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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la - Nueva-España (1 de 3) - -Author: Bernal Díaz del Castillo - -Release Date: March 28, 2021 [eBook #64945] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/American Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS -DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (1 DE 3) *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre - =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las - variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de los - nombres propios y de los términos indígenas. - - * En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853 - por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de - Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero - cuyos errores tipográficos son menores. - - * No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha - distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué», - distinción no siempre presente en el original impreso. - - * Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y seguido - —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y aparte, - con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del original. - - * También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una - raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA - POR - BERNAL DIAZ DEL CASTILLO. - - - - - VERDADERA HISTORIA - DE LOS SUCESOS - DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA, - - POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, - UNO DE SUS CONQUISTADORES. - - - TOMO I. - - - MADRID.—1862. - Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12. - - - - -PRÓLOGO. - - -Cuatro palabras nada más sobre el autor de este libro, y sobre las -calidades de su obra. - -En cuanto al autor, nació en Medina del Campo, sin que sepamos la -fecha exacta de este suceso ni la menor particularidad de su niñez; -bien es verdad que nada tiene de extraño este silencio respecto á un -individuo que, nacido sin duda de padres pobres, emprendió la carrera -militar en la humilde situacion de soldado. Pasó á América el año de -1514 en compañía de Pedrárias Dávila, á quien el Gobierno acababa de -conceder la gobernacion del Darien; desde allí, despues de los sucesos -ocurridos en aquel pais, se trasladó á la isla de Cuba, que gobernaba á -la sazon Diego Velazquez. La situacion de aventurero en que se hallaba -BERNAL DIAZ le obligó á tomar parte en cuantas empresas se ofrecian; -así es que al emprenderse la expedicion del descubrimiento de Yucatan -se alistó bajo las banderas de Francisco Fernandez de Córdoba, y se -embarcó con él, haciéndose á la vela el dia 8 de Febrero de 1517; pasó -luego á la Florida con Juan Ponce, y dió vuelta á Cuba con los pocos -que se salvaron de aquella empresa desgraciada. Nuevamente se embarcó -en la expedicion de Grijalva el 5 de Abril de 1518, y vuelto á Cuba, -salió por tercera vez con la expedicion mandada por Hernan Cortés, -embarcándose en la nave de Pedro de Albarado. Hizo en aquella conquista -cuanto era de esperar de un buen soldado; y terminada que fué en todas -sus partes, recibió, en recompensa de sus servicios, una encomienda en -Goatemala, donde se estableció, siendo uno de los primeros pobladores -de la ciudad de Santiago de los Caballeros, en la que ocupó el cargo -de regidor.—El mérito y servicios militares de BERNAL DIAZ fueron -muy distinguidos, como que Hernan Cortés le recomendó especialmente -al Emperador en carta escrita en Méjico el año de 1540; la misma -honra mereció despues del virey D. Antonio de Mendoza; y por último, -habiendo él mismo presentado unas probanzas en el consejo de Indias, el -Emperador se sirvió recomendarle por Real cédula expresa y expedida en -su favor. - -Tomamos estas noticias acerca de BERNAL DIAZ, de la breve reseña -biográfica que le dedica el último editor de su obra en la _Biblioteca -de Autores Españoles_ que con tanto acierto y perseverancia sigue -publicando el señor don Manuel Rivadeneira. - -Del mismo documento sacamos la siguiente calificacion, con la -cual nos hallamos conformes.—Respecto, dice, al estilo de Bernal -Diaz, aunque poco culto y pulido,—respira la ruda franqueza de un -soldado; Robertson calificó su mérito con las siguientes palabras: -«Contiene (dice, hablando de este libro) una narracion confusa y -llena de pormenores de todas las operaciones de Cortés, en el estilo -rudo y vulgar propio de un hombre sin letras ni instruccion; pero, -como refiere los hechos que presenció y en que tuvo tanta parte, -su narracion lleva todo el sello de la autenticidad, y respira tal -naturalidad y gracia, cuenta pormenores tan interesantes y demuestra -un amor propio y vanidad tan graciosos, aunque disimulables en un -soldado que, segun nos dice, asistió á ciento diez y nueve batallas, -que su libro es uno de los más singulares que se pueden encontrar en -lengua alguna.» Nada añadiremos nosotros al testimonio de un escritor -tan ilustre y juez tan competente en la materia, y únicamente nos -tomaremos la libertad de indicar á nuestros lectores que la relacion de -la batalla de Tabasco, la de la prision de Montezuma en la estancia de -los españoles, y otros trozos que seria fácil mencionar, son los que -caracterizan perfectamente á BERNAL DIAZ como escritor de historia, y -los que manifiestan su candor, naturalidad y sencillez. - - - - -CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA - -POR - -BERNAL DIAZ DEL CASTILLO. - - - - -CAPÍTULO PRIMERO. - -EN QUÉ TIEMPO SALÍ DE CASTILLA, Y LO QUE ME ACAECIÓ. - - -En el año de 1514 salí de Castilla en compañía del gobernador Pedro -Arias de Ávila, que en aquella sazon le dieron la gobernacion de -Tierra-Firme; y viniendo por la mar con buen tiempo, y otras veces -con contrario, llegamos al Nombre de Dios; y en aquel tiempo hubo -pestilencia, de que se nos murieron muchos soldados, y demás desto, -todos los más adolecimos, y se nos hacian unas malas llagas en las -piernas; y tambien en aquel tiempo tuvo diferencias el mismo gobernador -con un hidalgo que en aquella sazon estaba por capitan y habia -conquistado aquella provincia, que se decia Vasco Nuñez de Balboa; -hombre rico, con quien Pedro Arias de Ávila casó en aquel tiempo una -su hija doncella con el mismo Balboa; y despues que la hubo desposado, -segun pareció, y sobre sospechas que tuvo que el yerno se le queria -alzar con copia de soldados por la mar del Sur, por sentencia le mandó -degollar. - -Y despues vimos lo que dicho tengo y otras revueltas entre capitanes -y soldados, y alcanzamos á saber que era nuevamente ganada la isla de -Cuba, y que estaba en ella por gobernador un hidalgo que se decia Diego -Velazquez, natural de Cuéllar; acordamos ciertos hidalgos y soldados, -personas de calidad de los que habiamos venido con el Pedro Arias de -Ávila, de demandalle licencia para nos ir á la isla de Cuba, y él nos -la dió de buena voluntad, porque no tenia necesidad de tantos soldados -como los que trujo de Castilla, para hacer guerra, porque no habia qué -conquistar; que todo estaba de paz, porque el Vasco Nuñez de Balboa, -yerno del Pedro Arias de Ávila, habia conquistado, y la tierra de suyo -es muy corta y de poca gente. - -Y desque tuvimos la licencia, nos embarcamos en buen navío y con buen -tiempo; llegamos á la isla de Cuba, y fuimos á besar las manos al -gobernador della, y nos mostró mucho amor, y prometió que nos daria -indios de los primeros que vacasen; y como se habian pasado ya tres -años, ansí en lo que estuvimos en Tierra-Firme como en lo que estuvimos -en la isla de Cuba aguardando á que nos depositase algunos indios, -como nos habia prometido, y no habiamos hecho cosa ninguna que de -contar sea, acordamos de nos juntar ciento y diez compañeros de los -que habiamos venido de Tierra-Firme y de otros que en la isla de Cuba -no tenian indios, y concertamos con un hidalgo que se decia Francisco -Hernandez de Córdoba, que era hombre rico y tenia pueblos de indios -en aquella isla, para que fuese nuestro capitan, y á nuestra ventura -buscar y descubrir tierras nuevas, para en ellas emplear nuestras -personas; y compramos tres navíos, los dos de buen porte, y el otro -era un barco que hubimos del mismo gobernador Diego Velazquez, fiado, -con condicion que, primero que nos le diese, nos habiamos de obligar -todos los soldados, que con aquellos tres navíos habiamos de ir á unas -isletas que están entre la isla de Cuba y Honduras, que ahora se llaman -las islas de los Guanajes, y que habiamos de ir de guerra y cargar los -navíos de indios de aquellas islas para pagar con ellos el barco, para -servirse dellos por esclavos. - -Y desque vimos los soldados que aquello que pedia el Diego Velazquez -no era justo, le respondimos que lo que decia no lo mandaba Dios ni el -Rey, que hiciésemos á los libres esclavos. - -Y desque vió nuestro intento, dijo que era bueno el propósito que -llevábamos en querer descubrir tierras nuevas, mejor que no el suyo; y -entónces nos ayudó con cosas de bastimento para nuestro viaje. - -Y desque nos vimos con tres navíos y matalotaje de pan cazabe, que -se hace de unas raices que llaman yucas, y compramos puercos, que -nos costaban en aquel tiempo á tres pesos, porque en aquella sazon -no habia en la isla de Cuba vacas ni carneros, y con otros pobres -mantenimientos, y con rescate de unas cuentas que entre todos los -soldados compramos, y buscamos tres pilotos, que el más principal -dellos y el que regia nuestra armada se llamaba Anton de Alaminos, -natural de Pálos, y el otro piloto se decia Camacho, de Triana, y -el otro Juan Álvarez, el Manquillo de Huelva; y asimismo recogimos -los marineros que hubimos menester, y el mejor aparejo que pudimos -de cables y maromas y anclas, y pipas de agua, y todas otras cosas -convenientes para seguir nuestro viaje, y todo esto á nuestra costa y -mision. - -Y despues que nos hubimos juntado los soldados, que fueron ciento y -diez, nos fuimos á un puerto que se dice en la lengua de Cuba, Ajaruco, -y es en la banda del Norte, y estaba ocho leguas de una villa que -entónces tenian poblada, que se decia San Cristóbal, que desde á dos -años la pasaron á donde agora está poblada la dicha Habana. - -Y para que con buen fundamento fuese encaminada nuestra armada, hubimos -de llevar un Clérigo que estaba en la misma villa de San Cristóbal, que -se decia Alonso Gonzalez, que con buenas palabras y prometimientos que -le hicimos se fué con nosotros; y demás desto elegimos por veedor, en -nombre de su majestad, á un soldado que se decia Bernardino Iñiguez, -natural de Santo Domingo de la Calzada, para que si Dios fuese servido -que topásemos tierras que tuviesen oro ó perlas ó plata, hubiese -persona suficiente que guardase el real quinto. - -Y despues de todo concertado y oido Misa, encomendándonos á Dios -nuestro Señor y á la Vírgen Santa María, su bendita Madre, nuestra -Señora, comenzamos nuestro viaje de la manera que adelante diré. - - - - -CAPÍTULO II. - -DEL DESCUBRIMIENTO DE YUCATAN Y DE UN RENCUENTRO DE GUERRA QUE TUVIMOS -CON LOS NATURALES. - - -En 8 dias del mes de Febrero del año de 1517 años salimos de la Habana, -y nos hicimos á la vela en el puerto de Jaruco, que ansí se llama entre -los indios, y es la banda del Norte, y en doce dias doblamos la de San -Anton, que por otro nombre en la isla de Cuba se llama la tierra de los -Guanataveis, que son unos indios como salvajes. - -Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos á nuestra -ventura hácia donde se pone el sol, sin saber bajos ni corrientes, ni -qué vientos suelen señorear en aquella altura, con grandes riesgos de -nuestras personas; porque en aquel instante nos vino una tormenta que -duró dos dias con sus noches, y fué tal, que estuvimos para nos perder; -y desque abonanzó, yendo por otra navegacion, pasado veinte y un dias -que salimos de la isla de Cuba, vimos tierra, de que nos alegramos -mucho, y dimos muchas gracias á Dios por ello; la cual tierra jamás se -habia descubierto, ni habia noticia della hasta entónces; y desde los -navíos vimos un gran pueblo, que al parecer estaria de la costa obra de -dos leguas, y viendo que era gran poblacion y no habiamos visto en la -isla de Cuba pueblo tan grande, le pusimos por nombre el Gran-Cairo. - -Y acordamos que con el un navío de ménos porte se acercasen lo que más -pudiesen á la costa, á ver qué tierra era, y á ver si habia fondo para -que pudiésemos anclar junto á la costa; y una mañana, que fueron 4 de -Marzo, vimos venir cinco canoas grandes llenas de indios naturales de -aquella poblacion, y venian á remo y vela. Son canoas hechas á manera -de artesas, son grandes, de maderos gruesos y cavadas por dedentro y -está hueco, y todas son de un madero macizo, y hay muchas dellas en que -caben en pié cuarenta y cincuenta indios. - -Quiero volver á mi materia. Llegados los indios con las cinco -canoas cerca de nuestros navíos, con señas de paz que les hicimos, -llamándoles con las manos y capeándoles con las capas para que nos -viniesen á hablar, porque no teniamos en aquel tiempo lenguas que -entendiesen la de Yucatan y mejicana, sin temor ninguno vinieron y -entraron en la nao capitana sobre treinta dellos, á los cuales dimos de -comer cazabe y tocino, y á cada uno un sartalejo de cuentas verdes, y -estuvieron mirando un buen rato los navíos; y el más principal dellos, -que era cacique, dijo por señas que se queria tornar á embarcar en sus -canoas y volver á su pueblo, y que otro dia volverian y traerian más -canoas en que saltásemos en tierra; y venian estos indios vestidos con -unas jaquetas de algodon y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas -angostas, que entre ellos llaman mastates, y tuvímoslos por hombres -más de razon que á los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con -sus vergüenzas defuera, excepto las mujeres, que traian hasta que les -llegaban á los muslos unas ropas de algodon que llaman naguas. - -Volvamos á nuestro cuento: que otro dia por la mañana volvió el mismo -cacique á los navíos, y trujo doce canoas grandes con muchos indios -remeros, y dijo por señas al capitan, con muestras de paz, que fuésemos -á su pueblo y que nos darian comida y lo que hubiésemos menester, y -que en aquellas doce canoas podiamos saltar en tierra. Y cuando lo -estaba diciendo en su lengua, acuérdome que decia: _Con escotoch, con -escotoch_; y quiere decir, andad acá á mis casas; y por esta causa -pusimos desde entónces por nombre á aquella tierra Punta de Cotoche, y -así está en las cartas de marear. - -Pues viendo nuestro capitan y todos los demás soldados los muchos -halagos que nos hacia el cacique para que fuésemos á su pueblo, tomó -consejo con nosotros, y fué acordado que sacásemos nuestros bateles -de los navíos, y en el navío de los más pequeños y en las doce canoas -saliésemos á tierra todos juntos de una vez, porque vimos la costa -llena de indios que habian venido de aquella poblacion, y salimos todos -en la primera barcada. - -Y cuando el cacique nos vido en tierra y que no íbamos á su pueblo; -dijo otra vez al capitan por señas que fuésemos á sus casas; y tantas -muestras de paz hacia, que tomando el capitan nuestro parecer para si -iriamos ó no, acordóse por todos los más soldados que con el mejor -recaudo de armas que pudiésemos llevar y con buen concierto fuésemos. -Llevamos quince ballestas y diez escopetas (que así se llamaban, -escopetas y espingardas, en aquel tiempo), y comenzamos á caminar por -un camino por donde el cacique iba por guia, con otros muchos indios -que le acompañaban. - -É yendo de la manera que he dicho, cerca de unos montes breñosos -comenzó á dar voces y apellidar el cacique para que saliesen á nosotros -escuadrones de gente de guerra, que tenian en celada para nos matar; -y á las voces que dió el cacique, los escuadrones vinieron con gran -furia, y comenzaron á nos flechar de arte, que á la primera rociada -de flechas nos hirieron quince soldados, y traian armas de algodon, -y lanzas y rodelas, arcos y flechas, y hondas y mucha piedra, y sus -penachos puestos, y luego tras las flechas vinieron á se juntar con -nosotros pié con pié, y con las lanzas á manteniente nos hacian mucho -mal. - -Mas luego les hicimos huir, como conocieron el buen cortar de nuestras -espadas, y de las ballestas y escopetas el daño que les hacian; por -manera que quedaron muertos quince dellos. - -Un poco más adelante donde nos dieron aquella refriega que dicho tengo, -estaba una placeta y tres casas de cal y canto, que eran adoratorios, -donde tenian muchos ídolos de barro, unos como caras de demonios y -otros como de mujeres, altos de cuerpo, y otros de otras malas figuras; -de manera que al parecer estaban haciendo sodomías unos bultos de -indios con otros; y dentro en las casas tenian unas arquillas hechizas -de madera, y en ellas otros ídolos de gestos diabólicos, y unas -patenillas de medio oro, y unos pinjantes y tres diademas, y otras -piecezuelas á manera de pescados y otras á manera de ánades, de oro -bajo. - -Y despues que lo hubimos visto, así el oro como las casas de cal y -canto, estábamos muy contentos porque habiamos descubierto tal tierra, -porque en aquel tiempo no era descubierto el Perú, ni aún se descubrió -dende allí á diez y seis años. - -En aquel instante que estábamos batallando con los indios, como dicho -tengo, el Clérigo Gonzalez iba con nosotros, y con dos indios de Cuba -se cargó de las arquillas y el oro y los ídolos, y lo llevó al navío; y -en aquella escaramuza prendimos dos indios, que despues se bautizaron -y volvieron cristianos, y se llamó el uno Melchor y el otro Julian, y -entrambos eran trastabados de los ojos. - -Y acabado aquel rebato acordamos de nos volver á embarcar, y seguir las -costas adelante descubriendo hácia donde se pone el sol; y despues de -curados los heridos, comenzamos á dar velas. - - - - -CAPÍTULO III. - -DEL DESCUBRIMIENTO DE CAMPECHE. - - -Como acordamos de ir la costa adelante hácia el Poniente, descubriendo -puntas y bajos y ancones y arrecifes, creyendo que era isla, como nos -lo certificaba el piloto Anton de Alaminos, íbamos con gran tiento, -de dia navegando y de noche al reparo y parando; y en quince dias que -fuimos desta manera, vimos desde los navíos un pueblo, y al parecer -algo grande, y habia cerca dél gran ensenada y bahía; creimos que -habia rio ó arroyo donde pudiésemos tomar agua, porque teniamos gran -falta della; acabábase la de las pipas y vasijas que traiamos, que no -venian bien reparadas; que, como nuestra armada era de hombres pobres, -no teniamos dinero cuanto convenia para comprar buenas pipas; faltó el -agua, hubimos de saltar en tierra junto al pueblo, y fué un domingo de -Lázaro, y á esta causa le pusimos este nombre, aunque supimos que por -otro nombre propio de indios se dice Campeche; pues para salir todos -de una barcada, acordamos de ir en el navío más chico y en los tres -bateles, bien apercebidos de nuestras armas, no nos acaeciese como en -la Punta de Cotoche. - -Porque en aquellos ancones y bahías mengua mucho la mar, y por esta -causa dejamos los navíos anclados más de una legua de tierra, y fuimos -á desembarcar cerca del pueblo, que estaba allí un buen paso de buena -agua, donde los naturales de aquella poblacion bebian y se servian dél, -porque en aquellas tierras, segun hemos visto, no hay rios; y sacamos -las pipas para las henchir de agua y volvernos á los navíos. - -Ya que estaban llenas y nos queriamos embarcar, vinieron del pueblo -obra de cincuenta indios con buenas mantas de algodon, y de paz, y á -lo que parecia debian ser caciques, y nos decian por señas que qué -buscábamos, y les dimos á entender que tomar agua é irnos luego á los -navíos, y señalaron con la mano que si veniamos de hácia donde sale el -sol, y decian _Castilan, Castilan_, y no mirábamos bien en la plática -de _Castilan, Castilan_. Y despues destas pláticas que dicho tengo, -nos dijeron por señas que fuésemos con ellos á su pueblo, y estuvimos -tomando consejo si iriamos. - -Acordamos con buen concierto de ir muy sobre aviso, y lleváronnos á -unas casas muy grandes, que eran adoratorios de sus ídolos y estaban -muy bien labradas de cal y canto, y tenian figurados en unas paredes -muchos bultos de serpientes y culebras y otras pinturas de ídolos, y -al rededor de uno como altar, lleno de gotas de sangre muy fresca; y á -otra parte de los ídolos tenian unas señales como á manera de cruces, -pintados de otros bultos de indios; de todo lo cual nos admiramos, como -cosa nunca vista ni oida. - -Segun pareció, en aquella sazon habian sacrificado á sus ídolos ciertos -indios para que les diesen vitoria contra nosotros, y andaban muchos -indios é indias riéndose y al parecer muy de paz, como que nos venian -á ver; y como se juntaban tantos, temimos no hubiese alguna zalagarda -como la pasada de Cotoche; y estando desta manera vinieron otros muchos -indios, que traian muy ruines mantas, cargados de carrizos secos, y -los pusieron en un llano, y tras estos vinieron dos escuadrones de -indios flecheros con lanzas y rodelas, y hondas y piedras, y con sus -armas de algodon, y puestos en concierto en cada escuadron su capitan, -los cuales se apartaron en poco trecho de nosotros; y luego en aquel -instante salieron de otra casa, que era su adoratorio diez indios, que -traian las ropas de mantas de algodon largas y blancas, y los cabellos -muy grandes, llenos de sangre y muy revueltos los unos con los otros, -que no se les pueden esparcir ni peinar si no se cortan; los cuales -eran Sacerdotes de los ídolos, que en la Nueva-España comunmente se -llaman Papas; otra vez digo que en la Nueva-España se llaman Papas, -y así los nombraré de aquí adelante; y aquellos Papas nos trujeron -zahumerios, como á manera de resina, que entre ellos llaman copal, y -con braseros de barro llenos de lumbre nos comenzaron á zahumar, y por -señas nos dicen que nos vamos de sus tierras ántes que á aquella leña -que tienen llegada se ponga fuego y se acabe de arder, si no que nos -darán guerra y nos matarán. - -Y luego mandaron poner fuego á los carrizos y comenzó de arder, y -se fueron los Papas callando sin más nos hablar, y los que estaban -apercibidos en los escuadrones empezaron á silbar y á tañer sus bocinas -y atabalejos. - -Y desque los vimos de aquel arte y muy bravosos, y de lo de la Punta -de Cotoche aún no teniamos sanas las heridas, y se habian muerto dos -soldados, que echamos al mar, vimos grandes escuadrones de indios sobre -nosotros, tuvimos temor, y acordamos con buen concierto de irnos á la -costa; y así, comenzamos á caminar por la playa adelante hasta llegar -enfrente de un peñol que está en la mar, y los bateles y el navío -pequeño fueron por la costa tierra á tierra con las pipas de agua, y no -nos osamos embarcar junto al pueblo donde nos habiamos desembarcado, -por el gran número de indios que ya se habian juntado, porque tuvimos -por cierto que al embarcar nos darian guerra. - -Pues ya metida nuestra agua en los navíos y embarcados en una bahía -como portezuelo que allí estaba, comenzamos á navegar seis dias con sus -noches con buen tiempo, y volvió un Norte, que es travesía en aquella -costa, el cual duró cuatro dias con sus noches, que estuvimos para dar -al través: tan recio temporal hacia, que nos hizo anclear la costa por -no ir al través; que se nos quebraron dos cables, y iba garrando á -tierra el navío. ¡Oh en qué trabajo nos vimos! Que si se quebrara el -cable, íbamos á la costa perdidos, y quiso Dios que se ayudaron con -otras maromas viejas y guindaletas. - -Pues ya reposado el tiempo, seguimos nuestra costa adelante, -llegándonos á tierra cuanto podiamos para tornar á tomar agua, que -(como he dicho) las pipas que traiamos vinieron muy abiertas y asimismo -no habia regla en ello; como íbamos costeando, creiamos que do quiera -que saltásemos en tierra la tomariamos de jagueyes y pozos que -cavariamos. - -Pues yendo nuestra derrota adelante vimos desde los navíos un pueblo, -y ántes de obra de una legua dél hácia una ensenada, que parecia que -habria rio ó arroyo: acordamos de seguir junto á él; y como en aquella -costa (como otras veces he dicho) mengua mucho la mar y quedan en seco -los navíos, por temor dello surgimos más de una legua de tierra en el -navío menor y en todos los bateles; fué acordado que saltásemos en -aquella ensenada, sacando nuestras vasijas con muy buen concierto, y -armas y ballestas y escopetas. - -Salimos en tierra poco más de medio dia, y habria una legua desde el -pueblo hasta donde desembarcamos, y estaban unos pozos y maizales, y -caserías de cal y canto. Llámase este pueblo Potonchan, y henchimos -nuestras pipas de agua; mas no las pudimos llevar ni meter en los -bateles, con la mucha gente de guerra que cargó sobre nosotros; y -quedarse ha aquí, y adelante diré las guerras que nos dieron. - - - - -CAPÍTULO IV. - -CÓMO DESEMBARCAMOS EN UNA BAHÍA DONDE HABIA MAIZALES, CERCA DEL PUERTO -DE POTONCHAN, Y DE LAS GUERRAS QUE NOS DIERON. - - -Y estando en las estancias y maizales por mí ya dichas, tomando nuestra -agua, vinieron por la costa muchos escuadrones de indios del pueblo de -Potonchan (que así se dice), con sus armas de algodon que les daba -á la rodilla, y con arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y espadas -hechas á manera de montantes de á dos manos, y hondas y piedras, y con -sus penachos de los que ellos suelen usar, y las caras pintadas de -blanco y prieto enalmagrados; y venian callando, y se vienen derechos -á nosotros, como que nos venian á ver de paz, y por señas nos dijeron -que si veniamos de donde sale el sol, y las palabras formales segun -nos hubieron dicho los de Lázaro, _Castilan, Castilan_, y respondimos -por señas que de donde sale el sol veniamos. Y entónces paramos en las -mieses y en pensar qué podia ser aquella plática, porque los de San -Lázaro nos dijeron lo mismo; mas nunca entendimos al fin que lo decian. - -Seria cuando esto pasó y los indios se juntaban, á la hora de las -Ave-Marías, y fuéronse á unas caserías, y nosotros pusimos velas y -escuchas y buen recaudo, porque no nos pareció bien aquella junta de -aquella manera. - -Pues estando velando todos juntos, oimos venir, con el gran ruido -y estruendo que traian por el camino, muchos indios de otras sus -estancias y del pueblo, y todos de guerra, y desque aquello sentimos, -bien entendido teniamos que no se juntaban para hacernos ningun bien, -y entramos en acuerdo con el capitan qué es lo que hariamos; y unos -soldados daban por consejo que nos fuésemos luego á embarcar; y como -en tales casos suele acaecer, unos dicen uno y otros dicen otro, hubo -parecer que si nos fuéramos á embarcar, que como eran muchos indios, -darian en nosotros y habria mucho riesgo de nuestras vidas; y otros -éramos de acuerdo que diésemos en ellos esa noche; que, como dice el -refran, quien acomete, vence; y por otra parte veiamos que para cada -uno de nosotros habia trescientos indios. - -Y estando en estos conciertos amaneció, y dijimos unos soldados á otros -que tuviésemos confianza en Dios, y corazones muy fuertes para pelear, -y despues de nos encomendar á Dios, cada uno hiciese lo que pudiese -para salvar las vidas. - -Ya que era de dia claro vimos venir por la costa muchos más escuadrones -guerreros con sus banderas tendidas, y penachos y atambores, y con -arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y se juntaron con los primeros -que habian venido la noche ántes; y luego, hechos sus escuadrones, nos -cercan por todas partes, y nos dan tal rociada de flechas y varas, -y piedras con sus hondas, que hirieron sobre ochenta de nuestros -soldados, y se juntaron con nosotros pié con pié, unos con lanzas, -y otros flechando, y otros con espadas de navajas de arte, que nos -traian á mal andar, puesto que les dábamos buena priesa de estocadas y -cuchilladas, y las escopetas y ballestas que no paraban, unas armando y -otras tirando; y ya que se apartaban algo de nosotros, desque sentian -las grandes estocadas y cuchilladas que les dábamos, no era léjos, y -esto fué para mejor flechar y tirar al terrero á su salvo; y cuando -estábamos en esta batalla, y los indios se apellidaban, decian en su -lengua, _al Calachoni_, _al Calachoni_, que quiere decir que matasen al -capitan; y le dieron doce flechazos, y á mí me dieron tres, y uno de -los que me dieron, bien peligroso, en el costado izquierdo, que me pasó -á lo hueco, y á otros de nuestros soldados dieron grandes lanzadas, y -á dos llevaron vivos, que se decia el uno Alonso Bote y el otro era un -portugués viejo. - -Pues viendo nuestro capitan que no bastaba nuestro buen pelear, y que -nos cercaban muchos escuadrones, y venian más de refresco del pueblo, y -les traian de comer y beber y muchas flechas, y nosotros todos heridos, -y otros soldados atravesados los gaznates, y nos habia muerto ya sobre -cincuenta soldados; y viendo que no teniamos fuerzas, acordamos con -corazones muy fuertes romper por medio de sus batallones, y acogernos -á los bateles que teniamos en la costa, que fué buen socorro, y hechos -todos nosotros un escuadron, rompimos por ellos; pues oir la grita y -silbos y vocería y priesa que nos daban de flecha y á mantiniente con -sus lanzas, hiriendo siempre en nosotros. - -Pues otro daño tuvimos, que, como nos acogimos de golpe á los bateles -y éramos muchos, íbanse á fondo, y como mejor pudimos, asidos á los -bordes, medio nadando entre dos aguas, llegamos al navío de ménos -porte, que estaba cerca, que ya venia á gran priesa á nos socorrer, -y al embarcar hirieron muchos de nuestros soldados, en especial á los -que iban asidos en las popas de los bateles, y les tiraban al terrero, -y entraron en la mar con las lanchas y daban á mantiniente á nuestros -soldados, y con mucho trabajo quiso Dios que escapamos con las vidas de -poder de aquella gente. - -Pues ya embarcados en los navíos, hallamos que faltaban cincuenta y -siete compañeros, con los dos que llevaron vivos, y con cinco que -echamos en la mar, que murieron de las heridas y de la gran sed que -pasaron. - -Estuvimos peleando en aquellas batallas poco más de media hora. Llámase -este pueblo Potonchan, y en las cartas del marear le pusieron por -nombre los pilotos y marineros _Bahía de Mala Pelea_. - -Y desque nos vimos salvos de aquellas refriegas, dimos muchas gracias á -Dios; y cuando se curaban las heridas los soldados, se quejaban mucho -del dolor dellas, que como estaban resfriadas con el agua salada, y -estaban muy hinchadas y dañadas, algunos de nuestros soldados maldecian -al piloto Anton Alaminos y á su descubrimiento y viaje, porque siempre -porfiaba que no era tierra firme, sino isla; donde los dejaré ahora, y -diré lo que más nos acaeció. - - - - -CAPÍTULO V. - -CÓMO ACORDAMOS DE NOS VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y DE LA GRAN SED Y -TRABAJOS QUE TUVIMOS HASTA LLEGAR AL PUERTO DE LA HABANA. - - -Desque nos vimos embarcados en los navíos de la manera que dicho tengo, -dimos muchas gracias á Dios, y despues de curados los heridos (que -no quedó hombre ninguno de cuantos allí nos hallamos que no tuviesen -á dos y á tres y á cuatro heridas, y el capitan con doce flechazos; -sólo un soldado quedó sin herir), acordamos de nos volver á la isla de -Cuba; y como estaban tambien heridos todos los más de los marineros -que saltaron en tierra con nosotros, que se hallaron en las peleas, -no teniamos quien marchase las velas, y acordamos que dejásemos el un -navío, el de ménos porte, en la mar, puesto fuego, despues de sacadas -dél las velas y anclas y cables, y repartir los marineros que estaban -sin heridas en los dos navíos de mayor porte; pues otro mayor daño -teniamos, que fué la gran falta de agua; porque las pipas y vasijas que -teniamos llenas en Champoton, con la grande guerra que nos dieron y -priesa de nos acoger á los bateles no se pudieron llevar, que allí se -quedaron, y no sacamos ninguna agua. Digo que tanta sed pasamos, que -en las lenguas y bocas teniamos grietas de la secura, pues otra cosa -ninguna para refrigerio no habia. - -¡Oh qué cosa tan trabajosa es ir á descubrir tierras nuevas, y de la -manera que nosotros nos aventuramos! No se puede ponderar sino los que -han pasado por aquestos excesivos trabajos en que nosotros nos vimos. - -Por manera que con todo esto íbamos navegando muy allegados á tierra, -para hallarnos en paraje de algun rio ó bahía para tomar agua, y al -cabo de tres dias vimos uno como ancon, que parecia rio ó estero, que -creimos tener agua dulce, y saltaron en tierra quince marineros de los -que habian quedado en los navíos, y tres soldados que estaban más sin -peligro de los flechazos, y llevaron azadones y tres barriles para -traer agua; y el estero era salado, é hicieron pozos en la costa, y era -tan amargosa y salada agua como la del estero; por manera que, mala -como era, trujeron las vasijas llenas, y no habia hombre que la pudiese -beber del amargor y sal, y á dos soldados que la bebieron dañó los -cuerpos y las bocas. Habia en aquel estero muchos y grandes lagartos, -y desde entónces se puso por nombre _el estero de los Lagartos_, y así -está en las cartas del marear. - -Dejemos esta plática, y diré que entre tanto que fueron los bateles -por el agua, se levantó un viento nordeste tan deshecho, que íbamos -garrando á tierra con los navíos; y como en aquella costa es travesía -y reina siempre norte y nordeste, estuvimos en muy gran peligro por -falta de cable; y como lo vieron los marineros que habian ido á tierra -por el agua, vinieron muy más que de paso con los bateles, y tuvieron -tiempo de echar otras anclas y maromas, y estuvieron los navíos seguros -dos dias y dos noches; y luego alzamos anclas y dimos vela, siguiendo -nuestro viaje para nos volver á la isla de Cuba. - -Parece ser el piloto Alaminos se concertó y aconsejó con los otros -dos pilotos que desde aquel paraje donde estábamos atravesásemos á la -Florida, porque hallaban por sus cartas y grados y alturas que estaria -de allí obra de setenta leguas, y que despues, puestos en la Florida, -dijeron que era mejor viaje é más cercana navegacion para ir á la -Habana que no la derrota por donde habiamos primero venido á descubrir; -y así fué como el piloto dijo; porque, segun yo entendí, habia venido -con Juan Ponce de Leon á descubrir la Florida, habia diez ó doce años -ya pasados. - -Volvamos á nuestra materia: que atravesando aquel golfo, en cuatro dias -que navegamos vimos la tierra de la misma Florida; y lo que en ella nos -acaeció diré adelante. - - - - -CAPÍTULO VI. - -CÓMO DESEMBARCARON EN LA BAHÍA DE LA FLORIDA VEINTE SOLDADOS, Y CON -NOSOTROS EL PILOTO ALAMINOS, PARA BUSCAR AGUA, Y DE LA GUERRA QUE ALLÍ -NOS DIERON LOS NATURALES DE AQUELLA TIERRA, Y LO QUE MÁS PASÓ HASTA -VOLVER Á LA HABANA. - - -Llegados á la Florida acordamos que saliesen en tierra veinte soldados -de los que teniamos más sanos de las heridas: yo fuí con ellos y -tambien el piloto Anton de Alaminos, y sacamos las vasijas que habia, -y azadones, y nuestras ballestas y escopetas; y como el capitan estaba -muy mal herido, y con la gran sed que pasaba muy debilitado, nos rogó -que por amor de Dios que en todo caso le trujésemos agua dulce, que se -secaba y moria de sed; porque el agua que habia era muy salada y no se -podia beber, como otra vez ya dicho tengo. - -Llegados que fuimos á tierra, cerca de un estero que entraba en la -mar, el piloto reconoció la costa y dijo que habia diez ó doce años -que habia estado en aquel paraje, cuando vino con Juan Ponce de Leon -á descubrir aquellas tierras, y allí le habian dado guerra los indios -de aquella tierra, y que les habian muerto muchos soldados, y que á -esta causa estuviésemos muy sobre aviso apercebidos, porque vinieron -en aquel tiempo que dicho tiene muy de repente los indios cuando le -desbarataron; y luego pusimos por espías dos soldados en una playa que -se hacia muy ancha, é hicimos pozos muy hondos donde nos pareció haber -agua dulce, porque en aquella sazon era menguante la marea; y quiso -Dios que topásemos muy buena agua, y con el alegría, y por hartarnos -della y lavar paños para curar las heridas, estuvimos espacio de una -hora; y ya que queriamos venir á embarcar con nuestra agua muy gozosos, -vimos venir al un soldado de los que habiamos puesto en la playa dando -muchas voces diciendo: - -—«Al arma, al arma; que vienen muchos indios de guerra por tierra y -otros en canoas por el estero.» - -Y el soldado dando voces, é venia corriendo, y los indios llegaron casi -á la par con el soldado contra nosotros, y traian arcos muy grandes -y buenas flechas y lanzas, y unas á manera de espadas, y vestidos de -cueros de venados, y eran de grandes cuerpos, y se vinieron derechos á -nos flechar, é hirieron luego seis de nuestros compañeros, y á mí me -dieron un flechazo en el brazo derecho de poca herida; y dímosles tanta -priesa de estocadas y cuchilladas y con las escopetas y ballestas, -que nos dejan á nosotros los que estábamos tomando agua de los pozos, -y van á la mar y estero á ayudar á sus compañeros los que venian en -las canoas donde estaba nuestro batel con los marineros, que tambien -andaban peleando pié con pié con los indios de las canoas, y aun les -tenian ya tomado el batel y le llevaban por el estero arriba con sus -canoas, y habian herido á cuatro marineros, y al piloto Alaminos le -dieron una mala herida en la garganta; y arremetimos á ellos, el -agua más que á la cinta, y á estocadas les hicimos soltar el batel, -y quedaron tendidos y muertos en la costa y en el agua veintidos de -ellos, y tres prendimos, que estaban heridos poca cosa, que se murieron -en los navíos. - -Despues desta refriega pasada, preguntamos al soldado que pusimos por -vela qué se hizo su compañero Berrio (que así se llamaba); dijo que lo -vió apartar con una hacha en las manos para cortar un palmito, y que -fué hácia el estero por donde habian venido los indios de guerra, y que -oyó voces de español, y que por aquellas voces vino de presto á dar -mandado á la mar, y que entónces le debieran de matar; el cual soldado -solamente él habia quedado sin ninguna herida en lo de Potonchan, y -quiso su ventura que vino allí á fenecer; y luego fuimos en busca de -nuestro soldado por el rastro que habian traido aquellos indios que -nos dieron guerra, y hallamos una palma que habia comenzado á cortar, -y cerca della mucha huella en el suelo, más que en otras partes; por -donde tuvimos por cierto que le llevaron vivo, porque no habia rastro -de sangre, y anduvimos buscándole á una parte y á otra más de una hora, -y dimos voces, y sin más saber de él nos volvimos á embarcar en el -batel y llevamos á los navíos el agua dulce, con que se alegraron todos -los soldados, como si entónces les diéramos las vidas; y un soldado se -arrojó desde el navío en el batel con la gran sed que tenia, tomó una -botija á pechos, y bebió tanta agua, que della se hinchó y murió. - -Pues ya embarcados con nuestra agua y metidos nuestros bateles en los -navíos, dimos vela para la Habana, y pasamos aquel dia y la noche que -hizo buen tiempo junto de unas isletas que llaman los Mártires, que son -unos bajos que así los llaman, _los bajos de los Mártires_. - -Íbamos en cuatro brazas lo más hondo, y tocó la nao capitana entre -unas como isletas é hizo mucha agua; que con dar todos los soldados -que íbamos á la bomba no podiamos estancar, é íbamos con temor no nos -anegásemos. - -Acuérdome que traiamos allí con nosotros á unos marineros levantiscos, -y les deciamos: - -—«Hermanos, ayudad á sacar la bomba, pues veis que estamos muy mal -heridos y cansados de la noche y el dia, porque nos vamos á fondo.» - -Y respondian los levantiscos: - -—«Facételo vos, pues no ganamos sueldo, sino hambre y sed y trabajos y -heridas, como vosotros.» - -Por manera que les haciamos dar á la bomba aunque no querian, y malos -heridos como íbamos, mareábamos las velas y dábamos á la bomba, hasta -que nuestro Señor Jesucristo nos llevó á Puerto de Carenas, donde ahora -está poblada la villa de la Habana, que en otro tiempo Puerto de -Carenas se solia llamar, y no Habana. - -Y cuando nos vimos en tierra dimos muchas gracias á Dios, y luego se -tomó el agua de la capitana un buzano portugués que estaba en otro -navío en aquel puerto, y escribimos á Diego Velazquez, gobernador de -aquella isla, muy en posta, haciéndole saber que habiamos descubierto -tierras de grandes poblaciones y casas de cal y canto, y las gentes -naturales dellas andaban vestidos de ropa de algodon y cubiertas sus -vergüenzas, y tenian oro y labranzas de maizales; y desde la Habana -se fué nuestro capitan Francisco Hernandez por tierra á la villa de -Santispíritus, que así se dice, donde tenia su encomienda de indios; y -como iba mal herido, murió dende allí á diez dias que habia llegado á -su casa; y todos los demás soldados nos desparecimos, y nos fuimos unos -por una parte y otros por otra de la isla adelante; y en la Habana se -murieron tres soldados de las heridas, y los navíos fueron á Santiago -de Cuba, donde estaba el gobernador, y desque hubieron desembarcado -los dos indios que hubimos en la Punta de Cotoche, que ya he dicho que -se decian Melchorillo y Julianillo, y en el arquilla con las diademas -y ánades y pescadillos, y con los ídolos de oro, que aunque era bajo -y poca cosa, sublimábanlo de arte, que en todas las islas de Santo -Domingo y en Cuba y aun en Castilla llegó la fama dello, y decian que -otras tierras en el mundo no se habian descubierto mejores, ni casas -de cal y canto; y como vió los ídolos de barro y de tantas maneras de -figuras, decian que eran del tiempo de los gentiles; otros decian que -eran de los indios que desterró Tito y Vespasiano de Jerusalen, y que -habian aportado con los navíos rotos en que les echaron en aquella -tierra; y como en aquel tiempo no era descubierto el Perú, teníase en -mucha estima aquella tierra. - -Pues otra cosa preguntaba el Diego Velazquez á aquellos indios, que si -habia minas de oro en su tierra; y á todos les respondian que sí, y les -mostraban oro en polvo de lo que sacaban en la isla de Cuba, y decian -que habia mucho en su tierra, y no le decian verdad, porque claro está -que en la Punta de Cotoche ni en todo Yucatan no es donde hay minas -de oro; y asimismo les mostraban los indios los montones que hacen de -tierra, donde ponen y siembran las plantas de cuyas raices hacen el -pan cazabe, y llámanse en la isla de Cuba yuca, y los indios decian -que las habia en su tierra, y decian _Tale_, por la tierra, que así -se llama la en que las plantaban; de manera que yuca con tale, quiere -decir Yucatan. - -Decian los españoles que estaban hablando con el Diego Velazquez y con -los indios: - -—«Señor, estos indios dicen que su tierra se llama Yucatan.» - -Y así se quedó con este nombre, que en propia lengua no se dice así. - -Por manera que todos soldados que fuimos á aquel viaje á descubrir -gastamos los bienes que teniamos, y heridos y pobres volvimos á Cuba, y -aun lo tuvimos á buena dicha haber vuelto, y no quedar muertos con los -demás mis compañeros; y cada soldado tiró por su parte, y el capitan -(como tengo dicho) luego murió, y estuvimos muchos dias en curarnos -los heridos, y por nuestra cuenta hallamos que se murieron al pié -de sesenta soldados, y esta ganancia trujimos de aquella entrada y -descubrimiento. - -Y Diego Velazquez escribió á Castilla á los señores que aquel tiempo -mandaban en las cosas de Indias, que él lo habia descubierto, y gastado -en descubrillo mucha cantidad de pesos de oro, y así lo decia D. Juan -Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, que -así se nombraba, que era como presidente de Indias, y lo escribió á -S. M. á Flandes, dando mucho favor y loor del Diego Velazquez, y no -hizo mencion de ninguno de nosotros los soldados que lo descubrimos á -nuestra costa. - -Y quedarse ha aquí, y diré adelante los trabajos que me acaecieron á mí -y á tres soldados. - - - - -CAPÍTULO VII. - -DE LOS TRABAJOS QUE TUVE HASTA LLEGAR Á UNA VILLA QUE SE DICE LA -TRINIDAD. - - -Ya he dicho que nos quedamos en la Habana ciertos soldados que no -estábamos sanos de los flechazos, y para ir á la villa de la Trinidad, -ya que estábamos mejores, acordamos de nos concertar tres soldados con -un vecino de la misma Habana, que se decia Pedro de Ávila, que iba -asimismo á aquel viaje en una canoa por la mar por la banda del Sur, y -llevaba la canoa cargada de camisetas de algodon, que iba á vender á la -villa de la Trinidad. - -Ya he dicho otras veces que canoas son de hechura de artesas grandes, -cavadas y huecas, y en aquellas tierras con ellas navegan costa á -costa; y el concierto que hicimos con Pedro de Ávila fué que dariamos -diez pesos de oro porque fuésemos en su canoa. - -Pues yendo por la costa adelante, á veces remando y á ratos á la vela, -ya que habiamos navegado once dias en pareje de un pueblo de indios de -paz que se dice Canarreon, que era término de la villa de la Trinidad, -se levantó un tan recio viento de noche, que no nos pudimos sustentar -en la mar con la canoa, por bien que remábamos todos nosotros; y el -Pedro de Ávila y unos indios de la Habana y unos remeros muy buenos que -traiamos hubimos de dar al través entre unos ceborucos, que los hay muy -grandes en aquella costa; por manera que se nos quebró la canoa y el -Ávila perdió su hacienda, y todos salimos descalabrados de los golpes -de los ceborucos y desnudos de carnes; porque para ayudarnos que no se -quebrase la canoa y poder mejor nadar, nos apercebimos de estar sin -ropa ninguna, sino desnudos. - -Pues ya escapados con las vidas de entre aquellos ceborucos, para -nuestra villa de la Trinidad no habia camino por la costa, sino malos -paises y ceborucos, que así se dicen, que son las piedras con unas -puntas que salen dellas que pasan las plantas de los piés, y sin tener -qué comer. - -Pues como las olas que reventaban de aquellos grandes ceborucos nos -embestian, y con el gran viento que hacia llevábamos hechas grietas en -las partes ocultas que corria sangre dellas, aunque nos habiamos puesto -delante muchas hojas de árboles y otras yerbas que buscamos para nos -tapar. - -Pues como por aquella costa no podiamos caminar por causa que se nos -hincaban por las plantas de los piés aquellas puntas y piedras de los -ceborucos, con mucho trabajo nos metimos en un monte, y con otras -piedras que habia en el monte cortamos cortezas de árboles, que pusimos -por suelas, atadas á los piés con unas que parecen cuerdas delgadas, -que llaman bejucos, que nacen entre los árboles; que espadas no sacamos -ninguna, y atamos los piés y cortezas de los árboles con ello lo mejor -que pudimos, y con gran trabajo salimos á una playa de arena. - -Y de ahí á dos dias que caminamos llegamos á un pueblo de indios que se -decia Yaguarama, el cual era en aquella sazon del padre fray Bartolomé -de las Casas, que era Clérigo Presbítero, y despues le conocí fraile -dominico, y llegó á ser Obispo de Echiapa; y los indios de aquel pueblo -nos dieron de comer. - -Y otro dia fuimos hasta otro pueblo que se decia Chipiona, que era de -un Alonso de Ávila é de un Sandoval (no digo del capitan Sandoval el de -la Nueva-España), y desde allí á la Trinidad; y un amigo mio, que se -decia Antonio de Medina, me remedió de vestidos, segun que en la villa -se usaban, y así hicieron á mis compañeros otros vecinos de aquella -villa; y desde allí con mi pobreza y trabajos me fuí á Santiago de -Cuba, adonde estaba el gobernador Diego Velazquez, el cual andaba dando -mucha priesa en enviar otra armada; y cuando le fuí á besar las manos, -que éramos algo deudos, él se holgó conmigo, y de unas pláticas en -otras me dijo que si estaba bueno de las heridas, para volver á Yucatan. - -É yo riyendo le respondí que quién le puso nombre Yucatan; que allí no -le llaman así. É dijo: - -—«Melchorejo, el que trujistes, lo dice.» - -É yo dije: - -—«Mejor nombre seria la tierra donde nos mataron la mitad de los -soldados que fuimos, y todos los demás salimos heridos.» - -É dijo: - -—«Bien sé que pasastes muchos trabajos, y así es á los que suelen -descubrir tierras nuevas y ganar honra, é su majestad os lo -gratificará, é yo así se lo escribiré; é ahora, hijo, id otra vez en la -armada que hago, que yo haré que os hagan mucha honra.» - -Y diré lo que pasó. - - - - -CAPÍTULO VIII. - -CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, ENVIÓ OTRA ARMADA Á LA TIERRA -QUE DESCUBRIMOS. - - -En el año de 1518 años, viendo Diego Velazquez, gobernador de Cuba, la -buena relacion de las tierras que descubrimos, que se dice Yucatan, -ordenó enviar una armada, y para ella se buscaron cuatro navíos; los -dos fueron los que hubimos comprado los soldados que fuimos en compañía -del capitan Francisco Hernandez de Córdoba á descubrir á Yucatan (segun -más largamente lo tengo escrito en el descubrimiento), y los otros dos -navíos compró el Diego Velazquez de sus dineros. - -Y en aquella sazon que ordenaba el armada, se hallaron presentes en -Santiago de Cuba, donde residia el Velazquez, Juan de Grijalva y Pedro -de Albarado y Francisco de Montejo é Alonso de Ávila, que habian ido -con negocios al gobernador; porque todos tenian encomiendas de indios -en las mismas islas; y como eran personas valerosas, concertóse con -ellos que el Juan de Grijalva, que era deudo del Diego Velazquez, -viniese por capitan general, é que Pedro de Albarado viniese por -capitan de un navío, y Francisco de Montejo de otro, y el Alonso de -Ávila de otro; por manera que cada uno destos capitanes procuró de -poner bastimentos y matalotaje de pan cazabe y tocinos; y el Diego -Velazquez puso ballestas y escopetas, y cierto rescate, y otras -menudencias, y más los navíos. - -Y como habia fama destas tierras que eran muy ricas y habia en ellas -casas de cal y canto, y el indio Melchorejo decia por señas que habia -oro, tenian mucha codicia los vecinos y soldados que no tenian indios -en la isla, de ir á esta tierra; por manera que de presto nos juntamos -ducientos y cuarenta compañeros, y tambien pusimos cada soldado, de la -hacienda que teniamos, para matalotaje y armas y cosas que convenian; -y en este viaje volví y con estos capitanes otra vez, y parece ser la -instruccion que para ello dió el gobernador Diego Velazquez fué, segun -entendí, que rescatasen todo el oro y plata que pudiesen, y si viesen -que convenia poblar que poblasen, ó si no, que se volviesen á Cuba. - -É vino por veedor de la armada uno que se decia Peñalosa, natural de -Segovia, é trujimos un Clérigo que se decia Juan Diaz, y los tres -pilotos que ántes habiamos traido cuando el primero viaje, que ya -he dicho sus nombres y de dónde eran, Anton de Alaminos, de Pálos, -y Camacho, de Triana, y Juan Álvarez, el Manquillo, de Huelva; y el -Alaminos venia por piloto mayor, y otro piloto que entónces vino no me -acuerdo el nombre. - -Pues ántes que más pase adelante porque nombraré algunas veces á estos -hidalgos que he dicho que venian por capitanes, y parecerá cosa -descomedida nombralles secamente, Pedro de Albarado, Francisco de -Montejo, Alonso de Ávila, y no decilles sus ditados é blasones, sepan -que el Pedro de Albarado fué un hidalgo muy valeroso, que despues que -se hubo ganado la Nueva-España fué gobernador y adelantado de las -provincias de Guatimala, Honduras y Chiapa, é comendador de Santiago. - -É asimismo el Francisco de Montejo, hidalgo de mucho valor, que fué -gobernador y adelantado de Yucatan; hasta que S. M. les hizo aquestas -mercedes y tuvieron señoríos no les nombraré sino sus nombres, y no -adelantados. - -Volvamos á nuestra plática: que fueron los cuatro navíos por la parte y -banda del Norte á un puerto que se llama Matanzas, que era cerca de la -Habana vieja, que en aquella sazon no estaba poblada donde ahora está, -y en aquel puerto ó cerca dél tenian todos los más vecinos de la Habana -sus estancias de cazabe y puercos, y desde allí se proveyeron nuestros -navíos lo que faltaba, y nos juntamos así capitanes como soldados para -dar vela y hacer nuestro viaje. - -Y ántes que más pase adelante, aunque vaya fuera de órden, quiero decir -por qué llamaban aquel puerto que he dicho de Matanzas, y eso traigo -aquí á la memoria, porque ciertas personas me lo han preguntado la -causa de ponelle aquel nombre, y es por esto que diré. - -Ántes que aquella isla de Cuba estuviese de paz dió al través por la -costa del Norte un navío que habia ido desde la isla de Santo Domingo á -buscar indios, que llamaban los lucayos, á unas islas que están entre -Cuba y la canal de Bahama, que se llaman las islas de los Lucayos, y -con mal tiempo dió al través en aquella costa, cerca del rio y puerto -que he dicho que se llama Matanzas, y venian en el navío sobre treinta -personas españoles y dos mujeres; y para pasallos aquel rio vinieron -muchos indios de la Habana y de otros pueblos, como que los venian á -ver de paz, y les dijeron que les querian pasar en canoas y llevallos á -sus pueblos para dalles de comer. - -É ya que iban con ellos, en medio del rio les trastornaron las canoas -y los mataron; que no quedaron sino tres hombres y una mujer, que era -hermosa, la cual llevó un cacique de los más principales que hicieron -aquella traicion, y los tres españoles repartieron entre los demás -caciques. - -Y á esta causa se puso á este puerto nombre de puerto de Matanzas; y -conocí á la mujer que he dicho, que despues de ganada la isla de Cuba -se le quitó al cacique en cuyo poder estaba, y la vi casada en la villa -de la Trinidad con un vecino della, que se decia Pedro Sanchez Farfan; -y tambien conocí á los tres españoles, que se decia el uno Gonzalo -Mejía, hombre anciano, natural de Jerez, y el otro se decia Juan de -Santisteban, y era natural de Madrigal, y el otro se decia Cascorro, -hombre de la mar, y era pescador, natural de Huelva, y le habia ya -casado el cacique con quien solia estar, con una su hija, é ya tenia -horadadas las orejas y las narices como los indios. - -Mucho me he detenido en contar cuentos viejos; volvamos á nuestra -relacion. É ya que estábamos recogidos, así capitanes como soldados, y -dadas las instrucciones que los pilotos habian de llevar y las señas -de los faroles, despues de haber oido Misa con gran devocion, en 5 -dias del mes de Abril de 1518 años dimos vela, y en diez dias doblamos -la punta de Guaniguanico, que los pilotos llaman de San Anton, y en -otros ocho dias que navegamos vimos la isla de Cozumel, que entónces -la descubrimos, dia de Santa Cruz, porque decayeron los navíos con -las corrientes más bajo que cuando venimos con Francisco Hernandez de -Córdoba, y bajamos la isla por la banda del sur; vimos un pueblo, y -allí cerca buen surgidero y bien limpio de arrecifes, y saltamos en -tierra con el capitan Juan de Grijalva buena copia de soldados, y los -naturales de aquel pueblo se fueron huyendo desque vieron venir los -navíos á la vela, porque jamás habian visto tal, y los soldados que -salimos á tierra no hallamos en el pueblo persona ninguna, y en unas -mieses de maizales se hallaron dos viejos que no podian andar y los -trujimos al capitan, y con Julianillo y Melchorejo, los que trajimos de -la Punta de Cotoche, que entendian muy bien á los indios, y les habló; -porque su tierra dellos y aquella isla de Cozumel no hay de travesía -en la mar sino obra de cuatro leguas, y así hablan una misma lengua; -y el capitan halagó aquellos viejos y les dió cuentezuelas verdes, y -les envió á llamar al calachioni de aquel pueblo, que así se dicen los -caciques de aquella tierra, y fueron y nunca volvieron; y estándoles -aguardando, vino una india moza, de buen parecer, é comenzó á hablar -la lengua de la isla de Jamáica, y dijo que todos los indios é indias -de aquella isla y pueblo se habian ido á los montes, de miedo; y como -muchos de nuestros soldados é yo entendimos muy bien aquella lengua, -que es la de Cuba, nos admiramos, y la preguntamos que cómo estaba -allí, y dijo que habia dos años que dió al través con una canoa grande -en que iban á pescar diez indios de Jamáica á unas isletas, y que las -corrientes la echaron en aquella tierra, y mataron á su marido y á -todos los demás indios jamaicanos sus compañeros, y los sacrificaron á -los ídolos; y desque la entendió el capitan, como vió que aquella india -seria buena mensajera, envióla á llamar los indios y caciques de aquel -pueblo, y dióla de plazo dos dias para que volviese; porque los indios -Melchorejo y Julianillo, que llevamos de la Punta de Cotoche, tuvimos -temor que, apartados de nosotros, se huirian á su tierra, y por esta -causa no los enviamos á llamar con ellos; y la india volvió otro dia, y -dijo que ningun indio ni india queria venir, por más palabras que les -decia. - -Á este pueblo pusimos por nombre Santa Cruz, porque cuatro ó cinco dias -ántes de Santa Cruz le vimos; habia en él buenos colmenares de miel y -muchos boniatos y batatas y manadas de puercos de la tierra, que tienen -sobre el espinazo el ombligo; habia en él tres pueblezuelos, y este -donde desembarcamos era mayor, y los otros dos eran más chicos, que -estaba cada uno en una punta de la isla; terná de bojo como obra de dos -leguas. - -Pues como el capitan Juan de Grijalva vió que era perder tiempo estar -más allí aguardando, mandó que nos embarcásemos luego, y la india de -Jamáica se fué con nosotros, y seguimos nuestro viaje. - - - - -CAPÍTULO IX. - -DE CÓMO VENIMOS Á DESEMBARCAR Á CHAMPOTON. - - -Pues vuelto á embarcar, é yendo por las derrotas pasadas (cuando lo de -Francisco Hernandez de Córdoba), en ocho dias llegamos en el paraje -del pueblo de Champoton, que fué donde nos desbarataron los indios de -aquella provincia, como ya dicho tengo en el capítulo que dello habla; -y como en aquella ensenada mengua mucho la mar, anclamos los navíos -una legua de tierra, y con todos los bateles desembarcamos la mitad -de los soldados que allí íbamos, junto á las casas del pueblo, é los -indios naturales dél y otros sus comarcanos se juntaron todos, como la -otra vez cuando nos mataron sobre cincuenta y seis soldados y todos los -más nos hirieron, segun dicho tengo en el capítulo que dello habla; -y á esta causa estaban muy ufanos y orgullosos, y bien armados á su -usanza, que son: arcos, flechas, lanzas, rodelas, macanas y espadas de -dos manos, y piedras con hondas, y armas de algodon, y trompetillas y -atambores, y los más dellos pintadas las caras de negro, colorado y -blanco; y puestos en concierto, esperaron en la costa, para en llegando -que llegásemos dar en nosotros; y como teniamos experiencia de la otra -vez, llevábamos en los bateles unos falconetes, é íbamos apercebidos de -ballestas y escopetas; y llegados á tierra, nos comenzaron á flechar -y con las lanzas dar á mantiniente; y tal rociada nos dieron ántes -que llegásemos á tierra, que hirieron la mitad de nosotros, y desque -hubimos saltado de los bateles les hicimos perder la furia á buenas -estocadas y cuchilladas; porque, aunque nos flechaban á terrero, -todos llevábamos armas de algodon, y todavía se sostuvieron buen -rato peleando con nosotros, hasta que vino otra barcada de nuestros -soldados, y les hicimos retraer á unas ciénagas junto al pueblo. - -En esta guerra mataron á Juan de Quiteria y á otros dos soldados, y al -capitan Juan de Grijalva le dieron tres flechazos y aun le quebraron -con un cobaco dos dientes (que hay muchos en aquella costa), é hirieron -sobre sesenta de los nuestros. - -Y desque vimos que todos los contrarios se habian huido, nos fuimos al -pueblo, y se curaron los heridos y enterramos los muertos, y en todo el -pueblo no hallamos persona ninguna, ni los que se habian retraido en -las ciénagas, que ya se habian desgarrado; por manera que todos tenian -alzadas sus haciendas. - -En aquellas escaramuzas prendimos tres indios, y el uno dellos parecia -principal. Mandóles el capitan que fuesen á llamar al cacique de aquel -pueblo, y les dió cuentas verdes y cascabeles para que los diesen, -para que viniesen de paz; y asimismo á aquellos tres prisioneros se -les hicieron muchos halagos y se les dieron cuentas porque fuesen sin -miedo; y fueron y nunca volvieron, é creimos que el indio Julianillo -é Melchorejo no les hubieran de decir lo que les fué mandado, sino al -revés. - -Estuvimos en aquel pueblo cuatro dias. Acuérdome que cuando estábamos -peleando en aquella escaramuza, que habia allí unos prados algo -pedregosos, é habia langostas que cuando peleábamos saltaban y venian -volando y nos daban en la cara, y como eran tantos flecheros y tiraban -tanta flecha como granizos, que parecian eran langostas que volaban, -y no nos rodelábamos, y la flecha que venia nos heria, y otras veces -creiamos que era flecha, y eran langostas que venian volando: fué harto -estorbo. - - - - -CAPÍTULO X. - -CÓMO SEGUIMOS NUESTRO VIAJE Y ENTRAMOS EN BOCA DE TÉRMINOS, QUE -ENTÓNCES LE PUSIMOS ESTE NOMBRE. - - -Yendo por nuestra navegacion adelante, llegamos á una boca, como de -rio, muy grande y ancha, y no era rio como pensamos, sino muy buen -puerto, é porque está entre unas tierras é otras, é parecia como -estrecho: tan gran boca tenia, que decia el piloto Anton de Alaminos -que era isla y partian términos con la tierra, y á esta causa le -pusimos el nombre de Boca de Términos, y así está en las cartas de -marear; y allí saltó el capitan Juan de Grijalva en tierra, con todos -los más capitanes por mí nombrados, y muchos soldados estuvimos tres -dias hondando la boca de aquella entrada, y mirando bien arriba y abajo -del ancon donde creiamos que iba é venia á parar, y hallamos no ser -isla, sino ancon, y era muy buen puerto; y hallamos unos adoratorios -de cal y canto y muchos ídolos de barro y palo, que eran dellos como -figuras de sus dioses, y dellos de figuras de mujeres, y muchos como -sierpes, y muchos cuernos de venados, é creimos que por allí cerca -habria alguna poblacion, é con el buen puerto, que seria bueno para -poblar; lo cual no fué así, que estaba muy despoblado; porque aquellos -adoratorios eran de mercaderes y cazadores que de pasada entraban en -aquel puerto con canoas y allí sacrificaban, y habia mucha caza de -venados y conejos: matamos diez venados con una lebrela, y muchos -conejos. - -Y luego, desque todo fué visto y sondado, nos tornamos á embarcar, y se -nos quedó allí la lebrela, y cuando volvimos con Cortés la tornamos á -hallar, y estaba muy gorda y lucida. Llaman los marineros á esto Puerto -de Términos. - -É vueltos á embarcar, navegamos costa á costa junto á tierra, hasta que -llegamos al rio de Tabasco, que por descubrile el Juan de Grijalva, se -nombra agora el rio de Grijalva. - - - - -CAPÍTULO XI. - -CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE TABASCO, QUE LLAMAN DE GRIJALVA, Y LO QUE ALLÁ -NOS ACAECIÓ. - - -Navegando costa á costa la via del poniente de dia, porque de noche no -osábamos por temor de bajos é arrecifes, á cabo de tres dias vimos una -boca de rio muy ancha, y llegamos muy á tierra con los navíos y parecia -buen puerto; y como fuimos más cerca de la boca, vimos reventar los -bajos ántes de entrar en el rio, y allí sacamos los bateles, y con la -sonda en la mano hallamos que no podian entrar en el puerto los dos -navíos de mayor porte: fué acordado que anclasen fuera en la mar, y con -los otros dos navíos que demandaban ménos agua, que con ellos é con los -bateles fuésemos todos los soldados rio arriba, porque vimos muchos -indios estar en canoas en las riberas, y tenian arcos y flechas y todas -sus armas, segun y de la manera de Champoton; por donde entendimos que -habia por allí algun pueblo grande, y tambien porque viniendo, como -veniamos, navegando costa á costa, habiamos visto echadas nasas en la -mar, con que pescaban, y aun á dos dellas se les tomó el pescado con un -batel que traiamos á jorro de la capitana. - -Aqueste rio se llama de Tabasco porque el cacique de aquel pueblo -se llamaba Tabasco; y como le descubrimos deste viaje, y el Juan de -Grijalva fué el descubridor, se nombra rio de Grijalva, y así está en -las cartas del marear. - -É ya que llegamos obra de media legua del pueblo, bien oimos el rumor -de cortar de madera, de que hacian grandes mamparos é fuerzas, y -aderezarse para nos dar guerra, porque habian sabido de lo que pasó en -Potonchan y tenian la guerra por muy cierta. - -Y desque aquello sentimos, desembarcamos de una punta de aquella tierra -donde habia unos palmares, que era del pueblo media legua; y desque nos -vieron allí, vinieron obra de cincuenta canoas con gente de guerra, -y traian arcos y flechas y armas de algodon, rodelas y lanzas y sus -atambores y penachos y estaban entre los esteros otras muchas canoas -llenas de guerreros, y estuvieron algo apartados de nosotros, que no -osaron llegar como los primeros. - -Y desque los vimos de aquel arte, estábamos para tirarles con los tiros -y con las escopetas y ballestas, y quiso nuestro Señor que acordamos -de los llamar, é con Julianico y Melchorejo, los de la Punta de -Cotoche, que sabian muy bien aquella lengua; y dijo á los principales -que no hubiesen miedo que les queriamos hablar cosas que desque las -entendiesen, hubiesen por buena nuestra llegada allí é á sus casas, é -que les queriamos dar de lo que traiamos. - -É como entendieron la plática, vinieron obra de cuatro canoas, y -en ellas hasta treinta indios, y luego se les mostraron sartalejos -de cuentas verdes y espejuelos y diamantes azules, y desque los -vieron parecia que estaban de mejor semblante, creyendo que eran -chalchihuites, que ellos tienen en mucho. - -Entónces el capitan les dijo con las lenguas Julianillo ó Melchorejo, -que veniamos de léjas tierras y éramos vasallos de un grande Emperador -que se dice D. Cárlos, el cual tiene por vasallos á muchos grandes -señores y calachioníes, y que ellos le deben tener por señor y les irá -muy bien en ello, é que á trueco de aquellas cuentas nos dén comida de -gallinas. - -Y nos respondieron dos dellos, que el uno era principal y el otro -papa, que son como Sacerdotes que tienen cargo de los ídolos, que ya -he dicho otra vez que papas les llaman en la Nueva-España, y dijeron -que harian el bastimento que deciamos é trocarian de sus cosas á las -nuestras; y en lo demás, que señor tienen, é que agora veniamos, é -sin conocerlos, é ya les queriamos dar señor, é que mirásemos no -les diésemos guerra como en Potonchan, porque tenian aparejados dos -jiquipiles de gentes de guerra de todas aquellas provincias contra -nosotros: cada jiquipil son de ocho mil hombres; é dijeron que bien -sabian que pocos dias habia que habiamos muerto y herido sobre más de -ducientos hombres de Potonchan, é que ellos no son hombres de tan pocas -fuerzas como los otros, é que por eso habian venido á hablar, por saber -nuestra voluntad; é aquello que les deciamos, que se lo irian á decir -á los caciques de muchos pueblos, que están juntos para tratar paces ó -guerra. - -Y luego el capitan les abrazó en señal de paz, y les dió unos -sartalejos de cuentas, y les mandó que volviesen con la respuesta -con brevedad, é que si no venian, que por fuerza habiamos de ir á su -pueblo, y no para los enojar. - -Y aquellos mensajeros que enviamos hablaron con los caciques y papas, -que tambien tienen voto entre ellos, y dijeron que eran buenas las -paces y traer bastimento, é que entre todos ellos y los pueblos -comarcanos se buscara luego un presente de oro para nos dar y hacer -amistades; no les acaezca como á los de Potonchan. - -Y lo que yo vi y entendí despues acá, en aquellas provincias se usaba -enviar presentes cuando se trataba paces, y en aquella punta de los -palmares, donde estábamos, vinieron sobre treinta indios é trujeron -pescados asados y gallinas é fruta y pan de maíz, é unos braseros con -ascuas y con zahumerios, y nos zahumaron á todos, y luego pusieron en -el suelo unas esteras, que acá llaman petates, y encima una manta, y -presentaron ciertas joyas de oro, que fueron ciertas ánades como las -de Castilla, y otras joyas como lagartijas, y tres collares de cuentas -vaciadizas, y otras cosas de oro de poco valor que no valía doscientos -pesos; y más trujeron unas mantas é camisetas de las que ellos usan, é -dijeron que recibiésemos aquello de buena voluntad, é que no tienen más -oro que nos dar; que adelante, hácia donde se pone el sol, hay mucho; -y decian Culba, Culba, Méjico, Méjico; y nosotros no sabiamos qué cosa -era Culba, ni aun Méjico tampoco. - -Puesto que no valía mucho aquel presente que trujeron, tuvímoslo por -bueno por saber cierto que tenian oro, y desque lo hubieron presentado, -dijeron que nos fuésemos luego adelante, y el capitan les dió las -gracias por ello é cuentas verdes; y fué acordado de irnos luego á -embarcar, porque estaban en mucho peligro los dos navíos por temor del -norte, que es travesía, y tambien por acercarnos hácia donde decian que -habia oro. - - - - -CAPÍTULO XII. - -CÓMO VIMOS EL PUEBLO DE AGUAYALUCO, QUE PUSIMOS POR NOMBRE LA-RAMBLA. - - -Vueltos á embarcar, siguiendo la costa adelante, desde á dos dias vimos -un pueblo junto á tierra, que se dice el Aguayaluco, y andaban muchos -indios de aquel pueblo por la costa con unas rodelas hechas de conchas -de tortugas, que relumbraban con el sol que daba en ellas, y algunos -de nuestros soldados porfiaban que eran de oro bajo, y los indios que -los traian iban haciendo grandes movimientos por el arenal y costa -adelante, y pusimos á este pueblo por nombre La-Rambla, y así está en -las cartas del marear. - -É yendo más adelante costeando, vimos una ensenada, donde se quedó -el rio de Fenole, que á la vuelta que volvimos entramos en él, y le -pusimos nombre rio de San Antonio, y así está en las cartas del mar. - -É yendo más adelante navegando, vimos adonde quedaba el paraje del -gran rio de Guacayualco, y quisiéramos entrar en el ensenada que -está, por ver qué cosa era, sino por ser el tiempo contrario; é luego -se parecieron las grandes sierras nevadas, que en todo el año están -cargadas de nieve, y tambien vimos otras sierras que están más junto -al mar, que se llaman agora de San Martin, y pusímoslas por nombre San -Martin, porque el primero que las vió fué un soldado que se llamaba San -Martin, vecino de la Habana. - -Y navegando nuestra costa adelante, el capitan Pedro de Albarado -se adelantó con su navío, y entró en un rio que en Indias se llama -Papalohuna, y entónces pusimos por nombre rio de Albarado, porque lo -descubrió el mesmo Albarado. - -Allí le dieron pescado unos indios pescadores, que eran naturales de un -pueblo que se dice Tlacotalpa; estuvímosle aguardando en el paraje del -rio donde entró con todos tres navíos, hasta que salió dél, y á causa -de haber entrado en el rio sin licencia del general, se enojó mucho con -él, y le mandó que otra vez no se adelantase del armada, porque no le -aviniese algun contraste en parte donde no le pudiésemos ayudar. - -É luego navegamos con todos cuatro navíos en conserva, hasta que -llegamos en paraje de otro rio, que le pusimos por nombre rio de -Banderas, porque estaban en él muchos indios con lanzas grandes, -y en cada lanza una bandera hecha de manta blanca, revolándolas y -llamándonos. - -Lo cual diré adelante cómo pasó. - - - - -CAPÍTULO XIII. - -CÓMO LLEGAMOS Á UN RIO QUE PUSIMOS POR NOMBRE RIO DE BANDERAS, É -RESCATAMOS CATORCE MIL PESOS. - - -Ya habrán oido decir en España y en toda la más parte della y de la -cristiandad, cómo Méjico es tan gran ciudad, y poblada en el agua como -Venecia; y habia en ella un gran señor que era Rey de muchas provincias -y señoreaba todas aquellas tierras, que son mayores que cuatro veces -nuestra Castilla; el cual señor se decia Montezuma, é como era tan -poderoso, queria señorear y saber hasta lo que no podia ni le era -posible, é tuvo noticia de la primera vez que venimos con Francisco -Hernandez de Córdoba, lo que nos acaesció en la batalla de Cotoche y en -la de Champoton, y agora deste viaje la batalla del mismo Champoton, y -supo que éramos nosotros pocos soldados y los de aquel pueblo muchos, -é al fin entendió que nuestra demanda era buscar oro á trueque del -rescate que traiamos, é todo se lo habian llevado pintado en unos paños -que hacen de henequén, que es como de lino; y como supo que íbamos -costa á costa hácia sus provincias, mandó á sus gobernadores que si por -allí aportásemos que procurasen de trocar oro á nuestras cuentas, en -especial á las verdes, que parecian á sus chalchihuites; y tambien lo -mandó para saber é inquirir más por entero de nuestras personas é qué -era nuestro intento. - -Y lo más cierto era, segun entendimos, que dicen que sus antepasados -les habian dicho que habian de venir gentes de hácia donde sale el sol, -que los habian de señorear. - -Agora sea por lo uno ó por lo otro, estaban en posta á vela indios del -grande Montezuma en aquel rio que dicho tengo, con lanzas largas y en -cada lanza una bandera, enarbolándola y llamándonos que fuésemos allí -donde estaban. - -Y desque vimos de los navíos cosas tan nuevas, para saber qué podia ser -fué acordado por el general, con todos los demás soldados y capitanes, -que echamos dos bateles en el agua é que saltásemos en ellos todos los -ballesteros y escopeteros y veinte soldados, y Francisco Montejo fuese -con nosotros, é que si viésemos que eran de guerra los que estaban con -las banderas, que de presto se lo hiciésemos saber, ó otra cualquier -cosa que fuese. - -Y en aquella sazon quiso Dios que hacia bonanza en aquella costa, lo -cual pocas veces suele acaecer; y como llegamos en tierra hallamos tres -caciques, que el uno dellos era gobernador de Montezuma é con muchos -indios de propio, y tenian muchas gallinas de la tierra y pan de maíz -de lo que ellos suelen comer, y frutas que eran pinas y zapotes, que -en otras partes llaman niameyes; y estaban debajo de una sombra de -árboles, puestas esteras en el suelo, que ya he dicho otra vez que en -estas partes se llaman petates, y allí nos mandaron asentar, y todo -por señas, porque Julianillo, el de la Punta de Cotoche, no entendia -aquella lengua; y luego trujeron braseros de barro con ascuas, y nos -zahumaron con uno como resina que huele á incienso. - -Y luego el capitan Montejo lo hizo saber al General, y como lo supo, -acordó de surgir allí en aquel paraje con todos los navíos, y saltó en -tierra con todos los capitanes y soldados. - -Y desque aquellos caciques y gobernadores le vieron en tierra y -conocieron que era el capitan general de todos, á su usanza le hicieron -grande acatamiento y le zahumaron; y él les dió las gracias por ello y -les hizo muchas caricias, y les mandó dar diamantes y cuentas verdes, y -por señas les dijo que trujesen oro á trocar á nuestros rescates. - -Lo cual luego el gobernador mandó á sus indios, y que todos los pueblos -comarcanos trujesen de las joyas que tenian á rescatar; y en seis dias -que estuvimos allí trujeron más de quince mil pesos en joyezuelas de -oro bajo y de muchas hechuras; y aquesto debe ser lo que dicen los -cronistas Francisco Lopez de Gómora y Gonzalo Hernandez de Oviedo -en sus corónicas, que dicen que dieron los de Tabasco; y como se lo -dijeron por relacion, así lo escriben como si fuese verdad; porque -vista cosa es que en la provincia del rio de Grijalva no hay oro, sino -muy pocas joyas. - -Dejemos esto y pasemos adelante, y es que tomamos posesion en aquella -tierra por su majestad, y en su nombre Real el gobernador de Cuba Diego -Velazquez. - -Y despues desto hecho, habló el General á los indios que allí estaban, -diciendo que se queria embarcar, y les dió camisas de Castilla. - -Y de allí tomamos un indio, que llevamos en los navíos, el cual, -despues que entendió nuestra lengua, se volvió cristiano y se llamó -Francisco, y despues de ganado Méjico, le vi casado en un pueblo que se -llama Santa Fe. - -Pues como vió el General que no traia más oro á rescatar, é habia seis -dias que estábamos allí y los navíos corrian riesgo, por ser travesía -norte, nos mandó embarcar. - -É corriendo la costa adelante, vimos una isleta que bañaba la mar y -tenia la arena blanca, y estaria, al parecer, obra de tres leguas de -tierra, y pusímosle por nombre isla Blanca, y así está en las cartas -del marear. - -Y no muy léjos desta isleta Blanca vimos otra isla, mayor, al parecer, -que las demás, y estaria de tierra obra de legua y media, y allí -enfrente della habia buen surgidero, y mandó el general que surgiésemos. - -Echados los bateles en el agua, fué el capitan Juan de Grijalva con -muchos de nosotros los soldados á ver la isleta, y hallamos dos casas -hechas de cal y canto y bien labradas, y cada casa con unas gradas -por donde subian á unos como altares, y en aquellos altares tenian -unos ídolos de malas figuras, que eran sus dioses, y allí estaban -sacrificados de aquella noche cinco indios, y estaban abiertos por -los pechos y cortados los brazos y los muslos, y las paredes llenas -de sangre. De todo lo cual nos admiramos, y pusimos por nombre á esta -isleta isla de Sacrificios. - -Y allí enfrente de aquella isla saltamos todos en tierra, y en unos -arenales grandes que allí hay, adonde hicimos ranchos y chozas con -ramas y con las velas de los navíos. - -Habíanse allegado en aquella costa muchos indios que traian á rescatar -oro hecho piecezuelas, como en el rio de Banderas, y segun despues -supimos, mandó el gran Montezuma que viniesen con ello, y los indios -que lo traian, al parecer estaban temerosos, y era muy poco. - -Por manera que luego el capitan Juan de Grijalva mandó que los navíos -alzasen las anclas y pusiesen velas, y fuésemos adelante á surgir -enfrente de otra isleta que estaba obra de media legua de tierra, y -esta isla es donde agora está el puerto. - -Y diré adelante lo que allí nos avino. - - - - -CAPÍTULO XIV. - -CÓMO LLEGAMOS AL PUERTO DE SAN JUAN DE CULÚA. - - -Desembarcados en unos arenales, hicimos chozas encima de los mastos -y medaños de arena, que los hay por allí grandes, por causa de los -mosquitos, que habia muchos, y con bateles sondearon el puerto y -hallaron que con el abrigo de aquella isleta estarian seguros los -navíos del norte y habia buen fondo, y hecho esto, fuimos á la isleta -con el General treinta soldados bien apercibidos en los bateles, y -hallamos una casa de adoratorio donde estaba un ídolo muy grande y -feo, el cual se llamaba Tezcatepuca, y estaban allí cuatro indios con -mantas prietas y muy largas con capillas, como traen los dominicos -ó canónigos, ó querian parecer á ellos, y aquellos eran Sacerdotes -de aquel ídolo, y tenian sacrificados de aquel dia dos muchachos, y -abiertos por los pechos, y los corazones y sangre ofrecidos á aquel -maldito ídolo, y los Sacerdotes, que ya he dicho que se dicen papas, -nos venian á zahumar con lo que zahumaban aquel su ídolo, y en aquella -sazon que llegamos le estaban zahumando con uno que huele á incienso, -y no consentimos que tal zahumerio nos diesen; ántes tuvimos muy gran -lástima y mancilla de aquellos dos muchachos é verlos recien muertos é -ver tan grandísima crueldad. - -Y el general preguntó al indio Francisco; que traiamos del rio de -Banderas, que parecia algo entendido, que por qué hacian aquello, y -esto le decia medio por señas, porque entónces no teniamos lengua -ninguna, como ya otras veces he dicho. Y respondió que los de Culúa lo -mandaban sacrificar; y como era torpe de lengua, decia: Olúa, Olúa. -Y como nuestro capitan estaba presente y se llamaba Juan, y asimismo -era dia de San Juan, pusimos por nombre á aquella isleta San Juan de -Ulúa, y este puerto es agora muy nombrado, y están hechos en él grandes -reparos para los navíos, y allí vienen á desembarcar las mercaderías -para Méjico é Nueva-España. - -Volvamos á nuestro cuento: que como estábamos en aquellos arenales, -vinieron luego indios de pueblos allí comarcanos á trocar su oro en -joyezuelas á nuestros rescates; mas eran tan pocos y de tan poco valor, -que no haciamos cuenta dello; y estuvimos siete dias de la manera que -he dicho, y con los muchos mosquitos no nos podiamos valer, y viendo -que el tiempo se nos pasaba, y teniendo ya por cierto que aquellas -tierras no eran islas, sino tierra firme, y que habia grandes pueblos, -y el pan de cazabe muy mohoso é sucio de las fátulas, y amargaba, y -los que allí veniamos no éramos bastantes para poblar, cuanto más que -faltaban diez de nuestros soldados, que se habian muerto de las heridas -y estaban otros cuatro dolientes; é viendo todo esto, fué acordado que -lo enviásemos á hacer saber al gobernador Diego Velazquez para que nos -enviase socorro; porque el Juan de Grijalva muy gran voluntad tenia -de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos, y siempre -mostró un grande ánimo de un muy valeroso capitan, y no como lo escribe -el coronista Gómora. - -Pues para hacer esta embajada acordamos que fuese el capitan Pedro de -Albarado en un navío que se decia San Sebastian, porque hacia agua, -aunque no mucha, porque en la isla de Cuba se diese carena y pudiesen -en él traer socorro é bastimento. - -Y tambien se concertó que llevase todo el oro que se habia rescatado y -ropa de mantas, y los dolientes; y los capitanes escribieron al Diego -Velazquez cada uno lo que le pareció, y luego se hizo á la vela é iba -la vuelta de la isla de Cuba, adonde los dejaré agora, así al Pedro de -Albarado como al Grijalva, y diré cómo el Diego Velazquez habia enviado -en busca nuestra. - - - - -CAPÍTULO XV. - -CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE LA ISLA DE CUBA, ENVIÓ UN NAVÍO -PEQUEÑO EN NUESTRA BUSCA. - - -Despues que salimos con el capitan Juan de Grijalva de la isla de Cuba -para hacer nuestro viaje, siempre Diego Velazquez estaba triste y -pensativo no nos hubiese acaecido algun desastre, y deseaba saber de -nosotros, y á esta causa envió un navío pequeño en nuestra busca con -siete soldados, y por capitan dellos á un Cristóbal de Olí, persona de -valía, muy esforzado, y le mandó que siguiese la derrota de Francisco -Hernandez de Córdoba hasta toparse con nosotros. - -Y segun parece, el Cristóbal de Olí, yendo en nuestra busca, estando -surto cerca de tierra, le dió un recio temporal, y por no anegarse -sobre las amarras, el piloto que traian mandó cortar los cables, é -perdió las anclas, é volvióse á Santiago de Cuba, de donde habia -salido, adonde estaba el Diego Velazquez, y cuando vió que no tenia -nuevas de nosotros, si triste estaba ántes que enviase al Cristóbal de -Olí, muy más pensativo estuvo despues. - -Y en esta sazon llegó el capitan Pedro de Albarado con el oro y ropa -y dolientes, y con entera relacion de lo que habiamos descubierto. Y -cuando el gobernador vió que estaba en joyas, parecia mucho más de -lo que era, y estaban allí con el Diego Velazquez muchos vecinos de -aquella isla, que venian á negocios. - -Y cuando los oficiales del Rey tomaron el Real quinto que venia á su -majestad estaban espantados de cuán ricas tierras habiamos descubierto; -y como el Pedro de Albarado se lo sabia muy bien praticar, dice que -no hacia el Diego Velazquez sino abrazallo, y en ocho dias tener -gran regocijo y jugar cañas; y si mucha fama tenian de ántes de -ricas tierras, agora con este oro se sublimó en todas las islas y en -Castilla, como adelante diré; y dejaré al Diego Velazquez haciendo -fiestas, y volveré á nuestros navíos, que estábamos en San Juan de -Ulúa. - - - - -CAPÍTULO XVI. - -DE LO QUE NOS SUCEDIÓ COSTEANDO LAS SIERRAS DE TUSTA Y DE TUSPA. - - -Despues que de nosotros se partió el capitan Pedro de Albarado para ir -á la isla de Cuba, acordó nuestro general con los demás capitanes y -pilotos que fuésemos costeando y descubriendo todo lo que pudiésemos; é -yendo por nuestra navegacion, vimos la sierra de Tusta, y más adelante -de ahí á otros dos dias vimos otras sierras muy altas, que agora se -llaman las sierras de Tuspa; por manera que unas sierras se dicen -Tusta, porque están cabe un pueblo que se dice así, y las otras sierras -se dicen Tuspa, porque se nombra el pueblo junto adonde aquellas están -Tuspa; é caminando más adelante vimos muchas poblaciones, y estarian -la tierra adentro dos ó tres leguas, y esto es ya en la provincia de -Pánuco; é yendo por nuestra navegacion, llegamos á un rio grande, -que le pusimos por nombre rio de Canoas, é allí enfrente de la boca -dél surgimos; y estando surtos todos tres navíos, y estando algo -descuidados, vinieron por el rio diez y seis canoas muy grandes llenas -de indios de guerra, con arcos y flechas y lanzas, y vanse derechos -al navío más pequeño, del cual era capitan Alonso de Ávila, y estaba -más llegado á tierra, y dándole una rociada de flechas, que hirieron -á dos soldados, echaron mano al navío como que lo querian llevar, -y aun cortaron una amarra; y puesto que el capitan y los soldados -peleaban bien, y trastornaron tres canoas, nosotros con gran presteza -les ayudamos con nuestros bateles y escopetas y ballestas y herimos -más de la tercia parte de aquellas gentes; por manera que volvieron -con la mala ventura por donde habian venido; y luego alzamos áncoras -é dimos vela, é seguimos costa á costa hasta que llegamos á una punta -muy grande; y era tan mala de doblar, y las corrientes muchas, que no -podiamos ir adelante; y el piloto Anton de Alaminos dijo al general -que no era bien navegar más aquella derrota, é para ello se dieron -muchas causas, y luego se tomó consejo de lo que se habia de hacer, y -fué acordado que diésemos la vuelta á la isla de Cuba, lo uno porque -ya entraba el invierno é no habia bastimentos, é un navío hacia mucha -agua, y los capitanes desconformes, porque el Juan de Grijalva decia -que queria poblar, y el Francisco Montejo é Alonso de Ávila decian -que no se podia sustentar por causa de los muchos guerreros que en la -tierra habia; é tambien todos nosotros los soldados estábamos hartos é -muy trabajados de andar por la mar. - -Así que dimos vuelta á todas velas, y las corrientes que nos ayudaban, -en pocos dias llegamos en el paraje del gran rio de Guacacualco, é no -pudimos estar por ser tiempo contrario, y muy abrazados con la tierra -entramos en el rio de Tonala, que se puso nombre entónces San Anton, é -allí se dió carena al un navío que hacia mucha agua, puesto que tocó -tres veces al estar en la barra, que es muy baja; y estando aderezando -nuestro navío vinieron muchos indios del puerto de Tonala, que estaba -una legua de allí, é trujeron pan de maíz y pescado é fruta, y con -buena voluntad nos lo dieron; y el capitan les hizo muchos halagos é -les mandó dar cuentas verdes y diamantes, é les dijo por señas que -trujesen oro á rescatar, é que les dariamos de nuestro rescate; é -traian joyas de oro bajo, é se les daban cuentas por ello. Y desque -lo supieron los de Guacacualco é de otros pueblos comarcanos que -rescatábamos, tambien vinieron ellos con sus piecezuelas, é llevaron -cuentas verdes, que aquellos tenian en mucho. - -Pues demás de aqueste rescate, traian comunmente todos los indios de -aquella provincia unas hachas de cobre muy lucidas, como por gentileza -é á manera de armas, con unos cabos de palo muy pintados, y nosotros -creimos que eran de oro bajo, é comenzamos á rescatar dellas; digo que -en tres dias se hubieron más de seiscientas de ellas, y estábamos muy -contentos con ellas, creyendo que eran de oro bajo, é los indios mucho -más con las cuentas; mas todo salió vano; que las hachas eran de cobre -é las cuentas un poco de nada. - -É un marinero habia rescatado secretamente siete hachas y estaba muy -alegre con ellas, y parece ser que otro marinero lo dijo al capitan, é -mandóle que las diese; y porque rogamos por él, se las dejó, creyendo -que eran de oro. - -Tambien me acuerdo que un soldado que se decia Bartolomé Pardo fué á -una casa de ídolos, que ya he dicho que se decia cues, que es como -quien dice casa de sus dioses, que estaba en un cerro alto, y en -aquella casa halló muchos ídolos, é copal, que es como incienso, que -es con que zahuman, y cuchillos de pedernal, con que sacrificaban ó -retajaban, é unas arcas de madera, y en ellas muchas piezas de oro, -que eran diademas é collares, é dos ídolos, y otros como cuentas; y -aquel oro tomó el soldado para sí, y los ídolos del sacrificio trujo al -capitan. - -Y no faltó quien le vió é lo dijo al Grijalva, y se lo queria tomar; é -rogámosle que se lo dejase; y como era de buena condicion, que sacado -el quinto de S. M., que lo demás fuese para el pobre soldado; y no -valía ochenta pesos. - -Tambien quiero decir cómo yo sembré unas pepitas de naranjas junto -á otras casas de ídolos, y fué desta manera: que como habia muchos -mosquitos en aquel rio, fuíme á dormir á una casa alta de ídolos, é -allí junto á aquella casa sembré siete ú ocho pepitas de naranjas que -habia traido de Cuba, é nacieron muy bien; porque parece ser que los -papas de aquellos ídolos les pusieron defensa para que no las comiesen -hormigas, é les regaban é limpiaban desque vieron que eran plantas -diferentes de las suyas. - -He traido aquí esto á la memoria para que se sepa que estos fueron los -primeros naranjos que se plantaron en la Nueva-España, porque despues -de ganado Méjico é pacíficos los pueblos sujetos de Guacacualco, túvose -por la mejor provincia, por causa de estar en la mejor conmodacion de -toda la Nueva-España, así por las minas, que las habia, como por el -buen puerto, y la tierra de suyo rica de oro y de pastos para ganados; -á este efecto se pobló de los más principales conquistadores de Méjico, -é yo fuí uno, é fuí por mis naranjos y traspúselos, é salieron muy -buenos. - -Bien sé que dirán que no hace al propósito de mi relacion estos cuentos -viejos, y dejallos; é diré como quedaron todos los indios de aquellas -provincias muy contentos, é luego nos embarcamos y vamos la vuelta de -Cuba, y en cuarenta y cinco dias, unas veces con buen tiempo y otras -veces con contrario, llegamos á Santiago de Cuba, donde estaba el -gobernador Diego Velazquez, y él nos hizo buen recibimiento; y desque -vió el oro que traiamos, que seria cuatro mil pesos, é con el que trujo -primero el capitan Pedro de Albarado seria por todo unos veinte mil -pesos, unos decian más é otros decian ménos, é los oficiales de S. M. -sacaron el Real quinto; é tambien trujeron las seiscientas hachas -que parecian de oro, é cuando las trujeron para quintar estaban tan -mohosas, en fin como cobre que era, y allí hubo bien que reir y decir -de la burla y del rescate. - -Y el Diego Velazquez con todo esto estaba muy contento, puesto que -parecia estar mal con el pariente Grijalva; é no tenia razon, sino que -el Alfonso de Ávila era mal acondicionado, y decia que el Grijalva era -para poco, é no faltó el capitan Montejo que le ayudó del mal. - -Y cuando esto pasó, ya habia otras pláticas para enviar otra armada, é -á quién elegirian por capitan. - - - - -CAPÍTULO XVII. - -CÓMO DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ Á CASTILLA Á SU PROCURADOR. - - -Y aunque les parezca á los lectores que va fuera de nuestra relacion -esto que yo traigo aquí á la memoria ántes que entre en lo del capitan -Hernando Cortés, conviene que se diga por las causas que adelante se -verán, é tambien porque en un tiempo acaecen dos ó tres cosas, y por -fuerza hemos de hablar de una, la que más viene al propósito. - -Y el caso es que, como ya he dicho, cuando llegó el capitan Pedro -de Albarado á Santiago de Cuba con el oro que hubimos de las tierras -que descubrimos, y el Diego Velazquez temió que primero que él -hiciese relacion á su majestad, que algun caballero privado en córte -tenia relacion dello y le hurtaba la bendicion, á esta causa envió -el Diego Velazquez á un su Capellan, que se decia Benito Martinez, -hombre que entendia muy bien de negocios, á Castilla con probanzas, -é cartas para don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, é se -nombraba Arzobispo de Rosano, y para el licenciado Luis Zapata é para -el secretario Lope Conchillos, que en aquella sazon entendian en las -cosas de las Indias, y Diego Velazquez era muy servidor del Obispo y -de los demás oidores, y como tal les dió pueblos de indios en la isla -de Cuba, que les sacaban oro de las minas, é á esta causa hacia mucho -por el Diego Velazquez, especialmente el Obispo de Búrgos, é no dió -ningun pueblo de indios á su majestad, porque en aquella sazon estaba -en Flandes; y demás de les haber dado los indios que dicho tengo, -nuevamente envió á estos oidores muchas joyas de oro de lo que habiamos -enviado con el capitan Albarado, que eran veinte mil pesos, segun dicho -tengo, é no se haria otra cosa en el Real Consejo de Indias sino lo -que aquellos señores mandaban; é lo que enviaba á negociar el Diego -Velazquez era que le diesen licencia para rescatar é conquistar é -poblar en todo lo que habia descubierto y en lo que más descubriese, y -decia en sus relaciones é cartas que habia gastado muchos millares de -pesos de oro en el descubrimiento. - -Por manera que el Capellan Benito Martinez fué á Castilla y negoció -todo lo que pidió, é aun más cumplidamente; que trujo provision para -el Diego Velazquez para ser adelantado de la isla de Cuba. Pues ya -negociado lo aquí por mí dicho, no dieron tan presto los despachos, que -primero no saliese Cortés con otra armada. - -Quedarse ha aquí, así los despachos del Diego Velazquez como la armada -de Cortés, é diré cómo estando escribiendo esta relacion vi una -corónica del coronista Francisco Lopez de Gómora, y habla en lo de las -conquistas de la Nueva-España é Méjico, é lo que sobre ello me parece -declarar, adonde hubiere contradicion sobre lo que dice el Gómora, -lo diré segun y de la manera que pasó en las conquistas, y va muy -diferente de lo que escribe, porque todo es contrario de la verdad. - - - - -CAPÍTULO XVIII. - -DE ALGUNAS ADVERTENCIAS ACERCA DE LO QUE ESCRIBE FRANCISCO LOPEZ DE -GÓMORA, MAL INFORMADO, EN SU HISTORIA. - - -Estando escribiendo esta relacion, acaso vi una historia de buen -estilo, la cual se nombra de un Francisco Lopez de Gómora, que habla -de las conquistas de Méjico y Nueva-España, y cuando leí su gran -retórica, y como mi obra es tan grosera, dejé de escribir en ella, y -aun tuve vergüenza que pareciese entre personas notables; y estando tan -perplejo como digo, torné á leer y á mirar las razones y pláticas que -el Gómora en sus libros escribió, é vi que desde el principio y medio -hasta el cabo no llevaba buena relacion, y va muy contrario de lo que -fué é pasó en la Nueva-España; y cuando entró á decir de las grandes -ciudades, y tantos números que dice que habia de vecinos en ellas, que -tanto se le dió poner ocho como ocho mil. - -Pues de aquellas grandes matanzas que dice que haciamos, siendo -nosotros obra de cuatrocientos soldados los que andábamos en la guerra, -que harto teniamos de defendernos que no nos matasen ó llevasen de -vencida; que aunque estuvieran los indios atados, no hiciéramos tantas -muertes y crueldades como dice que hicimos; que juro amen que cada dia -estábamos rogando á Dios y Nuestra Señora no nos desbaratasen. - -Volviendo á nuestro cuento, Atalarico, muy bravísimo Rey, é Atila, muy -soberbio guerrero, en los campos catalanes no hicieron tantas muestras -de hombres como dice que haciamos. - -Tambien dice que derrotamos y abrasamos muchas ciudades y templos, que -son sus cues, donde tienen sus ídolos, y en aquello le parece á Gómora -que aplace mucho á los oyentes que leen su historia, y no quiso ver -ni entender cuando lo escribia que los verdaderos conquistadores y -curiosos letores que saben lo que pasó, claramente le dirán que en su -historia en todo lo que escribe se engañó, y si en las demás historias -que escribe de otras cosas va del arte del de la Nueva-España, tambien -irá todo errado; y es lo bueno que ensalza á unos capitanes y abaja -á otros; y los que no se hallaron en las conquistas dice que fueron -capitanes, y que un Pedro Dircio fué por capitan cuando el desbarate -que hubo en un pueblo que le pusieron nombre Almería; porque el que fué -por capitan en aquella entrada fué un Juan de Escalante, que murió en -el desbarate con otros siete soldados; é dice que un Juan Velazquez de -Leon fué á poblar á Guacacualco; mas la verdad es así: que un Gonzalo -de Sandoval, natural de Ávila, lo fué á poblar. - -Tambien dice cómo Cortés mandó quemar un indio que se decia -Quezal-Popoca, capitan de Montezuma, sobre la poblacion que se quemó. -El Gómora no acierta tambien lo que dice de la entrada que fuimos á un -pueblo é fortaleza: Anga Panga escríbelo, mas no como pasó. Y de cuando -en los arenales alzamos á Cortés por capitan general y justicia mayor, -en todo le engañaron. Pues en la toma de un pueblo que se dice Chamula, -en la provincia de Chiapa, tampoco acierta en lo que escribe. - -Pues otra cosa peor dice, que Cortés mandó secretamente barrenar -los once navíos en que habiamos venido; ántes fué público, porque -claramente por consejo de todos los demás soldados mandó dar con ellos -al través á ojos vistas, porque nos ayudase la gente de la mar que en -ellos estaba, á velar y guerrear. - -Pues en lo de Juan de Grijalva, siendo buen capitan, le deshace é -disminuye. Pues en lo de Francisco Fernandez de Córdoba, habiendo él -descubierto lo de Yucatan, lo pasa por alto. Y en lo de Francisco de -Garay dice que vino él primero con cuatro navíos de lo de Pánuco ántes -que viniese con la armada postrera; en lo cual no acierta, como en lo -demás. - -Pues en todo lo que escribe de cuándo vino el capitan Narvaez y de -cómo le desbaratamos, escribe segun é como las relaciones. Pues en las -batallas de Taxcala hasta que hicimos las paces, en todo escribe muy -léjos de lo que pasó. - -Pues las guerras de Méjico de cuando nos desbarataron y echaron de -la ciudad, é nos mataron é sacrificaron sobre ochocientos y sesenta -soldados; digo otra vez sobre ochocientos y sesenta soldados, porque de -mil trecientos que entramos al socorro de Pedro de Albarado, é íbamos -en aquel socorro los de Narvaez é los de Cortés, que eran los mil y -trecientos que he dicho, no escapamos sino cuatrocientos y cuarenta, é -todos heridos, y dícelo de manera como si no fuera nada. - -Pues desque tornamos á conquistar la gran ciudad de Méjico é la -ganamos, tampoco dice los soldados que nos mataron é hirieron en -las conquistas, sino que todo lo hallábamos como quien va á bodas y -regocijos. - -¿Para qué meto yo aquí tanto la pluma en contar cada cosa por sí, que -es gastar papel y tinta? Porque si en todo lo que escribe va de aquesta -arte, es gran lástima; y puesto que él lleve buen estilo, habia de ver -que para que diese fe á lo demás que dice, que en esto se habia de -esmerar. - -Dejemos esta plática, é volveré á mi materia; que despues de bien -mirado todo lo que he dicho que escribe Gómora, que por ser tan léjos -de lo que pasó es en perjuicio de tantos, torno á proseguir en mi -relacion é historia; porque dicen sábios varones que la buena política -y agraciado componer es decir verdad en lo que escribieren, y la mera -verdad resiste á mi rudeza; y mirando en esto que he dicho, acordé de -seguir mi intento con el ornato y pláticas que adelante se verán, para -que salga á luz y se vean las conquistas de la Nueva-España claramente -y como se han de ver, y su majestad sea servido conocer los grandes é -notables servicios que le hicimos los verdaderos conquistadores, pues -tan pocos soldados como venimos á estas tierras con el venturoso y -buen capitan Hernando Cortés, nos pusimos á tan grandes peligros y le -ganamos esta tierra, que es una buena parte de las del Nuevo-Mundo, -puesto que su majestad, como cristiano Rey y señor nuestro, nos lo ha -mandado muchas veces gratificar; y dejaré de hablar acerca de esto, -porque hay mucho que decir. - -Y quiero volver con la pluma en la mano, como el buen piloto lleva la -sonda por la mar, descubriendo los bajos cuando siente que los hay, -así haré yo encaminar á la verdad de lo que pasó la historia del -coronista Gómora, y no será todo en lo que escribe; porque si parte por -parte se hubiese de escribir, seria más la costa en coger la rebusca -que en las verdaderas vendimias. - -Digo que sobre esta mi relacion pueden los coronistas sublimar é dar -loas cuantas quisieren, así al capitan Cortés como á los fuertes -conquistadores, pues tan grande y santa empresa salió de nuestras -manos, pues ello mismo da fe muy verdadera; y no son cuentos de -naciones extrañas, ni sueños ni porfias, que ayer pasó á manera de -decir, sino vean toda la Nueva-España qué cosa es, y lo que sobre ello -escriben. - -Diremos lo que en aquellos tiempos nos hallamos ser verdad, como -testigos de vista, é no estaremos hablando las contrariedades y falsas -relaciones (como decimos) de los que escribieron de oidas, pues sabemos -que la verdad es cosa sagrada, y quiero dejar de más hablar en esta -materia; y aunque habia bien que decir della é lo que sé, sospecho -del coronista que le dieron falsas relaciones cuando hacia aquella -historia; porque toda la honra y prez della la dió sólo al marqués D. -Hernando Cortés, é no hizo memoria de ninguno de nuestros valerosos -capitanes y fuertes soldados; y bien se parece en todo lo que el -Gómora escribe en su historia serle muy aficionado, pues á su hijo, el -marqués que agora es, le eligió su corónica é obra, é la dejó de elegir -á nuestro Rey y señor; y no solamente el Francisco Lopez de Gómora -escribió tantos borrones é cosas que no son verdaderas, de que ha hecho -mucho daño á muchos escritores é coronistas que despues del Gómora han -escrito en las cosas de la Nueva-España, como es el doctor Illescas y -Pablo Iovio, que se van por sus mismas palabras y escriben ni más ni -ménos que el Gómora. - -Por manera que lo que sobre esta materia escribieron es porque les ha -hecho errar el Gómora. - - - - -CAPÍTULO XIX. - -CÓMO VENIMOS OTRA VEZ CON OTRA ARMADA Á LAS TIERRAS NUEVAMENTE -DESCUBIERTAS, Y POR CAPITAN DE LA ARMADA HERNANDO CORTÉS, QUE DESPUES -FUÉ MARQUÉS DEL VALLE, Y TUVO OTROS DITADOS, Y DE LAS CONTRARIEDADES -QUE HUBO PARA LE ESTORBAR QUE NO FUESE CAPITAN. - - -En 15 dias del mes de Noviembre de 1518 años, vuelto el capitan Juan -de Grijalva de descubrir las tierras nuevas (como dicho habemos), el -gobernador Diego Velazquez ordenaba de enviar otra armada muy mayor que -las de ántes, y para ello tenia ya diez navíos en el puerto de Santiago -de Cuba; los cuatro dellos eran en los que volvimos cuando lo de Juan -de Grijalva, porque luego les hizo dar carena y adobar, y los otros -seis recogieron de toda la isla, y los hizo proveer de bastimento, que -era pan cazabe y tocino, porque en aquella sazon no habia en la isla -de Cuba ganado vacuno ni carneros, y este bastimento no era para más -de hasta llegar á la Habana, porque allí habiamos de hacer todo el -matalotaje, como se hizo. - -Y dejemos de hablar en esto, y volvamos á decir las diferencias que -se hubo en elegir capitan para aquel viaje. Habia muchos debates y -contrariedades, porque ciertos caballeros decian que viniese un capitan -muy de calidad, que se decia Vasco Porcallo, pariente cercano del conde -de Feria, y temióse el Diego Velazquez que se alzaria con la armada, -porque era atrevido; otros decian que viniese un Agustin Bermudez ó -un Antonio Velazquez Borrego, ó un Bernardino Velazquez, parientes -del gobernador Diego Velazquez; y todos los más soldados que allí nos -hallamos deciamos que volviese el Juan de Grijalva, pues era buen -capitan y no habia falta en su persona y en saber mandar. - -Andando las cosas y conciertos desta manera que aquí he dicho, dos -grandes privados del Diego Velazquez, que se decian Andrés de Duero, -secretario del mismo gobernador, y un Amador de Larez, contador de -su majestad, hicieron secretamente compañía con un buen hidalgo, que -se decia Hernando Cortés, natural de Medellin, el cual fué hijo de -Martin Cortés de Monroy y de Catalina Pizarro Altamirano, é ámbos -hijosdalgo, aunque pobres; é así era por la parte de su padre Cortés -y Monroy, y la de su madre Pizarro é Altamirano: fué de los buenos -linajes de Extremadura, é tenia indios de encomienda en aquella isla, -é poco tiempo habia que se habia casado por amores con una señora que -se decia doña Catalina Suarez Pacheco, y esta señora era hija de Diego -Suarez Pacheco, ya difunto, natural de la ciudad de Ávila, y de María -de Mercaida, vizcaina y hermana de Juan Suarez Pacheco; y este, despues -que se ganó la Nueva-España, fué vecino y encomendado en Méjico; y -sobre este casamiento de Cortés le sucedieron muchas pesadumbres y -prisiones, porque Diego Velazquez favoreció las partes della, como -más largo contarán otros; y así pasaré adelante y diré acerca de -la compañía, y fué desta manera: que concertaron estos dos grandes -privados del Diego Velazquez que le hiciesen dar á Hernando Cortés -la capitanía general de toda la armada, y que partirian entre todos -tres la ganancia del oro y plata y joyas de la parte que le cupiese á -Cortés; porque secretamente el Diego Velazquez enviaba á rescatar, y no -á poblar. - -Pues hecho este concierto, tienen tales modos el Duero y el contador -con el Diego Velazquez, y le dicen tan buenas y melosas palabras, -loando mucho á Cortés, que es persona en quien cabe aquel cargo, y para -capitan muy esforzado y que le seria muy fiel, pues era su ahijado, -porque fué su padrino cuando Cortés se veló con doña Catalina Suarez -Pacheco; por manera que le persuadieron á ello y luego se eligió -por capitan general; y el Andrés de Duero, como era secretario del -gobernador, no tardó en hacer las provisiones, como dice en el refran, -de muy buena tinta, y como Cortés las quiso bastantes, y se las trujo -firmadas. - -Ya publicada su eleccion, á unas personas les placia y á otras les -pesaba. Y un domingo, yendo á Misa el Diego Velazquez, como era -gobernador, íbanle acompañando las más nobles personas y vecinos que -habia en aquella villa, y llevaba á Hernando Cortés á su lado derecho -por le honrar; é iba delante del Diego Velazquez un truhan que se decia -Cervantes el Loco, haciendo gestos y chocarrerías: - -—«Á la gala de mi amo; Diego, Diego, ¿qué capitan has elegido? Que es -de Medellin de Extremadura, capitan de gran ventura. Mas temo, Diego, -no se te alce con la armada; que le juzgo por muy gran varon en sus -cosas.» - -Y decia otras locuras, que todas iban inclinadas á malicia. Y porque lo -iba diciendo de aquella manera le dió de pescozazos el Andrés de Duero, -que iba allí junto con Cortés, y le dijo: - -—«Calla, borracho, loco, no seas más bellaco; que bien entendido tenemos -que esas malicias, so color de gracias no salen de tí.» - -Y todavía el loco iba diciendo: - -—«Viva, viva la gala de mi amo Diego y del su venturoso capitan -Cortés. É juro á tal, mi amo Diego, que por no te ver llorar tu mal -recaudo que ahora has hecho yo me quiero ir con Cortés á aquellas ricas -tierras.» - -Túvose por cierto que dieron los Velazquez parientes del gobernador -ciertos pesos de oro á aquel chocarrero porque dijese aquellas -malicias, so color de gracias. - -Y todo salió verdad como lo dijo. Dicen que los locos muchas veces -aciertan en lo que hablan; y fué elegido Hernando Cortés, por la gracia -de Dios, para ensalzar nuestra santa fe y servir á su majestad, como -adelante se dirá. - - - - -CAPÍTULO XX. - -DE LAS COSAS QUE HIZO Y ENTENDIÓ EL CAPITAN HERNANDO CORTÉS DESPUES QUE -FUÉ ELEGIDO POR CAPITAN, COMO DICHO ES. - - -Pues como ya fué elegido Hernando Cortés por general de la armada que -dicho tengo, comenzó á buscar todo género de armas, así escopetas como -pólvora y ballestas, é todos cuantos pertrechos de guerra pudo haber -y buscar, todas cuantas maneras de rescate, y tambien otras cosas -pertenecientes para aquel viaje. - -É demás desto, se comenzó de pulir é abellidar en su persona mucho más -que de ántes, é se puso un penacho de plumas con su medalla de oro, -que le parecia muy bien. Pues para hacer aquestos gastos que he dicho -no tenia de qué, porque en aquella sazon estaba muy adeudado y pobre, -puesto que tenia buenos indios de encomienda y le daban buena renta de -las minas de oro; más todo lo gastaba en su persona y en atavíos de su -mujer, que era recien casado. - -Era apacible en su persona y bien quisto y de buena conversacion, y -habia sido dos veces alcalde en la villa de Santiago de Boroco, adonde -era vecino, porque en aquestas tierras se tiene por mucha honra. - -Y como ciertos mercaderes amigos suyos, que se decian Jaime Tria -ó Gerónimo Tria y un Pedro de Jerez, le vieron con capitanía y -prosperado, le prestaron cuatro mil pesos de oro y le dieron otras -mercaderías sobre la renta de sus indios, y luego hizo hacer unas -lazadas de oro, que puso en una ropa de terciopelo, y mandó hacer -estandartes y banderas labradas de oro, con las armas Reales y una cruz -de cada parte, juntamente con las armas de nuestro Rey y Señor, con un -letrero en latin, que decia: «Hermanos, sigamos la señal de la Santa -Cruz con fe verdadera, que con ella venceremos;» y luego mandó dar -pregones y tocar sus atambores y trompetas en nombre de su majestad, y -en su Real nombre por Diego Velazquez, para cualesquier personas que -quisiesen ir en su compañía á las tierras nuevamente descubiertas á las -conquistar y doblar, les darian sus partes del oro, plata y joyas que -se hubiese, y encomiendas de indios despues de pacificada, y que para -ello tenia el Diego Velazquez de su majestad. - -É puesto que se pregonó aquesto de la licencia del Rey nuestro Señor, -aún no habia venido con ella de Castilla el Capellan Benito Martinez, -que fué el que Diego Velazquez hubo despachado á Castilla para que le -trujese, como dicho tengo en el capítulo que dello habla. - -Pues como se supo esta nueva en toda la isla de Cuba, y tambien Cortés -escribió á todas las villas á sus amigos que se aparejasen para ir -con él á aquel viaje, unos vendian sus haciendas para buscar armas -y caballos, otros comenzaban á hacer cazabe y salar tocinos para -matalotaje, y se colchaban armas y se apercebian de lo que habian -menester lo mejor que podian. - -De manera que nos juntamos en Santiago de Cuba, donde salimos con el -armada, más de trescientos soldados; y de la casa del mismo Diego -Velazquez vinieron los más principales que tenia en su servicio, que -era un Diego de Ordás, su mayordomo mayor, y á este el mismo Velazquez -lo envió para que mirase y entendiese no hubiese alguna mala trama en -la armada; que siempre se temió de Cortés, aunque lo disimulaba; y vino -un Francisco de Morla y un Escobar y un Heredia, y Juan Ruano y Pedro -Escudero, y un Martin Ramos de Lares, vizcaino, y otros muchos que eran -amigos y paniaguados del Diego Velazquez. É yo me pongo á la postre, -ya que estos soldados pongo aquí por memoria, y no á otros, porque en -su tiempo y sazon los nombraré á todos los que se me acordare. - -Y como Cortés andaba muy solícito en aviar su armada, y en todo se -daba mucha priesa, como ya la malicia y envidia reinaba siempre en -aquellos deudos del Diego Velazquez, estaban afrentados como no se -fiaba el pariente dellos, y dió aquel cargo y capitanía á Cortés, -sabiendo que le habia tenido por su grande enemigo pocos dias habia -sobre el casamiento de la mujer de Cortés, que se decia Catalina Suarez -la Marcaida (como dicho tengo); y á esta causa andaban mormurando del -pariente Diego de Velazquez y aun de Cortés, y por todas las vías que -podian la revolvian con el Diego Velazquez para que en todas maneras le -revocasen el poder; de lo cual tenia dello aviso el Cortés, y á esta -causa no se quitaba de la compañía de estar con el gobernador y siempre -mostrándose muy gran su servidor. Él decia que le habia de hacer muy -ilustre señor é rico en poco tiempo. - -Y demás desto, el Andrés de Duero avisaba siempre á Cortés que se diese -priesa en embarcar, porque ya tenian trastrocado al Diego Velazquez con -importunidad de aquellos sus parientes los Velazquez. Y desque aquello -vió Cortés, mandó á su mujer doña Catalina Suarez la Marcaida que todo -lo que hubiese de llevar de bastimentos y otros regalos que suelen -hacer para sus maridos, en especial para tal jornada, se llevase luego -á embarcar á los navíos. - -É ya tenia mandado apregonar é apregonado, é apercebidos á los maestres -y pilotos y á todos los soldados, que para tal dia y noche no quedase -ninguno en tierra. - -Y desque aquello tuvo mandado y los vió todos embarcados, se fué á -despedir del Diego Velazquez, acompañado de aquellos sus grandes -amigos y compañeros, Andrés de Duero y el contador Amador de Lares, -y todos los más nobles vecinos de aquella villa; y despues de muchos -ofrecimientos y abrazos de Cortés al gobernador y del gobernador á -Cortés, se despidió dél; y otro dia muy de mañana, despues de haber -oido Misa, nos fuimos á los navíos, y el mismo Diego Velazquez le tornó -á acompañar, y otros muchos hidalgos, hasta acercarnos á la vela, y -con próspero tiempo en pocos dias llegamos á la villa de la Trinidad; -y tomado puerto y saltados en tierra, lo que allí le avino á Cortés -adelante se dirá. - -Aquí en esta relacion verán lo que á Cortés le acaeció y las -contrariedades que tuvo hasta elegir por capitan y todo lo demás ya -por mí dicho; y sobre ello miren lo que dice Gómora en su historia, y -hallarán ser muy contrario lo uno de lo otro, y cómo á Andrés de Duero, -siendo secretario que mandaba la isla de Cuba, le hace mercader, y al -Diego de Ordás, que vino ahora con Cortés, dijo que habia venido con -Grijalva. - -Dejemos al Gómora y á su mala relacion, y digamos cómo desembarcamos -con Cortés en la villa de la Trinidad. - - - - -CAPÍTULO XXI. - -DE LO QUE CORTÉS HIZO DESQUE LLEGÓ Á LA VILLA DE LA TRINIDAD, Y DE LOS -CABALLEROS Y SOLDADOS QUE ALLÍ NOS JUNTAMOS PARA IR EN SU COMPAÑÍA, Y -DE LO QUE MÁS LE AVINO. - - -É así como desembarcamos en el puerto de la villa de la Trinidad, y -salidos en tierra, y como los vecinos lo supieron, luego fueron á -recibir á Cortés y á todos nosotros los que veniamos en su compañía, y -á darnos el parabien venido á su villa, y llevaron á Cortés á aposentar -entre los vecinos, porque habia en aquella villa poblados muy buenos -hidalgos; y luego mandó Cortés poner su estandarte delante de su posada -y dar pregones, como se habia hecho en la villa de Santiago, y mandó -buscar todas las ballestas y escopetas que habia, y comprar otras cosas -necesarias y aun bastimentos; y de aquesta villa salieron hidalgos para -ir con nosotros, y todos hermanos, que fué el capitan Pedro Albarado -y Gonzalo de Albarado y Jorge de Albarado y Gonzalo y Gomez é Juan de -Albarado el viejo, que era bastardo; el capitan Pedro de Albarado es el -por muy muchas veces nombrado; é tambien salió de aquesta villa Alonso -de Ávila, natural de Ávila, capitan que fué cuando lo de Grijalva, é -salió Juan de Escalante é Pedro Sanchez Farfan, natural de Sevilla, y -Gonzalo Mejía, que fué tesorero en lo de Méjico, é un Baena y Juanes -de Fuenterrabia, y Cristóbal de Olí, que fué forzado, que fué maestre -de campo en la toma de la ciudad de Méjico y en todas las guerras de -la Nueva-España, é Ortiz el músico, é un Gaspar Sanchez, sobrino del -tesorero de Cuba, é un Diego de Pineda ó Pinedo, y un Alonso Rodriguez, -que tenia unas minas ricas de oro, y un Bartolomé García y otros -hidalgos que no me acuerdo sus nombres, y todas personas de mucha valía. - -Y desde la Trinidad escribió Cortés á la villa de Santispíritus, -que estaba de allí diez y ocho leguas, haciendo saber á todos los -vecinos cómo iba á aquel viaje á servir á su majestad, y con palabras -sabrosas é ofrecimientos para atraer á sí muchas personas de calidad -que estaban en aquella villa poblados, que se decian Alonso Hernandez -Puertocarrero, primo del conde de Medellin, y Gonzalo de Sandoval, -alguacil mayor é gobernador que fué ocho meses, y capitan que despues -fué en la Nueva-España, y á Juan Velazquez de Leon, pariente del -gobernador Velazquez, y Rodrigo Rangel y Gonzalo Lopez de Jimena y su -hermano Juan Lopez, y Juan Sedeño. - -Este Juan Sedeño era vecino de aquella villa; y declárolo así porque -habia en nuestra armada otros dos Sedeños; y todos estos que he -nombrado, personas muy generosas, vinieron á la villa de la Trinidad, -donde Cortés estaba; y como lo supo que venian, los salió á recibir -con todos nosotros los soldados que estábamos en su compañía, y se -dispararon muchos tiros de artillería y les mostró mucho amor, y ellos -le tenian grande acato. - -Digamos ahora cómo todas las personas que he nombrado, vecinos de -la Trinidad, tenian en sus estancias, donde hacian el pan cazabe, y -manadas de puercos cerca de aquella villa, y cada uno procuró de poner -el más bastimento que podia. - -Pues estando desta manera recogiendo soldados y comprando caballos, -que en aquella sazon é tiempo no los habia, sino muy pocos y caros; y -como aquel hidalgo por mí ya nombrado, que se decia Alfonso Hernandez -Puertocarrero, no tenia caballo ni aun de qué comprallo, Cortés le -compró una yegua rucia y dió por ella unas lazadas de oro que traia en -la ropa de terciopelo que mandó hacer en Santiago de Cuba (como dicho -tengo); y en aquel instante vino un navío de la Habana á aquel puerto -de la Trinidad, que traia un Juan Sedeño, vecino de la misma Habana, -cargado de pan cazabe y tocinos que iba á vender á unas minas de oro -cerca de Santiago de Cuba; y como saltó en tierra el Juan Sedeño, fué -á besar las manos á Cortés, y despues de muchas pláticas que tuvieron, -le compró el navío y tocinos y cazabe fiado, y se fué el Juan de Sedeño -con nosotros. - -Ya teniamos once navíos, y todo se nos hacia prósperamente, gracias -á Dios por ello; y estando de la manera que he dicho, envió Diego -Velazquez cartas y mandamientos para que detengan la armada á Cortés; -lo cual verán adelante lo que pasó. - - - - -CAPÍTULO XXII. - -CÓMO EL GOBERNADOR DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ DOS CRIADOS SUYOS EN POSTA -Á LA VILLA DE LA TRINIDAD CON PODERES Y MANDAMIENTOS PARA REVOCAR Á -CORTÉS EL PODER DE SER CAPITAN Y TOMALLE LA ARMADA, Y LO QUE PASÓ DIRÉ -ADELANTE. - - -Quiero volver algo atrás de nuestra plática, para decir que como -salimos de Santiago de Cuba con todos los navíos de la manera que he -dicho, dijeron á Diego Velazquez tales palabras contra Cortés, que le -hicieron volver la hoja; porque le acusaban que ya iba alzado y que -salió del puerto como á cencerros tapados, y que le habian oido decir -que aunque pesase al Diego Velazquez habia de ser capitan, y que por -este efecto habia embarcado todos sus soldados en los navíos de noche, -para si le quitasen la capitanía por fuerza hacerse á la vela, y que -le habian engañado al Velazquez su secretario Andrés de Duero y el -contador Amador de Lares, y que por tratos que habia entre ellos y -entre Cortés, que le habian hecho dar aquella capitanía. - -É quien más metió la mano en ello para convocar al Diego Velazquez que -le revocase luego el poder eran sus parientes Velazquez, y un viejo que -se decia Juan Millan, que le llamaban el Astrólogo; otros decian que -tenia ramos de locura é que era atronado, y este viejo decia muchas -veces al Diego Velazquez: - -—«Mira, señor, que Cortés se vengará ahora de vos de cuando le -tuvistes preso, y como es mañoso, os ha de echar á perder si no lo -remediais presto.» - -Á estas palabras y otras muchas que le decian dió oidos á ellas, y con -mucha brevedad envió dos mozos de espuelas, de quien se fiaba, con -mandamientos y provisiones para el alcalde mayor de la Trinidad, que se -decia Francisco Verdugo, el cual era cuñado del mismo gobernador; en -las cuales provisiones mandaba que en todo caso le detuviesen el armada -á Cortés, porque ya no era capitan, y le habian revocado poder y dado á -Vasco Porcallo. - -Y tambien traian cartas para Diego de Ordás y para Francisco de Morla y -para todos los amigos y parientes del Diego Velazquez, para que en todo -caso le quitasen la armada. - -Y como Cortés lo supo, habló secretamente al Ordás y á todos aquellos -soldados y vecinos de la Trinidad que le pareció á Cortés que serian -en favorecer las provisiones del gobernador Diego Velazquez, y tales -palabras y ofertas les dijo, que los trujo á su servicio; y aun el -mismo Diego de Ordás habló é invocó luego á Francisco Verdugo, que era -alcalde mayor, que no hablasen en el negocio, sino que lo disimulasen; -y púsole por delante que hasta allí no habia visto ninguna novedad en -Cortés, ántes se mostraba muy servidor del gobernador; é ya que en -algo se quisiesen poner por el Velazquez para quitarle la armada en -aquel tiempo, que Cortés tenia muchos hidalgos por amigos, y enemigos -del Diego Velazquez porque no les habia dado buenos indios; y demás -de los hidalgos sus amigos, tenia grande copia de soldados y estaba -muy pujante, y que seria meter zizaña en la villa, é que por ventura -los soldados le darian sacomano é le robarian é harian otro peor -desconcierto; y así, se quedó sin hacer bullicio; y el un mozo de -espuelas de los que traian las cartas y recaudos se fué con nosotros, -el cual se decia Pedro Laso, y con el otro mensajero escribió Cortés -muy mansa y amorosamente al Diego Velazquez que se maravillaba de su -merced de haber tomado aquel acuerdo, y que su deseo es servir á Dios y -á S. M., y á él en su Real nombre; y que le suplicaba que no oyese más -á aquellos señores sus deudos los Velazquez, ni por un viejo loco, como -era Juan Millan, se mudase. - -Y tambien escribió á todos sus amigos, en especial al Duero y al -contador, sus compañeros: y despues de haber escrito, mandó entender á -todos los soldados en aderezar armas, y á los herreros que estaban en -aquella villa, que siempre hiciesen casquillos, y á los ballesteros que -desbastasen almacen para que tuviesen muchas saetas, y tambien atrujo y -convocó á los herreros que se fuesen con nosotros, y así lo hicieron; y -estuvimos en aquella villa doce dias, donde lo dejaré, y diré cómo nos -embarcamos para ir á la Habana. - -Tambien quiero que vean los que esto leyeren la diferencia que hay de -la relacion de Francisco Gómora cuando dice que envió á mandar Diego -Velazquez á Ordás que convidase á comer á Cortés en un navío y lo -llevase preso á Santiago. Y pone otras cosas en su corónica, que por -no me alargar lo dejo de decir, y al parecer de los curiosos letores -si lleva mejor camino lo que se vió por vista de ojos ó lo que dice el -Gómora que no lo vió. - -Volvamos á nuestra materia. - - - - -CAPÍTULO XXIII. - -CÓMO EL CAPITAN HERNANDO CORTÉS SE EMBARCÓ CON TODOS LOS DEMÁS -CABALLEROS Y SOLDADOS PARA IR POR LA BANDA DEL SUR AL PUERTO DE LA -HABANA, Y ENVIÓ OTRO NAVÍO POR LA BANDA DEL NORTE AL MISMO PUERTO, Y LO -QUE MÁS LE ACAECIÓ. - - -Despues que Cortés vió que en la villa de la Trinidad no teniamos en -qué entender, apercibió á todos los caballeros y soldados que allí se -habian juntado para ir en su compañía, que embarcasen juntamente con él -en los navíos que estaban en el puerto de la banda del Sur, y los que -por tierra quisiesen ir, fuesen hasta la Habana con Pedro de Albarado, -para que fuese recogiendo más soldados, que estaban en unas estancias -que era camino de la misma Habana; porque el Pedro de Albarado era -muy apacible, y tenia gracia en hacer gente de guerra. Yo fuí en su -compañía por tierra, y más de otros cincuenta soldados. - -Dejemos esto, y diré que tambien mandó Cortés á un hidalgo que se decia -Juan de Escalante, muy su amigo, que se fuese en un navío por la banda -del norte. Y tambien mandó que todos los caballos fuesen por tierra. - -Pues ya despachado todo lo que dicho tengo, Cortés se embarcó en la nao -capitana con todos los navíos para ir la derrota en la Habana. - -Parece ser que los naos que llevaba en conserva no vieron á la -capitana, donde iba Cortés, porque era de noche, y fueron al puerto; -y asimismo llegamos por tierra con Pedro de Albarado á la villa de la -Habana; y el navío en que venia Juan de Escalante por la banda del -norte tambien habia llegado, y todos los caballos que iban por tierra; -y Cortés no vino, ni sabia dar razon dél ni dónde quedaba, y pasáronse -cinco dias, y no habia nuevas ningunas de su navío, y teniamos -sospechas no se hubiese perdido en los Jardines, que es cerca de las -islas de Pinos, donde hay muchos bajos, que son diez ó doce leguas de -la Habana; y fué acordada por todos nosotros que fuesen tres navíos -de los de ménos porte en busca de Cortés; y sin aderezar los navíos -y en debates, vaya Fulano, vaya Zutano, ó Pedro ó Sancho, se pasaron -otros dos dias y Cortés no venia; y habia entre nosotros bandos y medio -chirinolas sobre quién seria capitan hasta saber de Cortés; y quien -más en ello metió la mano fué Diego de Ordás, como mayordomo mayor del -Velazquez, á quien enviaba para entender solamente en lo de la armada, -no se le alzase con ella. - -Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que como venia en el navío de mayor -porte (como ántes tengo dicho), en el paraje de la isla de Pinos ó -cerca de los Jardines hay muchos bajos, parece ser tocó y quedó algo -en seco el navío, é no pudo navegar, y con el batel mandó descargar -toda la carga que se pudo sacar, porque allí cerca habia tierra, donde -lo descargaron; y desque vieron que el navío estuvo en floto y podia -nadar, le metieron en más hondo, y tornaron á cargarlo que habian -descargado en tierra, y dió vela; y fué su viaje hasta el puerto de -la Habana; y cuando llegó, todos los más de los caballeros y soldados -que le aguardábamos nos alegramos con su venida salvo algunos que -pretendian ser capitanes; y cesaron las chirinolas. - -Y despues que le aposentamos en la casa de Pedro Barba, que era -teniente de aquella villa por el Diego Velazquez, mandó sacar sus -estandartes y ponellos delante de las casas donde posaba; y mandó dar -pregones segun y de la manera de los pasados, y de allí de la Habana -vino un hidalgo que se decia Francisco de Montejo, y este es el por mí -muchas veces nombrado, que, despues de ganado Méjico fué adelantado y -gobernador de Yucatan y Honduras; y vino Diego de Soto el de Toro, que -fué mayordomo de Cortés en lo de Méjico; y vino un Angulo, Garci Caro -y Sebastian Rodriguez y un Pacheco, y un fulano Gutierrez, y un Rojas -(no digo Rojas el Rico), y un mancebo que se decia Santa Clara, y dos -hermanos que se decian los Martinez del Fregenal, y un Juan de Najara -(no lo digo por el sordo, el del juego de la pelota de Méjico), y todas -personas de calidad, sin otros soldados que no me acuerdo sus nombres. - -Y cuando Cortés los vió todos aquellos hidalgos y soldados juntos -se holgó en grande manera, y luego envió un navío á la punta de -Guaniguanico, á en pueblo que allí estaba de indios, adonde hacian -cazabe y tenian muchos puercos, para que cargase el navío de tocinos, -porque aquella estancia era del gobernador Diego Velazquez; y envió -por capitan del navío al Diego de Ordás, como mayordomo mayor de -las haciendas del Velazquez, y envióle por tenelle apartado de sí; -porque Cortés supo que no se mostró mucho en su favor cuando hubo las -contiendas sobre quién seria capitan cuando Cortés estaba en la isla -de Pinos, que tocó su navío, y por no tener contraste en su persona -le envió; y le mandó que despues que tuviese cargado el navío de -bastimentos, se estuviese aguardando en el mismo puerto de Guaniguanico -hasta que se juntase con otro navío que habia de ir por la banda del -norte, y que irian ámbos en conserva hasta lo de Cozumel, ó le avisaria -con indios en canoas lo que habia de hacer. - -Volvamos á decir del Francisco de Montejo y de todos aquellos vecinos -de la Habana, que metieron mucho matalotaje de cazabe y tocinos, que -otra cosa no habia; y luego Cortés mandó sacar toda la artillería de -los navíos, que eran diez tiros de bronce y ciertos falconetes, y dió -cargo dellos á un artillero que se decia Mesa y á un levantisco que se -decia Arbenga y á un Juan Catalan, para que los limpiasen y probasen y -para que las pelotas y pólvora todo lo tuviesen muy á punto; é dióles -vino y vinagre con que lo refinasen; y dióles por compañero á uno que -se decia Bartolomé de Usagre. - -Asimismo mandó aderezar las ballestas y cuerdas, y nueces y almacen, é -que tirasen á terrero, é que mirasen á cuántos pasos llegaba la fuga de -cada una dellas. - -Y como en aquella tierra de la Habana habia mucho algodon, hicimos -armas muy bien colchadas, porque son buenas para entre indios, porque -es mucha la vara y flecha y lanzadas que daban, pues piedra era como -granizo; y allí en la Habana comenzó Cortés á poner casa y á tratarse -como señor, y el primer maestresala que tuvo fué un Guzman, que -luego se murió ó mataron indios; no digo por el mayordomo Cristóbal -de Guzman, que fué de Cortés, que prendió Gutemuz cuando la guerra de -Méjico. Y tambien tuvo Cortés por camarero á un Rodrigo Rangel, y por -mayordomo á un Juan de Cáceres, que fué, despues de ganado Méjico, -hombre rico. - -Y todo esto ordenado, nos mandó apercebir para embarcar, y que los -caballos fuesen repartidos en todos los navíos: hicieron pesebrera, y -metieron mucho maíz y yerba seca. - -Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y yeguas que pasaron. - -El capitan Cortés, un caballo castaño zaino, que luego se le murió en -San Juan de Ulúa. - -Pedro de Albarado y Hernando Lopez de Ávila, una yegua castaña muy -buena, de juego y de carrera, y de que llegamos á la Nueva-España el -Pedro de Albarado le compró la mitad de la yegua, ó se la tomó por -fuerza. - -Alonso Hernandez Puertocarrero, una yegua rucia de buena carrera, que -le compró Cortés por las lazadas de oro. - -Juan Velazquez de Leon, otra yegua rucia muy poderosa, que llamábamos -la Rabona, muy revuelta y de buena carrera. - -Cristóbal de Olí, un caballo castaño oscuro, harto bueno. - -Francisco de Montejo y Alonso de Ávila, un caballo alazan tostado: no -fué para cosa de guerra. - -Francisco de Morla, un caballo castaño oscuro, gran corredor y revuelto. - -Juan de Escalante, un caballo castaño claro, tresalvo, no fué bueno. - -Diego de Ordás, una yegua rucia, machorra, pasadera aunque corria poco. - -Gonzalo Dominguez, un muy extremado jinete, un caballo castaño oscuro -muy bueno y grande corredor. - -Pedro Gonzalez de Trujillo, un buen caballo castaño, perfecto castaño, -que corria muy bien. - -Moron, vecino del Vaimo, un caballo overo labrado de las manos, y era -bien revuelto. - -Vaena, vecino de la Trinidad, un caballo overo algo sobre morcillo: no -salió bueno. - -Lares, él muy buen jinete, un caballo muy bueno, de color castaño, algo -claro y buen corredor. - -Ortiz el músico, y un Bartolomé García, que solia tener minas de oro, -un muy buen caballo oscuro que decian el Arriero: este fué uno de los -buenos caballos que pasamos en la armada. - -Juan Sedeño, vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió -en el navío. - -Este Juan Sedeño pasó el más rico soldado que hubo en toda la armada, -porque trujo un navío suyo, y la yegua y un negro, é cazabe é tocinos; -porque en aquella sazon no se podia hallar caballos ni negros sino era -á peso de oro, y á esta causa no pasaron más caballos, porque no los -habia. - -Y dejallos hé aquí, y diré lo que allá nos avino, ya que estamos á -punto para nos embarcar. - - - - -CAPÍTULO XXIV. - -CÓMO DIEGO VELAZQUEZ ENVIÓ Á UN SU CRIADO QUE SE DECIA GASPAR DE -GARNICA, CON MANDAMIENTOS Y PROVISIONES PARA QUE EN TODO CASO SE -PRENDIESE Á CORTÉS Y SE LE TOMASE EL ARMADA, Y LO QUE SOBRE ELLO SE -HIZO. - - -Hay necesidad que algunas cosas desta relacion vuelvan muy atrás á -se relatar, para que se entienda bien lo que se escribe; y esto digo -que parece ser que, como el Diego Velazquez vió y supo de cierto que -Francisco Verdugo, su teniente ó cuñado, que estaba en la villa de la -Trinidad, no quiso apremiar á Cortés que dejase el armada, ántes le -favoreció, juntamente con Diego de Ordás, para que saliese, dice que -estaba tan enojado el Diego Velazquez, que hacia bramuras, y decia al -secretario Andrés de Duero y al contador Amador de Lares que ellos le -habian engañado por el trato que hicieron, y que Cortés iba alzado, y -acordó de enviar á un criado con cartas y mandamientos para la Habana á -su teniente, que se decia Pedro Barba, y escribió á todos sus parientes -que estaban por vecinos en aquella villa, y al Diego de Ordás y á -Juan Velazquez de Leon, que eran sus deudos é amigos, rogándoles muy -afectuosamente que en bueno ni en malo no dejasen pasar aquella armada, -y que luego prendiesen á Cortés, y se lo enviasen preso é á buen -recaudo á Santiago de Cuba. - -Llegado que llegó Garnica (que así se decia el que envió con las cartas -y mandamientos á la Habana), se supo lo que traia, y con este mismo -mensajero tuvo aviso Cortés de lo que enviaba el Velazquez, y fué de -esta manera, que parece ser que un fraile de la Merced que se daba por -servidor de Velazquez, que estaba en su compañía del mismo gobernador, -escribia á otro fraile de su órden, que se decia fray Bartolomé de -Olmedo, que iba con Cortés, y en aquella carta del fraile le avisaban -á Cortés sus dos compañeros Andrés del Duero y el Contador de lo que -pasaba: volvamos á nuestro cuento. - -Pues como al Ordás lo habia enviado Cortés á lo de los bastimentos -con el navío (como dicho tengo), no tenia Cortés contraditor sino á -Juan Velazquez de Leon; luego que le habló lo trujo á su mandado, y -especialmente que el Juan Velazquez no estaba bien con el pariente, -porque no le habia dado buenos indios. - -Pues á todos los más que habia escrito el Diego Velazquez, ninguno -le acudia á su propósito; ántes todos á una se mostraron por Cortés, -y el teniente Pedro Barba muy mejor; y demás desto, aquellos -hidalgos Albarados, y el Alonso Hernandez Puertocarrero, y Francisco -de Montejo, y Cristóbal de Olí, y Juan de Escalante, é Andrés -de Monjaraz, y su hermano Gregorio de Monjaraz, y todos nosotros -pusiéramos la vida por el Cortés. - -Por manera que si en la villa de la Trinidad se disimularon los -mandamientos, muy mejor se callaron en la Habana entónces; y con el -mismo Garnica escribió el teniente Pedro Barba al Diego Velazquez, que -no osó prender á Cortés porque estaba muy pujante de soldados, é que -hubo temor no metiese á sacomano la villa y la robase, y embarcase -todos los vecinos y se los llevase consigo. É que, á lo que ha -entendido, que Cortés era su servidor, é que no se atrevió á hacer otra -cosa. - -Y Cortés le escribió al Velazquez con palabras tan buenas y de -ofrecimientos, que los sabia muy bien decir, é que otro dia se haria á -la vela, y que le seria muy servidor. - - - - -CAPÍTULO XXV. - -CÓMO CORTÉS SE HIZO Á LA VELA CON TODA SU COMPAÑÍA DE CABALLEROS Y -SOLDADOS PARA LA ISLA DE COZUMEL, Y LO QUE ALLÍ LE AVINO. - - -No hicimos alarde hasta la villa de Cozumel, más de mandar Cortés -que los caballos se embarcasen; y mandó Cortés á Pedro de Albarado -que fuese por la banda del Norte en un buen navío que se decia San -Sebastian, y mandó al piloto que llevaba el navío que le aguardase -en la punta de San Anton, para que allí se juntase con todos los -navíos para ir en conserva hasta Cozumel, y envió mensajero á Diego -de Ordás, que habia ido por el bastimento, que aguardase que hiciese -lo mismo, porque estaba en la banda del Norte; y en 10 dias del mes -de Febrero, año de 1519, despues de haber oido Misa, nos hicimos á -la vela con nueve navíos por la banda del Sur con la copia de los -caballeros y soldados que dicho tengo, y con los dos navíos de la banda -del Norte (como he dicho), que fueron once con el en que fué Pedro de -Albarado con sesenta soldados, é yo fuí en su compañía, y el piloto -que llevábamos, que se decia Camacho, no tuvo cuenta de lo que le fué -mandado por Cortés y siguió su derrota, y llegamos dos dias ántes que -Cortés á Cozumel, y surgimos en el puerto, ya por mí otras veces dicho -cuando lo de Grijalva; y Cortés aún no habia llegado con su flota, por -causa que un navío en que venia por capitan Francisco de Morla, con -tiempo se le saltó el gobernalle, y fué socorrido con otro gobernalle -de los navíos que venian con Cortés, y vinieron todos en conserva. - -Volvamos á Pedro de Albarado, que así como llegamos al puerto saltamos -en tierra en el pueblo de Cozumel con todos los soldados, y no hallamos -indios ningunos, que se habian ido huyendo; y mandó que luego fuésemos -á otro pueblo que estaba de allí una legua, y tambien se amontaron -é huyeron los naturales, y no pudieron llevar su hacienda, y dejaron -gallinas é otras cosas; y de las gallinas mandó Pedro de Albarado que -tomasen hasta cuarenta dellas, y tambien en una casa de adoratorios -de ídolos tenian unos paramentos de mantas viejas é unas arquillas -donde estaban unas como diademas é ídolos, cuentas é pinjantillos de -oro bajo, é tambien se les tomó dos indios é una india, y volvimos al -pueblo donde desembarcamos. - -Estando en esto llegó Cortés con todos los navíos, y despues de -aposentado, la primera cosa que se hizo fué mandar echar preso en -grillos al piloto Camacho porque no aguardó en la mar, como lo fué -mandado. - -Y desque vió al pueblo sin gente, y supo cómo Pedro de Albarado habia -ido al otro pueblo, é que les habia tomado gallinas é paramentos y -otras cosillas de poco valor, de los ídolos y el oro medio cobre, -mostró tener mucho enojo dello y de cómo no aguardó el piloto; y -reprendióle gravemente al Pedro de Albarado, y le dijo que no se habian -de apaciguar las tierras de aquella manera, tomando á los naturales su -hacienda; y luego mandó traer á los dos indios y la india que habiamos -tomado, y con Melchorejo, que llevábamos de la Punta de Cotoche, -que entendia bien aquella lengua, les habló, porque Julianillo su -compañero se habia muerto, que fuesen á llamar los caciques é indios -de aquel pueblo, y que no hubiesen miedo, y les mandó volver el oro -é paramentos y todo lo demás, é por las gallinas, que ya se habian -comido, les mandó dar cuentas é cascabeles, é más dió á cada indio una -camisa de Castilla. - -Por manera que fueron á llamar el señor de aquel pueblo, é otro dia -vino el cacique con toda su gente, hijos y mujeres de todos los del -pueblo, y andaban entre nosotros como si toda su vida nos hubieran -tratado; é mandó Cortés que no se les hiciese enojo ninguno. - -Aquí en esta isla comenzó Cortés á mandar muy de hecho, y nuestro -Señor le daba gracia que do quiera que ponia la mano se le hacia bien -especial en pacificar los pueblos y naturales de aquellas partes, como -adelante verán. - - - - -CAPÍTULO XXVI. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER ALARDE DE TODO SU EJÉRCITO, Y DE LO QUE MÁS NOS -AVINO. - - -De allí á tres dias que estábamos en Cozumel mandó Cortés hacer alarde -para ver qué tantos soldados llevaba, é halló por su cuenta que éramos -quinientos y ocho, sin maestres y pilotos é marineros, que serian -ciento y nueve, y diez y seis caballos é yeguas, las yeguas todas -eran de juego y de carrera, é once navíos grandes y pequeños, con uno -que era como bergantin, que traia á cargo un Ginés Nortes, y eran -treinta y dos ballesteros y trece escopeteros, que así se llamaban en -aquel tiempo, é tiros de bronce é cuatro falconetes, é mucha pólvora é -pelotas, y esto desta cuenta de los ballesteros no se me acuerda bien, -no hace al caso de la relacion; y hecho el alarde, mandó á Mesa el -artillero, que así se llamaba, é á un Bartolomé de Usagre, é Arbenga é -á un catalan, que todos eran artilleros, que lo tuviesen muy limpio é -aderezado, é los tiros y pelotas muy á punto, juntamente con la pólvora. - -Puso por capitan de la artillería á un Francisco de Orozco, que habia -sido buen soldado en Italia; asimismo mandó á los ballesteros, maestros -de aderezar ballestas, que se decian Juan Benitez y Pedro de Guzman -el Ballestero, que mirasen que todas las ballestas tuviesen á dos y á -tres nueces é otras tantas cuerdas, y que siempre tuviesen cepillo é -ingijuela, y tirasen á terrero, y que caballos estuviesen á punto. - -No sé yo en qué gasto ahora tanta tinta en meter la mano en cosas de -apercibimiento de armas y de lo demás; porque Cortés verdaderamente -tenia grande vigilancia en todo. - - - - -CAPÍTULO XXVII. - -CÓMO CORTÉS SUPO DE DOS ESPAÑOLES QUE ESTABAN EN PODER DE INDIOS EN LA -PUNTA DE COTOCHE, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Como Cortés en todo ponia gran diligencia, me mandó llamar á mí é á un -vizcaino que se llamaba Martin Ramos, é nos preguntó que qué sentiamos -de aquellas palabras que nos hubieron dicho los indios de Campeche -cuando venimos con Francisco Hernandez de Córdoba, que decian Castilan, -Castilan, segun lo he dicho en el capítulo que dello habla; y nosotros -se lo tornamos á contar segun y de la manera que lo habiamos visto é -oido, é dijo que ha pensado en ello muchas veces, é que por ventura -estarian algunos españoles en aquellas tierras, é dijo: - -—«Paréceme que será bien preguntar á estos caciques de Cozumel si -sabian alguna nueva dellos.» - -É con Melchorejo, el de la Punta de Cotoche, que entendia ya poca -cosa la lengua de Castilla, é sabia muy bien la de Cozumel, se lo -preguntó á todos los principales, é todos á una dijeron que habian -conocido ciertos españoles, é daban señas dellos, y que en la tierra -adentro, andadura de dos soles, estaban, y los tenian por esclavos -unos caciques, y que allí en Cozumel habia indios mercaderes que les -hablaron pocos dias habia; de lo cual todos nos alegramos con aquellas -nuevas. - -É díjoles Cortés que luego les fuesen á llamar con carta, que en su -lengua llaman _amales_, é dió á los caciques y á los indios que fueron -con las cartas, camisas, y los halagó, y les dijo que cuando volviesen -les darian más cuentas; y el cacique dijo á Cortés que enviase rescate -para los amos con quien estaban, que los tenian por esclavos, porque -los dejasen venir; y así se hizo, que se les dió á los mensajeros de -todo género de cuentas, y luego mandó apercebir dos navíos, los de -ménos porte, que el uno era poco mayor que bergantin, y con veinte -ballesteros y escopeteros, y por capitan dellos á Diego de Ordás; y -mandó que estuviesen en la costa de la Punta de Cotoche, aguardando -ocho dias con el navío mayor: y entre tanto que iban y venian con -la respuesta de las cartas, con el navío pequeño volviesen á dar la -respuesta á Cortés de lo que hacian, porque estaba aquella tierra de la -Punta de Cotoche obra de cuatro leguas, y se parece la una tierra desde -la otra; y escrita la carta, decia en ella: - - «Señores y hermanos: Aquí en Cozumel he sabido que estais en - poder de un cacique detenidos, y os pido por merced que luego - os vengais aquí en Cozumel, que para ello envio un navío con - soldados, si los hubiéredes menester, y rescate para dar á esos - indios con quien estais y lleva el navío de plazo ocho dias - para su aguardar. Veníos con toda brevedad; de mí sereis bien - mirados y aprovechados. Yo quedo aquí en esta isla con quinientos - soldados y once navíos; en ellos voy mediante Dios, la via de un - pueblo que se dice Tabasco ó Potonchan, etc.» - -Luego se embarcaron en los navíos con las cartas y los dos indios -mercaderes de Cozumel que las llevaban, y en tres horas atravesaron -el golfete, y echaron en tierra los mensajeros con las cartas y el -rescate, y en dos dias las dieron á un español que se decia Jerónimo de -Aguilar, que entónces supimos que así se llamaba, y de aquí adelante -así le nombraré. - -Y desque las hubo leido, y recebido el rescate de las cuentas que le -enviamos, él se holgó con ello y lo llevó á su amo el Cacique para -que le diese licencia; la cual luego la dió para que se fuese adonde -quisiese. - -Caminó el Aguilar adonde estaba su compañero, que se decia Gonzalo -Guerrero, que le respondió: - -—«Hermano Aguilar, yo soy casado, tengo tres hijos, y tiénenme por -cacique y capitan cuando hay guerras: íos vos con Dios; que yo tengo -labrada la cara é horadadas las orejas; ¿qué dirán de mí desque me vean -esos españoles ir desta manera? É ya veis estos mis tres hijitos cuán -bonitos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que -traeis, para ellos, y diré que mis hermanos me las envian de mi tierra.» - -É asimismo la india mujer del Gonzalo habló al Aguilar en su lengua -muy enojada, y le dijo: - -—«Mira con qué viene este esclavo á llamar á mi marido: íos vos, y no -cureis de más pláticas.» - -Y el Aguilar tornó á hablar al Gonzalo que mirase que era cristiano, -que por una india no se perdiese el ánima; y si por mujer é hijos lo -habia, que la llevase consigo si no los queria dejar; y por más que le -dijo é amonestó, no quiso venir. Y parece ser aquel Gonzalo Guerrero -era hombre de la mar, natural de Pálos. - -Y desque el Jerónimo de Aguilar vido que no queria venir, se vino -luego con los dos indios mensajeros adonde habia estado el navío -aguardándole, y desque llegó no le halló; que ya se habia ido, porque -ya se habian pasado los ocho dias, é aun uno más que llevó de plazo de -Ordás para que aguardase; porque desque vió el Aguilar no venia, se -volvió á Cozumel, sin llevar recaudo á lo que habia venido; y desque el -Aguilar vió que no estaba allí el navío, quedó muy triste, y se volvió -á su amo al pueblo donde ántes solia vivir. - -Y dejaré esto, é diré cuando Cortés vió venir al Ordás sin recaudo ni -nueva de los españoles ni de los indios mensajeros, estaba tan enojado, -que dijo con palabras soberbias el Ordás que habia creido que otro -mejor recaudo trajera que no venirse así sin los españoles ni nueva -dellos; porque ciertamente estaban en aquella tierra. - -Pues en aquel instante aconteció que unos marineros que se decian los -Peñates, naturales de Gibraleon, habian hurtado á un soldado que se -decia Berrio ciertos tocinos, y no se los querian dar, y quejóse el -Berrio á Cortés; y tomado juramento á los marineros, se perjuraron, y -en la pesquisa pareció el hurto; los cuales tocinos estaban repartidos -en los siete marineros, é á todos siete los mandó luego azotar; que no -aprovecharon ruegos de ningun capitan. Donde lo dejaré, así esto de -los marineros como esto del Aguilar, é nos iremos sin él nuestro viaje -hasta su tiempo y sazon. - -Y diré cómo venian muchos indios en romería á aquella isla de Cozumel, -los cuales eran naturales de los pueblos comarcanos de la Punta de -Cotoche y de otras partes de tierra de Yucatan; porque, segun pareció, -habia allí en Cozumel ídolos de muy disformes figuras, y estaban en un -adoratorio. - -En aquellos ídolos tenian por costumbre en aquella tierra por aquel -tiempo de sacrificar, y una mañana estaba lleno el patio donde estaban -los ídolos, de muchos indios é indias quemando resina, que es como -nuestro incienso; y como era cosa nueva para nosotros, paramos á mirar -en ello con atencion, y luego se subió encima de un adoratorio un indio -viejo con mantas largas, el cual era Sacerdote de aquellos ídolos (que -ya he dicho otras veces que Papas los llaman en la Nueva-España) é -comenzó á predicalles un rato, é Cortés y todos nosotros miramos en -qué paraba aquel negro sermon; é Cortés preguntó á Melchorejo, que -entendia muy bien aquella lengua, que qué era aquello que decia aquel -indio viejo; é supo que les predicaba cosas malas; é luego mandó llamar -al cacique é á todos los principales é al mesmo papa, é como mejor se -pudo dárselo á entender con aquella nuestra lengua, y les dijo que si -habian de ser nuestros hermanos, que quitasen de aquella casa aquellos -sus ídolos, que eran muy malos é les harian errar, y que no eran -dioses, sino cosas malas, y que les llevarian al infierno sus almas; y -se les dió á entender otras cosas santas é buenas, é que pusiesen una -imágen de Nuestra Señora que les dió, é una cruz, y que siempre serian -ayudados é tendrian buenas sementeras, é se salvarian sus ánimas, y se -les dijo otras cosas acerca de nuestra santa fe, bien dichas. - -Y el papa con los caciques respondieron que sus antepasados adoraban en -aquellos dioses porque eran buenos, é que no se atrevian ellos de hacer -otra cosa, é que se los quitásemos nosotros, y que veriamos cuánto -mal nos iba dello, porque nos iriamos á perder en la mar; é luego -Cortés mandó que los despedazásemos y echásemos á rodar unas gradas -abajo, é así se hizo; y luego mandó traer mucha cal, que habia harta -en aquel pueblo, é indios albañiles, y se hizo un altar muy limpio, -donde pusiésemos la imágen de Nuestra Señora; é mandó á dos de nuestros -carpinteros de lo blanco, que se decian Alonso Yañez é Álvaro Lopez, -que hiciesen una cruz de unos maderos nuevos que allí estaban; la cual -se puso en uno como humilladero que estaba hecho cerca del altar, é -dijo Misa el Padre que se decia Juan Diaz, y el papa é cacique y todos -los indios estaban mirando con atencion. - -Llaman en esta isla de Cozumel á los caciques calachionis, como otra -vez he dicho en lo de Potonchan. - -Y dejallos hé aquí, y pasaré adelante, é diré cómo nos embarcamos. - - - - -CAPÍTULO XXVIII. - -CÓMO CORTÉS REPARTIÓ LOS NAVÍOS Y SEÑALÓ CAPITANES PARA IR EN ELLOS, Y -ASIMISMO SE DIÓ LA INSTRUCCION DE LO QUE HABIAN DE HACER Á LOS PILOTOS, -Y LAS SEÑALES DE LOS FAROLES DE NOCHE, Y OTRAS COSAS QUE NOS AVINO. - - -Cortés, que llevaba la capitana; Pedro de Albarado y sus hermanos, un -buen navío que se decia San Sebastian; Alonso Hernandez Puertocarrero, -otro; Francisco de Montejo, otro buen navío; Cristóbal de Olí, otro; -Diego de Ordás, otro; Juan Velazquez de Leon, otro; Juan de Escalante, -otro; Francisco de Morla, otro; otro de Escobar, el paje, y el más -pequeño, como bergantin, Ginés Nortes, y en cada navío su piloto, y -el piloto mayor Anton de Alaminos, y las instrucciones por donde se -habian de regir é lo que habian de hacer, y de noche las señales de los -faroles; y Cortés se despidió de los caciques é papas, y les encomendó -aquella imágen, de nuestra Señora, é á la cruz que la reverenciasen é -tuviesen limpio y enramado, y verian cuánto provecho dello les venia; é -dijéronle que así lo harian, é trajéronle cuatro gallinas y dos jarros -de miel, y se abrazaron; y embarcados que fuimos en ciertos dias del -mes de Marzo de 1519 años, dimos velas é con muy buen tiempo íbamos -nuestra derrota; é aquel mismo dia á hora de las diez dan desde una nao -grandes voces, é capean é tiran un tiro para que todos los navíos que -veniamos en conserva lo oyesen; y como Cortés lo oyó é vió, se puso -luego en el bordo de la capitana, é vido ir arribando el navío en que -venia Juan de Escalante, que se volvia hácia Cozumel; é dijo Cortés á -otras naos que venian allí cerca: - -—«¿Qué es aquello, qué es aquello?» - -Y un soldado que se decia Zaragoza le respondió que se anegaba el navío -de Escalante, que era adonde iba el cazabe. - -Y Cortés dijo: - -—«Plegue á Dios no tengamos algun desman.» - -Y mandó al piloto Alaminos que hiciese señas á todos los navíos que -arribasen á Cozumel. - -Ese mismo dia volvimos al puerto donde salimos, y descargamos el -cazabe, y hallamos la imágen de nuestra Señora y la cruz muy limpio é -puesto incienso, y dello nos alegramos; é luego vino el Cacique y papas -á hablar á Cortés, y le preguntaron que á qué volviamos; é dijo que -porque hacia agua un navío, que lo queria adobar, y que les rogaba que -con todas sus canoas ayudasen á los bateles á sacar el pan cazabe, y -así lo hicieron; y estuvimos en adobar el navío cuatro dias. - -Y dejemos de más hablar en ello, é diré cómo lo supo el español que -estaba en poder de indios, que se decia Aguilar, y lo que más hicimos. - - - - -CAPÍTULO XXIX. - -CÓMO EL ESPAÑOL QUE ESTABA EN PODER DE INDIOS, QUE SE LLAMABA JERÓNIMO -DE AGUILAR, SUPO CÓMO HABIAMOS ARRIBADO Á COZUMEL, Y SE VINO Á -NOSOTROS, Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Cuando tuvo noticia cierta el español que estaba en poder de los indios -que habiamos vuelto á Cozumel con los navíos, se alegró en grande -manera y dió gracias á Dios, y mucha priesa en se venir él y los indios -que llevaron las cartas y rescate á se embarcar en una canoa; y como -la pagó bien en cuentas verdes del rescate que le enviamos, luego la -halló alquilada con seis indios remeros con ella; y dan tal priesa en -remar, que en espacio de poco tiempo pasaron el golfete que hay de una -tierra á la otra, que serian cuatro leguas, sin tener contraste de la -mar; y llegados á la costa de Cozumel, ya que estaban desembarcando, -dijeron á Cortés unos soldados que iban á montería (porque habia en -aquella isla puercos de la tierra) que habia venido una canoa grande -allí junto del pueblo, y que venia de la Punta de Cotoche; é mandó -Cortés á Andrés de Tapia y á otros dos soldados que fuesen á ver qué -cosa nueva era venir allí junto á nosotros indios sin temor ninguno con -canoas grandes, é luego fueron; y desque los indios que venian en la -canoa, que traia alquilados el Aguilar, vieron los españoles, tuvieron -temor y se querian tornar á embarcar é hacer á lo largo con la canoa; -é Aguilar les dijo en su lengua que no tuviesen miedo, que eran sus -hermanos; y el Andrés de Tapia, como los vió que eran indios (porque el -Aguilar ni más ni ménos era que indio), luego envió á decir á Cortés -con un español que siete indios de Cozumel eran los que allí llegaron -en la canoa; y despues que hubieron saltado en tierra, el español, mal -mascado y peor pronunciado, dijo: - -—«Dios y Santa María y Sevilla.» - -É luego le fué á abrazar el Tapia; é otro soldado de los que habian ido -con el Tapia á ver qué cosa era, fué á mucha prisa á demandar albricias -á Cortés, como era español el que venia en la canoa, de que todos -nos alegramos; y luego se vino el Tapia con el español donde estaba -Cortés; é ántes que llegasen donde Cortés estaba, ciertos españoles -preguntaban al Tapia qué es del español, aunque iba allí junto con -él, porque le tenian por indio propio, porque de suyo era moreno é -tresquilado á manera de indio esclavo, é traia un remo al hombro é una -cotara vieja calzada y la otra en la cinta, é una manta vieja muy ruin -é un braguero peor, con que cubria sus vergüenzas, é traia atado en la -manta un bulto, que eran horas muy viejas. - -Pues desque Cortés lo vió de aquella manera, tambien picó como los -demás soldados y preguntó al Tapia que qué era del español. Y el -español como lo entendió se puso en cuclillas, como hacen los indios, é -dijo: - -—«Yo soy.» - -Y luego le mandó dar de vestir camisa é jubon, é zaragüelles, é -caperuza, é alpargates, que otros vestidos no habia, y le preguntó de -su vida é cómo se llamaba y cuándo vino á aquella tierra. - -Y él dijo, aunque no bien pronunciado, que se decia Jerónimo de Aguilar -y que era natural de Écija, y que tenia órdenes de Evangelio; que habia -ocho años que se habia perdido él y otros quince hombres y dos mujeres -que iban desde el Darien á la isla de Santo Domingo, cuando hubo unas -diferencias y pleitos de un Enciso y Valdivia, é dijo que llevaban diez -mil pesos de oro y los procesos de unos contra los otros, y que el -navío en que iban dió en los alacranes, que no pudo navegar, y que en -el batel del mismo navío se metieron él y sus compañeros é dos mujeres, -creyendo tomar la isla de Cuba ó á Jamáica, y que las corrientes eran -muy grandes, que les echaron en aquella tierra, y que los calachionis -de aquella comarca los repartieron entre sí, y que habian sacrificado -á los ídolos muchos de sus compañeros, y dellos se habian muerto de -dolencia; é las mujeres, que poco tiempo pasado habia que de trabajo -tambien se murieron, porque las hacian moler, y que á él que le tenian -para sacrificar, é una noche se huyó y se fué á aquel cacique, con -quien estaba (ya no se me acuerda el nombre que allí le nombró), y que -no habian quedado de todos sino él é un Gonzalo Guerrero, é dijo que le -fué á llamar é no quiso venir. - -Y desque Cortés le oyó dió muchas gracias á Dios por todo, y le dijo -que, mediante Dios, que dél seria bien mirado y gratificado. Y le -preguntó por la tierra é pueblos, y el Aguilar dijo que, como le tenian -por esclavo, que no sabia sino traer leña é agua y cavar en los maices; -que no habia salido sino hasta cuatro leguas que le llevaron con una -carga, y que no la pudo llevar é cayó malo dello, y que ha entendido -que hay muchos pueblos. - -Y luego le preguntó por el Gonzalo Guerrero, é dijo que estaba casado y -tenia tres hijos, y que tenia labrada la cara é horadadas las orejas y -el bezo de abajo, y que era hombre de la mar, natural de Pálos, y que -los indios le tienen por esforzado; y que habia poco más de un año que -cuando vinieron á la Punta de Cotoche una capitanía con tres navíos -(parece ser que fueron cuando venimos los de Francisco Hernandez de -Córdoba), que él fué inventor que nos diesen la guerra que nos dieron, -y que vino él allí por capitan, juntamente con un cacique de un gran -pueblo, segun ya he dicho en lo de Francisco Hernandez de Córdoba. - -É cuando Cortés lo oyó dijo: - -—«En verdad que le querria haber á las manos, porque jamás será bueno -dejársele.» - -É diré cómo los caciques de Cozumel cuando vieron al Aguilar que -hablaba su lengua, le daban muy bien de comer, y el Aguilar los -aconsejaba que siempre tuviesen devocion y reverencia á la santa imágen -de nuestra Señora y á la cruz, que conocieran que por ello les vendria -mucho bien; é los caciques, por consejo de Aguilar, demandaron una -carta de favor á Cortés, para que si viniesen á aquel puerto otros -españoles, que fuesen bien tratados é no les hiciesen agravios; la cual -carta luego se la dió; y despues de despedidos con muchos halagos é -ofrecimientos, nos hicimos á la vela para el rio de Grijalva, y desta -manera que he dicho se hubo Aguilar, y no de otra, como lo escribe el -coronista Gómora; é no me maravillo, pues lo que dice es por nuevas. - -Y volvamos á nuestra relacion. - - - - -CAPÍTULO XXX. - -CÓMO NOS TORNAMOS Á EMBARCAR Y NOS HICIMOS Á LA VELA PARA EL RIO DE -GRIJALVA, Y LO QUE NOS AVINO EN EL VIAJE. - - -En 4 dias del mes de Marzo de 1519 años, habiendo tan buen suceso en -llevar tan buena lengua y fiel, mandó Cortés que nos embarcásemos segun -y de la manera que habiamos venido ántes que arribásemos á Cozumel, é -con las mismas instrucciones y señas de los faroles para de noche. - -Yendo navegando con buen tiempo, revuelve un tiempo, ya que queria -anochecer, tan recio y contrario, que echó cada navío por su parte, con -harto riesgo de dar en tierra; y quiso Dios que á media noche aflojó, y -desque amaneció luego se volvieron á juntar todos los navíos, excepto -uno en que iba Juan Velazquez de Leon; é íbamos nuestro viaje sin saber -dél hasta medio dia, de lo cual llevábamos pena, creyendo fuese perdido -en unos bajos, y desque se pasaba el dia é no parecia, dijo Cortés -al piloto Alaminos que no era ir bien más adelante sin saber dél, y -el piloto hizo señas á todos los navíos que estuviesen al reparo, -aguardando si por ventura le echó el tiempo en alguna ensenada, donde -no podia salir por ser el tiempo contrario; é como vió que no venia, -dijo el piloto á Cortés: - -—«Señor, tengo por cierto que se metió en uno como puerto ó bahía que -queda atrás, y que el viento no le deja salir, porque el piloto que -llevaba es el que vino con Francisco Hernandez de Córdoba é volvió con -Grijalva, que se decia Juan Álvarez el Manquillo, é sabe aquel puerto.» - -Y luego fue acordado de volver á buscarle con toda la armada, y en -aquella bahía donde habia dicho el piloto lo hallamos anclado, de que -todos hubimos placer; y estuvimos allí un dia, y echamos dos bateles -en el agua, é saltó en tierra el piloto é un capitan que se decia -Francisco de Lugo; é habia por allí unas estancias donde habia maizales -é hacian sal, y tenian cuatros cues, que son casas de ídolos, y en -ellos muchas figuras, é todas las más de mujeres, y eran altas de -cuerpo y se puso nombre á aquella tierra la Punta de las Mujeres. - -Acuérdome que decia el Aguilar que cerca de aquellas estancias estaba -el pueblo donde era esclavo, y que allí vino cargado, que le trujo -su amo, é cayó malo de traer la carga; y que tambien estaba no muy -léjos el pueblo donde estaba Gonzalo Guerrero, y que todos tenian oro, -aunque era poco, y que si queria, que él guiaria, y que fuésemos allá; -é Cortés le dijo riendo que no venia para tan pocas cosas, sino para -servir á Dios é al Rey. - -É luego mandó Cortés á un capitan que se decia Escobar que fuese en -el navío de que era capitan, que era muy velero y demandaba poca -agua, hasta Boca de Términos, é mirase muy bien qué tierra era, é si -era buen puerto para poblar, é si habia mucha caza, como le habian -informado; y esto que le mandó fué por consejo del piloto, porque -cuando por allí pasásemos con todos los navíos no nos detener en entrar -en él; y que despues de visto, que pusiese una señal y quebrase árboles -en la boca del puerto, ó escribiese una carta é la pusiese donde la -viésemos de una parte y de otra del puerto para que conociésemos -que habia entrado dentro, ó que aguardase en la mar á la armada -barloventeando despues que lo hubiese visto. - -Y luego el Escobar partió é fué á Puerto de Términos (que así se -llama), é hizo todo lo que le fué mandado, é halló la lebrela que se -hubo quedado cuando lo de Grijalva, y estaba gorda é lucia; é dijo el -Escobar que cuando la lebrela vió el navío que estaba en el puerto, -que estaba halagando con la cola é haciendo otras señas de halagos, -y se vino luego á los soldados, y se metió con ellos en la nao; y -esto hecho, se salió luego el Escobar del puerto á la mar, y estaba -esperando el armada, é parece ser, con viento Sur que le dió, no pudo -esperar al reparo y metióse mucho en la mar. - -Volvamos á nuestra armada, que quedábamos en la Punta de las Mujeres, -que otro dia de mañana salimos con buen tiempo terral y llegamos en -Boca de Términos, y no hallamos á Escobar. - -Mandó Cortés que sacasen el batel y con diez ballesteros le fuesen á -buscar en la Boca de Términos ó á ver si habia señal ó carta; y luego -se halló árboles cortados é una carta que en ella decia cómo era muy -buen puerto y buena tierra y de mucha caza, é lo de la lebrela; é dijo -el piloto Alaminos á Cortés que fuésemos nuestra derrota, porque con -el viento Sur se debia haber metido en la mar, y que no podria ir muy -léjos, porque habia de navegar á orza. - -Y puesto que Cortés sintió pena no le hubiese acaecido algun desman, -mandó meter velas, y luego le alcanzamos, y dió el Escobar sus -descargos á Cortés y la causa porque no pudo aguardar. - -Estando en esto llegamos en el paraje de Potonchan, y Cortés mandó -al piloto que surgiésemos en aquella ensenada; y el piloto respondió -que era mal puerto, porque habian de estar los navíos surtos más de -dos leguas léjos de tierra, que mengua mucho la mar; porque tenia -pensamiento Cortés de dalles una buena mano por el desbarate de lo de -Francisco Hernandez de Córdoba é Grijalva, y muchos de los soldados que -nos habiamos hallado en aquellas batallas se lo suplicamos que entrase -dentro, é no quedasen sin buen castigo, aunque se detuviesen allí dos ó -tres dias. - -El piloto Alaminos con otros pilotos porfiaron que si allí entrábamos -que en ocho dias no podriamos salir, por el tiempo contrario, y que -ahora llevábamos buen viento y que en dos dias llegariamos á Tabasco; é -así, pasamos de largo, y en tres dias que navegamos llegamos al rio de -Grijalva; é lo que allí nos acaeció y las guerras que nos dieron diré -adelante. - - - - -CAPÍTULO XXXI. - -CÓMO LLEGAMOS AL RIO DE GRIJALVA, QUE EN LENGUA DE INDIOS LLAMAN -TABASCO, Y DE LO QUE MÁS CON ELLOS PASAMOS. - - -En 12 dias del mes de Marzo de 1519 años llegamos con toda la armada -al rio Grijalva, que se dice de Tabasco; y como sabiamos ya de cuando -lo de Grijalva que en aquel puerto é rio no podian entrar navíos de -mucho porte, surgieron en la mar los mayores, y con los pequeños é -los bateles fuimos todos los soldados á desembarcar á la Punta de los -Palmares (como cuando con Grijalva), que estaba del pueblo de Tabasco -otra media legua, y andaban por el rio, en la ribera, entre unos -manglares todo lleno de indios guerreros; de lo cual nos maravillamos -los que habiamos venido con Grijalva; y demás desto, estaban juntos -en el pueblo más de doce mil guerreros aparejados para darnos guerra, -porque en aquella sazon aquel pueblo era de mucho trato y estaban -sujetos á él otros grandes pueblos, y todos los tenian apercebidos con -todo género de armas segun las usaban. - -Y la causa dello fué porque los de Potonchan é los de Lázaro y otros -pueblos comarcanos los tuvieron por cobardes, y se lo dieron en rostro, -por causa que dieron á Grijalva las joyas de oro que ántes he dicho -en el capítulo que dello habla, y que de medrosos no nos osaron dar -guerra, pues eran más pueblos y tenian más guerreros que no ellos; y -esto les decian por afrentarlos; y que en sus pueblos nos habian dado -guerra y muerto cincuenta y seis hombres. - -Por manera que con aquellas palabras que les habian dicho se -determinaron de tomar armas; y cuando Cortés los vió puestos de aquella -manera dijo á Aguilar, la lengua, que entendia bien la de Tabasco, que -dijese á unos indios que parecian principales, que pasaban en una gran -canoa cerca de nosotros, que para qué andaban tan alborotados, que no -les veniamos á hacer ningun mal, sino á decilles que les queremos dar -de lo que traemos, como á hermanos; y que les rogaba que mirasen no -comenzasen la guerra, porque les pesaria dello, y les dijo otras muchas -cosas acerca de la paz; é miéntras más les decia el Aguilar, más bravos -se mostraban, y decian que nos matarian á todos si entrábamos en su -pueblo, porque le tenian muy fortalecido todo á la redonda de árboles -muy gruesos, de cercas é albarradas. - -Aguilar les tornó á hablar y requerir con la paz, y que nos dejasen -tomar agua é comprar de comer á trueco de nuestro rescate, é tambien -decir á los calachionis cosas que sean de su provecho y servicio de -Dios nuestro Señor, y todavía ellos á porfiar que no pasásemos de -aquellos palmares adelante; si no, que nos matarian. - -Y cuando aquello vió Cortés mandó apercebir los bateles é navíos -menores, é mandó poner en cada un batel tres tiros, y repartió en -ellos los ballesteros y escopeteros; y teniamos memoria cuando lo de -Grijalva, que iba un camino angosto desde los palmares al pueblo por -unos arroyos é ciénegas. - -Cortés mandó á tres soldados que aquella noche mirasen bien si iban á -las casas, y que no se detuviesen mucho en traer la respuesta; y los -que fueron vieron que se iban; é visto todo esto, y despues de bien -mirado, se nos pasó aquel dia dando órden en cómo y de qué manera -habiamos de ir en los bateles; é otro dia por la mañana, despues de -haber oido Misa y todas nuestras armas muy á punto, mandó Cortés á -Alonso de Ávila, que era capitan, que con cien soldados, y entre ellos -diez ballesteros, fuese por el caminillo, el que he dicho que iba al -pueblo; y que de que oyese los tiros, él por una parte é nosotros -por otra diésemos en el pueblo; é Cortés y todos los más soldados -é capitanes fuimos en los bateles y navíos de ménos porte por el -rio arriba; y cuando los indios guerreros que estaban en la costa y -entre los manglares vieron que de hecho íbamos, vienen sobre nosotros -con tantas canoas al puerto adonde habiamos de desembarcar, para -defendernos que no saltásemos en tierra, que en toda la costa habia -sino indios de guerra con todo género de armas que entre ellos se usan, -tañendo trompetillas y caracoles é atabalejos; é como Cortés así vió -la cosa, mandó que nos detuviésemos un poco y que no soltásemos tiros -ni escopetas ni ballestas; é como todas las cosas queria llevar muy -justificadamente, les hizo otro requerimiento delante de un escribano -del Rey, que allí con nosotros iba, que se decia Diego de Godoy, é por -la lengua de Aguilar, para que nos dejasen saltar en tierra, é tomar -agua y hablalles cosas de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que -si guerra nos daban, que si por defendernos algunas muertes hubiese ó -otros cualesquier daños, fuesen á su culpa y cargo, é no á la nuestra; -y ellos todavía haciendo muchos fieros y que no saltásemos en tierra; -si no que nos matarian. - -Luego comenzaron muy valientemente á nos flechar é hacer sus señas con -sus atambores para que todos sus escuadrones apechugasen con nosotros, -é como esforzados hombres vinieron é nos cercaron con las canoas con -tan grandes rociadas de flechas, que nos hirieron é hicieron detener en -el agua hasta la cinta y en otras partes más arriba; y como habia allí -en aquel desembarcadero mucha lama y ciénago, no podiamos tan presto -salir della; é cargaron sobre nosotros tantos indios, que con lanzas -á manteniente y otros á flecharnos hacian que no tomásemos tierra tan -presto como quisiéramos, é tambien porque en aquella lama estaba -Cortés peleando y se le quedó un alpargata en el cieno, que no lo pudo -sacar, y descalzo el un pié salió á tierra. - -Estuvimos en aquella sazon en grande aprieto, hasta que, (como digo) -salió á tierra, y todos nosotros; é luego con gran osadía, nombrando -al Sr. Santiago é arremetiendo á ellos, les hicimos retraer, y aunque -no muy léjos, por causa de las grandes albarradas y cercas que tenian -hechas de maderos gruesos, adonde se amparaban, hasta que se las -deshicimos, é tuvimos lugar por unos portillos de entrar en el pueblo y -pelear con ellos, y los llevamos por una calle adelante adonde tenian -hechas otras albarradas y fuerzas, é allí tornaron á reparar y hacer -cara, y pelearon muy valientemente, con grande esfuerzo y dando voces é -silbos, diciendo: - -—«Ala, lala, al calachoni, al calachoni;» que en su lengua quiere -decir que matasen á nuestro capitan. - -Estando desta manera envueltos con ellos, vino Alonso de Ávila con -sus soldados, que habia ido por tierra desde los Palmares, como dicho -tengo, que pareció ser no acertó á venir más presto por causa de unas -ciénegas y esteros que pasó; y su tardanza fué bien menester, segun -habiamos estado detenidos en los requerimientos y deshacer portillos en -las albarradas para pelear; así que todos juntos los tornamos á echar -de las fuerzas donde estaban y los llevamos retrayendo; y ciertamente -que como buenos guerreros iban tirando grandes rociadas de flechas y -varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las espaldas hasta un gran -patio donde estaban unos aposentos y salas grandes, y tenian tres casas -de ídolos, é ya habian llevado todo cuanto hato habia en aquel patio. - -Mandó Cortés que reparásemos y que no fuésemos más en su seguimiento -del alcance, pues iban huyendo; é allí tomó Cortés posesion de aquella -tierra por su majestad, y él en su Real nombre. - -Y fué desta manera, que desenvainada su espada, dió tres cuchilladas, -en señal de posesion, en un árbol grande, que se dice ceiba, que estaba -en la plaza de aquel gran patio, é dijo que si habia alguna persona que -se lo contradijese que él se lo defenderia con su espada y una rodela -que tenia embrazada; y todos los soldados que presentes nos hallamos -cuando aquello pasó, dijimos que era bien tomar aquella Real posesion -en nombre de su majestad, y que nosotros seriamos en ayudalle si alguna -persona otra cosa dijere, é por ante un escribano del Rey se hizo -aquel auto. Sobre esta posesion, la parte de Diego Velazquez tuvo que -remormurar della. - -Acuérdome que en aquellas reñidas guerras que nos dieron de aquella vez -hirieron á catorce soldados, é á mí me dieron un flechazo en el muslo, -mas poca la herida, y quedaron tendidos y muertos diez y ocho indios en -el agua y en tierra donde desembarcamos; é allí dormimos aquella noche -con grandes velas y escuchas. - -Y dejallo he, por contar lo que más pasamos. - - - - -CAPÍTULO XXXII. - -CÓMO MANDÓ CORTÉS Á TODOS LOS CAPITANES QUE FUESEN CON CADA CIEN -SOLDADOS Á VER LA TIERRA Á DENTRO, Y LO QUE SOBRE ELLO NOS ACAECIÓ. - - -Otro dia de mañana mandó Cortés á Pedro de Albarado que saliese -por capitan con cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y -escopeteros, y que fuese á ver la tierra adentro hasta andadura de -dos leguas, y que llevase en su compañía á Melchorejo, la lengua de -la Punta de Cotoche; y cuando le fueron á llamar al Melchorejo, no le -hallaron, que se habia ya huido con los de aquel pueblo de Tabasco; -porque, segun parecia, el dia ántes en las Puntas de los Palmares dejó -colgados sus vestidos que tenia de Castilla, y se fué de noche en una -canoa; y Cortés sintió enojo con su ida, porque no dijese á los indios -sus naturales algunas cosas que no trujesen provecho. - -Dejémosle huido con la mala ventura, y volvamos á nuestro cuento: que -asimismo mandó Cortés que fuese otro capitan que se decia Francisco -de Lugo por otra parte con otros cien soldados y doce ballesteros y -escopeteros, y que no pasase de otras dos leguas, y que volviese en la -noche á dormir al real; y yendo que iba el Francisco de Lugo con su -compañía obra de una legua de nuestro real, se encontró con grandes -capitanes y escuadrones de indios, todos flecheros, y con lanzas y -rodelas, y atambores y penachos, y se vienen derechos á la capitanía -de nuestros soldados, y les cercan por todas partes, y les comienzan -á flechar de arte, que no se podian sustentar con tanta multitud de -indios, y les tiraban muchas varas tostadas y piedras con hondas, que -como granizo caian sobre ellos, y con espadas de navajas de dos manos; -y por bien que peleaba el Francisco de Lugo y sus soldados, no los -podia apartar de sí; y cuando aquesto vió, con gran concierto se venia -ya retrayendo al real é habia enviado adelante un indio de Cuba muy -gran corredor é suelto, á dar mandado á Cortés para que le fuésemos -á ayudar; é todavía el Francisco de Lugo, con gran concierto de sus -ballesteros y escopeteros, unos armados é otros tirando, y algunas -arremetidas que hacian, se sostenian con todos los escuadrones que -sobre él estaban. - -Dejémosle de la manera que he dicho, é con gran peligro, é volvamos -al capitan Pedro de Albarado, que pareció ser habia andado más de una -legua, y topó con un estero muy malo de pasar, é quiso Dios nuestro -Señor encaminallo que volviese por otro camino hácia donde estaba -el Francisco de Lugo peleando, como dicho tengo; y como oyó las -escopetas que tiraban y el gran ruido de atambores y trompetillas, y -voces é silbos de los indios, bien entendió que estaban revueltos en -guerra, y con mucha presteza é con gran concierto acudió á las voces -é tiros, é halló al capitan Francisco de Lugo con su gente haciendo -rostro y peleando con los contrarios, é cinco indios muertos; y luego -que se juntaron con el Lugo, dan tras los indios, que los hicieron -apartar, y no de manera que los pudiesen poner en huida, que todavía -los fueron siguiendo los indios á los nuestros hasta el real; é -asimismo nos habian acometido y venido á dar guerra otras capitanías -de guerreros adonde estaba Cortés con los heridos; mas muy presto los -hicimos retraer con los tiros que llevaban muchos dellos, y á buenas -cuchilladas y estocadas. - -Volvamos á decir algo atrás, que cuando Cortés oyó al indio de Cuba que -venia á demandar socorro, y del arte que quedaba Francisco de Lugo, de -presto les íbamos á ayudar, y nosotros que íbamos y los dos capitanes -por mí nombrados, que llegaban con sus gentes obra de media legua del -real, y murieron dos soldados de la capitanía de Francisco de Lugo, y -ocho heridos, y de los de Pedro de Albarado le hirieron tres, y cuando -llegaron al real se curaron, y enterramos los muertos, é hubo buena -vela y escuchas; y en aquellas escaramuzas matamos quince indios y se -prendieron tres, y el uno parecia algo principal; y el Aguilar, nuestra -lengua, les preguntaba que por qué eran locos é salian á dar guerra. - -Luego se envió un indio dellos con cuentas verdes para dar á los -caciques porque viniesen de paz; é aquel mensajero dijo que el indio -Melchorejo, que traiamos con nosotros de la Punta de Cotoche, se fué -á ellos la noche ántes, les aconsejó que nos diesen guerra de dia y -de noche, que nos vencerian, porque éramos muy pocos; de manera que -traiamos con nosotros muy mala ayuda y nuestro contrario. - -Y aquel indio que enviamos por mensajero fué, y nunca volvió con la -respuesta; y de los otros dos indios que estaban presos supo Aguilar, -la lengua, por muy cierto, que para otro dia estaban juntos cuantos -caciques habia en aquella provincia, con todas sus armas, segun las -suelen usar, aparejados para nos dar guerra, y que nos habian de venir -otro dia á cercar en el real, y que el Melchorejo se lo aconsejó. - -Y dejallos hé aquí, é diré lo que sobre ello hicimos. - - - - -CAPÍTULO XXXIII. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE PARA OTRO DIA NOS APAREJÁSEMOS TODOS PARA IR EN -BUSCA DE LOS ESCUADRONES GUERREROS, Y MANDÓ SACAR LOS CABALLOS DE LOS -NAVÍOS, Y LO QUE MÁS NOS AVINO EN LA BATALLA QUE CON ELLOS TUVIMOS. - - -Luego Cortés supo que muy ciertamente nos venian á dar guerra, y mandó -que con brevedad sacasen todos los caballos de los navíos en tierra, -y que escopetas y ballesteros é todos los soldados estuviésemos muy -á punto con nuestras armas, é aunque estuviésemos heridos; y cuando -hubieron sacado los caballos en tierra, estaban muy torpes y temerosos -en el correr, como habia muchos dias que estaban en los navíos, y otro -dia estuvieron sueltos. - -Una cosa acaeció en aquella sazon á seis ó siete soldados, mancebos y -bien dispuestos, que les dió mal en los riñones, que no se pudieron -tener poco ni mucho en sus piés si no los llevaban á cuestas: no -supimos de qué; decian que de ser regalados en Cuba, y que con el peso -y calor de las armas que les dió aquel mal. - -Luego Cortés los mandó llevar á los navíos, no quedasen en tierra, y -apercibió á los caballeros que habian de ir los mejores jinetes, y -caballos que fuesen con pretales de cascabeles, y les mandó que no se -parasen á alancear hasta haberlos desbaratado, sino que las lanzas se -les pasasen por los rostros; y señaló trece de á caballo, á Cristóbal -de Olí, y Pedro de Albarado, é Alonso Hernandez Puertocarrero, é Juan -de Escalante, é Francisco de Montejo; é á Alonso de Ávila le dieron -un caballo que era de Ortiz el músico y de un Bartolomé García, que -ninguno dellos era buen jinete; é Juan Velazquez de Leon, é Francisco -de Morla, y Lares el buen jinete (nómbrole así porque habia otro buen -jinete y otro Lares), é Gonzalo Dominguez, extremados hombres de á -caballo; Moron el del Bayamo y Pedro Gonzalez el de Trujillo; todos -estos caballeros señaló Cortés, y él por capitan, é mandó á Mesa el -artillero que tuviese á punto su artillería, é mandó á Diego de Ordás -que fuese por capitan de todos nosotros, porque no era hombre de á -caballo, é tambien fué por capitan de los ballesteros é artilleros. - -Y otro dia muy de mañana, que fué dia de Nuestra Señora de Marzo, -despues de haber oido Misa, puestos todos en ordenanza con nuestro -alférez, que entónces era Antonio de Villarroel, marido que fué de una -señora que se decia Isabel de Ojeda, que desde allí á tres años se mudó -el nombre en Villareal y se llamó Antonio Serrano de Cardona. - -Tornemos á nuestro propósito: que fuimos por unas habanas grandes, -donde habian dado guerra á Francisco de Lugo y á Pedro de Albarado, y -llamábase aquella habana é pueblo Cintia, sujeta al mesmo Tabasco, una -legua del aposento donde salimos; é nuestro Cortés se apartó un poco -espacio ó trecho de nosotros por causa de unas ciénegas que no podian -pasar los caballos; é yendo de la manera que he dicho con el Ordás, -dimos con todo el poder de escuadrones de indios guerreros que nos -venian ya á buscar á los aposentos, é fué donde los encontramos junto -al mesmo pueblo de Cintia en un buen llano. Por manera que si aquellos -guerreros tenian deseo de nos dar guerra y nos iban á buscar, nosotros -los encontramos con el mismo motivo. - -Y dejallo hé aquí, é diré lo que pasó en la batalla, y bien se puede -nombrar batalla, é bien terrible, como adelante verán. - - - - -CAPÍTULO XXXIV. - -CÓMO NOS DIERON GUERRA TODOS LOS CACIQUES DE TABASCO Y SUS PROVINCIAS, -Y LO QUE SOBRE ELLO SUCEDIÓ. - - -Ya he dicho de la manera é concierto que íbamos, y cómo hallamos todas -las capitanías y escuadrones de contrarios que nos iban á buscar, é -traian todos grandes penachos, é atambores é trompetillas, é las caras -enalmagradas é blancas é prietas, é con grandes arcos y flechas, é -lanzas é rodelas, y espadas como montantes de á dos manos, é mucha -honda é piedra, é varas tostadas, é cada uno sus armas colchadas de -algodon; é así como llegaron á nosotros, como eran grandes escuadrones, -que todas las habanas cubrian, se vienen como perros rabiosos é nos -cercan por todas partes, é tiran tanta de flecha é vara y piedra, que -de la primera arremetida hirieron más de setenta de los nuestros, é con -las lanzas pié con pié nos hacian mucho daño, é un soldado murió luego -de un flechazo que le dió por el oido, el cual se llamaba Saldaña; é no -hacian sino flechar y herir en los nuestros; é nosotros con los tiros y -escopetas, é ballestas é grandes estocadas no perdiamos punto de buen -pelear; y como conocieron las estocadas y el mal que les haciamos, poco -á poco se apartaban de nosotros, mas era para flechar más á su salvo, -puesto que Mesa, nuestro artillero, con los tiros mataba muchos dellos, -porque eran grandes escuadrones y no se apartaban léjos, y daba en -ellos á su placer, y con todos los males y heridas que les haciamos, no -los podiamos apartar. - -Yo dije al capitan Diego de Ordás: - -—«Paréceme que debemos cerrar y apechugar con ellos; porque -verdaderamente sienten bien el cortar de las espadas, y por esta causa -se desvian algo de nosotros por temor dellas, y por mejor tirarnos sus -flechas y varas tostadas, y tanta piedra como granizo.» - -Respondió el Ordás que no era buen acuerdo, porque habia para cada uno -de nosotros trescientos indios, y que no nos podiamos sostener con -tanta multitud, é así estuvimos con ellos sosteniéndonos. - -Todavía acordamos de nos llegar cuanto pudiésemos á ellos, como se -lo habia dicho el Ordás, por dalles mal año de estocadas; y bien lo -sintieron, y separaron luego de la parte de una ciénaga; y en todo este -tiempo Cortés con los de á caballo no venia, aunque deseábamos en gran -manera su ayuda, y temiamos que por ventura no le hubiese acaecido -algun desastre. - -Acuérdome que cuando soltábamos los tiros, que daban los indios grandes -silbos é gritos, y echaban tierra y pajas en alto porque no viésemos -el daño que les haciamos, é tañian entónces trompetas y trompetillas, -silbos y voces, y decian _Ala lala_. - -Estando en esto, vimos asomar los de á caballo, é como aquellos -grandes escuadrones estaban embebecidos dándonos guerra, no miraron -tan de pronto de los de á caballo, como venian por las espaldas; y -como el campo era llano é los caballeros buenos jinetes, é algunos -de los caballos muy revueltos y corredores, danles tan buena mano, é -alanceando á su placer, como convenia en aquel tiempo; pues los que -estábamos peleando, como los vimos, dimos tanta priesa en ellos, los de -á caballo por una parte é nosotros por otra, que de presto volvieron -las espaldas. - -Aquí creyeron los indios que el caballo é caballero era todo un cuerpo, -como jamás habian visto caballos hasta entónces; iban aquellas habanas -é campos llenos dellos, y se acogieron á unos montes que allí habia. - -Y despues que los hubimos desbaratado, Cortés nos contó cómo no habia -podido venir más presto por causa de una ciénaga, y que estuvo peleando -con otros escuadrones de guerreros ántes que á nosotros llegasen, y -traia heridos cinco caballeros y ocho caballos. - -Y despues de apeados debajo de unos árboles que allí estaban, dimos -muchas gracias y loores á Dios y á Nuestra Señora su bendita Madre, -alzando todos las manos al cielo, porque nos habia dado aquella -victoria tan cumplida; y como era dia de Nuestra Señora de Marzo, -llamóse una villa que se pobló el tiempo andando, Santa María de la -Vitoria, así por ser dia de Nuestra Señora como por la gran vitoria que -tuvimos. - -Aquesta fué pues la primera guerra que tuvimos en compañía de Cortés en -la Nueva-España. Y esto pasando, apretamos las heridas á los heridos -con paños, que otra cosa no habia, y se curaron los caballos con -quemalles las heridas con unto de indio de los muertos, que habia por -el campo, y eran más de ochocientos, é todos los más de estocadas, y -otros de los tiros y escopetas y ballestas, é muchos estaban medio -muertos y tendidos. Pues donde anduvieron los de á caballo habia buen -recuerdo dellos muertos é otros quejándose de las heridas. - -Estuvimos en esta batalla sobre una hora, que no les pudimos hacer -perder punto de buenos guerreros, hasta que vinieron los de á caballo, -como he dicho; y prendimos cinco indios, é los dos dellos capitanes; y -como era tarde y hartos de pelear, é no habiamos comido, nos volvimos -al real, y luego enterramos dos soldados que iban heridos por las -gargantas é por el oido, y quemamos las heridas á los demás é á los -caballos con el unto del indio, y pusimos buenas velas y escuchas, y -cenamos y reposamos. - -Aquí es donde dice Francisco Lopez de Gómora que salió Francisco de -Morla en un caballo rucio picado ántes que llegase Cortés con los de -á caballo, y que eran los santos Apóstoles señor Santiago ó señor San -Pedro. - -Digo que todas nuestras obras y vitorias son por mano de Nuestro -Señor Jesucristo, y que en aquella batalla habia para cada uno de -nosotros tantos indios, que á puñados de tierra nos cegaran, salvo que -la gran misericordia de Dios en todo nos ayudaba; y pudiera ser que -los que dice el Gómora fueran los gloriosos Apóstoles señor Santiago -ó señor San Pedro, y yo, como pecador, no fuese digno de verles; lo -que yo entónces vi y conocí fué á Francisco de Morla en un caballo -castaño, que venia juntamente con Cortés, que me parece que agora que -lo estoy escribiendo, se me representa por estos ojos pecadores toda -la guerra segun y de la manera que allí pasamos; y ya que yo, como -indigno pecador, no merecedor de ver á cualquiera de aquellos gloriosos -Apóstoles, allí en nuestra compañía habia sobre cuatrocientos soldados, -y Cortés y otros muchos caballeros, y platicárase dello y tomárase por -testimonio, y se hubiera hecho una iglesia cuando se pobló la villa, y -se nombrara la villa de Santiago de la Vitoria, ú de San Pedro de la -Vitoria, como se nombró Santa María de la Vitoria; y si fuera así como -lo dice el Gómora, harto malos cristianos fuéramos, enviándonos Nuestro -Señor Dios sus Santos Apóstoles, no reconocer la gran merced que nos -hacia, y reverenciar cada dia aquella iglesia; y pluguiera á Dios que -así fuera como el coronista dice, y hasta que leí su Corónica, nunca -entre conquistadores que allí se hallaron tal se oyó. - -Y dejémoslo aquí, é diré lo que más pasamos. - - - - -CAPÍTULO XXXV. - -CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á LLAMAR Á TODOS LOS CACIQUES DE AQUELLAS PROVINCIAS, -Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Ya he dicho cómo prendimos en aquella batalla cinco indios, é los dos -dellos capitanes; con los cuales estuvo Aguilar, la lengua, á pláticas, -é conoció en lo que le dijeron que serian hombres para enviar por -mensajeros; é díjole al capitan Cortés que les soltasen, y que fuesen á -hablar á los caciques de aquel pueblo é otros cualesquier; y á aquellos -dos indios mensajeros se les dió cuentas verdes é diamantes azules, y -les dijo Aguilar muchas palabras bien sabrosas y de halagos, y que les -queremos tener por hermanos y que no hubiesen miedo, y que lo pasado -de aquella guerra que ellos tenian la culpa, y que llamasen á todos -los caciques de todos los pueblos, que les queriamos hablar, y se les -amonestó otras muchas cosas bien mansamente para atraellos de paz; y -fueron de buena voluntad, é hablaron con los principales é caciques, y -les dijeron todo lo que les enviamos á hacer saber sobre la paz. - -É oida nuestra embajada, fué entre ellos acordado de enviar luego -quince indios de los esclavos que entre ellos tenian, y todos tiznadas -las caras é las mantas y bragueros que traian muy ruines, y con ellos -enviaron gallinas y pescado asado é pan de maíz; y llegados delante de -Cortés, los recibió de buena voluntad, é Aguilar, la lengua, les dijo -medio enojado que cómo venian de aquella manera puestas las caras; que -más venian de guerra que para tratar paces, y que luego fuesen á los -caciques y les dijesen que si querian paz, como se la ofrecimos, que -viniesen señores á tratar della, como se usa, é no enviasen esclavos. - -Á aquellos mismos tiznados se les hizo ciertos halagos, y se envió -con ellos cuentas azules en señal de paz y para ablandalles los -pensamientos. - -Y luego otro dia vinieron treinta indios principales é con buenas -mantas, y trujeron gallinas y pescado, é fruta y pan de maíz, y -demandaron licencia á Cortés para quemar y enterrar los cuerpos de los -muertos en las batallas pasadas, porque no oliesen mal ó los comiesen -tigres ó leones; la cual licencia les dió luego, y ellos se dieron -priesa en traer mucha gente para los enterrar y quemar los cuerpos, -segun su usanza; y segun Cortés supo dellos, dijeron que les faltaba -sobre ochocientos hombres, sin los que estaban heridos; é dijeron que -no se podian tener con nosotros en palabras ni paces, porque otro dia -habian de venir todos los principales y señores de todos aquellos -pueblos, é concertarian las paces. - -Y como Cortés en todo era muy avisado, nos dijo riendo á los soldados -que allí nos hallamos teniéndole compañía: - -—«¿Sabeis, señores, que me parece que estos indios temerán mucho á los -caballos, y deben de pensar que ellos solos hacen la guerra é asimismo -las bombardas? He pensado una cosa para que mejor lo crean, que traigan -la yegua de Juan Sedeño, que parió el otro dia en el navío, é atalla -han aquí adonde yo estoy, é traigan el caballo de Ortiz el músico, que -es muy rijoso, y tomará olor de la yegua; é cuando haya tomado olor -della, llevarán la yegua y el caballo, cada uno de por sí, en parte que -desque vengan los caciques que han de venir, no los oigan relinchar ni -los vean hasta que esten delante de mí y estemos hablando.» - -É así se hizo, segun y de la manera que lo mandó; que trujeron la yegua -y el caballo, é tomó olor della en el aposento de Cortés; y demás -desto, mandó que cebasen un tiro, el mayor de los que teniamos, con una -buena pelota y bien cargado de pólvora. - -Y estando en esto, que ya era medio dia, vinieron cuarenta indios, -todos caciques, con buena manera y mantas ricas á la usanza dellos, -saludaron á Cortés y á todos nosotros, y traian de sus inciensos -zahumándonos á cuantos allí estábamos, y demandaron perdon de lo -pasado, y que de allí adelante serian buenos. - -Cortés les respondió con Aguilar, nuestra lengua, algo con gravedad, -como haciendo del enojado, que ya ellos habian visto cuántas veces les -habian requerido con la paz, y que ellos tenian la culpa, y que agora -eran merecedores que á ellos é á cuantos quedan en todos sus pueblos -matásemos; y porque somos vasallos de un gran Rey y señor que nos envió -á estas partes, el cual se dice el emperador D. Cárlos, que manda que á -los que estuvieren en su Real servicio que les ayudemos é favorezcamos, -y que si ellos fueren buenos, como dicen, que así lo harémos, é si no, -que soltará de aquellos tepustles que los maten (al hierro llaman en -su lengua _tepustle_), que aun por lo pasado que han hecho en darnos -guerra están enojados algunos dellos. - -Entónces secretamente mandó poner fuego á la bombarda que estaba -cebada, y dió tan buen trueno y recio como era menester; iba la pelota -zumbando por los montes, que, como en aquel instante era mediodia é -hacia calma, llevaba gran ruido, y los caciques se espantaron de la -oir; y como no habian visto cosa como aquella, creyeron que era verdad -lo que Cortés les dijo, y para asegurarles del miedo, les tornó á decir -con Aguilar que ya no hubiesen miedo, que él mandó que no hiciese -daño; y en aquel instante trujeron el caballo que habia tomado olor de -la yegua, y atándolo no muy léjos de donde estaba Cortés hablando con -los caciques; y como á la yegua la habian tenido en el mismo aposento -adonde Cortés y los indios estaban hablando, pateaba el caballo, y -relinchaba y hacia bramuras, y siempre los ojos mirando á los indios -y al aposento donde habia tomado olor de la yegua; é los caciques -creyeron que por ellos hacia aquellas bramuras del relinchar y el -patear, y estaban espantados. - -Y cuando Cortés los vió de aquel arte, se levantó de la silla, y se fué -para el caballo y le tomó del freno é dijo á Aguilar que hiciese creer -á los indios que allí estaban que habia mandado al caballo que no les -hiciese mal ninguno; y luego dijo á los dos mozos de espuelas que lo -llevasen de allí léjos, que no lo tornasen á ver los caciques. - -Y estando en esto, vinieron sobre treinta indios de carga, que entre -ellos llaman tamenes, que traian la comida de gallinas y pescado asado -y otras cosas de frutas, que parece ser se quedaron atrás ó no pudieron -venir juntamente con los caciques. - -Allí hubo muchas pláticas Cortés con aquellos principales, y dijeron -que otro dia vendrian todos, é traerian un presente é hablarian en -otras cosas; y así, se fueron muy contentos. Donde los dejaré agora -hasta otro dia. - - - - -CAPÍTULO XXXVI. - -CÓMO VINIERON TODOS LOS CACIQUES É CALACHONIS DEL RIO DE GRIJALVA Y -TRAJERON UN PRESENTE, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Otro dia de mañana, que fué á los postreros del mes de Marzo de 1519 -años, vinieron muchos caciques y principales de aquel pueblo y otros -comarcanos, haciendo mucho acato á todos nosotros, é trajeron un -presente de oro, que fueron cuatro diademas, y unas lagartijas, y dos -como perrillos, y orejeras, é cinco ánades, y dos figuras de caras de -indios, y dos suelas de oro, como de sus cotorras, y otras cosillas de -poco valor, que yo no me acuerdo qué tanto valía, y trajeron mantas de -las que ellos traian é hacian, que son muy bastas; porque ya habrán -oido decir los que tienen noticia de aquella provincia que no las hay -en aquella tierra sino de poco valor; y no fué nada este presente en -comparacion de veinte mujeres, y entre ellas una muy excelente mujer, -que se dijo doña Marina, que así se llamó despues de vuelta cristiana. - -Y dejaré esta plática, y de hablar della y de las demás mujeres que -trujeron, y diré que Cortés recibió aquel presente con alegría, y se -apartó con todos los caciques y con Aguilar el intérprete á hablar, y -les dijo que por aquello que traian se lo tenia en gracia; mas que una -cosa les rogaba, que luego mandasen poblar aquel pueblo con toda su -gente, mujeres é hijos; y que dentro de dos dias le queria ver poblado, -y que en esto conocerá tener verdadera paz. - -Y luego los caciques mandaron llamar todos los vecinos, é con sus -hijos é mujeres en dos dias se pobló. Y á lo otro que les mandó, que -dejasen sus ídolos é sacrificios, respondieron que así lo harian; y les -declaramos con Aguilar, lo mejor que Cortés pudo, las cosas tocantes -á nuestra santa fe, y cómo éramos cristianos é adorábamos á un solo -Dios verdadero, y se les mostró una imágen muy devota de nuestra Señora -con su Hijo precioso en los brazos, y se les declaró que aquella santa -imágen reverenciábamos porque así se está en el cielo y es Madre de -nuestro Señor Dios. - -Y los caciques dijeron que les parece muy bien aquella gran -_Tecleciguata_, y que se la diesen para tener en su pueblo, porque á -las grandes señoras en su lengua llaman _tecleciguatas_. Y dijo Cortés -que sí daria, y les mandó hacer un buen altar bien labrado; el cual -luego le hicieron. - -Y otro dia de mañana mandó Cortés á dos de nuestros carpinteros de lo -blanco, que se decian Alonso Yañez é Álvaro Lopez (ya otra vez por mí -memorados), que luego labrasen una cruz bien alta; y despues de haber -mandado todo esto, dijo á los caciques qué fué la causa que nos dieron -guerra tres veces, requiriéndoles con la paz. - -Y respondieron que ya habian demandado perdon dello y estaban -perdonados, y que el cacique de Champoton, su hermano, se lo aconsejó, -y porque no le tuviesen por cobarde, porque se lo reñian y deshonraban, -porque no nos dió guerra cuando la otra vez vino otro capitan con -cuatro navíos; y segun pareció, decíalo por Juan de Grijalva. - -Y tambien dijo que el indio que traiamos por lengua, que se nos huyó -una noche, se lo aconsejó, que de dia y de noche nos diesen guerra, -porque éramos muy pocos. Y luego Cortés les mandó que en todo caso -se lo trajesen, é dijeron que como les vió que en la batalla no les -fué bien, que se les fué huyendo, y que no sabian dél aunque le han -buscado, é supimos que le sacrificaron, pues tan caro les costó sus -consejos. - -Y más les preguntó, que de qué parte traian oro y aquellas joyezuelas. -Respondieron que de hácia donde se pone el sol, y decian _Culchúa_ -y _Méjico_, y como no sabiamos qué cosa era Méjico ni Culchúa, -dejábamoslo pasar por alto; y allí traiamos otra lengua que se decia -Francisco, que hubimos cuando lo de Grijalva, ya otra vez por mí -nombrado, mas no entendia poco ni mucho la de Tabasco, sino la de -Culchúa, que es la mejicana; y medio por señas dijo á Cortés que -_Culchúa_ era muy adelante, y nombraba _Méjico_, _Méjico_, y no le -entendimos. - -Y en esto cesó la plática hasta otro dia, que se puso en el altar -la santa imágen de nuestra Señora y la cruz, la cual todos adoramos; -y dijo Misa el Padre fray Bartolomé de Olmedo, y estaban todos los -caciques y principales delante, y púsose nombre á aquel pueblo Santa -María de la Vitoria, é así se llama ahora la villa de Tabasco; y el -mesmo fraile con nuestra lengua Aguilar predicó á las veinte indias -que nos presentaron, muchas buenas cosas de nuestra santa fe, y que -no creyesen en los ídolos que de ántes creian, que eran malos y no -eran dioses, ni más les sacrificasen, que los traian engañados, é -adorasen á Nuestro Señor Jesucristo; é luego se bautizaron, y se puso -por nombre doña Marina aquella india y señora que allí nos dieron, y -verdaderamente era gran cacica é hija de grandes caciques y señora de -vasallos, y bien se le parecia en su persona; lo cual diré adelante -cómo y de qué manera fué allí traida; é de las otras mujeres no me -acuerdo bien de todos sus nombres, é no hace al caso nombrar algunas, -mas estas fueron las primeras cristianas que hubo en la Nueva-España. - -Y Cortés las repartió á cada capitan la suya, é á esta doña Marina, -como era de buen parecer y entremetida é desenvuelta, dió á Alonso -Hernandez Puertocarrero, que ya he dicho otra vez que era muy buen -caballero, primo del conde de Medellin; y desque fué á Castilla el -Puertocarrero, estuvo la doña Marina con Cortés, é della hubo un hijo, -que se dijo don Martin Cortés, que el tiempo andando fué comendador de -Santiago. - -En aquel pueblo estuvimos cinco dias, así porque se curaban las heridas -como por los que estaban con dolor de riñones, que allí se les quitó; -y demás desto, porque Cortés siempre atraia con buenas palabras á los -caciques, y les dijo cómo el Emperador nuestro señor, cuyos vasallos -somos, tiene á su mandado muchos grandes señores, y que es bien que -ellos le dén la obediencia; é que en lo que hubieren menester, así -favor de nosotros como otra cualquiera cosa, que se lo hagan saber -donde quiera que estuviésemos, que él les vendrá á ayudar. - -Y todos los caciques le dieron muchas gracias por ello, y allí se -otorgaron por vasallos de nuestro grande Emperador. Estos fueron los -primeros vasallos que en la Nueva-España dieron la obediencia á su -majestad. - -Y luego Cortés les mandó que para otro dia, que era domingo de Ramos, -muy de mañana viniesen al altar que hicimos, con sus hijos y mujeres, -para que adorasen la santa imágen de Nuestra Señora y la Cruz; y -asimismo les mandó que viniesen seis indios carpinteros, y que fuesen -con nuestros carpinteros, y que en el pueblo de Cintia, adonde Dios -Nuestro Señor fué servido de darnos aquella victoria de la batalla -pasada, por mí referida, que hiciesen una cruz en un árbol grande que -allí estaba, que llaman ceiba, é hiciéronla en aquel árbol á efecto que -durase mucho, que con la corteza, que suele reverdecer, está siempre -la cruz señalada. - -Hecho esto mandó que aparejasen todas las canoas que tenian, para nos -ayudar á embarcar, porque aquel santo dia nos queriamos hacer á la -vela, porque en aquella sazon vinieron dos pilotos á decir á Cortés que -estaban en gran riesgo los navíos por amor del Norte, que es travesía. - -Y otro dia muy de mañana vinieron todos los caciques y principales con -todas sus mujeres é hijos, y estaban ya en el patio donde teniamos la -iglesia y cruz, y muchos ramos cortados para andar en procesion; y -desque los caciques vimos juntos, Cortés y todos los capitanes á una -con gran devocion anduvimos una muy devota procesion, y el padre de la -Merced y Juan Diaz el Clérigo revestidos, y se dijo Misa, y adoramos y -besamos la Santa Cruz, y los caciques é indios mirándonos. - -Y hecha nuestra solemne fiesta segun el tiempo, vinieron los -principales é trajeron á Cortés diez gallinas y pescado asado é otras -legumbres, é nos despedimos dellos, y siempre Cortés encomendándoles la -santa imágen de Nuestra Señora y las santas Cruces, y que las tuviesen -muy limpias, y barrida la casa é la iglesia y enramado, y que las -reverenciasen, é hallarian salud y buenas sementeras; y despues que era -ya tarde nos embarcamos, y á otro dia lúnes por la mañana nos hicimos -á la vela, y con buen viaje navegamos é fuimos la via de San Juan -de Ulúa, y siempre muy juntos á tierra; é yendo navegando con buen -tiempo, deciamos á Cortés los soldados que veniamos con Grijalva, cómo -sabiamos aquella derrota: - -—«Señor, allí queda la Rambla, que en lengua de indios se dice -_Aguayaluco_.» - -Y luego llegamos al paraje de _Tonala_, que se dice San Anton, y se lo -señalábamos; más adelante le mostramos el gran rio de _Guazacualco_, é -vió las muy altas sierras nevadas, é luego las sierras de San Martin; -y más adelante le mostramos la roca partida, que es unos grandes -peñascos que entran en la mar, é tiene una señal arriba como á manera -de silla; é más adelante le mostramos el rio de Albarado, que es adonde -entró Pedro de Albarado cuando lo de Grijalva; y luego vimos el rio de -Banderas, que fué donde rescatamos los diez y seis mil pesos, y luego -le mostramos la isla Blanca, y tambien le dijimos adónde quedaba la -isla Verde; y junto á tierra vió la isla de Sacrificios, donde hallamos -los altares cuando lo de Grijalva, y los indios sacrificados, y luego -en buena hora llegamos á San Juan de Ulúa juéves de la Cena despues del -medio dia. - -Acuérdome que llegó un caballero que se decia Alonso Hernandez -Puertocarrero, é dijo á Cortés: - -—«Paréceme, señor, que os han venido diciendo estos caballeros que han -venido otras dos veces á esta tierra: - - Cata Francia, Montesinos - Cata Paris la ciudad, - Cata las aguas del Duero, - Do van á dar á la mar. - -Yo digo que mireis las tierras ricas, y sabeos bien gobernar.» - -Luego Cortés bien entendió á qué fin fueron aquellas palabras dichas, y -respondió: - -—«Dénos Dios ventura en armas como al paladin Roldan; que en lo demás, -teniendo á vuestra merced y á otros caballeros por señores, bien me -sabré entender.» - -Y dejémoslo, y no pasemos de aquí: esto es lo que pasó; y Cortés entró -en el rio de Albarado, como dice Gómora. - - - - -CAPÍTULO XXXVII. - -CÓMO DOÑA MARINA ERA CACICA É HIJA DE GRANDES SEÑORES, Y SEÑORA DE -PUEBLOS Y VASALLOS, Y DE LA MANERA QUE FUÉ TRAIDA Á TABASCO. - - -Ántes que más meta la mano en lo del gran Montezuma y su gran Méjico -y mejicanos, quiero decir lo de doña Marina, cómo desde su niñez fué -gran señora de pueblos y vasallos, y es desta manera: que su padre y -su madre eran señores y caciques de un pueblo que se dice Painala, y -tenia otros pueblos sujetos á él, obra de ocho leguas de la villa de -Guacaluco, y murió el padre quedando muy niña, y la madre se casó con -otro cacique mancebo y hubieron un hijo; y segun pareció, querian bien -al hijo que habian habido; acordaron entre el padre y la madre de dalle -el cargo despues de sus dias, y porque en ello no hubiese estorbo, -dieron de noche la niña á unos indios de Xicalango, porque no fuese -vista, y echaron fama que se habia muerto, y en aquella sazon murió -una hija de una india esclava suya, y publicaron que era la heredera, -por manera que los de Xicalango la dieron á los de Tabasco, y los de -Tabasco á Cortés, y conocí á su madre y á su hermano de madre, hijo -de la vieja, que era ya hombre y mandaba juntamente con la madre á -su pueblo, porque el marido postrero de la vieja ya era fallecido; -y despues de vueltos cristianos, se llamó la vieja Marta y el hijo -Lázaro; y esto sélo muy bien, porque en el año 1523, despues de ganado -Méjico y otras provincias, y se habia alzado Cristóbal de Olí en las -Higueras, fué Cortés allá y pasó por Guacacualco, fuimos con él á aquel -viaje toda la mayor parte de los vecinos de aquella villa, como diré -en su tiempo y lugar; y como doña Marina en todas las guerras de la -Nueva-España, Tlascala y Méjico fué tan excelente mujer y buena lengua, -como adelante diré, á esta causa la traia siempre Cortés consigo, y -en aquella sazon y viaje se casó con ella un hidalgo que se decia -Juan Jaramillo, en un pueblo que se decia Orizava, delante de ciertos -testigos, que uno de ellos se decia Aranda, vecino que fué de Tabasco, -y aquel contaba el casamiento, y no como lo dice el coronista Gómora; y -la doña Marina tenia mucho ser y mandaba absolutamente entre los indios -en toda la Nueva-España. - -Y estando Cortés en la villa de Guacacualco, envió á llamar á todos los -caciques de aquella provincia para hacerles un parlamento acerca de la -santa doctrina y sobre su buen tratamiento, y entónces vino la madre de -doña Marina y su hermano de madre Lázaro, con otros caciques. - -Dias habia que me habia dicho la doña Marina que era de aquella -provincia y señora de vasallos, y bien lo sabia el capitan Cortés, -y Aguilar, la lengua; por manera que vino la madre y su hija y el -hermano, y conocieron que claramente era su hija, porque se le parecia -mucho. - -Tuvieron miedo della, que creyeron que los enviaba á llamar para -matarlos, y lloraban; y como así los vido llorar la doña Marina, los -consoló, y dijo que no hubiesen miedo, que cuando la traspusieron con -los de Xicalango que no supieron lo que se hacian, y se lo perdonaba, y -les dió muchas joyas de oro y de ropa y que se volviesen á su pueblo, y -que Dios le habia hecho mucha merced en quitarla de adorar ídolos agora -y ser cristiana, y tener un hijo de su amo y señor Cortés, y ser casada -con un caballero como era su marido Juan Jaramillo; que aunque la -hiciesen cacica de todas cuantas provincias habia en la Nueva-España, -no lo seria; que en más tenia servir á su marido é á Cortés que cuanto -en el mundo hay; y todo esto que digo se lo oí muy certificadamente, y -se lo juró amen. Y esto me parece que quiere remediar á lo que acaeció -con sus hermanos en Egipto á Josef, que vinieron á su poder cuando lo -del trigo. - -Esto es lo que pasó, y no la relacion que dieron al Gómora, y tambien -dice otras cosas que dejo por alto. - -É volviendo á nuestra materia, doña Marina sabia la lengua de -Guacacualco, que es la propia de Méjico, y sabia la de Tabasco, como -Jerónimo de Aguilar sabia la de Yucatan y Tabasco, que es toda una; -entendíanse bien, y el Aguilar lo declaraba en castellano á Cortés; fué -gran principio para nuestra conquista; y así se nos hacian las cosas, -loado sea Dios, muy prósperamente. - -He querido declarar esto, porque sin doña Marina no podiamos entender -la lengua de Nueva-España y Méjico. - -Donde lo dejaré é volveré á decir cómo nos desembarcamos en el puerto -de San Juan de Ulúa. - - - - -CAPÍTULO XXXVIII. - -CÓMO LLEGAMOS CON TODOS LOS NAVÍOS Á SAN JUAN DE ULÚA, Y LO QUE ALLÍ -PASAMOS. - - -En Juéves Santo de la Cena del Señor de 1519 años llegamos con toda -la armada al puerto de San Juan de Ulúa; y como el piloto Alaminos -lo sabia muy bien desde cuando venimos con Juan de Grijalva, luego -mandó surgir en parte que los navíos estuviesen seguros del Norte, y -pusieron en la nao capitana sus estandartes reales y veletas, y desde -obra de media hora que surgimos, vinieron dos canoas muy grandes (que -en aquellas partes á las canoas grandes llaman piraguas), y en ellas -vinieron muchos indios mejicanos, y como vieron los estandartes y -navío grande, conocieron que allí habian de ir á hablar al capitan, -y fuéronse derechos al navío, y entran dentro y preguntan quién era -el Tlatoan, que en su lengua dicen el señor. Y doña Marina, bien lo -entendió, porque sabia muy bien la lengua, se lo mostró. - -Y los indios hicieron mucho acato á Cortés á su usanza, y le dijeron -que fuese bien venido, é que un criado del gran Montezuma, su señor, -les enviaba á saber qué hombres éramos é qué buscábamos, é que si algo -hubiésemos menester para nosotros y los navíos, que se lo dijésemos, -que traerian recaudo para ello. - -Y nuestro Cortés respondió con las dos lenguas, Aguilar y doña Marina, -que se lo tenia en merced; y luego les mandó dar de comer y beber vino, -y unas cuentas azules, y cuando hubieron bebido, les dijo que veniamos -para vellos y contratar, y que no se les haria enojo ninguno, é que -hubiesen por buena nuestra llegada á aquella tierra. - -Y los mensajeros se volvieron muy contentos á su tierra; y otro dia, -que fué Viérnes Santo de la Cruz, desembarcamos, así caballos como -artillería, en unos montones de arena, que no habia tierra llana, -sino todos arenales, y asestaron los tiros como mejor le pareció al -artillero, que se decia Mesa, y hicimos un altar, adonde se dijo luego -Misa, é hicieron chozas y enramadas para Cortés y para los capitanes, -y entre tres soldados acarreábamos madera é hicimos nuestras chozas, y -los caballos se pusieron adonde estuviesen seguros; y en esto se pasó -aquel Viérnes Santo. - -Y otro dia sábado, víspera de Pascua, vinieron muchos indios que -envió un principal que era gobernador de Montezuma, que se decia -Pitalpitoque, que despues le llamamos Ovandillo, y trujeron hachas y -adobaron las chozas del capitan Cortés y los ranchos que más cerca -hallaron, y les pusieron mantas grandes encima, por amor del sol, que -era cuaresma é hacia muy gran calor, y trujeron gallinas y pan de maíz -y ciruelas, que era tiempo dellas, y paréceme que entónces trujeron -unas joyas de oro, y todo lo presentaron á Cortés, é dijeron que otro -dia habia de venir un gobernador á traer más bastimento. Cortés se -lo agradeció mucho y les mandó dar ciertas cosas de rescate, con que -fueron muy contentos. - -Y otro dia, Pascua santa de Resurreccion, vino el gobernador que habian -dicho, que se decia Tendile, hombre de negocios, é trujo con él á -Pitalpitoque, que tambien era persona entre ellos principal, y traia -detrás de sí muchos indios con presentes y gallinas y otras legumbres, -y á estos que los traian mandó Tendile que se apartasen un poco á un -cabo, y con mucha humildad hizo tres reverencias á Cortés á su usanza, -y despues á todos los soldados que más cercanos nos hallamos. - -Y Cortés les dijo con nuestras lenguas que fuesen bien venidos, y los -abrazó, y les mandó que esperasen y que luego les hablaria, y entre -tanto mandó hacer un altar lo mejor que en aquel tiempo se pudo hacer, -y dijo misa cantada fray Bartolomé de Olmedo, y la beneficiaba el -Padre Juan Diaz, y estuvieron á la misa los dos gobernadores y otros -principales de los que traian en su compañía; y oido misa, comió Cortés -y ciertos capitanes de los nuestros y los dos indios criados del gran -Montezuma. - -Y alzadas las mesas, se apartó Cortés con las dos nuestras lenguas doña -Marina y Jerónimo de Aguilar y con aquellos caciques, y les dijimos -cómo éramos cristianos y vasallos del mayor señor que hay en el mundo, -que se dice el Emperador don Cárlos, y que tiene por vasallos y criados -á muchos grandes señores, y que por su mandado veniamos á aquestas -tierras, porque há muchos años que tienen noticia dellas y del gran -señor que les manda, y que lo quiere tener por amigo y decille muchas -cosas en su Real nombre, y cuando las sepa é haya entendido se holgará -dello, y para contratar con él y sus indios y vasallos de buena -amistad, y queria saber dónde manda que se vean y se hablen. - -Y el Tendile le respondió algo soberbio, y le dijo: - -—«Aún agora has llegado y ya le quieres hablar; recibe agora este -presente que te damos en su nombre, y despues me dirás lo que te -cumpliere.» - -Y luego sacó de una petaca, que es como caja, muchas piezas de oro y de -buenas labores y ricas, y más de diez cargas de ropa blanca de algodon -y de pluma, cosas muy de ver, y otras joyas que ya no me acuerdo, como -há muchos años, y tras esto mucha comida, que eran gallinas de la -tierra, fruta y pescado asado. - -Cortés las recibió riendo y con buena gracia, y les dió cuentas de -diamantes torcidas y otras cosas de Castilla; y les rogó que mandasen -en sus pueblos que viniesen á contratar con nosotros, porque él traia -muchas cuentas á trocar á oro, y le dijeron que así lo mandarian. - -Segun despues supimos, estos Tendile y Pitalpitoque eran gobernadores -de unas provincias que se dicen Cotastlan, Tustepeque, Guazpaltepeque, -Tlatalteteclo, y de otros pueblos que nuevamente tenian sojuzgados; -y luego Cortés mandó traer una silla de caderas con entalladuras muy -pintadas y unas piedras margajitas que tienen dentro en sí muchas -labores, y envueltas en unos algodones que tenian almizcle porque -oliesen bien, y un sartal de diamantes torcido y una gorra de carmesí -con una medalla de oro, y en ella figurado á San Jorge, que estaba -á caballo con una lanza y parecia que mataba á un dragon: y dijo -á Tendile que luego enviase aquella silla en que se asiente el Sr. -Montezuma para cuando le vaya á ver y hablar Cortés, y que aquella -gorra que la ponga en la cabeza, y que aquellas piedras y todo lo demás -le mandó dar el Rey nuestro señor, en señal de amistad, porque sabe que -es gran señor, y que mande señalar para qué dia y en qué parte quiere -que le vaya á ver. - -Y el Tendile le recibió y dijo que su señor Montezuma es tan gran -señor, que se holgara de conocer á nuestro gran Rey, y que le llevará -presto aquel presente y traerá respuesta. - -Y parece ser que el Tendile traia consigo grandes pintores, que los hay -tales en Méjico, y mandó pintar al natural rostro, cuerpo y facciones -de Cortés y de todos los capitanes y soldados, y navíos y velas é -caballos, y á doña Marina é Aguilar, hasta dos lebreles, é tiros é -pelotas, é todo el ejército que traiamos, é lo llevó á su señor. - -Y luego mandó Cortés á nuestros artilleros que tuviesen muy bien -cebadas las bombardas con buen golpe de pólvora para que hiciesen gran -trueno cuando las soltasen, y mandó á Pedro de Albarado que él y todos -los de á caballo se aparejasen para que aquellos criados de Montezuma -los viesen correr, y que llevasen pretales de cascabeles; y tambien -Cortés cabalgó y dijo: - -—«Si en estos medaños de arena pudiéramos correr, bueno fuera; mas ya -verán que á pié atollamos en la arena; salgamos á la playa desque sea -menguante, y correremos de dos en dos.» - -É al Pedro de Albarado, que era su yegua alazana, de gran carrera y -revuelta, le dió el cargo de todos los de á caballo. - -Todo lo cual se hizo delante de aquellos dos embajadores, y para que -viesen salir los tiros dijo Cortés que les queria tornar á hablar con -otros muchos principales, y ponen fuego á las bombardas, y en aquella -sazon hacia calma; iban las piedras por los montes retumbando con gran -ruido, y los gobernadores y todos los indios se espantaron de cosas -tan nuevas para ellos, y lo mandaron pintar á sus pintores para que -Montezuma lo viese. - -Y parece ser que un soldado tenia un casco medio dorado, y vióle -Tendile, que era más entremetido indio que el otro, y dijo que parecia -á unos que ellos tienen que les habian dejado sus antepasados del -linaje donde venian, el cual tenian puesta en la cabeza á sus dioses -Huichilóbos, que es su ídolo de la guerra, y que su señor Montezuma -se holgará de lo ver, y luego se lo dieron; y les dijo Cortés que -porque queria saber si el oro de esta tierra es como el que sacan de -la nuestra de los rios, que le envien aquel casco lleno de granos para -enviarlo á nuestro gran Emperador. - -Y despues de todo esto, el Tendile se despidió de Cortés y de todos -nosotros, y despues de muchos ofrecimientos que les hizo el mismo -Cortés, le abrazó y se despidió dél, y dijo el Tendile que él volveria -con la respuesta con toda brevedad; é ido, alcanzamos á saber que, -despues de ser indios de grandes negocios, fué el más suelto peon que -su amo Montezuma tenia; el cual fué en posta y dió relacion de todo á -su señor, y le mostró el dibujo que llevaba pintado y el presente que -le envió Cortés; y cuando el gran Montezuma le vió quedó admirado, y -recibió por otra parte mucho contento, y desque vió el casco y el que -tenia su Huichilóbos, tuvo por cierto que éramos del linaje de los que -les habian dicho sus antepasados que vendrian á señorear aquesta tierra. - -Aquí es donde dice el coronista Gómora muchas cosas que no le dieron -buena relacion. Dejallo hé aquí, y diré lo que más nos acaesció. - - - - -CAPÍTULO XXXIX. - -CÓMO FUÉ TENDILE Á HABLAR Á SU SEÑOR MONTEZUMA Y LLEVAR EL PRESENTE Y -LO QUE HICIMOS EN NUESTRO REAL. - - -Desque se fué Tendile con el presente que el capitan Cortés le dió para -su señor Montezuma, é habia quedado en nuestro real el otro gobernador -que se decia Pitalpitoque, quedó en unas chozas apartadas de nosotros, -y allí trajeron indios para que hiciesen pan de su maíz, y gallinas, -fruta y pescado, y de aquella proveian á Cortés y á los capitanes que -comian con él (que á nosotros los soldados, si no lo mariscábamos é -íbamos á pescar, no lo teniamos); y en aquella sazon vinieron muchos -indios de los pueblos por mí nombrados, donde eran gobernadores -aquellos criados del gran Montezuma, y traian algunos dellos oro y -joyas de poco valor y gallinas á trocar por nuestros rescates, que -eran cuentas verdes, diamantes y otras cosas, y con aquello nos -sustentábamos, porque comunmente todos los soldados traiamos rescate, -como teniamos aviso cuando lo de Grijalva que era bueno traer cuentas, -y en esto pasaron seis ó siete dias; y estando en esto vino el Tendile -una mañana con más de cien indios cargados, y venia con ellos un gran -cacique mejicano, y en el rostro, facciones y cuerpo se parecian al -capitan Cortés, y adrede lo envió el gran Montezuma; porque, segun -dijeron, cuando á Cortés le llevó Tendile dibujada su misma figura, -todos los principales que estaban con Montezuma dijeron que un -principal que se decia Quintalbor se le parecia á lo propio á Cortés, -que así se llamaba aquel gran cacique que venia con Tendile; y como -parecia á Cortés, así le llamábamos en el real Cortés allá, Cortés -acullá. - -Volvamos á su venida y lo que hicieron en llegando donde nuestro -capitan estaba, y fué que besó la tierra con la mano, y con braseros -que traian de barro, y en ellos de su incienso le zahumaron, y á todos -los demás soldados que allí cerca nos hallamos; y Cortés les mostró -mucho amor y asentólos cabe sí; é aquel principal que venia con aquel -presente traia cargo juntamente de hablar con el Tendile (ya he dicho -que se decia Quintalbor); y despues de haberle dado el parabien venido -á aquella tierra, y otras muchas pláticas que pasaron, mandó sacar -el presente que traian encima de unas esteras que llaman petates, y -tendidas otras mantas de algodon encima dellas, lo primero que dió fué -una rueda de hechura de sol, tan grande como de una carreta, con muchas -labores, todo de oro muy fino, gran obra de mirar, que valía, á lo que -despues dijeron que le habian pesado, sobre veinte mil pesos de oro, y -otra mayor rueda de plata, figurada la luna con muchos resplandores, -y otras figuras en ella, y esta era de gran peso, que valía mucho, y -trujo el casco lleno de oro en granos crespos como lo sacan de las -minas, que valía tres mil pesos. - -Aquel oro del casco tuvimos en más, por saber cierto que habia buenas -minas, que si trujeran treinta mil pesos. Más trajo veinte ánades de -oro, de muy prima labor y muy natural, é unos como perros de los que -entre ellos tienen, y muchas piezas de oro figuradas de hechuras de -tigres y leones y monos, y diez collares hechos de una hechura muy -prima, é otros pinjantes, é doce flechas y arco con su cuerda, y dos -varas como de justicia, de largo de cinco palmos, y todo esto de oro -muy fino y de obra vaciadiza; y luego mandó traer penachos de oro y de -ricas plumas verdes y otras de plata, y aventadores de lo mismo, pues -venados de oro sacados del vaciadizo; é fueron tantas cosas, que, como -há ya tantos años que pasó, no me acuerdo de todo; y luego mandó traer -allí sobre treinta cargas de ropa de algodon tan prima y de muchos -géneros de labores, y de pluma de muchos colores, que por ser tantos no -quiero en ello más meter la pluma, porque no lo sabré escribir. - -Y despues de haber dado, dijo aquel gran cacique Quintalbor y el -Tendile á Cortés que reciba aquello con la gran voluntad que su señor -se lo envia, é que lo reparta con los teules que consigo trae; y Cortés -con alegría los recibió; y dijeron á Cortés aquellos embajadores que le -querian hablar lo que su señor Montezuma le envia á decir. - -Y lo primero que le dijeron, que se ha holgado que hombres tan -esforzados vengan á su tierra, como le han dicho que somos, porque -sabia lo de Tabasco; y que deseara mucho ver á nuestro gran Emperador, -pues tan gran señor es, pues de tan léjas tierras como venimos tiene -noticia dél, é que le enviaria un presente de piedras ricas, é que -entretanto que allí en aquel puerto estuviéremos, si en algo nos puede -servir que lo hará de buena voluntad; é cuanto á las vistas, que no -curasen dellas, que no habia para qué; poniendo muchos inconvenientes. - -Cortés les tornó á dar las gracias con buen semblante por ello, y con -muchos halagos dió á cada gobernador dos camisas de Holanda y diamantes -azules y otras cosillas, y les rogó que volviesen por su embajador -á Méjico á decir á su señor el gran Montezuma que, pues habiamos -pasado tantas mares y veniamos de tan léjas tierras solamente por le -ver y hablar de su persona á la suya, que así se volviese, que no lo -receberia de buena manera nuestro gran rey y señor, y que adonde quiera -que estuviese le quiere ir á ver y hacer lo que mandare. - -Y los embajadores dijeron que irian y se lo dirian; que las vistas que -dice, que entienden que son por demás. - -Y envió Cortés con aquellos mensajeros á Montezuma de la pobreza que -traiamos que era una copa de vidrio de Florencia, labrada y dorada, con -muchas arboledas y monterías que estaban en la copa, y tres camisas de -Holanda y otras cosas, y les encomendó la respuesta. - -Fuéronse estos dos gobernadores, y quedó en el real Pitalpitoque, que -parece ser lo dieron cargo los demás criados de Montezuma para que -trujese la comida de los pueblos más cercanos. - -Dejallo hé aquí, y diré lo que en nuestro real pasó. - - - - -CAPÍTULO XL. - -CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á BUSCAR OTRO PUERTO Y ASIENTO PARA POBLAR Y LO QUE -SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Despachados los mensajeros para Méjico, luego Cortés mandó ir dos -navíos á descubrir la costa adelante, y por capitan dellos á Francisco -de Montejo, y le mandó que siguiese el viaje que habiamos llevado con -Juan de Grijalva, porque el mismo Montejo havia venido en nuestra -compañía y del Grijalva, y que procurase buscar puerto seguro y mirase -por tierras en que pudiésemos estar, porque bien via que en aquellos -arenales no nos podiamos valer de mosquitos y estar tan léjos de -poblaciones; y mandó al piloto Alaminos y Juan Álvarez el Manquillo, -fuesen por pilotos, porque sabian aquella derrota, y que diez dias -navegase costa á costa todo lo que pudiesen; y fueron de la manera que -les fué dicho é mandado, y llegaron al paraje del rio Grande, que es -cerca de Pánuco, adonde otra vez llegamos cuando lo del capitan Juan -de Grijalva, y desde allí adelante no pudieron pasar, por las grandes -corrientes. - -Y viendo aquella mala navegacion, dió la vuelta á San Juan de Ulúa, -sin más pasar adelante, ni otra relacion, excepto que doce leguas de -allí habian visto un pueblo como fortaleza, el cual pueblo se llamaba -Quiahuistlan, y que cerca de aquel pueblo estaba un puerto que le -parecia al piloto Alaminos que podrian estar seguros los navíos del -norte; púsosele un nombre feo, que es el tal de Bernal, que parecia á -otro puerto que hay en España que tenia aquel propio nombre feo; y en -estas idas y venidas se pasaron al Montejo diez ó doce dias. - -Y volveré á decir que el indio Pitalpitoque, que quedaba para traer -la comida, aflojó de tal manera, que nunca más trujo cosa ninguna; y -teniamos entónces gran falta de mantenimientos, porque ya el cazabe -amargaba de mohoso, podrido y sucio de fátulas, y si no íbamos á -mariscar no comiamos, y los indios que solian traer oro y gallinas -á rescatar, ya no venian tantos como al principio, y estos que -acudian, muy recatados y medrosos; y estábamos aguardando á los indios -mensajeros que fueron á Méjico por horas. - -Y estando desta manera, vuelve Tendile con muchos indios, y despues de -haber hecho el acato que suelen entre ellos de zahumar á Cortés y á -todos nosotros, dió diez cargas de mantas de pluma muy fina y ricas, y -cuatro chalchuites, que son unas piedras verdes de muy gran valor, y -tenidas en más estima entre ellos, más que nosotros las esmeraldas, y -es color verde, y ciertas piezas de oro, que dijeron que valía el oro, -sin los chalchuites, tres mil pesos; y entónces vinieron el Tendile -y Pitalpitoque, porque el otro gran cacique, que se decia Quintalbor, -no volvió más, porque habia adolecido en el camino; y aquellos dos -gobernadores se apartaron con Cortés y doña Marina y Aguilar, y le -dijeron que su señor Montezuma recibió el presente y que se holgó con -él, é que en cuanto á la vista, que no le hablen más sobre ello, y -que aquellas ricas piedras de chalchuites que las envia para el gran -Emperador, porque son tan ricas, que vale cada una dellas una gran -carga de oro, y que en más estima las tenia, y que ya no cure de enviar -más mensajeros á Méjico. - -Y Cortés les dió las gracias con ofrecimientos; y ciertamente que le -pesó á Cortés que tan claramente le decian que no podriamos ver al -Montezuma, y dijo á ciertos soldados que allí nos hallamos: - -—«Verdaderamente debe de ser gran señor y rico, y si Dios quisiere, -algun dia le hemos de ir á ver.» - -Y respondimos los soldados: - -—«Ya querriamos estar envueltos con él.» - -Dejemos por agora las vistas, y digamos que en aquella sazon era -hora del Ave-María, y en el real teniamos una campana, y todos nos -arrodillamos delante de una cruz que teniamos puesta en un medaño de -arena, el más alto, y delante de aquella cruz deciamos la oracion de -la Ave-María; y como Tendile y Pitalpitoque nos vieron así arrodillar, -como eran indios muy entremetidos, preguntaron que á qué fin nos -humillábamos delante de aquel palo hecho de aquella manera. - -Y como Cortés lo oyó, y el fraile de la Merced estaba presente, le dijo -Cortés al fraile: - -—«Bien es agora, Padre, que hay buena materia para ello, que les demos -á entender con nuestras lenguas las cosas tocantes á nuestra santa fe.» - -Y entónces se les hizo un tan buen razonamiento para en tal tiempo, -que unos buenos teólogos no lo dijeran mejor; y despues de declarado -cómo somos cristianos é todas las cosas tocantes á nuestra santa fe que -se convenian decir, les dijeron que sus ídolos son malos y que no son -buenos; que huyen de donde está aquella señal de la cruz, porque en -otra de aquella hechura padeció muerte y pasion el Señor del cielo y -de la tierra y de todo lo criado, que es el en que nosotros adoramos y -creemos, que es nuestro Dios verdadero, que se dice Jesucristo, y que -quiso sufrir y pasar aquella muerte por salvar todo el género humano, -y que resucitó al tercero dia y está en los cielos, y que habemos de -ser juzgados dél; y se les dijo otras muchas cosas muy perfectamente -dichas, y las entendian bien, y respondian cómo ellos lo dirian á su -señor Montezuma; y tambien se les declaró que una de las cosas porque -nos envió á estas partes nuestro gran Emperador fué para quitar que -no sacrificasen ningunos indios ni otra manera de sacrificios malos -que hacen, ni se robasen unos á otros, ni adorasen aquellas malditas -figuras; y que les ruega que pongan en su ciudad, en los adoratorios -donde están los ídolos que ellos tienen por dioses, una cruz como -aquella, y pongan una imágen de nuestra Señora, que allí les dió, con -su hijo precioso en los brazos, y verán cuánto bien les va y lo que -nuestro Dios por ellos hace. - -Y porque pasaron otros muchos razonamientos, é yo no los sabré escribir -tan por extenso, lo dejaré, y traeré á la memoria que como vinieron -con Tendile muchos indios esta postrera vez á rescatar piezas de oro, -y no de mucho valor, todos los soldados lo rescatábamos; y aquel oro -que rescatábamos dábamos á los hombres que traiamos de la mar, que iban -á pescar, á trueco de su pescado, para tener de comer; porque de otra -manera pasábamos mucha necesidad de hambre, y Cortés se holgaba dello y -lo disimulaba, aunque lo veia, y se lo decian muchos criados y amigos -de Diego Velazquez, que para qué nos dejaba rescatar. - -Y lo que sobre ello pasó diré adelante. - - - - -CAPÍTULO XLI. - -DE LO QUE SE HIZO SOBRE EL RESCATAR DEL ORO, Y DE OTRAS COSAS QUE EN EL -REAL PASARON. - - -Como vieron los amigos de Diego Velazquez, gobernador de Cuba, que -algunos soldados rescatábamos oro, dijéronselo á Cortés que para qué -lo consentia, y que no lo envió Diego Velazquez para que los soldados -llevasen todo el más oro, y que era bien mandar pregonar que no -rescatasen más de ahí adelante, sino fuese el mismo Cortés, y lo que -hubiesen habido, que lo manifestasen para sacar el real quinto, é que -se pusiese una persona que fuese conveniente para cargo de tesorero. - -Cortés á todo dijo que era bien lo que decian, y que la tal persona -nombrasen ellos; y señalaron á un Gonzalo Mejía. - -Y despues desto hecho, les dijo Cortés, no de buen semblante: - -—«Mirá, señores, que nuestros compañeros pasan gran trabajo de no -tener con qué se sustentar, y por esta causa habiamos de disimular, -porque todos comiesen; cuanto más que es una miseria cuanto rescatan, -que, mediante Dios, mucho es lo que habemos de haber, porque todas las -cosas tienen su haz y envés; ya está pregonado que no rescaten más oro, -como habeis querido; veremos de qué comeremos.» - -Aquí es donde dice el coronista Gómora que lo hacia Cortés porque no -creyese Montezuma que nos daba nada por oro; y no le informaron bien, -que desde lo de Grijalva en el rio de Banderas lo sabia muy claramente; -y demás desto, cuando le enviamos á demandar el casco de oro en granos -de las minas, y nos veian rescatar. Pues que, ¡gente mejicana para no -entendello! - -Y dejemos esto pues dice que por informacion lo sabe; y digamos cómo -una mañana no amaneció indio ninguno de los que estaban en las -chozas, que solian traer de comer, ni los que rescataban, y con ellos -Pitalpitoque, que sin hablar palabra se fueron huyendo; y la causa -fué, segun despues alcanzamos á saber, que se lo envió á mandar -Montezuma, que no aguardasen más pláticas de Cortés ni de los que con -él estábamos; porque parece ser cómo el Montezuma era muy devoto de -sus ídolos, que se decian Tezcatepuca y Huichilóbos; el uno decian -que era dios de la guerra, y el Tezcatepuca el Dios del infierno, -y les sacrificaba cada dia muchachos para que le diesen respuesta -de lo que habia de hacer de nosotros, porque ya el Montezuma tenia -pensamiento que si no nos tornábamos á ir en los navíos, de nos haber -todos á las manos para que hiciésemos generacion, y tambien para tener -que sacrificar; segun despues supimos, la respuesta que le dieron -sus ídolos fué que no curase de oir á Cortés, ni las palabras que le -enviaba á decir que tuviese cruz y la imágen de nuestra Señora, que no -la trujesen á su ciudad; y por esta causa se fueron sin hablar. - -Y como vimos tal novedad, creimos que siempre estaban de guerra, y -estábamos muy más á punto apercibidos. - -Y un dia estando yo y otro soldado puestos por espías en unos arenales, -vimos venir por la playa cinco indios, y por no hacer alboroto por -poca cosa en el real, los dejamos allegar á nosotros, y con alegres -rostros nos hicieron reverencia á su usanza, y por señas nos dijeron -que los llevásemos al real; y yo dije á mi compañero que se quedase en -el puesto, é yo iria con ellos, que en aquella sazon no me pesaban los -piés como agora, que soy viejo; y cuando llegaron adonde Cortés estaba, -le hicieron grande acato y le dijeron: «Lopelucio, lopelucio;» que -quiere decir en la lengua totonaque, señor y gran señor. - -Y traian unos grandes agujeros en los bezos de abajo, y en ellos unas -rodajas de piedras pintadillas de azul, y otros con unas hojas de oro -delgadas, y en las orejas muy grandes agujeros, y en ellos puestas -otras rodajas de oro y piedras, y muy diferente trage y habla que -traian á lo de los mejicanos que solian allí estar en los ranchos con -nosotros, que envió el gran Montezuma; y como doña Marina y Aguilar, -las lenguas, oyeron aquello de lopelucio, no lo entendieron; dijo -la doña Marina en la lengua mejicana que si habia allí entre ellos -naeyauatos, que son intérpretes de la lengua mejicana; y respondieron -los dos de aquellos cinco que sí, que ellos la entendian y hablarian; -y dijeron luego en la lengua mejicana que somos bien venidos, é que -su señor les enviaba á saber quién éramos, y que se holgara servir á -hombres tan esforzados, porque parece ser ya sabian lo de Tabasco y lo -de Potonchan; y más dijeron, que ya hobieran venido á vernos, si no -fuera por temor de los de Culúa, que debian estar allí con nosotros; y -Culúa entiéndese por mejicanos, que es como si dijésemos cordobeses ó -villanos; é que supieron que habia tres dias que se habian ido huyendo -á sus tierras; y de plática en plática supo Cortés cómo tenia Montezuma -enemigos y contrarios, de lo cual se holgó; y con dádivas y halagos que -les hizo, despidió aquellos cinco mensajeros, y les dijo que dijesen á -su señor que él los iria á ver muy presto. - -Aquellos indios llamábamos desde ahí adelante los lopelucios. - -Y dejallos he agora, y pasemos adelante y digamos que en aquellos -arenales donde estábamos habia siempre muchos mosquitos zancudos, -como de los chicos que llaman xexenes, y son peores que los grandes, -y no podiamos dormir dellos, y no habia bastimentos, y el cazabe se -apocaba, y muy mohoso y sucio de las fátulas, y algunos soldados de los -que solian tener indios en la isla de Cuba suspirando continuamente, -por volverse á sus casas, y en especial los criados y amigos de Diego -Velazquez. - -Y como Cortés así vido la cosa y voluntades, mandó que nos fuésemos -al pueblo que habia visto el Montejo y el piloto Alaminos que estaba -en fortaleza, que se dice Quiahuistlan, y que los navíos estarian al -abrigo del peñol por mí nombrado. - -Y como se ponia por la obra para nos ir, todos los amigos, deudos y -criados del Diego Velazquez dijeron á Cortés que para qué queria hacer -aquel viaje sin bastimentos, é que no tenia posibilidad para pasar más -adelante, porque ya se habian muerto en el real de heridas de lo de -Tabasco y de dolencias y hambre sobre treinta y cinco soldados, y que -la tierra era grande y las poblaciones de mucha gente, é que nos darian -guerra un dia que otro, y que seria mejor que nos volviésemos á Cuba á -dar cuenta á Diego Velazquez del oro rescatado, pues era cantidad, y de -los grandes presentes de Montezuma, que era el sol de oro y la luna de -plata y el casco de oro menudo de minas, y de todas las joyas y ropa -por mí referidas. - -Y Cortés les respondió que no era buen consejo volver sin ver; porque -hasta entónces que no nos podiamos quejar de la fortuna, é que diésemos -gracias á Dios, que en todo nos ayudaba; y que en cuanto á los que se -han muerto, que en las guerras y trabajos suele acontecer; y que seria -bien saber lo que habia en la tierra, y que entre tanto del maíz que -tenian los indios y pueblos cercanos comeriamos, ó mal nos andarian las -manos. - -Y con esta respuesta se sosegó algo la parcialidad del Diego Velazquez, -aunque no mucho; que ya habia corrillos dellos y plática en el real -sobre la vuelta de Cuba. - -Y dejallo hé aquí, y diré lo que más avino. - - - - -CAPÍTULO XLII. - -CÓMO ALZAMOS Á HERNANDO CORTÉS POR CAPITAN GENERAL Y JUSTICIA MAYOR -HASTA QUE SU MAJESTAD EN ELLO MANDASE LO QUE FUESE SERVIDO, Y LO QUE EN -ELLO SE HIZO. - - -Ya he dicho que en el real andaban los parientes y amigos del Diego -Velazquez perturbando que no pasásemos adelante, y que desde allí de -San Juan de Ulúa nos volviésemos á la isla de Cuba. - -Parece ser que ya Cortés tenia pláticas con Alonso Hernandez -Puertocarrero y con Pedro de Albarado, y sus cuatro hermanos, Jorge, -Gonzalo, Gomez y Juan, todos Albarados, y con Cristóbal de Olí, Alonso -de Ávila, Juan de Escalante, Francisco de Lugo, y conmigo é otros -caballeros y capitanes, que le pidiésemos por capitan. - -El Francisco de Montejo bien lo entendió, y estábase á la mira; y una -noche á más de media noche vinieron á mi choza el Alonso Hernandez -Puertocarrero y el Juan Escalante y Francisco de Lugo, que éramos algo -deudos yo y el Lugo, y de una tierra, y me dijeron: - -—«Ah señor Bernal Diez del Castillo, salid acá con vuestras armas á -rondar, acompañaremos á Cortés, que anda rondando.» - -Y cuando estuve apartado de la choza me dijeron: - -—«Mirad, señor, tened secreto de un poco que agora os queremos decir, -porque pesa mucho, y no lo entiendan los compañeros que están en -vuestro rancho, que son de la parte del Diego Velazquez.» - -Y lo que platicaron, fué: - -—«¿Paréceos, señor, bien que Hernando Cortés así nos haya traido -engañados á todos, y dió pregones en Cuba que venia á poblar, y ahora -hemos sabido que no trae poder para ello, sino para rescatar, y quieren -que nos volvamos á Santiago de Cuba con todo el oro que se ha habido, -y quedaremos todos perdidos, y tomarse ha el oro el Diego Velazquez, -como la otra vez? Mirá, señor, que habeis venido ya tres veces con -esta postrera, gastando vuestros haberes, y habeis quedado empeñado, -aventurando tantas veces la vida con tantas heridas; hacémoslo, señor, -saber, porque no pase esto adelante; y estamos muchos caballeros que -sabemos que son amigos de vuestra merced, para que esta tierra se -pueble en nombre de S. M., y Hernando Cortés en su Real nombre, y en -teniendo que tengamos posibilidad hacello saber en Castilla á nuestro -Rey y señor. Y tenga, señor, cuidado de dar el voto para que todos le -elijamos por capitan de unánime voluntad, porque es servicio de Dios y -de nuestro Rey y Señor.» - -Yo respondí que la ida de Cuba no era buen acuerdo, y que seria bien -que la tierra se poblase, é que eligiésemos á Cortés por general y -justicia mayor hasta que su majestad otra cosa mandase. - -Y andando de soldado en soldado este concierto, alcanzáronlo á saber -los deudos y amigos del Diego Velazquez, que eran muchos más que -nosotros, y con palabras algo sobradas dijeron á Cortés que para qué -andaba con mañas para quedarse en aquesta tierra sin ir á dar cuenta á -quien le envió para ser capitan; porque Diego Velazquez no se lo ternia -á bien; y que luego nos fuésemos á embarcar, y que no curase de más -rodeos y andar en secreto con los soldados, pues no tenia bastimentos -ni gente ni posibilidad para que pudiese poblar. - -Y Cortés respondió sin mostrar enojo, y dijo que le placia, que -no iria contra las instrucciones y memorias que traia del señor -Diego Velazquez; y mandó luego pregonar que para otro dia todos nos -embarcásemos, cada uno en el navío que habia venido; y los que habiamos -sido en el concierto le respondimos que no era bien traernos engañados: -que en Cuba pregonó que venia á poblar é que viene á rescatar, y que le -requeriamos de parte de Dios nuestro Señor y de su majestad que luego -poblase, y no hiciese otra cosa, porque era muy gran bien y servicio de -Dios y de su majestad; y se le dijeron muchas cosas bien dichas sobre -el caso, diciendo que los naturales no nos dejarian desembarcar otra -vez como ahora, y que en estar poblada aquesta tierra siempre acudirian -de todas las islas soldados para nos ayudar, y que Velazquez nos habia -echado á perder con publicar que tenia provisiones de su majestad para -poblar, siendo al contrario; é que nosotros queriamos poblar, é que se -fuese quien quisiese á Cuba. - -Por manera que Cortés lo aceptó, y aunque se hacia mucho de rogar, y -como dice el refran: «Tú me lo ruegas é yo me lo quiero;» y fué con -condicion que le hiciésemos justicia mayor y capitan general; y lo peor -de todo que le otorgamos, que le dariamos el quinto del oro de lo que -se hubiese, despues de sacado el real quinto, y luego le dimos poderes -muy bastantísimos delante de un escribano del Rey, que se decia Diego -de Godoy, para todo lo por mí aquí dicho. - -Y luego ordenamos de hacer y fundar é poblar una villa, que se nombró -la villa rica de la Veracruz, porque llegamos juéves de la Cena, y -desembarcamos en viérnes santo de la Cruz, é rica por aquel caballero -que dije en el capítulo, que se llegó á Cortés y le dijo que mirase -las tierras ricas: y que se supiese bien gobernar, é quiso decir -que se quedase por capitan general; el cual era el Alonso Hernandez -Puertocarrero. - -Y volvamos á nuestra relacion: que fundada la villa, hicimos alcalde -y regidores, y fueron los primeros alcaldes Alonso Hernandez -Puertocarrero, Francisco de Montejo, y á este Montejo, porque no estaba -muy bien con Cortés, por metelle en los primeros y principal, le mandó -nombrar por alcalde; y los regidores dejallos he de escribir, porque -no hace al caso que nombre algunos, y diré cómo se puso una picota -en la plaza, y fuera de la villa una horca, y señalamos por capitan -para las entradas á Pedro de Albarado, y maestre de campo á Cristóbal -de Olí, alguacil mayor á Juan de Escalante, y tesorero Gonzalo Mejía, -y contador á Alonso de Ávila, y alférez á Hulano Corral, porque el -Villareal, que habia sido alférez, no sé qué enojo habia hecho á Cortés -sobre una india de Cuba, y se le quitó el cargo; y alguacil del Real á -Ochoa, vizcaino, y á un Alonso Romero. - -Dirán ahora cómo no nombro en esta relacion al capitan Gonzalo de -Sandoval, siendo un capitan tan nombrado, que despues de Cortés, fué -la segunda persona, y de quien tanta noticia tuvo el Emperador nuestro -señor. Á esto digo que, como era mancebo entónces, no se tuvo tanta -cuenta con él y con otros valerosos capitanes; que le vimos florecer -en tanta manera, que Cortés y todos los soldados le teniamos en tanta -estima como al mismo Cortés, como adelante diré. - -Y quedarse ha aquí esta relacion; y diré cómo el coronista Gómora dice -que por relacion sabe lo que escribe; y esto que aquí digo, pasó así; y -en todo lo más que escribe no le dieron buena cuenta de lo que dice. É -otra cosa veo, que para que parezca ser verdad lo que en ello escribe, -todo lo que en el caso pone es muy al revés, por más buena retórica que -en el escribir ponga. - -Y dejallo he, y diré lo que la parcialidad del Diego Velazquez hizo -sobre que no fuese por capitan elegido Cortés, y nos volviésemos á la -isla de Cuba. - - - - -CAPÍTULO XLIII. - -CÓMO LA PARCIALIDAD DE DIEGO VELAZQUEZ PERTURBABA EL PODER QUE HABIAMOS -DADO Á CORTÉS, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Y desque la parcialidad de Diego Velazquez vieron que de hecho habiamos -elegido á Cortés por capitan general y justicia mayor, y nombrada la -villa y alcaldes y regidores, y nombrado capitan á Pedro de Albarado, -y alguacil mayor y maestre de campo y todo lo por mí dicho, estaban -tan enojados y rabiosos, que comenzaron á armar bandos é chirinolas, -y aun palabras muy mal dichas contra Cortés y contra los que le -elegimos, é que no era bien hecho sin ser sabidores dello todos los -capitanes y soldados que allí venian, y que no le dió tales poderes el -Diego Velazquez, sino para rescatar, y harto teniamos los del bando -de Cortés, de mirar que no se desvergonzasen más y viniésemos á las -armas; y entónces avisó Cortés secretamente á Juan de Escalante que le -hiciésemos parecer las instrucciones que traia del Diego Velazquez; -por lo cual luego Cortés las sacó del seno y las dió á un escribano -del Rey que las leyese, y decia en ellas: «Desque hubiéredes rescatado -lo más que pudiéredes, os volveréis;» y venian firmadas del Diego -Velazquez, y refrendadas de su secretario Andrés de Duero. - -Pedimos á Cortés que las mandase encorporar juntamente con el poder que -le dimos, y asimismo el pregon que se dió en la isla de Cuba; y esto -fué á causa que S. M. supiese en España cómo todo lo que haciamos era -en su Real servicio, y no nos levantasen alguna cosa contraria de la -verdad; y fué harto buen acuerdo segun en Castilla nos trataba D. Juan -Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, que así -se llamaba; lo cual supimos por muy cierto que andaba por nos destruir, -y todo por ser mal informado, como adelante diré. - -Hecho esto, volvieron otra vez los mismos amigos y criados del Diego -Velazquez á decir que no estaba bien hecho haberle elegido sin ellos, -é que no querian estar debajo de su mandado, sino volverse luego á -la isla de Cuba; y Cortés les respondió que él no deternia á ninguno -por fuerza, é cualquiera que le viniese á pedir licencia se la daria -de buena voluntad, aunque se quedase solo; y con esto los asosegó -á algunos de ellos, excepto al Juan de Velazquez de Leon, que era -pariente del Diego Velazquez, é á Diego de Ordás, y á Escobar, que -llamábamos el Paje porque habia sido criado del Diego Velazquez, y á -Pedro Escudero y á otros amigos del Diego Velazquez; y á tanto vino la -cosa, que poco ni mucho le querian obedecer, y Cortés con nuestro favor -determinó de prender al Juan Velazquez de Leon, y al Diego de Ordás, y -á Escobar el Paje, é á Pedro Escudero, y á otros que ya no me acuerdo; -y por lo demás mirábamos no hubiese algun ruido, y estuvieron presos -con cadenas y velas que les mandaba poner ciertos dias. - -Y pasaré adelante, y diré cómo fué Pedro de Albarado á entrar en un -pueblo cerca de allí. - -Aquí dice el coronista Gómora en su Historia muy al contrario de lo que -pasó, y quien viere su Historia verá ser muy extremado en hablar, é si -bien le informaran, él dijera lo que pasaba; mas todo es mentiras. - - - - -CAPÍTULO XLIV. - -CÓMO FUÉ ORDENADO DE ENVIAR Á PEDRO DE ALBARADO LA TIERRA ADENTRO Á -BUSCAR MAÍZ Y BASTIMENTOS, Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Ya que habiamos hecho y ordenado lo por mí aquí dicho, acordamos que -fuese Pedro de Albarado la tierra adentro á unos pueblos que teniamos -noticia que estaban cerca, para que viese qué tierra era y para traer -maíz é algun bastimento, porque en el real pasábamos mucha necesidad; -y llevó cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y seis -escopeteros, y eran destos soldados más de la mitad de la parcialidad -de Diego Velazquez, y quedamos con Cortés todos los de su bando, por -temor no hubiese más ruido ni chirinola y se levantasen contra él, -hasta asegurar más la cosa; y desta manera fué el Albarado á unos -pueblos pequeños, sujeto de otro pueblo que se decia Costastlan, que -era de lengua de Culúa; y este nombre de Culúa es en aquella tierra -como si dijesen los romanos hallados; así es toda la lengua de la -parcialidad de Méjico y de Montezuma; y á este fin en toda aquesta -tierra cuando dijere Culúa son vasallos y sujetos á Méjico, y así se ha -de entender. - -Y llegado Pedro de Albarado á los pueblos, todos estaban despoblados de -aquel mismo dia, y halló sacrificados en unos cues hombres y muchachos, -y las paredes y altares de sus ídolos con sangre, y los corazones -presentados á los ídolos; y tambien hallaron las piedras sobre que los -sacrificaban, y los cuchillazos de pedernal con que los abrian por los -pechos para les sacar los corazones. - -Dijo el Pedro de Albarado que habian hallado todos los más de aquellos -cuerpos sin brazos y piernas. É que dijeron otros indios que los habian -llevado para comer; de lo cual nuestros soldados se admiraron mucho de -tan grandes crueldades. - -Y dejemos de hablar de tanto sacrificio, pues dende allí adelante en -cada pueblo no hallábamos otra cosa. - -Y volvamos á Pedro de Albarado, que aquellos pueblos los halló muy -abastecidos de comida y despoblados de aquel dia de indios, que no pudo -hallar sino dos indios que le trajeron maíz; y así, hubo de cargar -cada soldado de gallinas y de otras legumbres; y volvióse al real sin -más daño les hacer, aunque halló bien en que, porque así se lo mandó -Cortés, que no fuese como lo de Cozumel; y en el real nos holgamos con -aquel poco bastimento que trujo, porque todos los males y trabajos se -pasan con el comer. - -Aquí es donde dice el coronista Gómora que fué Cortés la tierra adentro -con cuatrocientos soldados; no le informaron bien, que el primero que -fué es el por mí aquí dicho, y no otro. - -Y tornemos á nuestra plática: que como Cortés en todo ponia gran -diligencia, procuró de hacerse amigo con la parcialidad del Diego -Velazquez, porque á unos con dádivas del oro que habiamos habido, que -quebranta peñas, é otros prometimientos, los atrajo á sí y los sacó -de las prisiones, excepto Juan Velazquez de Leon y al Diego de Ordás, -que estaban en cadenas en los navíos, y dende á pocos dias tambien los -sacó de las prisiones, hizo tan buenos y verdaderos amigos dellos como -adelante verán, y toda con el oro, que lo amansa. - -Y á todas las cosas puestas en este estado, acordamos de nos ir al -pueblo que estaba en la fortaleza, ya otra vez por mí memorado, que -se dice Quiahuistlan, y que los navíos se fuesen al peñol y puerto -que estaba enfrente de aquel pueblo obra de una legua dél; é yendo -costa á costa, acuérdome que se mató un gran pescado que le echó -la mar en la costa en seco, y llegamos á un rio donde está poblada -ahora la Veracruz, y venia algo hondo, y con unas canoas quebradas lo -pasamos, y á nado y en balsas, y de aquella parte del rio estaban -unos pueblos sujetos á otro gran pueblo que se decia Cempoal, donde -eran naturales los cinco indios de los bezotes de oro que he dicho -que vinieron por mensajeros á Cortés, que les llamamos lopelucios en -el real, y hallamos las casas de ídolos y sacrificadores, y sangre -derramada y enciensos con que zahumaban, y otras cosas de ídolos y de -piedras con que sacrificaban, y plumas de papagayos y muchos libros -de su papel cosidos á dobleces, como á manera de paños de Castilla, y -no hallamos indios ningunos, porque se habian ya huido; que, como no -habian visto hombres como nosotros ni caballos, tuvieron temor, y allí -aquella noche no hubo qué cenar; caminamos la tierra adentro hácia el -poniente, y dejamos la costa, y no sabiamos el camino, y topamos unos -buenos prados que llaman habanas, y estaban paciendo unos venados, y -corrió Pedro de Albarado con su yegua alazana tras un venado y le dió -una lanzada, y herido, se metió por un monte, que no se pudo haber. - -Y estando en esto, vimos venir doce indios que eran vecinos de -aquellas estancias donde habiamos dormido, y venian de hablar á su -cacique, y traian gallinas y pan de maíz, y dijeron á Cortés con -nuestras lenguas que su señor enviaba aquellas gallinas que comiésemos, -y nos rogaba que fuésemos á su pueblo, que estaba de allí, á lo que -señalaron, andadura de un dia, porque es un sol; y Cortés les dió las -gracias y los halagó, y caminamos adelante y dormimos en otro pueblo -pequeño, que tambien tenia hechos muchos sacrificios. - -Y porque estarán hartos de oir de tantos indios é indias que hallábamos -sacrificados en todos los pueblos y caminos que topábamos, pasaré -adelante sin tornar á decir de qué manera é qué cosas tenian; y diré -cómo nos dieron en aquel pueblezuelo de cenar, y supimos que era por -Cempoal el camino para ir al Quiahuistlan, que ya he dicho que estaba -en una sierra, y pasaré adelante, y diré cómo entramos en Cempoal. - - - - -CAPÍTULO XLV. - -CÓMO ENTRAMOS EN CEMPOAL, QUE EN AQUELLA SAZON ERA MUY BUENA POBLACION, -Y LO QUE ALLÍ PASAMOS. - - -Y como dormimos en aquel pueblo donde nos aposentaron los doce indios -que he dicho, y despues de bien informados del camino que habiamos -de llevar para ir al pueblo que estaba en el peñol, muy de mañana se -lo hicimos saber á los caciques de Cempoal cómo íbamos á su pueblo, y -que lo tuviesen por bien; y para ello envió Cortés los seis indios por -mensajeros, y los otros seis quedaron para que nos guiasen; y mandó -Cortés poner en órden los tiros y escopetas y ballesteros, y siempre -corredores del campo descubriendo, y los de á caballo y todos los demás -muy apercebidos. - -Y desta manera caminamos hasta que llegamos una legua del pueblo; é -ya que estábamos cerca dél, salieron veinte indios principales á nos -recibir de parte del Cacique, y trujeron unas piñas rojas de la tierra, -muy olorosas, y las dieron á Cortés y á los de á caballo con gran amor, -y le dijeron que su señor nos estaba esperando en los aposentos, y por -ser hombre muy gordo y pesado no podia venir á nos recebir; y Cortés -les dió gracias, y se fueron adelante. - -É ya que íbamos entrando entre las casas, desque vimos tan gran -pueblo, y no habiamos visto otro mayor, nos admiramos mucho dello; y -como estaba tan vicioso y hecho un verjel, y tan poblado de hombres y -mujeres las calles llenas que nos salian á ver, dábamos muchos loores á -Dios, que tales tierras habiamos descubierto; y nuestros corredores del -campo, que iban á caballo, parece ser llegaron á la gran plaza y patios -donde estaban los aposentos, y de pocos dias, segun pareció, teníanlos -muy encalados y relucientes, que lo saben muy bien hacer, y pareció -al uno de los de á caballo que era aquello blanco que relucia plata, -y vuelve á rienda suelta á decir á Cortés cómo tenian las paredes de -plata. - -Y doña Marina é Aguilar dijeron que seria yeso ó cal, y tuvimos bien -que reir de su plata ó frenesí, que siempre despues le deciamos que -todo lo blanco le parecia plata. - -Dejemos de la burla, y digamos cómo llegamos á los aposentos, y el -cacique gordo nos salió á recebir junto al patio, que porque era -muy gordo así le nombraré, é hizo muy gran reverencia á Cortés y le -zahumó, que así lo tenian de costumbre, y Cortés le abrazó, y allí nos -aposentaron en unos aposentos harto buenos y grandes, que cabiamos -todos, y nos dieron de comer y pusieron unos cestos de ciruelas, que -habia muchas, porque era tiempo dellas, y pan de maíz; y como veniamos -hambrientos, y no habiamos visto otro tanto bastimento como entónces, -pusimos nombre á aquel pueblo Villaviciosa, y otros le nombraron -Sevilla. - -Mandó Cortés que ningun soldado les hiciese enojo ni se apartase de -aquella plaza. Y cuando el cacique gordo supo que habiamos comido, -le envió á decir á Cortés que le queria ir á ver, é vino con buena -copia de indios principales, y todos traian grandes bocetes de oro é -ricas mantas; y Cortés tambien los salió al encuentro del aposento, y -con grandes caricias y halagos le tornó á abrazar; y luego mandó al -cacique gordo que trujesen un presente que tenia aparejado de cosas de -joyas de oro y mantas, aunque no fué mucho, sino de poco valor, y le -dijo á Cortés: - -—«Lopelucio, lopelucio, recibe esto de buena voluntad;» é que si más -tuviera, que se lo diera. - -Ya he dicho que en lengua totonaque dijeron señor y gran señor, cuando -dicen lopelucio, etc. - -Y Cortés le dijo con doña Marina é Aguilar que él se lo pagaria en -buenas obras, é que lo que hubiese menester, que se lo dijese, que lo -haria por ellos; porque somos vasallos de un tan gran señor, que es -el Emperador D. Cárlos, que manda muchos reinos y señoríos, y que nos -envia para deshacer agravios y castigar á los malos, y mandar que no -sacrificasen más ánimas; y se les dió á entender otras muchas cosas -tocantes á nuestra santa fe. - -Y luego como aquello oyó el cacique gordo, dando suspiros, se quejó -reciamente del gran Montezuma y de sus gobernadores, diciendo que de -poco tiempo acá le habia sojuzgado, y que le habia llevado todas sus -joyas de oro, y les tiene tan apremiados, que no osan hacer sino lo que -les manda, porque es señor de grandes ciudades, tierras é vasallos y -ejércitos de guerra. - -Y como Cortés entendió que de aquellas quejas que daban al presente no -podian entender en ello, les dijo que él haria de manera que fuesen -desagraviados; y porque él iba á ver sus acales (que en lengua de -indios así llaman á los navíos), é hacer su estada é asiento en el -pueblo de Quiahuistlan, que desque allí esté de asiento se verán más -de espacio; y el cacique gordo le respondió muy concertadamente. - -Y otro dia de mañana salimos de Cempoal, y tenia aparejados sobre -cuatrocientos indios de carga, que en aquellas partes llaman tamemes, -que llevan dos arrobas de peso á cuestas y caminan con ellas cinco -leguas; y desque vimos tanto indio para carga nos holgamos, porque de -ántes siempre traiamos á cuestas nuestras mochilas los que no traian -indios de Cuba, porque no pasaron en la armada sino cinco ó seis, y no -tantos como dice el Gómora. - -Y doña Marina é Aguilar nos dijeron, que en aquestas tierras, que -cuando están de paz, sin demandar quien lleve la carga, los caciques -son obligados de dar de aquellos tamemes; y desde allí adelante, donde -quiera que íbamos demandábamos indios para las cargas. - -Y despedido Cortés del cacique gordo, otro dia caminamos nuestro -camino, y fuimos á dormir á un pueblezuelo cerca de Quiahuistlan, y -estaba despoblado, y los de Cempoal trujeron de cenar. - -Aquí es donde dice el coronista Gómora que estuvo Cortés muchos dias en -Cempoal, é que se concertó la rebelion é liga contra Montezuma: no le -informaron bien; porque, como he dicho, otro dia por la mañana salimos -de allí, y donde se concertó la rebelion y por qué causa adelante lo -diré. - -É quédese así, é digamos cómo entramos en Quiahuistlan. - - - - -CAPÍTULO XLVI. - -CÓMO ENTRAMOS EN QUIAHUISTLAN, QUE ERA PUEBLO PUESTO EN FORTALEZA, Y -NOS ACOGIERON DE PAZ. - - -Otro dia, á hora de las diez, llegamos en el pueblo fuerte, que se -decia Quiahuistlan, que está entre grandes peñascos y muy altas -cuestas, y si hubiera resistencia era mala de tomar. É yendo con -buen concierto y ordenanza, creyendo que estuviese de guerra, iba el -artillería delante, y todos subiamos en aquella fortaleza, de manera -que si algo acontecia, hacer lo que éramos obligados. - -Entónces Alonso de Ávila llevó cargo de capitan; é como era soberbio é -de mala condicion, porque un soldado que se decia Hernando Alonso de -Villanueva no iba en buena ordenanza, le dió un bote de lanza en un -brazo que le mancó, y despues se llamó Hernando Alonso de Villanueva el -Manquillo. - -Dirán que siempre salgo de órden al mejor tiempo por contar cosas -viejas. Dejémoslo, y digamos que hasta en la mitad de aquel pueblo no -hallamos indio ninguno con quien hablar, de lo cual nos maravillamos, -que se habian ido huyendo de miedo aquel propio dia; é cuando nos -vieron subir á sus casas, y estando en lo más de la fortaleza en una -plaza junto á donde tenian los cues é casas grandes de sus ídolos, -vimos estar quince indios con buenas mantas, y cada uno un brasero de -brasas, y en ellos de sus inciensos, y vinieron donde Cortés estaba -y le zahumaron, y á los soldados que cerca dellos estábamos, y con -grandes reverencias le dicen que les perdonen porque no le han salido -á recebir, y que fuésemos bien venidos é que reposemos, é que de miedo -se habian huido é ausentado hasta ver qué cosas éramos, porque tenian -miedo de nosotros y de los caballos, é que aquella noche les mandarian -poblar todo el pueblo; y Cortés les mostró mucho amor, y les dijo -muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, como siempre lo teniamos -de costumbre á do quiera que llegábamos, y que éramos vasallos de -nuestro gran Emperador D. Cárlos, y les dió unas cuentas verdes é otras -cosillas de Castilla; y ellos trujeron luego gallinas y pan de maíz. - -Y estando en estas pláticas, vinieron luego á decir á Cortés que -venia el cacique gordo de Cempoal en andas, y las andas á cuestas de -muchos indios principales; y desque llegó el cacique habló con Cortés, -juntamente con el cacique y otros principales de aquel pueblo, dando -tantas quejas de Montezuma, y contaba de sus grandes poderes, y decíalo -con lágrimas y suspiros, que Cortés y los que estábamos presentes -tuvimos mancilla; y demás de contar por qué via é modo los habia -sujetado, que cada año les demandaban muchos de sus hijos y hijas para -sacrificar y otros para servir en sus casas y sementeras, y otras -muchas quejas, que fueron tantas, que ya no se me acuerda; y que los -recaudadores de Montezuma les tomaban sus mujeres é hijas si eran -hermosas, y las forzaban; y que otro tanto hacian en aquellas tierras -de la lengua de Totonaque, que eran más de treinta pueblos; y Cortés -los consolaba con nuestras lenguas cuanto podia, é que los favoreceria -en todo cuanto pudiese, y quitaria aquellos robos y agravios, y que -para eso les envió á estas partes el Emperador nuestro señor, é que no -tuviesen pena ninguna, que presto verian lo que sobre ello haciamos; y -con estas palabras recibieron algun contento, mas no se les aseguraba -el corazon con el gran temor que tenian á los mejicanos. - -Y estando en estas pláticas vinieron unos indios del mismo pueblo á -decir á todos los caciques que allí estaban hablando con Cortés, cómo -venian cinco mejicanos que eran los recaudadores de Montezuma, é como -los vieron se les perdió la color y temblaban de miedo, y dejan solo -á Cortés y los salen á recibir, y de presto les enraman una sala y -les guisan de comer y les hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que -entre ellos beben; y cuando entraron en el pueblo los cinco indios -vinieron por donde estábamos, porque allí estaban las casas del cacique -y nuestros aposentos; y pasaron con tanta contenencia y presuncion, -que sin hablar á Cortés ni á ninguno de nosotros se fueron é pasaron -delante; y traian ricas mantas labradas, y los bragueros de la misma -manera (que entónces bragueros se ponian), y el cabello lucio é -alzado, como atado en la cabeza, y cada uno unas rosas oliéndolas, y -mosqueadores que les traian otros indios como criados, y cada uno un -bordon con un garabato en la mano, y muy acompañados de principales -de otros pueblos de la lengua totonaque; y hasta que los llevaron -á aposentar y les dieron de comer muy altamente no les dejaron de -acompañar. - -Y despues que hubieron comido mandaron llamar al cacique gordo é á los -demás principales, y les dijeron muchas amenazas y les riñeron que por -qué nos habian hospedado en sus pueblos, y les dijeron que qué tenian -ahora que hablar y ver con nosotros. É que su señor Montezuma no era -servido de aquello, porque sin su licencia y mandado no nos habian de -recoger en su pueblo ni dar joyas de oro. Y sobre ello al cacique gordo -y á los demás principales les dijeron muchas amenazas, é que luego les -diesen veinte indios é indias para aplacar á sus dioses por el mal -oficio que habia hecho. - -Y estando en esto, viéndole Cortés, preguntó á doña Marina é Jerónimo -de Aguilar, nuestras lenguas, de qué estaban alborotados los caciques -desque vinieron aquellos indios, é quién eran. É doña Marina, que muy -bien lo entendió, se lo contó lo que pasaba; é luego Cortés mandó -llamar al cacique gordo y á todos los más principales, y les dijo que -quién eran aquellos indios, que les hacian tanta fiesta. - -Y dijeron que los recaudadores del gran Montezuma, é que vienen á ver -por qué causa nos recibian en el pueblo sin licencia de su señor, y que -les demandan ahora veinte indios é indias para sacrificar á sus dioses -Huichilóbos porque les dé vitoria contra nosotros, porque han dicho -que dice Montezuma que os quiere tomar para que seais sus esclavos; -y Cortés les consoló é que no hubiesen miedo, que él estaba allí con -todos nosotros y que los castigaria. - -Y pasemos adelante á otro capítulo, y diré muy por extenso lo que sobre -ello se hizo. - - - - -CAPÍTULO XLVII. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE PRENDIESEN AQUELLOS CINCO RECAUDADORES DE -MONTEZUMA, Y MANDÓ QUE DENDE ALLÍ ADELANTE NO OBEDECIESEN NI DIESEN -TRIBUTO, Y LA REBELION QUE ENTÓNCES SE ORDENÓ CONTRA MONTEZUMA. - - -Como Cortés entendió lo que los caciques le decian, les dijo que ya les -habia dicho otras veces que el Rey nuestro señor le mandó que viniese -á castigar los malhechores é que no consintiese sacrificios ni robos; -y pues aquellos recaudadores venian con aquella demanda, les mandó -que luego los aprisionasen é los tuviesen presos hasta que su señor -Montezuma supiese la causa cómo vienen á robar y llevar por esclavos -sus hijos y mujeres, é hacer otras fuerzas. - -É cuando los caciques lo oyeron estaban espantados de tal osadía, -mandar que los mensajeros del gran Montezuma fuesen maltratados, y -temian y no osaban hacello; y todavía Cortés les convocó para que -luego los echasen en prisiones, y así lo hicieron, y de tal manera, -que en unas varas largas y con collares (segun entre ellos se usa) los -pusieron de arte que no se les podian ir; é uno dellos porque no se -dejaba atar le dieron de palos; y demás desto, mandó Cortés á todos los -caciques que no les diesen más tributo, ni obediencia á Montezuma, é -que así lo publicasen en todos los pueblos aliados y amigos. É que si -otros recaudadores hubiese en otros pueblos como aquellos, que se lo -hiciesen saber, que él enviaria por ellos. - -Y como aquella nueva se supo en toda aquella provincia, porque luego -envió mensajeros el cacique gordo haciéndoselo saber, y tambien lo -publicaron los principales que habian traido en su compañía aquellos -recaudadores, que como los vieron presos, luego se descargaron y fueron -cada uno á su pueblo á dar mandado y á contar lo acaecido. - -É viendo cosas tan maravillosas é de tanto peso para ellos, dijeron que -no osaron hacer aquello hombres humanos, sino teules, que así llaman -á sus ídolos en que adoraban; é á esta causa desde allí adelante nos -llamaron teules, que es, como he dicho, ó dioses ó demonios; y cuando -dijere en esta relacion teules en cosas que han de ser tocadas nuestras -personas, sepan que se dice por nosotros. - -Volvamos á decir de los prisioneros, que los querian sacrificar por -consejo de todos los caciques, porque no les fuese alguno dellos á -dar mandado á Méjico; y como Cortés lo entendió, les mandó que no los -matasen, que él los queria guardar, y puso de nuestros soldados que -los velasen; é á media noche mandó llamar Cortés á los mismos nuestros -soldados que los guardaban, y les dijo: - -—«Mirad que solteis dos dellos, los más diligentes que os parecieren, -de manera que no lo sientan los indios destos pueblos;» que se los -llevasen á su aposento. - -Y así lo hicieron, y despues que los tuvo delante les preguntó con -nuestras lenguas que por qué estaban presos y de qué tierra eran, como -haciendo que no los conocia; y respondieron que los caciques de Cempoal -y de aquel pueblo con su favor y el nuestro los prendieron; y Cortés -respondió que él no sabia nada y que le pesa dello; y les mandó dar -de comer y les dijo palabras de muchos halagos, y que se fuesen luego -á decir á su señor Montezuma cómo éramos todos sus grandes amigos y -servidores; y porque no pasasen más mal les quitó las prisiones, y que -riñó con los caciques que los tenian presos, y que todo lo que hubieren -menester para su servicio que lo hará de muy buena voluntad, y que los -tres indios sus compañeros que tienen en prisiones, que él los mandará -soltar y guardar, y que vayan muy presto, no los tornen á prender y los -maten; y los dos prisioneros respondieron que se lo tenian en merced, -y que habian miedo que los tornarian á las manos, porque por fuerza -habian de pasar por sus tierras; y luego mandó Cortés á seis hombres -de la mar que esa noche los llevasen en un batel obra de cuatro leguas -de allí, hasta sacallos de á tierra segura fuera de los términos de -Cempoal. - -Y como amaneció, y los caciques de aquel pueblo y el cacique gordo -hallaron ménos los dos prisioneros, querian muy de hecho sacrificar los -otros que quedaban, si Cortés no se los quitara de su poder, é hizo del -enojado porque se habian huido los otros dos; y mandó traer una cadena -del navío y echólos en ella, y luego los mandó llevar á los navíos, -é dijo que él los queria guardar, pues tan mal cobro pusieron de los -demás; y cuando los hubieron llevado les mandó quitar las cadenas, é -con buenas palabras les dijo que presto les enviaria á Méjico. - -Dejémoslo así, que luego que esto fué hecho todos los caciques de -Cempoal y de aquel pueblo é de otros que se habian allí juntado de la -lengua totonaque, dijeron á Cortés que qué harian, pues que Montezuma -sabria la prision de sus recaudadores, que ciertamente vendrian sobre -ellos los poderes de Méjico del gran Montezuma, y que no podrian -escapar de ser muertos y destruidos. - -Y dijo Cortés con semblante muy alegre, que él y sus hermanos que allí -estábamos los defenderiamos, y matariamos á quien enojar los quisiese. - -Entónces prometieron todos aquellos pueblos y caciques á una que serian -con nosotros en todo lo que les quisiésemos mandar, y juntarian todos -sus poderes contra Montezuma y todos sus aliados. - -Y aquí dieron la obediencia á su majestad por ante un Diego de Godoy -el escribano, y todo lo que pasó lo enviaron á decir á los más pueblos -de aquella provincia; é como ya no daban tributo ninguno, é los -recojedores no parecian, no cabian de gozo en haber quitado aquel -dominio. - -Y dejemos esto, y diré cómo acordamos de nos bajar á lo llano á unos -prados, donde comenzamos á hacer una fortaleza. Esto es lo que pasa, y -no la relacion que sobre ello dieron al coronista Gómora. - - - - -CAPÍTULO XLVIII. - -CÓMO ACORDAMOS DE POBLAR LA VILLA RICA DE LA VERACRUZ, Y DE HACER UNA -FORTALEZA EN UNOS PRADOS JUNTO Á UNAS SALINAS Y CERCA DEL PUERTO DEL -NOMBRE-FEO, DONDE ESTABAN ANCLADOS NUESTROS NAVÍOS, Y LO QUE ALLÍ SE -HIZO. - - -Despues que hubimos hecho liga y amistad con más de treinta pueblos -de las sierras, que se decian los totonaques, que entónces se -rebelaron al gran Montezuma y dieron la obediencia á su majestad, y se -prefirieron á nos servir, con aquella ayuda tan presta acordamos de -poblar é de fundar la villa rica de la Veracruz en unos llanos media -legua del pueblo, que estaba como fortaleza, que se dice Quiahuistlan, -y traza de iglesia y plaza y atarazanas, y todas las cosas que -convenian para parecer villa, é hicimos una fortaleza, y desde entónces -los cimientos; y en acaballa de tener alta para enmaderar; y hechas -troneras y cubos y barbacanas, dimos tanta priesa, que desde Cortés -comenzó el primero á sacar tierra á cuestas y piedra é ahondar los -cimientos, como todos los capitanes y soldados, y á la continua -entendimos en ello y trabajamos por la acabar de presto, los unos en -los cimientos y otros en hacer las tapias, y otros en acarrear agua y -en las escaleras, en hacer ladrillos y tejas y buscar comida, y otros -en la madera, y los herreros en la clavazon, porque teniamos herreros; -y desta manera trabajábamos en ello á la contina desde el mayor hasta -el menor, y los indios que nos ayudaban, de manera que ya estaba hecha -iglesia y casas, é casi que la fortaleza. - -Estando en esto, parece ser que el gran Montezuma tuvo noticia en -Méjico cómo le habian preso sus recaudadores é que le habian quitado -la obediencia, y cómo estaban rebelados los pueblos totonaques; mostró -tener mucho enojo de Cortés y de todos nosotros, y tenia ya mandado -á un su gran ejército de guerreros que viniesen á dar guerra á los -pueblos que se le rebelaron y que no quedase ninguno dellos á vida; é -para contra nosotros aparejaba de venir con gran ejército y pujanza -de capitanes; y en aquel instante van los dos indios prisioneros que -Cortés mandó soltar, segun he dicho en el capítulo pasado, y cuando -Montezuma entendió que Cortés les quitó de las prisiones y los envió -á Méjico, y las palabras de ofrecimientos que les envió á decir, -quiso Nuestro Señor Dios que amansó su ira é acordó de enviar á saber -de nosotros qué voluntad teniamos, y para ello envió dos mancebos -sobrinos suyos, con cuatro viejos, grandes caciques, que los traian -á cargo, y con ellos envió un presente de oro y mantas, é á dar las -gracias á Cortés porque les soltó á sus criados; y por otra parte -se envió á quejar mucho, diciendo que con nuestro favor se habian -atrevido aquellos pueblos de hacelle tan gran traicion é que no le -diesen tributo é quitalle la obediencia; é que ahora, teniendo respeto -á que tiene por cierto que somos los que sus antepasados les habian -dicho que habian de venir á sus tierras, é que debemos de ser de sus -linajes, é porque estábamos en casa de los traidores, no les envió -luego á destruir; mas que el tiempo andando no se alabaran de aquellas -traiciones. - -Y Cortés recibió el oro y la ropa, que valía sobre dos mil pesos, y -les abrazó, y dió por disculpa que él y todos nosotros éramos muy -amigos de su señor Montezuma, y como tal servidor le tiene guardados -sus tres recaudadores; y luego los mandó traer de los navíos, y con -buenas mantas y bien tratados se los entregó, y tambien Cortés se quejó -mucho del Montezuma, y les dijo cómo su gobernador Pitalpitoque se -fué una noche del real sin le hablar, y que no fué bien hecho, y que -cree y tiene por cierto que no se lo mandaria el señor Montezuma que -hiciese tal villanía, é que por aquella causa nos veniamos á aquellos -pueblos donde estábamos, é que hemos recibido dellos honra; é que le -pide por merced que les perdone el desacato que contra él han tenido; -y que en cuanto á lo que dice que no le acuden con el tributo, que no -pueden servir á dos señores, que en aquellos dias que allí hemos estado -nos han servido en nombre de nuestro Rey y señor, y porque el Cortés -y todos sus hermanos iriamos presto á le ver y servir, y cuando allá -estemos se dará órden en todo lo que mandare. - -Y despues de aquestas pláticas y otras muchas que pasaron, mandó -dar á aquellos mancebos, que eran grandes caciques, y á los cuatro -viejos que los traian á cargo, que eran hombres principales, diamantes -azules y cuentas verdes, y se les hizo honra; y allí delante dellos, -porque habia buenos prados, mandó Cortés que corriesen y escaramuzasen -Pedro de Albarado, que tenia una muy buena yegua alazana que era muy -revuelta, y otros caballeros, de lo cual se holgaron de los haber -visto correr; y despedidos y muy contentos de Cortés y de todos -nosotros se fueron á su Méjico. - -En aquella sazon se le murió el caballo á Cortés, y compró ó le dieron -otro que se decia el Arriero, que era castaño escuro, que fué de Ortiz -el músico y un Bartolomé García el minero y fué uno de los mejores -caballos que venian en el armada. - -Dejemos de hablar en esto, y diré que como aquellos pueblos de la -sierra, nuestros amigos, y el pueblo de Cempoal solian estar de ántes -muy temerosos de los mejicanos, creyendo que el gran Montezuma los -habia de enviar á destruir con sus grandes ejércitos de guerreros, y -cuando vieron á aquellos parientes del gran Montezuma que venian con -el presente por mí nombrado, y á darse por servidores de Cortés y de -todos nosotros, estaban espantados, y decian unos caciques á otros que -ciertamente éramos teules, pues que Montezuma nos habia miedo, pues -enviaba oro en presente. Y si de ántes teniamos mucha reputacion de -esforzados, de allí adelante nos tuvieron en mucho más. - -Y quedarse ha aquí, y diré lo que hizo el cacique y otros sus amigos. - - - - -CAPÍTULO XLIX. - -CÓMO VINO EL CACIQUE GORDO Y OTROS PRINCIPALES Á QUEJARSE DELANTE DE -CORTÉS CÓMO EN UN PUEBLO FUERTE, QUE SE DECIA CINGAPACINGA, ESTABAN -GUARNICIONES DE MEJICANOS Y LES HACIAN MUCHO DAÑO, Y LO QUE SOBRE ELLO -SE HIZO. - - -Despues de despedidos los mensajeros mejicanos, vino el cacique gordo, -con otros muchos principales nuestros amigos, á decir á Cortés que -luego vaya á un pueblo que se decia Cingapacinga, que estaria de -Cempoal dos dias de andadura, que serian ocho ó nueve leguas, porque -decian que estaban en él juntos muchos indios de guerra de los culúas, -que se entiende por los mejicanos, y que les venian á destruir sus -sementeras y estancias, y les salteaban sus vasallos y les hacian -otros malos tratamientos; y Cortés lo creyó, segun se lo decian tan -afectuadamente; y viendo aquellas quejas y con tantas importunaciones, -y habiéndoles prometido que los ayudaria, y mataria á los culúas ó á -otros indios que los quisiesen enojar; é á esta causa no sabia qué -decir, salvo echallos de allí, y estuvo pensando en ello, y dijo riendo -á ciertos compañeros que estábamos acompañándole: - -—«Sabeis, señores, que me parece que en todas estas tierras ya -tenemos fama de esforzados, y por lo que han visto estas gentes por -los recaudadores de Montezuma, nos tienen por dioses ó por cosas como -sus ídolos. He pensado que, para que crean que uno de nosotros basta -para desbaratar aquellos indios guerreros que dicen que están en el -pueblo de la fortaleza de sus enemigos, enviemos á Heredia el viejo;» -que era vizcaino, y tenia mala catadura en la cara, y la barba grande, -y la cara medio acuchillada, é un ojo tuerto, é cojo de una pierna, -escopetero. - -El cual le mandó llamar, y le dijo: - -—«Id con estos caciques hasta el rio, que estaba de allí un cuarto de -legua; é cuando allá llegáredes, haced que os parais á beber é lavar -las manos, é tira un tiro con vuestra escopeta, que yo os enviaré á -llamar; que esto hago porque crean que somos dioses, ó de aquel nombre -y reputacion que nos tienen puesto; y como vos sois mal agestado, crean -que sois ídolo.» - -Y el Heredia lo hizo segun y de la manera que le fué mandado, porque -era hombre que habia sido soldado en Italia; y luego envió Cortés á -llamar al cacique gordo é á todos los demás principales que estaban -aguardando el ayuda y socorro, y les dijo: - -—«Allá envio con vosotros este mi hermano, para que mate y eche todos -los culúas de ese pueblo, y me traiga presos á los que no se quisieren -ir.» - -Y los caciques estaban elevados desque lo oyeron, y no sabian si lo -creer ó no, é miraban á Cortés si hacia algun mudamiento en el rostro, -que creyeron que era verdad lo que les decia; y luego el viejo Heredia, -que iba con ellos, cargó su escopeta, é iba tirando tiros al aire -por los montes porque lo oyesen é viesen los indios, y los caciques -enviaron á dar mandado á los otros pueblos cómo llevan á un teule para -matar á los mejicanos que estaban en Cingapacinga; y esto pongo aquí -por cosa de risa, porque vean las mañas que tenia Cortés. - -Y cuando entendió que habia llegado el Heredia al rio que le habia -dicho, mandó de presto que le fuesen á llamar, y vueltos los caciques -y el viejo Heredia, les tornó á decir Cortés á los caciques que por -la buena voluntad que les tenia que el propio Cortés en persona -con algunos de sus hermanos queria ir á hacelles aquel socorro y -á ver aquellas tierras y fortalezas, y que luego le trujesen cien -hombres tamemes para llevar los tepuzques, que son los tiros, y -vinieron otro dia por la mañana; y habiamos de partir aquel mismo dia -con cuatrocientos soldados y catorce de á caballo y ballesteros y -escopeteros, que estaban apercebidos; y ciertos soldados que eran de -la parcialidad de Diego Velazquez dijeron que no querian ir, y que se -fuese Cortés con los que quisiese, que ellos á Cuba se querian volver; -y lo que sobre ello se hizo diré adelante. - - - - -CAPÍTULO L. - -CÓMO CIERTOS SOLDADOS DE LA PARCIALIDAD DE DIEGO VELAZQUEZ, VIENDO QUE -DE HECHO QUERIAMOS POBLAR Y COMENZAMOS Á PACIFICAR PUEBLOS, DIJERON QUE -NO QUERIAN IR Á NINGUNA ENTRADA, SINO VOLVERSE Á LA ISLA DE CUBA. - - -Ya me habrán oido decir en el capítulo ántes deste que Cortés habia -de ir á un pueblo que se dice Cingapacinga, y habia de llevar -consigo cuatrocientos soldados y catorce de á caballo y ballesteros -y escopeteros, y tenian puestos en la memoria para ir con nosotros á -ciertos soldados de la parcialidad del Diego Velazquez; é yendo los -cuadrilleros á apercebirlos que saliesen luego con sus armas y caballos -los que los tenian, respondieron soberbiamente que no querian ir á -ninguna entrada, sino volverse á sus estancias y haciendas que dejaron -en Cuba; que bastaba lo que habian perdido por sacallos Cortés de sus -casas, y que les habia prometido en el Arenal que cualquiera persona -que se quisiese ir que les daria licencia y navío y matalotaje; y á -esta causa estaban siete soldados apercebidos para se volver á Cuba; y -como Cortés lo supo, los envió á llamar, y preguntando por qué hacian -aquella cosa tan fea, respondieron algo alterados, y dijeron que se -maravillaban querer poblar adonde habia tanta fama de millares de -indios y grandes poblaciones, con tan pocos soldados como éramos, y -que ellos estaban dolientes y hartos de andar de una parte á otra, y -que se querian ir á Cuba á sus casas y haciendas; que les diese luego -licencia, como se lo habia prometido; y Cortés les respondió mansamente -que era verdad que se la prometió, mas que no harian lo que debian -en dejar la bandera de su capitan desamparada; y luego les mandó que -sin detenimiento ninguno se fuesen á embarcar, y les señaló navío, -y les mandó dar cazabe y una botija de aceite y otras legumbres de -bastimentos de lo que teniamos. - -Y uno de aquellos soldados, que se decia Hulano Moron, vecino de la -villa que se decia Delbayamo, tenia un buen caballo overo, labrado de -las manos, y le vendió luego bien vendido á un Juan Ruano á trueco de -otras haciendas que el Juan Ruano dejaba en Cuba; é ya que se querian -hacer á la vela, fuimos todos los compañeros é alcaldes y regidores de -nuestra Villa-Rica á requerir á Cortés que por via ninguna no diese -licencia á persona ninguna para salir á tierra, porque así convenia al -servicio de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que la persona que -tal licencia pidiese, por hombre que merecia pena de muerte, conforme -á las leyes de la órden militar, pues quieren dejar á su capitan y -bandera desamparada en la guerra é peligro, en especial habiendo tanta -multitud de pueblos de indios guerreros como ellos han dicho: y Cortés -hizo como que les queria dar la licencia, mas á la postre se la revocó, -y se quedaron burlados y aun avergonzados, y el Moron su caballo -vendido, y el Juan Ruano, que lo hubo, no se lo quiso volver, y todo -fué maneado por Cortés, y fuimos nuestra entrada á Cingapacinga. - - - - -CAPÍTULO LI. - -DE LO QUE NOS ACAECIÓ EN CINGAPACINGA, Y CÓMO Á LA VUELTA QUE VOLVIMOS -POR CEMPOAL LES DERROCAMOS SUS ÍDOLOS Y OTRAS COSAS QUE PASARON. - - -Como ya los siete hombres que se querian volver á Cuba estaban -pacíficos, luego partimos con los soldados de infantería ya por mí -nombrados, y fuimos á dormir al pueblo de Cempoal, y tenian aparejado -para salir con nosotros dos mil indios de guerra en cuatro capitanías; -y el primero dia caminamos cinco leguas con buen concierto, y otro -dia á poco más de vísperas llegamos á las estancias que estaban junto -al pueblo de Cingapacinga, é los naturales dél tuvieron noticia cómo -íbamos; é ya que comenzábamos á subir por la fortaleza y casas, que -estaban entre grandes riscos y peñascos, salieron de paz á nosotros -ocho indios principales y papas, y dicen á Cortés llorando que por qué -los quiere matar y destruir no habiendo hecho por qué, pues teniamos -fama que á todos haciamos bien y desagraviábamos á los que estaban -robados, y habiamos prendido á los recaudadores de Montezuma; y que -aquellos indios de guerra de Cempoal que allí iban con nosotros estaban -mal con ellos de enemistades viejas que habian tenido sobre tierras é -términos, y que con nuestro favor les venian á matar y robar; y que -es verdad que mejicanos solian estar en guarnicion en aquel pueblo; y -que pocos dias habia se habian ido á sus tierras cuando supieron que -habiamos preso á otros recaudadores; y que le ruegan que no pasemos -adelante la armada y les favorezcan; y como Cortés lo hubo muy bien -entendido con nuestras lenguas doña Marina é Aguilar, luego con mucha -brevedad mandó al capitan Pedro de Albarado y al maestre de campo, que -era Cristóbal de Olí, y á todos nosotros los compañeros que con él -íbamos, que detuviésemos á los indios de Cempoal que no pasasen más -adelante; y así lo hicimos, y por presto que fuimos á detenellos, ya -estaban robando en las estancias, de lo cual hubo Cortés gran enojo, -y mandó que viniesen luego los capitanes que traian á cargo aquellos -guerreros de Cempoal, y con palabras de muy enojado y de grandes -amenazas les dijo que luego les trujesen los indios é indias y mantas -y gallinas que habian robado en las estancias, y que no entre ninguno -dellos en aquel pueblo; y que porque le habian mentido y venian á -sacrificar y robar á sus vecinos con nuestro favor eran dignos de -muerte, y que nuestro Rey y señor, cuyos vasallos somos, no nos envió -á estas partes y tierras para que hiciesen aquellas maldades, y que -abriesen bien los ojos no les aconteciese otra como aquella, porque no -habia de quedar hombre dellos á vida; luego los caciques y capitanes -de Cempoal trujeron á Cortés todo lo que habian robado, así indios -como indias y gallinas, y se les entregó á los dueños cuyo era, y con -semblante muy furioso les tornó á mandar que se saliesen á dormir al -campo, y así lo hicieron. - -Y desque los caciques y papas de aquel pueblo y otros comarcanos vieron -que tan justificados éramos, y las palabras amorosas que les decia -Cortés con nuestras lenguas, y tambien las cosas tocantes á nuestra -santa fe, como lo teniamos de costumbre, y que dejasen el sacrificio -y de se robar unos á otros, y las suciedades de sodomías, y que no -adorasen sus malditos ídolos, y se les dijo otras muchas cosas buenas, -tomáronnos tan buena voluntad, que luego fueron á llamar á otros -pueblos comarcanos, y todos dieron la obediencia á su majestad; y allí -luego dieron muchas quejas de Montezuma, como las pasadas que habian -dado los de Cempoal cuando estábamos en el pueblo de Quiahuistlan; y -otro dia por la mañana Cortés mandó llamar á los capitanes y caciques -de Cempoal, que estaban en el campo aguardando para ver lo que les -mandábamos, y aún muy temerosos de Cortés por lo que habian hecho en -haberle mentido; y venidos delante, hizo amistades entre ellos y los -de aquel pueblo, que nunca faltó por ninguno dellos; y luego partimos -para Cempoal por otro camino, y pasamos por dos pueblos amigos de los -de Cingapacinga, y estábamos descansando, porque hacia recio sol y -veniamos muy cansados con las armas á cuestas; y un soldado que se -decia Fulano de Mora, natural de Ciudad-Rodrigo, tomó dos gallinas de -una casa de indios de aquel pueblo, y Cortés, que lo acertó á ver, hubo -tanto enojo de lo que delante del hizo aquel soldado en los pueblos -de paz en tomar las gallinas, que luego le mandó echar una soga á la -garganta, y le tenian ahorcando si Pedro de Albarado, que se halló -junto á Cortés, no le cortara la soga con la espada, y medio muerto -quedó el pobre soldado. - -He querido traer esto aquí á la memoria para que vean los curiosos -letores cuán ejemplarmente procedia Cortés, y lo que esto importa en -esta ocasion. Despues murió este soldado en una guerra en la provincia -de Guatimala sobre un peñol. - -Volvamos á nuestra relacion: que, como salimos de aquellos pueblos que -dejamos de paz, yendo para Cempoal, estaba el cacique gordo, con otros -principales, aguardándonos en unas chozas con comida; que, aunque son -indios, vieron y entendieron que la justicia es santa y buena, y que -las palabras que Cortés les habia dicho, que veniamos á desagraviar -y quitar tiranías, conformaban con lo que pasó en aquella entrada, y -tuviéronnos en mucho más que de ántes, y allí dormimos en aquellas -chozas, y todos los caciques nos llevaron acompañando hasta los -aposentos de su pueblo; y verdaderamente quisieran que no saliéramos de -su tierra, porque se temian de Montezuma no enviase su gente de guerra -contra ellos; y dijeron á Cortés, pues éramos ya sus amigos, que nos -quieren tener por hermanos, que será bien que tomásemos de sus hijas -é parientas para hacer generacion; y que para que más fijas sean las -amistades trujeron ocho indias, todas hijas de caciques, y dieron á -Cortés una de aquellas cacicas, y era sobrina del mismo cacique gordo, -y otra dieron á Alonso Hernandez Puertocarrero y era hija de otro gran -cacique que se decia Cuesco en su lengua; y traíanlas vestidas á todas -ocho con ricas camisas de la tierra y bien ataviadas á su usanza, y -cada una dellas un collar de oro al cuello, y en las orejas cercillos -de oro, y venian acompañadas de otras indias para se servir dellas; y -cuando el cacique gordo las presentó, dijo á Cortés: - -—«_Tecle_ (que quiere decir en su lengua señor), estas siete mujeres -son para los capitanes que tienes, y esta, que es mi sobrina, es para -tí, que es señora de pueblos y vasallos.» - -Cortés las recibió con alegre semblante y les dijo que se lo tenian -en merced; mas para tomallas, como dice que seamos hermanos, que hay -necesidad que no tengan aquellos ídolos en que creen y adoran, que -los traen engañados, y que no les sacrifiquen; y que como él no vea -aquellas cosas malísimas en el suelo y que no sacrifiquen, que luego -ternán con nosotros muy más fija la hermandad; y que aquellas mujeres -que se volverán cristianas primero que las recibamos; y que tambien -habian de ser limpios de sodomías, porque tenian muchachos vestidos en -hábito de mujeres que andaban á ganar en aquel maldito oficio; y cada -dia sacrificaban delante de nosotros tres ó cuatro y cinco indios, -y los corazones ofrecian á sus ídolos y la sangre pegaban por las -paredes, y cortábanles las piernas y brazos y muslos, y los comian como -vaca que se trae de las carnicerías en nuestra tierra, y aun tengo -creido que lo vendian por menudo en los tiangues, que son mercados; y -que como estas maldades se quiten y que no lo usen, que no solamente -les seremos amigos, más que les hará que sean señores de otras -provincias; y todos los caciques, papas y principales respondieron que -no les estaba bien de dejar sus ídolos y sacrificios, y que aquellos -sus dioses les daban salud y buenas sementeras y todo lo que habian -menester; y que en cuanto á lo de las sodomías, que pornán resistencia -en ello para que no se use más; y como Cortés y todos nosotros vimos -aquella respuesta tan desacatada y habiamos visto tantas crueldades -y torpedades, ya por mí otra vez dichas, no las pudimos sufrir; y -entónces nos habló Cortés sobre ello y nos trujo á la memoria unas -santas y buenas doctrinas, y que, ¿cómo podiamos hacer ninguna cosa -buena si no volviamos por la honra de Dios y en quitar los sacrificios -que hacian á los ídolos? Y que estuviésemos muy apercebidos para pelear -si nos lo viniesen á defender que no se los derrocásemos, y que, aunque -nos costase las vidas, en aquel dia habia de venir al suelo. - -Y puestos que estábamos todos muy á punto con nuestras armas, como lo -teniamos de costumbre para pelear, les dijo Cortés á los caciques que -los habian de derrocar; y cuando aquello vieron luego mandó el cacique -gordo á otros sus capitanes que se apercibiesen muchos guerreros en -defensa de sus ídolos; y cuando vió que queriamos subir en un alto cu, -que es su adoratorio, que estaba alto y habia muchas gradas, que ya -no se me acuerda qué tantas habia, vimos al cacique gordo con otros -principales muy alborotados y sañudos, y dijeron á Cortés que por qué -les queriamos destruir. - -Y que si les haciamos deshonor á sus dioses ó se los quitamos, que -todos ellos perecerian, y aun nosotros con ellos; y Cortés les -respondió muy enojado que otra vez les ha dicho que no sacrifiquen á -aquellas malas figuras, porque no les traigan más engañados, y que á -esta causa los veniamos á quitar de allí, é que luego á la hora los -quitasen ellos; si no, que luego los echarian á rodar por las gradas -abajo; y les dijo que no los terniamos por amigos, sino por enemigos -mortales, pues que les daba buen consejo y no le querian creer; y -porque habian visto que habian venido sus capitanes puestos en armas de -guerreros, que está enojado con ellos y que se lo pagarán con quitalles -las vidas; y como vieron á Cortés que les decia aquellas amenazas, y -nuestra lengua doña Marina que se lo sabia muy bien dar á entender -y aun los amenazaba con los poderes de Montezuma, que cada dia los -aguardaba, por temor desto dijeron que ellos que no eran dignos de -llegar á sus dioses, y que si nosotros los queriamos derrocar, que no -era con su consentimiento, que se los derrocásemos y hiciésemos lo que -quisiésemos. - -Y no lo hubo bien dicho, cuando subimos sobre cincuenta soldados y los -derrocamos, y venian rodando aquellos sus ídolos hechos pedazos, y -eran de manera de dragones espantables, tan grandes como becerros, y -otras figuras de manera de medio hombre y de perros grandes y de malas -semejanzas; y cuando así los vieron hechos pedazos, los caciques y -papas que con ellos estaban lloraban y tapaban los ojos, y en su lengua -totonaque les decian que les perdonasen y que no era más en su mano ni -tenian culpa, sino estos teules que les derruecan, é que por temor de -los mejicanos no nos daban guerra; y cuando aquello pasó, comenzaban -las capitanías de los indios guerreros, que he dicho que venian á nos -dar guerra, á querer flechar; y cuando aquello vimos, echamos mano al -cacique gordo y á seis papas y á otros principales, y les dijo Cortés -que si hacian algun descomedimiento de guerra que habian de morir -todos ellos; y luego el cacique gordo mandó á sus gentes que se fuesen -delante de nosotros y que no hiciesen guerra; y como Cortés los vió -sosegados, les hizo un parlamento, lo cual diré adelante, y así se -apaciguó todo. - -Y esta de Cingapacinga fué la primera entrada que hizo Cortés en la -Nueva-España, y fué de harto provecho; y no como dice el coronista -Gómora, que matamos y prendimos y asolamos tantos millares de hombres -en lo de Cingapacinga; y miren los curiosos que esto leyeren cuánto va -del uno al otro, por muy buen estilo que lo dice en su Corónica, pues -en todo lo que escribe no pasa como dice. - - - - -CAPÍTULO LII. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER UN ALTAR Y SE PUSO UNA IMÁGEN DE NUESTRA SEÑORA -Y UNA CRUZ, Y SE DIJO MISA Y SE BAUTIZARON LAS OCHO INDIAS. - - -Como ya callaban los caciques y papas y todos los más principales, -mandó Cortés que á los ídolos que derrocamos, hechos pedazos, que los -llevasen adonde no pareciesen más y los quemasen; y luego salieron de -un aposento ocho papas que tenian cargo de ellos, y toman sus ídolos y -los llevan á la misma casa donde salieron é los quemaron. - -El hábito que traian aquellos papas eran unas mantas prietas, á -manera de sábana, y lobas largas hasta los piés, y unos como capillos -que querian parecer á los que traen los canónigos, y otros capillos -traian más chicos como los que traen los dominicos, y los traian muy -largos hasta la cinta, y aun algunos hasta los piés, llenos de sangre -pegada y muy enredados, que no se podian esparcir, y las orejas hechas -pedazos, sacrificadas dellas, y hedian como azufre, y tenian otro muy -mal olor como de carne muerta; y segun decian, é alcanzamos á saber, -aquellos papas eran hijos de principales y no tenian mujeres, mas -tenian el maldito oficio de sodomías, y ayunaban ciertos dias; y lo -que yo les veia comer eran unos meollos ó pepitas de algodon cuando -los desmontonan, salvo si ellos no comian otras cosas que yo no se las -pudiese ver. - -Dejemos á los papas y volvamos á Cortés, que les hizo un buen -razonamiento con nuestras lenguas doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y -les dijo que ahora los teniamos como hermanos, y que les favoreceria en -todo lo que pudiese contra Montezuma y sus mejicanos, porque ya envió -á mandar que no les diesen guerra ni les llevasen tributo; y que pues -en aquellos sus altos cues no habian de tener más ídolos, que él les -quiere dejar una gran Señora, que es Madre de nuestro Señor Jesucristo, -en quien creemos y adoramos, para que ellos tambien la tengan por -Señora y abogada; y sobre ello, y tras cosas de pláticas que pasaran, -se les hizo un buen razonamiento, y tan bien propuesto para segun el -tiempo, que no habia más que decir; y se les declaró muchas cosas -tocantes á nuestra santa fe, tan bien dichas como ahora los religiosos -se lo dan á entender, de manera que lo oian de buena voluntad. - -Y luego les mandó llamar todos los indios albañiles que habia en aquel -pueblo, y traer mucha cal, porque habia mucha, y mandó que quitasen las -costras de sangre que estaban en aquellos cues y que lo aderezasen muy -bien, y luego otro dia se encaló y se hizo un altar con buenas mantas, -y mandó traer muchas rosas de las naturales que habia en la tierra, -que eran bien olorosas, y muchos ramos, y lo mandó enramar y que lo -tuviesen limpio y barrido á la contina; y para que tuviesen cargo -dello, apercibió á cuatro papas que se trasquilasen el cabello, que lo -traian largo, como otra vez he dicho, y que vistiesen mantas blancas -y se quitasen las que traian, y que siempre anduviesen limpios y que -sirviesen aquella santa imágen de Nuestra Señora, en barrer y enramar; -y para que tuviesen más cargo dello puso á un nuestro soldado cojo é -viejo, que se decia Juan de Torres de Córdoba, que estuviese allí por -ermitaño, é que mirase que se hiciese cada dia así como lo mandaba á -los papas. - -Y mandó á nuestros carpinteros, otra vez por mí nombrados, que hiciesen -una cruz y la pusiesen en un pilar que teniamos ya nuevamente hecho -y muy bien encalado, y otro dia de mañana se dijo Misa en el altar, -la cual dijo el Padre fray Bartolomé de Olmedo, y entónces se dió -órden como con el incienso de la tierra se incensase á la santa -imágen de Nuestra Señora y á la santa cruz, y tambien se les mostró -hacer candelas de la cera de la tierra, y se les mandó que aquellas -candelas siempre estuviesen ardiendo en el altar, porque hasta entónces -no se sabian aprovechar de la cera; y á la Misa estuvieron los más -principales caciques de aquel pueblo y de otros que se habian juntado. - -Y asimismo trajeron las ocho indias para volver cristianas, que todavía -estaban en poder de sus padres y tios, y se les dió á entender que no -habian de sacrificar más ni adorar ídolos, salvo que habian de creer en -nuestro Señor Dios; y se les amonestó muchas cosas tocantes á nuestra -santa fe, y se bautizaron, y se llamó á la sobrina del cacique gordo -doña Catalina, y era muy fea; aquella dieron á Cortés por la mano, y -la recibió con buen semblante; á la hija de Cuesco, que era un gran -cacique, se puso por nombre doña Francisca; esta era muy hermosa para -ser india, y la dió Cortés á Alonso Hernandez Puertocarrero; las otras -seis ya no se me acuerda el nombre de todas, mas sé que Cortés las -repartió entre soldados. - -Y despues desto hecho, nos despedimos de todos los caciques y -principales, y dende adelante siempre les tuvieron muy buena voluntad, -especialmente cuando vieron que recibió Cortés sus hijas y las llevamos -con nosotros, y con muy grandes ofrecimientos que Cortés les hizo que -les ayudaria, nos fuimos á nuestra Villa-Rica, y lo que allí se hizo lo -diré adelante. - -Esto es lo que pasó en este pueblo de Cempoal, y no otra cosa que sobre -ello hayan escrito el Gómora ni los demás coronistas. - - - - -CAPÍTULO LIII. - -CÓMO LLEGAMOS Á NUESTRA VILLA-RICA DE LA VERACRUZ, Y LO QUE ALLÍ PASÓ. - - -Despues que hubimos hecho aquella jornada y quedaron amigos los de -Cingapacinga con los de Cempoal y otros pueblos comarcanos dieron la -obediencia á su majestad, y se derrocaron los ídolos y se puso la -imágen de Nuestra Señora y la Santa Cruz, y le puso por ermitaño el -viejo soldado y todo lo por mí referido, fuimos á la villa y llevamos -con nosotros, ciertos principales de Cempoal, y hallamos que aquel -dia habia venido de la isla de Cuba un navío, y por capitan dél un -Francisco de Saucedo, que llamábamos el Pulido; y pusímosle aquel -nombre porque en demasía se preciaba de galan y pulido, y decian que -habia sido maestresala del almirante de Castilla, y era natural de -Medina de Rioseco; y vino entónces Luis Marin, capitan que fué en -lo de Méjico, persona que valió mucho, y vinieron diez soldados; y -traia el Saucedo un caballo y Luis Marin una yegua, y nuevas de Cuba, -que le habian llegado al Diego Velazquez de Castilla las provisiones -para poder rescatar y poblar; y los amigos del Diego Velazquez se -regocijaron mucho, y más de que supieron que le trujeron provision para -ser adelantado de Cuba. - -Y estando en aquella villa sin tener en qué entender más de acabar de -hacer la fortaleza, que todavía se entendia en ella, dijimos á Cortés -todos los más soldados que se quedase aquello que estaba hecho en ella -para memoria, pues estaba ya para enmaderar, y que habia ya más de tres -meses que estábamos en aquella tierra, é que seria bueno ir á ver qué -cosa era el gran Montezuma y buscar la vida y nuestra ventura, é que -ántes que nos metiésemos en camino que enviásemos á besar los piés á su -majestad y á dalle cuenta de todo lo acaecido desde que salimos de la -isla de Cuba, y tambien se puso en plática que enviásemos á su majestad -el oro que se habia habido, así rescatado como los presentes que nos -envió Montezuma; y respondió Cortés que era muy bien acordado y que ya -lo habia puesto él en plática con ciertos caballeros; y porque en lo -del oro por ventura habria algunos soldados que querrian sus partes, -y si se partiese que seria poco lo que se podria enviar, por esta -causa dió cargo á Diego de Ordás y á Francisco de Montejo, que eran -personas de negocios, que fuesen de soldado en soldado de los que se -tuviese sospecha que demandarian las partes del oro, y les decian estas -palabras: - -—«Señores, ya veis que queremos hacer un presente á su majestad del -oro que aquí hemos habido, y para ser el primero que enviamos destas -tierras habia de ser mucho más; parécenos que todos le sirvamos con -las partes que nos caben; los caballeros y soldados que aquí estamos -escritos tenemos firmado cómo no queremos parte ninguna della, sino -que servimos á su majestad con ello porque nos haga mercedes. El que -quisiere su parte no se le negará; el que no la quisiere, haga lo que -todos hemos hecho, fírmelo aquí.» - -Y desta manera todos lo firmaron á una. - -Y hecho esto, luego se nombraron para procuradores que fuesen á -Castilla á Alonso Hernandez Puertocarrero y Francisco de Montejo, -porque ya Cortés le habia dado sobre dos mil pesos por tenelle de su -parte. - -Y se mandó apercebir el mejor navío de toda la flota, y con dos -pilotos, que fué uno Anton de Alaminos, que sabia cómo habian de -desembarcar por la canal de Bahama, porque él fué el primero que -navegó por aquella canal; y tambien apercibimos quince marineros, y se -les dió todo recaudo de matalotaje. - -Y esto apercebido, acordamos de escribir y hacer saber á su majestad -todo lo acaecido, y Cortés escribió por sí, segun él nos dijo, con -recta relacion; mas no vimos su carta; y el Cabildo escribió juntamente -con diez soldados de los que fuimos en que se poblase la tierra, y -le alzamos á Cortés por general; y con toda verdad que no faltó cosa -ninguna en la carta, é iba yo firmado en ella; y demás destas cartas y -relaciones, todos los capitanes y soldados juntamente escribimos otra -carta y relacion; y lo que se contenia en la carta que escribimos es lo -siguiente. - - - - -CAPÍTULO LIV. - -DE LA RELACION Y CARTA QUE ESCRIBIMOS Á SU MAJESTAD CON NUESTROS -PROCURADORES ALONSO HERNANDEZ PUERTOCARRERO Y FRANCISCO MONTEJO, LA -CUAL CARTA IBA FIRMADA DE ALGUNOS CAPITANES Y SOLDADOS. - - -Despues de poner en el principio aquel muy debido acato que somos -obligados á tan gran majestad del Emperador nuestro señor, que fué así: -«Siempre sacra, católica, cesárea, Real majestad;» y poner otras cosas -que se convenian decir en la relacion y cuenta de nuestra vida y viaje, -cada capítulo por sí, fué esto que aquí diré en suma breve. - -Cómo salimos de la isla de Cuba con Hernando Cortés, los pregones que -se dieron, cómo veniamos á poblar, y que Diego Velazquez secretamente -enviaba á rescatar, y no á poblar; cómo Cortés se queria volver con -cierto oro rescatado, conforme á las instrucciones que de Diego -Velazquez traia, de las cuales hicimos presentacion; cómo hicimos -á Cortés que poblase y le nombramos por capitan general y justicia -mayor hasta que otra cosa su majestad fuese servido mandar; cómo le -prometimos el quinto de lo que hubiese, despues de sacado su Real -quinto; cómo llegamos á Cozumel y por qué ventura se hubo Jerónimo -de Aguilar en la punta de Cotoche, y de la manera que decia que allí -aportó él y un Gonzalo Guerrero, que se quedó con los indios por estar -casado y tener hijos y estar ya hecho indio; cómo llegamos á Tabasco, -y de las guerras que nos dieron y batallas que con ellos tuvimos; -cómo los atrajimos de paz; cómo á do quiera que llegamos se les hacen -buenos razonamientos para que dejasen sus ídolos, y se les declara -las cosas tocantes á nuestra santa fe; cómo dieron la obediencia á su -Real Majestad y fueron los primeros vasallos que tiene en aquestas -partes; cómo hicieron un presente de mujeres, y en él una cacica, para -india de mucho ser, que sabe la lengua de Méjico, que es la que se -usa en toda la tierra, y que con ella y el Aguilar tenemos verdaderas -lenguas; cómo desembarcamos en San Juan de Ulúa, y de las pláticas de -los embajadores del gran Montezuma, y quién era el gran Montezuma y -lo que se decia de sus grandezas y del presente que trujeron, y cómo -fuimos á Cempoal, que es un pueblo grande, y desde allí á otro pueblo -que se dice Quiahuistlan, que estaba en fortaleza, y cómo se hizo la -liga y confederacion con nosotros, y quitaron la obediencia á Montezuma -en aquel pueblo, demás de treinta pueblos que todos le dieron la -obediencia y están en su Real patrimonio, y la ida de Cingapacinga; -cómo hicimos la fortaleza, y que agora estamos de camino para ir la -tierra adentro hasta vernos con el Montezuma; cómo aquella tierra es -muy grande y de muchas ciudades y muy pobladísima, y los naturales -grandes guerreros; cómo entre ellos hay muchas diversidades de lenguas -y tienen guerra unos con otros; cómo son idólatras y se sacrifican y -matan en sacrificios muchos hombres é niños y mujeres, y comen carne -humana y usan otras torpedades; cómo el primer descubridor fué un -Francisco Hernandez de Córdoba, y luego cómo vino Juan de Grijalva, é -que agora al presente le servimos con el oro que hemos habido, que es -el sol de oro y la luna de plata y un casco de oro en granos como se -coge en las minas, y muchas diversidades y géneros de piezas de oro -hechas de muchas maneras, mantas de algodon muy labradas de plumas -y primas; otras muchas de oro, que fueron mosqueadores, rodelas y -otras cosas que ya no se me acuerda, como há ya tantos años que pasó; -tambien enviamos cuatro indios que quitamos en Cempoal, que tenian á -engordar en unas jaulas de madera para despues de gordos sacrificallos -y comérselos. - -Y despues de hecha esta relacion é otras cosas, dimos cuenta y relacion -cómo quedábamos en estos sus reinos cuatrocientos y cincuenta soldados -á muy gran peligro entre tanta multitud de pueblos y gentes belicosas -y muy grandes guerreros, para servir á Dios y á su Real Corona; y le -suplicamos que en todo lo que se nos ofreciese nos haga mercedes, y -que no hiciese merced de la gobernacion destas tierras ni de ningunos -oficios reales á persona ninguna, porque son tales, ricas y de grandes -pueblos y ciudades, que convienen para un Infante ó gran señor; y -tenemos pensamiento que, como D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de -Búrgos y Arzobispo de Rosano, es su presidente y manda á todas las -Indias, que lo dará á algun su deudo ó amigo, especialmente á un Diego -Velazquez que está por gobernador en la isla de Cuba; y la causa es -porque se le dará la gobernacion ó otro cualquier cargo, que siempre -le sirve con presentes de oro, y le ha dejado en la misma isla pueblos -de indios que le sacan oro de las minas; de lo cual habia primeramente -de dar los mejores pueblos á su Real Corona, y no le dejó ningunos, -que solamente por esto es digno de que no se le hagan mercedes; y que, -como en todo somos sus muy leales servidores, y hasta fenecer nuestras -vidas le hemos de servir, se lo hacemos saber para que tenga noticia de -todo, y que estamos determinados que hasta que sea servido de nuestros -procuradores que allá enviamos besen sus Reales piés y ver nuestras -cartas, y nosotros veamos su Real firma, que entónces, los pechos por -tierra, para obedecer sus Reales mandos; y que si el Obispo de Búrgos -por su mandado nos envia á cualquiera persona á gobernar ó á ser -capitan, que primero que le obedezcamos se lo harémos saber á su Real -persona á do quiera que estuviere y lo fuere servido de mandar, que le -obedeceremos como mando de nuestro Rey y señor, como somos obligados; -y demás destas relaciones, le suplicamos que entre tanto que otra cosa -sea servido mandar, que le hiciese merced de la gobernacion á Hernando -Cortés, y dimos tantos loores dél y que es tan gran servidor suyo, -hasta ponello en las nubes. - -Y despues de haber escrito todas estas relaciones con todo el mayor -acato y humildad que pudimos y convenia, y cada capítulo por sí, -y declaramos cada cosa cómo y cuándo y de qué arte pasaron, como -carta para nuestro Rey y señor, y no del arte que va aquí en esta -relacion; y la firmamos todos los capitanes y soldados que éramos de -la parte de Cortés, é fueron dos cartas duplicadas; y nos rogó que -se la mostrásemos; y como vió la relacion tan verdadera y los grandes -loores que dél dábamos, hubo mucho placer y dijo que nos lo tenia en -merced, con grandes ofrecimientos que nos hizo; empero no quisiera que -dijéramos en ella ni mentáramos del quinto del oro que le prometimos, -ni que declaráramos quién fueron los primeros descubridores; porque, -segun entendimos, no hacia en su carta relacion de Francisco -Hernandez de Córdoba ni del Grijalva, sino á él solo se atribuia el -descubrimiento y la honra é honor de todo; y dijo que agora al presente -aquello estuviera mejor por escribir, y no dar relacion dello á su -majestad; y no faltó quien le dijo que á nuestro Rey y señor no se le -ha de dejar de decir todo lo que pasa. - -Pues ya escritas estas cartas y dadas á nuestros procuradores, les -encomendamos mucho que por via ninguna entrasen en la Habana ni fuesen -á una estancia que tenia allí el Francisco de Montejo, que se decia -el Marien, que era puerto para navíos, porque no alcanzase á saber el -Diego Velazquez lo que pasaba; y no lo hicieron así, como adelante diré. - -Pues ya puesto todo á punto para se ir á embarcar, dijo misa el padre -fray Bartolomé de Olmedo, de la Merced, y encomendándoles al Espíritu -Santo que les guiase, en 26 dias del mes de Julio de 1519 años -partieron de San Juan de Ulúa, y con buen tiempo llegaron á la Habana; -y el Francisco de Montejo con grandes importunaciones convocó é atrajo -al piloto Alaminos guiase á su estancia, diciendo que iba á tomar -bastimentos de puercos y cazabe, hasta que le hizo hacer lo que quiso. - -Fué á surgir á su estancia, porque el Puertocarrero iba muy malo, y no -hizo cuenta dél; y la noche que allí llegaron, desde la nao echaron -un marinero en tierra con cartas é avisos para el Diego Velazquez; y -supimos que el Montejo le mandó que fuese con las cartas, y en posta -fué el marinero por la isla de Cuba de pueblo en pueblo publicando todo -lo aquí por mí dicho, hasta que el Diego Velazquez lo supo. - -Y lo que sobre ello hizo, adelante lo diré. - - - - -CAPÍTULO LV. - -CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, SUPO POR CARTAS MUY POR -CIERTO QUE ENVIÁBAMOS PROCURADORES CON EMBAJADAS Y PRESENTES Á NUESTRO -REY, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Como Diego Velazquez, gobernador de Cuba, supo las nuevas, así por las -cartas que se enviaron secretas y dijeron que fueron del Montejo, como -lo que dijo el marinero que se halló presente en todo lo por mí dicho -en el capítulo pasado, que se habia echado á nado para le llevar las -cartas; y cuando entendió del gran presente de oro que enviábamos á -su majestad y supo quién eran los embajadores, temió y decia palabras -muy lastimosas é maldiciones contra Cortés y su secretario Duero y del -contador Amador de Lares, y de presto mandó armar dos navíos de poco -porte, grandes veleros, con toda la artillería y soldados que pudo -haber y con dos capitanes que fueron en ellos, que se decian Gabriel -de Rojas, y el otro capitan se decia Hulano de Guzman, y les mandó -que fuesen hasta la Habana, y que en todo caso le trujesen presa la -nao en que iban nuestros procuradores y todo el oro que llevaban; y -de presto, así como lo mandó, llegaron en ciertos dias á la canal de -Bahama, y preguntaban los de los navíos á barcos que andaban por la -mar de acarreto que si habian visto ir una nao de mucho porte, y todos -daban noticia della y que ya seria desembocada por la canal de Bahama, -porque siempre tuvieron buen tiempo; y despues de andar barloventeando -con aquellos dos navíos entre la canal y la Habana, y no hallaron -recado de lo que venian á buscar, se volvieron á Santiago de Cuba; y si -triste estaba el Diego Velazquez ántes que enviase los navíos, muy más -se acongojó cuando los vió volver de aquel arte; y luego le aconsejaron -sus amigos que se enviase á quejar á España al Obispo de Búrgos, que -estaba por presidente de Indias, que hacia mucho por él; y tambien -envió á dar sus quejas á la isla de Santo Domingo á la audiencia -Real que en ella residia y á los Frailes gerónimos que estaban por -gobernadores en ella, que se decian fray Luis de Figueroa y fray Alonso -de Santo Domingo y fray Bernardino de Manzanedo; los cuales religiosos -solian estar y residir en el monasterio de la Mejorada, que es de dos -leguas de Medina del Campo; y envian en posta un navío á la Respinola y -danles muchas quejas de Cortés y de todos nosotros. - -Y como alcanzaron á saber en la Real audiencia nuestros grandes -servicios, la respuesta que le dieron los frailes fué que á Cortés y -los que con él andábamos en las guerras no se nos podia poner culpa, -pues sobre todas cosas acudiamos á nuestro Rey y señor, y le enviábamos -tan gran presente, que otro como él no se habia visto de muchos tiempos -pasados en nuestra España; y esto dijeron porque en aquel tiempo y -sazon no habia Perú ni memoria dél; y tambien le enviaron á decir que -ántes éramos dignos de que su majestad nos hiciese muchas mercedes. - -Entónces le enviaron al Diego Velazquez á Cuba á un licenciado que se -decia Zuazo, para que le tomase residencia, ó á lo ménos habia pocos -meses que habia llegado á la isla de Cuba; y como aquella respuesta le -trujeron al Diego Velazquez, se congojó mucho más; y como de ántes era -muy gordo, se paró flaco en aquellos dias; y luego con gran diligencia -mandó buscar todos los navíos que pudo haber en la isla y apercibir -soldados y capitanes, y procuró enviar una recia armada para prender -á Cortés y á todos nosotros; y tanta diligencia puso, que él mismo en -persona andaba de villa en villa y en unas estancias y en otras, y -escribia á todas las partes de la isla donde él no podia ir á rogar á -sus amigos fuesen á aquella jornada; por manera que en obra de once -meses ó un año allegó diez y ocho velas grandes y pequeñas y sobre mil -y trescientos soldados entre capitanes y marineros; porque, como le -vian del arte que he dicho, andar tan apasionado y corrido, todos los -más principales vecinos de Cuba, así los parientes como los que tenian -indios, se aparejaron para le servir, y tambien envió por capitan -general de toda la armada á un hidalgo que se decia Pánfilo de Narvaez, -hombre alto de cuerpo y membrudo, y hablaba algo entonado, como medio -de bóveda, y era natural de Valladolid, casado en la isla de Cuba con -una dueña que se llamaba María de Valenzuela, ya viuda, y tenia buenos -pueblos de indios y era muy rico. - -Donde lo dejaré agora haciendo y aderezando su armada, y volveré -á decir de nuestros procuradores y su buen viaje; y porque en una -sazon acontecian tres y cuatro cosas, no puedo seguir la relacion y -materia de lo que voy hablando por dejar de decir lo que más viene al -propósito, y á esta causa no me culpen porque salgo y me aparto de la -órden por decir lo que más adelante pasa. - - - - -CAPÍTULO LVI. - -CÓMO NUESTROS PROCURADORES CON BUEN TIEMPO DESEMBOCARON LA CANAL DE -BAHAMA Y EN POCOS DIAS LLEGARON Á CASTILLA, Y LO QUE EN LA CÓRTE LES -SUCEDIÓ. - - -Ya he dicho que partieron nuestros procuradores del puerto de San Juan -de Ulúa en 6 del mes de Julio de 1519 años, y con buen viaje llegaron -á la Habana, y luego desembocaron la canal, é dice que aquella fué la -primera vez que por allí navegaron, y en poco tiempo llegaron á las -islas de la Tercera, y desde allí á Sevilla, y fueron en posta á la -córte, que estaba en Valladolid, y por presidente del Real consejo -de Indias D. Juan Rodriguez de Fonseca, que era Obispo de Búrgos, -y se nombraba Arzobispo de Rosano y mandaba toda la córte, porque -el Emperador nuestro señor estaba en Flandes y era mancebo; y como -nuestros procuradores le fueron á besar las manos al presidente muy -ufanos, creyendo que les hiciera mercedes, y dalle nuestras cartas y -relaciones y á presentar todo el oro y joyas, le suplicaron que luego -hiciese mensajero á su majestad y le enviasen aquel presente y cartas, -y que ellos mismos irian con ello á besar sus Reales piés; y en vez de -agasajarlos, les mostró poco amor y los favoreció muy poco, y aun les -dijo palabras secas y ásperas. - -Nuestros embajadores dijeron que mirase su señoría los grandes -servicios que Cortés y sus compañeros haciamos á su majestad, y que -le suplicaban otra vez que todas aquellas joyas de oro, cartas y -relaciones las enviase luego á su majestad para que sepa todo lo que -pasa, y que ellos irian con él. - -Y les tornó á responder muy soberbiamente, y aun les mandó que no -tuviesen ellos cargo dello, que él les escribiria lo que pasaba, y no -lo que le decian, pues se habian levantado contra el Diego Velazquez; -y pasaron otras muchas palabras ágrias; y en esta sazon llegó á la -córte el Benito Martin, Capellan de Diego Velazquez, otra vez por mí -nombrado, dando muchas quejas de Cortés y de todos nosotros, de que el -Obispo se airó mucho más contra nosotros; y porque el Alonso Hernandez -Puertocarrero, como era caballero primo del conde de Medellin, y porque -el Montejo no osaba desagradar al presidente, decia al Obispo que le -suplicaba muy ahincadamente que sin pasion fuesen oidos y que no dijese -las palabras que decia, y que luego enviase aquellos recaudos así como -los traian á su majestad, y que éramos servidores de la Real Corona, y -que eran dignos de mercedes, y no de ser por palabras afrentados. - -Cuando aquello oyó el Obispo, le mandó echar preso, y porque le -informaron que habia sacado de Medellin tres años habia una mujer que -se decia María Rodriguez y la llevó á las Indias. - -Por manera que todos nuestros servicios y los presentes de oro estaban -del arte que aquí he dicho; y acordaron nuestros embajadores de callar -hasta su tiempo é lugar. - -Y el Obispo escribió á su majestad á Flandes á favor de su privado é -amigo Diego Velazquez, y muy malas palabras contra Hernando Cortés y -contra todos nosotros; mas no hizo relacion de ninguna manera de las -cartas que le enviábamos, salvo que se habia alzado Hernando Cortés al -Diego Velazquez, y otras cosas que dijo. - -Volvamos á decir del Alonso Hernandez Puertocarrero y del Francisco -de Montejo, y aun de Martin Cortés, padre del mismo Cortés, y de un -licenciado Nuñez, relator del Real consejo de su majestad y cercano -pariente del Cortés, qué hacian por él: acordaron de enviar mensajeros -á Flandes con otras cartas como las que dieron al Obispo de Búrgos, -porque iban duplicadas las que enviamos con los procuradores, y -escribieron á su majestad todo lo que pasaba é la memoria de las -joyas de oro del presente, y dando quejas del Obispo y descubriendo -sus tratos que tenia con el Diego Velazquez; y aun otros caballeros -les favorecieron, que no estaban muy bien con el D. Juan Rodriguez -de Fonseca; porque, segun decian, era malquisto por muchas demasías -y soberbias que mostraba con los grandes cargos que tenia; y como -nuestros grandes servicios eran por Dios nuestro Señor y por su -majestad, y siempre poniamos nuestras fuerzas en ello, quiso Dios -que su majestad lo alcanzó á saber muy claramente; y como lo vió -y entendió, fué tanto el contentamiento que mostró, y los duques, -marqueses y condes y otros caballeros que estaban en su Real córte, que -en otra cosa no hablaban por algunos dias sino de Cortés y de todos -nosotros los que le ayudamos en las conquistas, y de las riquezas que -destas partes le enviamos; y así por esto como por las cartas glosadas -que sobre ello le escribió el Obispo de Búrgos, desque vió su majestad -que todo era al contrario de la verdad, desde allí adelante le tuvo -mala voluntad al Obispo, especialmente que no envió todas las piezas de -oro, é se quedó con gran parte dellas. - -Todo lo cual alcanzó á saber el mismo Obispo, que se lo escribieron -desde Flandes, de lo cual recibió muy grande enojo, y si de ántes que -fuesen nuestras cartas ante su majestad el Obispo decia muchos males de -Cortés y de todos nosotros, de allí adelante á boca llena nos llamaba -traidores; mas quiso Dios que perdió la furia y braveza, que desde ahí -á dos años fué recusado y aun quedó corrido y afrentado, y nosotros -quedamos por muy leales servidores, como adelante diré de que venga -á coyuntura; y escribió su majestad que presto vendria á Castilla y -entenderia en lo que nos conviniese, é nos haria mercedes. - -Y porque adelante lo diré muy por extenso cómo y de qué manera pasó, -se quedará aquí así, y nuestros procuradores aguardando la venida de su -majestad. - -Y ántes que más pase adelante quiero decir, por lo que me han -preguntado ciertos caballeros muy curiosos, y aun tienen razon de lo -saber, que ¿cómo puedo yo escribir en esta relacion lo que no vi, pues -estaba en aquella sazon en las conquistas de la Nueva-España cuando -los procuradores dieron las cartas, recaudos y presente de oro que -llevaban para su majestad, y tuvieron aquellas contiendas con el Obispo -de Búrgos? Á esto digo que nuestros procuradores nos escribian á los -verdaderos conquistadores lo que pasaba, así lo del Obispo de Búrgos -como lo que su majestad fué servido mandar en nuestro favor, letra -por letra en capítulos, y de qué manera pasaba; y Cortés nos enviaba -otras cartas que recibia de nuestros procuradores, á las villas donde -viviamos en aquella sazon, para que viésemos cuán bien negociábamos con -su majestad y qué grande contrario teniamos en el Obispo de Búrgos. - -Y esto doy por descargo de lo que me preguntaban aquellos caballeros -que dicho tengo. Dejemos esto, y digamos en otro capítulo lo que en -nuestro real pasó. - - - - -CAPÍTULO LVII. - -CÓMO DESPUES QUE PARTIERON NUESTROS EMBAJADORES PARA SU MAJESTAD CON -TODO EL ORO Y CARTAS Y RELACIONES DE LO QUE EN EL REAL SE HIZO, Y LA -JUSTICIA QUE CORTÉS MANDÓ HACER. - - -Desde á cuatro dias que partieron nuestros procuradores para ir ante -el Emperador nuestro señor, como dicho habemos, y los corazones de los -hombres son de muchas calidades é pensamientos, parece ser que unos -amigos y criados del Diego Velazquez, que se decian Pedro Escudero -y un Juan Cermeño, y un Gonzalo de Umbría, piloto, y Bernaldino de -Coria, vecino que fué despues de Chiapa, padre de un Hulano Centeno, -y un Clérigo que se decia Juan Diaz, y ciertos hombres de la mar que -se decian Peñates, naturales de Gibraleon, estaban mal con Cortés, -los unos porque no les dió licencia para se volver á Cuba, como se la -habian prometido, y otros porque no les dió parte del oro que enviamos -á Castilla; los Peñates porque los azotó en Cozumel, como ya otra vez -tengo dicho, cuando hurtaron los tocinos á un soldado que se decia -Barrio; acordaron todos de tomar un navío de poco porte é irse con -él á Cuba á dar mandato al Diego Velazquez, para avisalle como en la -Habana podian tomar en la estancia de Francisco Montejo á nuestros -procuradores con el oro y recaudos; que segun pareció, de otras -personas principales que estaban en nuestro real fueron aconsejados que -fuesen á aquella estancia que he dicho, y aun escribieron para que el -Diego Velazquez tuviese tiempo de habellos á las manos. - -Por manera que las personas que he dicho ya tenian metido matalotaje, -que era pan cazabe, aceite, pescado y agua, y otras pobrezas de lo que -podian haber; é ya que se iban á embarcar, y era á más de media noche, -el uno dellos, que era el Bernaldino de Coria, parece ser se arrepintió -de se volver á Cuba, y lo fué á hacer saber á Cortés. - -É como lo supo, é de qué manera y cuántos é por qué causas se querian -ir, y quiénes fueron en los consejos y tramas para ello, les mandó -luego sacar las velas, aguja y timon del navío, y los mandó echar -presos y les tomó sus confesiones, y confesaron la verdad, y condenaron -á otros que estaban con nosotros, que se disimuló por el tiempo, que -no permitia otra cosa; y por sentencia que dió, mandó ahorcar al Pedro -Escudero y á Juan Cermeño, y á cortar los piés al piloto Gonzalo de -Umbría, y azotar á los marineros Peñates, á cada ducientos azotes, y al -padre Juan Diaz si no fuera de Misa tambien lo castigara, más metióle -algo temor. - -Acuérdome que cuando Cortés firmó aquella sentencia dijo con grandes -suspiros y sentimientos: - -—«¡Oh, quién no supiera escribir, para no firmar muertes de hombres!» - -Y paréceme que aqueste dicho es muy comun entre los jueces que -sentencian algunas personas á muerte, que lo tomaron de aquel cruel -Neron en el tiempo que dió muestras de buen Emperador; y así como -se hubo ejecutado la sentencia, se fué Cortés luego á mata-caballo -á Cempoal, que es cinco leguas de la villa, y nos mandó que luego -fuésemos tras él ducientos soldados y todos los de á caballo; y -acuérdome que Pedro de Albarado, que habia tres dias que le habia -enviado Cortés con otros ducientos soldados por los pueblos de la -sierra porque tuviesen qué comer, porque en nuestra villa pasábamos -mucha necesidad de bastimentos, y le mandó que se fuese á Cempoal para -que allí diéramos órden de nuestro viaje á Méjico. - -Por manera que el Pedro de Albarado no se halló presente cuando se hizo -la justicia que dicho tengo. Y cuando nos vimos juntos en Cempoal, la -órden que se dió en todo diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LVIII. - -CÓMO ACORDAMOS DE IR Á MÉJICO, Y ÁNTES QUE PARTIÉSEMOS DAR CON TODOS -LOS NAVÍOS AL TRAVÉS, Y LO QUE MÁS PASÓ; Y ESTO DE DAR CON LOS NAVÍOS -AL TRAVÉS FUÉ POR CONSEJO É ACUERDO DE TODOS NOSOTROS LOS QUE ÉRAMOS -AMIGOS DE CORTÉS. - - -Estando en Cempoal, como dicho tengo, platicando con Cortés en las -cosas de la guerra y camino para adelante, de plática en plática le -aconsejamos los que éramos sus amigos que no dejase navío en el puerto -ninguno, sino que luego diese al través con todos, y no quedasen -ocasiones, porque entre tanto que estábamos la tierra adentro no se -alzasen otras personas como los pasados; y demás desto, que teniamos -mucha ayuda de los maestres, pilotos y marineros, que serian al pié de -cien personas, y que mejor nos ayudarian á pelear y guerrear que no -estando en el puerto; y segun vi y entendí, esta plática de dar con los -navíos al través que allí le propusimos, el mismo Cortés lo tenia ya -concertado, sino que quiso que saliese de nosotros, porque si algo le -demandasen que pagase los navíos, que era por nuestro consejo, y todos -fuésemos en los pagar. - -Y luego mandó á un Juan de Escalante, que era alguacil mayor y persona -de mucho valor y gran amigo de Cortés, y enemigo de Diego Velazquez -porque en la isla de Cuba no le dió buenos indios, que luego fuese á la -villa, y que de todos los navíos se sacasen todas las anclas, cables, -velas y lo que dentro tenian de que se pudiesen aprovechar, y que diese -con todos ellos al través, que no quedasen más de los bateles; é que -los pilotos é maestres viejos y marineros que no eran buenos para ir -á la guerra, que se quedasen en la villa, y con dos chinchorros que -tuviesen cargo de pescar, que en aquel puerto siempre habia pescado, -aunque no mucho; y el Juan de Escalante lo hizo segun y de la manera -que le fué mandado, y luego se vino á Cempoal con una capitanía de -hombres de la mar, que fueron los que sacaron de los navíos, y salieron -algunos dellos muy buenos soldados. - -Pues hecho esto, mandó Cortés llamar á todos los caciques de la -serranía de los pueblos nuestros confederados, y rebelados al gran -Montezuma, y les dijo cómo habian de servir á los que quedaban en la -Villa-Rica, é acabar de hacer la iglesia, fortaleza y casas; y allí -delante dellos tomó Cortés por la mano al Juan de Escalante, y les dijo: - -—«Este es mi hermano.» - -Y que lo que les mandase que lo hiciesen; é que si hubiesen menester -favor é ayuda contra algunos indios mejicanos, que á él ocurriesen, que -él iria en persona á les ayudar. - -Y todos los caciques se ofrecieron de buena voluntad de hacer lo que -les mandase; é acuérdome que luego le zahumaron al Juan de Escalante -con sus inciensos, aunque no quiso. - -Ya he dicho era persona muy bastante para cualquier cargo y amigo de -Cortés, y con aquella confianza le puso en aquella villa y puerto por -capitan, para si algo enviase Diego Velazquez, que hubiese resistencia. - -Dejallo he aquí, y diré lo que pasó. - -Aquí es donde dice el coronista Gómora que mandó Cortés barrenar los -navíos, y tambien dice el mismo que Cortés no osaba publicar á los -soldados que queria ir á Méjico en busca del gran Montezuma. Pues ¿de -qué condicion somos los españoles para no ir adelante, y estarnos en -partes que no tengamos provecho é guerras? - -Tambien dice el mismo Gómora que Pedro de Ircio quedó por capitan en la -Veracruz; no le informaron bien. Digo que Juan de Escalante fué el que -quedó por capitan y alguacil mayor de la Nueva-España, que aun al Pedro -de Ircio no le habian dado cargo ninguno, ni aun de cuadrillero, ni era -para ello, ni es justo dar á nadie lo que no tuvo, ni quitarlo á quien -lo tuvo. - - - - -CAPÍTULO LIX. - -DE UN RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO DESPUES DE HABER DADO CON LOS -NAVÍOS AL TRAVÉS, Y CÓMO APRESTAMOS NUESTRA IDA PARA MÉJICO. - - -Despues de haber dado con los navíos al través á ojos vistas, y no como -lo dice el coronista Gómora, una mañana, despues de haber oido Misa, -estando que estábamos todos los capitanes y soldados juntos hablando -con Cortés en cosas de la guerra, dijo que nos pedia por merced que -lo oyésemos, y propuso un razonamiento desta manera: que ya habiamos -entendido la jornada á que íbamos, y mediante nuestro Señor Jesucristo -habiamos de vencer todas las batallas y rencuentros, y que habiamos de -estar tan prestos para ello como convenia; porque en cualquier parte -que fuésemos desbaratados (lo cual Dios no permitiese) no podriamos -alzar cabeza, por ser muy pocos, y que no teniamos otro socorro ni -ayuda sino el de Dios, porque ya no teniamos navíos para ir á Cuba, -salvo nuestro buen pelear y corazones fuertes; y sobre ello dijo otras -muchas comparaciones de hechos heróicos de los romanos. - -Y todos á una le respondimos que hariamos lo que ordenase; que echada -estaba la suerte de la buena ó mala ventura, como dijo Julio César -sobre el Rubicon, pues eran todos nuestros servicios para servir á Dios -y á su Majestad. - -Y despues deste razonamiento, que fué muy bueno, cierto, con otras -palabras más melosas y elocuencia que yo aquí las digo, luego mandó -llamar al cacique gordo, y le tornó á traer á la memoria que tuviese -muy reverenciada y limpia la iglesia y cruz; é demás desto le dijo -que él se queria partir luego para Méjico á mandar á Montezuma que no -robe ni sacrifique, é que ha menester ducientos indios tamemes para -llevar el artillería, que ya he dicho otra vez que llevan dos arrobas á -cuestas é andan con ellas cinco leguas; y tambien les demandó cincuenta -principales hombres de guerra que fuesen con nosotros. - -Estando desta manera para partir, vino de la Villa-Rica un soldado con -una carta del Escalante, que ya le habia mandado otra vez Cortés que -fuese á la villa para que le enviase otros soldados, y lo que en la -carta decia el Escalante era que andaba un navío por la costa, y que le -habia hecho ahumadas y otras grandes señas, y habia puesto unas mantas -blancas por banderas, y que cabalgó á caballo con una capa de grana -colorada porque lo viesen los del navío; y que le pareció á él que -bien vieron las señas, banderas, caballo y capa, y no quisieron venir -al puerto; y que luego envió españoles á ver en qué pareja iba, y le -trujeron respuesta que tres leguas de allí estaba surto, cerca de una -boca de un rio; y que se lo hace saber para ver lo que manda. - -Y como Cortés vió la carta, mandó luego á Pedro de Albarado que tuviese -cargo de todo el ejército que estaba allí en Cempoal, y juntamente con -él á Gonzalo de Sandoval, que ya daba muestras de varon muy esforzado, -como siempre lo fué. - -Este fué el primer cargo que tuvo el Sandoval; y aun sobre que le dió -entónces aquel cargo que fué el primero, y se lo dejó de dar á Alonso -de Ávila, tuvieron ciertas cosquillas el Alonso de Ávila y el Sandoval. - -Volvamos á nuestro cuento, y es, que luego Cortés cabalgó con cuatro -de á caballo que le acompañaron, y mandó que le siguiésemos cincuenta -soldados de los más sueltos, porque Cortés nos nombró los que habiamos -de ir con él; y aquella noche llegamos á la Villa-Rica. - -Y lo que allí pasamos diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LX. - -CÓMO CORTÉS FUÉ ADONDE ESTABA SURTO EL NAVÍO, Y PRENDIMOS SEIS SOLDADOS -Y MARINEROS QUE DEL NAVÍO HUYERON, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Así como llegamos á Villa-Rica, como dicho tengo, vino Juan de -Escalante á hablar á Cortés, y le dijo que seria bien ir luego aquella -noche al navío, por ventura no alzase velas y se fuese, y que reposase -el Cortés, que él iria con veinte soldados. - -Y Cortés dijo que no podia reposar; que cabra coja no tenga siesta, que -él queria ir en persona con los soldados que consigo traia; y ántes que -bocado comiésemos comenzamos á caminar la costa adelante, y topamos en -el camino á cuatro españoles que venian á tomar posesion en aquella -tierra por Francisco de Garay, gobernador de Jamáica, los cuales -enviaba un capitan que estaba poblando de pocos dias habia en el rio de -Pánuco, que se llamaba Alonso Álvarez de Pineda ó Pinedo; y los cuatro -españoles que tomamos se decian Guillen de la Loa, este venia por -escribano; y los testigos que traia para tomar la posesion se decian -Andrés Nuñez, y era carpintero de ribera, y el otro se decia maestre -Pedro el de la Arpa, y era valenciano, el otro no me acuerdo el nombre. - -Y como Cortés hubo bien entendido cómo venian á tomar posesion en -nombre de Francisco de Garay, é supo que quedaba en Jamáica y enviaba -capitanes, preguntóles Cortés que por qué título ó por qué via venian -aquellos capitanes. - -Respondieron los cuatro hombres que en el año de 1518, como habia -fama en todas las islas de las tierras que descubrimos cuando lo de -Francisco Hernandez de Córdoba y Juan de Grijalva, y llevamos á Cuba -los veinte mil pesos de oro á Diego Velazquez, que entónces tuvo -relacion el Garay del piloto Anton de Alaminos y de otro piloto que -habiamos traido con nosotros, que podia pedir á su majestad desde -el rio de San Pedro y San Pablo por la banda del norte todo lo que -descubriese; y como el Garay tenia en la córte quien le favoreciese -con el favor que esperaba, enviaba un mayordomo suyo que se decia -Torralva, á lo negociar, y trujo provisiones para que fuese adelantado -y gobernador desde el rio de San Pedro y San Pablo y todo lo que -descubriese; y por aquellas provisiones envió luego tres navíos con -hasta ducientos y setenta soldados con bastimentos y caballos, con el -capitan por mí nombrado, que se decia Alonso Álvarez Pineda ó Pinedo, -y que estaba poblando en un rio que se dice Pánuco, obra de setenta -leguas de allí; y que ellos hicieron lo que su capitan les mandó, y que -no tienen culpa. - -Y como lo hubo entendido Cortés, con palabras amorosas les halagó, y -les dijo que si podriamos tomar aquel navío; y el Guillen de la Loa, -que era el más principal de los cuatro hombres, dijo que capearian y -harian lo que pudiesen; y por bien que los llamaron y capearon, ni -por señas que les hicieron, no quisieron venir, porque, segun dijeron -aquellos hombres, su capitan les mandó que mirasen que los soldados de -Cortés no topasen con ellos, porque tenian noticia que estábamos en -aquella tierra; y cuando vimos que no venia el batel, bien entendimos -que desde el navío nos habian visto venir por la costa adelante, y -que si no era con maña no volverian con el batel á aquella tierra; é -rogóles Cortés que se desnudasen aquellos cuatro hombres sus vestidos -para que se los vistiesen otros cuatro hombres de los nuestros, y así -lo hicieron; y luego nos volvimos por la costa adelante por donde -habiamos venido, para que nos viesen volver desde el navío, para que -creyesen los del navío que de hecho nos volvimos, y quedábamos los -cuatro de nuestros soldados vestidos los vestidos de los otros cuatro, -y estuvimos con Cortés en el monte escondidos hasta más de media -noche que hiciese escuro para volvernos enfrente del riachuelo, y muy -escondidos, que no pareciamos otros, sino los cuatro soldados de los -nuestros; y como amaneció comenzaron á capear los cuatro soldados, y -luego vinieron en el batel seis marineros, y los dos saltaron en tierra -con unas dos botijas de agua; y entónces aguardamos los que estábamos -con Cortés escondidos que saltasen los demás marineros; y no quisieron -saltar en tierra; y los cuatro de los nuestros que tenian vestidas las -ropas de los otros de Garay hacian que estaban lavando las manos y -escondiendo las caras, y decian los del batel: - -—«Veníos á embarcar; ¿qué haceis? ¿por qué no venis?» - -Y entónces respondió uno de los nuestros: - -—«Saltad en tierra y vereis aquí un poco.» - -Y como desconocieron la voz, se volvieron con su batel, y por más -que los llamaron, no quisieron responder; y queriamos les tirar con -las escopetas y ballestas, y Cortés dijo que no se hiciese tal, que -se fuesen con Dios á dar mandado á su capitan; por manera que se -hubieron de aquel navío seis soldados, los cuatro hubimos primero, y -dos marineros que saltaron en tierra; y así, volvimos á Villa-Rica, y -todo esto sin comer cosa ninguna; y esto es lo que se hizo, y no lo -que escribe el coronista Gómora, porque dice que vino Garay en aquel -tiempo, y engañóse, que primero que viniese envió tres capitanes con -navíos; los cuales diré adelante en qué tiempo vinieron é qué se hizo -dellos, y tambien en el tiempo que vino Garay; y pasemos adelante, é -diremos cómo acordamos de ir á Méjico. - - - - -CAPÍTULO LXI. - -CÓMO ORDENAMOS DE IR Á LA CIUDAD DE MÉJICO, Y POR CONSEJO DEL CACIQUE -FUIMOS POR TLASCALA, Y DE LO QUE NOS ACAECIÓ ASÍ DE RENCUENTROS DE -GUERRA COMO DE OTRAS COSAS. - - -Despues de bien considerada la partida para Méjico, tomamos consejo -sobre el camino que habiamos de llevar, y fué acordado por los -principales de Cempoal que el mejor y más conveniente era por la -provincia de Tlascala, porque eran sus amigos y mortales enemigos -de mejicanos, é ya tenian aparejados cuarenta principales, y todos -hombres de guerra, que fueron con nosotros y nos ayudaron mucho en -aquella jornada, y más nos dieron ducientos tamemes para llevar el -artillería; que para nosotros los pobres soldados no habiamos menester -ninguno, porque en aquel tiempo no teniamos qué llevar, porque nuestras -armas, así lanzas como escopetas y ballestas y rodelas, y todo otro -género dellas, con ellas dormiamos y caminábamos, y calzamos nuestros -alpargates, que era nuestro calzado, y como he dicho siempre, muy -apercebidos para pelear; y partimos de Cempoal demediado el mes de -Agosto de 1519 años, y siempre con muy buena órden, y los corredores -del campo y ciertos soldados muy sueltos delante; y la primera jornada -fuimos á un pueblo que se dice Jalapa, y desde allí á Socochima, y -estaba muy fuerte y mala entrada, y en él habia muchas parras de uvas -de la tierra; y en estos pueblos se les dijo con doña Marina y Jerónimo -de Aguilar, nuestras lenguas, todas las cosas tocantes á nuestra santa -fe, y cómo éramos vasallos del Emperador D. Cárlos, é que nos envió -para quitar que no haya más sacrificios de hombres ni se robasen unos á -otros, y se les declaró muchas cosas que se les convenia decir; y como -eran amigos de Cempoal y no tributaban á Montezuma, hallábamos en ellos -muy buena voluntad y nos daban de comer, y se puso en cada pueblo una -cruz, y se les declaró lo que significaba é que la tuviesen en mucha -reverencia. - -Y desde Socochima pasamos unas altas sierras y puerto, y llegamos á -otro pueblo que se dice Texutla, y tambien hallamos en ellos buena -voluntad, porque tampoco daban tributo como los demás; y desde aquel -pueblo acabamos de subir todas las sierras y entramos en el despoblado, -donde hacia muy gran frio y granizo aquella noche, donde tuvimos falta -de comida, y venia un viento de la sierra nevada, que estaba á un lado, -que nos hacia temblar de frio; porque, como habiamos venido de la isla -de Cuba y de la Villa-Rica, y toda aquella costa es muy calurosa, y -entramos en tierra fria, y no teniamos con qué nos abrigar sino con -nuestras armas, sentiamos las heladas, como no éramos acostumbrados al -frio; y desde allí pasamos á otro puerto, donde hallamos unas caserías -y grandes adoratorios de ídolos, que ya he dicho que se dicen cues, -y tenian grandes rimeros de leña para el servicio de los ídolos que -estaban en aquellos adoratorios; y tampoco tuvimos qué comer, y hacia -recio frio. - -Y desde allí entramos en tierra de un pueblo que se decia Cocotlan, -y enviamos dos indios de Cempoal á decille al cacique cómo íbamos, -que tuviesen por bien nuestra llegada á sus casas; y era sujeto este -pueblo á Méjico, y siempre caminábamos muy apercebidos y con gran -concierto, porque viamos que ya era otra manera de tierra; y cuando -vimos blanquear muchas azuteas, y las casas del Cacique y los cues y -adoratorios, que eran muy altos y encalados, parecian muy bien, como -algunos pueblos de nuestra España, y pusímosle nombre Castilblanco, -porque dijeron unos soldados portugueses que parecia á la villa de -Casteloblanco de Portugal, y así se llama ahora; y como supieron en -aquel pueblo por mí nombrado, por los mensajeros que enviábamos, cómo -íbamos, salió el cacique á recebirnos con otros principales junto á -sus casas; el cual cacique se llamaba Olintecle, y nos llevaron á unos -aposentos y nos dieron de comer poca cosa y de mala voluntad; y despues -que hubimos comido, Cortés les preguntó con nuestras lenguas de las -cosas de su Sr. Montezuma; y dijo de sus grandes poderes de guerreros -que tenia en todas las provincias sujetas, sin otros muchos ejércitos -que tenia en las fronteras y provincias comarcanas; y luego dijo de la -gran fortaleza de Méjico y cómo estaban fundadas las casas sobre agua, -y que de una casa á otra no se podia pasar sino por puentes que tenian -hechas y en canoas; y las casas todas de azuteas, y en cada azutea si -querian poner mamparos eran fortalezas; y que para entrar dentro en -la ciudad que habia tres calzadas, y en cada calzada cuatro ó cinco -aberturas por donde se pasaba el agua de una parte á otra; y en cada -una de aquellas aberturas habia una puente, y con alzar cualquiera -dellas, que son hechas de madera, no pueden entrar en Méjico; y luego -dijo del mucho oro y plata y piedras chalchiuis y riquezas que tenia -Montezuma, su señor, que nunca acababa de decir otras muchas cosas de -cuán gran señor era, que Cortés y todos nosotros estábamos admirados -de lo oir; y con todo cuanto contaban de su gran fortaleza y puentes, -como somos de tal calidad los soldados españoles, quisiéramos ya -estar probando ventura, y aunque nos parecia cosa imposible, segun lo -señalaba y decia el Olintecle. - -Y verdaderamente era Méjico muy más fuerte y tenia mayores pertrechos -de albarradas que todo lo que decia; porque una cosa es haberlo visto -de la manera y fuerzas que tenia, y no como lo escribo; y dijo que era -tan gran señor Montezuma, que todo lo que queria señoreaba, y que no -sabia si seria contento cuando supiese nuestra estada allí en aquel -pueblo, por nos haber aposentado y dado de comer sin su licencia; y -Cortés le dijo con nuestras lenguas: «Pues hágoos saber que nosotros -venimos de léjas tierras por mandado de nuestro Rey y señor, que es el -Emperador don Cárlos, de quien son vasallos muchos y grandes señores, y -envia á mandar á ese vuestro gran Montezuma que no sacrifique ni mate -ningunos indios, ni robe sus vasallos ni tome ningunas tierras, y para -que dé la obediencia á nuestro Rey y señor; y ahora lo digo asimismo -á vos, Olintecle, y á todos los más caciques que aquí estais, que -dejeis vuestros sacrificios y no comais carnes de vuestros prójimos, ni -hagais sodomías ni las cosas feas que soleis hacer, porque así lo manda -nuestro Señor Dios, que es el que adoramos y creemos, y nos da la vida -y la muerte y nos ha de llevar á los cielos;» y se les declaró otras -muchas cosas tocantes á nuestra santa fe, y ellos á todo callaban. - -Y dijo Cortés á los soldados que allí nos hallamos: - -—«Paréceme, señores, que ya que no podemos hacer otra cosa, que se -ponga una cruz.» - -Y respondió el Padre fray Bartolomé de Olmedo: - -—«Paréceme, señor, que en estos pueblos no es tiempo para dejalles cruz -en su poder, porque son algo desvergonzados y sin temor; y como son -vasallos de Montezuma, no la quemen ó hagan alguna cosa mala; y esto -que se les dijo basta hasta que tengan más conocimiento de nuestra -santa fe.» - -Y así se quedó sin poner la cruz. - -Dejemos esto y de las santas amonestaciones que les haciamos, y digamos -que como llevábamos un lebrel de muy gran cuerpo, que era de Francisco -de Lugo, y ladraba mucho de noche, parece ser preguntaban aquellos -caciques del pueblo á los amigos que traiamos de Cempoal que si era -tigre ó leon, ó cosa con que mataban los indios; y respondieron: - -—«Tráenle para que cuando alguno los enoja los mate.» - -Y tambien les preguntaron que aquellas bombardas que traiamos, qué -haciamos con ellas; y respondieron que con unas piedras que metiamos -dentro dellas matábamos á quien queriamos; y que los caballos corrian -como venados, y alcanzábamos con ellos á quien les mandábamos. - -Y dijo el Olintecle y los demás principales: - -—«Luego desa manera teules deben de ser.» - -Ya he dicho otras veces que á los ídolos ó sus dioses ó cosas malas -llamaban teules. - -Y respondieron nuestros amigos: - -—«Pues ¡cómo! ¿ahora lo veis? Mirad que no hagais cosa con que los -enojeis, que luego sabrán, que saben lo que teneis en el pensamiento, -porque estos teules son los que prendieron á los recaudadores del -vuestro gran Montezuma, y mandaron que no les diesen más tributo en -todas las sierras ni en nuestro pueblo de Cempoal; y estos son los que -nos derrocaron de nuestros templos nuestros teules, y pusieron los -suyos, y han vencido los de Tabasco y Cingapacinga. Y demás desto, ya -habreis visto cómo el gran Montezuma, aunque tiene tantos poderes, los -envia oro y mantas, y ahora han venido á este vuestro pueblo y veo que -no les dais nada; andad presto y traedles algun presente.» - -Por manera que traiamos con nosotros buenos echacuervos, porque luego -trujeron cuatro pinjantes y tres collares y unas lagartijas, aunque era -de oro todo muy bajo; y más trujeron cuatro indias, que eran buenas -para moler pan, y una carga de mantas. Cortés las recibió con alegre -voluntad y con grandes ofrecimientos. - -Acuérdome que tenian en una plaza, adonde estaban unos adoratorios, -puestos tantos rimeros de calaveras de muertos, que se podian bien -contar, segun el concierto con que estaban puestas, que me parece que -eran más de cien mil, y digo otra vez sobre cien mil; y en otra parte -de la plaza estaban otros tantos rimeros de zancarrones y huesos de -muertos que no se podian contar, y tenian en unas vigas muchas cabezas -colgadas de una parte á otra, y estaban guardando aquellos huesos y -calaveras tres papas que, segun entendimos, tenian cargo dellos; de lo -cual tuvimos que mirar más despues que entramos más la tierra adentro, -y en todos los pueblos estaban de aquella manera, é tambien en lo de -Tlascala. - -Pasado todo esto que aquí he dicho, acordamos de ir nuestro camino -por Tlascala, porque decian nuestros amigos estaban muy cerca, y que -los términos estaban allí junto donde tenian puestos por señales -unos mojones; y sobre ello se preguntó al cacique Olintecle que cuál -era mejor camino y más llano para ir á Méjico; y dijo que por un -pueblo muy grande que se decia Choulula; y los de Cempoal dijeron á -Cortés: «Señor, no vais por Choulula, que son muy traidores y tiene -allí siempre Montezuma sus guarniciones de guerra;» y que fuésemos -por Tlascala, que eran sus amigos, y enemigos de mejicanos; y así, -acordamos de tomar el consejo de los de Cempoal, que Dios lo encaminaba -todo; y Cortés demandó luego al Olintecle veinte hombres principales -guerreros que fuesen con nosotros, y luego nos los dieron. - -Y otro dia de mañana fuimos camino de Tlascala, y llegamos á un -pueblezuelo que era de los de Xalacingo, y de allí enviamos por -mensajeros dos indios de los principales de Cempoal, de los indios -que solian decir muchos bienes y loas de los tlascaltecas y que eran -sus amigos, y les enviamos una carta, puesto que sabiamos que no lo -entenderian, y tambien un chapeo de los vedijudos colorados de Flandes, -que entónces se usaban; y lo que se hizo diremos adelante. - - - - -CAPÍTULO LXII. - -CÓMO SE DETERMINÓ QUE FUÉSEMOS POR TLASCALA, Y LES ENVIÁBAMOS -MENSAJEROS PARA QUE TUVIESEN POR BIEN NUESTRA IDA POR SU TIERRA, Y CÓMO -PRENDIERON Á LOS MENSAJEROS, Y LO QUE MÁS SE HIZO. - - -Como salimos de Castilblanco, y fuimos por nuestro camino, los -corredores del campo siempre delante y muy apercebidos, en gran -concierto los escopeteros y ballesteros, como convenia, y los de -á caballo mucho mejor, y siempre nuestras armas vestidas, como lo -teniamos de costumbre. - -Dejemos esto; no sé para qué gasto mis palabras sobre ello, sino que -estábamos tan apercebidos, así de dia como de noche, que si diesen al -arma diez veces, en aquel punto nos hallaran muy puestos, calzados -nuestros alpargates, y las espadas y rodelas y lanzas puesto todo muy -á mano; y con aquesta órden llegamos á un pueblezuelo de Xalacingo, y -allí nos dieron un collar de oro y unas mantas y dos indias. - -Y desde aquel pueblo enviamos dos mensajeros principales de los de -Cempoal á Tlascala con una carta ó con un chapeo vedejudo de Flandes, -colorado, que se usaban entónces, y puesto que la carta bien entendimos -que no la sabrian leer, sino que como viesen el papel diferenciado -de lo suyo, conocerian que era de mensajería, y lo que les enviamos á -decir con los mensajeros cómo íbamos á su pueblo, y que lo tuviesen -por bien, que no les íbamos á hacer enojo, sino tenellos por amigos; -y esto fué porque en aquel pueblezuelo nos certificaron que toda -Tlascala estaba puesta en armas contra nosotros, porque, segun pareció, -ya tenian noticia cómo íbamos y que llevábamos con nosotros muchos -amigos, así de Cempoal como los de Zocotlan y de otros pueblos por -donde habiamos pasado, y todos solian dar tributo á Montezuma, tuvieron -por cierto que íbamos contra ellos, porque les tenian por enemigos; y -como otras veces los mejicanos con mañas y cautelas les entraban en la -tierra y se la saqueaban, así creyeron querian hacer ora. - -Por manera que luego como llegaron los dos nuestros mensajeros con -la carta y el chapeo, y comenzaron á decir su embajada, los mandaron -prender sin ser más oidos, y estuvimos aguardando respuesta aquel -dia y otro; y como no venian, despues de haber hablado Cortés á los -principales de aquel pueblo, y dicho las cosas que convenian decir -acerca de nuestra santa fe, y cómo éramos vasallos de nuestro Rey y -señor, que nos envió á estas partes para quitar que no sacrifiquen y -no maten hombres ni coman carne humana, ni hagan las torpedades que -suelen hacer; y les dijo otras muchas cosas que en los más pueblos por -donde pasábamos les soliamos decir, y despues de muchos ofrecimientos -que les hizo que les ayudaria, les demandó veinte indios de guerra que -fuesen con nosotros, y ellos nos los dieron de buena voluntad, y con la -buena ventura, encomendándonos á Dios, partimos otro dia para Tlascala. - -É yendo por nuestro camino con el concierto que ya he dicho, vienen -nuestros mensajeros que tenian presos que parece ser, como andaban -revueltos en la guerra los indios que los tenian á cargo y guarda, -se descuidaron, y de hecho, como eran amigos, los soltaron de las -prisiones; y vinieron tan medrosos de lo que habian visto é oido, que -no lo acertaban á decir; porque, segun dijeron, cuando estaban presos -los amenazaban y decian: - -—«Ahora hemos de matar á esos que llamais teules y comer sus carnes, -y veremos si son tan esforzados como publicais, y tambien comeremos -vuestras carnes, pues venis con traiciones y con embustes de aquel -traidor de Montezuma.» - -Y por más que les decian los mensajeros, que éramos contra los -mejicanos, que á todos los tlascaltecas los teniamos por hermanos, -no aprovechaban nada sus razones; y cuando Cortés y todos nosotros -entendimos aquellas soberbias palabras, y cómo estaban de guerra, -puesto que nos dió bien que pensar en ello dijimos todos: - -—«Pues que así es, adelante en buen hora;» encomendándonos á Dios y -nuestra bandera tendida, que llevaba el alférez Corral. - -Porque ciertamente nos certificaron los indios del pueblezuelo donde -dormimos, que habian de salir al camino á nos defender la entrada en -Tlascala; y asimismo nos lo dijeron los de Cempoal, como dicho tengo. - -Pues yendo desta manera que he dicho, siempre íbamos hablando cómo -habian de entrar y salir los de á caballo á media rienda y las lanzas -algo terciadas, y de tres en tres porque se ayudasen; é que cuando -rompiésemos por los escuadrones, que llevasen las lanzas por las caras -y no parasen á dar lanzadas, porque no les echasen mano dellas, y que -si acaesciese que les echasen mano, que con toda fuerza tuviesen y -debajo del brazo se ayudasen, y poniendo espuelas con la furia del -caballo, se la tornarian á sacar ó llevarian al indio arrastrando. - -Dirán ahora que para qué tanta diligencia sin ver contrarios guerreros -que nos acometiesen. Á esto respondo, y digo que decia Cortés: - -—«Mirá, señores compañeros, ya veis que somos pocos, hemos de estar -siempre tan apercebidos y aparejados como si ahora viésemos venir los -contrarios á pelear, y no solamente vellos venir, sino hacer cuenta -que estamos ya en la batalla con ellos; y que, como acaece muchas -veces que echan mano de la lanza, por eso hemos de estar avisados para -el tal menester, así dello como de otras cosas que convienen en lo -militar; que ya bien he entendido que en el pelear no tenemos necesidad -de avisos, porque he conocido que por bien que yo lo quiera decir, lo -haréis muy más animosamente.» - -Y desta manera caminamos obra de dos leguas, y hallamos una fuerza bien -fuerte hecha de cal y canto y de otro betun tan recio, que con picos de -hierro era forzoso deshacerla, y hecha de tal manera, que para defensa -era harto recia tomar; y detuvímonos á mirar en ella, y preguntó Cortés -á los indios de Zocotlan que á qué fin tenian aquella fuerza de aquella -manera; y dijeron que, como entre su señor Montezuma y los de Tlascala -tenian guerras á la continua, que los tlascaltecas para defender -mejor sus pueblos la habian hecho tan fuerte, porque ya aquella es su -tierra; y reparamos un rato, y nos dió bien que pensar en ello y en la -fortaleza. - -Y Cortés dijo: - -—«Señores, sigamos nuestra bandera, que es la señal de la Santa Cruz, -que con ella venceremos.» - -Y todos á una le respondimos que vamos mucho en buen hora, que Dios es -fuerza verdadera; y así, comenzamos á caminar con el concierto que he -dicho, y no léjos vieron nuestros corredores del campo hasta obra de -treinta indios que estaban por espías, y tenian espadas de dos manos, -rodelas, lanzas y penachos, y las espadas son de pedernales, que cortan -más que navajas, puestas de arte que no se pueden quebrar ni quitar las -navajas, y son largas como montantes, y tenian sus divisas y penachos; -y como nuestros corredores del campo los vieron, volvieron á dar -mandado. - -Y Cortés mandó á los mismos de á caballo que corriesen tras ellos y -que procurasen tomar algunos sin heridas; y luego envió otros cinco -de á caballo, porque si hubiese alguna celada, para que se ayudasen; -y con todo nuestro ejército dimos priesa y el paso largo, y con gran -concierto, porque los amigos que teniamos nos dijeron que ciertamente -traian gran copia de guerreros en celadas; y desque los treinta -indios que estaban por espías vieron que los de á caballo iban hácia -ellos y los llamaban con la mano, no quisieron aguardar, hasta que -los alcanzaron y quisieron tomar á algunos dellos; mas defendiéronse -muy bien, que con los montantes y sus lanzas hirieron los caballos; -y cuando los nuestros vieron tan bravosamente pelear, y sus caballos -heridos, procuraron de hacer lo que eran obligados, y mataron cinco -dellos; y estando en esto, viene muy de presto y con gran furia un -escuadron de tlascaltecas, que estaba en celada, de más de tres mil -dellos, y comenzaron á flechar en todos los nuestros de á caballo, -que ya estaban juntos todos, y dan una refriega; y en este instante -llegamos con nuestra artillería, escopetas y ballestas, y poco á poco -comenzaron á volver las espaldas, puesto que se detuvieron buen rato -peleando con buen concierto. - -Y en aquel rencuentro hirieron á cuatro de los nuestros, y paréceme -que desde allí á pocos dias murió el uno de las heridas; y como era -tarde, se fueron los tlascaltecas recogiendo, y no los seguimos; y -quedaron muertos hasta diez y siete dellos, sin muchos heridos; y -desde aquellas sierras pasamos adelante, y era llano y habia muchas -casas de labranzas de maíz y magiales, que es de lo que hacen el vino; -y dormimos cabe un arroyo, y con el unto de un indio gordo que allí -matamos, que se abrió, se curaron los heridos; que aceite no lo habia; -y tuvimos muy bien de cenar de unos perrillos que ellos crian, puesto -que estaban todas las casas despobladas, y alzado el hato, y aunque los -perrillos llevaban consigo, de noche se volvian á sus casas, y allí los -apañábamos, que era harto buen mantenimiento; y estuvimos toda la noche -muy á punto con escuchas y buenas rondas y corredores del campo, y los -caballos ensillados y enfrenados, por temor no diesen sobre nosotros. - -Y quedarse ha aquí, y diré las guerras que nos dieron. - - - - -CAPÍTULO LXIII. - -DE LAS GUERRAS Y BATALLAS MUY PELIGROSAS QUE TUVIMOS CON LOS -TLASCALTECAS, Y DE LO QUE MÁS PASÓ. - - -Otro dia, despues de habernos encomendado á Dios, partimos de allí, -muy concertados todos nuestros escuadrones, y los de á caballo muy -avisados de cómo habian de entrar rompiendo y salir; y en todo caso -procurar que no nos rompiesen ni nos apartasen unos de otros; é -yendo así como dicho tengo, viénense á encontrar con nosotros dos -escuadrones, que habria seis mil, con grandes gritas, atambores y -trompetas, y flechando y tirando varas, y haciendo como fuertes -guerreros. - -Cortés mandó que estuviésemos quedos, y con tres prisioneros que les -habiamos tomado el dia ántes les enviamos á decir y á requerir que no -nos diesen guerra, que los queremos tener por hermanos; y dijo á uno -de nuestros soldados, que se decia Diego de Godoy, que era escribano -de su Majestad, mirase lo que pasaba, y diese testimonio dello si se -hubiese menester, porque en algun tiempo no nos demandasen las muertes -y daños que se recreciesen, pues les requeriamos con la paz; y como les -hablaron los tres prisioneros que les enviábamos, mostráronse muy más -recios, y nos daban tanta guerra, que no les podiamos sufrir. - -Entónces dijo Cortés: - -—«Santiago y á ellos.» - -Y de hecho arremetimos de manera, que les matamos y herimos muchas de -sus gentes con los tiros, y entre ellos tres capitanes. - -Íbanse retrayendo hácia unos arcabuezos, donde estaban en celada -sobre más de cuarenta mil guerreros con su capitan general, que se -decia Xicotenga, y con sus divisas de blanco y colorado, porque -aquella divisa y librea era de aquel Xicotenga; y como habia allí unas -quebradas, no nos podiamos aprovechar de los caballos, y con mucho -concierto los pasamos. - -Al pasar tuvimos muy gran peligro, porque se aprovechaban de su buen -flechar, y con sus lanzas y montantes nos hacian mala obra, y aun las -hondas y piedras como granizo eran harto malas; y como nos vimos en -lo llano con los caballos y artillería, nos lo pagaban, que matábamos -muchos; mas no osábamos deshacer nuestro escuadron, porque el soldado -que en algo se desmandaba para seguir algunos indios de los montantes ó -capitanes, luego era herido y corria gran peligro. - -Y andando en estas batallas, nos cercan por todas partes, que no nos -podiamos valer poco ni mucho; que no osábamos arremeter á ellos si -no era todos juntos, porque no nos desconcertasen y rompiesen; y si -arremetiamos como dicho tengo, hallábamos sobre veinte escuadrones -sobre nosotros, que nos resistian; y estaban nuestras vidas en mucho -peligro, porque eran tantos guerreros, que á puñados de tierra nos -cegaran, sino que la gran misericordia de Dios nos socorria y nos -guardaba. - -Y andando en estas priesas entre aquellos grandes guerreros y sus -temerosos montantes, parece ser acordaron de se juntar muchos dellos y -de mayores fuerzas para tomar á manos á algun caballo, y lo pusieron -por obra, y arremetieron, y echan mano á una muy buena yegua y bien -revuelta, de juego y de carrera, y el caballero que en ella iba muy -buen jinete, que se decia Pedro de Moron; y como entró rompiendo con -otros tres de á caballo entre los escuadrones de los contrarios, porque -así les era mandado, porque se ayudasen unos á otros, échanle mano de -la lanza, que no la pudo sacar, y otros le dan de cuchilladas con los -montantes y le hirieron malamente, y entónces dieron una cuchillada á -la yegua, que le cortaron el pescuezo redondo, y allí quedó muerta; y -si de presto no socorrieran los dos compañeros de á caballo al Pedro -de Moron, tambien le acabaran de matar, pues quizá podiamos con todo -nuestro escuadron ayudalle. - -Digo otra vez que por temor que nos desbaratasen ó acabasen de -desbaratar, no podiamos ir ni á una parte ni á otra; que harto teniamos -que sustentar no nos llevasen de vencida, que estábamos muy en peligro; -y todavía acudiamos á la presa de la yegua, y tuvimos lugar de salvar -al Moron y quitársele de su poder, que ya le llevaban medio muerto; y -cortamos la cincha de la yegua, porque no se quedase allí la silla; y -allí en aquel socorro hirieron diez de los nuestros; y tengo en mí que -matamos entónces cuatro capitanes, porque andábamos juntos pié con pié, -y con las espadas les haciamos mucho daño; porque como aquello pasó se -comenzaron á retirar y llevaron la yegua, la cual hicieron pedazos para -mostrar en todos los pueblos de Tlascala; y despues supimos que habian -ofrecido á sus ídolos las herraduras y el chapeo de Flandes vedijudo, y -las dos cartas que les enviamos para que viniesen en paz. - -La yegua que mataron era de un Juan Sedeño; y porque en aquella sazon -estaba herido el Sedeño de tres heridas del dia ántes, por esta causa -se la dió al Moron, que era muy buen jinete, y murió el Moron entónces -de allí á dos dias de las heridas, porque no me acuerdo verle más. - -Volvamos á nuestra batalla: que como habia bien una hora que estábamos -en las rencillas peleando, y los tiros les debrian de hacer mucho -mal; porque, como eran muchos, andaban tan juntos, que por fuerza -les habian de llevar copia dellos; pues los de á caballo, escopetas, -ballestas, espadas, rodelas y lanzas, todos á una peleábamos como -valientes soldados por salvar nuestras vidas y hacer lo que éramos -obligados; porque ciertamente las teniamos en grande peligro, cual -nunca estuvieron. - -Y á lo que despues supimos, en aquella batalla les matamos muchos -indios, y entre ellos ocho capitanes muy principales, hijos de los -viejos caciques que estaban en el pueblo cabecera mayor; á esta causa -se trujeron con muy buen concierto, y á nosotros que no nos pesó -dello; y no los seguimos porque no nos podiamos tener en los piés, de -cansados; allí nos quedamos en aquel poblezuelo, que todos aquellos -campos estaban muy poblados, y aun tenian hechas otras casas debajo de -tierra como cuevas, en que vivian muchos indios; y llamábase donde pasó -esta batalla Tehuacingo ó Tehuacacingo, y fué dada en 2 dias del mes -de Setiembre de 1519 años. - -Y desque nos vimos con victoria, dimos muchas gracias á Dios, que nos -libró de tan grandes peligros; y desde allí nos retrujimos luego á unos -cues que estaban buenos y altos como en fortaleza, y con el unto del -indio que ya he dicho otras veces se curaron nuestros soldados, que -fueron quince, y murió uno de las heridas; y tambien se curaron cuatro -ó cinco caballos que estaban heridos, y reposamos y cenamos muy bien -aquella noche, porque teniamos muchas gallinas y perrillos que hubimos -en aquellas casas, con muy buen recaudo de escuchas y rondas y los -corredores del campo, y descansamos hasta otro dia por la mañana. - -En aquesta batalla tomamos y prendimos quince indios y los dos -principales; y una cosa tenian los tlascaltecas en esta batalla y -en todas las demás, que en hiriéndoles cualquiera indio, luego lo -llevaban, y no podiamos ver los muertos. - - - - -CAPÍTULO LXIV. - -CÓMO TUVIMOS NUESTRO REAL ASENTADO EN UNOS PUEBLOS Y CASERÍAS QUE SE -DICEN TEOACINGO Ó TEUACINGO, Y LO QUE ALLÍ HICIMOS. - - -Como nos sentimos muy trabajados de las batallas pasadas y estaban -muchos soldados y caballos heridos, y teniamos necesidad de adobar las -ballestas y alistar almacen de saetas, estuvimos un dia sin hacer cosa -que de contar sea; y otro dia por la mañana dijo Cortés que seria bueno -ir á correr el campo con los de á caballo que estaban buenos para ello, -porque no pensasen los tlascaltecas que dejábamos de guerrear por la -batalla pasada, y porque viesen que siempre los habiamos de seguir; y -el dia pasado, como he dicho, habiamos estado sin salirlos á buscar, é -que era mejor irles nosotros á acometer que ellos á nosotros, porque -no sintiesen nuestra flaqueza y porque aquel campo es muy llano y muy -poblado. - -Por manera que con siete de á caballo y pocos ballesteros y -escopeteros, y obra de ducientos soldados y con nuestros amigos, -salimos y dejamos en el real buen recaudo, segun nuestra posibilidad, y -por las casas y pueblos por donde íbamos prendimos hasta veinte indios -é indias sin hacelles ningun mal; y los amigos, como son crueles, -quemaron muchas casas y trujeron bien de comer gallinas y perrillos; y -luego nos volvimos al real, que era cerca, y acordó Cortés de soltar -los prisioneros, y se les dió primero de comer, y doña Marina y Aguilar -los halagaron y dieron cuentas, y les dijeron que no fuesen más locos; -é que viniesen de paz, que nosotros les queremos ayudar y tener por -hermanos: y entónces tambien soltamos los dos prisioneros primeros, que -eran principales, y se les dió otra carta para que fuesen á decir á los -caciques mayores, que estaban en el pueblo cabecera de todos los más -pueblos de aquella provincia, que no les veniamos á hacer mal ni enojo, -sino para pasar por su tierra é ir á Méjico á hablar á Montezuma. - -Y los dos mensajeros fueron al real de Xicotenga, que estaba de allí -obra de dos leguas, en unos pueblos y casas que me parece que se -llamaban Tecuacinpacingo; y como les dieron la carta y dijeron nuestra -embajada, la respuesta que les dió su capitan Xicotenga el mozo fué -que fuésemos á su pueblo, adonde está su padre: que allá harian -las paces con hartarse de nuestras carnes y honrar sus dioses con -nuestros corazones y sangre, é que para otro dia de mañana veriamos -su respuesta; y cuando Cortés y todos nosotros oimos aquellas tan -soberbias palabras, como estábamos hostigados de las pasadas batallas -é encuentros, verdaderamente no lo tuvimos por bueno, y á aquellos -mensajeros halagó Cortés con blandas palabras, porque les pareció que -habian perdido el miedo, y les mandó dar unos sartalejos de cuentas, y -esto para tornalles á enviar por mensajeros sobre la paz. - -Entónces se informó muy por extenso cómo y de qué manera estaba el -capitan Xicotenga, y qué poderes tenia consigo, y les dijeron que tenia -muy más gente que la otra vez cuando nos dió guerra, porque traia cinco -capitanes consigo, y que cada capitanía traia diez mil guerreros. - -Fué desta manera que lo contaba, que de la parcialidad de Xicotenga, -que ya no habia del viejo padre del mismo capitan sino diez mil, y -de la parte de otro gran cacique que se decia Masse-Escaci, otros -diez mil, y de otro gran principal que se decia Chichimeca Tecle, -otros tantos, y de otro gran cacique señor de Topeyanco, que se decia -Tecapaneca, otros diez mil, é de otro cacique que se decia Guaxobcin, -otros diez mil; por manera que eran á la cuenta cincuenta mil, y que -habian de sacar su bandera y seña, que era un ave blanca, tendidas -las alas como que queria volar, que parece como avestruz, y cada -capitan con su divisa y librea; porque cada cacique así las tenia -diferenciadas, como en nuestra Castilla tienen los duques y condes. - -Y todo esto que aquí he dicho tuvímoslo por muy cierto, porque ciertos -indios de los que tuvimos presos, que soltamos aquel dia, lo decian muy -claramente, aunque no eran creidos. - -Y cuando aquello vimos, como somos hombres y temiamos la muerte, -muchos de nosotros y aun todos los más nos confesamos con el Padre de -la Merced y con el Clérigo Juan Diaz, que toda la noche estuvieron en -oir de penitencia y encomendándonos á Dios que nos librase no fuésemos -vencidos; y desta manera pasamos hasta otro dia; y la batalla que nos -dieron, aquí lo diré. - - - - -CAPÍTULO LXV. - -DE LA GRAN BATALLA QUE HUBIMOS CON EL PODER DE TLASCALTECAS, Y QUISO -DIOS NUESTRO SEÑOR DARNOS VITORIA, Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Otro dia de mañana, que fueron 5 de Setiembre de 1519 años, pusimos los -caballos en concierto, que no quedó ninguno de los heridos que allí no -saliesen para hacer cuerpo é ayudasen lo que pudiesen, y apercibidos -los ballesteros que con gran concierto gastasen el almacen, unos -armando y otros soltando, y los escopeteros por el consiguiente, y -los de espada y rodela que la estocada ó cuchillada que diésemos, que -pasasen las entrañas, porque no se osasen juntar tanto como la otra -vez, y el artillería bien apercebida iba; y como ya tenian aviso los -de á caballo que se ayudasen unos á otros, y las lanzas terciadas sin -pararse á alancear sino por las caras y ojos, entrando y saliendo á -media rienda, y que ningun soldado saliese del escuadron, y con nuestra -bandera tendida, y cuatro compañeros guardando al alférez Corral. - -Así salimos de nuestro real, y no habiamos andado medio cuarto de -legua, cuando vimos asomar los campos llenos de guerreros con grandes -penachos y sus divisas, y mucho ruido de trompetillas y bocinas. - -Aquí habia bien que escribir y ponello en relacion lo que en esta -peligrosa y dudosa batalla pasamos; porque nos cercaron por todas -partes tantos guerreros, que se podia comparar como si hubiese unos -grandes prados de dos leguas de ancho y otras tantas de largo, y en -medio dellos cuatrocientos hombres; así era: todos los campos llenos -dellos, y nosotros obra de cuatrocientos, muchos heridos y dolientes; y -supimos de cierto que esta vez venian con pensamiento que no habian de -dejar ninguno de nosotros á vida, que no habia de ser sacrificado á sus -ídolos. - -Volvamos á nuestra batalla: pues como comenzaron á romper con nosotros, -¡qué granizo de piedra de los honderos! Pues flechas, todo el suelo -hecho parva de varas, todas de á dos gajos, que pasan cualquiera arma -y las entrañas, adonde no hay defensa, y los de espada y rodela, y de -otras mayores que espadas, como montantes y lanzas, ¡qué priesa nos -daban y con qué braveza se juntaban con nosotros, y con qué grandísimos -gritos y alaridos! Puesto que nos ayudábamos con tan gran concierto -con nuestra artillería y escopetas y ballestas, que les haciamos harto -daño, y á los que se nos llegaban con sus espadas y montantes les -dábamos buenas estocadas, que les haciamos apartar, y no se juntaban -tanto como la otra vez pasada; y los de á caballo estaban tan diestros -y hacíanlo tan varonilmente, que, despues de Dios, que es el que nos -guardaba, ellos fueron fortaleza. - -Yo vi entónces medio desbaratado nuestro escuadron, que no aprovechaban -voces de Cortés ni de otros capitanes para que tornásemos á cerrar; -tanto número de indios cargó entónces sobre nosotros, sino que á puras -estocadas les hicimos que nos diesen lugar; con que volvimos á ponernos -en concierto. - -Una cosa nos daba la vida, y era que, como eran muchos y estaban -amontonados, los tiros les hacian mucho mal; y demás desto, no se -sabian capitanear, porque no podian allegar todos los capitanes con sus -gentes; y á lo que supimos, desde la otra batalla pasada habian tenido -pendencias y rencillas entre el capitan Xicotenga con otro capitan hijo -de Chichimeclatecle, sobre que decia el un capitan al otro que no lo -habia hecho bien en la batalla pasada, y el hijo de Chichimeclatecle -respondió que muy mejor que él, y se lo haria conocer de su persona á -la suya de Xicotenga; por manera que en esta batalla no quiso ayudar -con su gente el Chichimeclatecle al Xicotenga, ántes supimos muy -ciertamente que convocó á la capitanía de Guaxolcingo que no pelease. - -Y demás desto, desde la batalla pasada temian los caballos y tiros -y espadas y ballestas y nuestro buen pelear, y sobre todo, la gran -misericordia de Dios, que nos daba esfuerzo para nos sustentar; y como -el Xicotenga no era obedecido de dos capitanes, y nosotros les haciamos -muy gran daño, que les matábamos muchas gentes, las cuales encubrian, -porque, como eran muchos, en hiriéndolos á cualquiera de los suyos, -luego le apañaban y le llevaban á cuestas; y así en esta batalla como -en la pasada no podiamos ver ningun muerto; y como ya peleaban de -mala gana, y sintieron que las capitanías de los dos capitanes por mí -nombrados no les acudian, comenzaron á aflojar; porque, segun pareció, -en aquella batalla matamos un capitan muy principal, que de los otros -no los cuento; y comenzaron á retraerse con buen concierto, y los de á -caballo á media rienda siguiéndolos poco trecho, porque no se podian ya -tener de cansados, y cuando nos vimos libres de aquella tanta multitud -de guerreros, dimos muchas gracias á Dios. - -Allí nos mataron un soldado é hirieron más de sesenta, y tambien -hirieron á todos los caballos; á mi me dieron dos heridas, la una en -la cabeza, de pedrada, y otra en un muslo, de un flechazo; mas no eran -para dejar de pelear y velar y ayudar á nuestros soldados; y asimismo -lo hacian todos los soldados que estaban heridos, que si no eran muy -peligrosas las heridas, habiamos de pelear y velar con ellos, porque -de otra manera pocos quedaron que estuviesen sin heridas; y luego nos -fuimos á nuestro real muy contentos y dando muchas gracias á Dios, y -enterramos los muertos en una de aquellas casas que tenian hechas en -los soterraños, porque no viesen los indios que éramos mortales, sino -que creyesen que éramos teules, como ellos decian; y derrocamos mucha -tierra encima de la casa porque no oliesen los cuerpos, y se curaron -todos los heridos con el unto del indio que otras veces he dicho. - -¡Oh qué mal refrigerio teniamos, que aun aceite para curar heridas -ni sal no habia! Otra falta teniamos, y grande, que era ropa para -nos abrigar; que venia un viento tan frio de la sierra nevada, que -nos hacia tiritar (aunque mostrábamos buen ánimo siempre), porque -las lanzas y escopetas y ballestas mal nos cobijaban. Aquella noche -dormimos con más sosiego que la pasada, puesto que teniamos mucho -recaudo de corredores y espías, velas y rondas. - -Y dejallo hé aquí, é diré lo que otro dia hicimos en esta batalla, y -prendimos tres indios principales. - - - - -CAPÍTULO LXVI. - -CÓMO OTRO DIA ENVIAMOS MENSAJEROS Á LOS CACIQUES DE TLASCALA, -ROGÁNDOLES CON LA PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO HICIERON. - - -Despues de pasada la batalla por mí contada, que prendimos en ella los -tres indios principales, enviólos luego nuestro capitan Cortés, y con -los dos que estaban en nuestro real, que habian ido otras veces por -mensajeros, les mandó que dijesen á los caciques de Tlascala que les -rogábamos que vengan luego de paz y que nos dén pasada por su tierra -para ir á Méjico, como otras veces les hemos enviado á decir, é que -si ahora no vienen, que les mataremos todas sus gentes; y porque los -queremos mucho y tener por hermanos, no les quisiéramos enojar si -ellos no hubiesen dado causa á ello, y se les dijo muchos halagos para -atraerlos á nuestra amistad. - -Y aquellos mensajeros fueron de buena gana luego á la cabecera de -Tlascala, y dijeron su embajada á todos los caciques por mí ya -nombrados; los cuales hallaron juntos con otros muchos viejos y papas, -y estaban muy tristes, así del mal suceso de la guerra como de la -muerte de los capitanes parientes ó hijos suyos que en las batallas -murieron, y dice que no les quisieron escuchar de buena gana; y lo que -sobre ello acordaron, fué que luego mandaron llamar todos los adivinos -y papas, y otros que echaban suertes, que llaman tacalnagua, que son -como hechiceros, y dijeron que mirasen por sus adivinanzas y hechizos y -suertes qué gente éramos, y si podriamos ser vencidos dándonos guerra -de dia y de noche á la contina, y tambien para saber si éramos teules, -así como lo decian los de Cempoal, que ya he dicho otras veces que son -cosas malas, como demonios; é qué cosas comiamos, é que mirasen todo -esto con mucha diligencia. - -Y despues que se juntaron los adivinos y hechiceros y muchos papas, -y hechas sus adivinanzas y echadas sus suertes y todo lo que solian -hacer, parece ser dijeron que en las suertes hallaron que éramos -hombres de hueso y de carne, y que comiamos gallinas y perros y pan -y fruta cuando lo teniamos, y que no comiamos carnes de indios ni -corazones de los que matábamos; porque, segun pareció, los indios -amigos que traiamos de Cempoal les hicieron encreyente que éramos -teules é que comiamos corazones de indios, é que las bombardas echaban -rayos como caen del cielo, é que el lebrel, que era tigre ó leon, y que -los caballos eran para lancear á los indios cuando los queriamos matar; -y les dijeron otras muchas niñerias. - -É volvamos á los papas: y lo peor de todo que les dijeron sus papas é -adivinos fué que de dia no podiamos ser vencidos, sino de noche, porque -como anochecia se nos quitaban las fuerzas; y más les dijeron los -hechiceros, que éramos esforzados, y que todas estas virtudes teniamos -de dia hasta que se ponia el sol, y desque anochecia no teniamos -fuerzas ningunas. - -Y cuando aquello oyeron los caciques, y lo tuvieron por muy cierto, se -lo enviaron á decir á su capitan general Xicotenga, para que luego con -brevedad venga una noche con grandes poderes á nos dar guerra. - -El cual, como lo supo, juntó obra de diez mil indios, los más -esforzados que tenia, y vino á nuestro real, y por tres partes nos -comenzó á dar una mano de flechas y tirar varas con sus tiraderas de un -gajo y de dos, y los de espadas y macanas y montantes por otra parte; -por manera que de repente tuvieron por cierto que llevarian algunos -de nosotros para sacrificar; y mejor lo hizo nuestro Señor Dios, que -por muy secretamente que ellos venian, nos hallaron muy apercebidos; -porque, como sintieron su gran ruido que traian á mata-caballo, -vinieron nuestros corredores del campo y las espías á dar el arma, y -como estábamos tan acostumbrados á dormir calzados y las armas vestidas -y los caballos ensillados y enfrenados, y todo género de armas muy á -punto, les resistimos con las escopetas y ballestas y á estocadas; de -presto vuelven las espaldas, y como era el campo llano y hacia luna, -los de á caballo los siguieron un poco, donde por la mañana hallamos -tendidos muertos y heridos hasta veinte dellos; por manera que se -vuelven con gran pérdida y muy arrepentidos de la venida de noche. - -Y aun oí decir que, como no les sucedió bien lo que los papas y las -suertes y hechiceros les dijeron, que sacrificaron á dos dellos. - -Aquella noche mataron un indio de nuestros amigos de Cempoal, é -hirieron dos soldados y un caballo, y allí prendimos cuatro dellos; y -como nos vimos libres de aquella arrebatada refriega, dimos gracias -á Dios, y enterramos el amigo de Cempoal, y curamos los heridos y -al caballo, y dormimos lo que quedó de la noche con grande recaudo -en el real, así como lo teniamos de costumbre; y despues amaneció, -y nos vimos todos heridos á dos y á tres heridas, y muy cansados, y -otros dolientes y entrapajados, y Xicotenga que siempre nos seguia, -y faltaban ya sobre cincuenta y cinco soldados, que se habian muerto -en las batallas y dolencias y frios, y estaban dolientes otros doce, -y asimismo nuestro capitan Cortés tambien tenia calenturas, y aun -el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, con el -trabajo y peso de las armas, que siempre traiamos á cuestas, y otras -malas venturas de frios y falta de sal, que no la comiamos ni la -hallábamos; y demás desto, dábanos qué pensar qué fin habriamos en -aquestas guerras, é ya que allí se acabasen, qué seria de nosotros, -adónde habiamos de ir; porque entrar en Méjico teníamoslo por cosa de -risa á causa de sus grandes fuerzas y deciamos que cuando aquellos -de Tlascala nos habian puesto en aquel punto, y nos hicieron creer -nuestros amigos los de Cempoal que estaban de paz, que cuando nos -viésemos en la guerra con los grandes poderes de Montezuma, que ¿qué -podriamos hacer? - -Y demás desto, no sabiamos de los que quedaron poblados en la -Villa-Rica, ni ellos de nosotros; y como entre todos nosotros habia -caballeros y soldados tan excelentes varones y tan esforzados y de -buen consejo, que Cortés ninguna cosa decia ni hacia sin primero tomar -sobre ello muy maduro consejo y acuerdo con nosotros; puesto que el -coronista Gómora diga: «Hizo Cortés esto, fué allá, vino de acullá;» -dice otras cosas que no llevan camino; y aunque Cortés fuera de hierro, -segun lo cuenta el Gómora en su historia, no podia acudir á todas -partes; bastaba que dijera que lo hacia como buen capitan, como siempre -lo fué; y esto digo, porque despues de las grandes mercedes que Nuestro -Señor nos hacia en todos nuestros hechos y en las vitorias pasadas y en -todo lo demás, parece ser que á los soldados nos daba gracia y consejo -para aconsejar que Cortés hiciese todas las cosas muy bien hechas. - -Dejemos de hablar en loas pasadas, pues no hacen mucho á nuestra -historia, y digamos cómo todos á una esforzábamos á Cortés, y le -dijimos que curase de su persona, que allí estábamos, y que con el -ayuda de Dios, que pues habiamos escapado de tan peligrosas batallas, -que para algun buen fin era nuestro Señor servido de guardarnos; y que -luego soltase los prisioneros y que los enviase á los caciques mayores -otra vez por mí nombrados, que vengan de paz é se les perdonará todo lo -hecho y la muerte de la yegua. - -Dejemos esto, y digamos cómo doña Marina, con ser mujer de la tierra, -qué esfuerzo tan varonil tenia, que con oir cada dia que nos habian -de matar y comer nuestras carnes, y habernos visto cercados en las -batallas pasadas, y que ahora todos estábamos heridos y dolientes, -jamás vimos flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo que de mujer; -y á los mensajeros que ahora enviábamos les habló la doña Marina y -Jerónimo de Aguilar, que vengan luego de paz, y que si no vienen dentro -de dos dias, les iremos á matar y destruir sus tierras, é iremos á -buscarles á su ciudad; y con estas resueltas palabras fueron á la -cabecera donde estaba Xicotenga el viejo. - -Dejemos esto, y diré otra cosa que he visto, que el coronista Gómora -no escribe en su Historia ni hace mencion si nos mataban ó estábamos -heridos, ni pasábamos trabajos ni adoleciamos, sino todo lo que escribe -es como si lo halláramos hecho. - -¡Oh cuán mal le informaron los que tal le aconsejaron que lo pusiese -así en su Historia! Y á todos los conquistadores nos ha dado qué pensar -en lo que ha escrito, no siendo así; y debia de pensar que cuando -viésemos su Historia habiamos de decir la verdad. - -Olvidemos al coronista Gómora, y digamos cómo nuestros mensajeros -fueron á la cabecera de Tlascala con nuestro mensaje; y paréceme que -llevaron una carta, que aunque sabiamos que no la habian de entender, -sino porque se tenia por cosa de mandamiento, y con una saeta; y -hallaron á los dos caciques mayores que estaban hablando con otros -principales, y lo que sobre ello respondieron adelante lo diré. - - - - -CAPÍTULO LXVII. - -CÓMO TORNARON Á ENVIAR MENSAJEROS Á LOS CACIQUES DE TLASCALA PARA QUE -VENGAN DE PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO HICIERON Y ACORDARON. - - -Como llegaron á Tlascala los mensajeros que enviamos á tratar de las -paces, y les hallaron que estaban en consulta los dos más principales -caciques que se decian Masse-Escaci y Xicotenga el viejo padre del -capitan general, que tambien se decia Xicotenga el mozo, otras muchas -veces por mí nombrado, como les oyeron su embajada, estuvieron -suspensos un rato que no hablaron, y quiso Dios que inspiró en sus -pensamientos que hiciesen paces con nosotros, y luego enviaron á llamar -á todos los más caciques y capitanes que habia en sus poblaciones, y á -los de una provincia que están junto con ellos, que se dice Guaxocingo, -que eran sus amigos y confederados, y todos juntos en aquel pueblo que -estaban, que era cabecera, les hizo Masse-Escaci y el viejo Xicotenga, -que eran bien entendidos, un razonamiento casi que fué desta manera, -segun despues supimos, aunque no las palabras formales: - -—«Hermanos y amigos nuestros, ya habeis visto cuántas veces estos -teules que están en el campo esperando guerras nos han enviado -mensajeros á demandar paz, y dicen que nos vienen á ayudar y tener en -lugar de hermanos; y asimismo habeis visto cuántas veces han llevado -presos muchos de nuestros vasallos, que no les hacen mal y luego los -sueltan; bien veis cómo les hemos dado guerra tres veces con todos -nuestros poderes, así de dia como de noche, y no han sido vencidos, -y ellos nos han muerto en los combates que les hemos dado muchas de -nuestras gentes é hijos y parientes y capitanes; ahora de nuevo vuelven -á demandar paz, y los de Cempoal, que traen en su compañía, dicen que -son contrarios de Montezuma y sus mejicanos, y que les han mandado -que no le dén tributo los pueblos de las sierras Totonaque ni los de -Cempoal; pues bien se os acordará que los mejicanos nos dan guerra cada -año, de más de cien años á esta parte, y bien veis que estamos en estas -nuestras tierras como acorralados, que no osamos salir á buscar sal, ni -aun la comemos, ni aun algodon, que pocas mantas dello traemos; pues -si salen ó han salido algunos de los nuestros á buscar, pocos vuelven -con las vidas, que estos traidores de mejicanos y sus confederados nos -los matan ó hacen esclavos; ya nuestros tacalnaguas y adivinos y papas -nos han dicho lo que sienten de sus personas destos teules, y que son -esforzados. Lo que me parece es, que procuremos de tener amistad con -ellos, y si no fueren hombres, sino teules, de una manera y de otra -les hagamos buena compañía, y luego vayan cuatro nuestros principales -y les lleven muy bien de comer, y mostrémosles amor y paz, porque nos -ayuden y defiendan de nuestros enemigos, y traigámoslos aquí luego -con nosotros, y démosles mujeres para que de su generacion tengamos -parientes, pues segun dicen los embajadores que nos envian á tratar las -paces, que traen mujeres entre ellos.» - -Y como oyeren este razonamiento, á todos los caciques les pareció bien, -y dijeron que era cosa acertada, y que luego vayan á entender en las -paces, y que se le envie á hacer saber á su capitan Xicotenga y á los -demás capitanes que consigo tiene, para que luego vengan sin dar más -guerras, y les digan que ya tenemos hechas paces; y enviaron luego -mensajeros sobre ello; y el capitan Xicotenga el mozo no los quiso -escuchar á los cuatro principales, y mostró tener enojo, y los trató -mal de palabra, y que no estaba por las paces; y dijo que ya habia -muerto muchos teules y la yegua, y que él queria dar otra noche sobre -nosotros y acabarnos de vencer y matar; la cual respuesta, desque la -oyó su padre Xicotenga el viejo y Masse-Escaci y los demás caciques, -se enojaron de manera, que luego enviaron á mandar á los capitanes y á -todo su ejército que no fuesen con el Xicotenga á nos dar guerra, ni en -tal caso le obedeciesen en cosa que les mandase si no fuese para hacer -paces, y tampoco lo quiso obedecer; y cuando vieron la desobediencia de -su capitan, luego enviaron los cuatro principales, que otra vez les -habian mandado que viniesen á nuestro real y trujesen bastimento y para -tratar las paces en nombre de toda Tlascala y Guaxocingo; y los cuatro -viejos por temor de Xicotenga el mozo no vinieron en aquella sazon; y -porque en un instante acaecen dos y tres cosas, así en nuestro real -como en este tratar de paces, y por fuerza tengo de tomar entre manos -lo que más viene al propósito, dejaré de hablar de los cuatro indios -principales que enviaron á tratar las paces, que aún no venian por -temor de Xicotenga: en este tiempo fuimos con Cortés á un pueblo junto -á nuestro real, y lo que pasó diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LXVIII. - -CÓMO ACORDAMOS DE IR Á UN PUEBLO QUE ESTABA CERCA DE NUESTRO REAL, Y LO -QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Y como habia dos dias que estábamos sin hacer cosa que de contar sea, -fué acordado, y aun aconsejamos á Cortés, que un pueblo que estaba obra -de una legua de nuestro real, que le habiamos enviado á llamar de paz y -no venia, que fuésemos una noche y diésemos sobre él, no para hacelles -mal, digo matalles ni herilles ni traelles presos, mas de traer comida -y atemorizalles ó hablalles de paz, segun viésemos lo que ellos hacian; -y llámase este pueblo Zumpacingo, y era cabecera de muchos pueblos -chicos, y era sujeto el pueblo donde estábamos allí donde teniamos -nuestro real, que se dice Tecodcungapacingo, que todo alrededor estaba -muy poblado de casas é pueblos; por manera que una noche al cuarto de -la modorra madrugamos para ir á aquel pueblo con seis de á caballo de -los mejores, y con los más sanos soldados y con diez ballesteros y ocho -escopeteros, y Cortés por nuestro capitan, puesto que tenia calenturas -ó tercianas; dejamos el mejor recaudo que pudimos en el real. - -Ántes que amaneciese con dos horas caminamos, y hacia un viento tan -frio aquella mañana, que venia de la sierra nevada, que nos hacia -temblar é tiritar, y bien lo sintieron los caballos que llevábamos, -porque dos dellos se atorozonaron y estaban temblando; de lo cual -nos pesó en gran manera, temiendo no muriesen, y Cortés mandó que se -volviesen al real los caballeros dueños cuyos eran, á curar dellos; y -como estaba cerca el pueblo, llegamos á él ántes que fuese de dia, y -como nos sintieron los naturales dél, fuéronse huyendo de sus casas, -dando voces unos á otros que se guardasen de los teules, que les íbamos -á matar; que no se aguardaban padres á hijos; y como los vimos, -hicimos alto en un patio hasta que fuera de dia, que no se les hizo -daño ninguno; y como unos papas que estaban en unos cues, los mayores -del pueblo y otros viejos principales vieron que estábamos allí sin les -hacer enojo ninguno, vienen á Cortés y le dicen que les perdonen porque -no han ido á nuestro real de paz ni llevar de comer cuando los enviamos -á llamar, y la causa ha sido que el capitan Xicotenga, que está de -allí muy cerca, se lo ha enviado á decir que no lo dén; y porque de -aquel pueblo y otros muchos le bastecen su real, é que tiene consigo -todos los hombres de guerra y de toda la tierra de Tlascala. - -Y Cortés les dijo con nuestras lenguas, doña Marina y Aguilar, que -siempre iban con nosotros á cualquiera entrada que íbamos, y aunque -fuese de noche, que no hubiesen miedo, y que luego fuesen á decir á sus -caciques á la cabecera que vengan de paz, porque la guerra es mala para -ellos; y envió á aquestos papas, porque de los otros mensajeros que -habiamos enviado aún no teniamos respuesta ninguna sobre que enviaban á -tratar las paces los caciques de Tlascala con los cuatro principales, -que aún no habian venido; é aquellos papas de aquel pueblo buscaron -de presto más de cuarenta gallinas é gallos, y dos indias para moler -tortillas, y las trujeron, y Cortés se lo agradeció, y mandó luego le -llevasen veinte indios de aquel pueblo á nuestro real, y sin temor -ninguno fueron con el bastimento, y se estuvieron en el real hasta la -tarde, y se les dió contezuelas, con que volvieron muy contentos á sus -casas á todas aquellas caserías. - -Nuestros vecinos decian que éramos buenos, que no les enojábamos, y -aquellos viejos y papas avisaron dello al capitan Xicotenga cómo habian -dado la comida y las indias, y riñó mucho con ellos, y fueron luego á -la cabecera á hacello saber á los caciques viejos; y como supieron que -no les haciamos mal ninguno, y aunque pudiéramos matalles aquella noche -muchos de sus gentes, y les enviábamos á demandar paces, se holgaron y -les mandaron que cada dia nos trujesen todo lo que hubiésemos menester, -y tornaron otra vez á mandar á los cuatro principales, que otras -veces les encargaron las paces, que luego en aquel instante fuesen á -nuestro real y llevasen toda la comida y aparato que les mandaban; y -así, nos volvimos luego á nuestro real con el bastimento é indias y -muy contentos; é quedarse há aquí, y diré lo que pasó en el real entre -tanto que habiamos ido á aquel pueblo. - - - - -CAPÍTULO LXIX. - -CÓMO DESPUES QUE VOLVIMOS CON CORTÉS DE CIMPACINGO, HALLAMOS EN NUESTRO -REAL CIERTAS PLÁTICAS, Y LO QUE CORTÉS RESPONDIÓ Á ELLAS. - - -Vueltos de Cimpacingo, que así se dice, con bastimentos y muy contentos -en dejallos de paz, hallamos en el Real corrillo y pláticas sobre -los grandísimos peligros en que cada dia estábamos en aquella guerra, -y cuando llegamos avivaron más las pláticas; y los que más en ello -hablaban é insistian, eran los que en la isla de Cuba dejaban sus casas -y repartimientos de indios, y juntáronse hasta siete dellos, que aquí -no quiero nombrar por su honor, y fueron al rancho y aposento de Cortés. - -Y uno dellos, que habló por todos, que tenia buena expresiva, y aun -tenia bien en la memoria lo que habia de proponer, dijo como á manera -de aconsejarle á Cortés, que mirase cuál andábamos malamente heridos y -flacos y corridos, y los grandes trabajos que teniamos, así de noche -con velas y con espías, y rondas y corredores del campo, como de dia é -de noche peleando; y que por la cuenta que han echado, que desde que -salimos de Cuba que faltaban ya sobre cincuenta y cinco compañeros, -y que no sabemos de los de la Villa-Rica que dejamos poblados; é que -pues Dios nos habia dado vitoria en las batallas y rencuentros que -desde que venimos en aquella provincia habiamos habido, y con su gran -misericordia nos sustenia, que no le debiamos tentar tantas veces; é -que no quiera ser peor que Pedro Carbonero, que nos habia metido en -parte que no se esperaba; si no, que un dia ó otro habiamos de ser -sacrificados á los ídolos; lo cual plega Dios tal no permita; é que -seria bueno volver á nuestra villa, y que en la fortaleza que hicimos, -y entre los pueblos de los totonaques, nuestros amigos, nos estariamos -hasta que hiciésemos un navío que fuese á dar mandado á Diego Velazquez -y á otras partes é islas para que nos enviasen socorro é ayudas. - -É que ahora fueran buenos los navíos que dimos con todos al través, ó -que se quedaran siquiera dos dellos para la necesidad si ocurriese, y -que sin dalles parte dello ni de cosa ninguna, por consejo de quien no -sabe considerar las cosas de fortuna, mandó dar con todos al través; -y que plegue á Dios que él y los que tal consejo le dieron no se -arrepientan dello; y que ya no podiamos sufrir la carga, cuanto más -muchas sobrecargas, y que andábamos peores que bestias; porque á las -bestias que han hecho sus jornadas las quitan las albardas y les dan -de comer y reposan, y que nosotros de dia y de noche siempre andamos -cargados de armas y calzados; y más le dijeron, que mirase en todas las -historias, así de romanos como las de Alejandro ni de otros capitanes -de los muy nombrados que en el mundo ha habido, no se atrevieron á dar -con los navíos al través, y con tan poca gente meterse en tan grandes -poblaciones y de muchos guerreros, como él ha hecho, y que parece que -es autor de su muerte y de la de todos nosotros. - -É que quiera conservar su vida y las nuestras, y que luego nos -volviésemos á la Villa-Rica, pues estaba de paz la tierra; y que no se -lo habian dicho hasta entónces porque no han visto tiempo para ello, -por los muchos guerreros que teniamos cada dia por delante y en los -lados; y pues ya no tornaban de nuevo, los cuales creian que volverian, -y pues Xicotenga con su gran poder no nos ha venido á buscar aquellos -tres dias pasados, que debe estar allegando gente, y que no debiamos -aguardar otra como las pasadas; y le dijeron otras cosas sobre el caso. - -É viendo Cortés que se lo decian algo como soberbios, puesto que iba -á manera de consejo, le respondió muy mansamente, y dijo que bien -conocido tenia muchas cosas de las que habian dicho, é que á lo que ha -visto y tiene creido, que en el universo no hubiese otros españoles más -fuertes ni que con tanto ánimo hayan peleado ni pasado tan excesivos -trabajos como nosotros; é que andar con las armas á cuestas á la -continua, y velas, rondas y frios, que si así no lo hubiéramos hecho -ya fuéramos perdidos, y que por salvar nuestras vidas, que aquellos -trabajos y otros mayores habiamos de tomar; é dijo: - -—«¿Para qué es, señores, contar en esto cosas de valentías, que -verdaderamente nuestro Señor es servido ayudarnos? É que cuando se me -acuerda vernos cercados de tantas capitanías de contrarios, y verles -esgrimir sus montantes y andar tan junto de nosotros, ahora me pone -grima, especial cuando nos mataron la yegua de una cuchillada, cuán -perdidos y desbaratados estábamos, y entónces conocí vuestro muy -grandísimo ánimo más que nunca; y pues Dios nos libró de tan gran -peligro, que esperanza tenia en él que así habia de ser de allí -adelante, pues en todos estos peligros no me conoceriades tener pereza, -que en ellos me hallaba con vuestras mercedes.» - -Y tuvo razon de lo decir, porque ciertamente en todas las batallas se -hallaba de los primeros. - -—«He querido, señores, traeros esto á la memoria, que pues nuestro -Señor fué servido guardarnos, tengamos esperanza que así será de aquí -adelante, pues desque entramos en la tierra, en todos los pueblos les -predicamos la santa doctrina lo mejor que podemos, y les procuramos -deshacer sus ídolos. - -»Y pues que ya viamos que el capitan Xicotenga ni sus capitanías -no parecian, y que de miedo no debian de osar volver, porque les -debiéramos de hacer mala obra en las batallas pasadas, y que no podria -juntar sus gentes, habiendo sido ya desbaratado tres veces, y que por -esta causa tenia confianza en Dios y en su abogado señor San Pedro, -que era fenecida la guerra de aquella provincia; y ahora, como habeis -visto, traen de comer los de Cimpacingo y quedan de paz, y estos -nuestros vecinos que están por aquí poblados en sus casas; y que en -cuanto dar con los navíos al través, fué muy bien aconsejado, y que -si no llamó á alguno dellos al consejo, como á otros caballeros, fué -por lo que sintió en el arenal, que no lo quisiera ahora traer á la -memoria; y que el acuerdo y consejo que ahora le dan y el que entónces -le dieron es todo de una manera y todo uno, y que miren que hay otros -muchos caballeros en el real que serán muy contrarios de lo que ahora -piden y aconsejan, y que encaminemos siempre todas las cosas á Dios, y -seguillas en su santo servicio será mejor. - -»Y á lo que, señores, decis, que jamás capitanes romanos de los muy -nombrados han acometido tan grandes hechos como nosotros, vuestras -mercedes dicen verdad. É ahora en adelante, mediante Dios, dirán en las -historias que desto harán memoria, mucho más que de los antepasados; -pues, como he dicho, todas nuestras cosas en servicio de Dios y -nuestro gran Emperador don Cárlos, y aun debajo de su recta justicia y -cristiandad, serán ayudadas de la misericordia de Nuestro Señor, y nos -sosterná que vamos de bien en mejor. - -»Así que, señores, no es cosa bien acertada volver un paso atrás; que -si nos viesen volver estas gentes y los que dejamos atrás de paz, las -piedras se levantarian contra nosotros; y como ahora nos tienen por -dioses y ídolos, que así nos llaman, nos juzgarian por muy cobardes y -de pocas fuerzas. - -»Y á lo que decis de estar entre los amigos totonaques, nuestros -aliados, si nos viesen que damos vuelta sin ir á Méjico se levantarian -contra nosotros, y la causa dello seria que, como les quitamos que no -diesen tributo á Montezuma, enviaria sus poderes mejicanos contra ellos -para que los tornasen á tributar y sobre ello dalles guerra, y aun les -mandaria que nos la dén á nosotros; y ellos, por no ser destruidos, -porque les temen en gran manera, lo pornian por la obra; así que, -donde pensábamos tener amigos, serian enemigos; pues desque lo supiese -el gran Montezuma que nos habiamos vuelto, ¿qué diria? ¿En qué ternia -nuestras palabras ni lo que le enviamos á decir? Que todo era cosa de -burla ó juego de niños. - -»Así que, señores, mal allá y peor acullá, más vale que estemos aquí -donde estamos, que es bien llano y todo bien poblado, y este nuestro -real bien bastecido: unas veces gallinas, otras perros, gracias á Dios -no falta de comer, si tuviésemos sal, que es la mayor falta que al -presente tenemos, y ropa para guarecernos del frio. - -»Y á lo que decis, señores, que se han muerto desde que salimos de la -isla de Cuba cincuenta y cinco soldados de heridas, hambres, frios, -dolencias y trabajos, é que somos pocos, é todos heridos y dolientes, -Dios nos da esfuerzo por muchos; porque vista cosa es que las guerras -gastan hombres y caballos, y que unas veces comemos bien, y no venimos -al presente para descansar, sino para pelear cuando se ofreciere; por -tanto os pido, señores, por merced, que pues sois caballeros y personas -que ántes habíades esforzar á quien viésedes mostrar flaqueza, que de -aquí adelante se os quite del pensamiento la isla de Cuba y lo que allá -dejais, y procuremos de hacer lo que siempre habeis hecho como buenos -soldados; que despues de Dios, que es nuestro socorro é ayuda, han de -ser nuestros valerosos brazos.» - -Y como Cortés hubo dado esta respuesta, volvieron aquellos soldados -á repetir en la plática, y dijeron que todo lo que decia estaba bien -dicho; mas que cuando salimos de la villa que dejábamos poblada, -nuestro intento era, y ahora lo es, de ir á Méjico, pues hay tan gran -fama de tan fuerte ciudad y tan multitud de guerreros, y que aquellos -tlascaltecas decian que los de Cempoal eran pacíficos, y no habia fama -dellos, como de los de Méjico; y habemos estado tan á riesgo nuestras -vidas, que si otro dia nos dieran otra batalla como alguna de las -pasadas, ya no nos podiamos tener de cansados, ya que no nos diesen -más guerras; que la ida de Méjico les parecia muy terrible cosa, y que -mirase lo que decia y ordenaba. - -Y Cortés respondió, medio enojado, que valía más morir por buenos, como -dicen los cantares, que vivir deshonrados; y demás desto que Cortés les -dijo, todos los más soldados que le fuimos en alzar capitan y dimos -consejo sobre dar al través con los navíos, dijimos en alta voz que -no curase de corrillos ni de oir semejantes pláticas, sino que con el -ayuda de Dios con buen concierto estemos apercebidos para hacer lo que -convenga, y así cesaron todas las pláticas; verdad es que murmuraban de -Cortés é le maldecian, y aun de nosotros, que le aconsejábamos, y de -los de Cempoal, que por tal camino nos trujeron, y decian otras cosas -no bien dichas; mas en tales tiempos se disimulaban. - -En fin, todos obedecieron muy bien. - -Y dejaré de hablar en esto, y diré cómo los caciques viejos de la -cabecera de Tlascala enviaron otra vez mensajeros de nuevo á su capitan -general Xicotenga, que en todo caso no nos dé guerra, y que vaya de paz -luego á nos ver y llevar de comer, porque así está ordenado por todos -los caciques y principales de aquella tierra y de Guaxocingo; y tambien -enviaron á mandar á los capitanes que tenia en su compañía que si no -fuese para tratar paces, que en cosa ninguna le obedeciesen; y esto le -tornaron á enviar á decir tres veces, porque sabian cierto que no les -queria obedecer, y tenia determinado el Xicotenga que una noche habia -de dar otra vez en nuestro real, porque para ello tenia juntos veinte -mil hombres; y como era soberbio y muy porfiado, así ahora como las -otras veces no quiso obedecer. - -Y lo que sobre ello hizo diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LXX. - -CÓMO EL CAPITAN XICOTENGA TENIA APERCEBIDOS VEINTE MIL HOMBRES -ESCOGIDOS, PARA DAR EN NUESTRO REAL, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Como Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, y todos los más caciques de la -cabecera de Tlascala enviaron cuatro veces á decir á su capitan que no -nos diese guerra, sino que nos fuese á hablar de paz, pues estaba cerca -de nuestro real, y mandaron á los demás capitanes que con él estaban -que no le siguiesen si no fuese para acompañarle si nos iba á ver de -paz; como el Xicotenga era de mala condicion, porfiado y soberbio, -acordó de nos enviar cuarenta indios con comida de gallinas, pan y -fruta, y cuatro mujeres indias viejas y de ruin manera, y mucho copal -y plumas de papagayos, y los indios que lo traian al parecer creimos -que venian de paz; y llegados á nuestro real, zahumaron á Cortés, y sin -hacer acato, como suelen entre ellos, dijeron: - -—«Esto os envia el capitan Xicotenga, que comais si sois teules, como -dicen los de Cempoal; é si quereis sacrificios, tomá esas cuatro -mujeres que sacrifiqueis, y podeis comer de sus carnes y corazones; -y porque no sabemos de qué manera lo haceis, por eso no las hemos -sacrificado ahora delante de vosotros; y si sois hombres, comed de las -gallinas, pan y fruta; y si sois teules mansos, aquí os traemos copal -(que ya he dicho que es como incienso) y plumas de papagayos; haced -vuestro sacrificio con ello.» - -Y Cortés respondió con nuestras lenguas que ya les habia enviado á -decir que quieren paz y que no venia á dar guerra, y les venian á rogar -y manifestar de parte de nuestro Señor Jesucristo, que es él en quien -creemos y adoramos, y el Emperador don Cárlos (cuyos vasallos somos), -que no maten ni sacrifiquen á ninguna persona, como lo suelen hacer; -y que todos nosotros somos hombres de hueso y de carne como ellos, -y no teules, sino cristianos, y que no tenemos costumbre de matar á -ningunos; que si matar quisiéramos, que todas las veces que nos dieron -guerra de dia y de noche habia en ellos hartos en que pudiéramos hacer -crueldades, y que por aquella comida que allí traen se lo agradece, y -que no sean más locos de lo que han sido, y vengan de paz. - -Y parece ser aquellos indios que envió el Xicotenga con la comida, -eran espías para mirar nuestras chozas y entradas y salidas, y todo -lo que en nuestro real habia, y ranchos y caballos y artillería, y -cuántos estábamos en cada choza; y estuvieron aquel dia y la noche, y -se iban unos con mensajes á su Xicotenga y venian otros; y los amigos -que traiamos de Cempoal miraron y cayeron en ello, que no era cosa -acostumbrada estar de dia ni de noche nuestros enemigos en el real -sin propósito ninguno, y que cierto eran espías, y tomaron dellos más -sospecha porque cuando fuimos á lo del pueblezuelo Cimpacingo, dijeron -dos viejos de aquel pueblo á los de Cempoal, que estaba apercibido -Xicotenga con muchos guerreros para dar en nuestro real de noche de -manera que no fuesen sentidos, y los de Cempoal entónces tuviéronlo por -burla y cosa de fieros, y por no sabello muy de cierto no se lo habian -dicho á Cortés; y súpolo luego doña Marina, y ella lo dijo á Cortés; -y para saber la verdad mandó Cortés apartar dos de los tlascaltecas -que parecian más hombres de bien, y confesaron que eran espías de -Xicotenga, y todo á la fin que venian; y Cortés les mandó soltar, y -tomamos otros dos, y ni más ni ménos confesaron que eran espías; y -tomáronse otros dos ni más ni ménos, y más dijeron, que estaba su -capitan Xicotenga aguardando la respuesta para dar aquella noche con -todas sus capitanías en nosotros; y como Cortés lo hubo entendido, lo -hizo saber en todo el real para que estuviésemos muy alerta, creyendo -que habia de venir, como lo tenian concertado. - -Y luego mandó prender hasta diez y siete indios de aquellos espías, y -dellos se le cortaron las manos y á otros los dedos pulgares, y los -enviamos á su capitan Xicotenga, y se les dijo que por el atrevimiento -de venir de aquella manera se les ha hecho ahora aquel castigo, é digan -que venga cuando quisiere, de dia ó de noche; que allí le aguardariamos -dos dias, y que si dentro de los dos dias no viniese, que lo iriamos á -buscar á su real; y que ya hubiéramos ido á les dar guerra y matalles, -sino porque los queremos mucho, y que no sean más locos, y vengan de -paz; y como fueron aquellos indios de las manos cortadas y dedos, en -aquel instante dicen que ya Xicotenga queria salir de su real con -todos sus poderes para dar sobre nosotros de noche, como lo tenian -concertado; y como vió ir á sus espías de aquella manera, se maravilló -y preguntó la causa dello, y le contaron todo lo acaecido, y desde -entónces perdió el brio y soberbia; y demás desto, ya se le habia -ido del real una capitanía con toda su gente, con quien habia tenido -contienda y bandos en las batallas pasadas. - -Dejemos esto aquí, é pasemos adelante. - - - - -CAPÍTULO LXXI. - -CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL LOS CUATRO PRINCIPALES QUE HABIAN ENVIADO -Á TRATAR PACES, Y EL RAZONAMIENTO QUE HICIERON, Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Estando en nuestro real sin saber que habian de venir de paz, puesto -que la deseábamos en gran manera, y estábamos entendiendo en aderezar -armas y en hacer saetas, y cada uno en lo que habia menester para en -cosas de la guerra; en este instante vino uno de nuestros corredores -del campo á gran priesa, y dijo que por el camino principal de Tlascala -vienen muchos indios é indias con cargas, y que sin torcer por el -camino, vienen hácia nuestro real, é que el otro su compañero de á -caballo, corredor del campo, está atalayando para ver á qué parte van; -y estando en esto llegó el otro su compañero de á caballo, y dijo que -muy cerca de allí venian derechos donde estábamos, y que de rato en -rato hacian paradillas; y Cortés y todos nosotros nos alegramos con -aquellas nuevas, porque creimos cierto ser de paz, como lo fué, y mandó -Cortés que no se hiciese alboroto ni sentimiento, y que disimulados nos -estuviésemos en nuestras chozas. - -Y luego, de todas aquellas gentes que venian con las cargas se -adelantaron cuatro principales que traian cargo de entender en las -paces, como les fué mandado por los caciques viejos; y haciendo señas -de paz, que era bajar la cabeza, se vinieron derechos á la choza -y aposento de Cortés, y pusieron la mano en el suelo y besaron la -tierra, y hicieron tres reverencias y quemaron sus copales, y dijeron -que todos los caciques de Tlascala y vasallos y aliados, y amigos y -confederados suyos, se vienen á meter debajo de la amistad y paces -de Cortés y de todos sus hermanos los teules que consigo estaban, y -que los perdone porque no han salido de paz y por la guerra que nos -han dado, porque creyeron y tuvieron por cierto que éramos amigos -de Montezuma y sus mejicanos, los cuales son sus enemigos mortales -de tiempos muy antiguos, porque vieron que venian con nosotros en -nuestra compañía muchos de sus vasallos que le dan tributos; y que con -engaño y traiciones les querian entrar en su tierra, como lo tenian -de costumbre, para llevar robados sus hijos y mujeres, y que por esta -causa no creian á los mensajeros que les enviábamos. - -Y demás desto dijeron que los primeros indios que nos salieron á dar -guerra así como entramos en sus tierras, que no fué por su mandado y -consejo, sino por los chontales estomíes, que son gentes como monteses -y sin razon; y que como vieron que éramos tan pocos, que creyeron de -tomarnos á manos y llevarnos presos á sus señores y ganar gracias con -ello, y que ahora vienen á demandar perdon de su atrevimiento, y que -cada dia traerán más bastimento del que allí traian, y que lo recibamos -con el amor que lo envian, y que de allí á dos dias vendrá el capitan -Xicotenga con otros caciques, y dará más relacion de la buena voluntad -que toda Tlascala tiene de nuestra buena amistad. - -Y luego que hubieron acabado su razonamiento bajaron sus cabezas y -pusieron las manos en el suelo y besaron la tierra; y luego Cortés les -habló con nuestras lenguas con gravedad é hizo del enojado, é dijo que, -puesto que habia causas para no los oir ni tener amistad con ellos, -porque desde que entramos por su tierra les enviamos á demandar paces y -les envió á decir que los queria favorecer contra sus enemigos los de -Méjico, é no lo quisieron creer y querian matar nuestros embajadores, y -no contentos con aquello, nos dieron guerra tres veces, y de noche, y -que tenian espías y asechanzas sobre nosotros, y en las guerras que nos -daban les pudiéramos matar muchos de sus vasallos; y no quise, y que -los que murieron me pesa por ello, que ellos dieron causa á ello, y -que tenian determinado de ir adonde están los caciques viejos á dalles -guerra; que pues ahora vienen de paz de parte de aquella provincia, -que él los recibe en nombre de nuestro Rey y señor, y les agradece el -bastimento que traen; y les mandó que luego fuesen á sus señores á les -decir vengan ó envien á tratar las paces con más certificacion; y si -no vienen, que iriamos á su pueblo á les dar guerra; y les mandó dar -cuentas azules para que diesen á los caciques en señal de paz; y se -les amonestó que cuando viniesen á nuestro real fuese de dia, y no de -noche, porque los matariamos. - -Y luego se fueron aquellos cuatro principales mensajeros, y dejaron -en unas casas de indios algo apartadas de nuestro real las indias que -traian para hacer pan, y gallinas y todo servicio, y veinte indios que -les traigan agua y leña, y desde allí adelante los traian muy bien de -comer; y cuando aquello vimos, y nos pareció que eran verdaderas las -paces, dimos muchas gracias á Dios por ello, y vinieron en tiempo que -ya estábamos tan flacos y trabajados y descontentos con las guerras, -sin saber el fin que habria dellas, cual se puede colegir. - -Y en los capítulos pasados dice el coronista Gómora que Cortés se subió -en unas peñas, y que vió al pueblo de Cimpacingo; digo que estaba junto -á nuestro real, que harto ciego era el soldado que lo queria ver y no -lo veria muy claro. - -Tambien dice que se le querian amotinar y rebelar los soldados, é dice -otras cosas que yo no las quiero escribir, porque es gastar palabras, -porque dice que lo sabe por informacion. - -Digo que capitan nunca fué tan obedecido en el mundo, segun adelante -lo verán; que tal por pensamiento no pasó á ningun soldado desde -que entramos en tierra adentro, sino fué cuando lo de los arenales, -y las palabras que le decian en el capítulo pasado era por via de -aconsejarle y porque les parecia que eran bien dichas, y no por otra -via, porque siempre le siguieron muy bien y lealmente; y no es mucho -que en los ejércitos algunos buenos soldados aconsejen á su capitan, y -más si se ven tan trabajados como nosotros andábamos; y quien viere su -historia lo que dice, creerá que es verdad, segun lo refiere con tanta -elocuencia, siendo muy contrario de lo que pasó. - -Y dejallo hé aquí, y diré lo que más adelante nos avino con unos -mensajeros que envió el gran Montezuma. - - - - -CAPÍTULO LXXII. - -CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL EMBAJADORES DE MONTEZUMA, GRAN SEÑOR DE -MÉJICO, Y DEL PRESENTE QUE TRAJERON. - - -Como nuestro Señor Dios, por su gran misericordia, fué servido darnos -vitoria de aquellas batallas de Tlascala, voló nuestra fama por todas -aquellas comarcas, y fué á oidos del gran Montezuma á la gran ciudad -de Méjico, y si ántes nos tenian por teules, que son como sus ídolos, -de allí adelante nos tenian en muy mayor reputacion y por fuertes -guerreros, y puso espanto en toda la tierra cómo, siendo nosotros tan -pocos y los tlascaltecas de muy grandes poderes, los vencimos, y ahora -enviarnos á demandar paz. - -Por manera que Montezuma, gran señor de Méjico, de muy bueno que era, -ó temió nuestra ida á su ciudad, despachó cinco principales hombres de -mucha cuenta á Tlascala y á nuestro real para darnos el bien venido, y -á decir que se habia holgado mucho de nuestra gran vitoria que hubimos -contra tantos escuadrones de guerreros, y envió un presente, obra de -mil pesos de oro, en joyas muy ricas y de muchas maneras labradas, y -veinte cargas de ropa fina de algodon, y envió á decir que queria ser -vasallo de nuestro gran Emperador, y que se holgaba porque estábamos -ya cerca de su ciudad, por la buena voluntad que tenia á Cortés y -á todos los teules sus hermanos que con él estábamos, que así nos -llamaba, y que viese cuánto queria de tributo cada año para nuestro -gran Emperador, que lo dará en oro, plata y joyas y ropa, con tal que -no fuésemos á Méjico; y esto que no lo hacia porque no fuésemos, que -de muy buena voluntad nos acogiera, sino por ser la tierra estéril y -fragosa, y que le pesaria de nuestro trabajo si nos lo viese pasar, é -que por ventura que no lo podria remediar tan bien como querria. - -Cortés le respondió y dijo que le tenia en merced la voluntad que -mostraba y el presente que envió, y el ofrecimiento de dar á su -majestad el tributo que decia; y luego rogó á los mensajeros que no se -fuesen hasta ir á la cabecera de Tlascala, y que allí los despacharia, -porque viese en lo que paraba aquello de la guerra; y no les quiso dar -luego la respuesta porque estaba purgado del dia ántes, y purgóse con -unas manzanillas que hay en la isla de Cuba, y son muy buenas para -quien sabe cómo se han de tomar. - -Dejaré esta materia, y diré lo que más en nuestro real pasó. - - - - -CAPÍTULO LXXIII. - -CÓMO VINO XICOTENGA CAPITAN GENERAL DE TLASCALA, Á ENTENDER EN LAS -PACES, Y LO QUE DIJO, Y LO QUE NOS AVINO. - - -Estando platicando Cortés con los embajadores de Montezuma, como dicho -habemos, y queria reposar porque estaba malo de calenturas y purgado -de otro dia ántes, viénenle á decir que venia el capitan Xicotenga -con muchos caciques y capitanes, y que traen cubiertas mantas blancas -y coloradas, digo la mitad de las mantas blancas y la otra mitad -coloradas, que era su divisa y librea, y muy de paz, y traia consigo -hasta cincuenta hombres principales que le acompañaban; y llegado al -aposento de Cortés, le hizo muy grande acato en sus reverencias, como -entre ellos se usa, y mandó quemar mucho copal, y Cortés con gran amor -le mandó sentar cabe sí; y dijo el Xicotenga que él venia de parte de -su padre y de Masse-Escaci, y de todos los caciques y República de -Tlascala, á rogarle que los admitiese á nuestra amistad; y que venia á -dar la obediencia á nuestro Rey y señor, y á demandar perdon por haber -tomado armas y habernos dado guerra; y que si lo hicieron, que fué -por no saber quién éramos, porque tuvieron por cierto que veniamos de -la parte de su enemigo Montezuma, que como muchas veces suelen tener -astucias y mañas para entrar en sus tierras y roballes y saquealles, -que así creyeron que lo queria hacer ahora; y que por esta causa -procuraron de defender sus personas y pátria, y fué forzado pelear; y -que ellos eran muy pobres, que no alcanzan oro ni plata, ni piedras -ricas, ni ropa de algodon, ni aun sal para comer, porque Montezuma no -les da lugar á ello para salir á buscallo; y que si sus antepasados -tenian algun oro ó piedras de valor, que al Montezuma se le habian dado -cuando algunas veces hacian paces ó tréguas porque no los destruyesen, -y esto en los tiempos muy atrás pasados; y porque al presente no -tienen qué dar, que los perdone, que su pobreza era causa dello, -y no la buena voluntad. - -Y dió muchas quejas de Montezuma y de sus aliados, que todos eran -contra ellos y les daban guerra, puesto que se habian defendido muy -bien; y que ahora quisiera hacer lo mismo contra nosotros, y no -pudieron, aunque se habian juntado tres veces con todos sus guerreros, -y que éramos invencibles; y que como conocieron esto de nuestras -personas, que quieren ser nuestros amigos y vasallos del gran señor -Emperador D. Cárlos, porque tienen por cierto que con nuestra compañía -serian siempre guardadas y amparadas sus personas, mujeres é hijos, y -no estarán siempre con sobresalto de los traidores mejicanos; y dijo -otras muchas palabras de ofrecimientos con sus personas y ciudad. - -Era este Xicotenga alto de cuerpo y de grande espalda y bien hecho, y -la cara tenia larga y como hoyosa y robusta, y era de hasta treinta y -cinco años, y en el parecer mostraba en su persona gravedad; y Cortés -les dió las gracias muy cumplidas con halagos que le mostró, y dijo -que él los recibia por tales vasallos de nuestro Rey y señor y amigos -nuestros; y luego dijo el Xicotenga que nos rogaba fuésemos á su -ciudad, porque estaban todos los caciques viejos y papas aguardándonos -con mucho regocijo; y Cortés le respondió que él iria presto, y que -luego fuera, sino porque estaba entendiendo en negocios del gran -Montezuma, y como despache aquellos mensajeros, que él será allá; y -tornó Cortés á decir algo más áspero y con gravedad de las guerras -que nos habian dado de dia y de noche; é que pues ya no puede haber -enmienda en ello, que se lo perdona, y que miren que las paces que -ahora les damos que sean firmes y no haya mudamiento, porque si otra -cosa hacen, que los matará y destruirá á su ciudad, y que no aguardasen -otras palabras de paces, sino de guerra. - -Y como aquello oyó el Xicotenga y todos los principales que con él -venian, respondieron á una que serian firmes y verdaderas, y que para -ello quedaban todos en rehenes; y pasaron otras pláticas de Cortés á -Xicotenga y de todos los más principales, y se les dieron unas cuentas -verdes y azules para su padre y para él y los más caciques y les mandó -que dijesen que iria presto á su ciudad. - -En todas estas pláticas y ofrecimientos que he dicho estaban presentes -los embajadores mejicanos, de lo cual les pesó en gran manera de las -paces, porque bien entendieron que por ellas no les habia de venir bien -ninguno. - -Y desque se hubo despedido el Xicotenga, dijeron á Cortés los -embajadores de Montezuma, medio riendo, que si creia algo de aquellos -ofrecimientos é paces que habian hecho de parte de toda Tlascala, -que todo era burla y que no los creyesen, que eran palabras muy de -traidores y engañosas; que lo hacian para que desque nos tuviesen en -su ciudad en parte donde nos pudiesen tomar á su salvo darnos guerra -y matarnos; y que tuviésemos en la memoria cuántas veces nos habian -venido con todos sus poderes á matar, y como no pudieron, y fueron -dellos muchos muertos y otros heridos, que se querian ahora vengar con -demandas y paz fingida. - -Y Cortés respondió con semblante muy esforzado, y dijo que no se le -daba nada porque tuviesen tal pensamiento como decian; é ya que todo -fuese verdad, que él se holgaria dello para castigalles con quitalles -las vidas, y que eso se le da que dén guerra de dia que de noche, ni -que sea en el campo que en la ciudad; que en tanto tenia lo uno como lo -otro; y para si es verdad, que por esta causa determina de ir allá. - -Y viendo aquellos embajadores su determinacion, rogáronle que -aguardásemos allí en nuestro real seis dias, porque querian enviar dos -de sus compañeros á su señor Montezuma, y que vendrian dentro de los -seis dias con respuesta; y Cortés se lo prometió, lo uno porque, como -he dicho, estaba con calenturas, y lo otro, como aquellos embajadores -le dijeron aquellas palabras, puesto que hizo semblante no hacer -caso dellas, miró que si por ventura serian verdad, hasta ver más -certidumbre en las paces, porque eran tales, que habia que pensar en -ellas; y como en aquella sazon vió que habia venido de paz, y en todo -el camino por donde venimos de nuestra villa rica de la Veracruz eran -los pueblos nuestros amigos y confederados, escribió Cortés á Juan -de Escalante, que ya he dicho que quedó en la villa para acabar de -hacer la fortaleza y por capitan de obra de sesenta soldados viejos -y dolientes que allí quedaron; en las cuales cartas les hizo saber -las grandes mercedes que nuestro Señor Jesucristo nos ha hecho en las -batallas que hubimos en las vitorias y encuentros desde que entramos en -la provincia de Tlascala, donde ahora han venido de paz, y que todos -diesen gracias á Dios por ello; y que mirasen que siempre favoreciesen -á los pueblos totonaques, nuestros amigos, y que le enviase luego -en posta dos botijas de vino que habian dejado soterradas en cierta -parte señalada de su aposento, y asimismo trujesen hostias de las que -habiamos traido de la isla de Cuba, porque las que trujimos de aquella -entrada ya se habian acabado. - -En las cuales cartas dice que hubieron mucho placer en la villa, y -escribió el Escalante lo que allí habia sucedido, y todo vino muy -presto; y en aquellos dias en nuestro real pusimos una cruz muy -suntuosa y alta, y mandó Cortés á los indios de Cimpacingo y á los -de las casas que estaban junto de nuestro real que encalasen un cu y -estuviese bien aderezado. - -Dejemos de escribir desto, y volvamos á nuestros nuevos amigos los -caciques de Tlascala, que como vieron que no íbamos á su pueblo, ellos -venian á nuestro Real con gallinas y tunas, que era el tiempo dellas, -y cada dia traian el bastimento que tenian en su casa, y con buena -voluntad nos lo daban, sin que quisiesen tomar por ello cosa ninguna -aunque se lo dábamos, y siempre rogando á Cortés que se fuese luego -con ellos á su ciudad; y como estábamos aguardando á los mejicanos -los seis dias, como les prometió, con palabras blandas les detenia; -y luego, cumplido el plazo que habian dicho, vinieron de Méjico seis -principales, hombres de mucha estima, y trujeron un rico presente que -envió el gran Montezuma, que fueron más de tres mil pesos de oro en -ricas joyas de diversas maneras, y ducientas piezas de ropa de mantas -muy ricas de pluma y de otras labores, y dijeron á Cortés cuando -lo presentaron, que su señor Montezuma se huelga de nuestra buena -andanza, y que le ruega muy ahincadamente que ni en bueno ni malo no -fuese con los de Tlascala á su pueblo ni se confiase dellos, que lo -querian llevar allá para roballe oro y ropa, porque son muy pobres, -que una manta buena de algodon no alcanzan; é que por saber que el -Montezuma nos tiene por amigos y nos envia aquel oro y joyas y mantas, -lo procurarán de robar muy mejor; y Cortés recibió con alegría aquel -presente, y dijo que se lo tenia en merced y que él lo pagaria al señor -Montezuma en buenas obras; y que si se sintiese que los tlascaltecas -les pasase por el pensamiento lo que Montezuma les enviaba á avisar, -que se lo pagaria con quitalles á todos las vidas, y que él sabe muy -cierto que no harán villanía ninguna, y que todavía quiere ir á ver lo -que hacen. - -Y estando en estas razones vienen otros muchos mensajeros de Tlascala -á decir á Cortés cómo vienen cerca de allí todos los caciques viejos -de la cabecera de toda la provincia á nuestros ranchos y chozas á ver -á Cortés y á todos nosotros para llevarnos á su ciudad; y como Cortés -lo supo, rogó á los embajadores mejicanos que aguardasen tres dias -por los despachos para su señor, porque tenia al presente que hablar -y despachar sobre la guerra pasada é paces que ahora tratan; y ellos -dijeron que aguardarian. - -Y lo que los caciques viejos dijeron á Cortés se dirá adelante. - - - - -CAPÍTULO LXXIV. - -CÓMO VINIERON Á NUESTRO REAL LOS CACIQUES VIEJOS DE TLASCALA Á ROGAR Á -CORTÉS Y Á TODOS NOSOTROS QUE LUEGO NOS FUÉSEMOS CON ELLOS Á SU CIUDAD, -Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Como los caciques viejos de toda Tlascala vieron que no íbamos á -su ciudad, acordaron de venir en andas, y otros en chamacas é á -cuestas, y otros á pié, los cuales eran los por mí ya nombrados, que -se decian Masse-Escaci, Xicotenga el viejo é ciego, é Guaxolacima, -Chichimeclatecle, Tecapaneca, de Topeyanco; los cuales llegaron á -nuestro real con otra gran compañía de principales, y con gran acato -hicieron á Cortés y á todos nosotros tres reverencias, y quemaron copal -y tocaron las manos en el suelo y besaron la tierra; y el Xicotenga el -viejo comenzó de hablar á Cortés desta manera, y díjole: - -—«Malinche, Malinche, muchas veces te hemos enviado á rogar que nos -perdones porque salimos de guerra, é ya te enviamos á dar nuestro -descargo, que fué por defendernos del malo de Montezuma y sus grandes -poderes, porque creiamos que érades de su bando y confederados; y -si supiéramos lo que ahora sabemos, no digo yo saliros á recibir á -los caminos con muchos bastimentos, sino tenéroslos barridos, y aun -fuéramos por vosotros á la mar donde teniades vuestros acales (que -son navíos); y pues ya nos habeis perdonado, lo que ahora os venimos -á rogar yo y todos estos caciques es, que vais luego con nosotros á -nuestra ciudad, y allí os daremos de lo que tuviéremos, é os serviremos -con nuestras personas y hacienda; y mirá, Malinche, no hagas otra cosa, -sino luego nos vamos; y porque tememos que por ventura te habrán dicho -esos mejicanos algunas cosas de falsedades y mentiras de las que suelen -decir de nosotros, no los creas ni los oigas; que en todo son falsos, -y tenemos entendido que por causa dellos no has querido ir á nuestra -ciudad.» - -Y Cortés respondió con alegre semblante, y dijo que bien sabia, -desde muchos años ántes que á estas sus tierras viniésemos, cómo eran -buenos, y que deso se maravilló cuando nos salieron de guerra, y que -los mejicanos que allí estaban aguardaban respuestas para su señor -Montezuma; é á lo que decian que fuésemos luego á su ciudad, y por -el bastimento que siempre traian é otros cumplimientos, que se lo -agradecia mucho y lo pagaria en buenas obras; é que ya se hubiera ido -si tuviera quien nos llevase los tepuzques, que son las bombardas; y -como oyeron aquella palabra sintieron tanto placer, que en los rostros -se conoceria, y dijeron: - -—«Pues cómo, ¿por esto has estado y no lo has dicho?» - -Y en ménos de media hora traen sobre quinientos indios de carga, y -otro dia muy de mañana comenzamos á marchar camino de la cabezera de -Tlascala con mucho concierto, así de la artillería como de los caballos -y escopetas y ballesteros, y todos los demás, segun lo teniamos de -costumbre; y habia rogado Cortés á los mensajeros de Montezuma que se -fuesen con nosotros para ver en qué paraba lo de Tlascala, y desde allí -les despacharia, y que en su aposento estarian porque no recibiesen -ningun deshonor; porque, segun dijeron, temíanse de los tlascaltecas. - -Ántes que más pase adelante quiero decir cómo en todos los pueblos por -donde pasamos, ó en otros donde tenian noticia de nosotros, llamaban -á Cortés Malinche; y así, le nombraré de aquí adelante Malinche en -todas las pláticas que tuviéremos con cualesquier indios, así desta -provincia como de la ciudad de Méjico, y no le nombraré Cortés sino -en parte que convenga; y la causa de haberle puesto aqueste nombre es -que, como doña Marina, nuestra lengua, estaba siempre en su compañía, -especialmente cuando venian embajadores ó pláticas de caciques, y ella -lo declaraba en lengua mejicana, por esta causa le llamaban á Cortés el -capitan de marina, y para más breve le llamaron Malinche; y tambien se -le quedó este nombre á un Juan Perez de Arteaga, vecino de la Puebla, -por causa que siempre andaba con doña Marina y con Jerónimo de Aguilar -deprendiendo la lengua, y á esta causa le llamaban Juan Perez Malinche, -que renombre de Arteaga de obra de dos años á esta parte lo sabemos. - -He querido traer esto á la memoria, aunque no habia para qué, porque se -entienda el nombre de Cortés de aquí adelante, que se dice Malinche; y -tambien quiero decir que, como entramos en tierra de Tlascala, hasta -que fuimos á su ciudad se pasaron veinte y cuatro dias, y entramos en -ella á 23 de Setiembre de 1519 años; y vamos á otro capítulo, y diré lo -que allí nos avino. - - - - -CAPÍTULO LXXV. - -CÓMO FUIMOS Á LA CIUDAD DE TLASCALA, Y LO QUE LOS CACIQUES VIEJOS -HICIERON DE UN PRESENTE QUE NOS DIERON, Y CÓMO TRUJERON SUS HIJAS Y -SOBRINAS, Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Como los caciques vieron que comenzaba á ir nuestro fardaje camino de -su ciudad, luego se fueron adelante para mandar que todo estuviese -aparejado para nos recebir y para tener los aposentos muy enramados; é -ya que llegábamos á un cuarto de legua de la ciudad, sálennos á recebir -los mismos caciques que se habian adelantado, y traen consigo sus hijas -y sobrinas y muchos principales, cada parentela y bando y parcialidad -por sí; porque en Tlascala habia cuatro parcialidades, sin las de -Tecapaneca, señor de Tepoyanco, que eran cinco; y tambien vinieron de -todos los lugares sus sugetos, y traian sus libreas diferenciadas, que -aunque eran de nequen, eran muy primas y de buenas labores y pinturas, -porque algodon no lo alcanzaban. - -Y luego vinieron los papas de toda la provincia, que habia muchos por -los grandes adoratorios que tenian; que ya he dicho que entre ellos -se llama cues, que son donde tienen sus ídolos y sacrifican; y traian -aquellos papas braseros con brasas, y con sus inciensos zahumando á -todos nosotros, y traian vestidos algunos dellos ropas muy largas á -manera de sobrepellices, y eran blancas y traian capillas en ellos, -como que querian parecer á las que traen los canónigos, como ya lo -tengo dicho, y los cabellos muy largos y enredados, que no se pueden -desparcir si no se cortan, y llenos de sangre que les salian de las -orejas, que en aquel dia se habian sacrificado; y abajaban las cabezas -como á manera de humildad cuando nos vieron, y traian las uñas de los -dedos de las manos muy largas; é oimos decir que aquellos papas tenian -por religiosos y de buena vida, y junto á Cortés se allegaron muchos -principales acompañándole; y como entramos en lo poblado no cabian -por las calles y azuteas, de tantos indios é indias que nos salian á -ver con rostros muy alegres, y trujeron obra de veinte piñas hechas -de muchas rosas de la tierra, diferenciadas las colores y de buenos -olores, y las dieron á Cortés y á los demás soldados que les parecian -capitanes, especial á los de á caballo; y como llegamos á unos buenos -patios adonde estaban los aposentos, tomaron luego por la mano á -Cortés, Xicotenga el viejo y Masse-Escaci, y le meten en los aposentos, -y allí tenian aparejado para cada uno de nosotros á su usanza unas -camillas de esteras y mantas de nequen; y tambien se aposentaron los -amigos que traiamos de Cempoal y de Cocotlan cerca de nosotros; y -mandó Cortés que los mensajeros del gran Montezuma se aposentasen junto -con su aposento. - -Y puesto que estábamos en tierra que viamos claramente que estaban -de buenas voluntades y muy de paz, no nos descuidamos de estar muy -apercebidos, segun teniamos de costumbre; y parece ser que nuestro -capitan, á quien cabia el cuarto de poner corredores del campo y espías -y velas, dijo á Cortés: - -—«Parece, señor, que están muy de paz, y no habemos menester tanta -guarda ni estar tan recatados como solemos.» - -—«Mirar, señores, bien veo lo que decis; mas por la buena costumbre -hemos de estar apercebidos, que aunque sean muy buenos, no habemos de -creer en su paz, sino como si nos quisiesen dar guerra y los viésemos -venir á encontrar con nosotros; que muchos capitanes por se confiar y -descuidar fueron desbaratados, especialmente nosotros, como somos tan -pocos, y habiéndonos enviado á avisar el gran Montezuma, puesto que sea -fingido, y no verdad, hemos de estar muy alerta.» - -Dejemos de hablar de tantos cumplimientos é órden como teniamos en -nuestras velas y guardas, y volvamos á decir cómo Xicotenga el viejo y -Masse-Escaci, que eran grandes caciques, se enojaron mucho con Cortés, -y le dijeron con nuestras lenguas: - -—«Malinche, ó tú nos tienes por enemigos ó no muestras obras en lo -que te vemos hacer, que no tienes confianza de nuestras personas y en -las paces que nos has dado y nosotros á tí; y esto te decimos porque -vemos que así os velais y venis por los caminos apercebidos como cuando -veníais á encontrar con nuestros escuadrones; y esto, Malinche, creemos -que lo haces por las traiciones y maldades que los mejicanos te han -dicho en secreto para que estés mal con nosotros: mira no los creas; -que ya aquí estás y te daremos todo lo que quisieres, hasta nuestras -personas y hijos, y moriremos por vosotros; por eso demanda en rehenes -todo lo que quisieres y fuere tu voluntad.» - -Y Cortés y todos nosotros estábamos espantados de la gracia y amor -con que lo decian; y Cortés les respondió con doña Marina que así lo -tiene creido, é que no ha menester rehenes, sino ver sus muy buenas -voluntades; y que en cuanto á venir apercebidos, que siempre lo -teniamos de costumbre y que no lo tuviesen á mal; y por todos los -ofrecimientos se lo tenia en merced y se lo pagaria el tiempo andando. - -Y pasadas estas pláticas, vienen otros principales con gran aparato de -gallinas y pan de maíz y tunas, y otras cosas de legumbres que habia -en la tierra, y bastecen el real muy cumplidamente, que en veinte dias -que allí estuvimos todo lo hubo sobrado; y entramos en esta ciudad á 23 -dias del mes de Setiembre de 1519 años; é quedaráse aquí, y diré lo que -más pasó. - - - - -CAPÍTULO LXXVI. - -CÓMO SE DIJO MISA ESTANDO PRESENTES MUCHOS CACIQUES, Y DE UN PRESENTE -QUE TRAJERON LOS CACIQUES VIEJOS. - - -Otro dia de mañana mandó Cortés que se pusiese un altar para que se -dijese Misa, porque ya teniamos vino é hostias; la cual Misa dijo el -clérigo Juan Diaz, porque el padre de la Merced estaba con calenturas -y muy flaco, y estando presente Masse-Escaci el viejo y Xicotenga y -otros caciques; y acabada la Misa, Cortés se entró en su aposento, y -con él parte de los soldados que le soliamos acompañar, y tambien los -dos caciques viejos y nuestras lenguas, y díjole el Xicotenga que le -querian traer un presente, y Cortés les mostraba mucho amor, y les -dijo que cuando quisiesen; y luego tendieron unas esteras, y una manta -encima, y trujeron seis ó siete pecezuelos de oro y piedras de poco -valor, y ciertas cargas de ropa de nequen, que toda era muy pobre que -no valía veinte pesos; y cuando lo daban, dijeron aquellos caciques -riendo: - -—«Malinche, bien creemos que como es poco eso que te damos, no lo -recebirás con buena voluntad; ya te hemos enviado á decir que somos -pobres, é que no tenemos oro ni ningunas riquezas, y la causa dello es -que esos traidores y malos de los mejicanos y Montezuma, que ahora es -señor, nos lo han sacado todo cuando soliamos tener paces y tréguas, -que les demandábamos porque no nos diesen guerra; y no mires que es -poco valor, sino recíbelo con buena voluntad, como cosa de amigos y -servidores que te seremos.» - -Y entónces tambien trujeron aparte mucho bastimento. Cortés lo recibió -con alegría, y les dijo que en más tenia aquello por ser de su mano -y con la voluntad que se lo daban, que si le trujeran otros una casa -llena de oro en granos, y que así lo recibe, y les mostró mucho amor; -y parece ser tenian concertado entre todos los caciques de darnos sus -hijas y sobrinas, las más hermosas que tenian, que fuesen doncellas por -casar; y dijo el viejo Xicotenga: - -—«Malinche, porque más claramente conozcais el bien que os queremos y -deseamos en todo contentaros, nosotros os queremos dar nuestras hijas -para que sean vuestras mujeres y hagais generacion, porque queremos -teneros por hermanos, pues sois tan buenos y esforzados. Yo tengo una -hija muy hermosa, é no ha sido casada, é quiérola para vos.» - -Y asimismo Masse-Escaci y todos los más caciques dijeron que traerian -sus hijas y que las recibiésemos por mujeres, y dijeron otros muchos -ofrecimientos, y en todo el dia no se quitaban, así el Masse-Escaci -como el Xicotenga, de cabe Cortés; y como era ciego, de viejo, el -Xicotenga, con la mano atentaba á Cortés en la cabeza y en las barbas -y rostro, y se la traia por todo el cuerpo; y Cortés les respondió á -lo de las mujeres, que él y todos nosotros se lo teniamos en merced, y -que en buenas obras se lo pagariamos el tiempo andando; y estaba allí -presente el padre de la Merced, y Cortés le dijo: - -—«Señor padre, paréceme que será ahora bien que demos un tiento á estos -caciques para que dejen sus ídolos y no sacrifiquen, porque harán -cualquier cosa que les mandarémos, por causa del gran temor que tienen -á los mejicanos.» - -Y el fraile dijo: - -—«Señor, bien es; pero dejémoslo hasta que traigan las hijas y entónces -habrá materia para ello, y dirá vuesamerced que no las quiere recibir -hasta que prometan de no sacrificar: si aprovechare, bien; si no -harémos lo que somos obligados.» - -Y así quedó para otro dia, y lo que se hizo se dirá adelante. - - - - -CAPÍTULO LXXVII. - -CÓMO TRUJERON LAS HIJAS Á PRESENTAR Á CORTÉS Y Á TODOS NOSOTROS, Y LO -QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Otro dia vinieron los mismos caciques viejos, y trujeron cinco indias -hermosas, doncellas y mozas, y para ser indias eran de buen parecer y -bien ataviadas, y traian para cada india otra moza para su servicio, y -todas eran hijas de caciques, y dijo Xicotenga á Cortés: - -—«Malinche, esta es mi hija, y no ha sido casada, que es doncella; -tomadla para vos.» - -La cual le dió por la mano, y las demás que las diese á los capitanes; -y Cortés se lo agradeció, y con buen semblante que mostró dijo que -él las recibia y tomaba por suyas, y que ahora al presente que las -tuviesen en su poder sus padres; y preguntaron los mismos caciques que -por qué causa no las tomábamos ahora; y Cortés respondió: - -—«Porque quiero hacer primero lo que manda Dios Nuestro Señor, que es -en el que creemos y adoramos, y á lo que me envió el Rey nuestro señor, -que es que quiten sus ídolos, que no sacrifiquen ni maten más hombres, -ni hagan otras torpedades malas que suelen hacer, y crean en lo que -nosotros creemos, que es en un solo Dios verdadero.» - -Y se les dijo otras muchas cosas tocantes á nuestra santa fe; y -verdaderamente fueron muy bien declaradas, porque doña Marina y -Aguilar, nuestras lenguas, estaban ya tan expertas en ello, que se -les daba á entender muy bien; y se les mostró una imágen de Nuestra -Señora con su Hijo precioso en los brazos, y se les dió á entender cómo -aquella imágen es figura como la de Nuestra Señora, que se dice Santa -María, que está en los altos cielos, y es la Madre de Nuestro Señor, -que es aquel niño Jesus que tiene en los brazos, y que le concibió por -gracia del Espíritu Santo, quedando Vírgen ántes del parto y en el -parto y despues del parto; y aquesta gran Señora ruega por nosotros á -su Hijo precioso, que es nuestro Dios y Señor; y les dijo otras muchas -cosas que se convenian decir sobre nuestra santa fe, y si quieren ser -nuestros hermanos y tener amistad verdadera con nosotros; y para que -con mejor voluntad tomásemos aquellas sus hijas, para tenellas, como -dicen, por mujeres, que luego dejen sus malos ídolos, y crean y adoren -en nuestro Señor Dios, que es el que nosotros creemos y adoramos, y -verán cuánto bien les irá; porque, demás de tener salud y buenos -temporales, sus cosas se les harán prósperamente, y cuando se mueran -irán sus ánimas á los cielos á gozar de la gloria perdurable; y que si -hacen los sacrificios que suelen hacer á aquellos sus ídolos, que son -diablos, les llevarán á los infiernos, donde para siempre jamás arderán -en vivas llamas. - -Y porque en otros razonamientos se les habia dicho otras cosas acerca -de que dejasen los ídolos, en esta plática no se les dijo más, y lo que -respondieron á todo es, que dijeron: - -—«Malinche, ya te hemos entendido ántes de ahora; y bien creemos que -ese vuestro Dios y esa gran Señora, que son muy buenos; mas mira: -ahora vinistes á estas nuestras tierras y casas; el tiempo andando -entenderemos muy más claramente vuestras cosas, y veremos cómo son, y -harémos lo que sea bueno. ¿Cómo quieres que dejemos nuestros teules, -que desde muchos años nuestros antepasados tienen por dioses y les -han adorado y sacrificado? É ya que nosotros, que somos viejos, por -te complacer lo quisiésemos hacer, ¿qué dirán todos nuestros papas y -todos los vecinos mozos y niños desta provincia, sino levantarse contra -nosotros? Especialmente que los papas han ya hablado con nuestros -teules, y les respondieron que no los olvidásemos en sacrificios de -hombres y en todo lo que de ántes soliamos hacer; si no, que á toda -esta provincia destruirian con hambres, pestilencias y guerra.» - -Así que, dijeron y dieron por respuesta que no curásemos más de les -hablar en aquella cosa, porque no los habian de dejar de sacrificar -aunque los matasen. - -Y desque vimos aquella respuesta, que la daban tan de veras y sin -temor, dijo el padre de la Merced, que era entendido é teólogo: - -—«Señor, no cure vuesamerced de más les importunar sobre esto, que -no es justo que por fuerza les hagamos ser cristianos, y aun lo -que hicimos en Cempoal en derrocalles sus ídolos, no quisiera yo -que se hiciera hasta que tengan conocimiento de nuestra santa fe; -¿qué aprovecha quitalles ahora sus ídolos de un cu y adoratorio, -si los pasan luego á otros? Bien es que vayan sintiendo nuestras -amonestaciones, que son santas y buenas, para que conozcan adelante los -buenos consejos que les damos.» - -Y tambien le hablaron á Cortés tres caballeros, que fueron Pedro de -Albarado y Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, y dijeron á -Cortés: - -—«Muy bien dice el Padre, y vuesamerced con lo que ha hecho cumple, y -no se toque más á estos caciques sobre el caso.» - -Y así se hizo. - -Lo que les mandamos con ruegos fué, que luego desembarazasen un cu que -estaba allí cerca y era nuevamente hecho, é quitasen unos ídolos, y lo -encalasen y limpiasen para poner en él una cruz y la imágen de Nuestra -Señora; lo cual luego lo hicieron, y en él se dijo Misa y se bautizaron -aquellas cacicas, y se puso nombre á la hija del Xicotenga doña Luisa, -y Cortés la tomó por la mano, y se la dió á Pedro de Albarado, y dijo á -Xicotenga que aquel á quien la daba era su hermano y su capitan, y que -lo hubiese por bien, porque seria dél muy bien tratada, y el Xicotenga -recibió contentamiento dello; y la hija ó sobrina de Masse-Escaci se -puso nombre doña Elvira, y era muy hermosa; y paréceme que la dió á -Juan Velazquez de Leon, y las demás se pusieron sus nombres de pila, -y todas con dones, y Cortés las dió á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de -Sandoval y á Alonso de Ávila; y despues desto hecho se les declaró á -qué fin se pusieron dos cruces, é que era porque tienen temor dellas -sus ídolos, y que á do quiera que estábamos de asiento ó dormiamos se -ponen en los caminos; é á todo esto estaban muy atentos. - -Ántes que más pase adelante, quiero decir cómo de aquella cacica hija -de Xicotenga, que se llamó doña Luisa, que se la dió á Pedro de -Albarado, que así como se la dieron, toda la mayor parte de Tlascala la -acataba y le daban presentes y la tenian por su señora, y della hubo el -Pedro de Albarado, siendo soltero, un hijo que se dijo don Pedro, é una -hija que se dice doña Leonor, mujer que ahora es de don Francisco de la -Cueva, buen caballero, primo del duque de Alburquerque, é ha habido en -ella cuatro ó cinco hijos muy buenos caballeros, y aquesta señora doña -Leonor es tan excelente señora, en fin como hija de tal padre, que fué -comendador de Santiago, adelantado y gobernador de Guatemala, y por la -parte de Xicotenga gran señor de Tlascala, que era como Rey. - -Dejemos estas relaciones, y volvamos á Cortés, que se informó de -aquestos caciques y les preguntó muy por entero de las cosas de Méjico, -y lo que sobre ello dijeron es esto que diré. - - - - -CAPÍTULO LXXVIII. - -CÓMO CORTÉS PREGUNTÓ Á MASSE-ESCACI É Á XICOTENGA POR LAS COSAS DE -MÉJICO, Y LO QUE EN LA RELACION DIJERON. - - -Luego Cortés apartó aquellos caciques, y les preguntó muy por extenso -las cosas de Méjico; Xicotenga, como era más avisado y gran señor, -tomó la mano á hablar, y de cuando en cuando lo ayudaba Masse-Escaci, -que tambien era gran señor, y dijeron que tenia Montezuma tan grandes -poderes de gente de guerra, que cuando queria tomar un gran pueblo -ó hacer un asalto en una provincia, que ponia en campo cien mil -hombres, y que esto que lo tenia bien experimentado por las guerras y -enemistades pasadas que con ellos tienen de más de cien años; y Cortés -le dijo: - -—«Pues con tanto guerrero como decis que venian sobre vosotros, ¿cómo -nunca os acabaron de vencer?» - -Y respondieron que, puesto que algunas veces les desbarataban y -mataban, y llevaban muchos de sus vasallos para sacrificar, que tambien -de los contrarios quedaban en el campo muchos muertos y otros presos, y -que no venian tan encubiertos, que dello no tuviesen noticia, y cuando -lo sabian, que se apercebian con todos sus poderes, y con ayuda de los -de Guaxocingo se defendian é ofendian; é que como todas las provincias -y pueblos que ha robado Montezuma y puesto debajo de su dominio estaban -muy mal con los mejicanos, y traian dellos por fuerza á la guerra, no -pelean de buena voluntad; ántes de los mismos tenian avisos, y que á -esta causa les defendian sus tierras lo mejor que podian. - -Y que donde más mal les habia venido á la contina es de una ciudad -muy grande que está de allí andadura de un dia, que se dice Cholula, -que son grandes traidores, y que allí metia Montezuma secretamente -sus capitanías; y como estaban cerca, de noche hacian salto; y más -dijo Masse-Escaci, que tenia Montezuma en todas las provincias puestas -guarniciones de muchos guerreros, sin los muchos que sacaba de la -ciudad, y que todas aquellas provincias le tributan oro y plata, y -plumas, y piedras y ropa de mantas y algodon é indios é indias para -sacrificar, y otros para servir. - -Y que es tan gran señor, que todo lo que quiere tiene, y que las casas -en que vive tiene llenas de riquezas y piedras chalchihuites, que ha -robado y tomado por fuerza á quien no se lo da de grado, y que todas -las riquezas de la tierra están en su poder; y luego contaron el gran -servicio de su casa, que era para nunca acabar si lo hubiese aquí de -decir, pues de las muchas mujeres que tenia, y como casaba algunas -dellas, de todo daban relacion. - -Y luego dicen de la gran fortaleza de su ciudad, de la manera que es -la laguna, y la hondura del agua, y de las calzadas que hay por donde -han de entrar en la ciudad, y las puentes de madera que tiene en cada -calzada, y cómo entra y sale por el estrecho de abertura que hay en -cada puente, y cómo en alzando cualquiera dellas se pueden quedar -aislados entre puente y puente sin entrar en su ciudad; y cómo está -toda la mayor parte de la ciudad poblada dentro en la laguna, y no se -puede pasar de casa en casa sino es por unas puentes levadizas que -tienen hechas, ó en canoas, y todas las casas son de azuteas, y en las -azuteas tienen hechos como á maneras de mamparos, pueden pelear desde -encima dellas, y la manera cómo se provee la ciudad de agua dulce desde -una fuente que se dice Chapultepeque, que está de la ciudad obra de -media legua, y va el agua por unos edificios, y llega en parte que con -canoas la llevan á vender por las calles. - -Y luego contaron de la manera de las armas, que eran varas de á dos -gajos, que tiraban con tiraderas que pasan cualesquier armas, y muchos -buenos flecheros, y otros con lanzas de pedernales que tienen una braza -de cuchilla, hechas de arte que cortan más que navajas, y rodelas y -armas de algodon, y muchos honderos con piedras rollizas é otras lanzas -muy largas y espadas de á dos manos de navajas, y trajeron pintados en -unos paños grandes de nequen las batallas que con ellos habian habido y -la manera del pelear. - -Y como nuestro capitan y todos nosotros estábamos ya informados de -todo lo que decian aquellos caciques, estorbó la plática y metiólos en -otra más honda, y fué que cómo ellos habian venido á poblar á aquella -tierra, é de qué partes vinieron que tan diferentes y enemigos eran de -los mejicanos, siendo tan de cerca unas tierras de otras; y dijeron que -les habian dicho sus antecesores que en los tiempos pasados que habia -allí entre ellos poblados hombres y mujeres muy altos de cuerpo y de -grandes huesos, que porque eran muy malos y de malas maneras, que los -mataron peleando con ellos, y otros que quedaban se murieron; é para -que viésemos qué tamaños é altos cuerpos tenian, trujeron un hueso ó -zancarron de uno dellos, y era muy grueso, el altor del tamaño como un -hombre de razonable estatura: y aquel zancarron era desde la rodilla -hasta la cadera: yo me medí con él, y tenia tan gran altor como yo, -puesto que soy de razonable cuerpo; y trujeron otros pedazos de huesos -como el primero, mas estaban ya comidos y deshechos de la tierra; y -todos nos espantamos de ver aquellos zancarrones, y tuvimos por cierto -haber habido gigantes en esta tierra; y nuestro capitan Cortés nos dijo -que seria bien enviar aquel gran hueso á Castilla para que lo viese su -majestad, y así lo enviamos con los primeros procuradores que fueron. - -Tambien dijeron aquellos mismos caciques, que sabian de aquellos sus -antecesores que les habia dicho un su ídolo en quien ellos tenian mucha -devocion, que vendrian hombres de las partes de hácia donde sale el sol -y de léjas tierras á les sojuzgar y señorear; que si somos nosotros, -holgaran dello, que pues tan esforzados y buenos somos; y cuando -trataron las paces se les acordó desto que les habia dicho su ídolo, -que por aquella causa nos dan sus hijas para tener parientes que les -defiendan de los mejicanos. - -Y cuando acabaron su razonamiento, todos quedamos espantados, y -deciamos si por ventura dicen verdad; y luego nuestro capitan Cortés -les replicó, y dijo que ciertamente veniamos de hácia donde sale el -sol, y que por esta causa nos envió el Rey nuestro señor á tenellos -por hermanos, porque tienen noticia dellos, y que plegue á Dios nos dé -gracia para que por nuestras manos é intercesion se salven; y dijimos -todos: - -—«Amen.» - -Hartos estarán ya los caballeros que esto leyeren de oir razonamientos -y pláticas de nosotros á los de Tlascala, y ellos á nosotros; queria -acabar, y por fuerza me he de detener en otras cosas que con ellos -pasamos; y es que el volcan que está cabe Guaxocingo echaba en aquella -sazon que estábamos en Tlascala mucho fuego, más que otras veces solia -echar; de lo cual nuestro capitan Cortés y todos nosotros, como no -habiamos visto tal, nos admiramos dello; y un capitan de los nuestros, -que se decia Diego de Ordás, tomóle codicia de ir á ver qué cosa era, y -demandó licencia á nuestro general para subir en él; la cual licencia -le dió, y aun de hecho se lo mandó; y llevó consigo dos de nuestros -soldados y ciertos indios principales de Guaxocingo, y los principales -que consigo llevaba ponian temor con decille que cuando estuviese á -medio camino de Popocatepeque, que así se llamaba aquel volcan, no -podria sufrir el temblor de la tierra ni llamas y piedras y ceniza -que dél sale, é que ellos no se atreverian á subir más de hasta donde -tienen unos cues de ídolos, que llaman los teules de Popocatepeque. - -Y todavía el Diego de Ordás con sus dos compañeros fué su camino hasta -llegar arriba, y los indios que iban en su compañía se le quedaron -en lo bajo; despues el Ordás y los dos soldados vieron al subir que -comenzó el volcan de echar grandes llamaradas de fuego y piedras medio -quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda aquella sierra -y montaña adonde está el volcan, y estuvieron quedos sin dar más paso -adelante hasta de allí á una hora, que sintieron que habia pasado -aquella llamarada y no echaba tanta ceniza ni humo, y subieron hasta la -boca, que era muy redonda y ancha, y que habia en el anchor un cuarto -de legua. - -Y que desde allí se parecia la gran ciudad de Méjico y toda la laguna -y todos los pueblos que están en ella poblados; y está este volcan de -Méjico obra de doce ó trece leguas; y despues de bien visto muy gozoso -el Ordás, y admirado de haber visto á Méjico y sus ciudades, volvió -á Tlascala con sus compañeros, y los indios de Guaxocingo y los de -Tlascala se lo tuvieron á mucho atrevimiento, y cuando lo contaban al -capitan Cortés y á todos nosotros, como en aquella sazon no habiamos -visto ni oido, como ahora, que sabemos lo que es, y han subido encima -de la boca muchos españoles y aun Frailes franciscanos, nos admirábamos -entónces dello; y cuando fué Diego de Ordás á Castilla lo demandó por -armas á su majestad, é así las tiene ahora en su sobrino Ordás que vive -en la Puebla; y despues acá desque estamos en esta tierra no le habemos -visto echar tanto fuego ni con tanto ruido como al principio, y aun -estuvo ciertos años que no echaba fuego, hasta el año de 1539 que echó -muy grandes llamas y piedras y ceniza. - -Dejemos de contar del volcan, que ahora, que sabemos qué cosa es y -habemos visto otros volcanes, como son los de Nicaragua y los de -Guatemala, se podian haber callado los de Guaxocingo sin poner en -relacion, y diré cómo hallamos en este pueblo de Tlascala casas -de madera hechas de redes, y llenas de indios é indias que tenian -dentro encarcelados é á cebo hasta que estuviesen gordos para comer y -sacrificar; las cuales cárceles les quebramos y deshicimos para que se -fuesen los presos que en ellas estaban, y los tristes indios no osaban -de ir á cabo ninguno, sino estarse allí con nosotros, y así escaparon -las vidas; y dende en adelante en todos los pueblos que entrábamos, lo -primero que mandaba nuestro capitan era quebralles las tales cárceles -y echar fuera los prisioneros, y comunmente en todas estas tierras las -tenian; y como Cortés y todos nosotros vimos aquella gran crueldad, -mostró tener mucho enojo de los caciques de Tlascala, y se lo riñó bien -enojado, y prometieron desde allí adelante que no matarian ni comerian -de aquella manera más indios. Dije yo que qué aprovechaban aquellos -prometimientos, que en volviendo la cabeza hacian las mismas crueldades. - -Y dejémoslo así, y digamos cómo ordenamos de ir á Méjico. - - - - -CAPÍTULO LXXIX. - -CÓMO ACORDÓ NUESTRO CAPITAN HERNANDO CORTÉS CON TODOS NUESTROS -CAPITANES Y SOLDADOS QUE FUÉSEMOS Á MÉJICO, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Viendo nuestro capitan que habia diez y siete dias que estábamos -holgando en Tlascala, y oiamos decir de las grandes riquezas de -Montezuma y su próspera ciudad, acordó tomar consejo con todos nuestros -capitanes y soldados de quien sentia que le tenian buena voluntad, para -ir adelante, y fué acordado que con brevedad fuese nuestra partida; y -sobre este camino hubo en el real muchas pláticas de desconformidad, -porque decian unos soldados que era cosa muy temerosa irnos á meter en -tan fuerte ciudad siendo nosotros tan pocos, y decian de los grandes -poderes del Montezuma. - -Cortés respondió que ya no podiamos hacer otra cosa, porque siempre -nuestra demanda y apellido fué ver al Montezuma, é que por demás eran -ya otros consejos; y viendo que tan resueltamente lo decia, y sintieron -los del contrario parecer que tan determinadamente se acordaba, y que -muchos de los soldados ayudábamos á Cortés de buena voluntad con decir -«adelante en buen hora,» no hubo más contradicion; y los que andaban -en estas pláticas contrarias eran de los que tenian en Cuba haciendas; -que yo y otros pobres soldados ofrecido tenemos siempre nuestras ánimas -á Dios, que las crió, y los cuerpos á heridas y trabajos hasta morir en -servicio de nuestro Señor y de su majestad. - -Pues viendo Xicotenga y Masse-Escaci, señores de Tlascala, que de hecho -queriamos ir á Méjico, pesábales en el alma, y siempre estaban con -Cortés avisándole que no curase de ir aquel camino, y que no se fiase -poco ni mucho de Montezuma ni de ningun mejicano, y que no se creyese -de sus grandes reverencias ni de sus palabras tan humildes y llenas -de cortesías, ni aun de cuantos presentes le ha enviado ni de otros -ningunos ofrecimientos, que todos eran de atraidorados; que en una hora -se lo tornarian á tomar cuanto le habian dado, y que de noche y de dia -se guardase muy bien dellos, porque tienen bien entendido que cuando -más descuidados estuviésemos nos darian guerra, y que cuando peleáramos -con ellos, que los que pudiésemos matar que no quedasen con las vidas, -al mancebo porque no tome armas, al viejo porque no dé consejo, y le -dieron otros muchos avisos. - -Y nuestro capitan les dijo que se lo agradecia el buen consejo; y les -mostró mucho amor con ofrecimientos y dádivas que luego les dió al -viejo Xicotenga y al Masse-Escaci y todos los más caciques, y les dió -mucha parte de la ropa fina de mantas que habia presentado Montezuma, y -les dijo que seria bueno tratar paces entre ellos y los mejicanos para -que tuviesen amistad, y trujesen sal y algodon y otras mercaderías; -y el Xicotenga respondió que eran por demás las paces, y que su -enemistad tienen siempre en los corazones arraigada, y que son tales -los mejicanos, que so color de las paces les harán mayores traiciones, -porque jamás mantienen verdad en cosa ninguna que prometen; é que no -curase de hablar de ellas, sino que le tornaban á rogar que se guardase -muy bien de no caer en manos de tan malas gentes. - -Y estando platicando sobre el camino que habiamos de llevar para -Méjico, porque los embajadores de Montezuma que estaban con nosotros, -que iban por guias, decian que el mejor camino y más llano era -por la ciudad de Cholula, por ser vasallos del gran Montezuma, -donde recibiriamos servicios, y á todos nosotros nos pareció bien -que fuésemos á aquella ciudad; y los caciques de Tlascala, como -entendieron que queriamos ir por donde nos encaminaban los mejicanos, -se entristecieron, y tornaron á decir que en todo caso fuésemos por -Guaxocingo, que eran sus parientes y nuestros amigos, y no por Cholula, -porque en Cholula siempre tiene Montezuma sus tratos dobles encubiertos. - -Y por más que nos dijeron y aconsejaron que no entrásemos en aquella -ciudad, siempre nuestro capitan, con nuestro consejo muy bien -platicado, acordó de ir por Cholula; lo uno, porque decian todos -que era grande poblacion y muy bien torreada, y de altos y grandes -cues, y en buen llano asentada, y verdaderamente de léjos parecia en -aquella sazon á nuestra gran Valladolid de Castilla la Vieja; y lo -otro, porque estaba en parte cercana de grandes poblaciones, y tener -muchos bastimentos y tan á la mano á nuestros amigos los de Tlascala, -y con intencion de estarnos allí hasta ver de qué manera podriamos -ir á Méjico sin tener guerra, porque era de temer el gran poder de -mejicanos; si Dios nuestro Señor primeramente no ponia su divina mano -y misericordia, con que siempre nos ayudaba y nos daba esfuerzo, no -podiamos entrar de otra manera. - -Y despues de muchas pláticas y acuerdos, nuestro camino fué por -Cholula; y luego Cortés mandó que fuesen mensajeros á les decir que -cómo, estando tan cerca de nosotros, no nos enviaban á visitar y hacer -aquel acto que son obligados á mensajeros, como somos, de tan gran Rey -y señor como es el que nos envió á notificar su salvacion; y que los -ruega que luego viniesen todos los caciques y papas de aquella ciudad -á nos ver, y dar la obediencia á nuestro Rey y señor; si no, que los -ternia por de malas intenciones. - -Y estando diciendo esto, y otras cosas que convenia envialles á decir -sobre este caso, vinieron á hacer saber á Cortés cómo el gran Montezuma -enviaba cuatro embajadores con presentes de oro, porque jamás, á lo -que habiamos visto, envió mensaje sin presentes de oro, y lo tenia por -afrenta enviar mensajeros si no enviaba con ellos dádivas; y lo que -dijeron aquellos mensajeros diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LXXX. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA ENVIÓ CUATRO PRINCIPALES HOMBRES DE MUCHA -CUENTA, CON UN PRESENTE DE ORO Y MANTAS, Y LO QUE DIJERON Á NUESTRO -CAPITAN. - - -Estando platicando Cortés con todos nosotros y con los caciques de -Tlascala sobre nuestra partida y en las cosas de la guerra, viniéronle -á decir que llegaron á aquel pueblo cuatro embajadores de Montezuma, -todos principales, y traian presentes; y Cortés les mandó llamar, y -cuando llegaron donde estaba, hiciéronle grande acato, y á todos los -soldados que allí nos hallamos; y presentado su presente de ricas -joyas de oro y de muchos géneros de hechuras, que valian bien diez mil -pesos, y diez cargas de mantas de buenas labores de pluma, Cortés los -recibió con buen semblante; y luego dijeron aquellos embajadores por -parte de su señor Montezuma que se maravillaba mucho estar tantos dias -entre aquellas gentes pobres y sin policía, que aun para esclavos no -son buenos, por ser tan malos y traidores y robadores, que cuando más -descuidados estuviésemos, de dia y de noche nos matarian por nos robar, -y que nos rogaba que fuésemos luego á su ciudad y que nos daria de lo -que tuviese, y aunque no tan cumplido como nosotros mereciamos y él -deseaba; y que puesto que todas las vituallas le entran en su ciudad de -acarreo, que mandaria proveernos lo mejor que él pudiese. - -Aquesto hacia Montezuma por sacarnos de Tlascala, porque supo que -habiamos hecho las amistades que dicho tengo en el capítulo que dello -habla, y para ser perfectas habian dado sus hijas á Malinche; porque -bien tuvieron entendido que no les podia venir bien ninguna de nuestras -confederaciones, y á esta causa nos cebaba con oro y presentes para que -fuésemos á sus tierras, á lo ménos porque saliésemos de Tlascala. - -Volvamos á decir de los embajadores, que los conocieron bien los -de Tlascala, y dijeron á nuestro capitan que todos eran señores de -pueblos y vasallos, con quien Montezuma enviaba á tratar cosas de mucha -importancia. - -Cortés les dió muchas gracias á los embajadores, con grandes caricias -y señales de amor que les mostró, y les dió por respuesta que él iria -muy presto á ver al señor Montezuma, y les rogó que estuviesen algunos -dias allí con nosotros, que en aquella sazon acordó Cortés que fuesen -dos de nuestros capitanes, personas señaladas, á ver y hablar al gran -Montezuma, é ver la gran ciudad de Méjico y sus grandes fuerzas y -fortalezas, é iban ya camino Pedro de Albarado y Bernardino Vazquez -de Tapia, y quedaron en rehenes cuatro de aquellos embajadores que -habian traido el presente, y otros embajadores del gran Montezuma de -los que solian estar con nosotros fueron en su compañía; y porque en -aquel tiempo yo estaba mal herido y con calenturas, y harto tenia que -curarme, no me acuerdo bien hasta dónde allegaron; mas de que supimos -que Cortés habia enviado así á la ventura á aquellos caballeros, y -se lo tuvimos á mal consejo, y le retrujimos, y le dijimos que cómo -enviaba á Méjico no más de para ver la ciudad y sus fuerzas; que no -era buen acuerdo, y que luego los fuesen á llamar que no pasasen más -adelante; y les escribió que se volviesen luego. - -Demás desto, el Bernardino Vazquez de Tapia ya habia adolecido en el -camino de calenturas, y como vieron las cartas, se volvieron; y los -embajadores con quien iban dieron relacion dello á su Montezuma, y les -preguntó que qué manera de rostros y proporcion de cuerpos llevaban los -dos teules que iban á Méjico, y si eran capitanes; y parece ser que les -dijeron que el Pedro de Albarado era de muy linda gracia, así en el -rostro como en su persona, y que parecia como al sol y que era capitan; -y demás desto, se lo llevaron figurado muy al natural su dibujo y cara, -y desde entónces le pusieron nombre el Tonacio, que quiere decir el -sol, hijo del sol, y así le llamaron de allí adelante, y el Bernardino -Vazquez de Tapia dijeron que era hombre robusto y de muy buena -disposicion, que tambien era capitan; y al Montezuma le pesó porque se -habian vuelto del camino. - -Y aquellos embajadores tuvieron razon de comparallos, así en los -rostros como en el aspecto de las personas y cuerpos, como lo -significaron á su señor Montezuma; porque el Pedro de Albarado era de -muy buen cuerpo y ligero, y facciones y presencia, y así en el rostro -como en el hablar, en todo era agraciado, que parecia que estaba -riendo; y el Bernardino Vazquez de Tapia era algo robusto, puesto que -tenia buena presencia; y desque volvieron á nuestro real, nos holgamos -con ellos, y les deciamos que no era cosa acertada lo que Cortés les -mandaba. - -Y dejemos esta materia, pues no hace mucho á nuestra relacion, y diré -de los mensajeros que Cortés envió á Cholula, y la respuesta que -enviaron. - - - - -CAPÍTULO LXXXI. - -CÓMO ENVIARON LOS DE CHOLULA CUATRO INDIOS DE POCA VALÍA Á DESCULPARSE -POR NO HABER VENIDO Á TLASCALA, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Ya he dicho en el capítulo pasado cómo envió nuestro capitan mensajeros -á Cholula para que nos viniesen á ver á Tlascala; é los caciques de -aquella ciudad, como entendieron lo que Cortés les mandaba, parecióles -que seria bien enviar cuatro indios de poca valía á desculpar é á decir -que por estar malos no venian, y no trujeron bastimento ni otra cosa, -sino así secamente dieron aquella respuesta; y cuando vinieron aquellos -mensajeros estaban presentes los caciques de Tlascala, é dijeron á -nuestro capitan que para hacer burla dél y de todos nosotros enviaban -los de Cholula aquellos indios, que eran macegales é de poca calidad. - -Por manera que Cortés les tornó á enviar luego con otros cuatro -indios de Cempoal á decir que viniesen dentro de tres dias hombres -principales, pues estaban cuatro leguas de allí, é que si no venian, -que los ternia por rebeldes; y que cuando vengan, que les quiere -decir cosas que les convienen para salvacion de sus ánimas, y buena -política para su buen vivir, y tenellos por amigos y hermanos, como -son los de Tlascala, sus vecinos; y que si otra cosa acordaren, y no -quieren nuestra amistad, que nosotros no por eso los procurariamos de -descomplacer ni enojarles. - -Y como oyeron aquella amorosa embajada, respondieron que no habian de -venir á Tlascala, porque son sus enemigos, porque saben que han dicho -dellos y de su señor Montezuma muchos males, y que vamos á su ciudad y -salgamos de los términos de Tlascala; y si no hicieren lo que deben, -que los tengamos por tales como les enviamos á decir. - -Y viendo nuestro capitan que la excusa que decian era muy justa, -acordamos de ir allá; y como los caciques de Tlascala vieron que -determinadamente era nuestra ida por Cholula, dijeron á Cortés: - -—«Pues que así quieres creer á los mejicanos, y no á nosotros, que -somos tus amigos, ya te hemos dicho muchas veces que te guardes de los -de Cholula y del poder de Méjico: y para que mejor te puedas ayudar de -nosotros, te tenemos aparejados diez mil hombres de guerra que vayan en -vuestra compañía.» - -Y Cortés les dió muchas gracias por ello, é consultó con todos nosotros -que no seria bueno que llevásemos tantos guerreros á tierra que -habiamos de procurar amistades, é que seria bien que llevásemos dos -mil, y estos les demandó, y que los demás que se quedasen en sus casas. - -É dejemos esta plática, y diré de nuestro camino. - - - - -CAPÍTULO LXXXII. - -CÓMO FUIMOS Á LA CIUDAD DE CHOLULA, Y DEL GRAN RECEBIMIENTO QUE NOS -HICIERON. - - -Una mañana comenzamos á marchar por nuestro camino para la ciudad de -Cholula, é íbamos con el mayor concierto que podiamos; porque, como -otras veces he dicho, adonde esperábamos haber revueltas ó guerras -nos apercebiamos muy mejor, é aquel dia fuimos á dormir á un rio que -pasa obra de una legua chica de Cholula, adonde está hecha ahora una -puente de piedra, é allí nos hicieron unas chozas é ranchos; y esa -noche enviaron los caciques de Cholula mensajeros, hombres principales, -á darnos el parabien venidos á sus tierras, y trujeron bastimentos de -gallinas y pan de su maíz, é dijeron que en la mañana vendrian todos -los caciques y papas á nos recebir é á que les perdonasen porque no -habian salido luego; y Cortés les dijo con nuestras lenguas doña Marina -y Aguilar que se lo agradecia, así por el bastimento que traian como -por la buena voluntad que mostraban; é allí dormimos aquella noche con -buenas velas y escuchas y corredores del campo. - -Y como amaneció, comenzamos á caminar hácia la ciudad; é yendo por -nuestro camino, ya cerca de la poblacion nos salieron á recebir los -caciques y papas y otros muchos indios, é todos los más traian vestidas -unas ropas de algodon de hechura de marlotas, como las traian los -indios capotecas; y esto digo á quien las ha visto y ha estado en -aquella provincia, porque en aquella ciudad así se usan; é venian muy -de paz y de buena voluntad, y los papas traian braseros con incienso, -con que zahumaron á nuestro capitan é á los soldados que cerca dél nos -hallamos. - -É parece ser aquellos papas y principales, como vieron los indios -tlascaltecas que con nosotros venian, dijéronselo á doña Marina que se -lo dijese á Cortés, que no era bien que de aquella manera entrasen sus -enemigos con armas en su ciudad; y como nuestro capitan lo entendió, -mandó á los capitanes y soldados y el fardaje que reparásemos; y como -nos vió juntos é que no caminaba ninguno, dijo: - -—«Paréceme, señores, que ántes que entremos en Cholula que demos un -tiento con buenas palabras á estos caciques é papas, é veamos qué es su -voluntad; porque vienen murmurando destos nuestros amigos de Tlascala, -y tienen mucha razon en lo que dicen; é con buenas palabras les -quiero dar á entender la causa por que veniamos á su ciudad. Y porque -ya, señores, habeis entendido lo que nos han dicho los tlascaltecas, -que son bulliciosos, será bien que por bien dén la obediencia á su -majestad, y esto me parece que conviene.» - -Y luego mandó á doña Marina que llamase á los caciques y papas allí -donde estaba á caballo, é todos nosotros juntos con Cortés; y luego -vinieron tres principales y dos papas, y dijeron: - -—«Malinche, perdonadnos porque no fuimos á Tlascala á te ver y llevar -comida, y no por falta de voluntad, sino porque son nuestros enemigos -Masse-Escaci y Xicotenga é toda Tlascala, é porque han dicho muchos -males de nosotros é del gran Montezuma, nuestro señor, que no basta lo -que han dicho, sino que ahora tengan atrevimiento con vuestro favor de -venir con armas á nuestra ciudad.» - -Y que le piden por merced que les mande volver á sus tierras ó á lo -ménos que se queden en el campo é que no entren de aquella manera en su -ciudad, é que nosotros que vamos mucho en buen hora. - -É como el capitan vió la razon que tenia, mandó luego á Pedro de -Albarado é al maestre de campo, que era Cristóbal de Olí, que rogasen -á los tlascaltecas que allí en el campo hiciesen sus ranchos y chozas, -é que no entrasen con nosotros sino los que llevaban artillería y -nuestros amigos los de Cempoal, y les dijesen la causa porque se -mandaba, porque todos aquellos caciques y papas se temen dellos; é que -cuando hubiéremos de pasar de Cholula para Méjico que los enviaria á -llamar, é que no lo hayan por enojo; y como los de Cholula vieron lo -que Cortés mandó, parecia que estaban más sosegados, y les comenzó -Cortés á hacer un parlamento: diciendo que nuestro Rey y señor, cuyos -vasallos somos, tiene grandes poderes y tiene debajo de su mando á -muchos grandes Príncipes y caciques, y que nos envió á estas tierras -á les notificar y mandar que no adoren ídolos, ni sacrifiquen hombres -ni coman de sus carnes, ni hagan sodomías ni otras torpedades; é que -por ser el camino por allí para Méjico, adonde vamos á hablar al gran -Montezuma, y por no haber otro más cercano, venimos por su ciudad, y -tambien para tenellos por hermanos; é que pues otros grandes caciques -han dado la obediencia á su Majestad, que será bien que ellos la dén, -como los demás. - -É respondieron que aún no habemos entrado en su tierra é ya les -mandamos dejar sus teules, que así llaman á sus ídolos, que no lo -pueden hacer; y dar la obediencia á ese vuestro Rey que decis, les -place; y así, la dieron de palabra y no ante escribano. - -Y esto hecho, luego comenzamos á marchar para la ciudad, y era tanta -la gente que nos salia á ver, que las calles é azuteas estaban llenas; -é no me maravillo dello, porque no habian visto hombres como nosotros, -ni caballos, y nos llevaron á aposentar á unas grandes salas, en que -estuvimos todos é nuestros amigos los de Cempoal y los tlascaltecas que -llevaron el fardaje, y nos dieron de comer aquel dia é otro muy bien é -abastadamente. - -É quedarse há aquí, y diré lo que más pasamos. - - - - -CAPÍTULO LXXXIII. - -CÓMO TENIAN CONCERTADO EN ESTA CIUDAD DE CHOLULA DE NOS MATAR POR -MANDADO DE MONTEZUMA, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Habiéndonos recibido tan solemnemente como habemos dicho, é ciertamente -de buena voluntad, sino que segun despues pareció, envió á mandar -Montezuma á sus embajadores que con nosotros estaban, que tratasen -con los de Cholula que con un escuadron de veinte mil hombres que -envió Montezuma, que estuviesen apercebidos para en entrando en -aquella ciudad, que todos nos diesen guerra, y de noche y de dia nos -acapillasen, é los que pudiesen llevar atados de nosotros á Méjico, que -se los llevasen; é con grandes prometimientos que les mandó, y muchas -joyas y ropa que entónces les envió, é un atambor de oro; é á los papas -de aquella ciudad que habian de tomar veinte de nosotros para hacer -sacrificios á sus ídolos; pues ya todo concertado, y los guerreros que -luego Montezuma envió estaban en unos ranchos é arcabuezos obra de -media legua de Cholula, y otros estaban ya dentro en las casas, y todos -puestos á punto con sus armas, hechos mamparos en las azuteas, y en las -calles hoyos é albarradas para que no pudiesen correr los caballos, y -aun tenian unas casas llenas de varas largas y colleras de cueros, é -cordeles con que nos habian de atar é llevarnos á Méjico. - -Mejor lo hizo Nuestro Señor Dios, que todo se les volvió al revés; -é dejémoslo ahora, é volvamos á decir que, así como nos aposentaron -como dicho hemos, é nos dieron muy bien de comer los dias primeros, é -puesto que los viamos que estaban muy de paz, no dejábamos siempre de -estar muy apercebidos, por la buena costumbre que en ello teniamos, é -al tercero dia ni nos daban de comer ni parecia cacique ni papa; é si -algunos indios nos venian á ver, estaban apartados, que no llegaban á -nosotros; é riéndose como cosa de burla; é como aquello vió nuestro -capitan, dijo á doña Marina é Aguilar, nuestras lenguas, que dijese á -los embajadores del gran Montezuma, que allí estaban, que mandasen á -los caciques traer de comer; é lo que traian era agua y leña, y unos -viejos que lo traian decian que no tenian maíz, é que en aquel dia -vinieron otros embajadores del Montezuma, é se juntaron con los que -estaban con nosotros, é dijeron muy desvergonzadamente é sin hacer -acato, que su señor les enviaba á decir que no fuésemos á su ciudad, -porque no tenia qué darnos de comer, é que luego se querian volver á -Méjico con la respuesta; é como aquello vió Cortés, le pareció mal -su plática, é con palabras blandas dijo á los embajadores que se -maravillaba de tan gran señor como es Montezuma, tener tantos acuerdos, -é que les rogaba que no se fuesen, porque otro dia se querian partir -para velle é hacer lo que mandase, y aun me parece que les dió unos -sartalejos de cuentas; y los embajadores dijeron que sí aguardarian; y -hecho esto, nuestro capitan nos mandó juntar, y nos dijo: - -—«Muy desconcertada veo esta gente, estemos muy alerta, que alguna -maldad hay entre ellos.» - -É luego envió á llamar al cacique é principal, que ya no se me acuerda -cómo se llamaba, ó que enviase algunos principales; é respondió que -estaba malo é que no podia venir él ni ellos; y como aquello vió -nuestro capitan, mandó que de un gran cu que estaba junto de nuestros -aposentos le trujésemos dos papas con buenas razones, porque habia -muchos en él; trujimos dos dellos sin hacer deshonor, y Cortés les -mandó dar á cada uno un chalchihui, que son muy estimados entre ellos, -como esmeraldas, é les dijo con palabras amorosas, que por qué causa -el cacique y principales é todos los más papas están amedrentados, que -los ha enviado á llamar y no habian querido venir; parece ser que el -uno de aquellos papas era hombre muy principal entre ellos, y tenia -cargo ó mando en todos los más cues de aquella ciudad, que debia de -ser á manera de Obispo entre ellos, y le tenian gran acato; é dijo que -los que son papas que no tenian temor de nosotros; que si el cacique y -principales no han querido venir, que él iria á les llamar, y que como -él les hable, que tiene creido que no harán otra cosa y que vendrán; é -luego Cortés dijo que fuese en buen hora, y quedase su compañero allí -aguardando hasta que viniesen; é fué aquel papa é llamó al cacique é -principales, é luego vinieron juntamente con él al aposento de Cortés, -y les preguntó con nuestras lenguas doña Marina é Aguilar, que por qué -habian miedo é por qué causa no nos daban de comer, y que si reciben -pena de nuestra estada en la ciudad, que otro dia por la mañana nos -queriamos partir para Méjico á ver é hablar al señor Montezuma, é que -le tengan aparejados tamemes para llevar el fardaje é tepuzques, que -son las bombardas; é tambien, que luego traigan comida; y el cacique -estaba tan cortado, que no acertaba á hablar, y dijo que la comida que -la buscarian; mas que su señor Montezuma les ha enviado á mandar que no -la diesen, ni queria que pasásemos de allí adelante; y estando en estas -pláticas vinieron tres indios de los de Cempoal, nuestros amigos, y -secretamente dijeron á Cortés que habian hallado junto adonde estábamos -aposentados hechos hoyos en las calles é cubiertos con madera é tierra, -que no mirando mucho en ello no se podria ver, é que quitaron la tierra -de encima de un hoyo, que estaba lleno de estacas muy agudas para matar -los caballos que corriesen, é que las azuteas que las tienen llenas de -piedras é mamparos de adobes; y que ciertamente estaban de buen arte, -porque tambien hallaron albarradas de maderos gruesos en otra calle; y -en aquel instante vinieron ocho indios tlascaltecas de los que dejamos -en el campo, que no entraron en Cholula, y dijeron á Cortés: - -—«Mira, Malinche, que esta ciudad está de mala manera, porque sabemos -que esta noche han sacrificado á su ídolo que es el de la guerra, siete -personas, y los cinco dellos son niños, porque les dé victoria contra -vosotros; é tambien hemos visto que sacan todo el fardaje é mujeres é -niños.» - -Y como aquello oyó Cortés, luego los despachó para que fuesen á sus -capitanes los tlascaltecas, que estuviesen muy aparejados si los -enviásemos á llamar, y tornó á hablar al cacique y papas y principales -de Cholula que no tuviesen miedo ni anduviesen alterados, y que mirasen -la obediencia que dieron, que no la quebrantasen, que les castigaria -por ello; que ya les ha dicho que nos queremos ir por la mañana, que -ha menester dos mil hombres de guerra de aquella ciudad que vayan con -nosotros, como nos han dado los de Tlascala, porque en los caminos -los habrá menester; é dijéronle que sí darian así los hombres de -guerra como los del fardaje é demandaron licencias para irse luego -á los apercebir, y muy contentos se fueron, porque creyeron que con -los guerreros que habian de dar é con las capitanías de Montezuma que -estaban en los arcabuezos y barrancas, que allí de muertos ó presos -no podriamos escapar, por causa que no podrian correr los caballos; y -por ciertos mamparos y albarradas, que dieron luego por aviso á los -que estaban en guarnicion que hiciesen á manera de callejon que no -pudiésemos pasar, y les avisaron que otro dia habiamos de partir, é que -estuviesen muy á punto todos, porque ellos darian dos mil hombres de -guerra; é como fuésemos descuidados, que allí harian su presa los unos -y los otros, é nos podian atar; é que esto que lo tuviesen por cierto, -porque ya habian hecho sacrificios á sus ídolos de guerra y les han -prometido la vitoria. - -Y dejemos de hablar en ello, que pensaban que seria cierto; é volvamos -á nuestro capitan, que quiso saber muy por extenso todo el concierto -y lo que pasaba; y dijo á doña Marina que llevase más chalchihuis á -los dos papas que habia hablado primero, pues no tenia miedo, é con -palabras amorosas les dijese que les queria tornar á hablar Malinche, -é que los trujese consigo; y la doña Marina fué y les habló de tal -manera, que lo sabia muy bien hacer, y con dádivas vinieron luego con -ella; y Cortés les dijo que dijesen la verdad de lo que supiesen, pues -eran Sacerdotes de ídolos é principales, que no habian de mentir; é que -lo que dijesen, que no seria descubierto por via ninguna, pues que otro -dia nos habiamos de partir, é que les daria mucha ropa; é dijeron que -la verdad es, que su señor Montezuma supo que íbamos á aquella ciudad, -é que cada dia estaba en muchos acuerdos, é que no determinaba bien la -cosa; é que unas veces les enviaba á mandar que si allí fuésemos que -nos hiciesen mucha honra é nos encaminasen á su ciudad, é otras veces -les enviaba á decir que ya no era su voluntad que fuésemos á Méjico: é -que ahora nuevamente le han aconsejado su Tezcatepuca y su Huichilóbos, -en quien ellos tienen gran devocion, que allí en Cholula los matasen, ó -llevasen atados á Méjico. - -É que habia enviado el dia ántes veinte mil hombres de guerra, y la -mitad están aquí dentro de esta ciudad é la otra mitad están cerca de -aquí entre unas quebradas, é que ya tienen aviso que os habeis de ir -mañana, y de las albarradas que se mandaron hacer y de los dos mil -guerreros que os habemos de dar, é cómo tenian ya hechos conciertos que -habian de quedar veinte de nosotros para sacrificar á los ídolos de -Cholula. - -Y sabido todo esto, Cortés les mandó dar mantas muy labradas, y les -rogó que no lo dijesen, porque si lo descubrian, que á la vuelta que -volviésemos de Méjico los matarian; é que se querian ir muy de mañana, -é que hiciesen venir todos los caciques para hablalles, como dicho les -tiene; y luego aquella noche tomó consejo Cortés de lo que habiamos -de hacer, porque tenia muy extremados varones y de buenos consejos; y -como en tales casos suele acaecer, unos decian que seria bien torcer el -camino é irnos para Guaxocingo, otros decian que procurásemos haber paz -por cualquiera via que pudiésemos, y que nos volviésemos á Tlascala; -otros dimos parecer que si aquellas traiciones dejábamos pasar sin -castigo, que en cualquiera parte nos tratarian otras peores y pues que -estábamos allí en aquel gran pueblo é habia hartos bastimentos, les -diésemos guerra, porque más la sentirian en sus casas que no en el -campo, y que luego apercibiésemos á los tlascaltecas que se hallasen en -ello. - -Y á todos pareció bien este postrer acuerdo, y fué desta manera: que -ya que les habia dicho Cortés que nos habiamos de partir para otro -dia, que hiciésemos que liábamos nuestro hato, que era harto poco, -y que unos grandes patios que habia donde posábamos, estaban con -altas cercas, que diésemos en los indios de guerra, pues aquello era -su merecido, y que con los embajadores de Montezuma disimulásemos, y -les dijésemos que los malos de los cholultecas han querido hacer una -traicion, y echar la culpa della á su señor Montezuma, é á ellos mismos -como sus embajadores; lo cual no creiamos que tal mandase hacer, y que -les rogábamos que se estuviesen en el aposento de nuestro capitan, é -no tuviesen más plática con los de aquella ciudad, porque no nos dén -que pensar que andan juntamente con ellos en las traiciones, y para que -se vayan con nosotros á Méjico por guias; y respondieron que ellos ni -su señor Montezuma no saben cosa ninguna de lo que les dicen; y aunque -no quisieron, les pusimos guardas porque no se fuesen sin licencia y -porque no supiese Montezuma que nosotros sabiamos que él era quien -lo habia mandado hacer; é aquella noche estuvimos muy apercebidos y -armados, y los caballos ensillados y enfrenados, con grandes velas y -rondas, que esto siempre lo teniamos de costumbre, porque tuvimos por -cierto que todas las capitanías así de mejicanos como de cholultecas, -aquella noche habian de dar sobre nosotros; y una india vieja, mujer -de un cacique, como sabia el concierto y trama que tenian ordenado, -vino secretamente á doña Marina, nuestra lengua, y como la vió moza y -de buen parecer y rica, le dijo y aconsejó que se fuese con ella á -su casa si queria escapar la vida, porque ciertamente aquella noche ó -otro dia nos habian de matar á todos, porque ya estaba así mandado y -concertado por el gran Montezuma, para que entre los de aquella ciudad -y los mejicanos se juntasen, y no quedase ninguno de nosotros á vida, -ó nos llevasen atados á Méjico; y porque sabe esto, y por mancilla que -tenia de la doña Marina, se lo venia á decir, y que tomase todo su hato -y se fuese con ella á su casa, y que allí la casaria con un su hijo, -hermano de otro mozo que traia la vieja, que la acompañaba. - -É como lo entendió la doña Marina, y en todo era muy avisada, le dijo: - -—«¡Oh madre, qué mucho tengo que agradeceros eso que me decis! Yo me -fuera ahora, sino que no tengo de quién fiarme para llevar mis mantas y -joyas de oro, que es mucho. Por vuestra vida, madre, que aguardeis un -poco vos y vuestro hijo, y esta noche nos iremos; que ahora ya veis que -estos teules están velando, y sentirnos han.» - -Y la vieja creyó lo que la decia, y quedóse con ella platicando y le -preguntó que de qué manera nos habian de matar, é cómo é cuando se hizo -el concierto; y la vieja se lo dijo ni más ni ménos que lo habian dicho -los dos papas; é respondió la doña Marina: - -—«Pues ¿cómo siendo tan secreto ese negocio, lo alcanzastes vos á -saber?» - -Dijo que su marido se lo habia dicho, que es capitan de una parcialidad -de aquella ciudad, y como tal capitan está ahora con la gente de -guerra que tiene á cargo, dando órden para que se junten en las -barrancas con los escuadrones del gran Montezuma, y que cree estarán -juntos esperando para cuando fuésemos, y que allí nos matarian; y que -esto del concierto que lo sabia tres dias habia, porque de Méjico -enviaron á su marido un atambor dorado, é á otras tres capitanías -tambien les envió ricas mantas y joyas de oro, porque nos llevasen á -todos á su señor Montezuma; y la doña Marina, como lo oyó, disimuló con -la vieja, y dijo: - -—«¡Oh cuánto me huelgo en saber que vuestro hijo con quien me quereis -casar es persona principal! Mucho hemos estado hablando; no querria -que nos sintiesen: por eso, madre, aguardad aquí, comenzaré á traer mi -hacienda, porque no lo podré sacar todo junto; é vos é vuestro hijo, mi -hermano, lo guardareis, y luego nos podremos ir.» - -Y la vieja todo se lo creia, y sentóse de reposo la vieja, ella y su -hijo; y la doña Marina entra de presto donde estaba el capitan Cortés, -y le dice todo lo que pasó con la india; la cual luego la mandó traer -ante él, y la tornó á preguntar sobre las traiciones y conciertos, y -le dijo ni más ni ménos que los papas, y le pusieron guardas porque -no se fuese; y cuando ameneció era cosa de ver la priesa que traian -los caciques y papas con los indios de guerra, con muchas risadas y -muy contentos, como si ya nos tuvieran metidos en el garlito é redes; -é trujeron más indios de guerra que les pedimos, que no cupieron en -los patios, por muy grandes que son, que aun todavía se están sin -deshacer por memoria de lo pasado; é por bien de mañana que vinieron -los cholultecas con la gente de guerra, ya todos nosotros estábamos -muy á punto para lo que se habia de hacer, y los soldados de espada y -rodela puestos á la puerta del gran patio para no dejar salir á ningun -indio de los que estaban con armas, y nuestro capitan tambien estaba -á caballo, acompañado de muchos soldados para su guarda; y cuando vió -que tan de mañana habian venido los caciques y papas y gente de guerra, -dijo: - -—«¡Qué voluntad tienen estos traidores de vernos entre las barrancas -para se hartar de nuestras carnes! Mejor lo hará nuestro Señor.» - -Preguntó por los dos papas que habian descubierto el secreto, y le -dijeron que estaban á la puerta del patio con otros caciques que -querian entrar, y mandó Cortés á Aguilar, nuestra lengua, que les -dijesen que se fuesen á sus casas, é que ahora no tenian necesidad -dellos; y esto fué por causa que, pues nos hicieron buena obra, no -recibiesen mal por ella, porque no los matasen, é como Cortés estaba -á caballo, é doña Marina junto á él, comenzó á decir á los caciques é -papas que, sin hacelles enojo ninguno, á qué causa nos querian matar la -noche pasada. - -É que si les hemos hecho ó dicho cosa que nos tratasen aquellas -traiciones, más de amonestalles las cosas que á todos los más pueblos -por donde hemos venido les decimos, que no sean malos ni sacrifiquen -hombres, ni adoren sus ídolos ni coman las carnes de sus prójimos; que -no sean sométicos é que tengan buena manera en su vivir, y decirles -las cosas tocantes á nuestra santa fe, y esto sin apremialles en cosa -ninguna; é á que fin tienen ahora nuevamente aparejadas muchas varas -largas y recias como colleras, y muchos cordeles en una casa junto al -gran cu, é por qué han hecho de tres dias acá albarradas en las calles -é hoyos é pertrechos en las azuteas, é por qué han sacado de su ciudad -sus hijos é mujeres y hacienda; é que bien se ha parecido su mala -voluntad y las traiciones, que no las pudieron encubrir, que aun de -comer no nos daban, que por burla traian agua y leña, y decian que no -habia maíz; y que bien sabe que tienen cerca de allí en unas barrancas -muchas capitanías de guerreros esperándonos, creyendo que habiamos -de ir por aquel camino á Méjico, para hacer la traicion que tienen -acordada, con otra mucha gente de guerra que esta noche se ha juntado -con ellos; que pues en pago de que los venian á tener por hermanos é -decilles lo que Dios nuestro Señor y el Rey manda, nos querian matar -é comer nuestras carnes, que ya tenian aparejadas las ollas con sal é -ají é tomates; que si esto querian hacer, que fuera mejor nos dieran -guerra como esforzados y buenos guerreros en los campos, como hicieron -sus vecinos los tlascaltecas; é que sabe por muy cierto lo que tenian -concertado en aquella ciudad y aun prometido á su ídolo abogado de la -guerra, y que le habian de sacrificar veinte de nosotros delante del -ídolo, y tres noches ántes ya pasadas que le sacrificaron siete indios -porque les diese vitoria, la cual les prometió; é como es malo y falso, -no tiene ni tuvo poder contra nosotros; y que todas estas maldades y -traiciones que han tratado y puesto por la obra, han de caer sobre -ellos; y esta razon se lo decia doña Marina, y se lo daban muy bien á -entender; y como lo oyeron los papas y caciques y capitanes, dijeron -que así es verdad lo que les dice, y que dello no tienen culpa, porque -los embajadores de Montezuma lo ordenaron por mandado de su señor. - -Entónces les dijo Cortés que tales traiciones como aquellas, que mandan -las leyes reales que no queden sin castigo, é que por su delito que -han de morir; é luego mandó soltar una escopeta, que era la señal -que teniamos apercebida para aquel efecto, y se les dió una mano que -se les acordara para siempre, porque matamos muchos dellos, y otros -se quemaron vivos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos -ídolos; y no tardaron dos horas que no llegaron allí nuestros amigos -los tlascaltecas que dejamos en el campo, como ya he dicho otra vez, y -peleaban muy fuertemente en las calles, donde los cholultecas tenian -otras capitanías defendiéndolas porque no les entrásemos, y de presto -fueron desbaratadas, y iban por la ciudad robando y cautivando, que -no los podiamos detener; y otro dia vinieron otras capitanías de las -poblaciones de Tlascala, y les hacian grandes daños, porque estaban -muy mal con los de Cholula; y como aquello vimos, así Cortés como -los demás capitanes y soldados, por mancilla que hubimos dellos, -detuvimos á los tlascaltecas que no hiciesen más mal; y Cortés mandó -á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí que le trujesen todas las -capitanías de Tlascala para les hablar, y no tardaron de venir, y les -mandó que recogiesen toda su gente y se estuviesen en el campo, y -así lo hicieron, que no quedó con nosotros sino los de Cempoal; y en -aquel instante vinieron ciertos caciques y papas cholultecas que eran -de otros barrios, que no se hallaron en las traiciones, segun ellos -decian (que, como es gran ciudad, era bando y parcialidad por sí), y -rogaron á Cortés y á todos nosotros que perdonásemos el enojo de las -traiciones que nos tenian ordenadas, pues los traidores habian pagado -con las vidas; y luego vinieron los dos papas amigos nuestros que nos -descubrieron el secreto, y la vieja mujer del capitan que queria ser -suegra de doña Marina (como ya he dicho otra vez), y todos rogaron á -Cortés fuesen perdonados. - -Y Cortés cuando se lo decian mostró tener grande enojo, y mandó llamar -á los embajadores de Montezuma que estaban detenidos en nuestra -compañía, y dijo que, puesto que toda aquella ciudad merecia ser -asolada y que pagaran con las vidas, que teniendo respeto á su señor -Montezuma, cuyos vasallos son, los perdona, é que de allí adelante que -sean buenos, é no les acontezca otra como la pasada, que morirán por -ello. - -Y luego mandó llamar los caciques de Tlascala que estaban en el campo, -é les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habian cautivado, -que bastaban los males que habian hecho. - -Y puesto que se les hacia de mal de volvello, é decian que de muchos -más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella -ciudad han recibido, por mandallo Cortés volvieron muchas personas; mas -ellos quedaron desta vez ricos así de oro é mantas, é algodon y sal é -esclavos. - -Y demás desto, Cortés los hizo amigos con los de Cholula, que á lo -que despues vi é entendí, jamás quebraron las amistades; é más les -mandó á todos los papas é caciques cholultecas que poblasen su ciudad -é que hiciesen tiangues é mercados, é que no hubiesen temor, que no -se les haria enojo ninguno; y respondieron que dentro en cinco dias -harian poblar toda la ciudad, porque en aquella sazon todos los más -vecinos estaban amontados, é dijeron que temian que Cortés les nombrase -cacique, porque el que solia mandar fué uno de los que murieron en el -patio. - -É luego preguntó que á quién le venia el cacicazgo, é dijeron que á un -su hermano; al cual luego le señaló por gobernador, hasta que otra cosa -fuese mandada. - -Y demás desto, desque vió la ciudad poblada y estaban seguros en sus -mercados, mandó que se juntasen los papas y capitanes con los demás -principales de aquella ciudad, y se les dió á entender muy claramente -todas las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que dejasen de adorar -ídolos, y no sacrificasen ni comiesen carne humana, ni se robasen unos -á otros, ni usasen las torpedades que solian usar, y que mirasen que -sus ídolos los traen engañados, y que son malos y no dicen verdad, -é que tuviesen memoria que cinco dias habia de las mentiras que les -prometieron que les darian vitoria cuando sacrificaron las siete -personas, é cómo todo cuanto dicen á los papas é á ellos es todo malo, -é que les rogaba que luego los derrocasen é hiciesen pedazos, y si -ellos no querian, que nosotros los quitariamos, é que hiciesen encalar -uno como humilladero, donde pusimos una cruz. - -Lo de la cruz luego lo hicieron, y respondieron que quitarian los -ídolos; y puesto que se lo mandó muchas veces que los quitasen, lo -dilataban. - -Y entónces dijo el Padre de la Merced á Cortés que era por demás á -los principios quitalles sus ídolos, hasta que vayan entendiendo -más las cosas, y ver en qué paraba nuestra entrada en Méjico, y el -tiempo nos diria lo que habiamos de hacer, que al presente bastaba las -amonestaciones que se les habia hecho, y ponelles la cruz. - -Dejaré de hablar desto, y diré cómo aquella ciudad está asentada en un -llano y en parte é sitio donde están muchas poblaciones cercanas, que -es Tepeaca, Tlascala, Chalco, Tecamachalco, Guaxocingo é otros muchos -pueblos, que por ser tantos, aquí no los nombro; y es tierra de maíz é -otras legumbres, é de mucho ají, y toda llena de maijales, que es de -lo que hacen el vino, é hacen en ella muy buena loza de barro colorado -é prieto é blanco, de diversas pinturas, é se bastece della Méjico y -todas las provincias comarcanas, digamos ahora como en Castilla lo de -Talavera é Palencia. - -Tenia aquella ciudad en aquel tiempo sobre cien torres muy altas, que -eran cues é adoratorios donde estaban sus ídolos, especial el cu mayor -era de más altor que el de Méjico, puesto que era muy suntuoso y alto -el cu mejicano, y tenia otros cien patios para el servicio de los cues; -y segun entendimos, habia allí un ídolo muy grande, el nombre dél no me -acuerdo, más entre ellos tenian gran devocion y venian de muchas partes -á le sacrificar, en tener como á manera de novenas, y le presentaban de -las haciendas que tenian. - -Acuérdome que cuando en aquella ciudad entramos, que cuando vimos tan -altas torres y blanquear, nos pareció al propio Valladolid. - -Dejemos de hablar desta ciudad y todo lo acaecido en ella, y digamos -cómo los escuadrones que habia enviado el gran Montezuma, que estaban -ya presos entre los arcabuezos que están cabe Cholula, y tenian hechos -mamparos y callejones para que no pudiesen correr los caballos, como -lo tenian concertado, como ya otra vez he dicho; é como supieron lo -acaecido, se vuelven más que de paso para Méjico, y dan relacion á -su Montezuma segun y de la manera que todo pasó; y por presto que -fueron, ya teniamos la nueva de dos principales que con nosotros -estaban, que fueron en posta; y supimos muy de cierto que cuando lo -supo Montezuma que sintió gran dolor y enojo, é que luego sacrificó -ciertos indios á su ídolo Huichilóbos, que le tenian por dios de la -guerra, porque les dijese en qué habia de parar nuestra ida á Méjico, ó -si nos dejaria entrar en su ciudad; y aun supimos que estuvo encerrado -en sus devociones y sacrificios dos dias, juntamente con diez papas -los más principales, y hubo respuesta de aquellos ídolos que tenian -por dioses, y fué que le aconsejaron que nos enviase mensajeros á -disculpar de lo de Cholula, y que con muestras de paz nos deje entrar -en Méjico, y que estando dentro, con quitarnos la comida é agua, ó -alzar cualquiera de las puentes, nos mataria, y que en un dia, si nos -daba guerra, no quedaria uno de nosotros á vida, y que allí podria -hacer sus sacrificios, así al Huichilóbos, que les dió esta respuesta, -como á Tezcatecupa, que tenian por dios del infierno, é se hartarian de -nuestros muslos y piernas y brazos, y de las tripas y el cuerpo y todo -lo demás hartarian las culebras y serpientes é tigres que tenian en -unas casas de madera, como adelante diré en su tiempo y lugar. - -Dejemos de hablar de lo que Montezuma sintió de lo sobredicho, y -digamos cómo esta cosa ó castigo de Cholula fué sabido en todas las -provincias de la Nueva-España. - -Y si de ántes teniamos fama de esforzados, y habian sabido de las -guerras de Potonchan y Tabasco y de Cingapacinga y lo de Tlascala, y -nos llamaban teules, que es nombre como sus dioses ó cosas malas, desde -allí adelante nos tenian por adivinos, y decian que no se nos podria -encubrir cosa ninguna mala que contra nosotros tratasen, que no lo -supiésemos, y á esta causa nos mostraban buena voluntad. - -Y creo que estarán hartos los curiosos letores de oir esta relacion de -Cholula, é ya quisiera habella acabado de escribir. - -Y no puedo dejar de traer aquí á la memoria las redes de maderos -gruesos que en ella hallamos; las cuales tenian llenas de indios y -muchachos á cebo, para sacrificar y comer sus carnes; las cuales -redes quebramos, y los indios que en ellas estaban presos les mandó -Cortés que se fuesen adonde eran naturales, y con amenazas mandó á -los capitanes y papas de aquella ciudad que no tuviesen más indios de -aquella manera ni comiesen carne humana, y así lo prometieron. - -Mas, ¿qué aprovechaban aquellos prometimientos, que no lo cumplian? -Pasemos ya adelante, y digamos que aquestas fueron las grandes -crueldades que escribe y nunca acaba de decir el señor obispo de -Chiapa, don fray Bartolomé de las Casas; porque afirma y dice que sin -causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo y porque se nos antojó, se -hizo aquel castigo. - -Y tambien quiero decir que unos buenos religiosos franciscos, que -fueron los primeros frailes que su majestad envió á esta Nueva-España -despues de ganado Méjico, segun adelante diré, fueron á Cholula para -saber y pesquisar é inquirir cómo y de qué manera pasó aquel castigo, -é por qué causa, é la pesquisa que hicieron fué con los mismos papas -é viejos de aquella ciudad; y despues de bien sabido dellos mismos, -hallaron ser ni más ni ménos que en esta mi relacion escribo; y si no -se hiciera aquel castigo, nuestras vidas estaban en harto peligro, -segun los escuadrones y capitanías tenian de guerreros mejicanos y de -los naturales de Cholula, é albarradas é pertrechos; que si allí por -nuestra desdicha nos mataran, esta Nueva-España no se ganara tan presto -ni se atreviera á venir otra armada, é ya que viniera, fuera con gran -trabajo, porque les defendieran los puertos, y se estuvieran siempre en -sus idolatrías. - -Yo he oido decir á un fraile francisco de buena vida, que se decia fray -Toribio Montelmea, que si se pudiera excusar aquel castigo, y ellos no -dieran causa á que se hiciese, que mejor fuera; mas ya que se hizo, -que fué bueno para que todos los indios de todas las provincias de la -Nueva-España viesen y conociesen que aquellos ídolos y los demás son -malos y mentirosos, y que viendo que lo que les habia prometido salió -al revés, que perdiesen la devocion que ántes tenian con ellos, y que -desde allí en adelante no le sacrificaban ni venian en romería de otras -partes, como solian; y desde entónces no curaron más dél, y le quitaron -del alto cu donde estaba, y lo escondieron ó quebraron, que no pareció -más, y en su lugar habian puesto otro ídolo. - -Dejémoslo ya, y diré lo que más adelante hicimos. - - - - -CAPÍTULO LXXXIV. - -DE CIERTAS PLÁTICAS É MENSAJEROS QUE ENVIAMOS AL GRAN MONTEZUMA. - - -Como habian ya pasado catorce dias que estábamos en Cholula, y no -teniamos en qué entender, y vimos que quedaba aquella ciudad muy -poblada, é hacian mercados, é habiamos hecho amistades entre ellos y -los de Tlascala, les teniamos puesto una cruz é amonestádoles las cosas -tocantes á nuestra santa fe, y viamos que el gran Montezuma enviaba -á nuestro real espías encubiertamente á saber é inquirir qué era -nuestra voluntad, é si habiamos de pasar adelante para ir á su ciudad, -porque todo lo alcanzaba á saber muy enteramente por dos embajadores -que estaban en nuestra compañía; acordó nuestro capitan de entrar en -consejo con ciertos capitanes é algunos soldados que sabia que le -tenian buena voluntad, y porque, demás de ser muy esforzados, eran de -buen consejo; porque ninguna cosa hacia sin primero tomar sobre ello -nuestro parecer. - -Y fué acordado que blanda y amorosamente enviásemos á decir al gran -Montezuma que para cumplir con lo que nuestro Rey y señor nos envió á -estas partes, hemos pasado muchos mares é remotas tierras, solamente -para le ver é decille cosas que le serian muy provechosas cuando las -haya entendido; que viniendo que veniamos camino de su ciudad, porque -sus embajadores nos encaminaron por Cholula, que dijeron que eran -sus vasallos; é que dos dias, los primeros que en ella entramos, nos -recibieron muy bien, é para otro dia tenian ordenada una traicion, -con pensamiento de matarnos; y porque somos hombres que tenemos tal -calidad, que no se nos puede encubrir cosa de trato ni traicion ni -maldad que contra nosotros quieran hacer, que luego no la sepamos; é -que por esta causa castigamos á algunos de los que querian ponerlo por -obra. - -É que porque supo que eran sus sujetos, teniendo respeto á su persona -y á nuestra gran amistad, dejó de matar y asolar todos los que fueron -en pensar en la traicion; y lo peor de todo esto es, que dijeron los -papas é caciques que por consejo é mandado dél y de sus embajadores lo -querian hacer; lo cual nunca creimos que tan gran señor como él es tal -mandase, especialmente habiéndose dado por nuestro amigo; y tenemos -colegido de su persona que, ya que tan mal pensamiento sus ídolos le -pusieron de darnos guerra, que seria en el campo; mas en tanto teniamos -que pelease en campo como en poblado, que de dia que de noche, porque -los matariamos á quien tal pensase hacer. Mas como lo tiene por grande -amigo y le desea ver y hablar, luego nos partimos para su ciudad á -dalle cuenta muy por entero de lo que el Rey nuestro señor nos mandó. - -Y como el Montezuma oyó esta embajada, y entendió que por lo de Cholula -no le poniamos culpa, oimos decir que tornó á entrar con sus papas en -ayunos é sacrificios que hicieron á sus ídolos, para que se tornase -á retificar que si nos dejaria entrar en su ciudad ó no, y si se lo -tornaba á mandar, como le habia dicho otra vez. Y la respuesta que les -tornó á dar fué como la primera, y que de hecho nos deje entrar, y que -dentro nos mataria á su voluntad. - -Y más le aconsejaron sus capitanes y papas, que si ponia estorbo en la -entrada, que le hariamos guerra en los pueblos sus sujetos, teniendo, -como teniamos, por amigos á los tlascaltecas y todos los totonaques de -la sierra, é otros pueblos que habian tomado nuestra amistad, y por -excusar estos males, que mejor y más sano consejo es el que les ha dado -su Huichilóbos. - -Dejemos de más decir de lo que Montezuma tenia acordado, é diré lo que -sobre ello hizo, y cómo acordamos de ir camino de Méjico, y estando -de partida llegaron mensajeros de Montezuma con un presente, y lo que -envió á decir. - - - - -CAPÍTULO LXXXV. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA ENVIÓ UN PRESENTE DE ORO, Y LO QUE ENVIÓ Á -DECIR, Y CÓMO ACORDAMOS IR CAMINO DE MÉJICO, Y LO QUE MÁS ACAECIÓ. - - -Como el gran Montezuma hubo tomado otra vez consejo con sus Huichilóbos -é papas é capitanes, y todos le aconsejaron que nos dejase entrar en su -ciudad, é que allí nos matarian á su salvo. - -Y despues que oyó las palabras que le enviamos á decir acerca de -nuestra amistad, é tambien otras razones bravosas, cómo somos hombres -que no se nos encubre traicion que contra nosotros se trate, que no -lo sepamos, y que en lo de la guerra, que eso se nos da que sea en el -campo ó en poblado, que de noche ó de dia, ó de otra cualquier manera; -é como habia entendido las guerras de Tlascala, é habia sabido lo de -Potonchan é Tabasco é Cingapacinga, é agora lo de Cholula, estaba -asombrado y aun temeroso; y despues de muchos acuerdos que tuvo, envió -seis principales con un presente de oro y joyas de mucha diversidad -de hechuras, que valdria, á lo que juzgaban, sobre dos mil pesos, y -tambien envió ciertas cargas de mantas muy ricas de primas labores; -é cuando aquellos principales llegaron ante Cortés con el presente, -besaron la tierra con la mano, y con gran acato, como entre ellos se -usa, dijeron: - -—«Malinche, nuestro señor el gran Montezuma te envia este presente, y -dice que lo recibas con el amor grande que te tiene é á todos vuestros -hermanos, é que le pesa del enojo que les dieron los de Cholula, é -quisiera que los castigaras más en sus personas, que son malos y -mentirosos, é que las maldades que ellos querian hacer, le echaban á él -la culpa é á sus embajadores; é que tuviésemos por muy cierto que era -nuestro amigo, é que vamos á su ciudad cuando quisiéremos, que puesto -que él nos quiere hacer mucha honra, como á personas tan esforzadas y -mensajeros de tan alto Rey como decis que es, é porque no tiene que nos -dar de comer, que á la ciudad se lleva todo el bastimento de acarreo, -por estar en la laguna poblados, no lo podia hacer tan cumplidamente; -mas que él procurará de hacernos toda la más honra que pudiere, y que -por los pueblos por donde habiamos de pasar, que él ha mandado que nos -dén lo que hubiéremos menester.» - -É dijo otros muchos cumplimientos de palabra. - -Y como Cortés lo entendió por nuestras lenguas, recibió aquel presente -con muestras de amor, é abrazó á los mensajeros y les mandó dar ciertos -diamantes torcidos, é todos nuestros capitanes é soldados nos alegramos -con tan buenas nuevas, é mandarnos que vamos á su ciudad, porque de dia -en dia lo estábamos deseando todos los más soldados, especial los que -no dejábamos en la isla de Cuba bienes ningunos, é habiamos venido dos -veces á descubrir primero que Cortés. - -Dejemos esto, y digamos cómo el capitan les dió buena respuesta y muy -amorosa y mandó que se quedasen tres mensajeros de los que vinieron con -el presente, para que fuesen con nosotros por guias, y los otros tres -volvieron con la respuesta á su señor, y les avisaron que ya íbamos -camino. - -Y despues que aquella nuestra partida entendieron los caciques mayores -de Tlascala, que se decian Xicotenga el viejo é ciego, y Masse-Escaci, -los cuales he nombrado otras veces, les pesó en el alma, é enviaron -á decir á Cortés que ya le habian dicho muchas veces que mirase lo -que hacia, é se guardase de entrar en tan grande ciudad, donde habia -tantas fuerzas y tanta multitud de guerreros; porque un dia ó otro nos -darian guerra, é temian que no podriamos salir con las vidas; é que por -la buena voluntad que nos tienen, que ellos quieren enviar diez mil -hombres con capitanes esforzados, que vayan con nosotros con bastimento -para el camino. - -Cortés les agradeció mucho su buena voluntad, y les dijo que no era -justo entrar en Méjico con tanta copia de guerreros, especialmente -siendo tan contrarios los unos de los otros; que solamente habia -menester mil hombres para llevar los tepuzques é fardaje é para adobar -algunos caminos. - -Ya he dicho otra vez que tepuzques en estas partes dicen por los tiros, -que son de hierro, que llevábamos; y luego despacharon los mil indios -muy apercebidos; é ya que estábamos muy á punto para caminar, vinieron -á Cortés los caciques é todos los más principales guerreros de Cempoal -que andaban en nuestra compañía, y nos sirvieron muy bien y lealmente, -é dijeron que se querian volver á Cempoal, y que no pasarian de Cholula -adelante para ir á Méjico, porque cierto que tenian que si allá iban, -que habian de morir ellos y nosotros, é que el gran Montezuma los -mandaria matar, porque eran personas muy principales de los de Cempoal, -que fueron en quitalle la obediencia é en que no se le diese tributo, y -en aprisionar sus recaudadores cuando hubo la rebelion ya por mí otra -vez escrita en esta relacion. - -Y como Cortés les vió que con tanta voluntad le demandaban aquella -licencia, les respondió con doña Marina é Aguilar que no hubiesen temor -ninguno de que recibirian mal ni daño, é que, pues iban en nuestra -compañía, que, ¿quién habia de ser osado á los enojar á ellos ni á -nosotros? É que les rogaba que mudasen su voluntad é que se quedasen -con nosotros, y les prometió que les haria ricos; é por más que se -lo rogó Cortés é doña Marina se lo decia muy afectuosamente, nunca -quisieron quedar, sino que se querian volver; é como aquello vió -Cortés, dijo: - -—«Nunca Dios quiera que nosotros llevemos por fuerza á esos indios que -tan bien nos han servido.» - -Y mandó traer muchas cargas de mantas ricas, é se las repartió entre -todos, é tambien envió al cacique gordo, nuestro amigo, señor de -Cempoal, dos cargas de mantas para él y para su sobrino Cuesco, que -así se llamaba otro gran cacique, y escribió al teniente Juan de -Escalante, que dejábamos por capitan, y era en aquella sazon alguacil -mayor, todo lo que nos habia acaecido, y cómo ya íbamos camino de -Méjico, é que mirase muy bien por todos los vecinos, é se velase, que -siempre estuviese de dia é de noche con gran cuidado; que acabase de -hacer la fortaleza, é que á los naturales de aquellos pueblos que los -favoreciese contra mejicanos, y no les hiciese agravio, ni ningun -soldado de los que con él estaban; y escritas estas cartas, y partidos -los de Cempoal, comenzamos de ir de nuestro camino muy apercebidos. - - - - -CAPÍTULO LXXXVI. - -CÓMO COMENZAMOS Á CAMINAR PARA LA CIUDAD DE MÉJICO, Y DE LO QUE EN EL -CAMINO NOS AVINO, Y LO QUE MONTEZUMA ENVIÓ Á DECIR. - - -Así como salimos de Cholula con gran concierto, como lo teniamos de -costumbre, los corredores del campo á caballo descubriendo la tierra, -y peones muy sueltos juntamente con ellos, para si algun paso malo ó -embarazo hubiese se ayudasen los unos á los otros, é nuestros tiros muy -á punto, é escopetas é ballesteros, é los de á caballo de tres en tres -para que se ayudasen, é todos los más soldados en gran concierto. - -No sé yo para qué lo traigo tanto á la memoria, sino que en las cosas -de la guerra por fuerza hemos de hacer relacion dello, para que se vea -cuál andábamos la barba sobre el hombro. - -É así caminando, llegamos aquel dia á unos ranchos que están en una -como sierrezuela, que es poblacion de Guaxocingo, que me parece que -se dicen los ranchos de Iscalpan, cuatro leguas de Cholula; y allí -vinieron luego los caciques y papas de los pueblos de Guaxocingo, que -estaban cerca, é eran amigos é confederados de los de Tlascala, y -tambien vinieron otros pueblezuelos que están poblados á las haldas -del volcan, que confinan con ellos, y trujeron todos mucho bastimento -y un presente de joyas de oro de poca valía, y dijeron á Cortés que -recibiese aquello, y no mirase á lo poco que era, sino á la voluntad -con que se lo daban. - -Y le aconsejaron que no fuese á Méjico, que era una ciudad muy fuerte -y de muchos guerreros, y que corriamos mucho peligro; é que ya que -íbamos, que subido aquel puerto, que habia dos caminos muy anchos, y -que el uno iba á un pueblo que se dice Chalco, y el otro Talmalanco, -que era otro pueblo, y entrambos sujetos á Méjico, y que el un camino -estaba muy barrido y limpio para que vamos por él, y que el otro camino -lo tienen ciego, y cortados muchos árboles muy gruesos y grandes pinos -porque no puedan ir caballos ni pudiésemos pasar adelante; y que -abajado un poco de la sierra, por el camino que tenian limpio, creyendo -que habiamos de ir por él, que tenian cortado un pedazo de la sierra, y -habia allí mamparos é albarradas, é que han estado en el paso ciertos -escuadrones de mejicanos para nos matar, é que nos aconsejaban que no -fuésemos por el que estaba limpio, sino por donde estaban los árboles -atravesados, é que ellos nos darán mucha gente que lo desembaracen. - -É pues que iban con nosotros los tlascaltecas, que todos quitarian los -árboles, é que aquel camino salia á Talmalanco; é Cortés, recibió el -presente con mucho amor, y les dijo que les agradecia el aviso que le -daban, y con el ayuda de Dios que no dejará de seguir su camino, é que -irá por donde le aconsejaban. - -É luego otro dia bien de mañana comenzamos á caminar é ya era cerca de -medio dia cuando llegamos en lo alto de la sierra, donde hallamos los -caminos ni más ni ménos que los de Guaxocingo dijeron; y allí reparamos -un poco y aun nos dió qué pensar en lo de los escuadrones mejicanos, y -en la sierra cortada donde estaban las albarradas de que nos avisaron. - -Y Cortés mandó llamar á los embajadores del gran Montezuma, que iban en -nuestra compañía, y les preguntó que cómo estaban aquellos dos caminos -de aquella manera, el uno muy limpio y barrido, y el otro lleno de -árboles cortados nuevamente. - -Y respondieron que porque vamos por el limpio, que sale á una ciudad -que se dice Chalco, donde nos harán buen recibimiento, que es de su -señor Montezuma; y que el otro camino, que le pusieron aquellos árboles -y le cegaron porque no fuésemos por él, que hay malos pasos é se rodea -algo para ir á Méjico, que sale á otro pueblo que no es tan grande -como Chalco; entónces dijo Cortés que queria ir por el que estaba -embarazado, é comenzamos á subir la sierra puestos en gran concierto, -y nuestros amigos apartando los árboles muy grandes y gruesos, por -donde pasamos con gran trabajo, y hasta hoy están algunos dellos fuera -del camino; y subiendo á lo más alto, comenzó á nevar y se cuajó de -nieve la tierra, é caminamos la sierra abajo, y fuimos á dormir á unas -caserías que eran como á manera de aposentos ó mesones, donde posaban -indios mercaderes, é tuvimos bien de cenar, é con gran frio pusimos -nuestras velas y rondas é escuchas y aun corredores del campo; é otro -dia comenzamos á caminar, é á hora de Misas mayores llegamos á un -pueblo que ya he dicho que se dice Talmalanco, y nos recibieron bien, é -de comer no faltó; é como supieron de otros pueblos de nuestra llegada, -luego vinieron los de Chalco, é se juntaron con los de Talmalanco, é -á Mecameca é Acingo, donde están las canoas, que es puerto dellos, é -otros pueblezuelos que ya no se me acuerda el nombre dellos; y todos -juntos trujeron un presente de oro y dos cargas de mantas é ocho -indias, que valdria el oro sobre ciento y cincuenta pesos, é dijeron: - -—«Malinche, recibe estos presentes que te damos, y ténnos de aquí -adelante por tus amigos.» - -Y Cortés los recibió con grande amor, y se les ofreció que en todo lo -que hubiesen menester los ayudaria; y cuando los vió juntos, dijo al -Padre de la Merced que les amonestase las cosas tocantes á nuestra -santa fe é dejasen sus ídolos; y se les dijo todo lo que soliamos decir -en los más pueblos por donde habiamos venido; é á todo respondieron que -bien dicho estaba é que lo verian adelante. - -Tambien se les dió á entender el gran poder del Emperador nuestro -señor, y que veniamos á deshacer agravios é robos é que para ello nos -envió á estas partes; é como aquello oyeron todos aquellos pueblos -que dicho tengo, secretamente, que no lo sintieron los embajadores -mejicanos, dieron tantas quejas de Montezuma y de sus recaudadores, -que les robaban cuanto tenian, é las mujeres é hijas si eran hermosas -las forzaban delante dellos y de sus maridos, y se las tomaban, é que -les hacian trabajar como si fueran esclavos, que les hacian llevar en -canoas é por tierra madera de pinos, é piedra é leña é maíz, é otros -muchos servicios de sembrar maizales, é les tomaban sus tierras para -servicio de ídolos, é otras muchas quejas, que como há ya muchos años -que pasó, no me acuerdo; é Cortés les consoló con palabras amorosas, -que se las sabia muy bien decir con doña Marina, é que ahora al -presente no puede entender en hacelles justicia, é que se sufriesen, -que él les quitaria aquel dominio; é secretamente les mandó que fuesen -dos principales con otros cuatro amigos de Tlascala á ver el camino -barrido que nos hubieron dicho los de Guaxocingo que no fuésemos por -él, para que viesen qué albarradas é mamparos tenian, y si estaban allí -algunos escuadrones de guerra; y los caciques respondieron: - -—«Malinche, no hay necesidad de irlo á ver, porque todo está ahora muy -llano é aderezado. É has de saber que habrá seis dias que estaban á -un mal paso, que tenian cortada la sierra porque no pudiésedes pasar, -con mucha gente de guerra del gran Montezuma; y hemos sabido que su -Huichilóbos, que es dios que tienen de la guerra, les aconsejó que os -dejase pasar, é cuando hayais entrado en Méjico, que allí os matarán; -por tanto, lo que nos parece es, que os estéis aquí con nosotros, y os -daremos de lo que tuviéramos; é no vais á Méjico, que sabemos cierto -que, segun es fuerte y de muchos guerreros, no os dejarán con las -vidas.» - -Y Cortés les dijo con buen semblante que no tenian los mejicanos ni -otras ningunas naciones poder para nos matar, salvo nuestro Señor Dios, -en quien creemos. - -É que porque vean que al mismo Montezuma y á todos los caciques y papas -les vamos á dar á entender lo que nuestro Dios manda, que luego nos -queriamos partir, é que le diesen veinte hombres principales que vayan -en nuestra compañía, é que haria mucho por ellos, é les haria justicia -cuando haya entrado en Méjico, para que Montezuma ni sus recaudadores -no les hagan las demasías y fuerzas que han dicho que les hacen; y con -alegre rostro todos los de aquellos pueblos por mí ya nombrados dieron -buenas respuestas y nos trujeron los veinte indios; é ya que estábamos -para partir, vinieron mensajeros del gran Montezuma, y lo que dijeron -diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LXXXVII. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA NOS ENVIÓ OTROS EMBAJADORES CON UN PRESENTE DE -ORO Y MANTAS, Y LO QUE DIJERON Á CORTÉS, Y LO QUE LES RESPONDIÓ. - - -Ya que estábamos de partida para ir nuestro camino á Méjico, vinieron -ante Cortés cuatro principales mejicanos que envió Montezuma, y -trujeron un presente de oro y mantas; y despues de hecho su acato, como -lo tenian de costumbre, dijeron: - -—«Malinche, este presente te envia nuestro señor el gran Montezuma, y -dice que le pesa mucho por el trabajo que habeis pasado en venir de -tan lejanas tierras á le ver, y que ya te ha enviado á decir otra vez -que te dará mucho oro y plata y chalchihuis en tributo para vuestro -Emperador y para vos y los demás teules que traeis, y que no vengas -á Méjico. Ahora nuevamente te pide por merced que no pases de aquí -adelante, sino que te vuelvas por donde veniste; que él te promete -de te enviar al puerto mucha cantidad de oro y plata y ricas piedras -para ese vuestro Rey, y para tí te dará cuatro cargas de oro, y para -cada uno de tus hermanos una carga; porque ir á Méjico, es excusada tu -entrada dentro, que todos sus vasallos están puestos en armas para no -os dejar entrar.» - -Y demás desto, que no tenia camino, sino muy angosto, ni bastimentos -que comiésemos; y dijo otras muchas razones y inconvenientes para que -no pasásemos de allí; é Cortés con mucho amor abrazó á los mensajeros, -puesto que le pesó de la embajada, y recibió el presente que ya no se -me acuerda qué tanto valía; é á lo que yo vi y entendí, jamás dejó de -enviar Montezuma oro, poco ó mucho, cuando nos enviaba mensajeros como -otra vez he dicho. - -Y volviendo á nuestra relacion, Cortés les respondió que se maravillaba -del señor Montezuma, habiéndose dado por nuestro amigo y siendo tan -gran señor, tener tantas mudanzas, que unas veces dice uno y otras -envia á mandar al contrario. - -Y que en cuanto á lo que dice que dará el oro para nuestro señor el -Emperador y para nosotros, que se lo tiene en merced, y por aquello que -ahora le envia, que en buenas obras se lo pagará, el tiempo andando; y -que si le parecerá bien que estando tan cerca de su ciudad, será bueno -volvernos del camino sin hacer aquello que nuestro señor nos manda. - -Que si el señor Montezuma hubiese enviado mensajeros y embajadores -á algun gran señor, como él es, é ya que llegasen cerca de su casa -aquellos mensajeros que enviaba se volviesen sin le hablar y decille á -lo que iban, cuando volviesen ante su presencia con aquel recaudo, ¿qué -merced les haria, sino tenellos por cobardes y de poca calidad? - -Que así haria el Emperador nuestro señor con nosotros; y que de -una manera ó otra que habiamos de entrar en su ciudad, y desde allí -adelante que no le enviase más excusas sobre aquel caso, porque le ha -de ver y hablar y dar razon de todo el recaudo á que hemos venido, -y ha de ser á su sola persona; y cuando lo haya entendido, si no le -pareciere bien nuestra estada en su ciudad, que nos volveremos por -donde venimos. - -É cuanto á lo que dice, que no tiene comida sino muy poco, é que no nos -podremos sustentar, que somos hombres que con poca cosa que comemos nos -pasamos, é que ya vamos á su ciudad, que haya por bien nuestra ida. - -Y luego en despachando los mensajeros, comenzamos á caminar para -Méjico; y como nos habian dicho y avisado los de Guaxocingo y los de -Chalco que Montezuma habia tenido pláticas con sus ídolos y papas -que si nos dejaria entrar en Méjico ó si nos daria guerra, y todos -sus papas le respondieron que decia su Huichilóbos que nos dejase -entrar, que allí nos podrá matar, segun dicho tengo otras veces en el -capítulo que dello habla; y como somos hombres y tememos la muerte, -no dejábamos de pensar en ello; y como aquella tierra es muy poblada, -íbamos siempre caminando muy chicas jornadas, y encomendándonos á -Dios y á su bendita Madre Nuestra Señora, y platicando cómo y de qué -manera podiamos entrar, y pusimos en nuestros corazones con buena -esperanza, que pues Nuestro Señor Jesucristo fué servido guardarnos de -los peligros pasados, que tambien nos guardaria del poder de Méjico; -y fuimos á dormir á un pueblo que se dice Istapalatengo, que es la -mitad de las casas en el agua y la mitad en tierra firme, donde está -una sierrezuela, y agora está una venta cabe él, y allí tuvimos bien de -cenar. - -Dejemos esto, y volvamos al gran Montezuma, que como llegaron sus -mensajeros é oyó la respuesta que Cortés le envió, luego acordó de -enviar á su sobrino, que se decia Cacamatzin, señor de Tezcuco, con -muy gran fausto á dar el bien venido á Cortés y á todos nosotros; y -como siempre teniamos de costumbre tener velas y corredores del campo, -vino uno de nuestros corredores á avisar que venia por el camino muy -gran copia de mejicanos de paz, y que al parecer venian de ricas mantas -vestidos; y entónces cuando esto pasó era muy de mañana, y queriamos -caminar, y Cortés nos dijo que reparásemos en nuestras posadas hasta -ver qué cosa era, y en aquel instante vinieron cuatro principales, -y hacen á Cortés gran reverencia, y le dicen que allí cerca viene -Cacamatzin, gran señor de Tezcuco, sobrino del gran Montezuma, y que -nos pide por merced que aguardemos hasta que venga; y no tardó mucho, -porque luego llegó con el mayor fausto y grandeza que ningun señor de -los mejicanos habiamos visto traer, porque venia en andas muy ricas, -labradas de plumas verdes, y mucha argentería y otras ricas piedras -engastadas en ciertas arboledas de oro que en ellas traia hechas de -oro, y traian las andas á cuestas ocho principales, y todos decian -que eran señores de pueblos; é ya que llegaron cerca del aposento -donde estaba Cortés, le ayudaron á salir de las andas, y le barrieron -el suelo, y le quitaban las pajas por donde habia de pasar; y desde -que llegaron ante nuestro capitan, le hicieron grande acato, y el -Cacamatzin le dijo: - -—«Malinche, aquí venimos yo y estos señores á te servir, hacerte dar -todo lo que hubieres menester para tí y tus compañeros, y meteros en -vuestras casas, que es nuestra ciudad; porque así nos es mandado por -nuestro señor el gran Montezuma, y dice que esto lo deja, y no por -falta de muy buena voluntad que os tiene.» - -Y cuando nuestro capitan y todos nosotros vimos tanto aparato y -majestad como traian aquellos caciques, especialmente el sobrino de -Montezuma, lo tuvimos por muy gran cosa, y platicamos entre nosotros -que cuando aquel cacique traia tanto triunfo, ¿qué haria el gran -Montezuma? - -Y como el Cacamatzin hubo dicho su razonamiento, Cortés le abrazó y -le hizo muchas caricias á él y á todos los más principales, y le dió -tres piedras que se llaman margajitas, que tienen dentro de sí muchas -pinturas de diversas colores, é á los demás principales se les dió -diamantes azules, y les dijo que se lo tenia en merced, é ¿cuándo -pagaria al señor Montezuma las mercedes que cada dia nos hace? - -Y acabada la plática, luego nos partimos; é como habian venido -aquellos caciques que dicho tengo, traian mucha gente consigo y de -otros muchos pueblos que están en aquella comarca, que salian á vernos, -todos los caminos estaban llenos dellos; y otro dia por la mañana -llegamos á la calzada ancha, íbamos camino de Iztapalapa; y desde que -vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme -otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha por nivel -cómo iba á Méjico, nos quedamos admirados, y deciamos que parecia á -las casas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las -grandes torres y cues y edificios que tenian dentro en el agua, y -todas de cal y canto; y aun algunos de nuestros soldados decian que si -aquello que veian si era entre sueños. - -Y no es de maravillar que yo aquí lo escriba desta manera, porque hay -que ponderar mucho en ello, que no sé cómo lo cuente, ver cosas nunca -oidas ni vistas y aun soñadas, como vimos. - -Pues desque llegamos cerca de Iztapalapa, ver la grandeza de otros -caciques que nos salieron á recibir, que fué el señor del pueblo, que -se decia Coadlauaca, y el señor de Cuyoacan, que entrambos eran deudos -muy cercanos de Montezuma; y de cuando entramos en aquella villa de -Iztapalapa de la manera de los palacios en que nos aposentaron, de -cuán grandes y bien labrados eran, de cantería muy prima, y la madera -de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con grandes patios é -cuartos, cosas muy de ver, y entoldados con paramentos de algodon. - -Despues de bien visto todo aquello, fuimos á la huerta y jardin, que -fué cosa muy admirable vello y pasallo, que no me hartaba de mirallo y -ver la diversidad de árboles y los olores que cada uno tenia, y andenes -llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la tierra, y -un estanque de agua dulce; y otra cosa de ver, que podrian entrar en el -verjel grandes canoas desde la laguna por una abertura que tenia hecha, -sin saltar en tierra, y todo muy encalado y lucido de muchas maneras de -piedras, y pinturas en ellas, que habia harto que ponderar, y de las -aves de muchas raleas y diversidades que entraban en el estanque. - -Digo otra vez que lo estuve mirando, y no creí que en el mundo hubiese -otras tierras descubiertas como estas; porque en aquel tiempo no habia -Perú ni memoria dél. Agora toda esta villa está por el suelo perdida, -que no hay cosa en pié. - -Pasemos adelante, y diré cómo trujeron un presente de oro los caciques -de aquella ciudad y los de Cuyoacan, que valía sobre dos mil pesos, y -Cortés les dió muchas gracias por ello y les mostró grande amor, y se -les dijo con nuestras lenguas las cosas tocantes á nuestra santa fe, y -se les declaró el gran poder de nuestro señor el Emperador; é porque -hubo otras muchas pláticas, lo dejaré de decir, y diré que en aquella -sazon era muy gran pueblo, y que estaba poblada la mitad de las casas -en tierra y la otra mitad en el agua; agora en esta sazon está todo -seco, y siembran donde solia ser laguna, y está de otra manera mudado, -que si no lo hubiera de ántes visto, no lo dijera, que no era posible -que aquello que estaba lleno de agua esté agora sembrado de maizales y -muy perdido. - -Dejémoslo aquí, y diré del solenísimo recebimiento que nos hizo -Montezuma á Cortés y á todos nosotros en la entrada de la gran ciudad -de Méjico. - - - - -CAPÍTULO LXXXVIII. - -DEL GRAN É SOLENE RECEBIMIENTO QUE NOS HIZO EL GRAN MONTEZUMA Á CORTÉS -Y Á TODOS NOSOTROS EN LA ENTRADA DE LA GRAN CIUDAD DE MÉJICO. - - -Luego otro dia de mañana partimos de Iztapalapa muy acompañados de -aquellos grandes caciques que atrás he dicho. - -Íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y -va tan derecha á la ciudad de Méjico, que me parece que no se tuerce -poco ni mucho; é puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas -gentes, que no cabian, unos que entraban en Méjico y otros que salian, -que nos venian á ver, que no nos podiamos rodear de tantos como -vinieron, porque estaban llenas las torres y cues y en las canoas y de -todas partes de la laguna; y no era cosa de maravillar, porque jamás -habian visto caballos ni hombres como nosotros. - -Y de que vimos cosas tan admirables, no sabiamos qué nos decir, ó si -era verdad lo que por delante parecia, que por una parte en tierra -habia grandes ciudades, y en la laguna otras muchas, é víamoslo todo -lleno de canoas, y en la calzada muchas puentes de trecho á trecho, -y por delante estaba la gran ciudad de Méjico, y nosotros aun no -llegábamos á cuatro cientos cincuenta soldados, y teniamos muy bien en -la memoria las pláticas é avisos que nos dieron los de Guaxocingo é -Tlascala y Talmanalco, y con otros muchos consejos que nos habian dado -para que nos guardásemos de entrar en Méjico, que nos habian de matar -cuando dentro nos tuviesen. - -Miren los curiosos letores esto que escribo, si habia bien que ponderar -en ello; ¿qué hombres ha habido en el universo que tal atrevimiento -tuviesen? Pasemos adelante, y vamos por nuestra calzada. - -Ya que llegábamos donde se aparta otra calzadilla que iba á Coyouacan, -que es otra ciudad adonde estaban unas como torres, que eran sus -adoratorios, vinieron muchos principales y caciques con muy ricas -mantas sobre sí, con galanía y libreas diferenciadas las de los unos -caciques á los otros, y las calzadas llenas dellos, y aquellos grandes -caciques enviaba el gran Montezuma delante á recebirnos; y así como -llegaban delante de Cortés decian en sus lenguas que fuésemos bien -venidos, y en señal de paz tocaban con la mano en el suelo y besaban la -tierra con la mesma mano. - -Así que, estuvimos detenidos un buen rato, y desde allí se adelantaron -el Cacamacan, Sr. de Tezcuco, y el Sr. de Iztapalapa y el Sr. de Tacuba -y el Sr. de Cuyoacan á encontrarse con el gran Montezuma, que venia -cerca en ricas andas, acompañado de otros grandes señores y caciques -que tenian vasallos; é ya que llegábamos cerca de Méjico, adonde -estaban otras torrecillas, se apeó el gran Montezuma de las andas, y -traíanle del brazo aquellos grandes caciques debajo de un pálio muy -riquísimo á maravilla, y la color de plumas verdes con grandes labores -de oro, con mucha argentería y perlas y piedras chalchihuis, que -colgaban de unas como bordaduras, que hubo mucho que mirar en ello; -y el gran Montezuma venia muy ricamente ataviado, segun su usanza, y -traia calzados unos como cotaras, que así se dice lo que se calzan, las -suelas de oro; y muy preciada pedrería encima en ellas; é los cuatro -señores que le traian del brazo venian con rica manera de vestidos -á usanza, que parece ser se los tenian aparejados en el camino para -entrar con su señor, que no traian los vestidos con que nos fueron -á recebir: y venian, sin aquellos grandes señores, otros grandes -caciques, que traian el pálio sobre sus cabezas, y otros muchos señores -que venian delante del gran Montezuma barriendo el suelo por donde -habia de pisar, y le ponian mantas porque no pisase la tierra. - -Todos estos señores ni por pensamiento le miraban á la cara, sino los -ojos bajos é con mucho acato, excepto aquellos cuatro deudos y sobrinos -suyos que le llevaban del brazo. - -É como Cortés vió y entendió é le dijeron que venia el gran Montezuma, -se apeó del caballo, y desque llegó cerca de Montezuma, á una se -hicieron grandes acatos; el Montezuma le dió el bien venido, é nuestro -Cortés le respondió con doña Marina que él fuese el muy bien estado. - -É paréceme que el Cortés con la lengua doña Marina, que iba junto á -Cortés, le daba la mano derecha, y el Montezuma no la quiso é se la dió -á Cortés; y entónces sacó Cortés un collar que traia muy á mano de unas -piedras de vidrio, que ya he dicho que se dicen margajitas, que tienen -dentro muchas colores é diversidad de labores y venia ensartado en unos -cordones de oro con almizque porque diesen buen olor, y se le echó -al cuello al gran Montezuma; y cuando se lo puso le iba á abrazar, y -aquellos grandes señores que iban con el Montezuma detuvieron el brazo -á Cortés que no le abrazase, porque lo tenian por menosprecio; y luego -Cortés con la lengua doña Marina le dijo que holgaba agora su corazon -en haber visto un tan gran Príncipe, y que le tenia en gran merced la -venida de su persona á le recebir y las mercedes que le hace á la -contina. - -É entónces el Montezuma, le dijo otras palabras de buen comedimento, é -mandó á dos de sus sobrinos de los que le traian del brazo, que eran -el señor de Tezcuco y el señor de Cuyoacan, que se fuesen con nosotros -hasta aposentarnos; y el Montezuma con los otros de sus parientes, -Cuedlauaca y el señor de Tacuba, que le acompañaban, se volvió á la -ciudad, y tambien se volvieron con él todas aquellas grandes compañías -de caciques y principales que le habian venido á acompañar; é cuando -se volvian con su señor estábamoslos mirando cómo iban todos, los ojos -puestos en tierra, sin miralle y muy arrimados á la pared, y con gran -acato le acompañaban; y así tuvimos lugar nosotros de entrar por las -calles de Méjico sin tener tanto embarazo. - -¿Quién podrá decir la multitud de hombres y mujeres y muchachos que -estaban en las calles é azuteas y en canoas en aquellas acequias -que nos salian á mirar? Era cosa de notar, que agora, que lo estoy -escribiendo, se me representa todo delante de mis ojos como si ayer -fuera cuando esto pasó; y considerada la cosa y gran merced que nuestro -Señor Jesucristo nos hizo y fué servido de darnos gracia y esfuerzo -para osar entrar en tal ciudad, é me haber guardado de muchos peligros -de muerte, como adelante verán. - -Doyle muchas gracias por ello, que á tal tiempo me ha traido para -podello escribir, é aunque no tan cumplidamente como convenia y se -requiere; y dejemos palabras, pues las obras son buen testigo de lo -que digo. - -É volvamos á nuestra entrada en Méjico, que nos llevaron á aposentar -á unas grandes casas, donde habia aposentos para todos nosotros, que -habian sido de su padre el gran Montezuma, que se decia Axayaca, adonde -en aquella sazon tenia el gran Montezuma sus grandes adoratorios é -ídolos, é tenia una recámara muy secreta de piezas y joyas de oro, -que era como tesoro de lo que habia heredado de su padre Axayaca, que -no tocaba en ello; y asimismo nos llevaron á aposentar á aquella casa -por causa que como nos llamaban teules, é por tales nos tenian, que -estuviésemos entre sus ídolos, como teules que allí tenia. - -Sea de una manera ú de otra, allí nos llevaron, donde tenia hechos -grandes estrados y salas muy entoldadas de paramentos de la tierra para -nuestro capitan, y para cada uno de nosotros otras camas de esteras -y unos toldillos encima, que no se da más cama por muy gran señor -que sea, porque no las usan; y todos aquellos palacios muy lucidos y -encalados y barridos y enramados; y como llegamos y entramos en un gran -patio, luego tomó por la mano el gran Montezuma á nuestro capitan, que -allí lo estuvo esperando, y le metió en el aposento y sala donde habia -de posar, que le tenia muy ricamente aderezada para segun su usanza, -y tenia aparejado un muy rico collar de oro, de hechura de camarones, -obra muy maravillosa; y el mismo Montezuma se lo echó al cuello á -nuestro capitan Cortés, que tuvieron bien que admirar sus capitanes del -gran favor que le dió; y cuando se lo hubo puesto, Cortés le dió las -gracias con nuestras lenguas; é dijo Montezuma: - -—«Malinche, en vuestra casa estais vos y vuestros hermanos, descansad.» - -Y luego se fué á sus palacios, que no estaban léjos; y nosotros -repartimos nuestros aposentos por capitanías, é nuestra artillería -asestada en parte conveniente; y muy bien platicada la órden que en -todo habiamos de tener, y estar muy apercebidos, así los de á caballo -como todos nuestros soldados; y nos tenian aparejada una muy suntuosa -comida á su uso é costumbre, que luego comimos. - -Y fué esta nuestra venturosa é atrevida entrada en la gran ciudad de -Tenustitlan, Méjico, á ocho dias del mes de Noviembre, año de nuestro -Salvador Jesucristo de 1519 años. Gracias á nuestro Señor Jesucristo -por todo. É puesto que no vaya expresado otras cosas que habia que -decir, perdónenme, que no lo sé decir mejor por agora hasta su tiempo. - -É dejemos de más pláticas, é volvamos á nuestra relacion de lo que más -nos avino; lo cual diré adelante. - - - - -CAPÍTULO LXXXIX. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA VINO Á NUESTROS APOSENTOS CON MUCHOS CACIQUES -QUE LE ACOMPAÑABAN, É LA PLÁTICA QUE TUVO CON NUESTRO CAPITAN. - - -Como el gran Montezuma hubo comido, y supo que nuestro capitan y todos -nosotros asimismo habia buen rato que habiamos hecho lo mismo, vino á -nuestro aposento con gran copia de principales, é todos deudos suyos, -é con gran pompa; é como á Cortés le dijeron que venia, le salió á la -mitad de la sala á le recebir, y el Montezuma le tomó por la mano, -é trajeron unos como asentaderos hechos á su usanza é muy ricos, y -labrados de muchas maneras con oro; y el Montezuma dijo á nuestro -capitan que se sentase, é se asentaron entrambos, cada uno en el suyo, -y luego comenzó el Montezuma un muy buen parlamento, é dijo que en -gran manera se holgaba de tener en su casa y reino unos caballeros tan -esforzados, como era el capitan Cortés y todos nosotros, é que habia -dos años que tuvo noticia de otro capitan que vino á lo de Champoton, é -tambien el año pasado le trujeron nuevas de otro capitan que vino con -cuatro navíos, é que siempre lo deseó ver, é que ahora que nos tiene ya -consigo para servirnos y darnos de todo lo que tuviese. - -Y que verdaderamente debe de ser cierto que somos los que sus -antepasados muchos tiempos ántes habian dicho, que vendrian hombres -de hácia donde sale el sol á señorear aquestas tierras, y que debemos -de ser nosotros, pues tan valientemente peleamos en lo de Potonchan y -Tabasco y con tlascaltecas, porque todas las batallas se las trujeron -pintadas al natural. - -Cortés le respondió con nuestras lenguas, que consigo siempre estaban, -especial la doña Marina, y le dijo que no sabe con qué pagar él ni -todos nosotros las grandes mercedes recebidas de cada dia, é que -ciertamente veniamos de donde sale el sol, y somos vasallos y criados -de un gran señor que se dice el Emperador D. Cárlos, que tiene sujetos -á sí muchos y grandes Príncipes, é que teniendo noticia dél y de cuán -gran señor es, nos envió á estas partes á le ver é á rogar que sean -cristianos, como es nuestro Emperador é todos nosotros, é que salvarán -sus ánimas él y todos sus vasallos, é que adelante le declarará -más cómo y de qué manera ha de ser, y cómo adoramos á un solo Dios -verdadero, y quién es, y otras muchas cosas buenas que oirá, como les -habia dicho á sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é Quintalvor -cuando estábamos en los arenales. - -É acabado este parlamento, tenia apercebido el gran Montezuma muy -ricas joyas de oro y de muchas hechuras, que dió á nuestro capitan, é -asimismo á cada uno de nuestros capitanes dió cositas de oro y tres -cargas de mantas de labores ricas de pluma, y entre todos los soldados -tambien nos dió á cada uno á dos cargas de mantas, con alegría, y en -todo parecia gran señor. - -Y cuando lo hubo repartido, preguntó á Cortés que si éramos todos -hermanos y vasallos de nuestro gran Emperador, é dijo que sí, que -éramos hermanos en el amor y amistad, é personas muy principales é -criados de nuestro gran Rey y señor. - -Y porque pasaron otras pláticas de buenos comedimientos entre Montezuma -y Cortés, y por ser esta la primera vez que nos venia á visitar, y -por no le ser pesado, cesaron los razonamientos; y habia mandado el -Montezuma á sus mayordomos que á nuestro modo y usanza estuviésemos -proveidos, que es maíz, é piedras é indias para hacer pan, é gallinas y -fruta, y mucha yerba para los caballos; y el gran Montezuma se despidió -con gran cortesía de nuestro capitan y de todos nosotros, y salimos con -él hasta la calle, y Cortés nos mandó que al presente que no fuésemos -muy léjos de los aposentos, hasta entender más lo que conviniese. - -É quedarse há aquí, é diré lo que adelante pasó. - - - - -CAPÍTULO XC. - -CÓMO LUEGO OTRO DIA FUÉ NUESTRO CAPITAN Á VER AL GRAN MONTEZUMA, Y DE -CIERTAS PLÁTICAS QUE TUVIERON. - - -Otro dia acordó Cortés de ir á los palacios de Montezuma, é primero -envió á saber qué hacia, y supiese cómo íbamos, y llevó consigo -cuatro capitanes, que fué Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon -y Diego de Ordás, é á Gonzalo de Sandoval, y tambien fuimos cinco -soldados, y como el Montezuma lo supo, salió á nos recebir á la mitad -de la sala, muy acompañado de sus sobrinos, porque otros señores no -entraban ni comunicaban donde el Montezuma estaba, si no era á negocios -importantes; y con gran acato que hizo á Cortés, y Cortés á él, le -tomaron por las manos, é adonde estaba su estrado le hizo sentar á la -mano derecha; y asimismo nos mandó sentar á todos nosotros en asientos -que allí mandó traer. - -É Cortés le comenzó á hacer un razonamiento con nuestras lenguas doña -Marina é Aguilar; é dijo que ahora, que habia venido á ver y hablar á -un tan gran señor como era, estaba descansado, y todos nosotros, pues -ha cumplido el viaje é mando que nuestro gran Rey y señor le mandó; é -lo que más le viene á decir de parte de nuestro Señor Dios es, que ya -su merced habrá entendido de sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é -Quintalvor, cuando nos hizo las mercedes de enviarnos la luna y el sol -de oro en el arenal, cómo les dijimos que éramos cristianos é adoramos -á un solo Dios verdadero, que se dice Jesucristo, el cual padeció -muerte y pasion por nos salvar; y le dijimos, cuando nos preguntaron -que por qué adorábamos aquella cruz, que la adorábamos por otra que era -señal donde Nuestro Señor fué crucificado por nuestra salvacion, é que -aquesta muerte y pasion que permitió que así fuese por salvar por ella -todo el linaje humano, que estaba perdido; y que aqueste nuestro Dios -resucitó al tercero dia y está en los cielos, y es el que hizo el cielo -y tierra y la mar, y crió todas las cosas que hay en el mundo, y las -aguas y rocios, y ninguna cosa se hace sin su santa voluntad; y que en -él creemos y adoramos, y que aquellos que ellos tienen por dioses, que -no lo son, sino diablos, que son cosas muy malas, y cuales tienen las -figuras, que peores tienen los hechos; é que mirasen cuán malos son y -de poca valía, que adonde tenemos puestas cruces como las que vieron -sus embajadores, con temor dellas no osan parecer delante, y que el -tiempo andando lo verian. - -É lo que agora le pide por merced es, que esté atento á las palabras -que agora le quiere decir. Y luego le dijo muy bien dado á entender -de la creacion del mundo, é como todos somos hermanos, hijos de un -padre y de una madre, que se decian Adan y Eva; cómo tal hermano, -nuestro gran Emperador, doliéndose de la perdicion de las ánimas, que -son muchas las que aquellos sus ídolos llevan al infierno, donde arden -en vivas llamas, nos envió para que esto que ha oido lo remedie, y no -adoren aquellos ídolos ni les sacrifiquen más indios ni indias; y pues -todos somos hermanos, no consientan sodomías ni robos; y más le dijo, -que el tiempo andando enviaria nuestro Rey y señor unos hombres que -entre nosotros viven muy santamente, mejores que nosotros, para que -se lo dén á entender; porque al presente no veniamos á más de se lo -notificar; é así, se lo pide por merced que lo haga y cumpla. - -É porque pareció que el Montezuma queria responder, cesó Cortés la -plática. É díjonos Cortés á todos nosotros que con él fuimos: - -—«Con esto cumplimos, por ser el primer toque.» - -Y el Montezuma respondió: - -—«Señor Malinche, muy bien entendido tengo vuestras pláticas y -razonamientos ántes de agora, que á mis criados sobre vuestro Dios -les dijísteis en el arenal, y eso de la cruz y todas las cosas que -en los pueblos por donde habeis venido habeis predicado, no os hemos -respondido á cosa ninguna dellas porque desde ab-inicio acá adoramos -nuestros dioses y los tenemos por buenos, é así deben ser los vuestros, -é no cureis más al presente de nos hablar dellos; y en esto de la -creacion del mundo, así lo tenemos nosotros creido muchos tiempos -pasados; é á esta causa tenemos por cierto que sois los que nuestros -antecesores nos dijeron que venian de donde sale el sol, é á ese -vuestro Rey yo le soy en cargo y le daré de lo que tuviere; porque, -como dicho tengo otra vez, bien há dos años tengo noticia de capitanes -que vinieron con navíos por donde vosotros vinísteis, y decian que eran -criados dese vuestro gran Rey. Querria saber si sois todos unos.» - -É Cortés le dijo que sí, que todos éramos criados de nuestro Emperador, -é que aquellos vinieron á ver el camino é mares é puertos para lo -saber muy bien, y venir nosotros como veniamos; y decíalo el Montezuma -por lo de Francisco Fernandez de Córdoba é Grijalva, cuando venimos á -descubrir la primera vez; y dijo que desde entónces tuvo pensamiento de -ver algunos de aquellos hombres que venian, para tener en sus reinos é -ciudades, para les honrar; é pues que sus dioses le habian cumplido sus -buenos deseos, é ya estábamos en sus casas, las cuales se pueden llamar -nuestras, que holgásemos y tuviésemos descanso; que allí seriamos -servidos, é que si algunas veces nos enviaba á decir que no entrásemos -en su ciudad, que no era de su voluntad, sino porque sus vasallos -tenian temor, que les decian que echábamos rayos é relámpagos, é con -los caballos matábamos muchos indios, é que éramos teules bravos, é -otras cosas de niñerias. - -É que agora, que ha visto nuestras personas, é que somos de hueso y de -carne y de mucha razon, é sabe que somos muy esforzados, por estas -causas nos tiene en más estima que le habian dicho, é que nos daria de -lo que tuviese. - -É Cortés é todos nosotros respondimos que se lo teniamos en grande -merced tan sobrada voluntad; y luego el Montezuma dijo riendo, porque -en todo era muy regocijado en su hablar de gran señor: - -—«Malinche, bien sé que te han dicho esos de Tlascala, con quien tanta -amistad habeis tomado, que yo que soy como dios ó teule, que cuanto hay -en mis casas es todo oro é plata y piedras ricas; bien tengo conocido -que como sois entendidos, que no lo creíades y lo teniades por burla; -lo que ahora, señor Malinche, veis: mi cuerpo de hueso y de carne como -los vuestros, mis casas y palacios de piedra y madera y cal; de ser yo -gran Rey, si soy, y tener riquezas de mis antecesores, si tengo; mas -no las locuras y mentiras que de mí os han dicho; así que tambien lo -teneis por burla, como yo tengo lo de vuestros truenos y relámpagos.» - -É Cortés le respondió tambien riendo, y dijo que los contrarios -enemigos siempre dicen cosas malas é sin verdad de los que quieren mal, -é que bien ha conocido que en estas partes otro señor más magnífico no -le espera ver, é que no sin causa es tan nombrado delante de nuestro -Emperador. - -É estando en estas pláticas mandó secretamente Montezuma á un gran -cacique, sobrino suyo, de los que estaban en su compañía, que mandase -á sus mayordomos que trujesen ciertas piezas de oro, que parece ser -debieran estar apartadas para dar á Cortés diez cargas de ropa fina; -lo cual repartió, el oro y mantas entre Cortés y los cuatro capitanes, -é á nosotros los soldados nos dió á cada uno dos collares de oro, que -valdria cada collar diez pesos, é dos cargas de mantas. - -Valía todo el oro que entónces dió sobre mil pesos, y esto daba con una -alegría y semblante de grande é valeroso señor; y porque pasaba la hora -más de medio dia, y por no le ser más importuno, le dijo Cortés: - -—«El señor Montezuma siempre tiene por costumbre de echarnos un cargo -sobre otro, en hacernos cada dia mercedes; ya es hora que vuestra -majestad coma.» - -Y el Montezuma dijo que ántes por haberle ido á visitar le hicimos -merced; é así, nos despedimos con grandes cortesías dél y nos fuimos á -nuestros aposentos, é íbamos platicando de la buena manera é crianza -que en todo tenia, é que nosotros en todo le tuviésemos mucho acato, -é con las gorras de armas colchadas quitadas cuando delante dél -pasásemos; é así lo haciamos. - -É dejémoslo aquí, é pasemos adelante. - - - - -CAPÍTULO XCI. - -DE LA MANERA É PERSONA DEL GRAN MONTEZUMA, Y DE CUÁN GRAN SEÑOR ERA. - - -Seria el gran Montezuma de edad de hasta cuarenta años, y de buena -estatura y bien proporcionado, é cenceño é pocas carnes, y la color no -muy moreno, sino propia color y matiz de indio, y traia los cabellos no -muy largos, sino cuanto le cubrian las orejas, é pocas barbas, prietas -y bien puestas é ralas, y el rostro algo largo é alegre é los ojos de -buena manera, é mostraba en su persona en el mirar por un cabo amor, é -cuando era menester gravedad. - -Era muy pulido y limpio, bañábase cada dia una vez á la tarde; tenia -muchas mujeres por amigas; é hijas de señores, puesto que tenia dos -grandes cacicas por sus legítimas mujeres, que cuando usaba con ellas -era tan secretamente, que no lo alcanzaban á saber sino alguno de los -que le servian; era muy limpio de sodomías; las mantas y ropas que se -ponia cada un dia, no se las ponia sino desde á cuatro dias. - -Tenia sobre ducientos principales de su guarda en otras salas junto á -la suya, y estos no para que hablasen todos con él, sino cual ó cual; y -cuando le iban á hablar se habian de quitar las mantas ricas y ponerse -otras de poca valía, mas habian de ser limpias, y habian de entrar -descalzos y los ojos bajos puestos en tierra, y no miralle á la cara, -y con tres reverencias que le hacian primero que á él llegasen, é le -decian en ellas: - -—«Señor, mi señor, gran señor.» - -Y cuando le daban relacion á lo que iban, con pocas palabras los -despachaba; sin levantar el rostro al despedirse dél, sino la cara é -ojos bajos en tierra hácia donde estaba, é no vueltas las espaldas -hasta que salian de la sala. - -É otra cosa vi, que cuando otros grandes señores venian de léjas -tierras á pleitos ó negocios, cuando llegaban á los aposentos del gran -Montezuma habíanse de descalzar é venir con pobres mantas, y no habian -de entrar derecho en los palacios, sino rodear un poco por el lado de -la puerta de palacio; que entrar de rota batida teníanlo por descaro; -en el comer le tenian sus cocineros sobre treinta maneras de guisados -hechos á su modo y usanza; teníanlos en braseros de barro chicos -debajo, porque no se enfriasen. - -É de aquello que el gran Montezuma habia de comer guisaban más de -trescientos platos, sin más de mil para la gente de guarda; y cuando -habia de comer, salíase el Montezuma algunas veces con sus principales -y mayordomos, y le señalaban cual guisado era mejor é de qué aves -é cosas estaba guisado, y de lo que le decian, de aquello habia de -comer, é cuando salia á lo ver eran pocas veces; y como por pasatiempo, -oí decir que le solian guisar carnes de muchachos de poca edad; y -como tenia tantas diversidades de guisados y de tantas cosas, no le -echábamos de ver si era de carne humana y de otras cosas, porque -cotidianamente le guisaban gallinas, gallos de papada, faisanes, -perdices de la tierra, codornices, patos mansos y bravos, venado, -puerco de la tierra, pajaritos de caña y palomas y liebres y conejos, -y muchas maneras de aves é cosas de las que se crian en estas tierras, -que son tantas que no las acabaré de nombrar tan presto; y así, no -miramos en ello. - -Lo que yo sé es, que desque nuestro capitan le reprendió el sacrificio -y comer de carne humana; que desde entónces mandó que no le guisasen -tal manjar. - -Dejemos de hablar en esto, y volvamos á la manera que tenia en su -servicio al tiempo de comer, y es desta manera: que si hacia frio -teníanle hecha mucha lumbre de ascuas de una leña de cortezas de -árboles que no hacian humo, el olor de las cortezas de que hacian -aquellas ascuas muy oloroso; y porque no le diesen más calor de lo -que él queria, ponian delante una como tabla labrada con oro y otras -figuras de ídolos, y él sentado en un asentadero bajo, rico é blando, -é la mesa tambien baja, hecha de la misma manera de los asentaderos, é -allí le ponian sus manteles de mantas blancas y unos pañizuelos algo -largos de lo mismo, y cuatro mujeres muy hermosas y limpias le daban -aguamanos en unos como á manera de aguamaniles hondos, que llaman -sicales, y le ponian debajo para recoger el agua otros á manera de -platos, y le daban sus tohallas, é otras dos mujeres le traian el pan -de tortillas. - -É ya que comenzaba á comer, echándole delante una como puerta de madera -muy pintada de oro, porque no le viesen comer; y estaban apartadas las -cuatro mujeres, aparte, y allí se le ponian á sus lados cuatro grandes -señores viejos y de edad, en pié, con quien el Montezuma de cuando en -cuando platicaba é preguntaba cosas, y por mucho favor daba á cada -uno destos viejos un plato de lo que él comia; é decian que aquellos -viejos eran sus deudos muy cercanos, é consejeros y jueces de pleitos, -y el plato y manjar que les daba el Montezuma comian en pié y con mucho -acato, y todo sin miralle á la cara. Servíase con barro de Cholula, uno -colorado y otro prieto. - -Miéntras que comia, ni por pensamiento habian de hacer alboroto ni -hablar alto los de su guarda, que estaban en las salas cerca de la del -Montezuma. - -Traíanle frutas de todas cuantas habia en la tierra, mas no comia sino -muy poca, y de cuando en cuando traian unas como copas de oro fino, -con cierta bebida hecha del mismo cacao, que decian era para tener -acceso con mujeres; y entónces no mirábamos en ello; mas lo que yo vi, -que traian sobre cincuenta jarros grandes hechos de buen cacao con -su espuma, y de lo que bebia; y las mujeres le servian al beber con -gran acato, y algunas veces al tiempo del comer estaban unos indios -corcovados, muy feos, porque eran chicos de cuerpo y quebrados por -medio los cuerpos, que entre ellos eran chocarreros; otros indios -que debian de ser truhanes, que le decian gracias, é otros que le -cantaban y bailaban, porque el Montezuma era muy aficionado á placeres -y cantares, é á aquellos mandaba dar los relieves y jarros del cacao; -y las mismas cuatro mujeres alzaban los manteles y le tornaban á dar -agua á manos, y con mucho acato que le hacian; é hablaba Montezuma -á aquellos cuatro principales viejos en cosas que le convenian, y se -despedian dél con gran acato que le tenian, y él se quedaba reposando; -y cuando el gran Montezuma habia comido, luego comian todos los de -su guarda é otros muchos de sus serviciales de casa, y me parece que -sacaban sobre mil platos de aquellos manjares que dicho tengo; pues -jarros de cacao con su espuma, como entre mejicanos se hace, más de dos -mil, y fruta infinita. Pues para sus mujeres y criadas, é panaderas é -cacaguoteras era gran costa la que tenia. - -Dejemos de hablar de la costa y comida de su casa, y digamos de los -mayordomos y tesoreros, é despensas é botillería, y de los que tenian -cargo de las casas adonde tenian el maíz, digo que habia tanto que -escribir, cada cosa por sí, que yo no sé por dónde comenzar, sino que -estábamos admirados del gran concierto é abasto que en todo habia. - -Y más digo, que se me habia olvidado, que es bien de tornallo á -recitar, y es, que le servian al Montezuma estando á la mesa cuando -comia, como dicho tengo, otras dos mujeres muy agraciadas; hacian -tortillas amasadas con huevos y otras cosas sustanciosas, y eran las -tortillas muy blancas, y traíanselas en unos platos cobijados con sus -paños limpios, y tambien le traian otra manera de pan que son como -bollos largos, hechos y amasados con otra manera de cosas sustanciales, -y pan pachol, que en esta tierra así se dice, que es á manera de unas -obleas. - -Tambien le ponian en la mesa tres cañutos muy pintados y dorados, y -dentro traian liquidámbar revuelto con unas yerbas que se dice tabaco, -y cuando acababa de comer, despues que le habian cantado y bailado, y -alzada la mesa, tomaba el humo de uno de aquellos cañutos, y muy poco, -y con ello se dormia. - -Dejemos ya de decir del servicio de su mesa, y volvamos á nuestra -relacion. Acuérdome que era en aquel tiempo su mayordomo mayor un gran -cacique que le pusimos por nombre Tapia, y tenia cuenta de todas las -rentas que le traian al Montezuma, con sus libros hechos de su papel, -que se dice amatl, y tenia destos libros una gran casa dellos. - -Dejemos de hablar de los libros y cuentas, pues va fuera de nuestra -relacion, y digamos cómo tenia Montezuma dos casas llenas de todo -género de armas, y muchas de ellas ricas con oro y pedrería, como eran -rodelas grandes y chicas, y unas como macanas, y otras á manera de -espadas de á dos manos, engastadas en ellas unas navajas de pedernal, -que cortaban muy mejor que nuestras espadas, é otras lanzas más largas -que no las nuestras, con una braza de cuchillas, y engastadas en -ellas muchas navajas, que aunque dén con ellas en un broquel ó rodela -no saltan, é cortan en fin como navajas, que se rapan con ellas las -cabezas, y tenian muy buenos arcos y flechas, y varas de á dos gajos, y -otras de á uno con sus tiraderas, y muchas hondas y piedras rollizas -hechas á mano, y unos como paveses, que son de arte que los pueden -arrollar arriba cuando no pelean porque no les estorbe, y al tiempo de -pelear, cuando son menester, los dejan caer, ó quedan cubiertos sus -cuerpos de arriba abajo. - -Tambien tenian muchas armas de algodon colchadas y ricamente labradas -por defuera, de plumas de muchas colores á manera de divisas é -invenciones, y tenian otros como capacetes y cascos de madera y de -hueso, tambien muy labrados de pluma por defuera, y tenian otras armas -de otras hechuras, que por excusar prolijidad las dejo de decir. Y sus -oficiales, que siempre labraban y entendian en ello, y mayordomos que -tenian cargo de las casas de armas. - -Dejemos esto, y vamos á la casa de aves, y por fuerza me he de detener -en contar cada género de qué calidad eran. Digo que desde águilas -reales y otras águilas más chicas, é otras muchas maneras de aves de -grandes cuerpos, hasta pajaritos muy chicos, pintados de diversas -colores. - -Tambien donde hacen aquellos ricos plumajes que labran de plumas -verdes, y las aves destas plumas es el cuerpo dellas á manera de las -picazas que hay en nuestra España; llámanse en esta tierra quezales; -y otros pájaros que tienen la pluma de cinco colores, que es verde, -colorado, blanco, amarillo y azul; estos no se cómo se llaman. Pues -papagayos de otras diferenciadas colores tenia tantos, que no se me -acuerda los nombres dellos. - -Dejemos patos de buena pluma y otros mayores que les querian parecer, -y de todas estas aves pelábanles las plumas en tiempos que para ello -era convenible, y tornaban á pelechar; y todas las más aves que dicho -tengo, criaban en aquella casa, y al tiempo de encoclar tenian cargo de -les echar sus huevos ciertos indios é indias que miraban por todas las -aves, é de limpiarles sus nidos y darles de comer, y esto á cada género -é ralea de aves lo que era su mantenimiento. - -Y en aquella casa habia un estanque grande de agua dulce, y tenia en -él otra manera de aves muy altas de zancas y colorado todo el cuerpo -y alas y cola; no sé el nombre dellas, mas en la isla de Cuba las -llamaban ipíris á otras como ellas. Y tambien en aquel estanque habia -otras raleas de aves que siempre estaban en el agua. - -Dejemos esto, y vamos á otra gran casa donde tenian muchos ídolos, -y decian que eran sus dioses bravos, y con ellos muchos géneros de -animales, de tigres y leones de dos maneras; unos que son de hechura de -lobos, que en esta tierra se llaman adives, y zorros y otras alimañas -chicas; y todas estas carniceras se las mantenian con carne, y las más -dellas criaban en aquella casa, y les daban de comer venados, gallinas, -perrillos y otras cosas que cazaban, y aun oí decir que cuerpos de -indios de los que sacrificaban. - -Y es desta manera que ya me habrán oido decir: que cuando sacrificaban -á algun triste indio, que le aserraban con unos navajones de pedernal -por los pechos, y bullendo le sacaban el corazon y sangre, y lo -presentaban á sus ídolos, en cuyo nombre hacian aquel sacrificio; y -luego les cortaban los muslos y brazos y la cabeza, y aquello comian en -fiestas y banquetes; y la cabeza colgaban de unas vigas, y el cuerpo -del indio sacrificado no llegaban á él para le comer, sino dábanlo -á aquellos bravos animales; pues más tenian en aquella maldita casa -muchas víboras y culebras emponzoñadas, que traen en las colas unos que -suenan como cascabeles; estas son las peores víboras que hay de todas, -y teníanlas en cunas, tinajas y en cántaros grandes, y en ellos mucha -pluma, y allí tenian sus huevos y criaban sus viboreznos, y les daban á -comer de los cuerpos de los indios que sacrificaban y otras carnes de -perros de los que ellos solian criar. - -Y aun tuvimos por cierto que cuando nos echaron de Méjico y nos mataron -sobre ochocientos y cincuenta de nuestros soldados é de los de Narvaez, -que de los muertos mantuvieron muchos dias á aquellas fuertes alimañas -y culebras, segun diré en su tiempo y sazon: y aquestas culebras -y bestias tenian ofrecidas á aquellos sus ídolos bravos para que -estuviesen en su compañía. - -Digamos ahora las cosas infernales que hacian cuando bramaban los -tigres y leones y aullaban los adives y zorros y silbaban las sierpes; -era grima oirlo, y parecia infierno. - -Pasemos adelante, y digamos de los grandes oficiales que tenia de -cada género de oficio que entre ellos se usaba; y comencemos por los -lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra -España los grandes plateros tienen que mirar en ello; y destos tenia -tantos y tan primos en un pueblo que se dice Escapuzalco, una legua -de Méjico; pues labrar piedras finas y chalchihuis, que son como -esmeraldas, otros muchos grandes maestros. - -Vamos adelante á los grandes oficiales de asentar de pluma y pintores -y entalladores muy sublimados, que por lo que ahora hemos visto la -obra que hacen, ternemos consideracion en lo que entónces labraban, -que tres indios hay en la ciudad de Méjico, tan primos en su oficio de -entalladores y pintores, que se dicen Márcos de Aquino y Juan de la -Cruz y el Crespillo, que si fueran en tiempo de aquel antiguo é afamado -Apéles, y de Miguel Ángel ó Berruguete, que son de nuestros tiempos, -les pusieran en el número dellos. - -Pasemos adelante, y vamos á las indias de tejederas y labranderas, -que le hacian tanta multitud de ropa fina con muy grandes labores de -plumas; y de donde más cotidianamente le traian, era de unos pueblos -y provincia que está en la costa del Norte de cabe la Vera-Cruz, que -la decian Costacan, muy cerca de San Juan de Ulúa, donde desembarcamos -cuando veniamos con Cortés; y en su casa del mismo Montezuma todas las -hijas de señores que tenia por amigas, siempre tejian cosas muy primas, -é otras muchas hijas de mejicanos vecinos, que estaban como á manera -de recogimiento, que querian parecer monjas, tambien tejian, y todo de -pluma. - -Estas monjas tenian sus casas cerca del gran cu del Huichilóbos, y por -devocion suya y de otro ídolo de mujer, que decian que era su abogada -para casamientos, las metian sus padres en aquella religion hasta que -se casaban, y de allí las sacaban para las casar. - -Pasemos adelante, y digamos de la gran cantidad de bailadores que tenia -el gran Montezuma, y danzadores é otros que traen un palo con los piés, -y de otros que vuelan cuando bailan por alto, y de otros que parecen -como matachines, y estos eran para dalle placer. Digo que tenia un -barrio destos que no entendian en otra cosa. - -Pasemos adelante, y digamos de los oficiales que tenia de canteros é -albañiles, carpinteros, que todos entendian en las obras de sus casas. -Tambien digo que tenia tantos cuantos queria. - -No olvidemos las huertas de flores y árboles olorosos, y de muchos -géneros que dellos tenia, y el concierto y pasaderos dellas, y de sus -albercas, estanques de agua dulce, cómo viene una agua por un cabo -y va por otro, é de los baños que dentro tenia, y de la diversidad -de pajaritos chicos que en los árboles criaban; y qué de yerbas -medicinales y de provecho que en ellas tenia, era cosa de ver; y para -todo esto muchos hortelanos, y todo labrado de cantería, así baños como -paseaderos y otros retretes y apartamientos, como cenaderos, y tambien -adonde bailaban é cantaban; é habia tanto que mirar en esto de las -huertas como en todo lo demás, que no nos hartábamos de ver su gran -poder. - -É así por el consiguiente tenia maestros de todos cuantos oficios entre -ellos se usaban, y de todos gran cantidad. - -Y porque yo estoy harto de escribir sobre esta materia, y más lo -estarán los letores, lo dejaré de decir, y diré cómo fué nuestro -capitan Cortés con muchos de nuestros capitanes y soldados á ver el -Tatelulco, que es la gran plaza de Méjico, y subimos en el alto cu, -donde estaban sus ídolos Tezcatepuca, y su Huichilóbos; y esta fué la -primera vez que nuestro capitan salió á ver la ciudad de Méjico, y lo -que en ello pasó. - - - - -CAPÍTULO XCII. - -CÓMO NUESTRO CAPITAN SALIÓ Á VER LA CIUDAD DE MÉJICO Y EL TATELULCO, -QUE ES LA PLAZA MAYOR, Y EL GRAN CU DE SU HUICHILÓBOS, Y LO QUE MÁS -PASÓ. - - -Como habia ya cuatro dias que estábamos en Méjico, y no salia el -capitan ni ninguno de nosotros de los aposentos, excepto á las casas -y huertas, nos dijo Cortés que seria bien ir á la plaza Mayor á ver -el gran adoratorio de su Huichilóbos, y que queria envialle á decir al -gran Montezuma que lo tuviese por bien; y para ello envió por mensajero -á Jerónimo de Aguilar y á doña Marina, é con ellos á un pajecillo -de nuestro capitan, que entendia ya algo de la lengua, que se decia -Orteguilla. - -Y el Montezuma, como lo supo, envió á decir que fuésemos mucho en buen -hora, y por otra parte temió no lo fuésemos á hacer algun deshonor á -sus ídolos, y acordó de ir él en persona con muchos de sus principales, -y en sus ricas andas salió de sus palacios hasta la mitad del camino, -y cabe unos adoratorios se apeó de las andas, porque tenia por gran -deshonor de sus ídolos ir hasta su casa é adoratorio de aquella manera, -y no ir á pié, y llevábanle de brazo grandes principales, é iban -delante del Montezuma señores de vasallos, y llevaban dos bastones como -cetros alzados en alto, que era señal que iba allí el gran Montezuma: -y cuando iba en las andas llevaba una varita, la media de oro y media -de palo, levantada como vara de justicia; y así se fué y subió en su -gran cu, acompañado de muchos papas, y comenzó á zahumar y hacer otras -ceremonias al Huichilóbos. - -Dejemos al Montezuma, que ya habia ido adelante, como dicho tengo, -y volvamos á Cortés y á nuestros capitanes y soldados, como siempre -teniamos por costumbre de noche y de dia estar armados, y así nos via -estar el Montezuma, y cuando lo íbamos á ver no lo teniamos por cosa -nueva. - -Digo esto porque á caballo nuestro capitan, con todos los más que -tenian caballos y la más parte de nuestros soldados, muy apercebidos -fuimos al Tatelulco, é iban muchos caciques que el Montezuma envió -para que nos acompañasen: y cuando llegamos á la gran plaza, que se -dice el Tatelulco, como no habiamos visto tal cosa, quedamos admirados -de la multitud de gente y mercaderías que en ella habia y del gran -concierto y regimiento que en todo tenian; y los principales que iban -con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaban -por sí y tenian situados y señalados sus asientos. - -Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas, y plumas -y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías, esclavos y esclavas; -digo que traian tantos á vender á aquella gran plaza como traen los -portugueses los negros de Guinea, é traíanlos atados en unas varas -largas, con collares á los pescuezos porque no se les huyesen, y otros -dejaban sueltos. - -Luego estaban otros mercaderes que vendian ropa más basta, é algodon, -é otras cosas de hilo torcido, y cacaguateros que vendian cacao; y -desta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la -Nueva-España, puesto que por su concierto, de la manera que hay en mi -tierra, que es Medina del Campo, donde se facen las ferias, que en cada -calle están sus mercaderías por sí, así estaban en esta gran plaza; -y los que vendian mantas de nequen y sogas, y cotaraz, que son los -zapatos que calzan, y hacen de nequen y de las raices del mismo árbol -muy dulces cocidas, y otras zarrabusterías que sacan del mismo árbol; -todo estaba á una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de -tigres, de leones y de nutrias, y de adives y de venados y de otras -alimañas, é tejones é gatos monteses, dellos adobados y otros sin -adobar. - -Estaban en otra parte otros géneros de cosas é mercaderías. Pasemos -adelante, y digamos de los que vendian frisoles y chia y otras -legumbres é yerbas, á otra parte. - -Vamos á los que vendian gallinas, gallos de papada, conejos, liebres, -venados y anadones, perrillos y otras cosas deste arte, á su parte de -la plaza. - -Digamos de las fruteras, de las que vendian cosas cocidas, mazamorreras -y malcocinado, tambien á su parte; puesto todo género de loza hecha de -mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por -sí aparte; y tambien los que vendian miel y melcochas y otras golosinas -que hacian, como nuegados. - -Pues los que vendian madera, tablas, cunas viejas é tajos é bancos, -todo por sí. Vamos á los que vendian leña, acote é otras cosas desta -manera. - -¿Qué quieren más que diga? Que hablando con acato, tambien vendian -canoas llenas de hienda de hombres, que tenian en los esteros cerca -de la plaza, y esto era para hacer ó para curtir cueros, que sin ella -decian que no se hacian buenos. Bien tengo entendido que algunos se -reian desto; pues digo que es así; y más digo, que tenian por costumbre -que en todos los caminos que tenian hechos de cañas ó paja ó yerbas -porque no los viesen los que pasasen por ellos, y allí se metian si -tenian ganas de purgar los vientres, porque no se les perdiese aquella -suciedad. - -¿Para qué gasto ya tantas palabras de lo que vendian en aquella -plaza? Porque es para no acabar tan presto de contar por menudo todas -las cosas, sino qué papel, que en esta tierra llaman amatl, y unos -cañutos de olores con liquidámbar, llenos de tabaco, y otros ungüentos -amarillos, y cosa deste arte vendian por sí; é vendian mucha grana -debajo de los portales que estaban en aquella gran plaza; é habia -muchos herbolarios y mercaderías de otra manera: y tenian allí sus -casas, donde juzgaban tres jueces y otros como alguaciles ejecutores -que miraban las mercaderías. - -Olvidádoseme habia la sal y los que hacian navajas de pedernal, y de -cómo las sacaban de la misma piedra. - -Pues pescaderas y otros que vendian uno panecillos que hacen de una -como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes -dello, que tienen un sabor á manera de queso; y vendian hachas de laton -y cobre y estaño, y jícaras, y unos jarros muy pintados, de madera -hechos. - -Ya queria haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendian, -porque eran tantas y de tan diversas calidades, que para que lo -acabáramos de ver é inquirir era necesario más espacio; que, como la -gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales, -que en un dia no se podia ver todo; y fuimos al gran cu, é ya que -íbamos cerca de sus grandes patios, é ántes de salir de la misma plaza -estaban otros muchos mercaderes, que segun dijeron, era que tenian á -vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos -cañutillos delgados de los de ansarones de la tierra, é así blancos -porque se pareciese el oro por defuera, y por el largor y gordor de -los cañutillos tenian entre ellos su cuenta qué tantas mantas ó qué -jiquipiles de cacao valía, ó qué esclavos, ó otra cualquier cosa á que -lo trocaban. - -É así, dejamos la gran plaza sin más la ver, y llegamos á los grandes -patios y cercas donde estaba el gran cu, y tenia ántes de llegar á él -un gran circuito de patios, que me parece que eran mayores que la plaza -que hay en Salamanca, y con dos cercas alrededor de cal y canto, y el -mismo patio y sitio todo empedrado de piedras grandes de losas blancas -y muy lisas, y adonde no habia de aquellas piedras, estaba encalado y -bruñido, y todo muy limpio, que no hallaran una paja ni polvo en todo -él. - -Y cuando llegamos cerca del gran cu, ántes que subiésemos ninguna -grada dél, envió el gran Montezuma desde arriba, donde estaba haciendo -sacrificios, seis papas y dos principales para que acompañasen á -nuestro capitan Cortés, y al subir de las gradas, que eran ciento -y catorce, le iban á tomar de los brazos para le ayudar á subir, -creyendo que se cansaria, como ayudaban á subir á su señor Montezuma, -y Cortés no quiso que llegasen á él; y como subimos á lo alto del gran -cu, en una placeta que arriba se hacia, adonde tenian un espacio como -andamios, y en ellos puestas unas grandes piedras adonde ponian los -tristes indios para sacrificar, allí habia un gran bulto como de dragon -é otras malas figuras, y mucha sangre derramada de aquel dia. - -É así como llegamos, salió el gran Montezuma de un adoratorio donde -estaban sus malditos ídolos, que era en lo alto del gran cu, y vinieron -con él dos papas, y con mucho acato que hicieron á Cortés é á todos -nosotros le dijo: - -—«Cansado estareis, señor Malinche, de subir á este nuestro gran -templo.» - -Y Cortés le dijo con nuestras lenguas, que iban con nosotros, que él -ni nosotros no nos cansábamos en cosa ninguna; y luego le tomó por la -mano y le dijo que mirase su gran ciudad y todas las más ciudades que -habia dentro en el agua, é otros muchos pueblos en tierra alrededor -de la misma laguna; y que si no habia visto bien su gran plaza, que -desde allí la podria ver muy mejor; y así lo estuvimos mirando, porque -aquel grande y maldito templo estaba tan alto, que todo lo señoreaba; -y de allí vimos las tres calzadas que entran en Méjico, que es la de -Iztapalapa, que fué por la que entramos cuatro dias habia; y la de -Tacuba fué por donde despues de ahí á ocho meses salimos huyendo la -noche de nuestro gran desbarate, cuando Cuedlauaca, nuevo señor, nos -echó de la ciudad, como adelante diremos; y la de Tepeaquilla; y viamos -el agua dulce que venia de Chapultepeque, de que se proveia la ciudad; -y en aquellas tres calzadas las puentes que tenian hechas de trecho á -trecho, por donde entraba y salia el agua de la laguna de una parte á -otra; é viamos en aquella gran laguna tanta multitud de canoas, unas -que venian con bastimentos é otras que venian con cargas é mercaderías; -y viamos que cada casa de aquella gran ciudad y de todas las demás -ciudades que estaban pobladas en el agua, de casa á casa no se pasaba -sino por unas puentes levadizas que tenian hechas de madera ó en -canoas; y viamos en aquellas ciudades cues é adoratorios á manera de -torres é fortalezas, y todas blanqueando, que era cosa de admiracion, y -las casas de azuteas, y en las calzadas otras torrecillas é adoratorios -que eran como fortalezas. - -Y despues de bien mirado y considerado todo lo que habiamos visto, -tornamos á ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella habia, -unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y el zumbido -de las voces y palabras que allí habia, sonaba más que de una legua; -y entre nosotros hubo soldados que habian estado en muchas partes del -mundo, y en Constantinopla y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza -tan bien compasada y con tanto concierto, y tamaña y llena de tanta -gente, no la habian visto. - -Dejemos esto, y volvamos á nuestro capitan, que dijo á fray Bartolomé -de Olmedo, ya otras veces por mí nombrado, que allí se halló: - -—«Paréceme, señor padre, que será bien que demos un tiento á Montezuma -sobre que nos deje hacer aquí nuestra iglesia.» - -Y el padre dijo que seria bien si aprovechase, mas que le parecia que -no era cosa convenible hablar en tal tiempo, que no via al Montezuma -de arte que en tal cosa concediese, y luego nuestro Cortés dijo al -Montezuma, con doña Marina, la lengua: - -—«Muy gran señor es vuestra majestad, y de mucho más es merecedor; -hemos holgado de ver vuestras ciudades. Lo que os pido por merced es, -que pues estamos aquí en este vuestro templo, que nos mostreis vuestros -dioses y teules.» - -Y Montezuma dijo que primero hablaria con sus grandes papas; y luego -que con ellos hubo hablado, dijo que entrásemos en una torrecilla é -apartamento á manera de sala, donde estaban dos como altares con muy -ricas tablazones encima del techo, é en cada altar estaban dos bultos -como de gigante, de muy altos cuerpos y muy gordos, y el primero que -estaba á la mano derecha decian que era el de Huichilóbos, su dios de -la guerra, y tenia la cara y rostro muy ancho, y los ojos disformes é -espantables, y en todo el cuerpo tanta de la pedrería é oro y perlas é -aljófar pegado con engrudo, que hacen en esta tierra de unas como de -raices, que todo el cuerpo y cabeza estaba lleno dello, y ceñido al -cuerpo unas á manera de grandes culebras hechas de oro y pedrería, y en -una mano tenia un arco y en otra unas flechas. - -É otro ídolo pequeño que allí cabe él estaba, que decian era su paje, -le tenia una lanza no larga y una rodela muy rica de oro ó pedrería, -é tenia puestas al cuello de Huichilóbos unas caras de indios y otros -como corazones de los mismos indios, y estos de oro y dellos de plata -con mucha pedrería azules; y estaban allí unos braseros con incienso, -que es su copal, y con corazones de indios de aquel dia sacrificados, é -se quemaban, y con el humo y copal le habian hecho aquel sacrificio; y -estaban todas las paredes de aquel adoratorio tan bañadas y negras de -costras de sangre, y asimismo el suelo, que todo hedia muy malamente. - -Luego vimos á la otra parte de la mano izquierda estar el otro gran -bulto del altar del Huichilóbos, y tenia un rostro como de oso y unos -ojos que le relumbraban, hechos de sus espejos, que se dice Tezcat, -y el cuerpo con ricas piedras pegadas segun y de la manera del otro -su Huichilóbos; porque, segun decian, entrambos eran hermanos, y -este Tezcatepuca era el dios de los infiernos, y tenia cargo de las -ánimas de los mejicanos, y tenia ceñidas al cuerpo unas figuras como -diablillos chicos, y las colas dellos como sierpes, y tenia en las -paredes tantas costras de sangre y el suelo todo bañado dello, que -en los mataderos de Castilla no habia tanto hedor; y allí le tenian -presentado cinco corazones de aquel dia sacrificados; y en lo más alto -de todo el cu estaba otra concavidad muy ricamente labrada la madera -della, y estaba otro bulto como de medio hombre y medio lagarto, todo -lleno de piedras ricas, y la mitad del enmantado. - -Este decian que la mitad dél estaba lleno de todas las semillas que -habia en toda la tierra, y decian que era el dios de las sementeras y -frutas; no se me acuerda el nombre dél, y todo estaba lleno de sangre, -así paredes como altar, y era tanto el hedor, que no viamos la hora -de salirnos fuera, y allí tenian un tambor muy grande en demasía, que -cuando le tañian el sonido dél era tan triste y de tal manera, como -dicen instrumento de los infiernos, y más de dos leguas de allí se oia; -y decian que los cueros de aquel atambor eran de sierpes muy grandes; -é en aquella placeta tenian tantas cosas muy diabólicas de ver, de -bocinas y trompetillas y navajones, y muchos corazones de indios que -habian quemado, con que zahumaban aquellos sus ídolos, y todo cuajado -de sangre, y tenian tanto, que los doy á la maldicion; y como todo -hedia á carnicería, no viamos la hora de quitarnos de tan mal hedor y -peor vista; y nuestro capitan dijo á Montezuma con nuestra lengua, como -medio riendo: - -—«Señor Montezuma, no sé yo cómo un tan gran señor é sábio varon como -vuestra majestad es, no haya coligido en su pensamiento cómo no son -estos vuestros ídolos dioses, sino cosas malas, que se llaman diablos. -Y para que vuestra majestad lo conozca y todos sus papas lo vean claro, -hacedme una merced, que hayais por bien que en lo alto desta torre -pongamos una cruz, y en una parte destos adoratorios, donde están -vuestros Huichilóbos y Tezcatepuca, harémos un apartado donde pongamos -una imágen de Nuestra Señora; la cual imágen ya el Montezuma la habia -visto; y vereis el temor que dello tienen esos ídolos que os tienen -engañados.» - -Y el Montezuma respondió medio enojado, y dos papas que con él estaban -mostraron malas señales, y dijo: - -—«Señor Malinche, si tal deshonor como has dicho creyera que habias de -decir, no te mostrara mis dioses; aquestos tenemos por muy buenos, y -ellos dan salud y aguas y buenas sementeras, é temporales y vitorias, y -cuanto queremos, é tenémoslos de adorar y sacrificar. Lo que os ruego -es, que no se digan otras palabras en su deshonor.» - -Y como aquello le oyó nuestro capitan, y tan alterado, no le replicó -más en ello, y con cara alegre le dijo: - -—«Hora es que Vuestra Majestad y nosotros nos vamos.» - -Y el Montezuma respondió que era bien, é que porque él tenia que rezar -é hacer ciertos sacrificios en recompensa del gratlatlacol, que quiere -decir pecado que habia hecho en dejarnos subir en su gran cu é ser -causa de que nos dejase ver sus dioses, é del deshonor que les hicimos -en decir mal dellos, que ántes que se fuese que lo habia de rezar é -adorar. - -Y Cortés le dijo: - -—«Pues que así es, perdone, señor.» - -É luego nos bajamos las gradas abajo, y como eran ciento y catorce, -é algunos de nuestros soldados estaban malos de bubas ó humores, les -dolieron los muslos de bajar. - -Y dejaré de hablar de su adoratorio, y diré lo que me parece del -circuito y manera que tenia; y si no lo dijere tan al natural como era, -no se maravillen, porque en aquel tiempo tenia otro pensamiento de -entender en lo que traiamos entre manos, que era en lo militar y lo que -mi capitan Cortés me mandaba, y no en hacer relaciones. - -Volvamos á nuestra materia. Paréceme que el circuito del gran cu seria -de seis muy grandes solares de los que dan en esta tierra, y desde -abajo hasta arriba, adonde estaba una torrecilla, é allí estaban sus -ídolos, va estrechando, y en medio del alto cu hasta lo más alto -dél van cinco concavidades á manera de barbacanas y descubiertas -sin mamparos; y porque hay muchos cues pintados en reposteros de -conquistadores, é en uno que yo tengo, que cualquiera dellos al que los -ha visto, podrá colegir la manera que tenian por defuera; mas lo que -yo vi y entendí, é dello hubo fama en aquellos tiempos que fundaron -aquel gran cu, en el cimiento dél habian ofrecido de todos los vecinos -de aquella gran ciudad oro é plata y aljófar é piedras ricas, é que le -habian bañado con mucha sangre de indios que sacrificaron, que habian -tomado en las guerras, y de toda manera de diversidad de semillas -que habia en toda la tierra, porque les diesen sus ídolos victorias é -riquezas y muchos frutos. - -Dirán ahora algunos letores muy curiosos que cómo pudimos alcanzar á -saber que en el cimiento de aquel gran cu echaron oro y plata é piedras -de chalchihuis ricas, y semillas, y lo rociaban con sangre humana de -indios que sacrificaban, habiendo sobre mil años que se fabricó y se -hizo. - -Á esto doy por respuesta que desde que ganamos aquella fuerte y gran -ciudad y se repartieron los solares, que luego propusimos que en aquel -gran cu habiamos de hacer la iglesia de nuestro patron é guiador señor -Santiago, é cupo mucha parte de solar del alto cu para el solar de la -santa iglesia, y cuando abrian los cimientos para hacerlos más fijos, -hallaron mucho oro y plata y chalchihuis, y perlas é aljófar y otras -piedras. - -Y asimismo á un vecino de Méjico que le cupo otra parte del mismo -solar, halló lo mismo; y los oficiales de la hacienda de su majestad -demandábanlo por de su majestad, que le venia de derecho, y sobre ello -hubo pleito, é no se me acuerda lo que pasó, mas de que se informaron -de los caciques y principales de Méjico y de Guatemuz, que entónces era -vivo, é dijeron que es verdad que todos los vecinos de Méjico de aquel -tiempo echaron en los cimientos aquellas joyas é todo lo demás, é que -así lo tenian por memoria en sus libros y pinturas de cosas antiguas, -é por esta causa se quedó para la obra de la santa iglesia de señor -Santiago. - -Dejemos esto, y digamos de los grandes y suntuosos patios que estaban -delante del Huichilóbos, adonde está ahora señor Santiago, que se dice -el Taltelulco, porque así se solia llamar. - -Ya he dicho que tenian dos cercas de cal y canto ántes de entrar -dentro, é que era empedrado de piedras blancas como losas, y muy -encalado y bruñido y limpio, y seria de tanto compás y tan ancho como -la plaza de Salamanca; y un poco apartado del gran cu estaba una -torrecilla que tambien era casa de ídolos, ó puro infierno, porque -tenia á la boca de la una puerta una muy espantable boca de las que -pintan, que dicen que es como la que está en los infiernos, con la boca -abierta y grandes colmillos para tragar las ánimas. - -É asimismo estaban unos bultos de diablos y cuerpos de sierpes junto -á la puerta, y tenian un poco apartado un sacrificadero, y todo ello -muy ensangrentado y negro de humo é costras de sangre; y tenian -muchas ollas grandes y cántaros é tinajas dentro en la casa llenas -de agua, que era allí donde cocinaban la carne de los tristes indios -que sacrificaban, que comian los papas, porque tambien tenian cabe el -sacrificadero muchos navajones y unos tajos de madera como en los que -cortan carne en las carnicerías. - -Y asimismo detrás de aquella maldita casa, bien apartado della, estaban -unos grandes rimeros de leña, y no muy léjos una gran alberca de agua -que se henchia y vaciaba, que le venia por su caño encubierto de la -que entraba en la ciudad desde Chapultepeque. Yo siempre la llamaba á -aquella casa el infierno. - -Pasemos adelante del patio y vamos á otro cu, donde era enterramiento -de grandes señores mejicanos, que tambien tenian otros ídolos, y todo -lleno de sangre é humo, y tenia otras puertas y figuras de infierno; y -luego junto de aquel cu estaba otro lleno de calaveras é zancarrones -puestos con gran concierto, que se podian ver, más no se podian contar, -porque eran muchos, y las calaveras por sí, y los zancarrones en otros -rimeros; é allí habia otros ídolos, y en cada casa ó cu y adoratorio -que he dicho, estaban papas con sus vestiduras largas de mantas prietas -y las capillas como de dominicos, que tambien tiraban un poco á las -de los canónigos, y el cabello muy largo y hecho, que no se podia -desparcir ni desenredar; y todos los más sacrificados las orejas, é en -los mismos cabellos mucha sangre. - -Pasemos adelante, que habia otros cues apartados un poco de donde -estaban las calaveras, que tenian otros ídolos y sacrificios de otras -malas pinturas; é aquellos decian que eran abogados de los casamientos -de los hombres. - -No quiero detenerme más en contar de ídolos, sino solamente diré que -en torno de aquel gran patio habia muchas casas, é no altas, é eran -adonde estaban y residian los papas é otros indios que tenian cargo de -los ídolos; y tambien tenian otra muy mayor alberca ó estanque de agua -y muy limpia á una parte del gran cu, y era dedicada para solamente el -servicio de Huichilóbos é Tezcatepuca, y entraba el agua en aquella -alberca por caños encubiertos que venian de Chapultepeque; é allí cerca -estaban otros grandes aposentos á manera de monasterio, adonde estaban -recogidas muchas hijas de vecinos mejicanos, como monjas, hasta que -se casaban; y allí estaban dos bultos de ídolos de mujeres, que eran -abogadas de los casamientos de las mujeres, y á aquellas sacrificaban y -hacian fiestas porque les diesen buenos maridos. - -Mucho me he detenido en contar deste gran cu del Tatelulco y sus -patios, pues digo era el mayor templo de sus ídolos de todo Méjico, -porque habia tantos y muy suntuosos, que entre cuatro ó cinco barrios -tenian un adoratorio y sus ídolos; y porque eran muchos é yo no sé -la cuenta de todos, pasaré adelante, y diré que en Cholula el gran -adoratorio que en él tenian era de mayor altor que no el de Méjico, -porque tenia ciento y veinte gradas, y segun dicen, el ídolo de Cholula -teníanle por bueno, é iban á él en romería de todas partes de la -Nueva-España á ganar perdones, y á esta causa lo hicieron tan suntuoso -cu, mas era de otra hechura que el mejicano, é asimismo los patios muy -grandes é con dos cercas. - -Tambien digo que el cu de la ciudad del Tezcuco era muy alto, de ciento -y diez y siete gradas, y los patios anchos y buenos, y hechos de otra -manera que los demás. - -Y una cosa de reir es, que tenian en cada provincia sus ídolos, y los -de la una provincia ó ciudad no aprovechaban á los otros; é así, tenian -infinitos ídolos y á todos sacrificaban. - -Y despues que nuestro capitan y todos nosotros nos cansamos de andar -y ver tantas diversidades de ídolos y sus sacrificios, nos volvimos á -nuestros aposentos, y siempre muy acompañados de principales y caciques -que Montezuma enviaba con nosotros. - -Y quedarse há aquí, y diré lo que más hicimos. - - - - -CAPÍTULO XCIII. - -CÓMO HICIMOS NUESTRA IGLESIA Y ALTAR EN NUESTRO APOSENTO, Y UNA -CRUZ FUERA DEL APOSENTO, Y LO QUE MÁS PASAMOS, Y HALLAMOS LA SALA Y -RECÁMARA DEL TESORO DEL PADRE DE MONTEZUMA, Y CÓMO SE ACORDÓ PRENDER AL -MONTEZUMA. - - -Como nuestro capitan Cortés y el padre de la Merced vieron que -Montezuma no tenia voluntad que en el cu de su Huichilóbos pusiésemos -la cruz ni hiciésemos la iglesia; y porque desde que entramos en la -ciudad de Méjico, cuando se decia Misa haciamos un altar sobre mesas -y tornábamos á quitarlo, acordóse que demandásemos á los mayordomos -del gran Montezuma albañiles para que en nuestro aposento hiciésemos -una iglesia; y los mayordomos dijeron que se lo harian saber al -Montezuma, y nuestro capitan envió á decírselo con doña Marina y -Aguilar y Orteguilla, su paje, que entendia ya algo la lengua, y luego -dió licencia y mandó dar todo recaudo, é en tres dias teniamos nuestra -iglesia hecha, y la santa cruz puesta delante de los aposentos, é allí -se decia Misa cada dia, hasta que se acabó el vino; que, como Cortés -y otros capitanes y el fraile estuvieron malos cuando las guerras de -Tlascala, dieron priesa al vino que teniamos para Misas, y desde que -se acabó, cada dia estábamos en la iglesia rezando de rodillas delante -del altar é imágenes, lo uno por lo que éramos obligados á cristianos -y buena costumbre, y lo otro porque Montezuma y todos sus capitanes lo -viesen y se inclinasen á ello, y porque viesen el adoratorio, y vernos -de rodillas delante de la cruz, especial cuando tañiamos á la Ave-María. - -Pues estando que estábamos en aquellos aposentos, como somos de tal -calidad, é todo lo trascendemos é queremos saber, cuando miramos á -donde mejor y en más convenible parte habiamos de hacer el altar, dos -de nuestros soldados, que uno dellos era carpintero de lo blanco, que -se decia Alonso Yañez, vió en una pared una como señal que habia sido -puerta, que estaba cerrada y muy bien encalada é bruñida; y como habia -fama é teniamos relacion que en aquel aposento tenia Montezuma el -tesoro de su padre Axayaca, sospechóse que estaria en aquella sala, -que estaba de pocos dias cerrada y encalada; y el Yañez le dijo á -Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo, que eran capitanes, y aun -deudos mios; el Alonso Yañez se allegaba á su compañía, como criado de -aquellos capitanes, y se lo dijeron á Cortés, y secretamente se abrió -la puerta, y cuando fué abierta, Cortés con ciertos capitanes entraron -primero dentro, y vieron tanto número de joyas de oro é planchas, y -tejuelos muchos, y piedras de chalchihuis y otras muy grandes riquezas; -quedaron elevados, y no supieron qué decir de tantas riquezas; y luego -lo supimos entre todos los demás capitanes y soldados, y lo entramos -á ver muy secretamente; y como yo lo vi, digo que me admiré, é como -en aquel tiempo era mancebo y no habia visto en mi vida riquezas como -aquellas, tuve por cierto que en el mundo no debiera haber otras -tantas; é acordóse por todos nuestros capitanes é soldados que ni por -pensamiento se tocase en cosa ninguna dellas, sino que la misma puerta -se tornase luego á poner sus piedras y cerrase y encalase de la manera -que la hallamos, y que no se hablase en ello, porque no lo alcanzase á -saber Montezuma, hasta ver otro tiempo. - -Dejemos esto desta riqueza, y digamos que, como teniamos tan esforzados -capitanes y soldados, y de muchos buenos consejos y pareceres, y -primeramente nuestro Señor Jesucristo ponia su divina mano en todas -nuestras cosas, y así lo teniamos por cierto, apartaron á Cortés -cuatro de nuestros capitanes, y juntamente doce soldados de quien él -se fiaba é comunicaba, é yo era uno dellos, y le dijimos que mirase -la red y garlito donde estábamos, y la fortaleza de aquella ciudad, y -mirase las puentes y calzadas, y las palabras y avisos que en todos -los pueblos por donde hemos venido nos han dado, que habia aconsejado -el Huichilóbos á Montezuma que nos dejase entrar en su ciudad, é que -allí nos matarian, y que mirase que los corazones de los hombres son -muy mudables, en especial en los indios, y que no tuviese confianza -de la buena voluntad y amor que Montezuma nos muestra, porque de una -hora á otra la mudaria, y cuando se le antojase darnos guerra, que con -quitarnos la comida ó el agua, ó alzar cualquiera puente, que no nos -podriamos valer; é que mire la gran multitud de indios que tiene de -guerra en su guarda, é ¿qué podriamos nosotros hacer para ofendellos -ó para defendernos? Porque todas las casas tienen en el agua; pues -socorro de nuestros amigos los de Tlascala ¿por dónde han de entrar? -Y pues es cosa de ponderar todo esto que le deciamos, que luego sin -más dilacion prendiésemos al Montezuma si queriamos asegurar nuestras -vidas, y que no se aguardase para otro dia, y que mirase que con todo -el oro que nos daba Montezuma, ni el que habiamos visto en el tesoro -de su padre Axayaca, ni con cuanta comida comiamos, que todo se nos -hacia rejalgar en el cuerpo, é que ni de noche ni de dia no dormiamos -ni reposábamos, con aqueste pensamiento; é que si otra cosa algunos de -nuestros soldados ménos que esto que le deciamos sintiesen, que serian -como bestias, que no tenian sentido, que se estaban al dulzor del oro, -no viendo la muerte al ojo. - -Y como esto oyó Cortés, dijo: - -—«No creais, caballeros, que duermo ni estoy sin el mismo cuidado; que -bien me lo habreis sentido; mas ¿qué poder tenemos nosotros para hacer -tan grande atrevimiento como prender á tan gran señor en sus mismos -palacios, teniendo sus gentes de guarda y de guerra? ¿Qué manera ó -arte se puede tener en querello poner por efeto, que no apellide sus -guerreros y luego nos acometan?» - -Y replicaron nuestros capitanes, que fué Juan Velazquez de Leon y -Diego de Ordás é Gonzalo de Sandoval y Pedro de Albarado, que con -buenas palabras sacalle de su sala y traello á nuestros aposentos y -decille que ha de estar preso; que si se alterare ó diere voces, que -lo pagará su persona; y que si Cortés no lo quiere hacer luego, que -les dé licencia, que ellos lo prenderán y lo pondrán por la obra; y -que de dos grandes peligros en que estamos, que el mejor y el más á -propósito es prendelle, que no aguardar que nos diesen guerra; y que si -la comenzaba, ¿qué remedio podriamos tener? Tambien le dijeron ciertos -soldados que nos parecia que los mayordomos de Montezuma que servian -en darnos bastimentos se desvergonzaban y no lo traian cumplidamente, -como los primeros dias; y tambien dos indios tlascaltecas, nuestros -amigos, dijeron secretamente á Jerónimo de Aguilar, nuestra lengua, que -no les parecia bien la voluntad de los mejicanos de dos dias atrás. -Por manera que estuvimos platicando en este acuerdo bien una hora, si -le prendiéramos ó no, y qué manera terniamos; y á nuestro capitan bien -se le encajó este postrer consejo, y dejábamoslo para otro dia, que -en todo caso lo habiamos prender, y aun toda la noche estuvimos con -el padre de la Merced rogando á Dios que lo encaminase para su santo -servicio. - -Despues destas pláticas, otro dia por la mañana vinieron dos indios -de Tlascala muy secretamente con unas cartas de la Villa-Rica, y lo -que se contenia en ello decia que Juan de Escalante, que quedó por -alguacil mayor, era muerto, y seis soldados juntamente con él, en una -batalla que le dieron los mejicanos; y tambien le mataron el caballo -y á nuestros indios totonaques, que llevó en su compañía, y que todos -los pueblos de la sierra y Cempoal y su sujeto están alterados y no les -quieren dar comida ni servir en la fortaleza, y que no saben qué se -hacer; y que como de ántes los tenian por teules, que ahora, que han -visto aquel desbarate, les hacen fieros, así los totonaques como los -mejicanos, y que no les tienen en nada, ni saben qué remedio tomar. Y -cuando oimos aquellas nuevas, sabe Dios cuánto pesar tuvimos todos. - -Aqueste fué el primer desbarate que tuvimos en la Nueva-España; miren -los curiosos letores la adversa fortuna cómo vuelve rodando; ¡quién -nos vió entrar en aquella ciudad con tan solemne recibimiento y -triunfantes, y nos teniamos en posesion de ricos con lo que Montezuma -nos daba cada dia, así al capitan como á nosotros; y haber visto la -casa por mí nombrada llena de oro, y nos tenian por teules, que son -ídolos, ú que todas las batallas venciamos; é ahora habernos venido tan -grande desman, que no nos tuviesen en aquella reputacion que de ántes, -sino por hombres que podiamos ser vencidos, y haber sentido cómo se -desvergonzaban contra nosotros! En fin de más razones, fué acordado -que aquel mismo dia de una manera ó de otra se prendiese á Montezuma ó -morir todos sobre ello. - -Y porque para que vean los letores de la manera que fué esta batalla -de Juan de Escalante, y cómo le mataron á él y á seis soldados, y el -caballo y los amigos totonaques que llevaba consigo, lo quiero aquí -declarar ántes de la prision de Montezuma, por no dejallo atrás, porque -es menester dallo bien á entender. - - - - -CAPÍTULO XCIV. - -CÓMO FUÉ LA BATALLA QUE DIERON LOS CAPITANES MEJICANOS Á JUAN DE -ESCALANTE, Y CÓMO LE MATARON Á ÉL Y EL CABALLO Y Á OTROS SEIS SOLDADOS, -Y MUCHOS AMIGOS INDIOS TOTONAQUES QUE TAMBIEN ALLÍ MURIERON. - - -Y es desta manera: que ya me habrán oido decir en el capítulo que dello -habla, que cuando estábamos en un pueblo que se dice Quiahuistlan, que -se juntaron muchos pueblos sus confederados, que eran amigos de los de -Cempoal, y por consejo y convocacion de nuestro capitan, que los atrajo -á ello, quitó que no diesen tributo á Montezuma, y se le rebelaron -y fueron más de treinta pueblos; y esto fué cuando le prendimos sus -recaudadores, segun otras veces dicho tengo en el capítulo que dello -habla; y cuando partimos de Cempoal para venir á Méjico quedó en la -Villa-Rica por capitan y alguacil mayor de la Nueva-España un Juan de -Escalante, que era persona de mucho ser y amigo de Cortés, y le mandó -que en todo lo que aquellos pueblos nuestros amigos hubiesen menester -les favoreciese; y parece ser que, como el gran Montezuma tenia muchas -guarniciones y capitanes de gente de guerra en todas las provincias, -que siempre estaban junto á la raya dellos; porque una tenia en lo -de Soconusco por guarda de Guatimala y Chiapa, y otra tenia en lo de -Guazacualco, y otra capitanía en lo de Mechoacan, y otra á la raya de -Pánuco, entre Tuzapan y un pueblo que le pusimos por nombre Almería, -que es en la costa del Norte; y como aquella guarnicion que tenia -cerca de Tuzapan pareció ser demandaron tributo de indios é indias y -bastimentos para sus gentes á ciertos pueblos que estaban allí cerca -y confinaban con ellos, que eran amigos de Cempoal y servian á Juan -Escalante y á los vecinos que quedaron en la Villa-Rica y entendian en -hacer la fortaleza; y como les demandaban los mejicanos el tributo y -servicio, dijeron que no se le querian dar, porque Malinche les mandó -que no lo diesen, y que el gran Montezuma lo ha tenido por bien; y los -capitanes mejicanos respondieron que si no lo daban, que los vendrian á -destruir sus pueblos y llevallos cautivos, y que su señor Montezuma se -lo habia mandado de poco tiempo acá. - -Y como aquellas amenazas vieron nuestros amigos los totonaques, -vinieron al capitan Juan de Escalante, é quejáronse reciamente que -los mejicanos les venian á robar y destruir sus tierras; y como el -Escalante lo entendió, envió mensajeros á los mismos mejicanos para que -no hiciesen enojo ni robasen aquellos pueblos, pues su señor Montezuma -lo habia á bien, que somos todos grandes amigos; si no, que irá contra -ellos y les dará guerra. Á los mejicanos no se les dió nada por -aquella respuesta ni fieros, y respondieron que el campo los hallaria; -y el Juan de Escalante, que era hombre muy bastante y de sangre en -el ojo, apercibió todos los pueblos nuestros amigos de la sierra que -viniesen con sus armas, que eran arcos, flechas, lanzas, rodelas, y -asimismo apercibió los soldados más sueltos y sanos que tenia; porque -ya he dicho otra vez que todos los más vecinos que quedaban en la -Villa-Rica estaban dolientes y eran hombres de la mar, y con dos tiros -y un poco de pólvora, y tres ballestas y dos escopetas, y cuarenta -soldados y sobre dos mil indios totonaques, fué adonde estaban las -guarniciones de los mejicanos, que andaban ya robando un pueblo de -nuestros amigos los totonaques, y en el campo se encontraron al cuarto -del alba; y como los mejicanos eran más doblados que nuestros amigos -los totonaques, é como siempre estaban atemorizados dellos de las -guerras pasadas, á la primera refriega de flechas y varas y piedras -y gritas huyeron, y dejaron al Juan de Escalante peleando con los -mejicanos, y de tal manera, que llegó con sus pobres soldados hasta un -pueblo que llaman Almería, y le puso fuego y le quemó las casas. - -Allí reposó un poco, porque estaba mal herido, y en aquellas refriegas -y guerra le llevaron un soldado vivo que se decia Arguello, que era -natural de Leon y tenia la cabeza muy grande y la barba prieta y -crespa, era muy robusto de gesto y mancebo de muchas fuerzas, y le -hirieron muy malamente al Escalante y otros seis soldados, y mataron -el caballo, y se volvió á la Villa-Rica, y dende á tres dias murió -él y los soldados; y desta manera pasó lo que decimos de la Almería, -y no como lo cuenta el coronista Gómora, que dice en su Historia que -iba Pedro de Ircio á poblar á Pánuco con ciertos soldados; y para bien -velar no teniamos recaudo, cuanto más enviar á poblar á Pánuco; y dice -que iba por capitan el Pedro de Ircio, que ni aun en aquel tiempo no -era capitan ni aun cuadrillero, ni se le daba cargo, y se quedó con -nosotros en Méjico. - -Tambien dice el mismo coronista otras muchas cosas sobre la prision -del Montezuma: habia de mirar que cuando lo escribia en su Historia -que habia de haber vivos conquistadores de los de aquel tiempo, que le -dirian cuando lo leyesen: «Esto pasa desta suerte.» - -Y dejallo he aquí, y volvamos á nuestra materia, y diré cómo los -capitanes mejicanos, despues de dalle la batalla que dicho tengo al -Juan de Escalante, se lo hicieron saber al Montezuma, y aun le llevaron -presentada la cabeza del Arguello, que parece se murió en el camino de -las heridas, que vivo le llevaban; y supimos que el Montezuma cuando -se lo mostraron, como era robusto y grande, y tenia grandes barbas y -crespas, hubo pavor y temió de la ver, y mandó que no la ofreciesen á -ningun cu de Méjico, sino en otros ídolos de otros pueblos; y preguntó -al Montezuma que, siendo ellos muchos millares de guerreros, que cómo -no vencieron á tan pocos teules. - -Y respondieron que no aprovechaban nada sus varas y flechas ni buen -pelear; que no les pudieron hacer retraer, porque una gran tequeciguata -de Castilla venia delante dellos, y que aquella señora ponia á los -mejicanos temor, y decia palabras á sus teules que los esforzaba; y el -Montezuma entónces creyó que aquella gran señora que era Santa María y -la que le habiamos dicho que era nuestra abogada, que de ántes dimos al -gran Montezuma con su precioso Hijo en los brazos. - -Y porque esto yo no lo vi, porque estaba en Méjico, sino lo que dijeron -ciertos conquistadores que se hallaron en ello; y pluguiese á Dios que -así fuese. Y ciertamente todos los soldados que pasamos con Cortés -tenemos muy creido, é así es verdad, que la misericordia divina y -Nuestra Señora la Vírgen María siempre era con nosotros; por lo cual le -doy muchas gracias. - -Y dejallo he aquí, y diré lo que pasó en la prision del gran Montezuma. - - - - -CAPÍTULO XCV. - -DE LA PRISION DE MONTEZUMA, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -É como teniamos acordado el dia ántes de prender al Montezuma, toda la -noche estuvimos en oracion con el Padre de la Merced rogando á Dios -que fuese de tal modo que redundase para su santo servicio, y otro dia -de mañana fué acordado de la manera que habia de ser. - -Llevó consigo Cortés cinco capitanes, que fueron Pedro de Albarado y -Gonzalo de Sandoval y Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo y -Alonso de Ávila y con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar; y todos -nosotros mandó que estuviésemos muy á punto y los caballos ensillados -y enfrenados; y en lo de las armas no habia necesidad de ponello yo -aquí por memoria, porque siempre de dia y de noche estábamos armados y -calzados nuestros alpargates, que en aquella sazon era nuestro calzado; -y cuando soliamos ir á hablar al Montezuma siempre nos veia armados de -aquella manera; y esto digo porque, puesto que Cortés con los cinco -capitanes iban con todas sus armas para le prender, el Montezuma no lo -tendria por cosa nueva ni se alteraria dello. - -Ya puestos á punto todos, envióle nuestro capitan á hacelle saber cómo -iba á su palacio, porque así lo tenia por costumbre, y no se alterase -viéndole ir de sobresalto; y el Montezuma bien entendió poco más ó -ménos que iba enojado por lo de Almería, y no lo tenia en una castaña -y mandó que fuese mucho en buen hora; y como entró Cortés, despues de -haber hecho sus acatos acostumbrados, le dijo con nuestras lenguas: - -—«Señor Montezuma, muy maravillado estoy de vos, siendo tan valeroso -Príncipe y haberos dado por nuestro amigo, mandar á vuestros capitanes -que teniades en la costa cerca de Tuzapan que tomasen armas contra -mis españoles, y tener atrevimiento de robar los pueblos que están -en guardia y mamparo de nuestro Rey y señor, y de mandalles indios é -indias para sacrificar y matar un español hermano mio y un caballo.» - -No le quiso decir del capitan ni de los seis soldados que murieron -luego que llegaron á la Villa-Rica, porque el Montezuma no lo alcanzó -á saber, ni tampoco lo supieron los indios capitanes que les dieron la -guerra; y más le dijo Cortés, que teniéndole por tan su amigo, mandé á -mis capitanes que en todo lo posible fuese os sirviesen y favoreciesen, -y vuestra majestad, por el contrario, no lo ha hecho. - -Y asimismo en lo de Cholula tuvieron vuestros capitanes gran copia -de guerreros, ordenado por vuestro mandado, que nos matasen; helo -disimulado lo de entónces por lo mucho que os quiero; y asimismo ahora -vuestros vasallos y capitanes se han desvergonzado, tienen pláticas -secretas que nos quereis mandar matar; por estas causas no querria -comenzar guerra ni destruir aquesta ciudad; conviene que para excusarlo -todo, que luego callando y sin hacer ningun alboroto os vais con -nosotros á nuestro aposento, que allí sereis servido y mirado muy bien -como en vuestra propia casa; y que si alboroto ó voces daba, que luego -sereis muerto de aquestos mis capitanes, que no los traigo para otro -efeto. - -Y cuando esto oyó el Montezuma, estuvo muy espantado y sin sentido, -y respondió que nunca tal mandó, que tomasen armas contra nosotros, y -que enviaria luego á llamar sus capitanes, y sabria la verdad, y los -castigaria; y luego en aquel instante quitó de su brazo y muñeca el -sello y señal de Huichilóbos, que aquello era cuando mandaba alguna -cosa grave é de peso para que se cumpliese, é luego se cumplia; y -en lo de ir preso y salir de sus palacios contra su voluntad, que -no era persona la suya para que tal le mandasen, é que no era su -voluntad salir; y Cortés le replicó muy buenas razones, y el Montezuma -le respondia muy mejores y que no habia de salir de sus casas, por -manera que estuvieron más de media hora en estas pláticas; y como Juan -Velazquez de Leon y los demás capitanes vieron que se detenia con él, -y no veian la hora de habello sacado de sus casas y tenelle preso, -hablaron á Cortés algo alterados, y dijeron: - -—«¿Qué hace vuestra merced ya con tantas palabras? Ó le llevemos -preso ó le daremos de estocadas; por eso tornadle á decir que si da -voces ó hace alboroto, que le matareis; porque más vale que desta vez -aseguremos nuestras vidas ó las perdamos.» - -Y como el Juan Velazquez lo decia con voz algo alta y espantosa, -porque así era su hablar, y el Montezuma vió á nuestros capitanes como -enojados, preguntó á doña Marina que qué decian con aquellas palabras -altas; y como la doña Marina era muy entendida, le dijo: - -—«Señor Montezuma, lo que yo os aconsejo es que vais luego con ellos -á su aposento sin ruido ninguno; que yo sé que os harán mucha honra -como gran señor que sois; y de otra manera, aquí quedareis muerto; y en -su aposento se sabrá la verdad.» - -Y entónces el Montezuma dijo á Cortés: - -—«Señor Malinche, ya que eso quereis que sea, yo tengo un hijo y dos -hijas legítimas, tomadlas en rehenes, y á mí no me hagais esta afrenta; -¿qué dirán mis principales si me viesen llevar preso?» - -Tornó á decir Cortés que su persona habia de ir con ellos, y no habia -ser otra cosa. Y en fin de muchas más razones que pasaron, dijo que -él iria de buena voluntad; y entónces nuestros capitanes le hicieron -muchas caricias, y le dijeron que le pedian por merced que no hubiese -enojo, y que dijese á sus capitanes y á los de su guarda que iba de su -voluntad, porque habia tenido plática de su ídolo Huichilóbos y de los -papas que le servian que convenia para su salud y guardar su vida estar -con nosotros; y luego le trujeron sus ricas andas en que solia salir, -con todos sus capitanes que le acompañaron, y fué á nuestro aposento, -donde le pusimos guardas y velas y todos cuantos servicios y placeres -le podiamos hacer, así Cortés como todos nosotros; tantos le haciamos, -y no se le echó prisiones ningunas; y luego le vinieron á ver todos -los mayores principales mejicanos y sus sobrinos, é hablar con él y á -saber la causa de su prision y si mandaba que nos diesen guerra; y -el Montezuma les respondia que él holgaba de estar algunos dias allí -con nosotros de buena voluntad, y no por fuerza; y cuando él algo -quisiese, que se lo diria, y que no se alborotasen ellos ni la ciudad -ni tomasen pesar dello, porque aquesto que ha pasado de estar allí, -que su Huichilóbos lo tiene por bien, y se lo han dicho ciertos papas -que lo saben, que hablaron con su ídolo sobre ello; y desta manera que -he dicho fué la prision del gran Montezuma; y allí donde estaba tenia -su servicio y mujeres y baños en que se bañaba, y siempre á la contina -estaban en su compañía veinte grandes señores y consejeros y capitanes, -y se hizo á estar preso sin mostrar pasion en ello; y allí venian -con pleitos embajadores de léjas tierras y le traian sus tributos, y -despachaba negocios de importancia. - -Acuérdome que cuando venian ante él grandes caciques de otras tierras -sobre términos y pueblos é otras cosas de aquel arte, que por muy -gran señor que fuese se quitaba las mantas ricas, y se ponia otras de -nequen y de poca valía, y descalzo habia de venir; y cuando llegaba á -los aposentos no entraba derecho, sino por un lado dellos, y cuando -parecian delante del gran Montezuma, los ojos bajos en la tierra; y -ántes que á él llegasen le hacian tres reverencias y le decian: «Señor, -mi señor, gran señor;» y entónces le traian pintado é dibujado el -pleito ó negocio sobre que venian, en unos paños ó mantas de nequen, -y con unas varitas muy delgadas y pulidas le señalaban la causa del -pleito; y estaban allí junto al Montezuma dos hombres viejos, grandes -caciques, y cuando bien habian entendido el pleito aquellos jueces, -le decian al Montezuma la justicia que tenian, y con pocas palabras -los despachaba y mandaba quién habia de llevar las tierras ó pueblos; -y sin más replicar en ello, se salian los pleiteantes sin volver las -espaldas, y con las tres reverencias se salian hasta la sala, y cuando -se veian fuera de su presencia del Montezuma se ponian otras mantas -ricas y se paseaban por Méjico. - -Y dejaré de decir al presente desta prision, y digamos cómo los -mensajeros que envió el Montezuma con su señal y sello á llamar sus -capitanes que mataron nuestros soldados, los trujeron ante él presos, -y lo que con ellos habló yo no lo sé; mas que se los envió á Cortés -para que hiciese justicia dellos; y tomada su confesion sin estar el -Montezuma delante, confesaron ser verdad lo atrás ya por mí dicho, -é que su señor se lo habia mandado que diesen guerra y cobrasen los -tributos, y si algunos teules fuesen en su defensa, que tambien les -diesen guerra ó matasen. - -É vista esta confesion por Cortés, envióselo á decir al Montezuma -cómo le condenaban en aquella cosa, y él se disculpó cuanto pudo, -y nuestro capitan lo envió á decir que él así lo creia; que puesto -que merecia castigo, conforme á lo que nuestro Rey manda, que la -persona que manda matar á otros sin culpa ó con culpa que muera -por ello; mas que le quiere tanto y le desea todo bien, que ya que -aquella culpa tuviese, que ántes la pagaria el Cortés por su persona -que vérsela pasar al Montezuma; y con todo esto que le envió á decir -estaba temeroso: y sin más gastar razones, Cortés sentenció á aquellos -capitanes á muerte é que fuesen quemados delante de los palacios del -Montezuma, é así se ejecutó luego la sentencia; y porque no hubiese -algun impedimento, entre tanto que se quemaban mandó echar unos grillos -al mismo Montezuma; y cuando se los echaron él hacia bramuras, y si -de ántes estaba temeroso, entónces estuvo mucho más; y despues de -quemados, fué nuestro Cortés con cinco de nuestros capitanes á su -aposento, y él mismo le quitó los grillos, y tales palabras le dijo, -que no solamente lo tenia por hermano, sino en mucho más, é que como -es señor y Rey de tantos pueblos y provincias, que si él podia, el -tiempo andando le haria que fuese señor de más tierra de las que no -habia podido conquistar ni le obedecian; y que si quiere ir á sus -palacios, que le da licencia para ello; y decíaselo Cortés con nuestras -lenguas, y cuando se lo estaba diciendo Cortés, parecia se le saltaban -las lágrimas de los ojos al Montezuma; y respondió con gran cortesía -que se lo tenia en merced, porque bien entendió Montezuma que todo era -palabras las de Cortés; é que ahora al presente que convenia estar -allí preso, porque por ventura, como sus principales son muchos, y sus -sobrinos é parientes le vienen cada dia á decir que será bien darnos -guerra y sacallo de prision, que cuando lo vean fuera que le atraerán á -ello, é que no queria ver en su ciudad revueltas, é que si no hace su -voluntad, por ventura querrán alzar á otro señor; y que él les quitaba -de aquellos pensamientos con decilles que su dios Huichilóbos se lo ha -enviado á decir que esté preso. - -É á lo que entendimos é lo más cierto, Cortés habia dicho á Aguilar, la -lengua, que le dijese de secreto que aunque Malinche le manda salir de -la prision, que los capitanes nuestros é soldados no querriamos. Y como -aquello le oyó, el Cortés le echó los brazos encima, y le abrazó y dijo: - -—«No en balde, señor Montezuma, os quiero tanto como á mí mismo.» - -Y luego el Montezuma demandó á Cortés un paje español que le servia, -que sabia ya la lengua, que se decia Orteguilla, y fué harto sospechoso -así para el Montezuma como para nosotros, porque de aquel paje inquiria -y sabia muchas cosas de las de Castilla el Montezuma, y nosotros de lo -que decian sus capitanes; y verdaderamente le era tan buen servicial, -que lo queria mucho el Montezuma. - -Dejemos de hablar cómo ya estaba el Montezuma contento con los -grandes halagos y servicios y conversaciones que con todos nosotros -tenia, porque siempre que ante él pasábamos, y aunque fuese Cortés, -le quitábamos los bonetes de armas ó cascos, que siempre estábamos -armados, y él nos hacia gran mesura y honra á todos: y digamos los -nombres de aquellos capitanes de Montezuma que se quemaron por -justicia, que se decia el principal Quetzalpopoca y los otros se decian -el uno Coatl y el otro Quiabuitle y el otro no me acuerdo el nombre, -que poco va en saber sus nombres. - -Y digamos que como este castigo se supo en todas las provincias de -la Nueva-España, temieron, y los pueblos de la costa adonde mataron -nuestros soldados volvieron á servir muy bien á los vecinos que -quedaban en la Villa-Rica. - -É han de considerar los curiosos que esto leyeren tan grandes hechos: -que entónces hicimos dar con los navíos al través; lo otro osar entrar -en tan fuerte ciudad, teniendo tantos avisos que allí nos habian de -matar cuando dentro nos tuviesen; lo otro tener tanta osadía de osar -prender al gran Montezuma, que era Rey de aquella tierra, dentro en -su gran ciudad y en sus mismos palacios, teniendo tan gran número de -guerreros de su guarda; y lo otro osar quemar sus capitanes delante de -sus palacios y echalle grillos entretanto que se hacia la justicia, -que muchas veces ahora que soy viejo, me paro á considerar las cosas -heróicas que en aquel tiempo pasamos, que me parece las veo presentes. - -Y digo que nuestros hechos que no los haciamos nosotros, sino que -venian todos encaminados por Dios; porque, ¿qué hombres ha habido en el -mundo que osasen entrar cuatrocientos y cincuenta soldados, y aun no -llegábamos á ellos, en una fuerte ciudad como Méjico, que es mayor que -Venecia, estando tan apartados de nuestra Castilla sobre más de mil y -quinientas leguas y prender á un tan gran señor y hacer justicia de sus -capitanes delante dél? Porque hay mucho que ponderar en ello, y no así -secamente como yo lo digo. - -Pasaré adelante, y diré cómo Cortés despachó luego otro capitan que -estuviese en la Villa-Rica como estaba el Juan Escalante que mataron. - - - - -CAPÍTULO XCVI. - -CÓMO NUESTRO CORTÉS ENVIÓ Á LA VILLA-RICA POR TENIENTE Y CAPITAN Á UN -HIDALGO QUE SE DECIA ALONSO DE GRADO, EN LUGAR DEL ALGUACIL MAYOR JUAN -DE ESCALANTE, Y EL ALGUACILAZGO MAYOR SE LE DIÓ Á GONZALO DE SANDOVAL, -Y DESDE ENTÓNCES FUÉ ALGUACIL MAYOR; Y LO QUE DESPUES PASÓ DIRÉ -ADELANTE. - - -Despues de hecha justicia de Quetzalpopoca y sus capitanes, é sosegado -el gran Montezuma, acordó de enviar nuestro capitan á la Villa-Rica por -teniente della á un soldado que se decia Alonso de Grado, porque era -hombre muy entendido y de buena plática y presencia, y músico é gran -escribano. - -Este Alonso de Grado era uno de los que siempre fué contrario de -nuestro capitan Cortés porque no fuésemos á Méjico y nos volviésemos á -la Villa-Rica, cuando hubo en lo de Tlascala ciertos corrillos, ya por -mí dichos en el capítulo que dello habla; y el Alonso de Grado era el -que lo mullia y hablaba; y si como era hombre de buenas gracias fuera -hombre de guerra, bien le ayudara todo junto; esto digo porque cuando -nuestro Cortés le dió el cargo, como conocia su condicion, que no era -hombre de afrenta, y Cortés era gracioso en lo que decia, le dijo: «He -aquí, señor Alonso de Grado, vuestros deseos cumplidos, que ireis ahora -á la Villa-Rica, como lo deseábades, y entendereis en la fortaleza; -y mirad no vais á ninguna entrada, como hizo Juan de Escalante, y -os maten;» y cuando se lo estaba diciendo guiñaba el ojo porque lo -viésemos los soldados que allí nos hallábamos y sintiésemos á qué fin -lo decia; porque sabia dél que aunque se lo mandara con pena no fuera. - -Pues dadas las provisiones é instrucciones de lo que habia de hacer, el -Alonso de Grado le suplicó á Cortés que le hiciese merced de la vara -de alguacil mayor, como la tenia el Juan de Escalante que mataron los -indios, y le dijo que ya la habia dado á Gonzalo de Sandoval, y que -para él, no le faltaria, el tiempo andando, otro oficio muy honroso, -y que se fuese con Dios: y le encargó que mirase por los vecinos é -los honrase, y á los indios amigos no se les hiciese ningun agravio -ni se les tomase cosa por fuerza, y que dos herreros que en aquella -villa quedaban, y les habia enviado á decir y mandar que luego hiciesen -dos cadenas gruesas del hierro y anclas que sacaron de los navíos que -dimos al través, que con brevedad las enviase, y que diese priesa á la -fortaleza que se acabase de enmaderar y cubrir de teja. - -Y como el Alonso de Grado llegó á la villa, mostró mucha gravedad con -los vecinos, y queríase hacer servir dellos como gran señor, é á los -pueblos que estaban de paz, que fueron más de treinta, los enviaba á -demandar joyas de oro é indias hermosas: y en la fortaleza no se le -daba nada de entender en ella, y en lo que gastaba el tiempo era en -bien comer y en jugar; y sobre todo esto, que fué peor que lo pasado, -secretamente convocaba á sus amigos é á los que no lo eran para que -si viniese á aquella tierra Diego Velazquez de Cuba ó cualquier su -capitan, de dalle la tierra é hacerse con él; todo lo cual muy en posta -se lo hicieron saber por cartas á Cortés á Méjico; y como lo supo, hubo -enojo consigo mismo por haber enviado á Alonso de Grado conociéndole -sus malas entrañas é condicion dañada; y como Cortés tenia siempre en -el pensamiento que Diego Velazquez, gobernador de Cuba, por una parte -ó por otra habia de alcanzar á saber cómo habiamos enviado á nuestros -procuradores á su majestad, é que no le acudiriamos á cosa ninguna, é -que por ventura enviaria armada y capitanes contra nosotros, parecióle -que seria bien poner hombre de quien fiar el puerto é la villa, y -envió á Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor por muerte de -Juan de Escalante, y llevó en su compañía á Pedro de Ircio, aquel de -quien cuenta el coronista Gómora que iba á poblar á Pánuco: y entónces -el Pedro de Ircio fué á la villa, y tomó tanta amistad Gonzalo de -Sandoval con él, porque el Pedro de Ircio, como habia sido mozo de -espuelas en la casa del conde de Ureña y de don Pedro Giron, siempre -contaba lo que les habia acontecido; y como el Gonzalo de Sandoval era -de buena voluntad y no nada malicioso, y le contaba aquellos cuentos, -tomó amistad con él, como dicho tengo, y siempre le hizo subir hasta -ser capitan; y si en este tiempo de ahora fuera, algunas palabras -mal dichas que no eran de decir decia el Pedro de Ircio en lugar -de gracias, que se las reprendia harto Gonzalo de Sandoval, que le -castigaran por ellas en muchos tribunales. - -Dejemos de contar vidas agenas, y volvamos á Gonzalo de Sandoval, que -llegó á la Villa-Rica, y luego envió preso á Méjico con indios que lo -guardasen á Alonso de Grado, porque así se lo mandó Cortés; y todos los -vecinos querian mucho á Gonzalo de Sandoval, porque á los que halló que -estaban enfermos los proveyó de comida lo mejor que podia y les mostró -mucho amor, y á los pueblos de paz tenia en mucha justicia y los -favorecia en todo lo que se les ofrecia, y en la fortaleza comenzó á -enmaderar y tejar, y hacia todas las cosas como conviene hacer todo lo -que los buenos capitanes son obligados; y fué harto provechoso á Cortés -y á todos nosotros, como adelante verán en su tiempo é sazon. - -Dejemos á Sandoval en la Villa-Rica, y volvamos á Alonso de Grado, que -llegó preso á Méjico, y queria ir á hablar á Cortés, y no le consintió -que pareciese delante dél, ántes le mandó echar preso en un cepo de -madera que entónces hicieron nuevamente. Acuérdome que olia la madera -de aquel cepo como á sabor de ajos y cebollas, y estuvo preso dos dias. - -Y como el Alonso de Grado era muy plático y hombre de muchos medios, -hizo grandes ofrecimientos á Cortés que le seria muy servidor, y luego -le soltó; y aun desde allí adelante vi que siempre privaba con Cortés, -mas no para que le diese cargos de cosas de guerra, sino conforme á su -condicion; y aun el tiempo andando le dió la contaduría que solia tener -Alonso de Ávila, porque en aquel tiempo envió al mismo Alonso de Ávila -á la isla de Santo Domingo por procurador, segun adelante diré en su -coyuntura. - -No quiero dejar de traer aquí á la memoria cómo cuando Cortés envió á -Gonzalo de Sandoval á la Villa-Rica por teniente y capitan y alguacil -mayor, le mandó que así como llegase le enviase dos herreros con todos -sus aderezos de fuelles y herramientas, y mucho hierro de lo de los -navíos que dimos al través, y las dos cadenas grandes de hierro, que -estaban ya hechas, y que enviase velas y jarcias y pez y estopa y -una aguja de marear, y todo otro cualquier aparejo para hacer dos -bergantines para andar en la laguna de Méjico; lo cual luego se lo -envió el Sandoval muy cumplidamente, segun y de la manera que lo mandó. - - - - -CAPÍTULO XCVII. - -CÓMO ESTANDO EL GRAN MONTEZUMA PRESO, SIEMPRE CORTÉS Y TODOS NUESTROS -SOLDADOS LE FESTEJÁBAMOS Y REGOCIJÁBAMOS, Y AUN SE LE DIÓ LICENCIA PARA -IR Á SUS CUES. - - -Como nuestro capitan en todo era muy diligente, y vió que el Montezuma -estaba preso, y por temor no se congojase con estar encerrado y -detenido, procuraba cada dia, despues de haber rezado, que entónces no -teniamos vino para decir Misa, de irle á tener á palacio, é iban con él -cuatro capitanes, especialmente Pedro de Albarado y Juan Velazquez de -Leon y Diego de Ordás, y preguntaban al Montezuma con mucha cortesía, y -que mirase lo que mandaba, que todo se haria, y que no tuviese congoja -de su prision; y le respondia que ántes se holgaba de estar preso, y -esto que nuestros dioses nos daban poder para ello, ó su Huichilóbos lo -permitia; y de plática en plática le dieron á entender por medio del -fraile más por extenso las cosas de nuestra santa fe y el gran poder -del Emperador nuestro señor; y aun algunas veces jugaba el Montezuma -con Cortés al totoloque, que es un juego que ellos así le llaman, con -unos bodoquillos chicos muy lisos que tenian hechos de oro para aquel -juego, y tiraban con aquellos bodoquillos algo léjos á unos tejuelos -que tambien eran de oro, é á cinco Reyes ganaban ó perdian ciertas -piezas é joyas ricas que ponian. - -Acuérdome que tanteaba á Cortés Pedro de Albarado, é al gran Montezuma -un sobrino suyo, gran señor; y el Pedro de Albarado siempre tanteaba -una raya de más de las que habia Cortés, y el Montezuma, como lo vió, -decia con gracia y risa que no queria que le tantease á Cortés el -Tonatio, que así llamaban al Pedro de Albarado; porque hacia mucho -ixoxol en lo que tanteaba, que quiere decir en su lengua que mentia, -que echaba siempre una raya de más; y Cortés y todos nosotros los -soldados que aquella sazon haciamos guarda no podiamos estar de risa -por lo que dijo el gran Montezuma. - -Dirán agora que por qué nos reimos de aquella palabra. É porque el -Pedro de Albarado, puesto que era de gentil cuerpo y buena manera, era -vicioso en el hablar demasiado, y como le conocimos su condicion, por -esto nos reimos tanto. - -É volvamos al juego: y si ganaba Cortés, daba las joyas á aquellos -sus sobrinos y privados del Montezuma que le servian; y si ganaba -Montezuma, nos lo repartia á los soldados que le haciamos guarda; y aun -no contento por lo que nos daba del juego, no dejaba cada dia de darnos -presentes de oro y ropa, así á nosotros como al capitan de la guarda, -que entónces era Juan Velazquez de Leon, y en todo se mostraba Juan -Velazquez, grande amigo é servidor de Montezuma. - -Tambien me acuerdo que era de la vela un soldado muy alto de cuerpo -y bien dispuesto y de muy grandes fuerzas, que se decia Fulano de -Trujillo, y era hombre de la mar, y cuando le cabia el cuarto de la -noche de la vela, era tan mal mirado, que hablando aquí con acato de -los señores leyentes, hacia cosas deshonestas, que lo oyó el Montezuma; -é como era un Rey destas tierras y tan valeroso, túvolo á mala crianza -y desacato, que en parte que él oyese se hiciese tal cosa, sin tener -respeto á su persona; y preguntó á su paje Orteguilla que quién era -aquel mal criado é sucio, é dijo que era hombre que solia andar en -la mar é que no sabe de policía é buena crianza, y tambien le dió á -entender de la calidad de cada uno de los soldados que allí estábamos, -cuál era caballero y cuál no, y le decia á la contina muchas cosas que -el Montezuma deseaba saber. - -Y volvamos á nuestro soldado Trujillo, que desque fué de dia Montezuma -lo mandó llamar, y le dijo que por qué era de aquella condicion, que -sin tener miramiento á su persona, no tenia aquel acato debido; que le -rogaba que otra vez no lo hiciese y mandóle dar una joya de oro que -pesaba cinco pesos: y al Trujillo no se le dió nada por lo que dijo, y -otra noche adrede tiró otro traque, creyendo que le daria otra cosa; -y el Montezuma lo hizo saber á Juan Velazquez, capitan de la guarda, -y mandó luego el capitan quitar á Trujillo que no velase más, y con -palabras ásperas le respondieron. - -Tambien acaeció que otro soldado que se decia Pedro Lopez, gran -ballestero, y era hombre que no se le entendia mucho, y era bien -dispuesto y velaba al Montezuma, y sobre si era hora de tomar el cuarto -uno tuvo palabras con un cuadrillero, y dijo: - -—«Oh pesia tal con este perro, que por velalle á la continua estoy muy -malo del estómago, para me morir;» - -Y el Montezuma oyó aquella palabra y pesóle en el alma, y cuando vino -Cortés á tenelle palacio lo alcanzó á saber, y tomó tanto enojo de -ello, que al Pedro Lopez, con ser muy buen soldado, le mandó azotar -dentro en nuestros aposentos; y desde allí adelante todos los soldados -á quien cabia la vela, con mucho silencio y crianza estaban velando, -puesto que no habia menester mandarlo á mí ni á otros soldados de -nosotros que le velábamos, sobre este buen comedimiento que con aqueste -gran cacique habiamos de tener; y él bien conocia á todos, y sabia -nuestros nombres y aun calidades; y era tan bueno, que á todos nos daba -joyas, á otros mantas é indias hermosas. - -Y como en aquel tiempo era yo mancebo, y siempre que estaba en su -guarda ó pasaba delante dél con muy grande acato le quitaba mi bonete -de armas, y aun le habia dicho el paje Orteguilla que vine dos veces á -descubrir esta Nueva-España primero que Cortés, é yo le habia hablado -al Orteguilla que le queria demandar á Montezuma que me hiciese merced -de una india hermosa; y como lo supo el Montezuma, me mandó llamar y me -dijo: - -—«Bernal Diez del Castillo, hánme dicho que teneis motolínea de oro y -ropa; yo os mandaré dar hoy una buena moza; tratadla muy bien, que es -hija de hombre principal; y tambien os darán oro y mantas.» - -Yo le respondí con mucho acato que le besaba las manos por tan gran -merced y que Dios nuestro Señor le prosperase; y parece ser preguntó al -paje que qué habia respondido, y le declaró la respuesta; y díjole el -Montezuma: - -—«De noble condicion me parece Bernal Diez;» porque á todos nos sabia -los nombres, como tengo dicho; é me mandó dar tres tejuelos de oro é -dos cargas de mantas. - -Dejemos de hablar de esto, y digamos cómo por la mañana, cuando hacia -sus oraciones y sacrificios á los ídolos, almorzaba poca cosa, é no era -carne, sino ají, y estaba ocupado una hora en oir pleitos de muchas -partes, de caciques que á él venian de léjas tierras. - -Ya he dicho otra vez en el capítulo que de ello habla, de la manera -que entraban á negociar y el acato que le tenian, y cómo siempre -estaban en su compañía en aquel tiempo para despachar negocios veinte -hombres ancianos, que eran jueces; y porque está ya referido, no lo -torno á referir: y entónces alcanzamos á saber que las muchas mujeres -que tenia por amigas, casaba dellas con sus capitanes ó personas -principales muy privados, y aun dellas dió á nuestros soldados, y la -que me dió á mí era una señora dellas, y bien se pareció en ella, que -se dijo doña Francisca; y así se pasaba la vida, unas veces riendo y -otras veces pensando en su prision. - -Quiero aquí decir, puesto que no vaya á propósito de nuestra relacion, -porque me lo han preguntado algunas personas curiosas, que cómo, porque -solamente el soldado por mí nombrado llamó perro al Montezuma, aun no -en su presencia, le mandó Cortés azotar, siendo tan pocos soldados como -éramos, y que los indios tuviesen noticia dello. - -Á esto digo que en aquel tiempo todos nosotros, y aun el mismo Cortés, -cuando pasábamos delante del gran Montezuma le haciamos reverencia con -los bonetes de armas, que siempre traimos quitados, y él era tan bueno -y tan bien mirado, que á todos nos hacia mucha honra; que, demás de ser -Rey desta Nueva-España, su persona y condicion lo merecia. - -Y demás de todo esto, si bien se considera la cosa en que estaban -nuestras vidas, sino en solamente mandar á sus vasallos le sacasen -de la prision y darnos luego guerra, que en ver su presencia y real -franqueza lo hicieran. - -Y como viamos que tenia á la contina consigo muchos señores que le -acompañaban, y venian de léjas tierras otros muchos más señores, y el -gran palacio que le hacian y el gran número de gente que á la contina -daba de comer y beber, ni más ni ménos que cuando estaba sin prision; -todo esto considerándolo Cortés, hubo mucho enojo de cuando lo supo que -tal palabra le dijese, y como estaba airado dello, de repente le mandó -castigar como dicho tengo; y fué bien empleado en él. - -Pasemos adelante y digamos que en aquel instante llegaron de la -Villa-Rica indios cargados con las cadenas de hierro gruesas que Cortés -habia mandado hacer á los herreros. Tambien trujeron todas las cosas -pertenecientes para los bergantines, como dicho tengo; y así como fué -traido se lo hizo saber al gran Montezuma. - -Y dejallo hé aquí, y diré lo que sobre ello pasó. - - - - -CAPÍTULO XCVIII. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ HACER DOS BERGANTINES DE MUCHO SOSTÉN É VELEROS PARA -ANDAR EN LA LAGUNA, Y CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO Á CORTÉS QUE LE DIESE -LICENCIA PARA IR Á HACER ORACION Á SUS TEMPLOS, Y LO QUE CORTÉS LE -DIJO, Y CÓMO LE DIÓ LICENCIA. - - -Pues como hubo llegado el aderezo necesario para hacer los bergantines, -luego Cortés se lo fué á decir y á hacer saber al Montezuma, que -queria hacer dos navíos chicos para se andar holgando en la laguna; -que mandase á sus carpinteros que fuesen á cortar la madera, y que -irian con ellos nuestros maestros de hacer navíos, que se decian -Martin Lopez y un Alonso Nuñez; y como la madera de roble está obra de -cuatro leguas de allí, de presto fué traida y dado el galivo della; y -como habia muchos carpinteros de los indios, fueron de presto hechos -y calafeteados y breados, y puestas sus jarcias y velas á su tamaño y -medida, y una tolda á cada uno; y salieron tan buenos y veleros como si -estuvieran un mes en tomar los galivos, porque el Martin Lopez era muy -extremado maestro, y este fué el que hizo los trece bergantines para -ayudar á ganar á Méjico, como adelante diré, é fué un buen soldado para -la guerra. - -Dejemos aparte esto, é diré cómo el Montezuma dijo á Cortés que queria -salir é ir á sus templos á hacer sacrificios é cumplir sus devociones, -así para lo que á sus dioses era obligado como para que lo conozcan sus -capitanes é principales, especial ciertos sobrinos suyos que cada dia -le vienen á decir le quieren soltar y darnos guerra, y que él les da -por respuesta que él se huelga de estar con nosotros; porque crean que -es como se lo han dicho, porque así se lo mandó su dios Huichilóbos, -como ya otra vez se lo ha hecho creer. - -Y cuanto á la licencia que le demandaba, Cortés le dijo que mirase -que no hiciese cosa con que perdiese la vida, y que para ver si -habia algun descomedimiento, ó mandaba á sus capitanes ó papas que le -soltasen ó nos diesen guerra, que para aquel efecto enviaba capitanes -é soldados para que luego le matasen á estocadas en sintiendo alguna -novedad de su persona, y que vaya mucho en buen hora, y que no -sacrificase ningunas personas, que era gran pecado contra nuestro -Dios verdadero, que es el que le hemos predicado, y que allí estaban -nuestros altares é la imágen de nuestra Señora, ante quien podria hacer -oracion sin ir á su templo. - -Y el Montezuma dijo que no sacrificaria ánima ninguna, é fué en sus -muy ricas andas acompañado de grandes caciques con gran pompa, como -solia, y llevaba delante sus insignias que era como vara ó baston, que -era la señal que iba allí su persona Real, como hacen á los visoreyes -desta Nueva-España; é con él iban para guardalle cuatro de nuestros -capitanes, que se decian Juan Velazquez de Leon y Pedro de Albarado é -Alonso de Ávila y Francisco de Lugo, con ciento y cincuenta soldados, -é tambien iban con nosotros el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la -órden de la Merced, para le retraer el sacrificio si le hiciese de -hombres; é yendo como íbamos al cu de Huichilóbos, ya que llegábamos -cerca del maldito templo mandó que le sacasen de las andas, é fué -arrimado á hombros de sus sobrinos y de otros caciques hasta que llegó -al templo. - -Ya he dicho otras veces que por las calles por donde iba su persona -todos los principales habian de llevar los ojos puestos en el suelo y -no le miraban á la cara; y llegado á las gradas del adoratorio, estaban -muchos papas aguardando para le ayudar á subir de los brazos, é ya le -tenian sacrificados desde la noche anterior cuatro indios; y por más -que nuestro capitan le decia, y se lo retraia el padre fray Bartolomé -de Olmedo, de la órden de la Merced, no aprovechaba cosa ninguna, sino -que habia de matar hombres y muchachos para sacrificar; y no podiamos -en aquella sazon hacer otra cosa sino disimular con él porque estaba -muy revuelto Méjico y otras grandes ciudades con los sobrinos de -Montezuma, como adelante diré; y cuando hubo hecho sus sacrificios, -porque no tardó mucho en hacellos, nos volvimos con él á nuestros -aposentos; y estaba muy alegre, y á los soldados que con él fuimos -luego nos hizo merced de joyas de oro. - -Dejémoslo aquí, y diré lo que más pasó. - - - - -CAPÍTULO XCIX. - -CÓMO ECHAMOS LOS DOS BERGANTINES AL AGUA, Y CÓMO EL GRAN MONTEZUMA -DIJO QUE QUERIA IR Á CAZA, Y FUÉ EN LOS BERGANTINES HASTA UN PEÑOL -DONDE HABIA MUCHOS VENADOS Y CAZA; QUE NO ENTRABA EN EL ALCÁZAR PERSONA -NINGUNA, CON GRAVE PENA. - - -Como los dos bergantines fueron acabados de hacer y echados al agua, -y puestos y aderezados con sus jarcias y mástiles, con sus banderas -reales é imperiales, y apercebidos hombres de la mar para los marear, -fueron en ellos al remo y vela, y eran muy buenos veleros. - -Y como Montezuma lo supo, dijo á Cortés que queria ir á caza en la -laguna á un peñol que estaba acotado, que no osaban entrar en él á -montear por muy principales que fuesen, so pena de muerte; y Cortés -le dijo que fuese mucho en buen hora, y que mirase lo que de ántes -le habia dicho cuando fué á sus ídolos, que no era más su vida de -revolver alguna cosa, y que en aquellos bergantines iria, que era mejor -navegacion ir en ellos que en sus canoas y piraguas, por grandes que -sean; y el Montezuma se holgó de ir en el bergantin más velero, y metió -consigo muchos señores y principales, y el otro bergantin fué lleno de -caciques y un hijo de Montezuma, y apercebió sus monteros que fuesen en -canoas y piraguas. - -Cortés mandó á Juan Velazquez de Leon, que era capitan de la guarda, -y á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí fuesen con él, y Alonso de -Ávila con ducientos soldados, que llevasen gran advertencia del cargo -que les daba, y mirasen por el gran Montezuma; y como todos estos -capitanes que he nombrado eran de sangre en el ojo, metieron todos los -soldados que he dicho, y cuatro tiros de bronce con toda la pólvora que -habia, con nuestros artilleros, que se decian Mesa y Arvenga, y se hizo -un toldo muy emparamentado, segun el tiempo; y allí entró Montezuma -con sus principales; y como en aquella sazon hizo el viento muy fresco, -y los marineros se holgaban de contentar y agradar al Montezuma, -mareaban las velas de arte que iban volando, y las canoas, en que iban -sus monteros y principales quedaban atrás, por muchos remeros que -llevaban. - -Holgábase el Montezuma y decia que eran gran maestria la de las velas y -remos todo junto; y llegó al peñol, que no era muy léjos, y mató toda -la caza que quiso de venados y liebres y conejos, y volvió muy contento -á la ciudad. - -Y cuando llegábamos cerca de Méjico mandó Pedro de Albarado y Juan -Velazquez de Leon y los demás capitanes que disparasen el artillería, -de que se holgó mucho Montezuma, que, como le viamos tan franco y -bueno, le teniamos en el acato que se tienen los Reyes destas partes, y -él nos hacia lo mismo. - -Si hubiese de contar las cosas y condicion que él tenia de gran señor, -y el acato y servicio que todos los señores de la Nueva-España y de -otras provincias le hacian, es para nunca acabar, porque cosa ninguna -que mandaba que le trujesen, aunque fuese volando, que luego no le -era traido; y esto dígolo porque un dia estábamos tres de nuestros -capitanes y ciertos soldados con el gran Montezuma, y acaso abatióse -un gavilan en unas salas como corredores por una codorniz; que cerca -de las casas y palacios donde estaba el Montezuma preso estaban unas -palomas y codornices mansas, porque por grandeza las tenia allí para -criar el indio mayordomo que tenia cargo de barrer los aposentos; y -como el gavilan se abatió y llevó presa, viéronlo nuestros capitanes, y -dijo uno dellos, que se decia Francisco de Acevedo el Pulido, que fué -maestresala del almirante de Castilla: - -—«¡Oh qué lindo gavilan, y qué presa hizo, y tan buen vuelo tiene!» - -Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que habia en -estas tierras muchas buenas aves de caza de volatería; y el Montezuma -estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó á su paje Orteguilla -sobre la plática, y le respondió que deciamos aquellos capitanes que -el gavilan que entró á cazar era muy bueno, é que si tuviésemos otro -como aquel que le mostrarian á venir á la mano, y que en el campo le -echarian á cualquier ave, aunque fuese algo grande, y la mataria. - -Entónces dijo el Montezuma: - -—«Pues yo mandaré agora que tomen aquel mismo gavilan, y veremos si le -amansan y cazan con él.» - -Todos nosotros los que allí nos hallamos le quitamos las gorras de -armas por la merced; y luego mandó llamar sus cazadores de volatería, -y les dijo que le trujesen el mismo gavilan; y tal maña se dieron en -le tomar, que á horas del Ave-María vienen con el mismo gavilan, y le -dieron á Francisco de Acevedo, y le mostró al señuelo; y porque luego -se nos ofrecieron cosas en que iba más que la caza, se dejará aquí de -hablar en ello. - -Y helo dicho porque era tan grande Príncipe, que no solamente le -traian tributos de todas las más partes de la Nueva-España, y señoreaba -tantas tierras, y en todas bien obedecido, que aun estando preso, sus -vasallos temblaban dél, que hasta las aves que vuelan por el aire hacia -tomar. - -Dejemos esto aparte, y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de cuando -en cuando su rueda. En aqueste tiempo tenian convocado entre los -sobrinos y deudos del gran Montezuma á otros muchos caciques y á toda -la tierra para darnos guerra y soltar al Montezuma, y alzarse algunos -dellos por Reyes de Méjico; lo cual diré adelante. - - - - -CAPÍTULO C. - -CÓMO LOS SOBRINOS DEL GRANDE MONTEZUMA ANDABAN CONVOCANDO É TRAYENDO Á -SÍ LAS VOLUNTADES DE OTROS SEÑORES PARA VENIR Á MÉJICO Y SACAR DE LA -PRISION AL GRAN MONTEZUMA Y ECHARNOS DE LA CIUDAD. - - -Como el Cacamatzin, señor de la ciudad de Tezcuco, que despues de -Méjico era la mayor y más principal ciudad que hay en la Nueva-España, -entendió que habia muchos dias que estaba preso su tio Montezuma, é -que en todo lo que nosotros podiamos nos íbamos señoreando, y aun -alcanzó á saber que habiamos abierto la casa donde estaba el gran -tesoro de su abuelo Axayaca, y que no habiamos tomado cosa ninguna -dello; é ántes que lo tomásemos acordó de convocar á todos los señores -de Tezcuco, sus vasallos, é al señor de Cuyoacan, que era su primo, y -sobrino del Montezuma, é al señor de Tacuba é al señor de Iztapalapa, -é á otro cacique muy grande, señor de Matalcingo, que era pariente muy -cercano del Montezuma, y aun decian que le venia de derecho el reino y -señorio de Méjico, y este cacique era muy valiente por su persona entre -los indios; pues andando concertando con ellos y con otros señores -mejicanos que para tal dia viniesen con todos sus poderes y nos diesen -guerra, parece ser que el cacique que he dicho que era valiente por su -persona, que no le sé el nombre, dijo que si le daban á él el señorio -de Méjico, pues le venia de derecho, que él con toda su parentela, y de -una provincia que se dice Matalcingo, serian los primeros que vendrian -con sus armas á nos echar de Méjico, ó no quedaria ninguno de nosotros -á vida. Y el Cacamatzin parece ser respondió que á él le venia el -cacicazgo y él habia de ser Rey, pues era sobrino de Montezuma, y que -si no queria venir, que sin él ni su gente haria la guerra. - -Por manera que ya tenia el Cacamatzin apercibidos los pueblos y señores -por mí ya nombrados, y tenia concertado que para tal dia viniesen -sobre Méjico, é con los señores que dentro estaban de su parte les -darian lugar á la entrada; é andando en estos tratos, lo supo muy bien -Montezuma por la parte de su gran deudo, que no quiso conceder en lo -que Cacamatzin queria; y para mejor lo saber envió Montezuma á llamar -todos sus caciques y principales de aquella ciudad, y le dijeron cómo -el Cacamatzin los andaba convocando á todos con palabras é dádivas para -que le ayudasen á darnos guerra y soltar al tio. - -Y como Montezuma era cuerdo y no queria ver su ciudad puesta en armas -ni alborotos, se lo dijo á Cortés segun y de la manera que pasaba, el -cual alboroto sabia muy bien nuestro capitan y todos nosotros, mas no -tan por entero como se lo dijo. - -El consejo que sobre ello tomó era, que nos diese de su gente mejicana -é iriamos sobre Tezcuco, y que le prenderiamos ó destruiriamos aquella -ciudad é sus comarcas. É al Montezuma no le cuadró este consejo; por -manera que Cortés le envió á decir al Cacamatzin que se quitase de -andar revolviendo guerra, que será causa de su perdicion, é que le -quiere tener por amigo, é que en todo lo que hubiere menester de su -persona lo hará por él, é otros muchos cumplimientos. - -É como el Cacamatzin era mancebo, y halló otros muchos de su parecer -que le acudirian en la guerra, envió á decir á Cortés que ya habia -entendido sus palabras de halagos, que no las queria más oir, sino -cuando le viese venir, que entónces le hablaria lo que quisiese. - -Tornó otra vez Cortés á le enviar á decir que mirase que no hiciese -deservicio á nuestro Rey y señor, que lo pagaria su persona y le -quitaria la vida por ello; y respondió que ni conocia á Rey ni quisiera -haber conocido á Cortés, que con palabras blandas prendió á su tio. - -Como envió aquella respuesta, nuestro capitan rogó á Montezuma, pues -era tan gran señor, y dentro en Tezcuco tenia grandes caciques y -parientes por capitanes, y no estaban bien con el Cacamatzin, por -ser muy soberbio y malquisto; y pues allí en Méjico con el Montezuma -estaba un hermano del mismo Cacamatzin, mancebo de buena disposicion, -que estaba huido del propio hermano porque no le matase, que despues -del Cacamatzin heredaba el reino de Tezcuco; que tuviese manera y -concierto con todos los de Tezcuco que prendiesen al Cacamatzin, ó -que secretamente le enviase á llamar, y que si viniese, que le echase -mano y le tuviesen en su poder hasta que estuviese más sosegado; y -que pues que aquel su sobrino estaba en su casa huido por temor del -hermano, y le sirve, que le alce luego por señor, y le quite el señorio -al Cacamatzin, que está en su deservicio y anda revolviendo todas las -ciudades y caciques de la tierra por señorear su ciudad é reino. - -Y el Montezuma dijo que le enviaria luego á llamar; mas que sentia dél -que no querria venir, y que si no viniese, que se ternia concierto -con sus capitanes y parientes que le prendan; y Cortés le dió muchas -gracias por ello, y aun le dijo: - -—«Señor Montezuma, bien podeis creer que si os quereis ir á vuestros -palacios, que en vuestra mano está; que desde que tengo entendido que -me teneis buena voluntad é yo os quiero tanto, que no fuera yo de tal -condicion, que luego no os fuera acompañando para que os fuérades con -toda vuestra caballería á vuestros palacios; y si lo he dejado de -hacer, es por estos mis capitanes que os fueron á prender, porque no -quieren que os suelte, y porque vuestra majestad dice que quiere estar -preso por excusar las revueltas que vuestros sobrinos traen por haber -en su poder esta ciudad é quitaros el mando.» - -Y el Montezuma dijo que se lo tenia en merced, y como iba entendiendo -las palabras halagüeñas de Cortés é via que lo decia, no por soltalle, -sino probar su voluntad: y tambien Orteguilla, su paje, se lo habia -dicho á Montezuma, que nuestros capitanes eran los que le aconsejaron -que le prendiese, é que no creyese á Cortés, que sin ellos no le -soltaria. - -Dijo el Montezuma á Cortés que muy bien estaba preso hasta ver en -qué paraban los tratos de sus sobrinos, y que luego queria enviar -mensajeros á Cacamatzin rogándole que viniese ante él, que le queria -hablar en amistades entre él y nosotros; y le envió á decir que de su -prision que no tenga él cuidado, que si se quisiese soltar, que muchos -tiempos ha tenido para ello, y que Malinche le ha dicho dos veces que -se vaya á sus palacios, y que él no quiere, por cumplir el mandado de -sus dioses, que le han dicho que se esté preso, y que si no lo está, -luego será muerto; y que esto que lo sabe muchos dias há de los papas -que están en servicio de los ídolos: y que á esta causa será bien que -tenga amistad con Malinche y sus hermanos. - -Y estas mismas palabras envió Montezuma á decir á los capitanes de -Tezcuco, cómo enviaba á llamar á su sobrino para hacer las amistades, -y que mirase no le trastornase su seso aquel mancebo para tomar armas -contra nosotros. - -Y dejemos esta plática, que muy bien la entendió el Cacamatzin; y sus -principales entraron en consejo sobre lo que harian, y el Cacamatzin -comenzó á bravear y que nos habia de matar dentro de cuatro dias, é -que al tio, que era una gallina, por no darnos guerra cuando se lo -aconsejaba al abajar la sierra de Chalco, cuando tuvo allí buen aparejo -con sus guarniciones, y que nos metió él por su persona en su ciudad, -como si tuviera conocido que íbamos para hacelle algun bien, y que -cuanto oro le han traido de sus tributos nos daba; y que le habiamos -escalado y abierto la casa donde está el tesoro de su abuelo Axayaca, y -que sobre todo esto le teniamos preso, é que ya le andábamos diciendo -que quitasen los ídolos del gran Huichilóbos, é que queriamos poner los -nuestros; é que porque esto no viniese más mal, y para castigar tales -cosas é injurias, que les rogaba que le ayudasen, pues todo lo que ha -dicho han visto por sus ojos, y cómo quemamos los mismos capitanes del -Montezuma, y que ya no se puede compadecer otra cosa sino que todos -juntos á una nos diesen guerra; y allí les prometió el Cacamatzin que -si quedaba con el señorio de Méjico que les habia de hacer grandes -señores, y tambien les dió muchas joyas de oro y les dijo que ya tenia -concertado con sus primos, los señores de Cuyoacan y de Iztapalapa y -de Tacuba y otros deudos, que le ayudarian, é que en Méjico tenia de -su parte otras personas principales que le darian entrada é ayuda á -cualquiera hora que quisiese, y que unos por las calzadas, y todos los -más en sus piraguas y canoas chicas por la laguna, podrian entrar, sin -tener contrarios que se lo defendiesen, pues su tio estaba preso; y que -no tuviesen miedo de nosotros, pues saben que pocos dias habian pasado -que en lo de Almería los mesmos capitanes de su tio habian muerto -muchos teules y un caballo, lo cual bien vieron la cabeza de un teule -é el cuerpo del caballo; é que en una hora nos despacharian, é con -nuestros cuerpos harian buenas fiestas y hartazgas. - -Y como hubo hecho aquel razonamiento, dicen que se miraban unos -capitanes á otros para que hablasen los que solian hablar primero en -cosas de guerra, é que cuatro ó cinco de aquellos capitanes le dijeron -que, ¿cómo habian de ir sin licencia de su gran señor Montezuma y dar -guerra en su propia casa y ciudad? Y que se lo envien primero á hacer -saber, é que si es consentidor, que irán con él de muy buena voluntad, -é que de otra manera, que no le quieren ser traidores. - -Y pareció ser que el Cacamatzin se enojó con los capitanes que le -dieron aquella respuesta, y mandó echar presos tres dellos; y como -habia allí en el consejo y junta que tenian otros sus deudos y ganosos -de bullicios, dijeron que le ayudarian hasta morir, é acordó de enviar -á decir á su tio el gran Montezuma que habia de tener empacho envialle -á decir que venga á tener amistad con quien tanto mal y deshonra le ha -hecho, teniéndole preso; é que no es posible sino que nosotros éramos -hechiceros y con hechizos le teniamos quitado su gran corazon y fuerza, -ó que nuestros dioses y la gran mujer de Castilla que les dijimos que -era nuestra abogada nos da aquel gran poder para hacer lo que haciamos; -é en esto que dijo á la postre no lo erraba, que ciertamente la gran -misericordia de Dios y su bendita Madre nuestra Señora nos ayudaba. - -Y volvamos á nuestra plática, que en lo que se resumió, fué enviar á -decir que él venia á pesar nuestro y de su tio á nos hablar y matar: -y cuando el gran Montezuma oyó aquella respuesta tan desvergonzada, -recibió mucho enojo, y luego en aquella hora envió á llamar seis de sus -capitanes de mucha cuenta, y les dió su sello, y aun les dió ciertas -joyas de oro, y les mandó que luego fuesen á Tezcuco y que mostrasen -secretamente aquel su sello á ciertos capitanes y parientes que estaban -muy mal con el Cacamatzin por ser muy soberbio, é que tuviesen tal -órden y manera, que á él y á los que eran en su consejo los prendiesen -y que luego se los trujesen delante. - -Y como fueron aquellos capitanes, y en Tezcuco entendieron lo que -el Montezuma mandaba, y el Cacamatzin era malquisto, en sus propios -palacios le prendieron, que estaba platicando con aquellos sus -confederados en cosas de la guerra, y tambien trujeron otros cinco -presos con él. - -É como aquella ciudad está poblada junto á la gran laguna, aderezan -una gran piragua con sus toldos y les meten en ella, y con gran copia -de remeros los traen á Méjico, y cuando hubo desembarcado le meten en -sus ricas andas, como Rey que era, y con gran acato le llevan ante -Montezuma; y parece ser estuvo hablando con su tio, y desvergonzósele -más de lo que ántes estaba, y supo Montezuma de los conciertos en que -andaba, que era alzarse por señor; lo cual alcanzó á saber más por -entero de los demás prisioneros que le trujeron, y si enojado estaba de -ántes del sobrino, muy más lo estuvo entónces. - -Y luego se lo envió á nuestro capitan para que lo echase preso, y á -los demás prisioneros mandó soltar; é luego Cortés fué á los palacios -é al aposento de Montezuma y le dió las gracias por tan gran merced; y -se dió órden que se alzase por Rey de Tezcuco al mancebo que estaba -en su compañía del Montezuma, que tambien era su sobrino, hermano del -Cacamatzin, que ya he dicho que por su temor estaba allí retraido -al favor del tio porque no le matase, que era tambien heredero muy -propincuo del reino de Tezcuco; y para lo hacer solenemente y con -acuerdo de toda la ciudad, mandó Montezuma que viniesen ante él los más -principales de toda aquella provincia, y despues de muy bien platicada -la cosa, le alzaron por Rey y señor de aquella gran ciudad, y se llamó -D. Cárlos. - -Ya todo esto hecho, como los caciques y reyezuelos sobrinos del gran -Montezuma, que eran el señor de Cuyoacan y el señor de Iztapalapa y el -de Tacuba, vieron é oyeron las prisiones del Cacamatzin, y supieron que -el gran Montezuma habia sabido que ellos entraban en la conjuracion -para quitalle su reino y dárselo á Cacamatzin, temieron, y no le venian -á ver ni á hacer palacio como solian; é con acuerdo de Cortés, que le -convocó é atrajo al Montezuma para que los mandase prender, en ocho -dias todos estuvieron presos en la cadena gorda, que no poco se holgó -nuestro capitan y todos nosotros. - -Miren los curiosos letores en lo que andaban nuestras vidas, tratando -de nos matar cada dia y comer nuestras carnes, si la gran misericordia -de Dios, que siempre era con nosotros, no nos socorria; é aquel buen -Montezuma á todas nuestras cosas daba buen corte; é miren qué gran -señor era, que estando preso así era tan obedecido. - -Pues ya todo apaciguado é aquellos señores presos, siempre nuestro -Cortés con otros capitanes é el Padre Fray Bartolomé de Olmedo, de la -órden de la Merced, estaban teniéndole palacio, é en todo lo que podian -le daban mucho placer, y burlaban no de manera de desacato, que digo -que no se sentaban Cortés ni ningun capitan hasta que el Montezuma les -mandaba dar sus asentaderos ricos y les mandaba asentar; y en esto -era tan bien mirado, que todos le queriamos con gran amor, porque -verdaderamente era gran señor en todas sus cosas que le viamos hacer. - -Y volviendo á nuestra plática, unas veces le daban á entender las -cosas tocantes á nuestra santa fe, y se lo decia el fraile con el paje -Orteguilla, que parece que le entraban ya algunas buenas razones en -el corazon, pues las escuchaba con atencion mejor que al principio. -Tambien le daban á entender el gran poder del Emperador nuestro señor, -y cómo le daban vasallaje muchos grandes señores que le obedecian, y de -léjas tierras; y decíanle otras muchas cosas que él se holgaba de les -oir, y otras veces jugaba Cortés con él al totoloque; y él, como no era -nada escaso, nos daba cada dia cual joyas de oro ó mantas. - -Y dejaré de hablar de ello, y pasaré adelante. - - - - -CAPÍTULO CI. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA CON MUCHOS CACIQUES Y PRINCIPALES DE LA COMARCA -DIERON LA OBEDIENCIA Á SU MAJESTAD, Y DE OTRAS COSAS QUE SOBRE ELLO -PASARON. - - -Como el capitan Cortés vió que ya estaban presos aquellos reyecillos -por mí nombrados, y todas las ciudades pacíficas, dijo á Montezuma que -dos veces le habia enviado á decir ántes que entrásemos en Méjico que -queria dar tributo á su majestad, y que pues ya habia entendido el gran -poder de nuestro Rey y señor, é que de muchas tierras le dan parias -y tributos, y le son sujetos muy grandes Reyes, que será bien que él -y todos sus vasallos le dén la obediencia, porque ansí se tiene por -costumbre, que primero se da la obediencia que dén las parias é tributo. - -Y el Montezuma dijo que juntaria sus vasallos é hablaria sobre ello; y -en diez dias se juntaron todos los más caciques de aquella comarca, y -no vino aquel cacique pariente muy cercano del Montezuma, que ya hemos -dicho que decian que era muy esforzado, y en la presencia y cuerpo y -miembros se le parecia. Bien era algo atronado, y en aquella sazon -estaba en un pueblo suyo que se decia Tula; y á este cacique, segun -decian, le venia el reino de Méjico despues del Montezuma; y como le -llamaron, envió á decir que no queria venir ni dar tributo; que aun -con lo que tiene de sus provincias no se puede sustentar. De la cual -respuesta hubo enojo Montezuma, y luego envió ciertos capitanes para -que le prendiesen; como era gran señor y muy emparentado, tuvo aviso -dello y metióse en su provincia, donde no le pudo haber por entónces. - -Y dejallo hé aquí, y diré que en la plática que tuvo el Montezuma con -todos los caciques de toda la tierra que habia enviado á llamar, que -despues que les habia hecho un parlamento sin estar Cortés ni ninguno -de nosotros delante, salvo Orteguilla el paje, dicen que les dijo que -mirasen que de muchos años pasados sabian por muy cierto, por lo que -sus antepasados les han dicho, é así lo tiene señalado en sus libros de -cosas de memorias, que de donde sale el sol habian de venir gentes que -habian de señorear estas tierras, y que se habia de acabar en aquella -sazon el señorio y reino de los mejicanos; y que él tiene entendido, -por lo que sus dioses le han dicho, que somos nosotros; é que se lo han -preguntado á su Huichilóbos los papas que lo declaren, y sobre ello -les hacen sacrificios y no quieren respondelles como suele; y lo que -más les da á entender el Huichilóbos es, que lo que les ha dicho otras -veces, aquello dé ahora por respuesta, é que no le pregunten más; así, -que bien da á entender que demos la obediencia al Rey de Castilla, -cuyos vasallos dicen estos teules que son; y porque al presente no -va nada en ello; y el tiempo andando veremos si tenemos otra mejor -respuesta de nuestros dioses, y como viéremos el tiempo, así harémos. - -Lo que yo os mando y ruego, que todos de buena voluntad al presente se -la demos, y contribuyamos con alguna señal de vasallaje, que presto -os diré lo que más nos convenga; y porque ahora soy importunado de -Malinche á ello, ninguno lo rehuse; é mirá que en diez y ocho años que -há que soy vuestro señor, siempre me habeis sido muy leales, é yo os -he enriquecido, é ensanchado vuestras tierras, é os he dado mandos é -hacienda; é si ahora al presente nuestros dioses permiten que yo esté -aquí detenido, no lo estuviera, sino que ya os he dicho muchas veces -que mi gran Huichilóbos me lo ha mandado. - -Y desque oyeron este razonamiento, todos dieron por respuesta que -harian lo que mandase, y con muchas lágrimas y suspiros, y el Montezuma -muchas más y luego envió á decir con un principal que para otro dia -darian la obediencia y vasallaje á su majestad. - -Despues Montezuma tornó á hablar con sus caciques sobre el caso estando -Cortés delante, é nuestros capitanes y muchos soldados, y Pedro -Fernandez, secretario de Cortés; é dieron la obediencia á su majestad, -y con mucha tristeza que mostraron; y el Montezuma no pudo sostener las -lágrimas; é queríamoslo tanto é de buenas entrañas, que á nosotros de -verle llorar se nos enternecieron los ojos, y soldado hubo que lloraba -tanto como Montezuma; tanto era el amor que le teniamos. - -Y dejallo hé aquí, y diré que siempre Cortés y el padre fray Bartolomé -de Olmedo, de la Merced, que era bien entendido, estaban en los -palacios de Montezuma por alegralle, atrayéndole á que dejase sus -ídolos; y pasaré adelante. - - - - -CAPÍTULO CII. - -CÓMO NUESTRO CORTÉS PROCURÓ DE SABER DE LAS MINAS DE ORO, Y DE QUÉ -CALIDAD ERAN, Y ASIMISMO EN QUÉ RIOS ESTABAN, Y QUÉ PUERTOS PARA NAVÍOS -DESDE LO DE PÁNUCO HASTA LO DE TABASCO, ESPECIALMENTE EL RIO GRANDE DE -GUACAZUALCO, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Estando Cortés é otros capitanes con el gran Montezuma, teniéndole en -Palacio, entre otras pláticas que le decia con nuestras lenguas doña -Marina é Jerónimo de Aguilar é Orteguilla, le preguntó que á qué parte -eran las minas é en qué rios, é cómo y de qué manera cogian el oro -que le traian en granos, porque queria enviar á vello dos de nuestros -soldados grandes mineros. - -Y el Montezuma dijo que de tres partes, y que donde más oro solia traer -que era de una provincia que se dice Zacatula, que es á la banda del -Sur, que está de aquella ciudad andadura de diez ó doce dias, y que lo -cogian con unas jícaras, en que lavan la tierra, é que allí quedan unos -granos menudos despues de lavado; é que ahora al presente se lo traen -de otra provincia que se dice Gustepeque, cerca de donde desembarcamos, -que es en la banda del Norte é que lo cogen de dos rios; é que cerca de -aquella provincia hay otras buenas minas, en parte que no son sujetos, -que se dicen los chinatecas y capotecas, y que no le obedecen; y que -si quiere enviar sus soldados, que él daria principales que vayan con -ellos; y Cortés le dió las gracias por ello, y luego despachó un piloto -que se decia Gonzalo de Umbría, con otros dos soldados mineros, á lo -de Zacatula. Aqueste Gonzalo de Umbría era al que Cortés mandó cortar -los piés cuando ahorcó á Pedro Escuderos é á Juan Cermeño y azotó los -Peñates porque se alzaban en San Juan de Ulúa con el navío, segun más -largamente lo tengo escrito en el capítulo que dello habla. - -Dejemos de contar más en lo pasado, y digamos cómo fueron con el -Umbría, y se les dió de plazo para ir é volver cuarenta dias. É por la -banda del Norte despachó para ver las minas á un capitan que se decia -Pizarro, mancebo hasta de veinte y cinco años; y á este Pizarro trataba -Cortés como á pariente. En aquel tiempo no habia fama del Perú ni se -nombraban Pizarros en esta tierra; é con cuatro soldados mineros fué, y -llevó de plazo otros cuarenta dias para ir é volver, porque habia desde -Méjico obra de ochenta leguas, é con cuatro principales mejicanos. - -Ya partidos para ver las minas, como dicho tengo, volvamos á decir -cómo le dió el gran Montezuma á nuestro capitan en un paño de nequen -pintados y señalados muy al natural todos los rios é ancones que habia -en la costa del Norte Pánuco hasta Tabasco, que son obra de ciento -cuarenta leguas, y en ellos venia señalado el rio de Guazacualco; é -como ya sabiamos todos los puertos y ancones que señalaban en el paño -que le dió el Montezuma, de cuando veniamos á descubrir con Grijalva, -excepto el rio de Guazacualco, que dijeron que era muy poderoso y -hondo, acordó Cortés de enviar á ver qué era, y para hondar el puerto y -la entrada. - -Y como uno de nuestros capitanes, que se decia Diego de Ordás, otras -veces por mí nombrado, era hombre muy entendido y bien esforzado, dijo -al capitan que él queria ir á ver aquel rio y qué tierras habia y -qué manera de gente era, y que le diese hombres é indios principales -que fuesen con él; y Cortés lo rehusaba, porque era hombre de buenos -consejos y queria tenello en su compañía, y por no le descomplacer le -dió licencia para que fuese; y el Montezuma le dijo al Ordás que en lo -de Guazacualco no llegaba su señorío, é que eran muy esforzados, é que -parase á ver lo que hacia, y que si algo le aconteciese no le cargasen -ni culpasen á él; y que ántes de llegar á aquella provincia toparia -con sus guarniciones de gente de guerra, que tenia en frontera, y que -si los hubiese menester, que los llevase consigo; y dijo otros muchos -cumplimientos. Y Cortés y el Diego de Ordás le dieron las gracias; é -así, partió con dos de nuestros soldados y con otros principales que el -Montezuma les dió. - -Aquí es donde dice el coronista Francisco Lopez de Gómora que iba Juan -Velazquez con cien soldados á poblar á Guazacualco, é que Pedro de -Ircio habia ido á poblar á Pánuco; é porque ya estoy harto de mirar -en lo que el coronista va fuera de lo que pasó, lo dejaré de decir, y -diré lo que cada uno de los capitanes que nuestro Cortés envió hizo, é -vinieron con muestras de oro. - - - - -CAPÍTULO CIII. - -CÓMO VOLVIERON LOS CAPITANES QUE NUESTRO CAPITAN ENVIÓ Á VER LAS MINAS -É HONDAR EL PUERTO É RIO DE GUAZACUALCO. - - -El primero que volvió á la ciudad de Méjico á dar razon de á lo que -Cortés los envió, fué Gonzalo de Umbría y sus compañeros, y trajeron -obra de trescientos pesos en granos, que sacaron delante de los indios -de un pueblo que se dice Cacatula, que, segun contaba el Umbría, los -caciques de aquella provincia llevaron muchos indios á los rios, y con -unas como bateas chicas lavaban la tierra y cogian el oro, y era de -dos rios; y dijeron que si fuesen buenos mineros y la lavasen como en -la isla de Santo Domingo ó como en la isla de Cuba, que serian ricas -minas; y asimismo trujeron consigo los principales que envió aquella -provincia, y trajeron un presente de oro hecho en joyas, que valdria -ducientos pesos, é á darse é ofrecerse por servidores de su majestad; -y Cortés se holgó tanto con el oro como si fueran treinta mil pesos, -en saber cierto que habia buenas minas; é á los caciques que trajeron -el presente les mostró mucho amor y les mandó dar cuentas verdes -de Castilla, y con buenas palabras se volvieron á sus tierras muy -contentos. - -Y decia el Umbría que no muy léjos de Méjico habia grandes poblaciones -y otra provincia que se decia Matalcingo; y á lo que sentimos y -vimos, el Umbría y sus compañeros vinieron ricos con mucho oro y bien -aprovechados; que á este efecto le envió Cortés, para hacer buen amigo -dél por lo pasado que dicho tengo, que le mandó cortar los piés. - -Dejémosle, pues volvió con buen recaudo, y volvamos al capitan Diego -de Ordás, que fué á ver el rio de Guazacualco, que es sobre ciento y -veinte leguas de Méjico, y dijo que pasó por muy grandes pueblos, -que allí los nombró, é que todos le hacian honra; é que en el camino -de Guazacualco topó á las guarniciones de Montezuma que estaban en -frontera, é que todas aquellas comarcas se quejaban dellos, así de -robos que les hacian, y les tomaban sus mujeres y les demandaban otros -tributos; y el Ordás, con los principales mejicanos que llevaba, -reprendió á los capitanes de Montezuma que tenian cargo de aquellas -gentes, y le amenazaron que si más robaban, que se lo haria saber á -su señor Montezuma, y que enviaria por ellos y los castigaria, como -hizo á Quetzalpopoca y sus compañeros porque habian robado los pueblos -de nuestros amigos; y con estas palabras les metió temor; é luego -fué camino de Guazacualco, y no llevó más de un principal mejicano; -y cuando el cacique de aquella provincia, que se decia Tochel, supo -que iba, envió sus principales á le recebir, y le mostraron mucha -voluntad, porque aquellos de aquella provincia y todos tenian relacion -y noticia de nuestras personas, de cuando venimos á descubrir con Juan -de Grijalva, segun largamente lo he escrito en el capítulo pasado -que dello habla; y volvamos ahora á decir que, como los caciques de -Guazacualco entendieron á lo que iba, luego le dieron muchas grandes -canoas, y el mismo cacique Tochel, y con él otros muchos principales -hondaron la boca del rio, é hallaron tres brazas largas, sin la de -caida, en lo más bajo; y entrados en el rio un poco arriba, podian -nadar grandes navíos, é miéntras más arriba más hondo. - -Y junto á un pueblo que en aquella sazon estaba poblado de indios -pueden estar carracas; y como el Ordás lo hubo ahondado y se vino -con los caciques al pueblo, le dieron ciertas joyas de oro y una -india hermosa, y se ofrecieron por servidores de su majestad, y se le -quejaron de Montezuma y de su guarnicion de gente de guerra, y que -habia poco tiempo que tuvieron una batalla con ellos, y que cerca de un -pueblo de pocas casas mataron los de aquella provincia á los mejicanos -muchas de sus gentes, y por aquella causa llaman hoy en dia, donde -aquella guerra pasó, Cuilonemiqui, que en su lengua quiere decir donde -mataron los putos mejicanos; y el Ordás les dió muchas gracias por la -honra que habia recebido, y les dió ciertas cuentas de Castilla que -llevaba para aquel efecto, y se volvió á Méjico, y fué alegremente -recebido de Cortés y de todos nosotros; y decia que era buena tierra -para ganados y granjerías, y el puerto á pique para las islas de Cuba y -de Santo Domingo y de Jamáica, excepto que era léjos de Méjico y habia -grandes ciénagas. Y á esta causa nunca tuvimos confianza del puerto -para el descargo y trato de Méjico. - -Dejemos al Ordás, y digamos del capitan Pizarro y sus compañeros, que -fueron en lo de Tustepeque á buscar oro y ver las minas, que volvió el -Pizarro con un soldado solo á dar cuenta á Cortés, y trujeron sobre -mil pesos de granos de oro sacado de las minas, y dijeron que en la -provincia de Tustepeque y Malinaltepeque y otros pueblos comarcanos fué -á los rios con mucha gente que le dieron, y cogieron la tercia parte -del oro que allí traian, y que fueron en las sierras más arriba á otra -provincia que se dice los chinantecas, y como llegaron á su tierra, -que salieron muchos indios con armas, que son unas lanzas mayores que -las nuestras, y arcos y flechas y pavesinas, y dijeron que ni un indio -mejicano no les entrase en su tierra; si no, que los matarian, y que -los teules que vayan mucho en buen hora; y así fueron, y se quedaron -los mejicanos, que no pasaron adelante; y cuando los caciques de -Chinanta entendieron á lo que iban, juntaron copia de sus gentes para -lavar oro, y le llevaron á unos rios, donde cogieron el demás oro que -venia por su parte en granos crespillos, porque dijeron los mineros -que aquello era de más duraderas minas, como de nacimiento; y tambien -trujo el capitan Pizarro dos caciques de aquella tierra, que vinieron -á ofrecerse por vasallos de su Majestad y tener nuestra amistad, y -aun trujeron un presente de oro; y todos aquellos caciques á una -decian mucho mal de los mejicanos, que eran tan aburridos de aquellas -provincias por los robos que les hacian, que no podian ver, ni aun -mentar sus nombres. - -Cortés recibió bien al Pizarro y á los principales que traia, y tomó -el presente que le dieron, y porque há muchos años ya pasados, no -me acuerdo qué tanto era; y se ofreció con buenas palabras que les -ayudaria y seria su amigo de los chinantecas, y les mandó que fuesen á -su provincia; y porque no recibiesen algunas molestias en el camino, -mandó á dos principales mejicanos que los pusiesen en sus tierras, y -que no se quitasen dellos hasta que estuviesen en salvo, y fueron muy -contentos. - -Volvamos á nuestra plática: que preguntó Cortés por los demás soldados -que habia llevado el Pizarro en su compañía, que se decian Barrientos y -Heredia el viejo y Escalona el mozo y Cervantes el chocarrero; y dijo -que porque les pareció muy bien aquella tierra y era rica de minas, y -los pueblos por donde fuimos muy de paz, les mandó que hiciesen una -gran estancia de cacaguatales y maizales y pusiesen muchas aves de -la tierra, y otras granjerías que habia de algodon, y que desde allí -fuesen catando todos los rios y viesen qué minas habia. - -Y puesto que Cortés calló por entónces, no se lo tuvo á bien á su -pariente haber salido de su mandado, y supimos que en secreto riñó -mucho con él sobre ello, y le dijo que era de poca calidad querer -entender en cosas de criar aves é cacaguatales; y luego envió otro -soldado que se decia Alonso Luis á llamar los demás que habia dejado -el Pizarro, y para que luego viniesen llevó un mandamiento; y lo que -aquellos soldados hicieron diré adelante en su tiempo y lugar. - - - - -CAPÍTULO CIV. - -CÓMO CORTÉS DIJO AL GRAN MONTEZUMA QUE MANDASE Á TODOS LOS CACIQUES QUE -TRIBUTASEN Á SU MAJESTAD, PUES COMUNMENTE SABIAN QUE TENIAN ORO, Y LO -QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Pues como el capitan Diego de Ordás y los soldados por mí ya nombrados -vinieron con muestras de oro y relacion que toda la tierra era rica, -Cortés, con consejo del Ordás y de otros capitanes y soldados, acordó -de decir y demandar al Montezuma que todos los caciques y pueblos -de la tierra tributasen á su majestad, y que él mismo, como gran -señor, tambien tributase é diese de sus tesoros; y respondió que él -enviaria por todos los pueblos á demandar oro, mas que muchos dellos -no lo alcanzaban, sino joyas de poca valía que habian habido de sus -antepasados; y de presto despachó principales á las partes donde habia -minas, y les mandó que diese cada uno tantos tejuelos de oro fino -del tamaño y gordor de otros que le solian tributar, y llevaban para -muestras dos tejuelos, y de otras partes no le traian sino joyezuelas -de poca valía. - -Tambien envió á la provincia donde era cacique y señor aquel su -pariente muy cercano que no le queria obedecer, que estaba de Méjico -obra de doce leguas; y la respuesta que trujeron los mensajeros fué, -que decia que no queria dar oro ni obedecer al Montezuma, y que tambien -él era señor de Méjico y le venia el señorio como al mismo Montezuma -que le enviaba á pedir tributo. - -Y como esto oyó el Montezuma, tuvo tanto enojo, que de presto envió su -señal y sello y con buenos capitanes para que se lo trujesen preso; y -venido á su presencia el pariente, le habló muy desacatadamente y sin -ningun temor ó de muy esforzado, ó decian que tenia ramos de locura, -porque era como atronado; todo lo cual alcanzó á saber Cortés, y envió -á pedir por merced al Montezuma que se lo diese, que él lo queria -guardar; porque, segun le dijeron, le habia mandado matar el Montezuma; -y traido ante Cortés, le habló muy amorosamente, y que no fuese loco -contra su señor, y que lo queria soltar. Y Montezuma cuando lo supo -dijo que no lo soltase, sino que lo echasen en la cadena gorda, como á -los otros reyezuelos por mí ya nombrados. - -Tornemos á decir que en obra de veinte dias vinieron todos los -principales que Montezuma habia enviado á cobrar los tributos del oro, -que dicho tengo. Y así como vinieron, envió á llamar á Cortés y á -nuestros capitanes y ciertos soldados que conocia que éramos de guarda, -y dijo estas palabras formales, ó otras como ellas: - -—«Hágoos saber, señor Malinche y señores capitanes y soldados, que á -vuestro gran rey yo le soy en cargo y le tengo buena voluntad, así por -señor y tan gran señor, como por haber enviado de tan léjas tierras -á saber de mí; y lo que más me pone en el pensamiento es, que él ha -de ser el que nos ha de señorear, segun nuestros antepasados nos han -dicho, y aun nuestros dioses nos dan á entender por las respuestas -que dellos tenemos; toma ese oro que se ha recogido, y por ser tan de -priesa no se trae más; y lo que yo tengo aparejado para el Emperador es -todo el tesoro que he habido de mi padre, que está en vuestro poder y -aposento, que bien sé que luego que aquí venistes, abristes la casa y -lo vistes é mirastes todo, y la tornastes á cerrar como ántes estaba; -y cuando se lo enviáredes, decidle en vuestros anales y cartas: «Esto -os envia vuestro buen vasallo Montezuma;» y tambien yo os daré unas -piedras muy ricas, que le envieis en mi nombre, que son chalchichuis, -que no son para dar á otras personas, sino para ese vuestro gran -Emperador, que vale cada una piedra dos cargas de oro. Tambien le -quiero enviar tres cerbatanas con sus esqueros y bodoqueras, que tienen -tales obras de pedrería, que se holgará de vellas; y tambien yo quiero -dar de lo que tuviere, aunque es poco, porque todo el más oro y joyas -que tenia os he dado en veces.» - -Y cuando aquello le oyó Cortés y todos nosotros, estuvimos espantados -de la gran bondad y liberalidad del gran Montezuma, y con mucho acato -le quitamos todos las gorras de armas, y le dijimos que se lo teniamos -en merced, y con palabras de mucho amor le prometió Cortés que -escribiriamos á su majestad de la magnificencia y franqueza del oro que -nos dió en su Real nombre. - -Y despues que tuvimos otras pláticas de buenos comedimientos, luego -en aquella hora envió Montezuma sus mayordomos para entregar todo el -tesoro de oro y riqueza que estaba en aquella sala encalada; y para -vello y quitallo de sus bordaduras y donde estaba engastado tardamos -tres dias, y aun para lo quitar y deshacer vinieron los plateros de -Montezuma, de un pueblo que se dice Escapuzalco. - -Y digo que era tanto, que despues de deshecho eran tres montones de -oro; y pesado, hubo en ellos sobre seiscientos mil pesos, como adelante -diré, sin la plata é otras muchas riquezas. Y no cuento con ello -las planchas y tejuelos de oro y el oro en grano de las minas; y se -comenzó á fundir con los plateros indios que dicho tengo, naturales de -Escapuzalco, é se hicieron unas barras muy anchas dello, como medida de -tres dedos de la mano de anchor de cada una barra. - -Pues ya fundido y hecho barras, traen otro presente por sí de lo que el -gran Montezuma habia dicho que daria, que fué cosa de admiracion ver -tanto oro y las riquezas de otras joyas que trujo. Pues las piedras -chalchihuis, que eran tan ricas algunas dellas, que valian entre los -mismos caciques mucha cantidad de oro; pues las tres cerbatanas con sus -bodoqueras, los engastes que tenian de piedras y perlas, y las pinturas -de pluma é de pajaritos llenos de aljófar, é otras aves, todo era de -gran valor. - -Dejamos de decir de penachos y plumas y otras muchas cosas ricas, -que es para nunca acabar de traerlo aquí á la memoria; digamos agora -cómo se marcó todo el oro que dicho tengo con una marca de hierro que -mandó hacer Cortés, y los oficiales del Rey prohibidos por Cortés, y -de acuerdo de todos nosotros, en nombre de su majestad, hasta que otra -cosa mandase; y la marca fué las armas Reales como de un real y del -tamaño de un toston de á cuatro, y esto sin las joyas ricas que nos -pareció que no eran para deshacer; pues para pesar todas estas barras -de oro y plata y las joyas que quedaron por deshacer no teniamos pesas -de marcos ni balanza, y pareció á Cortés y á los mismos oficiales de la -hacienda de su Majestad que seria bien hacer de hierro unas pesas de -hasta una arroba, y otras de media arroba, y de dos libras, y de una -libra, y de media libra y de cuatro onzas; y esto no para que viniese -muy justo, sino media onza más ó ménos en cada peso que pesaba y de -cuanto pesó. - -Y dijeron los oficiales del Rey que habia en el oro, así en lo que -estaba hecho arrobas como en los granos de las minas y en los tejuelos -y joyas, más de seiscientos mil pesos, sin la plata é otras muchas -joyas que se dejaron de avaluar; y algunos soldados decian que habia -más. - -Y como ya no habia que hacer en ello sino sacar el real quinto y -dar á cada capitan y soldado nuestras partes, é á los que quedaban -en el puerto de la Villa-Rica tambien las suyas, parece ser Cortés -procuraba de no lo repartir tan presto, hasta que tuviese más oro é -hubiese buenas pesas y razon y cuenta de á cómo salian; y todos los más -soldados y capitanes dijimos que luego se repartiese, porque habiamos -visto que cuando se deshacian las piezas del tesoro de Montezuma estaba -en los montones que he dicho mucho más oro, y que faltaba la tercia -parte dello, que lo tomaban y escondian, así por la parte de Cortés -como de los capitanes y otros que no se sabia, y se iba menoscabando; -é á poder de muchas pláticas se pesó lo que quedaba, y hallaron sobre -seiscientos mil pesos, sin las joyas y tejuelos, y para otro dia habian -de dar las partes. - -É diré cómo lo repartieron, é todo lo más se quedó con ello el capitan -Cortés é otras personas, y lo que sobre ello se hizo diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CV. - -CÓMO SE REPARTIÓ EL ORO QUE HUBIMOS, ASÍ DE LO QUE DIÓ EL GRAN -MONTEZUMA COMO DE LO QUE SE RECOGIÓ DE LOS PUEBLOS, Y DE LO QUE SOBRE -ELLO ACAECIÓ Á UN SOLDADO. - - -Lo primero se sacó el real quinto, y luego Cortés dijo que le sacasen á -él otro quinto como á su majestad, pues se lo prometimos en el arenal -cuando le alzamos por capitan general y justicia mayor, como ya lo he -dicho en el capítulo que dello habla. - -Luego tras esto dijo que habia hecho cierta costa en la isla de Cuba -que gastó en el armada, que lo sacasen de monton; y demás desto, que se -apartase del mismo monte la costa que habia hecho Diego Velazquez en -los navíos que dimos al través con ellos, pues todos fuimos en ellos; y -tras esto, para los procuradores que fueron á Castilla. - -Y demás desto, para los que quedaron en la Villa-Rica, que eran setenta -vecinos, y para el caballo que se le murió y para la yegua de Juan -Sedeño, que mataron en lo de Tlascala de una cuchillada; pues para -el padre de la Merced y el clérigo Juan Diaz y los capitanes y los -que traian caballos, dobles partes, escopeteros y ballesteros por el -consiguiente, é otras sacaliñas; de manera que quedaba muy poco de -parte, y por ser tan poco muchos soldados hubo que no lo quisieron -recebir; y con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podiamos -hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era -por demás; é otros soldados hubo que tomaron sus partes á cien pesos, y -daban voces por lo demás; y Cortés secretamente daba á unos y á otros -por via que les hacia merced por contentallos, y con buenas palabras -que les decia sufrian. - -Pues vamos á las partes que daban á los de la Villa-Rica, que se lo -mandó llevar á Tlascala para que allí se lo guardase; y como ello fué -mal repartido, en tal paró todo, como adelante diré en su tiempo. - -En aquella sazon muchos de nuestros capitanes mandaron hacer cadenas -de oro muy grandes á los plateros del gran Montezuma, que ya he dicho -que tenia un gran pueblo dellos, media legua de Méjico, que se dice -Escapuzalco; y asimismo Cortés mandó hacer muchas joyas y gran servicio -de vajilla, y algunos de nuestros soldados que habian henchido las -manos; por manera que ya andaban públicamente muchos tejuelos de oro -marcado y por marcar, y joyas de muchas diversidades de hechuras, é -el juego largo, con unos naipes que hacian de cuero de atambores, tan -buenos é tan bien pintados como los de España; los cuales naipes hacia -un Pedro Valenciano, y desta manera estábamos. - -Dejemos de hablar en el oro y de lo mal que se repartió y peor se gozó, -y diré lo que á un soldado que se decia Fulano de Cárdenas le acaeció. -Parece ser que aquel soldado era piloto y hombre de la mar, natural de -Triana y del condado; el pobre tenia en su tierra mujer é hijos, y como -á muchos nos acaece, debria de estar pobre, y vino á buscar la vida -para volverse á su mujer é hijos; é como habia visto tanta riqueza en -oro en planchas y en granos de las minas é tejuelos y barras fundidas, -y al repartir dello vió que no le daban sino cien pesos, cayó malo -de pensamiento y tristeza; y un su amigo, como le veia cada dia tan -pensativo y malo, íbale á ver y decíale que de qué estaba de aquella -manera y suspiraba tanto; y respondió el piloto Cárdenas: - -—«¡Oh cuerpo de tal conmigo! ¿Yo no he de estar malo viendo que Cortés -así se lleva todo el oro, y como rey lleva quinto, y ha sacado para el -caballo que se le murió y para los navíos de Diego Velazquez y para -otras muchas trancanillas, y que muera mi mujer é hijos de hambre, -pudiéndolos socorrer cuando fueren los procuradores con nuestras -cartas, y le enviamos todo el oro y plata que habiamos habido en aquel -tiempo?» - -Y respondióle aquel su amigo: - -—«Pues, ¿qué oro teniades vos para los enviar?» - -Y el Cárdenas dijo: - -—«Si Cortés me diera mi parte de lo que me cabia, con ello se -sostuviera mi mujer é hijos, y aun les sobraba; mas mirad qué embustes -tuvo, hacernos firmar que sirviésemos á su majestad con nuestras -partes, y sacar el oro para su padre Martin Cortés sobre seis mil -pesos é lo que escondió; y yo y otros pobres que estamos de noche y de -dia batallando, como habeis visto en las guerras pasadas de Tabasco y -Tlascala é lo de Cingapacinga é Cholula; y agora estar en tan grandes -peligros como estamos, y cada dia la muerte al ojo si se levantasen en -esta ciudad, é que se alce con todo el oro é que lleve quinto como rey.» - -É dijo otras palabras sobre ello, y que tal quinto no le habiamos de -dejar sacar, ni tener tantos reyes, sino solamente á su majestad. - -Y replicó su compañero y dijo: - -—«Pues ¿esos cuidados os matan, y agora veis que todo lo que traen -los caciques y Montezuma se consume en él, uno en papo y otro en saco é -otro so el sobaco, y allá va todo donde quiere Cortés y estos nuestros -capitanes, que hasta el bastimento todo lo llevan? Por eso dejáos desos -pensamientos, y rogad á Dios que en esta ciudad no perdamos las vidas.» - -Y así, cesaron sus pláticas, las cuales alcanzó á saber Cortés, y como -le decian que habia muchos soldados descontentos por las partes del -oro y de lo que habian hurtado del monton, acordó de hacer á todos un -parlamento con palabras muy melífluas, y dijo que todo lo que tenia -era para nosotros; que él no queria quinto, sino la parte que le cabe -de capitan general, y cualquiera que hubiese menester algo que se -lo daria; y aquel oro que habiamos habido que era un poco de aire; -que mirásemos las grandes ciudades que hay é ricas minas, que todos -seriamos señores dellas, y muy prósperos é ricos; y dijo otras razones -muy bien dichas, que las sabia bien proponer. - -Y demás desto, á ciertos soldados secretamente daba joyas de oro, -y á otros daba grandes promesas, y mandó que los bastimentos que -traian los mayordomos de Montezuma que lo repartiesen entre todos los -soldados como á su persona; y demás desto, llamó aparte al Cárdenas y -con palabras le halagó, y le prometió que con los primeros navíos le -enviaria á Castilla á su mujer é hijos, é le dió trecientos pesos, y -así se quedó contento. - -Y quedarse ha aquí, y diré cuando venga á coyuntura lo que al Cárdenas -acaeció cuando fué á Castilla, y cómo le fué muy contrario á Cortés en -los negocios que tuvo ante su majestad. - - - - -CAPÍTULO CVI. - -CÓMO HUBIERON PALABRAS JUAN VELAZQUEZ DE LEON Y EL TESORERO GREGORIO -MEJÍA SOBRE EL ORO QUE FALTABA DE LOS MONTONES ÁNTES QUE SE FUNDIESE, Y -LO QUE CORTÉS HIZO SOBRE ELLO. - - -Como el oro comunmente todos los hombres lo deseamos, y miéntras -unos más tienen más quieren, aconteció que, como faltaban muchas -piezas de oro conocidas de los montones, ya otra vez por mí dicho, -y Juan Velazquez de Leon en aquel tiempo hacia labrar á los indios -de Escapuzalco, que eran todos plateros del gran Montezuma, grandes -cadenas de oro y otras piezas de vajillas para su servicio; y como -Gonzalo Mejía, que era tesorero, le dijo secretamente que se las diese, -pues no estaban quintadas y eran conocidamente de las que habia dado el -Montezuma; y el Juan Velazquez de Leon, que era muy privado de Cortés, -dijo que no le queria dar ninguna cosa, y que no lo habia tomado de lo -que estaba allegado ni de otra parte ninguna, salvo que Cortés se las -habia dado ántes que se hiciesen barras; y el Gonzalo Mejía respondió -que bastaba lo que Cortés habia escondido y tomado á los compañeros, y -todavía como tesorero demandaba mucho oro, que se habia pagado el real -quinto, y de palabras en palabras se desmandaron y vinieron á echar -mano á las espadas, y si de presto no los metiéramos en paz, entrambos -á dos acabaran allí sus vidas, porque eran personas de mucho ser y -valientes por las armas; y salieron heridos cada uno con dos heridas. - -Y como Cortés lo supo, los mandó echar presos cada uno en una cadena -gruesa, y parece ser, segun muchos soldados dijeron, que secretamente -habló Cortés al Juan Velazquez de Leon, como era mucho su amigo, que -estuviese preso dos dias en la misma cadena, y que sacarian de la -prision al Gonzalo Mejía, como á tesorero; y esto lo hacia Cortés -porque viésemos todos los capitanes y soldados que hacia justicia, que -con ser el Juan Velazquez uña y carne del mismo capitan, le tenia preso. - -Y porque pasaron otras cosas acerca del Gonzalo Mejía, que dijo á -Cortés sobre el mucho oro que faltaba, y que se le quejaban dello todos -los soldados porque no se lo demandaba al mismo capitan Cortés, pues -era tesorero é estaba á su cargo; porque es larga relacion, lo dejaré -de decir, y diré que, como el Juan Velazquez de Leon estaba preso en -una sala cerca del Montezuma y su aposento, en una cadena gorda; y -como el Juan Velazquez era hombre de gran cuerpo y muy membrudo, y -cuando se paseaba por la sala llevaba la cadena arrastrando y hacia -gran sonido, que lo oia el Montezuma, preguntó al paje Orteguilla que -á quien tenia preso Cortés en las cadenas, y el paje le dijo que era á -Juan Velazquez, el que solia tener guarda de su persona, porque ya en -aquella sazon no lo era, sino Cristóbal de Olí; y preguntó que por qué -causa, y el paje le dijo que por cierto oro que faltaba. - -Y aquel mismo dia fué Cortés á tener palacio al Montezuma, y despues -de las cortesías acostumbradas y de las palabras que entre ellos -pasaron, preguntó el Montezuma á Cortés que por qué tenia preso á Juan -Velazquez, siendo buen capitan y muy esforzado; porque el Montezuma, -como he dicho otras veces, bien conocia á todos nosotros y aun nuestras -calidades; y Cortés le dijo medio riendo que porque era tabanillo, que -quiere decir loco, y que porque no le dan mucho oro quiere ir por sus -pueblos y ciudades á demandallo á los caciques, y porque no mate á -algunos, por esta causa lo tiene preso; y el Montezuma respondió que -le pedia por merced que le soltase, y que él enviaria á buscar más oro -y le daria de lo suyo; y Cortés hacia como que se le hacia de mal el -soltallo, y dijo que sí haria por complacer al Montezuma; y paréceme -que lo sentenció en que fuese desterrado del real y fuese á un pueblo -que se decia Cholula, con mensajero del Montezuma, á demandar oro, y -primero los hizo amigos al Gonzalo Mejía y al Juan Velazquez, é vi -que dentro de seis dias volvió de cumplir su destierro, y desde allí -adelante el Gonzalo Mejía y Cortés no se llevaron bien, y el Juan -Velazquez vino con más oro. - -He traido esto aquí á la memoria, aunque vaya fuera de nuestra -relacion, porque vean que Cortés, so color de hacer justicia porque -todos le temiésemos, era con grandes mañas. Y dejarémoslo aquí. - - - - -CAPÍTULO CVII. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO Á CORTÉS QUE LE QUERIA DAR UNA HIJA DE LAS -SUYAS PARA QUE SE CASASE CON ELLA, Y LO QUE CORTÉS LE RESPONDIÓ, Y -TODAVÍA LA TOMÓ, Y LA SERVIAN Y HONRABAN COMO HIJA DE TAL SEÑOR. - - -Como otras muchas veces he dicho, siempre Cortés y todos nosotros -procurábamos de agradar y servir á Montezuma y tenerle palacio; y un -dia le dijo el Montezuma: - -—«Mirá, Malinche, que tanto os amo, que os quiero dar una hija mia muy -hermosa para que os caseis con ella y la tengais por vuestra legítima -mujer.» - -Y Cortés le quitó la gorra por la merced, y dijo que era gran merced la -que le hacia; mas que era casado y tenia mujer, é que entre nosotros -no podemos tener más de una mujer, y que él la tenia en aquel agrado -que hija de tan gran señor merece, y que primero quiere se vuelva -cristiana, como son otras señoras hijas de señores; y Montezuma lo -hubo por bien, y siempre mostraba el gran Montezuma su acostumbrada -voluntad; é de un dia en otro no cesaba Montezuma sus sacrificios y de -matar en ellos indios, y Cortés se lo retraia, y no aprovechaba cosa -ninguna, hasta que tomó consejo con nuestros capitanes qué hariamos -en aquel caso, porque no se atrevia á poner remedio en ello por no -revolver la ciudad é á los papas que estaban en el Huichilóbos; y el -consejo que sobre ello se dió por nuestros capitanes é soldados, que -hiciese que queria ir á derrocar los ídolos del alto cu de Huichilóbos, -y si viésemos que se ponian en defendello ó que se alborotaban, que -le demandase licencia para hacer un altar en una parte del gran cu, -é poner un Crucifijo é una imágen de Nuestra Señora, y como esto se -acordó, fué Cortés á los palacios adonde estaba preso Montezuma, y -llevó consigo siete capitanes y soldados, é dijo al Montezuma: - -—«Señor, ya muchas veces he dicho á vuestra majestad que no -sacrifiqueis más ánimas á estos vuestros dioses, que os traen -engañados, y no lo quereis hacer; hágoos, Señor, saber que todos mis -compañeros y estos capitanes que conmigo vienen, os vienen á pedir -por merced que les deis licencia para los quitar de allí, y pondremos -á nuestra Señora Santa María y una cruz; y que si ahora no les dais -licencia, que ellos irán á los quitar, y no querria que matasen algun -papa.» - -Y cuando el Montezuma oyó aquellas palabras y vió ir á los capitanes -algo alterados, dijo: - -—«¡Oh Malinche, y cómo nos quereis echar á perder toda esta ciudad! -Porque estarán muy enojados nuestros dioses contra nosotros, y aun -vuestras vidas no sé en qué pararán. Lo que os ruego, que ahora al -presente os sufrais, que yo enviaré á llamar á todos los papas y veré -su respuesta.» - -Y como aquello oyó Cortés, hizo un ademan que queria hablar muy -en secreto al Montezuma solo con el fraile de la Merced, é que no -estuviesen presentes nuestros capitanes que llevaba en su compañía, -á los cuales mandó que le dejasen solo, y los mandó salir; y como -se salieron de la sala, dijo al Montezuma que porque no se hiciese -alboroto, ni los papas lo tuviesen á mal derrocalle sus ídolos, que él -trataria con los mismos nuestros capitanes que no se hiciese tal cosa, -con tal que en un apartamiento del gran cu hiciésemos un altar para -poner la imágen de nuestra Señora é una cruz, é que el tiempo andando -verian cuán buenos y provechosos son para sus ánimas y para dalles la -salud y buenas sementeras y prosperidades; y el Montezuma, puesto que -con suspiros y semblante muy triste, dijo que él lo trataria con los -papas. - -Y en fin de muchas palabras que sobre ello hubo, se puso nuestro altar -apartado de sus malditos ídolos, y la imágen de nuestra Señora y una -cruz, y con mucha devocion, y dando gracias á Dios, dijeron Misa -cantada el Padre de la Merced, y ayudaba á la Misa el Clérigo Juan Diaz -y muchos de los nuestros soldados; y allí mandó poner nuestro capitan á -un soldado viejo para que tuviese guarda en ello, y rogó al Montezuma -que mandase á los papas que no tocasen en ello, salvo para barrer y -quemar incienso y poner candelas de cera ardiendo de noche y de dia, y -enramallo y poner flores. - -Y dejallo hé aquí, y diré lo que sobre ello avino. - - - - -CAPÍTULO CVIII. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA DIJO Á NUESTRO CAPITAN CORTÉS QUE SE SALIESE DE -MÉJICO CON TODOS LOS SOLDADOS, PORQUE SE QUERIAN LEVANTAR TODOS LOS -CACIQUES Y PAPAS Y DARNOS GUERRA HASTA MATARNOS, PORQUE ASÍ ESTABA -ACORDADO Y DADO CONSEJO POR SUS ÍDOLOS, Y LO QUE CORTÉS SOBRE ELLO HIZO. - - -Como siempre á la contina nunca nos faltaban sobresaltos, y de tal -calidad, que eran para acabar las vidas en ellos si Nuestro Señor -Dios no lo remediara, y fué que, como habiamos puesto en el gran cu -en el altar que hicimos la imágen de Nuestra Señora y la cruz, y se -dijo el Santo Evangelio y Misa, parece ser que los Huichilóbos y el -Tezcatepuca hablaron con los papas, y les dijeron que se querian ir de -su provincia, pues tan mal tratados eran de los teules, é que adónde -están aquellas figuras y cruz que no quieren estar, é que ellos no -estarian allí si no nos mataban, é que aquello les daban por respuesta, -é que no curasen de tener otra, é que se lo dijesen á Montezuma y á -todos sus capitanes, que luego comenzasen la guerra y nos matasen; y -les dijo el ídolo que mirasen que todo el oro que solian tener para -honrallos lo habiamos deshecho y hecho ladrillos, é que mirasen que nos -íbamos señoreando de la tierra, y que teniamos presos á cinco grandes -caciques, y les dijeron otras maldades para atraellos á darnos guerra; -y para que Cortés y todos nosotros lo supiésemos, el gran Montezuma -le envió á llamar para que le queria hablar en cosas que iba mucho en -ellas; y vino el paje Orteguilla, y dijo que estaba muy alterado y -triste Montezuma, é que aquella noche é parte del dia habian estado con -él muchos papas y capitanes muy principales, y secretamente hablaban, -que no lo pudo entender: y cuando Cortés lo oyó, fué de presto al -palacio donde estaba el Montezuma, y llevó consigo á Cristóbal de Olí, -que era capitan de la guardia, é á otros cuatro capitanes, é á doña -Marina é á Jerónimo de Aguilar, y despues que le hicieron mucho acato, -dijo el Montezuma: - -—«¡Oh, señor Malinche y señores capitanes, cuánto me pesa de la -respuesta y mandado que nuestros teules han dado á nuestros papas é á -mí é á todos mis capitanes! Y es que os demos guerra y os matemos é os -hagamos ir por la mar adelante: lo que he colegido dello y me parece, -es que ántes que comiencen la guerra, que luego salgais desta ciudad y -no quede ninguno de vosotros aquí; y esto, señor Malinche, os digo que -hagais en todas maneras, que os conviene: si no, mataros han, y mirá -que os va las vidas.» - -Y Cortés y nuestros capitanes sintieron pesar y aun se alteraron; y -no era de maravillar de cosa tan nueva y determinada, que era poner -nuestras vidas en gran peligro sobre ello en aquel instante, pues -tan determinadamente nos lo avisaban; y Cortés le dijo que él se lo -tenia en merced el aviso; que al presente de dos cosas le pesaban: no -tener navíos en que se ir, que mandó quebrar los que trujo; y la otra, -que por fuerza habia de ir el Montezuma con nosotros para que le vea -nuestro gran Emperador; y que le pide por merced que tenga por bien que -hasta que se hagan tres navíos en el arenal que detenga á los papas y -capitanes, porque para ellos es mejor partido; y que si comenzaren la -guerra, que todos morirán en ella si la quisieren dar. - -É más dijo, que porque vea Montezuma quiere luego hacer lo que le -dice, que mande á sus capitanes que vayan con dos de nuestros soldados -que son grandes maestros de hacer navíos á cortar la madera cerca del -arenal. - -El Montezuma estuvo muy más triste que de ántes, como Cortés le dijo -que habia de ir con nosotros ante el Emperador, y dijo que le daria los -carpinteros, y que luego despachase, y no hubiese más palabras, sino -obras: y que entre tanto que él mandaria á los papas y á sus capitanes -que no curasen de alborotar la ciudad, é que á sus ídolos Huichilóbos -que mandaria aplacasen con sacrificios, é que no seria con muertes de -hombres. - -Y con esta tan alborotada plática se despidió Cortés del Montezuma, y -estábamos todos con grande congoja, esperando cuándo habian de comenzar -la guerra. - -Luego Cortés mandó llamar á Martin Lopez y Andrés Nuñez, y con los -indios carpinteros que le dió el gran Montezuma; y despues de platicado -el porte de que se podrian labrar los tres navíos, le mandó que luego -pusiese por la obra de los hacer é poner á punto, pues que en la -Villa-Rica habia todo aparejo de hierro y herreros, y jarcia y estopa, -y calafates y brea; y así, fueron y cortaron la madera en la costa de -la Villa-Rica, y con toda la cuenta y galivo della, y con buena priesa -comenzó á labrar sus navíos. - -Lo que Cortés le dijo á Martin Lopez sobre ello no lo sé; y esto digo -porque dice el coronista Gómora en su historia que le mandó que hiciese -muestras, como cosa de burla, que los labraba, porque lo supiese el -gran Montezuma: remítome á lo que ellos dijeron, que gracias á Dios -son vivos en este tiempo; mas muy secretamente me dijo el Martin Lopez -que de hecho y apriesa los labraba; y así, los dejó en astillero tres -navíos. - -Dejémoslos labrándolos, y digamos cuáles andábamos todos en aquella -gran ciudad tan pensativos, temiendo que de una hora á otra nos habian -de dar guerra en nuestras caborias de Tlascala; é doña Marina así lo -decia al capitan, y el Orteguilla, el paje del Montezuma, siempre -estaba llorando, y todos nosotros muy á punto, y buenas guardas al -Montezuma. - -Digo, de nosotros estar á punto no habia necesidad de decillo tantas -veces, porque de dia y de noche no se nos quitaban las armas, gorjales -y antiparas, y con ello dormiamos. - -Y dirán ahora dónde dormiamos, de qué eran nuestras camas, sino un poco -de paja y una estera, y el que tenia un toldillo, ponelle debajo y -calzados y armados, y todo género de armas muy á punto, y los caballos -enfrenados y ensillados todo el dia; y todos tan prestos, que en -tocando el arma como si estuviéremos puestos é aguardando para aquel -punto; pues de velar cada noche, no quedaba soldado que no velaba. - -Y otra cosa digo, y no por me jactanciar dello, que quedé yo tan -acostumbrado de andar armado y dormir de la manera que he dicho, -que despues de conquistada la Nueva-España tenia por costumbre de -me acostar vestido y sin cama, é que dormia mejor que en colchones -duermo; é ahora cuando voy á los pueblos de mi encomienda no llevo -cama, é si alguna vez la llevo no es por mi voluntad, sino por algunos -caballeros que se hallan presentes, porque no vean que por falta de -buena cama la dejo de llevar; mas en verdad que me echo vestido en ella. - -Y otra cosa digo, que no puedo dormir sino un rato de la noche, que -me tengo de levantar á ver el cielo y estrellas, y me he de pasear un -rato al sereno, y esto sin poner en la cabeza el bonete ni paño ni -cosa ninguna, y gracias á Dios no me hace mal, por la costumbre que -tenia; y esto he dicho porque sepan de qué arte andamos los verdaderos -conquistadores, y cómo estábamos tan acostumbrados á las armas y velar. - -Y dejemos de hablar en ello, pues que salgo fuera de nuestra relacion, -y digamos cómo nuestro Señor Jesucristo siempre nos hace muchas -mercedes. Y es, que en la isla de Cuba Diego Velazquez dió mucha -priesa en su armada, como adelante diré, y vino en aquel instante á la -Nueva-España un capitan que se decia Pánfilo de Narvaez. - - - - -CAPÍTULO CIX. - -CÓMO DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA, DIÓ MUY GRAN PRIESA EN ENVIAR -SU ARMADA CONTRA NOSOTROS, Y EN ELLA POR CAPITAN GENERAL Á PÁNFILO DE -NARVAEZ, Y CÓMO VINO EN SU COMPAÑÍA EL LICENCIADO LÚCAS VELAZQUEZ DE -AILLON, OIDOR DE LA REAL AUDIENCIA DE SANTO DOMINGO, Y LO QUE SOBRE -ELLO SE HIZO. - - -Volvamos ahora á decir algo atrás de nuestra relacion, para que bien se -entienda lo que ahora diré. - -Ya he dicho en el capítulo que dello habla, que como Diego Velazquez, -gobernador de Cuba, supo que habiamos enviado nuestros procuradores á -su majestad con todo el oro que habiamos habido, é el sol y la luna y -muchas diversidades de joyas, y oro en granos sacados de las minas, -y otras muchas cosas de gran valor, que no le acudiamos con cosa -ninguna; y asimismo supo cómo D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de -Búrgos é Arzobispo de Rosano, que así se nombraba, é en aquella sazon -era presidente de Indias y lo mandaba todo muy absolutamente, porque -su majestad estaba en Flandes, y habia tratado muy mal el Obispo á -nuestros procuradores; y dicen que le envió el Obispo desde Castilla -en aquella sazon muchos favores al Diego Velazquez, é avisó é mandó -para que nos enviase á prender, y que él le daba desde Castilla todo -favor para ello, el Diego Velazquez con aquel gran favor hizo una -armada de diez y nueve navíos, y con mil y cuatrocientos soldados, -en que traian sobre veinte tiros y mucha pólvora y todo género de -aparejos, de piedras y pelotas, y dos artilleros, que el capitan de -la artillería se decia Rodrigo Martin, y traia ochenta de á caballo y -noventa ballesteros y setenta escopeteros; y el mismo Diego Velazquez -por su persona, aunque era bien gordo y pesado, andaba en Cuba de -villa en villa y de pueblo en pueblo proveyendo la armada y atrayendo -los vecinos que tenian indios, y á parientes y amigos, que viniesen -con Pánfilo de Narvaez para que le llevasen preso á Cortés y á todos -nosotros sus capitanes y soldados, ó á lo ménos no quedásemos algunos -con las vidas; y andaba tan encendido de enojo y tan diligente, que -vino hasta Guaniguanico, que es pasada la Habana más de sesenta leguas. - -Y andando desta manera, ántes que saliese su armada pareció ser -alcanzarlo á saber la real audiencia de Santo Domingo y los Frailes -Jerónimos que estaban por gobernadores; el cual aviso y relacion dellos -les envió desde Cuba el licenciado Zuazo, que habia venido á aquella -isla á tomar residencia al mismo Diego Velazquez. - -Pues como lo supieron en la real audiencia, y tenian memorias de -nuestros muy buenos y nobles servicios que haciamos á Dios y á -su majestad, y habiamos enviado nuestros procuradores con grandes -presentes á nuestro Rey y señor, y que el Diego Velazquez no tenia -razon ni justicia para venir con armada á tomar venganza de nosotros, -sino que por justicia lo mandase; y que si venia con la armada era gran -estorbo para nuestra conquista, acordaron de enviar á un licenciado -que se decia Lúcas Vazquez de Ayllon, que era oidor de la misma real -audiencia, para que estorbase la armada al Diego Velazquez y no la -dejase pasar, y que sobre ello pusiese grandes penas; é vino á Cuba -el mismo oidor, y hizo sus diligencias y protestaciones, como le era -mandado por la real audiencia, para que no saliese con su intencion -el Velazquez; y por más penas y requirimientos que le hizo é puso, -no aprovechó cosa ninguna; porque, como el Diego Velazquez era tan -favorecido del Obispo de Búrgos, y habia gastado cuanto tenia en -hacer aquella gente de guerra contra nosotros, no tuvo todos aquellos -requirimientos que hicieron en una castañeta, ántes se mostró más -bravoso. - -Y desque aquello vió el oidor vínose con el mesmo Narvaez para poner -paces y dar buenos conciertos entre Cortés y el Narvaez. - -Otros soldados dijeron que venia con intencion de ayudarnos, y si no -lo pudiese hacer, tomar la tierra en sí por S. M., como oidor; y desta -manera vino hasta el puerto de San Juan de Ulúa. - -Y quedarse ha aquí, y pasaré adelante y diré lo que sobre ello se hizo. - - - - -CAPÍTULO CX. - -CÓMO PÁNFILO DE NARVAEZ LLEGÓ AL PUERTO DE SAN JUAN DE ULÚA, QUE SE -DICE LA VERACRUZ, CON TODA SU ARMADA, Y LO QUE LE SUCEDIÓ. - - -Viniendo el Pánfilo de Narvaez con toda su flota, que eran diez y nueve -navíos, por la mar, parece ser junto á las sierras de San Martin, que -así se llaman, tuvo un viento de norte, y en aquella costa es traviesa, -y de noche se le perdió un navío de poco porte, que dió al través; -venian en él por capitan un hidalgo que se decia Cristóbal de Morante, -natural de Medina del Campo, y se ahogó cierta gente, y con toda la más -flota vino á San Juan de Ulúa; y como se supo de aquella grande armada, -que para haberse hecho en la isla de Cuba, grande se puede llamar, -tuvieron noticia della los soldados que habia enviado Cortés á buscar -las minas, y viénense á los navíos del Narvaez los tres dellos, que se -decian Cervantes el chocarrero, y Escalana, y otro que se decia Alonso -Hernandez Carretero; y cuando se vieron dentro en los navíos y con el -Narvaez, dice que alzaban las manos á Dios, que los libró del poder de -Cortés y de salir de la gran ciudad de Méjico, donde cada dia esperaban -la muerte; y como caminan con el Narvaez y les mandaba dar de beber -demasiado, estábanse diciendo los unos á los otros delante del mismo -general: - -—«Mirá si es mejor estar aquí bebiendo buen vino que no cautivo en -poder de Cortés, que nos traia de noche y de dia tan avasallados, que -no osábamos hablar, y aguardando de un dia á otro la muerte al ojo.» - -Y aun decia el Cervantes, como era truhan, so color de gracias: - -—«Oh Narvaez, Narvaez, que bienaventurado que eres é á qué tiempo has -venido, que tiene ese traidor de Cortés allegados más de setecientos -mil pesos de oro, y todos los soldados están muy mal con él porque -les ha tomado mucha parte de lo que les cabia del oro de parte, é no -quieren recebir lo que les da.» - -Por manera que aquellos soldados que se nos huyeron eran ruines y -soeces, y decian al Narvaez mucho más de lo que queria saber. - -Y tambien le dieron por aviso que ocho leguas de allí estaba poblada -una villa que se dice la villa rica de la Veracruz, y estaba en ella -un Gonzalo de Sandoval con sesenta soldados, todos viejos y dolientes, -y que si enviase á ellos gente de guarda, luego se darian, y le decian -otras muchas cosas. - -Dejemos todas estas pláticas, y digamos cómo luego lo alcanzó á saber -el gran Montezuma cómo estaban allí surtos los navíos, y con muchos -capitanes y soldados, y envió sus principales secretamente, que no lo -supo Cortés, y les mandó dar comida y oro y plata, y que de los pueblos -más cercanos les proveyesen de bastimento; y el Narvaez envió á decir -al Montezuma muchas malas palabras y descomedimientos contra Cortés, y -de todos nosotros que éramos unas gentes malas, ladrones, que veniamos -huyendo de Castilla sin licencia de nuestro Rey y señor, y que como -tuvo noticia el Rey nuestro señor que estábamos en estas tierras, y -de los males y robos que haciamos, y teniamos preso al Montezuma, -para estorbar tantos daños, que le mandó al Narvaez que luego viniese -con todas aquellas naos y soldados y caballeros para que le suelten -de las prisiones, y que á Cortés y á todos nosotros, como malos, nos -prendiesen ó matasen, y en las mismas naos nos enviasen á Castilla, y -que cuando allá llegásemos nos mandaria matar; y le envió á decir otros -muchos desatinos; y eran los intérpretes para dárselos á entender á los -indios los tres soldados que se nos fueron, que ya sabian la lengua. Y -demás destas pláticas, le envió el Narvaez ciertas cosas de Castilla. - -Y cuando Montezuma lo supo, tuvo gran contento con aquellas nuevas; -porque, como le decian que tenian tantos navíos é caballos é tiros y -escopetas y ballesteros, y eran mil y trescientos soldados, y dende -arriba creyó que nos perderia. - -Y demás desto, como sus principales vieron á nuestros tres soldados -(que traidores bellacos se pueden llamar) con el Narvaez y veian que -decian mucho mal de Cortés, tuvo por cierto todo lo que el Narvaez -envió á decir; y toda la armada se la llevaron pintada en dos paños al -natural. - -Entónces el Montezuma le envió mucho más oro y mantas, y mandó que -todos los pueblos de la comarca le llevasen bien de comer, é ya habia -tres dias que lo sabia el Montezuma, y Cortés no sabia cosa ninguna. - -É un dia yéndole á ver nuestro capitan y á tenelle palacio, despues de -las cortesías que entre ellos se tenian, pareció al capitan Cortés que -estaba el Montezuma muy alegre y de buen semblante, y le dijo qué tal -se sentia, y el Montezuma respondió que mejor estaba; y tambien, como -el Montezuma le vió ir á visitar en un dia dos veces, temió que Cortés -sabia de los navíos, y por ganar por la mano y que no le tuviese por -sospechoso le dijo: - -—«Señor Malinche, ahora en este punto me han llegado mensajeros de -cómo en el punto donde desembarcastes han venido diez y ocho navíos y -mucha gente y caballos, é todo nos lo traen pintado en unas mantas; y -como me visitastes hoy dos veces, creí que me veniades á dar nuevas -dello; así que no habreis menester hacer navío; y porque no me lo -deciades, por una parte tenia enojo de vos de tenérmelo encubierto, y -por otra me holgaba porque vienen vuestros hermanos, para que todos os -vais á Castilla é no haya más palabras.» - -Y cuando Cortés oyó lo de los navíos y vió la pintura del paño se holgó -en gran manera, y dijo: - -—«Gracias á Dios, que al mejor tiempo provee.» - -Pues nosotros los soldados era tanto el gozo, que no podiamos estar -quedos, y de alegría escaramuzaron los caballos y tiramos tiros; é -Cortés estuvo muy pensativo, porque bien entendió que aquella armada -que la enviaba el gobernador Velazquez contra él y contra todos -nosotros. - -Y como supo que era, comunicó lo que sentia della con todos nosotros, -capitanes y soldados, y con grandes dádivas y ofrecimientos que nos -haria ricos á todos nos atraia para que tuviésemos con él, y no sabia -quien venia por capitan; y estábamos muy alegres con las nuevas y con -el más oro que nos habia dado Cortés por via de mercedes, como que lo -daba de su hacienda, y no de lo que nos cabia de parte, y viendo el -gran socorro é ayuda que nuestro Señor Jesucristo nos enviaba. - -É quedarse ha aquí, é diré lo que pasó en el real de Narvaez. - - - - -CAPÍTULO CXI. - -CÓMO PÁNFILO NARVAEZ ENVIÓ CON CINCO PERSONAS DE SU ARMADA Á REQUERIR -Á GONZALO DE SANDOVAL, QUE ESTABA POR CAPITAN EN LA VILLA-RICA, QUE SE -DIESE LUEGO CON TODOS LOS VECINOS, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Como aquellos tres malos de nuestros soldados por mí nombrados, que se -le pasaron al Narvaez y le daban aviso de todas las cosas que Cortés -y todos nosotros habiamos hecho desde que entramos en la Nueva-España, -y le avisaron que el capitan Gonzalo de Sandoval estaba ocho ó nueve -leguas de allí en una villa rica que estaba poblada, que se decia la -villa rica de la Veracruz, é que tenia consigo sesenta vecinos, y todos -los más viejos y dolientes, acordó de enviar á la villa á un clérigo -que se decia Guevara, que tenia buena expresiva, é á otro hombre de -mucha cuenta que se decia Amaya, pariente del Diego Velazquez, y á un -escribano que se decia Vergara, y tres testigos, los nombres dellos -no me acuerdo; los cuales envió que notificasen á Gonzalo de Sandoval -que luego se diesen al Narvaez, y para ello dijeron que traian unos -traslados de las provisiones, é dicen que ya el Gonzalo de Sandoval -sabia de los navíos por nuevas de indios, y de la mucha gente que en -ellos venia; y como era muy varon en sus cosas, siempre estaba muy -apercebido él, y sus soldados armados; y sospechando que aquella armada -era de Diego Velazquez, y que enviaria á aquella villa de sus gentes -para se apoderar della, y por estar más desembarazados de los soldados -viejos y dolientes, los envió luego á un pueblo de indios que se dice -Papalote, é quedó con los sanos; y el Sandoval siempre tenia buenas -velas en los caminos de Cempoal, que es por donde habian de venir á la -villa; y estaba convocando el Sandoval y atrayendo á sus soldados que -si viniese Diego Velazquez ó otra persona, que no le diesen la villa; -y todos los soldados dicen que le respondieron conforme á su voluntad, -y mandó hacer una horca en un cerro. - -Pues estando sus espías en los caminos, vienen de presto y le dan -noticia que vienen cerca de la villa donde estaban, seis españoles é -indios de Cuba; y el Sandoval aguardó en su casa, que no les salió á -recebir, y habia mandado que ningun soldado saliese de sus casas ni les -hablasen. - -Y como el clérigo y los demás que traia en su compañía no topaba á -ningun vecino español con quien hablar, sino eran indios que hacian -la obra de la fortaleza; y como entraron en la villa, fuéronse á la -iglesia á hacer oracion, y luego se fueron á la casa de Sandoval, que -les pareció que era la mayor de la villa; é el clérigo, despues del -norabuena estéis, que así diz que dijo, y el Sandoval le respondió -que en tal hora buena viniese; dicen que el clérigo Guevara (que así -se llamaba) comenzó un razonamiento, diciendo que el señor Diego -Velazquez, gobernador de Cuba habia gastado muchos dineros en la -armada, é que Cortés é todos los demás que habia traido en su compañía -le habian sido traidores, y que les venia á notificar que luego fuesen -á dar la obediencia al señor Pánfilo de Narvaez, que venia por capitan -general del Diego Velazquez. - -É como el Sandoval oyó aquellas palabras y descomedimientos que el -padre Guevara dijo, se estaba carcomiendo de pesar de lo que oia, y le -dijo: - -—«Señor padre, muy mal hablais en decir esas palabras de traidores; -aquí somos mejores servidores de su majestad que no Diego Velazquez ni -ese vuestro capitan; y porque sois clérigo no os castigo conforme á -vuestra mala crianza. Andad con Dios á Méjico, que allá está Cortés, -que es capitan general y justicia mayor de esta Nueva-España, y os -responderá; aquí no teneis más que hablar.» - -Entónces el clérigo muy bravoso dijo á su escribano que con él venia, -que se decia Vergara, que luego sacase las provisiones que traia en el -seno y las notificase al Sandoval y á los vecinos que con él estaban; y -dijo Sandoval al escribano que no leyese ningunos papeles, que no sabia -si eran provisiones ó otras escrituras; y de plática en plática, ya el -escribano comenzaba á sacar del seno las escrituras que traia, y el -Sandoval le dijo: - -—«Mirad, Vergara, ya os he dicho que no leais ningunos papeles aquí, -sino id á Méjico; yo os prometo que si tal leyéredes, que yo os haga -dar cien azotes, porque ni sabemos si sois escribano del Rey ó no; -amostrad el título dello, y si le traeis, leeldo; y tampoco sabemos si -son originales de las provisiones ó traslados ó otros papeles.» - -Y el clérigo, que era muy soberbio, dijo muy enojado: - -—«¿Qué haceis con estos traidores? Sacad esas provisiones y -notificádselas.» - -Y como el Sandoval oyó aquella palabra, le dijo que mentia como ruin -clérigo, y luego mandó á sus soldados que los llevasen presos á -Méjico; y no lo hubo bien dicho, cuando en jamaquillas de redes, como -ánimas pecadoras los arrebataron muchos indios de los que trabajaban -en la fortaleza, que los llevaron á cuestas, y en cuatro dias dan con -ellos cerca de Méjico, que de noche y de dia con indios de remuda -caminaban; é iban espantados de que veian tantas ciudades y pueblos -grandes que les traian de comer, y unos los dejaban y otros los -tomaban, y andar por su camino. - -Dicen que iban pensando si era encantamiento ó sueño; y el Sandoval -envió con ellos por alguacil, hasta que llegase á Méjico, á Pedro -de Solís, el yerno que fué de Orduña, que ahora llaman Solís de -Atrás-de-la-puerta. - -Y así como los envió presos, escribió muy en posta á Cortés quién era -el capitan de la armada y todo lo acaecido; y como Cortés lo supo que -venian presos y llegaban cerca de Méjico, envióles gran banquete, é -cabalgaduras para los tres más principales, y mandó que luego los -soltasen de la prision, y les escribió que le pesó de que Gonzalo de -Sandoval tal desacato tuviese, é que quisiera que les hiciera mucha -honra; y como llegaron á Méjico los salió á recibir, y los metió en la -ciudad muy honradamente; y como el Clérigo y los demás sus compañeros -vieron á Méjico ser tan grandísima ciudad, y la riqueza de oro que -teniamos, é otras muchas ciudades en el agua de la laguna, é todos -nuestros capitanes é soldados, y la gran franqueza de Cortés, estaban -admirados; y á cabo de dos dias que estuvieron con nosotros, Cortés -les habló de la tal manera con prometimientos y halagos, y aun les -untó las manos de tejuelos y joyas de oro, y los tornó á enviar á su -Narvaez con bastimento que les dió para el camino; que donde venian muy -bravosos leones, volvieron muy mansos y se le ofrecieron por servidores. - -Y así como llegaron á Cempoal á dar relacion á su capitan, comenzaron á -convocar todo el real de Narvaez que se pasasen con nosotros. - -Y dejallo hé aquí, y diré cómo Cortés escribió al Narvaez, y lo que -sobre ello pasó. - - -FIN DEL TOMO PRIMERO. - - - - -ÍNDICE. - - - _Páginas._ - - PRÓLOGO 5 - - Capítulo I. 9 - - — II. 13 - - — III. 18 - - — IV. 23 - - — V. 28 - - — VI. 31 - - — VII. 37 - - — VIII. 41 - - — IX. 47 - - — X. 50 - - — XI. 51 - - — XII. 56 - - — XIII. 58 - - — XIV. 62 - - — XV. 65 - - — XVI. 67 - - — XVII. 72 - - — XVIII. 74 - - — XIX. 80 - - — XX. 84 - - — XXI. 89 - - — XXII. 92 - - — XXIII. 95 - - — XXIV. 102 - - — XXV. 104 - - — XXVI. 107 - - — XXVII. 109 - - — XXVIII. 115 - - — XXIX. 117 - - — XXX. 122 - - — XXXI. 126 - - — XXXII. 132 - - — XXXIII. 135 - - — XXXIV. 138 - - — XXXV. 143 - - — XXXVI. 148 - - — XXXVII. 155 - - — XXXVIII. 158 - - — XXXIX. 165 - - — XL. 170 - - — XLI. 174 - - — XLII. 180 - - — XLIII. 185 - - — XLIV. 187 - - — XLV. 191 - - — XLVI. 196 - - — XLVII. 200 - - — XLVIII. 204 - - — XLIX. 209 - - — L. 212 - - — LI. 214 - - — LII. 222 - - — LIII. 226 - - — LIV. 229 - - — LV. 235 - - — LVI. 239 - - — LVII. 244 - - — LVIII. 246 - - — LIX. 249 - - — LX. 252 - - — LXI. 256 - - — LXII. 264 - - — LXIII. 270 - - — LXIV. 275 - - — LXV. 279 - - — LXVI. 283 - - — LXVII. 290 - - — LXVIII. 293 - - — LXIX. 296 - - — LXX. 304 - - — LXXI. 308 - - — LXXII. 312 - - — LXXIII. 314 - - — LXXIV. 321 - - — LXXV. 325 - - — LXXVI. 329 - - — LXXVII. 331 - - — LXXVIII. 336 - - — LXXIX. 344 - - — LXXX. 348 - - — LXXXI. 351 - - — LXXXII. 353 - - — LXXXIII. 357 - - — LXXXIV. 378 - - — LXXXV. 381 - - — LXXXVI. 386 - - — LXXXVII. 392 - - — LXXXVIII. 399 - - — LXXXIX. 406 - - — XC. 409 - - — XCI. 414 - - — XCII. 426 - - — XCIII. 443 - - — XCIV. 450 - - — XCV. 454 - - — XCVI. 464 - - — XCVII. 469 - - — XCVIII. 475 - - — XCIX. 478 - - — C. 482 - - — CI. 493 - - — CII. 496 - - — CIII. 499 - - — CIV. 505 - - — CV. 510 - - — CVI. 515 - - — CVII. 518 - - — CVIII. 521 - - — CIX. 527 - - — CX. 530 - - — CXI. 534 - - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE -LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (1 DE 3) *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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