho ver á nuestro gran Emperador,
-pues tan gran señor es, pues de tan léjas tierras como venimos tiene
-noticia dél, é que le enviaria un presente de piedras ricas, é que
-entretanto que allí en aquel puerto estuviéremos, si en algo nos puede
-servir que lo hará de buena voluntad; é cuanto á las vistas, que no
-curasen dellas, que no habia para qué; poniendo muchos inconvenientes.
-
-Cortés les tornó á dar las gracias con buen semblante por ello, y con
-muchos halagos dió á cada gobernador dos camisas de Holanda y diamantes
-azules y otras cosillas, y les rogó que volviesen por su embajador
-á Méjico á decir á su señor el gran Montezuma que, pues habiamos
-pasado tantas mares y veniamos de tan léjas tierras solamente por le
-ver y hablar de su persona á la suya, que así se volviese, que no lo
-receberia de buena manera nuestro gran rey y señor, y que adonde quiera
-que estuviese le quiere ir á ver y hacer lo que mandare.
-
-Y los embajadores dijeron que irian y se lo dirian; que las vistas que
-dice, que entienden que son por demás.
-
-Y envió Cortés con aquellos mensajeros á Montezuma de la pobreza que
-traiamos que era una copa de vidrio de Florencia, labrada y dorada, con
-muchas arboledas y monterías que estaban en la copa, y tres camisas de
-Holanda y otras cosas, y les encomendó la respuesta.
-
-Fuéronse estos dos gobernadores, y quedó en el real Pitalpitoque, que
-parece ser lo dieron cargo los demás criados de Montezuma para que
-trujese la comida de los pueblos más cercanos.
-
-Dejallo hé aquí, y diré lo que en nuestro real pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XL.
-
-CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á BUSCAR OTRO PUERTO Y ASIENTO PARA POBLAR Y LO QUE
-SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Despachados los mensajeros para Méjico, luego Cortés mandó ir dos
-navíos á descubrir la costa adelante, y por capitan dellos á Francisco
-de Montejo, y le mandó que siguiese el viaje que habiamos llevado con
-Juan de Grijalva, porque el mismo Montejo havia venido en nuestra
-compañía y del Grijalva, y que procurase buscar puerto seguro y mirase
-por tierras en que pudiésemos estar, porque bien via que en aquellos
-arenales no nos podiamos valer de mosquitos y estar tan léjos de
-poblaciones; y mandó al piloto Alaminos y Juan Álvarez el Manquillo,
-fuesen por pilotos, porque sabian aquella derrota, y que diez dias
-navegase costa á costa todo lo que pudiesen; y fueron de la manera que
-les fué dicho é mandado, y llegaron al paraje del rio Grande, que es
-cerca de Pánuco, adonde otra vez llegamos cuando lo del capitan Juan
-de Grijalva, y desde allí adelante no pudieron pasar, por las grandes
-corrientes.
-
-Y viendo aquella mala navegacion, dió la vuelta á San Juan de Ulúa,
-sin más pasar adelante, ni otra relacion, excepto que doce leguas de
-allí habian visto un pueblo como fortaleza, el cual pueblo se llamaba
-Quiahuistlan, y que cerca de aquel pueblo estaba un puerto que le
-parecia al piloto Alaminos que podrian estar seguros los navíos del
-norte; púsosele un nombre feo, que es el tal de Bernal, que parecia á
-otro puerto que hay en España que tenia aquel propio nombre feo; y en
-estas idas y venidas se pasaron al Montejo diez ó doce dias.
-
-Y volveré á decir que el indio Pitalpitoque, que quedaba para traer
-la comida, aflojó de tal manera, que nunca más trujo cosa ninguna; y
-teniamos entónces gran falta de mantenimientos, porque ya el cazabe
-amargaba de mohoso, podrido y sucio de fátulas, y si no íbamos á
-mariscar no comiamos, y los indios que solian traer oro y gallinas
-á rescatar, ya no venian tantos como al principio, y estos que
-acudian, muy recatados y medrosos; y estábamos aguardando á los indios
-mensajeros que fueron á Méjico por horas.
-
-Y estando desta manera, vuelve Tendile con muchos indios, y despues de
-haber hecho el acato que suelen entre ellos de zahumar á Cortés y á
-todos nosotros, dió diez cargas de mantas de pluma muy fina y ricas, y
-cuatro chalchuites, que son unas piedras verdes de muy gran valor, y
-tenidas en más estima entre ellos, más que nosotros las esmeraldas, y
-es color verde, y ciertas piezas de oro, que dijeron que valía el oro,
-sin los chalchuites, tres mil pesos; y entónces vinieron el Tendile
-y Pitalpitoque, porque el otro gran cacique, que se decia Quintalbor,
-no volvió más, porque habia adolecido en el camino; y aquellos dos
-gobernadores se apartaron con Cortés y doña Marina y Aguilar, y le
-dijeron que su señor Montezuma recibió el presente y que se holgó con
-él, é que en cuanto á la vista, que no le hablen más sobre ello, y
-que aquellas ricas piedras de chalchuites que las envia para el gran
-Emperador, porque son tan ricas, que vale cada una dellas una gran
-carga de oro, y que en más estima las tenia, y que ya no cure de enviar
-más mensajeros á Méjico.
-
-Y Cortés les dió las gracias con ofrecimientos; y ciertamente que le
-pesó á Cortés que tan claramente le decian que no podriamos ver al
-Montezuma, y dijo á ciertos soldados que allí nos hallamos:
-
-—«Verdaderamente debe de ser gran señor y rico, y si Dios quisiere,
-algun dia le hemos de ir á ver.»
-
-Y respondimos los soldados:
-
-—«Ya querriamos estar envueltos con él.»
-
-Dejemos por agora las vistas, y digamos que en aquella sazon era
-hora del Ave-María, y en el real teniamos una campana, y todos nos
-arrodillamos delante de una cruz que teniamos puesta en un medaño de
-arena, el más alto, y delante de aquella cruz deciamos la oracion de
-la Ave-María; y como Tendile y Pitalpitoque nos vieron así arrodillar,
-como eran indios muy entremetidos, preguntaron que á qué fin nos
-humillábamos delante de aquel palo hecho de aquella manera.
-
-Y como Cortés lo oyó, y el fraile de la Merced estaba presente, le dijo
-Cortés al fraile:
-
-—«Bien es agora, Padre, que hay buena materia para ello, que les demos
-á entender con nuestras lenguas las cosas tocantes á nuestra santa fe.»
-
-Y entónces se les hizo un tan buen razonamiento para en tal tiempo,
-que unos buenos teólogos no lo dijeran mejor; y despues de declarado
-cómo somos cristianos é todas las cosas tocantes á nuestra santa fe que
-se convenian decir, les dijeron que sus ídolos son malos y que no son
-buenos; que huyen de donde está aquella señal de la cruz, porque en
-otra de aquella hechura padeció muerte y pasion el Señor del cielo y
-de la tierra y de todo lo criado, que es el en que nosotros adoramos y
-creemos, que es nuestro Dios verdadero, que se dice Jesucristo, y que
-quiso sufrir y pasar aquella muerte por salvar todo el género humano,
-y que resucitó al tercero dia y está en los cielos, y que habemos de
-ser juzgados dél; y se les dijo otras muchas cosas muy perfectamente
-dichas, y las entendian bien, y respondian cómo ellos lo dirian á su
-señor Montezuma; y tambien se les declaró que una de las cosas porque
-nos envió á estas partes nuestro gran Emperador fué para quitar que
-no sacrificasen ningunos indios ni otra manera de sacrificios malos
-que hacen, ni se robasen unos á otros, ni adorasen aquellas malditas
-figuras; y que les ruega que pongan en su ciudad, en los adoratorios
-donde están los ídolos que ellos tienen por dioses, una cruz como
-aquella, y pongan una imágen de nuestra Señora, que allí les dió, con
-su hijo precioso en los brazos, y verán cuánto bien les va y lo que
-nuestro Dios por ellos hace.
-
-Y porque pasaron otros muchos razonamientos, é yo no los sabré escribir
-tan por extenso, lo dejaré, y traeré á la memoria que como vinieron
-con Tendile muchos indios esta postrera vez á rescatar piezas de oro,
-y no de mucho valor, todos los soldados lo rescatábamos; y aquel oro
-que rescatábamos dábamos á los hombres que traiamos de la mar, que iban
-á pescar, á trueco de su pescado, para tener de comer; porque de otra
-manera pasábamos mucha necesidad de hambre, y Cortés se holgaba dello y
-lo disimulaba, aunque lo veia, y se lo decian muchos criados y amigos
-de Diego Velazquez, que para qué nos dejaba rescatar.
-
-Y lo que sobre ello pasó diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLI.
-
-DE LO QUE SE HIZO SOBRE EL RESCATAR DEL ORO, Y DE OTRAS COSAS QUE EN EL
-REAL PASARON.
-
-
-Como vieron los amigos de Diego Velazquez, gobernador de Cuba, que
-algunos soldados rescatábamos oro, dijéronselo á Cortés que para qué
-lo consentia, y que no lo envió Diego Velazquez para que los soldados
-llevasen todo el más oro, y que era bien mandar pregonar que no
-rescatasen más de ahí adelante, sino fuese el mismo Cortés, y lo que
-hubiesen habido, que lo manifestasen para sacar el real quinto, é que
-se pusiese una persona que fuese conveniente para cargo de tesorero.
-
-Cortés á todo dijo que era bien lo que decian, y que la tal persona
-nombrasen ellos; y señalaron á un Gonzalo Mejía.
-
-Y despues desto hecho, les dijo Cortés, no de buen semblante:
-
-—«Mirá, señores, que nuestros compañeros pasan gran trabajo de no
-tener con qué se sustentar, y por esta causa habiamos de disimular,
-porque todos comiesen; cuanto más que es una miseria cuanto rescatan,
-que, mediante Dios, mucho es lo que habemos de haber, porque todas las
-cosas tienen su haz y envés; ya está pregonado que no rescaten más oro,
-como habeis querido; veremos de qué comeremos.»
-
-Aquí es donde dice el coronista Gómora que lo hacia Cortés porque no
-creyese Montezuma que nos daba nada por oro; y no le informaron bien,
-que desde lo de Grijalva en el rio de Banderas lo sabia muy claramente;
-y demás desto, cuando le enviamos á demandar el casco de oro en granos
-de las minas, y nos veian rescatar. Pues que, ¡gente mejicana para no
-entendello!
-
-Y dejemos esto pues dice que por informacion lo sabe; y digamos cómo
-una mañana no amaneció indio ninguno de los que estaban en las
-chozas, que solian traer de comer, ni los que rescataban, y con ellos
-Pitalpitoque, que sin hablar palabra se fueron huyendo; y la causa
-fué, segun despues alcanzamos á saber, que se lo envió á mandar
-Montezuma, que no aguardasen más pláticas de Cortés ni de los que con
-él estábamos; porque parece ser cómo el Montezuma era muy devoto de
-sus ídolos, que se decian Tezcatepuca y Huichilóbos; el uno decian
-que era dios de la guerra, y el Tezcatepuca el Dios del infierno,
-y les sacrificaba cada dia muchachos para que le diesen respuesta
-de lo que habia de hacer de nosotros, porque ya el Montezuma tenia
-pensamiento que si no nos tornábamos á ir en los navíos, de nos haber
-todos á las manos para que hiciésemos generacion, y tambien para tener
-que sacrificar; segun despues supimos, la respuesta que le dieron
-sus ídolos fué que no curase de oir á Cortés, ni las palabras que le
-enviaba á decir que tuviese cruz y la imágen de nuestra Señora, que no
-la trujesen á su ciudad; y por esta causa se fueron sin hablar.
-
-Y como vimos tal novedad, creimos que siempre estaban de guerra, y
-estábamos muy más á punto apercibidos.
-
-Y un dia estando yo y otro soldado puestos por espías en unos arenales,
-vimos venir por la playa cinco indios, y por no hacer alboroto por
-poca cosa en el real, los dejamos allegar á nosotros, y con alegres
-rostros nos hicieron reverencia á su usanza, y por señas nos dijeron
-que los llevásemos al real; y yo dije á mi compañero que se quedase en
-el puesto, é yo iria con ellos, que en aquella sazon no me pesaban los
-piés como agora, que soy viejo; y cuando llegaron adonde Cortés estaba,
-le hicieron grande acato y le dijeron: «Lopelucio, lopelucio;» que
-quiere decir en la lengua totonaque, señor y gran señor.
-
-Y traian unos grandes agujeros en los bezos de abajo, y en ellos unas
-rodajas de piedras pintadillas de azul, y otros con unas hojas de oro
-delgadas, y en las orejas muy grandes agujeros, y en ellos puestas
-otras rodajas de oro y piedras, y muy diferente trage y habla que
-traian á lo de los mejicanos que solian allí estar en los ranchos con
-nosotros, que envió el gran Montezuma; y como doña Marina y Aguilar,
-las lenguas, oyeron aquello de lopelucio, no lo entendieron; dijo
-la doña Marina en la lengua mejicana que si habia allí entre ellos
-naeyauatos, que son intérpretes de la lengua mejicana; y respondieron
-los dos de aquellos cinco que sí, que ellos la entendian y hablarian;
-y dijeron luego en la lengua mejicana que somos bien venidos, é que
-su señor les enviaba á saber quién éramos, y que se holgara servir á
-hombres tan esforzados, porque parece ser ya sabian lo de Tabasco y lo
-de Potonchan; y más dijeron, que ya hobieran venido á vernos, si no
-fuera por temor de los de Culúa, que debian estar allí con nosotros; y
-Culúa entiéndese por mejicanos, que es como si dijésemos cordobeses ó
-villanos; é que supieron que habia tres dias que se habian ido huyendo
-á sus tierras; y de plática en plática supo Cortés cómo tenia Montezuma
-enemigos y contrarios, de lo cual se holgó; y con dádivas y halagos que
-les hizo, despidió aquellos cinco mensajeros, y les dijo que dijesen á
-su señor que él los iria á ver muy presto.
-
-Aquellos indios llamábamos desde ahí adelante los lopelucios.
-
-Y dejallos he agora, y pasemos adelante y digamos que en aquellos
-arenales donde estábamos habia siempre muchos mosquitos zancudos,
-como de los chicos que llaman xexenes, y son peores que los grandes,
-y no podiamos dormir dellos, y no habia bastimentos, y el cazabe se
-apocaba, y muy mohoso y sucio de las fátulas, y algunos soldados de los
-que solian tener indios en la isla de Cuba suspirando continuamente,
-por volverse á sus casas, y en especial los criados y amigos de Diego
-Velazquez.
-
-Y como Cortés así vido la cosa y voluntades, mandó que nos fuésemos
-al pueblo que habia visto el Montejo y el piloto Alaminos que estaba
-en fortaleza, que se dice Quiahuistlan, y que los navíos estarian al
-abrigo del peñol por mí nombrado.
-
-Y como se ponia por la obra para nos ir, todos los amigos, deudos y
-criados del Diego Velazquez dijeron á Cortés que para qué queria hacer
-aquel viaje sin bastimentos, é que no tenia posibilidad para pasar más
-adelante, porque ya se habian muerto en el real de heridas de lo de
-Tabasco y de dolencias y hambre sobre treinta y cinco soldados, y que
-la tierra era grande y las poblaciones de mucha gente, é que nos darian
-guerra un dia que otro, y que seria mejor que nos volviésemos á Cuba á
-dar cuenta á Diego Velazquez del oro rescatado, pues era cantidad, y de
-los grandes presentes de Montezuma, que era el sol de oro y la luna de
-plata y el casco de oro menudo de minas, y de todas las joyas y ropa
-por mí referidas.
-
-Y Cortés les respondió que no era buen consejo volver sin ver; porque
-hasta entónces que no nos podiamos quejar de la fortuna, é que diésemos
-gracias á Dios, que en todo nos ayudaba; y que en cuanto á los que se
-han muerto, que en las guerras y trabajos suele acontecer; y que seria
-bien saber lo que habia en la tierra, y que entre tanto del maíz que
-tenian los indios y pueblos cercanos comeriamos, ó mal nos andarian las
-manos.
-
-Y con esta respuesta se sosegó algo la parcialidad del Diego Velazquez,
-aunque no mucho; que ya habia corrillos dellos y plática en el real
-sobre la vuelta de Cuba.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré lo que más avino.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLII.
-
-CÓMO ALZAMOS Á HERNANDO CORTÉS POR CAPITAN GENERAL Y JUSTICIA MAYOR
-HASTA QUE SU MAJESTAD EN ELLO MANDASE LO QUE FUESE SERVIDO, Y LO QUE EN
-ELLO SE HIZO.
-
-
-Ya he dicho que en el real andaban los parientes y amigos del Diego
-Velazquez perturbando que no pasásemos adelante, y que desde allí de
-San Juan de Ulúa nos volviésemos á la isla de Cuba.
-
-Parece ser que ya Cortés tenia pláticas con Alonso Hernandez
-Puertocarrero y con Pedro de Albarado, y sus cuatro hermanos, Jorge,
-Gonzalo, Gomez y Juan, todos Albarados, y con Cristóbal de Olí, Alonso
-de Ávila, Juan de Escalante, Francisco de Lugo, y conmigo é otros
-caballeros y capitanes, que le pidiésemos por capitan.
-
-El Francisco de Montejo bien lo entendió, y estábase á la mira; y una
-noche á más de media noche vinieron á mi choza el Alonso Hernandez
-Puertocarrero y el Juan Escalante y Francisco de Lugo, que éramos algo
-deudos yo y el Lugo, y de una tierra, y me dijeron:
-
-—«Ah señor Bernal Diez del Castillo, salid acá con vuestras armas á
-rondar, acompañaremos á Cortés, que anda rondando.»
-
-Y cuando estuve apartado de la choza me dijeron:
-
-—«Mirad, señor, tened secreto de un poco que agora os queremos decir,
-porque pesa mucho, y no lo entiendan los compañeros que están en
-vuestro rancho, que son de la parte del Diego Velazquez.»
-
-Y lo que platicaron, fué:
-
-—«¿Paréceos, señor, bien que Hernando Cortés así nos haya traido
-engañados á todos, y dió pregones en Cuba que venia á poblar, y ahora
-hemos sabido que no trae poder para ello, sino para rescatar, y quieren
-que nos volvamos á Santiago de Cuba con todo el oro que se ha habido,
-y quedaremos todos perdidos, y tomarse ha el oro el Diego Velazquez,
-como la otra vez? Mirá, señor, que habeis venido ya tres veces con
-esta postrera, gastando vuestros haberes, y habeis quedado empeñado,
-aventurando tantas veces la vida con tantas heridas; hacémoslo, señor,
-saber, porque no pase esto adelante; y estamos muchos caballeros que
-sabemos que son amigos de vuestra merced, para que esta tierra se
-pueble en nombre de S. M., y Hernando Cortés en su Real nombre, y en
-teniendo que tengamos posibilidad hacello saber en Castilla á nuestro
-Rey y señor. Y tenga, señor, cuidado de dar el voto para que todos le
-elijamos por capitan de unánime voluntad, porque es servicio de Dios y
-de nuestro Rey y Señor.»
-
-Yo respondí que la ida de Cuba no era buen acuerdo, y que seria bien
-que la tierra se poblase, é que eligiésemos á Cortés por general y
-justicia mayor hasta que su majestad otra cosa mandase.
-
-Y andando de soldado en soldado este concierto, alcanzáronlo á saber
-los deudos y amigos del Diego Velazquez, que eran muchos más que
-nosotros, y con palabras algo sobradas dijeron á Cortés que para qué
-andaba con mañas para quedarse en aquesta tierra sin ir á dar cuenta á
-quien le envió para ser capitan; porque Diego Velazquez no se lo ternia
-á bien; y que luego nos fuésemos á embarcar, y que no curase de más
-rodeos y andar en secreto con los soldados, pues no tenia bastimentos
-ni gente ni posibilidad para que pudiese poblar.
-
-Y Cortés respondió sin mostrar enojo, y dijo que le placia, que
-no iria contra las instrucciones y memorias que traia del señor
-Diego Velazquez; y mandó luego pregonar que para otro dia todos nos
-embarcásemos, cada uno en el navío que habia venido; y los que habiamos
-sido en el concierto le respondimos que no era bien traernos engañados:
-que en Cuba pregonó que venia á poblar é que viene á rescatar, y que le
-requeriamos de parte de Dios nuestro Señor y de su majestad que luego
-poblase, y no hiciese otra cosa, porque era muy gran bien y servicio de
-Dios y de su majestad; y se le dijeron muchas cosas bien dichas sobre
-el caso, diciendo que los naturales no nos dejarian desembarcar otra
-vez como ahora, y que en estar poblada aquesta tierra siempre acudirian
-de todas las islas soldados para nos ayudar, y que Velazquez nos habia
-echado á perder con publicar que tenia provisiones de su majestad para
-poblar, siendo al contrario; é que nosotros queriamos poblar, é que se
-fuese quien quisiese á Cuba.
-
-Por manera que Cortés lo aceptó, y aunque se hacia mucho de rogar, y
-como dice el refran: «Tú me lo ruegas é yo me lo quiero;» y fué con
-condicion que le hiciésemos justicia mayor y capitan general; y lo peor
-de todo que le otorgamos, que le dariamos el quinto del oro de lo que
-se hubiese, despues de sacado el real quinto, y luego le dimos poderes
-muy bastantísimos delante de un escribano del Rey, que se decia Diego
-de Godoy, para todo lo por mí aquí dicho.
-
-Y luego ordenamos de hacer y fundar é poblar una villa, que se nombró
-la villa rica de la Veracruz, porque llegamos juéves de la Cena, y
-desembarcamos en viérnes santo de la Cruz, é rica por aquel caballero
-que dije en el capítulo, que se llegó á Cortés y le dijo que mirase
-las tierras ricas: y que se supiese bien gobernar, é quiso decir
-que se quedase por capitan general; el cual era el Alonso Hernandez
-Puertocarrero.
-
-Y volvamos á nuestra relacion: que fundada la villa, hicimos alcalde
-y regidores, y fueron los primeros alcaldes Alonso Hernandez
-Puertocarrero, Francisco de Montejo, y á este Montejo, porque no estaba
-muy bien con Cortés, por metelle en los primeros y principal, le mandó
-nombrar por alcalde; y los regidores dejallos he de escribir, porque
-no hace al caso que nombre algunos, y diré cómo se puso una picota
-en la plaza, y fuera de la villa una horca, y señalamos por capitan
-para las entradas á Pedro de Albarado, y maestre de campo á Cristóbal
-de Olí, alguacil mayor á Juan de Escalante, y tesorero Gonzalo Mejía,
-y contador á Alonso de Ávila, y alférez á Hulano Corral, porque el
-Villareal, que habia sido alférez, no sé qué enojo habia hecho á Cortés
-sobre una india de Cuba, y se le quitó el cargo; y alguacil del Real á
-Ochoa, vizcaino, y á un Alonso Romero.
-
-Dirán ahora cómo no nombro en esta relacion al capitan Gonzalo de
-Sandoval, siendo un capitan tan nombrado, que despues de Cortés, fué
-la segunda persona, y de quien tanta noticia tuvo el Emperador nuestro
-señor. Á esto digo que, como era mancebo entónces, no se tuvo tanta
-cuenta con él y con otros valerosos capitanes; que le vimos florecer
-en tanta manera, que Cortés y todos los soldados le teniamos en tanta
-estima como al mismo Cortés, como adelante diré.
-
-Y quedarse ha aquí esta relacion; y diré cómo el coronista Gómora dice
-que por relacion sabe lo que escribe; y esto que aquí digo, pasó así; y
-en todo lo más que escribe no le dieron buena cuenta de lo que dice. É
-otra cosa veo, que para que parezca ser verdad lo que en ello escribe,
-todo lo que en el caso pone es muy al revés, por más buena retórica que
-en el escribir ponga.
-
-Y dejallo he, y diré lo que la parcialidad del Diego Velazquez hizo
-sobre que no fuese por capitan elegido Cortés, y nos volviésemos á la
-isla de Cuba.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLIII.
-
-CÓMO LA PARCIALIDAD DE DIEGO VELAZQUEZ PERTURBABA EL PODER QUE HABIAMOS
-DADO Á CORTÉS, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Y desque la parcialidad de Diego Velazquez vieron que de hecho habiamos
-elegido á Cortés por capitan general y justicia mayor, y nombrada la
-villa y alcaldes y regidores, y nombrado capitan á Pedro de Albarado,
-y alguacil mayor y maestre de campo y todo lo por mí dicho, estaban
-tan enojados y rabiosos, que comenzaron á armar bandos é chirinolas,
-y aun palabras muy mal dichas contra Cortés y contra los que le
-elegimos, é que no era bien hecho sin ser sabidores dello todos los
-capitanes y soldados que allí venian, y que no le dió tales poderes el
-Diego Velazquez, sino para rescatar, y harto teniamos los del bando
-de Cortés, de mirar que no se desvergonzasen más y viniésemos á las
-armas; y entónces avisó Cortés secretamente á Juan de Escalante que le
-hiciésemos parecer las instrucciones que traia del Diego Velazquez;
-por lo cual luego Cortés las sacó del seno y las dió á un escribano
-del Rey que las leyese, y decia en ellas: «Desque hubiéredes rescatado
-lo más que pudiéredes, os volveréis;» y venian firmadas del Diego
-Velazquez, y refrendadas de su secretario Andrés de Duero.
-
-Pedimos á Cortés que las mandase encorporar juntamente con el poder que
-le dimos, y asimismo el pregon que se dió en la isla de Cuba; y esto
-fué á causa que S. M. supiese en España cómo todo lo que haciamos era
-en su Real servicio, y no nos levantasen alguna cosa contraria de la
-verdad; y fué harto buen acuerdo segun en Castilla nos trataba D. Juan
-Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, que así
-se llamaba; lo cual supimos por muy cierto que andaba por nos destruir,
-y todo por ser mal informado, como adelante diré.
-
-Hecho esto, volvieron otra vez los mismos amigos y criados del Diego
-Velazquez á decir que no estaba bien hecho haberle elegido sin ellos,
-é que no querian estar debajo de su mandado, sino volverse luego á
-la isla de Cuba; y Cortés les respondió que él no deternia á ninguno
-por fuerza, é cualquiera que le viniese á pedir licencia se la daria
-de buena voluntad, aunque se quedase solo; y con esto los asosegó
-á algunos de ellos, excepto al Juan de Velazquez de Leon, que era
-pariente del Diego Velazquez, é á Diego de Ordás, y á Escobar, que
-llamábamos el Paje porque habia sido criado del Diego Velazquez, y á
-Pedro Escudero y á otros amigos del Diego Velazquez; y á tanto vino la
-cosa, que poco ni mucho le querian obedecer, y Cortés con nuestro favor
-determinó de prender al Juan Velazquez de Leon, y al Diego de Ordás, y
-á Escobar el Paje, é á Pedro Escudero, y á otros que ya no me acuerdo;
-y por lo demás mirábamos no hubiese algun ruido, y estuvieron presos
-con cadenas y velas que les mandaba poner ciertos dias.
-
-Y pasaré adelante, y diré cómo fué Pedro de Albarado á entrar en un
-pueblo cerca de allí.
-
-Aquí dice el coronista Gómora en su Historia muy al contrario de lo que
-pasó, y quien viere su Historia verá ser muy extremado en hablar, é si
-bien le informaran, él dijera lo que pasaba; mas todo es mentiras.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLIV.
-
-CÓMO FUÉ ORDENADO DE ENVIAR Á PEDRO DE ALBARADO LA TIERRA ADENTRO Á
-BUSCAR MAÍZ Y BASTIMENTOS, Y LO QUE MÁS PASÓ.
-
-
-Ya que habiamos hecho y ordenado lo por mí aquí dicho, acordamos que
-fuese Pedro de Albarado la tierra adentro á unos pueblos que teniamos
-noticia que estaban cerca, para que viese qué tierra era y para traer
-maíz é algun bastimento, porque en el real pasábamos mucha necesidad;
-y llevó cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y seis
-escopeteros, y eran destos soldados más de la mitad de la parcialidad
-de Diego Velazquez, y quedamos con Cortés todos los de su bando, por
-temor no hubiese más ruido ni chirinola y se levantasen contra él,
-hasta asegurar más la cosa; y desta manera fué el Albarado á unos
-pueblos pequeños, sujeto de otro pueblo que se decia Costastlan, que
-era de lengua de Culúa; y este nombre de Culúa es en aquella tierra
-como si dijesen los romanos hallados; así es toda la lengua de la
-parcialidad de Méjico y de Montezuma; y á este fin en toda aquesta
-tierra cuando dijere Culúa son vasallos y sujetos á Méjico, y así se ha
-de entender.
-
-Y llegado Pedro de Albarado á los pueblos, todos estaban despoblados de
-aquel mismo dia, y halló sacrificados en unos cues hombres y muchachos,
-y las paredes y altares de sus ídolos con sangre, y los corazones
-presentados á los ídolos; y tambien hallaron las piedras sobre que los
-sacrificaban, y los cuchillazos de pedernal con que los abrian por los
-pechos para les sacar los corazones.
-
-Dijo el Pedro de Albarado que habian hallado todos los más de aquellos
-cuerpos sin brazos y piernas. É que dijeron otros indios que los habian
-llevado para comer; de lo cual nuestros soldados se admiraron mucho de
-tan grandes crueldades.
-
-Y dejemos de hablar de tanto sacrificio, pues dende allí adelante en
-cada pueblo no hallábamos otra cosa.
-
-Y volvamos á Pedro de Albarado, que aquellos pueblos los halló muy
-abastecidos de comida y despoblados de aquel dia de indios, que no pudo
-hallar sino dos indios que le trajeron maíz; y así, hubo de cargar
-cada soldado de gallinas y de otras legumbres; y volvióse al real sin
-más daño les hacer, aunque halló bien en que, porque así se lo mandó
-Cortés, que no fuese como lo de Cozumel; y en el real nos holgamos con
-aquel poco bastimento que trujo, porque todos los males y trabajos se
-pasan con el comer.
-
-Aquí es donde dice el coronista Gómora que fué Cortés la tierra adentro
-con cuatrocientos soldados; no le informaron bien, que el primero que
-fué es el por mí aquí dicho, y no otro.
-
-Y tornemos á nuestra plática: que como Cortés en todo ponia gran
-diligencia, procuró de hacerse amigo con la parcialidad del Diego
-Velazquez, porque á unos con dádivas del oro que habiamos habido, que
-quebranta peñas, é otros prometimientos, los atrajo á sí y los sacó
-de las prisiones, excepto Juan Velazquez de Leon y al Diego de Ordás,
-que estaban en cadenas en los navíos, y dende á pocos dias tambien los
-sacó de las prisiones, hizo tan buenos y verdaderos amigos dellos como
-adelante verán, y toda con el oro, que lo amansa.
-
-Y á todas las cosas puestas en este estado, acordamos de nos ir al
-pueblo que estaba en la fortaleza, ya otra vez por mí memorado, que
-se dice Quiahuistlan, y que los navíos se fuesen al peñol y puerto
-que estaba enfrente de aquel pueblo obra de una legua dél; é yendo
-costa á costa, acuérdome que se mató un gran pescado que le echó
-la mar en la costa en seco, y llegamos á un rio donde está poblada
-ahora la Veracruz, y venia algo hondo, y con unas canoas quebradas lo
-pasamos, y á nado y en balsas, y de aquella parte del rio estaban
-unos pueblos sujetos á otro gran pueblo que se decia Cempoal, donde
-eran naturales los cinco indios de los bezotes de oro que he dicho
-que vinieron por mensajeros á Cortés, que les llamamos lopelucios en
-el real, y hallamos las casas de ídolos y sacrificadores, y sangre
-derramada y enciensos con que zahumaban, y otras cosas de ídolos y de
-piedras con que sacrificaban, y plumas de papagayos y muchos libros
-de su papel cosidos á dobleces, como á manera de paños de Castilla, y
-no hallamos indios ningunos, porque se habian ya huido; que, como no
-habian visto hombres como nosotros ni caballos, tuvieron temor, y allí
-aquella noche no hubo qué cenar; caminamos la tierra adentro hácia el
-poniente, y dejamos la costa, y no sabiamos el camino, y topamos unos
-buenos prados que llaman habanas, y estaban paciendo unos venados, y
-corrió Pedro de Albarado con su yegua alazana tras un venado y le dió
-una lanzada, y herido, se metió por un monte, que no se pudo haber.
-
-Y estando en esto, vimos venir doce indios que eran vecinos de
-aquellas estancias donde habiamos dormido, y venian de hablar á su
-cacique, y traian gallinas y pan de maíz, y dijeron á Cortés con
-nuestras lenguas que su señor enviaba aquellas gallinas que comiésemos,
-y nos rogaba que fuésemos á su pueblo, que estaba de allí, á lo que
-señalaron, andadura de un dia, porque es un sol; y Cortés les dió las
-gracias y los halagó, y caminamos adelante y dormimos en otro pueblo
-pequeño, que tambien tenia hechos muchos sacrificios.
-
-Y porque estarán hartos de oir de tantos indios é indias que hallábamos
-sacrificados en todos los pueblos y caminos que topábamos, pasaré
-adelante sin tornar á decir de qué manera é qué cosas tenian; y diré
-cómo nos dieron en aquel pueblezuelo de cenar, y supimos que era por
-Cempoal el camino para ir al Quiahuistlan, que ya he dicho que estaba
-en una sierra, y pasaré adelante, y diré cómo entramos en Cempoal.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLV.
-
-CÓMO ENTRAMOS EN CEMPOAL, QUE EN AQUELLA SAZON ERA MUY BUENA POBLACION,
-Y LO QUE ALLÍ PASAMOS.
-
-
-Y como dormimos en aquel pueblo donde nos aposentaron los doce indios
-que he dicho, y despues de bien informados del camino que habiamos
-de llevar para ir al pueblo que estaba en el peñol, muy de mañana se
-lo hicimos saber á los caciques de Cempoal cómo íbamos á su pueblo, y
-que lo tuviesen por bien; y para ello envió Cortés los seis indios por
-mensajeros, y los otros seis quedaron para que nos guiasen; y mandó
-Cortés poner en órden los tiros y escopetas y ballesteros, y siempre
-corredores del campo descubriendo, y los de á caballo y todos los demás
-muy apercebidos.
-
-Y desta manera caminamos hasta que llegamos una legua del pueblo; é
-ya que estábamos cerca dél, salieron veinte indios principales á nos
-recibir de parte del Cacique, y trujeron unas piñas rojas de la tierra,
-muy olorosas, y las dieron á Cortés y á los de á caballo con gran amor,
-y le dijeron que su señor nos estaba esperando en los aposentos, y por
-ser hombre muy gordo y pesado no podia venir á nos recebir; y Cortés
-les dió gracias, y se fueron adelante.
-
-É ya que íbamos entrando entre las casas, desque vimos tan gran
-pueblo, y no habiamos visto otro mayor, nos admiramos mucho dello; y
-como estaba tan vicioso y hecho un verjel, y tan poblado de hombres y
-mujeres las calles llenas que nos salian á ver, dábamos muchos loores á
-Dios, que tales tierras habiamos descubierto; y nuestros corredores del
-campo, que iban á caballo, parece ser llegaron á la gran plaza y patios
-donde estaban los aposentos, y de pocos dias, segun pareció, teníanlos
-muy encalados y relucientes, que lo saben muy bien hacer, y pareció
-al uno de los de á caballo que era aquello blanco que relucia plata,
-y vuelve á rienda suelta á decir á Cortés cómo tenian las paredes de
-plata.
-
-Y doña Marina é Aguilar dijeron que seria yeso ó cal, y tuvimos bien
-que reir de su plata ó frenesí, que siempre despues le deciamos que
-todo lo blanco le parecia plata.
-
-Dejemos de la burla, y digamos cómo llegamos á los aposentos, y el
-cacique gordo nos salió á recebir junto al patio, que porque era
-muy gordo así le nombraré, é hizo muy gran reverencia á Cortés y le
-zahumó, que así lo tenian de costumbre, y Cortés le abrazó, y allí nos
-aposentaron en unos aposentos harto buenos y grandes, que cabiamos
-todos, y nos dieron de comer y pusieron unos cestos de ciruelas, que
-habia muchas, porque era tiempo dellas, y pan de maíz; y como veniamos
-hambrientos, y no habiamos visto otro tanto bastimento como entónces,
-pusimos nombre á aquel pueblo Villaviciosa, y otros le nombraron
-Sevilla.
-
-Mandó Cortés que ningun soldado les hiciese enojo ni se apartase de
-aquella plaza. Y cuando el cacique gordo supo que habiamos comido,
-le envió á decir á Cortés que le queria ir á ver, é vino con buena
-copia de indios principales, y todos traian grandes bocetes de oro é
-ricas mantas; y Cortés tambien los salió al encuentro del aposento, y
-con grandes caricias y halagos le tornó á abrazar; y luego mandó al
-cacique gordo que trujesen un presente que tenia aparejado de cosas de
-joyas de oro y mantas, aunque no fué mucho, sino de poco valor, y le
-dijo á Cortés:
-
-—«Lopelucio, lopelucio, recibe esto de buena voluntad;» é que si más
-tuviera, que se lo diera.
-
-Ya he dicho que en lengua totonaque dijeron señor y gran señor, cuando
-dicen lopelucio, etc.
-
-Y Cortés le dijo con doña Marina é Aguilar que él se lo pagaria en
-buenas obras, é que lo que hubiese menester, que se lo dijese, que lo
-haria por ellos; porque somos vasallos de un tan gran señor, que es
-el Emperador D. Cárlos, que manda muchos reinos y señoríos, y que nos
-envia para deshacer agravios y castigar á los malos, y mandar que no
-sacrificasen más ánimas; y se les dió á entender otras muchas cosas
-tocantes á nuestra santa fe.
-
-Y luego como aquello oyó el cacique gordo, dando suspiros, se quejó
-reciamente del gran Montezuma y de sus gobernadores, diciendo que de
-poco tiempo acá le habia sojuzgado, y que le habia llevado todas sus
-joyas de oro, y les tiene tan apremiados, que no osan hacer sino lo que
-les manda, porque es señor de grandes ciudades, tierras é vasallos y
-ejércitos de guerra.
-
-Y como Cortés entendió que de aquellas quejas que daban al presente no
-podian entender en ello, les dijo que él haria de manera que fuesen
-desagraviados; y porque él iba á ver sus acales (que en lengua de
-indios así llaman á los navíos), é hacer su estada é asiento en el
-pueblo de Quiahuistlan, que desque allí esté de asiento se verán más
-de espacio; y el cacique gordo le respondió muy concertadamente.
-
-Y otro dia de mañana salimos de Cempoal, y tenia aparejados sobre
-cuatrocientos indios de carga, que en aquellas partes llaman tamemes,
-que llevan dos arrobas de peso á cuestas y caminan con ellas cinco
-leguas; y desque vimos tanto indio para carga nos holgamos, porque de
-ántes siempre traiamos á cuestas nuestras mochilas los que no traian
-indios de Cuba, porque no pasaron en la armada sino cinco ó seis, y no
-tantos como dice el Gómora.
-
-Y doña Marina é Aguilar nos dijeron, que en aquestas tierras, que
-cuando están de paz, sin demandar quien lleve la carga, los caciques
-son obligados de dar de aquellos tamemes; y desde allí adelante, donde
-quiera que íbamos demandábamos indios para las cargas.
-
-Y despedido Cortés del cacique gordo, otro dia caminamos nuestro
-camino, y fuimos á dormir á un pueblezuelo cerca de Quiahuistlan, y
-estaba despoblado, y los de Cempoal trujeron de cenar.
-
-Aquí es donde dice el coronista Gómora que estuvo Cortés muchos dias en
-Cempoal, é que se concertó la rebelion é liga contra Montezuma: no le
-informaron bien; porque, como he dicho, otro dia por la mañana salimos
-de allí, y donde se concertó la rebelion y por qué causa adelante lo
-diré.
-
-É quédese así, é digamos cómo entramos en Quiahuistlan.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLVI.
-
-CÓMO ENTRAMOS EN QUIAHUISTLAN, QUE ERA PUEBLO PUESTO EN FORTALEZA, Y
-NOS ACOGIERON DE PAZ.
-
-
-Otro dia, á hora de las diez, llegamos en el pueblo fuerte, que se
-decia Quiahuistlan, que está entre grandes peñascos y muy altas
-cuestas, y si hubiera resistencia era mala de tomar. É yendo con
-buen concierto y ordenanza, creyendo que estuviese de guerra, iba el
-artillería delante, y todos subiamos en aquella fortaleza, de manera
-que si algo acontecia, hacer lo que éramos obligados.
-
-Entónces Alonso de Ávila llevó cargo de capitan; é como era soberbio é
-de mala condicion, porque un soldado que se decia Hernando Alonso de
-Villanueva no iba en buena ordenanza, le dió un bote de lanza en un
-brazo que le mancó, y despues se llamó Hernando Alonso de Villanueva el
-Manquillo.
-
-Dirán que siempre salgo de órden al mejor tiempo por contar cosas
-viejas. Dejémoslo, y digamos que hasta en la mitad de aquel pueblo no
-hallamos indio ninguno con quien hablar, de lo cual nos maravillamos,
-que se habian ido huyendo de miedo aquel propio dia; é cuando nos
-vieron subir á sus casas, y estando en lo más de la fortaleza en una
-plaza junto á donde tenian los cues é casas grandes de sus ídolos,
-vimos estar quince indios con buenas mantas, y cada uno un brasero de
-brasas, y en ellos de sus inciensos, y vinieron donde Cortés estaba
-y le zahumaron, y á los soldados que cerca dellos estábamos, y con
-grandes reverencias le dicen que les perdonen porque no le han salido
-á recebir, y que fuésemos bien venidos é que reposemos, é que de miedo
-se habian huido é ausentado hasta ver qué cosas éramos, porque tenian
-miedo de nosotros y de los caballos, é que aquella noche les mandarian
-poblar todo el pueblo; y Cortés les mostró mucho amor, y les dijo
-muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, como siempre lo teniamos
-de costumbre á do quiera que llegábamos, y que éramos vasallos de
-nuestro gran Emperador D. Cárlos, y les dió unas cuentas verdes é otras
-cosillas de Castilla; y ellos trujeron luego gallinas y pan de maíz.
-
-Y estando en estas pláticas, vinieron luego á decir á Cortés que
-venia el cacique gordo de Cempoal en andas, y las andas á cuestas de
-muchos indios principales; y desque llegó el cacique habló con Cortés,
-juntamente con el cacique y otros principales de aquel pueblo, dando
-tantas quejas de Montezuma, y contaba de sus grandes poderes, y decíalo
-con lágrimas y suspiros, que Cortés y los que estábamos presentes
-tuvimos mancilla; y demás de contar por qué via é modo los habia
-sujetado, que cada año les demandaban muchos de sus hijos y hijas para
-sacrificar y otros para servir en sus casas y sementeras, y otras
-muchas quejas, que fueron tantas, que ya no se me acuerda; y que los
-recaudadores de Montezuma les tomaban sus mujeres é hijas si eran
-hermosas, y las forzaban; y que otro tanto hacian en aquellas tierras
-de la lengua de Totonaque, que eran más de treinta pueblos; y Cortés
-los consolaba con nuestras lenguas cuanto podia, é que los favoreceria
-en todo cuanto pudiese, y quitaria aquellos robos y agravios, y que
-para eso les envió á estas partes el Emperador nuestro señor, é que no
-tuviesen pena ninguna, que presto verian lo que sobre ello haciamos; y
-con estas palabras recibieron algun contento, mas no se les aseguraba
-el corazon con el gran temor que tenian á los mejicanos.
-
-Y estando en estas pláticas vinieron unos indios del mismo pueblo á
-decir á todos los caciques que allí estaban hablando con Cortés, cómo
-venian cinco mejicanos que eran los recaudadores de Montezuma, é como
-los vieron se les perdió la color y temblaban de miedo, y dejan solo
-á Cortés y los salen á recibir, y de presto les enraman una sala y
-les guisan de comer y les hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que
-entre ellos beben; y cuando entraron en el pueblo los cinco indios
-vinieron por donde estábamos, porque allí estaban las casas del cacique
-y nuestros aposentos; y pasaron con tanta contenencia y presuncion,
-que sin hablar á Cortés ni á ninguno de nosotros se fueron é pasaron
-delante; y traian ricas mantas labradas, y los bragueros de la misma
-manera (que entónces bragueros se ponian), y el cabello lucio é
-alzado, como atado en la cabeza, y cada uno unas rosas oliéndolas, y
-mosqueadores que les traian otros indios como criados, y cada uno un
-bordon con un garabato en la mano, y muy acompañados de principales
-de otros pueblos de la lengua totonaque; y hasta que los llevaron
-á aposentar y les dieron de comer muy altamente no les dejaron de
-acompañar.
-
-Y despues que hubieron comido mandaron llamar al cacique gordo é á los
-demás principales, y les dijeron muchas amenazas y les riñeron que por
-qué nos habian hospedado en sus pueblos, y les dijeron que qué tenian
-ahora que hablar y ver con nosotros. É que su señor Montezuma no era
-servido de aquello, porque sin su licencia y mandado no nos habian de
-recoger en su pueblo ni dar joyas de oro. Y sobre ello al cacique gordo
-y á los demás principales les dijeron muchas amenazas, é que luego les
-diesen veinte indios é indias para aplacar á sus dioses por el mal
-oficio que habia hecho.
-
-Y estando en esto, viéndole Cortés, preguntó á doña Marina é Jerónimo
-de Aguilar, nuestras lenguas, de qué estaban alborotados los caciques
-desque vinieron aquellos indios, é quién eran. É doña Marina, que muy
-bien lo entendió, se lo contó lo que pasaba; é luego Cortés mandó
-llamar al cacique gordo y á todos los más principales, y les dijo que
-quién eran aquellos indios, que les hacian tanta fiesta.
-
-Y dijeron que los recaudadores del gran Montezuma, é que vienen á ver
-por qué causa nos recibian en el pueblo sin licencia de su señor, y que
-les demandan ahora veinte indios é indias para sacrificar á sus dioses
-Huichilóbos porque les dé vitoria contra nosotros, porque han dicho
-que dice Montezuma que os quiere tomar para que seais sus esclavos;
-y Cortés les consoló é que no hubiesen miedo, que él estaba allí con
-todos nosotros y que los castigaria.
-
-Y pasemos adelante á otro capítulo, y diré muy por extenso lo que sobre
-ello se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLVII.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE PRENDIESEN AQUELLOS CINCO RECAUDADORES DE
-MONTEZUMA, Y MANDÓ QUE DENDE ALLÍ ADELANTE NO OBEDECIESEN NI DIESEN
-TRIBUTO, Y LA REBELION QUE ENTÓNCES SE ORDENÓ CONTRA MONTEZUMA.
-
-
-Como Cortés entendió lo que los caciques le decian, les dijo que ya les
-habia dicho otras veces que el Rey nuestro señor le mandó que viniese
-á castigar los malhechores é que no consintiese sacrificios ni robos;
-y pues aquellos recaudadores venian con aquella demanda, les mandó
-que luego los aprisionasen é los tuviesen presos hasta que su señor
-Montezuma supiese la causa cómo vienen á robar y llevar por esclavos
-sus hijos y mujeres, é hacer otras fuerzas.
-
-É cuando los caciques lo oyeron estaban espantados de tal osadía,
-mandar que los mensajeros del gran Montezuma fuesen maltratados, y
-temian y no osaban hacello; y todavía Cortés les convocó para que
-luego los echasen en prisiones, y así lo hicieron, y de tal manera,
-que en unas varas largas y con collares (segun entre ellos se usa) los
-pusieron de arte que no se les podian ir; é uno dellos porque no se
-dejaba atar le dieron de palos; y demás desto, mandó Cortés á todos los
-caciques que no les diesen más tributo, ni obediencia á Montezuma, é
-que así lo publicasen en todos los pueblos aliados y amigos. É que si
-otros recaudadores hubiese en otros pueblos como aquellos, que se lo
-hiciesen saber, que él enviaria por ellos.
-
-Y como aquella nueva se supo en toda aquella provincia, porque luego
-envió mensajeros el cacique gordo haciéndoselo saber, y tambien lo
-publicaron los principales que habian traido en su compañía aquellos
-recaudadores, que como los vieron presos, luego se descargaron y fueron
-cada uno á su pueblo á dar mandado y á contar lo acaecido.
-
-É viendo cosas tan maravillosas é de tanto peso para ellos, dijeron que
-no osaron hacer aquello hombres humanos, sino teules, que así llaman
-á sus ídolos en que adoraban; é á esta causa desde allí adelante nos
-llamaron teules, que es, como he dicho, ó dioses ó demonios; y cuando
-dijere en esta relacion teules en cosas que han de ser tocadas nuestras
-personas, sepan que se dice por nosotros.
-
-Volvamos á decir de los prisioneros, que los querian sacrificar por
-consejo de todos los caciques, porque no les fuese alguno dellos á
-dar mandado á Méjico; y como Cortés lo entendió, les mandó que no los
-matasen, que él los queria guardar, y puso de nuestros soldados que
-los velasen; é á media noche mandó llamar Cortés á los mismos nuestros
-soldados que los guardaban, y les dijo:
-
-—«Mirad que solteis dos dellos, los más diligentes que os parecieren,
-de manera que no lo sientan los indios destos pueblos;» que se los
-llevasen á su aposento.
-
-Y así lo hicieron, y despues que los tuvo delante les preguntó con
-nuestras lenguas que por qué estaban presos y de qué tierra eran, como
-haciendo que no los conocia; y respondieron que los caciques de Cempoal
-y de aquel pueblo con su favor y el nuestro los prendieron; y Cortés
-respondió que él no sabia nada y que le pesa dello; y les mandó dar
-de comer y les dijo palabras de muchos halagos, y que se fuesen luego
-á decir á su señor Montezuma cómo éramos todos sus grandes amigos y
-servidores; y porque no pasasen más mal les quitó las prisiones, y que
-riñó con los caciques que los tenian presos, y que todo lo que hubieren
-menester para su servicio que lo hará de muy buena voluntad, y que los
-tres indios sus compañeros que tienen en prisiones, que él los mandará
-soltar y guardar, y que vayan muy presto, no los tornen á prender y los
-maten; y los dos prisioneros respondieron que se lo tenian en merced,
-y que habian miedo que los tornarian á las manos, porque por fuerza
-habian de pasar por sus tierras; y luego mandó Cortés á seis hombres
-de la mar que esa noche los llevasen en un batel obra de cuatro leguas
-de allí, hasta sacallos de á tierra segura fuera de los términos de
-Cempoal.
-
-Y como amaneció, y los caciques de aquel pueblo y el cacique gordo
-hallaron ménos los dos prisioneros, querian muy de hecho sacrificar los
-otros que quedaban, si Cortés no se los quitara de su poder, é hizo del
-enojado porque se habian huido los otros dos; y mandó traer una cadena
-del navío y echólos en ella, y luego los mandó llevar á los navíos,
-é dijo que él los queria guardar, pues tan mal cobro pusieron de los
-demás; y cuando los hubieron llevado les mandó quitar las cadenas, é
-con buenas palabras les dijo que presto les enviaria á Méjico.
-
-Dejémoslo así, que luego que esto fué hecho todos los caciques de
-Cempoal y de aquel pueblo é de otros que se habian allí juntado de la
-lengua totonaque, dijeron á Cortés que qué harian, pues que Montezuma
-sabria la prision de sus recaudadores, que ciertamente vendrian sobre
-ellos los poderes de Méjico del gran Montezuma, y que no podrian
-escapar de ser muertos y destruidos.
-
-Y dijo Cortés con semblante muy alegre, que él y sus hermanos que allí
-estábamos los defenderiamos, y matariamos á quien enojar los quisiese.
-
-Entónces prometieron todos aquellos pueblos y caciques á una que serian
-con nosotros en todo lo que les quisiésemos mandar, y juntarian todos
-sus poderes contra Montezuma y todos sus aliados.
-
-Y aquí dieron la obediencia á su majestad por ante un Diego de Godoy
-el escribano, y todo lo que pasó lo enviaron á decir á los más pueblos
-de aquella provincia; é como ya no daban tributo ninguno, é los
-recojedores no parecian, no cabian de gozo en haber quitado aquel
-dominio.
-
-Y dejemos esto, y diré cómo acordamos de nos bajar á lo llano á unos
-prados, donde comenzamos á hacer una fortaleza. Esto es lo que pasa, y
-no la relacion que sobre ello dieron al coronista Gómora.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLVIII.
-
-CÓMO ACORDAMOS DE POBLAR LA VILLA RICA DE LA VERACRUZ, Y DE HACER UNA
-FORTALEZA EN UNOS PRADOS JUNTO Á UNAS SALINAS Y CERCA DEL PUERTO DEL
-NOMBRE-FEO, DONDE ESTABAN ANCLADOS NUESTROS NAVÍOS, Y LO QUE ALLÍ SE
-HIZO.
-
-
-Despues que hubimos hecho liga y amistad con más de treinta pueblos
-de las sierras, que se decian los totonaques, que entónces se
-rebelaron al gran Montezuma y dieron la obediencia á su majestad, y se
-prefirieron á nos servir, con aquella ayuda tan presta acordamos de
-poblar é de fundar la villa rica de la Veracruz en unos llanos media
-legua del pueblo, que estaba como fortaleza, que se dice Quiahuistlan,
-y traza de iglesia y plaza y atarazanas, y todas las cosas que
-convenian para parecer villa, é hicimos una fortaleza, y desde entónces
-los cimientos; y en acaballa de tener alta para enmaderar; y hechas
-troneras y cubos y barbacanas, dimos tanta priesa, que desde Cortés
-comenzó el primero á sacar tierra á cuestas y piedra é ahondar los
-cimientos, como todos los capitanes y soldados, y á la continua
-entendimos en ello y trabajamos por la acabar de presto, los unos en
-los cimientos y otros en hacer las tapias, y otros en acarrear agua y
-en las escaleras, en hacer ladrillos y tejas y buscar comida, y otros
-en la madera, y los herreros en la clavazon, porque teniamos herreros;
-y desta manera trabajábamos en ello á la contina desde el mayor hasta
-el menor, y los indios que nos ayudaban, de manera que ya estaba hecha
-iglesia y casas, é casi que la fortaleza.
-
-Estando en esto, parece ser que el gran Montezuma tuvo noticia en
-Méjico cómo le habian preso sus recaudadores é que le habian quitado
-la obediencia, y cómo estaban rebelados los pueblos totonaques; mostró
-tener mucho enojo de Cortés y de todos nosotros, y tenia ya mandado
-á un su gran ejército de guerreros que viniesen á dar guerra á los
-pueblos que se le rebelaron y que no quedase ninguno dellos á vida; é
-para contra nosotros aparejaba de venir con gran ejército y pujanza
-de capitanes; y en aquel instante van los dos indios prisioneros que
-Cortés mandó soltar, segun he dicho en el capítulo pasado, y cuando
-Montezuma entendió que Cortés les quitó de las prisiones y los envió
-á Méjico, y las palabras de ofrecimientos que les envió á decir,
-quiso Nuestro Señor Dios que amansó su ira é acordó de enviar á saber
-de nosotros qué voluntad teniamos, y para ello envió dos mancebos
-sobrinos suyos, con cuatro viejos, grandes caciques, que los traian
-á cargo, y con ellos envió un presente de oro y mantas, é á dar las
-gracias á Cortés porque les soltó á sus criados; y por otra parte
-se envió á quejar mucho, diciendo que con nuestro favor se habian
-atrevido aquellos pueblos de hacelle tan gran traicion é que no le
-diesen tributo é quitalle la obediencia; é que ahora, teniendo respeto
-á que tiene por cierto que somos los que sus antepasados les habian
-dicho que habian de venir á sus tierras, é que debemos de ser de sus
-linajes, é porque estábamos en casa de los traidores, no les envió
-luego á destruir; mas que el tiempo andando no se alabaran de aquellas
-traiciones.
-
-Y Cortés recibió el oro y la ropa, que valía sobre dos mil pesos, y
-les abrazó, y dió por disculpa que él y todos nosotros éramos muy
-amigos de su señor Montezuma, y como tal servidor le tiene guardados
-sus tres recaudadores; y luego los mandó traer de los navíos, y con
-buenas mantas y bien tratados se los entregó, y tambien Cortés se quejó
-mucho del Montezuma, y les dijo cómo su gobernador Pitalpitoque se
-fué una noche del real sin le hablar, y que no fué bien hecho, y que
-cree y tiene por cierto que no se lo mandaria el señor Montezuma que
-hiciese tal villanía, é que por aquella causa nos veniamos á aquellos
-pueblos donde estábamos, é que hemos recibido dellos honra; é que le
-pide por merced que les perdone el desacato que contra él han tenido;
-y que en cuanto á lo que dice que no le acuden con el tributo, que no
-pueden servir á dos señores, que en aquellos dias que allí hemos estado
-nos han servido en nombre de nuestro Rey y señor, y porque el Cortés
-y todos sus hermanos iriamos presto á le ver y servir, y cuando allá
-estemos se dará órden en todo lo que mandare.
-
-Y despues de aquestas pláticas y otras muchas que pasaron, mandó
-dar á aquellos mancebos, que eran grandes caciques, y á los cuatro
-viejos que los traian á cargo, que eran hombres principales, diamantes
-azules y cuentas verdes, y se les hizo honra; y allí delante dellos,
-porque habia buenos prados, mandó Cortés que corriesen y escaramuzasen
-Pedro de Albarado, que tenia una muy buena yegua alazana que era muy
-revuelta, y otros caballeros, de lo cual se holgaron de los haber
-visto correr; y despedidos y muy contentos de Cortés y de todos
-nosotros se fueron á su Méjico.
-
-En aquella sazon se le murió el caballo á Cortés, y compró ó le dieron
-otro que se decia el Arriero, que era castaño escuro, que fué de Ortiz
-el músico y un Bartolomé García el minero y fué uno de los mejores
-caballos que venian en el armada.
-
-Dejemos de hablar en esto, y diré que como aquellos pueblos de la
-sierra, nuestros amigos, y el pueblo de Cempoal solian estar de ántes
-muy temerosos de los mejicanos, creyendo que el gran Montezuma los
-habia de enviar á destruir con sus grandes ejércitos de guerreros, y
-cuando vieron á aquellos parientes del gran Montezuma que venian con
-el presente por mí nombrado, y á darse por servidores de Cortés y de
-todos nosotros, estaban espantados, y decian unos caciques á otros que
-ciertamente éramos teules, pues que Montezuma nos habia miedo, pues
-enviaba oro en presente. Y si de ántes teniamos mucha reputacion de
-esforzados, de allí adelante nos tuvieron en mucho más.
-
-Y quedarse ha aquí, y diré lo que hizo el cacique y otros sus amigos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XLIX.
-
-CÓMO VINO EL CACIQUE GORDO Y OTROS PRINCIPALES Á QUEJARSE DELANTE DE
-CORTÉS CÓMO EN UN PUEBLO FUERTE, QUE SE DECIA CINGAPACINGA, ESTABAN
-GUARNICIONES DE MEJICANOS Y LES HACIAN MUCHO DAÑO, Y LO QUE SOBRE ELLO
-SE HIZO.
-
-
-Despues de despedidos los mensajeros mejicanos, vino el cacique gordo,
-con otros muchos principales nuestros amigos, á decir á Cortés que
-luego vaya á un pueblo que se decia Cingapacinga, que estaria de
-Cempoal dos dias de andadura, que serian ocho ó nueve leguas, porque
-decian que estaban en él juntos muchos indios de guerra de los culúas,
-que se entiende por los mejicanos, y que les venian á destruir sus
-sementeras y estancias, y les salteaban sus vasallos y les hacian
-otros malos tratamientos; y Cortés lo creyó, segun se lo decian tan
-afectuadamente; y viendo aquellas quejas y con tantas importunaciones,
-y habiéndoles prometido que los ayudaria, y mataria á los culúas ó á
-otros indios que los quisiesen enojar; é á esta causa no sabia qué
-decir, salvo echallos de allí, y estuvo pensando en ello, y dijo riendo
-á ciertos compañeros que estábamos acompañándole:
-
-—«Sabeis, señores, que me parece que en todas estas tierras ya
-tenemos fama de esforzados, y por lo que han visto estas gentes por
-los recaudadores de Montezuma, nos tienen por dioses ó por cosas como
-sus ídolos. He pensado que, para que crean que uno de nosotros basta
-para desbaratar aquellos indios guerreros que dicen que están en el
-pueblo de la fortaleza de sus enemigos, enviemos á Heredia el viejo;»
-que era vizcaino, y tenia mala catadura en la cara, y la barba grande,
-y la cara medio acuchillada, é un ojo tuerto, é cojo de una pierna,
-escopetero.
-
-El cual le mandó llamar, y le dijo:
-
-—«Id con estos caciques hasta el rio, que estaba de allí un cuarto de
-legua; é cuando allá llegáredes, haced que os parais á beber é lavar
-las manos, é tira un tiro con vuestra escopeta, que yo os enviaré á
-llamar; que esto hago porque crean que somos dioses, ó de aquel nombre
-y reputacion que nos tienen puesto; y como vos sois mal agestado, crean
-que sois ídolo.»
-
-Y el Heredia lo hizo segun y de la manera que le fué mandado, porque
-era hombre que habia sido soldado en Italia; y luego envió Cortés á
-llamar al cacique gordo é á todos los demás principales que estaban
-aguardando el ayuda y socorro, y les dijo:
-
-—«Allá envio con vosotros este mi hermano, para que mate y eche todos
-los culúas de ese pueblo, y me traiga presos á los que no se quisieren
-ir.»
-
-Y los caciques estaban elevados desque lo oyeron, y no sabian si lo
-creer ó no, é miraban á Cortés si hacia algun mudamiento en el rostro,
-que creyeron que era verdad lo que les decia; y luego el viejo Heredia,
-que iba con ellos, cargó su escopeta, é iba tirando tiros al aire
-por los montes porque lo oyesen é viesen los indios, y los caciques
-enviaron á dar mandado á los otros pueblos cómo llevan á un teule para
-matar á los mejicanos que estaban en Cingapacinga; y esto pongo aquí
-por cosa de risa, porque vean las mañas que tenia Cortés.
-
-Y cuando entendió que habia llegado el Heredia al rio que le habia
-dicho, mandó de presto que le fuesen á llamar, y vueltos los caciques
-y el viejo Heredia, les tornó á decir Cortés á los caciques que por
-la buena voluntad que les tenia que el propio Cortés en persona
-con algunos de sus hermanos queria ir á hacelles aquel socorro y
-á ver aquellas tierras y fortalezas, y que luego le trujesen cien
-hombres tamemes para llevar los tepuzques, que son los tiros, y
-vinieron otro dia por la mañana; y habiamos de partir aquel mismo dia
-con cuatrocientos soldados y catorce de á caballo y ballesteros y
-escopeteros, que estaban apercebidos; y ciertos soldados que eran de
-la parcialidad de Diego Velazquez dijeron que no querian ir, y que se
-fuese Cortés con los que quisiese, que ellos á Cuba se querian volver;
-y lo que sobre ello se hizo diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO L.
-
-CÓMO CIERTOS SOLDADOS DE LA PARCIALIDAD DE DIEGO VELAZQUEZ, VIENDO QUE
-DE HECHO QUERIAMOS POBLAR Y COMENZAMOS Á PACIFICAR PUEBLOS, DIJERON QUE
-NO QUERIAN IR Á NINGUNA ENTRADA, SINO VOLVERSE Á LA ISLA DE CUBA.
-
-
-Ya me habrán oido decir en el capítulo ántes deste que Cortés habia
-de ir á un pueblo que se dice Cingapacinga, y habia de llevar
-consigo cuatrocientos soldados y catorce de á caballo y ballesteros
-y escopeteros, y tenian puestos en la memoria para ir con nosotros á
-ciertos soldados de la parcialidad del Diego Velazquez; é yendo los
-cuadrilleros á apercebirlos que saliesen luego con sus armas y caballos
-los que los tenian, respondieron soberbiamente que no querian ir á
-ninguna entrada, sino volverse á sus estancias y haciendas que dejaron
-en Cuba; que bastaba lo que habian perdido por sacallos Cortés de sus
-casas, y que les habia prometido en el Arenal que cualquiera persona
-que se quisiese ir que les daria licencia y navío y matalotaje; y á
-esta causa estaban siete soldados apercebidos para se volver á Cuba; y
-como Cortés lo supo, los envió á llamar, y preguntando por qué hacian
-aquella cosa tan fea, respondieron algo alterados, y dijeron que se
-maravillaban querer poblar adonde habia tanta fama de millares de
-indios y grandes poblaciones, con tan pocos soldados como éramos, y
-que ellos estaban dolientes y hartos de andar de una parte á otra, y
-que se querian ir á Cuba á sus casas y haciendas; que les diese luego
-licencia, como se lo habia prometido; y Cortés les respondió mansamente
-que era verdad que se la prometió, mas que no harian lo que debian
-en dejar la bandera de su capitan desamparada; y luego les mandó que
-sin detenimiento ninguno se fuesen á embarcar, y les señaló navío,
-y les mandó dar cazabe y una botija de aceite y otras legumbres de
-bastimentos de lo que teniamos.
-
-Y uno de aquellos soldados, que se decia Hulano Moron, vecino de la
-villa que se decia Delbayamo, tenia un buen caballo overo, labrado de
-las manos, y le vendió luego bien vendido á un Juan Ruano á trueco de
-otras haciendas que el Juan Ruano dejaba en Cuba; é ya que se querian
-hacer á la vela, fuimos todos los compañeros é alcaldes y regidores de
-nuestra Villa-Rica á requerir á Cortés que por via ninguna no diese
-licencia á persona ninguna para salir á tierra, porque así convenia al
-servicio de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que la persona que
-tal licencia pidiese, por hombre que merecia pena de muerte, conforme
-á las leyes de la órden militar, pues quieren dejar á su capitan y
-bandera desamparada en la guerra é peligro, en especial habiendo tanta
-multitud de pueblos de indios guerreros como ellos han dicho: y Cortés
-hizo como que les queria dar la licencia, mas á la postre se la revocó,
-y se quedaron burlados y aun avergonzados, y el Moron su caballo
-vendido, y el Juan Ruano, que lo hubo, no se lo quiso volver, y todo
-fué maneado por Cortés, y fuimos nuestra entrada á Cingapacinga.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LI.
-
-DE LO QUE NOS ACAECIÓ EN CINGAPACINGA, Y CÓMO Á LA VUELTA QUE VOLVIMOS
-POR CEMPOAL LES DERROCAMOS SUS ÍDOLOS Y OTRAS COSAS QUE PASARON.
-
-
-Como ya los siete hombres que se querian volver á Cuba estaban
-pacíficos, luego partimos con los soldados de infantería ya por mí
-nombrados, y fuimos á dormir al pueblo de Cempoal, y tenian aparejado
-para salir con nosotros dos mil indios de guerra en cuatro capitanías;
-y el primero dia caminamos cinco leguas con buen concierto, y otro
-dia á poco más de vísperas llegamos á las estancias que estaban junto
-al pueblo de Cingapacinga, é los naturales dél tuvieron noticia cómo
-íbamos; é ya que comenzábamos á subir por la fortaleza y casas, que
-estaban entre grandes riscos y peñascos, salieron de paz á nosotros
-ocho indios principales y papas, y dicen á Cortés llorando que por qué
-los quiere matar y destruir no habiendo hecho por qué, pues teniamos
-fama que á todos haciamos bien y desagraviábamos á los que estaban
-robados, y habiamos prendido á los recaudadores de Montezuma; y que
-aquellos indios de guerra de Cempoal que allí iban con nosotros estaban
-mal con ellos de enemistades viejas que habian tenido sobre tierras é
-términos, y que con nuestro favor les venian á matar y robar; y que
-es verdad que mejicanos solian estar en guarnicion en aquel pueblo; y
-que pocos dias habia se habian ido á sus tierras cuando supieron que
-habiamos preso á otros recaudadores; y que le ruegan que no pasemos
-adelante la armada y les favorezcan; y como Cortés lo hubo muy bien
-entendido con nuestras lenguas doña Marina é Aguilar, luego con mucha
-brevedad mandó al capitan Pedro de Albarado y al maestre de campo, que
-era Cristóbal de Olí, y á todos nosotros los compañeros que con él
-íbamos, que detuviésemos á los indios de Cempoal que no pasasen más
-adelante; y así lo hicimos, y por presto que fuimos á detenellos, ya
-estaban robando en las estancias, de lo cual hubo Cortés gran enojo,
-y mandó que viniesen luego los capitanes que traian á cargo aquellos
-guerreros de Cempoal, y con palabras de muy enojado y de grandes
-amenazas les dijo que luego les trujesen los indios é indias y mantas
-y gallinas que habian robado en las estancias, y que no entre ninguno
-dellos en aquel pueblo; y que porque le habian mentido y venian á
-sacrificar y robar á sus vecinos con nuestro favor eran dignos de
-muerte, y que nuestro Rey y señor, cuyos vasallos somos, no nos envió
-á estas partes y tierras para que hiciesen aquellas maldades, y que
-abriesen bien los ojos no les aconteciese otra como aquella, porque no
-habia de quedar hombre dellos á vida; luego los caciques y capitanes
-de Cempoal trujeron á Cortés todo lo que habian robado, así indios
-como indias y gallinas, y se les entregó á los dueños cuyo era, y con
-semblante muy furioso les tornó á mandar que se saliesen á dormir al
-campo, y así lo hicieron.
-
-Y desque los caciques y papas de aquel pueblo y otros comarcanos vieron
-que tan justificados éramos, y las palabras amorosas que les decia
-Cortés con nuestras lenguas, y tambien las cosas tocantes á nuestra
-santa fe, como lo teniamos de costumbre, y que dejasen el sacrificio
-y de se robar unos á otros, y las suciedades de sodomías, y que no
-adorasen sus malditos ídolos, y se les dijo otras muchas cosas buenas,
-tomáronnos tan buena voluntad, que luego fueron á llamar á otros
-pueblos comarcanos, y todos dieron la obediencia á su majestad; y allí
-luego dieron muchas quejas de Montezuma, como las pasadas que habian
-dado los de Cempoal cuando estábamos en el pueblo de Quiahuistlan; y
-otro dia por la mañana Cortés mandó llamar á los capitanes y caciques
-de Cempoal, que estaban en el campo aguardando para ver lo que les
-mandábamos, y aún muy temerosos de Cortés por lo que habian hecho en
-haberle mentido; y venidos delante, hizo amistades entre ellos y los
-de aquel pueblo, que nunca faltó por ninguno dellos; y luego partimos
-para Cempoal por otro camino, y pasamos por dos pueblos amigos de los
-de Cingapacinga, y estábamos descansando, porque hacia recio sol y
-veniamos muy cansados con las armas á cuestas; y un soldado que se
-decia Fulano de Mora, natural de Ciudad-Rodrigo, tomó dos gallinas de
-una casa de indios de aquel pueblo, y Cortés, que lo acertó á ver, hubo
-tanto enojo de lo que delante del hizo aquel soldado en los pueblos
-de paz en tomar las gallinas, que luego le mandó echar una soga á la
-garganta, y le tenian ahorcando si Pedro de Albarado, que se halló
-junto á Cortés, no le cortara la soga con la espada, y medio muerto
-quedó el pobre soldado.
-
-He querido traer esto aquí á la memoria para que vean los curiosos
-letores cuán ejemplarmente procedia Cortés, y lo que esto importa en
-esta ocasion. Despues murió este soldado en una guerra en la provincia
-de Guatimala sobre un peñol.
-
-Volvamos á nuestra relacion: que, como salimos de aquellos pueblos que
-dejamos de paz, yendo para Cempoal, estaba el cacique gordo, con otros
-principales, aguardándonos en unas chozas con comida; que, aunque son
-indios, vieron y entendieron que la justicia es santa y buena, y que
-las palabras que Cortés les habia dicho, que veniamos á desagraviar
-y quitar tiranías, conformaban con lo que pasó en aquella entrada, y
-tuviéronnos en mucho más que de ántes, y allí dormimos en aquellas
-chozas, y todos los caciques nos llevaron acompañando hasta los
-aposentos de su pueblo; y verdaderamente quisieran que no saliéramos de
-su tierra, porque se temian de Montezuma no enviase su gente de guerra
-contra ellos; y dijeron á Cortés, pues éramos ya sus amigos, que nos
-quieren tener por hermanos, que será bien que tomásemos de sus hijas
-é parientas para hacer generacion; y que para que más fijas sean las
-amistades trujeron ocho indias, todas hijas de caciques, y dieron á
-Cortés una de aquellas cacicas, y era sobrina del mismo cacique gordo,
-y otra dieron á Alonso Hernandez Puertocarrero y era hija de otro gran
-cacique que se decia Cuesco en su lengua; y traíanlas vestidas á todas
-ocho con ricas camisas de la tierra y bien ataviadas á su usanza, y
-cada una dellas un collar de oro al cuello, y en las orejas cercillos
-de oro, y venian acompañadas de otras indias para se servir dellas; y
-cuando el cacique gordo las presentó, dijo á Cortés:
-
-—«_Tecle_ (que quiere decir en su lengua señor), estas siete mujeres
-son para los capitanes que tienes, y esta, que es mi sobrina, es para
-tí, que es señora de pueblos y vasallos.»
-
-Cortés las recibió con alegre semblante y les dijo que se lo tenian
-en merced; mas para tomallas, como dice que seamos hermanos, que hay
-necesidad que no tengan aquellos ídolos en que creen y adoran, que
-los traen engañados, y que no les sacrifiquen; y que como él no vea
-aquellas cosas malísimas en el suelo y que no sacrifiquen, que luego
-ternán con nosotros muy más fija la hermandad; y que aquellas mujeres
-que se volverán cristianas primero que las recibamos; y que tambien
-habian de ser limpios de sodomías, porque tenian muchachos vestidos en
-hábito de mujeres que andaban á ganar en aquel maldito oficio; y cada
-dia sacrificaban delante de nosotros tres ó cuatro y cinco indios,
-y los corazones ofrecian á sus ídolos y la sangre pegaban por las
-paredes, y cortábanles las piernas y brazos y muslos, y los comian como
-vaca que se trae de las carnicerías en nuestra tierra, y aun tengo
-creido que lo vendian por menudo en los tiangues, que son mercados; y
-que como estas maldades se quiten y que no lo usen, que no solamente
-les seremos amigos, más que les hará que sean señores de otras
-provincias; y todos los caciques, papas y principales respondieron que
-no les estaba bien de dejar sus ídolos y sacrificios, y que aquellos
-sus dioses les daban salud y buenas sementeras y todo lo que habian
-menester; y que en cuanto á lo de las sodomías, que pornán resistencia
-en ello para que no se use más; y como Cortés y todos nosotros vimos
-aquella respuesta tan desacatada y habiamos visto tantas crueldades
-y torpedades, ya por mí otra vez dichas, no las pudimos sufrir; y
-entónces nos habló Cortés sobre ello y nos trujo á la memoria unas
-santas y buenas doctrinas, y que, ¿cómo podiamos hacer ninguna cosa
-buena si no volviamos por la honra de Dios y en quitar los sacrificios
-que hacian á los ídolos? Y que estuviésemos muy apercebidos para pelear
-si nos lo viniesen á defender que no se los derrocásemos, y que, aunque
-nos costase las vidas, en aquel dia habia de venir al suelo.
-
-Y puestos que estábamos todos muy á punto con nuestras armas, como lo
-teniamos de costumbre para pelear, les dijo Cortés á los caciques que
-los habian de derrocar; y cuando aquello vieron luego mandó el cacique
-gordo á otros sus capitanes que se apercibiesen muchos guerreros en
-defensa de sus ídolos; y cuando vió que queriamos subir en un alto cu,
-que es su adoratorio, que estaba alto y habia muchas gradas, que ya
-no se me acuerda qué tantas habia, vimos al cacique gordo con otros
-principales muy alborotados y sañudos, y dijeron á Cortés que por qué
-les queriamos destruir.
-
-Y que si les haciamos deshonor á sus dioses ó se los quitamos, que
-todos ellos perecerian, y aun nosotros con ellos; y Cortés les
-respondió muy enojado que otra vez les ha dicho que no sacrifiquen á
-aquellas malas figuras, porque no les traigan más engañados, y que á
-esta causa los veniamos á quitar de allí, é que luego á la hora los
-quitasen ellos; si no, que luego los echarian á rodar por las gradas
-abajo; y les dijo que no los terniamos por amigos, sino por enemigos
-mortales, pues que les daba buen consejo y no le querian creer; y
-porque habian visto que habian venido sus capitanes puestos en armas de
-guerreros, que está enojado con ellos y que se lo pagarán con quitalles
-las vidas; y como vieron á Cortés que les decia aquellas amenazas, y
-nuestra lengua doña Marina que se lo sabia muy bien dar á entender
-y aun los amenazaba con los poderes de Montezuma, que cada dia los
-aguardaba, por temor desto dijeron que ellos que no eran dignos de
-llegar á sus dioses, y que si nosotros los queriamos derrocar, que no
-era con su consentimiento, que se los derrocásemos y hiciésemos lo que
-quisiésemos.
-
-Y no lo hubo bien dicho, cuando subimos sobre cincuenta soldados y los
-derrocamos, y venian rodando aquellos sus ídolos hechos pedazos, y
-eran de manera de dragones espantables, tan grandes como becerros, y
-otras figuras de manera de medio hombre y de perros grandes y de malas
-semejanzas; y cuando así los vieron hechos pedazos, los caciques y
-papas que con ellos estaban lloraban y tapaban los ojos, y en su lengua
-totonaque les decian que les perdonasen y que no era más en su mano ni
-tenian culpa, sino estos teules que les derruecan, é que por temor de
-los mejicanos no nos daban guerra; y cuando aquello pasó, comenzaban
-las capitanías de los indios guerreros, que he dicho que venian á nos
-dar guerra, á querer flechar; y cuando aquello vimos, echamos mano al
-cacique gordo y á seis papas y á otros principales, y les dijo Cortés
-que si hacian algun descomedimiento de guerra que habian de morir
-todos ellos; y luego el cacique gordo mandó á sus gentes que se fuesen
-delante de nosotros y que no hiciesen guerra; y como Cortés los vió
-sosegados, les hizo un parlamento, lo cual diré adelante, y así se
-apaciguó todo.
-
-Y esta de Cingapacinga fué la primera entrada que hizo Cortés en la
-Nueva-España, y fué de harto provecho; y no como dice el coronista
-Gómora, que matamos y prendimos y asolamos tantos millares de hombres
-en lo de Cingapacinga; y miren los curiosos que esto leyeren cuánto va
-del uno al otro, por muy buen estilo que lo dice en su Corónica, pues
-en todo lo que escribe no pasa como dice.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LII.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER UN ALTAR Y SE PUSO UNA IMÁGEN DE NUESTRA SEÑORA
-Y UNA CRUZ, Y SE DIJO MISA Y SE BAUTIZARON LAS OCHO INDIAS.
-
-
-Como ya callaban los caciques y papas y todos los más principales,
-mandó Cortés que á los ídolos que derrocamos, hechos pedazos, que los
-llevasen adonde no pareciesen más y los quemasen; y luego salieron de
-un aposento ocho papas que tenian cargo de ellos, y toman sus ídolos y
-los llevan á la misma casa donde salieron é los quemaron.
-
-El hábito que traian aquellos papas eran unas mantas prietas, á
-manera de sábana, y lobas largas hasta los piés, y unos como capillos
-que querian parecer á los que traen los canónigos, y otros capillos
-traian más chicos como los que traen los dominicos, y los traian muy
-largos hasta la cinta, y aun algunos hasta los piés, llenos de sangre
-pegada y muy enredados, que no se podian esparcir, y las orejas hechas
-pedazos, sacrificadas dellas, y hedian como azufre, y tenian otro muy
-mal olor como de carne muerta; y segun decian, é alcanzamos á saber,
-aquellos papas eran hijos de principales y no tenian mujeres, mas
-tenian el maldito oficio de sodomías, y ayunaban ciertos dias; y lo
-que yo les veia comer eran unos meollos ó pepitas de algodon cuando
-los desmontonan, salvo si ellos no comian otras cosas que yo no se las
-pudiese ver.
-
-Dejemos á los papas y volvamos á Cortés, que les hizo un buen
-razonamiento con nuestras lenguas doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y
-les dijo que ahora los teniamos como hermanos, y que les favoreceria en
-todo lo que pudiese contra Montezuma y sus mejicanos, porque ya envió
-á mandar que no les diesen guerra ni les llevasen tributo; y que pues
-en aquellos sus altos cues no habian de tener más ídolos, que él les
-quiere dejar una gran Señora, que es Madre de nuestro Señor Jesucristo,
-en quien creemos y adoramos, para que ellos tambien la tengan por
-Señora y abogada; y sobre ello, y tras cosas de pláticas que pasaran,
-se les hizo un buen razonamiento, y tan bien propuesto para segun el
-tiempo, que no habia más que decir; y se les declaró muchas cosas
-tocantes á nuestra santa fe, tan bien dichas como ahora los religiosos
-se lo dan á entender, de manera que lo oian de buena voluntad.
-
-Y luego les mandó llamar todos los indios albañiles que habia en aquel
-pueblo, y traer mucha cal, porque habia mucha, y mandó que quitasen las
-costras de sangre que estaban en aquellos cues y que lo aderezasen muy
-bien, y luego otro dia se encaló y se hizo un altar con buenas mantas,
-y mandó traer muchas rosas de las naturales que habia en la tierra,
-que eran bien olorosas, y muchos ramos, y lo mandó enramar y que lo
-tuviesen limpio y barrido á la contina; y para que tuviesen cargo
-dello, apercibió á cuatro papas que se trasquilasen el cabello, que lo
-traian largo, como otra vez he dicho, y que vistiesen mantas blancas
-y se quitasen las que traian, y que siempre anduviesen limpios y que
-sirviesen aquella santa imágen de Nuestra Señora, en barrer y enramar;
-y para que tuviesen más cargo dello puso á un nuestro soldado cojo é
-viejo, que se decia Juan de Torres de Córdoba, que estuviese allí por
-ermitaño, é que mirase que se hiciese cada dia así como lo mandaba á
-los papas.
-
-Y mandó á nuestros carpinteros, otra vez por mí nombrados, que hiciesen
-una cruz y la pusiesen en un pilar que teniamos ya nuevamente hecho
-y muy bien encalado, y otro dia de mañana se dijo Misa en el altar,
-la cual dijo el Padre fray Bartolomé de Olmedo, y entónces se dió
-órden como con el incienso de la tierra se incensase á la santa
-imágen de Nuestra Señora y á la santa cruz, y tambien se les mostró
-hacer candelas de la cera de la tierra, y se les mandó que aquellas
-candelas siempre estuviesen ardiendo en el altar, porque hasta entónces
-no se sabian aprovechar de la cera; y á la Misa estuvieron los más
-principales caciques de aquel pueblo y de otros que se habian juntado.
-
-Y asimismo trajeron las ocho indias para volver cristianas, que todavía
-estaban en poder de sus padres y tios, y se les dió á entender que no
-habian de sacrificar más ni adorar ídolos, salvo que habian de creer en
-nuestro Señor Dios; y se les amonestó muchas cosas tocantes á nuestra
-santa fe, y se bautizaron, y se llamó á la sobrina del cacique gordo
-doña Catalina, y era muy fea; aquella dieron á Cortés por la mano, y
-la recibió con buen semblante; á la hija de Cuesco, que era un gran
-cacique, se puso por nombre doña Francisca; esta era muy hermosa para
-ser india, y la dió Cortés á Alonso Hernandez Puertocarrero; las otras
-seis ya no se me acuerda el nombre de todas, mas sé que Cortés las
-repartió entre soldados.
-
-Y despues desto hecho, nos despedimos de todos los caciques y
-principales, y dende adelante siempre les tuvieron muy buena voluntad,
-especialmente cuando vieron que recibió Cortés sus hijas y las llevamos
-con nosotros, y con muy grandes ofrecimientos que Cortés les hizo que
-les ayudaria, nos fuimos á nuestra Villa-Rica, y lo que allí se hizo lo
-diré adelante.
-
-Esto es lo que pasó en este pueblo de Cempoal, y no otra cosa que sobre
-ello hayan escrito el Gómora ni los demás coronistas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LIII.
-
-CÓMO LLEGAMOS Á NUESTRA VILLA-RICA DE LA VERACRUZ, Y LO QUE ALLÍ PASÓ.
-
-
-Despues que hubimos hecho aquella jornada y quedaron amigos los de
-Cingapacinga con los de Cempoal y otros pueblos comarcanos dieron la
-obediencia á su majestad, y se derrocaron los ídolos y se puso la
-imágen de Nuestra Señora y la Santa Cruz, y le puso por ermitaño el
-viejo soldado y todo lo por mí referido, fuimos á la villa y llevamos
-con nosotros, ciertos principales de Cempoal, y hallamos que aquel
-dia habia venido de la isla de Cuba un navío, y por capitan dél un
-Francisco de Saucedo, que llamábamos el Pulido; y pusímosle aquel
-nombre porque en demasía se preciaba de galan y pulido, y decian que
-habia sido maestresala del almirante de Castilla, y era natural de
-Medina de Rioseco; y vino entónces Luis Marin, capitan que fué en
-lo de Méjico, persona que valió mucho, y vinieron diez soldados; y
-traia el Saucedo un caballo y Luis Marin una yegua, y nuevas de Cuba,
-que le habian llegado al Diego Velazquez de Castilla las provisiones
-para poder rescatar y poblar; y los amigos del Diego Velazquez se
-regocijaron mucho, y más de que supieron que le trujeron provision para
-ser adelantado de Cuba.
-
-Y estando en aquella villa sin tener en qué entender más de acabar de
-hacer la fortaleza, que todavía se entendia en ella, dijimos á Cortés
-todos los más soldados que se quedase aquello que estaba hecho en ella
-para memoria, pues estaba ya para enmaderar, y que habia ya más de tres
-meses que estábamos en aquella tierra, é que seria bueno ir á ver qué
-cosa era el gran Montezuma y buscar la vida y nuestra ventura, é que
-ántes que nos metiésemos en camino que enviásemos á besar los piés á su
-majestad y á dalle cuenta de todo lo acaecido desde que salimos de la
-isla de Cuba, y tambien se puso en plática que enviásemos á su majestad
-el oro que se habia habido, así rescatado como los presentes que nos
-envió Montezuma; y respondió Cortés que era muy bien acordado y que ya
-lo habia puesto él en plática con ciertos caballeros; y porque en lo
-del oro por ventura habria algunos soldados que querrian sus partes,
-y si se partiese que seria poco lo que se podria enviar, por esta
-causa dió cargo á Diego de Ordás y á Francisco de Montejo, que eran
-personas de negocios, que fuesen de soldado en soldado de los que se
-tuviese sospecha que demandarian las partes del oro, y les decian estas
-palabras:
-
-—«Señores, ya veis que queremos hacer un presente á su majestad del
-oro que aquí hemos habido, y para ser el primero que enviamos destas
-tierras habia de ser mucho más; parécenos que todos le sirvamos con
-las partes que nos caben; los caballeros y soldados que aquí estamos
-escritos tenemos firmado cómo no queremos parte ninguna della, sino
-que servimos á su majestad con ello porque nos haga mercedes. El que
-quisiere su parte no se le negará; el que no la quisiere, haga lo que
-todos hemos hecho, fírmelo aquí.»
-
-Y desta manera todos lo firmaron á una.
-
-Y hecho esto, luego se nombraron para procuradores que fuesen á
-Castilla á Alonso Hernandez Puertocarrero y Francisco de Montejo,
-porque ya Cortés le habia dado sobre dos mil pesos por tenelle de su
-parte.
-
-Y se mandó apercebir el mejor navío de toda la flota, y con dos
-pilotos, que fué uno Anton de Alaminos, que sabia cómo habian de
-desembarcar por la canal de Bahama, porque él fué el primero que
-navegó por aquella canal; y tambien apercibimos quince marineros, y se
-les dió todo recaudo de matalotaje.
-
-Y esto apercebido, acordamos de escribir y hacer saber á su majestad
-todo lo acaecido, y Cortés escribió por sí, segun él nos dijo, con
-recta relacion; mas no vimos su carta; y el Cabildo escribió juntamente
-con diez soldados de los que fuimos en que se poblase la tierra, y
-le alzamos á Cortés por general; y con toda verdad que no faltó cosa
-ninguna en la carta, é iba yo firmado en ella; y demás destas cartas y
-relaciones, todos los capitanes y soldados juntamente escribimos otra
-carta y relacion; y lo que se contenia en la carta que escribimos es lo
-siguiente.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LIV.
-
-DE LA RELACION Y CARTA QUE ESCRIBIMOS Á SU MAJESTAD CON NUESTROS
-PROCURADORES ALONSO HERNANDEZ PUERTOCARRERO Y FRANCISCO MONTEJO, LA
-CUAL CARTA IBA FIRMADA DE ALGUNOS CAPITANES Y SOLDADOS.
-
-
-Despues de poner en el principio aquel muy debido acato que somos
-obligados á tan gran majestad del Emperador nuestro señor, que fué así:
-«Siempre sacra, católica, cesárea, Real majestad;» y poner otras cosas
-que se convenian decir en la relacion y cuenta de nuestra vida y viaje,
-cada capítulo por sí, fué esto que aquí diré en suma breve.
-
-Cómo salimos de la isla de Cuba con Hernando Cortés, los pregones que
-se dieron, cómo veniamos á poblar, y que Diego Velazquez secretamente
-enviaba á rescatar, y no á poblar; cómo Cortés se queria volver con
-cierto oro rescatado, conforme á las instrucciones que de Diego
-Velazquez traia, de las cuales hicimos presentacion; cómo hicimos
-á Cortés que poblase y le nombramos por capitan general y justicia
-mayor hasta que otra cosa su majestad fuese servido mandar; cómo le
-prometimos el quinto de lo que hubiese, despues de sacado su Real
-quinto; cómo llegamos á Cozumel y por qué ventura se hubo Jerónimo
-de Aguilar en la punta de Cotoche, y de la manera que decia que allí
-aportó él y un Gonzalo Guerrero, que se quedó con los indios por estar
-casado y tener hijos y estar ya hecho indio; cómo llegamos á Tabasco,
-y de las guerras que nos dieron y batallas que con ellos tuvimos;
-cómo los atrajimos de paz; cómo á do quiera que llegamos se les hacen
-buenos razonamientos para que dejasen sus ídolos, y se les declara
-las cosas tocantes á nuestra santa fe; cómo dieron la obediencia á su
-Real Majestad y fueron los primeros vasallos que tiene en aquestas
-partes; cómo hicieron un presente de mujeres, y en él una cacica, para
-india de mucho ser, que sabe la lengua de Méjico, que es la que se
-usa en toda la tierra, y que con ella y el Aguilar tenemos verdaderas
-lenguas; cómo desembarcamos en San Juan de Ulúa, y de las pláticas de
-los embajadores del gran Montezuma, y quién era el gran Montezuma y
-lo que se decia de sus grandezas y del presente que trujeron, y cómo
-fuimos á Cempoal, que es un pueblo grande, y desde allí á otro pueblo
-que se dice Quiahuistlan, que estaba en fortaleza, y cómo se hizo la
-liga y confederacion con nosotros, y quitaron la obediencia á Montezuma
-en aquel pueblo, demás de treinta pueblos que todos le dieron la
-obediencia y están en su Real patrimonio, y la ida de Cingapacinga;
-cómo hicimos la fortaleza, y que agora estamos de camino para ir la
-tierra adentro hasta vernos con el Montezuma; cómo aquella tierra es
-muy grande y de muchas ciudades y muy pobladísima, y los naturales
-grandes guerreros; cómo entre ellos hay muchas diversidades de lenguas
-y tienen guerra unos con otros; cómo son idólatras y se sacrifican y
-matan en sacrificios muchos hombres é niños y mujeres, y comen carne
-humana y usan otras torpedades; cómo el primer descubridor fué un
-Francisco Hernandez de Córdoba, y luego cómo vino Juan de Grijalva, é
-que agora al presente le servimos con el oro que hemos habido, que es
-el sol de oro y la luna de plata y un casco de oro en granos como se
-coge en las minas, y muchas diversidades y géneros de piezas de oro
-hechas de muchas maneras, mantas de algodon muy labradas de plumas
-y primas; otras muchas de oro, que fueron mosqueadores, rodelas y
-otras cosas que ya no se me acuerda, como há ya tantos años que pasó;
-tambien enviamos cuatro indios que quitamos en Cempoal, que tenian á
-engordar en unas jaulas de madera para despues de gordos sacrificallos
-y comérselos.
-
-Y despues de hecha esta relacion é otras cosas, dimos cuenta y relacion
-cómo quedábamos en estos sus reinos cuatrocientos y cincuenta soldados
-á muy gran peligro entre tanta multitud de pueblos y gentes belicosas
-y muy grandes guerreros, para servir á Dios y á su Real Corona; y le
-suplicamos que en todo lo que se nos ofreciese nos haga mercedes, y
-que no hiciese merced de la gobernacion destas tierras ni de ningunos
-oficios reales á persona ninguna, porque son tales, ricas y de grandes
-pueblos y ciudades, que convienen para un Infante ó gran señor; y
-tenemos pensamiento que, como D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de
-Búrgos y Arzobispo de Rosano, es su presidente y manda á todas las
-Indias, que lo dará á algun su deudo ó amigo, especialmente á un Diego
-Velazquez que está por gobernador en la isla de Cuba; y la causa es
-porque se le dará la gobernacion ó otro cualquier cargo, que siempre
-le sirve con presentes de oro, y le ha dejado en la misma isla pueblos
-de indios que le sacan oro de las minas; de lo cual habia primeramente
-de dar los mejores pueblos á su Real Corona, y no le dejó ningunos,
-que solamente por esto es digno de que no se le hagan mercedes; y que,
-como en todo somos sus muy leales servidores, y hasta fenecer nuestras
-vidas le hemos de servir, se lo hacemos saber para que tenga noticia de
-todo, y que estamos determinados que hasta que sea servido de nuestros
-procuradores que allá enviamos besen sus Reales piés y ver nuestras
-cartas, y nosotros veamos su Real firma, que entónces, los pechos por
-tierra, para obedecer sus Reales mandos; y que si el Obispo de Búrgos
-por su mandado nos envia á cualquiera persona á gobernar ó á ser
-capitan, que primero que le obedezcamos se lo harémos saber á su Real
-persona á do quiera que estuviere y lo fuere servido de mandar, que le
-obedeceremos como mando de nuestro Rey y señor, como somos obligados;
-y demás destas relaciones, le suplicamos que entre tanto que otra cosa
-sea servido mandar, que le hiciese merced de la gobernacion á Hernando
-Cortés, y dimos tantos loores dél y que es tan gran servidor suyo,
-hasta ponello en las nubes.
-
-Y despues de haber escrito todas estas relaciones con todo el mayor
-acato y humildad que pudimos y convenia, y cada capítulo por sí,
-y declaramos cada cosa cómo y cuándo y de qué arte pasaron, como
-carta para nuestro Rey y señor, y no del arte que va aquí en esta
-relacion; y la firmamos todos los capitanes y soldados que éramos de
-la parte de Cortés, é fueron dos cartas duplicadas; y nos rogó que
-se la mostrásemos; y como vió la relacion tan verdadera y los grandes
-loores que dél dábamos, hubo mucho placer y dijo que nos lo tenia en
-merced, con grandes ofrecimientos que nos hizo; empero no quisiera que
-dijéramos en ella ni mentáramos del quinto del oro que le prometimos,
-ni que declaráramos quién fueron los primeros descubridores; porque,
-segun entendimos, no hacia en su carta relacion de Francisco
-Hernandez de Córdoba ni del Grijalva, sino á él solo se atribuia el
-descubrimiento y la honra é honor de todo; y dijo que agora al presente
-aquello estuviera mejor por escribir, y no dar relacion dello á su
-majestad; y no faltó quien le dijo que á nuestro Rey y señor no se le
-ha de dejar de decir todo lo que pasa.
-
-Pues ya escritas estas cartas y dadas á nuestros procuradores, les
-encomendamos mucho que por via ninguna entrasen en la Habana ni fuesen
-á una estancia que tenia allí el Francisco de Montejo, que se decia
-el Marien, que era puerto para navíos, porque no alcanzase á saber el
-Diego Velazquez lo que pasaba; y no lo hicieron así, como adelante diré.
-
-Pues ya puesto todo á punto para se ir á embarcar, dijo misa el padre
-fray Bartolomé de Olmedo, de la Merced, y encomendándoles al Espíritu
-Santo que les guiase, en 26 dias del mes de Julio de 1519 años
-partieron de San Juan de Ulúa, y con buen tiempo llegaron á la Habana;
-y el Francisco de Montejo con grandes importunaciones convocó é atrajo
-al piloto Alaminos guiase á su estancia, diciendo que iba á tomar
-bastimentos de puercos y cazabe, hasta que le hizo hacer lo que quiso.
-
-Fué á surgir á su estancia, porque el Puertocarrero iba muy malo, y no
-hizo cuenta dél; y la noche que allí llegaron, desde la nao echaron
-un marinero en tierra con cartas é avisos para el Diego Velazquez; y
-supimos que el Montejo le mandó que fuese con las cartas, y en posta
-fué el marinero por la isla de Cuba de pueblo en pueblo publicando todo
-lo aquí por mí dicho, hasta que el Diego Velazquez lo supo.
-
-Y lo que sobre ello hizo, adelante lo diré.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LV.
-
-CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, SUPO POR CARTAS MUY POR
-CIERTO QUE ENVIÁBAMOS PROCURADORES CON EMBAJADAS Y PRESENTES Á NUESTRO
-REY, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Como Diego Velazquez, gobernador de Cuba, supo las nuevas, así por las
-cartas que se enviaron secretas y dijeron que fueron del Montejo, como
-lo que dijo el marinero que se halló presente en todo lo por mí dicho
-en el capítulo pasado, que se habia echado á nado para le llevar las
-cartas; y cuando entendió del gran presente de oro que enviábamos á
-su majestad y supo quién eran los embajadores, temió y decia palabras
-muy lastimosas é maldiciones contra Cortés y su secretario Duero y del
-contador Amador de Lares, y de presto mandó armar dos navíos de poco
-porte, grandes veleros, con toda la artillería y soldados que pudo
-haber y con dos capitanes que fueron en ellos, que se decian Gabriel
-de Rojas, y el otro capitan se decia Hulano de Guzman, y les mandó
-que fuesen hasta la Habana, y que en todo caso le trujesen presa la
-nao en que iban nuestros procuradores y todo el oro que llevaban; y
-de presto, así como lo mandó, llegaron en ciertos dias á la canal de
-Bahama, y preguntaban los de los navíos á barcos que andaban por la
-mar de acarreto que si habian visto ir una nao de mucho porte, y todos
-daban noticia della y que ya seria desembocada por la canal de Bahama,
-porque siempre tuvieron buen tiempo; y despues de andar barloventeando
-con aquellos dos navíos entre la canal y la Habana, y no hallaron
-recado de lo que venian á buscar, se volvieron á Santiago de Cuba; y si
-triste estaba el Diego Velazquez ántes que enviase los navíos, muy más
-se acongojó cuando los vió volver de aquel arte; y luego le aconsejaron
-sus amigos que se enviase á quejar á España al Obispo de Búrgos, que
-estaba por presidente de Indias, que hacia mucho por él; y tambien
-envió á dar sus quejas á la isla de Santo Domingo á la audiencia
-Real que en ella residia y á los Frailes gerónimos que estaban por
-gobernadores en ella, que se decian fray Luis de Figueroa y fray Alonso
-de Santo Domingo y fray Bernardino de Manzanedo; los cuales religiosos
-solian estar y residir en el monasterio de la Mejorada, que es de dos
-leguas de Medina del Campo; y envian en posta un navío á la Respinola y
-danles muchas quejas de Cortés y de todos nosotros.
-
-Y como alcanzaron á saber en la Real audiencia nuestros grandes
-servicios, la respuesta que le dieron los frailes fué que á Cortés y
-los que con él andábamos en las guerras no se nos podia poner culpa,
-pues sobre todas cosas acudiamos á nuestro Rey y señor, y le enviábamos
-tan gran presente, que otro como él no se habia visto de muchos tiempos
-pasados en nuestra España; y esto dijeron porque en aquel tiempo y
-sazon no habia Perú ni memoria dél; y tambien le enviaron á decir que
-ántes éramos dignos de que su majestad nos hiciese muchas mercedes.
-
-Entónces le enviaron al Diego Velazquez á Cuba á un licenciado que se
-decia Zuazo, para que le tomase residencia, ó á lo ménos habia pocos
-meses que habia llegado á la isla de Cuba; y como aquella respuesta le
-trujeron al Diego Velazquez, se congojó mucho más; y como de ántes era
-muy gordo, se paró flaco en aquellos dias; y luego con gran diligencia
-mandó buscar todos los navíos que pudo haber en la isla y apercibir
-soldados y capitanes, y procuró enviar una recia armada para prender
-á Cortés y á todos nosotros; y tanta diligencia puso, que él mismo en
-persona andaba de villa en villa y en unas estancias y en otras, y
-escribia á todas las partes de la isla donde él no podia ir á rogar á
-sus amigos fuesen á aquella jornada; por manera que en obra de once
-meses ó un año allegó diez y ocho velas grandes y pequeñas y sobre mil
-y trescientos soldados entre capitanes y marineros; porque, como le
-vian del arte que he dicho, andar tan apasionado y corrido, todos los
-más principales vecinos de Cuba, así los parientes como los que tenian
-indios, se aparejaron para le servir, y tambien envió por capitan
-general de toda la armada á un hidalgo que se decia Pánfilo de Narvaez,
-hombre alto de cuerpo y membrudo, y hablaba algo entonado, como medio
-de bóveda, y era natural de Valladolid, casado en la isla de Cuba con
-una dueña que se llamaba María de Valenzuela, ya viuda, y tenia buenos
-pueblos de indios y era muy rico.
-
-Donde lo dejaré agora haciendo y aderezando su armada, y volveré
-á decir de nuestros procuradores y su buen viaje; y porque en una
-sazon acontecian tres y cuatro cosas, no puedo seguir la relacion y
-materia de lo que voy hablando por dejar de decir lo que más viene al
-propósito, y á esta causa no me culpen porque salgo y me aparto de la
-órden por decir lo que más adelante pasa.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LVI.
-
-CÓMO NUESTROS PROCURADORES CON BUEN TIEMPO DESEMBOCARON LA CANAL DE
-BAHAMA Y EN POCOS DIAS LLEGARON Á CASTILLA, Y LO QUE EN LA CÓRTE LES
-SUCEDIÓ.
-
-
-Ya he dicho que partieron nuestros procuradores del puerto de San Juan
-de Ulúa en 6 del mes de Julio de 1519 años, y con buen viaje llegaron
-á la Habana, y luego desembocaron la canal, é dice que aquella fué la
-primera vez que por allí navegaron, y en poco tiempo llegaron á las
-islas de la Tercera, y desde allí á Sevilla, y fueron en posta á la
-córte, que estaba en Valladolid, y por presidente del Real consejo
-de Indias D. Juan Rodriguez de Fonseca, que era Obispo de Búrgos,
-y se nombraba Arzobispo de Rosano y mandaba toda la córte, porque
-el Emperador nuestro señor estaba en Flandes y era mancebo; y como
-nuestros procuradores le fueron á besar las manos al presidente muy
-ufanos, creyendo que les hiciera mercedes, y dalle nuestras cartas y
-relaciones y á presentar todo el oro y joyas, le suplicaron que luego
-hiciese mensajero á su majestad y le enviasen aquel presente y cartas,
-y que ellos mismos irian con ello á besar sus Reales piés; y en vez de
-agasajarlos, les mostró poco amor y los favoreció muy poco, y aun les
-dijo palabras secas y ásperas.
-
-Nuestros embajadores dijeron que mirase su señoría los grandes
-servicios que Cortés y sus compañeros haciamos á su majestad, y que
-le suplicaban otra vez que todas aquellas joyas de oro, cartas y
-relaciones las enviase luego á su majestad para que sepa todo lo que
-pasa, y que ellos irian con él.
-
-Y les tornó á responder muy soberbiamente, y aun les mandó que no
-tuviesen ellos cargo dello, que él les escribiria lo que pasaba, y no
-lo que le decian, pues se habian levantado contra el Diego Velazquez;
-y pasaron otras muchas palabras ágrias; y en esta sazon llegó á la
-córte el Benito Martin, Capellan de Diego Velazquez, otra vez por mí
-nombrado, dando muchas quejas de Cortés y de todos nosotros, de que el
-Obispo se airó mucho más contra nosotros; y porque el Alonso Hernandez
-Puertocarrero, como era caballero primo del conde de Medellin, y porque
-el Montejo no osaba desagradar al presidente, decia al Obispo que le
-suplicaba muy ahincadamente que sin pasion fuesen oidos y que no dijese
-las palabras que decia, y que luego enviase aquellos recaudos así como
-los traian á su majestad, y que éramos servidores de la Real Corona, y
-que eran dignos de mercedes, y no de ser por palabras afrentados.
-
-Cuando aquello oyó el Obispo, le mandó echar preso, y porque le
-informaron que habia sacado de Medellin tres años habia una mujer que
-se decia María Rodriguez y la llevó á las Indias.
-
-Por manera que todos nuestros servicios y los presentes de oro estaban
-del arte que aquí he dicho; y acordaron nuestros embajadores de callar
-hasta su tiempo é lugar.
-
-Y el Obispo escribió á su majestad á Flandes á favor de su privado é
-amigo Diego Velazquez, y muy malas palabras contra Hernando Cortés y
-contra todos nosotros; mas no hizo relacion de ninguna manera de las
-cartas que le enviábamos, salvo que se habia alzado Hernando Cortés al
-Diego Velazquez, y otras cosas que dijo.
-
-Volvamos á decir del Alonso Hernandez Puertocarrero y del Francisco
-de Montejo, y aun de Martin Cortés, padre del mismo Cortés, y de un
-licenciado Nuñez, relator del Real consejo de su majestad y cercano
-pariente del Cortés, qué hacian por él: acordaron de enviar mensajeros
-á Flandes con otras cartas como las que dieron al Obispo de Búrgos,
-porque iban duplicadas las que enviamos con los procuradores, y
-escribieron á su majestad todo lo que pasaba é la memoria de las
-joyas de oro del presente, y dando quejas del Obispo y descubriendo
-sus tratos que tenia con el Diego Velazquez; y aun otros caballeros
-les favorecieron, que no estaban muy bien con el D. Juan Rodriguez
-de Fonseca; porque, segun decian, era malquisto por muchas demasías
-y soberbias que mostraba con los grandes cargos que tenia; y como
-nuestros grandes servicios eran por Dios nuestro Señor y por su
-majestad, y siempre poniamos nuestras fuerzas en ello, quiso Dios
-que su majestad lo alcanzó á saber muy claramente; y como lo vió
-y entendió, fué tanto el contentamiento que mostró, y los duques,
-marqueses y condes y otros caballeros que estaban en su Real córte, que
-en otra cosa no hablaban por algunos dias sino de Cortés y de todos
-nosotros los que le ayudamos en las conquistas, y de las riquezas que
-destas partes le enviamos; y así por esto como por las cartas glosadas
-que sobre ello le escribió el Obispo de Búrgos, desque vió su majestad
-que todo era al contrario de la verdad, desde allí adelante le tuvo
-mala voluntad al Obispo, especialmente que no envió todas las piezas de
-oro, é se quedó con gran parte dellas.
-
-Todo lo cual alcanzó á saber el mismo Obispo, que se lo escribieron
-desde Flandes, de lo cual recibió muy grande enojo, y si de ántes que
-fuesen nuestras cartas ante su majestad el Obispo decia muchos males de
-Cortés y de todos nosotros, de allí adelante á boca llena nos llamaba
-traidores; mas quiso Dios que perdió la furia y braveza, que desde ahí
-á dos años fué recusado y aun quedó corrido y afrentado, y nosotros
-quedamos por muy leales servidores, como adelante diré de que venga
-á coyuntura; y escribió su majestad que presto vendria á Castilla y
-entenderia en lo que nos conviniese, é nos haria mercedes.
-
-Y porque adelante lo diré muy por extenso cómo y de qué manera pasó,
-se quedará aquí así, y nuestros procuradores aguardando la venida de su
-majestad.
-
-Y ántes que más pase adelante quiero decir, por lo que me han
-preguntado ciertos caballeros muy curiosos, y aun tienen razon de lo
-saber, que ¿cómo puedo yo escribir en esta relacion lo que no vi, pues
-estaba en aquella sazon en las conquistas de la Nueva-España cuando
-los procuradores dieron las cartas, recaudos y presente de oro que
-llevaban para su majestad, y tuvieron aquellas contiendas con el Obispo
-de Búrgos? Á esto digo que nuestros procuradores nos escribian á los
-verdaderos conquistadores lo que pasaba, así lo del Obispo de Búrgos
-como lo que su majestad fué servido mandar en nuestro favor, letra
-por letra en capítulos, y de qué manera pasaba; y Cortés nos enviaba
-otras cartas que recibia de nuestros procuradores, á las villas donde
-viviamos en aquella sazon, para que viésemos cuán bien negociábamos con
-su majestad y qué grande contrario teniamos en el Obispo de Búrgos.
-
-Y esto doy por descargo de lo que me preguntaban aquellos caballeros
-que dicho tengo. Dejemos esto, y digamos en otro capítulo lo que en
-nuestro real pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LVII.
-
-CÓMO DESPUES QUE PARTIERON NUESTROS EMBAJADORES PARA SU MAJESTAD CON
-TODO EL ORO Y CARTAS Y RELACIONES DE LO QUE EN EL REAL SE HIZO, Y LA
-JUSTICIA QUE CORTÉS MANDÓ HACER.
-
-
-Desde á cuatro dias que partieron nuestros procuradores para ir ante
-el Emperador nuestro señor, como dicho habemos, y los corazones de los
-hombres son de muchas calidades é pensamientos, parece ser que unos
-amigos y criados del Diego Velazquez, que se decian Pedro Escudero
-y un Juan Cermeño, y un Gonzalo de Umbría, piloto, y Bernaldino de
-Coria, vecino que fué despues de Chiapa, padre de un Hulano Centeno,
-y un Clérigo que se decia Juan Diaz, y ciertos hombres de la mar que
-se decian Peñates, naturales de Gibraleon, estaban mal con Cortés,
-los unos porque no les dió licencia para se volver á Cuba, como se la
-habian prometido, y otros porque no les dió parte del oro que enviamos
-á Castilla; los Peñates porque los azotó en Cozumel, como ya otra vez
-tengo dicho, cuando hurtaron los tocinos á un soldado que se decia
-Barrio; acordaron todos de tomar un navío de poco porte é irse con
-él á Cuba á dar mandato al Diego Velazquez, para avisalle como en la
-Habana podian tomar en la estancia de Francisco Montejo á nuestros
-procuradores con el oro y recaudos; que segun pareció, de otras
-personas principales que estaban en nuestro real fueron aconsejados que
-fuesen á aquella estancia que he dicho, y aun escribieron para que el
-Diego Velazquez tuviese tiempo de habellos á las manos.
-
-Por manera que las personas que he dicho ya tenian metido matalotaje,
-que era pan cazabe, aceite, pescado y agua, y otras pobrezas de lo que
-podian haber; é ya que se iban á embarcar, y era á más de media noche,
-el uno dellos, que era el Bernaldino de Coria, parece ser se arrepintió
-de se volver á Cuba, y lo fué á hacer saber á Cortés.
-
-É como lo supo, é de qué manera y cuántos é por qué causas se querian
-ir, y quiénes fueron en los consejos y tramas para ello, les mandó
-luego sacar las velas, aguja y timon del navío, y los mandó echar
-presos y les tomó sus confesiones, y confesaron la verdad, y condenaron
-á otros que estaban con nosotros, que se disimuló por el tiempo, que
-no permitia otra cosa; y por sentencia que dió, mandó ahorcar al Pedro
-Escudero y á Juan Cermeño, y á cortar los piés al piloto Gonzalo de
-Umbría, y azotar á los marineros Peñates, á cada ducientos azotes, y al
-padre Juan Diaz si no fuera de Misa tambien lo castigara, más metióle
-algo temor.
-
-Acuérdome que cuando Cortés firmó aquella sentencia dijo con grandes
-suspiros y sentimientos:
-
-—«¡Oh, quién no supiera escribir, para no firmar muertes de hombres!»
-
-Y paréceme que aqueste dicho es muy comun entre los jueces que
-sentencian algunas personas á muerte, que lo tomaron de aquel cruel
-Neron en el tiempo que dió muestras de buen Emperador; y así como
-se hubo ejecutado la sentencia, se fué Cortés luego á mata-caballo
-á Cempoal, que es cinco leguas de la villa, y nos mandó que luego
-fuésemos tras él ducientos soldados y todos los de á caballo; y
-acuérdome que Pedro de Albarado, que habia tres dias que le habia
-enviado Cortés con otros ducientos soldados por los pueblos de la
-sierra porque tuviesen qué comer, porque en nuestra villa pasábamos
-mucha necesidad de bastimentos, y le mandó que se fuese á Cempoal para
-que allí diéramos órden de nuestro viaje á Méjico.
-
-Por manera que el Pedro de Albarado no se halló presente cuando se hizo
-la justicia que dicho tengo. Y cuando nos vimos juntos en Cempoal, la
-órden que se dió en todo diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LVIII.
-
-CÓMO ACORDAMOS DE IR Á MÉJICO, Y ÁNTES QUE PARTIÉSEMOS DAR CON TODOS
-LOS NAVÍOS AL TRAVÉS, Y LO QUE MÁS PASÓ; Y ESTO DE DAR CON LOS NAVÍOS
-AL TRAVÉS FUÉ POR CONSEJO É ACUERDO DE TODOS NOSOTROS LOS QUE ÉRAMOS
-AMIGOS DE CORTÉS.
-
-
-Estando en Cempoal, como dicho tengo, platicando con Cortés en las
-cosas de la guerra y camino para adelante, de plática en plática le
-aconsejamos los que éramos sus amigos que no dejase navío en el puerto
-ninguno, sino que luego diese al través con todos, y no quedasen
-ocasiones, porque entre tanto que estábamos la tierra adentro no se
-alzasen otras personas como los pasados; y demás desto, que teniamos
-mucha ayuda de los maestres, pilotos y marineros, que serian al pié de
-cien personas, y que mejor nos ayudarian á pelear y guerrear que no
-estando en el puerto; y segun vi y entendí, esta plática de dar con los
-navíos al través que allí le propusimos, el mismo Cortés lo tenia ya
-concertado, sino que quiso que saliese de nosotros, porque si algo le
-demandasen que pagase los navíos, que era por nuestro consejo, y todos
-fuésemos en los pagar.
-
-Y luego mandó á un Juan de Escalante, que era alguacil mayor y persona
-de mucho valor y gran amigo de Cortés, y enemigo de Diego Velazquez
-porque en la isla de Cuba no le dió buenos indios, que luego fuese á la
-villa, y que de todos los navíos se sacasen todas las anclas, cables,
-velas y lo que dentro tenian de que se pudiesen aprovechar, y que diese
-con todos ellos al través, que no quedasen más de los bateles; é que
-los pilotos é maestres viejos y marineros que no eran buenos para ir
-á la guerra, que se quedasen en la villa, y con dos chinchorros que
-tuviesen cargo de pescar, que en aquel puerto siempre habia pescado,
-aunque no mucho; y el Juan de Escalante lo hizo segun y de la manera
-que le fué mandado, y luego se vino á Cempoal con una capitanía de
-hombres de la mar, que fueron los que sacaron de los navíos, y salieron
-algunos dellos muy buenos soldados.
-
-Pues hecho esto, mandó Cortés llamar á todos los caciques de la
-serranía de los pueblos nuestros confederados, y rebelados al gran
-Montezuma, y les dijo cómo habian de servir á los que quedaban en la
-Villa-Rica, é acabar de hacer la iglesia, fortaleza y casas; y allí
-delante dellos tomó Cortés por la mano al Juan de Escalante, y les dijo:
-
-—«Este es mi hermano.»
-
-Y que lo que les mandase que lo hiciesen; é que si hubiesen menester
-favor é ayuda contra algunos indios mejicanos, que á él ocurriesen, que
-él iria en persona á les ayudar.
-
-Y todos los caciques se ofrecieron de buena voluntad de hacer lo que
-les mandase; é acuérdome que luego le zahumaron al Juan de Escalante
-con sus inciensos, aunque no quiso.
-
-Ya he dicho era persona muy bastante para cualquier cargo y amigo de
-Cortés, y con aquella confianza le puso en aquella villa y puerto por
-capitan, para si algo enviase Diego Velazquez, que hubiese resistencia.
-
-Dejallo he aquí, y diré lo que pasó.
-
-Aquí es donde dice el coronista Gómora que mandó Cortés barrenar los
-navíos, y tambien dice el mismo que Cortés no osaba publicar á los
-soldados que queria ir á Méjico en busca del gran Montezuma. Pues ¿de
-qué condicion somos los españoles para no ir adelante, y estarnos en
-partes que no tengamos provecho é guerras?
-
-Tambien dice el mismo Gómora que Pedro de Ircio quedó por capitan en la
-Veracruz; no le informaron bien. Digo que Juan de Escalante fué el que
-quedó por capitan y alguacil mayor de la Nueva-España, que aun al Pedro
-de Ircio no le habian dado cargo ninguno, ni aun de cuadrillero, ni era
-para ello, ni es justo dar á nadie lo que no tuvo, ni quitarlo á quien
-lo tuvo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LIX.
-
-DE UN RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO DESPUES DE HABER DADO CON LOS
-NAVÍOS AL TRAVÉS, Y CÓMO APRESTAMOS NUESTRA IDA PARA MÉJICO.
-
-
-Despues de haber dado con los navíos al través á ojos vistas, y no como
-lo dice el coronista Gómora, una mañana, despues de haber oido Misa,
-estando que estábamos todos los capitanes y soldados juntos hablando
-con Cortés en cosas de la guerra, dijo que nos pedia por merced que
-lo oyésemos, y propuso un razonamiento desta manera: que ya habiamos
-entendido la jornada á que íbamos, y mediante nuestro Señor Jesucristo
-habiamos de vencer todas las batallas y rencuentros, y que habiamos de
-estar tan prestos para ello como convenia; porque en cualquier parte
-que fuésemos desbaratados (lo cual Dios no permitiese) no podriamos
-alzar cabeza, por ser muy pocos, y que no teniamos otro socorro ni
-ayuda sino el de Dios, porque ya no teniamos navíos para ir á Cuba,
-salvo nuestro buen pelear y corazones fuertes; y sobre ello dijo otras
-muchas comparaciones de hechos heróicos de los romanos.
-
-Y todos á una le respondimos que hariamos lo que ordenase; que echada
-estaba la suerte de la buena ó mala ventura, como dijo Julio César
-sobre el Rubicon, pues eran todos nuestros servicios para servir á Dios
-y á su Majestad.
-
-Y despues deste razonamiento, que fué muy bueno, cierto, con otras
-palabras más melosas y elocuencia que yo aquí las digo, luego mandó
-llamar al cacique gordo, y le tornó á traer á la memoria que tuviese
-muy reverenciada y limpia la iglesia y cruz; é demás desto le dijo
-que él se queria partir luego para Méjico á mandar á Montezuma que no
-robe ni sacrifique, é que ha menester ducientos indios tamemes para
-llevar el artillería, que ya he dicho otra vez que llevan dos arrobas á
-cuestas é andan con ellas cinco leguas; y tambien les demandó cincuenta
-principales hombres de guerra que fuesen con nosotros.
-
-Estando desta manera para partir, vino de la Villa-Rica un soldado con
-una carta del Escalante, que ya le habia mandado otra vez Cortés que
-fuese á la villa para que le enviase otros soldados, y lo que en la
-carta decia el Escalante era que andaba un navío por la costa, y que le
-habia hecho ahumadas y otras grandes señas, y habia puesto unas mantas
-blancas por banderas, y que cabalgó á caballo con una capa de grana
-colorada porque lo viesen los del navío; y que le pareció á él que
-bien vieron las señas, banderas, caballo y capa, y no quisieron venir
-al puerto; y que luego envió españoles á ver en qué pareja iba, y le
-trujeron respuesta que tres leguas de allí estaba surto, cerca de una
-boca de un rio; y que se lo hace saber para ver lo que manda.
-
-Y como Cortés vió la carta, mandó luego á Pedro de Albarado que tuviese
-cargo de todo el ejército que estaba allí en Cempoal, y juntamente con
-él á Gonzalo de Sandoval, que ya daba muestras de varon muy esforzado,
-como siempre lo fué.
-
-Este fué el primer cargo que tuvo el Sandoval; y aun sobre que le dió
-entónces aquel cargo que fué el primero, y se lo dejó de dar á Alonso
-de Ávila, tuvieron ciertas cosquillas el Alonso de Ávila y el Sandoval.
-
-Volvamos á nuestro cuento, y es, que luego Cortés cabalgó con cuatro
-de á caballo que le acompañaron, y mandó que le siguiésemos cincuenta
-soldados de los más sueltos, porque Cortés nos nombró los que habiamos
-de ir con él; y aquella noche llegamos á la Villa-Rica.
-
-Y lo que allí pasamos diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LX.
-
-CÓMO CORTÉS FUÉ ADONDE ESTABA SURTO EL NAVÍO, Y PRENDIMOS SEIS SOLDADOS
-Y MARINEROS QUE DEL NAVÍO HUYERON, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Así como llegamos á Villa-Rica, como dicho tengo, vino Juan de
-Escalante á hablar á Cortés, y le dijo que seria bien ir luego aquella
-noche al navío, por ventura no alzase velas y se fuese, y que reposase
-el Cortés, que él iria con veinte soldados.
-
-Y Cortés dijo que no podia reposar; que cabra coja no tenga siesta, que
-él queria ir en persona con los soldados que consigo traia; y ántes que
-bocado comiésemos comenzamos á caminar la costa adelante, y topamos en
-el camino á cuatro españoles que venian á tomar posesion en aquella
-tierra por Francisco de Garay, gobernador de Jamáica, los cuales
-enviaba un capitan que estaba poblando de pocos dias habia en el rio de
-Pánuco, que se llamaba Alonso Álvarez de Pineda ó Pinedo; y los cuatro
-españoles que tomamos se decian Guillen de la Loa, este venia por
-escribano; y los testigos que traia para tomar la posesion se decian
-Andrés Nuñez, y era carpintero de ribera, y el otro se decia maestre
-Pedro el de la Arpa, y era valenciano, el otro no me acuerdo el nombre.
-
-Y como Cortés hubo bien entendido cómo venian á tomar posesion en
-nombre de Francisco de Garay, é supo que quedaba en Jamáica y enviaba
-capitanes, preguntóles Cortés que por qué título ó por qué via venian
-aquellos capitanes.
-
-Respondieron los cuatro hombres que en el año de 1518, como habia
-fama en todas las islas de las tierras que descubrimos cuando lo de
-Francisco Hernandez de Córdoba y Juan de Grijalva, y llevamos á Cuba
-los veinte mil pesos de oro á Diego Velazquez, que entónces tuvo
-relacion el Garay del piloto Anton de Alaminos y de otro piloto que
-habiamos traido con nosotros, que podia pedir á su majestad desde
-el rio de San Pedro y San Pablo por la banda del norte todo lo que
-descubriese; y como el Garay tenia en la córte quien le favoreciese
-con el favor que esperaba, enviaba un mayordomo suyo que se decia
-Torralva, á lo negociar, y trujo provisiones para que fuese adelantado
-y gobernador desde el rio de San Pedro y San Pablo y todo lo que
-descubriese; y por aquellas provisiones envió luego tres navíos con
-hasta ducientos y setenta soldados con bastimentos y caballos, con el
-capitan por mí nombrado, que se decia Alonso Álvarez Pineda ó Pinedo,
-y que estaba poblando en un rio que se dice Pánuco, obra de setenta
-leguas de allí; y que ellos hicieron lo que su capitan les mandó, y que
-no tienen culpa.
-
-Y como lo hubo entendido Cortés, con palabras amorosas les halagó, y
-les dijo que si podriamos tomar aquel navío; y el Guillen de la Loa,
-que era el más principal de los cuatro hombres, dijo que capearian y
-harian lo que pudiesen; y por bien que los llamaron y capearon, ni
-por señas que les hicieron, no quisieron venir, porque, segun dijeron
-aquellos hombres, su capitan les mandó que mirasen que los soldados de
-Cortés no topasen con ellos, porque tenian noticia que estábamos en
-aquella tierra; y cuando vimos que no venia el batel, bien entendimos
-que desde el navío nos habian visto venir por la costa adelante, y
-que si no era con maña no volverian con el batel á aquella tierra; é
-rogóles Cortés que se desnudasen aquellos cuatro hombres sus vestidos
-para que se los vistiesen otros cuatro hombres de los nuestros, y así
-lo hicieron; y luego nos volvimos por la costa adelante por donde
-habiamos venido, para que nos viesen volver desde el navío, para que
-creyesen los del navío que de hecho nos volvimos, y quedábamos los
-cuatro de nuestros soldados vestidos los vestidos de los otros cuatro,
-y estuvimos con Cortés en el monte escondidos hasta más de media
-noche que hiciese escuro para volvernos enfrente del riachuelo, y muy
-escondidos, que no pareciamos otros, sino los cuatro soldados de los
-nuestros; y como amaneció comenzaron á capear los cuatro soldados, y
-luego vinieron en el batel seis marineros, y los dos saltaron en tierra
-con unas dos botijas de agua; y entónces aguardamos los que estábamos
-con Cortés escondidos que saltasen los demás marineros; y no quisieron
-saltar en tierra; y los cuatro de los nuestros que tenian vestidas las
-ropas de los otros de Garay hacian que estaban lavando las manos y
-escondiendo las caras, y decian los del batel:
-
-—«Veníos á embarcar; ¿qué haceis? ¿por qué no venis?»
-
-Y entónces respondió uno de los nuestros:
-
-—«Saltad en tierra y vereis aquí un poco.»
-
-Y como desconocieron la voz, se volvieron con su batel, y por más
-que los llamaron, no quisieron responder; y queriamos les tirar con
-las escopetas y ballestas, y Cortés dijo que no se hiciese tal, que
-se fuesen con Dios á dar mandado á su capitan; por manera que se
-hubieron de aquel navío seis soldados, los cuatro hubimos primero, y
-dos marineros que saltaron en tierra; y así, volvimos á Villa-Rica, y
-todo esto sin comer cosa ninguna; y esto es lo que se hizo, y no lo
-que escribe el coronista Gómora, porque dice que vino Garay en aquel
-tiempo, y engañóse, que primero que viniese envió tres capitanes con
-navíos; los cuales diré adelante en qué tiempo vinieron é qué se hizo
-dellos, y tambien en el tiempo que vino Garay; y pasemos adelante, é
-diremos cómo acordamos de ir á Méjico.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXI.
-
-CÓMO ORDENAMOS DE IR Á LA CIUDAD DE MÉJICO, Y POR CONSEJO DEL CACIQUE
-FUIMOS POR TLASCALA, Y DE LO QUE NOS ACAECIÓ ASÍ DE RENCUENTROS DE
-GUERRA COMO DE OTRAS COSAS.
-
-
-Despues de bien considerada la partida para Méjico, tomamos consejo
-sobre el camino que habiamos de llevar, y fué acordado por los
-principales de Cempoal que el mejor y más conveniente era por la
-provincia de Tlascala, porque eran sus amigos y mortales enemigos
-de mejicanos, é ya tenian aparejados cuarenta principales, y todos
-hombres de guerra, que fueron con nosotros y nos ayudaron mucho en
-aquella jornada, y más nos dieron ducientos tamemes para llevar el
-artillería; que para nosotros los pobres soldados no habiamos menester
-ninguno, porque en aquel tiempo no teniamos qué llevar, porque nuestras
-armas, así lanzas como escopetas y ballestas y rodelas, y todo otro
-género dellas, con ellas dormiamos y caminábamos, y calzamos nuestros
-alpargates, que era nuestro calzado, y como he dicho siempre, muy
-apercebidos para pelear; y partimos de Cempoal demediado el mes de
-Agosto de 1519 años, y siempre con muy buena órden, y los corredores
-del campo y ciertos soldados muy sueltos delante; y la primera jornada
-fuimos á un pueblo que se dice Jalapa, y desde allí á Socochima, y
-estaba muy fuerte y mala entrada, y en él habia muchas parras de uvas
-de la tierra; y en estos pueblos se les dijo con doña Marina y Jerónimo
-de Aguilar, nuestras lenguas, todas las cosas tocantes á nuestra santa
-fe, y cómo éramos vasallos del Emperador D. Cárlos, é que nos envió
-para quitar que no haya más sacrificios de hombres ni se robasen unos á
-otros, y se les declaró muchas cosas que se les convenia decir; y como
-eran amigos de Cempoal y no tributaban á Montezuma, hallábamos en ellos
-muy buena voluntad y nos daban de comer, y se puso en cada pueblo una
-cruz, y se les declaró lo que significaba é que la tuviesen en mucha
-reverencia.
-
-Y desde Socochima pasamos unas altas sierras y puerto, y llegamos á
-otro pueblo que se dice Texutla, y tambien hallamos en ellos buena
-voluntad, porque tampoco daban tributo como los demás; y desde aquel
-pueblo acabamos de subir todas las sierras y entramos en el despoblado,
-donde hacia muy gran frio y granizo aquella noche, donde tuvimos falta
-de comida, y venia un viento de la sierra nevada, que estaba á un lado,
-que nos hacia temblar de frio; porque, como habiamos venido de la isla
-de Cuba y de la Villa-Rica, y toda aquella costa es muy calurosa, y
-entramos en tierra fria, y no teniamos con qué nos abrigar sino con
-nuestras armas, sentiamos las heladas, como no éramos acostumbrados al
-frio; y desde allí pasamos á otro puerto, donde hallamos unas caserías
-y grandes adoratorios de ídolos, que ya he dicho que se dicen cues,
-y tenian grandes rimeros de leña para el servicio de los ídolos que
-estaban en aquellos adoratorios; y tampoco tuvimos qué comer, y hacia
-recio frio.
-
-Y desde allí entramos en tierra de un pueblo que se decia Cocotlan,
-y enviamos dos indios de Cempoal á decille al cacique cómo íbamos,
-que tuviesen por bien nuestra llegada á sus casas; y era sujeto este
-pueblo á Méjico, y siempre caminábamos muy apercebidos y con gran
-concierto, porque viamos que ya era otra manera de tierra; y cuando
-vimos blanquear muchas azuteas, y las casas del Cacique y los cues y
-adoratorios, que eran muy altos y encalados, parecian muy bien, como
-algunos pueblos de nuestra España, y pusímosle nombre Castilblanco,
-porque dijeron unos soldados portugueses que parecia á la villa de
-Casteloblanco de Portugal, y así se llama ahora; y como supieron en
-aquel pueblo por mí nombrado, por los mensajeros que enviábamos, cómo
-íbamos, salió el cacique á recebirnos con otros principales junto á
-sus casas; el cual cacique se llamaba Olintecle, y nos llevaron á unos
-aposentos y nos dieron de comer poca cosa y de mala voluntad; y despues
-que hubimos comido, Cortés les preguntó con nuestras lenguas de las
-cosas de su Sr. Montezuma; y dijo de sus grandes poderes de guerreros
-que tenia en todas las provincias sujetas, sin otros muchos ejércitos
-que tenia en las fronteras y provincias comarcanas; y luego dijo de la
-gran fortaleza de Méjico y cómo estaban fundadas las casas sobre agua,
-y que de una casa á otra no se podia pasar sino por puentes que tenian
-hechas y en canoas; y las casas todas de azuteas, y en cada azutea si
-querian poner mamparos eran fortalezas; y que para entrar dentro en
-la ciudad que habia tres calzadas, y en cada calzada cuatro ó cinco
-aberturas por donde se pasaba el agua de una parte á otra; y en cada
-una de aquellas aberturas habia una puente, y con alzar cualquiera
-dellas, que son hechas de madera, no pueden entrar en Méjico; y luego
-dijo del mucho oro y plata y piedras chalchiuis y riquezas que tenia
-Montezuma, su señor, que nunca acababa de decir otras muchas cosas de
-cuán gran señor era, que Cortés y todos nosotros estábamos admirados
-de lo oir; y con todo cuanto contaban de su gran fortaleza y puentes,
-como somos de tal calidad los soldados españoles, quisiéramos ya
-estar probando ventura, y aunque nos parecia cosa imposible, segun lo
-señalaba y decia el Olintecle.
-
-Y verdaderamente era Méjico muy más fuerte y tenia mayores pertrechos
-de albarradas que todo lo que decia; porque una cosa es haberlo visto
-de la manera y fuerzas que tenia, y no como lo escribo; y dijo que era
-tan gran señor Montezuma, que todo lo que queria señoreaba, y que no
-sabia si seria contento cuando supiese nuestra estada allí en aquel
-pueblo, por nos haber aposentado y dado de comer sin su licencia; y
-Cortés le dijo con nuestras lenguas: «Pues hágoos saber que nosotros
-venimos de léjas tierras por mandado de nuestro Rey y señor, que es el
-Emperador don Cárlos, de quien son vasallos muchos y grandes señores, y
-envia á mandar á ese vuestro gran Montezuma que no sacrifique ni mate
-ningunos indios, ni robe sus vasallos ni tome ningunas tierras, y para
-que dé la obediencia á nuestro Rey y señor; y ahora lo digo asimismo
-á vos, Olintecle, y á todos los más caciques que aquí estais, que
-dejeis vuestros sacrificios y no comais carnes de vuestros prójimos, ni
-hagais sodomías ni las cosas feas que soleis hacer, porque así lo manda
-nuestro Señor Dios, que es el que adoramos y creemos, y nos da la vida
-y la muerte y nos ha de llevar á los cielos;» y se les declaró otras
-muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, y ellos á todo callaban.
-
-Y dijo Cortés á los soldados que allí nos hallamos:
-
-—«Paréceme, señores, que ya que no podemos hacer otra cosa, que se
-ponga una cruz.»
-
-Y respondió el Padre fray Bartolomé de Olmedo:
-
-—«Paréceme, señor, que en estos pueblos no es tiempo para dejalles cruz
-en su poder, porque son algo desvergonzados y sin temor; y como son
-vasallos de Montezuma, no la quemen ó hagan alguna cosa mala; y esto
-que se les dijo basta hasta que tengan más conocimiento de nuestra
-santa fe.»
-
-Y así se quedó sin poner la cruz.
-
-Dejemos esto y de las santas amonestaciones que les haciamos, y digamos
-que como llevábamos un lebrel de muy gran cuerpo, que era de Francisco
-de Lugo, y ladraba mucho de noche, parece ser preguntaban aquellos
-caciques del pueblo á los amigos que traiamos de Cempoal que si era
-tigre ó leon, ó cosa con que mataban los indios; y respondieron:
-
-—«Tráenle para que cuando alguno los enoja los mate.»
-
-Y tambien les preguntaron que aquellas bombardas que traiamos, qué
-haciamos con ellas; y respondieron que con unas piedras que metiamos
-dentro dellas matábamos á quien queriamos; y que los caballos corrian
-como venados, y alcanzábamos con ellos á quien les mandábamos.
-
-Y dijo el Olintecle y los demás principales:
-
-—«Luego desa manera teules deben de ser.»
-
-Ya he dicho otras veces que á los ídolos ó sus dioses ó cosas malas
-llamaban teules.
-
-Y respondieron nuestros amigos:
-
-—«Pues ¡cómo! ¿ahora lo veis? Mirad que no hagais cosa con que los
-enojeis, que luego sabrán, que saben lo que teneis en el pensamiento,
-porque estos teules son los que prendieron á los recaudadores del
-vuestro gran Montezuma, y mandaron que no les diesen más tributo en
-todas las sierras ni en nuestro pueblo de Cempoal; y estos son los que
-nos derrocaron de nuestros templos nuestros teules, y pusieron los
-suyos, y han vencido los de Tabasco y Cingapacinga. Y demás desto, ya
-habreis visto cómo el gran Montezuma, aunque tiene tantos poderes, los
-envia oro y mantas, y ahora han venido á este vuestro pueblo y veo que
-no les dais nada; andad presto y traedles algun presente.»
-
-Por manera que traiamos con nosotros buenos echacuervos, porque luego
-trujeron cuatro pinjantes y tres collares y unas lagartijas, aunque era
-de oro todo muy bajo; y más trujeron cuatro indias, que eran buenas
-para moler pan, y una carga de mantas. Cortés las recibió con alegre
-voluntad y con grandes ofrecimientos.
-
-Acuérdome que tenian en una plaza, adonde estaban unos adoratorios,
-puestos tantos rimeros de calaveras de muertos, que se podian bien
-contar, segun el concierto con que estaban puestas, que me parece que
-eran más de cien mil, y digo otra vez sobre cien mil; y en otra parte
-de la plaza estaban otros tantos rimeros de zancarrones y huesos de
-muertos que no se podian contar, y tenian en unas vigas muchas cabezas
-colgadas de una parte á otra, y estaban guardando aquellos huesos y
-calaveras tres papas que, segun entendimos, tenian cargo dellos; de lo
-cual tuvimos que mirar más despues que entramos más la tierra adentro,
-y en todos los pueblos estaban de aquella manera, é tambien en lo de
-Tlascala.
-
-Pasado todo esto que aquí he dicho, acordamos de ir nuestro camino
-por Tlascala, porque decian nuestros amigos estaban muy cerca, y que
-los términos estaban allí junto donde tenian puestos por señales
-unos mojones; y sobre ello se preguntó al cacique Olintecle que cuál
-era mejor camino y más llano para ir á Méjico; y dijo que por un
-pueblo muy grande que se decia Choulula; y los de Cempoal dijeron á
-Cortés: «Señor, no vais por Choulula, que son muy traidores y tiene
-allí siempre Montezuma sus guarniciones de guerra;» y que fuésemos
-por Tlascala, que eran sus amigos, y enemigos de mejicanos; y así,
-acordamos de tomar el consejo de los de Cempoal, que Dios lo encaminaba
-todo; y Cortés demandó luego al Olintecle veinte hombres principales
-guerreros que fuesen con nosotros, y luego nos los dieron.
-
-Y otro dia de mañana fuimos camino de Tlascala, y llegamos á un
-pueblezuelo que era de los de Xalacingo, y de allí enviamos por
-mensajeros dos indios de los principales de Cempoal, de los indios
-que solian decir muchos bienes y loas de los tlascaltecas y que eran
-sus amigos, y les enviamos una carta, puesto que sabiamos que no lo
-entenderian, y tambien un chapeo de los vedijudos colorados de Flandes,
-que entónces se usaban; y lo que se hizo diremos adelante.
-
-
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-CAPÍTULO LXII.
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-CÓMO SE DETERMINÓ QUE FUÉSEMOS POR TLASCALA, Y LES ENVIÁBAMOS
-MENSAJEROS PARA QUE TUVIESEN POR BIEN NUESTRA IDA POR SU TIERRA, Y CÓMO
-PRENDIERON Á LOS MENSAJEROS, Y LO QUE MÁS SE HIZO.
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-Como salimos de Castilblanco, y fuimos por nuestro camino, los
-corredores del campo siempre delante y muy apercebidos, en gran
-concierto los escopeteros y ballesteros, como convenia, y los de
-á caballo mucho mejor, y siempre nuestras armas vestidas, como lo
-teniamos de costumbre.
-
-Dejemos esto; no sé para qué gasto mis palabras sobre ello, sino que
-estábamos tan apercebidos, así de dia como de noche, que si diesen al
-arma diez veces, en aquel punto nos hallaran muy puestos, calzados
-nuestros alpargates, y las espadas y rodelas y lanzas puesto todo muy
-á mano; y con aquesta órden llegamos á un pueblezuelo de Xalacingo, y
-allí nos dieron un collar de oro y unas mantas y dos indias.
-
-Y desde aquel pueblo enviamos dos mensajeros principales de los de
-Cempoal á Tlascala con una carta ó con un chapeo vedejudo de Flandes,
-colorado, que se usaban entónces, y puesto que la carta bien entendimos
-que no la sabrian leer, sino que como viesen el papel diferenciado
-de lo suyo, conocerian que era de mensajería, y lo que les enviamos á
-decir con los mensajeros cómo íbamos á su pueblo, y que lo tuviesen
-por bien, que no les íbamos á hacer enojo, sino tenellos por amigos;
-y esto fué porque en aquel pueblezuelo nos certificaron que toda
-Tlascala estaba puesta en armas contra nosotros, porque, segun pareció,
-ya tenian noticia cómo íbamos y que llevábamos con nosotros muchos
-amigos, así de Cempoal como los de Zocotlan y de otros pueblos por
-donde habiamos pasado, y todos solian dar tributo á Montezuma, tuvieron
-por cierto que íbamos contra ellos, porque les tenian por enemigos; y
-como otras veces los mejicanos con mañas y cautelas les entraban en la
-tierra y se la saqueaban, así creyeron querian hacer ora.
-
-Por manera que luego como llegaron los dos nuestros mensajeros con
-la carta y el chapeo, y comenzaron á decir su embajada, los mandaron
-prender sin ser más oidos, y estuvimos aguardando respuesta aquel
-dia y otro; y como no venian, despues de haber hablado Cortés á los
-principales de aquel pueblo, y dicho las cosas que convenian decir
-acerca de nuestra santa fe, y cómo éramos vasallos de nuestro Rey y
-señor, que nos envió á estas partes para quitar que no sacrifiquen y
-no maten hombres ni coman carne humana, ni hagan las torpedades que
-suelen hacer; y les dijo otras muchas cosas que en los más pueblos por
-donde pasábamos les soliamos decir, y despues de muchos ofrecimientos
-que les hizo que les ayudaria, les demandó veinte indios de guerra que
-fuesen con nosotros, y ellos nos los dieron de buena voluntad, y con la
-buena ventura, encomendándonos á Dios, partimos otro dia para Tlascala.
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-É yendo por nuestro camino con el concierto que ya he dicho, vienen
-nuestros mensajeros que tenian presos que parece ser, como andaban
-revueltos en la guerra los indios que los tenian á cargo y guarda,
-se descuidaron, y de hecho, como eran amigos, los soltaron de las
-prisiones; y vinieron tan medrosos de lo que habian visto é oido, que
-no lo acertaban á decir; porque, segun dijeron, cuando estaban presos
-los amenazaban y decian:
-
-—«Ahora hemos de matar á esos que llamais teules y comer sus carnes,
-y veremos si son tan esforzados como publicais, y tambien comeremos
-vuestras carnes, pues venis con traiciones y con embustes de aquel
-traidor de Montezuma.»
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-Y por más que les decian los mensajeros, que éramos contra los
-mejicanos, que á todos los tlascaltecas los teniamos por hermanos,
-no aprovechaban nada sus razones; y cuando Cortés y todos nosotros
-entendimos aquellas soberbias palabras, y cómo estaban de guerra,
-puesto que nos dió bien que pensar en ello dijimos todos:
-
-—«Pues que así es, adelante en buen hora;» encomendándonos á Dios y
-nuestra bandera tendida, que llevaba el alférez Corral.
-
-Porque ciertamente nos certificaron los indios del pueblezuelo donde
-dormimos, que habian de salir al camino á nos defender la entrada en
-Tlascala; y asimismo nos lo dijeron los de Cempoal, como dicho tengo.
-
-Pues yendo desta manera que he dicho, siempre íbamos hablando cómo
-habian de entrar y salir los de á caballo á media rienda y las lanzas
-algo terciadas, y de tres en tres porque se ayudasen; é que cuando
-rompiésemos por los escuadrones, que llevasen las lanzas por las caras
-y no parasen á dar lanzadas, porque no les echasen mano dellas, y que
-si acaesciese que les echasen mano, que con toda fuerza tuviesen y
-debajo del brazo se ayudasen, y poniendo espuelas con la furia del
-caballo, se la tornarian á sacar ó llevarian al indio arrastrando.
-
-Dirán ahora que para qué tanta diligencia sin ver contrarios guerreros
-que nos acometiesen. Á esto respondo, y digo que decia Cortés:
-
-—«Mirá, señores compañeros, ya veis que somos pocos, hemos de estar
-siempre tan apercebidos y aparejados como si ahora viésemos venir los
-contrarios á pelear, y no solamente vellos venir, sino hacer cuenta
-que estamos ya en la batalla con ellos; y que, como acaece muchas
-veces que echan mano de la lanza, por eso hemos de estar avisados para
-el tal menester, así dello como de otras cosas que convienen en lo
-militar; que ya bien he entendido que en el pelear no tenemos necesidad
-de avisos, porque he conocido que por bien que yo lo quiera decir, lo
-haréis muy más animosamente.»
-
-Y desta manera caminamos obra de dos leguas, y hallamos una fuerza bien
-fuerte hecha de cal y canto y de otro betun tan recio, que con picos de
-hierro era forzoso deshacerla, y hecha de tal manera, que para defensa
-era harto recia tomar; y detuvímonos á mirar en ella, y preguntó Cortés
-á los indios de Zocotlan que á qué fin tenian aquella fuerza de aquella
-manera; y dijeron que, como entre su señor Montezuma y los de Tlascala
-tenian guerras á la continua, que los tlascaltecas para defender
-mejor sus pueblos la habian hecho tan fuerte, porque ya aquella es su
-tierra; y reparamos un rato, y nos dió bien que pensar en ello y en la
-fortaleza.
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-Y Cortés dijo:
-
-—«Señores, sigamos nuestra bandera, que es la señal de la Santa Cruz,
-que con ella venceremos.»
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-Y todos á una le respondimos que vamos mucho en buen hora, que Dios es
-fuerza verdadera; y así, comenzamos á caminar con el concierto que he
-dicho, y no léjos vieron nuestros corredores del campo hasta obra de
-treinta indios que estaban por espías, y tenian espadas de dos manos,
-rodelas, lanzas y penachos, y las espadas son de pedernales, que cortan
-más que navajas, puestas de arte que no se pueden quebrar ni quitar las
-navajas, y son largas como montantes, y tenian sus divisas y penachos;
-y como nuestros corredores del campo los vieron, volvieron á dar
-mandado.
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-Y Cortés mandó á los mismos de á caballo que corriesen tras ellos y
-que procurasen tomar algunos sin heridas; y luego envió otros cinco
-de á caballo, porque si hubiese alguna celada, para que se ayudasen;
-y con todo nuestro ejército dimos priesa y el paso largo, y con gran
-concierto, porque los amigos que teniamos nos dijeron que ciertamente
-traian gran copia de guerreros en celadas; y desque los treinta
-indios que estaban por espías vieron que los de á caballo iban hácia
-ellos y los llamaban con la mano, no quisieron aguardar, hasta que
-los alcanzaron y quisieron tomar á algunos dellos; mas defendiéronse
-muy bien, que con los montantes y sus lanzas hirieron los caballos;
-y cuando los nuestros vieron tan bravosamente pelear, y sus caballos
-heridos, procuraron de hacer lo que eran obligados, y mataron cinco
-dellos; y estando en esto, viene muy de presto y con gran furia un
-escuadron de tlascaltecas, que estaba en celada, de más de tres mil
-dellos, y comenzaron á flechar en todos los nuestros de á caballo,
-que ya estaban juntos todos, y dan una refriega; y en este instante
-llegamos con nuestra artillería, escopetas y ballestas, y poco á poco
-comenzaron á volver las espaldas, puesto que se detuvieron buen rato
-peleando con buen concierto.
-
-Y en aquel rencuentro hirieron á cuatro de los nuestros, y paréceme
-que desde allí á pocos dias murió el uno de las heridas; y como era
-tarde, se fueron los tlascaltecas recogiendo, y no los seguimos; y
-quedaron muertos hasta diez y siete dellos, sin muchos heridos; y
-desde aquellas sierras pasamos adelante, y era llano y habia muchas
-casas de labranzas de maíz y magiales, que es de lo que hacen el vino;
-y dormimos cabe un arroyo, y con el unto de un indio gordo que allí
-matamos, que se abrió, se curaron los heridos; que aceite no lo habia;
-y tuvimos muy bien de cenar de unos perrillos que ellos crian, puesto
-que estaban todas las casas despobladas, y alzado el hato, y aunque los
-perrillos llevaban consigo, de noche se volvian á sus casas, y allí los
-apañábamos, que era harto buen mantenimiento; y estuvimos toda la noche
-muy á punto con escuchas y buenas rondas y corredores del campo, y los
-caballos ensillados y enfrenados, por temor no diesen sobre nosotros.
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-Y quedarse ha aquí, y diré las guerras que nos dieron.
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-CAPÍTULO LXIII.
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-DE LAS GUERRAS Y BATALLAS MUY PELIGROSAS QUE TUVIMOS CON LOS
-TLASCALTECAS, Y DE LO QUE MÁS PASÓ.
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-Otro dia, despues de habernos encomendado á Dios, partimos de allí,
-muy concertados todos nuestros escuadrones, y los de á caballo muy
-avisados de cómo habian de entrar rompiendo y salir; y en todo caso
-procurar que no nos rompiesen ni nos apartasen unos de otros; é
-yendo así como dicho tengo, viénense á encontrar con nosotros dos
-escuadrones, que habria seis mil, con grandes gritas, atambores y
-trompetas, y flechando y tirando varas, y haciendo como fuertes
-guerreros.
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-Cortés mandó que estuviésemos quedos, y con tres prisioneros que les
-habiamos tomado el dia ántes les enviamos á decir y á requerir que no
-nos diesen guerra, que los queremos tener por hermanos; y dijo á uno
-de nuestros soldados, que se decia Diego de Godoy, que era escribano
-de su Majestad, mirase lo que pasaba, y diese testimonio dello si se
-hubiese menester, porque en algun tiempo no nos demandasen las muertes
-y daños que se recreciesen, pues les requeriamos con la paz; y como les
-hablaron los tres prisioneros que les enviábamos, mostráronse muy más
-recios, y nos daban tanta guerra, que no les podiamos sufrir.
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-Entónces dijo Cortés:
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-—«Santiago y á ellos.»
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-Y de hecho arremetimos de manera, que les matamos y herimos muchas de
-sus gentes con los tiros, y entre ellos tres capitanes.
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-Íbanse retrayendo hácia unos arcabuezos, donde estaban en celada
-sobre más de cuarenta mil guerreros con su capitan general, que se
-decia Xicotenga, y con sus divisas de blanco y colorado, porque
-aquella divisa y librea era de aquel Xicotenga; y como habia allí unas
-quebradas, no nos podiamos aprovechar de los caballos, y con mucho
-concierto los pasamos.
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-Al pasar tuvimos muy gran peligro, porque se aprovechaban de su buen
-flechar, y con sus lanzas y montantes nos hacian mala obra, y aun las
-hondas y piedras como granizo eran harto malas; y como nos vimos en
-lo llano con los caballos y artillería, nos lo pagaban, que matábamos
-muchos; mas no osábamos deshacer nuestro escuadron, porque el soldado
-que en algo se desmandaba para seguir algunos indios de los montantes ó
-capitanes, luego era herido y corria gran peligro.
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-Y andando en estas batallas, nos cercan por todas partes, que no nos
-podiamos valer poco ni mucho; que no osábamos arremeter á ellos si
-no era todos juntos, porque no nos desconcertasen y rompiesen; y si
-arremetiamos como dicho tengo, hallábamos sobre veinte escuadrones
-sobre nosotros, que nos resistian; y estaban nuestras vidas en mucho
-peligro, porque eran tantos guerreros, que á puñados de tierra nos
-cegaran, sino que la gran misericordia de Dios nos socorria y nos
-guardaba.
-
-Y andando en estas priesas entre aquellos grandes guerreros y sus
-temerosos montantes, parece ser acordaron de se juntar muchos dellos y
-de mayores fuerzas para tomar á manos á algun caballo, y lo pusieron
-por obra, y arremetieron, y echan mano á una muy buena yegua y bien
-revuelta, de juego y de carrera, y el caballero que en ella iba muy
-buen jinete, que se decia Pedro de Moron; y como entró rompiendo con
-otros tres de á caballo entre los escuadrones de los contrarios, porque
-así les era mandado, porque se ayudasen unos á otros, échanle mano de
-la lanza, que no la pudo sacar, y otros le dan de cuchilladas con los
-montantes y le hirieron malamente, y entónces dieron una cuchillada á
-la yegua, que le cortaron el pescuezo redondo, y allí quedó muerta; y
-si de presto no socorrieran los dos compañeros de á caballo al Pedro
-de Moron, tambien le acabaran de matar, pues quizá podiamos con todo
-nuestro escuadron ayudalle.
-
-Digo otra vez que por temor que nos desbaratasen ó acabasen de
-desbaratar, no podiamos ir ni á una parte ni á otra; que harto teniamos
-que sustentar no nos llevasen de vencida, que estábamos muy en peligro;
-y todavía acudiamos á la presa de la yegua, y tuvimos lugar de salvar
-al Moron y quitársele de su poder, que ya le llevaban medio muerto; y
-cortamos la cincha de la yegua, porque no se quedase allí la silla; y
-allí en aquel socorro hirieron diez de los nuestros; y tengo en mí que
-matamos entónces cuatro capitanes, porque andábamos juntos pié con pié,
-y con las espadas les haciamos mucho daño; porque como aquello pasó se
-comenzaron á retirar y llevaron la yegua, la cual hicieron pedazos para
-mostrar en todos los pueblos de Tlascala; y despues supimos que habian
-ofrecido á sus ídolos las herraduras y el chapeo de Flandes vedijudo, y
-las dos cartas que les enviamos para que viniesen en paz.
-
-La yegua que mataron era de un Juan Sedeño; y porque en aquella sazon
-estaba herido el Sedeño de tres heridas del dia ántes, por esta causa
-se la dió al Moron, que era muy buen jinete, y murió el Moron entónces
-de allí á dos dias de las heridas, porque no me acuerdo verle más.
-
-Volvamos á nuestra batalla: que como habia bien una hora que estábamos
-en las rencillas peleando, y los tiros les debrian de hacer mucho
-mal; porque, como eran muchos, andaban tan juntos, que por fuerza
-les habian de llevar copia dellos; pues los de á caballo, escopetas,
-ballestas, espadas, rodelas y lanzas, todos á una peleábamos como
-valientes soldados por salvar nuestras vidas y hacer lo que éramos
-obligados; porque ciertamente las teniamos en grande peligro, cual
-nunca estuvieron.
-
-Y á lo que despues supimos, en aquella batalla les matamos muchos
-indios, y entre ellos ocho capitanes muy principales, hijos de los
-viejos caciques que estaban en el pueblo cabecera mayor; á esta causa
-se trujeron con muy buen concierto, y á nosotros que no nos pesó
-dello; y no los seguimos porque no nos podiamos tener en los piés, de
-cansados; allí nos quedamos en aquel poblezuelo, que todos aquellos
-campos estaban muy poblados, y aun tenian hechas otras casas debajo de
-tierra como cuevas, en que vivian muchos indios; y llamábase donde pasó
-esta batalla Tehuacingo ó Tehuacacingo, y fué dada en 2 dias del mes
-de Setiembre de 1519 años.
-
-Y desque nos vimos con victoria, dimos muchas gracias á Dios, que nos
-libró de tan grandes peligros; y desde allí nos retrujimos luego á unos
-cues que estaban buenos y altos como en fortaleza, y con el unto del
-indio que ya he dicho otras veces se curaron nuestros soldados, que
-fueron quince, y murió uno de las heridas; y tambien se curaron cuatro
-ó cinco caballos que estaban heridos, y reposamos y cenamos muy bien
-aquella noche, porque teniamos muchas gallinas y perrillos que hubimos
-en aquellas casas, con muy buen recaudo de escuchas y rondas y los
-corredores del campo, y descansamos hasta otro dia por la mañana.
-
-En aquesta batalla tomamos y prendimos quince indios y los dos
-principales; y una cosa tenian los tlascaltecas en esta batalla y
-en todas las demás, que en hiriéndoles cualquiera indio, luego lo
-llevaban, y no podiamos ver los muertos.
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-CAPÍTULO LXIV.
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-CÓMO TUVIMOS NUESTRO REAL ASENTADO EN UNOS PUEBLOS Y CASERÍAS QUE SE
-DICEN TEOACINGO Ó TEUACINGO, Y LO QUE ALLÍ HICIMOS.
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-Como nos sentimos muy trabajados de las batallas pasadas y estaban
-muchos soldados y caballos heridos, y teniamos necesidad de adobar las
-ballestas y alistar almacen de saetas, estuvimos un dia sin hacer cosa
-que de contar sea; y otro dia por la mañana dijo Cortés que seria bueno
-ir á correr el campo con los de á caballo que estaban buenos para ello,
-porque no pensasen los tlascaltecas que dejábamos de guerrear por la
-batalla pasada, y porque viesen que siempre los habiamos de seguir; y
-el dia pasado, como he dicho, habiamos estado sin salirlos á buscar, é
-que era mejor irles nosotros á acometer que ellos á nosotros, porque
-no sintiesen nuestra flaqueza y porque aquel campo es muy llano y muy
-poblado.
-
-Por manera que con siete de á caballo y pocos ballesteros y
-escopeteros, y obra de ducientos soldados y con nuestros amigos,
-salimos y dejamos en el real buen recaudo, segun nuestra posibilidad, y
-por las casas y pueblos por donde íbamos prendimos hasta veinte indios
-é indias sin hacelles ningun mal; y los amigos, como son crueles,
-quemaron muchas casas y trujeron bien de comer gallinas y perrillos; y
-luego nos volvimos al real, que era cerca, y acordó Cortés de soltar
-los prisioneros, y se les dió primero de comer, y doña Marina y Aguilar
-los halagaron y dieron cuentas, y les dijeron que no fuesen más locos;
-é que viniesen de paz, que nosotros les queremos ayudar y tener por
-hermanos: y entónces tambien soltamos los dos prisioneros primeros, que
-eran principales, y se les dió otra carta para que fuesen á decir á los
-caciques mayores, que estaban en el pueblo cabecera de todos los más
-pueblos de aquella provincia, que no les veniamos á hacer mal ni enojo,
-sino para pasar por su tierra é ir á Méjico á hablar á Montezuma.
-
-Y los dos mensajeros fueron al real de Xicotenga, que estaba de allí
-obra de dos leguas, en unos pueblos y casas que me parece que se
-llamaban Tecuacinpacingo; y como les dieron la carta y dijeron nuestra
-embajada, la respuesta que les dió su capitan Xicotenga el mozo fué
-que fuésemos á su pueblo, adonde está su padre: que allá harian
-las paces con hartarse de nuestras carnes y honrar sus dioses con
-nuestros corazones y sangre, é que para otro dia de mañana veriamos
-su respuesta; y cuando Cortés y todos nosotros oimos aquellas tan
-soberbias palabras, como estábamos hostigados de las pasadas batallas
-é encuentros, verdaderamente no lo tuvimos por bueno, y á aquellos
-mensajeros halagó Cortés con blandas palabras, porque les pareció que
-habian perdido el miedo, y les mandó dar unos sartalejos de cuentas, y
-esto para tornalles á enviar por mensajeros sobre la paz.
-
-Entónces se informó muy por extenso cómo y de qué manera estaba el
-capitan Xicotenga, y qué poderes tenia consigo, y les dijeron que tenia
-muy más gente que la otra vez cuando nos dió guerra, porque traia cinco
-capitanes consigo, y que cada capitanía traia diez mil guerreros.
-
-Fué desta manera que lo contaba, que de la parcialidad de Xicotenga,
-que ya no habia del viejo padre del mismo capitan sino diez mil, y
-de la parte de otro gran cacique que se decia Masse-Escaci, otros
-diez mil, y de otro gran principal que se decia Chichimeca Tecle,
-otros tantos, y de otro gran cacique señor de Topeyanco, que se decia
-Tecapaneca, otros diez mil, é de otro cacique que se decia Guaxobcin,
-otros diez mil; por manera que eran á la cuenta cincuenta mil, y que
-habian de sacar su bandera y seña, que era un ave blanca, tendidas
-las alas como que queria volar, que parece como avestruz, y cada
-capitan con su divisa y librea; porque cada cacique así las tenia
-diferenciadas, como en nuestra Castilla tienen los duques y condes.
-
-Y todo esto que aquí he dicho tuvímoslo por muy cierto, porque ciertos
-indios de los que tuvimos presos, que soltamos aquel dia, lo decian muy
-claramente, aunque no eran creidos.
-
-Y cuando aquello vimos, como somos hombres y temiamos la muerte,
-muchos de nosotros y aun todos los más nos confesamos con el Padre de
-la Merced y con el Clérigo Juan Diaz, que toda la noche estuvieron en
-oir de penitencia y encomendándonos á Dios que nos librase no fuésemos
-vencidos; y desta manera pasamos hasta otro dia; y la batalla que nos
-dieron, aquí lo diré.
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-CAPÍTULO LXV.
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-DE LA GRAN BATALLA QUE HUBIMOS CON EL PODER DE TLASCALTECAS, Y QUISO
-DIOS NUESTRO SEÑOR DARNOS VITORIA, Y LO QUE MÁS PASÓ.
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-Otro dia de mañana, que fueron 5 de Setiembre de 1519 años, pusimos los
-caballos en concierto, que no quedó ninguno de los heridos que allí no
-saliesen para hacer cuerpo é ayudasen lo que pudiesen, y apercibidos
-los ballesteros que con gran concierto gastasen el almacen, unos
-armando y otros soltando, y los escopeteros por el consiguiente, y
-los de espada y rodela que la estocada ó cuchillada que diésemos, que
-pasasen las entrañas, porque no se osasen juntar tanto como la otra
-vez, y el artillería bien apercebida iba; y como ya tenian aviso los
-de á caballo que se ayudasen unos á otros, y las lanzas terciadas sin
-pararse á alancear sino por las caras y ojos, entrando y saliendo á
-media rienda, y que ningun soldado saliese del escuadron, y con nuestra
-bandera tendida, y cuatro compañeros guardando al alférez Corral.
-
-Así salimos de nuestro real, y no habiamos andado medio cuarto de
-legua, cuando vimos asomar los campos llenos de guerreros con grandes
-penachos y sus divisas, y mucho ruido de trompetillas y bocinas.
-
-Aquí habia bien que escribir y ponello en relacion lo que en esta
-peligrosa y dudosa batalla pasamos; porque nos cercaron por todas
-partes tantos guerreros, que se podia comparar como si hubiese unos
-grandes prados de dos leguas de ancho y otras tantas de largo, y en
-medio dellos cuatrocientos hombres; así era: todos los campos llenos
-dellos, y nosotros obra de cuatrocientos, muchos heridos y dolientes; y
-supimos de cierto que esta vez venian con pensamiento que no habian de
-dejar ninguno de nosotros á vida, que no habia de ser sacrificado á sus
-ídolos.
-
-Volvamos á nuestra batalla: pues como comenzaron á romper con nosotros,
-¡qué granizo de piedra de los honderos! Pues flechas, todo el suelo
-hecho parva de varas, todas de á dos gajos, que pasan cualquiera arma
-y las entrañas, adonde no hay defensa, y los de espada y rodela, y de
-otras mayores que espadas, como montantes y lanzas, ¡qué priesa nos
-daban y con qué braveza se juntaban con nosotros, y con qué grandísimos
-gritos y alaridos! Puesto que nos ayudábamos con tan gran concierto
-con nuestra artillería y escopetas y ballestas, que les haciamos harto
-daño, y á los que se nos llegaban con sus espadas y montantes les
-dábamos buenas estocadas, que les haciamos apartar, y no se juntaban
-tanto como la otra vez pasada; y los de á caballo estaban tan diestros
-y hacíanlo tan varonilmente, que, despues de Dios, que es el que nos
-guardaba, ellos fueron fortaleza.
-
-Yo vi entónces medio desbaratado nuestro escuadron, que no aprovechaban
-voces de Cortés ni de otros capitanes para que tornásemos á cerrar;
-tanto número de indios cargó entónces sobre nosotros, sino que á puras
-estocadas les hicimos que nos diesen lugar; con que volvimos á ponernos
-en concierto.
-
-Una cosa nos daba la vida, y era que, como eran muchos y estaban
-amontonados, los tiros les hacian mucho mal; y demás desto, no se
-sabian capitanear, porque no podian allegar todos los capitanes con sus
-gentes; y á lo que supimos, desde la otra batalla pasada habian tenido
-pendencias y rencillas entre el capitan Xicotenga con otro capitan hijo
-de Chichimeclatecle, sobre que decia el un capitan al otro que no lo
-habia hecho bien en la batalla pasada, y el hijo de Chichimeclatecle
-respondió que muy mejor que él, y se lo haria conocer de su persona á
-la suya de Xicotenga; por manera que en esta batalla no quiso ayudar
-con su gente el Chichimeclatecle al Xicotenga, ántes supimos muy
-ciertamente que convocó á la capitanía de Guaxolcingo que no pelease.
-
-Y demás desto, desde la batalla pasada temian los caballos y tiros
-y espadas y ballestas y nuestro buen pelear, y sobre todo, la gran
-misericordia de Dios, que nos daba esfuerzo para nos sustentar; y como
-el Xicotenga no era obedecido de dos capitanes, y nosotros les haciamos
-muy gran daño, que les matábamos muchas gentes, las cuales encubrian,
-porque, como eran muchos, en hiriéndolos á cualquiera de los suyos,
-luego le apañaban y le llevaban á cuestas; y así en esta batalla como
-en la pasada no podiamos ver ningun muerto; y como ya peleaban de
-mala gana, y sintieron que las capitanías de los dos capitanes por mí
-nombrados no les acudian, comenzaron á aflojar; porque, segun pareció,
-en aquella batalla matamos un capitan muy principal, que de los otros
-no los cuento; y comenzaron á retraerse con buen concierto, y los de á
-caballo á media rienda siguiéndolos poco trecho, porque no se podian ya
-tener de cansados, y cuando nos vimos libres de aquella tanta multitud
-de guerreros, dimos muchas gracias á Dios.
-
-Allí nos mataron un soldado é hirieron más de sesenta, y tambien
-hirieron á todos los caballos; á mi me dieron dos heridas, la una en
-la cabeza, de pedrada, y otra en un muslo, de un flechazo; mas no eran
-para dejar de pelear y velar y ayudar á nuestros soldados; y asimismo
-lo hacian todos los soldados que estaban heridos, que si no eran muy
-peligrosas las heridas, habiamos de pelear y velar con ellos, porque
-de otra manera pocos quedaron que estuviesen sin heridas; y luego nos
-fuimos á nuestro real muy contentos y dando muchas gracias á Dios, y
-enterramos los muertos en una de aquellas casas que tenian hechas en
-los soterraños, porque no viesen los indios que éramos mortales, sino
-que creyesen que éramos teules, como ellos decian; y derrocamos mucha
-tierra encima de la casa porque no oliesen los cuerpos, y se curaron
-todos los heridos con el unto del indio que otras veces he dicho.
-
-¡Oh qué mal refrigerio teniamos, que aun aceite para curar heridas
-ni sal no habia! Otra falta teniamos, y grande, que era ropa para
-nos abrigar; que venia un viento tan frio de la sierra nevada, que
-nos hacia tiritar (aunque mostrábamos buen ánimo siempre), porque
-las lanzas y escopetas y ballestas mal nos cobijaban. Aquella noche
-dormimos con más sosiego que la pasada, puesto que teniamos mucho
-recaudo de corredores y espías, velas y rondas.
-
-Y dejallo hé aquí, é diré lo que otro dia hicimos en esta batalla, y
-prendimos tres indios principales.
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-CAPÍTULO LXVI.
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-CÓMO OTRO DIA ENVIAMOS MENSAJEROS Á LOS CACIQUES DE TLASCALA,
-ROGÁNDOLES CON LA PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO HICIERON.
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-Despues de pasada la batalla por mí contada, que prendimos en ella los
-tres indios principales, enviólos luego nuestro capitan Cortés, y con
-los dos que estaban en nuestro real, que habian ido otras veces por
-mensajeros, les mandó que dijesen á los caciques de Tlascala que les
-rogábamos que vengan luego de paz y que nos dén pasada por su tierra
-para ir á Méjico, como otras veces les hemos enviado á decir, é que
-si ahora no vienen, que les mataremos todas sus gentes; y porque los
-queremos mucho y tener por hermanos, no les quisiéramos enojar si
-ellos no hubiesen dado causa á ello, y se les dijo muchos halagos para
-atraerlos á nuestra amistad.
-
-Y aquellos mensajeros fueron de buena gana luego á la cabecera de
-Tlascala, y dijeron su embajada á todos los caciques por mí ya
-nombrados; los cuales hallaron juntos con otros muchos viejos y papas,
-y estaban muy tristes, así del mal suceso de la guerra como de la
-muerte de los capitanes parientes ó hijos suyos que en las batallas
-murieron, y dice que no les quisieron escuchar de buena gana; y lo que
-sobre ello acordaron, fué que luego mandaron llamar todos los adivinos
-y papas, y otros que echaban suertes, que llaman tacalnagua, que son
-como hechiceros, y dijeron que mirasen por sus adivinanzas y hechizos y
-suertes qué gente éramos, y si podriamos ser vencidos dándonos guerra
-de dia y de noche á la contina, y tambien para saber si éramos teules,
-así como lo decian los de Cempoal, que ya he dicho otras veces que son
-cosas malas, como demonios; é qué cosas comiamos, é que mirasen todo
-esto con mucha diligencia.
-
-Y despues que se juntaron los adivinos y hechiceros y muchos papas,
-y hechas sus adivinanzas y echadas sus suertes y todo lo que solian
-hacer, parece ser dijeron que en las suertes hallaron que éramos
-hombres de hueso y de carne, y que comiamos gallinas y perros y pan
-y fruta cuando lo teniamos, y que no comiamos carnes de indios ni
-corazones de los que matábamos; porque, segun pareció, los indios
-amigos que traiamos de Cempoal les hicieron encreyente que éramos
-teules é que comiamos corazones de indios, é que las bombardas echaban
-rayos como caen del cielo, é que el lebrel, que era tigre ó leon, y que
-los caballos eran para lancear á los indios cuando los queriamos matar;
-y les dijeron otras muchas niñerias.
-
-É volvamos á los papas: y lo peor de todo que les dijeron sus papas é
-adivinos fué que de dia no podiamos ser vencidos, sino de noche, porque
-como anochecia se nos quitaban las fuerzas; y más les dijeron los
-hechiceros, que éramos esforzados, y que todas estas virtudes teniamos
-de dia hasta que se ponia el sol, y desque anochecia no teniamos
-fuerzas ningunas.
-
-Y cuando aquello oyeron los caciques, y lo tuvieron por muy cierto, se
-lo enviaron á decir á su capitan general Xicotenga, para que luego con
-brevedad venga una noche con grandes poderes á nos dar guerra.
-
-El cual, como lo supo, juntó obra de diez mil indios, los más
-esforzados que tenia, y vino á nuestro real, y por tres partes nos
-comenzó á dar una mano de flechas y tirar varas con sus tiraderas de un
-gajo y de dos, y los de espadas y macanas y montantes por otra parte;
-por manera que de repente tuvieron por cierto que llevarian algunos
-de nosotros para sacrificar; y mejor lo hizo nuestro Señor Dios, que
-por muy secretamente que ellos venian, nos hallaron muy apercebidos;
-porque, como sintieron su gran ruido que traian á mata-caballo,
-vinieron nuestros corredores del campo y las espías á dar el arma, y
-como estábamos tan acostumbrados á dormir calzados y las armas vestidas
-y los caballos ensillados y enfrenados, y todo género de armas muy á
-punto, les resistimos con las escopetas y ballestas y á estocadas; de
-presto vuelven las espaldas, y como era el campo llano y hacia luna,
-los de á caballo los siguieron un poco, donde por la mañana hallamos
-tendidos muertos y heridos hasta veinte dellos; por manera que se
-vuelven con gran pérdida y muy arrepentidos de la venida de noche.
-
-Y aun oí decir que, como no les sucedió bien lo que los papas y las
-suertes y hechiceros les dijeron, que sacrificaron á dos dellos.
-
-Aquella noche mataron un indio de nuestros amigos de Cempoal, é
-hirieron dos soldados y un caballo, y allí prendimos cuatro dellos; y
-como nos vimos libres de aquella arrebatada refriega, dimos gracias
-á Dios, y enterramos el amigo de Cempoal, y curamos los heridos y
-al caballo, y dormimos lo que quedó de la noche con grande recaudo
-en el real, así como lo teniamos de costumbre; y despues amaneció,
-y nos vimos todos heridos á dos y á tres heridas, y muy cansados, y
-otros dolientes y entrapajados, y Xicotenga que siempre nos seguia,
-y faltaban ya sobre cincuenta y cinco soldados, que se habian muerto
-en las batallas y dolencias y frios, y estaban dolientes otros doce,
-y asimismo nuestro capitan Cortés tambien tenia calenturas, y aun
-el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, con el
-trabajo y peso de las armas, que siempre traiamos á cuestas, y otras
-malas venturas de frios y falta de sal, que no la comiamos ni la
-hallábamos; y demás desto, dábanos qué pensar qué fin habriamos en
-aquestas guerras, é ya que allí se acabasen, qué seria de nosotros,
-adónde habiamos de ir; porque entrar en Méjico teníamoslo por cosa de
-risa á causa de sus grandes fuerzas y deciamos que cuando aquellos
-de Tlascala nos habian puesto en aquel punto, y nos hicieron creer
-nuestros amigos los de Cempoal que estaban de paz, que cuando nos
-viésemos en la guerra con los grandes poderes de Montezuma, que ¿qué
-podriamos hacer?
-
-Y demás desto, no sabiamos de los que quedaron poblados en la
-Villa-Rica, ni ellos de nosotros; y como entre todos nosotros habia
-caballeros y soldados tan excelentes varones y tan esforzados y de
-buen consejo, que Cortés ninguna cosa decia ni hacia sin primero tomar
-sobre ello muy maduro consejo y acuerdo con nosotros; puesto que el
-coronista Gómora diga: «Hizo Cortés esto, fué allá, vino de acullá;»
-dice otras cosas que no llevan camino; y aunque Cortés fuera de hierro,
-segun lo cuenta el Gómora en su historia, no podia acudir á todas
-partes; bastaba que dijera que lo hacia como buen capitan, como siempre
-lo fué; y esto digo, porque despues de las grandes mercedes que Nuestro
-Señor nos hacia en todos nuestros hechos y en las vitorias pasadas y en
-todo lo demás, parece ser que á los soldados nos daba gracia y consejo
-para aconsejar que Cortés hiciese todas las cosas muy bien hechas.
-
-Dejemos de hablar en loas pasadas, pues no hacen mucho á nuestra
-historia, y digamos cómo todos á una esforzábamos á Cortés, y le
-dijimos que curase de su persona, que allí estábamos, y que con el
-ayuda de Dios, que pues habiamos escapado de tan peligrosas batallas,
-que para algun buen fin era nuestro Señor servido de guardarnos; y que
-luego soltase los prisioneros y que los enviase á los caciques mayores
-otra vez por mí nombrados, que vengan de paz é se les perdonará todo lo
-hecho y la muerte de la yegua.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo doña Marina, con ser mujer de la tierra,
-qué esfuerzo tan varonil tenia, que con oir cada dia que nos habian
-de matar y comer nuestras carnes, y habernos visto cercados en las
-batallas pasadas, y que ahora todos estábamos heridos y dolientes,
-jamás vimos flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo que de mujer;
-y á los mensajeros que ahora enviábamos les habló la doña Marina y
-Jerónimo de Aguilar, que vengan luego de paz, y que si no vienen dentro
-de dos dias, les iremos á matar y destruir sus tierras, é iremos á
-buscarles á su ciudad; y con estas resueltas palabras fueron á la
-cabecera donde estaba Xicotenga el viejo.
-
-Dejemos esto, y diré otra cosa que he visto, que el coronista Gómora
-no escribe en su Historia ni hace mencion si nos mataban ó estábamos
-heridos, ni pasábamos trabajos ni adoleciamos, sino todo lo que escribe
-es como si lo halláramos hecho.
-
-¡Oh cuán mal le informaron los que tal le aconsejaron que lo pusiese
-así en su Historia! Y á todos los conquistadores nos ha dado qué pensar
-en lo que ha escrito, no siendo así; y debia de pensar que cuando
-viésemos su Historia habiamos de decir la verdad.
-
-Olvidemos al coronista Gómora, y digamos cómo nuestros mensajeros
-fueron á la cabecera de Tlascala con nuestro mensaje; y paréceme que
-llevaron una carta, que aunque sabiamos que no la habian de entender,
-sino porque se tenia por cosa de mandamiento, y con una saeta; y
-hallaron á los dos caciques mayores que estaban hablando con otros
-principales, y lo que sobre ello respondieron adelante lo diré.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXVII.
-
-CÓMO TORNARON Á ENVIAR MENSAJEROS Á LOS CACIQUES DE TLASCALA PARA QUE
-VENGAN DE PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO HICIERON Y ACORDARON.
-
-
-Como llegaron á Tlascala los mensajeros que enviamos á tratar de las
-paces, y les hallaron que estaban en consulta los dos más principales
-caciques que se decian Masse-Escaci y Xicotenga el viejo padre del
-capitan general, que tambien se decia Xicotenga el mozo, otras muchas
-veces por mí nombrado, como les oyeron su embajada, estuvieron
-suspensos un rato que no hablaron, y quiso Dios que inspiró en sus
-pensamientos que hiciesen paces con nosotros, y luego enviaron á llamar
-á todos los más caciques y capitanes que habia en sus poblaciones, y á
-los de una provincia que están junto con ellos, que se dice Guaxocingo,
-que eran sus amigos y confederados, y todos juntos en aquel pueblo que
-estaban, que era cabecera, les hizo Masse-Escaci y el viejo Xicotenga,
-que eran bien entendidos, un razonamiento casi que fué desta manera,
-segun despues supimos, aunque no las palabras formales:
-
-—«Hermanos y amigos nuestros, ya habeis visto cuántas veces estos
-teules que están en el campo esperando guerras nos han enviado
-mensajeros á demandar paz, y dicen que nos vienen á ayudar y tener en
-lugar de hermanos; y asimismo habeis visto cuántas veces han llevado
-presos muchos de nuestros vasallos, que no les hacen mal y luego los
-sueltan; bien veis cómo les hemos dado guerra tres veces con todos
-nuestros poderes, así de dia como de noche, y no han sido vencidos,
-y ellos nos han muerto en los combates que les hemos dado muchas de
-nuestras gentes é hijos y parientes y capitanes; ahora de nuevo vuelven
-á demandar paz, y los de Cempoal, que traen en su compañía, dicen que
-son contrarios de Montezuma y sus mejicanos, y que les han mandado
-que no le dén tributo los pueblos de las sierras Totonaque ni los de
-Cempoal; pues bien se os acordará que los mejicanos nos dan guerra cada
-año, de más de cien años á esta parte, y bien veis que estamos en estas
-nuestras tierras como acorralados, que no osamos salir á buscar sal, ni
-aun la comemos, ni aun algodon, que pocas mantas dello traemos; pues
-si salen ó han salido algunos de los nuestros á buscar, pocos vuelven
-con las vidas, que estos traidores de mejicanos y sus confederados nos
-los matan ó hacen esclavos; ya nuestros tacalnaguas y adivinos y papas
-nos han dicho lo que sienten de sus personas destos teules, y que son
-esforzados. Lo que me parece es, que procuremos de tener amistad con
-ellos, y si no fueren hombres, sino teules, de una manera y de otra
-les hagamos buena compañía, y luego vayan cuatro nuestros principales
-y les lleven muy bien de comer, y mostrémosles amor y paz, porque nos
-ayuden y defiendan de nuestros enemigos, y traigámoslos aquí luego
-con nosotros, y démosles mujeres para que de su generacion tengamos
-parientes, pues segun dicen los embajadores que nos envian á tratar las
-paces, que traen mujeres entre ellos.»
-
-Y como oyeren este razonamiento, á todos los caciques les pareció bien,
-y dijeron que era cosa acertada, y que luego vayan á entender en las
-paces, y que se le envie á hacer saber á su capitan Xicotenga y á los
-demás capitanes que consigo tiene, para que luego vengan sin dar más
-guerras, y les digan que ya tenemos hechas paces; y enviaron luego
-mensajeros sobre ello; y el capitan Xicotenga el mozo no los quiso
-escuchar á los cuatro principales, y mostró tener enojo, y los trató
-mal de palabra, y que no estaba por las paces; y dijo que ya habia
-muerto muchos teules y la yegua, y que él queria dar otra noche sobre
-nosotros y acabarnos de vencer y matar; la cual respuesta, desque la
-oyó su padre Xicotenga el viejo y Masse-Escaci y los demás caciques,
-se enojaron de manera, que luego enviaron á mandar á los capitanes y á
-todo su ejército que no fuesen con el Xicotenga á nos dar guerra, ni en
-tal caso le obedeciesen en cosa que les mandase si no fuese para hacer
-paces, y tampoco lo quiso obedecer; y cuando vieron la desobediencia de
-su capitan, luego enviaron los cuatro principales, que otra vez les
-habian mandado que viniesen á nuestro real y trujesen bastimento y para
-tratar las paces en nombre de toda Tlascala y Guaxocingo; y los cuatro
-viejos por temor de Xicotenga el mozo no vinieron en aquella sazon; y
-porque en un instante acaecen dos y tres cosas, así en nuestro real
-como en este tratar de paces, y por fuerza tengo de tomar entre manos
-lo que más viene al propósito, dejaré de hablar de los cuatro indios
-principales que enviaron á tratar las paces, que aún no venian por
-temor de Xicotenga: en este tiempo fuimos con Cortés á un pueblo junto
-á nuestro real, y lo que pasó diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXVIII.
-
-CÓMO ACORDAMOS DE IR Á UN PUEBLO QUE ESTABA CERCA DE NUESTRO REAL, Y LO
-QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Y como habia dos dias que estábamos sin hacer cosa que de contar sea,
-fué acordado, y aun aconsejamos á Cortés, que un pueblo que estaba obra
-de una legua de nuestro real, que le habiamos enviado á llamar de paz y
-no venia, que fuésemos una noche y diésemos sobre él, no para hacelles
-mal, digo matalles ni herilles ni traelles presos, mas de traer comida
-y atemorizalles ó hablalles de paz, segun viésemos lo que ellos hacian;
-y llámase este pueblo Zumpacingo, y era cabecera de muchos pueblos
-chicos, y era sujeto el pueblo donde estábamos allí donde teniamos
-nuestro real, que se dice Tecodcungapacingo, que todo alrededor estaba
-muy poblado de casas é pueblos; por manera que una noche al cuarto de
-la modorra madrugamos para ir á aquel pueblo con seis de á caballo de
-los mejores, y con los más sanos soldados y con diez ballesteros y ocho
-escopeteros, y Cortés por nuestro capitan, puesto que tenia calenturas
-ó tercianas; dejamos el mejor recaudo que pudimos en el real.
-
-Ántes que amaneciese con dos horas caminamos, y hacia un viento tan
-frio aquella mañana, que venia de la sierra nevada, que nos hacia
-temblar é tiritar, y bien lo sintieron los caballos que llevábamos,
-porque dos dellos se atorozonaron y estaban temblando; de lo cual
-nos pesó en gran manera, temiendo no muriesen, y Cortés mandó que se
-volviesen al real los caballeros dueños cuyos eran, á curar dellos; y
-como estaba cerca el pueblo, llegamos á él ántes que fuese de dia, y
-como nos sintieron los naturales dél, fuéronse huyendo de sus casas,
-dando voces unos á otros que se guardasen de los teules, que les íbamos
-á matar; que no se aguardaban padres á hijos; y como los vimos,
-hicimos alto en un patio hasta que fuera de dia, que no se les hizo
-daño ninguno; y como unos papas que estaban en unos cues, los mayores
-del pueblo y otros viejos principales vieron que estábamos allí sin les
-hacer enojo ninguno, vienen á Cortés y le dicen que les perdonen porque
-no han ido á nuestro real de paz ni llevar de comer cuando los enviamos
-á llamar, y la causa ha sido que el capitan Xicotenga, que está de
-allí muy cerca, se lo ha enviado á decir que no lo dén; y porque de
-aquel pueblo y otros muchos le bastecen su real, é que tiene consigo
-todos los hombres de guerra y de toda la tierra de Tlascala.
-
-Y Cortés les dijo con nuestras lenguas, doña Marina y Aguilar, que
-siempre iban con nosotros á cualquiera entrada que íbamos, y aunque
-fuese de noche, que no hubiesen miedo, y que luego fuesen á decir á sus
-caciques á la cabecera que vengan de paz, porque la guerra es mala para
-ellos; y envió á aquestos papas, porque de los otros mensajeros que
-habiamos enviado aún no teniamos respuesta ninguna sobre que enviaban á
-tratar las paces los caciques de Tlascala con los cuatro principales,
-que aún no habian venido; é aquellos papas de aquel pueblo buscaron
-de presto más de cuarenta gallinas é gallos, y dos indias para moler
-tortillas, y las trujeron, y Cortés se lo agradeció, y mandó luego le
-llevasen veinte indios de aquel pueblo á nuestro real, y sin temor
-ninguno fueron con el bastimento, y se estuvieron en el real hasta la
-tarde, y se les dió contezuelas, con que volvieron muy contentos á sus
-casas á todas aquellas caserías.
-
-Nuestros vecinos decian que éramos buenos, que no les enojábamos, y
-aquellos viejos y papas avisaron dello al capitan Xicotenga cómo habian
-dado la comida y las indias, y riñó mucho con ellos, y fueron luego á
-la cabecera á hacello saber á los caciques viejos; y como supieron que
-no les haciamos mal ninguno, y aunque pudiéramos matalles aquella noche
-muchos de sus gentes, y les enviábamos á demandar paces, se holgaron y
-les mandaron que cada dia nos trujesen todo lo que hubiésemos menester,
-y tornaron otra vez á mandar á los cuatro principales, que otras
-veces les encargaron las paces, que luego en aquel instante fuesen á
-nuestro real y llevasen toda la comida y aparato que les mandaban; y
-así, nos volvimos luego á nuestro real con el bastimento é indias y
-muy contentos; é quedarse há aquí, y diré lo que pasó en el real entre
-tanto que habiamos ido á aquel pueblo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXIX.
-
-CÓMO DESPUES QUE VOLVIMOS CON CORTÉS DE CIMPACINGO, HALLAMOS EN NUESTRO
-REAL CIERTAS PLÁTICAS, Y LO QUE CORTÉS RESPONDIÓ Á ELLAS.
-
-
-Vueltos de Cimpacingo, que así se dice, con bastimentos y muy contentos
-en dejallos de paz, hallamos en el Real corrillo y pláticas sobre
-los grandísimos peligros en que cada dia estábamos en aquella guerra,
-y cuando llegamos avivaron más las pláticas; y los que más en ello
-hablaban é insistian, eran los que en la isla de Cuba dejaban sus casas
-y repartimientos de indios, y juntáronse hasta siete dellos, que aquí
-no quiero nombrar por su honor, y fueron al rancho y aposento de Cortés.
-
-Y uno dellos, que habló por todos, que tenia buena expresiva, y aun
-tenia bien en la memoria lo que habia de proponer, dijo como á manera
-de aconsejarle á Cortés, que mirase cuál andábamos malamente heridos y
-flacos y corridos, y los grandes trabajos que teniamos, así de noche
-con velas y con espías, y rondas y corredores del campo, como de dia é
-de noche peleando; y que por la cuenta que han echado, que desde que
-salimos de Cuba que faltaban ya sobre cincuenta y cinco compañeros,
-y que no sabemos de los de la Villa-Rica que dejamos poblados; é que
-pues Dios nos habia dado vitoria en las batallas y rencuentros que
-desde que venimos en aquella provincia habiamos habido, y con su gran
-misericordia nos sustenia, que no le debiamos tentar tantas veces; é
-que no quiera ser peor que Pedro Carbonero, que nos habia metido en
-parte que no se esperaba; si no, que un dia ó otro habiamos de ser
-sacrificados á los ídolos; lo cual plega Dios tal no permita; é que
-seria bueno volver á nuestra villa, y que en la fortaleza que hicimos,
-y entre los pueblos de los totonaques, nuestros amigos, nos estariamos
-hasta que hiciésemos un navío que fuese á dar mandado á Diego Velazquez
-y á otras partes é islas para que nos enviasen socorro é ayudas.
-
-É que ahora fueran buenos los navíos que dimos con todos al través, ó
-que se quedaran siquiera dos dellos para la necesidad si ocurriese, y
-que sin dalles parte dello ni de cosa ninguna, por consejo de quien no
-sabe considerar las cosas de fortuna, mandó dar con todos al través;
-y que plegue á Dios que él y los que tal consejo le dieron no se
-arrepientan dello; y que ya no podiamos sufrir la carga, cuanto más
-muchas sobrecargas, y que andábamos peores que bestias; porque á las
-bestias que han hecho sus jornadas las quitan las albardas y les dan
-de comer y reposan, y que nosotros de dia y de noche siempre andamos
-cargados de armas y calzados; y más le dijeron, que mirase en todas las
-historias, así de romanos como las de Alejandro ni de otros capitanes
-de los muy nombrados que en el mundo ha habido, no se atrevieron á dar
-con los navíos al través, y con tan poca gente meterse en tan grandes
-poblaciones y de muchos guerreros, como él ha hecho, y que parece que
-es autor de su muerte y de la de todos nosotros.
-
-É que quiera conservar su vida y las nuestras, y que luego nos
-volviésemos á la Villa-Rica, pues estaba de paz la tierra; y que no se
-lo habian dicho hasta entónces porque no han visto tiempo para ello,
-por los muchos guerreros que teniamos cada dia por delante y en los
-lados; y pues ya no tornaban de nuevo, los cuales creian que volverian,
-y pues Xicotenga con su gran poder no nos ha venido á buscar aquellos
-tres dias pasados, que debe estar allegando gente, y que no debiamos
-aguardar otra como las pasadas; y le dijeron otras cosas sobre el caso.
-
-É viendo Cortés que se lo decian algo como soberbios, puesto que iba
-á manera de consejo, le respondió muy mansamente, y dijo que bien
-conocido tenia muchas cosas de las que habian dicho, é que á lo que ha
-visto y tiene creido, que en el universo no hubiese otros españoles más
-fuertes ni que con tanto ánimo hayan peleado ni pasado tan excesivos
-trabajos como nosotros; é que andar con las armas á cuestas á la
-continua, y velas, rondas y frios, que si así no lo hubiéramos hecho
-ya fuéramos perdidos, y que por salvar nuestras vidas, que aquellos
-trabajos y otros mayores habiamos de tomar; é dijo:
-
-—«¿Para qué es, señores, contar en esto cosas de valentías, que
-verdaderamente nuestro Señor es servido ayudarnos? É que cuando se me
-acuerda vernos cercados de tantas capitanías de contrarios, y verles
-esgrimir sus montantes y andar tan junto de nosotros, ahora me pone
-grima, especial cuando nos mataron la yegua de una cuchillada, cuán
-perdidos y desbaratados estábamos, y entónces conocí vuestro muy
-grandísimo ánimo más que nunca; y pues Dios nos libró de tan gran
-peligro, que esperanza tenia en él que así habia de ser de allí
-adelante, pues en todos estos peligros no me conoceriades tener pereza,
-que en ellos me hallaba con vuestras mercedes.»
-
-Y tuvo razon de lo decir, porque ciertamente en todas las batallas se
-hallaba de los primeros.
-
-—«He querido, señores, traeros esto á la memoria, que pues nuestro
-Señor fué servido guardarnos, tengamos esperanza que así será de aquí
-adelante, pues desque entramos en la tierra, en todos los pueblos les
-predicamos la santa doctrina lo mejor que podemos, y les procuramos
-deshacer sus ídolos.
-
-»Y pues que ya viamos que el capitan Xicotenga ni sus capitanías
-no parecian, y que de miedo no debian de osar volver, porque les
-debiéramos de hacer mala obra en las batallas pasadas, y que no podria
-juntar sus gentes, habiendo sido ya desbaratado tres veces, y que por
-esta causa tenia confianza en Dios y en su abogado señor San Pedro,
-que era fenecida la guerra de aquella provincia; y ahora, como habeis
-visto, traen de comer los de Cimpacingo y quedan de paz, y estos
-nuestros vecinos que están por aquí poblados en sus casas; y que en
-cuanto dar con los navíos al través, fué muy bien aconsejado, y que
-si no llamó á alguno dellos al consejo, como á otros caballeros, fué
-por lo que sintió en el arenal, que no lo quisiera ahora traer á la
-memoria; y que el acuerdo y consejo que ahora le dan y el que entónces
-le dieron es todo de una manera y todo uno, y que miren que hay otros
-muchos caballeros en el real que serán muy contrarios de lo que ahora
-piden y aconsejan, y que encaminemos siempre todas las cosas á Dios, y
-seguillas en su santo servicio será mejor.
-
-»Y á lo que, señores, decis, que jamás capitanes romanos de los muy
-nombrados han acometido tan grandes hechos como nosotros, vuestras
-mercedes dicen verdad. É ahora en adelante, mediante Dios, dirán en las
-historias que desto harán memoria, mucho más que de los antepasados;
-pues, como he dicho, todas nuestras cosas en servicio de Dios y
-nuestro gran Emperador don Cárlos, y aun debajo de su recta justicia y
-cristiandad, serán ayudadas de la misericordia de Nuestro Señor, y nos
-sosterná que vamos de bien en mejor.
-
-»Así que, señores, no es cosa bien acertada volver un paso atrás; que
-si nos viesen volver estas gentes y los que dejamos atrás de paz, las
-piedras se levantarian contra nosotros; y como ahora nos tienen por
-dioses y ídolos, que así nos llaman, nos juzgarian por muy cobardes y
-de pocas fuerzas.
-
-»Y á lo que decis de estar entre los amigos totonaques, nuestros
-aliados, si nos viesen que damos vuelta sin ir á Méjico se levantarian
-contra nosotros, y la causa dello seria que, como les quitamos que no
-diesen tributo á Montezuma, enviaria sus poderes mejicanos contra ellos
-para que los tornasen á tributar y sobre ello dalles guerra, y aun les
-mandaria que nos la dén á nosotros; y ellos, por no ser destruidos,
-porque les temen en gran manera, lo pornian por la obra; así que,
-donde pensábamos tener amigos, serian enemigos; pues desque lo supiese
-el gran Montezuma que nos habiamos vuelto, ¿qué diria? ¿En qué ternia
-nuestras palabras ni lo que le enviamos á decir? Que todo era cosa de
-burla ó juego de niños.
-
-»Así que, señores, mal allá y peor acullá, más vale que estemos aquí
-donde estamos, que es bien llano y todo bien poblado, y este nuestro
-real bien bastecido: unas veces gallinas, otras perros, gracias á Dios
-no falta de comer, si tuviésemos sal, que es la mayor falta que al
-presente tenemos, y ropa para guarecernos del frio.
-
-»Y á lo que decis, señores, que se han muerto desde que salimos de la
-isla de Cuba cincuenta y cinco soldados de heridas, hambres, frios,
-dolencias y trabajos, é que somos pocos, é todos heridos y dolientes,
-Dios nos da esfuerzo por muchos; porque vista cosa es que las guerras
-gastan hombres y caballos, y que unas veces comemos bien, y no venimos
-al presente para descansar, sino para pelear cuando se ofreciere; por
-tanto os pido, señores, por merced, que pues sois caballeros y personas
-que ántes habíades esforzar á quien viésedes mostrar flaqueza, que de
-aquí adelante se os quite del pensamiento la isla de Cuba y lo que allá
-dejais, y procuremos de hacer lo que siempre habeis hecho como buenos
-soldados; que despues de Dios, que es nuestro socorro é ayuda, han de
-ser nuestros valerosos brazos.»
-
-Y como Cortés hubo dado esta respuesta, volvieron aquellos soldados
-á repetir en la plática, y dijeron que todo lo que decia estaba bien
-dicho; mas que cuando salimos de la villa que dejábamos poblada,
-nuestro intento era, y ahora lo es, de ir á Méjico, pues hay tan gran
-fama de tan fuerte ciudad y tan multitud de guerreros, y que aquellos
-tlascaltecas decian que los de Cempoal eran pacíficos, y no habia fama
-dellos, como de los de Méjico; y habemos estado tan á riesgo nuestras
-vidas, que si otro dia nos dieran otra batalla como alguna de las
-pasadas, ya no nos podiamos tener de cansados, ya que no nos diesen
-más guerras; que la ida de Méjico les parecia muy terrible cosa, y que
-mirase lo que decia y ordenaba.
-
-Y Cortés respondió, medio enojado, que valía más morir por buenos, como
-dicen los cantares, que vivir deshonrados; y demás desto que Cortés les
-dijo, todos los más soldados que le fuimos en alzar capitan y dimos
-consejo sobre dar al través con los navíos, dijimos en alta voz que
-no curase de corrillos ni de oir semejantes pláticas, sino que con el
-ayuda de Dios con buen concierto estemos apercebidos para hacer lo que
-convenga, y así cesaron todas las pláticas; verdad es que murmuraban de
-Cortés é le maldecian, y aun de nosotros, que le aconsejábamos, y de
-los de Cempoal, que por tal camino nos trujeron, y decian otras cosas
-no bien dichas; mas en tales tiempos se disimulaban.
-
-En fin, todos obedecieron muy bien.
-
-Y dejaré de hablar en esto, y diré cómo los caciques viejos de la
-cabecera de Tlascala enviaron otra vez mensajeros de nuevo á su capitan
-general Xicotenga, que en todo caso no nos dé guerra, y que vaya de paz
-luego á nos ver y llevar de comer, porque así está ordenado por todos
-los caciques y principales de aquella tierra y de Guaxocingo; y tambien
-enviaron á mandar á los capitanes que tenia en su compañía que si no
-fuese para tratar paces, que en cosa ninguna le obedeciesen; y esto le
-tornaron á enviar á decir tres veces, porque sabian cierto que no les
-queria obedecer, y tenia determinado el Xicotenga que una noche habia
-de dar otra vez en nuestro real, porque para ello tenia juntos veinte
-mil hombres; y como era soberbio y muy porfiado, así ahora como las
-otras veces no quiso obedecer.
-
-Y lo que sobre ello hizo diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXX.
-
-CÓMO EL CAPITAN XICOTENGA TENIA APERCEBIDOS VEINTE MIL HOMBRES
-ESCOGIDOS, PARA DAR EN NUESTRO REAL, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Como Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, y todos los más caciques de la
-cabecera de Tlascala enviaron cuatro veces á decir á su capitan que no
-nos diese guerra, sino que nos fuese á hablar de paz, pues estaba cerca
-de nuestro real, y mandaron á los demás capitanes que con él estaban
-que no le siguiesen si no fuese para acompañarle si nos iba á ver de
-paz; como el Xicotenga era de mala condicion, porfiado y soberbio,
-acordó de nos enviar cuarenta indios con comida de gallinas, pan y
-fruta, y cuatro mujeres indias viejas y de ruin manera, y mucho copal
-y plumas de papagayos, y los indios que lo traian al parecer creimos
-que venian de paz; y llegados á nuestro real, zahumaron á Cortés, y sin
-hacer acato, como suelen entre ellos, dijeron:
-
-—«Esto os envia el capitan Xicotenga, que comais si sois teules, como
-dicen los de Cempoal; é si quereis sacrificios, tomá esas cuatro
-mujeres que sacrifiqueis, y podeis comer de sus carnes y corazones;
-y porque no sabemos de qué manera lo haceis, por eso no las hemos
-sacrificado ahora delante de vosotros; y si sois hombres, comed de las
-gallinas, pan y fruta; y si sois teules mansos, aquí os traemos copal
-(que ya he dicho que es como incienso) y plumas de papagayos; haced
-vuestro sacrificio con ello.»
-
-Y Cortés respondió con nuestras lenguas que ya les habia enviado á
-decir que quieren paz y que no venia á dar guerra, y les venian á rogar
-y manifestar de parte de nuestro Señor Jesucristo, que es él en quien
-creemos y adoramos, y el Emperador don Cárlos (cuyos vasallos somos),
-que no maten ni sacrifiquen á ninguna persona, como lo suelen hacer;
-y que todos nosotros somos hombres de hueso y de carne como ellos,
-y no teules, sino cristianos, y que no tenemos costumbre de matar á
-ningunos; que si matar quisiéramos, que todas las veces que nos dieron
-guerra de dia y de noche habia en ellos hartos en que pudiéramos hacer
-crueldades, y que por aquella comida que allí traen se lo agradece, y
-que no sean más locos de lo que han sido, y vengan de paz.
-
-Y parece ser aquellos indios que envió el Xicotenga con la comida,
-eran espías para mirar nuestras chozas y entradas y salidas, y todo
-lo que en nuestro real habia, y ranchos y caballos y artillería, y
-cuántos estábamos en cada choza; y estuvieron aquel dia y la noche, y
-se iban unos con mensajes á su Xicotenga y venian otros; y los amigos
-que traiamos de Cempoal miraron y cayeron en ello, que no era cosa
-acostumbrada estar de dia ni de noche nuestros enemigos en el real
-sin propósito ninguno, y que cierto eran espías, y tomaron dellos más
-sospecha porque cuando fuimos á lo del pueblezuelo Cimpacingo, dijeron
-dos viejos de aquel pueblo á los de Cempoal, que estaba apercibido
-Xicotenga con muchos guerreros para dar en nuestro real de noche de
-manera que no fuesen sentidos, y los de Cempoal entónces tuviéronlo por
-burla y cosa de fieros, y por no sabello muy de cierto no se lo habian
-dicho á Cortés; y súpolo luego doña Marina, y ella lo dijo á Cortés;
-y para saber la verdad mandó Cortés apartar dos de los tlascaltecas
-que parecian más hombres de bien, y confesaron que eran espías de
-Xicotenga, y todo á la fin que venian; y Cortés les mandó soltar, y
-tomamos otros dos, y ni más ni ménos confesaron que eran espías; y
-tomáronse otros dos ni más ni ménos, y más dijeron, que estaba su
-capitan Xicotenga aguardando la respuesta para dar aquella noche con
-todas sus capitanías en nosotros; y como Cortés lo hubo entendido, lo
-hizo saber en todo el real para que estuviésemos muy alerta, creyendo
-que habia de venir, como lo tenian concertado.
-
-Y luego mandó prender hasta diez y siete indios de aquellos espías, y
-dellos se le cortaron las manos y á otros los dedos pulgares, y los
-enviamos á su capitan Xicotenga, y se les dijo que por el atrevimiento
-de venir de aquella manera se les ha hecho ahora aquel castigo, é digan
-que venga cuando quisiere, de dia ó de noche; que allí le aguardariamos
-dos dias, y que si dentro de los dos dias no viniese, que lo iriamos á
-buscar á su real; y que ya hubiéramos ido á les dar guerra y matalles,
-sino porque los queremos mucho, y que no sean más locos, y vengan de
-paz; y como fueron aquellos indios de las manos cortadas y dedos, en
-aquel instante dicen que ya Xicotenga queria salir de su real con
-todos sus poderes para dar sobre nosotros de noche, como lo tenian
-concertado; y como vió ir á sus espías de aquella manera, se maravilló
-y preguntó la causa dello, y le contaron todo lo acaecido, y desde
-entónces perdió el brio y soberbia; y demás desto, ya se le habia
-ido del real una capitanía con toda su gente, con quien habia tenido
-contienda y bandos en las batallas pasadas.
-
-Dejemos esto aquí, é pasemos adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXI.
-
-CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL LOS CUATRO PRINCIPALES QUE HABIAN ENVIADO
-Á TRATAR PACES, Y EL RAZONAMIENTO QUE HICIERON, Y LO QUE MÁS PASÓ.
-
-
-Estando en nuestro real sin saber que habian de venir de paz, puesto
-que la deseábamos en gran manera, y estábamos entendiendo en aderezar
-armas y en hacer saetas, y cada uno en lo que habia menester para en
-cosas de la guerra; en este instante vino uno de nuestros corredores
-del campo á gran priesa, y dijo que por el camino principal de Tlascala
-vienen muchos indios é indias con cargas, y que sin torcer por el
-camino, vienen hácia nuestro real, é que el otro su compañero de á
-caballo, corredor del campo, está atalayando para ver á qué parte van;
-y estando en esto llegó el otro su compañero de á caballo, y dijo que
-muy cerca de allí venian derechos donde estábamos, y que de rato en
-rato hacian paradillas; y Cortés y todos nosotros nos alegramos con
-aquellas nuevas, porque creimos cierto ser de paz, como lo fué, y mandó
-Cortés que no se hiciese alboroto ni sentimiento, y que disimulados nos
-estuviésemos en nuestras chozas.
-
-Y luego, de todas aquellas gentes que venian con las cargas se
-adelantaron cuatro principales que traian cargo de entender en las
-paces, como les fué mandado por los caciques viejos; y haciendo señas
-de paz, que era bajar la cabeza, se vinieron derechos á la choza
-y aposento de Cortés, y pusieron la mano en el suelo y besaron la
-tierra, y hicieron tres reverencias y quemaron sus copales, y dijeron
-que todos los caciques de Tlascala y vasallos y aliados, y amigos y
-confederados suyos, se vienen á meter debajo de la amistad y paces
-de Cortés y de todos sus hermanos los teules que consigo estaban, y
-que los perdone porque no han salido de paz y por la guerra que nos
-han dado, porque creyeron y tuvieron por cierto que éramos amigos
-de Montezuma y sus mejicanos, los cuales son sus enemigos mortales
-de tiempos muy antiguos, porque vieron que venian con nosotros en
-nuestra compañía muchos de sus vasallos que le dan tributos; y que con
-engaño y traiciones les querian entrar en su tierra, como lo tenian
-de costumbre, para llevar robados sus hijos y mujeres, y que por esta
-causa no creian á los mensajeros que les enviábamos.
-
-Y demás desto dijeron que los primeros indios que nos salieron á dar
-guerra así como entramos en sus tierras, que no fué por su mandado y
-consejo, sino por los chontales estomíes, que son gentes como monteses
-y sin razon; y que como vieron que éramos tan pocos, que creyeron de
-tomarnos á manos y llevarnos presos á sus señores y ganar gracias con
-ello, y que ahora vienen á demandar perdon de su atrevimiento, y que
-cada dia traerán más bastimento del que allí traian, y que lo recibamos
-con el amor que lo envian, y que de allí á dos dias vendrá el capitan
-Xicotenga con otros caciques, y dará más relacion de la buena voluntad
-que toda Tlascala tiene de nuestra buena amistad.
-
-Y luego que hubieron acabado su razonamiento bajaron sus cabezas y
-pusieron las manos en el suelo y besaron la tierra; y luego Cortés les
-habló con nuestras lenguas con gravedad é hizo del enojado, é dijo que,
-puesto que habia causas para no los oir ni tener amistad con ellos,
-porque desde que entramos por su tierra les enviamos á demandar paces y
-les envió á decir que los queria favorecer contra sus enemigos los de
-Méjico, é no lo quisieron creer y querian matar nuestros embajadores, y
-no contentos con aquello, nos dieron guerra tres veces, y de noche, y
-que tenian espías y asechanzas sobre nosotros, y en las guerras que nos
-daban les pudiéramos matar muchos de sus vasallos; y no quise, y que
-los que murieron me pesa por ello, que ellos dieron causa á ello, y
-que tenian determinado de ir adonde están los caciques viejos á dalles
-guerra; que pues ahora vienen de paz de parte de aquella provincia,
-que él los recibe en nombre de nuestro Rey y señor, y les agradece el
-bastimento que traen; y les mandó que luego fuesen á sus señores á les
-decir vengan ó envien á tratar las paces con más certificacion; y si
-no vienen, que iriamos á su pueblo á les dar guerra; y les mandó dar
-cuentas azules para que diesen á los caciques en señal de paz; y se
-les amonestó que cuando viniesen á nuestro real fuese de dia, y no de
-noche, porque los matariamos.
-
-Y luego se fueron aquellos cuatro principales mensajeros, y dejaron
-en unas casas de indios algo apartadas de nuestro real las indias que
-traian para hacer pan, y gallinas y todo servicio, y veinte indios que
-les traigan agua y leña, y desde allí adelante los traian muy bien de
-comer; y cuando aquello vimos, y nos pareció que eran verdaderas las
-paces, dimos muchas gracias á Dios por ello, y vinieron en tiempo que
-ya estábamos tan flacos y trabajados y descontentos con las guerras,
-sin saber el fin que habria dellas, cual se puede colegir.
-
-Y en los capítulos pasados dice el coronista Gómora que Cortés se subió
-en unas peñas, y que vió al pueblo de Cimpacingo; digo que estaba junto
-á nuestro real, que harto ciego era el soldado que lo queria ver y no
-lo veria muy claro.
-
-Tambien dice que se le querian amotinar y rebelar los soldados, é dice
-otras cosas que yo no las quiero escribir, porque es gastar palabras,
-porque dice que lo sabe por informacion.
-
-Digo que capitan nunca fué tan obedecido en el mundo, segun adelante
-lo verán; que tal por pensamiento no pasó á ningun soldado desde
-que entramos en tierra adentro, sino fué cuando lo de los arenales,
-y las palabras que le decian en el capítulo pasado era por via de
-aconsejarle y porque les parecia que eran bien dichas, y no por otra
-via, porque siempre le siguieron muy bien y lealmente; y no es mucho
-que en los ejércitos algunos buenos soldados aconsejen á su capitan, y
-más si se ven tan trabajados como nosotros andábamos; y quien viere su
-historia lo que dice, creerá que es verdad, segun lo refiere con tanta
-elocuencia, siendo muy contrario de lo que pasó.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré lo que más adelante nos avino con unos
-mensajeros que envió el gran Montezuma.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXII.
-
-CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL EMBAJADORES DE MONTEZUMA, GRAN SEÑOR DE
-MÉJICO, Y DEL PRESENTE QUE TRAJERON.
-
-
-Como nuestro Señor Dios, por su gran misericordia, fué servido darnos
-vitoria de aquellas batallas de Tlascala, voló nuestra fama por todas
-aquellas comarcas, y fué á oidos del gran Montezuma á la gran ciudad
-de Méjico, y si ántes nos tenian por teules, que son como sus ídolos,
-de allí adelante nos tenian en muy mayor reputacion y por fuertes
-guerreros, y puso espanto en toda la tierra cómo, siendo nosotros tan
-pocos y los tlascaltecas de muy grandes poderes, los vencimos, y ahora
-enviarnos á demandar paz.
-
-Por manera que Montezuma, gran señor de Méjico, de muy bueno que era,
-ó temió nuestra ida á su ciudad, despachó cinco principales hombres de
-mucha cuenta á Tlascala y á nuestro real para darnos el bien venido, y
-á decir que se habia holgado mucho de nuestra gran vitoria que hubimos
-contra tantos escuadrones de guerreros, y envió un presente, obra de
-mil pesos de oro, en joyas muy ricas y de muchas maneras labradas, y
-veinte cargas de ropa fina de algodon, y envió á decir que queria ser
-vasallo de nuestro gran Emperador, y que se holgaba porque estábamos
-ya cerca de su ciudad, por la buena voluntad que tenia á Cortés y
-á todos los teules sus hermanos que con él estábamos, que así nos
-llamaba, y que viese cuánto queria de tributo cada año para nuestro
-gran Emperador, que lo dará en oro, plata y joyas y ropa, con tal que
-no fuésemos á Méjico; y esto que no lo hacia porque no fuésemos, que
-de muy buena voluntad nos acogiera, sino por ser la tierra estéril y
-fragosa, y que le pesaria de nuestro trabajo si nos lo viese pasar, é
-que por ventura que no lo podria remediar tan bien como querria.
-
-Cortés le respondió y dijo que le tenia en merced la voluntad que
-mostraba y el presente que envió, y el ofrecimiento de dar á su
-majestad el tributo que decia; y luego rogó á los mensajeros que no se
-fuesen hasta ir á la cabecera de Tlascala, y que allí los despacharia,
-porque viese en lo que paraba aquello de la guerra; y no les quiso dar
-luego la respuesta porque estaba purgado del dia ántes, y purgóse con
-unas manzanillas que hay en la isla de Cuba, y son muy buenas para
-quien sabe cómo se han de tomar.
-
-Dejaré esta materia, y diré lo que más en nuestro real pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXIII.
-
-CÓMO VINO XICOTENGA CAPITAN GENERAL DE TLASCALA, Á ENTENDER EN LAS
-PACES, Y LO QUE DIJO, Y LO QUE NOS AVINO.
-
-
-Estando platicando Cortés con los embajadores de Montezuma, como dicho
-habemos, y queria reposar porque estaba malo de calenturas y purgado
-de otro dia ántes, viénenle á decir que venia el capitan Xicotenga
-con muchos caciques y capitanes, y que traen cubiertas mantas blancas
-y coloradas, digo la mitad de las mantas blancas y la otra mitad
-coloradas, que era su divisa y librea, y muy de paz, y traia consigo
-hasta cincuenta hombres principales que le acompañaban; y llegado al
-aposento de Cortés, le hizo muy grande acato en sus reverencias, como
-entre ellos se usa, y mandó quemar mucho copal, y Cortés con gran amor
-le mandó sentar cabe sí; y dijo el Xicotenga que él venia de parte de
-su padre y de Masse-Escaci, y de todos los caciques y República de
-Tlascala, á rogarle que los admitiese á nuestra amistad; y que venia á
-dar la obediencia á nuestro Rey y señor, y á demandar perdon por haber
-tomado armas y habernos dado guerra; y que si lo hicieron, que fué
-por no saber quién éramos, porque tuvieron por cierto que veniamos de
-la parte de su enemigo Montezuma, que como muchas veces suelen tener
-astucias y mañas para entrar en sus tierras y roballes y saquealles,
-que así creyeron que lo queria hacer ahora; y que por esta causa
-procuraron de defender sus personas y pátria, y fué forzado pelear; y
-que ellos eran muy pobres, que no alcanzan oro ni plata, ni piedras
-ricas, ni ropa de algodon, ni aun sal para comer, porque Montezuma no
-les da lugar á ello para salir á buscallo; y que si sus antepasados
-tenian algun oro ó piedras de valor, que al Montezuma se le habian dado
-cuando algunas veces hacian paces ó tréguas porque no los destruyesen,
-y esto en los tiempos muy atrás pasados; y porque al presente no
-tienen qué dar, que los perdone, que su pobreza era causa dello,
-y no la buena voluntad.
-
-Y dió muchas quejas de Montezuma y de sus aliados, que todos eran
-contra ellos y les daban guerra, puesto que se habian defendido muy
-bien; y que ahora quisiera hacer lo mismo contra nosotros, y no
-pudieron, aunque se habian juntado tres veces con todos sus guerreros,
-y que éramos invencibles; y que como conocieron esto de nuestras
-personas, que quieren ser nuestros amigos y vasallos del gran señor
-Emperador D. Cárlos, porque tienen por cierto que con nuestra compañía
-serian siempre guardadas y amparadas sus personas, mujeres é hijos, y
-no estarán siempre con sobresalto de los traidores mejicanos; y dijo
-otras muchas palabras de ofrecimientos con sus personas y ciudad.
-
-Era este Xicotenga alto de cuerpo y de grande espalda y bien hecho, y
-la cara tenia larga y como hoyosa y robusta, y era de hasta treinta y
-cinco años, y en el parecer mostraba en su persona gravedad; y Cortés
-les dió las gracias muy cumplidas con halagos que le mostró, y dijo
-que él los recibia por tales vasallos de nuestro Rey y señor y amigos
-nuestros; y luego dijo el Xicotenga que nos rogaba fuésemos á su
-ciudad, porque estaban todos los caciques viejos y papas aguardándonos
-con mucho regocijo; y Cortés le respondió que él iria presto, y que
-luego fuera, sino porque estaba entendiendo en negocios del gran
-Montezuma, y como despache aquellos mensajeros, que él será allá; y
-tornó Cortés á decir algo más áspero y con gravedad de las guerras
-que nos habian dado de dia y de noche; é que pues ya no puede haber
-enmienda en ello, que se lo perdona, y que miren que las paces que
-ahora les damos que sean firmes y no haya mudamiento, porque si otra
-cosa hacen, que los matará y destruirá á su ciudad, y que no aguardasen
-otras palabras de paces, sino de guerra.
-
-Y como aquello oyó el Xicotenga y todos los principales que con él
-venian, respondieron á una que serian firmes y verdaderas, y que para
-ello quedaban todos en rehenes; y pasaron otras pláticas de Cortés á
-Xicotenga y de todos los más principales, y se les dieron unas cuentas
-verdes y azules para su padre y para él y los más caciques y les mandó
-que dijesen que iria presto á su ciudad.
-
-En todas estas pláticas y ofrecimientos que he dicho estaban presentes
-los embajadores mejicanos, de lo cual les pesó en gran manera de las
-paces, porque bien entendieron que por ellas no les habia de venir bien
-ninguno.
-
-Y desque se hubo despedido el Xicotenga, dijeron á Cortés los
-embajadores de Montezuma, medio riendo, que si creia algo de aquellos
-ofrecimientos é paces que habian hecho de parte de toda Tlascala,
-que todo era burla y que no los creyesen, que eran palabras muy de
-traidores y engañosas; que lo hacian para que desque nos tuviesen en
-su ciudad en parte donde nos pudiesen tomar á su salvo darnos guerra
-y matarnos; y que tuviésemos en la memoria cuántas veces nos habian
-venido con todos sus poderes á matar, y como no pudieron, y fueron
-dellos muchos muertos y otros heridos, que se querian ahora vengar con
-demandas y paz fingida.
-
-Y Cortés respondió con semblante muy esforzado, y dijo que no se le
-daba nada porque tuviesen tal pensamiento como decian; é ya que todo
-fuese verdad, que él se holgaria dello para castigalles con quitalles
-las vidas, y que eso se le da que dén guerra de dia que de noche, ni
-que sea en el campo que en la ciudad; que en tanto tenia lo uno como lo
-otro; y para si es verdad, que por esta causa determina de ir allá.
-
-Y viendo aquellos embajadores su determinacion, rogáronle que
-aguardásemos allí en nuestro real seis dias, porque querian enviar dos
-de sus compañeros á su señor Montezuma, y que vendrian dentro de los
-seis dias con respuesta; y Cortés se lo prometió, lo uno porque, como
-he dicho, estaba con calenturas, y lo otro, como aquellos embajadores
-le dijeron aquellas palabras, puesto que hizo semblante no hacer
-caso dellas, miró que si por ventura serian verdad, hasta ver más
-certidumbre en las paces, porque eran tales, que habia que pensar en
-ellas; y como en aquella sazon vió que habia venido de paz, y en todo
-el camino por donde venimos de nuestra villa rica de la Veracruz eran
-los pueblos nuestros amigos y confederados, escribió Cortés á Juan
-de Escalante, que ya he dicho que quedó en la villa para acabar de
-hacer la fortaleza y por capitan de obra de sesenta soldados viejos
-y dolientes que allí quedaron; en las cuales cartas les hizo saber
-las grandes mercedes que nuestro Señor Jesucristo nos ha hecho en las
-batallas que hubimos en las vitorias y encuentros desde que entramos en
-la provincia de Tlascala, donde ahora han venido de paz, y que todos
-diesen gracias á Dios por ello; y que mirasen que siempre favoreciesen
-á los pueblos totonaques, nuestros amigos, y que le enviase luego
-en posta dos botijas de vino que habian dejado soterradas en cierta
-parte señalada de su aposento, y asimismo trujesen hostias de las que
-habiamos traido de la isla de Cuba, porque las que trujimos de aquella
-entrada ya se habian acabado.
-
-En las cuales cartas dice que hubieron mucho placer en la villa, y
-escribió el Escalante lo que allí habia sucedido, y todo vino muy
-presto; y en aquellos dias en nuestro real pusimos una cruz muy
-suntuosa y alta, y mandó Cortés á los indios de Cimpacingo y á los
-de las casas que estaban junto de nuestro real que encalasen un cu y
-estuviese bien aderezado.
-
-Dejemos de escribir desto, y volvamos á nuestros nuevos amigos los
-caciques de Tlascala, que como vieron que no íbamos á su pueblo, ellos
-venian á nuestro Real con gallinas y tunas, que era el tiempo dellas,
-y cada dia traian el bastimento que tenian en su casa, y con buena
-voluntad nos lo daban, sin que quisiesen tomar por ello cosa ninguna
-aunque se lo dábamos, y siempre rogando á Cortés que se fuese luego
-con ellos á su ciudad; y como estábamos aguardando á los mejicanos
-los seis dias, como les prometió, con palabras blandas les detenia;
-y luego, cumplido el plazo que habian dicho, vinieron de Méjico seis
-principales, hombres de mucha estima, y trujeron un rico presente que
-envió el gran Montezuma, que fueron más de tres mil pesos de oro en
-ricas joyas de diversas maneras, y ducientas piezas de ropa de mantas
-muy ricas de pluma y de otras labores, y dijeron á Cortés cuando
-lo presentaron, que su señor Montezuma se huelga de nuestra buena
-andanza, y que le ruega muy ahincadamente que ni en bueno ni malo no
-fuese con los de Tlascala á su pueblo ni se confiase dellos, que lo
-querian llevar allá para roballe oro y ropa, porque son muy pobres,
-que una manta buena de algodon no alcanzan; é que por saber que el
-Montezuma nos tiene por amigos y nos envia aquel oro y joyas y mantas,
-lo procurarán de robar muy mejor; y Cortés recibió con alegría aquel
-presente, y dijo que se lo tenia en merced y que él lo pagaria al señor
-Montezuma en buenas obras; y que si se sintiese que los tlascaltecas
-les pasase por el pensamiento lo que Montezuma les enviaba á avisar,
-que se lo pagaria con quitalles á todos las vidas, y que él sabe muy
-cierto que no harán villanía ninguna, y que todavía quiere ir á ver lo
-que hacen.
-
-Y estando en estas razones vienen otros muchos mensajeros de Tlascala
-á decir á Cortés cómo vienen cerca de allí todos los caciques viejos
-de la cabecera de toda la provincia á nuestros ranchos y chozas á ver
-á Cortés y á todos nosotros para llevarnos á su ciudad; y como Cortés
-lo supo, rogó á los embajadores mejicanos que aguardasen tres dias
-por los despachos para su señor, porque tenia al presente que hablar
-y despachar sobre la guerra pasada é paces que ahora tratan; y ellos
-dijeron que aguardarian.
-
-Y lo que los caciques viejos dijeron á Cortés se dirá adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXIV.
-
-CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL LOS CACIQUES VIEJOS DE TLASCALA Á ROGAR Á
-CORTÉS Y Á TODOS NOSOTROS QUE LUEGO NOS FUÉSEMOS CON ELLOS Á SU CIUDAD,
-Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Como los caciques viejos de toda Tlascala vieron que no íbamos á
-su ciudad, acordaron de venir en andas, y otros en chamacas é á
-cuestas, y otros á pié, los cuales eran los por mí ya nombrados, que
-se decian Masse-Escaci, Xicotenga el viejo é ciego, é Guaxolacima,
-Chichimeclatecle, Tecapaneca, de Topeyanco; los cuales llegaron á
-nuestro real con otra gran compañía de principales, y con gran acato
-hicieron á Cortés y á todos nosotros tres reverencias, y quemaron copal
-y tocaron las manos en el suelo y besaron la tierra; y el Xicotenga el
-viejo comenzó de hablar á Cortés desta manera, y díjole:
-
-—«Malinche, Malinche, muchas veces te hemos enviado á rogar que nos
-perdones porque salimos de guerra, é ya te enviamos á dar nuestro
-descargo, que fué por defendernos del malo de Montezuma y sus grandes
-poderes, porque creiamos que érades de su bando y confederados; y
-si supiéramos lo que ahora sabemos, no digo yo saliros á recibir á
-los caminos con muchos bastimentos, sino tenéroslos barridos, y aun
-fuéramos por vosotros á la mar donde teniades vuestros acales (que
-son navíos); y pues ya nos habeis perdonado, lo que ahora os venimos
-á rogar yo y todos estos caciques es, que vais luego con nosotros á
-nuestra ciudad, y allí os daremos de lo que tuviéremos, é os serviremos
-con nuestras personas y hacienda; y mirá, Malinche, no hagas otra cosa,
-sino luego nos vamos; y porque tememos que por ventura te habrán dicho
-esos mejicanos algunas cosas de falsedades y mentiras de las que suelen
-decir de nosotros, no los creas ni los oigas; que en todo son falsos,
-y tenemos entendido que por causa dellos no has querido ir á nuestra
-ciudad.»
-
-Y Cortés respondió con alegre semblante, y dijo que bien sabia,
-desde muchos años ántes que á estas sus tierras viniésemos, cómo eran
-buenos, y que deso se maravilló cuando nos salieron de guerra, y que
-los mejicanos que allí estaban aguardaban respuestas para su señor
-Montezuma; é á lo que decian que fuésemos luego á su ciudad, y por
-el bastimento que siempre traian é otros cumplimientos, que se lo
-agradecia mucho y lo pagaria en buenas obras; é que ya se hubiera ido
-si tuviera quien nos llevase los tepuzques, que son las bombardas; y
-como oyeron aquella palabra sintieron tanto placer, que en los rostros
-se conoceria, y dijeron:
-
-—«Pues cómo, ¿por esto has estado y no lo has dicho?»
-
-Y en ménos de media hora traen sobre quinientos indios de carga, y
-otro dia muy de mañana comenzamos á marchar camino de la cabezera de
-Tlascala con mucho concierto, así de la artillería como de los caballos
-y escopetas y ballesteros, y todos los demás, segun lo teniamos de
-costumbre; y habia rogado Cortés á los mensajeros de Montezuma que se
-fuesen con nosotros para ver en qué paraba lo de Tlascala, y desde allí
-les despacharia, y que en su aposento estarian porque no recibiesen
-ningun deshonor; porque, segun dijeron, temíanse de los tlascaltecas.
-
-Ántes que más pase adelante quiero decir cómo en todos los pueblos por
-donde pasamos, ó en otros donde tenian noticia de nosotros, llamaban
-á Cortés Malinche; y así, le nombraré de aquí adelante Malinche en
-todas las pláticas que tuviéremos con cualesquier indios, así desta
-provincia como de la ciudad de Méjico, y no le nombraré Cortés sino
-en parte que convenga; y la causa de haberle puesto aqueste nombre es
-que, como doña Marina, nuestra lengua, estaba siempre en su compañía,
-especialmente cuando venian embajadores ó pláticas de caciques, y ella
-lo declaraba en lengua mejicana, por esta causa le llamaban á Cortés el
-capitan de marina, y para más breve le llamaron Malinche; y tambien se
-le quedó este nombre á un Juan Perez de Arteaga, vecino de la Puebla,
-por causa que siempre andaba con doña Marina y con Jerónimo de Aguilar
-deprendiendo la lengua, y á esta causa le llamaban Juan Perez Malinche,
-que renombre de Arteaga de obra de dos años á esta parte lo sabemos.
-
-He querido traer esto á la memoria, aunque no habia para qué, porque se
-entienda el nombre de Cortés de aquí adelante, que se dice Malinche; y
-tambien quiero decir que, como entramos en tierra de Tlascala, hasta
-que fuimos á su ciudad se pasaron veinte y cuatro dias, y entramos en
-ella á 23 de Setiembre de 1519 años; y vamos á otro capítulo, y diré lo
-que allí nos avino.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXV.
-
-CÓMO FUIMOS Á LA CIUDAD DE TLASCALA, Y LO QUE LOS CACIQUES VIEJOS
-HICIERON DE UN PRESENTE QUE NOS DIERON, Y CÓMO TRUJERON SUS HIJAS Y
-SOBRINAS, Y LO QUE MÁS PASÓ.
-
-
-Como los caciques vieron que comenzaba á ir nuestro fardaje camino de
-su ciudad, luego se fueron adelante para mandar que todo estuviese
-aparejado para nos recebir y para tener los aposentos muy enramados; é
-ya que llegábamos á un cuarto de legua de la ciudad, sálennos á recebir
-los mismos caciques que se habian adelantado, y traen consigo sus hijas
-y sobrinas y muchos principales, cada parentela y bando y parcialidad
-por sí; porque en Tlascala habia cuatro parcialidades, sin las de
-Tecapaneca, señor de Tepoyanco, que eran cinco; y tambien vinieron de
-todos los lugares sus sugetos, y traian sus libreas diferenciadas, que
-aunque eran de nequen, eran muy primas y de buenas labores y pinturas,
-porque algodon no lo alcanzaban.
-
-Y luego vinieron los papas de toda la provincia, que habia muchos por
-los grandes adoratorios que tenian; que ya he dicho que entre ellos
-se llama cues, que son donde tienen sus ídolos y sacrifican; y traian
-aquellos papas braseros con brasas, y con sus inciensos zahumando á
-todos nosotros, y traian vestidos algunos dellos ropas muy largas á
-manera de sobrepellices, y eran blancas y traian capillas en ellos,
-como que querian parecer á las que traen los canónigos, como ya lo
-tengo dicho, y los cabellos muy largos y enredados, que no se pueden
-desparcir si no se cortan, y llenos de sangre que les salian de las
-orejas, que en aquel dia se habian sacrificado; y abajaban las cabezas
-como á manera de humildad cuando nos vieron, y traian las uñas de los
-dedos de las manos muy largas; é oimos decir que aquellos papas tenian
-por religiosos y de buena vida, y junto á Cortés se allegaron muchos
-principales acompañándole; y como entramos en lo poblado no cabian
-por las calles y azuteas, de tantos indios é indias que nos salian á
-ver con rostros muy alegres, y trujeron obra de veinte piñas hechas
-de muchas rosas de la tierra, diferenciadas las colores y de buenos
-olores, y las dieron á Cortés y á los demás soldados que les parecian
-capitanes, especial á los de á caballo; y como llegamos á unos buenos
-patios adonde estaban los aposentos, tomaron luego por la mano á
-Cortés, Xicotenga el viejo y Masse-Escaci, y le meten en los aposentos,
-y allí tenian aparejado para cada uno de nosotros á su usanza unas
-camillas de esteras y mantas de nequen; y tambien se aposentaron los
-amigos que traiamos de Cempoal y de Cocotlan cerca de nosotros; y
-mandó Cortés que los mensajeros del gran Montezuma se aposentasen junto
-con su aposento.
-
-Y puesto que estábamos en tierra que viamos claramente que estaban
-de buenas voluntades y muy de paz, no nos descuidamos de estar muy
-apercebidos, segun teniamos de costumbre; y parece ser que nuestro
-capitan, á quien cabia el cuarto de poner corredores del campo y espías
-y velas, dijo á Cortés:
-
-—«Parece, señor, que están muy de paz, y no habemos menester tanta
-guarda ni estar tan recatados como solemos.»
-
-—«Mirar, señores, bien veo lo que decis; mas por la buena costumbre
-hemos de estar apercebidos, que aunque sean muy buenos, no habemos de
-creer en su paz, sino como si nos quisiesen dar guerra y los viésemos
-venir á encontrar con nosotros; que muchos capitanes por se confiar y
-descuidar fueron desbaratados, especialmente nosotros, como somos tan
-pocos, y habiéndonos enviado á avisar el gran Montezuma, puesto que sea
-fingido, y no verdad, hemos de estar muy alerta.»
-
-Dejemos de hablar de tantos cumplimientos é órden como teniamos en
-nuestras velas y guardas, y volvamos á decir cómo Xicotenga el viejo y
-Masse-Escaci, que eran grandes caciques, se enojaron mucho con Cortés,
-y le dijeron con nuestras lenguas:
-
-—«Malinche, ó tú nos tienes por enemigos ó no muestras obras en lo
-que te vemos hacer, que no tienes confianza de nuestras personas y en
-las paces que nos has dado y nosotros á tí; y esto te decimos porque
-vemos que así os velais y venis por los caminos apercebidos como cuando
-veníais á encontrar con nuestros escuadrones; y esto, Malinche, creemos
-que lo haces por las traiciones y maldades que los mejicanos te han
-dicho en secreto para que estés mal con nosotros: mira no los creas;
-que ya aquí estás y te daremos todo lo que quisieres, hasta nuestras
-personas y hijos, y moriremos por vosotros; por eso demanda en rehenes
-todo lo que quisieres y fuere tu voluntad.»
-
-Y Cortés y todos nosotros estábamos espantados de la gracia y amor
-con que lo decian; y Cortés les respondió con doña Marina que así lo
-tiene creido, é que no ha menester rehenes, sino ver sus muy buenas
-voluntades; y que en cuanto á venir apercebidos, que siempre lo
-teniamos de costumbre y que no lo tuviesen á mal; y por todos los
-ofrecimientos se lo tenia en merced y se lo pagaria el tiempo andando.
-
-Y pasadas estas pláticas, vienen otros principales con gran aparato de
-gallinas y pan de maíz y tunas, y otras cosas de legumbres que habia
-en la tierra, y bastecen el real muy cumplidamente, que en veinte dias
-que allí estuvimos todo lo hubo sobrado; y entramos en esta ciudad á 23
-dias del mes de Setiembre de 1519 años; é quedaráse aquí, y diré lo que
-más pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXVI.
-
-CÓMO SE DIJO MISA ESTANDO PRESENTES MUCHOS CACIQUES, Y DE UN PRESENTE
-QUE TRAJERON LOS CACIQUES VIEJOS.
-
-
-Otro dia de mañana mandó Cortés que se pusiese un altar para que se
-dijese Misa, porque ya teniamos vino é hostias; la cual Misa dijo el
-clérigo Juan Diaz, porque el padre de la Merced estaba con calenturas
-y muy flaco, y estando presente Masse-Escaci el viejo y Xicotenga y
-otros caciques; y acabada la Misa, Cortés se entró en su aposento, y
-con él parte de los soldados que le soliamos acompañar, y tambien los
-dos caciques viejos y nuestras lenguas, y díjole el Xicotenga que le
-querian traer un presente, y Cortés les mostraba mucho amor, y les
-dijo que cuando quisiesen; y luego tendieron unas esteras, y una manta
-encima, y trujeron seis ó siete pecezuelos de oro y piedras de poco
-valor, y ciertas cargas de ropa de nequen, que toda era muy pobre que
-no valía veinte pesos; y cuando lo daban, dijeron aquellos caciques
-riendo:
-
-—«Malinche, bien creemos que como es poco eso que te damos, no lo
-recebirás con buena voluntad; ya te hemos enviado á decir que somos
-pobres, é que no tenemos oro ni ningunas riquezas, y la causa dello es
-que esos traidores y malos de los mejicanos y Montezuma, que ahora es
-señor, nos lo han sacado todo cuando soliamos tener paces y tréguas,
-que les demandábamos porque no nos diesen guerra; y no mires que es
-poco valor, sino recíbelo con buena voluntad, como cosa de amigos y
-servidores que te seremos.»
-
-Y entónces tambien trujeron aparte mucho bastimento. Cortés lo recibió
-con alegría, y les dijo que en más tenia aquello por ser de su mano
-y con la voluntad que se lo daban, que si le trujeran otros una casa
-llena de oro en granos, y que así lo recibe, y les mostró mucho amor;
-y parece ser tenian concertado entre todos los caciques de darnos sus
-hijas y sobrinas, las más hermosas que tenian, que fuesen doncellas por
-casar; y dijo el viejo Xicotenga:
-
-—«Malinche, porque más claramente conozcais el bien que os queremos y
-deseamos en todo contentaros, nosotros os queremos dar nuestras hijas
-para que sean vuestras mujeres y hagais generacion, porque queremos
-teneros por hermanos, pues sois tan buenos y esforzados. Yo tengo una
-hija muy hermosa, é no ha sido casada, é quiérola para vos.»
-
-Y asimismo Masse-Escaci y todos los más caciques dijeron que traerian
-sus hijas y que las recibiésemos por mujeres, y dijeron otros muchos
-ofrecimientos, y en todo el dia no se quitaban, así el Masse-Escaci
-como el Xicotenga, de cabe Cortés; y como era ciego, de viejo, el
-Xicotenga, con la mano atentaba á Cortés en la cabeza y en las barbas
-y rostro, y se la traia por todo el cuerpo; y Cortés les respondió á
-lo de las mujeres, que él y todos nosotros se lo teniamos en merced, y
-que en buenas obras se lo pagariamos el tiempo andando; y estaba allí
-presente el padre de la Merced, y Cortés le dijo:
-
-—«Señor padre, paréceme que será ahora bien que demos un tiento á estos
-caciques para que dejen sus ídolos y no sacrifiquen, porque harán
-cualquier cosa que les mandarémos, por causa del gran temor que tienen
-á los mejicanos.»
-
-Y el fraile dijo:
-
-—«Señor, bien es; pero dejémoslo hasta que traigan las hijas y entónces
-habrá materia para ello, y dirá vuesamerced que no las quiere recibir
-hasta que prometan de no sacrificar: si aprovechare, bien; si no
-harémos lo que somos obligados.»
-
-Y así quedó para otro dia, y lo que se hizo se dirá adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXVII.
-
-CÓMO TRUJERON LAS HIJAS Á PRESENTAR Á CORTÉS Y Á TODOS NOSOTROS, Y LO
-QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Otro dia vinieron los mismos caciques viejos, y trujeron cinco indias
-hermosas, doncellas y mozas, y para ser indias eran de buen parecer y
-bien ataviadas, y traian para cada india otra moza para su servicio, y
-todas eran hijas de caciques, y dijo Xicotenga á Cortés:
-
-—«Malinche, esta es mi hija, y no ha sido casada, que es doncella;
-tomadla para vos.»
-
-La cual le dió por la mano, y las demás que las diese á los capitanes;
-y Cortés se lo agradeció, y con buen semblante que mostró dijo que
-él las recibia y tomaba por suyas, y que ahora al presente que las
-tuviesen en su poder sus padres; y preguntaron los mismos caciques que
-por qué causa no las tomábamos ahora; y Cortés respondió:
-
-—«Porque quiero hacer primero lo que manda Dios Nuestro Señor, que es
-en el que creemos y adoramos, y á lo que me envió el Rey nuestro señor,
-que es que quiten sus ídolos, que no sacrifiquen ni maten más hombres,
-ni hagan otras torpedades malas que suelen hacer, y crean en lo que
-nosotros creemos, que es en un solo Dios verdadero.»
-
-Y se les dijo otras muchas cosas tocantes á nuestra santa fe; y
-verdaderamente fueron muy bien declaradas, porque doña Marina y
-Aguilar, nuestras lenguas, estaban ya tan expertas en ello, que se
-les daba á entender muy bien; y se les mostró una imágen de Nuestra
-Señora con su Hijo precioso en los brazos, y se les dió á entender cómo
-aquella imágen es figura como la de Nuestra Señora, que se dice Santa
-María, que está en los altos cielos, y es la Madre de Nuestro Señor,
-que es aquel niño Jesus que tiene en los brazos, y que le concibió por
-gracia del Espíritu Santo, quedando Vírgen ántes del parto y en el
-parto y despues del parto; y aquesta gran Señora ruega por nosotros á
-su Hijo precioso, que es nuestro Dios y Señor; y les dijo otras muchas
-cosas que se convenian decir sobre nuestra santa fe, y si quieren ser
-nuestros hermanos y tener amistad verdadera con nosotros; y para que
-con mejor voluntad tomásemos aquellas sus hijas, para tenellas, como
-dicen, por mujeres, que luego dejen sus malos ídolos, y crean y adoren
-en nuestro Señor Dios, que es el que nosotros creemos y adoramos, y
-verán cuánto bien les irá; porque, demás de tener salud y buenos
-temporales, sus cosas se les harán prósperamente, y cuando se mueran
-irán sus ánimas á los cielos á gozar de la gloria perdurable; y que si
-hacen los sacrificios que suelen hacer á aquellos sus ídolos, que son
-diablos, les llevarán á los infiernos, donde para siempre jamás arderán
-en vivas llamas.
-
-Y porque en otros razonamientos se les habia dicho otras cosas acerca
-de que dejasen los ídolos, en esta plática no se les dijo más, y lo que
-respondieron á todo es, que dijeron:
-
-—«Malinche, ya te hemos entendido ántes de ahora; y bien creemos que
-ese vuestro Dios y esa gran Señora, que son muy buenos; mas mira:
-ahora vinistes á estas nuestras tierras y casas; el tiempo andando
-entenderemos muy más claramente vuestras cosas, y veremos cómo son, y
-harémos lo que sea bueno. ¿Cómo quieres que dejemos nuestros teules,
-que desde muchos años nuestros antepasados tienen por dioses y les
-han adorado y sacrificado? É ya que nosotros, que somos viejos, por
-te complacer lo quisiésemos hacer, ¿qué dirán todos nuestros papas y
-todos los vecinos mozos y niños desta provincia, sino levantarse contra
-nosotros? Especialmente que los papas han ya hablado con nuestros
-teules, y les respondieron que no los olvidásemos en sacrificios de
-hombres y en todo lo que de ántes soliamos hacer; si no, que á toda
-esta provincia destruirian con hambres, pestilencias y guerra.»
-
-Así que, dijeron y dieron por respuesta que no curásemos más de les
-hablar en aquella cosa, porque no los habian de dejar de sacrificar
-aunque los matasen.
-
-Y desque vimos aquella respuesta, que la daban tan de veras y sin
-temor, dijo el padre de la Merced, que era entendido é teólogo:
-
-—«Señor, no cure vuesamerced de más les importunar sobre esto, que
-no es justo que por fuerza les hagamos ser cristianos, y aun lo
-que hicimos en Cempoal en derrocalles sus ídolos, no quisiera yo
-que se hiciera hasta que tengan conocimiento de nuestra santa fe;
-¿qué aprovecha quitalles ahora sus ídolos de un cu y adoratorio,
-si los pasan luego á otros? Bien es que vayan sintiendo nuestras
-amonestaciones, que son santas y buenas, para que conozcan adelante los
-buenos consejos que les damos.»
-
-Y tambien le hablaron á Cortés tres caballeros, que fueron Pedro de
-Albarado y Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, y dijeron á
-Cortés:
-
-—«Muy bien dice el Padre, y vuesamerced con lo que ha hecho cumple, y
-no se toque más á estos caciques sobre el caso.»
-
-Y así se hizo.
-
-Lo que les mandamos con ruegos fué, que luego desembarazasen un cu que
-estaba allí cerca y era nuevamente hecho, é quitasen unos ídolos, y lo
-encalasen y limpiasen para poner en él una cruz y la imágen de Nuestra
-Señora; lo cual luego lo hicieron, y en él se dijo Misa y se bautizaron
-aquellas cacicas, y se puso nombre á la hija del Xicotenga doña Luisa,
-y Cortés la tomó por la mano, y se la dió á Pedro de Albarado, y dijo á
-Xicotenga que aquel á quien la daba era su hermano y su capitan, y que
-lo hubiese por bien, porque seria dél muy bien tratada, y el Xicotenga
-recibió contentamiento dello; y la hija ó sobrina de Masse-Escaci se
-puso nombre doña Elvira, y era muy hermosa; y paréceme que la dió á
-Juan Velazquez de Leon, y las demás se pusieron sus nombres de pila,
-y todas con dones, y Cortés las dió á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de
-Sandoval y á Alonso de Ávila; y despues desto hecho se les declaró á
-qué fin se pusieron dos cruces, é que era porque tienen temor dellas
-sus ídolos, y que á do quiera que estábamos de asiento ó dormiamos se
-ponen en los caminos; é á todo esto estaban muy atentos.
-
-Ántes que más pase adelante, quiero decir cómo de aquella cacica hija
-de Xicotenga, que se llamó doña Luisa, que se la dió á Pedro de
-Albarado, que así como se la dieron, toda la mayor parte de Tlascala la
-acataba y le daban presentes y la tenian por su señora, y della hubo el
-Pedro de Albarado, siendo soltero, un hijo que se dijo don Pedro, é una
-hija que se dice doña Leonor, mujer que ahora es de don Francisco de la
-Cueva, buen caballero, primo del duque de Alburquerque, é ha habido en
-ella cuatro ó cinco hijos muy buenos caballeros, y aquesta señora doña
-Leonor es tan excelente señora, en fin como hija de tal padre, que fué
-comendador de Santiago, adelantado y gobernador de Guatemala, y por la
-parte de Xicotenga gran señor de Tlascala, que era como Rey.
-
-Dejemos estas relaciones, y volvamos á Cortés, que se informó de
-aquestos caciques y les preguntó muy por entero de las cosas de Méjico,
-y lo que sobre ello dijeron es esto que diré.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXVIII.
-
-CÓMO CORTÉS PREGUNTÓ Á MASSE-ESCACI É Á XICOTENGA POR LAS COSAS DE
-MÉJICO, Y LO QUE EN LA RELACION DIJERON.
-
-
-Luego Cortés apartó aquellos caciques, y les preguntó muy por extenso
-las cosas de Méjico; Xicotenga, como era más avisado y gran señor,
-tomó la mano á hablar, y de cuando en cuando lo ayudaba Masse-Escaci,
-que tambien era gran señor, y dijeron que tenia Montezuma tan grandes
-poderes de gente de guerra, que cuando queria tomar un gran pueblo
-ó hacer un asalto en una provincia, que ponia en campo cien mil
-hombres, y que esto que lo tenia bien experimentado por las guerras y
-enemistades pasadas que con ellos tienen de más de cien años; y Cortés
-le dijo:
-
-—«Pues con tanto guerrero como decis que venian sobre vosotros, ¿cómo
-nunca os acabaron de vencer?»
-
-Y respondieron que, puesto que algunas veces les desbarataban y
-mataban, y llevaban muchos de sus vasallos para sacrificar, que tambien
-de los contrarios quedaban en el campo muchos muertos y otros presos, y
-que no venian tan encubiertos, que dello no tuviesen noticia, y cuando
-lo sabian, que se apercebian con todos sus poderes, y con ayuda de los
-de Guaxocingo se defendian é ofendian; é que como todas las provincias
-y pueblos que ha robado Montezuma y puesto debajo de su dominio estaban
-muy mal con los mejicanos, y traian dellos por fuerza á la guerra, no
-pelean de buena voluntad; ántes de los mismos tenian avisos, y que á
-esta causa les defendian sus tierras lo mejor que podian.
-
-Y que donde más mal les habia venido á la contina es de una ciudad
-muy grande que está de allí andadura de un dia, que se dice Cholula,
-que son grandes traidores, y que allí metia Montezuma secretamente
-sus capitanías; y como estaban cerca, de noche hacian salto; y más
-dijo Masse-Escaci, que tenia Montezuma en todas las provincias puestas
-guarniciones de muchos guerreros, sin los muchos que sacaba de la
-ciudad, y que todas aquellas provincias le tributan oro y plata, y
-plumas, y piedras y ropa de mantas y algodon é indios é indias para
-sacrificar, y otros para servir.
-
-Y que es tan gran señor, que todo lo que quiere tiene, y que las casas
-en que vive tiene llenas de riquezas y piedras chalchihuites, que ha
-robado y tomado por fuerza á quien no se lo da de grado, y que todas
-las riquezas de la tierra están en su poder; y luego contaron el gran
-servicio de su casa, que era para nunca acabar si lo hubiese aquí de
-decir, pues de las muchas mujeres que tenia, y como casaba algunas
-dellas, de todo daban relacion.
-
-Y luego dicen de la gran fortaleza de su ciudad, de la manera que es
-la laguna, y la hondura del agua, y de las calzadas que hay por donde
-han de entrar en la ciudad, y las puentes de madera que tiene en cada
-calzada, y cómo entra y sale por el estrecho de abertura que hay en
-cada puente, y cómo en alzando cualquiera dellas se pueden quedar
-aislados entre puente y puente sin entrar en su ciudad; y cómo está
-toda la mayor parte de la ciudad poblada dentro en la laguna, y no se
-puede pasar de casa en casa sino es por unas puentes levadizas que
-tienen hechas, ó en canoas, y todas las casas son de azuteas, y en las
-azuteas tienen hechos como á maneras de mamparos, pueden pelear desde
-encima dellas, y la manera cómo se provee la ciudad de agua dulce desde
-una fuente que se dice Chapultepeque, que está de la ciudad obra de
-media legua, y va el agua por unos edificios, y llega en parte que con
-canoas la llevan á vender por las calles.
-
-Y luego contaron de la manera de las armas, que eran varas de á dos
-gajos, que tiraban con tiraderas que pasan cualesquier armas, y muchos
-buenos flecheros, y otros con lanzas de pedernales que tienen una braza
-de cuchilla, hechas de arte que cortan más que navajas, y rodelas y
-armas de algodon, y muchos honderos con piedras rollizas é otras lanzas
-muy largas y espadas de á dos manos de navajas, y trajeron pintados en
-unos paños grandes de nequen las batallas que con ellos habian habido y
-la manera del pelear.
-
-Y como nuestro capitan y todos nosotros estábamos ya informados de
-todo lo que decian aquellos caciques, estorbó la plática y metiólos en
-otra más honda, y fué que cómo ellos habian venido á poblar á aquella
-tierra, é de qué partes vinieron que tan diferentes y enemigos eran de
-los mejicanos, siendo tan de cerca unas tierras de otras; y dijeron que
-les habian dicho sus antecesores que en los tiempos pasados que habia
-allí entre ellos poblados hombres y mujeres muy altos de cuerpo y de
-grandes huesos, que porque eran muy malos y de malas maneras, que los
-mataron peleando con ellos, y otros que quedaban se murieron; é para
-que viésemos qué tamaños é altos cuerpos tenian, trujeron un hueso ó
-zancarron de uno dellos, y era muy grueso, el altor del tamaño como un
-hombre de razonable estatura: y aquel zancarron era desde la rodilla
-hasta la cadera: yo me medí con él, y tenia tan gran altor como yo,
-puesto que soy de razonable cuerpo; y trujeron otros pedazos de huesos
-como el primero, mas estaban ya comidos y deshechos de la tierra; y
-todos nos espantamos de ver aquellos zancarrones, y tuvimos por cierto
-haber habido gigantes en esta tierra; y nuestro capitan Cortés nos dijo
-que seria bien enviar aquel gran hueso á Castilla para que lo viese su
-majestad, y así lo enviamos con los primeros procuradores que fueron.
-
-Tambien dijeron aquellos mismos caciques, que sabian de aquellos sus
-antecesores que les habia dicho un su ídolo en quien ellos tenian mucha
-devocion, que vendrian hombres de las partes de hácia donde sale el sol
-y de léjas tierras á les sojuzgar y señorear; que si somos nosotros,
-holgaran dello, que pues tan esforzados y buenos somos; y cuando
-trataron las paces se les acordó desto que les habia dicho su ídolo,
-que por aquella causa nos dan sus hijas para tener parientes que les
-defiendan de los mejicanos.
-
-Y cuando acabaron su razonamiento, todos quedamos espantados, y
-deciamos si por ventura dicen verdad; y luego nuestro capitan Cortés
-les replicó, y dijo que ciertamente veniamos de hácia donde sale el
-sol, y que por esta causa nos envió el Rey nuestro señor á tenellos
-por hermanos, porque tienen noticia dellos, y que plegue á Dios nos dé
-gracia para que por nuestras manos é intercesion se salven; y dijimos
-todos:
-
-—«Amen.»
-
-Hartos estarán ya los caballeros que esto leyeren de oir razonamientos
-y pláticas de nosotros á los de Tlascala, y ellos á nosotros; queria
-acabar, y por fuerza me he de detener en otras cosas que con ellos
-pasamos; y es que el volcan que está cabe Guaxocingo echaba en aquella
-sazon que estábamos en Tlascala mucho fuego, más que otras veces solia
-echar; de lo cual nuestro capitan Cortés y todos nosotros, como no
-habiamos visto tal, nos admiramos dello; y un capitan de los nuestros,
-que se decia Diego de Ordás, tomóle codicia de ir á ver qué cosa era, y
-demandó licencia á nuestro general para subir en él; la cual licencia
-le dió, y aun de hecho se lo mandó; y llevó consigo dos de nuestros
-soldados y ciertos indios principales de Guaxocingo, y los principales
-que consigo llevaba ponian temor con decille que cuando estuviese á
-medio camino de Popocatepeque, que así se llamaba aquel volcan, no
-podria sufrir el temblor de la tierra ni llamas y piedras y ceniza
-que dél sale, é que ellos no se atreverian á subir más de hasta donde
-tienen unos cues de ídolos, que llaman los teules de Popocatepeque.
-
-Y todavía el Diego de Ordás con sus dos compañeros fué su camino hasta
-llegar arriba, y los indios que iban en su compañía se le quedaron
-en lo bajo; despues el Ordás y los dos soldados vieron al subir que
-comenzó el volcan de echar grandes llamaradas de fuego y piedras medio
-quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda aquella sierra
-y montaña adonde está el volcan, y estuvieron quedos sin dar más paso
-adelante hasta de allí á una hora, que sintieron que habia pasado
-aquella llamarada y no echaba tanta ceniza ni humo, y subieron hasta la
-boca, que era muy redonda y ancha, y que habia en el anchor un cuarto
-de legua.
-
-Y que desde allí se parecia la gran ciudad de Méjico y toda la laguna
-y todos los pueblos que están en ella poblados; y está este volcan de
-Méjico obra de doce ó trece leguas; y despues de bien visto muy gozoso
-el Ordás, y admirado de haber visto á Méjico y sus ciudades, volvió
-á Tlascala con sus compañeros, y los indios de Guaxocingo y los de
-Tlascala se lo tuvieron á mucho atrevimiento, y cuando lo contaban al
-capitan Cortés y á todos nosotros, como en aquella sazon no habiamos
-visto ni oido, como ahora, que sabemos lo que es, y han subido encima
-de la boca muchos españoles y aun Frailes franciscanos, nos admirábamos
-entónces dello; y cuando fué Diego de Ordás á Castilla lo demandó por
-armas á su majestad, é así las tiene ahora en su sobrino Ordás que vive
-en la Puebla; y despues acá desque estamos en esta tierra no le habemos
-visto echar tanto fuego ni con tanto ruido como al principio, y aun
-estuvo ciertos años que no echaba fuego, hasta el año de 1539 que echó
-muy grandes llamas y piedras y ceniza.
-
-Dejemos de contar del volcan, que ahora, que sabemos qué cosa es y
-habemos visto otros volcanes, como son los de Nicaragua y los de
-Guatemala, se podian haber callado los de Guaxocingo sin poner en
-relacion, y diré cómo hallamos en este pueblo de Tlascala casas
-de madera hechas de redes, y llenas de indios é indias que tenian
-dentro encarcelados é á cebo hasta que estuviesen gordos para comer y
-sacrificar; las cuales cárceles les quebramos y deshicimos para que se
-fuesen los presos que en ellas estaban, y los tristes indios no osaban
-de ir á cabo ninguno, sino estarse allí con nosotros, y así escaparon
-las vidas; y dende en adelante en todos los pueblos que entrábamos, lo
-primero que mandaba nuestro capitan era quebralles las tales cárceles
-y echar fuera los prisioneros, y comunmente en todas estas tierras las
-tenian; y como Cortés y todos nosotros vimos aquella gran crueldad,
-mostró tener mucho enojo de los caciques de Tlascala, y se lo riñó bien
-enojado, y prometieron desde allí adelante que no matarian ni comerian
-de aquella manera más indios. Dije yo que qué aprovechaban aquellos
-prometimientos, que en volviendo la cabeza hacian las mismas crueldades.
-
-Y dejémoslo así, y digamos cómo ordenamos de ir á Méjico.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXIX.
-
-CÓMO ACORDÓ NUESTRO CAPITAN HERNANDO CORTÉS CON TODOS NUESTROS
-CAPITANES Y SOLDADOS QUE FUÉSEMOS Á MÉJICO, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Viendo nuestro capitan que habia diez y siete dias que estábamos
-holgando en Tlascala, y oiamos decir de las grandes riquezas de
-Montezuma y su próspera ciudad, acordó tomar consejo con todos nuestros
-capitanes y soldados de quien sentia que le tenian buena voluntad, para
-ir adelante, y fué acordado que con brevedad fuese nuestra partida; y
-sobre este camino hubo en el real muchas pláticas de desconformidad,
-porque decian unos soldados que era cosa muy temerosa irnos á meter en
-tan fuerte ciudad siendo nosotros tan pocos, y decian de los grandes
-poderes del Montezuma.
-
-Cortés respondió que ya no podiamos hacer otra cosa, porque siempre
-nuestra demanda y apellido fué ver al Montezuma, é que por demás eran
-ya otros consejos; y viendo que tan resueltamente lo decia, y sintieron
-los del contrario parecer que tan determinadamente se acordaba, y que
-muchos de los soldados ayudábamos á Cortés de buena voluntad con decir
-«adelante en buen hora,» no hubo más contradicion; y los que andaban
-en estas pláticas contrarias eran de los que tenian en Cuba haciendas;
-que yo y otros pobres soldados ofrecido tenemos siempre nuestras ánimas
-á Dios, que las crió, y los cuerpos á heridas y trabajos hasta morir en
-servicio de nuestro Señor y de su majestad.
-
-Pues viendo Xicotenga y Masse-Escaci, señores de Tlascala, que de hecho
-queriamos ir á Méjico, pesábales en el alma, y siempre estaban con
-Cortés avisándole que no curase de ir aquel camino, y que no se fiase
-poco ni mucho de Montezuma ni de ningun mejicano, y que no se creyese
-de sus grandes reverencias ni de sus palabras tan humildes y llenas
-de cortesías, ni aun de cuantos presentes le ha enviado ni de otros
-ningunos ofrecimientos, que todos eran de atraidorados; que en una hora
-se lo tornarian á tomar cuanto le habian dado, y que de noche y de dia
-se guardase muy bien dellos, porque tienen bien entendido que cuando
-más descuidados estuviésemos nos darian guerra, y que cuando peleáramos
-con ellos, que los que pudiésemos matar que no quedasen con las vidas,
-al mancebo porque no tome armas, al viejo porque no dé consejo, y le
-dieron otros muchos avisos.
-
-Y nuestro capitan les dijo que se lo agradecia el buen consejo; y les
-mostró mucho amor con ofrecimientos y dádivas que luego les dió al
-viejo Xicotenga y al Masse-Escaci y todos los más caciques, y les dió
-mucha parte de la ropa fina de mantas que habia presentado Montezuma, y
-les dijo que seria bueno tratar paces entre ellos y los mejicanos para
-que tuviesen amistad, y trujesen sal y algodon y otras mercaderías;
-y el Xicotenga respondió que eran por demás las paces, y que su
-enemistad tienen siempre en los corazones arraigada, y que son tales
-los mejicanos, que so color de las paces les harán mayores traiciones,
-porque jamás mantienen verdad en cosa ninguna que prometen; é que no
-curase de hablar de ellas, sino que le tornaban á rogar que se guardase
-muy bien de no caer en manos de tan malas gentes.
-
-Y estando platicando sobre el camino que habiamos de llevar para
-Méjico, porque los embajadores de Montezuma que estaban con nosotros,
-que iban por guias, decian que el mejor camino y más llano era
-por la ciudad de Cholula, por ser vasallos del gran Montezuma,
-donde recibiriamos servicios, y á todos nosotros nos pareció bien
-que fuésemos á aquella ciudad; y los caciques de Tlascala, como
-entendieron que queriamos ir por donde nos encaminaban los mejicanos,
-se entristecieron, y tornaron á decir que en todo caso fuésemos por
-Guaxocingo, que eran sus parientes y nuestros amigos, y no por Cholula,
-porque en Cholula siempre tiene Montezuma sus tratos dobles encubiertos.
-
-Y por más que nos dijeron y aconsejaron que no entrásemos en aquella
-ciudad, siempre nuestro capitan, con nuestro consejo muy bien
-platicado, acordó de ir por Cholula; lo uno, porque decian todos
-que era grande poblacion y muy bien torreada, y de altos y grandes
-cues, y en buen llano asentada, y verdaderamente de léjos parecia en
-aquella sazon á nuestra gran Valladolid de Castilla la Vieja; y lo
-otro, porque estaba en parte cercana de grandes poblaciones, y tener
-muchos bastimentos y tan á la mano á nuestros amigos los de Tlascala,
-y con intencion de estarnos allí hasta ver de qué manera podriamos
-ir á Méjico sin tener guerra, porque era de temer el gran poder de
-mejicanos; si Dios nuestro Señor primeramente no ponia su divina mano
-y misericordia, con que siempre nos ayudaba y nos daba esfuerzo, no
-podiamos entrar de otra manera.
-
-Y despues de muchas pláticas y acuerdos, nuestro camino fué por
-Cholula; y luego Cortés mandó que fuesen mensajeros á les decir que
-cómo, estando tan cerca de nosotros, no nos enviaban á visitar y hacer
-aquel acto que son obligados á mensajeros, como somos, de tan gran Rey
-y señor como es el que nos envió á notificar su salvacion; y que los
-ruega que luego viniesen todos los caciques y papas de aquella ciudad
-á nos ver, y dar la obediencia á nuestro Rey y señor; si no, que los
-ternia por de malas intenciones.
-
-Y estando diciendo esto, y otras cosas que convenia envialles á decir
-sobre este caso, vinieron á hacer saber á Cortés cómo el gran Montezuma
-enviaba cuatro embajadores con presentes de oro, porque jamás, á lo
-que habiamos visto, envió mensaje sin presentes de oro, y lo tenia por
-afrenta enviar mensajeros si no enviaba con ellos dádivas; y lo que
-dijeron aquellos mensajeros diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXX.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA ENVIÓ CUATRO PRINCIPALES HOMBRES DE MUCHA
-CUENTA, CON UN PRESENTE DE ORO Y MANTAS, Y LO QUE DIJERON Á NUESTRO
-CAPITAN.
-
-
-Estando platicando Cortés con todos nosotros y con los caciques de
-Tlascala sobre nuestra partida y en las cosas de la guerra, viniéronle
-á decir que llegaron á aquel pueblo cuatro embajadores de Montezuma,
-todos principales, y traian presentes; y Cortés les mandó llamar, y
-cuando llegaron donde estaba, hiciéronle grande acato, y á todos los
-soldados que allí nos hallamos; y presentado su presente de ricas
-joyas de oro y de muchos géneros de hechuras, que valian bien diez mil
-pesos, y diez cargas de mantas de buenas labores de pluma, Cortés los
-recibió con buen semblante; y luego dijeron aquellos embajadores por
-parte de su señor Montezuma que se maravillaba mucho estar tantos dias
-entre aquellas gentes pobres y sin policía, que aun para esclavos no
-son buenos, por ser tan malos y traidores y robadores, que cuando más
-descuidados estuviésemos, de dia y de noche nos matarian por nos robar,
-y que nos rogaba que fuésemos luego á su ciudad y que nos daria de lo
-que tuviese, y aunque no tan cumplido como nosotros mereciamos y él
-deseaba; y que puesto que todas las vituallas le entran en su ciudad de
-acarreo, que mandaria proveernos lo mejor que él pudiese.
-
-Aquesto hacia Montezuma por sacarnos de Tlascala, porque supo que
-habiamos hecho las amistades que dicho tengo en el capítulo que dello
-habla, y para ser perfectas habian dado sus hijas á Malinche; porque
-bien tuvieron entendido que no les podia venir bien ninguna de nuestras
-confederaciones, y á esta causa nos cebaba con oro y presentes para que
-fuésemos á sus tierras, á lo ménos porque saliésemos de Tlascala.
-
-Volvamos á decir de los embajadores, que los conocieron bien los
-de Tlascala, y dijeron á nuestro capitan que todos eran señores de
-pueblos y vasallos, con quien Montezuma enviaba á tratar cosas de mucha
-importancia.
-
-Cortés les dió muchas gracias á los embajadores, con grandes caricias
-y señales de amor que les mostró, y les dió por respuesta que él iria
-muy presto á ver al señor Montezuma, y les rogó que estuviesen algunos
-dias allí con nosotros, que en aquella sazon acordó Cortés que fuesen
-dos de nuestros capitanes, personas señaladas, á ver y hablar al gran
-Montezuma, é ver la gran ciudad de Méjico y sus grandes fuerzas y
-fortalezas, é iban ya camino Pedro de Albarado y Bernardino Vazquez
-de Tapia, y quedaron en rehenes cuatro de aquellos embajadores que
-habian traido el presente, y otros embajadores del gran Montezuma de
-los que solian estar con nosotros fueron en su compañía; y porque en
-aquel tiempo yo estaba mal herido y con calenturas, y harto tenia que
-curarme, no me acuerdo bien hasta dónde allegaron; mas de que supimos
-que Cortés habia enviado así á la ventura á aquellos caballeros, y
-se lo tuvimos á mal consejo, y le retrujimos, y le dijimos que cómo
-enviaba á Méjico no más de para ver la ciudad y sus fuerzas; que no
-era buen acuerdo, y que luego los fuesen á llamar que no pasasen más
-adelante; y les escribió que se volviesen luego.
-
-Demás desto, el Bernardino Vazquez de Tapia ya habia adolecido en el
-camino de calenturas, y como vieron las cartas, se volvieron; y los
-embajadores con quien iban dieron relacion dello á su Montezuma, y les
-preguntó que qué manera de rostros y proporcion de cuerpos llevaban los
-dos teules que iban á Méjico, y si eran capitanes; y parece ser que les
-dijeron que el Pedro de Albarado era de muy linda gracia, así en el
-rostro como en su persona, y que parecia como al sol y que era capitan;
-y demás desto, se lo llevaron figurado muy al natural su dibujo y cara,
-y desde entónces le pusieron nombre el Tonacio, que quiere decir el
-sol, hijo del sol, y así le llamaron de allí adelante, y el Bernardino
-Vazquez de Tapia dijeron que era hombre robusto y de muy buena
-disposicion, que tambien era capitan; y al Montezuma le pesó porque se
-habian vuelto del camino.
-
-Y aquellos embajadores tuvieron razon de comparallos, así en los
-rostros como en el aspecto de las personas y cuerpos, como lo
-significaron á su señor Montezuma; porque el Pedro de Albarado era de
-muy buen cuerpo y ligero, y facciones y presencia, y así en el rostro
-como en el hablar, en todo era agraciado, que parecia que estaba
-riendo; y el Bernardino Vazquez de Tapia era algo robusto, puesto que
-tenia buena presencia; y desque volvieron á nuestro real, nos holgamos
-con ellos, y les deciamos que no era cosa acertada lo que Cortés les
-mandaba.
-
-Y dejemos esta materia, pues no hace mucho á nuestra relacion, y diré
-de los mensajeros que Cortés envió á Cholula, y la respuesta que
-enviaron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXI.
-
-CÓMO ENVIARON LOS DE CHOLULA CUATRO INDIOS DE POCA VALÍA Á DESCULPARSE
-POR NO HABER VENIDO Á TLASCALA, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Ya he dicho en el capítulo pasado cómo envió nuestro capitan mensajeros
-á Cholula para que nos viniesen á ver á Tlascala; é los caciques de
-aquella ciudad, como entendieron lo que Cortés les mandaba, parecióles
-que seria bien enviar cuatro indios de poca valía á desculpar é á decir
-que por estar malos no venian, y no trujeron bastimento ni otra cosa,
-sino así secamente dieron aquella respuesta; y cuando vinieron aquellos
-mensajeros estaban presentes los caciques de Tlascala, é dijeron á
-nuestro capitan que para hacer burla dél y de todos nosotros enviaban
-los de Cholula aquellos indios, que eran macegales é de poca calidad.
-
-Por manera que Cortés les tornó á enviar luego con otros cuatro
-indios de Cempoal á decir que viniesen dentro de tres dias hombres
-principales, pues estaban cuatro leguas de allí, é que si no venian,
-que los ternia por rebeldes; y que cuando vengan, que les quiere
-decir cosas que les convienen para salvacion de sus ánimas, y buena
-política para su buen vivir, y tenellos por amigos y hermanos, como
-son los de Tlascala, sus vecinos; y que si otra cosa acordaren, y no
-quieren nuestra amistad, que nosotros no por eso los procurariamos de
-descomplacer ni enojarles.
-
-Y como oyeron aquella amorosa embajada, respondieron que no habian de
-venir á Tlascala, porque son sus enemigos, porque saben que han dicho
-dellos y de su señor Montezuma muchos males, y que vamos á su ciudad y
-salgamos de los términos de Tlascala; y si no hicieren lo que deben,
-que los tengamos por tales como les enviamos á decir.
-
-Y viendo nuestro capitan que la excusa que decian era muy justa,
-acordamos de ir allá; y como los caciques de Tlascala vieron que
-determinadamente era nuestra ida por Cholula, dijeron á Cortés:
-
-—«Pues que así quieres creer á los mejicanos, y no á nosotros, que
-somos tus amigos, ya te hemos dicho muchas veces que te guardes de los
-de Cholula y del poder de Méjico: y para que mejor te puedas ayudar de
-nosotros, te tenemos aparejados diez mil hombres de guerra que vayan en
-vuestra compañía.»
-
-Y Cortés les dió muchas gracias por ello, é consultó con todos nosotros
-que no seria bueno que llevásemos tantos guerreros á tierra que
-habiamos de procurar amistades, é que seria bien que llevásemos dos
-mil, y estos les demandó, y que los demás que se quedasen en sus casas.
-
-É dejemos esta plática, y diré de nuestro camino.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXII.
-
-CÓMO FUIMOS Á LA CIUDAD DE CHOLULA, Y DEL GRAN RECEBIMIENTO QUE NOS
-HICIERON.
-
-
-Una mañana comenzamos á marchar por nuestro camino para la ciudad de
-Cholula, é íbamos con el mayor concierto que podiamos; porque, como
-otras veces he dicho, adonde esperábamos haber revueltas ó guerras
-nos apercebiamos muy mejor, é aquel dia fuimos á dormir á un rio que
-pasa obra de una legua chica de Cholula, adonde está hecha ahora una
-puente de piedra, é allí nos hicieron unas chozas é ranchos; y esa
-noche enviaron los caciques de Cholula mensajeros, hombres principales,
-á darnos el parabien venidos á sus tierras, y trujeron bastimentos de
-gallinas y pan de su maíz, é dijeron que en la mañana vendrian todos
-los caciques y papas á nos recebir é á que les perdonasen porque no
-habian salido luego; y Cortés les dijo con nuestras lenguas doña Marina
-y Aguilar que se lo agradecia, así por el bastimento que traian como
-por la buena voluntad que mostraban; é allí dormimos aquella noche con
-buenas velas y escuchas y corredores del campo.
-
-Y como amaneció, comenzamos á caminar hácia la ciudad; é yendo por
-nuestro camino, ya cerca de la poblacion nos salieron á recebir los
-caciques y papas y otros muchos indios, é todos los más traian vestidas
-unas ropas de algodon de hechura de marlotas, como las traian los
-indios capotecas; y esto digo á quien las ha visto y ha estado en
-aquella provincia, porque en aquella ciudad así se usan; é venian muy
-de paz y de buena voluntad, y los papas traian braseros con incienso,
-con que zahumaron á nuestro capitan é á los soldados que cerca dél nos
-hallamos.
-
-É parece ser aquellos papas y principales, como vieron los indios
-tlascaltecas que con nosotros venian, dijéronselo á doña Marina que se
-lo dijese á Cortés, que no era bien que de aquella manera entrasen sus
-enemigos con armas en su ciudad; y como nuestro capitan lo entendió,
-mandó á los capitanes y soldados y el fardaje que reparásemos; y como
-nos vió juntos é que no caminaba ninguno, dijo:
-
-—«Paréceme, señores, que ántes que entremos en Cholula que demos un
-tiento con buenas palabras á estos caciques é papas, é veamos qué es su
-voluntad; porque vienen murmurando destos nuestros amigos de Tlascala,
-y tienen mucha razon en lo que dicen; é con buenas palabras les
-quiero dar á entender la causa por que veniamos á su ciudad. Y porque
-ya, señores, habeis entendido lo que nos han dicho los tlascaltecas,
-que son bulliciosos, será bien que por bien dén la obediencia á su
-majestad, y esto me parece que conviene.»
-
-Y luego mandó á doña Marina que llamase á los caciques y papas allí
-donde estaba á caballo, é todos nosotros juntos con Cortés; y luego
-vinieron tres principales y dos papas, y dijeron:
-
-—«Malinche, perdonadnos porque no fuimos á Tlascala á te ver y llevar
-comida, y no por falta de voluntad, sino porque son nuestros enemigos
-Masse-Escaci y Xicotenga é toda Tlascala, é porque han dicho muchos
-males de nosotros é del gran Montezuma, nuestro señor, que no basta lo
-que han dicho, sino que ahora tengan atrevimiento con vuestro favor de
-venir con armas á nuestra ciudad.»
-
-Y que le piden por merced que les mande volver á sus tierras ó á lo
-ménos que se queden en el campo é que no entren de aquella manera en su
-ciudad, é que nosotros que vamos mucho en buen hora.
-
-É como el capitan vió la razon que tenia, mandó luego á Pedro de
-Albarado é al maestre de campo, que era Cristóbal de Olí, que rogasen
-á los tlascaltecas que allí en el campo hiciesen sus ranchos y chozas,
-é que no entrasen con nosotros sino los que llevaban artillería y
-nuestros amigos los de Cempoal, y les dijesen la causa porque se
-mandaba, porque todos aquellos caciques y papas se temen dellos; é que
-cuando hubiéremos de pasar de Cholula para Méjico que los enviaria á
-llamar, é que no lo hayan por enojo; y como los de Cholula vieron lo
-que Cortés mandó, parecia que estaban más sosegados, y les comenzó
-Cortés á hacer un parlamento: diciendo que nuestro Rey y señor, cuyos
-vasallos somos, tiene grandes poderes y tiene debajo de su mando á
-muchos grandes Príncipes y caciques, y que nos envió á estas tierras
-á les notificar y mandar que no adoren ídolos, ni sacrifiquen hombres
-ni coman de sus carnes, ni hagan sodomías ni otras torpedades; é que
-por ser el camino por allí para Méjico, adonde vamos á hablar al gran
-Montezuma, y por no haber otro más cercano, venimos por su ciudad, y
-tambien para tenellos por hermanos; é que pues otros grandes caciques
-han dado la obediencia á su Majestad, que será bien que ellos la dén,
-como los demás.
-
-É respondieron que aún no habemos entrado en su tierra é ya les
-mandamos dejar sus teules, que así llaman á sus ídolos, que no lo
-pueden hacer; y dar la obediencia á ese vuestro Rey que decis, les
-place; y así, la dieron de palabra y no ante escribano.
-
-Y esto hecho, luego comenzamos á marchar para la ciudad, y era tanta
-la gente que nos salia á ver, que las calles é azuteas estaban llenas;
-é no me maravillo dello, porque no habian visto hombres como nosotros,
-ni caballos, y nos llevaron á aposentar á unas grandes salas, en que
-estuvimos todos é nuestros amigos los de Cempoal y los tlascaltecas que
-llevaron el fardaje, y nos dieron de comer aquel dia é otro muy bien é
-abastadamente.
-
-É quedarse há aquí, y diré lo que más pasamos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXIII.
-
-CÓMO TENIAN CONCERTADO EN ESTA CIUDAD DE CHOLULA DE NOS MATAR POR
-MANDADO DE MONTEZUMA, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Habiéndonos recibido tan solemnemente como habemos dicho, é ciertamente
-de buena voluntad, sino que segun despues pareció, envió á mandar
-Montezuma á sus embajadores que con nosotros estaban, que tratasen
-con los de Cholula que con un escuadron de veinte mil hombres que
-envió Montezuma, que estuviesen apercebidos para en entrando en
-aquella ciudad, que todos nos diesen guerra, y de noche y de dia nos
-acapillasen, é los que pudiesen llevar atados de nosotros á Méjico, que
-se los llevasen; é con grandes prometimientos que les mandó, y muchas
-joyas y ropa que entónces les envió, é un atambor de oro; é á los papas
-de aquella ciudad que habian de tomar veinte de nosotros para hacer
-sacrificios á sus ídolos; pues ya todo concertado, y los guerreros que
-luego Montezuma envió estaban en unos ranchos é arcabuezos obra de
-media legua de Cholula, y otros estaban ya dentro en las casas, y todos
-puestos á punto con sus armas, hechos mamparos en las azuteas, y en las
-calles hoyos é albarradas para que no pudiesen correr los caballos, y
-aun tenian unas casas llenas de varas largas y colleras de cueros, é
-cordeles con que nos habian de atar é llevarnos á Méjico.
-
-Mejor lo hizo Nuestro Señor Dios, que todo se les volvió al revés;
-é dejémoslo ahora, é volvamos á decir que, así como nos aposentaron
-como dicho hemos, é nos dieron muy bien de comer los dias primeros, é
-puesto que los viamos que estaban muy de paz, no dejábamos siempre de
-estar muy apercebidos, por la buena costumbre que en ello teniamos, é
-al tercero dia ni nos daban de comer ni parecia cacique ni papa; é si
-algunos indios nos venian á ver, estaban apartados, que no llegaban á
-nosotros; é riéndose como cosa de burla; é como aquello vió nuestro
-capitan, dijo á doña Marina é Aguilar, nuestras lenguas, que dijese á
-los embajadores del gran Montezuma, que allí estaban, que mandasen á
-los caciques traer de comer; é lo que traian era agua y leña, y unos
-viejos que lo traian decian que no tenian maíz, é que en aquel dia
-vinieron otros embajadores del Montezuma, é se juntaron con los que
-estaban con nosotros, é dijeron muy desvergonzadamente é sin hacer
-acato, que su señor les enviaba á decir que no fuésemos á su ciudad,
-porque no tenia qué darnos de comer, é que luego se querian volver á
-Méjico con la respuesta; é como aquello vió Cortés, le pareció mal
-su plática, é con palabras blandas dijo á los embajadores que se
-maravillaba de tan gran señor como es Montezuma, tener tantos acuerdos,
-é que les rogaba que no se fuesen, porque otro dia se querian partir
-para velle é hacer lo que mandase, y aun me parece que les dió unos
-sartalejos de cuentas; y los embajadores dijeron que sí aguardarian; y
-hecho esto, nuestro capitan nos mandó juntar, y nos dijo:
-
-—«Muy desconcertada veo esta gente, estemos muy alerta, que alguna
-maldad hay entre ellos.»
-
-É luego envió á llamar al cacique é principal, que ya no se me acuerda
-cómo se llamaba, ó que enviase algunos principales; é respondió que
-estaba malo é que no podia venir él ni ellos; y como aquello vió
-nuestro capitan, mandó que de un gran cu que estaba junto de nuestros
-aposentos le trujésemos dos papas con buenas razones, porque habia
-muchos en él; trujimos dos dellos sin hacer deshonor, y Cortés les
-mandó dar á cada uno un chalchihui, que son muy estimados entre ellos,
-como esmeraldas, é les dijo con palabras amorosas, que por qué causa
-el cacique y principales é todos los más papas están amedrentados, que
-los ha enviado á llamar y no habian querido venir; parece ser que el
-uno de aquellos papas era hombre muy principal entre ellos, y tenia
-cargo ó mando en todos los más cues de aquella ciudad, que debia de
-ser á manera de Obispo entre ellos, y le tenian gran acato; é dijo que
-los que son papas que no tenian temor de nosotros; que si el cacique y
-principales no han querido venir, que él iria á les llamar, y que como
-él les hable, que tiene creido que no harán otra cosa y que vendrán; é
-luego Cortés dijo que fuese en buen hora, y quedase su compañero allí
-aguardando hasta que viniesen; é fué aquel papa é llamó al cacique é
-principales, é luego vinieron juntamente con él al aposento de Cortés,
-y les preguntó con nuestras lenguas doña Marina é Aguilar, que por qué
-habian miedo é por qué causa no nos daban de comer, y que si reciben
-pena de nuestra estada en la ciudad, que otro dia por la mañana nos
-queriamos partir para Méjico á ver é hablar al señor Montezuma, é que
-le tengan aparejados tamemes para llevar el fardaje é tepuzques, que
-son las bombardas; é tambien, que luego traigan comida; y el cacique
-estaba tan cortado, que no acertaba á hablar, y dijo que la comida que
-la buscarian; mas que su señor Montezuma les ha enviado á mandar que no
-la diesen, ni queria que pasásemos de allí adelante; y estando en estas
-pláticas vinieron tres indios de los de Cempoal, nuestros amigos, y
-secretamente dijeron á Cortés que habian hallado junto adonde estábamos
-aposentados hechos hoyos en las calles é cubiertos con madera é tierra,
-que no mirando mucho en ello no se podria ver, é que quitaron la tierra
-de encima de un hoyo, que estaba lleno de estacas muy agudas para matar
-los caballos que corriesen, é que las azuteas que las tienen llenas de
-piedras é mamparos de adobes; y que ciertamente estaban de buen arte,
-porque tambien hallaron albarradas de maderos gruesos en otra calle; y
-en aquel instante vinieron ocho indios tlascaltecas de los que dejamos
-en el campo, que no entraron en Cholula, y dijeron á Cortés:
-
-—«Mira, Malinche, que esta ciudad está de mala manera, porque sabemos
-que esta noche han sacrificado á su ídolo que es el de la guerra, siete
-personas, y los cinco dellos son niños, porque les dé victoria contra
-vosotros; é tambien hemos visto que sacan todo el fardaje é mujeres é
-niños.»
-
-Y como aquello oyó Cortés, luego los despachó para que fuesen á sus
-capitanes los tlascaltecas, que estuviesen muy aparejados si los
-enviásemos á llamar, y tornó á hablar al cacique y papas y principales
-de Cholula que no tuviesen miedo ni anduviesen alterados, y que mirasen
-la obediencia que dieron, que no la quebrantasen, que les castigaria
-por ello; que ya les ha dicho que nos queremos ir por la mañana, que
-ha menester dos mil hombres de guerra de aquella ciudad que vayan con
-nosotros, como nos han dado los de Tlascala, porque en los caminos
-los habrá menester; é dijéronle que sí darian así los hombres de
-guerra como los del fardaje é demandaron licencias para irse luego
-á los apercebir, y muy contentos se fueron, porque creyeron que con
-los guerreros que habian de dar é con las capitanías de Montezuma que
-estaban en los arcabuezos y barrancas, que allí de muertos ó presos
-no podriamos escapar, por causa que no podrian correr los caballos; y
-por ciertos mamparos y albarradas, que dieron luego por aviso á los
-que estaban en guarnicion que hiciesen á manera de callejon que no
-pudiésemos pasar, y les avisaron que otro dia habiamos de partir, é que
-estuviesen muy á punto todos, porque ellos darian dos mil hombres de
-guerra; é como fuésemos descuidados, que allí harian su presa los unos
-y los otros, é nos podian atar; é que esto que lo tuviesen por cierto,
-porque ya habian hecho sacrificios á sus ídolos de guerra y les han
-prometido la vitoria.
-
-Y dejemos de hablar en ello, que pensaban que seria cierto; é volvamos
-á nuestro capitan, que quiso saber muy por extenso todo el concierto
-y lo que pasaba; y dijo á doña Marina que llevase más chalchihuis á
-los dos papas que habia hablado primero, pues no tenia miedo, é con
-palabras amorosas les dijese que les queria tornar á hablar Malinche,
-é que los trujese consigo; y la doña Marina fué y les habló de tal
-manera, que lo sabia muy bien hacer, y con dádivas vinieron luego con
-ella; y Cortés les dijo que dijesen la verdad de lo que supiesen, pues
-eran Sacerdotes de ídolos é principales, que no habian de mentir; é que
-lo que dijesen, que no seria descubierto por via ninguna, pues que otro
-dia nos habiamos de partir, é que les daria mucha ropa; é dijeron que
-la verdad es, que su señor Montezuma supo que íbamos á aquella ciudad,
-é que cada dia estaba en muchos acuerdos, é que no determinaba bien la
-cosa; é que unas veces les enviaba á mandar que si allí fuésemos que
-nos hiciesen mucha honra é nos encaminasen á su ciudad, é otras veces
-les enviaba á decir que ya no era su voluntad que fuésemos á Méjico: é
-que ahora nuevamente le han aconsejado su Tezcatepuca y su Huichilóbos,
-en quien ellos tienen gran devocion, que allí en Cholula los matasen, ó
-llevasen atados á Méjico.
-
-É que habia enviado el dia ántes veinte mil hombres de guerra, y la
-mitad están aquí dentro de esta ciudad é la otra mitad están cerca de
-aquí entre unas quebradas, é que ya tienen aviso que os habeis de ir
-mañana, y de las albarradas que se mandaron hacer y de los dos mil
-guerreros que os habemos de dar, é cómo tenian ya hechos conciertos que
-habian de quedar veinte de nosotros para sacrificar á los ídolos de
-Cholula.
-
-Y sabido todo esto, Cortés les mandó dar mantas muy labradas, y les
-rogó que no lo dijesen, porque si lo descubrian, que á la vuelta que
-volviésemos de Méjico los matarian; é que se querian ir muy de mañana,
-é que hiciesen venir todos los caciques para hablalles, como dicho les
-tiene; y luego aquella noche tomó consejo Cortés de lo que habiamos
-de hacer, porque tenia muy extremados varones y de buenos consejos; y
-como en tales casos suele acaecer, unos decian que seria bien torcer el
-camino é irnos para Guaxocingo, otros decian que procurásemos haber paz
-por cualquiera via que pudiésemos, y que nos volviésemos á Tlascala;
-otros dimos parecer que si aquellas traiciones dejábamos pasar sin
-castigo, que en cualquiera parte nos tratarian otras peores y pues que
-estábamos allí en aquel gran pueblo é habia hartos bastimentos, les
-diésemos guerra, porque más la sentirian en sus casas que no en el
-campo, y que luego apercibiésemos á los tlascaltecas que se hallasen en
-ello.
-
-Y á todos pareció bien este postrer acuerdo, y fué desta manera: que
-ya que les habia dicho Cortés que nos habiamos de partir para otro
-dia, que hiciésemos que liábamos nuestro hato, que era harto poco,
-y que unos grandes patios que habia donde posábamos, estaban con
-altas cercas, que diésemos en los indios de guerra, pues aquello era
-su merecido, y que con los embajadores de Montezuma disimulásemos, y
-les dijésemos que los malos de los cholultecas han querido hacer una
-traicion, y echar la culpa della á su señor Montezuma, é á ellos mismos
-como sus embajadores; lo cual no creiamos que tal mandase hacer, y que
-les rogábamos que se estuviesen en el aposento de nuestro capitan, é
-no tuviesen más plática con los de aquella ciudad, porque no nos dén
-que pensar que andan juntamente con ellos en las traiciones, y para que
-se vayan con nosotros á Méjico por guias; y respondieron que ellos ni
-su señor Montezuma no saben cosa ninguna de lo que les dicen; y aunque
-no quisieron, les pusimos guardas porque no se fuesen sin licencia y
-porque no supiese Montezuma que nosotros sabiamos que él era quien
-lo habia mandado hacer; é aquella noche estuvimos muy apercebidos y
-armados, y los caballos ensillados y enfrenados, con grandes velas y
-rondas, que esto siempre lo teniamos de costumbre, porque tuvimos por
-cierto que todas las capitanías así de mejicanos como de cholultecas,
-aquella noche habian de dar sobre nosotros; y una india vieja, mujer
-de un cacique, como sabia el concierto y trama que tenian ordenado,
-vino secretamente á doña Marina, nuestra lengua, y como la vió moza y
-de buen parecer y rica, le dijo y aconsejó que se fuese con ella á
-su casa si queria escapar la vida, porque ciertamente aquella noche ó
-otro dia nos habian de matar á todos, porque ya estaba así mandado y
-concertado por el gran Montezuma, para que entre los de aquella ciudad
-y los mejicanos se juntasen, y no quedase ninguno de nosotros á vida,
-ó nos llevasen atados á Méjico; y porque sabe esto, y por mancilla que
-tenia de la doña Marina, se lo venia á decir, y que tomase todo su hato
-y se fuese con ella á su casa, y que allí la casaria con un su hijo,
-hermano de otro mozo que traia la vieja, que la acompañaba.
-
-É como lo entendió la doña Marina, y en todo era muy avisada, le dijo:
-
-—«¡Oh madre, qué mucho tengo que agradeceros eso que me decis! Yo me
-fuera ahora, sino que no tengo de quién fiarme para llevar mis mantas y
-joyas de oro, que es mucho. Por vuestra vida, madre, que aguardeis un
-poco vos y vuestro hijo, y esta noche nos iremos; que ahora ya veis que
-estos teules están velando, y sentirnos han.»
-
-Y la vieja creyó lo que la decia, y quedóse con ella platicando y le
-preguntó que de qué manera nos habian de matar, é cómo é cuando se hizo
-el concierto; y la vieja se lo dijo ni más ni ménos que lo habian dicho
-los dos papas; é respondió la doña Marina:
-
-—«Pues ¿cómo siendo tan secreto ese negocio, lo alcanzastes vos á
-saber?»
-
-Dijo que su marido se lo habia dicho, que es capitan de una parcialidad
-de aquella ciudad, y como tal capitan está ahora con la gente de
-guerra que tiene á cargo, dando órden para que se junten en las
-barrancas con los escuadrones del gran Montezuma, y que cree estarán
-juntos esperando para cuando fuésemos, y que allí nos matarian; y que
-esto del concierto que lo sabia tres dias habia, porque de Méjico
-enviaron á su marido un atambor dorado, é á otras tres capitanías
-tambien les envió ricas mantas y joyas de oro, porque nos llevasen á
-todos á su señor Montezuma; y la doña Marina, como lo oyó, disimuló con
-la vieja, y dijo:
-
-—«¡Oh cuánto me huelgo en saber que vuestro hijo con quien me quereis
-casar es persona principal! Mucho hemos estado hablando; no querria
-que nos sintiesen: por eso, madre, aguardad aquí, comenzaré á traer mi
-hacienda, porque no lo podré sacar todo junto; é vos é vuestro hijo, mi
-hermano, lo guardareis, y luego nos podremos ir.»
-
-Y la vieja todo se lo creia, y sentóse de reposo la vieja, ella y su
-hijo; y la doña Marina entra de presto donde estaba el capitan Cortés,
-y le dice todo lo que pasó con la india; la cual luego la mandó traer
-ante él, y la tornó á preguntar sobre las traiciones y conciertos, y
-le dijo ni más ni ménos que los papas, y le pusieron guardas porque
-no se fuese; y cuando ameneció era cosa de ver la priesa que traian
-los caciques y papas con los indios de guerra, con muchas risadas y
-muy contentos, como si ya nos tuvieran metidos en el garlito é redes;
-é trujeron más indios de guerra que les pedimos, que no cupieron en
-los patios, por muy grandes que son, que aun todavía se están sin
-deshacer por memoria de lo pasado; é por bien de mañana que vinieron
-los cholultecas con la gente de guerra, ya todos nosotros estábamos
-muy á punto para lo que se habia de hacer, y los soldados de espada y
-rodela puestos á la puerta del gran patio para no dejar salir á ningun
-indio de los que estaban con armas, y nuestro capitan tambien estaba
-á caballo, acompañado de muchos soldados para su guarda; y cuando vió
-que tan de mañana habian venido los caciques y papas y gente de guerra,
-dijo:
-
-—«¡Qué voluntad tienen estos traidores de vernos entre las barrancas
-para se hartar de nuestras carnes! Mejor lo hará nuestro Señor.»
-
-Preguntó por los dos papas que habian descubierto el secreto, y le
-dijeron que estaban á la puerta del patio con otros caciques que
-querian entrar, y mandó Cortés á Aguilar, nuestra lengua, que les
-dijesen que se fuesen á sus casas, é que ahora no tenian necesidad
-dellos; y esto fué por causa que, pues nos hicieron buena obra, no
-recibiesen mal por ella, porque no los matasen, é como Cortés estaba
-á caballo, é doña Marina junto á él, comenzó á decir á los caciques é
-papas que, sin hacelles enojo ninguno, á qué causa nos querian matar la
-noche pasada.
-
-É que si les hemos hecho ó dicho cosa que nos tratasen aquellas
-traiciones, más de amonestalles las cosas que á todos los más pueblos
-por donde hemos venido les decimos, que no sean malos ni sacrifiquen
-hombres, ni adoren sus ídolos ni coman las carnes de sus prójimos; que
-no sean sométicos é que tengan buena manera en su vivir, y decirles
-las cosas tocantes á nuestra santa fe, y esto sin apremialles en cosa
-ninguna; é á que fin tienen ahora nuevamente aparejadas muchas varas
-largas y recias como colleras, y muchos cordeles en una casa junto al
-gran cu, é por qué han hecho de tres dias acá albarradas en las calles
-é hoyos é pertrechos en las azuteas, é por qué han sacado de su ciudad
-sus hijos é mujeres y hacienda; é que bien se ha parecido su mala
-voluntad y las traiciones, que no las pudieron encubrir, que aun de
-comer no nos daban, que por burla traian agua y leña, y decian que no
-habia maíz; y que bien sabe que tienen cerca de allí en unas barrancas
-muchas capitanías de guerreros esperándonos, creyendo que habiamos
-de ir por aquel camino á Méjico, para hacer la traicion que tienen
-acordada, con otra mucha gente de guerra que esta noche se ha juntado
-con ellos; que pues en pago de que los venian á tener por hermanos é
-decilles lo que Dios nuestro Señor y el Rey manda, nos querian matar
-é comer nuestras carnes, que ya tenian aparejadas las ollas con sal é
-ají é tomates; que si esto querian hacer, que fuera mejor nos dieran
-guerra como esforzados y buenos guerreros en los campos, como hicieron
-sus vecinos los tlascaltecas; é que sabe por muy cierto lo que tenian
-concertado en aquella ciudad y aun prometido á su ídolo abogado de la
-guerra, y que le habian de sacrificar veinte de nosotros delante del
-ídolo, y tres noches ántes ya pasadas que le sacrificaron siete indios
-porque les diese vitoria, la cual les prometió; é como es malo y falso,
-no tiene ni tuvo poder contra nosotros; y que todas estas maldades y
-traiciones que han tratado y puesto por la obra, han de caer sobre
-ellos; y esta razon se lo decia doña Marina, y se lo daban muy bien á
-entender; y como lo oyeron los papas y caciques y capitanes, dijeron
-que así es verdad lo que les dice, y que dello no tienen culpa, porque
-los embajadores de Montezuma lo ordenaron por mandado de su señor.
-
-Entónces les dijo Cortés que tales traiciones como aquellas, que mandan
-las leyes reales que no queden sin castigo, é que por su delito que
-han de morir; é luego mandó soltar una escopeta, que era la señal
-que teniamos apercebida para aquel efecto, y se les dió una mano que
-se les acordara para siempre, porque matamos muchos dellos, y otros
-se quemaron vivos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos
-ídolos; y no tardaron dos horas que no llegaron allí nuestros amigos
-los tlascaltecas que dejamos en el campo, como ya he dicho otra vez, y
-peleaban muy fuertemente en las calles, donde los cholultecas tenian
-otras capitanías defendiéndolas porque no les entrásemos, y de presto
-fueron desbaratadas, y iban por la ciudad robando y cautivando, que
-no los podiamos detener; y otro dia vinieron otras capitanías de las
-poblaciones de Tlascala, y les hacian grandes daños, porque estaban
-muy mal con los de Cholula; y como aquello vimos, así Cortés como
-los demás capitanes y soldados, por mancilla que hubimos dellos,
-detuvimos á los tlascaltecas que no hiciesen más mal; y Cortés mandó
-á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí que le trujesen todas las
-capitanías de Tlascala para les hablar, y no tardaron de venir, y les
-mandó que recogiesen toda su gente y se estuviesen en el campo, y
-así lo hicieron, que no quedó con nosotros sino los de Cempoal; y en
-aquel instante vinieron ciertos caciques y papas cholultecas que eran
-de otros barrios, que no se hallaron en las traiciones, segun ellos
-decian (que, como es gran ciudad, era bando y parcialidad por sí), y
-rogaron á Cortés y á todos nosotros que perdonásemos el enojo de las
-traiciones que nos tenian ordenadas, pues los traidores habian pagado
-con las vidas; y luego vinieron los dos papas amigos nuestros que nos
-descubrieron el secreto, y la vieja mujer del capitan que queria ser
-suegra de doña Marina (como ya he dicho otra vez), y todos rogaron á
-Cortés fuesen perdonados.
-
-Y Cortés cuando se lo decian mostró tener grande enojo, y mandó llamar
-á los embajadores de Montezuma que estaban detenidos en nuestra
-compañía, y dijo que, puesto que toda aquella ciudad merecia ser
-asolada y que pagaran con las vidas, que teniendo respeto á su señor
-Montezuma, cuyos vasallos son, los perdona, é que de allí adelante que
-sean buenos, é no les acontezca otra como la pasada, que morirán por
-ello.
-
-Y luego mandó llamar los caciques de Tlascala que estaban en el campo,
-é les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habian cautivado,
-que bastaban los males que habian hecho.
-
-Y puesto que se les hacia de mal de volvello, é decian que de muchos
-más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella
-ciudad han recibido, por mandallo Cortés volvieron muchas personas; mas
-ellos quedaron desta vez ricos así de oro é mantas, é algodon y sal é
-esclavos.
-
-Y demás desto, Cortés los hizo amigos con los de Cholula, que á lo
-que despues vi é entendí, jamás quebraron las amistades; é más les
-mandó á todos los papas é caciques cholultecas que poblasen su ciudad
-é que hiciesen tiangues é mercados, é que no hubiesen temor, que no
-se les haria enojo ninguno; y respondieron que dentro en cinco dias
-harian poblar toda la ciudad, porque en aquella sazon todos los más
-vecinos estaban amontados, é dijeron que temian que Cortés les nombrase
-cacique, porque el que solia mandar fué uno de los que murieron en el
-patio.
-
-É luego preguntó que á quién le venia el cacicazgo, é dijeron que á un
-su hermano; al cual luego le señaló por gobernador, hasta que otra cosa
-fuese mandada.
-
-Y demás desto, desque vió la ciudad poblada y estaban seguros en sus
-mercados, mandó que se juntasen los papas y capitanes con los demás
-principales de aquella ciudad, y se les dió á entender muy claramente
-todas las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que dejasen de adorar
-ídolos, y no sacrificasen ni comiesen carne humana, ni se robasen unos
-á otros, ni usasen las torpedades que solian usar, y que mirasen que
-sus ídolos los traen engañados, y que son malos y no dicen verdad,
-é que tuviesen memoria que cinco dias habia de las mentiras que les
-prometieron que les darian vitoria cuando sacrificaron las siete
-personas, é cómo todo cuanto dicen á los papas é á ellos es todo malo,
-é que les rogaba que luego los derrocasen é hiciesen pedazos, y si
-ellos no querian, que nosotros los quitariamos, é que hiciesen encalar
-uno como humilladero, donde pusimos una cruz.
-
-Lo de la cruz luego lo hicieron, y respondieron que quitarian los
-ídolos; y puesto que se lo mandó muchas veces que los quitasen, lo
-dilataban.
-
-Y entónces dijo el Padre de la Merced á Cortés que era por demás á
-los principios quitalles sus ídolos, hasta que vayan entendiendo
-más las cosas, y ver en qué paraba nuestra entrada en Méjico, y el
-tiempo nos diria lo que habiamos de hacer, que al presente bastaba las
-amonestaciones que se les habia hecho, y ponelles la cruz.
-
-Dejaré de hablar desto, y diré cómo aquella ciudad está asentada en un
-llano y en parte é sitio donde están muchas poblaciones cercanas, que
-es Tepeaca, Tlascala, Chalco, Tecamachalco, Guaxocingo é otros muchos
-pueblos, que por ser tantos, aquí no los nombro; y es tierra de maíz é
-otras legumbres, é de mucho ají, y toda llena de maijales, que es de
-lo que hacen el vino, é hacen en ella muy buena loza de barro colorado
-é prieto é blanco, de diversas pinturas, é se bastece della Méjico y
-todas las provincias comarcanas, digamos ahora como en Castilla lo de
-Talavera é Palencia.
-
-Tenia aquella ciudad en aquel tiempo sobre cien torres muy altas, que
-eran cues é adoratorios donde estaban sus ídolos, especial el cu mayor
-era de más altor que el de Méjico, puesto que era muy suntuoso y alto
-el cu mejicano, y tenia otros cien patios para el servicio de los cues;
-y segun entendimos, habia allí un ídolo muy grande, el nombre dél no me
-acuerdo, más entre ellos tenian gran devocion y venian de muchas partes
-á le sacrificar, en tener como á manera de novenas, y le presentaban de
-las haciendas que tenian.
-
-Acuérdome que cuando en aquella ciudad entramos, que cuando vimos tan
-altas torres y blanquear, nos pareció al propio Valladolid.
-
-Dejemos de hablar desta ciudad y todo lo acaecido en ella, y digamos
-cómo los escuadrones que habia enviado el gran Montezuma, que estaban
-ya presos entre los arcabuezos que están cabe Cholula, y tenian hechos
-mamparos y callejones para que no pudiesen correr los caballos, como
-lo tenian concertado, como ya otra vez he dicho; é como supieron lo
-acaecido, se vuelven más que de paso para Méjico, y dan relacion á
-su Montezuma segun y de la manera que todo pasó; y por presto que
-fueron, ya teniamos la nueva de dos principales que con nosotros
-estaban, que fueron en posta; y supimos muy de cierto que cuando lo
-supo Montezuma que sintió gran dolor y enojo, é que luego sacrificó
-ciertos indios á su ídolo Huichilóbos, que le tenian por dios de la
-guerra, porque les dijese en qué habia de parar nuestra ida á Méjico, ó
-si nos dejaria entrar en su ciudad; y aun supimos que estuvo encerrado
-en sus devociones y sacrificios dos dias, juntamente con diez papas
-los más principales, y hubo respuesta de aquellos ídolos que tenian
-por dioses, y fué que le aconsejaron que nos enviase mensajeros á
-disculpar de lo de Cholula, y que con muestras de paz nos deje entrar
-en Méjico, y que estando dentro, con quitarnos la comida é agua, ó
-alzar cualquiera de las puentes, nos mataria, y que en un dia, si nos
-daba guerra, no quedaria uno de nosotros á vida, y que allí podria
-hacer sus sacrificios, así al Huichilóbos, que les dió esta respuesta,
-como á Tezcatecupa, que tenian por dios del infierno, é se hartarian de
-nuestros muslos y piernas y brazos, y de las tripas y el cuerpo y todo
-lo demás hartarian las culebras y serpientes é tigres que tenian en
-unas casas de madera, como adelante diré en su tiempo y lugar.
-
-Dejemos de hablar de lo que Montezuma sintió de lo sobredicho, y
-digamos cómo esta cosa ó castigo de Cholula fué sabido en todas las
-provincias de la Nueva-España.
-
-Y si de ántes teniamos fama de esforzados, y habian sabido de las
-guerras de Potonchan y Tabasco y de Cingapacinga y lo de Tlascala, y
-nos llamaban teules, que es nombre como sus dioses ó cosas malas, desde
-allí adelante nos tenian por adivinos, y decian que no se nos podria
-encubrir cosa ninguna mala que contra nosotros tratasen, que no lo
-supiésemos, y á esta causa nos mostraban buena voluntad.
-
-Y creo que estarán hartos los curiosos letores de oir esta relacion de
-Cholula, é ya quisiera habella acabado de escribir.
-
-Y no puedo dejar de traer aquí á la memoria las redes de maderos
-gruesos que en ella hallamos; las cuales tenian llenas de indios y
-muchachos á cebo, para sacrificar y comer sus carnes; las cuales
-redes quebramos, y los indios que en ellas estaban presos les mandó
-Cortés que se fuesen adonde eran naturales, y con amenazas mandó á
-los capitanes y papas de aquella ciudad que no tuviesen más indios de
-aquella manera ni comiesen carne humana, y así lo prometieron.
-
-Mas, ¿qué aprovechaban aquellos prometimientos, que no lo cumplian?
-Pasemos ya adelante, y digamos que aquestas fueron las grandes
-crueldades que escribe y nunca acaba de decir el señor obispo de
-Chiapa, don fray Bartolomé de las Casas; porque afirma y dice que sin
-causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo y porque se nos antojó, se
-hizo aquel castigo.
-
-Y tambien quiero decir que unos buenos religiosos franciscos, que
-fueron los primeros frailes que su majestad envió á esta Nueva-España
-despues de ganado Méjico, segun adelante diré, fueron á Cholula para
-saber y pesquisar é inquirir cómo y de qué manera pasó aquel castigo,
-é por qué causa, é la pesquisa que hicieron fué con los mismos papas
-é viejos de aquella ciudad; y despues de bien sabido dellos mismos,
-hallaron ser ni más ni ménos que en esta mi relacion escribo; y si no
-se hiciera aquel castigo, nuestras vidas estaban en harto peligro,
-segun los escuadrones y capitanías tenian de guerreros mejicanos y de
-los naturales de Cholula, é albarradas é pertrechos; que si allí por
-nuestra desdicha nos mataran, esta Nueva-España no se ganara tan presto
-ni se atreviera á venir otra armada, é ya que viniera, fuera con gran
-trabajo, porque les defendieran los puertos, y se estuvieran siempre en
-sus idolatrías.
-
-Yo he oido decir á un fraile francisco de buena vida, que se decia fray
-Toribio Montelmea, que si se pudiera excusar aquel castigo, y ellos no
-dieran causa á que se hiciese, que mejor fuera; mas ya que se hizo,
-que fué bueno para que todos los indios de todas las provincias de la
-Nueva-España viesen y conociesen que aquellos ídolos y los demás son
-malos y mentirosos, y que viendo que lo que les habia prometido salió
-al revés, que perdiesen la devocion que ántes tenian con ellos, y que
-desde allí en adelante no le sacrificaban ni venian en romería de otras
-partes, como solian; y desde entónces no curaron más dél, y le quitaron
-del alto cu donde estaba, y lo escondieron ó quebraron, que no pareció
-más, y en su lugar habian puesto otro ídolo.
-
-Dejémoslo ya, y diré lo que más adelante hicimos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXIV.
-
-DE CIERTAS PLÁTICAS É MENSAJEROS QUE ENVIAMOS AL GRAN MONTEZUMA.
-
-
-Como habian ya pasado catorce dias que estábamos en Cholula, y no
-teniamos en qué entender, y vimos que quedaba aquella ciudad muy
-poblada, é hacian mercados, é habiamos hecho amistades entre ellos y
-los de Tlascala, les teniamos puesto una cruz é amonestádoles las cosas
-tocantes á nuestra santa fe, y viamos que el gran Montezuma enviaba
-á nuestro real espías encubiertamente á saber é inquirir qué era
-nuestra voluntad, é si habiamos de pasar adelante para ir á su ciudad,
-porque todo lo alcanzaba á saber muy enteramente por dos embajadores
-que estaban en nuestra compañía; acordó nuestro capitan de entrar en
-consejo con ciertos capitanes é algunos soldados que sabia que le
-tenian buena voluntad, y porque, demás de ser muy esforzados, eran de
-buen consejo; porque ninguna cosa hacia sin primero tomar sobre ello
-nuestro parecer.
-
-Y fué acordado que blanda y amorosamente enviásemos á decir al gran
-Montezuma que para cumplir con lo que nuestro Rey y señor nos envió á
-estas partes, hemos pasado muchos mares é remotas tierras, solamente
-para le ver é decille cosas que le serian muy provechosas cuando las
-haya entendido; que viniendo que veniamos camino de su ciudad, porque
-sus embajadores nos encaminaron por Cholula, que dijeron que eran
-sus vasallos; é que dos dias, los primeros que en ella entramos, nos
-recibieron muy bien, é para otro dia tenian ordenada una traicion,
-con pensamiento de matarnos; y porque somos hombres que tenemos tal
-calidad, que no se nos puede encubrir cosa de trato ni traicion ni
-maldad que contra nosotros quieran hacer, que luego no la sepamos; é
-que por esta causa castigamos á algunos de los que querian ponerlo por
-obra.
-
-É que porque supo que eran sus sujetos, teniendo respeto á su persona
-y á nuestra gran amistad, dejó de matar y asolar todos los que fueron
-en pensar en la traicion; y lo peor de todo esto es, que dijeron los
-papas é caciques que por consejo é mandado dél y de sus embajadores lo
-querian hacer; lo cual nunca creimos que tan gran señor como él es tal
-mandase, especialmente habiéndose dado por nuestro amigo; y tenemos
-colegido de su persona que, ya que tan mal pensamiento sus ídolos le
-pusieron de darnos guerra, que seria en el campo; mas en tanto teniamos
-que pelease en campo como en poblado, que de dia que de noche, porque
-los matariamos á quien tal pensase hacer. Mas como lo tiene por grande
-amigo y le desea ver y hablar, luego nos partimos para su ciudad á
-dalle cuenta muy por entero de lo que el Rey nuestro señor nos mandó.
-
-Y como el Montezuma oyó esta embajada, y entendió que por lo de Cholula
-no le poniamos culpa, oimos decir que tornó á entrar con sus papas en
-ayunos é sacrificios que hicieron á sus ídolos, para que se tornase
-á retificar que si nos dejaria entrar en su ciudad ó no, y si se lo
-tornaba á mandar, como le habia dicho otra vez. Y la respuesta que les
-tornó á dar fué como la primera, y que de hecho nos deje entrar, y que
-dentro nos mataria á su voluntad.
-
-Y más le aconsejaron sus capitanes y papas, que si ponia estorbo en la
-entrada, que le hariamos guerra en los pueblos sus sujetos, teniendo,
-como teniamos, por amigos á los tlascaltecas y todos los totonaques de
-la sierra, é otros pueblos que habian tomado nuestra amistad, y por
-excusar estos males, que mejor y más sano consejo es el que les ha dado
-su Huichilóbos.
-
-Dejemos de más decir de lo que Montezuma tenia acordado, é diré lo que
-sobre ello hizo, y cómo acordamos de ir camino de Méjico, y estando
-de partida llegaron mensajeros de Montezuma con un presente, y lo que
-envió á decir.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXV.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA ENVIÓ UN PRESENTE DE ORO, Y LO QUE ENVIÓ Á
-DECIR, Y CÓMO ACORDAMOS IR CAMINO DE MÉJICO, Y LO QUE MÁS ACAECIÓ.
-
-
-Como el gran Montezuma hubo tomado otra vez consejo con sus Huichilóbos
-é papas é capitanes, y todos le aconsejaron que nos dejase entrar en su
-ciudad, é que allí nos matarian á su salvo.
-
-Y despues que oyó las palabras que le enviamos á decir acerca de
-nuestra amistad, é tambien otras razones bravosas, cómo somos hombres
-que no se nos encubre traicion que contra nosotros se trate, que no
-lo sepamos, y que en lo de la guerra, que eso se nos da que sea en el
-campo ó en poblado, que de noche ó de dia, ó de otra cualquier manera;
-é como habia entendido las guerras de Tlascala, é habia sabido lo de
-Potonchan é Tabasco é Cingapacinga, é agora lo de Cholula, estaba
-asombrado y aun temeroso; y despues de muchos acuerdos que tuvo, envió
-seis principales con un presente de oro y joyas de mucha diversidad
-de hechuras, que valdria, á lo que juzgaban, sobre dos mil pesos, y
-tambien envió ciertas cargas de mantas muy ricas de primas labores;
-é cuando aquellos principales llegaron ante Cortés con el presente,
-besaron la tierra con la mano, y con gran acato, como entre ellos se
-usa, dijeron:
-
-—«Malinche, nuestro señor el gran Montezuma te envia este presente, y
-dice que lo recibas con el amor grande que te tiene é á todos vuestros
-hermanos, é que le pesa del enojo que les dieron los de Cholula, é
-quisiera que los castigaras más en sus personas, que son malos y
-mentirosos, é que las maldades que ellos querian hacer, le echaban á él
-la culpa é á sus embajadores; é que tuviésemos por muy cierto que era
-nuestro amigo, é que vamos á su ciudad cuando quisiéremos, que puesto
-que él nos quiere hacer mucha honra, como á personas tan esforzadas y
-mensajeros de tan alto Rey como decis que es, é porque no tiene que nos
-dar de comer, que á la ciudad se lleva todo el bastimento de acarreo,
-por estar en la laguna poblados, no lo podia hacer tan cumplidamente;
-mas que él procurará de hacernos toda la más honra que pudiere, y que
-por los pueblos por donde habiamos de pasar, que él ha mandado que nos
-dén lo que hubiéremos menester.»
-
-É dijo otros muchos cumplimientos de palabra.
-
-Y como Cortés lo entendió por nuestras lenguas, recibió aquel presente
-con muestras de amor, é abrazó á los mensajeros y les mandó dar ciertos
-diamantes torcidos, é todos nuestros capitanes é soldados nos alegramos
-con tan buenas nuevas, é mandarnos que vamos á su ciudad, porque de dia
-en dia lo estábamos deseando todos los más soldados, especial los que
-no dejábamos en la isla de Cuba bienes ningunos, é habiamos venido dos
-veces á descubrir primero que Cortés.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo el capitan les dió buena respuesta y muy
-amorosa y mandó que se quedasen tres mensajeros de los que vinieron con
-el presente, para que fuesen con nosotros por guias, y los otros tres
-volvieron con la respuesta á su señor, y les avisaron que ya íbamos
-camino.
-
-Y despues que aquella nuestra partida entendieron los caciques mayores
-de Tlascala, que se decian Xicotenga el viejo é ciego, y Masse-Escaci,
-los cuales he nombrado otras veces, les pesó en el alma, é enviaron
-á decir á Cortés que ya le habian dicho muchas veces que mirase lo
-que hacia, é se guardase de entrar en tan grande ciudad, donde habia
-tantas fuerzas y tanta multitud de guerreros; porque un dia ó otro nos
-darian guerra, é temian que no podriamos salir con las vidas; é que por
-la buena voluntad que nos tienen, que ellos quieren enviar diez mil
-hombres con capitanes esforzados, que vayan con nosotros con bastimento
-para el camino.
-
-Cortés les agradeció mucho su buena voluntad, y les dijo que no era
-justo entrar en Méjico con tanta copia de guerreros, especialmente
-siendo tan contrarios los unos de los otros; que solamente habia
-menester mil hombres para llevar los tepuzques é fardaje é para adobar
-algunos caminos.
-
-Ya he dicho otra vez que tepuzques en estas partes dicen por los tiros,
-que son de hierro, que llevábamos; y luego despacharon los mil indios
-muy apercebidos; é ya que estábamos muy á punto para caminar, vinieron
-á Cortés los caciques é todos los más principales guerreros de Cempoal
-que andaban en nuestra compañía, y nos sirvieron muy bien y lealmente,
-é dijeron que se querian volver á Cempoal, y que no pasarian de Cholula
-adelante para ir á Méjico, porque cierto que tenian que si allá iban,
-que habian de morir ellos y nosotros, é que el gran Montezuma los
-mandaria matar, porque eran personas muy principales de los de Cempoal,
-que fueron en quitalle la obediencia é en que no se le diese tributo, y
-en aprisionar sus recaudadores cuando hubo la rebelion ya por mí otra
-vez escrita en esta relacion.
-
-Y como Cortés les vió que con tanta voluntad le demandaban aquella
-licencia, les respondió con doña Marina é Aguilar que no hubiesen temor
-ninguno de que recibirian mal ni daño, é que, pues iban en nuestra
-compañía, que, ¿quién habia de ser osado á los enojar á ellos ni á
-nosotros? É que les rogaba que mudasen su voluntad é que se quedasen
-con nosotros, y les prometió que les haria ricos; é por más que se
-lo rogó Cortés é doña Marina se lo decia muy afectuosamente, nunca
-quisieron quedar, sino que se querian volver; é como aquello vió
-Cortés, dijo:
-
-—«Nunca Dios quiera que nosotros llevemos por fuerza á esos indios que
-tan bien nos han servido.»
-
-Y mandó traer muchas cargas de mantas ricas, é se las repartió entre
-todos, é tambien envió al cacique gordo, nuestro amigo, señor de
-Cempoal, dos cargas de mantas para él y para su sobrino Cuesco, que
-así se llamaba otro gran cacique, y escribió al teniente Juan de
-Escalante, que dejábamos por capitan, y era en aquella sazon alguacil
-mayor, todo lo que nos habia acaecido, y cómo ya íbamos camino de
-Méjico, é que mirase muy bien por todos los vecinos, é se velase, que
-siempre estuviese de dia é de noche con gran cuidado; que acabase de
-hacer la fortaleza, é que á los naturales de aquellos pueblos que los
-favoreciese contra mejicanos, y no les hiciese agravio, ni ningun
-soldado de los que con él estaban; y escritas estas cartas, y partidos
-los de Cempoal, comenzamos de ir de nuestro camino muy apercebidos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXVI.
-
-CÓMO COMENZAMOS Á CAMINAR PARA LA CIUDAD DE MÉJICO, Y DE LO QUE EN EL
-CAMINO NOS AVINO, Y LO QUE MONTEZUMA ENVIÓ Á DECIR.
-
-
-Así como salimos de Cholula con gran concierto, como lo teniamos de
-costumbre, los corredores del campo á caballo descubriendo la tierra,
-y peones muy sueltos juntamente con ellos, para si algun paso malo ó
-embarazo hubiese se ayudasen los unos á los otros, é nuestros tiros muy
-á punto, é escopetas é ballesteros, é los de á caballo de tres en tres
-para que se ayudasen, é todos los más soldados en gran concierto.
-
-No sé yo para qué lo traigo tanto á la memoria, sino que en las cosas
-de la guerra por fuerza hemos de hacer relacion dello, para que se vea
-cuál andábamos la barba sobre el hombro.
-
-É así caminando, llegamos aquel dia á unos ranchos que están en una
-como sierrezuela, que es poblacion de Guaxocingo, que me parece que
-se dicen los ranchos de Iscalpan, cuatro leguas de Cholula; y allí
-vinieron luego los caciques y papas de los pueblos de Guaxocingo, que
-estaban cerca, é eran amigos é confederados de los de Tlascala, y
-tambien vinieron otros pueblezuelos que están poblados á las haldas
-del volcan, que confinan con ellos, y trujeron todos mucho bastimento
-y un presente de joyas de oro de poca valía, y dijeron á Cortés que
-recibiese aquello, y no mirase á lo poco que era, sino á la voluntad
-con que se lo daban.
-
-Y le aconsejaron que no fuese á Méjico, que era una ciudad muy fuerte
-y de muchos guerreros, y que corriamos mucho peligro; é que ya que
-íbamos, que subido aquel puerto, que habia dos caminos muy anchos, y
-que el uno iba á un pueblo que se dice Chalco, y el otro Talmalanco,
-que era otro pueblo, y entrambos sujetos á Méjico, y que el un camino
-estaba muy barrido y limpio para que vamos por él, y que el otro camino
-lo tienen ciego, y cortados muchos árboles muy gruesos y grandes pinos
-porque no puedan ir caballos ni pudiésemos pasar adelante; y que
-abajado un poco de la sierra, por el camino que tenian limpio, creyendo
-que habiamos de ir por él, que tenian cortado un pedazo de la sierra, y
-habia allí mamparos é albarradas, é que han estado en el paso ciertos
-escuadrones de mejicanos para nos matar, é que nos aconsejaban que no
-fuésemos por el que estaba limpio, sino por donde estaban los árboles
-atravesados, é que ellos nos darán mucha gente que lo desembaracen.
-
-É pues que iban con nosotros los tlascaltecas, que todos quitarian los
-árboles, é que aquel camino salia á Talmalanco; é Cortés, recibió el
-presente con mucho amor, y les dijo que les agradecia el aviso que le
-daban, y con el ayuda de Dios que no dejará de seguir su camino, é que
-irá por donde le aconsejaban.
-
-É luego otro dia bien de mañana comenzamos á caminar é ya era cerca de
-medio dia cuando llegamos en lo alto de la sierra, donde hallamos los
-caminos ni más ni ménos que los de Guaxocingo dijeron; y allí reparamos
-un poco y aun nos dió qué pensar en lo de los escuadrones mejicanos, y
-en la sierra cortada donde estaban las albarradas de que nos avisaron.
-
-Y Cortés mandó llamar á los embajadores del gran Montezuma, que iban en
-nuestra compañía, y les preguntó que cómo estaban aquellos dos caminos
-de aquella manera, el uno muy limpio y barrido, y el otro lleno de
-árboles cortados nuevamente.
-
-Y respondieron que porque vamos por el limpio, que sale á una ciudad
-que se dice Chalco, donde nos harán buen recibimiento, que es de su
-señor Montezuma; y que el otro camino, que le pusieron aquellos árboles
-y le cegaron porque no fuésemos por él, que hay malos pasos é se rodea
-algo para ir á Méjico, que sale á otro pueblo que no es tan grande
-como Chalco; entónces dijo Cortés que queria ir por el que estaba
-embarazado, é comenzamos á subir la sierra puestos en gran concierto,
-y nuestros amigos apartando los árboles muy grandes y gruesos, por
-donde pasamos con gran trabajo, y hasta hoy están algunos dellos fuera
-del camino; y subiendo á lo más alto, comenzó á nevar y se cuajó de
-nieve la tierra, é caminamos la sierra abajo, y fuimos á dormir á unas
-caserías que eran como á manera de aposentos ó mesones, donde posaban
-indios mercaderes, é tuvimos bien de cenar, é con gran frio pusimos
-nuestras velas y rondas é escuchas y aun corredores del campo; é otro
-dia comenzamos á caminar, é á hora de Misas mayores llegamos á un
-pueblo que ya he dicho que se dice Talmalanco, y nos recibieron bien, é
-de comer no faltó; é como supieron de otros pueblos de nuestra llegada,
-luego vinieron los de Chalco, é se juntaron con los de Talmalanco, é
-á Mecameca é Acingo, donde están las canoas, que es puerto dellos, é
-otros pueblezuelos que ya no se me acuerda el nombre dellos; y todos
-juntos trujeron un presente de oro y dos cargas de mantas é ocho
-indias, que valdria el oro sobre ciento y cincuenta pesos, é dijeron:
-
-—«Malinche, recibe estos presentes que te damos, y ténnos de aquí
-adelante por tus amigos.»
-
-Y Cortés los recibió con grande amor, y se les ofreció que en todo lo
-que hubiesen menester los ayudaria; y cuando los vió juntos, dijo al
-Padre de la Merced que les amonestase las cosas tocantes á nuestra
-santa fe é dejasen sus ídolos; y se les dijo todo lo que soliamos decir
-en los más pueblos por donde habiamos venido; é á todo respondieron que
-bien dicho estaba é que lo verian adelante.
-
-Tambien se les dió á entender el gran poder del Emperador nuestro
-señor, y que veniamos á deshacer agravios é robos é que para ello nos
-envió á estas partes; é como aquello oyeron todos aquellos pueblos
-que dicho tengo, secretamente, que no lo sintieron los embajadores
-mejicanos, dieron tantas quejas de Montezuma y de sus recaudadores,
-que les robaban cuanto tenian, é las mujeres é hijas si eran hermosas
-las forzaban delante dellos y de sus maridos, y se las tomaban, é que
-les hacian trabajar como si fueran esclavos, que les hacian llevar en
-canoas é por tierra madera de pinos, é piedra é leña é maíz, é otros
-muchos servicios de sembrar maizales, é les tomaban sus tierras para
-servicio de ídolos, é otras muchas quejas, que como há ya muchos años
-que pasó, no me acuerdo; é Cortés les consoló con palabras amorosas,
-que se las sabia muy bien decir con doña Marina, é que ahora al
-presente no puede entender en hacelles justicia, é que se sufriesen,
-que él les quitaria aquel dominio; é secretamente les mandó que fuesen
-dos principales con otros cuatro amigos de Tlascala á ver el camino
-barrido que nos hubieron dicho los de Guaxocingo que no fuésemos por
-él, para que viesen qué albarradas é mamparos tenian, y si estaban allí
-algunos escuadrones de guerra; y los caciques respondieron:
-
-—«Malinche, no hay necesidad de irlo á ver, porque todo está ahora muy
-llano é aderezado. É has de saber que habrá seis dias que estaban á
-un mal paso, que tenian cortada la sierra porque no pudiésedes pasar,
-con mucha gente de guerra del gran Montezuma; y hemos sabido que su
-Huichilóbos, que es dios que tienen de la guerra, les aconsejó que os
-dejase pasar, é cuando hayais entrado en Méjico, que allí os matarán;
-por tanto, lo que nos parece es, que os estéis aquí con nosotros, y os
-daremos de lo que tuviéramos; é no vais á Méjico, que sabemos cierto
-que, segun es fuerte y de muchos guerreros, no os dejarán con las
-vidas.»
-
-Y Cortés les dijo con buen semblante que no tenian los mejicanos ni
-otras ningunas naciones poder para nos matar, salvo nuestro Señor Dios,
-en quien creemos.
-
-É que porque vean que al mismo Montezuma y á todos los caciques y papas
-les vamos á dar á entender lo que nuestro Dios manda, que luego nos
-queriamos partir, é que le diesen veinte hombres principales que vayan
-en nuestra compañía, é que haria mucho por ellos, é les haria justicia
-cuando haya entrado en Méjico, para que Montezuma ni sus recaudadores
-no les hagan las demasías y fuerzas que han dicho que les hacen; y con
-alegre rostro todos los de aquellos pueblos por mí ya nombrados dieron
-buenas respuestas y nos trujeron los veinte indios; é ya que estábamos
-para partir, vinieron mensajeros del gran Montezuma, y lo que dijeron
-diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXVII.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA NOS ENVIÓ OTROS EMBAJADORES CON UN PRESENTE DE
-ORO Y MANTAS, Y LO QUE DIJERON Á CORTÉS, Y LO QUE LES RESPONDIÓ.
-
-
-Ya que estábamos de partida para ir nuestro camino á Méjico, vinieron
-ante Cortés cuatro principales mejicanos que envió Montezuma, y
-trujeron un presente de oro y mantas; y despues de hecho su acato, como
-lo tenian de costumbre, dijeron:
-
-—«Malinche, este presente te envia nuestro señor el gran Montezuma, y
-dice que le pesa mucho por el trabajo que habeis pasado en venir de
-tan lejanas tierras á le ver, y que ya te ha enviado á decir otra vez
-que te dará mucho oro y plata y chalchihuis en tributo para vuestro
-Emperador y para vos y los demás teules que traeis, y que no vengas
-á Méjico. Ahora nuevamente te pide por merced que no pases de aquí
-adelante, sino que te vuelvas por donde veniste; que él te promete
-de te enviar al puerto mucha cantidad de oro y plata y ricas piedras
-para ese vuestro Rey, y para tí te dará cuatro cargas de oro, y para
-cada uno de tus hermanos una carga; porque ir á Méjico, es excusada tu
-entrada dentro, que todos sus vasallos están puestos en armas para no
-os dejar entrar.»
-
-Y demás desto, que no tenia camino, sino muy angosto, ni bastimentos
-que comiésemos; y dijo otras muchas razones y inconvenientes para que
-no pasásemos de allí; é Cortés con mucho amor abrazó á los mensajeros,
-puesto que le pesó de la embajada, y recibió el presente que ya no se
-me acuerda qué tanto valía; é á lo que yo vi y entendí, jamás dejó de
-enviar Montezuma oro, poco ó mucho, cuando nos enviaba mensajeros como
-otra vez he dicho.
-
-Y volviendo á nuestra relacion, Cortés les respondió que se maravillaba
-del señor Montezuma, habiéndose dado por nuestro amigo y siendo tan
-gran señor, tener tantas mudanzas, que unas veces dice uno y otras
-envia á mandar al contrario.
-
-Y que en cuanto á lo que dice que dará el oro para nuestro señor el
-Emperador y para nosotros, que se lo tiene en merced, y por aquello que
-ahora le envia, que en buenas obras se lo pagará, el tiempo andando; y
-que si le parecerá bien que estando tan cerca de su ciudad, será bueno
-volvernos del camino sin hacer aquello que nuestro señor nos manda.
-
-Que si el señor Montezuma hubiese enviado mensajeros y embajadores
-á algun gran señor, como él es, é ya que llegasen cerca de su casa
-aquellos mensajeros que enviaba se volviesen sin le hablar y decille á
-lo que iban, cuando volviesen ante su presencia con aquel recaudo, ¿qué
-merced les haria, sino tenellos por cobardes y de poca calidad?
-
-Que así haria el Emperador nuestro señor con nosotros; y que de
-una manera ó otra que habiamos de entrar en su ciudad, y desde allí
-adelante que no le enviase más excusas sobre aquel caso, porque le ha
-de ver y hablar y dar razon de todo el recaudo á que hemos venido,
-y ha de ser á su sola persona; y cuando lo haya entendido, si no le
-pareciere bien nuestra estada en su ciudad, que nos volveremos por
-donde venimos.
-
-É cuanto á lo que dice, que no tiene comida sino muy poco, é que no nos
-podremos sustentar, que somos hombres que con poca cosa que comemos nos
-pasamos, é que ya vamos á su ciudad, que haya por bien nuestra ida.
-
-Y luego en despachando los mensajeros, comenzamos á caminar para
-Méjico; y como nos habian dicho y avisado los de Guaxocingo y los de
-Chalco que Montezuma habia tenido pláticas con sus ídolos y papas
-que si nos dejaria entrar en Méjico ó si nos daria guerra, y todos
-sus papas le respondieron que decia su Huichilóbos que nos dejase
-entrar, que allí nos podrá matar, segun dicho tengo otras veces en el
-capítulo que dello habla; y como somos hombres y tememos la muerte,
-no dejábamos de pensar en ello; y como aquella tierra es muy poblada,
-íbamos siempre caminando muy chicas jornadas, y encomendándonos á
-Dios y á su bendita Madre Nuestra Señora, y platicando cómo y de qué
-manera podiamos entrar, y pusimos en nuestros corazones con buena
-esperanza, que pues Nuestro Señor Jesucristo fué servido guardarnos de
-los peligros pasados, que tambien nos guardaria del poder de Méjico;
-y fuimos á dormir á un pueblo que se dice Istapalatengo, que es la
-mitad de las casas en el agua y la mitad en tierra firme, donde está
-una sierrezuela, y agora está una venta cabe él, y allí tuvimos bien de
-cenar.
-
-Dejemos esto, y volvamos al gran Montezuma, que como llegaron sus
-mensajeros é oyó la respuesta que Cortés le envió, luego acordó de
-enviar á su sobrino, que se decia Cacamatzin, señor de Tezcuco, con
-muy gran fausto á dar el bien venido á Cortés y á todos nosotros; y
-como siempre teniamos de costumbre tener velas y corredores del campo,
-vino uno de nuestros corredores á avisar que venia por el camino muy
-gran copia de mejicanos de paz, y que al parecer venian de ricas mantas
-vestidos; y entónces cuando esto pasó era muy de mañana, y queriamos
-caminar, y Cortés nos dijo que reparásemos en nuestras posadas hasta
-ver qué cosa era, y en aquel instante vinieron cuatro principales,
-y hacen á Cortés gran reverencia, y le dicen que allí cerca viene
-Cacamatzin, gran señor de Tezcuco, sobrino del gran Montezuma, y que
-nos pide por merced que aguardemos hasta que venga; y no tardó mucho,
-porque luego llegó con el mayor fausto y grandeza que ningun señor de
-los mejicanos habiamos visto traer, porque venia en andas muy ricas,
-labradas de plumas verdes, y mucha argentería y otras ricas piedras
-engastadas en ciertas arboledas de oro que en ellas traia hechas de
-oro, y traian las andas á cuestas ocho principales, y todos decian
-que eran señores de pueblos; é ya que llegaron cerca del aposento
-donde estaba Cortés, le ayudaron á salir de las andas, y le barrieron
-el suelo, y le quitaban las pajas por donde habia de pasar; y desde
-que llegaron ante nuestro capitan, le hicieron grande acato, y el
-Cacamatzin le dijo:
-
-—«Malinche, aquí venimos yo y estos señores á te servir, hacerte dar
-todo lo que hubieres menester para tí y tus compañeros, y meteros en
-vuestras casas, que es nuestra ciudad; porque así nos es mandado por
-nuestro señor el gran Montezuma, y dice que esto lo deja, y no por
-falta de muy buena voluntad que os tiene.»
-
-Y cuando nuestro capitan y todos nosotros vimos tanto aparato y
-majestad como traian aquellos caciques, especialmente el sobrino de
-Montezuma, lo tuvimos por muy gran cosa, y platicamos entre nosotros
-que cuando aquel cacique traia tanto triunfo, ¿qué haria el gran
-Montezuma?
-
-Y como el Cacamatzin hubo dicho su razonamiento, Cortés le abrazó y
-le hizo muchas caricias á él y á todos los más principales, y le dió
-tres piedras que se llaman margajitas, que tienen dentro de sí muchas
-pinturas de diversas colores, é á los demás principales se les dió
-diamantes azules, y les dijo que se lo tenia en merced, é ¿cuándo
-pagaria al señor Montezuma las mercedes que cada dia nos hace?
-
-Y acabada la plática, luego nos partimos; é como habian venido
-aquellos caciques que dicho tengo, traian mucha gente consigo y de
-otros muchos pueblos que están en aquella comarca, que salian á vernos,
-todos los caminos estaban llenos dellos; y otro dia por la mañana
-llegamos á la calzada ancha, íbamos camino de Iztapalapa; y desde que
-vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme
-otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha por nivel
-cómo iba á Méjico, nos quedamos admirados, y deciamos que parecia á
-las casas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las
-grandes torres y cues y edificios que tenian dentro en el agua, y
-todas de cal y canto; y aun algunos de nuestros soldados decian que si
-aquello que veian si era entre sueños.
-
-Y no es de maravillar que yo aquí lo escriba desta manera, porque hay
-que ponderar mucho en ello, que no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca
-oidas ni vistas y aun soñadas, como vimos.
-
-Pues desque llegamos cerca de Iztapalapa, ver la grandeza de otros
-caciques que nos salieron á recibir, que fué el señor del pueblo, que
-se decia Coadlauaca, y el señor de Cuyoacan, que entrambos eran deudos
-muy cercanos de Montezuma; y de cuando entramos en aquella villa de
-Iztapalapa de la manera de los palacios en que nos aposentaron, de
-cuán grandes y bien labrados eran, de cantería muy prima, y la madera
-de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con grandes patios é
-cuartos, cosas muy de ver, y entoldados con paramentos de algodon.
-
-Despues de bien visto todo aquello, fuimos á la huerta y jardin, que
-fué cosa muy admirable vello y pasallo, que no me hartaba de mirallo y
-ver la diversidad de árboles y los olores que cada uno tenia, y andenes
-llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la tierra, y
-un estanque de agua dulce; y otra cosa de ver, que podrian entrar en el
-verjel grandes canoas desde la laguna por una abertura que tenia hecha,
-sin saltar en tierra, y todo muy encalado y lucido de muchas maneras de
-piedras, y pinturas en ellas, que habia harto que ponderar, y de las
-aves de muchas raleas y diversidades que entraban en el estanque.
-
-Digo otra vez que lo estuve mirando, y no creí que en el mundo hubiese
-otras tierras descubiertas como estas; porque en aquel tiempo no habia
-Perú ni memoria dél. Agora toda esta villa está por el suelo perdida,
-que no hay cosa en pié.
-
-Pasemos adelante, y diré cómo trujeron un presente de oro los caciques
-de aquella ciudad y los de Cuyoacan, que valía sobre dos mil pesos, y
-Cortés les dió muchas gracias por ello y les mostró grande amor, y se
-les dijo con nuestras lenguas las cosas tocantes á nuestra santa fe, y
-se les declaró el gran poder de nuestro señor el Emperador; é porque
-hubo otras muchas pláticas, lo dejaré de decir, y diré que en aquella
-sazon era muy gran pueblo, y que estaba poblada la mitad de las casas
-en tierra y la otra mitad en el agua; agora en esta sazon está todo
-seco, y siembran donde solia ser laguna, y está de otra manera mudado,
-que si no lo hubiera de ántes visto, no lo dijera, que no era posible
-que aquello que estaba lleno de agua esté agora sembrado de maizales y
-muy perdido.
-
-Dejémoslo aquí, y diré del solenísimo recebimiento que nos hizo
-Montezuma á Cortés y á todos nosotros en la entrada de la gran ciudad
-de Méjico.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXVIII.
-
-DEL GRAN É SOLENE RECEBIMIENTO QUE NOS HIZO EL GRAN MONTEZUMA Á CORTÉS
-Y Á TODOS NOSOTROS EN LA ENTRADA DE LA GRAN CIUDAD DE MÉJICO.
-
-
-Luego otro dia de mañana partimos de Iztapalapa muy acompañados de
-aquellos grandes caciques que atrás he dicho.
-
-Íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y
-va tan derecha á la ciudad de Méjico, que me parece que no se tuerce
-poco ni mucho; é puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas
-gentes, que no cabian, unos que entraban en Méjico y otros que salian,
-que nos venian á ver, que no nos podiamos rodear de tantos como
-vinieron, porque estaban llenas las torres y cues y en las canoas y de
-todas partes de la laguna; y no era cosa de maravillar, porque jamás
-habian visto caballos ni hombres como nosotros.
-
-Y de que vimos cosas tan admirables, no sabiamos qué nos decir, ó si
-era verdad lo que por delante parecia, que por una parte en tierra
-habia grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, é víamoslo todo
-lleno de canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho á trecho,
-y por delante estaba la gran ciudad de Méjico, y nosotros aun no
-llegábamos á cuatro cientos cincuenta soldados, y teniamos muy bien en
-la memoria las pláticas é avisos que nos dieron los de Guaxocingo é
-Tlascala y Talmanalco, y con otros muchos consejos que nos habian dado
-para que nos guardásemos de entrar en Méjico, que nos habian de matar
-cuando dentro nos tuviesen.
-
-Miren los curiosos letores esto que escribo, si habia bien que ponderar
-en ello; ¿qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento
-tuviesen? Pasemos adelante, y vamos por nuestra calzada.
-
-Ya que llegábamos donde se aparta otra calzadilla que iba á Coyouacan,
-que es otra ciudad adonde estaban unas como torres, que eran sus
-adoratorios, vinieron muchos principales y caciques con muy ricas
-mantas sobre sí, con galanía y libreas diferenciadas las de los unos
-caciques á los otros, y las calzadas llenas dellos, y aquellos grandes
-caciques enviaba el gran Montezuma delante á recebirnos; y así como
-llegaban delante de Cortés decian en sus lenguas que fuésemos bien
-venidos, y en señal de paz tocaban con la mano en el suelo y besaban la
-tierra con la mesma mano.
-
-Así que, estuvimos detenidos un buen rato, y desde allí se adelantaron
-el Cacamacan, Sr. de Tezcuco, y el Sr. de Iztapalapa y el Sr. de Tacuba
-y el Sr. de Cuyoacan á encontrarse con el gran Montezuma, que venia
-cerca en ricas andas, acompañado de otros grandes señores y caciques
-que tenian vasallos; é ya que llegábamos cerca de Méjico, adonde
-estaban otras torrecillas, se apeó el gran Montezuma de las andas, y
-traíanle del brazo aquellos grandes caciques debajo de un pálio muy
-riquísimo á maravilla, y la color de plumas verdes con grandes labores
-de oro, con mucha argentería y perlas y piedras chalchihuis, que
-colgaban de unas como bordaduras, que hubo mucho que mirar en ello;
-y el gran Montezuma venia muy ricamente ataviado, segun su usanza, y
-traia calzados unos como cotaras, que así se dice lo que se calzan, las
-suelas de oro; y muy preciada pedrería encima en ellas; é los cuatro
-señores que le traian del brazo venian con rica manera de vestidos
-á usanza, que parece ser se los tenian aparejados en el camino para
-entrar con su señor, que no traian los vestidos con que nos fueron
-á recebir: y venian, sin aquellos grandes señores, otros grandes
-caciques, que traian el pálio sobre sus cabezas, y otros muchos señores
-que venian delante del gran Montezuma barriendo el suelo por donde
-habia de pisar, y le ponian mantas porque no pisase la tierra.
-
-Todos estos señores ni por pensamiento le miraban á la cara, sino los
-ojos bajos é con mucho acato, excepto aquellos cuatro deudos y sobrinos
-suyos que le llevaban del brazo.
-
-É como Cortés vió y entendió é le dijeron que venia el gran Montezuma,
-se apeó del caballo, y desque llegó cerca de Montezuma, á una se
-hicieron grandes acatos; el Montezuma le dió el bien venido, é nuestro
-Cortés le respondió con doña Marina que él fuese el muy bien estado.
-
-É paréceme que el Cortés con la lengua doña Marina, que iba junto á
-Cortés, le daba la mano derecha, y el Montezuma no la quiso é se la dió
-á Cortés; y entónces sacó Cortés un collar que traia muy á mano de unas
-piedras de vidrio, que ya he dicho que se dicen margajitas, que tienen
-dentro muchas colores é diversidad de labores y venia ensartado en unos
-cordones de oro con almizque porque diesen buen olor, y se le echó
-al cuello al gran Montezuma; y cuando se lo puso le iba á abrazar, y
-aquellos grandes señores que iban con el Montezuma detuvieron el brazo
-á Cortés que no le abrazase, porque lo tenian por menosprecio; y luego
-Cortés con la lengua doña Marina le dijo que holgaba agora su corazon
-en haber visto un tan gran Príncipe, y que le tenia en gran merced la
-venida de su persona á le recebir y las mercedes que le hace á la
-contina.
-
-É entónces el Montezuma, le dijo otras palabras de buen comedimento, é
-mandó á dos de sus sobrinos de los que le traian del brazo, que eran
-el señor de Tezcuco y el señor de Cuyoacan, que se fuesen con nosotros
-hasta aposentarnos; y el Montezuma con los otros de sus parientes,
-Cuedlauaca y el señor de Tacuba, que le acompañaban, se volvió á la
-ciudad, y tambien se volvieron con él todas aquellas grandes compañías
-de caciques y principales que le habian venido á acompañar; é cuando
-se volvian con su señor estábamoslos mirando cómo iban todos, los ojos
-puestos en tierra, sin miralle y muy arrimados á la pared, y con gran
-acato le acompañaban; y así tuvimos lugar nosotros de entrar por las
-calles de Méjico sin tener tanto embarazo.
-
-¿Quién podrá decir la multitud de hombres y mujeres y muchachos que
-estaban en las calles é azuteas y en canoas en aquellas acequias
-que nos salian á mirar? Era cosa de notar, que agora, que lo estoy
-escribiendo, se me representa todo delante de mis ojos como si ayer
-fuera cuando esto pasó; y considerada la cosa y gran merced que nuestro
-Señor Jesucristo nos hizo y fué servido de darnos gracia y esfuerzo
-para osar entrar en tal ciudad, é me haber guardado de muchos peligros
-de muerte, como adelante verán.
-
-Doyle muchas gracias por ello, que á tal tiempo me ha traido para
-podello escribir, é aunque no tan cumplidamente como convenia y se
-requiere; y dejemos palabras, pues las obras son buen testigo de lo
-que digo.
-
-É volvamos á nuestra entrada en Méjico, que nos llevaron á aposentar
-á unas grandes casas, donde habia aposentos para todos nosotros, que
-habian sido de su padre el gran Montezuma, que se decia Axayaca, adonde
-en aquella sazon tenia el gran Montezuma sus grandes adoratorios é
-ídolos, é tenia una recámara muy secreta de piezas y joyas de oro,
-que era como tesoro de lo que habia heredado de su padre Axayaca, que
-no tocaba en ello; y asimismo nos llevaron á aposentar á aquella casa
-por causa que como nos llamaban teules, é por tales nos tenian, que
-estuviésemos entre sus ídolos, como teules que allí tenia.
-
-Sea de una manera ú de otra, allí nos llevaron, donde tenia hechos
-grandes estrados y salas muy entoldadas de paramentos de la tierra para
-nuestro capitan, y para cada uno de nosotros otras camas de esteras
-y unos toldillos encima, que no se da más cama por muy gran señor
-que sea, porque no las usan; y todos aquellos palacios muy lucidos y
-encalados y barridos y enramados; y como llegamos y entramos en un gran
-patio, luego tomó por la mano el gran Montezuma á nuestro capitan, que
-allí lo estuvo esperando, y le metió en el aposento y sala donde habia
-de posar, que le tenia muy ricamente aderezada para segun su usanza,
-y tenia aparejado un muy rico collar de oro, de hechura de camarones,
-obra muy maravillosa; y el mismo Montezuma se lo echó al cuello á
-nuestro capitan Cortés, que tuvieron bien que admirar sus capitanes del
-gran favor que le dió; y cuando se lo hubo puesto, Cortés le dió las
-gracias con nuestras lenguas; é dijo Montezuma:
-
-—«Malinche, en vuestra casa estais vos y vuestros hermanos, descansad.»
-
-Y luego se fué á sus palacios, que no estaban léjos; y nosotros
-repartimos nuestros aposentos por capitanías, é nuestra artillería
-asestada en parte conveniente; y muy bien platicada la órden que en
-todo habiamos de tener, y estar muy apercebidos, así los de á caballo
-como todos nuestros soldados; y nos tenian aparejada una muy suntuosa
-comida á su uso é costumbre, que luego comimos.
-
-Y fué esta nuestra venturosa é atrevida entrada en la gran ciudad de
-Tenustitlan, Méjico, á ocho dias del mes de Noviembre, año de nuestro
-Salvador Jesucristo de 1519 años. Gracias á nuestro Señor Jesucristo
-por todo. É puesto que no vaya expresado otras cosas que habia que
-decir, perdónenme, que no lo sé decir mejor por agora hasta su tiempo.
-
-É dejemos de más pláticas, é volvamos á nuestra relacion de lo que más
-nos avino; lo cual diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO LXXXIX.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA VINO Á NUESTROS APOSENTOS CON MUCHOS CACIQUES
-QUE LE ACOMPAÑABAN, É LA PLÁTICA QUE TUVO CON NUESTRO CAPITAN.
-
-
-Como el gran Montezuma hubo comido, y supo que nuestro capitan y todos
-nosotros asimismo habia buen rato que habiamos hecho lo mismo, vino á
-nuestro aposento con gran copia de principales, é todos deudos suyos,
-é con gran pompa; é como á Cortés le dijeron que venia, le salió á la
-mitad de la sala á le recebir, y el Montezuma le tomó por la mano,
-é trajeron unos como asentaderos hechos á su usanza é muy ricos, y
-labrados de muchas maneras con oro; y el Montezuma dijo á nuestro
-capitan que se sentase, é se asentaron entrambos, cada uno en el suyo,
-y luego comenzó el Montezuma un muy buen parlamento, é dijo que en
-gran manera se holgaba de tener en su casa y reino unos caballeros tan
-esforzados, como era el capitan Cortés y todos nosotros, é que habia
-dos años que tuvo noticia de otro capitan que vino á lo de Champoton, é
-tambien el año pasado le trujeron nuevas de otro capitan que vino con
-cuatro navíos, é que siempre lo deseó ver, é que ahora que nos tiene ya
-consigo para servirnos y darnos de todo lo que tuviese.
-
-Y que verdaderamente debe de ser cierto que somos los que sus
-antepasados muchos tiempos ántes habian dicho, que vendrian hombres
-de hácia donde sale el sol á señorear aquestas tierras, y que debemos
-de ser nosotros, pues tan valientemente peleamos en lo de Potonchan y
-Tabasco y con tlascaltecas, porque todas las batallas se las trujeron
-pintadas al natural.
-
-Cortés le respondió con nuestras lenguas, que consigo siempre estaban,
-especial la doña Marina, y le dijo que no sabe con qué pagar él ni
-todos nosotros las grandes mercedes recebidas de cada dia, é que
-ciertamente veniamos de donde sale el sol, y somos vasallos y criados
-de un gran señor que se dice el Emperador D. Cárlos, que tiene sujetos
-á sí muchos y grandes Príncipes, é que teniendo noticia dél y de cuán
-gran señor es, nos envió á estas partes á le ver é á rogar que sean
-cristianos, como es nuestro Emperador é todos nosotros, é que salvarán
-sus ánimas él y todos sus vasallos, é que adelante le declarará
-más cómo y de qué manera ha de ser, y cómo adoramos á un solo Dios
-verdadero, y quién es, y otras muchas cosas buenas que oirá, como les
-habia dicho á sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é Quintalvor
-cuando estábamos en los arenales.
-
-É acabado este parlamento, tenia apercebido el gran Montezuma muy
-ricas joyas de oro y de muchas hechuras, que dió á nuestro capitan, é
-asimismo á cada uno de nuestros capitanes dió cositas de oro y tres
-cargas de mantas de labores ricas de pluma, y entre todos los soldados
-tambien nos dió á cada uno á dos cargas de mantas, con alegría, y en
-todo parecia gran señor.
-
-Y cuando lo hubo repartido, preguntó á Cortés que si éramos todos
-hermanos y vasallos de nuestro gran Emperador, é dijo que sí, que
-éramos hermanos en el amor y amistad, é personas muy principales é
-criados de nuestro gran Rey y señor.
-
-Y porque pasaron otras pláticas de buenos comedimientos entre Montezuma
-y Cortés, y por ser esta la primera vez que nos venia á visitar, y
-por no le ser pesado, cesaron los razonamientos; y habia mandado el
-Montezuma á sus mayordomos que á nuestro modo y usanza estuviésemos
-proveidos, que es maíz, é piedras é indias para hacer pan, é gallinas y
-fruta, y mucha yerba para los caballos; y el gran Montezuma se despidió
-con gran cortesía de nuestro capitan y de todos nosotros, y salimos con
-él hasta la calle, y Cortés nos mandó que al presente que no fuésemos
-muy léjos de los aposentos, hasta entender más lo que conviniese.
-
-É quedarse há aquí, é diré lo que adelante pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XC.
-
-CÓMO LUEGO OTRO DIA FUÉ NUESTRO CAPITAN Á VER AL GRAN MONTEZUMA, Y DE
-CIERTAS PLÁTICAS QUE TUVIERON.
-
-
-Otro dia acordó Cortés de ir á los palacios de Montezuma, é primero
-envió á saber qué hacia, y supiese cómo íbamos, y llevó consigo
-cuatro capitanes, que fué Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon
-y Diego de Ordás, é á Gonzalo de Sandoval, y tambien fuimos cinco
-soldados, y como el Montezuma lo supo, salió á nos recebir á la mitad
-de la sala, muy acompañado de sus sobrinos, porque otros señores no
-entraban ni comunicaban donde el Montezuma estaba, si no era á negocios
-importantes; y con gran acato que hizo á Cortés, y Cortés á él, le
-tomaron por las manos, é adonde estaba su estrado le hizo sentar á la
-mano derecha; y asimismo nos mandó sentar á todos nosotros en asientos
-que allí mandó traer.
-
-É Cortés le comenzó á hacer un razonamiento con nuestras lenguas doña
-Marina é Aguilar; é dijo que ahora, que habia venido á ver y hablar á
-un tan gran señor como era, estaba descansado, y todos nosotros, pues
-ha cumplido el viaje é mando que nuestro gran Rey y señor le mandó; é
-lo que más le viene á decir de parte de nuestro Señor Dios es, que ya
-su merced habrá entendido de sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é
-Quintalvor, cuando nos hizo las mercedes de enviarnos la luna y el sol
-de oro en el arenal, cómo les dijimos que éramos cristianos é adoramos
-á un solo Dios verdadero, que se dice Jesucristo, el cual padeció
-muerte y pasion por nos salvar; y le dijimos, cuando nos preguntaron
-que por qué adorábamos aquella cruz, que la adorábamos por otra que era
-señal donde Nuestro Señor fué crucificado por nuestra salvacion, é que
-aquesta muerte y pasion que permitió que así fuese por salvar por ella
-todo el linaje humano, que estaba perdido; y que aqueste nuestro Dios
-resucitó al tercero dia y está en los cielos, y es el que hizo el cielo
-y tierra y la mar, y crió todas las cosas que hay en el mundo, y las
-aguas y rocios, y ninguna cosa se hace sin su santa voluntad; y que en
-él creemos y adoramos, y que aquellos que ellos tienen por dioses, que
-no lo son, sino diablos, que son cosas muy malas, y cuales tienen las
-figuras, que peores tienen los hechos; é que mirasen cuán malos son y
-de poca valía, que adonde tenemos puestas cruces como las que vieron
-sus embajadores, con temor dellas no osan parecer delante, y que el
-tiempo andando lo verian.
-
-É lo que agora le pide por merced es, que esté atento á las palabras
-que agora le quiere decir. Y luego le dijo muy bien dado á entender
-de la creacion del mundo, é como todos somos hermanos, hijos de un
-padre y de una madre, que se decian Adan y Eva; cómo tal hermano,
-nuestro gran Emperador, doliéndose de la perdicion de las ánimas, que
-son muchas las que aquellos sus ídolos llevan al infierno, donde arden
-en vivas llamas, nos envió para que esto que ha oido lo remedie, y no
-adoren aquellos ídolos ni les sacrifiquen más indios ni indias; y pues
-todos somos hermanos, no consientan sodomías ni robos; y más le dijo,
-que el tiempo andando enviaria nuestro Rey y señor unos hombres que
-entre nosotros viven muy santamente, mejores que nosotros, para que
-se lo dén á entender; porque al presente no veniamos á más de se lo
-notificar; é así, se lo pide por merced que lo haga y cumpla.
-
-É porque pareció que el Montezuma queria responder, cesó Cortés la
-plática. É díjonos Cortés á todos nosotros que con él fuimos:
-
-—«Con esto cumplimos, por ser el primer toque.»
-
-Y el Montezuma respondió:
-
-—«Señor Malinche, muy bien entendido tengo vuestras pláticas y
-razonamientos ántes de agora, que á mis criados sobre vuestro Dios
-les dijísteis en el arenal, y eso de la cruz y todas las cosas que
-en los pueblos por donde habeis venido habeis predicado, no os hemos
-respondido á cosa ninguna dellas porque desde ab-inicio acá adoramos
-nuestros dioses y los tenemos por buenos, é así deben ser los vuestros,
-é no cureis más al presente de nos hablar dellos; y en esto de la
-creacion del mundo, así lo tenemos nosotros creido muchos tiempos
-pasados; é á esta causa tenemos por cierto que sois los que nuestros
-antecesores nos dijeron que venian de donde sale el sol, é á ese
-vuestro Rey yo le soy en cargo y le daré de lo que tuviere; porque,
-como dicho tengo otra vez, bien há dos años tengo noticia de capitanes
-que vinieron con navíos por donde vosotros vinísteis, y decian que eran
-criados dese vuestro gran Rey. Querria saber si sois todos unos.»
-
-É Cortés le dijo que sí, que todos éramos criados de nuestro Emperador,
-é que aquellos vinieron á ver el camino é mares é puertos para lo
-saber muy bien, y venir nosotros como veniamos; y decíalo el Montezuma
-por lo de Francisco Fernandez de Córdoba é Grijalva, cuando venimos á
-descubrir la primera vez; y dijo que desde entónces tuvo pensamiento de
-ver algunos de aquellos hombres que venian, para tener en sus reinos é
-ciudades, para les honrar; é pues que sus dioses le habian cumplido sus
-buenos deseos, é ya estábamos en sus casas, las cuales se pueden llamar
-nuestras, que holgásemos y tuviésemos descanso; que allí seriamos
-servidos, é que si algunas veces nos enviaba á decir que no entrásemos
-en su ciudad, que no era de su voluntad, sino porque sus vasallos
-tenian temor, que les decian que echábamos rayos é relámpagos, é con
-los caballos matábamos muchos indios, é que éramos teules bravos, é
-otras cosas de niñerias.
-
-É que agora, que ha visto nuestras personas, é que somos de hueso y de
-carne y de mucha razon, é sabe que somos muy esforzados, por estas
-causas nos tiene en más estima que le habian dicho, é que nos daria de
-lo que tuviese.
-
-É Cortés é todos nosotros respondimos que se lo teniamos en grande
-merced tan sobrada voluntad; y luego el Montezuma dijo riendo, porque
-en todo era muy regocijado en su hablar de gran señor:
-
-—«Malinche, bien sé que te han dicho esos de Tlascala, con quien tanta
-amistad habeis tomado, que yo que soy como dios ó teule, que cuanto hay
-en mis casas es todo oro é plata y piedras ricas; bien tengo conocido
-que como sois entendidos, que no lo creíades y lo teniades por burla;
-lo que ahora, señor Malinche, veis: mi cuerpo de hueso y de carne como
-los vuestros, mis casas y palacios de piedra y madera y cal; de ser yo
-gran Rey, si soy, y tener riquezas de mis antecesores, si tengo; mas
-no las locuras y mentiras que de mí os han dicho; así que tambien lo
-teneis por burla, como yo tengo lo de vuestros truenos y relámpagos.»
-
-É Cortés le respondió tambien riendo, y dijo que los contrarios
-enemigos siempre dicen cosas malas é sin verdad de los que quieren mal,
-é que bien ha conocido que en estas partes otro señor más magnífico no
-le espera ver, é que no sin causa es tan nombrado delante de nuestro
-Emperador.
-
-É estando en estas pláticas mandó secretamente Montezuma á un gran
-cacique, sobrino suyo, de los que estaban en su compañía, que mandase
-á sus mayordomos que trujesen ciertas piezas de oro, que parece ser
-debieran estar apartadas para dar á Cortés diez cargas de ropa fina;
-lo cual repartió, el oro y mantas entre Cortés y los cuatro capitanes,
-é á nosotros los soldados nos dió á cada uno dos collares de oro, que
-valdria cada collar diez pesos, é dos cargas de mantas.
-
-Valía todo el oro que entónces dió sobre mil pesos, y esto daba con una
-alegría y semblante de grande é valeroso señor; y porque pasaba la hora
-más de medio dia, y por no le ser más importuno, le dijo Cortés:
-
-—«El señor Montezuma siempre tiene por costumbre de echarnos un cargo
-sobre otro, en hacernos cada dia mercedes; ya es hora que vuestra
-majestad coma.»
-
-Y el Montezuma dijo que ántes por haberle ido á visitar le hicimos
-merced; é así, nos despedimos con grandes cortesías dél y nos fuimos á
-nuestros aposentos, é íbamos platicando de la buena manera é crianza
-que en todo tenia, é que nosotros en todo le tuviésemos mucho acato,
-é con las gorras de armas colchadas quitadas cuando delante dél
-pasásemos; é así lo haciamos.
-
-É dejémoslo aquí, é pasemos adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCI.
-
-DE LA MANERA É PERSONA DEL GRAN MONTEZUMA, Y DE CUÁN GRAN SEÑOR ERA.
-
-
-Seria el gran Montezuma de edad de hasta cuarenta años, y de buena
-estatura y bien proporcionado, é cenceño é pocas carnes, y la color no
-muy moreno, sino propia color y matiz de indio, y traia los cabellos no
-muy largos, sino cuanto le cubrian las orejas, é pocas barbas, prietas
-y bien puestas é ralas, y el rostro algo largo é alegre é los ojos de
-buena manera, é mostraba en su persona en el mirar por un cabo amor, é
-cuando era menester gravedad.
-
-Era muy pulido y limpio, bañábase cada dia una vez á la tarde; tenia
-muchas mujeres por amigas; é hijas de señores, puesto que tenia dos
-grandes cacicas por sus legítimas mujeres, que cuando usaba con ellas
-era tan secretamente, que no lo alcanzaban á saber sino alguno de los
-que le servian; era muy limpio de sodomías; las mantas y ropas que se
-ponia cada un dia, no se las ponia sino desde á cuatro dias.
-
-Tenia sobre ducientos principales de su guarda en otras salas junto á
-la suya, y estos no para que hablasen todos con él, sino cual ó cual; y
-cuando le iban á hablar se habian de quitar las mantas ricas y ponerse
-otras de poca valía, mas habian de ser limpias, y habian de entrar
-descalzos y los ojos bajos puestos en tierra, y no miralle á la cara,
-y con tres reverencias que le hacian primero que á él llegasen, é le
-decian en ellas:
-
-—«Señor, mi señor, gran señor.»
-
-Y cuando le daban relacion á lo que iban, con pocas palabras los
-despachaba; sin levantar el rostro al despedirse dél, sino la cara é
-ojos bajos en tierra hácia donde estaba, é no vueltas las espaldas
-hasta que salian de la sala.
-
-É otra cosa vi, que cuando otros grandes señores venian de léjas
-tierras á pleitos ó negocios, cuando llegaban á los aposentos del gran
-Montezuma habíanse de descalzar é venir con pobres mantas, y no habian
-de entrar derecho en los palacios, sino rodear un poco por el lado de
-la puerta de palacio; que entrar de rota batida teníanlo por descaro;
-en el comer le tenian sus cocineros sobre treinta maneras de guisados
-hechos á su modo y usanza; teníanlos en braseros de barro chicos
-debajo, porque no se enfriasen.
-
-É de aquello que el gran Montezuma habia de comer guisaban más de
-trescientos platos, sin más de mil para la gente de guarda; y cuando
-habia de comer, salíase el Montezuma algunas veces con sus principales
-y mayordomos, y le señalaban cual guisado era mejor é de qué aves
-é cosas estaba guisado, y de lo que le decian, de aquello habia de
-comer, é cuando salia á lo ver eran pocas veces; y como por pasatiempo,
-oí decir que le solian guisar carnes de muchachos de poca edad; y
-como tenia tantas diversidades de guisados y de tantas cosas, no le
-echábamos de ver si era de carne humana y de otras cosas, porque
-cotidianamente le guisaban gallinas, gallos de papada, faisanes,
-perdices de la tierra, codornices, patos mansos y bravos, venado,
-puerco de la tierra, pajaritos de caña y palomas y liebres y conejos,
-y muchas maneras de aves é cosas de las que se crian en estas tierras,
-que son tantas que no las acabaré de nombrar tan presto; y así, no
-miramos en ello.
-
-Lo que yo sé es, que desque nuestro capitan le reprendió el sacrificio
-y comer de carne humana; que desde entónces mandó que no le guisasen
-tal manjar.
-
-Dejemos de hablar en esto, y volvamos á la manera que tenia en su
-servicio al tiempo de comer, y es desta manera: que si hacia frio
-teníanle hecha mucha lumbre de ascuas de una leña de cortezas de
-árboles que no hacian humo, el olor de las cortezas de que hacian
-aquellas ascuas muy oloroso; y porque no le diesen más calor de lo
-que él queria, ponian delante una como tabla labrada con oro y otras
-figuras de ídolos, y él sentado en un asentadero bajo, rico é blando,
-é la mesa tambien baja, hecha de la misma manera de los asentaderos, é
-allí le ponian sus manteles de mantas blancas y unos pañizuelos algo
-largos de lo mismo, y cuatro mujeres muy hermosas y limpias le daban
-aguamanos en unos como á manera de aguamaniles hondos, que llaman
-sicales, y le ponian debajo para recoger el agua otros á manera de
-platos, y le daban sus tohallas, é otras dos mujeres le traian el pan
-de tortillas.
-
-É ya que comenzaba á comer, echándole delante una como puerta de madera
-muy pintada de oro, porque no le viesen comer; y estaban apartadas las
-cuatro mujeres, aparte, y allí se le ponian á sus lados cuatro grandes
-señores viejos y de edad, en pié, con quien el Montezuma de cuando en
-cuando platicaba é preguntaba cosas, y por mucho favor daba á cada
-uno destos viejos un plato de lo que él comia; é decian que aquellos
-viejos eran sus deudos muy cercanos, é consejeros y jueces de pleitos,
-y el plato y manjar que les daba el Montezuma comian en pié y con mucho
-acato, y todo sin miralle á la cara. Servíase con barro de Cholula, uno
-colorado y otro prieto.
-
-Miéntras que comia, ni por pensamiento habian de hacer alboroto ni
-hablar alto los de su guarda, que estaban en las salas cerca de la del
-Montezuma.
-
-Traíanle frutas de todas cuantas habia en la tierra, mas no comia sino
-muy poca, y de cuando en cuando traian unas como copas de oro fino,
-con cierta bebida hecha del mismo cacao, que decian era para tener
-acceso con mujeres; y entónces no mirábamos en ello; mas lo que yo vi,
-que traian sobre cincuenta jarros grandes hechos de buen cacao con
-su espuma, y de lo que bebia; y las mujeres le servian al beber con
-gran acato, y algunas veces al tiempo del comer estaban unos indios
-corcovados, muy feos, porque eran chicos de cuerpo y quebrados por
-medio los cuerpos, que entre ellos eran chocarreros; otros indios
-que debian de ser truhanes, que le decian gracias, é otros que le
-cantaban y bailaban, porque el Montezuma era muy aficionado á placeres
-y cantares, é á aquellos mandaba dar los relieves y jarros del cacao;
-y las mismas cuatro mujeres alzaban los manteles y le tornaban á dar
-agua á manos, y con mucho acato que le hacian; é hablaba Montezuma
-á aquellos cuatro principales viejos en cosas que le convenian, y se
-despedian dél con gran acato que le tenian, y él se quedaba reposando;
-y cuando el gran Montezuma habia comido, luego comian todos los de
-su guarda é otros muchos de sus serviciales de casa, y me parece que
-sacaban sobre mil platos de aquellos manjares que dicho tengo; pues
-jarros de cacao con su espuma, como entre mejicanos se hace, más de dos
-mil, y fruta infinita. Pues para sus mujeres y criadas, é panaderas é
-cacaguoteras era gran costa la que tenia.
-
-Dejemos de hablar de la costa y comida de su casa, y digamos de los
-mayordomos y tesoreros, é despensas é botillería, y de los que tenian
-cargo de las casas adonde tenian el maíz, digo que habia tanto que
-escribir, cada cosa por sí, que yo no sé por dónde comenzar, sino que
-estábamos admirados del gran concierto é abasto que en todo habia.
-
-Y más digo, que se me habia olvidado, que es bien de tornallo á
-recitar, y es, que le servian al Montezuma estando á la mesa cuando
-comia, como dicho tengo, otras dos mujeres muy agraciadas; hacian
-tortillas amasadas con huevos y otras cosas sustanciosas, y eran las
-tortillas muy blancas, y traíanselas en unos platos cobijados con sus
-paños limpios, y tambien le traian otra manera de pan que son como
-bollos largos, hechos y amasados con otra manera de cosas sustanciales,
-y pan pachol, que en esta tierra así se dice, que es á manera de unas
-obleas.
-
-Tambien le ponian en la mesa tres cañutos muy pintados y dorados, y
-dentro traian liquidámbar revuelto con unas yerbas que se dice tabaco,
-y cuando acababa de comer, despues que le habian cantado y bailado, y
-alzada la mesa, tomaba el humo de uno de aquellos cañutos, y muy poco,
-y con ello se dormia.
-
-Dejemos ya de decir del servicio de su mesa, y volvamos á nuestra
-relacion. Acuérdome que era en aquel tiempo su mayordomo mayor un gran
-cacique que le pusimos por nombre Tapia, y tenia cuenta de todas las
-rentas que le traian al Montezuma, con sus libros hechos de su papel,
-que se dice amatl, y tenia destos libros una gran casa dellos.
-
-Dejemos de hablar de los libros y cuentas, pues va fuera de nuestra
-relacion, y digamos cómo tenia Montezuma dos casas llenas de todo
-género de armas, y muchas de ellas ricas con oro y pedrería, como eran
-rodelas grandes y chicas, y unas como macanas, y otras á manera de
-espadas de á dos manos, engastadas en ellas unas navajas de pedernal,
-que cortaban muy mejor que nuestras espadas, é otras lanzas más largas
-que no las nuestras, con una braza de cuchillas, y engastadas en
-ellas muchas navajas, que aunque dén con ellas en un broquel ó rodela
-no saltan, é cortan en fin como navajas, que se rapan con ellas las
-cabezas, y tenian muy buenos arcos y flechas, y varas de á dos gajos, y
-otras de á uno con sus tiraderas, y muchas hondas y piedras rollizas
-hechas á mano, y unos como paveses, que son de arte que los pueden
-arrollar arriba cuando no pelean porque no les estorbe, y al tiempo de
-pelear, cuando son menester, los dejan caer, ó quedan cubiertos sus
-cuerpos de arriba abajo.
-
-Tambien tenian muchas armas de algodon colchadas y ricamente labradas
-por defuera, de plumas de muchas colores á manera de divisas é
-invenciones, y tenian otros como capacetes y cascos de madera y de
-hueso, tambien muy labrados de pluma por defuera, y tenian otras armas
-de otras hechuras, que por excusar prolijidad las dejo de decir. Y sus
-oficiales, que siempre labraban y entendian en ello, y mayordomos que
-tenian cargo de las casas de armas.
-
-Dejemos esto, y vamos á la casa de aves, y por fuerza me he de detener
-en contar cada género de qué calidad eran. Digo que desde águilas
-reales y otras águilas más chicas, é otras muchas maneras de aves de
-grandes cuerpos, hasta pajaritos muy chicos, pintados de diversas
-colores.
-
-Tambien donde hacen aquellos ricos plumajes que labran de plumas
-verdes, y las aves destas plumas es el cuerpo dellas á manera de las
-picazas que hay en nuestra España; llámanse en esta tierra quezales;
-y otros pájaros que tienen la pluma de cinco colores, que es verde,
-colorado, blanco, amarillo y azul; estos no se cómo se llaman. Pues
-papagayos de otras diferenciadas colores tenia tantos, que no se me
-acuerda los nombres dellos.
-
-Dejemos patos de buena pluma y otros mayores que les querian parecer,
-y de todas estas aves pelábanles las plumas en tiempos que para ello
-era convenible, y tornaban á pelechar; y todas las más aves que dicho
-tengo, criaban en aquella casa, y al tiempo de encoclar tenian cargo de
-les echar sus huevos ciertos indios é indias que miraban por todas las
-aves, é de limpiarles sus nidos y darles de comer, y esto á cada género
-é ralea de aves lo que era su mantenimiento.
-
-Y en aquella casa habia un estanque grande de agua dulce, y tenia en
-él otra manera de aves muy altas de zancas y colorado todo el cuerpo
-y alas y cola; no sé el nombre dellas, mas en la isla de Cuba las
-llamaban ipíris á otras como ellas. Y tambien en aquel estanque habia
-otras raleas de aves que siempre estaban en el agua.
-
-Dejemos esto, y vamos á otra gran casa donde tenian muchos ídolos,
-y decian que eran sus dioses bravos, y con ellos muchos géneros de
-animales, de tigres y leones de dos maneras; unos que son de hechura de
-lobos, que en esta tierra se llaman adives, y zorros y otras alimañas
-chicas; y todas estas carniceras se las mantenian con carne, y las más
-dellas criaban en aquella casa, y les daban de comer venados, gallinas,
-perrillos y otras cosas que cazaban, y aun oí decir que cuerpos de
-indios de los que sacrificaban.
-
-Y es desta manera que ya me habrán oido decir: que cuando sacrificaban
-á algun triste indio, que le aserraban con unos navajones de pedernal
-por los pechos, y bullendo le sacaban el corazon y sangre, y lo
-presentaban á sus ídolos, en cuyo nombre hacian aquel sacrificio; y
-luego les cortaban los muslos y brazos y la cabeza, y aquello comian en
-fiestas y banquetes; y la cabeza colgaban de unas vigas, y el cuerpo
-del indio sacrificado no llegaban á él para le comer, sino dábanlo
-á aquellos bravos animales; pues más tenian en aquella maldita casa
-muchas víboras y culebras emponzoñadas, que traen en las colas unos que
-suenan como cascabeles; estas son las peores víboras que hay de todas,
-y teníanlas en cunas, tinajas y en cántaros grandes, y en ellos mucha
-pluma, y allí tenian sus huevos y criaban sus viboreznos, y les daban á
-comer de los cuerpos de los indios que sacrificaban y otras carnes de
-perros de los que ellos solian criar.
-
-Y aun tuvimos por cierto que cuando nos echaron de Méjico y nos mataron
-sobre ochocientos y cincuenta de nuestros soldados é de los de Narvaez,
-que de los muertos mantuvieron muchos dias á aquellas fuertes alimañas
-y culebras, segun diré en su tiempo y sazon: y aquestas culebras
-y bestias tenian ofrecidas á aquellos sus ídolos bravos para que
-estuviesen en su compañía.
-
-Digamos ahora las cosas infernales que hacian cuando bramaban los
-tigres y leones y aullaban los adives y zorros y silbaban las sierpes;
-era grima oirlo, y parecia infierno.
-
-Pasemos adelante, y digamos de los grandes oficiales que tenia de
-cada género de oficio que entre ellos se usaba; y comencemos por los
-lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra
-España los grandes plateros tienen que mirar en ello; y destos tenia
-tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapuzalco, una legua
-de Méjico; pues labrar piedras finas y chalchihuis, que son como
-esmeraldas, otros muchos grandes maestros.
-
-Vamos adelante á los grandes oficiales de asentar de pluma y pintores
-y entalladores muy sublimados, que por lo que ahora hemos visto la
-obra que hacen, ternemos consideracion en lo que entónces labraban,
-que tres indios hay en la ciudad de Méjico, tan primos en su oficio de
-entalladores y pintores, que se dicen Márcos de Aquino y Juan de la
-Cruz y el Crespillo, que si fueran en tiempo de aquel antiguo é afamado
-Apéles, y de Miguel Ángel ó Berruguete, que son de nuestros tiempos,
-les pusieran en el número dellos.
-
-Pasemos adelante, y vamos á las indias de tejederas y labranderas,
-que le hacian tanta multitud de ropa fina con muy grandes labores de
-plumas; y de donde más cotidianamente le traian, era de unos pueblos
-y provincia que está en la costa del Norte de cabe la Vera-Cruz, que
-la decian Costacan, muy cerca de San Juan de Ulúa, donde desembarcamos
-cuando veniamos con Cortés; y en su casa del mismo Montezuma todas las
-hijas de señores que tenia por amigas, siempre tejian cosas muy primas,
-é otras muchas hijas de mejicanos vecinos, que estaban como á manera
-de recogimiento, que querian parecer monjas, tambien tejian, y todo de
-pluma.
-
-Estas monjas tenian sus casas cerca del gran cu del Huichilóbos, y por
-devocion suya y de otro ídolo de mujer, que decian que era su abogada
-para casamientos, las metian sus padres en aquella religion hasta que
-se casaban, y de allí las sacaban para las casar.
-
-Pasemos adelante, y digamos de la gran cantidad de bailadores que tenia
-el gran Montezuma, y danzadores é otros que traen un palo con los piés,
-y de otros que vuelan cuando bailan por alto, y de otros que parecen
-como matachines, y estos eran para dalle placer. Digo que tenia un
-barrio destos que no entendian en otra cosa.
-
-Pasemos adelante, y digamos de los oficiales que tenia de canteros é
-albañiles, carpinteros, que todos entendian en las obras de sus casas.
-Tambien digo que tenia tantos cuantos queria.
-
-No olvidemos las huertas de flores y árboles olorosos, y de muchos
-géneros que dellos tenia, y el concierto y pasaderos dellas, y de sus
-albercas, estanques de agua dulce, cómo viene una agua por un cabo
-y va por otro, é de los baños que dentro tenia, y de la diversidad
-de pajaritos chicos que en los árboles criaban; y qué de yerbas
-medicinales y de provecho que en ellas tenia, era cosa de ver; y para
-todo esto muchos hortelanos, y todo labrado de cantería, así baños como
-paseaderos y otros retretes y apartamientos, como cenaderos, y tambien
-adonde bailaban é cantaban; é habia tanto que mirar en esto de las
-huertas como en todo lo demás, que no nos hartábamos de ver su gran
-poder.
-
-É así por el consiguiente tenia maestros de todos cuantos oficios entre
-ellos se usaban, y de todos gran cantidad.
-
-Y porque yo estoy harto de escribir sobre esta materia, y más lo
-estarán los letores, lo dejaré de decir, y diré cómo fué nuestro
-capitan Cortés con muchos de nuestros capitanes y soldados á ver el
-Tatelulco, que es la gran plaza de Méjico, y subimos en el alto cu,
-donde estaban sus ídolos Tezcatepuca, y su Huichilóbos; y esta fué la
-primera vez que nuestro capitan salió á ver la ciudad de Méjico, y lo
-que en ello pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCII.
-
-CÓMO NUESTRO CAPITAN SALIÓ Á VER LA CIUDAD DE MÉJICO Y EL TATELULCO,
-QUE ES LA PLAZA MAYOR, Y EL GRAN CU DE SU HUICHILÓBOS, Y LO QUE MÁS
-PASÓ.
-
-
-Como habia ya cuatro dias que estábamos en Méjico, y no salia el
-capitan ni ninguno de nosotros de los aposentos, excepto á las casas
-y huertas, nos dijo Cortés que seria bien ir á la plaza Mayor á ver
-el gran adoratorio de su Huichilóbos, y que queria envialle á decir al
-gran Montezuma que lo tuviese por bien; y para ello envió por mensajero
-á Jerónimo de Aguilar y á doña Marina, é con ellos á un pajecillo
-de nuestro capitan, que entendia ya algo de la lengua, que se decia
-Orteguilla.
-
-Y el Montezuma, como lo supo, envió á decir que fuésemos mucho en buen
-hora, y por otra parte temió no lo fuésemos á hacer algun deshonor á
-sus ídolos, y acordó de ir él en persona con muchos de sus principales,
-y en sus ricas andas salió de sus palacios hasta la mitad del camino,
-y cabe unos adoratorios se apeó de las andas, porque tenia por gran
-deshonor de sus ídolos ir hasta su casa é adoratorio de aquella manera,
-y no ir á pié, y llevábanle de brazo grandes principales, é iban
-delante del Montezuma señores de vasallos, y llevaban dos bastones como
-cetros alzados en alto, que era señal que iba allí el gran Montezuma:
-y cuando iba en las andas llevaba una varita, la media de oro y media
-de palo, levantada como vara de justicia; y así se fué y subió en su
-gran cu, acompañado de muchos papas, y comenzó á zahumar y hacer otras
-ceremonias al Huichilóbos.
-
-Dejemos al Montezuma, que ya habia ido adelante, como dicho tengo,
-y volvamos á Cortés y á nuestros capitanes y soldados, como siempre
-teniamos por costumbre de noche y de dia estar armados, y así nos via
-estar el Montezuma, y cuando lo íbamos á ver no lo teniamos por cosa
-nueva.
-
-Digo esto porque á caballo nuestro capitan, con todos los más que
-tenian caballos y la más parte de nuestros soldados, muy apercebidos
-fuimos al Tatelulco, é iban muchos caciques que el Montezuma envió
-para que nos acompañasen: y cuando llegamos á la gran plaza, que se
-dice el Tatelulco, como no habiamos visto tal cosa, quedamos admirados
-de la multitud de gente y mercaderías que en ella habia y del gran
-concierto y regimiento que en todo tenian; y los principales que iban
-con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaban
-por sí y tenian situados y señalados sus asientos.
-
-Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas, y plumas
-y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías, esclavos y esclavas;
-digo que traian tantos á vender á aquella gran plaza como traen los
-portugueses los negros de Guinea, é traíanlos atados en unas varas
-largas, con collares á los pescuezos porque no se les huyesen, y otros
-dejaban sueltos.
-
-Luego estaban otros mercaderes que vendian ropa más basta, é algodon,
-é otras cosas de hilo torcido, y cacaguateros que vendian cacao; y
-desta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la
-Nueva-España, puesto que por su concierto, de la manera que hay en mi
-tierra, que es Medina del Campo, donde se facen las ferias, que en cada
-calle están sus mercaderías por sí, así estaban en esta gran plaza;
-y los que vendian mantas de nequen y sogas, y cotaraz, que son los
-zapatos que calzan, y hacen de nequen y de las raices del mismo árbol
-muy dulces cocidas, y otras zarrabusterías que sacan del mismo árbol;
-todo estaba á una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de
-tigres, de leones y de nutrias, y de adives y de venados y de otras
-alimañas, é tejones é gatos monteses, dellos adobados y otros sin
-adobar.
-
-Estaban en otra parte otros géneros de cosas é mercaderías. Pasemos
-adelante, y digamos de los que vendian frisoles y chia y otras
-legumbres é yerbas, á otra parte.
-
-Vamos á los que vendian gallinas, gallos de papada, conejos, liebres,
-venados y anadones, perrillos y otras cosas deste arte, á su parte de
-la plaza.
-
-Digamos de las fruteras, de las que vendian cosas cocidas, mazamorreras
-y malcocinado, tambien á su parte; puesto todo género de loza hecha de
-mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por
-sí aparte; y tambien los que vendian miel y melcochas y otras golosinas
-que hacian, como nuegados.
-
-Pues los que vendian madera, tablas, cunas viejas é tajos é bancos,
-todo por sí. Vamos á los que vendian leña, acote é otras cosas desta
-manera.
-
-¿Qué quieren más que diga? Que hablando con acato, tambien vendian
-canoas llenas de hienda de hombres, que tenian en los esteros cerca
-de la plaza, y esto era para hacer ó para curtir cueros, que sin ella
-decian que no se hacian buenos. Bien tengo entendido que algunos se
-reian desto; pues digo que es así; y más digo, que tenian por costumbre
-que en todos los caminos que tenian hechos de cañas ó paja ó yerbas
-porque no los viesen los que pasasen por ellos, y allí se metian si
-tenian ganas de purgar los vientres, porque no se les perdiese aquella
-suciedad.
-
-¿Para qué gasto ya tantas palabras de lo que vendian en aquella
-plaza? Porque es para no acabar tan presto de contar por menudo todas
-las cosas, sino qué papel, que en esta tierra llaman amatl, y unos
-cañutos de olores con liquidámbar, llenos de tabaco, y otros ungüentos
-amarillos, y cosa deste arte vendian por sí; é vendian mucha grana
-debajo de los portales que estaban en aquella gran plaza; é habia
-muchos herbolarios y mercaderías de otra manera: y tenian allí sus
-casas, donde juzgaban tres jueces y otros como alguaciles ejecutores
-que miraban las mercaderías.
-
-Olvidádoseme habia la sal y los que hacian navajas de pedernal, y de
-cómo las sacaban de la misma piedra.
-
-Pues pescaderas y otros que vendian uno panecillos que hacen de una
-como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes
-dello, que tienen un sabor á manera de queso; y vendian hachas de laton
-y cobre y estaño, y jícaras, y unos jarros muy pintados, de madera
-hechos.
-
-Ya queria haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendian,
-porque eran tantas y de tan diversas calidades, que para que lo
-acabáramos de ver é inquirir era necesario más espacio; que, como la
-gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales,
-que en un dia no se podia ver todo; y fuimos al gran cu, é ya que
-íbamos cerca de sus grandes patios, é ántes de salir de la misma plaza
-estaban otros muchos mercaderes, que segun dijeron, era que tenian á
-vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos
-cañutillos delgados de los de ansarones de la tierra, é así blancos
-porque se pareciese el oro por defuera, y por el largor y gordor de
-los cañutillos tenian entre ellos su cuenta qué tantas mantas ó qué
-jiquipiles de cacao valía, ó qué esclavos, ó otra cualquier cosa á que
-lo trocaban.
-
-É así, dejamos la gran plaza sin más la ver, y llegamos á los grandes
-patios y cercas donde estaba el gran cu, y tenia ántes de llegar á él
-un gran circuito de patios, que me parece que eran mayores que la plaza
-que hay en Salamanca, y con dos cercas alrededor de cal y canto, y el
-mismo patio y sitio todo empedrado de piedras grandes de losas blancas
-y muy lisas, y adonde no habia de aquellas piedras, estaba encalado y
-bruñido, y todo muy limpio, que no hallaran una paja ni polvo en todo
-él.
-
-Y cuando llegamos cerca del gran cu, ántes que subiésemos ninguna
-grada dél, envió el gran Montezuma desde arriba, donde estaba haciendo
-sacrificios, seis papas y dos principales para que acompañasen á
-nuestro capitan Cortés, y al subir de las gradas, que eran ciento
-y catorce, le iban á tomar de los brazos para le ayudar á subir,
-creyendo que se cansaria, como ayudaban á subir á su señor Montezuma,
-y Cortés no quiso que llegasen á él; y como subimos á lo alto del gran
-cu, en una placeta que arriba se hacia, adonde tenian un espacio como
-andamios, y en ellos puestas unas grandes piedras adonde ponian los
-tristes indios para sacrificar, allí habia un gran bulto como de dragon
-é otras malas figuras, y mucha sangre derramada de aquel dia.
-
-É así como llegamos, salió el gran Montezuma de un adoratorio donde
-estaban sus malditos ídolos, que era en lo alto del gran cu, y vinieron
-con él dos papas, y con mucho acato que hicieron á Cortés é á todos
-nosotros le dijo:
-
-—«Cansado estareis, señor Malinche, de subir á este nuestro gran
-templo.»
-
-Y Cortés le dijo con nuestras lenguas, que iban con nosotros, que él
-ni nosotros no nos cansábamos en cosa ninguna; y luego le tomó por la
-mano y le dijo que mirase su gran ciudad y todas las más ciudades que
-habia dentro en el agua, é otros muchos pueblos en tierra alrededor
-de la misma laguna; y que si no habia visto bien su gran plaza, que
-desde allí la podria ver muy mejor; y así lo estuvimos mirando, porque
-aquel grande y maldito templo estaba tan alto, que todo lo señoreaba;
-y de allí vimos las tres calzadas que entran en Méjico, que es la de
-Iztapalapa, que fué por la que entramos cuatro dias habia; y la de
-Tacuba fué por donde despues de ahí á ocho meses salimos huyendo la
-noche de nuestro gran desbarate, cuando Cuedlauaca, nuevo señor, nos
-echó de la ciudad, como adelante diremos; y la de Tepeaquilla; y viamos
-el agua dulce que venia de Chapultepeque, de que se proveia la ciudad;
-y en aquellas tres calzadas las puentes que tenian hechas de trecho á
-trecho, por donde entraba y salia el agua de la laguna de una parte á
-otra; é viamos en aquella gran laguna tanta multitud de canoas, unas
-que venian con bastimentos é otras que venian con cargas é mercaderías;
-y viamos que cada casa de aquella gran ciudad y de todas las demás
-ciudades que estaban pobladas en el agua, de casa á casa no se pasaba
-sino por unas puentes levadizas que tenian hechas de madera ó en
-canoas; y viamos en aquellas ciudades cues é adoratorios á manera de
-torres é fortalezas, y todas blanqueando, que era cosa de admiracion, y
-las casas de azuteas, y en las calzadas otras torrecillas é adoratorios
-que eran como fortalezas.
-
-Y despues de bien mirado y considerado todo lo que habiamos visto,
-tornamos á ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella habia,
-unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y el zumbido
-de las voces y palabras que allí habia, sonaba más que de una legua;
-y entre nosotros hubo soldados que habian estado en muchas partes del
-mundo, y en Constantinopla y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza
-tan bien compasada y con tanto concierto, y tamaña y llena de tanta
-gente, no la habian visto.
-
-Dejemos esto, y volvamos á nuestro capitan, que dijo á fray Bartolomé
-de Olmedo, ya otras veces por mí nombrado, que allí se halló:
-
-—«Paréceme, señor padre, que será bien que demos un tiento á Montezuma
-sobre que nos deje hacer aquí nuestra iglesia.»
-
-Y el padre dijo que seria bien si aprovechase, mas que le parecia que
-no era cosa convenible hablar en tal tiempo, que no via al Montezuma
-de arte que en tal cosa concediese, y luego nuestro Cortés dijo al
-Montezuma, con doña Marina, la lengua:
-
-—«Muy gran señor es vuestra majestad, y de mucho más es merecedor;
-hemos holgado de ver vuestras ciudades. Lo que os pido por merced es,
-que pues estamos aquí en este vuestro templo, que nos mostreis vuestros
-dioses y teules.»
-
-Y Montezuma dijo que primero hablaria con sus grandes papas; y luego
-que con ellos hubo hablado, dijo que entrásemos en una torrecilla é
-apartamento á manera de sala, donde estaban dos como altares con muy
-ricas tablazones encima del techo, é en cada altar estaban dos bultos
-como de gigante, de muy altos cuerpos y muy gordos, y el primero que
-estaba á la mano derecha decian que era el de Huichilóbos, su dios de
-la guerra, y tenia la cara y rostro muy ancho, y los ojos disformes é
-espantables, y en todo el cuerpo tanta de la pedrería é oro y perlas é
-aljófar pegado con engrudo, que hacen en esta tierra de unas como de
-raices, que todo el cuerpo y cabeza estaba lleno dello, y ceñido al
-cuerpo unas á manera de grandes culebras hechas de oro y pedrería, y en
-una mano tenia un arco y en otra unas flechas.
-
-É otro ídolo pequeño que allí cabe él estaba, que decian era su paje,
-le tenia una lanza no larga y una rodela muy rica de oro ó pedrería,
-é tenia puestas al cuello de Huichilóbos unas caras de indios y otros
-como corazones de los mismos indios, y estos de oro y dellos de plata
-con mucha pedrería azules; y estaban allí unos braseros con incienso,
-que es su copal, y con corazones de indios de aquel dia sacrificados, é
-se quemaban, y con el humo y copal le habian hecho aquel sacrificio; y
-estaban todas las paredes de aquel adoratorio tan bañadas y negras de
-costras de sangre, y asimismo el suelo, que todo hedia muy malamente.
-
-Luego vimos á la otra parte de la mano izquierda estar el otro gran
-bulto del altar del Huichilóbos, y tenia un rostro como de oso y unos
-ojos que le relumbraban, hechos de sus espejos, que se dice Tezcat,
-y el cuerpo con ricas piedras pegadas segun y de la manera del otro
-su Huichilóbos; porque, segun decian, entrambos eran hermanos, y
-este Tezcatepuca era el dios de los infiernos, y tenia cargo de las
-ánimas de los mejicanos, y tenia ceñidas al cuerpo unas figuras como
-diablillos chicos, y las colas dellos como sierpes, y tenia en las
-paredes tantas costras de sangre y el suelo todo bañado dello, que
-en los mataderos de Castilla no habia tanto hedor; y allí le tenian
-presentado cinco corazones de aquel dia sacrificados; y en lo más alto
-de todo el cu estaba otra concavidad muy ricamente labrada la madera
-della, y estaba otro bulto como de medio hombre y medio lagarto, todo
-lleno de piedras ricas, y la mitad del enmantado.
-
-Este decian que la mitad dél estaba lleno de todas las semillas que
-habia en toda la tierra, y decian que era el dios de las sementeras y
-frutas; no se me acuerda el nombre dél, y todo estaba lleno de sangre,
-así paredes como altar, y era tanto el hedor, que no viamos la hora
-de salirnos fuera, y allí tenian un tambor muy grande en demasía, que
-cuando le tañian el sonido dél era tan triste y de tal manera, como
-dicen instrumento de los infiernos, y más de dos leguas de allí se oia;
-y decian que los cueros de aquel atambor eran de sierpes muy grandes;
-é en aquella placeta tenian tantas cosas muy diabólicas de ver, de
-bocinas y trompetillas y navajones, y muchos corazones de indios que
-habian quemado, con que zahumaban aquellos sus ídolos, y todo cuajado
-de sangre, y tenian tanto, que los doy á la maldicion; y como todo
-hedia á carnicería, no viamos la hora de quitarnos de tan mal hedor y
-peor vista; y nuestro capitan dijo á Montezuma con nuestra lengua, como
-medio riendo:
-
-—«Señor Montezuma, no sé yo cómo un tan gran señor é sábio varon como
-vuestra majestad es, no haya coligido en su pensamiento cómo no son
-estos vuestros ídolos dioses, sino cosas malas, que se llaman diablos.
-Y para que vuestra majestad lo conozca y todos sus papas lo vean claro,
-hacedme una merced, que hayais por bien que en lo alto desta torre
-pongamos una cruz, y en una parte destos adoratorios, donde están
-vuestros Huichilóbos y Tezcatepuca, harémos un apartado donde pongamos
-una imágen de Nuestra Señora; la cual imágen ya el Montezuma la habia
-visto; y vereis el temor que dello tienen esos ídolos que os tienen
-engañados.»
-
-Y el Montezuma respondió medio enojado, y dos papas que con él estaban
-mostraron malas señales, y dijo:
-
-—«Señor Malinche, si tal deshonor como has dicho creyera que habias de
-decir, no te mostrara mis dioses; aquestos tenemos por muy buenos, y
-ellos dan salud y aguas y buenas sementeras, é temporales y vitorias, y
-cuanto queremos, é tenémoslos de adorar y sacrificar. Lo que os ruego
-es, que no se digan otras palabras en su deshonor.»
-
-Y como aquello le oyó nuestro capitan, y tan alterado, no le replicó
-más en ello, y con cara alegre le dijo:
-
-—«Hora es que Vuestra Majestad y nosotros nos vamos.»
-
-Y el Montezuma respondió que era bien, é que porque él tenia que rezar
-é hacer ciertos sacrificios en recompensa del gratlatlacol, que quiere
-decir pecado que habia hecho en dejarnos subir en su gran cu é ser
-causa de que nos dejase ver sus dioses, é del deshonor que les hicimos
-en decir mal dellos, que ántes que se fuese que lo habia de rezar é
-adorar.
-
-Y Cortés le dijo:
-
-—«Pues que así es, perdone, señor.»
-
-É luego nos bajamos las gradas abajo, y como eran ciento y catorce,
-é algunos de nuestros soldados estaban malos de bubas ó humores, les
-dolieron los muslos de bajar.
-
-Y dejaré de hablar de su adoratorio, y diré lo que me parece del
-circuito y manera que tenia; y si no lo dijere tan al natural como era,
-no se maravillen, porque en aquel tiempo tenia otro pensamiento de
-entender en lo que traiamos entre manos, que era en lo militar y lo que
-mi capitan Cortés me mandaba, y no en hacer relaciones.
-
-Volvamos á nuestra materia. Paréceme que el circuito del gran cu seria
-de seis muy grandes solares de los que dan en esta tierra, y desde
-abajo hasta arriba, adonde estaba una torrecilla, é allí estaban sus
-ídolos, va estrechando, y en medio del alto cu hasta lo más alto
-dél van cinco concavidades á manera de barbacanas y descubiertas
-sin mamparos; y porque hay muchos cues pintados en reposteros de
-conquistadores, é en uno que yo tengo, que cualquiera dellos al que los
-ha visto, podrá colegir la manera que tenian por defuera; mas lo que
-yo vi y entendí, é dello hubo fama en aquellos tiempos que fundaron
-aquel gran cu, en el cimiento dél habian ofrecido de todos los vecinos
-de aquella gran ciudad oro é plata y aljófar é piedras ricas, é que le
-habian bañado con mucha sangre de indios que sacrificaron, que habian
-tomado en las guerras, y de toda manera de diversidad de semillas
-que habia en toda la tierra, porque les diesen sus ídolos victorias é
-riquezas y muchos frutos.
-
-Dirán ahora algunos letores muy curiosos que cómo pudimos alcanzar á
-saber que en el cimiento de aquel gran cu echaron oro y plata é piedras
-de chalchihuis ricas, y semillas, y lo rociaban con sangre humana de
-indios que sacrificaban, habiendo sobre mil años que se fabricó y se
-hizo.
-
-Á esto doy por respuesta que desde que ganamos aquella fuerte y gran
-ciudad y se repartieron los solares, que luego propusimos que en aquel
-gran cu habiamos de hacer la iglesia de nuestro patron é guiador señor
-Santiago, é cupo mucha parte de solar del alto cu para el solar de la
-santa iglesia, y cuando abrian los cimientos para hacerlos más fijos,
-hallaron mucho oro y plata y chalchihuis, y perlas é aljófar y otras
-piedras.
-
-Y asimismo á un vecino de Méjico que le cupo otra parte del mismo
-solar, halló lo mismo; y los oficiales de la hacienda de su majestad
-demandábanlo por de su majestad, que le venia de derecho, y sobre ello
-hubo pleito, é no se me acuerda lo que pasó, mas de que se informaron
-de los caciques y principales de Méjico y de Guatemuz, que entónces era
-vivo, é dijeron que es verdad que todos los vecinos de Méjico de aquel
-tiempo echaron en los cimientos aquellas joyas é todo lo demás, é que
-así lo tenian por memoria en sus libros y pinturas de cosas antiguas,
-é por esta causa se quedó para la obra de la santa iglesia de señor
-Santiago.
-
-Dejemos esto, y digamos de los grandes y suntuosos patios que estaban
-delante del Huichilóbos, adonde está ahora señor Santiago, que se dice
-el Taltelulco, porque así se solia llamar.
-
-Ya he dicho que tenian dos cercas de cal y canto ántes de entrar
-dentro, é que era empedrado de piedras blancas como losas, y muy
-encalado y bruñido y limpio, y seria de tanto compás y tan ancho como
-la plaza de Salamanca; y un poco apartado del gran cu estaba una
-torrecilla que tambien era casa de ídolos, ó puro infierno, porque
-tenia á la boca de la una puerta una muy espantable boca de las que
-pintan, que dicen que es como la que está en los infiernos, con la boca
-abierta y grandes colmillos para tragar las ánimas.
-
-É asimismo estaban unos bultos de diablos y cuerpos de sierpes junto
-á la puerta, y tenian un poco apartado un sacrificadero, y todo ello
-muy ensangrentado y negro de humo é costras de sangre; y tenian
-muchas ollas grandes y cántaros é tinajas dentro en la casa llenas
-de agua, que era allí donde cocinaban la carne de los tristes indios
-que sacrificaban, que comian los papas, porque tambien tenian cabe el
-sacrificadero muchos navajones y unos tajos de madera como en los que
-cortan carne en las carnicerías.
-
-Y asimismo detrás de aquella maldita casa, bien apartado della, estaban
-unos grandes rimeros de leña, y no muy léjos una gran alberca de agua
-que se henchia y vaciaba, que le venia por su caño encubierto de la
-que entraba en la ciudad desde Chapultepeque. Yo siempre la llamaba á
-aquella casa el infierno.
-
-Pasemos adelante del patio y vamos á otro cu, donde era enterramiento
-de grandes señores mejicanos, que tambien tenian otros ídolos, y todo
-lleno de sangre é humo, y tenia otras puertas y figuras de infierno; y
-luego junto de aquel cu estaba otro lleno de calaveras é zancarrones
-puestos con gran concierto, que se podian ver, más no se podian contar,
-porque eran muchos, y las calaveras por sí, y los zancarrones en otros
-rimeros; é allí habia otros ídolos, y en cada casa ó cu y adoratorio
-que he dicho, estaban papas con sus vestiduras largas de mantas prietas
-y las capillas como de dominicos, que tambien tiraban un poco á las
-de los canónigos, y el cabello muy largo y hecho, que no se podia
-desparcir ni desenredar; y todos los más sacrificados las orejas, é en
-los mismos cabellos mucha sangre.
-
-Pasemos adelante, que habia otros cues apartados un poco de donde
-estaban las calaveras, que tenian otros ídolos y sacrificios de otras
-malas pinturas; é aquellos decian que eran abogados de los casamientos
-de los hombres.
-
-No quiero detenerme más en contar de ídolos, sino solamente diré que
-en torno de aquel gran patio habia muchas casas, é no altas, é eran
-adonde estaban y residian los papas é otros indios que tenian cargo de
-los ídolos; y tambien tenian otra muy mayor alberca ó estanque de agua
-y muy limpia á una parte del gran cu, y era dedicada para solamente el
-servicio de Huichilóbos é Tezcatepuca, y entraba el agua en aquella
-alberca por caños encubiertos que venian de Chapultepeque; é allí cerca
-estaban otros grandes aposentos á manera de monasterio, adonde estaban
-recogidas muchas hijas de vecinos mejicanos, como monjas, hasta que
-se casaban; y allí estaban dos bultos de ídolos de mujeres, que eran
-abogadas de los casamientos de las mujeres, y á aquellas sacrificaban y
-hacian fiestas porque les diesen buenos maridos.
-
-Mucho me he detenido en contar deste gran cu del Tatelulco y sus
-patios, pues digo era el mayor templo de sus ídolos de todo Méjico,
-porque habia tantos y muy suntuosos, que entre cuatro ó cinco barrios
-tenian un adoratorio y sus ídolos; y porque eran muchos é yo no sé
-la cuenta de todos, pasaré adelante, y diré que en Cholula el gran
-adoratorio que en él tenian era de mayor altor que no el de Méjico,
-porque tenia ciento y veinte gradas, y segun dicen, el ídolo de Cholula
-teníanle por bueno, é iban á él en romería de todas partes de la
-Nueva-España á ganar perdones, y á esta causa lo hicieron tan suntuoso
-cu, mas era de otra hechura que el mejicano, é asimismo los patios muy
-grandes é con dos cercas.
-
-Tambien digo que el cu de la ciudad del Tezcuco era muy alto, de ciento
-y diez y siete gradas, y los patios anchos y buenos, y hechos de otra
-manera que los demás.
-
-Y una cosa de reir es, que tenian en cada provincia sus ídolos, y los
-de la una provincia ó ciudad no aprovechaban á los otros; é así, tenian
-infinitos ídolos y á todos sacrificaban.
-
-Y despues que nuestro capitan y todos nosotros nos cansamos de andar
-y ver tantas diversidades de ídolos y sus sacrificios, nos volvimos á
-nuestros aposentos, y siempre muy acompañados de principales y caciques
-que Montezuma enviaba con nosotros.
-
-Y quedarse há aquí, y diré lo que más hicimos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCIII.
-
-CÓMO HICIMOS NUESTRA IGLESIA Y ALTAR EN NUESTRO APOSENTO, Y UNA
-CRUZ FUERA DEL APOSENTO, Y LO QUE MÁS PASAMOS, Y HALLAMOS LA SALA Y
-RECÁMARA DEL TESORO DEL PADRE DE MONTEZUMA, Y CÓMO SE ACORDÓ PRENDER AL
-MONTEZUMA.
-
-
-Como nuestro capitan Cortés y el padre de la Merced vieron que
-Montezuma no tenia voluntad que en el cu de su Huichilóbos pusiésemos
-la cruz ni hiciésemos la iglesia; y porque desde que entramos en la
-ciudad de Méjico, cuando se decia Misa haciamos un altar sobre mesas
-y tornábamos á quitarlo, acordóse que demandásemos á los mayordomos
-del gran Montezuma albañiles para que en nuestro aposento hiciésemos
-una iglesia; y los mayordomos dijeron que se lo harian saber al
-Montezuma, y nuestro capitan envió á decírselo con doña Marina y
-Aguilar y Orteguilla, su paje, que entendia ya algo la lengua, y luego
-dió licencia y mandó dar todo recaudo, é en tres dias teniamos nuestra
-iglesia hecha, y la santa cruz puesta delante de los aposentos, é allí
-se decia Misa cada dia, hasta que se acabó el vino; que, como Cortés
-y otros capitanes y el fraile estuvieron malos cuando las guerras de
-Tlascala, dieron priesa al vino que teniamos para Misas, y desde que
-se acabó, cada dia estábamos en la iglesia rezando de rodillas delante
-del altar é imágenes, lo uno por lo que éramos obligados á cristianos
-y buena costumbre, y lo otro porque Montezuma y todos sus capitanes lo
-viesen y se inclinasen á ello, y porque viesen el adoratorio, y vernos
-de rodillas delante de la cruz, especial cuando tañiamos á la Ave-María.
-
-Pues estando que estábamos en aquellos aposentos, como somos de tal
-calidad, é todo lo trascendemos é queremos saber, cuando miramos á
-donde mejor y en más convenible parte habiamos de hacer el altar, dos
-de nuestros soldados, que uno dellos era carpintero de lo blanco, que
-se decia Alonso Yañez, vió en una pared una como señal que habia sido
-puerta, que estaba cerrada y muy bien encalada é bruñida; y como habia
-fama é teniamos relacion que en aquel aposento tenia Montezuma el
-tesoro de su padre Axayaca, sospechóse que estaria en aquella sala,
-que estaba de pocos dias cerrada y encalada; y el Yañez le dijo á
-Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, que eran capitanes, y aun
-deudos mios; el Alonso Yañez se allegaba á su compañía, como criado de
-aquellos capitanes, y se lo dijeron á Cortés, y secretamente se abrió
-la puerta, y cuando fué abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron
-primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro é planchas, y
-tejuelos muchos, y piedras de chalchihuis y otras muy grandes riquezas;
-quedaron elevados, y no supieron qué decir de tantas riquezas; y luego
-lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos
-á ver muy secretamente; y como yo lo vi, digo que me admiré, é como
-en aquel tiempo era mancebo y no habia visto en mi vida riquezas como
-aquellas, tuve por cierto que en el mundo no debiera haber otras
-tantas; é acordóse por todos nuestros capitanes é soldados que ni por
-pensamiento se tocase en cosa ninguna dellas, sino que la misma puerta
-se tornase luego á poner sus piedras y cerrase y encalase de la manera
-que la hallamos, y que no se hablase en ello, porque no lo alcanzase á
-saber Montezuma, hasta ver otro tiempo.
-
-Dejemos esto desta riqueza, y digamos que, como teniamos tan esforzados
-capitanes y soldados, y de muchos buenos consejos y pareceres, y
-primeramente nuestro Señor Jesucristo ponia su divina mano en todas
-nuestras cosas, y así lo teniamos por cierto, apartaron á Cortés
-cuatro de nuestros capitanes, y juntamente doce soldados de quien él
-se fiaba é comunicaba, é yo era uno dellos, y le dijimos que mirase
-la red y garlito donde estábamos, y la fortaleza de aquella ciudad, y
-mirase las puentes y calzadas, y las palabras y avisos que en todos
-los pueblos por donde hemos venido nos han dado, que habia aconsejado
-el Huichilóbos á Montezuma que nos dejase entrar en su ciudad, é que
-allí nos matarian, y que mirase que los corazones de los hombres son
-muy mudables, en especial en los indios, y que no tuviese confianza
-de la buena voluntad y amor que Montezuma nos muestra, porque de una
-hora á otra la mudaria, y cuando se le antojase darnos guerra, que con
-quitarnos la comida ó el agua, ó alzar cualquiera puente, que no nos
-podriamos valer; é que mire la gran multitud de indios que tiene de
-guerra en su guarda, é ¿qué podriamos nosotros hacer para ofendellos
-ó para defendernos? Porque todas las casas tienen en el agua; pues
-socorro de nuestros amigos los de Tlascala ¿por dónde han de entrar?
-Y pues es cosa de ponderar todo esto que le deciamos, que luego sin
-más dilacion prendiésemos al Montezuma si queriamos asegurar nuestras
-vidas, y que no se aguardase para otro dia, y que mirase que con todo
-el oro que nos daba Montezuma, ni el que habiamos visto en el tesoro
-de su padre Axayaca, ni con cuanta comida comiamos, que todo se nos
-hacia rejalgar en el cuerpo, é que ni de noche ni de dia no dormiamos
-ni reposábamos, con aqueste pensamiento; é que si otra cosa algunos de
-nuestros soldados ménos que esto que le deciamos sintiesen, que serian
-como bestias, que no tenian sentido, que se estaban al dulzor del oro,
-no viendo la muerte al ojo.
-
-Y como esto oyó Cortés, dijo:
-
-—«No creais, caballeros, que duermo ni estoy sin el mismo cuidado; que
-bien me lo habreis sentido; mas ¿qué poder tenemos nosotros para hacer
-tan grande atrevimiento como prender á tan gran señor en sus mismos
-palacios, teniendo sus gentes de guarda y de guerra? ¿Qué manera ó
-arte se puede tener en querello poner por efeto, que no apellide sus
-guerreros y luego nos acometan?»
-
-Y replicaron nuestros capitanes, que fué Juan Velazquez de Leon y
-Diego de Ordás é Gonzalo de Sandoval y Pedro de Albarado, que con
-buenas palabras sacalle de su sala y traello á nuestros aposentos y
-decille que ha de estar preso; que si se alterare ó diere voces, que
-lo pagará su persona; y que si Cortés no lo quiere hacer luego, que
-les dé licencia, que ellos lo prenderán y lo pondrán por la obra; y
-que de dos grandes peligros en que estamos, que el mejor y el más á
-propósito es prendelle, que no aguardar que nos diesen guerra; y que si
-la comenzaba, ¿qué remedio podriamos tener? Tambien le dijeron ciertos
-soldados que nos parecia que los mayordomos de Montezuma que servian
-en darnos bastimentos se desvergonzaban y no lo traian cumplidamente,
-como los primeros dias; y tambien dos indios tlascaltecas, nuestros
-amigos, dijeron secretamente á Jerónimo de Aguilar, nuestra lengua, que
-no les parecia bien la voluntad de los mejicanos de dos dias atrás.
-Por manera que estuvimos platicando en este acuerdo bien una hora, si
-le prendiéramos ó no, y qué manera terniamos; y á nuestro capitan bien
-se le encajó este postrer consejo, y dejábamoslo para otro dia, que
-en todo caso lo habiamos prender, y aun toda la noche estuvimos con
-el padre de la Merced rogando á Dios que lo encaminase para su santo
-servicio.
-
-Despues destas pláticas, otro dia por la mañana vinieron dos indios
-de Tlascala muy secretamente con unas cartas de la Villa-Rica, y lo
-que se contenia en ello decia que Juan de Escalante, que quedó por
-alguacil mayor, era muerto, y seis soldados juntamente con él, en una
-batalla que le dieron los mejicanos; y tambien le mataron el caballo
-y á nuestros indios totonaques, que llevó en su compañía, y que todos
-los pueblos de la sierra y Cempoal y su sujeto están alterados y no les
-quieren dar comida ni servir en la fortaleza, y que no saben qué se
-hacer; y que como de ántes los tenian por teules, que ahora, que han
-visto aquel desbarate, les hacen fieros, así los totonaques como los
-mejicanos, y que no les tienen en nada, ni saben qué remedio tomar. Y
-cuando oimos aquellas nuevas, sabe Dios cuánto pesar tuvimos todos.
-
-Aqueste fué el primer desbarate que tuvimos en la Nueva-España; miren
-los curiosos letores la adversa fortuna cómo vuelve rodando; ¡quién
-nos vió entrar en aquella ciudad con tan solemne recibimiento y
-triunfantes, y nos teniamos en posesion de ricos con lo que Montezuma
-nos daba cada dia, así al capitan como á nosotros; y haber visto la
-casa por mí nombrada llena de oro, y nos tenian por teules, que son
-ídolos, ú que todas las batallas venciamos; é ahora habernos venido tan
-grande desman, que no nos tuviesen en aquella reputacion que de ántes,
-sino por hombres que podiamos ser vencidos, y haber sentido cómo se
-desvergonzaban contra nosotros! En fin de más razones, fué acordado
-que aquel mismo dia de una manera ó de otra se prendiese á Montezuma ó
-morir todos sobre ello.
-
-Y porque para que vean los letores de la manera que fué esta batalla
-de Juan de Escalante, y cómo le mataron á él y á seis soldados, y el
-caballo y los amigos totonaques que llevaba consigo, lo quiero aquí
-declarar ántes de la prision de Montezuma, por no dejallo atrás, porque
-es menester dallo bien á entender.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCIV.
-
-CÓMO FUÉ LA BATALLA QUE DIERON LOS CAPITANES MEJICANOS Á JUAN DE
-ESCALANTE, Y CÓMO LE MATARON Á ÉL Y EL CABALLO Y Á OTROS SEIS SOLDADOS,
-Y MUCHOS AMIGOS INDIOS TOTONAQUES QUE TAMBIEN ALLÍ MURIERON.
-
-
-Y es desta manera: que ya me habrán oido decir en el capítulo que dello
-habla, que cuando estábamos en un pueblo que se dice Quiahuistlan, que
-se juntaron muchos pueblos sus confederados, que eran amigos de los de
-Cempoal, y por consejo y convocacion de nuestro capitan, que los atrajo
-á ello, quitó que no diesen tributo á Montezuma, y se le rebelaron
-y fueron más de treinta pueblos; y esto fué cuando le prendimos sus
-recaudadores, segun otras veces dicho tengo en el capítulo que dello
-habla; y cuando partimos de Cempoal para venir á Méjico quedó en la
-Villa-Rica por capitan y alguacil mayor de la Nueva-España un Juan de
-Escalante, que era persona de mucho ser y amigo de Cortés, y le mandó
-que en todo lo que aquellos pueblos nuestros amigos hubiesen menester
-les favoreciese; y parece ser que, como el gran Montezuma tenia muchas
-guarniciones y capitanes de gente de guerra en todas las provincias,
-que siempre estaban junto á la raya dellos; porque una tenia en lo
-de Soconusco por guarda de Guatimala y Chiapa, y otra tenia en lo de
-Guazacualco, y otra capitanía en lo de Mechoacan, y otra á la raya de
-Pánuco, entre Tuzapan y un pueblo que le pusimos por nombre Almería,
-que es en la costa del Norte; y como aquella guarnicion que tenia
-cerca de Tuzapan pareció ser demandaron tributo de indios é indias y
-bastimentos para sus gentes á ciertos pueblos que estaban allí cerca
-y confinaban con ellos, que eran amigos de Cempoal y servian á Juan
-Escalante y á los vecinos que quedaron en la Villa-Rica y entendian en
-hacer la fortaleza; y como les demandaban los mejicanos el tributo y
-servicio, dijeron que no se le querian dar, porque Malinche les mandó
-que no lo diesen, y que el gran Montezuma lo ha tenido por bien; y los
-capitanes mejicanos respondieron que si no lo daban, que los vendrian á
-destruir sus pueblos y llevallos cautivos, y que su señor Montezuma se
-lo habia mandado de poco tiempo acá.
-
-Y como aquellas amenazas vieron nuestros amigos los totonaques,
-vinieron al capitan Juan de Escalante, é quejáronse reciamente que
-los mejicanos les venian á robar y destruir sus tierras; y como el
-Escalante lo entendió, envió mensajeros á los mismos mejicanos para que
-no hiciesen enojo ni robasen aquellos pueblos, pues su señor Montezuma
-lo habia á bien, que somos todos grandes amigos; si no, que irá contra
-ellos y les dará guerra. Á los mejicanos no se les dió nada por
-aquella respuesta ni fieros, y respondieron que el campo los hallaria;
-y el Juan de Escalante, que era hombre muy bastante y de sangre en
-el ojo, apercibió todos los pueblos nuestros amigos de la sierra que
-viniesen con sus armas, que eran arcos, flechas, lanzas, rodelas, y
-asimismo apercibió los soldados más sueltos y sanos que tenia; porque
-ya he dicho otra vez que todos los más vecinos que quedaban en la
-Villa-Rica estaban dolientes y eran hombres de la mar, y con dos tiros
-y un poco de pólvora, y tres ballestas y dos escopetas, y cuarenta
-soldados y sobre dos mil indios totonaques, fué adonde estaban las
-guarniciones de los mejicanos, que andaban ya robando un pueblo de
-nuestros amigos los totonaques, y en el campo se encontraron al cuarto
-del alba; y como los mejicanos eran más doblados que nuestros amigos
-los totonaques, é como siempre estaban atemorizados dellos de las
-guerras pasadas, á la primera refriega de flechas y varas y piedras
-y gritas huyeron, y dejaron al Juan de Escalante peleando con los
-mejicanos, y de tal manera, que llegó con sus pobres soldados hasta un
-pueblo que llaman Almería, y le puso fuego y le quemó las casas.
-
-Allí reposó un poco, porque estaba mal herido, y en aquellas refriegas
-y guerra le llevaron un soldado vivo que se decia Arguello, que era
-natural de Leon y tenia la cabeza muy grande y la barba prieta y
-crespa, era muy robusto de gesto y mancebo de muchas fuerzas, y le
-hirieron muy malamente al Escalante y otros seis soldados, y mataron
-el caballo, y se volvió á la Villa-Rica, y dende á tres dias murió
-él y los soldados; y desta manera pasó lo que decimos de la Almería,
-y no como lo cuenta el coronista Gómora, que dice en su Historia que
-iba Pedro de Ircio á poblar á Pánuco con ciertos soldados; y para bien
-velar no teniamos recaudo, cuanto más enviar á poblar á Pánuco; y dice
-que iba por capitan el Pedro de Ircio, que ni aun en aquel tiempo no
-era capitan ni aun cuadrillero, ni se le daba cargo, y se quedó con
-nosotros en Méjico.
-
-Tambien dice el mismo coronista otras muchas cosas sobre la prision
-del Montezuma: habia de mirar que cuando lo escribia en su Historia
-que habia de haber vivos conquistadores de los de aquel tiempo, que le
-dirian cuando lo leyesen: «Esto pasa desta suerte.»
-
-Y dejallo he aquí, y volvamos á nuestra materia, y diré cómo los
-capitanes mejicanos, despues de dalle la batalla que dicho tengo al
-Juan de Escalante, se lo hicieron saber al Montezuma, y aun le llevaron
-presentada la cabeza del Arguello, que parece se murió en el camino de
-las heridas, que vivo le llevaban; y supimos que el Montezuma cuando
-se lo mostraron, como era robusto y grande, y tenia grandes barbas y
-crespas, hubo pavor y temió de la ver, y mandó que no la ofreciesen á
-ningun cu de Méjico, sino en otros ídolos de otros pueblos; y preguntó
-al Montezuma que, siendo ellos muchos millares de guerreros, que cómo
-no vencieron á tan pocos teules.
-
-Y respondieron que no aprovechaban nada sus varas y flechas ni buen
-pelear; que no les pudieron hacer retraer, porque una gran tequeciguata
-de Castilla venia delante dellos, y que aquella señora ponia á los
-mejicanos temor, y decia palabras á sus teules que los esforzaba; y el
-Montezuma entónces creyó que aquella gran señora que era Santa María y
-la que le habiamos dicho que era nuestra abogada, que de ántes dimos al
-gran Montezuma con su precioso Hijo en los brazos.
-
-Y porque esto yo no lo vi, porque estaba en Méjico, sino lo que dijeron
-ciertos conquistadores que se hallaron en ello; y pluguiese á Dios que
-así fuese. Y ciertamente todos los soldados que pasamos con Cortés
-tenemos muy creido, é así es verdad, que la misericordia divina y
-Nuestra Señora la Vírgen María siempre era con nosotros; por lo cual le
-doy muchas gracias.
-
-Y dejallo he aquí, y diré lo que pasó en la prision del gran Montezuma.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCV.
-
-DE LA PRISION DE MONTEZUMA, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-É como teniamos acordado el dia ántes de prender al Montezuma, toda la
-noche estuvimos en oracion con el Padre de la Merced rogando á Dios
-que fuese de tal modo que redundase para su santo servicio, y otro dia
-de mañana fué acordado de la manera que habia de ser.
-
-Llevó consigo Cortés cinco capitanes, que fueron Pedro de Albarado y
-Gonzalo de Sandoval y Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo y
-Alonso de Ávila y con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar; y todos
-nosotros mandó que estuviésemos muy á punto y los caballos ensillados
-y enfrenados; y en lo de las armas no habia necesidad de ponello yo
-aquí por memoria, porque siempre de dia y de noche estábamos armados y
-calzados nuestros alpargates, que en aquella sazon era nuestro calzado;
-y cuando soliamos ir á hablar al Montezuma siempre nos veia armados de
-aquella manera; y esto digo porque, puesto que Cortés con los cinco
-capitanes iban con todas sus armas para le prender, el Montezuma no lo
-tendria por cosa nueva ni se alteraria dello.
-
-Ya puestos á punto todos, envióle nuestro capitan á hacelle saber cómo
-iba á su palacio, porque así lo tenia por costumbre, y no se alterase
-viéndole ir de sobresalto; y el Montezuma bien entendió poco más ó
-ménos que iba enojado por lo de Almería, y no lo tenia en una castaña
-y mandó que fuese mucho en buen hora; y como entró Cortés, despues de
-haber hecho sus acatos acostumbrados, le dijo con nuestras lenguas:
-
-—«Señor Montezuma, muy maravillado estoy de vos, siendo tan valeroso
-Príncipe y haberos dado por nuestro amigo, mandar á vuestros capitanes
-que teniades en la costa cerca de Tuzapan que tomasen armas contra
-mis españoles, y tener atrevimiento de robar los pueblos que están
-en guardia y mamparo de nuestro Rey y señor, y de mandalles indios é
-indias para sacrificar y matar un español hermano mio y un caballo.»
-
-No le quiso decir del capitan ni de los seis soldados que murieron
-luego que llegaron á la Villa-Rica, porque el Montezuma no lo alcanzó
-á saber, ni tampoco lo supieron los indios capitanes que les dieron la
-guerra; y más le dijo Cortés, que teniéndole por tan su amigo, mandé á
-mis capitanes que en todo lo posible fuese os sirviesen y favoreciesen,
-y vuestra majestad, por el contrario, no lo ha hecho.
-
-Y asimismo en lo de Cholula tuvieron vuestros capitanes gran copia
-de guerreros, ordenado por vuestro mandado, que nos matasen; helo
-disimulado lo de entónces por lo mucho que os quiero; y asimismo ahora
-vuestros vasallos y capitanes se han desvergonzado, tienen pláticas
-secretas que nos quereis mandar matar; por estas causas no querria
-comenzar guerra ni destruir aquesta ciudad; conviene que para excusarlo
-todo, que luego callando y sin hacer ningun alboroto os vais con
-nosotros á nuestro aposento, que allí sereis servido y mirado muy bien
-como en vuestra propia casa; y que si alboroto ó voces daba, que luego
-sereis muerto de aquestos mis capitanes, que no los traigo para otro
-efeto.
-
-Y cuando esto oyó el Montezuma, estuvo muy espantado y sin sentido,
-y respondió que nunca tal mandó, que tomasen armas contra nosotros, y
-que enviaria luego á llamar sus capitanes, y sabria la verdad, y los
-castigaria; y luego en aquel instante quitó de su brazo y muñeca el
-sello y señal de Huichilóbos, que aquello era cuando mandaba alguna
-cosa grave é de peso para que se cumpliese, é luego se cumplia; y
-en lo de ir preso y salir de sus palacios contra su voluntad, que
-no era persona la suya para que tal le mandasen, é que no era su
-voluntad salir; y Cortés le replicó muy buenas razones, y el Montezuma
-le respondia muy mejores y que no habia de salir de sus casas, por
-manera que estuvieron más de media hora en estas pláticas; y como Juan
-Velazquez de Leon y los demás capitanes vieron que se detenia con él,
-y no veian la hora de habello sacado de sus casas y tenelle preso,
-hablaron á Cortés algo alterados, y dijeron:
-
-—«¿Qué hace vuestra merced ya con tantas palabras? Ó le llevemos
-preso ó le daremos de estocadas; por eso tornadle á decir que si da
-voces ó hace alboroto, que le matareis; porque más vale que desta vez
-aseguremos nuestras vidas ó las perdamos.»
-
-Y como el Juan Velazquez lo decia con voz algo alta y espantosa,
-porque así era su hablar, y el Montezuma vió á nuestros capitanes como
-enojados, preguntó á doña Marina que qué decian con aquellas palabras
-altas; y como la doña Marina era muy entendida, le dijo:
-
-—«Señor Montezuma, lo que yo os aconsejo es que vais luego con ellos
-á su aposento sin ruido ninguno; que yo sé que os harán mucha honra
-como gran señor que sois; y de otra manera, aquí quedareis muerto; y en
-su aposento se sabrá la verdad.»
-
-Y entónces el Montezuma dijo á Cortés:
-
-—«Señor Malinche, ya que eso quereis que sea, yo tengo un hijo y dos
-hijas legítimas, tomadlas en rehenes, y á mí no me hagais esta afrenta;
-¿qué dirán mis principales si me viesen llevar preso?»
-
-Tornó á decir Cortés que su persona habia de ir con ellos, y no habia
-ser otra cosa. Y en fin de muchas más razones que pasaron, dijo que
-él iria de buena voluntad; y entónces nuestros capitanes le hicieron
-muchas caricias, y le dijeron que le pedian por merced que no hubiese
-enojo, y que dijese á sus capitanes y á los de su guarda que iba de su
-voluntad, porque habia tenido plática de su ídolo Huichilóbos y de los
-papas que le servian que convenia para su salud y guardar su vida estar
-con nosotros; y luego le trujeron sus ricas andas en que solia salir,
-con todos sus capitanes que le acompañaron, y fué á nuestro aposento,
-donde le pusimos guardas y velas y todos cuantos servicios y placeres
-le podiamos hacer, así Cortés como todos nosotros; tantos le haciamos,
-y no se le echó prisiones ningunas; y luego le vinieron á ver todos
-los mayores principales mejicanos y sus sobrinos, é hablar con él y á
-saber la causa de su prision y si mandaba que nos diesen guerra; y
-el Montezuma les respondia que él holgaba de estar algunos dias allí
-con nosotros de buena voluntad, y no por fuerza; y cuando él algo
-quisiese, que se lo diria, y que no se alborotasen ellos ni la ciudad
-ni tomasen pesar dello, porque aquesto que ha pasado de estar allí,
-que su Huichilóbos lo tiene por bien, y se lo han dicho ciertos papas
-que lo saben, que hablaron con su ídolo sobre ello; y desta manera que
-he dicho fué la prision del gran Montezuma; y allí donde estaba tenia
-su servicio y mujeres y baños en que se bañaba, y siempre á la contina
-estaban en su compañía veinte grandes señores y consejeros y capitanes,
-y se hizo á estar preso sin mostrar pasion en ello; y allí venian
-con pleitos embajadores de léjas tierras y le traian sus tributos, y
-despachaba negocios de importancia.
-
-Acuérdome que cuando venian ante él grandes caciques de otras tierras
-sobre términos y pueblos é otras cosas de aquel arte, que por muy
-gran señor que fuese se quitaba las mantas ricas, y se ponia otras de
-nequen y de poca valía, y descalzo habia de venir; y cuando llegaba á
-los aposentos no entraba derecho, sino por un lado dellos, y cuando
-parecian delante del gran Montezuma, los ojos bajos en la tierra; y
-ántes que á él llegasen le hacian tres reverencias y le decian: «Señor,
-mi señor, gran señor;» y entónces le traian pintado é dibujado el
-pleito ó negocio sobre que venian, en unos paños ó mantas de nequen,
-y con unas varitas muy delgadas y pulidas le señalaban la causa del
-pleito; y estaban allí junto al Montezuma dos hombres viejos, grandes
-caciques, y cuando bien habian entendido el pleito aquellos jueces,
-le decian al Montezuma la justicia que tenian, y con pocas palabras
-los despachaba y mandaba quién habia de llevar las tierras ó pueblos;
-y sin más replicar en ello, se salian los pleiteantes sin volver las
-espaldas, y con las tres reverencias se salian hasta la sala, y cuando
-se veian fuera de su presencia del Montezuma se ponian otras mantas
-ricas y se paseaban por Méjico.
-
-Y dejaré de decir al presente desta prision, y digamos cómo los
-mensajeros que envió el Montezuma con su señal y sello á llamar sus
-capitanes que mataron nuestros soldados, los trujeron ante él presos,
-y lo que con ellos habló yo no lo sé; mas que se los envió á Cortés
-para que hiciese justicia dellos; y tomada su confesion sin estar el
-Montezuma delante, confesaron ser verdad lo atrás ya por mí dicho,
-é que su señor se lo habia mandado que diesen guerra y cobrasen los
-tributos, y si algunos teules fuesen en su defensa, que tambien les
-diesen guerra ó matasen.
-
-É vista esta confesion por Cortés, envióselo á decir al Montezuma
-cómo le condenaban en aquella cosa, y él se disculpó cuanto pudo,
-y nuestro capitan lo envió á decir que él así lo creia; que puesto
-que merecia castigo, conforme á lo que nuestro Rey manda, que la
-persona que manda matar á otros sin culpa ó con culpa que muera
-por ello; mas que le quiere tanto y le desea todo bien, que ya que
-aquella culpa tuviese, que ántes la pagaria el Cortés por su persona
-que vérsela pasar al Montezuma; y con todo esto que le envió á decir
-estaba temeroso: y sin más gastar razones, Cortés sentenció á aquellos
-capitanes á muerte é que fuesen quemados delante de los palacios del
-Montezuma, é así se ejecutó luego la sentencia; y porque no hubiese
-algun impedimento, entre tanto que se quemaban mandó echar unos grillos
-al mismo Montezuma; y cuando se los echaron él hacia bramuras, y si
-de ántes estaba temeroso, entónces estuvo mucho más; y despues de
-quemados, fué nuestro Cortés con cinco de nuestros capitanes á su
-aposento, y él mismo le quitó los grillos, y tales palabras le dijo,
-que no solamente lo tenia por hermano, sino en mucho más, é que como
-es señor y Rey de tantos pueblos y provincias, que si él podia, el
-tiempo andando le haria que fuese señor de más tierra de las que no
-habia podido conquistar ni le obedecian; y que si quiere ir á sus
-palacios, que le da licencia para ello; y decíaselo Cortés con nuestras
-lenguas, y cuando se lo estaba diciendo Cortés, parecia se le saltaban
-las lágrimas de los ojos al Montezuma; y respondió con gran cortesía
-que se lo tenia en merced, porque bien entendió Montezuma que todo era
-palabras las de Cortés; é que ahora al presente que convenia estar
-allí preso, porque por ventura, como sus principales son muchos, y sus
-sobrinos é parientes le vienen cada dia á decir que será bien darnos
-guerra y sacallo de prision, que cuando lo vean fuera que le atraerán á
-ello, é que no queria ver en su ciudad revueltas, é que si no hace su
-voluntad, por ventura querrán alzar á otro señor; y que él les quitaba
-de aquellos pensamientos con decilles que su dios Huichilóbos se lo ha
-enviado á decir que esté preso.
-
-É á lo que entendimos é lo más cierto, Cortés habia dicho á Aguilar, la
-lengua, que le dijese de secreto que aunque Malinche le manda salir de
-la prision, que los capitanes nuestros é soldados no querriamos. Y como
-aquello le oyó, el Cortés le echó los brazos encima, y le abrazó y dijo:
-
-—«No en balde, señor Montezuma, os quiero tanto como á mí mismo.»
-
-Y luego el Montezuma demandó á Cortés un paje español que le servia,
-que sabia ya la lengua, que se decia Orteguilla, y fué harto sospechoso
-así para el Montezuma como para nosotros, porque de aquel paje inquiria
-y sabia muchas cosas de las de Castilla el Montezuma, y nosotros de lo
-que decian sus capitanes; y verdaderamente le era tan buen servicial,
-que lo queria mucho el Montezuma.
-
-Dejemos de hablar cómo ya estaba el Montezuma contento con los
-grandes halagos y servicios y conversaciones que con todos nosotros
-tenia, porque siempre que ante él pasábamos, y aunque fuese Cortés,
-le quitábamos los bonetes de armas ó cascos, que siempre estábamos
-armados, y él nos hacia gran mesura y honra á todos: y digamos los
-nombres de aquellos capitanes de Montezuma que se quemaron por
-justicia, que se decia el principal Quetzalpopoca y los otros se decian
-el uno Coatl y el otro Quiabuitle y el otro no me acuerdo el nombre,
-que poco va en saber sus nombres.
-
-Y digamos que como este castigo se supo en todas las provincias de
-la Nueva-España, temieron, y los pueblos de la costa adonde mataron
-nuestros soldados volvieron á servir muy bien á los vecinos que
-quedaban en la Villa-Rica.
-
-É han de considerar los curiosos que esto leyeren tan grandes hechos:
-que entónces hicimos dar con los navíos al través; lo otro osar entrar
-en tan fuerte ciudad, teniendo tantos avisos que allí nos habian de
-matar cuando dentro nos tuviesen; lo otro tener tanta osadía de osar
-prender al gran Montezuma, que era Rey de aquella tierra, dentro en
-su gran ciudad y en sus mismos palacios, teniendo tan gran número de
-guerreros de su guarda; y lo otro osar quemar sus capitanes delante de
-sus palacios y echalle grillos entretanto que se hacia la justicia,
-que muchas veces ahora que soy viejo, me paro á considerar las cosas
-heróicas que en aquel tiempo pasamos, que me parece las veo presentes.
-
-Y digo que nuestros hechos que no los haciamos nosotros, sino que
-venian todos encaminados por Dios; porque, ¿qué hombres ha habido en el
-mundo que osasen entrar cuatrocientos y cincuenta soldados, y aun no
-llegábamos á ellos, en una fuerte ciudad como Méjico, que es mayor que
-Venecia, estando tan apartados de nuestra Castilla sobre más de mil y
-quinientas leguas y prender á un tan gran señor y hacer justicia de sus
-capitanes delante dél? Porque hay mucho que ponderar en ello, y no así
-secamente como yo lo digo.
-
-Pasaré adelante, y diré cómo Cortés despachó luego otro capitan que
-estuviese en la Villa-Rica como estaba el Juan Escalante que mataron.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCVI.
-
-CÓMO NUESTRO CORTÉS ENVIÓ Á LA VILLA-RICA POR TENIENTE Y CAPITAN Á UN
-HIDALGO QUE SE DECIA ALONSO DE GRADO, EN LUGAR DEL ALGUACIL MAYOR JUAN
-DE ESCALANTE, Y EL ALGUACILAZGO MAYOR SE LE DIÓ Á GONZALO DE SANDOVAL,
-Y DESDE ENTÓNCES FUÉ ALGUACIL MAYOR; Y LO QUE DESPUES PASÓ DIRÉ
-ADELANTE.
-
-
-Despues de hecha justicia de Quetzalpopoca y sus capitanes, é sosegado
-el gran Montezuma, acordó de enviar nuestro capitan á la Villa-Rica por
-teniente della á un soldado que se decia Alonso de Grado, porque era
-hombre muy entendido y de buena plática y presencia, y músico é gran
-escribano.
-
-Este Alonso de Grado era uno de los que siempre fué contrario de
-nuestro capitan Cortés porque no fuésemos á Méjico y nos volviésemos á
-la Villa-Rica, cuando hubo en lo de Tlascala ciertos corrillos, ya por
-mí dichos en el capítulo que dello habla; y el Alonso de Grado era el
-que lo mullia y hablaba; y si como era hombre de buenas gracias fuera
-hombre de guerra, bien le ayudara todo junto; esto digo porque cuando
-nuestro Cortés le dió el cargo, como conocia su condicion, que no era
-hombre de afrenta, y Cortés era gracioso en lo que decia, le dijo: «He
-aquí, señor Alonso de Grado, vuestros deseos cumplidos, que ireis ahora
-á la Villa-Rica, como lo deseábades, y entendereis en la fortaleza;
-y mirad no vais á ninguna entrada, como hizo Juan de Escalante, y
-os maten;» y cuando se lo estaba diciendo guiñaba el ojo porque lo
-viésemos los soldados que allí nos hallábamos y sintiésemos á qué fin
-lo decia; porque sabia dél que aunque se lo mandara con pena no fuera.
-
-Pues dadas las provisiones é instrucciones de lo que habia de hacer, el
-Alonso de Grado le suplicó á Cortés que le hiciese merced de la vara
-de alguacil mayor, como la tenia el Juan de Escalante que mataron los
-indios, y le dijo que ya la habia dado á Gonzalo de Sandoval, y que
-para él, no le faltaria, el tiempo andando, otro oficio muy honroso,
-y que se fuese con Dios: y le encargó que mirase por los vecinos é
-los honrase, y á los indios amigos no se les hiciese ningun agravio
-ni se les tomase cosa por fuerza, y que dos herreros que en aquella
-villa quedaban, y les habia enviado á decir y mandar que luego hiciesen
-dos cadenas gruesas del hierro y anclas que sacaron de los navíos que
-dimos al través, que con brevedad las enviase, y que diese priesa á la
-fortaleza que se acabase de enmaderar y cubrir de teja.
-
-Y como el Alonso de Grado llegó á la villa, mostró mucha gravedad con
-los vecinos, y queríase hacer servir dellos como gran señor, é á los
-pueblos que estaban de paz, que fueron más de treinta, los enviaba á
-demandar joyas de oro é indias hermosas: y en la fortaleza no se le
-daba nada de entender en ella, y en lo que gastaba el tiempo era en
-bien comer y en jugar; y sobre todo esto, que fué peor que lo pasado,
-secretamente convocaba á sus amigos é á los que no lo eran para que
-si viniese á aquella tierra Diego Velazquez de Cuba ó cualquier su
-capitan, de dalle la tierra é hacerse con él; todo lo cual muy en posta
-se lo hicieron saber por cartas á Cortés á Méjico; y como lo supo, hubo
-enojo consigo mismo por haber enviado á Alonso de Grado conociéndole
-sus malas entrañas é condicion dañada; y como Cortés tenia siempre en
-el pensamiento que Diego Velazquez, gobernador de Cuba, por una parte
-ó por otra habia de alcanzar á saber cómo habiamos enviado á nuestros
-procuradores á su majestad, é que no le acudiriamos á cosa ninguna, é
-que por ventura enviaria armada y capitanes contra nosotros, parecióle
-que seria bien poner hombre de quien fiar el puerto é la villa, y
-envió á Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor por muerte de
-Juan de Escalante, y llevó en su compañía á Pedro de Ircio, aquel de
-quien cuenta el coronista Gómora que iba á poblar á Pánuco: y entónces
-el Pedro de Ircio fué á la villa, y tomó tanta amistad Gonzalo de
-Sandoval con él, porque el Pedro de Ircio, como habia sido mozo de
-espuelas en la casa del conde de Ureña y de don Pedro Giron, siempre
-contaba lo que les habia acontecido; y como el Gonzalo de Sandoval era
-de buena voluntad y no nada malicioso, y le contaba aquellos cuentos,
-tomó amistad con él, como dicho tengo, y siempre le hizo subir hasta
-ser capitan; y si en este tiempo de ahora fuera, algunas palabras
-mal dichas que no eran de decir decia el Pedro de Ircio en lugar
-de gracias, que se las reprendia harto Gonzalo de Sandoval, que le
-castigaran por ellas en muchos tribunales.
-
-Dejemos de contar vidas agenas, y volvamos á Gonzalo de Sandoval, que
-llegó á la Villa-Rica, y luego envió preso á Méjico con indios que lo
-guardasen á Alonso de Grado, porque así se lo mandó Cortés; y todos los
-vecinos querian mucho á Gonzalo de Sandoval, porque á los que halló que
-estaban enfermos los proveyó de comida lo mejor que podia y les mostró
-mucho amor, y á los pueblos de paz tenia en mucha justicia y los
-favorecia en todo lo que se les ofrecia, y en la fortaleza comenzó á
-enmaderar y tejar, y hacia todas las cosas como conviene hacer todo lo
-que los buenos capitanes son obligados; y fué harto provechoso á Cortés
-y á todos nosotros, como adelante verán en su tiempo é sazon.
-
-Dejemos á Sandoval en la Villa-Rica, y volvamos á Alonso de Grado, que
-llegó preso á Méjico, y queria ir á hablar á Cortés, y no le consintió
-que pareciese delante dél, ántes le mandó echar preso en un cepo de
-madera que entónces hicieron nuevamente. Acuérdome que olia la madera
-de aquel cepo como á sabor de ajos y cebollas, y estuvo preso dos dias.
-
-Y como el Alonso de Grado era muy plático y hombre de muchos medios,
-hizo grandes ofrecimientos á Cortés que le seria muy servidor, y luego
-le soltó; y aun desde allí adelante vi que siempre privaba con Cortés,
-mas no para que le diese cargos de cosas de guerra, sino conforme á su
-condicion; y aun el tiempo andando le dió la contaduría que solia tener
-Alonso de Ávila, porque en aquel tiempo envió al mismo Alonso de Ávila
-á la isla de Santo Domingo por procurador, segun adelante diré en su
-coyuntura.
-
-No quiero dejar de traer aquí á la memoria cómo cuando Cortés envió á
-Gonzalo de Sandoval á la Villa-Rica por teniente y capitan y alguacil
-mayor, le mandó que así como llegase le enviase dos herreros con todos
-sus aderezos de fuelles y herramientas, y mucho hierro de lo de los
-navíos que dimos al través, y las dos cadenas grandes de hierro, que
-estaban ya hechas, y que enviase velas y jarcias y pez y estopa y
-una aguja de marear, y todo otro cualquier aparejo para hacer dos
-bergantines para andar en la laguna de Méjico; lo cual luego se lo
-envió el Sandoval muy cumplidamente, segun y de la manera que lo mandó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCVII.
-
-CÓMO ESTANDO EL GRAN MONTEZUMA PRESO, SIEMPRE CORTÉS Y TODOS NUESTROS
-SOLDADOS LE FESTEJÁBAMOS Y REGOCIJÁBAMOS, Y AUN SE LE DIÓ LICENCIA PARA
-IR Á SUS CUES.
-
-
-Como nuestro capitan en todo era muy diligente, y vió que el Montezuma
-estaba preso, y por temor no se congojase con estar encerrado y
-detenido, procuraba cada dia, despues de haber rezado, que entónces no
-teniamos vino para decir Misa, de irle á tener á palacio, é iban con él
-cuatro capitanes, especialmente Pedro de Albarado y Juan Velazquez de
-Leon y Diego de Ordás, y preguntaban al Montezuma con mucha cortesía, y
-que mirase lo que mandaba, que todo se haria, y que no tuviese congoja
-de su prision; y le respondia que ántes se holgaba de estar preso, y
-esto que nuestros dioses nos daban poder para ello, ó su Huichilóbos lo
-permitia; y de plática en plática le dieron á entender por medio del
-fraile más por extenso las cosas de nuestra santa fe y el gran poder
-del Emperador nuestro señor; y aun algunas veces jugaba el Montezuma
-con Cortés al totoloque, que es un juego que ellos así le llaman, con
-unos bodoquillos chicos muy lisos que tenian hechos de oro para aquel
-juego, y tiraban con aquellos bodoquillos algo léjos á unos tejuelos
-que tambien eran de oro, é á cinco Reyes ganaban ó perdian ciertas
-piezas é joyas ricas que ponian.
-
-Acuérdome que tanteaba á Cortés Pedro de Albarado, é al gran Montezuma
-un sobrino suyo, gran señor; y el Pedro de Albarado siempre tanteaba
-una raya de más de las que habia Cortés, y el Montezuma, como lo vió,
-decia con gracia y risa que no queria que le tantease á Cortés el
-Tonatio, que así llamaban al Pedro de Albarado; porque hacia mucho
-ixoxol en lo que tanteaba, que quiere decir en su lengua que mentia,
-que echaba siempre una raya de más; y Cortés y todos nosotros los
-soldados que aquella sazon haciamos guarda no podiamos estar de risa
-por lo que dijo el gran Montezuma.
-
-Dirán agora que por qué nos reimos de aquella palabra. É porque el
-Pedro de Albarado, puesto que era de gentil cuerpo y buena manera, era
-vicioso en el hablar demasiado, y como le conocimos su condicion, por
-esto nos reimos tanto.
-
-É volvamos al juego: y si ganaba Cortés, daba las joyas á aquellos
-sus sobrinos y privados del Montezuma que le servian; y si ganaba
-Montezuma, nos lo repartia á los soldados que le haciamos guarda; y aun
-no contento por lo que nos daba del juego, no dejaba cada dia de darnos
-presentes de oro y ropa, así á nosotros como al capitan de la guarda,
-que entónces era Juan Velazquez de Leon, y en todo se mostraba Juan
-Velazquez, grande amigo é servidor de Montezuma.
-
-Tambien me acuerdo que era de la vela un soldado muy alto de cuerpo
-y bien dispuesto y de muy grandes fuerzas, que se decia Fulano de
-Trujillo, y era hombre de la mar, y cuando le cabia el cuarto de la
-noche de la vela, era tan mal mirado, que hablando aquí con acato de
-los señores leyentes, hacia cosas deshonestas, que lo oyó el Montezuma;
-é como era un Rey destas tierras y tan valeroso, túvolo á mala crianza
-y desacato, que en parte que él oyese se hiciese tal cosa, sin tener
-respeto á su persona; y preguntó á su paje Orteguilla que quién era
-aquel mal criado é sucio, é dijo que era hombre que solia andar en
-la mar é que no sabe de policía é buena crianza, y tambien le dió á
-entender de la calidad de cada uno de los soldados que allí estábamos,
-cuál era caballero y cuál no, y le decia á la contina muchas cosas que
-el Montezuma deseaba saber.
-
-Y volvamos á nuestro soldado Trujillo, que desque fué de dia Montezuma
-lo mandó llamar, y le dijo que por qué era de aquella condicion, que
-sin tener miramiento á su persona, no tenia aquel acato debido; que le
-rogaba que otra vez no lo hiciese y mandóle dar una joya de oro que
-pesaba cinco pesos: y al Trujillo no se le dió nada por lo que dijo, y
-otra noche adrede tiró otro traque, creyendo que le daria otra cosa;
-y el Montezuma lo hizo saber á Juan Velazquez, capitan de la guarda,
-y mandó luego el capitan quitar á Trujillo que no velase más, y con
-palabras ásperas le respondieron.
-
-Tambien acaeció que otro soldado que se decia Pedro Lopez, gran
-ballestero, y era hombre que no se le entendia mucho, y era bien
-dispuesto y velaba al Montezuma, y sobre si era hora de tomar el cuarto
-uno tuvo palabras con un cuadrillero, y dijo:
-
-—«Oh pesia tal con este perro, que por velalle á la continua estoy muy
-malo del estómago, para me morir;»
-
-Y el Montezuma oyó aquella palabra y pesóle en el alma, y cuando vino
-Cortés á tenelle palacio lo alcanzó á saber, y tomó tanto enojo de
-ello, que al Pedro Lopez, con ser muy buen soldado, le mandó azotar
-dentro en nuestros aposentos; y desde allí adelante todos los soldados
-á quien cabia la vela, con mucho silencio y crianza estaban velando,
-puesto que no habia menester mandarlo á mí ni á otros soldados de
-nosotros que le velábamos, sobre este buen comedimiento que con aqueste
-gran cacique habiamos de tener; y él bien conocia á todos, y sabia
-nuestros nombres y aun calidades; y era tan bueno, que á todos nos daba
-joyas, á otros mantas é indias hermosas.
-
-Y como en aquel tiempo era yo mancebo, y siempre que estaba en su
-guarda ó pasaba delante dél con muy grande acato le quitaba mi bonete
-de armas, y aun le habia dicho el paje Orteguilla que vine dos veces á
-descubrir esta Nueva-España primero que Cortés, é yo le habia hablado
-al Orteguilla que le queria demandar á Montezuma que me hiciese merced
-de una india hermosa; y como lo supo el Montezuma, me mandó llamar y me
-dijo:
-
-—«Bernal Diez del Castillo, hánme dicho que teneis motolínea de oro y
-ropa; yo os mandaré dar hoy una buena moza; tratadla muy bien, que es
-hija de hombre principal; y tambien os darán oro y mantas.»
-
-Yo le respondí con mucho acato que le besaba las manos por tan gran
-merced y que Dios nuestro Señor le prosperase; y parece ser preguntó al
-paje que qué habia respondido, y le declaró la respuesta; y díjole el
-Montezuma:
-
-—«De noble condicion me parece Bernal Diez;» porque á todos nos sabia
-los nombres, como tengo dicho; é me mandó dar tres tejuelos de oro é
-dos cargas de mantas.
-
-Dejemos de hablar de esto, y digamos cómo por la mañana, cuando hacia
-sus oraciones y sacrificios á los ídolos, almorzaba poca cosa, é no era
-carne, sino ají, y estaba ocupado una hora en oir pleitos de muchas
-partes, de caciques que á él venian de léjas tierras.
-
-Ya he dicho otra vez en el capítulo que de ello habla, de la manera
-que entraban á negociar y el acato que le tenian, y cómo siempre
-estaban en su compañía en aquel tiempo para despachar negocios veinte
-hombres ancianos, que eran jueces; y porque está ya referido, no lo
-torno á referir: y entónces alcanzamos á saber que las muchas mujeres
-que tenia por amigas, casaba dellas con sus capitanes ó personas
-principales muy privados, y aun dellas dió á nuestros soldados, y la
-que me dió á mí era una señora dellas, y bien se pareció en ella, que
-se dijo doña Francisca; y así se pasaba la vida, unas veces riendo y
-otras veces pensando en su prision.
-
-Quiero aquí decir, puesto que no vaya á propósito de nuestra relacion,
-porque me lo han preguntado algunas personas curiosas, que cómo, porque
-solamente el soldado por mí nombrado llamó perro al Montezuma, aun no
-en su presencia, le mandó Cortés azotar, siendo tan pocos soldados como
-éramos, y que los indios tuviesen noticia dello.
-
-Á esto digo que en aquel tiempo todos nosotros, y aun el mismo Cortés,
-cuando pasábamos delante del gran Montezuma le haciamos reverencia con
-los bonetes de armas, que siempre traimos quitados, y él era tan bueno
-y tan bien mirado, que á todos nos hacia mucha honra; que, demás de ser
-Rey desta Nueva-España, su persona y condicion lo merecia.
-
-Y demás de todo esto, si bien se considera la cosa en que estaban
-nuestras vidas, sino en solamente mandar á sus vasallos le sacasen
-de la prision y darnos luego guerra, que en ver su presencia y real
-franqueza lo hicieran.
-
-Y como viamos que tenia á la contina consigo muchos señores que le
-acompañaban, y venian de léjas tierras otros muchos más señores, y el
-gran palacio que le hacian y el gran número de gente que á la contina
-daba de comer y beber, ni más ni ménos que cuando estaba sin prision;
-todo esto considerándolo Cortés, hubo mucho enojo de cuando lo supo que
-tal palabra le dijese, y como estaba airado dello, de repente le mandó
-castigar como dicho tengo; y fué bien empleado en él.
-
-Pasemos adelante y digamos que en aquel instante llegaron de la
-Villa-Rica indios cargados con las cadenas de hierro gruesas que Cortés
-habia mandado hacer á los herreros. Tambien trujeron todas las cosas
-pertenecientes para los bergantines, como dicho tengo; y así como fué
-traido se lo hizo saber al gran Montezuma.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré lo que sobre ello pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCVIII.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER DOS BERGANTINES DE MUCHO SOSTÉN É VELEROS PARA
-ANDAR EN LA LAGUNA, Y CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO Á CORTÉS QUE LE DIESE
-LICENCIA PARA IR Á HACER ORACION Á SUS TEMPLOS, Y LO QUE CORTÉS LE
-DIJO, Y CÓMO LE DIÓ LICENCIA.
-
-
-Pues como hubo llegado el aderezo necesario para hacer los bergantines,
-luego Cortés se lo fué á decir y á hacer saber al Montezuma, que
-queria hacer dos navíos chicos para se andar holgando en la laguna;
-que mandase á sus carpinteros que fuesen á cortar la madera, y que
-irian con ellos nuestros maestros de hacer navíos, que se decian
-Martin Lopez y un Alonso Nuñez; y como la madera de roble está obra de
-cuatro leguas de allí, de presto fué traida y dado el galivo della; y
-como habia muchos carpinteros de los indios, fueron de presto hechos
-y calafeteados y breados, y puestas sus jarcias y velas á su tamaño y
-medida, y una tolda á cada uno; y salieron tan buenos y veleros como si
-estuvieran un mes en tomar los galivos, porque el Martin Lopez era muy
-extremado maestro, y este fué el que hizo los trece bergantines para
-ayudar á ganar á Méjico, como adelante diré, é fué un buen soldado para
-la guerra.
-
-Dejemos aparte esto, é diré cómo el Montezuma dijo á Cortés que queria
-salir é ir á sus templos á hacer sacrificios é cumplir sus devociones,
-así para lo que á sus dioses era obligado como para que lo conozcan sus
-capitanes é principales, especial ciertos sobrinos suyos que cada dia
-le vienen á decir le quieren soltar y darnos guerra, y que él les da
-por respuesta que él se huelga de estar con nosotros; porque crean que
-es como se lo han dicho, porque así se lo mandó su dios Huichilóbos,
-como ya otra vez se lo ha hecho creer.
-
-Y cuanto á la licencia que le demandaba, Cortés le dijo que mirase
-que no hiciese cosa con que perdiese la vida, y que para ver si
-habia algun descomedimiento, ó mandaba á sus capitanes ó papas que le
-soltasen ó nos diesen guerra, que para aquel efecto enviaba capitanes
-é soldados para que luego le matasen á estocadas en sintiendo alguna
-novedad de su persona, y que vaya mucho en buen hora, y que no
-sacrificase ningunas personas, que era gran pecado contra nuestro
-Dios verdadero, que es el que le hemos predicado, y que allí estaban
-nuestros altares é la imágen de nuestra Señora, ante quien podria hacer
-oracion sin ir á su templo.
-
-Y el Montezuma dijo que no sacrificaria ánima ninguna, é fué en sus
-muy ricas andas acompañado de grandes caciques con gran pompa, como
-solia, y llevaba delante sus insignias que era como vara ó baston, que
-era la señal que iba allí su persona Real, como hacen á los visoreyes
-desta Nueva-España; é con él iban para guardalle cuatro de nuestros
-capitanes, que se decian Juan Velazquez de Leon y Pedro de Albarado é
-Alonso de Ávila y Francisco de Lugo, con ciento y cincuenta soldados,
-é tambien iban con nosotros el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la
-órden de la Merced, para le retraer el sacrificio si le hiciese de
-hombres; é yendo como íbamos al cu de Huichilóbos, ya que llegábamos
-cerca del maldito templo mandó que le sacasen de las andas, é fué
-arrimado á hombros de sus sobrinos y de otros caciques hasta que llegó
-al templo.
-
-Ya he dicho otras veces que por las calles por donde iba su persona
-todos los principales habian de llevar los ojos puestos en el suelo y
-no le miraban á la cara; y llegado á las gradas del adoratorio, estaban
-muchos papas aguardando para le ayudar á subir de los brazos, é ya le
-tenian sacrificados desde la noche anterior cuatro indios; y por más
-que nuestro capitan le decia, y se lo retraia el padre fray Bartolomé
-de Olmedo, de la órden de la Merced, no aprovechaba cosa ninguna, sino
-que habia de matar hombres y muchachos para sacrificar; y no podiamos
-en aquella sazon hacer otra cosa sino disimular con él porque estaba
-muy revuelto Méjico y otras grandes ciudades con los sobrinos de
-Montezuma, como adelante diré; y cuando hubo hecho sus sacrificios,
-porque no tardó mucho en hacellos, nos volvimos con él á nuestros
-aposentos; y estaba muy alegre, y á los soldados que con él fuimos
-luego nos hizo merced de joyas de oro.
-
-Dejémoslo aquí, y diré lo que más pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XCIX.
-
-CÓMO ECHAMOS LOS DOS BERGANTINES AL AGUA, Y CÓMO EL GRAN MONTEZUMA
-DIJO QUE QUERIA IR Á CAZA, Y FUÉ EN LOS BERGANTINES HASTA UN PEÑOL
-DONDE HABIA MUCHOS VENADOS Y CAZA; QUE NO ENTRABA EN EL ALCÁZAR PERSONA
-NINGUNA, CON GRAVE PENA.
-
-
-Como los dos bergantines fueron acabados de hacer y echados al agua,
-y puestos y aderezados con sus jarcias y mástiles, con sus banderas
-reales é imperiales, y apercebidos hombres de la mar para los marear,
-fueron en ellos al remo y vela, y eran muy buenos veleros.
-
-Y como Montezuma lo supo, dijo á Cortés que queria ir á caza en la
-laguna á un peñol que estaba acotado, que no osaban entrar en él á
-montear por muy principales que fuesen, so pena de muerte; y Cortés
-le dijo que fuese mucho en buen hora, y que mirase lo que de ántes
-le habia dicho cuando fué á sus ídolos, que no era más su vida de
-revolver alguna cosa, y que en aquellos bergantines iria, que era mejor
-navegacion ir en ellos que en sus canoas y piraguas, por grandes que
-sean; y el Montezuma se holgó de ir en el bergantin más velero, y metió
-consigo muchos señores y principales, y el otro bergantin fué lleno de
-caciques y un hijo de Montezuma, y apercebió sus monteros que fuesen en
-canoas y piraguas.
-
-Cortés mandó á Juan Velazquez de Leon, que era capitan de la guarda,
-y á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí fuesen con él, y Alonso de
-Ávila con ducientos soldados, que llevasen gran advertencia del cargo
-que les daba, y mirasen por el gran Montezuma; y como todos estos
-capitanes que he nombrado eran de sangre en el ojo, metieron todos los
-soldados que he dicho, y cuatro tiros de bronce con toda la pólvora que
-habia, con nuestros artilleros, que se decian Mesa y Arvenga, y se hizo
-un toldo muy emparamentado, segun el tiempo; y allí entró Montezuma
-con sus principales; y como en aquella sazon hizo el viento muy fresco,
-y los marineros se holgaban de contentar y agradar al Montezuma,
-mareaban las velas de arte que iban volando, y las canoas, en que iban
-sus monteros y principales quedaban atrás, por muchos remeros que
-llevaban.
-
-Holgábase el Montezuma y decia que eran gran maestria la de las velas y
-remos todo junto; y llegó al peñol, que no era muy léjos, y mató toda
-la caza que quiso de venados y liebres y conejos, y volvió muy contento
-á la ciudad.
-
-Y cuando llegábamos cerca de Méjico mandó Pedro de Albarado y Juan
-Velazquez de Leon y los demás capitanes que disparasen el artillería,
-de que se holgó mucho Montezuma, que, como le viamos tan franco y
-bueno, le teniamos en el acato que se tienen los Reyes destas partes, y
-él nos hacia lo mismo.
-
-Si hubiese de contar las cosas y condicion que él tenia de gran señor,
-y el acato y servicio que todos los señores de la Nueva-España y de
-otras provincias le hacian, es para nunca acabar, porque cosa ninguna
-que mandaba que le trujesen, aunque fuese volando, que luego no le
-era traido; y esto dígolo porque un dia estábamos tres de nuestros
-capitanes y ciertos soldados con el gran Montezuma, y acaso abatióse
-un gavilan en unas salas como corredores por una codorniz; que cerca
-de las casas y palacios donde estaba el Montezuma preso estaban unas
-palomas y codornices mansas, porque por grandeza las tenia allí para
-criar el indio mayordomo que tenia cargo de barrer los aposentos; y
-como el gavilan se abatió y llevó presa, viéronlo nuestros capitanes, y
-dijo uno dellos, que se decia Francisco de Acevedo el Pulido, que fué
-maestresala del almirante de Castilla:
-
-—«¡Oh qué lindo gavilan, y qué presa hizo, y tan buen vuelo tiene!»
-
-Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que habia en
-estas tierras muchas buenas aves de caza de volatería; y el Montezuma
-estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó á su paje Orteguilla
-sobre la plática, y le respondió que deciamos aquellos capitanes que
-el gavilan que entró á cazar era muy bueno, é que si tuviésemos otro
-como aquel que le mostrarian á venir á la mano, y que en el campo le
-echarian á cualquier ave, aunque fuese algo grande, y la mataria.
-
-Entónces dijo el Montezuma:
-
-—«Pues yo mandaré agora que tomen aquel mismo gavilan, y veremos si le
-amansan y cazan con él.»
-
-Todos nosotros los que allí nos hallamos le quitamos las gorras de
-armas por la merced; y luego mandó llamar sus cazadores de volatería,
-y les dijo que le trujesen el mismo gavilan; y tal maña se dieron en
-le tomar, que á horas del Ave-María vienen con el mismo gavilan, y le
-dieron á Francisco de Acevedo, y le mostró al señuelo; y porque luego
-se nos ofrecieron cosas en que iba más que la caza, se dejará aquí de
-hablar en ello.
-
-Y helo dicho porque era tan grande Príncipe, que no solamente le
-traian tributos de todas las más partes de la Nueva-España, y señoreaba
-tantas tierras, y en todas bien obedecido, que aun estando preso, sus
-vasallos temblaban dél, que hasta las aves que vuelan por el aire hacia
-tomar.
-
-Dejemos esto aparte, y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de cuando
-en cuando su rueda. En aqueste tiempo tenian convocado entre los
-sobrinos y deudos del gran Montezuma á otros muchos caciques y á toda
-la tierra para darnos guerra y soltar al Montezuma, y alzarse algunos
-dellos por Reyes de Méjico; lo cual diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO C.
-
-CÓMO LOS SOBRINOS DEL GRANDE MONTEZUMA ANDABAN CONVOCANDO É TRAYENDO Á
-SÍ LAS VOLUNTADES DE OTROS SEÑORES PARA VENIR Á MÉJICO Y SACAR DE LA
-PRISION AL GRAN MONTEZUMA Y ECHARNOS DE LA CIUDAD.
-
-
-Como el Cacamatzin, señor de la ciudad de Tezcuco, que despues de
-Méjico era la mayor y más principal ciudad que hay en la Nueva-España,
-entendió que habia muchos dias que estaba preso su tio Montezuma, é
-que en todo lo que nosotros podiamos nos íbamos señoreando, y aun
-alcanzó á saber que habiamos abierto la casa donde estaba el gran
-tesoro de su abuelo Axayaca, y que no habiamos tomado cosa ninguna
-dello; é ántes que lo tomásemos acordó de convocar á todos los señores
-de Tezcuco, sus vasallos, é al señor de Cuyoacan, que era su primo, y
-sobrino del Montezuma, é al señor de Tacuba é al señor de Iztapalapa,
-é á otro cacique muy grande, señor de Matalcingo, que era pariente muy
-cercano del Montezuma, y aun decian que le venia de derecho el reino y
-señorio de Méjico, y este cacique era muy valiente por su persona entre
-los indios; pues andando concertando con ellos y con otros señores
-mejicanos que para tal dia viniesen con todos sus poderes y nos diesen
-guerra, parece ser que el cacique que he dicho que era valiente por su
-persona, que no le sé el nombre, dijo que si le daban á él el señorio
-de Méjico, pues le venia de derecho, que él con toda su parentela, y de
-una provincia que se dice Matalcingo, serian los primeros que vendrian
-con sus armas á nos echar de Méjico, ó no quedaria ninguno de nosotros
-á vida. Y el Cacamatzin parece ser respondió que á él le venia el
-cacicazgo y él habia de ser Rey, pues era sobrino de Montezuma, y que
-si no queria venir, que sin él ni su gente haria la guerra.
-
-Por manera que ya tenia el Cacamatzin apercibidos los pueblos y señores
-por mí ya nombrados, y tenia concertado que para tal dia viniesen
-sobre Méjico, é con los señores que dentro estaban de su parte les
-darian lugar á la entrada; é andando en estos tratos, lo supo muy bien
-Montezuma por la parte de su gran deudo, que no quiso conceder en lo
-que Cacamatzin queria; y para mejor lo saber envió Montezuma á llamar
-todos sus caciques y principales de aquella ciudad, y le dijeron cómo
-el Cacamatzin los andaba convocando á todos con palabras é dádivas para
-que le ayudasen á darnos guerra y soltar al tio.
-
-Y como Montezuma era cuerdo y no queria ver su ciudad puesta en armas
-ni alborotos, se lo dijo á Cortés segun y de la manera que pasaba, el
-cual alboroto sabia muy bien nuestro capitan y todos nosotros, mas no
-tan por entero como se lo dijo.
-
-El consejo que sobre ello tomó era, que nos diese de su gente mejicana
-é iriamos sobre Tezcuco, y que le prenderiamos ó destruiriamos aquella
-ciudad é sus comarcas. É al Montezuma no le cuadró este consejo; por
-manera que Cortés le envió á decir al Cacamatzin que se quitase de
-andar revolviendo guerra, que será causa de su perdicion, é que le
-quiere tener por amigo, é que en todo lo que hubiere menester de su
-persona lo hará por él, é otros muchos cumplimientos.
-
-É como el Cacamatzin era mancebo, y halló otros muchos de su parecer
-que le acudirian en la guerra, envió á decir á Cortés que ya habia
-entendido sus palabras de halagos, que no las queria más oir, sino
-cuando le viese venir, que entónces le hablaria lo que quisiese.
-
-Tornó otra vez Cortés á le enviar á decir que mirase que no hiciese
-deservicio á nuestro Rey y señor, que lo pagaria su persona y le
-quitaria la vida por ello; y respondió que ni conocia á Rey ni quisiera
-haber conocido á Cortés, que con palabras blandas prendió á su tio.
-
-Como envió aquella respuesta, nuestro capitan rogó á Montezuma, pues
-era tan gran señor, y dentro en Tezcuco tenia grandes caciques y
-parientes por capitanes, y no estaban bien con el Cacamatzin, por
-ser muy soberbio y malquisto; y pues allí en Méjico con el Montezuma
-estaba un hermano del mismo Cacamatzin, mancebo de buena disposicion,
-que estaba huido del propio hermano porque no le matase, que despues
-del Cacamatzin heredaba el reino de Tezcuco; que tuviese manera y
-concierto con todos los de Tezcuco que prendiesen al Cacamatzin, ó
-que secretamente le enviase á llamar, y que si viniese, que le echase
-mano y le tuviesen en su poder hasta que estuviese más sosegado; y
-que pues que aquel su sobrino estaba en su casa huido por temor del
-hermano, y le sirve, que le alce luego por señor, y le quite el señorio
-al Cacamatzin, que está en su deservicio y anda revolviendo todas las
-ciudades y caciques de la tierra por señorear su ciudad é reino.
-
-Y el Montezuma dijo que le enviaria luego á llamar; mas que sentia dél
-que no querria venir, y que si no viniese, que se ternia concierto
-con sus capitanes y parientes que le prendan; y Cortés le dió muchas
-gracias por ello, y aun le dijo:
-
-—«Señor Montezuma, bien podeis creer que si os quereis ir á vuestros
-palacios, que en vuestra mano está; que desde que tengo entendido que
-me teneis buena voluntad é yo os quiero tanto, que no fuera yo de tal
-condicion, que luego no os fuera acompañando para que os fuérades con
-toda vuestra caballería á vuestros palacios; y si lo he dejado de
-hacer, es por estos mis capitanes que os fueron á prender, porque no
-quieren que os suelte, y porque vuestra majestad dice que quiere estar
-preso por excusar las revueltas que vuestros sobrinos traen por haber
-en su poder esta ciudad é quitaros el mando.»
-
-Y el Montezuma dijo que se lo tenia en merced, y como iba entendiendo
-las palabras halagüeñas de Cortés é via que lo decia, no por soltalle,
-sino probar su voluntad: y tambien Orteguilla, su paje, se lo habia
-dicho á Montezuma, que nuestros capitanes eran los que le aconsejaron
-que le prendiese, é que no creyese á Cortés, que sin ellos no le
-soltaria.
-
-Dijo el Montezuma á Cortés que muy bien estaba preso hasta ver en
-qué paraban los tratos de sus sobrinos, y que luego queria enviar
-mensajeros á Cacamatzin rogándole que viniese ante él, que le queria
-hablar en amistades entre él y nosotros; y le envió á decir que de su
-prision que no tenga él cuidado, que si se quisiese soltar, que muchos
-tiempos ha tenido para ello, y que Malinche le ha dicho dos veces que
-se vaya á sus palacios, y que él no quiere, por cumplir el mandado de
-sus dioses, que le han dicho que se esté preso, y que si no lo está,
-luego será muerto; y que esto que lo sabe muchos dias há de los papas
-que están en servicio de los ídolos: y que á esta causa será bien que
-tenga amistad con Malinche y sus hermanos.
-
-Y estas mismas palabras envió Montezuma á decir á los capitanes de
-Tezcuco, cómo enviaba á llamar á su sobrino para hacer las amistades,
-y que mirase no le trastornase su seso aquel mancebo para tomar armas
-contra nosotros.
-
-Y dejemos esta plática, que muy bien la entendió el Cacamatzin; y sus
-principales entraron en consejo sobre lo que harian, y el Cacamatzin
-comenzó á bravear y que nos habia de matar dentro de cuatro dias, é
-que al tio, que era una gallina, por no darnos guerra cuando se lo
-aconsejaba al abajar la sierra de Chalco, cuando tuvo allí buen aparejo
-con sus guarniciones, y que nos metió él por su persona en su ciudad,
-como si tuviera conocido que íbamos para hacelle algun bien, y que
-cuanto oro le han traido de sus tributos nos daba; y que le habiamos
-escalado y abierto la casa donde está el tesoro de su abuelo Axayaca, y
-que sobre todo esto le teniamos preso, é que ya le andábamos diciendo
-que quitasen los ídolos del gran Huichilóbos, é que queriamos poner los
-nuestros; é que porque esto no viniese más mal, y para castigar tales
-cosas é injurias, que les rogaba que le ayudasen, pues todo lo que ha
-dicho han visto por sus ojos, y cómo quemamos los mismos capitanes del
-Montezuma, y que ya no se puede compadecer otra cosa sino que todos
-juntos á una nos diesen guerra; y allí les prometió el Cacamatzin que
-si quedaba con el señorio de Méjico que les habia de hacer grandes
-señores, y tambien les dió muchas joyas de oro y les dijo que ya tenia
-concertado con sus primos, los señores de Cuyoacan y de Iztapalapa y
-de Tacuba y otros deudos, que le ayudarian, é que en Méjico tenia de
-su parte otras personas principales que le darian entrada é ayuda á
-cualquiera hora que quisiese, y que unos por las calzadas, y todos los
-más en sus piraguas y canoas chicas por la laguna, podrian entrar, sin
-tener contrarios que se lo defendiesen, pues su tio estaba preso; y que
-no tuviesen miedo de nosotros, pues saben que pocos dias habian pasado
-que en lo de Almería los mesmos capitanes de su tio habian muerto
-muchos teules y un caballo, lo cual bien vieron la cabeza de un teule
-é el cuerpo del caballo; é que en una hora nos despacharian, é con
-nuestros cuerpos harian buenas fiestas y hartazgas.
-
-Y como hubo hecho aquel razonamiento, dicen que se miraban unos
-capitanes á otros para que hablasen los que solian hablar primero en
-cosas de guerra, é que cuatro ó cinco de aquellos capitanes le dijeron
-que, ¿cómo habian de ir sin licencia de su gran señor Montezuma y dar
-guerra en su propia casa y ciudad? Y que se lo envien primero á hacer
-saber, é que si es consentidor, que irán con él de muy buena voluntad,
-é que de otra manera, que no le quieren ser traidores.
-
-Y pareció ser que el Cacamatzin se enojó con los capitanes que le
-dieron aquella respuesta, y mandó echar presos tres dellos; y como
-habia allí en el consejo y junta que tenian otros sus deudos y ganosos
-de bullicios, dijeron que le ayudarian hasta morir, é acordó de enviar
-á decir á su tio el gran Montezuma que habia de tener empacho envialle
-á decir que venga á tener amistad con quien tanto mal y deshonra le ha
-hecho, teniéndole preso; é que no es posible sino que nosotros éramos
-hechiceros y con hechizos le teniamos quitado su gran corazon y fuerza,
-ó que nuestros dioses y la gran mujer de Castilla que les dijimos que
-era nuestra abogada nos da aquel gran poder para hacer lo que haciamos;
-é en esto que dijo á la postre no lo erraba, que ciertamente la gran
-misericordia de Dios y su bendita Madre nuestra Señora nos ayudaba.
-
-Y volvamos á nuestra plática, que en lo que se resumió, fué enviar á
-decir que él venia á pesar nuestro y de su tio á nos hablar y matar:
-y cuando el gran Montezuma oyó aquella respuesta tan desvergonzada,
-recibió mucho enojo, y luego en aquella hora envió á llamar seis de sus
-capitanes de mucha cuenta, y les dió su sello, y aun les dió ciertas
-joyas de oro, y les mandó que luego fuesen á Tezcuco y que mostrasen
-secretamente aquel su sello á ciertos capitanes y parientes que estaban
-muy mal con el Cacamatzin por ser muy soberbio, é que tuviesen tal
-órden y manera, que á él y á los que eran en su consejo los prendiesen
-y que luego se los trujesen delante.
-
-Y como fueron aquellos capitanes, y en Tezcuco entendieron lo que
-el Montezuma mandaba, y el Cacamatzin era malquisto, en sus propios
-palacios le prendieron, que estaba platicando con aquellos sus
-confederados en cosas de la guerra, y tambien trujeron otros cinco
-presos con él.
-
-É como aquella ciudad está poblada junto á la gran laguna, aderezan
-una gran piragua con sus toldos y les meten en ella, y con gran copia
-de remeros los traen á Méjico, y cuando hubo desembarcado le meten en
-sus ricas andas, como Rey que era, y con gran acato le llevan ante
-Montezuma; y parece ser estuvo hablando con su tio, y desvergonzósele
-más de lo que ántes estaba, y supo Montezuma de los conciertos en que
-andaba, que era alzarse por señor; lo cual alcanzó á saber más por
-entero de los demás prisioneros que le trujeron, y si enojado estaba de
-ántes del sobrino, muy más lo estuvo entónces.
-
-Y luego se lo envió á nuestro capitan para que lo echase preso, y á
-los demás prisioneros mandó soltar; é luego Cortés fué á los palacios
-é al aposento de Montezuma y le dió las gracias por tan gran merced; y
-se dió órden que se alzase por Rey de Tezcuco al mancebo que estaba
-en su compañía del Montezuma, que tambien era su sobrino, hermano del
-Cacamatzin, que ya he dicho que por su temor estaba allí retraido
-al favor del tio porque no le matase, que era tambien heredero muy
-propincuo del reino de Tezcuco; y para lo hacer solenemente y con
-acuerdo de toda la ciudad, mandó Montezuma que viniesen ante él los más
-principales de toda aquella provincia, y despues de muy bien platicada
-la cosa, le alzaron por Rey y señor de aquella gran ciudad, y se llamó
-D. Cárlos.
-
-Ya todo esto hecho, como los caciques y reyezuelos sobrinos del gran
-Montezuma, que eran el señor de Cuyoacan y el señor de Iztapalapa y el
-de Tacuba, vieron é oyeron las prisiones del Cacamatzin, y supieron que
-el gran Montezuma habia sabido que ellos entraban en la conjuracion
-para quitalle su reino y dárselo á Cacamatzin, temieron, y no le venian
-á ver ni á hacer palacio como solian; é con acuerdo de Cortés, que le
-convocó é atrajo al Montezuma para que los mandase prender, en ocho
-dias todos estuvieron presos en la cadena gorda, que no poco se holgó
-nuestro capitan y todos nosotros.
-
-Miren los curiosos letores en lo que andaban nuestras vidas, tratando
-de nos matar cada dia y comer nuestras carnes, si la gran misericordia
-de Dios, que siempre era con nosotros, no nos socorria; é aquel buen
-Montezuma á todas nuestras cosas daba buen corte; é miren qué gran
-señor era, que estando preso así era tan obedecido.
-
-Pues ya todo apaciguado é aquellos señores presos, siempre nuestro
-Cortés con otros capitanes é el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, de la
-órden de la Merced, estaban teniéndole palacio, é en todo lo que podian
-le daban mucho placer, y burlaban no de manera de desacato, que digo
-que no se sentaban Cortés ni ningun capitan hasta que el Montezuma les
-mandaba dar sus asentaderos ricos y les mandaba asentar; y en esto
-era tan bien mirado, que todos le queriamos con gran amor, porque
-verdaderamente era gran señor en todas sus cosas que le viamos hacer.
-
-Y volviendo á nuestra plática, unas veces le daban á entender las
-cosas tocantes á nuestra santa fe, y se lo decia el fraile con el paje
-Orteguilla, que parece que le entraban ya algunas buenas razones en
-el corazon, pues las escuchaba con atencion mejor que al principio.
-Tambien le daban á entender el gran poder del Emperador nuestro señor,
-y cómo le daban vasallaje muchos grandes señores que le obedecian, y de
-léjas tierras; y decíanle otras muchas cosas que él se holgaba de les
-oir, y otras veces jugaba Cortés con él al totoloque; y él, como no era
-nada escaso, nos daba cada dia cual joyas de oro ó mantas.
-
-Y dejaré de hablar de ello, y pasaré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CI.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA CON MUCHOS CACIQUES Y PRINCIPALES DE LA COMARCA
-DIERON LA OBEDIENCIA Á SU MAJESTAD, Y DE OTRAS COSAS QUE SOBRE ELLO
-PASARON.
-
-
-Como el capitan Cortés vió que ya estaban presos aquellos reyecillos
-por mí nombrados, y todas las ciudades pacíficas, dijo á Montezuma que
-dos veces le habia enviado á decir ántes que entrásemos en Méjico que
-queria dar tributo á su majestad, y que pues ya habia entendido el gran
-poder de nuestro Rey y señor, é que de muchas tierras le dan parias
-y tributos, y le son sujetos muy grandes Reyes, que será bien que él
-y todos sus vasallos le dén la obediencia, porque ansí se tiene por
-costumbre, que primero se da la obediencia que dén las parias é tributo.
-
-Y el Montezuma dijo que juntaria sus vasallos é hablaria sobre ello; y
-en diez dias se juntaron todos los más caciques de aquella comarca, y
-no vino aquel cacique pariente muy cercano del Montezuma, que ya hemos
-dicho que decian que era muy esforzado, y en la presencia y cuerpo y
-miembros se le parecia. Bien era algo atronado, y en aquella sazon
-estaba en un pueblo suyo que se decia Tula; y á este cacique, segun
-decian, le venia el reino de Méjico despues del Montezuma; y como le
-llamaron, envió á decir que no queria venir ni dar tributo; que aun
-con lo que tiene de sus provincias no se puede sustentar. De la cual
-respuesta hubo enojo Montezuma, y luego envió ciertos capitanes para
-que le prendiesen; como era gran señor y muy emparentado, tuvo aviso
-dello y metióse en su provincia, donde no le pudo haber por entónces.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré que en la plática que tuvo el Montezuma con
-todos los caciques de toda la tierra que habia enviado á llamar, que
-despues que les habia hecho un parlamento sin estar Cortés ni ninguno
-de nosotros delante, salvo Orteguilla el paje, dicen que les dijo que
-mirasen que de muchos años pasados sabian por muy cierto, por lo que
-sus antepasados les han dicho, é así lo tiene señalado en sus libros de
-cosas de memorias, que de donde sale el sol habian de venir gentes que
-habian de señorear estas tierras, y que se habia de acabar en aquella
-sazon el señorio y reino de los mejicanos; y que él tiene entendido,
-por lo que sus dioses le han dicho, que somos nosotros; é que se lo han
-preguntado á su Huichilóbos los papas que lo declaren, y sobre ello
-les hacen sacrificios y no quieren respondelles como suele; y lo que
-más les da á entender el Huichilóbos es, que lo que les ha dicho otras
-veces, aquello dé ahora por respuesta, é que no le pregunten más; así,
-que bien da á entender que demos la obediencia al Rey de Castilla,
-cuyos vasallos dicen estos teules que son; y porque al presente no
-va nada en ello; y el tiempo andando veremos si tenemos otra mejor
-respuesta de nuestros dioses, y como viéremos el tiempo, así harémos.
-
-Lo que yo os mando y ruego, que todos de buena voluntad al presente se
-la demos, y contribuyamos con alguna señal de vasallaje, que presto
-os diré lo que más nos convenga; y porque ahora soy importunado de
-Malinche á ello, ninguno lo rehuse; é mirá que en diez y ocho años que
-há que soy vuestro señor, siempre me habeis sido muy leales, é yo os
-he enriquecido, é ensanchado vuestras tierras, é os he dado mandos é
-hacienda; é si ahora al presente nuestros dioses permiten que yo esté
-aquí detenido, no lo estuviera, sino que ya os he dicho muchas veces
-que mi gran Huichilóbos me lo ha mandado.
-
-Y desque oyeron este razonamiento, todos dieron por respuesta que
-harian lo que mandase, y con muchas lágrimas y suspiros, y el Montezuma
-muchas más y luego envió á decir con un principal que para otro dia
-darian la obediencia y vasallaje á su majestad.
-
-Despues Montezuma tornó á hablar con sus caciques sobre el caso estando
-Cortés delante, é nuestros capitanes y muchos soldados, y Pedro
-Fernandez, secretario de Cortés; é dieron la obediencia á su majestad,
-y con mucha tristeza que mostraron; y el Montezuma no pudo sostener las
-lágrimas; é queríamoslo tanto é de buenas entrañas, que á nosotros de
-verle llorar se nos enternecieron los ojos, y soldado hubo que lloraba
-tanto como Montezuma; tanto era el amor que le teniamos.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré que siempre Cortés y el padre fray Bartolomé
-de Olmedo, de la Merced, que era bien entendido, estaban en los
-palacios de Montezuma por alegralle, atrayéndole á que dejase sus
-ídolos; y pasaré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CII.
-
-CÓMO NUESTRO CORTÉS PROCURÓ DE SABER DE LAS MINAS DE ORO, Y DE QUÉ
-CALIDAD ERAN, Y ASIMISMO EN QUÉ RIOS ESTABAN, Y QUÉ PUERTOS PARA NAVÍOS
-DESDE LO DE PÁNUCO HASTA LO DE TABASCO, ESPECIALMENTE EL RIO GRANDE DE
-GUACAZUALCO, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Estando Cortés é otros capitanes con el gran Montezuma, teniéndole en
-Palacio, entre otras pláticas que le decia con nuestras lenguas doña
-Marina é Jerónimo de Aguilar é Orteguilla, le preguntó que á qué parte
-eran las minas é en qué rios, é cómo y de qué manera cogian el oro
-que le traian en granos, porque queria enviar á vello dos de nuestros
-soldados grandes mineros.
-
-Y el Montezuma dijo que de tres partes, y que donde más oro solia traer
-que era de una provincia que se dice Zacatula, que es á la banda del
-Sur, que está de aquella ciudad andadura de diez ó doce dias, y que lo
-cogian con unas jícaras, en que lavan la tierra, é que allí quedan unos
-granos menudos despues de lavado; é que ahora al presente se lo traen
-de otra provincia que se dice Gustepeque, cerca de donde desembarcamos,
-que es en la banda del Norte é que lo cogen de dos rios; é que cerca de
-aquella provincia hay otras buenas minas, en parte que no son sujetos,
-que se dicen los chinatecas y capotecas, y que no le obedecen; y que
-si quiere enviar sus soldados, que él daria principales que vayan con
-ellos; y Cortés le dió las gracias por ello, y luego despachó un piloto
-que se decia Gonzalo de Umbría, con otros dos soldados mineros, á lo
-de Zacatula. Aqueste Gonzalo de Umbría era al que Cortés mandó cortar
-los piés cuando ahorcó á Pedro Escuderos é á Juan Cermeño y azotó los
-Peñates porque se alzaban en San Juan de Ulúa con el navío, segun más
-largamente lo tengo escrito en el capítulo que dello habla.
-
-Dejemos de contar más en lo pasado, y digamos cómo fueron con el
-Umbría, y se les dió de plazo para ir é volver cuarenta dias. É por la
-banda del Norte despachó para ver las minas á un capitan que se decia
-Pizarro, mancebo hasta de veinte y cinco años; y á este Pizarro trataba
-Cortés como á pariente. En aquel tiempo no habia fama del Perú ni se
-nombraban Pizarros en esta tierra; é con cuatro soldados mineros fué, y
-llevó de plazo otros cuarenta dias para ir é volver, porque habia desde
-Méjico obra de ochenta leguas, é con cuatro principales mejicanos.
-
-Ya partidos para ver las minas, como dicho tengo, volvamos á decir
-cómo le dió el gran Montezuma á nuestro capitan en un paño de nequen
-pintados y señalados muy al natural todos los rios é ancones que habia
-en la costa del Norte Pánuco hasta Tabasco, que son obra de ciento
-cuarenta leguas, y en ellos venia señalado el rio de Guazacualco; é
-como ya sabiamos todos los puertos y ancones que señalaban en el paño
-que le dió el Montezuma, de cuando veniamos á descubrir con Grijalva,
-excepto el rio de Guazacualco, que dijeron que era muy poderoso y
-hondo, acordó Cortés de enviar á ver qué era, y para hondar el puerto y
-la entrada.
-
-Y como uno de nuestros capitanes, que se decia Diego de Ordás, otras
-veces por mí nombrado, era hombre muy entendido y bien esforzado, dijo
-al capitan que él queria ir á ver aquel rio y qué tierras habia y
-qué manera de gente era, y que le diese hombres é indios principales
-que fuesen con él; y Cortés lo rehusaba, porque era hombre de buenos
-consejos y queria tenello en su compañía, y por no le descomplacer le
-dió licencia para que fuese; y el Montezuma le dijo al Ordás que en lo
-de Guazacualco no llegaba su señorío, é que eran muy esforzados, é que
-parase á ver lo que hacia, y que si algo le aconteciese no le cargasen
-ni culpasen á él; y que ántes de llegar á aquella provincia toparia
-con sus guarniciones de gente de guerra, que tenia en frontera, y que
-si los hubiese menester, que los llevase consigo; y dijo otros muchos
-cumplimientos. Y Cortés y el Diego de Ordás le dieron las gracias; é
-así, partió con dos de nuestros soldados y con otros principales que el
-Montezuma les dió.
-
-Aquí es donde dice el coronista Francisco Lopez de Gómora que iba Juan
-Velazquez con cien soldados á poblar á Guazacualco, é que Pedro de
-Ircio habia ido á poblar á Pánuco; é porque ya estoy harto de mirar
-en lo que el coronista va fuera de lo que pasó, lo dejaré de decir, y
-diré lo que cada uno de los capitanes que nuestro Cortés envió hizo, é
-vinieron con muestras de oro.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CIII.
-
-CÓMO VOLVIERON LOS CAPITANES QUE NUESTRO CAPITAN ENVIÓ Á VER LAS MINAS
-É HONDAR EL PUERTO É RIO DE GUAZACUALCO.
-
-
-El primero que volvió á la ciudad de Méjico á dar razon de á lo que
-Cortés los envió, fué Gonzalo de Umbría y sus compañeros, y trajeron
-obra de trescientos pesos en granos, que sacaron delante de los indios
-de un pueblo que se dice Cacatula, que, segun contaba el Umbría, los
-caciques de aquella provincia llevaron muchos indios á los rios, y con
-unas como bateas chicas lavaban la tierra y cogian el oro, y era de
-dos rios; y dijeron que si fuesen buenos mineros y la lavasen como en
-la isla de Santo Domingo ó como en la isla de Cuba, que serian ricas
-minas; y asimismo trujeron consigo los principales que envió aquella
-provincia, y trajeron un presente de oro hecho en joyas, que valdria
-ducientos pesos, é á darse é ofrecerse por servidores de su majestad;
-y Cortés se holgó tanto con el oro como si fueran treinta mil pesos,
-en saber cierto que habia buenas minas; é á los caciques que trajeron
-el presente les mostró mucho amor y les mandó dar cuentas verdes
-de Castilla, y con buenas palabras se volvieron á sus tierras muy
-contentos.
-
-Y decia el Umbría que no muy léjos de Méjico habia grandes poblaciones
-y otra provincia que se decia Matalcingo; y á lo que sentimos y
-vimos, el Umbría y sus compañeros vinieron ricos con mucho oro y bien
-aprovechados; que á este efecto le envió Cortés, para hacer buen amigo
-dél por lo pasado que dicho tengo, que le mandó cortar los piés.
-
-Dejémosle, pues volvió con buen recaudo, y volvamos al capitan Diego
-de Ordás, que fué á ver el rio de Guazacualco, que es sobre ciento y
-veinte leguas de Méjico, y dijo que pasó por muy grandes pueblos,
-que allí los nombró, é que todos le hacian honra; é que en el camino
-de Guazacualco topó á las guarniciones de Montezuma que estaban en
-frontera, é que todas aquellas comarcas se quejaban dellos, así de
-robos que les hacian, y les tomaban sus mujeres y les demandaban otros
-tributos; y el Ordás, con los principales mejicanos que llevaba,
-reprendió á los capitanes de Montezuma que tenian cargo de aquellas
-gentes, y le amenazaron que si más robaban, que se lo haria saber á
-su señor Montezuma, y que enviaria por ellos y los castigaria, como
-hizo á Quetzalpopoca y sus compañeros porque habian robado los pueblos
-de nuestros amigos; y con estas palabras les metió temor; é luego
-fué camino de Guazacualco, y no llevó más de un principal mejicano;
-y cuando el cacique de aquella provincia, que se decia Tochel, supo
-que iba, envió sus principales á le recebir, y le mostraron mucha
-voluntad, porque aquellos de aquella provincia y todos tenian relacion
-y noticia de nuestras personas, de cuando venimos á descubrir con Juan
-de Grijalva, segun largamente lo he escrito en el capítulo pasado
-que dello habla; y volvamos ahora á decir que, como los caciques de
-Guazacualco entendieron á lo que iba, luego le dieron muchas grandes
-canoas, y el mismo cacique Tochel, y con él otros muchos principales
-hondaron la boca del rio, é hallaron tres brazas largas, sin la de
-caida, en lo más bajo; y entrados en el rio un poco arriba, podian
-nadar grandes navíos, é miéntras más arriba más hondo.
-
-Y junto á un pueblo que en aquella sazon estaba poblado de indios
-pueden estar carracas; y como el Ordás lo hubo ahondado y se vino
-con los caciques al pueblo, le dieron ciertas joyas de oro y una
-india hermosa, y se ofrecieron por servidores de su majestad, y se le
-quejaron de Montezuma y de su guarnicion de gente de guerra, y que
-habia poco tiempo que tuvieron una batalla con ellos, y que cerca de un
-pueblo de pocas casas mataron los de aquella provincia á los mejicanos
-muchas de sus gentes, y por aquella causa llaman hoy en dia, donde
-aquella guerra pasó, Cuilonemiqui, que en su lengua quiere decir donde
-mataron los putos mejicanos; y el Ordás les dió muchas gracias por la
-honra que habia recebido, y les dió ciertas cuentas de Castilla que
-llevaba para aquel efecto, y se volvió á Méjico, y fué alegremente
-recebido de Cortés y de todos nosotros; y decia que era buena tierra
-para ganados y granjerías, y el puerto á pique para las islas de Cuba y
-de Santo Domingo y de Jamáica, excepto que era léjos de Méjico y habia
-grandes ciénagas. Y á esta causa nunca tuvimos confianza del puerto
-para el descargo y trato de Méjico.
-
-Dejemos al Ordás, y digamos del capitan Pizarro y sus compañeros, que
-fueron en lo de Tustepeque á buscar oro y ver las minas, que volvió el
-Pizarro con un soldado solo á dar cuenta á Cortés, y trujeron sobre
-mil pesos de granos de oro sacado de las minas, y dijeron que en la
-provincia de Tustepeque y Malinaltepeque y otros pueblos comarcanos fué
-á los rios con mucha gente que le dieron, y cogieron la tercia parte
-del oro que allí traian, y que fueron en las sierras más arriba á otra
-provincia que se dice los chinantecas, y como llegaron á su tierra,
-que salieron muchos indios con armas, que son unas lanzas mayores que
-las nuestras, y arcos y flechas y pavesinas, y dijeron que ni un indio
-mejicano no les entrase en su tierra; si no, que los matarian, y que
-los teules que vayan mucho en buen hora; y así fueron, y se quedaron
-los mejicanos, que no pasaron adelante; y cuando los caciques de
-Chinanta entendieron á lo que iban, juntaron copia de sus gentes para
-lavar oro, y le llevaron á unos rios, donde cogieron el demás oro que
-venia por su parte en granos crespillos, porque dijeron los mineros
-que aquello era de más duraderas minas, como de nacimiento; y tambien
-trujo el capitan Pizarro dos caciques de aquella tierra, que vinieron
-á ofrecerse por vasallos de su Majestad y tener nuestra amistad, y
-aun trujeron un presente de oro; y todos aquellos caciques á una
-decian mucho mal de los mejicanos, que eran tan aburridos de aquellas
-provincias por los robos que les hacian, que no podian ver, ni aun
-mentar sus nombres.
-
-Cortés recibió bien al Pizarro y á los principales que traia, y tomó
-el presente que le dieron, y porque há muchos años ya pasados, no
-me acuerdo qué tanto era; y se ofreció con buenas palabras que les
-ayudaria y seria su amigo de los chinantecas, y les mandó que fuesen á
-su provincia; y porque no recibiesen algunas molestias en el camino,
-mandó á dos principales mejicanos que los pusiesen en sus tierras, y
-que no se quitasen dellos hasta que estuviesen en salvo, y fueron muy
-contentos.
-
-Volvamos á nuestra plática: que preguntó Cortés por los demás soldados
-que habia llevado el Pizarro en su compañía, que se decian Barrientos y
-Heredia el viejo y Escalona el mozo y Cervantes el chocarrero; y dijo
-que porque les pareció muy bien aquella tierra y era rica de minas, y
-los pueblos por donde fuimos muy de paz, les mandó que hiciesen una
-gran estancia de cacaguatales y maizales y pusiesen muchas aves de
-la tierra, y otras granjerías que habia de algodon, y que desde allí
-fuesen catando todos los rios y viesen qué minas habia.
-
-Y puesto que Cortés calló por entónces, no se lo tuvo á bien á su
-pariente haber salido de su mandado, y supimos que en secreto riñó
-mucho con él sobre ello, y le dijo que era de poca calidad querer
-entender en cosas de criar aves é cacaguatales; y luego envió otro
-soldado que se decia Alonso Luis á llamar los demás que habia dejado
-el Pizarro, y para que luego viniesen llevó un mandamiento; y lo que
-aquellos soldados hicieron diré adelante en su tiempo y lugar.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CIV.
-
-CÓMO CORTÉS DIJO AL GRAN MONTEZUMA QUE MANDASE Á TODOS LOS CACIQUES QUE
-TRIBUTASEN Á SU MAJESTAD, PUES COMUNMENTE SABIAN QUE TENIAN ORO, Y LO
-QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Pues como el capitan Diego de Ordás y los soldados por mí ya nombrados
-vinieron con muestras de oro y relacion que toda la tierra era rica,
-Cortés, con consejo del Ordás y de otros capitanes y soldados, acordó
-de decir y demandar al Montezuma que todos los caciques y pueblos
-de la tierra tributasen á su majestad, y que él mismo, como gran
-señor, tambien tributase é diese de sus tesoros; y respondió que él
-enviaria por todos los pueblos á demandar oro, mas que muchos dellos
-no lo alcanzaban, sino joyas de poca valía que habian habido de sus
-antepasados; y de presto despachó principales á las partes donde habia
-minas, y les mandó que diese cada uno tantos tejuelos de oro fino
-del tamaño y gordor de otros que le solian tributar, y llevaban para
-muestras dos tejuelos, y de otras partes no le traian sino joyezuelas
-de poca valía.
-
-Tambien envió á la provincia donde era cacique y señor aquel su
-pariente muy cercano que no le queria obedecer, que estaba de Méjico
-obra de doce leguas; y la respuesta que trujeron los mensajeros fué,
-que decia que no queria dar oro ni obedecer al Montezuma, y que tambien
-él era señor de Méjico y le venia el señorio como al mismo Montezuma
-que le enviaba á pedir tributo.
-
-Y como esto oyó el Montezuma, tuvo tanto enojo, que de presto envió su
-señal y sello y con buenos capitanes para que se lo trujesen preso; y
-venido á su presencia el pariente, le habló muy desacatadamente y sin
-ningun temor ó de muy esforzado, ó decian que tenia ramos de locura,
-porque era como atronado; todo lo cual alcanzó á saber Cortés, y envió
-á pedir por merced al Montezuma que se lo diese, que él lo queria
-guardar; porque, segun le dijeron, le habia mandado matar el Montezuma;
-y traido ante Cortés, le habló muy amorosamente, y que no fuese loco
-contra su señor, y que lo queria soltar. Y Montezuma cuando lo supo
-dijo que no lo soltase, sino que lo echasen en la cadena gorda, como á
-los otros reyezuelos por mí ya nombrados.
-
-Tornemos á decir que en obra de veinte dias vinieron todos los
-principales que Montezuma habia enviado á cobrar los tributos del oro,
-que dicho tengo. Y así como vinieron, envió á llamar á Cortés y á
-nuestros capitanes y ciertos soldados que conocia que éramos de guarda,
-y dijo estas palabras formales, ó otras como ellas:
-
-—«Hágoos saber, señor Malinche y señores capitanes y soldados, que á
-vuestro gran rey yo le soy en cargo y le tengo buena voluntad, así por
-señor y tan gran señor, como por haber enviado de tan léjas tierras
-á saber de mí; y lo que más me pone en el pensamiento es, que él ha
-de ser el que nos ha de señorear, segun nuestros antepasados nos han
-dicho, y aun nuestros dioses nos dan á entender por las respuestas
-que dellos tenemos; toma ese oro que se ha recogido, y por ser tan de
-priesa no se trae más; y lo que yo tengo aparejado para el Emperador es
-todo el tesoro que he habido de mi padre, que está en vuestro poder y
-aposento, que bien sé que luego que aquí venistes, abristes la casa y
-lo vistes é mirastes todo, y la tornastes á cerrar como ántes estaba;
-y cuando se lo enviáredes, decidle en vuestros anales y cartas: «Esto
-os envia vuestro buen vasallo Montezuma;» y tambien yo os daré unas
-piedras muy ricas, que le envieis en mi nombre, que son chalchichuis,
-que no son para dar á otras personas, sino para ese vuestro gran
-Emperador, que vale cada una piedra dos cargas de oro. Tambien le
-quiero enviar tres cerbatanas con sus esqueros y bodoqueras, que tienen
-tales obras de pedrería, que se holgará de vellas; y tambien yo quiero
-dar de lo que tuviere, aunque es poco, porque todo el más oro y joyas
-que tenia os he dado en veces.»
-
-Y cuando aquello le oyó Cortés y todos nosotros, estuvimos espantados
-de la gran bondad y liberalidad del gran Montezuma, y con mucho acato
-le quitamos todos las gorras de armas, y le dijimos que se lo teniamos
-en merced, y con palabras de mucho amor le prometió Cortés que
-escribiriamos á su majestad de la magnificencia y franqueza del oro que
-nos dió en su Real nombre.
-
-Y despues que tuvimos otras pláticas de buenos comedimientos, luego
-en aquella hora envió Montezuma sus mayordomos para entregar todo el
-tesoro de oro y riqueza que estaba en aquella sala encalada; y para
-vello y quitallo de sus bordaduras y donde estaba engastado tardamos
-tres dias, y aun para lo quitar y deshacer vinieron los plateros de
-Montezuma, de un pueblo que se dice Escapuzalco.
-
-Y digo que era tanto, que despues de deshecho eran tres montones de
-oro; y pesado, hubo en ellos sobre seiscientos mil pesos, como adelante
-diré, sin la plata é otras muchas riquezas. Y no cuento con ello
-las planchas y tejuelos de oro y el oro en grano de las minas; y se
-comenzó á fundir con los plateros indios que dicho tengo, naturales de
-Escapuzalco, é se hicieron unas barras muy anchas dello, como medida de
-tres dedos de la mano de anchor de cada una barra.
-
-Pues ya fundido y hecho barras, traen otro presente por sí de lo que el
-gran Montezuma habia dicho que daria, que fué cosa de admiracion ver
-tanto oro y las riquezas de otras joyas que trujo. Pues las piedras
-chalchihuis, que eran tan ricas algunas dellas, que valian entre los
-mismos caciques mucha cantidad de oro; pues las tres cerbatanas con sus
-bodoqueras, los engastes que tenian de piedras y perlas, y las pinturas
-de pluma é de pajaritos llenos de aljófar, é otras aves, todo era de
-gran valor.
-
-Dejamos de decir de penachos y plumas y otras muchas cosas ricas,
-que es para nunca acabar de traerlo aquí á la memoria; digamos agora
-cómo se marcó todo el oro que dicho tengo con una marca de hierro que
-mandó hacer Cortés, y los oficiales del Rey prohibidos por Cortés, y
-de acuerdo de todos nosotros, en nombre de su majestad, hasta que otra
-cosa mandase; y la marca fué las armas Reales como de un real y del
-tamaño de un toston de á cuatro, y esto sin las joyas ricas que nos
-pareció que no eran para deshacer; pues para pesar todas estas barras
-de oro y plata y las joyas que quedaron por deshacer no teniamos pesas
-de marcos ni balanza, y pareció á Cortés y á los mismos oficiales de la
-hacienda de su Majestad que seria bien hacer de hierro unas pesas de
-hasta una arroba, y otras de media arroba, y de dos libras, y de una
-libra, y de media libra y de cuatro onzas; y esto no para que viniese
-muy justo, sino media onza más ó ménos en cada peso que pesaba y de
-cuanto pesó.
-
-Y dijeron los oficiales del Rey que habia en el oro, así en lo que
-estaba hecho arrobas como en los granos de las minas y en los tejuelos
-y joyas, más de seiscientos mil pesos, sin la plata é otras muchas
-joyas que se dejaron de avaluar; y algunos soldados decian que habia
-más.
-
-Y como ya no habia que hacer en ello sino sacar el real quinto y
-dar á cada capitan y soldado nuestras partes, é á los que quedaban
-en el puerto de la Villa-Rica tambien las suyas, parece ser Cortés
-procuraba de no lo repartir tan presto, hasta que tuviese más oro é
-hubiese buenas pesas y razon y cuenta de á cómo salian; y todos los más
-soldados y capitanes dijimos que luego se repartiese, porque habiamos
-visto que cuando se deshacian las piezas del tesoro de Montezuma estaba
-en los montones que he dicho mucho más oro, y que faltaba la tercia
-parte dello, que lo tomaban y escondian, así por la parte de Cortés
-como de los capitanes y otros que no se sabia, y se iba menoscabando;
-é á poder de muchas pláticas se pesó lo que quedaba, y hallaron sobre
-seiscientos mil pesos, sin las joyas y tejuelos, y para otro dia habian
-de dar las partes.
-
-É diré cómo lo repartieron, é todo lo más se quedó con ello el capitan
-Cortés é otras personas, y lo que sobre ello se hizo diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CV.
-
-CÓMO SE REPARTIÓ EL ORO QUE HUBIMOS, ASÍ DE LO QUE DIÓ EL GRAN
-MONTEZUMA COMO DE LO QUE SE RECOGIÓ DE LOS PUEBLOS, Y DE LO QUE SOBRE
-ELLO ACAECIÓ Á UN SOLDADO.
-
-
-Lo primero se sacó el real quinto, y luego Cortés dijo que le sacasen á
-él otro quinto como á su majestad, pues se lo prometimos en el arenal
-cuando le alzamos por capitan general y justicia mayor, como ya lo he
-dicho en el capítulo que dello habla.
-
-Luego tras esto dijo que habia hecho cierta costa en la isla de Cuba
-que gastó en el armada, que lo sacasen de monton; y demás desto, que se
-apartase del mismo monte la costa que habia hecho Diego Velazquez en
-los navíos que dimos al través con ellos, pues todos fuimos en ellos; y
-tras esto, para los procuradores que fueron á Castilla.
-
-Y demás desto, para los que quedaron en la Villa-Rica, que eran setenta
-vecinos, y para el caballo que se le murió y para la yegua de Juan
-Sedeño, que mataron en lo de Tlascala de una cuchillada; pues para
-el padre de la Merced y el clérigo Juan Diaz y los capitanes y los
-que traian caballos, dobles partes, escopeteros y ballesteros por el
-consiguiente, é otras sacaliñas; de manera que quedaba muy poco de
-parte, y por ser tan poco muchos soldados hubo que no lo quisieron
-recebir; y con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podiamos
-hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era
-por demás; é otros soldados hubo que tomaron sus partes á cien pesos, y
-daban voces por lo demás; y Cortés secretamente daba á unos y á otros
-por via que les hacia merced por contentallos, y con buenas palabras
-que les decia sufrian.
-
-Pues vamos á las partes que daban á los de la Villa-Rica, que se lo
-mandó llevar á Tlascala para que allí se lo guardase; y como ello fué
-mal repartido, en tal paró todo, como adelante diré en su tiempo.
-
-En aquella sazon muchos de nuestros capitanes mandaron hacer cadenas
-de oro muy grandes á los plateros del gran Montezuma, que ya he dicho
-que tenia un gran pueblo dellos, media legua de Méjico, que se dice
-Escapuzalco; y asimismo Cortés mandó hacer muchas joyas y gran servicio
-de vajilla, y algunos de nuestros soldados que habian henchido las
-manos; por manera que ya andaban públicamente muchos tejuelos de oro
-marcado y por marcar, y joyas de muchas diversidades de hechuras, é
-el juego largo, con unos naipes que hacian de cuero de atambores, tan
-buenos é tan bien pintados como los de España; los cuales naipes hacia
-un Pedro Valenciano, y desta manera estábamos.
-
-Dejemos de hablar en el oro y de lo mal que se repartió y peor se gozó,
-y diré lo que á un soldado que se decia Fulano de Cárdenas le acaeció.
-Parece ser que aquel soldado era piloto y hombre de la mar, natural de
-Triana y del condado; el pobre tenia en su tierra mujer é hijos, y como
-á muchos nos acaece, debria de estar pobre, y vino á buscar la vida
-para volverse á su mujer é hijos; é como habia visto tanta riqueza en
-oro en planchas y en granos de las minas é tejuelos y barras fundidas,
-y al repartir dello vió que no le daban sino cien pesos, cayó malo
-de pensamiento y tristeza; y un su amigo, como le veia cada dia tan
-pensativo y malo, íbale á ver y decíale que de qué estaba de aquella
-manera y suspiraba tanto; y respondió el piloto Cárdenas:
-
-—«¡Oh cuerpo de tal conmigo! ¿Yo no he de estar malo viendo que Cortés
-así se lleva todo el oro, y como rey lleva quinto, y ha sacado para el
-caballo que se le murió y para los navíos de Diego Velazquez y para
-otras muchas trancanillas, y que muera mi mujer é hijos de hambre,
-pudiéndolos socorrer cuando fueren los procuradores con nuestras
-cartas, y le enviamos todo el oro y plata que habiamos habido en aquel
-tiempo?»
-
-Y respondióle aquel su amigo:
-
-—«Pues, ¿qué oro teniades vos para los enviar?»
-
-Y el Cárdenas dijo:
-
-—«Si Cortés me diera mi parte de lo que me cabia, con ello se
-sostuviera mi mujer é hijos, y aun les sobraba; mas mirad qué embustes
-tuvo, hacernos firmar que sirviésemos á su majestad con nuestras
-partes, y sacar el oro para su padre Martin Cortés sobre seis mil
-pesos é lo que escondió; y yo y otros pobres que estamos de noche y de
-dia batallando, como habeis visto en las guerras pasadas de Tabasco y
-Tlascala é lo de Cingapacinga é Cholula; y agora estar en tan grandes
-peligros como estamos, y cada dia la muerte al ojo si se levantasen en
-esta ciudad, é que se alce con todo el oro é que lleve quinto como rey.»
-
-É dijo otras palabras sobre ello, y que tal quinto no le habiamos de
-dejar sacar, ni tener tantos reyes, sino solamente á su majestad.
-
-Y replicó su compañero y dijo:
-
-—«Pues ¿esos cuidados os matan, y agora veis que todo lo que traen
-los caciques y Montezuma se consume en él, uno en papo y otro en saco é
-otro so el sobaco, y allá va todo donde quiere Cortés y estos nuestros
-capitanes, que hasta el bastimento todo lo llevan? Por eso dejáos desos
-pensamientos, y rogad á Dios que en esta ciudad no perdamos las vidas.»
-
-Y así, cesaron sus pláticas, las cuales alcanzó á saber Cortés, y como
-le decian que habia muchos soldados descontentos por las partes del
-oro y de lo que habian hurtado del monton, acordó de hacer á todos un
-parlamento con palabras muy melífluas, y dijo que todo lo que tenia
-era para nosotros; que él no queria quinto, sino la parte que le cabe
-de capitan general, y cualquiera que hubiese menester algo que se
-lo daria; y aquel oro que habiamos habido que era un poco de aire;
-que mirásemos las grandes ciudades que hay é ricas minas, que todos
-seriamos señores dellas, y muy prósperos é ricos; y dijo otras razones
-muy bien dichas, que las sabia bien proponer.
-
-Y demás desto, á ciertos soldados secretamente daba joyas de oro,
-y á otros daba grandes promesas, y mandó que los bastimentos que
-traian los mayordomos de Montezuma que lo repartiesen entre todos los
-soldados como á su persona; y demás desto, llamó aparte al Cárdenas y
-con palabras le halagó, y le prometió que con los primeros navíos le
-enviaria á Castilla á su mujer é hijos, é le dió trecientos pesos, y
-así se quedó contento.
-
-Y quedarse ha aquí, y diré cuando venga á coyuntura lo que al Cárdenas
-acaeció cuando fué á Castilla, y cómo le fué muy contrario á Cortés en
-los negocios que tuvo ante su majestad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CVI.
-
-CÓMO HUBIERON PALABRAS JUAN VELAZQUEZ DE LEON Y EL TESORERO GREGORIO
-MEJÍA SOBRE EL ORO QUE FALTABA DE LOS MONTONES ÁNTES QUE SE FUNDIESE, Y
-LO QUE CORTÉS HIZO SOBRE ELLO.
-
-
-Como el oro comunmente todos los hombres lo deseamos, y miéntras
-unos más tienen más quieren, aconteció que, como faltaban muchas
-piezas de oro conocidas de los montones, ya otra vez por mí dicho,
-y Juan Velazquez de Leon en aquel tiempo hacia labrar á los indios
-de Escapuzalco, que eran todos plateros del gran Montezuma, grandes
-cadenas de oro y otras piezas de vajillas para su servicio; y como
-Gonzalo Mejía, que era tesorero, le dijo secretamente que se las diese,
-pues no estaban quintadas y eran conocidamente de las que habia dado el
-Montezuma; y el Juan Velazquez de Leon, que era muy privado de Cortés,
-dijo que no le queria dar ninguna cosa, y que no lo habia tomado de lo
-que estaba allegado ni de otra parte ninguna, salvo que Cortés se las
-habia dado ántes que se hiciesen barras; y el Gonzalo Mejía respondió
-que bastaba lo que Cortés habia escondido y tomado á los compañeros, y
-todavía como tesorero demandaba mucho oro, que se habia pagado el real
-quinto, y de palabras en palabras se desmandaron y vinieron á echar
-mano á las espadas, y si de presto no los metiéramos en paz, entrambos
-á dos acabaran allí sus vidas, porque eran personas de mucho ser y
-valientes por las armas; y salieron heridos cada uno con dos heridas.
-
-Y como Cortés lo supo, los mandó echar presos cada uno en una cadena
-gruesa, y parece ser, segun muchos soldados dijeron, que secretamente
-habló Cortés al Juan Velazquez de Leon, como era mucho su amigo, que
-estuviese preso dos dias en la misma cadena, y que sacarian de la
-prision al Gonzalo Mejía, como á tesorero; y esto lo hacia Cortés
-porque viésemos todos los capitanes y soldados que hacia justicia, que
-con ser el Juan Velazquez uña y carne del mismo capitan, le tenia preso.
-
-Y porque pasaron otras cosas acerca del Gonzalo Mejía, que dijo á
-Cortés sobre el mucho oro que faltaba, y que se le quejaban dello todos
-los soldados porque no se lo demandaba al mismo capitan Cortés, pues
-era tesorero é estaba á su cargo; porque es larga relacion, lo dejaré
-de decir, y diré que, como el Juan Velazquez de Leon estaba preso en
-una sala cerca del Montezuma y su aposento, en una cadena gorda; y
-como el Juan Velazquez era hombre de gran cuerpo y muy membrudo, y
-cuando se paseaba por la sala llevaba la cadena arrastrando y hacia
-gran sonido, que lo oia el Montezuma, preguntó al paje Orteguilla que
-á quien tenia preso Cortés en las cadenas, y el paje le dijo que era á
-Juan Velazquez, el que solia tener guarda de su persona, porque ya en
-aquella sazon no lo era, sino Cristóbal de Olí; y preguntó que por qué
-causa, y el paje le dijo que por cierto oro que faltaba.
-
-Y aquel mismo dia fué Cortés á tener palacio al Montezuma, y despues
-de las cortesías acostumbradas y de las palabras que entre ellos
-pasaron, preguntó el Montezuma á Cortés que por qué tenia preso á Juan
-Velazquez, siendo buen capitan y muy esforzado; porque el Montezuma,
-como he dicho otras veces, bien conocia á todos nosotros y aun nuestras
-calidades; y Cortés le dijo medio riendo que porque era tabanillo, que
-quiere decir loco, y que porque no le dan mucho oro quiere ir por sus
-pueblos y ciudades á demandallo á los caciques, y porque no mate á
-algunos, por esta causa lo tiene preso; y el Montezuma respondió que
-le pedia por merced que le soltase, y que él enviaria á buscar más oro
-y le daria de lo suyo; y Cortés hacia como que se le hacia de mal el
-soltallo, y dijo que sí haria por complacer al Montezuma; y paréceme
-que lo sentenció en que fuese desterrado del real y fuese á un pueblo
-que se decia Cholula, con mensajero del Montezuma, á demandar oro, y
-primero los hizo amigos al Gonzalo Mejía y al Juan Velazquez, é vi
-que dentro de seis dias volvió de cumplir su destierro, y desde allí
-adelante el Gonzalo Mejía y Cortés no se llevaron bien, y el Juan
-Velazquez vino con más oro.
-
-He traido esto aquí á la memoria, aunque vaya fuera de nuestra
-relacion, porque vean que Cortés, so color de hacer justicia porque
-todos le temiésemos, era con grandes mañas. Y dejarémoslo aquí.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CVII.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO Á CORTÉS QUE LE QUERIA DAR UNA HIJA DE LAS
-SUYAS PARA QUE SE CASASE CON ELLA, Y LO QUE CORTÉS LE RESPONDIÓ, Y
-TODAVÍA LA TOMÓ, Y LA SERVIAN Y HONRABAN COMO HIJA DE TAL SEÑOR.
-
-
-Como otras muchas veces he dicho, siempre Cortés y todos nosotros
-procurábamos de agradar y servir á Montezuma y tenerle palacio; y un
-dia le dijo el Montezuma:
-
-—«Mirá, Malinche, que tanto os amo, que os quiero dar una hija mia muy
-hermosa para que os caseis con ella y la tengais por vuestra legítima
-mujer.»
-
-Y Cortés le quitó la gorra por la merced, y dijo que era gran merced la
-que le hacia; mas que era casado y tenia mujer, é que entre nosotros
-no podemos tener más de una mujer, y que él la tenia en aquel agrado
-que hija de tan gran señor merece, y que primero quiere se vuelva
-cristiana, como son otras señoras hijas de señores; y Montezuma lo
-hubo por bien, y siempre mostraba el gran Montezuma su acostumbrada
-voluntad; é de un dia en otro no cesaba Montezuma sus sacrificios y de
-matar en ellos indios, y Cortés se lo retraia, y no aprovechaba cosa
-ninguna, hasta que tomó consejo con nuestros capitanes qué hariamos
-en aquel caso, porque no se atrevia á poner remedio en ello por no
-revolver la ciudad é á los papas que estaban en el Huichilóbos; y el
-consejo que sobre ello se dió por nuestros capitanes é soldados, que
-hiciese que queria ir á derrocar los ídolos del alto cu de Huichilóbos,
-y si viésemos que se ponian en defendello ó que se alborotaban, que
-le demandase licencia para hacer un altar en una parte del gran cu,
-é poner un Crucifijo é una imágen de Nuestra Señora, y como esto se
-acordó, fué Cortés á los palacios adonde estaba preso Montezuma, y
-llevó consigo siete capitanes y soldados, é dijo al Montezuma:
-
-—«Señor, ya muchas veces he dicho á vuestra majestad que no
-sacrifiqueis más ánimas á estos vuestros dioses, que os traen
-engañados, y no lo quereis hacer; hágoos, Señor, saber que todos mis
-compañeros y estos capitanes que conmigo vienen, os vienen á pedir
-por merced que les deis licencia para los quitar de allí, y pondremos
-á nuestra Señora Santa María y una cruz; y que si ahora no les dais
-licencia, que ellos irán á los quitar, y no querria que matasen algun
-papa.»
-
-Y cuando el Montezuma oyó aquellas palabras y vió ir á los capitanes
-algo alterados, dijo:
-
-—«¡Oh Malinche, y cómo nos quereis echar á perder toda esta ciudad!
-Porque estarán muy enojados nuestros dioses contra nosotros, y aun
-vuestras vidas no sé en qué pararán. Lo que os ruego, que ahora al
-presente os sufrais, que yo enviaré á llamar á todos los papas y veré
-su respuesta.»
-
-Y como aquello oyó Cortés, hizo un ademan que queria hablar muy
-en secreto al Montezuma solo con el fraile de la Merced, é que no
-estuviesen presentes nuestros capitanes que llevaba en su compañía,
-á los cuales mandó que le dejasen solo, y los mandó salir; y como
-se salieron de la sala, dijo al Montezuma que porque no se hiciese
-alboroto, ni los papas lo tuviesen á mal derrocalle sus ídolos, que él
-trataria con los mismos nuestros capitanes que no se hiciese tal cosa,
-con tal que en un apartamiento del gran cu hiciésemos un altar para
-poner la imágen de nuestra Señora é una cruz, é que el tiempo andando
-verian cuán buenos y provechosos son para sus ánimas y para dalles la
-salud y buenas sementeras y prosperidades; y el Montezuma, puesto que
-con suspiros y semblante muy triste, dijo que él lo trataria con los
-papas.
-
-Y en fin de muchas palabras que sobre ello hubo, se puso nuestro altar
-apartado de sus malditos ídolos, y la imágen de nuestra Señora y una
-cruz, y con mucha devocion, y dando gracias á Dios, dijeron Misa
-cantada el Padre de la Merced, y ayudaba á la Misa el Clérigo Juan Diaz
-y muchos de los nuestros soldados; y allí mandó poner nuestro capitan á
-un soldado viejo para que tuviese guarda en ello, y rogó al Montezuma
-que mandase á los papas que no tocasen en ello, salvo para barrer y
-quemar incienso y poner candelas de cera ardiendo de noche y de dia, y
-enramallo y poner flores.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré lo que sobre ello avino.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CVIII.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO Á NUESTRO CAPITAN CORTÉS QUE SE SALIESE DE
-MÉJICO CON TODOS LOS SOLDADOS, PORQUE SE QUERIAN LEVANTAR TODOS LOS
-CACIQUES Y PAPAS Y DARNOS GUERRA HASTA MATARNOS, PORQUE ASÍ ESTABA
-ACORDADO Y DADO CONSEJO POR SUS ÍDOLOS, Y LO QUE CORTÉS SOBRE ELLO HIZO.
-
-
-Como siempre á la contina nunca nos faltaban sobresaltos, y de tal
-calidad, que eran para acabar las vidas en ellos si Nuestro Señor
-Dios no lo remediara, y fué que, como habiamos puesto en el gran cu
-en el altar que hicimos la imágen de Nuestra Señora y la cruz, y se
-dijo el Santo Evangelio y Misa, parece ser que los Huichilóbos y el
-Tezcatepuca hablaron con los papas, y les dijeron que se querian ir de
-su provincia, pues tan mal tratados eran de los teules, é que adónde
-están aquellas figuras y cruz que no quieren estar, é que ellos no
-estarian allí si no nos mataban, é que aquello les daban por respuesta,
-é que no curasen de tener otra, é que se lo dijesen á Montezuma y á
-todos sus capitanes, que luego comenzasen la guerra y nos matasen; y
-les dijo el ídolo que mirasen que todo el oro que solian tener para
-honrallos lo habiamos deshecho y hecho ladrillos, é que mirasen que nos
-íbamos señoreando de la tierra, y que teniamos presos á cinco grandes
-caciques, y les dijeron otras maldades para atraellos á darnos guerra;
-y para que Cortés y todos nosotros lo supiésemos, el gran Montezuma
-le envió á llamar para que le queria hablar en cosas que iba mucho en
-ellas; y vino el paje Orteguilla, y dijo que estaba muy alterado y
-triste Montezuma, é que aquella noche é parte del dia habian estado con
-él muchos papas y capitanes muy principales, y secretamente hablaban,
-que no lo pudo entender: y cuando Cortés lo oyó, fué de presto al
-palacio donde estaba el Montezuma, y llevó consigo á Cristóbal de Olí,
-que era capitan de la guardia, é á otros cuatro capitanes, é á doña
-Marina é á Jerónimo de Aguilar, y despues que le hicieron mucho acato,
-dijo el Montezuma:
-
-—«¡Oh, señor Malinche y señores capitanes, cuánto me pesa de la
-respuesta y mandado que nuestros teules han dado á nuestros papas é á
-mí é á todos mis capitanes! Y es que os demos guerra y os matemos é os
-hagamos ir por la mar adelante: lo que he colegido dello y me parece,
-es que ántes que comiencen la guerra, que luego salgais desta ciudad y
-no quede ninguno de vosotros aquí; y esto, señor Malinche, os digo que
-hagais en todas maneras, que os conviene: si no, mataros han, y mirá
-que os va las vidas.»
-
-Y Cortés y nuestros capitanes sintieron pesar y aun se alteraron; y
-no era de maravillar de cosa tan nueva y determinada, que era poner
-nuestras vidas en gran peligro sobre ello en aquel instante, pues
-tan determinadamente nos lo avisaban; y Cortés le dijo que él se lo
-tenia en merced el aviso; que al presente de dos cosas le pesaban: no
-tener navíos en que se ir, que mandó quebrar los que trujo; y la otra,
-que por fuerza habia de ir el Montezuma con nosotros para que le vea
-nuestro gran Emperador; y que le pide por merced que tenga por bien que
-hasta que se hagan tres navíos en el arenal que detenga á los papas y
-capitanes, porque para ellos es mejor partido; y que si comenzaren la
-guerra, que todos morirán en ella si la quisieren dar.
-
-É más dijo, que porque vea Montezuma quiere luego hacer lo que le
-dice, que mande á sus capitanes que vayan con dos de nuestros soldados
-que son grandes maestros de hacer navíos á cortar la madera cerca del
-arenal.
-
-El Montezuma estuvo muy más triste que de ántes, como Cortés le dijo
-que habia de ir con nosotros ante el Emperador, y dijo que le daria los
-carpinteros, y que luego despachase, y no hubiese más palabras, sino
-obras: y que entre tanto que él mandaria á los papas y á sus capitanes
-que no curasen de alborotar la ciudad, é que á sus ídolos Huichilóbos
-que mandaria aplacasen con sacrificios, é que no seria con muertes de
-hombres.
-
-Y con esta tan alborotada plática se despidió Cortés del Montezuma, y
-estábamos todos con grande congoja, esperando cuándo habian de comenzar
-la guerra.
-
-Luego Cortés mandó llamar á Martin Lopez y Andrés Nuñez, y con los
-indios carpinteros que le dió el gran Montezuma; y despues de platicado
-el porte de que se podrian labrar los tres navíos, le mandó que luego
-pusiese por la obra de los hacer é poner á punto, pues que en la
-Villa-Rica habia todo aparejo de hierro y herreros, y jarcia y estopa,
-y calafates y brea; y así, fueron y cortaron la madera en la costa de
-la Villa-Rica, y con toda la cuenta y galivo della, y con buena priesa
-comenzó á labrar sus navíos.
-
-Lo que Cortés le dijo á Martin Lopez sobre ello no lo sé; y esto digo
-porque dice el coronista Gómora en su historia que le mandó que hiciese
-muestras, como cosa de burla, que los labraba, porque lo supiese el
-gran Montezuma: remítome á lo que ellos dijeron, que gracias á Dios
-son vivos en este tiempo; mas muy secretamente me dijo el Martin Lopez
-que de hecho y apriesa los labraba; y así, los dejó en astillero tres
-navíos.
-
-Dejémoslos labrándolos, y digamos cuáles andábamos todos en aquella
-gran ciudad tan pensativos, temiendo que de una hora á otra nos habian
-de dar guerra en nuestras caborias de Tlascala; é doña Marina así lo
-decia al capitan, y el Orteguilla, el paje del Montezuma, siempre
-estaba llorando, y todos nosotros muy á punto, y buenas guardas al
-Montezuma.
-
-Digo, de nosotros estar á punto no habia necesidad de decillo tantas
-veces, porque de dia y de noche no se nos quitaban las armas, gorjales
-y antiparas, y con ello dormiamos.
-
-Y dirán ahora dónde dormiamos, de qué eran nuestras camas, sino un poco
-de paja y una estera, y el que tenia un toldillo, ponelle debajo y
-calzados y armados, y todo género de armas muy á punto, y los caballos
-enfrenados y ensillados todo el dia; y todos tan prestos, que en
-tocando el arma como si estuviéremos puestos é aguardando para aquel
-punto; pues de velar cada noche, no quedaba soldado que no velaba.
-
-Y otra cosa digo, y no por me jactanciar dello, que quedé yo tan
-acostumbrado de andar armado y dormir de la manera que he dicho,
-que despues de conquistada la Nueva-España tenia por costumbre de
-me acostar vestido y sin cama, é que dormia mejor que en colchones
-duermo; é ahora cuando voy á los pueblos de mi encomienda no llevo
-cama, é si alguna vez la llevo no es por mi voluntad, sino por algunos
-caballeros que se hallan presentes, porque no vean que por falta de
-buena cama la dejo de llevar; mas en verdad que me echo vestido en ella.
-
-Y otra cosa digo, que no puedo dormir sino un rato de la noche, que
-me tengo de levantar á ver el cielo y estrellas, y me he de pasear un
-rato al sereno, y esto sin poner en la cabeza el bonete ni paño ni
-cosa ninguna, y gracias á Dios no me hace mal, por la costumbre que
-tenia; y esto he dicho porque sepan de qué arte andamos los verdaderos
-conquistadores, y cómo estábamos tan acostumbrados á las armas y velar.
-
-Y dejemos de hablar en ello, pues que salgo fuera de nuestra relacion,
-y digamos cómo nuestro Señor Jesucristo siempre nos hace muchas
-mercedes. Y es, que en la isla de Cuba Diego Velazquez dió mucha
-priesa en su armada, como adelante diré, y vino en aquel instante á la
-Nueva-España un capitan que se decia Pánfilo de Narvaez.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CIX.
-
-CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, DIÓ MUY GRAN PRIESA EN ENVIAR
-SU ARMADA CONTRA NOSOTROS, Y EN ELLA POR CAPITAN GENERAL Á PÁNFILO DE
-NARVAEZ, Y CÓMO VINO EN SU COMPAÑÍA EL LICENCIADO LÚCAS VELAZQUEZ DE
-AILLON, OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE SANTO DOMINGO, Y LO QUE SOBRE
-ELLO SE HIZO.
-
-
-Volvamos ahora á decir algo atrás de nuestra relacion, para que bien se
-entienda lo que ahora diré.
-
-Ya he dicho en el capítulo que dello habla, que como Diego Velazquez,
-gobernador de Cuba, supo que habiamos enviado nuestros procuradores á
-su majestad con todo el oro que habiamos habido, é el sol y la luna y
-muchas diversidades de joyas, y oro en granos sacados de las minas,
-y otras muchas cosas de gran valor, que no le acudiamos con cosa
-ninguna; y asimismo supo cómo D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de
-Búrgos é Arzobispo de Rosano, que así se nombraba, é en aquella sazon
-era presidente de Indias y lo mandaba todo muy absolutamente, porque
-su majestad estaba en Flandes, y habia tratado muy mal el Obispo á
-nuestros procuradores; y dicen que le envió el Obispo desde Castilla
-en aquella sazon muchos favores al Diego Velazquez, é avisó é mandó
-para que nos enviase á prender, y que él le daba desde Castilla todo
-favor para ello, el Diego Velazquez con aquel gran favor hizo una
-armada de diez y nueve navíos, y con mil y cuatrocientos soldados,
-en que traian sobre veinte tiros y mucha pólvora y todo género de
-aparejos, de piedras y pelotas, y dos artilleros, que el capitan de
-la artillería se decia Rodrigo Martin, y traia ochenta de á caballo y
-noventa ballesteros y setenta escopeteros; y el mismo Diego Velazquez
-por su persona, aunque era bien gordo y pesado, andaba en Cuba de
-villa en villa y de pueblo en pueblo proveyendo la armada y atrayendo
-los vecinos que tenian indios, y á parientes y amigos, que viniesen
-con Pánfilo de Narvaez para que le llevasen preso á Cortés y á todos
-nosotros sus capitanes y soldados, ó á lo ménos no quedásemos algunos
-con las vidas; y andaba tan encendido de enojo y tan diligente, que
-vino hasta Guaniguanico, que es pasada la Habana más de sesenta leguas.
-
-Y andando desta manera, ántes que saliese su armada pareció ser
-alcanzarlo á saber la real audiencia de Santo Domingo y los Frailes
-Jerónimos que estaban por gobernadores; el cual aviso y relacion dellos
-les envió desde Cuba el licenciado Zuazo, que habia venido á aquella
-isla á tomar residencia al mismo Diego Velazquez.
-
-Pues como lo supieron en la real audiencia, y tenian memorias de
-nuestros muy buenos y nobles servicios que haciamos á Dios y á
-su majestad, y habiamos enviado nuestros procuradores con grandes
-presentes á nuestro Rey y señor, y que el Diego Velazquez no tenia
-razon ni justicia para venir con armada á tomar venganza de nosotros,
-sino que por justicia lo mandase; y que si venia con la armada era gran
-estorbo para nuestra conquista, acordaron de enviar á un licenciado
-que se decia Lúcas Vazquez de Ayllon, que era oidor de la misma real
-audiencia, para que estorbase la armada al Diego Velazquez y no la
-dejase pasar, y que sobre ello pusiese grandes penas; é vino á Cuba
-el mismo oidor, y hizo sus diligencias y protestaciones, como le era
-mandado por la real audiencia, para que no saliese con su intencion
-el Velazquez; y por más penas y requirimientos que le hizo é puso,
-no aprovechó cosa ninguna; porque, como el Diego Velazquez era tan
-favorecido del Obispo de Búrgos, y habia gastado cuanto tenia en
-hacer aquella gente de guerra contra nosotros, no tuvo todos aquellos
-requirimientos que hicieron en una castañeta, ántes se mostró más
-bravoso.
-
-Y desque aquello vió el oidor vínose con el mesmo Narvaez para poner
-paces y dar buenos conciertos entre Cortés y el Narvaez.
-
-Otros soldados dijeron que venia con intencion de ayudarnos, y si no
-lo pudiese hacer, tomar la tierra en sí por S. M., como oidor; y desta
-manera vino hasta el puerto de San Juan de Ulúa.
-
-Y quedarse ha aquí, y pasaré adelante y diré lo que sobre ello se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CX.
-
-CÓMO PÁNFILO DE NARVAEZ LLEGÓ AL PUERTO DE SAN JUAN DE ULÚA, QUE SE
-DICE LA VERACRUZ, CON TODA SU ARMADA, Y LO QUE LE SUCEDIÓ.
-
-
-Viniendo el Pánfilo de Narvaez con toda su flota, que eran diez y nueve
-navíos, por la mar, parece ser junto á las sierras de San Martin, que
-así se llaman, tuvo un viento de norte, y en aquella costa es traviesa,
-y de noche se le perdió un navío de poco porte, que dió al través;
-venian en él por capitan un hidalgo que se decia Cristóbal de Morante,
-natural de Medina del Campo, y se ahogó cierta gente, y con toda la más
-flota vino á San Juan de Ulúa; y como se supo de aquella grande armada,
-que para haberse hecho en la isla de Cuba, grande se puede llamar,
-tuvieron noticia della los soldados que habia enviado Cortés á buscar
-las minas, y viénense á los navíos del Narvaez los tres dellos, que se
-decian Cervantes el chocarrero, y Escalana, y otro que se decia Alonso
-Hernandez Carretero; y cuando se vieron dentro en los navíos y con el
-Narvaez, dice que alzaban las manos á Dios, que los libró del poder de
-Cortés y de salir de la gran ciudad de Méjico, donde cada dia esperaban
-la muerte; y como caminan con el Narvaez y les mandaba dar de beber
-demasiado, estábanse diciendo los unos á los otros delante del mismo
-general:
-
-—«Mirá si es mejor estar aquí bebiendo buen vino que no cautivo en
-poder de Cortés, que nos traia de noche y de dia tan avasallados, que
-no osábamos hablar, y aguardando de un dia á otro la muerte al ojo.»
-
-Y aun decia el Cervantes, como era truhan, so color de gracias:
-
-—«Oh Narvaez, Narvaez, que bienaventurado que eres é á qué tiempo has
-venido, que tiene ese traidor de Cortés allegados más de setecientos
-mil pesos de oro, y todos los soldados están muy mal con él porque
-les ha tomado mucha parte de lo que les cabia del oro de parte, é no
-quieren recebir lo que les da.»
-
-Por manera que aquellos soldados que se nos huyeron eran ruines y
-soeces, y decian al Narvaez mucho más de lo que queria saber.
-
-Y tambien le dieron por aviso que ocho leguas de allí estaba poblada
-una villa que se dice la villa rica de la Veracruz, y estaba en ella
-un Gonzalo de Sandoval con sesenta soldados, todos viejos y dolientes,
-y que si enviase á ellos gente de guarda, luego se darian, y le decian
-otras muchas cosas.
-
-Dejemos todas estas pláticas, y digamos cómo luego lo alcanzó á saber
-el gran Montezuma cómo estaban allí surtos los navíos, y con muchos
-capitanes y soldados, y envió sus principales secretamente, que no lo
-supo Cortés, y les mandó dar comida y oro y plata, y que de los pueblos
-más cercanos les proveyesen de bastimento; y el Narvaez envió á decir
-al Montezuma muchas malas palabras y descomedimientos contra Cortés, y
-de todos nosotros que éramos unas gentes malas, ladrones, que veniamos
-huyendo de Castilla sin licencia de nuestro Rey y señor, y que como
-tuvo noticia el Rey nuestro señor que estábamos en estas tierras, y
-de los males y robos que haciamos, y teniamos preso al Montezuma,
-para estorbar tantos daños, que le mandó al Narvaez que luego viniese
-con todas aquellas naos y soldados y caballeros para que le suelten
-de las prisiones, y que á Cortés y á todos nosotros, como malos, nos
-prendiesen ó matasen, y en las mismas naos nos enviasen á Castilla, y
-que cuando allá llegásemos nos mandaria matar; y le envió á decir otros
-muchos desatinos; y eran los intérpretes para dárselos á entender á los
-indios los tres soldados que se nos fueron, que ya sabian la lengua. Y
-demás destas pláticas, le envió el Narvaez ciertas cosas de Castilla.
-
-Y cuando Montezuma lo supo, tuvo gran contento con aquellas nuevas;
-porque, como le decian que tenian tantos navíos é caballos é tiros y
-escopetas y ballesteros, y eran mil y trescientos soldados, y dende
-arriba creyó que nos perderia.
-
-Y demás desto, como sus principales vieron á nuestros tres soldados
-(que traidores bellacos se pueden llamar) con el Narvaez y veian que
-decian mucho mal de Cortés, tuvo por cierto todo lo que el Narvaez
-envió á decir; y toda la armada se la llevaron pintada en dos paños al
-natural.
-
-Entónces el Montezuma le envió mucho más oro y mantas, y mandó que
-todos los pueblos de la comarca le llevasen bien de comer, é ya habia
-tres dias que lo sabia el Montezuma, y Cortés no sabia cosa ninguna.
-
-É un dia yéndole á ver nuestro capitan y á tenelle palacio, despues de
-las cortesías que entre ellos se tenian, pareció al capitan Cortés que
-estaba el Montezuma muy alegre y de buen semblante, y le dijo qué tal
-se sentia, y el Montezuma respondió que mejor estaba; y tambien, como
-el Montezuma le vió ir á visitar en un dia dos veces, temió que Cortés
-sabia de los navíos, y por ganar por la mano y que no le tuviese por
-sospechoso le dijo:
-
-—«Señor Malinche, ahora en este punto me han llegado mensajeros de
-cómo en el punto donde desembarcastes han venido diez y ocho navíos y
-mucha gente y caballos, é todo nos lo traen pintado en unas mantas; y
-como me visitastes hoy dos veces, creí que me veniades á dar nuevas
-dello; así que no habreis menester hacer navío; y porque no me lo
-deciades, por una parte tenia enojo de vos de tenérmelo encubierto, y
-por otra me holgaba porque vienen vuestros hermanos, para que todos os
-vais á Castilla é no haya más palabras.»
-
-Y cuando Cortés oyó lo de los navíos y vió la pintura del paño se holgó
-en gran manera, y dijo:
-
-—«Gracias á Dios, que al mejor tiempo provee.»
-
-Pues nosotros los soldados era tanto el gozo, que no podiamos estar
-quedos, y de alegría escaramuzaron los caballos y tiramos tiros; é
-Cortés estuvo muy pensativo, porque bien entendió que aquella armada
-que la enviaba el gobernador Velazquez contra él y contra todos
-nosotros.
-
-Y como supo que era, comunicó lo que sentia della con todos nosotros,
-capitanes y soldados, y con grandes dádivas y ofrecimientos que nos
-haria ricos á todos nos atraia para que tuviésemos con él, y no sabia
-quien venia por capitan; y estábamos muy alegres con las nuevas y con
-el más oro que nos habia dado Cortés por via de mercedes, como que lo
-daba de su hacienda, y no de lo que nos cabia de parte, y viendo el
-gran socorro é ayuda que nuestro Señor Jesucristo nos enviaba.
-
-É quedarse ha aquí, é diré lo que pasó en el real de Narvaez.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXI.
-
-CÓMO PÁNFILO NARVAEZ ENVIÓ CON CINCO PERSONAS DE SU ARMADA Á REQUERIR
-Á GONZALO DE SANDOVAL, QUE ESTABA POR CAPITAN EN LA VILLA-RICA, QUE SE
-DIESE LUEGO CON TODOS LOS VECINOS, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Como aquellos tres malos de nuestros soldados por mí nombrados, que se
-le pasaron al Narvaez y le daban aviso de todas las cosas que Cortés
-y todos nosotros habiamos hecho desde que entramos en la Nueva-España,
-y le avisaron que el capitan Gonzalo de Sandoval estaba ocho ó nueve
-leguas de allí en una villa rica que estaba poblada, que se decia la
-villa rica de la Veracruz, é que tenia consigo sesenta vecinos, y todos
-los más viejos y dolientes, acordó de enviar á la villa á un clérigo
-que se decia Guevara, que tenia buena expresiva, é á otro hombre de
-mucha cuenta que se decia Amaya, pariente del Diego Velazquez, y á un
-escribano que se decia Vergara, y tres testigos, los nombres dellos
-no me acuerdo; los cuales envió que notificasen á Gonzalo de Sandoval
-que luego se diesen al Narvaez, y para ello dijeron que traian unos
-traslados de las provisiones, é dicen que ya el Gonzalo de Sandoval
-sabia de los navíos por nuevas de indios, y de la mucha gente que en
-ellos venia; y como era muy varon en sus cosas, siempre estaba muy
-apercebido él, y sus soldados armados; y sospechando que aquella armada
-era de Diego Velazquez, y que enviaria á aquella villa de sus gentes
-para se apoderar della, y por estar más desembarazados de los soldados
-viejos y dolientes, los envió luego á un pueblo de indios que se dice
-Papalote, é quedó con los sanos; y el Sandoval siempre tenia buenas
-velas en los caminos de Cempoal, que es por donde habian de venir á la
-villa; y estaba convocando el Sandoval y atrayendo á sus soldados que
-si viniese Diego Velazquez ó otra persona, que no le diesen la villa;
-y todos los soldados dicen que le respondieron conforme á su voluntad,
-y mandó hacer una horca en un cerro.
-
-Pues estando sus espías en los caminos, vienen de presto y le dan
-noticia que vienen cerca de la villa donde estaban, seis españoles é
-indios de Cuba; y el Sandoval aguardó en su casa, que no les salió á
-recebir, y habia mandado que ningun soldado saliese de sus casas ni les
-hablasen.
-
-Y como el clérigo y los demás que traia en su compañía no topaba á
-ningun vecino español con quien hablar, sino eran indios que hacian
-la obra de la fortaleza; y como entraron en la villa, fuéronse á la
-iglesia á hacer oracion, y luego se fueron á la casa de Sandoval, que
-les pareció que era la mayor de la villa; é el clérigo, despues del
-norabuena estéis, que así diz que dijo, y el Sandoval le respondió
-que en tal hora buena viniese; dicen que el clérigo Guevara (que así
-se llamaba) comenzó un razonamiento, diciendo que el señor Diego
-Velazquez, gobernador de Cuba habia gastado muchos dineros en la
-armada, é que Cortés é todos los demás que habia traido en su compañía
-le habian sido traidores, y que les venia á notificar que luego fuesen
-á dar la obediencia al señor Pánfilo de Narvaez, que venia por capitan
-general del Diego Velazquez.
-
-É como el Sandoval oyó aquellas palabras y descomedimientos que el
-padre Guevara dijo, se estaba carcomiendo de pesar de lo que oia, y le
-dijo:
-
-—«Señor padre, muy mal hablais en decir esas palabras de traidores;
-aquí somos mejores servidores de su majestad que no Diego Velazquez ni
-ese vuestro capitan; y porque sois clérigo no os castigo conforme á
-vuestra mala crianza. Andad con Dios á Méjico, que allá está Cortés,
-que es capitan general y justicia mayor de esta Nueva-España, y os
-responderá; aquí no teneis más que hablar.»
-
-Entónces el clérigo muy bravoso dijo á su escribano que con él venia,
-que se decia Vergara, que luego sacase las provisiones que traia en el
-seno y las notificase al Sandoval y á los vecinos que con él estaban; y
-dijo Sandoval al escribano que no leyese ningunos papeles, que no sabia
-si eran provisiones ó otras escrituras; y de plática en plática, ya el
-escribano comenzaba á sacar del seno las escrituras que traia, y el
-Sandoval le dijo:
-
-—«Mirad, Vergara, ya os he dicho que no leais ningunos papeles aquí,
-sino id á Méjico; yo os prometo que si tal leyéredes, que yo os haga
-dar cien azotes, porque ni sabemos si sois escribano del Rey ó no;
-amostrad el título dello, y si le traeis, leeldo; y tampoco sabemos si
-son originales de las provisiones ó traslados ó otros papeles.»
-
-Y el clérigo, que era muy soberbio, dijo muy enojado:
-
-—«¿Qué haceis con estos traidores? Sacad esas provisiones y
-notificádselas.»
-
-Y como el Sandoval oyó aquella palabra, le dijo que mentia como ruin
-clérigo, y luego mandó á sus soldados que los llevasen presos á
-Méjico; y no lo hubo bien dicho, cuando en jamaquillas de redes, como
-ánimas pecadoras los arrebataron muchos indios de los que trabajaban
-en la fortaleza, que los llevaron á cuestas, y en cuatro dias dan con
-ellos cerca de Méjico, que de noche y de dia con indios de remuda
-caminaban; é iban espantados de que veian tantas ciudades y pueblos
-grandes que les traian de comer, y unos los dejaban y otros los
-tomaban, y andar por su camino.
-
-Dicen que iban pensando si era encantamiento ó sueño; y el Sandoval
-envió con ellos por alguacil, hasta que llegase á Méjico, á Pedro
-de Solís, el yerno que fué de Orduña, que ahora llaman Solís de
-Atrás-de-la-puerta.
-
-Y así como los envió presos, escribió muy en posta á Cortés quién era
-el capitan de la armada y todo lo acaecido; y como Cortés lo supo que
-venian presos y llegaban cerca de Méjico, envióles gran banquete, é
-cabalgaduras para los tres más principales, y mandó que luego los
-soltasen de la prision, y les escribió que le pesó de que Gonzalo de
-Sandoval tal desacato tuviese, é que quisiera que les hiciera mucha
-honra; y como llegaron á Méjico los salió á recibir, y los metió en la
-ciudad muy honradamente; y como el Clérigo y los demás sus compañeros
-vieron á Méjico ser tan grandísima ciudad, y la riqueza de oro que
-teniamos, é otras muchas ciudades en el agua de la laguna, é todos
-nuestros capitanes é soldados, y la gran franqueza de Cortés, estaban
-admirados; y á cabo de dos dias que estuvieron con nosotros, Cortés
-les habló de la tal manera con prometimientos y halagos, y aun les
-untó las manos de tejuelos y joyas de oro, y los tornó á enviar á su
-Narvaez con bastimento que les dió para el camino; que donde venian muy
-bravosos leones, volvieron muy mansos y se le ofrecieron por servidores.
-
-Y así como llegaron á Cempoal á dar relacion á su capitan, comenzaron á
-convocar todo el real de Narvaez que se pasasen con nosotros.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré cómo Cortés escribió al Narvaez, y lo que
-sobre ello pasó.
-
-
-FIN DEL TOMO PRIMERO.
-
-
-
-
-ÍNDICE.
-
-
- _Páginas._
-
- PRÓLOGO 5
-
- Capítulo I. 9
-
- — II. 13
-
- — III. 18
-
- — IV. 23
-
- — V. 28
-
- — VI. 31
-
- — VII. 37
-
- — VIII. 41
-
- — IX. 47
-
- — X. 50
-
- — XI. 51
-
- — XII. 56
-
- — XIII. 58
-
- — XIV. 62
-
- — XV. 65
-
- — XVI. 67
-
- — XVII. 72
-
- — XVIII. 74
-
- — XIX. 80
-
- — XX. 84
-
- — XXI. 89
-
- — XXII. 92
-
- — XXIII. 95
-
- — XXIV. 102
-
- — XXV. 104
-
- — XXVI. 107
-
- — XXVII. 109
-
- — XXVIII. 115
-
- — XXIX. 117
-
- — XXX. 122
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- — XXXI. 126
-
- — XXXII. 132
-
- — XXXIII. 135
-
- — XXXIV. 138
-
- — XXXV. 143
-
- — XXXVI. 148
-
- — XXXVII. 155
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- — XXXVIII. 158
-
- — XXXIX. 165
-
- — XL. 170
-
- — XLI. 174
-
- — XLII. 180
-
- — XLIII. 185
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- — XLIV. 187
-
- — XLV. 191
-
- — XLVI. 196
-
- — XLVII. 200
-
- — XLVIII. 204
-
- — XLIX. 209
-
- — L. 212
-
- — LI. 214
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- — LII. 222
-
- — LIII. 226
-
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-
- — LV. 235
-
- — LVI. 239
-
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-
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-
- — LX. 252
-
- — LXI. 256
-
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-
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-
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-
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-
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-
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-
- — LXIX. 296
-
- — LXX. 304
-
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-
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-
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-
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-
- — LXXXVI. 386
-
- — LXXXVII. 392
-
- — LXXXVIII. 399
-
- — LXXXIX. 406
-
- — XC. 409
-
- — XCI. 414
-
- — XCII. 426
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- — XCIII. 443
-
- — XCIV. 450
-
- — XCV. 454
-
- — XCVI. 464
-
- — XCVII. 469
-
- — XCVIII. 475
-
- — XCIX. 478
-
- — C. 482
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- — CI. 493
-
- — CII. 496
-
- — CIII. 499
-
- — CIV. 505
-
- — CV. 510
-
- — CVI. 515
-
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-LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (1 DE 3) ***
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